Logo Passei Direto

0759757

Herramientas de estudio

Passei Direto Aniversário

¿Quieres recibir un 70% de descuento para suscribirte al PasseIA?

Material
¡Estudia con miles de materiales!

Vista previa del material en texto

1 
 
UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO 
DOCTORADO EN CIENCIAS BIOMÉDICAS (INMUNOLOGÍA) 
 
Efecto del antígeno secretado/excretado de alto peso molecular por Taenia 
crassiceps en el desarrollo de la encefalomielitis autoinmune experimental. 
 
TESIS 
Que para optar por el grado de DOCTOR en CIENCIAS BIOMÉDICAS presenta: 
ALBERTO NAVARRETE PEÓN 
 
Asesor: Dr. Luis I. Terrazas Valdés (Facultad de Estudios Superiores Iztacala). 
 
Tutores: Dra. Edda L. Sciutto Conde (Instituto de Investigaciones Biomédicas), 
Dr. Abraham Landa Piedra (Facultad de Medicina). 
 
(Unidad Académica de Posgrado, Ciudad de México Junio 2017) 
 
UNAM – Dirección General de Bibliotecas 
Tesis Digitales 
Restricciones de uso 
 
DERECHOS RESERVADOS © 
PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL 
 
Todo el material contenido en esta tesis esta protegido por la Ley Federal 
del Derecho de Autor (LFDA) de los Estados Unidos Mexicanos (México). 
El uso de imágenes, fragmentos de videos, y demás material que sea 
objeto de protección de los derechos de autor, será exclusivamente para 
fines educativos e informativos y deberá citar la fuente donde la obtuvo 
mencionando el autor o autores. Cualquier uso distinto como el lucro, 
reproducción, edición o modificación, será perseguido y sancionado por el 
respectivo titular de los Derechos de Autor. 
 
 
 
2 
2. Índice 
 
Dedicatoria…………………………………………………………………………3 
Agradecimientos…………………...…………………………...…………………4 
Resumen……………………………………………………………………………5 
Introducción………………………………………………………………………...7 
Justificación……………………………………………………………………….26 
Hipótesis…………………………………………………………….…………….26 
Objetivo general……………………………………………………….…………26 
Objetivos particulares……………………………………………………………26 
Materiales y método………………………………………………...……………27 
Resultados………………………………………………………………..………31 
Discusión y conclusión…………………………………………………………..54 
Anexos…………………………………………………………………………….59 
Referencias……………………………………………………….………………64 
 
 
 
 
 
 
3 
3. Dedicatoria 
La gente suele felicitar a quien triunfa y sólo a quien triunfa, como si fuera un 
asunto dependiente de esa única persona y de nadie más. En ello estriba uno de 
nuestros más crasos errores, pues se nos olvida que el triunfante no llegó hasta 
donde está solo. En realidad, la felicitación debe ser para todos los involucrados en 
el triunfo, pues es una cadena de triunfos. 
En este tenor, felicito a mi madre Lorena Peón Casanova. Te agradezco por 
traerme al mundo y enseñarme buena parte de lo que he necesitado para vivir en 
él. Te agradezco por poner en mi corazón el amor a la vida y a mis semejantes, y 
por enseñarme cuál es la meta última de la vida: ser feliz. Sin esas enseñanzas, el 
conocimiento que he adquirido en toda mi trayectoria académica no tendría rumbo 
alguno. 
Felicito al Dr. Luis I. Terrazas Valdés; en un país con tantas carencias, me 
asombra el nivel científico del laboratorio y los proyectos que en él desarrollamos. 
Pocas veces me he sentido tan cautivado por un conjunto de ideas, mil gracias por 
compartirlas. Sé que es difícil sobrellevar con tanta elegancia a un alumno tan latoso 
como yo, y más aún si contamos los años que llevo dando lata en el laboratorio. Mil 
gracias por tu paciencia y buen humor. 
A mí estimada Gizmo (también conocida como Dra. Yadira Ledesma Soto) le 
agradezco infinitamente el haberme prestado tantas veces sus manos y cerebro en 
la realización de este proyecto. No hubiera podido sin ti. Mil gracias por no sólo ser 
mi compañera, sino también mi amiga. Espero que continuemos así muchos años 
más. 
A mí ánima, Penélope Vidal Romero, le agradezco profundamente por 
encontrarme. En verdad has sido la inspiración que yo necesitaba para terminar 
todo este proceso de forma óptima y oportuna. Más aún, agradezco que marcaras 
el rumbo del resto de mi vida. Yo no hubiera sabido qué hacer ni a dónde ir, si no 
fuera por ti. Si éste desenlace es feliz y yo tengo esperanzas, es por ti. 
Gracias y felicidades a todos los miembros del Laboratorio de 
Inmunoparasitología, me ayudaron muchísimo en todas las cuestiones técnicas y 
prácticas referentes al desarrollo de mi proyecto. No hubiera podido sin el continuo 
apoyo de todos ustedes. 
Agradezco y felicito a los miembros de mi comité tutor: a la Dra. Edda Sciutto 
Conde, por todos los amables y acertados comentarios que me permitieron hacer 
un mejor trabajo y ser un mejor alumno. Fue un gusto colaborar con usted y su 
equipo. Les tengo muchísimo afecto. Al Dr. Abraham Landa, por darse cuenta de 
los errores que yo no notaba. Mil gracias por su paciencia. 
Finalmente, debo reconocer la invaluable participación de los miembros de mi 
jurado: Dra. Anahí Chavarría, Dr. José Carlos Crispín, Dra. Gladis Fragoso y Dr. 
Luis B. Tovar y Romo. Con sus comentarios me ayudaron a escribir una tesis más 
completa y rigurosa. 
Este triunfo es tan mío como de todos ustedes, ¡felicidades! 
 
 
 
 
4 
4. Agradecimientos 
Alberto Navarrete Peón fue estudiante del Programa de Doctorado en Ciencias 
Biomédicas (PDCB), Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y recibió 
una beca de manutención completa por parte del Consejo Nacional de Ciencia y 
Tecnología (CONACYT) #289777. El presente trabajo fue patrocinado por los 
proyectos #167799 y #271685 de CONACYT y el IN220316 de PAPIIT. La citometría 
de flujo fue realizada en el Laboratorio Nacional en Salud, FES-I. Por lo anterior, se 
extiende un profundo agradecimiento a dichas instituciones. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
5 
5. Resumen 
 
En los últimos 30 años se ha observado un aumento en la prevalencia de 
enfermedades autoinmunes únicamente en los países desarrollados, mientras que 
en los mismos ha disminuido el contagio por infecciones con hemintos parásitos. 
Dicha correlación negativa señala el posible papel de las últimas en la regulación 
de enfermedades autoinmunes con carácter inflamatorio, sugiriendo posibles vías 
para el desarrollo de nuevos tratamientos para dicho grupo de enfermedades. Pese 
a esto, pocos inmunomoduladores derivados de helmintos han demostrado tener un 
papel supresor en el desarrollo de la encefalomielitis autoinmune experimental, la 
cual es un modelo murino de la enfermedad humana esclerosis múltiple. El presente 
estudio muestra el papel regulador de antígenos inmunomoduladores derivados de 
Taenia crassiceps en el desarrollo de la patología asociada a dicho modelo. Para 
esto, se inocularon los antígenos secretados/excretados de alto peso molecular 
producidos por el parásito ya sea de manera temprana o tardía. La potencia del 
tratamiento fue comparada con la de la dexametasona. El análisis de células y 
citocinas mostró que el tratamiento con el TcES es capaz de inducir un ambiente de 
tipo Th2, con pobre producción de citocinas pro-inflamatorias, donde la proliferación 
de los linfocitos frente a estímulos policlonales o antígeno-específicos se vio 
severamente afectada. El tratamiento pudo inhibir la infiltración inflamatoria del 
sistema nervioso central, como se demuestra mediante histología y citometría de 
flujo. En conjunto, dichos cambios fueron eficaces en la supresión de la patología. 
 
Abstract: A negative correlation between the geographical distribution of 
autoimmune diseases and helminth infections has been largely associated in the last 
few years with a possible role for such type of parasites in the regulation of 
inflammatory diseases, suggesting new pathways for drug development. However, 
few helminth-derived immunomodulators have been tested in experimental 
autoimmune encephalomyelitis, an animal model of the human disease multiple 
sclerosis. Here we sought for immunomodulatory activities of Taenia crassiceps 
excreted/secreted products (TcES) that may suppress EAE development. We found 
that TcES was able to suppress with more potency than dexamethasone the main 
signs of EAE; moreover, TcES treatment was still effective at disease dampeningeven when inoculated at later stages after the onset of EAE. Importantly, the TcES 
treatment was able to induce a range of Th2-type cytokines, while suppressing Th1 
and Th17 responses. Both the polyclonal and the antigen specific proliferative 
responses of lymphocytes were also inhibited in EAE-ill mice receiving TcES, in 
association with a strong recruitment of suppressor cell populations. Peritoneal 
inoculation of TcES was able to direct the normal inflammatory cell traffic to the site 
of injection thus avoiding CNS infiltration, which may work along with Th2 immune 
polarization and lymphocyte-activation impairment to down-regulate EAE 
development. 
 
6 
Palabras clave: Encefalomielitis autoimmune experimental, esclerosis múltiple, 
helmintos, antígenos secretados/excretados, infiltración del SNC, Taenia 
crassiceps. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
7 
6. Introducción 
 
La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad autoimmune mediada por células 
T antígeno-específicas que reaccionan frente a autoantígenos presentes en la vaina 
de mielina de las neuronas; siendo el principal mecanismo fisiopatológico asociado 
a ella la desmielinización. En ausencia de mielina, la transmisión del impulso 
saltatorio se pierde por lo que la velocidad sináptica se reduce, dificultando la 
conexión neuronal (1). Esto resulta en perturbaciones neurológicas diversas que 
incluyen una parálisis flácida progresiva, visión borrosa, disfunción auditiva, pérdida 
de la coordinación, incontinencia urinaria, dolor, temblores y espasmos musculares, 
afectando en conjunto a los individuos a un plano psicológico, social y económico 
(2). 
Aunque no se considera que la enfermedad acorte la expectativa de vida, los 
pacientes requieren costosa ayuda profesional y un amplio rango de drogas para 
paliar la enfermedad y sus manifestaciones. De igual manera, la EM inflige pérdidas 
económicas importantes pues suele empezar en la etapa productiva (20 a 40 años 
de edad), causando el retiro temprano de los trabajadores (3). En conjunto, estos 
factores causan una carga económica de 28,000,000,000 dólares al año sólo en 
Estados Unidos de América, pues el costo de la enfermedad por paciente ronda los 
18,000 a 39,000 USD al año (4). Se estima que la prevalencia mundial de la EM 
oscila entre 2.3 y 2.5 millones, siendo el sexo femenino el más afectado, ya que dos 
terceras partes de los pacientes con EM son mujeres (5). En México, sólo hay 1.6 
pacientes de EM por cada 100,000 personas (6), pese a que el número de pacientes 
con esta patología ha aumentado en los últimos 40 años (7). 
Numerosos estudios evidencian la naturaleza compleja de la EM, ya que hay un 
fuerte componente genético para heredar los factores de riesgos, aunque también 
hay diversos factores ambientales que inducen o regulan su aparición. En principio, 
hay una baja tasa de concordancia entre gemelos homocigotos, lo cual sugiere que 
no sólo la susceptibilidad genética es necesaria para padecer la enfermedad, si no 
que el ambiente es igual de importante (8). Pese a esto, los factores ambientales 
tampoco son los únicos disparadores de la EM pues los hijos adoptados en familias 
que padecen de ésta no suelen presentar síntomas (9). 
Entre los factores genéticos que se ha sugerido inducen la susceptibilidad a la 
EM se encuentran polimorfismos en el antígeno leucocitario humano-DR (HLA-DR) 
y HLA-DQ (10, 11), así como en el receptor-α de interleucina-2 (IL-2Rα) y el IL-7Rα 
(12); todos asociados a la activación y proliferación de linfocitos. De igual modo, la 
deficiencia de muerte celular programada-ligando 1 (PD-L1) (13) e IL-10 (14) se han 
relacionado al desarrollo de la enfermedad; siendo que estos genes suprimen la 
proliferación y activación de células T. 
Adicionalmente, infecciones virales con neurotropismo como aquellas inducidas 
por el herpesvirus humano, varicela o Epstein-Barr se correlacionan al desarrollo de 
EM (15, 16), en conjunto con infecciones bacterianas diversas tales como 
Mycobacterium tuberculosis y Borrelia burgdorferi (2, 17). En cambio, diversas 
8 
infecciones por helmintos parásitos se relacionan a la supresión de la enfermedad 
aún en pacientes con una posible susceptibilidad genética (18), sugiriendo una 
fuerte participación de estos factores ambientales en el desarrollo de EM. 
El curso clínico de la EM es muy heterogéneo entre pacientes, probablemente 
reflejando la vastedad de factores genéticos y ambientales que influyen en su 
aparición. Así, se han descrito principalmente dos formas de la enfermedad, la 
recurrente-remitente (EM-RR), que afecta del 85 al 90% de los pacientes, y la forma 
primaria-progresiva (EM-PP), que ocurre en 10 a 15% de los casos. Incluso, 50% 
de los pacientes con EM-RR desarrollan una forma secundaria-progresiva (EM-SP) 
al cabo de ± 10 años de padecer la forma RR, ésta es similar a la forma PP en su 
transcurso clínico y fisiopatología (19). La principal diferencia entre las formas 
progresivas y la forma RR es que en esta última la intensidad de los signos y 
síntomas oscila en el tiempo, mientras que en las primeras aumenta de forma 
estable y concomitante (Fig. 1) (20). Notablemente, los pacientes con EM-SP 
progresan de forma similar a aquellos que sufren EM-PP una vez que ocurre el 
cambio hacia la forma progresiva, aunque su cuidado suele ser más complejo 
debido a que el aumento en edad suele conllevar más comorbilidades. Inclusive, 
cuando ocurre el cambio hacia la forma SP la patología ya tiene un mayor grado de 
avance (21). 
 
9 
 
Fig. 1. Diversidad clínica de la EM. (a) La EM tiene principalmente tres formas de 
presentación, 85 a 90% de los pacientes presentan la forma recurrente-remitente (EM-RR), 
donde la intensidad de la escala de estatus de discapacidad expandida (EEDE) fluctúa a lo 
largo del tiempo. Después de ± 10 años el 50% de éstos pacientes evolucionan hacia una 
forma secundaria-progresiva (EM-SP), donde la intensidad de la patología crece de manera 
estable y concomitante. 10-15% de los pacientes comienzan con una forma primaria-
progresiva (EM-PP), donde la evolución de la enfermedad no presenta mayores 
fluctuaciones mientras progresa continuamente. (b) La EEDE es una rúbrica que para 
evaluar el progreso de la EM considera la progresión de la pérdida de movilidad junto con 
las disfunciones sensoriales y de coordinación. Evalúa 10 puntos, que van desde la 
discapacidad nula acompañada de signos y síntomas suaves hasta la discapacidad 
completa y la muerte. 
 
 
6.1 Encefalomielitis autoinmune experimental: un modelo animal para el estudio 
de la EM. 
 
El estudio de la EM requiere la obtención de muestras de sangre, bazo y tejido 
nervioso, en donde se analiza el papel de numerosos genes y moléculas. 
Igualmente, es necesario observar el desarrollo de la enfermedad desde la etapa 
preclínica y en condiciones controladas, así como poder manipular el genoma de 
los individuos afectados. Por esto, el desarrollo de modelos animales ha sido de 
prima importancia para el entendimiento de los factores fisiopatológicos de la EM, 
así como para el desarrollo de tratamientos útiles en su control. 
Entre los modelos que se han usado para estudiar ésta enfermedad se 
encuentran los de desmielinización inducida por toxinas como la cuprizona y la 
isolecitina, ya que éstas generan una patología similar a la EM debido a la inducción 
de daño químico a la mielina. Sin embargo, estas toxinas inducen daño de manera 
independiente al sistema inmune, por lo que no mimetizan con precisión la 
enfermedad humana (22). Adicionalmente, el virus de encefalomielitis murina de 
Theiler se ha ocupado para estudiar fenómenos de desmielinización en presencia 
de una respuesta inflamatoria, sin embargo, éste modelo descarta aspectos 
fundamentales de la EM tales como la especificidad de la respuesta inmune 
adaptativa y los mecanismos moleculares de neurodegeneración inducidos por el 
sistema inmune innato (23).La encefalomielitis autoinmune experimental (EAE), en cambio, se considera el 
mejor modelo animal para el estudio de la EM debido a que comparte muchos 
aspectos fisiopatológicos y clínicos con la enfermedad. En principio, la participación 
del sistema inmune en la desmielinización es innegable en este modelo, ya que se 
ha observado una gran activación de células innatas y linfoides en dicho fenómeno 
(24). Consistentemente, la especificidad de la respuesta inmune adaptativa, en 
muchos casos, es igual a aquella que se presenta en la EM (los antígenos que 
detonan la respuesta autoinmune son los mismos) (25). De igual modo, hay modelos 
que semejan el transcurso clínico de las formas RR y progresivas de la enfermedad. 
10 
Pese a esto, no hay ningún modelo que sirva para estudiar el cambio de una EM-
RR temprana hacia una EM-SP tardía, y la especificidad de la respuesta 
autoinmune, así como la localización de los infiltrados inflamatorios dentro del 
sistema nervioso central (SNC) están supeditados al antígeno que se utilice para 
inducir el modelo. 
La EAE puede ser inducida activamente mediante la vacunación de cepas de 
ratones susceptibles con una emulsión de epítopes dominantes de la mielina en 
adyuvante de Freund completo (AFC) (26). Debido a la disponibilidad de numerosos 
autoantígenos (27, 28) y cepas de ratones silvestres (WT) o modificados 
genéticamente (29) útiles para este proceso, la diversidad clínica de la enfermedad 
puede ser emulada, permitiendo el estudio de los distintos tipos de EM. 
En este proceso, la fagocitosis del antígeno emulsificado en AFC provocará la 
activación de las células presentadoras de antígeno (APCs) y su diferenciación 
hacia perfiles pro-inflamatorios. Posteriormente, éstas presentarán el antígeno a 
linfocitos T, activando su respuesta proliferativa e induciendo su diferenciación a 
perfiles Th1/17, los cuales son necesarios para provocar inflamación a nivel 
neurológico. Adicionalmente, los ratones deben ser inyectados intraperitonealmente 
(IP) con toxina Pertussis, la cual inhibe la expresión de moléculas de unión estrecha 
presentes en la barrera hematoencefálica, incrementando así su permeabilidad y 
favoreciendo la migración de leucocitos al SNC (30). La toxina reduce el número de 
células T reguladoras (Tregs) CD4+CD25+FoxP3+, así como su actividad supresora, 
ayudando a la inducción de la respuesta inflamatoria necesaria (31). Por otra parte, 
la EAE puede ser inducida pasivamente mediante la transferencia adoptiva de 
células CD4+ y/o CD8+ previamente generadas por inducción activa en otro ratón, 
facilitando el estudio de la participación de los diversos linajes linfocitarios, aunque 
tiene como desventaja la carencia de fenómenos de presentación antigénica (32), 
por lo que la inducción activa de EAE sigue siendo el mejor modelo para estudiar 
fenómenos de presentación antigénica y participación de las células presentadoras 
de antígeno (CPA) en el fenómeno inflamatorio. 
Aunque no hay un modelo que mimetice el cambio de una patología EM-RR 
temprana a una EM-SP tardía, ni la duración de los relapsos y remisiones sea 
equivalente a aquella que ocurre en humanos, hay numerosos modelos que imitan 
la EM-RR (conocidos como modelos de EAE típica) o a la EM-progresiva (conocidos 
como EAE atípica), por lo cual los distintos cuadros clínicos pueden ser estudiados 
con un aceptable grado de analogía (28). La EAE, por tanto, ha sido de importancia 
en la generación del conocimiento que ha sido de utilidad en la comprensión de la 
enfermedad y el desarrollo de medicamentos para tratarla. 
 
6.2 Participación de linfocitos y perfiles T-cooperadores en el desarrollo de EM 
 
Desde los inicios del estudio de la EM se describió el papel fundamental que 
tienen los linfocitos T en el desarrollo de la enfermedad, ya que dichas células se 
encontraron fuertemente asociadas a las placas de desmielinización en el SNC de 
11 
los pacientes (20, 33). Consistentemente, durante el desarrollo de modelos 
animales capaces de emular la patología humana, se descubrió que la enfermedad 
puede ser inducida en ratones receptores de células T reactivas a antígenos 
presentes en la mielina, ya sea que éstas células fueran CD4+ (32) o CD8+ (34). De 
igual manera, cuando las células CD4+ o CD8+ son genética u ontogenéticamente 
depletadas, se trunca la capacidad de los ratones para enfermarse (35). Más aún, 
ratones transgénicos que expresan receptores humanos a la proteína básica de la 
mielina (PBM) desarrollan EAE de forma espontánea (36). De manera específica, 
las células CD8+ se han correlacionado con la inducción de EAE atípica (37), 
mientras que la transferencia de células CD4+ genera una EAE típica (38) (Fig. 2). 
Estos datos, en conjunto sugieren que la reactividad de estas células frente a 
antígenos presentes en la mielina es el principal requisito para el desarrollo de la 
enfermedad, y que en su diversidad dictan el tipo de patología a desarrollar. 
Mucho se ha discutido la importancia de la diferenciación de las células CD4+ 
hacia los perfiles Th1 o Th17 para la inducción y progresión de la patología. Sin 
embargo, ratones deficientes de T-bet (el factor de transcripción asociado al 
compromiso hacia el linaje Th1 en linfocitos) (39, 40), o RORɣT (el factor de 
transcripción asociado al compromiso hacia el linaje Th17), comparten el mismo 
grado de incidencia y severidad a EAE que su contraparte WT (41). De igual 
manera, la eliminación de IFN-ɣ (42) o IL-17A/F (43), que son citocinas típicas de 
las respuestas Th1 o Th17, respectivamente, tampoco demostró disminuir la 
incidencia o severidad de la enfermedad. Por el contrario, al eliminar las citocinas 
asociadas a respuestas tipo Th1 y Th17 IL-6 (44), IL-23 (45) y GM-CSF (46) la 
enfermedad no puede ser inducida. Sugiriendo, en conjunto, que la diferenciación 
hacia uno u otro perfil T-cooperador no es crítica para el desarrollo de EAE, aunque 
sí es necesaria la actividad inflamatoria de los linfocitos y células innatas. 
Adicionalmente, los perfiles T-cooperadores pueden tener funciones 
concomitantes en el desarrollo de la patología, e incluso pueden ser prioritarios para 
determinar los aspectos más particulares de la misma. Se ha descrito que células 
CD4+ estimuladas in vitro para diferenciarse a un perfil Th17 tienden a infiltrar 
mayormente el cerebelo y los lóbulos temporales y parietales del encéfalo, 
produciendo EAE atípica. Las mismas células, al recibir estímulos que las 
diferencian a perfiles Th1, en cambio, infiltran principalmente a la médula espinal, 
produciendo una EAE típica (47, 48). Más aún, la inducción de EAE con el antígeno 
proteína proteolipídica (PLP), produce infiltrado cerebral en conjunto con EAE 
atípica (49) (Fig. 2), sugiriendo así que el tipo de linfocitos, así como su 
diferenciación, son factores determinantes del tipo de patología neurodegenerativa. 
Inicialmente se pensaba que las células Tregs podían suprimir la activación de 
linfocitos Th1 y Th17 encefalitogénicos, disminuyendo así la inducción de 
neuroinflamación autoinmune. Esta línea de pensamiento surgió de las 
observaciones de que estas células se encuentran aumentadas en pacientes con 
EM (50), y que sus citocinas clave son determinantes en la protección contra EAE. 
Pese a esto, un número creciente de reportes describe que las células T efectoras 
en pacientes con EM son resistentes a la supresión mediante Tregs (51-54), 
sugiriendo que éstas no son críticas en la regulación de la autoinmunidad. 
12 
Adicionalmente, un meta-análisis realizado por Zozluya y Wiendl (54) señala que 
múltiples grupos de investigación han detectado números menores o iguales de 
Tregs en la sangre o líquido cefalorraquídeo (LCR) de pacientes con EM que en 
pacientes sin dicha patología. Otra posibilidad es que el número de Tregs sea 
insuficiente para contrarrestar el de células T efectoras. Incluso, se ha propuesto 
que aunque haya una expansión de Tregs, la proliferación está dominada porlas 
Tregs de memoria, en vez de que se generen nuevas Tregs naturales, que son más 
potentes (55). 
Las citocinas IL-10 (14), TGF-β (56) e IL-4 (57, 58) son importantes en la 
supresión de la inflamación autoinmune en EAE y EM, y pueden ser secretadas por 
linfocitos Th2 o células de linaje mieloide. Por esto se piensa que mientras un 
balance en la diferenciación de linfocitos hacia los perfiles Th1/Th17 es importante 
para inducir EAE y EM, una mayor inducción de linfocitos y citocinas de tipo Th2 
puede resultar útil en la terapia anti-EM. 
 
Fig. 2. Diversidad patológica de la EM. Las células Th17 tienden a dirigir el infiltrado 
inflamatorio hacia el cerebro, reclutando ahí a neutrófilos y produciendo Esclerosis Múltiple 
Progresiva (EM-P). En cambio, los linfocitos Th1 generan inflamación en la médula espinal, 
donde los monocitos/macrófagos generan daño neurológico a través de la secreción de 
óxido nítrico (NO). Las células T CD8+ pueden infiltrarse al cerebro o médula espinal 
indistintamente, generando daño neurológico a través de la eliminación de oligodendrocitos. 
 
6.3 Mecanismos efectores de neurodegeneración: la importancia de la 
inmunidad innata. 
13 
 
Las enfermedades autoinmunes tejido-específicas, como la EM, tienen como 
característica en común la invasión del parénquima cerebral por leucocitos. De 
manera interesante, la importancia de la fracción innata de dichos infiltrados ha sido 
subestimada durante años, pero avances recientes muestran que la mayor parte de 
los mecanismos efectores y buena parte de los inductores/reguladores de este 
grupo de enfermedades provienen de dichas células (59). 
En principio, las células dendríticas (CDs) (60) y los macrófagos (61) son 
capaces de activar a los linfocitos en la periferia y de inducir su entrada al SNC. Y 
más aún, el papel de las células T CD4+ en el tejido nervioso pareciera el de reclutar 
y activar a más células innatas (62). Consistentemente, células CD4+ estimuladas 
con IL-12p70 son capaces de reclutar macrófagos productores de NO al SNC, 
mientras que células similares estimuladas con IL-23 son capaces de reclutar 
neutrófilos y activar su estallido respiratorio. Esto en correlación con la secreción de 
quimiocinas monocito-atrayentes como CXCL9, CXCL10 y CXCL11 por parte de las 
células Th1 o con la secreción de quimiocinas neutrófilo-atrayentes CXCL1 y CXCL2 
por parte de las células Th17 (63), sugiriendo que las células innatas también son 
importantes en la determinación del tipo patológico (Fig. 2). 
Adicionalmente, las células mieloides están implicadas en la inducción de daño 
neurológico durante la enfermedad. En principio, las células T pueden ser 
detectadas de manera consistente en el LCR de pacientes con EM, 
independientemente a la fase en la que éstos se encuentren. Sin embargo, los picos 
de detección de neutrófilos coinciden con los relapsos únicamente (64), sugiriendo 
que éstas células son capaces de inducir neurodegeneración (62) mientras los 
linfocitos están ahí para reclutarlos y coadyuvar en su funcionamiento patogénico. 
Igualmente, la transferencia de linfocitos mielina-específicos en ratones que han 
sufrido de depleción de macrófagos no es capaz de inducir daño neurológico ni 
signos de neurodegeneración. Esto en correlación con el bloqueo del reclutamiento 
de células F4/80+Mac1+ en el SNC, pese a la presencia de células CD4+ T y 
linfocitos B CD220+ en el mismo (65). De igual modo, ratones deficientes en CCR2, 
el receptor de la proteína quimioatrayente de macrófagos-1 (MCP-1), son 
resistentes a la inducción de EAE y al daño histopatológico del SNC asociado a 
ésta. El efecto es independiente de una respuesta adaptativa intacta y rica en IFN-
ɣ e IL-2, ya que linfocitos mielina-específicos transferidos en ratones WT son 
perfectamente capaces de inducir la enfermedad, mientras que los receptores 
CCR2-/- de células T WT fallan al inducirla. En conjunto, estos datos sugieren que 
la neuropatología asociada a EM/EAE es imposible de inducir sin el infiltrado del 
parénquima nervioso por parte de monocitos/macrófagos y neutrófilos, aunque los 
linfocitos estén presentes (Fig. 2). 
De manera importante, cuando la producción de NO o el anión súper óxido por 
parte de monocitos y neutrófilos es interrumpida mediante el uso de fármacos, el 
desarrollo de la EAE se ve completamente abatido, pudiendo también observase 
un decremento considerable en el daño histopatológico y la inflamación local (66-
68), por lo que cada vez es más aceptada la idea de que el mecanismo efector de 
14 
inducción de daño que poseen los monocitos/macrófagos y neutrófilos es a través 
de la secreción local de NO (Fig. 2). 
 
 6.4 Mecanismos de daño locales en SNC 
En adición a la potente y compleja respuesta inmune que ocurre en la 
periferia y que termina induciendo daños en el SNC una vez que los leucocitos se 
infiltran en éste, también hay cambios neuroinmunológicos que no se reflejan en la 
respuesta periférica. Éstos afectan a las neuronas y sus capacidades sinápticas, en 
adición a las glías, que son básicas para el correcto funcionamiento nervioso. 
Particularmente, el número de mitocondrias aumenta en las neuronas que sufren 
procesos de desmielinización (69), con lo cual aumenta la secreción local de ROS, 
acelerando así el proceso general de neurodegeneración (70). Más aún, citocinas 
como la IL-1β inducen fallas en la sinapsis neuronal al reducir la expresión del 
transportador glial de glutamato-aspartato, por lo cual se afecta una de las 
principales vías neuro-exitatorias, y por lo tanto la función nerviosa en general. 
Además, la elevada concentración de glutamato en el medio extracelular del 
cerebelo induce una gran neurotoxicidad (71), lo cual contribuye al proceso general 
de neurodegeneración. 
En una enfermedad autoinmune desmielinizante como lo es la EM, el 
potencial de regeneración de la mielina es de prima importancia para restaurar la 
sinapsis nerviosa. Dicha tarea, normalmente está a cargo de los oligodendrocitos, 
quienes sintetizan la mielina (y las proteínas que ésta contiene) para formar una 
vaina alrededor de los axones (72, 73). No obstante, se ha observado que en etapas 
crónicas de la enfermedad, los precursores de oligodendrocitos pierden la 
capacidad de diferenciarse en oligodendrocitos maduros, por lo cual se pierde éste 
potencial de neuroregeneración (74). Pese a esto, recientemente se describió que 
en la etapa de remisión de la enfermedad, algunos astrocitos tienden a diferenciarse 
en oligodendrocitos, amortiguando parcialmente la falta de éstos y promoviendo la 
regeneración de las funciones fisiológicas que es evidente en dicha etapa (75). Más 
aún, se sabe que la cercanía de astrocitos con oligodendrocitos promueve en éstos 
últimos la producción de mielina (76), en un efecto inducido por la secreción de 
múltiples factores de activación por parte de los astrocitos (77). 
Contradictoriamente, se ha descrito un papel patológico para los astrocitos 
durante el desarrollo de la neuroinflamación, ya que dichas células, al ser agredidas 
por los altos niveles de NO, responden secretando más NO (78). Además, los 
astrocitos son una importante fuente de CCL2, una quimiocina que potentemente 
recluta monocitos inflamatorios (79) y también producen IL-12 e IL-15 (80), 
responsables de la diferenciación de linfocitos hacia el perfil Th1, así como de la 
actividad citotóxica de los linfocitos CD8+, que tienen su parte en la destrucción de 
los oligodendrocitos. Por esto, se piensa que el papel de los astrocitos en la 
neuroinflamación es una espada de doble filo, como se revisó en (77). 
La microglía, por su parte, es otra población celular con papeles 
contradictorios dentro de la EAE/EM, ya que es capaz de presentar auto-antígenos 
de forma local a los linfocitos, además de producir altos niveles de NO (81) y 
mediadores inflamatorios diversos (82), con los cuales daña la mielina y a los 
15 
oligodendrocitos. Incluso, tienden a acumularseen las placas de desmielinización, 
presumiblemente para inducirla (77). Sin embargo, en los últimos años se ha 
descrito que también pueden disminuir la activación de linfocitos (83) y activar a los 
oligodendrocitos (84), induciendo neuroprotección y neuroregeneración. 
Un aspecto importante de la participación de la microglía en la EAE se da por 
la limpieza de los detritos de mielina por parte de estas células. Al iniciar una fase 
patológica, la microglía suele responder a los estímulos proinflamatorios del 
entorno, activándose clásicamente, al igual que un macrófago; así, la microglía 
contribuye a la degradación de la vaina de mielina a través de la producción de NO 
y de la potenciación de la respuesta inmune. No obstante, cuando muchos detritos 
de mielina se acumulan en el espacio extracelular, la microglía tiende a fagocitarlos. 
Una vez dentro de las células, los residuos de fosfatidilserina presentes en éstos, 
activan la vía PPAR-ɣ, induciendo un perfil alternativo en la microglía, lo cual la 
vuelve capaz de disminuir la inflamación patológica, con lo cual participan en la 
inducción de las remisiones (85) y pueden activar la remielinización dependiente de 
oligodendrocitos (86). 
Muchas citocinas han demostrado tener papeles patogénicos en el desarrollo 
de la inflamación local durante la EAE/EM, aunque se han detectado papeles 
benéficos para algunas otras. La mayor parte de éstas provienen de células 
inflamatorias infiltradas en el parénquima nervioso, pero otras son producidas por 
las neuronas y la glía. En primer lugar, las neuronas, microglía y astrocitos son 
capaces de producir TNF-α cuando se encuentran bajo estrés inflamatorio, y dicha 
citocina ha demostrado tener papeles diversos en la respuesta inmune local 
característica de la patología. En primer lugar, se ha detectado que puede inducir la 
apoptosis de oligodendrocitos (87), además de reclutar y activar a los 
monocitos/macrófagos durante la patología y disminuir la activación de linfocitos 
Treg (88). En contraste, experimentos utilizando ratones deficientes en TNF-R2 han 
demostrado que el TNF-α tiene un efecto inhibidor en la microglía, llevándolas a 
producir menores cantidades de NO, con lo cual se reduce el daño a la vaina de 
mielina neuronal (89). Así mismo, estos tres linajes celulares, además de los 
oligodendrocitos son capaces de producir IL-6 en respuesta al daño por 
exitotoxicidad (90), con lo que pueden inducir la diferenciación de respuestas Th17. 
Más aún, los astrocitos, oligodendrocitos y la microglía pueden producir GM-
CSF y MCP1, con lo cual aumentan el reclutamiento y la activación de 
monocitos/macrófagos hacia el SNC (91), pero también producen (ecepto los 
oligodendrocitos) las citocinas IL-10 y TGF-β, con las cuales pueden disminuir la 
activación de linfocitos y macrófagos, controlando la neuropatología (92). 
En conjunto, ésta información nos señala que el sistema nervioso interacciona de 
manera diversa y compleja con el sistema inmune, no sólo para reducir el daño 
durante la EAE/EM, sino también para aumentarlo, en algunas ocasiones. Aunque 
algunas poblaciones neurogliales como la microglía y la astroglía tienen papeles 
aparentemente contradictorios, esto probablemente se deba al carácter bifásico de 
la enfermedad; de modo que en un estudio más profundo de los fenómenos 
asociados a éstas, tal vez sea posible discernir que durante los relapsos las glías 
contribuyen a la inducción de daño, mientras que durante las remisiones éstas 
contribuyan a la neuroregeneración. De cualquier forma, estudios más profundos 
son necesarios para clarificar dichas cuestiones. 
16 
6.5 Hipótesis de la higiene: el enemigo de mi enemigo es mi amigo. 
 
Como se mencionó anteriormente, numerosas infecciones bacterianas y virales 
se asocian a la inducción de la EM, aun cuando varios factores genéticos deben 
estar a su vez involucrados para volver susceptibles a los individuos. Esto sugiere 
que si bien es importante contar con una susceptibilidad a nivel genético, los 
factores ambientales suelen ser críticos en la regulación de la enfermedad (2). De 
manera interesante, los factores ambientales infecciosos no sólo se han asociado a 
la aparición de la patología, sino también a su supresión; una de las líneas de 
pensamiento más útiles para describir dicho fenómeno es la hipótesis de la higiene. 
En la última mitad del siglo XX, un aumento en la prevalencia del asma y las 
alergias se ha observado en países altamente industrializados, mientras que un 
decremento en las infecciones virales y bacterianas (principalmente debido a un 
aumento en las condiciones higiénicas) también ha ocurrido. La correlación negativa 
en la distribución geográfica de éstas dos patologías sirvió a Strachan para proponer 
la hipótesis de la higiene en 1989 (93). Tal hipótesis sugiere que en ausencia de 
infecciones intensas que modulen la inmunidad hacia ambientes tipo Th1, la 
inmunidad Th2 puede exacerbarse deviniendo en enfermedades mediadas por este 
tipo de inflamación, tales como las alergias y el asma. 
Pocos años después, una serie de observaciones inversas llevó a 
Yazdanbakhsh a proponer una hipótesis de la higiene alternativa. Aparentemente, 
el incremento en la higiene en países altamente industrializados también ha 
conducido a una pérdida en la biodiversidad de helmintos parásitos y en la 
incidencia de infecciones debidas éstos, por lo que en dichos países la prevalencia 
de enfermedades inflamatorias mediadas por respuestas de tipo Th1 y/o Th17 ha 
aumentado, en relación a la falta de estímulos que polaricen la inmunidad hacia 
perfiles Th2 (94). Así, se considera que la EM probablemente sea regulada por la 
presencia de helmintos infecciosos en nuestro ambiente (95, 96), ya que la alta 
prevalencia de esta enfermedad se ha asociado al bajo número de infecciones por 
helmintos globalmente (Fig. 3) (97-99). 
Adicionalmente, la observación de que los países cercanos al ecuador son los 
que tienen menor prevalencia de esta enfermedad, ha servido para proponer la 
hipótesis de que la luz ultravioleta puede inducir tolerancia frente a antígenos al 
incidir sobre la piel, y por lo mismo reducir la incidencia de EM en dichos países 
(100). 
 
17 
 
Fig. 3. Hipótesis de la higiene y EM. En los últimos 30 años se ha observado un incremento 
en la prevalencia de la EM en países donde la higiene ha disminuido el contagio de 
infecciones por helmintos. Esta correlación negativa ha servido para proponer la hipótesis 
de la higiene, la cual dicta que la ausencia de infecciones intensas que modulen la 
inmunidad hacia ambientes Th2, probablemente favorece la aparición de enfermedades 
mediadas por respuestas de tipo Th1/Th17. En las áreas coloreadas se muestran los países 
con alta prevalencia de EM, mientras que las áreas con líneas muestran los países donde 
las infecciones con helmintos son muy comunes. 
 
Como sucede con los sistemas holísticos y complejos, la hipótesis de la higiene 
es difícil de probar. No obstante, numerosos experimentos realizados con modelos 
animales y pacientes han servido para reunir datos que apoyan las observaciones 
epidemiológicas. Así, los helmintos son reconocidos actualmente como potentes 
reguladores de la EM, entre otras enfermedades autoinmunes (101, 102). 
De entre todos los factores ambientales que pudiesen influir en la inducción y/o 
supresión de la EM, se cree que las infecciones son las que poseen una mayor 
influencia pues inciden sobre la activación del sistema inmune directamente. 
Además, al ser los parásitos componentes constantes en el ambiente de nuestros 
ancestros evolutivos, es probable que nuestro sistema inmune evolucionara en 
torno a ellos. Específicamente, los protostomados se originaron hace 
aproximadamente 550 millones de años, mientras que los humanos vieron su origen 
hace cerca de 150,000 años atrás (103). Así, los helmintos y humanos han formado 
parte de los mismos ecosistemas durante un tiempo muy largo, lo que aumenta la 
probabilidadde que sus historias naturales se hayan entrelazado profundamente a 
18 
modo de permitir un alto grado de coevolución. Más aún, previo al origen del Homo 
sapiens, los parásitos ya habían coevolucionado con nuestros ancestros homínidos 
y primates, permitiendo la herencia de parasitosis ya adaptadas (104). Así, la 
genética humana se ha moldeado en torno a los helmintos parásitos, generando 
adaptaciones morfofisiológicas profundas para funcionar correctamente en un 
ambiente rico en vermes. 
En la misma línea de pensamiento, la hipótesis del viejo amigo sugiere que los 
organismos saprófitos de nuestro ambiente necesitaban ser tolerados por el sistema 
inmune pues son componentes inocuos de la comida y el agua, y atacarlos podría 
generar daño inmunológico innecesario, así que la coadaptación ocurrió, 
permitiendo su tolerancia por parte de nuestro sistema inmune (105). Del mismo 
modo, aunque los helmintos parásitos raramente son inocuos, atacarlos una vez 
que están establecidos en su hospedero representa una probabilidad de inducir 
daño a los tejidos propios. Un ejemplo claro de esto es que una respuesta inmune 
exacerbada ante los huevecillos de Schistosoma spp conduce a un daño intestinal 
y hepático letal, volviendo la tolerancia hacia la infección una mejor estrategia para 
sobrevivir (106). 
Por esto, los helmintos parásitos son conocidos por generar infecciones 
duraderas que son generalmente bien toleradas por sus huéspedes. Esto en parte 
como una estrategia de los parásitos para mantener a sus hospederos con vida el 
tiempo suficiente como para completar sus ciclos de vida (107), y por otra parte, 
porque el sistema inmune se ha adaptado a evitar la inducción de inflamación 
excesiva, mientras se aboca a inducir reparación de los tejidos dañados por la 
parasitosis (108). 
De este modo, se habla de la inducción de una respuesta inmune estereotípica 
por parte de los helmintos, que se caracteriza por la secreción de altos niveles de 
citocinas anti-inflamatorias como IL-9, IL-10, IL-25, IL-33, TGF-β, y principalmente 
IL-4 e IL-13 en roedores (109). Estas citocinas inducen cambios en la respuesta 
inmune tales como la diferenciación a Th2/Tregs de las células CD4+, la activación 
de linfocitos B productores de IL-4/13, inmunoglobulina G1 (IgG1) e IgE, eosinofilia, 
basofilia y mastocitosis (109, 110). Parte importante de esta respuesta es la 
alteración fenotípica de las CPAs, pues se desarrollan células dendríticas 
inmaduras (iDCs) que tienen la habilidad de inducir la diferenciación de linfocitos 
hacia el perfil Th2/Tregs, así como macrófagos alternativamente activados (MAAs) 
capaces de suprimir la proliferación de linfocitos y la respuesta inflamatoria (110-
112). Así, una característica diacrítica de la respuesta estereotípica anti-helmíntica 
es la supresión de respuestas a antígenos testigo (113), lo cual puede alterar el 
devenir de respuestas inmunes no relacionadas. 
Es comúnmente aceptado que la mayor parte de estos cambios son 
dependientes de la habilidad de los parásitos para secretar o excretar antígenos con 
propiedades inmunoreguladoras (114-118), así, en muchos equipos de 
investigación (119-121), incluido el nuestro (122-124) se han usado las respuestas 
Th2 supresoras inducidas por parásitos y sus antígenos para modular la 
autoimunidad y alterar el devenir de infecciones no relacionadas (125). 
19 
6.6 Inmunoregulación por Taenia crassiceps 
 
Taenia crassiceps (Zeder, 1800) es un helminto parásito de la clase Cestoda, 
familia Taeniidae (126) que en su forma adulta infecta el intestino delgado de 
canidos, mientras su forma larvaria (metacéstodo o cisticerco) puede ser encontrado 
en los músculos y cavidades peritoneales y pleurales de roedores. Sus 
metacéstodos pueden parasitar a humanos inmunocomprometidos por cáncer 
(127), virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y hepatitis C (128). Adicionalmente, 
se reportó una infección en un paciente completamente sano que se encontró 
restringida en un área de tolerancia inmunológica (ojo) (129); lo cual en conjunto 
sugiere que el parásito no puede infectar a humanos sanos a menos que el 
metacéstodo se localice en un sitio de tolerancia inmunológica, pero es capaz de 
infectar a humanos inmunológicamente comprometidos. Esto habla de la escasa 
adaptación del parásito hacia el hospedero humano, pero muestra que aun así es 
capaz de modular parte de su respuesta inmune. 
Una característica que facilita el estudio del parásito, es la capacidad de sus 
metacéstodos para reproducirse asexualmente a través de la gemación. Esto nos 
permite mantener fácilmente la cepa en el laboratorio, ya que después de la 
inoculación intraperitoneal (IP) de 10 metacéstodos, los hospederos pueden 
producir cientos de cisticercos al cabo de 8 semanas (130). De manera importante, 
el parásito no mata a sus hospederos en dicho proceso, lo cual nos permite estudiar 
la cisticercosis murina en un sistema muy conveniente y altamente reproducible 
(131). 
Los primeros estudios acerca de las estrategias de regulación inmunológica 
inducidos por T. crassiceps para colonizar a sus hospederos, coincidieron en que la 
etapa aguda de la infección murina por cisticercos de este parásito está dominada 
por una respuesta transitoria de tipo Th1, donde abundan altos niveles de IFN-ɣ, 
NO e IgG2a. Dicha etapa dura aproximadamente 2-3 semanas. Posteriormente es 
reemplazada por una respuesta crónica de tipo Th2, rica en IL-4/IL-13, IgG1 e IgE, 
que dura por lo menos dos meses. Mientras que la carga parasitaria se mantiene 
baja durante la primera fase de la respuesta inmune, esta crece cuando la respuesta 
de tipo Th2 se vuelve dominante (Fig. 4) (132), sugiriendo que la respuesta Th1 
inicial frente a la infección puede detener el desarrollo de la parasitosis, mientras 
que la respuesta Th2 tardía se relaciona a la inducción de susceptibilidad frente a 
la misma. Posteriormente se describió que los esplenocitos de ratones infectados 
con el parásito son resistentes a estímulos policlonales como la Concanavalina A y 
el anti-CD3 (133), sugiriendo que la respuesta inmune inducida por T. crassiceps en 
su hospedero es supresora. 
Posteriormente, una serie de estudios con ratones knock out confirmó que la 
susceptibilidad del hospedero murino frente al metacéstodo de T. crassiceps es 
dependiente de la señalización mediante el transductor de señales y activador de la 
transcripción-6 (STAT6), un factor de transcripción clave para el desarrollo de 
respuestas Th2 y para la activación alternativa de los macrófagos (134). En cambio, 
la resistencia frente al parásito parece ser dependiente del eje IL-12/STAT4, que es 
20 
clave en la inducción de respuestas de tipo Th1 (135, 136) (Fig 4). Al comparar las 
respuestas inmunes de ratones de la cepa susceptible (BALB/c), con aquellas de 
ratones resistentes (C57BL/6), se encontró que la inmunidad Th1 es más fuerte en 
los ratones resistentes al parásito, mientras que la respuesta Th2 es más fuerte en 
ratones susceptibles (137), sosteniendo dicha noción. No obstante, la inoculación 
con una mayor cantidad de metacéstodos (40 en lugar de 10) es capaz de vencer 
la resistencia natural de la cepa, induciendo los cambios en la respuesta inmune 
necesarios para permitir la infección (122). 
 
Fig. 4. Cinética de la respuesta inmunológica durante la infección con T. crassiceps. Las 
primeras 2-3 semanas de la infección murina experimental con cisticercos de T. crassiceps 
están dominadas por una respuesta de tipo Th1, donde abundan los macrófagos 
clásicamente activados (MCA), dicha respuesta es reemplazada aproximadamente en la 
cuarta semana por una respuesta Th2 rica inducida por macrófagos alternativamente 
activados (MAA). El mayor crecimiento de la carga parasitaria se da a partir del cambio 
hacia una respuesta inmune de tipo Th2, sugiriendo que ésta genera susceptibilidad frente 
a la infección. 
 
Por otra parte, se ha observado que las células del sistema inmune innato 
respondende forma secuencial a los cambios en la respuesta inmune sistémica, ya 
que en paralelo al cambio hacia una respuesta inmune tardía de tipo Th2, emerge 
una gran población de MAAs, los cuales presentan una baja secreción de IL-1β, IL-
12 y NO, pero producen altos niveles de arginasa-1 (Arg1), receptor de manosa 
(MMR), receptor-α de IL-4 (IL-4Rα), PD-L1, PD-L2 e IL-10 (138). De igual modo, 
esta población tiene la habilidad de suprimir la proliferación de linfocitos, induciendo 
un estado general de hipo-respuesta y puede fortalecer la polarización hacia el perfil 
21 
Th2 de los linfocitos, mientras reducen la diferenciación de dichas células hacia 
perfiles Th1/17 (139). De manera interesante, los MAAs se han encontrado 
presentes en la mayoría de las infecciones por helmintos parásitos y se considera 
que su potencial inmunoregulador influye de manera importante en la inducción de 
ambientes tolerogénicos necesarios para la supervivencia de los hospederos y 
parásitos durante la infección (111, 112), desempeñando papeles tan diversos como 
la disminución de la inflamación patológica y el daño tisular que ésta conlleva (108), 
la resistencia al crecimiento excesivo de la carga parasitaria (140), o como parte 
fundamental del sistema de regeneración tisular (108) (Fig. 5). 
 
Fig. 5: Inmunoregulación por T. crassiceps y sus antígenos. Los metacéstodos de T. 
crassiceps producen antígenos (TcES) con la capacidad de inhibir la maduración de las 
células dendríticas (CDs), las cuales permanecen en un estado inmaduro (CDi), 
volviéndolas capaces de inducir la diferenciación hacia Th2 en linfocitos T vírgenes y de 
inducir respuestas proliferativas bajas en éstos. De igual manera, pueden reclutar 
macrófagos alternativamente activados (MAAs) con la capacidad de reforzar la 
diferenciación hacia Th2 de los linfocitos, así como de inhibir la proliferación de dichas 
células. Igualmente, recluta células mieloides supresoras (CMSs) capaces de regular 
fuertemente la proliferación de linfocitos. En conjunto, estos cambios en el microambiente 
celular inducen una respuesta Th2 potente y duradera. 
 
Dicha población es diametralmente opuesta a los macrófagos clásicamente 
activados (MCAs), que se desarrollan típicamente durante las infecciones virales y 
bacterianas, así como durante la etapa aguda de la respuesta a T. crassiceps. Los 
MCAs tienden a secretar altos niveles de IL-1β, IL-12, IL-23 y TNF-α, con lo cual 
fortalecen las respuestas de tipo Th1/Th17, y además expresan la enzima óxido 
22 
nítrico sintasa inducible (iNOS), con la cual producen NO (141), el cual parece ser 
importante para controlar la proliferación de T. crassiceps (142). 
En conjunto, T. crassiceps regula la inflamación de manera potente y prolongada 
para evadir el ataque inmunológico de su hospedero y así poder completar su ciclo 
de vida dentro de éste. Más aún, los cambios en la respuesta inmune que induce el 
parásito parecen ser idóneos para suprimir respuestas inflamatorias no deseadas 
(131), concordando con la hipótesis de la higiene. Por esto, miembros de nuestro 
equipo investigaron el potencial anti-inflamatorio de la infección con T. crassiceps 
para combatir la inflamación en modelos murinos de autoinmunidad, encontrando 
que la pre-infección de ratones con su metacéstodo es capaz de reducir la 
incidencia de la diabetes tipo 1 inducida por estreptozotocina hasta en un 50%, 
principalmente al reducir el infiltrado inflamatorio del páncreas, reduciendo así la 
insulitis y por lo tanto manteniendo los niveles de glucosa por debajo de los 200 
mg/dL. Dicha modulación dura por lo menos 6 semanas post-inducción. En 
asociación a los efectos protectores de la infección se encontraron altos niveles 
sistémicos de IL-4, la reducción de los niveles de TNF-α y la inducción de MAAs 
(123). De igual modo, la pre-infección de ratones con T. crassiceps es capaz de 
modular negativamente la colitis inducida por dextrán sulfato sódico al controlar la 
pérdida de peso, el acortamiento del colon y el índice de actividad de la enfermedad, 
en relación con un microambiente pro-inflamatorio reducido y altos niveles de IL-4 
e IL-10, así como un alto reclutamiento de MAAs al colon (143). De manera 
importante, la pre-infección con cisticercos del parásito también puede reducir la 
incidencia (en un 35%) y severidad de la EAE, en relación a un ambiente Th2 con 
altos niveles de IL-4, IL-10, IgG1 e IgE y bajos niveles de IFN-γ, TNF-α, IL-17 e 
IgG2a, así como la ausencia de infiltrado inflamatorio en el SNC y grandes 
poblaciones de MAAs (Fig. 6) (122). En ninguno de estos estudios se encontró una 
exacerbación de linfocitos Tregs, por lo que pensamos que los efectos de la 
infección sobre las células innatas deben ser clave para la supresión de estas 
patologías. 
23 
 
Fig. 6. La inmunoregulación por T. crassiceps induce cambios que suprimen patologías 
autoinmunes. Los metacéstodos de T. crassiceps secretan/excretan antígenos (TcES) 
capaces de impedir la maduración de las células dendríticas inmaduras (CDi) y la activación 
clásica de macrófagos (MCAs); facilitando la activación alternativa de los macrófagos 
(MAAs), induciendo la diferenciación de linfocitos hacia el perfil Th2 y bloqueando la 
proliferación de linfocitos autoreactivos. Así, los cambios en la respuesta inmune inducidos 
por el parásito disminuyen los parámetros patológicos de la diabetes tipo 1 (DT1), la colitis 
autoinmune y la encefalomielitis autoinmune experimental (EAE). 
 
Pese a la información generada, ninguno de estos estudios responde las 
siguientes preguntas: i) ¿Es posible modular las enfermedades autoinmunes como 
EM/EAE usando moléculas derivadas de los cisticercos de T. crassiceps? ii) ¿Es 
posible modular la enfermedad una vez que sus signos comienzan a manifestarse? 
iii) ¿Es necesaria la presencia constante del parásito para modular la enfermedad? 
 
6.7 Inmunoregulación por antígenos de Taenia crassiceps 
 
La idea de que la inhibición de las respuestas pro-inflamatorias y la inducción de 
respuestas Th2 durante las respuestas inmunes frente a helmintos es dependiente 
de la secreción o excreción de antígenos con capacidades inmunoreguladoras cada 
vez se acepta más, debido a evidencias cada vez más numerosas. Se ha observado 
que dichos antígenos tienen la habilidad de reclutar a numerosos leucocitos, tales 
como las células mieloides supresoras (CMSs), eosinófilos y basófilos. Igualmente, 
pueden impedir la maduración de las CD, transformándolas en células capaces de 
polarizar a los linfocitos T vírgenes hacia perfiles Th2/Tregs, induciendo en ellos 
24 
respuestas proliferativas bajas (114-118, 144, 145). Más aún, muchos antígenos 
inmunoreguladores derivados de helmintos han demostrado tener la capacidad de 
inducir la activación alternativa de macrófagos de forma independiente a IL-4 (115-
117, 146). 
Las primeras líneas de evidencia que sugieren dicha idea son que el tratamiento 
antiparasitario de pacientes infectados suele derivar en la inducción de respuestas 
pro-inflamatorias tras la muerte del helminto (147) y que la inoculación de los 
antígenos parasitarios en ratones sanos, mimetiza el efecto de las infecciones con 
gusanos vivos (118, 145). Más aún, se ha identificado que los carbohidratos 
provenientes de los antígenos solubles del huevo (ASH) de Schistosoma mansonii 
son responsables por la actividad inmunoreguladora de dichos antígenos (148), 
sugiriendo que las glicoproteínas son esenciales para la inducción de respuestas 
Th2 durante las parasitosis por helmintos. Este hallazgo se corroboró en otros 
modelos de infección murina, tales como Brugia spp, Echinococcus spp, Ascaris 
spp, Caenorabditis spp, Hymenolepis spp y T. crassiceps (Como se revisó en (149)) 
En esta área, nuestro equipo ha evaluado los efectos de la inoculación in vivo 
de antígenos derivados de T. crassiceps, encontrando que la inyección de un 
extracto soluble total (TcSol) de sus metacéstodos es capaz de reclutar a una 
poblaciónde CMSs CD11b+F4/80+Gr1+, la cual está compuesta por monocitos y 
neutrófilos dotados de la habilidad de inducir bajas respuestas proliferativas en 
linfocitos (150). Dichas células se reclutan tan pronto como 18 horas después de la 
inyección IP del TcSol, de modo que podrían ser importantes para la inhibición de 
la respuesta Th1 inicial frente al parásito, así como de la inducción del ambiente 
tolerogénico de tipo Th2 que viene después (151). De manera interesante, el 
tratamiento de dichos antígenos con metaperiodato de sodio para destruir a sus 
glicanos, altera la habilidad del antígeno para reclutar a las CMSs, indicando que 
los azúcares son importantes para los efectos inmunológicos de estas moléculas 
(152) (Fig. 5). Más aún, ensayos in vivo han demostrado que la presencia de 
carbohidratos en antígenos derivados de helmintos es esencial para la inducción de 
respuestas Th2 frente a antígenos no relacionados, ya que el ASH de S. mansoni o 
el TcSol, al ser co-inyectados con ovoalbúmina o albúmina sérica de bovino en 
ratones vírgenes, inducen una respuesta inmune de tipo Th2 frente a dichas 
proteínas mientras sus carbohidratos estén intactos, pero al ser éstos alterados 
mediante oxidación con metaperiodato de sodio, pierden esa capacidad (114, 148). 
Por otra parte, el TcSol posee demasiadas moléculas, de las cuales no todas 
tienen efectos inmunoreguladores, por lo que la concentración de sus principios 
activos es baja. Además, las moléculas no relacionadas al efecto inmunológico del 
extracto complican el estudio de aquellas que sí se involucran en sus efectos 
reguladores. Además, se cree que los helmintos regulan la inmunidad no solamente 
por contacto directo con leucocitos, sino también de forma remota mediante la 
secreción o excreción de antígenos inmunoreguladores. Así, la más reciente 
tendencia en el campo de la inmunidad frente a helmintos es el estudio de los 
antígenos de secreción/excreción, los cuales resultan de interés por ser menos 
diversos, con lo cual concentran mayoritariamente moléculas activas y resultan más 
fáciles de estudiar; además, representan una herramienta de regulación 
25 
inmunológica a distancia para los helmintos, mediante la cual podrían regular la 
respuesta inmune del hospedero de forma previa al contacto. 
Siguiendo esta línea de pensamiento, se han estudiado los antígenos de 
secreción/excreción de T. crassiceps (TcES), los cuales son obtenidos a través del 
cultivo in vitro de metacéstodos del parásito, recolectando su sobrenadante y 
centrifugándolo en separadores de peso molecular para obtener la fracción ≥ 50 
kDa, la cual fue añadida a cultivos de CDs para estudiar su impacto en la 
maduración de las mismas (152), como se detalla a continuación. 
Por otra parte, la maduración de las CDs está dada por la expresión de 
moléculas co-estimuladoras involucradas en la presentación de antígenos y la 
activación de células T, tales como CD40, CD80, CD86 y el complejo de mayor 
histocompatibilidad II (CMHII), así como la secreción de citocinas pro-inflamatorias 
como IL-12 e IL-18. Así, una CD madura es capaz de inducir una alta respuesta 
proliferativa en células T, además de ser capaz de diferenciar a dichas células hacia 
perfiles Th1/17, mientras que una CD inmadura, al carecer de la alta expresión de 
dichos marcadores, induce bajas respuestas proliferativas en células T y las 
diferencia hacia perfiles tolerogénicos como Th2 y Treg (153). 
Recientemente fue descrito que la exposición in vitro de CDs murinas (152) o 
humanas (154) a la fracción de alto peso peso molecular del antígeno, pero no a la 
de bajo peso, inhibe la maduración de dichas células, las cuales además se vuelven 
resistentes a la estimulación con ligandos de receptores tipo Toll (TLRs), 
produciendo bajos niveles de citocinas pro-inflamatorias como IL-12, IL-15 y TNF-
α. 
De manera importante, cuando las CDs expuestas al TcES son usadas como APCs, 
son capaces de inducir la diferenciación de células CD4+ vírgenes a perfiles Th2 
(152). Estos efectos son dependientes de la presencia de glicoconjugados en el 
TcES, ya que al oxidar los carbohidratos presentes en éste, dichos efectos se 
pierden (Fig. 5). De manera interesante, otros equipos de investigación han hecho 
observaciones similares en respuesta a glicoproteínas provenientes de 
Echinococcus granulosus, E. multilocularis (155, 156), ASH de S. mansoni (157) o 
carbohidratos de la larva de Trichostrongyloides spp (158). 
Así, es claro que los helmintos alteran la respuesta immune de sus hospederos 
mediante la secreción o excreción de antígenos, y que gran parte de la actividad 
inmunomoduladora de éstos es dependiente del reconocimiento de sus glicanos. Es 
importante considerar que la composición de los antígenos solubles totales o los 
secretados/excretados varía mucho entre especies, sin embargo, los tipos más 
comunes son proteasas, inhibidores de proteasas, homólogos de citocinas y 
quimiocinas, enzimas antioxidantes, lectinas y otros carbohidratos (consultar anexo 
13.3 para más detalles), los cuales son reconocidos principalmente por receptores 
a lectinas tipo 1 (118). 
De esta forma, la inoculación in vivo del TcES podría emular los efectos de la 
infección, induciendo un ambiente Th2 que regule la capacidad proliferativa de los 
linfocitos y anule la migración de leucocitos hacia el SNC, lo cual podría también 
regular la sintomatología asociada a EAE. 
 
 
 
26 
7. Justificación 
 
Como se menciona en la introducción, la EM tiene una gran diversidad de 
cuadros clínicos, y la inmunopatogénesis detrás de cada uno es compleja. Así 
mismo, pese a la diversidad de medicamentos disponibles para el tratamiento de la 
misma, faltan drogas capaces de modular los distintos rasgos de la enfermedad de 
forma integral, con alta efectividad y baja toxicidad (159). En dicho tenor, los 
antígenos inmunoregulatorios derivados de T. crassiceps (TcES) han demostrado 
tener la capacidad de regular la respuesta inflamatoria de macrófagos (160), DCs 
(152), MDSCs (161) y linfocitos (114, 139), por lo cual podrían ser capaces de 
contrarrestar la inflamación producida durante la EAE. Más aún, se ha observado 
que la preinfección de ratones con el metacéstodo de T. crassiceps es capaz de 
regular no sólo la diabetes tipo 1 (123), la colitis (143) y el cáncer de colon asociado 
a colitis (162), sino también ha demostrado ser capaz de reducir la histopatología y 
el cuadro clínico de la EAE (122), en asociación con mecanismos 
inmunoregulatorios similares a los observados para el TcES. Así, creemos que el 
TcES será capaz de modular el desarrollo de la EAE actuando para inhibir la 
inflamación en múltiples niveles, logrando una supresión integral del desarrollo de 
la patología. 
 
8. Hipótesis 
 
La administración intraperitoneal del TcES reducirá la severidad de la EAE al 
inducir un ambiente Th2 capaz de regular la proliferación de linfocitos y el infiltrado 
de leucocitos en el SNC. 
 
9. Objetivo general 
 
Estudiar los mecanismos de regulación de la neuroinflamación y autoinmunidad 
por la administración del TcES en el modelo de EAE. 
 
10. Objetivos particulares 
 
a) Determinar la relación dosis-respuesta del TcES para inducir citocinas y 
poblaciones reguladoras en ratones C57BL/6. 
b) Determinar la capacidad del TcES para regular la incidencia y severidad de 
la EAE en ratones C57BL/6, de manera temprana, tardía y en comparación 
con la dexametasona. 
c) Estudiar las características del microambiente inmunológico inducido por la 
administración del TcES, así como su capacidad para regular la proliferación 
de linfocitos durante la EAE. 
d) Estudiar alteraciones de la migración de leucocitos hacia el SNC durante el 
desarrollo de EAE, en relación al tratamiento. 
 
 
 
27 
11. Materiales y método 
 
Ratones, parásitos y producción del TcES. Ratones hembra de la cepa BALB/c 
con 6-8 semanas de edad fueron comprados a Harlan Laboratories (México, CDMX) 
y mantenidos en condicioneslibres de patógenos en el bioterio de la FES-Iztacala, 
UNAM de acuerdo con las guías éticas institucionales y nacionales. Metacéstodos 
de T. crassiceps la cepa ORF fueron cultivados en condiciones estériles de la 
cavidad peritoneal de ratones similares, infectados ocho semanas antes, y lavados 
cuatro veces con buffer salino de fosfatos (PBS; 0.15 M NaCl, 0.01 M fosfato de 
sodio, pH 7.2) previo a la infección de ratones BALB/c frescos para mantener la 
cepa, o fueron cultivados en PBS estéril a 37°C por 24h. El TcES fue producido al 
recoger el sobrenadante de dichos cultivos y centrifugarlo a 1000g por 20 min dentro 
de separadores Amicon Ultra Filter (Millipore, México) de 50 kDa. La fracción 
≥50kDa fue recuperada y almacenada a -70°C. 
 
Inducción de EAE. El modelo fue inducido y evaluado de acuerdo al protocolo 
de Stromnes & Goverman, 2006 (163). Brevemente, se preparó una emulsión 1:1 
de 125 µg de glicoproteína mielina de los oligodendrocitos (MOG35-55)/ 100 µl de 
PBS estéril y adyuvante de Freund completo (AFC) conteniendo 5mg de 
Mycobacterium tuberculosis H37RA/ ml (Difco Laboratories, MI, USA) y esta fue 
inyectada en cuatro puntos de los flancos traseros en ratones hembra de la cepa 
C57BL/6 con 10-12 semanas de edad. Posteriormente, se les inyectó toxina de 
Pertussis (600 ng/200 µl PBS esteril) (List Biological Laboratories Inc., CA, USA) de 
manera IP (intraperitoneal) el mismo día de la inducción y dos días después. La 
progresión de la enfermedad fue evaluada cada dos días siguiendo la siguiente 
escala: 0, sin signos de enfermedad; 0.5, parálisis en la punta de la cola; 1, flacidez 
en la cola; 1.5, debilidad en una pata trasera; 2, parálisis en una pata trasera; 2.5, 
parálisis en una pata trasera y debilidad en la otra; 3, parálisis en las dos patas 
traseras; 3.5, parálisis en las dos patas traseras y debilidad o parálisis en una pata 
delantera; 4, parálisis de los cuatro miembros; y 5, moribundo o muerto. 
 
 
Esquemas de tratamiento. Ratones hembra de la cepa C57BL/6 fueron 
repartidos en cinco grupos (n=6) y tratados de la siguiente manera: el grupo 
EAE+TcES recibió una inyección IP de 250µg TcES/ 200 µl PBS cada tercer día, 
dos días después de la aparición de los primeros signos (día 12 ± 2) y hasta dos 
días antes del sacrificio al pico de la enfermedad (día 21 ± 2), recibiendo un total de 
7 inyecciones. El grupo EAE+BSA recibió un tratamiento similar pero sustituyendo 
al TcES por una concentración igual de BSA. El grupo EAE+TcES-L empezó a 
recibir el tratamiento seis días después del tratamiento normal con TcES (día 18 ± 
2), y se les administró una dosis de tratamiento cada tercer día hasta dos días antes 
del sacrificio. De esta forma, el grupo EAE+TcES-L recibió tres inyecciones menos 
que el grupo EAE+TcES al inicio del ciclo experimental. Los ratones EAE+TcES-W 
recibieron el mismo esquema de tratamiento que los ratones del grupo EAE+TcES, 
pero la inoculación del antígeno fue suspendida del día 19 ± 1 hasta el sacrificio, de 
modo que recibieron tres inyecciones menos que el grupo TcES, siendo los últimos 
28 
días del relapso aquellos donde no se administró el tratamiento. Otro grupo de 
ratones recibió inyecciones IP de 0.3 mg/kg de dexametasona (164) (Farmacias del 
ahorro, México) cada tercer día, hasta el día del sacrificio. En todos los casos el 
sacrificio se realizó cuando los ratones control alcanzaron el grado 3.5, lo cual 
generalmente ocurrió el día 26 PI, a menos que se indique otra cosa. 
 
Tabla 1. Tratamientos 
Grupo Inicio Término Tipo Cantidad 
 
Frecuencia 
EAE+BSA 12 ± 2 21 ± 2 BSA 250 µg 
Cada tercer 
día 
EAE+TcES 12 ± 2 21 ± 2 TcES 250 µg 
Cada tercer 
día 
EAE+TcES-L 18 ±2 21 ± 2 TcES 250 µg 
Cada tercer 
día 
EAE+TcES-W 12 ± 2 19 ± 1 TcES 250 µg 
Cada tercer 
día 
EAE + Dex 12 ± 2 21 ± 2 Dexametasona 0.3 mg/kg 
Cada tercer 
día 
 
 
Evaluación histopatológica. En el pico de la enfermedad (día 26 ± 2) los ratones 
fueron sacrificados y la médula espinal fue extraída y fijada en alcohol absoluto por 
una semana. Las muestras de tejido fueron embebidas en parafina y se cortaron 
secciones de 10 µm en un microtomo para ser teñidas con hematoxilina y eosina. 
El análisis de los infiltrados se realizó mediante el programa AxioVision LE (Carl 
Zeiss (Jena, Alemania)), seleccionando al azar 5 secciones de la región lumbar de 
la médula espinal y contando el número de lesiones por sección, así como 
cuantificando los pixeles totales de todas las regiones infiltradas. 
 
Ensayos de proliferación celular. Durante el sacrificio de los animales, los bazos 
fueron asépticamente removidos para realizar suspensiones de una sola célula 
mediante perfusión con medio RPMI-1640 suplementado con 10% FBS, 100 U de 
penicillina/estreptomicina, 2 mM glutamina, 25 mM HEPES y 1% aminoácidos no 
esenciales (todos de GIBCO, USA). Los esplenocitos fueron centrifugados a 1000 
x g y los eritrocitos fueron lisados mediante suspensión en solución de Boyle (0.17 
M Tris y 0.16 M cloruro de amonio). Después de dos lavados con PBS estéril, las 
29 
células viables se contaron mediante exclusión con azul tripano y los esplenocitos 
se ajustaron a 3x106 células/ml en el mismo medio. Las células (100 µl por pozo) 
fueron sembradas en placas de 96 pozos de fondo plano (Costar, USA) para ser 
estimuladas con 10 µg/ml MOG35–55. Adicionalmente, los esplenocitos se 
sembraron en placas previamente sensibilizadas con anti-CD3 (10 µg/ml por dos 
horas a 37 ºC). La proliferación fue medida cinco días después de la incubación a 
37 ºC y 5% CO2 pulsando a las células por 24 h con 0.5 mCu [3H] timidina 
(Amersham Biosciences, USA). Las células se recolectaron en un cosechador de 
96 pozos (Tomtec, Finlandia) y se cuantificaron usando un µ-contador de placas 
1450 (Trilux, Finlandia). Los valores son representados en cuentas por minuto 
(CPM) de pozos triplicados. Sobrenadantes de cultivos similares, sin timidina, fueron 
guardados a -70 ºC hasta ser usados para detección de las citocinas detalladas en 
la sección de ELISA. 
Obtención de células. Las células del exudado peritoneal fueron obtenidas 
mediante el lavado retroperitoneal con 15 mL de solución de Hank estéril, 
posteriormente fueron lavadas por centrifugación, resuspensión y reemplazo de 
sobrenadante en 2 ocasiones. Los CLNs fueron extraídos de la región cervical y 
macerados gentilmente en mayas de 20 µm usando el émbolo de una jeringa. 
Posteriormente, fueron lavados dos veces para descartar las partes de tejido sólido 
remanentes. Esplenocitos totales fueron extraídos por perfusión esplénica con 10 
mL de la misma solución usando agujas 25G en una caja Petri; las muestras fueron 
hemolizadas mediante la resuspensión en solución de Boyle (0.17 M Tris y 0.16 
cloruro de amonio) y fueron lavadas como ya se describió. Se extrajo sangre da la 
base de la cola y 800 µl de la misma fueron incubados en tubos sensibilizados con 
EDTA (Becton Dickinson, USA) en agitación durante 20 min, tras lo cual se eliminó 
a los eritrocitos de la forma ya descrita. Todas las muestras fueron manejadas en 
esterilidad. 
Aislado de células extravasadas en el SNC. Los ratones fueron anestesiados 
usando una mezcla de ketamina y xylazina 3:1 para realizar una perfusión 
transcardial con solución gPBS estéril (0.002% glucosa en PBS 1x). Posteriormente 
se sacrificó a los ratones y los encéfalos y médulas espinales fueron obtenidos y 
lavados en la misma solución. El tejido nervioso fue disgregado y centrifugado a 
400G por 10 min a 23 ºC para concentrar la fracción celular. Las células se 
resuspendieron y digirieron en 5 mL de PBS con 500U de DNAsa y 15 U de 
colagenasa por 1hr a 37 ºC. El tejido nervioso digerido fue lavado en 45 mL de gPBS 
y resuspendido en 4 mL de percoll al 30%, que fue añadido sobre otros dos 
gradientes conteniendo 37% (capa medial) y 70% (capa de fondo) de percoll para 
ser centrifugados a 500 x g por 20 min a 23 ºC. La capa media de percoll 
conteniendo las células del infiltradoinflamatorio (densidad de 1.046 g/ml) fue 
obtenida y lavada en 45 mL de gPBS y la pastilla resultante fue preparada para 
medir marcadores de superficie mediante citometría de flujo. 
 
ELISA sandwich. Los niveles de IL-4, IL-10, IL-17, TNF-α e IFN-ɣ fueron 
cuantificados en el suero sanguíneo o cultivos de esplenocitos en los tiempos 
indicados. Los kits de ELISA se usaron de acuerdo a las instrucciones del fabricante 
(Peprotech, México; o Biolegend, USA para IL-17). 
30 
 
Análisis de marcadores de superficie. La expresión de marcadores de linaje o 
activación fue medida usando citometría de flujo multicolor. Células del exudado 
peritoneal (PECs), esplenocitos, células de nódulos linfáticos cervicales (NLCs), 
sangre y SNC fueron extraídas, lavadas y suspendidas en buffer de FACS 
(PBS/FBS 0.5%/0.05% NaN3). Posteriormente, se bloquearon los receptores Fc 
para evitar las uniones no específicas usando 1μg/μl de anti-CD16/32 por 30 min a 
4°C. Las células se lavaron y tiñeron con anticuerpos contra CD11c, Ly6C, Ly6G, 
F4/80, PD-L1, PD-L2, CD4 y CD8 (todos los anticuerpos de Biolegend, USA). La 
adquisición de datos se realizó en citómetros FACsCalibur o FACsAria fusion 
usando Cell Quest Software (Beckton Dickinson, USA) y el análisis de los mismos 
se realizó en Flowing Software 2 (Perttu Terho, Finlandia). 
 
Tinción intracelular de citocinas. Esplenocitos libres de eritrocitos fueron lavados 
en medio RPMI y ajustados a 3×106 células/mL. Dos mL de la suspensión fueron 
incubados en pozos de placas de 24 pozos y estimulados con 5 ng/mL de forbol 12-
miristato 13-acetato (PMA) (Sigma, México) más 500 ng/mL de ionomicina y 
10 μg/mL brefeldina-A (Biolegend, USA) a 37°C, 5% CO2 por 4 horas. Las células 
fueron recuperadas en tubos de FACS con 1 mL de buffer de FACS y centrifugadas 
a 1500 rpm por 5 min. Después de la tinción de marcadores de superficie, las células 
fueron lavadas y fijadas usando paraformaldehido al 2% en PBS por 10 min; 
después se les trató con buffer de permeabilización (PBS, 1% FCS, y 0.025% 
saponina) y fueron resuspendidas en 100 μL del mismo buffer conteniendo los 
anticuerpos indicados (todos de Becton Dickinson, México) anti-citocina por 10 min. 
Las células fueron lavas nuevamente y resuspendidas en 500 μL de FACS buffer, y 
analizadas en un citómetro FACSAria Fusion (Becton Dickinson, México). 
 
Análisis estadístico. Todos los datos son presentados como media ± error 
estándar. La significancia de las diferencias entre grupos fue calculada usando la 
prueba t de Student de dos factores. La significancia en la progresión de EAE entre 
grupos fue medida por ANOVA de dos factores del índice cumulativo de la 
enfermedad (CDI) y el área bajo la curva (AUC), de manera independiente. CDI es 
la suma de todos los grados de la enfermedad evaluados por ratón en cada grupo. 
Las diferencias fueron consideradas significativas siguiendo los siguientes criterios: 
*** P ˂ 0.001,** P ˂ 0.01 y * P ˂ 0.05. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
31 
12. Resultados 
 
12.1 La administración repetida de TcES (dosis de 250 µg) induce un perfil Th2 
en ratones C57BL/6. 
 
En el presente trabajo investigamos la capacidad de los productos 
secretados/excretados por T. crassiceps para regular la enfermedad. Para esto, el 
primer paso fue cultivar los metacéstodos del parásito en PBS estéril y concentrar 
la fracción ≥50 kDa para obtener el TcES. Se prepararon dos lotes para realizar 
todos los experimentos, y para comprobar la integridad molecular y consistencia 
entre éstos se realizó una comparación de bandeo en un gel de poliacrilamida. 
Dicho experimento revela un bandeo claro y definido del antígeno, signo de la 
integridad molecular; igualmente, los patrones de bandeo de los dos lotes son 
comparables, por lo cual se asume la consistencia en el proceso de producción del 
TcES (Fig. 7). 
 
 
Fig. 7: Constancia entre lotes de TcES e integridad molecular. Dos lotes de TcES obtenidos 
en días diferentes y a partir de distintos cultivos de metacéstodos producen patrones 
moleculares similares en geles de SDS-PAGE, confirmando la constancia en el proceso de 
producción del antígeno, así como la integridad de sus componentes. 
 
Tres cantidades diferentes de TcES (125, 250 y 500 µg) fueron inoculadas 
intraperitonealmente en ratones hembra de la cepa C57BL/6, en un régimen que 
consistió en una inyección IP cada tercer día por 16 días. Antes de la primera 
inyección, a mitad del tratamiento y un día después de la última inyección se extrajo 
suero sanguíneo de la base de la cola para medir citocinas y comparar entre grupos 
y con los grupos control, que fueron: un grupo de ratones sanos tratados con 
solución salina estéril (SSS), como control del vehículo y otro grupo tratado con 250 
µg de albúmina sérica de bovino (BSA) como un control de proteína irrelevante. 
En el suero sanguíneo se midieron las citocinas IL-4, IL-10 e IFN-ɣ, revelando 
que sólo las dosis de 250 y 500 µg fueron capaces de inducir altos niveles de IL-10 
desde el punto medio del régimen hasta su final, mientras que ninguna dosis fue 
capaz de modificar los niveles de IL-4. En cambio, la secreción de IFN-ɣ se elevó 
en relación al tratamiento con 500 µg de TcES (Fig. 8). Del mismo modo, la dosis 
32 
intermedia de TcES indujo un potente reclutamiento de CMS (definidas como 
CD11b+ Ly6C+ Ly6G+) (Fig. 9 a, d), así como de MAAs (definidos como células 
F4/80+ PD-L1+ PD-L2+ o F4/80+ MMR+ IL-4Rα+) (Fig. 9 b, c, e). Por su gran 
capacidad para inducir citocinas y células reguladoras, sin elevar la producción de 
IFN-ɣ, seleccionamos la dosis de 250µg de TcES como un esquema de tratamiento 
viable para el resto del estudio. 
 
 
Fig. 8: Curva dosis respuesta para inducción de citocinas con TcES. Ratones hembra 
C57BL/6 sanas recibieron una inyección IP de los tratamientos señalados cada tercer día 
durante 16 días (en los días señalados por flechas azules) y el suero sanguíneo fue 
colectado en los días uno (antes de la inoculación), ocho y 16. Se determinaron los niveles 
de IL-10 (a), IL-4 (b) e IFN-ɣ (c) mediante ELISA. Los datos mostrados son representativos 
de dos experimentos independientes con media y SEM calculadas a partir de grupos con 
n=4. La diferencia estadística se determinó por la prueba t de Student de dos factores y fue 
descrita mediante los siguientes criterios: ** P ˂ 0.01 y * P ˂ 0.05. 
33 
 
 
u 
VI 
VI 
u 
VI 
~ 
FSC 
a) S.S.S. 
b) 
e) 
• 
10+/ - 3 % 
u 
Vl 
~ 
250 ¡.tg BSA 
26 +/- 2 % 
h'( " ... 
CDllb 
250 ug BSA 
o 
00 
~ 
13+/-2 % 
FSC 
8.8+/ -2 % 
150 ¡.tg leES 
38 +/- 4 % 
IL-4Ra 
125 ug leES 250 ug leES 500 ug leES 
29 +/ -6 % I 57 +/ -3 % 
ly6G 
23 +/ - 1.2 % 35+/ - 3 % 34+/-2% 
PD-ll 
250 ¡.tg leES 
52 +/- 6 % 
u 
V> 
~ -
CDllb ~ 
a) S.S.S. 250 ug BSA 125 ug leES 250 ug leES 500 ug leES 
10+/ -3 % 13+/-2 % 29+/-6% I 57+/-3 % 
Ly6G 
b) 
FSC 
8.8+/-2 % 23 +/- 1.2 % 35+/-3 % 34+/- 2 % 
PD-Ll 
e) 
u 
~ 
SSC F4/BO 
250 ~g BSA 150 ~g leES 250 ~g leES 
• 26 +/- 2 % 38 +/- 4 % 52 +/- 6 % 
• 
IL-4Ra 
34 
 
Fig. 9: La dosis de 250 µg de TcES recluta una mayor cantidad de CMSs y MAAs. Ratones 
hembra C57BL/6 sanas fueron tratadas de las formas indicadas cada tercer día por 16 días 
y al final de dicho periodo fueron sacrificados para obtener PECs, las cuales fueron teñidas 
para la detección de la frecuencia (a) y número total (d) de CMSs, así como de MAAs F4/80+ 
PD-L1+ PD-L2+ (b, e), respectivamente y la frecuencia de MAAs MMR+ IL-4Rα+ (c). Los 
datos mostrados son representativos de dos experimentos independientes con media y 
SEM calculadas a partir de grupos con n=4. La diferencia estadística se determinó por la 
prueba t de Student de dos factores y fue descrita mediante los siguientes criterios: *** P ˂ 
0.001,** P ˂ 0.01 y * P ˂ 0.05. Las células fueron analizadas a partir de una región grande 
CD11b+ (para las MDSCs) o una región grande F4/80+ (para los macrófagos), que se derivó 
de una región grande y granular. 
 
 
12.2El tratamiento con TcES promueve la protección contra el desarrollo de 
EAE. 
 
Ratones hembra de la cepa C57BL/6 con 10-12 semanas de edad fueron 
inyectadas con la emulsión de MOG35-55/AFC para inducirles EAE. Los primeros 
signos de la enfermedad aparecieron al día 12 ± 2 post-inducción (PI) y progresaron 
para llegar a su punto máximo en el día 26 ± 1 PI, posteriormente, éstos comenzaron 
a decaer hasta que al día 36 los ratones entraron completamente en remisión (Fig. 
10a). 
El tratamiento previamente definido con TcES (una inyección IP de 250µg de 
TcES cada tercer día por 16 días) pudo frenar el desarrollo de la sintomatología 
asociada a EAE a lo largo de un relapso completo (Fig. 10a), en comparación con 
los ratones tratados con BSA (EAE+BSA). Aunque ningún ratón tuvo una mejoría 
total, la progresión de la sintomatología fue significativamente reducida por el 
tratamiento, como hacen evidente la reducción en el grado promedio de la 
enfermedad, su máximo grado, el área bajo la curva (AUC) y el índice cumulativo de 
la enfermedad (CDI) (Tabla 2). 
Para estudiar más a fondo el potencial regulador del TcES sobre la EAE, se 
comparó su capacidad inmunomoduladora con aquella inducida por dosis altas de 
35 
dexametasona, de acuerdo con Donia et al, 2010 (164). Ambos tratamientos 
empezaron dos días después del inicio de la enfermedad (día 12 ± 2) y continuaron 
hasta el día del sacrificio. De manera interesante, el tratamiento con TcES fue capaz 
de regular la EAE con mayor potencia que la dexametasona (Fig. 10b). De hecho, 
el tratamiento con TcES tuvo el doble de potencia que la dexametasona para regular 
el grado promedio de la enfermedad y moduló fuertemente el grado máximo, AUC 
y CDI, en comparación con el tratamiento con dexametasona (Tabla 3). 
En gran parte de los casos, los pacientes con EM son tratados al inicio de los 
relapsos, sin embargo, casos mal diagnosticados de la enfermedad o pacientes con 
EM-progresiva, suelen ser tratados en etapas más avanzadas de la enfermedad. 
Para investigar si el TcES es capaz de modular la enfermedad en estadios más 
avanzados, añadimos un nuevo grupo (EAE+TcES-L) que empezó a recibir el 
tratamiento en un punto más tardío de la enfermedad, en comparación con el grupo 
EAE+TcES (los ratones del grupo EAE+TcES empezaron a ser tratados el día 12 
±1 PI, mientras los del EAE+TcES-L empezaron a recibirlo el día 18 PI), y 
comparamos la evolución de la enfermedad entre ambos. Los parámetros de 
evolución de la enfermedad CDI, AUC, grado máximo y grado promedio del grupo 
EAE+TcES-L fueron más bajos que en el grupo control, sugiriendo que el 
tratamiento con TcES sigue siendo capaz de modular la enfermedad en estadios 
más avanzados de la misma. Aunque la intensidad de los signos no disminuyó, fue 
evidente una disminución en la progresión de ésta debido a la administración del 
antígeno. Notablemente, el CDI tardío (calculado a partir del inicio tardío del 
tratamiento y hasta el día del sacrificio) también fue bajo en comparación con el 
grupo control (EAE+BSA) (Tabla 4), incluso cuando la enfermedad pareció 
progresar a la par del grupo control antes del inicio del tratamiento. Sin embargo, el 
tratamiento tardío parece arrestar el progreso de la enfermedad, en vez de disminuir 
su intensidad (Fig. 10c). 
 
36 
 
 
Fig. 10: El TcES promueve protección durante EAE con mayor potencia que la 
dexametasona. El tratamiento con 250 µg de TcES cada tercer día, empezando dos días 
después del inicio de la enfermedad disminuye la evolución de la patología (a). De manera 
importante, un tratamiento similar con dosis altas de dexametasona (0.3 mg/kg cada tercer 
día) induce una protección significativa, pero aun así menor que aquella inducida por el 
TcES (b). Más aún, cuando el antígeno es administrado de manera tardía (grupo 
EAE+TcES-L; inicio del tratamiento en día 16 PI, marcado por una flecha roja) en 
comparación al tratamiento normal (grupo EAE+TcES; inicio del tratamiento al día 12, 
37 
marcado por una flecha azul), el progreso de la enfermedad también es detenido, aunque 
la modulación de la enfermedad nunca es tan fuerte como en el grupo EAE+TcES (c). Los 
datos mostrados son representativos de dos experimentos independientes con media y 
SEM calculadas a partir de grupos con n=6. CDI y AUC se calcularon en base a una prueba 
ANOVA de dos factores, siguiendo los criterios: *** P ˂ 0.001,** P ˂ 0.01 y * P ˂ 0.05. 
 
Tabla 2. El TcES promueve protección contra el desarrollo de EAE. 
 
Resolución= porcentaje de ratones que mostraron la resolución total de la enfermedad; 
Grado promedio= media y SEM del grado clínico; Grado máximo= el grado más alto 
obtenido en un grupo; CDI= Índice cumulativo de la enfermedad, calculado sumando todos 
los grados de los ratones en cada grupo; AUC= área bajo la curva. Los datos mostrados 
son representativos de dos experimentos independientes con media y SEM calculadas a 
partir de grupos con n=6. La diferencia estadística se determinó por la prueba ANOVA de 
dos factores y fue descrita mediante los siguientes criterios: *** P ˂ 0.001,** P ˂ 0.01 y * P 
˂ 0.05. 
 
Tabla 3. El TcES modula la EAE con mayor potencia que la dexametasona. 
 
 
38 
Resolución= porcentaje de ratones que mostraron la resolución total de la enfermedad; 
Grado promedio= media y SEM del grado clínico; Grado máximo= el grado más alto 
obtenido en un grupo; CDI= Índice cumulativo de la enfermedad, calculado sumando todos 
los grados de los ratones en cada grupo; AUC= área bajo la curva. Los datos mostrados 
son representativos de dos experimentos independientes con media y SEM calculadas a 
partir de grupos con n=6. La diferencia estadística se determinó por la prueba ANOVA de 
dos factores y fue descrita mediante los siguientes criterios: *** P ˂ 0.001,** P ˂ 0.01 y * P 
˂ 0.05. Los paréntesis azules señalan entre que grupos se detectó la diferencia estadística 
(EAE+BSA vs EAE+TcES o (EAE+TcES vs Dexametasona). 
 
Tabla 4. La administración tardía del TcES arresta el desarrollo de EAE. 
 
 
Resolución= porcentaje de ratones que mostraron la resolución total de la enfermedad; 
Grado promedio= media y SEM del grado clínico; Grado máximo= el grado más alto 
obtenido en un grupo; CDI= Índice cumulativo de la enfermedad, calculado sumando todos 
los grados de los ratones en cada grupo; CDI tardío= calculado desde el inicio del 
tratamiento (día 16) hasta el día del sacrificio (día 26 PI); AUC= área bajo la curva. Los 
datos mostrados son representativos de dos experimentos independientes con media y 
SEM calculadas a partir de grupos con n=6. La diferencia estadística se determinó por la 
prueba ANOVA de dos factores y fue descrita mediante los siguientes criterios: *** P ˂ 
0.001,** P ˂ 0.01 y * P ˂ 0.05. Los paréntesis azules señalan entre que grupos se detectó 
la diferencia estadística (EAE+BSA vs EAE+TcES o (EAE+TcES vs EAE+TcES-L). 
 
 
12.3 El TcES induce un microambiente supresor de tipo Th2. 
 
Para estudiar más a fondo los mecanismos de acción del TcES, los ratones con 
EAE y tratamiento con TcES o tratamiento control fueron sacrificados al final del 
periodo del tratamiento y sus esplenocitos fueron extraídos y cultivados en placas 
sensibilizadas con anti-CD3 para evaluar su capacidad para responder frente a un 
estímulo policlonal, o fueron estimulados con MOG35-55 para evaluar la 
proliferación en base a un estímulo específico y relevante para el modelo. A partir 
de cultivos similares se evaluó la capacidad del TcES para inducir cambios en la 
secreción de citocinas pro- y anti-inflamatorias. 
39 
Los esplenocitos cultivados en placas sensibilizadas con anti-CD3 y pulsadas 
con 3H-timidina mostraron un nivel de proliferación significativamente bajo cuando 
las células provenían de ratones del grupo EAE+TcES, en comparación con 
aquellos que provenían de ratones del grupo EAE+BSA (Fig. 11a). De manera 
importante, una supresión más conspicua en relación al grupo control fue detectadaen los esplenocitos de ratones del grupo EAE+TcES cuando el estímulo introducido 
en los cultivos fue antígeno específico (MOG35-55) (Fig. 11b), sugiriendo que el 
tratamiento con TcES no sólo es capaz de inducir un ambiente de hipo-respuesta 
generalizado, sino que además induce una fuerte supresión de la respuesta 
patogénica MOG-específica. 
Más aún, los sobrenadantes de los cultivos con estímulo policlonal y antígeno-
específicos revelaron que los esplenocitos provenientes del grupo EAE+TcES 
secretaron altos niveles de IL-4 e IL-10, en comparación con el grupo EAE+BSA. 
De igual modo, los niveles de TNF-α e IL-17A decayeron en los animales tratados 
con el antígeno, en comparación con los ratones del grupo EAE+BSA (Fig. 12 a y 
b). Así, el aumento en la secreción de IL-10 por el tratamiento con TcES podría 
explicar la disminución de los niveles de TNF-α e IL-17A. 
 
 
Fig. 11: El TcES reduce la capacidad proliferativa de linfocitos. Al término del periodo del 
tratamiento los ratones fueron sacrificados para extraer esplenocitos, éstos se cultivaron en 
placas sensibilizadas con anti-CD3 (a) o fueron estimulados con MOG35-55 (b) para 
detectar diferencias en su capacidad proliferativa mediante su marcaje con 3H-timidina. Los 
datos mostrados son representativos de dos experimentos independientes con media y 
SEM calculadas a partir de grupos con n=3. La diferencia estadística se determinó por la 
prueba t de Student de dos factores y fue descrita mediante los siguientes criterios: *** P ˂ 
0.001,** P ˂ 0.01 y * P ˂ 0.05. 
40 
 
a) Polyclonal stimuli 
** 
"" "" --'-'-• --- ." 
~ 1000 ~ a 
'" ~ ~ o ~ 
~ 
~ .... 
" '" 
~ 
" '" , , 
* '00 ** "" ** 
." t 400 
** ~ '" ~ ~ 
T ~ ." :: 200 ~ z 
>-
'" , , 
$-"" $-"" !f~ "'0 $-"" ","" ,,~ "'0 ~. 
"" "" ~,. ,f'" ",,' 
,. 
"" ~,. ,f'" 
+ ant i-CD3 + anti-CD3 
b) Ant igen-specific stimuli 
** 
1000 *** .00 
--*-
~ '000 ~600 a 
~ ~ 
o ~ .... 
~ * 
~ 
", 3 - '" 
, 
400 --*- ,,,, • 
*** 
'00 ! 1000 ~ a ~ 
~ '" ~ T ~ 
" Z '" '00 >-
, , 
$-"" ~~ ,,~ "'0 ~. ,,~ ,,~ "'0 ~. 
" 
~. .,. .,. 
~ . .: ,f'" ~,. ,f'" 
+MOG +MOG 
a) Polyclonal stimuli 
_ 0_0-
" .. " .. --"-"--o --- ... 
§ " .. § a , .. a ~ 
~ 
o ~ 
~ 
~ ... 
" ... ~ " '" , , 
O , .. 00 " .. 00 ... 
~ 400 
** ~ , .. ~ ~ 
T ~ 
'" = 200 ~ i" 
200 
, , 
$-"" .<1' ".r ",- $-"" $-"" p.r ",-~. , . ... ... ~'ó 
"'" 
... ... ~'ó 
"'" + ant i-CD3 + anti-CD3 
b) Antigen-specific stimuli 
** 1000 *** .00 
--*-
~ 1000 ~ 600 a a 
~ ~ 
O ~400 
~ * ~ lOO 3 
- 2DO 
, , 
400 --*- '''' * 
00* ---
300 
~ ! 1000 a ~ 
~ 200 
~ T ~ 
" z '" 100 ~ 
, , 
$-"" .<1' ".r ",- o· ,,~ ,,~ ",-~, ,,' ~, ... ... "," "," ~'ó "'" +MOG +MOG 
41 
Fig. 12: El tratamiento con TcES induce respuestas de tipo Th2, suprimiendo a los tipos 
Th1 y Th17. Esplenocitos estimulados de manera policlonal (a) o antígeno-específica (b) 
provenientes de ratones enfermos (EAE+BSA) o enfermos y tratados con el antígeno 
(EAE+TcES) muestran diferencias en sus patrones de secreción de citocinas. Los datos 
mostrados son representativos de dos experimentos independientes con media y SEM 
calculadas a partir de grupos con n=4. La diferencia estadística se determinó por la prueba 
t de Student de dos factores y fue descrita mediante los siguientes criterios: *** P ˂ 0.001,** 
P ˂ 0.01 y * P ˂ 0.05. 
 
12.4 La suspensión del tratamiento con TcES reduce la eficacia del tratamiento 
y revierte parcialmente la inducción del microambiente Th2. 
 
A continuación estudiamos la eficacia del tratamiento después de su suspensión. 
Para esto, tratamos a dos grupos de ratones enfermos con TcES empezando en el 
día de inicio de la enfermedad; uno de estos grupos (EAE+TcES) recibió el 
tratamiento completo (una inyección de 250 µg de TcES cada tercer día desde el 
inicio de la enfermedad hasta el día de sacrificio, para un total de ocho 
inoculaciones). Mientras que el otro grupo (EAE+TcES-W) recibió el mismo 
tratamiento al inicio, pero la administración del antígeno fue suspendida a la mitad 
del esquema (día 19 PI), para recibir un total de cuatro inoculaciones. Todos los 
ratones fueron mantenidos con vida hasta el final del periodo de tratamiento para 
comparar la evolución de la patología en ambos grupos con respecto a ratones 
control (EAE+BSA). 
Cuatro días después de la suspensión del tratamiento, el grado clínico de los 
ratones del grupo EAE+TcES-W comenzó a avanzar en comparación con aquel 
proveniente del grupo EAE+TcES, aunque nunca alcanzó el grado del grupo control 
(EAE+BSA) (Fig. 13). De hecho, el grupo EAE+TcES-W presentó una disminución 
importante en el grado máximo, CDI y AUC en comparación con el grupo EAE+BSA, 
pero dichos parámetros fueron más altos en este grupo que en el grupo EAE+TcES. 
De manera interesante, la mayor parte del avance en la patología del grupo 
EAE+TcES-W ocurrió después de la suspensión del tratamiento, como evidencia el 
CDI tardío, que fue medido desde el final del tratamiento con TcES, hasta el final 
del experimento completo (Tabla 5). 
Mientras el tratamiento con TcES incrementa la frecuencia de células CD4+ IL-
4+ en el bazo, la suspensión del tratamiento reduce el número de dichas células casi 
al nivel de los ratones EAE+BSA. Lo opuesto ocurre para las células CD4+ IL-17A+ 
y CD4+ TNF-α+ (Fig. 14 a, b), ya que el tratamiento constante con TcES mantuvo 
estas poblaciones a niveles inferiores mientras la suspensión del tratamiento 
produjo un incremento en ellas. 
 
42 
 
Fig. 13: La suspensión del tratamiento con TcES reduce la eficacia del tratamiento. Dos 
grupos de ratones con EAE fueron tratados con 250 µg de TcES cada tercer día, desde dos 
días después del inicio de la enfermedad hasta el sacrificio, en el caso del grupo 
EAE+TcES, o hasta el día 19 PI (marcado con una flecha roja) en el caso de los ratones 
EAE+TcES-W y la evolución de ambos grupos se comparó con la de ratones enfermos 
tratados con BSA (EAE+BSA). Los datos mostrados son representativos de dos 
experimentos independientes con media y SEM calculadas a partir de grupos con n=6. La 
diferencia estadística se determinó por la prueba t de Student de dos factores y fue descrita 
mediante los siguientes criterios: *** P ˂ 0.001,** P ˂ 0.01 y * P ˂ 0.05. 
 
Tabla 5. La suspensión del tratamiento con TcES reduce la eficacia del tratamiento. 
 
 
Resolución= porcentaje de ratones que mostraron la resolución total de la enfermedad; 
Grado promedio= media y SEM del grado clínico; Grado máximo= el grado más alto 
obtenido en un grupo; CDI= Índice cumulativo de la enfermedad, calculado sumando todos 
los grados de los ratones en cada grupo; CDI tardío= calculado desde el inicio del 
tratamiento (día 16) hasta el día del sacrificio (día 26 PI); AUC= área bajo la curva. Los 
datos mostrados son representativos de dos experimentos independientes con media y 
SEM calculadas a partir de grupos con n=6. La diferencia estadística se determinó por la 
43 
prueba ANOVA de dos factores y fue descrita mediante los siguientes criterios: *** P ˂ 
0.001,** P ˂ 0.01 y * P ˂ 0.05. Los paréntesis azules señalan entre que grupos se detectó 
la diferencia estadística (EAE+BSA vs EAE+TcES o EAE+TcES vs EAE+TcES-W). 
44 
 
al 
FSC 
al 
45 
 
Fig. 14: La suspensión del tratamiento revierte el viraje hacia una respuesta de tipo Th2. 
Esplenocitos totales fueron extraídos y teñidos intracelularmente para medir la expresión 
de citocinas mediante citometría de flujo en células CD4+ de la región pequeña agranular. 
Las frecuencias (a) y números totales de células por región seleccionada (b) se representan 
en las gráficas. Los datos mostrados son representativos de dos experimentos 
independientes con media y SEM calculadas a partir de grupos con n=6. La diferencia 
estadística se determinó por la prueba ANOVA de dos factores y fue descrita mediante los 
siguientes criterios: *** P ˂ 0.001,** P ˂ 0.01 y * P ˂ 0.05. 
 
12.5 La administración constante del antígeno dirige el extravasado 
inmunológico haciala cavidad peritoneal, en vez de hacia el SNC. 
 
Las enfermedades autoinmunes órgano-específicas, como la EM/EAE, 
comparten la característica común de la invasión parenquimal por leucocitos. Sin el 
desarrollo del infiltrado celular en el SNC se dificulta el proceso de 
neurodegeneración en EM/EAE, pues la mayor parte de los mecanismos 
inductores/reguladores y efectores típicos de la enfermedad/modelo se derivan de 
las células mieloides y linfocitos infiltrados en el tejido (59), un ejemplo son los 
radicales libres de vida media corta que secretan los monocitos y neutrófilos para 
inducir la degradación de la mielina (62). 
46 
Por estas razones, a continuación estudiamos los cambios en el infiltrado del 
SNC en relación al tratamiento con TcES. Para esto, extrajimos las médulas 
espinales y los cerebros de ratones tratados (EAE+TcES), control (EAE+BSA) o con 
tratamiento temprano únicamente (EAE+TcES-W) para analizar la presencia de 
infiltrados inflamatorios en el parenquima nervioso. Secciones de médula espinal 
que fueron teñidas con hematoxilina y eosina muestran que los ratones EAE+TcES 
mayoritariamente carecen de infiltrado celular (Fig. 15a), y que cuando el infiltrado 
inflamatorio ocurre en ellos, las lesiones son pequeñas (Fig. 15b, d) y escasas (Fig. 
15c), en marcado contraste con los ratones EAE+BSA, los cuales desarrollaron un 
gran número de lesiones que suman un área total afectada de tamaño considerable. 
Más aún, cuando el tratamiento fue suspendido, los ratones desarrollaron pocas, 
pero grandes lesiones en la médula espinal (Fig. 15 b, c, d) que se correlacionaron 
con un incremento en la intensidad de la patología (Fig. 13 y tabla 5). 
Para estudiar más profundamente la capacidad del TcES en evitar el infiltrado 
inflamatorio del SNC, a continuación extrajimos la médula espinal y los cerebros de 
los distintos grupos de ratones y aislamos las células infiltradas mediante gradientes 
de percoll. Dichas células fueron teñidas con anticuerpos de marcaje fluorescente 
para realizar citometría de flujo de linfocitos CD4+ o CD8+, y de CM (CD11b+ Ly6C+ 
Ly6G+). Las mismas poblaciones fueron cuantificadas en peritoneo, bazo, sangre y 
NLCs con la intención de detectar si el tratamiento con TcES es capaz de alterar los 
patrones de migración normales de dichas células, ya que se ha descrito que ambas 
poblaciones se concentran en el bazo y NLCs durante la etapa de cebado de la 
respuesta autoinmune, para migrar a través de la sangre hacia el SNC (61). De 
manera consistente, dichas células aumentan su frecuencia en bazo, NLCs, sangre 
y SNC en los ratones enfermos que recibieron el tratamiento control (EAE+BSA) 
con respecto a ratones sanos. Sin embargo, cuando los ratones son tratados con 
TcES la frecuencia de los tres tipos celulares se mantiene baja en dichas zonas, 
para aumentar significativamente en el peritoneo (Fig. 16 a, b y 17 a, b). Cuando el 
tratamiento con el TcES es suspendido, el número de células CD4+ y CD8+ en SNC 
alcanza el de los ratones del grupo EAE+TcES, mientras que el número de las 
mismas se reduce en peritoneo (Fig. 16 a y b); más aún, las células CD11b+ Ly6C+ 
Ly6G+ aumentan en bazo, NLCs, sangre y SNC, para reducirse en peritoneo (Fig. 
17 a y b). 
En conjunto, estos datos sugieren que la inoculación IP de TcES dirige la 
migración de linfocitos y CM hacia la cavidad peritoneal, interrumpiendo su ruta 
normal hacia el SNC. Dicho efecto probablemente es responsable de anular la 
infiltración del parénquima nervioso, por lo cual el daño inmunológico local a la 
mielina se reduce, resultando en la disminución de la patología. 
 
47 
 
 
a) 
b) 
~ 
-'!! 
'" x '50 
ro 
E 
ro 
" ~ 
.te 
'" c 
ro 
'" ,;;¡ 
~ ... 
c: 
o 
u 
V'I 
W 
~ 
+ w 
;:5 
250,000 
200,000 
150,000 
100,000 
50,000 
o 
•• el 
*** 
-.-
c 
*** 'o 'ü 
u 
'" - ~ ~ 
'" c o 
~ 
'" ~ 
** 
15 *** .... 
10 
••• 5 
o I I 
",'?' ",i? ~ ~ fi 
~ ,¡: ",f:f <,; <v'" ",x 
<v'" 
al 
bl 
~ 
~ 
'" " '5. 
2 
B 
ro 
" ~ 
.te 
'" e 
ro 
'" '-<: 
~ ... 
c: 
o 
u 
11'1 
W 
¡!: 
+ w 
:5 
250,000 
200,000 
150,000 
100,000 
50,000 
O 
** 
el 
**' 
-.-
e 
*'* 'o 'ü 
u 
'" - ~ ~ 
'" c o 
~ 
" ~ 
** 
15 *** .,... 
10 
5 
O 
"''«- ",i? ~ 
~ <: «J <v'?' 
*** 
I 
~ 
~ ",f:f 
",x 
<v'?' 
:5: .;, 
W 
¡!: 
+ w 
:5 
I 
48 
 
Fig. 15: El tratamiento con TcES impide el infiltrado del SNC. Al final del tratamiento los 
ratones fueron sacrificados para remover su médula espinal y teñirla con H&E para revelar 
el infiltrado inflamatorio, señalado con flechas en (a). Los datos mostrados son 
representativos de dos experimentos independientes con media y SEM calculadas a partir 
de grupos con n=5. La diferencia estadística se determinó por la prueba t de Student de 
dos factores y fue descrita mediante los siguientes criterios: *** P ˂ 0.001,** P ˂ 0.01 y * P 
˂ 0.05. 
49 
 
al 
Peritoneum 
§ 
ó ,. .. 
u 
" 
Blood 
§ 
ó ,. .. 
u 
" 
CNS 
Spleen 
ns 
CLNs 
ns m cos' 
o C04' 
a) 
"C 
~ 
1; 
a 
§ 
O" 
'.i 
o; 
u .. 
§ 
O" 
'" • o; 
u .. 
Perltoneum ns ** --
Blood 
CNS 
" ~ 1; 
a 
§ 
O" 
'.i 
o; 
u .. 
ns 
Spleen 
ns 
CLNs 
m CDS' 
o CD4' 
50 
 
ce 
e 
u 
b) 
i 
Control 
. 20.6" 
,-_-<~ __ -" .... 3.1 
.. 
~, 
EAE+BSA 
24.7% 
+-3.1 
,,. 
~, 
' .... "" ... 2.7 
·- 25~\. 
~, 
EAE+TcES 
'" ... 1.9 
CD4 
EAE+TcES-R 
14.8% 
.... 2.0 
" . .o.' 
" . .o.' 
""" ~,. 
'.~ . , • ..¡w 21" 
... ~ ..,.. +-3 
• 
3 
u 
~ 
Z 
u 
b) 
i 
Control 
14.1 
.... 1.2 
- 25.9% '-_ "--___ -"+-2.6 
EAE+BSA 
I 15.8" 
.... 2.1 
EAE+TcES EAE+TcES-R 
51 
Fig. 16: El TcES altera los patrones de migración celular. Al término del ciclo experimental, 
células totales fueron extraídas de la cavidad peritoneal, bazo, CLNs, sangre y SNC para 
teñirlas y detectar células CD4+ y CD8+. Se delimitó una región de células pequeñas y no 
granulares de 10,000 células, a partir de la cual se realizaron los análisis de células totales 
en la región (a) y frecuencia (b) de las mismas. Los datos mostrados son representativos 
de dos experimentos independientes con media y SEM calculadas a partir de grupos con 
n=6. La diferencia estadística se determinó por la prueba t de Student de dos factores y fue 
descrita mediante los siguientes criterios: *** P ˂ 0.001,** P ˂ 0.01 y * P ˂ 0.05. Las células 
fueron analizadas a partir de una región pequeña y no granular. 
 
52 
 
Fig. 17: El tratamiento con TcES dirige la migración de células mieloides hacia la cavidad 
peritoneal. Dos grupos de ratones con EAE fueron tratados con 250 µg de TcES cada tercer 
día desde dos días después del inicio de la enfermedad (± día 13); uno de éstos 
b) ~r 
~':::=~. sse 
PBS-BSA EAE+BSA EAE+TcES EAE+TcES-W 
22 +/ - 2 % 29 +/ - 2.6 % 67 +/ - 4 % 40 +/ - 3 % 
., O , , Q) '~: f;~~, ~' , . e O ~ 
~ 
Q) 
ce 
25+/ - 6 % 76 +/ - 8 % 33+/ - 4 % 56 +/ - 2 % 
¡iil , ,Ji! O ::{l' " , N - ,- ro al 
51+/ - 6 % 18+/ - 2 % 30+/ - 3 % 
Q) 
~ 
t>J) 
e 
ro 
Vl 
23 +/ - 3.8 % 47+/ - 6 % 32+/ - 1 % 42 +/ - 3 % 
tJ fJ ® fJ ~ z '." (Cf' --' , "- , ' ~' U -~:;- . :'( .. ,(' ':::< 
6 +/ - 0.8 % 28+/ - 3 % 12+/ - 3 % 20 +/ - 0.4 % 
U Vl 
'" Z ~ U 
LV6G • 
b) ~I 
~~~. sse 
PBS-BSA EAE+BSA 
22 +/ - 2 % 29 +/- 2.6 % 
20+/ - 7 % 51+/ - 6 % 
23 +/- 3.8 % 47+/ - 6 % 
~(J jJ 
6+/ - 0.8 % 28+/ - 3 % 
• 
U 
. ¡ .'~~ ID ' \ ,- . 
~ . " ,Ir ) 
., '1 -
Ly6G 
EAE+ TcES EAE+ TcES-W 
67+/ - 4 % 40+/ - 3 % 
18+/ - 2 % 
32+/ - 1 % 
(] 
/:. 
12+/ - 3 % 
1) \,. ~. ~ ~. " . ,~ , 
~ . . ::\W 
30+/ - 3 % 
42+/ - 3 % 
.1iI p 
20 +/-0.4 % 
• 
o 
Q) 
e 
O 
~ 
~ 
Q) 
"-
2 
ro 
OJ 
Q) 
~ 
"" e ro 
Vl 
53 
(EAE+TcES) fue tratado hasta el día de sacrificio, mientras que el otro grupo (EAE+TcES-
W) dejó de recibir el tratamiento el día 19 PI. Todos los ratones fueron sacrificados el día 
28 PI y las células de bazo, sangre, CLNs, SNC y cavidad peritoneal fueron extraídas y 
teñidas para detección de células mieloides. A partir de una región grande y granular se 
delimitóuna segunda región grande y CD11b+, a partir de la cual se realizaron todos los 
análisis. Los gráficos muestran el número total de células triple positivas en la región de 
10,000 células (a) así como las frecuencias de las células triple-positivas (b). Los datos 
mostrados son representativos de dos experimentos independientes con media y SEM 
calculadas a partir de grupos con n=6. La diferencia estadística se determinó por la prueba 
t de Student de dos factores y fue descrita mediante los siguientes criterios: *** P ˂ 0.001,** 
P ˂ 0.01 y * P ˂ 0.05. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
54 
13. Discusión y conclusiones 
 
La EM es una de las enfermedades autoinmunes más prevalentes e importantes, 
dentro de aquellas que afectan al SNC, y la EAE es el modelo animal más utilizado 
para estudiarla y buscar nuevas opciones de tratamiento, así como vías para 
regularla. Los helmintos, por otra parte, han demostrado tener una potente 
capacidad para regular la inflamación, por lo que en la última década se ha 
estudiado su potencial para modular múltiples enfermedades inflamatorias (159). 
La habilidad de varios helmintos para modular la EAE se ha puesto a prueba, 
con grados de éxito variables. Así, T. crassiceps (122), S. mansoni (119), T. 
pseudospiralis (165) y F. hepatica (166) han demostrado tener la capacidad de 
modular la EAE en asociación con una respuesta Th2 rica en IL-4, IL-10 y TGF-β, 
pero baja en TNF-α, IFN-γ, IL-17 e IL-23. Asimismo, múltiples poblaciones celulares 
reguladoras fueron detectadas en dichas pruebas, como los MAAs, CMSs, Tregs y 
CDi; todas capaces de suprimir la proliferación de células T. En franco contraste, 
las infecciones con S. venezuelensis (167) y T. spiralis (168), no fueron capaces de 
modular la enfermedad, pese a que indujeron semejantes cambios en la respuesta 
immune. Así, aparentemente es la ausencia de un infiltrado inflamatorio en el SNC 
el rasgo inmunoregulador que mejor se correlaciona con la habilidad de cada 
helminto para inhibir el desarrollo de la patología. Esto dado que S. venezuelensis 
y T. spiralis no lograron inhibir el infiltrado inflamatorio mientras que los otros 
helmintos sí pudieron (Tabla 6). 
 
 
Tabla 6. Regulación de EAE por helmintos. 
Helminto Modelo de 
EAE 
Incidencia Grado 
clínico 
Retraso 
de 
signos 
(días) 
Leucocitos 
asociados al 
efecto 
Citocinas involucradas Ref. 
T. crassiceps MOG35-55 ≈ 50% 0.5/5 1 MAAs, Th2 Altas IL-4/10 bajas 
 IFN-ɣ, TNF-α, IL-17 
T. pseudospiralis MOG35-55 ≈ 67% 1.5/5 11 Th2 Altas IL-4/5/10; bajas 
IL-1β/6/17 IFNɣ, TNFα 
S. mansoni MOG35-55 ≈ 57% 1.5/5 ≈ 2 Th2 Altas L-4/5/10; bajas 
IL-12, IFNɣ, TNFα 
F. hepatica MOG35-55 N.E. 1/5 2 
Th2, Tregs, CDi, 
MAAs, 
eosinófilos y 
CMSs 
Altas TGFβ; bajas IFNɣ, 
IL-17 
 
55 
S. venezuelensis MBP 100% 3/5 0 Ninguna N.S. 
T. spiralis SCTH 100% 2/4 ≈ 1 Th2, Tregs 
Altas IL-4/10; bajas IL-
17, IFNɣ 
 
MOG= Myelin Oligodendrocyte Protein; MBP= Myelin Basic Protein; SCTH; Spinal Cord 
Tissue Homogenate; N.S.= No especificado; 
 
 
Más aún, la infección con T. crassiceps es capaz de modular el desarrollo de 
otras enfermedades inflamatorias como la colitis (162) y diabetes tipo 1 (124) en 
asociación con mecanismos similares e impidiendo la infiltración inflamatoria del 
órgano blanco, sugiriendo así que los helmintos, y en especial T. crassiceps, actúan 
para inhibir la inflamación en múltiples formas, pero el desvío del infiltrado 
inflamatorio de los órganos blanco hacia la periferia parece ser de vital importancia. 
En el presente estudio, nos basamos en experimentos realizados con 
anterioridad usando al parásito vivo (122), pero reemplazándolo con factores de 
secreción/excreción producidos por el mismo (TcES) para evaluar su impacto en el 
desarrollo de la EAE. Nuestros principales hallazgos son que la administración del 
TcES modula la EAE con gran potencia, sin importar si los animales son inoculados 
al principio del relapso, o cuando la patología se encuentra en un estadio más 
avanzado. La potencia reguladora del tratamiento es incluso mayor que la 
observada para la dexametasona, cuando éste es administrado desde el inicio del 
relapso. De manera importante, muchos rasgos inmunoreguladores están 
asociados con la efectividad del tratamiento, incluyendo la inducción de un ambiente 
Th2 rico en IL-4 e IL-10, pero bajo en TNF-α, IFN-γ e IL-17A, así como en el 
reclutamiento de poblaciones supresoras como las CMSs y los MAAs PD-L1+ PD-
L2+. Más aún, dichos cambios parecen inducir respuestas proliferativas bajas en 
células T, que son aún menores en células estimuladas con MOG35-55 que en 
aquellas estimuladas con anti-CD3. Adicionalmente, el TcES evita el infiltrado 
inflamatorio de la médula espinal, como sugieren nuestros datos histológicos y de 
citometría de flujo para leucocitos en el parénquima nervioso (Fig. 18), además del 
meta-análisis de los mecanismos de acción de diversas infecciones con helmintos 
(Tabla 6). 
 
56 
 
Fig. 18. Propuesta de mecanismos de regulación de la EAE por el tratamiento con TcES. 
Durante la inmunopatología de la EAE se concentran CMs y linfocitos autoreactivos en el 
bazo y CLNs (1), para después migrar por el torrente sanguíneo (2) hacia el parenquima 
nervioso (3). Cuando el TcES es inoculado de forma IP el patrón de migración de dichos 
leucocitos se altera, siendo éstos reclutados hacia la cavidad peritoneal en vez de migrar 
hacia el SNC, como ocurre normalmente (4). En la cavidad peritoneal los macrófagos se 
activan alternativamente y las CMs adquieren un fenotipo supresor con lo cual bloquean la 
respuesta proliferativa de los linfocitos (5) e inducen un ambiente de tipo Th2, con lo que 
disminuyen las respuestas Th1/Th17 (6). En conjunto, dichos cambios bloquean la 
inflamación patogénica del SNC, reduciendo los signos de EAE. 
 
El desarrollo de EAE se ha asociado fuertemente con respuestas inmunes de 
tipo Th1 y Th17 exacerbadas (169), ya que muchos efectos patogénicos en EAE/EM 
son dependientes de las citocinas que en estas respuestas se secretan. En primera 
instancia la IL-17A disminuye la expresión de proteínas de unión estrecha, con lo 
cual incrementa la permeabilidad de la BH, facilitando la migración de leucocitos 
hacia el SNC (170). Más aún, dicha citocina recluta y activa neutrófilos al SNC, 
donde éstos inducen daño a la mielina mediante la secreción de radicales libres 
(171) y promueven la apoptosis de oligodendrocitos, junto con altos niveles de TNF-
α, impidiendo así la regeneración de la mielina (87). Por su parte, TNF-α activa y 
recluta monocitos en el SNC para promover la neurodegeneración dependiente de 
ON e impedir la diferenciación y función de poblaciones neuroprotectoras (88). Así, 
la regulación de ambas citocinas parece ser importante para la ralentización de la 
enfermedad. 
57 
Incluso, la inducción de un ambiente Th2 rico en IL-4 e IL-10 parece importante 
para inhibir la EAE, ya que se ha demostrado que ambas citocinas se correlacionan 
con una enfermedad más benigna y respuestas Th1 y Th17 más suaves (172). En 
este apartado, T. crassiceps y sus productos S/E han demostrado ser capaces de 
inhibir la respuesta de maduración de las CDs frente al LPS (152, 154, 173) y la 
activación de macrófagos con IFN-γ (160), disminuyendo así la secreción de 
citocinas Th1 y Th17, mientras promueven la inducción de linfocitos Th2. Así, los 
efectos a nivel celular del TcES podrían ser responsables del viraje hacia Th2 que 
aquí describimos en dependencia del tratamiento. 
Dado que la EAE es dependiente de la activación de las células T, la inhibición 
de su capacidad proliferativa es otra estrategia de importancia para el alivio de los 
síntomas. De hecho, la expresión de moléculas inhibitorias de los linfocitos como 
aquellas de la vía PD-1/PD-Ls se ha ligado a la regulación de la EAE (174). En 
específico, las CMSs PD-L1+ PD-L2+ han demostrado ser capaces de modular la 
EAEmediante la supresión de la proliferación de linfocitos (175). En el presente 
estudio describimos que el tratamiento con TcES es capaz de inducir la expresión 
de PD-L1 y PD-L2 en macrófagos durante el desarrollo de la EAE, lo cual no fue 
observado en ratones tratados con BSA, sugiriendo que este efecto específico 
podría ser responsable de la inhibición de la proliferación de linfocitos así como de 
la supresión de su diferenciación hacia Th1/Th17. Así, pensamos que la inducción 
de CMSs y células F4/80+ PD-L1+ PD-L2+ pudo tener un importante impacto en la 
regulación de la respuesta autoinmune. 
Por otra parte, se ha descrito que los monocitos (176, 177) y neutrófilos (62, 178) 
infiltrados en el SNC median la degradación de la mielina por la secreción in situ de 
radicales libres de vida media corta, como el NO, resultando tan críticos para la 
patogénesis de la enfermedad como las células T (61). Más aún, se ha descrito que 
muchas drogas anti-EM funcionan por la inhibición del infiltrado inflamatorio del SNC 
(179), ya sea promoviendo la reparación de la barrera hematoencefálica (180), 
modulando negativamente (181) o bloqueando (182) factores de adherencia celular 
o dirigiendo las células inflamatorias hacia la periferia (183, 184). De cualquier 
forma, los parásitos y sus productos parecen tener en común la inhibición del 
infiltrado del SNC (159). En el presente estudio describimos que el TcES es capaz 
de inhibir la infiltración del parénquima nervioso por células T CD4+ y CD8+, así 
como por CM CD11b+ Ly6C+ Ly6G+, y que dicho fenómeno parece ser dependiente 
de la alteración de la ruta normal de migración celular. Notablemente, cuando el 
tratamiento fue suspendido, la materia blanca fue nuevamente invadida por dichas 
células, sugiriendo que los productos de T. crassiceps modulan la EAE en parte por 
la deflexión de las células inflamatorias hacia la periferia, en vez de que éstas se 
infiltren al SNC, como normalmente harían (Fig. 18). Esto hace necesaria la 
administración constante del antígeno para bloquear el desarrollo de la patología. 
Otros antígenos inmunoregulatorios derivados de helmintos, como el soluble 
egg-antigen (SEA) (120) o la lacto-N-fucopentosa III (LNFPIII) (185) (ambos 
producidos por S. mansoni) han demostrado ser capaces de modular la EAE. Dicho 
efecto ha probado ser dependiente del efecto que dichas moléculas tienen sobre las 
DCs, pues reducen su capacidad para secretar IL-1β, IL-6, IL-12 y TNF-α mientras 
aumentan su producción de IL-10 y TGF-β (186). Dichos cambios en las APCs 
principales del sistema inmune inducen profundos cambios en la respuesta inmune 
58 
completa, ya que durante la inoculación de estas moléculas se reclutan MAAs (117), 
Bregs (187) y Tregs, junto con una fuerte polarización hacia Th2 por parte de los 
linfocitos (188). Se ha descrito que los componentes del SEA son reconocidos por 
lo menos por TLR2 (186) y SIGNR1 (189), por lo cual sus vías de señalización 
podrían ser importantes para la modulación de la EAE. Por otra parte, el TcES es 
reconocido por la lectina de macrófagos galactosa tipo C (MGL), el receptor de 
manosa (MR) y TLR2 en DCs, induciendo señales que bloquean su maduración. 
En la misma línea de pensamiento, el TcES es un grupo de glicoproteínas de 
peso >50 kDa que ejerce múltiples efectos en diversas células para modular la 
actividad inmunológica. Así, es capaz de modular la respuesta de las CDs y los 
macrófagos ante varios ligandos de TLRs, principalmente por la fosforilación de 
Raf1, lo cual aparentemente inhibe las vías de señalización de p38 y NFkB, 
reduciendo así la secreción de citocinas pro-inflamatorias por parte de las CDs y 
llevándolas a un fenotipo tolerogénico capaz de inducir polarización hacia Th2 en 
los linfocitos vírgenes (152, 160, 190, 191). Igualmente, el antígeno inhibe en 
macrófagos la activación de STAT1 en respuesta a IFN-γ, mediante la fosforilación 
de SHP-1 y SOCS3. Así, es capaz de reducir su capacidad de secretar NO, por lo 
cual el TcES podría actuar a éste nivel para reducir la neurodegradación. 
Adicionalmente, este mecanismo disminuye la producción de citosinas 
proinflamatorias por parte de dichas células, lo cual podría influir en la respuesta 
inmune global, disminuyendo su potencia inflamatoria (160). En conjunto, dichos 
efectos pueden ser responsables de la regulación negativa de la producción de 
TNF-α, IFN-γ e IL-17A, así como de la supresión de la proliferación de linfocitos, 
que se reportan aquí. Probablemente dichos efectos también sean responsables de 
la anulación del infiltrado celular que se observó, pero una investigación más 
orientada a responder dicha pregunta es necesaria para confirmar semejante 
especulación. 
Nuestros datos indican que el TcES puede ser una opción válida para el futuro 
desarrollo de un droga anti-EM, y sus mecanismos de acción pueden resultar de 
interés para el desarrollo de drogas anti-EM en general. Obviamente, un estudio 
más profundo del antígeno es necesario para detectar las moléculas más potentes 
y específicas de su composición que se asocian con su actividad anti-EAE, ya que 
sabemos que la fracción de peso mayor o igual a los 50 kDa tiene por lo menos 5 
bandas de glicoproteínas que pierden su actividad regulatoria cuando se degradan 
sus carbohidratos (152). Pese a esto, se desconocen su composición y cuáles de 
sus fracciones son activas inmunológicamente. Dicho conocimiento sería útil para 
el futuro desarrollo de un fármaco. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
59 
14. Anexos 
 
14.1 Glosario de abreviaturas 
AFC: Adyuvante de Freund completo 
AIF: Adyuvante incompleto de Freund 
Arg1: Arginasa-1 
ASH: Antígenos solubles del huevo de S. mansoni 
AUC: Área bajo la curva 
BSA: Albúmina sérica de bovino 
CDi: Células dendríticas inmaduras 
CDI: Índice cumulativo de la enfermedad 
CMHII: Complejo de mayor histocompatibilidad II 
CMSs: Células mieloides supresoras 
CDs: Células dendríticas 
CPA: Células presentadoras de antígeno 
CPM: Cuentas por minuto 
EAE: Encefalomielitis autoinmune experimental 
EAE+BSA: Ratones enfermos con tratamiento control de 250µg de BSA 
EAE+TcES: Ratones enfermos tratados con 250µg de TcES 
EAE+TcES-L: Ratones enfermos tratados con 250µg de TcES administrados de 
forma tardía. 
EAE+TcES-W: Ratones enfermos tratados con 250µg de TcES administrados de 
forma temprana y con una suspensión tardía del tratamiento. 
ELISA: Ensayo de inmunoabsorbencia ligado a enzimas 
EM: Esclerosis múltiple 
EM-P: Esclerosis múltiple-progresiva 
EM-PP: Esclerosis múltiple-primaria progresiva 
EM-RR: Esclerosis múltiple-relapsante remitiente 
EM-SP: Esclerosis múltiple-secundaria progresiva 
HLA: Antígeno leucocitario humano 
IFN-ɣ: Interferón-ɣ 
60 
IgG1: Inmunoglobulina G1 
IL-1: Interleucina-1 
IL-4Rα: Receptor-α de interleucina-4 
iNOS: Óxido nítrico sintasa inducible 
IP: intraperitoneal 
MAAs: Macrófagos alternativamente activados 
MCP1: Proteína quimioatrayente de macrófagos 
MCAs: Macrófagos clásicamente activados 
MMR: Receptor de manosa de macrófagos 
MOG: Glicoproteína mielina de los oligodendrocitos 
NLCs: Nódulos linfáticos cervicales 
NO: Óxido nítrico 
PBM: Proteína básica de la mielina 
PBS: Buffer salino de fosfatos 
PECs: Células del exudado peritoneal 
PD-1: Muerte celular programada-1 
PD-L1: Muerte celular programada-Ligando1 
PI: Post-inducción 
PLP: Proteína proteolipídica 
LCR: Líquido cefaloraquídeo 
PtTx: Toxina de Pertussis 
SNC: Sistema nervioso central 
SSS: Solución salina estéril 
STAT6: Transductor de señales y activador de la transducción-6 
TcES: Anígeno excretado/secretado por T. crassiceps de alto peso molecular (≥50 
kDa) 
TcSol: Antígenos totales solubles de T. crassiceps 
TGF-β: Factor de crecimiento transformante-β 
Th1: T cooperadora tipo 1 
TLRs: Receptores tipo Toll 
61 
Tregs: Células T reguladoras 
USD: Dólares americanos 
VIH: Virus de inmunodeficiencia humana 
 
14.2 Inducción de EAE 
 
Reactivos Péptido MOG35-55: Péptido MOG35-55 de rata, viales de 5 mg (LifeTein, NJ, 
USA). Hidratar el stock con PBS filtrado a 5 mg/ml. 
 Toxina de Pertussis (PtTx): Viales de 50 µg de PtTx de Bordetella pertussis 
(List Laboratories, CA, USA). Hidratar el stock con agua inyectable a 50 
µg/ml. 
 Adyuvante de Freund completo: Adyuvante de Freund incompleto (AIF), 
viales de 10 ml. Mycobacterium tuberculosis liofilizada, 100 mg. Disolver el 
contenido de un vial de M. tuberculosis en dos viales de AIF dentro de un 
tubo de 50 ml y agitar en vórtex por 5 min. Concentración final 5 mg/ml. 
 
Procedimiento por ratón 
 Tomar 30 µl del stock de MOG y llevarlos a 100 µl con PBS estéril, poner la 
solución en una caja Petri. 
 Agregar 100 µl de AFC en la caja Petri. 
 Emulsificar en un mezclador de tres vías los contenidos de la caja Petri 
usando jeringas de 3 ml. Mezclar por 15 min o hasta que la emulsión se 
vuelva blanca y dura. 
 Mezclar en vórtex por 10 min. 
 Poner una gota de la emulsión sobre un espejo de agua. Volver a mezclar si 
se desintegra la gota. 
 Cargar la emulsión en jeringas de 1 ml con puntas de 25G. 
 Inyectar 200 µl de la emulsión dividida entre 4 puntos de los cuartos traseros 
del ratón. 
 Tomar 12 µl del stock de PtTx y llevarlos a 200 µl, inyectarlos de forma IP el 
día de la inducción y dos días después. 
 
 
62 
14.3 Tabla de antígenos secretados/excretados por helmintos. 
 
Tomada de (118). 
 
 
 
 
 
63 
14.4 Productos de investigación 
Durante el estudio de mi doctorado pude, junto con mis colegas, producir los 
siguientes artículos que fueron publicados en revistas indexadas de alto impacto: 
 
1) Peón AN, Ledesma-Soto Y, Olguin JE, Bautista-Donis, M, Sciutto-Conde E, 
Terrazas LI. 2017. Helminth Products Potently Modulate Experimental 
Autoimmune Encephalomyelitis By Down-Regulating Neuroinflammation And 
Promoting A Suppressive Microenvironment. Mediators Inflamm. In Press 
2) Peón AN, Terrazas LI. 2016. Immune-Regulatory Mechanisms of Classical 
and Experimental Multiple Sclerosis Drugs: A Special Focus on Helminth-Derived 
Treatments. Curr Med Chem. PMID:26947777 Citas: 2 
3) Peón AN, Ledesma-Soto Y, Terrazas, LI. 2016. Regulation of immunity by 
Taeniids: lessons from animal models and in vitro studies. Parasite Immunology 
38(3):124-135. Citas:4 
4) Peón AN, Espinoza-Jimenez A, Terrazas LI. 2013. Immunoregulation by 
Taenia crassiceps and its antigens. Biomed Res Int 2013: 498583. Citas:15 
5) Espinoza-Jimenez A, Peón AN, Terrazas LI. 2012. Alternatively activated 
macrophages in types 1 and 2 diabetes. Mediators Inflamm 2012: 815953. 
Citas:42 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
64 
15. Referencias 
 
1. Friese MA, Schattling B, Fugger L. 2014. Mechanisms of neurodegeneration 
and axonal dysfunction in multiple sclerosis. Nat Rev Neurol 10: 225-38 
2. Sospedra M, Martin R. 2005. Immunology of multiple sclerosis. Annu Rev 
Immunol 23: 683-747 
3. Saguil A, Kane S, Farnell E. 2014. Multiple sclerosis: a primary care 
perspective. Am Fam Physician 90: 644-52 
4. Maroney M, Hunter SF. 2014. Implications for Multiple Sclerosis in the Era 
of the Affordable Care Act: A Clinical Overview. American Journal of 
Managed Care 20: S220-S7 
5. Milo R, Kahana E. 2010. Multiple sclerosis: Geoepidemiology, genetics and 
the environment. Autoimmunity Reviews 9: A387-A94 
6. Rivera VM, Medina MT, Duron RM, Macias MA. 2014. Multiple sclerosis 
care in Latin America. Neurology 82: 1660-1 
7. Gonzalez O, Sotelo J. 1995. Is the frequency of multiple sclerosis increasing 
in Mexico? J Neurol Neurosurg Psychiatry 59: 528-30 
8. Dyment DA, Ebers GC, Sadovnick AD. 2004. Genetics of multiple sclerosis. 
Lancet Neurol 3: 104-10 
9. Ebers GC, Sadovnick AD, Risch NJ. 1995. A genetic basis for familial 
aggregation in multiple sclerosis. Canadian Collaborative Study Group. 
Nature 377: 150-1 
10. Hillert J, Olerup O. 1993. HLA and MS. Neurology 43: 2426-7 
11. Haines JL, Terwedow HA, Burgess K, Pericak-Vance MA, Rimmler JB, 
Martin ER, Oksenberg JR, Lincoln R, Zhang DY, Banatao DR, Gatto N, 
Goodkin DE, Hauser SL. 1998. Linkage of the MHC to familial multiple 
sclerosis suggests genetic heterogeneity. The Multiple Sclerosis Genetics 
Group. Hum Mol Genet 7: 1229-34 
12. Tuwir I, Dunne C, Crowley J, Saddik T, Murphy R, Cassidy L. 2007. The 
relationship between HLA-DRB1 alleles and optic neuritis in Irish patients 
and the risk of developing multiple sclerosis. Br J Ophthalmol 91: 1288-92 
13. Latchman YE, Liang SC, Wu Y, Chernova T, Sobel RA, Klemm M, Kuchroo 
VK, Freeman GJ, Sharpe AH. 2004. PD-L1-deficient mice show that PD-L1 
on T cells, antigen-presenting cells, and host tissues negatively regulates T 
cells. Proc Natl Acad Sci U S A 101: 10691-6 
14. Bettelli E, Das MP, Howard ED, Weiner HL, Sobel RA, Kuchroo VK. 1998. 
IL-10 is critical in the regulation of autoimmune encephalomyelitis as 
demonstrated by studies of IL-10- and IL-4-deficient and transgenic mice. J 
Immunol 161: 3299-306 
15. Challoner PB, Smith KT, Parker JD, MacLeod DL, Coulter SN, Rose TM, 
Schultz ER, Bennett JL, Garber RL, Chang M, et al. 1995. Plaque-
associated expression of human herpesvirus 6 in multiple sclerosis. Proc 
Natl Acad Sci U S A 92: 7440-4 
16. Wandinger K, Jabs W, Siekhaus A, Bubel S, Trillenberg P, Wagner H, 
Wessel K, Kirchner H, Hennig H. 2000. Association between clinical disease 
activity and Epstein-Barr virus reactivation in MS. Neurology 55: 178-84 
65 
17. Fritzsche M. 2005. Chronic Lyme borreliosis at the root of multiple sclerosis-
-is a cure with antibiotics attainable? Med Hypotheses 64: 438-48 
18. Rook GA. 2012. Hygiene hypothesis and autoimmune diseases. Clin Rev 
Allergy Immunol 42: 5-15 
19. McDonald WI, Ron MA. 1999. Multiple sclerosis: the disease and its 
manifestations. Philos Trans R Soc Lond B Biol Sci 354: 1615-22 
20. Lucchinetti C, Bruck W, Parisi J, Scheithauer B, Rodriguez M, Lassmann H. 
2000. Heterogeneity of multiple sclerosis lesions: Implications for the 
pathogenesis of demyelination. Annals of Neurology 47: 707-17 
21. Ploughman M, Austin MW, Murdoch M, Kearney A, Fisk JD, Godwin M, 
Stefanelli M. 2012. Factors influencing healthy aging with multiple sclerosis: 
a qualitative study. Disabil Rehabil 34: 26-33 
22. Torkildsen O, Brunborg LA, Myhr KM, Bo L. 2008. The cuprizone model for 
demyelination. Acta Neurol Scand Suppl 188: 72-6 
23. Denic A, Johnson AJ, Bieber AJ, Warrington AE, Rodriguez M, Pirko I. 
2011. The relevance of animal models in multiple sclerosis research. 
Pathophysiology 18: 21-9 
24. Mayo L, Quintana FJ, Weiner HL. 2012. The innate immune system in 
demyelinating disease. Immunol Rev 248: 170-87 
25. Constantinescu CS, Farooqi N, O'Brien K, Gran B. 2011. Experimental 
autoimmune encephalomyelitis (EAE) as a model for multiple sclerosis 
(MS). Br J Pharmacol 164: 1079-106 
26. Stromnes IM, Goverman JM. 2006. Active induction of experimental allergic 
encephalomyelitis. Nature Protocols 1: 1810-9 
27. McCarthy DP, Richards MH, Miller SD. 2012. Mouse models of multiple 
sclerosis: experimental autoimmune encephalomyelitis and Theiler's virus-
induced demyelinating disease. Methods Mol Biol 900: 381-401 
28. Simmons SB, Pierson ER, Lee SY, Goverman JM. 2013. Modeling the 
heterogeneity of multiple sclerosis in animals. Trends in Immunology 34: 
410-22 
29. Miller SD, Karpus WJ, Davidson TS. 2010. Experimental autoimmune 
encephalomyelitis in the mouse. Curr Protoc Immunol Chapter 15: Unit 15 1 
30. Kugler S, Bocker K, Heusipp G, Greune L, Kim KS, Schmidt MA. 2006. 
Pertussis toxin induces transient alterations in barrier functions in a Human 
Brain Microvascular Endothelial Cell barrier model. International Journal of 
Medical Microbiology 296: 173- 
31. Chen X, Winkler-Pickett RT, Carbonetti NH, Ortaldo JR, Oppenheim JJ, 
Howard OMZ. 2006. Pertussis toxin as an adjuvant suppresses the number 
and function of CD4(+)CD25(+) T regulatory cells. Eur J Immunol 36:671-
80 
32. Stromnes IM, Goverman JM. 2006. Passive induction of experimental 
allergic encephalomyelitis. Nature Protocols 1: 1952-60 
33. Lassmann H. 2003. Hypoxia-like tissue injury as a component of multiple 
sclerosis lesions. J Neurol Sci 206: 187-91 
34. Huseby ES, Liggitt D, Brabb T, Schnabel B, Ohlen C, Goverman J. 2001. A 
pathogenic role for myelin-specific CD8(+) T cells in a model for multiple 
sclerosis. J Exp Med 194: 669-76 
66 
35. Abdul-Majid KB, Wefer J, Stadelmann C, Stefferl A, Lassmann H, Olsson T, 
Harris RA. 2003. Comparing the pathogenesis of experimental autoimmune 
encephalomyelitis in CD4-/- and CD8-/- DBA/1 mice defines qualitative roles 
of different T cell subsets. J Neuroimmunol 141: 10-9 
36. Goverman J, Woods A, Larson L, Weiner LP, Hood L, Zaller DM. 1993. 
Transgenic mice that express a myelin basic protein-specific T cell receptor 
develop spontaneous autoimmunity. Cell 72: 551-60 
37. Sun D, Whitaker JN, Huang Z, Liu D, Coleclough C, Wekerle H, Raine CS. 
2001. Myelin antigen-specific CD8+ T cells are encephalitogenic and 
produce severe disease in C57BL/6 mice. J Immunol 166: 7579-87 
38. Simmons SB, Pierson ER, Lee SY, Goverman JM. 2013. Modeling the 
heterogeneity of multiple sclerosis in animals. Trends Immunol 34: 410-22 
39. O'Connor RA, Cambrook H, Huettner K, Anderton SM. 2013. T-bet is 
essential for Th1-mediated, but not Th17-mediated, CNS autoimmune 
disease. Eur J Immunol 43: 2818-23 
40. Grifka-Walk HM, Lalor SJ, Segal BM. 2013. Highly polarized Th17 cells 
induce EAE via a T-bet independent mechanism. Eur J Immunol 43: 2824-
31 
41. Spath S, Becher B. 2013. T-bet or not T-bet: taking the last bow on the 
autoimmunity stage. Eur J Immunol 43: 2810-3 
42. Chu CQ, Wittmer S, Dalton DK. 2000. Failure to suppress the expansion of 
the activated CD4 T cell population in interferon gamma-deficient mice leads 
to exacerbation of experimental autoimmune encephalomyelitis. J Exp Med 
192: 123-8 
43. Haak S, Croxford AL, Kreymborg K, Heppner FL, Pouly S, Becher B, 
Waisman A. 2009. IL-17A and IL-17F do not contribute vitally to 
autoimmune neuro-inflammation in mice. J Clin Invest 119: 61-9 
44. Okuda Y, Sakoda S, Bernard CC, Fujimura H, Saeki Y, Kishimoto T, 
Yanagihara T. 1998. IL-6-deficient mice are resistant to the induction of 
experimental autoimmune encephalomyelitis provoked by myelin 
oligodendrocyte glycoprotein. Int Immunol 10: 703-8 
45. Cua DJ, Sherlock J, Chen Y, Murphy CA, Joyce B, Seymour B, Lucian L, To 
W, Kwan S, Churakova T, Zurawski S, Wiekowski M, Lira SA, Gorman D, 
Kastelein RA, Sedgwick JD. 2003. Interleukin-23 rather than interleukin-12 
is the critical cytokine for autoimmune inflammation of the brain. Nature 421: 
744-8 
46. Codarri L, Gyulveszi G, Tosevski V, Hesske L, Fontana A, Magnenat L, 
Suter T, Becher B. 2011. RORgammat drives production of the cytokine 
GM-CSF in helper T cells, which is essential for the effector phase of 
autoimmune neuroinflammation. Nat Immunol 12: 560-7 
47. Stromnes IM, Cerretti LM, Liggitt D, Harris RA, Goverman JM. 2008. 
Differential regulation of central nervous system autoimmunity by T(H)1 and 
T(H)17 cells. Nat Med 14: 337-42 
48. Lees JR, Golumbek PT, Sim J, Dorsey D, Russell JH. 2008. Regional CNS 
responses to IFN-gamma determine lesion localization patterns during EAE 
pathogenesis. J Exp Med 205: 2633-42 
67 
49. Greer JM, Sobel RA, Sette A, Southwood S, Lees MB, Kuchroo VK. 1996. 
Immunogenic and encephalitogenic epitope clusters of myelin proteolipid 
protein. J Immunol 156: 371-9 
50. Feger U, Luther C, Poeschel S, Melms A, Tolosa E, Wiendl H. 2007. 
Increased frequency of CD4+ CD25+ regulatory T cells in the cerebrospinal 
fluid but not in the blood of multiple sclerosis patients. Clin Exp Immunol 
147: 412-8 
51. Kumar M, Putzki N, Limmroth V, Remus R, Lindemann M, Knop D, Mueller 
N, Hardt C, Kreuzfelder E, Grosse-Wilde H. 2006. CD4+CD25+FoxP3+ T 
lymphocytes fail to suppress myelin basic protein-induced proliferation in 
patients with multiple sclerosis. J Neuroimmunol 180: 178-84 
52. Viglietta V, Baecher-Allan C, Weiner HL, Hafler DA. 2004. Loss of functional 
suppression by CD4+CD25+ regulatory T cells in patients with multiple 
sclerosis. J Exp Med 199: 971-9 
53. Haas J, Hug A, Viehover A, Fritzsching B, Falk CS, Filser A, Vetter T, 
Milkova L, Korporal M, Fritz B, Storch-Hagenlocher B, Krammer PH, Suri-
Payer E, Wildemann B. 2005. Reduced suppressive effect of 
CD4+CD25high regulatory T cells on the T cell immune response against 
myelin oligodendrocyte glycoprotein in patients with multiple sclerosis. Eur J 
Immunol 35: 3343-52 
54. Zozulya AL, Wiendl H. 2008. The role of regulatory T cells in multiple 
sclerosis. Nat Clin Pract Neurol 4: 384-98 
55. Haas J, Fritzsching B, Trubswetter P, Korporal M, Milkova L, Fritz B, Vobis 
D, Krammer PH, Suri-Payer E, Wildemann B. 2007. Prevalence of newly 
generated naive regulatory T cells (Treg) is critical for Treg suppressive 
function and determines Treg dysfunction in multiple sclerosis. J Immunol 
179: 1322-30 
56. Zhang X, Reddy J, Ochi H, Frenkel D, Kuchroo VK, Weiner HL. 2006. 
Recovery from experimental allergic encephalomyelitis is TGF-beta 
dependent and associated with increases in CD4+LAP+ and CD4+CD25+ T 
cells. Int Immunol 18: 495-503 
57. Falcone M, Rajan AJ, Bloom BR, Brosnan CF. 1998. A critical role for IL-4 in 
regulating disease severity in experimental allergic encephalomyelitis as 
demonstrated in IL-4-deficient C57BL/6 mice and BALB/c mice. J Immunol 
160: 4822-30 
58. Ponomarev ED, Maresz K, Tan Y, Dittel BN. 2007. CNS-derived interleukin-
4 is essential for the regulation of autoimmune inflammation and induces a 
state of alternative activation in microglial cells. J Neurosci 27: 10714-21 
59. Waldner H. 2009. The role of innate immune responses in autoimmune 
disease development. Autoimmun Rev 8: 400-4 
60. Greter M, Heppner FL, Lemos MP, Odermatt BM, Goebels N, Laufer T, 
Noelle RJ, Becher B. 2005. Dendritic cells permit immune invasion of the 
CNS in an animal model of multiple sclerosis. Nat Med 11: 328-34 
61. Goverman J. 2009. Autoimmune T cell responses in the central nervous 
system. Nat Rev Immunol 9: 393-407 
62. Lassmann H, van Horssen J. 2011. The molecular basis of 
neurodegeneration in multiple sclerosis. FEBS Lett 585: 3715-23 
68 
63. Kroenke MA, Carlson TJ, Andjelkovic AV, Segal BM. 2008. IL-12- and IL-23-
modulated T cells induce distinct types of EAE based on histology, CNS 
chemokine profile, and response to cytokine inhibition. J Exp Med 205: 
1535-41 
64. Brucklacher-Waldert V, Stuerner K, Kolster M, Wolthausen J, Tolosa E. 
2009. Phenotypical and functional characterization of T helper 17 cells in 
multiple sclerosis. Brain 132: 3329-41 
65. Tran EH, Hoekstra K, van Rooijen N, Dijkstra CD, Owens T. 1998. Immune 
invasion of the central nervous system parenchyma and experimental 
allergic encephalomyelitis, but not leukocyte extravasation from blood, are 
prevented in macrophage-depleted mice. J Immunol 161: 3767-75 
66. Martiney JA, Rajan AJ, Charles PC, Cerami A, Ulrich PC, Macphail S, 
Tracey KJ, Brosnan CF. 1998. Prevention and treatment of experimental 
autoimmune encephalomyelitis by CNI-1493, a macrophage-deactivating 
agent. J Immunol 160: 5588-95 
67. Choi BY, Kim JH, Kho AR, Kim IY, Lee SH, Lee BE, Choi E, Sohn M, 
Stevenson M, Chung TN, Kauppinen TM, Suh SW. 2015. Inhibition of 
NADPH oxidase activation reduces EAE-induced white matter damage in 
mice. J Neuroinflammation 12: 104 
68. Mohamed A, Shoker A, Bendjelloul F, Mare A, Alzrigh M, Benghuzzi H, 
Desin T. 2003. Improvement of experimental allergic encephalomyelitis 
(EAE) by thymoquinone; an oxidative stress inhibitor. Biomed Sci Instrum 
39: 440-5 
69. Chen H, Chan DC. 2009. Mitochondrial dynamics--fusion, fission, 
movement, and mitophagy--in neurodegenerative diseases. Hum Mol Genet 
18: R169-76 
70. Witte ME, Mahad DJ, Lassmann H, van Horssen J. 2014. Mitochondrialdysfunction contributes to neurodegeneration in multiple sclerosis. Trends 
Mol Med 20: 179-87 
71. Mandolesi G, De Vito F, Musella A, Gentile A, Bullitta S, Fresegna D, 
Sepman H, Di Sanza C, Haji N, Mori F, Buttari F, Perlas E, Ciotti MT, 
Hornstein E, Bozzoni I, Presutti C, Centonze D. 2017. miR-142-3p Is a Key 
Regulator of IL-1beta-Dependent Synaptopathy in Neuroinflammation. J 
Neurosci 37: 546-61 
72. Irvine KA, Blakemore WF. 2008. Remyelination protects axons from 
demyelination-associated axon degeneration. Brain 131: 1464-77 
73. Duncan ID, Brower A, Kondo Y, Curlee JF, Jr., Schultz RD. 2009. Extensive 
remyelination of the CNS leads to functional recovery. Proc Natl Acad Sci U 
S A 106: 6832-6 
74. Kuhlmann T, Miron V, Cui Q, Wegner C, Antel J, Bruck W. 2008. 
Differentiation block of oligodendroglial progenitor cells as a cause for 
remyelination failure in chronic multiple sclerosis. Brain 131: 1749-58 
75. Guo AC, Chu T, Liu XQ, Su HX, Wu WT. 2016. Reactivated astrocytes as a 
possible source of oligodendrocyte precursors for remyelination in remitting 
phase of experimental autoimmune encephalomyelitis rats. Am J Transl Res 
8: 5637-45 
69 
76. Ishibashi T, Dakin KA, Stevens B, Lee PR, Kozlov SV, Stewart CL, Fields 
RD. 2006. Astrocytes promote myelination in response to electrical 
impulses. Neuron 49: 823-32 
77. Domingues HS, Portugal CC, Socodato R, Relvas JB. 2016. 
Oligodendrocyte, Astrocyte, and Microglia Crosstalk in Myelin Development, 
Damage, and Repair. Front Cell Dev Biol 4: 71 
78. Medina-Fernandez FJ, Luque E, Aguilar-Luque M, Aguera E, Feijoo M, 
Garcia-Maceira FI, Escribano BM, Pascual-Leone A, Drucker-Colin R, 
Tunez I. 2017. Transcranial magnetic stimulation modifies astrocytosis, cell 
density and lipopolysaccharide levels in experimental autoimmune 
encephalomyelitis. Life Sci 169: 20-6 
79. Ransohoff RM, Hamilton TA, Tani M, Stoler MH, Shick HE, Major JA, Estes 
ML, Thomas DM, Tuohy VK. 1993. Astrocyte expression of mRNA encoding 
cytokines IP-10 and JE/MCP-1 in experimental autoimmune 
encephalomyelitis. FASEB J 7: 592-600 
80. Correale J, Farez MF. 2015. The Role of Astrocytes in Multiple Sclerosis 
Progression. Front Neurol 6: 180 
81. Pang Y, Fan LW, Tien LT, Dai X, Zheng B, Cai Z, Lin RC, Bhatt A. 2013. 
Differential roles of astrocyte and microglia in supporting oligodendrocyte 
development and myelination in vitro. Brain Behav 3: 503-14 
82. Li J, Ramenaden ER, Peng J, Koito H, Volpe JJ, Rosenberg PA. 2008. 
Tumor necrosis factor alpha mediates lipopolysaccharide-induced microglial 
toxicity to developing oligodendrocytes when astrocytes are present. J 
Neurosci 28: 5321-30 
83. Xiao Y, Xu J, Wang S, Mao C, Jin M, Ning G, Xu J, Zhang Y. 2010. Genetic 
ablation of steroid receptor coactivator-3 promotes PPAR-beta-mediated 
alternative activation of microglia in experimental autoimmune 
encephalomyelitis. Glia 58: 932-42 
84. Nicholas RS, Stevens S, Wing MG, Compston DA. 2002. Microglia-derived 
IGF-2 prevents TNFalpha induced death of mature oligodendrocytes in vitro. 
J Neuroimmunol 124: 36-44 
85. Bogie JF, Jorissen W, Mailleux J, Nijland PG, Zelcer N, Vanmierlo T, Van 
Horssen J, Stinissen P, Hellings N, Hendriks JJ. 2013. Myelin alters the 
inflammatory phenotype of macrophages by activating PPARs. Acta 
Neuropathol Commun 1: 43 
86. Miron VE, Boyd A, Zhao JW, Yuen TJ, Ruckh JM, Shadrach JL, van 
Wijngaarden P, Wagers AJ, Williams A, Franklin RJ, ffrench-Constant C. 
2013. M2 microglia and macrophages drive oligodendrocyte differentiation 
during CNS remyelination. Nat Neurosci 16: 1211-8 
87. Paintlia MK, Paintlia AS, Singh AK, Singh I. 2011. Synergistic activity of 
interleukin-17 and tumor necrosis factor-alpha enhances oxidative stress-
mediated oligodendrocyte apoptosis. J Neurochem 116: 508-21 
88. Zhang Q, Cui F, Fang L, Hong J, Zheng B, Zhang JZ. 2013. TNF-alpha 
impairs differentiation and function of TGF-beta-induced Treg cells in 
autoimmune diseases through Akt and Smad3 signaling pathway. J Mol Cell 
Biol 5: 85-98 
70 
89. Gao H, Danzi MC, Choi CS, Taherian M, Dalby-Hansen C, Ellman DG, 
Madsen PM, Bixby JL, Lemmon VP, Lambertsen KL, Brambilla R. 2017. 
Opposing Functions of Microglial and Macrophagic TNFR2 in the 
Pathogenesis of Experimental Autoimmune Encephalomyelitis. Cell Rep 18: 
198-212 
90. Acarin L, Gonzalez B, Castellano B. 2000. Neuronal, astroglial and 
microglial cytokine expression after an excitotoxic lesion in the immature rat 
brain. Eur J Neurosci 12: 3505-20 
91. Choi SS, Lee HJ, Lim I, Satoh J, Kim SU. 2014. Human astrocytes: 
secretome profiles of cytokines and chemokines. PLoS One 9: e92325 
92. Qin H, Benveniste EN. 2012. ELISA methodology to quantify astrocyte 
production of cytokines/chemokines in vitro. Methods Mol Biol 814: 235-49 
93. Strachan DP. 1989. Hay fever, hygiene, and household size. BMJ 299: 
1259-60 
94. Yazdanbakhsh M, Kremsner PG, van Ree R. 2002. Allergy, parasites, and 
the hygiene hypothesis. Science 296: 490-4 
95. Fleming JO, Cook TD. 2006. Multiple sclerosis and the hygiene hypothesis. 
Neurology 67: 2085-6 
96. Fleming J, Fabry Z. 2007. The hygiene hypothesis and multiple sclerosis. 
Ann Neurol 61: 85-9 
97. Rosati G. 2001. The prevalence of multiple sclerosis in the world: an update. 
Neurol Sci 22: 117-39 
98. Pugliatti M, Sotgiu S, Rosati G. 2002. The worldwide prevalence of multiple 
sclerosis. Clin Neurol Neurosurg 104: 182-91 
99. Brooker S, Clements AC, Bundy DA. 2006. Global epidemiology, ecology 
and control of soil-transmitted helminth infections. Adv Parasitol 62: 221-61 
100. Sharpe RJ. 1986. The low incidence of multiple sclerosis in areas near the 
equator may be due to ultraviolet light induced suppressor cells to 
melanocyte antigens. Med Hypotheses 19: 319-23 
101. Cooke A. 2009. Infection and autoimmunity. Blood Cells Mol Dis 42: 105-7 
102. Wilson MS, Maizels RM. 2004. Regulation of allergy and autoimmunity in 
helminth infection. Clin Rev Allergy Immunol 26: 35-50 
103. Krishnan A, Almen MS, Fredriksson R, Schioth HB. 2014. Insights into the 
origin of nematode chemosensory GPCRs: putative orthologs of the Srw 
family are found across several phyla of protostomes. PLoS One 9: e93048 
104. Cox FE. 2002. History of human parasitology. Clin Microbiol Rev 15: 595-
612 
105. Rook GA, Brunet LR. 2005. Microbes, immunoregulation, and the gut. Gut 
54: 317-20 
106. Rook GA. 2009. Review series on helminths, immune modulation and the 
hygiene hypothesis: the broader implications of the hygiene hypothesis. 
Immunology 126: 3-11 
107. Schmid-Hempel P. 2009. Immune defence, parasite evasion strategies and 
their relevance for 'macroscopic phenomena' such as virulence. Philos 
Trans R Soc Lond B Biol Sci 364: 85-98 
108. Herbert DR, Holscher C, Mohrs M, Arendse B, Schwegmann A, Radwanska 
M, Leeto M, Kirsch R, Hall P, Mossmann H, Claussen B, Forster I, 
71 
Brombacher F. 2004. Alternative macrophage activation is essential for 
survival during schistosomiasis and downmodulates T helper 1 responses 
and immunopathology. Immunity 20: 623-35 
109. Anthony RM, Rutitzky LI, Urban JF, Jr., Stadecker MJ, Gause WC. 2007. 
Protective immune mechanisms in helminth infection. Nat Rev Immunol 7: 
975-87 
110. Maizels RM, Balic A, Gomez-Escobar N, Nair M, Taylor MD, Allen JE. 2004. 
Helminth parasites--masters of regulation. Immunol Rev 201: 89-116 
111. Jenkins SJ, Allen JE. 2010. Similarity and diversity in macrophage activation 
by nematodes, trematodes, and cestodes. J Biomed Biotechnol 2010: 
262609 
112. Reyes JL, Terrazas LI. 2007. The divergent roles of alternatively activated 
macrophages in helminthic infections. Parasite Immunol 29: 609-19 
113. Nookala S, Srinivasan S, Kaliraj P, Narayanan RB, Nutman TB. 2004. 
Impairment of tetanus-specific cellular and humoral responses following 
tetanus vaccination in human lymphatic filariasis. Infect Immun 72: 2598-
604 
114. Gomez-Garcia L, Rivera-Montoya I, Rodriguez-Sosa M, Terrazas LI.2006. 
Carbohydrate components of Taenia crassiceps metacestodes display Th2-
adjuvant and anti-inflammatory properties when co-injected with bystander 
antigen. Parasitol Res 99: 440-8 
115. Donnelly S, O'Neill SM, Sekiya M, Mulcahy G, Dalton JP. 2005. Thioredoxin 
peroxidase secreted by Fasciola hepatica induces the alternative activation 
of macrophages. Infect Immun 73: 166-73 
116. Donnelly S, Stack CM, O'Neill SM, Sayed AA, Williams DL, Dalton JP. 2008. 
Helminth 2-Cys peroxiredoxin drives Th2 responses through a mechanism 
involving alternatively activated macrophages. FASEB J 22: 4022-32 
117. Atochina O, Da'dara AA, Walker M, Harn DA. 2008. The immunomodulatory 
glycan LNFPIII initiates alternative activation of murine macrophages in vivo. 
Immunology 125: 111-21 
118. Hewitson JP, Grainger JR, Maizels RM. 2009. Helminth immunoregulation: 
the role of parasite secreted proteins in modulating host immunity. Mol 
Biochem Parasitol 167: 1-11 
119. La Flamme AC, Ruddenklau K, Backstrom BT. 2003. Schistosomiasis 
decreases central nervous system inflammation and alters the progression 
of experimental autoimmune encephalomyelitis. Infect Immun 71: 4996-
5004 
120. Zheng X, Hu X, Zhou G, Lu Z, Qiu W, Bao J, Dai Y. 2008. Soluble egg 
antigen from Schistosoma japonicum modulates the progression of chronic 
progressive experimental autoimmune encephalomyelitis via Th2-shift 
response. J Neuroimmunol 194: 107-14 
121. Liu Q, Sundar K, Mishra PK, Mousavi G, Liu Z, Gaydo A, Alem F, Lagunoff 
D, Bleich D, Gause WC. 2009. Helminth infection can reduce insulitis and 
type 1 diabetes through CD25- and IL-10-independent mechanisms. Infect 
Immun 77: 5347-58 
72 
122. Reyes JL, Espinoza-Jimenez AF, Gonzalez MI, Verdin L, Terrazas LI. 2011. 
Taenia crassiceps infection abrogates experimental autoimmune 
encephalomyelitis. Cell Immunol 267: 77-87 
123. Espinoza-Jimenez A, Rivera-Montoya I, Cardenas-Arreola R, Moran L, 
Terrazas LI. 2010. Taenia crassiceps infection attenuates multiple low-dose 
streptozotocin-induced diabetes. J Biomed Biotechnol 2010: 850541 
124. Espinoza-Jimenez A, Peon AN, Terrazas LI. 2012. Alternatively activated 
macrophages in types 1 and 2 diabetes. Mediators Inflamm 2012: 815953 
125. Rodriguez-Sosa M, Rivera-Montoya I, Espinoza A, Romero-Grijalva M, 
Lopez-Flores R, Gonzalez J, Terrazas LI. 2006. Acute cysticercosis favours 
rapid and more severe lesions caused by Leishmania major and Leishmania 
mexicana infection, a role for alternatively activated macrophages. Cell 
Immunol 242: 61-71 
126. Peon AN, Ledesma-Soto Y, Terrazas LI. 2016. Regulation of immunity by 
Taeniids: lessons from animal models and in vitro studies. Parasite Immunol 
38: 124-35 
127. Heldwein K, Biedermann HG, Hamperl WD, Bretzel G, Loscher T, Laregina 
D, Frosch M, Buttner DW, Tappe D. 2006. Subcutaneous Taenia crassiceps 
infection in a patient with non-Hodgkin's lymphoma. Am J Trop Med Hyg 75: 
108-11 
128. Goesseringer N, Lindenblatt N, Mihic-Probst D, Grimm F, Giovanoli P. 2011. 
Taenia crassiceps upper limb fasciitis in a patient with untreated acquired 
immunodeficiency syndrome and chronic hepatitis C infection--the role of 
surgical debridement. J Plast Reconstr Aesthet Surg 64: e174-6 
129. Arocker-Mettinger E, Huber-Spitzy V, Auer H, Grabner G, Stur M. 1992. 
[Taenia crassiceps in the anterior chamber of the human eye. A case 
report]. Klin Monbl Augenheilkd 201: 34-7 
130. Larralde C, Sotelo J, Montoya RM, Palencia G, Padilla A, Govezensky T, 
Diaz ML, Sciutto E. 1990. Immunodiagnosis of human cysticercosis in 
cerebrospinal fluid. Antigens from murine Taenia crassiceps cysticerci 
effectively substitute those from porcine Taenia solium. Arch Pathol Lab 
Med 114: 926-8 
131. Peon AN, Espinoza-Jimenez A, Terrazas LI. 2013. Immunoregulation by 
Taenia crassiceps and its antigens. Biomed Res Int 2013: 498583 
132. Terrazas LI, Bojalil R, Govezensky T, Larralde C. 1998. Shift from an early 
protective Th1-type immune response to a late permissive Th2-type 
response in murine cysticercosis (Taenia crassiceps). J Parasitol 84: 74-81 
133. Sciutto E, Fragoso G, Baca M, De la Cruz V, Lemus L, Lamoyi E. 1995. 
Depressed T-cell proliferation associated with susceptibility to experimental 
Taenia crassiceps infection. Infect Immun 63: 2277-81 
134. Rodriguez-Sosa M, David JR, Bojalil R, Satoskar AR, Terrazas LI. 2002. 
Cutting edge: susceptibility to the larval stage of the helminth parasite 
Taenia crassiceps is mediated by Th2 response induced via STAT6 
signaling. J Immunol 168: 3135-9 
135. Rodriguez-Sosa M, Saavedra R, Tenorio EP, Rosas LE, Satoskar AR, 
Terrazas LI. 2004. A STAT4-dependent Th1 response is required for 
73 
resistance to the helminth parasite Taenia crassiceps. Infect Immun 72: 
4552-60 
136. Rodriguez-Sosa M, Satoskar AR, David JR, Terrazas LI. 2003. Altered T 
helper responses in CD40 and interleukin-12 deficient mice reveal a critical 
role for Th1 responses in eliminating the helminth parasite Taenia 
crassiceps. Int J Parasitol 33: 703-11 
137. Reyes JL, Terrazas CA, Vera-Arias L, Terrazas LI. 2009. Differential 
response of antigen presenting cells from susceptible and resistant strains 
of mice to Taenia crassiceps infection. Infect Genet Evol 9: 1115-27 
138. Rodriguez-Sosa M, Satoskar AR, Calderon R, Gomez-Garcia L, Saavedra 
R, Bojalil R, Terrazas LI. 2002. Chronic helminth infection induces 
alternatively activated macrophages expressing high levels of CCR5 with 
low interleukin-12 production and Th2-biasing ability. Infect Immun 70: 
3656-64 
139. Terrazas LI, Montero D, Terrazas CA, Reyes JL, Rodriguez-Sosa M. 2005. 
Role of the programmed Death-1 pathway in the suppressive activity of 
alternatively activated macrophages in experimental cysticercosis. Int J 
Parasitol 35: 1349-58 
140. Anthony RM, Urban JF, Jr., Alem F, Hamed HA, Rozo CT, Boucher JL, Van 
Rooijen N, Gause WC. 2006. Memory T(H)2 cells induce alternatively 
activated macrophages to mediate protection against nematode parasites. 
Nat Med 12: 955-60 
141. Martinez FO, Helming L, Gordon S. 2009. Alternative activation of 
macrophages: an immunologic functional perspective. Annu Rev Immunol 
27: 451-83 
142. Alonso-Trujillo J, Rivera-Montoya I, Rodriguez-Sosa M, Terrazas LI. 2007. 
Nitric oxide contributes to host resistance against experimental Taenia 
crassiceps cysticercosis. Parasitol Res 100: 1341-50 
143. Ledesma-Soto Y, Callejas BE, Terrazas CA, Reyes JL, Espinoza-Jimenez 
A, Gonzalez MI, Leon-Cabrera S, Morales R, Olguin JE, Saavedra R, 
Oghumu S, Satoskar AR, Terrazas LI. 2015. Extraintestinal Helminth 
Infection Limits Pathology and Proinflammatory Cytokine Expression during 
DSS-Induced Ulcerative Colitis: A Role for Alternatively Activated 
Macrophages and Prostaglandins. Biomed Res Int 2015: 563425 
144. Zaccone P, Fehervari Z, Phillips JM, Dunne DW, Cooke A. 2006. Parasitic 
worms and inflammatory diseases. Parasite Immunol 28: 515-23 
145. Harnett W, Harnett MM. 2010. Helminth-derived immunomodulators: can 
understanding the worm produce the pill? Nat Rev Immunol 10: 278-84 
146. Zaccone P, Burton OT, Gibbs S, Miller N, Jones FM, Dunne DW, Cooke A. 
2010. Immune modulation by Schistosoma mansoni antigens in NOD mice: 
effects on both innate and adaptive immune systems. J Biomed Biotechnol 
2010: 795210 
147. Del Brutto OH. 2012. Neurocysticercosis: a review. ScientificWorldJournal 
2012: 159821 
148. Okano M, Satoskar AR, Nishizaki K, Abe M, Harn DA, Jr. 1999. Induction of 
Th2 responses and IgE is largely due to carbohydrates functioning as 
adjuvants on Schistosoma mansoni egg antigens. J Immunol 163: 6712-7 
74 
149. Thomas PG, Harn DA, Jr. 2004. Immune biasing by helminth glycans. Cell 
Microbiol 6: 13-22 
150. Gabrilovich DI, Nagaraj S. 2009. Myeloid-derived suppressor cells as 
regulators of the immune system. Nat Rev Immunol 9: 162-74 
151. Gomez-Garcia L, Lopez-Marin LM, Saavedra R, Reyes JL, Rodriguez-Sosa 
M, Terrazas LI. 2005. Intact glycansfrom cestode antigens are involved in 
innate activation of myeloid suppressor cells. Parasite Immunol 27: 395-405 
152. Terrazas CA, Gomez-Garcia L, Terrazas LI. 2010. Impaired pro-
inflammatory cytokine production and increased Th2-biasing ability of 
dendritic cells exposed to Taenia excreted/secreted antigens: A critical role 
for carbohydrates but not for STAT6 signaling. Int J Parasitol 40: 1051-62 
153. Terrazas CA, Terrazas LI, Gomez-Garcia L. 2010. Modulation of dendritic 
cell responses by parasites: a common strategy to survive. J Biomed 
Biotechnol 2010: 357106 
154. Terrazas CA, Sanchez-Munoz F, Mejia-Dominguez AM, Amezcua-Guerra 
LM, Terrazas LI, Bojalil R, Gomez-Garcia L. 2011. Cestode antigens induce 
a tolerogenic-like phenotype and inhibit LPS inflammatory responses in 
human dendritic cells. Int J Biol Sci 7: 1391-400 
155. Rigano R, Buttari B, Profumo E, Ortona E, Delunardo F, Margutti P, Mattei 
V, Teggi A, Sorice M, Siracusano A. 2007. Echinococcus granulosus 
antigen B impairs human dendritic cell differentiation and polarizes 
immature dendritic cell maturation towards a Th2 cell response. Infect 
Immun 75: 1667-78 
156. Nono JK, Pletinckx K, Lutz MB, Brehm K. 2012. Excretory/secretory-
products of Echinococcus multilocularis larvae induce apoptosis and 
tolerogenic properties in dendritic cells in vitro. PLoS Negl Trop Dis 6: e1516 
157. Van Liempt E, Imberty A, Bank CM, Van Vliet SJ, Van Kooyk Y, Geijtenbeek 
TB, Van Die I. 2004. Molecular basis of the differences in binding properties 
of the highly related C-type lectins DC-SIGN and L-SIGN to Lewis X 
trisaccharide and Schistosoma mansoni egg antigens. J Biol Chem 279: 
33161-7 
158. Pernthaner A, Stasiuk SJ, Roberts JM, Sutherland IA. 2012. The response 
of monocyte derived dendritic cells following exposure to a nematode larval 
carbohydrate antigen. Vet Immunol Immunopathol 148: 284-92 
159. Peon AN, Terrazas LI. 2016. Immune-Regulatory Mechanisms of Classical 
and Experimental Multiple Sclerosis Drugs: A Special Focus on Helminth-
Derived Treatments. Curr Med Chem 23: 1152-70 
160. Becerra-Diaz M, Terrazas LI. 2014. Taenia crassiceps infection and its 
excreted/secreted products inhibit STAT1 activation in response to IFN-
gamma. Int J Parasitol 44: 613-23 
161. Terrazas C, de Dios Ruiz-Rosado J, Amici SA, Jablonski KA, Martinez-
Saucedo D, Webb LM, Cortado H, Robledo-Avila F, Oghumu S, Satoskar 
AR, Rodriguez-Sosa M, Terrazas LI, Guerau-de-Arellano M, Partida-
Sanchez S. 2017. Helminth-induced Ly6Chi monocyte-derived alternatively 
activated macrophages suppress experimental autoimmune 
encephalomyelitis. Sci Rep 7: 40814 
75 
162. Leon-Cabrera S, Callejas BE, Ledesma-Soto Y, Coronel J, Perez-Plasencia 
C, Gutierrez-Cirlos EB, Avila-Moreno F, Rodriguez-Sosa M, Hernandez-
Pando R, Marquina-Castillo B, Chirino YI, Terrazas LI. 2014. Extraintestinal 
helminth infection reduces the development of colitis-associated 
tumorigenesis. Int J Biol Sci 10: 948-56 
163. Stromnes IM, Goverman JM. 2006. Active induction of experimental allergic 
encephalomyelitis. Nat Protoc 1: 1810-9 
164. Donia M, Mangano K, Quattrocchi C, Fagone P, Signorelli S, Magro G, 
Sfacteria A, Bendtzen K, Nicoletti F. 2010. Specific and strain-independent 
effects of dexamethasone in the prevention and treatment of experimental 
autoimmune encephalomyelitis in rodents. Scand J Immunol 72: 396-407 
165. Wu Z, Nagano I, Asano K, Takahashi Y. 2010. Infection of non-
encapsulated species of Trichinella ameliorates experimental autoimmune 
encephalomyelitis involving suppression of Th17 and Th1 response. 
Parasitol Res 107: 1173-88 
166. Walsh KP, Brady MT, Finlay CM, Boon L, Mills KH. 2009. Infection with a 
helminth parasite attenuates autoimmunity through TGF-beta-mediated 
suppression of Th17 and Th1 responses. J Immunol 183: 1577-86 
167. Chiuso-Minicucci F, Van DB, Zorzella-Pezavento SF, Peres RS, Ishikawa 
LL, Rosa LC, Franca TG, Turato WM, Amarante AF, Sartori A. 2011. 
Experimental autoimmune encephalomyelitis evolution was not modified by 
multiple infections with Strongyloides venezuelensis. Parasite Immunol 33: 
303-8 
168. Gruden-Movsesijan A, Ilic N, Mostarica-Stojkovic M, Stosic-Grujicic S, Milic 
M, Sofronic-Milosavljevic L. 2010. Mechanisms of modulation of 
experimental autoimmune encephalomyelitis by chronic Trichinella spiralis 
infection in Dark Agouti rats. Parasite Immunol 32: 450-9 
169. Yang C, He D, Yin C, Tan J. 2015. Inhibition of Interferon Regulatory Factor 
4 Suppresses Th1 and Th17 Cell Differentiation and Ameliorates 
Experimental Autoimmune Encephalomyelitis. Scand J Immunol 82: 345-51 
170. Kebir H, Kreymborg K, Ifergan I, Dodelet-Devillers A, Cayrol R, Bernard M, 
Giuliani F, Arbour N, Becher B, Prat A. 2007. Human TH17 lymphocytes 
promote blood-brain barrier disruption and central nervous system 
inflammation. Nat Med 13: 1173-5 
171. Kostic M, Stojanovic I, Marjanovic G, Zivkovic N, Cvetanovic A. 2015. 
Deleterious versus protective autoimmunity in multiple sclerosis. Cell 
Immunol 296: 122-32 
172. Tan YV, Abad C, Wang Y, Lopez R, Waschek JA. 2015. VPAC2 (vasoactive 
intestinal peptide receptor type 2) receptor deficient mice develop 
exacerbated experimental autoimmune encephalomyelitis with increased 
Th1/Th17 and reduced Th2/Treg responses. Brain Behav Immun 44: 167-75 
173. Terrazas CA, Alcantara-Hernandez M, Bonifaz L, Terrazas LI, Satoskar AR. 
2013. Helminth-excreted/secreted products are recognized by multiple 
receptors on DCs to block the TLR response and bias Th2 polarization in a 
cRAF dependent pathway. FASEB J 27: 4547-60 
174. Salama AD, Chitnis T, Imitola J, Ansari MJ, Akiba H, Tushima F, Azuma M, 
Yagita H, Sayegh MH, Khoury SJ. 2003. Critical role of the programmed 
76 
death-1 (PD-1) pathway in regulation of experimental autoimmune 
encephalomyelitis. J Exp Med 198: 71-8 
175. Schreiner B, Bailey SL, Shin T, Chen L, Miller SD. 2008. PD-1 ligands 
expressed on myeloid-derived APC in the CNS regulate T-cell responses in 
EAE. Eur J Immunol 38: 2706-17 
176. Valentin-Torres A, Savarin C, Hinton DR, Phares TW, Bergmann CC, 
Stohlman SA. 2016. Sustained TNF production by central nervous system 
infiltrating macrophages promotes progressive autoimmune 
encephalomyelitis. J Neuroinflammation 13: 46 
177. Vainchtein ID, Vinet J, Brouwer N, Brendecke S, Biagini G, Biber K, 
Boddeke HW, Eggen BJ. 2014. In acute experimental autoimmune 
encephalomyelitis, infiltrating macrophages are immune activated, whereas 
microglia remain immune suppressed. Glia 62: 1724-35 
178. Zehntner SP, Brickman C, Bourbonniere L, Remington L, Caruso M, Owens 
T. 2005. Neutrophils that infiltrate the central nervous system regulate T cell 
responses. J Immunol 174: 5124-31 
179. Loleit V, Biberacher V, Hemmer B. 2014. Current and future therapies 
targeting the immune system in multiple sclerosis. Curr Pharm Biotechnol 
15: 276-96 
180. Stone LA, Frank JA, Albert PS, Bash C, Smith ME, Maloni H, McFarland 
HF. 1995. The effect of interferon-beta on blood-brain barrier disruptions 
demonstrated by contrast-enhanced magnetic resonance imaging in 
relapsing-remitting multiple sclerosis. Ann Neurol 37: 611-9 
181. Avolio C, Giuliani F, Liuzzi GM, Ruggieri M, Paolicelli D, Riccio P, Livrea P, 
Trojano M. 2003. Adhesion molecules and matrix metalloproteinases in 
Multiple Sclerosis: effects induced by Interferon-beta. Brain Res Bull 61: 
357-64 
182. Schwab N, Schneider-Hohendorf T, Wiendl H. 2015. Therapeutic uses of 
anti-alpha4-integrin (anti-VLA-4) antibodies in multiple sclerosis. Int Immunol 
27: 47-53 
183. 1811. On the Use of Oil of Turpentine in Taenia. Med Chir Trans 2: 24-30 
184. Michalowska-Wender G, Losy J, Wender M, Januszkiewicz-Lewandowska 
D, Nowak J. 2003. Effect of immunomodulatory treatment of multiple 
sclerosis on lymphocyte surface immunomarkers. Pol J Pharmacol 55: 877-
80 
185. Zhu B, Trikudanathan S, Zozulya AL, Sandoval-Garcia C, Kennedy JK, 
Atochina O, Norberg T, CastagnerB, Seeberger P, Fabry Z, Harn D, Khoury 
SJ, Guleria I. 2012. Immune modulation by Lacto-N-fucopentaose III in 
experimental autoimmune encephalomyelitis. Clin Immunol 142: 351-61 
186. Correale J, Farez M. 2009. Helminth antigens modulate immune responses 
in cells from multiple sclerosis patients through TLR2-dependent 
mechanisms. J Immunol 183: 5999-6012 
187. Correale J, Farez M, Razzitte G. 2008. Helminth infections associated with 
multiple sclerosis induce regulatory B cells. Ann Neurol 64: 187-99 
188. Wang Y, Da'Dara AA, Thomas PG, Harn DA. 2010. Dendritic cells activated 
by an anti-inflammatory agent induce CD4(+) T helper type 2 responses 
77 
without impairing CD8(+) memory and effector cytotoxic T-lymphocyte 
responses. Immunology 129: 406-17 
189. Srivastava L, Tundup S, Choi BS, Norberg T, Harn D. 2014. 
Immunomodulatory glycan lacto-N-fucopentaose III requires clathrin-
mediated endocytosis to induce alternative activation of antigen-presenting 
cells. Infect Immun 82: 1891-903 
190. Reyes JL, Gonzalez MI, Ledesma-Soto Y, Satoskar AR, Terrazas LI. 2011. 
TLR2 mediates immunity to experimental cysticercosis. Int J Biol Sci 7: 
1323-33 
191. Montero-Barrera D, Valderrama-Carvajal H, Terrazas CA, Rojas-Hernandez 
S, Ledesma-Soto Y, Vera-Arias L, Carrasco-Yepez M, Gomez-Garcia L, 
Martinez-Saucedo D, Becerra-Diaz M, Terrazas LI. 2015. The macrophage 
galactose-type lectin-1 (MGL1) recognizes Taenia crassiceps antigens, 
triggers intracellular signaling, and is critical for resistance to this infection. 
Biomed Res Int 2015: 615865 
 
 
	1. Portada
	2. Índice
	3. Dedicatoria
	4. Agradecimientos
	5. Resumen
	6. Introducción
	7. Justificación 8. Hipótesis 9. Objetivo General 10. Objetivos Particulares
	11. Materiales y Método
	12. Resultados
	13. Discusión y Conclusiones
	14. Anexos
	15. Referencias