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Av. Hidalgo 935, Colonia Centro, C.P. 44100, Guadalajara, Jalisco, México bibliotecadigital@redudg.udg.mx - Tel. 31 34 22 77 ext. 11959 UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA COORDINACIÓN GENERAL ACADÉMICA Coordinación de Bibliotecas Biblioteca Digital La presente tesis es publicada a texto completo en virtud de que el autor ha dado su autorización por escrito para la incorporación del documento a la Biblioteca Digital y al Repositorio Institucional de la Universidad de Guadalajara, esto sin sufrir menoscabo sobre sus derechos como autor de la obra y los usos que posteriormente quiera darle a la misma. 1 UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA CENTRO UNIVERSITARIO DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES DIVISIÓN DE ESTUDIOS HISTÓRICOS Y HUMANOS MAESTRÍA EN HISTORIA DE MÉXICO “DE AFICIONADO A PROFESIONAL: LA CONSTRUCCIÓN DEL CONOCIMIENTO BOTÁNICO EN LA GUADALAJARA DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX”. TESIS PARA OBTENER EL GRADO DE MAESTRO EN HISTORIA DE MÉXICO PRESENTA: JUAN CARLOS DE JESÚS SILVA CORTES DIRECTORA: DRA. REBECA VANESA GARCÍA CORZO GUADALAJARA, JALISCO, MARZO DE 2019 2 Páginas Índice 2 Abreviaturas 4 Índice de imágenes 5 Agradecimientos 8 Introducción 9 Capítulo 1. Antecedentes históricos de la botánica en Guadalajara 23 1.1 Antecedentes globales de la botánica 23 1.2 La construcción de la botánica mexicana (s.XVI-s.XIX) 27 1.3 La construcción del conocimiento botánico en la Guadalajara decimonónica y principios del XX 41 Capítulo 2. Actores en la construcción del conocimiento botánico en Guadalajara: de la práctica amateur a la profesionalización 55 2.1 La botánica mexicana en la primera mitad del siglo XX 56 3 2.2 Asociaciones y Universidades: Los actores colectivos en la botánica tapatía 61 2.3 Socios, maestros y alumnos: Los actores individuales en la botánica tapatía 76 Capítulo 3. Exploraciones y creación de jardines botánicos: Prácticas de los actores colectivos en la territorialización de la botánica en Guadalajara. 89 3.1 La Flora Novogaliciana y la Flora de Jalisco: dos visiones de un mismo espacio 90 3.2 Las expediciones botánicas en el occidente de México 96 3.3 El Jardín Botánico Leonardo Oliva de la UdeG 104 Capítulo 4. De amateur a botánico profesional: Salvador Rosillo de Velasco, las prácticas de un actor individual 118 4.1 Salvador Rosillo de Velasco y su lugar social en la construcción del conocimiento botánico. 120 4.2 Leer, explorar, recolectar y descubrir: Prácticas de apropiación realizadas por Salvador Rosillo de Velasco 128 4.3 Intercambios y publicaciones: prácticas de difusión del conocimiento botánico 142 4 Conclusión 159 Fuentes y bibliografía 166 Abreviaturas Archivos y Bibliotecas Archivo Histórico de la Universidad de Guadalajara (AHUG) Archivo Personal de Salvador Rosillo (APSR) Biblioteca Pública del Estado de Jalisco “Juan José Arreola” (BPEJ) Herbario de la Asociación Mexicana de Orquideología (AMO) Herbario Nacional de México (MEXU) Herbario “Carlos Díaz Luna” de la Universidad Autónoma de Guadalajara (GUADA), Agrupaciones, Institutos y Universidades Sociedad Botánica del Estado de Jalisco (SBEJ) Sociedad de Ciencias Naturales de Jalisco (SCNJ) Instituto Tecnológico (IT) Instituto de Botánica de la Universidad de Guadalajara (IBUG) Asociación Orquidófila de Guadalajara (AOG) Sociedad Orquidófila de Guadalajara (SOG) Universidad de Guadalajara (UdeG) Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG) 5 Índice de imágenes Páginas Imagen 1. Carlos Linneo 25 Imagen 2. Jardín de George Clifford 26 Imagen 3. Códice Badiano 29 Imagen 4. Francisco Hernández de Toledo 30 Imagen 5. Leonardo Oliva 42 Imagen 6. Mariano Bárcena 44 Imagen 7. Mammillaria jaliscana 53 Imagen 8. Hongos alucinógenos de la especie Conocybes siligineoides Heim 58 Imagen 9. Dioscorea composita 59 Imagen 10. Portada de la Flora del Estado de Jalisco 61 Imagen 11. Lista de Socios de la SBEJ en 1952 62 Imagen 12. Portada de Meet Flora Mexicana 66 Imagen 13. Grupo de Jaliscienses que participaron en el Congreso Mexicano de Botánica. En el centro, Salvador Rosillo de Velasco; le sigue a la izquierda, Enrique Estrada Faudón; Luis Puga Robles Gil y Luz María González Villarreal 68 Imagen 14. Lista de Socios de la SBEJ de 1952 77 Imagen 15. La yerba del sapo: Eryngium carlinae 81 Imagen 16. Karwinskia latifolia o homboldtiana: “margarita” o “tullidera” 81 Imagen 17. Orquídea, Laelia bancalarii 82 Imagen 18. Maíz perene, Zea diploperennis; y su descubridor, Rafael Guzmán 85 Imagen 19. Nueva Galicia de McVaugh 91 Imagen 20. Mapa de Nueva Galicia por Abraham de Ortelius, siglo XVI 92 Imagen 21. Nueva Galicia histórica 93 6 Imagen 22. Neomammillaria compressa 98 Imagen 23. Polianthes tuberosa 99 Imagen 24. Stevia lucida 99 Imagen 25. Salvador Rosillo de Velasco 118 Imagen 26. Laelia autumnalis 125 Imagen 27. Vainilla, Vanilla sp. 125 Imagen 28. Govenia Lilaceae. 126 Imagen 29. Bletia campanulata 126 Imagen 30. Pogonia ophiogloides 127 Imagen 31. Dendrobium sp 127 Imagen 32. Mormodes luxatum 129 Imagen 33. Oncidium tigrinum 129 Imagen 34. Leochilus crocodiliceps 130 Imagen 35. Oncidium karwinskii 130 Imagen 36. Oncidium flavovirens 131 Imagen 37. Erycina diaphana 131 Imagen 38. Oncidium maculatum 132 Imagen 39. Epidendrum boothianum 133 Imagen 40. Laelia sawyerii o Schomburgkia galeottiana 133 Imagen 41. Catasetum russelianum o Clowesia russeliana 135 Imagen 42. Barkeria naevosa 136 Imagen 43. Oncidium longifolium u Oncidium cebolleta 136 Imagen 44. Laelia majalis o Laelia speciosa 137 7 Imagen 45. Epidendrum vitellinum 138 Imagen 46. Encyclia concolor 139 Imagen 47. Encyclia rhombilabia 139 Imagen 48. Laelia anceps dowsonii del sur de Jalisco 140 Imagen 49. Encyclia pollardiana 141 Imagen 50. Bletia tamayoana 143 Imagen 51. Mormodes oceloteoides 144 Imagen 52. Osmoglossum dubium 144 Imagen 53. Mormodes pabstiana 146 Imagen 54. Mormodes ramirezii 146 Imagen 55. Deiregyne xoxonitla 147 Imagen 56. Laelia catarinensis 148 Imagen 57. Stanhopea novogaliciana 149 Imagen 58. Stanhopea intermedia 150 Imagen 59. Osmoglossum anceps u Osmoglossum egertonii 151 Imagen 60. Mormodes chihiltlapalli 152 Imagen 61. Ejemplo de una especie de Habenaria 153 Imagen 62. Mormodes pardalinata 154 Imagen 63. Mormodes tezontle 155 Imagen 64. Mormodes saccata 155 Imagen 65. Epidendrum examinis156 Imagen 66. Epidendrum rosilloi 157 Imagen 67. Epidendrum anistatum 158 8 Agradecimientos A la memoria de mis abuelas, Florentina Silva y Margarita Gómez. Han sido años en los que experimenté un crecimiento personal, en el que contribuyeron mis padres, María Imelda Cortes Gómez y Juan Carlos Silva Sánchez, mis hermanos Elizabeth y Osvaldo, y mis tías María de Jesús Cortes Gómez y Everia Gómez. Asimismo, fue invaluable y apreciadísimo el apoyo que me dieron el Dr. León Felipe Félix Lugo, su esposa Angélica Martín del Campo, y su hija Geli; el Maestro Otto Schöndube Baumbach y su esposa Elisabeth Friedewold Stansch; y mis excelentes amigos, Luis Granados, José Javier Coz y su hijo Patricio, y Daniel Rodrigo Villaseñor. Todos ellos me animaron a seguir adelante en los tiempos que la fuerza menguó. Estoy en deuda con la Dra. Rebeca Vanesa García Corzo, quien nunca dejó de creer en mí, siempre la admiraré por su disciplina sobrehumana. Asimismo, doy las gracias al Dr. David Carvajal López, quien me alentó a inscribirme en esta Maestría; a la Dra. Claudia Gamiño y al Maestro Otto Schöndube por haberme dado sendas cartas de recomendación para ser concursar entre los candidatos para ingresar a dicho programa. También tengo el gusto y deber de agradecer a los profesores que me impartieron clases, y al personal administrativo de la Maestría. Entre los primeros a las Dras. Águeda Jiménez, Rosa Alicia Torres, Elisa Cárdenas, Pilar Gutiérrez, Leticia Ruano y Gladys Lizama; y los Dres. Jorge Trujillo, Federico de la Torre, José Rojas Galván y Refugio de la Torres; en entre los segundos al Dr. Hugo Torres, antiguo coordinador de la maestría, a su asistente Socorro Ochoa, y de nueva cuenta a la Dra. Leticia Ruano, actual coordinadora, quienes me alentaron para alcanzar este logro. Mis compañeros de generación fueron ejemplos de dedicación y acicates para concluir este compromiso, a todos ellos mil gracias. De igual modo, agradezco los consejos de la Dra. Betania Rodríguez durante su estancia postdoctoral en nuestra Maestría. Igualmente, tengo la responsabilidad de agradecer a Luz Consuelo Rosillo Domínguez y a Francisco Suro González por haberme facilitado los documentos sobre la orquideología en Guadalajara y la vida de Salvador Rosillo de Velasco que permitieron construir mi tesis. Y por último, y especialmente a Dios por haberme permitido vivir esta experiencia. 9 Introducción La botánica es la ciencia que estudia las plantas, hoy en día se le considera una de tantas ramas de la biología contemporánea. Antaño, su análisis estuvo a cargo de la historia natural, que también ahondaba en los reinos animal, mediante la zoología, y mineral. La biología, en un proceso acaecido desde el siglo XVIII hasta la primera mitad del XX, sustituyó a la historia natural en la observación de los fenómenos de la vida, suscitándose una segregación y refinación de temas. Por un lado, la biología apartó de sí todo lo que no perteneciera al mundo vivo, de manera que los minerales no eran objeto de su estudio, pasándose éstos al dominio de la geología y la química. Y por otro, ya no sólo se consideró la existencia de dos reinos de entes vivos, sino que de éstos se desplegaron otros donde se agruparon las bacterias, las algas verdes, los hongos u otros seres microscópicos; esto gracias a los estudios más reflexivos y menos descriptivos originados por teorías que revolucionaron la concepción del orden natural, como la de la evolución (1859) de Charles Darwin y las leyes de la genética (1865) de Gregor Johann Mendel.1 Existen diferencias cualitativas entre la botánica que una vez fue del dominio de la historia natural, y la botánica tutorada por las modernas ciencias biológicas. Éstas se pueden agrupar en el hecho que la primera sólo se encargaba de recolectar, describir y clasificar las plantas de acuerdo al sistema ideado por Carlos Linneo en el siglo XVIII, el cual se basaba en su morfología y, principalmente, en sus rasgos sexuales, presentes en las flores; agrupándolas en familias de acuerdo a esas características. Ahora bien, la botánica entendida por la biología es una ciencia que no se satisface con la descripción y clasificación de los vegetales, sino que busca comprender el desarrollo evolutivo de éstos; por medio de teorías como las de Darwin, Wallace, Mendel y otros; así como la relación entre diferentes especies de plantas y animales en sus respectivos hábitats, a través de disciplinas como la ecología. Un rasgo común entre la botánica estudiada por la historia natural y la biología es que ambas han puesto sus avances al servicio de otros saberes, como la medicina y la agronomía. 1 Charles Darwin fue un naturalista británico que propuso la teoría de la evolución biológica por medio de la selección natural. Con la publicación de El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida en 1859 comenzó lo que se conoció como evolucionismo. Gregor Johann Mendel fue un monje agustino católico y naturalista que trabajó en las hoy conocidas como leyes de Mendel que versan sobre la herencia genética. 10 En este punto es necesario diferenciar la botánica pura de la botánica aplicada. La primera estudia la morfología, fisiología, taxonomía, relaciones ecológicas y evolutivas de las plantas; en resumen, aspectos teóricos. Mientras que la segunda investiga cómo estos conocimientos se pueden aplicar en las áreas médica, agrícola, hortícola, alimentaria, industrial, entre otras; y recuerda que la botánica, como ciencia, es un producto cultural encauzado a facilitar las actividades del ser humano a través de saberes y discursos construidos por intereses sociales, políticos, ideológicos y económicos.2 Lo expuesto arriba sugiere que la botánica es una construcción socio-cultural, en la que se han conjugado actores y prácticas con variaciones propias de un lugar a otro. En México, el devenir histórico de esta ciencia no ha sido homogéneo; pues, solamente en su capital, la Ciudad de México, ha existido una tradición constante en los estudios botánicos desde 1788, con la instalación de la Real Cátedra de Botánica, hasta la actualidad, con la existencia de centros especializados en la materia, como el Instituto de Biología de la UNAM, donde se preparan y laboran recursos humanos que dan continuidad a la investigación del reino vegetal. Mientras tanto, en el resto del país los adelantos en esta disciplina han sido intermitentes. Tal es el caso de Guadalajara, donde a mediados del siglo XIX y principios del XX, la botánica tuvo su cenit por los trabajos de Leonardo Oliva, Reyes García Flores, Mariano Bárcena y Adrián Puga; tras la muerte de dichos personajes, esta ciencia se estancó; y no fue hasta 1952 que resurgió el interés en temas botánicos con la fundación de la Sociedad Botánica del Estado de Jalisco, integrada por aficionados, lo que llevó al paulatino crecimiento y desarrollo de este saber. Expresado lo anterior, el objetivo de esta investigación es explicar cómo en Guadalajara, los aficionados o amateurs (conceptos que serán usados indistintamente) se apropiaron de un espacio cognitivo que por décadas estuvo desatendido: el de la botánica. La necesidad de investigar el desarrollo histórico de la botánica en Guadalajara, se debe a que es poca y difusa la información sobre el tema, a pesar deque ahí se encuentran instituciones sólidamente arraigadas en el ejercicio y fomento de esa ciencia, como el Instituto de Botánica de la Universidad de Guadalajara y el herbario y jardín botánico de la 2 Rebeca García Corzo, “Cómo acercarse a la historia socio-cultural de las ciencias desde una perspectiva local: una propuesta metodológica”, en Patricia Torres (coord.), Uso y construcción de las fuentes orales, escritas e iconográficas, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 2007, p.190. 11 Universidad Autónoma de Guadalajara. Asimismo, dicha urbe está rodeada de espacios con importancia ecológica, como la barranca del río Santiago y los bosques de la Primavera y el Nixticuil. La oportunidad para ahondar en el tema, y rellenar los huecos de información, se presentó al ingresar en el programa de la Maestría en Historia de México de la Universidad de Guadalajara, el cual ya había acogido trabajos que enriquecieron el conocimiento sobre el pasado local de la ciencia y la historia medioambiental; éstos fueron: de Guillermo Bravo Mar, La sociedad científica “Antonio Alzate” (1884-1912);3 de Teresa Gómez Pérez, Industria medio ambiente y sociedad: Guadalajara, 1840-1900; 4 de Rebeca Vanesa García Corzo, De ciencias naturales y biología. Apuntes para el estudio del proceso de institucionalización de la biología en Guadalajara;5 de Zoraya Melchor Barrera, Desarrollo de la Institucionalización de la salud pública en Jalisco, 1833-1910;6 de Rafael Sánchez Villegas, Monstruos de laboratorio. La ciencia en el cine fantástico mexicano;7 1945-1969; de Hugo Humberto Salas, Higiene, asistencia hospitalaria y práctica médica en Guadalajara, 1771-1824,8 y Exposiciones y Sociedad Jalisciense, 1878-1904. Presencia en las exposiciones internacionales, de Julio Alejandre.9 Por estos ejemplos, la presente investigación es pertinente al programa de la Maestría en Historia de México, pues éste, a través de su consejo académico, ha mostrado interés por apoyar las investigaciones (aún pocas) que analicen el desarrollo científico de Jalisco y el Occidente de México. De igual modo, esta tesis le atañe a la Universidad de Guadalajara en general, ya que ésta ha sido escenario y actor en la construcción del conocimiento botánico local, a través de su Instituto de Botánica. En el plano global, La historia de la botánica comenzó a ser redactada por los botánicos mismos;10 cítese el ejemplo del alemán Julius von Sachs, especialista en fisiología 3 Dirigido por Gladys Lizama Silva, en 2002. 4 Bajo la dirección de Sergio Valerio Ulloa, en 2005 5 Tesis defendida en 2005, con la asesoría de Lilia Oliver Sánchez. 6 También dirigida por Lilia Oliver Sánchez, presentada en 2008. 7 Dirigido por Ana María de la O, en 2008. 8 Dirigido por Águeda Jiménez Pelayo, en 2012. 9 Sergio Manuel Valerio Ulloa como director, en 2012 10 De acuerdo a Thomas Kuhn, en un inicio, quienes escribían y leían la historia de las ciencias eran los hombres de ciencia; para ellos, la historia era una suerte de herramienta pedagógica con la cual trasmitirían sus logros a las siguientes generaciones de colegas; estos conocimientos se plasmaban en la sección histórica que encabeza la mayoría de los tratados y monografías técnicas, siendo éstas las primeras formas y fuentes exclusivas de la historia de la ciencia. A penas en los albores del siglo XX, los historiadores u otros profesionales de ciencias sociales se encargaron de dilucidar el pasado científico. Apud. Thomas S. Kuhn, “La historia de la ciencia”, en 12 vegetal, quien escribió Die Geschichte der Botanik vom 16. Jahrhundert bis 1860, publicada en 1875. Este trabajo, dividido en tres libros, trata sobre el desarrollo histórico del estudio de la morfología, la clasificación, la anatomía y la fisiología de las plantas, principalmente en Alemania y los Países Bajos. La obra de Sachs se aborda desde una perspectiva internalista, es decir, aquella que rechaza cualquier influencia de factores económicos y sociales en el desarrollo de la ciencia.11 Por otra parte, la visión que concibe a la ciencia como una expresión más de las condiciones económicas y sociales es la externalista.12 Durante años se ha dado preferencia a los abordajes históricos de la botánica desde la visión internalista; ejemplo de ello es la valoración del botánico Joseph Ewan quien manifestó no estar en contra de que los historiadores se ocuparan de la historia de su disciplina; sin embargo, consideraba que está sería mucho mejor dilucidada por sus colegas debido a que entendían los problemas de la botánica en el pasado.13 No obstante, esta postura es limitada, ya que, si bien es cierto que los botánicos tienen un conocimiento más profundo sobre su materia de estudio, con mucha seguridad podrían no estar suficientemente familiarizados con los distintos contextos históricos que influyeron en la misma; y, de ese modo, la explicación que pudieran ofrecer se circunscribiría a una representación endógena de su realidad. Por ello, un historiador de carrera, con conocimientos de botánica, pudiera ofrecer un panorama integral del pasado de esa ciencia; ya que su discurso tomaría en cuenta el contexto social y cultural que incidieron activamente en su configuración. The Botanizers,14 es una investigación que bien puede considerarse como una amalgama entre las perspectivas internalista y externalista. En ella se analiza el quehacer de los botánicos con sus implicaciones sociales y culturales en los Estados Unidos, durante el siglo XIX. Su autora, la historiadora norteamericana, Elizabeth B. Keeney, examina el cambio de aficionado a científico, demostrando la separación gradual a través del Juan José Saldaña Introducción a la teoría de la historia de las ciencias, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1989, p. 195. 11 Semën Romanovič Mikulinsky, “La controversia internalismo-externalismo como falso problema”, en Juan José Saldaña, Introducción, op. cit., p.232. 12 Ídem. 13 Joseph Ewan, “Opportunities in Botanical History”, en Taxon, International Association for Plant Taxonomy (IAPT), Vol. 19, Núm. 6, diciembre de 1970, p. 825. 14 Elizabeth B. Keeney, The Botanizers: Amateur Scientists in Nineteenth-Century America, Chapel Hill, University of North Carolina Press, 1992, 206 pp. 13 planteamiento de objetivos que cada grupo se hizo. Mientras los botánicos profesionales definieron que su disciplina se centrara en el laboratorio, los aficionados la encauzaron por la senda de la autoeducación e improvisación. Por ello, en lugar de eliminar los botánicos aficionados; simplemente se hizo la distinción que la botánica les atañía a los profesionales; y el estudio de la naturaleza correspondía a los aficionados. Aunque Keeney estuvo interesada en la profesionalización, su principal preocupación fue contar la historia de los botánicos aficionados en el marco de la cultura del siglo XIX. Ella cuenta que los amateurs vieron en la botánica un espacio para expresar su representación del mundo, como la contemplación religiosa. Igualmente, hace notar que la botánica fue un saber disponible para las masas, pues en su desarrollo participaron tanto mujeres, hombres y niños; ya que esta ciencia estuvo incluida en el currículo de muchas escuelas, y había numerosas sociedades amateurs dedicadas a suestudio. En el plano nacional, son pocas y recientes las investigaciones sobre el quehacer de los botánicos y otros científicos, tal y como se hizo en The Botanizers; una de éstas es el análisis sobre las sociedades científicas mexicanas durante el siglo XIX de Juan José Saldaña y Luz Fernanda Azuela, quienes se sirvieron de la propuesta teórico-metodológica de Keeney para distinguir a los hombres de ciencia profesionales de los amateurs a partir de las contribuciones que hicieron en las agrupaciones a las que pertenecieron.15 A pesar de la observación integral ofrecida por Saldaña y Azuela, tradicionalmente, la bibliografía acerca de la historia de la botánica en México ha estado bifurcada entre las tendencias del internalismo y externalismo. No es una regla, pero, los trabajos de naturaleza internalista han sido escritos por profesionales de la medicina, biología o botánica; y, los redactados a modo externalista han sido hechos por estudiosos de las ciencias sociales. Entre las obras internalistas que tratan sobre la botánica en México, en primer lugar, está la Breve Historia de la Botánica en México,16 libro que sintetiza el pasado de esa ciencia desde los tiempos prehispánicos hasta la actualidad. Este texto reduce el desarrollo del 15 Juan José Saldaña y Luz Fernanda Azuela, “De amateurs a profesionales. Las sociedades científicas en México en el siglo XIX”, en Quipu. Revista de la Sociedad Latinoamericana de Historia de la Ciencia y de la Tecnología, México, Sociedad Latinoamericana de Historia de la Ciencia y de la Tecnología, Vol. 11, Núm. 2, mayo-agosto de 1994, pp. 135-171. 16 Teófilo Herrera et al., Breve Historia de la Botánica en México, México, Fondo de Cultura Económica, 1998, 163 pp. 14 conocimiento botánico nacional a nombres, fechas y lugares, sin abundar en los aspectos sociales, económicos y políticos que pudieron haber motivado las prácticas y los contenidos de esta disciplina; sus autores fueron el micólogo Teófilo Herrera, los ficólogos Martha M. Ortega y José Luis Godínez Ortega y el bibliotecario Armando Butanda Cervera. Posteriormente, a modo de adenda al texto anterior, Teófilo Herrera y Armando Butanda escribieron un artículo para el compendio Las ciencias naturales en México,17 coordinado por el biomédico Hugo Aréchiga y el biólogo Carlos Beyer, en él abundaron acerca de las perspectivas teóricas que definieron el curso de la botánica mexicana en el siglo XX; tomando como base las crónicas de Faustino Miranda18 y Jerzy Rzedowski19, estos últimos fueron actores de la construcción del conocimiento botánico mexicano en la segunda mitad del siglo XX. Rzedowski se ha distinguido por ser un botánico interesado en comprender su disciplina de acuerdo al contexto de cada época, por ello publicó trabajos en los que expone el pasado de su profesión, tal es el caso del resumen histórico de los estudios de la vegetación en México,20 donde describió las principales preocupaciones que han resultado en la observación del reino vegetal en dicho país. Asimismo, otros textos de carácter histórico de ese mismo autor son Los principales colectores de plantas activos en México21 y La botánica mexicana en la década de los cincuentas en México.22 En el primero se reúnen los aspectos básicos de las personalidades que registraron ejemplares de plantas desde el siglo XVIII hasta 1930; y en el segundo se narra, desde su experiencia, cómo fue el proceso de consolidación 17 Teófilo Herrera y Armando Butanda, “La botánica en México. Contribuciones, estado actual y perspectivas”, en Hugo Aréchiga y Carlos Beyer (coordinadores.), Las ciencias naturales en México, México, Fondo de Cultura Económica, 1999, pp.169-211. 18 Faustino Miranda, “La botánica en México en el último cuarto del siglo” en Revista de la Sociedad Mexicana de Historia Natural, México, Sociedad Mexicana de Historia Natural, Vol. 22, 1961, pp. 85-111. 19 Jerzy Rzedowski, “Un siglo de botánica en México” en Boletín de la Sociedad Botánica de México, México, Sociedad Botánica de México, Núm. 40, 1981, pp. 1-14. 20 Jerzy Rzedowski, Vegetación de México, México, Limusa, 1978, 342 pp. 21 Jerzy Rzedowski et al., Los principales colectores de plantas activos en México entre 1700 y 1930, Pátzcuaro, Instituto de Ecología, A.C., Centro Regional del Bajío Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, 2009, 144 pp. 22 Jerzy Rzedowski y Graciela Calderón de Rzedowski, “La botánica mexicana en la década de los cincuentas en México”, en Francisco Javier Dosil Mancilla (coord.), Faustino Miranda: Una vida dedicada a la botánica, Morelia, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo/Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2007, pp.215-221. 15 de la botánica a partir de los descubrimientos incentivados por el interés de las autoridades mexicanas en conocer la flora nacional. Otro biólogo, Enrique Beltrán, de hecho el primer mexicano en graduarse como tal,23 escribió unos artículos para la Revista de la Sociedad Mexicana de Historia Natural; en los que reflexionó sobre las expediciones españolas a América en el periodo de la Ilustración,24 los textos mexicanos sobre botánica en el siglo XIX25, y la importancia de la revista Naturaleza entre la comunidad de científicos decimonónicos.26 Beltrán hizo un significativo legado al estudio histórico de las ciencias biológicas al donar su ingente colección de libros sobre diversos temas, en especial de botánica y temas afines, a la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco Juan José Arreola. Coetáneo a Enrique Beltrán fue el médico sinaloense Manuel Maldonado Koerdell, también interesado en el legado bibliográfico de las generaciones pretéritas de estudiosos de la botánica en México. Este personaje publicó en 1942 el artículo Estudios etnobiológicos,27 donde puso en orden, de acuerdo a importancia o amplitud de temas, los textos sobre el desarrollo histórico de dicha ciencia en México, tratando lo referente al conocimiento sobre los vegetales que poseían los pueblos indígenas mexicanos, para lo cual tomó como base la monografía hecha por Francisco del Paso y Troncoso en torno a la botánica entre los nahuas.28 Ida Kaplan Langman, al igual que los autores anteriores, se dio cuenta de la importancia de la literatura sobre plantas mexicanas, la cual estaba dispersa; por ello, realizó pesquisas en bibliotecas y archivos para organizar esa información y presentarla en un colosal 23 Enrique Beltrán, Medio siglo de recuerdos de un biólogo mexicano, México, Sociedad Mexicana de Historia Natural, 1977, p. 17. 24 Enrique Beltrán, “Las reales expediciones botánicas del siglo XVIII a Hispano América”, en Revista de la Sociedad Mexicana de Historia Natural, México, Sociedad Mexicana de Historia Natural, Vol. 28, 1967, pp.179-249. 25 Enrique Beltrán, “Textos mexicanos de botánica del siglo XIX”, en Revista de la Sociedad Mexicana de Historia Natural, México, Sociedad Mexicana de Historia Natural, Vol. 27, 1966, pp.245-265. 26 Enrique Beltrán, “«La Naturaleza», periódico científico de la Sociedad Mexicana de Historia Natural. 1869- 1914. Reseña bibliográfica e índice general”, en Revista de la Sociedad Mexicana de Historia Natural, México, Sociedad Mexicana de Historia Natural, Vol. 9, Núms.1-2, 1948, pp. 145-174. 27 Manuel Maldonado Koerdell, “Estudios etnobiológicos: Notas a una bibliografía mexicana de botánica”, en Boletín Bibliográfico de Antropología Americana (1937-1948),Instituto Panamericano de Geografía e Historia, Vol. 6, Núm., enero-diciembre de 1942, pp. 61-74. 28 Francisco del Paso y Troncoso, “Estudio sobre la historia de la medicina en México. La Botánica entre los nahoas”, en Anales del Museo Nacional de México 1ª época, México, Imprenta de Ignacio Escalante, tomo III, 1886, pp. 137-235. 16 volumen titulado Guía seleccionada de la literatura sobre plantas con flores de México.29 Otro botánico que realizó búsquedas en archivos, tal y como hace un historiador, fue Rogers McVaugh, cuyos trabajos sobre las exploraciones de Martín Sessé,30 Wilhelm Karwinski31 y otros personajes por el occidente de México32 están respaldados con información de los archivos del Real Jardín Botánico de Madrid y otros repositorios de México y Estados Unidos. A pesar de que las obras anteriores cuentan con abundante información, el panorama histórico que ofrecen sobre la botánica nacional es un tanto limitado por estar narrado desde las entrañas de la misma disciplina; pues, como se ha dicho, no toman en cuenta los factores externos. Para subsanar este problema, los expertos formados en las ciencias sociales y humanidades han gestado investigaciones que aportan novedades a ese tema, como comprender las prácticas de exploración, recolección y descripción de la riqueza florística de México de acuerdo a las corrientes intelectuales de la época y a los intereses de los actores políticos de entonces. Ejemplos de tales adendas son los trabajos de los extintos historiadores María Lilia Díaz López y Roberto Moreno de los Arcos. La primera se aventuró a escudriñar en los archivos mexicanos los documentos que aportaran más información sobre el Jardín Botánico de la Nueva España y las expediciones de Sessé;33 y el segundo, también interesado en la génesis de la botánica institucional en México, explicó el impacto de la primera cátedra de botánica en la Nueva España34 y la aceptación del sistema binominal de Carlos Linneo.35 29 Ida Kaplan Langman, Selected Guide to the Literature on the Flowering Plants of Mexico. University of Pennsylvania Press, Filadelfia, 1964, 1015 pp. 30 Rogers McVaugh, “Botanical Results of the Sessé & Mociño Expedition (1787-1803)”, en Contributions from the University of Michigan Herbarium, Ann Arbor, Michigan, University of Michigan, Vol. 11, Núm. 3, 1977, pp. 97-195. 31 Rogers McVaugh, “Karwinski’s itineraries in Mexico, 1827-1832 and 1841-1843”, en Contributions from the University of Michigan Herbarium, Ann Arbor, Michigan, University of Michigan, Vol. 14, 1980, pp. 141- 152. 32 Rogers McVaugh, “Botanical Exploration in Nueva Galicia, México”, en Contributions from the University of Michigan Herbarium, Ann Arbor, Michigan, University of Michigan, Vol. 9, Núm. 3, 1972, pp. 205-357. 33 María Lilia Díaz López, “El Jardín Botánico de la Nueva España y la obra de Sessé según documentos mexicanos”, en Historia Mexicana, México, El Colegio de México, Vol. 72 Núm. 1, julio-septiembre, 1977, pp. 49-78. 34 Roberto Moreno de los Arcos, La primera cátedra de botánica en México, 1788, México, Sociedad Botánica de México/Sociedad Mexicana de Historia de la Ciencia y de la Tecnología, 1988,145 pp. 35 Roberto Moreno de los Arcos, Linneo en México: Las controversias sobre el sistema binario sexual (1788- 1798), México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1989, 274 pp. 17 Asimismo, otros colegas de Díaz López y Moreno de los Arcos se han interesado en la botánica mexicana durante los últimos años de la colonia; en especial, sobre el tema de las expediciones científicas, como Virginia González Claverán, acerca del explorador Alejandro Malaspina;36 Daniela Bleichmar, sobre el legado pictórico de los viajes con fines botánicos al nuevo mundo;37 y Angélica Morales Sarabia, socióloga, y Patricia Aceves Pastrana, química, quienes juntas contextualizaron las acciones anteriores dentro una corriente científica nacional, la cual denominaron el naturalismo mexicano, 38 que a finales del siglo XIX decantó en la creación de una materia médica con especies autóctonas.39 Para Morales Sarabia la práctica científica de la botánica se consolidó durante el porfiriato, esta tesis la plasma en su más novedoso trabajo sobre la vida de José Ramírez, influyente investigador del Instituto Médico Nacional.40 El tema de la construcción del conocimiento botánico en México durante el siglo XIX y la primera mitad del XX ha sido recientemente abordado por una nueva generación de historiadores que se formaron como biólogos profesionales o afines, aportando estudios equilibrados, sin caer en los vicios de postulados meramente internalistas o externalistas. De ellos destacan Graciela Zamudio, con obras sobre las expediciones botánicas del siglo XVIII41 y de la botánica mexicana decimonónica.42 Otra bióloga-historiadora es Consuelo Cuevas Cardona, quien, sola o en pareja con científicos sociales, ha propuesto nuevos enfoques sobre la vida de los personajes y organismo que afianzaron la institucionalización 36 Virginia González Claverán, La expedición científica de Malaspina en Nueva España (1789-1794), México, Colegio de México/Centro de Estudios Históricos, 1988, 528 pp. 37 Daniela Bleichmar, El imperio visible: Expediciones botánicas y cultura visual en la Ilustración hispánica, México, Fondo de Cultura Económica, 2016, 294 pp. 38 Angélica Morales Sarabia, y Patricia Aceves Pastrana, “Los materiales de la real expedición botánica a la Nueva España, en el contexto del naturalismo mexicano de finales del siglo XIX”, en Llull: Revista de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y las Tecnologías, España, Sociedad Española de Historia de las Ciencias y las Tecnologías, Vol. 34, Núm. 73, 2011, pp. 61-80. 39 Angélica Morales Sarabia, y Patricia Aceves Pastrana, “Datos para la materia médica mexicana (1894-1908): plantas medicinales, terapéutica y nacionalismo, en Circumscribere: International Journal of the History of Science, Center Simão Mathias for Studies in the History of Science, Vol. 9, 2011, pp. 11-28. 40 Angélica Morales Sarabia, La consolidación de la botánica mexicana. Un viaje por la obra del naturalista José Ramírez (1852-1904), México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2015, 289 pp. 41 Graciela Zamudio, “Las expediciones botánicas a América en el siglo XVIII”, en Ciencias, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Núm. 29, enero de 1993, pp. 47-51. 42 Graciela Zamudio, “La Botánica y los botánicos al finalizar el siglo XIX mexicano”, en Azuela, Luz Fernanda y Rodríguez-Salas, María Luisa (coords.), Estudios históricos sobre la construcción social de la ciencia en América Latina, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2013, pp. 125-152. 18 de esta ciencia en México, como los botánicos Maximino Martínez43 y Alfonso Luis Herrera,44 y el Instituto Médico Nacional.45 Sobre esta entidad, Nina Hinke Schultze, maestra en ciencias, también realizó una investigación en la que explica cómo las políticas públicas dictaminaron por cuáles rutas debía avanzar la investigación botánica.46 Rodrigo Vega y Ortega es de los miembros más jóvenes de este grupo de investigadores, él se ha abocado a explicar los procesos de apropiación y representación de la botánica durante la primera mitad del siglo XIX a través de las publicaciones periódicas.47 En lo tocante al plano local, son pocoslos autores que han abordado el tema de la historia de la botánica, quienes lo han hecho, en un principio, fueron los pioneros en el estudio de esta ciencia, de manera que su discurso tenía matices de una visión internalista y caían en una narrativa nostálgica, como los ensayos de Luz María Villarreal de Puga48 y sus alumnos Martha Cedano, Luis Villaseñor Ibarra y Raymundo Ramírez Delgadillo,49 sobre el Instituto de Botánica de la Universidad de Guadalajara. Otro actor del proceso constructivo cognitivo de la botánica local fue Enrique Estrada Faudón, quien, en sus últimos años de vida, redactó sus memorias acerca de los sucesos importantes dentro de la Sociedad Botánica del Estado de Jalisco, organismo que marcó las líneas que se siguieron en la práctica de esta ciencia.50 A pesar del anecdotismo de las obras anteriores, éstas revelan nexos y vínculos sociales que permiten comprender la circulación del conocimiento entre los actores involucrados. 43 Consuelo Cuevas Cardona y Carmen López Ramírez “Cambios de gobierno en la vida de un botánico mexicano: Maximino Martínez (1888-1964)”, en Historia Mexicana, México, El Colegio de México, Vol. 58, Núm. 3, enero-marzo, 2009, pp. 973-1004. 44 Consuelo Cuevas Cardona e Ismael Ledesma Mateos “Alfonso L. Herrera: Controversias y debates durante el inicio de la biología en México”, en Historia Mexicana, México, El Colegio de México, Vol. 55, Núm. 3, enero-marzo, 2006, pp. 973-1013. 45 Consuelo Cuevas Cardona y Juan José Saldaña, “El Instituto Médico Nacional de México. De sus orígenes a la muerte de su primer director (1888-1908)”, en Juan José Saldaña, Estudios sobre la institucionalización de la docencia y la investigación científica, México, UNAM/Facultad de Filosofía y Letras, 2005, 409 pp. 46 Nina Hinke Schultze, El Instituto Médico Nacional: la política de las plantas y los laboratorios a fines del siglo XIX, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2011, 228 pp. 47 Rodrigo Vega y Ortega, “Recreación e instrucción botánicas en las revistas de la ciudad de México, 1835- 1855”, en Historia Crítica, Bogotá, Universidad de los Andes, No. 49, enero-abril 2013, pp.109-133. 48 Luz María Villarreal de Puga, “Pasado, presente y futuro del Instituto de Botánica” en Boletín Informativo del Instituto de Botánica, Guadalajara, Departamento de Ciencias Biológicas Escuela Superior de Agricultura Universidad de Guadalajara, Núm. 1, julio de 1974, pp.6-9. 49 Martha Cedano, Luis Villaseñor Ibarra y Raymundo Ramírez Delgadillo “Historia del Instituto de Botánica” en Boletín del Instituto de Botánica de la Universidad de Guadalajara, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, Vol. 4, Núms. 1-3, 3ª época, 1996, pp.1-34. 50 Enrique Estrada Faudón, Retrocediendo sobre mis pasos: Episodios autobiográficos, Guadalajara, Editorial Ágata, 2004, 255 pp. 19 Por otra parte, son muy recientes y escasos los escritos sobre el pasado de la botánica en Guadalajara vistos desde las ciencias sociales. María Luisa Chavoya Peña, socióloga, fue la primera en examinar el Instituto de Botánica con dicha óptica; ella encontró que en torno a ese organismo se construyó una cultura de la investigación, con figuras de liderazgo, elemento que coadyuvó a la institucionalización de la práctica botánica.51 Por su parte, Rebeca García Corzo, historiadora, analizó el proceso de construcción de las ciencias biológicas en la capital jalisciense desde 1840 hasta 1925; esta autora sostiene que las prácticas como el establecimiento de espacios educativos, la creación de jardines botánicos, la publicación de obras referentes a la naturaleza jalisciense y la congregación de individuos en asociaciones promovieron la institucionalización de la botánica y zoología a nivel local.52 Por la literatura expuesta arriba, pueden plantearse como principal problema que la mayoría de los estudios sobre la historia de la botánica en México se han enfocado en su capital; de manera que son escasos los trabajos sobre el pasado de la botánica al interior del país. Para el caso de Guadalajara, las investigaciones de María Luisa Chavoya y Rebeca García Corzo apenas revelan una parte de las prácticas científicas de la biología tapatía, y tampoco dejan en claro el origen de la práctica moderna de la botánica en esta ciudad; es por ello que, la presente investigación pretende ser una adenda a las contribuciones de estas investigadoras, y aportar más información al estudio histórico del pasado botánico local. Para lo anterior se parte de la siguiente pregunta: ¿De qué manera los aficionados se apropiaron del ejercicio y práctica de la botánica? Como respuesta, se presenta la hipótesis de que la construcción del conocimiento botánico, en la Guadalajara de la segunda mitad del siglo XX, se generó por los amateurs, quienes diseñaron estrategias y prácticas acordes a su contexto local para apropiarse de este saber y de su ejercicio institucional; esto se debió a que la mayoría de tales personajes se desempeñaban en profesiones que requerían nociones de botánica, como médicos, farmacéuticos o ingenieros; asimismo, eran catedráticos en espacios educativos, o funcionarios civiles cuya posición en la sociedad y holgadas vidas les 51 Vid. María Luisa Chavoya Peña, Institucionalización de la Investigación en la Universidad de Guadalajara ̧ Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 2002, 399 pp.6 52 Vid. Rebeca García Corzo, La construcción de las ciencias biológicas en Guadalajara (1840-1925). Aproximación al proceso de institucionalización de la Biología local, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 2009, 399 pp. 20 permitieron realizar viajes, comprar libros, mantener colecciones de plantas y congregarse en agrupaciones que fomentaran el estudio sobre el reino vegetal. La propuesta teórico-metodológica que será usada para explicar esta investigación es la territorialización, ésta se define como el conjunto de acciones que realiza un actor geográfico, ya sea individual o colectivo, para identificar, definir y producir un espacio como territorio. Dicho concepto fue utilizado por García Corzo en su ya citada tesis,53 y se basó en el planteamiento de Ryzard Rózga Luter, quién concibe el territorio como una extensión espacial delimitada, que incluye una relación de poder o posesión por parte de un individuo o un grupo social, éstos ejercen un grado de control, el cual se manifiesta mediante un conjunto de prácticas y sus expresiones materiales y simbólicas que garantizan la apropiación y permanencia.54 En resumen, para el análisis de un proceso de territorialización se conjugan tres elementos: actores, prácticas y espacio; lo cual se hará en esta investigación para explicar la construcción y apropiación del espacio cognitivo de la botánica en la Guadalajara contemporánea. Asimismo, aquí se justifica tratar la botánica como una extensión física por controlar, ya que las acciones que se ejercieron sobre esta ciencia fueron similares a las que se realizarían sobre un terreno, como la exploración de campo, la delimitación de fronteras, o el registro de nuevas especies de plantas con los nombres de sus descubridores; esto último análogo al bautizo de una tierra por su conquistador. Para sustentar el modelo teórico-metodológico propuesto, fue necesario reunir un cuerpo de pruebas que demostraran lo planteado. Las fuentes que sustentan esta investigación se localizaron en el Archivo Histórico de la Universidad de Guadalajara (AHUG), el Archivo Personal de Salvador Rosillo, la BibliotecaPública del Estado de Jalisco “Juan José Arreola” (BPEJ), especialmente en los fondos de Enrique Beltrán y Enrique Estrada Faudón, y el Herbario de la Asociación Mexicana de Orquideología (AMO). La documentación que se revisó en estos repositorios fue bastante heterogénea, dado que, por un lado, se obtuvieron los nombres de los miembros de las agrupaciones que aquí se presentan, los boletines de las 53 Vid. Rebeca García Corzo, De ciencias naturales y biología. Apuntes para el estudio del proceso de institucionalización de la biología en Guadalajara (1840-1923), Guadalajara, Tesis de Maestría en Historia de México, Universidad de Guadalajara, 2005, 378 pp. 54 Ryszard Rózga Luter, “Región y globalización”, en Convergencia. Ciencias Sociales, mayo-agosto del 2001, núm. 25, p. 89. Edición electrónica: [http://convergencia.uaemex.mx/rev25/Rozgar.pdf] Consultado el 1 marzo de 2016. 21 mismas, que significan la producción de estos actores, y la correspondencia entre instituciones y personas; por otro lado, están las evidencias de las especies que estos sujetos recolectaban en sus exploraciones, que se encuentran resguardadas en alguna de las instituciones anteriormente mencionadas, además de los textos que estos individuos consultaron para realizar sus trabajos. Este tipo de fuentes se complementaron con las notas descubiertas en el diario El Informador y algunas entrevistas. La información que se obtuvo en estos fondos se clasificó de tal manera que fuera posible identificar a los actores, su producción y el área en donde se desempeñaron. Esto permitió evidenciar las relaciones que establecieron con otros profesionales externos a su radio de influencia, además de observar el desarrollo de su trayectoria y la transición que muchos de ellos vivieron de amateurs a profesionales. Las limitaciones que presentó la documentación obtenida recayeron en que tuvo que ser complementada con fuentes secundarias para poder establecer una secuencia cronológica. Pero, para los fines de esta tesis, lo recogido en las fuentes proporcionó los elementos para poder abordar la territorialización, la apropiación y la difusión del conocimiento que estos sujetos poseían. Esta variedad en las fuentes deja el camino abierto a futuras investigaciones, en las que se analice la producción pictórica, no desde la perspectiva de las ciencias naturales y las clasificaciones taxonómicas, sino desde la historia del arte y la presencia de esos elementos de la naturaleza en diferentes espacios como parte de la ornamentación. La urdimbre entre método, teoría y fuentes ha dado como resultado el siguiente desarrollo capitular. En el primer apartado se analizaron los antecedentes locales de la botánica en Guadalajara, desde que esta ciencia, en su versión linneana, llegó a México en 1788, con la real cátedra de botánica hasta los primeros años del siglo XX. El propósito inicial de tal apartado fue presentar los actores que participaron en el proceso, contextualizando su lugar social y vínculos; igualmente, se dilucidaron las prácticas que tales sujetos realizaron, con el fin de saber los contenidos cognitivos que heredaron a las siguientes generaciones de estudiosos de la botánica. En el segundo capítulo, se examinaron los actores que participaron en la construcción del conocimiento botánico de Guadalajara durante la segunda mitad del siglo XX, situándolos en dos categorías: una integrada de actores colectivos, refiriéndose a las universidades y asociaciones, y otra formada por individualidades; esta situación, por su 22 parte, permitió la posibilidad de cotejar entre lo general y lo particular, y viceversa; para así, roturar el camino al tópico de las prácticas dentro de esta disciplina. El capítulo tercero se dedicó a las prácticas que realizaron los actores colectivos en el marco de la territorialización del conocimiento botánico, como la exploración de áreas naturales y el establecimiento de jardines botánicos; tales figuras fueron la Universidad de Guadalajara, la Universidad Autónoma de Guadalajara y la Sociedad Botánica del Estado de Jalisco; para la construcción de tal capítulo se presentaron datos inéditos que estuvieron sin consultarse en los registros del archivo de la Universidad de Guadalajara y diarios locales. El cuarto capítulo atañó a las prácticas realizadas a escala individual, en específico a las ejecutadas por Salvador Rosillo de Velasco, colaborador y miembro de las agrupaciones mencionadas, y padre de la orquideología en el occidente de México; la veta documental para su caso fue su archivo personal. A modo de síntesis de esta parte introductoria, cabe decir que la ciencia siempre ha sido una actividad humana, cuyo origen es el cultivo constante de una búsqueda intelectual, con la que se pretende comprender una parcela de la realidad, situándose desde un contexto cultural determinado. Por lo mismo, es preciso afirmar que los botánicos se hacen en el estudio y la investigación constantes de lo que hemos dado por llamar “botánica”. De esta forma, no es extraño que alguien sin un título profesional, pero que ha trabajado por largos años en la tarea de conocer un aspecto específico de la realidad, llegue a convertirse, en el sentido original del término, en un científico, es decir, en alguien que hace ciencia. Y son estos personajes quienes, después de un recorrido en el cultivo de la ciencia, se asociarán constituyendo las instituciones académicas en donde se difundió el conocimiento científico en Guadalajara. 23 Capítulo 1. Antecedentes históricos de la botánica en Guadalajara El presente capítulo tiene como objetivo exponer los inicios del conocimiento botánico en la Guadalajara de mediados del siglo XIX y principios del XX. La forma de narrar este texto se basa en un vaivén entre lo local, lo nacional y lo global, se tiene como premisa que tanto los ingenieros, los médicos o los farmacéuticos, oficios que entonces se relacionaban a esta ciencia por aprovechar las virtudes del reino vegetal, fueron los principales protagonistas. Debe de tomarse en cuenta que la ocupación de biólogo, en la que actualmente se desempeñan los botánicos profesionales, era inexistente en el México decimonónico.55 De manera que, los individuos que estudiaban cuestiones de la naturaleza, entre ellas la botánica, pasaron a ser conocidos como naturalistas. 1.1 Antecedentes globales de la botánica La botánica tuvo su nacimiento como ciencia en la Grecia clásica, sus precursores fueron los filósofos Aristóteles (384 a.C.- 322 a.C.) y su discípulo, Teofrasto (371 a.C.- 287 a.C.), quien escribió Historia de las plantas, obra compuesta de nueve libros, donde se trata la morfología, fisiología, distribución y usos de las plantas conocidas hasta entonces.56 Los romanos, herederos de la cultura griega, continuaron con los estudios botánicos desde la óptica de la medicina; en el primer siglo después de Cristo, Plinio el viejo (23-79) y Dioscórides (40-90) escribieron sendos estudios sobre las utilidades terapéuticas del reino vegetal.57 Esto demuestra que la botánica nació con un fin práctico, pues desde su inicio estuvo supeditada 55 La primera cátedra de biología se dictó en 1902, por Alfonso Luis Herrera, en la Escuela Normal para Profesores, la cual fue eliminada en 1906. Con la creación de la Facultad de Filosofía y Letra,dependiente de la recién fundada Universidad Nacional Autónoma de México, en 1925, se incluyó la posibilidad de obtener los títulos de profesor en Ciencias Naturales, profesor en Botánica o profesor en Zoología. El primero en obtener el de profesor en Ciencias Naturales fue Enrique Beltrán, alumno de Alfonso Luis Herrera, en 1926, quien es considerado el primer biólogo titulado de México. 56 Teofrasto, Historia de las plantas, Madrid, Editorial Gredos, 1988, 531 pp. 57 Vid. Cayo Plinio Segundo, Historia natural. Obra completa, Madrid, Editorial Gredos, 1995.2010, 4 vols. y Dioscórides, Plantas y remedios medicinales. Obra completa, Madrid, Editorial Gredos, 1998, 2 vols. La primera obra, que llevó por título Historia Natural, se compone de 37 libros, que no sólo tratan la botánica, sino también zoología, mineralogía, geografía, etnografía, entre otros temas. La segunda consta de cinco volúmenes, y se tituló De Materia Medica, ahí se describen 600 plantas medicinales, ésta fue precursora de las modernas farmacopeas. 24 a la medicina; de manera que los estudiosos de las plantas, en su mayoría, fueron aquellos encargados de preservar la salud de los hombres y retardar su muerte: los médicos. Durante la Edad Media y el Renacimiento, tanto los textos de Plinio como de Dioscórides, ya fueran en latín o en griego, sus lenguas originales, influyeron en la forma de practicar la medicina y en el estudio de la flora curativa; ya que los trabajos que recopilaban información de las plantas que propiciaban la salud, llamados herbarios, fueron hechos de manera similar a la de los galenos mencionados, como los textos de Nicolás Monardes (1508- 1588)58 y Francisco Hernández de Toledo (1517-1587),59 estudiosos de las plantas del nuevo mundo, en particular las de la Nueva España. La botánica teórica, es decir, aquella que no pretende satisfacer la curiosidad por conocer las plantas útiles, se reforzó en el siglo XVII, principalmente por los viajes ultramarinos que los europeos realizaban a zonas tropicales y subtropicales de América, África o Asia, donde existe una vegetación más variada que la de Europa. Una prueba de esta práctica fueron el médico y clérigo francés Joseph Pitton de Tournefort (1656-1708) y su discípulo, el monje, Charles Plumier (1646 - 1704), quienes realizaron travesías por el territorio del Imperio Otomano. Gracias a tales exploraciones, colectas y observaciones, Tournefort publicó, en 1694, Eléments de botanique, ou Méthode pour reconnaître les Plantes, en el que se define el concepto de género entre las plantas. Décadas después, en el frío Reino de Suecia, la obra de Tournefort fue conocida por Carlos Linneo (1707-1778) (Véase imagen 1), quien tomó el concepto de género para idear el actual sistema de clasificación e identificación universal para cada organismo vivo: el binominal, que consta de dos términos, ya sean en latín o en griego; el primero indica el 58 En 1992, el Instituto Mexicano del Seguro Social publicó, con la presentación y comentarios de Xavier Lozoya, el trabajo del médico español del siglo XVI, Nicolás Monardes, bajo el título de Herbolaria de Indias. 59 Francisco Hernández, el protomédico del rey, escribió Historia de las Plantas de la Nueva España después de haber realizado la exploración por el territorio novohispano de 1571 a 1576. Entre 1959 a 1985, la UNAM publicó este libro dentro de la colección Obras Completas de Francisco Hernández, una serie de siete tomos. La edición de dicho trabajo estuvo bajo la dirección del Isaac Ochoterena Mendieta, quien entonces era director del Instituto de Biología; Ochoterena y un grupo de académicos del mismo Instituto se dieron a la tarea, a veces infructuosa, de aproximarse a la identificación de las plantas descritas por Hernández en La Historia de las Plantas de Nueva España. German Somolinos D’Ardois escribió el libro El doctor francisco Hernández y la primera expedición científica en América, publicado en 1971 por la Secretario de Educación Pública de México, dentro de la colección SepSetentas En esta breve, pero importante, obra se dan datos precisos sobre la vida y obra de Hernández. 25 género, en mayúscula inicial, y el segundo en minúsculas, que corresponde al nombre de la especie, ambos vocablos pueden hacer alusión a un epónimo de la persona a la que se dedica el descubrimiento, color, origen, hábitat, entre otros calificativos del ser viviente. El conjunto de ambos permite que cada especie se identifique en todas las lenguas del mundo, como si fuese un sujeto con nombre y apellido. Este sistema estableció los fundamentos clasificatorios de la botánica y biología moderna. Gran parte de los estudios de Linneo fueron financiados por nobles y ricos comerciantes, quienes lo recibieron en sus jardines privados, como George Clifford, acaudalado hombre de negocios anglo-holandés, poseedor de hermosas y costosas plantas traídas de tierras lejanas,60 como cactus y agaves de América, tulipanes de Turquía, plantas bulbosas y suculentas de Sudáfrica, etc (Véase imagen 2). Imagen 1. Carlos Linneo Fuente: Tomada de Javier Valdés e Hilda Flores, El ordenador del mundo: Carl Linné, México, Pangea, 2006, p.12. 60 Javier Valdés e Hilda Flores, El ordenador del mundo: Carl Linné, México, Pangea, 2006, p.25. 26 Imagen 2. Jardín de George Clifford Fuente: Tomada de Javier Valdés e Hilda Flores, op. cit., p.27. El distanciamiento entre la botánica y la medicina es notorio en pleno apogeo de la Ilustración, esto lo atestigua otro francés, esta vez un filósofo, Jean-Jacques Rousseau (1712- 1778) quien apuntó: “El primer mal de la botánica es haber sido considerada desde su nacimiento como una parte de la medicina”; tal sentencia la escribió en Réflexions sur la Nomenclature Botanique,61 texto del siglo XVIII, el de las luces, cuando la botánica ganaba paulatinamente su autonomía. Otro ejemplo de dicho alejamiento es la reflexión de Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) sobre el origen de la gran diversidad de las especies en las plantas; tras una visita que hizo al jardín botánico de Padua, en 1787, el autor de Fausto dijo: 61 Jean Jacques Rousseau, “Réflexions sur la Nomenclature Botanique”, en La botanique, Paris, Liberia de Françoise Louis, 1823, 2ª edición, p.293. 27 Aquí ante esta multiplicidad de plantas para mí nuevas que se ofrece a mi vista, se aviva más y más en mí cuanto más miro, aquella idea de que todas las formas vegetales se podrían haber desarrollado tal vez de una sola.62 Por ahora, se ha descrito el devenir histórico de la botánica en el mundo hasta el siglo XVIII, centuria en que, de acuerdo a la historiografía de la ciencia mexicana, se considera haberse institucionalizado la botánica en Nueva España, con el establecimiento de la Real Cátedra de Botánica, en 1788.63 Asimismo, se han expuesto dos visiones del modo de construir el conocimiento botánico a lo largo de su historia: una dependiente de la medicina, en la cual se estudian las plantas para satisfacer las necesidades curativas del hombre; y otra cuyo motivo es estudiar la existencia misma de los vegetales, para así comprender las causas dela vida de otros organismos, entre ellos el mismo hombre. En ocasiones, ambas visiones conviven, se impulsan mutuamente, o una eclipsa a la otra; esta cambiante situación se expondrá en las siguientes líneas, las cuales entretejen el contexto global expuesto arriba con la historia científica de México, que llega a bordar filamentos en Guadalajara. 1.2 La construcción de la botánica mexicana (s.XVI-s.XIX) En México existió desde tiempos prehispánicos una arraigada tradición en el estudio de su flora por parte de sus habitantes, en especial los nahuas, quienes desarrollaron un sistema de clasificación de acuerdo a la morfología de las plantas. Igualmente, éstos identificaron las funciones médicas, religiosas, culinarias, textiles, industriales que las mismas les ofrecían; e idearon mecanismos agrícolas como el cultivo de terraza, roza y chinampa.64 Con la conquista y colonización del territorio mexicano, llegaron hombres de letras, sobre todo religiosos, que se asombraron de los progresos que habían alcanzado los indígenas en materia de botánica. Desde entonces, el conocimiento botánico que en Europa se había desarrollado desde tiempos de Plinio y Dioscórides se amalgamó con los saberes de los pueblos aborígenes mexicanos. Los ejemplos del mestizaje de la botánica en México fueron el Códice Badiano (Véase imagen 3), escrito en 1552 por Martín de la Cruz (s.XVI) y Juan Badiano (1484- 62 Apud. Raoul Heinrich Francé, La maravillosa vida de las plantas: Una botánica para todos, Barcelona, Editorial Labor, 1942, pp.1-2. 63 Roberto Moreno de los Arcos, La primera cátedra, op. cit., p.17. 64 Vid. Eli de Gortari, La ciencia en la historia de México¸ México, Editorial Grijalbo, 1980, pp.78-90. 28 1560), en el convento de la Santa Cruz de Santiago Tlatelolco (1536-1566); 65 y el Códice Florentino o Historia General de las Cosas de la Nueva España, redactado en el mismo claustro religioso que el anterior por fray Bernardino de Sahagún (1500-1590), quien lo había iniciado años antes en el convento de Tepeapulco. El libro undécimo de este último trabajo se tituló “de las propiedades de los animales, aves, peces, árboles, yerbas, flores, metales y piedras, y de colores”, ahí se complementan y confirma datos similares a los brindados en el Códice Badiano. A pesar de la rica información que se muestra en las dos obras mencionadas, debe puntualizarse que éstas no se conocieron en México durante siglos, ya que permanecieron guardadas en bibliotecas europeas; y no fue hasta 1829 que Carlos María de Bustamante (1774-1848) publicó la obra de Sahagún. Y, por otra parte, el texto de Martín de la Cruz y Juan Badiano se conoció en 1929, tras el descubrimiento del documento original por los americanos Charles Upson Clark (1875-1960) y Lynn Thornidike Lynn Thorndike (1882-1965).66 65 Originalmente titulado Libellus de medicinalibus indiorum herbis, de los indios Martin de la Cruz y Juan Badiano, el primero dictó sus conocimientos de medicina y herbolaria al segundo, quien lo tradujo a la lengua de Virgilio, para ello utilizó la jerga médica de Plinio. Fue redactado por encargo de don Francisco de Mendoza, hijo del primer virrey de la Nueva España, don Antonio de Mendoza, para ser dado a Carlos V como muestra del conocimiento médico de los naturales de aquel reino. El manuscrito fue adquirido por el cardenal Francesco Barberini (1597-1679), sobrino del papa Urbano VIII (1568–1644), cuando era nuncio apostólico en España; de ahí, fue llevado al Vaticano donde permaneció durante siglos. En 1990, Juan Pablo II lo devolvió a México con motivo de su segunda visita de estado a este país. Se editó en México de manera facsímil en 1964 en un sólo volumen, y, después de la visita papal, se reeditó en dos volúmenes; en uno estaba el texto facsímil, y en otro la traducción al castellano y notas interpretativas. 66 Martín de la Cruz y Juan Badiano, Libellus de medicinalibus indiorum herbis, México, Fondo de Cultura Económica, 1990, p. X. 29 Imagen 3. Códice Badiano Fuente: Tomada de Martín de la Cruz y Juan Badiano, Libellus de medicinalibus indiorum herbis, México, Fondo de Cultura Económica, 1990, volumen facsímil, f. 1. Además del mestizaje intelectual, hubo un intercambio de plantas. Los colonizadores introdujeron de Europa plantas comestibles, medicinales y ornamentales a la Nueva España, y de ahí se llevaron plantas de las mismas cualidades al Viejo Mundo. Esto se debió al interés que tuvieron los europeos por conocer las propiedades médicas de los vegetales de la Nueva España. El médico Nicolás Monardes es un ejemplo de ese interés; este galeno, en 1565, publicó, con un prolijo título, su obra Dos libros. El uno trata de todas las cosas que traen de nuestras Indias Occidentales, que sirven al uso de Medicina, y como se ha de usar la rayz de Mechoacan, purga excelentissima. El otro libro, trata de dos medicinas maravillosas que son contra todo Veneno, la piedra Bezaar, y la yerba Escuerçonera. Con la cura de los Venenados. Do veran muchos secretos de naturaleza y de medicina, con grandes experiencias. El éxito de este trabajo obligó a que se reimprimiera en 1569 y que, a la postre, se tradujera a varias lenguas europeas. En 1571, se realizó la segunda parte del libro primero, 30 donde se agregaron nuevos datos sobre otras plantas. En 1574, debido a la demanda de su obra, Monardes sacó a la luz una antología de los temas abordados en los otros libros. De manera paralela a los estudios de Monardes, en 1570, llegó al virreinato de la Nueva España, el protomédico de Felipe II (1527-1598), Francisco Hernández de Toledo (Véase imagen 4), quien recorrió gran parte del territorio conquistado para entonces; recolectó plantas, describiéndolas en latín, con dibujos para cada una de ellas, que hoy se encuentran perdidos en su mayoría. Hernández presentó todo ese material en un extenso tratado sobre la naturaleza vegetal novohispana, el cual no se publicó hasta 1649 con el título Rerum medicarum Novae Hispaniae, arreglada por el también médico de Felipe II, Nardo Antonio Recchi (¿? -1595), quien en vida no llegó a verla en prensa,67 de ésta se hizo en 1651 otra edición en Roma. Imagen 4. Francisco Hernández de Toledo Fuente: Tomada de Teófilo Herrera et al., Breve Historia de la Botánica en México, México, Fondo de Cultura Económica, 1998, p.52. 67 Teófilo Herrera et al., op. cit., p.50. 31 Francisco Hernández hizo repetidas visitas al convento-hospital de Oaxtepec, ahí quedaron algunos de sus manuscritos, que fueron publicados, en 1615, por el dominico Francisco Ximénez (s.XVI-1620) con el título de Quatro libros de la naturaleza y virtudes de las plantas y animales que están concebidos en el uso de la Medicina en la Nueva España,68 el cual se volvió a imprimir en 1888 por iniciativa de Nicolás León (1859-1929) y Antonio Peñafiel (1839-1922). Gracias a la edición de Ximénez, la obra de Francisco Hernández fue de los pocos trabajos conocidos en la Nueva España que trataban sobre su naturaleza, debido a que los textos del dúo De la Cruz-Badiano y del franciscano fray Bernardino de Sahagún fueron desconocidosdurante la etapa colonial de México; de tal modo que autores del siglo XVIII, como Francisco Xavier Clavijero (1731-1787), citaron a Hernández como la referencia más importante en el estudio de las plantas mexicanas. En el siglo XVIII, España y sus colonias cambiaron de dinastía reinante; los Habsburgo, o Austrias, fueron sustituidos por los Borbones, quienes impulsaron las artes y las ciencias, en el contexto de la Ilustración, cuando gobernaban los déspotas ilustrados. Fernando VI (1713-1759) fue uno de ellos. Este monarca, enterado de las hazañas de Carlos Linneo, invitó al botánico sueco para que viajara a España, o en su defecto enviara un discípulo aventajado en sus teorías. Linneo se decidió por la segunda opción, y envió a Pehr Löfling (1729-1756), quien permaneció en España de 1751 a 1754, tiempo en el que logró recolectar 1400 plantas para su Flora matritense. Asimismo, Löfling envió a Linneo numerosas muestras de nuevas hierbas para su clasificación e identificación. El origen luterano de Löfling, así como su filiación linneana eran motivo de desconfianza y exclusión de la comunidad científica española, pues ésta, en lo referente a la botánica, se guiaba por las teorías del francés Tournefort. A pesar de lo anterior, Löfling aprendió a hablar el castellano y fue traductor de la Cancillería española, esto lo llevó a conocer a José de Carvajal y Lancaster (1698-1754), Canciller del Rey, quien lo invitó a formar parte de la expedición para establecer los límites con Portugal en las posesiones del Orinoco, en América del sur. Löfling, quien ostentaba el título de Botánico del Rey, aceptó la invitación de Carvajal para formar parte de esa empresa, 68 Francisco Fernández del Castillo, “La botánica prehispánica y el origen del Hospital de Huastepec”, en Revista de la Universidad de México, México, Universidad Nacional Autónoma de México, No. 8, abril 1975, p.27. 32 de la cual nunca regresaría, pues murió de fiebre y vómitos en 1756.69 Después de la partida de Löfling a Venezuela, se fundó en 1755, por decreto, el Real Jardín Botánico de Madrid, institución clave en la difusión de la botánica en todo el imperio español, pues desde ahí se orquestaron las expediciones botánicas hacia el Perú, Nueva Granada y Nueva España. El primer profesor de botánica, en ese jardín, fue Miguel Barnades y Mainader (1717-1771), quien desempeñó ese cargo desde 1764 hasta su muerte; a él se le debe la total aceptación de la nomenclatura binominal de Linneo en España. En 1761, se incendió el Monasterio de El Escorial donde estaba la obra completa de Francisco Hernández, con ilustraciones de plantas, animales y minerales, cuya perdida se lamenta hasta la fecha. Sin embargo, en 1767, tras la expulsión de los jesuitas de España y sus dominios ultramarinos, el cronista del Consejo de Indias, Juan Bautista Muñoz (1745- 1799), encontró cinco volúmenes manuscritos de la Historia Natural de Nueva España, de Francisco Hernández, la cual se resguardaba en la biblioteca del Colegio Imperial de Madrid, a cargo de la Compañía de Jesús.70 El hallazgo de Muñoz representó una esperanza para recuperar una parte de lo perdido en 1761; por lo que, en 1784, se aprobó la impresión de tal material,71 el cual se publicó en 1790, con el título Francisci Hernandi, medici atque historici Philippi II hisp. et indisr. regis, et totius novi orbis archiatri, opera, cum edita, tum inedita, ad autographi fidem et integritatem expressa, impensa et jussu regio. Casimiro Gómez Ortega (1741-1818) fue el encargado de adaptar los manuscritos encontrados por Muñoz, quien lamentaba la ausencia del material desaparecido en el incendio de El Escorial, de manera que creyó necesario buscar duplicados de los originales, así como dibujos que probablemente se encontraran en México; de ese modo se completaría la información faltante. En 1785, desde Cuba, Martín Sessé Lacasta (1751-1808) le propuso a Gómez Ortega ir a México, en compañía de Bernardo de Gálvez y Madrid (1746-1786), primer Conde de Gálvez, para establecer la Cátedra de Botánica con Jardín, a imagen y semejanza de lo que se había hecho en Madrid. Esto coincidió con el anhelo que siempre 69 Para más información sobre Löfling, vid. Francisco Pelayo, Pehr Löfling y la expedición al Orinoco 1754- 1761, Madrid, CSIC Real Jardín Botánico/Quinto Centenario, 1990. 70 José Luis Maldonado Polo, “La expedición botánica a Nueva España, 1786-1803: el Jardín Botánico y la Cátedra de Botánica,” en Historia Mexicana, México, El Colegio de México, vol. L, núm. 1, julio-septiembre, 2000, pp.6-7. 71 Ídem. 33 había tenido Gómez Ortega; para ello, aprovechó la empresa de Sessé y le encomendó buscar los materiales hernandinos faltantes en España, así como realizar las ilustraciones de los especímenes que estaban descritos pero sin imágenes. De esta manera, se comisionaba la Real Expedición Botánica de Nueva España. Todo esto en el contexto de las reformas borbónicas en América, que se venían realizando décadas atrás. Donde el interés por conocer cuál o cuáles eran los cultivos y recursos naturales que se podían explotar, ya no sólo con fines de curar sino también de lucrar, quedó plasmado en la Real Ordenanza de Intendentes de 1786. En este documento se dispuso que los intendentes debían solicitar a los funcionarios a su cargo que elaboraran estudios del lugar en donde se encontraban prestando sus servicios, que se dibujaran mapas y se anotara en ellos qué era lo que se producía.72 El cuerpo expedicionario quedó conformado, en marzo de 1787, de la siguiente manera: Martín de Sessé Lacasta, como director de la expedición y del futuro Jardín Botánico; Vicente Cervantes (1755-1829), quien impartiría la Cátedra de Botánica; y como botánicos agregados José Longinos Martínez (1756-1802), Juan Diego del Castillo (1744- 1793) y Jaime Senseve (1750-1805); todos ellos españoles. En la Nueva España, se incorporaron José María Mociño (1757-1820), estudiante de medicina, y Juan de Dios Vicente de la Cerda y Anastasio Echeverría (1771-1803), ambos alumnos del Colegio de San Carlos que fungirían como ilustradores de la expedición.73 Un año después, en 1788, el primero de mayo con exactitud, se inauguró solemnemente el Jardín Botánico de la Real y Pontificia Universidad de México, el cual se ubicaba en uno de los patios del antiguo Palacio Virreinal, actual Palacio Nacional. Al día siguiente, dieron inicio los cursos de la Cátedra de Botánica, siendo ésta la primera del continente americano.74 A ella, asistieron alumnos de las escuelas de medicina, cirugía y farmacia,75 los cuales estaban obligados a cursarla para su futuro ejercicio profesional, por orden del Protomedicato, institución encargada de reglamentar la práctica médica en la 72 Real Ordenanza para el establecimiento e instrucción de intendentes de ejército y provincia en el reino de la Nueva España. De orden de su majestad, Madrid, 1786, causas de policía, artículos 57-58 y 61-63, fs. 65-67 y 70-74. 73 José Luis Maldonado Polo, op. cit., p.11. 74 Ibídem, p.42. 75 Ibídem, p. 6. 34 colonia.76 El primer instructor de esa Cátedra fue el mencionado Vicente Cervantes, quien era médico en España y se distinguía por sus conocimientos en botánica; él estuvo al frente de la misma hasta su muerte en 1829, yaconsumada la independencia de México. Cuando se abrió la Cátedra de Botánica en la Ciudad de México, destinada a ampliar los conocimientos de los médicos; en Guadalajara, capital de la intendencia con el mismo nombre, no había una institución donde se pudiera estudiar medicina; en esa urbe, el único espacio de estudios superiores era el Seminario de San José, creado en 1696, reservado a la formación de sacerdotes. Fue hasta 1792 que se fundó la Real y Literaria Universidad de Guadalajara, con las facultades de Cánones y Leyes, Artes, Teología y Medicina.77 En esta última, nunca se impartió la cátedra de botánica; sin embargo, Carmen Castañeda presenta los libros que los alumnos de medicina tuvieron que leer,78 entre los que destaca el texto del Dr. Andrés Piquer (1711-1772), conocido popularmente como Aforismos,79 en él se comentan los dichos del padre de la medicina, Hipócrates, y sobre la botánica refiere que: Se toma hoy por el estudio de las plantas: la Farmacia con mas extensión comprehende el de toda suerte de remedios, ya sean vejetales, ya minerales, ya animales, bien sean simples, ó compuestos. En qualesquiera medicamentos se ha de contemplar su naturaleza en quanto incluye su ser y propiedades físicas, y sus virtudes en el cuerpo humano; pues á las utilidades que de ellos pueden resultar en la conservación de la vida y salud de los hombres, se deben enderezar todos estos conocimientos. Que la Botánica, esto es, el estudio de las plantas, sea util, y deba promoverse, nadie lo puede dudar: que sea preciso al Médico instruirse en todas las particularidades de este estudio, tampoco se debe decir; porque basta que sepa el uso que puede hacer de los vejetales en su práctica, sin que sea necesario saber cada diferencia de ellos por su flor, por su semilla,80 El comentario anterior ilustra la noción de botánica que pudieron haber tenido los estudiantes de medicina en Guadalajara. Uno de estos fue José Mariano García Diego, primer médico egresado la máxima casa de estudios tapatía, cuyo examen profesional se realizó el 7 76 Teófilo Herrera et al., op. cit., p.50. Sobre el protomedicato Vid., Martha Eugenia Rodríguez, “El Real Tribunal del Protomedicato, institución rectora de la medicina”, en Águeda Jiménez Pelayo (coord.), Élites y poder. México y España, siglos XVI-XX, México, Universidad de Guadalajara, 2003, pp. 203-221. 77 Carmen Castañeda, La educación en Guadalajara durante la Colonia 1552-1821, México, El Colegio de México/El Colegio de Jalisco, 1984, p.377 78 Ibídem, p.386. 79 Andrés Piquer T., Las Obras de Hippocrates mas selectas traducidas al castellano e ilustradas por el doctor don Andres Piquér médico de su majestad, Madrid, Imprenta de D. Joachin Ibarra, 1769-1781, 3 vols. 80Ibídem, vol. 3, p.38. 35 de julio de 1796.81 Debido a la ausencia de la Cátedra de Botánica en la recién fundada Universidad de Guadalajara, el primero de febrero de 1799, García Diego envió una solicitud, a la Secretaría del Virreinato y al Real Tribunal del Protomedicato, en la que pedía se le dispensara de cursarla;82 ya que, para ello, era necesario trasladarse a la Ciudad de México y permanecer ahí seis meses; lo que significaba un duro golpe a su ya precaria situación económica, que le causaba un gravamen insoportable, pues gracias a la piedad de un vecino, que por algunos años su mesa y casa le franquearon, logró finalizar su carrera.83 De igual modo, García Diego mencionaba que su madre viuda, sus dos hermanas doncellas, así como sus tres hermanos pequeños, no tenían otras expectativas para el alivio de sus necesidades más que él empezara a ejercer su profesión.84 Tales argumentos convencieron al Protomedicato, conformado por los galenos José Francisco Rada y Joachín Pío de Eguia y Muro, quienes expresaron lo siguiente: Le es notoria [sic] a este tribunal la aplicación y letras del Dr. Dn. José Mariano García Diego por lo famoso de sus funciones. Por otra parte ve la imposibilidad que ha tenido de cursar la botánica en esta corte, de cuya ciencia asegura, y este tribunal no tiene duda [del] conocimientos más que elementales; y en atención a ambas reflexiones, no encuentra fundamento bastante para que vuestra excelencia le niegue la gracia que solicita, a menos que su superioridad advierta alguno, que por ahora no ocurre a este tribunal en cuyo caso dicho doctor no viniéndose a examinar se privaría el público de un profesor, que le será muy útil, y la juventud aplicada en la universidad de Guadalajara al estudio de medicina, y sus ramos se embarazaría con el ejemplar de García Diego a continuar, si se contempla en necesidad de pasar a México con el fin sólo de cursar botánica por espacio de seis meses. Cuyo efecto acaso les faltarían las precisas proposiciones. En vista de lo expuesto. Vuestra Excelencia determinará lo que sea se superior agrado.85 81 Juan B. Iguíniz, Catálogo bibliográfico de los Doctores, Licenciados y Maestros de la Antigua Universidad de Guadalajara, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 1992, p.160. Iguíniz anota que su nombre completo fue José Mariano García Diego y Moreno, hijo de D. Francisco García Diego y Doña Mariana Moreno, además de estudiar medicina en la Universidad de Guadalajara, obtuvo el 21 de enero de 1798 el grado de Licenciado en Filosofía y el 25 de febrero inmediato la borla de Maestro en la propia facultad. Asimismo, debe mencionarse que este personaje pertenece a la familia García Diego que estuvo estrechamente relacionada al desarrollo institucional de la medicina en Guadalajara a lo largo del siglo XIX. 82 Archivo General de la Nación (AGN), Instituciones Coloniales, Protomedicato, GD91, Año: 1799. Vol. 3, expediente 10, fs. 214-224. 83 Ibídem, f.216. 84 Ídem. 85 Ibídem, fs.217-218. 36 El caso anterior sentó un antecedente para que el Real Tribunal del Protomedicato no sólo apoyara la solicitud de García Diego, sino que indicó que convendría eximir a los alumnos de medicina tapatíos de asistir al referido curso, para así no retardar la conclusión de sus estudios, así como para liberarlos de los costos y perjuicios de ir y permanecer por seis meses en la Ciudad de México.86 Así, el 25 de junio de 1800 se da la dispensa para que todos los estudiantes de la Escuela de Medicina de la antigua Universidad de Guadalajara no cursaran la Cátedra de Botánica.87La resolución anterior reconfortó, sin duda, a una generación de futuros médicos en Guadalajara; sin embargo, también retardó el desarrollo del conocimiento botánico en esta ciudad. En 1821, México consumó su independencia de España, la primera forma de gobierno fue una monarquía, con Agustín de Iturbide como emperador, quien fue depuesto para el establecimiento de la primera República Federal, en 1823. En ese mismo año, Jalisco se proclamó Estado Libre y Soberano, teniendo a Prisciliano Sánchez (1783-1826) como su primer gobernador, éste clausuró por decreto la Universidad de Guadalajara, ya que la consideraba un remanente del viejo orden colonial, convirtiéndola en el Instituto de Ciencias, cuyo plan educativo de 1827 a 1829 se dividió en 12 secciones, todas con profesores, salvo la quinta que correspondía a botánica, probablemente hubo dificultades para conseguir quien impartiera esta materia.88 Asimismo, se atribuye a la falta de un jardín botánico en la Facultad de Medicina del Instituto como un motivo que imposibilitaba el establecimiento de la asignatura de botánica, de hecho, ésta se retiró del plan curricular de 1830 hasta que nose contara con el mencionado jardín.89 En los primeros años del México independiente, el único jardín botánico activo fue el establecido por Sessé en el Palacio Nacional, el cual gozaba, además de una colección de especímenes vivos, un gabinete con plantas herborizadas, es decir deshidratadas y prensadas para su consulta, las cuales se depositaron ahí por José Longinos Martínez, como resultado 86 Ídem. 87 Ibídem, fs.222-224. 88 Federico de la Torre, “El Instituto de Ciencias de Jalisco,1827-1834: Instrumento de cambio con orientación federalista,” en Rosaura Ruiz et al., Otras armas para la Independencia y la Revolución: Ciencias y humanidades, México, Fondo de Cultura Económica, 2010, p.111. 89 Rebeca García Corzo, La construcción, op. cit., p.167. 37 de la Real Expedición Botánica de 1788.90 En ese recinto se continuaron impartiendo las lecciones de botánica para los médicos, utilizando para ello el texto titulado Curso elemental de botánica teórico y práctica, dispuesto para la enseñanza del Real Jardín Botánico de Madrid,91 de Casimiro Gómez y Ortega y Antonio Palau y Verdera (1734-1793). 92 En ese impreso se definía botánica como “…Ciencia que enseña á conocer y distinguir los vegetales…”93, sin más, ésta fue la explicación que caracterizó la incipiente botánica mexicana: limitada a la descripción y clasificación de las plantas. El Curso de Gómez y Ortega llegó a utilizarse hasta bien entrado el siglo XIX, cuando gran parte de su contenido, fundamentado en la clasificación de la estructura sexual de las flores de Linneo, se consideraba superado por los métodos de Antoine Laurent de Jussieu (1748–1836), quien, en su Genera Plantarum de 1789, clasificó las plantas por familias naturales.94 El texto de Gómez y Ortega dejó de usarse en 1841, cuando se sustituyó por el Curso de Botánica elemental, de Miguel Bustamante y Septién, alumno de Vicente Cervantes, 95el cual también adolecía de mostrar reminiscencias del viejo sistema linneano. La obra que por fin recogió las propuestas teóricas de Jussieu, y que se publicó en 1846 para la instrucción de botánica en el Jardín del Palacio Nacional, fue el libro titulado Nuevo curso elemental de botánica, de Pío Bustamante y Rocha, sobrino del autor del texto anterior. Además, el texto de Bustamante y Rocha incluía temas de fisiología vegetal y geografía botánica, influenciado por Alexander von Humboldt (1769-1859) y Augustin Pyrame de Candolle (1778-1841).96 El texto de Bustamante y Rocha es un claro ejemplo de los cambios en el contenido que tendría la botánica en México en la segunda mitad del siglo 90 Dicho material pasó a formar parte del Museo Nacional, que se fundó en 1825, vid. Consuelo Cuevas Cardona, “Raíces profundas de la botánica en México”, en Francisco Javier Dosil Mancilla (coord.), op. cit., p.203. 91 Casimiro Gómez Ortega, Curso elemental de botánica, teórico, dispuesto para la enseñanza del Real Jardín Botánico de Madrid, Madrid, Imprenta Real, 1785, 184 pp. Éste tuvo una edición mexicana, de 1788, impresa en el taller de Felipe de Zúñiga y Ontiveros, de la ciudad de México. Un ejemplar se halla en Guadalajara, en la Biblioteca Miguel Mathes, de El Colegio de Jalisco. 92 Antonio Palau y Verdera fue el traductor de la obra de Linneo del latín al castellano, la cual fue presentada en ocho volúmenes entre 1784-1788 con el título Parte práctica de botánica del caballero Carlos Linneo, que comprehende las clases, órdenes, géneros, especies y variedades de las plantas, con sus caracteres genéricos y específicos, sinónimos más selectos, nombres triviales, lugares donde nacen, y propiedades. 93Casimiro Gómez Ortega, op. cit., p.1. 94 Graciela Zamudio “La botánica y los botánicos”, op. cit., p.127. 95 Enrique Beltrán “Textos mexicanos”, op. cit., p.247. 96 Ídem. 38 XIX, cuando arribó una nueva corriente científico-filosófica que impulsó el sentido práctico de toda ciencia, demeritando su lado teórico: el positivismo. Sobre el positivismo en México, vale la pena detenerse un poco para analizar cómo influyó esta filosofía en el modo de producir el conocimiento botánico. A la par que sucedían las guerras civiles e intervenciones extranjeras en México, un grupo de estudiantes mexicanos en Europa se educaron con las ideas de Augusto Comte (1798-1857), padre de la sociología y del positivismo, quien planteaba que todo conocimiento debía aplicarse a la solución de los problemas que aquejaban a la humanidad.97 El primer positivista mexicano fue Pedro Contreras Elizalde (1823-1875), discípulo inmediato de Augusto Comte, quien fue miembro de la Sociedad Positivista en Francia desde 1848.98 Durante su estancia en París, introdujo a Gabino Barreda (1818-1881) a las enseñanzas de Comte. Después de los años convulsos entre 1857 y 1867, año que logró restaurarse la República, los excesos del liberalismo llevaron a la atomización del poder y a la anarquía, hasta el grado de producir desilusión al propio Juárez, quien buscó una filosofía que no fomentará los disturbios sociales y políticos, siendo tal el positivismo. La mejor vía para establecer dicha doctrina fue la educación, de manera que en el mismo año de la restauración republicana se fundó la Escuela Nacional Preparatoria, centro difusor del positivismo en México, a cargo de Gabino Barreda.99 Como director de la Escuela Nacional Preparatoria, Gabino Barreda diseñó un plan de estudio de carácter enciclopédico que tenía por objeto dar al estudiante un fondo común de verdades útiles para la vida práctica. Una innovación en el sistema comtiano era el énfasis en la lógica, ya que el estudiante debía aprender a pensar para resolver los problemas de la vida cotidiana;100 de manera que la enseñanza debía avanzar lógicamente de las ciencias generales y abstractas (como las matemáticas, que incluían: aritmética, álgebra, geometría plana y del espacio, trigonometría y cálculo) a las ciencias de la observación mecánica, incluyendo la astronomía, y los estudios experimentales de física y química. De ahí se pasaba a los estudios más complejos y concretos, como la historia humana, la zoología y la botánica. 97 William Raat, El positivismo en México durante el porfiriato, México, SepSetentas, 1976, p.11. 98 Ibídem, p.14. 99 Ibídem, p.12. 100 Ibídem, p.18. 39 El primer catedrático de botánica en la Escuela Nacional Preparatorio fue el doctor José Barragán. La relación entre la botánica, la zoología y la historia humana, despertó el interés por conocer cómo los indígenas se relacionaron con el medio ambiente, para así tomar el ejemplo de ellos en el dominio de la naturaleza, y de ese modo encontrar el progreso, siendo éste el máximo anhelo del positivismo. Bajo dicho tenor, nació el concepto de “botánica prehispánica”, cuyo principal representante fue Francisco del Paso y Troncoso (1842-1916), quien fue alumno de José Barragán. Troncoso combinó sus conocimientos de botánica, arqueología, historia antigua y lengua mexicana en el trabajo “La Botánica entre los Nahoas”, obra que pretendía exponer como su tesis para obtener el título de médico; sin embargo, este objetivo no se cumplió y la publicó en una serie titulada Estudios sobre la Historia de la Medicina en México, en los Anales del Museo Nacional de México.101 En México, el positivismo encaminó ala botánica para que estudiara la flora con potencial útil, y así contribuyera con el progreso nacional.; ejemplo de ello fue la geografía botánica, la cual buscaba conocer la distribución de determinadas especies, así como sus relaciones ecológicas, geológicas y climáticas, con el fin de aprovecharlas industrialmente; su principal representante fue Alfonso Herrera Fernández (1838-1901), quien en 1869 publicó su artículo Apuntes para la geografía botánica de México, publicado en el cuarto número del primer tomo de la revista La Naturaleza, órgano de difusión de la Sociedad Mexicana de Historia Natural.102 Dicho texto fue uno de los primeros estudios sobre la fitogeografía del territorio nacional, en el que se plasmó el interés de Herrera por señalar los factores físicos que determinan la distribución espacial de las plantas.103 Otra teoría científica que impactó en las investigaciones botánicas de México fue el darwinismo. Alfonso Luis Herrera (1868-1942), hijo del anterior, se le adjudica haber sido el principal promotor de esta corriente en México.104 El darwinismo expresaba que los seres vivos sufren una constante trasformación mediante el mecanismo de la “selección natural”, entendida como la lucha por la supervivencia, donde el organismo más apto sobrevive y el 101 Vid. Francisco del Paso y Troncoso, “La Botánica”, op. cit. 102 Graciela Zamudio “La botánica y los botánicos”, op. cit., p.140. 103 Ibidem, p.141. 104 Rebeca García Corzo, La construcción, op. cit., p.19. 40 que no cumple con las exigencias de su medio ambiente, muere; esta tesis se expone en El origen de las especies, de Charles Darwin (1809-1882), publicado en 1859. El darwinismo influyó en la botánica con la renovación del sistema de clasificación; esta vez basado en la filogenética, es decir, que un ser descendía de otro, y se hallaban emparentados por un ancestro común. De los primeros estudiosos que aplicaron los postulados de Darwin en la botánica fueron Adolf Engler (1844-1930) y Karl Anton Eugen (1849-1893), en su obra Die natürlichen Pflanzenfamilien (Las familias naturales de plantas), publicada entre 1877 y 1909.105 Paulatinamente, la obra de Darwin fue ganando importancia entre la comunidad científica mexicana, a pesar de la oposición inicial en una parte de ella; prueba de ello es que, en 1882, se tradujo su artículo titulado, “La formación de la tierra vegetal por la acción de los gusanos”, el cual se publicó en la revista La Naturaleza.106 Las ideas de Darwin dieron lugar al surgimiento de otra doctrina: la eugenesia, que buscaba el perfeccionamiento de las nuevas generaciones, utilizando conceptos negativos, como “degeneración”, para aquellos organismos que se salían de los parámetros de perfección, esto también impactó a la botánica. Durante el porfiriato, la eugenesia se aplicó en la botánica para indicar cuáles especies de plantas servían como alimento para el ganado, incentivando el uso de aquellas que mejoraban la producción; cítese el ejemplo de la obra del ingeniero José Alcaraz, titulada Apuntes sobre agrostología, a cerca de los Zacates forrajeros en México.107 A la par de la eugenesia surgió el higienismo, éste, en el aspecto botánico, favoreció a la transformación del paisaje, en especial, al fomentar el cultivo de bosques para mejorar la salud de los habitantes urbanos, y así evitar los miasmas; y, en cierta manera, contribuyó en la formación de un protodiscurso ecológico. Lo anterior se constata por varias circulares expedidas por el Ministerio de Fomento, fundado en 1853, que impulsó los estudios de la naturaleza de diferentes regiones del país. Dentro de este contexto, fue que avanzaron los estudios de la botánica en Guadalajara; pues, en esa etapa aparecieron personajes que se destacaron en esta materia. En dicha urbe, que en palabras de García Corzo 105 Graciela Zamudio, “La botánica y los botánicos”, op. cit., p.127. 106 Vid. Carlos Darwin, “La formación de la tierra vegetal por la acción de los gusanos,” en La Naturaleza, México, Sociedad Mexicana de Historia Natural, Vol. 6, 1882, pp.89-110. 107 José R. Alcaraz, Apuntes sobre agrostología: Los Zacates forrajeros en México, México, Imprenta y fototipia de la Secretaria de Fomento/ Dirección General de Agricultura/ Departamento de Exploración Biológica Sección de Botánica, 1913, 62 pp. 41 se ubicaba en la periferia de la periferia,108 los actores involucrados en la construcción del conocimiento botánico tuvieron que adaptar las tendencias científicas nacionales e internacionales, expuestas arriba, a las circunstancias locales, evidenciando un proceso de territorialización. En las siguientes líneas se explicará este fenómeno conjugando los tres elementos de la territorialización: actores, prácticas y espacio. 1.3 La construcción del conocimiento botánico en la Guadalajara decimonónica y principios del XX Se ha visto que los naturalistas, entendidos como los sujetos interesados en el estudio de los fenómenos de la vida y en los seres vivientes, fueron quienes estimularon el saber botánico del México decimonónico. Dicho tipo de actores no dejaron de estar presentes en la capital jalisciense. García Corzo clasificó estos individuos en dos generaciones: la primera compuesta por Leonardo Oliva (1814-1872), José Pascual Lázaro Pérez, (1816-1900), Alfredo Dugés (1826-1910) y Longinos Banda (1821-1898); y la segunda por Reyes García Flores (1830-1894), José Antonio Gutiérrez Estévez (1842-1927), Juan Clímaco Oliva (1857-1919), Mariano Bárcena (1842-1899) y Adrián Puga (1858-1940).109 El motivo, por el que García Corzo los separó en dos generaciones, fue para marcar las diferencias, o similitudes, en la forma de producción científica, que reflejaron el modo en que estos personajes se fueron relevando; ya fuera por la edad, la muerte de alguno de ellos, por la transmisión de profesor a discípulo, o por designación gubernamental.110 Entre los actores más sobresalientes, y considerado el pionero y pilar de los estudios botánicos en Guadalajara, está Leonardo Oliva (Véase imagen 5), oriundo de Ahualulco. Éste tuvo una formación educativa muy completa, ya que a la edad de 13 años estudió en el Seminario Conciliar, donde tomó clases de gramática latina; que seguramente le sirvieron para leer y redactar textos sobre botánica en ese idioma. En 1837, obtuvo el grado de bachiller en medicina; y, en 1839, año de la reforma educativa de la Universidad de Guadalajara, ingresó a la recién creada Facultad de Medicina, Cirugía y Farmacia, donde fue alumno de 108 Rebeca García, La construcción, op. cit., p.290. 109 Rebeca García Corzo, La construcción, op. cit., p.88. 110 Ídem. 42 Pablo Gutiérrez Morán (1805-1881) 111 y Pedro van der Linden (1808-1860), 112 médico militar venido de Bélgica. Alcanzó el título de médico en 1841. En 1843, se casó en Autlán con Ramona Gómez, con quien procreó una amplia prole, entre los que destacan Juan, Sabino y Adolfo, también médicos; aunque de este último, en su testamento, Leonardo negó ser su padre.113 Imagen 5. Leonardo Oliva Fuente: Tomada de Luis Pérez Verdía, Historia particular del Estado de Jalisco, Guadalajara, Editorial Gráfica, 1952, 2 edición, Tomo 3, p.640.111 Pablo Gutiérrez Morán fue oriundo de Guadalajara. En enero de 1828 obtuvo el título de profesor en Medicina en el Instituto de Ciencias del Estado. En 1834 emprendió un viaje a Europa para ampliar sus conocimientos sobre anatomía y cirugía. A su regreso a Guadalajara en 1837, imbuido de los nuevos conocimientos médicos, participó, junto con sus colegas Pedro van der Linden y Pedro Tamés, en la reforma de la enseñanza de la medicina. También jugó un papel decisivo en la creación de sociedades científicas. En 1838 cofundó la Sociedad Médica de Emulación de Guadalajara, de la cual fue su presidente, fue socio correspondiente de la Academia Nacional de Medicina y organizador de la Academia Médica de Guadalajara que se instauró en 1859. 112 Pedro van der Linden nació en Bruselas (1804-1860) y estudió medicina en la Universidad de Bolonia, la que le confirió el grado de Doctor. A principios de 1835, arribó a la Ciudad de México, donde obtuvo el título de profesor de medicina. Al poco tiempo, en 1836, se trasladó a Guadalajara, donde se sumó al cuerpo de profesores de la Universidad. Entre 1837 y 1839 promovió, junto con sus colegas Pablo Gutiérrez y Pedro Tamés, la reforma de la enseñanza de la medicina, hecho que se plasmó en la creación de la cátedra de medicina operatoria en marzo de 1837 y en la fundación de la Facultad de Medicina, Cirugía y Farmacia en 1839. 113 Rebeca García Corzo, “Cómo acercarse”, op. cit., p.209. 43 Desde 1848, Leonardo Oliva dictó la Cátedra de Materia Médica en la Universidad de Guadalajara. Asimismo, se desempeñó en las asignaturas de Historia Natural, cuando se reinstauró el Instituto de Ciencias del Estado de Jalisco. Y fue nombrado Jefe del Departamento de Medicina y segundo médico del Hospital de Belén, donde escribió un tratado médico legal sobre las heridas con definiciones de etimología griega. En ese mismo espacio laboró por un corto tiempo el médico francés Alfredo Dugés,114 llegado en 1852, quien pasó a residir en Guanajuato, desde donde mantuvo una correspondencia muy activa con Leonardo Oliva, con quien intercambiaba sus puntos de vista sobre botánica y zoología. Por su labor como docente, Leonardo Oliva fue profesor de médicos como Reyes García Flores y sus propios hijos: Juan, Sabino y Adolfo. A la muerte de Leonardo Oliva, en 1872, Reyes García Flores ocupó su lugar para dictar la cátedra de Historia Natural Médica; de la cual fue removido en 1882, debido a su filiación vallartista, por decisión del gobernador interino de Jalisco, quien a la sazón era Antonio I. Morelos (¿?-1894). En su lugar, fue asignado Juan Oliva para atender la referida materia; evidenciándose el peso del factor político en el devenir histórico de la ciencia local.115 Reyes García Flores también incursionó en el negocio de la farmacéutica; pues, en 1859, se asoció con Pedro Acosta para formar una compañía por cinco años, llamada “Botica del Santuario”, la cual no prosperó, ya que se disolvió en 1861.116 Otros poseedores de boticas, y probables alumnos de Leonardo Oliva en la Escuela de Farmacia, fueron los químicos y farmacéuticos José Antonio Gutiérrez Estévez y Adrián Puga;117 el primero estableció “La Botica Nueva”, en 1869, la cual funciona hasta la fecha;118 y el segundo fue dueño de la “Botica de Nuestra Señora de Guadalupe.,” entre 1882 y 1884;119 cuando culminó sus estudios en la Escuela de Farmacia y Medicina. 114 Rebeca García Corzo, La construcción, op, cit., p.93. 115 Rebeca García Corzo, La construcción, op. cit., p.91. 116 Ibídem, p.94. 117 Se infiere esto debido a que Adrián Puga contó anécdotas sobre la vida de Leonardo Oliva a Severos Díaz Galindo para la redacción del libro La tradición científica de Guadalajara. Vid. Severo Díaz Galindo, La tradición científica de Guadalajara, Guadalajara, Ayuntamiento de Guadalajara/Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, 1990, p.22. 118 “Es una Botica Nueva, aunque ya tiene 138 años”, en Mural, Guadalajara, 12 de febrero de 2007. Consultado en línea el 6 de mayo de 2018: http://vlex.com/vid/es-botica-nueva-aunque-80440863. 119 García Corzo, La construcción, op. cit., p.94. 44 Otro actor fundamental en los estudios botánicos de Guadalajara, y que estuvo fuera del ambiente de formación médico-farmacéutico, fue Mariano Bárcena (Véase imagen 6), ingeniero en mineralogía de profesión. Éste fue originario de Ameca; su educación la financió un mecenas, Ignacio Cañedo, dueño de la hacienda “El Cabezón.”120 Gracias a ese socorro, Bárcena ingresó, en 1865, a la Academia de San Carlos, en la Ciudad de México. Allí tomó clases de dibujo, de física y de matemáticas. En 1867, regresó a Jalisco debido a las convulsiones políticas que se vivían durante la caída del Segundo Imperio; y, una vez restaurada la república, regresó a la capital del país para estudiar en la Escuela Nacional Preparatoria, donde, seguramente, cursó botánica con José Barragán como su profesor. El caso de Mariano Bárcena es un ejemplo del científico-político desarrollado durante la simbiosis del porfiriato y el positivismo. Bárcena ocupó durante varios años la dirección del Observatorio Meteorológico Nacional, así como importantes cargos en el Ministerio de Fomento; y fue gobernador interino de Jalisco, entre 1889 y 1890, tras el asesinato de Ramón Corona (1837-1889). Imagen 6. Mariano Bárcena Fuente: Tomada de Luis Pérez Verdía, op. cit., p.587. Ahora bien, los actores mencionados se congregaron en asociaciones científicas, donde es posible que hayan debatido sus puntos de vista sobre una u otra teoría en boga, o 120 Rafael Guevara Fefer, Los últimos años de la Historia Natural y los primeros días de la Biología en México: La práctica científica de Alfonso Herrera, Manuel María Villada y Mariano Bárcena, México, UNAM, 2002, pp.142-143. 45 realizaron acciones en conjunto para experimentar posibles soluciones a problemas medioambientales. A nivel nacional, existieron tres agrupaciones que orquestaron el desarrollo de las ciencias naturales durante el siglo XIX, éstas fueron: la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, fundada en 1833; la Sociedad Mexicana de Historia Natural, creada en 1868; y la Sociedad Científica “Antonio Alzate”, en vigor entre los años de 1884 y 1930. En la capital de Jalisco existieron once sociedades de profesionales, ya fuera de médicos, farmacéuticos e ingenieros,121 siendo tales: la Academia de Ciencias Médicas, Quirúrgicas y Farmacéuticas, la Sociedad Médica de Emulación de Guadalajara, la Sociedad Filoiátrica de Guadalajara, la Academia Médica de Guadalajara, la Sociedad Científica y Literaria el Progreso, la Junta Auxiliar Jalisciense de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, la Academia Médica de Guadalajara, la Sociedad de Ingenieros de Jalisco, la Sociedad Médica la Fraternal, la Sociedad Médico Mutualista de Jalisco y la Sociedad Médico-Farmacéutica “Pablo Gutiérrez”.122 Las prácticas que realizaron los naturalistas tapatíos, tanto en la escala individual como en la grupal, fueron de dos tipos: de apropiación y difusión. Dentro de las primeras están actividades como la exploración de áreas naturales, la recolección de plantas para intercambio con otros estudiosos al interior del país y/o el extranjero, la formación de herbarios123 y jardines botánicos con los especímenesacumulados, así como la lectura de textos sobre botánica. Las del segundo tipo fueron la publicación de obras donde se exponían los resultados de las investigaciones, y la actividad como docentes de los actores involucrados. Gracias a las publicaciones de la autoría de Leonardo Oliva, Mariano Bárcena y Reyes García Flores, se sabe que estos personajes realizaron exploraciones de campo para identificar y recolectar plantas que serían catalogadas, estudiadas e intercambiadas; 121 Rebeca García Corzo, La construcción, op. cit. p.65. 122 Ibidem, pp. 65-70. 123 De acuerdo a Miguel Cházaro Basáñez, un herbario es una colección de fragmentos de plantas, generalmente sólo ramillas con flores y/o otros frutos, que se deshidratan para ser montadas, ya sean pegadas o cocidas, en cartulinas de papel brístol, de tamaño estándar, entre 30 x 40 cms. Estas plantas se acompañan de su ficha o tarjeta de información, llamadas exsiccata en la jerga de los botánicos, la cual contiene datos de su clasificación en términos biológicos. Los herbarios se archivan en gabinetes metálicos o de madera, ordenados ya sea por acomodo alfabético o filogenético, es decir, de parentesco, según lo establecen los cánones taxonómicos. Vid. Miguel Cházaro Basáñez, “Notas sobre el herbario del instituto de Botánica de la Universidad de Guadalajara”, en Tiempos de Ciencia, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, núm. 19, abril-junio 1990, pp.29-37. 46 principalmente en los alrededores de sus poblados de origen, o en las afueras de Guadalajara. Por ejemplo, la Alameda, actual Parque Morelos, que era un área con bastante humedad debido a que ahí se bifurcaba el río San Juan de Dios, fue explorada por Leonardo Oliva para encontrar plantas del género Rumex, que tiene aplicaciones para enfermedades cutáneas,124 y Polygonum, ambas de la familia poligonácea.125 Por su parte, Mariano Bárcena buscó en los bosques de robles, como el de Colomos, un ejemplar de azucena silvestre (Echeandia terniflora), la cual colectó, en 1880, y envió a Reyes García Flores.126 Asimismo, para su Ensayo Estadístico,127 Bárcena hizo exploraciones en Ahualulco, Zapotlán, Tuxpán, Hacienda de San Marcos y el volcán de Colima, el cual parece haber ascendido, por lo menos, en dos ocasiones.128 El motivo principal de las exploraciones era recoger material vivo, para la creación de jardines botánicos, o secos para la formación de herbarios; como el que hizo Bárcena, el cual contaba con 400 especímenes,129 aproximadamente, y que donó a Manuel de Urbina y Altamirano (1843-1906). Posteriormente, tras la muerte de Bárcena, el material que legó a Urbina se integró a la colección del Herbario Nacional de México (MEXU), y ahora está en custodia del Instituto de Biología, de la Universidad Nacional Autónoma de México. En lo concerniente al acervo de plantas herborizadas que legó Leonardo Oliva, éste se halla fuera del país, ya que su hijo, Juan Oliva, ordenó, en vísperas de su muerte, donar todo el material botánico reunido por él y por su padre al Instituto Smithsoniano.130Asimismo, debido al intercambio que Leonardo Oliva sostuvo con botánicos franceses, hay cerca de 100 ejemplares, o más, en París; sin embargo, sólo 25 muestras contaban con suficiente 124Leonardo Oliva, Lecciones de Farmacología, Guadalajara, Tipografía de Dionisio Rodríguez, 1853, vol. I, p.466. 125 Leonardo Oliva, Lecciones de Farmacología, Guadalajara, Tipografía de Dionisio Rodríguez, 1854, vol. II, p.329. 126 Reyes García Flores, “Azucena silvestre”, en Boletín de la Sociedad de Ingenieros de Jalisco, Guadalajara, Sociedad de Ingenieros, Número 3, 1883, p.289. 127 Mariano Bárcena, Ensayo estadístico del Estado de Jalisco, referente a los datos necesarios para procurar el adelanto de la agricultura y la aclimatación de nuevas plantas industriales, México, Tipografía de la Secretaria de Fomento, 1888, 686 pp. 128 Rogers McVaugh, Botanical Explorations, op. cit., p.12. 129 Manuel de Urbina, Catálogo de Plantas Mexicanas (Fanerógamas), México, Museo Nacional de México, 1897, 487 pp. 130 Con el afán de complementar su investigación, McVaugh acudió a esa institución, que hasta la fecha depende del Herbario Nacional de los Estados Unidos, y encontró 97 especímenes recolectados por los Oliva. Vid Rogers McVaugh, Botanical Explorations, op. cit., p.207. 47 información del área y fecha de colecta, la mayoría de estos pertenecen a la familia Compositae, que es la de las dalias y margaritas. 131 Es una lástima que muchos de los especímenes enviados por Oliva a Francia, no contaran con la información de dónde y cuándo se colectaron, ya que así se mostraría en la época del año en que Oliva podía hacer sus excursiones, y en qué zonas se aventuró; no obstante, hay unas cuantas muestras que sí lo indican, éstas refieren que el médico anduvo por las cercanías de Guadalajara, algunos caminos en torno a Magdalena, su natal Ahualulco y la Barranca de Nochitiltic. Ciertas colecciones de Oliva datan de 1854 o 1855, las cuales le permitieron realizar un listado de las especies nativas y exóticas que crecían en el Estado de Jalisco, el cual escribió en 1859 y envió a Alfredo Dugés. Éste lo presentó en la revista La Naturaleza con el título de “Flórula del Departamento de Jalisco,”132 una vez muerto Leonardo Oliva, en 1880. En dicho trabajo, las plantas se agrupaban por familias, con sus nombres comunes y científicos. Oliva también fue director del Jardín Botánico, dependiente de la Facultad de Medicina, Cirugía y Farmacia, el cual fue creado en 1840, en el marco de la reforma educativa que se había dado un año antes dentro de la Universidad de Guadalajara. Este jardín se ubicó frente al Hospital de San Miguel de Belén.133 En el Diccionario universal de historia y geografía, de Lucas Alamán y Manuel Orozco y Berra, publicado en 1856, se describe cómo era este recinto, enverjado y adornado con estatuas de Tournefort, Jussieu y Linneo.134 La lectura de textos de contenido botánico fue otra práctica medular de apropiación. Leonardo Oliva fue un profundo conocedor de los textos de Francisco Hernández; lo cual se comprueba en sus Lecciones de Farmacología, trabajo en que abundan las referencias a la obra del médico del siglo XVI. Leonardo Oliva cita a Francisco Hernández por lo menos en diez ocasiones. La primera lo hace al hablar sobre la Lobelia inflata, familiar de la albahaca, a la cual le atribuyen propiedades antiespasmódicas; sin embargo, refiere que sus acciones sobre el sistema nervioso no fueron conocidas por los antiguos mexicanos, ni tampoco lo fue 131 Ídem. 132 Vid. Leonardo Oliva, “Flórula del Departamento de Jalisco”, en La Naturaleza, México, Sociedad Mexicana de Historia Natural, vol.5, 1880, pp. 127-133. 133 En ese mismo lugar, se ubica en la actualidad un parque fundado en la década de los 40’s del siglo XX, que lleva el nombre de “Jardín Botánico”. 134 Rebeca García Corzo, La construcción, op. cit., p.168. 48 su virtud antisifilítica. Leonardo Oliva alude de nueva cuenta a Hernández cuando señala que él recomendó dos plantas, una con propiedades contra la epilepsia, y otra contra la parálisis. Asimismo, gracias a la obra de Hernández, Oliva rescata los vocablos nahuas de tales plantas: micapatli y micaxihuitl (medicina, yerba para los muertos) siendouna de ellas útil en el combate contra el reumatismo y dolores de huesos.135 En el segundo volumen de Lecciones de Farmacología, Oliva vuelve a remitirse a la de obra Hernández cuando analiza las especies de árboles que generan una resina medicinal llamada “maná”,136 la cual es una cristalización de los jugos gomoso-azucarados de ciertas especies arbóreas, que fluyen espontáneamente, o por la picadura de algunos insectos. Oliva narra que Hernández recolectó en Cuernavaca un maná de unos sauces cercanos a Oaxtepec, igualmente, informa que el protomédico identificó otras especies de árboles con las mismas características: el Itzamatl ó Tlilamatl (Bombax ceiba L.) y el Hoeipochotli, (Eriodendron anfractuosum D.C.). En otra sección de ese volumen, Oliva habla de las propiedades abortivas del sabino o ahuehuete, apoyando sus investigaciones sobre Hernández, quien decía sobre este árbol que “hace espeler el feto i la placenta, que mueve la orina &c.”137 Lo anterior manifiesta el interés que Oliva tuvo por años en las propiedades de los árboles, un trabajo relativo a dicho tema fue el artículo sobre copales, que remitió en 1870 a la revista La Naturaleza.138 De igual modo, a través de Hernández, Oliva se da cuenta de la riqueza florística del país, pues menciona que ningún país es tan abundante en salvias, como México, plantas de especial interés para Hernández.139 Siendo Oliva un experto en los trabajos hernandinos, valdría la pena saber de cuál edición de la obra de Hernández sacó toda esa información. Esta interrogante la responde una carta fechada el 25 de agosto de 1858, en la que Oliva escribió, a Alfredo Dugés, haber consultado la edición romana de 1651.140 Sin embargo, datos que definan cómo, cuándo y de quién la obtuvo aún son un misterio, pues es escasa la información que detalle cómo se formó la biblioteca de Leonardo Oliva, la cual fue adquirida por la familia Lancaster Jones, quienes 135 Leonardo Oliva, Lecciones, op. cit., Vol.I, p.131. 136 Leonardo Oliva, Lecciones, op. cit., Vol II, pp. 83-84. 137 Ibídem, p.187. 138 Leonardo Oliva, “El copal”, en Naturaleza, México, Sociedad Mexicana de Historia Natural, vol.1, núm.2, julio de 1869, pp.37-43. 139 Leonardo Oliva, Lecciones, op. cit. Vol II, pp. 83-84. 140 Apud. Rebeca García Corzo, La construcción, op. cit., 2009, pp.355-356. 49 dejaron consultarla a Rogers McVaugh (1909-2009).141 La edición romana de Hernández estaba impresa en latín, lengua que sin dificultad leía Oliva, pues recuérdese que estudió letras clásicas en el seminario. El dominio de otras lenguas fue un factor trascendental para la apropiación, construcción y difusión del conocimiento botánico en Guadalajara. De nueva cuenta, Oliva es un ejemplo de ello. Él también dominaba el francés, así lo revela el artículo que escribió en ese idioma, titulado “L’histoire de la médecine au Mexique,” que remitió a la Academia Nacional de Medicina Francesa,142 el cual nunca se publicó, y sólo se tiene la noticia, en el Bulletin de L’Académie Nationale de Médecine, de haberse recibido como manuscrito en 1857. En sus Lecciones de Farmacología. Oliva menciona los nombres de diversas plantas en alemán, holandés, inglés, italiano y ruso. También se sabe que Oliva conocía bastante del idioma mexicano y otras lenguas autóctonas, como el otomí y el tarasco, lo que plasmó en su obra, “Discurso sobre la historia de la botánica, extranjera e indígena”,143 publicado en 1869, en La Naturaleza, ahí señala los significados etimológicos de las plantas aztecas, y también da referencias de los primeros botánicos mexicanos. Publicar los descubrimientos y gestas exploratorias en obras impresas, o impartiendo clases, fueron prácticas de difusión que fortalecieron el conocimiento construido. La primera publicación de Oliva fue en 1845, en el periódico capitalino el Museo Mexicano.144 La obra que inmortalizó e internacionalizó a Oliva fue, sin duda, Lecciones de Farmacología, que consta de dos volúmenes. En tal trabajo se analizan las plantas por grupos; primero, de acuerdo a los efectos deseados, es decir, si eran astringentes, antiespasmódicos, etcétera, siguiendo el modelo de Plinio y Dioscórides; y después, por familias botánicas. Ambos tomos fueron impresos en la tipografía de Dionisio Rodríguez, en Guadalajara. Otra publicación importante en la difusión de la botánica tapatía fue el libro Lecciones de botánica de Reyes García Flores, publicado en 1863.145 En dicho texto, parafraseando a Chaumeton, se referia que estaba destinado a la educación de la juventud, porque: 141 Rogers McVaugh, Botanical Exploration, op. cit., p.207. 142 Ida Kaplan Langman, Selected, op. cit., p.551. 143 Leonardo Oliva, “Discurso sobre la historia de la botánica”, en Naturaleza, México, Sociedad Mexicana de Historia Natural, vol.1, núm.3, agosto de 1869, pp.57-61 144 Rebeca García Corzo, La construcción, op. cit., p.88. 145 Vid. Reyes García Flores, Lecciones de botánica, Guadalajara, Tipografía del Hospicio, 1863, 198 pp. 50 La Botánica [...] ofrece al que la cultiva una carrera sembrada de flores. Por esto se han escogido como la parte más adoptada para imbuir a la juventud estos agradables principios, deseando por otra parte, deleitar al mismo tiempo que enseñar. Por lo que, a aquellas plantas que su hermosura o historia despierta las inspiraciones del poeta no hemos dejado de pintarla en alguna composición, ya tomada de algún autor clásico principalmente mejicano. 146 Para la composición de esta obra menciona que se habían seleccionado un pequeño número de familias botánicas, dando prioridad, en los ejemplos de taxonomía, a las plantas mexicanas, lo que evidenciaba un dejo de nacionalismo, o, mejor dicho, de “fitonacionalismo” por parte de Reyes. De 1878 a 1883, Reyes publicó en el Boletín de la Sociedad de Ingenieros sus “calendarios botánicos”, que daban noticia, mes con mes, de la floración de las diferentes plantas de los lugares en los que hizo observaciones. En ellos citaba su nombre científico y común, así como las condiciones climatológicas en que habitaban: la temperatura, la humedad, la nubosidad, la velocidad y la dirección del viento, la vaporación y la presión barométrica. Los calendarios botánicos fueron idea de Mariano Bárcena, quien presentó los suyos entre 1877 y 1880, en el Boletín del Ministerio de Fomento y en la revista La Naturaleza. Los boletines de las asociaciones profesionales y científicas, del país y Guadalajara, fueron vehículos muy utilizados por los naturalistas tapatíos para difundir sus hallazgos. Ejemplo de ello es José Antonio Gutiérrez Estévez, quien publicó en el Boletín de la Sociedad de Ingenieros sus reflexiones sobre las aplicaciones de la botánica para el saneamiento de áreas contaminadas.147 Estévez sugirió la introducción de especies arbóreas, como el eucalipto, para contener los hedores, y habló sobre el beneficio de las plantas acuáticas en el lecho del río San Juan de Dios. El descubrimiento y nombramiento de una especie es una práctica tanto de apropiación como de difusión. Es de apropiación para el individuo al que honran con el epíteto de un espécimen debido a sus méritos, como estudioso, mecenas o político; y de difusión para el botánico que realiza la descripción. Una prueba de ello es la dedicación que hizo el alemán Carl Heinrich Schultz y Bipontinus (1805-1867) a Leonardo Oliva, pues le 146 Ibídem, p.6. 147 Antonio Gutiérrez Estévez,“Botánica Aplicada”, en Boletín de la Sociedad de Ingenieros de Jalisco, Guadalajara, Sociedad de Ingenieros de Jalisco, T.I, Núm.6, febrero 15 de 1881, pp. 167-173. 51 ofrendó el género Olivaea, y una especie Moutanoa olivae, de la familia de las Compuestas. A Dugés, también se le dedicó una hermosa planta: la Tigridia dugesii.148 Los naturalistas tapatíos del siglo XIX no fueron muy prolíficos descubriendo especies vegetales; pues el propio Leonardo Oliva sólo describió una planta, el Amyris copallifera,149 de la familia de los copales; y para su desgracia, dicha planta ya había sido descrita por Sessé y Mociño como Elaphrium copalliferum, que en la actualidad lleva el nombre de Bursera copalifera. Por su parte, Bárcena identificó seis nuevas especies, éstas fueron: una Bygnonia, pariente de la jacaranda;150 Exogonium olivae, como tributo a Leonardo Oliva;151 Gaudichaudia enrico- martinezii,152 encontrada en el talud del Tajo de Nochistongo, no lejos del lugar conocido con el nombre de Bóveda Real, donde laboró el ingeniero hidráulico Enrico Martínez, de quien se origina el epíteto;153 Hiraea barredae,154 dedicada a Gabino Barreda; Petunia villadiana,155 consagrada al médico Manuel M. Villada (1842-1922), presidente de la Sociedad Mexicana de Historia Natural; y Petrea subserrata.156 Fuera de Leonardo Oliva y Mariano Bárcena, ningún Jalisciense en el siglo XIX tuvo la suerte de hacer nuevos descubrimientos botánicos. Juan Oliva, el hijo de Leonardo contribuyó con estudios para el Instituto Médico Nacional, como el titulado “Algunos apuntes sobre la histología del tallo del Pedilanthus pavonis”, planta emparentada con la flor de nochebuena, que remitió al referido organismo en 1894.157 148 Sereno Watson, “Contributions to American Botany”, en Proceedings of the American Academy of Arts and Sciences, Boston, Boston University, vol. 20, 1885, p.375. 149 Leonardo Oliva, “El copal”, op. cit., p.40. 150 Mariano Bárcena, “Observaciones de plantas características de climas y terrenos: Descripción de la Bygnonia viminalis, por el Sr. Don Mariano Bárcena”, en Naturaleza, México, Sociedad Mexicana de Historia Natural, tomo 2, 1873, p.173. 151 Mariano Bárcena, “Viaje a la caverna de Cacahuamilpa”, en Naturaleza, México, Sociedad Mexicana de Historia Natural, tomo 3, 1874, p.92. 152 Mariano Bárcena, Descripción de una nueva planta mexicana: Gaudichaudia Enrico-Martinezii, México, Imprenta de Francisco Díaz de León, 1878, p.4. 153 Elías Trabulse, Historia de la ciencia en México, México, Fondo de Cultura Económica, México, 1994, pp. 475-477. 154 Mariano Bárcena, “Formación geológica del camino de Pachuca a Jacala y del distrito de este nombre, en el estado de Hidalgo”, en Noticia científica de una parte del estado de Hidalgo, México, Ministerio de Fomento de la República Mexicana, tomo 1, marzo de 1877, p.36. 155 Vid. Biologia Centrali-Americana; or, contributions to the knowledge of the fauna and flora of Mexico and Central America, Londres, editado por F. Ducane Godman y Osbert Slavin, 1882, tomo 2, p. 436. 156 Mariano Bárcena, “Formación geológica”, op. cit., p.31. 157 Vid. Juan C. Oliva, “Algunos apuntes sobre la histología del tallo del Pedilanthus pavonis,” en Anales del Instituto Médico Nacional de México, núm. 1, México, Instituto Médico Nacional, 1894, pp.291-293. 52 No pueden pasarse por alto la práctica de exploración gestada por los foráneos en Jalisco durante el siglo XIX. Rogers McVaugh, autor de Flora Novogaliciana¸ contabilizó 138 exploradores158que incursionaron en un área del occidente de México que denominó Nueva Galicia,159 la cual comprendía los estados de Jalisco, Nayarit, Colima, Aguascalientes, parte de Zacatecas, Durango, Michoacán y Guanajuato; esto entre 1790, año de la Real Expedición Botánica de Sessé y Mociño, y 1949, cuando inició su dicha Flora. De estos actores, los más destacables, debido al volumen de sus colectas, fueron, en orden cronológico: de Estados Unidos, Edward Palmer (1831-1911)160 y Cyrus Guernsey Pringle (1838-1911),161 uno vino en 1886, y el otro, de manera intermitente, estuvo en Jalisco entre 1888 y 1908; el francés, León Diguet (1859-1926) exploró la sierra de los huicholes en 1889;162 también en esa zona estuvo el noruego Carl Lumholtz (1851-1922), en 1896;163y, un año después, Joseph Nelson Rose (1862-1928), norteamericano, quien recolectó plantas de las cercanías de Guadalajara, algunas de la cuales resultaron ser nuevas para la ciencia, como la Mammillaria jaliscana (Véase imagen 7), una cactácea que abundaba en Río Blanco,164 área que en la actualidad está urbanizada y contaminada, por lo que dicho ejemplar se encuentra extinto en esa zona. 158 En esta cifra se ha excluido a Oliva, tanto padre como hijo; Mariano Bárcena y Adrián Puga. McVaugh no incluye en su enlista a Reyes García Flores ni a Antonio Gutiérrez Estévez. 159 Rogers McVaugh, “Botanical Exploration”, op. cit., pp. 205-357. 160 Ibídem, pp.288-289. 161 Ibídem, pp.290-291. 162 Ibídem, pp.228-232. 163 Ibídem, p.259; y vid. Carl Lumholtz, El México Desconocido, México, Instituto Nacional Indigenista, 1981, 2 vols. 164 Nathaniel Lord Britton y Joseph Nelson Rose, The Cactaceae. Descriptions and illustrations of plants of the Cactus family, Washington, Carnegie Institution, Washington 1923, vol.4, p.160. 53 Imagen 7. Mammillaria jaliscana. Fuente: Fotografía tomada por el biólogo Cesar Flores en el Huaxtla, Zapopán, Jalisco, México, 4 de enero de 1997. Otro especialista en cactáceas fue el estadounidense William Edwin Safford (1859- 1926), quien viajó a México en 1907. En los últimos días de febrero de dicho año, estuvo en Guadalajara, donde se encontró con Adrián Puga, quien le mostró varias especies de cactus hallados localmente en jardines y mercados.165La colaboración del profesor Puga con otros naturalistas extranjeros, le trajo agradecimiento y aprecio; prueba de ello es la dedicatoria que aparece en el libro Baja California Reseña Geográfica y Estadística, de León Diguet: “A mon excellent ami Adrian Puga. Bien cordial Souvenir”.166 Sobre los intercambios de Adrián Puga con otros investigadores, Severo Díaz Galindo (1876–1956) relata que, al ir a su domicilio para intercambiar periódicos y revistas científicas, se encontraba con montones de madera verde que, en cargamentos, le llegaban de varios puntos del Estado. Adrián Puga daba a los recolectores la instrucción de dejar intactas las flores y los retoños de las plantas, pues éstas serían adheridas a cartones para arreglarlas a modo de herbarios. Galindo no supo a dónde fueron a dar esas muestras; sin embargo, notó que Puga era visitado por extranjeros, y el material desaparecía, lo que sugiere que el profesor colaboró en las investigaciones de otros estudiosos, y cultivó importantes relaciones con centros botánicos del mundo.167 165 William Edwin Safford, “Cactaceae of Northeastern and Central Mexico”, en Smithsonian Report for 1908, Washington, Smithsonian Institute, 1909, p.1-15. Apud. McVaugh, op. cit., p.302. 166 Vid. León Diguet, Territorio de la Baja California. Reseña geográfica estadística, París, Librería de la Viuda de Bouret, 1912, 38 pp. 167 Severo Díaz Galindo, op. cit., pp.31-32.54 A pesar de lo anterior, Adrián Puga fue un estudioso ágrafo, pues, de su autoría no hay ni una sola publicación; sin embargo, otro motivo que le granjeó el reconocimiento de la sociedad tapatía fue su actividad como docente. Todavía, en 1928, a los 70 años de edad tomó el puesto de profesor de botánica y química en la Escuela Preparatoria de Jalisco.168 La longevidad de Adrián Puga le permitió ser un puente generacional entre sus profesores y la siguiente estirpe de naturalistas locales que fomentaron la práctica botánica en la Guadalajara de la segunda mitad del siglo XX. Cítese el caso de Alfonso Manuel Castañeda Bancalari (1906-1981) quien, en 1932, cuando cursaba la carrera de medicina en la Universidad de Guadalajara, fue alumno de Adrián Puga en la materia de Química y Practica de Laboratorio.169 Con los elementos y casos presentados en este capítulo, se rotura el camino para contextualizar, en los siguientes apartados, los actores y las prácticas que, en la Guadalajara de la segunda mitad del siglo XX, construyeron el saber y el ser botánico. Esto se manifestó en los centros de investigación, como lo fueron las universidades que formaron profesionales; y las asociaciones, donde se congregaron los expertos y los aficionados, quienes hallaban en la botánica un pasatiempo y un modo de conocer la flora autóctona para así apropiarse de símbolos de identidad regional. Asimismo, los ejemplos expuestos arriba confirman la teoría de Rebeca García Corzo, acerca de que el profesionalismo y el amateurismo coexistieron en el proceso de institucionalización de las ciencias biológicas tapatías;170 y a partir de esta premisa se fundamenta la presente investigación. 168 Archivo Histórico de la Universidad de Guadalajara (en adelante AHUG), Estante I-Anaquel 4-caja E-Libro 27- Expediente 71. 169 El Informador, Guadalajara, jueves 1 de septiembre de 1932, p.2. 170 Rebeca García Corzo, La construcción, op. cit., p.84. 55 Capítulo 2. Actores en la construcción del conocimiento botánico en Guadalajara: de la práctica amateur a la profesionalización En este capítulo se explica quiénes intervinieron en la construcción del conocimiento botánico en Guadalajara, entre los años de 1951 y 1985; aquí se presenta el lugar social en que se desenvolvieron estos personajes, y los vínculos que tejieron, producto de las prácticas que desarrollaron. En este recorrido, se pudo reconocer a dos tipos de actores: los colectivos y los individuales. Los primeros fueron los centros de educación superior, como la Universidad de Guadalajara, de la cual dependió el Instituto de Botánica (IBUG); y la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG); así como las agrupaciones de iniciativa amateur, como la Sociedad Botánica del Estado de Jalisco (SBEJ) y la Sociedad de Ciencias Naturales de Jalisco (SCNJ), donde se congregaron los actores individuales. Estos últimos, por su parte, estuvieron repartidos en dos generaciones; una de aficionados, que heredaron la tradición de los naturalistas del siglo XIX; y la otra de profesionales, constituida por agrónomos y biólogos, algunos de éstos fueron alumnos de la primera generación. Con el fin de analizar el rol de estos últimos sujetos, se plantea como objetivo de este texto explicar cómo se dio la transición entre el botánico amateur y el botánico profesional. La temporalidad planteada en este apartado coincide con la vida activa de la SBEJ, disuelta en la década de los ochentas; cuando la UdeG creó la carrera de biología; lo que significó, en la esfera local, la ruptura entre el botánico amateur y el profesional, formado como biólogo. Por lo anterior, en este capítulo se presenta la hipótesis de que, en Guadalajara, la botánica fue gestada en un inicio por aficionados, o amateurs, quienes sentaron las bases institucionales de esta ciencia en la Universidad de Guadalajara, a través de la SBEJ e IBUG, y se consolidó con la formación de botánicos profesionales en las carreras de ingeniero agrónomo y biología en esa misma casa de estudios. En contraste, para el caso de la UAG, la botánica no se instituyó por aficionados, sino al abrirse la carrera de biología, en 1965. Lamentablemente, en 2017 se decidió cerrar dicha licenciatura, además de que no hubo material de archivo que diera testimonio del desarrollo histórico y socio-cultural de la botánica en esa institución educativa; sin embargo, por fuentes secundarias, como algunas 56 notas del diario El Informador, un manuscrito inédito de Manuel García-Ulloa Gómez, exalumno de la UAG, y el artículo Jalisco y sus proyectos socioeducativos a nivel superior, 1940-1985 de Federico de la Torre,171 fue posible esbozar algunos rasgos significativos de la UAG en torno a la botánica. Sobre las fuentes para la realización de este capítulo se recurrió a los expedientes resguardados en el Archivo Histórico de la Universidad de Guadalajara (AHUG), que tratan sobre la fundación de la SBEJ e IBUG; de igual modo se tuvo la oportunidad de examinar cierta documentación en el archivo privado de Salvador Rosillo de Velasco,172 cuya hija. Luz Consuelo Rosillo, facilitó su consulta. Igualmente, las publicaciones periódicas fueron otro soporte, como los boletines editados por la SBEJ, IBUG y SCNJ, y los recursos hemerográficos del diario El Informador, sin los cuales no hubiera sido posible detallar aspectos personales de los actores individuales. Previo a presentar y confrontar entre sí los datos contenidos en estos documentos, es conveniente exponer el contexto nacional del desarrollo institucional de la botánica, para de ese modo interpretar y comprender el porqué de información contenida en ellos. 2.1 La botánica mexicana en la primera mitad del siglo XX Durante el porfiriato, la botánica se fortaleció con el impulso de organismos como el Museo Nacional de Historia Natural, el Museo de Historia Natural de Tacubaya y el Instituto Médico Nacional, los cuales aumentaron sus investigaciones y colecciones de plantas herborizadas. No obstante, estos logros se mermaron por los paulatinos fallecimientos de los naturalistas del último cuarto del siglo XIX173 y el estallido de la revolución en 1910. En este último contexto, en 1915, fue creada la Dirección de Estudios Biológicos, que heredó las colecciones de los establecimientos ya mencionados, su director fue Alfonso Luis Herrera, quien 171 Federico de la Torre, “Jalisco y sus proyectos socioeducativos a nivel superior, 1940-1985”, en Salvador Acosta (coord.), Jalisco desde la Revolución: La expansión educativa 1940-1985, Guadalajara, Gobierno del Estado de Jalisco/Universidad de Guadalajara, 1988, vol. XI, t.II, pp.45-94. 172 De este último se abundará en el cuarto capítulo. 173 Faustino Miranda, op. cit., p. 87. Entre 1899 y 1914 aparecieron en La Naturaleza las esquelas de Mariano Bárcena (1899), Alfonso Herrera Fernández (1901), José Narciso Rovirosa (1901), José Ramírez (1904), Manuel Urbina y Altamirano (1906), Fernando Altamirano (1908), José María Velasco (1912), entre otros 57 comenzó la reorganización de las ruinosas condiciones en que se hallaban los estudios biológicos en México, tras los decesos de sus colegas y el caos revolucionario.174 Alfonso Luis Herrera, es considerado uno de los más importantes artífices para la institucionalización de la biología en México,175 pues señalabaque esta nueva ciencia debía estudiar los “grandes problemas de la vida”, para de ese modo diferenciarse de la descriptiva historia natural.176 En diferentes foros, Herrera había planteado que los estudios de mera identificación y descripción debían dejarse atrás, para abrir paso al estudio de la vida, de su origen y evolución.177 Durante los primeros treinta años del siglo XX, Alfonso Luis Herrera fue quien cimentó las bases de los organismos que, en 1929, dieron vida al Instituto de Biología, entonces dependiente de la Universidad Nacional, ahora UNAM. Tras la fundación de esta entidad, la Dirección de Estudios Biológicos desapareció; y Herrera fue segregado paulatinamente de la vida científica nacional, principalmente, por conflictos político- profesionales con Isaac Ochoterena (1885-1950). Ochoterena fue otra personalidad clave en la configuración de la moderna botánica mexicana. Se formó como profesor de educación elemental, y de manera autodidacta se adentró en las ciencias biológicas, especialmente en botánica. De 1916 a 1918 fue responsable de la Sección de Biología Vegetal de la Dirección de Estudios Biológicos. En 1921, fue nombrado jefe del Departamento de Biología de la Escuela Nacional Preparatoria. Por auspicio de ese mismo plantel, en 1922, Ochoterena publicó Las Cactáceas de México, obra que sin duda influyó en Helia Bravo Hollis (1901-2001), quien entonces era una joven estudiante, y se convirtió en la máxima autoridad de la cactología mexicana. Asimismo, Ochoterena fue catedrático en la Escuela Nacional de Altos Estudios. En 1939, fue jefe del Departamento de Biología en la Facultad de Ciencias de la UNAM, donde fue nombrado investigador emérito y director honorario del Instituto de Biología, en 1946. A diferencia del rumbo teórico que Herrera siguió en las ciencias biológicas, Ochoterena siempre tuvo la idea de dar un enfoque más experimental a todas las ramas de la 174 Ídem. 175 Consuelo Cuevas Cardona, “Raíces”, op. cit., p.191. 176 Ídem. 177 Ídem. 58 biología, para de ese modo servir al desarrollo nacional. Dicha perspectiva coincidió con el interés de las autoridades mexicanas en apoyar diversas investigaciones en las ciencias naturales, entre ellas la botánica, esto en la década de 1940.178 De acuerdo a Jerzy Rzedowski (1926), dicho interés se fortaleció a raíz de dos hallazgos que hicieron mundialmente famosa a la flora mexicana: el redescubrimiento de los hongos alucinógenos (Véase imagen 8) y el aislamiento de la diosgeninas de las raíces del barbasco, Dioscorea composita (Véase imagen 9), y su consiguiente empleo en la síntesis de hormonas esteroidales para la creación de la píldora anticonceptiva.179 Imagen 8. Hongos alucinógenos de la especie Conocybes siligineoides Heim Fuente: Tomada de Richard Evans Schultes y Albert Hofmann, Plantas de los dioses, México, Fondo de Cultura Económica, 6ª reimpresión 2015, p.40. 178 Jerzy Rzedowski y Graciela Calderón de Rzedowski, op. cit., pp.215. 179 Ibídem 59 Imagen 9. Dioscorea composita Fuente: Tomada de http://www.medicinatradicionalmexicana.unam.mx/monografia.php?l=3&t=&id=7285 En las décadas de los cuarenta y cincuenta, casi toda la actividad relacionada con la investigación botánica se concentraba en la Ciudad de México y su periferia. El foco principal de atracción fue el Instituto de Biología de la UNAM, heredero de las colecciones botánicas y acervos bibliográficos de la Dirección de Estudios Biológicos. En la Facultad de Ciencias de esa misma casa de estudios, María Agustina Batalla (1913-2000) inició, desde 1938, la formación de un herbario para propósitos de enseñanza;180 que con el tiempo se fue ampliando hasta albergar más de 115 mil ejemplares herborizados de plantas vasculares, hongos y algas; la mayoría de ellos fueron colectados en el estado de Guerrero, de donde María Agustina era oriunda. Otro centro de importancia fue la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional, donde Maximino Martínez (1888-1964) creó un importante herbario desde 1943, y Manuel Castañeda Agullo (1906-2001), exiliado de la guerra civil española, estableció un laboratorio de fisiología y bioquímica vegetal. Igualmente, la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo, en el Estado de México, fundada en 1924, fue un centro de investigación en el que se destacaron catedráticos como Efraím Hernández Xolocotzi (1913-1991), dedicado al estudio de los pastos, las plantas útiles 180 Ibídem, p.216 60 y la vegetación autóctona; y la agrónoma polaca Czeslawa Prywer (1900-1965), especialista en el tópico de la citogenética.181 Dentro del país, hubo otros centros educativos que impulsaron el saber botánico. En Chiapas, se creó el Instituto de Historia Natural, donde laboró otro desterrado español y excombatiente en el bando republicano, el biólogo Faustino Miranda. Él organizó un jardín botánico regional y realizó estudios sobre la flora y la vegetación chiapaneca. Faustino Miranda refirió que las asociaciones científicas fueron de vital importancia para la construcción y difusión del conocimiento botánico en México;182 prueba de ello es que, en 1936, resurgió la Sociedad Mexicana de Historia Natural, la cual se ocupó en tratar temas sobre la flora, la vegetación y la historia de la botánica en México. Por otra parte, en 1940, se fundó la Sociedad Mexicana de Botánica, a iniciativa de Maximino Martínez, la cual vinculó a biólogos, horticultores, agrónomos, ingenieros forestales y aficionados. Entre otras agrupaciones que fomentaron la botánica se encuentran las antiguas sociedades Antonio Alzate y la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística; así como la Sociedad Forestal Mexicana, instituida en 1921; la Sociedad Amigos de las Orquídeas, que tuvo una vida efímera entre 1939 y 1944; y la Sociedad Mexicana de Cactología, creada en 1953. La mancuerna integrada por las instituciones educativas y las asociaciones de especialistas, que promovió la botánica en la Ciudad de México, se replicó en Guadalajara, donde existía una importante comunidad de artistas, intelectuales y científicos congregados en agrupaciones como el Centro Bohemio, o la Junta Auxiliar Jalisciense de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, la cual se fundó en 1864, y que hasta la fecha tiene una vida activa. Es probable que esta última asociación haya sido el vínculo entre la tradición naturalista del siglo XIX y el proceso de profesionalización de la botánica tapatía en el siglo XX; pues, Leonardo Oliva fue miembro de ella, y Alfonso Manuel Castañeda le dedicó, en 1933, la publicación de su Flora del Estado de Jalisco (Véase imagen 10),183 en un intento 181 Ídem. 182 Faustino Miranda, op. cit., p.88 183 Vid. Alfonso Manuel Castañeda, “La flora del Estado de Jalisco”, en Boletín de la Junta Auxiliar Jalisciense de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, Guadalajara, Junta Auxiliar Jalisciense de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, Núm. 3, octubre de 1933, pp. 113-160. En esa obra se enlistan por orden alfabético las plantas más comunes que crecen en esta entidad. Igualmente sigue el orden del texto Flórula del departamento de Jalisco, deLeonardo Oliva, de quien hace una semblanza. La flora de Castañeda Bancalari acabó con años de sequía en cuanto a la producción de publicación de temas botánicos en Guadalajara, sin 61 de, no sólo rendirle tributo sino, retomar los estudios de la flora autóctona. Asimismo, en la capital jalisciense, había una sólida estructura de educación superior, ahí se encontraba la Universidad de Guadalajara (en adelante UdeG), reabierta en 1937,184 y la UAG, primera corporación universitaria privada del país.185 Imagen 10. Portada de la Flora del Estado de Jalisco Fuente: Fotografía tomada por Juan Carlos de Jesús Silva Cortes del ejemplar conservado en la Biblioteca Michael Mathes del Colegio de Jalisco. 2.2 Asociaciones y Universidades: Los actores colectivos en la botánica tapatía En el seno de la UdeG, el 23 de julio de 1951 se fundó la SBEJ,186 agrupación que estuvo constituida por profesionales de heterogénea formación, principalmente ingenieros, médicos embargo, a criterios de botánicos profesionales, como el norteamericano Rogers McVaugh, esa publicación dista de contar con el rigor científico de la botánica moderna, pues es solo un catálogo de plantas, que no ilustra un panorama de las relaciones vegetales entre las familias botánicas que cubren el paisaje de Jalisco, además que en su listado incorpora plantas exóticas, es decir, aquellas cuya presencia en un territorio se debe a la introducción del género humano, por cuestiones agrícolas, industriales o por diseminación accidental, como la higuerilla, Ricinus comunis, de África, o el eucalipto, de Australia, de manera que no hace una reflexión de la flora nativa local. 184 Alfredo Mendoza Cornejo, Historia de la Universidad de Guadalajara: Antecedentes, fundación y devenir histórico (1696-1994), Guadalajara, edición del autor, 2005, p.83. 185 Federico de la Torre, “Jalisco”, op. cit., p.64. 186 AHUG, Estante I- Anaquel 9- Caja 174- libro 347- Expediente 1303, f. 91. 62 y farmacéuticos, la mayoría de ellos eran egresados de la Universidad de Guadalajara.187 Para la investigadora María Luisa Chavoya, los fundadores de la SBEJ eran eruditos, conocedores de muchos ámbitos del saber, entre ellos la botánica.188 Asimismo, la SBEJ tenía como miembros a profesores de nivel secundaria y bachillerato; probablemente, éstos se inscribían por sugerencia de los colegios donde laboraban para que así perfeccionaran sus conocimientos en botánica, esto se infiere por la lista de socios activos de 1952 (Véase imagen 11), en la que figuran varios sujetos que anotaron como su domicilio el número 1901 de la Avenida Vallarta, que era el de la Escuela Americana de Guadalajara. Imagen 11. Lista de Socios de la SBEJ en 1952 Fuente: Boletín de la Sociedad Botánica del Estado de Jalisco, Guadalajara, Sociedad Botánica del Estado de Jalisco, Núm. 1, 1952, p.48. La organización de la SBEJ se guiaba por unos estatutos que disponían que la mesa directiva debía ser renovada cada dos años.189 Desde su fundación hasta 1960, su presidente y secretario fueron Pablo Gonzalo Franco (1898-1991), y Alfonso Basulto Limón (1912- 1988), ambos catedráticos de la Facultad de Química, y el primero director del Instituto 187 María Luisa Chavoya Peña, op. cit., p.197. 188 AHUG, Estante I- Anaquel 9-Caja 167-libro 333- Expediente 132, f. 337. 189 Enrique Estrada Faudón, op. cit., p. 46. 63 Tecnológico de la UdeG. La sesión inicial de la SBEJ se llevó a cabo el lunes 20 de agosto, a las 17 horas, en un aula de la referida facultad.190 A dicha reunión, se invitó a Jorge Matute Remus (1912-2002), entonces rector de la Universidad de Guadalajara, quien fue nombrado socio honorario y fundador de la SBEJ, debido a su interés por impulsar la investigación científica.191 Ejemplo de lo anterior, fue el subsidio que otorgó a la SBEJ por cien pesos mensuales, en septiembre de 1951.192 La esencia fundamental de la SBEJ, según Franco, era la investigación y el desarrollo de la botánica para emplearse en la química y la medicina.193 Para cumplir con ello, la SBEJ debía trabajar bajo el patrocinio de la UdeG.194 Franco pidió al rector Matute Remus que pusiera a consideración del Consejo Universitario el deseo de los socios de la SBEJ por convertirla en una dependencia de investigación de la UdeG. Así se llevarían a cabo labores como el encauzamiento hacia la investigación de parte del alumnado, la organización de un jardín botánico dentro del Instituto Tecnológico, y la creación de un bosque en terrenos del mismo campus con fines de experimentación arbórea.195 El Consejo, en sesión del 18 de diciembre de 1951, aprobó la solicitud de la SBEJ.196 Tras la anexión institucional a la UdeG de la SBEJ, los miembros de ésta, en sesión ordinaria que se celebró el lunes 6 de octubre de 1952, determinaron crear el IBUG, cuya sede estuvo en el Instituto Tecnológico. Para que el naciente organismo comenzara a desarrollar su programa de actividades, se pidió al rector de la Universidad que designara un director y un secretario de entre los miembros de la SBEJ, quienes estaban dispuestos a trabajar sin remuneración alguna.197 La terna presentada para ello estuvo integrada por el profesor Alfonso Basulto Limón, el doctor Carlos Bancalari (1906-1973) y el ingeniero Agustín Gómez y Gutiérrez (1901-1983).198 Este último resultó electo para dirigir ese instituto,199 mientras Pablo G. Franco fue designado secretario. En julio de 1953, la rectoría 190 Ídem. 191 AHUG, Estante I-Anaquel 8-Caja 153-Libro 310-Expediente 162, f. 272 192 AHUG, Estante I-Anaquel 9-Caja 167-Libro 333-Expediente 132, f. 336 193 Ibídem, f. 337 194 Ídem. 195 AHUG, Estante I-Anaquel 9-Caja 174-Libro 347-Expediente 1303, f. 91 196 AHUG, Estante I-Anaquel 9-Caja 170-Libro 338-Expediente 363, f. 341 197AHUG, Estante I-Anaquel 9-Caja 194-Libro 377-Expediente 952, f. 395 198 Ídem. 199 Ídem. 64 otorgó al IBUG un subsidio por tres mil pesos para el desarrollo del jardín botánico del Instituto Tecnológico.200 Esto se debió a que hubo un acuerdo verbal con el rector acerca de conceder seis mil pesos anuales, beneficio que se entregaba semestralmente, el cual se ratificó en un oficio fechado el 12 de agosto del mismo año. Las aportaciones voluntarias hechas por los alumnos del Instituto Tecnológico eran la fuente de tales fondos.201 En palabras de Luz María Villarreal de Puga (1913-2013), el IBUG fue la continuación de la SBEJ;202 esto puede ser considerado como la manera en que los aficionados previeron su supervivencia dentro de la Universidad. Los apoyos pecuniarios brindados a la SBEJ, tras la creación del IBUG, no tardaron en rendir frutos, pues, el primer boletín de la Sociedad se imprimió en 1952. Es probable que uno de los temas presentados en esa publicación, escrito por la profesora Guillermina Urzúa (1927), que trataba sobre los hongos y la producción de antibióticos,203 haya llamado la atención del jefe de patología infecciosa del hospital civil, Francisco Ruiz Sánchez (1914- 1965); quien invitó a la SBEJ para exponer sus investigaciones en la Gran Feria de Jalisco, que se celebró en octubre de 1953.204 Por tal motivo, la SBEJ preparóun proyecto que incluía conferencias que impartirían sus miembros,205 así como exposiciones, como la de una maqueta a escala del jardín botánico e invernadero que albergaría plantas autóctonas en el Instituto Tecnológico.206 Para tan ambicioso programa, los miembros de la SBEJ deseaban saber si contarían con el financiamiento correspondiente,207 estimándolo en 28,000 pesos.208 Para Ruiz Sánchez, tal cantidad era muy elevada, pues la misma cifra correspondía casi el 200 Ibídem, f. 390. 201 Ibídem, f. 389. 202 Luz María Villarreal de Puga, op. cit., p. 6. 203 Guillermina Urzúa, “Estudio de los hongos actinomicetos presentes en los suelos del valle de Guadalajara, en relación a sus características como productores de antibióticos,” en Boletín de la Sociedad Botánica del Estado de Jalisco, Guadalajara, Sociedad Botánica del Estado de Jalisco, núm. 1, 1952, pp. 5-36. 204 AHUG, Estante I-Anaquel 10-Caja 214-Libro 405-Expediente 814, f. 194. 205 Las temáticas y participantes propuestos para ese evento fueron los siguientes: Raúl Chávez con “Técnicas para Laboratorio de Suelo”, Carlos Bancalari y “Monografías de nuestras plantas Regionales”, Salvador Rosillo de Velasco y su “Introducción al estudio de las Orquidáceas del Estado de Jalisco”, Amancio Rodríguez con “Pteridología de los alrededores de Guadalajara”, “Estudio sobre el cultivo del Café” de Ventura Parra, Pablo G. Franco con “Plantas medicinales del Estado de Jalisco”, Agustín Gómez y Gutiérrez abordaría la conferencia “Estudio sobre las maderas en el Estado de Jalisco” y Maximino Santoyo con “Estudio sobre injertos de algunas cactáceas”. 206 AHUG, Estante I-Anaquel 10-Caja 214-Libro 405-Expediente 814, f. 194. 207 Ídem. 208 AHUG, Estante I-Anaquel 10-Caja 214-Libro 405-Expediente 810, f. 187. 65 total que la Universidad disponía para organizar sus diferentes exposiciones, de manera que la SBEJ no participó en el evento.209 Una forma que la SBEJ tenía para difundir sus investigaciones eran las reuniones realizadas en los salones de la planta alta del Instituto Tecnológico.210 Para Enrique Estrada Faudón (1927-2013), estas sesiones parecían más tertulias; ya que no tenían un protocolo para su desarrollo, ni se levantaba un acta que recogiera los puntos más importantes tratados en ellas; además, éstas sólo se realizaban cuando el profesor Franco disponía de tiempo, pues él se encargaba de convocar a los socios y la gente interesada mediante postales.211 A pesar de todo, Estrada reconoció que los temas de conversación siempre eran relacionados con las plantas.212 Asimismo, la SBEJ organizaba convivios para reconocer los logros de sus integrantes, tal es el caso de la cena en honor de Alfonso Manuel Castañeda, en febrero de 1955, por su ingreso como titular a la Academia de Historia de la Medicina en la Universidad de Guadalajara.213 El año de 1957 fue muy fructífero para la SBEJ, ya que, en mayo, colaboraron en un festival organizado por el Guadalajara Garden Club.214 También, los profesores Pablo G. Franco, Alfonso Basulto Limón y el jardinero Maximino Santoyo (1904-¿?) presentaron ejemplares recolectados en sus excursiones para el Jardín Botánico “Leonardo Oliva”; y se gestionó la organización de la ceremonia del “Día del Árbol”, que se llevó a cabo el día 29, nombrándose para ello una comisión, integrada por Pablo G. Franco, Agustín Gómez y Alfonso Castañeda.215 Asimismo, en ese año se publicó el segundo número del boletín de la SBEJ, dedicado a los helechos, por el profesor Amancio Rodríguez Becerra (1922-¿?), cinco años después del primero; la demora se debió, quizás, a falta de recursos económicos. Tanto la Federación Cafetalera de América, con sede en San Salvador, como la Universidad de California pidieron ese impreso.216 209 Ídem. 210 Enrique Estrada Faudón, op. cit., p. 46. 211 Ídem. 212 Ídem. 213 El Informador, Guadalajara, martes 15 de febrero de 1955, p.9 214 El Informador, Guadalajara, sábado 27 de julio de 1957, p.6 215 Ídem. 216 Ídem. 66 Lo anterior sugiere la internacionalización de la SBEJ, pues, además de las solicitudes de canje del boletín; el alemán Klaus Greiner, de Leipzig, envió una carta en la que pedía semillas de cactáceas; y, el botánico americano, Walter Pesman, de Denver, Colorado, requirió que se le ayudase a identificar algunos ejemplares botánicos para la preparación de su libro sobre plantas mexicanas a lo largo de las carreteras,217 el cual llevó por título Meet Flora Mexicana (Imagen 12), publicado en 1962, en el que agradece la distinción que le hizo la SBEJ al nombrarlo miembro honorario, y el apoyo brindado por Pablo G. Franco y Alfonso Basulto Limón.218 Imagen 12. Portada de Meet Flora Mexicana Fuente: Fotografía tomada por Juan Carlos de Jesús Silva Cortes, de la biblioteca personal de Otto Schöndube Baumbach. Una serie de sucesos, acaecido en 1959, reconfiguraron la SBEJ, tanto en la composición de sus miembros, como en su jerarquía. El primero de ellos fue una tragedia, pues, el 18 de mayo,219 murió Irene Baeza, esposa del ingeniero Luis Puga de Robles Gil, a causa de un cáncer.220 Tras esto, el ingeniero encontró consuelo a su pérdida al contraer segundas nupcias con Luz María Villarreal, quien se incorporó a la plantilla de socios de la 217 Ídem. 218 Walter Pesman, Meet Flora Mexicana, Arizona, Dale S. King Publisher, 1962, p. 5. 219 El Informador, Guadalajara, martes 19 de mayo de 1959, p. 8. 220 Enrique Estrada Faudón, op. cit., p. 47. 67 SBEJ realizando una entusiasta labor. Otro acontecimiento medular, en el futuro de la SBEJ, fue la renovación de su mesa directiva, en 1960;221 resultando electo Enrique Estrada Faudón;222 y como secretaria la maestra Puga, identidad con la que fue conocida Luz María Villarreal. Mientras en la SBEJ hubo cambios en su estructura; en el IBUG continuaron en funciones los mismos personajes desde que se fundó esa dependencia en 1953: Agustín Gómez y Gutiérrez como director, y Pablo G. Franco como secretario.223 Así lo revela un informe que la UdeG envió al Instituto de Investigaciones de Zonas Desérticas, de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí,224 debido a que esta entidad deseaba publicar un directorio de todas las personas que en México se relacionaran con la investigación botánica, ya fueran profesionales o aficionados.225 Este listado se preparaba con motivo del primer Congreso Mexicano de Botánica, que se llevó a cabo del 24 al 26 de octubre de 1960, en la Ciudad de México, organizado por la Sociedad Botánica de México.226 Al mencionado Congreso, asistieron en representación de la SBEJ: el profesor Pablo G. Franco, Enrique Estrada Faudón, Luz María Villarreal de Puga, Luis Puga de Robles Gil, Salvador Rosillo de Velasco, Agustín Gómez y Celina de Escobedo.227 La aportación científica del grupo jalisciense (Véase imagen 13) la constituyó el trabajo titulado “Accidentes producidos por las plantas”, presentado por Estrada Faudón, que, de acuerdo a la nota periodística, tuvo una magnífica aceptación como trabajo original de 221 Ibídem, p. 46. 222 Ídem. 223 AHUG, Estante II-Anaquel 78-Caja 303-Libro 528-Expediente 28, f. 265. 224 Ibídem, f. 264. 225 Ídem. 226 El Informador, Guadalajara, jueves 10 de noviembre de 1960, p.11.La sesión inaugural se celebró en el aula magna de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional, y ostentaba el siguiente lema: “Las plantas son el sustento de la vida humana. El Progreso de México requiere un mayor conocimiento de los recursos vegetales”. Jaime Torres Bodet, entonces cabeza de la Secretaría de Educación Pública, estuvo presente en la apertura del congreso, que estuvo presidido por Maximino Martínez. Jerzy Rzedowski fue el secretario y organizador del mismo; pues, entonces, era presidente de la Sociedad Botánica de México. Otras personalidades de la botánica nacional que estuvieron presentes fueron Efraím Hernández Xolocotzi, especialista en pastos; el biólogo Gastón Guzmán, experto en el reino fungí; la profesora Laura Huerta, dedicada a la biología marítima; la doctora Helia Bravo Hollis, autoridad mundial en cactáceas; el profesor japonés- mexicano Eizi Matuda, descubridor de numerosas especies de dioscóreas; Faustino Miranda, quien junto a Hernández Xolocotzi fueron autores de Los tipos de vegetación de México y su clasificación, obra impresa en 1963 por la Sociedad Botánica de México; y Czeslawa Prywer, reconocida como la más notable genetista que había en el país. 227 Ídem. 68 investigación.228Al término del congreso, Estrada Faudón, Luis Puga Robles Gil y Luz María Villarreal se incorporaron a una excursión científica que recorrió parte del Golfo de México y sur de la república.229 Imagen 13. Grupo de Jaliscienses que participaron en el Congreso Mexicano de Botánica. En el centro, Salvador Rosillo de Velasco; le sigue a la izquierda, Enrique Estrada Faudón; Luis Puga Robles Gil y Luz María González Villarreal Fuente: Tomada de Servando Carvajal et al., Luz María Villareal de Puga: Apuntes para una biografía, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 2004, p.24. El primer congreso mexicano de botánica permitió a la SBEJ acrecentar su capital social, pues en él, sus socios se vincularon con otras organizaciones, instituciones y personajes de intereses similares dentro y fuera del país. La participación de la delegación jalisciense en ese evento fue producto de la pasión con que Enrique Estrada Faudón presidió la SBEJ, en la que hizo una serie de innovaciones, como editar el tercer y último número del boletín, levantar actas de cada sesión y anunciar sus actividades en los diarios locales y en la cartelera de la Casa de la Cultura Jalisciense,230 lugar al que se trasladó la SBEJ. 228 Ídem. 229 Ídem. 230 Vid Enrique Estrada Faudón, op. cit., p.47. Este edificio, ubicado en la avenida 16 de septiembre y la calle constituyente, se inauguró el 7 de febrero de 1959, durante el gobierno de Agustín Yáñez; fue construido, exprofeso, para concentrar todas las instituciones culturales de Jalisco. 69 A la nueva sede, se invitó más público, en especial a jóvenes estudiantes.231 Uno de ellos fue Roberto González Tamayo, entonces alumno de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Autónoma de Guadalajara. Él se adhirió a dicha sociedad el 9 de marzo de 1961, con la conferencia “Las orquídeas sus características y propagación”.232 En dicho evento, se presentó una colección de orquídeas tanto de Jalisco, como de Orizaba, Michoacán, Guerrero y Puebla.233 González Tamayo disertó durante una hora sobre las características y clasificaciones botánicas, así como los medios de producción de ese grupo de plantas, mostrando una serie de transparencias que ilustraban debidamente sus palabras.234 El espacio asignado a la SBEJ en la Casa de la Cultura Jalisciense era un pequeño cubículo dotado de sillas plegadizas, donde también había un archivero metálico y un pizarrón que habían sido comprados por Enrique Estrada.235 Por lo anterior, era imposible albergar en la nueva sede los pesados y voluminosos muebles que se encontraban en el Instituto Tecnológico, que consistían en una gran mesa y sillones de madera estilo colonial mexicano.236 Ante dicho problema, Estrada resolvió donar el antiguo mobiliario al bazar de la Ciudad de los Niños del padre Cuéllar.237 Esta disposición desató la molestia de los miembros más antiguos de la SBEJ, quienes protestaron a Estrada. Éste no toleró el reproche, y presentó su renuncia con carácter de irrevocable a la presidencia de dicha sociedad, pero al mismo tiempo amenazó con fundar otra institución que abarcaría todas las ramas de estudio de la naturaleza, y no sólo del reino vegetal.238 Para Enrique Estrada Faudón, la SCNJ surgió de un conflicto interno de la SBEJ.239 En el acta constitutiva de la SCNJ, no aparecen los nombres de Pablo G. Franco, Alfonso Basulto Limón, Amancio Hernández, Salvador Rosillo de Velasco, Alfonso Manuel Castañeda y Agustín Gómez y Gutiérrez; de manera que, puede inferirse que éstos fueron los “miembros más antiguos”, detractores de Estrada. Éste fue sucedido en la presidencia de la 231 Ídem. 232 El Informador, Guadalajara, jueves 9 de marzo de 1961, p.11. 233 Ídem. 234 Ídem 235 Enrique Estrada Faudón, op. cit., p. 47. 236 Ídem. 237 Ídem. 238 Ibídem, p. 48. 239 Ídem. 70 SBEJ por Carlos Bancalari Rodríguez, uno de sus principales seguidores para la fundación de la SCNJ; pues, la firma del acta constitutiva de esa nueva sociedad tuvo lugar en el domicilio particular de Bancalari.240 Por lo anterior, la hipótesis de una ruptura al interior de la SBEJ parece contradictoria; más bien, este episodio reflejó una lucha por el control de los espacios institucionales donde se desarrollaron los estudios botánicos y de otras ciencias naturales. La tempestad se calmó, en un corto tiempo, entre la SBEJ y SCNJ, así lo evidencian los hechos de que Agustín Gómez y Gutiérrez y Alfonso Manuel Castañeda aparezcan en la lista de asistentes a la primera reunión de la SCNJ, en 1961; y que el profesor Pablo G. Franco figurara como miembro titular de la SCNJ.241 Asimismo, como muestra de reconciliación, Carlos Bancalari, ya siendo presidente de la SBEJ, envió en julio de 1962 una carta a Salvador Rosillo para convocarlo a las elecciones que tenían el propósito de renovar la mesa directiva de la SBEJ, ya que en ese año se celebraba el onceavo aniversario de su fundación. Bancalari, como gesto de respeto, le escribió a Rosillo que: Esta sociedad, desde su inicio, ha tenido un gran colaborador en usted y lamenta las causas que lo han tenido alejado de ella, deseamos que pronto se subsanen para tenerlo nuevamente entre nosotros y conocer los trabajos que en su especialidad botánica [la orquideología] usted realiza.242 La elección se realizó el sábado 14 de julio. En el evento, el doctor José Preciado Kijada propuso que era muy conveniente para la SBEJ la permanencia de Carlos Bancalari, por un año más en la presidencia. Sobre esto, Enrique Estrada Faudón, quien también estuvo presente, indicó que toda la mesa directiva fuera reelecta, para que así se lograra consolidar el programa de trabajo, tratado inicialmente durante su gestión, y que no se había desarrollado íntegramente. Los asistentes por unanimidad aprobaron la continuidad de la mesa directiva integrada por Carlos Bancalari, como presidente; Luis Puga de Robles Gil, en función de 240 Ídem. La casa de Carlos Bancalari se ubicaba en el número 954 de la calle Morelos, ahí se hizo llamar alnotario público número 51 de Guadalajara, el licenciado Rodolfo E. Bayardo Hernández, para que diera fe de la fundación de Sociales Ciencias Naturales de Jalisco (SCNJ). 241 Vid. lista de socios en Boletín de la Sociedad de Ciencias Naturales de Jalisco, A.C., Guadalajara, Sociedad de Ciencias Naturales de Jalisco A.C., vol. 1, núm. 1, enero-febrero de 1966. 242 Archivo Personal de Salvador Rosillo, en adelante APSR, 1962, julio, 19, de Carlos Bancalari a Salvador Rosillo. 71 vicepresidente; Luz María Villarreal, en el puesto de secretaria; Roberto González Tamayo como subsecretario; y Celia Delgado de Orozco, como tesorera.243 La SBEJ y la SCNJ coexistieron durante décadas, hasta que la primera desapareció en 1985; ambas compartieron los mismos miembros y el mismo cubículo en la Casa de la Cultura Jalisciense. Si bien es cierto que la SBEJ estaba adherida a la Universidad de Guadalajara, su esencia fue la de una asociación amateur, es decir donde gente no especializada podía reunirse para aprender y debatir sobre temas botánicos. Esta característica se trasladó a la SCNJ, lo que hizo que la SBEJ disminuyera de cuórum, y, a la vez, que la Universidad prefiriera apoyar la práctica botánica a través del IBUG, y no en una agrupación de aficionados. En 1965, el ingeniero Agustín Gómez y Gutiérrez asumió la presidencia de la SBEJ,244 dejando la dirección del IBUG, la cual fue tomada por el doctor Carlos Bancalari. Bancalari dio prioridad al mantenimiento del jardín botánico, en especial a la colección de plantas del invernadero, puesto que la superficie al aire libre estaba saturada de árboles.245 Asimismo, se adquirieron más de 200 especies vivas de orquídeas, todas de Jalisco; y se recolectaron y adaptaron cactáceas y helechos, así como diversas plantas exóticas.246 Durante su gestión, el IBUG fue trasladado del Instituto Tecnológico a un edificio anexo a la Escuela de Agricultura en “Los Belenes”, Municipio de Zapopan, en 1973. En ese año, se comenzó la colección de semillas de plantas silvestres y plantas cultivadas; así como una xiloteca, que era una colección de tejidos maderables; y un Herbario Fitopatológico, atendido por los estudiantes.247 El domingo 16 de diciembre de 1973, antes de salir a una excursión,248 falleció Carlos Bancalari. Tras esto, en febrero del siguiente año, Enrique Estrada Faudón fue designado como nuevo director del IBUG, y como secretaria Luz María Villarreal de Puga. Estos dos 243 El Informador, Guadalajara, lunes 16 de julio de 1962, p. 12 A. 244 El Informador, Guadalajara, miércoles 21 de julio de 1965, p. 3 A. 245 Luz María Villarreal de Puga, op. cit., p. 7. 246 Ídem. 247 Ídem. 248 Juana Ramírez Herrera, “Semblanza del Dr. Carlos Bancalari Rodríguez”, en Boletín Informativo del Instituto de Botánica, Guadalajara, Departamento de Ciencias Biológicas Escuela Superior de Agricultura Universidad de Guadalajara, época I, núm. 3, noviembre-diciembre de 1974, p. 9. 72 personajes impulsaron la investigación y docencia de la botánica en la Facultad de Agronomía, donde se educó a la generación que les relevaría en décadas posteriores. En la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco, se encuentran 13 tesis de los estudiantes de agronomía dirigidos por Estrada Faudón, en las que se pudo revisar que las temáticas de estos trabajos versaron sobre agricultura,249 alimentos de origen vegetal,250 uso de agroquímicos,251 etnobotánica252 y conservación medioambiental253. En 1981, Estrada Faudón dejó la dirección del IBUG para coordinar el recién fundado Instituto de Geografía; su relevo fue Luz María Villarreal de Puga, en cuya gestión dio inicio el proceso de renovación generacional del IBUG. De manera paulatina los amateurs fueron cediendo lugar a los jóvenes profesionales; por ejemplo, Jorge Alberto Pérez de la Rosa, recién egresado de la carrera de agronomía en la UdeG, ocupó el cargo de secretario del IBUG, y Luz María González, hija de la maestra Puga, se integró a la plantilla de investigadores del IBUG, después de haberse graduado en 1975 como bióloga por la UAG. 249 V.g.: Austreberto Barraza Sánchez, El cultivo del aguacate (Persea spp.) en el Estado de Jalisco, Guadalajara, Tesis de Licenciatura en Ingeniero Agrónomo Universidad de Guadalajara, 1974, 119 pp.; Benjamín García Samudio, Características e influencias del medio en la adaptación y desarrollo de especies vegetales estudio basado en la región del municipio de Atemajac de Brizuela, Jalisco, Guadalajara, Tesis de Licenciatura en Ingeniero Agrónomo Universidad de Guadalajara 1976, 99 pp.; Eduardo Humberto Jiménez González, Estudio fenológico de los principales cultivares de manzano en Canatlán, Durango Guadalajara, Tesis de Licenciatura en Ingeniero Agrónomo Universidad de Guadalajara, 1977; y José de Jesús Rodríguez Castañeda, Diagnóstico y control de las plagas del algodonero en los Valles de Cintalpa y Jiquipilas, estado de Chiapas, Guadalajara, Tesis de Licenciatura en Ingeniero Agrónomo Universidad de Guadalajara, 1979, 80 pp. 250 V.g.: Francisco Javier Cardona de Hijar, El gandul (cajanus cajan -l-) leguminosa de grano nueva fuente de proteínas para el hombre y los animales, Guadalajara, Tesis de Licenciatura en Ingeniero Agrónomo Universidad de Guadalajara 1980, 65 pp. 251 V.g.: Gutiérrez Macías, Acción de 9 herbicidas en el control de malezas desarrollo y rendimiento en el cultivo de maíz, Guadalajara, Tesis de Licenciatura en Ingeniero Agrónomo Universidad de Guadalajara, 1977, 51 pp.; José Isabel Cruz González, Estudio de fungicidas: hinosan, kasumin y benlate para el control de la quema de arroz (pyricularia oryzae) en el estado de Campeche, Guadalajara, Tesis de Licenciatura en Ingeniero Agrónomo Universidad de Guadalajara, 1977, 67 pp.; y Lorenzo Sánchez Gutiérrez, Evaluación ecológica del municipio de Teuchitlán, Jalisco, Guadalajara, Tesis de Licenciatura en Ingeniero Agrónomo Universidad de Guadalajara 1980, 80 pp. 252 V.g.: Armando Arévalo Hernández, La botánica náhuatl, sus aplicaciones médicas, enteogénicas y toponímicas, Zapopan, Tesis de Licenciatura en Biología Universidad de Guadalajara, 1996, 109 pp. 253 V.g.: Carlos Alberto Jiménez González, Ecología de los pastos nativos de los Altos Jalisco, Guadalajara, Tesis de Licenciatura en Ingeniero Agrónomo Universidad de Guadalajara, 1976, 138 pp.; Miguel Ledesma Ruiz, Plan de conservación de suelos para el estado de Guanajuato, Guadalajara, Tesis de Licenciatura en Ingeniero Agrónomo Universidad de Guadalajara, 1977, 40 pp.; José Refugio Cárdenas Barragán, Evaluación ecológica y agropecuaria del ejido de Talpa, Guadalajara, Tesis de Licenciatura en Ingeniero Agrónomo Universidad de Guadalajara 1977,155 pp.; y José Francisco Cervantes Méndez, Condiciones ecológicas, tipos de vegetación y problemas de sobrepastoreo en el municipio de Candela, Coahuila, Guadalajara, Tesis de Licenciatura en Ingeniero Agrónomo Universidad de Guadalajara, 1978, 90 pp. 73 Entre la oferta educativa de la UAG se encontraba la carrera de biólogo, cuya apertura se anunció en el diario El Informador, el lunes 28 de junio de 1965, volviendo a publicarse el comunicado los días 25 y 26 de julio.254 En dicha noticia se indicaba que la carrera referida iniciaría sus clases en septiembre del mismo ciclo, y tendría una duración de cuatro años. Las materias que se impartieron fueronbotánica, zoología, citología general, histología animal comparada, organografía y embriología vegetal, paleobiología, biología general, técnicas selectas de laboratorio, raíces de lenguas indígenas, biogeografía, entre otras.255 De acuerdo a un breve ensayo histórico sin publicar sobre la Escuela de Biología de la UAG de Manuel García-Ulloa Gómez, egresado de la misma, se refiere que la licenciatura en biología funcionó con plan anual de estudios durante los primeros años de existencia.256 El primer director de la Escuela de Biología fue Salvador Hermosillo Hernández, médico de profesión. Para la impartición de clases, se trajeron biólogos profesionales de la Ciudad de México, como Carlos Díaz Luna (1936-1992), egresado de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional;257 Juana Huerta Crespo, también de esa institución; 258 Sagrario Lavín Flores, de la Escuela de Ciencias de la UNAM;259 entre otros. En un inició, la nueva carrera se ubicó en el fraccionamiento Lomas del Valle, en la misma sede del Instituto de Ciencias Biológicas de la UAG, donde se enseñaba medicina.260 Para 1968, se trasladó a la finca número 1540 de la calle Pedro Moreno,261 en cuya cochera se inició el herbario; mismo que en una ocasión sufrió un incendio, perdiéndose parte de la colección.262 Tras ese siniestro, la Escuela de Biología se cambió nuevamente a Lomas del Valle, donde operó hasta 2017. La primera generación terminó en 1969, con nueve egresados, siendo éstos: Patricia Imelda Espinosa Camarena, María de los Ángeles Luján Cruz, José Francisco Reynoso Mendoza, Marcelo Rodríguez Meraz, José Luis Sánchez Ríos, María de la Luz Jolly de Silva Dávila, Adolfo Valdés Rivas, Antonio Vela Pérez y José de Jesús 254 El Informador, Guadalajara, lunes 28 de junio de 1965, p. 1C. 255 Ídem. 256 Manuel García-Ulloa Gómez, Escuela de Biología Universidad Autónoma de Guadalajara, Guadalajara, texto inédito, 2015, p.1. 257 José Aquileo Lomelí, “Semblanza de Carlos Luis Díaz Luna”, en Acta Botánica Mexicana, Sociedad Botánica de México, Núm. 20, 1992, p. 119. 258 El Informador, Guadalajara, miércoles 12 de febrero de 1969, p. 3C. 259 Ídem. 260 Manuel García-Ulloa Gómez, op. cit., p.1. 261 Ídem. 262 Ídem. 74 Vizcarra Tirado; apadrinados por el médico Luis Garibay Gutiérrez (1916-1999), rector de la UAG.263 En la década de los setenta, la Escuela de Biología adquirió su independencia académica de la Facultad de Medicina de la UAG. Quien estuvo al frente de dicho proceso fue el biólogo José de Jesús Vizcarra Tirado, graduado de la primera generación, desempeñándose como director desde 1974 hasta 1989.264 Vizcarra Tirado encauzó el rumbo de la licenciatura hacia la vinculación con el sector económico-productivo de la sociedad; sostenía que el campo de acción de un biólogo era muy amplio, pues quienes lo ejercían podían dedicarse a la conservación y explotación de las riquezas bióticas del país.265 Además, durante su gestión se incentivaron las investigaciones en dos áreas concretas: el reconocimiento de los recursos naturales en el campo de la botánica, y la anatomía de la madera de pino, es decir, los usos adecuados y las distintas aplicaciones de dicho árbol,266 probablemente para colaborar con aserraderos de importancia regional, como el de Atenquique. La UAG estuvo incorporada a la UNAM desde su fundación hasta 1991, año en que la Secretaría de Educación Pública le otorgó el reconocimiento oficial y la autorización para emitir sus propios títulos.267 Por lo anterior, los diplomas de biólogo eran expedidos por la máxima casa de estudios de la nación. Desde 1929, cuando se organizó el Instituto de Biología, la UNAM tuvo una sólida tradición en los estudios biológicos; por lo tanto, es probable que la UAG, en un intento de seguir sus pasos, diseñó una oferta educativa similar. De tal manera, el hermanamiento entre la UNAM y la UAG puede ser una pista para comprender el motivo por el que esta última adelantó a la UdeG en el establecimiento de una carrera de biología, espacio exprofeso para la especialización y profesionalización de los estudios botánicos. Para entender el fenómeno anterior, se precisa explicar cómo se configuró ideológica y pragmáticamente la UAG. 263 Consultado en el Departamento de Ciencias Químicas de la Universidad Autónoma de Guadalajara. 264 Manuel García-Ulloa Gómez, op. cit., p.1. 265 El Informador, Guadalajara, martes 28 de septiembre de 1976, p. 5 C. 266 Ídem. 267 El Informador, Guadalajara, martes 30 de julio de 1991, p. 10 A. 75 La UAG tuvo su origen en el alzamiento contra el proyecto nacional de educación socialista, que se promovió durante el mandato de Lázaro Cárdenas. El 11 de marzo de 1935, un grupo de profesores y estudiantes, opositores a dicho plan, enviaron una solicitud al gobernador Everardo Topete para que apoyara la creación de la Universidad Autónoma de Occidente, la cual debía estar libre de toda ideología política.268 Topete rechazó aquella propuesta; sin embargo, unos abogados aprovecharon el movimiento de autonomía universitaria en la capital de país, y, el 24 de abril, promulgaron la fundación de la Facultad Autónoma de Jurisprudencia; concatenándose la creación de la Facultad Autónoma de Ingeniería, el día 26; la de la Preparatoria Autónoma, al día siguiente; la de la Facultad Autónoma de Medicina, el 8 de mayo; y la de la Facultad Autónoma de Ciencias Químicas, el 29 de mayo.269 Para dar legitimidad a esas declaratorias, el 11 de julio, la Universidad Autónoma de México reconoció la Escuela Preparatoria, la de Jurisprudencia y la de Medicina, con ello se fundó la Universidad Autónoma de Occidente, antecedente de la UAG. En el comienzo, la UAG estuvo apoyada por la iniciativa privada, el clero y otros grupos opositores de las ideas revolucionarias. Entre las ramas de la iglesia católica, la Compañía de Jesús fue un importante aliado para la fundación de la UAG.270 No obstante, en los años cincuenta, los jesuitas se distanciaran esa universidad debido a las tendencias fascistas que paulatinamente se fueron adoptando en su interior, con la creación de grupos clandestinos como los tecos.271 Por otra parte, en esa misma década, algunos empresarios también abandonaron ese proyecto educativo, alegando que hasta aquel momento la UAG no representaba más que una respuesta ideológica contra el Estado; y no se había logrado un prestigio académico, pues aún no eran visibles los resultados en la obtención de profesionistas cualificados para la expansión industrial y comercial.272 Debido a la continua pérdida del apoyo local, los dirigentes de la UAG se vieron en la necesidad de buscar soportes económicos en el extranjero. En 1957, la UAG empezó a guiarse por convicciones ligadas al anticomunismo más puro, como la defensa de las 268 Federico de la Torre, “Jalisco”, op. cit., p.64. 269 Ibídem, p.65. 270 Ibídem, p. 68. 271 Ibídem, p. 69. 272 Ídem. 76 profesiones liberales, la libre empresa, la no intervención del Estado en la economía, la libertad de educación, el derecho de la familia para educar a sus hijos según los principios religiosos, etcétera.273 Dicho paquete de ideales significó para la UAG contar con el apoyo monetario de diversas organizaciones de los Estados Unidos, como la FundaciónRockefeller, la Fundación Ford, la Fundación Jenkins, y otras.274 Con ello, en la década de los sesenta, se puso en marcha el proceso modernizador de la UAG, a través de su Plan Maestro de Desarrollo, que era una reforma académica y administrativa para hacer llegar su acción educativa a amplias regiones del territorio mexicano y otros países.275 Es probable que dentro de dicho Plan se haya contemplado el impulso al área de biología, en la que se incrementaron el número de prácticas de laboratorio; pues, de 24.3 experimentos que se realizaban por alumno en el ciclo escolar de 1963 a 1964, y de 30 en el periodo de 1964-1965; esas cifras se incrementaron a 33 prácticas por estudiante en el curso de 1965 a 1966.276 Lo anterior puede estar relacionado en la creación de la carrera de biología en 1965. Habiéndose explicado la constitución de las asociaciones y universidades que construyeron el conocimiento botánico local (dándose a la vez, breves descripciones de sus integrantes); se pasa de lo general a lo particular, para profundizar en la vida de los sujetos (de los que se contó con información) que formaron parte de las corporaciones tratadas arriba, ya fuera como miembros, catedráticos o alumnos. Estos actores se clasifican en dos generaciones: la primera de aficionados, conformada por médicos, farmacéuticos, ingenieros, maestros normalistas, etcétera; y la segunda de profesionales, como agrónomos y biólogos. 2.3 Socios, maestros y alumnos: Los actores individuales en la botánica tapatía ¿Cómo identificar a los individuos que participaron en la construcción del conocimiento botánico, y a la vez ahondar en sus particularidades, que probablemente definieron su papel en este proceso?, para dar respuesta a este cuestionamiento debe hacerse el ejercicio de revisar las matrículas, padrones y/o listados de miembros, profesores y estudiantes que fueron parte de las corporaciones descritas arriba. El documento más adyacente para este asunto fue la lista de la junta directiva de la SBEJ, de 1952 (Véase imagen 14). En ésta aparecen siete 273 Ibídem. p.70. 274 Ibídem, p. 72. 275 Ibídem, p.71. 276 El Informador, Guadalajara, viernes 21 de enero de 1966, p.7 C. 77 puestos: presidente, vicepresidente, secretario, tesorero, primero, segundo y tercer vocal; cargos que fueron ocupados por las mismas personas hasta 1961. Imagen 14. Lista de Socios de la SBEJ de 1952 Fuente: Boletín de la Sociedad Botánica del Estado de Jalisco, Guadalajara, Sociedad Botánica del Estado de Jalisco, Núm. 1, 1952, p.48. Tal y como se ha mencionado, el cargo de presidente lo ocupó Pablo G. Franco, nacido en el municipio de Tequila.277 Cursó sus estudios profesionales en la Universidad de Guadalajara, titulándose como Químico Farmacobiólogo. Se especializó en el estudio de la geología, la astronomía y la meteorología;278 asimismo, fue un conocedor de temas relacionados con la historia, la geografía y la botánica.279 En el ámbito público, se desempeñó como director del Departamento de Estadística Nacional, anexo a las dependencias de la Secretaría de Gobierno del Estado de Jalisco, en la década de los treinta.280 Después de las elecciones de la SBEJ, en 1961, de las que salió electo Estrada Faudón; se le otorgó el título de presidente vitalicio honorario de la SBEJ, con el cual se le reconoció su 277 Consultado en https://www.jalisco.gob.mx/es/jalisco/jaliscienses/franco-de-la-torre-pablo-gonzalo. 278 Ídem. 279 Ídem. 280 El Informador, Guadalajara, jueves 24 de marzo de 1932, p. 1. 78 papel como socio fundador. En 1965, año en que dejó la dirección del IBUG, tomó las riendas del Instituto de Astronomía de la UdeG. Entre otras agrupaciones de carácter científico, fundó la Sociedad de Geología de Jalisco, en 1978.281 En la década de los setenta y ochenta se hizo cargo de la Escuela Politécnica de la Universidad de Guadalajara, retirándose de la docencia y labores administrativas a los ochenta años de edad. Como vicepresidente de la SBEJ se desempeñó Agustín Gómez y Gutiérrez. Este hombre fue un ingeniero forestal, formado en la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo, donde tuvo como profesor a Miguel Ángel Quevedo y Zubieta (1859-1946),282 del que llegó a ser su asistente particular. De esta relación obtuvo el apoyo de su mentor para ser director de Parques y Jardines de la Ciudad de México, durante el periodo del presidente Manuel Ávila Camacho. En dicha administración, Agustín elaboró un ambicioso proyecto de establecer mil viveros forestales en todo el país. En 1942, por invitación de Jesús González Gallo, Agustín Gómez se trasladó a su natal Guadalajara, donde por veinticinco años estuvo al frente de la dirección de Parques y Jardines, tiempo en el que intensificó el cultivo de los rosales para embellecer las plazas, las glorietas, los camellones y los parques; por tal motivo Guadalajara llegó a ser conocida como la ciudad de las rosas.283 Continuando con el listado directivo de la SBEJ, el puesto de secretario, recayó en Alfonso Basulto Limón, oriundo de Tuxcueca.284 Este personaje se formó como químico farmacobiólogo. A lo largo de su vida, Basulto Limón fue profesor de física, química, botánica y ciencias biológicas en la Escuela Secundaria para Varones y en la Escuela Normal de Jalisco.285 En el ámbito público, Basulto Limón ingresó en 1939 a la Secretaría de Salud como Oficial Ayudante de Primera, en la Coordinación de Servicios Sanitarios.286 En la década de los treinta, Fernando Basulto Limón, hermano de Alfonso, se encontraba en la 281 El Informador, Guadalajara, domingo 12 de marzo de 1978, p. 4A. 282 Miguel Ángel Quevedo Zubieta, apodado el apóstol del árbol, nacido en Guadalajara, fue bachiller en ciencias de la Universidad de Burdeos, en Francia, y se graduó como ingeniero civil, con especialización en ingeniería hidráulica, en 1887, por la Escuela Politécnica de París. Trabajó en el Departamento Forestal de la Secretaría de Agricultura. En 1922, fundó la Sociedad Forestal Mexicana. Vid. La Jornada Ecológica, núm. 208, Oct-Nov de 2016, consultado el 21 de marzo de 2017 en la http://www.jornada.unam.mx/2016/10/03/ecologica.pdf. 283 El Informador, Guadalajara, viernes 6 de agosto de 2010, p. 4-B. 284 El Informador, Guadalajara, lunes 22 de octubre de 1990, p. 6-C. 285 Ídem. 286 Ídem. 79 cúspide de su carrera política, pues fue diputado federal por el octavo distrito de Jalisco durante la trigésima cuarta legislatura;287 estuvo al mando de un regimiento auxiliar del ejército, conformado por 5000 agraristas;288 y fue senador por Jalisco de 1936 a 1940.289 De manera que es probable que Alfonso se haya beneficiado de la carrera política de su hermano para obtener puestos oficiales. La función de tesorero de la SBEJ la ejerció el ingeniero José Luis Medina Gutiérrez (1907-1997), nacido en Etzatlán, también químico farmacobiólogo de profesión, egresado de la Facultad de Farmacia y Ciencias Químicas de la Universidad de Guadalajara. En dicha institución, impartió las cátedras de química del carbono cíclico, análisis químico industrial, química legal y análisis químico legales.290Fungió como secretario del Instituto de Ciencias Matemáticas, director de la Escuela de Farmacia, director de la Preparatoria de Jalisco, y director de la Facultad de CienciasQuímicas en la UdeG.291 De manera profesional, se desempeñó como analista de laboratorios, tanto para instituciones públicas y privadas;292 de igual modo, en su domicilio particular ofrecía servicios de examen de sustancias diversas.293 Aparte de sus actividades profesionales, fue miembro de varias asociaciones e instituciones, como La Sociedad de Química de Guadalajara, donde ocupó el cargo de presidente. Si bien, su materia de dominio era la química, por cuestiones de cultura general, también perteneció al Inter-American Institute de Denton, Texas; a la Sociedad de Antropología e Historia de México y la Sociedad Médica de Guadalajara.294 Medina también ocupó la jefatura del Laboratorio de Investigaciones e Identificación Criminológica, así como el cargo de perito químico toxicólogo en el Departamento de Medicina Legal de la Dirección General de Servicios Periciales; impartió la cátedra de criminología y balística forense, en el centro de 287 http://cronica.diputados.gob.mx/DDebates/34/1er/Ord/19300820.html, consultado el 27 de marzo de 2017. 288 El Informador, Guadalajara, martes 15 de julio de 1935 p. 5. 289 El Informador, Guadalajara, domingo 14 de junio de 1987, p.35. 290 Gaceta Universitaria, Universidad de Guadalajara, 20 de enero de 1997, p. 18. 291 Ídem. 292 Ídem. Entre las que destacan las de control de alimentos de la Secretaría de Salubridad y Asistencia (SSA), en la Ciudad de México; el de Lilly, en Indianápolis, E.U., y el de Mulford, Sharp & Dohme en Filadelfia, donde trabajó en los estudios para identificar la estructura de la pared bacteriana que produce la tuberculosis. 293 En la sección de publicidad del diario tapatío El Informador, Luis Medina Gutiérrez pagó por anunciar los servicios de análisis en su casa, ubicada en la calle Escorza núm. 343; así lo corroboran los avisos de las fechas 30 de mayo de 1954, 6 de junio de 1954 y 6 de marzo de 1955. Ya en 1958, pues el 5 de agosto de, anunció la renta de la finca donde se ubicaba su laboratorio, la cual describe como “casa vieja, abovedada de 10 piezas para bodega, oficinas, pequeña industria”; misma que no tardó en rentarse, ya que un mes después, el 5 de septiembre, se anunciaba la venta de jalea real. 294 Gaceta Universitaria, Universidad de Guadalajara, 20 de enero de 1997, p. 18. 80 capacitación de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Jalisco; y fue nombrado perito nacional de balística y siniestros.295 En sus últimos años, trabajó como grafóscopo asesorando a los juzgados de lo civil.296 Estas actividades saturaban su tiempo, de manera que su aporte a la botánica local fue magra o nula, pero es posible indicar que su presencia dentro de la mesa directiva y la membresía de la SBEJ, le beneficiaban tanto a él para engordar su trayectoria curricular, y por ésta misma, la SBEJ se dotaba de prestigio con un miembro de la talla de Medina, quien además era hermano de Manuel Medina Gutiérrez, quien dirigió en 1957 la expedición de la UdeG a las islas Revillagigedo. En lo tocante a los cargos de vocales de la SBEJ; el primer vocal fue el ingeniero Luis Puga de Robles Gil, quien era miembro de una rancia familia de la aristocracia tapatía, sus padres fueron Nicolás Puga Verea, hijo del ingeniero Nicolás Puga González; y María Robles Gil Tolsá, hija del ex gobernador de Jalisco Emeterio Robles Gil Ibarra (1831-1906). Cabe mencionar que Luis Puga no tuvo relación de parentesco con el profesor Adrián Puga. El segundo vocal fue el médico Alfonso Manuel Castañeda Bancalari,297 quien obtuvo el título de profesor en farmacia el 17 de abril de 1927, con la tesis La yerba del sapo, cuyo nombre científico es Eryngium carlinae (Véase imagen 15), planta emparentada con la zanahoria, el apio y el hinojo. Para obtener el grado de médico, cirujano y partero, el 16 de diciembre de 1929, presentó la disertación La lepra en el estado de Jalisco.298 A partir de este tema, se especializó como dermatólogo en la Ciudad de México, dedicándose al tratamiento de la lepra, utilizando una fórmula a base de la planta Karwinskia latifolia (Véase imagen 16), también conocida como “margarita” del estado de Jalisco. Su labor como docente comenzó desde 1924, al impartir diversas cátedras en la Escuela Normal Libre de Señoritas; en el Colegio Franco-Inglés; el Colegio Internacional, entre otros. En septiembre de 1926 se le designó Catedrático de Higiene en la Facultad de Comercio. Fue miembro de la Sociedad Mutualista Médico Farmacéutica de Guadalajara, así como de la Junta Auxiliar 295 Ídem. 296Ídem. 297 Para abundar en los datos biográficos sobre Castañeda Bancalari, Vid. Ramiro Villaseñor y Villaseñor, Las calles de Guadalajara, Guadalajara, Ayuntamiento de Guadalajara, tomo.1, 2000, pp. 177-180. 298 Ramiro Villaseñor y Villaseñor, op. cit., p.178. 81 de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco, asociación que publicó su ya expresada obra relativa a la flora de Jalisco. Imagen 15. La yerba del sapo: Eryngium carlinae. Fuente: Tomada de Maximino Martínez, Las plantas medicinales de México, México, Ediciones Botas, 1939, p.316. Imagen 16. Karwinskia latifolia o homboldtiana: “margarita” o “tullidera” Fuente: Tomada de Raúl López et. al., Árboles de la barranca de los ríos Santiago y Verde, Guadalajara, Comisión Estatal del Agua, 2011, p.234. 82 Primo hermano de Alfonso Manuel Castañeda, fue el también médico, Carlos Bancalari Rodríguez (1906-1973) quien se desempeñó como tercer vocal de la mesa directiva de la SBEJ.299 Éste era descendiente del matrimonio de italianos, Giovanni Bautista Bancalari y Dolores Bassaury, emigrados de Chavarri, Italia.300 Su abuelo Giovanni fue ingeniero artillero del ejército italiano. De la pareja Bancalari Bassaury nacieron diez hijos, uno de los cuales fue Agustín, padre de Carlos. Agustín Bancalari Bassaury, fue ingeniero civil, y profesor de matemáticas en el Liceo de Varones y Preparatoria de Jalisco, lugar donde Carlos, una vez titulado como médico, también dio clases de botánica y ciencias naturales. Carlos Bancalari también fue profesor en la Escuela Preparatoria número 3 de la UdeG, en donde estuvo a cargo del laboratorio de Biología. A Bancalari le gustaba realizar expediciones al campo con regularidad, de una de estas salidas recolectó una mata de orquídeas que yacían sobre las ramas de los encinos de la sierra de Tapalpa, la cual fue nombrada en su honor como Laelia bancalarii (Véase imagen 17).301 Imagen 17. Orquídea, Laelia bancalarii Fuente: Tomada de Roberto González Tamayo y Eric Hágsater, “Laelia bancalarii: Una Nueva Especie del Occidente de México”, en Orquídea, México, Asociación Mexicana de Orquideología, vol.9, Núm.2, mayo de 1984, p.369. 299 Juana Ramírez Herrera, op. cit., p.4. 300 Ramiro Villaseñor y Villaseñor, op cit., p. 47. 301 Roberto González Tamayo y Eric Hágsater, “Laelia bancalari, una nueva especie del Occidente de México”, en Orquídea, México, Asociación Mexicana de Orquideología, vol. 9, núm. 2, mayo de 1984, pp. 365-370. 83 Estos sietepersonajes parecen haber pertenecido a una élite cultural. Este último concepto fue propuesto por Jean Françoise Sirinelli302 y lo utilizó Rebeca García Corzo para analizar su caso de estudio en el siglo XIX.303 De acuerdo a Sirinelli, las características de una élite cultural son, en primer lugar, sus fuertes vínculos con la sociedad que los rodea, en particular, por lazos políticos, los cuales les confieren una identidad; asimismo, entre ellos se dan debates que contribuyeron a dar nuevos matices a los problemas que abordaron; y, por último, sus pensamientos repercutieron en el exterior, es decir influyeron en la sociedad a la que pertenecieron. Analizando los detalles personales de los actores arriba expuestos, su formación profesional, vínculos familiares, académicos y políticos; se legitima la idea de encasillarlos como miembros de una élite que dirigió el desarrollo del conocimiento local de la botánica. Retomando la propuesta de Sirinelli, dentro de una élite cultural existen dos tipos de actores: unos son los creadores y otros son los mediadores. Entre los primeros están los que producen el conocimiento y los segundos quienes lo trasmiten.304Con este postulado es posible distinguir un botánico de talante profesional de uno amateur; estos últimos son mediadores del conocimiento, como los siete miembros de la mesa directiva de la SBEJ, quienes eran personas cultas, pero que no se adentraban más allá de descripciones superficiales sobre la flora de Jalisco, como la realizada por Castañeda Bancalari en 1933. Por otra parte, los botánicos profesionales, o sea, creadores de conocimiento, como Rogers McVaugh y Jerzy Rzedowski realizaban exploraciones al campo jalisciense y con ello inventariaban las especies autóctonas, algunas nuevas para la ciencia. El cambio cualitativo de botánico amateur a profesional, en Guadalajara, se da cuando los otrora mediadores del conocimiento empiezan a ser creadores, mediante prácticas de apropiación y difusión (que serán tratadas en los siguientes dos capítulos). Un claro ejemplo de este proceso de transición es Salvador Rosillo de Velasco, en el estudio de la familia orquidácea. Otro actor sobresaliente, también orquideólogo, fue Roberto González Tamayo, cuyo gusto por la botánica surgió cuando era alumno de la Escuela Preparatoria de Jalisco, donde 302 Jean Françoise Sirinelli, “Las elites culturales”, en Jean Pierre Rioux y Jean Françoise Sirinelli (dirs.), Para una historia cultural, México, Taurus, 1999, pp. 291-296. 303 Rebeca García Corzo, La construcción, op. cit., pp. 85-120. 304 Sirinelli, op. cit., p.291, apud. Rebeca García Corzo, La construcción, op. cit., pp.85-86. 84 disfrutaba de las orquídeas silvestres que llevaba al salón de clases su profesor de ciencias naturales, Amancio Rodríguez, también miembro de la SBEJ.305 Roberto estudió una carrera lo más cercana posible a la botánica; no habiendo en esta ciudad la licenciatura en biología, ingresó en 1960 a la carrera ingeniería química, en la UAG, concluyéndola 1964.306 A los veinte años, González Tamayo se integró a la SBEJ y a la SOG, donde conoció a Salvador Rosillo, de quien obtuvo las bases para el trabajo de investigación sobre las orquídeas, y a la profesora Luz María Villarreal de Puga, quien le contactó con Jerzy Rzedowski y Rogers McVaugh, autores de la Vegetación de Nueva Galicia, y el segundo de la Flora Novogaliciana, en la cual González Tamayo colaboró con espléndidas ilustraciones de orquídeas. González Tamayo tuvo la oportunidad de impulsar su carrera como botánico dentro del IBUG en los años ochenta; década en la que ese organismo ganó fama internacional a raíz del descubrimiento del maíz perene, Zea diploperennis (Véase imagen 18), en la sierra de Manantlán, el 17 de diciembre de 1977.307 Dicho hallazgo fue hecho por Rafael Guzmán Mejía, un estudiante de agronomía dedicado al estudio de las gramíneas de Jalisco como ayudante del Herbario del IBUG. Guzmán es un ejemplo de la generación que dejó el amateurismo para convertirse en botánicos profesionales, creando conocimiento; como la ponencia que presentó en el VII Congreso Mexicano de Botánica, en la que reportó 17 géneros con 22 especies nuevas de gramíneas para la flora jalisciense.308 305 Servando Carvajal Hernández, Roberto González Tamayo. Maestro emérito, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 2004, p. 12. 306 Ídem. 307 Harry Möller, “Los tesoros de la Sierra de Manantlán”, en México desconocido, México, Editorial Jilguero, número 130, diciembre de 1987, p. 37. 308 AHUG, Estante I-Anaquel 38-Caja 1182-Libro 1460-Expediente 412, f. 475 85 Imagen 18. Maíz perene, Zea diploperennis; y su descubridor, Rafael Guzmán Fuente: En José Antonio Vázquez et. al., Flora de Manantlán, Guadalajara, Universidad de Guadalajara/University of Wisconsin Madison, 1995, p. XV. Por la hazaña de Guzmán, el 13 de noviembre de 1978 recibió un telegrama de Hugh Iltis, Director del Departamento de Botánica del Herbario de la Universidad de Wisconsin, quien le invitó por dos semanas a Madison para colaborar en la redacción del artículo donde se describió el maíz perene, mismo que fue publicado en la revista Science.309 Iltis solicitó a la rectoría de la UdeG, entonces encabezada por Enrique Zambrano Villa, una ayuda económica por 7000 pesos para el traslado de Rafael Guzmán Mejía.310 Por su parte, la Universidad de Wisconsin ofreció a Guzmán una beca parcial, que consistía en el pago de los gastos de estancia durante tres semanas para un curso intensivo sobre técnicas citológicas y de recuento cromosómico, necesarias en los trabajos taxonómicos sobre la flora de Jalisco.311 A manera de retribución, Rafael Guzmán ofreció a la UdeG que, a su regreso, difundiría lo aprendido en Madison tanto en la Escuela de Agricultura como en el IBUG.312 309 Ibídem, f. 477. 310 Ibídem, f. 475. 311 Ídem. 312 Ibídem, f. 476. 86 La rectoría informó a Enrique Estrada Faudón, director del IBUG, que se otorgaba la ayuda solicitada para el viaje de Guzmán.313 Previo a la invitación extendida a Guzmán, En septiembre de 1978, Hugh Iltis estuvo por 10 días en el sur de Jalisco para ir a la localidad del maíz perene. Realizó la exploración en compañía de Luz María Villarreal de Puga, Rafael Guzmán y otros estudiantes.314 Durante su estancia en Guadalajara, Iltis se sorprendió del herbario que poseía el IBUG; por ello envió una carta al rector en la que expresaba su opinión acerca de fortalecer el papel de los biólogos especializados en sistemática, de los cuales carecía la UdeG, para inventariar la variada flora de un estado como Jalisco.315 Para Iltis, no había duda de que sin un fuerte y bien sostenido programa de taxonomía no podía haber un real entendimiento de la ecología, y por lo tanto de la agricultura y de los bosques de Jalisco; y, sin ese entendimiento, se corría el riesgo de que gran parte de la flora jalisciense pudiera desaparecer en los siguientes 50 años sin un estudio adecuado. 316 Además, Iltis notó que en todo el estado de Jalisco no había una sola publicación activa de investigación taxonómica, y en el IBUG sólo se contaba con uno o dos maestros taxonomistas, posiblemente refiriéndose a Luz María Villarreal de Puga y Enrique Estrada Faudón.Asimismo, estimaba que la flora autóctona de Jalisco tendría posiblemente 6000 o 7000 especies, lo que ocuparía al menos cinco o seis botánicos de tiempo completo trabajando en un herbario extendido para hacer el trabajo.317 Ejemplo de esa carencia es que hasta ese momento no había un solo botánico en Guadalajara que conociera los robles o pinos de los alrededores.318 Para subsanar este problema, Iltis sugirió a Zambrano Villa entrenar a seis estudiantes de la escuela de agronomía en taxonomía y ecología en Madison, así como incrementar las actividades relacionadas con la exploración biológica de Jalisco;319 consejo que fue aceptado con beneplácito por Zambrano Villa.320 313 Ibídem, f. 474. 314 AHUG, Estante I-Anaquel 38-Caja 1183-Libro1461-Expediente 421, f. 227 315 Ídem. 316 Ídem. 317 Ídem. 318 Ídem. 319 Ibídem, f. 227v. 320 Ibídem, f. 224. 87 Ya en 1984, se vieron los frutos respecto al estudio de la flora de Jalisco. En primer lugar, la Secretaría Educación Pública otorgó un apoyo económico por 915,000 pesos para el proyecto “Inventario y publicación de la Flora en Jalisco”, coordinado por la maestra Luz María Villarreal. Asimismo, ésta realizó gestiones para recibir en diciembre a Emmet Judiewicz, especialista en pastos, y Teodore S. Cochrane, curador del herbario de Wisconsin, como investigadores huéspedes para que impartieran cursos al alumnado de la escuela de agricultura y a los de la recién creada carrera de biología, en 1980.321 Como resultado de estas acciones, en ese mismo año salió a la luz el volumen 5 del Boletín del IBUG, que no se publicaba desde 1978. En ese número, se daba noticia de que estaba a punto de publicarse el primer número de la colección Flora de Jalisco, hecho por Luz María González, que llevó por título Contribución al conocimiento de la familia fagaceae, mismo que salió de la prensa en 1986. En la década de los ochenta se revolucionó la manera en que se originaba un botánico; a partir de entonces, para ser considerado uno, debía de tenerse una sólida formación en las ciencias biológicas. Ejemplo de lo anterior fue el equipo de investigadores que integraron el IBUG en los ochenta, quienes se habían educado como agrónomos y biólogos.322 No obstante, también fue posible adquirir el reconocimiento como colega de la comunidad de botánico mediante hazañas hechas con al rigor científico, como el descubrimientos y descripción de una especie, que contribuyeran al cúmulo de conocimientos científicos. Los hechos presentados en este capítulo evidencian cómo un grupo de trabajo, cohesionado por un tema, y a la vez por instituciones, logró construir un bagaje de conocimientos; primero, como mediadores; y después, como creadores, lo cual permitió distinguir la línea entre el botánico amateur y el profesional. Asimismo las relaciones entretejidas, y rupturas dadas, entre estos personajes facilitan la comprensión de cómo se 321 AHUG, Estante II-Anaquel 68-Caja 0000-Libro 1809-Expediente119, f. 224. 322 Éstos fueron: Ana Guadalupe Valenzuela Zapata, especialista en la familia agavácea; Hilada Arreola Nava y Ana Quintero Aguilar, dedicadas al estudio de las cactáceas; Luz María González Villarreal, en la familia de las fagáceas; Rafael Guzmán Mejía, en gramíneas; Francisco Javier Santana Michel, también en las gramíneas pero aquellas relacionadas con los bambúes; María de Jesús Sainz Chávez, en las magnoliáceas; José Antonio Vázquez García, en malváceas; Natalia Cervantes Aceves, también en malváceas con énfasis en el género Sida; Laura Guzmán Dávalos, Francisco J. Trujillo Flores y Ing. Gregorio Nieves Hernández, especialistas en hongos; Roberto González Tamayo y Rafael Soltero Quintana, en la familia de las orquídeas; Noemí Jiménez Reyes, en el estudio del polen; Jorge Alberto Pérez de la Rosa en las coníferas; Carlos de la Mora González, estudioso de la flora apícola; y la maestra Luz María Villarreal de Puga, en taxonomía. 88 realizaron las prácticas que consolidaron el conocimiento botánico en Guadalajara, también, desde una mirada de lo colectivo e individual; en donde en ocasiones se priorizó hacia un determinado tipo de especie (como fue el caso de las orquídeas), lo que llevó a los involucrados a dirigir sus trabajos, ya no al coleccionismo sino a la investigación, no sólo con la intención de nuevos descubrimientos, sino con el fin de obtener beneficios, por ejemplo, en los ramos de la medicina, la física y la química. De esta manera, este tipo de visiones serán las se abordarán en los siguientes capítulos. 89 Capítulo 3 Exploraciones y creación de jardines botánicos: Prácticas de los actores colectivos en la territorialización de la botánica en Guadalajara. Sobre el territorio de Jalisco se efectuaron prácticas de territorialidad, ejecutadas por actores locales que, formando vínculos con otros estudiosos tanto nacionales como extranjeros, crearon asociaciones e institutos donde floreció la botánica tapatía. El presente capítulo está dirigido por dos objetivos. El primero es la exposición de las prácticas de territorialidad con fines de apropiación que efectuaron los actores locales para inventariar los recursos vegetales presentes en el occidente de México; tales prácticas fueron dos: una de ellas fue la exploración de espacios naturales de dicha área y la otra la recolección de plantas para su conservación y exposición en los jardines botánicos que se crearon en Guadalajara desde 1952. El segundo objetivo es responder a la interrogante de ¿cómo mediante dichas prácticas los actores colectivos llevaron a cabo la institucionalización de la botánica en Guadalajara, dejando atrás el modo amateur de hacer esta ciencia? Para poder efectuar los objetivos propuestos, se presentan los casos que acontecieron en el ámbito estatal, documentados en las páginas del diario El Informador, el cual se consultó a través de su hemeroteca digital; así como en los legajos conservados en las dependencias de la Universidad de Guadalajara que dan razón del desarrollo del estudio de la botánica, como lo son la Facultad de Ciencias Químicas del Instituto Tecnológico, la Facultad de Agronomía, la Sociedad Botánica del Estado de Jalisco y el Instituto de Botánica. Lo producido por estas dos últimas agrupaciones se utilizó como evidencia empírica para este capítulo, como lo es el contenido de sus boletines, en los cuales se reflejan los cambios en la forma de hacer botánica, y el discurso seguido de acuerdo a las preocupaciones surgidas en el proceso de institucionalización. Los materiales de herbario y los registros de colecta de los jardines botánicos tanto de la Universidad Autónoma de Guadalajara como de la Universidad de Guadalajara fueron una fuente importante para reconstruir los itinerarios de viaje que trazaron los actores 90 involucrados en las prácticas de apropiación que este capítulo aborda; pues en cada cartón donde está montada una planta deshidratada con su respectiva ficha de información, que los botánicos llaman exsiccata, está contenida, además del nombre científico y común de la planta, información que detalla todo un relato de la expedición para colectar ese ejemplar, comola fecha, lugar, ruta de acceso, tipo de suelo, clima, acompañantes del colector, etcétera. Antes de empezar la narración histórica de cómo se exploró el occidente mexicano con fines botánicos entre 1949 y 1972, es necesario responder a la pregunta de ¿cómo fue vista y organizada dicha región por los estudiosos de la botánica?; para la cual existen dos perspectivas de delimitación espacial. La primera es propuesta en la obra Flora Novogaliciana de Rogers McVaugh, quien desde 1949 hizo trabajo de campo al colectar plantas autóctonas del occidente de México. La segunda es la que se presenta en el proyecto Flora de Jalisco, realizado desde 1982 por los investigadores del IBUG.323 Debe remarcarse que en la creación de la Flora de Jalisco interactuaron las dos generaciones de botánicos; por un lado, los amateurs de formación autodidacta que iniciaron la SBEJ, como Luz María Villarreal de Puga y Enrique Estrada Faudón; y por otro lado, los profesionales egresados de las carreras de biología o agronomía en la UdeG, UAG u otras universidades del país; como Luz María González Villarreal, Jorge Pérez de la Rosa, Rafael Guzmán, entre otros. Analícese, pues, los proyectos de estudios florísticos en el occidente de México, previo a exponer las prácticas de territorialidad sobre dicho espacio. 3.1 La Flora Novogaliciana y la Flora de Jalisco: dos visiones de un mismo espacio En el prólogo de Botanical Exploration in Nueva Galicia, Rogers McVaugh revela que tuvo como propósito describir la flora de Jalisco; sin embargo, demarcar su estudio a esa entidad era como suponer que las plantas reconocen límites políticos, siendo que éstas se delimitan por cuestiones de tipo geológico o climático, y las poblaciones de plantas que estudiaba no sólo se dispersaban en suelo jalisciense, sino también en entidades vecinas. De ese modo, ideó que su estudió abarcara una región más natural con límites que no se restringieran a una denominación política actual, así que su proyecto se tituló Flora Novogaliciana, en alusión al antiguo reino colonial, que comprendía todo Jalisco, Colima, Aguascalientes, sur de 323 AHUG, Estante II- Anaquel 111- Caja 1466- Libro 1744- Expediente 40-f.480. 91 Nayarit, sur de Durango, sur de Zacatecas y oeste de los estados de Michoacán y Guanajuato (Véase imagen 19).324 Imagen 19. Nueva Galicia de McVaugh Fuente: Arturo Castro-Castro, Osvaldo Zuno Delgadillo, Marco Antonio Carrasco-Ortiz, Mollie Harker y Aarón Rodríguez, “Novedades en el género Dahlia (Asteraceae: Coreopsideae) en Nueva Galicia, México”, en Botanical Sciences, México, Sociedad Botánica de México, volumen 93, número.1, marzo de 2015, p.42. Para un conocedor de historia colonial mexicana, el espacio descrito por McVaugh se aleja abismalmente al que históricamente ocupó el antiguo Reino de Nueva Galicia, el cual no comprendía la totalidad del estado de Jalisco, pues las cuencas Chapala, Zacoalco y Sayula (éstas dos últimas dentro de la Provincia de Ávalos), Tamazula, Tuxpán y Zapotlán, pertenecían a la Nueva España; asimismo, los actuales estados de Colima, Michoacán y Guanajuato, estaban fuera del territorio novogaliciano. Lo anterior sugeriría que McVaugh era un desconocedor de la historia mexicana, pero en realidad no era así. Dicho botánico poseía un gusto por ella, así lo reflejan sus trabajos a los que les dedicaba una sección histórica,325 sustentada por información de primera mano que había extraído de los herbarios que consultaba, tal y como hace un historiador con los materiales de archivo. Entonces, ¿a 324 Rogers McVaugh, Botanical Explorations, op. cit., p.207. 325 V.g. Edward Palmer: Plant Explorer of the American West, de 1956; Botanical Results of the Sessé & Mociño Expedition (1787-1803), de 1977; Karwinski's itineraries in Mexico, 1827-1832 and 1841- 1843, de 1980; y Botanical Exploration in Nueva Galicia, México, de 1972. 92 qué se debió la inexactitud de Rogers McVaugh para que su Nueva Galicia no coincidiera con sus auténticos linderos históricos? La respuesta a esto yace en el mapa de la Nueva Galicia de Ortelius (Véase imagen 20), que se realizó en el siglo XVI, el cual tampoco coincide con la realidad histórica de los límites novogalaicos (Véase Imagen 21). No obstante, McVaugh notó que su ecléctica área de estudio, que no sólo se sujetaba a Jalisco, coincidía con las dimensiones mostradas por el cartógrafo flamenco, de manera que se fió de esa representación. Imagen 20. Mapa de Nueva Galicia por Abraham de Ortelius, siglo XVI Fuente: Rosa Yáñez Rosales, Rostro, palabra y memoria indígenas. El Occidente de México: 1524-1816, México, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social/ Instituto Nacional Indigenista, 2001, p.115. 93 Imagen 21. Nueva Galicia histórica. Fuente: Jean-Pierre Berthe, Thomas Calvo y Águeda Jiménez Pelayo, Sociedades en construcción, la Nueva Galicia según las visitas de oidores (1606-1616), México, Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos/Universidad de Guadalajara, 2008, p.31. Los historiadores locales pudieron haber reprochado a McVaugh esa falta de exactitud, pero las nulas objeciones por parte de aquéllos sugieren que la obra del botánico norteamericano fue ignorada por esos estudiosos, quienes seguramente la hubieran rebatido. Sin embargo, la comunidad científica jalisciense, congregada en la SCNJ, no vio anomalías en llamar como Nueva Galicia un espacio botánico; antes bien, en la sección de notas breves de su boletín de mayo de 1967 se da con beneplácito la noticia de la aparición de la “tan esperada” Vegetación de Nueva Galicia, en la que colaboró el botánico polaco-mexicano Jerzy Rzedowski.326 De tal manera, tanto biólogos como botánicos contemporáneos llaman sin problemas Nueva Galicia al occidente de México cuando se refieren a una región florística y biogeográfica. Ahora bien, el proyecto de McVaugh no fue distante al de la Flora de Jalisco, cuyos promotores, Enrique Estrada Faudón y Luz María Villarreal de Puga, fueron miembros de la SBEJ y SCNJ, en cuyo boletín se anunció la publicación de la Vegetación de Nueva Galicia. 326 S.A. Boletín de la Sociedad, de Ciencias Naturales de Jalisco, A.C., Guadalajara, Sociedad de Ciencias Naturales de Jalisco A.C., Número 2, mayo de 1967, p.9. 94 Con toda seguridad consiguieron y leyeron la referida obra, pues conocieron y colaboraron con McVaugh en el proyecto de Flora Novogaliciana, al enviarle materiales de colecta. Asimismo, acompañaron al botánico norteamericano en sus exploraciones. Tanto Estrada Faudón como Villarreal dirigieron el IBUG, entidad desde la que se gestó La Flora de Jalisco, cuya intención fue describir exclusivamente la composición florística del Estado de Jalisco. Este proyecto, paralelo al de Flora Novogaliciana, pero no fue su rival, antes sus resultados se complementaban. No obstante Flora Novogaliciana representaba la visión del espacio botánico por un actor extranjero, y la Flora de Jalisco era la de los actores colectivos locales. Antes de continuar, hay que explicar qué es una flora y qué utilidades tiene para labotánica y la sociedad en general. De acuerdo a Miguel Cházaro et al.,327 la palabra flora es, por un lado, el conjunto de plantas de un país o región, o una obra que las trate, enumere y describa; y por otro, un estudio taxonómico o sistemático de cada uno de los componentes de la cubierta vegetal para una región geográfica determinada. La composición de un trabajo florístico sirve para hacer un inventario de los recursos disponibles en determinada área, como una flora útil, cítese la realizada por Maximino Martínez,328 Así pues, también existen floras temáticas, como la melífera, que indican las flores necesarias para la producción de miel; epifítica, que describe las plantas que viven sobre los árboles como las orquídeas y las bromelias; arvense, que enlista las malezas; micoflora, que trata sobre los hongos; pteridoflora, la relacionada a los helechos; brioflora, sobre musgos; medicinal, y la lista continúa. Una flora dedicada a una región puede estar contenida en un sólo libro, varios volúmenes, o fascículos; éstos se ordenan por familias y aparecen por orden alfabético o filogenéticamente, es decir la que atiende las relaciones de parentesco. También, otra información que contiene una flora son las categorías taxonómicas, es decir cómo se componen las familias botánicas: subfamilia, tribus, género, especies y subespecies, etcétera. Asimismo, provee claves de identificación, descripciones morfológicas, localidades de 327 Miguel Cházaro Basáñez et al., “Hacia un conocimiento popular de la vegetación y la flora del Estado de Jalisco” en Antología botánica del estado de Jalisco, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 1995, p.29; y El Informador, Guadalajara, domingo 6 de septiembre de 1992, pp. 4-5. 328 Vid. Maximino Martínez, Las plantas útiles de la flora mexicana, México, Ediciones Botas, 1959, 621 pp. 95 colecta, preferencias por el hábitat de determinadas plantas, dónde crecen, los meses en que florecen y/o fructifican, mapas de distribución, así como dibujos y fotografías. Sobre las ilustraciones botánicas que acompañan las floras, Daniela Bleichmar dice que éstas generan una epistemología de lo visual, es decir, un conocimiento a través de las imágenes, sin la necesidad de leer las descripciones sobre las plantas. 329 Ahora bien, las investigaciones florísticas que se han realizado en México, a partir de la segunda mitad del siglo XX, y que han generado delimitaciones espaciales en su estudio, son las siguientes: Flora de Baja California, por Ira L. Wiggins;330 Flora y vegetación del desierto sonorense, de Forrest Shreve;331 Flora de Veracruz, del Instituto de Ecología de Xalapa bajo la tutela de Arturo Gómez Pompa;332 la Flora del Bajío del Instituto de Ecología de Pátzcuaro;333 Flora de Oaxaca y la Flora del Valle de Tehuacán-Cuicatlán de la Universidad Nacional Autónoma de México.334 Asimismo, las universidades públicas mexicanas han intentado realizar listados florísticos de sus respectivos estados, como la flora de Sinaloa, Nayarit, Guerrero y Jalisco. La tarea de hacer una flora de Jalisco se remonta a la época del médico Leonardo Oliva, quien en 1859 realizó la referida Flórula del Departamento de Jalisco;335 en la que se enlistan 189 especies. Gran parte del contenido de la obra anterior, más el prólogo de las Lecciones de Farmacología,336 se integraron a La flora del Estado de Jalisco337 de Alfonso Manuel Castañeda. Leonardo Oliva reflexionó en sus trabajos sobre la importancia del estudio de la flora local, desde la perspectiva utilitaria de la medicina, y refiere que era necesario el empleo de plantas autóctonas en los padecimientos más frecuentes de la localidad.338 De igual modo, añadió que el estudio sistemático y concienzudo de las plantas 329 Vid. Daniela Bleichmar, op. cit., pp. 15-19. 330 Vid. Ira Loren Wiggins, Flora of Baja California, California, Stanford University Press, 1980, 1025 pp. 331 Vid. Forrest Shreve e Ira Loren Wiggins, Vegetation and Flora of the Sonoran Desert, California, Stanford University Press, 1964, 2 vols. 332 El primer número de la Flora de Veracruz apareció en 1978; hasta 2015, son 166 fascículos los que componen esta colección. 333 En 1991 se publicó el primer fascículo; el número más reciente de la colección es el 208, de septiembre de 2018. 334 Los trabajos de publicación iniciaron en 1993; el último fascículo es el 110, de 2012. 335 Vid. Leonardo Oliva, “Flórula”, op. cit. 336 Vid. Leonardo Oliva, Lecciones op. cit. 337 Vid. Alfonso Manuel Castañeda, op. cit. 338 Leonardo Oliva, Lecciones, op cit., Vol.I, pp.7-13. 96 de un país o de una comarca, no sólo se limitaba a su simple enumeración, sino que de cada planta se desprendía una aplicación, que redundaba en el beneficio de la industria, de la medicina, y de otros rubros.339 Oliva también aceptó que la flora del Estado de Jalisco, por desgracia, todavía no estaba completamente estudiada.340Así pues, la motivación por conocer lo que el reino vegetal dispuso en esta región originó que se crearan dos categorías para el estudio de su espacio: Nueva Galicia y Jalisco; y que se ejecutaran exploraciones y recolecciones de sus componentes florísticos. 3.2 Las expediciones botánicas en el occidente de México El contexto de las exploraciones botánicas y subsecuentes recolecciones de especímenes, que se han hecho en México, están ligados a la condición de que este país lo cruza el trópico de cáncer. Las zonas tropicales poseen una abundante y diversa flora que atrae el interés de los botánicos, de manera que es ingente el número de reconocimientos hechos sobre áreas naturales para identificar e inventariar la vegetación que se encuentra ahí. Con la idea anterior, Paul W. Richards refiere que se ha desarrollado una historia propia de la botánica en los trópicos, muy distinta a la del mundo occidental y boreal, como en los Estados Unidos y Europa.341 La disyuntiva anterior se debe, principalmente, al pobre nivel de desarrollo tecnológico de los países tropicales, donde las exploraciones botánicas fueron intermitentes y escasas hasta la apertura de nuevas rutas de comunicación que se dieron en la segunda mitad del siglo XX lo cual facilitó el acceso a algunos nichos ecológicos con especies desconocidas.342 Por lo anterior, Richards observa que no es posible estudiar la historia de la botánica del mundo boreal (Europa y Estados Unidos) y del mundo tropical (excolonias) de la misma manera. Para ello, plantea cuatro períodos en los que se explica el desarrollo de esta ciencia. El primero, lo llama fase de periodo heroico, que parte de las primeras exploraciones europeas de finales del siglo XVII y principios del XVIII, y termina hasta el siglo XIX, teniendo como ejemplos las realizadas por Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland en la 339 Ídem. 340 Ídem. 341 PaulW. Richards, “History of Botany in the Tropics: Retrospect and Prospect”, en Taxon, International Association for Plant Taxonomy (IAPT), Vol. 19, Núm. 5, octubre de 1970, pp. 705.706. 342 Ídem. 97 América española, o la de Charles Darwin a bordo del Beagle. Después sigue la etapa dictada por los gobiernos coloniales, los cuales establecieron jardines botánicos y herbarios en sus metrópolis, y crearon estaciones experimentales para el mejoramiento y aclimatación de lasplantas, bajo el control de departamentos de agricultura y silvicultura, dirigidos principalmente al desarrollo de recursos económicos, en particular los cultivos de plantaciones para la exportación; este segundo período continuó hasta el presente siglo y terminó con el estallido de la primera guerra mundial en 1914.343 El tercer período, que comenzó en 1918, se caracterizó por los grandes cambios en la administración colonial que vaticinaban el fin de los imperios ultramarinos europeos, éste trajo consigo la mejora en las comunicaciones y la higiene, que permitieron a los botánicos trabajar en los trópicos de formas que antes no eran posibles, de ese modo ya no era necesario residir de manera prolongada en las regiones que se deseaba estudiar, pues con expediciones de corta duración se podían obtener significativos resultados. El cuarto período, y presente, en el desarrollo de la botánica tropical comenzó después de la Segunda Guerra Mundial, seguido por el final de los regímenes coloniales en la mayoría de los países del trópico.344 En esta etapa se hicieron grandes avances tecnológicos, en parte como resultado directo de la guerra, que trajo consigo la invención de eficaces fármacos sintéticos contra la malaria, insecticidas y repelentes, que mejoraron enormemente el cuidado de la salud en el trópico, tanto para las poblaciones nativas, así como para los científicos visitantes. Igualmente, el desarrollo del transporte aéreo transformó por completo las comunicaciones en los países de dicha región, carentes de carreteras y ferrocarriles. Cabe destacar que las universidades en muchos países tropicales brindaron nuevas oportunidades de investigación. Desafortunadamente, estos desarrollos, favorables al incremento del conocimiento botánico, coincidieron con una gran aceleración en la destrucción de los ecosistemas. Las condiciones anteriores son el contexto histórico en que se fraguaron las exploraciones que se hicieron por el occidente de México para inventariar y descubrir sus riquezas vegetales, que despertaron el interés de instituciones de investigación botánica en Estados Unidos, como El Jardín Botánico de Nueva York que, durante el cenit del desarrollo 343 Ídem. 344 Ídem. 98 de la Segunda Guerra Mundial, investigaba sobre antimaláricos, insecticidas y repelentes que pudieran utilizarse en el escenario selvático del Pacífico asiático, donde no sólo los japoneses hostigaban a las tropas yanquis, sino también los mosquitos. De ese modo, en 1943, la rectoría de la Universidad de Guadalajara recibió la solicitud del Jardín Botánico de Nueva York para obtener muestras de cuatro especies de plantas con las cuales pudieran aminorar las molestias ocasionadas por los insectos,345 éstas eran: Neomammillaria compressa (Véase imagen 22), una especie de cactácea; Polianthes tuberosa (Véase imagen 23), que es el nardo que aromatiza las iglesias y funerarias; Stevia lucida (Véase imagen 24), pariente de las margaritas, dalias y crisantemos; y una planta llamada “chaca”, la cual no es acompañada por un nombre científico que facilitara su identificación, pero que según Maximino Martínez, en su libro Las plantas medicinales de México, poseía propiedades febrífugas.346 Imagen 22. Neomammillaria compressa Fuente: http://www.mammillarias.net/wordpress_uk/species-description result/?searchstring=compressa%20ssp%20compressa 345 AHUG, Estante I- Anaquel 7- Caja 93- Libro 220 -Expediente 424-fs.102-108. 346 Maximino Martínez, Las plantas medicinales de México, México, Ediciones Botas, 1939, p.491. el autor de esta obra no identifica a qué planta se puedan referir, en dicha página sólo está la siguiente información: “CHACA. - Yahualica, Huejutla, Hgo. El cocimiento de la madera con poca agua es purgante. Se toma como febrífugo. Otros autores, que estudian la zona de Hidalgo de donde es originara esta planta, mencionan que la chaca es una especie de Bursera, en específico Bursera simaruba¸ conocida popularmente en el resto de México como copal o papelillo, vid. Miguel Ángel Villavicencio Nieto y Blanca Estela Pérez Escandón Plantas útiles del estado de Hidalgo, Pachuca, Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, 2006, Volumen 3, p.205 99 Imagen 23. Polianthes tuberosa Fuente: https://www.pacificbulbsociety.org/pbswiki/index.php/Polianthes v Imagen 24. Stevia lucida Fuente: http://naturalista.biodiversidad.co/taxa/273994-Stevia-lucida La carta del Jardín Botánico neoyorkino expresaba que en estos proyectos estaban trabajando junto a los químicos del laboratorio de investigaciones Merck, entomólogos de la Universidad de Rutgers, y farmacólogos del instituto terapéutico de investigaciones Merck. Se pidió a la Universidad de Guadalajara que indicara en una lista cuáles plantas se pudieran obtener, así como el costo de las mismas; y que dicho documento debía de ser enviado para poder planificar el transporte de los materiales, los cuales debían estar bien secados al sol o la sombra, enfatizándose de no hacerlo mediante el uso de calor artificial; a la vez que el paquete debería de estar claramente etiquetado en el exterior con la leyenda en inglés 100 “muestras de plantas secas para estudios químicos”, de ese modo no sería necesario permiso especial del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos. Las indicaciones tan detalladas apuntan sobre la importancia de las plantas requeridas para las investigaciones. Sin embargo, la UdeG demoró en responder, así lo demuestran las fechas de las misivas. La primera carta que se mandó de Nueva York ostenta la fecha de 24 de junio, para el 5 de julio el oficial mayor, Ignacio Calderón, envió un comunicado con carácter de devolutivo al director de la Facultad de Ciencias Físico-Químicas, el ingeniero Luis Medina, a fin de que atendiera la petición que se hacía.347 Dos meses después, el 24 de agosto, Boris Alexander Krukoff, curador honorario del Jardín Botánico de Nueva York y botánico consultor del Laboratorio de Investigación de Merck Sharp & Dohme, escribió otra epístola en la que preguntaba a la UdeG si estaba o no en condiciones de cooperar con ellos.348 Es hasta el 2 de diciembre que Luis Medina comunicó a rectoría que ya había respondido a la solicitud por medio del Profesor Silvestre Gómez Muñoz, quien era profesor de botánica en la escuela de Farmacia.349 Finalmente, en diciembre 14, Ignacio Calderón remite a Krukoff el informe que en un principio solicitaba el Jardín, elaborado por la Facultad de Ciencias Físico-Químicas. No obstante, nunca se dio noticia si se envió el material vegetal, el cual, quizás, ya se había conseguido por otras universidades, pues los repelentes de insectos aún eran indispensables en la guerra del Pacífico, todavía distante de culminar; pues, el 20 de diciembre de 1943, los soldados estadounidenses apenas desembarcaban en las islas Gilbert del archipiélago de las Carolinas. Es probable que la dilación de la UdeG para responder la solicitud anterior se debiera a que en ella había un conocimiento básico sobre botánica, o hacían falta expertos en la materia. De acuerdo a Severo Díaz Galindo, el más destacado conocedor de química y botánica, durante las primeras décadas del siglo XX, había sido el profesor Adrián Puga,350 quien murió en 1940, dejando un hueco en esta ciencia hasta la fundación de la SBEJ. El vacío botánicoal interior de la UdeG se evidencia con el mensaje, del 25 de octubre de 1944, enviado por del doctor Walter Kiener, de la Universidad de Nebraska, quien estaba interesado 347 AHUG, Estante I- Anaquel 7- Caja 93- Libro 220 -Expediente 424-fs.102-108. 348 Ídem. 349 Ídem. 350 Severo Díaz Galindo, op. cit., pp.28-36. 101 en saber si la casa de estudio tapatía contaba con algún departamento botánico, a lo que se le respondió, el 6 de noviembre, que no había cursos especiales para el estudio de la dicha ciencia, la cual sólo figuraba en los planes de estudio del bachillerato.351 Ante la pobre práctica botánica local durante la década de los años cuarenta, se genera la interrogante de quiénes realizaron en dicho espacio las exploraciones que inventariaran e identificaran su flora. Parece que la respuesta inmediata es los extranjeros, quienes eran comisionados por empresas o los gobiernos de sus respectivos países. Ello se deduce por la ausencia de material empírico que testifique la acción de jaliscienses o residentes en Jalisco para realizar acciones que incrementaran el conocimiento botánico, ni siquiera hay evidencia de que Alfonso Manuel Castañeda, que en 1933 publicó su referida Flora…, haya hecho trabajos de campo. Por otra parte, Botanical Explorations in Nueva Galicia, de Rogers McVaugh, que sirvió de preámbulo a la publicación de los volúmenes de Flora Novogaliciana, enlista más extranjeros que nativos en la tarea de explorar el espacio botánico del occidente de México. El mismo McVaugh es un ejemplo de explorador botánico, pues desde 1949 hasta 1972 realizó diez expediciones prolongadas y varias visitas cortas en el área que denominó Nueva Galicia, pasando en conjunto dos años de trabajo de campo.352 Sus expediciones fueron apoyadas por varias instituciones; entre ellas, el Fondo de Investigaciones para el Profesorado de la Escuela de Estudios de Grado Horace H. Rackham, la Universidad de Michigan y por la Fundación Nacional para la Ciencia de Washington, D.C.. McVaugh llegó a la Ciudad de México el 12 de marzo de 1949, su asistente de aquel año fue Robert L. Wilbur.353 Ambos se unieron a un grupo de zoólogos encabezados por el Dr. Emmet T. Hooper de la Universidad de Michigan; que incluía al Dr. Helmuth O. Wagner, un ornitólogo alemán, residente en México, quienes tomaron rumbo hacía el occidente de país.354 Después de unos días de viaje por Michoacán, llegaron a Ciudad Guzmán, el 23 de marzo; al día siguiente cruzaron la gran cordillera al norte del Nevado de Colima, por un camino incipiente 351 AHUG, Estante I- Anaquel 7- Caja 98- Libro 229- Expediente 241-fs.237-238. 352 Rogers McVaugh, “Botanical Explorations”, op. cit., p.260. 353 Ibídem, p.263 354 Ídem. 102 que prácticamente no era utilizado debido a la apertura de una nueva carretera en Atenquique.355 La penosa situación de los caminos fue lo que hizo que McVaugh ordenará sus ideas respecto a cómo habrían de hacerse las incursiones para su siguiente viaje, que fue en 1951. El escabroso terreno del occidente de México hizo que el botánico norteamericano se decantara por elegir sitios donde las condiciones de los caminos fueran accesibles para realizar sus colectas. Asimismo, se valió de actores locales, y los involucró en su proyecto. De manera que no es fortuito que en ese mismo año se fundara la SBEJ, que sería una corporación que lo auxiliaría, y ésta, a su vez, se beneficiaría con sus hallazgos. En 1951, McVaugh fue asistido por David B. Hoover con quien trabajó cinco semanas en Jalisco y Nayarit.356 Arribaron directamente a Guadalajara, y de ahí a Ciudad Guzmán. Establecieron un campamento en el Nevado de Colima, sobre la “Piedra Ancha”, donde Wilbur y él habían trabajado en 1949; pero esta vez más arriba, en el bosque de abetos no muy por debajo de la zona donde sólo hay zacate; ahí colectaron 96 ejemplares, del 30 de marzo al 1 de abril.357 El 20 de abril partieron a Tepic y San Blas, exploración en la que recolectaron 111 especímenes.358 Su último viaje en ese año fue de Guadalajara a Mascota, a través de Ameca. Desde Ameca, el 29 de abril, tomaron una vieja carretera por las montañas a través de La Villita hasta Estanzuela, de allí a un campamento al norte de Mixtlán. El 30, se fueron a Los Volcanes, donde tomaron la carretera Ayutla-Mascota y de ahí acamparon en el bosque de pinos de la Sierra de la Campana.359 En 1952, asistido por Joseph Sooby, McVaugh trabajó aproximadamente tres meses en Jalisco en los límites con Michoacán y en Nayarit. Esta vez inició en un paisajes áridos, el 6 de septiembre llegó a Ojuelos cerca de Lagos de Moreno; luego se fue a Guadalajara, para de ahí dirigirse a un campamento en el Nevado de Colima, con la intención de quedarse unos días y explorar la cumbre y las laderas superiores; sin embargo, las lluvias continuas impidieron esa intención.360 Una segunda tentativa por subir al Nevado de Colima se hizo el 355 Ídem. 356 Ídem. 357 Ibídem, p.264. 358 Ídem. 359 Ídem. 360 Ídem. 103 25 de septiembre, pero los senderos no estaban lo suficientemente secos para permitir el paso de un camión; por lo tanto emprendieron una serie de viajes desde Guadalajara con el objeto de estudiar la flora de los Altos de Jalisco. Volvieron a Lagos de Moreno e hicieron un viaje de dos días por Arandas, y un corto viaje a Yahualica. Los días 1 y 2 de octubre trabajaron en los escombros volcánicos de las montañas cerca de El Molino, donde había una flora xerófila rica en especies, como cactus, agaves y yucas.361 Del 4 al 6 de octubre se fueron a Tepic y Jalcocotán, ahí estuvieron a la espera de que las condiciones del camino hubiesen mejorado, el 9 de octubre hicieron un tercer intento de llegar al Nevado de Colima, pasaron varios días en la montaña con buenos resultados, pero sin poder llegar a la cumbre; el 18 salieron de la montaña y regresaron a Jiquilpán, deteniéndose cerca de Mazamitla para un estudio de los cambios que se habían producido en la flora desde el mes en que había comenzado su última visita, y el 19 volvieron a Guadalajara.362 Tuvieron que pasar cinco años para que Rogers McVaugh volviera, en 1957; en esta ocasión ayudado por John T. Mickel y Michael R. McVaugh, su propio hijo. ´Pasaron dos meses y medio en Nayarit, Colima, y el sur de Jalisco, principalmente, en un intento por recolectar las especies comunes que brotaban en verano en las tierras bajas del Pacífico. La primera parte de la temporada incluyó varias excursiones exploratorias a las áreas donde la flora de la estación húmeda aún no se había desarrollado completamente. Después se trasladaron a Lagos de Moreno, cerca del final de la estación seca, subieron una montaña llamada la Mesa Redonda, el 16 de junio; e hicieron un viaje rápido de Guadalajara a Jalcocotán y Mecatán, más allá de Tepic.363 En lo tocante a las exploraciones hechas por la UdeG, éstas se efectuaron por los miembros de la SBEJ e IBUG para recolectar ejemplares que engalanaran la formación de su jardín botánico. A diferencia de las salidas al campo que efectuó McVaugh, que seguían una ruta sistematizada debido a que su profesión lo exigía; las que hicieron los socios de la SBEJ e IBUG eran improvisadas y dominicales, ya que los miembros de la referida sociedad tenían labores a lo largo de la semana,lo que les impedía dedicarse de lleno a la exploración y recolección; por ello, aprovechaban los fines de semana y días feriados para ese fin. Ejemplo 361 Ídem. 362 Ídem. 363 Ibídem, p.265. 104 de lo anterior es la excursión realizada el cinco de febrero de 1965, aprovechándose el día festivo de conmemoración del aniversario de la Constitución Mexicana de 1917, los integrantes del IBUG llevaron a cabo una breve expedición científica al volcán “Colima”.364 En ocasiones la UdeG auspició expediciones, como la realizada a las Islas Revillagigedo en abril de 1954, de la que Pablo G. Franco fue jefe, y Manuel Medina cronista de la misma, quien publicó la memoria de la hazaña en 1957.365 Otra excursión a ese archipiélago volvió a hacerse en 1965, la cual se llevó a cabo en los días feriados del 24 al 26 de febrero, durante la conmemoración del día de la bandera. En esa jornada participó Harlow Shapley, director del Observatorio de Astronomía de la Universidad de Harvard, quien había sido invitado expresamente por el Instituto de Astronomía y Meteorología de la UdeG,366 entonces dirigido por Pablo G. Franco. Harlow se hizo famoso por su obra “De Estrellas y Hombres”, publicada en 1963 por el Fondo de Cultura, misma que le dio fama entre los eruditos de las ciencias naturales. Quizás por este distinguido visitante, las autoridades universitarias apoyaron esta nueva investigación. Otra excursión realizada con el respaldo de la UdeG fue a San Martín de Bolaños, la cual se efectuó los días 31 de agosto, 1 y 2 de septiembre de 1968. En ella participaron Jerzy Rzedowski, por la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas; Luz María Villarreal de Puga y Luis Puga Robles Gil, a nombre de la SBEJ y UdeG; y el biólogo Carlos Díaz Luna, representando a la UAG. La noticia de esta hazaña se publicó en El informador, donde se inscribía con orgullo que por primera vez en la historia científica del Estado de Jalisco se llegaba a esa a región para observar las condiciones humanas de la población y recolectar ejemplares botánicos que serían depositados en el IBUG,367 cuyo objetivo principal era el enriquecimiento de su jardín botánico, del cual se tratará a continuación. 3.3 El Jardín Botánico Leonardo Oliva de la UdeG Los jardines botánicos son espacios donde se depositan, tras las exploraciones en áreas naturales, los materiales recolectados. Desde el siglo XVII, en Europa, y principalmente en 364 El Informador, Guadalajara, lunes 1 de febrero de 1965, primera plana de miscelánea noticiosa. 365 Vid. Manuel Medina, Expedición científica a las Islas Revillagigedo, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 1957, 244 pp. 366 El Informador, Guadalajara, domingo 7 de febrero de 1965, p. 4-A. 367 El Informador, Guadalajara, domingo 22 de septiembre de 1968, p.10-A. 105 las potencias como España, Inglaterra, Holanda y Francia, que dominaron colonias en América, Asia, África y Oceanía, existió una fascinación por la flora y fauna de sus remotas posesiones. El conocimiento sobre la existencia de maravillosas plantas y animales se dio gracias a dos vías; una fueron los informes de viajeros, documentos que en ocasiones eran acompañados de ilustraciones; y otra fue la ostentación de algunos ejemplares en jardines privados de personas ricas que poseían cactus, palmas, orquídeas y un sinfín de plantas traídas de varios rincones del mundo. La creación en serie de jardines botánicos donde se pretendía ostentar la extensión del imperio mediante las plantas traídas de tierras lejanas dominadas por la metrópoli, es un fenómeno producto del despotismo ilustrado. Michel Foucault reflexionó que los jardines botánicos traducían una nueva curiosidad por las plantas y bestias exóticas, pues en ellos se sustituía el desfile “circular” del espécimen por la exposición en “cuadro” de las cosas,368 tal y como sucede en una galería. Cítese el ejemplo de España, donde el Real Jardín Botánico de Madrid era un inventario de los recursos que había a su disposición en sus territorios de ultramar, pues ahí se albergaban plantas vivas, desecadas para herbario y láminas con hermosas ilustraciones de la riqueza florística del imperio. La idea de considerar un jardín botánico como un muestrario de los recursos vegetales disponibles para explotar en el rubro de la medicina o industria se traspasó a las colonias españolas en América, entre ellas la Nueva España. En el capítulo primero de esta investigación se ha explicado el proceso de constitución de los jardines botánicos en México desde finales del siglo XVIII, con un preámbulo del periodo prehispánico y colonial, y durante todo el siglo XIX. En esta centuria, Guadalajara contó con dos jardines botánicos. El primero fue fundado en 1840, y dependió de la Facultad de Medicina de la Universidad de Guadalajara, se localizaba frente al Hospital de San Miguel de Belén.369 La adscripción del jardín al hospital muestra claramente su propósito: cultivar y exponer las plantas de valor curativo. En 1874, dicho jardín se convirtió en el parque 368 Michel Foucault, Las palabras y las cosas, México, Siglo XXI, 2010, 2ª edición, p.147.; citado por Alberto Soberanis, “Geografía y botánica: el paisaje mexicano visto por los viajeros franceses de la Commission Scientifique du Mexique (1864-1867)”, en Tierra, agua y bosques: Historia y medio ambiente en el México central, Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos/ Instituto de Investigaciones José María Luis Mora/ Potrerillos Editores/ Universidad de Guadalajara, 1996, pp.180-181. 369 Rebeca García Corzo, La construcción, op. cit., pp.166-167. 106 Alcalde,370 y 1948, cuando Jesús González Gallo fue gobernador de Jalisco, se le dio el nombre de Jardín Venustiano Carranza. El segundo jardín, también a cargo de la Facultad de Medicina, se empezó a construir en 1868, dentro de lo que fue el huerto perteneciente al ex convento de monjas de Santa María de Gracia. En 1889, cuando Mariano Bárcena fue gobernador de Jalisco, dicho espacio dependió del gobierno estatal, convirtiéndose en un jardín de aclimatación, en el cual se experimentó con plantas provenientes de otras regiones del mundo, con utilidades diversas, para adaptarlas a las condiciones climáticas de Jalisco, y de ese modo aprovechar sus cualidades e introducirlas al medio, como el eucalipto, que se usó para desecar los pantanos que abundaban en los paisajes aledaños a Guadalajara. 371 Otros dos lugares que no fueron exprofeso jardines botánicos, pero coadyuvaron a los estudios y experimentación en cuestiones agrícolas y biológicas, fueron el parque Agua Azul, planeado desde 1894,372 y la estación agrícola experimental Carmen Romero Rubio de Díaz, inaugurada en 1911,373construida en el otrora rancho de San Rafael, motivo por el cual ese parque lleva hoy en día dicho nombre. Estos proyectos contaron con el apoyo del gobierno del Estado de Jalisco, como el parque Agua Azul que se convirtió en zoológico en 1925, durante el gobierno de José Guadalupe Zuno. Así mismo, la iniciativa privada, como la Cámara Agrícola Jalisciense impulsó el funcionamiento de la estación agrícola experimental. La simbiosis entre universidades y jardines botánicos fue una constante desde la fundación del primero de la era moderna, el de Padua (1545), que dependía de la universidadde dicha ciudad. Así, el jardín botánico de México, fundado en 1788, estaba en manos de la Real y Pontificia Universidad de México. Lo anterior se reprodujo en Guadalajara, donde los jardines botánicos, desde 1840, estuvieron sujetos a la Facultad de Medicina de esa urbe. Es en 1889 cuando el monopolio universitario sobre esos espacios finaliza, y el jardín botánico que estaba en el viejo convento de Santa María de Gracia es cedido al gobierno estatal, para convertirlo en el referido jardín de aclimatación. Estos casos sugieren que desde finales del siglo XIX y hasta bien entrada la siguiente centuria, el funcionamiento de los jardines 370 Ibídem, p.171. 371 Ibídem, pp.173-180. 372 Ibídem, p.182. 373 Ibídem, p.266. 107 botánicos tapatíos se apartó de la dirección de las instituciones educativas, tomando el gobierno estatal la batuta en este asunto. Las convulsiones ocasionadas por el movimiento revolucionario, y la sangría del erario público, ocasionaron que el régimen estatal velara por otros asuntos y abandonara paulatinamente el sostén del funcionamiento de los jardines botánicos o espacios similares. Así sucedió con el jardín de aclimatación, el cual se convertiría en un gabinete antirrábico diseñado por el ingeniero Cástulo Gallardo, en 1913.374 Y para 1920, con motivo de la creación del Museo del Estado, fundado en 1918, el gobierno de Jalisco donó dos columnas de cantera que se encontraban en el jardín de aclimatación.375 La estación agrícola experimental también sucumbió por el abandono de las autoridades estatales. García Corzo señala que para 1917 dicho espacio se encontraba en condiciones tan lamentables que se decidió su traslado a los terrenos de Santa Inés, donde actualmente está el Centro Médico de Occidente del IMSS; y para 1926 ya estaba totalmente desmantelado.376 Hay un silencio en el Archivo Histórico de la UdeG (AHUG) respecto al papel que jugaron las instituciones de educación superior en la constitución de los jardines botánicos, desde que el antiguo huerto de Santa María de Gracia fue convertido en jardín de aclimatación, y le fue quitado a la Facultad de Medicina, cuyos documentos se encuentran en el repositorio mencionado. El mutismo se rompe por un caso de la Escuela Preparatoria de Jalisco, que alguna vez fue el Liceo de Varones, donde, en 1900, se proyectó construir un jardín botánico, lo cual quedó en el tintero.377 En 1939, una vez restablecida la UdeG de manera definitiva, vuelve a manifestarse la necesidad por contar con jardín de aclimatación para plantas medicinales, donde los estudiantes de farmacia pudieran aprender sobre botánica y drogas vegetales, que “reportaría en bien de la sociedad”.378 La Facultad de Ciencias Químicas pidió la autorización al Consejo General Universitario para hacer las gestiones necesarias para fundar dicho jardín,379 siendo aceptada por el rector el día 13 de enero de 1940.380 No obstante la consolidación de un jardín botánico en manos de la UdeG no se 374 Ídem. 375 El Informador, Guadalajara, martes 6 de julio de 1920, p.2. 376 Rebeca García Corzo, La construcción, op. cit., p.275 377 AHUG, Antecedente-Libro 71A-Expediente 6954-fs. 252-253. 378 AHUG, Estante I- Anaquel 6- Caja C- Libro 73- Expediente 181-fs.399-400. 379 Ídem. 380 Ibídem, f. 399. 108 lograría hasta la década de los cincuenta con la fundación del Jardín Botánico “Leonardo Oliva”. En los terrenos del Instituto Tecnológico se creó el jardín botánico “Leonardo Oliva” y un bosque para experimentación arbórea.381 Para ello, la SBEJ solicitó al Gobernador del Estado, quien a la sazón era Jesús González Gallo, que se le obsequiaran “todas las plantas y árboles existentes en los viveros de Santa Inés”.382 La petición se turnó al Departamento de Agricultura, Ganadería e Irrigación de Jalisco, cuyo titular, el ingeniero José Luis Arregui, manifestó que “con todo gusto” proporcionarían la mayor cantidad de plantas y árboles. Sin embargo, no sería posible obsequiar la totalidad de las existentes en los viveros de Santa Inés, pues debía conservarse el arbolado de tales terrenos donde se construiría la Ciudad Médica, o Centro Médico de Occidente. Asimismo, Arregui expresó que tenían la necesidad de conservar árboles y plantas para la formación de nuevos viveros que sustituirían al de Santa Inés. 383 La creación del jardín botánico dentro del Instituto Tecnológico era un proyecto muy anhelado por parte de los socios de la SBEJ. En el primer número del boletín de esta agrupación, en 1952, el profesor Alfonso Basulto Limón describió cómo estaba organizado dicho espacio, refiriendo que ahí se cultiva[ba] el mayor número posible de especies vegetales ordenadas según su grado de complicación o las condiciones geográficas de dónde proceden. […] El Jardín Botánico del Instituto Tecnológico de Guadalajara está[ba] diseñado en forma de espiral, en el extremo interior del cual se plantaron los vegetales más sencillos, y a lo largo de su trayectoria, los cada vez más complicados, con el propósito de mostrar simbólicamente el progreso en el desarrollo efectuado por la naturaleza en la formación de las especies vegetales. 384 La información anterior evidencia que la teoría de la evolución ya se había arraigado en el pensamiento de los estudiosos tapatíos de las plantas. Asimismo, el acomodo de este jardín estaba influido por nociones de fitogeografía, como apunta Basulto Limón: 381 AHUG, Estante I- Anaquel 9- Caja 174- Libro 347- Expediente 1303-f.91. 382 Ibídem, f.87. 383 Ibídem, f.96. 384 Alfonso Basulto Limón, “El Jardín Botánico del Instituto Tecnológico, Dependiente de la Universidad de Guadalajara,” en Boletín de la Sociedad Botánica del Estado de Jalisco, Guadalajara, Sociedad Botánica del Estado de Jalisco, núm. 1, 1952, p.45. 109 “En un terreno situado en el noroeste de la espiral se formará una silueta de la República Mexicana con la división en sus entidades federativas y se cultivará en él la vegetación típica de cada Estado. Al Oriente de la misma se destinarán cinco lotes como una representación de los cinco continentes para cultivar en ellos su flora característica”.385 A pesar del ímpetu y el entusiasmo con el que fue creado el jardín botánico, éste sufría de la escasez de agua y del maltrato por parte del alumnado. En abril 1954, mes en el que se intensifica el estiaje en Guadalajara, el profesor Pablo G. Franco, Secretario General del Instituto Tecnológico, envió una carta al licenciado Guillermo Ramírez Valadez, rector de la máxima casa de estudios, para informarle que los jardines de ese Instituto se encontraban en “muy malas condiciones” por la carencia de agua y el uso que los estudiantes le daban a los prados, donde ejecutaban prácticas deportivas.386 La Secretaría General le dio luz verde a Franco para que girara órdenes en las que prohibía utilizar los jardines para hacer deportes, inclusive se mandó una copia de la respuesta del rector al director del Departamento de Cultura Física. Asimismo, se le comunicó a Franco que buscarían el remedio para el problema del agua,387 lo cual se solucionó rápidamente, pues el 25 de mayo, se le informó que ya estaba en uso un nuevo pozo al oriente del edificio de la Escuela Vocacional, dentro de los terrenos de este Instituto, el cual surtiría del vital líquidoal citado edificio. 388 Franco también pidió al Administrador del Internado Estatal, encargado de la disciplina del alumnado, y al Director General de Talleres, Francisco Aceves González, responsable de la conducta de los empleados de mantenimiento del Instituto Tecnológico, que les llamaran la atención tanto a los estudiantes como al personal para que al entrar o salir de los terrenos del Tecnológico utilizaran exclusivamente las puertas y se eximieran de atravesar las alambradas, ya que esto originaba una labor constante de reparación de la misma; pues, al quedar destruidas tales defensas facilitaba el acceso a animales que maltrataban los jardines y otras instalaciones; y para colmo se perdían objetos, que obligaba la intervención de la policía estatal para que detuvieran a todas aquellas personas que se 385 Ibídem, p.46. 386 AHUG, Estante I- Anaquel 10- Caja 214- Libro 405- Expediente 775-f.22. 387 Ibídem, f.21. 388 Ibídem, f.20. 110 introducían o salían de los terrenos del Instituto por medio de los accesos que no eran las puertas establecidas.389 En mayo de 1954, con el objeto de organizar al personal de servicio para las labores de jardinería, el profesor Franco informó al rector que había girado instrucciones para que diez jardineros, cuyo jefe era Maximino Santoyo, se hicieran cargo del mantenimiento. Franco expresaba que la extensión de terreno era de diez hectáreas, donde había varios miles de árboles, de manera que el referido personal era insuficiente, pero por motivos de economía universitaria se rebajó el número de trabajadores en esta área, que era de veinte. No obstante, no se desaprovechó la oportunidad del comunicado para solicitar, cuando menos, otros dos jardineros para que los trabajos de esa índole se desarrollaran “un poco mejor”.390 El Secretario General de la Universidad, Ignacio Maciel Salcedo, informó a Franco que en ese momento no era posible contratar al par de jardineros que pedía, debido a que se habían agotado todas las partidas presupuestales por estar a fines de año, a pesar de que la solicitud estaba fechada en mayo. Lo anterior sugiere un desinterés de las autoridades universitarias por el óptimo mantenimiento de las áreas verdes del Instituto Tecnológico, entre ellas el jardín botánico. La apatía de los directivos del Instituto Tecnológico para la mejora del jardín botánico vuelve a reflejarse en este caso. Desde la fundación del IBUG se acordó hacer, de manera semanal, recolecciones de ejemplares botánicos en diversos lugares de Jalisco y Estados limítrofes, con la finalidad de aumentar la variedad de los especímenes ya existentes en el mencionado jardín.391 El 5 de agosto de 1955, los profesores Alfonso Basulto Limón y Pablo G. Franco pidieron permiso al rector para llevar un día de cada semana al jefe de jardineros del Instituto Tecnológico y un ayudante para realizar colectas de ejemplares en hábitat. Diez días después, la Secretaria General de la UdeG informaba al personal del IBUG que por acuerdo del rector no era posible acceder a lo que solicitaban, debido a que tanto el jefe de jardineros como el personal a sus órdenes tenían “un cometido que impiden la distracción de su tiempo”.392 389 Ibídem, fs.23 y 24 390 Ibídem, f.26 391 AHUG, Estante II- Anaquel 75- Caja 223- Libro 418- Expediente 724-f.456. 392 Ibídem, f.455. 111 Es posible que para 1960 el jardín “Leonardo Oliva” estuviera tan abandonado que el 3 de febrero de ese año se incendió la cortina arbórea que lo protegía.393 El secretario general, Julio Novoa Niz, pidió al profesor Franco que informara cuál fue la causa que originó dicho incendio.394 Franco dijo que el origen del fuego se debió a que algún objeto incandescente se arrojó sobre vegetales propensos a arder, como pudieron haber sido algunos árboles de pino u ocotes, ricos en resinas inflamables. Además, se señaló que la sequedad reinante durante esa época del año favorecía la propagación de las llamas.395 En la respuesta al comunicado de Franco, se le rogaba tomar las precauciones correspondientes para evitar la réplica de esos incendios.396 Sin duda alguna, hacía falta una constante vigilancia sobre el jardín botánico. Para remediar lo anterior, el 13 de abril de 1960, Franco requirió al rector la construcción de una bodega dentro de ese lugar, que daría albergue a uno de los jardineros para que estuviera a su cuidado, así como para que protegiera las herramientas y útiles que en ella se pudieran almacenar.397 Las dimensiones aproximadas de la obra serían de 4 por 5 metros.398 Es posible que las negativas anteriores respecto a la atención del jardín, por falta de recursos económicos, hicieran que Franco pidiera utilizar material de construcción de desecho, que había en el área de bodegas del Instituto Tecnológico,399 de esa manera no demoraría la realización de la bodega del jardín; la cual se aprobó el 26 de abril.400 El jardín botánico también se benefició de donativos en especie para su protección, como el realizado en diciembre de 1961 por la empresa “La Consolidada S.A.,” a través del ingeniero Rafael Orozco, quien era miembro de la SBEJ, obsequiando cinco rollos de alambre de púas.401 En agosto de 1963, se diseñó otro plan que embellecería y enriquecería el contenido del jardín botánico con plantas acuáticas, éste fue la construcción de un espejo de agua en su centro; para el cual también se utilizó material de desecho y se hizo uso de las erogaciones 393 AHUG, Estante II- Anaquel 78- Caja 314- Libro 543- Expediente 1106-f.119. 394 Ibídem, f.118. 395 AHUG, Estante II- Anaquel 78- Caja 303- Libro 529- Expediente 111-f.70. 396 Ibídem, f.69. 397 AHUG, Estante II- Anaquel 78- Caja 314- Libro 543- Expediente 1095-f.87. 398 Ídem. 399 Ídem. 400 Ibídem, f.86. 401 AHUG, Estante II- Anaquel 78- Caja 323- Libro 556- Expediente 406-f.268. 112 de subsidios que disponía el IBUG.402 El encargado de esta obra fue el ingeniero Antonio Valadez Álvarez, jefe del personal técnico y administrativo del Instituto Tecnológico,403 quien, en 1965, estableció unos viveros de plantas de ornato dentro de dicho Instituto, con el propósito de contribuir a la forestación de los terrenos donde se asentaban los edificios universitarios. 404 Es probable que en 1965, las autoridades universitarias hayan prestado mayor interés en dotar con óptimas instalaciones para la propagación de plantas tanto al Instituto Tecnológico como el jardín botánico, pues otras instituciones del mundo enviaron árboles de sus respectivas regiones a la UdeG, con la esperanza de que en sus viveros se aclimataran y reprodujeran. Así, en abril de 1965, la Universidad de Oregón, envió al IBUG numerosos ejemplares de sequoias, de pocas semanas de germinados.405 Este Instituto señaló que, a excepción de regiones muy altas como Mazamitla o Tapalpa, ese tipo de árboles no tenían posibilidades de desarrollarse en Guadalajara, dado que se trataba de plantas procedentes de climas altos y fríos, como los pinos y los abetos. Sin embargo, no perderían la oportunidad de saber si ese tipo de árboles gigantes podían adaptarse al clima tapatío, ya que hasta entonces eran prácticamente desconocidos en México.406 En la segunda mitad de 1965, el médico Carlos Bancalari asumió la dirección del IBUG, él refirió un testimoniomuy diferente, al que manifiestan los documentos sobre las mejoras que se venían haciendo al jardín botánico durante la gestión de Agustín Gómez y Gutiérrez, como director de IBUG, y Pablo G. Franco, como secretario, quien dejó el cargo para dirigir el Instituto de Astronomía. El 15 de agosto de 1965, Bancalari envió a Hugo Vázquez Reyes, rector de la UdeG, un informe en el que declaraba que el jardín botánico se encontraba en lamentable estado de abandono;407 y era urgente contar con un empleado de planta para que asistiera el jardín tanto de día como de noche,408 pudiendo residir en la pequeña bodega que se construyó en 1960, donde moraba el señor Eduviges Ramírez Herrera, 402 AHUG, Estante II- Anaquel 80- Caja 370- Libro 622- Expediente 65-fs.284 y 285. 403 Ídem. 404 AHUG, Estante II- Anaquel 81- Caja 419- Libro 679- Expediente 37-f.102. 405 El Informador, Guadalajara, viernes 16 de abril de 1965. De acuerdo a la nota de ese diario, aquellos árboles eran capaces de alcanzar una altura de hasta 100 metros y una circunferencia de 30. 406 Ídem. 407 AHUG, Estante II- Anaquel 81- Caja 432- Libro 701- Expediente 22-f.126. 408 Ídem. 113 empleado de la Secretaría de Agricultura, quien de día trabajaba en esa dependencia gubernamental y no podía dedicarse al mantenimiento del jardín botánico. Asimismo, Bancalari relataba que Maximino Santoyo, jefe de jardineros del Instituto Tecnológico, se había hecho cargo provisionalmente de los arreglos más necesarios, y que él era el indicado para recomendar a la persona que ocuparía el puesto requerido.409 Es probable que las contradicciones que muestran las fuentes evidencien una rivalidad entre Franco y Bancalari. Para marzo de 1966, se planeaba trasladar el IBUG del campus del Instituto Tecnológico al predio de los Belenes, en Zapopán, donde se construiría el Centro Vocacional Agropecuario. El terreno fue recibido, a nombre de la UdeG, por el profesor Pablo G. Franco,410 quien ya había dejado de laborar en el IBUG, pero es probable que se le asignara esta tarea debido a que él promovió y creó el primer jardín botánico en el Instituto Tecnológico. Franco indicó que el jardín botánico de la Escuela de Agricultura se haría con la colaboración directa de los estudiantes, y ellos serían quienes habrían de presentar los proyectos y métodos técnicos para llevarlo a cabo en el próximo ciclo lectivo.411 El proyecto inicial era circundar el terreno con una cortina arbolada de doble línea con el fin de estabilizar la temperatura en el terreno interior, evitando heladas, vientos y fenómenos meteorológicos bruscos que matarían las plantas. En el centro del terreno se levantaría un pequeño laboratorio botánico y otro invernadero, que estaría al cuidado de las autoridades y estudiantes de la Escuela de Agricultura, en cuanto ésta recibiera sus nuevas instalaciones.412 En abril de 1966, paralelamente a la noticia anterior, Carlos Bancalari informó al rector sobre las actividades que el IBUG realizaba dentro del Instituto Tecnológico. Principalmente la vinculación del IBUG con jardines botánicos y herbarios de otras partes del mundo para recibir publicaciones que enriquecieran la biblioteca;413 la introducción al jardín botánico de 100 nuevas especies de plantas, más 80 diferentes tipos de orquídeas jaliscienses, de las que no se especifican nombres científicos;414Asimismo, Bancalari adjuntó 409 Ídem. 410 El informador, Guadalajara, martes 1 de marzo de 1966, p.3-C. 411 Ídem. 412 Ídem. 413 AHUG, Estante II- Anaquel 82- Caja 447- Libro 718- Expediente 869- f.91. 414 Ibídem, fs.92-93. Entre los ejemplares que destacan en la lista está el Dioon purpusii, una planta endémica de Oaxaca que aparece con el nombre vulgar de “Palma cyca”; un nopal de “las islas Marieta”, de pencas 114 una lista con trece alumnos que recibían la cátedra de Botánica Sistemática en el IBUG, desde marzo de 1966. Ante tales acciones, Bancalari invitó al rector para que hiciera una visita al jardín botánico y pudiera personalmente conocer el estado que guardaba. El tono de la misiva enviada por Bancalari fue muy insistente, pues le pedía al jefe máximo de la casa de estudios que señalara el día y hora en que tendría “el honor de esperarle”.415 Sin duda alguna, Carlos Bancalari se esforzó apasionadamente por divulgar las acciones que se realizaban en, y por, el jardín botánico. Para octubre de 1966, Bancalari publicó un artículo en el Órgano Informativo de la Escuela Preparatoria de Jalisco, 416 donde también era profesor. En ese texto, además de describir las dimensiones y acomodo del jardín, informaba al publicó de las acciones logradas a lo largo de ese año para dicho espacio, repitiéndose las mismas palabras que aparecían en el informe enviado al rector en el mes de abril. La novedad de este escrito es que Bancalari insistía en la construcción de un invernadero adecuado, con armazón de fierro y techo de vidrio, pues la estructura que llamaban “invernadero”, era en realidad […] una caseta construida con armazón de troncos que sostienen endebles cortinas de carrizos, y bajo su sombra se cultivan especies vegetales traídas de diversos lugares de Jalisco, que viven en condiciones de temperatura y humedad distintas a las del valle de Guadalajara. Ahí se aclimatan y fortalecen antes de colocarlos definitivamente en los prados abiertos. A pesar de su pobreza material, este invernadero tiene, entre otras plantas, más de 80 especies diferentes de orquídeas silvestres del Estado, la mayoría procedentes de la Sierra Madre Occidental.417 De igual modo, Bancalari señalaba que la función de ese jardín botánico, no era exclusivamente el cultivo de plantas ornamentales, sino la conservación, aclimatación y estudio de la flora nacional, en particular, y la de otros países.418 Cabe señalar que el doctor Bancalari justificaba que el dinero empleado en el sostenimiento del jardín redundaría en favor de la economía del pueblo, porque gigantes que aún está en el campus del actual CUCEI, que pudiera tratarse de una Opuntia wilcoxii; y varias especies de agaves y suculentas. 415 Ibídem, f.91. 416 Bancalari Rodríguez, Carlos, “Jardín Botánico de la Universidad de Guadalajara”, en Órgano Informativo de la Escuela Preparatoria de Jalisco, Guadalajara, Sociedad de Profesores, núm. 5, septiembre-octubre 1966, pp.19-22. 417 Ibídem, p.19. 418 Ibídem, p.20. 115 “nos ayuda a aumentar los cultivos de plantas procedentes de climas distintos al nuestro, sobre todo de plantas útiles como las textiles, resinosas, oleaginosas, medicinales, alimenticias y forrajeras, que benefician a la industria, ganadería y agricultura y consecuentemente la salud y bienestar nacional”. 419 Después del impulso inicial que Bancalari dio al jardín “Leonardo Oliva”, éste empezó a agonizar en 1969, cuando el IBUG estaba en vísperas de cambiar su sede hacia el predio de Los Belenes. En enero de ese año, Bancalari solicitó una entrevista con el rector, Ignacio Maciel Salcedo, para detallarle el deterioro que sufrían los ejemplares raros del jardín, pues eran extraídos o fenecían por estar a la intemperie, ya que se habían suspendido los trabajos de construcción del invernadero, del cual pedía se reanudara su elaboración.420 Para solucionar este problema, Bancalari pedía que se comisionarana dos jardineros que vigilaran y conservaran tales especímenes, lo cual le fue concedido.421 Parece que, en 1971, Bancalari intentó revitalizar las funciones del jardín, en un esfuerzo por evitar el traslado total del IBUG a Los Belenes. De ese modo, el 2 de noviembre envió una misiva a César Cosío Vidáurri, jefe del departamento de educación del Estado de Jalisco, en la que le informaba poner a disposición de los alumnos de las escuelas dependientes a su cargo las instalaciones del jardín botánico, invernadero y herbario del IBUG; áreas que podían ser visitadas los sábados, cuando un maestro estaba para guiar a los estudiantes.422 Bancalari sostenía que quizás el contacto con estos elementos de las ciencias naturales motivarían a los jóvenes a conocer mejor los recursos del país.423 El final del jardín “Leonardo Oliva” acaeció en 1972, cuando el IBUG se trasladó definitivamente a Los Belenes, donde estaba el terreno para hacer un nuevo jardín botánico desde 1966. Esta noticia llegó hasta “La Quinta Fernando Schmoll”, un vivero de Querétaro que desde 1920 se especializaba en el cultivo de cactáceas y otras suculentas; en octubre de 1972, Enrique Wagner, representante de Schmoll, ofreció al rector de la UdeG desde un desinteresado asesoramiento hasta el surtido de especímenes botánicos de origen cultivado a precios de producción para la formación del nuevo jardín.424 Para diciembre de ese año, 419 Ibídem, pp.20-21. 420 AHUG, Estante I- Anaquel 20- Caja 548- Libro 830- Expediente 878-f.366. 421 Ibídem, f.365. 422 AHUG, Estante I- Anaquel 23- Caja 651- Libro 923- Expediente 12-f.142. 423 Ídem. 424 AHUG, Estante I- Anaquel 25- Caja 750- Libro 1026- Expediente 29 f.84. 116 aparecía en El Informador la noticia de la tala de árboles del jardín botánico, que en poco tiempo llevo el título de “antiguo”, tal y como señalaba el encabezado; esa acción se realizó para construir nuevas aulas e instalaciones de la Escuela Politécnica de la Universidad de Guadalajara. Según la nota periodística los estudiantes universitarios se quejaron de que la tala se hacía en forma inmoderada, pues existían espacios suficientes y adecuados para las nuevas ampliaciones.425 Desde que el IBUG se trasladó a Los Belenes, y posteriormente a Las Agujas, donde en la actualidad se encuentra, incrementó cualitativa y cuantitativamente la práctica botánica local, con la recolección de especímenes para herbario o la publicación de obras en las que se da noticia de las exploraciones, descubrimientos y descripciones de nuevas especies, así como la formación de recursos humanos que continuaron la consolidación local de la botánica. Sin embargo, después del cierre del jardín “Leonardo Oliva”, la UdeG difícilmente volvió a poseer una ingente colección de plantas vivas. Esta coyuntura permitió la creación del Jardín Botánico de la UAG. El 30 de abril de 1970, en la Ciudad Universitaria de la Autónoma de Guadalajara, con una superficie de tres hectáreas,426 se inauguró un jardín botánico que contaba con 10,000 árboles de diversas especies, así como cientos de pinos donados por la fábrica de papel de Atenquique, por iniciativa de Guillermo Brockman427. Los primeros esfuerzos por crear ese jardín se debieron al cactófilo norteamericano, Jorge Victor Eller T, quien desde noviembre de 1968 empezó a organizar y dirigirlo.428 Dicho hombre también fue director del Jardín Botánico de la Escuela de Biología del “Pomona College” en California. Con ese jardín, la UAG pretendía fomentar tanto la investigación como la pedagogía en materia botánica, así como proporcionar un espacio de recreo, ya que estaría abierto al público.429 425 El Informador, Guadalajara, jueves 7 de diciembre de 1972, primera plana. 426 Vid. Miguel Cházaro Basáñez y Héctor de Alba Esquivas, “El jardín botánico Jorge Víctor Eller T. de la Universidad Autónoma de Guadalajara, Jalisco, México”, en, Antología botánica del Occidente de México, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 2002, pp.162-165. 427 El Informador, Guadalajara, sábado 7 de marzo de 1970, p.2-C. 428 Miguel Cházaro Basáñez y Héctor de Alba Esquivas, op. cit., p.163. 429 El Informador, Guadalajara, sábado 7 de marzo de 1970, p.2-C. 117 Entre los primeros proyectos que realizó la UAG, gracias a las instalaciones de su jardín botánico que contaba con una sección especializada en zonas áridas de México, 430 están algunas investigaciones sobre cactáceas. El interés de la UAG por esa familia vegetal se debió a la importancia de tales plantas en la alimentación del hombre y del ganado, así como por su uso en la industria y la farmacéutica, ya que, según Eller, las cactáceas poseen grandes cantidades de proteínas, azúcares, sustancias astringentes que facilitan la digestión y muchas sustancias primarias para la elaboración de medicinas.431 Tanto la UdeG como la UAG tenían como acicate, para continuar con sus investigaciones, la misión de develar las novedades que escondía la naturaleza jalisciense. Tales secretos eran compartidos a través de las descripciones publicadas en boletines, libros o revistas especializadas. Para concluir ¿Cómo es que las acciones presentadas arriba contribuyeron al proceso de construcción del conocimiento botánico y a la institucionalización y profesionalización de la botánica en Guadalajara? La respuesta a estas interrogantes, es que las prácticas como las exploraciones son indicadores de un cambio cualitativo en la forma de desarrollar esta ciencia por parte de los actores que iniciaron como amateurs y se convirtieron en profesionales de la misma, como Luz María Villarreal de Puga, Enrique Estrada Faudón o Carlos Bancalari. Tales actores crearon lugares exprofeso para la botánica como los jardines, herbarios e institutos, donde realizaron un ejercicio de territorializción de los espacios educativos, dándoles un capital simbólico y cimentando las bases para la perpetuación de esta ciencia en el occidente de México. 430 El Informador, Guadalajara, viernes 26 de marzo de 1971, p.3-C 431 Ídem. 118 Capítulo 4 De amateur a botánico profesional: Salvador Rosillo de Velasco, las prácticas de un actor individual En las líneas de arriba se procedió con el análisis de los grupos de personas que contribuyeron al desarrollo de la ciencia botánica en Guadalajara y del trabajo que desarrollaron a nivel institucional. Ahora, el presente capítulo tiene como objetivo el estudio de las prácticas que determinaron el tránsito de un actor en específico, que inició como botánico amateur y se convirtió en profesional. Se recurrió a realizar el análisis del caso del médico Salvador Rosillo de Velasco (Véase imagen 25), pionero de la orquideología tapatía. La hipótesis de este capítulo es que un sujeto, como Salvador Rosillo, se granjeó el título de botánico, y creó para sí un capital simbólico como autoridad en el conocimiento de las orquídeas jaliscienses, tras realizar prácticas propias de un botánico; lo anterior debido a la falta de espacios de formación profesional de biólogos y botánicos, que no sucedió en Guadalajara hasta la creación de las licenciaturas en biología en la UAG y UdeG (cfr. capitulo dos de esta obra). Imagen 25. Salvador Rosillo de Velasco Fuente: Roberto González Tamayo y Eric Hágsater, “Salvador Rosillode Velasco: Una Semblanza Biográfica”, en Orquídea, México, Asociación Mexicana de Orquideología, vol. 11, diciembre de 1988, p.5. 119 Las prácticas realizadas por Rosillo fueron de apropiación y difusión. Dentro de las primeras, están la adquisición y lectura de textos especializados, la exploración de áreas naturales, la recolección de plantas para formar una colección viva o un herbario, el descubrimiento de nuevas especies para la ciencia y el intercambio de ideas con otros investigadores. En lo que respecta a las prácticas de difusión, éstas fueron, principalmente, el envío de materiales botánicos, como los descritos atrás, para otros correligionarios e instituciones de investigación; y la publicación de los hallazgos realizados, ya fuera en libros especializados, como Flora Novogaliciana, u órganos de difusión periódica, locales, nacionales o internacionales. El siguiente texto se estructuró de la siguiente manera. En un principio, se describió quién fue Salvador Rosillo de Velasco, con el objetivo de comprender su lugar social dentro del proceso de construcción del conocimiento botánico en Guadalajara; y después, se pusieron en sendos subapartados los tipos de prácticas que explican su paulatino tránsito de amateur a profesional. La temporalidad que aquí se estudia comprende los años de 1960 a 1987; la primera fecha se debe a la fundación de la Asociación Orquidófila de Guadalajara (AOG), y el último año corresponde al fallecimiento de Salvador Rosillo. Los documentos utilizados para la construcción de este capítulo fueron, en primera instancia, la comunicación epistolar de Salvador Rosillo con otros estudiosos de las orquídeas, tanto mexicanos como extranjeros; y los boletines editados, mes tras mes, desde 1976 hasta 1986, por la AOG y de la Sociedad Orquidófila de Guadalajara (SOG); ambas fundadas y dirigidas por este actor. A cerca del origen y trato de las cartas de Salvador Rosillo, éstas se encuentran en posesión de dos particulares, uno es Luz Consuelo Rosillo Domínguez, hija del personaje en cuestión; y otra parte, que únicamente son misivas entre Salvador Rosillo y el ingeniero Eric Hágsater, está en el Herbario de la Asociación Mexicana de Orquideología (AMO). Debido a que estos materiales no estaban clasificados, el autor de esta investigación se tomó la libertad de catalogar estas comunicaciones de la siguiente manera: con mayúsculas, las iniciales APSR, o sea Archivo Personal de Salvador Rosillo, para el caso de los materiales brindados por Luz Consuelo Rosillo, y AMO, en alusión al acervo consultado en dicha asociación; siguen con números el año, mes, día; y por último los nombres del remitente y destinatario. En la información de las cartas encontramos solicitudes 120 hechas por Rosillo a sus colegas tanto nacionales como extranjeros de datos sobre especies, las consultas que le hacían a Rosillo, reporte de clasificación. Lo vertido en las presentes se complementó con los boletines emitidos por la AOG y la SOG; este par de fuentes fue una rica veta que explicó cómo un aficionado autodidacta se convirtió en un botánico en toda la extensión de la palabra. 4.1 Salvador Rosillo de Velasco y su lugar social en la construcción del conocimiento botánico. Gran parte de la información biográfica sobre Salvador Rosillo de Velasco se rescató de la semblanza postmortem que de él hicieron Roberto González Tamayo y Eric Hágsater, sus discípulos y amigos. Luz Consuelo Rosillo también proporcionó, en una serie de entrevistas, bastante información sobre la vida de su padre. A continuación, se inicia de modo clásico la narrativa sobre la existencia de un individuo; primeramente, se dan las coordenadas espaciales y temporales del nacimiento de Salvador Rosillo, que fue en la ciudad de Puebla de los Ángeles, el 26 de julio de 1910,432 meses antes del levantamiento de Aquiles Serdán, maderista que en aquella urbe marcó el inició de la Revolución Mexicana. Fue hijo del matrimonio entre Paulino Rosillo Estrada (1875-1936), inmigrante cubano-español nacido en Cantabria,433y Esperanza de Velasco y Almendaro (1880-1945), hija de la tradicional aristocracia poblana, beneficiados por el comercio textil. Paulino Rosillo administraba la hacienda propiedad de la familia de su esposa.434 Sobre los estudios profesionales de Salvador Rosillo, González Tamayo refiere que, en un principio, cursó la carrera de químico, pero que al final se graduó como médico, especializándose en homeopatía;435 no se encontraron documentos sobre la formación profesional de Salvador Rosillo en el Archivo Histórico de la Universidad de Guadalajara, de manera que, posiblemente, sus estudios los realizó en otra ciudad. Vino con su familia a Guadalajara en 1933, debido a que su padre padecía de enfisema pulmonar, y se le recomendó 432 Roberto González Tamayo y Eric Hágsater, “Salvador Rosillo de Velasco: Una Semblanza Biográfica”, en Orquídea, México, Asociación Mexicana de Orquideología, vol. 11, diciembre de 1988, p.2. 433 Consultado en ttps://gw.geneanet.org/sanchiz?lang=en&p=paulino&n=rosillo+estrada 434 Roberto González Tamayo y Eric Hágsater, “Salvador Rosillo”, op. cit., p.2.; y entrevista a Luz Consuelo Rosillo Domínguez, 23 de octubre de 2017. 435 Roberto González Tamayo y Eric Hágsater, “Salvador Rosillo”, op. cit., p.2. 121 trasladarse a esta urbe, con menor altura sobre el nivel del mar.436 Aquí fue donde Salvador conoció a Nieves Ana Domínguez Amaya, originaria de Chihuahua,437con quien se casó el 1 de febrero de 1936,438 apenas unos días antes, el 16 de enero, su padre había muerto.439 De su unión con Nieves Domínguez, Salvador tuvo seis hijos, prole que mantuvo con su sueldo de auditor en la Comisión Federal de Electricidad (CFE). En 1938, para la compra de su casa, en la calle Frías número 75, la familia Rosillo recibió un crédito hipotecario por tres mil pesos de la Compañía Eléctrica Chapala S.A,440 que a la postre fue absorbida por la conocida paraestatal. Rosillo fue un profesional multifacético que, además de ser médico y empleado de la CFE, en sus ratos de ocio gustaba de la filatelia, la música, la numismática, el motociclismo y la cacería.441De este último pasatiempo fue que se dio su primer acercamiento con las orquídeas,442pues en sus salidas al bosque para cazar venados o pavos reales, veía yacer turgentes matas de orquídeas sobre los encinos;443gradualmente, dejó de utilizar su escopeta para abatir presas, y en su lugar la usaba para quebrar a tiros las altas ramas de los árboles donde hubiera alguna especie de orquídea.444 Los sesenta fue una época medular para Rosillo, pues entonces se dieron tres eventos que le permitieron desarrollar sus prácticas como botánico; el primero fue la pugna al interior de la SBEJ, que trajo como resultado la creación de la SCNJ, lo cual provocó que Rosillo tomara distancia de la SBEJ, sin dejar de estar afiliado a ella, y empezó a planear la creación de grupo especializado en el estudio de las orquídeas, surgiendo la Asociación Orquideófila de Guadalajara (AOG), fundada el 17 de marzo de 1960; el segundo suceso fue la construcción de un invernadero en la azotea de su casa, donde pudo mantener una vasta colección de orquídeas; y por último, en 1966, cuando Rosillo se jubiló de la CFE,445 lo que le dio menos preocupaciones y más tiempo para leer, salir a campo, comprar libros y aumentar su colección de plantas.436 Ídem. 437 Ídem. 438 Entrevista a Luz Consuelo Rosillo Domínguez, 23 de octubre de 2017. 439 Ídem. 440 El Informador, Guadalajara, miércoles 7 de diciembre de 1939, p.4. 441 Roberto González Tamayo y Eric Hágsater, “Salvador Rosillo”, op. cit., p.2. 442 Ídem. 443 Ídem. 444 Ídem. 445 Ídem. 122 El gusto de Rosillo por las orquídeas lo transmitió a amigos, vecinos y conocidos, muchos de ellos miembros de la clase acomodada tapatía, como el industrial textil Ponciano Almada Cerón, dueño de la fábrica de medias “Alma”, quien también era miembro del club de cacería que Rosillo frecuentaba; o Elisabeth Hering Farías y su esposo, el cónsul de Alemania, Erich Clemens quien, en 1921, junto a Ignacio Díaz Morales, Javier Verea Prieto, French Geo, Luis Torres Landa y Wendel Cax instalaron una antena de 5 watts en la azotea del Hotel Imperial, para la primera emisión de radio en Jalisco.446 Estos personajes se afiliaron a la AOG, en cuya membresía también había socios de la SBEJ, como los matrimonios compuestos por Luis Puga de Robles Gil y Luz María Villarreal, Rafael Orozco y Celia Delgado, Agustín Gómez y María Urrea; así como Roberto González Tamayo y el profesor Amancio Rodríguez.447 En un inicio, el lugar de reunión era la propia casa de Rosillo; posteriormente, se juntaban cada primer jueves de mes, de las 20 a las 22 horas, en el Centro de la Amistad Internacional, ubicado en la actual colonia del Country.448 El 22 de octubre de 1970, Salvador Rosillo, quien tuvo el manejo de la correspondencia tanto de la AOG como de la SOG, recibió una carta de Caracas, del Comité de Orquideología de la Sociedad Venezolana de Ciencia Naturales, en la que se invitó a la AOG para participar en la vigesimonovena exposición nacional de orquídeas, que tenía proyectado ser una exposición latinoamericana de estas plantas. Se solicitó que la agrupación tapatía enviara unos 20 o más ejemplares, cuyo transporte y permisos de ingreso y salida serían gestionados por el colectivo caraqueño. Dicho evento se realizó en la capital venezolana los días 24, 25 y 26 de abril de 1971, en el Gran Salón del Hotel Caracas Hilton.449Al parecer la AOG no atendió al llamado, quizás porque contaba con poca experiencia en la selección de ejemplares para certámenes; esta carencia se subsanó en octubre de 1973, mes en el que se realizan festejos, espectáculos y exhibiciones en Guadalajara; uno de éstos fue la primera exposición de la AOG, en el Centro de la Amistad Internacional.450 446 El Informador, Guadalajara, sábado 5 de octubre de 2002, p.4 447 APSR, ca. 1963, Lista de Socios de la AOG. 448 El Informador, Guadalajara, martes 30 de octubre de 1973, p.3 C. 449 APSR, 1970, octubre, 22 de la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales a Salvador Rosillo. 450 El Informador, Guadalajara, sábado 20 de octubre de 1973, p.2 C. 123 Con el fin de extender vínculos de colaboración con otros estudiosos, y crear un capital simbólico para las asociaciones que fundó Salvador Rosillo, éste se encargó de relacionarlas con otras agrupaciones y autoridades en la orquideología; como la American Orchids Society y Orchid Digest Corporation, en Estados Unidos;451 así como la Sociedad Francesa de Orquideología, la cual buscó la cooperación de la SOG;452 y la Asociación Mexicana de Orquideología (AMO). Los orígenes de la AMO están en el club que se conoció como “Amigos de las Orquídeas”, creado y extinto en la década de los cuarenta; éste fue responsable de organizar el Primer Congreso Internacional de Orquideología, en Chiapas, bajo el patrocinio del gobernador de entonces, Rafael Pascasio Gamboa, en 1941.453Joaquín Ibarrola Grande, influyente contador público de la Ciudad de México, en un intento por revivir el asociacionismo en torno a las orquídeas, tuvo la iniciativa de realizar sesiones informales desde 1968, de las cuales nació la AMO, registrada como asociación civil en 1971, por Eric Hágsater Gartenberg.454 A Hágsater, el gusto por las orquídeas le inició a temprana edad; esta afición la pudo desarrollar sin presiones pecuniarias, ya que pertenecía a una acaudalada familia, propietaria de la compañía farmacéutica Chinoin, establecida en México en 1925. Al igual que Rosillo, Hágsater fue un botánico autodidacta, que buscó las personas, las lecturas y los materiales que lo orientaran para equipararse con los más prominentes estudiosos de las orquídeas y dejar el mote de aficionado. En un inicio, el joven Eric frecuentaba el orquideario del Jardín Botánico de la UNAM, con el propósito de que el curador a cargo, el alemán Otto Nagel, le ayudara a identificar las orquídeas que recolectaba durante sus exploraciones en el interior del país; Nagel le sugirió asesorarse con Salvador Rosillo con el fin de identificar e intercambiar especies procedentes del occidente mexicano, especialmente de los Estados de Colima, Jalisco y Nayarit. Por tal motivo, en 1962, con 18 años de edad, Hágsater envió su primera carta al doctor Rosillo, con la cual dio inicio a una amistad y un trato similar al que se da entre un maestro y alumno, en la que hubo una retroalimentación en la construcción del conocimiento. 451 Así lo comprueba la correspondencia de la AOG y SOG que refieren la leyenda: “Afiliada a la American Orchid Society y Orchid Digest Corporation. 452 APSR, 1972, marzo, 3, de la Sociedad Francesa de Orquideología a Salvador Rosillo. 453 El Informador, Guadalajara, lunes 7 de marzo de 1988, p.1 y p.3. 454 Ídem. 124 La dirección Frías número 75 fue receptora y emisora de misivas y paquetes de Eric Hágsater, Stirling Dickinson, William Moore, Rogers McVaugh, y otros personajes, que reflejan las prácticas en la edificación del conocimiento de una parte de la botánica en Guadalajara. En ese domicilio, y no en un centro educativo, fue que se desarrolló la orquideología tapatía. Previas a los trabajos de Rosillo, sólo dos obras trataron, pobremente, a cerca de las orquídeas jaliscienses. Una fue, de Mariano Bárcena, la Sinonimia vulgar y científica, propiedades y usos de las plantas que caracterizan climas y terrenos en el Estado de Jalisco, que es un apartado de su Ensayo estadístico, publicado en 1888; ahí aparecen sólo dos especies de orquídeas: una es Laelia autumnalis (Véase imagen 26), que la registra erróneamente como Loelia,455y la otra es la vainilla (Véase imagen 27), anacrónicamente clasificada como Epidendrum vanilla, nombre que le dio Carlos lineo en el siglo XVIII.456 La Flora del Estado de Jalisco, de Alfonso Manuel Castañeda, es el otro estudio donde aparecen cinco especies de orquídeas en Jalisco, a saber: Laelia autumnalis,457Govenia lilacea (Véase imagen 28),458Bletia campanulata (Véase imagen 29),459 Pogonia ophiogloides (Véase imagen 30),460 y Dendrobium sp. (Véase imagen 31)461; cabe aclarar que estas dos últimas especies ni siquiera son de México. Las lagunas dejadas en el estudio de esta familia fue un claro reflejo del incipiente y pausado desarrollo que tuvo la botánica tapatía durante la primera mitad del siglo XX, la cual se subsanó con las prácticas de apropiación y difusión narradas a continuación. 455 Mariano Bárcena, Ensayo estadístico, op. cit., p.377. 456 Ibídem, p.387. 457 Alfonso Manuel Castañeda, op. cit., p.143. 458 Ibídem, p.148. 459 Ibídem, p.154. 460Ibídem, p.158. 461 Ibídem, p.159. 125 Imagen 26. Laelia autumnalis Fuente: Fotografía tomada por Juan Carlos de Jesús Silva Cortes, en su colección particular, Guadalajara, Jalisco, México, 20 de octubre de 2017. Imagen 27. Vainilla, Vanilla sp. Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/Vanilla_planifolia. 126 Imagen 28. Govenia Lilaceae. Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/Govenia_liliacea Imagen 29. Bletia campanulata. Fuente: https://www.naturalista.mx/taxa/283341 127 Imagen 30 Pogonia ophiogloides. Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/Pogonia_ophioglossoides Imagen 31. Dendrobium sp. Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Illustration_of_Dendrobium_phalaenopsis.jpg 128 4.2 Leer, explorar, recolectar y descubrir: Prácticas de apropiación realizadas por Salvador Rosillo de Velasco “No hay nada nuevo bajo el sol, salvo lo que se olvida,” para el caso de las orquideología jalisciense, a esta sentencia del Eclesiastés debería agregársele: “y lo que se ignora”, pues por los ejemplos de omisión, mostrados en las obras de Bárcena y Castañeda, es evidente que el conocimiento orquídeológico de Jalisco fue un terreno totalmente olvidado. Una forma eficaz de corregir los menoscabos que deja la ignorancia es a través de la lectura, siendo ésta la principal herramienta que Salvador Rosillo utilizó para abundar en el saber de las orquídeas. Una parte significativa del archivo de Rosillo son las solicitudes de compra y comprobantes de pago a librerías mexicanas y estadounidense, una de éstas fue Jones & Scully Inc, a la que compró libros sobre las orquídeas de Venezuela, Perú, Panamá, Guatemala y otros países tropicales. Rosillo intentaba estar al tanto de las novedades en cuanto a la taxonomía de las orquídeas, en una carta fechada el 14 de octubre de 1961, dirigida al orquideófilo americano, Lester McDonald, quien se hallaba en Estados Unidos, le pidió averiguar el costo de la última edición del libro Exotics.462 Asimismo, desde la fundación de la AOG, Rosillo fue suscriptor de los boletines de la American Orchid Society, de la Orchid Digest Corporation y de la Asociación Mexicana de Orquideología, órgano en el que se publicaron sus descubrimientos en la década de los ochenta. Los descubrimientos que efectuó Rosillo están ligados a su actividad como explorador de espacios naturales, pericia que desarrolló por su afición por la cacería; pues, para él salir a campo en búsqueda de una orquídea era similar a la faena de rastrear una presa; así lo evidencia en la carta escrita a Lester McDonald, el 14 de octubre de 1961, en la que narra haber organizado una expedición tipo “comando”, es decir llevando cama, comida, bebidas, etcétera, pues pretendían viajar con rapidez; en ella salió acompañado de un amigo a una parte de la sierra de Tapalpa, donde solamente era posible desplazarse a pie; el propósito era localizar la Mormodes luxatum (Véase imagen 32).463 En tal situación, cuenta Rosillo que el viaje resultó ser agotador, ya que les llovió casi por dos días seguidos y cuando no llovía el tiempo estaba neblinoso continuamente; a pesar de todo, tuvieron éxito completo, 462 APSR, 1961, octubre, 14, de Salvador Rosillo a Lester McDonald. 463 Ídem. 129 pues hallaron varias matas de la especie buscada, así como ejemplares de Oncidium tigrinum (Véase imagen 33), Leochilus crocodiliceps (Véase imagen 34), Oncidium karwinskii (Véase imagen 35), Oncidium flavovirens (Véase imagen 36) y Erycina diaphana (Véase imagen 37).464 Imagen 32. Mormodes luxatum. Fuente: http://www.orchidspecies.com/morluxata.htm Imagen 33. Oncidium tigrinum. Fuente: Salvador Rosillo de Velasco, “Oncidium tigrinum var. giganteum”, en Boletín de la Asociación Orquidófila de Guadalajara, Guadalajara, Asociación Orquidófila de Guadalajara, Núm.33, enero de 1979. Dibujo de Augusto Ramírez Espíndola. 464 Ídem. 130 Imagen 34. Leochilus crocodiliceps. Fuente: Eric Hágsater et al., Las orquídeas de México, México, Laboratorios Chinoin, 2005 p.132 Imagen 35. Oncidium karwinskii. Fuente Salvador Rosillo de Velasco, “Oncidium karwinskii”, en Boletín de la Asociación Orquidófila de Guadalajara, Guadalajara, Asociación Orquidófila de Guadalajara, Núm.8, diciembre de 1976, p.1. Enrique Hernández Padilla. 131 Imagen 36. Oncidium flavovirens. Fuente: Eric Hágsater et al. op. cit., p.128. Imagen 37. Erycina diaphana. Fuente: Salvador Rosillo de Velasco, “Erycina diaphana”, en Boletín de la Asociación Orquidófila de Guadalajara, Guadalajara, Asociación Orquidófila de Guadalajara, Núm.22, febrero de 1978, p.1. Dibujo de Augusto Ramírez Espíndola. 132 La anterior excursión se efectuó los días 14, 15 y 16 septiembre de 1961, que son días feriados en México, es decir no laborales, especialmente en dependencias de gobierno y empresas paraestatales, como lo es la CFE, donde, aún laboraba Rosillo, de lunes a viernes. Por tal motivo, las jornadas oficialmente ociosas, como las vacaciones de Semana Santa, eran de las pocas oportunidades que disponía Rosillo para recorrer los bosques y las sierras de Jalisco; además, tanto en primavera como en otoño había una abundante floración de muchas orquídeas, lo que facilitaba su identificación y colecta. Rosillo contó, al orquideófilo americano, William E. Moore, influyente farmacéutico de la compañía Johnson & Johnson, que él tenía por costumbre salir toda la Semana Mayor con un grupo de amigos de lo más heterogéneo: excursionistas, cazadores y botánicos, amenizando la travesía con música. 465 Asimismo, los fines de semana eran periodos cortos en los que Rosillo efectuaba expediciones, que llamaba “relámpago”, pues duraban día y medio; en una de ellas, colectó dos matas de Oncidium karwinskii, de la cual envió una Moore, junto con otras especies, como el Oncidium maculatum (Véase imagen 38) y el Epidendrum boothianum (Véase imagen 39), hoy clasificado como Prostechea boothiana; caso curioso, ya que hasta ese entonces Rosillo afirmó que sólo se tenía registro de esta especie para Centroamérica.466 Imagen 38. Oncidium maculatum. Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Oncidium_maculatum_-_Flickr._003.jpg 465 APSR, 1963, marzo, 27 de Salvador Rosillo a William Moore. 466 Ídem. 133 Imagen 39. Epidendrum boothianum. Fuente:http://www.cicy.mx/sitios/flora%20digital/ficha_virtual.php?especie=438 Imagen 40. Laelia sawyerii o Schomburgkia galeottiana Fuente: Salvador Rosillo de Velasco, “Schomburgkia galeottiana”, en Boletín de la Sociedad Orquidófila de Guadalajara, Guadalajara, Sociedad Orquidófila de Guadalajara, Núm.42, octubre de 1979. Dibujo de Augusto Ramírez Espíndola. 134 En México, la mayoría de las orquídeas son plantas epífitas, es decir, que crecen adheridas a árboles, no los parasitan, más bien los utilizan como medios de soporte. Gracias a sus exploraciones, Rosillo fue un hábil conocedor de los macizos forestales de Jalisco, y de los tipos de paisajes donde abundaba tal o cual especie arbórea donde las orquídeas se hospedaran. Así lo indica la carta enviada a William M. Hot, en 1961, en la que Rosillo describe los hábitos hospederos de la especie Laelia sawyerii (Véase imagen 40), nombre con el que se le conocía a la Schomburgkia galeottiana, la cual dice haber hallado sobre grandes ejemplares de capomos (Brosimum alicastrum), cóbanos o caobas (Swietenia sp.), rosas moradas (Tabebuia rosea) y primaveras (Tabebuia donnell-smithii).467 Lo anterior demuestra que el interés de Rosillo durante sus exploraciones no sólo estaba puesto en la familia orquidácea, sino también en las relaciones ecológicas de estas plantas con otras especies vegetales; así como en los factores geográficos que favorecían la presencia de estos seres en los paisajes de Jalisco, como el clima y la altura sobre el nivel del mar; elementos que nunca ignoró, ya que los consideraba vitales para pronosticar si el espécimen avistado pudiera sobrevivir o no en condiciones de cultivo. Estas observaciones se las hizo saber a Stirling Dickinson,468 orquideófilo norteamericano que vivía en San Miguel de Allende, cuando le envió una variedad de Laelia autumnalis variedad primaveralis, que posiblemente se trató de la Laelia bancalari (Véase imagen 17, cap. 2), la cual fue colectada en una zona cálida, a una altura de 1400 a 1500 metros sobre el nivel del mar. Por tal motivo, Rosillo aseguraba que esa planta era fácil de cultivar en zonas como Florida, en los Estados Unidos, donde se sabía que esa especie tenía bastantes dificultades para sobrevivir y poder mantenerse. Además, Rosillo revela su preocupación por el saqueo desmedido de las orquídeas de sus lugares de origen, al ser ofrecidas como plantas de ornato, hecho que a su parecer pudiera llevarlas a la extinción. Esto se lo comunica a Dickinson tras haberle mandado tres matas de Catasetum russelianum, (Véase imagen 41) el cual encontró en una de las Barrancas del volcán Colima, donde los nativos “pelaron literalmente el lugar en donde se encontraba esta 467 Ídem. 468 APSR, 1962, marzo, 3 de Salvador Rosillo a Stirling Dickinson. 135 variedad,”469 y fueron muy pocos los individuos que pudo localizar. En ese mismo sitio, también colectó un espécimen de Epidendrum naevosum o Barkeria naevosa (Véase imagen 42) que, según el guía, antaño abundaba en cantidades considerables, pero por las mismas causas que la otra orquídea, fue mucho más difícil de encontrar. Del mismo modo, en ese viaje, Rosillo relató que pudo dar con varias matas de Oncidium longifolium, también conocido como Oncidium cebolleta (Véase imagen 43) y de ciertas especies de Laelias (Véase imagen 44), las cuales dejaron en sus sitios por no ser de su interés ni de sus acompañantes. Imagen 41. Catasetum russelianum o Clowesia russeliana Fuente: Salvador Rosillo de Velasco, “Clowesia russeliana, (Hook) Dodg.”, en Boletín de la Asociación Orquidófila de Guadalajara, Guadalajara, Asociación Orquidófila de Guadalajara, Núm.19, noviembre de 1977, p.1. Dibujo de Augusto Ramírez Espíndola. 469 Ídem. 136 Imagen 42. Barkeria naevosa Fuente: http://www.orchidspecies.com/barknaevosa.htm Imagen 43. Oncidium longifolium u Oncidium cebolleta. Fuente: Salvador Rosillo de Velasco, “Oncidium cebolleta”, en Boletín de la Asociación Orquidófila de Guadalajara, Guadalajara, Asociación Orquidófila de Guadalajara, Núm.25, mayo de 1978, p.1. Dibujo de Augusto Ramírez Espíndola. 137 Imagen 44. Laelia majalis o Laelia speciosa Fuente: Salvador Rosillo de Velasco, “Laelia majalis”, en Boletín de la Asociación Orquidófila de Guadalajara, Guadalajara, Asociación Orquidófila de Guadalajara, Núm.1, enero de 1976, p.1. Dibujo de Enrique Hernández Padilla. Lo anterior expone la moderación de Rosillo para recolectar plantas, y su nulo interés de lucrar con ellas. Este personaje solía recibir cartas de viveros en el extranjero que le pedían orquídeas autóctonas en venta; como la compañía “Rod McLellan”, de San Francisco, California, cuyos directivos preguntaron a Rosillo si podía conseguirles 100 plantas de Epidendrum vitellinum var. majus (Véase imagen 45);470 a lo que respondió que el gobierno mexicano prohibía la exportación de especies nativas. Sin embargo, estaba la posibilidad de conseguir un permiso especial ante las autoridades competentes, con la aclaración de que no les enviaría las plantas en calidad de venta, sino de intercambio; asimismo, advertía que quizás ya estuviera extinta en su hábitat la especie que solicitaban, debido a la tala de los bosques.471 470 APSR, 1962, julio, 24 de Rod McLellan Company a Salvador Rosillo. 471 APSR, 1962, agosto, 10 de Salvador Rosillo a Rod McLellan Company; APSR, 1964, enero, 31, de Rod McLellan Company a Salvador Rosillo; APSR, 1964, febrero, 26, de Salvador Rosillo a Rod McLellan Company. 138 Imagen 45. Epidendrum vitellinum Fuente: http://www.orchidspecies.com/orphotdir/encycvittelina.jpg La extracción de orquídeas silvestres para ser vendidas también presentaba la oportunidad de realizar nuevos descubrimientos; como sucedió en diciembre de 1980, cuando un joven miembro de la SOG, Alejandro Espinosa, se comunicó con el doctor Rosillo para informarle que, en el mercado de San Juan de Dios, estaban vendiendo unas matas de orquídeas que estimó pudiera tratarse de una especie diferente. Rosillo se trasladó al lugar, que era un tianguis navideño donde vendían heno y musgo para los nacimientos,472 ahí encontró, junto con otras especies de orquídeas, una planta parecida a una Encyclia concolor (Véase imagen 46), que averiguó procedía de la Sierra de Tapalpa; compró varias de estas plantas para su cultivo, las cuales florecieron a fines de abril del siguiente año, lo que le permitió determinar que se trataba de una nueva especie, que describió con el nombre de Encyclia rhombilabia (Véase imagen 47) en el boletín de la SOG, en 1983 y la AMO republicó esta novedad en la revista Orquídea en 1986.473 472 Salvador Rosillo de Velasco, “Encyclia rhombilabia Rosillo, sp.nov.”, en Boletín de la Sociedad Orquidófila de Guadalajara, Guadalajara, Sociedad Orquidófila de Guadalajara, núm.82, febrero de 1983, p.1. 473 Salvador Rosillo de Velasco e IgnacioAguirre Olavarrieta, “Encyclia rhombilabia una nueva especie de México”, en Orquídea, México, Asociación Mexicana de Orquideología, vol. 10, núm.1, abril de 1986, p.143. 139 Imagen 46. Encyclia concolor Fuente: Salvador Rosillo de Velasco e Ignacio Aguirre Olavarrieta, “Encyclia rhombilabia una nueva especie de México”, en Orquídea, México, Asociación Mexicana de Orquideología, vol. 10, Núm.1, abril de 1986, p.151. Imagen 47. Encyclia rhombilabia Fuente: ibíd., p.150 140 En 1981, un caso similar al anterior le sucedió al ingeniero civil Francisco Suro, también socio de la SOG, quien en sus fines de semana salía a descansar a Zapotlán el Grande, hoy Ciudad Guzmán, donde vio que una vendedora ambulante llevaba entre sus mercancías una planta en flor de Laelia anceps dowsonii (Véase imagen 48), orquídea que no había sido reportada para Jalisco. Suro compró el ejemplar para preguntarle sobre su origen, a lo que la mujer le respondió que la había cortado de un árbol de guamúchil (Pithecellobium dulce) que estaba a la entrada de la cabecera del vecino municipio de Gómez Farías, donde ella vivía. El ingeniero Suro informó de este descubrimiento a Rosillo, y le proporcionó un ejemplar para muestra tipo de herbario, mismo que fue enviado a Eric Hágsater, quien manifestó su interés por tratar de colectar esa especie en hábitat y eventualmente publicar la noticia, dando el mérito a Rosillo, pues creía que éste la había encontrado.474 El error se aclaró, y Suro recibió el crédito por el hallazgo en la obra Laelias of México, de Federico Halbinger.475 Imagen 48. Laelia anceps dowsonii del sur de Jalisco Fuente: Fotografía tomada por Enrique Navarro Olivares en su colección, diciembre de 2017. 474 AMO, 1984, septiembre, 20, de Eric Hágsater a Salvador Rosillo. 475 Federico Halbinger y Miguel Soto, Laelias of México, México, Asociación Mexicana de Orquideología, 1997, p. 67. 141 También, por Francisco Suro se supo que la Encyclia pollardiana (Véase imagen 49) estaba presente en territorio jalisciense. 476 Este descubrimiento se hizo en enero de 1977, cuando Suro visitó la ex-hacienda del Cortijo, en el poblado de Vistahermosa que depende del municipio de Tamazula de Gordiano; ahí observó una colonia de orquídeas que estaban adheridas sobre árboles de una vieja huerta. De una rama a su alcance, seleccionó unos ejemplares, a los que lanzó una soga, bajándolos de un jalón; al caer se dio cuenta de que eran Oncidium cebolleta y otra orquídea sin identificar. Esta última, una vez cultivada en su colección, floreció en la segunda quincena de abril; llevándola a exhibir a la reunión mensual de la SOG, dónde fue reconocida como Encyclia pollardiana por el doctor Rosillo, quien se asombró del hallazgo, debido a que el único lugar donde se había encontrado esa orquídea era en Coalcomán, Michoacán. Tras esta serendipia, Rosillo propuso a Suro que preparara un ejemplar prensado y lo enviara al herbario de la AMO para que quedará constatada esta gesta heurística. Esta propuesta hace inferir que, para Rosillo, las excursiones a campo, la colecta de orquídeas y su identificación no tenían sentido si estas actividades no eran compartidas con instituciones especializadas, como la AMO. Imagen 49. Encyclia pollardiana Fuente: Francisco Javier Suro González, “Mi encuentro con Encyclia pollardiana”, en Orquídea, México, Asociación Mexicana de Orquideología, vol.7, Núm.1, mayo de 1978, pp.35-36. p.38. 476 Francisco Javier Suro González, “Mi encuentro con Encyclia pollardiana”, en Orquídea, México, Asociación Mexicana de Orquideología, vol.7, núm.1, mayo de 1978, pp.35-36. 142 4.3 Intercambios y publicaciones: prácticas de difusión del conocimiento botánico Entre mayo de 1976 y principios de 1983, Rosillo se hizo cargo de los boletines de la Asociación Orquidófila de Guadalajara y la Sociedad Orquidófila de Guadalajara, que en total emitieron 88 números; en ellos trató sobre la flora orquideológica de Jalisco y describió 14 especies, que consideró nuevas para la ciencia. Lamentablemente, de acuerdo a Rogers McVaugh, los nombres publicados en esos suplementos no fueron válidos, pues no se apegaban al código internacional de nomenclatura botánica; además de que tales impresos tenían un tiraje muy pobre, de apenas 20 copias por cada número,477 que se distribuían entre los miembros de las sociedades referidas.478 Asimismo, en sus últimos años de vida, la precaria salud de Rosillo le impidió dar fiel seguimiento a la numeración de los boletines, pues el número 88 no se distribuyó, y los números 83, 84 y 87 nunca se prepararon.479 A pesar de lo anterior, 11 de las 14 especies descritas por Rosillo mantuvieron su condición de novedades botánicas tras ser publicadas en revistas y obras de reconocimiento internacional, como en la revista Orquídea, de la AMO; el decimosexto volumen de Flora Novogaliciana, de Rogers McVaugh; y el Boletín del Instituto de Botánica de la Universidad de Guadalajara. Esto se debió a que Rosillo depositó muestras de sus ejemplares colectados en diferentes herbarios, donde otros especialistas consideraron la posibilidad de que sus hallazgos fueran nuevos registros botánicos. Así, de 1979 a 1986, aparecieron 10 especies descritas por Rosillo en cinco números de la revista Orquídea; en 1985 McVaugh citó esos descubrimientos en su ya referida obra; y, en 1993, el IBUG publicó en su Boletín la verificación de que la Bletia tamayoana (Véase imagen 50), orquídea endémica del bosque de la primavera, era una especie nueva. 477 Rogers McVaugh, Flora Novo-Galiciana: A Descriptive Account of the Vascular Plants of Western Mexico: Orchidaceae, Ann Arbor, The University of Michigan Press, 1985, p.6. 478 Ídem. 479 Roberto González Tamayo y Eric Hágsater, “Salvador Rosillo”, op. cit., p.2. 143 Imagen 50. Bletia tamayoana Fuente: Salvador Rosillo de Velasco, “Bletia tamayoa, Rosillo, sp.nov.”, en Boletín de la Asociación Orquidófila de Guadalajara, Guadalajara, Asociación Orquidófila de Guadalajara, Núm.6, octubre de 1976, p.1. Dibujo de Enrique Hernández Padilla. Además de los socios activos de la SOG, Eric Hágsater, presidente de la AMO, recibía mes con mes una de las 20 copias del boletín de aquella agrupación. Así lo evidencia la carta del 3 de septiembre de 1983, en la que Rosillo le notifica el envío de los números 75 y 76 de la SOG, correspondientes a los meses de julio y agosto de ese año;480 ambos son de plantas descubiertas por el mismo Rosillo, el primero dedicado a la Mormodes oceloteoides (Véase imagen 51), hallada en la sierra de Tapalpa, en 1971; y el segundo al Osmoglossum dubium (Véase imagen 52), de Tecalitlán, pero encontrada por vez primera en la casa de Ponciano Almada, quien la tenía en cultivo.481 Rosillo refiere que gracias a los trabajos de Federico Halbinger, miembro del consejo editor de la revista Orquídea, decidió reportar esa variedad de Osmoglossum como nueva, y le pidió a Hágsater que le entregara una copia de ladescripción. 482 480 AMO, 1982, septiembre, 3, de Salvador Rosillo a Eric Hágsater. 481 Salvador Rosillo de Velasco, “Osmoglossum dubium”, en Orquídea, México, Asociación Mexicana de Orquideología, vol.9, núm.1, abril de 1983, p.83. 482 AMO, 1982, septiembre, 3, de Salvador Rosillo a Eric Hágsater. 144 Imagen 51. Mormodes oceloteoides Fuente: Salvador Rosillo de Velasco, “Mormodes ocelotei Rosillo, sp.nov.”, en Boletín de la Sociedad Orquidófila de Guadalajara, Guadalajara, Sociedad Orquidófila de Guadalajara, Núm.75, julio de 1982. Dibujo de Augusto Ramírez Espíndola. Imagen 52. Osmoglossum dubium Fuente: Salvador Rosillo de Velasco, “Osmoglossum dubium Rosillo”, en Orquídea, México, Asociación Mexicana de Orquideología, vol.9, Núm.1, 1983, p.89. 145 Un mes más tarde, Hágsater respondió a la carta de Rosillo, agradeciéndole por los dos números que le había enviado; que al parecer fueron de su agrado, pues le pidió su autorización para publicarlos en la revista Orquídea. También mostró interés en publicar los textos sobre Mormodes pabstiana (Véase imagen 53) y Mormodes ramirezii (Véase imagen 54), que en 1981 tuvieron sendos números en el boletín de la SOG.483 Para ello, Hágsater necesitaba que Rosillo le enviara los ejemplares tipo de cada especie, así como las transparencias de éstas, si es que las había.484Todos esos objetos serían despachados a través de Jesús Bátiz, representante de la empresa Chinoin en Guadalajara, quien les enviaba paquetería una o dos veces por semana.485 483 Los artículos referentes a Mormodes pabstiana y Mormodes ramirezii aparecieron en el Boletín de la Sociedad Orquidófila de Guadalajara en 1981, el primero en el número 63, correspondiente a julio de ese año; y el segundo continuó la numeración el siguiente mes. 484 AMO, 1982, octubre, 3, de Eric Hágsater a Salvador Rosillo. 485 Ídem y AMO, 1983, abril, 1, de Salvador Rosillo a Eric Hágsater. En carta del 1 de abril de 1983, Rosillo informa a Hágsater que en esa ocasión le mandó, a través Bátiz, fotografías de Mormodes oceloteoides, Mormodes pasbtii, Mormodes ramirezii, Mormodes saccata, y del Osmoglossu dubium. Así como ejemplares secos de Osmoglossum dubium, Encyclia adenocaula, tipo “Volcán”; Encyclia adenoaula, tipo Cuatitlán, Spiranthes pyramidalis, de Ixtlahuacán del Río; Mormodes oceloteoides, de San Sebastián del Oeste; Mormodes ramirezii, de Cuautitlán; Oncidium duranguense; también de Cuautitlán; Oncidium reflexum, de Ameca; y Oncidium oblongatum, de Tapalpa. 146 Imagen 53. Mormodes pabstiana Fuente: Salvador Rosillo de Velasco, “Mormodes pabstii Rosillo, sp.nov.”, en Boletín de la Sociedad Orquidófila de Guadalajara, Guadalajara, Sociedad Orquidófila de Guadalajara, Núm.63, julio de 1981. Dibujo de Augusto Ramírez Espíndola. Imagen 54. Mormodes ramirezii Fuente: Salvador Rosillo de Velasco, “Mormodes ramirezii Rosillo, sp.nov.”, en Boletín de la Sociedad Orquidófila de Guadalajara, Guadalajara, Sociedad Orquidófila de Guadalajara, Núm.64, agosto de 1981. Dibujo de Augusto Ramírez Espíndola. 147 Una vez que Hágsater tuvo los materiales solicitados, pidió a Edward Greenwood, orquideófilo canadiense radicado en México, que tradujera los textos al inglés, los cuales recibió Rosillo el 30 de noviembre para su revisión. Sin embargo, Rosillo no atendió a esa petición debido al quebranto de su salud en diciembre.486 La comunicación se reanudó hasta el primero de abril del siguiente año, tiempo en el que ya se habían publicado los artículos sobre las cuatro Mormodes y el Osmoglossum dubium en la revista Orquídea. En la misiva de esa ocasión, Rosillo incluyo los ejemplares del Boletín de la SOG, números 80 y 81, uno de diciembre de 1982, dedicado a la Deiregyne xoxonitla (Véase imagen 55), y el otro de enero de 1983, correspondiente a la Laelia catarinense (Véase imagen 56); especies que consideraba como novedades científicas.487 Para el 14 de abril, Hágsater respondió a Rosillo que lamentaba sus problemas de salud, y le agradecía por los nuevos textos, de los cuales dudaba que fueran novedades; pues el artículo sobre la Deiregyne xoxonitla lo puso a consideración de Edward Greenwood, ya que pensaba que esa misma orquídea pudiera tratarse del Dichromanthus michuacanus; y respecto a la Laelia catarinensis, ya había manifestado que era un sinónimo para la Laelia autumnalis forma xanthotropis.488 Imagen 55. Deiregyne xoxonitla Fuente: Salvador Rosillo de Velasco, “Deiregyne xoxonitla Rosillo, sp.nov.”, en Boletín de la Sociedad Orquidófila de Guadalajara, Guadalajara, Sociedad Orquidófila de Guadalajara, Núm.80, diciembre de 1982. Dibujo de Augusto Ramírez Espíndola. 486 AMO, 1983, abril, 1, de Salvador Rosillo a Eric Hágsater 487 Ídem. 488 AMO, 1983, abril, 14, de Eric Hágsater a Salvador Rosillo. 148 Imagen 56. Laelia catarinensis Fuente: Salvador Rosillo de Velasco, “Laelia catarinensis Rosillo, sp.nov.”, en Boletín de la Sociedad Orquidófila de Guadalajara, Guadalajara, Sociedad Orquidófila de Guadalajara, Núm.81, enero de 1983. Dibujo de Augusto Ramírez Espíndola. La duda de Hágsater fue un buen motivo para abrir un debate en torno a la taxonomía de esa Laelia, tema en el que Rosillo no era un principiante, pues argumentaba que para distinguirla de otras Laelias, había tomado en cuenta el tamaño de sus flores, que eran mucho más grandes que las de sus primas. Asimismo, hizo notar que la flor de la Laelia catarinensis no tenía la base amarilla, que era la característica principal de la Laelia xanthotropis, por lo que debían diferenciarse.489 Hágsater respondió tajantemente que no tenía caso discutir el tema de la Laelia, pues había comparado fotografías de 20 plantas diferentes que iban desde los Estados de Querétaro hasta Sonora y todas coincidían dentro de un mismo patrón de variación.490 Asimismo, puso en duda la novedad de otro trabajo de Rosillo, el referente a la Stanhopea novogaliciana (Véase imagen 57), encontrada en Ameca, la cual, por sugerencia de Callaway H. Dobson, sospechaba que se trataba de una forma Stanhopea intermedia (Véase imagen 58).491 A esto, Rosillo respondió que su criterio para diferenciar la Stanhopea 489 AMO, 1983, mayo, 4, de Salvador Rosillo a Eric Hágsater. 490 AMO, 1983, junio, 7, de Eric Hágsater a Salvador Rosillo. 491 AMO, 1983, mayo, 20, de Eric Hágsater a Salvador Rosillo. 149 novogaliciana de la intermedia no sólo estaba basado en las diferencias de color de sus flores, sino que también tomaba en cuenta la cuestión de que la primera era polinizada por abejas de color azul metálico, las cuales no se interesaban en la segunda, a pesar de que ambas especies cohabitaban en la misma zona.492 Además de esa explicación, Rosillo dijo que al Doctor Dobson lo tenía catalogado como maestro, y en su políticalo que menos quería era ofender a uno, con los cuales estaba agradecido; de modo que, si había cometido un error en la clasificación de esa orquídea, estaba dispuesto a retractarse.493 Hágsater prometió estudiar el caso a fondo, a partir de dibujos y material de herbario que Rosillo le había enviado desde años atrás.494 Imagen 57. Stanhopea novogaliciana. Fuente: Salvador Rosillo de Velasco, “Stanhopea novogaliciana: una nueva especie del Occidente de México”, en Orquídea, México, Asociación Mexicana de Orquideología, vol.9, Núm.2, mayo de 1984, p.257. 492 Salvador Rosillo de Velasco, “Stanhopea novogaliciana: una nueva especie del Occidente de México”, en Orquídea, México, Asociación Mexicana de Orquideología, vol.9, núm.2, mayo de 1984, p.255. 493 AMO, 1983, mayo, 31, de Salvador Rosillo a Eric Hágsater. 494 AMO, 1983, julio, 4, de Eric Hágsater a Salvador Rosillo. 150 Imagen 58. Stanhopea intermedia. Fuente: Eric Hágsater et. al, op. cit., p.157 Hágsater embistió a Rosillo con otra duda, esta vez respecto al Osmoglossum dubium; pues recibió observaciones de Leslie Garay, curador del herbario de orquídeas Oakes Ames de la Universidad de Harvard, quien consideraba que se habían precitado al publicar el artículo de Rosillo, porque la planta en cuestión se trataba del Osmoglossum anceps (Véase imagen 59), especie que ya había sido descrita en 1923 por el orquideólogo alemán Rudolf Schlechter. En un inicio, Hágsater le dio la razón a Garay, y le envió a Rosillo una copia de la primera descripción del Osmoglosusum anceps, para que en un próximo número de la revista Orquídea se aclarara el error, y se relegara el dubium a sinónimo del anceps.495 Ante este llamado de atención, Rosillo quedó impresionado, y volvió a estudiar su ejemplar tipo, como si fuera la primera vez, paso por paso, confirmando que el dubium era un ejemplar no descrito anteriormente; pues su flor era más abierta que la del anceps.496 495 AMO, 1983, septiembre, 2, de Eric Hágsater a Salvador Rosillo. 496 AMO, 1983, septiembre, 10, de Salvador Rosillo a Eric Hágsater. 151 Imagen 59. Osmoglossum anceps u Osmoglossum egertonii. Fuente: Franco Pupulin et al., Frágil belleza: Orquideas nativas de Costa Rica, San José, Universidad de Costa Rica, 2005, p.172 Puede que Hágsater y otros especialista hayan dudado de las descripciones sobre la Stanhopea novogaliciana y el Osmoglossum dubium, porque se salían de la especialidad de Rosillo, que eran el género Mormodes, del cual habría descrito siete especies, el último fue Mormodes chihiltlapalli (Véase imagen 60), con Alejandro Espinoza como coautor, que se publicó en el boletín número 85 de la SOG, correspondiente al mes de mayo de 1983, el cual nunca se imprimió en la AMO; a pesar de que Rosillo mandó el impreso a Hágsater, junto con una carta en la que se enorgullecía del joven Espinoza por haber hecho el hallazgo, quien, además, estaba muy entusiasmado en estudiar el género Habenaria (Véase imagen 61).497 Hágsater, en carta del 7 de octubre, sugirió a Rosillo que mejor enfocara su atención en las Mormodes, y que las Habenarias se la dejaran a González Tamayo y Greenwood, quienes ya las estaban trabajando a profundidad.498 En esa misiva, Hágsater preguntó a Rosillo si tenía algo de material para enviarle, en especial los tipo de sus especies para poderlas integrar al herbario, y una serie de boletines atrasados de la SOG;499 asimismo, le mencionaba que sería muy conveniente polinizar sus Mormodes en cultivo para obtener semilla y poderlas 497 AMO, 1983, agosto, 21, de Salvador Rosillo a Eric Hágsater 498 AMO, 1983, octubre, 7, de Eric Hágsater a Salvador Rosillo. 499 Ídem. 152 distribuir, ya que de lo contrario serian especies tan raras que sólo quedarían reducidas al espécimen tipo.500 En estas peticiones, fue muy notoria la preocupación de Hágsater por el legado científico de Rosillo, debido a que éste ya le había manifestado que presentía la muerte.501 Imagen 60. Mormodes chihiltlapalli. Fuente: Salvador Rosillo de Velasco, “Mormodes ramirezii Rosillo, sp.nov.”, en Boletín de la Sociedad Orquidófila de Guadalajara, Guadalajara, Sociedad Orquidófila de Guadalajara, Núm.85, mayo de 1983. Dibujo de Augusto Ramírez Espíndola. La persona que aparece en la fotografía de la esquina inferior izquierda es Luz Consuelo Rosillo Domínguez junto a la especie en cuestión. 500 Ídem. 501 AMO, 1983, septiembre, 10, de Salvador Rosillo a Eric Hágsater. 153 Imagen 61. Ejemplo de una especie de Habenaria. Fuente: Fotografía tomada por Juan Carlos de Jesús Silva Cortes en el Cerro de Colli, Zapopán, Jalisco, México, 18 de agosto de 2013. En enero de 1984, Hágsater viajó a Guadalajara; llevándose la sorpresa de encontrar a Rosillo hospitalizado por una trombosis.502 Este suceso acrecentó en Hágsater sus preocupaciones; y, sin titubeos, hizo una lluvia de proposiciones a Rosillo, en aras de conservar los materiales acumulados por él. En primer lugar, le ofreció el herbario de la AMO como eventual destino de sus notas personales, transparencias y ejemplares tipo.503 Asimismo, tras haber visto su invernadero, y notar que las plantas estaban en buen estado; le planteó que, si lo deseaba, los socios de la AMO podían organizar la venta de sus ejemplares, sin costo para él.504 También le propuso mandarle al biólogo Ignacio Aguirre para que se encargara de reenvasar en pomos de plástico su colección de flores en alcohol, que podría estropearse por estar en frascos de alimentos infantiles.505 Por último, pocas semanas después de su visita, Hágsater pidió a Rosillo especímenes de la Deiregyne xoxonitla y del Mormodes chichiltlapalli, para integrarlos al herbario de la AMO.506 Estas invitaciones manifestaron la urgencia de Hágsater por acumular la mayor cantidad de objetos de Rosillo, si es que éste moría. 502 AMO, 1984, enero, 19, de Eric Hágsater a Salvador Rosillo 503 Ídem 504 Ídem 505 Ídem. 506 AMO, 1984, febrero, 6, de Eric Hágsater a Salvador Rosillo. 154 Mientras Rosillo estaba en el hospital, Rogers McVaugh se encontraba en Guadalajara, de modo que Hágsater y González Tamayo lo fueron a ver para comentar el avance de su volumen sobre orquídeas, de la obra Flora Novogaliciana. McVaugh comentó a Hágsater que Leslei Garay le había enviado tres nuevas especies del occidente mexicano para que las añadiera a su Flora; sin embargo, decidió no publicarlos, pues prefería no añadir más novedades botánicas, de modo que sugirió a Hágsater que hablara con Garay para que esos trabajos se publicaran en futuros volúmenes de la revista Orquídea.507 No obstante, meses atrás, McVaugh envió una carta a Rosillo en la que le informaba que integraría sus novedades de Mormodes y Osmoglossum, que se habían publicado por la AMO, a la Flora Novogaliciana. También deseaba incluir la información sobre las orquídeasStanhopea novogaliciana, Epidendrum examinis, Encyclia huejuquillensis, Deiregyne xoxonita y Laelia catarinensis;508 sin saber que las tres últimas ya habían sido desestimadas por otros investigadores, incluido Hágsater, por considerarlas sinónimos de orquídeas descritas con anterioridad. Finalmente, el libro de McVaugh se publicó en 1985, y en él se incluyeron 9 de las especies investigadas por Rosillo, a saber: Mormodes saccata (Véase imagen 62), Mormodes tezontle (Véase imagen 63), Mormodes oceloteoides, Mormodes pabstiana, Mormodes ramirezii, Mormodes pardalinata (Véase imagen 64), Osmoglossum dubium, Epidendrum examinis (Véase imagen 65) y Stanhopea novogaliciana.509 Imagen 62. Mormodes saccata. Fuente: Salvador Rosillo de Velasco, “Mormodes saccata sp. nov. Rosillo”, en Boletín de la Sociedad Orquidófila de Guadalajara, Guadalajara, Sociedad Orquidófila de Guadalajara, Núm.62, junio de 1981, p.1. Dibujo de Augusto Ramírez Espíndola 507 AMO, 1984, enero, 19, de Eric Hágsater a Salvador Rosillo. 508 APSR, 1983, agosto, 12, de Rogers McVaugh a Salvador Rosillo. 509 Cfr. McVaugh, Flora Novo-Galiciana, op. cit., pp.110, 216, 218, 219, 251, 344. 155 Imagen 63. Mormodes tezontle. Fuente: Salvador Rosillo de Velasco, “Mormodes tezontle Rosillo, sp.nov.”, en Boletín de la Asociación Orquidófila de Guadalajara, Guadalajara, Asociación Orquidófila de Guadalajara, Núm.26, junio de 1978. Dibujo de Augusto Ramírez Espíndola. Imagen 64. Mormodes pardalinata. Fuente: Salvador Rosillo de Velasco, “Mormodes pardalinata Rosillo, sp.nov.”, en Boletín de la Asociación Orquidófila de Guadalajara, Guadalajara, Asociación Orquidófila de Guadalajara, Núm.18, octubre de 1977. Dibujo de Augusto Ramírez Espíndola. . 156 Imagen 65. Epidendrum examinis. Fuente: Salvador Rosillo de Velasco, “Epidendrum examnis Rosillo”, en Orquídea, México, Asociación Mexicana de Orquideología, vol. 10, Núm.1, abril de 1986, p.380. Durante su convalecencia, Rosillo aceptó recibir al asistente de Hágsater, Ignacio Aguirre, para obsequiar todo su material en alcohol y su herbario personal para la AMO.510 A pesar de lo anterior, hasta el 6 de septiembre se reanudó la comunicación con Hágsater, siete meses después de la última carta a Rosillo, quien se disculpó por la tardanza en responder, y le dio las gracias por su visita y palabras de aliento de enero pasado; también, anexó un cheque por 2500 pesos para cubrir la cuota de membresía a la AMO.511 A este mensaje, Hágsater agradeció la atención que Rosillo tuvo con Aguirre, la donación de su acervo y la renovación de la cuota como socio de la AMO; aprovechó para mandarle el último número de la revista donde finalmente publicaron la Stanhopea novogaliciana.512 El carteo con Hágsater fue cada vez más espaciado debido a las menguadas energías de Rosillo, cuya visión ya no le funcionaba, y mencionaba que se auxiliaba de una lupa para leer y escribir. Después de las mutuas misivas de septiembre de 1984, la última carta que Rosillo escribió a Hágsater la fechó el 6 de mayo de 1985. En ella narra que sufrió una caída, de la que se recuperó rápidamente; también notifica haber pagado la membresía anual de la AMO, a pesar de que ya era socio honorable y no tenía por qué haberlo hecho;513 y por último 510 AMO, 1984, septiembre, 20, de Eric Hágsater a Salvador Rosillo. 511 AMO, 1984, septiembre, 6, de Salvador Rosillo a Eric Hágsater. 512 AMO, 1984, septiembre, 20, de Eric Hágsater a Salvador Rosillo. 513 AMO, 1985, mayo, 22, de Nora Esponda, asistente de Eric Hágsater, a Salvador Rosillo 157 preguntó a Hágsater con quién podía acudir para mandarle otras orquídeas desecadas, debido a que la persona con la que solía hacer envíos ya no trabajaba más en Chinoin.514 Hágsater se demoró en responder, haciéndolo hasta el 28 de agosto, para indicar que su nuevo supervisor en Guadalajara era Benjamín Gómez Topete, pudiéndose despachar los paquetes con él. Sin embargo, las remesas terminaron ahí. Meses después, Ana Nieves, esposa de Rosillo, falleció sorpresivamente; esto lo sumió en una profunda depresión, que aunada a su mala salud lo llevaron a la muerte en junio de 1987. Al año siguiente, como tributo póstumo, Roberto González Tamayo redactó la semblanza biográfica de Rosillo en la revista Orquídea. En ese mismo volumen, Eric Hágsater le dedicó el Epidendrum rosilloi (Véase imagen 66), el cual había sido colectado desde finales del siglo XIX por Cyrus Pringle, cerca de Guadalajara. Hágsater cuenta que Pringle lo identificó como Epidendrum anistatum (Véase imagen 67), y depositó varias muestras de este ejemplar en diferentes herbarios, llegando encontrar hasta 14 copias del mismo. A pesar de la amplia repartición de este hallazgo, ninguno de los modelos tenía flores, lo que siempre hizo dudar a Hágsater de que se tratara de la especie propuesta por Pringle. Rosillo colectó esa orquídea en flor y se la mandó a Hágsater, con lo cual confirmó su duda de que se trataba de una nueva variedad, la que rebautizó honrando la memoria de Rosillo, al que calificó como el padre del conocimiento de las orquídeas del occidente de México.515 Imagen 66. Epidendrum rosilloi. Fuente: Eric Hágsater, “Epidendrum rosilloi: Una nueva especie que honra a un orquideólogo tapatío”, en Orquídea, México, Asociación Mexicana de Orquideología, vol.11, diciembre de 1988, p.12. 514 AMO, 1985, mayo, 6, de Salvador Rosillo a Eric Hágsater. 515 Eric Hágsater, “Epidendrum rosilloi: Una nueva especie que honra a un orquideólogo tapatío”, en Orquídea, México, Asociación Mexicana de Orquideología, vol.11, diciembre de 1988, p.12. 158 Imagen 67. Epidendrum anistatum Fuente: Salvador Rosillo de Velasco, “Epidendrum anistatum La Llave y Lexarza”, en Boletín de la Asociación Orquidófila de Guadalajara, Guadalajara, Asociación Orquidófila de Guadalajara, Núm.36, abril de 1979, p.1. Dibujo de Augusto Ramírez Espíndola. Los hechos que se presentaron en este capítulo permiten evidenciar la manera en que un individuo se franqueó el camino para apropiarse, proyectar y difundir una serie de conocimientos que adquirió a través de una formación autodidacta. Si bien es cierto que, en la Guadalajara de la década de los ochenta, se revolucionó la manera en que se originaba un botánico, pues éste ya debía de tener un título de biólogo o agrónomo, avalado por una institución universitaria; Rosillo logró ser un ejemplo de cómo un sujeto se dedicó a cultivar por su cuenta una disciplina que apenas comenzaba a echar raíces. Además de que, para el desarrollo de la botánica, estaba latente la necesidad del establecimiento de redes que se dedicaran a estas actividades; con el fin de que los conocimientos tuvieran difusión e impacto más allá de su radio de origen, puesto que esto les permitió el intercambio de ideas y de descubrimientos, y proporcionó los elementos para aplicarlos en la clasificación de especies autóctonas, mismas que debían conservarse en sus ambientes naturales, porque así se mantendría el equilibrio de un ecosistema.159 Conclusión La historia de la botánica en Guadalajara está ligada a los nombres de Luz María Villarreal de Puga, Enrique Estrada Faudón, Carlos Bancalari, Pablo G. Franco, Agustín Gómez y Gutiérrez, Roberto González Tamayo, Salvador Rosillo de Velasco, por mencionar algunos. Ninguno de esos individuos fue un botánico profesional, pero ejercían oficios que de alguna manera estaban íntimamente relacionados con la botánica, como la medicina, la farmacéutica o alguna ingeniería. En esencia, todos ellos fueron aficionados de la botánica que no escatimaron recursos materiales ni esfuerzos físicos para acrecentar este saber y dotar de una identidad propia a las generaciones de tapatíos que posteriormente se formaron en esta ciencia en el seno de sociedades e instituciones académicas que ellos crearon o dirigieron. A la postre, y debido a méritos significativos, los botánicos profesionales como Rogers McVaugh y Jerzy Rzedowski reconocieron a los aficionados tapatíos como sus homólogos; y no dudaron en buscarlos para que colaboraran en sus propios proyectos. Ante este fenómeno, se retoma la pregunta de ¿cómo fue que los amateurs se apropiaron del ejercicio y práctica de la botánica en Guadalajara? Para responderla, llega el momento de verificar si el contenido, las preguntas y los objetivos particulares de cada capítulo coinciden con la hipótesis de que los amateurs fueron los gestores que estructuraron el conocimiento botánico en Guadalajara mediante prácticas como la exploración de áreas naturales, la recolección de ejemplares para depositarlos en herbarios y jardines botánicos, el descubrimiento y la descripción de nuevas especies. Para lo anterior se recurre al marco teórico-metodológico de territorialización, entendido como el proceso en que un actor (ya sea individual o colectivo) identifica y se apropia de un espacio mediante prácticas que garanticen su ocupación. Cabe recordar que el espacio analizado aquí no fue uno físico, sino cognitivo: el de la botánica. Pero ciertas acciones, como el bautizo de una nueva especie de planta para la ciencia, por parte de su descubridor, recuerdan cómo los exploradores o conquistadores denominaban a su gusto las nuevas tierras que tomaban. En síntesis, los actores, prácticas y espacio fueron los objetos que se examinaron a lo largo de esta obra. Analícese, pues, cómo los capítulos propuestos satisfacen los planteamientos iniciales de esta investigación. 160 El capítulo primero sirvió para esbozar los hechos trascendentales de la botánica en el plano global y nacional, de ese modo se insertaron en un marco contextual los logros que de esta ciencia se alcanzaron en Guadalajara. Las corrientes intelectuales que tutoraron las ciencias biológicas, como el sistema de clasificación binominal de Linneo, la teoría de la evolución de Darwin, el positivismo y las corrientes eugenésicas del siglo XIX que impactaron el modo de estudiar la botánica en México. El porfirismo trajo consigo el orden y el progreso, entendidos en clave del positivismo francés de la época, y con ello la necesidad de inventariar los recursos animales, vegetales y minerales del territorio mexicano. Por ello, se precisó la ayuda de todos los actores al interior de la nación con las aptitudes para identificar los elementos mencionados, como los médicos, los farmacéuticos e ingenieros que por sus oficios necesitaban cultivar el estudio de las ciencias naturales, como la botánica, pues sus profesiones estaban íntimamente relacionadas con esa área del saber, así tenemos que era muy conveniente, si no es que indispensable, para su ejercicio profesional el conocimiento de las propiedades de las plantas. En Guadalajara, los médicos Leonardo Oliva, Reyes García Flores, el ingeniero Mariano Bárcena y los farmacéuticos Antonio Gutiérrez Estévez y Adrián Puga (por citar sólo algunos de los más reconocidos) pasaron a la historia con la designación de naturalistas por sus estudios de la flora local, la cual se hizo con acciones como exploraciones de áreas silvestres, la recolección de muestras para estudios, la identificación y descripción de plantas con posibles usos terapéuticos e industriales y la difusión de sus trabajos en publicaciones locales, nacionales o internacionales, recuérdese el caso de Oliva, quien envió un manuscrito sobre la Historia de la Medicina en México a la Academia Nacional de Medicina Francesa. Estos personajes forjaron una identidad en el modo de hacer ciencia en Guadalajara, misma que fue rescatada por los actores que participaron en la construcción del conocimiento botánico durante la siguiente centuria. México en el siglo XX se caracterizó por un fenómeno demográfico muy interesante: se trataba de un país en donde a comienzos de siglo la mayor parte de su población vivía en zonas rurales; no obstante, desde la segunda mitad del siglo, comenzó a experimentarse un fuerte movimiento migratorio hacia los centros urbanos en los cuales se hallaba la promesa del progreso económico y cultural. El país estaba saliendo de una guerra civil en donde se 161 había puesto en peligro la unidad misma de la nación. Fue en esta época en que, haciéndose necesaria una reconstrucción del país que había sido asolado por un movimiento de contingentes armados enfrentados entre sí, se planteó entre los círculos de filósofos la pregunta por el ser del mexicano. Este período es conocido como ontológico, pues se trató de descubrir qué es lo que caracteriza al mexicano como tal. En este contexto, se respiraba una atmósfera nacionalista, entre cuyas características se encontraba un amor por la tierra, a la que se identificó como la biósfera del mexicano. En múltiples expresiones culturales, se puede descubrir una fascinación casi idílica por exaltar las distintas regiones del país, entre lo cual se incluye el paisaje con su orografía, hidrografía, fauna y, por supuesto, flora típica. En este sentido, podemos hablar de un fuerte nacionalismo que, sin embargo, estaba impregnado de un profundo regionalismo. Digamos que cada uno se sentía plenamente mexicano en cuanto perteneciente a su propia región. Bajo el tenor anterior, no es de sorprender que se haya fomentado el descubrimiento de lo propio, surgiendo una tendencia general de autognosis del sujeto nacional, en donde por supuesto no podía faltar el trabajo investigador de las personas interesadas en la botánica. Se trataba de sacar a la luz las riquezas naturales de México, desvelando todo aquello que estaba oculto en el territorio del país. Nada salía sobrando en esta empresa titánica por reconocer y asombrarse ante las maravillas de la tierra en la que el pueblo se extasiaba. Todo este contexto nacional decantó en el estado de Jalisco en donde el orgullo tan nacionalista como regionalista alcanzó su máximo apogeo a mediados del siglo XX. Tal vez la labor investigadora de los botánicos aficionados no sea tan llamativa a primera vista como las expresiones artísticas del cine de oro mexicano o las canciones rancheras de la época; sin embargo, también es una expresión del mismo espíritu nacionalista, en que se fomenta la exaltación de los valores propios, en este caso, se trata de la exuberante riqueza de la flora del territorio mexicano. Dicho panorama fue presentado en el capítulo segundo, donde se identificó a los actores, tanto individuales como colectivos, que con sus esfuerzos ejecutaron las prácticas de territorialización que llevaron a la botánica de ser una actividad de recreación a una que pudiera aplicarse a los problemas agropecuarios, farmacéuticos y ecológicos del Occidente de México. Granparte de los actores individuales que fueron mencionados en este apartado, tuvieron en similitud con los actores del siglo XIX que ejercieron las profesiones de médico, farmacéutico e ingeniero. Coincidencia que determinó el rumbo de esta 162 investigación, al ceñir la búsqueda de las fuentes a los rubros antedichos, por ejemplo, en el Archivo Histórico de la Universidad de Guadalajara que mostró al Instituto Tecnológico, centro de formación de químicos, farmacéuticos e ingenieros, como núcleo de la actividad investigadora en torno a la botánica. En ese espacio, se congregaron los actores individuales para dar nacimiento a la Sociedad Botánica del Estado de Jalisco, principal actor colectivo de este proceso. A nombre de la Sociedad Botánica del Estado de Jalisco, como sujeto colectivo, se planificó la creación del Jardín Botánico “Leonardo Oliva”, con el cual se evocaba al prócer de la investigación botánica de Guadalajara en el siglo XIX. Asimismo, se efectuaron exploraciones y se colaboró con investigadores extranjeros interesados en la vegetación jalisciense, como el botánico norteamericano Rogers McVaugh, con el que se inició el proceso de inventariar la totalidad de la flora del Occidente de México en el proyecto Flora Novogaliciana. Dichas actividades son la evidencia de que los aficionados fueron quienes territorializaron la botánica en Guadalajara, elementos mostrados en el capítulo tercero, donde se pretendió responder a la interrogante de ¿cómo los actores individuales congregados en la SBEJ llevaron a cabo la institucionalización de la botánica en Guadalajara?, dejando atrás el modo amateur de hacer esta ciencia; a lo que se planteó que las prácticas desarrolladas en ese organismo, o con el respaldo de universidades e instituciones de investigación, fueron los indicadores del cambio cualitativo en la forma de hacer esta ciencia. Para ahondar en la idea anterior, que identifica a las prácticas abrigadas por instancias académicas como el eje medular del cambio cualitativo entre un aficionado y un profesional; en el cuarto capítulo, se hizo un estudio particular sobre un sujeto que perteneció a la asociación aludida arriba, y que se especializó en el estudio de las orquídeas autóctonas; se refiere al caso del médico Salvador Rosillo de Velasco, quien con sus esfuerzos físicos y pecuniarios pudo ser un ejemplo de cómo un actor aficionado que estuviera muy interesado en determinada rama de la botánica llegó a especializarse tanto como un profesional avalado por la academia. Los documentos encontrados, que sirvieron para dar sustento a los capítulos expuestos, comprobaron que, en efecto, nuestra hipótesis era cierta: en Guadalajara, los aficionados produjeron el saber sobre la flora local a partir de las prácticas referidas, tanto de 163 apropiación como de difusión, y compartieron sus alcances a las siguientes generaciones que se formaron como biólogos profesionales o agrónomos. Sin duda alguna, la sustancia medular de esta investigación fueron los documentos, algunos oficiales aportados por la Universidad de Guadalajara y otros privados, como es el caso del acervo personal de Salvador Rosillo de Velasco. Ambos fueron decisivos a la hora de clarificar el rumbo de esta investigación. Debe anotarse que el hecho de haberse conservado en buen estado hasta nuestros días el archivo de Rosillo de Velasco se debió al cuidado procurado por sus descendientes, mismos que, sin embargo, nunca pensaron que tales materiales, como cartas, boletines, fotografías e ilustraciones botánicas, pudieran servir para ulteriores investigaciones. Por otra parte, el autor de esta investigación adoleció de la escasez de bibliografía sobre el tópico de la historia de la botánica en México, ya no se diga en Guadalajara. Así que este trabajo busca subsanar esa carencia, así como invitar a historiadores, biólogos y botánicos para que incrementen el acervo literario al respecto. La importancia de esta tesis radica principalmente en abrir el camino para que posteriores investigadores estudien la apropiación e institucionalización de la botánica en la sociedad tapatía, ya que este trabajo, el cual pretendió continuar con la teoría de la territorialización de las ciencias biológicas en Guadalajara, tal y como hizo Rebeca García Corzo, mostró que en la capital de Jalisco el cultivo de un área específica de las ciencias naturales, como es el caso de la botánica, comenzó a manos de aficionados, quienes se tomaron en serio la investigación de la flora en el Occidente de México, por lo cual se volvieron actores socialmente reconocidos por el gremio de botánicos formados en academias de la capital mexicana y de otras latitudes. Igualmente, esta tesis a la vez que rinde homenaje a las personalidades involucradas en el cultivo de la botánica en Guadalajara, otorga una lección especial para quienes estén interesados en cualquier área del saber, ya que ejemplifica cómo lo importante en la construcción de la ciencia es el trabajo duro y constante, más incluso que los títulos académicos. También se espera que futuras generaciones abran otros caminos de estudio que la presente investigación no pudo atender. Las prácticas y aportaciones que estos individuos realizaron para acrecentar el bagaje de conocimiento sobre la flora de Jalisco y el Occidente de México, estimulan para que se continúen las investigaciones sobre qué recursos 164 bibliográficos poseyeron y, de esa manera, ahondar en la circulación del conocimiento que facilitó que estos personajes nos legaran diversos materiales que constatan el perfeccionamiento de los métodos para representar los recursos vegetales de la región. Sobre la circulación del conocimiento, también se abre la puerta para investigar el tema de los recursos bibliográficos que las generaciones jóvenes tuvieron para aprender sobre botánica, de manera que sería valioso un estudio del contenido de los materiales didácticos empleados para la instrucción botánica o conocimientos afines como agricultura, medicina, ingeniería y demás ramos en que el conocimiento del reino vegetal pudiera aplicarse. Entre los objetos culturales que legaron estos sujetos, están las ilustraciones botánicas que aparecieran en los boletines de las distintas sociedades en las que se congregaron. Sin duda alguna, serán de vital importancia aquellas investigaciones que ahonden sobre los recursos pictóricos que manifestaban las especies de orquídeas, cactus, árboles y otros vegetales nativos de esta región. Asimismo, los nombres dados permiten establecer pistas que en un futuro reconstruyan un mapa de las redes de intercambio y asociación entre los actores citados. Los clubes de amateurs siguen existiendo, y aquéllos retroalimentan el conocimiento y determinan el interés sobre ciertos temas botánicos, de manera que un trabajo sobre su papel contemporáneo complementaría mucho la información expuesta en la presente investigación. Remárquese que el Guadalajara Garden Club cuenta con una vasta documentación que autogeneró desde su fundación en la década de los cincuenta, y que no ha sido ni siquiera revisada, ni de manera superficial. Otro caso similar es la Sociedad Jalisciense de Cactología “Nakari”, corporaciones que están a la espera de ser estudiadas. Otra posible indagación que podría abordarse en un futuro es la del reconocimiento social otorgado por la opinión pública tapatía de la época a los investigadores aficionados que, tras años deardua labor, se convirtieron en los pioneros del estudio sistemático de la botánica en Guadalajara. También hemos dejado sin responder la pregunta por el posible conocimiento botánico presente en los pueblos amerindios que habitaron la región antes de la llegada de los españoles, ya que este estudio se ha enfocado en el siglo XX; sin embargo, se espera que con más material de investigación pueda esclarecerse la cuestión por el conocimiento botánico en este período histórico. Además, resultaría muy interesante descubrir en otro trabajo qué relaciones de intercambio cultural se dieron en materia de 165 botánica entre los amerindios del Occidente de México y los europeos llegados a estas tierras, considerando que la riqueza de flora es de crucial importancia para diversas actividades humanas, tales como la gastronomía, la medicina y la ingeniería. En términos generales, se está consciente de que esta investigación puede ser insuficiente para ofrecer un panorama holístico debido a que es una de las primeras que incursiona en el presente tema. No obstante, confiando en el espíritu investigador de futuras generaciones, se espera la adhesión de más interesados para incrementar el bagaje del conocimiento histórico sobre la botánica en el Occidente de México en general y en Guadalajara en particular, así como brindar inspiración para efectuar ulteriores estudios sobre la historia de la botánica en otras regiones del país. 166 Fuentes y Bibliografía: Archivo General de la Nación (AGN) AGN, Instituciones Coloniales, Protomedicato, GD91, Año: 1799. Vol. 3, expediente 10. Archivo Histórico de la Universidad de Guadalajara (AHUG) AHUG, Antecedente-Libro 71A-Expediente 6954. AHUG, Estante I-Anaquel 4-caja E-Libro 27- Expediente 71 AHUG, Estante I- Anaquel 6- Caja C- Libro 73- Expediente 18. AHUG, Estante I- Anaquel 7- Caja 93- Libro 220 -Expediente 424. AHUG, Estante I- Anaquel 7- Caja 98- Libro 229- Expediente 241. AHUG, Estante I-Anaquel 8-Caja 153-Libro 310-Expediente 162. 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