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FACULTAD DE CIENCIAS F.CONOMJCA.S
BIBLIOTECA
Moreno 2557 - (S3000CVE) Santa Fe
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fACUI.IAb ~ OOllAS ffilOOMICAS
BIBL!OTECA
~ 2SS1 - IS3000CV9 Sonlo ~
· Manuel Fernández López
Historia
. del pensamiento
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econonuco
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FACULTAD dP. CIENCIAS fCDNOMICAS
BIBLIOTECA
Moreno 2557 - IS3000CVEI Sonlo f'e
Índice
Prólogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
l.- Viajemos por la historia de una ciencia .. . . ..... . . . .... 13
2.- Primer rodeo a Jericó . .. .. .. ....... . . . .. . . .. ..... . 19
3.- Doctrinas económicas de la Antigüedad . ... . . . . ...... . . 21
4.- Babilonia y Judea .. .. . . . .. ......... .. . . . . . . .. . .. 23
5.- Grecia ...... ... . .... ......... . . . . .. ..... . . .... 31
6.- Roma . . . . .. . . ... .. . . . . . ..... . . . . .... . ....... . SI
7.- Edad Media .. . . .. ...... ... . .. . . . .. .. . .. ...... . . 61
8.- Consideraciones generales sobre el mercantilismo . ... ... . 75
9.- Thomas Mun . .. .. . .. . .. . . . . . . ... ... .. . .. : . . .. .. 83
10.- Philipp Wilhelm von Homigk . .. ... .. . ..... .... . . .. . 89
ll .• William Petty .. . . ..... .. . . .. . ... . .... . . ... . . ... . 9S
12.- Richard Cantillon . . ........ . .. ........... .... . . . 107
13.- David Hume . ...... .. .. . ... . .. . ....... . . . . . . . . 12.5
· 14.· Fran~ois Quesnay . . . . .. .. . .. ... . . .. .. . . ......... 143
15.- Jacques Turgot . . . . . ... .. .. .. . ...... . .. . .. . . . . .. 167
16.- Consideraciones generales sobre la economía clásica ..... 191
17.- AdamSmith ... ..... .... .. . .. . .. .. . . . . ......... 195
18.· Thomas Robert Malthus .. . . .... .. .. . . ... . . . ...... 217
19.- Henry Thomlon . . . . . .. . ......... .... . . .. ...... . 227
20.- David Ricardo .. . . •. . .. .... ... ... . . .. ... . .. . . . . 239
21.- Henri de Saint-Simon .... .. . ... . ....... . . . . .... . . 265
22.- Karl Marx . . . . ... .. . .. .. ... . ... : . ..... . ... . . .. 271
23.- Consideraciones generales sobre la econonúa neoclásica .. . 289
24.- Antoine Augustin Cournot ... . . .... . .... . . . . . ...... 295
25.- Johann Heinrich von Thünen . . .. .. .. ......... . . . .. 313
26.- Jules Dupuit ... .... .. . ..... .... .. . . .. .. .. . .... 331
27.- Hermann Heinrich Gossen .......... ...... . ..... . . 341
28.- William Stanley Jevons .. . . . .. . . .. ... . . .... .. . .. . . 351
!29.- Car! Menger .... . ... . . . . . ... . ... . ... . . . .... .... 361
30.- Léon Walras• ... .. .. .. ...... ... .. . . ... ... .. ..... 379
Apéndice técrúco .... ...... . .. ... ......... ........ ... 391
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_Prólogo
La historie del pensamiento económico se nutre de escritos de seres de car-
ne y hueso que en el pasado, mediante cierta lógica, intentaron aprehender de-
terminada realidad, ciñéndose o no a valores.
Toda persona ha meditado alguna vez sobre alglin problema económico, pero
sólo algunos elaboraron ideas ó.tiles para otras gentes y otras épocas. Cada eco-
nomista incluido en esta obra dejó un mensaje que merece recordarse, ya por su
ejemplaridad científica como por sus descubrimientos. De cada uno se distin-
guen: las vicisitudes personales, mediante una autobiografía, las circunstancias
de su tiempo y el contenido de su obra.
Pero de cada economista hay dos textos: lo que él escribió y lo que se ha es-
crito acerca de su obra, llamados lenguaje-objeto y metalenguaje, respectiva-
mente. El aporte específico de la ciencia es, estrictamente, un metalenguaje. El
lenguaje-objeto queda para las antologías, de existencia autónoma. Esta obra
presenta los dos niveles vinculados; a continuación de cada exposición acerca
del autor, se ofrece una selección de sus escritos, traducidos por el autor, salvo
aclaración en contrario.
La quintaesencia del metalenguaje es la formulación del modelo del autor
analizado, mediante categorías científicas actuales. Ese terreno no puede pisar-
se sin conocer matemática para economistas. Por ello, el análisis fonnal de los
modelos se condensa al final del libro en un único Apéndict técnico.
Estas páginas nacieron en el aula universitaria, pero no están dirigidas sólo
a quien estudia una carrera, sino al lector inteligente, que acaso pensó ya algu-
nas ideas que aquí se presentan, y se le ofrece la posibilidad de compararlas con
las de los grandes economistas.
Man.1Ltl Ftmó.ndu l6pu
Buenos Aires,. utiembre de 1998
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UJ\' Ltl'iC:l!A JE Bl[~ HECHO
Supimos otro peldaño d . . Y, para acentuar la analogía con las lenguas natural s~:=:~: ob):tos de l~ ciencia económica son las realidades económic:: su . 1 rmmos técrucos y construcciones lógicas llamadas "modelos" y s usuarios, os economistas. '
La concepción del disc · re-. bert d .. " un;o c1entu1co como un lenguaje no es nueva. D'Alem-ec1a. . .. comenzar por ed · l al b . decirlo, los símbolos • . r uc1.r as P_ a ras a signos, porque son, por a.sí 1 . que ~e henen más fácilmente a mano. Además el orden de a generación de las palabras ba seguido el orden de 1 . , d 1 . tu· d és d l . . . as operaciones e espCri-·. ~pu e os mdmduos, se nombraron las cualidades sensibl l . exist1r p 11 · . es, as que, sm or e as mismas, existen en estos individuos y son comunes 11 varios· po-co a poco se llegó fin~ente a esos términos abstractos, de los que unos s~en rai: ~Ir entre sí l~ ideas, otros para expresar nociones puramente espiritua-es · Un cuarto de siglo después Condillac sentaba que "el art d b" u · • ' e e 1en tratar a na c1enc1a se reduce al arte de bien hacer su lengua" y que "tod · · , a c1enc1a no es ::s que un lenguaje bien hecho". Por último, el lógico polaco Alfred Tarski sir-
o como_ voc~ro_de esta tendencia, al expresar que "el tratamiento metodológico
de una ciencia tiene como parte esencial el estudio del lenguaje científico".
¿Y DÓNDE ESTÁ EL PILOTO?
Una teoría actual es análoga a un medicamento, si entendemos por "actual"
aquella teoría que merece el consenso mayoritario de la comunidad científica.
Como tal, se le atribuye la propiedad de pennitir conocer un problema y actuar
sobre él para corregirlo. Un medicamento nos especifica su composición quími-
ca, las enfermedades a que es aplicable y los casos en que aparecen reacciones
adversB.!!. Nunca se menciona el inventor o el equipo que creó la fórmula. Siem-
pre está sobreentendido que se trata de la mejor fórmula conocida. Los autores
-en el caso de la Economía, los economistas- son el aspecto más prescindible de
una leona económica actual. Por otra parte, hoy la economía tiene tal compleji-
dad, Y es fruto del concurso de tantos investigadores, que sería bastante presun-
tuoso para un economista reclamar la paterrúdad e.,¡:clusiva de una teoría. Si bus-
camos la sencillez, al precio de un poco de inexactitud, de los tres factores el
que menos perjudica, con su exclusión, la descripción del contenido de la cien-
cia económica actual es la mención de los autores. Quedan, pues, realidad y mo-
<klos. Ahora bien, un modelo no necesita referir sus conclusiones a determinada
realidad en la que se muestra aplicable. En caso de estar referido a alguna rea-
lidad, distinguimos este hecho hablando de una teona económica, no de un mo-
delo. Por tanto, un modo alternativo de decir que los elementos a que se reduce
la ciencia económica son principalmente modelos y realidades,es decir que los
entes principales de la ciencia económica son teorías y modelos. Esta es la pro-
puesta de Andreas Papandreou, en su libro La economía como ciencia (1958).
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TtORI A; T 'o!O,rt.01 1:
DESAPARECIDOS EN ACCIÓN
[I devenir hi~lórico ~ letnl pan d0c, dt \O'\ tr r.11 droi~nt r.., d, u-... , .,.,,ó.}. F-1
como la bomha al6mi ca sohre Hiroshima. Lo" autores de obr~ ~.1,\d·,•~ d-: t.;ic"
apenas un siglo o dos fall ecieron . No \o, lr.ncm0-, p1m11 pr.- ¡svn1,r\-:" clroo c:nCA·
raban sus trabajos. a qué aspeclos daban preeminencia. cómn tr<1t..1b.'Ul " :~ el 1tos
y si sus resultados sirvieron para entender o modifi car el fen,',mrn,, ,~111d,,.do.
Los lugares que habi taron ya no esl:in o fueron cambiad~.
Sólo quedan los escritos donde plos mnron sus ideD.S. Esparcidos en la. mesa
de trabajo folletos, libros y artículos que contienen las ideos ¿e los econom.t~
del pasado. Los hechos a que se refieren no está n desc riptos en 10!. ~en,~ mis-
mos. Estos tampoco nos hablan del autor. La lengua en que estin narrados no ~
la misma hoy. Los vocablos técnicos, conceptos e instrumentos de anál.i ,.is tam·
poco son los de hoy. ¿Qué nos dicen? Estamos como Miguel Angel frente .1 la es-
tatua de David. Le pedimos a un objeto inerte que hable.
Ante una destrucción tan amplia, ¿qué hacer?: -une recon~titution. a faute
d'autre chose" 3 • Una ciudad arrasada queda sin viviendas. sin hospitales. sin ca-
lles, sin cloacas, sin !fneas eléctricas. Sería caótico que \05 hospitales fuer:m re-
construidos por meros albañiles, o las cloacas por electricista5, etc. Lo primero
es saber cuántos grupos de objetos distintos fueron dañados y qué espec ialida-
des hacen falta.
DESCOMPOSICIÓN. TEMA: LA VACA
Un comerciante en carnes mira una vaca, y no ve una vaca, sino un cúmulo
de bifes de costilla, tiras de asado, colitas de cuadril. Los hombres de .ciencia
son parecidos, y acaso por ello no son buenos políticos: por un vicio profesional
casi inevitable, constantemente fomentan la desunión . Donde uno ve agua., ellos
ven hidrógeno y oxígeno. Donde uno ve la luna y el sol, ellos piensan en elipses,
masa, densidad y gravedad. ¿Qué es una uva? Para una bodega, son muchos re-
sultados posibles -jugo, vino, coñac, grapa- según qué parte desea beneficiar Y
cuál desechar y hasta dónde avanzar en su transformación .
El científico hace lo mismo que el matarife o el bodeguero: troza, divide, se-
para, destila. Desde Descartes aprendió que para llegar al fondo de un proble-
ma, debía "reducirlo a la mayor simplicidad, y dividirlo, mediante una enumera-
ción, en partes tan pequeñas como sea posible~'- A eso llama análisis. Sobre la
base de lo dicho, las partes discernibles en una teoría económica, presente o
pretérita, son: la realidad referida por la teoría;el autor de la teoría 'i el núcleo
lógico o "modelo". Los dos primeros están desapar~idos: para ~ecu~rarlos.' e:-
indispensahle ser competente en búsquedas en archivos y en b1stona .econorru-
J De uno de los diálo1t:os de la pel{cula Hiro,hima mori amour. escrito, ooc Manuerilc Dur~.
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.-¿·P~,~ QUt ESTUDIAR L_A .HISTORIA DE LA _ ECONOMIA?
tf ~ ·· < · b' · ente El tercero está en los textos mismos: de lo que se trata es
1: ;, ea, ·:respec vam , • ,, . . .:y d~ discernir el lenguaje formal o "modelo subs~do en un disc~o en lengua-
:'.> je ordinario. No hace falta avanzar mucho para decir que el economista, entre las
tres especialidades, es más competente para la tercera, y de lejos prefiere traba-
jar en ese aspecto que en los demás.
Cuando dos personas cocinan en un mismo lugar, tenninan molestándose:
necesitan las mismas hornallas, la misma mesada, la misma pileta. Es preferible
que primero cocine una y después la otra. Con el análisis de las teorías econó-
micas sucede otro tanto. Cuando el que estudia la teoría se concentra en la .figu-
ra del autor, debe dejar en suspenso, como congelados, los objetos de estudio de
otros especialistas, y hacer lo suyo, un análisis pragmd.lico. Quien se concentra
en las realidades pretéritas, no avanza sobre otros aspectos, y se limita a su aná-
lisis semántico. Por último, quien hace un análisis sintdctico, se concentra en el
modelo implícito en una teoría pretérita y deja a otros los aspectos humanos y la
realidad material a que era aplicable la teoría. .
Las tres faenas se presentarán sucesivamente. ¿En qué orden? La realidad es
anterior al individuo; el individuo, a la creación científica. En el texto respeta-
mos ese orden: para cada autor o escuela, en primer lugar se presenta el análi-
sis semántico ("El mundo de ... ") y luego el pragmático (''Soy ... "), en el que, pa-
ra resaltar su carácter subjetivo, se habla en primera persona. El análisis sintác-
tico, por desgracia, requiere algún conocimiento-adicional: cierto dominio de
teoría económica y matemática para economistas. Por tanto, el análisis de los
respectivos modelos se reúne en un solo capítulo, al final de la obra (Apéndice
técnico). Esta misma introducción se repite, con mayor rigor formal, en dicho
· Apéndice. Cada capitulo contiene un panorama del pensamiento, un viaje por la
principal obra del autor y l~cturas seleccionadas que intentan ofrecer una viven-
cia directa del modo de expresión de cada economista.
Hasta aquí, el análisis. u1 síntesis, o reagrupamiento de las facetas diversas
de cada autor y escuela, no tiene una fórmula única. Cuál se utilice dependerá
del fin perseguido. Queda, pues, al lector formular su propia síntesis.
¿Qué buscamos al estudiar historia del pensamiento económico·? ¿El conoci-
miento por sí mismo? ¿O encontrar en el pasado respuestas a preguntas que sus-
cita nuestro propio mundo? La historia, en este sentido, es una gran pregunta al
pasado hecha desde el presente. "Ogni vera storia e storia contemporanea", de-
cía Benedetto Croce. El buscar en el pasado delata la sospecha de que el proble-
ma alguna vez existió, o que su solución ya fue pensada antes. Alguien ·dijo: ''To-
das las ideas inteligentes ya han sido pensadas por otros hombres antes que por
nosotros, miles de veces. PBI-a hacerlas verdaderamente nuestras, debemos pen-
sarlas de nuevo, profundamente, hasta que formen parte de nuestra experiencia
· personal".
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TOMA DE JERICÓ
(Detalle)
Primer rodeo a J eric6
Hay dos modos de viajar por la historia de la ciencia ecqnómica. Si tuviéramos hi
máquina del tiempo que imaginó H. G. Wells, en un viaje al pasado iríamos vien-
do escenas sucesivas, no simultáneas, de cada época. Una secuencia de pre.senles.
Sin embargo, para e1 economista, el lapso que separa el momento pretérito en
que una teoría tuvo vigencia del momento en que habla, su presente, no cuenta
mucho como criterio para calificar o clasificar teorías económicas. Al comparar
griegos y mercantilistas, estos últimos y los clásicos, o éstos y los neoclásicos, no
atribuimos tanta importancia a las fechas como a la arquitectura de las teorla.s.
Es más fácil pensar las distintas teorías que hubo en la historia como una simul-
taneidad de presentes. Como barrios de wia ciudad en perpetua expansión, todos
presentes hoy, algunos con casas vacías y otros rebosantes de vida, distinguibles
por su estilo arquitectónico, sus materiales y, sobre todo, su habitabilidad.
Nuestro viaje en el tiempo se convierte en un recorrido en el espacio. ¿Cómo
acceder a un compuesto tan diverso y abigarrado? Antes que distinguir a Aristó-
teles de Jenofonte, parece más natural saber qué tienen en común, en qué barrio
viven. Distinguir primero el tipo de barrio y luego lo particular de cada· casa
Aproximamos para captar los rasgos más generales, los visibles desde lejos, y tra-
tar de obtener una idea del conjunto. Este método es tan antiguo como el usado
por Josué para ingresar en Jericó. ¿Porqué no probarlo en la historia del pensa-
miento? Ello fue sugerido por Ortega: "Los grandes problemas filosóficos requie-
ren una táctica similar a la que los hebreos emplearon para tomar a Jericó y sus
rosas íntimas: sin ataque directo, circulando en torno lentamente, apretando la
curva cada vez más y manteniendo vivo en el aire son de trompetas dramáticas"1.
\ 1 José Orte2:a v G8llset. ;Qué e., filosofía? Madrid: Revista de Occidente. 31 edición. 1963. 4.
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20 DIVISIONES DE LA HISTORIA
Hay una ciudad vieja, la de las teorías más antiguas. La economía es apenas
un sector de una catedral gótica, cuyo techo puntiagudo es un enonne dedo índi-
ce que apunta al cielo y sellala la primacía de un valor: la justicia. La economía
es una entre otras secciones de esta edificación medieval. A visitar la catedral pa-
ra hurgar sus raíces, nos acompañan estudiosos de otras disciplinas -filosofía, de-
recho, política- separadas y hoy casi independientes una de otra. Las obras que
allí se encuentran no sori sino un conjunto de "tratados fragmentarios, incidenta-
les y ocasionales, de problemas económicos aislados·( ... ] mezclados con otros ór-
denes de investigación"2• Pero no una mezcla confusa y desordenada. Coino el
contexto en que lo económico se presenta es el estudio de la justicia, cada sus-
tantivo económico aparece acompañado del adjetivo "justo" o "justa", por lo que .
el resultado global es una doctrina del "deber ser" o una "economía nonnativa".
Otro barrio de la ciudad, algo más moderno que el anterior, lo forman
edificios muy bajos, muy pegados a la tierra, como si sus habitantes tuvieran ho-
rror a la altura, o por la precariedad de sus materiales temiesen que la construc-
ción se les virúese encima. Es la literatura mercantilista, independizada del va-
lor "justicia", que fonna wia suerte de recetario con los ingredientes y propor-
ciones para obtener una buena t~a, sin indagar mucho o poco en qué procesos .
físicos o químicos permiten tal resultado. Se llamó a esa literatura "máximas de
gobierno", destinadas a remediar problemas específicos o alcanzar fines concre-
tos en momentos· detenninados. Habitan el hiirrio consultores o asesores,
ocupados en aconsejar a príncipes y mercaderes qué acciones les conviene más
emprender para obtener metal precioso. Piensan y escriben siempre en interés
ele uno solo, no del común. El bien común de su discurso. El lugar de los valo-
res, aparece ocupado por el criterio de eficacia de los consejos dados a los po-
derosos, para conseguir ciertos fines materiales. Con elló, cuando se trata de for-
mular una política económica, la economía deja a un lado algo imprescindible:
la sujeción a valores más altos que los que directamente atañen a las activida-
des económicas en sí mismas.
El barrio clásico está construido sobre la base de planos y estructuras·, con
buenos cimientos en la tierra. El plano y la estructura son los modelos económi-
cos, y los cimientos, la realidad socioeconómica. Por primera vez, la arquitectu-
ra del pensamiento económico reúne el pensar a base de modelos, como los an-
tiguos, y refiere sus ideas a realidades concretas, como los mercantilistas.
FinaLnente, la ciudad nueva, donde apenas hay construcciones. Aquí los eco-
nomistas diseñan planos, y su principal cuidado es que los planos no contengan
errores. Planos no diseñados para un terreno concreto. Aplicables a casos inde-
terminados. Edificar casas en base a ellos se reserva a otros especialistas, los eco-
nómetras, que se encargan de reconocer el terreno, medir, y ver qué traducción
debe darse a cada elemento del plano en cada lugar. El plano es un modelo y las
precisiones para traducirlo a determinada realidad, teoremas de aplicabilidad.
~ Franceso Vito. Ecorwmía Polúica. Madrid: Tesoro, 1959, 35.
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Doctrinas económicas
de la Antigüedad
CAPILLA SIUl;\A
Migud Ángel
"Haz esto", "Abstente de aquello". El antiguo alza sus ojos al cielo y mira adon-
de apunta el dedo de Zeus o de Dios para seftalar el recto camino. La severa mi-
rada ele su Dios vigila si sus acciones efectivas se apartan de lo presc.ripto. Los
escritos antiguos se sometían al valor justicia, con su disvalor, la injusticia.
Esta caracterización es ace11ada respecto de textos como el Código de Ham-
murabi, la Biblia, el pensamiento griego del siglo ele oro (Platón, Aristóteles) y
pensadores romanos como Cicerón. Pero cada idea vio nacer ideas ri~-ales sobre
un mismo asunto económico. La sujeción al valor justicia no es una hipótesis fe-
cunda para un contemporáneo de Aristóteles como Jenofonte. Hay entre ellos
tanta oposición como entre la escolástica y el mercantilismo.
Este pasado es común a la Economía y a la Filosofía, la Ética, el Derecho y la
Politología. Los escritos respectivos conterúan génnenes de más de una discipli-
na, En esta etapa -decía Vito- "no se fue más allá de fragmentarios, incidentales
y ocasionales tratados de problemas económicos aislados [ ... ] siempre mezclados
con otros órdenes de investigación". Pero tal mezcla no equivalía a confusión o
desorden, sino a pluralidad temática," donde conocimientos hoy diferenciados se
hallaban entonces apenas en embrión.
Lo justo se presenta como la calificación de tres grandes sustantivos: el pre-
cio, el interés y el crecimiento económico. Cada cual refleja cierto grado de
avance de las instituciones económicas. El precio, el desarrollo de mercados y
prácticas de intercambio. El interés, la aparición del crédito y el uso del dine-
ro no sólo como medio de cambio, sino como medio de transferencia de poder
adquisitivo. Y el crecimiento, la expansión en el espacio y la sujeción de múl-
? tiples poblaciones a un mismo gobernante.
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22 PRECIO, INTER~S. CRECIMIENTO
La regulación de precios presupone alguna noción de "precio jwto", u.na ca-
tegoría normativa. Hammurabi pautó salarios, alquileres y tasas de interés. ¿Se
trataba de "salariosjwtos", etc.? En el Antiguo Testamento, se traduce por ''jus-
to precio" la suma que paga Ahraham por una parcela de tierra para su tumba.
La Biblia dice "importe de dinero" o "'peso·eotero del precio" ("plata Hena").
Aristóteles adscribe esa categoría a la ~tica y dentro de ella a la explicación de
la naturaleza de la justicia y la injusticia. Cicerón comienza a elaborar una doc-
trina del "precio irifu,sw", el viciado por estafa o fraude def vendedor hacia el
comprador, que será continuada en la Edad Media por Santo Tomás.
Para Platón y Aristóteles "crecer" era peligroso. Su ideal apuntaba a la armo-
nía, la justa proporción, el equilibrio. "Todo en su justa proporción" era el canon,
ya se tratase del tiempo destinado a trabajar, a1 intercambio de mercancías o la
extensión de los estados. La desme_sura merecía rechazo, ya fuese un precio exa-
geradamente alto en relación al mérito de su vendeclo1~ ya fuese un crecimiento
demográfico descontrolado. "Cada cosa -dice Aristóteles-, para poseer todas las
propiedadesque le pertenecen, no debe ser ni desmesuradamente grande ni des-
mesuradamente pequefia." ·
Identificaban el.crecimiento económico con el número de habitantes, es decir,
el tamaño de las ciudades. Pero también con la acumulación de riquezas, vincu-
lada necesariamente a la multiplicación de goces. refl.idos con la virtud. La ciu-
dad debía ser recinto para vivir una vida virtuosa, y su mayor enemigo era la
multiplicación de hombres y de bienes. La tasa de crecimiento "justa" era la nula.
Una ciudad, una sociedad, una vez alcanzada la magnitud necesaria para produ-
cir todos los bienes absolutamente indispensables, debía detener su crecimiento
y, de alú en más, continuar en el tiempo siempre con el mismo tamaño. La contra-
partida de una tasa de crecimiento nula era una tasa de mterés nula. Mientras el
Código de Hammurabi y el derecho romano autorizaban el cobro de interés, en
el Antiguo Testamento y en los escritos de Platón y Aristóteles, se condenaba la
tasa de interés positiva como contraria a la naturaleza. ··
Se temía la proliferación de los goces materiales, ya fueran el fruto del cre-
cimiento de la ciudad o del intercambio con países extranjeros. El crecimiento
era portador de la mayor desgracia: la corrupción de la ciudad como recinto del
ejercicio de la virtud. De lo que se trataba no era de impulsar el c.recirniento, si-
no realizar determinados valores: la belleza, la verdad y el bien, y como manifes-
tación social de este altimo, la justicia. Este peóodo, por tanto, fue una larga
meditación acerca del progreso. No se pretendía describir la economía del mo-
mento, sino buscar pautas para regir una sociedad económica ideal. Era econo-
mía positiva, según la terminología de John Neville Keynes'.
1 Decía J. N. Keynes: '"!'al como se emplean aquí los términos, puede definirse una ciencia po-
siliva como un cuerpo de conocimiento sistematizado concerniente a lo que es; una ciencia re-
gulativa o normativa, como un cuerpo sistematizado donde ~e discuten criterios de lo que de-
biera ser, y su preocupación es lo ideal en cuanto diferente a Jo actu11l". The Scop<! anti MeJh-
od o/ Política[ Economy. Londres: Macmillan, 1891, 34-5 ..
4
PUERTA DE ISHT.-\R
Trasladada piutJ por pica
al M us,o Briidnico.
Babilonia y Judea
¡AY, VÁMONOS ALLÁ!
La mención de Babilonia evoca el fausto llevado a l~jo desmesurado, lo gigan-
tesco llevado a lo inabarcable. El goce de los sentidos y el disfrute del poder sin
límite. Y su contracara necesaria: pues no hay gran poder que no genere gran su-
misión, ni disfrute exclusivo que no despierte emulación y envidia. Babilonia: un
pasado, pues, que llamaba a ser recreado por el arte. En el Nabuco {1842) de
Verdi, el número más bello e impresionante era el "coro de los esclavos", pensa-
do quizá como mensaje a sus compatriotas, sujetos entonce_s al dominio de la
monarquía austríaca. Griffith, en Intolerancia {1916), no tenía sonido pero sí
imagen, y lo aprovechó para reconstruir espacios, edificios y monumentos gigan-
tescos. Filmó en plena guerra mundial, y su tema era la agresión a naciones o
grupos humanos pacíficos. Puso en boca de Ciro una fatídica plegaria: "Matar,
matar, matar, para la gloria de Dios, por los siglos de los siglos. Amén". Pero
también en el filme de Griffith aparecía el culto a Ishtar, diosa del amor, y no fal-
taban un templo del amor y un mercado del matrimonio. Este costado más agra-
dable de la vida inspiró a los maestros del género chico español Guillemio Pe-
rrin, Miguel Palacios y Vicente Lleó la zarzuela picaresca ÚJ corte de Fara-0n,
interpretada en cine por una infartante María Belén, y uno de sus números invi-
taba a un viaje de placer:
Son las mujeres de Babilonia
las más ardientes que el amor crea.
Tienen el alma samaritana,
son por su fu.ego de Galilea. ·
-,
}
1
I
f
24
Cuando suspir(I.11. voluptuosas
el babilonio muere de amor.
BABILONIA
Y cuando cant(I.11. ponen su..s besos
en cada nota de su canci6n.
Ahí va, ahi va, ¡ ay, babilonio que marea!
Ah( va, ah.( va, ¡ay, vámanos pronto a Judea!
Ahí va, ah.{ va, ¡aJ~ vá1nonos allá.!
BABILONIA
Babilonia basó su economía en las explotaciones agrícolas de los valles irúe-
riores del Tigris y el Éufrates, sólo al alcance de gente experta en el método de
riego necesaiio en esa tierra, que consiste en encauzar las avenidas fluviales y
evitar la erosión del suelo. El Tigris, por fusión de ]as nieves en las alturas del
norte y este, crece a fines de marzo y comienzos de abril, y la inundación de sus
riberas puede provocar grandes daños en la región de Bagdad y sur~ña. El Éu-
frates crece en la época de bajante del Tigris; el dal'lo en ese caso no se debe
tanto a la violencia de la correntada como al depósito salino que deja en Ja su-
perlicie una crecida temporaria. Para ser eficaz, fa. irrigación debe contar con un
sistema de drenaje. El problema se resolvfa en parte impidiendo las crecidas; se
habían construido sistemas de canales capaces de absorber lo más posible de la
crecida, lo que a veces se lograba desviando el curs~ del Éufrates al norte de Ba-
bilonia. Los canales, sin excep~ión, se construían _mediante trabajo forzado. Y en
toda la historia de Babilonia, el título de "El irrigador" era un timbre de honor
para todo rey. Los pequeños canales derivadores eran a.1.Ímentados por máquinas
simples. El auge y la declinación de las ciudades se conectaba estrechamente
con la apertura o el cegamiento de los canales. Su obstrucción, que provoca que
el lecho y riberas del río se eleven a una altura muy ppr encima de la planicie,
sólo se evita con la limpieza anual, lo que se aseguraba obligando a ello a los
municipios y terratenientes 1ibereños. Una dinastía como aquella a la que perte-
neció Hammurabi aseguró la correcta irrigación merced a una administración
personal con mano más que finne 1•
1 Es natural pregunlar.;e si tal sistema económico podía funcionar sin despotismo'. En el siglo X
la invasión de tribus acameas intenumpió el sistema, y el resultado fue un gran incremento de
ciénagas y tierras pllntanosas: Federico Engels, el colaborador de Mane, parece baber tenido
en cuenta el sistema de riego babilónico y su sislema polftico despótico como caso histórico de
lo que Marx denominó ~modo de producción asiático" en el Prólogo de su Contribución a la
Cn1ica de la Economía Poláica (1859). Al menos así se expresa en carta a Mar.e, 6 de junio
de 1853 (Marx Engel.s ~rke, 19í0, vol. 28, 260-61; y en Anli-[)¡¡}1ring, M. E. Wer~, 1971, vol.
20), d~nde exp~: "Los muchos despotismos que han aparecido y desaparecido en Persia y
la India sabían bien siempre que eran ante todo empresarios colectivos de la irrigación de los
valles flu,·iales, sin la cual no es posible la agricultm11 en e-5las regiones", 167. Véase cap. 22
de la presente obra.
LO
FACULíAD de (IBKIAS ECOrmMILA~
BIBLIOTECA
Morar.o 2557. ts3000CVEI Sanie Fe
CODICO DE HAMMURABI 25
Los canales también permitían el comercio .fluvial, por medio de embarcacio-
nes de mediano porte, tipo canoas impelidas con pértigas.
Esta cultura dependía en altísimo grado del comercjo_ Las grandes riquezas
que sobrevivieron al tiempo sólo pudieron obleneTSe por esa vía. Y la existencia
misma de nutridas comunidades urbanas es otro signo de la importancia del co-
mercio. Y no es casual que en lugares muy alejados se emplease el sistema mo-
netario babilónico de minas, shekels y granos. Como medio de intercambio se
empleaba el oro, la plata, el cobre y, en algunos casos, el plomo.
Las materias primas comerciadas eran el trigo, la escandia, la cebada, los dá-
tiles, el sésamo y las fibras textiles. Entre fines del tercer milenio y antes del
2000 a. C., los 6nicos cereales de uso común eran la cebada y la escandia. El te-
jido, hacia el 2500 a. C., dependía de la importación de Üno. El algodón se ha-
bía convertido en producción vernácula, introducido por Senaquerib. La apicul-
tura, destinada a beneficiar la miel y la cera, se practicaba en Suk.hi,región al
oeste del Éufrates.
EL CÓDIGO DE HAMMURABI
Hacia el siglo XVIII a. C. el tráfico comercial entre las distintas ciudades de
Mesopotamia era floreciente, en la fonna de caravanas escoltadas o a través de ríos
y canales; existían prácticas bancarias, préstamo a interés y letra de cambio. El
gran desarrollo mercantil y la densa trama de intereses que ello significaba, jun-
to al deseo del rey babilonio de fomentar en su propio interés político y fiscal la
seguridad jurídica de ese tráfico, pueden haber sido, según Max Weber, las cau-
sas de la confección de las leyes de Hamruurabi, que forman el código más an-
tiguo del mundo. Sus 282 párrafos versan sobre una sociedad dividida en clases,
libres y esclavos, y entre ambos los mushkinu (de donde deriva la voz árabe mis-
kin - pobre, desgraciado- y de ella, la castellana mezquino). El Código regulaba
las distintas actividades económicas: mantenimiento de canales, contrato laboral
o de arrendamiento, intercambio comercial, aplicación del talión para compen-
sar en especie daños materiales, protección de los miembros de la familia y sus
bienes, ele. Fijaba taxativamente alquileres y salarios, as1 como límites al pago
de intereses [v. Texto]. Los artículos transcriptos abajo suscitan la pregunta so-
bre si han de entenderse como anticipaciones de las ideas de condena a la usu-
ra (48),justo sdario (239) y justo precio (242).
JUDEA
La Biblia, en el Pentateuco (la Torá, en hebreo) o libros de Moisés, estipulaba
nozmas que, aunque aplicables hasta el fin de los tiempos, aparecían en un mo-
mento en que la comunidad todavía no había alcanzado un asentamiento definiti.-
. ,
26 JUDEA
vo. Se refería a un proyecto de sociedad --teocéntrica-, por establecexse. En con-
secuencia, sus referencias a cuestiones económicas se inscriben en la "economía
normativa". Por lo que no es casual que en la Biblia se·hable por primera vez de
justo precio (Génesis 23:9). La constitución "normal" de tal comunidad no conte·
nía a miembros iguales, en cuanto a capacidad o poder econó~co, sexo, edad,
condición jurldica o laboral, sino a desiguales, y entre ellos algunos más vulnera-
bles, ya fuera por causas naturales (nifíos, ancianos) ó circunstanciales (viudas,
huérfanos, pobres, extranjeros): había productores (agricultores, pastores, etc.) y .
no productores (sacerdotes), propietarios y no propietarios, solventes y no solven-
tes. Procuraba evitar que sobre la desigualdad no se erigiesen situaciones de pri-
vación, explotación o sometimiento de Jos menos favorecidos. Y establecía el de-
ber de solidaridad con el débil, el desposeído, el caído en desgracia y el oprimi-
do. La norma ética era el renunciamiento de parte de los bi~~es poseídos en abun-
dancia y compartirlos con los carecientes de ellos: " ... Compartirás tu pan con el
hambriento, los pobres sin techo entrarán en tu casa, vestirás al que veas desnu-
do" (Isaías 58:7). Anticipaba, pues, la justicia social. Prohibía la explotación
("Busquen la justicia, den sus derechos al oprinúdo, hagan justicia al.huérfano y
defiendan la viuda". lsaías 1:17), fijaba el derecho a un nivel mínimo de subsis-
tencia, más allá de sexo, edad o situación laboral. Se expresaba como regulaciones
sobre aspectos económicos, tales como impuestos a la producción, préstamo de di-
nero, entrega de víveres a los pobres, pago de salarios en término, protección del
más débil, limitación de la propiedad en el tiempo (jubileo), etc. La prohibición de
cobrar interés a los hermanos de religión o a los pobres era una fonna de proteger
al débil, pues los préstamos se tomaban con fines de subsistencia y no de produc-
ción; en tales casos, el deudor quedaba a merced del acreedor y la Ley procuraba
evitar que un acto de solidaridad generase una situación de sojuzgamiento.
Las leyes de Moisés, fundadas en que la tierra era de Yaveh, dada en usu-
fructo al pueblo (Lev. 25:23), instituían el diezmo eclesiástico o entrega del diez
por ciento de los productos de la tierra a los sacerdotes, representantes de Ya-
veh. Este impuesto continuó a lo largo de siglos, y tras su adopción por el clero
cristiano, reapareció en el esquema fisiocrático y en las instituciones coloniales
de Iberoamérica.
TEXTOS
l) CÓDIGO DÉ HAMMURABI
Transcripción de Castro Dassen y González Sánchez
40. Para fgarantía] de un comerciante o una obligación extranjera puede vender sus
[propios] campos, huertos o casa; el comprador puede explotar el campo, huerto o ca-
sa que ha comprado. .
48. Si un hombre ha estado sujeto a una obligación que conlleva intereses y si la tor-
menta ha inundado su campo y arrebatado su cosecha, o si, carente de agua, el trigo
CÓDICO DE HAKMURABI 27
no creció en el campo, este afio no dará trigo al acreedor, sumergirá en agua su table-
ta y no dará el inter~s de este al!o .. - . . .
49. Si uno ha recibido en préstamo dinero de un comerciante y ha dado al negocum-
te un camp~ cultivable de trigo o de sésamo dici~ndole: «cultiva el campo, co_secha !
toma el trigo o el sésamo que habrá nllf,. cuando el cultivador baya hecho verur el tn-
go o el sésamo en el campo, en el momento de la cosecha el propietario del campo lo-
mará el trigo o sésamo que exista en él y dará al negociante trigo por el dinero con los
intereses que tomó del negociante y el costo del cultivo del campo.
50. Si ha ciado el negociante un campo de trigo cultivado o un campo de sésamo cul-
tivado, el dueño del campo tomará el trigo o sésamo que se encuentre en el campo y
devolverá el dinero con sus intereses al negociante.
SI. Si no tiene dinero para restituir, dará al negociante sésamo, segtjn la tasa del rey,
por el valor del dinero recibido del negociante, con sus intereses.
100. Si un negociante dio a un delegado dinero para vender (prestar a interés! y com-
prar y lo puso en ruta Po designó viajante], el comisionista en viaje hará fructificar la
plata que se le ha confiado ... si en el lugar de destino obtuvo beneficios sumará los in-
tereses y lo que ha recibido, deducirá los gastos de sus días [ de viaje] y pagará a su
negociante.
101. Si en el lugar de destino no obtuvo ganancia, una cantidad de dinero igual a la
tomada, el delegado lo entregara al negociante.
102. Si wi negociante entregó dinero a título gratuito a un delegado y éste en d. sitio
adonde se le envió, sufrió pérdida, entregará el capital del dinero al negociante.
103. Si, en camino, durante su excwsión, el enemigo le hiciese perder lo que lleva,
el delegado jurará por el nombre de Dios y será liberado.
112. Si un hombre ~e encuentra en viaje y envió a otro plata, oro, piedras u otros ob-
jetos manuables para que los transporte, lo que debía· transportar; si éste no los entre-
gó en el lugar al que debfa transportarlos, sino que los arrebató [para sí] el propietario
de los objetos a transportar hará comparecer a este individuo por no haber entregado
lo que debía transportar, y este individuo dará al duei'lo del envío él quíntuplo de lo
que le habla confiado.
113. Si un hombre tiene una acreencia de trigo o de plata sobre otro,_y si, sin saber-
lo el dueilo del trigo, tomó trigo en el granero o en el depósito, se hará co~parecer a
este hqmbre por haheúomado trigo en el granero o en el depósito; eni:;-egará todo el
trigo que tomó, y perderá todo cuanto había prestado. ·
114 . . Si un hombre no tenía una acreencia de trigo o de plata sobre ·otro, y sin embar-
go ha ~jerciclo apremio sobre él, por cada apremio pagará un tercio dé mina de plata .
. 115. iSi Ílll hombre tenía una acreencia de trigo o de plata sobre otro y ejerció apre-
mio contra él, si le encontraren muerto de muerte natural en la casa del apremiador,
esta muerte nu comportará reclamo.
116. Si en la casa de su apremiador, el apremiado· muere a consecuencia de golpes o
de miseria, el patrón del apremiado hará comparecer a su negociante, y si el muerto fue-
se hijo de hombre libre, se matará a su hijo, y si el muerto fuese esclavo de hombre li-
. bre, pag-,miun tercio de mina de plata, y cualquiera fuese la suma prestada, la perderá.
117. Si una deuda ha contraído [sic] a un hombre; y si él dio por plata a su mujer,
hijo e bija, y los ha entregado a sujeción. durante tres años servirán en la casa de su
comprador y comprador, el cuarto año los pondní en libertad .
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28 L.\ BIBLIA
118. Si una deu~a ha contraído [sic! a un hombre, y si él ha vendido una de sus es-
clavas que le ha dado hijos, el dueño de la esclava pagará el negociante la plata que
aquel pagó, y rescatará a la esclava.
120. Si un hombre ha entregado para almacenar su trigo en la casa de otro, y si en
el granero se produce un faltante, sea que el duelio de casa abrió el almacén y tomó
del trigo. o s~a ~e dispu~e acerca de la calidad total del trigo que se le entregó en su
casa, el prop,etano del tngo demandará su trigo ante Dios, y el dueño de la casa, que
tomó el trigo, lo repondrá y lo entregará al propietario del trigo.
121. Si un hombre ha entregado.trigo en la casa de otm, pagará por año, como ·alqui-
ler del almacén, 5 qa de trigo por gur. ·
122. Si un hombre da a otro plata, oro o cualquier otra cosa en depósito, hará cono-
cer a testigos lo que da, estatuirá las obligaciones y efectuará el depósito.
123. Si dio en depósito sin testigos ni obligaciones (estatuidas), y si allí donde ha da-
do en depósito lo niegan, esta causa no comporta reclamación.
124. Si un hombre ha dado a otro en depósito plata o cualquier otra cósa ante testi-
gos, Y se lo niegan, hará comparecer a este individúo y él repondrá y entregará todo lo
que ha negado. .
125. Si un hombre ha dado una cosa en depósito y si allí donde la dio, sea por frac-
tura o por escalada, su cosa y la del dueño de casa desaparecen, el dueño de casa que
está en falta repondrá todo lo que se le habfa enviado en depósito y· perdió e indemni-
zará íntegramente al dueño de los bienes. El dueño de la casa buscará su haber perdi-
do y lo recobrará de su ladrón. •
151. Si una mujer que vive en la casa de un hombre se hizo prometer por su mari-
do que no se verá embai·gada por sus acreedores y se hizo entregar U:na tableta, si
este hombre, desde antes de desposar a esta mujer estaba cargado de deudas, el
acreedor de la deuda no embargará a su esposa; y si esta mujer, desde antes de en-
trar en casa de este hombre estaba cargada de deudas, el acreedor de la deuda no
embargará a su marido.
152. Si después que esta mujer entró en la casa del hombre, una deuda pesa sobre
ellos, pagarán al negociante ambos.
239. Si uno tomó en 1oc:ación un barq~ero, le pagará 6 gur de trigo por año.
2<.1,2. Si uno ha alquilado por un año un buey de trabajo, pagará 4 gur de trigo por
año.
2) LA TOR.Á O PENTATEUCO
Génesis 23:9 Para que me dé la cueva de Macpela, que tiene al cabo de su heredad :
~e por su justo precio me la dé, pan1 posesión de sepultura en medio de vosotros.
Exodo 22:25 Si prestares dinero >'I [alguno de] mi pueblo, al pobr-e que vive contigo,
no has de ser- para él como logrero, no le impondrás interés.
Levítico [El Jubileo) 25: 10 Y santificaréis el ai'\o cincuenta, y pregonaréis libertad
en la tierra a todos sus moradores: este os será jubileo; y ·volveréis cada uno a su po-
sesión, y cada cual volverá a su familia. 25:16 Conforme a la multitud de los ai'\os au-
mentarás el pr-ecio, y conforme a la disminución de los años disminuirás el precio; por-
que según el número de los rendimientos te ha de vender él. 25:23 Y la tierra no se
\
1
L.\ BIBLIA 2?
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venderá rematadamente, porque la tierra es mía; que vo,iouos sois hu6pedes mios.
25:24 Por tanto, en toda la tierra de vuestra posesión. otorg¡u6s redención a la tierra.
[De la usura] 25:36 No tomnrá3 de (tu hermano] usura ni intetts. 25:3'7 No le darás tu
dinero a usura ni tu alimento por [querer] acrecer.
Deuteronomio [El Diezmo] 14:22 Separarás puntualmente el diexmo de todo el pro-
ducto de tu sementera. lo que brota del campo alío tras al\o. 14:23 Y comeris delanle
de Jehová · tu Dios, en el lugar que él escogiere para hacer habitar allí su nombre, el
~ \
diezmo de tu grano, tu mosto y tu aceite, y los primogénitos de tu ganado mayor y me-
oor, para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días. 14:24, Mas si el cami-
oo resulta excesivo para ti .. . 14:25 lo trocarás por plata [venderlo has}, y atarás el di-
nero en tu mano e irás al sitio que Yaveh, tu Dios, haya escogido. 14:26 Y. da.rás,' el di-
nero por todo lo que deseare tu alma. por vacas., o por ovejas, o por .i.no, o por sidra.
o por cualquier cosa que tu alma le demandare: y comerás allí delante de Jehová tu
Dios, y le alegrarás tú y tu familin. 14:2'7 Y no desampararás al Levita que habitare en
tus poblaciones; porque no tiene parte ni heredad contigo. 14:28 Al cabo de cada tres
años, sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardardS en rus ciu-
dades. 14:29 Y vendrá el Levita, que no tiene parte ni heredad contigo. y el extranje-
ro, y el huérfano, y la viuda. que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán sacia-
dos, para que Jehová tu Dios te bendiga en toda obra de tus manos que hicieres. lEZ
año de remisión] 15:l Al cabo de siete años harás remisión. 15:2. Y esta es la manera
de la remisión: Perdonará a su deudor todo aquel que hizo empréstito de su mano, con
que obligó a su prójimo: no lo demandará más a su prójimo, o a su hermano; porque la
remisión de Jehová es pregonada. 15:3 Del extranjero demandarás el reintegro: mas io
que tu hermano tuviere tuyo, lo perdonará tu mano. 15:4 Para que así no haya en ti
mendigo; porque Jehová te bendecirá con abundancia en la tierra que Jehová tu Dios
le da por heredad. [Los pobres· r los esclavos) 15:7 Cuando buhiere en ti menestero:o
de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en tu tierra que Jehová tu Dios
te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano & tu hermano pobre: 15:8 Mas
abrirás a él tu mano liberalmente, y en efecto le prestarás \o que basta, \o que buhi.e-
re menester. 15:11 Porque no faltarán menesterosos de en medio <le \a tierra, por eso
yo le mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, a tu pobre, y a tu menesteroso
en tu tienra. 15:12 Cuando se vendiere a ti tu hermano hebreo o hebrea. v te hubiere
servido seis años, al séptimo año le despedirás libre de ti. 15:13 Y cu~do lo despi-
dieres libre de ti, no lo enviarás vacío: 15:14 Le abastecerás liberalmente de tus O'ie-
jas, de tu era, y de tu lagar; le daros de aquello en que Jehová te hubiere bendecido.
15:15 Y te acordarás de que fuiste siena en tiena de Egipto, y que Jehová tu Dios te
rescató: por tanto, yo te mando esto hoy. (De la u.su.ra) 23: 19 No prestarás con interés
a t~ hermano, ni interés de dinero, ni interés de víveres, ni interés de cosa alguna que
produzca interés. 23:20 Al extranjero podrás -prestar a interés, mas a tü. hermano no
prestarás así. (De la caridad con las viudas, los huérfanos y los e.;;tranjeros1 24:111-lo
torcerás el derecho del peregrino y del huérfano; ni tomarás por .prenda la ropa de la
viuda: 24:18 Mas acuérdate que fuiste siervo en Egipto, y de allí te rescató Jehová tu
Dios: por tanto, yo te mando que hagas esto. 24:19 Cuando segares tu mies en tu cam-
po, Y olvidares alguna gavilla en e\ campo, no volverás u tomarla: para el extranjero,
para el huérfano, y para la Yiuda será; porque te bendiga Jehová tu Dios en toda obra
de tus manos. 24:20 Cuando sacudieres tus olivas, no recorrerás las ramas tras de ti:
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30 OBRAS Y ESTUDIOS
para el extranjero, para el huérfano, Y para la viuda aed. 24:21 Cuando vendimiares
tu vi1la, no rehuacarú tras de ti: para el extranjero, para el huérfano, y para In viuda
será. 24:22 Y acu&dale de que fuiste siervo en tierra de Egipto: por tanto yo te man-
do que hagas esto.OBRAS Y ESTUDIOS
Castro Dassen, Horacio N. y Ca..-los A. González Sánchez
1982. Código de Hammurabi. ,4.n.tecedentes históricos r a'f'queológicos.
'Jran.scripción. Valoracióñ filosófica. Buenos Aires, Ediciones Librería del
Jurista.
Silva Herzog, Jesús
1939. Judea. Historiar antología del _peruamiento económico. Antiguedad
y Edad Media. México, Fondo de Cultura Económica. 3ª ed. 1953, 11-28. .
5
Grecia
TODO EN SU MEDIDA Y ARMONIOSAMENTE
PARTE!',ÓN
Acrdpolü tk AteMJ.
Observe el Partenón: ¿no le transmite una sensación de proporción divina, de
justo medio, de medida ideal? Lea el pasaje siguiente y compare la sensación que
le produce con la anterior: "La belleza resulta de ordinario de la armonía del mi-
mero con la extensión; y la perfección para el Estado consistirá necesariamente
en reunir una justa extensión y un número conveniente de ciudadanos. Pero la
extensión de los Estados está sometida a ciertos límites, como cualquiera otra co-
sa, como los animales, las plantas, los instrumentos. Cada cosa, para poseer todas
las propiedades que le son propias, no debe ser ni desmesuradamente grande, ni
desmesuradamente pequeña, porque, en tal ca.so, o ha perdido completamente su
naturaleza especial, o se ha pervertido. Una nave de una pulgada tendría tanto de
nave como una de dos estadios; si tiene ciertas dimensiones, será completamen-
te inútil, ya sea por su extrema pequel1ez, ya por su extrema grandeza".
·· Las palabras de Aristóteles -¿quién más autorizado que él?- son la mejor in-
troducción al modo de encarar el análisis económico por los antiguos griegos.
También los bienes económicos, tanto como los procesos productivos o el recin-
to donde los hombres se reúnen para intercambiar sus producciones, _se ·ubica-
ban dentro de un cuadro general de jerarquía de los bienes: "Los bienes que el
hombre puede gozar se dividen en tres clases: los externos, los del cuerpo y los
del alma; la felicidad consiste en la reunión de todos ellos [ ... ] en la práctica, no
hay conformidad ni sobre la medida, ni sobre el valor relativo de estos bienes
[ ... ] pero en lo que concierne a dinero, riqueza, poder, reputación y todos los de-
más bienes de este género, procuran un exceso sin límite [ ... ] Los bienes exterio-
res tienen un límite, como cualquier otro medio o instrumento; y las cosas que se
dicen útiles son precisamente aquellas cuyo exceso dafia inevitablemente a su
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32 PLA.TÓ.N Y ARISTÓTELES
poseedor". Luego, la c~tidad, variedad y disfrute de los bienes económicos de-
be ceñirse a proporciones y límites fijados por los bienes del alma, "pues lejos
de adquirirse y conservarse las virtudes mediante los bienes exteriores, son, por
el contrario, adquiridos y conservados éstos mediante aquéllas"1•
¿CRECER O NO CRECER? HE AHÍ EL DILEMA
Platón y Aristóteles identificaban al crecimiento económico con ef creci-
miento demográfico e, indirectamente, con el crecimiento de la producción mo-
tivado por la proliferación de necesidades. Y esta última circunstancia les hacía
repudiar el crecimiento económico. Propiciaban un modo de vida ideal, en el
que los valores fueran componente inseparable de las acciones económicas. Su
pensamiento versaba, pues, sobre el progreso2, o -si -destacamos sólo lo econó-
mico- el progreso económico. Pero crecimiento y progreso pueden estar disocia-
dos e incluso ser antagónicos3•
Se advierte de inmediato que los escritos económicos de Platón y Aristóteles
encuadran en una caracterización como economía del bienestar o economía nor-
mativa. Su concepción de la ciencia social era ampliamente filosófica, no halla-
ban sentido en discutir el comportamiento económico fuera de un marco de de-
rechos y obligaciones generales; su orientación apuntaba al todo social y procu-
raba descubrir un método para organizar la sociedad que asegurase un resultado
socialmente óptimo en el largo plazo•. Los ~omentos de economía que escribie-
ron no trataban del ser, sino del deber ser; no intentaban describir la economía
tal y como se les presentaba, sino construir conceptualmente una situación ideal
deseable.
VISITA GUIADA POR LA REPÚBLICA DE PLATÓN
Las ideas económicas de Platón {427/29-347) se encuentran en República, li-
bro 2, conocido precisamente como "tratado de la justicia". El estudio de la eco-
1 En esta sección nos valemo5 de la lraducci6n castellana de la Política de Aristóteles, Libro JV,
efectuada por Patricio de Azcárate, Madrid, EsJ)lllla-Calpe, 1941 y eds . subsiguientes.
2 Manuel García Morente, Erua¡os sobre el progreso, 1932.
3 Julio H. G. Olivera, Crecimiento, Desarrollo, Progreso, Evolución: Nota sobre relaciones entre
conceptos. El Trimestre Económico XXVT(3), México, julio-setiembre, 1959. NO 103, 410--421.
Leemos: " ... progreso y crecimiento pueden estar disociados. Desde luego, puede haber creci-
miento ;in progreso, y progreso sin crecimiento. Quizá la hipótesis más interesante, sobre el
particular, sea la del ~estado estacionario~ de la economía clásica. En él la acumulación neta
se detiene, cesa el awnento de la población, y la producció.n se estabiliza a un nivel co.nstan-
te; pero[ ... ] el hombre libera tiempo y energías para tareas superiores, es decir, para la satis-
facción de necesidades más altas", 421.
• Heimann, 1972, 23.
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LA REPIJBUCA DE PLATÓN 33
nornía en Plat6a aparece al indagar la noción de justicia. Segun él, la justicia do-
minaba en lá polis ideal. Por tantc;i, la polis era el esce:iario para mostrar en qué
consiste la justicia. Ello le llevaba a preguntarse por el origen de la poli.s o ciu-
dad [véase Textos: Platón l], lo que a su vez conducía a examinar las bases eco-
nómicas de una polis ideal, aquella donde reinase la justicia. La fundación del
Estado tenía origen en las necesidades humanas, de las que derivaban la produc-
ción, la división del trabajo, el intercambio, el dinero y el comercio internacional.
En la República el estudio de lo económico aparecía como subsidiario del
problema de hallar una organización politica y social, en cuyo seno fuera reali-
zable el valor justicia. Tal subordinación de la econorrúa a la justicie. continuó,
después de Platón, con Aristóteles, Cicerón y Santo Tomás de Aquino. Para
ellos, lo econórico era una especie del género Justicia.
En República, por primera vez en la historia, aparecen en un mismo cuadro,
interrelacionados, la división del trabajo como prólogo al estudio del interc&-n-
bio, los mercados, precios y dinero. Ese plan serfa seguido, por ejemplo, por
Adam Smith. República presenta las categorías económicas en este orden; 1) ne-
cesidades; 2) producción; 3) medios de producción; 4) crecimiento.
• 1) Necesúiades
Las necesidades son el punto de partida tanto de la ciudad como de la orga-
nización económica que se crea en su seno: "¿Cuáles son los fundamentos de la
ciudad? En realidad, se basa en nuestras necesidades". (Véase Textos: P2; ed.
Eudeba, 160.) Considera las necesidades de los ciudadanos, no de los esclavos,
y distingue en ellas varias características: i) Dit-ersidad y jerarqufü. Las necesi-
dades son múltiples y guardan una jerarquía u orden de importancia: ucada uno
de nosotros[ ... ] necesita de muchas otras cosas";" ... tantas necesidades". Expli-
cita las esenciales, las primeras en generar un esfuerzo productivo para satisfa-
cerlas las que, dicho de paso, forman la parte principal de los índices de precios
al consumidor: "La primera y más importante es la 3.limentación [ ... ] La segunda
necesidad es la habitación; la tercera, la del vestido ... ". ii) Objetividad. Platónexpresa "necesidad" con la palabra kréos, que indica tanto el fenómeno psico-
lógico de carencia o penuria, como los objetos concretos capaces de llenar tal ca-
rencia. Cada necesidad se corresponde con cierto objeto. Así, pues, "la alimen-
tación, la habitación y el vestido" se corresponden con "t1.igo, vino [casa} trajes
y calzado". De tal manera, un fenómeno universal y constante como las necesi-
dades lo transporta a otro plano, singular y mudable, como es el de la produc-
ción, donde juegan la tecnología, el acceso a fuentes de materia prima, 1a orga-
nización del trabajo, etc . El conjunto de las necesidades aparecía como un
conjunto de requerimientos de determinados bienes de consumo final. iii) lim(-
taci6n. Tanto en variedad como en cantidad, Platón procuraba evitar la prolifera-
ción de necesidades, sobre todo las prescindibles, particularmente las de como-
didad, omato o placer. Su propósito era economizar el bien más escaso del ser
humano: su tiempo. Hasta donde era posible, proponía suplir objetos manufactu-
rados, que requerían la intervención y gasto de trabajadores especializados, por
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34 LA REPÚBLICA DE PLATÓN
bienes naturales asequibles por simple recolección: en lugar de mesas, "juncos
u hojas limpias" para servir el alimento; en lugar de camas, "lechos de follajes",
etc. Los procesos productivos debían limitarse II obtener "lo simplemente nece-
sario" para "la conservación de nuestro ser y de nuestra vida", sin franquear "los
límites de lo necesario".
Detrás de esta restricción se advierte que Platón percibía 1~ limitación tem-
poral de la vida humana. Prescribía limitar al máximo la actividad productora,
suprimiendo "los deseos no necesarios", y con ello la participación de aquellos
individuos aptos para su producción. Prescribía la especialización de cada cual
en una sola actividad.
2) Producción
La caracterización objetiva de las demandas de bienes lleva al modo de
producirlos: "¿Cómo puede la ciudad satisfacer tantas necesidades?" [véase
Textos: P3], se preguntaba. Cada necesidad, cada bien de consumo distinto
exige una actividad productiva distinta: "¿No será necesario que un hombre
sea labrador, otro albañil y otro tejedor? ¿Habremos qe agregar también que
otro sea zapatero ... ?".
Platón concebía la producción como resultante de unidades productivas uni-
personales y monoproductoras: un único ciudadano se encarga de la producción
de un bien completo. Un mismo individuo reunía varias funciones productivas:
la propiedad de los medios de producción -tieITii, instrumentos, esclavos y ani-
males de labor, materias primas- proyectaban y dirigían el proceso productivo y
ejecutaban las labores propias de cada bien. El agricultor (georgós) era, a la vez,
terrateniente y labrador. El constructor de viviendas (oikodómos) era arquitecto
y albañil.
2a) Trabajo
El trabajo tenía las siguientes características: i) Calificaci6n. Platón suponía
en cada individuo una aptitud diferencial innata, que lo calificaba para producir
mejor o más eficientemente det~rminado bien: "no hay dos hombres completa-
mente iguales". Todos los trabajos implicaban cierta calificación, salvo el traba-
jo mercenario. ii) Carácter primario o no producido. Las aptitudes diferenciales
eran un don gratuito de la naturaleza: "es la naturaleza la que introduce las di-
ferencias" (UNAM, 57). Por tanto, era intransferible e irreproducible. Pero, co-
mo joya en bruto, era susceptible de pulimento. El beneficiario de un don pro-
ductivo podía perfeccionarlo mediante educación.
En cuanto a los trabajadores mercenarios5, aquellos que "venden el empleo
de su fuerza", eran desdeiíados por Platón. Los consideraba un bien auxiliar, "un
complemento de la ciudad", un insumo más, como un arado, un buey o materias
primas [véase Textos: P4].
5 Antonio Camarero (Eudeb~ 164) traduce misthós por salario, y misthotós por asalariado, lo
cual es poco feliz por no existir todavía el técnicamente llamado trabajo aJalariad.o.
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La división ckl trabajo entrañaba que cada individuo produjera un bien dis-
tinto, pero completo. Para Adam -Smith, en cambio, la producción de un mismo
bien se subdividía en tareas parcializadas. Y esa fue la tendencia en el capita-
lismo; donde cada trabajador cada vez produjo una parte más pequeña de un de-
terminado bien. En Platón, el principio tiene dos rasgos: i) Morwprofesionali.smo.
Cada ciudadano desempeñaba una única profesión: aquella para la que posee un
don natural: " ... que cada uno ejerza en favor de los demás el oficio que le es
propio"," ... limitándose a ejercer el propio (oficiof; " ... cada individuo realiza
un solo trabajo, de acuerdo con sus aptitudes, y en· el momento exigido, sin preo-
cuparse de otros trabajos". El criterio, en fin, es ~dar a cada ciudadano la ocu-
pación a la cual lo han destinado sus dotes naturales, a fin de que cada cual;
aplicándose al trabajo que mejor le conviene, sea único, absolutamente único, y
no móltiple". Esto conduce a la especializaci6ri total de cada individuo, por con-
traste con una especialización parcial o incluso la faha total de división del tra-
bajo [véase Textós: P6].
La razón para preferir especialización total o monoprof esionali.smo" era la eco-
nom{a de tiempo. Aparte de procurar reducir el número de bienes que han de
producirse, Platón buscaba el método de minimizar el tiempo de trabajo insumi-
do en la producción de cada bien (véase Textos: P7). El resultado concuerda con
el objetivo de Ümitar el tiempo total destinado a la producción7•
2b) Medios de producción
Platón expresa que la producción requiere el conc1ITS0 de instrumentos (ór-
gana) además del trabajo. El trabajo agrícola necesita arados y bueyes. Pero es-
tos, a su vez, no son producto del trabajo agrícola, sino de los trabajos del herre-
ro y el vaquero. Luego, si ha de ser coherente con su principio de monoprofesio-
nalismo, el agricultor no deberá producir sus propios requerimientos de ar-ados,
bueyes y otros insumos -esto es, ser a la vez agricultor y herrero o vaquero- si-
no encomendar su producción a otros tantos individuos aptos para esos oficios
[véase Textos: Pl0-11].
3) lntercambi4
La consecuencia natural de la división del trabajo es el intercambio de e.1:ce-
dentes de producción, y el empleo de un medio para facilitar el intercambio
(véase Textos: P8].
Mercado y mercader. Las diversas producciones maduran y están disponibles
para consumir en montos y circunstancias determinados por las técnicas de pro-
a Tozzi. 1961, 78-81 .
7 A:parece aquí, en germen, lo_ ~e sería la teoría de la división del trabajo de Adam Smith: "Má-
Xllila de todo cabeza de familia prudente es no empeñarse nunca en elaborar dentro de casa lo
que le resultará más caro que comprándolo. El zapatero no intenta confeccionar sus propias ro-
pas, sino que recurre al sastre. El cullivador di; la tierra no trata de hacer ni una cosa ni otra,
sino que emplea a ambos artesanas. Todoe ellos descubren que les con\;·~11e dar empleo a to-
da su actividad de la manera en que llevan.alguna ventaja a su~ conveciu0,;, y luego comprar
con una parte de su producto, es decir, con el precio de una parte de ese proc:lucto, to<lo aque-
lla que necesitan y pueden comprar" (Riqueza de las Nacione3, IV, 2).
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36 CRECIMIENTO ECONÓMICO
ducción, la estacionaliqad, etc. Si los productores mismos debieran hacer coin-
cidir sus excederites disponibles con los montos y los momentos en que son re-
queridos por la demanda, deberían pasar gran parte de su tiempo simplemente
esperando, desatendiendo la producción. "El dinero permite al hombre en tanto
productor concentrar su atención en su propia tarea, y así contribuir más efecti-
vamente al flujo general de bienes y servicios que constituye el ingreso real de
la sociedad [---) La especialización y la división del trabajo en que se cimientn
nuestra estructura económica sería imposible si cada hombre tuviera que ga,star
gran parte de su tiempo y energías en trocar sus· productos por los materiales de
su industria y los bienes que requiere para su propio consumo"ª- Hace falta un
mediador entre la producción y el consumo. Por el principio de la especializa-
ción completa, se requiere un ciudarlino que cumpla un oficio distinto al de los
otros, el de mercader, considerado despectivamente por Platón y no sin conside-
rables reservas por Aristi5teles y los escolásticos [véase Textos: P9]-
4) Crecimiento económico
Platón identificaba pequeña ciudad con pocos habitantes, y crecimiento de la
ciudad con aumento del número de habitantes [véase Textos: Pl0-11].
¿La ciudad crecerá indefinidamente? Cada miembro ocupa un lugar como
productor de algo, y ello depende de determinada necesidad. La "ciudad ideal"
de Platón asegura la satisfacción de un conjunto el.e necesidades muy restringi-
do, y por tanto sólo debe crecer hasta reunir Íos productores necesarios. De ahí
en más, el tiempo no se destinará a la producción sino al goce de la vida y a ala-
bar a los dioses [véase Textos: Pl2-13].
La consideración del tarnaf'lo económico y su crecimiento es explfcita en los
escritos de Platón y Aristóteles, quienes otorgan a tales aspectos la propiedad de
ser criterios de evaluación de la bondad de determinada ·organización social. En
sus obras el tamaño y el crecimiento son referidos al número de habitantes de la
ciudad; no a la cantidad de producción o de empleo, como en la teoría económi-
ca moderna. En Repd.blica la asociación entre los ciudadanos y la sucesiva incor-
poración de nuevos productores es, a la vez, crecimienlo demográfico y creci-
miento de la ciudad. Con esta aclaración, y en la medida en que el número de
habitantes se corresponda positivamente con el monto del PBI y del capital, no
habría mayor diferencia entre su medida y la de los clásicos o la contemporánea.
Platón consideraba como función de los gobernantes fijar un "límite justo pa-
ra el crecimiento", expresión que, sacada de contexto, podía ser escrita por un
economista moderno. Utilizaba la palabra mé,,auetos (altura, elevación, magni-
tud, grandor, alargamiento, etc.) para designar d crecimiento, y ayxáno (aumen-
tar, agrandar) para designar la acción de crecer [véase Textos: Pl4-15].
9
s D. H. Robertson, Money, Cambridge Economic Handbooks, 6-7.
• Para el lector que desee ampliHr conocimientos •obre Platón, y e~ particular sobre su obra Las
Ú)'t!S, no considerada aquí, recomendamos el trabajo del profesor Roberto Varo de la Universi-
dad Nacional de Cuyo, "Platón. Aportes a la teoría económica en la Rtpúhlica r CD Las leyes",
en Anales de la Asociacwn Argentina de Econom(a Política, La Plata, 1988, vo . 3, 267-91.
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EL CUJU>US ARISTOTELICUH 37
ARISTÓTELES
Aristóteles, nacido en Estagira (384/3 a- C.), Macedonia, h.ijo de Nicómaco,
fue discípulo de Platón. Dos largas décadas con él le permitieron conocer a fon-
do su pensamiento, y en particular l.:is fr~entos de economía contenidos en
República y en leyes.
Aristóteles dominó todo el conocimiento de su tiempo, y además lo extendió
y sistematizó en el llamado Corpus Aristotelicum., o conjunto de sus obras. Sus
textos económicos dependen del contexto del Corpus. El justo precio, por ejem-
plo, sólo puede regir efectii;amente en un Estado dominado por la justicia. El
Corpus Aristotelicum fue el estudio básico de numerosas disciplinas a lo largo de
casi el último milenio. La obra de algunos autores, no sólo Santo Tomás de Aqui-
no, sino otros como Petty, Cantillon o Marx, no se entiende en forma cabal sin un
mínimo conocimiento del _Corpus, no sólo de los pasajes específicamente econó-
micos del Estagirita. La naturaleza de la presente obra no permite extendernos
sobre aspectos no económicos. Pero a titulo de mención, debe recordarse que en
FCsica y Metaflsica distingue entre causa formal y causa eficienle. En las mismas
obras admite que todas las cosas están en movimiento, y que todo lo que se mue-
ve es movido por otra cosa, y postula un primer motor que, al no ser movido por
otra cosa, es inmóvil: "Es necesario que haya un primer motor que no sea mon-
do por ninguna otra cosa"_ En su teoría hilemórfica, distingue entre materia
-aquello de que está hecha una cosa- y forma -lo que hace que algo sea lo que
es y no otra cosa-. En la Ética distingue entre justicia distribláiva y justicia con-
TTUJJaLiva. La primera versa sobre "la distribución de honores y de todas las ven-
tajas que puedan alcanzar los miembros del Estado". La segunda 'ºregula las re-
laciones de unos ciudadanos con otros, tanto voluntarias como involuntarias".'°
En esta esfera se incluyen las transacciones económicas, y en particular el justo
medio o justo precio, que deriva de una relación de proporcionalidad. Santo To-
más de Aquino, en su Comentario de la Ética a Nicómaco, explicó que ªen la
justicia conmutativa el medio se toma no según una proporcionalidad geométri-
ca [ ... ] sinó según una proporcionalidad aritmética [ ... ) en relación a la justicia
conmutativa debe haber siempre igualdad de cosa a cosa( ... ] Ahora bien, en és-
ta es preciso emplear una proporcionalidad para establecer la igualdad de las
cosas, pues la acción de un artífice es mayor que la acción de otro, como edifi-
car la casa es una acción mayor que fabricar cuchillos"_" ·
10 El estudiante de filosoíía no necesita nuestra guía pai·a acceder al Corpus. Pero el leclor ubi-
cado en otras áreas se beneficiará con el encuadre que brinda F ranci~co Letizin. en Funda-
menJ.ación filosdfica de lru doctrinas económicas , Mendoza, Universidad Nacional de Cuyo, Fa-
cultad de Ciencias Económicas, Departamento de Disciplinas Hummníslicas, 1983, t. 4 caµ. 7 .
También en Henry William Spiegel, El desarrollo del Peruamiento Económico, Barcelon2.
Omega, 1973, cap. 2.
11 "Videtur aulem hoc esse contra id quod supra dictum est quod scilicet in commu1a1iva justitia,
medium accipitur non quidem secundum geometricaru proportionali1a1em, quae consis tit in
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38 PoLITICA y l.rtCA, DE ARISTÓTELES
VISITA GUIADA POR LA POL!TtCA Y LA tTICA
Los fragmentos. de Aristóteles sobre economía se hallan principalmente en
Poletica y en Ética a Nic6maco. Aristóteles no se limitó a convalidar a Platón: a
sus ensefianzas les añadió matices propios, y además aportes nuevos. Mientras
Platón prefería focalizar la producción, Aristóteles estudió el intercambio: cómo
se define, cualitativa y cuantitativamente, el valor en él intercambio. El estagiri-
ta distinguió entre valor de uso y valor de cambio [Véase Textos: Polaica 1257 a].
La calificación de uso propio o primario e impropio o 5ecundario no debería en-
tenderse como condenatoria del segundo, sino como d orden de prioridad de ca-
da uso para el sistema económico, en forma análoga a como Smith prioriza la sa-
tisfacción de las necesidades de consumo respecto de los intereses de los secto-
res productivos. Cada miembro de la poli.5es, a la vez, consiunidor y productor.
Produce para poder consumir. En el cuadro de la división del trabajo produce un
11nico bien, retiene la parte de éste necesaria para su propio consumo, y lleva al
mercado el sobrante; allí tal excedente es la moneda de compra de los demás
bienes producidos en la polis; es el medio con que accede a los bienes de otros
productores. No ve a su excedente como valor de uso, sino c~mo medio para ac-
ceder a valores de uso que no produce. El uso propio, pues, enfoca a los bienes
en relación con los individuos en tanto consumidores. El uso impropio los con-
sidera en tanto productores.
Si_ se prescinde, a los efectos del análisis, del u.so propio o primario, y la
atención se concentra en el fenómeno de intercambio, donde la variable a deter-
minar es el "uso impropio o secundario", éste puede enfocarse desde dos ángu-
los: e_n la economía positiva o en la normativa: En el segundo caso, cuando se
examman cómo serían las relaciones económica,; en una sociedad justa, la cate-
goría respectiva es el justo precio. Aristóteles hiw ese estudio en la Ética Nico-
171lMJuea, como un caso de la justicia de las transacciones o justicia conmutativa.
Allí elaboraba~ valiéndose de concepto; sobre proporciones geométricas, una
propuesta para regir el justo precio o relación de intercambio entre dos bienes
[véase Textos: Ética 1133 a]. . ·
El sentido de "el_ número de zapatos intercambiados por una casa" es inequí-
voco: n zapatos eqmvalen a 1 casa, es decir, p,nz = p.c [o bien, p/p. - nz/c],
d~nde ,f • Y Pe ~on los precios de zapatos y casa, o canticlacles ele dinero que per-
lDlten igualar ambas cosas. Pero la expresión "cociente entre el albañil y el za-
e~te ~~portioni.s, ~ secundum arithmeticam, quae consietit in iequalitate quantitatis ¡;;:1:ª ~W:llb~ co~ulati!am, ;5Cmpcr quidem oportet csse a:~alitatem rei ad rem .... Sed in . ~ e _adhiben .propo~onalit~em ~d hoc, 9'1-od fiat a,qualitas :n:rum, eo quo actio unius artificu !MJºr cst. quam ac!10 alt~1us, •.1cut edificatio domus, quam fabricatio cultelli ... ". In ~em Librru E~IC?rum Ari.stot.!u ad Nicomachum Expositio, Masrietti Editari, 1964. Traduc-c16n Y n°"8 prelimi~ar de ~• Maña Ma~ea, Ediciones CIAFlC, Buenos Aires, 198.3, 283. Vwe.~tephcn Worland 1971. Justwn pretiwn: one more round in an "cndless series". HiJtory o/ PolllU:a! Eccnomy 9:4, 504-21, esp. 516.
EL JUSTO PRECIO 39
} ~tero" es conf_usa: ¿cómo comparar un _albaltil con un zapatero? Aristóteles se
?}\'.'.refiere, como VIDlOS, a product()re$, que mtercambian excedentes en el mercado . .{[ft~ pregunta que se formula es cuánto del excedente de cada productor debe en-
.,);{\Üegar a cambio de otro bien. Si el propósito de Aristóteles hubiese sido respon-
1 ;:~JH'.)/der a la pregunta a través ele los respectivos valores de uso, no habría sido tan
· ,(;://:específico en destacar su papel como productores. Y en cuanto tales, su produc-
. : ' . ción y el excedente intercambiable derivan de la cantidad de tiempo de trabajo
· invertida en producir. Luego, el pasaje confuso puede aclararse como sigue:
Habrá, pues, reciprocidad cuando los términos se hayan igualado en forma
tal que, como el [traba,io del] labrador es al [trabajo del] zapatero, la cantidad de -
obra del zapatero sea a la obra del agricultor, por la cual se cambia. Luego de la
intercalación (entre corchetes) propuesta por Schumpeter12, acorde con una tra-
dición de varios siglos [ véase Textos: Ética 1133a]. La intercalación se basa en
los siguientes pasajes del mismo texto: "El constructor debería recibir del zapa-
tero alguna parte de su trabajo, y entregarle a él su propio trabajo ... no hay ra-
zón por la cual el trabajo de uno no haya de ser superior al del otro, y por lo tan-
to tendrán que igualarse". La norma de Aristóteles se reduce así a una sencilla
relación algebraica13• Sea a el trabajo inveit:ido por un albañil en la construcción
de .una casa, a' el trabajo invertido por un zapatero en fabricar un zapato, z un
trabajo y c wia casa. Supongamos que se cambian n zapatos por una casa La re-
lación es:
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Esta es una formulación correcta del valor de cambio como relación entre
cantidades de bienes, igualada con la relación entre los respectivos costos de
producción medidos en trabajo. Nada más natural, en efecto, en .una organiza-
ción política de dimensiones estrictamente limitadas, sin crecimiento ni ganan-
cia y con un único factor de producción primario -el trahaj<r-, que la proporción
en que se intercambien los bienes corresponda a la proporción entre los costos-
trabajo unitarios1'.
12 Dice Schumpeter: "As the Í8IIl1Cr ['s labor] compares with !he shoemaker rs labor] so the pro-
duct of the farmer compares with the product of the shoemaker". Hutory o/ Econo,;.ic Anal ·
60 N" l. La inteq>~tación de Sc:humpeter coincide con la de la escolástica (cf. Spiegel, Eici:: sarrollo_del perua1!'1ento económu:o, Ed. Omega, 1973, 49). Ul.5 corchetes son nuestros y encie-rran la mtercalaCJón de Schum~ter.
13 Si tenemos en cuenta que la tnca quedó inconclusa, y fue el hijo cÍe Aristóteles Nicómaco el encargado de oolenar su texto, P?demos tender una analogía con la labor de F. Éngcl., al orde-nar los tomos TI Y Ill de El ~apital, luego de la muerte áe Man:: en el tomo m apareció una fónnula de la tasa de ~oanc1a que es sólo aplicable cuando todo el capital es circulante, por aparecer como un coc,~te entre dos flujos, y no como el cociente eotn, la masa de ganancia
Y el .stock_ 1?1~ de capilal En la fórmula más bien incomprensible de .'1ris16teles, en la que
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aparecda e diV1dih1bºaun lalabraddo
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r por W\ zapatero, acaso debamos ver la ro.ono de Nicómaco, sin u menos a que . e gran Estagirita. -
14 FemáJldez L6pez 1982, 202-3.
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/,.' \? ·
/.-/ '' s,;
1.f-q- ~ /' .
V,LQ,,c,o, "Aa<s,O,,c,s ¡~'.{~~! ®i ,''c;~/ ""°'°~'
El dinero ')' su.s /unciones \\~ l ~-:~:f . "El acto económico es, por consiguiente, un acto vo-
40
41
~l intercambio exig~ u~ medio de cambio, el dinero. Aristóteles refina el pen- ~J · · luntario, libre, que busca el placE!r y rehuye el dolor mo-
samienlo de Platón, ad1ud1cándole al dinero una existencia convencional y su- m[ deradamente, dentro de ciertos límites de cordura ... "17
brayando sus funciones: además de medio general de cambio, también unidad de ,1· Por esta misma época, el autor de la monumental y
cuenta y_reseroa_de valor. Por último, y a pes~ de que su valor no es invariable, j más autorizada obra sobre historia del análisis econó-
es la me1or medida del valor [véase Textos: Ética 1133 a,b]. !rif mico, Joseph A. Schumpeter (1883-1950), coetáneo de
Ta.sa de interés ~f? Gondra, expresaba también su reconocimiento al apor-
Una función del dinero, sin embargo, la de transferir poder adquisitivo a :i te griego:
cambio de una tasa de interés, le motivó elaborar la doctrina de la esterilidad del ~ "Hasta donde podemos expresar, un rudimentario
dinero, El célebre pasa1·e donde Aristóteles condena el interés del dinero, se lee · '.~.! análi·s1·, económico no es sino un elemento menor-muy ., V JOSE?H A. SCHU1'PEifR
en la Pol(tica [véase Textos: Polctica J 1258 b]. ;f menor- dentro de la herencia que nos dejaron nuestros Autor de A Hi11orr
Crecimiento j antepasados culturales, los antiguos griegos. Igual que of Ec011omic A.nulr,i.,.
La condena de la usura -o afinnación de la tasa de interés nula como su ni- :iK su matemática y geometría, su astronomía, mecánica y
j¡ · alm I fu d d l · · "'ª vel justo- oo podfa sino complementarse con la condena del crecimiento econó- ;ii óptica, su economía es vutu ente a ente ~ to o e pensarruento postenor.
mico -o afirmación de la tasa de crecimiento nula como un nivel deseable-, ~.~.i.'_•
cuantificado por Aristóteles por el número de habitantes de la ciudad [véase ••
Text~e~~ti: ~¡~tóteles •_~,,,r.:_'._i' .. :~-~-:.:_ .. -,_::_:_·
El profesor Luis Roque Gondra (1881-1947), eo octubre de 1945 (cuando es-
cribió el prólogo a su Curso de Economía Política y Social,publicado en 1946) J
recunia a la Ética Nicomaquea para acotar el ámbito de aplicabilidad de las le- ~\
yes económicas -particularmente las que derivan del p1incipio hedónico- sólo a [.
casos normales1 6• Así se e:::presaba el profesor argentino: I
"Las leyes económicas rigen en zonas determinadas de la actividad humana, .r.·_,-,i,' ..
en las cuales el acto económico es un acto esencialmente moral. "
"Como ya observaba Aristóteles en su Ética Nicomaquea, la vida humana es k
actividad conforme a la razón, actividad en su mayor excelencia de virtud. Y és- ffi'
ta perfecciona el acto propiamente humano, cuando es habitual. Pero la vi1tud es :t
compatible con el placer, que se halla como inserto en la propia actividad huma- !)
na. El hombre tiende naturalmente al placer. Pero éste no es, agrega el Estagiri-
ta, lo que tal parece al torpe y al malvado ...
"El placer es, para Aristóteles, la pe1fección del acto sensible; y esta perfec-
ción se verifica en sumo grado, cuando el sentido es óptimo y actúa en relación
a un objeto óptimo. De su admirable defuúción se infit:re que la conducta eco-
nómica nonnal se rige por aquella templanza, cordura o Jofrós,-ne de que discu-
rría el filósofo, y presenta cierta uniformidad .. .
"La biología normal nos presenta los esquemas uniformes con-espondientes
al caso más frecuente del hombre bien constituido, del hombre en el que se ve-
rifica la perfección del acto sensible, dd hombre aristotélico ...
15 En el Apéndice licnico, al final de esta obra, se presenta uaa modelización de la.s principales
tesis de Platón y Aristóteles sobrr. valor de camhio, crecimiento y usura.
15 El profesor Luis Roque Gondra enseñó "economia pura" en la Universidad de Bueno:!_ Aires
desde 1918 y ocupó en 1938 la cátedra de Historia del Pensamiento Económico.
JENOFONTE
Platón y Aristóteles desarrollaron su discurso económico en la órbita del Es-
tado ideal, donde domina la justicia, el deber ser. Allí el E.stado es mínimo, los
consumos sólo los indispensables, el trabajo es una actividad Ílinoble y en parti-
cular el del comerciante, reservado a incapaces para otras tareas. La diferencia
entre ellos y Jenofonte es análoga a la existente entre la escolástica y el mercan-
tilismo, como veremos. Jenofonte escribió teniendo a la vista la Atenas real y con-
creta, con su amor por los monumentos, el teatro, la música, y todo aquello que,
en último término, suponía un gran gasto público. Lejos de aconsejar restricciones
a ese gasto o limitar el comercio con extranjeros, Jenofonte. se ocup6 en hallar ca-
minos para financiar al Estado, y uno de ellos habría de ser el aporte de los mer-
caderes foráneos. Éste es el tema principal tratado en Recursos de Atenas y medios
para acrecentarlos, obra precedida de un elogio de las yentajas de Atenas para el
comercio, comparada con otras ciudades: "La ciudad es un lugar de comercio ex-
tremadamente agradable y lucrativo [ .. . ] posee los mejores y más abrigados puer-
tos para los barcos, donde los navegantes pueden cobijarse y descansar cuando
hay tonnenta [ ... ] los mercaderes en ( ... ] otras ciudades deben trocar una mercan-
cía por otra; pues sus habitantes emplean dinero no aceptado más allá de las fron-
teras del país; pero en Atenas, al tiempo que hay abundancia de bienes[ ... ] para
exportar, [ ... J si el mercader no desea trocar, puede llevarse una carga e."<celente
extrayendo nuestra plata [y] siempre logrará un beneficio sobre su valor original"
(Yéase Textos). La contrapartida, el elogio de la agricultur<1, es un célebre pasaje
17 Luis Roque Gondra, 1946. Cuno de Eco110mia Polil~a r Social Buenoo Aires, S. A, Casa Ja-
cobo Peuser, Editores, 14-15.
18 Joseph A. Schumpeter, 1954. A History of Economic Analysis. Londres, George Al.len & Unwin, 53.
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EPICURO
de D~ lo económico, que Quesnay no pudo pasar por alto y puso como cabeza de
su art!cul~ de 1766: "Cuando florece la agricultura, rodas las dernÁs artes prospe-
ran con ella; pero cuando se abandona el cultivo[ ... ] lodos los demás trabajos[ ... ]
se aniquilan al mismo tiempo" (véase Textos). Por último, recordemos un pasaje
de la Ciropedia, antepasado de la fórmula smithiana, según la cual "la división del
trabajo está limitada por la extensión del mercado", y no menos de la subdivisión
de una sola lare3 en operaciones distintas: "En verdad, en las ciudades pequefias
son los mismos los que hacen cama, puel1a, arado, mesa: y .tnuchas veces es un
mismo hombre el que hace la casa y también se va a la buena ven~ cuando en-
cuentra quien suficientemente lo utilice para hacerle ganar el sustento[ ... ] en las
grandes ciudades, por la necesidad que muchos tienen de toda cosa, alcanza tam-
bién a cada uno, p8111 su sustento, una sola arte; y muy a menudo, ni siquiera una
completa: unos hacen caludo p8111 hombres y otros para mujeres".
EPICURO
Epicuro cambia el marco en que se desenvuelve la actividad económica. En
tanto en Platón, Aristóteles y Jenofonte el marco es el Estado o Polis, Epicuro
propone "mantenerse ajeno a toda preocupación por la vida política" (Lenna).
Mientras que en los tres citados la producción es la creadora de los bienes nece-
sarios, en Epicuro se encuentran reflexiones independientes del momento de la
producción, como si se tratase de un consumidor que dispone de un ingreso y
procura establecer cuál es la elección de bienes que hará máxima su utili&d. En
él, la elección ocurre entre deseos múltiples y la otilicjad consiste en la felicidad
en la vida. Sólo ~el raciocinio que indaga perlec11.1mente las causas", que permi-
te anticipar las consecuencias positivas y negativas de los actos, puede resolver
el problema, por lo que deben tenerse alejados todos los impulsos irracionales.
Propone una estricta ,ujeci6n a la restricción de medios, y en ca.so de superar los
deseos a las posibilidades, no aconseja incrementar loe recul"IIOS (por vía de la
producción, por ejemplo) sino restringir los de5COS. Entre ~stos, 5610 toma en
cuenta a los que llama "deseos necesari05 y naturales". Propone aceptar como
datos las restricciones de medios materiales, y ajustar la conducta a lo que esos
medios permitan. "El placer ea el fin", dice Epicuro, pero no nquel consistente
en el pLicer sensual, sino en la ausencia de sufrimiento y en la paz del alma.
Es difícil no asociar el pensamiento de Epicuro con el cálculo de placer y do-
lor de Bentham o el c:tlculo de goce& de Go&sen. Schumpeter previene contra las
"similitudea supcrlicialea" entre las doctrinas epicúreu y el eudemoni5mo, o eJ
cAlculo d~ placa y dolor, e~c. Sin emhargo, no puede neganie que Epicuro y sll!I
alum_n~ lll!~n las DOCJones de placer, de restricción, de cálculo racional y
de dmg¡r lu acciones hacia el mayor placer. nociones que, ai bien no estaban
ausentes en Platón Y Ari.,tótelea, no tenían en elloe las connotaciones favorables
que Epicuro les dio.
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TEXTOS DE PUTÓII
TEXTOS
PLATÓN: REPÚBLIC,1
[Pl] A mi juicio, la ciudad tiene su origen en que cada uno de noeotros no se ba.sta
8
sf mismo y necesita de muchas otras COS.'.I.S. Un hombre se une a otro llevado por una
necesidad, y a otro llevado por otra necesidad diferente, y como las necesidades son
varias, su multiplicidad redne a muchos hombl"C3 en un mismo lugar que se a.,ocian
para ayudarse entre sí, y a esta aociedad damos el nombre de ciudad.
[1"2) Los fun·&i,;entos de la ciudad son nuestras necesidades. Y estas son: la alimen-
tación, la habitación, el vestido.
[P3] ¿ Cómo puede la ciudad satisfacer tantas necesidades? Será necesario que un
hombre sea labrador, otro albatlil y otro tejedor. Habremos de a~gar también que otro
sea zapatero, y que otro provea a las necesidades materiales. Una ciudad estará com-
puesta indispensablemente de cuatro o cinco hombres. Serai necesario que cada uno
ejerza en favor de 106 denw el oficio que le es propio.
[P4] Aun hayotra clase de servidores auxiliares, aquellos que la comunidad no esti-
ma demasiado por su inteligencia, pero que por su fuena física son apt06 para 106 tra-
bajos penosos. Eetoa venden el empleo de su fuena y dan el nombre de salario al di-
nero que esa venta les procura, razón por la cual, según creo, se los llama asalariados.
[PS] Que el trabajador, por ejemplo, procure los víveres para los otros cuatro, y que
emplee cuatro veces el tiempo y cuadruplique sus esfuenos para proveer los alimen-
tos y compartirlDI con los demás. ¿O será mejor que, sin preocuparse por los demás,
recoja para él solo la cuarta parte de los alimentos en una cuarta parte del tiempo, y
que dedique las tres cuartas partes restantes a construirse una casa, a fabricar sus ro-
pas y calzado, sin toman;e el trabajo de preparar nada para los demás, atendiendo poc
af mismo a todas aus necesidades?
[P6) No hay doe hombres que hayan nacido con las mismas aptitudes. La naturaleza da
a cada cual aptitudes diferentes, a = para hacer UDa5 C0583 y a otros para hacer otras.
¿Trabajarla mejor un hombre ejen:ieodo muchos oficios, o limitándose a ejen:er uno?
[P7] Se rinde más y mejor, y con mayoc facilidad, cuando cada w10 realiza la cosa pa-
ra )¡¡ que ea apto por naturaleza, en el momento conveniente y ain preocupane de otros
trabajos.
[PB] ¿ Cómo se distribuirán los ciudadanos el trabajo en el interior de la ciudad? Con
ese fin los hemos asociado, fundando una ciudad. Comprando y vendiendo, claro. E~
to dani origen a un men:ado y a una moneda, signo del valor de cambio.
[P9J Si el labrador ~ cualquier otro artesano que haya lleva&, al men:ado lo que tie-
ne que vender no comc,de en ese momento coa los que tienen nece3idad de cambiar
IIWI ~rcancfas por la suya, ¿de¡¡ateuder.i su labor y ae eslart sentado en el mercado?
~ rungún modo, pues hay gentes que, vi~ndolo en tal situación, se eucargan de faci-
litarle la tarea. En las ciudades bien admini.,trada, suelen aer las ·j:,er,ona, que no go-
~ de b_uena salud y que, por lo mismo, son incapaces de realizar otro tnbajo. Su ofi-
cio consiste en permanecer en el men:ado y comprar a los unos lo que tienen a la ven-
ta Y reve~der • los otro& lo que tienen necesidad de comprar. Esa necesidad da origen
en una ciudad a loe men:adens. ¿O no llamamos así a loa que se establecen en el mer-
c.ado, Y tnificant.es a loe que viajan de una ciudad a otra?
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O IAl OCO S DE PUTÓ N
(PlO] Ser, prec~u que haya más de cuatro ciudadanos para satisfacer las necC!idadcs
de que acab!lll\os de hablar. Pues el labrador no se fabricará el arado por sí mismo, ai
quiere que sea bueno, ni la azada, ni loo demás instrumentos que se utilizan en el tra-
bajo agrícola. Otro tanto diremos del alhal\il, que necesita también muchJ.S herramien-
tas. Y del tejedor, y del zapatero. De tal manera, muchos carpinteros, herreros y demás
artesanos se irán osociando a nuestra peque/la ciudad y aumentarán su población.
[Pll) Pero no sen! muy grande todavía si le agregamos vaqueros, pastores y zagales
de toda clase para que el labrador pueda disponer de bueyes para arar, y el albartil de
bestias de carga para el acarreo de sus materiales, y los tejcdo= y :iapateros de las la-
nas y cueros que necesiten.
(Pl2] ¿Es que nuestra ciudad no ha crecido lo bastante para ser perfecta? ¿Y dónde
encontraremo~ en ella la justicia y la injusticia? ¿Es que surgen, acaso, de los elemen-
tos que acabamos de examinar? No lo creo, a menos que no sea de las relaciones mu-
tuas que la necesidad crea entre los ciudadanos.
(Pl3] Es preciso que estudiemos más a fondo la cuestión. En primer lugar, conside-
remos el género de vida que los ciudadanos, as{ organi:iados, habrán de llevar. ¿ Qué
otra cosa harán sino procuraise trigo, vino, trajes y calzado? También construirán sus
vi\iendas; duunle el verano, Lrabajar.i.n generalmente semidesnudos y descalzos, y du-
rante el invierno, debidamente abrigados y caluidos; se alimentarán preparando hari-
na de cebada y trigo, cociendo ésta y amasando solamente aquella; dispondrán sobre
juncos y hojas limpias, panes y tortas excelentes, con los que habrán de regalar.;e ellos
y sus hijos , tendidos en lechos de follajes de nueza y mirto, bebiendo vino, coronados
de flores, y entonando himnos rle alabanza a los dioses. Vivirán satisfecbos con su mu-
tua compafl{a, y por temor a la pobre:ia o a la guerra, no tendrán más hijos que los que
les permitan sus recursos.
[Pl4] .. . éste serfa el mejor límite que nuesb·os magistrados deben fijar al grOlldor
(miguelos) de la ciudad y al territorio con él congruente, renunciando a toda extensión
ulte1ior.
{PlS) -¿Qué lími1e?-, pre,,"lllltó. -A mi parecer, el siguiente: hasta donde quiera m-
ee, (ayxomine) conservando su unidad, que hasta allí crezca (ayxein), pero más allá no.
PLATÓN ; ERIXUS"
... falta indagar qué es la riqueza ( ... ] Que responda a mi pregunta el que pretende
que la riquezu es un Lien.
-Yo, Sócrat~ -<lijo Erixias-, no tengo 11cerca de la riqueui una opinión diferente de
la que tiene el común de las gentes; la riqueza consiste en poseer muchos bienes .
11 Erina, es un diálogo apócrifo o dud0$o. La llutenticidad de los e,critos de Platón fue amplia -
mente discutida en el siglo XIX. sobre iodo por estudiosos de habla alemana. No obst.ante, co-
n,o los ideas presentadas comcnlan al pcnsamienlo austríaco, J. A. Schumpeter no dudó en
celebrarlo sin cuestionar la autenticidad: "El diálogo Eriria.s, estudio de loe conceptOli econó-
micos fundamentales, c.< una tentatiYa mú poderosa de superar, precisamente, estas ideas del
profano, y es superior a lru demás escritos de Platón". SíN~is <U la tv0lucidn de la ci<ncia
e<"on6mica y sus miiwdos. Barcelona, Ediciones de Occidente, 1964, 25.
t
T!:nos oE l'L.Hó~
- Aun quedma por e:umi.nar, le dije yo. lo que debe e:iten<!rn;e por bienes .. Por
ejemplo, los cartagineses se si rv en como mooed.a dt un pedut> de cuero. _
- ... las cas/1.3 no son bienes para los C3C.l ln, porque no les s1r,en de ~.ada . Un escita
se guardaría bien de preferir la más preciOSA casa a un.a 5Ímple pid de t>ueru; t,,a 1~
es útiL y aquélla no le si rve de nada. He aquí por qué no terv:mos la moneda C-U'!a.gi-
nesa por 110 bien. porque no podemos proporcionarnos con ella las cosa,,, n=arid!I
como con el dinero, de sucne que nos se rla ~rfectan:ente mótil.
-Luego las coM.i que nos son \l tilcs :,on bienes. y las que no :,011 ,le u.,o alguno no
son bienes.
- ... nos resta examinar cuál es la especie de cosa.; úliles a 13 que damos el nombre
rle bienes. ¿Para qu~ uso y para sacar qué utilidad emples.rnos los b:encs de que no.;
servimos? Porque son igualmente Miles !odas las cos.is de que nos 5ervimos pu-a al-
canzar un fin ...
____ Dime, si el hombre fuese capaz de vivir sin alimentos y sin bebidas.. si no expe-
rimentase ni hambre ni sed_ ¿tendrla jamás ne.:csidad de víveres, de dinero, ni de nin-
gún otro medio para proporcioná.~los?
- ... lo mismo sucede con todas las cosas. Si no tuviésemos necesidad para la conser-
vación de nuestro cuerpo de todas las c:oeas que nos son actualmente necesarias [ ... }
los bienes, o lo que llamam~ así, perderían toda su utilidad. Pero seria necesario pa -
ra esto, repito, no tener necesidad de nin,,"lllla de estas cosas, en vista de lds cuales de-
seamos tener bienes para satisfacer los deseos y necesidades que atormen tan nu~
cuerpo. La utilidad de los bienes está destinada a proveer a las oecesidades y II La con-
servación del cuerpo; quitad C5tas exigencias, y ya no tenernos necesidad de bienes, y
quizá ni siquiera ~-cistirian.
- Luego es claro, n lo que parece, que las cosas que sirven para satisfacer l~s neces i-
dades dd cuerpo, son las que se llaman bienes.- ... todas las cosas , sin cuyo au.úlio podemos obtener un resultado, son inú1iles con
relación a este resultado.
- ... si alguna vex fufrarnos capaces de satisfacer las necesidades ele nuestro cuerpo
sin plata, sin oro y sin todos esos objetos de que hacemos un uso menos directo que dt>
las comidas, bebidas, vestidos, camas y casas, hasta el punto de no tener ninguna ne-
cesidad de ellas, este oro y todo lo demás no nos pan:cerian en modo alguno ictiles ,
puesto que podríamos en adelante vivir sin ellas.
- ... ya hemos dicho que el dinero no es \ltil sino porque nos pone en estado de pro-
curamos las cosas necesarias al sostenimiento del cuerpo.
- ¿No le parece que una cosa no puede ser ú1il a un objeto, sino a condicitln de que
tengamos necesidad de ella para conseguir este objeto?
ARISTÓTELES ; POLÍTICA.
(1257a] Cada cosa que poseernos tiene dos usos: ambos pertenecen a la cosa corno
~l, pero no de la misma manera: uno le es propio y el otro le es impropio o secunda-
no. Un zapato, por ejemplo, se usa calzándolo y se usa intercambiándolo. Aml>os son
usos del zapato. Qwen entrega un zapato a cambio de dinero o alimento a quien lo ne-
: 1
46
OBRAS DE ARISTOTEL ES
ccsita, ciertamente usa el zapato coroo zapnto, pero no es éste su fin propio o primario,
pues un zapato no se hace para ser objeto de trueque.
Lib.lV La e,:tensi6n de los Estados está sometida a ciertos límites, como cualquiera
otro cosa[ ... ] Cada cosa para poseer todas las propiedades que le son propios, no debe
ser ni desmesuradamente grande, ni desmesuradaD1entc pequeña( ... ) Lo mismo sucede
resi>ccto de la ciudad; demasiado pequeña. no puede satisfacer sus necesidades, lo
cual es una condición esencial de la ciudad [ ... ] Se entiende necesariamente formada
la ciudad en el momento mismo en que la =a políticamente asociada puede proveer
a todas las necesidades de su existencia. Más allá de este lfrnite, la ciudad puede aún
existir en más vasta escala, pero esta progresión tiene sus límites. En la ciudad, los ac-
tos políticos son de dos especies: autoridad y obediencia. El magistrado m~da y juz-
ga. Para juz.gar los negocios litigiosos y para repartir las funciones según el mérito, es
preciso que los ciudadanos se conozcan y se aprecien mutuamente. Donde estas condi-
ciones no existen, las elecciones y las sentencias jurídicas soo necesariamente malas.
[ ... ) Por otra parte, será muy fácil a los domiciliados y a los e.xtranjel'05 usurpar el de~
recho de ciudad, y su fraude pasar desapeFcihido en medio de la multitud reunida.
Puede, pues, seota= como una verdad que la justa proporción para el cuerpo político
consiste, evidentemente, en que tengn el mayor número posible de ciudadanos que
sean capaces de satisfacer las necesidades de su existencia; pero no tan numerosos que
no puedan sustraerse a un.11 fácil inspección o vigilancia. Tales son nuestros principios
sobre la exteru;ión del Estado.20
ARISTÓTELES :
ÉTICA A NICÓMACO, LIB. V, CAP. 5
Paréceles a algunos que la reciprocidad es justa sin limitaciones, según afumaron los
pitagóricos; ellos, en efecto, defuúan a la justicia sin limitaciones como la reciproci-
dad. Ahora bien, la reciprocidad no encuadra en la justicia distributiva ni en la correc-
tiva -a pesar de lo cual hay gente que pretende que hasta la justicia de Rhad.amantys
signifique esto:
El que padect lo q~ hizo, deja satilfi:cha la mia ju..sricia; en muchos casos, en efec-
to, la reciprocidad y la justicia correctiva no están de acuerdo, por ejemplo (1) si un
magistrado ha herido a alguien, no deberá henrsele a su VC7., y si alguien ha herido a
un magistrado, no sólo deberá ser herido, sino también castigado. Además (2) hay una
gran diferencia entre un acto voluntario y uno involuntario. Pero en asociaciones para
el intercambio esta clase de justicia conserva unidos a los hombres -la reciprocidad
de acuerdo con una proporción y no sobre la base de una retribución exactamente
igual. Es, en efecto, en virtud de la devolución proporcional que la ciudad se conser-
va unida. (1133a) Loe hombres procuran devolver ya sea mal por mal -y si no pueden
hacerlo as!, piensan que viven en un estado de mera esclavitud- o bien por bien -y si
no pueden ohrer as( no hay intercambio, y el intercambio es lo que los COl16erva uni-
211 Texto de la tnducci6n de Patricio de Azcárate, publicada por ts-•-Cal.,.. S A MiM:lrid 1
1
ed. 1941. .-- r- · ·, '
TEXTOS DE ARISTOT ELL5 47
_ · ;,,// .. dos. Y por es_to h~ otorgado un lugar prominente al templo de las Graciu -para pro-
' !;(_. -' ·mover la retrihuc16n de los servicios; porque 6!ta es Li característica de ]a gratitud-,
p0rque debemos corresponder sirviendo a quien DOS ha hecho una gracia, y otras , e-
ces debemos tomnr la iniciativa para demostrarla.
Ahora bien, la reciprocidad proporcioruú se asegura por la conjunción cnuada. Sea
A nn alballil. B un zapatero, C una casa, D 1m 1.apato. El alhallil, entonces, debe ob-
tener del zapntero la obra de este, y debe a su vez darle en nun la su a. Ento · · · é · • al ..-.,- Y nces, s1
ex:tste eo pnmer t muno 1gu dad proporcional de los bienes "da · J ,_ . y enugu1 tiene ugar
'"' acción recíproca, tendrá lugar el resultado que d•~:-~ 5· Ja ._ ·6 . ~ •= · 1 no, '" .. nsacc1 o no es
igual y no pre~alece; porque ~ada hay que impida que el trabajo del uno valga más
que d del otro, en consecuencia tendrán que igual ('í al mb" . • . arse. esto v e ta tén para las
o~ artes, porque ellas habrían sido destruidas sí lo que el paciente sufrió no hubie-
se sido exactamente lo que el ADente hizo y de la · ·d d tural . ..., , misma canb a y na eia. En
efecto, no se asocian dos médicos para intercamh · · médi · en eneral . iar, SUJO un coy un agricultor, o
g personas que son diferentes y no iguales; pero ellas deben ser igualad.as.
Por esto es que todas las cosas que se inter(:arnbian deben ser de nl-•- mod bl C fi . . CUf,U.U o compa-
ra es. . ~n este n se mtroduJo el dinero, que en cierto sentido se convierte en un in-
termediano; en '.1ecto, mide todas las cosas, y por tanto el exceso y el defecto -cuán-
tos zapatos son iguales a una casa o a una cierta cantidad de -"- t El ,._ d · amh" d =en o. nuwero e
zapatos mterc ia 08 por una casa (o por una dada cantidad de alimento] debe r
lo tanto corresponder a la proporción entre el albanil I P . po · habría • Y e zapatero. arque s1 esto no
ocumera, no . intercambio ni asociación. y esta proporción no se alcanzará a
menos que los bienes sean iguales en algún respecto Tod l b" ben ecfd al · os os tenes, por Llnto de-
ser m 1 06 por guna cosa, como dijimos antes. Ahora bien, esta unidad ~ en
veroa~ la deman~a, que es lo que mantiene unidas a todas las cO&as (po ne si' las
personas_ no necesitasen nada de los bienes de lOll de- rq
más, o s1 sus_ necesidades fuesen desiguales, o bien no
habría cambio alguao O bien no sería igual al . h que se
prac~ca oy); pero el dinero ha llegado a ser por con-
vención una ~specie de representación de la demanda,
y por eso recibe el nombre de 6, . porque su existencia
Do es por la naturaleia, sino por la ley (6) y est, bajo
nuHstro ~der el cambiarla, o hacerla im1til. Habrá,
pues, reciprocidad cuando los términos se hayan igua-
lado e~ forma tal que, como el labrador es al zapatero,
la canudad de obra del zapatero sea a la obra del a . -
cultor, por la cual se cambia. gn
[1133~] Pero no deben reducirse a una especie de
propom6n después que se haya cumplido el cambio
(pues en_ tal caso uno de los dos e,...__ w· , · .. u ...... os rec ma am-
bos excesos, esto es, su superioridad se contada doble)
smo cuando ambas partes todavía est~- pod d' . . ....,en ere
s'.15 propios bienes. Así ellos se?tn iguales 1 eo coodi-
~gual1on~ 1e asociarse, porque ea po:sible establecer la
i . a adecuacla. entre ellos. Sea A un agriculto[ C
alimento, D un zapatero, D su producto, que ha de ~r NIISTOm..ES
•
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• • • • •
~ •
~ • • •
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48 ESCRITOS DE JENOfON
TE
igualado a C (alimento). Si no hubiera sido po
sible concretar la reciprocidad, no habría
habido aso¡;iación de las partes. Que la dema
ndn conserva unidas las COSa5 como una
sola unidad, se demuestra por el hecho de que,
cuando los hombres no se necesitan el
uno al otro, esto es, cuando uno no necesita
del otro ni el otro del primero, no inter-
cambian, como en realidad lo hacemos cua
ndo alguien necesita lo que tiene algún
1i
otro, por ejemplo, cuando la gente permite l
a exportación de trigo a cambio de vino.
f
Por lo tanto, deberá lleg=e a esta ecuación.
Y en lo que concierne al intercambio fo- ~
turo -<lile si una cosa no la necesitarnos ahor
a la tengamos cada vez que nos sea nece-
¡J
saria- el dinero es como un garante; en efecto, deb
e ser posible que obtengamos lo que !fill'
nos es necesario trayendo el <linero. Ahora b
ien, lo mismo que con los bienes.aconte-
f ..f
ce con el dinero -su valor no es siempre el mismo-; con t
odo, tiende a ser más cons- \f.
tan te que cualqw' er otra cosa. Por esto es que tod
os los bienes deben tener un precio; $
pues entonces siempre existirá intercambio,
y habiéndolo, asociación de hombre con ;':¡~-
hombre. El dinero, entonces, al actuar como medida, hace
a los bienes conmensura- Ji.
bles y los iguala; porque la asociación (ico1vcoY1.
a.) no puede existir sin el cambio 't'
(allccyr\a), ni el cambio e."l.istir sin igualdad (tOOtT\00),
ni la igualdad sin la conmen- ;"!I_'
surabilidad (Ci\lµµE'tpta.a) . Pero en realidad, es im
posible que objetos tan distintos l
lleguen a ser conmensurables, pero refiriéndo
los a la demanda pueden llegar a serlo i...i
suficientemente para las necesidades prácticas. Por
lo tanto, debe existir una unidad Y 1
estar fijada por consentimiento (razón por la
cual se la llama 6}; en ef~cto, ella es ~ '
que hace conmensurables todas lns cosas, po
rque todas las ~osas se rmden con e( di-
.
nero . Sea A una casa, B diez minas, C una cama. A es
la Dlltad de B, s1 la casa hene {~
el valor O es equivalente a cinco minas; la cam
a, C, es un décimo de B; es claro, en- j'
ronces, cuántas camas son iguales a una caso
, n sabe~, cin~o. A~! pues, es claro, qu_~ J.
el intercambio se pudo haber verificado antes
de enst1r el dmero, en efecto, no hay di :i·
ferencia alguna entre una casa (ouaa.a) cambiarse por
cinco camas (dtvcn -~'tf. l
a.vn) o por el valor monetario (OOO'U) de cinco camas.
;:,:/~--~:, '-: -.• , i
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,. , \ ·, J ( .,~,,
1 · \
JENOFONTE:
' ·· E~i/~l~ -.,¡
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',• ... ' ·~ ·,_\ '.!_.)?}.
RECURSOS DE ATENAS Y MEDIOS
PARA ACRECENT..-iRLOS
ID. Del dar privilegios a los mercaderes
y beneficios esperables del incremento de comer
óo .
Como prueba de que la ciudad es un lugar de c
o°:1erc10 extremadamente ~dable Y
lucrativo, mencionaré los siguientes detalles. E
n pnmer lugar, posee_~os me¡ores Y m,s
seguros puertos pan los barcos, donde los na
vegantes pueden cob1¡arse Y desca~nr
cuando hay tormenta. En segundo lugar, los mercadeies
en la mayorla de las o~ cm-
dades deben trocar una mercancía por otra, p
ues aus habitantes emplean dinero no
aceptado más allt de las fronteras dd país; pero en Ate_nas,
al tiemp~ que hay abun-
dancia de bienes, como el público pide, para exportar, s
m embargo, 51 el mercader no
desea trocar, puede llevarse una carga excelen
te extrayendo nuestra _p!ata, pues don-
dequiera la empleen, siempre lograrán un benef
icio_ sobre su v~or ongmal. .
Sin emb~o, si ofreciéramos recompensas a lo
s iueces del trihun_al ~e. comere_10, a
obtener por los que decidieran 103 puntos controvertidos
con mayor JUsbc1a Y rapidez,
~ ,·
TEXTOS DE ]ENOFOl'fTE
de modo que las personas que deseen partir no se
vean demoradas, un número aun
mayor de personas se verla por ese medio atraíd
a a comerciar con noeotros, y con mi..3
S.1tisfacción. Tambi~n favorecerla nue~ITa vent
aja y reputaci6n si aquellos mercade res
y patrones de barco a quienes se considere que bene
fician al Estado trayendo a ~I e:n-
baréaci~nes y me~ancfas de gran entidad, fueran hon
rados con lugares disr inguidos
en ocasiones públicas, Y en oportunidades invitarles a
entretenimientos, pues al verse
tratados con tanto respeto se apurarán a vol ver con
nosotros, como con amigos., no só-
lo por la ganancia, sino por el honor. Cuanras más pers
ooas se est.tblezcan con ncso-
tros y nos visiten, tanto más mercadería, como es
evidente, se importará. se exportan!
y se venderá, tanta más ganancia se asegurará, y ta
nto más impuestos se cobrarán. Pa-
ra lograr tales incrementos de rentas no neces
itamos incurrir en más co.~to que el de
decretos filantrópicos y una supervisión cuidados
a.
JENOFONTE: DE LO ECO;VÓMICO
Sócrates: Te he contado esto, Critóbulo, para q
ue veas que ni las personas más no-
bles deben desdel\ar el cultivo del campo. La agricultura e
s una ocupación que delei-
ta al mismo tiempo que enriquece. Su ejercicio da fue= al
cuerpo para el desempe-
ño de cualquier destino propio de un hombre h
onrado. La tierra provee a sus cultiva-
dores, en premio 11 su trabajo, lo necesario para
la vida y los placeres. Esas flores que
engalanan los altares y estatuas de los dioses, y que a
veces hasta sirven para nuestro
adorno, ella es quien nos la ofrece para halagar nuestro ol
fato y reciear nuestros ojos .
La cría de rebanos, en efecto, est, ligada a la agricultura,
de suerte que los hombres
tienen con qu~ propiciarse a los dioses en sus sa
crificios y de qu~ servirse ellos mi~-
mos. Y aunque la tierra concede sus bienes con extrema
l.ugucza, ao pernúte que se
r~cojan con molicie, sino que acostumbra a los
hombres ·a soportar los rigores del in -
VJemo Y los calores del estío. A los campesinos les ac
rece el vigor de sw brazos v a
los que vigilan las faenas les estimula la hombradía
, despertándolos a la albo!'!ld~ y
obligándolos a hacer duras caminatas. Y ello porque e
n el campo, como por supuesto
en la ciudad, las operaciones esenciales se hace
n en épocas determinadas. Muy atina-
do estuvo, a mi ju.icio, quien dijo que la agricultura e
s la madre y la nodriza de las d~-
más artes. Cierto, pues si florece la agricultura, prosp
eran también rodas las restantes
artes; pero cuando la tierra se ve forzada a penn
anecer inculta, perecen, casi sin e~-
cepción, todas las demás artes, y ello no ran ~olo en la ti
erra, sino en el mar.,,
EPICURO: CARTA A MENECEO
Cuando '.1"5everamos que ti fm tJ ti placer, no aludimo
s al placer disoluto o sensual,
como sostienen aquellos ignorantes de nuestra
doctrina, quienes disienten con ella 0
no la interpn:tan rectamente. Aludimos al placer consiste
nte en ausenci3 de dolor y en
31
VÚ5e F11U1Ci~o Letizi_a, 1983. Funcfununiacidn FiloJdfica
dt las Doclnl14J úon6micas. Men-
~p1· Uru8
ven,dad Nacional de Cuyo, F acuitad de Ciencias Eco
nómicas, Depattamenlo de Dis•
CI lila wnaa1sticas, vol. 1, 86-9.
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so FR.\CMENTOS DE EPJCURO
la paz del alma. Pues la vida suave no la producen convites o ~quetes, ni el gozar
de muchachos y mujeres, ni el sabor de pescados y otros manjares que una mesa
ubérrima brinda, sino un sobrio razonar, que examina las causas de la preferencia o
aversión por las cosas, y guía nuestras opiniones apartándolas de las que infunden
inquietud en el alma22•
OBRAS . DE PLATÓN Y ARISTÓTELES
Platón
1963, 1971. República. (a) Trad. de Antonio Camarero, estudio preliminar
y notas de Luis Farré, Buenos Aires, Eudeba, 1963; (b) Versión, introduc-
ción y notas de Antonio Gómez Robledo, México, UNAM, 1971; (c) Trad. y
notas de Conrado Eggers Lan, Madrid, Planeta De Agostini, 1998.
Aristóteles
1947. Política. Ética Nicomaquea. En: lntroduction to Aristotle. Richard -
McKeon (editor). New York, The Modero Library.
CINCO ESTUDIOS FUNDAMENTALES
Finley, Moses l.
1985. The Ancient Economy. Berkeley, University of California Press.
21 edición. ·
Jaeger, Wernet
1933. Pai.deia. Die Fomw.ng des griechischen Menschen.Trad. esp. de Joa-
quín Xirau y Wenceslao Roces, Paideia: los ideaks de la cultura griega.
México, Fondo de Cultura Económica, 1957.
Laistener, M.L. W.
1923. Greek EcoTIQmics. Londres, Dent.
Lenna, Carlos A.
1975. El pensamiento económico-social en la antigua Greci.a. Buenos Aires,
Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires. Cátedra
Historia del Pensamiento Económico.
Lowry, S. Todd
1987. The Archaeology of &onomic Ideas. N.C., Duke University Press.
22 V t ase trad. completa en: Epi curo, Obras. Barcelona, Alta ya, 1998. Trad., C.'ltudio preliminar y
notas de Monlsem,t Jufresa con la colaboI11Ción de Monlsemlt Camps y Francesca Mestre.
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15?~
6
Roma
AUTO IMPECABLE ESTADO lº MANO JOYA
FULL FULL lª D~O VDO URG VIAJE
ROMA
Arco ,u 7ito.
En la sociedad moderna la transacción que típicamente implica la posibilidad de
que el vendedor engañe al comprador, ocul~do los defectos de la cosa vendida,
es la compraventa de autos usados. "¿Usted le compraría un auto a Fulano?", es
la fórmula con que se señala a un presunto defraudador. Pero, como muchas
otras profesiones, la de defraudador existe hoy, pero no es una invención con-
temporánea. Lo revelan estas frases, escritas en el 44 a. C.: "el vendedor no de-
be ocultar al comprador nada de cuanto sabe ( ... ] el vendedor debe manifestar.
los defectos [de lo vendido] [ ... ] en lo demás, conducirse sin engaños"1. Son pa-
labras escritas en la clandestinidad por un político perseguido, que· presume su
final y está afanoso por transmitir a su hijo reglas del justo obrar. Un año des-
pués perecía degollado por la soldadesca. Era w1 temible orador y regular filóso-
fo: Marco Tulio Cicerón.
LA CIENCIA ECONÓMICA EN ROMA
Si uno menciona hoy la teoría del capital humano, teoría del comercio inter-
nacional, principio del valor-trabajo, medición del capital por el trabajo incorpo-
rado, redistribuciones de riqueza y bienestar, etc., de inmediato evoca a autores
como Scbultz, Heckscher, Ricardo, Petty o Pareto, respectivamente. Sin embar-
go, fueron propuestos un siglo antes de J. C. y por un mismo autor, Cicerón, en-
1 Omnia patefacienda, ut ne quid omnino, quod venditor norit, emptor ignoret [ ... ] venditorem,
quatenus juri civili constitutum sit, dicere Yitia oportere: cetera sine insidiis agere.
52 DISTINTOS GRl:POS DE PENSADORES ECONÓMICOS
tre varias decenas que podñan citarse. Nada más natural para un imperio cuya
extensión excedía largamente el continente europeo, y que debía resolver pro-
blemas de intercambio entre puntos muy distantes, proveer un medio de cambio
que a la vez fuese reserva de valor, y unidad de medición y comparación del va-
lor, la retribución de las distintas categorías de artes y oficios, etc. En los textos
que conocemos, lo habitual es que esos temas aparezcan planteados incidental-
mente. Lo que no 11egó del pasado a nosotros, pero que no hayan sobrevivido
otras expresiones no autoriza a negar que en el pasado se hayan intentado desa-
rrollos de puntos teóricos que sólo nos llegaron de modo extremadamente com-
pacto. La afirmación común, según lo. cual los romanos contribuyeron a la discu-
sión de temas económicos pero sin llegar a formular teorlas, muchas veces se ha-
ce desde el desconocimiento del idioma latino, y por tanto de la llave maestra
para acceder a las fuentes.
No obstante, nos atendremos a una tradición establecida, que agrupa a los
economistas romanos enfil6sofos, juriscon.sultos y agraristas
2
•
FILÓSOFOS
Entre estos, sobresalen Marco Tulio Cicerón (-106 a -43), escritor, político y
orador romano; Lucio Anneo Séneca (h. 4--65), filósofo y escritor hispanorroma-
no, nacido en Córdoba; y Cayo Plinio Cecilio Segundo (23 ó 24-79), escritor ro-
mano, llamado Plinio el Viejo.
CICERÓN
é{~:~?>;;,,
i¡...: r~ .?
\i~c)}
M.arco Tulio Cicerón en De Ojfo:iis (Sobre los deberes) elogiaba a la agricul-
tura frente a las demás ocupaciones, no tanto como sector productivo cuanto por
su respetabilidad: Nihil meliu.s, nihil homine libero dignu.s; quam agricultrira
("no hay nada mejor, rú más digno del hombre libre, que la agricultura"). Admi-
tía el comercio mayorista, sobre todo si sus ganancias eran invertidas en tierras
("si emplea su dinero en comprar una hacienda"). Condenaba la usura, a la que
equiparaba el crimen ("¿Y dedicarse a la usura? ¿Y matar a un hombre?": II
25:88). Y definía el comercio exterior como el cambio de lo sobrante por lo ne-
cesario ("La exportación de las cosas que nos sobran [ ... ) la importación de las
que necesitamos": II 3: 13).
Si no como factor único en la creación de valor, Cicerón destacó al trabajo
como su requisito esencial: "Sin el trabajo [ .. . ) no habría medicina, ni nave-
gación, rú agricultura, ni acopio y conservación de las mieses y demás frutos"
2 Adoptamos de las denominaciones castellanas de Eduardo A. Zald~endo 1994. Brev, BiJtoria
del Pen.samie~•o Económi<o. Buenos Aires, Ediciones Macchi, 2' ed., 20-22.
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C!CERÓ~ : LOS DEBERES 53
{(11·3:12). Como extensión natural de la idea, los medios materiales de produc-
\ ci6n con que se auxilia el trabajo son asimismo fruto del trabajo, o trabajo
i~cu01ulado, como · dirá posteriormente Petty: "Las más de las cosas inanima-
: das son· ohrn de la industria y trabajo de los hombres, las cuales no tuviéra-
.mos si los hombres no hubieran empleado en ellas las manos y el arte ( ... ] IO:S
acueductos, las acequias que riegan los campos, los diques, las presas o mue-
lles opuestos a las aguas, y la fábrica de los puertos, pregunto, ¿de dónde nos
vendrían sin la industria y trabajo de los hombres?"(II 3: 12, 4: 14).
. Llegó a insinuar la idea central de la teoóa del capital humano, al afirmar que a
cantidades distintas de formación profesional corresponden niveles de ganancia dis-
tintos: "En cuanto a los oficios y otras fuentes de ganancias( ... ] aquellas prof~ones
para las que suponen un saber mayor[ ... ] como la arquitectura, la medicina, la en-
señanZa de artes literarias [ ... ] reportnn utilidades más que medianagr. (142:150).
Cicerón intentó responder a si son deseables las redistribuciones de riqueza.
Se pronunció contrario a incrementar la riqueza de alguno a expensas de la dis-
minución de los bienes de otros ("Lo que la naturaleza no soporta es que_ noso-
tros incrementemos nuestra propia sustancia, nuestras riquezas y nuestro pode-
río con los despojos de los demás": m 5:22).
Analizó también las transacciones de compraventa en el caso que involucra-
ban fraudes por ocultamiento de vicios o fallas en el objeto negociado ("el ven-
dedor no debe ocultar nada de cuanto sabe, al comprador ( ... ] el vendedor debía
manifegtar los defectos": Ill 11:51). Aconsejaba someterse a los principios de la
naturaleza y actuar de forma que el interés de cada cual sea el interés común, y
a la vez el interés común, el del particular.
Cicerón hizo numerosas consideraciones acerca del dinero. En la siguiente
añade, al. conocimiento de la fwición de medio general de cambio, el de la de-
manda de dinero para efectuar transacciones y para cubrir gastos eventuales, y
la función de medio para la transferencia de poder adquisitivo'; este último, no
en !a forma de adquisición de bienes sino en inversiones con distintos grados de
rentabilidad, lo que imponía una elección de inversiones: "Respecto del dinero,
no basta solamente adquirirlo, sino que es necesario saber el arte de emplearlo
bien donde nos dé un rédito continuo para los gastos precisos, y para los libera-
les y extraordinarios" (ll 12:42).
¿Qué mueve al hombre? Cicerón anticipó varios de los motivos señalados
por Smith (amor propio, simpatfa, deseo de libertad, sentido de la propiedad,
hábito de trabajar y propensión al intercambio). Menciona, por ejemplo, el
"amor al n·abajo" (II 10:36); la "inclinación . del hombre a unirse en socie-
dad"(!45:159), que· puede considerarse como ·equivalente a la simpatía; la
búsqueda ~de la utilidad propia", correspondiente al "self !ove" o egoísmo. Co-
mo motor del trabajo, pone el "honor''; de ahí su máxima: honos alit anes.
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[¿ (,¡
3 Julio H. G. Olivera. La.~ categorías monetarias. ·Re1,ÍJta ck la Uniowidad de Buenru Air..,, vol.
3G, Buenos Aires, 1980, 214-15.
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54
BEL~RANO Y CJCERON
En toda economía de mercado cabe preguntarse si la actividad econ
ómica de los
individuos, cuando sólo es movida por su interés personal, se conc
ilia con el bien
común. El tema es antiguo y derivó en la pa.ráhola de la mano invis
ible, que iría
apareciendo en los ensayos de Hume, los escritos fisiocráticos, el t
ratado de Geno-
vesi y, finalmente, en la Ru¡ueza-tk las Nacwnes, donde alcanzó el rango
de "teore-
ma".' Cicerón empleó explícitamente las categorías "búsqueda de la utili
dad pro-
pia" (IIl 5:24) y "búsqueda del bien común" (Ill 6:28). El empleo d
e los tiempos
verbales en modo indicativo o en modo potencial es el camino que
sigue para indi-
car "lo que es" y "lo que debiera ser", es decir, entre proposiciones po
sitivas y nor-
mativas. Como proposición positiva: "los hombres benefician o per
judican grande-
mente a los otros hombres ... " (II 5:17). Como proposición normat
iva: "el bien
particular de cada uno debe ser el mismo que el de todos" (III 6:26). E
s notable que
Adam Smith, en la misma Riqueza tk las Nacwnes, alude a dos modos
opuestos de
incidir la acción individual sobre los procesos sociales. En uno, l
a incidencia es
perjudicial y resulta de "una clase de personas cuyo interés no
coincide jamás
exactamente con el del público ... que tiene generalmente interés e
n engañar e in-
cluso en oprimir al público y que por ello· lo han engañado y op
rimido, efecti-
vamente, en muchas ocasiones" (I, xi). En otro, la incidencia es benéf
ica y cada
individuo, "buscando su propio interés, fomenta frecuentemente el
de la sociedad
con mayor eficacia que cuando se lo propone realmente" (IY, ii). La
contradicción
desaparece por la misma vía que en Cicerón: en un cas~, la afirm
ación de Smith
pertenece a la economía positiva; en el segundo, a la normativa, e
n el marco de
condiciones competitivas ideales.
En Europa las carreras eclesiástica y jurídica exigieron domin
io del latín
hasta el siglo XVIIl, lo que trajo como subproducto una amplia d
ifusión de los
grandes escritores romanos. Ese siglo, varias ideas económicas· d
e Cicerón son
rescatadas: Melon (1734), Hume (1752), Genovesi (1765) y Adam S
mith (1776)
adoptaron su fórmula del comercio exterior, como c~mbio de lo
sobrante por lo
necesario.•
BELGRANO Y CICERÓN
En la época en que Belgrano comenzó a interesarse por la Econorrúa
(1789-
90) era imposible ser universitario sin dominar latín, y menos en
la carrera jurí-
dica. Belgrano, de sangre itálica por parte de padre, admiraba su
.ascendencia,
hablaba perfecto italiano y aun proyectó un viaje por Italia. Pero
no necesitaba
leer a Cicerón en su original, pues muchos economistas ya lo habían
hecho an-
• Julio H. G. Olivera. La contribución cientgica ck Adam Smilh. Buen
os Aires, Academia Nacio-
nal de Ciencias Económicas, 1976.
• Agradezco al profesor Dr. Julio H. G. Olivera por haberme señal
ado la precedencia de Cice-
rón en De OfficiiJ II 3:13, respeclo de los aulores citados y en cuan
to a la fórmula del comer•
cio exterior. ·~
FACULTAD de CIENCIAS ECONOMICAS
BIBLIOTECA
Moreno 2557 - /53COOCV~i '.:,J r.ro r~
StNECA SS
·tes y lo transmitfan en sus escritos, entre ellos Da-
vid Hume, quien "devoraba sus obras", o Genove-
si, autor del tratado que Belgrano usó como primer
texto de economía. En todo caso, la obra de Cice-
rón preferida fue De Officiis. Belgrano concebía a
los sectores productivos no como un sistema de
equilibrio general, sino como eslabones ordenados
de una cadena, a la manera del ejemplo usual de
· -las cuentas nacionales: trigo-harina-pan. Los sec-
tores fonnaban una s·ecuencia natural: agricultura,
industria y comercio. Uno al otro se aportaban el
-~--
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_ ,_!;· leí'.-':;¡;;--. 6~~~;1
material de su actividad, y uno no podía existir sin MARCO TULI
O CICERON
los demás. Pero, además de una secuencia técnica-
mente necesaria, su orden coincidía con m jerar-
quía en dignidali En la Memoria de 1795, escribía "el arte más
soberano del
mundo [ ... ] la agricultura", en coincidencia con Cicerón. El comercio
~erior, en
Cicerón, era el intercambio de cosas sobrantes por cosas neces
arias. Esta idea,
luego de pasar por Melon, Hume, Genovesi y Smíth, BeJgrano
la e.--q>resó así:
"¿Qué cosa es el comercio? Es el cambio de lo sobrante por lo ne
ceJario".• ¿Qué
resortes mueven al hombre? En Belgrano leemos: "El interés es el
wúco móvil
del corazón del hombre" (Memoria de 1795) y "es cierto que el
honor anima a
las artes" (Memoria 1795). Para ser aun más explícito: "el honor y
el premio son
los dos resortes más a propósito para que no se adormeica el
espíritu de los
hombres [ ... J la máxima de Cicerón, honos alit artes', es sacada de la naturaleza
y de la historia humana, y en verdad, la experiencia tonstante de
todos los tiem-
pos y de todos los siglos, así nos lo enseña". ¿La actividad económ
ica individual,
sólo movida por el interés particular, se concilia con el bien com
ún? Belgrano
respondía: "trabajando cada uno para sf, concurrirá. al bien ge
neral".' Por últi-
mo, Belgrano, como Cicerón, percibía que el mayor capital de la econom
ía es el
hombre, y que para acrecentar su valor y el de su aporte a la sociedad
, no había
camino más directo ni seguro que la educacióa
SÉNECA
En De beneficiis hizo una clasificación moral de los bienes en nec
eJarios, úti-
les y agradables. Subdividía a los primeros en cosas sin las cuales no
se puede vi-
vir, cosas sin. las cuales M se debe vivir ( como la libertad, el honor, la
virtud) y co-
• Manuel ~el~o. Mcnori& Compiliición de Manuel Femández L6pez, B
uenos Aires, Biblio-
teca Página/12. 1992, Memoria de 1798, 54.
7 Belgrano. Merrwrias, op. cit., 57.
1 Belgraoo. Mtrrwrias, op. cit., 55.
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56 JURISCONSULTOS
sas sin las cuales no se quiere vivir. Entre los segundos, incluía el dinero necesa-
rio para una vi.da regular. Más interesante es su análisis del intercambio y su
distinción entre valor subjetivo y valor corriente.
PLINIO EL VIEJO
En su vastísima Naturalis historia (37 libros), dedicó algunos fragmentos a
las cuestiones económicas. La más recordada es la relativa a la extensión de las
explotaciones rurales, en la que condenaba los latifundios, a los que considera
causa de la ruina de Italia: latí.fundía perdidere ltaliam, iam vero et provincias.
JURISCONSULTOS
En derecho los romanos fueron "los grandes maestros y nuestra cultura occi-
dental les debe el sistema de contratos, el derecho a testar, la afirmación de la
propiedad individual, de tal manera que nuestros códigos actuales si~en las lí-
neas trazadas por ellos".•
La enorme expansión territorial de Roma enriqueció la ciencia económica
por ,ia de los jurisconsultos. P1imero, al incluir muchos pueblos distintos ba-
jo un solo mando, necesitó definir un núcleo jmidico de coincidencias, escrito
en latín: un derecho c~mún a los pueblos, eljus gentium, una forma de derecho
natural. Los entes "naturales" aparecerían en los análisis económicos de la es-
colástica, la fisiocracia, Adam Smith, Ricardo, Marx, Wicksell y aun de Fried-
man. Segundo: al incautar bienes y territorios y esclavizar seres humanos, ne-
cesitó consolidar y hacer irreversibles tales actos de apropiaciónviolenta. El de-
recho romano estableció dos bases para el posterior desarrollo del capitalismo
individualista: el derecho de propiedad y los contratos. Otorgó, por un lado, la
propiedad privada sin límites, al reconocer el just utendi, froendi et abutendi del
propietario sobre su posesión. Y por otro, la total libertad de contratación. .
Un variado menú de categorlas económicas -cuyo desarrollo riguroso sería
obra de siglos posteriores ha;ita nuestros días- es discernible en la obra de una
treintena de jurisconsulto3. Entre las categorías que ellos trataron, se encuen-
tran: valor.y trabajo, valor y utilidad, valor y precio, causas objetivas del valor,
valor de uso y valor de cambio, valor subjetivo, valor fungible, bien y mercancía,
bienes de consumo y bienes de capital, funciones del Estado, comparación entre
inversiones, trueque y compraventa, valor del metal precioso, <:apital y trabajo,
utilidad del comercio, trabajo esclavo, funciones del dinero, interés y producti-
vidad, capital fijo y circulante, precio promedio, regulación de precios, regula-
ción de la empresa privada, precios en especie, diversidad d·e tasas de interés,
• Letizia, op. cit., 216.
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AGRARISTAS 57
crédito agrario, damnu.s emergens y lucrum cessans, exenciones tributarias, ban-
cos, exportaciones, etc.
AGRARISTAS
"Los romanos -decía el profesor Letizia- por su propia idiosincrasia, [ ... ]
prefieren lo útil, lo concreto y la organización administrativa[ ... ] No hay que e.x-
lTañarse, pues, si en Roma florece ese grupo de criplores de re rustica, es decir,
escritores de t~mas agrarios, que denota una profunda preocupación por la agri-
cultura" .1º
CATÓN
El más antiguo autor agrícola fue Marco Porcio Catón el Viejo (-234 a -149),
cuya De re rustica es una obra amorfa y asistemática. Entre infinitos datos y co-
nocimientos prácticos, contiene algunos fragmentos de economía, como la discu-
sión del mejodugar para una posesión rústica, precursor del mismo e5tudio de
Santo Tomás de Aquino (De Regimini Principum) sobre localización de ciudades.
Propicia empresas agrícolas no muy grandes, de 240 yugadas ó 60 hectáreas Oa
misma superficie que asignaba la Homescead Act de 1862 a los colonos en
EE.UU.). Aconseja limitar el número de trabajadores en la hacienda, que eran.
por supuesto, esclavos.
VARRÓN
Autor a los ochenta años de una obra con igual título que la .de Catón, Marco
Terencio Varrón (-116 á -27) tiene más riqueza de propuestas económicas. Conci-
be la empresa agrícola no autosubsistente, sino orientada al mercado, a la venta
de su producción. Parece esbozar una teona del valor de cambio, según la cual el
valor de cambio de un predio está determinado por el capital invertido y por su
belleza. Distingue una gradación de necesidades: utilidad y placer. Como Catón,
supone una producción agrícola basada en la esclavitud, y considera a los traba:
jadores agrícolas como integrantes de los medios de cultivo, a la par con los uten-
silios. Proponía una curiosa clasificación de los instrumentos de producción: ha-
blantes 0os esclavós), semivocales (los bueyes) y mudos Oos carros). Dividía en
tres la evolución histórica de la producción: la recolección (cosecha de frutos es-
pontáneos), la ganadería o pastoreo, y la agricultura propiamente dicha.
••Francisco Lctizia. Fundamensación FilOJ6jica de las Doctrina., Econ6micll$. Mendoza, Univer-
sidad N•cional de Cuyo, 1983, 1, 216.
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TEXTOS DE CICERON
COLUMELA
Lucio Junio Moderato Columela (s. 1), nacido en Cádiz, escribió De re ru.sti-
ca obra técnica de agronomía, no de economía. Casi todo lo que decía es halla-
bl; en los dos anteriores. Criticaba el uso de trabajo esclavo, no por motivos hu-
manitarios, sino por su menor prQductividad. Dedicó un capítulo a estimar el
costo del cultivo, donde desechaba la medición en dinero por su desvalorización
y elegía la medición en trabajo, en días-hombre, tal como haría Smith en su
precio nominal yprecio real. ·
TEXTOS
CICERÓN:
DE OFFICIIS (SOBRE LOS DEBERES)
LIBRO I (LÁ H.ONESTIDAD
EN NUESTRA VIDA)
42: 151 Mas aquellas artes que suponen mayores talentos, y que producen también
bastantes utilidades, como la arquitectura, la medicina y todo conocimiento de cosas
honestas, son de honor, y dan estimación a aquellos a quienes-corresponden por su es-
fera. El comercio, si es corto, se ha de reputar por oficio ruin; pero si es mucho y rico,
que conduce mercaderías de todas partes y las distribuye sin engañar a nadie, no se
ha de condenar enteramente. Y aun parece que merece con razón alabanza, si satisfe-
cho el comerciante, o por mejor decir, contento con sus ganancias después de haber
hecho muchos viajes por mar desde el puerto, se retirare desde aquí al descanso y so-
siego de las posesiones del campo. Mas entre todos los oficios por donde se adquiere
alguna cosa, el mejor, el más abundante, delicioso y propio de un hombre de bien, es
la agricultura.
. LIBRO II (LA UTILIDAD
DE NUESTROS ACTOS)
3:12 Pues sin el trabajo y aplicación de los hombres no habría medicina, ni navega-
. ción, ni agricultura, ni acopio y conservación de las mieses y demás frutos.
3:13 Si los hombres no se aplicasen a estos oficios, tampoco tendríamos ni exporta-
ciones de aquellos géneros que nos sobran, ni importación de otros que necesitamos;
Y por la misma razón ni se abrirían canteras para sacar la piedra necesaria para nues-
~ usos, ni mineros de donde· se sacase el hieao, el bronce, el oro y la plata escon-
didos en las entraflas de la tierra.
4:14 Los acueduétos, las derivaciones de los ríos, los riegos de los campos, los diques,
las presas o muelles opuestos a las aguas, y la fábrica de los puertos, pregunto, ¿de
dónde nos vendrían sin la industria y trabajo de los hombres? De lo cual, y de otras mu-
chas pruebas, se convence con evidencia que, sin la industria y trabajo de nuestras
AGRARISTAS 59
propias manos, no podnamos disfrutar de las comodidades y provechos que las cosas
inanimadas producen. . · · .
25:88 A esta comparación puede referirse lo que dijo el viejo Catón, cuando pregun-
tado cuál era la mejor hacienda, respondió: ''Tener y apacentar muchos ganados. ¿ Y ]a
segunda? Apacentarlos con bastante conveniencia. ¿Y la tercera? Criarlos con esca-
sez. ¿ Y la cuarta? Arar." Y como insistiese el que le preguntaba, diciendo: "¿ Y d dar
su dinero a usura?", replicó Catón: "¿Y el matar a un hombre?" De lo cual. y de otros
muchos ejemplos, se deduce que, a veces, suelen hacerse comparaciones de las utili-
dades, y que va bien colocado en este lugar ese cuarto examen en orden a las obliga-
ciones. Mas toda esta materia de adquirir y emplear el dinero, mejor la saben tratar
(¡así ensef!aran a hacer uso de él!) aquellos grandes y muy diestros usureros que tie-
nen su puesto en medio de la plazuela de Jano, que todos los filósofos en sus escue-
las. No obstante, debe también sabezse, porque pertenece a la utilidad que tratamos en
este libro. Lo restante veremos en el tercero.
LIBRO III (ENTRE LO ÚTIL
Y LO HONESTO)
15:61 Si, pues, la definición aquiliana es verdadera, deben desecharse de toda nues-
tra vida la simulación y el disimulo. Por consiguiente, el hombre honrado nada simu-
lará o disimulará para comprar, ni• para vender mejor. ¿Puede hacerse algo con dolo y
con malicia cuando se dice: "como buenamente se haría entre hombres honrados"?
Pero el dolo malo consta, como dice Aquilio, de simulación y disimulación. Luego de-
be desechar.;e de los contratos toda mentira. El vendedor no pondrá postor que eleve
el precio, ni el comprador quien ofrezca en contra del mismo comprador." Y en caso
de que uno y otro conferencien, no tendrán más queuna palabra.
CINCO ESTUDIOS FUNDAMENTALES
Gray, Alexander ·
1980. The Devdopmenl of Ecorwmic Doctrine. 2• ed. Londres, Longman.
Letizia, Francisco
1983. Los teóricos de la economía rural en Roma. Fundamentaciónfilos6-
fica de las doctrinas económicas. Mendoza, Facultad de Ciencias Económi-
cas, Univei:9idad Nacional de Cuyo, vol. 1, cap. VIII, 207-22.
Mommsen, Theodor
1854-6. Rnmische Geschichte. Trad. esp. de A. García Moreno: Historia de
Roma, Buenos Aires, Joaquín Gil, 1953.
11 Este pasaje es citado por Santo Tomás de Aquino en Suma Teal6giro, 2-2 q.77 a.l (véase cap.7
de la pICSente obra).