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365 devocionales
de mujeres para mujeres
Nuestro Pan Diario
Prólogo
Porque ha inclinado a mí su oído; por tanto, le invocará en todos mis días.
—Salmo 116:2
¿C ómo sabes que Dios te oye cuando clamas a Él? Me refiero a oírte de
verdad.
Puedo contar con los dedos de una sola mano las veces en las que a lo largo
de mi vida, Dios reveló de manera específica y personal que, sin duda,
escucha mi clamor:
mis oraciones por un hijo —como las que hacía Ana— fueron respondidas
después de casi cinco años a través de la adopción;
mis ruegos nocturnos por un adolescente que no respetaba el horario de
volver a casa fueron respondidos cuando ese hijo por fin regresó;
mis oraciones —junto con las de otros— por la necesidad financiera de un
ministerio fueron respondidas cuando llegó por correo un generoso cheque
(y todos estallamos en alabanza);
mis clamores desesperados para que Dios protegiera a mi esposo de una
crisis de salud y me llevara de regreso a su lado desde otro continente, y
llegué y lo encontré con vida.
En cada momento, percibí cómo Dios se acercaba a asegurarme que, por
cierto, Él oye. Y no sólo oye, sino que también responde.
A pesar de estos recuerdos que apuntalan la fe, en gran parte de mi vida
cotidiana, todavía me siento desoída, mientras me quejo y lucho y hasta a
veces lloriqueo. Cuando el silencio de Dios desciende, voy más allá de mi
propia historia para ver cómo Él ha escuchado a su pueblo a través de las
generaciones.
Grabados a lo largo de los milenios, encontramos miles de instancias del
oído de Dios inclinado a escuchar:
a Lea y Raquel, cuando clamaban pidiendo un hijo (Génesis 30:17, 22);
a Israel, cuando gemía en la esclavitud (Éxodo 2:24);
a Moisés, cuando intercedía por su pueblo en el Monte Sinaí
(Deuteronomio 9:19);
a Josué, cuando lideraba la batalla en Gilgal (Josué 10:14);
a David, cuando clamaba para ser librado de Saúl (2 Samuel 22:7).
Y más adelante, en el Nuevo Testamento, cuando el Verbo —Jesús— se
hizo carne, caminó por esta tierra y escuchó (Juan 1:14).
Hoy el Espíritu de Dios escucha los gemidos de toda su creación, mientras
aguardamos nuestra unión final con Él (Romanos 8:26-27).
Dios oye.
En 1 Juan 5:14, leemos: «si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él
nos oye». La palabra griega traducida «oye», akoúo, significa prestar
atención y responder a lo que se escuchó. Más que sugerir una «fórmula»
que garantice que Dios concederá todas nuestras peticiones, Juan nos insta a
orar con confianza, porque el corazón de Dios está inclinado hacia nosotras.
Dios oye de una manera orientada a la acción, y desea responder en amor.
Akoúo. Dios oye.
El título y el primer artículo de este libro celebran la realidad de que Dios
oye a la mujer. Una y otra vez en la Biblia, Dios oye las necesidades de las
mujeres —tanto a las que se llama por nombre como a las que aparecen
anónimas— y responde para suplirlas. Jesús interactúa con mujer tras
mujer, ofreciéndole agua a una ultrajada mujer junto a un pozo,
devolviéndole un hijo que estaba poseído por demonios a su madre
angustiada, recibiendo la ofrenda derramada de María de Betania,
consolando en el primer encuentro luego de la resurrección el corazón roto
de María Magdalena.
Que a medida que leas las palabras de cada devocional en este libro, escrito
por mujeres como tú para mujeres como tú, puedas percibir cómo Dios
inclina su oído a tu corazón. Dios oye. Dios oye a la mujer. Y como Dios
oye y oye a la mujer, puedes estar segura de que Dios te oye a ti. Esto sí que
es algo bien personal.
Elisa Morgan
1 de enero
Dios oye
1 Samuel 1:9-20
Pero Ana hablaba en su corazón, […] y su voz no se oía…
—1 Samuel 1:13
Un día, le dije que iba a leer durante un rato uno para adultos, y que
después, volveríamos a ver otras historias juntas. Abrí mi libro y empecé a
leer en silencio. Poco después, ella me miró extrañada y observó: «Mami,
me parece que no estás leyendo de verdad». Supuso que, como no hablaba,
no estaba procesando las palabras.
Tal como sucede con la lectura, la oración también puede ser silenciosa.
Ana, que anhelaba tener un hijo, visitó el templo y «hablaba en su corazón»
mientras oraba. Movía los labios, pero «su voz no se oía» (1 Samuel 1:13).
El sacerdote Elí vio lo que pasaba, pero no entendió. Entonces, ella le
explicó: «he derramado mi alma delante del Señor» (v. 15). Dios oyó el
pedido de oración silencioso de Ana y le dio un hijo (v. 20).
Nuestro Dios omnisciente escudriña nuestro corazón y nuestra mente, y oye
cada plegaria; incluso las silenciosas. Podemos orar con confianza,
sabiendo que Él oirá y responderá (Mateo 6:8, 32). Por esta razón, podemos
alabar a Dios, pedirle que nos ayude y agradecerle por todas sus
bendiciones; aun cuando nadie más nos oiga. Si alguien nos ve hablando
con el Señor, puede afirmar con seguridad: «¡Dios la escucha!». Jennifer
2 de enero
Lo viejo y lo nuevo
Gálatas 5:16-23
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas
pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
—2 Corintios 5:17
Los buenos propósitos en enero son perder peso, hacer más ejercicio, dejar
de hablar por el teléfono móvil mientras se está conduciendo.
Queremos cambiar las cosas en nuestra vida que nos hacen infelices… aun
cuando la mayoría de los buenos propósitos para el año nuevo no duran más
de tres semanas.
¿Qué pasaría si pudieras preguntarle a Dios qué es lo que Él quiere que
cambies, mejores o comiences a hacer este año? Podría ser que Él te dijera
que:
muestres más del fruto del Espíritu en tu vida, el cual es «amor, gozo, paz,
paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza» (Gálatas
5:22-23);
ames a tus enemigos, bendigas a los que te maldicen, hagas bien a los que te
aborrecen, y ores por los que te persiguen (Mateo 5:44);
vayas por todo el mundo y prediques el evangelio a toda criatura (Marcos
16:15);
estés «contenta con lo que tienes ahora (Hebreos 13:5);
Como creyentes y nueva creación, podemos ser libres de los antiguos
patrones y fracasos. Debemos pedirle a Dios que nos ayude a vivir cada día
en el poder del Espíritu Santo. Entonces, podemos desechar lo viejo y
adoptar lo nuevo (2 Corintios 5:17). Cindy
3 de enero
Sin apetito
Nehemías 8:1-12
Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para
que por ella crezcáis para salvación.
—1 Pedro 2:2
Cuando los israelitas volvieron después de 45 años de exilio en la lejana
Babilonia, su apetito espiritual estaba debilitado (Nehemías 8:1-12) . Se
habían alejado de Dios y sus caminos. Para que el pueblo recuperara la
salud espiritual, Nehemías organizó un seminario bíblico, y Esdras fue
el maestro.
Esdras leyó del libro de la ley de Moisés desde el amanecer hasta el
mediodía, para alimentar al pueblo con la verdad de Dios (Nehemías 8:3), y
todos escucharon atentamente. Es más, su apetito por la Palabra de Dios se
despertó de tal manera que los jefes de familia, los sacerdotes y los levitas
se reunieron al día siguiente con Esdras para estudiar la ley de manera más
detallada, porque querían entenderla mejor (v. 13).
Cuando nos sentimos separadas de Dios o espiritualmente débiles, podemos
hallar alimento espiritual en su Palabra. «Desead, como niños recién
nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para
salvación» (1 Pedro 2:2). Pídele al Señor que renueve tu deseo de tener
comunión con Él, y empieza a alimentar tu corazón, alma y mente en su
Palabra. Poh Fang
4 de enero
La esperanza nozomi
2 Corintios 4:7-18
Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del
poder sea de Dios…
—2 Corintios 4:7
En 2011, un terrible terremoto y el sunami resultante destruyeron 230.000
hogares y cerca de 19.000 vidas en una región al noreste de Tokio. Luego
del desastre, nació The Nozomi Project [El proyecto nozomi ], llamado así
por la palabra japonesa para «esperanza», a fin de brindar un ingreso
sostenible, y recuperar la comunidad, la dignidad y la esperanza en un Dios
que provee.
Las mujeres de este proyectobuscan entre las ruinas para descubrir
fragmentos de vajilla, los cuales lijan y engarzan para crear joyas, las cuales
se venden en todo el mundo. Esto brinda sustento a estas mujeres y
comparte símbolos de su fe en Cristo.
En la época del Nuevo Testamento, se acostumbraba esconder objetos de
valor en el insólito contenedor de una simple vasija de arcilla. Pablo
describe cómo el tesoro del evangelio está contenido en la fragilidad
humana de los seguidores de Cristo: vasos de barro (2 Corintios 4:7). Esto
sugiere que las vasijas débiles —incluso rotas— que son nuestras vidas
pueden revelar el poder de Dios al contrastarlo con nuestras imperfecciones.
Cuando Dios habita en las piezas imperfectas y rotas de nuestras vidas, la
esperanza sanadora de su poder suele hacerse más visible. Su obra
reparadora en nuestro corazón no esconde nuestras imperfecciones, pero
quizá esas marcas hacen que los demás puedan ver el carácter de Dios.
Elisa
5 de enero
Tiempo a solas con Dios
Mateo 14:13-23
… [Jesús] subió al monte a orar aparte…
—Mateo 14:23
Casi una docena de niños hablaban y jugaban. Con tanta actividad, empezó
a hacer calor en la habitación, y abrí la puerta. Un muchachito consideró
que esa era su oportunidad de escaparse. Cuando estaba por alcanzarlo, no
me sorprendió que estuviera yendo derecho hacia los brazos de su papá.
Este niño hizo lo que todos necesitamos hacer cuando la vida se vuelve
ardua y angustiosa: se escabulló para estar con su padre. Jesús buscaba
oportunidades para pasar tiempo en oración con su Padre celestial. Podría
decirse que esta era la manera en que soportaba las demandas que
consumían su energía humana. Una vez, fue a un lugar solitario cuando lo
seguía una multitud. Al ver sus necesidades, los sanó y les dio de comer.
Sin embargo, después de eso, «subió al monte a orar aparte» (Mateo 14:23).
Aunque Jesús ayudó muchas veces a una gran cantidad de personas, no
permitió que esto lo agotara ni lo apresurara, sino que alimentaba su
comunión con Dios por medio de la oración. ¿Y tú? ¿Dedicarás tiempo a
estar a solas con Dios para experimentar la fortaleza y la satisfacción que
solo Él ofrece? Jennifer
6 de enero
Motivadas por Dios
1 Reyes 8:54-63
Incline nuestro corazón hacia él, para que andemos en todos sus caminos…
—1 Reyes 8:58
Hace unos meses, recibí un email donde me invitaban a unirme a una
comunidad de «personas motivadas». Busqué la palabra «motivado», y
descubrí que se refiere a alguien determinado a triunfar y a trabajar duro
para lograrlo.
¿Es bueno ser una persona motivada? Hay una prueba que nunca falla:
«hacedlo todo para la gloria de Dios» (1 Corintios 10:31). Piensa en lo que
sucedió después del diluvio de la época de Noé. Algunas personas
decidieron construir una torre para hacerse famosas y evitar ser esparcidas
por el mundo (Génesis 11:4). Su motivación era incorrecta.
En cambio, cuando el rey Salomón dedicó el arca del pacto y el templo
recientemente edificado, declaró: «he edificado la casa al nombre del
Señor» (1 Reyes 8:20). Después, oró: «Incline nuestro corazón hacia él,
para que andemos en todos sus caminos, y guardemos sus mandamientos»
(v. 58). Salomón estaba motivado por Dios.
Que sea «perfecto [nuestro] corazón para con el Señor nuestro Dios,
andando en sus estatutos y guardando sus mandamientos» (v. 61). Entonces,
seremos la clase de mujeres con una motivación correcta. Keila
7 de enero
El Rey pudo hacerlo
Mateo 19:16-26
… para Dios todo es posible.
—Mateo 19:26
De niña, tenía un libro preferido de versos infantiles. Recuerdo en particular
a Humpty Dumpty, al que me imaginaba como una criatura grande, con
cuerpo en forma de huevo, cara pintada y brazos y piernas delgados,
balanceándose alegremente sobre un muro. Entonces, se cayó y se rompió
en incontables pedazos. De niña, sentía lo desesperanzado de la situación
siempre que leía que «no pudieron componer a Humpty Dumpty otra vez».
He conocido a Cristo como Salvador y Señor desde la niñez. He
experimentado su poder y sus manos tiernas restaurando las piezas rotas de
mi vida y de las vidas de otros. He sentido el gozo de ver a muchos mal
llamados «desesperanzados adictos a las drogas» hechos nuevas personas
en Cristo. Como resultado, le he agregado una línea a los versos de Humpty
Dumpty: «Lo que los caballos y los hombres del rey no pudieron hacer, el
Rey pudo hacerlo!».
¿Te sientes destrozada y quebrantada hoy, o está así alguien que amas?
Recuerda, no hay nadie irremediable ni por encima del auxilio salvador de
Dios. Jesús dijo: «Para Dios todo es posible» (Mateo 19:26).
Cuando las piezas rotas de la vida parecen irreparables, no desistas.
Tenemos un Rey que puede volver a componer a toda persona. Joanie
8 de enero
Pasión desatada
Hechos 9:1-9
… prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por
Cristo Jesús.
—Filipenses 3:12
Emmett J. Scanlan, el actor que hizo de Saulo en la serie de televisión A.D.
The Bible Continues [d.C., La Biblia continúa], representó los esfuerzos de
Saulo por eliminar a los creyentes en Jesús de una manera que me hizo
estremecer. ¡Me costaba entender que este hombre se transformaría en el
amado apóstol Pablo!
Sin embargo, cuando Saulo se encontró con Jesús mientras iba a Damasco,
todo cambió. Y apenas le fue restaurada la vista y se confirmó su llamado,
Pablo, con su nuevo nombre, volvió a zambullirse con pasión en su tarea.
Solo que, esta vez, estaba a favor de Jesús en lugar de en su contra (Hechos
9:21).
Pablo era un hombre de convicción y de pasión irrefrenable. Hoy, personas
de todo el mundo leen sus cartas para hallar guía e instrucción en la fe
cristiana. Su pasión sigue haciendo eco a través de las edades (Filipenses
3:12).
¿Cómo sería el mundo si viviéramos para Dios con pasión, convicción y
celo? El mundo aguarda la respuesta: «Porque el anhelo ardiente de la
creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios» (Romanos
8:19).
Que al igual que con Pablo, ¡la pasión por Dios fluya de nosotras mientras
la creación se regocija en la revelación de la maravillosa obra de Dios!
Remi
9 de enero
No se olvida de mí
Salmo 13
Nuestra alma espera al Señor; nuestra ayuda y nuestro escudo es él.
—Salmo 33:20
Esperar resulta siempre difícil; pero cuando pasan días, semanas y meses
sin que nuestras oraciones parezcan tener respuesta, es fácil creer que Dios
se ha olvidado de nosotros. Las preocupaciones parecen inmensas, y las
horas de oscuridad, interminables. El agotamiento hace que parezca
imposible enfrentar el nuevo día.
El salmista se angustiaba con la espera (Salmo 13:1). Se sentía abandonado,
como si sus enemigos estuvieran triunfando (v. 2). Es fácil desanimarse
cuando esperamos que Dios resuelva una situación difícil o responda una
oración repetida varias veces.
Satanás susurra que el Señor nos ha abandonado y que nada cambiará. Tal
vez seamos tentadas a caer en la desesperación. ¿Para qué molestarnos en
leer la Biblia u orar? ¿Para qué esforzarnos para adorar junto con otros
creyentes en Cristo? Sin embargo, en la espera es cuando más necesitamos
nuestros salvavidas espirituales, ya que estos nos mantienen aferradas al
amor de Dios y nos vuelven sensibles a su Espíritu.
El salmista tenía un remedio: se centraba en todo lo que sabía sobre el amor
de Dios, evocaba las bendiciones del pasado y alababa deliberadamente al
Señor, quien no se olvidaría de él. Nosotras podemos hacer lo mismo
porque nunca somos olvidadas. Marion
10 de enero
Mezcla de fe y duda
Salmo 42
¿Por qué te abates, alma mía…? Espera en Dios, pues he de alabarle otra
vez…
—Salmo 42:11
Cuando mi buena amiga Sharon murió en un accidente automovilístico, se
me destrozó el corazón. Me da vergüenza admitirlo, pero cuando las
circunstancias de la vida duelen tanto, mi fe a menudo se mezcla con la
duda. Cuando Sharon murió, clamé a Dios con estas preguntas:
Señor, la verdad no te entiendo. ¿Por qué has permitido esta muerte? [El]
entendimiento [del Señor] es inescrutable» (Isaías 40:28). «Porque mis
pensamientosno son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis
caminos, dice el Señor» (Isaías 55:8).
Señor, no te puedo comprender. Me pregunto si has dado la espalda al
mundo. «Sentado está Dios en su santo trono» (Salmo 47:8) y «domina con
su poder para siempre» (Salmo 66:7).
Señor, sé que estás gobernando este mundo, pero ¿no te importa el dolor?
¿Te has olvidado de ser bueno? Yo soy «bueno y perdonador, abundante en
misericordia para con todos los que [me] invocan» (Salmo 86:5).
Sí, Señor, has sido bueno conmigo en incontables maneras, incluso cuando
escuchas mis dudas y preguntas sobre ti.
Puede que las respuestas que Dios nos da en su Palabra no alejen nuestra
tristeza, pero siempre podemos descansar en la verdad de que Él es sabio,
soberano y bueno. Anne
11 de enero
Alguien en quien confiar
Proverbios 20:6
… un hombre digno de confianza, ¿quién lo hallará?
—Proverbios 20:6 (
lbla
)
«N o puedo confiar en nadie —sollozó mi amiga—. Cada vez que lo hago,
me lastiman». Su historia me hizo enojar. Un exnovio, en el cual pensaba
que podía confiar, había empezado a esparcir rumores sobre ella cuando se
alejaron. Como le costaba confiar después de una infancia dolorosa, esta
traición pareció confirmar que no se puede confiar en nadie.
Su historia me dolió y me recordó momentos de traición inesperados en mi
propia vida. La Escritura habla con franqueza sobre la naturaleza humana.
En Proverbios 20:6, el autor expresa el mismo lamento que mi amiga,
dejando constancia para siempre del dolor de la traición.
Lo que sí pude decirle es que la crueldad de los demás es tan solo parte de
la historia. Aunque las heridas que nos infligen son reales y dolorosas, a
través de Jesús, el amor genuino es posible. En Juan 13:35, Jesús les dijo a
sus discípulos que el mundo sabría que eran sus seguidores debido al amor
que ellos demostraran. Aunque algunos quizá nos lastimen, también habrá
personas que nos muestren el amor del Señor, nos apoyen de forma
incondicional y nos cuiden. Al descansar en su amor infalible, podemos
hallar sanidad, comunión y valor para amar a otros como Él nos amó.
Monica
12 de enero
Compasión completa
2 Corintios 1:3-7
[Dios] nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos
también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación…
—2 Corintios 1:4
Después de una época tumultuosa en su vida, Bethany Haley Williams
luchaba con la vergüenza y la desolación. La travesía fue difícil, pero a
través de Jesús, experimentó una sanidad que transformó su vida.
Impulsada por la gracia y la misericordia que había recibido, Bethany fundó
Exile International, una organización sin fines de lucro que implementa
terapia artística-expresiva y cuidado rehabilitador a largo plazo para
restaurar y fortalecer a los niños afectados por la guerra en África. Respecto
a sus esfuerzos, Bethany dijo: «Cuando tu mayor dolor se transforma en tu
mayor ministerio, la gracia completa el ciclo».
Hoy, Bethany dedica su vida a poner en práctica las palabras de 2 Corintios
1:3-4. Después de recibir el consuelo de Dios, ahora puede darles a otros
«el mismo consuelo que Dios [le] ha dado a [ella]» (v. 4 NTV).
Dios conoce nuestros sufrimientos y desgracias, y nos acompaña en el
dolor. Él es misericordioso, amoroso y está atento a nuestras necesidades; y
puede usar cualquier experiencia para levantar y ayudar a otros que lo
necesiten.
No importa lo que hayamos hecho o lo que estemos enfrentando, Dios está
allí para prodigarnos su compasión y su amor… regalos que podemos
compartir con los demás. Roxanne
13 de enero
Sin público
Mateo 6:1-7
Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos
de ellos…
—Mateo 6:1
Según una leyenda, una noche de invierno, el programa anunciaba que el
compositor Juan Sebastián Bach interpretaría una obra nueva escrita por él.
Llegó a la iglesia pensando que estaría repleta, pero se enteró de que no
había ido nadie. Sin dudar un instante, Bach les dijo a sus músicos que
harían la presentación tal como lo habían planeado. Todos se ubicaron en
sus lugares, Bach tomó la batuta, y de inmediato, la magnífica música llenó
todo el edificio.
Esta historia me hizo reflexionar: ¿Escribiría yo si Dios fuera mi único
público? ¿En qué cambiarían mis escritos?
Cuando escribo artículos devocionales, trato de mantener en mente a los
lectores porque deseo expresar algo que ellos quieran leer y que los ayude
en su sendero espiritual.
Dudo que David, el «escritor de devocionales» cuyos salmos leemos en
busca de consuelo y aliento, tuviera en mente a los «lectores». Al único al
que apuntaba era a Dios.
Ya sea que nuestras «justicias», mencionadas en Mateo 6, sean obras de arte
o acciones serviciales, debemos mantenernos enfocadas en que son algo
entre nosotras y Dios. No importa si los demás las ven o no. Él es nuestro
público. Julie
14 de enero
Anillos y gracia
Hebreos 8:6-13
… nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades.
—Hebreos 8:12
Cuando me miro las manos, recuerdo que perdí mis anillos de compromiso
y de boda. Estaba haciendo varias cosas mientras empacaba para un viaje, y
todavía no tengo idea de dónde terminaron.
Me aterraba contarle mi error a mi esposo, porque me preocupaba cómo lo
afectaría la noticia. Sin embargo, respondió con más compasión e interés
por mí que preocupación por los anillos. No obstante, ¡a veces, todavía
quiero hacer algo para ganarme su favor! Él, por el contrario, no me lo echa
en cara.
Muchas veces, recordamos nuestros pecados y sentimos que tenemos que
hacer algo para ganarnos el perdón de Dios. Pero el Señor dijo que es por
gracia, y no obras, que somos salvas (Efesios 2:8-9). Tenemos un Dios que
perdona y no recuerda más el mal que hicimos.
Tal vez nos dé tristeza nuestro pasado, pero tenemos que confiar en su
promesa y creer que su gracia y su perdón son reales a través de la fe en
Jesucristo. Esta noticia debe llevarnos a la gratitud y la seguridad que son
resultados de la fe. Cuando Dios perdona, olvida. Keila
15 de enero
Preparativos
Juan 14:1-6
Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí
mismo…
—Juan 14:3
Mientras veíamos el cuerpo de mi suegro en su ataúd en la funeraria, uno de
sus hijos puso el martillo de su padre al lado de sus manos. Años después,
cuando murió mi suegra, uno de sus hijos deslizó un par de agujas de tejer
entre sus dedos. Esos tiernos gestos nos reconfortaron, al recordar la
frecuencia con que ellos habían usado esos elementos durante sus vidas.
Sabíamos, por supuesto, que no iban a necesitar esas cosas en la eternidad.
¡No podemos llevarnos nada! (Salmo 49:16-17; 1 Timoteo 6:7).
Sin embargo, mis suegros sí habían necesitado cierta preparación para la
eternidad, que llegó años antes cuando confiaron en Jesús como su
Salvador. Los preparativos para la vida futura no pueden comenzar cuando
morimos. Cada persona debe preparar su corazón, aceptando el regalo de la
salvación que se hizo posible por el sacrificio de Jesús en la cruz.
Dios también ha hecho preparativos: «Vendré otra vez, y os tomaré a mí
mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» (Juan 14:3). El
Señor ha prometido prepararnos un lugar para que vivamos eternamente
con Él.
¿Has hecho preparativos para Él? Cindy
16 de enero
Destruir lo que divide
Josué 7:1-12
… No seguiré más con ustedes a menos que destruyan esas cosas […]
destinadas para ser destruidas. —Josué 7:12 (NTV)
Se aproximaba una fecha de entrega, y una discusión que había tenido con
mi esposo me daba vueltas por la cabeza. Me quedé mirando el cursor
parpadeante, mientras pensaba: Él también estuvo equivocado, Señor.
Cuando la pantalla de la computadora se apagó, vi mi reflejo enfadado. Mis
errores sin reconocer entorpecían mi trabajo y dañaban mi relación con mi
esposo y con Dios. Tomé el teléfono, me tragué el orgullo y pedí perdón.
Saboreando la paz de la reconciliación, le di gracias a Dios y terminé mi
artículo a tiempo.
Los israelitas experimentaron el dolor del pecadopersonal y el gozo de la
restauración. Josué les advirtió que no se enriquecieran en la batalla por
Jericó (Josué 6:18), pero Acán robó y escondió en su tienda algunas cosas
del botín (7:1). Solo después de que su pecado fue descubierto y juzgado
(vv. 4-12), la nación pudo reconciliarse con Dios.
Como Acán, no siempre pensamos que «guardar pecado en nuestra tienda»
aleja nuestro corazón de Dios y afecta a quienes nos rodean. Reconocer a
Jesús como Señor, admitir nuestro pecado y pedir perdón proporcionan el
cimiento para relaciones saludables con Dios y los demás. Al someternos a
diario a nuestro amoroso Creador, podemos servirlo y disfrutar de su
presencia… juntos. Xochitl
17 de enero
Una vida coherente
Job 40:1-14
¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?…
—Job 38:4
Cuando preparo mi casa para algún evento especial, me desanimo porque
creo que mis invitados no se dan cuenta de que limpio; solo notan cuando
ven algo sucio. Esto me trae a la mente una pregunta filosófica y espiritual
más importante: ¿Por qué los humanos ven con más facilidad lo que está
mal que lo que está bien?
Pero luego, me doy cuenta de que actúo igual con Dios. Suelo concentrarme
en lo que no ha hecho, en lo que no tengo y en las situaciones que todavía
están sin resolver.
El libro de Job me recuerda que al Señor no le gusta esto, al igual que a mí.
Después de años de prosperidad, Job sufrió una serie de desastres. De
repente, estas cosas se transformaron en el centro de su vida y sus
conversaciones. Por último, Dios intervino y le hizo a Job varias preguntas
difíciles, recordándole su soberanía y todo lo que aquel patriarca no sabía ni
había visto (Job 38–40).
Cuando empezamos a concentrarnos en lo negativo, procuremos detenernos
a considerar la vida de Job, y notar las maravillas que Dios ha hecho y sigue
haciendo. Julie
18 de enero
Amor sin fronteras
3 Juan 1-11
Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los
hermanos, especialmente a los desconocidos.
—3 Juan 5
La primera vez que experimenté la belleza del cuerpo global de Cristo fue
cuando viajé de Sudáfrica a Malasia como maestra. En aquel país, con sus
diversas religiones y creencias culturales, descubrí un hogar espiritual lejos
de mi hogar. Desde que entré a la pequeña iglesia al final del camino, me
recibieron con calidez y me trataron como parte de la familia. A miles de
kilómetros del lugar donde crecí, conocí personas con el mismo espíritu y el
mismo amor por Jesús.
Dios le da gran valor a nuestro trato favorable hacia los creyentes que no
están en nuestra iglesia local, y eso nos lleva a Gayo, en 3 Juan. Juan lo
felicitó por su fidelidad a la verdad del evangelio, expresada mediante su
cuidado generoso y su recibimiento a los maestros itinerantes (vv. 3-6) que
iban de una ciudad a otra enseñando el evangelio (vv. 7-8).
No hay nada como viajar a una ciudad o país distinto y encontrarse con otro
creyente en Jesús. Dios anhela que nos concentremos en Él y nos recibamos
unos a otros con alegría. ¡Esto es el amor sin fronteras! Ruth
19 de enero
Círculos de oración
Lucas 18:9-14
Cualquiera que se enaltece, será humillado.
—Lucas 18:14
Las niñas de sexto grado hicieron un círculo y oraron unas por otras en el
grupo de estudio bíblico. «Padre que estás en el cielo —oró Ana—, por
favor, ayuda a Antonia que no esté tan loca por los muchachos». Antonia
añadió con una risita: «Y ayuda a Ana a que deje de actuar tan mal en la
escuela y que no moleste a otros niños». Luego, Talía oró: «Señor, ayuda a
Antonia a escuchar a su mamá en vez de responderle mal siempre».
Aunque las peticiones eran reales, las niñas parecían disfrutar molestando a
sus amigas, señalando sus errores delante de los demás en vez de
preocuparse por su necesidad de la ayuda de Dios. La líder del grupo les
recordó sobre la seriedad de hablar con el Dios todopoderoso y la
importancia de evaluar sus propios corazones.
Si usamos la oración para señalar las faltas de los demás mientras
ignoramos las nuestras, somos como el fariseo en la parábola de Jesús, que
oró: «Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones,
injustos, adúlteros, ni aun como este publicano» (Lucas 18:11). En cambio,
debemos ser como el hombre que le pidió a Dios que tuviera misericordia
de él, «un pecador» (v. 13).
La forma más elevada de oración proviene de las profundidades de un
corazón humilde. Anne
20 de enero
Tu lugar seguro
Proverbios 18:10-11
El nombre del Señor es torre fuerte, a ella corre el justo y está a salvo.
—Proverbios 18:10 (LBLA)
Mi hija y yo estábamos preparándonos para ir a una reunión familiar. Como
ella estaba nerviosa por el viaje, me ofrecí para conducir. «Está bien. Pero
me siento más segura en mi auto. ¿Puedes conducirlo?», preguntó. Supuse
que prefería su vehículo porque era más grande que el mío, así que
respondí: «¿El mío es demasiado chico?», a lo que contestó: «No, es que mi
auto es mi “lugar seguro”; y no sé por qué me siento protegida».
Su comentario me desafió a considerar cuál era mi «lugar seguro». De
inmediato, pensé en Proverbios 18:10: «El nombre del Señor es torre fuerte,
a ella corre el justo y está a salvo» (LBLA). En la época del Antiguo
Testamento, los muros y la torre de una ciudad advertían sobre los peligros
de afuera, y protegían a sus ciudadanos adentro. La idea del escritor es que
el nombre de Dios, que refleja su carácter, su esencia y todo lo que Él es,
brinda verdadera protección a sus hijos.
¿Cuál es tu «lugar seguro»? Cada vez que busquemos protección, la
presencia de Dios con nosotras es ese lugar que da la fortaleza y la
seguridad que necesitamos. Elisa
21 de enero
Fe verdadera
Hebreos 11:6, 24-29
Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se
acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.
—Hebreos 11:6
En el internado en Nigeria, donde yo asistía, los alumnos más grandes
dirigían a los más jóvenes. Una vez, perdí un tazón que le pertenecía a un
alumno mayor bastante malhumorado. Recibí un ultimátum para encontrar
y devolver el tazón la mañana siguiente, así que me fui a dormir llena de
miedo. Le pedí a Dios que me ayudara, antes de sumirme en un sueño
inquieto. ¡Imagina mi asombro al día siguiente cuando el tazón apareció
misteriosamente en el casillero del alumno!
Los israelitas experimentaron un asombro mucho mayor cuando Dios
dividió el Mar Rojo para que ellos cruzaran, antes de vencer al ejército de
Faraón con esas mismas aguas (Éxodo 14:15-28; Hebreos 11:29). Sin
embargo, al poco tiempo, se quejaban del agua amarga (Éxodo 15:24), y
más adelante, adoraron un becerro de oro en lugar de a Dios (Éxodo 32:4).
La verdadera fe puede aumentar con las experiencias en la cima del monte.
Pero la fe que agrada a Dios no se apoya en cosas visibles (Hebreos 11:1).
La verdadera fe nos ayuda a confiar en Él sin importar lo que suceda. Remi
22 de enero
Una fragancia misteriosa
2 Corintios 2:12–3:6
Porque para Dios somos grato olor de Cristo…
—2 Corintios 2:15
La mayoría de nosotras conoce a alguien —tal vez un pariente o amigo—
que se distingue por un perfume en particular. Aun sin ver a esa persona,
sabemos si está cerca. Sin decir palabras, su fragancia nos da la bienvenida
a su compañía.
Todo cristiano debería ser conocido también por llevar un perfume en
particular: la fragancia de Cristo. Pero esta fragancia no se puede comprar
donde venden cosméticos. Ni siquiera se puede embotellar y vender en la
iglesia. Este misterioso perfume surge única y exclusivamente de nuestra
íntima relación con Cristo, y emana por el aire una influencia sutil pero
notoria hacia los demás.
Alguien dijo de un cristiano en su pequeña ciudad: «Ese hombre nunca
cruza por mi camino sin que yo mejore en algo por ello». Otro comentó
sobre él: «Solamente tienes que estrechar su mano para saber que está lleno
de Dios». Lo más probable es que este admirado creyente haya dado un
testimonio verbal en algún momento. Pero sin el aroma de Cristo, su
testimonio nohabría sido eficaz.
El apóstol Pablo preguntó: «Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?» (2
Corintios 2:16). La respuesta es llana: nuestra fragancia, toda nuestra
suficiencia, viene de Cristo solamente, no de nosotros. ¿Qué perfume te vas
a poner hoy? Joanie
23 de enero
Limpieza en el pasillo 9
Efesios 4:11-32
… de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí […] recibe su
crecimiento para ir edificándose en amor.
—Efesios 4:16
Con el corazón apesadumbrado, me sentí tentada a interrumpir la
conversación. Aunque no había escuchado toda la ácida discusión, capté lo
suficiente como para entender que los cuatro compradores estaban
profundamente insatisfechos con personas de su iglesia local. No los
conocía, pero me dolía esta carnicería verbal del cuerpo de Cristo en un
pasillo público de una tienda.
Destruir verbalmente a alguien que fue creado a imagen de Dios no solo es
incoherente con el carácter de Cristo, sino que entristece al Espíritu Santo
(Efesios 4:30). Las palabras que les decimos a los demás son una ventana
directa a nuestro corazón (vv. 15, 29; Lucas 6:45).
La marca distintiva de la transformación que Jesús produce en nosotras es
la forma en que abordamos las diferencias dentro del cuerpo. Pablo nos
insta a quitar de nosotras «toda amargura, enojo [e] ira» (Efesios 4:31).
Debemos ser un pueblo singular que valore y respete a sus miembros,
mientras decimos «la verdad en amor» (v. 15). A medida que nos
sometamos al Espíritu Santo, las palabras que honran a Cristo fluirán de
nuestro corazón y nuestra boca. Regina
24 de enero
¿Hasta cuándo, Dios?
Habacuc 1:1-4
¿Hasta cuándo, oh Señor, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de
la violencia, y no salvarás?
—Habacuc 1:2
Hace un tiempo, estaba segura de que Dios nos estaba llevando a mi esposo
y a mí en cierta dirección. Estábamos animados y emocionados porque lo
que nunca habíamos soñado se estaba materializando ante nuestros ojos.
Mientras empapábamos el proceso de oración, Dios parecía honrar nuestras
peticiones. Hasta el último momento. Entonces, se nos cerró la puerta en la
cara. Nos quedamos pasmados.
¿Por qué nos harías esto, Dios? ¿Para qué traernos hasta aquí? Nos
sentíamos como el profeta Habacuc, quien se quejó al Señor: «¿Hasta
cuándo, oh Señor, clamaré, y no oirás?» (Habacuc 1:2). Al igual que con
las dos «quejas» de Habacuc —en los capítulos 1 y 2—, para nosotros fue
bueno ser sinceros con Dios. Él conocía nuestras preguntas y nuestras
quejas.
A pesar de sus preguntas, Habacuc pudo declarar: «Con todo, yo me
alegraré en el Señor […]. El Señor es mi fortaleza» (Habacuc 3:18-19).
Dios sigue siendo bueno, incluso cuando las circunstancias no lo son.
Marlena
25 de enero
Extranjeros
Hebreos 11:8-16
Porque esperaba la ciudad […] cuyo arquitecto y constructor es Dios.
—Hebreos 11:10
Para estar segura, señalé en mi mapa dónde había estacionado la bicicleta.
Como la orientación no es mi fuerte, sabía que podía perderme fácilmente
en este laberinto de caminos con edificios históricos.
La vida tendría que haber sido idílica, ya que acababa de casarme con un
inglés y me había mudado a su país. Sin embargo, me sentía perdida.
Mientras estaba callada, era una de ellos, pero en cuanto hablaba, sentía que
me consideraban una turista norteamericana. Todavía no sabía bien cómo
actuar, y pronto me di cuenta de que armonizar la vida entre dos pueblos
testarudos sería más difícil de lo que pensaba.
Me identifiqué con Abraham, quien dejó todo lo que conocía para obedecer
el llamado de Dios a vivir como extranjero en otra tierra (Génesis 12:1).
Enfrentó los desafíos de una cultura diferente confiando en Dios; y unos
dos mil años después, el escritor de Hebreos lo denominó héroe (Hebreos
11:9). Como los demás hombres y mujeres mencionados allí, Abraham
vivió por fe, esperando con ansias lo prometido y aguardando su hogar
celestial.
Como seguidoras de Cristo, somos extranjeras en esta tierra. Por fe,
seguimos adelante, sabiendo que Él nos guiará, que nunca nos abandonará y
que nos llevará al hogar celestial. Él nunca nos dejará ni nos abandonará.
Por fe, anhelamos nuestro hogar. Amy
26 de enero
¿Quién ocupa el centro?
Salmo 33:6-19
El consejo del Señor permanecerá para siempre; los pensamientos de su
corazón por todas las generaciones.
—Salmo 33:11
Hace poco, experimenté lo que, para mí, fue un «momento copernicano»:
yo no soy el centro del universo; el mundo no gira alrededor de mí; no se
mueve a mi paso, en mis términos ni según mis preferencias.
Aunque desearíamos que fuera distinto, la vida no se trata de nosotras
solamente: todo gira alrededor del Señor. En el Salmo 33, leemos que toda
la naturaleza depende de Él y está bajo su control (vv. 6-9). Le asigna
límites al mar y encierra el océano en grandes depósitos. Todo opera según
las leyes que Dios ha establecido.
Del mismo modo, toda la humanidad gira alrededor del Señor (vv. 13-19).
Él ve a toda la raza humana. Hizo nuestro corazón y entiende todo lo que
hacemos, y tiene poder para intervenir en nuestra vida y librarnos de
situaciones fuera de control.
Nuestra vida fue creada para centrarse en Dios, no en nosotras mismas.
¡Qué agradecidas podemos estar de servir a un Dios tan poderoso! Todo
aspecto de nuestra existencia está bajo su control. Poh Fang
27 de enero
Sigue las instrucciones
Salmo 119:129-136
La exposición de tus palabras imparte luz; da entendimiento a los sencillos.
—Salmo 119:130
Después de que una mujer entabló una demanda a un restaurante de
comidas rápidas por haberse quemado con un café, las compañías
comenzaron a cambiar sus manuales y etiquetas de advertencia. Fíjate en
las siguientes instrucciones:
En una comida congelada: Descongelar antes de comer.
En una plancha: ¡Cuidado! No planche la ropa sobre su cuerpo.
En un frasco de mantequilla de cacahuate: Puede contener cacahuates.
Si algunas personas necesitan estas obvias directrices en los artículos para
el hogar, imagínate cuánto más necesitamos la guía de Dios. El Salmo 119
habla de la importancia de su manual de instrucciones: la Biblia. En las
páginas de las Escrituras encontramos lo que Dios quiere que creamos,
seamos y hagamos.
«Cree en el Señor Jesús, y serás salvo…» (Hechos 16:31).
«Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos
a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo» (Efesios 4:32).
Pídele al Señor que te enseñe sus estatutos y dirija tus pasos según su
Palabra (Salmo 119:133, 135). Luego, léela con frecuencia y sigue las
instrucciones. Anne
28 de enero
Te presento a Shrek
Ezequiel 34:11-16
… yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré.
—Ezequiel 34:11
Shrek era una oveja desertora. Se alejó de su rebaño y estuvo perdida
durante seis años. La persona que la encontró viviendo en una cueva en un
lugar alto y escarpado de Nueva Zelanda no se dio cuenta de que era una
oveja. «Parecía una especie de bestia bíblica», declaró. En cierto modo, lo
era. Shrek era un cuadro de lo que les sucede a las ovejas que se separan de
su pastor.
Tuvieron que bajarla de la montaña, porque tenía la lana tan larga y pesada
(27 kilos) que no podía caminar sin ayuda. Para aliviarla del peso de su
rebeldía, la colgaron cabeza abajo, para que se quedara quieta y no se
lastimara cuando el esquilador le cortaba el pesado vellón.
La historia de Shrek ilustra la metáfora que utilizó Jesús cuando se
autodenominó el buen Pastor (Juan 10:11), y cuando Dios se refirió a su
pueblo como sus ovejas (Ezequiel 34:31). Tal como Shrek, no tomamos
buenas decisiones cuando lo hacemos a solas, y el peso de las
consecuencias nos aplasta (Ezequiel 33:10). Para aliviar ese peso, tal vez
tengamos que caer de espaldas durante un tiempo. Y cuando terminamos en
esa posición, es bueno permanecer quietas y confiar en que el buen Pastor
hará su obra sin lastimarnos. Julie
29 de enero
Dejar cosas
Juan 4:9-14, 27-29
… la mujer dejó su cántaro, […] y dijo […]: Venid, ved a un hombre que
me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No seráéste el Cristo?
—Juan 4:28-29
Durante poco más de un año, después de que nuestro hijo adolescente
obtuvo su licencia de conducir y comenzó a llevar billetera, recibimos
varias llamadas de personas que la habían encontrado en distintos lugares.
Le advertimos que fuera más cuidadoso y que no la dejara en cualquier
lado.
De todos modos, dejar cosas no es siempre algo malo. En Juan 4, leemos
sobre una mujer que había ido a buscar agua a un pozo. Sin embargo, ese
día, después de encontrarse con Jesús, cambió inmediatamente de objetivo.
Dejó el cántaro de agua y regresó a la ciudad rápidamente para contarles a
otros lo que el Señor le había dicho (vv. 28-29). Aun su necesidad física de
agua perdió sentido frente a la oportunidad de hablarles a otros sobre el
Hombre a quien acababa de conocer.
Pedro y Andrés hicieron algo parecido cuando Jesús los llamó: dejaron sus
redes de pesca (que eran su medio de ganarse la vida) y siguieron al Señor
(Mateo 4:18-20).
Nuestra nueva vida, siguiendo a Jesucristo, tal vez implique dejar algunas
cosas, incluso aquellas que brindan satisfacción durante algún tiempo.
Aquello que anteriormente deseábamos no puede compararse con la vida y
el «agua viva» que ofrece Cristo. Cindy
30 de enero
Una alternativa al enojo
Proverbios 20:1-15
Honra es del hombre dejar la contienda…
—Proverbios 20:3
Una mañana, en Perth, Australia, Fionn Mulholland descubrió que su auto
había desaparecido. Entonces, se dio cuenta de que por error, había
estacionado en una zona restringida y lo habían remolcado. Se sintió
frustrado —en especial, por la multa de 600 dólares—, pero decidió no
enojarse. En cambio, Mulholland escribió un poema cómico sobre la
situación y se lo leyó al empleado del corralón. Al hombre le gustó el
poema, y así se evitó una posible confrontación desagradable.
El libro de Proverbios enseña: «Honra es del hombre dejar la contienda»
(20:3). La contienda es esa fricción que hierve debajo de la superficie o que
explota entre personas que no se ponen de acuerdo.
Dios nos ha dado recursos para vivir en paz con los demás. Su Palabra nos
garantiza que podemos enojarnos sin pecar (Efesios 4:26). Su Espíritu nos
permite controlar las chispas de furia que nos llevan a atacar con nuestras
palabras y acciones a los que nos agreden. Y Dios nos ha dado su ejemplo
para imitar cuando nos provocan (1 Pedro 2:23). Hay alternativas al enojo
innecesario. Jennifer
31 de enero
Prueba por ti mismo
Salmo 34:1-8
Gustad, y ved que es bueno el Señor; dichoso el hombre que confía en él .
—Salmo 34:8
Una amiga publicó en su página de Facebook una receta para olla de
cocción lenta. El resultado parecía tentador, así que descargué la receta, con
la intención de usarla algún día. Poco después, otra amiga estaba buscando
una receta similar, así que le envié esa. Ella se la reenvió a varias amigas,
que también la compartieron.
Más adelante, me enteré de que la receta se había compartido por todas
partes, aunque nadie (ni siquiera la amiga que la había publicado
originalmente) había preparado el platillo. La recomendamos sin haberla
probado.
A veces, hacemos algo similar con temas de la fe. Aunque nuestras
motivaciones para «la necesaria edificación» de los demás (Efesios 4:29)
son buenas y bíblicas, a menudo, es más fácil contar historias sobre confiar
en Dios que ejercer fe en Él por nuestra cuenta.
Dios no quiere que simplemente hable de Él, quiere que lo experimente.
¡Que hoy podamos probar y ver que Dios es bueno! Roxanne
1 de febrero
De la tristeza al gozo
Juan 16:16-22
… lloraréis y lamentaréis, […] pero […] vuestra tristeza se convertirá en
gozo.
—Juan 16:20
El embarazo de Kelly empezó a complicarse, y después de un largo trabajo
de parto, los médicos decidieron hacerle una cesárea. Sin embargo, al
sostener en sus brazos a su bebé, Kelly olvidó pronto su dolor. El gozo
había desplazado la angustia.
La Escritura afirma: «La mujer cuando da a luz, tiene dolor […]; pero
después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el
gozo de que haya nacido un hombre en el mundo» (Juan 16:21). Jesús usó
esta ilustración con sus discípulos para enfatizar que aunque sufrirían
porque pronto Él los dejaría, ese dolor se transformaría en gozo cuando
volvieran a verlo (vv. 20-22).
Jesús se refería a su muerte y resurrección… y a lo que seguiría. Después de
su resurrección, pasó otros 40 días con los discípulos antes de ascender al
cielo. Sin embargo, no los dejaría sin consuelo. El Espíritu Santo los
llenaría de gozo (Juan 16:7-15; Hechos 13:52).
Aunque nunca hemos visto a Jesús cara a cara, como creyentes, tenemos la
seguridad de que un día, lo haremos. Ese día, la angustia que sufrimos en
esta tierra quedará en el olvido. Pero hasta entonces, el Señor no nos dejó
sin gozo… nos ha dado su Espíritu (Romanos 15:13; 1 Pedro 1:8-9). Alyson
2 de febrero
Una vida en tiendas
Génesis 12:4-9
Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda…
—Génesis 12:8
Como crecí en Minnesota, un lugar conocido por la gran cantidad de lagos
hermosos, me encantaba salir a acampar para disfrutar de las maravillas de
la creación de Dios. Pero dormir en una tienda endeble no era lo que más
me gustaba de la experiencia; en especial, cuando una noche lluviosa y una
tienda con goteras terminaban en una bolsa de dormir empapada.
Me maravilla pensar que uno de los héroes de la fe pasó cien años en
tiendas. A los 75 años, Abraham escuchó el llamado de Dios para que
dejara su tierra y el Señor lo convirtiera en una nueva nación (Génesis 12:1-
2). Abraham obedeció, y por el resto de su vida, hasta que murió a los 175
años (25:7), vivió en tiendas, lejos de su tierra natal.
Aunque amamos este planeta y servimos a quienes viven en él, quizá
anhelemos más profundamente lo que significa tener un hogar. Como
Abraham, cuando el viento sacuda nuestras cubiertas endebles o la lluvia
las empape, podemos mirar con fe a la ciudad por venir, aquella cuyo
«arquitecto y constructor es Dios» (Hebreos 11:10). Que podamos, como él,
tener la esperanza de que Dios está obrando para hacer nueva su creación,
una futura «patria mejor, esto es, celestial» (v. 16) . Amy
3 de febrero
Flores eternas
Isaías 40:1-8
Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro
permanece para siempre.
—Isaías 40:8
Cuando era pequeño, a mi hijo Xavier le gustaba traerme flores. Yo
atesoraba cada uno de esos regalitos, hasta que se marchitaban y tenía que
tirarlos.
Un día, me regaló un hermoso ramo de flores artificiales. Sonrió mientras
acomodaba las flores en un jarrón de vidrio, y me dijo: «¡Mira, mamá!
Durarán para siempre. Así es como te amo».
Desde entonces, mi niño creció y se transformó en un jovencito. Los pétalos
de seda se fueron desgastando, pero esas flores todavía me recuerdan su
afecto. Además, me traen a la mente algo que dura para siempre: el amor
ilimitado y eterno de Dios, revelado en su Palabra infalible y perdurable
(Isaías 40:8).
Mientras los israelitas sufrían prueba tras prueba, Isaías los consoló con
confianza en las palabras eternas de Dios (40:1). Proclamó que Él había
pagado la deuda del pecado de los israelitas (v. 2), asegurando así su
esperanza en el Mesías venidero (vv. 3-5). Ellos confiaron en el profeta
porque se concentraba en Dios, no en las circunstancias.
En un mundo lleno de incertidumbres y aflicción, las opiniones de los
hombres e incluso nuestros propios sentimientos siempre están cambiando y
son tan limitados como nuestra existencia (vv. 6-7). Aun así, podemos
confiar en el amor y el carácter inalterables de Dios, como aparecen
revelados en su Palabra firme y eternamente veraz. Xochitl
4 de febrero
El bien supremo
Filipenses 3:1-11
… estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento
de Cristo Jesús, mi Señor…
—Hechos 15:8
Mientras crecía en Jamaica, mis padres nos criaron a mi hermana y a mí
para que fuéramos «buenas personas». En casa, bueno significaba obedecer
a nuestros padres, decir la verdad,esforzarse en la escuela y el trabajo, y
asistir a la iglesia… al menos, en Pascua y Navidad. Supongo que esta
definición de ser una buena persona trasciende la cultura. Es más, el apóstol
Pablo, en Filipenses 3, usó la definición cultural de ser bueno para expresar
algo más grande.
Como Pablo era un judío devoto del primer siglo, seguía la ley moral al pie
de la letra. Había nacido en la familia «correcta», tenía la educación
«correcta» y practicaba la religión «correcta». Era un buen hombre hecho y
derecho, según la costumbre judía. En el versículo 4, Pablo escribe que
podía jactarse de su bondad si quería, pero les explicó a sus lectores que no
bastaba con ser bueno. Sabía que, aunque era bueno ser bueno, no era lo
mismo que agradar a Dios.
En los versículos 7-8, Pablo escribe que agradar a Dios supone conocer a
Jesús. Consideraba su propia bondad una «pérdida», al compararla con «la
excelencia del conocimiento de Cristo Jesús». Somos buenas (y agradamos
a Dios) cuando nuestra esperanza y nuestra fe están puestas solo en Cristo,
no en nuestra bondad. Karen
5 de febrero
Dulce compañía
Juan 14:15-26
El Espíritu de verdad […] mora con vosotros, y estará en vosotros.
—Juan 14:17
La abuela no hablaba con nadie ni pedía nada en la residencia de ancianos.
Parecía que apenas si existía, mientras se mecía en su vieja silla chirriante.
Como no tenía muchos visitantes, una joven enfermera solía ir hasta su
habitación cuando tenía un momento libre. No le hacía preguntas para
intentar que hablara; simplemente, acercaba otra silla y se mecía con ella.
Después de varios meses, la anciana le dijo: «Gracias por mecerte
conmigo». Estaba agradecida por la compañía.
Antes de regresar al cielo, Jesús prometió enviarles un compañero constante
a sus discípulos. Les dijo que no los dejaría solos, sino que les enviaría al
Espíritu Santo para que estuviera en ellos (Juan 14:17). Esta promesa sigue
teniendo vigencia para los que creen en Jesús hoy. Él dijo que el Dios trino
hará su «morada» en nosotras (v. 23).
El Señor es nuestro compañero íntimo y fiel durante toda la vida. Nos
guiará en nuestras peores luchas, perdonará nuestro pecado, escuchará cada
oración silenciosa y cargará con lo que nosotras no podemos llevar.
Podemos disfrutar de su dulce compañía hoy. Anne
6 de febrero
Escuchar a Dios
Génesis 3:8-17
Mas el Señor Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?
—Génesis 3:9
Ami hijo le encanta escucharme hablar, excepto cuando lo llamo con
firmeza y en voz alta, y pregunto: «¿Dónde estás?». En esos casos, por lo
general, lo estoy llamando porque se metió en algún lío y está tratando de
esconderse. En realidad, mi intención es que mi hijo escuche mi voz porque
me preocupo por su bienestar y no quiero que se haga daño.
Adán y Eva estaban acostumbrados a escuchar la voz de Dios en el huerto
de Edén. Sin embargo, después de desobedecerlo al comer del fruto
prohibido, se escondieron; pero oyeron que Él llamaba: «¿Dónde estás tú?»
(Génesis 3:9). No querían enfrentarse a Dios porque sabían que habían
hecho algo malo; algo que Él les había dicho que no hicieran (v. 11).
Cuando Dios llamó a Adán y Eva y los encontró en el huerto, sin duda, sus
palabras incluían una disciplina y sus consecuencias (vv. 13-19). No
obstante, Él también les mostró su bondad y dio esperanza a la humanidad
al prometerles un Salvador (v. 15).
Dios no necesita buscarnos, ya que sabe dónde estamos y qué intentamos
hacer. Pero como un Padre amoroso, quiere hablarnos al corazón y
brindarnos perdón y restauración. El Señor anhela que oigamos su voz… y
que escuchemos. Keila
7 de febrero
Soltarse el cabello
Juan 12:1-8
… María tomó una libra de perfume […], y ungió los pies de Jesús, y los
enjugó con sus cabellos.
—Lucas 11:3
Poco antes de que crucificaran a Jesús, una mujer llamada María derramó
un frasco de un caro perfume sobre los pies del Señor. Después, en un acto
aun más osado, le secó los pies con su cabello (Juan 12:3) . María no solo
sacrificó lo que posiblemente eran los ahorros de toda su vida, sino también
su reputación. En esa cultura, las mujeres respetables nunca se soltaban el
cabello en público. Pero al verdadero adorador, no le preocupa lo que
piensen los demás (2 Samuel 6:21-22) . Para adorar a Jesús, María estuvo
dispuesta a que pensaran que ella era indecente; quizá incluso inmoral.
Tal vez sintamos la presión de ser perfectas cuando vamos a la iglesia, para
que los demás piensen bien de nosotras. Metafóricamente hablando, nos
esforzamos por mantener cada cabello en su lugar. Sin embargo, en una
iglesia saludable, podemos «soltarnos el cabello» y no esconder nuestras
imperfecciones. Deberíamos poder revelar nuestra debilidad y encontrar
fuerzas.
Adorar no implica comportarse como si nada estuviera mal; es asegurarnos
de que todo esté bien… con Dios y con los demás. Cuando nuestro mayor
temor es soltarnos el cabello, quizá nuestro mayor pecado sea mantenerlo
recogido. Julie
8 de febrero
Mis amigos y yo
1 Samuel 18:1-4; 23:15-18
E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a sí mismo.
—1 Samuel 18:3
Juan Crisóstomo (347-407) , escribió sobre la amistad: «Tal es la amistad,
que por ella amamos lugares y estaciones; porque […] como las flores
dejan caer sus delicados pétalos sobre el suelo que las rodea, así los amigos
imparten gracia incluso en los lugares donde habitan».
Jonatán y David ilustran la dulzura de una amistad genuina. La Biblia
registra un vínculo cercano e inmediato entre ellos (1 Samuel 18:1).
Mantuvieron viva su amistad demostrando lealtad mutua (18:3; 20:16, 42;
23:18), y nutriéndola con expresiones de interés el uno por el otro. Jonatán
le entregó regalos a David (18:4) y lo protegió en medio de muchas
dificultades (19:1-2; 20:12-13).
En 1 Samuel 23:16, vemos el momento más destacado de su amistad.
Cuando David huía del padre de Jonatán, como fugitivo, «Jonatán hijo de
Saúl fue a Hores para visitar a David, y lo animó a no perder su confianza
en Dios» (RVC). Los amigos ayudan a encontrar fuerzas en el Señor en los
momentos tristes de la vida.
En un mundo donde la mayoría de las relaciones interpersonales dependen
de lo que podamos conseguir, seamos la clase de amigas que se centran en
lo que pueden dar. Jesús, nuestro Amigo perfecto, nos mostró que «nadie
tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos» (Juan
15:13). Poh Fang
9 de febrero
Un despertar de esperanza
Ezequiel 37:1-28
[Dios] me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?…
—Ezequiel 37:3
En su blog, Gayla describió cómo rescató un cactus de un tarro de basura.
Con algo de poda, la planta, que parecía muerta, se puso radiante. Entonces,
compartió los detalles de la transformación para ayudar a otros que estaban
desesperanzados con sus cactus.
Cuando Dios preguntó si los huesos secos volverían a vivir, tomó
desprevenido a Ezequiel. No parecía que pudieran volver a formar parte de
seres vivos. Por lo tanto, el profeta respondió: «Señor […], tú lo sabes»
(Ezequiel 37:3).
En medio del cautiverio, el pueblo de Dios quizá sentía que nunca saldría
del hoyo que su pecado había cavado. Toda esperanza parecía estar perdida.
Entonces, Dios envió palabra a través de Ezequiel, comparando a Israel con
los huesos secos del valle. Aunque ellos creían que no había esperanza,
Dios derramaría su Espíritu sobre ellos y los libraría del cautiverio. En lugar
de ser cortados, volverían a levantarse como un ejército fuerte.
Nosotras podemos perder de vista la esperanza en medio de situaciones
difíciles. Pero con Dios, siempre hay esperanza. No importa dónde estés
hoy, qué herida o desilusión estés enfrentando, escucha estas palabras que
Dios le comunicó al antiguo Israel: «Y sabréis que yo soy el Señor […],
pueblo mío. Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis…» (Ezequiel
37:13-14).
¡La esperanza y la vida surgen de Dios! Remy
10 de febrero
En medio de leones
Daniel 6:19-28
… él es el Dios viviente y permanece por todos los siglos…
—Daniel 6:26
Cuando visité un museoen Chicago, vi uno de los Leones Andantes
originales de Babilonia. Era un relieve mural inmenso de un león alado con
una expresión feroz. Como símbolo de Istar, la diosa babilonia del amor y la
guerra, este era un ejemplo de 120 leones similares que enmarcaban una vía
procesional babilónica.
Los historiadores afirman que después de que los babilonios conquistaron
Jerusalén, los cautivos hebreos habrían visto estos leones durante el reinado
de Nabucodonosor. Además, es probable que algunos hayan creído que Istar
había vencido al Dios de Israel.
Daniel, uno de los esclavos hebreos, no compartía estos interrogantes que
tal vez hayan afligido a algunos israelitas. Su visión y su compromiso con
Dios permanecieron firmes. Oraba tres veces al día, con la ventana abierta,
incluso cuando sabía que esto lo llevaría al foso de los leones. Después de
que Dios rescató a Daniel de los hambrientos animales, el rey Darío
exclamó: «[El Dios de Daniel] es el Dios viviente y permanece por todos
los siglos […]. Él salva y libra» (Daniel 6:26-27). La fidelidad de Daniel le
permitió influenciar a los líderes babilonios.
Permanecer fiel a Dios a pesar de la presión y el desánimo puede inspirar a
otros a glorificarlo. Jennifer
11 de febrero
Orgullo y prejuicio
Juan 1:43-51
«Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe:
Ven y ve».
—Juan 1:46
Tristemente, todos tenemos prejuicios. Un día, me sorprendió darme cuenta
de mi propio prejuicio contra una denominación cristiana. Personas de allí
me habían lastimado, y cada vez que surgía el nombre de la denominación,
me venían a la mente palabras como «fariseos» y «legalistas». Básicamente,
pensaba: ¿Acaso puede salir algo bueno de esa denominación?
Una vez, Natanael hizo una pregunta similar respecto al pueblo natal de
Jesús. Todo empezó cuando Felipe le dijo a Natanael que Jesús era el
Mesías prometido (Juan 1:45). Pero la respuesta de Natanael indicó que
Nazaret tenía mala reputación. ¿Cómo era posible que el Mesías saliera de
un lugar así?
Natanael tenía un prejuicio contra los nazarenos; no creía que fueran
importantes ni que tuvieran demasiado para ofrecerle al mundo. Pero Jesús
le dio la sorpresa de su vida. En la primera conversación con Jesús, se hizo
tan evidente que Él era en verdad el Mesías, que Natanael exclamó: «Rabí,
tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel» (v. 49).
Sí, cada una de nosotras tiene prejuicios. Pero gracias a Dios, Él no tiene
prejuicios ni muestra favoritismo (Romanos 2:11). ¡Que podamos imitar su
amor! Marlena
12 de febrero
Una obra en progreso
Juan 15:9-17
Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y
Salvador Jesucristo…
—2 Pedro 3:18
Pablo Casals era considerado el violonchelista más destacado de la primera
mitad del siglo
xx
. Un día, un joven periodista le preguntó: «Señor Casals, usted tiene 95 años
y es el mejor violonchelista que ha existido. ¿Por qué sigue ensayando seis
horas por día?».
El músico respondió: «Porque me parece que estoy progresando».
¡Qué actitud tan excelente! Como creyentes en Cristo, nunca deberíamos
estar satisfechos, pensando que hemos alcanzado algún autoproclamado
pináculo de éxito espiritual, sino continuar creciendo «en la gracia y el
conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo» (2 Pedro 3:18). El
resultado de un crecimiento saludable es seguir dando fruto espiritual
durante toda la vida. Nuestro Señor promete: «Yo soy la vid, vosotros los
pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto» (v.
5).
Podemos confiar en que el que comenzó en nosotras una «buena obra»
continuará realizándola hasta que esté completamente terminada el día que
Él regrese (Filipenses 1:6). Cindy
13 de febrero
Vestidos del Señor
Romanos 13:11-14
… vestíos del Señor Jesucristo…
—Romanos 13:14
En su libro Wearing God [Vestidos de Dios], Lauren Winner dice que
nuestra ropa puede comunicar quiénes somos. Winner escribe: «Es
interesante que, con una prenda, los cristianos puedan hablar de Jesús a
otros sin pronunciar palabra».
Según Pablo, de la misma manera, podemos representar a Cristo sin hablar.
Romanos 13:14 nos insta a vestirnos «del Señor Jesucristo», y no proveer
«para los deseos de la carne». Cuando aceptamos a Cristo como Salvador,
adoptamos su identidad. Somos «hijos de Dios por la fe» (Gálatas 3:26).
Esa es nuestra condición. Sin embargo, cada día, tenemos que vestirnos de
su carácter, esforzándonos por vivir como Jesús; creciendo en piedad, amor
y obediencia; y dándole la espalda al pecado que nos esclavizaba.
Este crecimiento en Cristo es obra del Espíritu Santo en nosotros y de
nuestro deseo de acercarnos a Él mediante el estudio de la Palabra, la
oración y la comunión con otros creyentes (Juan 14:26). Cuando los demás
ven nuestras palabras y actitudes, ¿qué declaran estas sobre Cristo? Alyson
14 de febrero
Candados de amor
Romanos 8:31-39
… Den gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura para
siempre.
—Salmo 106:1 (NVI)
En junio de 2015, en París, se removieron 45 toneladas de candados de las
barandas del Puente de las Artes. Como un gesto romántico, las parejas
grababan sus iniciales en un candado, lo colocaban en la baranda, lo
cerraban y arrojaban la llave al río Sena.
Como este ritual se había repetido miles de veces, el puente ya no podía
soportar más el peso de tanto «amor». Por fin, el gobierno de la ciudad, para
proteger el puente, quitó los «candados de amor».
El propósito de los candados era simbolizar amor eterno, pero el amor
humano no dura para siempre. El amor humano puede ser inconstante.
Pero hay un amor invariable y duradero: el amor de Dios. Como afirma el
Salmo 106:1: «Den gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor
perdura para siempre» (NVI). Las promesas de este amor inalterable y
eterno se encuentran en toda la Biblia. Y su mayor demostración es la
muerte de su Hijo para que los que creen en Él tengan vida eterna. Nada nos
separará de su amor (Romanos 8:38-38).
Hermana en Cristo, ¡alaba a Dios! Su amor nos ha prendado para siempre.
Cindy
15 de febrero
Tiempo para crecer
Gálatas 6:1-10
… a su tiempo segaremos, si no desmayamos.
—Gálatas 6:9
En su casa nueva, Débora encontró una planta abandonada: una orquídea
enmohecida; y se imaginó lo hermosa que luciría la planta cuando brotara
de nuevo. Movió la maceta a un lugar cerca de la ventana, le cortó las hojas
y la regó. Durante semanas, inspeccionó la planta, pero los brotes no
aparecían. «Le daré un mes más —le dijo a su esposo—. Si no pasa nada
para entonces, la tiro».
Cuando llegó el día de decidir, no podía creer lo que veía: ¡dos pequeños
brotes estaban asomando entre las hojas! La planta seguía viva.
A veces, ¿te desanima tu aparente falta de crecimiento espiritual? Quizá te
descontrolas con frecuencia o disfrutas de ese chisme malicioso que no
puedes evitar contarle a alguien. O tal vez hayas dejado de orar o leer tu
Biblia durante un tiempo.
¿Por qué no le cuentas a una amiga confiable sobre las áreas de tu vida en
las que deseas crecer espiritualmente, y le pides que ore por ti y te aliente a
ser responsable? Ten paciencia. Crecerás en la medida en que permitas que
el Espíritu Santo obre en ti. Marion
16 de febrero
¿Quién tiene la culpa?
Mateo 15:7-21
Porque del corazón salen los malos pensamientos, […] que contaminan al
hombre…
—Mateo 15:19-20
Mientras levantaba botellas vacías de la playa y las ponía en el cesto de
basura que estaba cerca, le refunfuñé a mi esposo: «¿Qué les cuesta traer la
basura hasta aquí? Espero que sean turistas. No quiero imaginar que las
personas de aquí descuiden tanto nuestra playa».
Al día siguiente, encontré una oración que había escrito hacía años sobre
juzgar a los demás. Mis propias palabras me recordaron el error de
enorgullecerme por haber limpiado el desorden provocado por otras
personas. En realidad, ignoro muchas cosas sobre mí misma; en especial, en
lo espiritual.
Me apresuro a afirmar que la «basura» que genera mal olor a mi alrededorles pertenece a otras personas y no a mí. Pero nada de esto es cierto. Nada
externo puede condenarme ni contaminarme, sino solo lo que tengo adentro
(Mateo 15:19-20). La verdadera basura es la actitud que me lleva a
despreciar el olorcillo del pecado de los demás, mientras ignoro la
hediondez del mío. Julie
17 de febrero
El pequeño evangelista
Marcos 12:28-34
Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con
toda tu mente, y con toda tu fuerza.
—Marcos 12:30
Miguel, mi vecino de seis años de edad, y yo estábamos conversando en mi
jardín cuando pasaron por allí dos niños nuevos en el vecindario. Después
de que les pregunté sus nombres, la primera pregunta que les hizo Miguel
fue: «¿Aman a Dios?». Azúcar, un niño de cinco años, respondió: «¡No!»
Miguel le dio una mirada de desaprobación y preocupación. Cuando Nana,
una niña de cuatro años, notó que no estaba contento con la respuesta, dijo:
«¡Sí!»
La estrategia de Miguel para testificar tal vez no sea la más eficaz. Sin
embargo, él tiene una pregunta importante para la gente con la que se
encuentra (y lo he escuchado hacerla muchas veces más).
A Jesús le preguntaron: «¿Cuál mandamiento es el más importante de
todos?» (Marcos 12:28). Él contestó: «El más importante es: Escucha,
Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es; y amarás al Señor tu Dios
con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu
fuerza» (vv. 29-30).
Amar a Dios ha de ser nuestra primera prioridad también. Por eso, mi
pequeño amigo Miguel quiere saber: «¿Amas a Dios?». Anne
18 de febrero
Hacer lo correcto a los ojos de Dios
2 Reyes 12:1-15
Y Joás hizo lo recto ante los ojos del Señor todo el tiempo que le dirigió el
sacerdote Joiada.
—2 Reyes 12:2
«M onstructores vaqueros» es un término que muchos británicos usan para
referirse a obreros que hacen trabajos de construcción de mala calidad. El
término implica temor o pesar, a menudo, como resultado de malas
experiencias.
Es indudable que había carpinteros, herreros y talladores deshonestos en los
tiempos bíblicos, pero en la historia del rey Joás y su tarea de reconstruir el
templo, aparece una frase acerca de la total honestidad de aquellos que
supervisaban la obra y de los que trabajaban en ella (2 Reyes 12:15).
No obstante, el rey Joás «hizo lo recto ante los ojos del Señor» (v. 2)
solamente mientras el sacerdote Joiada lo instruyó. Tal como vemos en 2
Crónicas 24:17-27, cuando Joiada murió, Joás se alejó del Señor y fue
persuadido a adorar a otros dioses.
El legado mixto de un rey que disfrutó de un período productivo solamente
cuando estuvo bajo el consejo espiritual de un sacerdote piadoso hace que
me detenga a pensar. ¿Cuál será nuestro legado? ¿Seguiremos creciendo y
desarrollando nuestra fe durante toda la vida y produciendo buen fruto? ¿O
las cosas de este mundo nos distraerán para que recurramos a los ídolos
actuales, tales como el confort, el materialismo y el éxito personal? Amy
19 de febrero
Sirve sin distracción
Lucas 10:38-42
Pero Marta se preocupaba con todos los preparativos…
—Lucas 10:40
Mientras Marta servía a Jesús generosamente, su hermana María se sentó a
los pies de Él a escuchar y aprender. Charles H. Spurgeon (1834-1892)
escribió: «Debemos servir mucho, y a la vez, tener mucha comunión. Para
esto, necesitamos mucha gracia. Es más fácil servir que tener comunión».
Una vez conocí a una joven madre que encontró gracia para hacer las dos
cosas. Tenía sed de Dios y de su Palabra, pero estaba inevitablemente
inmersa en la vida familiar de cada día. Entonces, tuvo una idea. En cada
habitación, colocó papel y lápiz sobre una superficie alta. Mientras servía al
Señor en sus responsabilidades caseras, también se mantenía abierta a Dios.
Siempre que le venía a la mente un pasaje bíblico, algo que confesar o
corregir, o un motivo de oración, lo escribía en la libretita que estaba más
cerca. A la noche, después de que los niños se dormían, recogía los papeles
y los repasaba en oración, con su Biblia abierta.
Esta mujer halló una forma de ser Marta y María al mismo tiempo. Ojalá
que nosotras también descubramos formas de servir a Dios y tener
comunión con Él. Joanie
20 de febrero
¿Hasta cuándo?
Habacuc 1:2-11
¿Hasta cuándo, oh Señor, clamaré…?
—Habacuc 1:2
Cuando me casé, pensé que tendría hijos enseguida. Pero no fue así, y la
angustia de la esterilidad me puso de rodillas. Solía clamar a Dios: «¿Hasta
cuándo?». Sabía que Él podía modificar mi situación, pero ¿por qué no lo
hacía?
¿Estás esperando en Dios? ¿Le preguntas cuánto tiempo falta para que la
justicia prevalezca en este mundo, para que haya una cura para el cáncer,
para que puedas saldar todas tus deudas?
El profeta Habacuc conocía bien ese sentimiento. En el siglo
vii
a.C., clamó: «¿Hasta cuándo, oh Señor, clamaré, y no oirás; y daré voces a
ti a causa de la violencia, y no salvarás? ¿Por qué me haces ver iniquidad, y
haces que vea molestia?» (Habacuc 1:2-3). Oró durante mucho tiempo,
luchando para entender cómo un Dios justo y poderoso podía permitir que
la maldad, la injusticia y la corrupción siguieran en Judá. ¿Por qué Dios no
hacía nada?
Hay días cuando nosotras sentimos como si Dios no hiciera nada. Como
Habacuc, le preguntamos continuamente: «¿Hasta cuándo?».
Debemos seguir dejando todo en sus manos porque Él se ocupa de nosotras.
Nos oye, y a su tiempo, nos responderá. Karen
21 de febrero
No es mío
Proverbios 31:1-26
Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.
—Proverbios 3:6
Mi esposo y yo creemos que los padres son las personas más influyentes en
la vida de un hijo. Pero a veces, nos preguntamos si nuestras decisiones de
crianza estarán teniendo el impacto que esperamos. Nuestros hijos son
adolescentes ahora, y están teniendo cada vez más experiencias por su
cuenta. Últimamente, me encuentro buscando más y más oportunidades
para orar por ellos.
Todo padre enfrenta el temor al fracaso. Estas inquietudes aumentan cuando
reconocemos la influencia que tenemos sobre el desarrollo espiritual de
nuestros hijos (Salmo 78:1-7). Tememos que se alejen de las verdades que
hemos intentado inculcarles. Por eso, es un consuelo saber que hay Alguien
que está siempre atento y siempre obrando más allá de lo que podemos ver
(Salmo 33:18; Proverbios 2:12, 26).
Como padres, podemos orar con denuedo pidiendo la sabiduría de Dios
sobre nuestros hijos (Proverbios 3:5-7, 13-18). Y debemos aprender a
«buscar su voluntad en todo lo que [hagamos]» (Proverbios 3:6 NTV).
Nuestra mayor influencia espiritual sobre nuestros hijos se encuentra en la
manera en que vivimos nuestra fe delante de ellos. Regina
22 de febrero
Victoria sobre la muerte
Deuteronomio 31:1-8
Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de
nuestro Señor Jesucristo.
—1 Corintios 15:57
Mientras estaba en una cafetería en Uganda, conocí a un joven que había
presenciado y sobrevivido (al esconderse en un helado congelador de
carnes) el ataque terrorista del 21 de septiembre de 2013 en el centro
comercial Westgate en Nairobi, Kenia, el cual dejó 67 muertos. Aunque
estaba entre los que fueron rescatados, durante esa horrible prueba, el
hombre vio el rostro del mal mientras personas inocentes eran asesinadas a
punta de pistola —algunas, a quemarropa— si no lograban convencer a los
militantes radicales de que compartían la misma religión.
Mientras miraba a otros morir, este joven tenía toda razón para creer que no
saldría con vida. Sin embargo, me dijo que como estaba seguro de que
había sido salvo por gracia (Efesios 2:8-9) y de que Jesús es su Salvador (1
Timoteo 1:1), le temía al dolor, pero no a la muerte.
Considero que fue un regalo de Dios haber conocido a este hombre, porque
él es un testimonio vivo de que Dios y su Palabra pueden tranquilizar
nuestro corazón y concedernos paz mental durante las situaciones más
horrorosas sobre la tierra.
Podemos aferrarnos a esa confianza, que está disponible solo a través de
Cristo. Roxanne
23 de febrero
Una entradaaudaz
Hebreos 4:14-16
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia…
—Hebreos 4:16
Una mañana, Scott Long y su esposa acababan de despertar y se
encontraban acostados en su cama cuando de repente, un jovencito entró en
su dormitorio. Dio la vuelta a la cama hasta llegar al lado de Scott.
Si el intruso hubiera sido un extraño total, su entrada habría sido delictiva.
Si hubiera sido un amigo, su entrada habría sido simplemente ofensiva.
Pero se trataba de su hijito, el cual entró en la habitación, saltó a la cama y
dijo con audacia: «Quiero acostarme en el medio». A Scott le impresionó
mucho la belleza de la seguridad que siente un niño al saber que es querido.
Nosotros somos bienvenidos también en la presencia de nuestro Padre
celestial. Hebreos 4:16 nos dice que podemos acercarnos «confiadamente al
trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el
oportuno socorro». Podemos acercarnos a Él con confianza para hablar de
cualquier cosa —nuestras necesidades y nuestros deseos—, sabiendo que
Dios se interesa por nosotras (1 Pedro 5:7).
No seamos necias ni ignoremos la ayuda que podemos encontrar en la
oración a nuestro Padre. En cambio, acerquémonos a Él con la audacia de
un niño que sabe que es amado y querido por su padre. Anne
24 de febrero
Permanecer fiel
Daniel 3:1-30
Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco
adoraremos la estatua que has levantado.
—Daniel 3:18
En el libro de Daniel, Nabucodonosor había levantado una imagen de oro y
decretado que todos debían inclinarse a adorarla. Sin embargo, Sadrac,
Mesac y Abed-nego se negaron a arrodillarse (3:12) . Enfurecido, el rey les
dio una última oportunidad para obedecer, o de lo contrario, enfrentar la
muerte certera.
Los jóvenes no vacilaron. Rechazaron la oferta del rey, declarando: «He
aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos […]. Y si no, sepas, oh
rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que
has levantado» (vv. 17-18). En lugar de concentrarse en la salvación que
Dios podía darles, los tres centraron sus vidas y sus acciones en la persona
del Señor.
Nuestra capacidad de permanecer firmes en medio de las pruebas depende
de nuestro foco. Si solo estamos buscando una liberación inmediata, tal vez
no resistamos. Pero si estamos buscando a Jesús, Él nos ayudará a entender
que pase lo que pase, nuestro fundamento es quién es Dios, no lo que hace
por nosotras. Remi
25 de febrero
¿Qué a ti?
Juan 21:15-22
Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme
tú.
—Juan 21:22
Atodas nos cuesta no ser entrometidas a veces. Por momentos, nos
concentramos en averiguar lo que les sucede a los demás, y quitamos
nuestros ojos de Jesús. Olvidamos ser agradecidas por lo que Jesús ha
hecho en nuestras vidas.
Cuando Jesús restauró a Pedro (Juan 21:15-17) después de haberlo negado,
el apóstol quitó inmediatamente los ojos del Salvador y le preguntó si Juan
sufriría de la misma manera que él (v. 21). Al considerar la pregunta de
Pedro, Jesús respondió en esencia: No te preocupes por él. Concéntrate en
mí (v. 22).
A medida que seguimos a Jesús, empezamos a centrarnos en Cristo en lugar
de en lo que sucede en las vidas de los demás. Entre otras cosas, esto puede
implicar limitar las redes sociales. También supone buscar a Dios y su
sabiduría, al lidiar con las tentaciones y los pecados en nuestra propia vida.
A medida que nos sometemos al poder de Cristo, Él nos libra de quedar
atrapadas en una preocupación malsana por la situación de los demás.
Cuando mantenemos los ojos en el Señor, ¡Él nos da la visión que
necesitamos! Marlena
26 de febrero
La receta de la abuela
Salmo 145:1-13
… Pregunta a tu padre, y él te declarará…
—Deuteronomio 32:7
Muchas familias tienen recetas secretas; una forma especial de preparar una
comida que la hace particularmente sabrosa. Los hakkas , mi etnia china,
tenemos un plato tradicional llamado «cuentas de ábaco», por su parecido
con esas cuentas. ¡No puedes dejar de probarlo!
Mi abuela tenía la mejor receta, pero nunca le pedíamos que nos la
enseñara. Ahora ella ya no está, y su receta secreta se fue con ella.
Aunque lamentamos no tener a la abuela ni su receta, algo mucho peor sería
no conservar el legado de fe que ella nos dejó. Dios espera que cada
generación comparta con la siguiente sus poderosas obras (Salmo 145:4).
Moisés ya había instruido a los israelitas, diciéndoles: «Acuérdate de los
tiempos antiguos […]; pregunta a tu padre, y él te declarará; a tus ancianos,
y ellos te dirán» (Deuteronomio 32:7).
Al compartir nuestras historias de cómo fuimos salvas y de la ayuda del
Señor para enfrentar los desafíos, lo honramos a Él y transmitimos a los
demás nuestra fe. Esto es mucho más importante que pasar recetas. Poh
Fang
27 de febrero
La más grande historia de amor
Cantar de los Cantares 2:4-16
Mi amado es mío, y yo suya; él apacienta entre lirios.
—Cantar de los Cantares 2:16
Cuando John y Ann Betar celebraron su aniversario de bodas número 81, se
los consideró la pareja con el matrimonio más largo en Estados Unidos. ¿Su
consejo? «No guarden rencor. Perdónense el uno al otro», aconseja John. Y
Ann añade: «Lo importante es el amor incondicional y la comprensión».
Cantar de los Cantares capta este compromiso activo con dos personas que
se aman y que se deleitan y se anhelan mutuamente (1:15-16; 3:1-3). Ellos
aman y son amados (2:16; 7:10), y se satisfacen con la compañía mutua
(2:16; 4:9-11; 7:10). Sin duda, esta puede ser una de las alegrías más
grandes de la vida.
El amor terrenal entre esposos hace eco del amor apasionado y la búsqueda
ferviente de Jesús por aquellos que creen en Él. «Porque de tal manera amó
Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en
él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16).
Aunque es hermoso ver el amor que pueden compartir un hombre y una
mujer durante décadas, este palidece en comparación con el maravilloso
amor que Dios nos ofrece eternamente. ¡Esta es la más grande historia de
amor! Ruth
28 de febrero
Plagio Espiritual
Juan 1:1-18
Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…
—Juan 1:14
Cuando enseño redacción, trato de familiarizarme con las particularidades
de la expresión escrita de cada uno. Así, puedo detectar si «toman
prestadas» demasiadas improntas de otro autor. Los alumnos se sorprenden
al descubrir que su voz escrita es tan distintiva como su voz física:
lo que dicen como la forma en que lo dicen. Tal como las palabras que
decimos proceden del corazón, lo mismo sucede con lo que escribimos:
revela quiénes somos.
De manera similar, nos familiarizamos con la voz de Dios. Al leer lo que
escribió, descubrimos quién es y cómo se expresa. No obstante, Satanás
trata de sonar como si fuera Dios (2 Corintios 11:14). Por ejemplo, al
convencer a las personas de que hagan cosas supuestamente piadosas —tal
como confiar en un régimen externo de autodisciplina en vez de poner la fe
en la muerte y resurrección de Cristo para ser salvos (Colosenses 2:23)—,
Satanás ha descarriado a muchos.
Dios se ha esforzado al máximo para asegurarse de que reconozcamos su
voz. No solo nos dio su Palabra, sino que también nos entregó al Verbo
hecho carne: Jesús (Juan 1:14), para que no seamos fácilmente engañadas ni
desviadas. Julie
29 de febrero
Cómo cambiar una vida
Proverbios 15:4; 16:24; 18:21
Panal de miel son los dichos suaves; suavidad al alma y medicina para los
huesos.
—Proverbios 15:24
Aveces, la influencia de otros puede cambiar nuestra vida en un instante.
Para el legendario músico Bruce Springsteen, la obra de artistas musicales
lo ayudó a superar una niñez difícil y problemas constantes de depresión.
Una de sus obras transmite la verdad que él experimentó en carne propia:
«Puedes cambiar la vida de alguien en tres minutos con la canción
correcta».
Del mismo modo, palabras bien elegidas pueden brindar esperanza e,
incluso, cambiar el curso de una vida. Sin duda, casi todos podríamoscompartir historias de conversaciones que nos impactaron: con un maestro
que cambió nuestra perspectiva, con alguien que nos alentó y restauró la
confianza, con un amigo que nos sostuvo en un momento difícil.
Quizá por eso, Proverbios enfatiza tanto nuestra responsabilidad de valorar
las palabras y nuestra forma de usarlas. La Biblia nunca se refiere a «hablar
por hablar», sino que enseña que las palabras pueden tener consecuencias
de vida o muerte (18:21). Con pocas palabras, podemos aplastar a alguien o
brindar esperanza y fortaleza (15:4).
No todos tenemos el talento para componer música grandiosa, pero sí
podemos buscar la sabiduría de Dios para servir a otros con nuestras
palabras (Salmo 141:3). Dios puede utilizarnos para cambiar una vida.
Monica
1 de marzo
Estar contentas
Salmo 30
Este es el día que hizo el Señor; nos gozaremos y alegraremos en él.
—Salmo 118:24
Uno de mis libros favoritos de la niñez era Pollyanna , la historia de la niña
optimista que siempre encontraba algo por qué estar contenta; aun cuando
sucedían cosas malas.
Recientemente, recordé a esa amiga literaria cuando mi amiga de la vida
real se cayó y se rompió el brazo mientras andaba en bicicleta. Mariana me
dijo lo agradecida que estaba de haber podido pedalear todo el camino de
vuelta a casa y de no haber necesitado cirugía. ¡Y se maravillaba de lo
grandioso que era tener buenos huesos, así que su brazo sanaría
perfectamente!
¡Vaya! Mariana es un ejemplo de alguien que ha aprendido a regocijarse a
pesar de la tribulación. Tiene confianza en que Dios cuidará de ella, pase lo
que pase.
El sufrimiento nos llega a todas. Pero creo que a Dios le agrada que
encontramos razones para estar agradecidas (1 Tesalonicenses 5:16-18), a
pesar de los problemas. Cuando lo hacemos, podemos estar agradecidas de
que Dios nos tiene cerca de Él. Cuando confiamos en su bondad,
encontramos alegría. Cindy
2 de marzo
Tiempo de esperar
Génesis 8:1-12
Esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma fuera del arca. Y la
paloma volvió […]; y […] traía una hoja de olivo en el pico…
—Génesis 8:10-11
Había pasado más de un año desde que las fuentes del gran abismo se
habían roto y las cataratas de los cielos se habían abierto sobre la tierra
(Génesis 7:11) en el diluvio de la época de Noé. El mundo estaba
completamente sumergido.
El diluvio en sí duró tan solo 40 días, pero el proceso de secado fue algo
aparte. Dios había sido claro al indicar construir el arca, y había
proporcionado instrucciones específicas. Ahora, guardaba silencio. Noé y
su familia esperaron y esperaron. ¿Acaso Dios se habría olvidado de ellos?
No, no los había olvidado. Estaba obrando a su favor para restaurar el
orden. Envió un viento para hacer bajar las aguas (Génesis 8:1), y el arca
reposó sobre una montaña. Después, la paloma que envió Noé no regresó.
Aun así, Noé esperó hasta que Dios habló y le dijo que saliera del arca
(Génesis 8:16). Su paciencia y confianza fueron recompensadas con un
mundo renovado.
La cultura de gratificación instantánea de hoy nos pone en conflicto con los
tiempos de Dios. Cuando el Señor parece guardar silencio, es hora de
esperar en Él y confiar en que resuelva las cosas de una manera que
nosotros jamás podríamos. ¡Siempre vale la pena esperar! Remi
3 de marzo
Listas para la cosecha
Juan 4:35-38
… Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la
siega.
—Juan 4:35
Afinales del verano, fuimos a caminar por la zona de New Forest, en
Inglaterra, y nos divertimos recogiendo moras silvestres mientras
observábamos los caballos retozando cerca. Mientras disfrutaba del dulce
fruto que quizá muchos años antes otros habían plantado, pensé en las
palabras de Jesús a sus discípulos: «Yo os he enviado a segar lo que
vosotros no labrasteis» (Juan 4:38) .
Me encanta la generosidad del reino de Dios reflejada en esas palabras. El
Señor nos permite disfrutar de los frutos de la labor de otra persona, como
cuando compartimos nuestro amor por Jesús con un amigo cuya familia —
sin saberlo nosotras— ha estado orando por él durante años. También me
encantan los límites implícitos de las palabras de Jesús, porque podemos
plantar semillas que quizá otros cosechen en el futuro. Por lo tanto,
podemos descansar respecto a las tareas que tenemos por delante, sin pensar
que somos responsables de los resultados.
¿Qué campos listos para la cosecha tienes delante de ti? ¿Y yo? Que
podamos acatar la amorosa instrucción de Jesús: «Alzad vuestros ojos y
mirad los campos» (v. 35). Amy
4 de marzo
Vida en abundancia
Marcos 10:28-31; Juan 10:9-10
… yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
—Juan 10:10
Cuando fui a visitar a mi hermana, mis sobrinos me mostraron
entusiasmados su nuevo sistema de quehaceres domésticos. Unos coloridos
tableros electrónicos registran sus tareas… y los recompensan. Cuando
realizan bien una de ellas, se añaden puntos a su «cuenta de gastos». Una
falta, como dejar la puerta abierta, les deduce del total. Como sumar puntos
tiene recompensas interesantes, mis sobrinos están ahora motivados a hacer
sus tareas. ¡Y para cerrar las puertas!
Bromeé diciendo que desearía tener una herramienta motivacional tan
emocionante. Pero por supuesto, Dios sí nos dio la motivación. En lugar de
simplemente exigir nuestra obediencia, Jesús prometió que una vida de
obediencia a Él, aunque tiene un alto precio, es una vida plena y «en
abundancia» (Juan 10:10). Experimentar la vida en su familia vale «cien
veces más» que el costo; ahora y en la eternidad (Marcos 10:29-30).
Servimos a un Dios generoso, quien no nos paga ni nos castiga según
merecemos. Él acepta nuestros débiles esfuerzos. Sirvamos hoy al Señor
con gozo. Monica
5 de marzo
Preguntas para Dios
Jueces 6:11-16, 24
… Ve con esta tu fuerza, […] yo estaré contigo…
— Jueces 6:14, 16
¿A lguna vez te preguntas por qué Dios permite el sufrimiento en tu vida?
Gedeón, el héroe del Antiguo Testamento, se lo preguntaba. Un día, «el
ángel del Señor se le apareció, y le dijo: el Señor está contigo, varón
esforzado y valiente. Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si el Señor
está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto?» (Jueces 6:12-
13) . Gedeón quería saber por qué parecía que Dios había abandonado a su
pueblo.
El Señor no le respondió. Sin embargo, después de que Gedeón soportó
siete años de ataques enemigos, hambruna y esconderse en cuevas, Dios
tampoco le explicó por qué no había intervenido. El Señor podría haber
citado el pecado de Israel como una razón, pero en cambio, le dio esperanza
para el futuro, diciendo: «Ve con esta tu fuerza […]. Ciertamente yo estaré
contigo, y derrotarás a los madianitas» (vv. 14, 16).
Cuando Gedeón finalmente creyó que Dios estaba con él y que lo ayudaría,
edificó un altar y lo llamó: «El Señor es Paz» (v. 24 LBLA).
Tenemos paz al saber que, dondequiera que vayamos, vamos con Dios,
quien prometió no abandonar jamás a sus seguidores. Jennifer
6 de marzo
Desesperación santa
Marcos 5:24-34
… Jesús, […] volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis
vestidos?
—Marcos 5:30
Cuando Jesús se paró en medio de la multitud y preguntó quién lo había
tocado, los discípulos seguramente pensaron que había enloquecido. Todo
el mundo se agolpaba sobre Jesús, pero Él quería identificar solo a una
persona (Marcos 5:31) . Al final, una mujer se acercó temblando y confesó,
y todos quedaron boquiabiertos (v. 33) .
Jesús sabía que esta mujer lo necesitaba. Los médicos habían agotado sus
recursos, y el sangrado incesante la condenaba a permanecer impura. Para
evitar la contaminación, los familiares y amigos debían mantenerse
alejados. La mujer ni siquiera podía entrar al templo. ¡Y hacía doce años
que pasaba esto! Jesús era su única esperanza (vv. 26-28). Así que lo tocó.
Y Él se dio cuenta.
¿Cómo «tocamos» a Jesús? ¿Nos acercamos a Él, entendiendo que es
nuestra única esperanza? ¿O venimos sin motivaciones, buscando cualquier
clase de bendición?
En Isaías 29:13 y Mateo 15:8,las Escrituras abordan el problema de hacer
un despliegue verbal de fe sin un verdadero compromiso de corazón. Jesús
ve lo que hay detrás de la fachada. Con verdadera sinceridad y profunda
necesidad, busquemos hoy a Jesús y su toque amoroso. Remi
7 de marzo
Todavía en proceso
Colosenses 3:10-19; 4:5-6
Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.
—Colosenses 3:14
La transformación no siempre es fácil; en especial, cuando supone nuestro
corazón. Las relaciones interpersonales, ya sea con Dios, un cónyuge o
cualquier otra persona, son una travesía, no un destino. Invariablemente, las
circunstancias de la vida traen factores de estrés y ajustes que requieren que
nos sometamos con humildad a la obra continua de Dios. El Señor suele
usar nuestras relaciones más cercanas para producir la transformación que
dará testimonio del amor de Jesús a un mundo incrédulo (Juan 13:35;
Colosenses 4:5) .
Desde conductas ocultas del corazón hasta nuestras acciones de
supervivencia, Dios nos llama a revestirnos «del nuevo [hombre], el cual
conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el
conocimiento pleno» (Colosenses 3:10). Sin embargo, el verdadero cambio
requiere humildad… renunciar a nuestros derechos para poder adoptar los
suyos (Salmo 25:9; Proverbios 10:12).
A medida que nuestro valor y nuestro propósito se vuelven más escondidos
en Jesús (Colosenses 3:3), menos necesitamos probar que tenemos razón,
más queremos que su Palabra viva en nosotras y más amamos de verdad.
Regina
8 de marzo
Oraciones con los dedos
Santiago 5:13-18
… orad unos por otros…
—Santiago 5:16
La oración es una conversación con Dios, no una receta. Sin embargo, a
veces, quizá tengamos que usar un «método» para vigorizar nuestro tiempo
de oración. Hace poco, descubrí esta «Oración de los cinco dedos» para
usar como guía al orar por otros:
Cuando entrecruzas las manos, el pulgar está más cerca de ti. Entonces,
comienza orando por los que están más cerca: tus seres queridos (Filipenses
1:3-5).
El índice es el que señala. Ora por los que enseñan: los maestros bíblicos y
los predicadores, y aquellos que enseñan a los niños (1 Tesalonicenses
5:25).
El próximo dedo es el mayor. Nos recuerda orar por aquellos que tienen
autoridad: los líderes nacionales y locales, y tu supervisor en el trabajo (1
Timoteo 2:1-2).
El cuarto dedo suele ser el más débil. Ora por los que están sufriendo o
pasando dificultades (Santiago 5:13-16).
Después, está el meñique. Te recuerda tu pequeñez en relación con la
grandeza de Dios. Pídele al Señor que supla tus necesidades (Filipenses 4:6,
19).
No importa qué método uses, habla con tu Padre. Él quiere oír lo que hay en
tu corazón. Anne
9 de marzo
¿Quién les dirá?
2 Corintios 4:1-6
… nuestro Salvador Jesucristo […] quitó la muerte y sacó a luz la vida…
—2 Timoteo 1:10
La Segunda Guerra Mundial había terminado; se había declarado la paz. Sin
embargo, el joven teniente Hiroo Onoda, del Ejército Imperial Japonés,
posicionado en Filipinas, no se había enterado. Como la última orden que
había recibido en 1945 era que se mantuviera firme y resistiera, consideró
que los avisos y los panfletos que dejaron caer donde él estaba ubicado eran
un engaño del enemigo. Onoda no se rindió hasta marzo de 1974, casi 30
años después, cuando su comandante viajó desde Japón a Filipinas, revocó
su orden inicial y lo liberó oficialmente de su deber. Finalmente, Onoda
creyó que la guerra había terminado.
En el caso de la buena noticia de Jesucristo, muchos aún no la han oído o no
creen que Él «quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el
evangelio» (2 Timoteo 1:10).
Cuando alguien les comunica la noticia gloriosa de la salvación, pueden
responder con escepticismo. Pero cobremos ánimo e imaginemos la libertad
que experimentarán cuando entiendan que ¡la batalla ya ha sido ganada!
Poh Fang
10 de marzo
El juego de la culpa
Génesis 16:1-6; 21:8-13
… Mi afrenta sea sobre ti; […] juzgue el Señor entre tú y yo.
—Génesis 16:5
Cuando el esposo de Julia la dejó por otra mujer, ella juró que nunca
conocería a su nueva esposa. Pero cuando se dio cuenta de que su amargura
perjudicaba la relación de sus hijos con el padre, le pidió al Señor que la
ayudara a dar el primer paso para superar ese sentimiento frente a una
realidad que ella no podía cambiar.
En Génesis 16, leemos la historia de una pareja a quien Dios le prometió un
bebé. Cuando Sara le sugirió a su esposo Abram que tuviera un hijo con su
sierva Agar, no estaba confiando plenamente en el Señor. Cuando nació el
bebé, Agar despreció a Sara (vv. 3-4) y esta se llenó de amargura (vv. 5-6).
De repente, Agar dejó de ser una esclava sin derechos y se convirtió en
alguien especial. ¿Cómo reaccionó Sara? Culpó a los demás, incluso a
Abram (v. 5). Años después, la promesa de Dios se cumplió con el
nacimiento de Isaac. La actitud de Sara también arruinó la celebración de su
destete.
Cambiar su actitud tal vez hubiese requerido un milagro de la gracia, pero
con el poder del Señor, podría haber vivido la situación de manera distinta y
glorificado a Dios. Marion
11 de marzo
Una buena herencia
2 Timoteo 1:1-5
Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó
primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice…
—2 Timoteo 1:5
Los abuelos Harris no tenían mucho dinero, pero se las arreglaban para
hacer que cada Navidad fuera memorable para mis primos y para mí.
Siempre había mucha comida, diversión y amor. Además, desde niños,
aprendimos que quien hizo posible esta celebración fue Cristo.
Nosotros queremos dejarles el mismo legado a nuestros hijos. El año
pasado, cuando nos reunimos para celebrar Navidad en familia, nos dimos
cuenta de que esta maravillosa tradición había empezado con nuestros
abuelos, quienes se ocuparon de plantar las semillas de amor, respeto y fe,
para que nosotros, los hijos de sus hijos, imitáramos su ejemplo.
La Biblia habla de la abuela Loida y la madre Eunice, quienes le enseñaron
a Timoteo sobre la fe auténtica (2 Timoteo 1:5). La influencia de estas
mujeres preparó a este hombre para que compartiera el evangelio a muchos.
Preparamos una herencia espiritual para aquellos cuyas vidas están bajo
nuestra influencia, al vivir en una íntima comunión con Dios, prestarles
atención y compartir la vida con ellos. Cuando nuestras vidas reflejan la
realidad del amor de Dios, dejamos una herencia duradera. Keila
12 de marzo
Un anticipo del cielo
1 Corintios 14:6-12, 26
… procurad abundar en [los dones espirituales] para edificación de la
iglesia.
—1 Corintios 14:12
El jardín botánico frente a nuestra iglesia fue el escenario de un encuentro
congregacional comunitario. Mientras saludaba gente que conocía desde
hacía años, me ponía al día con los que no había visto por mucho tiempo y
disfrutaba del hermoso entorno que era fruto de personas que sabían de
plantas y las amaban, me di cuenta de que me rodeaban símbolos de cómo
debe funcionar la iglesia: un pequeño atisbo del cielo en la tierra.
Un jardín es el lugar donde cada planta se coloca para crecer. Los jardineros
preparan el suelo, protegen las plantas de las plagas y se aseguran de que
reciban los nutrientes necesarios. El resultado es un sitio hermoso, colorido
y fragante donde la gente disfruta.
Del mismo modo, la iglesia debe ser un lugar donde todos trabajen juntos
en amor para el bien común, cada uno florezca al vivir en un entorno seguro
y se suplan las necesidades del otro (1 Corintios 14:26).
Como las plantas bien cuidadas, las personas que crecen en un medio
saludable tienen un aroma agradable que atrae a otros hacia Dios, ya que
exhiben la belleza del amor divino. La iglesia no es perfecta, pero es, sin
duda, un anticipo del cielo. Julie
13 de marzo
Cantar en medio de la tristeza
Lamentaciones 3:19-24
Por la misericordia del Señor no hemos sido consumidos, porque nunca
decayeron sus misericordias.
—Lamentaciones 3:22
Nuestra hija menor desarrolló el hábito de cantar cuando le corto las uñas.Esto la ayuda a no pensar en lo que sucede. Hay investigaciones que
prueban que cantar a viva voz tu tonada favorita tiene beneficios
fisiológicos, neurológicos y emocionales.
Según la Biblia, incluso una canción triste puede ser beneficiosa. Un
ejemplo es un lamento: una expresión apasionada de dolor que surge del
reproche o el duelo. Esto también puede traer esperanza y paz.
Jeremías, el profeta que lloraba, admitió que la desobediencia de su nación
llevó a las terribles consecuencias que enfrentaban Judá y Jerusalén
(Lamentaciones 1:5). A menudo, les advirtió sobre la ira de Dios, instando
al pueblo a arrepentirse (Jeremías 6:10-11; 18:11-12). Pero no quisieron
escuchar. Su ciudad fue destruida y sus familias terminaron exiliadas (1
Crónicas 9:1).
El profeta llora porque tiene el corazón roto, al ver el terrible aprieto de su
pueblo. Sin embargo, experimenta esperanza al recordar el amor fiel de
Dios que nunca termina, y sus misericordias que jamás cesan
(Lamentaciones 3:22-24).
Incluso un lamento puede recordarte que pongas tu esperanza en un Dios
fiel. Ruth
14 de marzo
Líneas de enseñanza
Tito 2:1-15
Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; presentándote tú en
todo como ejemplo…
—Tito 2:6-7
Alcancé a escuchar que mi hijo de once años le contaba a su abuela sobre
una de sus clases en la escuela. «El primer día de arte —le dijo—, nuestra
maestra nos pidió que dibujáramos un autorretrato. A nadie le salió bien. Al
día siguiente, ella nos enseñó a usar líneas, y esto mejoró el autorretrato de
todos». En el arte y en la vida, el uso de las herramientas adecuadas nos
ayuda a alinear correctamente las cosas y hacer lo mejor.
En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo le dio a su protegido, Tito, una
lista de cosas que él y otros líderes debían hacer y enseñar a otros miembros
de la iglesia:
«Enseña a los hombres mayores a ejercitar el control propio, a ser dignos de
respeto y a vivir sabiamente» (2:2 NTV).
«Enseña a las mujeres mayores a vivir de una manera que honre a Dios»
(2:3 NTV).
«Esas mujeres mayores tienen que instruir a las más jóvenes a amar a sus
esposos y a sus hijos, a vivir sabiamente y a ser puras» (2:4 NTV).
«Anima a los hombres jóvenes a vivir sabiamente» (2:6 NTV).
Tito estaba usando estas «líneas» para guiar a las personas que servía. Son
buenas herramientas de enseñanza para todos los que siguen a Jesús, el
Maestro supremo. Roxanne
15 de marzo
Entrenamiento para la vida
1 Corintios 9:24-27
… golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que […] venga a
ser eliminado.
—1 Corintios 9:27
Hace poco, conocí a una mujer que ha llevado su cuerpo y su mente al
límite. Escaló montañas, enfrentó la muerte y hasta rompió un récord
mundial de Guinness. Ahora tiene un desafío diferente: criar a un hijo con
necesidades especiales, y derrama en la maternidad el valor y la fe que
demostró al escalar montañas.
En 1 Corintios, el apóstol Pablo habla de alguien que compite en una
carrera. Después de exhortar a una iglesia obsesionada con sus derechos a
considerar a los demás (cap. 8), explica cómo los desafíos del amor y el
sacrificio personal se parecen a una maratón de resistencia (cap. 9). Como
seguidoras de Jesús, debemos renunciar a nuestros derechos en obediencia a
Él.
Así como los atletas entrenan su cuerpo para obtener una medalla, nosotras
también capacitamos nuestro cuerpo y mente para florecer. Cuando le
pedimos al Espíritu Santo que nos transforme, momento a momento,
dejamos atrás nuestra antigua forma de ser. Con el poder de Dios, evitamos
las obras impías.
Mientras nos entrenamos en el Espíritu de Cristo, ¿en qué querrá
moldearnos hoy Dios? Amy
16 de marzo
Valles de bendición
2 Crónicas 20:1, 13-22
Si mal viniere sobre nosotros, […] clamaremos a ti, y tú nos oirás y
salvarás.
—2 Crónicas 20:9
El artista francés Henri Matisse sentía que su labor de los últimos años de
su vida lo representaba mejor. En ese tiempo, ensayó un nuevo estilo,
creando pinturas coloridas y de gran tamaño con las que decoró las paredes
de su habitación. Para él, fue importante porque estaba enfermo y solía estar
confinado en su cama.
Enfermarse, perder el empleo o atravesar situaciones angustiosas son
ejemplos de lo que algunos denominan «estar en el valle», donde los
temores empañan todo lo demás. El pueblo de Judá experimentó algo así
cuando supo que se acercaba un ejército (2 Crónicas 20:2-3). Su rey oró:
«Si mal viniere sobre nosotros, […] clamaremos a ti, y tú nos oirás y
salvarás» (v. 9). Y Dios respondió: «salid mañana contra ellos, porque el
Señor estará con vosotros» (v. 17).
Cuando el ejército de Judá llegó al campo de batalla, sus enemigos ya se
habían matado entre ellos. El pueblo de Dios alabó a Dios y llamó aquel
lugar el valle de «Beraca», que significa «bendición».
El Señor camina con nosotras, lo cual nos permite descubrir bendiciones en
el valle. Jennifer
17 de marzo
Muy bueno
Génesis 1:24-31
Entonces Dios miró todo lo que había hecho, ¡y vio que era muy bueno!…
—Génesis 1:31 (NTV)
Hace poco, tuve uno de esos días que parecen tener un tema en común.
Nuestro pastor empezó su sermón sobre Génesis 1 con dos minutos de
fotografía secuencial de bellísimos capullos que florecían. Después, en
casa, observé varias publicaciones de flores en las redes sociales. Más tarde,
mientras caminaba por el bosque, vi toda clase de flores silvestres:
aristoloquias, caléndulas y lirios silvestres.
Dios creó las flores y toda clase de vegetación (y tierra seca en la cual
crecieran) el tercer día de la creación. Y dos veces ese día, declaró que lo
que había hecho era «bueno» (Génesis 1:10, 12). Solo otro día de la
creación —el sexto—, Dios hizo esa doble declaración de «bueno» (vv. 24,
31).
En la historia de la creación, vemos a un Dios creador que se deleita en lo
que hizo… y parece regocijarse en el mismo acto de crear. ¿Qué otra razón
habría para diseñar un mundo con una variedad tan colorida y maravillosa?
Y guardó lo mejor para el final, cuando «creó al hombre a su imagen» (v.
27). Como portadoras de su imagen, tenemos la bendición y la inspiración
de la bellísima obra de sus manos. Alyson
18 de marzo
Adversario derrotado
Efesios 6:10-18
… vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor
buscando a quien devorar.
—1 Pedro 5:8
El león rugiente es el legendario «rey de la selva». Sin embargo, los únicos
leones que ve la mayoría de la gente son los aletargados felinos de los
zoológicos. Pasan los días descansando y les sirven la comida sin que
tengan que levantar ni una pata.
No obstante, en su hábitat natural, no siempre viven una vida reposada. El
hambre les dice que vayan a cazar, y cuando lo hacen, buscan las presas
jóvenes, débiles, enfermas o lastimadas. Agazapados tras plantas altas,
avanzan lentamente. Entonces, con un salto repentino, hunden sus garras en
el cuerpo de sus víctimas.
Pedro utilizó un «león rugiente» como metáfora de Satanás, ya que este es
un depredador seguro de sí mismo, que busca devorar una presa fácil (1
Pedro 5:8). Al tratar con este adversario, debemos estar atentas y colocarnos
«toda la armadura de Dios» y fortalecernos «en el Señor, y en el poder de su
fuerza» (Efesios 6:10-11).
Satanás puede ser adversario poderoso, pero los que están protegidos por la
salvación, la oración y la Palabra de Dios no tienen por qué paralizarse de
miedo. Santiago 4:7 afirma: «resistid al diablo, y huirá de vosotros». Cindy
19 de marzo
¡Cuidado con las soluciones rápidas!
Salmo 106:1-15
Bien pronto olvidaron sus obras; no esperaron su consejo.
—Salmo 106:13
Se cuenta la historia de una niña rica, acostumbrada a tener sirvientes, que
tenía miedo de subir sola una escalera oscura. Su madre le sugirió que
venciera su temor pidiéndole a Jesús que fuera con ella por la escalera.
Cuando la niña llegó arriba, se le oyó decir: «Gracias, Jesús. Ya te puedes
ir».
Tal vez sonriamos al escuchar esa historia, pero el Salmo 106 contiene una
seria advertencia contra despedir a Dios de nuestra vida… como si esofuera posible. Israel dio por sentadas las misericordias de Dios, y el Señor
llamó a eso rebeldía (v. 7). Desarrollaron almas desnutridas porque optaron
por ignorarlo (vv. 13-15). ¡Qué lección para nosotras!
Espera grandes cosas de Dios, pero no esperes que esté a tu entera
disposición. Más bien, debes estar tú a entera disposición de Él, dispuesta a
cumplir su voluntad.
Igual que la niña rica, pídele a Dios que te acompañe por los oscuros
pasajes de la vida. Pero en vez de despedirlo cuando tus necesidades
especiales estén satisfechas, aférrate a Él como si tu vida dependiera de
ello, ¡porque así es! Joanie
20 de marzo
Escribir cartas
2 Corintios 3:1-6
Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y
leídas por todos los hombres.
—2 Corintios 3:2
Mi madre y su hermana practican un arte en proceso de extinción: escribir
cartas. ¡Se escriben con tanta regularidad que uno de los carteros se
preocupa cuando no tiene nada que entregar!
Me encanta pensar en este ejercicio semanal de estas mujeres de mi familia,
ya que me ayuda a apreciar aun más las palabras de Pablo respecto a que los
seguidores de Jesús son «carta de Cristo […], escrita no con tinta, sino con
el Espíritu del Dios vivo» (2 Corintios 3:3). El apóstol instó a los creyentes
a continuar siguiendo al Dios vivo y verdadero, como les había enseñado.
Al hacerlo, describía enfáticamente a los creyentes como cartas de Cristo.
Sus vidas transformadas eran un testimonio más poderoso de la obra del
Espíritu que cualquier carta escrita.
¡El Espíritu de Dios en nosotros escribe una historia de gracia y redención!
Nuestras vidas son el mejor testimonio de la verdad del evangelio; una
compilación de compasión, servicio, gratitud y gozo. ¿Qué mensaje podrías
enviar hoy? Amy
21 de marzo
Lo bueno, lo malo y lo feo
1 Samuel 20:35-42
No te desampararé, ni te dejaré
—Hebreos 13:5
Una amiga me mandó este mensaje de texto: «¡Me alegra tanto que
podamos contarnos lo bueno, lo malo y lo feo!». Somos amigas desde hace
muchos años y hemos aprendido a compartir nuestras alegrías y fracasos.
Reconocemos que estamos lejos de ser perfectas, por eso hablamos de
nuestras luchas, pero también nos regocijamos en nuestras victorias.
David y Jonatán también tenían una amistad sólida, la cual comenzó en los
días buenos, cuando David derrotó a Goliat (1 Samuel 18:1-4).
Compartieron sus temores durante los tiempos malos de celos del padre de
Jonatán (18:6-11; 20:1-2). Finalmente, sufrieron juntos en la época fea en
que Saúl planeaba matar a David (20:42).
Las buenas amigas no nos abandonan cuando las circunstancias externas
cambian. Permanecen a nuestro lado en las buenas y en las malas. También
nos aconsejan acudir a Dios en los momentos feos, cuando quizá nos
sintamos tentadas a alejarnos de Él.
Las amigas auténticas son un regalo de Dios porque ejemplifican al Amigo
perfecto, el cual permanece fiel en días buenos, malos y feos. Tal como nos
recuerda el Señor: «No te desampararé, ni te dejaré» (Hebreos 13:5). Keila
22 de marzo
Con una esperanza plena
1 Tesalonicenses 4:13–5:11
Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen,
para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.
—1 Tesalonicenses 4:13
Tomé sus manos oscuras y desgastadas, y nos inclinamos a orar. Él era un
guardia y yo una maestra, y nuestras experiencias de vida se intersectaron
en mi pequeña oficina. Hacía tiempo que su madre estaba enferma, y la
enfermedad se había extendido. Confiados en la capacidad de Dios para
sanar, oramos para que Él restaurara su cuerpo, pero también pedimos por
el milagro del consuelo. Mientras escribo, él está junto al lecho de su
madre, y sabe que pronto será momento de despedirse. Por ahora, al menos.
La muerte nunca es fácil. Hacemos todo lo que podemos para aferrarnos a
las personas que amamos por un poquito más de tiempo porque, incluso
para el creyente, la separación que trae la muerte parece demasiado
permanente. Fuimos diseñadas para lo eterno; no fuimos hechas para las
pérdidas. Hay algo en nuestro interior que clama por vida y esperanza
eternas.
¡Qué hermosa que es la esperanza para los creyentes en Jesús! «[Cristo]
murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos
juntamente con él» (1 Tesalonicenses 5:10). Y podemos consolar a otros
creyentes con esta verdad: En Cristo, ¡tenemos plena esperanza! Regina
23 de marzo
¿Qué hay en el banco?
Efesios 2:4-7
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia…
—Hebreos 4:16
Durante el invierno de 2009, un avión de pasajeros realizó un aterrizaje de
emergencia en el río Hudson, en Nueva York, sin que nadie muriera.
Tiempo después, cuando le preguntaron al piloto que guiaba la nave sobre
esos momentos en el aire cuando enfrentó una situación de vida o muerte, él
respondió: «Una manera de verlo podría ser que durante 42 años, he estado
haciendo con regularidad pequeños depósitos en este banco de experiencia,
aprendizaje y capacitación. Y [ese día], el saldo era tal que pude hacer una
extracción importante».
Casi todas enfrentamos crisis en determinados momentos. Es entonces
cuando debemos recurrir a lo profundo de las reservas de nuestra cuenta
bancaria espiritual.
Pero ¿qué podemos encontrar allí? Si hemos estado disfrutando de una
profunda comunión con Dios, estuvimos haciendo «depósitos» de fe
permanentes. Hemos experimentado su gracia (2 Corintios 8:9; Efesios 2:4-
7) y confiamos en la promesa bíblica de que el Señor es fiel y justo
(Deuteronomio 32:4; 2 Tesalonicenses 3:3).
El amor y la gracia de Dios están disponibles cuando sus hijas necesitan
hacer una «extracción» (Salmo 9:10; Hebreos 4:16). Cindy
24 de marzo
«Tráiganme al muchacho»
Marcos 9:14-27
Jesús les dijo: […] Tráiganme al muchacho.
—Marcos 9:19 (NTV)
«N o creo en Dios y no voy a ir», dijo Marcos.
A Ana se le hizo un nudo en la garganta. Su hijo se había convertido de un
muchacho alegre en un joven malhumorado y desaprensivo. La vida era un
campo de batalla, y el domingo se había vuelto un día incómodo, ya que
Marcos no quería ir a la iglesia con su familia. Finalmente, sus padres,
desesperados, consultaron a un consejero, el cual dijo: «Marcos tiene que
experimentar la fe personalmente. No pueden forzarlo a creer en Cristo.
Dejen que Dios obre. Sigan orando y esperando».
Ana esperó… y oró. Una mañana, las palabras de Jesús resonaron en su
mente. Los discípulos del Señor no habían podido ayudar a un joven
endemoniado, pero Jesús tuvo la respuesta: «Tráiganme al muchacho»
(Marcos 9:19 NTV). Si Jesús pudo ayudar en una situación tan extrema
como aquella, podía sin duda ayudar a su hijo. Imaginó dar un paso atrás,
dejando a su hijo solo con Aquel que lo amaba aun más que ella.
Todos los días, Ana entregaba silenciosamente a Marcos al Señor,
aferrándose a la certeza de que Él conocía las necesidades del muchacho y
que, a su tiempo y manera, obraría en su vida. Marion
25 de marzo
¿Qué encierra un nombre?
Juan 1:35-42
… tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia…
—Mateo 16:18
Cuando Jesús cambió el nombre de Simón por Pedro/Cefas (Juan 1:42) , no
lo escogió al azar. Pedro significa «piedra», pero le llevó un tiempo vivir a
la altura de su nuevo nombre. El relato sobre su vida lo describe como un
pescador conocido por su rudeza… un tipo inestable. Pedro disintió con
Jesús (Mateo 16:22-23) , hirió a un hombre con una espada (Juan 18:10-11)
e incluso negó conocer al Señor (Juan 18:15-27) . Pero en Hechos, leemos
que Dios obró en y a través de él para establecer su iglesia. Sin duda, Pedro
se convirtió en una roca.
Si tú, como Pedro, sigues a Cristo, tienes una nueva identidad. En Hechos
11:26, leemos: «a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en
Antioquía». El nombre «cristianos» significa «de Cristo». Ahora tu
identidad está en Cristo. Esto eleva tu condición y te invita a convertirte en
lo que aún no eres. Dios es fiel y completará su buena obra en ti (Filipenses
1:6). Poh Fang
26 de marzo¿Qué siembro?
Marcos 4:1-20
… el que siembra justicia tendrá galardón firme.
—Proverbios 11:18
La universidad donde estudié tiene una torre adornada con una escultura
titulada El Segador . Debajo de la figura, aparece una inscripción tomada de
Gálatas 6:7: «Todo lo que el hombre sembrare». La Universidad Estatal de
Michigan continúa siendo un baluarte en investigación agrícola; no
obstante, esta verdad permanece inamovible: las semillas de trigo no
producirán frijoles.
Jesús empleó muchas metáforas agrícolas para explicar el reino de Dios. En
la parábola del sembrador (Marcos 4), comparó la Palabra de Dios con
semillas sembradas en diferentes tipos de terreno. Tal como se indica allí, el
sembrador siembra de manera indiscriminada, sabiendo que algunas
semillas caerán en lugares donde no van a crecer.
Al igual que Jesús, debemos sembrar semillas buenas en todo lugar y sin
cesar. Dios es responsable de dónde caen y de cómo crecerán. Lo
importante es que sembremos. El apóstol Pablo amplió esta misma metáfora
al advertirles a los creyentes que no sembraran semillas de corrupción, sino
aquellas que produjeran la vida eterna (Gálatas 6:8).
La respuesta a «¿qué siembro?» es: «Siembra lo que quieras cosechar».
Para que tu vida produzca una buena cosecha, siembra semillas de bondad.
Julie
27 de marzo
Satisfechas en Jesús
Génesis 25:29-34
Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su
primogenitura.
—Génesis 25:33
La mujer bajó de peso y comenzó a sentirse atractiva otra vez. Al tiempo, se
cansó de su esposo y de su vida… una vida que incluía cuatro niños
pequeños. Tiró por la borda la estabilidad familiar —el amor y la devoción
de su esposo y el bienestar de sus hijos— para satisfacer sus deseos.
Cuando sus votos matrimoniales se volvieron inconvenientes, los rompió.
De manera similar a Esaú (Génesis 25:32-33), ella despreció lo que era más
importante y buscó una gratificación pasajera. Los cimientos de su vida
familiar quedaron destruidos por relaciones que se terminaron con la misma
rapidez que la comida de Esaú (v. 34). Y, al igual que Esaú, no pensó en las
consecuencias a largo plazo de su conducta (Hebreos 12:16).
El pecado puede enredarnos con facilidad y hacernos tropezar cuando
empezamos a concentrarnos en nosotras mismas y no en Jesús (vv. 1-2).
Así, la destrucción puede infiltrarse en nuestras vidas.
Los placeres de la vida no se comparan con las bendiciones de Dios. Jesús
declaró: «yo he venido para que [los que creen en Cristo] tengan vida, y
para que la tengan en abundancia» (Juan 10:10). ¡Que hoy podamos fijar
nuestros ojos en Cristo y experimentar la satisfacción que solo Él brinda!
Marlena
28 de marzo
La regla de los cinco minutos
Salmo 102:1-17
Ha considerado la oración de los menesterosos, y no ha despreciado su
plegaria…
—Salmo 102:17 (LBLA)
Hace tiempo, leí sobre una regla de cinco minutos que tenía una madre para
sus hijos. Ellos tenían que estar listos para la escuela cinco minutos antes de
que fuera hora de salir.
Se reunían alrededor de su mamá, y ella oraba por cada uno por su nombre,
pidiendo la bendición del Señor sobre su día. Después, les daba un beso y
ellos partían. Los niños del vecindario participaban del círculo de oración si
justo pasaban por allí. Muchos años después, una de las niñas dijo que esta
experiencia le enseñó la importancia de la oración para su día.
El escritor del Salmo 102 conocía la importancia de la oración. El salmista
clamó: «Señor, escucha mi oración […]. Apresúrate a responderme el día
que te invocare» (vv. 1-2). Dios mira «desde lo alto de su santuario; […]
desde los cielos a la tierra» (v. 19).
Dios quiere escucharte. Ya sea que sigas la regla de los cinco minutos y
pidas una bendición para el día o necesites pasar más tiempo clamando a Él
con profunda angustia, habla con el Señor cada día. Tu ejemplo puede dejar
una huella profunda en tu familia o en alguien cercano… ¡y en ti también!
Anne
29 de marzo
Fruto desbordante
Gálatas 5:16-25
No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he
puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca...
—Juan 15:16
Durante la primavera y el verano, admiro los frutos que crecen en el patio
de mi vecino. Las viñas que cultivan trepan por la cerca que compartimos, y
producen grandes racimos de uvas. Hay ramas salpicadas de ciruelas y de
naranjas que cuelgan a nuestro alcance.
Aunque nosotros no labramos la tierra, no plantamos las semillas ni
regamos el jardín, nuestros vecinos comparten su abundancia con nosotros.
Se ocupan de cuidar sus cultivos y nos permiten deleitarnos en una porción
de la cosecha.
Esto me recuerdan otra cosecha: la cosecha del fruto del Espíritu.
Los seguidores de Cristo deben reclamar los beneficios de vivir por el poder
del Espíritu Santo (Gálatas 5:16-21). Cuando las semillas de la verdad de
Dios florecen en nuestro corazón, el Espíritu aumenta nuestra capacidad de
expresar «amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
mansedumbre, [y] templanza» (vv. 22-23).
Con el tiempo, el Espíritu puede cambiar nuestra manera de pensar, nuestras
actitudes y nuestras acciones. A medida que crecemos y maduramos en
Cristo, podemos tener el gozo adicional de amar a nuestros prójimos al
compartir los beneficios de su generosa cosecha. Xochitl
30 de marzo
Él está allí
Salmo 139:1-12
Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque el
Señor tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará.
—Deuteronomio 31:6
El prometido de Tanya, David, yacía en la unidad de cuidados intensivos
después de una delicada intervención para reparar un aneurisma cerebral.
Los ojos de David se centraron en Tanya, quien apenas se había apartado de
su lado en varios días. Maravillado, dijo: «Cada vez que miro hacia arriba,
estás allí. Me encanta eso. Cada vez que pienso en ti, abro mis ojos y estás
presente».
El agradecimiento de este joven hacia la mujer que ama me recuerda la
manera en que debemos sentirnos con respecto a la presencia de Dios en
nuestras vidas.
En el Salmo 139, leemos lo que el rey David pensaba de la preciosa
presencia de Dios. Escribió: «Oh Señor, tú me has examinado y conocido.
Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; […] y todos mis caminos te
son conocidos. […] Si subiere a los cielos, allí estás tú…» (vv. 1-3, 8).
Sin importar lo que nos suceda, tenemos esta seguridad: «Dios es nuestro
amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones» (Salmo
46:1). Abre tus ojos y tu corazón. Él está allí. Cindy
31 de marzo
Nuestro nombre nuevo
Apocalipsis 2:12-17
… Al que venciere, […] le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita
escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.
—Apocalipsis 2:17
Ella decía que era la reina de las preocupaciones, pero cuando su hijo tuvo
un accidente, aprendió a escapar de ese rótulo limitante. Mientras el
muchacho se recuperaba, ella se reunía todas las semanas para hablar y orar
con unas amigas, pidiendo la ayuda del Señor. A medida que transformaba
sus temores e inquietudes en oración, se dio cuenta de que estaba dejando
de ser la reina de las preocupaciones para transformarse en una guerrera de
oración, y que Dios estaba dándole un nuevo nombre.
En la carta a la iglesia en Pérgamo, el Señor promete darles a los fieles una
piedra blanca con un nombre nuevo (Apocalipsis 2:17). La mayoría de los
comentaristas bíblicos concuerdan en que esta piedrecita blanca señala
nuestra libertad en Cristo. En la época bíblica, los jurados de un tribunal
usaban una piedrecita blanca para el veredicto de inocente y una negra para
el de culpable. Además, una persona que tenía una piedrecita blanca entraba
en eventos tales como banquetes. Asimismo, los que reciben la piedrecita
blanca de Dios son recibidos en la celebración celestial. La muerte de Jesús
nos da libertad, una vida nueva… y un nombre nuevo.
¿Qué nombre nuevo crees que Dios te pondría? Amy
1 de abril
Receta para el éxitoJosué 1:1-8
Recita siempre el libro de la ley […]; cumple con cuidado todo lo que en él
está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito.
—Josué 1:8 (NVI)
Hace poco, tuve mucho éxito con una versión exclusiva de fideos con salsa
de queso. Anoté los ingredientes y guardé la receta para consultarla en el
futuro. Sin esas instrucciones, sabía que la próxima tanda sería un fracaso.
Sin las instrucciones de Dios, Josué habría fracasado al guiar a los israelitas
para entrar en la tierra prometida. El primer paso era esforzarse y ser
valiente (Josué 1:6). Luego, tenía que meditar constantemente en el libro de
la ley. Y por último, debía hacer todo lo que ese libro decía. Mientras Josué
siguiera las instrucciones, Dios le prometió que tendría «éxito» (v. 8).
La «receta para el éxito» que Dios ofrece puede funcionar también para
nosotras. En el texto original hebreo, «y tendrás éxito» significa «entonces
actuarás con sabiduría». Así como Dios llamó a Josué para que caminara
sabiamente, también desea que nosotras andemos «con diligencia […], no
como [necias] sino como [sabias]» (Efesios 5:15).
Si somos valientes en el Señor, disfrutamos de su Palabra y lo obedecemos,
tenemos una receta para el éxito espiritual mejor que cualquier otra cosa
que elaboremos por nuestra cuenta. Jennifer
2 de abril
Prematuro
Isaías 51:1-16
Y en tu boca he puesto mis palabras, y con la sombra de mi mano te cubrí,
extendiendo los cielos y echando los cimientos de la tierra…
—Isaías 51:16
Nació con tan solo 34 semanas de gestación, y era un milagro de apenas
1,360 kilogramos. Toda clase de tubos y cables envolvían su diminuto
cuerpito, para supervisar su progreso. A menudo, le molestaban los equipos
que restringían sus movimientos. Pero cuando su papá metía la mano con
cuidado por la pequeña apertura de la incubadora y acariciaba su cabecita,
el bebé se quedaba quieto y se dormía.
La Escritura declara: «El corazón del hombre piensa su camino; mas el
Señor endereza sus pasos», y «el consejo del Señor permanecerá para
siempre» (Proverbios 16:9; Salmo 33:11). Sin embargo, en un mundo donde
las opciones parecen ser infinitas, terminamos convenciéndonos de nuestra
propia infalibilidad. Olvidamos la soberanía de Dios… hasta que surge una
crisis que nos recuerda cuán frágiles somos (Isaías 51:6). No tenemos el
control.
Al igual que un bebé prematuro, portamos la imagen de aquello en lo cual
nos convertiremos algún día. Mientras aguardamos esperanzadas, Dios se
acerca en medio de nuestros momentos de más profunda necesidad y nos
sostiene en su mano (vv. 12, 16). Aquí aprendemos a descansar en la
esperanza en el Señor, quien «[extendió] los cielos» (v. 16). Regina
3 de abril
Entender el costo
1 Pedro 1:17-21
Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en
vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
—1 Corintios 6:20
Cuando le regalamos a nuestro hijo de dos años un par de botas nuevas,
estaba tan contento que no se las sacó hasta la hora de dormir. Pero al día
siguiente, se olvidó por completo de ellas y se puso sus zapatillas viejas. Mi
esposo dijo: «Ojalá supiera cuánto cuestan las cosas».
Un niño recibe los regalos de buena gana, pero sabemos que no se puede
esperar que aprecie plenamente el sacrificio que hacen sus padres para darle
cosas nuevas.
A veces, me comporto como una niña. Con brazos abiertos, recibo los
regalos de Dios y sus muchas misericordias, pero ¿soy agradecida?
¿Considero el precio que se pagó para que yo pueda vivir una vida plena?
El costo fue muy alto… más que «cosas corruptibles, como oro o plata».
Como leemos en 1 Pedro, se requirió «la sangre preciosa de Cristo, como de
un cordero sin mancha y sin contaminación» (1 Pedro 1:18-19). Jesús dio su
vida, un alto precio que pagar, para transformarnos en parte de su familia. Y
Dios lo levantó de los muertos (v. 21).
Cuando entendemos el costo de nuestra salvación, aprendemos a ser
verdaderamente agradecidas. Keila
4 de abril
Los últimos kilos
Lucas 14:25-35
Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no
puede ser mi discípulo.
—Lucas 14:33
Cualquiera sea el plan que escojas para rebajar de peso, estás destinada a
perder kilos… al menos, por un tiempo. Pero la mayoría de la gente que
hace dieta llega a un punto de estancamiento antes de alcanzar su meta, y
muchos se desalientan. Se dan por vencidos.
Algo similar sucede en nuestras vidas cristianas. Cuando empezamos
nuestro andar con Cristo, desechamos fácilmente muchos de los pecados
que nos han agobiado. Luego, descubrimos que los pecados «pequeños»
como la envidia, el resentimiento y la ira no desaparecen tan fácilmente
como los «grandes». Algunas nos desalentamos tanto que perdemos de vista
nuestro compromiso con Cristo y volvemos a ciertas prácticas de nuestra
antigua manera de vivir.
Cuando Jesús habló del costo de ser su discípulo (Lucas 14:25-35), quería
que las personas que lo escuchaban se dieran cuenta de que creer en Él y
seguirlo implica algo más que empezar algo emocionante. También
significa perseverar; incluso con algo que es difícil.
Así que, ya sea que hablemos de bajar de peso o de avanzar espiritualmente,
el mensaje es el mismo: lo que más importa no es cómo empezamos, sino
cómo terminamos. Julie
5 de abril
Recuerda
Salmo 119:17-19, 130-134
En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.
—Salmo 119:11
Un aspecto difícil de envejecer es el temor a padecer demencia senil y a
perder la memoria de corto plazo. Sin embargo, el Dr. Benjamin Mast,
experto en la enfermedad de Alzheimer, brinda cierto ánimo. Dice que el
cerebro de los pacientes suele estar tan «bien trabajado» y «habituado» que
estas personas pueden escuchar canciones antiguas y cantar toda la letra.
También sugiere que las disciplinas espirituales, tales como la lectura
bíblica, la oración y el cantar himnos hacen que la verdad «se entreteja» en
nuestro cerebro y que esté lista para resurgir cuando se la estimula.
En el Salmo 119:11, leemos que el poder de esconder las palabras de Dios
en nuestro corazón nos fortalece, nos enseña la obediencia y dirige nuestros
pasos (vv. 28, 67, 133). Esto, a su vez, nos da esperanza y entendimiento
(vv. 49, 130). Aun cuando empecemos a notar pérdidas de memoria en
nosotras o en algún ser querido, la Palabra de Dios, aprendida tiempo atrás,
sigue estando allí, guardada y atesorada en el corazón (v. 11). Las palabras
de Dios seguirán hablándonos.
Nada, ni siquiera la pérdida de la memoria, puede separarnos del amor y el
cuidado de Dios. Él lo prometió. Cindy
6 de abril
Empaparnos de la Palabra
Deuteronomio 6:1-9
Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las
repetirás a tus hijos…
—Deuteronomio 6:6-7
Cuando nuestro hijo Xavier era pequeño, visitamos el acuario de la bahía de
Monterey. Al entrar, señalé una escultura colgante. «Miren. Una ballena
jorobada».
«Enorme», dijo Xavier.
Mi esposo me miró y dijo: «¿Cómo sabe esa palabra?».
«Seguramente, nos escuchó decirla». Me encogí de hombros, sorprendida
de que nuestro pequeño hubiera absorbido vocabulario que no le habíamos
enseñado intencionalmente.
En Deuteronomio 6, Dios animó a su pueblo a enseñar a los más jóvenes a
conocer y obedecer la Escritura. A medida que conocieran más a Dios, sería
más probable que ellos y sus hijos llegaran a reverenciarlo (vv. 2-5).
Si saturamos intencionalmente nuestro corazón y nuestra mente de la
Escritura (v. 6), estaremos mejor preparadas para compartir el amor y la
verdad de Dios con nuestros hijos durante las actividades cotidianas (v. 7).
Al guiar con el ejemplo, podemos preparar y animar a los jóvenes a
reconocer y respetar la autoridad y la relevancia de la verdad inmutable de
Dios (vv. 8-9). Xochitl
7 de abril
Multiplicarlo
Apocalipsis 22:1-5
Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella,
y sus siervos le servirán…
—Apocalipsis 22:3
Amalia había batallado contra el cáncer durante cinco años. Un día, el
doctor le dijoque los tratamientos no estaban funcionando y que le
quedaban pocas semanas de vida.
Buscando alguna explicación y certeza de la vida eterna, Amalia le
preguntó al pastor de su iglesia: «¿Cómo será el cielo?».
Él le preguntó qué le gustaba más en la vida, y ella respondió: «Las
caminatas, los arcoíris, los amigos fieles y las risas de niños». Entonces,
Amalia preguntó anhelante: «¿Quiere decir que allí tendré todas estas
cosas?».
El pastor respondió: «Creo que tu vida será mucho más hermosa y
asombrosa que todo lo que hayas amado o experimentado aquí. Piensa en lo
mejor que tienes ahora y multiplícalo sin límite. Yo creo que el cielo será
así».
La Biblia no describe con detalle cómo será la vida en la eternidad, pero sí
afirma que estar con Cristo en el cielo es «muchísimo mejor» que nuestras
circunstancias actuales (Filipenses 1:23). «Y no habrá más maldición; y el
trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán»
(Apocalipsis 22:3).
Y lo mejor de todo es que veremos al Señor Jesús cara a cara. Él satisfará
nuestros anhelos más profundos. Anne
8 de abril
Lavadero de coches
Isaías 43:1-13
Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te
anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá
en ti.
—Isaías 43:2
Jamás olvidaré mi primera experiencia en un lavadero automático de
automóviles. Puse el dinero en la ranura, revisé nerviosamente las
ventanillas una y otra vez, moví el coche con cuidado hasta la línea, y
esperé. Fuerzas más allá de mi control comenzaron a mover el auto. Ahí
estaba yo, encajonada en el vehículo, cuando un atronador chorro de agua,
jabón y cepillos comenzaron a salir de todos lados. ¿Qué pasa si quedo
atrapada aquí? , pensé de modo irracional. De repente, el agua se detuvo.
Después de un secado de aire a presión, el coche fue nuevamente
impulsado, limpio y brillante, hacia el mundo exterior.
He atravesado muchas épocas tormentosas en mi vida en que parecía ser
víctima de fuerzas más allá de mi control. Ahora las llamo: «Experiencias
de lavadero de coches». Pero mi certeza es que al atravesar aguas
profundas, mi Redentor estuvo siempre conmigo, protegiéndome de la
marea creciente (Isaías 43:2). Cuando salía del otro lado, podía decir con
confianza: «¡Dios es fiel!»
¿Estás en medio de una experiencia de lavadero de coches? Confía en que
el Señor te llevará hasta el otro lado. Entonces, serás un testimonio
resplandeciente de su poder protector. Joanie
9 de abril
Amar a un pródigo
Lucas 15:11-32
Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era
muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.
—Lucas 15:32
Tengo una amiga especial que me ha sorprendido con el amor profundo y
sacrificado que ella y su esposo han derramado sobre sus hijos; en
particular, un hijo pródigo restaurado.
«[Mi hijo] nos llevó por una travesía de doce años por este mundo de los
pródigos», afirma ella. Esta madre estableció un día mundial de oración por
los pródigos, el cual comenzó como un esfuerzo de orar por su hijo, quien
ya regresó a la fe.
El hijo pródigo de la Biblia le dijo a su padre, sin reparo alguno: «Quiero la
parte de mi herencia ahora, antes de que mueras» (Lucas 15:12 NTV).
Después de recibir su herencia temprano, se fue de su casa y derrochó todo
el dinero. Recién después de perder todo, volvió a su casa y confesó sus
pecados a su padre, quien lo recibió con los brazos abiertos.
«No te das por vencido —afirma mi amiga—, ya que amas tanto a ese hijo
descarriado». Ella asegura que aprendemos esto de Dios, «el cual nunca
deja de amar, nunca deja de creer, nunca deja de perdonar».
Alabado sea el Señor por su amor para todos nosotros… incluso para los
pródigos. Con paciencia, Él los llama para que revivan (Lucas 15:32).
Roxanne
10 de abril
Alabanza inmerecida
Lucas 5:27-32
No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.
—Lucas 5:32
Antes de poder comprar un horno autolimpiante, me las arreglaba para
mantenerlo en condiciones. Incluso las visitas comentaban al respecto
cuando venían a casa: «Vaya, ¡qué limpio está tu horno! Parece nuevo». Yo
aceptaba el elogio aunque sabía que no lo merecía… la limpieza no tenía
nada que ver con que yo lo restregara, sino que no lo usaba muy seguido.
Me pregunto cuántas veces soy culpable de aceptar un reconocimiento
inmerecido por mi vida «limpia». Es fácil dar la impresión de ser una
persona virtuosa: simplemente, no hacer nada difícil, controversial o que
desagrade a la gente. Pero Jesús dijo que debemos amar a los que disienten
con nosotras. El amor exige que no estemos ajenos a las dificultades en la
vida de otras personas. A menudo, el Señor tenía problemas con los líderes
religiosos que se preocupaban más de mantener una buena reputación que
de la condición espiritual de aquellos a quienes supuestamente debían
atender. Consideraban inmundos a Jesús y sus discípulos por mezclarse con
pecadores, cuando lo único que intentaba Él era rescatarlos (Lucas 5:30-
31).
Las verdaderas discípulas de Cristo están dispuestas a arriesgar su
reputación para ayudar a otros a salir del lodo del pecado. Julie
11 de abril
Cuestiones del corazón
Proverbios 4:20-27
Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.
—Proverbios 4:23
Nuestro corazón bombea a un ritmo de 70 a 75 latidos por minuto y bombea
unos 7.500 litros de sangre por día. Genera suficiente energía como para
conducir un camión unos 30 kilómetros. En toda una vida, es el equivalente
a un viaje de ida y vuelta a la luna. Un corazón saludable puede hacer cosas
maravillosas. Por el contrario, si no funciona bien, todo el cuerpo se
resiente.
Lo mismo podría decirse de nuestro «corazón espiritual». En la Escritura, el
corazón representa el centro de nuestras emociones, pensamientos y
razonamientos. Es el «centro de comando» de nuestra vida.
Por eso, tiene mucho sentido que la Palabra aconseje: «Sobre toda cosa
guardada, guarda tu corazón» (Proverbios 4:23). No obstante, nos cuesta
aceptar este consejo. La vida siempre nos exigirá del tiempo, energía y
dedicación para escuchar la Palabra de Dios y de hacer aquello que no
parezca tan urgente. Tal vez no notaremos de inmediato las consecuencias
de este descuido, pero con el tiempo, podemos llegar a experimentar un
paro cardíaco espiritual.
Necesitamos la ayuda de Dios para no descuidar su Palabra y para usarla a
fin de alinear nuestro corazón con el suyo cada día. Poh Fang
12 de abril
Sin reconocimiento
Colosenses 4:7-18
Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras
buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
—Mateo 5:16
En las décadas de 1950 y 1960, Audrey Hepburn, Natalie Wood y Deborah
Kerr deleitaban a los espectadores con sus maravillosos musicales. Pero
¿sabías que Marni Nixon era quien doblaba las voces de estas actrices
sobresalientes?
En el cuerpo de Cristo, suele haber personas que apoyan fielmente a otras
que tienen un rol más público. El apóstol Pablo dependía de esta clase de
personas en su ministerio. La tarea de Tercio como escribiente le dio a
Pablo su poderosa voz escrita (Romanos 16:22). Las oraciones entre
bambalinas de Epafras fueron esenciales para Pablo y la iglesia primitiva
(Colosenses 4:12-13). Lidia abrió su hogar cuando el apóstol cansado
necesitaba restauración (Hechos 16:15). El trabajo de Pablo no habría sido
posible sin el apoyo de estos y otros siervos de Cristo (vv. 7-18).
Aunque no siempre tengamos roles visibles, sabemos que a Dios le agrada
que desempeñemos nuestro papel esencial en su plan. Cuando
«[trabajamos] siempre para el Señor con entusiasmo» (1 Corintios 15:58
NTV), encontramos valor y significado en nuestro servicio, ya que este
glorifica a Dios y atrae a otros a Él. Cindy
13 de abril
Tapado de narcisos
Lucas 24:13-34
Ha resucitado el Señor verdaderamente…
—Lucas 24:34
Cuando las primeras flores de primavera brotaron en nuestro jardín, mi hijo
de cinco años se metió enun cantero de narcisos. Observó algunos restos de
plantas que se habían secado hacía algunos meses y señaló: «Mamá, cuando
veo algo muerto, me acuerdo de la Semana Santa, porque Jesús murió en la
cruz». Le contesté: «Cuando yo veo algo vivo, como los narcisos, ¡recuerdo
que Jesús resucitó!».
Una de las razones por las que sabemos que Jesús resucitó de la tumba es
esta: tres días después de su crucifixión, se acercó a dos hombres que iban
camino a Emaús. El Señor caminó con ellos, los acompañó para comer e
incluso les dio una lección sobre profecía del Antiguo Testamento (Lucas
24:15-27). Claramente, ¡Jesús había resucitado de los muertos! Esos
hombres regresaron a Jerusalén y les dijeron a los discípulos: «Ha
resucitado el Señor verdaderamente…» (v. 34).
Si Jesús no hubiera resucitado, nuestra fe en él no tendría sentido.
Seguiríamos siendo culpables de nuestro pecado (1 Corintios 15:17). En
cambio, la Biblia nos enseña que Cristo fue «resucitado para nuestra
justificación» (Romanos 4:25). ¡Hoy podemos estar en paz con Dios porque
Jesucristo vive! Jennifer
14 de abril
El reloj perfecto de Dios
Lucas 2:36-40
Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del
niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.
—Lucas 2:38
De vez en cuando, visito a dos ancianas. Una no tiene preocupaciones
económicas, está bien físicamente y vive en su propia casa. Sin embargo,
siempre encuentra algo negativo para decir. La otra sufre de artritis y está
bastante olvidadiza. No obstante, lo primero que escuchan todos los que
visitan su pequeño apartamento es: «¡Dios es tan bueno conmigo!». En mi
última visita, noté que, el día anterior, había escrito en su cuaderno de
recordatorios: «¡Mañana salgo a almorzar! ¡Qué maravilloso! Otro día
feliz».
Ana era una profetisa en la época en que nació Jesús, y sus circunstancias
eran difíciles (Lucas 2:36-37). Había quedado viuda siendo joven, y es
probable que no tuviera hijos, así que podría haberse sentido inútil y
abandonada. No obstante, se concentraba en Dios y en servirlo. Anhelaba la
llegada del Mesías, pero mientras tanto, estaba ocupada en los negocios del
Señor: oraba, ayunaba y les enseñaba a otros lo que había aprendido sobre
Él.
Finalmente, llegó el día en que vio al Mesías bebé en brazos María. Su
paciente espera había valido la pena. Su corazón cantaba de alegría
mientras alababa a Dios, y les comunicaba a todos la feliz noticia. Marion
15 de abril
Las damas de Arlington
Mateo 26:6-13
También se contará lo que ésta [mujer] ha hecho, para memoria de ella.
—Mateo 26:13
En 1948, el Jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos
notó que nadie había asistido al funeral de un soldado de la fuerza aérea en
el Cementerio Nacional de Arlington, y eso lo perturbó profundamente.
Habló con su esposa acerca de su preocupación de que cada soldado
recibiera honores en su entierro, y ella comenzó un grupo llamado las
Damas de Arlington.
Alguien del grupo le rinde honores a cada soldado fallecido, asistiendo a su
funeral. Las damas también escriben notas personales de pésame y expresan
palabras de gratitud a los familiares. Si es posible, una representante se
mantiene en contacto con la familia durante meses después de la ceremonia.
Margaret Mensch, una de las Damas de Arlington, dice: «Lo importante es
estar a disposición de las familias. Es un honor rendirle tributo a los héroes
de cada día que forman parte de las fuerzas armadas».
Jesús mostró la importancia de rendir tributo. Después de que una mujer
vertiera un costoso perfume sobre su cabeza, Él dijo que ella sería honrada
en los años por venir (Mateo 26:13). Los discípulos estaban indignados y
pensaron que ese acto había sido un desperdicio, pero Jesús lo llamó «una
buena obra» (v. 10) por la que ella sería recordada.
Es nuestro privilegio honrar a aquellos que han hecho «una buena obra» en
el nombre de Jesús. Anne
16 de abril
Atajos peligrosos
Mateo 4:1-10
[Jesús] respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
—Mateo 4:4
Hace poco, cuando hubo elecciones en mi país, una madre necesitada a
quien conozco cambió su voto por una bolsa de pañales. Su decisión me
desilusionó. «¿Qué pasa con tus convicciones?», le pregunté. Ella
permaneció en silencio. Seis meses después de que ganó su candidato, los
impuestos subieron aun más. Ahora todo está más caro… ¡incluso los
pañales!
La corrupción política no es nada nuevo. Tampoco lo es la corrupción
espiritual. Satanás intentó tentar a Jesús para que «vendiera» sus
convicciones (Mateo 4:1-10). El tentador se le acercó cuando el Señor
estaba cansado y hambriento, y le ofreció satisfacción inmediata: pan
caliente en segundos, una salvación milagrosa, y los reinos del mundo.
Sin embargo, Jesús sabía qué era lo mejor. Era consciente de que los atajos
son enemigos peligrosos. Pueden ofrecer un camino libre de sufrimiento,
pero al final, el dolor que producen es mucho peor de lo que podamos
imaginar. «Escrito está», declaró Jesús tres veces durante su tentación (vv.
4, 7, 10). Se aferró con firmeza a lo que sabía que era la verdad de Dios y su
Palabra.
Cuando somos tentadas, Dios también puede ayudarnos. Podemos depender
de Él y de la verdad de su Palabra para que nos ayuden a evitar atajos
peligrosos. Keila
17 de abril
Tiempo juntos
Salmo 147:1-11
Se complace el Señor en los que le temen, y en los que esperan en su
misericordia.
—Salmo 147:11
Mi mamá tiene Alzheimer, una enfermedad que va destruyendo la memoria,
puede afectar la conducta y termina en la pérdida del habla… y más.
Me duele que mi mamá esté enferma, pero doy gracias porque sigue aquí y
podemos pasar tiempo juntas… incluso conversar. Me emociona que cada
vez que voy a verla, ella resplandece de alegría y exclama: «¡Alyson, qué
sorpresa encantadora!». Disfrutamos de la compañía mutua, y aun en los
silencios, cuando ella no encuentra las palabras, tenemos comunión.
Quizá esta sea una pequeña imagen de nuestra relación con Dios. La
Escritura afirma: «Se complace el Señor en los que le temen, y en los que
esperan en su misericordia» (Salmo 147:11). A los que creen en Jesús como
Salvador, Dios los llama sus hijos (Juan 1:12). Y aunque quizá pidamos lo
mismo una y otra vez o nos falten las palabras, al Señor le agrada que
conversemos con Él en oración… incluso cuando no sabemos qué decir.
Alyson
18 de abril
Fe en vez de temor
Números 13:25–14:9
… con nosotros está el Señor; no los temáis.
—Números 14:9
«A mi esposo le ofrecieron un ascenso en otro país, pero me daba miedo
dejar nuestro hogar, así que él rechazó la oferta», me contó mi amiga. Me
explicó cómo su recelo ante un cambio tan grande evitó que se embarcara
en una nueva aventura y que se preguntara a veces qué se habían perdido al
no mudarse.
Los israelitas permitieron que sus ansiedades los paralizaran cuando fueron
llamados a habitar en una tierra rica y fértil, donde fluía «leche y miel»
(Éxodo 33:3). Cuando escucharon que había pueblos poderosos en grandes
ciudades (Números 13:28), comenzaron a temer y a rechazar el llamado a
entrar en la tierra.
Sin embargo, Josué y Caleb los instaron a confiar en el Señor, diciendo:
«[no] temáis al pueblo de esta tierra; porque […] con nosotros está el
Señor» (Números 14:9). Aunque las personas de allí parecían gigantes,
podían confiar en que el Señor estaba con ellos.
Mi amiga no recibió la orden de mudarse a otro país, como los israelitas,
pero lamentó permitir que el miedo le quitara esa oportunidad. ¿Qué me
dices de ti: estás frente a una situación que te atemoriza? Si es así, el Señor
está contigo y te guiará. Con su amor fiel, podemos avanzar en fe. Amy
19 de abril
Sentir compasión
Lucas 10:25-37
Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi
prójimo?
—Lucas 10:29
La historia de Stephen Crane, The Open Boat [El barco abierto] cuenta
sobre cuatro hombres que intentan sobrevivir en un barco salvavidas en
altamar. Irónicamente, unode los hombres reflexiona sobre un poema que
leyó de niño, sobre un soldado que luchó en Argel. Se da cuenta de que
«nunca había considerado este asunto de que un soldado de la legión
yaciera moribundo en Argel ni le había resultado algo digno de pena». No
había sentido compasión por el soldado… hasta ese momento.
La palabra compasión significa literalmente: «sufrir con alguien». Nuestra
capacidad para sentir el dolor ajeno tal vez sea insuficiente hasta que
nosotras mismas estemos sufriendo. Al igual que el experto en ley religiosa
que probó a Jesús, justificamos nuestra respuesta apática cuando llega el
momento de cumplir con la última parte de lo que Jesús señaló como el más
grande mandamiento (Lucas 10:27).
Jesús mostró una inmensa compasión al dar su vida por nosotras y
salvarnos del lugar más horrible de desesperación. Mediante el poder del
Espíritu Santo, que tengamos la misma actitud para con los demás. Regina
20 de abril
Un tiempo para todo
Eclesiastés 3:1-14
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora .
—Eclesiastés 3:1
Hace poco, mientras viajaba en avión, observé a una madre y sus hijos. Uno
de los pequeños jugaba tranquilo, y ella miraba a los ojos a su recién
nacido, le sonreía y le acariciaba la mejilla. Él la contemplaba extasiado.
Disfruté del momento con cierta melancolía, al pensar en mis propios hijos
a esa edad y en la etapa que ya había pasado.
Sin embargo, reflexioné sobre las palabras del rey Salomón en el libro de
Eclesiastés sobre «cada actividad bajo el cielo» (3:1 NTV). Mediante una
serie de opuestos, él expresa que «todo tiene su tiempo» (v. 1): «tiempo de
nacer, y tiempo de morir» (v. 2). Quizá el rey Salomón se desesperaba en
esos versículos al ver lo que percibía como el ciclo insignificante de la vida.
Pero también reconoció el rol de Dios en cada etapa: que nuestro trabajo es
un «don de Dios» (v. 13) y que «todo lo que Dios hace será perpetuo» (v.
14).
Podemos recordar épocas de nuestra vida con nostalgia. Sin embargo,
sabemos que el Señor promete estar con nosotras en cada etapa de nuestra
vida (Isaías 41:10). Podemos contar con su presencia y descubrir que
nuestro propósito está en caminar con Él. Amy
21 de abril
El tesoro
Hebreos 11:32-40
A fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la
fe y la paciencia heredan las promesas.
—Hebreos 6:12
Cuando yo era niña, mi madre muchas veces me dejaba revolver su caja de
botones mientras me recuperaba de alguna enfermedad. Siempre me
animaba encontrarme con botones viejos y conocidos, y recordar las ropas
que una vez adornaron. Sobre todo, me gustaba cuando ella escogía un
botón viejo e ignorado y lo usaba otra vez.
De la misma forma, muchas veces hojeo mi Biblia durante momentos
perturbadores y recuerdo promesas conocidas que me han fortalecido. Pero
siempre me anima encontrar ayuda en promesas que nunca había notado
antes.
Recuerdo una oscura mañana, durante la enfermedad terminal de mi esposo,
en que estaba buscando una palabra de Dios que me sostuviera. En Hebreos
11, noté que Dios había rescatado de maneras muy dramáticas a su afligido
pueblo. Sin embargo, no siempre podía identificarme con esas situaciones.
Entonces, leí acerca de algunos que «siendo débiles, fueron hechos fuertes»
(v. 34). Me di cuenta de que yo también podía ser fuerte en Él en mi
debilidad. Mi fe se renovó.
¿Estás hoy en medio de una prueba? Recuerda, hay muchas promesas en la
Biblia. Las generaciones han demostrado que son verdad, y también puedes
demostrarlo tú. Joanie
22 de abril
En el momento apropiado
Hebreos 9:11-22
… Y tocando su oreja, [Jesús] le sanó.
—Lucas 22:51
Al comienzo de su carrera, el intérprete de jazz Hernie Hancock fue
invitado a formar parte del quinteto de Miles Davis. Tiempo después,
Hancock admitió que estaba nervioso, pero lo describió como una
experiencia maravillosa, porque Davis era una persona sumamente
alentadora. Durante una presentación, cuando Davis estaba cerca del clímax
de su solo, Hancock tocó mal un acorde. Se sintió avergonzado, pero Davis
continuó como si nada hubiese pasado. «Improvisó unas notas que hicieron
que mi acorde sonara correcto», declaró Hancock.
¡Qué ejemplo de liderazgo amoroso! Davis simplemente reajustó su plan y
convirtió en algo hermoso lo que era, en potencia, un error terrible.
Así hizo Jesús con Pedro. Cuando este le cortó la oreja a uno de los que
fueron a arrestar a Jesús, Él se la reinsertó (Lucas 22:51), lo cual indicaba
que su reino consistía en sanar, no en lastimar. Una y otra vez, el Señor
utilizó los errores de los discípulos para mostrar algo mejor.
Lo que Jesús hizo por sus discípulos, también lo hace por nosotras; y lo que
Él hace por nosotras, podemos hacerlo por los demás. En vez de magnificar
cada error, podemos convertirlos en actos maravillosos de perdón,
restauración y redención. Julie
23 de abril
¿Cómo puedo ayudarte?
Marcos 10:43-52
Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo:
Maestro, que recobre la vista.
—Marcos 10:51
Haddon Robinson, presidente de un seminario, se encontró con un donante
muy rico para gestionar una contribución importante. Cuando Robinson
pidió una cantidad determinada, el benefactor respondió: «Estaba dispuesto
a darte mucho más, si me lo hubieras pedido».
Esta historia nos recuerda que nos acerquemos «confiadamente al trono de
la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno
socorro» (Hebreos 4:16).
Es fundamental que llevemos nuestras peticiones delante de Dios porque Él
se deleita en dar buenas dádivas a sus hijos (Mateo 7:11). Podemos
comunicarle con libertad nuestras peticiones, recordando que estas deben
reflejar que buscamos primeramente su reino. Entonces, el Señor, en su
sabiduría, nos dará lo que en verdad necesitamos, no solo lo que queremos
(6:33).
Sigamos buscando a Dios y cumpliendo nuestra misión en su reino, y
mientras lo hacemos, traigamos ante Él nuestras peticiones. Tal vez Él esté
dispuesto a darnos incluso más de lo que pedimos (Efesios 3:20). Marlena
24 de abril
Esperanza para un «embarrador»
Santiago 1:2-4
… la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba,
esperanza.
—Romanos 5:3-4
Cuando mi esposo construyó una galería delante de nuestra casa, esperaba
que un pájaro hiciera allí su nido. Por eso, dejó una inclinación en el poste
esquinero. Al principio, funcionó. Sin embargo, después de dos días de
lluvia, vimos que había aparecido un nido en el mismo sitio que
considerábamos imposible. Debido a la lluvia, la Sra. Petirrojo pudo hacer
un poco de argamasa de barro. Entretejiéndolo con ramitas y hierba, nuestra
amiga alada se había construido un nido nuevo. Había perseverado.
¡Qué inspiradora es la perseverancia! Tratar de vivir una vida que honre a
Cristo en medio de circunstancias difíciles puede frustrarnos y
desanimarnos. Pero cuando dependemos de la ayuda del Señor para
atravesar los problemas, recibimos poder para seguir adelante, aun cuando
no siempre podamos ver cómo solucionar nuestras dificultades. Gálatas 6:9
nos recuerda que «no nos cansemos, pues, de hacer bien» y nos insta a que
no nos rindamos.
¿Está Dios utilizando en tu vida un desafío aparentemente insuperable para
producir perseverancia? Permítele que a través de esa prueba, fortalezca tu
carácter y, como consecuencia, aumente tu esperanza (Romanos 5:3-4).
Cindy
25 de abril
Sonríe
Salmo 29:1-11
El Señor dará poder a su pueblo; el Señor bendecirá a su pueblo con paz.
—Salmo 29:11
Una vez, conocí a una hermosa niña llamada Mercy, una paciente en un
hospital en Kampala, Uganda. Durante una visita, su hermano explicó que
sus padres habían muerto, y que él, a los catorce años de edad, era el único
cuidador de Mercy. «Escuché que, la semana pasada, usted les dio
almohadas a los pacientes —dijo él—. Mi hermana nunca durmió sobre una
almohada. ¿Podría traerle una, por favor?».
Mercy tenía la sonrisa más hermosa que vi jamás. Al mirarla a los ojos,
sabía que era testigode alguien que experimentaba la paz de Dios, esa paz
inexplicable de Filipenses 4:7.
Al día siguiente, le llevé una almohada a Mercy. Su inmensa sonrisa se hizo
aun más grande. Me senté y le tomé la mano durante un largo rato. Cuando
volví al día siguiente, su cama estaba vacía; había fallecido. El hospital me
permitió ver su cuerpo para despedirme. Su cabecita descansaba sobre la
almohada en la cual había dormido apenas una noche, y tenía la boca
cerrada… pero sonriente.
Querido Señor, ayúdanos a entender con mayor profundidad esto que Mercy
sabía… que jamás abandonarás a tus hijos. Roxanne
26 de abril
Las pequeñas cosas
Salmo 116:1-9
Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto…
—Santiago 1:17
Mi amiga Gloria nos llamó entusiasmada. No podía salir de su casa,
excepto para ir al médico. Por eso, entendí su alegría cuando me dijo: «Mi
hijo acaba de conectar parlantes a mi computadora. ¡Ya puedo ir a la
iglesia!». Ahora podía escuchar la transmisión en vivo de la reunión. No
paraba de hablar de la bondad de Dios.
Gloria me enseña a tener un corazón agradecido. A pesar de sus
limitaciones, da gracias por las pequeñas cosas. Dios siempre le proveyó lo
que necesitaba, y ella les habla del Señor a todos los que la visitan o la
llaman.
No sabemos qué dificultades tenía el autor del Salmo 116. Algunos dicen
que probablemente fuera una enfermedad, ya que afirma: «Me rodearon
ligaduras de muerte» (v. 3). Sin embargo, el salmista dio gracias al Señor
por ser misericordioso y compasivo cuando estaba «postrado» (vv. 5-6).
Cuando estamos postradas, puede ser difícil levantar la mirada. Sin
embargo, si lo hacemos, vemos que Dios es el que nos da todo lo bueno que
tenemos —lo grande y lo pequeño— y aprendemos a darle gracias. Anne
27 de abril
Compartir el consuelo
2 Corintios 1:3-11
… así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la
consolación.
—2 Corintios 1:7
Una amiga me envió unas artesanías de cerámica que había hecho, pero
algunas de las preciosas piezas se habían dañado en el viaje. Después de
que mi esposo reparó una de las piezas, exhibí la taza sobre un estante, con
sus hermosas imperfecciones.
Al igual que esa cerámica restaurada, yo también tengo cicatrices que
prueban que puedo seguir de pie después de los tiempos difíciles que Dios
me ha ayudado a superar. Hablar de cómo el Señor ha obrado en y a través
de mi vida puede ayudar a otros en tiempos de sufrimiento.
El apóstol Pablo alaba a Dios porque es «Padre de misericordias y Dios de
toda consolación» (2 Corintios 1:3). El Señor usa nuestras pruebas y
sufrimientos para hacernos más parecidas a Él. Su consuelo en nuestras
aflicciones nos prepara para reconfortar a otros al contarles lo que el Señor
ha hecho por nosotras (v. 4).
Como Pablo, recibimos consuelo al saber que el Señor redime nuestras
pruebas para su gloria. Podemos compartir sus «tacitas de consuelo» para
llevar esperanza al que sufre. Xochitl
28 de abril
El piano que encogía
Filipenses 1:1-11
… estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena
obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.
—Filipenses 1:6
Durante tres años consecutivos, mi hijo participó de un recital de piano. El
último año que tocó, lo observé subir los escalones y preparar su partitura.
Después de tocar, se sentó junto a mí y susurró: «Mamá, este año, el piano
es más pequeño». Le contesté: «No, es el mismo piano del año pasado. ¡Tú
estás más grande!».
El crecimiento espiritual, al igual que el físico, suele darse lentamente. Es
un proceso constante que implica parecerse más a Jesús, y sucede a medida
que somos transformadas mediante la renovación de nuestro entendimiento
(Romanos 12:2).
Para el crecimiento espiritual, hace falta el Espíritu Santo, nuestra voluntad
de cambiar y tiempo. En ciertos momentos de nuestras vidas, quizá
miremos atrás y veamos que crecimos espiritualmente. Que Dios pueda
darnos la fe de seguir adelante y creer que «el que comenzó en [nosotras] la
buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo» (Filipenses 1:6).
Jennifer
29 de abril
¡Otra vez!
2 Tesalonicenses 2:13-17
Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros
[…], de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación,
mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad.
—2 Tesalonicenses 2:13
Mientras leía el mensaje en mi teléfono, empezó a subirme la temperatura y
me hervía la sangre. Estaba a punto de responder con otro mensaje
desagradable, cuando una voz interior me dijo que me calmara y que
contestara al día siguiente. Después de dormir bien, el tema que me había
molestado tanto parecía una gran tontería. Había reaccionado de forma
desmedida. No estaba dispuesta a incomodarme para ayudar a alguien.
Lamentablemente, estoy tentada a responder con enojo más a menudo de lo
que me gustaría reconocer. Con frecuencia, tengo que poner en práctica
verdades bíblicas conocidas, tales como «airaos, pero no pequéis» (Efesios
4:26), y «no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también
por lo de los otros» (Filipenses 2:4).
Menos mal que Dios nos ha dado su Espíritu, quien nos ayuda en nuestra
batalla contra el pecado. Pablo y Pedro lo denominaron: «la santificación
por el Espíritu» (2 Tesalonicenses 2:13; 1 Pedro 1:2). Con su ayuda,
podemos alcanzar la victoria. Poh Fang
30 de abril
Libre de temor
Salmo 34:1-10
Busqué al Señor, y él me oyó, y me libró de todos mis temores.
—Salmo 34:4
El miedo me invade sin pedirme permiso. Crea una imagen de impotencia y
desesperanza, y me roba la paz. ¿A qué le temo? Me preocupa la seguridad
y la salud de mi familia y seres queridos. Me aterra la pérdida del trabajo o
las relaciones rotas. El miedo me lleva a mirarme a mí misma y revela un
corazón al que, a veces, le cuesta confiar.
Ante estos temores y preocupaciones, ¡qué bueno es leer la oración de
David en el Salmo 34!: «Busqué al Señor, y él me oyó, y me libró de todos
mis temores» (v. 4). ¿Y cómo nos libra? Cuando lo miramos y confiamos en
que Él tiene el control de todo (v. 5). Luego, David menciona una clase
diferente de temor: un profundo respeto y asombro ante Aquel que nos
rodea y nos libra (v. 7). Podemos refugiarnos en el Señor porque Él es
bueno (v. 8).
Este asombro ante su bondad ayuda a cambiar nuestra perspectiva sobre el
temor. Al recordar quién es Dios y cuánto nos ama, podemos relajarnos en
su paz. Cuando buscamos al Señor, podemos ser libradas de nuestros
temores. Keila
1 de mayo
Día de la primavera
Génesis 8:15-22
Mientras la tierra permanezca, no cesarán […] el día y la noche.
—Génesis 8:22
Durante mi infancia en el oeste de Michigan, Estados Unidos, siempre
celebraba el primero de mayo la primavera y las flores incipientes. Hacía un
canasto de papel y lo llenaba de todas las flores que encontraba; la mayoría,
narcisos y violetas. Luego colocaba el canasto frente a la puerta de mi
vecina, tocaba a su puerta y me escondía rápidamente detrás de un arbusto.
Atisbaba para verla cuando abría la puerta y recogía su sorpresa.
La belleza de las flores primaverales y el cambio regular de las estaciones
nos recuerdan la fidelidad de Dios. Cuando Noé y su familia salieron del
arca con los animales después de que las aguas decrecieron, Dios les hizo
esta promesa: «Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la
siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche» (Génesis
8:22). Y ha sido fiel en mantener esa promesa desde entonces. Dios «hizo el
universo» y sigue sosteniendo «todas las cosas con la palabra de su poder»
(Hebreos 1:2-3).
Demos gracias a Dios hoy por su hermosa creación y por su fidelidad al
sustentar su mundo y a nosotras. Anne
2 de mayo
Vernos a nosotras mismas
1 Corintios 11:23-34
… pruébese cada uno a sí mismo…
—1 Corintios 11:28
Antes de que se inventaran los espejos o las superficies pulidas, las
personas rara vez se veían a sí mismas. Una de las únicas maneras de
hacerlo era reflejándose en pozos de agua oen ríos calmos.
Sin embargo, los espejos cambiaron todo. Más tarde, la invención de las
cámaras fotográficas otorgó una dimensión completamente nueva al aspecto
exterior. Ahora tenemos imágenes nuestras de un determinado momento,
que nos acompañan durante toda la vida. Pero todo esto puede llegar a
perjudicar nuestro bienestar espiritual, al preocuparnos más por la
apariencia y dejar de lado nuestro interior.
Analizarnos interiormente es fundamental para una vida espiritual
saludable. Esto es tan importante que las Escrituras enseñan que no
debemos participar de la Cena del Señor si no nos examinamos antes (1
Corintios 11:28). El objetivo no es arreglar las cosas con Dios solamente,
sino también asegurarnos de que estamos bien con los demás. En la Cena
del Señor, recordamos el cuerpo y la sangre de Cristo, y no podemos
celebrarla adecuadamente si no vivimos en armonía con los otros creyentes.
La evaluación personal promueve la unidad fraternal y beneficia nuestra
relación con Dios. Julie
3 de mayo
Cambios imprevistos
Salmo 37:1-24
Por el Señor son ordenados los pasos del hombre, y él aprueba su camino.
—Salmo 37:23
Hace algunos años, la junta educativa de nuestro condado decidió no
renovarle a nuestra iglesia el alquiler del edificio escolar donde nos
reuníamos todos los domingos.
Conmocionados, consideramos otros lugares, pero no pudimos encontrar un
sitio adecuado durante un tiempo. Cuando plantamos la iglesia,
entendíamos la incertidumbre de utilizar un edificio compartido; pero no
contábamos con que sucedería esto.
Los planes son puertas de esperanza hacia lo que creemos que Dios quiere
que hagamos. David conocía la importancia de entregarle al Señor los
planes: «Encomienda al Señor tu camino, y confía en él; y él hará» (Salmo
37:5). En vez de dejarnos abrumar por el cambio inminente, para mi esposo
y para mí, fue importante «[guardar] silencio ante el Señor, y [esperar] en
él» (v. 7).
Rendirle a Dios nuestros planes no significa que Él los cumplirá como a
nosotras nos parece, pero Él sí ordena «los pasos del hombre» (v. 23).
Cuando confiamos en el Señor en medio de los imprevistos, Él toma los
cambios inesperados y los transforma en oportunidades de crecer en nuestra
fe. Regina
4 de mayo
Construye una vida
Juan 20:11-18
Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.
—Filipenses 1:21
El día después de la muerte de mi esposo Bill, en 1982, fui sola a su tumba.
Igual que a María Magdalena, quien visitó el sepulcro de Jesús, el Señor
resucitado me estaba esperando. Aunque todavía estaba adormecida por la
prematura muerte de Bill a causa del cáncer, sentí que el Señor imprimió en
mi mente las palabras de Filipenses 1:21.
Tejí una oración alrededor de las palabras de ese versículo: «Señor, cuántas
veces escuché a Bill testificar: “¡Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir
es ganancia!”. Tu siervo ha muerto, una pérdida indecible para nosotros,
una ganancia inefable para él. Yo sé, Señor, que no debo vivir en el pasado,
por hermoso que haya sido para mí. Porque para mí, ¡el vivir eres tú!».
Cuando me di vuelta para irme, sabía que había hecho una oración
fundamental. Me quedaba por delante mucha recuperación y cosas para
reconstruir mi vida, pero debajo de mí, estaba el único fundamento firme
sobre el cual edificar: Jesucristo.
¿Acaso ha probado tu fundamento la muerte de un ser querido? Deja que las
palabras de Pablo —escritas cuando estaba frente a la muerte— y las de
Jesús a María te alienten a ofrecer una oración fundamental propia. Luego,
empieza a reconstruir tu vida sobre el Cristo resucitado. Joanie
5 de mayo
Descansa
Éxodo 20:8-11
En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo
me pastoreará.
—Éxodo 20:2
Aveces, nuestro perro se altera tanto que tiene convulsiones. Para
prevenirlas, tratamos de calmarlo. Pero cuando oye «acuéstate y descansa»,
mira para otro lado y empieza a quejarse. Finalmente, con un dramático
suspiro de resignación, obedece y se tira al suelo.
En ocasiones, nosotras también necesitamos que nos recuerden que
debemos descansar. En el Salmo 23, aprendemos que nuestro buen Pastor
«en lugares de delicados pastos [nos hace] descansar» y que nos guía «junto
a aguas de reposo». Sabe que nos hace falta esa tranquilidad que trae el
descanso.
Nuestro cuerpo está diseñado para descansar con regularidad. Dios mismo
reposó al séptimo día, después de su obra creadora (Génesis 2:2-3; Éxodo
20:9-11). Jesús sabía que había un tiempo para servir a las multitudes y otro
para descansar. Instruyó a sus discípulos: «Venid vosotros aparte […] y
descansad un poco» (Marcos 6:31).
El descanso es un don, una dádiva buena de nuestro Creador que sabe
exactamente lo que necesitamos. Alabémoslo por hacernos descansar en
delicados pastos. Cindy
6 de mayo
Dios me conoce
Gálatas 4:8-12
Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por
naturaleza no son dioses.
—Gálatas 4:8
En 1996, fui directora de prensa para la Villa Olímpica, sede de todos los
atletas que competían en los juegos olímpicos de Atlanta, en Estados
Unidos.
Una noche, mientras llevaba a algunas personas a la villa, todo iba bien
hasta que una pareja empezó a increpar: «¿Por qué no nos sigue ninguna
cámara? ¿Acaso ustedes no saben quiénes somos?». Por cierto, yo no lo
sabía. Pero con el tiempo, estas personas consiguieron un programa de
telerrealidad y se hicieron famosas, tal como querían.
Hoy en día, muchos creen lo mismo, que es importante que los demás nos
conozcan. No saben que lo mejor es que nuestro Creador nos conozca.
Jesús corrigió esa manera de pensar, afirmando: «Y esta es la vida eterna:
que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has
enviado» (Juan 17:3).
En Gálatas 4, Pablo declaró: «mas ahora, conociendo a Dios, o más bien,
siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles
y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?» (v. 9).
Hay algo mucho mejor que la fama. Que podamos volvernos hoy a Dios y
experimentar el gozo y la vida que se encuentran en su presencia. Roxanne
7 de mayo
Recuerda la cruz
Marcos 15:19-20, 33-39
… Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.
—Marcos 15:39
En la iglesia donde asisto, hay una cruz inmensa en frente del santuario.
Representa la cruz original donde Jesús murió. Allí Dios permitió que su
Hijo perfecto muriera por cada cosa mala que hicimos. En la cruz, Jesús
consumó la obra necesaria para salvarnos de la muerte que merecíamos
(Romanos 6:23) .
Ver una cruz me lleva a considerar lo que Jesús soportó por nosotras. Antes
de ser crucificado, lo azotaron y lo escupieron. Los soldados le pegaron en
la cabeza con palos y se burlaron de Él. Intentaron obligarlo a que llevara su
propia cruz al lugar donde moriría. En Gólgota, lo atravesaron con clavos
para mantenerlo sobre la cruz al erguirla. Esas heridas soportaron el peso de
su cuerpo mientras estuvo allí colgado. Seis horas más tarde, Jesús exhaló
su último aliento (Marcos 15:37). Un centurión que había presenciado la
muerte de Jesús declaró: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios»
(v. 39).
La próxima vez que veas el símbolo de la cruz, considera lo que significa
para ti. El Hijo de Dios sufrió y murió allí, y luego resucitó para darnos vida
eterna. A ti y a mí. Jennifer
8 de mayo
Una distracción agradable
Romanos 11:33–12:2
No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la
renovación de vuestro entendimiento…
—Romanos 12:2
Una amiga mía estaba buscando una iglesia de la cual hacerse miembro y
me dijo que había encontrado justo lo que quería: «Me gusta esta iglesia
porque no tengo que dejar de ir a fiestas. No me hace sentir culpable ni
exige nada de mí. Me siento bien conmigo misma cuando estoy allí».
Pero, ¿es esa la clase de vida a la que Jesús nos llama? El escritor W. Waldo
Beach afirma: «No hay aire acondicionado ni asientos acojinados de una
iglesia acomodada que puedan ocultar la dura verdad de que […] el
discipuladoes costoso. Nadie puede entender el cristianismo en
profundidad si su intención es disfrutarlo como una distracción agradable
de fin de semana».
Ser cristiano significa que conocemos a Jesús personalmente porque lo
hemos recibido por fe como nuestro Salvador del pecado. Negamos nuestra
voluntad y optamos por la suya. Él transforma nuestro pensamiento,
nuestros valores y nuestras prioridades para reflejar lo que es aceptable a
Dios (Romanos 12:1-2).
La fe verdadera no es tan solo una distracción agradable de fin de semana;
¡es una relación vital con Jesús! Anne
9 de mayo
Poda dolorosa
Juan 15:1-5
Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva
fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.
—Juan 15:2
El verano pasado, plantamos rosales en el patio trasero en honor a mi
abuelita. Alrededor de su casa, siempre habían crecido rosas de aroma
fragante. Las que plantamos en casa serían un bello recordatorio de ella.
Con alegría, contemplé cómo florecieron durante todo el verano. Después
llegó la primera helada, y supe que era hora de cortar las rosas y podar las
ramas.
Así como tuve que podar los rosales para fomentar su renovación anual, a
veces, Dios tiene que podarnos a nosotras. Aunque es doloroso y nunca nos
gusta, Él nos poda para que llevemos «más fruto» (Juan 15:2). Su objetivo
no es lastimarnos, sino conformarnos a la imagen de Jesús (Romanos 8:29)
para nuestra bendición y crecimiento (Job 5:17).
Quizá estés atravesando un momento difícil. Estás luchando y desearías que
el dolor y la incomodidad quedaran atrás. Es comprensible. Sin embargo, si
estás siendo podada, puedes tener grandes expectativas para el futuro. Dios
se está asegurando de que lleves incluso más fruto. Él nunca malgastará tu
dolor ni tu sufrimiento. Marlena
10 de mayo
Él responderá
Salmo 91
Me invocará, y yo le responderé…
—Salmo 91:15
Me entusiasmé mucho cuando encontré la cuenta de Twitter de mi actriz
coreana favorita, y decidí enviarle un comentario. Mandé mi mensaje y
esperé, pero nunca contestó.
Felizmente, sabemos que no es así con Dios.
Él sí contesta. Es el «Altísimo», el «Omnipotente» (Salmo 91:1). Sin
embargo, podemos acceder a Él, ya que prometió: «Me invocará, y yo le
responderé» (v. 15).
Una antigua leyenda habla de un rey que contrataba tejedores para que le
hicieran tapetes y vestidos. Les daba la seda y los diseños, y les indicaba
que lo consultaran de inmediato si surgían problemas. Un tejedor hacía todo
bien y estaba contento, mientras que el resto siempre tenía dificultades.
Cuando le preguntaron por qué, respondió: «¿No vieron cuántas veces
llamé al rey?». «Sí —le respondieron—, pero como siempre está tan
ocupado, pensamos que no debías molestarlo tanto». El muchacho contestó:
«¡Solo le obedecí, y él estaba muy feliz de poder ayudarme!».
Nuestro Dios es como ese rey… pero mucho más grande. En su inmenso
amor y bondad, se ocupa de nuestras cosas más pequeñas y susurros más
débiles. Poh Fang
11 de mayo
Nada es inútil
1 Corintios 15:42-58
… nada de lo que hacen para el Señor es inútil.
—1 Corintios 15:58 (NTV)
En mi tercer año de pelear contra el desánimo y la depresión causados por
una movilidad limitada y el dolor crónico, le confesé a una amiga: —Mi
cuerpo se está cayendo a pedazos. Siento que no tengo nada de valor para
ofrecerle a Dios ni a nadie.
—¿Te parece que no sirve de nada que te salude con una sonrisa o te
escuche? ¿Me dirías que no vale que ore por ti o te diga una palabra
amable? —preguntó.
—Por supuesto que no.
—Entonces, ¿por qué te dices esas mentiras? Haces todas esas cosas por mí
y por otros.
Le di gracias a Dios por recordarme que nada de lo que hacemos para Él es
en vano.
Como Dios nos promete que resucitaremos a través de Cristo (1 Corintios
15:43), podemos confiar en que usará cada pequeño esfuerzo hecho por Él
para marcar una diferencia en su reino (v. 58).
Incluso si tenemos limitaciones físicas, una sonrisa, una palabra de ánimo,
una oración o una muestra de fe durante la prueba pueden ayudar a los
demás. Cuando servimos al Señor, no hay tarea o acto de amor demasiado
insignificante. Xochitl
12 de mayo
El remedio para los celos
1 Samuel 18:5-15
De aquel día en adelante Saúl miró a David con recelo.
—1 Samuel 18:9 (LBLA)
Durante una visita de mis nietos, les pregunté qué habían hecho el fin de
semana. Bridger, de tres años de edad, contó que lo habían dejado pasar la
noche con sus tíos… ¡y había tomado helado y andado en un carrusel y
mirado una película! Después fue el turno de su hermano de cinco años,
Samuel. Cuando le pregunté qué había hecho, contestó: «Acampé». «¿Te
divertiste?», pregunté. «No tanto», respondió, apesadumbrado.
Samuel experimentó el antiguo sentimiento de los celos. Al escuchar el
emocionante relato de su hermano, olvidó cuánto se había divertido
acampando con su papá.
Todos podemos ser presa de los celos. El rey Saúl cedió ante el monstruo de
la envidia y los celos cuando los elogios para David fueron mayores que los
suyos: «Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles» (1 Samuel 18:7).
Desde ese momento, «Saúl no miró con buenos ojos a David» (v. 9).
¡Estaba tan enfurecido que quiso matarlo!
Dios ya nos ha dado muchas bendiciones, incluida la vida en esta tierra y la
promesa de la vida eterna para los que creen. Depender de su ayuda y
concentrarnos en Él con gratitud puede ayudarnos a superar los celos.
Alyson
13 de mayo
Cara a cara
Éxodo 33:7-14
Y hablaba el Señor a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su
compañero…
—Éxodo 33:11
Aunque el mundo está conectado electrónicamente como nunca antes, no
hay nada como el tiempo compartido frente a frente. Los que se aman, ya
sean familiares o amigos, disfrutan de compartir tiempo cara a cara.
Vemos esta clase de relación personal entre el Señor y Moisés, el hombre a
quien Dios eligió para guiar a su pueblo. Durante los años de seguir a Dios,
la confianza de Moisés fue creciendo, y no dejó de seguirlo a pesar de la
rebelión y la idolatría del pueblo. Después de que los israelitas adoraron un
becerro de oro (Éxodo 32), Moisés levantó una tienda fuera del
campamento para encontrarse con Dios, mientras los demás miraban desde
lejos (33:7-11). Cuando la columna de nube —la presencia de Dios—
descendía sobre la tienda, Moisés hablaba en favor de ellos. Dios prometió
que su presencia los acompañaría (v. 14).
Gracias a la muerte de Jesús en la cruz y a su resurrección, ya no
necesitamos que alguien hable con Dios por nosotros. En cambio, tal como
Jesús les ofreció a sus discípulos, podemos ser amigas de Dios a través de
Él (Juan 15:15). Nosotras también podemos encontrarnos con Él y hablar
como con un amigo. Amy
14 de mayo
Ojos para ver
Josué 3:1-11
Extendí mis manos a ti, mi alma a ti como la tierra sedienta.
—Salmo 143:6
Mi primera visión de la tierra prometida desde los montes de Moab fue
decepcionante. «¿Ha cambiado mucho desde que los israelitas estuvieron
aquí?», le pregunté a la guía. Esperaba que el contraste fuera notorio en
comparación con el lado oriental del Jordán. «No —respondió—. Se ha
mantenido igual durante miles de años».
Reformulé la pregunta: «¿Qué vieron los israelitas cuando llegaron aquí?».
«El mayor oasis de toda la superficie de la tierra», contestó ella.
Entonces, comprendí. Yo había atravesado el estéril desierto en un autobús
de lujo, con aire acondicionado y agua fresca. Para mí, un oasis no era nada
espectacular. Los israelitas habían pasado años vagando por un desierto
seco y caluroso. Para ellos, el extenso terreno en la brumosa lejanía era
sinónimo de agua fresca y vivificadora.
Al igual que un oasis, la bondad de Dios se encuentra en los sitios áridos y
difíciles. Me pregunto: ¿cuántas veces no alcanzamos a percibir su bondad
porque nuestros sentidos espirituales han sido adormecidos por las
comodidades? A veces, las dádivas del Señor se ven con más claridad
cuando estamos cansadas y sedientas. Quiera Dios que siempre tengamos
sed de Él. Julie
15 de mayo
Aprender la lección
Filipenses4:10-19
… he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.
—Filipenses 4:11
María era viuda y enfrentaba graves problemas de salud. Entonces, su hija
la invitó a mudarse al nuevo «apartamento de la abuela», conectado con su
casa. Aunque eso implicaría alejarse de sus amigos creyentes y de su
iglesia, María se regocijó por la provisión del Señor.
A los seis meses de su nueva vida, ese contentamiento desapareció. Echaba
de menos a sus amigos creyentes y la iglesia nueva quedaba demasiado
lejos para poder ir sola.
En ese momento, leyó un escrito de Carlos Spurgeon, el gran predicador del
siglo
xix
: «El contentamiento es una de las flores del cielo y debe ser cultivada.
Pablo afirma: “he aprendido a contentarme”, como si anteriormente no
hubiese sabido cómo hacerlo».
María entendió que si un apasionado evangelista como Pablo, confinado en
una prisión, abandonado por los amigos y condenado a muerte pudo
aprender a contentarse, ella también podría.
Dijo: «Confesé mis quejas al Señor y le pedí perdón. Poco después, una
mujer recientemente jubilada me pidió que fuera su compañera de oración,
y otros ofrecieron llevarme a la iglesia. Mis necesidades habían sido
maravillosamente suplidas». Marion
16 de mayo
La batalla del lápiz
Jueces 2:11-22
… no se apartaban de sus obras, ni de su obstinado camino.
—Jueces 2:19
Cuando aprendía a escribir, mi maestra de primer grado insistía en cambiar
la forma en que yo tomaba el lápiz. Mientras ella me miraba, lo sostenía
como ella quería, pero en cuanto se daba vuelta, obstinadamente lo volvía a
poner como a mí me resultaba más cómodo.
Décadas más tarde, me di cuenta de que mi sabia maestra tenía claro que
esa mala costumbre haría que me cansara más rápido al escribir.
Pocas veces, los hijos entienden lo que es bueno para ellos. Por lo general,
operan en función de lo que desean en el momento. Es probable que el
nombre «hijos de Israel» sea apropiado, ya que los israelitas insistían en
adorar a los dioses paganos en lugar de al único Dios verdadero. Sus
acciones hicieron que el Señor se enojara mucho con ellos porque Él sabía
que era lo mejor; entonces, les quitó su bendición (Jueces 2:20-22).
Si tu espíritu rebelde te impide obedecer a Dios, es hora de cambiar. Acude
al Señor, que es bondadoso y misericordioso. Cindy
17 de mayo
¿No es hermoso?
Isaías 9:1-7
Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado.…
—Isaías 9:6
Me encontraba con un grupo de niños de nuestra ciudad en un culto de
adoración y comenzamos a cantar. Ariel, de siete años de edad, se inclinó
hacia mí y me dijo suavemente: «Me encanta esta canción; me hace llorar».
La música y la letra acerca de Jesús, su Salvador, tocó su corazón mientras
entonábamos la canción de John Wimberg: ¿No es Él hermoso?
Sí, el Señor Jesús es hermoso. No encontramos una referencia específica en
la Biblia que lo describa de esa forma, pero su carácter personal es firme y a
la vez benigno, santo pero perdonador, majestuoso pero humilde… todo en
uno. ¡Es sencillamente hermoso!
En su profecía, Isaías describió a Jesús y su venida de la siguiente forma:
«Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su
hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre
Eterno, Príncipe de Paz» (Isaías 9:6).
Jesús es el Admirable Consejero que nos da consuelo y sabiduría. El Dios
Poderoso, que actúa con poder y autoridad. El Padre Eterno que provee para
todas nuestras necesidades y nos protege. Y el Príncipe de Paz que ofrece
reconciliación con Dios y los demás.
¿No es Jesús hermoso? Adóralo. Anne
18 de mayo
El que sirve
Lucas 22:24-27
… yo estoy entre vosotros como el que sirve.
—Lucas 22:27
« Yo no soy sirvienta de nadie!», grité. Esa mañana, las exigencias de mi
familia parecían superarme, mientras ayudaba frenéticamente a mi esposo a
buscar su corbata azul, le daba de comer a mi bebé y sacaba de abajo de la
cama el juguete perdido de nuestro hijito de dos años.
Más tarde, ese mismo día, mientras leía la Biblia, encontré este versículo:
«Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es
el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve»
(Lucas 22:27).
La sociedad actual insiste en que debemos procurar «ser alguien»;
queremos un trabajo bien redituable, el cargo más importante y ser líder en
la iglesia. No obstante, dondequiera que estemos, podemos aprender de
nuestro Señor cómo servir.
Todas tenemos diferentes roles, pero la pregunta es: ¿Realizamos estas
tareas con una actitud de servicio? Aunque mi rutina es a veces cansadora,
doy gracias que el Señor me ayuda, porque quiero seguir sus pasos y servir
con disposición a los demás.
Que Dios nos ayude a cada una a ser la que sirve. Keila
19 de mayo
Oraciones de preocupación
Efesios 3:14-21
Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más
abundantemente de lo que pedimos o entendemos…
—Efesios 3:20
En su libro Growing Your Soul [Cómo hacer que tu alma crezca], Neil
Wiseman escribe: «La oración debe ser más que un tipo de reafirmación de
las preocupaciones o ponderación de los problemas. Nuestras peticiones
deben ir más allá de una sombría desesperación, la cual trata principalmente
con la calamidad y la desesperación».
Durante una época de ansiedad en mi vida, mis oraciones estaban llenas de
preocupación. Solía pedir: «Señor, por favor, impide que mi vecina me
cause problemas mañana»; o «Padre, no permitas que esa intratable persona
divulgue chismes sobre mí».
Pero entonces, el Señor me enseñó a orar por las personas, en lugar de en
contra de ellas. Pablo no expresaba preocupación en sus oraciones. Él oraba
por el pueblo de Dios para que conocieran la fortaleza, el amor y la plenitud
de Dios, el cual puede hacer todo mucho más abundantemente de lo que
pedimos o entendemos (Efesios 3:14-21). Tal confianza hizo de Pablo un
verdadero «guerrero de la oración». ¿Son así tus oraciones? Joanie
20 de mayo
El león ladrador
Proverbios 22:1-5
De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas…
—Proverbios 22:1
Los que visitaban el zoológico quedaron pasmados cuando el «león
africano» empezó a ladrar en vez de rugir. El personal del lugar dijo que
habían disfrazado un mastín tibetano, un perro muy grande, de león porque
no tenían dinero para comprar el animal verdadero. El zoológico perdió
tremendamente su reputación.
La reputación es frágil; una vez que se daña, es difícil de recuperar. Las
Escrituras nos exhortan: «De más estima es el buen nombre que las muchas
riquezas…» (Proverbios 22:1). El valor verdadero no debe basarse en lo
que tenemos, sino en lo que somos.
El antiguo filósofo griego Sócrates declaró: «La forma de lograr una buena
reputación es esforzarse para ser lo que uno desea parecer». Como
seguidoras de Jesús, llevamos su nombre. Por su amor a nosotras, nos
esforzamos para andar como es digno de Él, reflejando su semejanza en
nuestras palabras y acciones.
Cuando fallamos, Él vuelve a levantarnos con su amor. Por nuestro
ejemplo, los que nos rodean serán guiados a alabar a Dios, quien nos
redimió y transformó (Mateo 5:16); porque el Señor es digno de gloria,
honra y alabanza plena. Poh Fang
21 de mayo
Probada y purificada
Job 23:1-12
Mas él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro.
—Job 23:10
En una entrevista, la cantautora Meredith Andrews contó cómo se había
sentido abrumada al intentar equilibrar sus compromisos, su labor creativa,
su matrimonio y la maternidad. Reflexionando en su estrés, declaró: «Sentí
como que Dios me estaba llevando por una etapa de purificación; casi por
un proceso de trituración».
Job, el personaje del Antiguo Testamento, estaba abrumado después de
perder tantas cosas. Y aunque adoraba a Dios todos los días, sentía que el
Señor ignoraba su pedido de ayuda. Job clamaba que no podía verlo ni en el
oriente ni el occidente, ni en el norte ni en el sur (Job 23:2-9).
En medio de su desesperación, su fe recobró vida, y declaró: «[Dios]
conoce mi camino; meprobará, y saldré como oro» (v. 10). A veces, Dios
utiliza las dificultades para quitar nuestra autosuficiencia, orgullo y
sabiduría terrenal.
El dolor y los problemas pueden producir el carácter firme y radiante que
surge de confiar en Dios cuando la vida es difícil. Jennifer
22 de mayo
Esperar y ofrecer misericordia
Lucas 18:9-14
Mas el publicano […] se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a
mí, pecador.
—Lucas 18:13
Cuando las decisiones de una amiga la estaban hundiendo más en el pecado,
me quejé con otra amiga, quien respondió: «¿Acaso tú no dices siempre que
Jesús es nuestro estándar de santidad y que no tenemos que comparar
nuestros pecados con los de los demás? Y al hablar de tu amiga, estamos
chismeando. Así que…».
«Estamos pecando —dije bajando la cabeza—. Por favor, ora por nosotras
dos».
En Lucas 18, Jesús relató una parábola sobre dos hombres que oraron de
maneras muy distintas (vv. 9-14). Al igual que el fariseo, podemos caer en
la trampa de compararnos con los demás, presumir de nuestra conducta (vv.
11-12) y vivir como si tuviéramos el derecho a juzgar y la responsabilidad
de cambiar a otros.
Sin embargo, cuando miramos a Jesús como nuestro ejemplo de santidad y
experimentamos su bondad, al igual que el publicano, nuestra necesidad
desesperada de la gracia de Dios es mayor (v. 13). Cuando hacemos nuestra
la compasión amorosa y el perdón del Señor de manera personal,
cambiamos para siempre y empezamos a esperar y otorgar misericordia, en
lugar de condenar. Xochitl
23 de mayo
Salmos de campamento
Salmo 8:1-9
¡Oh Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!…
—Salmo 8:1
Cuando mi esposo y yo vamos a caminar al aire libre, una de las cosas a las
que más nos gusta tomarle fotos son los hongos que crecen de un día para el
otro y salpican los bosques con pinceladas de naranja, rojo y amarillo.
Las fotos de la vida que nos rodea me inspiran a levantar los ojos al
Creador, quien no solo hizo los hongos, sino también las estrellas y los
cielos. Diseñó un mundo de infinito alcance y variedad. Además, nos creó a
ti y a mí, y nos puso en medio de esta belleza para disfrutarla y gobernarla
(Génesis 1:27-28; Salmo 8:6-8).
Mis pensamientos se vuelcan a uno de los «salmos de campamento» de mi
familia: salmos que leemos sentados alrededor de una fogata: «¡Oh Señor
nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria
sobre los cielos […]. Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las
estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él
memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?» (Salmo 8:1-4).
¡Qué maravilla que el Dios que creó el mundo en todo su esplendor se
preocupe por ti y por mí! Alyson
24 de mayo
Bajar la escalera
2 Crónicas 12:1-8
Si se humillare mi pueblo […] y oraren, […] y se convirtieren de sus malos
caminos; […] perdonaré sus pecados…
—2 Crónicas 7:14
El video comienza con una perrita parada en la parte superior de una
escalera, que tiene miedo de bajar. A pesar de todo el ánimo que le imparten
las personas que están abajo, Camila no sabe cómo hacer. Está desesperada
por llegar hasta ellos, pero el miedo le impide moverse. Entonces, aparece
un perro más grande para ayudarla. Sultán empieza a subir y bajar la
escalera, para mostrarle a Camila lo fácil que es. Camila no está
convencida. Sultán intenta de nuevo, pero esta vez más lentamente.
Después de algunos intentos, Camila deja que sus patas traseras sigan a las
de adelante. Sultán permanece a su lado. ¡Lo logra! ¡Todos celebran!
¡Qué cuadro tan hermoso del discipulado! Pasamos mucho tiempo tratando
de enseñarles a otros a subir, pero lo más importante y difícil es aprender a
«bajar». A lo largo de todas las Escrituras, leemos que Dios desea que
seamos humildes. Como el pueblo de Judá se había humillado, el Señor
declaró: «no los destruiré» (2 Crónicas 12:7).
En numerosas ocasiones, Dios demostró humildad al haber descendido
(Éxodo 3:7-8; 19:10-12; Miqueas 1:3). Finalmente, envió a Jesús, quien
pasó su vida enseñando la técnica que debemos seguir (Filipenses 2:5-11).
Julie
25 de mayo
Plenitud en su amor
Génesis 15:1-20
En aquel día hizo el Señor un pacto con Abram, diciendo: A tu
descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el
río Éufrates.
—Génesis 15:18
«¿ C ómo estás?», le pregunté a mi amiga. De inmediato, ella comenzó a
enjugarse las lágrimas. Había observado cómo muchas de sus amigas más
jóvenes se habían casado, mientras que ella no. A medida que pasaban los
años, sus temores de envejecer sola se intensificaban.
Al igual que ella, yo sabía que Dios es fiel y que es más que suficiente.
Aunque la soltería, al igual que el matrimonio, es un regalo de Dios, mi
amiga quería casarse. Así que, le reafirmé mi amor y el amor de Dios…
algo que verdaderamente necesitaba escuchar.
Génesis 15 registra un dolor similar. Con un deseo dado por Dios de tener
un hijo, Abraham tenía una promesa divina de provisión (Génesis 12:2;
13:14-16), pero como el tiempo iba pasando, preguntó: «Señor, ¿en qué
conoceré que la he de heredar?» (15:8). Dios respondió con un juramento
sagrado (Hebreos 6:13-17). Creó un pacto inquebrantable y prometió
cumplir lo que le había prometido a Abraham.
Cada una de nosotras tiene anhelos sin cumplir (11:8-19); es la realidad que
enfrentamos en un mundo imperfecto. Sin embargo, esta verdad permanece:
Dios cumple sus promesas y suple nuestros mayores anhelos con su
persona. Regina
26 de mayo
Un yugo fácil
Mateo 11:25-30
Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí.…
—Mateo 11:29
Una maestra de escuela dominical leyó Mateo 11:30 a los niños de su clase
y luego preguntó: «Jesús dijo: “Mi yugo es fácil”. ¿Quién me puede decir
qué es un yugo?». Un niño contestó: «Un yugo es algo que ponen en los
cuellos de los animales para que se puedan ayudar unos a otros».
Entonces, la maestra preguntó: «¿Cuál es el yugo que Jesús pone sobre
nosotros?». Una niña levantó la mano y dijo: «Es Dios que nos echa el
brazo encima».
Cuando Jesús vino, ofreció un yugo «fácil» y una carga «ligera»,
comparados con el yugo de los líderes religiosos (Mateo 11:30). Ellos
habían colocado «cargas pesadas» de leyes sobre la gente (Mateo 23:4), que
nadie podía llevar.
Cuando reconocemos nuestra necesidad de perdón, Jesús viene a nuestro
lado. Pone su yugo sobre nosotras, liberándonos de culpa y dándonos su
poder para vivir de manera agradable a Dios.
¿Necesitas la ayuda de Jesús? Él dice: «Venid a mí […]. Llevad mi yugo
sobre vosotros, y aprended de mí…» (Mateo 11:28-29). El Señor quiere
rodearte con su brazo.
Anne
27 de mayo
Palabras imprudentes
Santiago 3:1-12
… la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas…
—Santiago 3:5
Cuando mi hija tuvo problemas de salud, su esposo la cuidó y respaldó de
maravilla. «¡Tienes un verdadero tesoro en él!», le dije.
«No pensabas lo mismo cuando lo conocí», musitó ella con una mueca.
Tenía razón. Cuando se comprometieron, yo estaba preocupada. Tenían
personalidades tan diferentes. Además, le había expresado mis dudas a mi
hija de manera bastante cortante.
Me horroricé al darme cuenta de que ella todavía recordaba mis
comentarios de hacía quince años. Esto me hizo pensar en cuánto debemos
cuidar lo que decimos. Muchas somos rápidas para señalar lo que
consideramos debilidades en la familia, los amigos o los colegas, o para
centrarnos en sus errores en vez de en sus logros. Santiago dice que «la
lengua es un miembro pequeño» (3:5), pero que las palabras que emite
pueden destruir relaciones.
Quizá debamos apropiarnos de la oración de David al comenzar cada día:
«Pon guarda a mi boca, oh Señor; guarda la puerta de mis labios» (Salmo
141:3). Marion
28 de mayo
Un día para descansar
Éxodo 23:10-13
Seis días trabajarás, y al séptimo día reposarás…
—Éxodo 23:12
Un domingo, estaba junto al arroyo que pasa por el medio de nuestro barrio,
deleitándome en la belleza que trae a nuestra zona llena de edificaciones.Sentí cómo me relajaba al mirar el agua y escuchar el canto de los pájaros.
Hice una pausa para darle gracias al Señor por ayudarnos a encontrar
descanso para nuestra alma.
El Señor instituyó el día de reposo (un tiempo para descansar y renovarse)
para su pueblo porque quería que prosperara. Como vemos en Éxodo, Dios
les dijo que sembraran los campos durante seis años y los dejaran descansar
el séptimo. Lo mismo sucedía con trabajar seis días y descansar el séptimo.
Podemos abordar nuestro día de descanso con expectativa y creatividad,
aprovechando la oportunidad de adorar y hacer algo que alimente nuestra
alma, según nuestras preferencias.
¿Cómo podemos redescubrir la belleza y la riqueza de apartar un día para
descansar, si esto está faltando en nuestra vida? Amy
29 de mayo
Vulnerabilidad manifiesta
Efesios 4:2-6
… soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor.
—Efesios 4:2
Cuando me animé a salir varias semanas después de una cirugía de hombro,
tenía miedo. Me sentía cómoda con el cabestrillo, pero el cirujano y el
fisioterapeuta me habían dicho que dejara de usarlo. Entonces, vi esta frase:
«A partir de aquí, solo se usarán cabestrillos como una señal visible de
vulnerabilidad en un entorno incontrolable».
¡Justo lo que necesitaba! Temía encontrarme con alguien que me abrazara
como un oso o que no supiera de mi operación y me golpeara
accidentalmente. Me escondía detrás de mi endeble cabestrillo celeste
porque temía que me lastimaran.
Ser vulnerables puede dar miedo. Queremos ser amadas y aceptadas por lo
que somos, pero tememos que si nos conocen realmente, nos rechacen y
salgamos lastimadas.
Como miembros de la familia de Dios, tenemos la responsabilidad de
ayudarnos unos a otros a crecer en la fe: «animaos unos a otros, y edificaos
unos a otros» (1 Tesalonicenses 5:11), «soportándoos con paciencia los
unos a los otros en amor» (Efesios 4:2).
Si somos sinceras y vulnerables con otros creyentes, compartiremos la
gracia del don de Dios en nuestra vida. Cindy
30 de mayo
Disfrutar su comida
1 Corintios 11:23-34
… haced esto en memoria de mí.
—1 Corintios 11:24
No tiene que ver con que la mesa. No se trata de las sillas. Tampoco
importa la comida, si fue hecha con amor. Una buena comida se disfruta
cuando nos concentramos en las personas con quienes la compartimos.
Me encanta sentarme y disfrutar de una buena charla con amigos y
familiares. Sin embargo, la tecnología lo ha dificultado. A veces, nos
interesa más lo que dicen otros —tal vez, a miles de kilómetros de distancia
— que lo que comenta la persona que está al otro lado de la mesa.
Hemos sido invitadas a reunirnos alrededor de otra mesa para celebrar la
Cena del Señor. No tiene que ver con que la iglesia sea grande o pequeña ni
con el tipo de pan que se use. Se trata de apagar nuestros pensamientos para
olvidar las preocupaciones y concentrarnos en Jesús.
¿Cuándo disfrutamos por última vez al participar de la mesa del Señor?
¿Gozamos de su presencia o nos preocupa más lo que sucede en otra parte?
Esto es importante, porque «todas las veces que comiereis este pan, y
bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga» (1
Corintios 11:26). Keila
31 de mayo
Los caminantes más veloces
Lucas 10:38-42
Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los
pies de Jesús, oía su palabra.
—Lucas 10:39
Según un estudio que medía el ritmo de vida de las ciudades, las personas
que viven más aceleradas son las que residen, como yo, en Singapur.
Caminamos 18 metros en 10,55 segundos, comparado con los 12 segundos
que les lleva a los neoyorkinos y los 31,60 segundos a los que viven en la
ciudad africana de Blantyre, Malawi.
El estudio también muestra que la velocidad del paso ha aumentado un 10%
en promedio en los últimos 20 años. Tal vez tengamos que desacelerarnos.
¿Estás atrapada en el frenesí de una vida ajetreada? Detente y considera las
palabras de Jesús a Marta: «afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero
sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le
será quitada» (Lucas 10:41-42).
Observa las palabras tiernas del Señor. No reprendió a Marta por querer ser
una buena anfitriona, sino que le recordó sus prioridades. Marta había
permitido que lo necesario adquiriera proporciones desmedidas, y su
servicio le consumía tanto tiempo que no pudo sentarse a los pies de Jesús.
En nuestro deseo de ser productivas para el Señor, recordemos lo más
importante: disfrutar del tiempo que pasamos con nuestro Salvador. Poh
Fang
1 de junio
¡Es hermoso!
Marcos 14:3-9
Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho.
—Marcos 14:6
Cuando regresaba de un viaje, Roberto quiso elegir unos regalitos para sus
hijos. El empleado de una tienda del aeropuerto le recomendó varios, pero
eran muy caros. Entonces, Roberto le dijo: «No traigo tanto dinero.
Necesito algo más barato». El empleado trató de hacerlo sentir como un
tacaño, pero Roberto sabía que sus hijos estarían felices con cualquier cosa
que les llevara, porque él lo haría de corazón. Y tenía razón… los regalos
que les llevó les encantaron.
Durante la última visita de Jesús a Betania, María quiso mostrarle que lo
amaba (Marcos 14:3-9). Entonces, tomó «un vaso de alabastro de perfume
de nardo puro de mucho precio» y lo ungió con él (v. 3). Los discípulos
preguntaron enojados: «¿Para qué este desperdicio?» (Mateo 26:8). Para
que dejaran de molestarla, Jesús les dijo de ella: «Buena obra me ha hecho»
(Marcos 14:6). A Jesús le encantó el regalo de María, porque procedía de
un corazón amoroso. ¡Incluso fue hermoso que lo ungiera para la sepultura!
¿Qué te gustaría darle al Señor para mostrarle tu amor: tu tiempo, tus
talentos, tus tesoros? No importa que sea barato o caro, ni que otros te
entiendan o te critiquen. Para Él, todo lo que surge de un corazón lleno de
amor es hermoso. Anne
2 de junio
Lo que Dios nos debe
Colosenses 1:9-14
Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo…
—Colosenses 1:10
Se cuenta la historia de un vendedor que vendía rosquillas a 50 centavos
cada una en un puesto de comida en una esquina. Un corredor pasó
corriendo y lanzó un par de monedas de 25 centavos dentro del tarro pero
no tomó ninguna rosquilla. Hizo lo mismo cada día durante meses. Un día,
cuando el corredor estaba pasando, el vendedor lo detuvo. El corredor
preguntó: «Es probable que quiera saber por qué siempre echo dinero pero
nunca tomo una rosquilla, ¿cierto?». «No —dijo el vendedor—. Solo quería
decirle que las rosquillas han subido a 60 centavos».
Demasiado a menudo, como creyentes, tratamos a Dios con este mismo tipo
de actitud. No solo somos desagradecidas por lo que Él nos ha dado, sino
que queremos más. De alguna manera, creemos que nos debe buena salud,
una vida cómoda, bendiciones materiales. Por supuesto, Dios no nos debe
nada, pero nos da todo.
El salmista escribió: «Éste es el día que hizo el Señor; nos gozaremos y
alegraremos en él» (Salmo 118:24). Esto debería ser suficiente.
Cada día, sea bueno o malo, es un regalo más de nuestro Dios. Nuestra
respuesta agradecida debe ser vivir para agradarlo a Él. Cindy
3 de junio
En el borde
Josué 3:9-17
… partió el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán, con los sacerdotes
delante del pueblo llevando el arca del pacto.
—Josué 3:14
Mi hijita estaba de pie, temerosa, en el borde de la piscina. Como todavía
no sabía nadar, estaba recién aprendiendo a sentirse cómoda en el agua. Su
instructor la esperaba dentro de la piscina con los brazos extendidos.
Mientras mi hija vacilaba, pude percibir las preguntas a través de sus ojos:
¿Me sostendrás? ¿Qué pasará si se me hunde la cabeza?
Quizá los israelitas se preguntaban qué podría suceder cuando cruzaran el
río Jordán. ¿Podían confiar en que Dios haría aparecer el lecho seco?
¿Estaba Él guiando a Josué, su nuevo líder, como había guiado a Moisés?
¿Los ayudaría el Señor a derrotar a los amenazadores cananeos que vivían
al otro lado del río?
Para averiguarlas respuestas a estas preguntas, los israelitas tenían que
actuar. Por fe, «partió el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán» (Josué
3:14). Poner en práctica su fe les permitió ver que Dios estaba con ellos,
que seguía dirigiendo a Josué y que los ayudaría a establecerse en Canaán
(vv. 7, 10, 17).
¿Enfrentas una prueba de fe? Avanza confiando en el carácter de Dios y en
la infalibilidad de sus promesas. Depender del Señor te ayudará a dar un
paso hacia donde Él desea que estés. Jennifer
4 de junio
¿Debo perdonar?
Mateo 18:23-35
… perdonándoos unos a otros…
—Colosenses 3:13
Llegué temprano a mi iglesia para ayudar a preparar todo para una
actividad, y vi a una mujer llorando al otro lado del salón. Como en el
pasado había chismeado sobre mí con crueldad, me apuré a ahogar sus
sollozos con una aspiradora. ¿Por qué iba a preocuparme por alguien que no
me quería?
Entonces, el Espíritu Santo me recordó cuánto me había perdonado Dios, y
crucé la sala. La mujer me dijo que hacía meses que su beba estaba en el
hospital. Lloramos, nos abrazamos y oramos por su hija. Después de
resolver nuestras diferencias, ahora somos buenas amigas.
En Mateo 18, Jesús compara el reino de los cielos con un rey que decidió
ajustar cuentas. Un siervo que debía una cantidad exorbitante de dinero
rogó por clemencia. Poco después de que el rey cancelara su deuda, ese
siervo buscó y condenó a un hombre que le debía mucho menos. El rey
envió al siervo malvado a la cárcel por su propio espíritu rencoroso (vv. 23-
34).
Perdonar nos libera para disfrutar del regalo inmerecido de la misericordia
divina, cuando permitimos que el Señor haga su obra de gracia y restaure la
paz en nuestras relaciones interpersonales. Xochitl
5 de junio
El Espíritu prometido
2 Reyes 2:5-12
Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga
por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble
porción de tu espíritu sea sobre mí.
—2 Reyes 2:9
Tenacidad y audacia; a Eliseo le sobraban. Estando con Elías, fue testigo de
la obra del Señor a través del profeta, quien hizo milagros y habló la verdad
en una época de mentiras. En 2 Reyes 2:1, se nos dice que Elías sería alzado
«al cielo», y Eliseo no quería que se fuera.
Había llegado la hora de la temida separación. Como Eliseo sabía que para
continuar con éxito el ministerio, necesitaba lo que tenía su maestro, se
atrevió a decir: «Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre
mí» (v. 9). Su valiente pedido fue una referencia al derecho legal de un
heredero (Deuteronomio 21:17). Y Dios le concedió a Eliseo su deseo de
ser reconocido como el heredero de Elías.
Hace poco, murió una de mis mentoras espirituales; una mujer que difundió
la buena noticia de Jesús. Lamentamos no seguir teniendo su amor y su
ejemplo. Sin embargo, aunque se fue, no nos dejó solos, ya que la presencia
del Señor siguió a nuestro lado por el Espíritu Santo. ¡Alabado sea Dios por
esto! Amy
6 de junio
Aligera la carga
Filipenses 4:10-20
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
—Filipenses 4:13
Una vez, leí acerca de una creyente en Cristo que estaba sumamente
disgustada porque sus hijos se habían vuelto indisciplinables. Un día, llamó
a su esposo por teléfono y, llorando, describió la visita de una amiga que
había pegado este versículo encima del fregadero de la cocina: «Todo lo
puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13) . La amiga lo hizo con
buenas intenciones. Estaba tratando de ser útil, pero su acción solo logró
que esa mamá se sintiera más fracasada.
A veces, no ayuda citarle un versículo a alguien. Filipenses 4:13 era el
testimonio personal de Pablo de que había aprendido a contentarse en la
abundancia y en la escasez (vv. 11-12). Su secreto para el contentamiento
era que podía hacerlo todo en Cristo, quien lo fortalecía (v. 13).
Nosotras también podemos vivir según el secreto de Pablo. Podemos ser
victoriosas por medio de la fortaleza de Cristo, pero no debemos forzar esta
verdad a las personas que se sienten abrumadas. Nos necesitamos unos a
otros porque todos tenemos cargas que llevar. Usemos la fortaleza que
Cristo nos da para servir a las necesidades de los demás y encontrar
maneras de aligerar sus cargas. Joanie
7 de junio
Una buena influencia
Números 16:1-33
Abrió la tierra su boca, y los tragó a ellos, a sus casas, a todos los hombres
de Coré, y a todos sus bienes.
—Números 16:32
Tenemos dos cachorros de cinco meses a los que les encanta explorar.
Azusa tiene una verdadera inquietud viajera. Seymour se contenta con ser
su cómplice. La afinidad de Seymour de seguir a su hermana afuera
demuestra que una lealtad mal dirigida puede llevarte por mal camino.
A pesar de los milagros que Dios había realizado, la influencia de diez
espías hizo que los israelitas se acobardaran llenos de miedo (Números 13).
Y la voz de algunos otros trajo distracción, y en el caso de algunos, rebelión
(16:1-3, 19). En lugar de ofrecer un consejo sabio, Coré, Datán y Abiram
usaron su influencia de forma destructiva.
La libertad de los creyentes en Jesús es un regalo poderoso. Sin embargo,
nuestra salvación no hace que nuestras decisiones sean a prueba de
fracasos, y la tentación de titubear suele aparecer en el contexto de las
relaciones interpersonales (2 Corintios 11:3-4; 2 Pedro 3:17). Tenemos
mucho que ganar de nuestra relación con los demás: consuelo, inspiración,
instrucción y más. No fuimos creadas para vivir aisladas. Es fundamental
que desarrollemos la capacidad de discernir entre una influencia buena y
vivificante y las relaciones que pueden atrofiar nuestro andar con Dios.
Regina
8 de junio
Ampliar la imagen
Deuteronomio 32:7-12
Como el águila que excita su nidada, revolotea sobre sus pollos, extiende
sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas, el Señor solo le guió, y con él
no hubo dios extraño.
—Deuteronomio 32:11-12
Durante tres meses, tuve un asiento en primera fila para ver la obra
asombrosa de Dios. En el Jardín Botánico Norfolk, a 27 metros del suelo,
instalaron una videocámara que enfocaba el nido de una familia de águilas
calvas, que permitía que los espectadores miraran por Internet.
Cuando se rompieron los cascarones, la mamá y el papá águilas atendían
sus crías y se turnaban para ir a buscar comida y proteger el nido. Pero un
día, cuando los aguiluchos todavía parecían pompones peludos con picos,
ambos padres desaparecieron. Me preocupó pensar que algo podía dañar a
los pequeños.
Sin embargo, mi preocupación era infundada, ya que el operador de la
cámara amplió el cuadro, y allí estaba la mamá águila posada en una rama
cercana.
Moisés utilizó la imagen del águila para describir a Dios. Como las águilas
llevan a sus crías, el Señor lleva en brazos a su pueblo (Deuteronomio
32:11-12). Aunque parezca lo contrario, el Señor «ciertamente no está lejos
de cada uno de nosotros» (Hechos 17:27). Esto es verdad aun cuando nos
sentimos abandonadas. Julie
9 de junio
¡Con razón!
Cantares 1:1-4
Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.
—1 Juan 4:19
«E s justo para ti», me dijo mi amiga. Estaba hablando de un muchacho al
que acababa de conocer. Dijo que tenía ojos agradables, una agradable
sonrisa y un corazón agradable. Cuando lo conocí, tuve que reconocer que
era cierto. Hoy es mi esposo… ¡con razón lo amo!
En Cantar de los Cantares, la esposa describe a su amado. Dice que es
mejor que el vino y más fragante que los ungüentos; que su nombre es más
dulce que cualquier otra cosa en el mundo. Por eso, concluye diciendo que
es lógico que lo ame.
No obstante, hay Alguien mucho mayor que cualquier ser amado terrenal.
Su amor satisface toda necesidad. Su sacrificio se convirtió en un olor
fragante para Dios (Efesios 5:2). Además, su nombre es sobre todo otro
nombre (Filipenses 2:9). ¡Con razón lo amamos!
Amar a Cristo es un privilegio. ¡Es la mejor experiencia de la vida!
¿Tomamos tiempo para decírselo? ¿Expresamos con palabras la belleza de
nuestro Salvador? Si mostramos su belleza con nuestravida, los demás
dirán: «¡Con razón lo amas!». Keila
10 de junio
Una gran porción
Lucas 22:7-30
Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi
cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.
—Lucas 22:19
Una noche, mientras arropaba a mi hijo de once años, hablamos sobre lo
que había sucedido en la iglesia esa mañana. Cuando fuimos al frente a
participar de la Cena del Señor, al partir el pan, él tomó un pedazo
excepcionalmente grande, haciendo que tanto al anciano que administraba
el pan como a mí se nos escapara una sonrisa.
Después de reflexionar un momento en lo que había sucedido, él dijo:
«Mamá, ¿te parece que Dios quiere que participe (¡sí, dijo «participe»!) con
una porción grande del cuerpo? Tal vez por eso pasó lo que pasó».
Cuando Jesús reunió a sus discípulos para la última cena, «tomó el pan y
dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por
vosotros es dado; haced esto en memoria de mí» (Lucas 22:19).
Más temprano en su ministerio, Jesús había proclamado: «Yo soy el pan
vivo […]; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre» (Juan 6:51).
Cuando participemos del pan, reflexionemos en lo que Cristo hizo por
nosotras. Nuestra relación con Dios se sanó cuando su cuerpo fue partido en
la cruz. Roxanne
11 de junio
Isla pequeña
Tito 3:1-7
Que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando
toda mansedumbre para con todos los hombres.
—Tito 3:2
Singapur es una pequeña isla; tan pequeña que casi no se distingue en un
mapamundi. Como está densamente poblada, es importante considerar al
prójimo. Un hombre le escribió a su novia, que iría por primera vez: «Hay
poco lugar. Por eso, siempre debes pensar en lo que te rodea. Debes
apartarte para no bloquear a nadie. La clave es la consideración».
El apóstol Pablo le escribió a Tito, un joven pastor: «Recuérdales a todos
que deben mostrarse obedientes […]. Siempre deben estar dispuestos a
hacer lo bueno: a no hablar mal de nadie, sino a buscar la paz y ser
respetuosos, demostrando plena humildad en su trato con todo el mundo»
(Tito 3:1-2 NVI). El mundo sabe que, supuestamente, los cristianos deben
ser diferentes. Si somos amargados, egoístas y rudos, ¿qué pensarán los
demás de Cristo y del evangelio que compartimos?
Ser consideradas es una buena cualidad para poner en práctica, y es posible
hacerlo si dependemos del Señor. Es una manera de imitar a Cristo y
demostrarle al mundo que Él salva y transforma vidas. Poh Fang
12 de junio
Ansiosos por el cielo
2 Timoteo 4:6-18
… y la calle de la ciudad era de oro puro, como cristal transparente.
—Apocalipsis 21:21
Mi vecina Jazmín, de nueve años de edad, estaba sentada conmigo en la
galería del frente de casa una tarde de verano. Inesperadamente, comenzó a
hablar de sus malas decisiones y de cómo necesitaba el perdón de Dios.
Conversamos y oramos juntas, y Jazmín le pidió a Jesús que fuera su
Salvador.
Surgieron de ella preguntas acerca del cielo: «¿Son las calles en verdad de
oro? ¿Va a estar allí mi mamá? ¿Y si no está? ¿Voy a tener una cama o voy
a dormir sobre una nube? ¿Qué voy a comer?». Le aseguré que el cielo sería
un hogar perfecto, y que ella estaría con Jesús, quien le daría todo lo que
necesitara. Jazmín contestó, emocionada: «Bueno, entonces, ¡vayamos
ahora mismo!».
El apóstol Pablo también tenía una perspectiva celestial (Filipenses 1:23).
Su testimonio fue: «Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia»
(v. 21). Él sabía que esta vida se trata de conocer a Dios, confiar en Él y
servirle. Pero también sabía que la vida en el cielo sería «mucho mejor»
porque estaría con Cristo (v. 23). Pablo quería quedarse, pero estaba listo
para irse.
Jazmín está lista para irse ahora mismo. ¿Estamos nosotras tan ansiosas por
el cielo como ella? Anne
13 de junio
Explosión maravillosa
Juan 13:31-35
… como yo os he amado, que también os améis unos a otros.
—Juan 13:34
En el libro Kisses from Katie [Besos de Katie], Katie Davis relata el gozo
de mudarse a Uganda y adoptar a varias niñas de ese país. Un día, una de
sus hijas le preguntó: «Mamá, si dejo que Jesús entre en mi corazón, ¿voy a
explotar?». Al principio, Katie le dijo que no.
Sin embargo, después de pensarlo un poco, Katie explicó que cuando
decidimos entregarle a Jesús nuestra vida y corazón, «explotaremos de
amor, compasión, tristeza por los que sufren y alegría por los que se
gozan». En esencia, conocer a Cristo genera un profundo interés por las
personas que nos rodean.
La obra del Espíritu Santo en nuestro corazón hace que podamos mostrar
permanentemente esta respuesta amorosa. Cuando recibimos a Cristo, el
Espíritu Santo entra a morar en nosotras. El apóstol Pablo lo describe así:
«habiendo creído en [Cristo], fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la
promesa» (Efesios 1:13).
Ocuparse de los demás —con la ayuda sobrenatural de Dios— le muestra al
mundo que somos seguidoras de Él (Juan 13:35). También nos recuerda su
amor hacia nosotras. Jesús afirmó: «como yo os he amado, que también os
améis unos a otros» (v. 34). Jennifer
14 de junio
Si tan solo…
Juan 11:21-35
… Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano.
—Juan 11:32
Mientras salíamos del estacionamiento, mi esposo desaceleró para dejar
pasar a una joven que iba en bicicleta. Ella sonrió, saludó y siguió su
camino. Momentos después, el conductor de una camioneta estacionada
abrió de repente la puerta, arrojando a la ciclista al pavimento. Con las
piernas ensangrentadas, la joven lloraba mientras examinaba su bicicleta
doblada.
Más tarde, reflexionamos sobre el accidente: Si tan solo la hubiéramos
hecho esperar… Si el conductor hubiera mirado antes de abrir la puerta…
Si tan solo… Las dificultades nos hacen entrar en un ciclo de
cuestionamientos.
Cuando llegan problemas inesperados, a veces, cuestionamos la bondad de
Dios. Tal vez, incluso sintamos la desesperación que experimentaron Marta
y María cuando su hermano murió. ¡Ah, si tan solo Jesús hubiera venido
apenas se enteró de que Lázaro estaba enfermo! (Juan 11:21, 32).
Al igual que Marta y María, no siempre entendemos por qué atravesamos
momentos difíciles. Sin embargo, podemos descansar al saber que Dios está
cumpliendo sus propósitos para un bien mayor. En cada circunstancia,
podemos confiar en la sabiduría de nuestro Dios fiel y amoroso. Cindy
15 de junio
Nuevo nacimiento
Salmo 139:7-16
Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre.
—Salmo 139:13
¿Q ué tienen los bebés que nos hacen sonreír? Muchos dejan lo que están
haciendo al ver o escuchar a un bebé, y acuden en masa a contemplar al
pequeñito. Observé esto cuando visitaba a mi padre en un hogar de
ancianos. Aunque la mayoría de los residentes estaban en sillas de ruedas y
tenían demencia senil, la visita de una familia con un bebé casi siempre les
traía una chispa de gozo a la mirada que, poco a poco, se transformaba en
una sonrisa. Era maravilloso verlo.
Quizá los bebés generan sonrisas por la maravilla de una nueva vida: tan
preciosa, pequeña y llena de promesas. Ver a un bebé puede recordarnos a
nuestro maravilloso Dios, quien nos amó de tal manera que nos dio vida.
«Porque tú formaste mis entrañas», declara el salmista, «tú me hiciste en el
vientre de mi madre» (Salmo 139:13).
Dios no solo nos da la vida física, sino que también nos ofrece un nuevo
nacimiento espiritual mediante Jesús (Juan 3:3-8), y les promete a los
creyentes cuerpos nuevos y vida eterna cuando Cristo regrese (1 Corintios
15:50-52).
La vida física y el nuevo nacimiento espiritual son regalos preciosos de la
mano de nuestro Padre. Alyson
16 de junio
Padres que oran
Mateo 19:13-15
Entonces le trajeron algunos niños para que pusiera las manos sobre ellos
y orara…
—Mateo 19:13
Una joven madre envió estas líneas a una revista: «Me gustaría poder
envolver a mis hijos en un paquete de burbujas para protegerlos del mundo
grande y malo que hay ahí afuera».
La escritora Stormie Omartian entiende cómose siente esa madre. En su
libro The Power Of A Praying Parent [El poder de un padre que ora],
escribe: «Un día, clamé a Dios, diciendo: “Señor, esto es demasiado para
mí. No puedo mantener una vigilia de 24 horas al día, minuto a minuto,
sobre mi hijo. ¿Cómo puedo tener paz?”».
Dios respondió guiando a Stormie y a su esposo a que se convirtieran en
padres que oran. Empezaron a interceder a diario por su hijo, mencionando
en oración los detalles de su vida.
Envolver a nuestros hijos en oración, como lo hizo Jesús (Mateo 19:13-15)
es una alternativa poderosa. A Él le importan más nuestros hijos que a
nosotras mismas, así que podemos dejarlos en sus manos orando por ellos.
A medida que oremos, nos dará la paz que anhelamos (Filipenses 4:6-7).
Este desafío es para todas las madres, incluso aquellas cuyos hijos ya han
crecido. No dejes de envolver a tus hijos en oración. Joanie
17 de junio
Vestido por Dios
Zacarías 3
… Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de
gala.
—Zacarías 3:4
Cuando mis hijos eran pequeños, jugaban en nuestro empapado jardín
inglés y se llenaban de barro. Les quitaba la ropa antes de entrar y los
llevaba directamente a bañar. Al agregar jabón, agua y abrazos, pronto
pasaban de la suciedad a la limpieza.
En una visión dada a Zacarías, vemos a Josué, un sumo sacerdote, vestido
con harapos que representaban el pecado y las malas obras (Zacarías 3:3).
Sin embargo, el Señor lo limpiaba, le quitaba la ropa sucia y lo cubría de
prendas costosas (3:5). La mitra limpia y la túnica mostraban que el Señor
le había quitado sus pecados.
Dios también puede limpiarnos, al librarnos de nuestras malas obras
mediante la obra salvadora de Jesús. Como resultado de su muerte en la
cruz, el pecado que nos embarra puede ser lavado y podemos recibir las
ropas de los hijos de Dios.
Pídele a Dios que te quite cualquier harapo que estés usando, para que
puedas vestirte de las ropas reales que tiene reservadas para ti. Amy
18 de junio
Fuera de contexto
Lucas 4:1-13
Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.
—Juan 17:17
Cuando un amigo empezó a hacer afirmaciones desesperadas y sin sentido,
la gente se preocupó por él y empezó a consolarlo y a aconsejarlo. Resultó
ser que simplemente estaba divirtiéndose mientras citaba letras de
canciones fuera de contexto, solo para iniciar una conversación. Sus amigos
perdieron el tiempo ofreciéndole ayuda que no necesitaba y consejos que no
quería.
Algunas personas que sacan palabras de contexto solo quieren llamar la
atención o salirse con la suya en una discusión. Pero otros son más
perversos. Tuercen la verdad para conseguir poder sobre los demás. Estos
no solo ponen en peligro la vida de otros, sino también el alma.
Cuando las personas usan palabras para manipular a otros, o peor aun,
cuando citan la Biblia fuera de contexto para inducir a otros a actuar mal,
hay una única defensa: debemos saber qué dice realmente Dios en su
Palabra. Jesús pudo resistir la tentación con la verdad (Lucas 4). Nosotras
tenemos el mismo recurso. Dios nos ha dado su Palabra y el Espíritu Santo
como guía para impedir que nos engañen o nos desvíen. Julie
19 de junio
Tiempo de jubilarse
Mateo 16:24-28
Y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará
—Mateo 16:25
Después de trabajar como maestra durante 40 años, Julia se jubiló. Ella y su
esposo estaban esperando para relajarse, viajar y esperar la llegada de su
primer nieto.
Entonces, Julia se enteró de un ministerio que trabajaba con jóvenes en
situaciones de riesgo y sintió que debía involucrarse. «Me di cuenta de que
hay muchachos que están esperando y que yo podía marcar una diferencia»,
dijo. Comenzó a enseñar inglés a un joven liberiano que se había visto
forzado a huir de su país por causa de la guerra civil. Aunque estaba en un
ambiente seguro, no entendía el nuevo idioma. Ante esta oportunidad de
servicio, Julia dijo con una sonrisa: «Podría ir de compras para mantenerme
ocupada, pero ¿me divertiría lo suficiente?».
Julia está marcando una diferencia. Tal vez ha aprendido un poquito de
aquello a lo que Jesús se refería cuando dijo: «Porque todo el que quiera
salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la
hallará» (Mateo 16:25). Entregarnos al Señor a través de la ayuda a los
demás demanda abnegación; pero un día, Jesús recompensará ese
esfuerzo (v. 27).
Sigamos el ejemplo de Julia de amor a Dios y a los demás, sin importar cuál
sea la etapa de nuestra vida. Anne
20 de junio
Aprender a nadar contra la corriente
Proverbios 22:1-21
Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de
él.
—Proverbios 22:6
Uno de los lugares favoritos de nuestra familia para vacacionar es una
hermosa playa ubicada en un estado lindante. Allí hay una piscina cubierta
con un lento río artificial que la rodea y que a nuestros hijos les resulta
particularmente atractivo. Disfrutan de intentar nadar contra la corriente,
solo para terminar llevados en la dirección opuesta.
Mi esposo y yo debemos nadar con frecuencia contra la corriente de los
valores de la sociedad, para llevar a nuestros hijos a una comprensión
saludable y piadosa de quiénes son. Ya sea que consideremos nuestra
experiencia en el ministerio con los jóvenes o mi trabajo en educación
cristiana, siempre volvemos a esta verdad: en última instancia, somos
responsables de la educación espiritual de nuestros hijos.
Aunque el mayor depósito espiritual que puedo hacer en la vida de mis
hijos es proveerles el conocimiento y la disciplina de Dios (Proverbios
22:15, 17-19), también debo entender que nunca aprenderán a perseverar en
la fe si quito todos los obstáculos de su camino. Aprender a nadar contra la
corriente no siempre es fácil, pero cuando miramos la Palabra de Dios,
podemos descansar en su promesa de que «el Señor preserva a los que
tienen conocimiento» (22:12 NTV). Regina
21 de junio
¡Primero tú!
Proverbios 22:1-6
… estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose
obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
—Filipenses 2:8
El sherpa tibetano Nawang Gombu y el norteamericano Jim Whittaker
alcanzaron la cima del monte Everest el 1 de mayo de 1963. Cuando
estaban por llegar, ambos pensaron en el honor de ser el primero en pisar la
cumbre. Whittaker invitó a Gombu a ir adelante, pero este se negó con una
sonrisa, y dijo: «¡Primero tú, gran Jim!». Finalmente, decidieron hacerlo al
mismo tiempo.
Pablo alentó a los creyentes filipenses a demostrar esa clase de humildad:
«no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de
los otros» (Filipenses 2:4). El egoísmo y la altanería pueden dividir a las
personas, pero la humildad las une porque refleja la cualidad de tener «el
mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa» (v. 2).
Ser humildes nos ayuda a parecernos más a Jesús, quien, por nosotras, «se
humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte» (vv. 7-8). Seguir
las pisadas del Señor significa hacer lo que es mejor para los demás.
Jennifer
22 de junio
Nuestro brillo
Mateo 5:13-16
Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras
buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
—Mateo 5:13-16
Una niña pequeña se preguntaba cómo sería un santo. Un día, su madre la
llevó a una gran catedral para que viera los bellísimos vitrales de escenas
bíblicas. Ante tal belleza, la niña exclamó: «Ahora sé cómo son los santos:
¡personas que dejan que la luz brille a través de ellas!».
Tal vez algunos pensemos que los santos son personas del pasado que
tuvieron vidas perfectas e hicieron milagros como los de Jesús. Sin
embargo, la palabra que se traduce santo en las Escrituras se refiere en
realidad a todo aquel que pertenece a Dios por la fe en Cristo. En otras
palabras, los santos son personas como nosotras que hemos sido llamadas a
servir a Dios y reflejar nuestra relación con Él dondequiera que estemos y
en todo lo que hagamos. Por eso, el apóstol Pablo oraba paraque los ojos y
el entendimiento de sus lectores se abrieran para que supieran que son la
preciosa herencia de Cristo y los santos de Dios (Efesios 1:18).
Si estamos cumpliendo con nuestro llamado, tendremos el aspecto de
personas que, ya sea que nos demos cuenta o no, permiten que los intensos
colores divinos del amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
mansedumbre y templanza brillen a través de ellas. Keila
23 de junio
Árboles del sendero
Isaías 53:4-12
Así dijo el Señor: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las
sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él…
—Jeremías 6:16
Ami hija le fascina la historia de los indígenas que habitaban en una región
al norte de donde ella vive. Una tarde de verano, cuando fui a visitarla, me
mostró un sendero con un cartel que decía: «Árboles del sendero», y me
explicó que se creía que, hace mucho, los nativos de esa zona doblaban los
árboles jóvenes para indicar el camino hacia determinados lugares, y que
luego, esos árboles siguieron creciendo con formas extrañas.
El Antiguo Testamento tiene un propósito similar. Muchos mandamientos y
enseñanzas de la Biblia guían nuestro corazón hacia el sendero por el que el
Señor desea que andemos. Los Diez Mandamientos son un gran ejemplo.
Además, los profetas del Antiguo Testamento señalaron el camino para el
Mesías. Miles de años antes de que Jesús viniera, hablaron de Belén, el
lugar donde Él nació (ver Miqueas 5:2 y Mateo 2:16). Isaías 53:1-12
también se refiere al sacrificio que haría Jesús cuando Dios «cargó en él el
pecado de todos nosotros» (v. 6; ver Lucas 23:33).
Los siervos de Dios ya apuntaban hacia el Hijo del Altísimo, Jesús, Aquel
que «llevó […] nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores» (Isaías
53:4). Él es el camino a la vida. Cindy
24 de junio
Una nueva manera de ver
1 Pedro 3:3-6
Vuestro atavío no sea el externo […] sino el interno, el del corazón, en el
incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande
estima delante de Dios.
—1 Pedro 3:3-4
Hace unos años, cuando me fui de Estados Unidos para Uganda, Dios me
dio nuevas cosas para atesorar y valorar. Algunos de los intereses y cosas
que me gustaban antes de mudarme a mi nuevo ministerio fueron
reemplazados, para sorpresa mía.
En África, descubrí belleza al mirar cómo se encendía el rostro de un niño
empobrecido después de recibir un regalo de ropa, al observar cómo una
madre amaba y cuidaba a su hijito enfermo, y al ver a un niño muerto de
hambre compartir su magra porción de comida con un hermanito.
Entre los pobres de África subsahariana, pude entender mejor «el
incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande
estima delante de Dios» (1 Pedro 3:4). He podido entender mejor cómo esta
clase de belleza, manifestada en una vida pura y reverente, agrada a Dios
más que «la belleza externa: los peinados extravagantes, las joyas costosas
o la ropa elegante» (1 Pedro 3:3 NTV).
Dios provee lo que necesitamos para crecer en la fe. Gracias a su obra,
estamos mejor preparadas para percibir la belleza —y toda la vida— como
Él la ve. Roxanne
25 de junio
El poder de la gente
Efesios 4:7-16
… de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las
coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada
miembro…
—Efesios 4:16
Un hombre estaba subiendo a un tren en Perth, Australia, cuando resbaló y
la pierna le quedó atrapada en el espacio entre el vagón y la plataforma de
la estación. Decenas de personas se acercaron rápidamente para ayudarlo.
Con todas sus fuerzas, empujaron el vagón hacia el costado, ¡y el hombre
fue liberado!
En Efesios 4, leemos que el poder de la gente es el plan de Dios para
edificar a su familia. Él ha dado a cada creyente un don especial de su
gracia (v. 7) para un propósito específico: «todo el cuerpo, bien concertado
y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según
la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir
edificándose en amor» (v. 16).
Cada persona tiene una tarea que realizar en la familia de Dios; no hay
espectadores. Lloramos y reímos juntos; compartimos las cargas; oramos
unos por otros y nos alentamos; nos desafiamos y nos ayudamos a alejarnos
del pecado. Pidámosle a nuestro Padre celestial que nos muestre cuál es hoy
nuestra función en su familia. Poh Fang
26 de junio
El precio del amor
Isaías 53:9-12
… derramó su vida hasta la muerte…
—Isaías 53:12
Mientras nos despedíamos de mis padres, mi hija rompió en llanto. Después
de visitarnos en Inglaterra, ellos regresaban a Estados Unidos. «No quiero
que se vayan», dijo ella. Comencé a consolarla, y mi esposo señaló: «Me
temo que este es el precio del amor».
Quizá sintamos dolor al separarnos de nuestros seres queridos, pero Jesús
sintió la separación suprema cuando pagó el precio del amor en la cruz. Él,
que era tanto humano como Dios, cumplió la profecía que Isaías había
pronunciado 700 años antes, cuando llevó «el pecado de muchos» (Isaías
53:12). En este capítulo, vemos profundos indicadores que señalan a Jesús
como el Siervo sufriente, como cuando dice que él «herido fue por nuestras
rebeliones» (v. 5).
Por amor, Jesús vino a la tierra y nació como un bebé. Por amor, soportó el
maltrato de los maestros de la ley, las multitudes y los soldados. Por amor,
sufrió y murió para ser el sacrificio perfecto, al ocupar nuestro lugar ante el
Padre. Vivimos gracias al precio de amor que Cristo pagó. Amy
27 de junio
Cuando «sí» implica «no»
Romanos 8:22-28
Al Señor clamé estando en angustia, y él me respondió.
—Salmo 120:1
Di gracias a Dios por poder cuidar a mi mamá durante su batalla contra la
leucemia. Cuando los medicamentos empezaron a hacer más daño que bien,
ella decidió dejar el tratamiento. «Estoy lista para irme con Jesús a casa»,
dijo.
Oré con fervor a nuestro amoroso Padre, sabiendo que Él podía hacer un
milagro. Finalmente, me rendí a su voluntad.
Poco después, Jesús recibió a mi mamá en una eternidad libre de dolor.
En este mundo caído, habrá sufrimiento hasta que Cristo vuelva (Romanos
8:22-25). Felizmente, el Espíritu «conforme a la voluntad de Dios intercede
por los santos» (v. 27). Y nos recuerda que Dios obra para bien de aquellos
que lo aman (v. 28), incluso cuando su «sí» para alguien implique un
desgarrador «no» para nosotras.
Cuando aceptamos nuestra pequeña parte en el propósito mayor de Dios,
podemos hacer eco del lema de mi mamá: «Dios es bueno. Cualquiera que
sea su decisión, estoy en paz». Al estar seguras de la bondad del Señor,
podemos confiar en que responderá según su voluntad y para su gloria.
Xochitl
28 de junio
Reflejos en las ventanas
Salmo 34:1-10
Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley.
—Salmo 119:18
Durante nuestras vacaciones en Alaska, vi gran parte del panorama a través
de las ventanillas de vehículos en movimiento. Estaba agradecida por los
vidrios, pero también representaban un desafío: cuando llovía, las gotas se
condensaban y, a veces, dificultaban la visión.
Esos desafíos me ayudaron a entender por qué no podemos ver la vida
como Dios la diseñó. El pecado oscurece la belleza que el Señor quiere que
disfrutemos. A veces, el pecado está adentro: nuestro egoísmo nos empaña
la visión, y hace que nos consideremos más importantes de lo que somos y
olvidemos los intereses de los demás. Otras veces, ese pecado está afuera:
las injusticias de otros nos hacen llorar desconsoladas y las lágrimas nos
impiden ver la bondad del Señor. Venga de donde venga, el pecado no nos
permite observar cuán maravillosa y gloriosamente diseñó Dios la vida.
Aunque «ahora vemos todo de manera imperfecta, como reflejos
desconcertantes» (1 Corintios 13:12 NTV), percibimos lo suficiente como
para saber que Dios es bueno (Salmo 34:8). Las muchas cosas
extraordinarias que Él ha revelado nos ayudarán a dejar el pecado y actuar
para reducir sus consecuencias en el mundo. Julie
29 de junio
Siembra buenas semillas
Oseas 10:12-15
Sembrad paravosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia;
haced para vosotros barbecho; porque es el tiempo de buscar al Señor,
hasta que venga y os enseñe justicia.
—Oseas 10:12
Como jardinera principiante, aprendí rápido que el suelo sin cultivar era
resistente a la siembra. Pero cuando sembré buenas semillas en un suelo
bien preparado, el sol y la lluvia hicieron su parte hasta que llegó la
cosecha. El suelo preparado, las semillas correctas y la bendición de Dios
también son esenciales para que haya fruto en la vida cristiana.
El profeta Oseas predicó este principio a Israel. Ellos habían sembrado
semillas de maldad y habían confiado en sus propios caminos. Por eso,
tuvieron que comer los frutos amargos de las mentiras; en especial, la
mentira de que su seguridad y éxito venían de su propia fortaleza militar
(Oseas 10:13).
Oseas suplicó a Israel que siguiera el camino de Dios, que rompiera el suelo
endurecido por el pecado de sus corazones y que buscaran al Señor (v. 12).
Si sembraban semillas de justicia, cosecharían la misericordia de Dios, y Él
traería lluvias de bendiciones sobre ellos.
Cuando el suelo de tu corazón es receptivo a Dios y su Palabra, confiará en
sus caminos. Sembraremos acciones y actitudes correctas en nuestra vida y
creceremos a la manera de Dios. Él nos hará fructíferos. Joanie
30 de junio
Velar y orar
Marcos 14:32-42
Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está
dispuesto, pero la carne es débil.
—Marcos 14:38
Desde mi ventana, puedo ver una colina de 1.700 metros de altura, llamada
Cerro del Borrego. En 1862, el ejército francés invadió México. Mientras el
enemigo acampaba en el parque central de Orizaba, el ejército mejicano se
estableció en la cima de este monte. Sin embargo, el general pasó por alto
vigilar el acceso a la cumbre. Mientras dormían, los franceses los atacaron y
murieron 2.000 soldados mejicanos.
Esto me recuerda otra elevación, el Monte de los Olivos, y el huerto
cercano donde un grupo de discípulos se quedó dormido. Jesús los
reprendió: «Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la
verdad está dispuesto, pero la carne es débil» (Marcos 14:38).
La tentación golpea cuando somos más vulnerables. Si descuidamos ciertas
áreas de nuestra vida espiritual —como la oración y el estudio bíblico—,
nos adormecemos y bajamos la guardia, lo cual nos convierte en un blanco
fácil para nuestro adversario, el diablo (1 Pedro 5:8).
Si velamos y oramos, el Espíritu nos ayudará a resistir la tentación. Keila
1 de julio
Ver bien
Juan 15:12-17
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
—Juan 15:14
Ringo parece un perro fuerte; grande, musculoso, con pelo grueso, ¡y pesa
más de 45 kilos! Aun así, se relaciona bien con la gente.
Una vez, una niña de cuatro años lo vio al otro lado de la habitación. Al
principio, tenía miedo de acercarse, pero después, pasó un rato hablándole y
tocándolo. Así descubrió que, aunque era fuerte, también era manso.
Esta combinación de cualidades me recuerda lo que dice el Nuevo
Testamento sobre Jesús: era accesible, ya que recibía a los niños (Mateo
19:13-15); fue amable con una desesperada mujer adúltera (Juan 8:1-11). Al
mismo tiempo, su poder era asombroso. ¡La gente miraba boquiabierta
cuando Él echó demonios, calmó tormentas y resucitó muertos! (Marcos
1:21-34; 4:35-41; Juan 11).
Nuestra manera de ver a Jesús determina cómo nos relacionamos con Él. Si
nos enfocamos solo en su poder, podemos adorarlo de manera distante,
como si fuera un superhéroe de historietas. Pero si exageramos en cuanto a
su bondad, corremos el riesgo de ser irrespetuosos. Lo cierto es que Jesús
combina ambas cosas: es lo suficientemente grande como para que lo
obedezcamos y humilde como para llamarnos sus amigas. Jennifer
2 de julio
Una misma misión
Lucas 9:46-62
Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por
nosotros es.
—Lucas 9:50
Mi esposo y yo solemos tener que actuar de árbitros al moderar discusiones
entre nuestros dos hijos. Mientras ellos se concentran en sus diferencias,
nosotros les recordamos que se necesitan el uno al otro… algo que les
cuesta entender.
A veces, la Iglesia de Jesucristo se comporta de manera similar, y se la
reconoce más por sus divisiones que por su unidad.
Tal como ilustra Lucas 9:46-62, la lucha no es nada nuevo. Aunque los
discípulos quizá querían proteger la integridad del ministerio de Jesús, su
deseo de sobresalir iba más allá de la pasión por la verdad. Al decirle a
Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu
nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros», trazaron una
línea de separación que Cristo no había marcado (v. 49).
Los discípulos se habían comprometido a seguir a Cristo (v. 62). Sin
embargo, su fe radical no garantizaba que siempre tuvieran una perspectiva
completa (1 Corintios 13:12).
En lo que se refiere a la unidad de los creyentes, debemos recordar: Su
cuerpo fue roto, y dividieron sus ropas para que su Iglesia no se dividiera (1
Corintios 13:13; Efesios 2:14; Colosenses 1:16-20). Regina
3 de julio
Venid a mí
Mateo 11:25-30
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré
descansar.
—Mateo 11:28
Cuando tuvimos a nuestra tercera hija, comencé a estresarme por las
cuentas médicas que se iban acumulando. No podía dormir, mientras
intentaba resolver cómo pagaríamos lo que debíamos. Tenía los músculos
tensos. Estaba agotada… así que clamé a Dios.
Los expertos afirman que para combatir el estrés, es necesario dormir bien,
comer alimentos saludables y hacer ejercicio. Pero Jesús nos habla de algo
más que proporciona verdadera paz y descanso: la oración.
Mientras oraba, me vino a la mente Mateo 11:28, donde Jesús dijo: «Venid
a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar».
Jesús me invitó a acercarme a Él para recibir una nueva perspectiva y un
descanso verdadero. En el próximo versículo, declaró: «Llevad mi yugo
sobre vosotros, y aprended de mí, […] y hallaréis descanso para vuestras
almas» (v. 29). Nuestro amoroso Salvador no nos reprende por nuestra
incapacidad de manejar las presiones de la vida por nuestra cuenta. En
cambio, quiere que le entreguemos nuestras cargas a Él (Salmo 55:22).
¡Acude hoy mismo al Señor! Marlena
4 de julio
Todo viene de Dios
1 Crónicas 29:14-19
Oh Señor Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos preparado para
edificar casa a tu santo nombre, de tu mano es, y todo es tuyo.
—1 Crónicas 29:16
Cuando tenía 18 años, ya había trabajado y ahorrado hasta tener lo
suficiente para pagar un año de estudios. Entonces, mi mamá tuvo una
cirugía de emergencia, y me di cuenta de que yo tenía en el banco el dinero
para pagar su operación.
De repente, mi amor por mi madre tuvo prioridad sobre mis planes para el
futuro. Las palabras de Elisabeth Elliot en su libro Pasión y pureza cobraron
para mí un nuevo significado: «Si nos aferramos a algo que hayamos
recibido, sin la disposición de renunciar a eso […], impedimos que el alma
crezca. Lo que ella estaba diciendo es que lo que tenemos «es nuestro para
dar gracias a Dios por ello y para ofrecérselo de vuelta».
¡Entendí que mis ahorros eran un regalo de Dios! Podía dar generosamente
a mi familia porque estaba segura de que el Señor podía ayudarme de otra
manera… y lo hizo.
Hoy, pensemos en cómo quiere Dios que apliquemos la oración de David de
1 Crónicas 29:14: «Todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos».
Keila
5 de julio
Camina en su polvo
Marcos 1:16-20
Y luego los llamó; y dejando a su padre […] le siguieron.
—Marcos 1:20
En el primer siglo, se esperaba que un judío que quisiera ser discípulo de un
rabino (maestro) dejara su familia y su trabajo para unirse a él. Vivían
juntos las 24 horas del día, debatiendo y memorizando las Escrituras, y
aplicándolas a su vida.
El llamamiento de un discípulo, como se describía habitualmente, era
«cubrirse con el polvo de los pies [del rabí]», absorbiendo todas y cada unade sus palabras. Seguía a su maestro tan de cerca que «caminaba en su
polvo». Al hacerlo, llegaba a ser como él.
Simón, Andrés, Jacobo y Juan sabían que ese era el tipo de relación a la
cual Jesús los estaba llamando (Marcos 1:16-20). Así que, dejaron
inmediatamente su trabajo y «se fueron tras Él» (v. 20). Durante tres años,
permanecieron cerca del Señor, escuchando su enseñanza, mirando sus
milagros, aprendiendo sus principios y caminando en su polvo.
Como seguidoras de Cristo hoy, nosotras también podemos «caminar en su
polvo». Al pasar tiempo estudiando y meditando en su Palabra y aplicando
sus principios a la vida, llegaremos a ser como nuestro rabí: Jesús. Anne
6 de julio
Un Padre perfecto
Proverbios 20:3-7
Camina en su integridad el justo; sus hijos son dichosos después de él.
—Proverbios 20:7
Una vez, mi padre admitió: «Cuando eras pequeña, no estuve muy
presente».
La verdad, no lo recuerdo. Además de trabajar a tiempo completo, algunas
noches se iba a dirigir el ensayo de coro en la iglesia, y a veces, viajaba una
o dos semanas con su cuarteto masculino. Pero en todos los momentos
significativos de mi vida, estuvo allí.
Por ejemplo, cuando tenía ocho años, actué en una obra escolar. Todas las
madres asistieron, pero había solo un papá… el mío. De muchas maneras,
siempre nos ha dejado saber a mí y a mis hermanas que somos importantes
para él y que nos ama. Además, verlo cómo cuidaba con ternura a mi mamá
los últimos años de su vida me enseñó exactamente cómo es el amor
abnegado. Papá no es perfecto, pero siempre me permitió vislumbrar a mi
Padre celestial. Esto es lo que un padre cristiano debería hacer.
A veces, los padres terrenales desilusionan o lastiman a sus hijos. Sin
embargo, nuestro Padre celestial es «misericordioso y clemente […]; lento
para la ira, y grande en misericordia» (Salmo 103:8). Un padre piadoso es
un modelo para sus hijos de nuestro Padre celestial perfecto. Cindy
7 de julio
Luces suaves
1 Pedro 3:13-17
Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras
buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
—Mateo 5:16
Wang Xiaoying vive en una zona rural de la provincia china de Yunnan. Por
problemas de salud, su esposo no podía conseguir trabajo, lo cual afectaba a
la familia. Su suegra consideraba que el problema se debía a la fe de
Xiaoying en Dios. Por eso, la maltrataba y la instaba a que volviera a la
religión de sus ancestros.
Como el esposo había visto el cambio en la vida de su esposa, dijo: «Madre,
no basta con que Xiaoying crea en Dios. ¡Nosotros deberíamos hacer lo
mismo!». Él está ahora considerando aceptar el evangelio de Jesús.
La gente observa. El mejor testimonio es una buena conducta acompañada
de palabras apropiadas, lo cual refleja el cambio que Cristo produce en
nuestra vida.
Así instruyó el apóstol Pedro a los creyentes del primer siglo y a nosotras: a
seguir el bien (1 Pedro 3:13), obedecer a Cristo, tener buena conciencia y
estar preparados para hablar a otros de nuestra esperanza (v. 15).
Brillemos para Jesús dondequiera que estemos. Él nos dará la gracia para
alcanzar incluso a quienes no concuerdan con nosotras. Poh Fang
8 de julio
Fe en acción
Santiago 2:14-26
Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus
obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.
—Santiago 2:18
Mientras mi amiga conducía hacia el supermercado, observó que una mujer
caminaba al lado de la carretera y sintió que debía regresar y ofrecerse a
llevarla. Cuando lo hizo, se entristeció al enterarse de que la mujer no tenía
dinero para el autobús, así que estaba caminando muchos kilómetros en un
clima caluroso y húmedo. Además, había caminado varias horas para llegar
a su trabajo a las cuatro de la mañana.
Al ofrecerse a llevarla, mi amiga aplicó la instrucción de Santiago de poner
la fe en práctica: «Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí
misma» (2:17). Al apóstol le interesaba que la iglesia se ocupara de las
viudas y los huérfanos (1:27), y quería que no ofrecieran solo palabras
vacías, sino que actuaran por fe y obraran con amor.
Somos salvos por fe, no por obras, pero ponemos en práctica nuestra fe al
amar a otros y suplir sus necesidades. Que al igual que mi amiga, podamos
mantener los ojos abiertos para ayudar a los que lo necesiten, mientras
transitamos juntos este camino de la vida. Amy
9 de julio
Enfrenté mis temores
Salmo 138
En el día que invoqué, me respondiste; me hiciste valiente con fortaleza en
mi alma.
—Salmo 138:3
Después de que Bill y yo nos casamos, llegué a depender de él
excesivamente, en vez de depender de Dios para hallar seguridad y
fortaleza. Secretamente, me preocupaba: ¿Y si un día me falta Bill?
Cuando nuestra obra misionera obligó a Bill a ausentarse de casa por
semanas, empecé a depender de mí en vez de depender de él. Sintiéndome
incluso más inadecuada, reducía los riesgos de la vida siempre que era
posible y vivía dentro de un capullo de ansiedad. Hasta me daba miedo
estar en público.
Finalmente, cuando toqué fondo, imité el ejemplo de David en el Salmo
138:3. Yo también clamé y Dios me contestó. Su respuesta me dio el
entendimiento y la fortaleza para abrir el capullo de temor y comenzar a
extender las alas para depender de Dios. Tardía, pero seguramente, Dios me
convirtió en una sierva valiente al lado de Bill.
Años después, cuando Bill murió, me di cuenta de la compasión con que
Dios había lidiado con mi temor anterior: «¿Y si un día me falta Bill?». En
vez de quitar mi temor, Dios me dio la fortaleza y la habilidad para
enfrentarlo. Y también te capacitará a ti si dependes de Él. Joanie
10 de julio
Imposible esconderse
Amós 5:14-24
Y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano
de los reyes de la tierra…
—Apocalipsis 1:5
Sentí olor a quemado, así que fui corriendo a la cocina. No había nada en
las hornillas ni en el horno. Mi nariz me guio por toda la casa. Recorrí todos
los cuartos hasta que, finalmente, bajé las escaleras. El olfato me llevó a mi
oficina y, después, a mi escritorio. Miré hacia abajo y allí, mirándome
fijamente con sus ojos grandes que pedían ayuda, estaba Maggie, nuestra
perra, nuestra terriblemente «fragante» mascota. Lo que olía a quemado
desde arriba era ahora un inconfundible olor a zorrillo. Maggie había ido
hasta el rincón más escondido de nuestra casa para huir del olor
nauseabundo, pero no podía alejarse de ella misma.
El dilema de Maggie me hizo pensar en la gran cantidad de veces que he
tratado de huir de circunstancias desagradables, solo para descubrir que el
problema no era la situación, sino yo misma. Huimos de las situaciones
pensando que podemos escapar de lo desagradable, pero luego, nos damos
cuenta de que el problema somos nosotras.
La única manera de escapar de nosotras mismas es dejar de escondernos,
reconocer nuestra perversidad y permitir que Jesús nos limpie (Apocalipsis
1:5). Doy gracias porque cuando pecamos, Jesucristo está dispuesto a
darnos una nueva oportunidad de empezar. Julie
11 de julio
El descanso de las burbujas
2 Corintios 4:7-18
No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las
cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.
—2 Corintios 4:18
Un niño nos roció a mi esposo y a mí con burbujas mientras venía corriendo
por el paseo marítimo. Fue un momento ameno y divertido en un día difícil.
Habíamos ido a visitar a mi cuñado, que estaba hospitalizado, y ayudar a su
esposa, que tenía problemas para ir a ver a su médico. Por eso, cuando nos
tomamos un descanso para caminar, nos sentíamos abrumados por las
necesidades de nuestros familiares.
Entonces, aparecieron las burbujas, y tuvieron un significado especial para
mí. Me encantan las burbujas, y tengo en mi oficina una botella que utilizo
cada vez que necesito sonreír con ellas. Esas burbujas y el vasto Océano
Atlántico me recordaron algo con lo que puedo contar: Dios siempre está
cerca. Él es poderoso. Siempre se interesa.Y puede usar aun las
experiencias más pequeñas y los momentos más breves para ayudarnos a
recordar que su presencia es como un océano de gracia en medio de
nuestros momentos difíciles.
Tal vez un día, nuestros problemas parecerán como burbujas: momentáneos
a la luz de la eternidad, «pues las cosas que se ven son temporales, pero las
que no se ven son eternas» (2 Corintios 4:18). Anne
12 de julio
Causa verdadera
Job 2
… ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En
todo esto no pecó Job con sus labios.
—Job 2:10
Un día, mi hijito exclamó: «¡Mamá, te amo!». Cuando le pregunté por qué
me amaba, contestó: «Porque juegas conmigo a los autitos de juguete».
«¿Por alguna otra razón?». «No. Eso solo». Su respuesta me hizo sonreír,
pero también me indujo a pensar en cómo nos relacionamos con Dios. ¿Lo
amo y confío en Él por las cosas que hace por mí? ¿Qué pasa cuando
desaparecen las bendiciones?
Job tuvo que contestar estas preguntas cuando lo golpearon las catástrofes.
Su esposa le aconsejó: «Maldice a Dios, y muérete» (2:9). En cambio, él
preguntó: «¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?» (v.
10). Sí, Job enfrentó una lucha después de su tragedia: se enojó con sus
amigos y cuestionó al Todopoderoso. Pero de todos modos, juró: «…
aunque él me matare, en él esperaré» (13:15).
El afecto de Job hacia su Padre celestial no dependía de una solución
apropiada para sus problemas, sino que amaba a Dios y confiaba en el
Señor por todo lo que Él es. Dijo: «Él es sabio de corazón, y poderoso en
fuerzas» (9:4).
Nuestro amor a Dios no debe basarse solamente en sus bendiciones, sino en
lo que Él es. Jennifer
13 de julio
Proteger una promesa
Mateo 2:13-23
… un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al
niño y a su madre, y huye a Egipto, […] porque acontecerá que Herodes
buscará al niño para matarlo.
—Mateo 2:13
 Q ué seguidilla de acontecimientos había atravesado José! Había recibido
visitas de ángeles, escuchado la voz de Dios y presenciado el milagro de un
nacimiento virginal. Después, tuvo un sueño. El mensaje era claro: «Huye;
están en peligro» (Mateo 2:13) .
En Belén, hubo grande lamentación, lloro y gemido (v. 16), pero el hijo de
José —el Hijo de Dios— no estaría entre las víctimas. La Escritura había
anunciado que el Mesías prevalecería: «Lo dilatado de su imperio y la paz
no tendrán límite» (Isaías 9:7). Pero José se dio cuenta de que se le había
confiado una promesa de parte de Dios (1:20-23). Su responsabilidad de
proteger al Mesías estaba cargada de peligro, preguntas e incertidumbres.
Entonces, ¿por qué pensamos que nuestro camino no tendrá escollos? En
última instancia, el cumplimiento del pacto de Dios para con su pueblo
vendría de su mano. Pero nosotras también tenemos un papel que
desempeñar… tal como José.
A medida que perseveramos mediante el poder y la provisión de Dios, que
podamos guardar su verdad (2 Timoteo 1:14) y permanecer firmes. ¡Dios
cumplirá sus promesas (Isaías 46:11)! Regina
14 de julio
La armonía de nuestra vida
Job 29:1-6; 30:1-9
He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi
fortaleza y mi canción es el Señor, quien ha sido salvación para mí.
—Isaías 12:2
Los miembros de la orquesta oyen más claramente el sonido de los
instrumentos que tienen más cerca.
En un sentido, nosotras integramos la orquesta de Dios. A menudo,
solamente escuchamos la música que está más cerca. Como no captamos la
armonía general, somos como Job, quien clamó en su sufrimiento: «Y ahora
yo soy objeto de su burla, y les sirvo de refrán» (Job 30:9).
Job rememoraba el respeto que le tenían los príncipes y los oficiales. Pero
ahora, era objeto de burla, y se lamentaba: «Se ha cambiado mi arpa en
luto» (30:31). Sin embargo, le faltaban muchísimos instrumentos a esa
sinfonía, y Job no podía escuchar la armonía completa.
Quizá hoy solamente oigas las notas melancólicas de tu violín. Pero no te
desanimes. Cada detalle de tu vida está incluido en la partitura divina.
La obra maestra de Dios de la redención es la sinfonía que estamos
interpretando, y al final, todo obrará al unísono para sus buenos propósitos.
Dios es el compositor de nuestras vidas. Su melodía es perfecta, y podemos
confiar en Él. Keila
15 de julio
La compasión de Jesús
Lucas 7:11-17
Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: «No llores».
—Lucas 7:13
Greg Boyle, quien ayudó a comenzar un ministerio con exmiembros de
pandillas, sabe sobre amar a los demás y preocuparse por ellos. En su libro
Tattoos on the Heart [Tatuajes en el corazón], escribe: «La compasión no se
trata solo de sentir el dolor de los demás; se trata de atraerlos hacia ti».
La compasión cierra la brecha entre nosotras y otra persona. Nos permite
acercarnos con amor a ella, en lugar de salir corriendo para el otro lado. Si
queremos imitar la compasión de Jesús, jamás actuaríamos como el
sacerdote o el levita que se alejaron del hombre herido que describe la
parábola del buen samaritano (Lucas 10:30-37). La persona menos
esperada, un samaritano, fue la que actuó de manera más similar a Cristo.
La parábola nos recuerda que somos capaces de actuar sin amor hacia
nuestro prójimo.
En cambio, que podamos poner en práctica la compasión de Jesús, como la
vemos en su encuentro con la viuda de Naín. Cuando el Señor se enteró de
que su único hijo había muerto, «se compadeció de ella» y resucitó al
muchacho (7:11-15). Jesús se acercó a ella y, con amor, suplió su necesidad.
Que al igual que Cristo, podamos acercarnos a otros con un corazón lleno
de compasión. Marlena
16 de julio
La máscara de los caballos
Salmo 119:33-40
Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; avívame en tu camino.
—Salmo 119:37
En una granja de caballos cerca de casa, algunos de estos animales tienen
máscaras sobre los ojos. Por mucho tiempo, sentí pena por esos caballos
que no podían ver, pero después, me enteré de que mi suposición estaba
equivocada. Las máscaras están hechas de una malla abierta y los caballos
pueden ver a través de ellas. Pero las moscas que les enferman los ojos no
puede atravesarlas. Las máscaras no impiden que los caballos vean…
¡evitan que queden ciegos!
Los incrédulos suelen suponer cosas sobre la Biblia similares a lo que yo
pensé de las máscaras. Piensan que es algo que Dios nos «pone delante de
los ojos» para que no veamos toda la diversión que podríamos tener.
Sienten lástima de los creyentes en Cristo porque creen que el Señor no nos
permite disfrutar de la vida. Así como yo no sabía sobre las máscaras de los
caballos, ellos desconocen de la Biblia. Ella evita que nos infecten las
mentiras que producen ceguera espiritual. La Palabra de Dios no impide
que disfrutemos de la vida; hace posible que disfrutemos de verdad.
Que al aprender la lección de la máscara de los caballos, ¡podamos
regocijarnos porque la Palabra de Dios nos permite ver de verdad! Julie
17 de julio
Cómo tener paz
Colosenses 1:15-23
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de
nuestro Señor Jesucristo.
—Romanos 5:1
La Capilla del Silencio Kamppi, en Helsinki, Finlandia, sobresale en medio
del contexto urbano. Su estructura ovalada, cubierta de madera, aplaca el
ruido de la ajetreada ciudad. Sus diseñadores la crearon para que fuera un
refugio silencioso, con un «ambiente tranquilo para que los visitantes se
reencontraran consigo mismos». Un buen lugar para descansar del ruido y
la actividad de las calles.
Muchas personas anhelan tener paz, y un rato de silencio puede tranquilizar
la mente. Pero la Biblia enseña que la paz verdadera, la paz con Dios, la
brinda su Hijo. El apóstol Pablo afirmó: «Justificados, pues, por la fe,
tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo»
(Romanos 5:1). Sin Cristo, somos enemigos de Dios a causa de nuestro
pecado. Felizmente, aceptar el sacrificio de Jesús nos reconcilia con el
Padre y pone fin a la hostilidad que nos separa de Él (Colosenses 1:19-21).
Tener paz con Dios no garantiza unavida sin problemas. Jesús dijo a sus
seguidores: «En el mundo tendréis aflicción»; pero también les aseguró:
«en mí [tendréis] paz» (Juan 16:33). Gracias a Él, la verdadera paz de Dios
puede llenar nuestro corazón (Colosenses 3:15). Jennifer
18 de julio
Sentido común
Proverbios 1:20-33
Porque el Señor da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la
inteligencia.
—Proverbios 2:6
Voltaire, el filósofo francés del siglo
xviii
, dijo: «El sentido común no es tan común». ¡Tenía razón! En una sociedad
que se ha vuelto cada vez más litigante, estamos inundadas de advertencias
sobre productos; mayormente, porque algunas personas carecen de sentido
común. Tan solo lee las siguientes instrucciones.
En un secador de cabello: No lo use mientras duerme.
En una motosierra: No intente detener la cadena con la mano.
El sentido común puede aprenderse de la experiencia o de la enseñanza que
recibimos de aquellos en quienes confiamos. Pero la Palabra de Dios es la
mejor fuente de todas para desarrollar discernimiento y buen juicio.
Tres palabras resuenan a todo lo largo del libro de Proverbios: sabiduría,
conocimiento, entendimiento. Dios ha envuelto este libro con sentido
común.
Proverbios 11:2 aconseja compostura: «Con los humildes está la sabiduría».
Proverbios 20:13 es práctico: «No ames el sueño, no sea que te
empobrezcas».
Para adquirir más sentido común, consulta la Palabra de Dios —la fuente de
sabiduría— a diario. Cindy
19 de julio
Confusión de identidad
Salmo 115:1-18
No a nosotros, oh Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu
misericordia, por tu verdad.
—Salmo 115:1
Amenudo, la gente me confunde con mi hermana mayor. Desde el personal
de mi cafetería favorita hasta los alumnos de enfermería de mi hermana,
muchas personas han tratado de hacerme alguna pregunta médica o de
hablar sobre redacción. Los malentendidos nos resultan graciosos porque no
vemos las similitudes que a otros les resultan tan evidentes.
Con Dios, no hay ninguna confusión de identidad respecto a nosotras. «Mas
a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad
de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de
voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios» (Juan 1:12-13).
Sin embargo, a veces, las experiencias, las personas y los poderes de la
oscuridad intentan destruir nuestra comprensión de quiénes somos en
verdad.
En los momentos de incertidumbre, solemos crear una identidad basada en
cuestiones temporales. No obstante, la verdadera seguridad viene cuando
dejamos de colocarnos en el centro y elegimos a Jesús (vv. 9-11). La cruz
nos lleva a tener comunión con Él. En Cristo, nuestra identidad es
restaurada a su potencial y su significado dados por Dios (139:13-16).
Regina
20 de julio
Banderines rojos
Proverbios 13:1-14
La enseñanza del sabio es fuente de vida, para apartarse de los lazos de la
muerte.
—Proverbios 13:14
Los cisnes suelen visitar Mill Pond, en Inglaterra, donde vivía un amigo
mío. Él lo llama «un lugar hermoso, donde los patos, los gansos y otras aves
acuáticas juguetean». Sin embargo, incluso en aquel idílico marco, hay
peligro. Cerca de la laguna, hay unos cables eléctricos. Se han muerto
muchos cisnes allí porque no los vieron cuando se acercaron a la laguna.
Mi amigo habló con algunos funcionarios sobre este problema, y la
compañía de electricidad terminó instalando banderines rojos en los cables.
Ahora los cisnes pueden ver el peligro y evitarlo. Desde que se instalaron
esos banderines rojos, ni un solo cisne ha muerto.
Dios ha provisto algunos «banderines rojos» para protegernos. El libro de
Proverbios está lleno de advertencias sobre el mal, y nos anima a buscar
sabiduría. En Proverbios 13:1-14, encontramos varios banderines rojos, que
incluyen:
No ignorar la instrucción y la reprensión (v. 1).
Cuidar lo que uno dice (v. 3).
Tener cuidado de no procurar riquezas (v. 7).
Podemos dar gracias porque las advertencias en la Biblia pueden
mantenernos a salvo del peligro. Anne
21 de julio
Querer crecer
Hebreos 5:11-14
Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de
justicia, porque es niño.
—Hebreos 5:13
El ajolote es un enigma biológico. En vez de crecer y alcanzar una forma
adulta, esta salamandra mexicana en peligro de extinción mantiene el
aspecto de un renacuajo durante toda su vida. Escritores y filósofos lo han
usado como un símbolo de alguien que tiene miedo de crecer.
En Hebreos 5, vemos que había cristianos que no querían crecer y se
contentaban con la «leche» espiritual, aunque esta era para los nuevos en la
fe. Corrían peligro de perder las actitudes cristianas que ya habían
demostrado (6:9-11) y no estaban preparados para el alimento sólido del
sacrificio personal (5:14). Por eso, el autor escribió: «Acerca de esto
tenemos mucho que decir, aunque no es fácil explicarlo porque ustedes son
lentos para entender» (v. 11 RVC).
Los ajolotes siguen el patrón natural que su Creador estableció para ellos.
Sin embargo, los seguidores de Cristo están diseñados para madurar
espiritualmente. Cuando lo hacemos, descubrimos que crecer en Él no solo
implica tener paz y gozo. Crecer a su semejanza honra al Señor a medida
que animamos desinteresadamente a los demás. Keila
22 de julio
¿Para qué preocuparme?
Isaías 40:25-31
Echa sobre el Señor tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre
caído al justo.
—Salmo 55:22
Un hombre se preocupaba constantemente por todo. Sin embargo, un día,
sus amigos lo oyeron silbar alegremente y lo notaron llamativamente
relajado. —¿Qué pasó? —le preguntaron asombrados.
—Le estoy pagando a alguien para que se preocupe por mí.
—¿Cuánto le pagas?
—Dos mil dólares por semana.
—¡Vaya! ¿Cómo puedes pagarle tanto?
—No puedo —respondió—. De eso, tiene que preocuparse él.
¿Necesitas alguien a quien darle tus preocupaciones?
El profeta Isaías nos recuerda que Dios hace salir las estrellas y las llama
por su nombre (40:25-26); que por «la grandeza de su fuerza, y el poder de
su dominio» (v. 26), no falta ninguna de ellas. Y así como Dios sabe el
nombre de las estrellas, también nos conoce a ti y a mí en forma personal.
Estamos bajo su cuidado (v. 27).
Puedes entregar esas preocupaciones al Señor. Él nunca está demasiado
ocupado o cansado como para no prestar atención. Tiene todo el poder y la
sabiduría, y le encanta usar estas cosas para nuestro beneficio. El Santo que
guía las estrellas nos rodea con sus brazos de amor. Poh Fang
23 de julio
Del lamento al festejo
Isaías 61:1-4
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ungió el Señor; me ha
enviado a […] ordenar que a los afligidos de Sion se les dé […] manto de
alegría en lugar del espíritu angustiado…
—Isaías 61:1, 3
«V amos a prescindir de su trabajo». Hace una década, estas palabras me
dejaron tambaleando. En ese momento, me sentí destruida porque, en parte,
mi identidad estaba sumamente entrelazada con mi papel como editora.
Hace poco, sentí una tristeza similar cuando escuché que mi labor como
trabajadora independiente se terminaba. Pero esta vez, no fue traumático
porque he visto la fidelidad de Dios y su manera de transformar mi tristeza
en gozo.
El Señor puede cambiar nuestra desesperación en gozo, como vemos en la
profecía de Isaías sobre la venida del Cristo (Isaías 61:1-3). Él nos da
esperanza en la desilusión, nos ayuda a perdonar cuando pensamos que no
podemos, nos enseña que nuestra identidad está en Él y no en lo que
hacemos, y nos anima frente a un futuro desconocido. Cuando vestimos
harapos de «ceniza», Él nos da bondadosamente un manto de alegría.
Cuando recordamos la fidelidad del Señor a través de los años, sabemos que
puede y está dispuesto a cambiar nuestra tristeza en gozo, para darnos
gracia suficiente en esta vida y gozo pleno en el cielo. Amy
24 de julio
Vida después de la tumba
Juan 11:1-44
Y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?
—Juan 11:26
Mi amado esposo Bill murió de cáncer a los 48 años deedad. Una mañana
en que estaba muy angustiada, leí Juan 11, la historia de cuando Jesús
levantó a Lázaro de entre los muertos. Dos verdades que encontré en ese
pasaje me tranquilizaron.
La primera verdad fue revelada cuando Jesús dijo que Lázaro estaba
durmiendo y que Él iba a despertarlo (vv. 11-14). Sus discípulos
respondieron: «Señor, si duerme, sanará». Jesús contestó: «Lázaro ha
muerto». Esta fue su manera delicada de enseñarles que ellos no tenían que
temer a la muerte. Gracias a su poder, resucitar a alguien de entre los
muertos era como despertar a una persona del sueño.
La segunda verdad está en la afirmación de Jesús a Marta: «el que cree en
mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no
morirá eternamente» (vv. 25-26). Por ser la resurrección y la vida, Jesús va
a «despertar» un día los cuerpos de los creyentes. Su poder para hacerlo
quedó demostrado cuando resucitó a Lázaro (vv. 43-44).
¿Has perdido a algún ser querido? Quizá estas promesas puedan brindarte
consuelo y seguridad. Joanie
25 de julio
Conciencia de imagen
2 Corintios 3:1-3, 17-18
Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la
gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma
imagen, como por el Espíritu del Señor.
—2 Corintios 3:18
Cuando mis primos y yo miramos fotos antiguas de la familia, bromeamos
sobre los rasgos físicos que hemos heredado. En primer lugar, observamos
los negativos: piernas cortas, dientes torcidos, remolinos en el cabello. Pero
también heredamos rasgos del carácter… algunos buenos y otros no tanto.
Sin embargo, a estos no siempre les prestamos mucha atención.
Según mis observaciones sin respaldo científico, la gente hace todo lo
posible para superar las imperfecciones físicas: ejercicios, dietas,
maquillajes, tinturas, cirugías estéticas. Pero los defectos del carácter, en
vez de tratar de vencerlos, tendemos a usarlos como excusas para portarnos
mal. Supongo que se debe a que es más fácil cambiar nuestra imagen.
Imagina cuánto mejor sería invertir la energía en mejorar el carácter.
Como hijas de Dios, nuestra constitución genética no nos limita, sino que
podemos entregarle a Él nuestras fallas y permitirle que desarrolle el
potencial que tenía en mente cuando nos creó. El poder del Espíritu Santo y
la vida del Hijo de Dios están obrando en nosotras, conformándonos a su
imagen (2 Corintios 3:18). Julie
26 de julio
Amor revelado
1 Juan 4:9-16
En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a
su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.
—1 Juan 4:9
Cuando una serie de carteles rosa que decían «Te amo» aparecieron
misteriosamente en un pueblo de Canadá, una reportera local decidió
investigar, pero no tuvo resultados. Semanas después, aparecieron otros
carteles con el nombre de un parque, una fecha y una hora.
Junto con una multitud de lugareños curiosos, la reportera fue al parque a la
hora señalada. Allí se encontró con un hombre vestido con un traje, pero
con la cara ingeniosamente tapada. ¡Imagina la sorpresa cuando él le dio un
ramo de flores y le propuso matrimonio! El misterioso hombre era su
novio… y ella aceptó felizmente la propuesta.
Si esta expresión de amor te parece agradable, ¡piensa en la manifestación
del amor de Dios hacia nosotras! «En esto se mostró el amor de Dios para
con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que
vivamos por él» (1 Juan 4:9). Jesús entregó voluntariamente su vida para
que todo aquel que cree en Él pueda tener una relación eterna con Dios.
Nada puede separar a un creyente «del amor de Dios, que es en Cristo Jesús
Señor nuestro» (Romanos 8:39). ¡Esto sí que es amor verdadero! Jennifer
27 de julio
Mi pueblo
1 Pedro 2:1-10
Vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de
Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora
habéis alcanzado misericordia.
—1 Pedro 2:10
Una niñita estaba siendo disciplinada por su mal comportamiento, y sus
padres estaban haciéndola cenar sola en un rincón de la habitación. No le
prestaron atención hasta que la escucharon orar parte del Salmo 23: «Señor,
gracias por preparar mesa delante de mí en presencia de mis enemigos».
Una linda historia, pero a veces, podemos sentir que nuestras familias son
nuestros enemigos. Incluso nuestra familia espiritual en la iglesia nos
defrauda ocasionalmente. Pero podemos cambiar nuestra perspectiva si
aprendemos a renunciar a la ingenua idea de que los demás siempre
satisfarán nuestras elevadas expectativas.
En vez de centrarnos en los demás, podemos encontrar esperanza en la
verdad de que cada una de nosotras es hija de Dios por medio de la fe en
Jesús (1 Pedro 2:10). Él nos ha elegido y nos ha hecho su «pueblo
adquirido» (v. 9). El Señor nos ha hecho parte de su familia, y nunca nos
tratará como a un enemigo.
Cuando los demás nos defraudan, cambiemos nuestro enfoque y
recordemos que si hemos puesto nuestra fe en Jesús, somos hijas de Dios,
apreciadas y amadas por Él. Anne
28 de julio
Nuestra seguridad
Salmo 33:1-22
Nuestra alma espera al Señor; nuestra ayuda y nuestro escudo es él.
—Salmo 33:20
Abrumada con el trabajo y agotada por una semana ajetreada de ministerio,
no pude contener las lágrimas cuando regresé a casa y me encontré con una
filtración en el techo de la cocina de nuestra casa nueva. A esta situación, se
le sumaban los desafíos de mudarse a una ciudad nueva y la oposición de
nuestros vecinos por realizar un estudio bíblico en nuestra casa. Mientras
contemplaba las gotitas que se desprendían del yeso hinchado, anhelaba que
algo fuera fácil.
A veces, simplemente necesitamos que nos recuerden que Dios nos está
cubriendo. El Salmo 33:20 declara: «Nuestra alma espera al Señor; nuestra
ayuda y nuestro escudo es él». Y el Salmo 33:18 afirma que «el ojo del
Señor [está] sobre los que le temen, sobre los que esperan en su
misericordia».
Movido por amor, Dios nos protege (Salmo 33:18). Que nuestra victoria
descanse en las circunstancias y en las decisiones de otras personas equivale
a colocar nuestra esperanza en el ejército y el caballo (vv. 16-17). En
cambio, confiamos en Él: «Por tanto, en él se alegrará nuestro corazón,
porque en su santo nombre hemos confiado» (v. 21). Solo en Él está nuestra
seguridad. Regina
29 de julio
Boda real
Apocalipsis 19:1-10
Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas
del Cordero, y su esposa se ha preparado.
—Apocalipsis 19:7
Las bodas y las extravagancias a veces se combinan. Las bodas modernas se
han convertido en una oportunidad para que las muchachas vivan la fantasía
de ser «princesa por un día». Un vestido elegante, un peinado elaborado,
invitados con ropa de fiesta, ramos de flores, abundancia de comida y
grandes festejos contribuyen a la atmósfera de un cuento de hadas. Una
boda real aumenta las extravagancias hasta un nivel que nosotros, «la gente
común», rara vez vemos. En 2011, pudimos presenciar algo así cuando el
casamiento del príncipe William y Kate Middleton se transmitió por
televisión desde Inglaterra a todo el mundo.
Otra boda real está en etapa de preparación y será la más extravagante de
todas. En esta, la persona más importante será el esposo, Cristo mismo; y
nosotros, la Iglesia, seremos su esposa. La revelación de Juan dice que ella
se preparará (19:7) y que nuestro vestido de boda será nuestras acciones
justas (v. 8).
Aunque los matrimonios terrenales duran solo una vida, las novias se
esfuerzan para que su vestido sea perfecto. ¡Cuánto más, como esposa de
Cristo, deberíamos prepararnos para un matrimonio que se extenderá por la
eternidad! Julie
30 de julio
Vengan a mí
Juan 6:30-40
Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá
hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.
—Juan 6:35
Cuando Jesús vivió en este mundo, invitaba a la gente a ir a Él, y hoy sigue
haciendo lo mismo (Juan 6:35) . Pero ¿qué tienen Él y su Padre celestial
que necesitemos?
Salvación.Jesús es el único camino para obtener el perdón de pecado y la
promesa del cielo: «para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas
tenga vida eterna» (Juan 3:15).
Propósito. Debemos seguir a Jesús con todo el corazón, alma, mente y
fuerzas: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome
su cruz, y sígame» (Marcos 8:34).
Consuelo. En la prueba o la tristeza, el «Dios de toda consolación, […] nos
consuela en todas nuestras tribulaciones» (2 Corintios 1:3-4).
Sabiduría. Necesitamos una sabiduría superior a la nuestra: «si alguno de
vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, […] y le será dada (Santiago
1:5).
Vida abundante. La vida plena se encuentra en una relación personal con
Jesús: «yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en
abundancia» (Juan 10:10).
Jesús afirmó: «al que a mí viene, no le echo fuera» (Juan 6:37). ¡Vengan!
Anne
31 de julio
¡Bébetelo!
Juan 4:7-14
Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que
el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida
eterna.
—Juan 4:14
Afinales del siglo pasado, la pastelería Ida’s, en Jenison, Michigan, anunció
esta oferta especial: «Compra uno de nuestros tazones para café a $4,79 y
llene su taza por diez centavos cada vez que nos visites».
Pero los dueños jamás esperaron que 25 años después, cuatro antiguos
clientes seguirían con su taza de café cada día… por diez centavos.
Ya no encontrarás muchas ofertas como esa. Pero Jesús ofreció algo mucho
más grande a la mujer junto al pozo (Juan 4:10). Él dijo: «Cualquiera que
bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas […] el agua que yo le daré
será en él una fuente de agua que salte para vida eterna» (vv. 13-14).
La mujer estaba lista para escuchar. Sus muchas relaciones personales la
habían dejado vacía. Entonces, Jesús le ofreció un «agua» que le daría algo
más: vida eterna.
Jesús hace esta misma promesa hoy: «yo he venido para que tengan vida, y
para que la tengan en abundancia» (Juan 10:10).
La gracia y el amor de Dios provienen de un reservorio sin fondo. Bebe del
agua que Él ofrece y nunca más volverás a tener sed. Cindy
1 de agosto
Aprender a contentarse
Filipenses 4:11-13
No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme,
cualquiera que sea mi situación.
—Filipenses 4:11
Ya hemos escuchado las historias: una pareja, ambos pilares de su iglesia
local, sale de repente para unirse a una nueva iglesia, y las personas del
lugar donde estaban se preguntan qué habrá pasado. Una familia es
arrancada de su comunidad cuando un trabajo inesperado exige una
reubicación.
Historias de desplazamiento y rupturas; circunstancias que fácilmente y con
razón pueden llevar al descontento. Nos molesta la manera en que han
resultado nuestras historias, y estamos insatisfechas con la vida.
El apóstol Pablo tenía muchas razones para estar descontento. Había
soportado naufragios, golpizas, azotes y más (2 Corintios 11:22-27). Sin
duda, la insatisfacción era una lucha. No obstante, escribió: «he aprendido a
contentarme, cualquiera que sea mi situación» (Filipenses 4:11). Con la
ayuda de Dios, esto es algo que podemos desarrollar si atesoramos lo bueno
que tenemos sin importar las circunstancias.
Incluso en los momentos más difíciles, podemos encontrar cosas por las
cuales estar agradecidas; por ejemplo, el consuelo de Dios. Dado todo lo
que el Señor ha provisto, podemos contentarnos con lo bueno en medio de
situaciones difíciles. Que podamos descansar en Él mientras oramos
pidiendo que venga su reino (Mateo 6:10). Marlena
2 de agosto
¡Poco a poco!
Éxodo 23:20-33
Poco a poco los echaré de delante de ti, hasta que te multipliques y tomes
posesión de la tierra.
—Éxodo 23:30
Cuando yo era una niña, me encantaba una historia en particular, pero
nunca soñé cuánto me afectaría años después.
Era acerca de un niño que tenía una pala pequeña. Estaba tratando de
limpiar un camino a través de la nieve alta que acababa de acumularse
frente a su casa. Un hombre vio la enorme tarea del niño y dijo:
«Muchachito, ¿cómo puede alguien tan pequeño esperar terminar una tarea
tan grande como esa?». El niño miró hacia arriba y contestó: «Poco a poco;
así es como espero acabarla». Y siguió paleando.
Dios me recordó esta historia cuando me estaba recuperando de un colapso.
Recuerdo cómo mi yo «adulto» ridiculizaba a la «niña» débil que había en
mí: «¿Cómo puede alguien tan inadecuado como tú superar un obstáculo
tan grande como este?». La respuesta de aquel niño se convirtió en mi
respuesta: «Poco a poco, así es como espero superarlo». Y lo superé,
dependiendo de Dios. Juntos, logramos una victoria pequeña tras otra.
Seguramente, los obstáculos que enfrentaba Israel mientras consideraba
reclamar la tierra prometida parecían insuperables. Pero el Señor no les
pidió que lo hicieran de una sola vez. La estrategia para triunfar es «poco a
poco» (Éxodo 23:30). Joanie
3 de agosto
Descansar en Dios
Romanos 4:16-22
Tampoco dudó, […] plenamente convencido de que [Dios] era también
poderoso para hacer todo lo que había prometido.
—Romanos 4:20-21
Eran nuestras últimas vacaciones en familia antes de que nuestro hijo mayor
fuera a estudiar a la universidad. Mientras nos sentábamos en el banco
trasero de una pequeña iglesia junto al mar, se me llenó el corazón de amor
al ver uno al lado del otro a mis cinco hijos, bastante bien arreglados.
Pensando en las presiones y los desafíos que enfrentaría cada uno, oré en
silencio: Señor, por favor, protégelos espiritualmente y que se mantengan
cerca de ti.
El último himno tenía un coro impactante, basado en 2 Timoteo 1:12: «…
yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi
depósito para aquel día». Eso me aserguró que Dios guardaría sus almas.
Desde entonces, algunos de mis hijos anduvieron de acá para allá y otros
directamente se rebelaron. A veces, he dudado de la fidelidad de Dios.
Entonces, me acuerdo de Abraham: nunca desconfió de la promesa que
había recibido (Génesis 15:5-6; Romanos 4:20-21). Durante años de espera
y de intentos equivocados de ayudar a resolver las cosas, se mantuvo
aferrado a la promesa del Señor… y nació Isaac.
¡Qué recordatorio alentador! Le pedimos cosas a Dios, conocemos su poder
y le agradecemos por su fidelidad. Marion
4 de agosto
Quiero ojos azules
Mateo 16:24-28
… todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.
—Mateo 16:25
Cuando era niña, Amy Carmichael (1867–1951) deseaba haber tenido ojos
azules en vez de marrones. Incluso oró para que Dios le cambiara el color
de ojos (lo cual nunca ocurrió). Al cumplir 20 años, Amy sintió que el
Señor la estaba llamando para servirlo como misionera. Y terminó en la
India, donde se dio cuenta de lo sabio que era Dios al haberla hecho como
ella era. Si sus ojos hubiesen sido azules, probablemente le habría resultado
más difícil ser aceptada por personas de ojos marrones. Ella sirvió a Dios en
la India durante 55 años.
No tenemos la certeza de que Amy haya sido aceptada más fácilmente por
el color de sus ojos, pero sí sabemos que el Señor «nos hizo, y no nosotros a
nosotros mismos» (Salmo 100:3). Cuando nos sometemos a su sabiduría en
todo, podemos servirlo de manera eficaz.
Amy sabía lo que significaba la sumisión. Cuando le preguntaron sobre la
vida en la obra misionera, respondió: «La vida del misionero es
simplemente arriesgarse a morir». Luego citó Mateo 16:25.
Esto también describe la vida cristiana consagrada: entrega total a los
planes y la voluntad de Dios para nosotras. Sometámonos hoy a Él. Anne
5 de agosto
Propuesta de matrimonio modesta
Filipenses 2:1-11
[Jesús] se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y
muerte de cruz.
—Filipenses 2:8
Cuando estudiaba en la universidad, oí muchísimas historias sobre
compromisos. Mis soñadoras amigas hablaban de restaurantes glamorosos,
atardeceres en la montaña y paseos en carruajes tirados por caballos.
También recuerdo sobre un muchacho que simplemente le lavólos pies a su
novia. Su «modesta propuesta de matrimonio» demostraba que entendía que
la humildad es vital en un compromiso para toda la vida.
El apóstol Pablo también comprendía el significado de la humildad y su
eficacia para mantenernos unidos; en especial, en el matrimonio. Pablo
instó a resistir los impulsos de «primero yo»: «Nada hagáis por contienda o
por vanagloria…» (Filipenses 2:3). En cambio, deberíamos valorar a
nuestro esposo más que a nosotras mismas, y ocuparnos de complacerlos.
La humildad en acción significa servir al cónyuge, y ningún servicio es
demasiado pequeño ni demasiado grande. Después de todo, Jesucristo «se
humilló a sí mismo, […] hasta la muerte, y muerte de cruz» (v. 8). Su
generosidad manifestó su amor hacia nosotras.
¿Qué puedes hacer hoy para servir con humildad a la persona que amas?
Sea lo que sea, poner las necesidades del cónyuge por encima de las
personales confirma el compromiso mutuo que practica una humildad como
la de Cristo. Jennifer
6 de agosto
Un grato olor
2 Corintios 2:2-17
Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los
que se pierden.
—2 Corintios 2:15
Una perfumista que trabaja en Nueva York afirma que puede reconocer
ciertas fragancias y saber quién combinó las esencias. Con solo olfatearlas,
puede decir: «Esta es obra de Jenny».
Al escribir a los seguidores de Cristo en Corinto, Pablo usó un ejemplo que
les habrá recordado a un ejército romano que quemaba incienso cuando
entraba victorioso en una ciudad conquistada (2 Corintios 2:14). Para los
romanos, el aroma del incienso significaba victoria; para los
prisioneros, muerte.
Pablo dijo que somos para Dios el grato olor de la victoria de Cristo sobre
el pecado. Dios nos ha dado la fragancia de Cristo mismo para que
podamos ser un fragante sacrificio de alabanza. Pero ¿cómo podemos vivir
para difundir esta agradable fragancia a otros? Mostrando generosidad y
amor, y testificando del evangelio para que otros sean salvos. Podemos
permitir que el Espíritu muestre a través de nosotras su fruto de amor, gozo
y bondad (Gálatas 5:22-23).
¿Nos observan los demás y dicen: «Esta es obra de Jesús»? ¿Estamos
dejando que Él difunda su fragancia a través de nosotras? Keila
7 de agosto
¿Qué hay en mi corazón?
Lucas 6:43-45
Fenezca ahora la maldad de los inicuos, mas establece tú al justo; porque
el Dios justo prueba la mente y el corazón.
—Salmo 7:9
Mientras estaba en los campos de Uganda, observando un aparato que había
alquilado para perforar un pozo de agua para 700 aldeanos empobrecidos,
se me acercó un anciano. Me tomó de las manos, y en un inglés con un
marcado acento, me dijo: «Si pudiera abrirme el corazón y ver su interior,
vería felicidad arriba de felicidad y arriba de más felicidad por esta agua
que Dios proveyó».
Esas palabras me permitieron vislumbrar lo que desbordaba del corazón de
este querido hombre: se percibían claramente gratitud, humildad,
mansedumbre y reverencia por el Señor. «De la abundancia del corazón
habla la boca», afirmó Jesús. «El hombre bueno, del buen tesoro de su
corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca
lo malo» (Lucas 6:45).
Si nuestro corazón está lleno de amargura o de odio, fluirán relaciones rotas
y aislamiento. Si está lleno de amor, compasión y gratitud, tendremos
relaciones interpersonales más saludables y edificantes.
¿Qué hay en tu corazón? Roxanne
8 de agosto
El vínculo de la paz
Efesios 4:1-6
… solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.
—Efesios 4:3
Cuando le envié un email a una amiga para confrontarla por una diferencia
que habíamos tenido, no me respondió. ¿Me habría excedido?
Durante los días siguientes, cada vez que me venía a la mente, oraba por
ella, sin saber cómo seguir. Entonces, una mañana, fui a caminar por el
parque y la vi. Cuando me divisó, su rostro mostró el dolor que sentía.
«Señor, gracias por permitirme hablar con ella», susurré mientras me
acercaba con una sonrisa. Hablamos con sinceridad y pudimos resolver el
problema.
A veces, cuando el dolor o el silencio se entrometen en nuestras relaciones,
parece que la solución está fuera de nuestro control. Pero como dice el
apóstol Pablo en su carta a la iglesia en Éfeso, somos llamados a buscar la
paz y la unidad a través del Espíritu de Dios, vistiéndonos de bondad,
humildad y paciencia a medida que buscamos que Dios sane nuestra
relación con otros. El Señor anhela que estemos unidos, y a través de su
Espíritu, puede restaurar nuestra relación con los demás… incluso de forma
inesperada, mientras paseamos por el parque. Amy
9 de agosto
Vale la pena
2 Corintios 11:24-33
Si es necesario gloriarse, me gloriaré en lo que es de mi debilidad.
—2 Corintios 11:30
«N o puedo —dijo Roberto, mientras arrojaba desesperado su lápiz. —¡Es
demasiado difícil!». Leer y escribir le parecía algo imposible a nuestro hijo
de nueve años, disléxico. Al fin, nos dieron una solución, pero sería difícil.
Todas las noches, teníamos que hacerlo practicar lectura y escritura durante
20 minutos. A veces, no teníamos ganas de hacerlo, y otras, creíamos que él
no progresaría nunca. De todos modos, estábamos decididos a ayudar a
Roberto, así que seguimos luchando.
Después de un par de años, todas las lágrimas y los esfuerzos parecieron
haber valido la pena. Roberto aprendió a leer y escribir… y todos
aprendimos a tener paciencia y constancia.
El apóstol Pablo experimentó toda clase de dificultades mientras persistía
en su objetivo de compartir la buena noticia de Jesucristo con aquellos que
nunca la habían oído. Fue perseguido, azotado, encarcelado,
malinterpretado; a veces, incluso enfrentó la muerte (2 Corintios 11:25).
Pero el gozo de ver que la gente respondía a su mensaje hacía que todo
valiera la pena.
Si sientes que la tarea a la que Dios te ha llamado es demasiado difícil,
recuerda esto: las lecciones espirituales y el gozo pueden, en un principio,
parecer ocultos, pero ¡sin duda, están presentes! Dios te ayudará a
encontrarlos. Marion
10 de agosto
Iluminar la noche
Daniel 12:1-3
Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los
que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua
eternidad.
—Daniel 12:3
Una agradable noche de otoño, miles de personas en la ciudad donde vivo
se reunieron junto al río para lanzar luces de Bengala. Al hacerlo, vieron
cómo se elevaban para unirse a la luna en una deslumbrante exhibición que
convirtió el cielo nocturno en una destellante obra de arte.
Cuando vi las fotos, lamenté no haber podido asistir, ya que estaba de viaje.
Sin embargo, me di cuenta de que ese evento podía considerarse un símbolo
de la conferencia a la que yo había asistido. Más de 1.000 personas de 100
ciudades del mundo se habían reunido en aquel lugar para planificar otra
«obra de arte»: iluminar la oscuridad de sus ciudades fundando iglesias y
alcanzando a miles de personas con el evangelio de Cristo, la Luz del
mundo.
El profeta Daniel escribió que los que guían a otros al Señor brillarán como
estrellas para siempre (Daniel 12:3). Todos podemos participar en ese gran
evento. Reflejemos la luz de Cristo en los lugares oscuros donde vivimos y
trabajamos. Julie
11 de agosto
¿Valen la pena tantas calorías?
Filipenses 4:4-9
… todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro,
todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si
algo digno de alabanza, en esto pensad.
—Filipenses 4:8
Me encanta el roti prata , un panqueque popular en mi país, Singapur. Por
eso, me llamó la atención leer que una persona de 57 kilos debe correr a 8
kilómetros por hora durante 30 minutos para quemar 240 calorías. Eso
equivale a un solo roti prata .
Desde que empecé a ir al gimnasio, suelo preguntarme: ¿Vale la pena esta
comida con tantas calorías?
Aunque es sabio vigilar nuestra alimentación, hay un área de la vida que es
aun más importante vigilar: nuestro consumo de los medios. Estudios
demuestran que lo que vemospermanece en nuestra mente mucho tiempo.
Tiene un «efecto pegajoso»; como esa obstinada grasa en el cuerpo, tan
difícil de perder. Y puede influenciarnos para bien o para mal.
Debemos ser consumidoras prudentes de los medios de comunicación.
Debemos preguntarnos: ¿Hasta qué punto cuidamos lo que ven nuestros
ojos?
En Filipenses 4:8, Pablo nos dice básicamente: Alimenta tus ojos y tu mente
con cosas verdaderas, nobles, justas, puras, amables, de buen nombre,
virtuosas y dignas de alabanza. Esta es una «dieta» digna de lo que Cristo
ha hecho por nosotras. Poh Fang
12 de agosto
Otros planes
Isaías 55:6-9
Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros
caminos mis caminos, dijo el Señor.
—Isaías 55:8
En 1915, la iglesia del doctor Frank Laubach lo recomendó para que
sirviera como profesor en el Seminario Teológico Union en Manila.
Mientras consideraban a él y a otro hombre para el puesto de presidente del
seminario, se votó para determinar qué candidato ganaría. El doctor
Laubach hizo lo que le pareció honorable: votó por su oponente. En
consecuencia, perdió la elección por un voto: el propio. Se desilusionó y se
deprimió, y hasta cuestionó a Dios. Sin embargo, el Señor usó aquel
incidente para redirigir su vida. Con el tiempo, Laubach desarrolló un
programa de alfabetización que sirvió para enseñarles a leer a unas sesenta
millones de personas.
A veces, los planes que deseamos para nuestras vidas y el reino de Dios no
se materializan. Resulta ser que no eran sus planes perfectos (Isaías 55:8); y
es fácil desanimarse.
Aun así, Dios revela que está de nuestro lado. Él es el Dios de esperanza,
quien siempre busca lo mejor para nosotras y provee lo que precisamos para
florecer de verdad, incluso cuando no podemos verlo (v. 9).
Nuestro Padre es mucho más generoso de lo que podríamos imaginar. A
medida que confiamos en Dios, descubrimos que sus planes siempre son los
mejores. Marlena
13 de agosto
El momento oportuno
Salmo 37:3-11
Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien,
esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
—Romanos 8:28
Lo que consideré un encuentro casual había sido oportunamente
programado por mi futuro esposo.
Me había visto desde el balcón de la iglesia, había deducido por dónde iba a
salir, bajó dos pisos corriendo por la escalera y llegó unos segundos antes
que yo. Cuando informalmente sostuvo la puerta e inició una conversación,
yo ignoraba que su «espontánea» invitación a cenar había sido premeditada.
Actuó en el momento preciso.
Hacer algo en el momento preciso es poco común; al menos, en lo que
respecta a los seres humanos. Pero Dios tiene propósitos y planes
específicos para nosotras, y su horario siempre es perfecto.
Vemos esto en la vida de personajes bíblicos: el siervo de Abraham oró por
una esposa para Isaac, y Dios respondió haciendo que la joven se le
acercara (Génesis 24). Y nos maravillamos ante la valentía de Ester cuando
Mardoqueo le recordó: «¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al
reino?» (Ester 4:14).
¿Te frustra el ritmo de los planes de Dios? «Confía en el Señor» (Salmo
37:3). Dios abrirá puertas cuando sea el momento preciso. Cindy
14 de agosto
¡Dios, respóndeme!
Salmos 6
… el Señor ha oído la voz de mi lloro.
—Salmo 6:8
Teresa le dejó un mensaje a Susi, diciéndole que tenía una gran noticia. Susi
estaba convencida de que la noticia era que su amiga había recibido a Jesús
como Salvador. Después de todo, había estado orando por la salvación de
Teresa durante 30 años.
Varios días después, Teresa reveló una «gran noticia» muy diferente: tenía
un novio nuevo y se iba a vivir con él. Susi clamó desesperada: «Señor,
¿qué me hizo pensar que me responderías después de tantos años de orar?».
Algunas de nuestras luchas más difíciles son aquellos deseos profundos que
no se cumplen. El salmista David podía identificarse con esto. Él clamó:
«Ten misericordia de mí, oh Señor […]. Mi alma también está muy turbada;
y tú, Señor, ¿hasta cuándo?» (Salmo 6:2-4). Pero más adelante en los
Salmos, leemos que supo que el Señor lo había escuchado (v. 9).
Un mes después de la «gran noticia» de Teresa, ella volvió a llamar y dejó
otro mensaje: «¡Tengo una maravillosa noticia! ¡He puesto mi confianza en
Jesús como mi Salvador! No sé por qué no lo hice hace tiempo». Los 30
años tuvieron su recompensa.
Sigue orando. A su tiempo, Dios responderá. Anne
15 de agosto
Suficiente para compartir
Deuteronomio 15:4-11
Sin falta le darás, y no serás de mezquino corazón cuando le des; porque
por ello te bendecirá el Señor tu Dios en todos tus hechos, y en todo lo que
emprendas.
—Deuteronomio 15:10
Recuerdo cuando mi hijo y yo tuvimos doce pequeños invitados a cenar en
Uganda todas las noches durante tres años. Antes de eso, los niños habían
pasado días enteros sin comer.
Siempre había risas a la hora de comer, mientras los niños probaban
espaguetis y otras comidas por primera vez. Mi corazón rebosaba de alegría
al mirar cómo niños que habían estado muertos de hambre y debilitados
recuperaban la energía para correr y jugar. Mi hijo y yo descubrimos que
cuanto más generosos éramos, Dios más nos proveía para dar
(Deuteronomio 15:8, 10).
Tal vez nos cuesta ayudar a otros porque nos parece que no tenemos
suficiente para compartir. Observa lo que sucedió cuando los discípulos
consideraron que debían alimentar a una gran multitud y le dijeron a Jesús
que despidiera a todos. Él les respondió: «Eso no es necesario; denles
ustedes de comer». «¡Pero lo único que tenemos son cinco panes y dos
pescados!», exclamaron ellos (Mateo 14:15-17 NTV). Se olvidaron de
quién era Jesús: el único que podía alimentarlos a todos.
Hoy, pídele al Señor que abra tus ojos para ver la necesidad de los que te
rodean… y permítele que provea. Roxanne
16 de agosto
¡Dios está vivo!
Salmo 30
Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Señor Dios mío, te
alabaré para siempre.
—Salmo 30:12
Martín Lutero, el gran teólogo del siglo
xvi
, atravesó una vez una etapa de preocupación y desaliento. Un día, su
esposa se vistió con ropas negras de luto.
—¿Quién murió? —dijo Lutero.
—Dios —contestó su esposa.
—¿Dios? —exclamó Lutero con horror— ¿Cómo puedes decir semejante
cosa?
—Yo sólo digo lo que tú estás viviendo—, respondió ella.
Lutero se dio cuenta de que estaba realmente viviendo como si Dios ya no
estuviera vivo y cuidándolos con amor. Cambió su perspectiva de
melancolía a gratitud.
A veces, nosotras también vivimos como si Dios estuviera muerto. Cuando
estamos desalentadas, podemos recurrir a Salmos. Algunos de los autores
pasaron por épocas sombrías, pero tenían un hábito en común que les
impedía amargarse: dar gracias a Dios. Por ejemplo, David escribió: «Has
cambiado mi lamento en baile […]. Señor Dios mío, te alabaré para
siempre» (Salmo 30:11-12).
Encarar toda situación con gratitud nos ayuda a ver esas situaciones desde
la perspectiva de Dios: como oportunidades de descubrir su poder y su
amor.
Cada vez que le expresas gratitud a Dios en una situación difícil, estás
declarando: «¡Dios está vivo!». Joanie
17 de agosto
El lenguaje del amor
Santiago 3:1-12
Con [la lengua] bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los
hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.
—Santiago 3:9
Cuando mi abuela fue a México como misionera, le resultó difícil aprender
español. Un día, fue al mercado, le mostró su lista de compras a la
muchacha que la atendió y le dijo: «Está en dos lenguas», queriendo
explicar que la había escrito en dos «idiomas». El carnicero oyó de lejos y
supuso que ella quería comprar dos lenguas de vaca. ¡Mi abuela no se dio
cuenta hasta que llegó a su casa!
Los errores son inevitables cuando se aprende un segundo idioma, incluido
el lenguaje nuevo del amor de Dios. Por ejemplo, podemos alabar al Señor,
pero después, hablamos mal de los demás. Nuestra vieja naturaleza
pecaminosa se opone a nuestra nueva vida en Cristo. Lo que sale de nuestra
boca revela cuánto necesitamosla ayuda de Dios.
Nuestra vieja «lengua» debe irse. Y aprendemos el lenguaje nuevo del amor
convirtiendo a Jesús en el Señor de nuestras conversaciones. Cuando el
Espíritu Santo obra en nosotras, nos da dominio propio para decir palabras
que agradan al Padre. «Pon guarda a mi boca, oh Señor; guarda la puerta de
mis labios» (Salmo 141:3). Keila
18 de agosto
Sol directo
Efesios 5:1-16
Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor;
andad como hijos de luz.
—Efesios 5:8
Apesar de todo, lo sigo intentando. Las instrucciones de la etiqueta son
claras: «Necesita sol directo». La sombra es lo que predomina en nuestro
jardín; por lo tanto, no es apropiado para plantas que deben estar a pleno
sol. Pero a mí me gusta esa planta. Entonces, la compro, la llevo a casa, la
planto y la cuido muchísimo. ¡Pero la planta no está contenta! No basta con
cuidarla y atenderla… necesita la luz del sol, cosa que yo no puedo darle.
Las plantas necesitan lo que necesitan.
Lo mismo sucede con las personas. Aunque podemos subsistir por un
tiempo en condiciones fuera de lo ideal, es imposible seguir
desarrollándonos. Además de las necesidades físicas básicas, también
tenemos necesidades espirituales que ningún sustituto puede satisfacer.
La Escritura afirma que los creyentes son hijos de la luz. Esto significa que
para crecer, necesitamos vivir en la luz plena de la presencia de Dios
(Salmo 89:15). Vivir en la oscuridad solo produce «obras infructuosas» (ver
Efesios 5:3-4, 11). Pero si vivimos a la luz de Jesús, la luz del mundo,
produciremos el fruto de su luz; es decir, bueno, fiel y verdadero. Julie
19 de agosto
Lluvia milagrosa
1 Reyes 18:1, 41-45
Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy
Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí.
—Isaías 46:9
La vida no es fácil para los aldeanos de la provincia de Yunnan, en China.
Su principal fuente de alimentos es el maíz y el arroz. Un año, una grave
sequía azotó la región y los granos se secaban. Se llevaron a cabo varias
prácticas supersticiosas para intentar poner fin a la tragedia. Cuando nada
funcionó, la gente empezó a culpar a los cinco cristianos de la aldea de
ofender a los espíritus de sus antepasados.
Esos cinco creyentes se reunieron para orar. Poco después, el cielo se
oscureció y cayó una lluvia torrencial. ¡Los granos se salvaron! La mayoría
de los aldeanos no creyeron que Dios había enviado la lluvia, pero algunos
sí, y quisieron saber más de Él.
En 1 Reyes, leemos sobre una tremenda sequía en Israel. Fue el resultado
del juicio de Dios sobre su pueblo (17:1), que había empezado a adorar al
dios falso Baal, creyendo que podría enviar lluvia para sus granos.
Entonces, a través del profeta Elías, Dios mostró que Él es el único Dios
verdadero que controla las lluvias.
El Señor todopoderoso desea oír nuestras oraciones y respondernos.
Aunque no siempre comprendamos sus tiempos y sus propósitos, Dios
siempre responde con lo mejor para nuestra vida. Poh Fang
20 de agosto
Conversaciones difíciles
Gálatas 2:1-21
Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios.
—Gálatas 2:19
Recuerdo una vez en que alguien de nuestro equipo del ministerio en la
iglesia no podía creer que mi esposo y yo tuviéramos desacuerdos. Es
verdad. Al igual que cualquier familia, nosotros también tenemos que
resolver conflictos. Ser espiritualmente maduras no significa que estemos
exentas de los desafíos, o que intentemos escondernos detrás de una
fachada impecable.
Proteger nuestra imagen es una tentación que todas enfrentamos. La opinión
de los demás puede hacernos perder de vista el verdadero llamado al
discipulado (Lucas 9:23-24) y concentrarnos en cómo nos ven los demás.
Sin embargo, esta verdad permanece: el deseo de proteger nuestra
reputación no es más que temor a los demás (Juan 12:42-43).
Desilusionado con la respuesta de Pedro a los creyentes gentiles (Gálatas
2:11-16), Pablo no temió tener una conversación difícil con él. Le recordó
que ceder a los deseos de los otros no es la respuesta (Gálatas 2:20-21).
Ser auténtica en la iglesia significa aferrarse a la reputación de Cristo por
sobre la nuestra. Solo entonces seremos la ciudad asentada sobre un monte;
la esperanza de Jesús que brilla en un mundo amortajado en el engaño de
las apariencias (Mateo 5:14-16). Regina
21 de agosto
Roca sólida
Salmo 34:15-22
Los ojos del Señor están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de
ellos.
—Salmo 34:15
Fue un triste día de mayo del 2003, cuando «el viejo de la montaña» se
desprendió y se deslizó por la ladera. Este perfil de doce metros del rostro
de un anciano, esculpido por la naturaleza en una cadena montañosa de
Estados Unidos, había sido durante mucho tiempo una atracción para los
turistas, una presencia sólida para los habitantes del lugar y el emblema
oficial del estado donde se encontraba. Nathaniel Hawthorne se refirió a ese
sitio en su cuento titulado El gran rostro de piedra.
Algunos residentes de los alrededores quedaron devastados cuando se
desmoronó. Una mujer declaró: «Crecí pensando que alguien me cuidaba.
Ahora me siento más desprotegida».
A veces en la vida, una presencia confiable desaparece. Algo o alguien de
lo cual hemos dependido no está más, y nuestra vida se estremece. La
pérdida nos hace sentir inestables. Incluso, es probable que pensemos que
Dios ya no está cuidándonos.
Sin embargo, «los ojos del Señor están sobre los justos» (Salmo 34:15);
«cercano está el Señor a los quebrantados de corazón» (v. 18). Él es la Roca
de cuya presencia podemos depender siempre (Deuteronomio 32:4).
La presencia de Dios es real. Él está cuidándonos permanentemente. Es una
roca sólida. Anne
22 de agosto
Por nuestra salud
1 Crónicas 16:7-14
Alabad al Señor, invocad su nombre, dad a conocer en los pueblos sus
obras.
—1 Crónicas 16:8
Según una investigación del destacado departamento médico de la
Universidad de Duke: «Si la gratitud fuera un medicamento, sería el
producto mejor vendido en el mundo, por sus [beneficios saludables] para
todo el organismo».
La Biblia profundiza aun más el concepto de la gratitud y señala que dar
gracias nos lleva a reconocer a Aquel que nos concede las bendiciones que
disfrutamos (Santiago 1:17).
David sabía que Dios era responsable de que el arca del pacto llegara a
salvo a Jerusalén (1 Crónicas 15:26). Esto lo llevó a escribir un cántico de
gratitud centrado en el Señor y no en el acontecimiento. La balada
comienza diciendo: «Dad gracias al Señor, invocad su nombre; dad a
conocer sus obras entre los pueblos» (16:8). Luego, se regocija en la
grandeza de Dios, y enfatiza la salvación que Él ofrece, su poder creador y
su misericordia (vv. 25-36).
La gratitud verdadera es adorar al Dador y no los regalos que disfrutamos.
Centrarnos en las cosas buenas de nuestra vida puede beneficiar nuestro
cuerpo, pero expresarle a Dios nuestra gratitud nos mejora el alma. Jennifer
23 de agosto
Comunicación verdadera
Hechos 2:1-12
Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque
cada uno les oía hablar en su propia lengua.
—Hechos 2:6
Mientras camino por mi barrio, en la zona norte de Londres, voy captando
partes de conversaciones en muchos idiomas: polaco, japonés, hindi e
italiano, entre otros. Esta diversidad es como vislumbrar el cielo, aunque no
puedo entender lo que dicen. Cuando entro en una cafetería rusa o en el
mercado polaco y escucho distintos acentos y sonidos, suelo pensar en lo
maravilloso que habrá sido el día de Pentecostés, cuando gente de muchas
naciones podía entender lo que decían los discípulos.
Ese día, muchos peregrinos se reunieron en Jerusalén a celebrar la fiesta de
la cosecha. El Espíritu Santo descendió sobre los creyentes, y cuando estos
hablaban, personas de todo el mundo entendían lo que decían en sus propios
idiomas (Hechos 2:5-6). ¡Qué gran milagro! Esto incentivó a muchos a
querer saber más de Jesús.
Quizá no hablemos ni entendamos muchos idiomas, pero sí sabemos queel
Espíritu Santo nos capacita para conectarnos con los demás de otras
maneras. Por más increíble que parezca, somos las manos y los pies de Dios
—y su boca— para llevar adelante su obra. ¿Cómo podemos hoy, con la
ayuda del Espíritu, alcanzar a alguien diferente a nosotras? Amy
24 de agosto
El don de las lágrimas
Juan 11:32-44
Jesús lloró.
—Juan 11:35
Cuando su madre murió, llamé a una amiga mía de años. Nuestras madres
habían sido íntimas amigas, y ahora, las dos habían fallecido. Nuestra
conversación se convirtió en una sucesión de emociones: lágrimas de
tristeza por la muerte de su madre, y de risa, al recordar lo divertida que
había sido.
¿Alguna vez experimentaste esa extraña mezcla de llanto y risa? Es
maravilloso que tanto la pena como el gozo puedan proporcionar un alivio
físico.
Como somos hechas a imagen de Dios (Génesis 1:26), y el humor es una
parte integral de casi todas las culturas, me imagino que Jesús debe de
haber tenido un maravilloso sentido del humor. Pero sabemos que también
conoció la tristeza. Cuando su amigo Lázaro murió, vio que María lloraba,
y Él «se estremeció en espíritu y se conmovió». Poco después, también
empezó a llorar (Juan 11:33-35).
Nuestra capacidad para expresar con lágrimas las emociones es un don, y
Dios guarda un registro de todas ellas (ver Salmo 56:8). Cindy
25 de agosto
En el límite
Filipenses 4:10-20
Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en
gloria en Cristo Jesús.
—Filipenses 4:19
En los jardines Frederik Meijer, en Grand Rapids, Michigan, las mariposas
se desarrollan en un paraíso tropical cubierto y perfectamente equipado para
suministrarles todo lo que necesitan. La temperatura y la humedad son
perfectas, y la comida contiene un equilibrio preciso de calorías y nutrientes
para conservarlas saludables. No necesitan salir de allí. Sin embargo,
algunas ven el cielo azul y resplandeciente fuera del jardín de invierno y
pasan todo el día revoloteando cerca del techo de vidrio, lejos de la
abundante provisión de alimentos.
Me gustaría decirles a esas mariposas: «¿No saben que todo lo que
necesitan está allí dentro? Afuera hace frío, es peligroso y podrían morir a
los pocos minutos si consiguen lo que anhelan».
Me pregunto si Dios tiene un mensaje similar para mí. Entonces, pienso:
¿Acaso miro con ansias lo que me perjudicaría? ¿Ignoro la provisión
abundante de Dios porque supongo que algo fuera de mi alcance es mejor?
¿Paso el tiempo en el límite de la fe?
De sus riquezas, Dios suple para todas nuestras necesidades (Filipenses
4:19). Que estemos agradecidas y satisfechas con lo que Él ya nos ha dado.
Julie
26 de agosto
¡Prueba y di!
Salmo 34
Probad y ved que el Señor es bueno. ¡Cuán bienaventurado es el hombre
que en Él se refugia!
—Salmo 34:8
¿C rees que Dios es bueno, incluso cuando la vida no lo es? María así lo
creía, y quedé pasmada el día que escuché a su pastor contar su historia en
su funeral.
María era una viuda muy pobre y estaba confinada a su casa debido a sus
enfermedades y avanzada edad. Pero igual que el salmista, había aprendido
a alabar a Dios en medio de sus dificultades. Con los años, había llegado a
saborear con profunda gratitud todas las cosas buenas que Él le enviaba.
Su pastor la visitaba de vez en cuando en su casa. A causa del dolor que la
paralizaba, le tomaba mucho tiempo llegar poquito a poco hasta la puerta
para dejarlo entrar. Por eso, él la llamaba por teléfono y le decía que estaba
de camino y a qué hora llegaría. María entonces empezaba la lenta y ardua
caminata hasta la puerta, llegando a ella más o menos a la hora en que
arribaba el pastor. Sin falta, lo saludaba con estas triunfantes palabras:
«¡Dios es bueno!».
El ejemplo de María no solo nos desafía a «probar y ver», sino también a
probar y a decir que el Señor es bueno… aunque la vida no lo sea. Joanie
27 de agosto
Un siervo fiel
Josué 14:6-15
Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra,
ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios
glorificado por Jesucristo a quien pertenecen la gloria y el imperio por los
siglos de los siglos. Amén.
—1 Pedro 4:11
Madaleno es albañil. De lunes a jueves, construye paredes y repara techos.
Es callado, confiable y trabajador. Después, de viernes a domingo, sube a
las montañas a enseñar la Palabra de Dios. Con 70 años, sigue construyendo
casas, pero también edifica a la familia de Dios.
Lo han amenazado varias veces, ha dormido al aire libre, lo han echado de
algunos pueblos, pero él afirma que Dios lo ha llamado a esa actividad, y
sirve con alegría.
La fidelidad de Madaleno me recuerda la de Josué y Caleb, dos de los
hombres que Moisés envió a explorar la tierra prometida (Números 13;
Josué 14:6-13). Sus compañeros tuvieron miedo de la gente que vivía allí,
pero ellos confiaban en Dios y estaban convencidos de que Él los ayudaría a
conquistar la tierra.
La obra que se nos ha encomendado quizá sea diferente a la de Madaleno,
pero nuestra confianza puede ser igual. Para alcanzar a otros, no
dependemos de nosotras mismas, sino del poder de nuestro Dios. Keila
28 de agosto
Reflejar el amor de Dios
Éxodo 34:29-35
Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí […], no sabía
Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con
Dios.
—Éxodo 34:29
Tuve el privilegio de servir cuidando a mi mamá en un centro de
tratamiento para el cáncer. Aun en sus peores días, ella leía la Escritura y
oraba por los demás ante de levantarse.
Pasaba tiempo con Jesús todos los días y mostraba su fe mediante su
dependencia de Dios, sus actos amables, y su deseo de animar a los demás y
orar por ellos. Aunque no se daba cuenta, el brillo de la gracia amorosa del
Señor se reflejaba en su rostro sonriente mientras hablaba del amor de Dios
con los que la rodeaban.
Después de que Moisés pasó 40 días en comunión con Dios (Éxodo 34:28),
descendió del Monte Sinaí. No tenía idea de que su contacto íntimo con el
Señor había cambiado su apariencia (v. 29). Sin embargo, por el brillo en el
rostro de Moisés, los israelitas podían darse cuenta de que había hablado
con el Señor (vv. 30-32)
Aunque nuestra transformación no será tan físicamente evidente como el
rostro brillante de Moisés, a medida que pasamos tiempo con Dios y le
rendimos nuestras vidas cada día, podemos reflejar su amor. Dios puede
acercar a otros a Él cuando la evidencia de su presencia brilla a través de
nosotras. Xochitl
29 de agosto
Limpiar la casa
1 Pedro 1:22–2:5
Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas
las detracciones.
—1 Pedro 2:1
Hace poco, cambié de habitación en la casa que alquilo. Me llevó más
tiempo de lo que esperaba porque deseaba empezar de cero. Después de
horas de limpiar y clasificar, delante de la puerta había bolsos llenos de
cosas para desechar, donar o reciclar. Al final de este proceso agotador,
tenía una habitación hermosa y renovada.
Mi proyecto me dio una perspectiva nueva de 1 Pedro 2:1: «Entonces,
¡limpien la casa! Descarten por completo la malicia y el fingimiento, la
envidia y las palabras hirientes» (The Message, trad. libre). Es interesante
que después de celebrar su nueva fe en Cristo (1:1-12), Pedro animara a los
creyentes a desechar hábitos destructivos (1:13–2:3). No cambiamos
nuestras vidas para ser salvas, sino porque ya lo somos (1:23).
Por más real que sea nuestra vida nueva en Cristo, los malos hábitos no
desaparecen de la noche a la mañana. Por eso, necesitamos «limpiar la
casa» y desechar cualquier cosa que evite que amemos plenamente a los
demás (1:22), y crecer (2:2). Entonces, en ese espacio nuevo y limpio,
podemos experimentar la maravilla de ser edificadas y renovadas (v. 5) por
el poder y la vida de Cristo. Monica
30 de agosto
Palabras dolorosas
Mateo 5:1-16
Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.
—Mateo 5:5
Mientras caminábamos hacia nuestro automóvil, mi hija y yo saboreábamos
el espectáculo musical dela escuela que acabábamos de presenciar. Sin
embargo, nuestra felicidad se frenó en seco cuando vimos que un hombre se
acercaba a un auto y denigraba al conductor por no estacionarse en la zona
estudiantil para ascenso de pasajeros. La diatriba fue particularmente
dolorosa porque ocurrió dentro de una comunidad cristiana.
Los derechos y las libertades individuales pueden ser una bendición, pero
vivir rendidas a Cristo implica servir y amar con humildad a los demás, tal
como Él lo hizo. Al recordarnos que los mansos «recibirán la tierra por
heredad» (Mateo 5:5), Jesús nos desafía sobre la importancia de
morir al yo.
Nuestra mayor evidencia de fortaleza no está en exigir nuestros derechos,
sino en demostrar misericordia (Mateo 5:7). El enojo y la frustración
pueden ser respuestas legítimas en ciertas situaciones, pero son un problema
cuando las usamos como excusa para comportarnos mal con los demás.
Al servir a un Salvador que «adoptó la humilde posición de un esclavo»
(Filipenses 2:7 NTV), recordemos que el poder no está en lo que exigimos
de otros, sino en lo que ofrecemos gracias al Señor. Regina
31 de agosto
Levantamiento de pesas
Mateo 11:25-30
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré
descansar.
—Mateo 11:28
Un día, encontré a mi hijo intentando levantar sobre su cabeza una barra
con un par de pesas de casi dos kilogramos… una hazaña ambiciosa para un
niño pequeño. Entonces, me ofrecí para ayudarlo y, juntos, logramos
levantar el peso hacia el techo. El levantamiento de pesas que era tan difícil
para él fue fácil para mí.
Jesús tiene esta misma perspectiva respecto a las cosas que nos resultan
difíciles de manejar. Cuando la vida parece una sucesión de catástrofes, al
Señor no lo perturba una pequeña colisión con el automóvil, un dolor de
muelas ni una discusión acalorada. ¡Ni siquiera si todo sucede el mismo
día! Él puede encargarse de todo, y por esta razón, dijo: «Venid a mí todos
los que estáis trabajados y cargados» (Mateo 11:28).
¿Estás agotada por los incesantes problemas? Jesús es la única solución
verdadera. Acercarnos al Señor en oración nos permite echar sobre Él
nuestras cargas para que nos sostenga (Salmo 55:22). Pídele hoy que te
ayude con todas tus cosas. El Señor puede darte el descanso que tu alma
necesita, porque su yugo es fácil y su carga es liviana (Mateo 11:29-30).
Jennifer
1 de septiembre
Un corazón gozoso
2 Crónicas 7:1-10
Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra.
—Salmo 100:1
La melodía favorita de mi nieta es una marcha de John Philip Sousa. Sousa,
el «rey de las marchas», fue un compositor de fines del siglo
xix
. Moriah tiene solo una niñita, pero le encanta Spusa y hasta puede tararear
algunas notas. La asocia con momentos de alegría. Cuando nuestra familia
se reúne, solemos canturrear esta canción, y los nietos bailan o desfilan al
ritmo de la melodía.
Nuestro alegre canto me recuerda el salmo que nos implora «[adorar] al
Señor con gozo» (Salmo 100:2 NTV). Cuando el rey Salomón dedicó el
templo, los israelitas celebraron con alabanzas (2 Crónicas 7:5-6). El Salmo
100 quizá haya sido una de las canciones que entonaron: «Cantad alegres a
Dios, habitantes de toda la tierra. Servid al Señor con alegría; venid ante su
presencia con regocijo. […] Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre» (vv. 1-2, 4).
¿Por qué? «Porque el Señor es bueno; para siempre es su misericordia» (v.
5).
¡Nuestro Dios nos ama! En respuesta a esto y con gratitud, ¡cantemos
«alegres a Dios»! (Salmo 100:1). Alyson
2 de septiembre
Quitar las barreras
Filemón 1:8-16
No ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado,
mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el
Señor.
—Filemón 16
Veía a María todos los martes cuando visitaba «La casa», un hogar que
ayuda a exprisioneras a reintegrarse en la sociedad. Recientemente salida de
la cárcel, luchando contra las adicciones, separada de su hijo, vivía al
margen de la sociedad.
Tal como María, Onésimo sabía lo que significaba vivir casi marginado. Al
parecer, cuando era esclavo, había delinquido contra su amo cristiano,
Filemón, y estaba preso. En la cárcel, conoció a Pablo y puso su fe en
Cristo (v. 10). Pablo lo envió de regreso a la casa de Filemón, con una carta
en la que instaba a su amo a recibirlo «no ya como esclavo, sino como más
que esclavo, como hermano amado» (Filemón 16).
Como Filemón, tuve que tomar una decisión: ¿vería yo a María como una
exconvicta recuperándose de las adicciones o como una mujer hermana en
Cristo? Ahora, tenemos el privilegio de caminar juntas por el sendero de la
fe, y me alegra haber decidido verla como mi hermana espiritual.
Es fácil permitir que las diferencias sociales separen a los creyentes, pero el
evangelio de Cristo destruye esas barreras, y cambia nuestras vidas y
relaciones interpersonales para siempre. Karen
3 de septiembre
Desacato intencional
Jonás 1:1–2:2
… Invoqué en mi angustia al Señor, y él me oyó; desde el seno del Seol
clamé, y mi voz oíste.
—Jonás 2:2
Una mujer estaba corriendo media maratón en Ontario, Canadá. Por alguna
razón, pasó por alto el lugar donde giraban los de la media maratón y
terminó corriendo 41 kilómetros… ¡casi una maratón completa! No solo
terminó, sino que lo hizo con una rapidez que la llevó a calificar para la
famosa maratón de Boston.
Aunque su cambio de rumbo no fue intencional, permíteme contarte sobre
Jonás, quien tomó un giro equivocado intencionalmente. Después de que
Dios le dijo que fuera a Nínive y predicara, Jonás «se fue en dirección
contraria» (Jonás 1:3 NTV).
Tenía «la esperanza de escapar del Señor» (1:3 NTV). Estaba tan tranquilo
con su desobediencia que se durmió en paz bajo cubierta en su viaje de
huida… hasta que unos marineros aterrados lo despertaron debido a una
tormenta violenta. Los marineros arrojaron a Jonás por la borda cuando se
dieron cuenta de que todo era su culpa, y terminó pasando tres días y tres
noches dentro de un gran pez. Por fin, Jonás clamó al Señor (2:2), y Dios lo
rescató.
Dios nos oye cuando nos volvemos a Él después de nuestro extravío. Si
tomamos un giro equivocado, ¡confesémoslo y encontremos perdón en Él
hoy mismo (1 Juan 1:9)! Ruth
4 de septiembre
La frase perfecta
Éxodo 3:13-18
¿Quién como tú, oh Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en
santidad, terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios?
—Éxodo 15:11
Desde que era niña, mi ambición secreta era componer la frase perfecta.
Ahora me doy cuenta de que mi búsqueda de la frase perfecta nunca
terminará satisfactoriamente, pero he encontrado una declaración de
perfección. Cuando Dios llamó a Moisés, este estaba angustiado por tal
responsabilidad, así que preguntó qué decir si los israelitas dudaban de él.
El Señor respondió: «Yo soy el que soy» (Éxodo 3:14). Al usar su nombre
sin igual, le ofreció a Moisés en una frase un vistazo de la naturaleza de su
existencia eterna. ¡Podríamos decir que es una declaración de perfección!
El comentarista bíblico George Bush (1797-1859) escribe lo siguiente
acerca de la descripción que Dios hace de sí mismo: «Él, a diferencia de
todos los demás, es el único Dios verdadero, el Dios que realmente es […].
El Ser eterno, autoexistente e inmutable; el único que puede decir que
siempre será y que siempre ha sido».
Dios declara: «Yo soy el que soy». Él y su nombre son perfectos. En señal
de reverencia, nos inclinamos ante Él. Anne
5 de septiembre
Mi Padre está conmigo
Marcos 14:32-50
He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno
por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está
conmigo.
—Juan 16:32
Una amiga que luchaba contra la soledad, escribió en su muro de Facebook:
«No es que me sienta sola por no tener amigos. Tengo muchos. Sé que
cuento con personas que pueden sostenerme, animarme, hablar conmigo,
interesarse en mis cosas y pensar en mí, pero no pueden estar conmigotodo
el tiempo… y para todo».
Jesús entiende esa clase de soledad. Me imagino que durante su ministerio
terrenal, vio soledad en la mirada de los leprosos y la escuchó en la voz de
los ciegos. Pero sobre todo, es probable que la haya experimentado cuando
sus amigos cercanos lo abandonaron (Marcos 14:50).
Él sabía que lo harían, pero tenía un plan de respaldo mejor. Le dijo a sus
discípulos: «me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está
conmigo» (Juan 16:32). Poco después de que Jesús pronunciara estas
palabras, tomó la cruz por nosotras e hizo posible que tú y yo restauráramos
nuestra relación con Dios.
Todos experimentaremos momentos de soledad, pero Cristo nos ayuda a
entender que nuestro Padre celestial está con nosotras siempre. Él es
omnipresente y eterno; el único que puede acompañarnos todo el tiempo…
y para todo. Poh Fang
6 de septiembre
Primera respuesta
Santiago 5:13-16
Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante
de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios,
que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros
pensamientos en Cristo Jesús.
—Filipenses 4:6-7
Cuando llevaron a mi esposo al hospital para operarlo de urgencia, empecé
a llamar a mis familiares. Mi hermana y su esposo vinieron de inmediato
para estar conmigo, y oramos mientras esperábamos. La hermana de mi
marido escuchó la ansiedad de mi voz por el teléfono y al instante, dijo:
«Cindy, ¿puedo orar contigo?». Cuando llegaron mi pastor y su esposa, él
también oró por nosotros (Santiago 5:13-16) .
La oración debería ser nuestra primera respuesta ante las situaciones de la
vida. En esencia, orar es conversar o hablar con Dios, esperando que Él
oiga y conteste. En su Palabra, el Señor nos insta a comprometerlo en
oración (Filipenses 4:6). También nos prometió que, «donde dos o tres se
reúnen» en su nombre, Él estará «en medio de ellos» (Mateo 18:20).
Para aquellos que han experimentado el poder del Todopoderoso, la primera
reacción será a menudo clamar a Él. Andrew Murray, un pastor del siglo
xix
, declaró: «La oración abre el camino a la presencia misma de Dios para que
Él haga su obra en y a través de nosotros». Cindy
7 de septiembre
El mundo de Dios
Salmo 24
Del Señor es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan.
—Salmo 24:1
Sabía que a mi hijo le encantaría que le regalara un mapamundi para su
cumpleaños. Después de hacer algunas compras, encontré un colorido mapa
de los continentes, con ilustraciones en cada región. Me encantó, pero dudé
sobre la etiqueta al pie del mapa: «Nuestro mundo».
En un sentido, la tierra es nuestro mundo porque vivimos en él. Bebemos su
agua, extraemos su oro y pescamos en sus mares, pero solo porque Dios lo
permite (Génesis 1:28-30). En realidad, es el mundo de Dios: «Del Señor es
la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan» (Salmo 24:1). Me
asombra que haya confiado su creación increíble a meros seres humanos.
Sabía que algunos la maltratarían, negarían que Él la hizo y la reclamarían
como propia. No obstante, nos permite llamarla nuestro hogar y la sustenta
por medio de su Hijo (Colosenses 1:16-17).
Dedica hoy un tiempo para disfrutar del mundo de Dios. Deja que el mundo
en el que habitas te inspire a adorar a su dueño. Jennifer
8 de septiembre
Famosa a los ojos de Dios
Marcos 10:42-45
… el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor.
—Marcos 10:43
En el libro de C. S. Lewis, El gran divorcio , el autor describe una escena
imaginada en el cielo, donde se realiza un desfile en honor de una persona.
Mientras todos esperan para ver quién es el homenajeado, un guía declara:
«Es una persona que nadie conoce. Su nombre en la tierra era Sarah Smith.
[…]. Ya han escuchado que la fama en este país y la fama en la tierra son
cosas bien diferentes». Resulta ser que se trataba de una mujer común y
corriente en la tierra, que servía a los demás.
Jesús dijo que los más grandes en el reino de los cielos son los que sirven a
todos (Marcos 10:43-44). Jesús nos llama a amar y a servir a todas las
personas.
Servir a los demás no nos hace famosas en este mundo. Sin embargo,
nuestra obediencia a Dios revelada a través de nuestro servicio fiel a Él y a
los demás —incluso en las pequeñas cosas— es lo que Dios nota y celebra
(Lucas 16:10).
Tal vez no seamos famosas a los ojos del mundo, pero una actitud de amor
y servicio nos hace «famosas» a los ojos de Dios y refleja el ejemplo de
Jesús (Marcos 10:45). Marlena
9 de septiembre
Roto, pero hermoso
Jeremías 18:1-6
Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la
hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.
—Jeremías 18:4
Hace poco, mi hija me mostró su colección de vidrios de mar. Conocidos
también como vidrios de playa, los diversos trozos de vidrios de colores
son, a veces, partes de botellas de vidrio rotas y desechadas.
Si el vidrio descartado termina en un océano, las corrientes y las mareas lo
arrastran incansablemente. La arena y las olas pulen sus bordes agudos y
con el tiempo, se vuelve suave y redondeado. El resultado es una pieza
hermosa. El vidrio de mar, parecido a una joya, ha hallado una vida nueva y
es atesorado por coleccionistas y artistas.
De manera similar, una vida rota puede renovarse con el toque del amor y la
gracia de Dios. En el Antiguo Testamento, leemos que cuando el profeta
Jeremías observó la obra de un alfarero, notó que si un objeto se rompía, el
artesano simplemente lo rehacía (Jeremías 18:1-6). Dios explicó que en sus
manos, el antiguo pueblo de Israel era como el barro, el cual Él podía
moldear como lo considerara más apropiado.
Nunca estamos tan rotas como para que Dios no pueda recomponernos. Él
nos ama a pesar de nuestras imperfecciones y errores del pasado, y desea
hacernos hermosas. Cindy
10 septiembre
Intrépida
Josué 2:1-24
Sé que el Señor os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha
caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por
causa de vosotros.
—Josué 2:9
La noche en que Rahab se encontró con los dos espías israelitas en Jericó,
ya hacía 40 años desde que Dios había librado milagrosamente a su pueblo
de Egipto. Los enemigos de Israel en Jericó se habían enterado de la
salvación de Dios (Josué 2:9-10) . Aunque el Señor había tenido que ser
paciente con sus propios hijos incrédulos mientras esperaba a que la
próxima generación estuviera lista (Salmo 78:11-12) , al pueblo de Jericó
no hacía falta convencerlo de la grandeza de Dios (Josué 2:10-11) .
Tal como el pueblo de Dios en la época de Josué debía ser un conquistador
mediante el poder de Dios, nosotras fuimos hechas para ser victoriosas a
través de la salvación que Jesús proporcionó. A través de Él, somos hijas
del Dios todopoderoso (Romanos 8:14-16, 33-39). Somos llamadas a
declarar esta verdad de Dios: «Según el pacto que hice con vosotros cuando
[mis hijos salieron] de Egipto, así mi Espíritu estará en medio de vosotros,
no temáis» (Hageo 2:5). Gracias a Jesús, no tenemos por qué vivir con
temor. ¡El miedo se derrite ante el amor y el poder de Dios! Regina
11 de septiembre
¿Qué a ti?
Juan 21:15-22
Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme
tú.
—Juan 21:22
Cuando uno asiste a un concierto coral de niños, no sorprende que miren
hacia todos lados, menos al director. Se sonríen, se mueven y se codean
unos a otros. Ah, sí… a veces, también cantan. Ese comportamiento es
agradable en los pequeños. Sin embargo, no lo es tanto cuando los
miembros adultos de un coro no miran al director. La buena música surge
cuando le prestan atención al conductor para poder cantar juntos.
En ocasiones, los creyentes somos como los niños de un coro. En vez de
mirar a Jesús, el gran Director de la sinfonía de la vida, nos distraemos
mirándonos unos a otros u observando a la audiencia.
Jesús reprendió a Pedro por comportarse así. Cuando el Salvador le dijo lo
que esperaba que hiciera, Pedroseñaló a Juan y preguntó: «¿Y qué de
éste?». Jesús le respondió con otra pregunta: «¿Qué a ti? Sígueme tú» (Juan
21:22).
El plan de Dios para cada ser humano es el mismo: seguir a Cristo. Si
fijamos nuestra mirada en Él, no nos distraerá el propósito que tiene para
los demás. Julie
12 de septiembre
Alivio del sol abrasador
Salmo 121
El Señor es tu guardador; el Señor es tu sombra a tu mano derecha.
—Salmo 121:5
Como vivo en Gran Bretaña, no suelo preocuparme por las quemaduras de
sol. Después de todo, una espesa nube lo bloquea con frecuencia. Sin
embargo, hace poco, pasé unos días en España y, rápidamente, me di cuenta
de que con mi piel blanca, solo podía estar al sol unos diez minutos, tras lo
cual necesitaba volver a refugiarme debajo de la sombrilla.
Al considerar cuán abrasador era el sol del Mediterráneo, comencé a
entender con más claridad el significado de la imagen de Dios cuando su
pueblo se refugiaba a la sombra de su diestra (Salmo 121:5). Los habitantes
de Medio Oriente conocían el calor implacable y necesitaban protegerse de
los rayos ardientes del sol.
Cuando usamos el Salmo 121 en oración, nos da la seguridad de que el
Señor nos rodea con su protección. Encontramos un lugar seguro en Él.
Elevamos nuestra mirada al Dios «que hizo los cielos y la tierra» (vv. 1-2)
porque, ya sea que estemos atravesando momentos de sol o de lluvia,
recibimos la bendición de su protección, su alivio y su refrigerio. Amy
13 de septiembre
Pase lo que pase, gano
Filipenses 1:15-26
Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia.
—Filipenses 1:21
Luisa acababa de someterse a una cirugía por causa de un cáncer y estaba
sola con sus pensamientos. Recordaba que se había hecho la siguiente
pregunta: ¿Estoy lista para morir? Su respuesta inmediata fue, y sigue
siendo: «Sí, lo estoy. Cristo es mi Señor y Salvador».
Puesto que estaba segura de estar lista para morir, ahora necesitaba
concentrarse en vivir. ¿Iba a ser con temor o con fe? Entonces, Dios pareció
decir: «Yo te he salvado de la muerte eterna. Quiero salvarte de vivir con
temor». Le vino a la mente Isaías 43:1: «No temas, porque yo te he
redimido, te he llamado por tu nombre; mío eres tú».
Ahora Luisa testifica así: «¡Sí, soy suya! Esta realidad es más importante
que escuchar que los médicos me digan que tengo cáncer». Y entonces,
añade: «¡Pase lo que pase, gano!».
La reflexión de Luisa es un eco convencido de las palabras de Pablo en el
texto para hoy: «Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia».
Oremos para que estas palabras resuenen en nuestro corazón. Tal confianza
nos hace ganadoras, pase lo que pase. Joanie
14 de septiembre
Sangre vital
Hebreos 9:19-28
Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de
sangre no se hace remisión.
—Hebreos 9:22
Mariana creía en Dios y en su Hijo Jesús, pero le costaba entender por qué
Jesús había tenido que derramar su sangre para proporcionar la salvación.
¿A quién se le ocurriría limpiar algo con sangre? Sin embargo, la Biblia
afirma: «Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre» (Hebreos 9:22)
. Para Mariana, ¡eso era repugnante!
Entonces, un día, tuvo que ir a un hospital. Una enfermedad genética había
alterado su sistema inmunológico y los médicos se alarmaron cuando
descubrieron que estaba atacándole la sangre. Mientras estaba en la sala de
emergencias, pensó: Si pierdo mi sangre, moriré. ¡Pero Jesús derramó su
sangre para que yo pueda vivir!
De repente, todo cobró sentido. En medio del dolor, Mariana sintió gozo y
paz. Entendió que la sangre es vida, y que era necesaria una vida santa para
darnos paz con Dios. Hoy está viva y agradece al Señor por su salud y por
el sacrificio de Cristo a su favor.
¿Cómo podremos agradecer a Cristo por hacer de su sacrificio nuestro
sacrificio; de su vida, nuestra vida; y de su Padre, nuestro Padre? Keila
15 de septiembre
Un intercambio justo
Salmo 119:161-168
Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos.
—Salmo 119:162
Scott y Mary Crickmore invirtieron 15 años de sus vidas ayudando a
traducir el Nuevo Testamento al dialecto maasina. Era para la tribu fulani en
la nación de Mali, en África occidental.
Algunas personas pensaban que el sacrificio de los Crickmore fue
demasiado grande, ya que habían renunciado a su estilo de vida confortable,
cambiado su dieta por harina de maíz y arroz y vivido en circunstancias
adversas durante esos años. Pero ellos dijeron que fue «un intercambio
justo» porque ahora el pueblo fulani tenía la Palabra de Dios en un idioma
que podían leer.
El salmista se deleitaba en la Palabra de Dios. Permanecía en una actitud de
reverencia y regocijo en ella, la amaba y la obedecía (Salmo 119:161-168).
Encontró gran paz y esperanza en la Palabra.
El pueblo fulani ahora puede descubrir los «muchos despojos» (v. 162) de
la Palabra de Dios. ¿Estarías de acuerdo con los Crickmore en que cualquier
esfuerzo y sacrificio por hacer llegar la Biblia a los demás es «un
intercambio justo»? Anne
16 de septiembre
El descanso supremo
Isaías 43:14-28
He aquí que yo hago cosa nueva […]. Otra vez abriré camino en el
desierto, y ríos en la soledad.
—Isaías 43:19
Cuando Dios le dijo a Abram que todas las naciones del mundo serían
benditas a través de él, tal vez le pareció imposible (Génesis 12:1-3) .
Después de todo, el hombre ni siquiera tenía un hijo. Además, él y su
esposa estaban cada vez más ancianos. Entonces, nació Isaac… y con él, la
nación de Israel.
Aun así, la promesa parecía inestable. Los israelitas terminaron dispersos o
en cautiverio (Isaías 5:13). Cuando salieron de la esclavitud en Babilonia,
tenían un celo nuevo por la Palabra de Dios que rápidamente devino en una
fe vacía. El espíritu de la ley de Dios se reemplazó con la letra, y las
apariencias estaban a la orden del día (Marcos 7:4-9).
Entonces, Dios envió a su Hijo a habitar entre los hombres. Jesús,
plenamente Dios y plenamente hombre, demostró cómo era una vida sin
pecado. Se ofreció a sí mismo en nuestro lugar: el sacrificio perfecto para
quitar nuestros pecados (Juan 1:29).
Y de un momento a otro, el curso de la humanidad cambió: de estar sin
esperanza a tener una esperanza plena, de la muerte a la vida. ¡Gracias a
Dios por haber hecho algo nuevo (Isaías 43:19-20) y por darnos la victoria a
través de nuestro Señor Jesucristo! Remi
17 de septiembre
Su mano me llevó
Salmo 30:1-12
Porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida. Por la
noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría.
—Salmo 30:5
Hace poco, encontré unos diarios de mi juventud, y no pude resistir
releerlos. Al hacerlo, me di cuenta de que, en aquel entonces, mi sentir era
muy diferente al de ahora. Mis luchas con la soledad y las dudas sobre mi fe
me abrumaban, y al mirar atrás, puedo ver claramente cómo me llevó Dios
a un estado mejor. Esto me recordó que lo que hoy causa turbación, un día
será parte de una historia más maravillosa sobre su amor sanador.
El Salmo 30 celebra de manera similar al evocar con asombro y gratitud la
poderosa restauración que obra el Señor: de enfermedad a sanidad, de
experimentar el juicio de Dios a disfrutar de su favor, del lamento al gozo
(vv. 2-3, 11).
David, a quien se le atribuye este salmo, también experimentó una
restauración tan increíble que pudo confesar: «por la noche durará el lloro,
y a la mañana vendrá la alegría» (v. 5). A pesar del dolor que había
soportado, descubrió algo aun más maravilloso: el poder de la mano
restauradora de Dios.
Si hoy estás sufriendo y necesitas ánimo, recuerda aquellos momentos
pasados en que Dios te llevó de la mano hasta un lugar de sanidad interior.
Ora por confianza en que lo volverá a hacer. Monica
18 de septiembre
Personas comunes y corrientes
Jueces 6:11-16
Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del
poder sea de Dios, y no de nosotros…
—2 Corintios 4:7
Gedeón era una persona común y corriente. Era agricultor, y además,
tímido. Cuando Dios lo llamó para quelibertara a Israel de los madianitas,
su primera reacción fue: «¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi
familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre» (Jueces
6:15) . El Señor le prometió estar con él y capacitarlo para llevar a cabo lo
que se le había pedido que hiciera (v. 16) . La obediencia de Gedeón le
devolvió la victoria a Israel.
Muchos otros tuvieron un papel importante en este plan de salvar a los
israelitas de una poderosa fuerza enemiga. Dios le dio a Gedeón 300
hombres, todos héroes valerosos, para ganar la batalla. No se nos dan sus
nombres, pero su bravura y obediencia quedaron registradas en las
Escrituras (Jueces 7:5-23).
Actualmente, Dios sigue llamando a personas comunes y corrientes como
nosotras para hacer su obra, y promete acompañarnos mientras la hacemos.
Al ser personas así pero utilizadas por Dios, es evidente que el poder
procede de Él y no de nosotras. Poh Fang
19 de septiembre
Mídeme
Efesios 4:11-16
Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los
hombres.
—Lucas 2:52
«¿ M e puede medir hoy?» pregunto Caleb, el muchacho que nos traía el
periódico.
No era la primera vez que lo pedía. Unos cuantos años atrás, le había
mencionado cuánto estaba creciendo. Desde entonces, a menudo hemos
medido su estatura en el revestimiento exterior de nuestra casa. Le
encantaba que evaluáramos su crecimiento.
Es una buena idea medir nuestro crecimiento espiritual. Por ejemplo: ¿Paso
tiempo leyendo la Palabra de Dios y hablando con Él cada día? ¿Anhelo
tener comunión con el Señor? ¿Qué «fruto del Espíritu» es evidente en mi
vida? ¿Tengo un espíritu generoso y dadivoso? ¿Cuánto mejor conozco a
Dios hoy respecto a cómo lo conocía hace un año? Estas preguntas son
buenos indicadores de crecimiento espiritual.
Un niño parece crecer de repente, pero en realidad, es un proceso continuo.
Así como Jesús crecía tanto en sabiduría como en estatura, nosotros, como
creyentes, debemos seguir «[creciendo] en la gracia y el conocimiento de
nuestro Señor y Salvador Jesucristo» (2 Pedro 3:18). ¿Te has medido
últimamente? Cindy
20 de septiembre
Masa en el bol
Rut 2:1-12
Y ha dicho: Te ruego que me dejes recoger y juntar tras los segadores entre
las gavillas. Entró, pues, y está desde por la mañana hasta ahora, sin
descansar ni aun por un momento.
—Rut 2:7
Un día, mientras mi hija y yo mezclábamos los ingredientes de nuestra
receta favorita, ella me preguntó si podía dejar un poco de masa en el bol.
Quería saborear lo que quedaba. Le dije que sí, y después, agregué:
«¿Sabes? Esto se llama recoger y juntar. Y no comenzó con los brownies ».
Mientras disfrutábamos los restos de nuestro proyecto de cocina, le
expliqué que Rut había recogido las sobras de los granos, para que ella y su
suegra Noemí tuvieran qué comer (Rut 2:2-3). Como ambas eran viudas,
habían regresado a la tierra de Noemí. Allí, Rut conoció a Booz, un
acaudalado terrateniente, y le pidió: «Te ruego que me dejes recoger y
juntar tras los segadores entre las gavillas» (v. 7). Él accedió generosamente
y les dijo a sus empleados que dejaran caer granos a propósito para ella (v.
16).
Tal como Booz, quien dio a Rut de la abundancia de sus campos, Dios
también nos provee en abundancia. Sus recursos son infinitos, y derrama
sus bendiciones para nuestro beneficio. Con generosidad, nos alimenta,
tanto física como espiritualmente. Toda buena dádiva proviene de Él.
Jennifer
21 de septiembre
Segura
Efesios 3:12-21
… para que, arraigados y cimentados en amor, sean ustedes plenamente
capaces de comprender, con todos los santos, cuál es la anchura, la
longitud, la profundidad y la altura del amor de Cristo.
—Efesios 3:17-18 (
rvc
)
Su cabello suave me rozaba la barbilla, mientras el pequeño se acurrucaba
sobre mi hombro. Aunque ya dejé atrás la etapa de los bebés con mis
propios hijos, disfruto de estos momentos tiernos con los bebés de mis
amigas. Aun si están irritables, disfruto de la oportunidad de tenerlos cerca.
Esta imagen nos recuerda el cuidado amoroso de Dios por nosotras. El
Salmo 68:19 declara: «¡Alaben al Señor […]! Pues cada día nos lleva en sus
brazos» (NTV). David, el rey guerrero, captó esta misma idea al comparar
su sumisión al Señor con un niño en brazos de su madre (Salmo 131:2).
Una entrega perfecta y apacible. Tal es la clase de lugar tranquilo que todas
anhelamos; en especial, cuando las tormentas de la vida parecen arreciar
(Salmo 4:8).
Cuanto más conocemos su amor, más confiamos en el Señor (1 Juan 4:16).
Al entender que estamos seguras, nos acercamos a la presencia de Dios con
confianza y vivimos esperando que Él haga «todas las cosas mucho más
abundantemente de lo que pedimos o entendemos» (Efesios 3:12, 20).
Regina
22 de septiembre
¿Tienes tus luchas?
Hebreos 12:1-7
Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí
mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.
—Hebreos 12:3
Hacía dos años que era viuda y tenía mis luchas. Día tras día, mi vida de
oración consistía en un suspiro: «Señor, no debería tener estas luchas». «¿Y
por qué no?», su voz suave y apacible parecía preguntarme.
Entonces, vino la respuesta: ¡un orgullo no reconocido! Por alguna razón,
pensaba que una persona con mi madurez espiritual debía estar por encima
de tal lucha. ¡Qué pensamiento tan ridículo! Nunca había sido viuda antes y
necesitaba la libertad de ser una verdadera aprendiz… una aprendiz con sus
luchas.
Al mismo tiempo, me acordé de la historia de un hombre que cortó un
capullo para ayudar a salir más fácilmente la mariposa. Sin embargo, sus
alas se consumieron. La lucha a través de la estrecha abertura es la manera
en que Dios hace fluir líquido del cuerpo a las alas. Por eso, el recorte
«misericordioso» fue en realidad cruel.
Hebreos 12 describe la vida cristiana como una carrera que exige
resistencia, disciplina y corrección. Nunca superamos la necesidad de una
lucha santa contra el yo y el pecado. A veces, la lucha es exactamente lo
que necesitamos para llegar a ser lo que Dios quiere que seamos. Joanie
23 de septiembre
Ignorancia e inocencia
Romanos 5:12-21
… como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine […] para
vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.
—Romanos 5:21
Algunas personas evitan ir a la iglesia por la misma razón que otras evitan
ir al médico: no quieren saber que padecen algo malo. Sin embargo, ignorar
nuestro pecado no nos convierte en inocentes.
La ley romana es considerada la fuente del concepto de que ignorar la ley
no excusa a nadie. Sin embargo, la idea se originó mucho antes. Cuando
Dios le dio la ley a Israel, estableció que aun el pecado accidental exigía un
sacrificio para obtener el perdón (Levítico 4; Ezequiel 45:18-20).
El apóstol Pablo trató el tema de la ignorancia. Cuando las personas
ignoraban la justicia de Dios, inventaban la suya propia (Romanos 10:3). Si
vivimos según nuestros propios parámetros, podemos sentirnos bien en
cuanto a nosotras mismas, pero eso no nos hace espiritualmente sanas. Solo
cuando nos evaluamos por los parámetros divinos de la justicia (Jesús),
sabemos cuál es nuestro estado espiritual.
Nadie puede alcanzar la justicia de Cristo, pero gracias a Dios, no tenemos
que hacerlo, ya que Él la comparte con nosotras (5:21). La buena noticia es
que el gran Médico puede sanarnos. Julie
24 de septiembre
Preparados para la boda
Mateo 25:1-13
Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre
ha de venir.
—Mateo 25:13
«T engo hambre», dijo mi hija de ocho años. «Lo siento —le dije—, pero
no tengo nada para que comas». Habíamos estado esperando por más de
una hora la llegada de la novia a la iglesia. Mientras me preguntaba cuánto
tiempo más habría que aguardar, esperaba mantener a mi hija ocupada hasta
que comenzara la ceremonia.
Sentí como si estuviéramos viviendo una parábola. Nuestra casa está a
pocos pasos de la iglesia, pero sabía que si iba a buscar unas galletas, la
novia podría llegar en cualquier momentoy no podría verla cuando entrara.
Pensé en la parábola de las diez vírgenes (Mateo 25:1-13). Cinco llegaron
preparadas con suficiente aceite para mantener encendidas sus lámparas
mientras esperaban al novio, pero cinco no. Así como era muy tarde para
que yo fuera hasta nuestra casa a buscar comida, también era tarde para que
aquellas jóvenes fueran a comprar más aceite para sus lámparas.
Jesús contó esta parábola para enfatizar que debemos estar preparadas
porque cuando Él vuelva, rendiremos cuentas de cómo está nuestro
corazón. ¿Estamos preparadas mientras esperamos? Amy
25 de septiembre
Una canción mejor
Gálatas 5:16-25
Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.
—Gálatas 5:25
En la mitología griega, la Isla de las Sirenas era el lugar donde unas
hermosas tentadoras atrapaban con sus dulces canciones a los marineros
que pasaban. La música guiaba a los hombres a la costa, donde naufragaban
y eran destruidos. Jasón de los argonautas ideó un plan para frustrar el
llamado de las sirenas. Contrató a un músico experto para que tocara una
melodía mientras su barco navegaba lo suficientemente cerca como para oír
a las sirenas. Su barco pasó flotando sin que la tripulación se viera afectada
por la atractiva melodía.
Disfrutaron de una canción mejor.
Aunque muchas de nosotras tomamos la decisión de «cambiar de canción»,
los viejos hábitos parecen volver con rapidez. Pablo nos recuerda que la
libertad de un placer puede venir solamente cuando decidimos ir en pos de
placeres mejores: «la justicia, la fe, el amor y la paz» (2 Timoteo 2:22).
Pablo nos recordó: «Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la
carne» (Gálatas 5:16). Los malos hábitos que nos impidieron avanzar el año
pasado seguirán pesándonos este año, a menos que sigamos la «canción
mejor» del Espíritu Santo (Gálatas 5:22-23). Por el poder del Espíritu,
¡podemos hacer hermosa música para Cristo! Ruth
26 de septiembre
No más culpa
Salmo 32:1-11
Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis
transgresiones al Señor; y tú perdonaste la maldad de mi pecado.
—Salmo 32:5
Cuando era adolescente, fui con una amiga a una tienda de regalos. Ella me
metió un puñado de broches de colores para el cabello en el bolsillo y me
sacó del negocio sin pagar. La culpa me carcomió durante una semana,
hasta que conté a mi mamá; mi confesión brotó con tanta rapidez como
mis lágrimas.
Tras lamentar mi mala decisión, devolví los objetos robados, pedí disculpas
y prometí no volver a robar. El dueño me dijo que no volviera nunca. Pero
mi mamá me perdonó, así que dormí en paz esa noche.
El rey David también descansó perdonado después de confesar (Salmo
32:1-2). Había escondido sus pecados contra Betsabé y Urías (2 Samuel 11–
12) hasta que «se envejecieron [sus] huesos» (Salmo 32:3-4). Pero en
cuanto rehusó encubrir sus errores, el Señor borró su culpa (v. 5).
No podemos elegir las consecuencias de nuestros pecados ni controlar las
respuestas de la gente cuando confesamos y buscamos perdón. Pero el
Señor puede capacitarnos para disfrutar de libertad de la esclavitud al
pecado y paz mediante la confesión, al confirmar que nuestra culpa
desaparece… para siempre. Xochitl
27 de septiembre
Una visita de gratitud
Romanos 16:1-16
Os recomiendo además nuestra hermana Febe […]; que la recibáis en el
Señor, como es digno de los santos, y que la ayudéis en cualquier cosa que
necesite de vosotros; porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo.
—Romanos 16:1-2
Según un estudio realizado por algunos doctores en Estados Unidos, contar
tus bendiciones promueve la buena salud física. Los voluntarios que
guardaban diarios de gratitud semanales informaron tener menos dolores y
achaques que aquellos que anotaban sobre dificultades o eventos neutrales.
El Dr. Martin E. P. Seligman desarrolló una «visita de gratitud» para
promover una fuerte salud emocional. Les dice a las personas que piensen
en alguien que haya marcado una importante diferencia en sus vidas, que
escriban la historia de cómo esa persona los ha ayudado y que luego la
visiten y le lean el relato en voz alta. Las pruebas muestran que las personas
que hicieron esto eran más felices e informaban menos episodios de
depresión.
El apóstol Pablo tenía una larga lista de personas que lo habían ayudado y
por las que estaba agradecido (Romanos 16:1-16). Escribió que Febe lo
había ayudado, y que Priscila y Aquila habían «expuesto su vida» por él. Y
escribió sus agradecimientos en una carta a la iglesia en Roma.
¿Quiénes han ayudado a darle forma a tu vida? ¿Podrías hacer una visita de
gratitud, por amor a ellos y a ti mismo? Anne
28 de septiembre
Gracia en nuestro corazón
Efesios 2:4-10
Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis
cómo debéis responder a cada uno.
—Colosenses 4:6
Hace unos años, en una cena formal en Washington, una asesora del
presidente confundió al general de cuatro estrellas Peter Chiarelli (el
segundo general de mayor rango en el ejército estadounidense en ese
momento) con un mesero. Mientras el general estaba detrás de ella, vestido
con su uniforme, la asesora le pidió que le trajera una bebida. Cuando ella
se dio cuenta de su error, el general le dijo con mucha gentileza que no se
preocupara y le llenó la copa, mientras los dos se reían del embarazoso
error.
La palabra gentileza viene del término gracia, y puede referirse a un acto de
bondad o cortesía, como el del general. Pero para los seguidores de Cristo,
tiene un significado aun más profundo. Somos receptores de un favor
increíble, gratuito e inmerecido —la gracia— que Dios ha proporcionado a
través de su Hijo Jesús (Efesios 2:8).
Puesto que hemos recibido gracia, debemos demostrarla en la manera en
que tratamos a los demás. La gracia en nuestro corazón se derrama en
nuestras palabras y nuestras obras (Colosenses 3:16-17).
Aprender a ofrecer a otros la gracia que hay en nuestro corazón es una
consecuencia de la llenura del Espíritu en el creyente en Cristo Jesús, el
mayor dador de gracia de todos. Cindy
29 de septiembre
Reglas del desapego
Génesis 50:15-21; Juan 8:31-36
Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.
—Juan 8:36
En su libro Throw Out Fifty Things [Deshazte de cincuenta cosas], Gail
Blanke bosqueja cuatro «reglas del desapego» para ayudar a la gente a
liberarse del abarrotamiento en su vida. La primera declara: «Si [tal cosa] te
aplasta, te atasca o simplemente te hace sentir mal, […] suéltala y sigue
adelante».
Pienso que esta regla del desapego también tiene una aplicación espiritual:
no tenemos que seguir abrumadas por los pecados del pasado. Los
hermanos de José lucharon contra esto. Años después de vender a José
como esclavo, recordaron su crueldad y tuvieron miedo de la venganza
(Génesis 50:15). Entonces, le enviaron un mensajero a rogarle por perdón
(vv. 16-17). Lo hicieron a pesar de que José había actuado de manera
bondadosa con ellos y les había transmitido tranquilidad (45:4-15).
Muchas seguimos ligadas a agravios cometidos en el pasado, a pesar de la
misericordia y el perdón de aquellos a quienes tal vez perjudicamos. Sin
embargo, la verdadera libertad llega cuando confesamos nuestro pecado a
Dios. El Señor nos perdona (1 Juan 1:9) y nos aleja de él (Salmo 103:12).
Por esta razón, podemos traer a la mente que el Hijo nos ha libertado y que
somos verdaderamente libres (Juan 8:36). Jennifer
30 de septiembre
Amor sacrificado
Lucas 9:21-27
Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo,
tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida,
la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará.
—Lucas 9:23-24
Carlos dejó todo para cuidar a su esposa Sarah, quien tenía un principio de
Alzheimer, y reacomodó sus horarios para cuidarla con mayor eficacia. Se
ocupó de ella en enfermedad, en salud, en desilusión y en fragilidad. Un
gran amor lo llevó a entregar su vida con abnegación por ella, sin importar
si su esposase enteraba o no.
La decisión sacrificada de Carlos me recuerda lo que significa tomar
nuestra cruz cada día (Lucas 9:23-24). Cuando estamos verdaderamente
enamoradas de Jesús, nuestro corazón se vuelve devoto a Él. Queremos
pasar cada minuto del día en su presencia y volvernos cada vez más
parecidas a Él. Deseamos hacer lo que sea para vivir como Jesús.
Debemos apartarnos de nuestras tendencias egoístas —nuestros planes y
deseos— para seguir el ejemplo de nuestro Salvador. En Romanos 8:12-13,
Pablo escribió: «no están obligados a hacer lo que su naturaleza pecaminosa
los incita a hacer; […] si mediante el poder del Espíritu hacen morir las
acciones de la naturaleza pecaminosa, vivirán» (NTV).
Que al igual que Jesús, podamos llevar nuestra cruz hoy y sacrificar
nuestras vidas por amor. Marlena
1 de octubre
Lucir bien
Mateo 23:23-31
¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que
también lo de fuera sea limpio.
—Mateo 23:26
«Q ué saludable luce tu cabello —me comentó mi peluquera después de
hacerme un nuevo corte—. Espero que se deba a que usas nuestros
productos». «No, lo lamento —contesté—. Uso productos baratos y que
tienen un aroma agradable». Pero después, añadí: «También intento comer
bien. Creo que eso hace una gran diferencia».
Nos esforzamos mucho para lucir bien. ¿Hacemos lo mismo con respecto a
los temas espirituales? Jesús trató este tema con los líderes religiosos de
Jerusalén (Mateo 23). Ellos seguían una serie de normas religiosas
complicadas que sobrepasaban completamente las que Dios les había dado.
Se esforzaban por guardar las apariencias frente a sus compatriotas, para
probar que eran mejores que los demás. Pero sus esfuerzos no
impresionaban a Dios. Jesús les dijo: «limpiáis lo de fuera del vaso y del
plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia» (v. 25).
Cada sociedad valora distintas conductas y tradiciones religiosas, pero los
valores del Señor trascienden las culturas. Y lo que Él valora no se mide por
lo que ven los demás. A Dios le importa que tengamos un corazón limpio y
motivaciones puras. La salud espiritual se expresa de adentro hacia fuera.
Julie
2 de octubre
Tomarle la palabra a Dios
1 Juan 5:1-13
Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de
Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna.
—1 Juan 5:13
Muchos verdaderos creyentes en Cristo están plagados de dudas en cuanto a
su salvación. Aun cuando vienen a Jesús arrepentidos y con fe en Él como
su Salvador, todavía se preguntan: ¿Realmente iré al cielo?
Mi difunto esposo Bill solía contar acerca de algo que le sucedió cuando
tenía dos años. Un día se alejó de su casa y se perdió. Cuando sus padres se
dieron cuenta de que no estaba, salieron a buscarlo. Finalmente, para el
inmenso alivio de todos, divisaron a su niño lloroso y lo llevaron de vuelta a
casa a salvo.
Días después, Billy escuchó a su madre contar del incidente. Cuando llegó a
la parte cuando salieron a buscarlo, él comenzó a revivir la historia.
«¡Mamá, mamá! —sollozó—. ¿Y me encontraron?». Sorprendida y
profundamente conmovida por la duda de su niño, lo abrazó y dijo: «¡Por
supuesto, hijito! ¿No te acuerdas de aquel feliz momento? Mira, ahora estás
con nosotros, y nos aseguraremos de que siempre lo estés». Eso consoló a
Billy porque le tomó la palabra a su madre.
La carta de 1 Juan, en el Nuevo Testamento, fue escrita para darles a los
creyentes seguridad de salvación. Dicha seguridad puede ser tuya si le
tomas la palabra a Dios. Joanie
3 de octubre
El mito de los pastos más verdes
Efesios 5:22-33
Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo, y que la
mujer respete a su marido.
—Efesios 5:33
Nancy Anderson afirma que su fe se entibió y terminó creyendo la mentira
del mundo: «Merezco ser feliz». Esto la llevó a una relación
extramatrimonial que casi terminó con su matrimonio. Escribió el libro
Avoiding The Greener Grass Syndrome [El síndrome de evitar los pastos
más verdes] para ayudar a evitar que su dolorosa historia de infidelidad «se
convirtiera en la historia de otra persona».
En su libro, Nancy ofrece seis sugerencias para construir «setos» para
proteger el matrimonio:
Escuchar: presta el oído a tu cónyuge.
Alentar: fortalece a tu esposo, centrándote en cualidades positivas.
Salir juntos: celebren su matrimonio jugando y riendo juntos.
Vigilar: establece salvaguardias con límites claros.
Educar: estudia a tu cónyuge para entenderlo de verdad.
Satisfacer: suplan las necesidades mutuas.
Puede que los pastos al otro lado de la cerca se vean más verdes, pero solo
la fidelidad a Dios y el compromiso con tu cónyuge traen paz mental y
satisfacción.
Si evitas el síndrome de los pastos más verdes, amando y respetando a tu
esposo, tu matrimonio será un cuadro de Cristo y su iglesia para aquellos
que te rodean. Anne
4 de octubre
El abrazo de Dios
Romanos 12:3-11
Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra,
prefiriéndoos los unos a los otros.
—Romanos 12:10
Después de que su familia partiera porque ya era tarde, Carolina comenzó a
pensar que su habitación en el hospital debía ser el lugar más solitario del
mundo. La noche había caído, los temores por causa de su enfermedad
regresaban y sentía una abrumadora desesperación.
Cerrando los ojos, comenzó a hablarle a Dios: «Oh Señor, sé que no estoy
realmente sola. Estás aquí conmigo. Por favor, calma mi corazón y dame
paz. Haz que sienta tus brazos a mi alrededor sosteniéndome».
Mientras oraba, Carolina sintió que sus temores comenzaban a disminuir. Y
cuando abrió los ojos, miró hacia arriba para encontrarse con los cálidos y
chispeantes ojos de su amiga Margarita, que había extendido sus brazos
para rodearla con un gran abrazo. Carolina sintió como si Dios mismo
estuviese sosteniéndola fuertemente.
A menudo, Dios usa a otros creyentes para mostrarnos su amor. «Así
nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo» (Romanos 12:5).
Servimos a los demás «conforme al poder que Dios da, para que en todo sea
Dios glorificado por Jesucristo» (1 Pedro 4:11).
Cuando mostramos amor y compasión de maneras sencillas y prácticas,
somos parte del ministerio de Dios a su pueblo. Cindy
5 de octubre
Dar gracias en todo
1 Tesalonicenses 5:12-22
Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros
en Cristo Jesús.
—1 Tesalonicenses 5:18
Mi hija es alérgica a los cacahuates. Es tan sensible, que el solo hecho de
comer un mínimo fragmento de este fruto pone en riesgo su vida. Por lo
tanto, revisamos cuidadosamente las etiquetas de los alimentos.
Dondequiera que vamos, llevamos una jeringa con medicina para
contrarrestar las reacciones alérgicas. Y cuando salimos a comer, llamamos
con anticipación y averiguamos qué platos incluye el menú del restaurante.
A pesar de estas precauciones, no dejo de preocuparme por su seguridad,
tanto ahora como en el futuro. Me cuesta estar agradecida por esta
situación. No obstante, la Palabra de Dios desafía: «Dad gracias en todo,
porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús» (1
Tesalonicenses 5:18). No hay vuelta que darle. Dios desea que oremos
dando gracias cuando el futuro es incierto, cuando se nos rompe el corazón
y cuando escasean las provisiones.
La promesa de Dios de que todas las cosas obran para nuestro beneficio y
para su gloria (Romanos 8:28) pueden estimularnos a dar gracias en todo.
Jennifer
6 de octubre
Amor en acción
1 Juan 4:7-21
Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad,
estimando cada uno a los demás como superiores…
—Filipenses 2:3
«¿ T iene alguna prenda que le gustaría que le lave?», le pregunté a alguien
que nos visitaba en Londres. Se le iluminó el rostro, y cuando se acercó su
hija, le dijo: «Trae la ropa sucia. ¡Amy la va a lavar!». Me sonreí al ver que
mi ofrecimiento había pasado de unas pocas prendas a varios montones.
Más tarde, mientras colgaba la ropa al aire libre, me vino a la mente una
frase de mi lectura bíblicamatinal: «con humildad, estimando cada uno a
los demás como superiores a [uno] mismo» (Filipenses 2:3). Pablo nos
exhorta a vivir a la altura del llamado de Cristo, sirviendo y estando unidos.
Sabía que esa unidad nos permite mantenernos fuertes en la fe.
Podemos afirmar que amamos a los demás sin ambiciones egoístas ni vana
arrogancia, pero la verdadera condición de nuestro corazón solo se revela
cuando ponemos en práctica ese amor. Aunque estuve tentada a quejarme,
sabía que como seguidora de Cristo, mi llamado era a poner en práctica mi
amor a mis amigos… con un corazón limpio.
Que podamos encontrar formar de servir a nuestros familiares, amigos y
vecinos, para la gloria de Dios. Amy
7 de octubre
Retribuir
Filemón 1-20
Pido a Dios que pongas en práctica la generosidad que proviene de tu fe…
—Filemón 6 (
ntv
)
Hace poco, dos recién casados decidieron no irse de luna de miel. Tampoco
quisieron planear una fiesta de bodas para celebrar su unión. En cambio,
usaron el dinero que habrían gastado en ellos para ayudar a personas en
todos los estados de su país, Estados Unidos. En Arkansas, dieron regalos a
niños enfermos. En Utah, asistieron a víctimas de abuso doméstico. En
Nueva Jersey, donaron ropa a un refugio de personas sin hogar… y así
siguieron.
Muchas veces, la abnegación implica dejar las comodidades para poder
mejorar la vida de otra persona. Como prisionero, Pablo decidió que sería
mejor liberar a su ayudante y compañero de trabajo, Onésimo, que disfrutar
del placer de su compañía cristiana (Filemón 13). Pablo negó sus propios
deseos e hizo lo que era mejor para su amigo esclavo y para su amo
Filemón.
Pablo guio a Onésimo a Jesús y lo llamó su hijo en la fe (Filemón 10). Sus
palabras nos animan a soltar cuando sea necesario a personas y posesiones
que atesoramos. Nuestra capacidad de «retribuir» viene al reconocer todo lo
que hemos recibido en y a través de Jesús. Jennifer
8 de octubre
De mal en peor
Éxodo 5:1-14, 22-23
… Yo soy el Señor; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de
Egipto, […], y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes.
—Éxodo 6:6
Volvió a pasar. Sentí el impulso de ordenar mi oficina. Antes de poder
resistirme, había hecho un lío peor que el que había al principio. Una pila se
convirtió en varias cuando empecé a separar libros, papeles y revistas por
temas. A medida que el desorden aumentaba, lamenté haber comenzado,
pero no había vuelta atrás.
Cuando Dios llamó a Moisés para rescatar a los hebreos de la esclavitud, la
situación de ellos también fue de mal en peor. Sin duda, era necesario llevar
a cabo la tarea. El pueblo había estado clamando a Dios por ayuda (Éxodo
2:23). Renuentemente, Moisés accedió a apelar a Faraón a favor de los
hebreos. El encuentro salió mal. En vez de liberar al pueblo, el monarca
aumentó sus irracionales demandas. Moisés se preguntó si había sido
apropiado haber empezado (5:22-23). Solamente después de tremendos
inconvenientes para muchas personas, Faraón permitió que el pueblo
se fuera.
Siempre que comencemos a hacer algo bueno, la situación podría empeorar
antes de que empiece a mejorar. Esto no significa que estemos haciendo
algo malo; simplemente, nos recuerda que necesitamos a Dios para
concretar todo lo que emprendamos. Julie
9 de octubre
Persevera en oración
1 Samuel 12:16-25
Así que, lejos sea de mí que peque yo contra el Señor cesando de rogar por
vosotros; antes os instruiré en el camino bueno y recto.
—1 Samuel 12:23
El matrimonio de mis amigos está en conflicto. Durante meses, mientras
veían a un consejero, pensé que superarían sus problemas; pero ahora lo
dudo.
Las cosas han ido de mal en peor en su relación, y mientras oraba hace
poco, no tenía demasiadas esperanzas. Me preguntaba: ¿Para qué orar si no
hay posibilidades de que se reconcilien (o al menos, así parece)?
Cuando admití delante de Dios que me había cansado de hablarle de esta
pareja, el Espíritu Santo me llevó a acudir a su Palabra. Al hacerlo, recordé
que debía…
Seguir elevándolos en oración, haciendo «rogativas, oraciones, peticiones y
acciones de gracias» (1 Timoteo 2:1; ver 1 Samuel 12:23).
Recordar que Jesús «puede también salvar perpetuamente a los que por él
se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos» (Hebreos
7:25).
Tenemos un Dios que comprende que nos cansamos, y nos invita a dejar
nuestras cargas sobre Él. Solamente Él puede darnos el descanso y la
fortaleza para seguir adelante en oración y en buenas obras (Mateo 11:28).
Roxanne
10 de octubre
El tesoro en la tumba 7
Salmo 119:161-168
Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos.
—Salmo 119:162
En 1932, el arqueólogo mejicano Antonio Caso descubrió la Tumba 7 en
Monte Albán, en Oaxaca. Encontró más de 400 objetos, incluidas cientos de
joyas prehispánicas a las que denominó «El tesoro de Monte Albán». ¿Te
imaginas la emoción de aquel hombre al sostener una copa de jade en su
forma más pura?
Siglos antes, el salmista escribió sobre un tesoro mucho más valioso. Dijo:
«Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos» (Salmo
119:162). En este salmo, el escritor sabía cuán valiosas son para nosotros
las instrucciones y las promesas de Dios; por eso, las comparó con el gran
tesoro que le queda a un conquistador tras una victoria.
Caso es recordado hoy por haber descubierto la Tumba 7, la cual podemos
visitar en un museo de Oaxaca. Sin embargo, al tesoro del salmista lo
tenemos siempre a nuestro alcance. Podemos cavar en las Escrituras y
descubrir diamantes de promesas, rubíes de esperanza y esmeraldas de
sabiduría. Pero lo más hermoso es la Persona a quien apunta este
libro: Jesús.
Busquemos con diligencia este tesoro que nos enriquecerá. Como afirmó el
salmista: «Tus leyes son mi tesoro; son el deleite de mi corazón» (v. 111
NTV). Keila
11 de octubre
Felinos grandes y seguridad
Daniel 6:1-28
Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y
[…] se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su
Dios, como lo solía hacer antes.
—Daniel 6:10
Tenía ocho años cuando nuestra familia visitó el Parque Nacional Kruger,
en Sudáfrica. Vimos muchos animales maravillosos, pero ningún león.
Cuando terminamos nuestro safari en auto, me sentí desilusionada. Nos
detuvimos en la puerta de salida y eché una última mirada atrás… ¡ahí
estaba! Sin pensar, salí de un salto del auto y empecé a correr hacia el
animal, gritando: «¡Un león, es un león!».
Esta historia me vino a la mente cuando me acordé de Daniel en el pozo de
los leones. El rey Darío había transformado a Daniel en administrador de su
reino. Esto puso celosos a los otros líderes, y complotaron para sacarlo del
medio. Propusieron una ley, firmada por el rey, que declaraba ilegal orar a
cualquiera que no fuera el rey. ¿El castigo? Una visita al pozo de los leones.
Daniel respondió regresando a su casa y arrodillándose en su recámara
como siempre, junto a la ventana. Allí «se arrodillaba tres veces al día, y
oraba y daba gracias delante de su Dios» (Daniel 6:10).
Daniel fue sabio y confió en Dios. Nosotras también podemos descansar
confiadamente en Él hoy, sabiendo que interviene activamente en nuestras
vidas. Ruth
12 de octubre
Palabras imprudentes
1 Pedro 2:13-25
… cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no
amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente.
—1 Pedro 2:23
Estaba conduciendo cuando de pronto, mi hija empezó a llorar desde el
asiento trasero. «¿Qué pasó?», le pregunté, y dijo que su hermano le había
pellizcado el brazo. Él se defendió reclamando que lo había hecho porque
ella lo había pinchado. Ella explicó que lo había pinchado porque él le
había dicho algo feo.
Lamentablemente, este comportamiento, habitual entre los niños, también
puede aparecer en los adultos. Una persona ofende a otra, y el ofendido
reacciona con una explosión verbal. El ofensor, a su vez, contraataca con
otro insulto. Poco después, la relación queda dañada por el enojoy las
palabras crueles.
La Biblia enseña que «hay gente cuyas palabras son puñaladas», pero que
«la blanda respuesta quita la ira» (Proverbios 12:18 RVC; 15:1). En ciertas
ocasiones, la mejor manera de actuar ante comentarios feos o crueles es
callarse.
Antes de la crucifixión de Jesús, las autoridades religiosas intentaron
provocarlo con sus palabras (Mateo 27:41-43). Sin embargo, Él «cuando le
maldecían, no respondía con maldición» (1 Pedro 2:23).
El ejemplo de Jesús nos enseña cómo responder a quienes nos ofenden, y el
Espíritu nos ayuda a hacerlo. No hace falta que usemos las palabras como
armas. Jennifer
13 de octubre
Mañanas sin abrir
Mateo 6:25-34
Porque por fe andamos, no por vista.
—2 Corintios 5:7
Un día, junto con mi nieta Emily, de 10 años de edad, estábamos hirviendo
huevos para el desayuno. Mientras contemplábamos el agua hirviendo y nos
preguntábamos cuánto tiempo tomaría que los huevos estuvieran en su
punto, Emily dijo: «¡Qué pena que no podamos abrirlos para ver cómo
van!». Yo estuve de acuerdo. Pero eso los habría estropeado, así que
tuvimos que adivinar sin garantía de los resultados.
Comenzamos a hablar sobre otras cosas que nos gustaría ver pero que no
podemos verlas… como el mañana. Es una pena que no podamos abrir el
mañana, dijimos, para ver si es como nos gustaría que fuera. Pero
entremeterse con el mañana antes de tiempo, igual que abrir un huevo a
medio cocer, estropearía tanto el hoy como el mañana.
Puesto que Jesús ha prometido cuidarnos todos los días —y eso incluye el
mañana—, podemos vivir por fe un día a la vez (Mateo 6:33-34). Un sabio
dijo: «Aunque nosotros no podamos ver a la vuelta de la esquina, Dios sí
puede».
Emily y yo decidimos dejar el mañana seguro en manos de Dios. ¿Y tú?
Joannie
14 de octubre
Lecciones de mamá
Romanos 1:8-16
Ansioso estoy de anunciar el evangelio también a vosotros.
—Romanos 1:15
La demencia nos estaba arrebatando lentamente a Mamá Cetas. Y no había
nada que mi esposo y yo pudiéramos hacer para evitar que se nos fuera.
Durante esos días difíciles, Mamá nos enseñó muchas lecciones. Olvidó
cómo hacer una serie de cosas, pero una de las cosas que no olvidó fue
cómo orar. De vez en cuando, alguien mencionaba algún problema por el
que estaba pasando, y ella se detenía allí mismo para orar por la necesidad
de esa persona.
También siguió hablando con los demás acerca de Jesús. Las personas que
la atendían en el hogar para ancianos dijeron que a menudo, ella les
preguntaba a los demás residentes y trabajadores si conocían a Jesús como
su Salvador.
Cuando pienso en estas cualidades en Mamá, recuerdo Romanos 1. El
apóstol Pablo se acordaba de las personas en la iglesia de Roma «siempre
en [sus] oraciones» (v. 9). Además, estaba «ansioso […] de anunciar el
evangelio» porque como él decía: «no me avergüenzo del evangelio» de
Cristo (vv. 15-16 LBLA).
Mientras pudo, Mamá Cetas siguió orando y hablándoles a los demás
acerca de Cristo. Todas podemos aprender de su ejemplo de osadía y
confianza en el Señor. Anne
15 de octubre
De todo un poco
Gálatas 5:16-24
Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra
la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.
—Gálatas 5:17
Mi pastor me habló de una mujer que conoció años antes en otra iglesia. La
mujer le había dicho que todo lo que había hecho él estaba mal, y que no le
gustaba su manera de predicar. Pero incluso con todo el veneno que recibió
de parte de ella, mi pastor pudo decirme: «Ella hizo muchas cosas
excelentes para la iglesia. Todos tenemos de todo un poco, Marlena».
Tomé en serio lo que me dijo porque tiene razón. Tal vez no tenga el
problema de criticar de manera constante y pública a los demás, pero sí me
quejo en mi corazón contra otros. Como declara Gálatas 5:17: «Porque el
deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y
éstos se oponen entre sí».
Cuando me veo tentada a señalar los pecados de los demás —a sacarle la
paja de los ojos (Mateo 7:3-5)—, necesito recordar que yo también tengo un
poco de todo en mi interior. Es más, a veces, somos más pecadoras que
santas.
Alabado sea Dios por ayudarme a enfrentar mis maneras imperfectas y
humanas, ¡y hacer que produzca un poco de todo el «fruto» que puede
honrarlo (Gálatas 5:22)! Marlena
16 de octubre
Meditar
Salmo 119:89-105
En la hermosura de la gloria de tu magnificencia, y en tus hechos
maravillosos meditaré.
—Salmo 145:5
Algunos cristianos se vuelven un poco escépticos cuando se comienza a
hablar acerca de la meditación, y no ven la enorme distinción entre la
meditación bíblica y algunos tipos de meditación mística. Según una
explicación, en la meditación mística, «la mente racional es llevada a un
estado neutral […] para que la psiquis pueda tomar el control». El enfoque
es hacia adentro y el objetivo es «hacerse uno con Dios».
En contraste, la meditación bíblica se centra en las cosas del Señor y su
propósito es renovar nuestras mentes (Romanos 12:2) para que pensemos y
actuemos más como Cristo. Su objetivo es reflexionar en lo que Dios ha
dicho y hecho (Salmo 77:12; 119:15-16, 97) y en cómo es Él (48:9-14).
En el Salmo 19:14, David escribió: «Sean gratos los dichos de mi boca y la
meditación de mi corazón delante de ti, oh Señor».
Llena tu mente de las Escrituras y céntrate en los mandamientos, promesas
y bondad del Señor. Y recuerda esto: «Todo lo que es verdadero, todo lo
honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen
nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad»
(Filipenses 4:8). Cindy
17 de octubre
La redención de Coré
Números 16:1-35
Mas los hijos de Coré no murieron.
—Números 26:11
En Números 16, aunque Dios les había dado a los levitas un acceso especial
para cumplir diversos roles dentro del santuario, Coré no estaba satisfecho.
Envidiaba la condición de líderes de Moisés y Aarón. Al tiempo, se las
arregló para incitar a otros líderes tribales a rebelarse contra ellos (Números
16:2) .
Dios juzgó esta rebelión con un espectacular despliegue de fuerza,
aniquilando tanto a los líderes como a los seguidores caídos. Sin embargo,
«los hijos de Coré no murieron» (Números 26:11). Aunque Coré instigó la
insurrección, su familia no fue destruida.
Adelantemos un poco y veremos que el nombre de Coré vuelve a surgir. Sus
descendientes todavía estaban agitando al pueblo. Solo que esta vez, lo
estaban haciendo de buena manera… buscando la gloria de Dios. La
humildad y el contentamiento reemplazaron la arrogancia y la envidia. En
una canción, declararon: «Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi
Dios, que habitar en las moradas de maldad» (Salmo 84:10).
Dios vio más allá del orgullo de un ancestro y preservó generaciones de
adoradores. No importa tu pasado ni el de los parientes que estuvieron antes
de ti; el Señor puede redimir y restaurar a los que han caído. Remi
18 de octubre
Elige la vida
Deuteronomio 30:11-20
… os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición;
escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando al Señor
tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él…
—Deuteronomio 30:19-20
¿C uál es la voluntad de Dios para mi vida? Esta pregunta me atormentaba
mientras crecía. ¿Qué pasaría si no la descubría? ¿Y si no la reconocía?
Mi concepto de la voluntad de Dios estaba equivocado porque también lo
estaba mi perspectiva de Él. El Señor quiere que conozcamos su voluntad.
Por eso, lo hace de manera clara y simple. Solamente da dos opciones:
«vida y bien» o «muerte y mal» (Deuteronomio 30:15). En caso de que no
quede claro cuál es la mejor elección, también nos dice qué elegir: «escoge,
pues, la vida» (v. 19). Escoger la vida es optar por Dios y por obedecer su
Palabra.
En el último discurso de Moisés a los israelitas, les rogó que tomaran la
mejor decisión: «cumplir todas las palabras de esta ley. Porque […] es
vuestra vida» (32:46-47). La voluntad de Dios para nosotros esla vida. Su
Palabra es vida. Quizá la decisión correcta no sea fácil, pero cuando el
Verbo es nuestra guía y la adoración nuestra meta, Dios nos concederá
sabiduría para tomar decisiones buenas para nuestra vida. Julie
19 de octubre
Un lugar seguro
1 Corintios 6:9-11; 13:4-7
Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido
santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por
el Espíritu de nuestro Dios.
—1 Corintios 6:11
Un joven japonés tenía miedo de salir de su casa. Para evitar a la gente,
dormía de día y pasaba toda la noche mirando televisión. Era un hikikomori
; o sea, un ermitaño moderno. El problema empezó cuando dejó de ir a la
escuela por sus malas calificaciones. Cuanto más alejado estaba de la
sociedad, más inadaptado social se sentía. Al final, dejó de comunicarse por
completo con sus amigos y parientes. No obstante, para recuperarse, lo
ayudó visitar un club juvenil llamado ibasho , un lugar seguro donde
personas quebrantadas comenzaban a reinsertarse en la sociedad.
¿No podríamos pensar en la iglesia como un ibasho… y como mucho más?
Sin duda, somos una comunidad de personas quebrantadas. Cuando Pablo
les escribió a los corintios, describió su antiguo estilo de vida como
antisocial, perjudicial y peligroso para ellos mismos y los demás (1
Corintios 6:9-10). Sin embargo, en Jesús, fueron transformados y sanados.
Entonces, instó a estas personas rescatadas a amarse mutuamente, ser
pacientes y amables, y a no tener celos, soberbia ni rudeza (13:4-7).
La iglesia debe ser un ibasho donde todos podamos encontrar el amor de
Dios. Que este mundo quebrantado pueda experimentar la compasión de
Cristo a través de todos los que le siguen. Poh Fang
20 de octubre
Alabanza de corazones puros
Salmo 51:7-17
Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y
humillado no despreciarás tú, oh Dios.
—Salmo 51:17
Una amiga mía viajó a otro país y visitó una iglesia. Allí observó que
cuando la gente entraba, se arrodillaba y oraba, de espalda a la parte
delantera de la iglesia. Los miembros de esa iglesia confesaban sus pecados
a Dios antes de empezar la reunión.
Este acto de humildad es, para mí, un cuadro de lo que dijo David en el
Salmo 51: «Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón
contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios» (v. 17). Estaba
describiendo su remordimiento y su arrepentimiento por su pecado de
adulterio con Betsabé. La tristeza verdadera por el pecado implica adoptar
la perspectiva de Dios sobre lo que hicimos: considerarlo claramente malo,
rechazarlo y no querer volver a hacerlo.
Cuando estamos realmente quebrantados por nuestro pecado, Dios nos
restaura en su amor (1 Juan 1:9). Este perdón renueva nuestra comunión
con Él y es el punto de partida ideal para alabarlo. Después de arrepentirse
y ser perdonado por Dios, David exclama: «Señor, abre mis labios, y
publicará mi boca tu alabanza» (Salmo 51:15).
La alabanza es la reacción del corazón ante su perdón. Jennifer
21 de octubre
¿Religión o Cristo?
Efesios 2:1-10
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros,
pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.
—Efesios 2:8-9
María trabaja duro porque quiere que su jefe reconozca sus logros y la
recompense con un cargo que tenga un salario mayor. Nancy ama su trabajo
y el producto que vende su compañía, y por lealtad, trabaja duro para
mejorarlo.
María es como la persona que espera que Dios recompense algún día las
buenas obras o la religión. Tales personas cuentan con que sus buenas
acciones las llevarán al cielo.
Nancy es una ilustración de aquellos que tienen fe en que Dios los llevará al
cielo. Tales personas hacen buenas obras por gratitud y amor a Él.
Puede que alguien con una religión crea en Dios, vaya a la iglesia, ore,
muestre amabilidad y sea una buena persona. Las personas con una religión
tienen muchas buenas cualidades, pero la religión no es un sustituto de la fe
en Jesucristo.
El apóstol Pablo dijo que el camino de la salvación es por gracia por medio
de la fe. No es por obras, sino un regalo de Dios (Efesios 2:8-9).
El único camino al Padre que está en el cielo es por medio de la fe en Jesús
(Juan 14:6).
¿Eliges la religión o a Cristo? Anne
22 de octubre
La vida, el amor y el chocolate
1 Juan 3:16-23
Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como
también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y
sacrificio a Dios en olor fragante.
—Efesios 5:1-2
Algo que leí en un blog me llamó la atención. Era la mañana de su
aniversario de bodas. Como no tenía mucho dinero, el autor fue a comprarle
a su esposa su pastel francés favorito: pain au chocolat (pan de chocolate).
Cuando llegó a casa, exhausto, la encontró en la cocina sacando algo del
horno… era pain au chocolat.
Ese esposo comparó su vida matrimonial con las vidas de las personas en la
historia de O. Henry, Gift of the Magi [El regalo de los magos]. Cuenta
acerca de un hombre que vendió su única posesión de valor —un reloj de
bolsillo— para comprarle una peineta a su esposa, quien a su vez, vendió su
bella y larga cabellera para comprar una cadena de oro para el reloj de su
esposo.
A veces, necesitamos que nos recuerden que adquirir «cosas» no es tan
importante como apreciar a las personas que Dios ha puesto en nuestras
vidas. Cuando colocamos los intereses de los demás por encima de los
nuestros (Filipenses 2:3), aprendemos lo que significa amar, servir y
sacrificarse. Así imitamos a Cristo en nuestras relaciones interpersonales
(Efesios 5:1-2).
La vida, el amor y el chocolate saben mejor cuando se comparten con los
demás. Cindy
23 de octubre
Pastor de por vida
Génesis 48:8-16
… Dios […] ha sido mi pastor toda mi vida hasta este día.
—Génesis 48:15 (
lbla
)
Cuando mi hijo pasó de grado en la escuela, lloró, diciendo: «¡Quiero a mi
maestra para siempre!». Tuvimos que ayudarlo a darse cuenta de que
cambiar de maestra es parte de la vida. Tal vez nos preguntemos: ¿Habrá
alguna relación que dure para siempre?
Jacob, el patriarca, descubrió una. Después de vivir muchos cambios
drásticos y de perder seres queridos en el camino, se dio cuenta de que
había una presencia constante en su vida. Oró: «El Dios […] que ha sido mi
pastor toda mi vida […] bendiga a estos muchachos» (Génesis 48:5-16
LBLA).
Jacob había sido pastor, así que comparaba su relación con Dios con la del
pastor y sus ovejas. Desde que la oveja nace hasta que es vieja, el pastor la
cuida día y noche. La guía durante el día y la protege mientras duerme.
Tiempo después, David hizo énfasis en la dimensión eterna de la relación
divina-humana, al declarar: «en la casa del Señor moraré por largos días»
(Salmo 23:6).
El Pastor nos ha prometido estar con nosotros todos los días de nuestra
existencia terrenal (Mateo 28:20). Y cuando nuestra vida aquí termine,
estaremos más cerca de Él que nunca. Keila
24 de octubre
Sostenido por Dios
Salmo 131
En verdad que me he comportado y he acallado mi alma como un niño
destetado de su madre; como un niño destetado de su madre está mi alma.
—Salmo 131:2
Cuando estábamos terminando de almorzar con mi hermana y sus hijos, ella
le dijo a Annica, mi sobrina de tres años de edad, que era hora de prepararse
para una siesta. Con rostro alarmado, la pequeña objetó: «¡Pero tía Mónica
todavía no me sostuvo a upa hoy!». Mi hermana sonrió: «Está bien. Puede
hacerlo. ¿Cuánto tiempo necesitas?». «Cinco minutos», contestó.
Mientras la abrazaba, di gracias de que aun sin siquiera intentarlo, ella me
recordó lo que significa amar y ser amado. A veces, pienso que olvidamos
que nuestro andar de fe consiste en aprender a experimentar el amor —el
amor de Dios— más profundamente de lo imaginable (Efesios 3:18).
El Salmo 131 puede ayudarnos a volvernos «como niños» (Mateo 18:3) y
dejar de luchar mentalmente contra lo que no entendemos (Salmo 131:1).
Por eso, al pasar tiempo con el Señor, recuperamos la paz(v. 2) y la
esperanza que necesitamos (v. 3) en su amor… tan arrullados y tranquilos
como si volviéramos a ser niños en brazos de nuestra mamá (v. 2). Monica
25 de octubre
No hay necesidad trivial
Isaías 49:13-18
Como el padre se compadece de los hijos, se compadece el Señor de los que
le temen.
—Salmo 103:13
Varias madres de hijos pequeños compartían respuestas alentadoras a sus
oraciones, pero una de ellas dijo que se sentía egoísta al molestar a Dios con
sus necesidades personales: «Comparadas con las enormes necesidades que
el Señor enfrenta en el mundo, mis circunstancias deben de parecerle
triviales».
Poco después, su hijito se apretó el dedo en una puerta y corrió llorando a
los gritos hacia su madre. Pero ella no dijo: «¡Qué egoísta eres al venir a
molestarme con tus dedos doloridos mientras estoy ocupada!», sino que le
mostró gran compasión y ternura.
En Isaías 49, el Señor asegura que aunque una madre olvide ser compasiva
con su hijo, Él no lo hará nunca (v. 15); y agrega: «en las palmas de las
manos te tengo [esculpido]» (v. 16).
Semejante intimidad con Dios es solo para aquellos que le temen y que
confían en Él en vez de en sus propias fuerzas. Con la misma libertad que
ese niño con dedos doloridos corrió hacia su madre, nosotras también
podemos acudir a Dios con nuestros problemas cotidianos.
Nuestro Señor compasivo tiene tiempo y amor ilimitados para cada uno de
sus hijos. Para Él, ninguna necesidad es insignificante. Joannie
26 de octubre
La vida «fácil»
1 Tesalonicenses 3
… que nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos
sabéis que para esto estamos puestos.
—1 Tesalonicenses 3:3
¿N o se esfuerzan demasiado los padres para hacer felices a sus hijos? ¿No
producirá esto el efecto contrario? Estas preguntas son la introducción de
una entrevista a Lori Gottlieb, autora de un artículo sobre la desdicha en los
jóvenes adultos. Ella concluye diciendo que sí; que los padres que no
permiten que sus hijos experimenten fracasos y tristezas les dan una
perspectiva equivocada del mundo y no los preparan para las duras
realidades de la vida adulta. Los dejan con una sensación de vacío y
ansiedad.
Algunos creyentes esperan que el Señor sea la clase de padre que los
protege de todo dolor y decepción. Pero en su amor, Dios permite que sus
hijos atraviesen sufrimientos (Isaías 43:2; 1 Tesalonicenses 3:3).
Cuando se empieza con la creencia equivocada de que la vida fácil es lo que
nos hace verdaderamente felices, nos agotamos al tratar de poner en
práctica ese concepto erróneo. Pero cuando enfrentamos la verdad de que la
vida es complicada, podemos invertirla en lo que nos fortalece para
enfrentar esas situaciones cuando vivir es difícil.
La meta de Dios es hacernos santas, no solamente felices (1 Tesalonicenses
3:13). Y cuando somos santas, es más probable que estemos realmente
felices y satisfechas. Julie
27 de octubre
Él entiende
Salmo 27:1-8
El Señor es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? El Señor es la
fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?
—Salmo 27:1
Aalgunos niños les cuesta dormirse por la noche. Aunque esto puede
deberse a muchas razones, mi hija me reveló una de ellas cuando yo estaba
saliendo de su cuarto una noche: «Tengo miedo a la oscuridad». Traté de
calmar su temor, pero igual dejé encendida una luz de noche.
No pensé en el miedo de mi hija hasta unas semanas después, cuando mi
esposo estuvo fuera una noche por un viaje de negocios. Al acostarme, la
oscuridad pareció agobiarme. Escuché un pequeño ruido y salté de la cama
para investigar. No había nada extraño, pero entendí el sentir de mi hija
cuando yo misma lo experimenté.
Jesús entiende nuestros miedos y problemas porque Él vivió en este mundo
como un ser humano y soportó la misma clase de dificultades que nosotras:
«Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores,
experimentado en quebranto» (Isaías 53:3). Cuando le describimos nuestras
luchas, Él empatiza con nuestra angustia. De alguna manera, saber que Él
nos comprende puede disipar la soledad que suele acompañar al
sufrimiento. En nuestros momentos más oscuros, el Señor es nuestra luz y
salvación. Jennifer
28 de octubre
No dejes de interesarte
Miqueas 6:6-8
Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide el Señor de ti:
solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.
—Miqueas 6:8
En medio de una lluvia helada, más de 800 familias de ilegales que
habitaban en chozas precarias fueron desalojadas de sus hogares en
Sudáfrica. El desalojo produjo una protesta generalizada por la falta de
compasión que habían mostrado los líderes.
Miqueas, el profeta del Antiguo Testamento, vivía en una época en la cual
se hacía mucho énfasis en adquirir riquezas, y los líderes injustos no
mostraban compasión por los pobres y los vulnerables (Miqueas 2:1).
Probando la paciencia del Señor, los ricos y poderosos les robaban a
aquellos que confiaban en ellos, valiéndose del fraude o de la violencia para
quedarse con sus tierras y reducir su herencia (vv. 2, 7-9).
Los falsos profetas ignoraban esta maldad (vv. 6, 11). Sin embargo,
Miqueas le puso fin al autoengaño de Israel y envió un fuerte mensaje de
parte del Señor, anunciando las consecuencias de su ambición egoísta (vv.
1:10-16; 2:1-5). Dios hizo recaer todo el peso de su presencia sobre los que
estaban a cargo (1:2-4), haciéndolos responsables de quebrantar el pacto
con Moisés. Quería que amaran la misericordia y que caminaran en
humildad con Él (6:8).
Que el Señor nos ayude hoy a someternos a Él y a su corazón compasivo.
Ruth
29 de octubre
¡Pan!
Juan 6:34-51
Yo soy el pan de vida.
—Juan 6:48
Vivo en una pequeña ciudad mejicana donde todas las mañanas y las tardes
puede escucharse un grito distintivo: «¡Paaan!». Un hombre en una
bicicleta, con una canasta enorme, ofrece una gran variedad de panes
frescos, dulces y salados. Me encantaba que me llevaran pan fresco a mi
casa.
Pasando de la idea del alimento físico al hambre espiritual, pienso en las
palabras de Jesús: «Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno
comiere de este pan, vivirá para siempre» (Juan 6:51).
Alguien dijo que evangelizar consiste en que un mendigo le dice a otro
dónde encontrar pan. Muchos podemos afirmar: «Antes, estaba
espiritualmente hambriento, muriéndome de hambre a causa de mis
pecados. Entonces, escuché la buena noticia. Alguien me dijo dónde
encontrar pan: en Jesús. ¡Y mi vida cambió!».
Ahora tenemos el privilegio y la responsabilidad de guiar a otros a este Pan
de vida. Podemos hablar de Jesús en nuestro barrio, lugar de trabajo,
escuela y sitios de recreación. Podemos llevar la buena noticia a otros a
través de los vínculos de amistad.
Jesús es el Pan de vida. Demos a todos la gran noticia. Keila
30 de octubre
¿Mucho que hacer?
Mateo 11:25-30
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré
descansar.
—Mateo 11:28
Las personas que saben que soy escritora independiente y que trabajo en
casa preguntan: «¿Siempre con mucho que hacer?». La pregunta parece
inocente, pero para mí, transmite un mensaje sutil sobre el valor personal.
Si no puedo recitar una lista de cosas que tengo que hacer, siento como si
estuviera admitiendo que no valgo demasiado.
Uno de los primeros versículos que aprendí cuando era niña fue Mateo
11:28: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré
descansar». En aquella época, no tenía mucho sentido para mí porque no
entendía qué significaba el cansancio. Pero ahora que soy más grande, me
siento tentada a mantener el ritmo de este mundo para no quedarme atrás.
Sin embargo, los seguidores de Cristo no tienen por qué vivir así, ya que Él
no solo nos libertó de la esclavitud del pecado, sino también de la tiranía de
tener que demostrar cuánto valemos.
Alcanzar muchos logros para Dios puede hacernos sentir importantes, pero
lo que realmente nos hace valiosas para Él es lo que le permitimos llevar a
cabo en nosotras: hacernos conforme a la imagende su Hijo (Romanos
8:28-30). Julie
31 de octubre
Falsa familia
Mateo 15:1-9
Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está muy lejos de mí.
—Mateo 15:8
Aun constructor en California se le ocurrió una idea innovadora para vender
sus casas. Piensa que una buena manera de hacer más atractiva una casa es
tener a una familia allí cuando se muestra la propiedad. Entonces, contrata a
actores para que representen familias felices en los hogares modelo de su
compañía. Los compradores potenciales pueden hacerles preguntas acerca
de la casa. Cada falsa familia cocina, ve televisión y juega mientras los
posibles compradores recorren el lugar.
Puede que ese tipo de falsedad no cause daño alguno, pero piensa en la
farsa de los líderes religiosos en los días de Jesús (Mateo 15:1-9). Fingían
amar a Dios y desarrollaron una larga lista de reglas que ellos y los demás
debían obedecer. Jesús los llamó «hipócritas» (v. 7). Dijo que con sus
palabras honraban a Dios, pero sus corazones decían otra cosa… estaban
lejos de Él (v. 8).
Ese tipo de fingimiento también continúa hoy. Decimos que amamos a
Jesús, pero puede que nuestros corazones estén lejos de Él. Dios quiere que
seamos auténticas. Anne
1 de noviembre
El romance
Rut 3:1-11
Y le dieron nombre las vecinas, diciendo: Le ha nacido un hijo a Noemí; y
lo llamaron Obed. Este es padre de Isaí, padre de David.
—Rut 4:17
Rut y su suegra Noemí enfrentaron pobreza después de la muerte de sus
respectivos esposos. Pero Dios tenía un plan para ellas.
Booz, un acaudalado terrateniente, conocía y admiraba a esta mujer (Rut
2:5-12), pero una noche, se sorprendió cuando al despertarse, la vio
acostada junto a sus pies (3:8). Rut le pidió que extendiera su manto sobre
ella para indicar que por ser un familiar cercano, estaba dispuesto a ser su
«pariente que [la podía] redimir» (v. 9 NVI). No solo le pedía protección,
sino que se casara con ella. Y él estuvo de acuerdo (vv. 11-13; 4:13).
¡La decisión de Rut de seguir las instrucciones de Noemí (3:3-6) la
colocaron en el plan divino de redención! De aquel matrimonio nació un
hijo, Obed, el futuro abuelo del rey David (4:17). Después de varias
generaciones, José nació de aquel linaje y se convirtió en el «padre legal»
del hijo de María (Mateo 1:16-17; Lucas 2:4-5): Jesús, nuestro Pariente
Redentor.
Rut confió en Dios y obedeció las indicaciones de Noemí, aunque
desconocía el desenlace. También podemos confiar en que el Señor se
ocupará de nosotras cuando la vida sea incierta. Cindy
2 de noviembre
¿Un blanco o una tubería?
Colosenses 1:24-29
Para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual
actúa poderosamente en mí.
—Colosenses 1:29
Un día, durante mi tiempo devocional, me vino el siguiente pensamiento a
la mente: No dejes que la vida te suceda a ti. Deja que la vida suceda a
través de ti.
La primera frase me describía perfectamente, pues mi tendencia era ver la
vida como algo que venía hacia mí. Me sentía como un blanco desgastado.
Estaba usando todas mis energías para protegerme de los dardos de las
pruebas de la vida.
Sin embargo, la segunda frase, «Deja que la vida suceda a través de ti»,
presentaba un enfoque distinto. En lugar de esquivar los dardos de la vida,
dejaría que la vida y el amor de Dios se canalizaran a través de mí,
bendiciéndome al tiempo que bendecían a los demás.
Ese día, opté por convertirme en la tubería de Dios y no en el blanco de la
vida. Entonces, pude comenzar a vivir más eficazmente para Él.
En su carta a los colosenses, Pablo mencionó los numerosos problemas que
tenía. No obstante, estaba decidido a ser un canal de bendición permitiendo
que Dios obrara a través de él.
¿Y tú? ¿Eres un blanco o una tubería? Ese es un desafío y una elección para
todos los creyentes. Jonnie
3 de noviembre
Una multa singular
Efesios 1:1-10
En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las
riquezas de su gracia.
—Efesios 1:7
Un policía detuvo a una mujer mientras conducía porque su hijita no iba
sentada en el asiento especial para niños. Podría haberle aplicado una multa
de tránsito, pero en lugar de eso, les pidió a ambas que lo acompañaran a
una tienda cercana, donde él mismo compró el asiento requerido. La mujer
tenía problemas financieros y carecía de recursos para comprarlo.
En lugar de recibir una multa por su infracción, se fue con un regalo. Los
que conocen a Cristo han experimentado algo similar. Todos merecemos ser
castigados por quebrantar las leyes de Dios (Eclesiastés 7:20); sin embargo,
gracias a Jesús, experimentamos el favor inmerecido de parte de Dios, lo
cual hace que no tengamos que sufrir las consecuencias de nuestro pecado.
«En [Jesús] tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según
las riquezas de su gracia» (Efesios 1:7).
Después de atravesar esa situación, aquella madre señaló: «¡Estaré
agradecida de por vida!». ¡Esta agradecida respuesta de corazón es un
ejemplo inspirador para quienes hemos recibido el regalo de la gracia de
Dios! Jennifer
4 de noviembre
Dónde estamos
Mateo 6:25-34
Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas
os serán añadidas.
—Mateo 6:33
Me tomé el día en el trabajo para experimentar un poco de silencio y
soledad que tanto necesitaba. Tenía mucho por lo cual dar gracias, pero en
mi interior, luchaba con algo de lo cual tenía que hablar con Dios.
Mientras estaba sentada en un parque, mirando hacia una laguna, observé
un petirrojo que buscaba alimento. Al mirar cómo el pajarillo devoraba un
gusano, me vino a la mente Mateo 6:26: «Mirad las aves del cielo, que no
siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las
alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?».
Percibí que Dios me decía que me proveería lo que necesitaba mientras
busco su reino cada día (v. 33). No hace falta que me preocupe ni que me
esfuerce para lograrlo. Debo obedecer al Señor fielmente, confiar en Él y
descansar en su poder para hacer lo que yo no puedo.
La preocupación no le añadirá nada a mi vida; tan solo le quitará (v. 27).
Después de todo, mi Padre celestial sabe exactamente lo que necesito.
Marlena
5 de noviembre
Carta de amor
Salmo 119:97-104
¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.
—Salmo 119:97
Todas las mañanas, cuando llego a mi oficina, acostumbro revisar los
correos electrónicos. En general, lo hago sin prestar mucha atención. Sin
embargo, hay algunos que estoy ansiosa por abrir: los que mandan mis seres
queridos.
Alguien dijo que la Biblia es la carta de amor de Dios a nosotras. No
obstante, tal vez hay días, como me sucede a mí, en los que no tienes ganas
de abrirla, y tu corazón no se hace eco de las palabras del salmista: «¡Oh,
cuánto amo yo tu ley!» (Salmo 119:97). Las Escrituras son «tus
mandamientos» (vv. 98, 100), «tus testimonios» (v. 99), «tu palabra» (v.
101).
Con respecto a ciertas personas, se dice que cuanto más uno las conoce,
menos las admira; sin embargo, en el caso del Señor, es a la inversa.
Familiarizarse con la Palabra de Dios, o más bien, con el Dios de la Palabra,
genera afecto; y el afecto, a su vez, lleva a querer conocerla más.
Cuando abras tu Biblia, recuerda que Dios —Aquel que te ama más que
nadie— tiene un mensaje para ti. Poh Fang
6 de noviembre
Fe sacrificial
Hechos 6:8-15; 7:59-60
Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
—Mateo 5:10
Una vibrante congregación de creyentes iraníes se reúne en nuestra iglesia
londinense. Su pasión por Cristo nos conmueve cuando comparten historias
sobre la persecución y de cómo algunos fueron perseguidos y otros, como el
hermano del pastor, martirizados por su fe. Estos fieles creyentes siguen los
pasos de Esteban, el primer mártir cristiano.
Esteban, uno de los primeros líderes de la iglesia primitiva, atraía la
atención en Jerusalén al hacer «grandes prodigios y señales» (Hechos 6:8),
y fue llevado ante las autoridades judías. Antes de describir