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365 devocionales de mujeres para mujeres Nuestro Pan Diario Prólogo Porque ha inclinado a mí su oído; por tanto, le invocará en todos mis días. —Salmo 116:2 ¿C ómo sabes que Dios te oye cuando clamas a Él? Me refiero a oírte de verdad. Puedo contar con los dedos de una sola mano las veces en las que a lo largo de mi vida, Dios reveló de manera específica y personal que, sin duda, escucha mi clamor: mis oraciones por un hijo —como las que hacía Ana— fueron respondidas después de casi cinco años a través de la adopción; mis ruegos nocturnos por un adolescente que no respetaba el horario de volver a casa fueron respondidos cuando ese hijo por fin regresó; mis oraciones —junto con las de otros— por la necesidad financiera de un ministerio fueron respondidas cuando llegó por correo un generoso cheque (y todos estallamos en alabanza); mis clamores desesperados para que Dios protegiera a mi esposo de una crisis de salud y me llevara de regreso a su lado desde otro continente, y llegué y lo encontré con vida. En cada momento, percibí cómo Dios se acercaba a asegurarme que, por cierto, Él oye. Y no sólo oye, sino que también responde. A pesar de estos recuerdos que apuntalan la fe, en gran parte de mi vida cotidiana, todavía me siento desoída, mientras me quejo y lucho y hasta a veces lloriqueo. Cuando el silencio de Dios desciende, voy más allá de mi propia historia para ver cómo Él ha escuchado a su pueblo a través de las generaciones. Grabados a lo largo de los milenios, encontramos miles de instancias del oído de Dios inclinado a escuchar: a Lea y Raquel, cuando clamaban pidiendo un hijo (Génesis 30:17, 22); a Israel, cuando gemía en la esclavitud (Éxodo 2:24); a Moisés, cuando intercedía por su pueblo en el Monte Sinaí (Deuteronomio 9:19); a Josué, cuando lideraba la batalla en Gilgal (Josué 10:14); a David, cuando clamaba para ser librado de Saúl (2 Samuel 22:7). Y más adelante, en el Nuevo Testamento, cuando el Verbo —Jesús— se hizo carne, caminó por esta tierra y escuchó (Juan 1:14). Hoy el Espíritu de Dios escucha los gemidos de toda su creación, mientras aguardamos nuestra unión final con Él (Romanos 8:26-27). Dios oye. En 1 Juan 5:14, leemos: «si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye». La palabra griega traducida «oye», akoúo, significa prestar atención y responder a lo que se escuchó. Más que sugerir una «fórmula» que garantice que Dios concederá todas nuestras peticiones, Juan nos insta a orar con confianza, porque el corazón de Dios está inclinado hacia nosotras. Dios oye de una manera orientada a la acción, y desea responder en amor. Akoúo. Dios oye. El título y el primer artículo de este libro celebran la realidad de que Dios oye a la mujer. Una y otra vez en la Biblia, Dios oye las necesidades de las mujeres —tanto a las que se llama por nombre como a las que aparecen anónimas— y responde para suplirlas. Jesús interactúa con mujer tras mujer, ofreciéndole agua a una ultrajada mujer junto a un pozo, devolviéndole un hijo que estaba poseído por demonios a su madre angustiada, recibiendo la ofrenda derramada de María de Betania, consolando en el primer encuentro luego de la resurrección el corazón roto de María Magdalena. Que a medida que leas las palabras de cada devocional en este libro, escrito por mujeres como tú para mujeres como tú, puedas percibir cómo Dios inclina su oído a tu corazón. Dios oye. Dios oye a la mujer. Y como Dios oye y oye a la mujer, puedes estar segura de que Dios te oye a ti. Esto sí que es algo bien personal. Elisa Morgan 1 de enero Dios oye 1 Samuel 1:9-20 Pero Ana hablaba en su corazón, […] y su voz no se oía… —1 Samuel 1:13 Un día, le dije que iba a leer durante un rato uno para adultos, y que después, volveríamos a ver otras historias juntas. Abrí mi libro y empecé a leer en silencio. Poco después, ella me miró extrañada y observó: «Mami, me parece que no estás leyendo de verdad». Supuso que, como no hablaba, no estaba procesando las palabras. Tal como sucede con la lectura, la oración también puede ser silenciosa. Ana, que anhelaba tener un hijo, visitó el templo y «hablaba en su corazón» mientras oraba. Movía los labios, pero «su voz no se oía» (1 Samuel 1:13). El sacerdote Elí vio lo que pasaba, pero no entendió. Entonces, ella le explicó: «he derramado mi alma delante del Señor» (v. 15). Dios oyó el pedido de oración silencioso de Ana y le dio un hijo (v. 20). Nuestro Dios omnisciente escudriña nuestro corazón y nuestra mente, y oye cada plegaria; incluso las silenciosas. Podemos orar con confianza, sabiendo que Él oirá y responderá (Mateo 6:8, 32). Por esta razón, podemos alabar a Dios, pedirle que nos ayude y agradecerle por todas sus bendiciones; aun cuando nadie más nos oiga. Si alguien nos ve hablando con el Señor, puede afirmar con seguridad: «¡Dios la escucha!». Jennifer 2 de enero Lo viejo y lo nuevo Gálatas 5:16-23 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. —2 Corintios 5:17 Los buenos propósitos en enero son perder peso, hacer más ejercicio, dejar de hablar por el teléfono móvil mientras se está conduciendo. Queremos cambiar las cosas en nuestra vida que nos hacen infelices… aun cuando la mayoría de los buenos propósitos para el año nuevo no duran más de tres semanas. ¿Qué pasaría si pudieras preguntarle a Dios qué es lo que Él quiere que cambies, mejores o comiences a hacer este año? Podría ser que Él te dijera que: muestres más del fruto del Espíritu en tu vida, el cual es «amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza» (Gálatas 5:22-23); ames a tus enemigos, bendigas a los que te maldicen, hagas bien a los que te aborrecen, y ores por los que te persiguen (Mateo 5:44); vayas por todo el mundo y prediques el evangelio a toda criatura (Marcos 16:15); estés «contenta con lo que tienes ahora (Hebreos 13:5); Como creyentes y nueva creación, podemos ser libres de los antiguos patrones y fracasos. Debemos pedirle a Dios que nos ayude a vivir cada día en el poder del Espíritu Santo. Entonces, podemos desechar lo viejo y adoptar lo nuevo (2 Corintios 5:17). Cindy 3 de enero Sin apetito Nehemías 8:1-12 Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación. —1 Pedro 2:2 Cuando los israelitas volvieron después de 45 años de exilio en la lejana Babilonia, su apetito espiritual estaba debilitado (Nehemías 8:1-12) . Se habían alejado de Dios y sus caminos. Para que el pueblo recuperara la salud espiritual, Nehemías organizó un seminario bíblico, y Esdras fue el maestro. Esdras leyó del libro de la ley de Moisés desde el amanecer hasta el mediodía, para alimentar al pueblo con la verdad de Dios (Nehemías 8:3), y todos escucharon atentamente. Es más, su apetito por la Palabra de Dios se despertó de tal manera que los jefes de familia, los sacerdotes y los levitas se reunieron al día siguiente con Esdras para estudiar la ley de manera más detallada, porque querían entenderla mejor (v. 13). Cuando nos sentimos separadas de Dios o espiritualmente débiles, podemos hallar alimento espiritual en su Palabra. «Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación» (1 Pedro 2:2). Pídele al Señor que renueve tu deseo de tener comunión con Él, y empieza a alimentar tu corazón, alma y mente en su Palabra. Poh Fang 4 de enero La esperanza nozomi 2 Corintios 4:7-18 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios… —2 Corintios 4:7 En 2011, un terrible terremoto y el sunami resultante destruyeron 230.000 hogares y cerca de 19.000 vidas en una región al noreste de Tokio. Luego del desastre, nació The Nozomi Project [El proyecto nozomi ], llamado así por la palabra japonesa para «esperanza», a fin de brindar un ingreso sostenible, y recuperar la comunidad, la dignidad y la esperanza en un Dios que provee. Las mujeres de este proyectobuscan entre las ruinas para descubrir fragmentos de vajilla, los cuales lijan y engarzan para crear joyas, las cuales se venden en todo el mundo. Esto brinda sustento a estas mujeres y comparte símbolos de su fe en Cristo. En la época del Nuevo Testamento, se acostumbraba esconder objetos de valor en el insólito contenedor de una simple vasija de arcilla. Pablo describe cómo el tesoro del evangelio está contenido en la fragilidad humana de los seguidores de Cristo: vasos de barro (2 Corintios 4:7). Esto sugiere que las vasijas débiles —incluso rotas— que son nuestras vidas pueden revelar el poder de Dios al contrastarlo con nuestras imperfecciones. Cuando Dios habita en las piezas imperfectas y rotas de nuestras vidas, la esperanza sanadora de su poder suele hacerse más visible. Su obra reparadora en nuestro corazón no esconde nuestras imperfecciones, pero quizá esas marcas hacen que los demás puedan ver el carácter de Dios. Elisa 5 de enero Tiempo a solas con Dios Mateo 14:13-23 … [Jesús] subió al monte a orar aparte… —Mateo 14:23 Casi una docena de niños hablaban y jugaban. Con tanta actividad, empezó a hacer calor en la habitación, y abrí la puerta. Un muchachito consideró que esa era su oportunidad de escaparse. Cuando estaba por alcanzarlo, no me sorprendió que estuviera yendo derecho hacia los brazos de su papá. Este niño hizo lo que todos necesitamos hacer cuando la vida se vuelve ardua y angustiosa: se escabulló para estar con su padre. Jesús buscaba oportunidades para pasar tiempo en oración con su Padre celestial. Podría decirse que esta era la manera en que soportaba las demandas que consumían su energía humana. Una vez, fue a un lugar solitario cuando lo seguía una multitud. Al ver sus necesidades, los sanó y les dio de comer. Sin embargo, después de eso, «subió al monte a orar aparte» (Mateo 14:23). Aunque Jesús ayudó muchas veces a una gran cantidad de personas, no permitió que esto lo agotara ni lo apresurara, sino que alimentaba su comunión con Dios por medio de la oración. ¿Y tú? ¿Dedicarás tiempo a estar a solas con Dios para experimentar la fortaleza y la satisfacción que solo Él ofrece? Jennifer 6 de enero Motivadas por Dios 1 Reyes 8:54-63 Incline nuestro corazón hacia él, para que andemos en todos sus caminos… —1 Reyes 8:58 Hace unos meses, recibí un email donde me invitaban a unirme a una comunidad de «personas motivadas». Busqué la palabra «motivado», y descubrí que se refiere a alguien determinado a triunfar y a trabajar duro para lograrlo. ¿Es bueno ser una persona motivada? Hay una prueba que nunca falla: «hacedlo todo para la gloria de Dios» (1 Corintios 10:31). Piensa en lo que sucedió después del diluvio de la época de Noé. Algunas personas decidieron construir una torre para hacerse famosas y evitar ser esparcidas por el mundo (Génesis 11:4). Su motivación era incorrecta. En cambio, cuando el rey Salomón dedicó el arca del pacto y el templo recientemente edificado, declaró: «he edificado la casa al nombre del Señor» (1 Reyes 8:20). Después, oró: «Incline nuestro corazón hacia él, para que andemos en todos sus caminos, y guardemos sus mandamientos» (v. 58). Salomón estaba motivado por Dios. Que sea «perfecto [nuestro] corazón para con el Señor nuestro Dios, andando en sus estatutos y guardando sus mandamientos» (v. 61). Entonces, seremos la clase de mujeres con una motivación correcta. Keila 7 de enero El Rey pudo hacerlo Mateo 19:16-26 … para Dios todo es posible. —Mateo 19:26 De niña, tenía un libro preferido de versos infantiles. Recuerdo en particular a Humpty Dumpty, al que me imaginaba como una criatura grande, con cuerpo en forma de huevo, cara pintada y brazos y piernas delgados, balanceándose alegremente sobre un muro. Entonces, se cayó y se rompió en incontables pedazos. De niña, sentía lo desesperanzado de la situación siempre que leía que «no pudieron componer a Humpty Dumpty otra vez». He conocido a Cristo como Salvador y Señor desde la niñez. He experimentado su poder y sus manos tiernas restaurando las piezas rotas de mi vida y de las vidas de otros. He sentido el gozo de ver a muchos mal llamados «desesperanzados adictos a las drogas» hechos nuevas personas en Cristo. Como resultado, le he agregado una línea a los versos de Humpty Dumpty: «Lo que los caballos y los hombres del rey no pudieron hacer, el Rey pudo hacerlo!». ¿Te sientes destrozada y quebrantada hoy, o está así alguien que amas? Recuerda, no hay nadie irremediable ni por encima del auxilio salvador de Dios. Jesús dijo: «Para Dios todo es posible» (Mateo 19:26). Cuando las piezas rotas de la vida parecen irreparables, no desistas. Tenemos un Rey que puede volver a componer a toda persona. Joanie 8 de enero Pasión desatada Hechos 9:1-9 … prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. —Filipenses 3:12 Emmett J. Scanlan, el actor que hizo de Saulo en la serie de televisión A.D. The Bible Continues [d.C., La Biblia continúa], representó los esfuerzos de Saulo por eliminar a los creyentes en Jesús de una manera que me hizo estremecer. ¡Me costaba entender que este hombre se transformaría en el amado apóstol Pablo! Sin embargo, cuando Saulo se encontró con Jesús mientras iba a Damasco, todo cambió. Y apenas le fue restaurada la vista y se confirmó su llamado, Pablo, con su nuevo nombre, volvió a zambullirse con pasión en su tarea. Solo que, esta vez, estaba a favor de Jesús en lugar de en su contra (Hechos 9:21). Pablo era un hombre de convicción y de pasión irrefrenable. Hoy, personas de todo el mundo leen sus cartas para hallar guía e instrucción en la fe cristiana. Su pasión sigue haciendo eco a través de las edades (Filipenses 3:12). ¿Cómo sería el mundo si viviéramos para Dios con pasión, convicción y celo? El mundo aguarda la respuesta: «Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios» (Romanos 8:19). Que al igual que con Pablo, ¡la pasión por Dios fluya de nosotras mientras la creación se regocija en la revelación de la maravillosa obra de Dios! Remi 9 de enero No se olvida de mí Salmo 13 Nuestra alma espera al Señor; nuestra ayuda y nuestro escudo es él. —Salmo 33:20 Esperar resulta siempre difícil; pero cuando pasan días, semanas y meses sin que nuestras oraciones parezcan tener respuesta, es fácil creer que Dios se ha olvidado de nosotros. Las preocupaciones parecen inmensas, y las horas de oscuridad, interminables. El agotamiento hace que parezca imposible enfrentar el nuevo día. El salmista se angustiaba con la espera (Salmo 13:1). Se sentía abandonado, como si sus enemigos estuvieran triunfando (v. 2). Es fácil desanimarse cuando esperamos que Dios resuelva una situación difícil o responda una oración repetida varias veces. Satanás susurra que el Señor nos ha abandonado y que nada cambiará. Tal vez seamos tentadas a caer en la desesperación. ¿Para qué molestarnos en leer la Biblia u orar? ¿Para qué esforzarnos para adorar junto con otros creyentes en Cristo? Sin embargo, en la espera es cuando más necesitamos nuestros salvavidas espirituales, ya que estos nos mantienen aferradas al amor de Dios y nos vuelven sensibles a su Espíritu. El salmista tenía un remedio: se centraba en todo lo que sabía sobre el amor de Dios, evocaba las bendiciones del pasado y alababa deliberadamente al Señor, quien no se olvidaría de él. Nosotras podemos hacer lo mismo porque nunca somos olvidadas. Marion 10 de enero Mezcla de fe y duda Salmo 42 ¿Por qué te abates, alma mía…? Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez… —Salmo 42:11 Cuando mi buena amiga Sharon murió en un accidente automovilístico, se me destrozó el corazón. Me da vergüenza admitirlo, pero cuando las circunstancias de la vida duelen tanto, mi fe a menudo se mezcla con la duda. Cuando Sharon murió, clamé a Dios con estas preguntas: Señor, la verdad no te entiendo. ¿Por qué has permitido esta muerte? [El] entendimiento [del Señor] es inescrutable» (Isaías 40:28). «Porque mis pensamientosno son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice el Señor» (Isaías 55:8). Señor, no te puedo comprender. Me pregunto si has dado la espalda al mundo. «Sentado está Dios en su santo trono» (Salmo 47:8) y «domina con su poder para siempre» (Salmo 66:7). Señor, sé que estás gobernando este mundo, pero ¿no te importa el dolor? ¿Te has olvidado de ser bueno? Yo soy «bueno y perdonador, abundante en misericordia para con todos los que [me] invocan» (Salmo 86:5). Sí, Señor, has sido bueno conmigo en incontables maneras, incluso cuando escuchas mis dudas y preguntas sobre ti. Puede que las respuestas que Dios nos da en su Palabra no alejen nuestra tristeza, pero siempre podemos descansar en la verdad de que Él es sabio, soberano y bueno. Anne 11 de enero Alguien en quien confiar Proverbios 20:6 … un hombre digno de confianza, ¿quién lo hallará? —Proverbios 20:6 ( lbla ) «N o puedo confiar en nadie —sollozó mi amiga—. Cada vez que lo hago, me lastiman». Su historia me hizo enojar. Un exnovio, en el cual pensaba que podía confiar, había empezado a esparcir rumores sobre ella cuando se alejaron. Como le costaba confiar después de una infancia dolorosa, esta traición pareció confirmar que no se puede confiar en nadie. Su historia me dolió y me recordó momentos de traición inesperados en mi propia vida. La Escritura habla con franqueza sobre la naturaleza humana. En Proverbios 20:6, el autor expresa el mismo lamento que mi amiga, dejando constancia para siempre del dolor de la traición. Lo que sí pude decirle es que la crueldad de los demás es tan solo parte de la historia. Aunque las heridas que nos infligen son reales y dolorosas, a través de Jesús, el amor genuino es posible. En Juan 13:35, Jesús les dijo a sus discípulos que el mundo sabría que eran sus seguidores debido al amor que ellos demostraran. Aunque algunos quizá nos lastimen, también habrá personas que nos muestren el amor del Señor, nos apoyen de forma incondicional y nos cuiden. Al descansar en su amor infalible, podemos hallar sanidad, comunión y valor para amar a otros como Él nos amó. Monica 12 de enero Compasión completa 2 Corintios 1:3-7 [Dios] nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación… —2 Corintios 1:4 Después de una época tumultuosa en su vida, Bethany Haley Williams luchaba con la vergüenza y la desolación. La travesía fue difícil, pero a través de Jesús, experimentó una sanidad que transformó su vida. Impulsada por la gracia y la misericordia que había recibido, Bethany fundó Exile International, una organización sin fines de lucro que implementa terapia artística-expresiva y cuidado rehabilitador a largo plazo para restaurar y fortalecer a los niños afectados por la guerra en África. Respecto a sus esfuerzos, Bethany dijo: «Cuando tu mayor dolor se transforma en tu mayor ministerio, la gracia completa el ciclo». Hoy, Bethany dedica su vida a poner en práctica las palabras de 2 Corintios 1:3-4. Después de recibir el consuelo de Dios, ahora puede darles a otros «el mismo consuelo que Dios [le] ha dado a [ella]» (v. 4 NTV). Dios conoce nuestros sufrimientos y desgracias, y nos acompaña en el dolor. Él es misericordioso, amoroso y está atento a nuestras necesidades; y puede usar cualquier experiencia para levantar y ayudar a otros que lo necesiten. No importa lo que hayamos hecho o lo que estemos enfrentando, Dios está allí para prodigarnos su compasión y su amor… regalos que podemos compartir con los demás. Roxanne 13 de enero Sin público Mateo 6:1-7 Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos… —Mateo 6:1 Según una leyenda, una noche de invierno, el programa anunciaba que el compositor Juan Sebastián Bach interpretaría una obra nueva escrita por él. Llegó a la iglesia pensando que estaría repleta, pero se enteró de que no había ido nadie. Sin dudar un instante, Bach les dijo a sus músicos que harían la presentación tal como lo habían planeado. Todos se ubicaron en sus lugares, Bach tomó la batuta, y de inmediato, la magnífica música llenó todo el edificio. Esta historia me hizo reflexionar: ¿Escribiría yo si Dios fuera mi único público? ¿En qué cambiarían mis escritos? Cuando escribo artículos devocionales, trato de mantener en mente a los lectores porque deseo expresar algo que ellos quieran leer y que los ayude en su sendero espiritual. Dudo que David, el «escritor de devocionales» cuyos salmos leemos en busca de consuelo y aliento, tuviera en mente a los «lectores». Al único al que apuntaba era a Dios. Ya sea que nuestras «justicias», mencionadas en Mateo 6, sean obras de arte o acciones serviciales, debemos mantenernos enfocadas en que son algo entre nosotras y Dios. No importa si los demás las ven o no. Él es nuestro público. Julie 14 de enero Anillos y gracia Hebreos 8:6-13 … nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades. —Hebreos 8:12 Cuando me miro las manos, recuerdo que perdí mis anillos de compromiso y de boda. Estaba haciendo varias cosas mientras empacaba para un viaje, y todavía no tengo idea de dónde terminaron. Me aterraba contarle mi error a mi esposo, porque me preocupaba cómo lo afectaría la noticia. Sin embargo, respondió con más compasión e interés por mí que preocupación por los anillos. No obstante, ¡a veces, todavía quiero hacer algo para ganarme su favor! Él, por el contrario, no me lo echa en cara. Muchas veces, recordamos nuestros pecados y sentimos que tenemos que hacer algo para ganarnos el perdón de Dios. Pero el Señor dijo que es por gracia, y no obras, que somos salvas (Efesios 2:8-9). Tenemos un Dios que perdona y no recuerda más el mal que hicimos. Tal vez nos dé tristeza nuestro pasado, pero tenemos que confiar en su promesa y creer que su gracia y su perdón son reales a través de la fe en Jesucristo. Esta noticia debe llevarnos a la gratitud y la seguridad que son resultados de la fe. Cuando Dios perdona, olvida. Keila 15 de enero Preparativos Juan 14:1-6 Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo… —Juan 14:3 Mientras veíamos el cuerpo de mi suegro en su ataúd en la funeraria, uno de sus hijos puso el martillo de su padre al lado de sus manos. Años después, cuando murió mi suegra, uno de sus hijos deslizó un par de agujas de tejer entre sus dedos. Esos tiernos gestos nos reconfortaron, al recordar la frecuencia con que ellos habían usado esos elementos durante sus vidas. Sabíamos, por supuesto, que no iban a necesitar esas cosas en la eternidad. ¡No podemos llevarnos nada! (Salmo 49:16-17; 1 Timoteo 6:7). Sin embargo, mis suegros sí habían necesitado cierta preparación para la eternidad, que llegó años antes cuando confiaron en Jesús como su Salvador. Los preparativos para la vida futura no pueden comenzar cuando morimos. Cada persona debe preparar su corazón, aceptando el regalo de la salvación que se hizo posible por el sacrificio de Jesús en la cruz. Dios también ha hecho preparativos: «Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» (Juan 14:3). El Señor ha prometido prepararnos un lugar para que vivamos eternamente con Él. ¿Has hecho preparativos para Él? Cindy 16 de enero Destruir lo que divide Josué 7:1-12 … No seguiré más con ustedes a menos que destruyan esas cosas […] destinadas para ser destruidas. —Josué 7:12 (NTV) Se aproximaba una fecha de entrega, y una discusión que había tenido con mi esposo me daba vueltas por la cabeza. Me quedé mirando el cursor parpadeante, mientras pensaba: Él también estuvo equivocado, Señor. Cuando la pantalla de la computadora se apagó, vi mi reflejo enfadado. Mis errores sin reconocer entorpecían mi trabajo y dañaban mi relación con mi esposo y con Dios. Tomé el teléfono, me tragué el orgullo y pedí perdón. Saboreando la paz de la reconciliación, le di gracias a Dios y terminé mi artículo a tiempo. Los israelitas experimentaron el dolor del pecadopersonal y el gozo de la restauración. Josué les advirtió que no se enriquecieran en la batalla por Jericó (Josué 6:18), pero Acán robó y escondió en su tienda algunas cosas del botín (7:1). Solo después de que su pecado fue descubierto y juzgado (vv. 4-12), la nación pudo reconciliarse con Dios. Como Acán, no siempre pensamos que «guardar pecado en nuestra tienda» aleja nuestro corazón de Dios y afecta a quienes nos rodean. Reconocer a Jesús como Señor, admitir nuestro pecado y pedir perdón proporcionan el cimiento para relaciones saludables con Dios y los demás. Al someternos a diario a nuestro amoroso Creador, podemos servirlo y disfrutar de su presencia… juntos. Xochitl 17 de enero Una vida coherente Job 40:1-14 ¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?… —Job 38:4 Cuando preparo mi casa para algún evento especial, me desanimo porque creo que mis invitados no se dan cuenta de que limpio; solo notan cuando ven algo sucio. Esto me trae a la mente una pregunta filosófica y espiritual más importante: ¿Por qué los humanos ven con más facilidad lo que está mal que lo que está bien? Pero luego, me doy cuenta de que actúo igual con Dios. Suelo concentrarme en lo que no ha hecho, en lo que no tengo y en las situaciones que todavía están sin resolver. El libro de Job me recuerda que al Señor no le gusta esto, al igual que a mí. Después de años de prosperidad, Job sufrió una serie de desastres. De repente, estas cosas se transformaron en el centro de su vida y sus conversaciones. Por último, Dios intervino y le hizo a Job varias preguntas difíciles, recordándole su soberanía y todo lo que aquel patriarca no sabía ni había visto (Job 38–40). Cuando empezamos a concentrarnos en lo negativo, procuremos detenernos a considerar la vida de Job, y notar las maravillas que Dios ha hecho y sigue haciendo. Julie 18 de enero Amor sin fronteras 3 Juan 1-11 Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos. —3 Juan 5 La primera vez que experimenté la belleza del cuerpo global de Cristo fue cuando viajé de Sudáfrica a Malasia como maestra. En aquel país, con sus diversas religiones y creencias culturales, descubrí un hogar espiritual lejos de mi hogar. Desde que entré a la pequeña iglesia al final del camino, me recibieron con calidez y me trataron como parte de la familia. A miles de kilómetros del lugar donde crecí, conocí personas con el mismo espíritu y el mismo amor por Jesús. Dios le da gran valor a nuestro trato favorable hacia los creyentes que no están en nuestra iglesia local, y eso nos lleva a Gayo, en 3 Juan. Juan lo felicitó por su fidelidad a la verdad del evangelio, expresada mediante su cuidado generoso y su recibimiento a los maestros itinerantes (vv. 3-6) que iban de una ciudad a otra enseñando el evangelio (vv. 7-8). No hay nada como viajar a una ciudad o país distinto y encontrarse con otro creyente en Jesús. Dios anhela que nos concentremos en Él y nos recibamos unos a otros con alegría. ¡Esto es el amor sin fronteras! Ruth 19 de enero Círculos de oración Lucas 18:9-14 Cualquiera que se enaltece, será humillado. —Lucas 18:14 Las niñas de sexto grado hicieron un círculo y oraron unas por otras en el grupo de estudio bíblico. «Padre que estás en el cielo —oró Ana—, por favor, ayuda a Antonia que no esté tan loca por los muchachos». Antonia añadió con una risita: «Y ayuda a Ana a que deje de actuar tan mal en la escuela y que no moleste a otros niños». Luego, Talía oró: «Señor, ayuda a Antonia a escuchar a su mamá en vez de responderle mal siempre». Aunque las peticiones eran reales, las niñas parecían disfrutar molestando a sus amigas, señalando sus errores delante de los demás en vez de preocuparse por su necesidad de la ayuda de Dios. La líder del grupo les recordó sobre la seriedad de hablar con el Dios todopoderoso y la importancia de evaluar sus propios corazones. Si usamos la oración para señalar las faltas de los demás mientras ignoramos las nuestras, somos como el fariseo en la parábola de Jesús, que oró: «Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano» (Lucas 18:11). En cambio, debemos ser como el hombre que le pidió a Dios que tuviera misericordia de él, «un pecador» (v. 13). La forma más elevada de oración proviene de las profundidades de un corazón humilde. Anne 20 de enero Tu lugar seguro Proverbios 18:10-11 El nombre del Señor es torre fuerte, a ella corre el justo y está a salvo. —Proverbios 18:10 (LBLA) Mi hija y yo estábamos preparándonos para ir a una reunión familiar. Como ella estaba nerviosa por el viaje, me ofrecí para conducir. «Está bien. Pero me siento más segura en mi auto. ¿Puedes conducirlo?», preguntó. Supuse que prefería su vehículo porque era más grande que el mío, así que respondí: «¿El mío es demasiado chico?», a lo que contestó: «No, es que mi auto es mi “lugar seguro”; y no sé por qué me siento protegida». Su comentario me desafió a considerar cuál era mi «lugar seguro». De inmediato, pensé en Proverbios 18:10: «El nombre del Señor es torre fuerte, a ella corre el justo y está a salvo» (LBLA). En la época del Antiguo Testamento, los muros y la torre de una ciudad advertían sobre los peligros de afuera, y protegían a sus ciudadanos adentro. La idea del escritor es que el nombre de Dios, que refleja su carácter, su esencia y todo lo que Él es, brinda verdadera protección a sus hijos. ¿Cuál es tu «lugar seguro»? Cada vez que busquemos protección, la presencia de Dios con nosotras es ese lugar que da la fortaleza y la seguridad que necesitamos. Elisa 21 de enero Fe verdadera Hebreos 11:6, 24-29 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. —Hebreos 11:6 En el internado en Nigeria, donde yo asistía, los alumnos más grandes dirigían a los más jóvenes. Una vez, perdí un tazón que le pertenecía a un alumno mayor bastante malhumorado. Recibí un ultimátum para encontrar y devolver el tazón la mañana siguiente, así que me fui a dormir llena de miedo. Le pedí a Dios que me ayudara, antes de sumirme en un sueño inquieto. ¡Imagina mi asombro al día siguiente cuando el tazón apareció misteriosamente en el casillero del alumno! Los israelitas experimentaron un asombro mucho mayor cuando Dios dividió el Mar Rojo para que ellos cruzaran, antes de vencer al ejército de Faraón con esas mismas aguas (Éxodo 14:15-28; Hebreos 11:29). Sin embargo, al poco tiempo, se quejaban del agua amarga (Éxodo 15:24), y más adelante, adoraron un becerro de oro en lugar de a Dios (Éxodo 32:4). La verdadera fe puede aumentar con las experiencias en la cima del monte. Pero la fe que agrada a Dios no se apoya en cosas visibles (Hebreos 11:1). La verdadera fe nos ayuda a confiar en Él sin importar lo que suceda. Remi 22 de enero Una fragancia misteriosa 2 Corintios 2:12–3:6 Porque para Dios somos grato olor de Cristo… —2 Corintios 2:15 La mayoría de nosotras conoce a alguien —tal vez un pariente o amigo— que se distingue por un perfume en particular. Aun sin ver a esa persona, sabemos si está cerca. Sin decir palabras, su fragancia nos da la bienvenida a su compañía. Todo cristiano debería ser conocido también por llevar un perfume en particular: la fragancia de Cristo. Pero esta fragancia no se puede comprar donde venden cosméticos. Ni siquiera se puede embotellar y vender en la iglesia. Este misterioso perfume surge única y exclusivamente de nuestra íntima relación con Cristo, y emana por el aire una influencia sutil pero notoria hacia los demás. Alguien dijo de un cristiano en su pequeña ciudad: «Ese hombre nunca cruza por mi camino sin que yo mejore en algo por ello». Otro comentó sobre él: «Solamente tienes que estrechar su mano para saber que está lleno de Dios». Lo más probable es que este admirado creyente haya dado un testimonio verbal en algún momento. Pero sin el aroma de Cristo, su testimonio nohabría sido eficaz. El apóstol Pablo preguntó: «Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?» (2 Corintios 2:16). La respuesta es llana: nuestra fragancia, toda nuestra suficiencia, viene de Cristo solamente, no de nosotros. ¿Qué perfume te vas a poner hoy? Joanie 23 de enero Limpieza en el pasillo 9 Efesios 4:11-32 … de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí […] recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. —Efesios 4:16 Con el corazón apesadumbrado, me sentí tentada a interrumpir la conversación. Aunque no había escuchado toda la ácida discusión, capté lo suficiente como para entender que los cuatro compradores estaban profundamente insatisfechos con personas de su iglesia local. No los conocía, pero me dolía esta carnicería verbal del cuerpo de Cristo en un pasillo público de una tienda. Destruir verbalmente a alguien que fue creado a imagen de Dios no solo es incoherente con el carácter de Cristo, sino que entristece al Espíritu Santo (Efesios 4:30). Las palabras que les decimos a los demás son una ventana directa a nuestro corazón (vv. 15, 29; Lucas 6:45). La marca distintiva de la transformación que Jesús produce en nosotras es la forma en que abordamos las diferencias dentro del cuerpo. Pablo nos insta a quitar de nosotras «toda amargura, enojo [e] ira» (Efesios 4:31). Debemos ser un pueblo singular que valore y respete a sus miembros, mientras decimos «la verdad en amor» (v. 15). A medida que nos sometamos al Espíritu Santo, las palabras que honran a Cristo fluirán de nuestro corazón y nuestra boca. Regina 24 de enero ¿Hasta cuándo, Dios? Habacuc 1:1-4 ¿Hasta cuándo, oh Señor, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? —Habacuc 1:2 Hace un tiempo, estaba segura de que Dios nos estaba llevando a mi esposo y a mí en cierta dirección. Estábamos animados y emocionados porque lo que nunca habíamos soñado se estaba materializando ante nuestros ojos. Mientras empapábamos el proceso de oración, Dios parecía honrar nuestras peticiones. Hasta el último momento. Entonces, se nos cerró la puerta en la cara. Nos quedamos pasmados. ¿Por qué nos harías esto, Dios? ¿Para qué traernos hasta aquí? Nos sentíamos como el profeta Habacuc, quien se quejó al Señor: «¿Hasta cuándo, oh Señor, clamaré, y no oirás?» (Habacuc 1:2). Al igual que con las dos «quejas» de Habacuc —en los capítulos 1 y 2—, para nosotros fue bueno ser sinceros con Dios. Él conocía nuestras preguntas y nuestras quejas. A pesar de sus preguntas, Habacuc pudo declarar: «Con todo, yo me alegraré en el Señor […]. El Señor es mi fortaleza» (Habacuc 3:18-19). Dios sigue siendo bueno, incluso cuando las circunstancias no lo son. Marlena 25 de enero Extranjeros Hebreos 11:8-16 Porque esperaba la ciudad […] cuyo arquitecto y constructor es Dios. —Hebreos 11:10 Para estar segura, señalé en mi mapa dónde había estacionado la bicicleta. Como la orientación no es mi fuerte, sabía que podía perderme fácilmente en este laberinto de caminos con edificios históricos. La vida tendría que haber sido idílica, ya que acababa de casarme con un inglés y me había mudado a su país. Sin embargo, me sentía perdida. Mientras estaba callada, era una de ellos, pero en cuanto hablaba, sentía que me consideraban una turista norteamericana. Todavía no sabía bien cómo actuar, y pronto me di cuenta de que armonizar la vida entre dos pueblos testarudos sería más difícil de lo que pensaba. Me identifiqué con Abraham, quien dejó todo lo que conocía para obedecer el llamado de Dios a vivir como extranjero en otra tierra (Génesis 12:1). Enfrentó los desafíos de una cultura diferente confiando en Dios; y unos dos mil años después, el escritor de Hebreos lo denominó héroe (Hebreos 11:9). Como los demás hombres y mujeres mencionados allí, Abraham vivió por fe, esperando con ansias lo prometido y aguardando su hogar celestial. Como seguidoras de Cristo, somos extranjeras en esta tierra. Por fe, seguimos adelante, sabiendo que Él nos guiará, que nunca nos abandonará y que nos llevará al hogar celestial. Él nunca nos dejará ni nos abandonará. Por fe, anhelamos nuestro hogar. Amy 26 de enero ¿Quién ocupa el centro? Salmo 33:6-19 El consejo del Señor permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las generaciones. —Salmo 33:11 Hace poco, experimenté lo que, para mí, fue un «momento copernicano»: yo no soy el centro del universo; el mundo no gira alrededor de mí; no se mueve a mi paso, en mis términos ni según mis preferencias. Aunque desearíamos que fuera distinto, la vida no se trata de nosotras solamente: todo gira alrededor del Señor. En el Salmo 33, leemos que toda la naturaleza depende de Él y está bajo su control (vv. 6-9). Le asigna límites al mar y encierra el océano en grandes depósitos. Todo opera según las leyes que Dios ha establecido. Del mismo modo, toda la humanidad gira alrededor del Señor (vv. 13-19). Él ve a toda la raza humana. Hizo nuestro corazón y entiende todo lo que hacemos, y tiene poder para intervenir en nuestra vida y librarnos de situaciones fuera de control. Nuestra vida fue creada para centrarse en Dios, no en nosotras mismas. ¡Qué agradecidas podemos estar de servir a un Dios tan poderoso! Todo aspecto de nuestra existencia está bajo su control. Poh Fang 27 de enero Sigue las instrucciones Salmo 119:129-136 La exposición de tus palabras imparte luz; da entendimiento a los sencillos. —Salmo 119:130 Después de que una mujer entabló una demanda a un restaurante de comidas rápidas por haberse quemado con un café, las compañías comenzaron a cambiar sus manuales y etiquetas de advertencia. Fíjate en las siguientes instrucciones: En una comida congelada: Descongelar antes de comer. En una plancha: ¡Cuidado! No planche la ropa sobre su cuerpo. En un frasco de mantequilla de cacahuate: Puede contener cacahuates. Si algunas personas necesitan estas obvias directrices en los artículos para el hogar, imagínate cuánto más necesitamos la guía de Dios. El Salmo 119 habla de la importancia de su manual de instrucciones: la Biblia. En las páginas de las Escrituras encontramos lo que Dios quiere que creamos, seamos y hagamos. «Cree en el Señor Jesús, y serás salvo…» (Hechos 16:31). «Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo» (Efesios 4:32). Pídele al Señor que te enseñe sus estatutos y dirija tus pasos según su Palabra (Salmo 119:133, 135). Luego, léela con frecuencia y sigue las instrucciones. Anne 28 de enero Te presento a Shrek Ezequiel 34:11-16 … yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré. —Ezequiel 34:11 Shrek era una oveja desertora. Se alejó de su rebaño y estuvo perdida durante seis años. La persona que la encontró viviendo en una cueva en un lugar alto y escarpado de Nueva Zelanda no se dio cuenta de que era una oveja. «Parecía una especie de bestia bíblica», declaró. En cierto modo, lo era. Shrek era un cuadro de lo que les sucede a las ovejas que se separan de su pastor. Tuvieron que bajarla de la montaña, porque tenía la lana tan larga y pesada (27 kilos) que no podía caminar sin ayuda. Para aliviarla del peso de su rebeldía, la colgaron cabeza abajo, para que se quedara quieta y no se lastimara cuando el esquilador le cortaba el pesado vellón. La historia de Shrek ilustra la metáfora que utilizó Jesús cuando se autodenominó el buen Pastor (Juan 10:11), y cuando Dios se refirió a su pueblo como sus ovejas (Ezequiel 34:31). Tal como Shrek, no tomamos buenas decisiones cuando lo hacemos a solas, y el peso de las consecuencias nos aplasta (Ezequiel 33:10). Para aliviar ese peso, tal vez tengamos que caer de espaldas durante un tiempo. Y cuando terminamos en esa posición, es bueno permanecer quietas y confiar en que el buen Pastor hará su obra sin lastimarnos. Julie 29 de enero Dejar cosas Juan 4:9-14, 27-29 … la mujer dejó su cántaro, […] y dijo […]: Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No seráéste el Cristo? —Juan 4:28-29 Durante poco más de un año, después de que nuestro hijo adolescente obtuvo su licencia de conducir y comenzó a llevar billetera, recibimos varias llamadas de personas que la habían encontrado en distintos lugares. Le advertimos que fuera más cuidadoso y que no la dejara en cualquier lado. De todos modos, dejar cosas no es siempre algo malo. En Juan 4, leemos sobre una mujer que había ido a buscar agua a un pozo. Sin embargo, ese día, después de encontrarse con Jesús, cambió inmediatamente de objetivo. Dejó el cántaro de agua y regresó a la ciudad rápidamente para contarles a otros lo que el Señor le había dicho (vv. 28-29). Aun su necesidad física de agua perdió sentido frente a la oportunidad de hablarles a otros sobre el Hombre a quien acababa de conocer. Pedro y Andrés hicieron algo parecido cuando Jesús los llamó: dejaron sus redes de pesca (que eran su medio de ganarse la vida) y siguieron al Señor (Mateo 4:18-20). Nuestra nueva vida, siguiendo a Jesucristo, tal vez implique dejar algunas cosas, incluso aquellas que brindan satisfacción durante algún tiempo. Aquello que anteriormente deseábamos no puede compararse con la vida y el «agua viva» que ofrece Cristo. Cindy 30 de enero Una alternativa al enojo Proverbios 20:1-15 Honra es del hombre dejar la contienda… —Proverbios 20:3 Una mañana, en Perth, Australia, Fionn Mulholland descubrió que su auto había desaparecido. Entonces, se dio cuenta de que por error, había estacionado en una zona restringida y lo habían remolcado. Se sintió frustrado —en especial, por la multa de 600 dólares—, pero decidió no enojarse. En cambio, Mulholland escribió un poema cómico sobre la situación y se lo leyó al empleado del corralón. Al hombre le gustó el poema, y así se evitó una posible confrontación desagradable. El libro de Proverbios enseña: «Honra es del hombre dejar la contienda» (20:3). La contienda es esa fricción que hierve debajo de la superficie o que explota entre personas que no se ponen de acuerdo. Dios nos ha dado recursos para vivir en paz con los demás. Su Palabra nos garantiza que podemos enojarnos sin pecar (Efesios 4:26). Su Espíritu nos permite controlar las chispas de furia que nos llevan a atacar con nuestras palabras y acciones a los que nos agreden. Y Dios nos ha dado su ejemplo para imitar cuando nos provocan (1 Pedro 2:23). Hay alternativas al enojo innecesario. Jennifer 31 de enero Prueba por ti mismo Salmo 34:1-8 Gustad, y ved que es bueno el Señor; dichoso el hombre que confía en él . —Salmo 34:8 Una amiga publicó en su página de Facebook una receta para olla de cocción lenta. El resultado parecía tentador, así que descargué la receta, con la intención de usarla algún día. Poco después, otra amiga estaba buscando una receta similar, así que le envié esa. Ella se la reenvió a varias amigas, que también la compartieron. Más adelante, me enteré de que la receta se había compartido por todas partes, aunque nadie (ni siquiera la amiga que la había publicado originalmente) había preparado el platillo. La recomendamos sin haberla probado. A veces, hacemos algo similar con temas de la fe. Aunque nuestras motivaciones para «la necesaria edificación» de los demás (Efesios 4:29) son buenas y bíblicas, a menudo, es más fácil contar historias sobre confiar en Dios que ejercer fe en Él por nuestra cuenta. Dios no quiere que simplemente hable de Él, quiere que lo experimente. ¡Que hoy podamos probar y ver que Dios es bueno! Roxanne 1 de febrero De la tristeza al gozo Juan 16:16-22 … lloraréis y lamentaréis, […] pero […] vuestra tristeza se convertirá en gozo. —Juan 16:20 El embarazo de Kelly empezó a complicarse, y después de un largo trabajo de parto, los médicos decidieron hacerle una cesárea. Sin embargo, al sostener en sus brazos a su bebé, Kelly olvidó pronto su dolor. El gozo había desplazado la angustia. La Escritura afirma: «La mujer cuando da a luz, tiene dolor […]; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo» (Juan 16:21). Jesús usó esta ilustración con sus discípulos para enfatizar que aunque sufrirían porque pronto Él los dejaría, ese dolor se transformaría en gozo cuando volvieran a verlo (vv. 20-22). Jesús se refería a su muerte y resurrección… y a lo que seguiría. Después de su resurrección, pasó otros 40 días con los discípulos antes de ascender al cielo. Sin embargo, no los dejaría sin consuelo. El Espíritu Santo los llenaría de gozo (Juan 16:7-15; Hechos 13:52). Aunque nunca hemos visto a Jesús cara a cara, como creyentes, tenemos la seguridad de que un día, lo haremos. Ese día, la angustia que sufrimos en esta tierra quedará en el olvido. Pero hasta entonces, el Señor no nos dejó sin gozo… nos ha dado su Espíritu (Romanos 15:13; 1 Pedro 1:8-9). Alyson 2 de febrero Una vida en tiendas Génesis 12:4-9 Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda… —Génesis 12:8 Como crecí en Minnesota, un lugar conocido por la gran cantidad de lagos hermosos, me encantaba salir a acampar para disfrutar de las maravillas de la creación de Dios. Pero dormir en una tienda endeble no era lo que más me gustaba de la experiencia; en especial, cuando una noche lluviosa y una tienda con goteras terminaban en una bolsa de dormir empapada. Me maravilla pensar que uno de los héroes de la fe pasó cien años en tiendas. A los 75 años, Abraham escuchó el llamado de Dios para que dejara su tierra y el Señor lo convirtiera en una nueva nación (Génesis 12:1- 2). Abraham obedeció, y por el resto de su vida, hasta que murió a los 175 años (25:7), vivió en tiendas, lejos de su tierra natal. Aunque amamos este planeta y servimos a quienes viven en él, quizá anhelemos más profundamente lo que significa tener un hogar. Como Abraham, cuando el viento sacuda nuestras cubiertas endebles o la lluvia las empape, podemos mirar con fe a la ciudad por venir, aquella cuyo «arquitecto y constructor es Dios» (Hebreos 11:10). Que podamos, como él, tener la esperanza de que Dios está obrando para hacer nueva su creación, una futura «patria mejor, esto es, celestial» (v. 16) . Amy 3 de febrero Flores eternas Isaías 40:1-8 Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre. —Isaías 40:8 Cuando era pequeño, a mi hijo Xavier le gustaba traerme flores. Yo atesoraba cada uno de esos regalitos, hasta que se marchitaban y tenía que tirarlos. Un día, me regaló un hermoso ramo de flores artificiales. Sonrió mientras acomodaba las flores en un jarrón de vidrio, y me dijo: «¡Mira, mamá! Durarán para siempre. Así es como te amo». Desde entonces, mi niño creció y se transformó en un jovencito. Los pétalos de seda se fueron desgastando, pero esas flores todavía me recuerdan su afecto. Además, me traen a la mente algo que dura para siempre: el amor ilimitado y eterno de Dios, revelado en su Palabra infalible y perdurable (Isaías 40:8). Mientras los israelitas sufrían prueba tras prueba, Isaías los consoló con confianza en las palabras eternas de Dios (40:1). Proclamó que Él había pagado la deuda del pecado de los israelitas (v. 2), asegurando así su esperanza en el Mesías venidero (vv. 3-5). Ellos confiaron en el profeta porque se concentraba en Dios, no en las circunstancias. En un mundo lleno de incertidumbres y aflicción, las opiniones de los hombres e incluso nuestros propios sentimientos siempre están cambiando y son tan limitados como nuestra existencia (vv. 6-7). Aun así, podemos confiar en el amor y el carácter inalterables de Dios, como aparecen revelados en su Palabra firme y eternamente veraz. Xochitl 4 de febrero El bien supremo Filipenses 3:1-11 … estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor… —Hechos 15:8 Mientras crecía en Jamaica, mis padres nos criaron a mi hermana y a mí para que fuéramos «buenas personas». En casa, bueno significaba obedecer a nuestros padres, decir la verdad,esforzarse en la escuela y el trabajo, y asistir a la iglesia… al menos, en Pascua y Navidad. Supongo que esta definición de ser una buena persona trasciende la cultura. Es más, el apóstol Pablo, en Filipenses 3, usó la definición cultural de ser bueno para expresar algo más grande. Como Pablo era un judío devoto del primer siglo, seguía la ley moral al pie de la letra. Había nacido en la familia «correcta», tenía la educación «correcta» y practicaba la religión «correcta». Era un buen hombre hecho y derecho, según la costumbre judía. En el versículo 4, Pablo escribe que podía jactarse de su bondad si quería, pero les explicó a sus lectores que no bastaba con ser bueno. Sabía que, aunque era bueno ser bueno, no era lo mismo que agradar a Dios. En los versículos 7-8, Pablo escribe que agradar a Dios supone conocer a Jesús. Consideraba su propia bondad una «pérdida», al compararla con «la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús». Somos buenas (y agradamos a Dios) cuando nuestra esperanza y nuestra fe están puestas solo en Cristo, no en nuestra bondad. Karen 5 de febrero Dulce compañía Juan 14:15-26 El Espíritu de verdad […] mora con vosotros, y estará en vosotros. —Juan 14:17 La abuela no hablaba con nadie ni pedía nada en la residencia de ancianos. Parecía que apenas si existía, mientras se mecía en su vieja silla chirriante. Como no tenía muchos visitantes, una joven enfermera solía ir hasta su habitación cuando tenía un momento libre. No le hacía preguntas para intentar que hablara; simplemente, acercaba otra silla y se mecía con ella. Después de varios meses, la anciana le dijo: «Gracias por mecerte conmigo». Estaba agradecida por la compañía. Antes de regresar al cielo, Jesús prometió enviarles un compañero constante a sus discípulos. Les dijo que no los dejaría solos, sino que les enviaría al Espíritu Santo para que estuviera en ellos (Juan 14:17). Esta promesa sigue teniendo vigencia para los que creen en Jesús hoy. Él dijo que el Dios trino hará su «morada» en nosotras (v. 23). El Señor es nuestro compañero íntimo y fiel durante toda la vida. Nos guiará en nuestras peores luchas, perdonará nuestro pecado, escuchará cada oración silenciosa y cargará con lo que nosotras no podemos llevar. Podemos disfrutar de su dulce compañía hoy. Anne 6 de febrero Escuchar a Dios Génesis 3:8-17 Mas el Señor Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? —Génesis 3:9 Ami hijo le encanta escucharme hablar, excepto cuando lo llamo con firmeza y en voz alta, y pregunto: «¿Dónde estás?». En esos casos, por lo general, lo estoy llamando porque se metió en algún lío y está tratando de esconderse. En realidad, mi intención es que mi hijo escuche mi voz porque me preocupo por su bienestar y no quiero que se haga daño. Adán y Eva estaban acostumbrados a escuchar la voz de Dios en el huerto de Edén. Sin embargo, después de desobedecerlo al comer del fruto prohibido, se escondieron; pero oyeron que Él llamaba: «¿Dónde estás tú?» (Génesis 3:9). No querían enfrentarse a Dios porque sabían que habían hecho algo malo; algo que Él les había dicho que no hicieran (v. 11). Cuando Dios llamó a Adán y Eva y los encontró en el huerto, sin duda, sus palabras incluían una disciplina y sus consecuencias (vv. 13-19). No obstante, Él también les mostró su bondad y dio esperanza a la humanidad al prometerles un Salvador (v. 15). Dios no necesita buscarnos, ya que sabe dónde estamos y qué intentamos hacer. Pero como un Padre amoroso, quiere hablarnos al corazón y brindarnos perdón y restauración. El Señor anhela que oigamos su voz… y que escuchemos. Keila 7 de febrero Soltarse el cabello Juan 12:1-8 … María tomó una libra de perfume […], y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos. —Lucas 11:3 Poco antes de que crucificaran a Jesús, una mujer llamada María derramó un frasco de un caro perfume sobre los pies del Señor. Después, en un acto aun más osado, le secó los pies con su cabello (Juan 12:3) . María no solo sacrificó lo que posiblemente eran los ahorros de toda su vida, sino también su reputación. En esa cultura, las mujeres respetables nunca se soltaban el cabello en público. Pero al verdadero adorador, no le preocupa lo que piensen los demás (2 Samuel 6:21-22) . Para adorar a Jesús, María estuvo dispuesta a que pensaran que ella era indecente; quizá incluso inmoral. Tal vez sintamos la presión de ser perfectas cuando vamos a la iglesia, para que los demás piensen bien de nosotras. Metafóricamente hablando, nos esforzamos por mantener cada cabello en su lugar. Sin embargo, en una iglesia saludable, podemos «soltarnos el cabello» y no esconder nuestras imperfecciones. Deberíamos poder revelar nuestra debilidad y encontrar fuerzas. Adorar no implica comportarse como si nada estuviera mal; es asegurarnos de que todo esté bien… con Dios y con los demás. Cuando nuestro mayor temor es soltarnos el cabello, quizá nuestro mayor pecado sea mantenerlo recogido. Julie 8 de febrero Mis amigos y yo 1 Samuel 18:1-4; 23:15-18 E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a sí mismo. —1 Samuel 18:3 Juan Crisóstomo (347-407) , escribió sobre la amistad: «Tal es la amistad, que por ella amamos lugares y estaciones; porque […] como las flores dejan caer sus delicados pétalos sobre el suelo que las rodea, así los amigos imparten gracia incluso en los lugares donde habitan». Jonatán y David ilustran la dulzura de una amistad genuina. La Biblia registra un vínculo cercano e inmediato entre ellos (1 Samuel 18:1). Mantuvieron viva su amistad demostrando lealtad mutua (18:3; 20:16, 42; 23:18), y nutriéndola con expresiones de interés el uno por el otro. Jonatán le entregó regalos a David (18:4) y lo protegió en medio de muchas dificultades (19:1-2; 20:12-13). En 1 Samuel 23:16, vemos el momento más destacado de su amistad. Cuando David huía del padre de Jonatán, como fugitivo, «Jonatán hijo de Saúl fue a Hores para visitar a David, y lo animó a no perder su confianza en Dios» (RVC). Los amigos ayudan a encontrar fuerzas en el Señor en los momentos tristes de la vida. En un mundo donde la mayoría de las relaciones interpersonales dependen de lo que podamos conseguir, seamos la clase de amigas que se centran en lo que pueden dar. Jesús, nuestro Amigo perfecto, nos mostró que «nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos» (Juan 15:13). Poh Fang 9 de febrero Un despertar de esperanza Ezequiel 37:1-28 [Dios] me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?… —Ezequiel 37:3 En su blog, Gayla describió cómo rescató un cactus de un tarro de basura. Con algo de poda, la planta, que parecía muerta, se puso radiante. Entonces, compartió los detalles de la transformación para ayudar a otros que estaban desesperanzados con sus cactus. Cuando Dios preguntó si los huesos secos volverían a vivir, tomó desprevenido a Ezequiel. No parecía que pudieran volver a formar parte de seres vivos. Por lo tanto, el profeta respondió: «Señor […], tú lo sabes» (Ezequiel 37:3). En medio del cautiverio, el pueblo de Dios quizá sentía que nunca saldría del hoyo que su pecado había cavado. Toda esperanza parecía estar perdida. Entonces, Dios envió palabra a través de Ezequiel, comparando a Israel con los huesos secos del valle. Aunque ellos creían que no había esperanza, Dios derramaría su Espíritu sobre ellos y los libraría del cautiverio. En lugar de ser cortados, volverían a levantarse como un ejército fuerte. Nosotras podemos perder de vista la esperanza en medio de situaciones difíciles. Pero con Dios, siempre hay esperanza. No importa dónde estés hoy, qué herida o desilusión estés enfrentando, escucha estas palabras que Dios le comunicó al antiguo Israel: «Y sabréis que yo soy el Señor […], pueblo mío. Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis…» (Ezequiel 37:13-14). ¡La esperanza y la vida surgen de Dios! Remy 10 de febrero En medio de leones Daniel 6:19-28 … él es el Dios viviente y permanece por todos los siglos… —Daniel 6:26 Cuando visité un museoen Chicago, vi uno de los Leones Andantes originales de Babilonia. Era un relieve mural inmenso de un león alado con una expresión feroz. Como símbolo de Istar, la diosa babilonia del amor y la guerra, este era un ejemplo de 120 leones similares que enmarcaban una vía procesional babilónica. Los historiadores afirman que después de que los babilonios conquistaron Jerusalén, los cautivos hebreos habrían visto estos leones durante el reinado de Nabucodonosor. Además, es probable que algunos hayan creído que Istar había vencido al Dios de Israel. Daniel, uno de los esclavos hebreos, no compartía estos interrogantes que tal vez hayan afligido a algunos israelitas. Su visión y su compromiso con Dios permanecieron firmes. Oraba tres veces al día, con la ventana abierta, incluso cuando sabía que esto lo llevaría al foso de los leones. Después de que Dios rescató a Daniel de los hambrientos animales, el rey Darío exclamó: «[El Dios de Daniel] es el Dios viviente y permanece por todos los siglos […]. Él salva y libra» (Daniel 6:26-27). La fidelidad de Daniel le permitió influenciar a los líderes babilonios. Permanecer fiel a Dios a pesar de la presión y el desánimo puede inspirar a otros a glorificarlo. Jennifer 11 de febrero Orgullo y prejuicio Juan 1:43-51 «Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve». —Juan 1:46 Tristemente, todos tenemos prejuicios. Un día, me sorprendió darme cuenta de mi propio prejuicio contra una denominación cristiana. Personas de allí me habían lastimado, y cada vez que surgía el nombre de la denominación, me venían a la mente palabras como «fariseos» y «legalistas». Básicamente, pensaba: ¿Acaso puede salir algo bueno de esa denominación? Una vez, Natanael hizo una pregunta similar respecto al pueblo natal de Jesús. Todo empezó cuando Felipe le dijo a Natanael que Jesús era el Mesías prometido (Juan 1:45). Pero la respuesta de Natanael indicó que Nazaret tenía mala reputación. ¿Cómo era posible que el Mesías saliera de un lugar así? Natanael tenía un prejuicio contra los nazarenos; no creía que fueran importantes ni que tuvieran demasiado para ofrecerle al mundo. Pero Jesús le dio la sorpresa de su vida. En la primera conversación con Jesús, se hizo tan evidente que Él era en verdad el Mesías, que Natanael exclamó: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel» (v. 49). Sí, cada una de nosotras tiene prejuicios. Pero gracias a Dios, Él no tiene prejuicios ni muestra favoritismo (Romanos 2:11). ¡Que podamos imitar su amor! Marlena 12 de febrero Una obra en progreso Juan 15:9-17 Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo… —2 Pedro 3:18 Pablo Casals era considerado el violonchelista más destacado de la primera mitad del siglo xx . Un día, un joven periodista le preguntó: «Señor Casals, usted tiene 95 años y es el mejor violonchelista que ha existido. ¿Por qué sigue ensayando seis horas por día?». El músico respondió: «Porque me parece que estoy progresando». ¡Qué actitud tan excelente! Como creyentes en Cristo, nunca deberíamos estar satisfechos, pensando que hemos alcanzado algún autoproclamado pináculo de éxito espiritual, sino continuar creciendo «en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo» (2 Pedro 3:18). El resultado de un crecimiento saludable es seguir dando fruto espiritual durante toda la vida. Nuestro Señor promete: «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto» (v. 5). Podemos confiar en que el que comenzó en nosotras una «buena obra» continuará realizándola hasta que esté completamente terminada el día que Él regrese (Filipenses 1:6). Cindy 13 de febrero Vestidos del Señor Romanos 13:11-14 … vestíos del Señor Jesucristo… —Romanos 13:14 En su libro Wearing God [Vestidos de Dios], Lauren Winner dice que nuestra ropa puede comunicar quiénes somos. Winner escribe: «Es interesante que, con una prenda, los cristianos puedan hablar de Jesús a otros sin pronunciar palabra». Según Pablo, de la misma manera, podemos representar a Cristo sin hablar. Romanos 13:14 nos insta a vestirnos «del Señor Jesucristo», y no proveer «para los deseos de la carne». Cuando aceptamos a Cristo como Salvador, adoptamos su identidad. Somos «hijos de Dios por la fe» (Gálatas 3:26). Esa es nuestra condición. Sin embargo, cada día, tenemos que vestirnos de su carácter, esforzándonos por vivir como Jesús; creciendo en piedad, amor y obediencia; y dándole la espalda al pecado que nos esclavizaba. Este crecimiento en Cristo es obra del Espíritu Santo en nosotros y de nuestro deseo de acercarnos a Él mediante el estudio de la Palabra, la oración y la comunión con otros creyentes (Juan 14:26). Cuando los demás ven nuestras palabras y actitudes, ¿qué declaran estas sobre Cristo? Alyson 14 de febrero Candados de amor Romanos 8:31-39 … Den gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre. —Salmo 106:1 (NVI) En junio de 2015, en París, se removieron 45 toneladas de candados de las barandas del Puente de las Artes. Como un gesto romántico, las parejas grababan sus iniciales en un candado, lo colocaban en la baranda, lo cerraban y arrojaban la llave al río Sena. Como este ritual se había repetido miles de veces, el puente ya no podía soportar más el peso de tanto «amor». Por fin, el gobierno de la ciudad, para proteger el puente, quitó los «candados de amor». El propósito de los candados era simbolizar amor eterno, pero el amor humano no dura para siempre. El amor humano puede ser inconstante. Pero hay un amor invariable y duradero: el amor de Dios. Como afirma el Salmo 106:1: «Den gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre» (NVI). Las promesas de este amor inalterable y eterno se encuentran en toda la Biblia. Y su mayor demostración es la muerte de su Hijo para que los que creen en Él tengan vida eterna. Nada nos separará de su amor (Romanos 8:38-38). Hermana en Cristo, ¡alaba a Dios! Su amor nos ha prendado para siempre. Cindy 15 de febrero Tiempo para crecer Gálatas 6:1-10 … a su tiempo segaremos, si no desmayamos. —Gálatas 6:9 En su casa nueva, Débora encontró una planta abandonada: una orquídea enmohecida; y se imaginó lo hermosa que luciría la planta cuando brotara de nuevo. Movió la maceta a un lugar cerca de la ventana, le cortó las hojas y la regó. Durante semanas, inspeccionó la planta, pero los brotes no aparecían. «Le daré un mes más —le dijo a su esposo—. Si no pasa nada para entonces, la tiro». Cuando llegó el día de decidir, no podía creer lo que veía: ¡dos pequeños brotes estaban asomando entre las hojas! La planta seguía viva. A veces, ¿te desanima tu aparente falta de crecimiento espiritual? Quizá te descontrolas con frecuencia o disfrutas de ese chisme malicioso que no puedes evitar contarle a alguien. O tal vez hayas dejado de orar o leer tu Biblia durante un tiempo. ¿Por qué no le cuentas a una amiga confiable sobre las áreas de tu vida en las que deseas crecer espiritualmente, y le pides que ore por ti y te aliente a ser responsable? Ten paciencia. Crecerás en la medida en que permitas que el Espíritu Santo obre en ti. Marion 16 de febrero ¿Quién tiene la culpa? Mateo 15:7-21 Porque del corazón salen los malos pensamientos, […] que contaminan al hombre… —Mateo 15:19-20 Mientras levantaba botellas vacías de la playa y las ponía en el cesto de basura que estaba cerca, le refunfuñé a mi esposo: «¿Qué les cuesta traer la basura hasta aquí? Espero que sean turistas. No quiero imaginar que las personas de aquí descuiden tanto nuestra playa». Al día siguiente, encontré una oración que había escrito hacía años sobre juzgar a los demás. Mis propias palabras me recordaron el error de enorgullecerme por haber limpiado el desorden provocado por otras personas. En realidad, ignoro muchas cosas sobre mí misma; en especial, en lo espiritual. Me apresuro a afirmar que la «basura» que genera mal olor a mi alrededorles pertenece a otras personas y no a mí. Pero nada de esto es cierto. Nada externo puede condenarme ni contaminarme, sino solo lo que tengo adentro (Mateo 15:19-20). La verdadera basura es la actitud que me lleva a despreciar el olorcillo del pecado de los demás, mientras ignoro la hediondez del mío. Julie 17 de febrero El pequeño evangelista Marcos 12:28-34 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza. —Marcos 12:30 Miguel, mi vecino de seis años de edad, y yo estábamos conversando en mi jardín cuando pasaron por allí dos niños nuevos en el vecindario. Después de que les pregunté sus nombres, la primera pregunta que les hizo Miguel fue: «¿Aman a Dios?». Azúcar, un niño de cinco años, respondió: «¡No!» Miguel le dio una mirada de desaprobación y preocupación. Cuando Nana, una niña de cuatro años, notó que no estaba contento con la respuesta, dijo: «¡Sí!» La estrategia de Miguel para testificar tal vez no sea la más eficaz. Sin embargo, él tiene una pregunta importante para la gente con la que se encuentra (y lo he escuchado hacerla muchas veces más). A Jesús le preguntaron: «¿Cuál mandamiento es el más importante de todos?» (Marcos 12:28). Él contestó: «El más importante es: Escucha, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es; y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza» (vv. 29-30). Amar a Dios ha de ser nuestra primera prioridad también. Por eso, mi pequeño amigo Miguel quiere saber: «¿Amas a Dios?». Anne 18 de febrero Hacer lo correcto a los ojos de Dios 2 Reyes 12:1-15 Y Joás hizo lo recto ante los ojos del Señor todo el tiempo que le dirigió el sacerdote Joiada. —2 Reyes 12:2 «M onstructores vaqueros» es un término que muchos británicos usan para referirse a obreros que hacen trabajos de construcción de mala calidad. El término implica temor o pesar, a menudo, como resultado de malas experiencias. Es indudable que había carpinteros, herreros y talladores deshonestos en los tiempos bíblicos, pero en la historia del rey Joás y su tarea de reconstruir el templo, aparece una frase acerca de la total honestidad de aquellos que supervisaban la obra y de los que trabajaban en ella (2 Reyes 12:15). No obstante, el rey Joás «hizo lo recto ante los ojos del Señor» (v. 2) solamente mientras el sacerdote Joiada lo instruyó. Tal como vemos en 2 Crónicas 24:17-27, cuando Joiada murió, Joás se alejó del Señor y fue persuadido a adorar a otros dioses. El legado mixto de un rey que disfrutó de un período productivo solamente cuando estuvo bajo el consejo espiritual de un sacerdote piadoso hace que me detenga a pensar. ¿Cuál será nuestro legado? ¿Seguiremos creciendo y desarrollando nuestra fe durante toda la vida y produciendo buen fruto? ¿O las cosas de este mundo nos distraerán para que recurramos a los ídolos actuales, tales como el confort, el materialismo y el éxito personal? Amy 19 de febrero Sirve sin distracción Lucas 10:38-42 Pero Marta se preocupaba con todos los preparativos… —Lucas 10:40 Mientras Marta servía a Jesús generosamente, su hermana María se sentó a los pies de Él a escuchar y aprender. Charles H. Spurgeon (1834-1892) escribió: «Debemos servir mucho, y a la vez, tener mucha comunión. Para esto, necesitamos mucha gracia. Es más fácil servir que tener comunión». Una vez conocí a una joven madre que encontró gracia para hacer las dos cosas. Tenía sed de Dios y de su Palabra, pero estaba inevitablemente inmersa en la vida familiar de cada día. Entonces, tuvo una idea. En cada habitación, colocó papel y lápiz sobre una superficie alta. Mientras servía al Señor en sus responsabilidades caseras, también se mantenía abierta a Dios. Siempre que le venía a la mente un pasaje bíblico, algo que confesar o corregir, o un motivo de oración, lo escribía en la libretita que estaba más cerca. A la noche, después de que los niños se dormían, recogía los papeles y los repasaba en oración, con su Biblia abierta. Esta mujer halló una forma de ser Marta y María al mismo tiempo. Ojalá que nosotras también descubramos formas de servir a Dios y tener comunión con Él. Joanie 20 de febrero ¿Hasta cuándo? Habacuc 1:2-11 ¿Hasta cuándo, oh Señor, clamaré…? —Habacuc 1:2 Cuando me casé, pensé que tendría hijos enseguida. Pero no fue así, y la angustia de la esterilidad me puso de rodillas. Solía clamar a Dios: «¿Hasta cuándo?». Sabía que Él podía modificar mi situación, pero ¿por qué no lo hacía? ¿Estás esperando en Dios? ¿Le preguntas cuánto tiempo falta para que la justicia prevalezca en este mundo, para que haya una cura para el cáncer, para que puedas saldar todas tus deudas? El profeta Habacuc conocía bien ese sentimiento. En el siglo vii a.C., clamó: «¿Hasta cuándo, oh Señor, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? ¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia?» (Habacuc 1:2-3). Oró durante mucho tiempo, luchando para entender cómo un Dios justo y poderoso podía permitir que la maldad, la injusticia y la corrupción siguieran en Judá. ¿Por qué Dios no hacía nada? Hay días cuando nosotras sentimos como si Dios no hiciera nada. Como Habacuc, le preguntamos continuamente: «¿Hasta cuándo?». Debemos seguir dejando todo en sus manos porque Él se ocupa de nosotras. Nos oye, y a su tiempo, nos responderá. Karen 21 de febrero No es mío Proverbios 31:1-26 Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas. —Proverbios 3:6 Mi esposo y yo creemos que los padres son las personas más influyentes en la vida de un hijo. Pero a veces, nos preguntamos si nuestras decisiones de crianza estarán teniendo el impacto que esperamos. Nuestros hijos son adolescentes ahora, y están teniendo cada vez más experiencias por su cuenta. Últimamente, me encuentro buscando más y más oportunidades para orar por ellos. Todo padre enfrenta el temor al fracaso. Estas inquietudes aumentan cuando reconocemos la influencia que tenemos sobre el desarrollo espiritual de nuestros hijos (Salmo 78:1-7). Tememos que se alejen de las verdades que hemos intentado inculcarles. Por eso, es un consuelo saber que hay Alguien que está siempre atento y siempre obrando más allá de lo que podemos ver (Salmo 33:18; Proverbios 2:12, 26). Como padres, podemos orar con denuedo pidiendo la sabiduría de Dios sobre nuestros hijos (Proverbios 3:5-7, 13-18). Y debemos aprender a «buscar su voluntad en todo lo que [hagamos]» (Proverbios 3:6 NTV). Nuestra mayor influencia espiritual sobre nuestros hijos se encuentra en la manera en que vivimos nuestra fe delante de ellos. Regina 22 de febrero Victoria sobre la muerte Deuteronomio 31:1-8 Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. —1 Corintios 15:57 Mientras estaba en una cafetería en Uganda, conocí a un joven que había presenciado y sobrevivido (al esconderse en un helado congelador de carnes) el ataque terrorista del 21 de septiembre de 2013 en el centro comercial Westgate en Nairobi, Kenia, el cual dejó 67 muertos. Aunque estaba entre los que fueron rescatados, durante esa horrible prueba, el hombre vio el rostro del mal mientras personas inocentes eran asesinadas a punta de pistola —algunas, a quemarropa— si no lograban convencer a los militantes radicales de que compartían la misma religión. Mientras miraba a otros morir, este joven tenía toda razón para creer que no saldría con vida. Sin embargo, me dijo que como estaba seguro de que había sido salvo por gracia (Efesios 2:8-9) y de que Jesús es su Salvador (1 Timoteo 1:1), le temía al dolor, pero no a la muerte. Considero que fue un regalo de Dios haber conocido a este hombre, porque él es un testimonio vivo de que Dios y su Palabra pueden tranquilizar nuestro corazón y concedernos paz mental durante las situaciones más horrorosas sobre la tierra. Podemos aferrarnos a esa confianza, que está disponible solo a través de Cristo. Roxanne 23 de febrero Una entradaaudaz Hebreos 4:14-16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia… —Hebreos 4:16 Una mañana, Scott Long y su esposa acababan de despertar y se encontraban acostados en su cama cuando de repente, un jovencito entró en su dormitorio. Dio la vuelta a la cama hasta llegar al lado de Scott. Si el intruso hubiera sido un extraño total, su entrada habría sido delictiva. Si hubiera sido un amigo, su entrada habría sido simplemente ofensiva. Pero se trataba de su hijito, el cual entró en la habitación, saltó a la cama y dijo con audacia: «Quiero acostarme en el medio». A Scott le impresionó mucho la belleza de la seguridad que siente un niño al saber que es querido. Nosotros somos bienvenidos también en la presencia de nuestro Padre celestial. Hebreos 4:16 nos dice que podemos acercarnos «confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro». Podemos acercarnos a Él con confianza para hablar de cualquier cosa —nuestras necesidades y nuestros deseos—, sabiendo que Dios se interesa por nosotras (1 Pedro 5:7). No seamos necias ni ignoremos la ayuda que podemos encontrar en la oración a nuestro Padre. En cambio, acerquémonos a Él con la audacia de un niño que sabe que es amado y querido por su padre. Anne 24 de febrero Permanecer fiel Daniel 3:1-30 Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado. —Daniel 3:18 En el libro de Daniel, Nabucodonosor había levantado una imagen de oro y decretado que todos debían inclinarse a adorarla. Sin embargo, Sadrac, Mesac y Abed-nego se negaron a arrodillarse (3:12) . Enfurecido, el rey les dio una última oportunidad para obedecer, o de lo contrario, enfrentar la muerte certera. Los jóvenes no vacilaron. Rechazaron la oferta del rey, declarando: «He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos […]. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado» (vv. 17-18). En lugar de concentrarse en la salvación que Dios podía darles, los tres centraron sus vidas y sus acciones en la persona del Señor. Nuestra capacidad de permanecer firmes en medio de las pruebas depende de nuestro foco. Si solo estamos buscando una liberación inmediata, tal vez no resistamos. Pero si estamos buscando a Jesús, Él nos ayudará a entender que pase lo que pase, nuestro fundamento es quién es Dios, no lo que hace por nosotras. Remi 25 de febrero ¿Qué a ti? Juan 21:15-22 Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú. —Juan 21:22 Atodas nos cuesta no ser entrometidas a veces. Por momentos, nos concentramos en averiguar lo que les sucede a los demás, y quitamos nuestros ojos de Jesús. Olvidamos ser agradecidas por lo que Jesús ha hecho en nuestras vidas. Cuando Jesús restauró a Pedro (Juan 21:15-17) después de haberlo negado, el apóstol quitó inmediatamente los ojos del Salvador y le preguntó si Juan sufriría de la misma manera que él (v. 21). Al considerar la pregunta de Pedro, Jesús respondió en esencia: No te preocupes por él. Concéntrate en mí (v. 22). A medida que seguimos a Jesús, empezamos a centrarnos en Cristo en lugar de en lo que sucede en las vidas de los demás. Entre otras cosas, esto puede implicar limitar las redes sociales. También supone buscar a Dios y su sabiduría, al lidiar con las tentaciones y los pecados en nuestra propia vida. A medida que nos sometemos al poder de Cristo, Él nos libra de quedar atrapadas en una preocupación malsana por la situación de los demás. Cuando mantenemos los ojos en el Señor, ¡Él nos da la visión que necesitamos! Marlena 26 de febrero La receta de la abuela Salmo 145:1-13 … Pregunta a tu padre, y él te declarará… —Deuteronomio 32:7 Muchas familias tienen recetas secretas; una forma especial de preparar una comida que la hace particularmente sabrosa. Los hakkas , mi etnia china, tenemos un plato tradicional llamado «cuentas de ábaco», por su parecido con esas cuentas. ¡No puedes dejar de probarlo! Mi abuela tenía la mejor receta, pero nunca le pedíamos que nos la enseñara. Ahora ella ya no está, y su receta secreta se fue con ella. Aunque lamentamos no tener a la abuela ni su receta, algo mucho peor sería no conservar el legado de fe que ella nos dejó. Dios espera que cada generación comparta con la siguiente sus poderosas obras (Salmo 145:4). Moisés ya había instruido a los israelitas, diciéndoles: «Acuérdate de los tiempos antiguos […]; pregunta a tu padre, y él te declarará; a tus ancianos, y ellos te dirán» (Deuteronomio 32:7). Al compartir nuestras historias de cómo fuimos salvas y de la ayuda del Señor para enfrentar los desafíos, lo honramos a Él y transmitimos a los demás nuestra fe. Esto es mucho más importante que pasar recetas. Poh Fang 27 de febrero La más grande historia de amor Cantar de los Cantares 2:4-16 Mi amado es mío, y yo suya; él apacienta entre lirios. —Cantar de los Cantares 2:16 Cuando John y Ann Betar celebraron su aniversario de bodas número 81, se los consideró la pareja con el matrimonio más largo en Estados Unidos. ¿Su consejo? «No guarden rencor. Perdónense el uno al otro», aconseja John. Y Ann añade: «Lo importante es el amor incondicional y la comprensión». Cantar de los Cantares capta este compromiso activo con dos personas que se aman y que se deleitan y se anhelan mutuamente (1:15-16; 3:1-3). Ellos aman y son amados (2:16; 7:10), y se satisfacen con la compañía mutua (2:16; 4:9-11; 7:10). Sin duda, esta puede ser una de las alegrías más grandes de la vida. El amor terrenal entre esposos hace eco del amor apasionado y la búsqueda ferviente de Jesús por aquellos que creen en Él. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16). Aunque es hermoso ver el amor que pueden compartir un hombre y una mujer durante décadas, este palidece en comparación con el maravilloso amor que Dios nos ofrece eternamente. ¡Esta es la más grande historia de amor! Ruth 28 de febrero Plagio Espiritual Juan 1:1-18 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros… —Juan 1:14 Cuando enseño redacción, trato de familiarizarme con las particularidades de la expresión escrita de cada uno. Así, puedo detectar si «toman prestadas» demasiadas improntas de otro autor. Los alumnos se sorprenden al descubrir que su voz escrita es tan distintiva como su voz física: lo que dicen como la forma en que lo dicen. Tal como las palabras que decimos proceden del corazón, lo mismo sucede con lo que escribimos: revela quiénes somos. De manera similar, nos familiarizamos con la voz de Dios. Al leer lo que escribió, descubrimos quién es y cómo se expresa. No obstante, Satanás trata de sonar como si fuera Dios (2 Corintios 11:14). Por ejemplo, al convencer a las personas de que hagan cosas supuestamente piadosas —tal como confiar en un régimen externo de autodisciplina en vez de poner la fe en la muerte y resurrección de Cristo para ser salvos (Colosenses 2:23)—, Satanás ha descarriado a muchos. Dios se ha esforzado al máximo para asegurarse de que reconozcamos su voz. No solo nos dio su Palabra, sino que también nos entregó al Verbo hecho carne: Jesús (Juan 1:14), para que no seamos fácilmente engañadas ni desviadas. Julie 29 de febrero Cómo cambiar una vida Proverbios 15:4; 16:24; 18:21 Panal de miel son los dichos suaves; suavidad al alma y medicina para los huesos. —Proverbios 15:24 Aveces, la influencia de otros puede cambiar nuestra vida en un instante. Para el legendario músico Bruce Springsteen, la obra de artistas musicales lo ayudó a superar una niñez difícil y problemas constantes de depresión. Una de sus obras transmite la verdad que él experimentó en carne propia: «Puedes cambiar la vida de alguien en tres minutos con la canción correcta». Del mismo modo, palabras bien elegidas pueden brindar esperanza e, incluso, cambiar el curso de una vida. Sin duda, casi todos podríamoscompartir historias de conversaciones que nos impactaron: con un maestro que cambió nuestra perspectiva, con alguien que nos alentó y restauró la confianza, con un amigo que nos sostuvo en un momento difícil. Quizá por eso, Proverbios enfatiza tanto nuestra responsabilidad de valorar las palabras y nuestra forma de usarlas. La Biblia nunca se refiere a «hablar por hablar», sino que enseña que las palabras pueden tener consecuencias de vida o muerte (18:21). Con pocas palabras, podemos aplastar a alguien o brindar esperanza y fortaleza (15:4). No todos tenemos el talento para componer música grandiosa, pero sí podemos buscar la sabiduría de Dios para servir a otros con nuestras palabras (Salmo 141:3). Dios puede utilizarnos para cambiar una vida. Monica 1 de marzo Estar contentas Salmo 30 Este es el día que hizo el Señor; nos gozaremos y alegraremos en él. —Salmo 118:24 Uno de mis libros favoritos de la niñez era Pollyanna , la historia de la niña optimista que siempre encontraba algo por qué estar contenta; aun cuando sucedían cosas malas. Recientemente, recordé a esa amiga literaria cuando mi amiga de la vida real se cayó y se rompió el brazo mientras andaba en bicicleta. Mariana me dijo lo agradecida que estaba de haber podido pedalear todo el camino de vuelta a casa y de no haber necesitado cirugía. ¡Y se maravillaba de lo grandioso que era tener buenos huesos, así que su brazo sanaría perfectamente! ¡Vaya! Mariana es un ejemplo de alguien que ha aprendido a regocijarse a pesar de la tribulación. Tiene confianza en que Dios cuidará de ella, pase lo que pase. El sufrimiento nos llega a todas. Pero creo que a Dios le agrada que encontramos razones para estar agradecidas (1 Tesalonicenses 5:16-18), a pesar de los problemas. Cuando lo hacemos, podemos estar agradecidas de que Dios nos tiene cerca de Él. Cuando confiamos en su bondad, encontramos alegría. Cindy 2 de marzo Tiempo de esperar Génesis 8:1-12 Esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma fuera del arca. Y la paloma volvió […]; y […] traía una hoja de olivo en el pico… —Génesis 8:10-11 Había pasado más de un año desde que las fuentes del gran abismo se habían roto y las cataratas de los cielos se habían abierto sobre la tierra (Génesis 7:11) en el diluvio de la época de Noé. El mundo estaba completamente sumergido. El diluvio en sí duró tan solo 40 días, pero el proceso de secado fue algo aparte. Dios había sido claro al indicar construir el arca, y había proporcionado instrucciones específicas. Ahora, guardaba silencio. Noé y su familia esperaron y esperaron. ¿Acaso Dios se habría olvidado de ellos? No, no los había olvidado. Estaba obrando a su favor para restaurar el orden. Envió un viento para hacer bajar las aguas (Génesis 8:1), y el arca reposó sobre una montaña. Después, la paloma que envió Noé no regresó. Aun así, Noé esperó hasta que Dios habló y le dijo que saliera del arca (Génesis 8:16). Su paciencia y confianza fueron recompensadas con un mundo renovado. La cultura de gratificación instantánea de hoy nos pone en conflicto con los tiempos de Dios. Cuando el Señor parece guardar silencio, es hora de esperar en Él y confiar en que resuelva las cosas de una manera que nosotros jamás podríamos. ¡Siempre vale la pena esperar! Remi 3 de marzo Listas para la cosecha Juan 4:35-38 … Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. —Juan 4:35 Afinales del verano, fuimos a caminar por la zona de New Forest, en Inglaterra, y nos divertimos recogiendo moras silvestres mientras observábamos los caballos retozando cerca. Mientras disfrutaba del dulce fruto que quizá muchos años antes otros habían plantado, pensé en las palabras de Jesús a sus discípulos: «Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis» (Juan 4:38) . Me encanta la generosidad del reino de Dios reflejada en esas palabras. El Señor nos permite disfrutar de los frutos de la labor de otra persona, como cuando compartimos nuestro amor por Jesús con un amigo cuya familia — sin saberlo nosotras— ha estado orando por él durante años. También me encantan los límites implícitos de las palabras de Jesús, porque podemos plantar semillas que quizá otros cosechen en el futuro. Por lo tanto, podemos descansar respecto a las tareas que tenemos por delante, sin pensar que somos responsables de los resultados. ¿Qué campos listos para la cosecha tienes delante de ti? ¿Y yo? Que podamos acatar la amorosa instrucción de Jesús: «Alzad vuestros ojos y mirad los campos» (v. 35). Amy 4 de marzo Vida en abundancia Marcos 10:28-31; Juan 10:9-10 … yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. —Juan 10:10 Cuando fui a visitar a mi hermana, mis sobrinos me mostraron entusiasmados su nuevo sistema de quehaceres domésticos. Unos coloridos tableros electrónicos registran sus tareas… y los recompensan. Cuando realizan bien una de ellas, se añaden puntos a su «cuenta de gastos». Una falta, como dejar la puerta abierta, les deduce del total. Como sumar puntos tiene recompensas interesantes, mis sobrinos están ahora motivados a hacer sus tareas. ¡Y para cerrar las puertas! Bromeé diciendo que desearía tener una herramienta motivacional tan emocionante. Pero por supuesto, Dios sí nos dio la motivación. En lugar de simplemente exigir nuestra obediencia, Jesús prometió que una vida de obediencia a Él, aunque tiene un alto precio, es una vida plena y «en abundancia» (Juan 10:10). Experimentar la vida en su familia vale «cien veces más» que el costo; ahora y en la eternidad (Marcos 10:29-30). Servimos a un Dios generoso, quien no nos paga ni nos castiga según merecemos. Él acepta nuestros débiles esfuerzos. Sirvamos hoy al Señor con gozo. Monica 5 de marzo Preguntas para Dios Jueces 6:11-16, 24 … Ve con esta tu fuerza, […] yo estaré contigo… — Jueces 6:14, 16 ¿A lguna vez te preguntas por qué Dios permite el sufrimiento en tu vida? Gedeón, el héroe del Antiguo Testamento, se lo preguntaba. Un día, «el ángel del Señor se le apareció, y le dijo: el Señor está contigo, varón esforzado y valiente. Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto?» (Jueces 6:12- 13) . Gedeón quería saber por qué parecía que Dios había abandonado a su pueblo. El Señor no le respondió. Sin embargo, después de que Gedeón soportó siete años de ataques enemigos, hambruna y esconderse en cuevas, Dios tampoco le explicó por qué no había intervenido. El Señor podría haber citado el pecado de Israel como una razón, pero en cambio, le dio esperanza para el futuro, diciendo: «Ve con esta tu fuerza […]. Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas» (vv. 14, 16). Cuando Gedeón finalmente creyó que Dios estaba con él y que lo ayudaría, edificó un altar y lo llamó: «El Señor es Paz» (v. 24 LBLA). Tenemos paz al saber que, dondequiera que vayamos, vamos con Dios, quien prometió no abandonar jamás a sus seguidores. Jennifer 6 de marzo Desesperación santa Marcos 5:24-34 … Jesús, […] volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? —Marcos 5:30 Cuando Jesús se paró en medio de la multitud y preguntó quién lo había tocado, los discípulos seguramente pensaron que había enloquecido. Todo el mundo se agolpaba sobre Jesús, pero Él quería identificar solo a una persona (Marcos 5:31) . Al final, una mujer se acercó temblando y confesó, y todos quedaron boquiabiertos (v. 33) . Jesús sabía que esta mujer lo necesitaba. Los médicos habían agotado sus recursos, y el sangrado incesante la condenaba a permanecer impura. Para evitar la contaminación, los familiares y amigos debían mantenerse alejados. La mujer ni siquiera podía entrar al templo. ¡Y hacía doce años que pasaba esto! Jesús era su única esperanza (vv. 26-28). Así que lo tocó. Y Él se dio cuenta. ¿Cómo «tocamos» a Jesús? ¿Nos acercamos a Él, entendiendo que es nuestra única esperanza? ¿O venimos sin motivaciones, buscando cualquier clase de bendición? En Isaías 29:13 y Mateo 15:8,las Escrituras abordan el problema de hacer un despliegue verbal de fe sin un verdadero compromiso de corazón. Jesús ve lo que hay detrás de la fachada. Con verdadera sinceridad y profunda necesidad, busquemos hoy a Jesús y su toque amoroso. Remi 7 de marzo Todavía en proceso Colosenses 3:10-19; 4:5-6 Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. —Colosenses 3:14 La transformación no siempre es fácil; en especial, cuando supone nuestro corazón. Las relaciones interpersonales, ya sea con Dios, un cónyuge o cualquier otra persona, son una travesía, no un destino. Invariablemente, las circunstancias de la vida traen factores de estrés y ajustes que requieren que nos sometamos con humildad a la obra continua de Dios. El Señor suele usar nuestras relaciones más cercanas para producir la transformación que dará testimonio del amor de Jesús a un mundo incrédulo (Juan 13:35; Colosenses 4:5) . Desde conductas ocultas del corazón hasta nuestras acciones de supervivencia, Dios nos llama a revestirnos «del nuevo [hombre], el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno» (Colosenses 3:10). Sin embargo, el verdadero cambio requiere humildad… renunciar a nuestros derechos para poder adoptar los suyos (Salmo 25:9; Proverbios 10:12). A medida que nuestro valor y nuestro propósito se vuelven más escondidos en Jesús (Colosenses 3:3), menos necesitamos probar que tenemos razón, más queremos que su Palabra viva en nosotras y más amamos de verdad. Regina 8 de marzo Oraciones con los dedos Santiago 5:13-18 … orad unos por otros… —Santiago 5:16 La oración es una conversación con Dios, no una receta. Sin embargo, a veces, quizá tengamos que usar un «método» para vigorizar nuestro tiempo de oración. Hace poco, descubrí esta «Oración de los cinco dedos» para usar como guía al orar por otros: Cuando entrecruzas las manos, el pulgar está más cerca de ti. Entonces, comienza orando por los que están más cerca: tus seres queridos (Filipenses 1:3-5). El índice es el que señala. Ora por los que enseñan: los maestros bíblicos y los predicadores, y aquellos que enseñan a los niños (1 Tesalonicenses 5:25). El próximo dedo es el mayor. Nos recuerda orar por aquellos que tienen autoridad: los líderes nacionales y locales, y tu supervisor en el trabajo (1 Timoteo 2:1-2). El cuarto dedo suele ser el más débil. Ora por los que están sufriendo o pasando dificultades (Santiago 5:13-16). Después, está el meñique. Te recuerda tu pequeñez en relación con la grandeza de Dios. Pídele al Señor que supla tus necesidades (Filipenses 4:6, 19). No importa qué método uses, habla con tu Padre. Él quiere oír lo que hay en tu corazón. Anne 9 de marzo ¿Quién les dirá? 2 Corintios 4:1-6 … nuestro Salvador Jesucristo […] quitó la muerte y sacó a luz la vida… —2 Timoteo 1:10 La Segunda Guerra Mundial había terminado; se había declarado la paz. Sin embargo, el joven teniente Hiroo Onoda, del Ejército Imperial Japonés, posicionado en Filipinas, no se había enterado. Como la última orden que había recibido en 1945 era que se mantuviera firme y resistiera, consideró que los avisos y los panfletos que dejaron caer donde él estaba ubicado eran un engaño del enemigo. Onoda no se rindió hasta marzo de 1974, casi 30 años después, cuando su comandante viajó desde Japón a Filipinas, revocó su orden inicial y lo liberó oficialmente de su deber. Finalmente, Onoda creyó que la guerra había terminado. En el caso de la buena noticia de Jesucristo, muchos aún no la han oído o no creen que Él «quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio» (2 Timoteo 1:10). Cuando alguien les comunica la noticia gloriosa de la salvación, pueden responder con escepticismo. Pero cobremos ánimo e imaginemos la libertad que experimentarán cuando entiendan que ¡la batalla ya ha sido ganada! Poh Fang 10 de marzo El juego de la culpa Génesis 16:1-6; 21:8-13 … Mi afrenta sea sobre ti; […] juzgue el Señor entre tú y yo. —Génesis 16:5 Cuando el esposo de Julia la dejó por otra mujer, ella juró que nunca conocería a su nueva esposa. Pero cuando se dio cuenta de que su amargura perjudicaba la relación de sus hijos con el padre, le pidió al Señor que la ayudara a dar el primer paso para superar ese sentimiento frente a una realidad que ella no podía cambiar. En Génesis 16, leemos la historia de una pareja a quien Dios le prometió un bebé. Cuando Sara le sugirió a su esposo Abram que tuviera un hijo con su sierva Agar, no estaba confiando plenamente en el Señor. Cuando nació el bebé, Agar despreció a Sara (vv. 3-4) y esta se llenó de amargura (vv. 5-6). De repente, Agar dejó de ser una esclava sin derechos y se convirtió en alguien especial. ¿Cómo reaccionó Sara? Culpó a los demás, incluso a Abram (v. 5). Años después, la promesa de Dios se cumplió con el nacimiento de Isaac. La actitud de Sara también arruinó la celebración de su destete. Cambiar su actitud tal vez hubiese requerido un milagro de la gracia, pero con el poder del Señor, podría haber vivido la situación de manera distinta y glorificado a Dios. Marion 11 de marzo Una buena herencia 2 Timoteo 1:1-5 Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice… —2 Timoteo 1:5 Los abuelos Harris no tenían mucho dinero, pero se las arreglaban para hacer que cada Navidad fuera memorable para mis primos y para mí. Siempre había mucha comida, diversión y amor. Además, desde niños, aprendimos que quien hizo posible esta celebración fue Cristo. Nosotros queremos dejarles el mismo legado a nuestros hijos. El año pasado, cuando nos reunimos para celebrar Navidad en familia, nos dimos cuenta de que esta maravillosa tradición había empezado con nuestros abuelos, quienes se ocuparon de plantar las semillas de amor, respeto y fe, para que nosotros, los hijos de sus hijos, imitáramos su ejemplo. La Biblia habla de la abuela Loida y la madre Eunice, quienes le enseñaron a Timoteo sobre la fe auténtica (2 Timoteo 1:5). La influencia de estas mujeres preparó a este hombre para que compartiera el evangelio a muchos. Preparamos una herencia espiritual para aquellos cuyas vidas están bajo nuestra influencia, al vivir en una íntima comunión con Dios, prestarles atención y compartir la vida con ellos. Cuando nuestras vidas reflejan la realidad del amor de Dios, dejamos una herencia duradera. Keila 12 de marzo Un anticipo del cielo 1 Corintios 14:6-12, 26 … procurad abundar en [los dones espirituales] para edificación de la iglesia. —1 Corintios 14:12 El jardín botánico frente a nuestra iglesia fue el escenario de un encuentro congregacional comunitario. Mientras saludaba gente que conocía desde hacía años, me ponía al día con los que no había visto por mucho tiempo y disfrutaba del hermoso entorno que era fruto de personas que sabían de plantas y las amaban, me di cuenta de que me rodeaban símbolos de cómo debe funcionar la iglesia: un pequeño atisbo del cielo en la tierra. Un jardín es el lugar donde cada planta se coloca para crecer. Los jardineros preparan el suelo, protegen las plantas de las plagas y se aseguran de que reciban los nutrientes necesarios. El resultado es un sitio hermoso, colorido y fragante donde la gente disfruta. Del mismo modo, la iglesia debe ser un lugar donde todos trabajen juntos en amor para el bien común, cada uno florezca al vivir en un entorno seguro y se suplan las necesidades del otro (1 Corintios 14:26). Como las plantas bien cuidadas, las personas que crecen en un medio saludable tienen un aroma agradable que atrae a otros hacia Dios, ya que exhiben la belleza del amor divino. La iglesia no es perfecta, pero es, sin duda, un anticipo del cielo. Julie 13 de marzo Cantar en medio de la tristeza Lamentaciones 3:19-24 Por la misericordia del Señor no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. —Lamentaciones 3:22 Nuestra hija menor desarrolló el hábito de cantar cuando le corto las uñas.Esto la ayuda a no pensar en lo que sucede. Hay investigaciones que prueban que cantar a viva voz tu tonada favorita tiene beneficios fisiológicos, neurológicos y emocionales. Según la Biblia, incluso una canción triste puede ser beneficiosa. Un ejemplo es un lamento: una expresión apasionada de dolor que surge del reproche o el duelo. Esto también puede traer esperanza y paz. Jeremías, el profeta que lloraba, admitió que la desobediencia de su nación llevó a las terribles consecuencias que enfrentaban Judá y Jerusalén (Lamentaciones 1:5). A menudo, les advirtió sobre la ira de Dios, instando al pueblo a arrepentirse (Jeremías 6:10-11; 18:11-12). Pero no quisieron escuchar. Su ciudad fue destruida y sus familias terminaron exiliadas (1 Crónicas 9:1). El profeta llora porque tiene el corazón roto, al ver el terrible aprieto de su pueblo. Sin embargo, experimenta esperanza al recordar el amor fiel de Dios que nunca termina, y sus misericordias que jamás cesan (Lamentaciones 3:22-24). Incluso un lamento puede recordarte que pongas tu esperanza en un Dios fiel. Ruth 14 de marzo Líneas de enseñanza Tito 2:1-15 Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; presentándote tú en todo como ejemplo… —Tito 2:6-7 Alcancé a escuchar que mi hijo de once años le contaba a su abuela sobre una de sus clases en la escuela. «El primer día de arte —le dijo—, nuestra maestra nos pidió que dibujáramos un autorretrato. A nadie le salió bien. Al día siguiente, ella nos enseñó a usar líneas, y esto mejoró el autorretrato de todos». En el arte y en la vida, el uso de las herramientas adecuadas nos ayuda a alinear correctamente las cosas y hacer lo mejor. En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo le dio a su protegido, Tito, una lista de cosas que él y otros líderes debían hacer y enseñar a otros miembros de la iglesia: «Enseña a los hombres mayores a ejercitar el control propio, a ser dignos de respeto y a vivir sabiamente» (2:2 NTV). «Enseña a las mujeres mayores a vivir de una manera que honre a Dios» (2:3 NTV). «Esas mujeres mayores tienen que instruir a las más jóvenes a amar a sus esposos y a sus hijos, a vivir sabiamente y a ser puras» (2:4 NTV). «Anima a los hombres jóvenes a vivir sabiamente» (2:6 NTV). Tito estaba usando estas «líneas» para guiar a las personas que servía. Son buenas herramientas de enseñanza para todos los que siguen a Jesús, el Maestro supremo. Roxanne 15 de marzo Entrenamiento para la vida 1 Corintios 9:24-27 … golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que […] venga a ser eliminado. —1 Corintios 9:27 Hace poco, conocí a una mujer que ha llevado su cuerpo y su mente al límite. Escaló montañas, enfrentó la muerte y hasta rompió un récord mundial de Guinness. Ahora tiene un desafío diferente: criar a un hijo con necesidades especiales, y derrama en la maternidad el valor y la fe que demostró al escalar montañas. En 1 Corintios, el apóstol Pablo habla de alguien que compite en una carrera. Después de exhortar a una iglesia obsesionada con sus derechos a considerar a los demás (cap. 8), explica cómo los desafíos del amor y el sacrificio personal se parecen a una maratón de resistencia (cap. 9). Como seguidoras de Jesús, debemos renunciar a nuestros derechos en obediencia a Él. Así como los atletas entrenan su cuerpo para obtener una medalla, nosotras también capacitamos nuestro cuerpo y mente para florecer. Cuando le pedimos al Espíritu Santo que nos transforme, momento a momento, dejamos atrás nuestra antigua forma de ser. Con el poder de Dios, evitamos las obras impías. Mientras nos entrenamos en el Espíritu de Cristo, ¿en qué querrá moldearnos hoy Dios? Amy 16 de marzo Valles de bendición 2 Crónicas 20:1, 13-22 Si mal viniere sobre nosotros, […] clamaremos a ti, y tú nos oirás y salvarás. —2 Crónicas 20:9 El artista francés Henri Matisse sentía que su labor de los últimos años de su vida lo representaba mejor. En ese tiempo, ensayó un nuevo estilo, creando pinturas coloridas y de gran tamaño con las que decoró las paredes de su habitación. Para él, fue importante porque estaba enfermo y solía estar confinado en su cama. Enfermarse, perder el empleo o atravesar situaciones angustiosas son ejemplos de lo que algunos denominan «estar en el valle», donde los temores empañan todo lo demás. El pueblo de Judá experimentó algo así cuando supo que se acercaba un ejército (2 Crónicas 20:2-3). Su rey oró: «Si mal viniere sobre nosotros, […] clamaremos a ti, y tú nos oirás y salvarás» (v. 9). Y Dios respondió: «salid mañana contra ellos, porque el Señor estará con vosotros» (v. 17). Cuando el ejército de Judá llegó al campo de batalla, sus enemigos ya se habían matado entre ellos. El pueblo de Dios alabó a Dios y llamó aquel lugar el valle de «Beraca», que significa «bendición». El Señor camina con nosotras, lo cual nos permite descubrir bendiciones en el valle. Jennifer 17 de marzo Muy bueno Génesis 1:24-31 Entonces Dios miró todo lo que había hecho, ¡y vio que era muy bueno!… —Génesis 1:31 (NTV) Hace poco, tuve uno de esos días que parecen tener un tema en común. Nuestro pastor empezó su sermón sobre Génesis 1 con dos minutos de fotografía secuencial de bellísimos capullos que florecían. Después, en casa, observé varias publicaciones de flores en las redes sociales. Más tarde, mientras caminaba por el bosque, vi toda clase de flores silvestres: aristoloquias, caléndulas y lirios silvestres. Dios creó las flores y toda clase de vegetación (y tierra seca en la cual crecieran) el tercer día de la creación. Y dos veces ese día, declaró que lo que había hecho era «bueno» (Génesis 1:10, 12). Solo otro día de la creación —el sexto—, Dios hizo esa doble declaración de «bueno» (vv. 24, 31). En la historia de la creación, vemos a un Dios creador que se deleita en lo que hizo… y parece regocijarse en el mismo acto de crear. ¿Qué otra razón habría para diseñar un mundo con una variedad tan colorida y maravillosa? Y guardó lo mejor para el final, cuando «creó al hombre a su imagen» (v. 27). Como portadoras de su imagen, tenemos la bendición y la inspiración de la bellísima obra de sus manos. Alyson 18 de marzo Adversario derrotado Efesios 6:10-18 … vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar. —1 Pedro 5:8 El león rugiente es el legendario «rey de la selva». Sin embargo, los únicos leones que ve la mayoría de la gente son los aletargados felinos de los zoológicos. Pasan los días descansando y les sirven la comida sin que tengan que levantar ni una pata. No obstante, en su hábitat natural, no siempre viven una vida reposada. El hambre les dice que vayan a cazar, y cuando lo hacen, buscan las presas jóvenes, débiles, enfermas o lastimadas. Agazapados tras plantas altas, avanzan lentamente. Entonces, con un salto repentino, hunden sus garras en el cuerpo de sus víctimas. Pedro utilizó un «león rugiente» como metáfora de Satanás, ya que este es un depredador seguro de sí mismo, que busca devorar una presa fácil (1 Pedro 5:8). Al tratar con este adversario, debemos estar atentas y colocarnos «toda la armadura de Dios» y fortalecernos «en el Señor, y en el poder de su fuerza» (Efesios 6:10-11). Satanás puede ser adversario poderoso, pero los que están protegidos por la salvación, la oración y la Palabra de Dios no tienen por qué paralizarse de miedo. Santiago 4:7 afirma: «resistid al diablo, y huirá de vosotros». Cindy 19 de marzo ¡Cuidado con las soluciones rápidas! Salmo 106:1-15 Bien pronto olvidaron sus obras; no esperaron su consejo. —Salmo 106:13 Se cuenta la historia de una niña rica, acostumbrada a tener sirvientes, que tenía miedo de subir sola una escalera oscura. Su madre le sugirió que venciera su temor pidiéndole a Jesús que fuera con ella por la escalera. Cuando la niña llegó arriba, se le oyó decir: «Gracias, Jesús. Ya te puedes ir». Tal vez sonriamos al escuchar esa historia, pero el Salmo 106 contiene una seria advertencia contra despedir a Dios de nuestra vida… como si esofuera posible. Israel dio por sentadas las misericordias de Dios, y el Señor llamó a eso rebeldía (v. 7). Desarrollaron almas desnutridas porque optaron por ignorarlo (vv. 13-15). ¡Qué lección para nosotras! Espera grandes cosas de Dios, pero no esperes que esté a tu entera disposición. Más bien, debes estar tú a entera disposición de Él, dispuesta a cumplir su voluntad. Igual que la niña rica, pídele a Dios que te acompañe por los oscuros pasajes de la vida. Pero en vez de despedirlo cuando tus necesidades especiales estén satisfechas, aférrate a Él como si tu vida dependiera de ello, ¡porque así es! Joanie 20 de marzo Escribir cartas 2 Corintios 3:1-6 Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres. —2 Corintios 3:2 Mi madre y su hermana practican un arte en proceso de extinción: escribir cartas. ¡Se escriben con tanta regularidad que uno de los carteros se preocupa cuando no tiene nada que entregar! Me encanta pensar en este ejercicio semanal de estas mujeres de mi familia, ya que me ayuda a apreciar aun más las palabras de Pablo respecto a que los seguidores de Jesús son «carta de Cristo […], escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo» (2 Corintios 3:3). El apóstol instó a los creyentes a continuar siguiendo al Dios vivo y verdadero, como les había enseñado. Al hacerlo, describía enfáticamente a los creyentes como cartas de Cristo. Sus vidas transformadas eran un testimonio más poderoso de la obra del Espíritu que cualquier carta escrita. ¡El Espíritu de Dios en nosotros escribe una historia de gracia y redención! Nuestras vidas son el mejor testimonio de la verdad del evangelio; una compilación de compasión, servicio, gratitud y gozo. ¿Qué mensaje podrías enviar hoy? Amy 21 de marzo Lo bueno, lo malo y lo feo 1 Samuel 20:35-42 No te desampararé, ni te dejaré —Hebreos 13:5 Una amiga me mandó este mensaje de texto: «¡Me alegra tanto que podamos contarnos lo bueno, lo malo y lo feo!». Somos amigas desde hace muchos años y hemos aprendido a compartir nuestras alegrías y fracasos. Reconocemos que estamos lejos de ser perfectas, por eso hablamos de nuestras luchas, pero también nos regocijamos en nuestras victorias. David y Jonatán también tenían una amistad sólida, la cual comenzó en los días buenos, cuando David derrotó a Goliat (1 Samuel 18:1-4). Compartieron sus temores durante los tiempos malos de celos del padre de Jonatán (18:6-11; 20:1-2). Finalmente, sufrieron juntos en la época fea en que Saúl planeaba matar a David (20:42). Las buenas amigas no nos abandonan cuando las circunstancias externas cambian. Permanecen a nuestro lado en las buenas y en las malas. También nos aconsejan acudir a Dios en los momentos feos, cuando quizá nos sintamos tentadas a alejarnos de Él. Las amigas auténticas son un regalo de Dios porque ejemplifican al Amigo perfecto, el cual permanece fiel en días buenos, malos y feos. Tal como nos recuerda el Señor: «No te desampararé, ni te dejaré» (Hebreos 13:5). Keila 22 de marzo Con una esperanza plena 1 Tesalonicenses 4:13–5:11 Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. —1 Tesalonicenses 4:13 Tomé sus manos oscuras y desgastadas, y nos inclinamos a orar. Él era un guardia y yo una maestra, y nuestras experiencias de vida se intersectaron en mi pequeña oficina. Hacía tiempo que su madre estaba enferma, y la enfermedad se había extendido. Confiados en la capacidad de Dios para sanar, oramos para que Él restaurara su cuerpo, pero también pedimos por el milagro del consuelo. Mientras escribo, él está junto al lecho de su madre, y sabe que pronto será momento de despedirse. Por ahora, al menos. La muerte nunca es fácil. Hacemos todo lo que podemos para aferrarnos a las personas que amamos por un poquito más de tiempo porque, incluso para el creyente, la separación que trae la muerte parece demasiado permanente. Fuimos diseñadas para lo eterno; no fuimos hechas para las pérdidas. Hay algo en nuestro interior que clama por vida y esperanza eternas. ¡Qué hermosa que es la esperanza para los creyentes en Jesús! «[Cristo] murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él» (1 Tesalonicenses 5:10). Y podemos consolar a otros creyentes con esta verdad: En Cristo, ¡tenemos plena esperanza! Regina 23 de marzo ¿Qué hay en el banco? Efesios 2:4-7 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia… —Hebreos 4:16 Durante el invierno de 2009, un avión de pasajeros realizó un aterrizaje de emergencia en el río Hudson, en Nueva York, sin que nadie muriera. Tiempo después, cuando le preguntaron al piloto que guiaba la nave sobre esos momentos en el aire cuando enfrentó una situación de vida o muerte, él respondió: «Una manera de verlo podría ser que durante 42 años, he estado haciendo con regularidad pequeños depósitos en este banco de experiencia, aprendizaje y capacitación. Y [ese día], el saldo era tal que pude hacer una extracción importante». Casi todas enfrentamos crisis en determinados momentos. Es entonces cuando debemos recurrir a lo profundo de las reservas de nuestra cuenta bancaria espiritual. Pero ¿qué podemos encontrar allí? Si hemos estado disfrutando de una profunda comunión con Dios, estuvimos haciendo «depósitos» de fe permanentes. Hemos experimentado su gracia (2 Corintios 8:9; Efesios 2:4- 7) y confiamos en la promesa bíblica de que el Señor es fiel y justo (Deuteronomio 32:4; 2 Tesalonicenses 3:3). El amor y la gracia de Dios están disponibles cuando sus hijas necesitan hacer una «extracción» (Salmo 9:10; Hebreos 4:16). Cindy 24 de marzo «Tráiganme al muchacho» Marcos 9:14-27 Jesús les dijo: […] Tráiganme al muchacho. —Marcos 9:19 (NTV) «N o creo en Dios y no voy a ir», dijo Marcos. A Ana se le hizo un nudo en la garganta. Su hijo se había convertido de un muchacho alegre en un joven malhumorado y desaprensivo. La vida era un campo de batalla, y el domingo se había vuelto un día incómodo, ya que Marcos no quería ir a la iglesia con su familia. Finalmente, sus padres, desesperados, consultaron a un consejero, el cual dijo: «Marcos tiene que experimentar la fe personalmente. No pueden forzarlo a creer en Cristo. Dejen que Dios obre. Sigan orando y esperando». Ana esperó… y oró. Una mañana, las palabras de Jesús resonaron en su mente. Los discípulos del Señor no habían podido ayudar a un joven endemoniado, pero Jesús tuvo la respuesta: «Tráiganme al muchacho» (Marcos 9:19 NTV). Si Jesús pudo ayudar en una situación tan extrema como aquella, podía sin duda ayudar a su hijo. Imaginó dar un paso atrás, dejando a su hijo solo con Aquel que lo amaba aun más que ella. Todos los días, Ana entregaba silenciosamente a Marcos al Señor, aferrándose a la certeza de que Él conocía las necesidades del muchacho y que, a su tiempo y manera, obraría en su vida. Marion 25 de marzo ¿Qué encierra un nombre? Juan 1:35-42 … tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia… —Mateo 16:18 Cuando Jesús cambió el nombre de Simón por Pedro/Cefas (Juan 1:42) , no lo escogió al azar. Pedro significa «piedra», pero le llevó un tiempo vivir a la altura de su nuevo nombre. El relato sobre su vida lo describe como un pescador conocido por su rudeza… un tipo inestable. Pedro disintió con Jesús (Mateo 16:22-23) , hirió a un hombre con una espada (Juan 18:10-11) e incluso negó conocer al Señor (Juan 18:15-27) . Pero en Hechos, leemos que Dios obró en y a través de él para establecer su iglesia. Sin duda, Pedro se convirtió en una roca. Si tú, como Pedro, sigues a Cristo, tienes una nueva identidad. En Hechos 11:26, leemos: «a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía». El nombre «cristianos» significa «de Cristo». Ahora tu identidad está en Cristo. Esto eleva tu condición y te invita a convertirte en lo que aún no eres. Dios es fiel y completará su buena obra en ti (Filipenses 1:6). Poh Fang 26 de marzo¿Qué siembro? Marcos 4:1-20 … el que siembra justicia tendrá galardón firme. —Proverbios 11:18 La universidad donde estudié tiene una torre adornada con una escultura titulada El Segador . Debajo de la figura, aparece una inscripción tomada de Gálatas 6:7: «Todo lo que el hombre sembrare». La Universidad Estatal de Michigan continúa siendo un baluarte en investigación agrícola; no obstante, esta verdad permanece inamovible: las semillas de trigo no producirán frijoles. Jesús empleó muchas metáforas agrícolas para explicar el reino de Dios. En la parábola del sembrador (Marcos 4), comparó la Palabra de Dios con semillas sembradas en diferentes tipos de terreno. Tal como se indica allí, el sembrador siembra de manera indiscriminada, sabiendo que algunas semillas caerán en lugares donde no van a crecer. Al igual que Jesús, debemos sembrar semillas buenas en todo lugar y sin cesar. Dios es responsable de dónde caen y de cómo crecerán. Lo importante es que sembremos. El apóstol Pablo amplió esta misma metáfora al advertirles a los creyentes que no sembraran semillas de corrupción, sino aquellas que produjeran la vida eterna (Gálatas 6:8). La respuesta a «¿qué siembro?» es: «Siembra lo que quieras cosechar». Para que tu vida produzca una buena cosecha, siembra semillas de bondad. Julie 27 de marzo Satisfechas en Jesús Génesis 25:29-34 Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. —Génesis 25:33 La mujer bajó de peso y comenzó a sentirse atractiva otra vez. Al tiempo, se cansó de su esposo y de su vida… una vida que incluía cuatro niños pequeños. Tiró por la borda la estabilidad familiar —el amor y la devoción de su esposo y el bienestar de sus hijos— para satisfacer sus deseos. Cuando sus votos matrimoniales se volvieron inconvenientes, los rompió. De manera similar a Esaú (Génesis 25:32-33), ella despreció lo que era más importante y buscó una gratificación pasajera. Los cimientos de su vida familiar quedaron destruidos por relaciones que se terminaron con la misma rapidez que la comida de Esaú (v. 34). Y, al igual que Esaú, no pensó en las consecuencias a largo plazo de su conducta (Hebreos 12:16). El pecado puede enredarnos con facilidad y hacernos tropezar cuando empezamos a concentrarnos en nosotras mismas y no en Jesús (vv. 1-2). Así, la destrucción puede infiltrarse en nuestras vidas. Los placeres de la vida no se comparan con las bendiciones de Dios. Jesús declaró: «yo he venido para que [los que creen en Cristo] tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Juan 10:10). ¡Que hoy podamos fijar nuestros ojos en Cristo y experimentar la satisfacción que solo Él brinda! Marlena 28 de marzo La regla de los cinco minutos Salmo 102:1-17 Ha considerado la oración de los menesterosos, y no ha despreciado su plegaria… —Salmo 102:17 (LBLA) Hace tiempo, leí sobre una regla de cinco minutos que tenía una madre para sus hijos. Ellos tenían que estar listos para la escuela cinco minutos antes de que fuera hora de salir. Se reunían alrededor de su mamá, y ella oraba por cada uno por su nombre, pidiendo la bendición del Señor sobre su día. Después, les daba un beso y ellos partían. Los niños del vecindario participaban del círculo de oración si justo pasaban por allí. Muchos años después, una de las niñas dijo que esta experiencia le enseñó la importancia de la oración para su día. El escritor del Salmo 102 conocía la importancia de la oración. El salmista clamó: «Señor, escucha mi oración […]. Apresúrate a responderme el día que te invocare» (vv. 1-2). Dios mira «desde lo alto de su santuario; […] desde los cielos a la tierra» (v. 19). Dios quiere escucharte. Ya sea que sigas la regla de los cinco minutos y pidas una bendición para el día o necesites pasar más tiempo clamando a Él con profunda angustia, habla con el Señor cada día. Tu ejemplo puede dejar una huella profunda en tu familia o en alguien cercano… ¡y en ti también! Anne 29 de marzo Fruto desbordante Gálatas 5:16-25 No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca... —Juan 15:16 Durante la primavera y el verano, admiro los frutos que crecen en el patio de mi vecino. Las viñas que cultivan trepan por la cerca que compartimos, y producen grandes racimos de uvas. Hay ramas salpicadas de ciruelas y de naranjas que cuelgan a nuestro alcance. Aunque nosotros no labramos la tierra, no plantamos las semillas ni regamos el jardín, nuestros vecinos comparten su abundancia con nosotros. Se ocupan de cuidar sus cultivos y nos permiten deleitarnos en una porción de la cosecha. Esto me recuerdan otra cosecha: la cosecha del fruto del Espíritu. Los seguidores de Cristo deben reclamar los beneficios de vivir por el poder del Espíritu Santo (Gálatas 5:16-21). Cuando las semillas de la verdad de Dios florecen en nuestro corazón, el Espíritu aumenta nuestra capacidad de expresar «amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, [y] templanza» (vv. 22-23). Con el tiempo, el Espíritu puede cambiar nuestra manera de pensar, nuestras actitudes y nuestras acciones. A medida que crecemos y maduramos en Cristo, podemos tener el gozo adicional de amar a nuestros prójimos al compartir los beneficios de su generosa cosecha. Xochitl 30 de marzo Él está allí Salmo 139:1-12 Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque el Señor tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará. —Deuteronomio 31:6 El prometido de Tanya, David, yacía en la unidad de cuidados intensivos después de una delicada intervención para reparar un aneurisma cerebral. Los ojos de David se centraron en Tanya, quien apenas se había apartado de su lado en varios días. Maravillado, dijo: «Cada vez que miro hacia arriba, estás allí. Me encanta eso. Cada vez que pienso en ti, abro mis ojos y estás presente». El agradecimiento de este joven hacia la mujer que ama me recuerda la manera en que debemos sentirnos con respecto a la presencia de Dios en nuestras vidas. En el Salmo 139, leemos lo que el rey David pensaba de la preciosa presencia de Dios. Escribió: «Oh Señor, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; […] y todos mis caminos te son conocidos. […] Si subiere a los cielos, allí estás tú…» (vv. 1-3, 8). Sin importar lo que nos suceda, tenemos esta seguridad: «Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones» (Salmo 46:1). Abre tus ojos y tu corazón. Él está allí. Cindy 31 de marzo Nuestro nombre nuevo Apocalipsis 2:12-17 … Al que venciere, […] le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe. —Apocalipsis 2:17 Ella decía que era la reina de las preocupaciones, pero cuando su hijo tuvo un accidente, aprendió a escapar de ese rótulo limitante. Mientras el muchacho se recuperaba, ella se reunía todas las semanas para hablar y orar con unas amigas, pidiendo la ayuda del Señor. A medida que transformaba sus temores e inquietudes en oración, se dio cuenta de que estaba dejando de ser la reina de las preocupaciones para transformarse en una guerrera de oración, y que Dios estaba dándole un nuevo nombre. En la carta a la iglesia en Pérgamo, el Señor promete darles a los fieles una piedra blanca con un nombre nuevo (Apocalipsis 2:17). La mayoría de los comentaristas bíblicos concuerdan en que esta piedrecita blanca señala nuestra libertad en Cristo. En la época bíblica, los jurados de un tribunal usaban una piedrecita blanca para el veredicto de inocente y una negra para el de culpable. Además, una persona que tenía una piedrecita blanca entraba en eventos tales como banquetes. Asimismo, los que reciben la piedrecita blanca de Dios son recibidos en la celebración celestial. La muerte de Jesús nos da libertad, una vida nueva… y un nombre nuevo. ¿Qué nombre nuevo crees que Dios te pondría? Amy 1 de abril Receta para el éxitoJosué 1:1-8 Recita siempre el libro de la ley […]; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito. —Josué 1:8 (NVI) Hace poco, tuve mucho éxito con una versión exclusiva de fideos con salsa de queso. Anoté los ingredientes y guardé la receta para consultarla en el futuro. Sin esas instrucciones, sabía que la próxima tanda sería un fracaso. Sin las instrucciones de Dios, Josué habría fracasado al guiar a los israelitas para entrar en la tierra prometida. El primer paso era esforzarse y ser valiente (Josué 1:6). Luego, tenía que meditar constantemente en el libro de la ley. Y por último, debía hacer todo lo que ese libro decía. Mientras Josué siguiera las instrucciones, Dios le prometió que tendría «éxito» (v. 8). La «receta para el éxito» que Dios ofrece puede funcionar también para nosotras. En el texto original hebreo, «y tendrás éxito» significa «entonces actuarás con sabiduría». Así como Dios llamó a Josué para que caminara sabiamente, también desea que nosotras andemos «con diligencia […], no como [necias] sino como [sabias]» (Efesios 5:15). Si somos valientes en el Señor, disfrutamos de su Palabra y lo obedecemos, tenemos una receta para el éxito espiritual mejor que cualquier otra cosa que elaboremos por nuestra cuenta. Jennifer 2 de abril Prematuro Isaías 51:1-16 Y en tu boca he puesto mis palabras, y con la sombra de mi mano te cubrí, extendiendo los cielos y echando los cimientos de la tierra… —Isaías 51:16 Nació con tan solo 34 semanas de gestación, y era un milagro de apenas 1,360 kilogramos. Toda clase de tubos y cables envolvían su diminuto cuerpito, para supervisar su progreso. A menudo, le molestaban los equipos que restringían sus movimientos. Pero cuando su papá metía la mano con cuidado por la pequeña apertura de la incubadora y acariciaba su cabecita, el bebé se quedaba quieto y se dormía. La Escritura declara: «El corazón del hombre piensa su camino; mas el Señor endereza sus pasos», y «el consejo del Señor permanecerá para siempre» (Proverbios 16:9; Salmo 33:11). Sin embargo, en un mundo donde las opciones parecen ser infinitas, terminamos convenciéndonos de nuestra propia infalibilidad. Olvidamos la soberanía de Dios… hasta que surge una crisis que nos recuerda cuán frágiles somos (Isaías 51:6). No tenemos el control. Al igual que un bebé prematuro, portamos la imagen de aquello en lo cual nos convertiremos algún día. Mientras aguardamos esperanzadas, Dios se acerca en medio de nuestros momentos de más profunda necesidad y nos sostiene en su mano (vv. 12, 16). Aquí aprendemos a descansar en la esperanza en el Señor, quien «[extendió] los cielos» (v. 16). Regina 3 de abril Entender el costo 1 Pedro 1:17-21 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. —1 Corintios 6:20 Cuando le regalamos a nuestro hijo de dos años un par de botas nuevas, estaba tan contento que no se las sacó hasta la hora de dormir. Pero al día siguiente, se olvidó por completo de ellas y se puso sus zapatillas viejas. Mi esposo dijo: «Ojalá supiera cuánto cuestan las cosas». Un niño recibe los regalos de buena gana, pero sabemos que no se puede esperar que aprecie plenamente el sacrificio que hacen sus padres para darle cosas nuevas. A veces, me comporto como una niña. Con brazos abiertos, recibo los regalos de Dios y sus muchas misericordias, pero ¿soy agradecida? ¿Considero el precio que se pagó para que yo pueda vivir una vida plena? El costo fue muy alto… más que «cosas corruptibles, como oro o plata». Como leemos en 1 Pedro, se requirió «la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación» (1 Pedro 1:18-19). Jesús dio su vida, un alto precio que pagar, para transformarnos en parte de su familia. Y Dios lo levantó de los muertos (v. 21). Cuando entendemos el costo de nuestra salvación, aprendemos a ser verdaderamente agradecidas. Keila 4 de abril Los últimos kilos Lucas 14:25-35 Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. —Lucas 14:33 Cualquiera sea el plan que escojas para rebajar de peso, estás destinada a perder kilos… al menos, por un tiempo. Pero la mayoría de la gente que hace dieta llega a un punto de estancamiento antes de alcanzar su meta, y muchos se desalientan. Se dan por vencidos. Algo similar sucede en nuestras vidas cristianas. Cuando empezamos nuestro andar con Cristo, desechamos fácilmente muchos de los pecados que nos han agobiado. Luego, descubrimos que los pecados «pequeños» como la envidia, el resentimiento y la ira no desaparecen tan fácilmente como los «grandes». Algunas nos desalentamos tanto que perdemos de vista nuestro compromiso con Cristo y volvemos a ciertas prácticas de nuestra antigua manera de vivir. Cuando Jesús habló del costo de ser su discípulo (Lucas 14:25-35), quería que las personas que lo escuchaban se dieran cuenta de que creer en Él y seguirlo implica algo más que empezar algo emocionante. También significa perseverar; incluso con algo que es difícil. Así que, ya sea que hablemos de bajar de peso o de avanzar espiritualmente, el mensaje es el mismo: lo que más importa no es cómo empezamos, sino cómo terminamos. Julie 5 de abril Recuerda Salmo 119:17-19, 130-134 En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti. —Salmo 119:11 Un aspecto difícil de envejecer es el temor a padecer demencia senil y a perder la memoria de corto plazo. Sin embargo, el Dr. Benjamin Mast, experto en la enfermedad de Alzheimer, brinda cierto ánimo. Dice que el cerebro de los pacientes suele estar tan «bien trabajado» y «habituado» que estas personas pueden escuchar canciones antiguas y cantar toda la letra. También sugiere que las disciplinas espirituales, tales como la lectura bíblica, la oración y el cantar himnos hacen que la verdad «se entreteja» en nuestro cerebro y que esté lista para resurgir cuando se la estimula. En el Salmo 119:11, leemos que el poder de esconder las palabras de Dios en nuestro corazón nos fortalece, nos enseña la obediencia y dirige nuestros pasos (vv. 28, 67, 133). Esto, a su vez, nos da esperanza y entendimiento (vv. 49, 130). Aun cuando empecemos a notar pérdidas de memoria en nosotras o en algún ser querido, la Palabra de Dios, aprendida tiempo atrás, sigue estando allí, guardada y atesorada en el corazón (v. 11). Las palabras de Dios seguirán hablándonos. Nada, ni siquiera la pérdida de la memoria, puede separarnos del amor y el cuidado de Dios. Él lo prometió. Cindy 6 de abril Empaparnos de la Palabra Deuteronomio 6:1-9 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos… —Deuteronomio 6:6-7 Cuando nuestro hijo Xavier era pequeño, visitamos el acuario de la bahía de Monterey. Al entrar, señalé una escultura colgante. «Miren. Una ballena jorobada». «Enorme», dijo Xavier. Mi esposo me miró y dijo: «¿Cómo sabe esa palabra?». «Seguramente, nos escuchó decirla». Me encogí de hombros, sorprendida de que nuestro pequeño hubiera absorbido vocabulario que no le habíamos enseñado intencionalmente. En Deuteronomio 6, Dios animó a su pueblo a enseñar a los más jóvenes a conocer y obedecer la Escritura. A medida que conocieran más a Dios, sería más probable que ellos y sus hijos llegaran a reverenciarlo (vv. 2-5). Si saturamos intencionalmente nuestro corazón y nuestra mente de la Escritura (v. 6), estaremos mejor preparadas para compartir el amor y la verdad de Dios con nuestros hijos durante las actividades cotidianas (v. 7). Al guiar con el ejemplo, podemos preparar y animar a los jóvenes a reconocer y respetar la autoridad y la relevancia de la verdad inmutable de Dios (vv. 8-9). Xochitl 7 de abril Multiplicarlo Apocalipsis 22:1-5 Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán… —Apocalipsis 22:3 Amalia había batallado contra el cáncer durante cinco años. Un día, el doctor le dijoque los tratamientos no estaban funcionando y que le quedaban pocas semanas de vida. Buscando alguna explicación y certeza de la vida eterna, Amalia le preguntó al pastor de su iglesia: «¿Cómo será el cielo?». Él le preguntó qué le gustaba más en la vida, y ella respondió: «Las caminatas, los arcoíris, los amigos fieles y las risas de niños». Entonces, Amalia preguntó anhelante: «¿Quiere decir que allí tendré todas estas cosas?». El pastor respondió: «Creo que tu vida será mucho más hermosa y asombrosa que todo lo que hayas amado o experimentado aquí. Piensa en lo mejor que tienes ahora y multiplícalo sin límite. Yo creo que el cielo será así». La Biblia no describe con detalle cómo será la vida en la eternidad, pero sí afirma que estar con Cristo en el cielo es «muchísimo mejor» que nuestras circunstancias actuales (Filipenses 1:23). «Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán» (Apocalipsis 22:3). Y lo mejor de todo es que veremos al Señor Jesús cara a cara. Él satisfará nuestros anhelos más profundos. Anne 8 de abril Lavadero de coches Isaías 43:1-13 Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. —Isaías 43:2 Jamás olvidaré mi primera experiencia en un lavadero automático de automóviles. Puse el dinero en la ranura, revisé nerviosamente las ventanillas una y otra vez, moví el coche con cuidado hasta la línea, y esperé. Fuerzas más allá de mi control comenzaron a mover el auto. Ahí estaba yo, encajonada en el vehículo, cuando un atronador chorro de agua, jabón y cepillos comenzaron a salir de todos lados. ¿Qué pasa si quedo atrapada aquí? , pensé de modo irracional. De repente, el agua se detuvo. Después de un secado de aire a presión, el coche fue nuevamente impulsado, limpio y brillante, hacia el mundo exterior. He atravesado muchas épocas tormentosas en mi vida en que parecía ser víctima de fuerzas más allá de mi control. Ahora las llamo: «Experiencias de lavadero de coches». Pero mi certeza es que al atravesar aguas profundas, mi Redentor estuvo siempre conmigo, protegiéndome de la marea creciente (Isaías 43:2). Cuando salía del otro lado, podía decir con confianza: «¡Dios es fiel!» ¿Estás en medio de una experiencia de lavadero de coches? Confía en que el Señor te llevará hasta el otro lado. Entonces, serás un testimonio resplandeciente de su poder protector. Joanie 9 de abril Amar a un pródigo Lucas 15:11-32 Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. —Lucas 15:32 Tengo una amiga especial que me ha sorprendido con el amor profundo y sacrificado que ella y su esposo han derramado sobre sus hijos; en particular, un hijo pródigo restaurado. «[Mi hijo] nos llevó por una travesía de doce años por este mundo de los pródigos», afirma ella. Esta madre estableció un día mundial de oración por los pródigos, el cual comenzó como un esfuerzo de orar por su hijo, quien ya regresó a la fe. El hijo pródigo de la Biblia le dijo a su padre, sin reparo alguno: «Quiero la parte de mi herencia ahora, antes de que mueras» (Lucas 15:12 NTV). Después de recibir su herencia temprano, se fue de su casa y derrochó todo el dinero. Recién después de perder todo, volvió a su casa y confesó sus pecados a su padre, quien lo recibió con los brazos abiertos. «No te das por vencido —afirma mi amiga—, ya que amas tanto a ese hijo descarriado». Ella asegura que aprendemos esto de Dios, «el cual nunca deja de amar, nunca deja de creer, nunca deja de perdonar». Alabado sea el Señor por su amor para todos nosotros… incluso para los pródigos. Con paciencia, Él los llama para que revivan (Lucas 15:32). Roxanne 10 de abril Alabanza inmerecida Lucas 5:27-32 No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento. —Lucas 5:32 Antes de poder comprar un horno autolimpiante, me las arreglaba para mantenerlo en condiciones. Incluso las visitas comentaban al respecto cuando venían a casa: «Vaya, ¡qué limpio está tu horno! Parece nuevo». Yo aceptaba el elogio aunque sabía que no lo merecía… la limpieza no tenía nada que ver con que yo lo restregara, sino que no lo usaba muy seguido. Me pregunto cuántas veces soy culpable de aceptar un reconocimiento inmerecido por mi vida «limpia». Es fácil dar la impresión de ser una persona virtuosa: simplemente, no hacer nada difícil, controversial o que desagrade a la gente. Pero Jesús dijo que debemos amar a los que disienten con nosotras. El amor exige que no estemos ajenos a las dificultades en la vida de otras personas. A menudo, el Señor tenía problemas con los líderes religiosos que se preocupaban más de mantener una buena reputación que de la condición espiritual de aquellos a quienes supuestamente debían atender. Consideraban inmundos a Jesús y sus discípulos por mezclarse con pecadores, cuando lo único que intentaba Él era rescatarlos (Lucas 5:30- 31). Las verdaderas discípulas de Cristo están dispuestas a arriesgar su reputación para ayudar a otros a salir del lodo del pecado. Julie 11 de abril Cuestiones del corazón Proverbios 4:20-27 Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida. —Proverbios 4:23 Nuestro corazón bombea a un ritmo de 70 a 75 latidos por minuto y bombea unos 7.500 litros de sangre por día. Genera suficiente energía como para conducir un camión unos 30 kilómetros. En toda una vida, es el equivalente a un viaje de ida y vuelta a la luna. Un corazón saludable puede hacer cosas maravillosas. Por el contrario, si no funciona bien, todo el cuerpo se resiente. Lo mismo podría decirse de nuestro «corazón espiritual». En la Escritura, el corazón representa el centro de nuestras emociones, pensamientos y razonamientos. Es el «centro de comando» de nuestra vida. Por eso, tiene mucho sentido que la Palabra aconseje: «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón» (Proverbios 4:23). No obstante, nos cuesta aceptar este consejo. La vida siempre nos exigirá del tiempo, energía y dedicación para escuchar la Palabra de Dios y de hacer aquello que no parezca tan urgente. Tal vez no notaremos de inmediato las consecuencias de este descuido, pero con el tiempo, podemos llegar a experimentar un paro cardíaco espiritual. Necesitamos la ayuda de Dios para no descuidar su Palabra y para usarla a fin de alinear nuestro corazón con el suyo cada día. Poh Fang 12 de abril Sin reconocimiento Colosenses 4:7-18 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. —Mateo 5:16 En las décadas de 1950 y 1960, Audrey Hepburn, Natalie Wood y Deborah Kerr deleitaban a los espectadores con sus maravillosos musicales. Pero ¿sabías que Marni Nixon era quien doblaba las voces de estas actrices sobresalientes? En el cuerpo de Cristo, suele haber personas que apoyan fielmente a otras que tienen un rol más público. El apóstol Pablo dependía de esta clase de personas en su ministerio. La tarea de Tercio como escribiente le dio a Pablo su poderosa voz escrita (Romanos 16:22). Las oraciones entre bambalinas de Epafras fueron esenciales para Pablo y la iglesia primitiva (Colosenses 4:12-13). Lidia abrió su hogar cuando el apóstol cansado necesitaba restauración (Hechos 16:15). El trabajo de Pablo no habría sido posible sin el apoyo de estos y otros siervos de Cristo (vv. 7-18). Aunque no siempre tengamos roles visibles, sabemos que a Dios le agrada que desempeñemos nuestro papel esencial en su plan. Cuando «[trabajamos] siempre para el Señor con entusiasmo» (1 Corintios 15:58 NTV), encontramos valor y significado en nuestro servicio, ya que este glorifica a Dios y atrae a otros a Él. Cindy 13 de abril Tapado de narcisos Lucas 24:13-34 Ha resucitado el Señor verdaderamente… —Lucas 24:34 Cuando las primeras flores de primavera brotaron en nuestro jardín, mi hijo de cinco años se metió enun cantero de narcisos. Observó algunos restos de plantas que se habían secado hacía algunos meses y señaló: «Mamá, cuando veo algo muerto, me acuerdo de la Semana Santa, porque Jesús murió en la cruz». Le contesté: «Cuando yo veo algo vivo, como los narcisos, ¡recuerdo que Jesús resucitó!». Una de las razones por las que sabemos que Jesús resucitó de la tumba es esta: tres días después de su crucifixión, se acercó a dos hombres que iban camino a Emaús. El Señor caminó con ellos, los acompañó para comer e incluso les dio una lección sobre profecía del Antiguo Testamento (Lucas 24:15-27). Claramente, ¡Jesús había resucitado de los muertos! Esos hombres regresaron a Jerusalén y les dijeron a los discípulos: «Ha resucitado el Señor verdaderamente…» (v. 34). Si Jesús no hubiera resucitado, nuestra fe en él no tendría sentido. Seguiríamos siendo culpables de nuestro pecado (1 Corintios 15:17). En cambio, la Biblia nos enseña que Cristo fue «resucitado para nuestra justificación» (Romanos 4:25). ¡Hoy podemos estar en paz con Dios porque Jesucristo vive! Jennifer 14 de abril El reloj perfecto de Dios Lucas 2:36-40 Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén. —Lucas 2:38 De vez en cuando, visito a dos ancianas. Una no tiene preocupaciones económicas, está bien físicamente y vive en su propia casa. Sin embargo, siempre encuentra algo negativo para decir. La otra sufre de artritis y está bastante olvidadiza. No obstante, lo primero que escuchan todos los que visitan su pequeño apartamento es: «¡Dios es tan bueno conmigo!». En mi última visita, noté que, el día anterior, había escrito en su cuaderno de recordatorios: «¡Mañana salgo a almorzar! ¡Qué maravilloso! Otro día feliz». Ana era una profetisa en la época en que nació Jesús, y sus circunstancias eran difíciles (Lucas 2:36-37). Había quedado viuda siendo joven, y es probable que no tuviera hijos, así que podría haberse sentido inútil y abandonada. No obstante, se concentraba en Dios y en servirlo. Anhelaba la llegada del Mesías, pero mientras tanto, estaba ocupada en los negocios del Señor: oraba, ayunaba y les enseñaba a otros lo que había aprendido sobre Él. Finalmente, llegó el día en que vio al Mesías bebé en brazos María. Su paciente espera había valido la pena. Su corazón cantaba de alegría mientras alababa a Dios, y les comunicaba a todos la feliz noticia. Marion 15 de abril Las damas de Arlington Mateo 26:6-13 También se contará lo que ésta [mujer] ha hecho, para memoria de ella. —Mateo 26:13 En 1948, el Jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos notó que nadie había asistido al funeral de un soldado de la fuerza aérea en el Cementerio Nacional de Arlington, y eso lo perturbó profundamente. Habló con su esposa acerca de su preocupación de que cada soldado recibiera honores en su entierro, y ella comenzó un grupo llamado las Damas de Arlington. Alguien del grupo le rinde honores a cada soldado fallecido, asistiendo a su funeral. Las damas también escriben notas personales de pésame y expresan palabras de gratitud a los familiares. Si es posible, una representante se mantiene en contacto con la familia durante meses después de la ceremonia. Margaret Mensch, una de las Damas de Arlington, dice: «Lo importante es estar a disposición de las familias. Es un honor rendirle tributo a los héroes de cada día que forman parte de las fuerzas armadas». Jesús mostró la importancia de rendir tributo. Después de que una mujer vertiera un costoso perfume sobre su cabeza, Él dijo que ella sería honrada en los años por venir (Mateo 26:13). Los discípulos estaban indignados y pensaron que ese acto había sido un desperdicio, pero Jesús lo llamó «una buena obra» (v. 10) por la que ella sería recordada. Es nuestro privilegio honrar a aquellos que han hecho «una buena obra» en el nombre de Jesús. Anne 16 de abril Atajos peligrosos Mateo 4:1-10 [Jesús] respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. —Mateo 4:4 Hace poco, cuando hubo elecciones en mi país, una madre necesitada a quien conozco cambió su voto por una bolsa de pañales. Su decisión me desilusionó. «¿Qué pasa con tus convicciones?», le pregunté. Ella permaneció en silencio. Seis meses después de que ganó su candidato, los impuestos subieron aun más. Ahora todo está más caro… ¡incluso los pañales! La corrupción política no es nada nuevo. Tampoco lo es la corrupción espiritual. Satanás intentó tentar a Jesús para que «vendiera» sus convicciones (Mateo 4:1-10). El tentador se le acercó cuando el Señor estaba cansado y hambriento, y le ofreció satisfacción inmediata: pan caliente en segundos, una salvación milagrosa, y los reinos del mundo. Sin embargo, Jesús sabía qué era lo mejor. Era consciente de que los atajos son enemigos peligrosos. Pueden ofrecer un camino libre de sufrimiento, pero al final, el dolor que producen es mucho peor de lo que podamos imaginar. «Escrito está», declaró Jesús tres veces durante su tentación (vv. 4, 7, 10). Se aferró con firmeza a lo que sabía que era la verdad de Dios y su Palabra. Cuando somos tentadas, Dios también puede ayudarnos. Podemos depender de Él y de la verdad de su Palabra para que nos ayuden a evitar atajos peligrosos. Keila 17 de abril Tiempo juntos Salmo 147:1-11 Se complace el Señor en los que le temen, y en los que esperan en su misericordia. —Salmo 147:11 Mi mamá tiene Alzheimer, una enfermedad que va destruyendo la memoria, puede afectar la conducta y termina en la pérdida del habla… y más. Me duele que mi mamá esté enferma, pero doy gracias porque sigue aquí y podemos pasar tiempo juntas… incluso conversar. Me emociona que cada vez que voy a verla, ella resplandece de alegría y exclama: «¡Alyson, qué sorpresa encantadora!». Disfrutamos de la compañía mutua, y aun en los silencios, cuando ella no encuentra las palabras, tenemos comunión. Quizá esta sea una pequeña imagen de nuestra relación con Dios. La Escritura afirma: «Se complace el Señor en los que le temen, y en los que esperan en su misericordia» (Salmo 147:11). A los que creen en Jesús como Salvador, Dios los llama sus hijos (Juan 1:12). Y aunque quizá pidamos lo mismo una y otra vez o nos falten las palabras, al Señor le agrada que conversemos con Él en oración… incluso cuando no sabemos qué decir. Alyson 18 de abril Fe en vez de temor Números 13:25–14:9 … con nosotros está el Señor; no los temáis. —Números 14:9 «A mi esposo le ofrecieron un ascenso en otro país, pero me daba miedo dejar nuestro hogar, así que él rechazó la oferta», me contó mi amiga. Me explicó cómo su recelo ante un cambio tan grande evitó que se embarcara en una nueva aventura y que se preguntara a veces qué se habían perdido al no mudarse. Los israelitas permitieron que sus ansiedades los paralizaran cuando fueron llamados a habitar en una tierra rica y fértil, donde fluía «leche y miel» (Éxodo 33:3). Cuando escucharon que había pueblos poderosos en grandes ciudades (Números 13:28), comenzaron a temer y a rechazar el llamado a entrar en la tierra. Sin embargo, Josué y Caleb los instaron a confiar en el Señor, diciendo: «[no] temáis al pueblo de esta tierra; porque […] con nosotros está el Señor» (Números 14:9). Aunque las personas de allí parecían gigantes, podían confiar en que el Señor estaba con ellos. Mi amiga no recibió la orden de mudarse a otro país, como los israelitas, pero lamentó permitir que el miedo le quitara esa oportunidad. ¿Qué me dices de ti: estás frente a una situación que te atemoriza? Si es así, el Señor está contigo y te guiará. Con su amor fiel, podemos avanzar en fe. Amy 19 de abril Sentir compasión Lucas 10:25-37 Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? —Lucas 10:29 La historia de Stephen Crane, The Open Boat [El barco abierto] cuenta sobre cuatro hombres que intentan sobrevivir en un barco salvavidas en altamar. Irónicamente, unode los hombres reflexiona sobre un poema que leyó de niño, sobre un soldado que luchó en Argel. Se da cuenta de que «nunca había considerado este asunto de que un soldado de la legión yaciera moribundo en Argel ni le había resultado algo digno de pena». No había sentido compasión por el soldado… hasta ese momento. La palabra compasión significa literalmente: «sufrir con alguien». Nuestra capacidad para sentir el dolor ajeno tal vez sea insuficiente hasta que nosotras mismas estemos sufriendo. Al igual que el experto en ley religiosa que probó a Jesús, justificamos nuestra respuesta apática cuando llega el momento de cumplir con la última parte de lo que Jesús señaló como el más grande mandamiento (Lucas 10:27). Jesús mostró una inmensa compasión al dar su vida por nosotras y salvarnos del lugar más horrible de desesperación. Mediante el poder del Espíritu Santo, que tengamos la misma actitud para con los demás. Regina 20 de abril Un tiempo para todo Eclesiastés 3:1-14 Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora . —Eclesiastés 3:1 Hace poco, mientras viajaba en avión, observé a una madre y sus hijos. Uno de los pequeños jugaba tranquilo, y ella miraba a los ojos a su recién nacido, le sonreía y le acariciaba la mejilla. Él la contemplaba extasiado. Disfruté del momento con cierta melancolía, al pensar en mis propios hijos a esa edad y en la etapa que ya había pasado. Sin embargo, reflexioné sobre las palabras del rey Salomón en el libro de Eclesiastés sobre «cada actividad bajo el cielo» (3:1 NTV). Mediante una serie de opuestos, él expresa que «todo tiene su tiempo» (v. 1): «tiempo de nacer, y tiempo de morir» (v. 2). Quizá el rey Salomón se desesperaba en esos versículos al ver lo que percibía como el ciclo insignificante de la vida. Pero también reconoció el rol de Dios en cada etapa: que nuestro trabajo es un «don de Dios» (v. 13) y que «todo lo que Dios hace será perpetuo» (v. 14). Podemos recordar épocas de nuestra vida con nostalgia. Sin embargo, sabemos que el Señor promete estar con nosotras en cada etapa de nuestra vida (Isaías 41:10). Podemos contar con su presencia y descubrir que nuestro propósito está en caminar con Él. Amy 21 de abril El tesoro Hebreos 11:32-40 A fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas. —Hebreos 6:12 Cuando yo era niña, mi madre muchas veces me dejaba revolver su caja de botones mientras me recuperaba de alguna enfermedad. Siempre me animaba encontrarme con botones viejos y conocidos, y recordar las ropas que una vez adornaron. Sobre todo, me gustaba cuando ella escogía un botón viejo e ignorado y lo usaba otra vez. De la misma forma, muchas veces hojeo mi Biblia durante momentos perturbadores y recuerdo promesas conocidas que me han fortalecido. Pero siempre me anima encontrar ayuda en promesas que nunca había notado antes. Recuerdo una oscura mañana, durante la enfermedad terminal de mi esposo, en que estaba buscando una palabra de Dios que me sostuviera. En Hebreos 11, noté que Dios había rescatado de maneras muy dramáticas a su afligido pueblo. Sin embargo, no siempre podía identificarme con esas situaciones. Entonces, leí acerca de algunos que «siendo débiles, fueron hechos fuertes» (v. 34). Me di cuenta de que yo también podía ser fuerte en Él en mi debilidad. Mi fe se renovó. ¿Estás hoy en medio de una prueba? Recuerda, hay muchas promesas en la Biblia. Las generaciones han demostrado que son verdad, y también puedes demostrarlo tú. Joanie 22 de abril En el momento apropiado Hebreos 9:11-22 … Y tocando su oreja, [Jesús] le sanó. —Lucas 22:51 Al comienzo de su carrera, el intérprete de jazz Hernie Hancock fue invitado a formar parte del quinteto de Miles Davis. Tiempo después, Hancock admitió que estaba nervioso, pero lo describió como una experiencia maravillosa, porque Davis era una persona sumamente alentadora. Durante una presentación, cuando Davis estaba cerca del clímax de su solo, Hancock tocó mal un acorde. Se sintió avergonzado, pero Davis continuó como si nada hubiese pasado. «Improvisó unas notas que hicieron que mi acorde sonara correcto», declaró Hancock. ¡Qué ejemplo de liderazgo amoroso! Davis simplemente reajustó su plan y convirtió en algo hermoso lo que era, en potencia, un error terrible. Así hizo Jesús con Pedro. Cuando este le cortó la oreja a uno de los que fueron a arrestar a Jesús, Él se la reinsertó (Lucas 22:51), lo cual indicaba que su reino consistía en sanar, no en lastimar. Una y otra vez, el Señor utilizó los errores de los discípulos para mostrar algo mejor. Lo que Jesús hizo por sus discípulos, también lo hace por nosotras; y lo que Él hace por nosotras, podemos hacerlo por los demás. En vez de magnificar cada error, podemos convertirlos en actos maravillosos de perdón, restauración y redención. Julie 23 de abril ¿Cómo puedo ayudarte? Marcos 10:43-52 Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. —Marcos 10:51 Haddon Robinson, presidente de un seminario, se encontró con un donante muy rico para gestionar una contribución importante. Cuando Robinson pidió una cantidad determinada, el benefactor respondió: «Estaba dispuesto a darte mucho más, si me lo hubieras pedido». Esta historia nos recuerda que nos acerquemos «confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro» (Hebreos 4:16). Es fundamental que llevemos nuestras peticiones delante de Dios porque Él se deleita en dar buenas dádivas a sus hijos (Mateo 7:11). Podemos comunicarle con libertad nuestras peticiones, recordando que estas deben reflejar que buscamos primeramente su reino. Entonces, el Señor, en su sabiduría, nos dará lo que en verdad necesitamos, no solo lo que queremos (6:33). Sigamos buscando a Dios y cumpliendo nuestra misión en su reino, y mientras lo hacemos, traigamos ante Él nuestras peticiones. Tal vez Él esté dispuesto a darnos incluso más de lo que pedimos (Efesios 3:20). Marlena 24 de abril Esperanza para un «embarrador» Santiago 1:2-4 … la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza. —Romanos 5:3-4 Cuando mi esposo construyó una galería delante de nuestra casa, esperaba que un pájaro hiciera allí su nido. Por eso, dejó una inclinación en el poste esquinero. Al principio, funcionó. Sin embargo, después de dos días de lluvia, vimos que había aparecido un nido en el mismo sitio que considerábamos imposible. Debido a la lluvia, la Sra. Petirrojo pudo hacer un poco de argamasa de barro. Entretejiéndolo con ramitas y hierba, nuestra amiga alada se había construido un nido nuevo. Había perseverado. ¡Qué inspiradora es la perseverancia! Tratar de vivir una vida que honre a Cristo en medio de circunstancias difíciles puede frustrarnos y desanimarnos. Pero cuando dependemos de la ayuda del Señor para atravesar los problemas, recibimos poder para seguir adelante, aun cuando no siempre podamos ver cómo solucionar nuestras dificultades. Gálatas 6:9 nos recuerda que «no nos cansemos, pues, de hacer bien» y nos insta a que no nos rindamos. ¿Está Dios utilizando en tu vida un desafío aparentemente insuperable para producir perseverancia? Permítele que a través de esa prueba, fortalezca tu carácter y, como consecuencia, aumente tu esperanza (Romanos 5:3-4). Cindy 25 de abril Sonríe Salmo 29:1-11 El Señor dará poder a su pueblo; el Señor bendecirá a su pueblo con paz. —Salmo 29:11 Una vez, conocí a una hermosa niña llamada Mercy, una paciente en un hospital en Kampala, Uganda. Durante una visita, su hermano explicó que sus padres habían muerto, y que él, a los catorce años de edad, era el único cuidador de Mercy. «Escuché que, la semana pasada, usted les dio almohadas a los pacientes —dijo él—. Mi hermana nunca durmió sobre una almohada. ¿Podría traerle una, por favor?». Mercy tenía la sonrisa más hermosa que vi jamás. Al mirarla a los ojos, sabía que era testigode alguien que experimentaba la paz de Dios, esa paz inexplicable de Filipenses 4:7. Al día siguiente, le llevé una almohada a Mercy. Su inmensa sonrisa se hizo aun más grande. Me senté y le tomé la mano durante un largo rato. Cuando volví al día siguiente, su cama estaba vacía; había fallecido. El hospital me permitió ver su cuerpo para despedirme. Su cabecita descansaba sobre la almohada en la cual había dormido apenas una noche, y tenía la boca cerrada… pero sonriente. Querido Señor, ayúdanos a entender con mayor profundidad esto que Mercy sabía… que jamás abandonarás a tus hijos. Roxanne 26 de abril Las pequeñas cosas Salmo 116:1-9 Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto… —Santiago 1:17 Mi amiga Gloria nos llamó entusiasmada. No podía salir de su casa, excepto para ir al médico. Por eso, entendí su alegría cuando me dijo: «Mi hijo acaba de conectar parlantes a mi computadora. ¡Ya puedo ir a la iglesia!». Ahora podía escuchar la transmisión en vivo de la reunión. No paraba de hablar de la bondad de Dios. Gloria me enseña a tener un corazón agradecido. A pesar de sus limitaciones, da gracias por las pequeñas cosas. Dios siempre le proveyó lo que necesitaba, y ella les habla del Señor a todos los que la visitan o la llaman. No sabemos qué dificultades tenía el autor del Salmo 116. Algunos dicen que probablemente fuera una enfermedad, ya que afirma: «Me rodearon ligaduras de muerte» (v. 3). Sin embargo, el salmista dio gracias al Señor por ser misericordioso y compasivo cuando estaba «postrado» (vv. 5-6). Cuando estamos postradas, puede ser difícil levantar la mirada. Sin embargo, si lo hacemos, vemos que Dios es el que nos da todo lo bueno que tenemos —lo grande y lo pequeño— y aprendemos a darle gracias. Anne 27 de abril Compartir el consuelo 2 Corintios 1:3-11 … así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación. —2 Corintios 1:7 Una amiga me envió unas artesanías de cerámica que había hecho, pero algunas de las preciosas piezas se habían dañado en el viaje. Después de que mi esposo reparó una de las piezas, exhibí la taza sobre un estante, con sus hermosas imperfecciones. Al igual que esa cerámica restaurada, yo también tengo cicatrices que prueban que puedo seguir de pie después de los tiempos difíciles que Dios me ha ayudado a superar. Hablar de cómo el Señor ha obrado en y a través de mi vida puede ayudar a otros en tiempos de sufrimiento. El apóstol Pablo alaba a Dios porque es «Padre de misericordias y Dios de toda consolación» (2 Corintios 1:3). El Señor usa nuestras pruebas y sufrimientos para hacernos más parecidas a Él. Su consuelo en nuestras aflicciones nos prepara para reconfortar a otros al contarles lo que el Señor ha hecho por nosotras (v. 4). Como Pablo, recibimos consuelo al saber que el Señor redime nuestras pruebas para su gloria. Podemos compartir sus «tacitas de consuelo» para llevar esperanza al que sufre. Xochitl 28 de abril El piano que encogía Filipenses 1:1-11 … estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. —Filipenses 1:6 Durante tres años consecutivos, mi hijo participó de un recital de piano. El último año que tocó, lo observé subir los escalones y preparar su partitura. Después de tocar, se sentó junto a mí y susurró: «Mamá, este año, el piano es más pequeño». Le contesté: «No, es el mismo piano del año pasado. ¡Tú estás más grande!». El crecimiento espiritual, al igual que el físico, suele darse lentamente. Es un proceso constante que implica parecerse más a Jesús, y sucede a medida que somos transformadas mediante la renovación de nuestro entendimiento (Romanos 12:2). Para el crecimiento espiritual, hace falta el Espíritu Santo, nuestra voluntad de cambiar y tiempo. En ciertos momentos de nuestras vidas, quizá miremos atrás y veamos que crecimos espiritualmente. Que Dios pueda darnos la fe de seguir adelante y creer que «el que comenzó en [nosotras] la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo» (Filipenses 1:6). Jennifer 29 de abril ¡Otra vez! 2 Tesalonicenses 2:13-17 Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros […], de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad. —2 Tesalonicenses 2:13 Mientras leía el mensaje en mi teléfono, empezó a subirme la temperatura y me hervía la sangre. Estaba a punto de responder con otro mensaje desagradable, cuando una voz interior me dijo que me calmara y que contestara al día siguiente. Después de dormir bien, el tema que me había molestado tanto parecía una gran tontería. Había reaccionado de forma desmedida. No estaba dispuesta a incomodarme para ayudar a alguien. Lamentablemente, estoy tentada a responder con enojo más a menudo de lo que me gustaría reconocer. Con frecuencia, tengo que poner en práctica verdades bíblicas conocidas, tales como «airaos, pero no pequéis» (Efesios 4:26), y «no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros» (Filipenses 2:4). Menos mal que Dios nos ha dado su Espíritu, quien nos ayuda en nuestra batalla contra el pecado. Pablo y Pedro lo denominaron: «la santificación por el Espíritu» (2 Tesalonicenses 2:13; 1 Pedro 1:2). Con su ayuda, podemos alcanzar la victoria. Poh Fang 30 de abril Libre de temor Salmo 34:1-10 Busqué al Señor, y él me oyó, y me libró de todos mis temores. —Salmo 34:4 El miedo me invade sin pedirme permiso. Crea una imagen de impotencia y desesperanza, y me roba la paz. ¿A qué le temo? Me preocupa la seguridad y la salud de mi familia y seres queridos. Me aterra la pérdida del trabajo o las relaciones rotas. El miedo me lleva a mirarme a mí misma y revela un corazón al que, a veces, le cuesta confiar. Ante estos temores y preocupaciones, ¡qué bueno es leer la oración de David en el Salmo 34!: «Busqué al Señor, y él me oyó, y me libró de todos mis temores» (v. 4). ¿Y cómo nos libra? Cuando lo miramos y confiamos en que Él tiene el control de todo (v. 5). Luego, David menciona una clase diferente de temor: un profundo respeto y asombro ante Aquel que nos rodea y nos libra (v. 7). Podemos refugiarnos en el Señor porque Él es bueno (v. 8). Este asombro ante su bondad ayuda a cambiar nuestra perspectiva sobre el temor. Al recordar quién es Dios y cuánto nos ama, podemos relajarnos en su paz. Cuando buscamos al Señor, podemos ser libradas de nuestros temores. Keila 1 de mayo Día de la primavera Génesis 8:15-22 Mientras la tierra permanezca, no cesarán […] el día y la noche. —Génesis 8:22 Durante mi infancia en el oeste de Michigan, Estados Unidos, siempre celebraba el primero de mayo la primavera y las flores incipientes. Hacía un canasto de papel y lo llenaba de todas las flores que encontraba; la mayoría, narcisos y violetas. Luego colocaba el canasto frente a la puerta de mi vecina, tocaba a su puerta y me escondía rápidamente detrás de un arbusto. Atisbaba para verla cuando abría la puerta y recogía su sorpresa. La belleza de las flores primaverales y el cambio regular de las estaciones nos recuerdan la fidelidad de Dios. Cuando Noé y su familia salieron del arca con los animales después de que las aguas decrecieron, Dios les hizo esta promesa: «Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche» (Génesis 8:22). Y ha sido fiel en mantener esa promesa desde entonces. Dios «hizo el universo» y sigue sosteniendo «todas las cosas con la palabra de su poder» (Hebreos 1:2-3). Demos gracias a Dios hoy por su hermosa creación y por su fidelidad al sustentar su mundo y a nosotras. Anne 2 de mayo Vernos a nosotras mismas 1 Corintios 11:23-34 … pruébese cada uno a sí mismo… —1 Corintios 11:28 Antes de que se inventaran los espejos o las superficies pulidas, las personas rara vez se veían a sí mismas. Una de las únicas maneras de hacerlo era reflejándose en pozos de agua oen ríos calmos. Sin embargo, los espejos cambiaron todo. Más tarde, la invención de las cámaras fotográficas otorgó una dimensión completamente nueva al aspecto exterior. Ahora tenemos imágenes nuestras de un determinado momento, que nos acompañan durante toda la vida. Pero todo esto puede llegar a perjudicar nuestro bienestar espiritual, al preocuparnos más por la apariencia y dejar de lado nuestro interior. Analizarnos interiormente es fundamental para una vida espiritual saludable. Esto es tan importante que las Escrituras enseñan que no debemos participar de la Cena del Señor si no nos examinamos antes (1 Corintios 11:28). El objetivo no es arreglar las cosas con Dios solamente, sino también asegurarnos de que estamos bien con los demás. En la Cena del Señor, recordamos el cuerpo y la sangre de Cristo, y no podemos celebrarla adecuadamente si no vivimos en armonía con los otros creyentes. La evaluación personal promueve la unidad fraternal y beneficia nuestra relación con Dios. Julie 3 de mayo Cambios imprevistos Salmo 37:1-24 Por el Señor son ordenados los pasos del hombre, y él aprueba su camino. —Salmo 37:23 Hace algunos años, la junta educativa de nuestro condado decidió no renovarle a nuestra iglesia el alquiler del edificio escolar donde nos reuníamos todos los domingos. Conmocionados, consideramos otros lugares, pero no pudimos encontrar un sitio adecuado durante un tiempo. Cuando plantamos la iglesia, entendíamos la incertidumbre de utilizar un edificio compartido; pero no contábamos con que sucedería esto. Los planes son puertas de esperanza hacia lo que creemos que Dios quiere que hagamos. David conocía la importancia de entregarle al Señor los planes: «Encomienda al Señor tu camino, y confía en él; y él hará» (Salmo 37:5). En vez de dejarnos abrumar por el cambio inminente, para mi esposo y para mí, fue importante «[guardar] silencio ante el Señor, y [esperar] en él» (v. 7). Rendirle a Dios nuestros planes no significa que Él los cumplirá como a nosotras nos parece, pero Él sí ordena «los pasos del hombre» (v. 23). Cuando confiamos en el Señor en medio de los imprevistos, Él toma los cambios inesperados y los transforma en oportunidades de crecer en nuestra fe. Regina 4 de mayo Construye una vida Juan 20:11-18 Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. —Filipenses 1:21 El día después de la muerte de mi esposo Bill, en 1982, fui sola a su tumba. Igual que a María Magdalena, quien visitó el sepulcro de Jesús, el Señor resucitado me estaba esperando. Aunque todavía estaba adormecida por la prematura muerte de Bill a causa del cáncer, sentí que el Señor imprimió en mi mente las palabras de Filipenses 1:21. Tejí una oración alrededor de las palabras de ese versículo: «Señor, cuántas veces escuché a Bill testificar: “¡Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia!”. Tu siervo ha muerto, una pérdida indecible para nosotros, una ganancia inefable para él. Yo sé, Señor, que no debo vivir en el pasado, por hermoso que haya sido para mí. Porque para mí, ¡el vivir eres tú!». Cuando me di vuelta para irme, sabía que había hecho una oración fundamental. Me quedaba por delante mucha recuperación y cosas para reconstruir mi vida, pero debajo de mí, estaba el único fundamento firme sobre el cual edificar: Jesucristo. ¿Acaso ha probado tu fundamento la muerte de un ser querido? Deja que las palabras de Pablo —escritas cuando estaba frente a la muerte— y las de Jesús a María te alienten a ofrecer una oración fundamental propia. Luego, empieza a reconstruir tu vida sobre el Cristo resucitado. Joanie 5 de mayo Descansa Éxodo 20:8-11 En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. —Éxodo 20:2 Aveces, nuestro perro se altera tanto que tiene convulsiones. Para prevenirlas, tratamos de calmarlo. Pero cuando oye «acuéstate y descansa», mira para otro lado y empieza a quejarse. Finalmente, con un dramático suspiro de resignación, obedece y se tira al suelo. En ocasiones, nosotras también necesitamos que nos recuerden que debemos descansar. En el Salmo 23, aprendemos que nuestro buen Pastor «en lugares de delicados pastos [nos hace] descansar» y que nos guía «junto a aguas de reposo». Sabe que nos hace falta esa tranquilidad que trae el descanso. Nuestro cuerpo está diseñado para descansar con regularidad. Dios mismo reposó al séptimo día, después de su obra creadora (Génesis 2:2-3; Éxodo 20:9-11). Jesús sabía que había un tiempo para servir a las multitudes y otro para descansar. Instruyó a sus discípulos: «Venid vosotros aparte […] y descansad un poco» (Marcos 6:31). El descanso es un don, una dádiva buena de nuestro Creador que sabe exactamente lo que necesitamos. Alabémoslo por hacernos descansar en delicados pastos. Cindy 6 de mayo Dios me conoce Gálatas 4:8-12 Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses. —Gálatas 4:8 En 1996, fui directora de prensa para la Villa Olímpica, sede de todos los atletas que competían en los juegos olímpicos de Atlanta, en Estados Unidos. Una noche, mientras llevaba a algunas personas a la villa, todo iba bien hasta que una pareja empezó a increpar: «¿Por qué no nos sigue ninguna cámara? ¿Acaso ustedes no saben quiénes somos?». Por cierto, yo no lo sabía. Pero con el tiempo, estas personas consiguieron un programa de telerrealidad y se hicieron famosas, tal como querían. Hoy en día, muchos creen lo mismo, que es importante que los demás nos conozcan. No saben que lo mejor es que nuestro Creador nos conozca. Jesús corrigió esa manera de pensar, afirmando: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado» (Juan 17:3). En Gálatas 4, Pablo declaró: «mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?» (v. 9). Hay algo mucho mejor que la fama. Que podamos volvernos hoy a Dios y experimentar el gozo y la vida que se encuentran en su presencia. Roxanne 7 de mayo Recuerda la cruz Marcos 15:19-20, 33-39 … Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios. —Marcos 15:39 En la iglesia donde asisto, hay una cruz inmensa en frente del santuario. Representa la cruz original donde Jesús murió. Allí Dios permitió que su Hijo perfecto muriera por cada cosa mala que hicimos. En la cruz, Jesús consumó la obra necesaria para salvarnos de la muerte que merecíamos (Romanos 6:23) . Ver una cruz me lleva a considerar lo que Jesús soportó por nosotras. Antes de ser crucificado, lo azotaron y lo escupieron. Los soldados le pegaron en la cabeza con palos y se burlaron de Él. Intentaron obligarlo a que llevara su propia cruz al lugar donde moriría. En Gólgota, lo atravesaron con clavos para mantenerlo sobre la cruz al erguirla. Esas heridas soportaron el peso de su cuerpo mientras estuvo allí colgado. Seis horas más tarde, Jesús exhaló su último aliento (Marcos 15:37). Un centurión que había presenciado la muerte de Jesús declaró: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios» (v. 39). La próxima vez que veas el símbolo de la cruz, considera lo que significa para ti. El Hijo de Dios sufrió y murió allí, y luego resucitó para darnos vida eterna. A ti y a mí. Jennifer 8 de mayo Una distracción agradable Romanos 11:33–12:2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento… —Romanos 12:2 Una amiga mía estaba buscando una iglesia de la cual hacerse miembro y me dijo que había encontrado justo lo que quería: «Me gusta esta iglesia porque no tengo que dejar de ir a fiestas. No me hace sentir culpable ni exige nada de mí. Me siento bien conmigo misma cuando estoy allí». Pero, ¿es esa la clase de vida a la que Jesús nos llama? El escritor W. Waldo Beach afirma: «No hay aire acondicionado ni asientos acojinados de una iglesia acomodada que puedan ocultar la dura verdad de que […] el discipuladoes costoso. Nadie puede entender el cristianismo en profundidad si su intención es disfrutarlo como una distracción agradable de fin de semana». Ser cristiano significa que conocemos a Jesús personalmente porque lo hemos recibido por fe como nuestro Salvador del pecado. Negamos nuestra voluntad y optamos por la suya. Él transforma nuestro pensamiento, nuestros valores y nuestras prioridades para reflejar lo que es aceptable a Dios (Romanos 12:1-2). La fe verdadera no es tan solo una distracción agradable de fin de semana; ¡es una relación vital con Jesús! Anne 9 de mayo Poda dolorosa Juan 15:1-5 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. —Juan 15:2 El verano pasado, plantamos rosales en el patio trasero en honor a mi abuelita. Alrededor de su casa, siempre habían crecido rosas de aroma fragante. Las que plantamos en casa serían un bello recordatorio de ella. Con alegría, contemplé cómo florecieron durante todo el verano. Después llegó la primera helada, y supe que era hora de cortar las rosas y podar las ramas. Así como tuve que podar los rosales para fomentar su renovación anual, a veces, Dios tiene que podarnos a nosotras. Aunque es doloroso y nunca nos gusta, Él nos poda para que llevemos «más fruto» (Juan 15:2). Su objetivo no es lastimarnos, sino conformarnos a la imagen de Jesús (Romanos 8:29) para nuestra bendición y crecimiento (Job 5:17). Quizá estés atravesando un momento difícil. Estás luchando y desearías que el dolor y la incomodidad quedaran atrás. Es comprensible. Sin embargo, si estás siendo podada, puedes tener grandes expectativas para el futuro. Dios se está asegurando de que lleves incluso más fruto. Él nunca malgastará tu dolor ni tu sufrimiento. Marlena 10 de mayo Él responderá Salmo 91 Me invocará, y yo le responderé… —Salmo 91:15 Me entusiasmé mucho cuando encontré la cuenta de Twitter de mi actriz coreana favorita, y decidí enviarle un comentario. Mandé mi mensaje y esperé, pero nunca contestó. Felizmente, sabemos que no es así con Dios. Él sí contesta. Es el «Altísimo», el «Omnipotente» (Salmo 91:1). Sin embargo, podemos acceder a Él, ya que prometió: «Me invocará, y yo le responderé» (v. 15). Una antigua leyenda habla de un rey que contrataba tejedores para que le hicieran tapetes y vestidos. Les daba la seda y los diseños, y les indicaba que lo consultaran de inmediato si surgían problemas. Un tejedor hacía todo bien y estaba contento, mientras que el resto siempre tenía dificultades. Cuando le preguntaron por qué, respondió: «¿No vieron cuántas veces llamé al rey?». «Sí —le respondieron—, pero como siempre está tan ocupado, pensamos que no debías molestarlo tanto». El muchacho contestó: «¡Solo le obedecí, y él estaba muy feliz de poder ayudarme!». Nuestro Dios es como ese rey… pero mucho más grande. En su inmenso amor y bondad, se ocupa de nuestras cosas más pequeñas y susurros más débiles. Poh Fang 11 de mayo Nada es inútil 1 Corintios 15:42-58 … nada de lo que hacen para el Señor es inútil. —1 Corintios 15:58 (NTV) En mi tercer año de pelear contra el desánimo y la depresión causados por una movilidad limitada y el dolor crónico, le confesé a una amiga: —Mi cuerpo se está cayendo a pedazos. Siento que no tengo nada de valor para ofrecerle a Dios ni a nadie. —¿Te parece que no sirve de nada que te salude con una sonrisa o te escuche? ¿Me dirías que no vale que ore por ti o te diga una palabra amable? —preguntó. —Por supuesto que no. —Entonces, ¿por qué te dices esas mentiras? Haces todas esas cosas por mí y por otros. Le di gracias a Dios por recordarme que nada de lo que hacemos para Él es en vano. Como Dios nos promete que resucitaremos a través de Cristo (1 Corintios 15:43), podemos confiar en que usará cada pequeño esfuerzo hecho por Él para marcar una diferencia en su reino (v. 58). Incluso si tenemos limitaciones físicas, una sonrisa, una palabra de ánimo, una oración o una muestra de fe durante la prueba pueden ayudar a los demás. Cuando servimos al Señor, no hay tarea o acto de amor demasiado insignificante. Xochitl 12 de mayo El remedio para los celos 1 Samuel 18:5-15 De aquel día en adelante Saúl miró a David con recelo. —1 Samuel 18:9 (LBLA) Durante una visita de mis nietos, les pregunté qué habían hecho el fin de semana. Bridger, de tres años de edad, contó que lo habían dejado pasar la noche con sus tíos… ¡y había tomado helado y andado en un carrusel y mirado una película! Después fue el turno de su hermano de cinco años, Samuel. Cuando le pregunté qué había hecho, contestó: «Acampé». «¿Te divertiste?», pregunté. «No tanto», respondió, apesadumbrado. Samuel experimentó el antiguo sentimiento de los celos. Al escuchar el emocionante relato de su hermano, olvidó cuánto se había divertido acampando con su papá. Todos podemos ser presa de los celos. El rey Saúl cedió ante el monstruo de la envidia y los celos cuando los elogios para David fueron mayores que los suyos: «Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles» (1 Samuel 18:7). Desde ese momento, «Saúl no miró con buenos ojos a David» (v. 9). ¡Estaba tan enfurecido que quiso matarlo! Dios ya nos ha dado muchas bendiciones, incluida la vida en esta tierra y la promesa de la vida eterna para los que creen. Depender de su ayuda y concentrarnos en Él con gratitud puede ayudarnos a superar los celos. Alyson 13 de mayo Cara a cara Éxodo 33:7-14 Y hablaba el Señor a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero… —Éxodo 33:11 Aunque el mundo está conectado electrónicamente como nunca antes, no hay nada como el tiempo compartido frente a frente. Los que se aman, ya sean familiares o amigos, disfrutan de compartir tiempo cara a cara. Vemos esta clase de relación personal entre el Señor y Moisés, el hombre a quien Dios eligió para guiar a su pueblo. Durante los años de seguir a Dios, la confianza de Moisés fue creciendo, y no dejó de seguirlo a pesar de la rebelión y la idolatría del pueblo. Después de que los israelitas adoraron un becerro de oro (Éxodo 32), Moisés levantó una tienda fuera del campamento para encontrarse con Dios, mientras los demás miraban desde lejos (33:7-11). Cuando la columna de nube —la presencia de Dios— descendía sobre la tienda, Moisés hablaba en favor de ellos. Dios prometió que su presencia los acompañaría (v. 14). Gracias a la muerte de Jesús en la cruz y a su resurrección, ya no necesitamos que alguien hable con Dios por nosotros. En cambio, tal como Jesús les ofreció a sus discípulos, podemos ser amigas de Dios a través de Él (Juan 15:15). Nosotras también podemos encontrarnos con Él y hablar como con un amigo. Amy 14 de mayo Ojos para ver Josué 3:1-11 Extendí mis manos a ti, mi alma a ti como la tierra sedienta. —Salmo 143:6 Mi primera visión de la tierra prometida desde los montes de Moab fue decepcionante. «¿Ha cambiado mucho desde que los israelitas estuvieron aquí?», le pregunté a la guía. Esperaba que el contraste fuera notorio en comparación con el lado oriental del Jordán. «No —respondió—. Se ha mantenido igual durante miles de años». Reformulé la pregunta: «¿Qué vieron los israelitas cuando llegaron aquí?». «El mayor oasis de toda la superficie de la tierra», contestó ella. Entonces, comprendí. Yo había atravesado el estéril desierto en un autobús de lujo, con aire acondicionado y agua fresca. Para mí, un oasis no era nada espectacular. Los israelitas habían pasado años vagando por un desierto seco y caluroso. Para ellos, el extenso terreno en la brumosa lejanía era sinónimo de agua fresca y vivificadora. Al igual que un oasis, la bondad de Dios se encuentra en los sitios áridos y difíciles. Me pregunto: ¿cuántas veces no alcanzamos a percibir su bondad porque nuestros sentidos espirituales han sido adormecidos por las comodidades? A veces, las dádivas del Señor se ven con más claridad cuando estamos cansadas y sedientas. Quiera Dios que siempre tengamos sed de Él. Julie 15 de mayo Aprender la lección Filipenses4:10-19 … he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. —Filipenses 4:11 María era viuda y enfrentaba graves problemas de salud. Entonces, su hija la invitó a mudarse al nuevo «apartamento de la abuela», conectado con su casa. Aunque eso implicaría alejarse de sus amigos creyentes y de su iglesia, María se regocijó por la provisión del Señor. A los seis meses de su nueva vida, ese contentamiento desapareció. Echaba de menos a sus amigos creyentes y la iglesia nueva quedaba demasiado lejos para poder ir sola. En ese momento, leyó un escrito de Carlos Spurgeon, el gran predicador del siglo xix : «El contentamiento es una de las flores del cielo y debe ser cultivada. Pablo afirma: “he aprendido a contentarme”, como si anteriormente no hubiese sabido cómo hacerlo». María entendió que si un apasionado evangelista como Pablo, confinado en una prisión, abandonado por los amigos y condenado a muerte pudo aprender a contentarse, ella también podría. Dijo: «Confesé mis quejas al Señor y le pedí perdón. Poco después, una mujer recientemente jubilada me pidió que fuera su compañera de oración, y otros ofrecieron llevarme a la iglesia. Mis necesidades habían sido maravillosamente suplidas». Marion 16 de mayo La batalla del lápiz Jueces 2:11-22 … no se apartaban de sus obras, ni de su obstinado camino. —Jueces 2:19 Cuando aprendía a escribir, mi maestra de primer grado insistía en cambiar la forma en que yo tomaba el lápiz. Mientras ella me miraba, lo sostenía como ella quería, pero en cuanto se daba vuelta, obstinadamente lo volvía a poner como a mí me resultaba más cómodo. Décadas más tarde, me di cuenta de que mi sabia maestra tenía claro que esa mala costumbre haría que me cansara más rápido al escribir. Pocas veces, los hijos entienden lo que es bueno para ellos. Por lo general, operan en función de lo que desean en el momento. Es probable que el nombre «hijos de Israel» sea apropiado, ya que los israelitas insistían en adorar a los dioses paganos en lugar de al único Dios verdadero. Sus acciones hicieron que el Señor se enojara mucho con ellos porque Él sabía que era lo mejor; entonces, les quitó su bendición (Jueces 2:20-22). Si tu espíritu rebelde te impide obedecer a Dios, es hora de cambiar. Acude al Señor, que es bondadoso y misericordioso. Cindy 17 de mayo ¿No es hermoso? Isaías 9:1-7 Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado.… —Isaías 9:6 Me encontraba con un grupo de niños de nuestra ciudad en un culto de adoración y comenzamos a cantar. Ariel, de siete años de edad, se inclinó hacia mí y me dijo suavemente: «Me encanta esta canción; me hace llorar». La música y la letra acerca de Jesús, su Salvador, tocó su corazón mientras entonábamos la canción de John Wimberg: ¿No es Él hermoso? Sí, el Señor Jesús es hermoso. No encontramos una referencia específica en la Biblia que lo describa de esa forma, pero su carácter personal es firme y a la vez benigno, santo pero perdonador, majestuoso pero humilde… todo en uno. ¡Es sencillamente hermoso! En su profecía, Isaías describió a Jesús y su venida de la siguiente forma: «Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz» (Isaías 9:6). Jesús es el Admirable Consejero que nos da consuelo y sabiduría. El Dios Poderoso, que actúa con poder y autoridad. El Padre Eterno que provee para todas nuestras necesidades y nos protege. Y el Príncipe de Paz que ofrece reconciliación con Dios y los demás. ¿No es Jesús hermoso? Adóralo. Anne 18 de mayo El que sirve Lucas 22:24-27 … yo estoy entre vosotros como el que sirve. —Lucas 22:27 « Yo no soy sirvienta de nadie!», grité. Esa mañana, las exigencias de mi familia parecían superarme, mientras ayudaba frenéticamente a mi esposo a buscar su corbata azul, le daba de comer a mi bebé y sacaba de abajo de la cama el juguete perdido de nuestro hijito de dos años. Más tarde, ese mismo día, mientras leía la Biblia, encontré este versículo: «Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve» (Lucas 22:27). La sociedad actual insiste en que debemos procurar «ser alguien»; queremos un trabajo bien redituable, el cargo más importante y ser líder en la iglesia. No obstante, dondequiera que estemos, podemos aprender de nuestro Señor cómo servir. Todas tenemos diferentes roles, pero la pregunta es: ¿Realizamos estas tareas con una actitud de servicio? Aunque mi rutina es a veces cansadora, doy gracias que el Señor me ayuda, porque quiero seguir sus pasos y servir con disposición a los demás. Que Dios nos ayude a cada una a ser la que sirve. Keila 19 de mayo Oraciones de preocupación Efesios 3:14-21 Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos… —Efesios 3:20 En su libro Growing Your Soul [Cómo hacer que tu alma crezca], Neil Wiseman escribe: «La oración debe ser más que un tipo de reafirmación de las preocupaciones o ponderación de los problemas. Nuestras peticiones deben ir más allá de una sombría desesperación, la cual trata principalmente con la calamidad y la desesperación». Durante una época de ansiedad en mi vida, mis oraciones estaban llenas de preocupación. Solía pedir: «Señor, por favor, impide que mi vecina me cause problemas mañana»; o «Padre, no permitas que esa intratable persona divulgue chismes sobre mí». Pero entonces, el Señor me enseñó a orar por las personas, en lugar de en contra de ellas. Pablo no expresaba preocupación en sus oraciones. Él oraba por el pueblo de Dios para que conocieran la fortaleza, el amor y la plenitud de Dios, el cual puede hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos (Efesios 3:14-21). Tal confianza hizo de Pablo un verdadero «guerrero de la oración». ¿Son así tus oraciones? Joanie 20 de mayo El león ladrador Proverbios 22:1-5 De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas… —Proverbios 22:1 Los que visitaban el zoológico quedaron pasmados cuando el «león africano» empezó a ladrar en vez de rugir. El personal del lugar dijo que habían disfrazado un mastín tibetano, un perro muy grande, de león porque no tenían dinero para comprar el animal verdadero. El zoológico perdió tremendamente su reputación. La reputación es frágil; una vez que se daña, es difícil de recuperar. Las Escrituras nos exhortan: «De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas…» (Proverbios 22:1). El valor verdadero no debe basarse en lo que tenemos, sino en lo que somos. El antiguo filósofo griego Sócrates declaró: «La forma de lograr una buena reputación es esforzarse para ser lo que uno desea parecer». Como seguidoras de Jesús, llevamos su nombre. Por su amor a nosotras, nos esforzamos para andar como es digno de Él, reflejando su semejanza en nuestras palabras y acciones. Cuando fallamos, Él vuelve a levantarnos con su amor. Por nuestro ejemplo, los que nos rodean serán guiados a alabar a Dios, quien nos redimió y transformó (Mateo 5:16); porque el Señor es digno de gloria, honra y alabanza plena. Poh Fang 21 de mayo Probada y purificada Job 23:1-12 Mas él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro. —Job 23:10 En una entrevista, la cantautora Meredith Andrews contó cómo se había sentido abrumada al intentar equilibrar sus compromisos, su labor creativa, su matrimonio y la maternidad. Reflexionando en su estrés, declaró: «Sentí como que Dios me estaba llevando por una etapa de purificación; casi por un proceso de trituración». Job, el personaje del Antiguo Testamento, estaba abrumado después de perder tantas cosas. Y aunque adoraba a Dios todos los días, sentía que el Señor ignoraba su pedido de ayuda. Job clamaba que no podía verlo ni en el oriente ni el occidente, ni en el norte ni en el sur (Job 23:2-9). En medio de su desesperación, su fe recobró vida, y declaró: «[Dios] conoce mi camino; meprobará, y saldré como oro» (v. 10). A veces, Dios utiliza las dificultades para quitar nuestra autosuficiencia, orgullo y sabiduría terrenal. El dolor y los problemas pueden producir el carácter firme y radiante que surge de confiar en Dios cuando la vida es difícil. Jennifer 22 de mayo Esperar y ofrecer misericordia Lucas 18:9-14 Mas el publicano […] se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. —Lucas 18:13 Cuando las decisiones de una amiga la estaban hundiendo más en el pecado, me quejé con otra amiga, quien respondió: «¿Acaso tú no dices siempre que Jesús es nuestro estándar de santidad y que no tenemos que comparar nuestros pecados con los de los demás? Y al hablar de tu amiga, estamos chismeando. Así que…». «Estamos pecando —dije bajando la cabeza—. Por favor, ora por nosotras dos». En Lucas 18, Jesús relató una parábola sobre dos hombres que oraron de maneras muy distintas (vv. 9-14). Al igual que el fariseo, podemos caer en la trampa de compararnos con los demás, presumir de nuestra conducta (vv. 11-12) y vivir como si tuviéramos el derecho a juzgar y la responsabilidad de cambiar a otros. Sin embargo, cuando miramos a Jesús como nuestro ejemplo de santidad y experimentamos su bondad, al igual que el publicano, nuestra necesidad desesperada de la gracia de Dios es mayor (v. 13). Cuando hacemos nuestra la compasión amorosa y el perdón del Señor de manera personal, cambiamos para siempre y empezamos a esperar y otorgar misericordia, en lugar de condenar. Xochitl 23 de mayo Salmos de campamento Salmo 8:1-9 ¡Oh Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!… —Salmo 8:1 Cuando mi esposo y yo vamos a caminar al aire libre, una de las cosas a las que más nos gusta tomarle fotos son los hongos que crecen de un día para el otro y salpican los bosques con pinceladas de naranja, rojo y amarillo. Las fotos de la vida que nos rodea me inspiran a levantar los ojos al Creador, quien no solo hizo los hongos, sino también las estrellas y los cielos. Diseñó un mundo de infinito alcance y variedad. Además, nos creó a ti y a mí, y nos puso en medio de esta belleza para disfrutarla y gobernarla (Génesis 1:27-28; Salmo 8:6-8). Mis pensamientos se vuelcan a uno de los «salmos de campamento» de mi familia: salmos que leemos sentados alrededor de una fogata: «¡Oh Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos […]. Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?» (Salmo 8:1-4). ¡Qué maravilla que el Dios que creó el mundo en todo su esplendor se preocupe por ti y por mí! Alyson 24 de mayo Bajar la escalera 2 Crónicas 12:1-8 Si se humillare mi pueblo […] y oraren, […] y se convirtieren de sus malos caminos; […] perdonaré sus pecados… —2 Crónicas 7:14 El video comienza con una perrita parada en la parte superior de una escalera, que tiene miedo de bajar. A pesar de todo el ánimo que le imparten las personas que están abajo, Camila no sabe cómo hacer. Está desesperada por llegar hasta ellos, pero el miedo le impide moverse. Entonces, aparece un perro más grande para ayudarla. Sultán empieza a subir y bajar la escalera, para mostrarle a Camila lo fácil que es. Camila no está convencida. Sultán intenta de nuevo, pero esta vez más lentamente. Después de algunos intentos, Camila deja que sus patas traseras sigan a las de adelante. Sultán permanece a su lado. ¡Lo logra! ¡Todos celebran! ¡Qué cuadro tan hermoso del discipulado! Pasamos mucho tiempo tratando de enseñarles a otros a subir, pero lo más importante y difícil es aprender a «bajar». A lo largo de todas las Escrituras, leemos que Dios desea que seamos humildes. Como el pueblo de Judá se había humillado, el Señor declaró: «no los destruiré» (2 Crónicas 12:7). En numerosas ocasiones, Dios demostró humildad al haber descendido (Éxodo 3:7-8; 19:10-12; Miqueas 1:3). Finalmente, envió a Jesús, quien pasó su vida enseñando la técnica que debemos seguir (Filipenses 2:5-11). Julie 25 de mayo Plenitud en su amor Génesis 15:1-20 En aquel día hizo el Señor un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates. —Génesis 15:18 «¿ C ómo estás?», le pregunté a mi amiga. De inmediato, ella comenzó a enjugarse las lágrimas. Había observado cómo muchas de sus amigas más jóvenes se habían casado, mientras que ella no. A medida que pasaban los años, sus temores de envejecer sola se intensificaban. Al igual que ella, yo sabía que Dios es fiel y que es más que suficiente. Aunque la soltería, al igual que el matrimonio, es un regalo de Dios, mi amiga quería casarse. Así que, le reafirmé mi amor y el amor de Dios… algo que verdaderamente necesitaba escuchar. Génesis 15 registra un dolor similar. Con un deseo dado por Dios de tener un hijo, Abraham tenía una promesa divina de provisión (Génesis 12:2; 13:14-16), pero como el tiempo iba pasando, preguntó: «Señor, ¿en qué conoceré que la he de heredar?» (15:8). Dios respondió con un juramento sagrado (Hebreos 6:13-17). Creó un pacto inquebrantable y prometió cumplir lo que le había prometido a Abraham. Cada una de nosotras tiene anhelos sin cumplir (11:8-19); es la realidad que enfrentamos en un mundo imperfecto. Sin embargo, esta verdad permanece: Dios cumple sus promesas y suple nuestros mayores anhelos con su persona. Regina 26 de mayo Un yugo fácil Mateo 11:25-30 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí.… —Mateo 11:29 Una maestra de escuela dominical leyó Mateo 11:30 a los niños de su clase y luego preguntó: «Jesús dijo: “Mi yugo es fácil”. ¿Quién me puede decir qué es un yugo?». Un niño contestó: «Un yugo es algo que ponen en los cuellos de los animales para que se puedan ayudar unos a otros». Entonces, la maestra preguntó: «¿Cuál es el yugo que Jesús pone sobre nosotros?». Una niña levantó la mano y dijo: «Es Dios que nos echa el brazo encima». Cuando Jesús vino, ofreció un yugo «fácil» y una carga «ligera», comparados con el yugo de los líderes religiosos (Mateo 11:30). Ellos habían colocado «cargas pesadas» de leyes sobre la gente (Mateo 23:4), que nadie podía llevar. Cuando reconocemos nuestra necesidad de perdón, Jesús viene a nuestro lado. Pone su yugo sobre nosotras, liberándonos de culpa y dándonos su poder para vivir de manera agradable a Dios. ¿Necesitas la ayuda de Jesús? Él dice: «Venid a mí […]. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí…» (Mateo 11:28-29). El Señor quiere rodearte con su brazo. Anne 27 de mayo Palabras imprudentes Santiago 3:1-12 … la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas… —Santiago 3:5 Cuando mi hija tuvo problemas de salud, su esposo la cuidó y respaldó de maravilla. «¡Tienes un verdadero tesoro en él!», le dije. «No pensabas lo mismo cuando lo conocí», musitó ella con una mueca. Tenía razón. Cuando se comprometieron, yo estaba preocupada. Tenían personalidades tan diferentes. Además, le había expresado mis dudas a mi hija de manera bastante cortante. Me horroricé al darme cuenta de que ella todavía recordaba mis comentarios de hacía quince años. Esto me hizo pensar en cuánto debemos cuidar lo que decimos. Muchas somos rápidas para señalar lo que consideramos debilidades en la familia, los amigos o los colegas, o para centrarnos en sus errores en vez de en sus logros. Santiago dice que «la lengua es un miembro pequeño» (3:5), pero que las palabras que emite pueden destruir relaciones. Quizá debamos apropiarnos de la oración de David al comenzar cada día: «Pon guarda a mi boca, oh Señor; guarda la puerta de mis labios» (Salmo 141:3). Marion 28 de mayo Un día para descansar Éxodo 23:10-13 Seis días trabajarás, y al séptimo día reposarás… —Éxodo 23:12 Un domingo, estaba junto al arroyo que pasa por el medio de nuestro barrio, deleitándome en la belleza que trae a nuestra zona llena de edificaciones.Sentí cómo me relajaba al mirar el agua y escuchar el canto de los pájaros. Hice una pausa para darle gracias al Señor por ayudarnos a encontrar descanso para nuestra alma. El Señor instituyó el día de reposo (un tiempo para descansar y renovarse) para su pueblo porque quería que prosperara. Como vemos en Éxodo, Dios les dijo que sembraran los campos durante seis años y los dejaran descansar el séptimo. Lo mismo sucedía con trabajar seis días y descansar el séptimo. Podemos abordar nuestro día de descanso con expectativa y creatividad, aprovechando la oportunidad de adorar y hacer algo que alimente nuestra alma, según nuestras preferencias. ¿Cómo podemos redescubrir la belleza y la riqueza de apartar un día para descansar, si esto está faltando en nuestra vida? Amy 29 de mayo Vulnerabilidad manifiesta Efesios 4:2-6 … soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor. —Efesios 4:2 Cuando me animé a salir varias semanas después de una cirugía de hombro, tenía miedo. Me sentía cómoda con el cabestrillo, pero el cirujano y el fisioterapeuta me habían dicho que dejara de usarlo. Entonces, vi esta frase: «A partir de aquí, solo se usarán cabestrillos como una señal visible de vulnerabilidad en un entorno incontrolable». ¡Justo lo que necesitaba! Temía encontrarme con alguien que me abrazara como un oso o que no supiera de mi operación y me golpeara accidentalmente. Me escondía detrás de mi endeble cabestrillo celeste porque temía que me lastimaran. Ser vulnerables puede dar miedo. Queremos ser amadas y aceptadas por lo que somos, pero tememos que si nos conocen realmente, nos rechacen y salgamos lastimadas. Como miembros de la familia de Dios, tenemos la responsabilidad de ayudarnos unos a otros a crecer en la fe: «animaos unos a otros, y edificaos unos a otros» (1 Tesalonicenses 5:11), «soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor» (Efesios 4:2). Si somos sinceras y vulnerables con otros creyentes, compartiremos la gracia del don de Dios en nuestra vida. Cindy 30 de mayo Disfrutar su comida 1 Corintios 11:23-34 … haced esto en memoria de mí. —1 Corintios 11:24 No tiene que ver con que la mesa. No se trata de las sillas. Tampoco importa la comida, si fue hecha con amor. Una buena comida se disfruta cuando nos concentramos en las personas con quienes la compartimos. Me encanta sentarme y disfrutar de una buena charla con amigos y familiares. Sin embargo, la tecnología lo ha dificultado. A veces, nos interesa más lo que dicen otros —tal vez, a miles de kilómetros de distancia — que lo que comenta la persona que está al otro lado de la mesa. Hemos sido invitadas a reunirnos alrededor de otra mesa para celebrar la Cena del Señor. No tiene que ver con que la iglesia sea grande o pequeña ni con el tipo de pan que se use. Se trata de apagar nuestros pensamientos para olvidar las preocupaciones y concentrarnos en Jesús. ¿Cuándo disfrutamos por última vez al participar de la mesa del Señor? ¿Gozamos de su presencia o nos preocupa más lo que sucede en otra parte? Esto es importante, porque «todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga» (1 Corintios 11:26). Keila 31 de mayo Los caminantes más veloces Lucas 10:38-42 Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. —Lucas 10:39 Según un estudio que medía el ritmo de vida de las ciudades, las personas que viven más aceleradas son las que residen, como yo, en Singapur. Caminamos 18 metros en 10,55 segundos, comparado con los 12 segundos que les lleva a los neoyorkinos y los 31,60 segundos a los que viven en la ciudad africana de Blantyre, Malawi. El estudio también muestra que la velocidad del paso ha aumentado un 10% en promedio en los últimos 20 años. Tal vez tengamos que desacelerarnos. ¿Estás atrapada en el frenesí de una vida ajetreada? Detente y considera las palabras de Jesús a Marta: «afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada» (Lucas 10:41-42). Observa las palabras tiernas del Señor. No reprendió a Marta por querer ser una buena anfitriona, sino que le recordó sus prioridades. Marta había permitido que lo necesario adquiriera proporciones desmedidas, y su servicio le consumía tanto tiempo que no pudo sentarse a los pies de Jesús. En nuestro deseo de ser productivas para el Señor, recordemos lo más importante: disfrutar del tiempo que pasamos con nuestro Salvador. Poh Fang 1 de junio ¡Es hermoso! Marcos 14:3-9 Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho. —Marcos 14:6 Cuando regresaba de un viaje, Roberto quiso elegir unos regalitos para sus hijos. El empleado de una tienda del aeropuerto le recomendó varios, pero eran muy caros. Entonces, Roberto le dijo: «No traigo tanto dinero. Necesito algo más barato». El empleado trató de hacerlo sentir como un tacaño, pero Roberto sabía que sus hijos estarían felices con cualquier cosa que les llevara, porque él lo haría de corazón. Y tenía razón… los regalos que les llevó les encantaron. Durante la última visita de Jesús a Betania, María quiso mostrarle que lo amaba (Marcos 14:3-9). Entonces, tomó «un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio» y lo ungió con él (v. 3). Los discípulos preguntaron enojados: «¿Para qué este desperdicio?» (Mateo 26:8). Para que dejaran de molestarla, Jesús les dijo de ella: «Buena obra me ha hecho» (Marcos 14:6). A Jesús le encantó el regalo de María, porque procedía de un corazón amoroso. ¡Incluso fue hermoso que lo ungiera para la sepultura! ¿Qué te gustaría darle al Señor para mostrarle tu amor: tu tiempo, tus talentos, tus tesoros? No importa que sea barato o caro, ni que otros te entiendan o te critiquen. Para Él, todo lo que surge de un corazón lleno de amor es hermoso. Anne 2 de junio Lo que Dios nos debe Colosenses 1:9-14 Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo… —Colosenses 1:10 Se cuenta la historia de un vendedor que vendía rosquillas a 50 centavos cada una en un puesto de comida en una esquina. Un corredor pasó corriendo y lanzó un par de monedas de 25 centavos dentro del tarro pero no tomó ninguna rosquilla. Hizo lo mismo cada día durante meses. Un día, cuando el corredor estaba pasando, el vendedor lo detuvo. El corredor preguntó: «Es probable que quiera saber por qué siempre echo dinero pero nunca tomo una rosquilla, ¿cierto?». «No —dijo el vendedor—. Solo quería decirle que las rosquillas han subido a 60 centavos». Demasiado a menudo, como creyentes, tratamos a Dios con este mismo tipo de actitud. No solo somos desagradecidas por lo que Él nos ha dado, sino que queremos más. De alguna manera, creemos que nos debe buena salud, una vida cómoda, bendiciones materiales. Por supuesto, Dios no nos debe nada, pero nos da todo. El salmista escribió: «Éste es el día que hizo el Señor; nos gozaremos y alegraremos en él» (Salmo 118:24). Esto debería ser suficiente. Cada día, sea bueno o malo, es un regalo más de nuestro Dios. Nuestra respuesta agradecida debe ser vivir para agradarlo a Él. Cindy 3 de junio En el borde Josué 3:9-17 … partió el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán, con los sacerdotes delante del pueblo llevando el arca del pacto. —Josué 3:14 Mi hijita estaba de pie, temerosa, en el borde de la piscina. Como todavía no sabía nadar, estaba recién aprendiendo a sentirse cómoda en el agua. Su instructor la esperaba dentro de la piscina con los brazos extendidos. Mientras mi hija vacilaba, pude percibir las preguntas a través de sus ojos: ¿Me sostendrás? ¿Qué pasará si se me hunde la cabeza? Quizá los israelitas se preguntaban qué podría suceder cuando cruzaran el río Jordán. ¿Podían confiar en que Dios haría aparecer el lecho seco? ¿Estaba Él guiando a Josué, su nuevo líder, como había guiado a Moisés? ¿Los ayudaría el Señor a derrotar a los amenazadores cananeos que vivían al otro lado del río? Para averiguarlas respuestas a estas preguntas, los israelitas tenían que actuar. Por fe, «partió el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán» (Josué 3:14). Poner en práctica su fe les permitió ver que Dios estaba con ellos, que seguía dirigiendo a Josué y que los ayudaría a establecerse en Canaán (vv. 7, 10, 17). ¿Enfrentas una prueba de fe? Avanza confiando en el carácter de Dios y en la infalibilidad de sus promesas. Depender del Señor te ayudará a dar un paso hacia donde Él desea que estés. Jennifer 4 de junio ¿Debo perdonar? Mateo 18:23-35 … perdonándoos unos a otros… —Colosenses 3:13 Llegué temprano a mi iglesia para ayudar a preparar todo para una actividad, y vi a una mujer llorando al otro lado del salón. Como en el pasado había chismeado sobre mí con crueldad, me apuré a ahogar sus sollozos con una aspiradora. ¿Por qué iba a preocuparme por alguien que no me quería? Entonces, el Espíritu Santo me recordó cuánto me había perdonado Dios, y crucé la sala. La mujer me dijo que hacía meses que su beba estaba en el hospital. Lloramos, nos abrazamos y oramos por su hija. Después de resolver nuestras diferencias, ahora somos buenas amigas. En Mateo 18, Jesús compara el reino de los cielos con un rey que decidió ajustar cuentas. Un siervo que debía una cantidad exorbitante de dinero rogó por clemencia. Poco después de que el rey cancelara su deuda, ese siervo buscó y condenó a un hombre que le debía mucho menos. El rey envió al siervo malvado a la cárcel por su propio espíritu rencoroso (vv. 23- 34). Perdonar nos libera para disfrutar del regalo inmerecido de la misericordia divina, cuando permitimos que el Señor haga su obra de gracia y restaure la paz en nuestras relaciones interpersonales. Xochitl 5 de junio El Espíritu prometido 2 Reyes 2:5-12 Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí. —2 Reyes 2:9 Tenacidad y audacia; a Eliseo le sobraban. Estando con Elías, fue testigo de la obra del Señor a través del profeta, quien hizo milagros y habló la verdad en una época de mentiras. En 2 Reyes 2:1, se nos dice que Elías sería alzado «al cielo», y Eliseo no quería que se fuera. Había llegado la hora de la temida separación. Como Eliseo sabía que para continuar con éxito el ministerio, necesitaba lo que tenía su maestro, se atrevió a decir: «Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí» (v. 9). Su valiente pedido fue una referencia al derecho legal de un heredero (Deuteronomio 21:17). Y Dios le concedió a Eliseo su deseo de ser reconocido como el heredero de Elías. Hace poco, murió una de mis mentoras espirituales; una mujer que difundió la buena noticia de Jesús. Lamentamos no seguir teniendo su amor y su ejemplo. Sin embargo, aunque se fue, no nos dejó solos, ya que la presencia del Señor siguió a nuestro lado por el Espíritu Santo. ¡Alabado sea Dios por esto! Amy 6 de junio Aligera la carga Filipenses 4:10-20 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. —Filipenses 4:13 Una vez, leí acerca de una creyente en Cristo que estaba sumamente disgustada porque sus hijos se habían vuelto indisciplinables. Un día, llamó a su esposo por teléfono y, llorando, describió la visita de una amiga que había pegado este versículo encima del fregadero de la cocina: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13) . La amiga lo hizo con buenas intenciones. Estaba tratando de ser útil, pero su acción solo logró que esa mamá se sintiera más fracasada. A veces, no ayuda citarle un versículo a alguien. Filipenses 4:13 era el testimonio personal de Pablo de que había aprendido a contentarse en la abundancia y en la escasez (vv. 11-12). Su secreto para el contentamiento era que podía hacerlo todo en Cristo, quien lo fortalecía (v. 13). Nosotras también podemos vivir según el secreto de Pablo. Podemos ser victoriosas por medio de la fortaleza de Cristo, pero no debemos forzar esta verdad a las personas que se sienten abrumadas. Nos necesitamos unos a otros porque todos tenemos cargas que llevar. Usemos la fortaleza que Cristo nos da para servir a las necesidades de los demás y encontrar maneras de aligerar sus cargas. Joanie 7 de junio Una buena influencia Números 16:1-33 Abrió la tierra su boca, y los tragó a ellos, a sus casas, a todos los hombres de Coré, y a todos sus bienes. —Números 16:32 Tenemos dos cachorros de cinco meses a los que les encanta explorar. Azusa tiene una verdadera inquietud viajera. Seymour se contenta con ser su cómplice. La afinidad de Seymour de seguir a su hermana afuera demuestra que una lealtad mal dirigida puede llevarte por mal camino. A pesar de los milagros que Dios había realizado, la influencia de diez espías hizo que los israelitas se acobardaran llenos de miedo (Números 13). Y la voz de algunos otros trajo distracción, y en el caso de algunos, rebelión (16:1-3, 19). En lugar de ofrecer un consejo sabio, Coré, Datán y Abiram usaron su influencia de forma destructiva. La libertad de los creyentes en Jesús es un regalo poderoso. Sin embargo, nuestra salvación no hace que nuestras decisiones sean a prueba de fracasos, y la tentación de titubear suele aparecer en el contexto de las relaciones interpersonales (2 Corintios 11:3-4; 2 Pedro 3:17). Tenemos mucho que ganar de nuestra relación con los demás: consuelo, inspiración, instrucción y más. No fuimos creadas para vivir aisladas. Es fundamental que desarrollemos la capacidad de discernir entre una influencia buena y vivificante y las relaciones que pueden atrofiar nuestro andar con Dios. Regina 8 de junio Ampliar la imagen Deuteronomio 32:7-12 Como el águila que excita su nidada, revolotea sobre sus pollos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas, el Señor solo le guió, y con él no hubo dios extraño. —Deuteronomio 32:11-12 Durante tres meses, tuve un asiento en primera fila para ver la obra asombrosa de Dios. En el Jardín Botánico Norfolk, a 27 metros del suelo, instalaron una videocámara que enfocaba el nido de una familia de águilas calvas, que permitía que los espectadores miraran por Internet. Cuando se rompieron los cascarones, la mamá y el papá águilas atendían sus crías y se turnaban para ir a buscar comida y proteger el nido. Pero un día, cuando los aguiluchos todavía parecían pompones peludos con picos, ambos padres desaparecieron. Me preocupó pensar que algo podía dañar a los pequeños. Sin embargo, mi preocupación era infundada, ya que el operador de la cámara amplió el cuadro, y allí estaba la mamá águila posada en una rama cercana. Moisés utilizó la imagen del águila para describir a Dios. Como las águilas llevan a sus crías, el Señor lleva en brazos a su pueblo (Deuteronomio 32:11-12). Aunque parezca lo contrario, el Señor «ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros» (Hechos 17:27). Esto es verdad aun cuando nos sentimos abandonadas. Julie 9 de junio ¡Con razón! Cantares 1:1-4 Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. —1 Juan 4:19 «E s justo para ti», me dijo mi amiga. Estaba hablando de un muchacho al que acababa de conocer. Dijo que tenía ojos agradables, una agradable sonrisa y un corazón agradable. Cuando lo conocí, tuve que reconocer que era cierto. Hoy es mi esposo… ¡con razón lo amo! En Cantar de los Cantares, la esposa describe a su amado. Dice que es mejor que el vino y más fragante que los ungüentos; que su nombre es más dulce que cualquier otra cosa en el mundo. Por eso, concluye diciendo que es lógico que lo ame. No obstante, hay Alguien mucho mayor que cualquier ser amado terrenal. Su amor satisface toda necesidad. Su sacrificio se convirtió en un olor fragante para Dios (Efesios 5:2). Además, su nombre es sobre todo otro nombre (Filipenses 2:9). ¡Con razón lo amamos! Amar a Cristo es un privilegio. ¡Es la mejor experiencia de la vida! ¿Tomamos tiempo para decírselo? ¿Expresamos con palabras la belleza de nuestro Salvador? Si mostramos su belleza con nuestravida, los demás dirán: «¡Con razón lo amas!». Keila 10 de junio Una gran porción Lucas 22:7-30 Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. —Lucas 22:19 Una noche, mientras arropaba a mi hijo de once años, hablamos sobre lo que había sucedido en la iglesia esa mañana. Cuando fuimos al frente a participar de la Cena del Señor, al partir el pan, él tomó un pedazo excepcionalmente grande, haciendo que tanto al anciano que administraba el pan como a mí se nos escapara una sonrisa. Después de reflexionar un momento en lo que había sucedido, él dijo: «Mamá, ¿te parece que Dios quiere que participe (¡sí, dijo «participe»!) con una porción grande del cuerpo? Tal vez por eso pasó lo que pasó». Cuando Jesús reunió a sus discípulos para la última cena, «tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí» (Lucas 22:19). Más temprano en su ministerio, Jesús había proclamado: «Yo soy el pan vivo […]; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre» (Juan 6:51). Cuando participemos del pan, reflexionemos en lo que Cristo hizo por nosotras. Nuestra relación con Dios se sanó cuando su cuerpo fue partido en la cruz. Roxanne 11 de junio Isla pequeña Tito 3:1-7 Que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres. —Tito 3:2 Singapur es una pequeña isla; tan pequeña que casi no se distingue en un mapamundi. Como está densamente poblada, es importante considerar al prójimo. Un hombre le escribió a su novia, que iría por primera vez: «Hay poco lugar. Por eso, siempre debes pensar en lo que te rodea. Debes apartarte para no bloquear a nadie. La clave es la consideración». El apóstol Pablo le escribió a Tito, un joven pastor: «Recuérdales a todos que deben mostrarse obedientes […]. Siempre deben estar dispuestos a hacer lo bueno: a no hablar mal de nadie, sino a buscar la paz y ser respetuosos, demostrando plena humildad en su trato con todo el mundo» (Tito 3:1-2 NVI). El mundo sabe que, supuestamente, los cristianos deben ser diferentes. Si somos amargados, egoístas y rudos, ¿qué pensarán los demás de Cristo y del evangelio que compartimos? Ser consideradas es una buena cualidad para poner en práctica, y es posible hacerlo si dependemos del Señor. Es una manera de imitar a Cristo y demostrarle al mundo que Él salva y transforma vidas. Poh Fang 12 de junio Ansiosos por el cielo 2 Timoteo 4:6-18 … y la calle de la ciudad era de oro puro, como cristal transparente. —Apocalipsis 21:21 Mi vecina Jazmín, de nueve años de edad, estaba sentada conmigo en la galería del frente de casa una tarde de verano. Inesperadamente, comenzó a hablar de sus malas decisiones y de cómo necesitaba el perdón de Dios. Conversamos y oramos juntas, y Jazmín le pidió a Jesús que fuera su Salvador. Surgieron de ella preguntas acerca del cielo: «¿Son las calles en verdad de oro? ¿Va a estar allí mi mamá? ¿Y si no está? ¿Voy a tener una cama o voy a dormir sobre una nube? ¿Qué voy a comer?». Le aseguré que el cielo sería un hogar perfecto, y que ella estaría con Jesús, quien le daría todo lo que necesitara. Jazmín contestó, emocionada: «Bueno, entonces, ¡vayamos ahora mismo!». El apóstol Pablo también tenía una perspectiva celestial (Filipenses 1:23). Su testimonio fue: «Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia» (v. 21). Él sabía que esta vida se trata de conocer a Dios, confiar en Él y servirle. Pero también sabía que la vida en el cielo sería «mucho mejor» porque estaría con Cristo (v. 23). Pablo quería quedarse, pero estaba listo para irse. Jazmín está lista para irse ahora mismo. ¿Estamos nosotras tan ansiosas por el cielo como ella? Anne 13 de junio Explosión maravillosa Juan 13:31-35 … como yo os he amado, que también os améis unos a otros. —Juan 13:34 En el libro Kisses from Katie [Besos de Katie], Katie Davis relata el gozo de mudarse a Uganda y adoptar a varias niñas de ese país. Un día, una de sus hijas le preguntó: «Mamá, si dejo que Jesús entre en mi corazón, ¿voy a explotar?». Al principio, Katie le dijo que no. Sin embargo, después de pensarlo un poco, Katie explicó que cuando decidimos entregarle a Jesús nuestra vida y corazón, «explotaremos de amor, compasión, tristeza por los que sufren y alegría por los que se gozan». En esencia, conocer a Cristo genera un profundo interés por las personas que nos rodean. La obra del Espíritu Santo en nuestro corazón hace que podamos mostrar permanentemente esta respuesta amorosa. Cuando recibimos a Cristo, el Espíritu Santo entra a morar en nosotras. El apóstol Pablo lo describe así: «habiendo creído en [Cristo], fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa» (Efesios 1:13). Ocuparse de los demás —con la ayuda sobrenatural de Dios— le muestra al mundo que somos seguidoras de Él (Juan 13:35). También nos recuerda su amor hacia nosotras. Jesús afirmó: «como yo os he amado, que también os améis unos a otros» (v. 34). Jennifer 14 de junio Si tan solo… Juan 11:21-35 … Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. —Juan 11:32 Mientras salíamos del estacionamiento, mi esposo desaceleró para dejar pasar a una joven que iba en bicicleta. Ella sonrió, saludó y siguió su camino. Momentos después, el conductor de una camioneta estacionada abrió de repente la puerta, arrojando a la ciclista al pavimento. Con las piernas ensangrentadas, la joven lloraba mientras examinaba su bicicleta doblada. Más tarde, reflexionamos sobre el accidente: Si tan solo la hubiéramos hecho esperar… Si el conductor hubiera mirado antes de abrir la puerta… Si tan solo… Las dificultades nos hacen entrar en un ciclo de cuestionamientos. Cuando llegan problemas inesperados, a veces, cuestionamos la bondad de Dios. Tal vez, incluso sintamos la desesperación que experimentaron Marta y María cuando su hermano murió. ¡Ah, si tan solo Jesús hubiera venido apenas se enteró de que Lázaro estaba enfermo! (Juan 11:21, 32). Al igual que Marta y María, no siempre entendemos por qué atravesamos momentos difíciles. Sin embargo, podemos descansar al saber que Dios está cumpliendo sus propósitos para un bien mayor. En cada circunstancia, podemos confiar en la sabiduría de nuestro Dios fiel y amoroso. Cindy 15 de junio Nuevo nacimiento Salmo 139:7-16 Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. —Salmo 139:13 ¿Q ué tienen los bebés que nos hacen sonreír? Muchos dejan lo que están haciendo al ver o escuchar a un bebé, y acuden en masa a contemplar al pequeñito. Observé esto cuando visitaba a mi padre en un hogar de ancianos. Aunque la mayoría de los residentes estaban en sillas de ruedas y tenían demencia senil, la visita de una familia con un bebé casi siempre les traía una chispa de gozo a la mirada que, poco a poco, se transformaba en una sonrisa. Era maravilloso verlo. Quizá los bebés generan sonrisas por la maravilla de una nueva vida: tan preciosa, pequeña y llena de promesas. Ver a un bebé puede recordarnos a nuestro maravilloso Dios, quien nos amó de tal manera que nos dio vida. «Porque tú formaste mis entrañas», declara el salmista, «tú me hiciste en el vientre de mi madre» (Salmo 139:13). Dios no solo nos da la vida física, sino que también nos ofrece un nuevo nacimiento espiritual mediante Jesús (Juan 3:3-8), y les promete a los creyentes cuerpos nuevos y vida eterna cuando Cristo regrese (1 Corintios 15:50-52). La vida física y el nuevo nacimiento espiritual son regalos preciosos de la mano de nuestro Padre. Alyson 16 de junio Padres que oran Mateo 19:13-15 Entonces le trajeron algunos niños para que pusiera las manos sobre ellos y orara… —Mateo 19:13 Una joven madre envió estas líneas a una revista: «Me gustaría poder envolver a mis hijos en un paquete de burbujas para protegerlos del mundo grande y malo que hay ahí afuera». La escritora Stormie Omartian entiende cómose siente esa madre. En su libro The Power Of A Praying Parent [El poder de un padre que ora], escribe: «Un día, clamé a Dios, diciendo: “Señor, esto es demasiado para mí. No puedo mantener una vigilia de 24 horas al día, minuto a minuto, sobre mi hijo. ¿Cómo puedo tener paz?”». Dios respondió guiando a Stormie y a su esposo a que se convirtieran en padres que oran. Empezaron a interceder a diario por su hijo, mencionando en oración los detalles de su vida. Envolver a nuestros hijos en oración, como lo hizo Jesús (Mateo 19:13-15) es una alternativa poderosa. A Él le importan más nuestros hijos que a nosotras mismas, así que podemos dejarlos en sus manos orando por ellos. A medida que oremos, nos dará la paz que anhelamos (Filipenses 4:6-7). Este desafío es para todas las madres, incluso aquellas cuyos hijos ya han crecido. No dejes de envolver a tus hijos en oración. Joanie 17 de junio Vestido por Dios Zacarías 3 … Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala. —Zacarías 3:4 Cuando mis hijos eran pequeños, jugaban en nuestro empapado jardín inglés y se llenaban de barro. Les quitaba la ropa antes de entrar y los llevaba directamente a bañar. Al agregar jabón, agua y abrazos, pronto pasaban de la suciedad a la limpieza. En una visión dada a Zacarías, vemos a Josué, un sumo sacerdote, vestido con harapos que representaban el pecado y las malas obras (Zacarías 3:3). Sin embargo, el Señor lo limpiaba, le quitaba la ropa sucia y lo cubría de prendas costosas (3:5). La mitra limpia y la túnica mostraban que el Señor le había quitado sus pecados. Dios también puede limpiarnos, al librarnos de nuestras malas obras mediante la obra salvadora de Jesús. Como resultado de su muerte en la cruz, el pecado que nos embarra puede ser lavado y podemos recibir las ropas de los hijos de Dios. Pídele a Dios que te quite cualquier harapo que estés usando, para que puedas vestirte de las ropas reales que tiene reservadas para ti. Amy 18 de junio Fuera de contexto Lucas 4:1-13 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. —Juan 17:17 Cuando un amigo empezó a hacer afirmaciones desesperadas y sin sentido, la gente se preocupó por él y empezó a consolarlo y a aconsejarlo. Resultó ser que simplemente estaba divirtiéndose mientras citaba letras de canciones fuera de contexto, solo para iniciar una conversación. Sus amigos perdieron el tiempo ofreciéndole ayuda que no necesitaba y consejos que no quería. Algunas personas que sacan palabras de contexto solo quieren llamar la atención o salirse con la suya en una discusión. Pero otros son más perversos. Tuercen la verdad para conseguir poder sobre los demás. Estos no solo ponen en peligro la vida de otros, sino también el alma. Cuando las personas usan palabras para manipular a otros, o peor aun, cuando citan la Biblia fuera de contexto para inducir a otros a actuar mal, hay una única defensa: debemos saber qué dice realmente Dios en su Palabra. Jesús pudo resistir la tentación con la verdad (Lucas 4). Nosotras tenemos el mismo recurso. Dios nos ha dado su Palabra y el Espíritu Santo como guía para impedir que nos engañen o nos desvíen. Julie 19 de junio Tiempo de jubilarse Mateo 16:24-28 Y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará —Mateo 16:25 Después de trabajar como maestra durante 40 años, Julia se jubiló. Ella y su esposo estaban esperando para relajarse, viajar y esperar la llegada de su primer nieto. Entonces, Julia se enteró de un ministerio que trabajaba con jóvenes en situaciones de riesgo y sintió que debía involucrarse. «Me di cuenta de que hay muchachos que están esperando y que yo podía marcar una diferencia», dijo. Comenzó a enseñar inglés a un joven liberiano que se había visto forzado a huir de su país por causa de la guerra civil. Aunque estaba en un ambiente seguro, no entendía el nuevo idioma. Ante esta oportunidad de servicio, Julia dijo con una sonrisa: «Podría ir de compras para mantenerme ocupada, pero ¿me divertiría lo suficiente?». Julia está marcando una diferencia. Tal vez ha aprendido un poquito de aquello a lo que Jesús se refería cuando dijo: «Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará» (Mateo 16:25). Entregarnos al Señor a través de la ayuda a los demás demanda abnegación; pero un día, Jesús recompensará ese esfuerzo (v. 27). Sigamos el ejemplo de Julia de amor a Dios y a los demás, sin importar cuál sea la etapa de nuestra vida. Anne 20 de junio Aprender a nadar contra la corriente Proverbios 22:1-21 Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él. —Proverbios 22:6 Uno de los lugares favoritos de nuestra familia para vacacionar es una hermosa playa ubicada en un estado lindante. Allí hay una piscina cubierta con un lento río artificial que la rodea y que a nuestros hijos les resulta particularmente atractivo. Disfrutan de intentar nadar contra la corriente, solo para terminar llevados en la dirección opuesta. Mi esposo y yo debemos nadar con frecuencia contra la corriente de los valores de la sociedad, para llevar a nuestros hijos a una comprensión saludable y piadosa de quiénes son. Ya sea que consideremos nuestra experiencia en el ministerio con los jóvenes o mi trabajo en educación cristiana, siempre volvemos a esta verdad: en última instancia, somos responsables de la educación espiritual de nuestros hijos. Aunque el mayor depósito espiritual que puedo hacer en la vida de mis hijos es proveerles el conocimiento y la disciplina de Dios (Proverbios 22:15, 17-19), también debo entender que nunca aprenderán a perseverar en la fe si quito todos los obstáculos de su camino. Aprender a nadar contra la corriente no siempre es fácil, pero cuando miramos la Palabra de Dios, podemos descansar en su promesa de que «el Señor preserva a los que tienen conocimiento» (22:12 NTV). Regina 21 de junio ¡Primero tú! Proverbios 22:1-6 … estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. —Filipenses 2:8 El sherpa tibetano Nawang Gombu y el norteamericano Jim Whittaker alcanzaron la cima del monte Everest el 1 de mayo de 1963. Cuando estaban por llegar, ambos pensaron en el honor de ser el primero en pisar la cumbre. Whittaker invitó a Gombu a ir adelante, pero este se negó con una sonrisa, y dijo: «¡Primero tú, gran Jim!». Finalmente, decidieron hacerlo al mismo tiempo. Pablo alentó a los creyentes filipenses a demostrar esa clase de humildad: «no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros» (Filipenses 2:4). El egoísmo y la altanería pueden dividir a las personas, pero la humildad las une porque refleja la cualidad de tener «el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa» (v. 2). Ser humildes nos ayuda a parecernos más a Jesús, quien, por nosotras, «se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte» (vv. 7-8). Seguir las pisadas del Señor significa hacer lo que es mejor para los demás. Jennifer 22 de junio Nuestro brillo Mateo 5:13-16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. —Mateo 5:13-16 Una niña pequeña se preguntaba cómo sería un santo. Un día, su madre la llevó a una gran catedral para que viera los bellísimos vitrales de escenas bíblicas. Ante tal belleza, la niña exclamó: «Ahora sé cómo son los santos: ¡personas que dejan que la luz brille a través de ellas!». Tal vez algunos pensemos que los santos son personas del pasado que tuvieron vidas perfectas e hicieron milagros como los de Jesús. Sin embargo, la palabra que se traduce santo en las Escrituras se refiere en realidad a todo aquel que pertenece a Dios por la fe en Cristo. En otras palabras, los santos son personas como nosotras que hemos sido llamadas a servir a Dios y reflejar nuestra relación con Él dondequiera que estemos y en todo lo que hagamos. Por eso, el apóstol Pablo oraba paraque los ojos y el entendimiento de sus lectores se abrieran para que supieran que son la preciosa herencia de Cristo y los santos de Dios (Efesios 1:18). Si estamos cumpliendo con nuestro llamado, tendremos el aspecto de personas que, ya sea que nos demos cuenta o no, permiten que los intensos colores divinos del amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza brillen a través de ellas. Keila 23 de junio Árboles del sendero Isaías 53:4-12 Así dijo el Señor: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él… —Jeremías 6:16 Ami hija le fascina la historia de los indígenas que habitaban en una región al norte de donde ella vive. Una tarde de verano, cuando fui a visitarla, me mostró un sendero con un cartel que decía: «Árboles del sendero», y me explicó que se creía que, hace mucho, los nativos de esa zona doblaban los árboles jóvenes para indicar el camino hacia determinados lugares, y que luego, esos árboles siguieron creciendo con formas extrañas. El Antiguo Testamento tiene un propósito similar. Muchos mandamientos y enseñanzas de la Biblia guían nuestro corazón hacia el sendero por el que el Señor desea que andemos. Los Diez Mandamientos son un gran ejemplo. Además, los profetas del Antiguo Testamento señalaron el camino para el Mesías. Miles de años antes de que Jesús viniera, hablaron de Belén, el lugar donde Él nació (ver Miqueas 5:2 y Mateo 2:16). Isaías 53:1-12 también se refiere al sacrificio que haría Jesús cuando Dios «cargó en él el pecado de todos nosotros» (v. 6; ver Lucas 23:33). Los siervos de Dios ya apuntaban hacia el Hijo del Altísimo, Jesús, Aquel que «llevó […] nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores» (Isaías 53:4). Él es el camino a la vida. Cindy 24 de junio Una nueva manera de ver 1 Pedro 3:3-6 Vuestro atavío no sea el externo […] sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. —1 Pedro 3:3-4 Hace unos años, cuando me fui de Estados Unidos para Uganda, Dios me dio nuevas cosas para atesorar y valorar. Algunos de los intereses y cosas que me gustaban antes de mudarme a mi nuevo ministerio fueron reemplazados, para sorpresa mía. En África, descubrí belleza al mirar cómo se encendía el rostro de un niño empobrecido después de recibir un regalo de ropa, al observar cómo una madre amaba y cuidaba a su hijito enfermo, y al ver a un niño muerto de hambre compartir su magra porción de comida con un hermanito. Entre los pobres de África subsahariana, pude entender mejor «el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios» (1 Pedro 3:4). He podido entender mejor cómo esta clase de belleza, manifestada en una vida pura y reverente, agrada a Dios más que «la belleza externa: los peinados extravagantes, las joyas costosas o la ropa elegante» (1 Pedro 3:3 NTV). Dios provee lo que necesitamos para crecer en la fe. Gracias a su obra, estamos mejor preparadas para percibir la belleza —y toda la vida— como Él la ve. Roxanne 25 de junio El poder de la gente Efesios 4:7-16 … de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro… —Efesios 4:16 Un hombre estaba subiendo a un tren en Perth, Australia, cuando resbaló y la pierna le quedó atrapada en el espacio entre el vagón y la plataforma de la estación. Decenas de personas se acercaron rápidamente para ayudarlo. Con todas sus fuerzas, empujaron el vagón hacia el costado, ¡y el hombre fue liberado! En Efesios 4, leemos que el poder de la gente es el plan de Dios para edificar a su familia. Él ha dado a cada creyente un don especial de su gracia (v. 7) para un propósito específico: «todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor» (v. 16). Cada persona tiene una tarea que realizar en la familia de Dios; no hay espectadores. Lloramos y reímos juntos; compartimos las cargas; oramos unos por otros y nos alentamos; nos desafiamos y nos ayudamos a alejarnos del pecado. Pidámosle a nuestro Padre celestial que nos muestre cuál es hoy nuestra función en su familia. Poh Fang 26 de junio El precio del amor Isaías 53:9-12 … derramó su vida hasta la muerte… —Isaías 53:12 Mientras nos despedíamos de mis padres, mi hija rompió en llanto. Después de visitarnos en Inglaterra, ellos regresaban a Estados Unidos. «No quiero que se vayan», dijo ella. Comencé a consolarla, y mi esposo señaló: «Me temo que este es el precio del amor». Quizá sintamos dolor al separarnos de nuestros seres queridos, pero Jesús sintió la separación suprema cuando pagó el precio del amor en la cruz. Él, que era tanto humano como Dios, cumplió la profecía que Isaías había pronunciado 700 años antes, cuando llevó «el pecado de muchos» (Isaías 53:12). En este capítulo, vemos profundos indicadores que señalan a Jesús como el Siervo sufriente, como cuando dice que él «herido fue por nuestras rebeliones» (v. 5). Por amor, Jesús vino a la tierra y nació como un bebé. Por amor, soportó el maltrato de los maestros de la ley, las multitudes y los soldados. Por amor, sufrió y murió para ser el sacrificio perfecto, al ocupar nuestro lugar ante el Padre. Vivimos gracias al precio de amor que Cristo pagó. Amy 27 de junio Cuando «sí» implica «no» Romanos 8:22-28 Al Señor clamé estando en angustia, y él me respondió. —Salmo 120:1 Di gracias a Dios por poder cuidar a mi mamá durante su batalla contra la leucemia. Cuando los medicamentos empezaron a hacer más daño que bien, ella decidió dejar el tratamiento. «Estoy lista para irme con Jesús a casa», dijo. Oré con fervor a nuestro amoroso Padre, sabiendo que Él podía hacer un milagro. Finalmente, me rendí a su voluntad. Poco después, Jesús recibió a mi mamá en una eternidad libre de dolor. En este mundo caído, habrá sufrimiento hasta que Cristo vuelva (Romanos 8:22-25). Felizmente, el Espíritu «conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos» (v. 27). Y nos recuerda que Dios obra para bien de aquellos que lo aman (v. 28), incluso cuando su «sí» para alguien implique un desgarrador «no» para nosotras. Cuando aceptamos nuestra pequeña parte en el propósito mayor de Dios, podemos hacer eco del lema de mi mamá: «Dios es bueno. Cualquiera que sea su decisión, estoy en paz». Al estar seguras de la bondad del Señor, podemos confiar en que responderá según su voluntad y para su gloria. Xochitl 28 de junio Reflejos en las ventanas Salmo 34:1-10 Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley. —Salmo 119:18 Durante nuestras vacaciones en Alaska, vi gran parte del panorama a través de las ventanillas de vehículos en movimiento. Estaba agradecida por los vidrios, pero también representaban un desafío: cuando llovía, las gotas se condensaban y, a veces, dificultaban la visión. Esos desafíos me ayudaron a entender por qué no podemos ver la vida como Dios la diseñó. El pecado oscurece la belleza que el Señor quiere que disfrutemos. A veces, el pecado está adentro: nuestro egoísmo nos empaña la visión, y hace que nos consideremos más importantes de lo que somos y olvidemos los intereses de los demás. Otras veces, ese pecado está afuera: las injusticias de otros nos hacen llorar desconsoladas y las lágrimas nos impiden ver la bondad del Señor. Venga de donde venga, el pecado no nos permite observar cuán maravillosa y gloriosamente diseñó Dios la vida. Aunque «ahora vemos todo de manera imperfecta, como reflejos desconcertantes» (1 Corintios 13:12 NTV), percibimos lo suficiente como para saber que Dios es bueno (Salmo 34:8). Las muchas cosas extraordinarias que Él ha revelado nos ayudarán a dejar el pecado y actuar para reducir sus consecuencias en el mundo. Julie 29 de junio Siembra buenas semillas Oseas 10:12-15 Sembrad paravosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia; haced para vosotros barbecho; porque es el tiempo de buscar al Señor, hasta que venga y os enseñe justicia. —Oseas 10:12 Como jardinera principiante, aprendí rápido que el suelo sin cultivar era resistente a la siembra. Pero cuando sembré buenas semillas en un suelo bien preparado, el sol y la lluvia hicieron su parte hasta que llegó la cosecha. El suelo preparado, las semillas correctas y la bendición de Dios también son esenciales para que haya fruto en la vida cristiana. El profeta Oseas predicó este principio a Israel. Ellos habían sembrado semillas de maldad y habían confiado en sus propios caminos. Por eso, tuvieron que comer los frutos amargos de las mentiras; en especial, la mentira de que su seguridad y éxito venían de su propia fortaleza militar (Oseas 10:13). Oseas suplicó a Israel que siguiera el camino de Dios, que rompiera el suelo endurecido por el pecado de sus corazones y que buscaran al Señor (v. 12). Si sembraban semillas de justicia, cosecharían la misericordia de Dios, y Él traería lluvias de bendiciones sobre ellos. Cuando el suelo de tu corazón es receptivo a Dios y su Palabra, confiará en sus caminos. Sembraremos acciones y actitudes correctas en nuestra vida y creceremos a la manera de Dios. Él nos hará fructíferos. Joanie 30 de junio Velar y orar Marcos 14:32-42 Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. —Marcos 14:38 Desde mi ventana, puedo ver una colina de 1.700 metros de altura, llamada Cerro del Borrego. En 1862, el ejército francés invadió México. Mientras el enemigo acampaba en el parque central de Orizaba, el ejército mejicano se estableció en la cima de este monte. Sin embargo, el general pasó por alto vigilar el acceso a la cumbre. Mientras dormían, los franceses los atacaron y murieron 2.000 soldados mejicanos. Esto me recuerda otra elevación, el Monte de los Olivos, y el huerto cercano donde un grupo de discípulos se quedó dormido. Jesús los reprendió: «Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil» (Marcos 14:38). La tentación golpea cuando somos más vulnerables. Si descuidamos ciertas áreas de nuestra vida espiritual —como la oración y el estudio bíblico—, nos adormecemos y bajamos la guardia, lo cual nos convierte en un blanco fácil para nuestro adversario, el diablo (1 Pedro 5:8). Si velamos y oramos, el Espíritu nos ayudará a resistir la tentación. Keila 1 de julio Ver bien Juan 15:12-17 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. —Juan 15:14 Ringo parece un perro fuerte; grande, musculoso, con pelo grueso, ¡y pesa más de 45 kilos! Aun así, se relaciona bien con la gente. Una vez, una niña de cuatro años lo vio al otro lado de la habitación. Al principio, tenía miedo de acercarse, pero después, pasó un rato hablándole y tocándolo. Así descubrió que, aunque era fuerte, también era manso. Esta combinación de cualidades me recuerda lo que dice el Nuevo Testamento sobre Jesús: era accesible, ya que recibía a los niños (Mateo 19:13-15); fue amable con una desesperada mujer adúltera (Juan 8:1-11). Al mismo tiempo, su poder era asombroso. ¡La gente miraba boquiabierta cuando Él echó demonios, calmó tormentas y resucitó muertos! (Marcos 1:21-34; 4:35-41; Juan 11). Nuestra manera de ver a Jesús determina cómo nos relacionamos con Él. Si nos enfocamos solo en su poder, podemos adorarlo de manera distante, como si fuera un superhéroe de historietas. Pero si exageramos en cuanto a su bondad, corremos el riesgo de ser irrespetuosos. Lo cierto es que Jesús combina ambas cosas: es lo suficientemente grande como para que lo obedezcamos y humilde como para llamarnos sus amigas. Jennifer 2 de julio Una misma misión Lucas 9:46-62 Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. —Lucas 9:50 Mi esposo y yo solemos tener que actuar de árbitros al moderar discusiones entre nuestros dos hijos. Mientras ellos se concentran en sus diferencias, nosotros les recordamos que se necesitan el uno al otro… algo que les cuesta entender. A veces, la Iglesia de Jesucristo se comporta de manera similar, y se la reconoce más por sus divisiones que por su unidad. Tal como ilustra Lucas 9:46-62, la lucha no es nada nuevo. Aunque los discípulos quizá querían proteger la integridad del ministerio de Jesús, su deseo de sobresalir iba más allá de la pasión por la verdad. Al decirle a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros», trazaron una línea de separación que Cristo no había marcado (v. 49). Los discípulos se habían comprometido a seguir a Cristo (v. 62). Sin embargo, su fe radical no garantizaba que siempre tuvieran una perspectiva completa (1 Corintios 13:12). En lo que se refiere a la unidad de los creyentes, debemos recordar: Su cuerpo fue roto, y dividieron sus ropas para que su Iglesia no se dividiera (1 Corintios 13:13; Efesios 2:14; Colosenses 1:16-20). Regina 3 de julio Venid a mí Mateo 11:25-30 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. —Mateo 11:28 Cuando tuvimos a nuestra tercera hija, comencé a estresarme por las cuentas médicas que se iban acumulando. No podía dormir, mientras intentaba resolver cómo pagaríamos lo que debíamos. Tenía los músculos tensos. Estaba agotada… así que clamé a Dios. Los expertos afirman que para combatir el estrés, es necesario dormir bien, comer alimentos saludables y hacer ejercicio. Pero Jesús nos habla de algo más que proporciona verdadera paz y descanso: la oración. Mientras oraba, me vino a la mente Mateo 11:28, donde Jesús dijo: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar». Jesús me invitó a acercarme a Él para recibir una nueva perspectiva y un descanso verdadero. En el próximo versículo, declaró: «Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, […] y hallaréis descanso para vuestras almas» (v. 29). Nuestro amoroso Salvador no nos reprende por nuestra incapacidad de manejar las presiones de la vida por nuestra cuenta. En cambio, quiere que le entreguemos nuestras cargas a Él (Salmo 55:22). ¡Acude hoy mismo al Señor! Marlena 4 de julio Todo viene de Dios 1 Crónicas 29:14-19 Oh Señor Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos preparado para edificar casa a tu santo nombre, de tu mano es, y todo es tuyo. —1 Crónicas 29:16 Cuando tenía 18 años, ya había trabajado y ahorrado hasta tener lo suficiente para pagar un año de estudios. Entonces, mi mamá tuvo una cirugía de emergencia, y me di cuenta de que yo tenía en el banco el dinero para pagar su operación. De repente, mi amor por mi madre tuvo prioridad sobre mis planes para el futuro. Las palabras de Elisabeth Elliot en su libro Pasión y pureza cobraron para mí un nuevo significado: «Si nos aferramos a algo que hayamos recibido, sin la disposición de renunciar a eso […], impedimos que el alma crezca. Lo que ella estaba diciendo es que lo que tenemos «es nuestro para dar gracias a Dios por ello y para ofrecérselo de vuelta». ¡Entendí que mis ahorros eran un regalo de Dios! Podía dar generosamente a mi familia porque estaba segura de que el Señor podía ayudarme de otra manera… y lo hizo. Hoy, pensemos en cómo quiere Dios que apliquemos la oración de David de 1 Crónicas 29:14: «Todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos». Keila 5 de julio Camina en su polvo Marcos 1:16-20 Y luego los llamó; y dejando a su padre […] le siguieron. —Marcos 1:20 En el primer siglo, se esperaba que un judío que quisiera ser discípulo de un rabino (maestro) dejara su familia y su trabajo para unirse a él. Vivían juntos las 24 horas del día, debatiendo y memorizando las Escrituras, y aplicándolas a su vida. El llamamiento de un discípulo, como se describía habitualmente, era «cubrirse con el polvo de los pies [del rabí]», absorbiendo todas y cada unade sus palabras. Seguía a su maestro tan de cerca que «caminaba en su polvo». Al hacerlo, llegaba a ser como él. Simón, Andrés, Jacobo y Juan sabían que ese era el tipo de relación a la cual Jesús los estaba llamando (Marcos 1:16-20). Así que, dejaron inmediatamente su trabajo y «se fueron tras Él» (v. 20). Durante tres años, permanecieron cerca del Señor, escuchando su enseñanza, mirando sus milagros, aprendiendo sus principios y caminando en su polvo. Como seguidoras de Cristo hoy, nosotras también podemos «caminar en su polvo». Al pasar tiempo estudiando y meditando en su Palabra y aplicando sus principios a la vida, llegaremos a ser como nuestro rabí: Jesús. Anne 6 de julio Un Padre perfecto Proverbios 20:3-7 Camina en su integridad el justo; sus hijos son dichosos después de él. —Proverbios 20:7 Una vez, mi padre admitió: «Cuando eras pequeña, no estuve muy presente». La verdad, no lo recuerdo. Además de trabajar a tiempo completo, algunas noches se iba a dirigir el ensayo de coro en la iglesia, y a veces, viajaba una o dos semanas con su cuarteto masculino. Pero en todos los momentos significativos de mi vida, estuvo allí. Por ejemplo, cuando tenía ocho años, actué en una obra escolar. Todas las madres asistieron, pero había solo un papá… el mío. De muchas maneras, siempre nos ha dejado saber a mí y a mis hermanas que somos importantes para él y que nos ama. Además, verlo cómo cuidaba con ternura a mi mamá los últimos años de su vida me enseñó exactamente cómo es el amor abnegado. Papá no es perfecto, pero siempre me permitió vislumbrar a mi Padre celestial. Esto es lo que un padre cristiano debería hacer. A veces, los padres terrenales desilusionan o lastiman a sus hijos. Sin embargo, nuestro Padre celestial es «misericordioso y clemente […]; lento para la ira, y grande en misericordia» (Salmo 103:8). Un padre piadoso es un modelo para sus hijos de nuestro Padre celestial perfecto. Cindy 7 de julio Luces suaves 1 Pedro 3:13-17 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. —Mateo 5:16 Wang Xiaoying vive en una zona rural de la provincia china de Yunnan. Por problemas de salud, su esposo no podía conseguir trabajo, lo cual afectaba a la familia. Su suegra consideraba que el problema se debía a la fe de Xiaoying en Dios. Por eso, la maltrataba y la instaba a que volviera a la religión de sus ancestros. Como el esposo había visto el cambio en la vida de su esposa, dijo: «Madre, no basta con que Xiaoying crea en Dios. ¡Nosotros deberíamos hacer lo mismo!». Él está ahora considerando aceptar el evangelio de Jesús. La gente observa. El mejor testimonio es una buena conducta acompañada de palabras apropiadas, lo cual refleja el cambio que Cristo produce en nuestra vida. Así instruyó el apóstol Pedro a los creyentes del primer siglo y a nosotras: a seguir el bien (1 Pedro 3:13), obedecer a Cristo, tener buena conciencia y estar preparados para hablar a otros de nuestra esperanza (v. 15). Brillemos para Jesús dondequiera que estemos. Él nos dará la gracia para alcanzar incluso a quienes no concuerdan con nosotras. Poh Fang 8 de julio Fe en acción Santiago 2:14-26 Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. —Santiago 2:18 Mientras mi amiga conducía hacia el supermercado, observó que una mujer caminaba al lado de la carretera y sintió que debía regresar y ofrecerse a llevarla. Cuando lo hizo, se entristeció al enterarse de que la mujer no tenía dinero para el autobús, así que estaba caminando muchos kilómetros en un clima caluroso y húmedo. Además, había caminado varias horas para llegar a su trabajo a las cuatro de la mañana. Al ofrecerse a llevarla, mi amiga aplicó la instrucción de Santiago de poner la fe en práctica: «Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma» (2:17). Al apóstol le interesaba que la iglesia se ocupara de las viudas y los huérfanos (1:27), y quería que no ofrecieran solo palabras vacías, sino que actuaran por fe y obraran con amor. Somos salvos por fe, no por obras, pero ponemos en práctica nuestra fe al amar a otros y suplir sus necesidades. Que al igual que mi amiga, podamos mantener los ojos abiertos para ayudar a los que lo necesiten, mientras transitamos juntos este camino de la vida. Amy 9 de julio Enfrenté mis temores Salmo 138 En el día que invoqué, me respondiste; me hiciste valiente con fortaleza en mi alma. —Salmo 138:3 Después de que Bill y yo nos casamos, llegué a depender de él excesivamente, en vez de depender de Dios para hallar seguridad y fortaleza. Secretamente, me preocupaba: ¿Y si un día me falta Bill? Cuando nuestra obra misionera obligó a Bill a ausentarse de casa por semanas, empecé a depender de mí en vez de depender de él. Sintiéndome incluso más inadecuada, reducía los riesgos de la vida siempre que era posible y vivía dentro de un capullo de ansiedad. Hasta me daba miedo estar en público. Finalmente, cuando toqué fondo, imité el ejemplo de David en el Salmo 138:3. Yo también clamé y Dios me contestó. Su respuesta me dio el entendimiento y la fortaleza para abrir el capullo de temor y comenzar a extender las alas para depender de Dios. Tardía, pero seguramente, Dios me convirtió en una sierva valiente al lado de Bill. Años después, cuando Bill murió, me di cuenta de la compasión con que Dios había lidiado con mi temor anterior: «¿Y si un día me falta Bill?». En vez de quitar mi temor, Dios me dio la fortaleza y la habilidad para enfrentarlo. Y también te capacitará a ti si dependes de Él. Joanie 10 de julio Imposible esconderse Amós 5:14-24 Y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra… —Apocalipsis 1:5 Sentí olor a quemado, así que fui corriendo a la cocina. No había nada en las hornillas ni en el horno. Mi nariz me guio por toda la casa. Recorrí todos los cuartos hasta que, finalmente, bajé las escaleras. El olfato me llevó a mi oficina y, después, a mi escritorio. Miré hacia abajo y allí, mirándome fijamente con sus ojos grandes que pedían ayuda, estaba Maggie, nuestra perra, nuestra terriblemente «fragante» mascota. Lo que olía a quemado desde arriba era ahora un inconfundible olor a zorrillo. Maggie había ido hasta el rincón más escondido de nuestra casa para huir del olor nauseabundo, pero no podía alejarse de ella misma. El dilema de Maggie me hizo pensar en la gran cantidad de veces que he tratado de huir de circunstancias desagradables, solo para descubrir que el problema no era la situación, sino yo misma. Huimos de las situaciones pensando que podemos escapar de lo desagradable, pero luego, nos damos cuenta de que el problema somos nosotras. La única manera de escapar de nosotras mismas es dejar de escondernos, reconocer nuestra perversidad y permitir que Jesús nos limpie (Apocalipsis 1:5). Doy gracias porque cuando pecamos, Jesucristo está dispuesto a darnos una nueva oportunidad de empezar. Julie 11 de julio El descanso de las burbujas 2 Corintios 4:7-18 No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. —2 Corintios 4:18 Un niño nos roció a mi esposo y a mí con burbujas mientras venía corriendo por el paseo marítimo. Fue un momento ameno y divertido en un día difícil. Habíamos ido a visitar a mi cuñado, que estaba hospitalizado, y ayudar a su esposa, que tenía problemas para ir a ver a su médico. Por eso, cuando nos tomamos un descanso para caminar, nos sentíamos abrumados por las necesidades de nuestros familiares. Entonces, aparecieron las burbujas, y tuvieron un significado especial para mí. Me encantan las burbujas, y tengo en mi oficina una botella que utilizo cada vez que necesito sonreír con ellas. Esas burbujas y el vasto Océano Atlántico me recordaron algo con lo que puedo contar: Dios siempre está cerca. Él es poderoso. Siempre se interesa.Y puede usar aun las experiencias más pequeñas y los momentos más breves para ayudarnos a recordar que su presencia es como un océano de gracia en medio de nuestros momentos difíciles. Tal vez un día, nuestros problemas parecerán como burbujas: momentáneos a la luz de la eternidad, «pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas» (2 Corintios 4:18). Anne 12 de julio Causa verdadera Job 2 … ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios. —Job 2:10 Un día, mi hijito exclamó: «¡Mamá, te amo!». Cuando le pregunté por qué me amaba, contestó: «Porque juegas conmigo a los autitos de juguete». «¿Por alguna otra razón?». «No. Eso solo». Su respuesta me hizo sonreír, pero también me indujo a pensar en cómo nos relacionamos con Dios. ¿Lo amo y confío en Él por las cosas que hace por mí? ¿Qué pasa cuando desaparecen las bendiciones? Job tuvo que contestar estas preguntas cuando lo golpearon las catástrofes. Su esposa le aconsejó: «Maldice a Dios, y muérete» (2:9). En cambio, él preguntó: «¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?» (v. 10). Sí, Job enfrentó una lucha después de su tragedia: se enojó con sus amigos y cuestionó al Todopoderoso. Pero de todos modos, juró: «… aunque él me matare, en él esperaré» (13:15). El afecto de Job hacia su Padre celestial no dependía de una solución apropiada para sus problemas, sino que amaba a Dios y confiaba en el Señor por todo lo que Él es. Dijo: «Él es sabio de corazón, y poderoso en fuerzas» (9:4). Nuestro amor a Dios no debe basarse solamente en sus bendiciones, sino en lo que Él es. Jennifer 13 de julio Proteger una promesa Mateo 2:13-23 … un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, […] porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. —Mateo 2:13 Q ué seguidilla de acontecimientos había atravesado José! Había recibido visitas de ángeles, escuchado la voz de Dios y presenciado el milagro de un nacimiento virginal. Después, tuvo un sueño. El mensaje era claro: «Huye; están en peligro» (Mateo 2:13) . En Belén, hubo grande lamentación, lloro y gemido (v. 16), pero el hijo de José —el Hijo de Dios— no estaría entre las víctimas. La Escritura había anunciado que el Mesías prevalecería: «Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite» (Isaías 9:7). Pero José se dio cuenta de que se le había confiado una promesa de parte de Dios (1:20-23). Su responsabilidad de proteger al Mesías estaba cargada de peligro, preguntas e incertidumbres. Entonces, ¿por qué pensamos que nuestro camino no tendrá escollos? En última instancia, el cumplimiento del pacto de Dios para con su pueblo vendría de su mano. Pero nosotras también tenemos un papel que desempeñar… tal como José. A medida que perseveramos mediante el poder y la provisión de Dios, que podamos guardar su verdad (2 Timoteo 1:14) y permanecer firmes. ¡Dios cumplirá sus promesas (Isaías 46:11)! Regina 14 de julio La armonía de nuestra vida Job 29:1-6; 30:1-9 He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es el Señor, quien ha sido salvación para mí. —Isaías 12:2 Los miembros de la orquesta oyen más claramente el sonido de los instrumentos que tienen más cerca. En un sentido, nosotras integramos la orquesta de Dios. A menudo, solamente escuchamos la música que está más cerca. Como no captamos la armonía general, somos como Job, quien clamó en su sufrimiento: «Y ahora yo soy objeto de su burla, y les sirvo de refrán» (Job 30:9). Job rememoraba el respeto que le tenían los príncipes y los oficiales. Pero ahora, era objeto de burla, y se lamentaba: «Se ha cambiado mi arpa en luto» (30:31). Sin embargo, le faltaban muchísimos instrumentos a esa sinfonía, y Job no podía escuchar la armonía completa. Quizá hoy solamente oigas las notas melancólicas de tu violín. Pero no te desanimes. Cada detalle de tu vida está incluido en la partitura divina. La obra maestra de Dios de la redención es la sinfonía que estamos interpretando, y al final, todo obrará al unísono para sus buenos propósitos. Dios es el compositor de nuestras vidas. Su melodía es perfecta, y podemos confiar en Él. Keila 15 de julio La compasión de Jesús Lucas 7:11-17 Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: «No llores». —Lucas 7:13 Greg Boyle, quien ayudó a comenzar un ministerio con exmiembros de pandillas, sabe sobre amar a los demás y preocuparse por ellos. En su libro Tattoos on the Heart [Tatuajes en el corazón], escribe: «La compasión no se trata solo de sentir el dolor de los demás; se trata de atraerlos hacia ti». La compasión cierra la brecha entre nosotras y otra persona. Nos permite acercarnos con amor a ella, en lugar de salir corriendo para el otro lado. Si queremos imitar la compasión de Jesús, jamás actuaríamos como el sacerdote o el levita que se alejaron del hombre herido que describe la parábola del buen samaritano (Lucas 10:30-37). La persona menos esperada, un samaritano, fue la que actuó de manera más similar a Cristo. La parábola nos recuerda que somos capaces de actuar sin amor hacia nuestro prójimo. En cambio, que podamos poner en práctica la compasión de Jesús, como la vemos en su encuentro con la viuda de Naín. Cuando el Señor se enteró de que su único hijo había muerto, «se compadeció de ella» y resucitó al muchacho (7:11-15). Jesús se acercó a ella y, con amor, suplió su necesidad. Que al igual que Cristo, podamos acercarnos a otros con un corazón lleno de compasión. Marlena 16 de julio La máscara de los caballos Salmo 119:33-40 Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; avívame en tu camino. —Salmo 119:37 En una granja de caballos cerca de casa, algunos de estos animales tienen máscaras sobre los ojos. Por mucho tiempo, sentí pena por esos caballos que no podían ver, pero después, me enteré de que mi suposición estaba equivocada. Las máscaras están hechas de una malla abierta y los caballos pueden ver a través de ellas. Pero las moscas que les enferman los ojos no puede atravesarlas. Las máscaras no impiden que los caballos vean… ¡evitan que queden ciegos! Los incrédulos suelen suponer cosas sobre la Biblia similares a lo que yo pensé de las máscaras. Piensan que es algo que Dios nos «pone delante de los ojos» para que no veamos toda la diversión que podríamos tener. Sienten lástima de los creyentes en Cristo porque creen que el Señor no nos permite disfrutar de la vida. Así como yo no sabía sobre las máscaras de los caballos, ellos desconocen de la Biblia. Ella evita que nos infecten las mentiras que producen ceguera espiritual. La Palabra de Dios no impide que disfrutemos de la vida; hace posible que disfrutemos de verdad. Que al aprender la lección de la máscara de los caballos, ¡podamos regocijarnos porque la Palabra de Dios nos permite ver de verdad! Julie 17 de julio Cómo tener paz Colosenses 1:15-23 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. —Romanos 5:1 La Capilla del Silencio Kamppi, en Helsinki, Finlandia, sobresale en medio del contexto urbano. Su estructura ovalada, cubierta de madera, aplaca el ruido de la ajetreada ciudad. Sus diseñadores la crearon para que fuera un refugio silencioso, con un «ambiente tranquilo para que los visitantes se reencontraran consigo mismos». Un buen lugar para descansar del ruido y la actividad de las calles. Muchas personas anhelan tener paz, y un rato de silencio puede tranquilizar la mente. Pero la Biblia enseña que la paz verdadera, la paz con Dios, la brinda su Hijo. El apóstol Pablo afirmó: «Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Romanos 5:1). Sin Cristo, somos enemigos de Dios a causa de nuestro pecado. Felizmente, aceptar el sacrificio de Jesús nos reconcilia con el Padre y pone fin a la hostilidad que nos separa de Él (Colosenses 1:19-21). Tener paz con Dios no garantiza unavida sin problemas. Jesús dijo a sus seguidores: «En el mundo tendréis aflicción»; pero también les aseguró: «en mí [tendréis] paz» (Juan 16:33). Gracias a Él, la verdadera paz de Dios puede llenar nuestro corazón (Colosenses 3:15). Jennifer 18 de julio Sentido común Proverbios 1:20-33 Porque el Señor da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. —Proverbios 2:6 Voltaire, el filósofo francés del siglo xviii , dijo: «El sentido común no es tan común». ¡Tenía razón! En una sociedad que se ha vuelto cada vez más litigante, estamos inundadas de advertencias sobre productos; mayormente, porque algunas personas carecen de sentido común. Tan solo lee las siguientes instrucciones. En un secador de cabello: No lo use mientras duerme. En una motosierra: No intente detener la cadena con la mano. El sentido común puede aprenderse de la experiencia o de la enseñanza que recibimos de aquellos en quienes confiamos. Pero la Palabra de Dios es la mejor fuente de todas para desarrollar discernimiento y buen juicio. Tres palabras resuenan a todo lo largo del libro de Proverbios: sabiduría, conocimiento, entendimiento. Dios ha envuelto este libro con sentido común. Proverbios 11:2 aconseja compostura: «Con los humildes está la sabiduría». Proverbios 20:13 es práctico: «No ames el sueño, no sea que te empobrezcas». Para adquirir más sentido común, consulta la Palabra de Dios —la fuente de sabiduría— a diario. Cindy 19 de julio Confusión de identidad Salmo 115:1-18 No a nosotros, oh Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, por tu verdad. —Salmo 115:1 Amenudo, la gente me confunde con mi hermana mayor. Desde el personal de mi cafetería favorita hasta los alumnos de enfermería de mi hermana, muchas personas han tratado de hacerme alguna pregunta médica o de hablar sobre redacción. Los malentendidos nos resultan graciosos porque no vemos las similitudes que a otros les resultan tan evidentes. Con Dios, no hay ninguna confusión de identidad respecto a nosotras. «Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios» (Juan 1:12-13). Sin embargo, a veces, las experiencias, las personas y los poderes de la oscuridad intentan destruir nuestra comprensión de quiénes somos en verdad. En los momentos de incertidumbre, solemos crear una identidad basada en cuestiones temporales. No obstante, la verdadera seguridad viene cuando dejamos de colocarnos en el centro y elegimos a Jesús (vv. 9-11). La cruz nos lleva a tener comunión con Él. En Cristo, nuestra identidad es restaurada a su potencial y su significado dados por Dios (139:13-16). Regina 20 de julio Banderines rojos Proverbios 13:1-14 La enseñanza del sabio es fuente de vida, para apartarse de los lazos de la muerte. —Proverbios 13:14 Los cisnes suelen visitar Mill Pond, en Inglaterra, donde vivía un amigo mío. Él lo llama «un lugar hermoso, donde los patos, los gansos y otras aves acuáticas juguetean». Sin embargo, incluso en aquel idílico marco, hay peligro. Cerca de la laguna, hay unos cables eléctricos. Se han muerto muchos cisnes allí porque no los vieron cuando se acercaron a la laguna. Mi amigo habló con algunos funcionarios sobre este problema, y la compañía de electricidad terminó instalando banderines rojos en los cables. Ahora los cisnes pueden ver el peligro y evitarlo. Desde que se instalaron esos banderines rojos, ni un solo cisne ha muerto. Dios ha provisto algunos «banderines rojos» para protegernos. El libro de Proverbios está lleno de advertencias sobre el mal, y nos anima a buscar sabiduría. En Proverbios 13:1-14, encontramos varios banderines rojos, que incluyen: No ignorar la instrucción y la reprensión (v. 1). Cuidar lo que uno dice (v. 3). Tener cuidado de no procurar riquezas (v. 7). Podemos dar gracias porque las advertencias en la Biblia pueden mantenernos a salvo del peligro. Anne 21 de julio Querer crecer Hebreos 5:11-14 Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño. —Hebreos 5:13 El ajolote es un enigma biológico. En vez de crecer y alcanzar una forma adulta, esta salamandra mexicana en peligro de extinción mantiene el aspecto de un renacuajo durante toda su vida. Escritores y filósofos lo han usado como un símbolo de alguien que tiene miedo de crecer. En Hebreos 5, vemos que había cristianos que no querían crecer y se contentaban con la «leche» espiritual, aunque esta era para los nuevos en la fe. Corrían peligro de perder las actitudes cristianas que ya habían demostrado (6:9-11) y no estaban preparados para el alimento sólido del sacrificio personal (5:14). Por eso, el autor escribió: «Acerca de esto tenemos mucho que decir, aunque no es fácil explicarlo porque ustedes son lentos para entender» (v. 11 RVC). Los ajolotes siguen el patrón natural que su Creador estableció para ellos. Sin embargo, los seguidores de Cristo están diseñados para madurar espiritualmente. Cuando lo hacemos, descubrimos que crecer en Él no solo implica tener paz y gozo. Crecer a su semejanza honra al Señor a medida que animamos desinteresadamente a los demás. Keila 22 de julio ¿Para qué preocuparme? Isaías 40:25-31 Echa sobre el Señor tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo. —Salmo 55:22 Un hombre se preocupaba constantemente por todo. Sin embargo, un día, sus amigos lo oyeron silbar alegremente y lo notaron llamativamente relajado. —¿Qué pasó? —le preguntaron asombrados. —Le estoy pagando a alguien para que se preocupe por mí. —¿Cuánto le pagas? —Dos mil dólares por semana. —¡Vaya! ¿Cómo puedes pagarle tanto? —No puedo —respondió—. De eso, tiene que preocuparse él. ¿Necesitas alguien a quien darle tus preocupaciones? El profeta Isaías nos recuerda que Dios hace salir las estrellas y las llama por su nombre (40:25-26); que por «la grandeza de su fuerza, y el poder de su dominio» (v. 26), no falta ninguna de ellas. Y así como Dios sabe el nombre de las estrellas, también nos conoce a ti y a mí en forma personal. Estamos bajo su cuidado (v. 27). Puedes entregar esas preocupaciones al Señor. Él nunca está demasiado ocupado o cansado como para no prestar atención. Tiene todo el poder y la sabiduría, y le encanta usar estas cosas para nuestro beneficio. El Santo que guía las estrellas nos rodea con sus brazos de amor. Poh Fang 23 de julio Del lamento al festejo Isaías 61:1-4 El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ungió el Señor; me ha enviado a […] ordenar que a los afligidos de Sion se les dé […] manto de alegría en lugar del espíritu angustiado… —Isaías 61:1, 3 «V amos a prescindir de su trabajo». Hace una década, estas palabras me dejaron tambaleando. En ese momento, me sentí destruida porque, en parte, mi identidad estaba sumamente entrelazada con mi papel como editora. Hace poco, sentí una tristeza similar cuando escuché que mi labor como trabajadora independiente se terminaba. Pero esta vez, no fue traumático porque he visto la fidelidad de Dios y su manera de transformar mi tristeza en gozo. El Señor puede cambiar nuestra desesperación en gozo, como vemos en la profecía de Isaías sobre la venida del Cristo (Isaías 61:1-3). Él nos da esperanza en la desilusión, nos ayuda a perdonar cuando pensamos que no podemos, nos enseña que nuestra identidad está en Él y no en lo que hacemos, y nos anima frente a un futuro desconocido. Cuando vestimos harapos de «ceniza», Él nos da bondadosamente un manto de alegría. Cuando recordamos la fidelidad del Señor a través de los años, sabemos que puede y está dispuesto a cambiar nuestra tristeza en gozo, para darnos gracia suficiente en esta vida y gozo pleno en el cielo. Amy 24 de julio Vida después de la tumba Juan 11:1-44 Y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto? —Juan 11:26 Mi amado esposo Bill murió de cáncer a los 48 años deedad. Una mañana en que estaba muy angustiada, leí Juan 11, la historia de cuando Jesús levantó a Lázaro de entre los muertos. Dos verdades que encontré en ese pasaje me tranquilizaron. La primera verdad fue revelada cuando Jesús dijo que Lázaro estaba durmiendo y que Él iba a despertarlo (vv. 11-14). Sus discípulos respondieron: «Señor, si duerme, sanará». Jesús contestó: «Lázaro ha muerto». Esta fue su manera delicada de enseñarles que ellos no tenían que temer a la muerte. Gracias a su poder, resucitar a alguien de entre los muertos era como despertar a una persona del sueño. La segunda verdad está en la afirmación de Jesús a Marta: «el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente» (vv. 25-26). Por ser la resurrección y la vida, Jesús va a «despertar» un día los cuerpos de los creyentes. Su poder para hacerlo quedó demostrado cuando resucitó a Lázaro (vv. 43-44). ¿Has perdido a algún ser querido? Quizá estas promesas puedan brindarte consuelo y seguridad. Joanie 25 de julio Conciencia de imagen 2 Corintios 3:1-3, 17-18 Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. —2 Corintios 3:18 Cuando mis primos y yo miramos fotos antiguas de la familia, bromeamos sobre los rasgos físicos que hemos heredado. En primer lugar, observamos los negativos: piernas cortas, dientes torcidos, remolinos en el cabello. Pero también heredamos rasgos del carácter… algunos buenos y otros no tanto. Sin embargo, a estos no siempre les prestamos mucha atención. Según mis observaciones sin respaldo científico, la gente hace todo lo posible para superar las imperfecciones físicas: ejercicios, dietas, maquillajes, tinturas, cirugías estéticas. Pero los defectos del carácter, en vez de tratar de vencerlos, tendemos a usarlos como excusas para portarnos mal. Supongo que se debe a que es más fácil cambiar nuestra imagen. Imagina cuánto mejor sería invertir la energía en mejorar el carácter. Como hijas de Dios, nuestra constitución genética no nos limita, sino que podemos entregarle a Él nuestras fallas y permitirle que desarrolle el potencial que tenía en mente cuando nos creó. El poder del Espíritu Santo y la vida del Hijo de Dios están obrando en nosotras, conformándonos a su imagen (2 Corintios 3:18). Julie 26 de julio Amor revelado 1 Juan 4:9-16 En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. —1 Juan 4:9 Cuando una serie de carteles rosa que decían «Te amo» aparecieron misteriosamente en un pueblo de Canadá, una reportera local decidió investigar, pero no tuvo resultados. Semanas después, aparecieron otros carteles con el nombre de un parque, una fecha y una hora. Junto con una multitud de lugareños curiosos, la reportera fue al parque a la hora señalada. Allí se encontró con un hombre vestido con un traje, pero con la cara ingeniosamente tapada. ¡Imagina la sorpresa cuando él le dio un ramo de flores y le propuso matrimonio! El misterioso hombre era su novio… y ella aceptó felizmente la propuesta. Si esta expresión de amor te parece agradable, ¡piensa en la manifestación del amor de Dios hacia nosotras! «En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él» (1 Juan 4:9). Jesús entregó voluntariamente su vida para que todo aquel que cree en Él pueda tener una relación eterna con Dios. Nada puede separar a un creyente «del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 8:39). ¡Esto sí que es amor verdadero! Jennifer 27 de julio Mi pueblo 1 Pedro 2:1-10 Vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia. —1 Pedro 2:10 Una niñita estaba siendo disciplinada por su mal comportamiento, y sus padres estaban haciéndola cenar sola en un rincón de la habitación. No le prestaron atención hasta que la escucharon orar parte del Salmo 23: «Señor, gracias por preparar mesa delante de mí en presencia de mis enemigos». Una linda historia, pero a veces, podemos sentir que nuestras familias son nuestros enemigos. Incluso nuestra familia espiritual en la iglesia nos defrauda ocasionalmente. Pero podemos cambiar nuestra perspectiva si aprendemos a renunciar a la ingenua idea de que los demás siempre satisfarán nuestras elevadas expectativas. En vez de centrarnos en los demás, podemos encontrar esperanza en la verdad de que cada una de nosotras es hija de Dios por medio de la fe en Jesús (1 Pedro 2:10). Él nos ha elegido y nos ha hecho su «pueblo adquirido» (v. 9). El Señor nos ha hecho parte de su familia, y nunca nos tratará como a un enemigo. Cuando los demás nos defraudan, cambiemos nuestro enfoque y recordemos que si hemos puesto nuestra fe en Jesús, somos hijas de Dios, apreciadas y amadas por Él. Anne 28 de julio Nuestra seguridad Salmo 33:1-22 Nuestra alma espera al Señor; nuestra ayuda y nuestro escudo es él. —Salmo 33:20 Abrumada con el trabajo y agotada por una semana ajetreada de ministerio, no pude contener las lágrimas cuando regresé a casa y me encontré con una filtración en el techo de la cocina de nuestra casa nueva. A esta situación, se le sumaban los desafíos de mudarse a una ciudad nueva y la oposición de nuestros vecinos por realizar un estudio bíblico en nuestra casa. Mientras contemplaba las gotitas que se desprendían del yeso hinchado, anhelaba que algo fuera fácil. A veces, simplemente necesitamos que nos recuerden que Dios nos está cubriendo. El Salmo 33:20 declara: «Nuestra alma espera al Señor; nuestra ayuda y nuestro escudo es él». Y el Salmo 33:18 afirma que «el ojo del Señor [está] sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia». Movido por amor, Dios nos protege (Salmo 33:18). Que nuestra victoria descanse en las circunstancias y en las decisiones de otras personas equivale a colocar nuestra esperanza en el ejército y el caballo (vv. 16-17). En cambio, confiamos en Él: «Por tanto, en él se alegrará nuestro corazón, porque en su santo nombre hemos confiado» (v. 21). Solo en Él está nuestra seguridad. Regina 29 de julio Boda real Apocalipsis 19:1-10 Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. —Apocalipsis 19:7 Las bodas y las extravagancias a veces se combinan. Las bodas modernas se han convertido en una oportunidad para que las muchachas vivan la fantasía de ser «princesa por un día». Un vestido elegante, un peinado elaborado, invitados con ropa de fiesta, ramos de flores, abundancia de comida y grandes festejos contribuyen a la atmósfera de un cuento de hadas. Una boda real aumenta las extravagancias hasta un nivel que nosotros, «la gente común», rara vez vemos. En 2011, pudimos presenciar algo así cuando el casamiento del príncipe William y Kate Middleton se transmitió por televisión desde Inglaterra a todo el mundo. Otra boda real está en etapa de preparación y será la más extravagante de todas. En esta, la persona más importante será el esposo, Cristo mismo; y nosotros, la Iglesia, seremos su esposa. La revelación de Juan dice que ella se preparará (19:7) y que nuestro vestido de boda será nuestras acciones justas (v. 8). Aunque los matrimonios terrenales duran solo una vida, las novias se esfuerzan para que su vestido sea perfecto. ¡Cuánto más, como esposa de Cristo, deberíamos prepararnos para un matrimonio que se extenderá por la eternidad! Julie 30 de julio Vengan a mí Juan 6:30-40 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. —Juan 6:35 Cuando Jesús vivió en este mundo, invitaba a la gente a ir a Él, y hoy sigue haciendo lo mismo (Juan 6:35) . Pero ¿qué tienen Él y su Padre celestial que necesitemos? Salvación.Jesús es el único camino para obtener el perdón de pecado y la promesa del cielo: «para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:15). Propósito. Debemos seguir a Jesús con todo el corazón, alma, mente y fuerzas: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame» (Marcos 8:34). Consuelo. En la prueba o la tristeza, el «Dios de toda consolación, […] nos consuela en todas nuestras tribulaciones» (2 Corintios 1:3-4). Sabiduría. Necesitamos una sabiduría superior a la nuestra: «si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, […] y le será dada (Santiago 1:5). Vida abundante. La vida plena se encuentra en una relación personal con Jesús: «yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Juan 10:10). Jesús afirmó: «al que a mí viene, no le echo fuera» (Juan 6:37). ¡Vengan! Anne 31 de julio ¡Bébetelo! Juan 4:7-14 Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. —Juan 4:14 Afinales del siglo pasado, la pastelería Ida’s, en Jenison, Michigan, anunció esta oferta especial: «Compra uno de nuestros tazones para café a $4,79 y llene su taza por diez centavos cada vez que nos visites». Pero los dueños jamás esperaron que 25 años después, cuatro antiguos clientes seguirían con su taza de café cada día… por diez centavos. Ya no encontrarás muchas ofertas como esa. Pero Jesús ofreció algo mucho más grande a la mujer junto al pozo (Juan 4:10). Él dijo: «Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas […] el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna» (vv. 13-14). La mujer estaba lista para escuchar. Sus muchas relaciones personales la habían dejado vacía. Entonces, Jesús le ofreció un «agua» que le daría algo más: vida eterna. Jesús hace esta misma promesa hoy: «yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Juan 10:10). La gracia y el amor de Dios provienen de un reservorio sin fondo. Bebe del agua que Él ofrece y nunca más volverás a tener sed. Cindy 1 de agosto Aprender a contentarse Filipenses 4:11-13 No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. —Filipenses 4:11 Ya hemos escuchado las historias: una pareja, ambos pilares de su iglesia local, sale de repente para unirse a una nueva iglesia, y las personas del lugar donde estaban se preguntan qué habrá pasado. Una familia es arrancada de su comunidad cuando un trabajo inesperado exige una reubicación. Historias de desplazamiento y rupturas; circunstancias que fácilmente y con razón pueden llevar al descontento. Nos molesta la manera en que han resultado nuestras historias, y estamos insatisfechas con la vida. El apóstol Pablo tenía muchas razones para estar descontento. Había soportado naufragios, golpizas, azotes y más (2 Corintios 11:22-27). Sin duda, la insatisfacción era una lucha. No obstante, escribió: «he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación» (Filipenses 4:11). Con la ayuda de Dios, esto es algo que podemos desarrollar si atesoramos lo bueno que tenemos sin importar las circunstancias. Incluso en los momentos más difíciles, podemos encontrar cosas por las cuales estar agradecidas; por ejemplo, el consuelo de Dios. Dado todo lo que el Señor ha provisto, podemos contentarnos con lo bueno en medio de situaciones difíciles. Que podamos descansar en Él mientras oramos pidiendo que venga su reino (Mateo 6:10). Marlena 2 de agosto ¡Poco a poco! Éxodo 23:20-33 Poco a poco los echaré de delante de ti, hasta que te multipliques y tomes posesión de la tierra. —Éxodo 23:30 Cuando yo era una niña, me encantaba una historia en particular, pero nunca soñé cuánto me afectaría años después. Era acerca de un niño que tenía una pala pequeña. Estaba tratando de limpiar un camino a través de la nieve alta que acababa de acumularse frente a su casa. Un hombre vio la enorme tarea del niño y dijo: «Muchachito, ¿cómo puede alguien tan pequeño esperar terminar una tarea tan grande como esa?». El niño miró hacia arriba y contestó: «Poco a poco; así es como espero acabarla». Y siguió paleando. Dios me recordó esta historia cuando me estaba recuperando de un colapso. Recuerdo cómo mi yo «adulto» ridiculizaba a la «niña» débil que había en mí: «¿Cómo puede alguien tan inadecuado como tú superar un obstáculo tan grande como este?». La respuesta de aquel niño se convirtió en mi respuesta: «Poco a poco, así es como espero superarlo». Y lo superé, dependiendo de Dios. Juntos, logramos una victoria pequeña tras otra. Seguramente, los obstáculos que enfrentaba Israel mientras consideraba reclamar la tierra prometida parecían insuperables. Pero el Señor no les pidió que lo hicieran de una sola vez. La estrategia para triunfar es «poco a poco» (Éxodo 23:30). Joanie 3 de agosto Descansar en Dios Romanos 4:16-22 Tampoco dudó, […] plenamente convencido de que [Dios] era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. —Romanos 4:20-21 Eran nuestras últimas vacaciones en familia antes de que nuestro hijo mayor fuera a estudiar a la universidad. Mientras nos sentábamos en el banco trasero de una pequeña iglesia junto al mar, se me llenó el corazón de amor al ver uno al lado del otro a mis cinco hijos, bastante bien arreglados. Pensando en las presiones y los desafíos que enfrentaría cada uno, oré en silencio: Señor, por favor, protégelos espiritualmente y que se mantengan cerca de ti. El último himno tenía un coro impactante, basado en 2 Timoteo 1:12: «… yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día». Eso me aserguró que Dios guardaría sus almas. Desde entonces, algunos de mis hijos anduvieron de acá para allá y otros directamente se rebelaron. A veces, he dudado de la fidelidad de Dios. Entonces, me acuerdo de Abraham: nunca desconfió de la promesa que había recibido (Génesis 15:5-6; Romanos 4:20-21). Durante años de espera y de intentos equivocados de ayudar a resolver las cosas, se mantuvo aferrado a la promesa del Señor… y nació Isaac. ¡Qué recordatorio alentador! Le pedimos cosas a Dios, conocemos su poder y le agradecemos por su fidelidad. Marion 4 de agosto Quiero ojos azules Mateo 16:24-28 … todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. —Mateo 16:25 Cuando era niña, Amy Carmichael (1867–1951) deseaba haber tenido ojos azules en vez de marrones. Incluso oró para que Dios le cambiara el color de ojos (lo cual nunca ocurrió). Al cumplir 20 años, Amy sintió que el Señor la estaba llamando para servirlo como misionera. Y terminó en la India, donde se dio cuenta de lo sabio que era Dios al haberla hecho como ella era. Si sus ojos hubiesen sido azules, probablemente le habría resultado más difícil ser aceptada por personas de ojos marrones. Ella sirvió a Dios en la India durante 55 años. No tenemos la certeza de que Amy haya sido aceptada más fácilmente por el color de sus ojos, pero sí sabemos que el Señor «nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos» (Salmo 100:3). Cuando nos sometemos a su sabiduría en todo, podemos servirlo de manera eficaz. Amy sabía lo que significaba la sumisión. Cuando le preguntaron sobre la vida en la obra misionera, respondió: «La vida del misionero es simplemente arriesgarse a morir». Luego citó Mateo 16:25. Esto también describe la vida cristiana consagrada: entrega total a los planes y la voluntad de Dios para nosotras. Sometámonos hoy a Él. Anne 5 de agosto Propuesta de matrimonio modesta Filipenses 2:1-11 [Jesús] se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. —Filipenses 2:8 Cuando estudiaba en la universidad, oí muchísimas historias sobre compromisos. Mis soñadoras amigas hablaban de restaurantes glamorosos, atardeceres en la montaña y paseos en carruajes tirados por caballos. También recuerdo sobre un muchacho que simplemente le lavólos pies a su novia. Su «modesta propuesta de matrimonio» demostraba que entendía que la humildad es vital en un compromiso para toda la vida. El apóstol Pablo también comprendía el significado de la humildad y su eficacia para mantenernos unidos; en especial, en el matrimonio. Pablo instó a resistir los impulsos de «primero yo»: «Nada hagáis por contienda o por vanagloria…» (Filipenses 2:3). En cambio, deberíamos valorar a nuestro esposo más que a nosotras mismas, y ocuparnos de complacerlos. La humildad en acción significa servir al cónyuge, y ningún servicio es demasiado pequeño ni demasiado grande. Después de todo, Jesucristo «se humilló a sí mismo, […] hasta la muerte, y muerte de cruz» (v. 8). Su generosidad manifestó su amor hacia nosotras. ¿Qué puedes hacer hoy para servir con humildad a la persona que amas? Sea lo que sea, poner las necesidades del cónyuge por encima de las personales confirma el compromiso mutuo que practica una humildad como la de Cristo. Jennifer 6 de agosto Un grato olor 2 Corintios 2:2-17 Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden. —2 Corintios 2:15 Una perfumista que trabaja en Nueva York afirma que puede reconocer ciertas fragancias y saber quién combinó las esencias. Con solo olfatearlas, puede decir: «Esta es obra de Jenny». Al escribir a los seguidores de Cristo en Corinto, Pablo usó un ejemplo que les habrá recordado a un ejército romano que quemaba incienso cuando entraba victorioso en una ciudad conquistada (2 Corintios 2:14). Para los romanos, el aroma del incienso significaba victoria; para los prisioneros, muerte. Pablo dijo que somos para Dios el grato olor de la victoria de Cristo sobre el pecado. Dios nos ha dado la fragancia de Cristo mismo para que podamos ser un fragante sacrificio de alabanza. Pero ¿cómo podemos vivir para difundir esta agradable fragancia a otros? Mostrando generosidad y amor, y testificando del evangelio para que otros sean salvos. Podemos permitir que el Espíritu muestre a través de nosotras su fruto de amor, gozo y bondad (Gálatas 5:22-23). ¿Nos observan los demás y dicen: «Esta es obra de Jesús»? ¿Estamos dejando que Él difunda su fragancia a través de nosotras? Keila 7 de agosto ¿Qué hay en mi corazón? Lucas 6:43-45 Fenezca ahora la maldad de los inicuos, mas establece tú al justo; porque el Dios justo prueba la mente y el corazón. —Salmo 7:9 Mientras estaba en los campos de Uganda, observando un aparato que había alquilado para perforar un pozo de agua para 700 aldeanos empobrecidos, se me acercó un anciano. Me tomó de las manos, y en un inglés con un marcado acento, me dijo: «Si pudiera abrirme el corazón y ver su interior, vería felicidad arriba de felicidad y arriba de más felicidad por esta agua que Dios proveyó». Esas palabras me permitieron vislumbrar lo que desbordaba del corazón de este querido hombre: se percibían claramente gratitud, humildad, mansedumbre y reverencia por el Señor. «De la abundancia del corazón habla la boca», afirmó Jesús. «El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo» (Lucas 6:45). Si nuestro corazón está lleno de amargura o de odio, fluirán relaciones rotas y aislamiento. Si está lleno de amor, compasión y gratitud, tendremos relaciones interpersonales más saludables y edificantes. ¿Qué hay en tu corazón? Roxanne 8 de agosto El vínculo de la paz Efesios 4:1-6 … solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. —Efesios 4:3 Cuando le envié un email a una amiga para confrontarla por una diferencia que habíamos tenido, no me respondió. ¿Me habría excedido? Durante los días siguientes, cada vez que me venía a la mente, oraba por ella, sin saber cómo seguir. Entonces, una mañana, fui a caminar por el parque y la vi. Cuando me divisó, su rostro mostró el dolor que sentía. «Señor, gracias por permitirme hablar con ella», susurré mientras me acercaba con una sonrisa. Hablamos con sinceridad y pudimos resolver el problema. A veces, cuando el dolor o el silencio se entrometen en nuestras relaciones, parece que la solución está fuera de nuestro control. Pero como dice el apóstol Pablo en su carta a la iglesia en Éfeso, somos llamados a buscar la paz y la unidad a través del Espíritu de Dios, vistiéndonos de bondad, humildad y paciencia a medida que buscamos que Dios sane nuestra relación con otros. El Señor anhela que estemos unidos, y a través de su Espíritu, puede restaurar nuestra relación con los demás… incluso de forma inesperada, mientras paseamos por el parque. Amy 9 de agosto Vale la pena 2 Corintios 11:24-33 Si es necesario gloriarse, me gloriaré en lo que es de mi debilidad. —2 Corintios 11:30 «N o puedo —dijo Roberto, mientras arrojaba desesperado su lápiz. —¡Es demasiado difícil!». Leer y escribir le parecía algo imposible a nuestro hijo de nueve años, disléxico. Al fin, nos dieron una solución, pero sería difícil. Todas las noches, teníamos que hacerlo practicar lectura y escritura durante 20 minutos. A veces, no teníamos ganas de hacerlo, y otras, creíamos que él no progresaría nunca. De todos modos, estábamos decididos a ayudar a Roberto, así que seguimos luchando. Después de un par de años, todas las lágrimas y los esfuerzos parecieron haber valido la pena. Roberto aprendió a leer y escribir… y todos aprendimos a tener paciencia y constancia. El apóstol Pablo experimentó toda clase de dificultades mientras persistía en su objetivo de compartir la buena noticia de Jesucristo con aquellos que nunca la habían oído. Fue perseguido, azotado, encarcelado, malinterpretado; a veces, incluso enfrentó la muerte (2 Corintios 11:25). Pero el gozo de ver que la gente respondía a su mensaje hacía que todo valiera la pena. Si sientes que la tarea a la que Dios te ha llamado es demasiado difícil, recuerda esto: las lecciones espirituales y el gozo pueden, en un principio, parecer ocultos, pero ¡sin duda, están presentes! Dios te ayudará a encontrarlos. Marion 10 de agosto Iluminar la noche Daniel 12:1-3 Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad. —Daniel 12:3 Una agradable noche de otoño, miles de personas en la ciudad donde vivo se reunieron junto al río para lanzar luces de Bengala. Al hacerlo, vieron cómo se elevaban para unirse a la luna en una deslumbrante exhibición que convirtió el cielo nocturno en una destellante obra de arte. Cuando vi las fotos, lamenté no haber podido asistir, ya que estaba de viaje. Sin embargo, me di cuenta de que ese evento podía considerarse un símbolo de la conferencia a la que yo había asistido. Más de 1.000 personas de 100 ciudades del mundo se habían reunido en aquel lugar para planificar otra «obra de arte»: iluminar la oscuridad de sus ciudades fundando iglesias y alcanzando a miles de personas con el evangelio de Cristo, la Luz del mundo. El profeta Daniel escribió que los que guían a otros al Señor brillarán como estrellas para siempre (Daniel 12:3). Todos podemos participar en ese gran evento. Reflejemos la luz de Cristo en los lugares oscuros donde vivimos y trabajamos. Julie 11 de agosto ¿Valen la pena tantas calorías? Filipenses 4:4-9 … todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. —Filipenses 4:8 Me encanta el roti prata , un panqueque popular en mi país, Singapur. Por eso, me llamó la atención leer que una persona de 57 kilos debe correr a 8 kilómetros por hora durante 30 minutos para quemar 240 calorías. Eso equivale a un solo roti prata . Desde que empecé a ir al gimnasio, suelo preguntarme: ¿Vale la pena esta comida con tantas calorías? Aunque es sabio vigilar nuestra alimentación, hay un área de la vida que es aun más importante vigilar: nuestro consumo de los medios. Estudios demuestran que lo que vemospermanece en nuestra mente mucho tiempo. Tiene un «efecto pegajoso»; como esa obstinada grasa en el cuerpo, tan difícil de perder. Y puede influenciarnos para bien o para mal. Debemos ser consumidoras prudentes de los medios de comunicación. Debemos preguntarnos: ¿Hasta qué punto cuidamos lo que ven nuestros ojos? En Filipenses 4:8, Pablo nos dice básicamente: Alimenta tus ojos y tu mente con cosas verdaderas, nobles, justas, puras, amables, de buen nombre, virtuosas y dignas de alabanza. Esta es una «dieta» digna de lo que Cristo ha hecho por nosotras. Poh Fang 12 de agosto Otros planes Isaías 55:6-9 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo el Señor. —Isaías 55:8 En 1915, la iglesia del doctor Frank Laubach lo recomendó para que sirviera como profesor en el Seminario Teológico Union en Manila. Mientras consideraban a él y a otro hombre para el puesto de presidente del seminario, se votó para determinar qué candidato ganaría. El doctor Laubach hizo lo que le pareció honorable: votó por su oponente. En consecuencia, perdió la elección por un voto: el propio. Se desilusionó y se deprimió, y hasta cuestionó a Dios. Sin embargo, el Señor usó aquel incidente para redirigir su vida. Con el tiempo, Laubach desarrolló un programa de alfabetización que sirvió para enseñarles a leer a unas sesenta millones de personas. A veces, los planes que deseamos para nuestras vidas y el reino de Dios no se materializan. Resulta ser que no eran sus planes perfectos (Isaías 55:8); y es fácil desanimarse. Aun así, Dios revela que está de nuestro lado. Él es el Dios de esperanza, quien siempre busca lo mejor para nosotras y provee lo que precisamos para florecer de verdad, incluso cuando no podemos verlo (v. 9). Nuestro Padre es mucho más generoso de lo que podríamos imaginar. A medida que confiamos en Dios, descubrimos que sus planes siempre son los mejores. Marlena 13 de agosto El momento oportuno Salmo 37:3-11 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. —Romanos 8:28 Lo que consideré un encuentro casual había sido oportunamente programado por mi futuro esposo. Me había visto desde el balcón de la iglesia, había deducido por dónde iba a salir, bajó dos pisos corriendo por la escalera y llegó unos segundos antes que yo. Cuando informalmente sostuvo la puerta e inició una conversación, yo ignoraba que su «espontánea» invitación a cenar había sido premeditada. Actuó en el momento preciso. Hacer algo en el momento preciso es poco común; al menos, en lo que respecta a los seres humanos. Pero Dios tiene propósitos y planes específicos para nosotras, y su horario siempre es perfecto. Vemos esto en la vida de personajes bíblicos: el siervo de Abraham oró por una esposa para Isaac, y Dios respondió haciendo que la joven se le acercara (Génesis 24). Y nos maravillamos ante la valentía de Ester cuando Mardoqueo le recordó: «¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?» (Ester 4:14). ¿Te frustra el ritmo de los planes de Dios? «Confía en el Señor» (Salmo 37:3). Dios abrirá puertas cuando sea el momento preciso. Cindy 14 de agosto ¡Dios, respóndeme! Salmos 6 … el Señor ha oído la voz de mi lloro. —Salmo 6:8 Teresa le dejó un mensaje a Susi, diciéndole que tenía una gran noticia. Susi estaba convencida de que la noticia era que su amiga había recibido a Jesús como Salvador. Después de todo, había estado orando por la salvación de Teresa durante 30 años. Varios días después, Teresa reveló una «gran noticia» muy diferente: tenía un novio nuevo y se iba a vivir con él. Susi clamó desesperada: «Señor, ¿qué me hizo pensar que me responderías después de tantos años de orar?». Algunas de nuestras luchas más difíciles son aquellos deseos profundos que no se cumplen. El salmista David podía identificarse con esto. Él clamó: «Ten misericordia de mí, oh Señor […]. Mi alma también está muy turbada; y tú, Señor, ¿hasta cuándo?» (Salmo 6:2-4). Pero más adelante en los Salmos, leemos que supo que el Señor lo había escuchado (v. 9). Un mes después de la «gran noticia» de Teresa, ella volvió a llamar y dejó otro mensaje: «¡Tengo una maravillosa noticia! ¡He puesto mi confianza en Jesús como mi Salvador! No sé por qué no lo hice hace tiempo». Los 30 años tuvieron su recompensa. Sigue orando. A su tiempo, Dios responderá. Anne 15 de agosto Suficiente para compartir Deuteronomio 15:4-11 Sin falta le darás, y no serás de mezquino corazón cuando le des; porque por ello te bendecirá el Señor tu Dios en todos tus hechos, y en todo lo que emprendas. —Deuteronomio 15:10 Recuerdo cuando mi hijo y yo tuvimos doce pequeños invitados a cenar en Uganda todas las noches durante tres años. Antes de eso, los niños habían pasado días enteros sin comer. Siempre había risas a la hora de comer, mientras los niños probaban espaguetis y otras comidas por primera vez. Mi corazón rebosaba de alegría al mirar cómo niños que habían estado muertos de hambre y debilitados recuperaban la energía para correr y jugar. Mi hijo y yo descubrimos que cuanto más generosos éramos, Dios más nos proveía para dar (Deuteronomio 15:8, 10). Tal vez nos cuesta ayudar a otros porque nos parece que no tenemos suficiente para compartir. Observa lo que sucedió cuando los discípulos consideraron que debían alimentar a una gran multitud y le dijeron a Jesús que despidiera a todos. Él les respondió: «Eso no es necesario; denles ustedes de comer». «¡Pero lo único que tenemos son cinco panes y dos pescados!», exclamaron ellos (Mateo 14:15-17 NTV). Se olvidaron de quién era Jesús: el único que podía alimentarlos a todos. Hoy, pídele al Señor que abra tus ojos para ver la necesidad de los que te rodean… y permítele que provea. Roxanne 16 de agosto ¡Dios está vivo! Salmo 30 Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Señor Dios mío, te alabaré para siempre. —Salmo 30:12 Martín Lutero, el gran teólogo del siglo xvi , atravesó una vez una etapa de preocupación y desaliento. Un día, su esposa se vistió con ropas negras de luto. —¿Quién murió? —dijo Lutero. —Dios —contestó su esposa. —¿Dios? —exclamó Lutero con horror— ¿Cómo puedes decir semejante cosa? —Yo sólo digo lo que tú estás viviendo—, respondió ella. Lutero se dio cuenta de que estaba realmente viviendo como si Dios ya no estuviera vivo y cuidándolos con amor. Cambió su perspectiva de melancolía a gratitud. A veces, nosotras también vivimos como si Dios estuviera muerto. Cuando estamos desalentadas, podemos recurrir a Salmos. Algunos de los autores pasaron por épocas sombrías, pero tenían un hábito en común que les impedía amargarse: dar gracias a Dios. Por ejemplo, David escribió: «Has cambiado mi lamento en baile […]. Señor Dios mío, te alabaré para siempre» (Salmo 30:11-12). Encarar toda situación con gratitud nos ayuda a ver esas situaciones desde la perspectiva de Dios: como oportunidades de descubrir su poder y su amor. Cada vez que le expresas gratitud a Dios en una situación difícil, estás declarando: «¡Dios está vivo!». Joanie 17 de agosto El lenguaje del amor Santiago 3:1-12 Con [la lengua] bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. —Santiago 3:9 Cuando mi abuela fue a México como misionera, le resultó difícil aprender español. Un día, fue al mercado, le mostró su lista de compras a la muchacha que la atendió y le dijo: «Está en dos lenguas», queriendo explicar que la había escrito en dos «idiomas». El carnicero oyó de lejos y supuso que ella quería comprar dos lenguas de vaca. ¡Mi abuela no se dio cuenta hasta que llegó a su casa! Los errores son inevitables cuando se aprende un segundo idioma, incluido el lenguaje nuevo del amor de Dios. Por ejemplo, podemos alabar al Señor, pero después, hablamos mal de los demás. Nuestra vieja naturaleza pecaminosa se opone a nuestra nueva vida en Cristo. Lo que sale de nuestra boca revela cuánto necesitamosla ayuda de Dios. Nuestra vieja «lengua» debe irse. Y aprendemos el lenguaje nuevo del amor convirtiendo a Jesús en el Señor de nuestras conversaciones. Cuando el Espíritu Santo obra en nosotras, nos da dominio propio para decir palabras que agradan al Padre. «Pon guarda a mi boca, oh Señor; guarda la puerta de mis labios» (Salmo 141:3). Keila 18 de agosto Sol directo Efesios 5:1-16 Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz. —Efesios 5:8 Apesar de todo, lo sigo intentando. Las instrucciones de la etiqueta son claras: «Necesita sol directo». La sombra es lo que predomina en nuestro jardín; por lo tanto, no es apropiado para plantas que deben estar a pleno sol. Pero a mí me gusta esa planta. Entonces, la compro, la llevo a casa, la planto y la cuido muchísimo. ¡Pero la planta no está contenta! No basta con cuidarla y atenderla… necesita la luz del sol, cosa que yo no puedo darle. Las plantas necesitan lo que necesitan. Lo mismo sucede con las personas. Aunque podemos subsistir por un tiempo en condiciones fuera de lo ideal, es imposible seguir desarrollándonos. Además de las necesidades físicas básicas, también tenemos necesidades espirituales que ningún sustituto puede satisfacer. La Escritura afirma que los creyentes son hijos de la luz. Esto significa que para crecer, necesitamos vivir en la luz plena de la presencia de Dios (Salmo 89:15). Vivir en la oscuridad solo produce «obras infructuosas» (ver Efesios 5:3-4, 11). Pero si vivimos a la luz de Jesús, la luz del mundo, produciremos el fruto de su luz; es decir, bueno, fiel y verdadero. Julie 19 de agosto Lluvia milagrosa 1 Reyes 18:1, 41-45 Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí. —Isaías 46:9 La vida no es fácil para los aldeanos de la provincia de Yunnan, en China. Su principal fuente de alimentos es el maíz y el arroz. Un año, una grave sequía azotó la región y los granos se secaban. Se llevaron a cabo varias prácticas supersticiosas para intentar poner fin a la tragedia. Cuando nada funcionó, la gente empezó a culpar a los cinco cristianos de la aldea de ofender a los espíritus de sus antepasados. Esos cinco creyentes se reunieron para orar. Poco después, el cielo se oscureció y cayó una lluvia torrencial. ¡Los granos se salvaron! La mayoría de los aldeanos no creyeron que Dios había enviado la lluvia, pero algunos sí, y quisieron saber más de Él. En 1 Reyes, leemos sobre una tremenda sequía en Israel. Fue el resultado del juicio de Dios sobre su pueblo (17:1), que había empezado a adorar al dios falso Baal, creyendo que podría enviar lluvia para sus granos. Entonces, a través del profeta Elías, Dios mostró que Él es el único Dios verdadero que controla las lluvias. El Señor todopoderoso desea oír nuestras oraciones y respondernos. Aunque no siempre comprendamos sus tiempos y sus propósitos, Dios siempre responde con lo mejor para nuestra vida. Poh Fang 20 de agosto Conversaciones difíciles Gálatas 2:1-21 Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. —Gálatas 2:19 Recuerdo una vez en que alguien de nuestro equipo del ministerio en la iglesia no podía creer que mi esposo y yo tuviéramos desacuerdos. Es verdad. Al igual que cualquier familia, nosotros también tenemos que resolver conflictos. Ser espiritualmente maduras no significa que estemos exentas de los desafíos, o que intentemos escondernos detrás de una fachada impecable. Proteger nuestra imagen es una tentación que todas enfrentamos. La opinión de los demás puede hacernos perder de vista el verdadero llamado al discipulado (Lucas 9:23-24) y concentrarnos en cómo nos ven los demás. Sin embargo, esta verdad permanece: el deseo de proteger nuestra reputación no es más que temor a los demás (Juan 12:42-43). Desilusionado con la respuesta de Pedro a los creyentes gentiles (Gálatas 2:11-16), Pablo no temió tener una conversación difícil con él. Le recordó que ceder a los deseos de los otros no es la respuesta (Gálatas 2:20-21). Ser auténtica en la iglesia significa aferrarse a la reputación de Cristo por sobre la nuestra. Solo entonces seremos la ciudad asentada sobre un monte; la esperanza de Jesús que brilla en un mundo amortajado en el engaño de las apariencias (Mateo 5:14-16). Regina 21 de agosto Roca sólida Salmo 34:15-22 Los ojos del Señor están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos. —Salmo 34:15 Fue un triste día de mayo del 2003, cuando «el viejo de la montaña» se desprendió y se deslizó por la ladera. Este perfil de doce metros del rostro de un anciano, esculpido por la naturaleza en una cadena montañosa de Estados Unidos, había sido durante mucho tiempo una atracción para los turistas, una presencia sólida para los habitantes del lugar y el emblema oficial del estado donde se encontraba. Nathaniel Hawthorne se refirió a ese sitio en su cuento titulado El gran rostro de piedra. Algunos residentes de los alrededores quedaron devastados cuando se desmoronó. Una mujer declaró: «Crecí pensando que alguien me cuidaba. Ahora me siento más desprotegida». A veces en la vida, una presencia confiable desaparece. Algo o alguien de lo cual hemos dependido no está más, y nuestra vida se estremece. La pérdida nos hace sentir inestables. Incluso, es probable que pensemos que Dios ya no está cuidándonos. Sin embargo, «los ojos del Señor están sobre los justos» (Salmo 34:15); «cercano está el Señor a los quebrantados de corazón» (v. 18). Él es la Roca de cuya presencia podemos depender siempre (Deuteronomio 32:4). La presencia de Dios es real. Él está cuidándonos permanentemente. Es una roca sólida. Anne 22 de agosto Por nuestra salud 1 Crónicas 16:7-14 Alabad al Señor, invocad su nombre, dad a conocer en los pueblos sus obras. —1 Crónicas 16:8 Según una investigación del destacado departamento médico de la Universidad de Duke: «Si la gratitud fuera un medicamento, sería el producto mejor vendido en el mundo, por sus [beneficios saludables] para todo el organismo». La Biblia profundiza aun más el concepto de la gratitud y señala que dar gracias nos lleva a reconocer a Aquel que nos concede las bendiciones que disfrutamos (Santiago 1:17). David sabía que Dios era responsable de que el arca del pacto llegara a salvo a Jerusalén (1 Crónicas 15:26). Esto lo llevó a escribir un cántico de gratitud centrado en el Señor y no en el acontecimiento. La balada comienza diciendo: «Dad gracias al Señor, invocad su nombre; dad a conocer sus obras entre los pueblos» (16:8). Luego, se regocija en la grandeza de Dios, y enfatiza la salvación que Él ofrece, su poder creador y su misericordia (vv. 25-36). La gratitud verdadera es adorar al Dador y no los regalos que disfrutamos. Centrarnos en las cosas buenas de nuestra vida puede beneficiar nuestro cuerpo, pero expresarle a Dios nuestra gratitud nos mejora el alma. Jennifer 23 de agosto Comunicación verdadera Hechos 2:1-12 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. —Hechos 2:6 Mientras camino por mi barrio, en la zona norte de Londres, voy captando partes de conversaciones en muchos idiomas: polaco, japonés, hindi e italiano, entre otros. Esta diversidad es como vislumbrar el cielo, aunque no puedo entender lo que dicen. Cuando entro en una cafetería rusa o en el mercado polaco y escucho distintos acentos y sonidos, suelo pensar en lo maravilloso que habrá sido el día de Pentecostés, cuando gente de muchas naciones podía entender lo que decían los discípulos. Ese día, muchos peregrinos se reunieron en Jerusalén a celebrar la fiesta de la cosecha. El Espíritu Santo descendió sobre los creyentes, y cuando estos hablaban, personas de todo el mundo entendían lo que decían en sus propios idiomas (Hechos 2:5-6). ¡Qué gran milagro! Esto incentivó a muchos a querer saber más de Jesús. Quizá no hablemos ni entendamos muchos idiomas, pero sí sabemos queel Espíritu Santo nos capacita para conectarnos con los demás de otras maneras. Por más increíble que parezca, somos las manos y los pies de Dios —y su boca— para llevar adelante su obra. ¿Cómo podemos hoy, con la ayuda del Espíritu, alcanzar a alguien diferente a nosotras? Amy 24 de agosto El don de las lágrimas Juan 11:32-44 Jesús lloró. —Juan 11:35 Cuando su madre murió, llamé a una amiga mía de años. Nuestras madres habían sido íntimas amigas, y ahora, las dos habían fallecido. Nuestra conversación se convirtió en una sucesión de emociones: lágrimas de tristeza por la muerte de su madre, y de risa, al recordar lo divertida que había sido. ¿Alguna vez experimentaste esa extraña mezcla de llanto y risa? Es maravilloso que tanto la pena como el gozo puedan proporcionar un alivio físico. Como somos hechas a imagen de Dios (Génesis 1:26), y el humor es una parte integral de casi todas las culturas, me imagino que Jesús debe de haber tenido un maravilloso sentido del humor. Pero sabemos que también conoció la tristeza. Cuando su amigo Lázaro murió, vio que María lloraba, y Él «se estremeció en espíritu y se conmovió». Poco después, también empezó a llorar (Juan 11:33-35). Nuestra capacidad para expresar con lágrimas las emociones es un don, y Dios guarda un registro de todas ellas (ver Salmo 56:8). Cindy 25 de agosto En el límite Filipenses 4:10-20 Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. —Filipenses 4:19 En los jardines Frederik Meijer, en Grand Rapids, Michigan, las mariposas se desarrollan en un paraíso tropical cubierto y perfectamente equipado para suministrarles todo lo que necesitan. La temperatura y la humedad son perfectas, y la comida contiene un equilibrio preciso de calorías y nutrientes para conservarlas saludables. No necesitan salir de allí. Sin embargo, algunas ven el cielo azul y resplandeciente fuera del jardín de invierno y pasan todo el día revoloteando cerca del techo de vidrio, lejos de la abundante provisión de alimentos. Me gustaría decirles a esas mariposas: «¿No saben que todo lo que necesitan está allí dentro? Afuera hace frío, es peligroso y podrían morir a los pocos minutos si consiguen lo que anhelan». Me pregunto si Dios tiene un mensaje similar para mí. Entonces, pienso: ¿Acaso miro con ansias lo que me perjudicaría? ¿Ignoro la provisión abundante de Dios porque supongo que algo fuera de mi alcance es mejor? ¿Paso el tiempo en el límite de la fe? De sus riquezas, Dios suple para todas nuestras necesidades (Filipenses 4:19). Que estemos agradecidas y satisfechas con lo que Él ya nos ha dado. Julie 26 de agosto ¡Prueba y di! Salmo 34 Probad y ved que el Señor es bueno. ¡Cuán bienaventurado es el hombre que en Él se refugia! —Salmo 34:8 ¿C rees que Dios es bueno, incluso cuando la vida no lo es? María así lo creía, y quedé pasmada el día que escuché a su pastor contar su historia en su funeral. María era una viuda muy pobre y estaba confinada a su casa debido a sus enfermedades y avanzada edad. Pero igual que el salmista, había aprendido a alabar a Dios en medio de sus dificultades. Con los años, había llegado a saborear con profunda gratitud todas las cosas buenas que Él le enviaba. Su pastor la visitaba de vez en cuando en su casa. A causa del dolor que la paralizaba, le tomaba mucho tiempo llegar poquito a poco hasta la puerta para dejarlo entrar. Por eso, él la llamaba por teléfono y le decía que estaba de camino y a qué hora llegaría. María entonces empezaba la lenta y ardua caminata hasta la puerta, llegando a ella más o menos a la hora en que arribaba el pastor. Sin falta, lo saludaba con estas triunfantes palabras: «¡Dios es bueno!». El ejemplo de María no solo nos desafía a «probar y ver», sino también a probar y a decir que el Señor es bueno… aunque la vida no lo sea. Joanie 27 de agosto Un siervo fiel Josué 14:6-15 Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén. —1 Pedro 4:11 Madaleno es albañil. De lunes a jueves, construye paredes y repara techos. Es callado, confiable y trabajador. Después, de viernes a domingo, sube a las montañas a enseñar la Palabra de Dios. Con 70 años, sigue construyendo casas, pero también edifica a la familia de Dios. Lo han amenazado varias veces, ha dormido al aire libre, lo han echado de algunos pueblos, pero él afirma que Dios lo ha llamado a esa actividad, y sirve con alegría. La fidelidad de Madaleno me recuerda la de Josué y Caleb, dos de los hombres que Moisés envió a explorar la tierra prometida (Números 13; Josué 14:6-13). Sus compañeros tuvieron miedo de la gente que vivía allí, pero ellos confiaban en Dios y estaban convencidos de que Él los ayudaría a conquistar la tierra. La obra que se nos ha encomendado quizá sea diferente a la de Madaleno, pero nuestra confianza puede ser igual. Para alcanzar a otros, no dependemos de nosotras mismas, sino del poder de nuestro Dios. Keila 28 de agosto Reflejar el amor de Dios Éxodo 34:29-35 Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí […], no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios. —Éxodo 34:29 Tuve el privilegio de servir cuidando a mi mamá en un centro de tratamiento para el cáncer. Aun en sus peores días, ella leía la Escritura y oraba por los demás ante de levantarse. Pasaba tiempo con Jesús todos los días y mostraba su fe mediante su dependencia de Dios, sus actos amables, y su deseo de animar a los demás y orar por ellos. Aunque no se daba cuenta, el brillo de la gracia amorosa del Señor se reflejaba en su rostro sonriente mientras hablaba del amor de Dios con los que la rodeaban. Después de que Moisés pasó 40 días en comunión con Dios (Éxodo 34:28), descendió del Monte Sinaí. No tenía idea de que su contacto íntimo con el Señor había cambiado su apariencia (v. 29). Sin embargo, por el brillo en el rostro de Moisés, los israelitas podían darse cuenta de que había hablado con el Señor (vv. 30-32) Aunque nuestra transformación no será tan físicamente evidente como el rostro brillante de Moisés, a medida que pasamos tiempo con Dios y le rendimos nuestras vidas cada día, podemos reflejar su amor. Dios puede acercar a otros a Él cuando la evidencia de su presencia brilla a través de nosotras. Xochitl 29 de agosto Limpiar la casa 1 Pedro 1:22–2:5 Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones. —1 Pedro 2:1 Hace poco, cambié de habitación en la casa que alquilo. Me llevó más tiempo de lo que esperaba porque deseaba empezar de cero. Después de horas de limpiar y clasificar, delante de la puerta había bolsos llenos de cosas para desechar, donar o reciclar. Al final de este proceso agotador, tenía una habitación hermosa y renovada. Mi proyecto me dio una perspectiva nueva de 1 Pedro 2:1: «Entonces, ¡limpien la casa! Descarten por completo la malicia y el fingimiento, la envidia y las palabras hirientes» (The Message, trad. libre). Es interesante que después de celebrar su nueva fe en Cristo (1:1-12), Pedro animara a los creyentes a desechar hábitos destructivos (1:13–2:3). No cambiamos nuestras vidas para ser salvas, sino porque ya lo somos (1:23). Por más real que sea nuestra vida nueva en Cristo, los malos hábitos no desaparecen de la noche a la mañana. Por eso, necesitamos «limpiar la casa» y desechar cualquier cosa que evite que amemos plenamente a los demás (1:22), y crecer (2:2). Entonces, en ese espacio nuevo y limpio, podemos experimentar la maravilla de ser edificadas y renovadas (v. 5) por el poder y la vida de Cristo. Monica 30 de agosto Palabras dolorosas Mateo 5:1-16 Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. —Mateo 5:5 Mientras caminábamos hacia nuestro automóvil, mi hija y yo saboreábamos el espectáculo musical dela escuela que acabábamos de presenciar. Sin embargo, nuestra felicidad se frenó en seco cuando vimos que un hombre se acercaba a un auto y denigraba al conductor por no estacionarse en la zona estudiantil para ascenso de pasajeros. La diatriba fue particularmente dolorosa porque ocurrió dentro de una comunidad cristiana. Los derechos y las libertades individuales pueden ser una bendición, pero vivir rendidas a Cristo implica servir y amar con humildad a los demás, tal como Él lo hizo. Al recordarnos que los mansos «recibirán la tierra por heredad» (Mateo 5:5), Jesús nos desafía sobre la importancia de morir al yo. Nuestra mayor evidencia de fortaleza no está en exigir nuestros derechos, sino en demostrar misericordia (Mateo 5:7). El enojo y la frustración pueden ser respuestas legítimas en ciertas situaciones, pero son un problema cuando las usamos como excusa para comportarnos mal con los demás. Al servir a un Salvador que «adoptó la humilde posición de un esclavo» (Filipenses 2:7 NTV), recordemos que el poder no está en lo que exigimos de otros, sino en lo que ofrecemos gracias al Señor. Regina 31 de agosto Levantamiento de pesas Mateo 11:25-30 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. —Mateo 11:28 Un día, encontré a mi hijo intentando levantar sobre su cabeza una barra con un par de pesas de casi dos kilogramos… una hazaña ambiciosa para un niño pequeño. Entonces, me ofrecí para ayudarlo y, juntos, logramos levantar el peso hacia el techo. El levantamiento de pesas que era tan difícil para él fue fácil para mí. Jesús tiene esta misma perspectiva respecto a las cosas que nos resultan difíciles de manejar. Cuando la vida parece una sucesión de catástrofes, al Señor no lo perturba una pequeña colisión con el automóvil, un dolor de muelas ni una discusión acalorada. ¡Ni siquiera si todo sucede el mismo día! Él puede encargarse de todo, y por esta razón, dijo: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados» (Mateo 11:28). ¿Estás agotada por los incesantes problemas? Jesús es la única solución verdadera. Acercarnos al Señor en oración nos permite echar sobre Él nuestras cargas para que nos sostenga (Salmo 55:22). Pídele hoy que te ayude con todas tus cosas. El Señor puede darte el descanso que tu alma necesita, porque su yugo es fácil y su carga es liviana (Mateo 11:29-30). Jennifer 1 de septiembre Un corazón gozoso 2 Crónicas 7:1-10 Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra. —Salmo 100:1 La melodía favorita de mi nieta es una marcha de John Philip Sousa. Sousa, el «rey de las marchas», fue un compositor de fines del siglo xix . Moriah tiene solo una niñita, pero le encanta Spusa y hasta puede tararear algunas notas. La asocia con momentos de alegría. Cuando nuestra familia se reúne, solemos canturrear esta canción, y los nietos bailan o desfilan al ritmo de la melodía. Nuestro alegre canto me recuerda el salmo que nos implora «[adorar] al Señor con gozo» (Salmo 100:2 NTV). Cuando el rey Salomón dedicó el templo, los israelitas celebraron con alabanzas (2 Crónicas 7:5-6). El Salmo 100 quizá haya sido una de las canciones que entonaron: «Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra. Servid al Señor con alegría; venid ante su presencia con regocijo. […] Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre» (vv. 1-2, 4). ¿Por qué? «Porque el Señor es bueno; para siempre es su misericordia» (v. 5). ¡Nuestro Dios nos ama! En respuesta a esto y con gratitud, ¡cantemos «alegres a Dios»! (Salmo 100:1). Alyson 2 de septiembre Quitar las barreras Filemón 1:8-16 No ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor. —Filemón 16 Veía a María todos los martes cuando visitaba «La casa», un hogar que ayuda a exprisioneras a reintegrarse en la sociedad. Recientemente salida de la cárcel, luchando contra las adicciones, separada de su hijo, vivía al margen de la sociedad. Tal como María, Onésimo sabía lo que significaba vivir casi marginado. Al parecer, cuando era esclavo, había delinquido contra su amo cristiano, Filemón, y estaba preso. En la cárcel, conoció a Pablo y puso su fe en Cristo (v. 10). Pablo lo envió de regreso a la casa de Filemón, con una carta en la que instaba a su amo a recibirlo «no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado» (Filemón 16). Como Filemón, tuve que tomar una decisión: ¿vería yo a María como una exconvicta recuperándose de las adicciones o como una mujer hermana en Cristo? Ahora, tenemos el privilegio de caminar juntas por el sendero de la fe, y me alegra haber decidido verla como mi hermana espiritual. Es fácil permitir que las diferencias sociales separen a los creyentes, pero el evangelio de Cristo destruye esas barreras, y cambia nuestras vidas y relaciones interpersonales para siempre. Karen 3 de septiembre Desacato intencional Jonás 1:1–2:2 … Invoqué en mi angustia al Señor, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste. —Jonás 2:2 Una mujer estaba corriendo media maratón en Ontario, Canadá. Por alguna razón, pasó por alto el lugar donde giraban los de la media maratón y terminó corriendo 41 kilómetros… ¡casi una maratón completa! No solo terminó, sino que lo hizo con una rapidez que la llevó a calificar para la famosa maratón de Boston. Aunque su cambio de rumbo no fue intencional, permíteme contarte sobre Jonás, quien tomó un giro equivocado intencionalmente. Después de que Dios le dijo que fuera a Nínive y predicara, Jonás «se fue en dirección contraria» (Jonás 1:3 NTV). Tenía «la esperanza de escapar del Señor» (1:3 NTV). Estaba tan tranquilo con su desobediencia que se durmió en paz bajo cubierta en su viaje de huida… hasta que unos marineros aterrados lo despertaron debido a una tormenta violenta. Los marineros arrojaron a Jonás por la borda cuando se dieron cuenta de que todo era su culpa, y terminó pasando tres días y tres noches dentro de un gran pez. Por fin, Jonás clamó al Señor (2:2), y Dios lo rescató. Dios nos oye cuando nos volvemos a Él después de nuestro extravío. Si tomamos un giro equivocado, ¡confesémoslo y encontremos perdón en Él hoy mismo (1 Juan 1:9)! Ruth 4 de septiembre La frase perfecta Éxodo 3:13-18 ¿Quién como tú, oh Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios? —Éxodo 15:11 Desde que era niña, mi ambición secreta era componer la frase perfecta. Ahora me doy cuenta de que mi búsqueda de la frase perfecta nunca terminará satisfactoriamente, pero he encontrado una declaración de perfección. Cuando Dios llamó a Moisés, este estaba angustiado por tal responsabilidad, así que preguntó qué decir si los israelitas dudaban de él. El Señor respondió: «Yo soy el que soy» (Éxodo 3:14). Al usar su nombre sin igual, le ofreció a Moisés en una frase un vistazo de la naturaleza de su existencia eterna. ¡Podríamos decir que es una declaración de perfección! El comentarista bíblico George Bush (1797-1859) escribe lo siguiente acerca de la descripción que Dios hace de sí mismo: «Él, a diferencia de todos los demás, es el único Dios verdadero, el Dios que realmente es […]. El Ser eterno, autoexistente e inmutable; el único que puede decir que siempre será y que siempre ha sido». Dios declara: «Yo soy el que soy». Él y su nombre son perfectos. En señal de reverencia, nos inclinamos ante Él. Anne 5 de septiembre Mi Padre está conmigo Marcos 14:32-50 He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo. —Juan 16:32 Una amiga que luchaba contra la soledad, escribió en su muro de Facebook: «No es que me sienta sola por no tener amigos. Tengo muchos. Sé que cuento con personas que pueden sostenerme, animarme, hablar conmigo, interesarse en mis cosas y pensar en mí, pero no pueden estar conmigotodo el tiempo… y para todo». Jesús entiende esa clase de soledad. Me imagino que durante su ministerio terrenal, vio soledad en la mirada de los leprosos y la escuchó en la voz de los ciegos. Pero sobre todo, es probable que la haya experimentado cuando sus amigos cercanos lo abandonaron (Marcos 14:50). Él sabía que lo harían, pero tenía un plan de respaldo mejor. Le dijo a sus discípulos: «me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo» (Juan 16:32). Poco después de que Jesús pronunciara estas palabras, tomó la cruz por nosotras e hizo posible que tú y yo restauráramos nuestra relación con Dios. Todos experimentaremos momentos de soledad, pero Cristo nos ayuda a entender que nuestro Padre celestial está con nosotras siempre. Él es omnipresente y eterno; el único que puede acompañarnos todo el tiempo… y para todo. Poh Fang 6 de septiembre Primera respuesta Santiago 5:13-16 Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. —Filipenses 4:6-7 Cuando llevaron a mi esposo al hospital para operarlo de urgencia, empecé a llamar a mis familiares. Mi hermana y su esposo vinieron de inmediato para estar conmigo, y oramos mientras esperábamos. La hermana de mi marido escuchó la ansiedad de mi voz por el teléfono y al instante, dijo: «Cindy, ¿puedo orar contigo?». Cuando llegaron mi pastor y su esposa, él también oró por nosotros (Santiago 5:13-16) . La oración debería ser nuestra primera respuesta ante las situaciones de la vida. En esencia, orar es conversar o hablar con Dios, esperando que Él oiga y conteste. En su Palabra, el Señor nos insta a comprometerlo en oración (Filipenses 4:6). También nos prometió que, «donde dos o tres se reúnen» en su nombre, Él estará «en medio de ellos» (Mateo 18:20). Para aquellos que han experimentado el poder del Todopoderoso, la primera reacción será a menudo clamar a Él. Andrew Murray, un pastor del siglo xix , declaró: «La oración abre el camino a la presencia misma de Dios para que Él haga su obra en y a través de nosotros». Cindy 7 de septiembre El mundo de Dios Salmo 24 Del Señor es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan. —Salmo 24:1 Sabía que a mi hijo le encantaría que le regalara un mapamundi para su cumpleaños. Después de hacer algunas compras, encontré un colorido mapa de los continentes, con ilustraciones en cada región. Me encantó, pero dudé sobre la etiqueta al pie del mapa: «Nuestro mundo». En un sentido, la tierra es nuestro mundo porque vivimos en él. Bebemos su agua, extraemos su oro y pescamos en sus mares, pero solo porque Dios lo permite (Génesis 1:28-30). En realidad, es el mundo de Dios: «Del Señor es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan» (Salmo 24:1). Me asombra que haya confiado su creación increíble a meros seres humanos. Sabía que algunos la maltratarían, negarían que Él la hizo y la reclamarían como propia. No obstante, nos permite llamarla nuestro hogar y la sustenta por medio de su Hijo (Colosenses 1:16-17). Dedica hoy un tiempo para disfrutar del mundo de Dios. Deja que el mundo en el que habitas te inspire a adorar a su dueño. Jennifer 8 de septiembre Famosa a los ojos de Dios Marcos 10:42-45 … el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor. —Marcos 10:43 En el libro de C. S. Lewis, El gran divorcio , el autor describe una escena imaginada en el cielo, donde se realiza un desfile en honor de una persona. Mientras todos esperan para ver quién es el homenajeado, un guía declara: «Es una persona que nadie conoce. Su nombre en la tierra era Sarah Smith. […]. Ya han escuchado que la fama en este país y la fama en la tierra son cosas bien diferentes». Resulta ser que se trataba de una mujer común y corriente en la tierra, que servía a los demás. Jesús dijo que los más grandes en el reino de los cielos son los que sirven a todos (Marcos 10:43-44). Jesús nos llama a amar y a servir a todas las personas. Servir a los demás no nos hace famosas en este mundo. Sin embargo, nuestra obediencia a Dios revelada a través de nuestro servicio fiel a Él y a los demás —incluso en las pequeñas cosas— es lo que Dios nota y celebra (Lucas 16:10). Tal vez no seamos famosas a los ojos del mundo, pero una actitud de amor y servicio nos hace «famosas» a los ojos de Dios y refleja el ejemplo de Jesús (Marcos 10:45). Marlena 9 de septiembre Roto, pero hermoso Jeremías 18:1-6 Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. —Jeremías 18:4 Hace poco, mi hija me mostró su colección de vidrios de mar. Conocidos también como vidrios de playa, los diversos trozos de vidrios de colores son, a veces, partes de botellas de vidrio rotas y desechadas. Si el vidrio descartado termina en un océano, las corrientes y las mareas lo arrastran incansablemente. La arena y las olas pulen sus bordes agudos y con el tiempo, se vuelve suave y redondeado. El resultado es una pieza hermosa. El vidrio de mar, parecido a una joya, ha hallado una vida nueva y es atesorado por coleccionistas y artistas. De manera similar, una vida rota puede renovarse con el toque del amor y la gracia de Dios. En el Antiguo Testamento, leemos que cuando el profeta Jeremías observó la obra de un alfarero, notó que si un objeto se rompía, el artesano simplemente lo rehacía (Jeremías 18:1-6). Dios explicó que en sus manos, el antiguo pueblo de Israel era como el barro, el cual Él podía moldear como lo considerara más apropiado. Nunca estamos tan rotas como para que Dios no pueda recomponernos. Él nos ama a pesar de nuestras imperfecciones y errores del pasado, y desea hacernos hermosas. Cindy 10 septiembre Intrépida Josué 2:1-24 Sé que el Señor os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros. —Josué 2:9 La noche en que Rahab se encontró con los dos espías israelitas en Jericó, ya hacía 40 años desde que Dios había librado milagrosamente a su pueblo de Egipto. Los enemigos de Israel en Jericó se habían enterado de la salvación de Dios (Josué 2:9-10) . Aunque el Señor había tenido que ser paciente con sus propios hijos incrédulos mientras esperaba a que la próxima generación estuviera lista (Salmo 78:11-12) , al pueblo de Jericó no hacía falta convencerlo de la grandeza de Dios (Josué 2:10-11) . Tal como el pueblo de Dios en la época de Josué debía ser un conquistador mediante el poder de Dios, nosotras fuimos hechas para ser victoriosas a través de la salvación que Jesús proporcionó. A través de Él, somos hijas del Dios todopoderoso (Romanos 8:14-16, 33-39). Somos llamadas a declarar esta verdad de Dios: «Según el pacto que hice con vosotros cuando [mis hijos salieron] de Egipto, así mi Espíritu estará en medio de vosotros, no temáis» (Hageo 2:5). Gracias a Jesús, no tenemos por qué vivir con temor. ¡El miedo se derrite ante el amor y el poder de Dios! Regina 11 de septiembre ¿Qué a ti? Juan 21:15-22 Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú. —Juan 21:22 Cuando uno asiste a un concierto coral de niños, no sorprende que miren hacia todos lados, menos al director. Se sonríen, se mueven y se codean unos a otros. Ah, sí… a veces, también cantan. Ese comportamiento es agradable en los pequeños. Sin embargo, no lo es tanto cuando los miembros adultos de un coro no miran al director. La buena música surge cuando le prestan atención al conductor para poder cantar juntos. En ocasiones, los creyentes somos como los niños de un coro. En vez de mirar a Jesús, el gran Director de la sinfonía de la vida, nos distraemos mirándonos unos a otros u observando a la audiencia. Jesús reprendió a Pedro por comportarse así. Cuando el Salvador le dijo lo que esperaba que hiciera, Pedroseñaló a Juan y preguntó: «¿Y qué de éste?». Jesús le respondió con otra pregunta: «¿Qué a ti? Sígueme tú» (Juan 21:22). El plan de Dios para cada ser humano es el mismo: seguir a Cristo. Si fijamos nuestra mirada en Él, no nos distraerá el propósito que tiene para los demás. Julie 12 de septiembre Alivio del sol abrasador Salmo 121 El Señor es tu guardador; el Señor es tu sombra a tu mano derecha. —Salmo 121:5 Como vivo en Gran Bretaña, no suelo preocuparme por las quemaduras de sol. Después de todo, una espesa nube lo bloquea con frecuencia. Sin embargo, hace poco, pasé unos días en España y, rápidamente, me di cuenta de que con mi piel blanca, solo podía estar al sol unos diez minutos, tras lo cual necesitaba volver a refugiarme debajo de la sombrilla. Al considerar cuán abrasador era el sol del Mediterráneo, comencé a entender con más claridad el significado de la imagen de Dios cuando su pueblo se refugiaba a la sombra de su diestra (Salmo 121:5). Los habitantes de Medio Oriente conocían el calor implacable y necesitaban protegerse de los rayos ardientes del sol. Cuando usamos el Salmo 121 en oración, nos da la seguridad de que el Señor nos rodea con su protección. Encontramos un lugar seguro en Él. Elevamos nuestra mirada al Dios «que hizo los cielos y la tierra» (vv. 1-2) porque, ya sea que estemos atravesando momentos de sol o de lluvia, recibimos la bendición de su protección, su alivio y su refrigerio. Amy 13 de septiembre Pase lo que pase, gano Filipenses 1:15-26 Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia. —Filipenses 1:21 Luisa acababa de someterse a una cirugía por causa de un cáncer y estaba sola con sus pensamientos. Recordaba que se había hecho la siguiente pregunta: ¿Estoy lista para morir? Su respuesta inmediata fue, y sigue siendo: «Sí, lo estoy. Cristo es mi Señor y Salvador». Puesto que estaba segura de estar lista para morir, ahora necesitaba concentrarse en vivir. ¿Iba a ser con temor o con fe? Entonces, Dios pareció decir: «Yo te he salvado de la muerte eterna. Quiero salvarte de vivir con temor». Le vino a la mente Isaías 43:1: «No temas, porque yo te he redimido, te he llamado por tu nombre; mío eres tú». Ahora Luisa testifica así: «¡Sí, soy suya! Esta realidad es más importante que escuchar que los médicos me digan que tengo cáncer». Y entonces, añade: «¡Pase lo que pase, gano!». La reflexión de Luisa es un eco convencido de las palabras de Pablo en el texto para hoy: «Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia». Oremos para que estas palabras resuenen en nuestro corazón. Tal confianza nos hace ganadoras, pase lo que pase. Joanie 14 de septiembre Sangre vital Hebreos 9:19-28 Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión. —Hebreos 9:22 Mariana creía en Dios y en su Hijo Jesús, pero le costaba entender por qué Jesús había tenido que derramar su sangre para proporcionar la salvación. ¿A quién se le ocurriría limpiar algo con sangre? Sin embargo, la Biblia afirma: «Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre» (Hebreos 9:22) . Para Mariana, ¡eso era repugnante! Entonces, un día, tuvo que ir a un hospital. Una enfermedad genética había alterado su sistema inmunológico y los médicos se alarmaron cuando descubrieron que estaba atacándole la sangre. Mientras estaba en la sala de emergencias, pensó: Si pierdo mi sangre, moriré. ¡Pero Jesús derramó su sangre para que yo pueda vivir! De repente, todo cobró sentido. En medio del dolor, Mariana sintió gozo y paz. Entendió que la sangre es vida, y que era necesaria una vida santa para darnos paz con Dios. Hoy está viva y agradece al Señor por su salud y por el sacrificio de Cristo a su favor. ¿Cómo podremos agradecer a Cristo por hacer de su sacrificio nuestro sacrificio; de su vida, nuestra vida; y de su Padre, nuestro Padre? Keila 15 de septiembre Un intercambio justo Salmo 119:161-168 Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos. —Salmo 119:162 Scott y Mary Crickmore invirtieron 15 años de sus vidas ayudando a traducir el Nuevo Testamento al dialecto maasina. Era para la tribu fulani en la nación de Mali, en África occidental. Algunas personas pensaban que el sacrificio de los Crickmore fue demasiado grande, ya que habían renunciado a su estilo de vida confortable, cambiado su dieta por harina de maíz y arroz y vivido en circunstancias adversas durante esos años. Pero ellos dijeron que fue «un intercambio justo» porque ahora el pueblo fulani tenía la Palabra de Dios en un idioma que podían leer. El salmista se deleitaba en la Palabra de Dios. Permanecía en una actitud de reverencia y regocijo en ella, la amaba y la obedecía (Salmo 119:161-168). Encontró gran paz y esperanza en la Palabra. El pueblo fulani ahora puede descubrir los «muchos despojos» (v. 162) de la Palabra de Dios. ¿Estarías de acuerdo con los Crickmore en que cualquier esfuerzo y sacrificio por hacer llegar la Biblia a los demás es «un intercambio justo»? Anne 16 de septiembre El descanso supremo Isaías 43:14-28 He aquí que yo hago cosa nueva […]. Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad. —Isaías 43:19 Cuando Dios le dijo a Abram que todas las naciones del mundo serían benditas a través de él, tal vez le pareció imposible (Génesis 12:1-3) . Después de todo, el hombre ni siquiera tenía un hijo. Además, él y su esposa estaban cada vez más ancianos. Entonces, nació Isaac… y con él, la nación de Israel. Aun así, la promesa parecía inestable. Los israelitas terminaron dispersos o en cautiverio (Isaías 5:13). Cuando salieron de la esclavitud en Babilonia, tenían un celo nuevo por la Palabra de Dios que rápidamente devino en una fe vacía. El espíritu de la ley de Dios se reemplazó con la letra, y las apariencias estaban a la orden del día (Marcos 7:4-9). Entonces, Dios envió a su Hijo a habitar entre los hombres. Jesús, plenamente Dios y plenamente hombre, demostró cómo era una vida sin pecado. Se ofreció a sí mismo en nuestro lugar: el sacrificio perfecto para quitar nuestros pecados (Juan 1:29). Y de un momento a otro, el curso de la humanidad cambió: de estar sin esperanza a tener una esperanza plena, de la muerte a la vida. ¡Gracias a Dios por haber hecho algo nuevo (Isaías 43:19-20) y por darnos la victoria a través de nuestro Señor Jesucristo! Remi 17 de septiembre Su mano me llevó Salmo 30:1-12 Porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría. —Salmo 30:5 Hace poco, encontré unos diarios de mi juventud, y no pude resistir releerlos. Al hacerlo, me di cuenta de que, en aquel entonces, mi sentir era muy diferente al de ahora. Mis luchas con la soledad y las dudas sobre mi fe me abrumaban, y al mirar atrás, puedo ver claramente cómo me llevó Dios a un estado mejor. Esto me recordó que lo que hoy causa turbación, un día será parte de una historia más maravillosa sobre su amor sanador. El Salmo 30 celebra de manera similar al evocar con asombro y gratitud la poderosa restauración que obra el Señor: de enfermedad a sanidad, de experimentar el juicio de Dios a disfrutar de su favor, del lamento al gozo (vv. 2-3, 11). David, a quien se le atribuye este salmo, también experimentó una restauración tan increíble que pudo confesar: «por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría» (v. 5). A pesar del dolor que había soportado, descubrió algo aun más maravilloso: el poder de la mano restauradora de Dios. Si hoy estás sufriendo y necesitas ánimo, recuerda aquellos momentos pasados en que Dios te llevó de la mano hasta un lugar de sanidad interior. Ora por confianza en que lo volverá a hacer. Monica 18 de septiembre Personas comunes y corrientes Jueces 6:11-16 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros… —2 Corintios 4:7 Gedeón era una persona común y corriente. Era agricultor, y además, tímido. Cuando Dios lo llamó para quelibertara a Israel de los madianitas, su primera reacción fue: «¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre» (Jueces 6:15) . El Señor le prometió estar con él y capacitarlo para llevar a cabo lo que se le había pedido que hiciera (v. 16) . La obediencia de Gedeón le devolvió la victoria a Israel. Muchos otros tuvieron un papel importante en este plan de salvar a los israelitas de una poderosa fuerza enemiga. Dios le dio a Gedeón 300 hombres, todos héroes valerosos, para ganar la batalla. No se nos dan sus nombres, pero su bravura y obediencia quedaron registradas en las Escrituras (Jueces 7:5-23). Actualmente, Dios sigue llamando a personas comunes y corrientes como nosotras para hacer su obra, y promete acompañarnos mientras la hacemos. Al ser personas así pero utilizadas por Dios, es evidente que el poder procede de Él y no de nosotras. Poh Fang 19 de septiembre Mídeme Efesios 4:11-16 Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres. —Lucas 2:52 «¿ M e puede medir hoy?» pregunto Caleb, el muchacho que nos traía el periódico. No era la primera vez que lo pedía. Unos cuantos años atrás, le había mencionado cuánto estaba creciendo. Desde entonces, a menudo hemos medido su estatura en el revestimiento exterior de nuestra casa. Le encantaba que evaluáramos su crecimiento. Es una buena idea medir nuestro crecimiento espiritual. Por ejemplo: ¿Paso tiempo leyendo la Palabra de Dios y hablando con Él cada día? ¿Anhelo tener comunión con el Señor? ¿Qué «fruto del Espíritu» es evidente en mi vida? ¿Tengo un espíritu generoso y dadivoso? ¿Cuánto mejor conozco a Dios hoy respecto a cómo lo conocía hace un año? Estas preguntas son buenos indicadores de crecimiento espiritual. Un niño parece crecer de repente, pero en realidad, es un proceso continuo. Así como Jesús crecía tanto en sabiduría como en estatura, nosotros, como creyentes, debemos seguir «[creciendo] en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo» (2 Pedro 3:18). ¿Te has medido últimamente? Cindy 20 de septiembre Masa en el bol Rut 2:1-12 Y ha dicho: Te ruego que me dejes recoger y juntar tras los segadores entre las gavillas. Entró, pues, y está desde por la mañana hasta ahora, sin descansar ni aun por un momento. —Rut 2:7 Un día, mientras mi hija y yo mezclábamos los ingredientes de nuestra receta favorita, ella me preguntó si podía dejar un poco de masa en el bol. Quería saborear lo que quedaba. Le dije que sí, y después, agregué: «¿Sabes? Esto se llama recoger y juntar. Y no comenzó con los brownies ». Mientras disfrutábamos los restos de nuestro proyecto de cocina, le expliqué que Rut había recogido las sobras de los granos, para que ella y su suegra Noemí tuvieran qué comer (Rut 2:2-3). Como ambas eran viudas, habían regresado a la tierra de Noemí. Allí, Rut conoció a Booz, un acaudalado terrateniente, y le pidió: «Te ruego que me dejes recoger y juntar tras los segadores entre las gavillas» (v. 7). Él accedió generosamente y les dijo a sus empleados que dejaran caer granos a propósito para ella (v. 16). Tal como Booz, quien dio a Rut de la abundancia de sus campos, Dios también nos provee en abundancia. Sus recursos son infinitos, y derrama sus bendiciones para nuestro beneficio. Con generosidad, nos alimenta, tanto física como espiritualmente. Toda buena dádiva proviene de Él. Jennifer 21 de septiembre Segura Efesios 3:12-21 … para que, arraigados y cimentados en amor, sean ustedes plenamente capaces de comprender, con todos los santos, cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor de Cristo. —Efesios 3:17-18 ( rvc ) Su cabello suave me rozaba la barbilla, mientras el pequeño se acurrucaba sobre mi hombro. Aunque ya dejé atrás la etapa de los bebés con mis propios hijos, disfruto de estos momentos tiernos con los bebés de mis amigas. Aun si están irritables, disfruto de la oportunidad de tenerlos cerca. Esta imagen nos recuerda el cuidado amoroso de Dios por nosotras. El Salmo 68:19 declara: «¡Alaben al Señor […]! Pues cada día nos lleva en sus brazos» (NTV). David, el rey guerrero, captó esta misma idea al comparar su sumisión al Señor con un niño en brazos de su madre (Salmo 131:2). Una entrega perfecta y apacible. Tal es la clase de lugar tranquilo que todas anhelamos; en especial, cuando las tormentas de la vida parecen arreciar (Salmo 4:8). Cuanto más conocemos su amor, más confiamos en el Señor (1 Juan 4:16). Al entender que estamos seguras, nos acercamos a la presencia de Dios con confianza y vivimos esperando que Él haga «todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos» (Efesios 3:12, 20). Regina 22 de septiembre ¿Tienes tus luchas? Hebreos 12:1-7 Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. —Hebreos 12:3 Hacía dos años que era viuda y tenía mis luchas. Día tras día, mi vida de oración consistía en un suspiro: «Señor, no debería tener estas luchas». «¿Y por qué no?», su voz suave y apacible parecía preguntarme. Entonces, vino la respuesta: ¡un orgullo no reconocido! Por alguna razón, pensaba que una persona con mi madurez espiritual debía estar por encima de tal lucha. ¡Qué pensamiento tan ridículo! Nunca había sido viuda antes y necesitaba la libertad de ser una verdadera aprendiz… una aprendiz con sus luchas. Al mismo tiempo, me acordé de la historia de un hombre que cortó un capullo para ayudar a salir más fácilmente la mariposa. Sin embargo, sus alas se consumieron. La lucha a través de la estrecha abertura es la manera en que Dios hace fluir líquido del cuerpo a las alas. Por eso, el recorte «misericordioso» fue en realidad cruel. Hebreos 12 describe la vida cristiana como una carrera que exige resistencia, disciplina y corrección. Nunca superamos la necesidad de una lucha santa contra el yo y el pecado. A veces, la lucha es exactamente lo que necesitamos para llegar a ser lo que Dios quiere que seamos. Joanie 23 de septiembre Ignorancia e inocencia Romanos 5:12-21 … como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine […] para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro. —Romanos 5:21 Algunas personas evitan ir a la iglesia por la misma razón que otras evitan ir al médico: no quieren saber que padecen algo malo. Sin embargo, ignorar nuestro pecado no nos convierte en inocentes. La ley romana es considerada la fuente del concepto de que ignorar la ley no excusa a nadie. Sin embargo, la idea se originó mucho antes. Cuando Dios le dio la ley a Israel, estableció que aun el pecado accidental exigía un sacrificio para obtener el perdón (Levítico 4; Ezequiel 45:18-20). El apóstol Pablo trató el tema de la ignorancia. Cuando las personas ignoraban la justicia de Dios, inventaban la suya propia (Romanos 10:3). Si vivimos según nuestros propios parámetros, podemos sentirnos bien en cuanto a nosotras mismas, pero eso no nos hace espiritualmente sanas. Solo cuando nos evaluamos por los parámetros divinos de la justicia (Jesús), sabemos cuál es nuestro estado espiritual. Nadie puede alcanzar la justicia de Cristo, pero gracias a Dios, no tenemos que hacerlo, ya que Él la comparte con nosotras (5:21). La buena noticia es que el gran Médico puede sanarnos. Julie 24 de septiembre Preparados para la boda Mateo 25:1-13 Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir. —Mateo 25:13 «T engo hambre», dijo mi hija de ocho años. «Lo siento —le dije—, pero no tengo nada para que comas». Habíamos estado esperando por más de una hora la llegada de la novia a la iglesia. Mientras me preguntaba cuánto tiempo más habría que aguardar, esperaba mantener a mi hija ocupada hasta que comenzara la ceremonia. Sentí como si estuviéramos viviendo una parábola. Nuestra casa está a pocos pasos de la iglesia, pero sabía que si iba a buscar unas galletas, la novia podría llegar en cualquier momentoy no podría verla cuando entrara. Pensé en la parábola de las diez vírgenes (Mateo 25:1-13). Cinco llegaron preparadas con suficiente aceite para mantener encendidas sus lámparas mientras esperaban al novio, pero cinco no. Así como era muy tarde para que yo fuera hasta nuestra casa a buscar comida, también era tarde para que aquellas jóvenes fueran a comprar más aceite para sus lámparas. Jesús contó esta parábola para enfatizar que debemos estar preparadas porque cuando Él vuelva, rendiremos cuentas de cómo está nuestro corazón. ¿Estamos preparadas mientras esperamos? Amy 25 de septiembre Una canción mejor Gálatas 5:16-25 Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. —Gálatas 5:25 En la mitología griega, la Isla de las Sirenas era el lugar donde unas hermosas tentadoras atrapaban con sus dulces canciones a los marineros que pasaban. La música guiaba a los hombres a la costa, donde naufragaban y eran destruidos. Jasón de los argonautas ideó un plan para frustrar el llamado de las sirenas. Contrató a un músico experto para que tocara una melodía mientras su barco navegaba lo suficientemente cerca como para oír a las sirenas. Su barco pasó flotando sin que la tripulación se viera afectada por la atractiva melodía. Disfrutaron de una canción mejor. Aunque muchas de nosotras tomamos la decisión de «cambiar de canción», los viejos hábitos parecen volver con rapidez. Pablo nos recuerda que la libertad de un placer puede venir solamente cuando decidimos ir en pos de placeres mejores: «la justicia, la fe, el amor y la paz» (2 Timoteo 2:22). Pablo nos recordó: «Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne» (Gálatas 5:16). Los malos hábitos que nos impidieron avanzar el año pasado seguirán pesándonos este año, a menos que sigamos la «canción mejor» del Espíritu Santo (Gálatas 5:22-23). Por el poder del Espíritu, ¡podemos hacer hermosa música para Cristo! Ruth 26 de septiembre No más culpa Salmo 32:1-11 Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones al Señor; y tú perdonaste la maldad de mi pecado. —Salmo 32:5 Cuando era adolescente, fui con una amiga a una tienda de regalos. Ella me metió un puñado de broches de colores para el cabello en el bolsillo y me sacó del negocio sin pagar. La culpa me carcomió durante una semana, hasta que conté a mi mamá; mi confesión brotó con tanta rapidez como mis lágrimas. Tras lamentar mi mala decisión, devolví los objetos robados, pedí disculpas y prometí no volver a robar. El dueño me dijo que no volviera nunca. Pero mi mamá me perdonó, así que dormí en paz esa noche. El rey David también descansó perdonado después de confesar (Salmo 32:1-2). Había escondido sus pecados contra Betsabé y Urías (2 Samuel 11– 12) hasta que «se envejecieron [sus] huesos» (Salmo 32:3-4). Pero en cuanto rehusó encubrir sus errores, el Señor borró su culpa (v. 5). No podemos elegir las consecuencias de nuestros pecados ni controlar las respuestas de la gente cuando confesamos y buscamos perdón. Pero el Señor puede capacitarnos para disfrutar de libertad de la esclavitud al pecado y paz mediante la confesión, al confirmar que nuestra culpa desaparece… para siempre. Xochitl 27 de septiembre Una visita de gratitud Romanos 16:1-16 Os recomiendo además nuestra hermana Febe […]; que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos, y que la ayudéis en cualquier cosa que necesite de vosotros; porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo. —Romanos 16:1-2 Según un estudio realizado por algunos doctores en Estados Unidos, contar tus bendiciones promueve la buena salud física. Los voluntarios que guardaban diarios de gratitud semanales informaron tener menos dolores y achaques que aquellos que anotaban sobre dificultades o eventos neutrales. El Dr. Martin E. P. Seligman desarrolló una «visita de gratitud» para promover una fuerte salud emocional. Les dice a las personas que piensen en alguien que haya marcado una importante diferencia en sus vidas, que escriban la historia de cómo esa persona los ha ayudado y que luego la visiten y le lean el relato en voz alta. Las pruebas muestran que las personas que hicieron esto eran más felices e informaban menos episodios de depresión. El apóstol Pablo tenía una larga lista de personas que lo habían ayudado y por las que estaba agradecido (Romanos 16:1-16). Escribió que Febe lo había ayudado, y que Priscila y Aquila habían «expuesto su vida» por él. Y escribió sus agradecimientos en una carta a la iglesia en Roma. ¿Quiénes han ayudado a darle forma a tu vida? ¿Podrías hacer una visita de gratitud, por amor a ellos y a ti mismo? Anne 28 de septiembre Gracia en nuestro corazón Efesios 2:4-10 Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno. —Colosenses 4:6 Hace unos años, en una cena formal en Washington, una asesora del presidente confundió al general de cuatro estrellas Peter Chiarelli (el segundo general de mayor rango en el ejército estadounidense en ese momento) con un mesero. Mientras el general estaba detrás de ella, vestido con su uniforme, la asesora le pidió que le trajera una bebida. Cuando ella se dio cuenta de su error, el general le dijo con mucha gentileza que no se preocupara y le llenó la copa, mientras los dos se reían del embarazoso error. La palabra gentileza viene del término gracia, y puede referirse a un acto de bondad o cortesía, como el del general. Pero para los seguidores de Cristo, tiene un significado aun más profundo. Somos receptores de un favor increíble, gratuito e inmerecido —la gracia— que Dios ha proporcionado a través de su Hijo Jesús (Efesios 2:8). Puesto que hemos recibido gracia, debemos demostrarla en la manera en que tratamos a los demás. La gracia en nuestro corazón se derrama en nuestras palabras y nuestras obras (Colosenses 3:16-17). Aprender a ofrecer a otros la gracia que hay en nuestro corazón es una consecuencia de la llenura del Espíritu en el creyente en Cristo Jesús, el mayor dador de gracia de todos. Cindy 29 de septiembre Reglas del desapego Génesis 50:15-21; Juan 8:31-36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. —Juan 8:36 En su libro Throw Out Fifty Things [Deshazte de cincuenta cosas], Gail Blanke bosqueja cuatro «reglas del desapego» para ayudar a la gente a liberarse del abarrotamiento en su vida. La primera declara: «Si [tal cosa] te aplasta, te atasca o simplemente te hace sentir mal, […] suéltala y sigue adelante». Pienso que esta regla del desapego también tiene una aplicación espiritual: no tenemos que seguir abrumadas por los pecados del pasado. Los hermanos de José lucharon contra esto. Años después de vender a José como esclavo, recordaron su crueldad y tuvieron miedo de la venganza (Génesis 50:15). Entonces, le enviaron un mensajero a rogarle por perdón (vv. 16-17). Lo hicieron a pesar de que José había actuado de manera bondadosa con ellos y les había transmitido tranquilidad (45:4-15). Muchas seguimos ligadas a agravios cometidos en el pasado, a pesar de la misericordia y el perdón de aquellos a quienes tal vez perjudicamos. Sin embargo, la verdadera libertad llega cuando confesamos nuestro pecado a Dios. El Señor nos perdona (1 Juan 1:9) y nos aleja de él (Salmo 103:12). Por esta razón, podemos traer a la mente que el Hijo nos ha libertado y que somos verdaderamente libres (Juan 8:36). Jennifer 30 de septiembre Amor sacrificado Lucas 9:21-27 Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. —Lucas 9:23-24 Carlos dejó todo para cuidar a su esposa Sarah, quien tenía un principio de Alzheimer, y reacomodó sus horarios para cuidarla con mayor eficacia. Se ocupó de ella en enfermedad, en salud, en desilusión y en fragilidad. Un gran amor lo llevó a entregar su vida con abnegación por ella, sin importar si su esposase enteraba o no. La decisión sacrificada de Carlos me recuerda lo que significa tomar nuestra cruz cada día (Lucas 9:23-24). Cuando estamos verdaderamente enamoradas de Jesús, nuestro corazón se vuelve devoto a Él. Queremos pasar cada minuto del día en su presencia y volvernos cada vez más parecidas a Él. Deseamos hacer lo que sea para vivir como Jesús. Debemos apartarnos de nuestras tendencias egoístas —nuestros planes y deseos— para seguir el ejemplo de nuestro Salvador. En Romanos 8:12-13, Pablo escribió: «no están obligados a hacer lo que su naturaleza pecaminosa los incita a hacer; […] si mediante el poder del Espíritu hacen morir las acciones de la naturaleza pecaminosa, vivirán» (NTV). Que al igual que Jesús, podamos llevar nuestra cruz hoy y sacrificar nuestras vidas por amor. Marlena 1 de octubre Lucir bien Mateo 23:23-31 ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio. —Mateo 23:26 «Q ué saludable luce tu cabello —me comentó mi peluquera después de hacerme un nuevo corte—. Espero que se deba a que usas nuestros productos». «No, lo lamento —contesté—. Uso productos baratos y que tienen un aroma agradable». Pero después, añadí: «También intento comer bien. Creo que eso hace una gran diferencia». Nos esforzamos mucho para lucir bien. ¿Hacemos lo mismo con respecto a los temas espirituales? Jesús trató este tema con los líderes religiosos de Jerusalén (Mateo 23). Ellos seguían una serie de normas religiosas complicadas que sobrepasaban completamente las que Dios les había dado. Se esforzaban por guardar las apariencias frente a sus compatriotas, para probar que eran mejores que los demás. Pero sus esfuerzos no impresionaban a Dios. Jesús les dijo: «limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia» (v. 25). Cada sociedad valora distintas conductas y tradiciones religiosas, pero los valores del Señor trascienden las culturas. Y lo que Él valora no se mide por lo que ven los demás. A Dios le importa que tengamos un corazón limpio y motivaciones puras. La salud espiritual se expresa de adentro hacia fuera. Julie 2 de octubre Tomarle la palabra a Dios 1 Juan 5:1-13 Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna. —1 Juan 5:13 Muchos verdaderos creyentes en Cristo están plagados de dudas en cuanto a su salvación. Aun cuando vienen a Jesús arrepentidos y con fe en Él como su Salvador, todavía se preguntan: ¿Realmente iré al cielo? Mi difunto esposo Bill solía contar acerca de algo que le sucedió cuando tenía dos años. Un día se alejó de su casa y se perdió. Cuando sus padres se dieron cuenta de que no estaba, salieron a buscarlo. Finalmente, para el inmenso alivio de todos, divisaron a su niño lloroso y lo llevaron de vuelta a casa a salvo. Días después, Billy escuchó a su madre contar del incidente. Cuando llegó a la parte cuando salieron a buscarlo, él comenzó a revivir la historia. «¡Mamá, mamá! —sollozó—. ¿Y me encontraron?». Sorprendida y profundamente conmovida por la duda de su niño, lo abrazó y dijo: «¡Por supuesto, hijito! ¿No te acuerdas de aquel feliz momento? Mira, ahora estás con nosotros, y nos aseguraremos de que siempre lo estés». Eso consoló a Billy porque le tomó la palabra a su madre. La carta de 1 Juan, en el Nuevo Testamento, fue escrita para darles a los creyentes seguridad de salvación. Dicha seguridad puede ser tuya si le tomas la palabra a Dios. Joanie 3 de octubre El mito de los pastos más verdes Efesios 5:22-33 Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido. —Efesios 5:33 Nancy Anderson afirma que su fe se entibió y terminó creyendo la mentira del mundo: «Merezco ser feliz». Esto la llevó a una relación extramatrimonial que casi terminó con su matrimonio. Escribió el libro Avoiding The Greener Grass Syndrome [El síndrome de evitar los pastos más verdes] para ayudar a evitar que su dolorosa historia de infidelidad «se convirtiera en la historia de otra persona». En su libro, Nancy ofrece seis sugerencias para construir «setos» para proteger el matrimonio: Escuchar: presta el oído a tu cónyuge. Alentar: fortalece a tu esposo, centrándote en cualidades positivas. Salir juntos: celebren su matrimonio jugando y riendo juntos. Vigilar: establece salvaguardias con límites claros. Educar: estudia a tu cónyuge para entenderlo de verdad. Satisfacer: suplan las necesidades mutuas. Puede que los pastos al otro lado de la cerca se vean más verdes, pero solo la fidelidad a Dios y el compromiso con tu cónyuge traen paz mental y satisfacción. Si evitas el síndrome de los pastos más verdes, amando y respetando a tu esposo, tu matrimonio será un cuadro de Cristo y su iglesia para aquellos que te rodean. Anne 4 de octubre El abrazo de Dios Romanos 12:3-11 Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. —Romanos 12:10 Después de que su familia partiera porque ya era tarde, Carolina comenzó a pensar que su habitación en el hospital debía ser el lugar más solitario del mundo. La noche había caído, los temores por causa de su enfermedad regresaban y sentía una abrumadora desesperación. Cerrando los ojos, comenzó a hablarle a Dios: «Oh Señor, sé que no estoy realmente sola. Estás aquí conmigo. Por favor, calma mi corazón y dame paz. Haz que sienta tus brazos a mi alrededor sosteniéndome». Mientras oraba, Carolina sintió que sus temores comenzaban a disminuir. Y cuando abrió los ojos, miró hacia arriba para encontrarse con los cálidos y chispeantes ojos de su amiga Margarita, que había extendido sus brazos para rodearla con un gran abrazo. Carolina sintió como si Dios mismo estuviese sosteniéndola fuertemente. A menudo, Dios usa a otros creyentes para mostrarnos su amor. «Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo» (Romanos 12:5). Servimos a los demás «conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo» (1 Pedro 4:11). Cuando mostramos amor y compasión de maneras sencillas y prácticas, somos parte del ministerio de Dios a su pueblo. Cindy 5 de octubre Dar gracias en todo 1 Tesalonicenses 5:12-22 Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. —1 Tesalonicenses 5:18 Mi hija es alérgica a los cacahuates. Es tan sensible, que el solo hecho de comer un mínimo fragmento de este fruto pone en riesgo su vida. Por lo tanto, revisamos cuidadosamente las etiquetas de los alimentos. Dondequiera que vamos, llevamos una jeringa con medicina para contrarrestar las reacciones alérgicas. Y cuando salimos a comer, llamamos con anticipación y averiguamos qué platos incluye el menú del restaurante. A pesar de estas precauciones, no dejo de preocuparme por su seguridad, tanto ahora como en el futuro. Me cuesta estar agradecida por esta situación. No obstante, la Palabra de Dios desafía: «Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús» (1 Tesalonicenses 5:18). No hay vuelta que darle. Dios desea que oremos dando gracias cuando el futuro es incierto, cuando se nos rompe el corazón y cuando escasean las provisiones. La promesa de Dios de que todas las cosas obran para nuestro beneficio y para su gloria (Romanos 8:28) pueden estimularnos a dar gracias en todo. Jennifer 6 de octubre Amor en acción 1 Juan 4:7-21 Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores… —Filipenses 2:3 «¿ T iene alguna prenda que le gustaría que le lave?», le pregunté a alguien que nos visitaba en Londres. Se le iluminó el rostro, y cuando se acercó su hija, le dijo: «Trae la ropa sucia. ¡Amy la va a lavar!». Me sonreí al ver que mi ofrecimiento había pasado de unas pocas prendas a varios montones. Más tarde, mientras colgaba la ropa al aire libre, me vino a la mente una frase de mi lectura bíblicamatinal: «con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a [uno] mismo» (Filipenses 2:3). Pablo nos exhorta a vivir a la altura del llamado de Cristo, sirviendo y estando unidos. Sabía que esa unidad nos permite mantenernos fuertes en la fe. Podemos afirmar que amamos a los demás sin ambiciones egoístas ni vana arrogancia, pero la verdadera condición de nuestro corazón solo se revela cuando ponemos en práctica ese amor. Aunque estuve tentada a quejarme, sabía que como seguidora de Cristo, mi llamado era a poner en práctica mi amor a mis amigos… con un corazón limpio. Que podamos encontrar formar de servir a nuestros familiares, amigos y vecinos, para la gloria de Dios. Amy 7 de octubre Retribuir Filemón 1-20 Pido a Dios que pongas en práctica la generosidad que proviene de tu fe… —Filemón 6 ( ntv ) Hace poco, dos recién casados decidieron no irse de luna de miel. Tampoco quisieron planear una fiesta de bodas para celebrar su unión. En cambio, usaron el dinero que habrían gastado en ellos para ayudar a personas en todos los estados de su país, Estados Unidos. En Arkansas, dieron regalos a niños enfermos. En Utah, asistieron a víctimas de abuso doméstico. En Nueva Jersey, donaron ropa a un refugio de personas sin hogar… y así siguieron. Muchas veces, la abnegación implica dejar las comodidades para poder mejorar la vida de otra persona. Como prisionero, Pablo decidió que sería mejor liberar a su ayudante y compañero de trabajo, Onésimo, que disfrutar del placer de su compañía cristiana (Filemón 13). Pablo negó sus propios deseos e hizo lo que era mejor para su amigo esclavo y para su amo Filemón. Pablo guio a Onésimo a Jesús y lo llamó su hijo en la fe (Filemón 10). Sus palabras nos animan a soltar cuando sea necesario a personas y posesiones que atesoramos. Nuestra capacidad de «retribuir» viene al reconocer todo lo que hemos recibido en y a través de Jesús. Jennifer 8 de octubre De mal en peor Éxodo 5:1-14, 22-23 … Yo soy el Señor; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto, […], y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes. —Éxodo 6:6 Volvió a pasar. Sentí el impulso de ordenar mi oficina. Antes de poder resistirme, había hecho un lío peor que el que había al principio. Una pila se convirtió en varias cuando empecé a separar libros, papeles y revistas por temas. A medida que el desorden aumentaba, lamenté haber comenzado, pero no había vuelta atrás. Cuando Dios llamó a Moisés para rescatar a los hebreos de la esclavitud, la situación de ellos también fue de mal en peor. Sin duda, era necesario llevar a cabo la tarea. El pueblo había estado clamando a Dios por ayuda (Éxodo 2:23). Renuentemente, Moisés accedió a apelar a Faraón a favor de los hebreos. El encuentro salió mal. En vez de liberar al pueblo, el monarca aumentó sus irracionales demandas. Moisés se preguntó si había sido apropiado haber empezado (5:22-23). Solamente después de tremendos inconvenientes para muchas personas, Faraón permitió que el pueblo se fuera. Siempre que comencemos a hacer algo bueno, la situación podría empeorar antes de que empiece a mejorar. Esto no significa que estemos haciendo algo malo; simplemente, nos recuerda que necesitamos a Dios para concretar todo lo que emprendamos. Julie 9 de octubre Persevera en oración 1 Samuel 12:16-25 Así que, lejos sea de mí que peque yo contra el Señor cesando de rogar por vosotros; antes os instruiré en el camino bueno y recto. —1 Samuel 12:23 El matrimonio de mis amigos está en conflicto. Durante meses, mientras veían a un consejero, pensé que superarían sus problemas; pero ahora lo dudo. Las cosas han ido de mal en peor en su relación, y mientras oraba hace poco, no tenía demasiadas esperanzas. Me preguntaba: ¿Para qué orar si no hay posibilidades de que se reconcilien (o al menos, así parece)? Cuando admití delante de Dios que me había cansado de hablarle de esta pareja, el Espíritu Santo me llevó a acudir a su Palabra. Al hacerlo, recordé que debía… Seguir elevándolos en oración, haciendo «rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias» (1 Timoteo 2:1; ver 1 Samuel 12:23). Recordar que Jesús «puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos» (Hebreos 7:25). Tenemos un Dios que comprende que nos cansamos, y nos invita a dejar nuestras cargas sobre Él. Solamente Él puede darnos el descanso y la fortaleza para seguir adelante en oración y en buenas obras (Mateo 11:28). Roxanne 10 de octubre El tesoro en la tumba 7 Salmo 119:161-168 Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos. —Salmo 119:162 En 1932, el arqueólogo mejicano Antonio Caso descubrió la Tumba 7 en Monte Albán, en Oaxaca. Encontró más de 400 objetos, incluidas cientos de joyas prehispánicas a las que denominó «El tesoro de Monte Albán». ¿Te imaginas la emoción de aquel hombre al sostener una copa de jade en su forma más pura? Siglos antes, el salmista escribió sobre un tesoro mucho más valioso. Dijo: «Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos» (Salmo 119:162). En este salmo, el escritor sabía cuán valiosas son para nosotros las instrucciones y las promesas de Dios; por eso, las comparó con el gran tesoro que le queda a un conquistador tras una victoria. Caso es recordado hoy por haber descubierto la Tumba 7, la cual podemos visitar en un museo de Oaxaca. Sin embargo, al tesoro del salmista lo tenemos siempre a nuestro alcance. Podemos cavar en las Escrituras y descubrir diamantes de promesas, rubíes de esperanza y esmeraldas de sabiduría. Pero lo más hermoso es la Persona a quien apunta este libro: Jesús. Busquemos con diligencia este tesoro que nos enriquecerá. Como afirmó el salmista: «Tus leyes son mi tesoro; son el deleite de mi corazón» (v. 111 NTV). Keila 11 de octubre Felinos grandes y seguridad Daniel 6:1-28 Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y […] se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes. —Daniel 6:10 Tenía ocho años cuando nuestra familia visitó el Parque Nacional Kruger, en Sudáfrica. Vimos muchos animales maravillosos, pero ningún león. Cuando terminamos nuestro safari en auto, me sentí desilusionada. Nos detuvimos en la puerta de salida y eché una última mirada atrás… ¡ahí estaba! Sin pensar, salí de un salto del auto y empecé a correr hacia el animal, gritando: «¡Un león, es un león!». Esta historia me vino a la mente cuando me acordé de Daniel en el pozo de los leones. El rey Darío había transformado a Daniel en administrador de su reino. Esto puso celosos a los otros líderes, y complotaron para sacarlo del medio. Propusieron una ley, firmada por el rey, que declaraba ilegal orar a cualquiera que no fuera el rey. ¿El castigo? Una visita al pozo de los leones. Daniel respondió regresando a su casa y arrodillándose en su recámara como siempre, junto a la ventana. Allí «se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios» (Daniel 6:10). Daniel fue sabio y confió en Dios. Nosotras también podemos descansar confiadamente en Él hoy, sabiendo que interviene activamente en nuestras vidas. Ruth 12 de octubre Palabras imprudentes 1 Pedro 2:13-25 … cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente. —1 Pedro 2:23 Estaba conduciendo cuando de pronto, mi hija empezó a llorar desde el asiento trasero. «¿Qué pasó?», le pregunté, y dijo que su hermano le había pellizcado el brazo. Él se defendió reclamando que lo había hecho porque ella lo había pinchado. Ella explicó que lo había pinchado porque él le había dicho algo feo. Lamentablemente, este comportamiento, habitual entre los niños, también puede aparecer en los adultos. Una persona ofende a otra, y el ofendido reacciona con una explosión verbal. El ofensor, a su vez, contraataca con otro insulto. Poco después, la relación queda dañada por el enojoy las palabras crueles. La Biblia enseña que «hay gente cuyas palabras son puñaladas», pero que «la blanda respuesta quita la ira» (Proverbios 12:18 RVC; 15:1). En ciertas ocasiones, la mejor manera de actuar ante comentarios feos o crueles es callarse. Antes de la crucifixión de Jesús, las autoridades religiosas intentaron provocarlo con sus palabras (Mateo 27:41-43). Sin embargo, Él «cuando le maldecían, no respondía con maldición» (1 Pedro 2:23). El ejemplo de Jesús nos enseña cómo responder a quienes nos ofenden, y el Espíritu nos ayuda a hacerlo. No hace falta que usemos las palabras como armas. Jennifer 13 de octubre Mañanas sin abrir Mateo 6:25-34 Porque por fe andamos, no por vista. —2 Corintios 5:7 Un día, junto con mi nieta Emily, de 10 años de edad, estábamos hirviendo huevos para el desayuno. Mientras contemplábamos el agua hirviendo y nos preguntábamos cuánto tiempo tomaría que los huevos estuvieran en su punto, Emily dijo: «¡Qué pena que no podamos abrirlos para ver cómo van!». Yo estuve de acuerdo. Pero eso los habría estropeado, así que tuvimos que adivinar sin garantía de los resultados. Comenzamos a hablar sobre otras cosas que nos gustaría ver pero que no podemos verlas… como el mañana. Es una pena que no podamos abrir el mañana, dijimos, para ver si es como nos gustaría que fuera. Pero entremeterse con el mañana antes de tiempo, igual que abrir un huevo a medio cocer, estropearía tanto el hoy como el mañana. Puesto que Jesús ha prometido cuidarnos todos los días —y eso incluye el mañana—, podemos vivir por fe un día a la vez (Mateo 6:33-34). Un sabio dijo: «Aunque nosotros no podamos ver a la vuelta de la esquina, Dios sí puede». Emily y yo decidimos dejar el mañana seguro en manos de Dios. ¿Y tú? Joannie 14 de octubre Lecciones de mamá Romanos 1:8-16 Ansioso estoy de anunciar el evangelio también a vosotros. —Romanos 1:15 La demencia nos estaba arrebatando lentamente a Mamá Cetas. Y no había nada que mi esposo y yo pudiéramos hacer para evitar que se nos fuera. Durante esos días difíciles, Mamá nos enseñó muchas lecciones. Olvidó cómo hacer una serie de cosas, pero una de las cosas que no olvidó fue cómo orar. De vez en cuando, alguien mencionaba algún problema por el que estaba pasando, y ella se detenía allí mismo para orar por la necesidad de esa persona. También siguió hablando con los demás acerca de Jesús. Las personas que la atendían en el hogar para ancianos dijeron que a menudo, ella les preguntaba a los demás residentes y trabajadores si conocían a Jesús como su Salvador. Cuando pienso en estas cualidades en Mamá, recuerdo Romanos 1. El apóstol Pablo se acordaba de las personas en la iglesia de Roma «siempre en [sus] oraciones» (v. 9). Además, estaba «ansioso […] de anunciar el evangelio» porque como él decía: «no me avergüenzo del evangelio» de Cristo (vv. 15-16 LBLA). Mientras pudo, Mamá Cetas siguió orando y hablándoles a los demás acerca de Cristo. Todas podemos aprender de su ejemplo de osadía y confianza en el Señor. Anne 15 de octubre De todo un poco Gálatas 5:16-24 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. —Gálatas 5:17 Mi pastor me habló de una mujer que conoció años antes en otra iglesia. La mujer le había dicho que todo lo que había hecho él estaba mal, y que no le gustaba su manera de predicar. Pero incluso con todo el veneno que recibió de parte de ella, mi pastor pudo decirme: «Ella hizo muchas cosas excelentes para la iglesia. Todos tenemos de todo un poco, Marlena». Tomé en serio lo que me dijo porque tiene razón. Tal vez no tenga el problema de criticar de manera constante y pública a los demás, pero sí me quejo en mi corazón contra otros. Como declara Gálatas 5:17: «Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí». Cuando me veo tentada a señalar los pecados de los demás —a sacarle la paja de los ojos (Mateo 7:3-5)—, necesito recordar que yo también tengo un poco de todo en mi interior. Es más, a veces, somos más pecadoras que santas. Alabado sea Dios por ayudarme a enfrentar mis maneras imperfectas y humanas, ¡y hacer que produzca un poco de todo el «fruto» que puede honrarlo (Gálatas 5:22)! Marlena 16 de octubre Meditar Salmo 119:89-105 En la hermosura de la gloria de tu magnificencia, y en tus hechos maravillosos meditaré. —Salmo 145:5 Algunos cristianos se vuelven un poco escépticos cuando se comienza a hablar acerca de la meditación, y no ven la enorme distinción entre la meditación bíblica y algunos tipos de meditación mística. Según una explicación, en la meditación mística, «la mente racional es llevada a un estado neutral […] para que la psiquis pueda tomar el control». El enfoque es hacia adentro y el objetivo es «hacerse uno con Dios». En contraste, la meditación bíblica se centra en las cosas del Señor y su propósito es renovar nuestras mentes (Romanos 12:2) para que pensemos y actuemos más como Cristo. Su objetivo es reflexionar en lo que Dios ha dicho y hecho (Salmo 77:12; 119:15-16, 97) y en cómo es Él (48:9-14). En el Salmo 19:14, David escribió: «Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Señor». Llena tu mente de las Escrituras y céntrate en los mandamientos, promesas y bondad del Señor. Y recuerda esto: «Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad» (Filipenses 4:8). Cindy 17 de octubre La redención de Coré Números 16:1-35 Mas los hijos de Coré no murieron. —Números 26:11 En Números 16, aunque Dios les había dado a los levitas un acceso especial para cumplir diversos roles dentro del santuario, Coré no estaba satisfecho. Envidiaba la condición de líderes de Moisés y Aarón. Al tiempo, se las arregló para incitar a otros líderes tribales a rebelarse contra ellos (Números 16:2) . Dios juzgó esta rebelión con un espectacular despliegue de fuerza, aniquilando tanto a los líderes como a los seguidores caídos. Sin embargo, «los hijos de Coré no murieron» (Números 26:11). Aunque Coré instigó la insurrección, su familia no fue destruida. Adelantemos un poco y veremos que el nombre de Coré vuelve a surgir. Sus descendientes todavía estaban agitando al pueblo. Solo que esta vez, lo estaban haciendo de buena manera… buscando la gloria de Dios. La humildad y el contentamiento reemplazaron la arrogancia y la envidia. En una canción, declararon: «Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad» (Salmo 84:10). Dios vio más allá del orgullo de un ancestro y preservó generaciones de adoradores. No importa tu pasado ni el de los parientes que estuvieron antes de ti; el Señor puede redimir y restaurar a los que han caído. Remi 18 de octubre Elige la vida Deuteronomio 30:11-20 … os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando al Señor tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él… —Deuteronomio 30:19-20 ¿C uál es la voluntad de Dios para mi vida? Esta pregunta me atormentaba mientras crecía. ¿Qué pasaría si no la descubría? ¿Y si no la reconocía? Mi concepto de la voluntad de Dios estaba equivocado porque también lo estaba mi perspectiva de Él. El Señor quiere que conozcamos su voluntad. Por eso, lo hace de manera clara y simple. Solamente da dos opciones: «vida y bien» o «muerte y mal» (Deuteronomio 30:15). En caso de que no quede claro cuál es la mejor elección, también nos dice qué elegir: «escoge, pues, la vida» (v. 19). Escoger la vida es optar por Dios y por obedecer su Palabra. En el último discurso de Moisés a los israelitas, les rogó que tomaran la mejor decisión: «cumplir todas las palabras de esta ley. Porque […] es vuestra vida» (32:46-47). La voluntad de Dios para nosotros esla vida. Su Palabra es vida. Quizá la decisión correcta no sea fácil, pero cuando el Verbo es nuestra guía y la adoración nuestra meta, Dios nos concederá sabiduría para tomar decisiones buenas para nuestra vida. Julie 19 de octubre Un lugar seguro 1 Corintios 6:9-11; 13:4-7 Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios. —1 Corintios 6:11 Un joven japonés tenía miedo de salir de su casa. Para evitar a la gente, dormía de día y pasaba toda la noche mirando televisión. Era un hikikomori ; o sea, un ermitaño moderno. El problema empezó cuando dejó de ir a la escuela por sus malas calificaciones. Cuanto más alejado estaba de la sociedad, más inadaptado social se sentía. Al final, dejó de comunicarse por completo con sus amigos y parientes. No obstante, para recuperarse, lo ayudó visitar un club juvenil llamado ibasho , un lugar seguro donde personas quebrantadas comenzaban a reinsertarse en la sociedad. ¿No podríamos pensar en la iglesia como un ibasho… y como mucho más? Sin duda, somos una comunidad de personas quebrantadas. Cuando Pablo les escribió a los corintios, describió su antiguo estilo de vida como antisocial, perjudicial y peligroso para ellos mismos y los demás (1 Corintios 6:9-10). Sin embargo, en Jesús, fueron transformados y sanados. Entonces, instó a estas personas rescatadas a amarse mutuamente, ser pacientes y amables, y a no tener celos, soberbia ni rudeza (13:4-7). La iglesia debe ser un ibasho donde todos podamos encontrar el amor de Dios. Que este mundo quebrantado pueda experimentar la compasión de Cristo a través de todos los que le siguen. Poh Fang 20 de octubre Alabanza de corazones puros Salmo 51:7-17 Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. —Salmo 51:17 Una amiga mía viajó a otro país y visitó una iglesia. Allí observó que cuando la gente entraba, se arrodillaba y oraba, de espalda a la parte delantera de la iglesia. Los miembros de esa iglesia confesaban sus pecados a Dios antes de empezar la reunión. Este acto de humildad es, para mí, un cuadro de lo que dijo David en el Salmo 51: «Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios» (v. 17). Estaba describiendo su remordimiento y su arrepentimiento por su pecado de adulterio con Betsabé. La tristeza verdadera por el pecado implica adoptar la perspectiva de Dios sobre lo que hicimos: considerarlo claramente malo, rechazarlo y no querer volver a hacerlo. Cuando estamos realmente quebrantados por nuestro pecado, Dios nos restaura en su amor (1 Juan 1:9). Este perdón renueva nuestra comunión con Él y es el punto de partida ideal para alabarlo. Después de arrepentirse y ser perdonado por Dios, David exclama: «Señor, abre mis labios, y publicará mi boca tu alabanza» (Salmo 51:15). La alabanza es la reacción del corazón ante su perdón. Jennifer 21 de octubre ¿Religión o Cristo? Efesios 2:1-10 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. —Efesios 2:8-9 María trabaja duro porque quiere que su jefe reconozca sus logros y la recompense con un cargo que tenga un salario mayor. Nancy ama su trabajo y el producto que vende su compañía, y por lealtad, trabaja duro para mejorarlo. María es como la persona que espera que Dios recompense algún día las buenas obras o la religión. Tales personas cuentan con que sus buenas acciones las llevarán al cielo. Nancy es una ilustración de aquellos que tienen fe en que Dios los llevará al cielo. Tales personas hacen buenas obras por gratitud y amor a Él. Puede que alguien con una religión crea en Dios, vaya a la iglesia, ore, muestre amabilidad y sea una buena persona. Las personas con una religión tienen muchas buenas cualidades, pero la religión no es un sustituto de la fe en Jesucristo. El apóstol Pablo dijo que el camino de la salvación es por gracia por medio de la fe. No es por obras, sino un regalo de Dios (Efesios 2:8-9). El único camino al Padre que está en el cielo es por medio de la fe en Jesús (Juan 14:6). ¿Eliges la religión o a Cristo? Anne 22 de octubre La vida, el amor y el chocolate 1 Juan 3:16-23 Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. —Efesios 5:1-2 Algo que leí en un blog me llamó la atención. Era la mañana de su aniversario de bodas. Como no tenía mucho dinero, el autor fue a comprarle a su esposa su pastel francés favorito: pain au chocolat (pan de chocolate). Cuando llegó a casa, exhausto, la encontró en la cocina sacando algo del horno… era pain au chocolat. Ese esposo comparó su vida matrimonial con las vidas de las personas en la historia de O. Henry, Gift of the Magi [El regalo de los magos]. Cuenta acerca de un hombre que vendió su única posesión de valor —un reloj de bolsillo— para comprarle una peineta a su esposa, quien a su vez, vendió su bella y larga cabellera para comprar una cadena de oro para el reloj de su esposo. A veces, necesitamos que nos recuerden que adquirir «cosas» no es tan importante como apreciar a las personas que Dios ha puesto en nuestras vidas. Cuando colocamos los intereses de los demás por encima de los nuestros (Filipenses 2:3), aprendemos lo que significa amar, servir y sacrificarse. Así imitamos a Cristo en nuestras relaciones interpersonales (Efesios 5:1-2). La vida, el amor y el chocolate saben mejor cuando se comparten con los demás. Cindy 23 de octubre Pastor de por vida Génesis 48:8-16 … Dios […] ha sido mi pastor toda mi vida hasta este día. —Génesis 48:15 ( lbla ) Cuando mi hijo pasó de grado en la escuela, lloró, diciendo: «¡Quiero a mi maestra para siempre!». Tuvimos que ayudarlo a darse cuenta de que cambiar de maestra es parte de la vida. Tal vez nos preguntemos: ¿Habrá alguna relación que dure para siempre? Jacob, el patriarca, descubrió una. Después de vivir muchos cambios drásticos y de perder seres queridos en el camino, se dio cuenta de que había una presencia constante en su vida. Oró: «El Dios […] que ha sido mi pastor toda mi vida […] bendiga a estos muchachos» (Génesis 48:5-16 LBLA). Jacob había sido pastor, así que comparaba su relación con Dios con la del pastor y sus ovejas. Desde que la oveja nace hasta que es vieja, el pastor la cuida día y noche. La guía durante el día y la protege mientras duerme. Tiempo después, David hizo énfasis en la dimensión eterna de la relación divina-humana, al declarar: «en la casa del Señor moraré por largos días» (Salmo 23:6). El Pastor nos ha prometido estar con nosotros todos los días de nuestra existencia terrenal (Mateo 28:20). Y cuando nuestra vida aquí termine, estaremos más cerca de Él que nunca. Keila 24 de octubre Sostenido por Dios Salmo 131 En verdad que me he comportado y he acallado mi alma como un niño destetado de su madre; como un niño destetado de su madre está mi alma. —Salmo 131:2 Cuando estábamos terminando de almorzar con mi hermana y sus hijos, ella le dijo a Annica, mi sobrina de tres años de edad, que era hora de prepararse para una siesta. Con rostro alarmado, la pequeña objetó: «¡Pero tía Mónica todavía no me sostuvo a upa hoy!». Mi hermana sonrió: «Está bien. Puede hacerlo. ¿Cuánto tiempo necesitas?». «Cinco minutos», contestó. Mientras la abrazaba, di gracias de que aun sin siquiera intentarlo, ella me recordó lo que significa amar y ser amado. A veces, pienso que olvidamos que nuestro andar de fe consiste en aprender a experimentar el amor —el amor de Dios— más profundamente de lo imaginable (Efesios 3:18). El Salmo 131 puede ayudarnos a volvernos «como niños» (Mateo 18:3) y dejar de luchar mentalmente contra lo que no entendemos (Salmo 131:1). Por eso, al pasar tiempo con el Señor, recuperamos la paz(v. 2) y la esperanza que necesitamos (v. 3) en su amor… tan arrullados y tranquilos como si volviéramos a ser niños en brazos de nuestra mamá (v. 2). Monica 25 de octubre No hay necesidad trivial Isaías 49:13-18 Como el padre se compadece de los hijos, se compadece el Señor de los que le temen. —Salmo 103:13 Varias madres de hijos pequeños compartían respuestas alentadoras a sus oraciones, pero una de ellas dijo que se sentía egoísta al molestar a Dios con sus necesidades personales: «Comparadas con las enormes necesidades que el Señor enfrenta en el mundo, mis circunstancias deben de parecerle triviales». Poco después, su hijito se apretó el dedo en una puerta y corrió llorando a los gritos hacia su madre. Pero ella no dijo: «¡Qué egoísta eres al venir a molestarme con tus dedos doloridos mientras estoy ocupada!», sino que le mostró gran compasión y ternura. En Isaías 49, el Señor asegura que aunque una madre olvide ser compasiva con su hijo, Él no lo hará nunca (v. 15); y agrega: «en las palmas de las manos te tengo [esculpido]» (v. 16). Semejante intimidad con Dios es solo para aquellos que le temen y que confían en Él en vez de en sus propias fuerzas. Con la misma libertad que ese niño con dedos doloridos corrió hacia su madre, nosotras también podemos acudir a Dios con nuestros problemas cotidianos. Nuestro Señor compasivo tiene tiempo y amor ilimitados para cada uno de sus hijos. Para Él, ninguna necesidad es insignificante. Joannie 26 de octubre La vida «fácil» 1 Tesalonicenses 3 … que nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos. —1 Tesalonicenses 3:3 ¿N o se esfuerzan demasiado los padres para hacer felices a sus hijos? ¿No producirá esto el efecto contrario? Estas preguntas son la introducción de una entrevista a Lori Gottlieb, autora de un artículo sobre la desdicha en los jóvenes adultos. Ella concluye diciendo que sí; que los padres que no permiten que sus hijos experimenten fracasos y tristezas les dan una perspectiva equivocada del mundo y no los preparan para las duras realidades de la vida adulta. Los dejan con una sensación de vacío y ansiedad. Algunos creyentes esperan que el Señor sea la clase de padre que los protege de todo dolor y decepción. Pero en su amor, Dios permite que sus hijos atraviesen sufrimientos (Isaías 43:2; 1 Tesalonicenses 3:3). Cuando se empieza con la creencia equivocada de que la vida fácil es lo que nos hace verdaderamente felices, nos agotamos al tratar de poner en práctica ese concepto erróneo. Pero cuando enfrentamos la verdad de que la vida es complicada, podemos invertirla en lo que nos fortalece para enfrentar esas situaciones cuando vivir es difícil. La meta de Dios es hacernos santas, no solamente felices (1 Tesalonicenses 3:13). Y cuando somos santas, es más probable que estemos realmente felices y satisfechas. Julie 27 de octubre Él entiende Salmo 27:1-8 El Señor es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? —Salmo 27:1 Aalgunos niños les cuesta dormirse por la noche. Aunque esto puede deberse a muchas razones, mi hija me reveló una de ellas cuando yo estaba saliendo de su cuarto una noche: «Tengo miedo a la oscuridad». Traté de calmar su temor, pero igual dejé encendida una luz de noche. No pensé en el miedo de mi hija hasta unas semanas después, cuando mi esposo estuvo fuera una noche por un viaje de negocios. Al acostarme, la oscuridad pareció agobiarme. Escuché un pequeño ruido y salté de la cama para investigar. No había nada extraño, pero entendí el sentir de mi hija cuando yo misma lo experimenté. Jesús entiende nuestros miedos y problemas porque Él vivió en este mundo como un ser humano y soportó la misma clase de dificultades que nosotras: «Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto» (Isaías 53:3). Cuando le describimos nuestras luchas, Él empatiza con nuestra angustia. De alguna manera, saber que Él nos comprende puede disipar la soledad que suele acompañar al sufrimiento. En nuestros momentos más oscuros, el Señor es nuestra luz y salvación. Jennifer 28 de octubre No dejes de interesarte Miqueas 6:6-8 Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide el Señor de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios. —Miqueas 6:8 En medio de una lluvia helada, más de 800 familias de ilegales que habitaban en chozas precarias fueron desalojadas de sus hogares en Sudáfrica. El desalojo produjo una protesta generalizada por la falta de compasión que habían mostrado los líderes. Miqueas, el profeta del Antiguo Testamento, vivía en una época en la cual se hacía mucho énfasis en adquirir riquezas, y los líderes injustos no mostraban compasión por los pobres y los vulnerables (Miqueas 2:1). Probando la paciencia del Señor, los ricos y poderosos les robaban a aquellos que confiaban en ellos, valiéndose del fraude o de la violencia para quedarse con sus tierras y reducir su herencia (vv. 2, 7-9). Los falsos profetas ignoraban esta maldad (vv. 6, 11). Sin embargo, Miqueas le puso fin al autoengaño de Israel y envió un fuerte mensaje de parte del Señor, anunciando las consecuencias de su ambición egoísta (vv. 1:10-16; 2:1-5). Dios hizo recaer todo el peso de su presencia sobre los que estaban a cargo (1:2-4), haciéndolos responsables de quebrantar el pacto con Moisés. Quería que amaran la misericordia y que caminaran en humildad con Él (6:8). Que el Señor nos ayude hoy a someternos a Él y a su corazón compasivo. Ruth 29 de octubre ¡Pan! Juan 6:34-51 Yo soy el pan de vida. —Juan 6:48 Vivo en una pequeña ciudad mejicana donde todas las mañanas y las tardes puede escucharse un grito distintivo: «¡Paaan!». Un hombre en una bicicleta, con una canasta enorme, ofrece una gran variedad de panes frescos, dulces y salados. Me encantaba que me llevaran pan fresco a mi casa. Pasando de la idea del alimento físico al hambre espiritual, pienso en las palabras de Jesús: «Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre» (Juan 6:51). Alguien dijo que evangelizar consiste en que un mendigo le dice a otro dónde encontrar pan. Muchos podemos afirmar: «Antes, estaba espiritualmente hambriento, muriéndome de hambre a causa de mis pecados. Entonces, escuché la buena noticia. Alguien me dijo dónde encontrar pan: en Jesús. ¡Y mi vida cambió!». Ahora tenemos el privilegio y la responsabilidad de guiar a otros a este Pan de vida. Podemos hablar de Jesús en nuestro barrio, lugar de trabajo, escuela y sitios de recreación. Podemos llevar la buena noticia a otros a través de los vínculos de amistad. Jesús es el Pan de vida. Demos a todos la gran noticia. Keila 30 de octubre ¿Mucho que hacer? Mateo 11:25-30 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. —Mateo 11:28 Las personas que saben que soy escritora independiente y que trabajo en casa preguntan: «¿Siempre con mucho que hacer?». La pregunta parece inocente, pero para mí, transmite un mensaje sutil sobre el valor personal. Si no puedo recitar una lista de cosas que tengo que hacer, siento como si estuviera admitiendo que no valgo demasiado. Uno de los primeros versículos que aprendí cuando era niña fue Mateo 11:28: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar». En aquella época, no tenía mucho sentido para mí porque no entendía qué significaba el cansancio. Pero ahora que soy más grande, me siento tentada a mantener el ritmo de este mundo para no quedarme atrás. Sin embargo, los seguidores de Cristo no tienen por qué vivir así, ya que Él no solo nos libertó de la esclavitud del pecado, sino también de la tiranía de tener que demostrar cuánto valemos. Alcanzar muchos logros para Dios puede hacernos sentir importantes, pero lo que realmente nos hace valiosas para Él es lo que le permitimos llevar a cabo en nosotras: hacernos conforme a la imagende su Hijo (Romanos 8:28-30). Julie 31 de octubre Falsa familia Mateo 15:1-9 Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está muy lejos de mí. —Mateo 15:8 Aun constructor en California se le ocurrió una idea innovadora para vender sus casas. Piensa que una buena manera de hacer más atractiva una casa es tener a una familia allí cuando se muestra la propiedad. Entonces, contrata a actores para que representen familias felices en los hogares modelo de su compañía. Los compradores potenciales pueden hacerles preguntas acerca de la casa. Cada falsa familia cocina, ve televisión y juega mientras los posibles compradores recorren el lugar. Puede que ese tipo de falsedad no cause daño alguno, pero piensa en la farsa de los líderes religiosos en los días de Jesús (Mateo 15:1-9). Fingían amar a Dios y desarrollaron una larga lista de reglas que ellos y los demás debían obedecer. Jesús los llamó «hipócritas» (v. 7). Dijo que con sus palabras honraban a Dios, pero sus corazones decían otra cosa… estaban lejos de Él (v. 8). Ese tipo de fingimiento también continúa hoy. Decimos que amamos a Jesús, pero puede que nuestros corazones estén lejos de Él. Dios quiere que seamos auténticas. Anne 1 de noviembre El romance Rut 3:1-11 Y le dieron nombre las vecinas, diciendo: Le ha nacido un hijo a Noemí; y lo llamaron Obed. Este es padre de Isaí, padre de David. —Rut 4:17 Rut y su suegra Noemí enfrentaron pobreza después de la muerte de sus respectivos esposos. Pero Dios tenía un plan para ellas. Booz, un acaudalado terrateniente, conocía y admiraba a esta mujer (Rut 2:5-12), pero una noche, se sorprendió cuando al despertarse, la vio acostada junto a sus pies (3:8). Rut le pidió que extendiera su manto sobre ella para indicar que por ser un familiar cercano, estaba dispuesto a ser su «pariente que [la podía] redimir» (v. 9 NVI). No solo le pedía protección, sino que se casara con ella. Y él estuvo de acuerdo (vv. 11-13; 4:13). ¡La decisión de Rut de seguir las instrucciones de Noemí (3:3-6) la colocaron en el plan divino de redención! De aquel matrimonio nació un hijo, Obed, el futuro abuelo del rey David (4:17). Después de varias generaciones, José nació de aquel linaje y se convirtió en el «padre legal» del hijo de María (Mateo 1:16-17; Lucas 2:4-5): Jesús, nuestro Pariente Redentor. Rut confió en Dios y obedeció las indicaciones de Noemí, aunque desconocía el desenlace. También podemos confiar en que el Señor se ocupará de nosotras cuando la vida sea incierta. Cindy 2 de noviembre ¿Un blanco o una tubería? Colosenses 1:24-29 Para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí. —Colosenses 1:29 Un día, durante mi tiempo devocional, me vino el siguiente pensamiento a la mente: No dejes que la vida te suceda a ti. Deja que la vida suceda a través de ti. La primera frase me describía perfectamente, pues mi tendencia era ver la vida como algo que venía hacia mí. Me sentía como un blanco desgastado. Estaba usando todas mis energías para protegerme de los dardos de las pruebas de la vida. Sin embargo, la segunda frase, «Deja que la vida suceda a través de ti», presentaba un enfoque distinto. En lugar de esquivar los dardos de la vida, dejaría que la vida y el amor de Dios se canalizaran a través de mí, bendiciéndome al tiempo que bendecían a los demás. Ese día, opté por convertirme en la tubería de Dios y no en el blanco de la vida. Entonces, pude comenzar a vivir más eficazmente para Él. En su carta a los colosenses, Pablo mencionó los numerosos problemas que tenía. No obstante, estaba decidido a ser un canal de bendición permitiendo que Dios obrara a través de él. ¿Y tú? ¿Eres un blanco o una tubería? Ese es un desafío y una elección para todos los creyentes. Jonnie 3 de noviembre Una multa singular Efesios 1:1-10 En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia. —Efesios 1:7 Un policía detuvo a una mujer mientras conducía porque su hijita no iba sentada en el asiento especial para niños. Podría haberle aplicado una multa de tránsito, pero en lugar de eso, les pidió a ambas que lo acompañaran a una tienda cercana, donde él mismo compró el asiento requerido. La mujer tenía problemas financieros y carecía de recursos para comprarlo. En lugar de recibir una multa por su infracción, se fue con un regalo. Los que conocen a Cristo han experimentado algo similar. Todos merecemos ser castigados por quebrantar las leyes de Dios (Eclesiastés 7:20); sin embargo, gracias a Jesús, experimentamos el favor inmerecido de parte de Dios, lo cual hace que no tengamos que sufrir las consecuencias de nuestro pecado. «En [Jesús] tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia» (Efesios 1:7). Después de atravesar esa situación, aquella madre señaló: «¡Estaré agradecida de por vida!». ¡Esta agradecida respuesta de corazón es un ejemplo inspirador para quienes hemos recibido el regalo de la gracia de Dios! Jennifer 4 de noviembre Dónde estamos Mateo 6:25-34 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. —Mateo 6:33 Me tomé el día en el trabajo para experimentar un poco de silencio y soledad que tanto necesitaba. Tenía mucho por lo cual dar gracias, pero en mi interior, luchaba con algo de lo cual tenía que hablar con Dios. Mientras estaba sentada en un parque, mirando hacia una laguna, observé un petirrojo que buscaba alimento. Al mirar cómo el pajarillo devoraba un gusano, me vino a la mente Mateo 6:26: «Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?». Percibí que Dios me decía que me proveería lo que necesitaba mientras busco su reino cada día (v. 33). No hace falta que me preocupe ni que me esfuerce para lograrlo. Debo obedecer al Señor fielmente, confiar en Él y descansar en su poder para hacer lo que yo no puedo. La preocupación no le añadirá nada a mi vida; tan solo le quitará (v. 27). Después de todo, mi Padre celestial sabe exactamente lo que necesito. Marlena 5 de noviembre Carta de amor Salmo 119:97-104 ¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. —Salmo 119:97 Todas las mañanas, cuando llego a mi oficina, acostumbro revisar los correos electrónicos. En general, lo hago sin prestar mucha atención. Sin embargo, hay algunos que estoy ansiosa por abrir: los que mandan mis seres queridos. Alguien dijo que la Biblia es la carta de amor de Dios a nosotras. No obstante, tal vez hay días, como me sucede a mí, en los que no tienes ganas de abrirla, y tu corazón no se hace eco de las palabras del salmista: «¡Oh, cuánto amo yo tu ley!» (Salmo 119:97). Las Escrituras son «tus mandamientos» (vv. 98, 100), «tus testimonios» (v. 99), «tu palabra» (v. 101). Con respecto a ciertas personas, se dice que cuanto más uno las conoce, menos las admira; sin embargo, en el caso del Señor, es a la inversa. Familiarizarse con la Palabra de Dios, o más bien, con el Dios de la Palabra, genera afecto; y el afecto, a su vez, lleva a querer conocerla más. Cuando abras tu Biblia, recuerda que Dios —Aquel que te ama más que nadie— tiene un mensaje para ti. Poh Fang 6 de noviembre Fe sacrificial Hechos 6:8-15; 7:59-60 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. —Mateo 5:10 Una vibrante congregación de creyentes iraníes se reúne en nuestra iglesia londinense. Su pasión por Cristo nos conmueve cuando comparten historias sobre la persecución y de cómo algunos fueron perseguidos y otros, como el hermano del pastor, martirizados por su fe. Estos fieles creyentes siguen los pasos de Esteban, el primer mártir cristiano. Esteban, uno de los primeros líderes de la iglesia primitiva, atraía la atención en Jerusalén al hacer «grandes prodigios y señales» (Hechos 6:8), y fue llevado ante las autoridades judías. Antes de describir