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Varesi, G. (Comp.) Hegemonía y lucha política en Gramsci: Selección de textos Varesi, G. (Comp.) (2016). Hegemonía y lucha política en Gramsci : Selección de textos. Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Luxemburg. (Batalla de ideas). En Memoria Académica. Disponible en: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/libros/pm.4613/pm.4613.pdf Información adicional en www.memoria.fahce.unlp.edu.ar Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0 Gramsci BI.indb 2 16/11/16 13:43 Hegemonía y lucha política en Gramsci Gramsci BI.indb 3 16/11/16 13:43 Gramsci, Antonio Hegemonía y lucha política en Gramsci : selección de textos / Antonio Gramsci ; compilado por Gastón Ángel Varesi ; prólogo de Gastón Ángel Varesi. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Luxemburg, 2015. 158 p. ; 20 x 14 cm. - (Batalla de ideas / Atilio Alberto Boron) ISBN 978-987-1709-39-7 1. Ideologías. 2. Política . I. Varesi, Gastón Ángel, comp. II. Varesi, Gastón Ángel, prolog. III. Título. CDD 324.2 Gramsci BI.indb 4 16/11/16 13:43 Colección Batalla de Ideas Hegemonía y lucha política en Gramsci Selección de textos Antonio Gramsci Buenos Aires, Argentina Gramsci BI.indb 5 16/11/16 13:43 Colección Batalla de Ideas Director: Atilio A. Boron Hegemonía y lucha política en Gramsci. Selección de textos Antonio Gramsci Estudio Introductorio Introducción a la perspectiva gramsciana de la hegemonía. Intelectuales, partidos y relaciones de fuerzas Gastón Ángel Varesi © 2016 Ediciones Luxemburg Tandil 3564 dpto. E, C1407HHF Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina Email: edicionesluxemburg@yahoo.com.ar Facebook / Ediciones Luxemburg Twitter: @eLuxemburg Blog: www.edicionesluxemburg.blogspot.com Teléfonos: [54 11] 4611 6811 / 4304 2703 1ª Edición, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, noviembre de 2016 Edición: Ivana Brighenti y Virginia Feinmann Diseño editorial: Santángelo Diseño Impresión: Docuprint Distribución Badaraco Distribuidor Entre Ríos 932, C1080ABE, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina Email: badaracodistribuidor@hotmail.com Sitio Web: www.badaracolibros.com.ar Teléfono: [54 11] 4304 2703 ISBN 978-987-1709-39-7 Gabriel Badaraco Ivana Brighenti Paola Gallo Peláez Marcelo F. Rodríguez Queda hecho el depósito que establece la Ley 11723. No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su almacenamiento en un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio electrónico, mecánico, fotocopia u otros métodos, sin el permiso previo del editor. Impreso en Argentina Gramsci BI.indb 6 16/11/16 13:43 7 Estudio Introductorio Introducción a la perspectiva gramsciana de la hegemonía. Intelectuales, partidos y relaciones de fuerzas Gastón Ángel Varesi 9 Selección de textos de Antonio Gramsci Análisis de las situaciones. Relaciones de fuerzas 83 La formación de los intelectuales 95 Notas sobre Maquiavelo, sobre política y el Estado moderno 105 El partido político 113 Lucha política y guerra militar 119 Paso de la guerra de movimiento (y del ataque frontal) a la guerra de posición también en el campo político 129 Sumario Gramsci BI.indb 7 16/11/16 13:43 Introducción al estudio de la filosofía y del materialismo histórico 131 Índices analítico y onomástico [de los textos de Antonio Gramsci] 153 Gramsci BI.indb 8 16/11/16 13:43 9 Estudio Introductorio Introducción a la perspectiva gramsciana de la hegemonía. Intelectuales, partidos y relaciones de fuerzas Gastón Ángel Varesi Introducción El pensamiento de Antonio Gramsci, comunista italiano de princi- pios del siglo XX, muestra gran vigencia y relevancia para el aná- lisis de los procesos contemporáneos. Gramsci escribió muchas de sus principales ideas en la cárcel, a la que estuvo condenado por el régimen fascista (1927-1937), a pesar de lo cual, en su agudeza, pudo entrever las tendencias que comenzaban a definir a las socie- dades complejas, aportando claves indispensables para su estudio y transformación. El presente trabajo constituye un estudio introductorio a la perspectiva gramsciana de análisis de su período carcelario, des- plegada a partir de la centralidad del concepto de hegemonía, dan- do cuenta tanto de la vastedad que su propuesta teórica involucra como de la definición y localización específica de dicho concepto. En este sentido, tras delinear una primera aproximación sintética, articulamos la construcción de hegemonía con el plan de análisis de situaciones y relaciones de fuerzas, con el fin de poder entrever el alcance multidimensional y multiescalar que debe ser atendido para captar la riqueza y complejidad del pensamiento gramsciano. Habremos de visualizar el plan global en el que se inscribe la he- gemonía para retornar luego al nivel estrictamente político donde se materializa la dirección de un grupo social sobre otros, en un Gramsci BI.indb 9 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 10 trayecto que universaliza una concepción del mundo expresando una unidad de fines políticos y económicos, intelectuales y mora- les, definiendo los grandes temas de la agenda nacional hasta al- canzar la fundación de un nuevo Estado. Luego de establecer la relación entre la dimensión específica donde se juega la hegemonía y los otros niveles y escalas de las rela- ciones de fuerzas, ubicamos el origen de su desarrollo en el proceso de complejización de las sociedades, a partir del cambio de balance que se da entre la sociedad civil y el Estado, el cual motiva a Gramsci a delimitar dos tipos de sociedades, Oriente y Occidente. A partir de allí establecemos la vinculación entre hegemonía y estrategia política, en el paso, que Gramsci define, de la preeminencia de la guerra de maniobras a la guerra de posiciones, ligado al creciente desenvolvi- miento de la sociedad civil. Culminamos dicha sección indagando la visión gramsciana sobre el Estado, con el fin de abonar el carácter político del concepto de hegemonía para volver a preguntarnos su relación con los fenómenos de carácter estructural, y re-pensar el concepto desde la unidad del bloque histórico. Allí se desata una búsqueda que atraviesa un doble andarivel que transcurre estrechamente emparentado: el enfoque del Príncipe moderno y el rol de los intelectuales, ambos unidos en las dinámicas comunes de construcción de una voluntad colectiva y de la reforma intelectual y moral. El Príncipe moderno es abordado tanto en su ca- rácter de “libro viviente” como de partido político. Delineamos un camino que atraviesa el lugar del mito y la pasión en la política, la interpelación y movilización que conlleva la construcción de suje- to, el carácter nacional-popular de la voluntad colectiva, las diver- sas acepciones de partido en Gramsci, hasta llegar a los distintos elementos que componen una fuerza política y los principios recto- res de la vida partidaria, como el centralismo democrático. El último apartado tiene como motivación indagar la concep- ción gramsciana sobre los intelectuales, delimitando la amplitud del concepto y la función específica. Esta tarea nos convoca a pensar la relación entre ideología y política: desde la formación del sentido co- mún, la activación de los núcleos de “buen sentido”, a centrarnos en el rol de la crítica como punto de inflexión para los procesos de toma de conciencia que actúan en la base de la organización y las luchas Gramsci BI.indb 10 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 11 por la emancipación de los grupos sociales subordinados. Esto nos lleva a vislumbrar los componentes de toda concepción del mundo y recuperar, en particular, la perspectiva de Gramsci sobre el mar- xismo como concepción del mundo ligada a las clases subalternas. Luego, se vierten reflexiones en torno a las lógicas y tensiones de la construcciónde hegemonía, que atraviesan tanto el rol de los inte- lectuales como del Príncipe moderno, abordando el debate sobre la relación intelectuales/masa y la unidad entre teoría y práctica[1]. Finalmente, se despliegan conclusiones que recuperan los principales conceptos vistos en articulación con los procesos de cambio que actualmente se desarrollan en América Latina, plan- teando la vigencia y relevancia del pensamiento de Gramsci para comprender y transformar nuestras sociedades. Una aproximación al concepto de hegemonía En un primer acercamiento al concepto de hegemonía, podríamos señalar que el mismo remite (ya en su antecedente leninista[2]) a la dirección política, que en Gramsci es también dirección ideoló- gico-cultural de un grupo social sobre otros. La hegemonía es una [1] Por otra parte, abordar el pensamiento de Gramsci hoy constituye una invitación a indagar los procesos contemporáneos en su complejidad buscando aportar a su trans- formación. Es volver a plantearnos la pregunta por la revolución, en las múltiples dimensiones y escalas donde se materializan estos procesos, y plantear cuáles son las estrategias que definen hoy el avance de los pueblos. La etapa abierta en América Latina con el nuevo siglo parte del resquebrajamiento de los consensos de la era neo- liberal y la gesta de nuevas búsquedas, que en sus casos más radicalizados volvieron a reinstalar al socialismo como horizonte societario. En este sentido, y con el fin de mantener la estructuración lógica de la articulación del entramado conceptual gram- sciano, optamos por poner algunas ejemplificaciones y reflexiones sobre los procesos contemporáneos como notas al pie, de modo de facilitar algunos casos de aplicación concreta de los conceptos vistos. Estas reflexiones realizadas al pie de página se- rán luego la base para extraer conclusiones que nos permitan vincular los conceptos abordados con las dinámicas contemporáneas que se presentan en América Latina. [2] En Lenin (1973a), la hegemonía remite a la conducción de una clase sobre las otras, lo cual implica superar una fase gremial, corporativista, para convertirse en la di- rección política en el plano nacional. El término también ha sido aplicado por Lenin (1973b) al campo internacional para denotar la dirección en este ámbito, ligado al concepto de imperialismo (aspecto que, como veremos, Gramsci también continúa para pensar las relaciones de fuerzas internacionales). Gramsci BI.indb 11 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 12 relación social que atraviesa distintas dimensiones: parte de una base material ligada a la posición de las clases en la estructura y se realiza en las superestructuras, a través de una concepción del mun- do que encarna la visión general y expresa los intereses del grupo dirigente pero de forma universalizada, al tiempo que se plasma de formas diversas en el sentido común, en las prácticas cotidianas y, en su momento más desarrollado, en un tipo particular de Estado (Gramsci, 2003; 2008). De este modo, el concepto de hegemonía pro- vee una herramienta analítica que permite el abordaje de proble- máticas de índoles diversas ligadas a la lucha de clases y al conflicto político en general, siendo este el terreno de su conformación. En primera instancia, señalamos que la construcción de he- gemonía contiene un sustrato material vinculado a la estructura. Como sostiene Campione, “no hay hegemonía sin base estructural, la clase hegemónica debe ser una clase principal de la estructura de la sociedad, que pueda aparecer como la clase progresiva que realiza los intereses de toda la sociedad” (2007: 75). Esto se vincula a que Gramsci (2008) concibe las sociedades en términos de bloque histórico, que se define por una relación de reciprocidad, un proceso dialéctico real, entre la estructura y las superestructuras, enten- didas estas como un conjunto complejo, contradictorio y discorde, que expresan el conjunto de las relaciones de producción, sin ser ellas un mero “resultado” sino un compuesto de distintos elemen- tos políticos, jurídicos, ideológicos y culturales con entidad propia y con capacidad de incidencia sobre la dimensión estructural mis- ma. Gramsci sostiene que “la pretensión […] de presentar y exponer cada fluctuación de la política y la ideología como una expresión inmediata de la estructura, debe ser combatida teóricamente como un infantilismo primitivo, y prácticamente con el testimonio au- téntico de Marx” (2008: 104). En este camino, rescata una y otra vez la cita de Marx que señala que es en el plano de la ideología en que los hombres to- man conciencia de los conflictos en la estructura y le dan un valor gnoseológico, la convierten en método de análisis. Gramsci (2008) critica la noción peyorativa de ideología que había arraigado en el marxismo y que identificaba a toda ideología como mera apariencia o falsa conciencia. Sostiene que este error proviene de que solía Gramsci BI.indb 12 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 13 denominarse ideología tanto a una superestructura que posee co- rrespondencia necesaria a una estructura dada, como también a meras elucubraciones arbitrarias de determinados individuos. En este sentido, el error opera al identificarse una ideología no orgáni- ca a la estructura (o arbitraria); sostener que no son las ideologías las que modifican la estructura sino al revés, y entonces afirmar que una solución política es “ideológica”, en el sentido de ser insu- ficiente para modificar una estructura, y así se pasa a pensar toda ideología como pura apariencia, inútil. Gramsci distingue entre un tipo de ideologías que él llama “históricamente orgánicas”, estre- chamente ligadas a determinada estructura y al movimiento de la sociedad, y las separa de las ideologías “arbitrarias”, observando que las ideologías históricamente orgánicas organizan masas, for- man conciencia e inciden en la lucha, mientras que las arbitrarias sólo crean movimientos individuales y polémicas. A su vez, Gramsci subraya afirmaciones de Marx que señalan que una persuasión po- pular tiene a menudo la misma energía que una fuerza material[3]. El análisis de la hegemonía va a implicar entonces distintos momentos que Gramsci plasma en diversos escritos, pero para una aproximación más precisa es necesario vincularlo a su plan global de análisis de situaciones y relaciones de fuerzas, que desarrolla para comprender los procesos históricos en sus múltiples dimensiones y escalas. Estamos ante una concepción del poder que, lejos de verlo de forma monolítica, es desagregada para profundizar en sus dis- tintos elementos, porque Gramsci ya percibía que las sociedades modernas avanzaban hacia un proceso de complejización creciente. En este camino, Gramsci (2003) sostiene que el análisis de situacio- nes debe comenzar por las relaciones de las fuerzas internaciona- les, lo cual nos convoca, por un lado, a indagar las variaciones en las relaciones sociales fundamentales del modo de producción glo- balmente dominante y, por otro lado, a pensar las grandes poten- cias, los agrupamientos de Estados en distintos bloques o sistemas [3] En este sentido, Gramsci (2008) sugiere pensar al bloque histórico teniendo en cuen- ta que las fuerzas materiales son su contenido y las ideologías la forma, correspon- dencia visible en que las fuerzas materiales no serían concebibles históricamente sin forma y las ideologías serían caprichos individuales sin la fuerza material. Gramsci BI.indb 13 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 14 hegemónicos y a indagar las relaciones de soberanía o dependencia en lo que respecta a las potencias menores[4]. Estos dos momentos de las relaciones de fuerzas internacionales están orgánicamente vinculados[5], ya que como señala Gramsci, todo cambio en las re- laciones sociales fundamentales tiene impacto en las relaciones internacionales a nivel de los Estados,por ejemplo, a partir de sus expresiones técnico-militares. Luego, Gramsci presenta tres niveles de relaciones de fuerzas susceptibles de ser analizados en una escala nacional. Un primer nivel refiere a “una relación de fuerzas sociales estrechamente liga- da a la estructura, objetiva, independiente de la voluntad de los hombres […]. Sobre la base del grado de desarrollo de las fuerzas materiales de producción se dan los grupos sociales, cada uno de los cuales representa una función y tiene una posición determina- da en la misma producción” (Gramsci, 2003: 57). Estamos frente a [4] Es una invitación a pensar las transformaciones del capitalismo en la actualidad, y ver cómo se articulan las lógicas de la acumulación (como la transnacionalización del capital, la disputa por los recursos naturales, las relaciones de fuerzas entre sus fracciones, etc.) y las disputas entre los bloques de Estado (la declinante hegemonía unipolar de Estados Unidos, que parecía incuestionada con el colapso de la Unión Soviética y el socialismo europeo, y la emergencia de nuevos polos de poder global como China y Rusia en el BRICS, así como la consolidación del bloque latinoamericano y su ampliación de soberanía frente a Estados Unidos). Esta vinculación de ambas dimensiones pone de manifiesto la relevancia de otra importante categoría leninista: la del imperialismo. [5] Estos distintos elementos habían sido previamente rescatados por Rosa Luxemburgo, cuando llama la atención sobre al carácter dual de la acumulación del capi- tal: “de un lado, tiene lugar en los sitios de producción de la plusvalía –en la fábrica, en la mina, en el fundo agrícola y en el mercado de mercancías–. Considerada así, la acumulación es un proceso puramente económico, cuya fase más importante se rea- liza entre los capitalistas y los trabajadores asalariados […]. Paz, propiedad e igualdad reinan aquí como formas, y era menester la dialéctica afilada de un análisis cientí- fico para descubrir cómo en la acumulación el derecho de propiedad se convierte en apropiación de propiedad ajena, el cambio de mercancías en explotación, la igualdad en dominio de clases. El otro aspecto de la acumulación del capital se realiza entre el capital y las formas de producción no capitalistas. Este proceso se desarrolla en la escena mundial. Aquí reinan como métodos la política colonial, el sistema de emprés- titos internacionales, la política de intereses privados, la guerra. Aparecen aquí, sin disimulo, la violencia, el engaño, la opresión y la rapiña. Por eso cuesta trabajo descu- brir las leyes severas del proceso económico en esta confusión de actos políticos de violencia, y en esta lucha de fuerzas” (1912: 224). Como recuerda Harvey (2005), estos dos aspectos de la acumulación están orgánicamente vinculados y la evolución his- tórica del capitalismo sólo puede ser comprendida si los estudiamos conjuntamente. Gramsci BI.indb 14 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 15 la posibilidad de captar un tipo de poder que emana de la estruc- tura: en la actualidad, las grandes corporaciones transnacionales (muchas de las cuales manejan un producto mayor que el Producto Bruto Interno de los países donde se instalan) poseen distintos niveles de capacidad decisoria sobre las variables económicas ya que, por su volumen de negocios, sus propias acciones inciden, por ejemplo, sobre el empleo, la inversión, el crecimiento, la formación de precios, etc. Por su parte, la cantidad de asalariados, sus con- diciones homogéneas o heterogéneas de trabajo, su distribución geográfica, etc., influyen también sobre el escenario de lucha de clases[6]. En síntesis, este nivel implica ver los grupos sociales en su anclaje material, en su posición específica en las relaciones de producción. Incluso debemos rescatar que en su análisis del ameri- canismo y el fordismo, Gramsci observa cómo las transformaciones del proceso productivo dan lugar a una forma de hegemonía que parte de la fábrica misma. El segundo nivel refiere a las relaciones de fuerzas políticas, que Gramsci ve vinculadas al grado de homogeneidad, conciencia polí- tica colectiva y organización, y que posee distintas gradaciones: (a) un grado económico-corporativo, basado en una solidaridad que se limita al grupo profesional[7]. (b) Luego, hay un grado más avanzado de conciencia, solidaridad y organización que se extiende a todo el [6] En este sentido, puede pensarse, a modo de ejemplo, cómo la última dictadura en la Argentina buscó, según Villarreal (1985), heterogeneizar las condiciones objetivas de vida de los trabajadores para quebrar su solidaridad, mientras que procuró homo- geneizar a la clase dominante y forjar un nuevo bloque de poder. Por el contrario, la experiencia de la Venezuela bolivariana emprendió una vasta estrategia para generar nuevas relaciones de producción y empoderar a los trabajadores, conformando una fuerza integral, en lo político, económico y social, que pudiera comenzar a disputarle el proceso productivo al gran capital. En esa línea se avanzó, por un lado, en nacio- nalizaciones y expropiaciones y, por otro, en la creación de empresas dirigidas por sus trabajadores y de empresas mixtas, cogestionadas entre trabajadores y Estado. [7] Por ejemplo, pensemos en el caso de un trabajador de cualquier rama, suponga- mos un obrero de la construcción; en este grado ese trabajador se siente y se reconoce como obrero de la construcción, se organiza y lucha por sus reivindicaciones especí- ficas, pero no toma conciencia de que el empleado de comercio es un trabajador igual que él, ni del conjunto de los trabajadores y, por ende, no toma parte en luchas por la clase en su conjunto. Gramsci BI.indb 15 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 16 grupo social, pero aún en el plano netamente económico[8], pero to- davía no aparece la pregunta por el poder político, no se cuestiona la subordinación respecto de otro grupo social, ni tampoco se plantea la posibilidad de que su propia clase dirija a la sociedad en su con- junto. (c) Entramos finalmente en un grado superior, estrictamente político, donde sí se plantea la cuestión del poder en toda su magni- tud, incluyendo las dimensiones anteriores, pero sobrepasándolas en un momento cualitativamente distinto “que señala el pasaje neto de la estructura a la esfera de las superestructuras complejas”: Es la fase en la cual las ideologías ya existentes se transforman en “partido”, se confrontan y entran en lucha, hasta que una sola de ellas, o al menos una sola combinación de ellas, tiende a prevale- cer, a imponerse, a difundirse por toda el área social, determinando, además de la unidad de los fines económicos y políticos, la unidad intelectual y moral, planteando todas las cuestiones en torno a las cuales hierve la lucha, no sobre un plano corporativo, sino sobre un plano “universal” y creando así la hegemonía de un grupo social fundamental sobre una serie de grupos subordinados. El Estado es concebido como organismo propio de un grupo, destinado a crear las condiciones favorables para la máxima expansión del mismo grupo; pero este desarrollo y esta expansión son concebidos y presentados como la fuerza motriz de una expansión universal, de un desarrollo de todas las energías “nacionales”. El grupo dominante es coordinado concretamente con los intereses generales de los grupos subordina- dos y la vida estatal es concebida como una formación y una supera- ción continua de equilibrios inestables (en el ámbito de la ley) entre los intereses del grupo fundamental y los de los grupos subordinados, equilibrios en donde los intereses del grupo dominante prevalecen pero hasta cierto punto, o sea, hasta el punto en que chocan con el mezquino interés económico-corporativo (Gramsci, 2003: 57-58). [8] En este caso, siguiendo el ejemplo del obrero de la construcción, este sí se reconoce como miembro de la clase trabajadora;se organiza no sólo en su sindicato específi- co sino que se involucra en una central de trabajadores y participa de las peleas no sólo de su sector sino también de aquellas que impliquen la conquista de derechos económicos para toda la clase, como la distribución del ingreso, la mejora de las con- diciones laborales, etcétera. Gramsci BI.indb 16 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 17 En este punto se observan tanto las vastas implicancias que una perspectiva analítica en términos de hegemonía puede abarcar, como también su ubicación específica, donde se centra dicho re- corrido: la dimensión superestructural, en su grado estrictamente político, que está soldada a la realización de una concepción del mundo, a una reforma intelectual y moral que se plasma en acción, en dirección de un grupo social sobre otros. El párrafo citado cons- tituye uno de los aportes más ricos de la literatura gramsciana, en tanto que en el mismo se consolidan aspectos clave de su pensa- miento. Por una parte, la hegemonía aparece asociada a la disputa ideológica. Como afirmábamos en el comienzo, la batalla de ideas ocupa un lugar importante en el pensamiento gramsciano; estas se transforman en “partido”, es decir, en un proyecto de sociedad, en tanto es una concepción del mundo que cobra forma concreta tomando posición sobre los aspectos cardinales que atraviesan la vida de una nación en un momento determinado, por lo cual impli- ca establecer definiciones sobre los grandes temas de la agenda pú- blica (“planteando todas las cuestiones en torno a las cuales hierve la lucha”) y alcanza, en ese sentido, a expresar una unidad. Esta unidad incluye distintos aspectos: es una unidad de fines económi- cos y políticos, lo que nos permite pensar que da forma a un pro- yecto de gobierno, ligado a los intereses estratégicos de la clase o fracción hegemónica pero articulando concesiones en relación con los grupos subordinados, y es unidad intelectual y moral, modifi- cando ideas, valores, incidiendo sobre el plano de la cultura. Pero esta hegemonía logra constituirse en tanto tal porque traspasa el nivel corporativo, y se piensa y plantea desde el lugar de lo univer- sal, como el desarrollo de “todas las energías nacionales”, por lo que el componente consensual de la política tiende a prevalecer por sobre el componente de la coerción. Esto se debe a que la hegemonía se relaciona con el carácter dual de la acción política, que Gramsci ve en Maquiavelo, correspon- diente “a la doble naturaleza del centauro maquiavélico, de la bestia y del hombre, de la fuerza y del consenso, de la autoridad y de la hegemonía” (Gramsci, 2003: 48). Es por ello que podemos entender entonces que la hegemonía, como nos recuerda Campione, es “el predominio intelectual y moral, diferente del ‘dominio’ en el que se Gramsci BI.indb 17 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 18 encarna el momento de la coerción, pero esa ‘dirección’ tiene raíces en la base, componentes materiales junto a los ‘espirituales’. Es una acción con elementos tanto ‘materiales’ como ‘ideales’” (2006: 31). Como ya señalamos, no hay hegemonía sin base estructural, por lo que la clase hegemónica debe ser una clase principal de la estruc- tura de la sociedad, que, asimismo, pueda aparecer como la clase progresiva, que realiza los intereses de la sociedad en su conjunto. Es por esto que el análisis de relaciones de fuerzas a nivel nacional posee un primer nivel en las fuerzas sociales, en el análisis mate- rial del orden de la reproducción económica, viendo el lugar y fun- ción que los grupos sociales ocupan en la producción. Pero la clase con pretensiones hegemónicas debe superar la mera dominación en el plano de la economía, e incluso debe superar la mera domina- ción por coerción en el plano de la política, y para ello debe ponerse por encima de sus propios intereses corporativos y articularlos con ciertas concesiones a otros grupos sociales para devenir en clase dirigente, en clase hegemónica. En simultáneo, debe construir y difundir una concepción del mundo que se vaya constituyendo en sentido común, y de la que participen los grupos sociales subalter- nos, otorgando adhesión y legitimidad al orden social[9]. Pero si la política contiene la naturaleza del centauro maquia- vélico, entonces el momento de la coerción y de la violencia ocupa también un importante lugar. Es por esto que Gramsci señala un tercer nivel en las relaciones de fuerzas: las relaciones de fuerzas mi- litares. Gramsci sostiene el carácter decisivo de estas relaciones de fuerzas cuando son puestas en juego[10]. Él distingue, al interior de [9] Uno de los grandes triunfos de la burguesía en su devenir hegemónico se materia- liza cuando las clases subalternas adhieren a sus proyectos al punto de no identificar la relación de explotación a la que están sujetos, a naturalizarla, dejando de percibir, por ejemplo, la estructura clasista de las sociedades capitalistas (o asumiéndola como lo natural o la mejor forma posible), y los trabajadores se asumen a sí mismos bajo otras categorías que velan la desigualdad concreta, como la de ciudadano (en tanto igualdad formal frente a la ley) o consumidor (como igualdad y libertad formal de compra y venta de bienes). [10] Esto se confirma constantemente, como en años recientes, en los que países como Irak o Libia fueron sometidos en tiempos mínimos por fuerzas al servicio de las principales naciones imperialistas, ya sea con la invasión directa en el primer caso, o a través de tropas mercenarias con asistencia bélica y financiera, en el segundo. Gramsci BI.indb 18 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 19 las mismas, dos subniveles. Uno técnico-militar, ligado a las condicio- nes objetivas de las fuerzas: su tamaño, organización, armamento, etc.[11]. Y otro político-militar, que refiere a la capacidad de desplegar formas de acción política que busquen disgregar “íntimamente” al enemigo (por ejemplo, desmoralizándolo), o en acciones de masas a lo largo del territorio que permitan diluir y dispersar parte de su capacidad bélica[12]. Las imágenes de la guerra y de las relacio- nes de fuerzas militares tiñen de modo significativo la perspectiva gramsciana de la hegemonía. Esto se debe a que, para el análisis de la propia dinámica política, Gramsci ha tendido a utilizar analogías de la estrategia militar. En síntesis, una primera aproximación al concepto de hege- monía implica reconocer que es una relación social basada en la conducción de un grupo social sobre otros, que esta dirección se gesta en una dinámica conflictiva, de lucha, en la cual los compo- nentes consensuales tienden a prevalecer por sobre los coercitivos. Estos consensos refieren a articulación de demandas e intereses de los subordinados dentro del marco de la concepción del mundo de los dirigentes, y en su punto más elevado tienden a expandirse por toda el área social, apareciendo como la realización de un uni- versal, definiendo los grandes temas que puntualizan la vida de una nación, a nivel político, económico, ideológico y cultural, y a conformar un nuevo Estado. [11] En la actualidad, en este subnivel de las relaciones de fuerzas, Estados Unidos parecería seguir siendo el predominante en toda la línea; su capacidad de fuego, su desarrollo tecnológico y la posesión de la mayor cantidad de armas de destrucción masiva lo ponen a la cabeza, además de haber gestado un sinnúmero de ejércitos privados y mercenarios que actúan cuando su gobierno no puede hacerlo directamen- te. También cuenta con los países europeos como aliados subordinados en la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). Aun así, la posible unión de China con Rusia y otros aliados podría representar todo un desafío al dominio bélico unipolar. [12] Casos como la Revolución Cubana y la guerra de Vietnam constituyen ejemplos destacados de este subnivel, donde la unidad de revolución política ylas tácticas po- lítico-militares desplegadas permitieron ganar guerras que, en el subnivel técnico- militar, sugerían pronósticos sumamente desfavorables. Gramsci BI.indb 19 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 20 Tipos de sociedades, estrategia política y Estado De la guerra de maniobras a la guerra de posiciones Si bien la construcción de hegemonía posee anclajes estructurales, su nivel específico es el político y, en ese sentido, debe ser compren- dida en relación con la estrategia política. Esta articulación es desple- gada por Gramsci a partir del análisis que realiza de dos tipos de sociedades, disímiles en cuanto al grado de desarrollo de la sociedad civil y el peso del Estado[13], a las que denomina Oriente y Occidente: En Oriente el Estado era todo, la sociedad civil era primitiva y gela- tinosa; en Occidente, entre Estado y sociedad civil existía una justa relación y bajo el temblor del Estado se evidenciaba una robusta es- tructura de la sociedad civil. El Estado sólo era una trinchera avan- zada, detrás de la cual existía una robusta cadena de fortalezas y casamatas (Gramsci, 2003: 83). Encontramos entonces en Oriente un Estado preponderante y un escaso desarrollo de la sociedad civil, mientras que en Occidente se ha gestado un proceso de complejización a partir de la ampliación de la sociedad civil, desplegando diversas instancias que resguar- dan al orden establecido. A partir de esta caracterización, Gramsci piensa las distintas estrategias políticas a llevar adelante según el tipo de sociedad[14], para lo que utiliza una analogía entre la guerra militar (a partir de las experiencias dejadas por la Primera Guerra Mundial) y la lu- cha política. La estrategia a desarrollar en Oriente es la del ataque [13] La sociedad civil remite a los espacios “privados” de participación voluntaria (que también podrían ser pensados como ámbitos de vida pública no estatal), tales como sindicatos, partidos, iglesias, medios de comunicación, centros de fomento, en- tre otros. También hay que notar que Gramsci maneja dos acepciones de Estado: una en sentido estricto, ligada a lo político-jurídico con centro en la coerción (la sociedad política) y otra ampliada, donde en el Estado se funden la sociedad civil y la sociedad política, el momento de la coerción y el del consenso. En las citas seleccionadas sobre la tipificación de Oriente y Occidente, utiliza la versión del Estado en sentido estricto y su relación con la sociedad civil. [14] Tengamos en cuenta que Gramsci es un dirigente revolucionario tributario del marxismo-leninismo, por lo que el análisis de las sociedades está motivado por el objetivo de su transformación. Gramsci BI.indb 20 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 21 frontal, la guerra de maniobras o de movimientos. Como resume Piotte: “en la guerra de movimientos, la artillería se utiliza para abrir una brecha en las defensas del enemigo, brecha que sea suficiente para hacer posible la irrupción de las tropas y conseguir un éxito estra- tégico importante, si no definitivo” (1973: 91). Es decir, que en las sociedades con escaso desarrollo de la sociedad civil, la estrategia política revolucionaria puede triunfar a partir del ataque frontal contra la clase dominante teniendo en cuenta que la destrucción del aparato estatal y de las fuerzas militares del enemigo garanti- zarían de modo casi concluyente el triunfo; esta sería la estrategia practicada victoriosamente en la Revolución Rusa. En una forma- ción social sin gran desarrollo de su sociedad civil y con una vida centrada alrededor del Estado, la confrontación abierta y directa contra la dirección de ese Estado (en este caso, la exterminación del zarismo y sus instituciones) sumada a la derrota de sus fuerzas militares, en un contexto de crisis signado por la guerra mundial y la crisis económica, fue suficiente para abrir una brecha que posibi- litara el avance decisivo de las fuerzas revolucionarias. Sin embargo, esta estrategia es inadecuada para conducir un proceso de transformación en Occidente donde el Estado puede con- siderarse la trinchera más avanzada, pero la sociedad civil posee ca- pacidad de reconstrucción del sistema hegemónico. En este caso, la estrategia a aplicar es la guerra de posiciones, que es la lucha por la hegemonía previa a la conquista del Estado, la cual requiere de es- fuerzos prolongados y de gran cantidad de recursos humanos y mate- riales, porque, en términos militares, la guerra de posiciones incluye tanto las trincheras como el sistema organizativo e industrial y las fuentes de reabastecimiento. Esto debe ser traducido a la política: [En] los Estados más avanzados, donde la “sociedad civil” se ha con- vertido en una estructura muy compleja y resistente a las “irrup- ciones” catastróficas del elemento económico inmediato (crisis, depresiones, etc.), las superestructuras de la sociedad civil son como el sistema de trincheras en la guerra moderna. Así como en este ocurría que un encarnizado ataque de la artillería parecía des- truir todo el sistema defensivo adversario, cuando en realidad sólo había destruido la superficie exterior y en el momento del ataque Gramsci BI.indb 21 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 22 y del avance los asaltantes se encontraban frente a una línea de- fensiva todavía eficiente, lo mismo ocurre en la política durante las grandes crisis económicas (Gramsci, 2003: 81). Nuestras sociedades latinoamericanas han avanzado hacia cons- tituirse en genuinas sociedades complejas, del tipo Occidente, por lo cual los análisis de las estrategias políticas en la actualidad deben ser vistos a la luz de la guerra de posiciones. Esto implica una apreciación minuciosa de los distintos factores políticos, eco- nómicos y culturales que se articulan en la construcción de hege- monía y cómo esta se disputa palmo a palmo en cada “trinchera” de la sociedad[15]. Por otra parte, es importante resaltar que la reflexión de Gramsci contiene una fuerte crítica al economicismo. Esta crítica se encuentra presente, por ejemplo, en relación con el trabajo de Rosa Luxemburgo, “Huelga de masas, partido y sindicato”, donde la su- perestructura política e ideológica aparece como mero reflejo inme- diato de la estructura económica, en tanto se plantea que la crisis económica abre la posibilidad de asalto al poder (es decir, la crisis económica sería un escenario propicio para el triunfo a través de la guerra de maniobras). Gramsci critica esta lectura tanto porque reduce la lucha política al contexto económico como porque se basa en una caracterización errada del tipo de sociedad y de la estrategia necesaria para el desarrollo de un proceso revolucionario. Como ya señalamos, en contraposición a la estrategia del ataque frontal como estrategia revolucionaria a ser desarrolla- da en Oriente, Gramsci entiende necesario el despliegue, en las sociedades de tipo occidental, de la estrategia de la guerra de posiciones, que como señala Buci-Glucksmann “responde a una nueva fase histórica que exige una estrategia de largo aliento, un [15] También debemos notar que la construcción de hegemonía como guerra de posiciones adquiere formas particulares cuando ya no es “previa” a la conquista del Estado, sino cuando sus principales tareas se ejercen también “desde” el Estado, como viene sucediendo en los casos de Venezuela, Argentina, Bolivia y Ecuador, entre otros. Esto implica vislumbrar un proceso de construcción hegemónica que combina de forma singular dinámicas provenientes tanto de la sociedad política como de la sociedad civil. En este caso, la noción de Estado ampliado en Gramsci parece de suma relevancia. Gramsci BI.indb 22 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 23 asedio permanente al adversario, una concentración inaudita de hegemonía que es, también, una nueva forma de hacer política” (1978: 310).Es necesario aclarar también que Gramsci no niega la importancia de la guerra de maniobras para Occidente, pero esta se convierte en un elemento parcial y táctico que depende de la estrategia de la guerra de posiciones[16]. En síntesis, la guerra de posiciones es la lucha por la hegemonía, es su construcción en las sociedades complejas: así se explicita el nexo entre hegemonía y estrategia política. Clases y Estado En el análisis histórico concreto se plantea siempre una tensión que debe ser tratada cuidadosamente en el plano de la teoría: el problema de la relación entre clase social y Estado. Vemos en el mar- xismo clásico una tendencia a pensar los grandes movimientos estructurales de la historia en términos del modelo dicotómico de clases fundamentales en el capitalismo, burguesía/proletariado, y ver a la fuerza política que conduce al Estado como una expre- sión directa de la clase en el poder. Esto se vincula con los pasa- jes de Marx y Engels en los que sostienen, como en El Manifiesto Comunista, que cuando la burguesía conquista el poder político a través de la forma de Estado representativo moderno, “el Poder público viene a ser, pura y simplemente, el Consejo de administra- ción que rige los intereses colectivos de la clase burguesa” (1960: 19). Aun así, a la hora de analizar las dinámicas singulares de los procesos históricos situados en las sociedades contemporá- neas, debemos procurar alejarnos de toda lectura simplificadora y reduccionista de la relación clase/Estado. Si bien, como señala Jessop, resulta imposible aprehender una teoría unificada sobre el Estado en Marx y Engels, ya que ellos “adoptaron diversas apro- ximaciones y razonamientos de acuerdo a los problemas con los [16] Como señala Campione, Gramsci critica aquí “uno de los errores ultraizquierdis- tas más clásicos: el querer destruir una construcción social hegemónica por medio de la pura fuerza militar, ignorando la importancia de la lucha cultural” (2006: 35). Gramsci BI.indb 23 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 24 que se veían periódicamente enfrentados pero no intentaron nin- guna sistematización en sus diferentes formas de análisis” (1982: 33), sí nos parece necesario sostener una mirada crítica sobre las lecturas meramente instrumentalistas que podrían erigirse de la misma. Como define Jessop, “el enfoque instrumentalista implica simplemente la afirmación de que el Estado no es un sujeto polí- tico independiente y soberano sino un instrumento de coerción y administración que puede ser usado para diversos propósitos por cualquier interés que consiga apropiarse de él” (1982: 14). Sin caer en el error opuesto de pensar al Estado como independiente y soberano, es preciso desvincularse de las connotaciones tanto economicistas como voluntaristas que podrían alcanzarse extre- mando los supuestos de la visión instrumentalista. Nos referimos a los derivados economicistas de reducir al Estado a mero gestor inmediato de los intereses corporativos de tal o cual clase o frac- ción, y a los derivados voluntaristas de pensar al Estado como in- dependiente y neutral capaz de ser usado sin mayores problemas por la fuerza que lo conduzca[17]. A diferencia de la visión instrumentalista, parece intere- sante rescatar la perspectiva que construye Nicos Poulantzas, re- tomando elementos clave de la visión que Gramsci tenía sobre el Estado, y que este lee como una condensación de relaciones de fuerzas, sustanciándolo bajo el criterio de autonomía relativa. Poulantzas (1981) sostiene que el Estado, sin dejar de representar de manera predominante los intereses de la clase o fracción hege- mónica, reviste una autonomía relativa, en tanto asegura el interés político general del conjunto del bloque en el poder[18], organi- zando el “equilibrio inestable de compromisos” (Gramsci) entre las distintas fracciones al tiempo que organiza esta hegemonía igualmente respecto de las clases subalternas. Esta perspectiva es coherente con el planteo de Gramsci de que el grupo social en [17] Esta última derivación se encuentra, según Jessop, en la base de las posiciones socialdemócratas. [18] Como señala Poulantzas, el bloque en el poder “designa una alianza específica de las clases y fracciones de clase dominante” (1981: 24). Este concepto lo emparenta con el de pueblo como alianza de clases y fracciones subalternas. Gramsci BI.indb 24 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 25 ascenso hegemónico debe ceder a ciertas demandas de los grupos subordinados para construir los consensos que le permitan reves- tir a su propio proyecto de sociedad de cierto cariz universal, para lo cual el Estado que funda debe aparecer con algún grado de au- tonomía, en el sentido de que, como decía Gramsci, debe expresar los intereses del grupo dirigente, pero hasta cierto punto, donde se puede chocar con aquellas demandas netamente corporati- vas cuyo alcance pondrían en riesgo su apariencia universal. Sin embargo, esta autonomía es relativa porque el Estado es fundado para reproducir y expandir al propio grupo hegemónico y, en ese sentido, es siempre la expresión de un particular. Existe un segundo tipo de tensión que versa sobre la relación entre clase y hegemonía. Por un lado, las clases parten de la estructu- ra, según la posición y función que los grupos sociales ocupan en la producción, aun así las clases rebasan la dimensión estructural y se dan en su dimensión histórica en el terreno de la lucha de cla- ses, atravesadas por todos los niveles de las relaciones de fuerzas. Por otro lado, ubicamos la hegemonía en el momento político de las superestructuras, pero que también las rebasa y no puede ser pen- sada sin sus anclajes estructurales. ¿Cómo es entonces este vínculo entre clase y hegemonía? En este punto se nos plantean dos aportes teóricos de Gramsci que son cruciales para comprender esta relación: el papel de los intelectuales y el partido político (el Príncipe moderno); teniendo en cuenta que es el bloque histórico, en tanto concepto de totali- dad, el centro en el cual se resuelve teóricamente dicha tensión. Esto se debe a que, como señala Portelli (1987), el bloque histórico es el vínculo orgánico entre la estructura y las superestructuras y, en ese camino, Gramsci da una expresión concreta a este vínculo: los intelectuales, el problema de la lucha ideológica y la estrategia política. Pero no hay lucha ideológica ni política sin fuerza política organizada, y aquí entra en escena el Príncipe moderno gramscia- no. De hecho, en el pensamiento de Gramsci, Príncipe moderno e intelectuales comparten un mismo núcleo, un mismo rol orgánico: la dirección ideológico-cultural (“reforma intelectual y moral”) y la dirección política (construcción de una “voluntad colectiva”). Gramsci BI.indb 25 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 26 El Príncipe moderno El Príncipe moderno tiene origen en las lecturas que Antonio Gramsci realiza sobre El Príncipe de Maquiavelo (1995), a la luz de las ne- cesidades del movimiento revolucionario de su tiempo. Podemos encontrar en el Príncipe dos cualidades esenciales que serán cons- titutivas de la concepción gramsciana del Príncipe moderno: se trata de un “libro viviente”, un manifiesto político, “en el que ideo- logía política y ciencia política se fundan en la forma dramática del ‘mito’” (Gramsci, 2003: 9), y es la fuerza política, el partido, que lleva adelante la tarea histórica de fundar un nuevo Estado. El Príncipe en Maquiavelo es la personificación simbólica de la voluntad colecti- va que procura la concreción de un fin político para el cual deberá ser un instrumento de instrucción y convencimiento, “que intenta realizar la educación política de […] la clase revolucionaria de su tiempo, el ‘pueblo’ y la ‘nación’ italiana” (Gramsci, 2003: 17). Así también, Gramsci avanza en la configuración del Príncipe moder- no partiendo de estemismo esquema: el nuevo Príncipe será un manifiesto político, un “libro viviente”, ya que para Gramsci, como afirma Portantiero, “la posibilidad de transformar un pensamien- to sobre la política en acción política devenía de la capacidad de construir una ideología-mito” (2000: 151). Por otra parte, el Príncipe moderno no es un héroe individual, sino que “sólo puede ser un or- ganismo, un elemento de sociedad complejo en el cual comience a concretarse una voluntad colectiva reconocida y afirmada parcial- mente en la acción. Este organismo ya ha sido dado por el desarrollo histórico y es el partido político” (Gramsci, 2003: 12). La centralidad del mito se vincula con la función de “creación de una fantasía concreta que actúa sobre un pueblo disperso y pul- verizado para suscitar y organizar su voluntad colectiva” (Gramsci, 2003: 10). En este sentido, el Príncipe moderno debe movilizar las pasiones, volverse pueblo en la construcción de una voluntad co- lectiva a partir de la articulación de los grupos sociales subalter- nos, dando origen a una fuerza social y política transformadora que avance en un proceso de acumulación de fuerzas hacia la creación de un nuevo Estado. Gramsci BI.indb 26 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 27 El Príncipe moderno como libro viviente Según Gramsci, el carácter de “libro viviente” está dado por ser un manifiesto político que, sin ser un tratado sistemático, apela al mito para movilizar y organizar la voluntad colectiva de un pueblo, abor- dando en su análisis las problemáticas que requieren ser esclare- cidas para la concreción de determinado fin político que, tanto en Gramsci como en Maquiavelo, refiere a la necesidad de construc- ción de un nuevo Estado, forjando también las formas organizati- vas y estrategias para su consecución. Gramsci habla de libros vivientes en tanto poseen la cualidad de trascender un carácter meramente teórico para convertirse en motorizadores de la transformación social. Es decir, que conjugan el análisis científico con el carácter literario centrado en la idea del mito para dar forma a un proyecto político cuya realización requie- re de la construcción de una voluntad colectiva. El Príncipe moderno, como libro viviente, en Gramsci to- maría dos cuestiones fundamentales: la voluntad colectiva y la reforma intelectual y moral. Con respecto a la voluntad colectiva, constituida en objetivo cardinal de la estrategia política, indagaría acerca de las condiciones en las cuales esta podría desarrollarse, a partir de un análisis histórico y económico de la estructura social del país y “una representación ‘dramática’ de las tentativas realiza- das a través de los siglos, para suscitar esta voluntad y las razones de sus sucesivos fracasos” (Gramsci, 2003: 13). La reforma intelectual y moral refiere a una disputa respecto de la concepción del mundo, incluyendo una reforma cultural que vaya en dirección de elevar en este sentido a los estratos sociales más bajos ligada, a su vez, a un programa de reforma económica. El Príncipe moderno debe ser quien organice y lidere estas reformas, “lo cual significa crear el terreno para un desarrollo ulterior de la voluntad colectiva nacional popular hacia el cumplimiento de una forma superior y total de ci- vilización moderna” (Gramsci, 2003: 15). Gramsci lleva incluso más lejos el carácter radical de la transformación social liderada por el Príncipe moderno, señalando que el Príncipe-partido comenzaría a ocupar el lugar de la religión en un proceso de laicización de la vida construyendo una nueva visión hegemónica sobre el mundo. Hay Gramsci BI.indb 27 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 28 que recordar que la religión es considerada (retomando a Croce) como una concepción del mundo que deviene en norma de vida, o sea, con capacidad de incidir en las prácticas cotidianas. El nuevo Príncipe como libro viviente tendría también una parte dedicada al jacobinismo “en cuanto ejemplificación de cómo se formó y operó en concreto una voluntad colectiva que al menos en algunos aspectos fue creación ex novo, original” (Gramsci, 2003: 13). Quintana señala que el espíritu que rescata Gramsci del jacobi- nismo, y que debe incorporar el Príncipe moderno, es el que refiere “a un partido determinado de la Revolución Francesa que concebía de determinada manera el desarrollo de la vida gala, con un progra- ma determinado, apoyándose sobre determinadas fuerzas sociales y que llevó adelante una acción de partido y de gobierno con un método caracterizado por una extrema energía, decisión y resolu- ción” (2000: 103). Estos temas mencionados del Príncipe moderno como libro viviente son también inherentes al partido político, ya que es libro viviente en tanto procura la transformación social, para lo cual es- tudia las circunstancias históricas que lo rodean y busca generar, también en su apelación al mito, la instrucción acerca de las herra- mientas políticas y estrategias para el despliegue de dicha ideolo- gía-mito, que en Gramsci tienen un carácter revolucionario ligado al fin de construir un nuevo bloque histórico basado en las clases subalternas. Así, este Príncipe-partido deberá desempeñar un rol fundamental en la construcción hegemónica de una voluntad co- lectiva que logre articular los reclamos subalternos y gestar una fuerza social y política capaz de fundar un nuevo Estado. El Príncipe moderno como partido revolucionario Gramsci afirma que “en la época moderna el protagonista del nuevo Príncipe no podría ser un héroe personal, sino un partido político, el determinado partido que en cada momento dado y en las diversas relaciones internas de las diferentes naciones inten- te crear […] un nuevo tipo de Estado” (2003: 28). Como señalamos, el Príncipe moderno se constituye con base en una doble tarea: Gramsci BI.indb 28 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 29 un rol ideológico-cultural, que Gramsci denomina como reforma intelectual y moral, y un rol ligado a la estrategia política, el de construcción de una voluntad colectiva. La reforma intelectual y moral implica una tarea de crítica del orden social y las formas de dominación vigentes, sumada a la construcción de concepciones del mundo alternativas y la difusión de dichas concepciones. La voluntad colectiva está vinculada con la articulación de ese pueblo disperso que, superando la dimensión económico-corporativa de los reclamos, alcance la dimensión estrictamente política con el fin de fundar un nuevo Estado. Esta construcción de la voluntad colec- tiva se vincula con su capacidad de articulación y movilización de los grupos sociales subalternos, en un proceso de universalización, en tanto los intereses y demandas de esta fuerza social y política puedan aparecer como portadores del bien común, como aquellos capaces de dar desarrollo a “todas” las energías nacionales. La tarea del partido es entonces la de crear y organizar esa voluntad colec- tiva, de la cual él mismo es la expresión más activa, y emprender una reforma intelectual y moral en esa misma dirección, disputan- do la influencia ideológica y cultural de los otros grupos sociales. Así, debe servir de elemento cohesionante para el despliegue de la estrategia política y la construcción de hegemonía. Aquí podemos observar la revalorización de la subjetividad en Gramsci como un elemento central de la política que conlleva necesariamente la for- mación de una nueva concepción del mundo, la construcción de un sujeto-pueblo con base en una labor permanente de organización y conciencia, que apela también a la pasión. Gramsci parte de la concepción del partido político como ex- presión de un determinado grupo social y, en ese sentido, sostie- ne que “cada partido no es más que una nomenclatura de clase” (2003: 32). Gramsci admite que los partidos orgánicos a cada clase puedan aparecer divididos en fracciones y presentarse como parti- dos particulares diferentesy que “con mucha frecuencia el Estado Mayor intelectual del partido orgánico no pertenece a ninguna de esas fracciones pero actúa como si fuese una fuerza dirigente total- mente independiente, superior a los partidos y a veces considerada así por el público” (Gramsci, 2003: 29). Este sería, por ejemplo, el caso de los periódicos y la prensa informativa que, si bien pueden Gramsci BI.indb 29 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 30 llamarse a sí mismos “apolíticos” o “independientes”, defienden y reproducen, en condiciones normales, los intereses fundamenta- les y la concepción del mundo de la clase a la que son orgánicos. Incluso vale recalcar, como lo hace Piotte (1973), que si, por un lado, las fracciones del partido orgánico, proclamadas a sí mismas como “partidos”, se encuentran muchas veces en situación de disputas polémicas ligadas al interés inmediato de su propia organización, por ejemplo, en coyunturas electorales o respecto de factores se- cundarios (no los fundamentales que atañen a la dominación de la clase representada), por otro, los representantes del Estado Mayor intelectual de la clase, que se ubican por fuera de estas organiza- ciones y desligados de los intereses particulares de estas, serán más sensibles a los intereses fundamentales de la clase y a la pla- nificación política de largo plazo[19]. En este sentido, la relación partido-clase no es una relación directa, de expresión de intereses como reflejo, sino una acción dinámica, compleja, relacionada con la construcción de hegemonía. De este modo, observamos en Gramsci una doble acepción del término partido: una noción amplia en la que el partido de ca- rácter orgánico aparece como expresión del conjunto de la clase y como ideología general, superior a las distintas agrupaciones inme- diatas, y una concepción del partido en sentido estricto, el partido como organización particular y concreta, es decir, como instru- mento para la resolución de uno o varios problemas de la vida na- cional e internacional. Luego de esta introducción general a la concepción gramscia- na del partido, es necesario señalar la activa participación política que tuvo Gramsci en su vida y el instrumento político específico al que él aportó en busca de la configuración de ese Príncipe moderno: [19] También parece interesante recalcar que, en determinadas coyunturas, los me- dios de comunicación pueden abandonar su lugar de “Estado Mayor intelectual” para ocupar una posición expresamente de “partido” en el sentido más específico. Esto ocurrió, por ejemplo, con el estallido del conflicto agrario en la Argentina en 2008, cuando los principales grupos mediáticos nacionales abandonaron el rol de orienta- ción estratégica y general para situarse directamente en uno de los bandos en con- flicto, oficiando de genuinos partidos de oposición, situación que continuaría en los años siguientes. Gramsci BI.indb 30 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 31 el Partido Comunista Italiano, del cual Antonio Gramsci fue secre- tario general desde 1924, cuando desplazó a Bordiga, hasta 1927, cuando, ya prisionero del fascismo, fue reemplazado por su compa- ñero Palmiro Togliatti. Es por esto que Gramsci, como hombre de partido, profundi- za en cuáles son los elementos fundamentales del partido revolu- cionario y, en una nueva analogía bélica, señala tres. Un elemento primario, compuesto por los “soldados”, que aportan participación, disciplina y fidelidad pero que no se caracterizan por altas cualida- des en cuanto a la planificación y organización. La disciplina debe ser entendida aquí, no como un cumplimiento de órdenes no com- prendidas, sino como la asimilación consciente del despliegue de la política partidaria. Gramsci reconoce que el partido no podría existir sin ellos, pero tampoco podría existir sólo con ellos, ya que necesitan de una fuerza que los cohesione y los direccione (estos son los “capitanes”). Según Piotte, esto se vincula con la oposición de Gramsci a las teorías basadas en la espontaneidad de la masas, que generan movimientos esporádicos fácilmente reprimibles por la clase dirigente, ya que “las masas, comprendiendo en ellas su parte más consciente, no pueden llevar a cabo una acción perma- nente y continua si no se hallan encuadradas en una organización fuertemente estructurada” (Piotter, 1973: 50). El segundo elemento, los “capitanes”, corresponde a los cuadros superiores del partido e incluye a los grandes organizadores, teóricos y estrategas. Es “el elemento de cohesión principal, centralizado en el campo nacional, que transforma en potente y eficiente a un conjunto de fuerzas” (Gramsci, 2003: 33) y está dotado de capacidad de inventiva y con- ducción política. Gramsci considera que, si bien el partido no po- dría funcionar sólo con este elemento, es sin embargo el primordial ya que “un ejército existente sería destruido si le llegasen a faltar los capitanes, mientras que la existencia de un grupo de capitanes, acordes entre sí, con fines comunes, no tarda en formar un ejérci- to aun donde no existe” (Gramsci, 2003: 33). El tercer elemento es el medio, es decir, los cuadros intermedios, que son articuladores de los otros dos elementos y los ponen en contacto físico, moral e intelectual, en el sentido de que son el carril orgánico que los co- munica con la dirección y asimismo desempeña un valioso papel Gramsci BI.indb 31 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 32 en la formación de los soldados. Este elemento es también de gran importancia, ya que en caso de ser eliminados los “capitanes”, se constituirá en el fermento de donde surgirán nuevos cuadros supe- riores. Gramsci aclara que estos tres elementos no son estancos. En este sentido, es fundamental la tarea que desarrollen el segundo y tercer elemento en la instrucción política de los soldados; el partido cumple una función de creación constante de elementos dirigentes que multiplican su acción política en tanto aportan a consolidar el rol del partido como movilizador de la voluntad colectiva y refor- mador moral e intelectual, procurando desarrollar al máximo las capacidades de todos sus miembros y con un fluido pasaje entre los distintos elementos. Así, Gramsci concibe que la formación de cuadros es una tarea fundamental del partido político. El principio que Gramsci promovía para la organización es- tructural y la vida de su partido es el centralismo democrático: El carácter “orgánico” sólo puede pertenecer al centralismo de- mocrático, que es un centralismo en movimiento, vale decir, una continua adecuación de la organización al movimiento real, una ca- pacidad de equilibrar el impulso de la base con las directivas de la superioridad, una inserción continua de los elementos que surgen de lo profundo de la masa en el sólido marco del aparato de direc- ción, el cual asegura la continuidad y la acumulación regular de las experiencias (Gramsci, 2003: 92). Gramsci considera que esta dinámica de ida y vuelta entre los tres elementos constitutivos del partido tiene un valor preponderante para evitar que el centralismo democrático degenere en un centra- lismo burocrático, donde se estancaría este movimiento y el grupo dirigente buscaría perpetuarse en forma indefinida para asegurar sus privilegios. En este caso, el partido aparecería como un fin en sí mismo, disociándose de su rol como herramienta de transfor- mación social. El centralismo democrático consiste en el funciona- miento fluido entre los distintos elementos del partido generando, en términos de Piotte, una “corriente de ósmosis” donde los cua- dros superiores provienen de los intermedios, mientras que estos provienen de los soldados. A su vez, los “capitanes” organizan a los cuadros intermedios, y estos a los soldados, garantizando, por un Gramsci BI.indb 32 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 33 lado, la democracia interna delpartido, y por el otro su carácter orgánico y centralizado. Es importante recordar que la base organizativa propuesta para el partido –formulada por Gramsci y Togliatti en las Tesis de Lyon, presentadas en 1926 para el III Congreso del Partido Comunista Italiano con el objetivo de avanzar hacia la “bolchevización” del partido– es la organización por células a partir del lugar de trabajo. Al respecto, ambos señalan que “la organización por célula implica que en el partido se forme un estrato bastante amplio de elementos dirigentes […] que son parte de la masa y permanecen en ella aun- que desempeñen funciones directivas” (Gramsci y Togliatti, 1984: 28). La célula sería la forma organizativa por excelencia para la vin- culación constante del partido con la masa. Duverger, en Los Partidos Políticos (1961), distingue dos rasgos fundamentales en la célula: la base de agrupación y el número de miembros. La célula descansa principalmente en una base profe- sional, según el lugar de trabajo o de desempeño cotidiano de ta- reas, pero también se contemplan células locales para reunir a los militantes dispersos en torno a una construcción territorial. Con respecto al número, Duverger señala que la célula debe partir al menos de tres miembros y alcanza su número óptimo entre quince y veinte. También remarca las cualidades que hacen de la célula una forma organizativa superadora de las anteriores: Se trata, en primer lugar, de un grupo absolutamente permanente, puesto que está formado donde se encuentran cotidianamente los miembros del partido. Fuera de las reuniones propiamente dichas, el contacto entre sus miembros es constante. A la entrada o salida del trabajo, el secretario puede fácilmente difundir consignas, repartir tareas, controlar la actividad de cada cual. Acción tanto más fuerte cuanto el número medio de miembros es poco elevado […] Resulta también que los miembros de la célula se conocen bien, y que la soli- daridad hacia el partido se hace más fuerte (Duverger, 1961: 58). Duverger entiende que estos factores también son de especial utili- dad en tiempos de clandestinidad. Para concluir, debemos recordar que el accionar del Príncipe moderno se orienta, en materia de estrategia política para las Gramsci BI.indb 33 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 34 sociedades complejas, a la propuesta de Gramsci de guerra de po- siciones, que requiere un esfuerzo prolongado de construcción de hegemonía. Hegemonía que implica la construcción de concepcio- nes del mundo alternativas a partir de una crítica del orden so- cial imperante y que, en este sentido, se relaciona con la dirección cultural, con la reforma intelectual y moral. Hegemonía que es al mismo tiempo estrategia política para la conformación de una vo- luntad colectiva, que organice lo disperso y movilice las pasiones. Una voluntad colectiva que Gramsci define como nacional y popular. Nacional porque Gramsci retoma la concepción de Marx de que la revolución es nacional en su forma e internacional en su conte- nido, porque si bien el capitalismo es un modo de producción que se expande mundialmente, cada escenario nacional, con su propio Estado, partidos, sindicatos, tradiciones culturales, etc., constituye el ámbito concreto donde se desarrollan las luchas cotidianas con- figurando el marco de la acción de las distintas fuerzas. Gramsci observa la importante capacidad de interpelación de lo nacional así como el peso del Estado-nación como espacio de desarrollo de la estrategia política: frente a la derrota del proceso revolucionario llevado a cabo entre 1919 y 1920 del cual fue partícipe, Gramsci con- cluyó: “no conocíamos Italia”. Aparece entonces la imposibilidad de reducir mutuamente clase y nación, y con esta imposibilidad emerge la necesidad de comprender al conjunto de agentes y a la cultura de un pueblo. Así, cobra importancia lo popular porque, si bien afirma la centralidad en la clase obrera –viendo en los produc- tores directos de plusvalor el sujeto clave para la transformación social por ocupar el centro de las contradicciones en la relación ca- pital/trabajo–, no se limita a esta, sino que debe articular al con- junto de grupos sociales subalternos con el fin de universalizar sus intereses y construir una nueva hegemonía que logre confrontar con la dominante y derrotarla; así, los sujetos subalternos deben conformarse en pueblo[20]. En este sentido, Gramsci observa que [20] En el caso de Italia, Gramsci realizaba la autocrítica respecto de las dificultades que había tenido el movimiento obrero revolucionario del norte del país para articu- larse con los reclamos del campesinado del sur y, debido a ello, para poder conformar la voluntad colectiva nacional-popular. Gramsci BI.indb 34 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 35 es clave el rol tanto del partido político como de los intelectuales, para organizar la nueva concepción del mundo, dar homogeneidad y conciencia al grupo social de sus propios intereses y objetivos, construir la unidad de ese pueblo disperso y movilizar las pasiones para el desenvolvimiento de la estrategia política. Los intelectuales en el pensamiento gramsciano Intelectuales: alcance máximo y función específica Junto al enfoque del Príncipe moderno, Gramsci desarrolla otro componente clave en cuanto a la conformación de la voluntad co- lectiva nacional-popular y a su dirección política y cultural: los intelectuales. ¿Pero quiénes son los intelectuales? Gramsci se pre- gunta si los intelectuales son un grupo autónomo o si cada grupo social tiene una categoría propia y especializada de intelectuales. Encuentra que en la historia se han dado dos modos fundamentales de formación de intelectuales. En primera instancia señala: Cada grupo social, al nacer en el terreno originario de una función esencial en el mundo de la producción económica, se crea conjunta y orgánicamente uno o más rangos de intelectuales que le dan homo- geneidad y conciencia de la propia función, no sólo en el campo eco- nómico sino también en el social y en el político (Gramsci, 2004: 9). En el capitalismo, junto con el empresario aparecen también los técnicos y especialistas que dan forma a la nueva economía, orga- nizan la cultura, el derecho, etc. En síntesis, con cada clase se crea y forma un grupo de intelectuales orgánicos que son fundamentales para su desarrollo y para la conformación de una concepción del mundo acorde a sus intereses que, a su vez, le permita aparecer como el portador del “bien universal”, dando homogeneidad y con- ciencia al propio grupo al tiempo que avanza hacia la dirección po- lítica y cultural de los grupos subalternos. En segundo lugar, Gramsci identifica un conjunto de intelec- tuales tradicionales ligados principalmente a estructuras económicas precedentes y que aparecen como portadores de una continuidad histórica no interrumpida. El ejemplo característico, que Gramsci Gramsci BI.indb 35 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 36 señala, es el de los eclesiásticos, que si bien en su momento fueron intelectuales orgánicos de la aristocracia terrateniente, perviven en sociedades posteriores, incluso aunque haya desaparecido la conducción política del grupo social que le dio origen. Esta con- tinuidad les permite forjar, a los intelectuales tradicionales, un espíritu de cuerpo y generar la percepción de sí mismos como autónomos del grupo social dominante. Estas dinámicas a su vez tienen implicancias superestructurales sobre otros grupos de inte- lectuales –como Gramsci observa en su época respecto de la filoso- fía idealista–, que asumen para sí mismos la creencia de constituir una categoría de intelectuales independientes de los poderes esta- blecidos (Gramsci, 2004). Luego Gramsci se pregunta sobre la amplitud de la categoría de los intelectuales, indagando cuál es el límite máximo que la mis- ma admite.En este punto señala que el error más difundido es el de identificar a los intelectuales sólo con aquellos que desarrollan actividades específicamente intelectuales y no haber buscado esta categoría partiendo del entramado de relaciones sociales en que estas actividades se enmarcan y de los grupos sociales a los cuales se vinculan. Así, llega a visualizar el límite máximo de la categoría: Todos los hombres son intelectuales, podríamos decir, pero no todos los hombres tienen en la sociedad la función de intelectuales […]. Cuando se distingue entre intelectuales y no intelectuales, en rea- lidad sólo se hace referencia a la inmediata función social de la ca- tegoría profesional de los intelectuales, es decir, se tiene en cuenta la dirección en que gravita el mayor peso de la actividad específica profesional, en la elaboración intelectual o en el esfuerzo nervioso- muscular. Esto significa que si se puede hablar de intelectuales, no tiene sentido hablar de no intelectuales, porque los no-intelectuales no existen. Pero la misma relación entre esfuerzo de elaboración intelectual-cerebral y esfuerzo nervioso-muscular no es siempre igual; por eso se dan diversos grados de actividad específicamente intelectual. No hay actividad humana de la que se pueda excluir toda intervención intelectual, no se puede separar el homo faber del homo sapiens. Cada hombre, considerado fuera de su profesión, despliega cierta actividad intelectual, es decir, es un “filósofo”, un Gramsci BI.indb 36 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 37 artista, un hombre de buen gusto, participa en una concepción del mundo, tiene una consciente línea de conducta moral, y por eso con- tribuye a sostener o a modificar una concepción del mundo, es decir, a suscitar nuevos modos de pensar (Gramsci, 2004: 13). Esta afirmación es de gran importancia a la hora de pensar la cons- trucción de hegemonía, ya que implica que todo grupo social fun- damental, independientemente de la tarea específica que realiza en el ámbito de la producción, puede generar su propia categoría de intelectuales. Gramsci reitera esta perspectiva acerca de la amplitud de la categoría de los intelectuales en su abordaje sobre la articulación entre filosofía, religión y sentido común, afirmando que “todos los hombres son ‘filósofos’” (2008: 7). Esta premisa se sustenta en que es posible dar cuenta de una “filosofía espontánea” de la cual “todo el mundo” participa, brindándonos un conjunto de factores clave para pensar la gravitación de las concepciones del mundo, su con- formación y disputa, que tienen un lazo indisoluble con la hege- monía. Esta filosofía espontánea se encuentra contenida en tres anclajes: a) En el lenguaje, que no es neutro ni inocuo, sino que posee un conjunto articulado de nociones y conceptos cargados de sentido y contenido que expresa una visión cristalizada de lo social. Es filosofía y cultura de uso cotidiano, ya que como enfatiza Gramsci, en el lenguaje está contenida una determi- nada concepción del mundo. b) En la participación del sentido común y los núcleos de buen sentido, que representan la capacidad de los grupos sociales de tomar conciencia del lugar que ocupan en la estructura de la sociedad y de las contradicciones que los atraviesan, lo cual habilita un primer paso hacia la distinción en términos de clases. c) En la participación de distintas variantes de religión popu- lar y del folklore, entendido como un sistema de creencias, supersticiones y modos de ver y actuar arraigados en un pueblo. Gramsci BI.indb 37 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 38 De este modo, todos son partícipes al menos de una filosofía es- pontánea en tanto que en la más mínima actividad intelectual está contenida una concepción del mundo, lo cual nos pone frente a la problemática del conocimiento y el rol de la crítica. Aquí se abre una disyuntiva fundamental que está en la base de cualquier proceso emancipatorio posible: se puede participar de una concepción del mundo “‘impuesta’ mecánicamente por el ambiente externo, o sea, por uno de los tantos grupos sociales en que uno se encuentra in- cluido” (Gramsci, 2008: 8) o se puede elaborar la propia concepción del mundo de manera consciente y crítica. Pero Gramsci plantea, en esta misma mirada sobre la actitud crítica y la toma de conciencia, el terreno que constituye el punto de partida: la propia esfera de actividad; porque como decían Marx y Engels (1985) en La ideología alemana, los hombres son lo que hacen y cómo lo hacen. Esta esfera de actividad es la base para entrar en el mundo consciente y par- ticipar activamente en la elaboración de la “historia del mundo”, en tanto implica como punto de partida comprender en qué lugar de la estructura uno está inscripto. Aquí visualizamos otro puente sólido con su enfoque de los intelectuales orgánicos: cada grupo social, situado en un espacio determinado de la producción de la vida material, crea una categoría de intelectuales que aportan a la conformación de la propia visión del mundo, a la organización y homogeneización del grupo, es decir, a su reconocimiento como co- lectivo objetivo en el plano de las relaciones sociales de producción (más allá de la voluntad) y como sujeto en el plano de la historia a través de la batalla política e ideológica en la que se constituye la voluntad colectiva. En este punto aparece una lectura dinámica y rica de la rela- ción entre estructura y superestructura: el hombre como ser colec- tivo, en el terreno de las relaciones de producción, está fracturado en clases sociales a partir de un conjunto de coordenadas, siendo la principal la relación trabajo asalariado/capital que divide el campo de lo social entre propietarios de medios de producción y los despo- seídos de los mismos que sólo tienen para vender su fuerza de tra- bajo. Pero al mismo tiempo Gramsci dice: “por la propia concepción del mundo se pertenece siempre a un determinado agrupamiento” (2008: 8). Entonces existe la posibilidad de una doble pertenencia Gramsci BI.indb 38 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 39 que vuelve a poner el foco en la lucha por la hegemonía y que se ancla en las contradicciones que el capitalismo arrastra consustan- cialmente sobre la humanidad entera y muy particularmente sobre los que ocupan las posiciones subalternas en la producción social: es posible, y en general es usual, tener una visión del mundo inco- herente con el propio lugar que se ocupa en el terreno social y, para decirlo más claramente, se puede ser un explotado y participar de la visión del explotador[21]. Por eso, como sostiene Gramsci, lo que media y actúa de base de cualquier posibilidad de liberación es el “conócete a ti mismo”, porque además, “cuando la concepción del mundo no es crítica ni coherente, sino ocasional y disgregada, se pertenece simultáneamente a una multiplicidad de hombres masa” (2008: 8) y esta es la definición misma que Gramsci da al sentido común, entendiéndolo como una concepción del mundo absorbida acríticamente de numerosos ambientes culturales en los que se desarrolla la individualidad moral del hombre medio; una concep- ción del mundo disgregada e incoherente, que generalmente es in- congruente respecto de la posición social de las multitudes. Aquí se evidencia el papel liberador de la crítica, porque según Gramsci criticar la propia concepción del mundo es tornarla consciente; o sea, ver cuáles son las ideas que nos atraviesan y componen, cuáles son esos hombres-masas que nos están constituyendo. Esto implica desnaturalizar las ideas y los valores, percibirlos como una cons- trucción producto de una lucha histórica, comprendiendo que estos no son inocuos sino que se vinculan con intereses determinados y que habilitan la reproducción del orden social. Por eso el sentido co- mún es siempre el sentido común dominante de una época y tiende a expresar, de forma difusa yno lineal, la resultante del conjunto de relaciones de fuerzas, porque cristaliza toda la historia de las [21] Un ejemplo de esto puede encontrarse en la estigmatización que los grandes me- dios de comunicación generan sobre las distintas luchas sociales, por ejemplo, las huelgas y movilizaciones sindicales, permeando un desprecio por la lucha popular, coherente con los intereses de los sectores patronales, que suele también extenderse a sectores de las propias clases subalternas (visualizable en frases como “dejen de hacer quilombo y vayan a laburar”) las cuales se verían y se han visto históricamente beneficiadas por el triunfo de las protestas, a través de las cuales los trabajadores han logrado la disminución de horas de la jornada laboral, aumentos salariales, obras sociales, jubilaciones, vacaciones pagas, entre otras conquistas. Gramsci BI.indb 39 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 40 luchas con sus particulares derivaciones, que no siempre son ex- clusivamente favorables a las clases dominantes en todos sus pun- tos, en tanto las resistencias y conquistas de los grupos subalternos también tienen incidencia. Pero entonces, si todos son, en términos amplios, intelectua- les, ¿cuál es la implicancia y la función específica de la categoría de intelectual? ¿En qué momento esta capacidad general de los hombres de ser “filósofos” o intelectuales comienza a cumplir un rol en la construcción de hegemonía? Esta pregunta ya ha sido resuelta en los pasajes precedentes y Gramsci lo identifica claramente: esto se produce a partir del desarrollo de la crítica consciente, que constitu- ye un punto de inflexión ya que permite develar la concepción del mundo que se posee, observar en ella la hegemonía construida por los grupos sociales dirigentes y generar un momento de ruptura que abra paso a la elaboración de una concepción del mundo del propio grupo social al que se pertenece. Sin este papel de la crítica no hay posibilidad de desarrollo de una hegemonía alternativa. Es por esto que la función de los intelectuales es la de impulsar una reforma intelectual y moral, en el proceso en que un nuevo tipo de sociedad se crea junto a una nueva superestructura, y esta reforma sólo puede iniciarse a partir de la crítica. La reforma intelectual y moral y el rol del marxismo Pero ¿qué elementos conlleva una reforma intelectual y moral? Podemos realizar una aproximación a esta problemática a tra- vés de la crítica que Gramsci hace al Ensayo popular de sociología de Bujarin, trabajo elaborado para la difusión masiva del marxismo en la naciente Unión Soviética, ya que en esta crítica Gramsci ex- hibe su concepción de la articulación intelectuales/masa en el proceso de dirección ideológico-cultural que constituye un eje clave de la construcción de hegemonía. La tarea de la crítica atraviesa distin- tos momentos. Pone como punto de partida la realización de una crítica de la filosofía del sentido común, que es, como ya señalamos, una concepción del mundo disgregada, absorbida acríticamente de los distintos ambientes culturales en los cuales el individuo se va Gramsci BI.indb 40 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 41 formando, y que por lo general no guarda estricta coherencia con la posición social de las multitudes. Es incongruente precisamente porque, si no hay pensamiento crítico, se participa de concepcio- nes del mundo impuestas por otros grupos sociales, que expresan sus propios intereses. Entonces, la formación de un grupo social homogéneo se articula con la elaboración de una filosofía desarro- llada también contra el sentido común, por ser homogénea y siste- mática (Gramsci, 2008). La crítica debe partir del sentido común, romper con él y abarcar también las formas más elaboradas del pensamiento hegemónico. En este punto Gramsci critica a Bujarin por no haber discutido con lo más avanzando del pensamiento con el que confronta, sino, más bien, con sus caricaturizaciones, y se- ñala que “una ciencia obtiene la prueba de su eficacia y vitalidad cuando demuestra que sabe enfrentar a los grandes campeones de las tendencias opuestas, cuando resuelve con sus propios medios los problemas vitales que estos han planteado, o demuestra peren- toriamente que tales problemas son falsos” (Gramsci, 2008: 138). Gramsci es particularmente duro en su crítica al trabajo de Bujarin porque entiende que el marxismo es la concepción del mundo fundamental tanto para el análisis crítico de las sociedades capitalistas como para su subversión superadora. Gramsci sostie- ne que Marx y Lenin son ambos creadores de esta concepción del mundo. Según Gramsci, Marx realiza el paso de la utopía a la cien- cia, que involucra también el paso de la ciencia a la acción; porque como decía Marx (1845) en la Tesis XI sobre Feuerbach, los filósofos se estaban dedicando a interpretar el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo. Así, el marxismo es una concepción del mundo porque contiene una teoría, con sus supuestos filosóficos, sus estrategias metodológicas, constituyéndose en ciencia, pero además trasciende el plano del análisis porque en su propia lec- tura están involucradas las guías para la acción, y es por esto que Gramsci lo denomina como filosofía de la praxis. Este es justamente el movimiento dialéctico del materialismo histórico: indagar las fuerzas de la historia desde un perspectiva holística, de totalidad, que hace énfasis en la reproducción de la materia, en cómo los hombres entran en relación entre sí para transformar la naturale- za y satisfacer sus necesidades –evento que Marx y Engels (1985) Gramsci BI.indb 41 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 42 ubican como “primer hecho histórico” en La ideología alemana–, en- tendiendo que los hombres son lo que hacen, por lo que el foco parte del análisis de los procesos de trabajo y tiene centralidad en las relaciones sociales que articulan a esos grupos de hombres. En el análisis de las sociedades capitalistas, el marxismo da cuenta de que los grupos humanos se encuentran divididos por relaciones de clases, en tanto el producto generado colectivamente es apropia- do privadamente en virtud de las relaciones de propiedad de los medios de producción. La existencia de una minoría propietaria de los medios de producción supone la existencia de una mayo- ría desprovista de los mismos. Así, Marx observa cómo los grupos sociales fundamentales de las sociedades modernas están articu- lados a través de una relación contradictoria: una relación de ex- plotación, donde el trabajo es colectivo pero su fruto es apropiado privadamente dando origen a la acumulación del capital. Ya desde lo más genérico del pensamiento marxista, el análisis motiva a la acción: identificar las dinámicas políticas, económicas y culturales de una sociedad, visualizar sus contradicciones y desde allí trazar las estrategias para transformarlas. Ahora bien, si en Marx se ve el énfasis del paso de la utopía a la ciencia, Gramsci se pregunta qué lugar ocupa Lenin, si es un lu- gar subordinado. Y sostiene que no, que Lenin realiza el mismo tra- yecto: “la fundación de una clase dirigente (esto es, de un Estado) equivalente a la creación de una Weltanschauung[22]” (Gramsci, 2008: 81). Lenin encarna la realización concreta del marxismo como concepción y, simultáneamente, Gramsci reconoce en Lenin la re- levancia del concepto de hegemonía, diciendo que “la hegemonía realizada significa la crítica real de una filosofía, su real dialécti- ca” (2008: 81). Si cada clase dirigente que funda un Estado contiene una concepción del mundo, entonces, el proceso revolucionario es la realización dialéctica de la crítica a esa concepción del mundo, pero no una crítica ideológica desgajada de la acción, sino que jus- tamente la crítica realizada es acción transformadora, es construir la fuerza político-social que actúe sobre las contradiccionesde una [22] Concepción del mundo. Gramsci BI.indb 42 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 43 sociedad particular en una época determinada para cambiar las re- laciones de fuerzas en todos sus niveles y dar lugar a la fundación de un nuevo Estado, a la formación de una clase dirigente a partir de los que antes ocupaban el centro de la subalternidad, de los do- minados y los explotados en el par dialéctico trabajo/capital como unidad fundamental de las sociedades burguesas. Si tanto Marx como Lenin contienen la relación ciencia-acción, Marx encarna el origen, la fundación de la ciencia, superando la utopía, y Lenin es la materialización de esa ciencia como momento de la acción realiza- da; es el realizador del marxismo como concepción del mundo en la conformación del proletariado como clase dirigente, en alianza con el campesinado, generando un bloque popular que dio lugar a la fundación de un nuevo Estado: la Unión Soviética como primer Estado de las clases subalternas devenidas en dominantes. En síntesis, tanto Marx como Lenin resultan clave en la con- formación y desarrollo del materialismo histórico o marxismo[23], en una dinámica que implica la articulación teórico-práctica de la construcción de concepciones del mundo, tanto en la configuración y difusión de una batalla que transcurre en el plano de las ideas y de la cultura, como de su desenvolvimiento práctico en dirección política y que altera, asimismo, las relaciones de producción. A su vez, Gramsci rescata la unidad de los elementos constitu- tivos del marxismo, dada por el desarrollo dialéctico de las contra- dicciones entre hombre y materia (naturaleza-fuerzas materiales de producción). Señala que filosofía, economía y política son ele- mentos constitutivos de toda concepción del mundo, por lo que debe haber articulación, traducción entre uno y otro elemento. En la economía el centro unitario es el valor (teoría del valor-trabajo), es decir, la relación entre el trabajador y las fuerzas de producción. Por esto, la teoría del valor-trabajo de Marx es clave: la fuerza de trabajo como única mercancía productora de un valor mayor al costo de su reproducción, que es apropiado privadamente por las clases domi- nantes para sustentar no sólo su propia reproducción como clase [23] Gramsci realiza una interesante analogía con el cristianismo, entendiendo que una nueva concepción del mundo precisa tanto de su creación originaria: Jesús-Marx, como de su expansión y realización práctica: San Pablo-Lenin. Gramsci BI.indb 43 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 44 sino la acumulación del capital mediante el reingreso de parte del plusvalor al proceso productivo ampliándolo en escala creciente (es por esto que Marx ya desde un inicio ve que el capitalismo tiene una tendencia a su mundialización, porque su ampliación constante está en su propia esencia, profundizada además por la competencia inter-capitalista). En la filosofía, el centro es la praxis, o sea la uni- dad de teoría y práctica, de condiciones espirituales y condiciones materiales, unidad entre la voluntad humana (superestructura) y la estructura económica (recordando la propuesta gramsciana de po- der pensar al hombre mismo como bloque histórico). En la política, se destaca la relación entre el Estado y la sociedad civil, o sea la in- tervención del Estado para dar forma y conducir el ambiente social general; educar al educador, o sea dar forma a lo que forma, porque la sociedad civil, que remite a los espacios “privados” de participa- ción voluntaria o que también podrían ser pensados como ámbitos de vida pública no estatal –tales como partidos, sindicatos, iglesias, medios de comunicación, centros de fomento, clubes, entre otros– es el ámbito primordial de construcción de sentido y hegemonía. La reciprocidad entre estos elementos constituye la unidad del marxismo como concepción del mundo. Esto lleva a Gramsci a dos reflexiones: 1) Reciprocidad no es reducción de una dimensión a otra. De ahí que Gramsci desarrolle una fuerte crítica al economicis- mo, diciendo que “la pretensión (presentada como postulado esencial del materialismo histórico) de presentar y exponer cada fluctuación de la política y de la ideología como una ex- presión inmediata de la estructura debe ser combatida teó- ricamente como un infantilismo primitivo, y prácticamente con el testimonio auténtico de Marx, escritor de obras políti- cas e históricas concretas” (2008: 104). En obras como El die- ciocho Brumario de Luis Bonaparte (Marx, 2000) o La guerra civil en Francia (Marx, 1871), se evidencia la relevancia de los factores ideológicos y políticos en el proceso histórico y su no absor- ción en la economía; estructura y superestructuras se en- cuentran dialécticamente articuladas, y de ahí que Gramsci nos convoque a pensar la relación entre los movimientos Gramsci BI.indb 44 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 45 estructurales y superestructurales, incorporando incluso el papel del “error” en la política, rompiendo con una mirada es- trechamente racionalista y mecánica. Y también nos invita a distinguir entre las acciones políticas orgánicas a una época, ligadas al movimiento de la estructura, y los actos políticos vinculados “a necesidades internas de carácter organizativo, esto es, ligados a la necesidad de dar coherencia a un partido, a un grupo, a una sociedad” (2008: 105). 2) Aun siendo unitaria la concepción del mundo, los problemas que presenta el desarrollo concreto de la misma tienen que ver con los distintos momentos históricos que transita una sociedad y cómo se desenvuelven las fuerzas en su interior. Por eso Gramsci retoma a Rosa Luxemburgo para pensar cuáles son los problemas actuales, porque corresponden es- trategias particulares cuando un grupo social se encuentra en una fase económico-corporativa, o cuando lucha por la hegemonía en la sociedad civil o cuando se plantea la cons- trucción de un Estado donde, dice Gramsci, “todas las super- estructuras deben desarrollarse, so pena de disolución del Estado” (2008: 100). Los intelectuales y la producción: americanismo y fordismo en Gramsci Dijimos que en su versión más amplia todo hombre es intelectual, aunque no todos realizan funciones sociales específicas de intelec- tual. Esto nos plantea una posibilidad relevante para la construcción de hegemonía: estas capacidades humanas implican, asimismo, que toda persona puede convertirse en un intelectual, no necesaria- mente en el sentido de su adscripción profesional en la división del trabajo sino de su función social. Esta es la clave de la posibilidad de conformación de grupos intelectuales en cada clase social: El problema de la creación de un nuevo grupo intelectual consiste, por lo tanto, en elaborar críticamente la actividad que existe en cada uno en cierto grado de desarrollo; modificando su relación con el Gramsci BI.indb 45 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 46 esfuerzo nervioso-muscular en un nuevo equilibrio, y logrando que el mismo esfuerzo nervioso-muscular, en tanto elemento de una actividad práctica general, que renueva constantemente el mundo físico y social, llegue a ser el fundamento de una nueva e integral concepción del mundo (Gramsci, 2004: 13). La consigna parte entonces de elaborar críticamente la esfera de la actividad. Pero, a su vez, Gramsci problematiza la relación entre los intelectuales y el mundo de la producción y señala que esta no es inmediata: Es “mediata” en grado diverso en todo el tejido social y en el com- plejo de las superestructuras, en las que los intelectuales son los “funcionarios”. Se podría medir la “organicidad” de los diversos es- tratos intelectuales y su conexión más o menos estrecha con un gru- po social fundamental, fijando una gradación de las funciones y de las superestructuras de abajo hacia arriba (desde la base estructuralhacia arriba). Por ahora se pueden fijar dos grandes planos superes- tructurales, el que se puede llamar de la “sociedad civil”, que está formado por el conjunto de los organismos vulgarmente llamados “privados”, y el de la “sociedad política o Estado”; y que correspon- den a la función de “hegemonía” que el grupo dominante ejerce en toda sociedad y a la de “dominio directo” o de comando que se ex- presa en el Estado y en el gobierno “jurídico”. Estas funciones son precisamente organizativas y conectivas. Los intelectuales son los “empleados” del grupo dominante para el ejercicio de las funciones subalternas de la hegemonía social y del gobierno político, a saber: (1) del “consenso” espontáneo que las grandes masas de la población dan a la dirección impuesta a la vida social por el grupo fundamen- tal dominante, consenso que históricamente nace del prestigio (y por lo tanto de la confianza) que el grupo dominante deriva de su posición y de su función en el mundo de la producción; (2) del apa- rato de coerción estatal que asegura “legalmente” la disciplina de aquellos grupos que no “consienten” ni activa ni pasivamente, pero que está preparado para toda la sociedad en previsión de los mo- mentos de crisis en el comando y en la dirección, casos en que no se da el consenso espontáneo (Gramsci, 2004: 16). Gramsci BI.indb 46 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 47 Los intelectuales, entonces, cumplen el rol de articulación concreta de la estructura con las superestructuras y, al mismo tiempo, po- seen distintos grados de organicidad, evitando de este modo lec- turas simplificadoras o mecanicistas. Los intelectuales organizan esta articulación, posicionándose y cumpliendo su función, ya sea con mayor énfasis en las superestructuras, en la sociedad civil o en la sociedad política, movilizando las relaciones de fuerzas políticas, o en la estructura, construyendo su dirección desde el terreno de la producción, incidiendo más directamente sobre el plano de las re- laciones de fuerzas sociales. En este último caso, Gramsci también destaca la necesidad de pensar al empresario capitalista mismo como un intelectual, ya que posee capacidad dirigente y técnica en distintas áreas de su esfera específica de actividad, como la organi- zación de masas para la producción, la gestación de articulaciones con inversores, compradores, etc. Incluso señala que una elite de los empresarios capitalistas debe tener la capacidad para organizar a la sociedad en general y al Estado, para crear condiciones favorables a la expansión de la propia clase y si no debe, al menos, tener la capa- cidad de seleccionar a los encargados (“empleados especializados”) que puedan desarrollar tales tareas. Un caso donde puede observarse esta dinámica de vincu- lación de fenómenos estructurales y superestructurales, que nos permite comprender al mismo tiempo con mayor profundidad la ligazón entre los cambios en las relaciones de fuerzas sociales y las políticas, es el estudio que Gramsci realiza sobre el americanis- mo y fordismo, comprendidos como dos caras de un mismo proce- so que expresa el “paso del viejo individualismo económico a la economía planificada” (Gramsci, 2003: 285) dentro del capitalis- mo. Así, sostiene que “el hecho de que una tentativa progresista sea iniciada por una u otra fuerza social no deja de tener con- secuencias fundamentales: las fuerzas subalternas, que deberían ser ‘manipuladas’ y racionalizadas según los nuevos fines, ofrecen necesariamente una resistencia, que se produce también en al- gunos sectores de las fuerzas dominantes, o al menos aliados a dichas fuerzas” (2003: 285). Y a partir de esto delimita un conjunto de problemas, que atraviesan el plano de la economía, la cultura y la política, para pensar: el nuevo mecanismo de acumulación Gramsci BI.indb 47 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 48 del capital financiero basado directamente sobre la producción industrial; la cuestión sexual; si el americanismo podía consti- tuir toda una “época” (uno de los grandes aciertos visionarios de Gramsci[24]); la cuestión de los altos salarios; la tentativa centra- da en la industria para superar la tendencia a la caída de la tasa de ganancia; entre otros. En ese camino, reflexiona sobre la visión que tenía Trotski de imponer un modelo militar en las fábricas soviéticas y sobre los análisis que aquel realizaba sobre el modo de vida, y que, según Gramsci, en Trotski aparecían disociados. Por el contrario, para Gramsci, “los nuevos métodos de trabajo son inseparables de un de- terminado modo de vivir, de pensar y de sentir la vida; no es posible obtener éxitos en un campo sin conseguir resultados tangibles en el otro” (2003: 306). Es en este sentido que comprende las distintas estrategias tejidas en el contexto del americanismo y el fordismo, que apelaban al mismo tiempo a reformar la producción y a las costumbres de los hombres, como una misma experiencia, expre- sando una clara conciencia de los fines. En el caso norteamericano, predominaba la visión de Taylor (todo un ejemplo de intelectual orgánico de la burguesía industrial) sobre el “gorila amaestrado”, en tanto el fin procurado era “desarrollar en el trabajador, en un grado máximo, las actitudes maquinales y automáticas, destruir el viejo nexo psicofísico del trabajo profesional calificado que exigía una cierta participación activa de la inteligencia, de la fantasía, de la iniciativa del trabajador, y reducir las operaciones productivas al mero aspecto físico, maquinal” (Gramsci, 2003: 306). La ligazón con las políticas “puritanas” de aquella época (desde la prohibición del alcohol hasta el control de la vida sexual, etc.) estaban orientadas a crear una nueva “humanidad” y “espiritualidad” vinculada con las nuevas lógicas productivas. Es interesante cómo aparecen de forma indisoluble en Gramsci la vinculación entre los procesos estructu- rales y superestructurales, la gestación de un nuevo hombre para la [24] Gramsci logró entrever los grandes rasgos del curso abierto en la década del treinta y que tomarían luego las sociedades capitalistas occidentales, que se con- solidaría con posterioridad a su muerte, en el escenario de la segunda posguerra, y duraría varias décadas hasta su declive frente a las nuevas lógicas del neoliberalismo. Gramsci BI.indb 48 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 49 construcción de una nueva sociedad, y cómo son los intelectuales orgánicos (en este caso, referentes burgueses como Taylor y Ford) quienes gestan la articulación entre ambos planos. Si bien Gramsci aborda aquí el caso norteamericano, no deja de utilizarlo para abrir preguntas no sólo sobre la sociedad capita- lista sino también sobre el socialismo, y es por eso que introduce el debate con Trotski y sus (fallidas) estrategias para orientar al trabajador en el proceso productivo soviético. Además, gravitan so- bre su reflexión la conjugación también inescindible entre los com- ponentes coercitivos y consensuales de toda estrategia de reforma intelectual y moral ligada al plan de reforma económica, en tanto el Estado en su rol de modelador del ambiente social general promue- ve iniciativas para gestar modificaciones superestructurales sobre los cambios en la estructura. El nuevo industrialismo lucha precisamente contra ese “humanis- mo”. Las iniciativas “puritanas” no tienen más finalidad que la de conservar, fuera del trabajo, cierto equilibrio psicofísico que impida el colapso fisiológico del trabajador, exprimido por el nuevo método de producción. Ese equilibrio no puede ser sino meramente externo y mecánico, pero podrá hacerse interior el día que sea propuesto por el trabajador mismo, no impuesto al trabajador desde fuera, sino por una nueva forma de sociedad, con medios adecuados y originales. El industrial norteamericano se preocupa por mantener la continuidad de la eficacia física del trabajador,de su eficacia muscular y ner- viosa: es interés suyo el contar con un personal estable, homoge- neizado permanentemente, porque también el complejo humano (el trabajador colectivo) de una empresa es una máquina que no debe desmontarse demasiado a menudo y que no puede renovarse en sus piezas singulares sin ingentes pérdidas (Gramsci, 2003: 307). Ahora bien, el taylorismo, con su planteo del trabajador como “go- rila amaestrado”, procuraba gestar una vía de escisión de prácticas específicamente intelectuales, para focalizar en la acción mecani- zada, necesaria en las nuevas lógicas productivas. Sin embargo, Gramsci sostiene que los industriales norteamericanos compren- dieron que esto nunca podía generarse de forma acabada y que el trabajador, aun mecanizado, sigue pensando mientras trabaja y que Gramsci BI.indb 49 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 50 su propia percepción de que se lo quiere reducir a un gorila amaes- trado, sumada a la nula satisfacción inmediata que genera dicho tipo de trabajo, podía generar actitudes poco conformistas de parte de los trabajadores. El americanismo es entonces la senda de asimilación hacia los nuevos trabajadores de la producción fordista, que no podía pro- venir sólo de iniciativas coercitivas como el prohibicionismo sino que debía “hacerse interior”, aparecer como propuesta para y por el trabajador mismo. Así, el “alto salario” cumple un rol consensual, “el cual puede ser obtenido, en las formas propias de una sociedad dada, por una mayor retribución que permita un determinado nivel de vida, capaz de mantener y reintegrar las fuerzas consumidas por este nuevo tipo de fatiga” (Gramsci, 2003: 314). Pero, según Gramsci, es un arma de doble filo, en tanto que si se gasta masivamente en el alcohol genera efectos destructivos sobre la fuerza de trabajo, y de allí que el Estado mismo haya tomado en sus manos el prohibi- cionismo o que el propio Ford en su empresa haya conformado un grupo de inspectores para controlar la vida privada de sus trabaja- dores y ver en qué gastan su salario. Además, Gramsci sugiere que si se universalizaran los altos salarios, la movilidad de la mano de obra y la desocupación tende- rían a rebajarlos. Sin embargo, entiende que los altos salarios están posibilitados por las condiciones de monopolio ligado a la iniciati- va de los nuevos métodos. Así sentencia: “a los beneficios de mo- nopolio corresponden salarios de monopolio” (2003: 315). Esto nos permite pensar cómo los centros económicos mundiales a través de sus prácticas imperialistas y de innovación tecnológica procu- ran volcar a su favor las relaciones de fuerzas internacionales y re- crear constantemente esta condición de monopolio que, al mismo tiempo, les permite alivianar la contradicción principal (capital/ trabajo) en sus propios territorios, desplazándola a la contradicción entre nación/imperialismo. Igualmente es necesario recordar, con Gramsci, que la situación de altos salarios no está pensada para ser universalizada ni siquiera en las economías centrales, sino limita- da a una “aristocracia obrera”. Es necesario pensar también su fun- ción en la fragmentación de las clases subalternas, que deteriora las relaciones de fuerzas sociales del campo popular en tanto lacera Gramsci BI.indb 50 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 51 la homogeneidad que actúa como base de la conciencia y organiza- ción colectiva, clave en las relaciones de fuerzas políticas. Intelectuales, partido político y la unidad entre teoría y práctica Finalmente, en la creación y consolidación de una concepción del mundo, que opera en la base de toda construcción hegemónica, la dirección política y cultural nos convoca a terminar de delinear el rol de los intelectuales y su relación con la fuerza política. Gramsci piensa en la importante gravitación que cobra un nuevo tipo de intelectual, distinto al tradicional: el intelectual orgá- nico, que posee una participación activa en la vida práctica, como constructor y organizador, que es permanentemente persuasivo, que se constituye en “dirigente”, y cuya fórmula define como: es- pecialista + político. Es por esto que Gramsci afirma: “todos los miembros de un partido político deban ser considerados como in- telectuales, he ahí una afirmación que puede prestarse a la burla y a la caricatura; sin embargo, si se reflexiona, nada hay más exacto” (Gramsci, 2004: 20). Ahora podemos comprender más claramente el rol que Gramsci concebía para el Príncipe moderno: el partido como impulsor de una reforma intelectual y moral. ¿Cómo se transforma el partido político con respecto al problema de los intelectuales? Se deben hacer algunas distinciones: (1) para algunos grupos sociales el partido político no es más que el modo de articular la propia categoría de intelectuales orgánicos (que se for- man de ese modo y no pueden dejar de formarse, dados los caracte- res generales y las condiciones de formación, de vida y de desarrollo del grupo social), directamente en el campo político y filosófico y no ya en el campo de la actividad productiva […] (2) para todos los grupos, el partido político es justamente el mecanismo que en la sociedad civil cumple la misma función que en medida más vasta y más sintéticamente cumple el Estado en la sociedad política, es de- cir, procura la unión entre intelectuales orgánicos de un grupo dado, el dominante, y los intelectuales tradicionales; y el partido cumple Gramsci BI.indb 51 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 52 esta función en forma dependiente de su función fundamental, que es formar sus propios componentes, elementos de un grupo social que ha surgido y se ha desarrollado como económico, hasta conver- tirlos en intelectuales políticos calificados, dirigentes, organizado- res de toda la actividad y la función inherente al desarrollo orgánico de una sociedad integral, civil y política. Se puede decir que en su ámbito el partido político cumple su función de modo más completo y orgánico que la que el Estado cumple en un ámbito más vasto: un intelectual que entra a formar parte del partido político de un deter- minado grupo social se confunde con los intelectuales orgánicos del mismo grupo, se liga estrechamente al grupo (Gramsci, 2004: 19-20). A su vez, la actividad intelectual puede ser distinguida en grados que van desde los “administradores” y divulgadores de la riqueza intelectual ya existente, hasta el más alto grado donde se ubican los creadores de las diversas ciencias, de la filosofía, del arte, etc. En este sentido, su tarea conlleva crear una nueva cultura acorde con el grupo social al que son orgánicos, lo cual implica tanto el desarrollo de descubrimientos, de innovaciones en las ciencias, el arte, etc., así como su –no menos importante– socialización en el trabajo de masas cotidiano. Además, los intelectuales orgánicos de los distintos grupos sociales que buscan establecer su hegemonía lucharán por la asimilación y la conquista ideológica de los inte- lectuales tradicionales. Retorna aquí la reflexión en torno al Estado y las clases socia- les. Gramsci señala que “la unidad histórica de las clases dirigentes se produce en el Estado” (1999: 491) y que “las clases subalternas, por definición, no se han unificado y no pueden unificarse mientras no puedan convertirse en ‘Estado’” (1999: 491). En el análisis de las clases subalternas, nos convoca a estudiar la formación objetiva de los grupos subordinados, indagando las transformaciones del mundo de la producción económica, su adhesión activa o pasiva a las formaciones políticas dominantes, su capacidad para incidir en sus programas e imponer reivindicaciones propias y sus con- secuencias; el nacimiento de partidos nuevos de las clases domi- nantes orientados a mantener el consentimiento y el control de los grupos subalternos; las formaciones de losgrupos subalternos para Gramsci BI.indb 52 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 53 reivindicaciones de carácter reducido y parcial; las nuevas forma- ciones que afirmen la autonomía de los grupos subalternos, pero dentro de los viejos marcos; las formaciones que afirmen la auto- nomía integral, etc. Gramsci señala la necesidad de analizar la línea de desarrollo desde las fases más primitivas hasta el desarrollo de la autonomía integral, y ver el grado de incidencia y hegemonía de las formaciones políticas de los grupos dominantes y subalternos sobre el conjunto social, preguntarse cuáles son las fuerzas innova- doras, rescatar la expresión disgregada de las fuerzas subalternas en la historia nacional y cómo se van dando las relaciones de domi- nación y autonomía emancipatoria. De este modo, vemos que según Gramsci el rol principal tan- to de los intelectuales como del Príncipe moderno es la construc- ción de hegemonía en tanto dirección política y cultural que está ligada a su vez a los procesos de carácter estructural, o sea, a la dirección económica de la sociedad. Como observamos, estas ta- reas parten de una crítica del sentido común dominante[25], y se relacionan con la necesidad de dotar al grupo social de conciencia y homogeneidad[26], es decir, de expresar en un proyecto la unidad de fines políticos y económicos según una concepción del mundo determinada. Es aquí donde aparece la problemática de la unidad de teoría y práctica, ambas indispensables para la construcción de hegemonía. Así, esta unidad está directamente relacionada con la creación y difusión de una concepción del mundo coherente y unitaria del grupo social, que supera el sentido común y se torna crítica, como paso primigenio para que luego pueda transformarse en “partido” y disputar hasta prevalecer y difundirse por toda el área social. En este punto, parece relevante traer las reflexiones de Gramsci acerca de la religión. Gramsci ve a la religión como una [25] Entendemos que el grado de radicalidad de la crítica dependerá del tipo de orga- nicidad que revista y su carácter sistémico o antisistémico, revolucionario, reformista o reaccionario en relación con el escenario de lucha de clases existente. [26] La homogeneidad refiere, como vimos, a que cuando la concepción del mundo no es crítica, se pertenece simultáneamente a una multiplicidad de hombres masa, por estar atravesado por un conjunto de concepciones del mundo pertenecientes a otros grupos sociales. Gramsci BI.indb 53 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 54 “unidad de fe entre una concepción del mundo y una norma de conducta conforme a ella” (2008: 10), y entiende que en dicha uni- dad nace su potencia. ¿Por qué no llamarla ideología y política?, se pregunta Gramsci, y esto lo lleva a un momento crucial: la relación entre el pensar y el obrar, entre la teoría y la práctica. Si la reli- gión se define por una tendencia o profesión de la unidad entre la teoría y la práctica, es usual notar un contraste entre ambas. ¿Por qué? Porque puede haber una coexistencia de dos concepciones del mundo: una que se afirma en las palabras y otra en los actos. Pero rápidamente Gramsci aclara que esto no es sinónimo de engaño y mala fe, sino que puede ser la expresión de las contradicciones pro- pias del mundo social. Y así volvemos a un punto clave: estamos en presencia de un orden social basado en relaciones contradictorias. Como lo han sostenido los principales referentes del mar- xismo, esto se funda en un modo de producción de la vida donde la unidad central, el capital como relación social, se instituye en la articulación de dos polos que se atraen al mismo tiempo que se niegan. El capital como relación social, unidad compuesta por el par dialéctico capital/trabajo, constituye una relación contradictoria nodal del modo de producción capitalista implicando una disloca- ción permanente, estructural, en toda sociedad burguesa en tanto la unidad de los contrarios se encuentra articulada como relación de explotación[27]. Así, en un cuerpo social escindido en clases, ba- sado en una relación contradictoria donde los medios de producción material y espiritual tienden a estar concentrados en una minoría, es posible que las mayorías participen de la visión del mundo del [27] Esta relación de explotación halla su epicentro en la teoría del valor consistente en la apropiación privada del producto del proceso colectivo de trabajo a través de la extracción de plusvalor. Por un lado, la negación actúa en las relaciones de propiedad sobre las que se funda la relación de explotación: para que haya plusvalor, base de la ganancia empresaria, debe haber agentes propietarios de medios de producción y agentes negados de dicha propiedad, o sea desposeídos de medios de producción. De ahí que la relación de clase sea contradictoria. Por otro lado, la extracción de plusvalía implica la negación al trabajador de buena parte del producto generado por su fuerza productiva, escindiendo su carácter colectivo en el marco de la apropiación privada. Es en este proceso donde ancla la contradicción entre capital y trabajo, la cual se establece entre un proceso de producción que es colectivo, y las relaciones de propie- dad que derivan en la apropiación privada del fruto de dicho proceso, involucrando relaciones de explotación y dominación. Gramsci BI.indb 54 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 55 opresor. Pero esto no se resuelve de una vez para siempre porque la contradicción es disruptiva, y la ideología no puede recubrir total- mente la realidad de la opresión. Y ahí aparece este señalamiento del desdoblamiento posible entre acción y pensamiento. Gramsci señala que cada grupo social posee una visión del mundo que se manifiesta al menos de modo embrionario en la acción, aun cuando en “tiempos normales” se participe de modo subordinado, tomando en préstamo una concepción que no es la suya. Aquí resulta necesario volver al rol de la crítica y la relación entre sentido común y buen sentido. Dijimos que el sentido común es la cristalización de un conjunto de concepciones vagas y heterogéneas que se sustancian en los múltiples espacios de socialización y que es, al mismo tiempo, el sentido común dominante porque expresa la resultante de las luchas sociales (y los que ganan tienden a escribir la historia). Pero Gramsci rescata la existencia de núcleos de buen sentido: es posible –a través de la reflexión crítica– la toma de con- ciencia, develar y así desarmar los mecanismos de la dominación. Hay núcleos que no pueden ser eliminados ni por la hegemonía más poderosa. ¿Por qué? Porque la ideología no puede eliminar la ob- jetividad de la posición que se ocupa en la sociedad. Y es por esto que Gramsci en su análisis de situaciones no sólo rescata las rela- ciones de fuerzas políticas, sino que también da amplia relevancia a las relaciones de fuerzas sociales, y su anclaje estructural según el lugar y función que los grupos sociales ocupan en la producción. En las sociedades modernas donde la jornada laboral ocupa entre ocho y doce horas de cada día, y que define el ingreso (que a su vez habilita los distintos “estilos” de vida y patrones de consumo de las familias), es innegable la gravitación que tiene sobre las personas la posición ocupada en la estructura social. Pero esta cuestión no se resuelve de modo sencillo, y así Gramsci recupera a Marx y nos recuerda que es en el plano de la ideología donde los hombres to- man conciencia de los conflictos en la estructura. Entonces se hacen visibles tres problemas[28]: en primer lugar, comprender la relevan- cia de la batalla ideológica y establecer su correcta relación con la [28] Dos problemas que ya venimos desarrollando y un tercero que es necesario ahora abordar. Gramsci BI.indb 55 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 56 estructura; en segundo lugar, la relaciónentre teoría y práctica; y en tercer lugar, la relación entre ciencia y política. En su análisis, Gramsci invoca la importancia de la unión entre teoría y práctica. Por eso denomina al marxismo como filosofía de la praxis, porque la tarea del movimiento emancipatorio parte de una crítica al sentido común, que implica poner en evidencia la do- minación como primer paso para tomar conciencia, y luego avan- zar, a partir de esta crítica –que pone de plano las contradicciones del orden social–, a construir una propia visión del mundo: “se tra- ta, por lo tanto, de elaborar una filosofía que, teniendo ya difusión o difusividad por encontrarse conectada a la vida práctica implícita en ella, se convierta en un renovado sentido común” (2008: 14). El trayecto es entonces la crítica del sentido común y la elaboración de una concepción coherente con la posición ocupada por el propio grupo social, reuniendo nuevamente pensamiento y acción. Debe partirse del sentido común, pero no se queda ahí sino que tiene que envolver las formas más avanzadas y rigurosas del plano de las ideas, es decir, alcanzar el nivel de la ciencia, como pensamiento lógica y sistemáticamente organizado. Aquí llegamos a vislumbrar la amplitud que puede involucrar la construcción de hegemonía cuando la misma logra crear una nue- va concepción del mundo que se convierte en nuevo bloque histórico: se alteran las relaciones productivas, las relaciones políticas, se fun- dan nuevos valores y creencias que comienzan a permear tanto en el sentido común como en la formas más elaboradas del pensamiento como la ciencia. Y, a su vez, los cambios en la ciencia generan mo- dificaciones en las lógicas productivas, siempre vinculadas con cuál es el grupo social dirigente; y simultáneamente, la ciencia aplicada al estudio de las sociedades dota a los grupos sociales de capacidad de intervención sobre los aspectos políticos, ideológicos y culturales. Es por eso que Gramsci rescata al marxismo como concepción del mundo que alcanza el plano científico y realiza el precepto de la Tesis XI de Marx sobre Feuerbach (Marx, 1845), de comprender el mundo para transformarlo, realizando así la unidad de teoría y práctica (de allí que lo denomine como filosofía de la praxis). Pero en el desarrollo histórico concreto de la unidad de teoría y práctica aparece una tensión que atraviesa todo el trayecto: la Gramsci BI.indb 56 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 57 relación entre los intelectuales y la masa. Mientras que las religiones (cuya potencia Gramsci ve en su capacidad de unir doctrina y ac- ción) tienden a restringir, como el catolicismo de su época, a las ma- sas a lo más primitivo de su concepción del mundo –en la filosofía del sentido común–, el pensamiento emancipador, la filosofía de la praxis, tiene que conducir a las masas a las formas más desarro- lladas del pensamiento. Entramos directamente en el terreno de la construcción de hegemonía: La comprensión crítica de sí mismo se logra a través de una lucha de “hegemonías” políticas, de direcciones contrastantes, primero en el campo de la ética, luego en el de la política, para arribar finalmente a una elaboración superior de la propia concepción de la realidad. La conciencia de formar parte de una determinada fuerza hegemónica (esto es, la conciencia política) es la primera fase para una ulterior y progresiva autoconciencia, en la cual teoría y práctica se unen final- mente. Pero la unidad de la teoría y de la práctica no es, de ninguna manera, algo mecánicamente dado, sino un devenir histórico, que tiene su fase elemental y primitiva en el sentido de “distinción”, de “separación”, de independencia instintiva, y que progresa hasta la posesión real y completa de una concepción del mundo coheren- te y unitaria. He aquí por qué es necesario poner de relieve que el desarrollo político del concepto de hegemonía representa un gran progreso filosófico, además de un progreso político práctico, porque necesariamente implica y supone una unidad intelectual y una ética conforme a una concepción de la realidad que ha superado el senti- do común y se ha tornado crítica, aunque sólo sea dentro de límites estrechos (Gramsci, 2008: 16-17). Pero, como decíamos, si las religiones pueden limitar a las masas a las formas más primitivas de su filosofía, la filosofía de la praxis tiene que llevarlas a todos los planos porque implica un camino de toma de conciencia para la emancipación. De nuevo aparece el problema de la unidad entre teoría y práctica y el rol de los intelec- tuales cobra centralidad. Gramsci sentencia que, a pesar de tener núcleos de buen sentido, las masas no tienden a independizarse per se, y que por eso es necesaria la organización y la creación, des- de su seno, de un grupo activo de organizadores y dirigentes que Gramsci BI.indb 57 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 58 pujen hacia adelante en esta tarea de conciencia. Gramsci analiza la dinámica intelectuales-masa y sostiene que el desarrollo de la capa de intelectuales debe estar ligado a un movimiento análogo de desarrollo de las masas: este es el camino de la reforma intelectual y moral. En este trayecto advierte que la “fidelidad” de los intelec- tuales a las masas será puesta a prueba. También insiste en que el elemento “práctica” de la unidad, las masas, deben ir avanzando desde las fases de conciencia más ligadas a la estructura, y –como Gramsci identificaba en su análisis de relaciones de fuerza– pasar de las formas de conciencia económico-corporativas a formas más abarcativas aun en el plano económico, alcanzando finalmente la conciencia política donde se desarrolla específicamente la lucha por la hegemonía. Gramsci destaca la importancia de los partidos políticos para la elaboración y difusión de las concepciones del mundo, su tarea formativa y organizativa, motivando la unificación entre teoría y práctica en el movimiento histórico real. También señala que la mejor forma de avanzar hacia la sustitución del sentido común dominante por una nueva visión del mundo es a través de la re- petición incansable de los argumentos y de apuntar a trabajar ideo- lógicamente con los sectores más vastos del campo popular para suscitar de ellos elementos dirigentes. Asimismo, Gramsci aclara que la toma de conciencia no se da mecánicamente, sino que es un largo proceso que comienza con la “distinción”, la separación instintiva del grupo, y progresa hasta poseer una concepción del mundo propia. Para esto es in- dispensable la creación de una categoría de intelectuales, porque no hay independencia sin organización y no hay organización sin organizadores y dirigentes, “es decir, sin que el aspecto teórico del nexo teoría-práctica se distinga concretamente en una capa de personas ‘especializadas’ en la elaboración intelectual y filosófi- ca” (Gramsci, 2008: 17). De este modo observamos la relación en- tre partido e intelectuales que expresa el movimiento de la unidad teoría-práctica[29]. [29] Si bien una visión crítica, en una perspectiva revolucionaria, implica dejar de ser dirigido por los grupos sociales dominantes que, en la sociedad de clases, poseen Gramsci BI.indb 58 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 59 Aparece entonces el problema de cómo identificar la teoría y la práctica, al que Gramsci encuentra dos caminos principales. Uno refiere a construir sobre una determinada práctica una teoría que, coincidiendo e identificándose con sus elementos decisivos, acele- re el proceso histórico en acto, tornando a la práctica más homo- génea, coherente y eficiente, volviéndola poderosa al máximo. El otro camino implica que, dada cierta posición teórica, se avance a organizar el elemento práctico indispensable para su puesta en práctica. En ambas posibilidades la unidad de teoría y práctica es un acto crítico, consciente, por el cual la práctica se demuestra ra- cional y necesaria,y la teoría se muestra racional y realista. Esto se ve más claramente en los momentos de transición, cuando las fuerzas prácticas desatadas necesitan ser justificadas, o cuando se multiplican los programas teóricos que exigen ser justificados de manera realista y ser asimilables por los movimientos prácticos. Conclusiones. Vigencia del pensamiento de Gramsci para la actualidad latinoamericana Gramsci es un exponente destacado del pensamiento crítico, he- redero de una concepción del mundo de carácter emancipatorio donde teoría y práctica se funden alcanzando los planos más ela- borados que constituyen su condición científica: el marxismo. Así, la propia extensión que compone toda concepción del mundo en la perspectiva gramsciana nos permite entrever el vasto y profundo alcance que tiene su enfoque de la hegemonía: parte desde el más intereses contradictorios, potencialmente antagónicos, respecto de los grupos sub- alternos, basados en la explotación del trabajo y la apropiación privada de la riqueza socialmente creada, cuando abordamos procesos de cambios (como los de Argentina y Brasil, entre otros) que no procuran, al menos en el corto plazo, generar un proyecto alternativo al de la sociedad de clases, hay que enfocar en el grado de ruptura que presentan respecto del orden vigente anterior al que se enfrentaron, cómo se fue ges- tando un cambio en las relaciones de fuerzas y cuáles son las articulaciones de clases que expresan, y si en ellas las clases subalternas lograron avanzar en incidir con sus reclamos y conquistar mejores condiciones a partir de sus luchas. Esto también implica observar quiénes son construidos como adversarios y cómo se alza la crítica contra estos y su concepción del mundo. Gramsci BI.indb 59 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 60 básico sentido común, de las prácticas cotidianas, para romper con ellos a partir del rol de la crítica que permite hacer visibles las ca- denas de la dominación, las incongruencias que aparecen amalga- madas en el propio hecho de que, en las sociedades capitalistas, las grandes masas son dirigidas por minorías que concentran no sólo las riquezas sino también los resortes de la producción ideológico- cultural, definiendo tanto los valores como las propias categorías desde las cuales se comprende al mundo. Como muestra Gramsci, la crítica es el primer acto de liberación, pero sola no alcanza: debe ser acompañada de la elaboración consciente de la propia concep- ción del mundo, coherente con la posición que las mayorías ocupan en la estructura social, que permita dar cuenta de la subordinación y tejer las nuevas ideas y valores que le habiliten resquebrajar la dominación, conformarse como voluntad colectiva, organizarse y dar batalla en todos los planos de la existencia en sociedad hasta triunfar. Gramsci mismo, como cuadro del Partido Comunista, dio su propia vida en esa batalla: aun incapacitado de conducir a sus ca- maradas en la noche más oscura que atravesó su patria, encontrán- dose en las prisiones del fascismo, dejó para la humanidad toda y para sucesivas generaciones la riqueza de sus ideas, de ahí que sus conceptos sean más punzantes que las armas. En este sentido, elegimos delinear algunas conclusiones que permitan explicitar la vigencia del pensamiento gramsciano recupe- rando las categorías vistas, tendiendo lazos al presente. Re-pensar a Gramsci hoy es una invitación a plantearnos seriamente las dinámi- cas de los procesos actuales de cara a su profundización rupturista, es volver a poner en escena la pregunta por la revolución, asumien- do su complejidad, las múltiples dimensiones y escalas donde se materializan estos procesos y plantear cuáles son las estrategias que definen hoy el avance de los pueblos. Atravesamos en América Latina una etapa que viene caracterizada por ese avance, donde se agrietaron los consensos de la era neoliberal y comenzaron a apare- cer nuevas búsquedas, que en sus casos más radicalizados volvieron a reinstalar al socialismo como horizonte societario. Son palpables los cambios suscitados a nivel de las relacio- nes de las fuerzas internacionales que, como vimos, implican inda- gar en las transformaciones orgánicas del capital a nivel mundial Gramsci BI.indb 60 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 61 y la conformación de las grandes potencias, los agrupamientos de Estados en distintos bloques o sistemas hegemónicos y observar las relaciones de independencia y soberanía en lo que respecta a las potencias menores. Esto se emparenta con el carácter dual de la acu- mulación de capital que veía Rosa Luxemburgo (1912): por un lado, en el terreno de producción de plusvalor, en las fábricas, las minas, los campos, etc., donde aparece como proceso puramente económico y, por otro, en el escenario mundial, donde predomina la lógica polí- tica colonial, el saqueo y la guerra. Desde los años setenta en ade- lante se fue consolidando, como lo denomina David Harvey (2005), un “nuevo” imperialismo impulsado por la hegemonía norteamerica- na y apoyado por los organismos financieros internacionales, que promovieron el neoliberalismo como concepción del mundo, con- formando una nueva ortodoxia económica que conllevó un fuerte cambio en las relaciones de fuerzas a nivel internacional. Fueron tiempos de una ofensiva triunfante del capital concentrado frente al trabajo en toda dimensión, donde el capital financiero cumplió un papel central para esta fase del dominio global burgués gestando, según Harvey, una acumulación por desposesión: las crisis de endeu- damiento externo en los países periféricos fueron la punta de lanza para instalar planes de ajuste estructural, pérdidas de derechos y recursos para las clases subalternas, donde un puñado de grandes transnacionales avanzó a través de la privatización de las empresas públicas y la extranjerización habilitada por las reformas neolibera- les, dando lugar a procesos de concentración económica donde tan sólo el 10% de la población controla el 85% de la riqueza mundial. En América Latina estos procesos se abrieron paso prin- cipalmente a sangre y fuego, a través de férreas dictaduras que eliminaron buena parte de la militancia popular, quebrando la con- formación de la voluntad colectiva que, en diversas expresiones, las clases subalternas venían gestando en las distintas naciones, y disciplinaron al conjunto de la sociedad de forma duradera. Lo que las clases dominantes no lograban instituir a través del con- senso, lo realizaron bajo el imperio de la coerción, que llegó a su punto más agudo con el terrorismo de Estado. Fue sobre la rees- tructuración regresiva de las sociedades latinoamericanas donde pudieron luego erigir y fortalecer nuevos momentos de consenso, Gramsci BI.indb 61 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 62 con hegemonías que bajo la impronta norteamericana se anclaban en valores fuertemente individualistas y consumistas, coherentes con el neoliberalismo en curso. Sin embargo, toda relación de fuerzas es dinámica y lo que parecía el imperio indiscutido del gran capital y la hegemonía uni- polar de Estados Unidos en el plano mundial, con la Unión Europea como aliado, comenzó a deteriorarse y a poco más de una década de la caída del socialismo europeo y la disolución de la Unión Soviética, el “fin de la historia” proclamado comenzó a ser puesto en cuestión. Así, los comienzos del siglo XXI vieron forjarse un nuevo cambio en las relaciones de fuerzas a nivel internacional. Por un lado, la comandancia unilateral de Estados Unidos comenzó a ser contra- pesada por el fortalecimiento de naciones como China y Rusia, y su posterior articulación económica en el BRICS[30]. Por otro lado, en lo que consideran como su propio “patio trasero” surgieron proce- sos populares de resistencia al neoliberalismo que avanzaron hasta convertirse en gobierno y pusieron freno a la estrategiade subordi- nación económica que implicaba el ALCA[31]. Este fue un punto de inflexión clave gestado a través de la coordinación de los gobiernos de Hugo Chávez, Lula Da Silva y Néstor Kirchner en 2005. Fue un acto de soberanía fundacional, que dio aire al proceso de integra- ción latinoamericana más vigoroso desde la gesta independentista, dando lugar a experiencias como la creación de la UNASUR, el ALBA y la CELAC y la ampliación del MERCOSUR. Incluso dentro del blo- que latinoamericano surgieron diversos procesos, encabezados por Venezuela y seguidos por Bolivia y Ecuador, entre otros, que volvie- ron a mencionar la palabra prohibida: el socialismo como horizonte de emancipación de los pueblos. Ese socialismo que no puede ser ni calco ni copia, como decía Mariátegui (1928), sino creación heroica de los pueblos y que por eso asume nuevas búsquedas acorde a sus [30] Bloque constituido por las potencias emergentes: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. [31] El ALCA es el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, donde Estados Unidos buscaba establecer una zona continental (excluyendo a Cuba) que sirviera a la repro- ducción ampliada de sus propias transnacionales, garantizándoles un acceso prefe- rencial por sobre las de otras potencias extra-continentales. Gramsci BI.indb 62 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 63 tiempos, a su propia historicidad como Socialismo del siglo XXI o Socialismo del Vivir Bien, comenzando no sólo a transformar el go- bierno sino a impulsar distintas formas de organización social y a alentar relaciones de producción alternativas. Este último factor nos sitúa directamente en una primera di- mensión que Gramsci señala en su análisis de relaciones de fuerzas en la escala nacional, y que refiere a una relación de fuerzas sociales estrechamente ligada a la estructura, objetiva, que implica analizar a los grupos sociales en conexión con el desarrollo de las fuerzas materiales de producción, viendo la función y posición que ocupan en la producción misma. Esto involucra captar un tipo de poder que emana de la estructura. Como dijimos, hoy las grandes cor- poraciones transnacionales poseen distintos niveles de capacidad decisoria sobre las variables económicas de las distintas economías nacionales (así como a nivel global) ya que, por su volumen de ne- gocio, sus propias acciones inciden, por ejemplo, sobre el empleo, la inversión, el crecimiento, etc. Pensemos en el caso de la Argentina y su debate recurrente en torno al proceso inflacionario; esta di- mensión de las relaciones de fuerzas, que muchas veces es la más difícil de percibir, tiene un peso destacado, en tanto la continuidad de una estructura económica concentrada nos enfrenta con grupos económicos con capacidad de formar precios e imponer las condi- ciones generales en cada cadena de valor, maximizando sus ganan- cias frente, por un lado, a otros agentes capitalistas de menor porte (por ejemplo, productores atomizados, empresas tercerizadas, etc.) y, por otro, frente a los trabajadores que consumen los bienes fi- nales, deteriorando su salario real y ampliando la porción para el capital en la distribución funcional del ingreso. Pero además de las condiciones oligopólicas en la producción se encuentra también la misma situación en la comercialización, donde los grandes hiper- mercados terminan definiendo los precios de venta final en condi- ciones sumamente favorables para ellos y desfavorables para los trabajadores[32]. Lo mismo puede pensarse en torno a la posesión [32] Entiéndase que no buscamos aquí referirnos al entramado complejo de causas del proceso inflacionario argentino, el cual requiere a su vez de indagar los planes de política pública y el conjunto de estrategias de los principales agentes económicos, Gramsci BI.indb 63 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 64 de las divisas; en la industria argentina, el reducido núcleo de 100 empresas líderes ligadas al procesamiento de recursos básicos ex- hibe una balanza comercial positiva en unos US$15.810 millones, mientras que el resto es altamente deficitario (US$-16.529 millones) (Azpiazu y Schorr, 2010). Esto denota el poder estructural de este conjunto de agentes a partir de la posesión de divisas y su creciente concentración con base en el aprovechamiento del bajo costo labo- ral y las ventajas comparativas naturales. A esto se le suma el po- der de los conglomerados financieros, con capacidad de realizar, en articulación con las grandes empresas, corridas bancarias contra la moneda local, con fuerte capacidad de desestabilización[33]. Pero no sólo la burguesía tiene poder estructural, sino que las clases subalternas también lo tienen, por lo que hay que observar su grado de desarrollo como fuerza productiva, sus características (de mayor homogeneidad o fraccionamiento) y el nivel de control que tengan sobre los medios de producción. En este sentido, puede recordarse, por ejemplo, cómo la última dictadura en la Argentina buscó heterogeneizar las condiciones objetivas de vida de los tra- bajadores para quebrar su solidaridad, que era favorecida a nivel estructural por el alto grado de asalarización, su fuerte componente de empleo industrial y las homogéneas condiciones de trabajo e in- gresos. A la vez, procuró homogeneizar a la clase dominante y forjar un nuevo bloque de poder que articulara los intereses de los grupos económicos locales con el gran capital transnacional (Villarreal, 1985). Por el contrario, la Venezuela bolivariana emprendió una vas- ta estrategia para generar nuevas relaciones de producción y em- poderar a los trabajadores, generando una fuerza integral, no sólo política, sino también económica y social, que pudiera comenzar a disputarle el proceso productivo al gran capital. Así se avanzó, por un lado, en nacionalizaciones y expropiaciones y, por otro, en la creación de unidades dirigidas por sus trabajadores y empresas sino poner de relieve la incidencia que sobre dicho proceso tienen las relaciones de fuerzas sociales cuando yacemos en una estructura que, a pesar de las transforma- ciones sucedidas desde 2003, posee un alto grado de concentración económica. [33] Para un análisis completo de las dinámicas de hegemonía y acumulación en la Argentina post-convertibilidad ver Varesi (2013). Gramsci BI.indb 64 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 65 mixtas, cogestionadas entre trabajadores y Estado. Además, se vol- caron cuantiosos recursos y políticas públicas para alimentar no sólo la producción sino también la comercialización de los produc- tos generados por esta economía alternativa, como en la Misión Alimentación, que incluye a la red Mercal y PDVAL, forjando una cadena de expendios de bienes de consumo masivo a precios un 30 o 40% más bajo que en los mercados privados, donde circulan también las producciones socialistas mientras se combate la inflación[34]. El segundo nivel refiere a la relación de fuerzas políticas y po- see distintas gradaciones, según su condición de homogeneidad, conciencia política colectiva y organización, partiendo de un grado económico-corporativo, hasta alcanzar finalmente un grado supe- rior, estrictamente político. Allí se plantea la cuestión del poder en toda su magnitud, incluyendo las dimensiones anteriores pero sobrepasándolas en un momento cualitativamente distinto, donde las ideologías se transforman en “partido” y entran en lucha hasta que una tiende a prevalecer y difundirse por toda la sociedad, de- terminando la unidad de los fines económicos y políticos, la unidad intelectual y moral, planteando todas las cuestiones en torno a las cuales “hierve la lucha”, no ya sobre un plano corporativo, sino so- bre un plano universal. Así, se crea la hegemonía de un grupo social fundamental sobre una serie de grupos subordinados, hasta llegar a la fundación de un nuevo Estado. Aquí encontramos el lugar específico que ocupa el concepto de hegemoníaen el pensamiento gramsciano, sin dejar por ello de dar cuenta del vasto alcance que posee su perspectiva en extensión. La hegemonía es dirección política, ideológica y cultural de un grupo social sobre otros. Esta capacidad de conducción implica la predo- minancia de los componentes consensuales sobre los componentes coercitivos (ambos constitutivos de la propia dimensión política), por lo que involucra la participación de los grupos dirigidos en la visión [34] Gramsci mismo vivió un proceso de cambios de relación de fuerza que pudo ha- ber llegado a ser culminante cuando entre 1919 y 1920 los trabajadores conformaron Consejos de Fábrica, tomando las riendas del proceso productivo, aunque luego fue- ron derrotados y más adelante el propio capitalismo se fue reformulando de modo de expropiar el conocimiento de los trabajadores y situarlo escindido en las más altas esferas de las empresas. Gramsci BI.indb 65 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 66 del mundo del grupo dirigente. Es la posibilidad de hacer aparecer la realización de intereses y proyectos particulares como si fuera una expansión universal, un desarrollo del conjunto de la sociedad; pero esto no es mero “engaño”, sino que tiene que ver con las distintas estrategias y concesiones que el grupo dominante articula con los grupos dominados y en convencer a estos grupos a tal punto que se dificulte hasta la misma percepción de los lazos de dominación. No obstante, estas afirmaciones no valen sólo para la domina- ción sino que también aportan claves para pensar la emancipación. Esto se debe a que el origen de la perspectiva gramsciana de la hege- monía se basa en la percepción que Gramsci tuvo sobre el desarrollo de las sociedades y su complejización creciente, vinculada con las estrategias de transformación adecuadas. Gramsci observa que si bien el Estado continúa siendo un ámbito primordial de poder, el de- sarrollo de la sociedad civil implica que el poder se ha disgregado en una multiplicidad de “trincheras”. De este modo, haciendo analogía con las estrategias militares de la Primera Guerra Mundial, asimila la construcción de hegemonía a la guerra de posiciones, la guerra de trin- cheras, que requiere que las fuerzas movilicen esfuerzos en todas las dimensiones de lo social, en una batalla de largo aliento. Ya no alcanza sólo el triunfo militar, el éxito económico, ni la dirección del Estado, sino que también se debe expandir la propia visión a los di- versos ámbitos donde se gestan consensos, se debe avanzar a ocupar y transformar todas las instancias donde se aloja el poder (porque es sabido que la trinchera que no ocupa uno siempre la ocupa otro) y avanzar a conquistar la adhesión activa o pasiva de los distintos grupos sociales para dar lugar al desarrollo de un proyecto eman- cipador. En este punto, Gramsci muestra una vez más una mirada crítica respecto de los enfoques del izquierdismo, de las posiciones basadas en el maniqueísmo, en el mero “asalto” al poder o en el “todo o nada”; percibe la política desde una mirada seria de construcción de poder, donde hay que meterse en el barro y comenzar a alterar todos los resortes de reproducción de la sociedad[35]. [35] En ese sentido fue crítico del abandono por parte de la Internacional de la política de “frente único” contra el fascismo y de la adopción de la política de clase contra clase, sosteniendo la necesidad de articular fuerzas contra la derecha de su momento. Gramsci BI.indb 66 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 67 La construcción de hegemonía es entonces una batalla in- tegral, palmo a palmo en todos los niveles de la sociedad: en la cultura, los valores, las ideas, los espacios de todo tipo que confor- man la sociedad civil (partidos, sindicatos, clubes, medios, etc.), las instituciones del Estado, así como en los lugares de trabajo. Es por esto que Gramsci aboga por la conformación de fuerzas igualmen- te integrales que, como Príncipes modernos, afronten la tarea de construir una voluntad colectiva para impulsar el proceso de trans- formación. Y en este punto, la formación de cuadros, de dirigentes insertos en todos los frentes de masas, es fundamental, sin dejar al mismo tiempo de aspirar a gestar organizaciones de masas, en tan- to el partido aparece, en la concepción gramsciana, como la parte más activa de la propia voluntad colectiva en formación. Es necesario observar que Gramsci también se distancia de las visiones politicistas de la hegemonía. Concibe que la construc- ción de hegemonía contiene un sustrato material vinculado con la estructura. Y es por eso que da relevancia a las relaciones de fuer- zas sociales y al análisis del mundo de producción, sin escindirlo del estudio de las otras dimensiones de las relaciones de fuerzas que constituyen las sociedades. No hay posibilidad de generar un proceso de emancipación de los grupos subalternos sin modificar el yugo del gran capital en el terreno de la producción; la volun- tad colectiva que conforma un pueblo no es una mera construc- ción discursiva, ya que si bien la disputa de los sentidos tiene en Gramsci un lugar destacado, el sujeto popular se halla ligado a las posiciones que los grupos que conforman dicho sujeto tienen en la estructura productiva. Esto se vincula con que Gramsci concibe las sociedades en términos de bloque histórico, que es una categoría de totalidad y que expresa el nexo orgánico entre la estructura y las superestructuras. La articulación de los fenómenos estructurales y superes- tructurales se expresan siempre de forma compleja en los proce- sos históricos concretos. En procesos como los que actualmente se están dando en Latinoamérica, se percibe una línea de ruptura respecto de las principales políticas neoliberales y de la sujeción di- recta y servil a Estados Unidos, evidenciando cambios a nivel de las relaciones de fuerzas internacionales y de las relaciones de fuerzas Gramsci BI.indb 67 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 68 políticas. Aun así, en el nuevo bloque político latinoamericano se expresan dos grupos, uno encabezado por Brasil y Argentina, que avanzaron a recomponer fuertemente las condiciones de vida de sus pueblos y han dado grandes batallas por la unidad regional, pero vienen desplegando proyectos que en lo económico no buscan romper con la dominación del capital, aplicando modelos de acu- mulación de carácter neodesarrollistas, que igualmente establecen importantes diferencias con la dominación previamente materiali- zada a través de la concepción del mundo neoliberal. En tanto, otro grupo, encabezado por Venezuela, Bolivia y Ecuador, plantea la ne- cesidad de trascender el propio capitalismo, buscando empoderar al pueblo también en el plano económico, de modo de avanzar en un proceso de liberación integral de las clases subalternas. En este sentido, es necesario captar las particularidades nacionales y los vínculos internacionales, dando cuenta de cómo se articulan de for- ma compleja las dimensiones estructurales y superestructurales. En ese camino, Gramsci da una expresión concreta a este vínculo que liga el bloque histórico: los intelectuales, el problema de la lucha ideológica y la estrategia política. Pero no hay lucha ideo- lógica ni política sin fuerza política organizada, y de allí la relevan- cia del Príncipe moderno gramsciano. De hecho, en el pensamiento de Gramsci, Príncipe moderno e intelectuales comparten un mismo núcleo, un mismo rol orgánico: la dirección ideológico-cultural im- plicada en su idea de reforma intelectual y moral, y la dirección po- lítica, que parte de la construcción de una voluntad colectiva. El Príncipe moderno surge de la lectura que realiza Gramsci sobre El Príncipe de Maquiavelo, en el que ve la personificación sim- bólica de la voluntad colectiva que procura la concreción de un fin político, fundar un nuevo Estado, para el cual deberáser un ins- trumento de instrucción y convencimiento del pueblo. Ahora bien, Gramsci entiende que el Príncipe no podía ser un héroe individual, sino un organismo colectivo: el partido político. A su vez, Gramsci tenderá a expresar dos acepciones distintas de partido: una amplia, donde cada partido es una nomenclatura de clase, y una acotada al partido como organización particular. Además, es importante res- catar que Gramsci no tiene una visión meramente racionalista de la política, sino que da relevancia al lugar que ocupan la pasión y el Gramsci BI.indb 68 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 69 mito en ella, la necesidad de crear una fantasía palpable que movi- lice al pueblo y aporte a su organización. Por su parte, los intelectuales constituyen una categoría que en su amplitud máxima envuelve a todas las personas: todo hombre es “filósofo”, ya que participa del lenguaje, del sentido común, del folklore y de algún tipo de religión popular. Es decir, todos son par- tícipes de diversas concepciones del mundo; no sólo las reproducen sino que accionan, consciente o inconscientemente, sobre ellas. Y es en ese punto de inflexión de la conciencia donde podemos ubi- car la función específica de los intelectuales. Toda persona posee núcleos de “buen sentido”, es decir, capacidad de cobrar conciencia de su propio lugar en la estructura, de mirar de manera crítica las concepciones del mundo que lo atraviesan y que reproducen en él y en su grupo social la dominación del grupo dirigente. Esa es la base de posibilidad de la emancipación, allí se inicia: la crítica que rompe el sentido común y avanza hacia formas más elaboradas de pensamiento en un camino indisociable de la acción y de la orga- nización colectiva. Gramsci señala que cada clase crea consigo un grupo de intelectuales orgánicos que la ayudan a cobrar homoge- neidad y conciencia de sus propios fines. La fórmula de este tipo de intelectual es la de especialista + político. De aquí que llegue a sostener que todo militante político es un intelectual porque abraza una determinada concepción del mundo y aporta a su desarrollo mediante una acción organizada que incide en el plano de las re- laciones de fuerzas alterando las dinámicas de la sociedad. Así, el Príncipe moderno está compuesto de intelectuales orgánicos, cuya efectividad parte de nunca separarse de las masas sino de incidir en su dirección e incorporar a parte de estas a la fuerza política de la transformación. En este camino, podemos pensar la conformación del Príncipe moderno en Venezuela, que como partido particular im- plicaría observar las luchas que antecedieron a la conformación del Movimiento V República, su desarrollo hasta la creación del PSUV, pero que en términos amplios incluye al conjunto de organizacio- nes que, como el Partido Comunista, conformaron el Polo Patriótico, el bloque subalterno en el que se fue gestando la voluntad colectiva nacional-popular venezolana. Allí, la relación entre fuerza política, Gramsci BI.indb 69 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 70 intelectuales y masa se fue dando dialécticamente en la construc- ción del nuevo poder, así como en la resistencia frente a los intentos golpistas de los sectores de la derecha política y patronal local y la embajada norteamericana. Tanto el Príncipe moderno como los intelectuales deben im- pulsar una reforma intelectual y moral, disputando la influencia ideológica y cultural de los otros grupos sociales, y que sirva de elemento cohesionante para el despliegue de la estrategia política y la construcción de hegemonía. Pero ¿qué elementos conlleva una reforma intelectual y moral? El punto de partida es la realización de una crítica de la filo- sofía del sentido común, que es una concepción del mundo absorbida acríticamente de los distintos ambientes culturales en los cuales el individuo se va formando, una concepción del mundo disgrega- da, incoherente, incongruente respecto de la posición social de las multitudes. Es incongruente precisamente porque, si no hay pen- samiento crítico, se participa de concepciones del mundo impues- tas por otros grupos sociales, que expresan sus propios intereses y valores. Entonces, la formación de un grupo social homogéneo se articula con la elaboración de una filosofía desarrollada también contra el sentido común, por ser homogénea y sistemática. La críti- ca debe partir del sentido común, romper con él y abarcar también las formas más elaboradas del pensamiento hegemónico. Como ejemplo, pensemos en la relevancia de los procesos que se abrieron en Argentina, Ecuador y Uruguay a partir de la discusión y sanción de nuevas leyes de medios de comunicación. Más allá de que aún no se hayan logrado materializar en todo su alcance, empezaron muy rápidamente a resquebrajar el predominio del pensamien- to único reinante; comenzaron a exponer a los grandes medios en su carácter de grupos económicos con intereses particulares, rompiendo parte del velo de su apariencia universalista, abrien- do una brecha que permite desnaturalizar muchos preceptos que antes parecían indiscutibles, generando mejores condiciones para la construcción de concepciones alternativas y de una nueva he- gemonía. La batalla de las ideas, como señalara el líder cubano Fidel Castro en numerosas oportunidades, es un aspecto clave de la transformación y en este sentido es posible ver, en el conjunto de Gramsci BI.indb 70 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 71 países latinoamericanos que comenzaron –con distintos grados de profundidad y matices– un camino de ruptura respecto del orden neoliberal, cómo los grandes grupos económicos de la comunica- ción, representantes de los sectores más concentrados del capital y los intereses del imperialismo en la región, han estado al frente de la disputa contra las reformas populares. En América Latina se ha gestado un momento de avance tal que los medios de comu- nicación que generalmente se revisten de “independientes” para poder cumplir su rol de “Estado Mayor intelectual” y aportar a la di- rección estratégica de los grupos subordinados en coherencia con los intereses y la concepción del mundo de los grupos dominantes han descendido a convertirse en genuinos partidos de oposición. Así, las grandes cadenas mediáticas en los países latinoamerica- nos con gobiernos populares vienen desplegando estrategias de desgaste y desestabilización, al tiempo que avalan y fomentan las iniciativas opositoras. Por su parte, el Príncipe moderno debe mover las pasiones, volverse pueblo en la formación de una voluntad colectiva a partir de la articulación de los grupos sociales subalternos, dando ori- gen a una fuerza social y política transformadora que avance en un proceso de acumulación de fuerzas hacia la creación de un nuevo Estado. La voluntad colectiva representa la construcción de un sujeto- pueblo, un colectivo que involucre a los diversos grupos subordina- dos. Gramsci define a esta voluntad como nacional-popular. Lo popular no implica la pérdida de centralidad de la clase obrera, sino su ar- ticulación con el conjunto de grupos sociales subalternos con el fin de universalizar sus intereses y construir una nueva hegemonía que logre confrontar con la dominante y derrotarla; así los sujetos subalternos deben conformarse en pueblo. En este sentido, Gramsci observa que es clave el rol tanto de la fuerza política como de los intelectuales, para organizar la nueva concepción del mundo, dar homogeneidad y conciencia al grupo social de sus propios intereses y objetivos, construir la unidad de ese pueblo disperso y movilizar las pasiones para el desenvolvimiento de la estrategia política. En relación con lo nacional, sin escindirlo del plano global (escala cla- ve de las relaciones de fuerzas internacionales), Gramsci rescata el escenario de la nación, con su propio Estado, partidos, sindicatos, Gramsci BI.indb 71 16/11/16 13:43 EstudioIntroductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 72 tradiciones culturales, etc., como ámbito concreto donde se desa- rrollan las luchas cotidianas configurando el marco de la acción de las distintas fuerzas. Gramsci observa la importante capacidad de interpelación de lo nacional en la cultura así como el peso del Estado-nación como espacio de desarrollo de la estrategia política. Conocer nuestro país, conocer nuestro continente, apare- cen como condiciones necesarias para desplegar cualquier estra- tegia de cambio. Un gran avance en la batalla ideológica ha sido el creciente reconocimiento, en diversos países, de que la patria es nuestra América, comenzando a ver a todas las naciones lati- noamericanas como hermanas, sin las cuales difícilmente poda- mos avanzar en un proceso emancipatorio. Tras la gesta libertadora frente a los viejos imperios, el sueño de Bolívar, San Martín y Sucre de una América Latina unida quedó sepultado por las estrategias divisionistas de los nuevos imperios y las mezquindades de las oligarquías locales. Sin embargo, en la actualidad podemos ver la estrecha relación entre el cambio de relaciones de fuerzas a nivel internacional y a nivel nacional: la unidad e integración latinoame- ricana aparece como una condición indispensable para la libera- ción nacional. Los procesos de desestabilización y golpe de Estado (ya sea en su versión “suave” o explícita) se expanden al ritmo de la reorganización de los grupos económicos locales, los partidos de la reacción y los intereses imperialistas. Difícilmente se hubieran podido sortear el golpe a Chávez en 2002, la desestabilización a Evo Morales en Bolivia y la insurrección policial a Correa en Ecuador, entre otros, sin la intervención ferviente de Argentina, Brasil y el resto de los miembros del bloque regional. América Latina aparece como el continente de la esperanza, un genuino laboratorio de nue- vas experiencias conducidas por gobiernos populares que llegaron a reinstalar un horizonte de liberación tanto nacional como social. Y las experiencias recientes señalan que no hay liberación nacional duradera posible sin liberación regional. Por un lado, la creación de una nueva hegemonía tiene lugar a través de largos procesos históricos previos a poder alcanzar el Estado. Así, el “Caracazo” de 1989 en Venezuela, la rebelión popular de 2001 en la Argentina, las luchas agrarias y obreras en Bolivia y Brasil, sirvieron como bisagra para deteriorar las hegemonías dominantes Gramsci BI.indb 72 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 73 previamente vigentes y abrir pasos a los nuevos procesos. Esto ha- bilitó el surgimiento de los nuevos gobiernos latinoamericanos que comenzaron, con distintos grados de profundidad, a crear un nuevo Estado. Para Gramsci, el Estado, en su construcción hegemónica, es concebido como organismo propio de un grupo, destinado a crear las mejores condiciones para su máxima expansión. Pero ese desarrollo y expansión son pensados y presentados como la fuerza motriz de una expansión universal, como el desarrollo de “todas las energías nacionales”. Así, uno de los grandes alcances hegemónicos del pro- ceso en Venezuela es el de haber logrado instituirse como heredero de toda la historia nacional, conquistando las banderas de los líde- res fundacionales de dicha nación, al punto de ser proclamada como Revolución Bolivariana. De este modo, el chavismo no sólo apareció como expresión de un grupo particular, sino que buscó abordar el espectro de la nación. Además, una vez en el gobierno, el chavismo debió iniciar la transformación del propio Estado, que seguía repre- sentando las relaciones de fuerzas precedentes, cristalizadas en dé- cadas: así surgieron las “misiones” y luego los consejos comunales, como nuevas formas de Estado participado popularmente. Gramsci señala que el Estado debe tejer un conjunto de compromisos, siempre inestables, donde los intereses del grupo dirigente deben articularse con concesiones hacia los grupos su- bordinados. Ahora bien, debemos notar que cuanto mayor es el gra- do de ruptura que se gesta y mayor es el poder de los grupos antes dominantes que ahora buscan ser subordinados (el gran capital, las fuerzas del imperialismo, etc.), más difícil aún es alcanzar la hegemonía del conjunto, justamente porque los sectores más con- centrados de la burguesía, tras siglos de dominación, se resisten a ser rearticulados de forma supeditada en un nuevo bloque histórico dirigido por las clases subalternas y dan la batalla por todos los medios posibles: golpes de Estado, intentos de magnicidio, guerra económica. Distinto es el caso de Brasil, donde la gran burguesía mantiene el predominio en la estructura y tolera realizar conce- siones a las clases subalternas, en el marco de la potente política social del PT, e incluso ligarse a nivel regional con el proceso de integración, ya que es compatible con la ampliación de su propio proceso de acumulación y el lanzamiento de Brasil como potencia Gramsci BI.indb 73 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 74 mundial. Aun así, los sectores dominantes más reacios a realizar concesiones al campo popular buscan gestar una alternativa con- servadora, impulsando procesos de desgaste sobre el gobierno del PT, cuya política social activa permitió que millones de brasileños salieran del hambre y la pobreza[36]. Asimismo, el carácter de clase y el horizonte estratégico que trazan los distintos proyectos resultan clave en la construcción de hegemonía. El caso de Bolivia reviste gran relevancia a nivel inter- nacional. García Linera define al proyecto societario oficial como un Socialismo comunitario del Vivir Bien, que presenta actualmen- te tensiones “entre la necesidad y voluntad de industrialización de las materias primas y la necesidad imprescindible del Vivir Bien entendido como la práctica dialogante y mutuamente vivificante con la naturaleza que nos rodea” (2011: 63). Partiendo de la recu- peración estratégica de los recursos naturales, el Estado boliviano gestó un proceso que “comienza a desprenderse gradualmente de la lógica capitalista de la apropiación privada como norma económica e introduce expansivamente la lógica del valor de uso, de la satis- facción de necesidades, del fundamento comunitario y comunista, como principio rector de actividades económicas” (2011: 67). En la misma línea, Evo Morales siempre sostuvo su carácter marxista- leninista y la vocación de crear un socialismo de nuevo tipo re- cuperando y resignificando las prácticas colectivas de los pueblos originarios[37]. Esto se vincula también con el proceso de articula- ción entre el movimiento obrero y el movimiento campesino en las luchas que fueron conformando el poder popular que llevó a Evo Morales a la presidencia, que fue también un proceso de unifica- ción de la clase obrera con las masas campesinas y sectores medios [36] Tras nueve meses de un polémico proceso de impeachment, el 31/8/2016 el Senado brasileño destituyó a Dilma Rousseff [N. de la E.]. [37] “En eso consiste el Vivir Bien: en utilizar la ciencia, la tecnología y la industria para generar riqueza, de otra manera con qué se podrían construir carreteras, levan- tar postas sanitarias, escuelas, producir alimentos, satisfacer las necesidades básicas y crecientes de la sociedad. Pero a la vez necesitamos preservar la estructura funda- mental de nuestro entorno natural para nosotros y las generaciones que vendrán, que tendrán en la naturaleza la realización de sus infinitas capacidades para satisfacer sus necesidades sociales” (García Linera, 2011: 67). Gramsci BI.indb 74 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 75 (con sus asociaciones de vecinos, el movimiento estudiantil y orga- nizaciones de mujeres). El componente indigenista del proceso de transformación encuentra en el ayllu, que define como “una com- pleja forma de trabajo colectivo con base en un uso determinado dela tierra” (Arriarán, 2007: 36), un componente clave que, como Mariátegui en su tiempo, recuperan en la actualidad los intelectua- les orgánicos bolivianos ligados al gobierno. En todos los casos, es visible que los derechos nunca se rega- lan y las fuerzas de la reacción operan y accionan en todos los niveles e incluso, cuando ya no es suficiente con el sutil saqueo económico de las corporaciones transnacionales, se apela a la invasión y al sa- queo directo de los recursos naturales, a la guerra. Aquí llegamos a la tercera y última dimensión que Gramsci señala: la relación de fuerzas militares. Países como Irak o Libia fueron barridos en tiempos mínimos, ya sea mediante una invasión directa como en el primer caso, o a través de tropas mercenarias, como en el segundo. Hoy, los sectores más reaccionarios de Estados Unidos llaman abiertamente a intervenir militarmente en Venezuela (justo cuando en Colombia avanzan, más allá de las dificultades, los diálogos de paz), lo que podría traer la guerra al continente. Al mismo tiempo, los conflictos bélicos en Ucrania y en Siria constituyen terrenos donde también se juega la disputa entre Rusia y la OTAN, gestando un escenario de fuerte inestabilidad que podría profundizarse si se produjera un enfrentamiento directo entre las potencias. Así, vemos por qué Gramsci sostiene el carácter decisivo de estas relaciones de fuerzas. Las diversas luchas por dar forma al orden social atraviesan los distintos grados de las relaciones de fuerzas y dejan sus marcas en la historia. La hegemonía de un grupo dominante puede ser tan fuerte al punto de hacer que resulte casi imposible para los grupos subordinados percibir la dominación; se basa, justamente, por el contrario, en hacerlos sentir parte o beneficiarios de la concepción del mundo que se despliega en los proyectos societarios. Un caso paradójico fue la hegemonía menemista[38] en la Argentina de los años noventa, que logró construir consensos masivos en torno a [38] Para comprender la hegemonía menemista se recomienda la lectura de Bonnet (2008). Gramsci BI.indb 75 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 76 las privatizaciones, llegando a convencer a los propios trabajadores (que luego iban a quedar desocupados e integrar las filas de los “nue- vos” pobres), de que la venta de la empresa era lo mejor que les po- día pasar. Aquí se apeló a un discurso de “Argentina Primer Mundo”, en el que las privatizaciones eran presentadas como un paso nece- sario para la modernización en el tren inevitable de la globalización. Incluso se convenció a muchos trabajadores de que lo mejor era de- jar de ser tal, de que podían cumplir el “sueño americano” y pasar de ser empleados a propietarios, porque les darían algunas acciones de la empresa y una indemnización por despido o jubilación adelanta- da. Así miles de trabajadores participaron de una visión de las cosas que los iba a arruinar y con sus indemnizaciones realizaron peque- ños emprendimientos, hasta que las recurrentes crisis los fueron dejando con poco y nada. Pero la hegemonía del capital concentrado había llegado a ese punto, a hacer renegar al trabajador de su propia condición de trabajador. Pensemos qué contrapunto constituye esto frente al escenario de los años sesenta y setenta, cuando ser obrero era visto de forma prestigiosa, al punto de que amplias capas de los sectores medios querían proletarizarse y abrazar la “causa del pue- blo”. Pero observemos también qué diferencias existen entre el pun- to más alto de la hegemonía del gran capital a nivel ideológico en los años noventa con respecto al escenario que comenzó a conformarse desde principios del nuevo siglo: no debemos olvidar desde dónde venimos, porque el cambio de relaciones de fuerzas es esta lucha, trinchera por trinchera, para avanzar a desmontar los resortes del poder del gran capital en todas sus dimensiones. En este sentido, parece importante recordar a aquel gigante visionario que fue Hugo Chávez, que cuando aún resonaban las cam- panas del fin de la historia y la burguesía mundial todavía brindaba por el colapso de la Unión Soviética, se paró desde Venezuela, junto a la Cuba socialista, para decir que el camino era la liberación na- cional y social, que el camino era la revolución, un genuino proceso de transformación social concreto, de masas, que comenzó a con- formar una voluntad colectiva mientras avanzaba a alterar las con- diciones de vida del pueblo, porque fue una revolución que se hizo pueblo y cobró forma con el esfuerzo de los trabajadores y los antes marginados. Algunos rasgos de esta revolución ya se insinuaban en Gramsci BI.indb 76 16/11/16 13:43 Gastón Ángel Varesi 77 la Constitución de 1999: una propuesta de democracia participati- va, profundizada en lo político-institucional a través del impulso de consejos comunales y los referendos, con una dimensión eco- nómico-social que se expande a partir del decidido estímulo a ex- periencias de producción autogestivas y cogestivas. Chávez lideró la conformación de un genuino Príncipe moderno como imaginara Gramsci. Movilizando las pasiones, esa construcción hizo su propio camino al andar, donde democracia y socialismo aparecen vincula- dos, y tienen su nudo en la construcción de poder popular, definido como “el ejercicio pleno de la soberanía por parte del pueblo en lo político, económico, social, cultural, ambiental, internacional, y en todo ámbito del desenvolvimiento y desarrollo de la sociedad, a través de sus diversas y disímiles formas de organización, que edifican el Estado Comunal” (Ley Orgánica de Poder Popular, art. 2). Y para esto el nuevo Príncipe venezolano comenzó a gestar la refor- ma intelectual y moral, la dirección ideológico-cultural en íntima vinculación con un programa de transformación económica de la sociedad, que tuvo un momento clave en 2006 cuando se definió la opción por el Socialismo del siglo XXI. Esta opción fue también ella misma una construcción, una necesidad del proceso histórico que daba cuenta de que, para poder avanzar en una mayor distribu- ción de los recursos y en una mejora general de las condiciones de vida de los sectores populares, era urgente comenzar a trazar una estrategia de superación del propio capitalismo. Pero los cuadros que conducían dicho proceso de modo inescindible de las masas eran conscientes de que para hacer la revolución no alcanzaba con proclamarla, por lo que comenzaron a trazar las bases del proyec- to socialista, las bases del nuevo poder que hicieran posibles las nuevas conquistas. Este ejemplo mostró que el carácter nacional- popular de la voluntad colectiva no está separado sino íntimamente ligado a la profundización de las rupturas frente al orden social, y que sólo el pueblo va a defender las conquistas del pueblo y a los gobiernos del pueblo, por lo que todo camino de liberación nacional consecuente debe desembocar en un camino de liberación social. El pensamiento gramsciano constituye un arma indispensa- ble para esta batalla, que se da en simultáneo en el plano de las ideas, de los valores, de la política y de la economía, en la multiplicidad Gramsci BI.indb 77 16/11/16 13:43 Estudio Introductorio | Introducción a la perspectiva gramsciana 78 de dimensiones y escalas que atraviesan a las sociedades, y que conforman a los pueblos en su lucha por la emancipación. Esta es la vigencia de Gramsci, la de seguir siendo un partícipe necesario para la comprensión de nuestras sociedades y para la transforma- ción de las mismas. 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Relaciones de fuerzas Un estudio sobre la forma en que es preciso analizar las “situa- ciones”, o sea, la forma en que es preciso establecer los diversos grados de relaciones de fuerzas, puede prestarse a una exposición elemental de ciencia y arte político, entendida como un conjunto de cánones prácticos de investigación y de observaciones particula- res; útiles para subrayar el interés por la realidad efectiva y suscitar intuiciones políticas más rigurosas y vigorosas. Al mismo tiempo hay que agregar la exposición de lo que en política es necesario entender por estrategia y táctica, por “plan” estratégico, por propa- ganda y agitación, por “orgánica” o ciencia de la organización y de la administración en política. Los elementos de observación empírica que por lo general son expuestos en forma desordenada en los tratados de ciencia política[1] en la medida en que no son cuestiones abstractas o sin fundamento, deberían encontrar ubicación en los diversos grados de las relaciones de fuerzas, comenzando por las relaciones de las fuerzas internacionales (donde se ubicarían las notas escritas sobre lo que es una gran potencia, sobre los agrupamientos de Estados en sistemas hegemónicos y, por consiguiente, sobre el concepto de independencia y soberanía, en lo que respecta a las potencias me- dianas y pequeñas), para pasar a las relaciones objetivas sociales, [1] Se puede tomar como ejemplo la obra de G. Mosca: Elementi di scienza politica. Gramsci BI.indb 83 16/11/16 13:43 Análisis de las situaciones. Relaciones de fuerzas 84 o sea, al grado de desarrollo de las fuerzas productivas, a las rela- ciones de fuerza política y de partido (sistemas hegemónicos en el interior del Estado) y a las relaciones políticas inmediatas (es decir, potencialmente militares). ¿Las relaciones internacionales preceden o siguen (lógica- mente) a las relaciones sociales fundamentales? Indudablemente las siguen. Toda renovación orgánica en la estructura modifica también orgánicamente las relaciones absolutas y relativas en el campo internacional a través de sus expresiones técnico-militares. Aun la misma posición geográfica de un Estado nacional no precede sino que sigue (lógicamente) las innovaciones estructurales, inci- diendo sobre ellas, sin embargo, en cierta medida (precisamente en la medida en que las superestructuras inciden sobre la estructura, la política sobre la economía, etc.). Por otro lado, las relaciones in- ternacionales inciden en forma pasiva o activa sobre las relaciones políticas (de hegemonía de los partidos). Cuanto más subordinada a las relaciones internacionales está la vida económica inmediata de una nación, tanto más un partido determinado representa esta situación y la explota para impedir el adelanto de los partidos ad- versarios (recordar el famoso discurso de Nitti sobre la revolución italiana ¡técnicamente imposible!). De esta serie de datos se puede llegar a la conclusión de que, con frecuencia, el llamado “partido del extranjero” no es precisamente aquel que es vulgarmente indicado como tal, sino el partido más nacionalista, que en realidad, más que representar a las fuerzas vitales del propio país, representa la subordinación y el sometimiento económico a las naciones, o a un grupo de naciones hegemónicas[2]. Es el problema de las relaciones entre estructura y superes- tructuras el que es necesario plantear exactamente y resolver para llegar a un análisis justo de las fuerzas que operan en la historia de un período determinado y definir su relación. Es preciso mover- se en el ámbito de dos principios: (1) ninguna sociedad se propone tareas para cuya solución no existan ya las condiciones necesarias [2] Una mención a este elemento internacional “represivo” de las energías internas se encuentra en los artículos publicados por G. Volpe en el Corriere della Sera del 22 y 23 de marzo de 1932. Gramsci BI.indb 84 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 85 y suficientes o no estén,al menos, en vía de aparición y de desarro- llo; (2) ninguna sociedad desaparece y puede ser sustituida si antes no desarrolló todas las formas de vida que están implícitas en sus relaciones[3]. A partir de la reflexión sobre estos dos cánones se pue- de llegar al desarrollo de toda una serie de otros principios de me- todología histórica. Sin embargo, en el estudio de una estructura es necesario distinguir los movimientos orgánicos (relativamente per- manentes) de los movimientos que se pueden llamar “de coyuntura” (y se presentan como ocasionales, inmediatos, casi accidentales). Los fenómenos de coyuntura dependen también de movimientos orgánicos, pero su significado no es de gran importancia histórica; dan lugar a una crítica política mezquina, cotidiana, que se dirige a los pequeños grupos dirigentes y a las personalidades que tienen la responsabilidad inmediata del poder. Los fenómenos orgánicos dan lugar a la crítica histórico-social que se dirige a los grandes agrupa- mientos, más allá de las personas inmediatamente responsables y del personal dirigente. Al estudiar un período histórico, aparece la gran importancia de esta distinción. Tiene lugar una crisis que a veces se prolonga por decenas de años. Esta duración excepcional significa que en la estructura se han revelado (maduraron) contra- dicciones incurables y que las fuerzas políticas, que obran positi- vamente en la conservación y defensa de la estructura misma, se esfuerzan, sin embargo, por sanear y por superar dentro de ciertos límites. Estos esfuerzos incesantes y perseverantes (ya que ningu- na forma social querrá confesar jamás que está superada) forman el terreno de lo “ocasional” sobre el cual se organizan las fuerzas antagónicas que tienden a demostrar (demostración que en última instancia se logra y es “verdadera” si se transforma en una nueva realidad, si las fuerzas antagónicas triunfan; pero inmediatamente [3] “Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuer- zas productivas que caben dentro de ella y jamás aparecen nuevas y más altas relacio- nes de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, pues, bien miradas las cosas, vemos siempre que estos objetivos sólo nacen cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización” (Karl Marx, Prólogo a la Crítica de la Economía Política). Gramsci BI.indb 85 16/11/16 13:43 Análisis de las situaciones. Relaciones de fuerzas 86 se desarrolla una serie de polémicas ideológicas, religiosas, filosó- ficas, políticas, jurídicas, etc., cuyo carácter concreto es valorable en la medida en que son convincentes y desplazan la anterior dis- posición de las fuerzas sociales) que existen ya las condiciones ne- cesarias y suficientes para que determinadas tareas puedan y, por consiguiente, deban ser resueltas históricamente (en cuanto todo venir a menos del deber histórico aumenta el desorden necesario y prepara catástrofes más graves). El error en el que se cae frecuentemente en el análisis históri- co-político consiste en no saber encontrar la relación justa entre lo orgánico y lo ocasional. Se llega así a exponer como inmediatamen- te activas causas que operan en cambio de una manera mediata, o por el contrario a afirmar que las causas inmediatas son las únicas eficientes. En un caso se tiene un exceso de “economicismo” o de doctrinarismo pedante; en el otro, un exceso de “ideologismo”; en un caso se sobrestiman las causas mecánicas, en el otro se exalta el elemento voluntarista e individual. La distinción entre “movimien- tos” y hechos orgánicos y de “coyuntura”, u ocasionales, debe ser aplicada a todas las situaciones, no sólo a aquellas en donde se veri- fica un desarrollo regresivo o de crisis aguda, sino también a aque- llas en donde se verifica un desarrollo progresivo, o de prosperidad, y a aquellas en donde tiene lugar un estancamiento de las fuerzas productivas. El nexo dialéctico entre los dos órdenes de movimien- to y, en consecuencia, de investigación, es difícilmente establecido con exactitud; y si el error es grave en la historiografía, es aún más grave en el arte político, cuando no se trata de reconstruir la histo- ria pasada sino de construir la presente y la futura[4]. [4] El hecho de no haber considerado el elemento inmediato de las “relaciones de fuerzas” está vinculado con residuos de la concepción liberal vulgar, de la cual el sindicalismo es una manifestación que creía ser más avanzada cuando en la realidad daba un paso atrás. En efecto, la concepción liberal vulgar, dando importancia a la relación de las fuerzas políticas, organizadas en las diversas formas de partido (lecto- res de periódicos, elecciones parlamentarias y locales, organizaciones de masa de los partidos y de los sindicatos en sentido estricto), era más avanzada que el sindicalismo que daba una importancia primordial a la relación fundamental económica-social y sólo a esta. La concepción liberal vulgar tenía en cuenta también, en forma implícita, tales relaciones (como tantos elementos lo demuestran) pero insistía sobre todo en la relación de las fuerzas políticas, que eran una expresión de las otras y que en realidad las contenían. Estos residuos de la concepción liberal vulgar se pueden hallar en toda Gramsci BI.indb 86 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 87 Son los mismos deseos de los hombres y sus pasiones menos nobles e inmediatas las causas del error, en cuanto se superponen al análisis objetivo e imparcial, y esto ocurre no como un “medio” consciente para estimular a la acción sino como un autoengaño. La serpiente, también en este caso, muerde al charlatán, o sea, el demagogo es la primera víctima de su demagogia. Estos criterios metodológicos pueden adquirir visible y di- dácticamente todo su significado si se aplican al examen de los hechos históricos concretos. Se lo podría hacer con utilidad en el caso de los acontecimientos desarrollados en Francia de 1789 a 1870. Para mayor claridad en la exposición sería necesario abrazar todo este período. En efecto, sólo en 1870-1871, con la tentativa de la Comuna, se agotan históricamente todos los gérmenes na- cidos en 1789, lo cual significa que la nueva clase que lucha por el poder no sólo derrota a los representantes de la vieja sociedad que se niegan a considerarla perimida sino también a los grupos más nuevos que consideran como superada también a la nueva estructura surgida de los cambios promovidos en 1789. Dicha cla- se demuestra así su vitalidad frente a lo viejo y frente a lo más nuevo. Además, en 1870-1871 pierde eficacia el conjunto de prin- cipios de estrategia y de táctica política nacidos prácticamente en 1789 y desarrollados en forma ideológica alrededor de 1848 (y que se resumen en la fórmula de “revolución permanente”[5]. Sería una serie de exposiciones que se dicen ligadas a la filosofía de la praxis y que facilita- ron el desarrollo de formas infantiles de optimismo y de necedad. [5] La expresión “revolución permanente” se encuentra en el Mensaje del Consejo Central a la Liga de los Comunistas (Karl Marx, Revelaciones sobre el proceso de los comunis- tas de Colonia (Buenos Aires: Lautaro, 1946: 201 y 209): “nuestro deber es el de lograr la revolución permanente […] su grito de guerra debe ser: la revolución en permanen- cia”. De esta consigna, de la revolución de 1848, Trotski partió para elaborar su teoría fundamental de la revolución permanente, criticada por Gramsci en diversas partes de esta obra y en los demás Cuadernos de la Cárcel. Frente a las tesis de Lenin sobre la alianza del proletariado con los campesinos pobres, las tesis de Trotski, impregnadas de una profunda desconfianza a las masas campesinas, tienden a hacer caer sobre los campesinos la coerción de una minoría proletaria y sobreel proletariado mismo una coerción de carácter militar que sólo puede conducir a la derrota. En una nota de Passato e Presente (p. 71), titulada “Pasaje de la guerra de movimiento (y del ataque frontal) a la guerra de posición, también en el terreno político”, Gramsci considera a Trotski como “el teórico político del ataque frontal en un período en que este tipo de ataque sólo puede conducir a la derrota”. Enemigo declarado de las revoluciones Gramsci BI.indb 87 16/11/16 13:43 Análisis de las situaciones. Relaciones de fuerzas 88 interesante estudiar cuánto de esta fórmula ha pasado a la estra- tegia mazziniana –en el caso, por ejemplo, de la insurrección de Milán de 1853– y si ocurrió en forma consciente o no). Un elemento que muestra lo acertado de este punto de vista es el hecho de que los historiadores no están en absoluto de acuerdo (y es imposible que lo estén) cuando se trata de fijar los límites del conjunto de acontecimientos que constituyen la Revolución Francesa. Para al- gunos (Salvemini, por ejemplo), la revolución se cumplió en Valmy. Francia creó el Estado nuevo y supo organizar la fuerza político- militar que afirmó y defendió su soberanía territorial. Para otros, la revolución continúa hasta Termidor, o mejor, hablan de varias revoluciones (el 10 de agosto sería una revolución en sí, etc.)[6]. El modo de interpretar a Termidor y la obra de Napoleón ofrece las más ásperas contradicciones: ¿se trata de una revolución o de una contrarrevolución? Según otros, la historia de la revolución conti- núa hasta 1830, 1848, 1870 y aun hasta la guerra mundial de 1914. En todos estos puntos de vista existe una parte de verdad. En reali- dad, las contradicciones internas de la estructura social francesa, que se desarrollan después de 1789, sólo encuentran un equilibrio relativo con la tercera república y Francia conoce entonces sesenta años de vida política equilibrada luego de ochenta años de con- mociones producidas en oleadas cada vez más espaciadas: 1789, 1794, 1804, 1815, 1830, 1848, 1870. El estudio de estas “oleadas” de amplitudes diferentes es precisamente lo que permite reconstruir las relaciones entre estructura y superestructura por un lado, y por el otro, entre el desarrollo del movimiento orgánico y del mo- vimiento coyuntural de la estructura. Se puede decir, por lo tanto, que la mediación dialéctica entre los dos principios metodológicos enunciados al comienzo de esta nota puede encontrarse en la fór- mula político-histórica de la revolución permanente. democráticas basadas en un amplio frente de clases, Trotski proclama la necesidad de la revolución socialista mundial y combate la tesis del “socialismo en un solo país”. (N. de la E.). [6] Ver Albert Mathiez, La Revolution Française (colección Armand Colin). De esta obra existe traducción castellana: Albert Mathiez, La Revolución Francesa (Barcelona: Labor, 1935) 3 Tomos (N. de la E.). Gramsci BI.indb 88 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 89 Un aspecto del mismo problema es la llamada cuestión de las relaciones de fuerzas. Se lee con frecuencia en las narraciones históricas la expresión genérica: “relaciones de fuerzas favorables, desfavorables a tal o cual tendencia”. Planteada así, en abstracto, esta fórmula no explica nada o casi nada, porque no se hace más que repetir el hecho que debe explicarse presentándolo una vez como hecho y otra como ley abstracta o como explicación. El error teórico consiste, por lo tanto, en ofrecer como “causa histórica” un canon de búsqueda y de interpretación. En la “relación de fuerza”, mientras tanto, es necesario dis- tinguir diversos momentos o grados, que en lo fundamental son los siguientes: (1) una relación de fuerzas sociales estrechamente ligadas a la estructura, objetiva, independiente de la voluntad de los hombres, que puede ser medida con los sistemas de las ciencias exactas o físicas. Sobre la base del grado de desarrollo de las fuerzas materiales de producción se dan los grupos sociales, cada uno de los cuales representa una función y tiene una posición determinada en la misma producción. Esta relación es lo que es, una realidad rebelde: nadie puede modificar el número de las empresas y de sus empleados, el número de las ciudades y de la población urbana, etc. Esta fundamental disposición de fuerzas permite estudiar si exis- ten en la sociedad las condiciones necesarias y suficientes para su transformación, o sea, permite controlar el grado de realismo y de posibilidades de realización de las diversas ideologías que nacieron en ella misma, en el terreno de las contradicciones que generó du- rante su desarrollo; (2) un momento sucesivo es la relación de las fuerzas políticas; es decir, la valoración del grado de homogeneidad, autoconciencia y organización alcanzado por los diferentes grupos sociales. Este momento, a su vez, puede ser analizado y dividido en diferentes grados que corresponden a los diferentes momentos de la conciencia política colectiva, tal como se manifestaron hasta ahora en la historia. El primero y más elemental es el económico- corporativo: un comerciante siente que debe ser solidario con otro comerciante, un fabricante con otro fabricante, etc., pero el comer- ciante no se siente aún solidario con el fabricante; o sea, es sentida la unidad homogénea del grupo profesional y el deber de organizar- la, pero no se siente aún la unidad con el grupo social más vasto. Gramsci BI.indb 89 16/11/16 13:43 Análisis de las situaciones. Relaciones de fuerzas 90 Un segundo momento es aquel donde se logra la conciencia de la solidaridad de intereses entre todos los miembros del grupo social, pero todavía en el campo meramente económico. Ya en este mo- mento se plantea la cuestión del Estado, pero sólo en el terreno de lograr una igualdad política-jurídica con los grupos dominantes, ya que se reivindica el derecho de participar en la legislación y en la ad- ministración y hasta de modificarla, de reformarla, pero en los mar- cos fundamentales existentes. Un tercer momento es aquel donde se logra la conciencia de que los propios intereses corporativos, en su desarrollo actual y futuro, superan los límites de la corporación, de un grupo puramente económico y pueden y deben convertirse en los intereses de otros grupos subordinados. Esta es la fase más estrictamente política, que señala el neto pasaje de la estructura a la esfera de las superestructuras complejas; es la fase en la cual las ideologías ya existentes se transforman en “partido”, se confrontan y entran en lucha, hasta que una sola de ellas, o al menos una sola combinación de ellas, tiende a prevalecer, a imponerse, a difundirse por toda el área social, determinando, además de la unidad de los fines económicos y políticos, la unidad intelectual y moral, plan- teando todas las cuestiones en torno a las cuales hierve la lucha, no sobre un plano corporativo, sino sobre un plano “universal” y creando así la hegemonía de un grupo social fundamental sobre una serie de grupos subordinados. El Estado es concebido como organis- mo propio de un grupo, destinado a crear las condiciones favorables para la máxima expansión del mismo grupo; pero este desarrollo y esta expansión son concebidos y presentados como la fuerza motriz de una expansión universal, de un desarrollo de todas las energías “nacionales”. El grupo dominante es coordinado concretamente con los intereses generales de los grupos subordinados y la vida esta- tal es concebida como una formación y una superación continua de equilibrios inestables (en el ámbito de la ley) entre los intereses del grupo fundamental y los de los grupos subordinados; equilibrios en donde los intereses del grupo dominante prevalecen pero hasta cierto punto, o sea, hasta el punto en que chocan con el mezquino interés económico-corporativo. En la historia real estos momentos se influyen recíprocamen- te, en forma horizontal y vertical, por así expresarlo, vale decir: Gramsci BI.indb90 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 91 según las actividades económicas sociales (horizontales) y según los territorios (verticales), combinándose y escindiéndose de diver- sas maneras; cada una de estas combinaciones puede ser represen- tada por su propia expresión organizada, económica y política. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que estas relaciones internas de un Estado-nación se confunden con las relaciones internacio- nales, creando nuevas combinaciones originales e históricamente concretas. Una ideología nacida en un país muy desarrollado se di- funde en países menos desarrollados, incidiendo en el juego local de las combinaciones[7]. Esta relación entre fuerzas internacionales y fuerzas nacio- nales se complica aún más por la existencia en el interior de cada Estado de muchas secciones territoriales de estructuras diferentes y de relaciones de fuerzas también diferentes en todos los grados (la Vendée, por ejemplo, estaba aliada a las fuerzas reaccionarias y las representaba en el seno de la unidad territorial francesa; así también Lyon en la Revolución Francesa presentaba un núcleo par- ticular de relaciones). (3) El tercer momento es el de la relación de las fuerzas militares, inmediatamente decisivo según las circuns- tancias (el desarrollo histórico oscila continuamente entre el pri- mer y el tercer momento, con la mediación del segundo). Pero este no es un momento de carácter indistinto e identificable inmediata- mente en forma esquemática; también en él se pueden distinguir dos grados: uno militar en sentido estricto, o técnico-militar, y otro que puede denominarse político-militar. En el curso del desarrollo histórico estos dos grados se presentaron en una gran variedad de combinaciones. Un ejemplo típico que puede servir como demos- tración-límite es el de la relación de opresión militar de un Estado [7] La religión, por ejemplo, ha sido siempre una fuente para tales combinaciones ideo- lógicas-políticas nacionales o internacionales, y con la religión las otras formaciones internacionales, la masonería, el Rotary Club, los Judíos, la diplomacia de carrera, que sugieren expedientes políticos de diversos orígenes históricos y los hacen triunfar en determinados países, funcionando como partido político internacional que opera en cada nación con todas sus fuerzas internacionales concentradas. Religión, maso- nería, Rotary, Judíos, etc., pueden entrar en la categoría social de los “intelectuales”, cuya función, en escala internacional, es la de mediar los extremos, de “socializar” los expedientes técnicos que hacen funcionar toda actividad de dirección, de encontrar los compromisos y los medios de escapar a las soluciones extremas. Gramsci BI.indb 91 16/11/16 13:43 Análisis de las situaciones. Relaciones de fuerzas 92 sobre una nación que trata de lograr su independencia estatal. La relación no es puramente militar, sino político-militar; y en efecto un tipo tal de opresión sería inexplicable sin el estado de disgrega- ción social del pueblo oprimido y la pasividad de su mayoría; por lo tanto, la independencia no podrá ser lograda con fuerzas puramente militares, sino militares y político-militares. En efecto, si la nación oprimida, para iniciar la lucha por la independencia, tuviese que esperar que el Estado hegemónico le permitiera organizar un ejérci- to propio, en el sentido estricto y técnico de la palabra, tendría que esperar bastante (puede ocurrir que la reivindicación de un ejército propio sea satisfecha por la nación hegemónica, pero esto significa que una gran parte de la lucha ya ha sido desarrollada y vencida en el terreno político-militar). La nación oprimida, por lo tanto, opon- drá inicialmente a la fuerza militar hegemónica una fuerza que será sólo “política-militar”, o sea, una forma de acción política que posea la virtud de determinar reflejos de carácter militar en el sentido: (1) de que sea eficiente para disgregar íntimamente la eficacia bélica de la nación hegemónica; (2) que obligue a la fuerza militar hegemóni- ca a diluirse y dispersarse en un gran territorio, anulando en gran parte su capacidad bélica. En el Risorgimento italiano, se evidencia la trágica ausencia de una dirección político-militar, especialmente en el Partido de Acción (por incapacidad congénita), pero también en el Partido piamontés-moderado, tanto antes como después de 1848, no ciertamente por incapacidad, sino por “‘maltusianismo’ económico-político”, esto es, porque no se quería ni siquiera men- cionar la posibilidad de una reforma agraria y porque no se deseaba la convocatoria de una asamblea nacional constituyente y sólo se tendía a que la monarquía piamontesa, sin condiciones o limita- ciones de origen popular, se extendiese por toda Italia mediante la simple sanción de los plebiscitos regionales. Otra cuestión ligada a las precedentes es la de determinar si las crisis históricas fundamentales son provocadas inmediatamen- te por las crisis económicas. La respuesta a la cuestión está con- tenida en forma implícita en los parágrafos precedentes, donde se tratan cuestiones que no son más que otra manera de presentar las que tratamos ahora aquí. Sin embargo, es siempre necesario por ra- zones didácticas, dado el público a las que están dirigidas, examinar Gramsci BI.indb 92 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 93 toda forma de presentarse, de una misma cuestión, como si fuese un problema independiente y nuevo. Se puede excluir que las crisis económicas produzcan, por sí mismas, acontecimientos fundamen- tales; sólo pueden crear un terreno más favorable a la difusión de ciertas maneras de pensar, de plantear y resolver las cuestiones que hacen a todo el desarrollo ulterior de la vida estatal. Por otro lado, todas las afirmaciones que conciernen a los períodos de crisis o de prosperidad pueden dar lugar a juicios unilaterales. En su compen- dio de historia de la Revolución Francesa, Mathiez, oponiéndose a la vulgar historia tradicional, que a priori “encuentra” una crisis coin- cidente con la gran ruptura del equilibrio social, afirma que hacia 1789 la situación económica era más bien buena en lo inmediato, por lo que no se puede decir que la catástrofe del Estado absoluto se haya debido a una crisis de empobrecimiento. Es necesario observar que el Estado estaba enfrentado a una mortal crisis financiera y se planteaba la cuestión de saber sobre cuál de los tres estratos socia- les privilegiados debían recaer los sacrificios y las cargas para poner en orden las finanzas del Estado y del rey. Además, si la posición económica de la burguesía era floreciente, no era buena por cierto la situación de las clases populares de la ciudad y del campo, especial- mente de aquellas atormentadas por una miseria endémica. En todo caso, la ruptura del equilibrio de fuerzas no ocurre por causas me- cánicas inmediatas de empobrecimiento del grupo social que tiene interés en romper el equilibrio y de hecho lo rompe; ocurre, por el contrario, en el cuadro de conflictos superiores al mundo económico inmediato, vinculados al “prestigio” de clase (intereses económicos futuros), a una exasperación del sentimiento de independencia, de autonomía y de poder. La cuestión particular del malestar o bien- estar económico como causa de nuevas realidades históricas es un aspecto parcial de la cuestión de las relaciones de fuerzas en sus diversos grados. Pueden producirse novedades tanto porque una si- tuación de bienestar está amenazada por el egoísmo mezquino de un grupo adversario, como porque el malestar se ha hecho intole- rable y no se vislumbra en la vieja sociedad ninguna fuerza capaz de mitigarlo y de restablecer una normalidad a través de medios legales. Se puede decir, por lo tanto, que todos estos elementos son la manifestación concreta de las fluctuaciones de coyuntura del Gramsci BI.indb 93 16/11/16 13:43 Análisis de las situaciones. Relaciones de fuerzas 94 conjunto de las relaciones socialesde fuerzas, sobre cuyo terreno adviene el pasaje de estas a relaciones políticas de fuerzas para cul- minar en la relación militar decisiva. Si falta este proceso de desarrollo que permite pasar de un momento al otro, y si es esencialmente un proceso que tiene por ac- tores a los hombres y su voluntad y su capacidad, la situación per- manece sin cambios, y pueden darse conclusiones contradictorias. La vieja sociedad resiste y se asegura un período de “respiro”, exter- minando físicamente a la elite adversaria y aterrorizando a las ma- sas de reserva; o bien ocurre la destrucción recíproca de las fuerzas en conflicto con la instauración de la paz de los cementerios y, en el peor de los casos, bajo la vigilancia de un centinela extranjero. Pero la observación más importante a plantear, a propósito de todo análisis concreto de las relaciones de fuerzas, es la siguien- te: que tales análisis no pueden y no deben convertirse en fines en sí mismos (a menos que se escriba un capítulo de historia del pasa- do) y que adquieren un significado sólo en cuanto sirven para justi- ficar una acción práctica, una iniciativa de voluntad. Ellos muestran cuáles son los puntos de menor resistencia donde la fuerza de la voluntad puede ser aplicada de manera más fructífera, sugieren las operaciones tácticas inmediatas, indican cómo se puede lanzar me- jor una campaña de agitación política, qué lenguaje será el mejor comprendido por las multitudes, etc. El elemento decisivo de toda situación es la fuerza permanentemente organizada y predispuesta desde largo tiempo, que se puede hacer avanzar cuando se juzga que una situación es favorable (y es favorable sólo en la medida en que una fuerza tal exista y esté impregnada de ardor combativo). Es por ello una tarea esencial la de velar sistemática y paciente- mente por formar, desarrollar y tornar cada vez más homogénea, compacta y consciente de sí misma a esta fuerza. Esto se ve en la historia militar y en el cuidado con que en todas las épocas fue- ron predispuestos los ejércitos para iniciar una guerra en cualquier momento. Los grandes Estados han llegado a serlo precisamente porque en todos los momentos estaban preparados para insertarse eficazmente en las coyunturas internacionales favorables, y estas eran tales porque ofrecían la posibilidad concreta de insertarse con eficacia en ellas. Gramsci BI.indb 94 16/11/16 13:43 95 La formación de los intelectuales ¿Son los intelectuales un grupo social autónomo e independiente, o bien tiene cada grupo social su categoría propia especializada de intelectuales? El problema es complejo por las varias formas que ha tomado hasta ahora el proceso histórico real de formación de las diversas categorías intelectuales. Las más importantes de esas formas son dos: 1) Todo grupo social, como nace en el terreno originario de una función esencial en el mundo de la producción económica, se crea al mismo tiempo y orgánicamente una o más capas de intelectuales que le dan homogeneidad y conciencia de su propia función, no sólo en el campo económico, sino también en el social y político: el empresario capitalista crea consi- go mismo el técnico industrial, el científico de la economía política, el organizador de una nueva cultura, de un nuevo derecho, etc. Hay que observar el hecho de que el empresario representa una elaboración social superior, ya caracterizada por una cierta capacidad dirigente y técnica (o sea, intelec- tual); ha de tener, además, una cierta capacidad técnica fue- ra de la esfera limitada de su actividad y de su iniciativa, o sea, también en otras esferas, en aquellas, por lo menos, más próximas a la producción económica (tiene que ser un orga- nizador de masas de hombres; tiene que ser un organizador de la “confianza” de los sujetos que ahorran en su empresa, Gramsci BI.indb 95 16/11/16 13:43 La formación de los intelectuales 96 de los compradores de su mercancía, etc.). Una elite, al me- nos, de los empresarios, si no todos, ha de tener una capa- cidad de organización de la sociedad en general, en todo su complejo organismo de servicios, hasta llegar al organismo estatal, por la necesidad de crear las condiciones más favora- bles a la expansión de su propia clase; o ha de tener al menos la capacidad de escoger los “administradores” (empleados especializados) a quienes confiar esa actividad organizativa de las relaciones generales exteriores a la empresa. Puede observarse que los intelectuales “orgánicos” producidos por cada nueva clase al constituirse ella misma en su progresi- vo desarrollo son en su mayor parte “especializaciones” de aspectos parciales de la actividad primitiva del tipo social nuevo sacado a la luz por la nueva clase[1]. También los señores feudales poseían una particular capa- cidad técnica, que era la militar, y precisamente la crisis del feudalismo empieza en el momento en que la aristocracia pierde el monopolio de la capacidad técnico-militar. Pero la formación de los intelectuales en el mundo feudal y en el anterior mundo clásico es una cuestión que debe estudiarse aparte: esa formación y elaboración procede por vías y mo- dos que hay que estudiar concretamente. Así, es necesario observar que la masa de los campesinos, aunque tenga una función esencial en el mundo de la producción, no elabora in- telectuales “orgánicos” propios suyos ni se “asimila” nunca a una capa de intelectuales “tradicionales”, aunque estos gru- pos sociales toman muchos de sus intelectuales de la masa de los campesinos, y gran parte de los intelectuales tradicio- nales son de origen campesino. [1] Los Elementi di scienza politica de Mosca (nueva edición, aumentada, de 1923) deben examinarse ya bajo esta rúbrica. La llamada “clase política” de Mosca no es sino la categoría intelectual del grupo social dominante; el concepto de “clase política” de Mosca tiene que relacionarse con el concepto de elite de Pareto, que es otro intento de interpretar el fenómeno histórico de los intelectuales y su función en la vida estatal y social. El libro de Mosca es un enorme cajón de sastre de carácter sociológico-positi- vista, a lo que se añade la tendenciosidad de la política inmediata, que lo hace menos indigesto y más vivo literariamente. Gramsci BI.indb 96 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 97 2) Pero todo grupo social “esencial”, al surgir en la historia a partir de la estructura anterior y como expresión de un de- sarrollo de esta (de esta estructura), ha encontrado, al me- nos en la historia hasta el momento ocurrida, categorías intelectuales preexistentes y que hasta parecían represen- tar una continuidad histórica ininterrumpida, a pesar de los cambios más complicados y radicales de las formas sociales y políticas. La más típica de estas categorías intelectuales es la de los clérigos, monopolizadores durante mucho tiempo (durante toda una fase histórica que se caracteriza incluso, en par- te, por ese monopolio) de algunos servicios importantes: la ideología religiosa, o sea, la filosofía y la ciencia de la época, junto con la escuela, la instrucción, la moral, la justicia, la beneficencia, la asistencia, etc. La categoría de los eclesiás- ticos puede considerarse como la categoría intelectual orgá- nicamente vinculada con la aristocracia de la tierra: estaba jurídicamente equiparada a la aristocracia, con la que se re- partía el ejercicio de la propiedad feudal de la tierra y el uso de los privilegios estatales dimanantes de la propiedad[2]. Pero el monopolio de las superestructuras por parte de los clérigos[3] no se ha ejercido nunca sin luchas y limitaciones, y así se ha producido el nacimiento –en varias formas que [2] Para una descripción de estos intelectuales (tal vez la categoría más importante después de la “eclesiástica”, por el prestigio y la función social que ha tenido en las so- ciedades primitivas, sea la categoría de los “médicos” en sentido amplio, o sea, todos los que “luchan” o parecen luchar contrala muerte y las enfermedades), habrá que ver la Storia della medicina, de Arturo Castiglioni. Recordar que ha habido una conexión entre la religión y la medicina, y que sigue existiendo en algunas zonas; hospitales en manos del clero en relación con ciertas funciones organizativas, además de que donde aparece el médico aparece el sacerdote (exorcismos, asistencias varias, etc.). Muchas grandes figuras religiosas eran y fueron entendidas como grandes “terapeu- tas”: la idea del milagro, hasta la resurrección de muertos. También de los reyes se siguió creyendo durante mucho tiempo que curaban mediante la imposición de las manos, etcétera. [3] De aquí en muchas lenguas de origen neolatino o influidas profundamente por las lenguas neolatinas a través del latín eclesiástico, la acepción general de “intelectual” o “especialista”, que tiene la palabra “clérigo”, con su correlativo “laico”, en el sentido de profano, no especialista. Gramsci BI.indb 97 16/11/16 13:43 La formación de los intelectuales 98 hay que investigar y estudiar concretamente– de otras ca- tegorías, favorecidas y ampliadas por el reforzamiento del poder central del monarca hasta el absolutismo. Así se va for- mando la aristocracia de la toga, con sus privilegios propios, y una capa de administradores, científicos, teóricos, filósofos no eclesiásticos, etcétera. Dado que esas varias categorías de intelectuales tradicionales sien- ten con “espíritu de cuerpo” su ininterrumpida continuidad históri- ca y su “calificación”, se presentan ellos mismos como autónomos e independientes del grupo social dominante. Esta autoafirmación no carece de consecuencias de mucho alcance en el terreno ideológico y político: toda la filosofía idealista puede relacionarse fácilmente con esa posición adoptada por el complejo social de los intelectua- les, y puede entenderse como la expresión de la utopía social por la cual los intelectuales se creen “independientes”, autónomos, reves- tidos de sus caracteres propios, etc. Pero obsérvese que si el Papa y la alta jerarquía de la Iglesia se creen más vinculados con Cristo y con los apóstoles que con los senadores Agnelli y Benni[4], no puede decirse lo mismo de Gentile y Croce, por ejemplo: Croce so- bre todo se siente intensamente vinculado con Aristóteles y Platón, pero nunca esconde, sino al contrario, que está vinculado con los senadores Agnelli y Benni, y precisamente en esto hay que ver el carácter más destacado de la filosofía de Croce. ¿Cuáles son los límites “máximos” de la acepción de “inte- lectual”? ¿Puede hallarse un criterio unitario para caracterizar por igual todas las varias y diversas actividades intelectuales y para distinguirlas al mismo tiempo y de un modo esencial de las acti- vidades de los demás grupos sociales? El error metódico más fre- cuente parece consistir en buscar ese criterio de distinción en el núcleo intrínseco de las actividades intelectuales, en vez de verlo en el conjunto del sistema de relaciones en el cual dichas activi- dades (y, por tanto, los grupos que las personifican) se encuentran en el complejo general de las relaciones sociales. Pues el obrero o proletario, por ejemplo, no se caracteriza específicamente por el [4] Poderosos industriales (Agnelli, de la Fiat). Gramsci BI.indb 98 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 99 trabajo manual o instrumental, sino por ese trabajo en determina- das condiciones y en determinadas relaciones sociales (aparte del hecho de que no existe ningún trabajo puramente físico, y que la misma expresión de Taylor, “gorila amaestrado”, es una mera metá- fora para indicar un límite en cierta dirección: en cualquier trabajo físico, incluso en el más mecánico y degradado, hay un mínimo de calificación técnica, o sea, un mínimo de actividad intelectual creadora). Y ya se ha observado que el empresario, por su misma función, ha de tener en cierta medida algunas calificaciones de ca- rácter intelectual, aunque su figura social no está determinada por ellas, sino por las relaciones sociales generales que caracterizan, precisamente, la posición del empresario en la industria. Por eso podría decirse que todos los hombres son intelectua- les; pero no todos los hombres tienen en la sociedad la función de intelectuales[5]. Cuando se distingue entre intelectuales y no intelectuales se refiere uno en realidad y exclusivamente a la función social in- mediata de la categoría profesional de los intelectuales, es decir, se piensa en la dirección en que gravita el peso mayor de la actividad profesional específica; en la elaboración intelectual o en el esfuerzo nervioso-muscular. Eso significa que, aunque se puede hablar de in- telectuales, no se puede hablar de no intelectuales, porque no exis- ten los no intelectuales. Pero tampoco la relación entre esfuerzo de elaboración intelectual-cerebral y esfuerzo nervioso-muscular es siempre igual; por eso hay varios grados de actividad intelectual específica. No hay actividad humana de la que pueda excluirse toda intervención intelectual: no se puede separar al homo faber del homo sapiens. Al cabo, todo hombre, fuera de su profesión, despliega algu- na actividad intelectual, es un “filósofo”, un artista, un hombre de buen gusto, participa de una concepción del mundo, tiene una línea consciente de conducta moral y contribuye, por tanto, a sostener o a modificar una concepción del mundo, o sea, a suscitar nuevos modos de pensar. [5] Del mismo modo, no se dirá que todos los hombres son cocineros y sastres por el hecho de que cada cual puede freírse en algún momento un par de huevos, o coserse un desgarrón de la chaqueta. Gramsci BI.indb 99 16/11/16 13:43 La formación de los intelectuales 100 El problema de la creación de una nueva capa intelectual con- siste, por tanto, en elaborar críticamente la actividad intelectual que existe en cada individuo con cierto grado de desarrollo, modificando su relación con el esfuerzo nervioso-muscular en busca de un nuevo equilibrio, y consiguiendo que el mismo esfuerzo nervioso-muscular, en cuanto elemento de actividad práctica general que innova cons- tantemente el mundo físico y social, se convierta en fundamento de una concepción del mundo nueva e integral. El tipo tradicional y vulgarizado del intelectual es el ofrecido por el literato, el filósofo, el artista. Por eso los periodistas, que se consideran literatos, filósofos y artistas, se consideran también como los “verdaderos” intelectuales. Pero en el mundo moderno la base del nuevo tipo de intelectual debe darla la educación técnica, íntimamente relacionada con el trabajo industrial, incluso el más primitivo y carente de calificación. Sobre esa base trabajó el semanario L’Ordine Nuovo para de- sarrollar ciertas formas de nueva intelectualidad y para determi- nar los nuevos conceptos, y no fue esa una de las menores razones de su éxito, porque ese planteamiento correspondía a aspiraciones latentes y concordaba con el desarrollo de las formas reales de la vida. El modo de ser del nuevo intelectual no puede ya consistir en la elocuencia, motor exterior y momentáneo de los afectos y las pa- siones, sino en el mezclarse activo en la vida práctica, como cons- tructor, organizador, “persuasor permanente” precisamente por no ser puro orador, y, sin embargo, superior al espíritu abstracto mate- mático; de la técnica-trabajo pasa a la técnica-ciencia y a la concep- ción humanista histórica, sin la cual se sigue siendo “especialista” y no se llega a “dirigente” (especialista + político). Así se forman históricamente categorías especializadas para el ejercicio de la función intelectual. Se forman en conexión con todos los grupos sociales, pero especialmente con los grupos socia- les más importantes, y experimentan elaboraciones más amplias y complicadas en relación con el grupo social dominante. Una de las características más salientes de todo grupo que se desarrolla hacia el dominio es su lucha por la asimilación y la conquista“ideológica” de los intelectuales tradicionales, asimilación y conquista que es tanto más rápida y eficaz cuanto más elabora al mismo tiempo el grupo sus propios intelectuales orgánicos. Gramsci BI.indb 100 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 101 El enorme desarrollo que han tomado la actividad y la orga- nización de la escuela (en sentido amplio) en las sociedades sur- gidas del mundo medieval indica la importancia que han llegado a adquirir en el mundo moderno las categorías y las funciones intelectuales; igual que se ha intentado profundizar y dilatar la “intelectualidad” de cada individuo, así también se han intentado multiplicar las especializaciones y refinarlas. Eso se aprecia por los diversos grados de las instituciones de enseñanza, hasta llegar a los organismos que promueven la llamada “cultura superior” en todos los campos de la ciencia y de la técnica. La escuela es el instrumento para la elaboración de los inte- lectuales de los diversos grados. La complejidad de la función inte- lectual en los diversos Estados puede medirse objetivamente por la cantidad de escuelas especializadas y por su jerarquización: cuan- to más extensa es el “área” escolar y cuanto más numerosos son los “grados” “verticales” de la enseñanza, tanto más complejo es el mundo cultural, la civilización de un Estado determinado. En la esfera de la técnica industrial puede obtenerse un término de com- paración: la industrialización de un país se mide por su equipo para la construcción de máquinas y por su equipo para fabricar instru- mentos cada vez más precisos destinados a la construcción de má- quinas y de instrumentos para construir máquinas, etc. El país que mejor equipo tiene para construir instrumentos para los gabinetes especializados de los científicos y para construir instrumentos des- tinados a la verificación de esos instrumentos puede considerarse como el más complicado en el terreno técnico-industrial, como el país más civilizado, etc. Así ocurre también por lo que hace a la preparación de los intelectuales y a las escuelas dedicadas a esa preparación: las escuelas y las instituciones de alta cultura son asimilables. Tampoco en este campo puede separarse la cualidad de la cantidad. A la especialización técnico-cultural más refinada tiene que corresponder la mayor extensión posible de la difusión de la instrucción primaria y la mayor solicitud en favorecer los gra- dos intermedios en el mayor número posible. Como es natural, esa necesidad de crear la más amplia base posible para la selección y la elaboración de las calificaciones intelectuales más altas –es decir, de dar a la cultura y a la técnica superiores una estructura Gramsci BI.indb 101 16/11/16 13:43 La formación de los intelectuales 102 democrática– no carece de inconvenientes: así se crea la posibilidad de grandes crisis de paro de los estratos medios intelectuales, como efectivamente ocurre en todas las sociedades modernas. Hay que observar que la elaboración de las capas intelectua- les en la realidad concreta no se produce en un terreno democrá- tico abstracto, sino según procesos históricos tradicionales muy concretos. Se han formado capas que tradicionalmente “producen” intelectuales, y son las mismas capas que tradicionalmente se han especializado en el “ahorro”, o sea, la burguesía rural pequeña y media y algunos estratos de la burguesía urbana pequeña y media. La variada distribución de los diversos tipos de escuela (clásicos y profesionales) en el territorio “económico” y las varias aspiraciones de las diversas categorías de esas capas determinan o dan forma a la producción de las diversas ramas de especialización intelectual. Así, por ejemplo, en Italia la burguesía rural produce especialmen- te funcionarios estatales y miembros de las profesiones liberales, mientras que la burguesía urbana produce técnicos para la indus- tria, y por eso la Italia del norte produce especialmente técnicos y la Italia del sur produce especialmente funcionarios y miembros de las profesiones liberales. La relación entre los intelectuales y el mundo de la produc- ción no es inmediata, como ocurre con los grupos sociales funda- mentales, sino que está “mediada”, en grados diversos, por todo el tejido social, por el complejo de las superestructuras, cuyos “fun- cionarios” son precisamente los intelectuales. Podría medirse la “organicidad” de los diversos estratos intelectuales, su conexión más o menos íntima con un grupo social fundamental, estable- ciendo una gradación de las funciones y de las superestructuras de abajo a arriba (desde la base estructural hacia arriba). Por aho- ra es posible fijar dos grandes “planos” superestructurales; el que puede llamarse de la “sociedad civil”, es decir, del conjunto de los organismos vulgarmente llamados “privados”, y el de la “sociedad política o Estado”, que corresponden, respectivamente, a la función de “hegemonía” que el grupo dominante ejerce en toda la sociedad y a la de “dominio directo” o de mando, que se expresa en el Estado y en el gobierno “jurídico”. Estas funciones son muy precisamente organizativas y conectivas. Los intelectuales son los “gestores” del Gramsci BI.indb 102 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 103 grupo dominante para el ejercicio de las funciones subalternas de la hegemonía social y del gobierno político, o sea: (1) del consenti- miento “espontáneo”, dado por las grandes masas de la población a la orientación impresa a la vida social por el grupo dominante fun- damental, consentimiento que nace “históricamente” del prestigio (y, por tanto, de la confianza) que el grupo dominante obtiene de su posición y de su función en el mundo de la producción; (2) del apa- rato de coerción estatal, que asegura “legalmente” la disciplina de los grupos que no dan su “consentimiento” ni activa ni pasivamen- te; pero el aparato se construye teniendo en cuenta toda la socie- dad, en previsión de los momentos de crisis de mando y de crisis de la dirección, en los cuales se disipa el consentimiento espontáneo. Este planteamiento del problema da como resultado una ex- tensión muy grande del concepto de intelectual, pero sólo así es po- sible llegar a una aproximación concreta de la realidad. Este modo de plantear la cuestión choca con los prejuicios de casta: es verdad que la misma función organizativa de la hegemonía social y del do- minio estatal produce una cierta división del trabajo –y, por tanto, toda una tradición de calificaciones, en algunas de las cuales no aparece ya ninguna atribución directiva ni organizativa: existe en el aparato de dirección social y estatal toda una serie de empleos de carácter manual e instrumental (de orden y no de concepto, de agente y no de oficial o funcionario, etc.)–, pero hay que introducir evidentemente esta distinción, como habrá que admitir algunas más. De hecho, la actividad intelectual tiene que dividirse y distin- guirse por grados también desde el punto de vista interno, grados que en los momentos de oposición extrema dan una diferencia cua- litativa propiamente dicha: en el escalón más alto hay que colocar a los creadores de las varias ciencias: de la filosofía, del arte, etc.; en el más bajo, a los más humildes “administradores” y divulgadores de la riqueza intelectual ya existente, tradicional, acumulada[6]. [6] La organización militar ofrece, también en este caso, un modelo de esas complejas gradaciones: oficiales, jefes, oficiales generales, Estado Mayor, y no hay que olvidar las clases de tropa, cuya importancia real es superior a lo que suele creerse. Es inte- resante notar que todas esas partes se sienten solidarias, y que los estratos inferiores manifiestan incluso un espíritu de cuerpo más evidente y obtienen de él un “orgullo” que a menudo los expone a chistes y apodos. Gramsci BI.indb 103 16/11/16 13:43 La formación de los intelectuales 104 En el mundo moderno se ha ampliado de un modo inaudi- to la categoría de los intelectuales así entendida.El sistema social democrático-burgués ha elaborado masas imponentes, no todas justificadas por las necesidades sociales de la producción, aunque lo están por las necesidades políticas del grupo dominante funda- mental. De aquí la concepción loriana[7] del “trabajador” improduc- tivo (pero ¿improductivo respecto de quién, y respecto de qué modo de producción?), que podría justificarse parcialmente si se tiene en cuenta que esas masas explotan su posición para conseguir diez- mos ingentes de la renta nacional. La formación de masa ha estan- darizado a los individuos en cuanto a su calificación individual y a su psicología, determinando los mismos fenómenos que en todas las masas estandarizadas): competición que plantea la necesidad de la organización profesional de defensa, paro, superproducción de las escuelas, emigración, etcétera. [7] Del socialdemócrata positivista Achille Loria, frecuente objeto de la burla de Gramsci. Gramsci BI.indb 104 16/11/16 13:43 105 Notas sobre Maquiavelo, sobre política y el Estado moderno El Príncipe moderno Apuntes sobre la política de Maquiavelo El carácter fundamental de El Príncipe no es el de ser un tratado sistemático, sino un libro “viviente”, donde la ideología política y la ciencia política se fundan en la forma dramática del “mito”. Entre la utopía y el tratado escolástico, formas bajo las cuales se configu- raba la ciencia política de la época, Maquiavelo dio a su concepción una forma imaginativa y artística, donde el elemento doctrinal y racional se personificaba en un condottiero [capitán] que representa en forma plástica y “antropomórfica” el símbolo de la “voluntad colectiva”. El proceso de formación de una determinada voluntad colectiva, que tiene un determinado fin político, no es representa- do a través de pedantescas disquisiciones y clasificaciones de prin- cipios y criterios de un método de acción, sino como las cualidades, los rasgos característicos, deberes, necesidades, de una persona concreta, despertando así la fantasía artística de aquellos a quie- nes se procura convencer y dando una forma más concreta a las pasiones políticas[1]. [1] Será necesario buscar en los escritores políticos que precedieron a Maquiavelo la existencia de escritos configurados como El Príncipe. Su misma conclusión está liga- da a este carácter “mítico” del libro. Luego de haber representado al condottiero ideal, en un pasaje de gran eficacia artística, Maquiavelo invoca al condottiero real que Gramsci BI.indb 105 16/11/16 13:43 Notas sobre Maquiavelo, sobre política y el Estado moderno 106 El Príncipe de Maquiavelo podría ser estudiado como una ejemplificación histórica del “mito” de Sorel, es decir, de una ideo- logía política que no se presenta como una fría utopía, ni como una argumentación doctrinaria, sino como la creación de una fantasía concreta que actúa sobre un pueblo disperso y pulverizado para suscitar y organizar su voluntad colectiva. El carácter utópico de El Príncipe reside en el hecho de que un Príncipe tal no existía en la rea- lidad histórica, no se presentaba al pueblo italiano con caracteres de inmediatez objetiva, sino que era una pura abstracción doctrina- ria, el símbolo del jefe, del condottiero ideal; pero los elementos pa- sionales, míticos, contenidos en el pequeño volumen y planteados con recursos dramáticos de gran efecto, se resumen y convierten en elementos, vivos en la conclusión, en la invocación de un prínci- pe “realmente existente”. En el pequeño volumen, Maquiavelo trata de cómo debe ser el Príncipe para conducir un pueblo a la fundación de un nuevo Estado, y la investigación es llevada con rigor lógi- co y desapego científico. En la conclusión, Maquiavelo mismo se vuelve pueblo, se confunde con el pueblo, mas no con un pueblo concebido en forma “genérica”, sino con el pueblo que Maquiavelo previamente ha convencido con su trabajo, del cual procede y se siente conciencia y expresión y con quien se identifica totalmente. Parece como si todo el trabajo “lógico” no fuera otra cosa que una autorreflexión del pueblo, un razonamiento interno, que se hace en la conciencia popular y que concluye con un grito apasionado, in- mediato. La pasión, de razonamiento sobre sí misma se transforma en “afecto”, fiebre, fanatismo de acción. He aquí por qué el epílogo de El Príncipe no es extrínseco, “pegado” desde afuera, retórico, sino que por el contrario debe ser explicado como un elemento necesa- rio de la obra, o mejor, como el elemento que ilumina toda la obra y que aparece como su “manifiesto político”. Se puede estudiar cómo Sorel, partiendo de la concepción de la ideología-mito no llegó a comprender el fenómeno del partido político históricamente lo personifique; y es esta invocación apasionada, que se refleja en todo el libro, la que le confiere precisamente el carácter dramático. En los Prolegomeni de Luigi Russo, Maquiavelo es llamado el artista de la política y una vez se encuentra también la expresión “mito”, pero no precisamente en el sentido aquí indicado. Gramsci BI.indb 106 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 107 y se detuvo en la concepción del sindicato profesional. Aunque es verdad que para Sorel el “mito” no encontraba su mayor expresión en el sindicato como organización de una voluntad colectiva, sino en la acción práctica del sindicato y de una voluntad colectiva ya ac- tuante. La realización máxima de dicha acción práctica debía ser la huelga general, es decir, una “actividad pasiva” de carácter negativo y preliminar (el carácter positivo está dado solamente por el acuerdo logrado en las voluntades asociadas) que no preveía una verdadera fase “activa y constructiva”. En Sorel, por consiguiente, se enfrenta- ban dos necesidades: la del mito y la de la crítica del mito, en cuanto “todo plan preestablecido es utópico y reaccionario”. La solución era abandonada al impulso de lo irracional, de lo “arbitrario” (en el sen- tido bergsoniano de “impulso vital”) o sea, de la “espontaneidad”[2]. Pero ¿puede un mito, sin embargo, ser “no constructivo”? ¿Puede imaginarse, en el orden de intuiciones de Sorel, que sea productivo en realizaciones un instrumento que deja la voluntad colectiva en la fase primitiva y elemental del mero formarse, por distinción (por “escisión”[3]), aunque sea con violencia, es decir, destruyendo las relaciones morales y jurídicas existentes? Esta [2] Habría que anotar una contradicción implícita en el modo en que Croce plantea su problema de historia y antihistoria con respecto a otros modos de pensar del mis- mo autor: su aversión a los “partidos políticos” y su forma de plantear la cuestión de la “previsibilidad” de los hechos sociales (ver Conversazione critiche, serie primera, pp. 150-152, reseña del libro de Ludovico Limentani, La previsione dei fatti social (Turín: Bocca, 1907). Si los hechos sociales son imprevisibles y el mismo concepto de previ- sión es puro sueño, lo irracional no puede menos que dominar y toda organización de hombres es antihistórica, es un “prejuicio”. Sólo corresponde resolver en cada caso y con criterio inmediato los particulares problemas prácticos planteados por el desa- rrollo histórico (ver el artículo de Croce, “Il partito come giudizio e come pregiudizio” en Cultura e vita morale) y el oportunismo es la única línea política posible. [3] Para Sorel es vital que la clase obrera no establezca ninguna clase de compromiso con la burguesía, tanto en el dominio político (antiparlamentarismo) como en el do- minio económico (organización de la cooperación obrera). La organización cooperati- va posibilitaría el paso del instinto de clase a la conciencia de clase del proletariado, vale decir, el triunfo de la “escisión” de la sociedad. Dicha escisión, “sin la cual sería imposible para el socialismo cumplir con su papel histórico”, peligra a veces cuando la burguesía, temerosa de su futuro, cede en parte a las exigencias del proletariado. Esto explica la importancia que tieneen Sorel la teoría de la “huelga general”: “Gracias a ella el socialismo subsiste joven, parecen infantiles las tentativas encaminadas al logro de la paz social y las deserciones de los compañeros que se aburguesan, sobre no desanimar a las masas, les impelen más la rebeldía. En suma: la escisión no corre peligro de desaparecer” (Sorel, Reflexiones sobre la violencia, pág. 123). Gramsci BI.indb 107 16/11/16 13:43 Notas sobre Maquiavelo, sobre política y el Estado moderno 108 voluntad colectiva así formada de manera elemental, ¿no cesará sú- bitamente de existir, disolviéndose en una infinidad de voluntades singulares que en la fase positiva seguirán direcciones diferentes y contradictorias?, al margen de la cuestión de que no puede existir destrucción, negación, sin una construcción y una afirmación im- plícitas, entendida esta no en un sentido “metafísico” sino práctico, o sea políticamente, como programa de partido. En este caso se ve con claridad que detrás de la espontaneidad se supone un mecani- cismo puro, detrás de la libertad (libre impulso vital) un máximo determinismo, detrás del idealismo un materialismo absoluto. El moderno príncipe, el mito-príncipe, no puede ser una per- sona real, un individuo concreto; sólo puede ser un organismo, un elemento de sociedad complejo en el cual comience a concretarse una voluntad colectiva reconocida y afirmada parcialmente en la ac- ción. Este organismo ya ha sido dado por el desarrollo histórico y es el partido político: la primera célula en la que se resumen los gérmenes de voluntad colectiva que tienden a devenir universales y totales. En el mundo moderno sólo una acción histórico-política inmediata e in- minente, caracterizada por la necesidad de un procedimiento rápido y fulminante, puede encarnarse míticamente en un individuo con- creto. La rapidez se torna necesaria solamente cuando se enfrenta un gran peligro inminente que provoca la inmediata exacerbación de las pasiones y del fanatismo, aniquilando el sentido crítico y la corrosividad irónica que pueden destruir el carácter “carismático” del condottiero (tal es lo que ha ocurrido en la ventura de Boulanger). Pero una acción inmediata de tal especie, por su misma naturaleza, no puede ser de vasto alcance y de carácter orgánico. Será casi siem- pre del tipo restauración y reorganización y no del tipo característico de la fundación de nuevos Estados y nuevas estructuras nacionales y sociales, tal como en el caso de El Príncipe de Maquiavelo, donde el aspecto de restauración sólo era un elemento retórico, ligado al concepto literario de la Italia descendiente de Roma y que debía res- taurar el orden y la potencia de Roma[4]; será de tipo “defensivo” y [4] Más que por el modelo ejemplar de las grandes monarquías absolutas de Francia y de España, Maquiavelo fue impulsado a su concepción política de la necesidad de un Estado unitario italiano por el recuerdo del pasado de Roma. Es necesario poner de Gramsci BI.indb 108 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 109 no creativo original. Podrá tener vigencia donde se suponga que una voluntad colectiva ya existente, aunque sea desmembrada, dispersa, haya sufrido un colapso peligroso y amenazador, mas no decisivo y catastrófico, y sea necesario reconcentrarla y robustecerla. Pero no podrá tener vigencia donde haya que crear ex novo una voluntad colectiva, enderezándola hacia metas concretas y racionales, pero de una concreción y racionalidad aún no verificadas y criticadas por una experiencia histórica efectiva y universalmente conocida. El carácter “abstracto” de la concepción soreliana del “mito” aparece en la aversión (que asume la forma pasional de una re- pugnancia ética) por los jacobinos, quienes fueron ciertamente una “encarnación categórica” del Príncipe de Maquiavelo. El moderno Príncipe debe tener una parte destinada al jacobinismo (en el signi- ficado integral que esta noción ha tenido históricamente y debe te- ner conceptualmente), en cuanto ejemplificación de cómo se formó y operó en concreto una voluntad colectiva que al menos en algunos aspectos fue creación ex novo, original. Y es necesario que la voluntad colectiva y la voluntad política en general sean definidas en el sen- tido moderno; la voluntad como conciencia activa de la necesidad histórica, como protagonista de un efectivo y real drama histórico. Una de las primeras partes debería estar dedicada, pre- cisamente, a la “voluntad colectiva”, planteando así la cuestión: “¿Cuándo puede decirse que existen las condiciones para que se pueda suscitar y desarrollar una voluntad colectiva nacional-po- pular?”, o sea efectuando un análisis histórico (económico) de la estructura social del país dado y una representación “dramática” de las tentativas realizadas a través de los siglos, para suscitar esta voluntad y las razones de sus sucesivos fracasos. ¿Por qué en Italia no se dio la monarquía absoluta en la época de Maquiavelo? relieve, sin embargo, que Maquiavelo no debe por ello ser confundido con la tradición literario-retórica. Primero, porque este elemento no es exclusivo, ni aún dominante, y la necesidad de un gran Estado nacional no es deducida de él; luego, porque el mismo reclamo a Roma es menos abstracto de lo que parece si es colocado puntualmente en el clima del Humanismo y del Renacimiento. En el libro VII de El arte de la guerra se lee: “Esta provincia (Italia) parece nacida para resucitar las cosas muertas, como se ha visto en el caso de la poesía, la pintura y la escultura”, ¿por qué no encontraría entonces la virtud militar? Habrá que reagrupar las otras menciones del mismo tipo para establecer su carácter exacto. Gramsci BI.indb 109 16/11/16 13:43 Notas sobre Maquiavelo, sobre política y el Estado moderno 110 Es necesario remontarse hasta el Imperio Romano (cuestiones de la lengua, los intelectuales, etc.), comprender la función de las Comunas medievales, el significado del catolicismo, etc. Es necesa- rio, en suma, hacer un esbozo de toda la historia italiana, sintético pero exacto[5]. Las razones de los sucesivos fracasos de las tentativas de crear una voluntad colectiva nacional-popular hay que buscarlas en la existencia de determinados grupos sociales que se forman de la disolución de la burguesía comunal, en el carácter particular de otros grupos que reflejan la función internacional de Italia como sede de la Iglesia y depositaria del Sacro Imperio Romano. Esta fun- ción y la posición consiguiente determinan una situación interna que se puede llamar “económico-corporativa”, es decir, política- mente, la peor de las formas de sociedad feudal, la forma menos pro- gresiva y más estancada. Faltó siempre, y no podía constituirse, una fuerza jacobina eficiente, precisamente la fuerza que en las otras naciones ha suscitado y organizado la voluntad colectiva nacional popular fundando los Estados modernos. Finalmente, ¿existen las condiciones para esta voluntad?, o sea, ¿cuál es la actual relación entre estas condiciones y las fuerzas opuestas? Tradicionalmente las fuerzas opuestas fueron la aristocracia terrateniente y más ge- neralmente la propiedad fundiaria (del suelo) en su conjunto, con el característico elemento italiano de una “burguesía rural” espe- cial, herencia de parasitismo legada a los tiempos modernos por la destrucción, como clase, de la burguesía comunal (las cien ciuda- des, las ciudades del silencio)[6]. Las condiciones positivas hay que buscarlas en la existencia de grupos sociales urbanos, convenien- temente desarrollados en el campo de la producción industrial y [5] Gramsci desarrolla estos problemas tanto en Los intelectuales y la organización de la cultura como en Literatura y vida nacional. Sobre las Comunas, ver Il Risorgimento, donde analiza las causas que impidieron a las Comunas superar la fase “económica-corpo- rativa” para constituirse en Estados capitalistas plenos. [6] Ciudades del silencio (cittá del silenzio) fueron llamadas por GabrieleD’Annunzio, en sus Laudi, las ciudades italianas que luego de haber conocido un período de pleno florecimiento en el pasado decayeron y se redujeron a centros burocrático-adminis- trativos de escasa importancia. De su pasado esplendor aún conservan rastros en los monumentos y joyas arquitectónicas, lo cual las convierte en centro del turismo mundial, por ejemplo: Ravena, Siena, Bergamo, etcétera. Gramsci BI.indb 110 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 111 que hayan alcanzado un determinado nivel de cultura histórico- política. Es imposible cualquier formación de voluntad colectiva na- cional-popular si las grandes masas de campesinos cultivadores no irrumpen simultáneamente en la vida política. Esto es lo que intenta- ba lograr Maquiavelo a través de la reforma de la milicia; esto es lo que hicieron los jacobinos en la Revolución Francesa. En esta com- prensión hay que identificar un jacobinismo precoz en Maquiavelo, el germen (más o menos fecundo) de su concepción de la revolución nacional. Toda la historia de 1815 en adelante muestra el esfuerzo de las clases tradicionales para impedir la formación de una vo- luntad colectiva de este tipo, para mantener el poder “económico- corporativo” en un sistema internacional de equilibrio pasivo. Una parte importante del moderno Príncipe[7] deberá estar dedicada a la cuestión de una reforma intelectual y moral, es decir, a la cuestión religiosa o de una concepción del mundo. También en este campo encontramos en la tradición ausencia de jacobinismo y miedo del jacobinismo (la última expresión filosófica de tal miedo es la actitud malthusiana de B. Croce hacia la religión). El moderno Príncipe debe ser, y no puede dejar de ser, el abanderado y el orga- nizador de una reforma intelectual y moral, lo cual significa crear el terreno para un desarrollo ulterior de la voluntad colectiva nacional popular hacia el cumplimiento de una forma superior y total de civilización moderna. Estos dos puntos fundamentales: la formación de una volun- tad colectiva nacional-popular –de la cual el moderno Príncipe es al mismo tiempo el organizador y la expresión activa y operante– y la reforma intelectual y moral deberían constituir la estructura del trabajo. Los puntos concretos del programa deben ser incorporados en la primera parte, es decir, deben resultar “dramáticamente” del discurso y no ser una fría y pedante exposición de razonamientos. ¿Puede haber una reforma cultural, es decir, una elevación de la conciencia civil de los estratos deprimidos de la sociedad, sin una precedente reforma económica y un cambio en la posición so- cial y en el mundo económico? Una reforma intelectual y moral no [7] Gramsci hace mención aquí, como es evidente, de la Teoría del Partido de la clase obrera. Gramsci BI.indb 111 16/11/16 13:43 Notas sobre Maquiavelo, sobre política y el Estado moderno 112 puede dejar de estar ligada a un programa de reforma económica, o mejor, el programa de reforma económica es precisamente la ma- nera concreta de presentarse de toda reforma intelectual y moral. El moderno Príncipe, desarrollándose, perturba todo el sistema de relaciones intelectuales y morales en cuanto su desarrollo significa que cada acto es concebido como útil o dañoso, como virtuoso o perverso, sólo en cuanto tiene como punto de referencia al moder- no Príncipe mismo y sirve para incrementar su poder u oponerse a él. El Príncipe ocupa, en las conciencias, el lugar de la divinidad o del imperativo categórico; deviene la base de un laicismo moderno y de una completa laicización de toda la vida y de todas las relacio- nes de costumbres. Gramsci BI.indb 112 16/11/16 13:43 113 El partido político La cuestión de cuándo se ha formado un partido, o sea, cuándo tie- ne una tarea precisa y permanente, produce muchas discusiones y a menudo también, desgraciadamente, una forma de orgullo que no es menos ridículo y peligroso que el “orgullo de las naciones” del que habla Vico. Verdaderamente puede decirse que un partido no está nunca perfecto y formado, en el sentido de que todo desa- rrollo crea nuevas obligaciones y tareas y en el sentido de que para algunos partidos se comprueba la paradoja de que están perfectos y formados cuando ya no existen, es decir, cuando su existencia se ha hecho históricamente inútil. Y así como un partido no es sino una nomenclatura de clase, resulta evidente que, para el partido que se propone anular la división en clases, su perfección y cumplimiento consisten en haber dejado de existir porque no existen ya clases, ni tampoco, por tanto, sus expresiones. Pero aquí se desea aludir a un particular momento de ese proceso de desarrollo, el momento inmediatamente posterior a aquel en el cual un hecho puede tener existencia o no tenerla, en el sentido de que la necesidad de su exis- tencia no ha llegado todavía a ser “perentoria”, sino que depende “en gran parte” de la existencia de personas de extraordinaria po- tencia volitiva y de extraordinaria voluntad. ¿Cuándo se hace históricamente “necesario” un partido? Cuando las condiciones de su “triunfo”, de su indefectible conver- sión en Estado, están al menos en vías de formación y permiten Gramsci BI.indb 113 16/11/16 13:43 El partido político 114 prever normalmente sus ulteriores desarrollos. Pero ¿cuándo pue- de decirse, en condiciones tales, que un partido no podrá ser des- truido con medios normales? Para contestar a esa pregunta hay que desarrollar un razonamiento: para que exista un partido es nece- sario que confluyan tres elementos fundamentales (propiamente, tres grupos de elementos): (1) un elemento difuso, de hombres co- munes, medios, cuya participación está posibilitada por la discipli- na y la fidelidad, no por un espíritu creador y muy organizador. Sin ellos, es verdad, el partido no existiría, pero también es verdad que el partido no existiría “solamente” con ellos. Ellos son una fuerza en la medida en que haya alguien que los centralice, organice y discipline, pero si falta esta otra fuerza de cohesión, se dispersarán y se anularán en una pulverización impotente. No se trata de negar que cada uno de estos elementos pueda convertirse en una de las fuerzas de cohesión, pero se habla de ellos en el momento en que no lo son ni están en condiciones de serlo, o, si lo son, lo son sólo en un ámbito reducido, políticamente ineficaz y sin consecuencias; (2) el elemento principal de cohesión, que centraliza en el ámbito nacional, que da eficacia y potencia a un conjunto de fuerzas que, abandonadas a sí mismas, contarían cero o poco más. Este elemen- to está dotado de una fuerza intensamente cohesiva, centralizado- ra y disciplinadora, y también, o incluso tal vez por eso, inventiva (si se entiende “inventiva” en cierta orientación, según ciertas lí- neas de fuerza, ciertas perspectivas y también ciertas premisas). También es verdad que este elemento solo no formaría el parti- do, pero lo formaría, de todos modos, más que el primer elemento considerado. Se habla de capitanes sin ejército, pero en realidad es más fácil formar un ejército que formar capitanes. Tanto es así que un ejército ya existente queda destruido si se queda sin capitanes, mientras que la existencia de un grupo de capitanes, coordinados, de acuerdo entre ellos, con finalidades comunes, no tarda en formar un ejército incluso donde no existe; (3) un elemento medio que arti- cule el primero con el segundo, los ponga en contacto no solamente “físico”, sino también moral e intelectual. En la realidad y para cada partido existen “proporciones definidas” entre esos tres elementos, y se alcanza el máximo de eficacia cuando se realizan esas “propor- ciones definidas”. Gramsci BI.indb 114 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 115 Dadas esas consideraciones, se puede decir que es imposible destruir un partido con medios normales cuando, por existir ne- cesariamente el segundo elemento –cuyo nacimiento depende de la existencia de las condicionesmateriales objetivas (y si no existe este segundo elemento, todo razonamiento es vacío)–, aunque sea en un estado disperso y no fijo, no pueden sino formarse los otros dos, o sea, el primero, que necesariamente forma el tercero como continuación suya y modo de expresarse. Para que eso ocurra es necesario que se haya formado la con- vicción férrea de que es necesaria una determinada solución de los problemas vitales. Sin esa convicción no se formará el segundo ele- mento, cuya destrucción es la más fácil, por su escasez numérica; pero es necesario que este segundo elemento, cuando es destruido, deje como herencia un fermento a partir del cual pueda recons- tituirse. ¿Y dónde podrá subsistir mejor ese fermento y formarse luego, sino en los elementos primero y tercero, que, evidentemente, son los más homogéneos con el segundo? La actividad del segundo elemento para constituir este fermento es, por tanto, fundamental: el criterio para juzgar a este segundo elemento debe verse: (1) en lo que realmente hace; (2) en lo que prepara para la hipótesis de su propia destrucción. Es difícil decir cuál de esas dos cosas es más importante. Como en la lucha hay que prever siempre la derrota, la preparación de los sucesores de uno es un elemento tan importante como lo que se hace para vencer. A propósito del “orgullo” de partido, puede decirse que es peor que el “orgullo de las naciones” del que habla Vico. ¿Por qué? Porque una nación no puede no existir, y en el mero hecho de que existe es siempre posible, aunque sea con buena voluntad y for- zando los textos, descubrir que la existencia en cuestión rebosa destino y significado. En cambio, un partido puede no existir por fuerza intrínseca. No hay que olvidar nunca que, en la lucha entre las naciones, cada una de ellas tiene interés en que la otra se de- bilite por luchas internas, y que los partidos son precisamente los elementos de las luchas internas. Por tanto, para los partidos es siempre posible la pregunta de si existen por su fuerza propia, por auténtica necesidad, o si existen sólo por intereses ajenos, y efec- tivamente, en las polémicas esto no se olvida nunca, sino que es Gramsci BI.indb 115 16/11/16 13:43 El partido político 116 incluso un motivo insistentemente usado, especialmente cuando la respuesta no es dudosa, lo que quiere decir que tiene garra y deja con dudas. Está claro que el que se deja desgarrar por esa duda será un necio. Políticamente la cuestión tiene una importancia sólo mo- mentánea. En la historia de lo que suele llamarse “principio de las nacionalidades”, las intervenciones extranjeras a favor de los parti- dos nacionales que perturban el orden interior de los Estados anta- gonistas son innumerables, hasta el punto de que cuando se habla, por ejemplo, de la “política oriental” de Cavour lo que se pregunta es si se trataba de una “política”, o sea, de una línea de acción perma- nente, o de una estratagema momentánea para debilitar a Austria en vista de lo ocurrido en 1859 y 1866. Del mismo modo se ve en los movimientos mazzinianos de principios de 1870 (ejemplo, asunto Barsanti[1]) la intervención de Bismarck, que, en vista de la guerra con Francia y del peligro de una alianza ítalo-francesa, pensaba debilitar Italia mediante conflictos internos. Y análogamente ven algunos en los acontecimientos de junio de 1914[2] la intervención del Estado Mayor austríaco previendo la guerra inminente. Como se ve, la casuística es numerosa, y es necesario tener ideas claras al respecto. Siempre que se hace algo se está haciendo el juego de alguien: lo importante es intentar por todos los medios hacer bien el juego de uno, es decir, vencer claramente. En cualquier caso, hay que despreciar el “orgullo” del partido y sustituirlo por hechos con- cretos. Si, en cambio, se sustituyen los hechos concretos por el or- gullo, o se practica la política del orgullo, estará justificada sin más la sospecha de escasa seriedad. No es necesario añadir que también hay que evitar a los partidos la apariencia “justificada” de que se está haciendo el juego a alguien, especialmente si ese alguien es [1] Intentos revolucionarios de Mazzini que fueron fácilmente reprimidos. En el úl- timo de ellos el propio Mazzini se decidió a pasar de Sicilia a Roma poco antes de la conquista de esta capital por el reino de Italia. Un espía facilitó su detención en Sicilia. Durante su prisión cayó Roma en manos del naciente Estado italiano. [2] Huelga general proclamada en toda Italia por la cgl y el psi el 8 de junio de 1914 en protesta por los disparos de la fuerza pública contra los obreros reunidos en Ancona para oír un discurso de Errico Malatesta. Manifestación en Turín, contra la cual tam- bién dispararon los carabinieri (dos obreros muertos, ocho heridos). Descripción en Paolo Spriano, Torino operaria nella grande guerra (Turín, 1960: 60 y ss.). Gramsci BI.indb 116 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 117 un Estado extranjero; pero si a pesar de todo se sigue especulando, hay que darse cuenta de que no se puede impedir que eso ocurra. Es difícil excluir que cualquier partido (de los grupos domi- nantes, pero también de los grupos subalternos) realice alguna fun- ción de policía, o sea, de tutela de cierto orden político y legal. Si la cosa se demostrara concluyentemente, habría que plantear la cues- tión de otro modo, preguntándose por las maneras y las orientacio- nes con las cuales se ejerce esa función. ¿Es su sentido represivo o difusivo? ¿De carácter reaccionario o de carácter progresivo? El par- tido dado, ¿ejerce su función de policía para conservar un orden ex- terior, extrínseco, traba de las fuerzas vivas de la historia, o la ejerce en el sentido que tiende a llevar al pueblo a un nivel de civilización, expresión programática de la cual es ese orden político y legal. En la práctica, los que infringen una ley pueden encontrarse: (1) entre los elementos sociales reaccionarios desposeídos del poder por la ley; (2) entre los elementos progresivos comprimidos por la ley; (3) entre los elementos que no han alcanzado aún el nivel de civilización que la ley puede representar. La función de policía de un partido puede, por tanto, ser progresiva o regresiva: es progresiva cuando tiende a mantener en la órbita de la legalidad a las fuerzas reaccionarias despojadas del poder y a levantar las masas atrasadas al nivel de la nueva legalidad. Es regresiva cuando tiende a comprimir las fuerzas vivas de la historia y a mantener una legalidad superada, antihistó- rica, hecha extrínseca. Por lo demás, el funcionamiento del partido dado suministra criterios de discriminación: cuando el partido es progresivo, funciona “democráticamente” (en el sentido del centra- lismo democrático); cuando el partido es regresivo funciona “buro- cráticamente” (en el sentido del centralismo burocrático). En este segundo caso el partido es un mero ejecutor no deliberante: es en- tonces, técnicamente, un órgano de policía, y su nombre de “partido político” es una pura metáfora de carácter mitológico. Gramsci BI.indb 117 16/11/16 13:43 Gramsci BI.indb 118 16/11/16 13:43 119 Lucha política y guerra militar En la guerra militar, logrado el fin estratégico de la destrucción del ejército enemigo y de la ocupación de su territorio, se da la paz. Es preciso señalar, por otro lado, que para que concluya la guerra basta con que el fin estratégico sea alcanzado sólo potencialmente; o sea, basta con que no exista duda de que un ejército no puede combatir más y que el ejército victorioso “puede” ocupar el terri- torio enemigo. La lucha política es enormemente más compleja. En cierto sentido puede ser parangonada con las guerras coloniales o con las viejas guerras de conquista, cuando el ejército victorioso ocupa o se propone ocupar en forma estable todo o una parte del territorio conquistado. Entonces, el ejército vencido es desarmado y dispersado, pero la lucha continúa en el terreno político y en elde la “preparación” militar. Así, la lucha política de la India con- tra los ingleses (y en cierta medida la de Alemania contra Francia o de Hungría contra la Pequeña Entente)[1] conoce tres formas de guerras: de movimiento, de posición y subterránea. La resistencia [1] La Pequeña Entente es la alianza defensiva que el 14 de agosto de 1920 unió a Yugoslavia y Checoslovaquia, a las que muy pronto se agregó Rumania, y que estaba destinada a impedir toda tentativa de Hungría de reconquistar total o parcialmente lo que había perdido la monarquía austro-húngara en el tratado de paz. Los contratantes declaran oponerse a toda reconstrucción de la antigua monarquía y a toda nueva fe- deración, y se comprometen a un apoyo recíproco en caso de ataque húngaro. Contra la Pequeña Entente, patrocinada por Francia, Hungría se vio llevada a inclinarse cada vez más, después del surgimiento de los regímenes fascistas, hacia Alemania e Italia. Gramsci BI.indb 119 16/11/16 13:43 Lucha política y guerra militar 120 pasiva de Gandhi es una guerra de posición, que en algunos mo- mentos se convierte en guerra de movimiento y en otros en guerra subterránea; el boicot es guerra de posición, las huelgas son guerra de movimiento, la preparación clandestina de armas y de elemen- tos combativos de asalto es guerra subterránea. Hay una forma de arditismo, pero es empleada con mucha ponderación. Si los ingleses tuviesen la convicción de que se prepara un gran movimiento insu- rreccional destinado a destruir su actual superioridad estratégica (que consiste, en cierto sentido, en su posibilidad de maniobrar a través de líneas interiores y de concentrar sus fuerzas en el punto “esporádicamente” más peligroso) con el ahogamiento de masa (es decir, constriñéndolos a diluir sus fuerzas en un teatro bélico ge- neralizado en forma simultánea), les convendría provocar la salida prematura de las fuerzas combatientes indias para identificarlas y decapitar el movimiento general. Así, a Francia le convendría que la derecha nacionalista alemana fuese envuelta en un golpe de Estado aventurado que impulsara a la presunta organización militar ilegal a manifestarse prematuramente, permitiendo una intervención afortunada desde el punto de vista francés. He aquí por qué en es- tas formas mixtas de lucha, cuyo carácter militar es fundamental y el carácter político preponderante (toda lucha política tiene siem- pre un sustrato militar), el empleo de los arditi demanda un desarro- llo táctico original, para cuya concepción la experiencia de guerra sólo puede dar un estímulo y no un modelo. El problema de los comitadjis[2] balcánicos merece un trata- miento aparte, ya que están ligados a condiciones particulares del ambiente físico-geográfico regional, a la formación de las clases ru- rales e igualmente a la eficiencia real de los gobiernos. Lo mismo para el caso de las bandas irlandesas, cuya forma de guerra y de or- ganización estaba ligada a la estructura social de ese país. Los comi- tadjis, los irlandeses y las otras formas de guerra de guerrillas deben ser separadas de la cuestión del arditismo, si bien parecen tener pun- tos de contacto con ella. Estas formas de lucha son propias de mi- norías débiles pero exasperadas contra mayorías bien organizadas, [2] Nombre dado a las bandas de combatientes irregulares que operaban en la penín- sula balcánica y preparaban la lucha contra los turcos. Gramsci BI.indb 120 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 121 mientras que el arditismo moderno presupone una gran reserva, in- movilizada por diversas razones pero potencialmente eficiente, que lo sostiene y lo alimenta con aportes individuales. Arte militar y arte político Una vez más sobre los arditi. La relación existente en 1917-1918 entre las formaciones de arditi y el ejército en su conjunto puede conducir y condujo ya a los dirigentes políticos a erróneas formulaciones en sus planes de lucha. Se olvida: (1) que los arditi son simples forma- ciones tácticas que presuponen un ejército poco eficiente, mas no inerte por completo, puesto que si la disciplina y el espíritu militar se reflejaron hasta aconsejar una nueva disposición táctica, a pesar de todo existen en cierta medida, y en correspondencia con ella se da justamente la nueva formación táctica; de otra manera, se pro- duciría inevitablemente la derrota y la fuga; (2) que es preciso no considerar al arditismo como un signo de la combatividad general de la masa militar, sino, por el contrario, como un signo de su pasivi- dad y de su relativa desmoralización. Esto sea dicho manteniendo implícito el criterio general de que los parangones entre el arte militar y la política deben ser esta- blecidos siempre cum grano salis, es decir, sólo como estímulos para el pensamiento y como términos de simplificación ad absurdum. En efecto, en la militancia política falta la sanción penal implacable para quien yerra o no obedece exactamente, falta la ley marcial, sin contar con el hecho de que la disposición de las fuerzas políti- cas no es ni de lejos comparable al encuadramiento militar. En la lucha política, además de la guerra de movimiento y de la guerra de asedio o de posición, existen otras formas. El verdadero arditismo, o sea el arditismo moderno, es propio de la guerra de posición, tal como se reveló en 1914-1918. La guerra de movimiento y la de ase- dio de los períodos precedentes tenían también, en cierto sentido, sus arditi. La caballería ligera y pesada, los bersaglieri, etc., las tropas veloces en general, cumplían en parte una función de arditi; así, por ejemplo, en el arte de organizar las patrullas estaba contenido el germen del arditismo moderno. En la guerra de asedio dicho germen Gramsci BI.indb 121 16/11/16 13:43 Lucha política y guerra militar 122 existía más que en la guerra de movimiento: servicio de patrullas más extendido y, sobre todo, el arte de organizar salidas y asaltos imprevistos por medio de elementos escogidos. Otro elemento digno de tenerse presente es el siguiente: en la lucha política es preciso no imitar los métodos de lucha de las clases dominantes, para no caer en fáciles emboscadas. En las luchas actuales este fenómeno se verifica con mucha frecuencia. Una organización estatal debilitada es como un ejército que ha per- dido todo su vigor; entran en el campo los arditi, o sea, las organiza- ciones armadas privadas que tienen dos objetivos: hacer uso de la ilegalidad, mientras el Estado parece permanecer en la legalidad, como medio de reorganizar al mismo Estado; creer que a la activi- dad privada ilegal se le puede contraponer otra actividad similar, es decir, combatir el arditismo con el arditismo. Esto es algo estúpido. Significa creer que el Estado permanecerá siempre inerte, lo cual no ocurre jamás, al margen de las otras condiciones diferentes. El carácter de clase lleva a una diferencia fundamental: una clase que debe trabajar todos los días con horario fijo no puede tener organi- zaciones de asalto permanentes y especializadas como una clase que tiene amplias posibilidades financieras y no está ligada, con todos sus miembros, a un horario fijo. A cualquier hora del día y de la noche, estas organizaciones convertidas en profesionales pue- den descargar golpes decisivos y utilizar la sorpresa. La táctica de los arditi no puede tener, por lo tanto, la misma importancia para una clase que para otra. Para ciertas clases es necesaria, porque le es propia, la guerra de movimiento y de maniobra que, en el caso de la lucha política, puede combinarse con un útil y hasta indis- pensable uso de la táctica de los arditi. Pero fijarse en un modelo militar es una tontería: la política debe ser, también aquí, superior a la parte militar. Sólo la política crea la posibilidad de la maniobra y del movimiento. De todo lo dicho se advierte que en el fenómeno del arditismo militar es preciso distinguir entre función técnica de arma espe- cial ligada a la moderna guerra de posicióny función político-mi- litar: como función de arma especial el arditismo existió en todos los ejércitos que participaron en la guerra mundial; como función político-militar existió en los países políticamente no homogéneos Gramsci BI.indb 122 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 123 y debilitados, los que, por consiguiente, tenían como expresión un ejército nacional poco combativo y un Estado Mayor burocratizado y fosilizado en la carrera (1929-1930). A propósito de la comparación entre los conceptos de guerra de maniobra y guerra de posición en el arte militar y los conceptos correspondientes en el arte político, debe recordarse el folleto de Rosa Luxemburgo, traducido del francés al italiano en 1919 por C. Alessandri[3]. En el folleto se teorizan un poco apresuradamente y en forma superficial las experiencias históricas de 1905. En efecto, Rosa descuidó los elementos “voluntarios” y organizativos que en aquellos acontecimientos eran mucho más eficientes y numerosos de lo que ella creía, víctima de un cierto prejuicio “economicista” y espontaneísta. Sin embargo, este folleto (y otros escritos de la misma autora) es uno de los documentos más significativos de la teorización de la guerra de maniobra aplicada al arte político. El elemento económico inmediato (crisis, etc.) es considerado como la artillería de campaña que, en la guerra, abre una brecha en la de- fensa enemiga, brecha suficiente como para que las tropas propias irrumpan y obtengan un éxito definitivo (estratégico) o al menos importante en la dirección de la línea estratégica. Naturalmente, en la ciencia histórica la eficacia del elemento económico inmediato es considerada como mucho más compleja que la de la artillería pesada en la guerra de maniobra, ya que este elemento era conce- bido como causante de un triple efecto: (1) abrir una brecha en la defensa enemiga luego de haber llevado la confusión a los cuadros adversarios, abatida su confianza en sí mismos, en sus fuerzas y en su porvenir; (2) organizar con una rapidez fulminante las propias tropas, crear sus cuadros, o al menos ubicar con una celeridad ful- minante los cuadros existentes (elaborados hasta entonces por el proceso histórico general) en su puesto de encuadre de las tropas diseminadas; (3) crear en forma instantánea la concentración ideo- lógica de la identidad de los fines a alcanzar. Era una forma de fé- rreo determinismo economista, con el agravante de que los efectos eran concebidos como inmediatos en el tiempo y en el espacio; se [3] Rosa Luxemburgo, “Huelga de masa, partido y sindicatos” en Cuadernos de Pasado y Presente Nº 13 (Córdoba) 1970. Gramsci BI.indb 123 16/11/16 13:43 Lucha política y guerra militar 124 trataba por ello de un verdadero misticismo histórico, de la espera de una especie de destello milagroso. La observación del general Krasnov (en su novela) de que la Entente (que no quería una victoria de la Rusia imperial para que no fuese resuelta definitivamente a favor del zarismo la cuestión orien- tal) impuso al Estado Mayor ruso la guerra de trinchera (absurda, dado el enorme desarrollo del frente del Báltico al Mar Negro, con grandes zonas palúdicas y boscosas) mientras que la única posible era la guerra de maniobra es una tontería. El ejército ruso en realidad intentó la guerra de maniobra y de profundización especialmente en el sector austríaco (pero también en la Prusia Oriental) y obtuvo éxitos brillantísimos aunque efímeros. La verdad es que no se puede escoger la forma de guerra que se desea, a menos que súbitamente se tenga una superioridad abrumadora sobre el enemigo, y sabido es cuántas pérdidas costó la obstinación de los Estados Mayores en no querer reconocer que la guerra de posición era “impuesta” por las relaciones generales de las fuerzas que se enfrentaban. La guerra de posición, en efecto, no está constituida sólo por las trincheras pro- piamente dichas, sino por todo el sistema organizativo e industrial del territorio que está ubicado a espaldas del ejército: y es impuesta, sobre todo, por el tiro rápido de los cañones, por las ametralladoras, los fusiles, la concentración de las armas en un determinado pun- to y además por la abundancia del reabastecimiento que permite sustituir en forma rápida el material perdido luego de un avance o de un retroceso. Otro elemento es la gran masa de hombres que constituyen las fuerzas desplegadas, de valor muy desigual y que justamente sólo pueden operar como masa. Se ve cómo en el frente oriental una cosa era irrumpir en el sector alemán y otra diferente en el sector austríaco y cómo también en el sector austríaco, refor- zado por tropas escogidas alemanas y comandadas por alemanes, el ataque de choque como táctica termina en un desastre[4]. Algo [4] Alusión a las ofensivas rusas de los años 1914-1915; mientras que en la parte norte del frente oriental, en manos de los alemanes, los rusos habían sufrido reveses desde el comienzo de la campaña, su superioridad numérica, explotada en particular en el ataque precipitado del verano de 1914, les había permitido aplastar inicialmente a las tropas austro-húngaras y ocupar Galitzia. Durante el verano de 1915, esos resultados quedaron anulados por un contraataque de las tropas austro-húngaras encuadradas Gramsci BI.indb 124 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 125 análogo se observa en la guerra polaca[5] de 1920, cuando el avan- ce que parecía irresistible fue detenido delante de Varsovia por el general Weygand en la línea comandada por los oficiales franceses. Los mismos técnicos militares que ahora se atienen fijamente a la guerra de posición como antes se atenían a la guerra de maniobra no sostienen, por cierto, que el tipo precedente debe ser suprimido de la ciencia, sino que en las guerras entre los Estados más avanza- dos industrial y civilmente se debe considerar a ese tipo como redu- cido a una función más táctica que estratégica; se lo debe considerar en la misma posición en que se encontraban en una época anterior la guerra de asedio con respecto a la de maniobra. La misma reduc- ción debe ser realizada en el arte y la ciencia política, al menos en lo que respecta a los Estados más avanzados, donde la “sociedad civil” se ha convertido en una estructura muy compleja y resistente a las “irrupciones” catastróficas del elemento económico inmediato (crisis, depresiones, etc.): las superestructuras de la sociedad civil son como el sistema de trincheras en la guerra moderna. Así como en este ocurría que un encarnizado ataque de la artillería parecía destruir todo el sistema defensivo adversario, cuando en realidad sólo había destruido la superficie exterior y en el momento del ata- que y del avance los asaltantes se encontraron frente a una línea defensiva todavía eficiente, lo mismo ocurre en la política durante las grandes crisis económicas. Ni las tropas asaltantes, por efecto de las crisis, se organizan en forma fulminante en el tiempo y el espa- cio, ni tanto menos adquieren un espíritu agresivo; recíprocamente, los asaltados no se desmoralizan ni abandonan la defensa, aun en- tre los escombros, ni pierden la confianza en las propias fuerzas ni en su porvenir. Las cosas, por cierto, no permanecen tal cual eran, pero es verdad que llegan a faltar los elementos de rapidez, de ritmo acelerado, de marcha progresiva definitiva que esperaban encontrar y reforzadas por los cuerpos alemanes del general Mackensen. [5] Pilsudski, en abril de 1920, lanzó a Polonia a una ofensiva contra la Rusia soviética, esperando aprovechar su debilidad y las luchas contrarrevolucionarias. Pero su ofen- siva fue detenida en Ucrania desde el mes de mayo (contraofensiva de Tujachevski). La ofensiva rusa condujo a Budienny hasta las inmediaciones de Varsovia. Pilsudski se salvó por el apoyo de Francia, que le envió municiones y oficiales, entre estos el general Weygand. Gramsci BI.indb 125 16/11/16 13:43 Lucha política y guerra militar 126 losestrategas del cadornismo político. El último hecho de este tipo en la historia de la política son los acontecimientos de 1917. Ellos se- ñalaron un cambio decisivo en la historia del arte y de la ciencia de la política. Se trata, por consiguiente, de estudiar con “profundidad” cuáles son los elementos de la sociedad civil que corresponden a los sistemas de defensa en la guerra de posición. Se dice con “profundi- dad” intencionadamente, ya que fueron estudiados, pero desde pun- tos de vista superficiales y triviales, tal como ciertos historiadores de costumbres estudian las rarezas de la moda femenina desde un punto de vista “racionalista”, es decir, persuadidos de que a ciertos fenómenos se los destruye tan sólo con explicarlos en forma “rea- lista”, como si fuesen supersticiones populares (que por otro lado tampoco se destruyen con el hecho de explicarlas). Es necesario ver si la famosa teoría de Bronstein sobre la permanencia[6] del movimiento no es el reflejo político de la teoría de la guerra de maniobra (recordar la observación del general de cosacos Krasnov), en última instancia, el reflejo de las condicio- nes generales económico-cultural-sociales de un país donde los cuadros de la vida nacional son embrionarios y desligados, y no pueden transformarse en “trinchera o fortaleza”. En este caso, se podría decir que Bronstein, que aparece como un “occidentalista”, era en cambio un cosmopilta, es decir, superficialmente nacional y superficialmente occidentalista o europeo. Ilich[7], en cambio, era profundamente nacional y profundamente europeo. Es sus memorias, Bronstein recuerda que se le dijo que su teoría había demostrado ser válida luego de… quince años, y res- ponde al epigrama con otro epigrama. En realidad, su teoría como tal no era válida ni quince años antes ni quince años después: como ocurre con los obstinados, de los que habla Guicciardini, él adivinó grosso modo, es decir, tuvo razón en la previsión práctica más gene- ral. Es como afirmar que una niña de cuatro años se convertirá en madre y al ocurrir esto, a los veinte años, decir: “lo había adivina- do”, no recordando sin embargo que cuando tenía cuatro años se [6] Se refiere a Trotski y a su teoría de la “revolución permanente”. [7] Se refiere a Lenin. Gramsci BI.indb 126 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 127 deseaba violarla, en la seguridad de que se convertiría en madre. Me parece que Ilich había comprendido que era necesario pasar de la guerra de maniobra, aplicada victoriosamente en Oriente de 1917, a la guerra de posición que era la única posible en Occidente donde, como observa Krasnov, en breve lapso los ejércitos podían acumular interminables cantidades de municiones, donde los cua- dros sociales eran de por sí capaces de transformarse en trincheras muy provistas. Y me parece que este es el significado de la fórmula del “frente único”, que corresponde a la concepción de un solo fren- te de la Entente bajo el comando único de Foch. Sólo que Ilich no tuvo tiempo de profundizar su fórmula, aun teniendo en cuenta el hecho de que podía ser profundizada, sólo teóricamente, mientras que la tarea fundamental era nacional, es decir, exigía un reconocimiento del terreno y una fijación de los ele- mentos de trinchera y de fortaleza representados por los elementos de la sociedad civil, etc. En Oriente, el Estado era todo, la sociedad civil era primitiva y gelatinosa; en Occidente, entre Estado y socie- dad civil existía una justa relación y bajo el temblor del Estado se evidenciaba una robusta estructura de la sociedad civil. El estado sólo era una trinchera avanzada, detrás de la cual existía una ro- busta cadena de fortalezas y casamatas; en mayor o menor medida de un Estado a otro, se entiende, pero esto precisamente exigía un reconocimiento de carácter nacional. La teoría de Bronstein puede ser comparada con la de ciertos sindicalistas franceses sobre la huelga general y con la teoría de Rosa expuesta en el folleto traducido por Alessandri. El folleto de Rosa y sus teorías, por otro lado, influyeron sobre los sindicalistas franceses, tal como se evidencia en ciertos artículos de Rosmer so- bre Alemania aparecidos en la Vie Ouvrière (primera serie en peque- ños fascículos). Dicha teoría depende en parte también de la teoría de la espontaneidad. Gramsci BI.indb 127 16/11/16 13:43 Gramsci BI.indb 128 16/11/16 13:43 129 Paso de la guerra de movimiento (y del ataque frontal) a la guerra de posición también en el campo político Esta me parece la cuestión de teoría política más importante plan- teada por el período de la posguerra, y la más difícil de resolver acertadamente. Está relacionada con las cuestiones suscitadas por Bronstein [Trotski], quien puede considerarse, de un modo u otro, como el teórico político del ataque frontal en un período en el cual ese ataque sólo es causa de derrotas. Este paso en la ciencia política no está relacionado con el ocurrido en el campo militar, sino indi- rectamente (mediatamente), aunque desde luego hay una relación, y esencial, entre ambos. La guerra de posición requiere sacrificios enormes y masas inmensas de población; por eso hace falta en ella una inaudita concentración de la hegemonía y, por tanto, una forma de gobierno más “intervencionista”, que tome más abiertamente la ofensiva contra los grupos de oposición y organice permanen- temente la “imposibilidad” de disgregación interna, con controles de toda clase, políticos, administrativos, etc., consolidación de las “posiciones” hegemónicas del grupo dominante, etc. Todo eso indi- ca que se ha entrado en una fase culminante de la situación políti- co-histórica, porque en la política la “guerra de posición”, una vez conseguida la victoria en ella, es definitivamente decisiva. O sea: en la política se tiene guerra de movimiento mientras se trata de con- quistar posiciones no decisivas y, por tanto, no se movilizan todos los recursos de la hegemonía del Estado; pero cuando, por una u otra razón, esas posiciones han perdido todo valor y sólo importan Gramsci BI.indb 129 16/11/16 13:43 Paso de la guerra de movimiento … 130 las posiciones decisivas, entonces se pasa a la guerra de cerco, com- primida, difícil, en la que se requieren cualidades excepcionales de paciencia y espíritu de invención. En la política el cerco es recí- proco, a pesar de todas las apariencias, y el mero hecho de que el dominante tenga que sacar a relucir todos sus recursos prueba el cálculo que hizo acerca del adversario. Gramsci BI.indb 130 16/11/16 13:43 131 Introducción al estudio de la filosofía y del materialismo histórico Algunos puntos de referencia preliminares Es preciso destruir el muy difundido prejuicio de que la filosofía es algo sumamente difícil por ser la actividad intelectual propia de una determinada categoría de científicos especialistas o de filósofos profesionales y sistemáticos. Es preciso, por tanto, demostrar, antes que nada, que todos los hombres son “filósofos”, y definir los lími- tes y los caracteres de esta “filosofía espontánea”, propia de “todo el mundo”, esto es, de la filosofía que se halla contenida: (1) en el lenguaje mismo, que es un conjunto de nociones y conceptos deter- minados, y no simplemente de palabras vaciadas de contenido; (2) en el sentido común, y en el buen sentido; (3) en la religión popular y, por consiguiente, en todo el sistema de creencias, supersticiones, opiniones, maneras de ver y de obrar que se manifiestan en lo que se llama generalmente “folklore”. Después de demostrar que todos son filósofos –a su manera, inconscientemente, porque incluso en la más mínima manifes- tación de una actividad intelectual cualquiera, la del “lengua- je”, está contenida una determinada concepción del mundo–, se pasa al segundo momento, el de la crítica y el conocimiento, esto es, se plantea el siguiente problema: ¿es preferible “pensar” sin tener conocimiento crítico, de manera disgregada y ocasional,es decir, “participar” de una concepción del mundo “impuesta” Gramsci BI.indb 131 16/11/16 13:43 Introducción al estudio de la filosofía y del materialismo histórico 132 mecánicamente por el ambiente externo, es decir, por uno de los tantos grupos sociales en que uno se encuentra incluido automá- ticamente hasta su entrada en el mundo consciente (y que puede ser la aldea o la provincia, que puede tener origen en la parroquia y en la “actividad intelectual” del cura o del vejete patriarcal cuya “sabiduría” dicta la ley; de la mujercita que ha heredado la sabidu- ría de las brujas o del pequeño intelectual avinagrado en su propia estupidez e incapacidad para obrar), o es mejor elaborar la propia concepción del mundo de manera consciente y crítica, y, por lo mismo, en vinculación con semejante trabajo intelectual, escoger la propia esfera de actividad, participar activamente en la elabora- ción de la historia del mundo, ser el guía de sí mismo y no aceptar del exterior, pasiva y supinamente, la huella que se imprime sobre la propia personalidad? Nota I. Por la propia concepción del mundo se pertenece siempre a un determinado agrupamiento, y precisamente al de todos los elementos sociales que participan de un mismo modo de pensar y de obrar. Se es conformista de algún conformismo, se es siempre hombre masa u hombre colectivo. El problema es este: ¿a qué tipo histórico pertenece el conformismo, el hombre masa del cual se participa? Cuando la concepción del mundo no es crítica ni cohe- rente, sino ocasional y disgregada, se pertenece simultáneamente a una multiplicidad de hombres masa, y la propia personalidad se forma de manera caprichosa: hay en ella elementos del hombre de las cavernas y principios de la ciencia más moderna y avanzada; prejuicios de las etapas históricas pasadas, groseramente localis- tas, e intuiciones de una filosofía del porvenir que será propia del género humano mundialmente unificado. Criticar la propia concep- ción del mundo es tornarla, entonces, consciente, y elevarla hasta el punto al que ha llegado el pensamiento mundial más avanzado. Significa también, por consiguiente, criticar toda la filoso- fía existente hasta ahora, en la medida en que ha dejado estrati- ficaciones consolidadas en la filosofía popular. El comienzo de la elaboración crítica es la conciencia de lo que realmente se es, es decir, un “conócete a ti mismo” como producto del proceso históri- co desarrollado hasta ahora y que ha dejado en ti una infinidad de Gramsci BI.indb 132 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 133 huellas recibidas sin beneficio de inventario. Es preciso efectuar, inicialmente, ese inventario. Nota II. No se pueden separar la filosofía y la historia de la filosofía, ni la cultura y la historia de la cultura. En el sentido más inmediato y determinado, no se puede ser filósofo, es decir, tener una concep- ción críticamente coherente del mundo, sin tener conocimiento de su historicidad, de la fase de desarrollo por ella representada y del hecho de que ella se halla en contradicción con otras concepciones o con elementos de otras concepciones. La propia concepción del mundo responde a ciertos problemas planteados por la realidad, que son bien determinados y “originales” en su actualidad. ¿Cómo es posible pensar el presente, y un presente bien determinado, con un pensamiento trabajado por problemas de un pasado remoto y superado? Si ello ocurre, significa que se es “anacrónico” en rela- ción con el tiempo en que se vive, que se pertenece a los fósiles y no a los seres modernos. O, por lo menos, que se está “compuesto” de manera caprichosa. Y, realmente, ocurre que grupos sociales que en determinados aspectos expresan la modernidad más desarro- llada, en otros se hallan en retraso con su situación social, y por lo tanto son incapaces de una total autonomía histórica. Nota III. Si es verdad que cada idioma tiene los elementos de una concepción del mundo y de una cultura, también será verdad que el lenguaje de cada uno permite juzgar acerca de la mayor o menor complejidad de su concepción del mundo. Quien habla solamente el dialecto o comprende la lengua nacional en distintos grados, par- ticipa necesariamente de una concepción del mundo más o menos estrecha o provinciana, fosilizada, anacrónica en relación con las grandes corrientes que determinan la historia mundial. Sus intereses serán estrechos, más o menos corporativos o económicos, no universales. Si no siempre resulta posible aprender más idiomas extranjeros para ponerse en contacto con vidas cul- turales distintas, es preciso, por lo menos, aprender bien el idioma nacional. Una cultura puede traducirse al idioma de otra gran cul- tura, es decir: un gran idioma nacional históricamente rico y com- plejo puede traducir cualquier otra gran cultura; en otras palabras, Gramsci BI.indb 133 16/11/16 13:43 Introducción al estudio de la filosofía y del materialismo histórico 134 puede ser una expresión mundial. Pero con un dialecto no es posi- ble hacer lo mismo. Nota IV. Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individual- mente descubrimientos “originales”; significa también, y especial- mente, difundir verdades ya descubiertas, “socializarlas”, por así decir, convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coor- dinación y de orden intelectual y moral. Que una masa de hombres sea llevada a pensar coherente- mente y en forma unitaria la realidad presente es un hecho “filosó- fico” mucho más importante y “original” que el hallazgo, por parte de un “genio” filosófico, de una nueva verdad que sea patrimonio de pequeños grupos de intelectuales. Vinculación entre el sentido común, la religión y la filosofía La filosofía es un orden intelectual, cosa que no pueden ser la re- ligión ni el sentido común. Véase cómo, en la realidad, tampoco coinciden religión y sentido común. Sin embargo, la religión es un elemento del sentido común disgregado. Por otra parte, “sentido co- mún” es nombre colectivo, como “religión”; no existe un solo senti- do común, pues también este es un producto y un devenir histórico. La filosofía y la crítica son la superación de la religión y del sentido común y, en ese aspecto, coinciden con el “buen sentido” que se contrapone al sentido común. Relación entre ciencia, religión y sentido común La religión y el sentido común no pueden constituir un orden inte- lectual porque no pueden reducirse a unidad y coherencia ni siquie- ra en la conciencia individual, y no hablemos ya de la conciencia colectiva; no pueden reducirse a unidad y coherencia “libremente”, aunque por imposición “autoritaria” ello podría ocurrir, como en verdad ocurrió en el pasado dentro de ciertos límites. El problema Gramsci BI.indb 134 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 135 de la religión, entendido no en el sentido confesional, sino en el laico, de unidad de fe entre una concepción del mundo y una nor- ma de conducta conforme a ella: pero ¿para qué llamar “religión” a esta unidad de fe en lugar de llamarla “ideología”, o más bien “política”? En verdad, no existe la filosofía en general: existen di- versas filosofías o concepciones del mundo, y siempre se hace una elección entre ellas. ¿Cómo se produce esta elección? ¿Es un hecho puramente intelectual o más complejo? ¿Y no ocurre a menudo que entre el hecho intelectual y la norma de conducta exista contradic- ción? ¿Cuál será, entonces, la verdadera concepción del mundo: la afirmada lógicamente como hecho intelectual o la que resulta de la real actividad de cada cual, que se halla implícita en su obrar? Puesto que el obrar es siempre un obrar político, ¿no puede decirse que la filosofía real de cada cual se halla toda contenida en su política? Este contraste entre el pensar y el obrar, esto es, la coe- xistencia de dos concepciones del mundo –una afirmada en palabras y la otra manifestándose en el obrar mismo–, no se debe siempre a la mala fe. La mala fe puede ser una explicaciónsatisfactoria para algunos individuos singularmente considerados, o también para grupos más o menos numerosos, pero es satisfactoria cuando el contraste se verifica en las manifestaciones de la vida de las am- plias masas; en tal caso dicho contraste sólo puede ser la expresión de contradicciones más profundas de orden histórico-social. Ello significa que un grupo social tiene su propia concepción del mundo, aunque embrionaria, que se manifiesta en la acción, y que cuando irregular y ocasionalmente –es decir, cuando se mueve como un todo orgánico–, por razones de sumisión y subordinación intelectual, toma en préstamo una concepción que no es la suya, una concepción de otro grupo social, la afirma de palabra y cree seguirla, es porque la sigue en “tiempos normales”, es decir, cuando la con- ducta no es independiente y autónoma, sino precisamente sometida y subordinada. He ahí también por qué no se puede separar la filo- sofía de la política, y por qué se puede demostrar, al contrario, que la elección de la concepción del mundo es también un acto político. Es preciso, por consiguiente, explicar por qué sucede que en cada época coexistan muchos sistemas y corrientes filosóficas; cómo nacen, cómo se difunden, por qué la difusión sigue ciertas Gramsci BI.indb 135 16/11/16 13:43 Introducción al estudio de la filosofía y del materialismo histórico 136 líneas de ruptura y ciertas direcciones, etc. Esto nos muestra cuán necesario es sistematizar crítica y coherentemente nuestras intui- ciones del mundo y de la vida, fijando con exactitud lo que debe entenderse por “sistema”, a fin de que no sea comprendido en el sentido pedantesco y profesoral de la palabra. Pero esta elabora- ción sólo puede y debe ser hecha en el cuadro de la historia de la filosofía, que muestra qué elaboración ha sufrido el pensamiento en el curso de los siglos y qué esfuerzo colectivo ha costado nuestro actual modo de pensar, que resume y compendia toda la historia pasada, incluso en sus errores y delirios, que no por haber sido co- metidos en el pasado, cuando eran correctos, tienen que ser repro- ducidos en el presente, cuando no son necesariamente correctos. ¿Qué idea se hace el pueblo de la filosofía? Se la puede re- construir a través de los modos de decir del lenguaje común. Uno de los más difundidos es aquel de “tomar las cosas con filosofía” que, una vez analizado, no tiene por qué ser rechazado totalmente. Es cierto que se contiene en él una implícita invitación a la resignación y a la paciencia; pero, en apariencia, el punto más im- portante es su invitación a la reflexión, a tomar conciencia de que lo que sucede es en el fondo racional y que como tal es preciso en- cararlo, concentrando las fuerzas racionales y no dejándose arras- trar por los impulsos instintivos y violentos. Se podrían reagrupar estos modos de decir populares junto a las expresiones similares de escritores de carácter popular –tomándolas de los grandes vo- cabularios–, de las que forman parte los términos “filosofía” y “fi- losóficamente”, y se podrá ver que estas tienen un significado muy preciso, de superación de las pasiones bestiales y elementales, en una concepción de la necesidad que da al obrar una dirección cons- ciente. Este es el núcleo sano del sentido común, lo que podría lla- marse el buen sentido y que merece ser desarrollado y convertido en cosa unitaria y coherente. Así aparece claro por qué no es posible separar lo que se llama “filosofía científica” de la filosofía “vulgar y popular”, que es sólo un conjunto disgregado de ideas y opiniones. Pero en este punto se plantea el problema fundamental de toda concepción del mundo, de toda filosofía que se haya convertido en una “religión”, una “fe”; es decir, que haya producido una acti- vidad práctica y una voluntad, y que esté contenida en estas como Gramsci BI.indb 136 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 137 “premisa” teórica implícita (una “ideología”, se podría decir, si al tér- mino ideología se le diera el significado más alto de concepción del mundo que se manifiesta implícitamente en el arte, en el derecho, en la actividad económica, en todas las manifestaciones de la vida individual y colectiva); esto es, el problema de conservar la unidad ideológica de todo el bloque social, que precisamente es cimentado y unificado por esta ideología. La fuerza de las religiones, y espe- cialmente de la iglesia católica, ha consistido y consiste en que ellas sienten enérgicamente la necesidad de la unión doctrinaria de toda la masa “religiosa” y luchan para que los estratos intelectualmente superiores no se separen de los inferiores. La iglesia romana ha sido siempre la más tenaz en la lucha por impedir que se formen “oficial- mente” dos religiones: la de los “intelectuales” y la de las “almas sim- ples”. Esta lucha no ha transcurrido sin grandes inconvenientes para la iglesia misma; pero tales inconvenientes están unidos al proceso histórico que transforma toda la sociedad civil y que contiene en blo- que una crítica corrosiva de las religiones. Por lo mismo, resulta mu- cho más la capacidad organizativa del clero en la esfera de la cultura, y la relación abstractamente racional y justa que la iglesia en su ám- bito ha sabido establecer entre intelectuales y simples. Los jesuitas han sido, indudablemente, los mayores artífices de este equilibrio, y para conservarlo han impreso a la iglesia un movimiento progresista que tiende a dar ciertas satisfacciones a las exigencias de la ciencia y de la filosofía, pero con ritmo tan lento y metódico que las mutacio- nes no han sido percibidas por la masa de los simples, si bien apare- cen como “revolucionarias” y demagógicas ante los “integralistas”. Una de las mayores debilidades de las filosofías inmanentis- tas en general consiste precisamente en no haber sabido crear una unidad ideológica entre lo bajo y lo alto, entre los “simples” y los intelectuales. En la historia de la civilización occidental el hecho se ha verificado en escala europea, con el fracaso inmediato del Renacimiento, y también, en parte, de la Reforma, en comparación con la iglesia católica. Esta debilidad se manifiesta en la cuestión escolástica, en cuanto que partiendo de las filosofías inmanentistas no se ha intentado siquiera construir una concepción que pudiera sustituir la religión en la educación infantil; de ahí el sofisma seu- dohistórico por el cual pedagogos no religiosos (aconfesionales) y Gramsci BI.indb 137 16/11/16 13:43 Introducción al estudio de la filosofía y del materialismo histórico 138 en realidad ateos permiten la enseñanza de la religión, porque la re- ligión es la filosofía de la infancia de la humanidad que se renueva en cada infancia no metafórica. El idealismo se ha mostrado tam- bién adverso a los movimientos culturales de “ir hacia el pueblo”, que se manifiestan en las llamadas universidades populares e insti- tuciones similares, y no sólo por sus aspectos negativos, porque en tal caso sólo habría tenido que tratar de hacer algo mejor. Sin embargo, estos movimientos eran dignos de interés y merecían ser estudiados; tuvieron éxito, en el sentido de que de- mostraron, de parte de los “simples”, un entusiasmo sincero y una fuerte voluntad de elevarse hacia una forma superior de cultura y de concepción del mundo. Carecían, sin embargo, de toda organicidad de pensamiento filosófico o de solidez y centralización cultural; se tenía la impresión de que se parecían a los primeros contactos entre los mercaderes ingleses y los negros de África, en los que se entre- gaban mercancías de pacotilla por pepitas de oro. Por otra parte, la organicidad de pensamiento y la solidez cultural podían lograrse solamente si entre los intelectuales y los simples hubiera existido la misma unidad que debe darse entre la teoría y la práctica, si los intelectuales hubiesen sido intelectuales orgánicamente pertene- cientes a esas masas, si hubiesen elaborado y dado coherencia a los principiosy problemas que estas planteaban con su actividad, constituyendo así un bloque cultural y social. Tratábase, pues, de la misma cuestión señalada: un movimiento filosófico es tal cuando se aplica a desarrollar una cultura filosófica para grupos restringidos de intelectuales o, al contrario, sólo es tal cuando, en el trabajo de elaboración de un pensamiento superior al sentido común y científi- camente coherente, no se olvida jamás de mantener el contacto con los “simples” y, antes bien, halla en dicho contacto la fuente de los problemas que estudiar y resolver. Sólo mediante este contacto una filosofía deviene “histórica”, se depura de los elementos intelectua- listas de naturaleza individual y se hace “vida”[1]. [1] Quizás sea útil distinguir “prácticamente” la filosofía del sentido común para in- dicar mejor el paso de un momento al otro. En la filosofía sobresalen especialmente los caracteres de la elaboración individual del pensamiento; en el sentido común, en cambio, los caracteres difusos y dispersos de un pensamiento genérico de cierta época y de cierto ambiente popular. Pero toda filosofía tiende a convertirse en sentido Gramsci BI.indb 138 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 139 Una filosofía de la praxis sólo puede presentarse inicialmen- te en actitud polémica y crítica, como superación del modo de pen- sar precedente y del pensamiento concreto existente (o del mundo cultural existente). Es decir, sobre todo, como crítica del “sentido común” (luego de haberse basado en el sentido común para demos- trar que “todos” son filósofos y que no se trata de introducir ex novo una ciencia en la vida individual de “todos”, sino de innovar y tor- nar “crítica” una actividad ya existente) y luego de la filosofía de los intelectuales, que ha dado lugar a la historia de la filosofía y que, en cuanto individual (y, en rigor, de desarrollo esencial en la acti- vidad de algunos individuos particularmente dotados), puede con- siderarse como la “cumbre” del progreso del sentido común, por lo menos del sentido común de los estratos más cultos de la sociedad y, a través de estos, también del sentido común popular. He aquí por qué una introducción al estudio de la filosofía debe exponer sin- téticamente los problemas nacidos del proceso de desarrollo de la cultura general, que se refleja sólo parcialmente en la historia de la filosofía y que, a pesar de ello, en ausencia de una historia del sen- tido común (imposible de construir por falta de material documen- tal), sigue siendo la fuente máxima de referencia para criticarlos, demostrar su valor real (si aún lo tienen) o el significado que han te- nido como anillos superados de una cadena, y para fijar los nuevos problemas actuales o la ubicación actual de los viejos problemas. La relación entre filosofía “superior” y sentido común está ase- gurada por la “política”, así como está asegurada por la política la relación entre el catolicismo de los intelectuales y el de los “simples”. Las diferencias existentes entre ambos casos son, sin embar- go, fundamentales. El hecho de que la iglesia deba afrontar el pro- blema de los “simples” significa, en verdad, que ha habido ruptura en la comunidad de los “fieles”, ruptura que no puede ser eliminada elevando a los “simples” al nivel de los intelectuales (tampoco se común de un ambiente, si bien restringido (de todos los intelectuales). Se trata, por lo tanto, de elaborar una filosofía que, teniendo ya difusión o difusividad por encon- trarse conectada a la vida práctica implícita en ella, se convierta en un renovado sentido común, con la coherencia y el nervio de las filosofías individuales. Esto no puede lograrse si no se siente permanentemente la exigencia del contacto cultural con los “simples”. Gramsci BI.indb 139 16/11/16 13:43 Introducción al estudio de la filosofía y del materialismo histórico 140 propone la iglesia este objetivo, ideal y económicamente despro- porcionado a sus fuerzas actuales), sino ejerciendo una disciplina de hierro sobre los intelectuales a fin de que no pasen de ciertos límites en la distinción y no la tornen catastrófica e irreparable. En el pasado estas “rupturas” en la comunidad de los fieles eran reme- diadas por fuertes movimientos de masas que determinaban, o se resolvían en, la formación de nuevas órdenes religiosas en torno a fuertes personalidades (Domingo, Francisco)[2]. Pero la Contrarreforma esterilizó este pulular de fuerzas populares. La Compañía de Jesús es la última gran orden religiosa de ori- gen reaccionario y autoritario, con carácter represivo y “diplomáti- co”, que señaló con su nacimiento el endurecimiento del organismo católico. Las nuevas órdenes aparecidas después tienen escasísimo significado “religioso” y un gran significado “disciplinario” sobre la masa de los fieles; son ramificaciones y tentáculos de la Compañía de Jesús, o se convirtieron en tales, instrumentos de “resistencia” para conservar las posiciones políticas adquiridas, no fuerzas reno- vadoras y de desarrollo. El catolicismo se ha convertido en “jesui- tismo”. El modernismo no creó órdenes religiosas, sino un partido político: la democracia cristiana[3]. La posición de la filosofía de la praxis es antitética a la católica: la filosofía de la praxis no tiende a mantener a los “simples” en su fi- losofía primitiva del sentido común, sino, al contrario, a conducirlos hacia una concepción superior de la vida. Se afirma la exigencia del contacto entre intelectuales y simples, no para limitar la actividad científica y mantener la unidad al bajo nivel de las masas, sino para [2] Los movimientos heréticos del Medioevo como reacción simultánea contra la po- litiquería de la iglesia y contra la filosofía escolástica que fue su expresión, sobre la base del nacimiento de las comunas, han sido una “ruptura” entre la masa y los inte- lectuales en la iglesia, ruptura cicatrizada por la formación de movimientos popula- res, religiosos, reabsorbidos por la iglesia en la formación de las órdenes mendicantes y en una nueva unidad religiosa. [3] Recordar la anécdota (relatada por Steed en sus Memorias) del cardenal que explica al protestante inglés filo-católico que los milagros de San Genaro son artículos de fe para el populacho napolitano, no para los intelectuales; que también en los evange- lios hay “exageraciones”. Y que a la pregunta “¿pero no somos cristianos?”, responde: “nosotros somos ‘prelados’, esto es, ‘políticos’ de la iglesia de Roma”. Gramsci BI.indb 140 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 141 construir un bloque intelectual-moral que haga posible un progreso intelectual de masas y no sólo para pocos grupos intelectuales. El hombre activo, de masa, obra prácticamente, pero no tiene clara conciencia teórica de su obrar, que sin embargo es un conoci- miento del mundo en cuanto lo transforma. Su conciencia teórica puede estar, históricamente, incluso en contradicción con su obrar. Casi se puede decir que tiene dos conciencias teóricas (o una conciencia contradictoria): una implícita en su obrar y que realmen- te lo une a todos sus colaboradores en la transformación práctica de la realidad; y otra superficialmente explícita o verbal, que ha here- dado del pasado y acogido sin crítica. Sin embargo, esta conciencia “verbal” no carece de consecuencias: unifica a un grupo social de- terminado, influye sobre la conducta moral, sobre la dirección de la voluntad, de manera más o menos enérgica, que puede llegar hasta un punto en que la contradictoriedad de la conciencia no permita acción alguna, ninguna decisión, ninguna elección, y produzca un estado de pasividad moral y política. La comprensión crítica de sí mismo se logra a través de una lucha de “hegemonías” políticas, de direcciones contrastantes, primero en el campo de la ética, luego en el de la política, para arribar finalmente a una elaboración supe- rior de la propia concepción de la realidad. La conciencia de formar parte de una determinada fuerza hegemónica(esto es, la concien- cia política) es la primera fase para una ulterior y progresiva auto- conciencia, en la cual teoría y práctica se unen finalmente. Pero la unidad de la teoría y de la práctica no es, de ninguna manera, algo mecánicamente dado, sino un devenir histórico, que tiene su fase elemental y primitiva en el sentido de “distinción”, de “separación”, de independencia instintiva, y que progresa hasta la posesión real y completa de una concepción del mundo coherente y unitaria. He aquí por qué es necesario poner de relieve que el desarrollo político del concepto de hegemonía representa un gran progreso filosófico, además de un progreso político práctico; porque necesariamente implica y supone una unidad intelectual y una ética conforme a una concepción de la realidad que ha superado el sentido común y se ha tornado crítica, aunque sólo sea dentro de límites estrechos. Sin embargo, en los más recientes desarrollos de la filosofía de la praxis, la profundización del concepto de unidad entre la teoría y Gramsci BI.indb 141 16/11/16 13:43 Introducción al estudio de la filosofía y del materialismo histórico 142 la práctica se halla aún en su fase inicial; quedan todavía residuos de mecanicismo, puesto que se habla de la teoría como “complemento”, como “accesorio” de la práctica, de la teoría como sierva de la prác- tica. Parece correcto que también este problema deba ser ubicado históricamente, es decir, como un aspecto del problema práctico de los intelectuales. Autoconciencia crítica significa, histórica y políti- camente, la creación de una elite de intelectuales; una masa humana no se “distingue” y no se torna independiente per se, sin organizar- se (en sentido lato), y no hay organización sin intelectuales, o sea, sin organizadores y dirigentes, es decir, sin que el aspecto teórico del nexo teoría-práctica se distinga concretamente en una capa de personas “especializadas” en la elaboración conceptual y filosófica. Pero este proceso de creación de intelectuales es largo, difícil, lleno de contradicciones, de avances y retrocesos, desbandes y reagrupa- mientos, y en él la “fidelidad” de las masas (y la fidelidad y la disci- plina son inicialmente la forma que asume la adhesión de la masa y su colaboración al desarrollo de todo fenómeno cultural) es puesta a dura prueba. El proceso de desarrollo está vinculado con una dia- léctica intelectuales/masa; el estrato de los intelectuales se desarro- lla cuantitativa y cualitativamente, pero todo salto hacia una nueva “amplitud” y complejidad del estrato de los intelectuales está ligado a un movimiento análogo de la masa de los simples, que se eleva hacia niveles superiores de cultura y amplía simultáneamente su esfera de influencia, entre eminencias individuales o grupos más o menos importantes en el estrato de los intelectuales especializados. Sin embargo, en el proceso se repiten continuamente mo- mentos en los cuales se produce, entre masa e intelectuales (o en- tre algunos de ellos; o entre grupos de ellos) una separación, una pérdida de contacto. De ahí la impresión de “accesorio”, de comple- mentario, de subordinado. Insistir sobre el elemento “práctica” del nexo teoría-práctica, luego de haber escindido, separado y no sólo distinguido ambos elementos (operación meramente mecánica y convencional), significa que se atraviesa una fase histórica relativa- mente primitiva, una fase aún económico-corporativa, en la cual se transforma cuantitativamente el cuadro general de la “estructura”, y la cualidad-superestructura está en vías de surgir, aunque no está todavía orgánicamente formada. Hay que destacar la importancia y Gramsci BI.indb 142 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 143 el significado que tienen, en el mundo moderno, los partidos políti- cos, para la elaboración y la difusión de las concepciones del mun- do, en cuanto elaboran la ética y la política conforme a las mismas, es decir, funcionan como “experimentadores” de dichas concepcio- nes. Los partidos seleccionan individualmente la masa actuante, y la selección se produce conjuntamente en el campo práctico y en el teórico, con una relación tanto más estrecha entre teoría y prácti- ca cuanto más radicalmente innovadora y antagónica de los viejos modos de pensamiento es la concepción. Por ello se puede decir que los partidos son los elaboradores de las nuevas intelectualidades integrales y totalitarias, esto es, el crisol de la unificación de teoría y práctica, entendida como proceso histórico real; y se comprende que su formación sea necesaria a través de la adhesión individual y no al modo “laborista”, puesto que si se trata de dirigir orgánica- mente a “toda la masa económicamente activa”, ello no debe ha- cerse según viejos esquemas, sino innovando, y la innovación no puede ser de masas, en sus primeros estadios, sino por intermedio de una elite en la cual la concepción implícita en la actividad hu- mana se haya convertido, en cierta medida, en conciencia actual, coherente y sistemática, y en voluntad precisa y decidida. Es posible estudiar una de estas fases en la discusión a través de la cual se verificaron los más recientes desarrollos de la filoso- fía de la praxis, discusión resumida en un artículo de D.S. Mirski, colaborador de Cultura[4].Puede verse cómo se ha producido el paso de una concepción mecanicista y puramente exterior a una concep- ción activista, que se acerca más, como se ha observado, a una justa comprensión de la unidad entre teoría y práctica, aun cuando no haya captado todavía todo el significado sintético. Se puede obser- var que el elemento determinista, fatalista, mecanicista, ha sido un “aroma” ideológico inmediato de la filosofía de la praxis, una forma de religión y de excitante (al modo de los estupefacientes), pero necesario y justificado históricamente por el carácter “subalterno” de determinados estratos sociales. [4] Alude probablemente al artículo de D.S. Mirski, “Demokratie und Partei im Bolsehewismus”, en la selección Demokrate und Partei, preparada por P.R. Rhoden, Viena, 1932, de la cual habla Glaeser, Bibliografía fascista, 1933. Gramsci BI.indb 143 16/11/16 13:43 Introducción al estudio de la filosofía y del materialismo histórico 144 Cuando no se tiene la iniciativa en la lucha, y cuando la lucha misma termina por identificarse con una serie de derrotas, el deter- minismo mecánico se convierte en una fuerza formidable de resis- tencia moral, de cohesión, de perseverancia paciente y obstinada. “He sido vencido momentáneamente, pero la fuerza de las cosas trabaja para mí y a la larga…”, etc. La voluntad real se disfra- za de acto de fe en cierta racionalidad de la historia, en una forma empírica y primitiva de finalismo apasionado, que aparece como un sustituto de predestinación, de la providencia, etc., de las religiones confesionales. Es necesario insistir en el hecho de que aun en ese caso existe realmente una fuerte actividad volitiva, una interven- ción directa sobre la “fuerza de las cosas”, pero de manera implícita, velada, que se avergüenza de sí misma, y por lo tanto, la conciencia es contradictoria, carece de unidad crítica, etc. Pero cuando el “sub- alterno” se torna dirigente y responsable de la actividad económi- ca de masas, el mecanicismo aparece en cierto momento como un peligro inminente, y se produce una revisión de toda la manera de pensar porque ha ocurrido un cambio en el modo social de ser. Los límites y el dominio de la “fuerza de las cosas” son restringidos. ¿Por qué? Porque, en el fondo, si el subalterno era ayer una cosa, hoy ya no lo es; hoy es una persona histórica, un protagonista; si ayer era irresponsable porque era “resistente” a una voluntad extraña, hoy se siente responsable porque ya no es resistente, sino operante y necesariamente activo y emprendedor. Pero incluso ayer, ¿fue solamente mera “resistencia”, mera “cosa”, mera “irresponsabilidad”? Ciertamente, no. Al contrario, es menester poner de relieveque el fatalismo no es sino la forma en que los débiles se revisten de una voluntad activa y real. He ahí por qué es necesario siempre demostrar la futilidad del determinismo mecánico, el cual, explicable como filosofía ingenua de la masa –y, sólo como tal, elemento intrínseco de fuerza–, cuando es elevado a filosofía reflexiva y coherente por los intelectuales se convierte en causa de pasividad, de imbécil autosuficiencia, y ello sin esperar que el subalterno haya llegado a ser dirigente y responsable. Una parte de la masa, aunque subalterna, es siempre dirigente y responsable, y la filosofía de la parte precede siempre a la filosofía del todo, no sólo como anticipación teórica, sino como necesidad actual. Gramsci BI.indb 144 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 145 Que la concepción mecanicista ha sido una religión de sub- alternos surge de un análisis del desarrollo de la religión cristiana, que en cierto período histórico y en condiciones históricas deter- minadas ha sido y continúa siendo una “necesidad”, una forma necesaria de la voluntad de las masas populares, una forma de- terminada de racionalidad del mundo y de la vida, que señaló los cuadros generales para la actividad práctica real. En este pasaje de un artículo de la Civiltà Cattolica (“Individualismo pagano e in- dividualismo cristiano”, fasc., 5 de marzo de 1932) me parece bien expresada la mencionada función del cristianismo: La fe en un porvenir seguro, en la inmortalidad del alma destinada a la beatitud, en la seguridad de poder llegar al goce eterno, fue el resorte de propulsión hacia un trabajo de intensa perfección inter- na y de elevación espiritual. El verdadero individualismo cristiano ha hallado aquí el impulso para sus victorias. Todas las fuerzas del cristiano fueron concentradas alrededor de este noble fin. Liberado de las fluctuaciones especulativas que arrojaban el alma a la duda, e iluminado por principios inmortales, el hombre sintió renacer las esperanzas; seguro de que una fuerza superior lo apuntalaba en la lucha contra el mal, se hizo violencia a sí mismo y venció al mundo. Pero en este caso se trata del cristianismo ingenuo, no del cristia- nismo jesuitizado, convertido en un puro narcótico para las masas populares. Pero la posición del calvinismo, con su férrea concepción de la predestinación y de la gracia que determina una vasta expansión del espíritu de iniciativa (o se convierte en una forma de este movi- miento), es aún más expresiva y significativa[5]. ¿Por qué y cómo se difunden, y llegan a ser populares, las nuevas concepciones del mundo? En este proceso de difusión (que es, al mismo tiempo, de sustitución de lo viejo y, muy a menudo, de combinación entre lo nuevo y lo viejo) influyen (¿cómo y en qué [5] En este sentido, ver Max Weber, L’etica protestante e lo spirito del capitalismo, publica- do en los Nuovi Studi, fascículos de 1931 y siguientes, y el libro de B. Groethuysen sobre los orígenes religiosos de la burguesía en Francia (Origines de l’esprit bourgeris en Trance. I: L’Eglise et la boureeoisie, París, 1927). Gramsci BI.indb 145 16/11/16 13:43 Introducción al estudio de la filosofía y del materialismo histórico 146 medida?) la forma racional mediante la cual la nueva concepción es expuesta y presentada, la autoridad (en cuanto sea reconocida y apreciada, por lo menos genéricamente) del expositor y de los pensadores y científicos a los cuales llama en su apoyo el exposi- tor, y el pertenecer a la misma organización de quien sostiene la nueva concepción (pero luego de haber entrado en la organización por un motivo que no es el de participar de la nueva concepción). Estos elementos, en realidad, varían según el grupo social de que se trate y del nivel del mismo. Pero la investigación interesa espe- cialmente en lo que respecta a las masas populares, que cambian de concepciones más difícilmente y que, en todo caso, no la aceptan jamás en la forma “pura”, por decirlo así, sino siempre y solamente como combinación más o menos heteróclita y abigarrada. La forma racional, lógicamente coherente, la amplitud del razonamiento que no descuida ningún argumento positivo o negativo de cierto peso, tienen su importancia, pero están lejos de ser decisivas; pueden ser decisivas de manera subordinada, cuando determinada persona se halla ya en crisis intelectual y vacila entre lo viejo y lo nuevo, ha perdido la fe en lo viejo sin decidirse todavía por lo nuevo, etcétera. Lo mismo puede decirse de la autoridad de los pensadores y científicos. Ella es muy grande en el pueblo. Pero, en rigor, cada concepción del mundo tiene sus pensadores y científicos que po- ner por delante, y la autoridad se halla dividida. Por otra parte es posible para cada pensador distinguir, poner en duda que haya di- cho las cosas en determinado sentido, etc. Se puede concluir que el proceso de difusión de las nuevas concepciones se realiza por razones políticas, es decir, en última instancia, sociales; pero que el elemento autoritario y el organizativo tienen en este proceso una función muy grande, inmediatamente después de producida la orientación general, tanto en los individuos como en los grupos nu- merosos. De allí se concluye, sin embargo, que las masas en cuanto tales sólo pueden vivir la filosofía como una fe. Es de imaginarse, por otra parte, la posición intelectual de un hombre del pueblo: se ha formado opiniones, convicciones, criterios de discriminación y normas de conducta. Cada sostenedor de un punto de vista opuesto al suyo, en cuanto es intelectualmente superior, sabe argumentar sus razones mejor que él, y lógicamente lo derrota en la discusión. Gramsci BI.indb 146 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 147 ¿Debe, por ello, cambiar de convicciones el hombre del pueblo? ¿Y por el hecho de que en la discusión inmediata no sabe hacerlas va- ler? Si así fuese, eso debería sucederle una vez por día, cada vez que enfrentase a un adversario ideológico intelectualmente superior. ¿Sobre qué elementos se funda, entonces, su filosofía, y especial- mente su filosofía en la forma que tiene para él la mayor importan- cia como norma de conducta? El elemento más importante tiene, indudablemente, carácter no racional, de fe. Pero ¿en quién y en qué cosa? Especialmente en el grupo social al cual pertenece, en cuan- to piensa las cosas difusamente como este: el hombre del pueblo piensa que entre tanta gente no puede equivocarse de raíz, como el adversario argumentador quería hacerle creer; que él mismo, es cierto, no es capaz de sostener y desarrollar las propias razones como el adversario las suyas, pero en su grupo hay quien lo sabe hacer incluso mejor que ese adversario determinado, y él recuerda haberlo oído exponer las razones de su fe, detenida y coherente- mente, de tal manera que lo ha convencido. No recuerda las razones en concreto y no sabría repetirlas, pero sabe que existen porque las ha oído exponer y lo han convencido. El haber sido convencido una vez de manera fulgurante es la razón permanente de la persistencia de la convicción, aun cuando no se la sepa argumentar. Pero estas consideraciones conducen a la conclusión de una extrema labilidad de las nuevas convicciones de las masas popu- lares, especialmente cuando estas nuevas convicciones contras- tan con las convicciones (también nuevas) ortodoxas, socialmente conformistas según los intereses de las clases dominantes. Esto se puede ver cuando se reflexiona sobre la fortuna de las religiones y las iglesias. La religión o una determinada iglesia mantiene su comunidad de fieles (dentro de ciertos límites de las necesidades del desarrollo histórico-general) en la medida en que mantiene per- manente y organizadamente la fe, repitiendo la apologética infati- gablemente, luchando siempre y en cada momento con argumentos similares, y manteniendo una jerarquía de intelectuales que den a la fe, por lo menos, una apariencia de dignidad de pensamiento. Cada vez quela continuidad de las relaciones entre la iglesia y los fieles se interrumpe violentamente por razones políticas, como aconteció durante la Revolución Francesa, las pérdidas sufridas por Gramsci BI.indb 147 16/11/16 13:43 Introducción al estudio de la filosofía y del materialismo histórico 148 la iglesia resultan incalculables; y si las condiciones de difícil ejer- cicio de las prácticas acostumbradas se hubiesen prolongado más allá de ciertos límites de tiempo, existen todas las razones para pensar que tales pérdidas habrían sido definitivas, y una nueva reli- gión habría surgido, como por otra parte surgió en Francia, en com- binación con el viejo catolicismo. De allí se deducen determinadas necesidades para cada movimiento cultural que tienda a sustituir al sentido común y las viejas concepciones el mundo en general: (1) no cansarse jamás de repetir los argumentos (variando literaria- mente la forma): la repetición es el medio didáctico más eficaz para obrar sobre la mentalidad popular; (2) trabajar sin cesar para elevar intelectualmente a más vastos estratos populares, esto es, para dar personalidad al amorfo elemento de masa, cosa que significa traba- jar para suscitar elites de intelectuales de un tipo nuevo, que surjan directamente de la masa y que permanezcan en contacto con ella, para llegar a ser las “ballenas de corsé”[6]. Esta segunda necesidad, cuando es satisfecha, es la que mo- difica realmente el “panorama ideológico” de una época. Por lo de- más, estas elites no pueden constituirse y organizarse sin que en su interior se verifique una jerarquización de autoridad y competencia intelectual, que puede culminar en un gran filósofo individual, si este es capaz de revivir concretamente las exigencias de la sólida comunidad ideológica, de comprender que esta no puede tener la rapidez de movimientos propia de un cerebro individual, y de ela- borar formalmente la doctrina colectiva de la manera más adhe- rente y adecuada al modo de ser colectivo. Es evidente que una construcción de masas de tal género no puede producirse “arbitrariamente”, en torno a una ideología cualquiera, por la voluntad formalmente constructiva de una per- sonalidad o de un grupo que se lo proponga por el fanatismo de sus convicciones filosóficas o religiosas. La adhesión o no adhesión de masas a una ideología es el modo en que se verifica la crítica real [6] Gramsci quiere significar con dicha expresión, indudablemente, que los intelec- tuales de nuevo tipo deben ser los sostenes ideológicos y organizativos de las masas. Preferimos traducirla literalmente por no haber hallado un equivalente en castellano de la misma expresividad (stecche del busto). Gramsci BI.indb 148 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 149 de la racionalidad e historicidad de los modos de pensar. Las cons- trucciones arbitrarias son más o menos rápidamente eliminadas de la competición histórica, aun cuando a veces, por una combinación de circunstancias inmediatas favorables, alcanzan a gozar de cierta popularidad, mientras que las construcciones que corresponden a las exigencias de un período complejo y orgánico terminan siempre por imponerse y prevalecer, aun cuando atraviesan muchas fases intermedias durante las cuales su afirmación se produce sólo en combinaciones más o menos abigarradas y heteróclitas. Estos desarrollos plantean muchos problemas, los más im- portantes de los cuales se resumen en el modo y la calidad de las relaciones entre los diversos estratos intelectualmente calificados, es decir, la importancia y la función que debe y puede tener el apor- te creador de los grupos superiores, en conexión con la capacidad orgánica de discusión y de desarrollo de nuevos conceptos críticos por parte de los estratos intelectualmente subordinados. Se trata, por consiguiente, de fijar los límites de la libertad de propaganda y de discusión, libertad que no debe ser entendida en el sentido ad- ministrativo y policial, sino en el sentido de autolimitación que los dirigentes acuerdan a su propia actividad, o sea, en sentido propio, la fijación de una orientación a la política cultural. En otras palabras: ¿quién fijará los “derechos de la ciencia” y los límites de las investigaciones científicas? ¿Pueden estos lími- tes y estos derechos ser realmente fijados? Parece necesario que el trabajo de investigación de nuevas verdades y de mejores, más coherentes y claras formulaciones de las verdades mismas sea dejado a la libre iniciativa de cada uno de los científicos, aunque estos vuelven a poner continuamente en discusión los principios que parecen más esenciales. Por lo demás, no será difícil descubrir cuándo tales iniciativas de discusión tienen motivos interesados y no de carácter científico. Tampoco es imposible pensar que las iniciativas individuales deben ser disciplinadas y ordenadas, de tal suerte que pasen por la criba de las academias e institutos cultu- rales de diversos géneros, y sólo después de seleccionadas sean hechas públicas, etcétera. Sería interesante estudiar en concreto, para un país deter- minado, la organización cultural que mantiene en movimiento el Gramsci BI.indb 149 16/11/16 13:43 Introducción al estudio de la filosofía y del materialismo histórico 150 mundo ideológico y examinar su funcionamiento práctico. Un es- tudio de la relación numérica existente entre el personal que pro- fesionalmente se dedica al trabajo cultural activo y la población de cada país sería también útil junto con un cálculo aproximativo de las fuerzas libres. La escuela, en todos sus grados, y la iglesia son las dos mayores organizaciones culturales de cada país, por la can- tidad de personal que ocupan. Los diarios, las revistas, la actividad literaria y las instituciones escolares privadas, ya sea como inte- grantes de la escuela del Estado o como instituciones de cultura del tipo de las universidades populares. Otras profesiones incorporan a su actividad especializada una fracción cultural no indiferente, como la de los médicos, oficiales del ejército, magistratura. Pero es de notarse que en todos los países, aun cuando en dis- tinta medida, existe una gran fractura entre las masas populares y los grupos intelectuales, inclusive los más numerosos y próximos a la periferia nacional, como los maestros y los curas. Y ello ocurre porque, aun cuando los gobernantes digan lo contrario, el Estado como tal no tiene una concepción unitaria, coherente y homogénea, por lo cual, los grupos intelectuales están disgregados entre estrato y estrato y en la esfera del mismo estrato. Las universidades, salvo en algunos países, no ejercen ninguna función unificadora; a me- nudo un pensador libre tiene más influencia que toda la institución universitaria, etcétera. A propósito de la función histórica desarrollada por la con- cepción fatalista de la filosofía de la praxis, se podría hacer su elo- gio fúnebre reivindicando su utilidad para un período histórico, pero justamente por ello, sosteniendo la necesidad de sepultarla con todos los honores del caso. Se podría parangonar realmente su función con la teoría de la predestinación y de la gracia en los co- mienzos del mundo moderno, teoría que posteriormente culminó con la filosofía clásica alemana y con su concepción de la libertad como conciencia de la necesidad. Fue sustituto popular del grito “Dios lo quiere”, aun cuando en este plano primitivo y elemental fuera el comienzo de una concepción más moderna y fecunda que la contenida en el “Dios lo quiere” o en la teoría de la gracia. ¿Puede acaso ocurrir que “formalmente” una nueva concepción se presen- te con otro traje que el rústico y confuso de la plebe? Y sin embargo, Gramsci BI.indb 150 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 151 el historiador, con toda la perspectiva necesaria, puede fijar y com- prender que los comienzos de un mundo nuevo, siempre ásperos y pedregosos, son superiores a la declinación de un mundo de agonía y a su canto de cisne[7].[7] La declinación del “fatalismo” y del “mecanicismo” indica un gran recodo históri- co; de allí la gran impresión producida por el estudio sintético de Mirski. Recuérdese todo lo que ha suscitado el mismo. Recuérdese la discusión en Florencia con el aboga- do Mario Trozzi, en noviembre de 1917, y la primera manifestación de bergsonismo, voluntarismo, etc. Se podría hacer un cuadro semiserio de cómo se presentaba real- mente esta concepción. Recuérdese también la discusión con el profesor Pressutti, en Roma, en junio de 1924. La comparación con el capitán Giulietti, hecha por G.M. Serratti, y que para él fue decisiva y de condenación total. Para Serratti, Giulietti era como el confucionista para el taoísta; el chino del sur, mercader activo y operante, para el literario mandarín del norte, que miraba con supremo desprecio de iluminado, para el cual la vida no tiene ya misterios, a estos hombrecitos del sur, que creían que con sus movimientos inquietos de hormiga podrían “forzar el camino”. Discurso de Claudio Treves sobre la expiación. Había en este discurso cierto espíritu de profeta bíblico: los que habían querido y hecho la guerra, los que sacaron al mundo de sus goznes y eran, por tanto, responsables del desorden de la posguerra, debían expiar y sobrellevar la responsabilidad de dicho desorden. Habían pecado de “voluntarismo” y debían ser castigados por su pecado, etc. Existía cierta grandeza sacerdotal en ese discurso, un estridor de maldiciones que debían petrificar de espanto y, por el contra- rio, fueron un gran consuelo, porque indicaban que el sepulturero aún no se hallaba listo y que Lázaro podía resucitar. Gramsci BI.indb 151 16/11/16 13:43 Gramsci BI.indb 152 16/11/16 13:43 Índices analítico y onomástico [de los textos de Antonio Gramsci] Gramsci BI.indb 153 16/11/16 13:43 Gramsci BI.indb 154 16/11/16 13:43 Antonio Gramsci 155 B Bronstein [Trotski] 87-88, 126-127, 129 C ciencia política 83, 105, 125, 129 clase/s 87-88, 93, 96, 103, 107, 110-111, 113, 120, 122, 147 crisis económicas 92-93, 125 Croce, Benedetto 98, 107, 111 E Estado/s 83-84, 88, 90-94, 101-103, 105-106, 108-110, 113, 116-117, 120, 122-125, 127, 129, 150 estructura 84-85, 87-90, 97, 101, 109, 111, 120, 125, 127, 142 F filosofía de la praxis 87, 139-141, 143, 150 Francia 87-88, 108, 116, 119, 120, 125, 145, 148 G guerra de maniobra 123-127 guerra de posición 87, 120-127, 129 H hegemonía/s 84, 90, 102-103, 129, 141 hegemónico 92 I ideología/s 89-91, 97, 105-106, 135, 137, 148 Ilich [Lenin] 87, 126-127 intelectuales orgánicos 96, 100 Italia 92, 102, 108-110, 116, 119 L lucha política 119-122 M Maquiavelo 105-106, 108-109, 111 O orgánica 83-84, 149 orgánicamente 84, 95, 97, 138, 142-143 orgánico/s 85-86, 88, 96, 100, 108, 135, 149 P partido/s 84, 86, 90-91, 106-108, 113-117, 123, 140, 143 Gramsci BI.indb 155 16/11/16 13:43 Hegemonía y lucha política en Gramsci. Selección de textos 156 R relación de fuerza/s 89 Revolución Francesa 88, 91, 93, 111, 147 Rosa [Luxemburgo, Rosa] 123, 127 S sentido común 131, 134, 136, 138-141, 148 sociedad civil 102, 125-127, 137 Sorel 106-107 subalterno/a 143-144 superestructura 88, 142 T técnico-militar 91, 96 Gramsci BI.indb 156 16/11/16 13:43 Gramsci BI.indb 157 16/11/16 13:43 Esta edición se terminó de imprimir en el mes de noviembre de 2016 en Docuprint. Tacuari 123, CABA, C1071AAC Gramsci BI.indb 158 16/11/16 13:43