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"Los científicos y sus descubrimientos" es una
fascinante c o l e c c i ó n de libros de d i v u l g a c i ó n
científica dirigidos tanto a especialistas conno a^
profanos. La ciencia alcanza su punto culminante
cuando se producen los grandes descubrimientos.
Cada título de esta colección analiza en profundidad
uno de esos grandes momentos que han contribuido
a aumentar el acervo científico de la humanidad
y a los hombres y mujeres que han logrado cambiar
completamente nuestra concepción del universo y
el lugar que en él ocupamos.
Newton es uno de los científicos más influyentes
de la historia. No sólo desarrolló y formuló la teoría
de la gravedad, proporcionando a la humanidad
un primer atisbo del funcionamiento del universo,
sino que, además, descubrió el concepto de fuerza,
la naturaleza de la luz, y cambió nuestra manera
de calcular. Los descubrimientos de Newton
t r a n s f o r m a r í a n para siempre la forma en que
percibimos el mundo. Newton y la gravedad
resume brillantemente la vida y la obra de Newton,
y explica, de un modo claro y accesible, el significado
y la importancia de los descubrimientos que real izó,
así como la manera en que éstos han transformado
nuestra vida diaria.
Paul Strathern es escritor. Ha escrito novelas,
biografías y libros de viajes y ha enseñado, como
profesor universitario, matemáticas, f i losofía y
poesía moderna italiano.
Newton
y la gravedad
P a u l S t r a t h e r n
Traducción de
M A R X A F O N T E S !•
N E W T O N
y l a g r a v e d a d
por
P A U L S T R A T H E R N
siglo
veintiuno
editores
MÉXICO '
ESPAÑA '
siglo veintiuno editores, sa
C E R R O D E L A G U A , 2 4 8 , 0 4 3 1 0 M É X I C O , D , F ,
siglo veintiuno de españa editores, sa
P R Í N C I P E D E V E R G A R A , 7 8 . 2 8 0 0 6 M A D R I D , E S P A Ñ A
Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o
parcial de esta obra por cualquier procedimiento (ya sea gráfico,
electrónico, óptico, quimico, mecánico, fotocopia, etc.) y el almace-
namiento o transmisión de sus contenidos en soportes magnéticos,
sonoros, visuales o de cualquier otro tipo sin permiso expreso del
editor.
Primera edición, enero de 1999
© Siglo XXI de España Editores, S. A.
Principe de Vergara, 78. 28006 Madrid
Primera edición en inglés, 1997 ( A I T O W Books)
© Paul strathern, 1997
Titulo original: Newton & Gravity
D E R E C H O S RESERV/\DOS C X J N F O R M E A lA L E Y
Impreso y hecho en España
Printed and made in Spain
Diseño de la cubierta: Juan José Barco y Sonia Alins
ISBN: 84-323-0984-2
Depósito legal: M-3.890-1999
Fotocomposición: E F C A , S .A .
Parque Industrial «I^as Monjas».
28850 Torrejón de Ai'doz (Madrid)
Impreso en Closas-Orcoyen, S. L . Polígono Igarsa
Paracuellos de Jarama (Madrid)
índice
7 Introducción
11 Vida y obra
9 5 Citas diversas
9 9 Cronología
103 Otras lecturas recomendadas
Introducción
Defender que Newton es la mente más privilegia-
da que hasta ahora ha producido la humanidad
podría dar lugar a una discusión bastante intere-
sante: Shakespeare hacía uso del lenguaje mejor
que nadie. Napoleón explotaba la personalidad
mejor que nadie, y nadie ha sido capaz de Uevar el
entendimiento humano hasta los extremos que lo
hizo Newton.
Su trabajo representa u n avance evolutivo en
nuestra forma de pensar, u n gigantesco paso para
la humanidad. Mucho antes de que pusiéramos
u n pie en la Luna (o de que siquiera consideráse-
mos tal posibilidad), la matemática de Newton sen-
tó las bases para que tal hazaña pudiese ser reali-
zada. Antes de Newton, la Luna formaba parte del
NEWTON Y LA GRAVEDAD
firmamento, y se regía y estaba sometida a sus
propias (y desconocidas) leyes celestes; después
de Newton, pasó a ser u n satélite de la Tierra que
la fiierza gravitatoria del planeta mantenía en órbi-
ta. La humanidad tuvo u n pr imer atisbo del fian-
cionamiento de todo el universo.
Pero la teorización de las leyes de la gravedad
universal sólo fue el más grande de los inmensos
e importantes descubrimientos que hizo New-
ton. El concepto de fuerza, el cálculo diferencial,
la naturaleza de la luz, los fundamentos de la me-
cánica, las series de binomios, el método Newton
de análisis numérico —la lista es casi interminable.
Newton ha dado nombre a más unidades y entida-
des científicas y matemáticas que cualquier otro
científico. El newton (el SI, o la unidad de fuerza,
como se ha acordado internacionalmente), fluido
newtoniano, fórmula de Newton (parálenles), ani-
llos de Newton (en óptica), el cociente de Newton
(en diferenciación) y otros muchos, cada uno de
ellos resultado directo de su trabajo.
Aún así, todo esto fue posible únicamente por-
que Newton vivió en el momento histórico apro-
piado. Así como Dante sólo pudo haber escrito su
Divina Comedia en el contexto de la estricta y to-
dopoderosa jerarquía de la Edad Media, Newton
INTRODUCCIÓN
sólo pudo llevar a cabo todos sus descubrimien-
tos una vez que Copérnico y Galileo hubiesen l i -
berado la mentalidad científica de esas mismas r i -
gideces. Como Newton mismo confesó: "Si he
visto u n poco más allá que otros es porque estaba
encaramado a hombros de gigantes".
Habían caído las cadenas de la represión me-
dieval, y la puerta del conocimiento humano se
abría a u n nuevo m u n d o . En opinión de Newton,
su logro había sido insignificante: "Me veo tan sólo
como u n niño jugando en la orilla del mar que en-
cuentra de vez en cuando una piedrecita más sua-
ve o una concha más bonita de lo normal, al tiempo
que el grandioso océano de la verdad se extiende
ante mí, todavía por descubrir". La modestia aquí
exhibida queda mermada en contraste con su vi -
sión oceánica, que sólo él estaba en condiciones
de ver. Imphcación ésta que bien podía ser inten-
cionada ya que Newton no era lo que se dice mo-
desto por naturaleza.
Así pues, ¿cómo era este hombre, el poseedor
del más grandioso intelecto de la historia? En ge-
neral, para sus contemporáneos era más o menos
lo que Einstein para nosotros en el siglo xx: u n ex-
céntrico aburrido, perteneciente a una rara espe-
cie en vías de extinción; el distraído genio de altu-
NEWTON Y LA GRAVEDAD
ra moral incuestionable: una figura distante pero
en el fondo adorable, investida de inconmesura-
ble gravedad por el aplastante peso de sus logros.
En su época, Newton fue el solitario erudito al que
sus pares eligieron Miembro del Parlamento en
representación de la Universidad de Cambridge;
fue el venerado presidente de la Royal Society, re-
elegido sin oposición año tras año; y el director
de la Royal Mint (Real Fábrica de Moneda), temido
y odiado por los falsificadores de los suburbios
londinenses. Como sucede m u y a menudo, fue el
pueblo llano el que reconoció al hombre por lo
que era. Porque bajo esa austera fachada pública
se escondía una personalidad perturbada y ven-
gativa, que encubría sus propios secretos ilícitos.
Vida y o b r a
Isaac Newton nació el día de Navidad de 1642, en
una casa solariega de la aldea de Woolsthorpe,
en Lincolnshire. Casualmente, su gran predece-
sor científico, Galileo, había fallecido unos me-
ses antes.
En el árbol genealógico de Newton no hay ras-
tro de antecesores excepcionales. Su padre, que
también se llamó Isaac Newton, era u n boyante
pequeño terrateniente incapaz de escribir su
propio nombre. Según su familia, se trataba de
"un hombre débil, violento y extravagante" que
murió tres meses antes de que naciera su hi jo . Su
madre era hija de u n gentilhombre local sin u n
duro, y en general era considerada como una mu-
jer ahorradora, acostumbrada al trabajo duro .
NEWTON Y LA GRAVEDAD
Isaac nació prematuramente, y era "tan peque-
ñito que cabía en u n cacillo de litro". Nadie pensa-
ba que fuese a sobrevivir más de u n día. (El caso
es que disfrutó de una salud excepcional, y vivió
hasta los 84 años.) No habiendo conocido nunca a
su padre, el joven Newton iba a "perder"a su ma-
dre cuando sólo tenía 18 meses. En 1644, Hannah
Newton se casó con Barnabas Smith, de 63 años,
u n adinerado pastor protestante de la localidad, y
se fue a vivir al pueblo de North Witham. El pe-
queño Isaac se quedó al cuidado de su abuela.
Newton no se recuperó jamás de este traumáti-
co suceso, y sus efectos impr imieron una huella
indeleble en su carácter. Su vida adulta se vería
marcada por incontrolables accesos de rabia, ven-
ganzas paranoides y ocasionales periodos de
inestabilidad mental. Amaba a su madre, pero ésta
le había abandonado. No se decidía a odiarla,
pero que el cielo ayudase a cualquiera que le pro-
porcionase u n blanco sobre el que descargar legí-
timamente toda la furia que reprimía en su inte-
r ior .
De hecho, North Witham sólo estaba a u n par
de millas valle arriba. El joven Isaac podía incluso
vislumbrar la torre de la iglesia más allá de los
campos desde la colina que se elevaba junto a su
VIDA Y OBRA
casa. Pero en la práctica había u n m u n d o de dis-
tancia. Su verdadero padre estaba "en el cielo", y
su madre había sido desterrada a los límites del
mundo de su infancia. Durante su vida adulta,
Newton se dedicaría en cuerpo y alma a cavilar
larga y profundamente acerca de los cuerpos ce-
lestes y la naturaleza de la atracción que experi-
mentaban unos hacia otros. No es nada sorpren-
dente que los psicólogos piensen que esto es algo
más que pura coincidencia.
Según el testimonio de uno de sus contempo-
ráneos, Newton se convirtió en "un muchacho so-
brio , silencioso y pensativo". Pero también era
víctima de estallidos ocasionales y de auténticas
rabietas. En el transcurso de una de estas rabietas
Newton recordaría posteriormente "haber ame-
nazado a su madre y a su padrastro con quemar-
los y quemar su casa sobre ellos". Así que, al pare-
cer, su madre no siempre se libraba de su ira (y
además la piromanía, aunque sólo sea u n pensa-
miento, rara vez denota absoluta normalidad).
Sin embargo, no era la mente de Newton lo úni-
co exaltado por aquel entonces: en el año en el
que nació, las acciones de Carlos I , y su creencia
en el "derecho divino de los reyes", llevó finalmen-
te a los parlamentarios a desafiar su reinado. La
- - 3 ^ = 7 = ^ 1 - 3 1 = : - ^ - - - r = = o = T ^ - - |3
NEWTON Y LA GRAVEDAD
guerra civil resultante azotó Inglaterra durante los
seis primeros años de lá vida de Newton, y finali-
zó con la victoria de los parlamentarios y la ejecu-
ción de Carlos I en 1649. Durante la guerra civil
hubo algunos episodios esporádicos de enfi:'enta-
mientos y quema de casas en Lincolnshire. Los
Newton y otras familias de pequeños propietarios
de la localidad se sentían inclinados a apoyar al
rey, pero no hasta el punto de tomar las armas.
La victoria parlamentaria —la primera revolu-
ción llevada a cabo con éxito en Europa— fue testi-
go del establecimiento de la "Commonwealth of
Nations" (o Comunidad de Naciones), y los poste-
riores excesos revolucionarios de rigor: se refor-
zó el puritanismo represivo, todos los bailes y
muestras de alegría popular fueron prohibidos, e
incluso la Navidad dejó de ser una fiesta en la que
se comían dulces para convertirse en u n día de
oración. Sin embargo, tampoco en este sentido se
vieron demasiado afectadas las familias granjeras
de Lincolnshire. Llevaban ya mucho tiempo vi -
viendo inmersas en el temor de Dios, leían la Bi-
blia con especial atención y les escandalizaba
todo lo relacionado con el sexo. El joven Isaac cre-
ció en u n hogar de tradición puritana, por lo que
adoptó sus costumbres con toda naturalidad.
14
VIDA Y OBRA
Aprendió a consultar la Biblia para descubrir los
deseos de Dios padre, u n hábito que conservaría
durante toda su vida.
Pero Dios padre no era sólo el Dios del cielo,
sino también su padre celestial. En el siempre fér-
til campo de los estudios psicológicos sobre New-
ton, la mayoría coinciden en señalar que Newton
se dejaba guiar por una imperiosa necesidad in-
consciente de conocer a su padre. Había aprendi-
do de su fe que Dios padre había creado el uni -
verso, dejando algunas claves referentes a Su
naturaleza e intenciones últimas. Durante toda su
vida, Newton no cesó en su obsesiva búsqueda
de estas claves en dos campos que venían al caso.
Se consagraría por igual al estudio bíbfico y reli-
gioso y a la búsqueda de la verdad científica. Hasta
el final de sus días, Newton estuvo convencido de
que era su trabajo religioso el que estaba destina-
do a perdurar. Por una vez, los hechos alcanzan
las mismas cotas de disparate que la psicología.
Cuando Newton tenía 10 años, el reverendo
Barnabas Smith murió, y la madre de Isaac volvió
a su casa convertida en una mujer relativamente
rica. Las plegarias de Newton habían sido escu-
chadas. A estos hechos siguieron dos años de ex-
traña felicidad, templada por la realidad llena de
NEWTON Y LA GRAVEDAD VIDA Y OBRA
sentido común de su madre y la presencia adicio-
nal de u n hermanastro y dos hermanastras. Pero
Isaac era el mayor, y al parecer Hannah dependía
de él hasta cierto punto. Antes incluso de alcanzar
la pubertad, Isaac era "el hombre de la familia" a
los ojos de su madre. La elemental confianza en sí
mismo engendrada por este precoz reconoci-
miento materno no habría de abandonarle jamás
en sus cruzadas intelectuales, incluso en los mo-
mentos en que se hallaba sitiado por enloquece-
doras ansiedades.
Cuando tenía 12 años, Newton comenzó a asis-
tir a la escuela de gramática de Grantham, que se
encontraba a diez millas de distancia. Se alojaba
en casa de M r Clark, el boticario, en High Street, al
lado del George Inn . En la escuela, sus estudios
consistieron casi exclusivamente en latín y grie-
go. Las matemáticas apenas tenían presencia en el
programa educativo de la época, que seguía sien-
do básicamente medieval. Aquel niño sensible y
calmado no sentía el menor atisbo de interés por
tales estudios, y fue a parar a los últimos puestos
de la clase.
Según su propia opinión, Newton permaneció
intelectualmente aletargado hasta el día en que el
matón de la escuela le golpeó en el estómago.
Newton le desafió a una pelea en el patio de la igle-
sia. En palabras de Conduitt, su pr imer biógrafo,
que transcribió los recuerdos del mismo New-
ton: "Isaac no era tan fuerte como su antagonista
[pero] poseía u n carácter y una resolución tan su-
periores que le vapuleó hasta que el otro declaró
que no quería pelear más". Newton había encon-
trado u n blanco legítimo sobre el que descargarla
increíble ira que se reprimía en su interior. Pero
una vez que esto se desató fije imposible volver a
controlarlo, y ya no hubo forma de pararle los
pies. Darle una paliza a u n oponente físicamente
superior no era suficiente. Tras su victoria "Isaac
le cogió por las orejas, le obligó a acercar la cara al
m u r o lateral de la iglesia y le restregó la nariz con-
tra la pared". Pero n i siquiera tamaña humillación
física bastó. Newton tenía que vencer a su opo-
nente en todos los campos posibles. Sintió la ne-
cesidad de superar a su oponente intelectualmen-
te, comenzó a esforzarse en clase, y no tardó en
demostrar su superioridad intelectual.
Es así como lo recuerda Newton, y no hay duda
de que sucedió algo m u y parecido. Semejantes
estallidos de rabia y rencor serían una constante
durante toda su vida: este arrebato no hizo más
que sentar las bases de los siguientes.
NEWTON Y LA GRAVEDAD
Una vez que las facultades intelectuales de
Newton hicieron su aparición, ya no hubo quien
le parase. Ver al adolescente tontorron emerger
de su crisálida y desplegar las alas de la genialidad
debió de ser todo u n espectáculo para los habi-
tantes de Grantham. Y, por supuesto, todo el mun-
do lo recuerda. Mediante percepción retrospecti-
va, claro. Según los recuerdos recogidos tras la
muerte del magnífico Sir Isaac Newton, Presiden-
te de la Royal Society, Director de la Royal Mint
(Real Fábrica de Moneda), etc., el joven Isaac mos-traba todos los signos característicos del genio su-
premo y desconcertaba a las gentes del lugar con
maquetas de molinos de viento de intrincada
construcción, relojes de agua hechos a mano, co-
metas explosivas, u n molinillo para moler maíz ac-
cionado por ratones, una linterna de papel plega-
do, su habihdad para precisar la hora que era
valiéndose únicamente de la sombra, e incluso
u n cuaderno abarrotado de los usuales diagramas
ininteligibles. Afortunadamente, este cuaderno se
encuentra en la actualidad en la Biblioteca Pier-
pont Morgan, en Nueva York; una inscripción en
su interior aclara que fue comprado originalmen-
te por Newton en 1659 por dos peniques y medio
antiguos. Su contenido confirma los aparente-
VIDA Y OBRA
mente fantasiosos recuerdos de la gente de Grant-
ham, con páginas que contienen diagramas del
sistema solar de Copérnico, detalles sobre la ma-
nera de hacer u n reloj de sol o construir una ma-
queta de u n molino de viento, y predicciones as-
trológicas de eclipses. Dos cosas son obvias: los
intereses intelectuales de Newton habían supera-
do con creces los límites de su educación escolar
y estaba principalmente interesado por la ciencia,
y por el mecanismo de las cosas.
Todo parece indicar que se trataba de u n pr in-
cipiante precoz y brillante y, en gran medida, auto-
didacta. Un caso inusual, pero no único. Debió de
haber existido una veintena o más de prodigios si-
milares por aquellas tierras. Como la gran mayo-
ría de los otros, Newton parecía destinado a una
vida provinciana de mediocridad excéntrica. En
el mismo año en el que compró su cuaderno ba-
rato, su madre lo llamó a casa para que se hiciese
cargo de la granja. Sólo tenía 17 años. Pero esta
vez no todo era miel sobre hojuelas en su casa. La
mente de Newton ardía ahora con algo más absor-
bente que meras fantasías pirómanas (si bien la
idea podía parecer igual de desequilibrada). Las
exphcaciones psicológicas de la obsesión abrasa-
dora de Newton son numerosas: desde la necesi-
NEWTON Y LA GRAVEDAD
dad de descubrir las claves del padre, hasta una
necesidad demente de fugarse a u n mundo orde-
nado, libre de ansiedad física. Esta multiplicidad
de explicaciones compleja y a menudo contradic-
toria es bastante útil, aunque sólo sea como recor-
datorio de la naturaleza compleja y a menudo
contradictoria de la entidad única que trata de
describir: la mente de Newton. Hay algo que es in-
discutiblemente cierto: este interés avasallador
por la ciencia hizo presa en la mente adolescente
de Newton igual que una adicción, y su fuerza
se mantendría, prácticamente sin cesar, durante
37 años.
Como granjero, el Newton de 17 años era más
que inútil. Si se le ponía a cuidar ovejas, se aco-
modaba a la sombra de u n árbol con u n l ibro .
Cuando acudía al mercado de Grantham, dejaba
al peón a cargo de la venta de la producción y del
ganado mientras él corría a casa de su antiguo an-
fitrión, M r Clark, a por unos cuantos libros más
(uno de los parientes de M r Clark había dejado su
colección en el desván). Las ovejas se desperdiga-
ban por las colinas, los cerdos tomaban al asalto
los sembrados de maíz del vecino, y las vallas que
delimitaban la granja se deterioraban hasta caer
en la ilegalidad. Como consecuencia de esto.
VIDA Y OBRA
Newton fue llevado a los tribunales y se le impuso
una multa de cuatro chelines y cuatro peniques
(es decir, el valor de u n buen par de zapatos). El
pr imer título oficial de Newton fueron unos ante-
cedentes penales.
Su madre no sabía qué hacer, y la situación do-
méstica era tensa. En una "fista de pecados" que
New1:on redactó unos años más tarde, este perio-
do incluye "malhumor con m i madre", "enfado
con los sirvientes", "rehusar i r a la calle cuando m i
madre me lo había ordenado" y "pegarle u n puñe-
tazo a m i hermana". Como muchos adolescentes,
sabía lo que no quería hacer, pero, al contrario
que la mayoría de ellos, tenía una idea precisa de
lo que quería hacer. Newton continuó leyendo
ávidamente, haciendo maquetas, llevando a cabo
experimentos científicos, calculando y bosque-
jando diagramas en su cuaderno.
Afortunadamente, dos personas habían vislum-
brado el excepcional talento de Newton. Una de
ellas era John Stokes, su maestro de escuela de
Grantham; la otra era su tío materno, William Ays-
cough, párroco de la cercana aldea de Burton
Coggles, que se había graduado en el Trinity Co-
llege, en Cambridge. Entre los dos consiguieron
persuadir a la madre de Newton de que lo enviase
NEWTON Y LA GRAVEDAD
de nuevo a la escuela de Grantham, donde Stokes
podría prepararle para ingresar en el Trinity Co-
Uege de Cambridge.
Newton se fue otra vez a vivir con M r Clark el
boticario, donde continuó devorando la colec-
ción de libros y comenzó además a decorar su ha-
bitación con todo tipo de dibujos. Según la hijas-
tra de M r Clark, en este periodo estuvo además
ligado a ella sentimentalmente. Ella era varios años
más joven que él, y da la impresión de que el idi-
lio fue producto, casi por completo, de la imagina-
ción de la chica. Ésta es la única ocasión en la vida
de Newton en la que su nombre se ve relacionado
románticamente con una mujer.
Newton partió hacia Cambridge en junio de
1661, donde ingresó en el Trinity College. Según
u n historiador contemporáneo, en aquella época
el Trinity College era "la facultad más impresionan-
te y uniforme de la cristiandad". Su valor académi-
co empezaba a igualar a su apariencia, a pesar de
que seguía considerándose que Cambridge se ha-
llaba retrasada en comparación con las grandes
universidades de Europa, tales como la Sorbona o
la Universidad de Milán. Inglaterra no sólo había
sufrido una revolución política, sino que además
se hallaba en medio de otra intelectual que todavía
VIDA Y OBRA
no había llegado ser superada en Europa (en mu-
chos sitios n i siquiera había sido reconocida).
Todo esto culminaría en la obra de Newton, sin ol-
vidar a luminarias de menor categoría tales como
Harvey (cuyo descubrimiento de la circulación de
la sangre supuso el nacimiento de la medicina mo-
derna), HaUey (el gran astrónomo, cuyo nombre
lleva el cometa), Hobbes (considerado como el teó-
rico político más perspicaz de su época), Locke
(cuyo Empirismo cambió el curso de la Filosofía, y
cuyas ideas sociales constituirían la base de la
Constitución de los Estados Unidos), y Boyle (el
químico pionero).
Cuando llegó a Cambridge , N e w t o n tenía
18 años, es decir, era dos años mayor que el estu-
diante medio. También era mucho más pobre
que el estudiante medio, y fue admitido en cali-
dad de becario, lo que suponía, más o menos,
que hiciese las veces de mayordomo de su tutor.
Afortunadamente, su tutor no se dignaba residir
allí más de cinco semanas al año, así que Newton
podía disponer de casi todo su tiempo.
En aquellos tiempos no había demasiadas dis-
tracciones en Cambridge. Según u n viajero ale-
mán que estuvo allí de visita, aparte de la Universi-
dad en sí misma, Cambridge "no era mucho más
NEWTON Y LA GRAVEDAD
que una aldea... uno de los sitios más tristes del
mundo". Las tabernas de la aldea estaban llenas de
rameras medio bebidas y de jóvenes aldeanos
juerguistas (éstos eran compañeros de estudio de
Newton, de los cuales menos de u n tercio se mo-
lestaba en licenciarse). Un año antes de la llegada
de Newton a Cambridge, Carlos I I había subido al
trono. Tras los excesos puritanos de la Common-
wealth, los excesos, algo más terrenales, de la era
de la Restauración ganaban terreno con rapidez.
Sin embargo, el puritanismo de Newton no de-
pendía en absoluto del clima político. Entre sesio-
nes maratonianas de estudio, que con frecuencia
se extendían hasta la madrugada, a Newton le
daba por sentarse en sus habitaciones a hacer lis-
tas de sus pecados, entre las que nunca incluyó n i
juergas n i rameras.
A pesar de la cada vez más evidente revolución
intelectual que estaba teniendo lugar en Inglate-
rra, la mayorparte de la educación que se impar-
tía en las universidades inglesas estaba firmemen-
te anclada en el aristotelismo característico de la
era medieval. La Tierra seguía fija en el centro del
universo, que estaba formado por tierra, aire, fue-
go y agua. Estos "elementos" se reflejaban en
nuestros cuati^o "humores": sangre, flema, büis
VIDA Y OBRA
- w „ _ : : _ - -• : T. ! : • -'- '- -
amarilla y büis negra, cuyo "equilibrio" gobernaba
nuestra salud. Y así sucesivamente... Un mundo
de inexpugnable coherencia, cuya insuficiencia
se iba haciendo poco a poco evidente.
Las primeras grietas importantes del edificio aris-
totélico habían comenzado a aparecer en Europa a
principios del siglo xvii. El sacerdote polaco Copér-
nico había sugerido u n sistema solar heliocéntri-
co. Esto había llevado al astrónomo alemán Kepler,
que trabajaba en Praga, a proponer unas leyes so-
bre el movimiento de los planetas alrededor del
Sol, lo cual a su vez impulsó al físico italiano Galüeo
a desarrollar una nueva mecánica basándose en
esto (antes de que la Iglesia catófica le obligase a
cambiar de opinión). Entretanto, la filosofía de la
duda de Descartes había demostrado que el aristo-
tefismo, sobre el que se basaba la educación cientí-
fica impartida por la Iglesia, carecía de justificación
analítica o perceptiva. Tales fueron los pioneros
que propiciaron la revolución intelectual inglesa,
y el estudiante Newton pronto se vería profunda-
mente influenciado por sus descubrimientos.
Es igualmente importante el hecho de que
Newton comenzase a instruirse en las nuevas ma-
temáticas que servían de base a estos descubri-
mientos, y sobre las que a su vez debería basarse
NEWTON Y LA GRAVEDAD
todo nuevo descubrimiento. En el siglo anterior,
los avances en materia de astronomía y navega-
ción habían evidenciado la necesidad de nuevos
y más refinados métodos de cálculo y precisión.
El resultado fiae que las matemáticas emprendie-
r o n una revolución equiparable a los nuevos des-
cubrimientos científicos. De entre las nebfinas
medievales comenzaban a surgir los rasgos pr in -
cipales de una estructura cada vez más precisa.
En 1585, el funcionario flamenco Stevin propuso
el sistema decimal para medir cantidades inferio-
res a la u n i d a d ; y en los p r i m e r o s años del si-
glo XVII el barón escocés Napier inventó los loga-
ritmos. Esta revolución matemática floreció en
Francia más que en ninguna otra parte: fue en
este país en el que tres de los más grandes mate-
máticos de todos los tiempos —Descartes, Fermat
y Pascal— desarroUaron al máximo sus respecti-
vas capacidades a mediados del siglo xvii.
Hasta que se graduó, Newton estudió y asimüó
las lecciones de Descartes (no se sabe, sin embar-
go, a ciencia cierta hasta qué punto conoció a Pas-
cal o a Fermat). Descartes había inventado las co-
ordenadas cartesianas, que tomaban su nombre
de él: los tres ejes que permitían situar con preci-
sión cualquier punto geométrico (o línea recta, o
VIDA Y OBRA
curva, o figura) en el espacio. Se incluyó asimismo
el álgebra en la geometría, liberándola de la parti-
cularidad de la aritmética, y así nació la geometría
analítica; ya podía representarse una curva por
medio de una ecuación, tal y como se muestra en
la figura de dos ejes siguiente:
- X -l-X
y=x2
-y
Aún más significativo es el hecho de que las ma-
temáticas de Descartes (así como su filosofía) veían
al mundo como u n enorme e intrincado mecanis-
mo. Hasta entonces, el aristotefismo había contem-
plado el mundo en términos de calidad (tierra,
aire, etc.), mientras que a partir de este momento
NEWTON Y LA GRAVEDAD
empezó a observarse en términos de cantidad,
cantidades éstas susceptibles de ser medidas.
Newton empezó a anotar cosas en u n cuader-
no, que tituló "Algunas preguntas filosóficas'YQwa-
estiones quaedam Philosophiae), y que llevaba
el siguiente encabezamiento: "La verdad es m i
mejor amiga". En él podemos confirmar que ha-
bía asimilado la proposición de Descartes que de-
cía que toda realidad está formada por partículas
de materia en movimiento, y que cualquier fenó-
meno natural surge de la interacción de estas par-
tículas. El científico-filósofo francés Gassendi re-
vivió la antigua noción griega de que estas
partículas últimas eran átomos discretos indes-
tructibles. Los cuadernos de Newton demuestran
que también estaba al corriente de la evolución
paralela de los experimentos del químico anglo-ir-
landés Boyle, que comenzaban a sugerir la exis-
tencia de elementos químicos básicos.
Los descubrimientos de Boyle sentaron las ba-
ses para los trabajos futuros de Newton en el
campo de la química, si b ien se debe aclarar que
el interés de Newton por esta ciencia no era exce-
sivamente preclaro. En el siglo xvii la Química
acababa de comenzar a diferenciarse del galima-
tías que era la alquimia. Para satisfacer su interés
VIDA Y OBRA
por la química, Newton comenzó a leer p o r añadi-
dura trabajos de alquimia, magia y tradición her-
mética. Estos libros pretendían dar una explica-
ción a los fenómenos naturales en términos de
jerga metafísica.
Sería bonito pensar que Newton leía todo esto
únicamente para distraerse, a la vista del r igor ex-
tremo con que buscaba la exactitud en sus estu-
dios matemáticos y científicos. Pero nada de eso.
Newton se tomaba m u y en serio sus estudios de
alquimia, los cuales sólo eran equiparables a su
estudio obsesivo de la Bibfia. Es posible que aquí
también estuviese buscando pistas acerca de la
identidad del padre.
Estas dos maneras de contemplar el m u n d o —la
física y la metafísica— podrían parecemos a noso-
tros, simples mortales, mutuamente excluyentes.
Pero para Newton no lo eran. Lo que es más, las
contradicciones existentes entre estos dos mun-
dos parece ser que de alguna forma actuaron
como estimulante de sus procesos mentales.
Sin embargo, no todos los descubrimientos de
Newton eran bagatelas. Cuando llevaba tres años
estudiando en Cambridge ya había hecho algunos
descubrimientos matemáticos importantes. Ha-
bía desarrollado el teorema del binomio para ex-
29
NEWTON Y LA GRAVEDAD
ponente jfraccionario. Este teorema comprende
la fórmula del desarrollo de la expresión bino-
mial, es decir, una fórmula que contenga la suma
de dos variables, tal como (^+y), elevada a una po-
tencia determinada n , lo cual se expresa (?c+y)".
Esto puede verse con u n ejemplo m u y simple:
Pero cuando n (el exponente) no es u n número
entero, el desarrollo se convierte en una serie in-
finita. He aquí u n ejemplo con una variable sim-
ple:
(1 + ;t)V2 = 1 + l/2}c -1/8^^ +1/16^^ +...
y así hasta el infinito.
Newton elaboró una regla general para estos
desarrollos. Como veremos más tarde, estos tra-
bajos con series infinitas serían el pr imer paso de
Newton hacia uno de los descubrimientos mate-
máticos más grandes de todos los tiempos: el cál-
culo diferencial.
Newton obtuvo su BA (Bachelor of Arts, o licen-
ciatura) en junio de 1665. El profesor Barrow, su
examinador, se formó "una opinión indiferente"
30
VIDA Y OBRA
de S U S habilidades: Newton n i siquiera había estu-
diado a Eucfides a conciencia. De hecho, Newton
había descuidado seriamente el programa de es-
tudios. De lo que no se dio cuenta el profesor Ba-
r r o w es de que Newton iba ya bastante por delan-
te de Descartes, que a su vez superaba con creces
a Euclides. Newton era autodidacta casi por com-
pleto, es decir, que trabajaba preferentemente
solo, ayudado por los libros. Todos los trabajos
que podían haber sorprendido de verdad esta-
ban confinados en sus cuadernos, cuadernos és-
tos que nadie más había visto. A pesar de las lagu-
nas que presentaban sus conocimientos, se le
permitió seguir estudiando con el fin de conse-
guir u n MA (Master of Arts, o maestría). Evidente-
mente, los estudiantes que realmente estudiaban
eran una rareza que debía preservarse.
Parece ser, pues, que Newton crecía completa-
mente aislado, y los sucesosque siguieron asegu-
raron que esta situación no cambiase. A finales
de 1664, dos marineros franceses fueron encon-
trados en los suburbios londinenses que rodea-
ban D r u r y Lañe, muñéndose de peste bubónica.
La enfermedad se extendió rápidamente por
toda la ciudad (terminaría p o r causar más de
80.000 muertes sólo en Londres), y siguió exten-
NEWTON Y LA GRAVEDAD
diéndose p o r todo el país a través de las rutas de
las diligencias y de los caminos seguidos p o r los
vaqueros al conducir el ganado. Todo el que po-
día abandonaba los centros de población, y en
agosto de 1665 la Universidad de Cambridge aca-
bó cerrando sus puertas. Newton volvió a Wo-
olsthorpe, donde permaneció durante aproxi-
madamente u n año. ^
Esto desembocaría en u n verdadero annus mi-
rabilis sin parangón en la historia de la ciencia
hasta nuestros días (sólo equiparable a 1905,
cuando Einstein sentó las bases de la teoría res-
tringida de la relatividad, planteó la hipótesis de
que la luz estaba formada por cuantos, y propor-
cionó una explicación molecular al movimiento
browniano).
El pr imer avance realmente importante de
Newton fue el desarrollo del cálculo diferencial.
La habilidad de representar una fórmula algebrai-
ca por medio de u n gráfico significaba que algu-
nos problemas de álgebra podían tener una solu-
ción geométrica. Por ejemplo, la variación de ^
respecto a y para cualesquiera valores dados
(esto es, en cualquier punto determinado de una
curva) no es otro que la tangente de la curva en
ese punto.
VIDA Y OBRA
La tangente en
p es el índice
de variación
Es bastante fácil hallar la tangente de u n círculo,
o incluso de una curva regular, pero, ¿cómo ha-
llar la tangente de una curva variable? Ésta puede
ser hallada mediante el cálculo diferencial. Las no-
ciones básicas de cálculo diferencial fueron des-
cubiertas por los antiguos griegos.
33
NEWTON Y LA GRAVEDAD
Con el fin de determinar el área de u n círculo,
Arquímedes inscribía en su inter ior u n polígo-
no equilátero, cuya área era capaz de calcular.
Aumentando el número de lados, también aumen-
taba el área del polígono, aproximándose al área
del círculo, que constituía su límite superior. De
igual forma, encerrando el círculo en u n polígono
equilátero, podía aproximarse al límite inferior: la
respuesta se encontraba entre estas dos cifras.
Sin embargo, si el número de lados de cualquie-
ra de los polígonos se aumentaba hasta el infinito,
esto también proporcionaiía el área del círculo.
El mismo principio podía aplicarse a la tangente
de una curva.
34
VIDA Y OBRA
g = —
A medida que la distancia entre A y B se vuelve
infinitamente pequeña, tendiendo hacia su límite,
cero, el lado AB, opuesto al ángulo recto ACB, se
aproxima cada vez más a la tangente, confundién-
dose con ella en el límite.
El mismo principio puede apUcarse para calcu-
lar el área contenida por una curva.
A medida que se aumenta el número de rectán-
gulos entre A y B hacia infinito, su área se aproxima
al área contenida por la curva, que es su límite.
Una vez más, surgía u n problema relacionado
con series infinitas provenientes de funciones
con dos variables —un problema del mismo tipo
que el tratado por Nevuton en el teorema del bino-
mio. Para empezar, los cálculos implícitos en tales
problemas eran considerados como sumas estáti-
NEWTON Y LA GRAVEDAD
cas de cantidades infinitamente pequeñas. Lo real-
mente novedoso es que Newton, en u n alarde
de penetración, contempló este problema desde
el punto de vista de la movilidad al no tratar la
curva como si se tratase de u n objeto estático,
sino como el lugar geométrico de u n punto en
movimiento. En u n principio, Newton llamó a
este método suyo "fluxiones", con referencia a flu-
jo, y no cálculo diferencial, como pasaría a llamar-
se más tarde. Así pues, su innovación consistió en
introducir la noción de tiempo.
El método de Newton para haUar la tangente en
u n punto determinado de una curva es conocido
en la actualidad como cálculo diferencial. Éste tra-
ta la cantidad siempre variable de u n punto en
movimiento como si estuviese constituida por u n
número infinitamente grande de cambios infinita-
mente pequeños.
Por ejemplo, la velocidad (v) de u n cuerpo en u n
instante determinado es vista como la distancia infi-
nitamente corta que recorre [ds) en u n periodo in-
finitamente corto de tiempo, que tiende a cero (dt).
De aquí que: v = ds/dt.
Ahora bien, al igual que dt ^ O (es decir, su lí-
mite es cero), v alcanza el límite que constituye su
velocidad exacta en el momento dado.
36 =
VIDA Y OBRA
g j g s - i g - J ' iiiii;ij^!;!.;::it!jjjiiti;;;il=...j,.,;.! ÍH. r r z g — I g r ^ ^
Afortunadamente, los cálculos larguísimos y
complejísimos de Newton terminaban por pro-
porcionar una fórmula empírica fácilmente apli-
cable, como la que utilizan todos los matemáticos
en ciernes que saben lo que hay que hacer, pero
no tienen n i idea de lo que realmente están ha-
ciendo. ("Limítese a apficar la fórmula, jovencito".)
Por ponerlo en los términos más simples posi-
bles, para la fórmula:
la derivada dy/d^ = n }c"-^
o sea, que si por ejemplo n = 2, la fórmula pasa a
seT:y = ^^
y la variación en cualquier punto, dy/d^, es
iguala2;c2-i = 2;c.
37
NEWTON Y LA GRAVEDAD
En otras palabras: el valor de la tangente en
cualquier punto será siempre 2k-
Este proceso de cálculo diferencial proporcio-
nó a las matemáticas una de sus herramientas más
poderosas al permit ir el cálculo de cualquier índi-
ce de variación incluyendo, por ejemplo, los pun-
tos máximo y mínimo de cualquier curva, que se
dan cuando el índice de variación, dy/d^, es igual
acero.
/
/
— - ^ • ^ — min
A continuación, Newton extendió su método
de fluxiones, incluyendo lo que hoy en día se co-
noce como cálculo integral. Éste es en esencia la
VIDA Y OBRA
técnica del cálculo diferencial a la inversa, y se uti-
liza para calcular el área contenida por una curva.
Por ejemplo, la velocidad de u n punto (v) pue-
de expresarse en términos de una distancia infini-
tamente corta ds recorrida en el breve periodo
di. Con lo que:
ds = Ydt
La distancia s que el punto recorre entre u n
momento y u n momento se calcula por me-
dio de la suma continua de los cambios que se
producen en este intervalo, lo cual se conoce
como integración.
Esto se expresa de la siguiente manera:
s = vdt es el signo utilizado para la integración
M u y simplificado, esto implica aplicarla técnica
opuesta a la integración. Así que para la misma fór-
mula
y=r
En vez de dy/d^ = n
por medio de la integración obtenemos x"dx = •
n+^
NEWTON Y LA GRAVEDAD
Esta técnica increíblemente útil puede aplicar-
se para resolver problemas tales como hallar el
área de cualquier figura descrita por una curva
con fórmula (y rotando sobre su eje produce u n
volumen). También puede apficarse a cualquier
problema que requiera la suma continua de cam-
bios infinitesimales.
En este punto, el cálculo de Newton seguía en
estado embrionario. Pero con todo y con eso, ya
estaba en posesión de la técnica que le permitiría
emprender su trabajo más importante. El trascen-
dental logro de Newton en los años 1665 y 1666
estaba por supuesto relacionado con la gravedad.
Posteriormente se le preguntó a Newton cómo
llegó a hacer descubrimientos tan revoluciona-
rios, alo cual respondió "Pensando en ellos sin ce-
sar. Pienso en el tema constantemente, y me l imi-
to a esperar a que los primeros atisbos de luz de
madrugada den paso al día". Según la famosa anéc-
dota, los "primeros atisbos de luz" de su teoría de
la gravedad le llegaron a Newton cuando contem-
plaba cómo una manzana caía de u n árbol. Este
hecho suele calificarse de pura leyenda. Pero se-
gún uno de los primeros biógrafos de Newton,
Stukely: "me contó [...] que la noción de gravedad
le vino a la mente [...] a causa de la caída de una
40 s ^ = = = ^ . ^ z z : = : = —
yiDA Y OBRA
manzana, mientrasdescansaba en actitud con-
templativa".
Es importante entender cuan significativo fue
lo que Newton comprendió en ese momento.
¿Qué era lo que sabía ya, y qué explicaría su pos-
terior teoría de la gravedad?
La clave de todo esto está en Kepler, que había
invertido más de 20 años de minuciosa observa-
ción y realizado cálculos interminables para llegar
a sus tres leyes sobre el movimiento de los plane-
tas. Estas leyes fueron pubficadas en 1609 y esta-
blecían que: 1) los planetas se mueven formando
elipses alrededor del sol, el cual está situado en
uno de los focos de estas órbitas elípticas; 2) una lí-
nea recta que uniese el sol con u n planeta reco-
rrería áreas equivalentes en tiempos equivalen-
tes (en el diagrama inferior: el tiempo que le lleva
a u n planeta p viajar de a a £> es igual al que le Ueva
viajar de c a d , siendo el área ^ igual al área y); 3) el
cuadrado del tiempo empleado por u n planeta en
recorrer su órbita por completo es proporcional
al cubo de la distancia media entre este planeta y
el sol (en el diagrama: si el planeta p invierte u n
tiempo T en completar su órbita, y r es el radio
medio de esta órbita, sucede que: = r ' ) .
NEWTON Y LA GRAVEDAD
T = tiempo invertido en completar una órbita
Mientras tanto, y ya en la Tierra, Galileo había
confirmado a base de experimentos, que se dice
ftjeron llevados a cabo desde lo alto de la Torre
Inclinada de Pisa, que u n cuerpo al caer experi-
mentaba una aceleración uni forme. También
elaboró una fórmula para calcular la trayectoria
parabófica de u n proyect i l .
La genialidad de Nev^^ton consistió en meter
las leyes de Kepler y los descubrimientos de Ga-
lileo en el mismo saco. La noción de gravedad
que le vino a la cabeza cuando la manzana cayó
del árbol terminaría por identificarse como la
misma fuerza que mantenía a la Luna en órbita
VIDA Y OBRA
alrededor de la Tierra y a los planetas en órbita
alrededor del Sol. Las leyes apficables a la Tierra
eran asimismo váfidas para los cuerpos celestes.
Era ésta una intuición descomunal. De golpe,
nuestro entendimiento pasaba de estar ligado a
la Tierra a extenderse a lo largo y ancho del u n i -
verso. Las leyes de Kepler no hacían más que
describir lo que sucedía... Newton explicó p o r
qué.
Newton tardaría más de 20 años en publicar
sus ideas. Esto responde a varias razones. Al
pr incipio , consideraba que la gravedad se aplica-
ba únicamente a la Tierra. Posteriormente, al ex-
tenderla a los cuerpos extraterrestres, no fue del
todo capaz de desarrollar la matemática inheren-
te a ello. ¿Cómo funcionaba en realidad la fuerza
gravitatoria de la Tierra? ¿Ésta atraía a la Luna
desde su núcleo, desde su superficie, o desde
algún p u n t o situado entre ambas? Hasta que
reñnó las técnicas del cálculo que acababa de
descubrir , N e w t o n fue incapaz de empezar a
solucionar semejantes problemas. No fue ésta,
sin embargo, la única razón p o r la que guardó
silencio.
Algunos han calificado a Newton de secretista,
pero ello no es completamente cierto. La verdad
NEWTON Y LA GRAVEDAD
es que Newton no podía soportar que le contra-
dijesen, n i siquiera en lo más mínimo; era algo
capaz de provocarle uno de sus ataques de rabia
incontrolables. Así que, antes de arriesgarse a
que sus colegas científicos pusieran en duda sus
descubrimientos, prefería guardárselos para sí
mismo.
Ni que decir tiene que semejante interpreta-
ción psicológica únicamente trata de explicar la
personalidad de Newton, que podría comparar-
se a u n mapa del m u n d o : en él aparecen los con-
tornos y las figuras, pero de ningún modo evi-
dencia la magnificencia y la profusión que se dan
en la realidad. La esencia de la mente de Newton
sigue siendo completamente inexplicable.
Durante los 20 años que precedieron a la pu-
blicación de los descubrimientos de Newton so-
bre la gravedad, su visión inicial se refino hasta
convertirse en u n sistema complejo. Sería éste
el que finalmente aparecería en su obra maestra,
Principia. En ella, Newton fue u n paso más allá
que Kepler y Galileo, presentando tres leyes pro-
pias que reemplazaban los descubrimientos de
ambos.
La pr imera ley de la dinámica formulada por
Newton postula una teoría sobre la inercia, de-
44
VIDA Y OBRA
clarando que u n cuerpo permanece en reposo
o estado de movimiento rectilíneo uni forme
siempre y cuando no actúe sobre él ninguna
fuerza exterior. Los objetos se mueven a través
del espacio debido a que nada los para una vez
que han sido puestos inicialmente en movimien-
to. Por pr imera vez, se daba una explicación al
movimiento de los cuerpos a través del espacio
sin r e c u r r i r a juegos de malabares divinos n i a
una locomoción angelical. Sin embargo, habría
que esperar tres siglos hasta que la teoría del Big
Bang explicase el origen de esta puesta en mar-
cha inicial. La segunda ley de Newton declara
que la variación de la cantidad de movimiento (o
momento, es decir, el producto de la masa p o r la
velocidad) de u n cuerpo en movimiento es pro-
porcional a la fuerza que actúa sobre el mismo.
Es decir, que u n cuerpo estacionario o en movi -
miento uni forme sobre el que se aplique una
fuerza continua experimentará una aceleración.
Galileo ya había descubierto esto al dejar caer
objetos desde la Torre de Pisa. La atracción de la
gravedad hace que u n cuerpo se acelere. Lo
mismo ocurre cuando la Luna órbita alrededor
de la Tierra.
NEWTON Y LA GRAVEDAD
La acción continua de la fuerza de la gravedad
(g) induce a la Luna a acelerar en dirección a la
Tierra, pero la cantidad de movimiento de la Luna
(es decir, el producto de su masa por su veloci-
dad, o momento) la impulsa a lo largo de la linea
de fuerza m. El equilibrio continuo de fuerzas re-
sultante es lo que la mantiene en órbita. Para des-
cubrir cómo operaba la fuerza de la gravedad en
este caso, Newton tuvo que calcular la variación
de la cantidad de movimiento de la Luna. Ya que la
órbita lunar es una elipse irregular, esto implicaba
calcular la velocidad de u n objeto con u n movi-
miento curvilíneo. Fue en los primeros intentos
46
yiDAY OBRA
de resolver este problema cuando Newton em-
pleó sus recientemente descubiertas "fluxiones",
y a lo largo del proceso desarrolló el cálculo dife-
rencial.
La tercera ley de la dinámica de Newton afirma
que si u n cuerpo ejerce una fuerza sobre otro (ac-
ción), el segundo ejercerá a su vez otra fuerza,
igual y opuesta a la primera, denominada reac-
ción. El concepto de fuerza utüizado p o r Newton
en estas leyes transformaría la ciencia por com-
pleto. Unificaba la reciente visión mecánica del
mundo de Descartes con la antigua tradición pita-
górica, que afirmaba que el m u n d o en su estado
último estaba compuesto por números. Esta com-
binación entre mecánica y matemáticas no sólo
expHcaba la forma en que funcionaba el mundo,
sino que también impficaba que podía calcularse
con precisión lo que estaba ocurriendo en él.
Utüizando estas tres leyes fundamentales, New-
ton consiguió al fin explicar la forma en que la
fuerza de la gravedad actuaba entre dos cuerpos.
Demostró que esta fuerza era directamente pro-
porcional al producto de sus dos masas, e inver-
samente proporcional al cuadrado de la distancia
que los separa. Esto se expresa en la célebre fór-
mula (que fue la e = 7T7ĉ de su tiempo):
NEWTON Y LA GRAVEDAD
l_ _ iTij G
En donde F es la fuerza de atracción de la grave-
dad, m i y m2 son las masas de la Tierra y de la
Luna, d es la distancia que las separa y G es la
constante de gravitación universal. Lo que le
puso sobre la pista de esta fórmula fue la posibili-
dad de la relación del cuadrado inverso, y ésta
pudo m u y bien ser la comprensión original pro-
vocada p o r la manzana al caer. Newton no com-
prendió toda la noción de gravedad de golpe;
pero fue esto lo que le indujo a emprender u n lar-
go y complejo viaje matemático que terminó con
su ley de la gravitación. Incluso habiendollegado
hasta aquí, tendría que pasar u n siglo antes de
que el excéntrico físico Cavendish se las arreglase
para determinar el valor de G, la constante de gî a-
vitación. Sin embargo, el que la fórmula estuviesen
incompleta no impidió que Newton reclamara
toda la atención posible para su fórmula. Estipuki-
ba que la ley de gravitación se aplicaba a todo el
Universo. Esto no dejaba de ser una hipótesis,
por supuesto: los cálculos de Newton estaban
enteramente basados en la observación de la
Luna y de los planetas ya descubiertos. Pero Nev\
VIDA Y OBRA
ton no admitió objeción alguna, haciendo la famo-
sa declaración: "Hypotheses non fingo" ("yo no
hago hipótesis").
Para nosotros es difícil calibrar la fi^agilidad de la
pretensión de Newton respecto a su fórmula, que
él insistió en denominar ley de la gravitación uni-
versal; lo que constituye una de las revelaciones
humanas más gi^andes de todos los tiempos no
era en realidad más que u n presentimiento, una
hipótesis de genio trascendental. El matemático y
fQósofo del siglo xx Whitehead proporcionó u n
correctivo m u y útil tanto para Newton como para
nosotros mismos: "El deseo patético de la huma-
nidad de creer que partimos de una base intelec-
tual clara, determinada y certera, queda perfecta-
mente ejemplificada por el alarde de Newton al
declarar hypotheses n o n fingo' al tiempo que
enunciaba su ley de la gravitación universal. Esta
ley postula que cada partícula de materia atrae a
toda otra partícula de materia, si bien en el mo-
mento en que fue enunciada únicamente los pla-
netas y los cuerpos celestes habían sido observa-
dos atrayendo 'partículas de materia'."
Escasa evidencia científica debía de haber en la
pretensión 'de universalidad de Newton, si bien
explicaba muchos hechos observados y otilas
NEWTON Y LA GRAVEDAD
tantas excentricidades del movimiento planeta-
r io . Lo que es mucho más interesante: explicaba
las leyes de Kepler, asi como las irregularidades
observadas en la órbita de la Luna y los planetas
(las cuales se daban cuando los planetas se veían
afectados por la atracción gravitacional de otros
planetas, además de la del Sol).
La atrevida suposición de Newton lo cambió
todo. De ahora en adelante, los científicos estaban
convencidos de que todo lo que sucediese en el
universo podía expücarse de forma matemática.
Ésta sigue siendo una de las grandes creencias de la
ciencia moderna. Es más, es una de las bases sobre
la que se sustenta la búsqueda de la Teoría del
Todo que expficará el funcionamiento fundamen-
tal del universo y de todo lo que éste contiene. El
tercer hallazgo fundamental de Newton durante sii
annus mirabilis en Woolsthorpe tenía que ver con
la luz. Hasta entonces se había creído que el color
era consecuencia de una mezcla entre luz y oscuri-
dad. Newton se dio cuenta de que no había eviden-
cia experimental alguna que apoyase este princi-
pio. Una página impresa de u n libro, que contenía
tanto blanco como negro, no se veía en color al ser
observada desde una distancia suficiente para que
ambos se confundiesen. Se veía gris.
50 — = j - - -
VIDA Y OBRA
Newton llevó a cabo una serie de experimentos
caseros con u n prisma de cristal en su habitación
convenientemente oscurecida. Cuando dejaba
pasar algo de la luz del día entre las cortinas, de
manera que u n rayo de luz blanca atravesase el
prisma, éste se refractaba (se desviaba por acción
del cristal). Pero partes diferentes del rayo se veían
refi^actadas en diferente medida, y el rayo emer-
gía dividido en colores. Estos colores eran los
mismos que los del arco iris, y aparecían en idén-
tico orden: ro jo , anaranjado, amarillo, verde,
azul, añil y violeta.
¿Era po^ble que estos colores tuviesen su ori-
gen en el cristal transparente del prisma? A conti-
nuación, Newton hizo pasar el rayo irisado a tra-
51
NEWTON Y LA GRAVEDAD
vés de u n prisma vuelto del revés. Los rayos de
luz coloreada reconvergían y emergían de nuevo
como u n único rayo de luz blanca.
El siguiente experimento de New^ton consistió
en aislar u n solo rayo de luz coloreada y hacerlo
pasar a través de u n prisma. A pesar de que se re-
fractaba, el rayo emergía del mismo color. La infe-
rencia era obvia: la luz blanca está formada por la
combinación de los colores del espectro.
Cuando Newton volvió a Cambridge, las de-
mostraciones que efectuó de este experimento
causaron u n revuelo importante, y se le incluyo
en el consejo del Trinity College. Pero seguía sien-
do reacio a revelar sus otros descubrimientos. K\
VIDA Y OBRA
cálculo diferencial y sus ideas sobre la g i w e d a d
estaban todavía en sus primeras etapas, y no desea-
ba someterlos a discusión (alguien podía tener la
osadía de contradecirle). Pero hizo una excepción
con su antiguo tutor Barrow, el catedrático de ma-
temáticas (esta cátedra acababa de crearse: una de
las primeras indicaciones de que Cambridge em-
pezaba a distinguirse de la fradición clásica, librán-
dose del yugo del difunto aristotelismo. El actual ca-
tedrático de matemáticas es Stephen Hawking,
más conocido como el autor de Historia del tiem-
po: del Big Bang a los agujeros negros).
Barrow era u n hombre excepcional, y opuesto a
Newton en muchos aspectos. No se acercaba en ab-
soluto al estereotipo de matemático —era un hombre
afable que gozaba de una excelente forma física, al
que le gustaba boxear y que había viajado hasta Cons-
tantinopla (donde había ganado u n concurso de lu-
cha libre). Pero Barrow tenía dos características que
eran del agrado de Newton: era u n hombre profun-
damente religioso, y u n estupendo matemático. Lo
que es más, el conocimiento de Barrow de los últi-
mos avances matemáticos indudablemente ayuda-
ron a Newton en su desarrollo del cálculo diferencial.
A diferencia de ofros jóvenes en semejantes cir-
cunstancias, Newton no se sentía ati^aído por fígu-
53
NEWTON Y LA GRAVEDAD
ras paternales (el padre estaba en el cielo.) Cabe ha-
cer una excepción en el caso de Isaac Barrow
(cuyo nombre incluso rememoraba el del padre de
Newton). Por una vez, Newton había encontrado a
alguien al que poder admirar. Al igual que Newton,
Barrow trabajaba mucho y dormía m u y poco. Ade-
más, seguro que Newton reconoció en la eterna
distracción de Barrow su propio ensimismamien-
to, ya que, según u n contemporáneo de Barrow,
éste era "en extremo negligente con su atuendo...
como el mayor sabio con el que jamás me encon-
trase". Newton ofrecía u n cuadro parecido: "era tre-
mendamente descuidado, llevaba los tacones de
los zapatos gastados, los calcetines arrugados, la so-
brepelliza puesta, y el pelo apenas peinado". El pro-
fesor y su colega de 24 años debieron de haber he-
cho una pareja tremenda, entre tanto presuntuoso
empelucado de la Restauración.
Por lo que parece, Barrow fue el único en todo
Cambridge que se dio cuenta del alcance real-
mente excepcional de las cualidades de Newton.
Por descontado que fuera de la universidad nadie
había oído hablar de él, aunque, a pesar de ello,
Newton ya había hecho descubrimientos que lo
situaban m u y por delante de cualquier científico
o matemático vivo del momento.
54 —
VIDA Y OBRA
Se dice que Barrow trataba a Newton como a
u n hi jo , haciéndole regalos de cumpleaños. A pe-
sar de que apreciaba a Barrow, la actitud de New-
ton era algo más cautelosa. La temprana deser-
ción de su madre le había vuelto profundamente
ambivalente hacia las personas que conseguían
penetrar su caparazón de indiferencia ausente.
En 1669 Barrow dimitió de su plaza de catedrá-
tico de matemáticas para seguir estudios teológi-
cos y se aseguró de que Newton le reemplazaría
en la cátedra. Para ello era necesario unirse al cle-
ro, pero Barrow intercedió p o r Newton y éste no
fue obligado a hacer los votos sagrados. Esto
apunta a que Barrow estaba enterado, al menos
en parte, de las otras investigaciones, no tan orto-
doxas, en las que Newton ocupaba su tiempo.
Paralelamente a sus avancescientíficos, New-
ton había hecho asombrosos progresos en sus es-
tudios bíbhcos. Durante su lectura de las primeras
versiones del Nuevo Testamento en sus lenguas
originales, Newton llegó al convencimiento de
que tales textos habían sido corrompidos en be-
neficio propio por comentaristas y traductores
posteriores. La noción de Trinidad (Padre, Hijo y
Espíritu Santo), era u n completo engaño, u n con-
cepto fraudulento introducido en la Cristiandad
NEWTON Y LA GRAVEDAD
por u n grupo de conspiradores liantes. Cristo no
tenía nada de divino, y debía rezarse directamen-
te a Dios Padre.
Tales creencias fueron declaradas heréticas por
el Concilio de Nicea en el 325 d.C. Es de suponer
que a las autoridades del Trinity no les habría he-
cho ninguna gracia que su colega tonteara con en-
gaños teológicos, pero Newlon no le dio a esto la
menor importancia. No obstante, siguiendo su
costumbre, confinó tales descubrimientos a sus
cuadernos.
En este caso sí que había u n elemento secretis-
ta en el comportamiento de Newton. La religión
era algo que se tomaba pero que m u y en serio en
la Inglaterra del siglo xvii: la guerra civil, la perse-
cución de los herejes, el temor al catohcismo, el
desagrado por el puritanismo, y otros elementos,
habían dado lugar a u n peligroso cóctel de prejui-
cios. No tiene nada de extraordinario que Newton
desarrollase u n miedo paranoide a ser acusado
de hereje, miedo que le acompañaría durante
toda su vida. Pero su profunda fe en Dios, unida a
una necesidad inconsciente de hablar con el Pa-
dre directamente, le impedían olvidarse del asun-
to. La ati^acción que Newton sentía por la verdad
era tan fuerte en materia religiosa como lo era en
56
VIDA Y OBRA
a a i . : r r r r : l i:-..-3nTJIg»ii.~j¿Ui;;iM-ll.Z^ -
materia científica: en esta ocasión también busca-
ba las claves de Dios.
Por si todo esto no fuese suficiente, Newton
continuó además con sus investigaciones alquí-
micas en la más pura tradición hermética. El cate-
drático de matemáticas llegó hasta el punto de ha-
cerse construir una caldera en el trozo de jardín
que rodeaba sus habitaciones en la facultad, con
el fin de poder llevar a cabo experimentos de al-
quimia. Estas actividades pasaban presumible-
mente por experimentos de química ante las auto-
ridades de la Facultad, pero u n solo vistazo a los
cuadernos de Newton basta para darse cuenta de
que lo que realmente estaba intentando era con-
vert ir metales viles en oro.
Paradójicamente, el más eminente científico de
la época era a la vez el mayor hechizero de su
t iempo. Tal y como señala Keynes, el economista
del siglo xx: lejos de ser u n hombre moderno
perteneciente a una nueva era científica, Newton
era en realidad el último de los grandes magos del
Renacimiento, "el último niño prodigio, a quien
los Magos deberían rendir u n sincero y apropia-
d o tributo".
¿De verdad que Newton malgastaba su tiempo
(y su prodigioso talento) en semejantes dispara-
NEWTON Y LA GRAVEDAD
tes? Apelando al sentido común; Keynes se vio
obligado a descalificar la alquimia de Newton, en-
contrándola "completamente desprovista de va-
lor científico".
Lamentablemente la verdad era otra... a pesar
de que es sumamente improbable que el próxi-
mo Einstein salga del círculo mágico, es innegable
que la alquimia influyó decisivamente al perfilar
las ideas científicas de Newton. Evidencia no falta,
por desgracia. Tal y como hemos visto, unas déca-
das antes Descartes había ofrecido una explicación
del mundo en términos puramente mecánicos.
Pero a medida que avanzaba la revolución científi-
ca, algunos de los nuevos científicos británicos
habían comenzado a sospechar que el funciona-
miento del mundo era algo más complejo que el
de la maquinaria de u n relo j . Según el químico
Boyle (que también se dedicaba con avidez a la al-
quimia en la intimidad), la mecánica no era lo más
apropiado para explicar una serie de fenómenos
naturales que se producían en los campos de la
química y de la biología.
A NewAton se le ocurrió la idea de que tales su-
cesos eran resultado de u n principio activo, que
complementaba a su vez al principio de inercia
de la mecánica de Descartes. Este principio activo
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VIDA Y OBRA
tenía su origen en "cualidades ocultas [...] que no
pueden ser descubiertas n i puestas de manifies-
to". De ahí a la noción de "fuerza", idea de Newton
que revolucionó la ciencia por completo, no ha-
bía más que u n paso. Nos puede resultar dificil de
creer, pero el concepto revolucionario básico de
las leyes de la dinámica de Newton tuvo su origen
en la magia. Como señaló ese otro gran mago del
Renacimiento, Leonardo: "Hay más en el mundo
de lo que el hombre podrá Uegar a comprender
jamás".
Las actividades alquímicas de Newton también
le fueron útües en otros campos. Si bien era cierto
que la alquimia no había producido ningún resul-
tado demostrable (léase oro), también lo era que
los métodos que en eUa se utilizaban requerían
u n ingenio considerable; del cual se necesitaba
bastante para montar los aparatos necesarios. De
hecho, la entonces embrionaria ciencia química
adoptó buena parte de los métodos de esta maes-
tría experimental y, gracias a ello, empezó con u n
pie inmejorable. Newton ya había mostrado unas
excepcionales dotes prácticas en Grantham, du-
rante su juventud, si bien no encontró tantas oca-
siones para poner en práctica este talento suyo en
sus investigaciones científicas y matemáticas en
NEWTON Y LA GRAVEDAD
Cambridge y en Woolsthorpe. Pero en lo referen-
te a la alquimia, casi podía haberse ahorrado los
complicados esfuerzos experimentales. Tal y como
estaban las cosas, la alquimia refino sus habilida-
des prácticas, lo cual le dio la confianza necesaria
para i r en busca de soluciones prácticas. El ejem-
plo más conocido de esto es su telescopio.
Como ya hemos visto, cuando se hace pasar la
luz a través de u n prisma, se produce u n espec-
tro . Las lentes producen básicamente el mismo
efecto, siendo susceptibles de crear imágenes
con franjas de color. Este hecho comenzaba a
mermar la efectividad de los telescopios de u n ta-
maño cada vez mayor utilizados en astronomía (la
"física nuclear" de los siglos xvi y xvii, que inaugu-
ró la nueva era científica). A finales del siglo xvii se
construían telescopios de más de 56 metros de
altura, pero las aumentadísimas imágenes que
producían se veían cada vez más afectadas por in-
terferencias coloreadas, conocidas como "abe-
rraciones cromáticas". Parecía como si los telesco-
pios hubiesen alcanzado su cima, cortando de
raíz la posibilidad de efectuar futuros descubri-
mientos.
En u n principio Newton intentó resolver este
problema esmerilando lentes de diferentes for-
VIDAY OBRA
mas, pero tal procedimiento no dio ningún resul-
tado. Una vez más, puso toda su mente a trabajar
en los problemas que tenía entre manos: "pensan-
do en ellos sin cesar", día y noche, hasta que dio
con la respuesta. La solución de Newton al pro-
blema del telescopio fue la típica "genialidad súbi-
ta" y su naturaleza era tan simple y efectiva que
transformó para siempre los telescopios: en vez
de concentrar la imagen final mediante refracción
a través de una lente, lo hizo mediante u n espejo
parabólico.
La reflexión eliminaba la "aberración cromáti-
ca", ya que la luz no pasaba a través del cristal, sino
que rebotaba sobre él. Este método tenía otra
ventaja: al no pasar a través del cristal, éste no ab-
sorbía nada de luz, lo que resultaba de vital impor-
NEWTON Y LA GRAVEDAD
tancia al observar los cuerpos lejanos más peque-
ños, como por ejemplo las lunas de Júpiter, que
sólo reflejaban pequeñas cantidades de luz. El
método de Newton también permitió que los te-
lescopios pudiesen ser mucho más pequeños. Su
pr imer telescopio sólo media unos catorce centí-
metros de largo y aproximadamente dos centíme-
tros y medio de diámetro, y a pesar de ello era de
treinta aumentos. Newton fabricó estetelescopio
completamente solo, e incluso se construyó unas
herramientas que le permitiesen fabricar ciertas
piezas. Y hasta el día de hoy, los telescopios si-
guen utüizando reflectores paraboloides según el
principio instaurado por Newton.
Como catedrático de matemáticas, Newton te-
nía que dar algunas clases cada trimestre. Tales cla-
ses eran preparadas e impartidas descuidadamen-
te, ya que no era buen orador, y estaba mucho
más interesado en hablar de las investigaciones
que estaba realizando que de notas finales. Tras la
claridad inicial y el revuelo producido por su de-
mostración con el prisma, mostrando cómo la luz
blanca estaba compuesta de colores, siguió u n pe-
sado cúmulo de especulaciones incomprensibles
y de teoría. Al final, era frecuente que Newlon ter-
minase balbuciendo para sí en una clase vacía.
VIDA Y OBRA
Pero todo esto cambió cuando fabricó su nue-
vo telescopio en 1668. Newton estaba tan suma-
mente orguUoso de su trabajo que por una vez
fue incapaz de resistirse a mostrarlo en público.
Empezó a correrse la voz por Cambridge, y el r u -
mor pronto trascendió al mundo exterior. La Ro-
yal Society, en Londres, oyó hablar de este "increí-
ble instrumento", y quiso verlo. Para entonces
Newton estaba construyendo una segimda ver-
sión más grande, que medía unos veintiún centí-
metros de largo por cinco de diámetro. En 1671
Barrow se encargó de Uevar, en nombre de New-
ton, este telescopio a Londres, donde causó tal
sensación que incluso se lo enseñaron a Carlos I I .
De resultas de todo esto, Newton fue nombrado
miembro de la Royal Society (que había sido
fundada en 1660, y que se había convertido en la
sociedad científica más importante de Europa).
Por fin, Newton entraba en contacto con las men-
tes más brillantes de la revolución científica britá-
nica.
Animado por tal honor, Newton se dejó con-
vencer para divulgar algunos de sus secretos y, en
1672, envió ala Royal Society u n escrito sobre óp-
tica, en el que describía su teoría de la luz y el co-
En palabras del secretario de la Royal Society,
NEWTON Y LA GRAVEDAD
tal documento "despertó a la vez una atención sin-
gular y una acogida inusual", a pesar de que algu-
nos miembros disintieron. Entre estos últimos se
encontraba el pendenciero físico Hooke, uno de
los pocos cientifícos con el calibre suficiente para
contradecir a Newton. Hooke era u n genial expe-
rimentador, pero rara vez lograba que sus ideas
diesen fi^utos. Propuso una temprana (aunque
mal desarrollada) teoría ondulatoria de la luz; anti-
cipó una máquina de vapor, pero era lo menos
práctico que imaginarse cabe; y sus observacio-
nes pioneras al microscopio le llevaron a inventar
el término "célula" (si bien no lo apficó correcta-
mente). Hooke también había llevado a cabo expe-
rimentos con la luz, utifizando prismas, de los
cuales había concluido una teoría disparatada de
las suyas. Hooke era uno de los mandamases de la
Royal Society, y consideraba la óptica como te-
rreno suyo. Escribió una condescendiente criti-
ca del escrito de New^ton, desdeñando sus con-
clusiones. Se intercambiaron algunas cartas, y
cuando Newton publicó u n segundo escrito am-
pliando sus descubrimientos, Hooke le acuso de
plagio.
Newton era psicológicamente incapaz de ace]>
tar las críticas n i siquiera en sus mejores momen-
tos. Como consecuencia de la acusación de Hoo-
ke, perdió el control de sí mismo y su rabia desató
una ftiria que no conocería límites. Hooke se con-
virtió en su enemigo jurado, papel éste que Hoo-
ke estaba desde luego encantado de asumir. Pero
en el caso de Newton no se trataba de una rabieta
pasajera. Le molestó tanto el incidente que sus
trabajos se resistieron durante dos años. Dimitió
de la Royal Society con acritud (un acto que pasó
inadvertido, pues afortunadamente no se aceptó
su renuncia) y juró que no volvería a publicar nin-
gún otro trabajo científico.
Pero la controversia no había terminado. New-
ton comenzó a mantener correspondencia con
unos jesuítas de Lieja que le pidieron que les acla-
rase su experimento original del prisma. Los expe-
rimentos que ellos habían llevado a cabo no pro-
ducían los efectos que Newton declaraba. Esta
correspondencia se mantendría durante algunos
años, y los jesuítas terminaron por negar la veraci-
dad de los resultados. Newton, a quien esta corres-
pondencia ya había alterado bastante, acabó por
confundir la estupidez con la conspiración. Su pa-
roxismo llegó a tal punto que juró que abandonaría
ía ciencia: "Le diré adiós resueltamente para siem-
pre', tras lo que sufrió una depresión nerviosa.
NEWTON Y LA GRAVEDAD
Mientras se recuperaba, Newton cumplió su
palabra. Abandonó sus investigaciones científicas
y se entregó de lleno a sus estudios herméticos y
bíblicos. A saber: la noción de la Trinidad en su to-
talidad estaba amañada, y sólo se veía apoyada
por documentos del siglo iv falsificados por san
Atanasio. Con ayuda de la estrella régulo y cobre
podía obtenerse mágicamente el hermafrodita co-
nocido como la red, que consistía en una semilla
macho de marte y el principio femenino de ve-
nus. Y así todo. La biblioteca de Newton albergaba
más de 140 libros sólo sobre alquimia; y según un
biógrafo, a su muerte poseía "más de medio mi-
llón de inservibles documentos de alquimia".
Entonces, en 1679, murió la madre de New-
ton . Le había abandonado definitivamente: esta-
ba solo. Fue Freud el pr imero en darse cuenta de
que las más grandes visiones intelectuales se pro-
ducen después de que sus descubridores hayan
sufrido una importante pérdida, y ésta no iba a
ser la excepción. Como resultado de sus nocio-
nes ocultas referentes a la atracción y a la repul-
sión, Newton había concebido la noción de ftjer-
za. Pero hasta entonces sólo había aplicado esta
noción a fenómenos terrestres. Fue entonces
cuando recibió una carta de Hooke ofi:^eciéndole
VIDA Y OBRA
allanar sus diferencias. Hooke puso a Newton al
corriente de su anáfisis del movimiento de los
planetas, incluyendo su idea de que existía una
atracción central que mantenía a los planetas en
órbita elíptica. Hooke había supuesto que esto
obedecía con toda probabilidad a una ley de cua-
drado inverso, ajeno al hecho de que Newton ha-
bía elaborado la base matemática de una ley de
cuadrado inverso con una década o más de ante-
lación.
Newton se negó a mantener una larga corres-
pondencia con Hooke, si bien más tarde admitiría
que la carta de éste le condujo a apresurarse en
crear su propia ley de cuadrado inverso —cuya
matemática se apoyaba sófidamente en la tercera
ley de Kepler— para aplicarla a las órbitas elípticas
de los planetas. Este hecho, a su vez, provocaría
una de sus mayores ideas interiores: su noción
de fuerza —hasta entonces sólo aplicada a los fenó-
menos terrestres— podía apficarse también a la
mecánica orbital.
Newton se hallaba ahora a punto de vislumbrar
el concepto de gravitación universal. No obstante,
tendrían que pasar cinco años para que cayera la
breva. Lo cual fue una vez más propiciado por
Hooke, su bestia negra.
NEWTON Y LA GRAVEDAD
En 1684, el odioso Hooke se jactó ante Halley
de que el movimiento planetario carecía ya de in-
terrogantes. Él en persona había desarrollado una
ley de cuadrado inverso que regía la dinámica de
los cuerpos celestes. A Halley no le convenció de-
masiado la explicación de Hooke, que carecía casi
por completo de base matemática.
Halley decidió consultar a Newton, el cual le co-
municó que algunos años antes él ya había desa-
rrollado una teoría sobre la dinámica celeste y to-
dos los cálculos que la respaldaban. Halley logró
convencer a Newton de que le enviase u n infor-
me con u n resumen de sus descubrimientos.
Newton empezó a escribir de mala gana u n artícu-
lo titulado "Sobre la dinámica de los cuerpos ce-
lestes en órbita" [De motu corporum in gyrum],
que Halley recibiría siete meses más tarde.
Halley quedó tan impresionado por este artículo
que, una vez más, se desplazóhasta Cambridge,
donde descubrió que Newton poseía una ingente
cantidad de artículos inéditos. El padre de Halley
había sido asesinado hacía poco, dejándole una
fortuna. Halley dejó caer que estaría encantado de
financiar la publicación de los artículos de Newton.
Entretanto, la redacción del De Motu había
obligado a Newton a desarrollar su concepción
VIDA Y OBRA
de la dinámica planetaria, que le condujo a conce-
bir (por fin) la noción de gravitación universal. En
medio de la euforia que la inspiración le produ-
cía, accedió al plan de Halley, y se puso a elaborar
los cálculos pertinentes.
Durante dos años y medio, Newton trabajó
completamente aislado, dando origen al artículo
que se convertiría en su obra maestra: Philosop-
hiae naturalis principia mathematica (Principios
matemáticos de filosofía natural). Actualmente,
cuando nos referimos a este l ibro, considerado
como una de las mayores obras científícas jamás
escritas, solemos denominarlo simplemente Prin-
cipia.
En la más pura tradición medieval, aún enton-
ces vigente, el Principia estaba escrito en latín
(que seguía haciendo las veces de idioma interna-
cional). El título completo nace del hecho de que,
en aquellos días, la ciencia aún se consideraba
una rama de la filosofía, a pesar de que las impfica-
ciones del revolucionario trabajo de Newton se
extenderían hasta la propia filosofía. A partir de
ese momento, ningún filósofo podía ignorar esta
nueva cosmología, basada en la práctica. Ya no era
posible explicar el mundo simplemente por el
procedimiento de pensar en él y elaborar una se-
NEWTON Y LA GRAVEDAD
ríe de principios abstractos. Debía tenerse en
cuenta la experiencia práctica. Profundamente in-
fluenciado por los descubrimientos científicos
de NewtoU; el filósofo Locke elaboraría el empi-
rismo, que establece que nuestro conocimiento
deriva fundamentalmente de la experiencia, sen-
tando así las bases de la filosofia moderna. El Prin-
cipia de Newton estaba llamado a transformar
por completo nuestra forma de interpretar el
m u n d o .
Esta obra está considerada también como una
de las que dieron origen a la Edad de la Razón.
Empezó a reinar una atmósfera de optimismo in-
telectual, la ciencia había demostrado que el mun-
do estaba construido de acuerdo a unos princi-
pios básicos que podían basarse en la razón.
Todo el saber estaba a su alcance: la ciencia tenía
la llave de la vida, del universo, de todo.
Y, sin embargo, paradójicamente, este libro
moderno como el que más no sólo estaba escrito
en latín, sino además al más puro estilo de los anti-
guos griegos. Las tres leyes de la dinámica y la ley
de la gravitación universal que contenía podían
m u y bien constituir las bases de la ciencia moder-
na, pero estaban construidas y probadas median-
te u n razonamiento geométrico, el mismo que
VIDA Y OBRA
utilizara Euclides dos mü años antes. Newton era
consciente de que estaba escribiendo u n clásico,
y quería hacerlo al estilo clásico. Le hubiese resul-
tado muchísimo más fácil (habría sido bastante
más coherente) utüizar su nuevo descubrimien-
to: el cálculo diferencial. Pero prefirió que este
nuevo método, que u n día Uegaría a transformar
las matemáticas, quedase en secreto. En el Princi-
pia sólo se hace una breve alusión al cálculo dife-
rencial, pero, como veremos, esto sentaría u n
precedente vital.
El manuscrito del Principia se envió, en pr imer
lugar, a la Royal Society, cuyo secretario era ahora
Hooke. Tan pronto como Hooke leyó el manus-
crito de Newton, le acusó nuevamente de plagio.
Afirmó que, seis años antes, había escrito a New-
ton relatándole su ley del cuadrado inverso y que
éste había basado su trabajo en una idea robada.
El efecto que causó esta acusación era predeci-
ble. Newton fue incapaz de contener su rabia. Diez
años antes de que le llegase la carta de Hooke, él ha-
bía descubierto la ley de cuadrado inverso, y había
desarroUado además la base matemática necesaria.
Pero el problema estribaba en que Newton se ha-
bía guardado su descubrimiento para sí. HaUey
apeló a los buenos sentimientos de Newton, ya que
NEWTON Y LA GRAVEDAD
Hooke estaba enfermo y avejentado, y su compor-
tamiento antisocial le había reducido a la miseria.
Todo lo que quería era algún tipo de reconoci-
miento y pensaba que a Newton no le costaría nada
hacerle una pequeña mención en el Principia.
Pero Halley había subestimado a Newton. Sus
sentimientos no eran mejores que los de Hooke,
y su enfado no conocía límites. En vez de incluir
tal reconocimiento en su obra, Newton se dedicó
a erradicar sistemáticamente toda referencia que
pudiese haber a Hooke, a pesar de que con los
nervios se le escaparon unas cuantas. La furia de
Newton no era en absoluto pasajera. Mientras Ho-
oke fue secretario de la Royal Society, Newton
rehusó ocupcir ningún puesto en ella, rehusó que
publicase ninguno de sus trabajos, y se guardó
para sí todos sus manuscritos. Hooke viviría aún
17 años más, y este estado de cosas sólo se resol-
vería con su muerte, en 1703.
Cuando al fin se pubhcó el Principia de New-
ton, en 1687, causó sensación. Newton se hizo in-
ternacionalmente famoso. Si bien su concepto de
"fuerza" no fue unánimemente aceptado en el
continente, los más grandes científicos de la épo-
ca no tardaron en reconocer en él a u n digno su-
cesor de Galileo y de Descartes.
VIDA Y OBRA
Entretanto, Jaime I I había iniciado una campa-
ña para convertir Cambridge en u n bastión de la
enseñanza catófica. El cuerpo académico se resis-
tió al cambio, y el autor del Principia se convirtió
en su inverosímil fider. Newton, el velado hereje,
al fin tenía u n objetivo sobre el que descargar sus
ansiedades. Su decidida resistencia ante el rey po-
día parecer valiente, e incluso temeraria, si bien
estaba impulsada por fuerzas insospechadas. De
hecho, si Jaime I I no hubiese huido y no se hubie-
se instaurado una monarquía protestante con
Guillermo y María en el trono, Newton se habría
encontrado en auténtico peligro. Muchos termi-
naron por dar con sus huesos en el calabozo por
menos.
En reconocimiento por su postura, Newton fue
nombrado Miembro del Parlamento (MP) en re-
presentación de la universidad (que había presen-
tado tres candidatos no electos en este periodo). El
hecho de ser u n MP implicaba residir algunas tem-
poradas en Londres. Allí, Newton era contempla-
do con bastante admiración, e incluso fue invitado
a comer con el rey. Locke, a quien tuvo la ocasión
de conocer, le consideraba "el más grande de to-
dos los pensadores", además de a otros destacados
personajes como Wren (que por entonces estaba
NEWTON Y LA GRAVEDAD
a punto de terminar la catedral de San Pablo),
Pepys (diarista y administrador naval, que habla
sido incongruentemente nombrado presidente
de la Royal Society) o Charles Montague (el ambi-
cioso político que más tarde se convertiría en
L o r d Halifax). Atrajo también a gran número de se-
guidores de la nueva generación de científicos, uti-
lizando su creciente influencia para colocar a algu-
nos de eUos en los pocos puestos de trabajo
remunerados que existían en las universidades a
los cuales podían acceder los "filósofos naturales".
Entre estos acólitos se encontraba u n tal Fatio
de Duüfier, u n joven matemático suizo que había
conocido al filósofo y matemático alemán Leibniz
y al fisico holandés Huygens (inventor del pr imer
cronómetro verdaderamente exacto). Fatio le cayo
bien a Newton de inmediato, y en poco tiempo se
había establecido entre ellos u n estrecho vínculo
emocional. Newton incluso comenzó a hacer ge-
nerosas referencias a Fatio en sus artículos cientí-
ficos, en reconocimiento a los retazos de informa-
ción que Fatio le proporcionaba (lo cual era ya de
por sí u n gran honor, sin duda). Newton buscó
alojamiento cerca de Fatio mientras estaba en
Londres, y éste incluso le sugirió que abandonase
sus habitaciones en Cambridge y se instalase en
VIDA Y OBRA
Londres. Según RichardS. Westfall, el gran biógra-
fo moderno de Newton, su relación con Fatio "fue
la experiencia más profunda que tuvo en su vida
adulta". Cuando estaban separados, se intercam-
biaban cartas de intenso contenido.
Enamorarse (a pesar de que él no tuviera n i
idea de que eso era lo que le había sucedido) le
dio a Newton, que p o r entonces contaba 48 años,
fuerzas renovadas. Además de su genuino trabajo
científico en el campo de la óptica, se lanzó a nue-
vas conquistas alquímicas con más entusiasmo
que nunca. Según su asistente, pasó "6 semanas
en su laboratorio, donde el fuego apenas se apaga-
ba, fuese de día o de noche, turnándonos alfi sen-
tados una noche él y otra yo, hasta que daba por
concluidos sus experimentos químicos". Al mis-
mo tiempo, su creciente confianza en sí mismo le
animó a escribir u n artículo en el que relataba sus
"descubrimientos" religiosos. Incluso se lo mos-
tró a Locke, que accedió a facilitar que se pubfica-
se anónimamente en Holanda. Pero en el último
momento Newton se echó para atrás: refutar la
Santísima Trinidad podría ensuciar el nombre de
su facultad (por no hablar del suyo propio).
Según una historia legendaria, Newton estuvo a
punto de ennegrecer algo más que el nombre de
NEWTON Y LA GRAVEDAD
S U facultad. Después de pasarse toda la noche tra-
bajando, salió u n día a misa, dejando distraída-
mente una vela encendida encima de su mesa.
Durante su ausencia, su perro Diamond tiró la
vela al suelo y provocó u n incendio que redujo a
cenizas años y años de inestimable trabajo. Cuan-
do volvió de misa, se dice que Newton exclamó:
"¡Oh, Diamond! ¡Diamond! ¡Qué poco conscien-
te eres del daño que has causado!"
La presión que sufrió la ya sobrecargada mente
de Newton se volvió cada vez más dañina. Hacia fi-
nales del año 1692 parece ser que a New4on le dio
una crisis de fe en la alquimia que le afectó pro-
fundamente. Y había otra crisis en ciernes: Fatio
había estado gravemente enfermo, y poco des-
pués, sin previo aviso, anunció que su madre ha-
bía fallecido y que debía volver a Suiza. Newton
estaba desolado, no paraba de enviar angustiadas
cartas a Fatio, rogándole que se instalase en Cam-
bridge con él. Fatio no se decidía a partir, fuerte-
mente atraído por Newton. El intercambio de car-
tas llegó a adquirir u n tono febril hasta que, de
repente, se interrumpió. No podemos hacer nada
más que intentar imaginar el por qué.
Más o menos por esta época, u n colega catední-
tico señaló que Newton estaba siempre de "un
VIDA Y OBRA
malhumor que se apoderó casi completamente
de él, y que hizo que estuviese cerca de cinco no-
ches sin pegar ojo". De los cuatro meses siguien-
tes no se tiene noticia alguna. Este silencio se ve
interrumpido al fin por una carta escrita a Pepys,
en la cual Newton le escribe: "Estoy sumamente
alterado por el embrollo en el que me encuentro
inmerso [...] m i mente ya no es tan resistente
como antes". Tres días después, Locke recibió
una carta de Newton, garabateada y manchada de
tinta, escrita en la Bull Tavern, en Shoreditch. En
esta carta, Newton le ruega que le perdone por
"ser de la opinión de que me empujasteis a liarme
con mujeres [y por decir que] me gustaría que es-
tuvieseis muerto".
Newton había sufrido otro colapso mental, del
cual tardó casi dos años en recuperarse. Al pare-
cer, Fatio tuvo una depresión todavía peor, desa-
pareció por completo del mundo de las matemáti-
cas, y lo l i l t imo que se supo de él es que estaba
viviendo con una secta religiosa extremista de exi-
liados franceses.
Newton jamás volvería a emprender grandes
obras científicas, a pesar de que elaboró sumarios
de obras inéditas hasta entonces, que contribuye-
r o n considerablemente a mejorar su reputación.
NEWTON Y LA GRAVEDAD
Cuando se recuperó de su enfermedad, sus ami-
gos le animaron a buscar algún tipo de trabajo de
prestigio en Londres, pero rechazó con obstina-
ción el puesto de presidente de la Royal Society
porque Hooke seguía ocupando la secretaría.
Newton recurrió a su colega político Montague, y
fue nombrado Warden of the Mint (guardián de la
Real Fábrica de Moneda), con u n sueldo desorbi-
tante de más de 2.000 libras (enla época, u n traba-
jador cualificado que ganara 20 libras anuales se
podía considerar bastante afortunado).
El nombramiento de Newton quiso ser una bien
merecida sinecura: una recompensa para el orna-
mento intelectual más noble de Inglaterra. O al me-
nos esa es la versión oficial. Pero su admirador finali-
ces Voltaire no era de esta opinión: "Supuse que la
viUa y corte londinense le nombró Master of the
Mint por aclamación. Pero nada de eso. Isaac New-
ton tenía una sobrina completamente encantadora
que encandiló al ministro Halifax Montague. Las flu-
xiones y la gravitación no habrían servido de nada
sin esa preciosa sobrina". Y curiosamente, parece
ser que esta disparatada versión encierra parte de
verdad.
En cualquier caso, Newton no estaba dispuesto
a considerar su trabajo como una sinecura. Albei-
VIDA Y OBRA
gaba otras ideas. Por aquel entonces, la moneda in-
glesa estaba sufriendo bastantes malos tratos por
parte de falsificadores y los denominados "clip-
pers" (algo así como "recortadores', personas que
se dedicaban a recortarlos bordes de las monedas
de oro y plata). Una vez más, Newton poseía u n
blanco sobre el que descargar legítimamente su
largamente reprimida furia. Esta vez él no corría
ningún peligro, y no hubo quien le parase. En
cuestión de meses, Newton se había convertido
en el terror de los suburbios londinenses, Uevan-
do a cabo una campaña inflexible contra todos los
falsificadores que encontraba. Más de u n centenar
dieron con sus huesos en la cárcel de Newgate, y
Newton fue el responsable de que en T y b u r n una
veintena de eUos murieran ahorcados. Insistió en
estar presente en todos los procesos.
Pronto los más duros criminales temblaban
ante la sola mención de su nombre. Newton esta-
ba completamente descontrolado: patruUaba las
tabernas (con una escolta armada), se "entrevista-
ba" con sospechosos e informadores.. . Durante
estas "entrevistas" podía dar rienda suelta a su ra-
bia, sobre criminales de la peor calaña y sobre
inocentes, a partes iguales. Se dice que las trans-
cripciones de estos interrogatorios, que sólo pre-
79
NEWTON Y LA GRAVEDAD
sentaban una versión formal de los procedimien-
tos, parecían sacadas de \a.Beggars Opera (La ópe-
ra de los mendigos) que sirvió de base a La ópera
de 3 centavos. Por desgracia, Newton destruyó
estos archivos, "de los cuales quemamos cajas y
cajas", según declaración del oficial de la Mint que
le servía de asistente.
El trabajo de Newton no tardó en atraer la aten-
ción de la gente fuera de los suburbios. Un acau-
dalado caballero de Kensington llamado William
Chaloner organizó una campaña contra la Real Fá-
brica, acusándola de negligencia. Era conocido
como inventor, y sugirió al Parlamento que las
máquinas de acuñar de la Fábrica deberían ser re-
emplazadas por u n invento suyo. Reacio como
siempre a que se pusiesen en duda sus métodos
de trabajo, Newton se negó rotundamente a que
Chaloner examinase las máquinas de acuñar de la
Fábrica. Tras lo cual Chaloner acusó a la Real Fíi-
brica de falsificar monedas, y de estar aliada con
los falsificadores.
Esto fue u n completo error. Newton tenía mu-
cho que ocultar (herejía, etc.) y era bastante pani-
noide en lo referente a posibles acusaciones por
sus procedimientos ilegales. Newton "investigó" a
Chaloner persistente e inflexiblemente, descu-
VIDA Y OBRA
briendo gracias a informadores de los suburbios
que él mismo había hecho una fortuna falsifican-
do monedas. A pesar de que Chaloner se hallaba
bajo la protección de amigos bastante influyentes,
incluyendo miembros del parlamento m u y bien
situados, Newton insistió con una pasión a prue-
ba de bomba. Chaloner era u n hombre despiada-
do, que traicionó a algunos colegas suyos (que en
consecuencia terminaron enla cárcel) y que en-
vió veladas amenazas a Newton en u n intento por
eludir a la justicia. Pero Chaloner había Uamado
mentiroso a Newton (que de hecho mentía cada
vez que rezaba en la iglesia), y éste no descansaría
mientras u n hombre así siguiese vivo. Chaloner
fue ahorcado en l ^ b u r n en 1699.
Ese mismo año, Newton pasó a ser Master of
the Mint (Director de la Real Fábrica de Moneda),
y su salario pasó a ser de 3.500 libras. Por enton-
ces la atención de Newton se vio absorbida por
asuntos más serios. La acción de los "clippers"
había tenido como consecuencia que el peso total
de las monedas de plata en circulación se reduje-
se a la mitad, lo que hacía que la moneda inglesa
fuese frecuentemente rechazada en el continen-
te. Esto estaba causando estragos en el comercio
exterior, y la Tesorería estaba al borde del colap-
NEWTON Y LA GRAVEDAD
SO. Si tal cosa sucedía, cabía la posibilidad de que
la monarquía protestante fuese detrás, con la con-
siguiente amenaza de que se restaurase en el tro-
no a los temidos católicos estuardos.
Ala desesperada, el gobierno decidió que no ha-
bía más que una solución: toda la moneda debía ser
acuñada de nuevo. Newton se entregó de lleno a
esta hercúlea tarea con su resolución característica.
En la Fábrica de Moneda, 300 hombres y 50 caballos
(para hacer girar las prensas) se pusieron manos a la
obra, recuñando más de 6.500.000 de libras en mo-
nedas en u n periodo de tres años. Esto era u n logro
bastante importante: en los últimos 30 años no se ha-
bía acuñado más que la mitad de esa cantidad...
En 1703, por fin, Hooke falleció, y Newton acep-
tó el puesto de presidente de la Royal Society.
Newton era incapaz de actuar magnánimamente,
y ordenó de inmediato que se quemase el retrato
de Hooke. Una vez hecho esto se dedicó a revitali-
zar la Society, que había degenerado en u n lugar
en el que se intercambiaban chismorreos. Institu-
yó reuniones semanales, en cada una de las cuales
se mostraba u n nuevo experimento. A diferencia
de los anteriores presidentes, que rara vez hacían
acto de presencia, Newton no se perdió más que
tres reuniones en los siguientes veinte años.
82
VIDA Y OBRA
La presidencia de Newton se vio ensombreci-
da por su comportamiento característico, sólo
que en vez de habitantes de los suburbios esta
vez las víctimas eran miembros de la Royal So-
ciety. El episodio menos afortunado de todos
tuvo como protagonista a Flamsteed, el astróno-
mo real, al cual Newton persiguió prácticamente
hasta su muerte.
Newton ya se había enfi^entado a Flamsteed
mientras escribía el Principia. Necesitado de da-
tos numéricos de observación para sustentar sus
cálculos sobre la órbita lunar, Newton había escri-
to a Flamsteed al Royal Observatory, en Green-
w i c h . Flamsteed era u n perfeccionista, y ya lleva-
ba más de una década haciendo anotaciones para
la elaboración del que se revelaría como el más
exacto y extenso de los mapas celestes que se ha-
bían emprendido hasta ese momento. Newton
necesitaba cifras exactas de inmediato, pero Flams-
teed era reacio a permit ir que los resultados de
largas horas de trabajo apareciesen diseminados
por ahí, y sólo proporcionaba tales datos con m u -
cha reticencia, si es que llegaba a facilitarlos. Por
ello Flamsteed terminó por sufrir el mismo desti-
no que Hooke y cualquier alusión a sus descubri-
mientos que Newton fue capaz de localizar en la
83
NEWTON Y LA GRAVEDAD
segunda edición del Principia fue sistemática-
mente borrada. Y esto no sería más que el p r i n -
cipio.
Cuando Newton se convirtió en presidente de la
Royal Society el Royal Observatory pasó directa-
mente a ser competencia suya. En el acto ordenó a
Flamsteed que publicase todos sus descubrimien-
tos sin pérdida de tiempo. Flamsteed protestó, y
durante años luchó incansablemente en la reta-
guardia contra el persistente avasallamiento de
Newton. Pero Newton no se amilanaba tan fácil-
mente y, finalmente, Newton engatusó a Halley
para que confiscase los artículos de Flamsteed, el
trabajo de toda su vida. Halley recibió la orden de
editar estos artículos para su pubficación, y 400
ejemplares vieron la luz. Flamsteed estaba absolu-
tamente indignado, y con razón, por semejante
profanación de su precioso trabajo.
Se las arregló para conseguir u n requerimiento
contra la Royal Society, que era la que publicaba la
obra. Pero era demasiado tarde: los ejemplares ya
se habían distribuido. Con la ayuda de vaiios ami-
gos suyos, consiguió localizar 300 ejemplares, que
quemó personalmente. La Royal Society podía
muy bien ser la mayor institución de tales caracte-
rísticas en Europa, pero sus procedimientos —y en
VIDA Y OBRA
particular los procedimientos de su pres idente-
tenían m u y poco de científico algunas veces.
Ahora que Hooke estaba muerto, Newton deci-
dió que podía pubficar sin miedo algunos artícu-
los suyos más. Para entonces no había una sola
persona en Inglaterra que osase poner a Newton
en entredicho, y mucho menos acusarle de pla-
gio. En 1704, Newton pubficó su segunda obra
maestra. Optica. En realidad, esta obra era poco
más que u n sumario del innovador trabajo que
había llevado a cabo en el campo de la óptica 30
años atrás. Como apéndices de esta obra se incluían
dos artículos resumiendo su método de fluxiones
(cálculo diferencial), método éste que también ha-
bía descubierto hacía 30 años. Por desgracia, el fi-
lósofo alemán Leibniz había pubficado su propio
artículo sobre cálculo 20 años atrás. Las inevita-
bles acusaciones de plagio tomaron u n cariz cada
vez más violento.
Los hechos, tal y como los conocemos noso-
tros, son los siguientes: si bien es cierto que Leib-
niz estaba al corriente de la existencia de los p r i -
meros artículos de Newton sobre la materia, no
cabe duda de que él mismo desarroUó su propia
versión del cálculo diferencial, independiente de
la de Newton. De hecho, su notación no tiene
NEWTON Y LA GRAVEDAD
nada que ver con la de Newton. Actualmente utili-
zamos la notación de Leibniz (que incluye el sím-
bolo / para representar la integral); también utili-
zamos el término con el que Leibniz bautizó el
método: cálculo diferencial. La nula predisposi-
ción de Newton a admitir cualquier tipo de crítica
en lo referente a su trabajo condenó sus fluxiones
al olvido. Los matemáticos del continente ya esta-
ban utilizando el cálculo diferencial de Leibniz,
pero no hay ninguna duda de que Newton fue el
pr imero en descubrir este método.
No obstante, pronto quedó m u y claro que los
hechos en sí carecían por completo de importan-
cia para ambas partes. Este enfoque, que por des-
gracia no tiene nada de científico, que se dio a los
debates sobre la prioridad de los científicos iba a
sentar u n precedente que terminaría por conver-
tirse en tradición, vigente aún hoy. Esta vez, New-
ton tendría que vérselas con u n adversario magní-
fico, aún peor que Hooke, con una talla intelectual
que se aproximaba a la suya propia, y una testaru-
dez también equiparable a la suya.
Leibniz cometió u n error táctico al acusar a
Newton de deshonestidad, lo que desató una vez
más su ira ilimitada: enfermó literalmente de ra-
bia. A esto siguió una acre correspondencia entre
VIDA Y OBRA
miembros de las dos facciones, en la cual las dos
mentes más privilegiadas de Europa demostraron
una impresionante falta de escrúpulos.
La Royal Society decidió formar u n comité para
investigar el asunto. Newton interceptó el infor-
me expedido p o r el comité, lo reescribió comple-
tamente a su favor, y llegó hasta el extremo de re-
visarlo anónimamente por su cuenta. Escribió
gran número de artículos ofensivos defendiendo
su postura, obligando a otros eminentes científi-
cos y matemáticos a pubficarlos como suyos.
Leibniz tampoco se quedó corto, y la controver-
sia se prolongó en iguales términos hasta su muer-
te en 1714.
Pero la furia de Newton no se calmaba tan fácil-
mente. Persiguió a Lebniz más allá de la tumba.Aquellos que iban a verle hablan de sus diatribas
espontáneas contra el fallecido filósofo alemán, y
prácticamente todos los artículos científicos que
Newton pubficó a partir de entonces incluyen u n
furioso párrafo castigando a su desaparecido ad-
versario. Como ahora era imposible que Leibniz
pudiera retirar su acusación de deshonestidad, el
estigma perduró.
Algunos psiquiatras piensan, con razón, que
quizá en la naturaleza más íntima de Newton hu-
NEWTON Y LA GRAVEDAD
biera una deshonestidad que le impulsase a de-
fenderse tan encarnizadamente. ¿Pudiera ser que
hubiese algo más allá de su herejía, más allá de la
ansiedad patológica que le impulsaba a trabajar
día y noche, más allá de la incapacidad de sopor-
tar cualquier tipo de crítica o acusación? Pudiera
ser. Es posible que estuviese aterrorizado por in-
dicios de una homosexualidad reprimida, o por
algún otro terrible secreto que era incapaz de
afrontar. E incluso en este caso, su rechazo por
conocer la verdad acerca de su propia naturaleza
le condujo a descubrir secretos aún más profun-
dos de la naturaleza en sí. Su fracaso como ser hu-
mano —desde u n punto de vista psicológico y de
conducta— parece estar inextricablemente ligado
al éxito de sus trabajos, a pesar que aún hoy no se
haya explicado la naturaleza única de éstos.
Hay una tendencia a creer que, durante los últi-
mos años de vida, Newton desperdició su gran ta-
lento. Es cierto que no produjo nada nuevo pero,
¿qué más podía haber producido? Preguntas
como ésta carecen de sentido. Y, sin embargo, en
el caso de Newton, algo quedaba sin duda pen-
diente. Tomemos, por ejemplo, su trabajo con la
luz. En contra de lo que empezaba a rumorearse,
Newton se ciñó a la antigua concepción de la luz,
88 — . - . .— ^ —
VIDA Y OBRA
que postulaba que ésta consistía en u n chorro de
partículas. No obstante, estaba dispuesto a admitir
de buena gana que ciertos hechos parecían de-
mostrar que la teoría opuesta, que postulaba que
la luz se propagaba en ondas, no andaba descami-
nada. Si hubiese seguido dedicándole su atención
a este asunto, no es del todo improbable que hu-
biese llegado a una conclusión parecida a la teoría
cuántica de la luz, que establece que ésta se com-
pone de ondas y de partículas. Tendrían que pa-
sar 200 años para que al físico danés Bohr se le
ocurriese esta teoría, que revolucionaría la física
del siglo XX.
No cabe duda de que la genialidad suprema de
Newton había decaído cuando llegó a Londres, a
la edad de 43 años, pero indudablemente seguía
estando en condiciones de competir con cual-
quier experto de Europa. En 1696, Leibniz había
planteado u n problema, con la ayuda de su amigo
el matemático suizo Bernoulli (el cual le había ayu-
dado a desarrollar su versión del cálculo integral).
El problema era el siguiente: se seleccionan al
azar dos puntos situados en u n plano vertical.
¿Qué trayectoria curva traza u n cuerpo pesado
sometido a la fuerza de la gravedad al pasar sin
fricción del punto superior al punto inferior en el
— — ^ — _ — — 89
NEWTON Y LA GRAVEDAD
menor tiempo posible? Este problema, denomi-
nado braquistócrona (es decir, del menor tiem-
po) se planteó como u n desafio a los expertos de
Europa. Newton se enteró de los pormenores de
ese problema al volver a casa después de u n duro
día de trabajo en la Fábrica de Moneda. Seguía
siendo bastante reacio a poner de manifiesto (no
digamos en entredicho) su capacidad intelectual
en púbfico, tal y como escribió a u n colega: "No es
de m i agrado [...] que unos extranjeros me insti-
guen o me tomen el pelo a costa de las matemáti-
cas". A pesar de esta declaración, Newton no pudo
resistirse a echarle u n vistazo al problema de ma-
rras después de cenar, y a las cuatro de la mañana
lo tenía resuelto. Se trataba de una curva cicloide,
es decir, de una curva plana descrita p o r u n pun-
to de la circunferencia cuando ésta rueda por una
línea recta. Al día siguiente Newton envió su solu-
ción anónimamente; pero Bernoulli supo ense-
guida quién era el responsable, lo cual expresó
con su celebrado comentario: "Reconozco al león
cuando veo su zarpa".
Veinte años más tarde, cuando Newton tenía 74
años, Leibniz decidió volver a poner a prueba a
su viejo enemigo y planteó u n problema que iba
intencionadamente dirigido "a la hermandad de
VIDA Y OBRA
brillantes investigadores matemáticos". Traduci-
do a la jerga moderna, el problema rezaba: "Para
cualquier familia de curvas de u n solo parámetro:
¿cuáles son las trayectorias ortogonales? La pre-
gunta tenía trampa. Una vez más, Newton recibió
el problema al volver del trabajo en la Fábrica de
la Moneda, y una vez más lo había resuelto antes
de irse a la cama, sorteando la ingeniosa trampa
sin problema alguno. Leibniz no hizo ningún co-
mentario; ya no volvería a plantear más desafíos, y
u n año después fallecería.
El pelo de Newton se había llenado de canas
cuando estaba en la treintena, "una metamorfosis
causada por el exceso de concentración en sus es-
tudios", en opinión de u n colega catedrático. Pero
conservaría una excelente forma física hasta el fi-
nal de sus días. Jamás necesitó gafas, n i perdió u n
solo diente. Fuentes contemporáneas aseguran
que vivía de una manera frugal, que casi rozaba la
pobreza. Sus visitantes franceses se quejaban de
que en su casa "la comida era incomestible, y la be-
bida era igual de pobre y escasa". Pero claro, tam-
bién hay que tener en cuenta que los franceses
siempre hacen comentarios por el estüo cuando
viajan a Inglaterra. En cualquier caso, las comidas
de Newton parecerían fi^ugales sólo en compara-
NEWTON Y LA GRAVEDAD
ción con las costumbres del siglo xviii. La compra
semanal típica en casa incluía u n ganso y u n pollo,
dos pavos y dos conejos; y a su muerte no le debía
menos de siete libras diez peniques a su abastece-
dor de bebidas (que pueden traducirse en quince
barriles de cerveza). Esto difícilmente puede cali-
fícarse de santa abstinencia,
Newton continuó siendo director de la Real Fá-
brica de Moneda hasta su muerte. También se le
reeligió año tras año para la presidencia de la Ro-
yal Society (a ver quién se atrevía a enfrentarse a
él). Incluso después de cumplir los ochenta, acu-
día puntual a las reuniones semanales, en las que
no echó una cabezada más que m u y de vez en
cuando. Se encargó también de la preparación de
nuevas ediciones del Principia y del Optica, y
prosiguió ávidamente con sus especulaciones teo-
lógicas, produciendo artículos tales como "Sobre
las profecías de Daniel y el Apocalipsis de San
Juan" o la "Cronología revisada de los Antiguos
Reinos" (en la cual calculó la fecha exacta en que
comenzó el mundo, según su interpretación per-
sonal de los textos bíblicos). Siempre encontraba
algo en lo que ocuparse. Y de acuerdo con su bió-
grafo y psicólogo Manuel: "El trabajo, ese falso bál-
samo contra la ansiedad, se tradujo en una obse-
VIDA Y OBRA
sión por copiar cuando no había nada más que
hacer".
Durante sus últimos años, Newton estaba al cui-
dado de su sobrina —que ya había dejado de ser
una belleza londinense— y del marido de ésta,
que anotaba concienzudamente las anécdotas y
recuerdos del fascinante viejo. Newton, el más
grande de todos los cientifícos, murió al fín el 20
de marzo de 1727, a la edad de 84 años.
Se le enterró fastuosamente en la Abadía de
Westminster, y su féretro fue cargado por du-
ques, condes y el presidente de la cámara de los
lores. Al funeral acudió u n inmenso gentío. Voltai-
re, que se hallaba visitando Londres por enton-
ces, exclamó maravillado: "Inglaterra honra a u n
matemático de la misma manera que los subditos
de otras naciones honran a u n rey que ha desem-
peñado su cargo satisfactoriamente".
93
Citas d i v e r s a s
El epitafio rechazado para la tumba de
Newton:
"La naturaleza y sus leyes yacían ocultas en la
oscuridad
Di jo Dios: / Que se haga Newton! Y reinó la
claridad"
AlexanderPope.
Palabrasque supuestamente se pronun-
ciaron al contemplar la estatua de Newton
en la capilla del Trinity College a la luz de la
luna:
"[...] Newton, con su prisma y su rostro impasible.
Indicio marmóreo de una mente en continuo via-
je a través de los extraños mares del Pensamiento,
completamente solo."
The Prelude, William Wordsworth
NEWTON Y LA GRAVEDAD
Introducción de Einstein a una nueva edi-
ción del Optica:
" ¡Afortunado Newton, feliz infancia de la ciencia! [...]
Para él la naturaleza era u n libro abierto, cuyas pala-
bras podía leer sin esfuerzo alguno. Las concepcio-
nes de las cuales se servía para ordenar el material
proporcionado por la experiencia parecían brotar
espontáneamente de la propia experiencia, de los
bellos experimentos que alineaba como si de jugue-
tes se tratase, descritos con cariñosa profusión de
detalles [...] La época de Newton hace tiempo que se
perdió en el olvido; somos incapaces de vislumbrar
el esfuerzo y sufrimiento plagado de dudas de su ge-
neración; las obras de algunos grandes pensadores
y artistas han permanecido para deleite y ennoble-
cimiento nuestro y de aquellos que nos sucedan.
Los descubrimientos de Newton han pasado a en-
grosar las arcas del conocimiento válido."
Definición de fuerza dada por Newton en
el Principia:
"Una fuerza aplicada es una acción ejercida so-
bre un cuerpo, con el fin de cambiar su estado,
sea de reposo, o de movimiento rectilíneo y
uniforme."
CITAS DIVERSAS
Esta fuerza consiste únicamente en la acción, y
deja de actuar sobre el cuerpo en el momento en
el que cesa esta acción. Y es que u n cuerpo man-
tiene el estado que se le confiere, únicamente a
causa de su inercia. Pero las fuerzas aplicadas tie-
nen orígenes diferentes, como la percusión, la
presión, la fuerza centrípeta.
Opinión de Leibniz sobre Newton antes
de que se enemistasen:
Leibniz dijo que si se cogían las Matemáticas des-
de el comienzo del mundo hasta la época de Sir L,
lo que él había hecho era sin duda la mejor parte y
añadió que había consultado a todos los entendi-
dos de Europa sobre alguna cuestión dificil sin
que sus dudas quedasen satisfechas y que cuan-
do escribió a Sir L le envió la respuesta a vuelta de
correo diciéndole que hiciese esto y aquello y
que encontró la solución."
"Responsio": como respuesta a la reina de Pru-
sia.
97
NEWTON Y LA GRAVEDAD
Extracto de la explicación de Newton so-
bre el movimiento de los planetas:
'Xas fuerzas centrípetas van dirigidas hacia los
centros individuales de los planetas".
De lo cual infiero que existen fuerzas centrípe-
tas directamente dirigidas a las masas del Sol, de la
Tierra y de otros planetas.
La Luna gira en torno a nuestra Tierra, descri-
biendo con radios que surgen de su centro áreas
prácticamente proporcionales a los tiempos en
que son descritas, como puede fácilmente de-
ducirse si se compara su velocidad con su diá-
metro aparente; ya que su movimiento es más
lento cuando su diámetro es menor (y p o r tanto
su distancia es mayor), y su movimiento es más
rápido cuando su diámetro es mayor.
Las revoluciones efectuadas p o r los satélites
de Júpiter en torno a este planeta son más regu-
lares; ya que describen círculos concéntr icos
en torno a Júpiter con movimientos uniformes,
tanto como puedan perc ib i r nuestros sentidos.
Igualmente, los satélites de Saturno giran en
torno a este planeta con movimientos circulares y
uniformes, sin ser prácticamente alterados por
cualquier excentricidad que haya podido obser-
varse.
Cronología
Cronología de la vida de Newton
1642 Nace en el caserío de Woolsthopre, Lin-
colnshire.
1644 Su madre vuelve a casarse y se traslada a
vivir a una aldea vecina, dejando a Isaac al
cuidado de su abuela.
1653 Su madre vuelve a casa al m o r i r su segun-
do marido.
1659 Su madre le pide que vuelva de la escuela
a la que asiste en Grantham para hacerse
cargo de la granja.
1660 Es admitido en el Trinity College, en Cam-
bridge, en calidad de becario.
1665 Obtiene su título de Bachelor of Arts (li-
cenciatura) en Cambridge y huye a su
99
NEWTON Y LA GRAVEDAD
casa en Woolsthorpe para escapar de la
peste.
1665-6 Annus mirabilis de Newton, durante el
cual recibe la inspiración que le conduci-
ría a formular su ley de la gravitación.
1666 Vuelve a Cambridge y es elegido miem-
bro del Consejo del Trinity College.
1669 Es elegido catedrático de Matememáticas
en Cambridge.
1672 Es elegido Miembro de la Royal Society.
1678 Sufre la primera depresión nerviosa, pro-
ducida por la controversia mantenida
con Hooke.
1687 Publica los Principia Ma th ema tica.
1693 Sufre u n colapso mental tras separarse de
Fatio.
1696 Se traslada a vivir a Londres y es elegido
Guardián de la Fábrica de Moneda.
1699 Asciende a Director de la Fábrica.
1703 Acepta la presidencia de la Royal Society
tras la muerte de Hooke.
1704 Publica Opízca
1727 Muere a los 84 años.
CRONOLOGÍA
Cronología de la época
1642 Muere Galileo. Comienza la guerra civil
en Inglaterra. El explorador holandés Tas-
man elabora u n mapa de la Tierra de Van
Diemen (Tasmania en la actualidad).
1643 Fin de la Guerra de los Treinta Años, que
deja grandes zonas de Alemania devasta-
das.
1644 Ejecución de Carlos I y proclamación de
la Commonwealth; primera vez que t r iun-
fa una revolución y da paso a una Repú-
blica en u n importante país europeo.
1645 Muere Descartes.
1660 Fin de la Commonwealth y Restauración
de Carlos I I en el t rono.
1664-5 Se extiende la epidemia de la peste por In-
glaterra.
1665 Muere el gran matemático francés Fer-
mat.
1669 El gobierno inglés promulga la constitu-
ción en la colonia de Las Carolinas, en
América.
1688 Revolución Gloriosa: Jaime I I parte al exi-
lio y los monarcas protestantes, Guülermo
y María, ascienden al t rono.
NEWTON Y LA GRAVEDAD
1689 Locke publica Ensayo sobre el entendi-
miento humano, que sentó las bases del
empirismo.
1706 Act of Union entre los parlamentarios in-
gleses y escoceses, quedando asi estable-
cida la Gran Bretaña.
1715 Muere Luis XIV, el Rey Sol, en Versalles.
1716 Muere el matemático y filósofo alemán
Leibniz. O t r a s l e c t u r a s
r e c o m e n d a d a s
Richard S. Westfall: Never at Rest (Cambridge,
1996), la biografía más moderna. [La construc-
ción de la ciencia moderna, Barcelona, Labor,
1980.]
John Fauvel (ed.): Let Newton Be (Oxford, 1995),
una perspectiva sobre su vida y su obra.
Frank E. Manuel : / l Poríra/f of Isaac Newton (Cam-
bridge, 1968), el mejor estudio psicológico.
Bernard Cohén (ed.): Newton (Londres, 1995),
textos, experiencias y comentarios.
Ivars Peterson: El reloj de Newton: caos en el sis-
tema solar (Madrid, Alianza, 1995). Newton y el
más allá: caos en el universo.
103
EN L A M I S M A S E R I E , P O R E L M I S M O A U T O R
Crick; Watson y el ADN
Hawking y los agujeros negros
Pitágoras y su teorema
E I V P R E P A R A C I Ó N
Arquímedes y la palanca
Bohr y la teoría cuántica
Curie y la radiactividad
D a r w i n y la evolución
Einstein y la relatividad
Galileo y el universo
Oppenheimer y la bomba atómica
Tur ing y la computadora