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Universidad Nacional de Luján REPÚBLICA ARGENTINA Especialización y Maestría en Demografía Social Distribución espacial de la población de San Fernando: una aproximación a partir de los tipos de hábitat Trabajo final integrador para optar por el título de Especialista en Demografía Social 23 de mayo de 2019 Autora Chiara Camila Tutora Marcos Mariana RESUMEN Enmarcado en los estudios de demografía urbana, específicamente aquellos avocados en la dimensión espacial de los diferenciales de población, el presente trabajo de especialización tiene como objetivo conocer los distintos tipos de hábitat que componen el municipio de San Fernando al año 2010, e indagar en las especificidades sociodemográficas de cada uno de ellos. Esta propuesta analítica –que proviene de la geodemografía mexicana y fue replicada en Argentina para la Ciudad Autónoma de Buenos Aires– considera que el período de urbanización y la forma de producción del espacio habitacional de las diferentes áreas de la ciudad definen tipos de hábitat diversos y les imprimen una serie de rasgos, características y dinámicas diferenciales y diferenciadas. A partir de estos criterios es posible identificar las áreas de poblamiento inicial de las ciudades, antiguos pueblos que se fueron conurbando –muchos de los cuales devinieron en subcentralidades y cabeceras municipales–; urbanizaciones de origen informal de distinto tipo (villas y asentamientos); conjuntos habitacionales que tuvieron al Estado como productor de ciudad; barrios cerrados cuya iniciativa es de índole privada; entre otras. Para abordar el objetivo propuesto, se apela a una estrategia metodológica cuantitativa en base a fuentes de datos secundarios: cartografía previa de tipos de hábitat específicos y datos del último Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010 (INDEC). Como resultado, en primer lugar, se busca situar al municipio en el contexto metropolitano y determinar qué tipos de hábitat lo conforman; y, finalmente, se identifica a los tipos de hábitat en la cartografía censal, para así poder indagar en las particularidades sociodemográficas de cada uno de ellos. Palabras clave: demografía urbana, distribución espacial de la población, análisis sociodemográfico, tipos de hábitat o poblamiento, San Fernando. INDICE 1. INTRODUCCIÓN 1 2. ANTECEDENTES Y MARCO TEÓRICO 6 2. a. Conceptos imprescindibles I: cuando la demografía es espacial 6 2. b. Conceptos imprescindibles II: cuando la demografía es urbana 8 2. c. Los tipos de hábitat como herramienta teórica para la demografía urbana 11 2. c. 1. El concepto de tipos de hábitat 11 2. c. 2. Aplicaciones de tipos de hábitat: Ciudad de México, Zona Metropolitana de la Ciudad de México y Ciudad Autónoma de Buenos Aires 12 3. METODOLOGÍA 15 3. a. Estrategia metodológica general 15 3. b. Especificidades del diseño metodológico 16 4. CONTEXTO SOCIO-HISTÓRICO 24 4. a. El poblamiento y la estructura socioespacial del Aglomerado Gran Buenos Aires 24 4. b. El caso de San Fernando: su historia, poblamiento y estructura socioespacial 28 4. b. 1. Los orígenes del municipio 28 4. b. 2. El proceso de poblamiento y la estructura socioespacial del municipio 31 5. RESULTADOS 37 5. a. San Fernando como parte del Aglomerado Gran Buenos Aires en la actualidad 37 5. b. San Fernando desde adentro: el municipio como mosaico de tipos de hábitat 41 5. b. 1. La estructura de la población 45 5. b. 2. La estructura de los hogares 49 5. b. 3. Las condiciones de vida 52 5. b.3.1. Características educativas, ocupacionales y nivel socioeconómico de la población 52 5. b.3.2. Condiciones habitacionales 54 6. CONCLUSIONES 59 7. BIBLIOGRAFÍA 67 8. ANEXO 74 1 1. INTRODUCCIÓN En el marco en los estudios de demografía urbana, específicamente aquellos avocados en la dimensión espacial de los diferenciales de población, el presente trabajo tiene como propósito contribuir al estudio de los tipos de hábitat a partir de analizar un municipio de la periferia del Aglomerado Gran Buenos Aires (AGBA)1. La línea de trabajo de los tipos de hábitat proviene de la geodemografía mexicana (Connolly, 2005; Duhau y Giglia, 2008; Sain, 2004) y fue replicada en Argentina para la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) (Di Virgilio et al., 2015; Marcos et al., 2015). Se trata de trabajos que parten de sostener que el momento y las condiciones históricas de urbanización de determinadas áreas de la ciudad, así como la forma de producción del espacio habitacional, definen distintos tipos de hábitat y les imprimen una serie de rasgos, características y dinámicas diferenciales y diferenciadas (Di Virgilio et al., 2015). Por tipos de hábitat se entiende a los distintos patrones de ocupación del espacio urbano que se pueden identificar a partir de reconocer la fecha de urbanización y la forma de producción del espacio habitacional (Connolly, 2005). Mediante estos criterios, es posible identificar las áreas de poblamiento inicial de las ciudades, es decir, aquellas que luego devinieron en el actual centro y una amplia conurbación en la que coexisten antiguos pueblos que coalescieron2; urbanizaciones de origen informal de distinto tipo (villas y asentamientos); conjuntos habitacionales que tuvieron al Estado como productor de ciudad; barrios cerrados, cuyo desarrollo integral –infraestructura urbana inclusive– es de índole privada; fraccionamientos por loteo formal de distinto nivel de consolidación; entre otras. Como objeto de estudio se considera la periferia del AGBA (Figura 1) debido a que, por un lado, los trabajos que abordan la ciudad desde un enfoque teórico de tipos de hábitat en Buenos Aires hasta ahora se han limitado a estudiar la CABA o, si bien consideran a la periferia, indagan en un solo tipo de hábitat en particular (por ejemplo: estudios de villas y asentamientos (Clichevsky, 2003; Cravino et al., 2008, 2010; Herzer et al., 2008; Di Virgilio, 2015), de barrios cerrados (Janoschka, 2003; Lacarrieu y Thuillier, 2001; Ríos y Pírez, 2008; Roitman, 2003; Svampa, 2001; Thuillier, 2005; Vidal-Koppmann, 2008), de conjuntos habitacionales (Chiara et al., 2017; Cravino, 2010; Girola, 2009), entre otros). Por otro lado, la periferia del AGBA integra particularidades que hacen de ella en un interesante objeto de estudio. En este sentido, Gorelik (2015) señala que el contexto metropolitano o la periferia, presenta dinámicas (demográficas y habitacionales) propias que lo hacen escindirse de ser una mera réplica imperfecta del centro de la ciudad. La periferia, tal como argumenta el autor, no se encuentra incluida 1 Según el INDEC (2003) el AGBA corresponde al área geográfica delimitada por la “envolvente de población” o “mancha urbana”, es decir, el límite hasta donde se extiende la continuidad de viviendas urbanas. Abarca la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y se extiende sobre el territorio de la Provincia de Buenos Aires, integrando la superficie total de 14 municipios, más la superficie parcial de otros 16 (sin considerar una pequeña participación de Cañuelas y La Plata). 2 El término coalescer da cuenta de cambios físicos que suceden en las aglomeraciones a lo largo del tiempo. Particularmente hace referencia a la unión de dos aglomeraciones que, en un primer momento, se encontraban separadas. Con el correr del tiempo se expandieron (una o ambas) sobre el campo abierto circundante y terminaron por conformar una única aglomeración, denominada “conurbación” (Vapñarsky, 1995: 232). 2 ni representada por el centro de la ciudad, sino que tiene vida propia. De aquí, la necesidad de estudiarla por separado de la ciudad central, porque “...ha multiplicado los centros, mostrándosecomo una estructura infinitamente más enmarañada que un cono monofocal, y porque los nuevos suburbios –en plural– encierran las claves que deben ser descifradas para comprender desde allí –desde “afuera”– lo que ha venido ocurriendo allí en la ciudad capital...” (Gorelik, 2015: 25). Figura 1. Región Metropolitana de Buenos Aires y Aglomerado Gran Buenos Aires. Argentina, 2016 Fuente: Marcos y Chiara (2017) En particular, dentro del contexto periférico, se selecciona como caso a San Fernando (Figura 2), un municipio localizado en la zona norte –a 30 kilómetros de la CABA– que forma parte del conjunto de 3 municipios exteriores abarcados por el principal aglomerado del país3. Su crecimiento a lo largo del tiempo, se vio inicialmente vinculado a la ciudad central, pero tal como sucedió con otras áreas periféricas, ha experimentado dinámicas específicas y novedosas en las últimas décadas. Como resultado de estos procesos, el municipio presenta importantes heterogeneidades habitaciones en su composición, que reflejan los extremos de la escala social, y se plasman en la coexistencia de diferentes entornos urbanos. Figura 2. Municipio de San Fernando (área continental). Buenos Aires, Argentina, 2019 Fuente: elaboración en base Google Earth e INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010. Cartografía. En consecuencia, el desafío principal que se propone este trabajo es identificar y caracterizar los tipos de hábitat que componen el municipio y que definen, a su vez, estructuras poblacionales, sociodemográficas y residenciales diferenciales, es decir, que se pretende abordar de manera conjunta procesos sociodemográficos y procesos espaciales. En este sentido, se intenta dar respuesta a los 3 Debido a que se trata de un trabajo que pone el foco en el proceso de poblamiento de la ciudad, en particular, del área urbana del municipio de San Fernando, el área insular no es considerada para este trabajo y sólo se contempla la superficie continental. 4 siguientes interrogantes: ¿En qué contexto socioeconómico se encuentra inserto San Fernando? ¿Cuáles son las particularidades socioeconómicas del municipio? ¿Qué tipos de hábitat encontramos en San Fernando? ¿Cómo se distribuyen geográficamente? Y, por último, ¿Qué características demográficas, socioeconómicas y habitacionales tienen y comparten estas tipologías? Como objetivo general, el presente trabajo de especialización busca conocer los distintos tipos de hábitat que componen un municipio de la periferia del Aglomerado Gran Buenos Aires al año 2010, e indagar en las especificidades sociodemográficas de cada uno de ellos. De manera específica, el trabajo se propone: a. Definir e identificar los tipos de hábitat que conforman el municipio de San Fernando. b. Analizar los distintos tipos de hábitat presentes en el municipio, indagando en la articulación entre las características sociodemográficas, el período de urbanización y la forma de producción del espacio habitacional. El estudio se aborda metodológicamente a partir de una estrategia de investigación cuantitativa basada en datos secundarios. Para cumplir con el objetivo, se deben llevar a cabo diversas tareas. En primer lugar, repensar y adaptar las categorías originales de la tipología propuesta por la bibliografía mexicana y local a la realidad del municipio. Luego, a partir de decisiones teórico-conceptuales como de carácter técnico-operativo, se identifican y clasifican los radios censales –la unidad geoestadística más pequeña para la que se dispone de información censal– que integran San Fernando según las categorías resultantes. Para identificar y posteriormente clasificar cada radio censal que integra la superficie continental de San Fernando, se recopilan y utilizan diversas fuentes cartográficas que van desde cartografía histórica de la Aglomeración Gran Buenos Aires, hasta cartografía particular de distintos entornos urbanos (villas y asentamientos, barrios cerrados y conjuntos habitacionales), así como imágenes satelitales de Google Earth. Finalmente, se calcula una batería de indicadores demográficos, socioeconómicos y habitacionales para conocer las características de la población, los hogares y las viviendas de cada tipo de hábitat, realizar comparaciones e indagar en sus particularidades. Para ello, se utilizan datos del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010 (INDEC), ya que es la única fuente que permite obtener información a menor nivel de desagregación espacial. Una de las ventajas de este diseño metodológico, es que permite obtener resultados, en un extremo (macro), para el conjunto de San Fernando, y en el otro extremo (micro), para los distintos tipos de hábitat que integran el municipio. De aquí en adelante el trabajo se estructura en cinco secciones. En primer lugar, se recupera un andamiaje conceptual –y las discusiones al respecto– que aborda nociones fundamentales de la 5 dimensión espacial de la realidad social, así como se recopilan trabajos y/o investigaciones acerca de los tipos de hábitat. Luego, se detallan los procedimientos metodológicos que permiten llevar a cabo este trabajo. En una tercera sección se profundiza, por un lado, en el proceso de poblamiento y la estructura socioespacial de la metrópoli mayor en la cual se encuentra inserto San Fernando, ya que la dinámica que ha adquirido el AGBA a lo largo de la historia repercute en los procesos que atraviesa el municipio. Por otro, se reconstruye el componente histórico del proceso de poblamiento y la estructura socioespacial de San Fernando, con el fin de recuperar sus particularidades. En una cuarta sección se presentan los resultados del trabajo, donde en un primer apartado se ahonda en las características socioeconómicas que adquiere San Fernando como parte del Aglomerado Gran Buenos Aires; y luego, en un segundo apartado, se interioriza en San Fernando y se desagregan los resultados según tipo de hábitat. Por último, se presentan las conclusiones. 6 2. ANTECEDENTES Y MARCO TEÓRICO Conocer los distintos tipos de hábitat que componen un municipio de la periferia del Aglomerado Gran Buenos Aires (AGBA) e indagar en las especificidades sociodemográficas de cada uno de ellos, requiere recuperar un andamiaje conceptual –y las discusiones al respecto– que aborde nociones fundamentales acerca de la dimensión espacial de la realidad social, es decir, si bien estas cuestiones no son comunes –ni exclusivas– de la disciplina demográfica, tal como señalan Matthews y Parker (2013), el pensamiento espacial y las perspectivas analíticas espaciales tienen –cada vez más– roles importantes para pensar respuestas a preguntas demográficas. Dentro del campo de la demografía, investigaciones acerca de la segregación racial/étnica, la estratificación y desigualdad, los hábitos vinculados con la salud, la morbilidad y mortalidad, la fertilidad, la estructura de la población, la transición familiar y las interacciones población-ambiente, han incorporado la dimensión espacial (Matthews y Parker, 2013). Por lo tanto, antes de profundizar en los tipos de hábitat, es necesario definir una serie de conceptos básicos –como espacio, espacio urbano, territorio, entre otros– que se alimentan de distintas disciplinas, tales como la geografía, la sociología, la historia y, en algunos casos, la economía. 2. a. Conceptos imprescindibles I: cuando la demografía es espacial El presente trabajo de especialización forma parte del campo de la demografía, sin embargo, corresponde a aquella rama que se ocupa de la dimensión espacial dentro de esta disciplina. Según Voss (2007: 457), la demografía espacial comprende al estudio demográfico formal de áreas agregadas, es decir, atributos demográficos agregados –en algún nivel–dentro de una estructura geográfica. En este caso, las áreas agregadas –que el autor menciona– sobre las que se analizan particularidades sociodemográficas, corresponden a los distintos tipos de hábitat. Por lo tanto, resulta imprescindible repasar las distintas conceptualizaciones que ha adquirido el espacio (y también el territorio), por parte de aquellas disciplinas que se ocupan de la dimensión espacial de la realidad social. Reflexionar sobre el espacio, en tanto concepto, es pensar en una cantidad infinita de dimensiones, posibilidades y significados. Las diferencias que surgen en torno a la conceptualización del espacio no dependen solamente de la disciplina desde donde se lo está mirando, sino también, del momento histórico, el lugar y la ideología desde donde se lo piensa (Ramírez Velázquez y López Levi, 2015). Autores como Ramírez Velázquez y López Levi (2015) o Souto (2011) han recorrido y sistematizado las distintas acepciones que el espacio ha adquirido a lo largo de la historia. Las perspectivas más tradicionales –provenientes de la geografía clásica o positivista (Dollfus como uno de los pioneros)–, conciben al espacio como un soporte natural para la vida del hombre, un contenedor de objetos y sujetos, una materia inerte que es modificada por la sociedad (Souto, 2011). En contraposición, a partir de la década de 1960 –pero principalmente desde mediados de los años ochenta– surgen enfoques que entienden al espacio como una construcción social (Lefebvre, Castells y Harvey, entre los principales exponentes). 7 En este trabajo, en línea con la última corriente, adherimos a la interpretación que hace Soja (1985), quien considera no sólo que el espacio es un producto social, sino que es parte integral de la construcción material y de la estructuración de la vida social. Es decir, el espacio no puede ser entendido y teorizado por fuera de la sociedad y de las relaciones sociales, así como de forma inversa, la teoría social debe contener una dimensión espacial. En este sentido, el espacio es producto del puje de la vida social donde distintos actores buscan realizar sus intereses y así dar forma a la vida cotidiana, inmersos en un contexto histórico y geográfico determinado que, a su vez, condiciona su horizonte de posibilidades. Por lo tanto, siguiendo a Lefebvre (1972), cada sociedad, en cada coyuntura histórica, produce espacio –su propio espacio– como resultado de las relaciones de producción que se establecen en un momento dado y de la acumulación de un proceso histórico que se materializa en una determinada forma espacio- territorio. Este devenir es, según este autor, una secuencia compleja –muchas veces contradictoria– que entremezcla cuestiones relativas a las prácticas espaciales que de manera objetiva se dan en un determinado espacio (es decir, el espacio percibido que integran las relaciones sociales de producción y reproducción), las representaciones simbólicas que se producen en torno a él (un espacio concebido y abstracto que suele representarse en forma de mapas, planos técnicos, discursos, entre otros) y el imaginario social que genera (el espacio experimentado directamente por sus habitantes a través de una compleja trama de símbolos e imágenes). En este marco, el territorio es un espacio atravesado por el poder, ya que en él se despliegan relaciones de fuerza entre clases y grupos de clases, que imponen su posición mediante marcas y se apropian de porciones (Rodríguez y Di Virgilio, 2016). La manera de pensar el territorio depende de la definición de espacio que se utilice. Souto (2011) identifica a lo largo del pensamiento geográfico moderno –desde fines del siglo XIX al presente– siete maneras de conceptualizar el territorio. Estas van desde enfoques naturalistas –propuestos por los primeros referentes de la disciplina geográfica (Ratzel, Haeckel, Kjellén, Mackinder, Haushofer, entre otros)– que piensan el territorio como una realidad objetiva, asociada con la noción de suelo o terreno. Hasta corrientes críticas (Santos, Soja, Haesbaert, entre los principales), que se apoyan en concepciones amplias de espacio, y piensan el territorio, no como sinónimo de medio natural o terreno, sino como un producto social e histórico. En línea con esta corriente, adscribimos a la noción de territorio que propone Santos (2000; en Souto, 2011: 39), entendiendo al mismo como “territorio usado”. Por lo cual, el territorio ya no es algo inerte, no es un escenario en donde la vida sucede y tampoco es el resultado de una superposición de sistemas naturales y cosas creadas por el hombre. “El territorio es la tierra más la población, es decir, una identidad, el hecho y el sentimiento de pertenecer a aquello que nos pertenece (...) Es la base del trabajo, de la residencia, de los intercambios materiales y espirituales y de la vida, sobre los cuales él influye” (Santos, 2000: 96–97; en Souto, 2000: 39). Es el resultado de un proceso de dominio (político– 8 económico) o de apropiación (simbólico–cultural) del espacio por los grupos humanos, en un complejo y variado ejercicio del poder (Haesbaert, 2011). El territorio, entonces, expresa una construcción social activa que ancla la vida cotidiana de los habitantes a partir de definir un juego de relaciones intrínsecamente conflictivo (Rodríguez y Di Virgilio, 2016). En este juego, poderosos jugadores compiten para lograr mayores ganancias, mientras que lo más débiles luchan para sobrevivir, reproducirse y –a veces– para organizarse, resistir, desafiar y proponer otro orden de cosas. Estos procesos –de dominio, apropiación, trasformación y consolidación– que suceden en el territorio a partir de la interacción de distintos actores, le imprimen particularidades que se expresan en las heterogeneidades que existen –por ejemplo– al interior de la ciudad. Luego de haber revisado las distintas acepciones que tienen el espacio y el territorio, en este trabajo se considera que la demografía es espacial cuando incorpora al espacio como protagonista, es decir, como un elemento construido por y constitutivo de las relaciones sociales y –con ello– de las particularidades que asumen las estructuras y los fenómenos demográficos. Por lo tanto, el espacio no es pensado como un mero escenario y tampoco es una variable pasiva de agregación de datos, sino que –muy por el contrario– es problematizado. 2. b. Conceptos imprescindibles II: cuando la demografía es urbana El interés por analizar el espacio en lo urbano surge asociado a la importancia que adoptan las ciudades a partir del crecimiento que tuvieron en el ámbito del capitalismo del siglo XX, y del papel que tuvo la acción del Estado –durante la posguerra en Europa– en la organización de dichas ciudades. La diferenciación que se manifestó entre la ciudad y el campo originó que se empezara a escribir sobre asuntos urbanos y, posteriormente, sobre la ciudad misma. En este contexto, no es de extrañar que las ciencias sociales se hayan preocupado por el espacio urbano, y en el caso de la disciplina demográfica, este proceso dio lugar al surgimiento de la demografía urbana (Voss, 2007). Aquí también, al igual que como sucedía con los conceptos más generales de “espacio” y “territorio”, se pueden distinguir dos paradigmas que proponen explicar estos procesos (Gottdiener y Feagin, 1988). Por un lado, los Ecologistas urbanos (McKenzie, Hawley, Kasarda, entre otros) sostienen que la sociedad urbana es –en sí misma– un todo orgánico. Se desarrolla a través de una “adaptación biótica” (Gottdiener y Feagin, 1988: 5), es decir, la población es concebida como un agregado que se adapta a su ambiente, el cual es definido de manera extra-social mediante diferenciación funcional y cambio tecnológico externo. En este escenario, la competencia promueve la sucesión, las subespecies de un determinado hábitat desplazan a otras subespecies por medio delcontrol social y espacial de los recursos (Gottdiener y Feagin, 1988). En el lado opuesto, escuelas como la geografía crítica y la “nueva sociología urbana” (Lefebvre, Castells, Harvey, entre otros) sostienen que la sociedad urbana –sociedad que surge de la industrialización (Lefebvre, 1972)– no es una comunidad biótica unificada que experimenta cambios debido a factores externos; por el contrario, es una sociedad estratificada, que se 9 diferencia por sus formas de organización, se caracteriza por tener sus propias fisuras, contradicciones y desigualdades, que surgen como consecuencia del propio modelo de producción (capitalista). Está compuesta por clases, relaciones de propiedad, el Estado y administradores estatales, y mecanismos de regulación y lógicas específicas de producción y reproducción (Gottdiener y Feagin, 1988). En este sentido, Castells (1977: 19) entiende que la ciudad es el lugar geográfico donde se instala la superestructura político-administrativa de una sociedad que supone la existencia de: un sistema de clases sociales; un sistema político que asegure el funcionamiento del conjunto social y la dominación de una clase; un sistema institucional de inversión –en particular en lo que refiere a la cultura y la técnica–; y un sistema de intercambio con el exterior. Siguiendo esta línea, en este trabajo se concibe la ciudad como el resultado de la interacción contradictoria y compleja de distintas lógicas: i) la lógica de la ganancia, en donde la ciudad es objeto y soporte de negocios; ii) la lógica de la necesidad, la cual está impulsada por aquellos grupos y sectores sociales que no logran procurar sus condiciones de reproducción social a través del mercado; y, por último, iii) la lógica de lo público, en donde el Estado actúa, a través de las políticas e intervenciones, proveyendo el sustento para el despliegue de las lógicas anteriores (Herzer et al., 1994, en Rodríguez et al., 2007). Estas interacciones hacen que las ciudades sean dinámicas, es decir, constantemente se enfrentan y atraviesan cambios que se expresan en distintas escalas: desde cambios generales identificados con el contexto global, nacional, regional, a dinámicas, tensiones y conflictos que se producen en ámbitos locales (Rodríguez y Di Virgilio, 2016). En todas las ciudades, pero principalmente en las latinoamericanas, estas transformaciones –que son resultado de procesos de producción, apropiación y modificación del espacio– dan lugar a un mayor distanciamiento entre grupos sociales, lo que lleva a intensificar la desigualdad y la fragmentación a nivel socioespacial (Linares y Lan, 2007). Esto, combinado con una dinámica de crecimiento explosivo –tanto en términos demográficos como espaciales–, conduce a la exclusión social de una parte de la población, así como a procesos de segregación en todas sus expresiones (Tamayo et al., 2017). Tal como sostienen Rodríguez y Arriagada (2004), en sentido estricto, la segregación socioespacial o residencial remite a la desigual distribución de grupos de población en el territorio, sin embargo, puede presentarse de diferentes maneras. Por ejemplo, a partir de la proximidad física entre los espacios residenciales de los diferentes grupos sociales; en relación con la homogeneidad social de las distintas subdivisiones territoriales en que puede estructurarse una ciudad; y, por último, según la concentración de grupos sociales en zonas específicas de una ciudad. En este sentido, pareciera que la segregación, además de no ser negativa, formara parte de la vida urbana. No obstante, tal como señalan Tamayo et al. (2017), cuando la segregación socioespacial o residencial se acompaña de barreras territoriales y simbólicas que obstaculizan la integración de un grupo en la sociedad –e introduce esquemas de distinción y estigmatización– se convierte en un problema. Para los grupos sociales más vulnerables, la segregación se presenta como una dificultad importante ya que contribuye a sostener el aislamiento y la 10 exclusión, es decir, incrementa la desigualdad de las condiciones de acceso a los beneficios de la ciudad –estructuras de oportunidades4– en función de la zona donde se habita. Los primeros estudios acerca de esta problemática comienzan a desarrollarse a principios del siglo XX de la mano de la Ecología Social Clásica –misma corriente que se ocupó de reflexionar sobre el espacio urbano– representada fundamentalmente por la Escuela de Chicago (donde se destacan Robert E. Park, Ernest W. Burgess y Louis Wirth). Estos trabajos surgen como respuesta a la preocupación social y política que había en torno a la creciente presencia de inmigrantes en las ciudades –principalmente de Estados Unidos– y su distribución al interior de la misma. Estos autores parten de concebir la ciudad como un organismo, por lo que la fragmentación de los distintos grupos sociales en el territorio es resultado de un proceso de selección natural (que tiene como respaldo la segregación económica). Años más tarde, a mediados de 1960, a esta teoría explicativa se le incorpora la idea de que la segregación residencial no es solamente el producto de una selección natural, sino que también es consecuencia del deseo de los individuos a agruparse con otros con sus mismas características (Ruiz Tagle, 2016; Tamayo et al., 2017). Por el contrario, la corriente marxista –representada por Harvey y Castells– sostiene que los procesos de segregación son consecuencia de los efectos del sistema de acumulación capitalista, es decir, las desigualdades económicas y sociales –como así la persistente lucha de clases– se trasladan al territorio dejando a los individuos situados según su condición económica. Es decir, la segregación es el resultado de las fuerzas del mercado, de la interacción entre la estructura social y de la segmentación del mercado residencial, que plasma en la fragmentación de las clases sociales y se refleja sobre el territorio –y el entorno habitacional– (Rodríguez y Arriagada, 2004; Monkkonen, 2012; Tamayo et al., 2017). En este trabajo, al momento de pensar la segregación socioespacial, se toman ciertos elementos de ambas corrientes y se complementa con la propuesta de Correa do Lago (2000; en Linares y Lan, 2007), quien señala que la segregación no sólo se utiliza para referirse a aquellos que vieron dificultada su inclusión en el territorio debido a procesos políticos, económicos y/o culturales, sino que también hace referencia a los que por su favorable condición socioeconómica, buscan cierta exclusividad residencial y han optado por auto-segregarse, refugiarse y aislarse en barrios cerrados, clubes de campo y otras nuevas formas de urbanización. 4 El concepto de estructuras de oportunidades refiere a la probabilidad de acceso a bienes, servicios o al desempeño de actividades. Dichas oportunidades inciden sobre el bienestar de los hogares, debido a que permiten o facilitan a los miembros del hogar el uso de sus propios recursos o les proporcionan recursos nuevos. En este sentido, el término "estructura" alude a que las rutas al bienestar están estrechamente vinculadas entre sí, de forma tal que el acceso a determinados bienes, servicios o actividades, proveen recursos que facilitan, a su vez, el acceso a otras oportunidades (Kaztman y Filgueira, 1999). En este sentido, la ubicación en el espacio funciona también como un elemento de acceso o clausura a ciertos recursos. 11 Si bien este no es un trabajo exclusivo de segregación socioespacial o residencial –incluso no es habitual encontrar este concepto en los trabajos de tipos de hábitat–, aquí interesa recuperar esta noción para explicar la distribución en el espacio de algunas categorías de la tipología. 2. c. Los tipos de hábitat como herramienta teórica para la demografía urbana 2. c. 1. El concepto de tiposde hábitat El interés de este trabajo radica en aproximarse a las diferencias sociodemográficas y las desigualdades residenciales a partir de los distintos tipos de hábitat que integran un municipio de la periferia metropolitana. Para ello se retoma una línea de trabajo que proviene de la geodemografía mexicana y que ahonda tanto en la dimensión sociológica como material de los espacios metropolitanos. El primero de estos trabajos fue realizado desde el ámbito de la gestión (Centro de Operación de Vivienda y Planeamiento – COPEVI–, 1978) y luego, décadas más tarde, la academia mexicana retoma esta línea (Sain, 2004; Connolly, 2005; Duhau y Giglia, 2008). En Argentina, Di Virgilio et al. (2015) replican y adaptan esta propuesta para la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). Todos estos trabajos parten de sostener que el momento y las condiciones históricas de urbanización de determinadas áreas de la ciudad, así como la forma de producción del espacio habitacional, definen distintos tipos de hábitat y les imprimen una serie de rasgos, características y dinámicas diferenciales y diferenciadas (Di Virgilio et al., 2015). Según Connolly (2005), los tipos de hábitat son el eslabón que articula la dinámica de producción del espacio urbano con la dinámica demográfica de la población. Es decir, permiten conocer y cuantificar las diferencias y desigualdades que atraviesan tanto la población como los hogares, y que se manifiestan en el espacio urbano. En este sentido, el concepto de segregación socioespacial o residencial permite identificar áreas residenciales –de distintos grupos sociales– definidas a partir del nivel socioeconómico, que tienen a su vez una estructura y una dinámica demográfica específica. Sin embargo, existen otras estructuras demográficas –como la morfología de los hogares– cuyo comportamiento espacial intraurbano no se relaciona únicamente con la condición socioeconómica de la población, sino con el proceso de poblamiento de la ciudad y las posibilidades de acceder a ella. Por lo tanto, el concepto de tipos de hábitat es una herramienta fundamental para identificar entornos urbanos con características específicas que trasciendan el aspecto económico. Los tipos de hábitat (Connolly, 2005) –también denominados tipos de poblamiento– son una forma de clasificar los entornos urbanos que refiere fundamentalmente al origen de la urbanización de un área determinada de la ciudad, diferenciado por dos criterios: a) fecha de urbanización y b) forma de producción del espacio habitacional. Este último, es un concepto que conjuga la condición legal original del asentamiento, los principales agentes sociales involucrados en la urbanización y en la producción de vivienda, la duración de los procesos de construcción y los rangos de precios de acceso consiguientes. El supuesto que se encuentra por detrás de estos criterios es que los mismos inciden de manera 12 significativa en la determinación de las características actuales de las áreas y sus tendencias de cambio. Esta forma de diferenciar los entornos urbanos reconoce la relación entre los procesos de producción de las áreas construidas, la fisonomía de las mismas y las características sociales y demográficas de los residentes (Connolly, 2005). Las aplicaciones realizadas en México (Sain, 2004; Connolly, 2005; Duhau y Giglia, 2008) identifican nueve categorías que dan cuenta de los tipos de poblamiento de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México: Ciudad colonial, Ciudad central, Cabeceras conurbadas, Pueblos conurbados, Colonias populares, Conjuntos habitacionales, Fraccionamientos residenciales medios y altos, y Pueblos no conurbados. La propuesta adaptada para la CABA –que parte de la tipología anterior– propone las siguientes siete categorías: Ciudad colonial, Ciudad central, Urbanizaciones populares de origen informal (subdivididas en Villas, Asentamientos y Núcleos Habitacionales Transitorios), Conjuntos habitaciones y Áreas residenciales de Nivel Socioeconómico Alto, Medio y Bajo. La ventaja de clasificar así el espacio metropolitano radica en que además de ser –como señala Sain (2004)– una llave maestra para articular la dinámica demográfica con la espacial, es un insumo fundamental para la toma de decisiones en materia de diseño y ejecución de políticas sociales, así como de planificación y gestión de los usos del suelo en la ciudad (Di Virgilio et al., 2015). Es una herramienta que permite clasificar las aglomeraciones, identificar zonas marginadas, proyectar partes de la población de la ciudad –en función de la capacidad de alojamiento de los diversos tipos de poblamiento– y estudiar el mercado habitacional (Connolly, 2005). Tal como se señaló en el apartado anterior, la ciudad pone de manifiesto las desigualdades que afectan a los diversos grupos sociales que la habitan, las cuales quedan materializadas en los contrastes que surgen –al interior de la misma– entre las áreas residenciales urbanas (Formiga y Marenco, 2000). En este sentido, los tipos de hábitat permiten analizar en conjunto la dinámica demográfica con la espacial, en este caso, en un municipio de la periferia del Aglomerado Gran Buenos Aires donde la diversificación social existente contribuye a repensar la tipología – tanto la mexicana como la local– y a enriquecer esta línea de trabajos. 2. c. 2. Aplicaciones de los tipos de hábitat: Ciudad de México, Zona Metropolitana de la Ciudad de México y Ciudad Autónoma de Buenos Aires Los primeros estudios que proponen abordar –a partir de clasificar el territorio en tipos de hábitat o poblamiento– tanto la dimensión sociológica como material de los espacios metropolitanos provienen de la geodemografía mexicana. El primero de estos trabajos fue realizado por el Centro de Operación de Vivienda y Planeamiento (COPEVI) en 1977-1978 para la Dirección General de Planificación del Departamento del Distrito Federal. El propósito del mismo, según Connolly (2005) –quien junto con Alejandro Suárez Pareyón coordinaron este estudio–, fue conocer las densidades máximas probables que podrían alcanzar las diferentes zonas de la ciudad, dada la cantidad de terrenos baldíos y 13 restricciones reglamentarias. Es decir, se trataba de clasificar las unidades territoriales en relación con su capacidad de densificación. Para ello, se utilizaron los siguientes criterios: el grado de urbanización de la zona (que está compuesto por la fecha de urbanización y la proporción de superficie urbanizada), el ritmo de aumento o disminución de la densidad habitacional y el nivel económico de la población residente. Según Connolly (2005), esta clasificación permitió justificar la elevada densidad en las zonas centrales de la ciudad y demostró que, a pesar de ello, no se iban a generar niveles intolerables de densidad en el entorno urbano. Sin embargo, la autora sostiene que el esquema tuvo importantes fallas. Décadas más tarde, entre los años 1995 y 1996 el Centro de la Vivienda y Estudios Urbanos (CENVI) en coordinación con el Área de Sociología Urbana de la Universidad Autónoma Metropolitana- Azcapotzalco y el Consejo Nacional de Población (CONAPO) realizaron un estudio donde retomaron la metodología del trabajo anterior con el objetivo de elaborar escenarios demográficos para la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. A diferencia del trabajo llevado a cabo por el COPEVI, este presenta un alcance mayor, ya que comprende a la Zona Metropolitana y cuenta con los primeros datos censales desagregados por unidades geoestadísticas pequeñas (denominados Área Geoestadística Básica en México, equivalentes a los radios censales argentinos), lo que permite mayor precisión. Partiendo de los criterios del estudio anterior, se identificaron seis tipos básicos de poblamiento: Centro Histórico, Pueblo conurbado, Colonia popular, Conjunto habitacional, Colonia residencial de nivel medio y Coloniaresidencial de nivel alto. Como resultado, según Connolly (2005), esta propuesta de clasificación del espacio urbano resultó acertada para la elaboración de escenarios demográficos y urbanos, así como para el análisis de las tendencias de expansión de la ciudad. Años más tarde –entre 1999 y 2001– Sain (2004) replica y analiza este último trabajo también para la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. Si bien no cuestiona la tipología en sí, señala la dificultad en la disponibilidad y naturaleza de la información para poder realizar el seguimiento de un proceso como el de poblamiento. Entre 2001 y 2004 el Observatorio Urbano de la Ciudad de México - Sistema de Información Geográfica para la investigación y planificación metropolitana (OCIMSIG) coordinado por Connolly, retoma la propuesta de clasificación de las áreas urbanas por tipo de poblamiento para la Zona Metropolitana de la Ciudad de México y mantiene la hipótesis de que la forma de producir el espacio habitacional determina en gran medida sus características y evoluciones posteriores. Sin embargo, revisaron y reformularon algunas cuestiones metodológicas ya que identificaron problemas en las propuestas anteriores. A partir de considerar la fecha de urbanización y forma de producción del espacio habitacional, identifican nueve categorías: Ciudad colonial, Ciudad central, Cabeceras conurbadas, Pueblos conurbados, Colonias populares, Conjuntos habitacionales, Fraccionamientos residenciales medios y altos, y Pueblos no conurbados. Este trabajo permitió ajustar y actualizar la tipología, y presentarla como una herramienta básica para la investigación, planeación y gestión metropolitana. Finalmente, en 2008, Duhau y Giglia reelaboran la propuesta de la CENVI y el OCIMSIG y la aplican de forma específica –incluso con un tinte antropológico– para la Ciudad de México. 14 Siguiendo los desarrollos conceptuales y metodológicos propuestos por la geodemografía mexicana, principalmente por el último trabajo del OCIMSIG, Di Virgilio, Marcos y Mera publican en 2015 una adaptación de la tipología para la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Al igual que el trabajo mexicano que utilizan como referencia, para clasificar la Ciudad en tipos de hábitat consideran dos criterios: el período de urbanización y la forma de urbanización del espacio habitacional. En función de ello –y a partir fundamentalmente de datos del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010–, identifican siete categorías: Ciudad colonial, Ciudad central, Urbanizaciones populares de origen informal (subdivididas en Villas, Asentamientos y Núcleos Habitacionales Transitorios), Conjuntos habitaciones y Áreas residenciales de Nivel Socioeconómico Alto, Medio y Bajo. Esta propuesta, por un lado, excluye tres categorías del trabajo mexicano –Cabeceras conurbadas, Pueblos conurbados y Pueblos no conurbados– ya que remiten a las formas que adquiere la expansión de la mancha urbana en su dinámica de desarrollo histórico y al centrarse sólo en la CABA, no contemplan la conurbación. Asimismo, identifican contextos específicos de la estructura urbana de Buenos Aires, como las Villas, los Asentamientos, los Núcleos Habitacionales Transitorios y las Áreas residenciales de Nivel Socioeconómico Bajo. Para calcular el nivel socioeconómico de las áreas residenciales, adaptan las variables y las categorías de la propuesta original en función de las posibilidades de las fuentes de datos argentinas. Al igual que en los trabajos mexicanos, clasificar las áreas de la ciudad en base a los tipos de hábitat les permite a las autoras argentinas obtener un panorama macro-social, ya que abarca a la ciudad en su totalidad, y a la vez micro-espacial, en la medida que permite visualizar las diferencias que se producen a nivel intraurbano (Virgilio et al., 2015). Sin embargo, al analizar las dinámicas de cada tipología en particular, surgen diversos interrogantes en torno a las características imperantes en cada uno de ellos, donde se articulan procesos sociales, económicos, culturales y políticos. Al mismo tiempo, restringir el análisis sólo a la CABA, imposibilita indagar en procesos de configuración del espacio –que inciden en la distribución de los tipos de hábitat– que podrían vincularse con dinámicas de la periferia. 15 3. METODOLOGÍA 3. a. Estrategia metodológica general El presente trabajo de especialización tiene como objetivo general conocer los distintos tipos de hábitat que componen el municipio de San Fernando en el año 2010, e indagar en las especificidades sociodemográficas de cada uno de ellos. El mismo se aborda a partir de una estrategia de investigación cuantitativa y se sustenta en fuentes de datos secundarios. De forma específica, los principales insumos que se utilizan para llevar a cabo este trabajo son los datos y la cartografía elaborados por el INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos) en el marco del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010; y, a su vez, se recurre mapas históricos y cartografía de barrios cerrados, urbanizaciones de origen informal y conjuntos habitacionales proveniente de otras fuentes para identificar a los tipos de hábitat que conforman el municipio. El universo espacio-temporal está constituido por el municipio de San Fernando –excluyéndose su sector insultar5– en el año 2010. Esta fecha está determinada por la disponibilidad de información (más actual) a nivel micro-espacial, ya que sólo se dispone del Censo como fuente confiable para obtener datos representativos de unidades espaciales pequeñas (construidas ad hoc) que permitan reconstruir y luego caracterizar los tipos de hábitat que conforman el municipio. De forma adicional, debido a que San Fernando no se encuentra aislado y con el fin de situarlo en el contexto, se construyen y presentan datos sobre el universo espacial mayor del que forma parte: el Aglomerado Gran Buenos Aires. Las principales decisiones metodológicas –que se toman en este trabajo– se sustentan en las experiencias mexicanas de clasificación del espacio urbano en tipos de poblamiento (aquí denominados “tipos de hábitat”) (Sain, 2004; Connolly, 2005; Duhau y Giglia, 2008) y, en su aplicación en el contexto argentino para la CABA (Di Virgilio et al., 2015; Marcos et al., 2015). Se procura aplicar esta metodología debido a que ya fue testeada y produjo resultados válidos para los casos analizados por dichos autores. Para cumplir con el objetivo, la principal tarea es clasificar el territorio de San Fernando según tipos de hábitat. Esto implica: 1) repensar y adaptar a la realidad del municipio las categorías originales de la tipología propuesta por la bibliografía mexicana y local; 2) recopilar fuentes de datos secundarias de cada uno de los tipos de hábitat; 3) clasificar los radios censales que integran San Fernando según el tipo de hábitat con el que se superponen; y 4) analizar los atributos que tiene cada tipo de hábitat –cada categoría de la tipología– a partir de la información censal, calculando indicadores sociodemográficos, socioeconómicos y socio-habitacionales para conocer las características de la población, los hogares y las viviendas de cada uno de ellos, realizar comparaciones e indagar en sus particularidades. 5Tal como se señaló en la introducción, debido a que se trata de un trabajo que pone el foco en el proceso de poblamiento de la ciudad, en particular, del área urbana del municipio de San Fernando, se descartan los radios que corresponden a zonas rurales. Por este motivo, el área insular del municipio de San Fernando no es considerada para este trabajo y sólo se contempla la superficie continental. 16 3. b. Especificidades del diseño metodológico Más allá de las características generales del diseño metodológico, se debieron adoptar estrategiasdistintas para resolver cada uno de los objetivos específicos, las cuales se detallan a continuación. 3. b. 1. El primer objetivo específico supone definir e identificar los tipos de hábitat que conforman San Fernando. Tal como se mencionó al comienzo de este apartado, tanto para la definición conceptual de cada categoría de la tipología como para la metodología de clasificación de radios, se utilizan como referencia los trabajos mexicanos (Sain, 2004; Connolly, 2005; Duhau y Giglia, 2008) y los realizados en Argentina para la CABA (Di Virgilio et al., 2015; Marcos et al., 2015). Sin embargo, en ambos conjuntos de trabajos el sistema clasificatorio y los lineamientos teóricos-metodológicos que proponen, deben ser adaptados tomando en consideración las características propias de la periferia del AGBA, la disponibilidad de información y las fuentes de datos existentes. El modelo tipológico mexicano identifica nueve categorías que dan cuenta de los tipos de poblamiento de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México: Ciudad colonial, Ciudad central, Cabeceras conurbadas, Pueblos conurbados, Colonias populares, Conjuntos habitacionales, Fraccionamientos residenciales medios y altos, y Pueblos no conurbados. La propuesta adaptada para la CABA –que parte de la tipología mexicana– propone las siguientes siete categorías: Ciudad colonial, Ciudad central, Urbanizaciones populares de origen informal (subdivididas en Villas, Asentamientos y Núcleos Habitacionales Transitorios), Conjuntos habitaciones y Áreas residenciales de nivel socioeconómico Alto, Medio y Bajo. En esta última conceptualización operativa se introducen adaptaciones al caso argentino, por ejemplo: las Colonias populares mexicanas aparecen reemplazadas por las Urbanizaciones populares de origen informal, subdivididas a su vez en Villas, Asentamientos y NHT – tipologías que se pueden encontrar específicamente en Buenos Aires–; a los Fraccionamientos residenciales medios y altos se le agregan, para Buenos Aires, los de nivel bajo, ya que en esta ciudad no todos los entornos de bajo nivel socioeconómico son informales; y, por último, otros tipos de poblamiento, como las Cabeceras y Pueblos conurbados y no conurbados, no figuran en el sistema clasificatorio de Di Virgilio, Marcos y Mera debido a que son propios de la periferia de la ciudad y las autoras circunscriben su estudio a la CABA. Para este trabajo se toman como punto de partida los avances realizados por ese corpus de antecedentes y se continúa la adaptación de los conceptos al caso argentino, puesto que al situarse San Fernando en la periferia del AGBA, se generan tres situaciones: 1) algunas de las categorías elaboradas por las investigaciones locales para la CABA no aplican (por ejemplo: Ciudad colonial, Ciudad central y Núcleos Habitacionales Transitorios); 2) ciertas categorías mexicanas propias de zonas periféricas no fueron pensadas en el contexto local y eventualmente adaptadas a él; y 3) específicas realidades de la periferia del AGBA, como son los barrios cerrados, no fueron incluidas en la propuesta local. 17 Como resultado, se propone –para el caso específico de San Fernando– un sistema de ocho categorías: Cabecera conurbada, Pueblo conurbado, Urbanizaciones populares de origen informal (Villas y asentamientos precarios), Conjuntos habitacionales, Barrios cerrados y Fraccionamientos por loteo de nivel socioeconómico Alto, Medio y Bajo. A partir de estas categorías resultantes, que se respaldan en definiciones conceptuales y operacionales, y mediante diversas fuentes de datos (cartográficas y estadísticas), que se presentan en el Cuadro 1, se clasifica cada unidad de análisis, cada radio censal, según el tipo de hábitat que corresponda. Es decir, se toma de la cartografía del Censo 2010 (INDEC) el área continental de San Fernando (ya que es la que forma parte del AGBA) y se clasifica cada radio censal según las distintas las categorías de la tipología, esta tarea requiere tanto de decisiones teórico-conceptuales como de carácter técnico-operativo. Cuadro 1. Definiciones (conceptual y operacional), fuente y metodología utilizada para la clasificación de radios censales según tipos de hábitat. Municipio de San Fernando, 2010 Tipos de hábitat Definición conceptual Definición operacional y fuente Metodología de clasificación de radios Cabeceras y/o pueblos conurbados Refiere a los espacios ocupados por los núcleos de las cabeceras y pueblos mayores que se encontraban separados del área urbanizada continua de la ciudad, pero estaban ligados a ella por vías de comunicación, y que, posteriormente, fueron absorbidos por la expansión de la misma. Fuente: Connolly (2005) La cabecera conurbada remite al centro de San Fernando (zona donde se encuentra la plaza central y en torno a ella la Parroquia principal, la Municipalidad y los Bancos), próxima a la estación del ferrocarril. Como pueblo conurbado se identifica la zona de Victoria, en torno también a la estación del ferrocarril. Entre 1910 y 1938, San Fernando se funde con Victoria y Las Conchas (Tigre) formando una única mancha urbana y, con posterioridad a 1938, coalescen con el Aglomerado Gran Buenos Aires (Vapñarsky, 2000). Fuente: Cartografía histórica de la Aglomeración Gran Buenos Aires (Vapñarsky, 2000). Se superpone la cartografía censal (polígonos de radio) con la cartografía histórica del municipio de San Fernando y se clasifican los radios que contienen más del 50% de su superficie dentro de esta área. Al mismo tiempo, se explora el parque habitacional mediante imágenes satelitales de Google Earth. Conjuntos habitacionales Comprende a los terrenos urbanizados para la construcción en serie de viviendas (de carácter multifamiliar o unifamiliar) financiadas total o parcialmente por programas de financiamiento habitacional subsidiado por el sector público. Fuente: Connolly (2005) y Marcos et al. (2015) Se presentan como barrios de vivienda, ya sea mediante edificios de varios pisos (monoblock) o complejos de casas en una planta, edificados por el Estado Nacional o el municipio, con el fin de brindar una solución habitacional definitiva a los hogares adjudicatarios. Fuente: Registros de conjuntos habitacionales de la Provincia de Buenos Aires del IVBA (2011) y la DPOUyT (2007). Se superpone la cartografía censal (polígonos de radio) con los polígonos correspondientes a conjuntos habitacionales y se clasifican los radios que contienen más del 50% de su superficie dentro de esta área. Al mismo tiempo, se explora el parque habitacional mediante imágenes satelitales de Google Earth. 18 Urbanizaciones populares de origen informal (Villas y asentamientos precarios) Corresponde a los asentamientos producidos por diversas modalidades de poblamiento popular, que se caracterizan por la irregularidad inicial en la ocupación del suelo (ya sea por la falta de títulos de propiedad o por el carácter no autorizado de la urbanización), con escasa o nula infraestructura urbana de servicios, y por el predominio de viviendas resultado de la autoconstrucción. En general, las primeras ocupaciones de los predios suceden con anterioridad a la construcción definitiva de las viviendas y la introducción de infraestructura urbana y servicios. Fuente: Connolly (2005) y Marcos et al. (2015) Las villas son urbanizaciones o autourbanizaciones informales que surgen como consecuencia de ocupaciones de tierra urbana vacante o de la afectación de tierras fiscales por el Estado para asentar a las familias provisoriamente. Sus características son: trama/trazado irregular; no están organizadas en manzanas, sino en intrincados pasillos; las viviendas son construidas con materiales precarios; presentan alta densidad poblacional; falta de espaciosverdes; y, en general, la infraestructura está provista por sus propios vecinos (Cravino, 2008; Cravino et al., 2010). Por otro lado, los asentamientos precarios se presentan como barrios informales (en términos dominiales) pero se encuentran amanzanados y tienden a ser regulares y planificados. Gran parte de ellos suele ser: decididos y organizados colectivamente; se ubican en tierras degradadas; sus ocupantes buscan legitimarse como propietarios; y, las viviendas presentan algún nivel de firmeza (Cravino, 2008; Cravino et al., 2010). Fuente: Registro Público Provincial de Villas y Asentamientos Precarios (Ley 14.449). Subsecretaría Social de Tierras, Urbanismo y Vivienda. Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos de la Provincia de Buenos Aires (2015). Se superpone la cartografía censal (polígonos de radio) con los polígonos correspondientes a villas y asentamientos precarios, y se clasifican los radios que contienen más del 50% de su superficie dentro de esta área. Al mismo tiempo, se explora el parque habitacional mediante imágenes satelitales de Google Earth. Barrios cerrados Comprende a terrenos autorizados para uso habitacional que se urbanizaron principalmente por medio de iniciativas privadas para vender los lotes o viviendas a los estratos de ingresos medios-altos y altos.La urbanización se realizó bajo la normatividad correspondiente y cuenta con infraestructura urbana completa. Es un conjunto de terrenos y viviendas, de mayores dimensiones que los fraccionamientos por loteo, con un perímetro definido por muros o rejas y con entradas controladas por un servicio de seguridad. En su interior coexisten zonas de uso común (club house, pileta, plaza, gimnasio, otros) con terrenos privados. Fuente: Connolly (2005) Los barrios cerrados se presentan como áreas residenciales cerradas por muros y barreras que cuentan con vigilancia las 24 horas del día (Roitman, 2003). En San Fernando se ubican principalmente en la zona este, aledaña al Río Luján, y en la zona oeste, cercana a la Autopista Panamericana. Fuente: Cartografía de barrios cerrados al año 2010 (Observatorio del Conurbano Bonaerense) Se superpone la cartografía censal (polígonos de radio) con los polígonos correspondientes a barrios cerrados y se clasifican los radios que contienen más del 50% de su superficie dentro de esta área. Al mismo tiempo, se explora el parque habitacional mediante imágenes satelitales de Google Earth. 19 Fraccionamientos por loteo de nivel socioeconómico: Alto, Medio y Bajo Áreas residenciales, sin estar comprendidas en las tipologías previas, que se originaron a partir de fraccionamientos legales por loteo y se diferencian internamente por el nivel socioeconómico de la población que contienen. Fuente: Di Virgilio et al. (2015) y Marcos et al. (2015) Son aquellas unidades espaciales que no se corresponden con el resto de los tipos de hábitat. Se diferencian por el nivel socioeconómico de la población que contienen (Alto, Medio y Bajo). Fuente: Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010 (INDEC, 2010. Base de datos Redatam+SP a nivel de radios censales). A partir del análisis factorial de componentes principales y el análisis de cluster jerárquico, se clasifican los polígonos de radio que no corresponden con el resto de los tipos de hábitat en Fraccionamientos por loteo de nivel socioeconómico Alto, Medio y Bajo. Para ello, se introduce en el modelo los siguientes indicadores: Hogares con agua de red pública dentro de la vivienda; Hogares que utilizan como combustible para cocinar gas de red, gas a granel o gas en tubo; Hogares con computadora; y Población de 25 a 64 años con educación universitaria completa. Fuente: Elaboración propia. En relación a la clasificación de radios censales según el tipo de hábitat que contienen, la principal dificultad a la que se enfrenta este trabajo se debe a que la delimitación de estas unidades espaciales censales pequeñas no responde a fines investigativos, por lo que trae aparejadas consecuencias en la heterogeneidad de su superficie, forma, cantidad y composición de población (Marcos et al., 2015). Este problema es denominado por Openshaw (1977) “Problema de la Unidad Espacial Modificable” (PUEM) y refiere al hecho de que –en algunos casos– la división del territorio puede no reflejar y hasta incluso encubrir, la realidad socio-territorial. En este sentido, este trabajo no es ajeno a este problema, ya que se encuentran radios censales que abarcan a más de una tipología. Por lo tanto, para sortear esta dificultad y determinar qué tipo de hábitat es el preponderante en las unidades espaciales mixtas, se implementan tres estrategias complementarias: en primer lugar, se revisan antecedentes, en este caso los trabajos locales de CABA (Di Virgilio et al., 2015; Marcos et al., 2015) y los mexicanos (Sain, 2004; Connolly, 2005; Duhau y Giglia, 2008) para ver cómo –otros autores– afrontaron el problema; en segundo lugar, se realizan exploraciones del parque habitacional mediante imágenes satelitales de Google Earth, visitas, recorridas en campo y datos censales asociados a los polígonos de radio en cuestión; por último, se toman decisiones y se establecen criterios en sintonía con los objetivos propuestos. Siguiendo los lineamientos de los antecedentes, para las categorías de la tipología que no comprenden a los Fraccionamientos por loteo –es decir, Cabecera conurbada, Pueblo conurbado, Urbanizaciones populares de origen informal (Villas y asentamientos precarios), Conjuntos habitacionales y Barrios cerrados– se establece como criterio de clasificación, para los casos de radios censales mixtos, el tipo de hábitat predominante en la superficie de uso residencial tomando como umbral el 50 por ciento. Es decir, en aquel radio censal donde algún tipo de hábitat –de los anteriormente mencionados– cubra más del 50 por ciento de la superficie, se lo considera perteneciente a dicha categoría. Cuando se evidencian diferencias importantes de densidad de los tipos de hábitat abarcados por un mismo radio, se complementa la exploración con datos censales de tipo de vivienda. En resumidas cuentas, al ser esta 20 tarea de carácter “artesanal” y siendo San Fernando no muy extenso en su superficie continental, se revisa con rigurosidad cada caso particular. Las unidades espaciales restantes –aquellas que no fueron clasificadas en las categorías antes señaladas– conforman los Fraccionamientos por loteo de nivel socioeconómico Alto, Medio y Bajo. Para su clasificación, se requiere la construcción de la variable “nivel socioeconómico” y se toman como referencia los indicadores propuestos por los autores mexicanos (Sain, 2004; Connolly, 2005; Duhau y Giglia, 2008) ya que, según ellos, resultan ser los más significativos para establecer la condición socioeconómica de los hogares. Las variables y las categorías utilizadas por los autores mexicanos debieron ser adaptadas a las posibilidades de las fuentes de datos argentinas por Marcos et al. (2015), resultando de ello: Fuente: Marcos et al. (2015) Estos cálculos se realizan a escala metropolitana –para todo el AGBA– dado que permiten: por un lado, poner a San Fernando en contexto, presentar su estructura socio-urbana como parte de una mayor; y, por otro, distinguir niveles socioeconómicos diferenciales entre los Fraccionamientos por loteo, que no siempre alcanzan el mismo nivel de consolidación y presentan profundas diferencias en relación a las condiciones de vida y las características sociodemográficas en general. Una vez calculados los indicadores para clasificar los radios censales según el nivel socioeconómico de su población, se emplean técnicas de análisis factorial de componentes principales y de análisisde conglomerados jerárquicos o clusters6 con el fin de resumir los cuatro indicadores en uno sólo, y luego categorizarlo en tres grupos. 6 Previo a la realización del análisis factorial y el cluster, aquellos radios que cuentan con menos de 100 personas se funden con el radio consecutivo con el fin de evitar sesgos. El radio 067490101 se funde con el 067490102 y, el 067491307 con el 067491308. Esta operación también se realiza para los objetivos específicos. Indicadores utilizados según la metodología mexicana (Sain, 2004; Connolly, 2005; Duhau y Giglia, 2008) Indicadores con base en el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas del año 2010 Viviendas que disponen de agua entubada en su interior. Hogares con agua de red pública dentro de la vivienda. Viviendas que disponen de calentador de agua. Hogares que utilizan como combustible para cocinar principalmente gas de red, gas a granel o gas en tubo. Viviendas que disponen de computadora. Hogares con computadora. Población de 18 años o más con instrucción superior. Población de 25 a 64 años con educación universitaria completa. Población ocupada que obtiene más de cinco salarios mínimos. (No se incluye, ya que no se dispone de información censal sobre ingresos). 21 El análisis factorial es un método estadístico –muy utilizado en los estudios espaciales cuantitativos– que pretende sintetizar la información original en un número de variables mínimo e imprescindible. Estas nuevas variables –que resumen la información– se las denomina factores (Santos Preciado, 1991). Cada factor representa la relación existente entre un conjunto de variables intercorrelacionadas y explica el máximo de su varianza común, es decir, que los factores pueden interpretarse como las dimensiones subyacentes de un conjunto amplio de variables (Visauta Vinacua, 1998:220-221 en Di Virgilio et al., 2015). El análisis factorial comprende cuatro fases: la primera, consiste en la preparación de la información original, es decir, elaborar una matriz con “n” variables y “N” casos (en este trabajo, radios censales). La segunda, en descubrir el número mínimo de factores que permiten explicar el máximo de la varianza. En este caso, se selecciona la extracción de los factores por componentes principales7. La tercera fase implica la rotación, es decir, producir un giro de los ejes factoriales con el objetivo de logar que la relación entre los factores y las variables sea o bien máxima, o bien mínima. Al igual que en la fase anterior, existen distintos métodos de rotación, sin embargo, para este trabajo se selecciona la rotación por Varimax8. Por último, la cuarta fase, consiste en la interpretación de los resultados. En nuestro caso, para cada radio censal del AGBA se obtienen puntuaciones factoriales (en formato puntaje z), que se interpretan como la intensidad que asume el factor en cada unidad espacial (Buzai, 2003: 186 en Di Virgilio et al., 2015). Una vez obtenidas las puntuaciones factoriales, se clasifican los radios censales en tres categorías (Nivel socioeconómico Alto, Medio y Bajo)9 a partir del análisis de conglomerados o clusters. El análisis de cluster es una técnica utilizada por la demografía urbana para la obtención de grupos homogéneos de unidades espaciales (casos) en base a la totalidad de variables medidas en ellas (Buzai, 2003). Busca generar clases dentro de las cuales los elementos que las componen tendrán máxima similaridad y –al mismo tiempo– mayor diferencia respecto de los elementos que se encuentran incluidos en otro grupo (Buzai, 2003). Si bien existen distintos procedimientos para realizar el análisis de cluster, se utiliza el de tipo jerárquico que –partiendo de los elementos muestrales considerados individualmente– va creando grupos hasta llegar a la formación de un único grupo o conglomerado constituido por todos los elementos de la muestra (Treiman, 2014). Los agrupamientos, se realizan mediante el método de Ward, que presenta la 7 El método de factorización por componentes principales asume que es posible explicar el 100% de la varianza observada, por lo cual, todas las variables iniciales son iguales a la unidad (varianza de una variable en puntuaciones típicas). Esto permite problematizar la cantidad de factores extraídos y su relación con las variables explicadas (Treiman, 2014). 8 Varimax es un método de rotación ortogonal que minimiza el número de variables que tienen saturaciones altas en cada factor. Simplifica la interpretación de los factores, optimizando la solución por columna (Treiman, 2014). 9 Debido a que en la metodología mexicana (Sain, 2004; Connolly, 2005; Duhau y Giglia, 2008), y en la replicada para CABA (Di Virgilio et al., 2015; Marcos et al., 2015), se desagrega esta variable en las mismas dos o tres categorías, aquí también se respeta este criterio. 22 ventaja de evaluar todas las uniones posibles y elegir aquella que produce menor variación (heterogeneidad) en el interior de los grupos (Buzai, 2003). El principal resultado que se obtiene luego de haber realizado las actividades hasta aquí descritas es la clasificación de cada uno de los radios censales que cubren la superficie continental de San Fernando según el tipo de hábitat que contienen o, en su defecto, que prepondera en ellos. Una vez clasificada cada unidad espacial según tipo de hábitat, la información que de allí se desprende se presenta en un mapa temático, es decir, un mapa de San Fernando en el que se distinguen la Cabecera conurbada, el Pueblo conurbado, Urbanizaciones populares de origen informal (Villas y asentamientos precarios), Conjuntos habitacionales, Barrios cerrados y Fraccionamientos por loteo de nivel socioeconómico Alto, Medio y Bajo, con el fin de observar su localización en el territorio. 3. b. 2. El segundo objetivo específico propone analizar los distintos tipos de hábitat presentes en el municipio, indagando en la articulación entre las características sociodemográficas, el período de urbanización y la forma de producción del espacio habitacional. Para ello, como fuente de información se utilizan los datos el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas del año 2010 –provenientes del cuestionario básico, ya que los datos del cuestionario ampliado, al haber sido por muestreo, no son representativos si se desagrega la escala– y la cartografía censal correspondiente al mismo año. Cada tipo de hábitat es considerado una unidad de análisis y cada radio censal, una unidad de observación o recolección. Estos últimos se agregan en función de cada categoría de la tipología y, a partir de ello, se calculan indicadores para cada conjunto. A continuación, se detallan los indicadores para cada eje de análisis: ✓ Indicadores de estructura/dinámica de la población y los hogares: Cantidad de población, Población según sexo, Población en edades quinquenales y edades en grandes grupos, Edad promedio de la población, Razón de masculinidad, Porcentaje de extranjeros (en viviendas particulares10), Cantidad de hogares particulares, Tipo de hogar y Tamaño de los hogares multipersonales. ✓ Indicadores de nivel socioeconómico de la población y los hogares: Tasa de analfabetismo, Máximo nivel educativo alcanzado, Porcentaje de hogares sin computadora y Tasa desocupación. ✓ Indicadores de condiciones socio-habitacionales de las viviendas y los hogares: Cantidad de viviendas particulares, Tipo de vivienda particular, Porcentaje de hogares que residen en 10 Debido a que en el cuestionario básico no se cuenta con la variable “lugar de residencia habitual”, para conocer el porcentaje más acertado de extranjeros se considera aquellos que residen enviviendas particulares. 23 viviendas con techos y pisos deficitarios, Cantidad de hogares por vivienda, Porcentaje de hogares con agua de red dentro de la vivienda, Porcentaje de hogares con baño con descarga a red pública, Porcentaje de hogares con gas de red, tubo o granel, Porcentaje de hogares con tenencia irregular de la vivienda, Hacinamiento y Porcentaje de hogares con Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI). Conocer el comportamiento espacial de estos indicadores en San Fernando permite articular las características sociodemográficas de la población, los hogares y el parque habitacional con los distintos tipos de hábitat. Por un lado, permite comparar las características y atributos de cada tipología y conocer su especificidad, por otro, complejiza el análisis a nivel municipal más allá de un mero mapa social. Toda la información que se obtiene a partir del cálculo de los distintos indicadores se presenta en cuadros bivariados y representaciones gráficas (pirámides de población), donde el tipo de hábitat se considera variable independiente. 24 4. CONTEXTO SOCIO-HISTÓRICO Este trabajo se propone conocer los distintos tipos de hábitat que componen un municipio de la periferia del Aglomerado Gran Buenos Aires, por lo cual, resulta imprescindible trazar un recorrido por el contexto socio-histórico que se encuentra inmerso. El mismo refiere a aquellos aspectos del área de estudio que luego se recuperarán a lo largo del análisis de los resultados y que parten desde una mirada macro, abarcando la totalidad de la ciudad de la que San Fernando forma parte, para luego enfocarse en el caso de estudio. 4. a. El poblamiento y la estructura socioespacial del Aglomerado Gran Buenos Aires Las metrópolis son dinámicas y constantemente se enfrentan a cambios que inciden en su tamaño, forma, densidad y distribución espacial la población. Hasta el momento, no se han encontrado trabajos específicos que estudien el AGBA, la Región Metropolitana de Buenos Aires o el Conurbano Bonaerense desde el enfoque de los tipos de hábitat. No obstante, desde distintas disciplinas se han ido documentado procesos y estructuras que contribuyen a comprender las dinámicas por las que el Aglomerado se ha visto atravesado, y que en este trabajo se recuperan como antecedentes indirectos, en tanto alimentan el corpus de conocimiento acumulado acerca de las distintas dimensiones constitutivas de los tipos de hábitat. Según la recopilación cartográfica que realiza Vapñarsky (2000) para documentar el proceso de crecimiento físico del AGBA, la ciudad abarcaba hacia fines de la década de 1860, aproximadamente una superficie de 500 manzanas alrededor de la Plaza de Mayo, y sólo se extendía por dos jurisdicciones: las actuales Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Avellaneda. Sin embargo, para ese entonces ya existían varias localidades emergidas en el siglo XVII como Morón, Las Conchas-San Fernando y Quilmes, y otras en el XVIII como San Isidro, Pilar, San Vicente y Merlo; todas ellas pequeñas ciudades o pueblos independientes hacia mediados del siglo XVIII, que antes o después coalescerían con el aglomerado Gran Buenos Aires. En este sentido, Bertoncello (2004) –retomando a Vapñarsky (2000)– señala que en los años subsiguientes el AGBA creció aceleradamente, y su población pasó de 181 mil habitantes en 1869, a 319 mil en 1881 y a 671 mil en 1895. Ya para 1914 la superficie del Aglomerado había superado los límites de la CABA y se estimaba que contaba con 1.883.811 habitantes. Pero es con la industrialización intensiva del país, cuyo inicio se suele situar en la década de 1930, que el AGBA comienza a delinear su dimensión y estructura actuales. Desde 1940, en línea con la periodización que propone Torres (2006), en el AGBA se pueden identificar etapas diferenciadas –vinculadas con procesos socioeconómicos, demográficos y políticos– que generan impactos socio-territoriales específicos. En términos generales, como sostiene Buzai (2014), las ciudades latinoamericanas pre-industriales (tanto aquellas que tuvieron su origen antes de la primera mitad del siglo XIX como aquellas posteriores 25 que mantuvieron un tamaño pequeño), se caracterizaron por conservar el diseño urbanístico heredado de la etapa colonial, es decir, el centro caracterizado por la plaza central y la ubicación de los edificios del poder, el amanzanamiento urbano en cuadrícula y el nivel económico de sus habitantes que va disminuyendo con la distancia al centro. Sin embargo, el acelerado crecimiento poblacional y la importante expansión física impactan de manera notable en la estructura urbana de estas ciudades. Durante el período de que se inicia en 1940 y termina en 1960, el AGBA se caracterizó por atravesar procesos acelerados de metropolización y suburbanización (Torres, 2006). Por un lado, hubo un desarrollo masivo de “loteos económicos o populares” formales periféricos, que estaban destinados principalmente a los trabajadores urbanos. Esto originó, según Torres (2006), una banda urbana amorfa, poco estructurada y desprovista de servicios en la segunda corona de municipios que rodean a la ciudad capital, servida por la red de transporte público –especialmente el ferrocarril suburbano–. Al mismo tiempo, comienzan a multiplicarse los edificios residenciales en altura en las zonas centrales y subcentrales del Aglomerado –sobre el parcelamiento colonial–, destinados a los sectores medios. Esto dio lugar al aumento de densidad en zonas centrales y subcentrales y a la expansión de un vasto sector formal con distintos niveles de consolidación. Por último, comenzaron a proliferar las “villas miseria” –a partir de procesos fuera del mercado– en los espacios intersticiales (tanto periféricos como centrales)11, donde los inmigrantes recientes procedentes del interior y de países limítrofes que contaban con una inserción laboral precaria, encontraban un lugar para asentarse12. La expansión de la estructura vial, sanitaria y educativa contribuyen a la integración del centro y de los subcentros (Gorelik, 2015). Respecto a la forma en que se distribuye la población en el AGBA según su nivel socioeconómico, Torres (2006) identifica tres patrones en sus mapas sociales de la ciudad: en primer lugar, una preeminencia del norte sobre el sur; en segundo lugar, un predominio del centro sobre la periferia; y, por último, una clara dominancia de los ejes principales –servidos por la red ferroviaria suburbana– sobre los espacios intersticiales (poco accesibles y con escases de servicios). En el transcurso del período que va de 1960 a 1980, las dinámicas que caracterizaron la primera etapa tienden a agotarse, es decir, el crecimiento físico y poblacional del AGBA se desacelera y en su interior la suburbanización residencial de los sectores populares comienza a dirigirse hacia los espacios internos vacantes e intersticiales. Esto acompañado de un importante deterioro de la parte central del Aglomerado (Torres, 2006). 11 Los espacios intersticiales o intersticios son aquellas zonas que se ubican entre los ejes de crecimiento, ejes principales, de la ciudad. En general suelen ser zonas poco accesibles, estar mal comunicadas con los centros y/o subcentros urbanos y presentar dificultades en relación con la provisión de servicios (Marcos y Mera, 2018). 12 Según Torres (2006), este período se enmarca en la primera década de gobierno peronista (1945–1955), en el contexto de industrialización por sustitución de importaciones. Entre las medidas que permiten estos cambios en el AGBA, se destaca el subsidio al transporte público urbano, que en los hechos implicó un subsidio a la tierra periférica –que benefició principalmente a los asalariados de menores recursos–. Y las políticas tendientes a la redistribución delingreso, como el aumento del salario real de los trabajadores, el incremento de su tiempo libre y el amplio acceso a créditos pagaderos (que permitían pagar en cuotas no indexadas en la banca oficial nacionalizada). 26 En términos generales, hasta 1970 la ciudad había sido pensada como el lugar de progreso y modernidad (Prévôt Shapira, 2000). Sin embargo, a partir de esta década, en América Latina se comienza a gestar un proceso de crisis en las metrópolis –con posterior estancamiento del crecimiento– que puede ser conceptualizado como fragmentación. “El término supone que lo que debería tener un funcionamiento global ha estallado en múltiples unidades, es decir que ya no existe una unificación del conjunto urbano (...), se trataría de una fragmentación cada vez mayor de los mercados de trabajo, del sistema de transporte, y de una involución del centro” (Prévôt Shapira, 2000: 406). El fin del modelo económico de producción por sustitución de importaciones, generó en el AGBA importantes cambios (Marcos, 2015). Por un lado, el cierre de una gran cantidad de industrias llevó a un descenso en la capacidad de emplear mano de obra industrial, por lo que se dio comienzo a un proceso de redistribución de la población que favoreció a los destinos no-metropolitanos (Vapñarsky, 1995). Al mismo tiempo, la ciudad compacta, que venía creciendo en forma de mancha de aceite –cuya espina dorsal era la red de ferrocarriles suburbanos (Torres, 2006)– dio lugar a un espacio urbano de bordes difusos, con múltiples centros, que parece crecer en forma tentacular o de red e inclusive discontinua – gracias a la influencia de las autopistas–, y cuyo territorio presenta cada vez más profundas diferencias micro-espaciales, en contraposición con las gruesas diferencias entre espacios de gran tamaño que predominaban durante la etapa anterior (Marcos, 2015). En la arena social, el cambio de modelo económico ha ido acompañado de un rápido ascenso del desempleo, que alcanzó su mayor magnitud hacia finales de la década de 1990 y principios de la década del 2000, lo que llevó a una grave pauperización de la clase media generando disparidades al interior de la misma: entre los que fueron entronados en el pedestal del “crecimiento” y los “nuevos pobres” (Prévôt Shapira, 2000). Este proceso se vio reforzado por las grandes obras urbanas que se desarrollaron en el AGBA desde 1990, impulsadas por el capital privado extranjero y los grupos inversores locales. Por un lado, se reciclaron, bajo un mismo modelo, los espacios y las actividades obsoletas (antigua zona portuaria de Puerto Madero que lindaba con el centro de la ciudad, el viejo mercado El Abasto en el pericentro, el Tren de la Costa en los municipios costeros del norte). Por otro, se invirtió en la construcción de grandes equipamientos de consumo, ocio y espectáculo, en nueva hotelería internacional y en la construcción de autopistas (Marcos, 2015). Este proceso de polarización social impactó en la distribución espacial de la población, ya que ahora, los actores locales que estaban en el pedestal del “crecimiento” económico, buscan una organización privada y eficiente de su vecindario que les provea de los servicios que antes eran públicos (Janoschka, 2002). En consecuencia, en el área suburbana del AGBA comenzaron a aparecer complejos amurallados de viviendas familiares, denominados “barrios cerrados”, mientras que en las zonas centrales surgieron edificios altos conocidos como “torres jardín”. La primera de estas nuevas dinámicas es también conocida como “suburbanización de las elites” y discontinúa el modelo de ciudad anterior, donde el lugar de residencia de las clases altas era –en la gran mayoría de los casos– la ciudad central y las zonas mejor conectadas con ella (Monclus, 1998). 27 En este sentido, Torres (2006) asegura que, si bien los patrones de asentamiento de la población del AGBA propios de la etapa industrial quedaron consolidados como una capa de espacio que se mantiene, se les incorporan dos nuevos rasgos. Por un lado, zonas de nivel socioeconómico alto enclavadas en áreas periféricas y externas del AGBA –incluso en lugares intersticiales, pero siempre servidos por autopistas– en algunos casos próximas o rodeadas por loteos económicos o populares o “villas miseria”. Por otro, áreas deterioradas en la capital (por un aumento considerable de la población en “villas miseria”, conventillos y hoteles pensión), que ponen en evidencia un proceso de deterioro central. En la actualidad, las grandes ciudades latinoamericanas –como el AGBA– continúan creciendo, aunque a un ritmo menor del que experimentaron durante su mayor expansión. No obstante, se encuentran insertas en un contexto global en que renuevan su atractivo de forma “asociada a la intensificación de la movilidad de un capital, crecientemente autonomizado, que muestra una clara preferencia por aquellos lugares cuya historia productiva los ha dotado de un mayor potencial endógeno y, por ende, de una mayor fertilidad productiva” (Mattos, 1998: 723). Es decir, se revitalizan como nodo productivo y, en consecuencia, se produce una revitalización demográfica. El foco ahora no está puesto en las migraciones internacionales, sino en las migraciones internas. Ya no se las considera un fenómeno de población que actúa casi exclusivamente incorporando efectivos como en el pasado, sino comenzando a tener en cuenta las múltiples direccionalidades de los desplazamientos, más allá de aquellos con origen en entornos rurales y destino a las grandes ciudades (Cunha, 2002; Rodríguez, 2013; Cunha y Rodríguez, 2015). Las distintas tendencias registradas en la distribución espacial de la población no se excluyen unas a otras, es decir, no son modelos que se agotan y se reemplazan unos a otros, sino que son capas que se superponen en el espacio. Por lo tanto, estudiar el AGBA requiere pensar a la metrópoli como un conjunto complejo y en interacción (Bertoncello, 2004). La literatura local ha ahondado y mucho en el estudio de la estructura socioespacial de la ciudad a través de dos líneas de trabajo: el abordaje de la dimensión micro-espacial de las desigualdades sociales y el estudio de tipos de hábitat específicos. Los primeros estudios locales sobre mapas sociales urbanos aparecen a mediados de la década de 1970 e incorporan la dimensión micro-espacial de las desigualdades sociales metropolitanas de tipo socioeconómico (Torres, 1978). Sin embargo, la explosión de trabajos en torno a esta temática se produce a mediados de la década del 2000, con la publicación de la primera base de datos censales en formato digital en el país. Estos estudios tienen impronta a la vez macro-social, ya que trabajan ciudades en su totalidad (Thuiller, 2005; Linares y Lan, 2007; Bayón, 2008; Prieto, 2008; Groisman y Suárez, 2009; Valdés y Koch, 2009; Marcos, 2011; Molinatti, 2013; Buzai y Marcos, 2014; Rodríguez, 2016; Marcos y Mera, 2018), y a la vez micro-espacial, debido a que el interés es visualizar las diferencias sociales en pequeñas unidades espaciales (Marcos, 2013; 2015; 2017). Un segundo grupo de antecedentes locales recientes, que aborda los tipos de hábitat de Buenos Aires, no lo hace desde la mirada integral que propone el concepto mexicano de “tipos de poblamiento”, sino 28 que se trata de trabajos que indagan en alguna tipología en particular, por ejemplo, estudios de villas y asentamientos (Clichevsky, 2003; Cravino et al., 2008, 2010; Herzer et al., 2008; Di Virgilio, 2015), de barrios cerrados (Janoschka, 2003; Lacarrieu y Thuillier, 2001; Ríos y Pírez, 2008; Roitman, 2003; Svampa, 2001; Thuillier, 2005; Vidal-Koppmann, 2008), de conjuntos habitacionales (Chiara et al., 2017; Cravino, 2010; Girola, 2009), entre otros. Este trabajo se inserta precisamente en el corpus de estudios urbanos a la vez micro-espaciales y macro- sociales (aunque abarca a unmunicipio, y no a toda la ciudad), pero se vale de una herramienta conceptual distinta como son los “tipos de hábitat” para identificar entornos urbanos con atributos sociodemográficos específicos. 4. b. El caso de San Fernando: su historia, poblamiento y estructura socioespacial 4. b. 1. Los orígenes del municipio Autores como Segura Salas (2005) y Vapñarsky (2000), y fuentes oficiales del municipio, coinciden en que el poblado del actual San Fernando se remonta a 1802, en un sector conocido como Altos de Punta Gorda, ubicado a tres kilómetros del Puerto de las Conchas (sobre el actual Río Reconquista, conocido por entonces como Río de Las Conchas) (Figura 3). Allí, llegaban diversos productos que provenían de Paraguay, Brasil o de las Islas del Delta, que luego eran enviados por carretas a Buenos Aires atravesando una zona que al comienzo se denominó Pago de Monte Grande, luego Pago de la Costa y finalmente Pago de la Costa de San Isidro. Entre otros nodos de esta ruta de comercio, se fue generando un pequeño poblado en torno al Puerto de Las Conchas. Pero en 1805 una gran inundación arrasó con él, lo que obligó a que sus habitantes se vieran trasladados a un lugar más alto, del otro lado del río de Las Conchas, conocido como Punta Gorda. Aquí, hacía unos años que vivían algunos pobladores entre los que se encontraba el Padre San Ginés, quien se encargaba de celebrar las misas en el pueblo de Las Conchas. Luego del traslado de los nuevos habitantes, se organizó un recuento de casas y pobladores, que contabilizó cerca de 50 casas (de las cuales 10 eran de ladrillo con techos de tejas y las otras 40 eran ranchos de adobe con techos de palmeras), 3 pulperías, un aserradero, una tahona (lugar de molienda del trigo), una capilla (donde vivía y trabajaba el Padre San Ginés) y el cementerio. En total, Punta Gorda estaba conformado aproximadamente por 300 vecinos, de los cuales 60 correspondían a la población nueva que había migrado como consecuencia de la inundación. Finalmente, un 2 de febrero de 1806, con motivo de la inauguración de obras hidráulicas vinculadas al Canal del Río de Las Conchas, el Virrey Sobremonte visita el lugar, aprueba la planificación urbana y designa al pueblo con el nombre “San Fernando de la Buena Vista”. Para el año 1821 el poblado de San Fernando había crecido lo suficiente como para separarse del pueblo de las Conchas y conformar un municipio independiente. Parte de esto se debe a que luego de las guerras de la Independencia, San Fernando fue el lugar de asentamiento de tropas militares, lo que contribuyó, entre otras cosas, a su crecimiento. Sin embargo, la consolidación como tal se produce en 1854 cuando se sanciona la Ley de las Municipalidades. 29 Figura 3. Pueblo de las Conchas y Villa de San Fernando de la Buena Vista. Virreinato del Río de la Plata, 1800 Fuente: Segura Salas (2005) Con el correr del tiempo, el poblado continuó creciendo. Con posterioridad a 1850 pueden identificarse algunos hechos que contribuyeron a su expansión física y densificación, entre ellos: la llegada de población inmigrante –que contribuyó al poblamiento de las islas–, y la inauguración del Ferrocarril del Norte (actual ferrocarril Mitre) –que favoreció el traslado de productos y pasajeros–. Al mismo tiempo, más precisamente en el año 1875, se inauguró el primer Dique de Carena del país, que permitía la reparación de todo tipo de embarcaciones, lo que contribuyó a la formación e instalación de pequeñas compañías navieras y de navegación que fueron desarrollándose con el paso de los años. Luego, en 1891 el Ferrocarril Central Argentino inauguró la estación de Victoria, que impulsó a la formación inmediata de un nuevo pueblo en sus alrededores. Ello se debe a que junto a la estación se edificaron los primeros galpones y talleres ferroviarios, que atrajeron a una gran cantidad de trabajadores. En 1914 los adoquinados que partían de la cabecera del Municipio continuaron hacia Victoria, lo que permitió el funcionamiento de líneas de colectivos, y en primera instancia condujo a la coalescencia entre ambas localidades y luego a la incorporación definitiva de San Fernando al eje de crecimiento del Aglomerado Gran Buenos Aires hacia el norte, sobre el margen del Río de la Plata. 30 Figura 4. Estación de Victoria. San Fernando, 1920 Fuente: Segura Salas (2005) Figura 5. Colectivo (actual Línea 710) en la Estación de Victoria. San Fernando, 1920 Fuente: Segura Salas (2005) 31 Figura 6. Centro de San Fernando a comienzos de siglo XX Fuente: Segura Salas (2005) 4. b. 2. El proceso de poblamiento y la estructura socioespacial del municipio En la actualidad, el municipio de San Fernando se encuentra inserto en el principal Aglomerado del país. Por lo tanto, su crecimiento y estructura socioespacial sólo se explican y entienden en vinculación con procesos de escala metropolitana (además de nacional y hasta incluso global). Si bien los orígenes de San Fernando se remontan a comienzos de 1800, su incorporación al AGBA se produce décadas después y se vincula con procesos de densificación dinamizados por el trazado del ferrocarril y la llegada de sucesivas generaciones de inmigrantes (tanto del interior como de países limítrofes y europeos). En este sentido, Gorelik sostiene que el ferrocarril estructuró los tres brazos principales del AGBA (norte, sur y oeste). Sin embargo, desde el inicio estos ejes pusieron en evidencia una gradación socioeconómica descendente desde el norte residencial, donde se encuentra San Fernando, al sur obrero e industrial (2015: 41). Asimismo, tal como argumenta el autor (2015: 42), estos tres “brazos” ferroviarios contribuyeron al surgimiento o consolidación de centros suburbanos conectados funcional y simbólicamente con la capital. Sobre el eje del Ferrocarril Mitre, San Fernando es la tercera subcentralidad metropolitana tradicional13 y cabecera municipal que se encuentra por fuera de los límites de la CABA, luego de Vicente López y San Isidro. En torno a cada subcentro metropolitano se fueron desarrollando anillos residenciales de menor nivel de consolidación urbana y con población de menos nivel socioeconómico, cuanto más alejados o peor comunicados. Y en muchos de ellos, como es el caso de San Fernando, se reprodujeron condiciones similares a las de la ciudad capital, es decir, los vecinos –nucleados en sociedades vecinales– promovieron la consolidación de sus pueblos, haciendo llegar las principales redes de infraestructura 13 Se utiliza el concepto de “subcentralidad tradicional” en contraposición al de “nueva centralidad”, siguiendo las definiciones de Abba (2009) y Ciccolella y Mignaqui (2009). 32 (transporte regional, instalaciones eléctricas y sanitarias, servicios educativos, entre otros) (Gorelik, 2015). Años más tarde, ya para la década de 1960, el trazado de nuevas vías de comunicación principales –la Panamericana y el Acceso Norte, en el caso de San Fernando– contribuyó al poblamiento y la densificación de la periferia del AGBA. Tal como señala Gorelik (2015), hubo un proceso de grandes loteos y autoconstrucción o autopromoción de viviendas y, por otro, desarrollos inmobiliarios privados que dieron origen a los primeros barrios cerrados o countrys –que al comienzo funcionaron como segunda residencia, es decir, segunda vivienda en un lugar periférico al que las clases privilegiadas se trasladaban en automóvil para disfrute del fin de semana–. En San Fernando, estos procesos dejan huellas, en términos demográficos, que impactan en la cantidad de población y su ritmo de crecimiento (Cuadro 2). Cuadro 2. Población total y tasas de crecimiento. Municipio de San Fernando, 1869-2001 Año Población Tasa de crecimiento medio anual (por mil) 1869 4.154 - 189511.324 38,6 1914 24.660 41,0 1947 44.666 18,0 1960 92.302 55,8 1970 119.565 25,9 1980 133.624 11,1 1991 144.763 7,6 2001 151.131 4,1 Fuente: Elaborado por UMEC San Fernando en base a datos de los Censos Nacionales de Población. Municipalidad de San Fernando (2007) El fin del ciclo expansivo del AGBA se produce a comienzos de la década de 1970 y, según Gorelik (2015), es consecuencia de la desaceleración de los flujos migratorios –transatlánticos, en un primer momento e internas (campo-ciudad) en otro–, la deslocalización industrial, la modernización selectiva –que conforma circuitos para ricos y pobres–, entre otros. Sin embargo, en las ciudades estos procesos dejan huellas que se superponen con las estructuras de los modelos anteriores y, recién en 1980, se plasma la descomposición del modelo expansivo en términos demográficos (Cuadro 2). A ello, se le suma una grave crisis económica y social, que comienza a mostrar fracturas que se imprimen a lo largo del Aglomerado. Como alternativa privada de las clases privilegiadas a la apertura del espacio público, aparecen los primeros shopping center y las garitas de vigilancia privada en las esquinas de los barrios residenciales de mayor poder económico de algunos subcentros metropolitanos (Gorelik, 2015), entre los que se encuentra la cabecera de San Fernando y el antiguo pueblo de Victoria, también en territorio de este municipio. Una década más tarde –en 1990– a partir de la Ley 8.912, los barrios cerrados o countrys que funcionaban como conjuntos de vivienda de fin de semana son plausibles de ser convertidos en hábitats 33 de residencia permanente. Como sostiene Gorelik (2015:59), el estallido de este tipo de urbanizaciones se imbrica en un círculo de factores que se potencian –incluso hoy en día– mutuamente: inversiones privadas en la producción de espacio metropolitano, caída de las redes públicas y fragmentación social y urbana. Estos procesos –que se producen en la periferia y que adquieren dinámicas específicas que la distinguen de la ciudad central– se plasman en San Fernando configurando, sobre la pequeña superficie continental, un mosaico heterogéneo que lo convierte en un interesante objeto de estudio. Los mapas sociales14 más actuales también dan cuenta de la heterogeneidad socioespacial que caracteriza al Municipio (Figura 7). Tal como sostienen Marcos y Mera (2018), en el AGBA se registra un área de nivel socioeconómico alto o muy alto conformada por el centro y norte de la CABA, los municipios costeros del norte (Vicente López y San Isidro) y las zonas centrales de los demás municipios localizadas a lo largo de las vías de comunicación ferroviarias. La desfavorabilidad de las áreas espaciales aumenta progresivamente a medida que se distancia de este núcleo hacia la periferia. Particularmente, en San Fernando, se pueden encontrar zonas más favorecidas (altas) sobre los ejes de crecimiento, áreas intermedias en sus inmediaciones y zonas desfavorecidas (bajas) que, según las autoras, se ubican en los espacios intersticiales (zona oeste del municipio). No obstante, en algunos casos las villas, pero principalmente los barrios cerrados, constituyen una importante excepción a este patrón. Ello se debe, a que estos últimos, se localizan en la periferia de la ciudad, irrumpiendo en los contextos que tradicionalmente habían estado reservados para los sectores populares. En San Fernando esto se observa en la zona oeste del municipio, donde irrumpen enclaves de nivel socioeconómico alto próximos a la Autopista Panamericana. 14 Los mapas sociales urbanos son una herramienta que permite –a través de operaciones matemáticas– construir una síntesis gráfica de evidencias empíricas, mediante el diálogo distintas variables (Abba, 2011). 34 Figura 7. Mapa social del Aglomerado Gran Buenos Aires, 2010 Fuente: Marcos y Mera (2018) Desde el propio gobierno municipal, esa estructura urbana es reconocida como tal, y se plasma en la estratificación de relevamientos propios realizados entre los años 2004 y 200615, que producen resultados para tres zonas del municipio que van de este a oeste. Si bien en todos los indicadores relevados por la Encuesta Sociodemográfica y Económica de San Fernando (ESDE San Fernando) hay indicios de un deterioro en la zona oeste del municipio, este instrumento no produjo datos a nivel micro- espacial que permitan dar cuenta de las diferencias al interior de esos conjuntos. Existe otra línea de trabajo que aborda el municipio, pero desde otra perspectiva –cualitativa–, ya que pone énfasis en las interacciones sociales que se producen en el ámbito laboral (Porta, 2015), en el interior de un complejo habitacional (Donadío, 2015), en los espacios públicos (Cuberos y Marks, 2013) 15A comienzos del 2004 el gobierno municipal puso en marcha un programa para la conformación de un sistema de información sociodemográfica del Municipio, dando lugar a la creación de la Unidad Municipal de Estadísticas y Censos. Desde allí se diseñó y aplicó la Encuesta Sociodemográfica y Económica de San Fernando (ESDE San Fernando) que se implementó a partir del año 2004 –con periodicidad anual hasta el año 2006– y que relevaba información sociodemográfica y económica de la población, los hogares y las viviendas que integraban el territorio continental del municipio. 35 y en la vida ciudadana (Guevara, 2014). De todos modos, estos estudios contribuyen a poner en evidencia la heterogeneidad que lo caracteriza. Los trabajos de tipos de hábitat específicos revelan que en el municipio hay urbanizaciones informales de tipo villas y asentamientos, y ubican principalmente en la zona oeste, aunque también se registran algunas en la parte central (Figura 8). La intervención del Estado –en materia habitacional– en varias de estas urbanizaciones informales, las ha convertido en casos muy estudiados por especialistas vinculados a los estudios urbanos (Brutto, 2013; Di Virgilio, 2006; Fernández Wagner et al., 2004; Almansi et al., 2014; Hardoy et al., 2010), quienes se vieron atraídos por la implementación local de programas de mejoramiento de barrios –sobre todo en Hardoy, La Paz, Perón, San Jorge y San Martín–. Figura 8. Principales villas y asentamientos de San Fernando, 2007 Fuente: Municipalidad de San Fernando (2009) Los trabajos sobre otro tipo de hábitat como son los barrios cerrados, de gran relevancia por el impacto que producen en la estructura urbana, dan cuenta de que existen urbanizaciones de este tipo en San Fernando (Svampa, 2001; Lacarrieu y Thuillier, 2001; Thuillier, 2005; Roitman, 2003; Vidal- Koppmann, 2008). A pesar de que la tierra vacante no abunda como en contextos más periurbanos – como Tigre, Pilar o Escobar– se ubican, en su mayoría, en la parte costera y, en algunos casos, en espacios cercanos a las autopistas (Figura 9). La particularidad que este tipo de hábitat adquiere en el municipio es, por un lado, que al no contar con suficiente tierra vacante ofrecen viviendas estilo dormies y, por otro, al encontrarse junto a la costa, permiten que aquellos dueños de vivienda que cuentan con embarcación propia puedan tenerla amarrada en un muelle situado en el jardín de sus casas –lo que simula las típicas viviendas del Delta–. No obstante, San Fernando –dentro de este grupo de trabajos– 36 no es de lo más estudiado, debido a que la atención la acaparan los municipios vecinos como Tigre (y su particular fenómeno Nordelta). Figura 9. Barrios cerrados de la Región Metropolitana de Buenos Aires, 2010 Fuente: modificado Observatorio del Conurbano Bonaerense (2016) Específicamente, desde la demografía urbana –en particular en aquella centrada en la dimensión micro- espacial de las desigualdades sociales–,si bien los trabajos que abarcan la totalidad del AGBA incluyen en su análisis al Municipio, poniendo más o menos énfasis en él, no se han encontrado estudios abocados exclusivamente a San Fernando. 37 5. RESULTADOS 5. a. San Fernando en contexto: el municipio como parte del Aglomerado Gran Buenos Aires Debido a que el municipio de San Fernando no se encuentra aislado, sino que forma parte del aglomerado más grande del país, antes de adentrarnos en el estudio de sus tipos de hábitat es necesario situarlo en relación con las particularidades socioeconómicas del resto del territorio del AGBA. Para ello, se construye la variable nivel socioeconómico a partir de cuatro indicadores de confort básico, equipamiento y capital educativo acumulado por la población, que se sintetizan mediante análisis factorial para luego clasificar el territorio metropolitano –desagregado a nivel de radio censal– en conglomerados jerárquicos o clusters de distinto nivel socioeconómico16. Si nos detenernos en la composición de cada agrupamiento o categoría de la variable (Cuadro 3), encontramos que los radios censales que integran zonas residenciales de nivel socioeconómico bajo tienen en promedio un 36,74% de hogares con computadora, un 44,56% de hogares con agua de red dentro de las viviendas y con gas de red, a granel o en tubo y, por último, cerca del 3,23% de la población de 25 a 64 años completó sus estudios universitarios. En el extremo opuesto, en las zonas de nivel socioeconómico alto, alrededor del 77,49% de los hogares tienen computadora, el 98,30% tienen agua de red dentro de la vivienda y utilizan gas de red, a granel o en tubo para cocinar y, a diferencia de los otros grupos, el 48,11% de la población de 25 a 64 años terminó sus estudios universitarios. Estas tendencias revelan profundas diferencias dentro de la ciudad, y, a su vez, importantes heterogeneidades dentro de cada estrato socioespacial. 16 Para más detalle acerca del análisis factorial y la clasificación en conglomerados jerárquicos o clusters, ver Anexo 1. 38 Cuadro 3. Variables y estadísticos descriptivos para cada grupo socioeconómico. Aglomerado Gran Buenos Aires, 2010 Variable/ estadístico descriptivo Grupo de nivel socioeconómico Alto Medio Bajo % de hogares con computadora Media 77,49 60,97 36,74 Mediana 76,75 61,31 36,98 Desviación estándar 6,12 7,63 11,23 Mínimo 53,97 36,88 2,45 Máximo 100,00 92,16 74,10 % de hogares con agua de red dentro de la vivienda Media 98,30 92,95 44,56 Mediana 99,69 98,26 49,18 Desviación estándar 7,59 18,45 39,24 Mínimo 1,80 0,00 0,00 Máximo 100,00 100,00 100,00 % de hogares con gas de red, a granel o en tubo Media 97,61 92,73 44,62 Mediana 98,73 94,74 50,14 Desviación estándar 4,33 6,80 27,32 Mínimo 0,00 13,46 0,00 Máximo 100,00 100,00 99,73 % de población de 25-64 con universitario completo Media 48,11 17,80 3,23 Mediana 46,80 16,48 2,12 Desviación estándar 10,55 9,66 3,61 Mínimo 21,67 0,00 0,00 Máximo 79,82 65,79 42,11 Fuente: Elaboración en base a INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010. La Figura 10 revela que la distribución espacial de los radios censales clasificados por nivel socioeconómico no es aleatoria, sino que presenta cierta configuración por la cual se aglutinan con contigüidad, conformando áreas extensas de una misma condición socioespacial. Por ejemplo, el nivel socioeconómico de las zonas residenciales desciende desde el centro hacia la periferia siguiendo los ejes de expansión de la ciudad. Esta tendencia coincide con la relevada en los mapas sociales de Torres (1999), quien la identifica como preeminencia del centro sobre la periferia. No obstante, hay elementos que irrumpen en este patrón y fragmentan la ciudad, como ser: las villas –como islas de pobreza– en contextos de nivel socioeconómico medio o alto y los barrios cerrados –como islas de riqueza– en entornos de nivel socioeconómico bajo. Al mismo tiempo, se evidencia una mayor cantidad de zonas residenciales de nivel socioeconómico alto en el eje norte del AGBA –que tiene origen en la CABA– en relación con el eje sur. Esto muestra que la preeminencia del norte sobre el sur, que venía siendo documentada por Torres (1999), aún continúa vigente. Asimismo, otra de las tendencias señalada por el mismo autor (Torres, 1999), que también se presenta en la Figura 10, remite a una dominancia de las zonas próximas a los ejes principales sobre los espacios intersticiales. Es decir, los ejes principales son servidos por la red de líneas ferroviarias suburbanas y se 39 constituyen así en un factor clave a la hora de estructurar el espacio. En sus inmediaciones se registran zonas residenciales de nivel socioeconómico alto y medio mientras que, en los intersticios, en general poco accesibles y mal servidos, se observan zonas residenciales de nivel socioeconómico bajo. De todos modos, este patrón se complementa con el trazado de las autopistas que conlleva al proceso de suburbanización de familias de clases medio-altas y altas en barrios cerrados (o countrys) que, a partir de la década de 1990, empiezan a multiplicarse y sus viviendas comienzan a ser utilizadas como residencia principal, dejando como resultado la fragmentación de la periferia. En este sentido, la Figura 10 pone de manifiesto este proceso, ya que se observan áreas residenciales de nivel socioeconómico alto en zonas externas e intersticiales, conectadas por autopistas, y en algunos casos lindantes con zonas de nivel socioeconómico bajo (principalmente en los municipios de Tigre, Escobar y Pilar). Figura 10. Distribución espacial de radios censales según nivel socioeconómico. Aglomerado Gran Buenos Aires, 2010 Fuente: Elaboración propia basada en INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda 2010. 40 Inserto en este contexto, y no ajeno a estas dinámicas, se encuentra el municipio San Fernando (Figura 11). En relación con las tendencias antes mencionadas, el corredor norte de nivel socioeconómico alto, que se inicia en el noroeste de la CABA y continúa en el litoral de Vicente López y San Isidro, parece adentrarse también en San Fernando, pero para discontinuarse precisamente dentro de este municipio, donde emergen importantes zonas de nivel socioeconómico bajo. Es decir, que a diferencia de Vicente López y San Isidro –que tienen una composición socioespacial más homogénea–, San Fernando se destaca por presentar una estructura socioespacial con contrastes, que pareciera continuarse hacia Tigre. En este sentido, se puede sostener que el municipio a nivel metropolitano constituye una bisagra entre las zonas tradicionalmente más consolidadas y la periferia degradada y recientemente fragmentada. Si se observa al interior del municipio, las zonas de nivel socioeconómico alto se encuentran en el área costera y en parte del eje servido por el ferrocarril, esto constituye la culminación de la amplia zona litoral intermunicipal donde residen los sectores más acomodados del Aglomerado. Los sectores de nivel socioeconómico medio principalmente se encuentran próximos al trazado del ferrocarril, conformando un corredor que continúa hacía el norte, cubriendo gran parte de la superficie de Tigre. De todos modos, hacia el oeste del municipio y lindante con San Isidro, también se registran zonas de nivel medio, que nacen en la CABA y continúan entorno a las autopistas, pero se diluyen al ingresar en San Fernando. Respecto a las áreas residenciales de nivel socioeconómico bajo, la mayor superficie se encuentra también en la zona oeste del municipio, pero en el límite con Tigre. En términos generales, este sector presenta mayores dificultades en cuanto a la conectividad –transporte– y la provisión de servicios. No obstante, en la esquina oeste del municipio,en el límite con San Isidro y Tigre, se registra un enclave de nivel socioeconómico alto, esto se debe a la presencia de barrios cerrados que se encuentran conectados con la ciudad central por medio de la red de autopistas. La heterogeneidad que pareciera caracterizar a San Fernando hace que sea un interesante objeto de estudio, tal como se mencionó anteriormente, Vicente López y San Isidro presentan una composición socioespacial más homogénea y sin tantos contrastes –ya que predomina el nivel socioeconómico alto y medio–. Mientras que en San Fernando –en la superficie continental– se hacen presente, y no de manera aislada, los tres niveles. En este sentido, San Fernando se asemeja más a los municipios periféricos del norte –como Tigre, Pilar, Escobar–, que a los del oeste y sur, ya que tienen estructuras socioespaciales más homogéneas, pero de nivel socioeconómico bajo. Estas particularidades se vinculan también con los dos modelos de ciudad que se solapan como capas de espacio, por un lado, se entrevén patrones que se vinculan con el modelo de ciudad industrial, estructurada en torno a las principales vías de comunicación (ferrocarril) y donde a medida que aleja del centro suburbano –en este caso San Fernando y Victoria– disminuye la capacidad socioeconómica. Por otro, se registran elementos espaciales que corresponden al modelo post-industrial, una ciudad fragmentada donde surgen enclaves de riqueza y pobreza que rompen los entornos que antes eran homogéneos. 41 Figura 11. Distribución espacial de radios censales según nivel socioeconómico. Municipio de San Fernando, 2010 Fuente: Elaboración propia basada en INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda 2010. 5. b. San Fernando desde adentro: el municipio como mosaico de tipos de hábitat Hasta aquí se ha analizado el nivel socioecónomico de San Fernando y el entorno en el cual está inserto. Sin embargo, tal como señalan Duhau y Giglia (2008) el nivel socioeconómico es una representación estática de las formas espaciales que adopta la división social del espacio residencial como resultado de la dinámica de las relaciones socioespaciales de producción. En este sentido, los tipos de hábitat funcionan como un eslabón intermedio que permite articular la configuración del espacio vinculada a los aspectos socioeconómicos con el proceso de poblamiento y el modo de producción de espacio urbano. 42 Por lo tanto, este método de clasificación de las unidades espaciales –que reconoce la relación entre los procesos de producción de las áreas construidas, la fisonomía de las mismas y las características sociales de los residentes (Connolly 2005)– aporta nuevos criterios para el análisis socioespacial y para el estudio de las desigualdades socio-urbanas. En este trabajo se hace foco en San Fernando con el fin de conocer: ¿Qué tipos de hábitat encontramos en el municipio? ¿Cómo se distribuyen geográficamente? ¿Qué características sociodemográficas tienen y comparten estas tipologías? En el municipio de San Fernando se identifican ocho tipos de hábitat: Cabecera conurbada, Pueblo conurbado, Urbanizaciones populares de origen informal (Villas y asentamientos precarios), Conjuntos habitacionales, Barrios cerrados, Fraccionamientos por loteo de nivel socioeconómico (NSE) Alto, Medio y Bajo (Figura 12 y Cuadro 4). El poblamiento y la posterior densificación del municipio tuvo sus inicios en las inmediaciones del trazado del Ferrocarril del Norte –actual Ferrocarril Mitre–, a partir de la conformación de dos asentamientos de población, antes escindidos de Buenos Aires, que en la actualidad se encuentran conurbados con la metrópoli: San Fernando, que luego devino cabecera del municipio, y Victoria. La Cabecera conurbada de San Fernando se encuentra en las inmediaciones de las estaciones San Fernando y Carupá (Ferrocarril Mitre) y reúne en la actualidad 24.961 personas. Esta zona se caracteriza por ser la más antigua del municipio, lo que se refleja en la arquitectura de las viviendas y edificios, como en el adoquinado de sus calles. En dicha área se encuentra el centro administrativo, civil y comercial principal: la plaza central (Plaza Mitre), la Municipalidad, la Iglesia fundacional del municipio (Parroquia Nuestra Señora de Aránzazu), los Bomberos, Bancos, Teatros, Escuelas, Policía, entre otros. También sobre la línea del ferrocarril, hacia el límite con San Isidro y en torno de la estación Victoria, se ubica el Pueblo Conurbado de igual nombre, que en la actualidad registra 5.211 habitantes. Esta zona se destaca también por su antigüedad –que al igual que en la tipología anterior se imprime en el ancho de sus calles adoquinadas y en la arquitectura de sus edificios y viviendas– y cuenta con un centro comercial propio, una plaza central (Plaza Dorrego), una Iglesia (Parroquia Nuestra Señora de la Guardia), Escuelas, Policía, entre otros. Si bien las características de Victoria denotan su pasado de pueblo independiente, “San Fernando centro” no sólo data de mayor antigüedad, sino que condensa el centro administrativo y civil, lo que lo hizo devenir en la cabecera del municipio. Con origen en estos dos asentamientos iniciales, el poblamiento del municipio continuó y en la actualidad ya no queda suelo vacante, aunque hay algunas zonas no destinadas a uso residencial (por ejemplo, el Aeropuerto Internacional de San Fernando). Ahora bien, el modo de producción del espacio habitacional –fundamentalmente, los actores protagonistas y la condición de regularidad inicial de la tenencia del suelo– dio lugar a tipos de hábitat de lo más diversos: desde conjuntos habitacionales de vivienda social construidos con financiamiento estatal, urbanizaciones cerradas en las que las clases medio-altas y altas se auto-segregaron, urbanizaciones de origen informal y hasta extensos fraccionamientos por loteo de distinto nivel de consolidación. 43 Los Conjuntos habitacionales son pocos –reúnen en la actualidad 4.756 personas– y aparecen dispersos en el Municipio, desde las vías del Ferrocarril Mitre hacia el oeste. En su gran mayoría se componen por varios edificios estilo monoblock y, sólo en una pequeña porción, por casas. En términos generales, estas construcciones datan de –por lo menos– 30 años de antigüedad. A diferencia de los Conjuntos habitacionales, las Villas y asentamientos –que condensan el 10% de la población de San Fernando– no se encuentran tan dispersas en el territorio, sino que la mayoría se aglutina en la zona oeste –lindante con Tigre–, el área más degradada del municipio, donde se intercalan con los Fraccionamientos por loteo de NSE Bajo. Sin embargo, algunas también se pueden encontrar en el área central del municipio. Es decir, se registran dos situaciones: por un lado, un conjunto de urbanizaciones de origen informal en un contexto de loteos de nivel socioeconómico bajo –que en este sentido se pueden interpretar como la situación cúlmine de la degradación urbana, ya que al nivel socioeconómico bajo se le agrega la irregularidad en la tenencia del suelo–. Por otro, unos pocos casos que parecieran conformar islas de pobreza en torno al centro consolidado. En el otro extremo de la escala social, los Barrios cerrados –que cuentan con la menor proporción de población del municipio– registran una situación similar a las Villas y asentamientos. En la zona este, parece haberse llevado al extremo la continuación de los Fraccionamientos por loteo de NSE Alto, es decir, las garitas de vigilancia, que son típicas de los entornos adinerados de la periferia, se convierten en muros. Por el contrario, en la zona del centro hacia el oeste del Municipio los Barrios cerrados aparecen como enclaves de riqueza –rodeados de zonas de nivel socioeconómico medio y bajo– conectados con el resto de la ciudad por medio de autopistas. Esta última situación se vincula más con el modelo típico-idealque describe la literatura sobre barrios cerrados, y con la descripción de ciudad fragmentada post-industrial. En cuanto a los Fraccionamientos por loteo, estos abarcan la mayor superficie del municipio comprendiendo también la mayor proporción de población, sin embargo, se registran diferencias según nivel. Los Fraccionamientos de NSE Alto se encuentran principalmente en el este de San Fernando – sobre los ejes del ferrocarril y albergan 13.838 personas–, representando el final de un corredor que se inicia en la CABA. De todos modos, se presenta un enclave próximo a la Autopista Panamericana. Por el contrario, los Fraccionamientos de NSE Medio contienen al 20% de la población del Municipio y se dispersan a lo largo del territorio, aunque específicamente se ubican en la zona oeste –próximos al Acceso Norte– y en las inmediaciones de la estación de Virreyes (Ferrocarril Mitre), San Fernando y Canal (Tren de la Costa). Por último, los Fraccionamientos de NSE Bajo –que alcanzan al 37% de la población de San Fernando– se encuentran situados principalmente en los espacios intersticiales y la zona periférica del municipio, es decir, entre el trazado del ferrocarril y el Acceso Norte y, entre este último y la Autopista Panamericana. Conocer la distribución en el espacio de las distintas tipologías permite comprender dinámicas que se reflejan en las características demográficas, socioeconómicas y habitacionales, que revisaremos a continuación. 44 Figura 12. Distribución espacial de los tipos de hábitat. Municipio de San Fernando, 2010 Fuente: Elaboración propia basada en INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda 2010. 45 Cuadro 4. Población, hogares y viviendas particulares según tipo de hábitat. Municipio de San Fernando, 2010 Tipo de hábitat Población Hogares particulares Viviendas particulares Cabecera conurbada 24.961 8.848 10.208 Pueblo conurbado 5.211 1.673 1.741 Villas y asentamientos 16.060 3.738 3.160 Conjuntos habitacionales 4.756 1.464 1.574 Barrios cerrados 2.771 793 970 Fraccionamientos por loteo de NSE Alto 13.838 4.655 5.375 Fraccionamientos por loteo de NSE Medio 33.989 10.939 11.296 Fraccionamientos por loteo de NSE Bajo 58.698 16.340 15.306 Total 160.284 48.450 49.630 Fuente: Elaboración propia basada en INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda 2010. 5.b. 1. La estructura de la población El punto de partida para aproximarse a las características sociodemográficas de cualquier población es conocer su estructura por sexo y edad. Es frecuente representarla en pirámides de población, gráfico tipo histograma, que facilita el análisis y permite tener una noción del comportamiento de los componentes de la dinámica demográfica y de acontecimientos que afecten en la cantidad de personas (Welti, 1997). Los tipos de hábitat se diferencian por la fecha de urbanización y la forma de producción del espacio habitacional, por lo cual, que la población se haya asentado en distintos momentos y, a la vez, que sean de diferente extracción social, imprime marcas en la dinámica demográfica que se reflejan en la estructura por sexo y edad de la misma. En la Figura 13 se representa la estructura por sexo y edad para cada tipo de hábitat que compone San Fernando. En términos generales, sobresalen las marcadas diferencias que existen entre las tipologías trabajadas. En primer lugar, tanto la Cabecera conurbada (San Fernando centro) como el Pueblo Conurbado (Victoria) tienen una estructura etaria envejecida, es decir, una baja proporción de niños y una alta cantidad de adultos y ancianos. Sin embargo, cada una tiene sus particularidades. La Cabecera conurbada se destaca por las salientes en el sector de los adultos jóvenes (de entre 20 y 34 años) de su pirámide; mientras que, en el caso del Pueblo conurbado, la pirámide tiende a la forma de urna más regular. Además, si bien ambas tipologías registran una base angosta y cúspide ancha, en el caso de la Cabecera conurbada este rasgo se acentúa, y junto a ello el desequilibrio por sexo en favor de las mujeres; de hecho, según el Cuadro 5 es el tipo de hábitat que registra el porcentaje más alto de personas de 65 años y más (16,99%), una de las proporciones más bajas de niños (17,04%) y el índice de masculinidad más bajo (86 varones cada 100 mujeres). Estos patrones son consecuencia de los procesos de poblamiento de dichas áreas residenciales y de la función que en la actualidad tienen en el municipio y en la metrópoli. Es decir, ambas zonas se caracterizan por ser las primeras en haberse poblado del municipio; por lo tanto, la importante presencia de adultos mayores se debe que a que nos encontramos frente a los sobrevivientes (primeras o segundas generaciones) de aquella segunda oleada de inmigrantes 46 que contribuyó a la densificación a partir de la ocupación de la tierra aún vacante. A su vez, tanto la Cabecera como el Pueblo conurbado se distinguen por su consolidación y por estar bien conectados tanto con las principales áreas de servicios del municipio (Hospital, Municipalidad, Escuela, Bancos, Centro comercial, Teatro, entre otros) como con el centro del AGBA, ya que ambas tipologías se ubican en torno al trazado del Ferrocarril Mitre que conecta con Retiro (CABA). En este sentido, en especial la Cabecera funciona como subcentralidad y tiene atributos que hacen de ella un área residencial atractiva para independizarse, lo que se traduciría en la incorporación de adultos jóvenes por migración. En contraste, las Villas y asentamientos tienen una estructura etaria muy joven, es decir, una alta proporción de niños y adolescentes y una baja presencia relativa de adultos mayores. Esto se observa tanto en la pirámide de población como en los datos del Cuadro 5, que confirman que es el tipo de hábitat con el mayor porcentaje de personas de entre 0 y 14 años (34,53%), menor porcentaje de adultos mayores (3,40%) y estructura por sexo más equilibrada (igual cantidad de varones que de mujeres). Esta composición, siguiendo a Torrado (1995), puede ser consecuencia de dos procesos: por un lado, los estratos más bajos suelen caracterizarse por una nupcialidad precoz, una fecundidad más alta y una estructura etaria más joven, que determina que la natalidad sea superior a la de estratos elevados, lo cual se combina con menor expectativa de vida. Y, por otro, el crecimiento migratorio (que incluye migrantes internos y extranjeros) suele tener saldo positivo en estos lugares de residencia de los estratos carenciados; es decir, que la población que llega engrosa el centro de la pirámide y, al mismo tiempo, repercute en la base a medida que comienza la etapa expansiva de su ciclo de vida familiar, por lo que la estructura de esta tipología se enfrenta a un rejuvenecimiento constante. Los Conjuntos habitacionales, por su parte, tienen bajos porcentajes de niños, una alta proporción de adolescentes, un elevado peso de jóvenes y adultos, y se destacan –al igual que la Cabecera conurbada y los Fraccionamientos de NSE Alto– por una desequilibrada relación entre varones y mujeres. Si bien el porcentaje de población de 15 a 64 años de todos los tipos de hábitat oscilan en el promedio municipal (Cuadro 5), por encima de él se destaca precisamente esta tipología (67,62%). Esto se expresa en la forma de la pirámide como salientes pronunciadas para el rango de edades que van de 10 a 19 y de 55 a 64, una entrante marcada en los grupos de 20 a 29 y 50 a 54 años, y una cúspide angosta. Los distintos Conjuntos habitacionales de San Fernando datan del período comprendido entre 1970 y 1990, por lo cual la composición por edad podría llevarnos a deducir que estamos frente a las familias que fueron las primeras adjudicatarias de dichas viviendas. Estas familias, al momento de la adjudicación seguramente se encontraban en plena etapa de expansión, pero en laactualidad sus hijos han crecido y están adentrándose en la etapa “nido vacío” de su ciclo vital. Los miembros originales de las parejas aún continúan ocupando las viviendas ahora en soledad, por lo cual no hay parejas jóvenes con niños, lo que puede llevar a estos barrios a un paulatino proceso de envejecimiento, al menos hasta que comience a producirse un recambio generacional. Los Barrios cerrados presentan la pirámide más singular del municipio. Se destacan por una alta proporción de niños y adolescentes (con excepción del grupo de 0 a 4 años), una baja presencia de jóvenes, una importante cantidad de adultos de entre 35 y 54 años y una equilibrada relación entre sexos 47 (94 varones cada 100 mujeres). Esta estructura pone en evidencia las particularidades de esta tipología: por un lado, los Barrios cerrados son un fenómeno relativamente nuevo, puesto que según la literatura sobre el tema las viviendas existentes comienzan a funcionar como residencia principal y se desarrollan gran cantidad de nuevos barrios a partir de la década de 1990, lo que habría significado la llegada casi simultánea de familias en la misma etapa de su ciclo vital. Los Barrios cerrados son un tipo de hábitat elegido en las últimas décadas por familias de alto poder adquisitivo como un espacio propicio para la etapa de expansión familiar, lo que se refleja en los elevados porcentajes de adultos, niños y adolescentes. En este aspecto esta tipología se asemeja a lo que sucede con los Conjuntos habitacionales, es decir, ambos fueron construidos o desarrollados en un período de tiempo específico relativamente corto, por lo cual, es lógico que las familias de una y otra tipología se encuentren atravesando la misma etapa del ciclo vital. La composición de los Fraccionamientos por loteo varía en función del nivel socioeconómico, puesto que, tal como señala Torrado (1995), las clases sociales tienen dinámicas demográficas específicas que quedan plasmadas en su estructura por sexo y edad. En este sentido, tanto los Fraccionamientos de NSE Alto como Medio, presentan pirámides envejecidas, es decir, una base angosta que se va engrosando hacia la cúspide, lo que indica bajo peso de niños y alta proporción de jóvenes, adultos y adultos mayores. Sin embargo, presentan una leve diferencia respecto al índice de masculinidad, ya que la población de los Fraccionamientos de NSE Alto se encuentra levente más feminizada (87 varones cada 100 mujeres) que la de los Fraccionamientos de NSE Medio (91 varones cada 100 mujeres). Por el contrario, la estructura de los Fraccionamientos de NSE Bajo se asemeja a la de las Villas y asentamientos, es decir, una población joven con escasa proporción de adultos mayores y una equilibrada relación entre sexos. 48 Figura 13. Estructura por sexo y edad de la población según tipo de hábitat. Municipio de San Fernando, 2010. Fuente: Elaboración propia basada en INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda 2010. 49 Cuadro 5. Estructura demográfica de la población según tipo de hábitat. Municipio de San Fernando, 2010 Tipo de hábitat Población Edad en grandes grupos (%) Índice de masculinidad1 Extranjeros (%)2 0 a 14 15 a 64 65 y más Cabecera conurbada 24.961 17,94 65,07 16,99 85,85 7,70 Pueblo conurbado 5.211 22,30 65,52 12,19 92,79 11,36 Villas y asentamientos 16.060 34,53 62,07 3,40 100,80 7,60 Conjuntos habitacionales 4.756 22,31 67,62 10,07 86,00 4,56 Barrios cerrados 2.771 27,28 66,69 6,03 93,78 6,96 Fraccionamientos por loteo de NSE Alto 13.838 17,44 66,34 16,22 87,41 5,17 Fraccionamientos por loteo de NSE Medio 33.989 20,52 66,26 13,22 91,31 7,95 Fraccionamientos por loteo de NSE Bajo 58.698 26,25 65,39 8,36 95,64 7,95 Total 160.284 23,58 65,37 11,05 92,48 7,63 1 El índice de masculinidad refiere a el cociente entre el número de hombres sobre el número de mujeres expresado por cien (Welti, 1997). En una población la relación de hombres o mujeres, a diferencia de lo que sucede al nacimiento, no se mantiene estable, sino que tiende a reducirse a favor de las mujeres a medida que se va avanzando en la edad. Esto se debe, por un lado, a que por distintos motivos las mujeres suelen ser más longevas que los hombres y, en algunos casos, también puede ser consecuencia de la migración diferencial por sexo (Welti, 1997). 2 El cálculo del porcentaje de extranjeros se obtiene sobre la población censada en viviendas particulares, ya que no se dispone de la variable "lugar de residencia habitual". Fuente: Elaboración propia basada en INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda 2010. Respecto a la presencia de extranjeros en el Municipio, el promedio es de 7,63% y los porcentajes parecen oscilar en torno a ese parámetro. Sin embargo, se observan diferencias: en un extremo se ubica el Pueblo conurbado con el 11,36% y, en el lado contrario, los Conjuntos habitacionales con el 4,56%. En el caso del Pueblo conurbado, la mayor presencia de inmigrantes se debe a la comunidad peruana ya que sobre el total de extranjeros representan al 64,19% (ver Cuadro 1 en Anexo 2), mientras que la baja proporción en los Conjuntos habitacionales sería el resultado de las características deberían de reunir las familias para aplicar a los procesos de selección y adjudicación de viviendas de promoción pública. Es interesante lo que sucede con la comunidad peruana en San Fernando, ya que a diferencia de lo que distintos investigadores vienen registrando en CABA (Mera y Vacotti, 2013; Marcos y Mera, 2015; Mera y Marcos, 2015; Mera et al., 2015; Marcos y Mera, 2018), allí la manera que esta comunidad – junto con los Bolivianos y los Paraguayos– tiene de acceder a la ciudad central es a partir de residir en villas y/o asentamientos, mientras que en San Fernando parecieran poder acceder a mejores localizaciones y condiciones de vivienda, a pesar de encontrarse en la periferia. 5. b. 2. La estructura de los hogares San Fernando en su área continental contiene 48.450 hogares particulares (Cuadro 6) de los cuales el 83,42% son multipersonales, lo que indica que están compuestos por dos o más personas, y el 16,58% restante unipersonales, de un sólo integrante. La Cabecera conurbada es el tipo de hábitat que se destaca por registrar cerca de una cuarta parte (24,07%) de hogares de un solo miembro. Retomando la composición por sexo y edad de este tipo de 50 hábitat, este porcentaje puede deberse a, por un lado, una importante presencia de hogares de mujeres (solas) mayores –como resultado de una elevada proporción de adultos mayores combinada con un bajo índice de masculinidad– que son las supervivientes de las segundas generaciones de aquellas familias pioneras en el municipio, o que debido a la ubicación estratégica respecto a la provisión de servicios, encuentran en dichas áreas residenciales un lugar cómodo y seguro para transitar su vejez; por otro lado, este fenómeno también puede ser resultado de adultos jóvenes que, atraídos por la ubicación y la infraestructura urbana, encuentran en la Cabecera conurbada un lugar deseable para independizarse. Esto hace que, tanto en este tipo de hábitat como en el Pueblo conurbado, se registren los porcentajes más elevados (5,43% y 5,86% respectivamente) de hogares no familiares o familiares no nucleares, aquellos compuestos por personas que no tienen ningún vínculo de parentesco, son parientes no nucleares o una combinación de ambas situaciones. En lo que respecta a los hogares multipersonales, el 78,46% son de tipo familiar nuclear, es decir, cuentan con un núcleo conyugal17 con el eventual agregado de otros parientes no-nucleares y/o de otros no-parientes, corresidentes en una misma vivienda (Torrado, 2007). Entre todas las tipologías, las Villas y asentamientos se destacan por presentar los valores más elevados (86,21%) de hogares familiaresnucleares, luego le siguen los Barrios Cerrados (83,73%), los Conjuntos habitacionales (82,17%) y los Fraccionamientos de NSE Bajo (81,80%). Por el contrario, aquellos hogares con hijos pero sin el núcleo familiar completo (monoparentales), conforman el 18,43% del total de hogares del Municipio. Los hogares multipersonales familiares suelen dividirse según tengan el núcleo conyugal completo o no y, a su vez, pueden subdividirse en el caso de que compartan o no la vivienda y sus gastos alimenticios y/o vitales con otros familiares (hogar familiar nuclear extenso) y/o no familiares (hogar familiar nuclear compuesto). El modelo familiar nuclear completo predomina en el Municipio (48,83%) y en todos los tipos de hábitat; sin embargo, los Barrios cerrados registran los valores más altos (61,92%). Esto se debe a la particularidad de esta tipología ya que, tal como señalamos, son áreas residenciales utilizadas por las clases medio-altas y altas precisamente para transitar la etapa de expansión de su ciclo de vida familiar. Por el contrario, los hogares familiares nucleares extensos y/o compuestos representan sólo el 11,20% en el municipio. No obstante, compartir los gastos y la vivienda con otros familiares y/o no-familiares es una estrategia más frecuente en las Villas y asentamientos (15,33%) y en los Fraccionamientos de NSE Bajo (14,13%). Por último, el tamaño medio de los hogares multipersonales de San Fernando es de entre 3 y 4 personas, no obstante, en las Villas y Asentamientos se registran entre 4 y 5. Esto puede deberse a dos motivos: en primer lugar, a que es allí donde predominan los hogares familiares –completos o monoparentales– extensos y/o compuestos y, en segundo lugar, a que los estratos más bajos suelen presentar una elevada natalidad (Torrado, 1995), lo que lleva a familias más numerosas. 17 Según Torrado (2007), un núcleo conyugal es un tipo especial de familia constituido por: a) pareja sin hijos, b) pareja con uno o más hijos solteros; c) un progenitor (el padre o la madre) con uno o más hijos solteros. 51 Cuadro 6. Estructura demográfica de los hogares según tipo de hábitat. Municipio de San Fernando, 2010 Tipo de hábitat Hogares particulares (fx) Unipersonal Multipersonal Tamaño de los hogares multipersonales1 Familiar nuclear completo Familiar nuclear monoparental No familiar/ Familiar no nuclear Nuclear Extenso/ compuesto Nuclear Extenso/ compuesto Cabecera conurbada 8.848 24,07 46,44 7,81 11,77 4,48 5,43 3,26 Pueblo conurbado 1.673 17,58 48,62 10,71 11,48 5,74 5,86 3,52 Villas y asentamientos 3.738 9,42 48,03 15,33 13,59 9,26 4,36 4,47 Conjuntos habitacionales 1.464 12,84 49,32 10,45 15,71 6,69 4,99 3,57 Barrios cerrados 793 14,12 61,92 7,31 11,85 2,65 2,14 3,88 Fraccionamientos por loteo de NSE Alto 4.655 18,77 56,59 6,73 10,58 3,44 3,89 3,36 Fraccionamientos por loteo de NSE Medio 10.939 17,71 49,53 10,54 11,23 5,84 5,15 3,50 Fraccionamientos por loteo de NSE Bajo 16.340 13,12 46,96 14,13 12,59 8,12 5,08 3,92 Total 48.450 16,58 48,83 11,20 12,06 6,37 4,97 3,68 1 El tamaño de los hogares multipersonales refiere a la cantidad de personas por hogar. Para calcular la media, se consideró a los hogares con "8 o más personas" de 8 personas. Fuente: Elaboración propia basada en INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda 2010. 52 5. b. 3. Las condiciones de vida 5. b.3.1. Características educativas, ocupacionales y nivel socioeconómico de la población Los censos de población, tal como señala Giusti (2007), son la fuente de datos más importante para el estudio de numerosos fenómenos, fundamentalmente por el carácter universal y simultáneo de su cobertura y porque permiten relacionar la condición de la población bajo estudio con diversos atributos demográficos, habitacionales, sociales y económicos. Si bien para estos últimos hay encuestas más precisas (como por ejemplo la Encuesta Permanente de Hogares), los censos ofrecen indicadores proxy que permiten acercarnos a las condiciones socioeconómicas tanto de los hogares como de las personas. En San Fernando, los datos del Cuadro 7 ponen en evidencia que el analfabetismo no es un problema extendido en el municipio. Sin embargo, en los Fraccionamientos de NSE Bajo y en las Villas y asentamientos tiene una incidencia de entre 2% y 3%. En términos generales, respecto al nivel educativo alcanzado18 por la población del municipio, el 7,13% de las personas de 25 a 64 años no completó sus estudios primarios, el 43,06% completó el primario pero no finalizó el secundario, el 34,16% logró completar sus estudios secundarios pero no tiene estudios superiores y el 15,65% cuenta con superior o universitario completo. Al margen de estos valores generales, se registran diferencias por tipos de poblamiento. En las Villas y asentamientos y los Fraccionamientos por loteo de NSE Bajo la proporción de población menos instruida es mayor. En el caso de las urbanizaciones de origen informal, el 20,55% no completó sus estudios primarios y el 59,63% alcanzó ese nivel, pero no el secundario. En los Fraccionamientos por loteo de NSE Bajo estos valores alcanzan al 10,08% y 56,50% respectivamente, como era de esperar, dado que el nivel educativo interviene en la definición de este tipo de hábitat como tal. En un lugar intermedio, se encuentran el Pueblo conurbado, los Conjuntos habitacionales, los Fraccionamientos por loteo de NSE Medio, donde cerca del 40% de las personas de 25 a 64 años finalizó la primaria –pero no la secundaria– y otro 40% completó sus estudios secundarios –no así el nivel superior o universitario–. De todos modos, en el Pueblo Conurbado y los Conjuntos habitacionales entre un 13% y 14% finalizó sus estudios superiores o universitarios, mientras que en los Fraccionamientos por loteo de NSE Medio este valor asciende al 17%. En la Cabecera conurbada la proporción de personas con secundario completo es igual a la de las tipologías anteriores, sin embargo, es menor el porcentaje de quienes no completaron el secundario (30,68%) y es mayor aquellos que finalizaron sus estudios superiores o universitarios (24,78%). En el otro extremo se ubican los Barrios Cerrados y los Fraccionamientos por loteo de NSE Alto, donde en torno al 50% de las personas de 25 a 64 años finalizaron el nivel superior o universitario. 18 El nivel educativo se utilizó como variable constitutiva de los Fraccionamientos por loteo de NSE Alto, Medio y Bajo, de todos modos, en esta sección se incluye esta variable con el objetivo de conocer los valores que exactamente asume en estos y todos los entornos habitacionales. 53 En relación con el nivel de desocupación el mismo alcanza a 6 personas económicamente activas de cada de cada 100 en San Fernando. De todos modos, en los Fraccionamientos por loteo de NSE Bajo, las Villas y asentamientos y los Conjuntos habitacionales, la tasa asciende a valores que oscilan entre 7,25 y 7,70 respectivamente. Por el contrario, los Fraccionamientos por loteo de NSE Alto y los Barrios cerrados tienen la mitad de problemas de desocupación, ya que el indicador apenas supera el 3,50. Cuadro 7. Características educativas y ocupacionales de la población según tipo de hábitat. Tipo de hábitat Analfabetos (%)1 Nivel educativo alcanzado2 Tasa de desocupación Hasta primario inc. Primario comp./ secundario inc. Secundario comp./ superior o universitario inc. Superior comp. Universitario comp. Cabecera conurbada 0,89 3,12 30,68 41,43 11,68 13,10 4,88 Pueblo conurbado 1,28 3,70 40,62 41,68 7,89 6,12 6,12 Villas y asentamientos 2,94 20,55 59,63 18,32 1,04 0,47 7,38 Conjuntos habitacionales 0,73 3,60 39,68 43,96 8,02 4,73 7,60Barrios cerrados 0,43 3,94 22,13 28,66 10,63 34,65 3,43 Fraccionamientos por loteo de NSE Alto 0,31 0,95 12,13 38,92 16,36 31,63 3,52 Fraccionamientos por loteo de NSE Medio 1,00 3,99 39,10 40,32 8,26 8,34 5,66 Fraccionamientos por loteo de NSE Bajo 1,77 10,08 56,50 28,33 3,38 1,71 7,25 Total 1,36 7,13 43,06 34,16 7,20 8,45 6,10 1 El porcentaje de analfabetos se obtiene sobre la población mayor de 10 años. 2 Para conocer la distribución porcentual del nivel educativo alcanzado se consideran personas de 25-64 años que no asisten o nunca asistieron. Fuente: Elaboración propia basada en INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda 2010. Otra forma de aproximarse al nivel socioeconómico de una población es a partir de la combinación de indicadores que permitan establecer niveles diferenciales de condiciones de vida. En el Cuadro 8 se presenta la distribución de los hogares por tipo de hábitat y nivel socioeconómico del área19. En primer lugar, se destaca que, si bien San Fernando es un municipio heterogéneo, está compuesto por un 60% –aproximadamente– de hogares que se encuentran en espacios socio-residenciales medios y altos. En la Cabecera de San Fernando y el antiguo pueblo de Victoria, 8 de cada 10 hogares o más están en sectores socio-residenciales medios. Por el contrario, como era de esperar, las urbanizaciones de origen informal –Villas y asentamientos– son un espacio residencial de nivel socioeconómico bajo, mientras que los Barrios cerrados se configuran como un espacio de auto-segregación de los sectores altos. Por su parte, los conjuntos de vivienda de interés social –Conjuntos habitacionales– en la actualidad son 19El indicador de nivel socioeconómico fue elaborado mediante información censal a nivel metropolitano con el fin principal de clasificar los Fraccionamientos por loteo. Por lo tanto, ya que es constitutivo de dichas tipologías, los valores para ellas se incluyen en el Cuadro 8, pero no se analizan. 54 espacios residenciales medios, es decir, que pueden haber sido adjudicados a los sectores medios –lo que constituiría un hallazgo, ya que no habrían sido dirigidos a los más desfavorecidos–, o también pueden haber significado el ascenso a espacios residenciales medios de familias de espacios bajos. Cuadro 8. Hogares particulares por nivel socioeconómico del área y tipo de hábitat. Municipio de San Fernando, 2010 Tipo de hábitat Nivel socioeconómico Alto Medio Bajo Cabecera conurbada 6,25 87,50 6,25 Pueblo conurbado 0,00 80,00 20,00 Villas y asentamientos 0,00 0,00 100,00 Conjuntos habitacionales 0,00 100,00 0,00 Barrios cerrados 75,00 25,00 0,00 Fraccionamientos por loteo de NSE Alto 100,00 0,00 0,00 Fraccionamientos por loteo de NSE Medio 0,00 100,00 0,00 Fraccionamientos por loteo de NSE Bajo 0,00 0,00 100,00 Total 12,96 45,06 41,98 Fuente: Elaboración propia basada en INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda 2010. A modo de síntesis, si bien debido a la naturaleza de la fuente de información, las características socioeconómicas de las personas y los hogares no son lo suficientemente precisas, los resultados obtenidos nos han permitido acercarnos a las condiciones de cada tipo de hábitat, conocer sus atributos y comprender las dinámicas que los atraviesan. Retomando lo analizado en este apartado, en términos generales, el tipo de hábitat más desfavorecido son las Villas y asentamientos y los Fraccionamientos de NSE Bajo. Luego, en un lugar intermedio, se ubican el Pueblo conurbado, los Conjuntos habitacionales, los Fraccionamientos de NSE Medio y la Cabecera conurbada. Y, por último, en un lugar privilegiado, los Barrios cerrados y los Fraccionamientos de NSE Alto. 5. b. 3. 2. Condiciones habitacionales El parque habitacional del sector continental de San Fernando (Cuadro 9) está conformado por 49.630 viviendas particulares, de las cuales el 75,48% son casas, el 21,59% son departamentos y sólo el 2,93% restante corresponden a otros tipos de vivienda (Rancho/Casilla, Pieza en inquilinato, hotel familiar o pensión, etcétera). La importante presencia de casas y departamentos refleja el grado de consolidación del municipio de San Fernando y, al mismo tiempo, el predominio de las primeras se vincula con la ubicación del municipio dentro del AGBA, es decir, que debido a la distancia que lo separa de la ciudad central, la demanda de viviendas –hasta hace unas décadas– no era lo suficientemente elevada como para edificar en altura. Si bien en todas las tipologías, con excepción de los Conjuntos habitacionales, predominan las casas, en las Villas y Asentamientos (90,16%), los Fraccionamientos de NSE Bajo (87,68%), el Pueblo 55 Conurbado (86,85%) y los Fraccionamientos de NSE Alto (80,02%) superan ampliamente el promedio municipal. Los departamentos, en cambio, priman en los Conjuntos habitacionales (95,43%), ya que la mayoría presentan construcción al estilo monoblock; también en los Barrios cerrados (40,93%), debido a que San Fernando es un municipio que no cuenta con grandes superficies de tierra vacante y, por lo tanto, los desarrolladores de este tipo de hábitat se han visto obligados a priorizar la construcción de viviendas estilo dormies; y, por último, en la Cabecera conurbada (39,94%), que se ha verticalizado como consecuencia de su ubicación estratégica y su condición de subcentralidad –con la consecuente mayor demanda de viviendas–. Los Ranchos y Casillas son –junto con las categorías que se aglutinan en “Resto”– el tipo de vivienda más precario. En las Villas y Asentamientos estos constituyen el 7,28%, superando en casi cuatro veces el promedio municipal. Las urbanizaciones informales son seguidas por el Pueblo conurbado (3,27%) y los Fraccionamientos de NSE Bajo (3,04%). Por último, las Piezas en inquilinato, hotel familiar o pensión es un tipo de vivienda muy marginal en San Fernando, el promedio municipal no alcanza al 1%, y alcanzan su mayor presencia relativa en los Fraccionamientos por loteo de NSE Bajo (1,61%) y en la Cabecera conurbada (0,92%). Cuadro 9. Características de las viviendas particulares según tipo de hábitat. Municipio de San Fernando, 2010 Tipo de hábitat Viviendas particulares Tipo de vivienda particular (%) Casa Dpto. Rancho/Casilla Pieza en inquilinato, hotel familiar o pensión Resto1 Cabecera conurbada 10.208 58,55 39,94 0,40 0,92 0,19 Pueblo conurbado 1.741 86,85 8,85 3,27 0,80 0,23 Villas y asentamientos 3.160 90,16 1,71 7,28 0,66 0,19 Conjuntos habitacionales 1.574 4,32 95,43 0,19 0,00 0,06 Barrios cerrados 970 58,14 40,93 0,41 0,10 0,41 Fraccionamientos por loteo de NSE Alto 5.375 80,02 19,52 0,02 0,00 0,45 Fraccionamientos por loteo de NSE Medio 11.296 77,66 20,73 0,75 0,55 0,31 Fraccionamientos por loteo de NSE Bajo 15.306 87,68 7,46 3,04 1,61 0,21 Total 49.630 75,48 21,59 1,79 0,88 0,25 1 Incluye Local no construido para la habitación, Vivienda móvil y Personas viviendo en la calle. Fuente: Elaboración propia basada en INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda 2010. En cuanto a la materialidad o calidad constructiva de las viviendas, menos del 1% de los hogares del Municipio residen en viviendas con pisos deficitarios, es decir, pisos de tierra, ladrillo suelto u otro material. Sin embargo, en los Conjuntos habitacionales este indicador alcanza al 9,21% de los hogares y en las Villas y asentamientos al 2,41%. En relación con este aspecto, otro indicador relevante remite a la calidad del techo de las viviendas, según el cual se consideran deficitarios aquellos techos de cubierta 56 de materiales resistentes, pero sin revestimiento interior o cielorraso, o de materiales más endebles como chapa de fibrocemento o plástico, chapa de cartón, caña, palma, tabla o paja u otro material, con o sin cielorraso.En San Fernando, a diferencia de lo que sucedía con los pisos, que presentaban problemas en menos del 10% de los casos, el 21,21% de los hogares presentan viviendas con techos deficitarios. Pero es en las Villas y Asentamientos y en los Fraccionamientos de NSE Bajo donde este problema se acentúa y alcanza al 48,99% y 29,75% de los hogares respectivamente. Por lo tanto, los problemas vinculados con la materialidad del parque habitacional del municipio tienen que ver más con la falta de aislamiento de calidad que con materiales deficitarios. Además, los datos ponen en evidencia que esto se concentra en algunas tipologías de hábitat, como los Conjuntos habitacionales, las Villas y asentamientos y los Fraccionamientos de NSE Bajo. Por su parte, la conexión al servicio de agua de red y cloacas no pareciera presentar déficits importantes en el municipio (Cuadro 10), ya que cuentan con estos servicios el 94,51% y el 80,60% de los hogares, respectivamente. No obstante, se registran diferencias según tipo de hábitat. En el caso de las Villas y asentamientos, la conexión al agua de red alcanza al 82,15% de los hogares y las cloacas al 60,31%, valores por debajo –entre 10 y 20 puntos porcentuales– del promedio municipal. En menor medida, en el Pueblo conurbado y en los Fraccionamientos de NSE Bajo también se registran dificultades en torno a la extensión de la red cloacal, ya que la misma alcanza al 66,89% y 71,67% en cada caso. Es particularmente llamativo el caso del Pueblo conurbado, que se pobló tempranamente, pero parece no haber llegado a ser servido en su totalidad. Por el contrario, en los Conjuntos habitacionales, seguramente dotados de servicios desde su diseño, y en los Fraccionamientos de NSE Alto la carencia de cloacas afecta sólo al 5% de los hogares. En lo relativo al servicio de gas, cerca de tres cuartas partes de los hogares de San Fernando cuentan con gas de red, o al menos accede al gas en tubo o a granel, pero se registran marcadas oscilaciones al desagregar los datos por tipo de hábitat, con valores extremos más alejados entre sí que en el caso del agua de red y las cloacas. En un extremo se ubican los Conjuntos habitacionales y los Fraccionamientos de NSE Alto, de nuevo con cobertura casi universal. Mientras que, en el lado opuesto, se encuentran las Villas y asentamientos en donde este valor sólo alcanza al 22,18% de los hogares. En términos generales, retomando las diferencias socioeconómicas, las Villas y asentamientos y los Fraccionamientos de NSE Bajo parecieran ser también los tipos de hábitat más perjudicados en relación con la provisión de servicios. En este sentido, cabe preguntarse si el déficit que registran es consecuencia de su ubicación periférica dentro del Municipio, o si la informalidad impide el acceso a los mismos. Otro problema que se incorpora y agrava la situación habitacional refiere a condición de acceso al suelo y a la vivienda urbana, que se plasma en la irregularidad –o no– de tenencia de la vivienda por parte de los hogares. A nivel municipal, el 14,31% de los hogares de San Fernando enfrentan problemas de irregularidad respecto a la tenencia de la vivienda. Este porcentaje es significativamente más elevado en las Villas y asentamientos (36,85%) y los Fraccionamientos de NSE Bajo (18,07%). No obstante, en las villas eran de esperar situaciones de irregularidad generalizadas, lo cual pone en duda la calidad de la 57 variable como indicador objetivo de irregularidad y deja entrever que permea en ella la cuestión de la percepción de regularidad por parte de los hogares. Cuadro 10. Condiciones de socio-habitacionales de los hogares particulares según tipo de hábitat. Municipio de San Fernando, 2010 Finalmente, el análisis de indicadores vinculados con la provisión de servicios y la materialidad de las viviendas, se complementa con la información del Cuadro 11, que refiere fundamentalmente a la adecuación entre la cantidad y el tamaño de los hogares y el tamaño del parque habitacional y de las unidades que lo componen. En San Fernando –en promedio– en cada vivienda particular (ocupada) vive un hogar. No obstante, en las Villas y Asentamientos y en los Fraccionamientos de NSE Bajo se registran hogares que comparten su recinto de alojamiento. Esto pone en evidencia las estrategias habitacionales a las que los hogares de los estratos más bajos recurren en estos contextos. Asimismo, estos dos tipos de hábitat se destacan por presentar los valores más altos en lo que respecta a hacinamiento de personas por cuarto. En el caso de las Villas y asentamientos, 3 de cada 10 hogares se encuentran hacinados, siendo crítica la situación del 13,33% (más de 3 personas por cuarto). En los Fraccionamientos de NSE Bajo, si bien los valores de hacinamiento por cuarto son altos respecto al promedio del Municipio, son inferiores al de las Villas y asentamientos: el 10,12% de los hogares padecen hacinamiento medio y el 6,15% hacinamiento crítico. Por lo tanto, a las dificultades registradas respecto a la provisión de servicios y la calidad constructiva de las viviendas, se le incorpora, en el caso de las Villas y Asentamientos y los Tipo de hábitat Hogares particulares Hogares en viviendas con pisos deficitarios (%)1 Hogares en viviendas con techos deficitarios (%)2 Hogares con tenencia irregular de la vivienda (%)3 Hogares con agua de red dentro de la vivienda (%) Hogares con baño con descarga a red pública (%) Hogares con gas de red, tubo o granel (%) Cabecera conurbada 8.848 0,50 11,26 9,98 97,44 85,73 87,10 Pueblo conurbado 1.673 0,65 16,19 12,62 94,32 66,89 78,77 Villas y asentamientos 3.738 2,41 48,99 36,85 82,15 60,31 22,18 Conjuntos habitacionales 1.464 9,21 14,70 6,01 99,39 94,40 98,43 Barrios cerrados 793 0,13 9,67 8,32 97,23 84,20 86,25 Fraccionamientos por loteo de NSE Alto 4.655 0,95 7,63 5,61 96,43 95,80 97,40 Fraccionamientos por loteo de NSE Medio 10.939 0,14 17,30 9,98 97,74 89,69 86,14 Fraccionamientos por loteo de NSE Bajo 16.340 0,56 29,75 18,07 92,49 71,67 61,75 Total 48.450 0,90 21,21 14,31 94,51 80,60 74,35 1 Se considera pisos deficitarios tierra, ladrillo suelto u otro material. 2 Techos deficitarios son aquellos de cubierta asfáltica o membrana, baldosas, lozas, pizarra, teja o chapa de metal sin revestimiento interior o cielorraso, o chapa de fibrocemento o plástico, chapa de cartón, caña, palma, tabla o paja u otro material con o sin cielorraso. 3 Refiere a propietarios sólo de la vivienda, ocupantes por préstamo u otras situaciones. Fuente: Elaboración propia basada en INDEC, Censo Nacional de Población, hogares y Vivienda 2010. 58 Fraccionamientos de NSE Bajo, un elevado hacinamiento que alcanza al 30,08% y al 16,27% de los hogares, provocando un fuerte impacto negativo en su calidad de vida. En este sentido, para cerrar el panorama, se toma como referencia el indicador de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) –un clásico para conocer el nivel de la pobreza estructural–, el cual indica que el 24,48% de los hogares de las Villas y Asentamientos y el 11,98% de aquellos que residen en los Fraccionamientos de NSE Bajo, padecen al menos algún tipo de privación. Cuadro 11. Condiciones de socio-habitacionales de los hogares particulares según tipo de hábitat. Municipio de San Fernando, 2010 Tipo de hábitat Hogares particulares Cantidad de hogares por vivienda Hacinamiento (%)1 Hogares con NBI (%)2 Hogares con hacinamiento medio Hogares con hacinamiento crítico Cabecera conurbada 8.848 0,96 3,66 1,33 3,95 Pueblo conurbado 1.673 1,02 6,22 3,47 7,60 Villas y asentamientos 3.738 1,20 16,75 13,33 24,48 Conjuntos habitacionales 1.464 0,98 2,39 0,55 1,16 Barrios cerrados 1.061 0,97 2,40 1,39 2,40 Fraccionamientos por loteo de NSE Alto 4.655 0,94 0,58 0,28 0,82Fraccionamientos por loteo de NSE Medio 10.671 1,04 5,13 2,18 5,33 Fraccionamientos por loteo de NSE Bajo 16.340 1,10 10,12 6,15 11,98 Total 48.450 1,04 6,92 4,02 8,27 1Para conocer la cantidad de hogares por vivienda se dividieron los hogares particulares sobre el total de viviendas particulares ocupadas. 2 Los hogares con hacinamiento medio son aquellos que tienen entre dos y tres personas por cuarto, mientras que los de hacinamiento crítico son aquellos con más de tres personas por cuarto. 3 Los hogares con Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) son aquellos que presentan al menos una de las siguientes condiciones de privación: vivienda (habitaciones de inquilinato, hotel o pensión, viviendas no destinadas a fines habitacionales, viviendas precarias y otro tipo de vivienda), condiciones sanitarias (sin retrete), hacinamiento (más de tres personas por cuarto), asistencia escolar (al menos un niño en edad escolar (6 a 12 años) que no asiste a la escuela) y, capacidad de subsistencia (cuatro o más personas por miembro ocupado y un jefe no ha completado el tercer grado de escolaridad primaria). Fuente: Elaboración propia basada en INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda 2010. Clasificar San Fernando en tipos de hábitat ha permitido entonces, por un lado, obtener resultados de escala macro-social, ya que esta propuesta abarca al municipio en su totalidad –continental– y, por otro, conocer las desigualdades micro-espaciales que se producen a nivel intraurbano, e identificar tendencias que se articulan con procesos sociales, económicos, culturales y políticos (Di Virgilio et. al., 2015). Si bien el tipo de hábitat le imprime a cada área residencial una impronta particular, lo que se encuentra de fondo son tanto pautas culturales específicas, como desigualdades en el acceso a los recursos (Sain, 2004). 59 6. CONCLUSIONES El presente trabajo de especialización se propuso como objetivo conocer los distintos tipos de hábitat que componen el municipio de San Fernando al año 2010, e indagar en las especificidades sociodemográficas de cada uno de ellos. Para ello, se partió de concebir al espacio como un producto social, como parte integral de la construcción material y de la estructuración de la vida social (Soja, 1985). El espacio –a partir de esta interpretación– es producto del puje de la vida social, donde distintos actores buscan realizar sus intereses y así dar forma a la vida cotidiana, inmersos en un contexto histórico y geográfico determinado, que a la vez condiciona sus horizontes de posibilidades. En este sentido, desde el plano de la demografía urbana, se consideró al espacio como un elemento construido por y constitutivo de las relaciones sociales, no como un mero escenario y tampoco como una variable pasiva de agregación de datos. Esta manera de definirlo permitió distinguir escenarios urbanos funcionales para el estudio de los diferenciales socioeconómicos, pero también demográficos. Uno de los conceptos más utilizados para dar cuenta de los diferenciales intraurbanos es el de segregación, fundamentalmente de tipo residencial socioeconómica. En sentido estricto, la categoría remite a la desigual distribución de grupos de población en el espacio (Rodríguez y Arriagada, 2004). Sin embargo, sólo adquiriría un tinte problemático cuando se acompaña de barreras espaciales o simbólicas que obstaculizan la integración de un grupo en la sociedad –e introducen esquemas de distinción y estigmatización– (Tamayo, 2017). En el marco de este trabajo, el concepto de segregación también hace referencia a los que, por su favorable condición socioeconómica, buscan cierta exclusividad residencial y han optado por auto-segregarse, refugiándose y aislándose en nuevas formas de urbanización (como barrios cerrados, clubes de campo, torres jardín, etc.). Así, la segregación es una de las expresiones espaciales más evidentes de la segmentación social. Las principales características demográficas y sociales de la población se relacionan con el nivel socioeconómico, por lo cual, realizar un análisis espacial intraurbano a partir del concepto de segregación residencial socioeconómica permitiría dar cuenta de aquellos diferenciales. No obstante, identificar áreas residenciales de distintos grupos sociales definidos a partir una posibilidad más amplia de dimensiones –nivel socioeconómico, pero también condición migratoria, estructura etaria, morfología y ciclo de vida de los hogares, religión, perfil ocupacional, entre otros– configura distintas capas de espacio. En el marco de este trabajo, en particular preocupaba el hecho de que existen importantes estructuras demográficas –entre las que se destacan la morfología de los hogares y la condición migratoria de la población– cuyo comportamiento espacial intraurbano no se relaciona únicamente con la condición socioeconómica de la población, sino con el proceso de poblamiento de la ciudad y las posibilidades de acceder a ella; y, en este sentido, un abordaje del espacio desde el concepto de segregación no era funcional a la identificación de entornos residenciales con características sociodemográficas específicas que se pretendía realizar aquí. 60 Al mismo tiempo, a pesar de que según la literatura sobre el tema la segregación residencial socioeconómica constituiría un problema sólo en ciertas circunstancias, el término tiene una fuerte carga negativa. Si bien no es un problema que esta connotación interfiera en las interpretaciones sobre los diferenciales intraurbanos de las condiciones de vida, sí se tornaría un conflicto que permee en el análisis de los indicadores demográficos. Por estas razones, en este trabajo se decidió utilizar como concepto principal para estudiar la dimensión espacial de los diferenciales demográficos urbanos los tipos de hábitat o poblamiento. Los tipos de hábitat son entornos urbanos definidos fundamentalmente en relación al origen de la urbanización de un área determinada de la ciudad, a partir de dos criterios: fecha de urbanización y forma de producción del espacio habitacional. La fortaleza de este concepto se vincula con su multidimensionalidad constitutiva, en la medida que su definición reconoce la relación entre los procesos de producción de las áreas construidas, la fisonomía de las mismas y las características sociales y demográficas de los residentes (Connolly, 2005). Por lo tanto, a diferencia del concepto de segregación, los tipos de hábitat resultan ser una llave maestra para abordar las desigualdades sociodemográficas intraurbanas (Sain, 2004), en tanto identifican entornos urbanos con características específicas que trascienden el aspecto socioeconómico. De todos modos, el concepto de segregación –particularmente de tipo residencial socioeconómica– no se descartó por completo, y se recurrió a él para entender algunas categorías puntuales de la tipología de hábitat: aquellas que remiten a los matices por nivel socioeconómico de las áreas residenciales que tienen su origen en fraccionamientos por loteo de tipo formal; y a las urbanizaciones cerradas e informales, dos entornos urbanos con características muy específicas que hoy se constituyen como dos polos opuestos de la diferenciación socioeconómica. La decisión teórica de recurrir a los tipos de hábitat como herramienta de análisis fue tomada tras explorar diversos estudios previos que abordaron los diferenciales demográficos intraurbanos desde el enfoque de tipos de hábitat o poblamiento. Realizados en otros contextos (Ciudad de México, Zona Metropolitana de la Ciudad de México y CABA), estos trabajos arrojaron resultados que demuestran que este concepto es funcional para comprender las dinámicas y estructuras de la ciudad desde la demografía urbana. Si bien en este trabajo se retomaron los antecedentes de la geodemografía mexicana, el punto de partida fue el avance realizado enArgentina para el contexto de la CABA. A pesar de que este último estudio puso en evidencia las diferencias que se producen a nivel intraurbano, restringir el análisis sólo a la CABA imposibilitó a las autoras indagar en procesos de configuración del espacio que podrían vincularse con dinámicas de la periferia. El interés de este trabajo de especialización fue, dar los primeros pasos para llenar este vacío y conocer los distintos tipos de hábitat que componen un municipio de la periferia del Aglomerado Gran Buenos Aires. El caso seleccionado, el municipio de San Fernando, está localizado en la zona norte, a 30 kilómetros de la CABA, y forma parte del conjunto de municipios exteriores abarcados por el principal aglomerado del país. A lo largo del tiempo, su crecimiento se vio en gran parte vinculado a la ciudad central, pero, 61 tal como sucedió con otras áreas periféricas, ha experimentado dinámicas específicas y novedosas en las últimas décadas. Como resultado de estos procesos, el municipio en su composición presenta importantes heterogeneidades habitaciones, que reflejan los extremos de la escala social y se plasman en la coexistencia de diferentes entornos urbanos. A nivel metropolitano, San Fernando constituye una bisagra entre las zonas tradicionalmente más consolidadas y la periferia degradada y recientemente fragmentada. El corredor norte de nivel socioeconómico alto –que se inicia en la CABA y se despliega sobre el litoral norte del Río de la Plata– pareciera adentrarse en el municipio, pero para discontinuarse precisamente dentro de él, donde emergen importantes zonas de nivel socioeconómico bajo. Las zonas de nivel socioeconómico alto se encuentran en el área costera y en parte del eje servido por el ferrocarril, y constituyen la culminación de la amplia zona litoral intermunicipal donde residen los sectores más acomodados del Aglomerado. En torno a las áreas de nivel socioeconómico alto, aparecen aquellas de nivel socioeconómico medio, que también se encuentran próximas al trazado del ferrocarril y conforman un corredor que continúa hacía el norte, cubriendo gran parte de la superficie de Tigre. A medida que se amplía la distancia con respecto a este gran corredor el nivel de las áreas residenciales de San Fernando comienza a descender hasta alcanzar niveles bajos en la zona oeste, sector con mayores dificultades en cuanto a la conectividad y la provisión de servicios. También en los espacios intersticiales, entre el trazado del ferrocarril y la red de autopistas, se registra una importante zona degradada. Sobre la base de esta estructura socioespacial general, se encontraron elementos que irrumpen y fragmentan estos entornos: enclaves de nivel socioeconómico alto en contextos vulnerables – principalmente barrios cerrados en espacios cercanos a las autopistas–, y áreas residenciales de nivel bajo en zonas céntricas del municipio –de nivel socioeconómico medio o alto–. Estas dinámicas, que ya fueron documentadas y estudiadas por distintos investigadores (Monclus, 1998; Prévôt Shapira, 2000; Janoschka, 2002; Torres, 2006; Gorelik, 2015; Marcos, 2015), ponen en evidencia una estructura socioespacial compleja donde han quedado huellas de la organización espacial del municipio –y de la ciudad más amplia de la que forma parte– en distintas etapas del desarrollo del país. Actualmente en San Fernando coexisten elementos de dos modelos de ciudad: 1) el de la ciudad industrial, estructurada en torno a las vías del ferrocarril, según el cual a mayor distancia del centro suburbano –en este caso San Fernando y Victoria– disminuye la capacidad socioeconómica de las áreas residenciales; y 2) el modelo post-industrial, donde surgen enclaves de riqueza y pobreza en entornos antes homogéneos de composición socioeconómica opuesta –barrios cerrados en contextos de nivel socioeconómico bajo y/o villas y asentamientos en entornos altos–, pero lejos de generar heterogeneidad social, producen diferenciación y hasta fragmentación en nuevas escalas. Los tipos de hábitat recuperan estas estructuras viejas y nuevas, así como aspectos vinculados con el proceso de poblamiento y el modo de producción del espacio habitacional, lo que permitió identificar un mosaico de entornos urbanos con características específicas. En el municipio de San Fernando se identificaron ocho tipos de hábitat: una Cabecera conurbada que lleva el nombre del municipio, el Pueblo conurbado de Victoria, Urbanizaciones populares de origen 62 informal (Villas y asentamientos precarios), Conjuntos habitacionales, Barrios cerrados, y Fraccionamientos por loteo de nivel socioeconómico (NSE) Alto, Medio y Bajo. Los dos primeros –Cabecera y Pueblo conurbado– reúnen al 19% de la población del municipio, se distinguen del resto por el proceso de poblamiento, ya que fueron las primeras zonas habitadas, y se ubican en torno a las estaciones de San Fernando, Carupá y Victoria (Ferrocarril Mitre). Por fuera de ellas, la superficie de San Fernando se fue poblando y densificando mediante el proceso de Fraccionamiento por loteo (de tipo formal) que adquirió –con el correr del tiempo– distintos niveles de consolidación. Desde esos núcleos tempranamente poblados, el nivel socioeconómico de los fraccionamientos desciende hacia el oeste, la zona peor comunicada y servida del municipio, mientras que hacia el este asume nivel alto. Dentro de este primer mosaico, se distinguen también Villas y asentamientos –que condensan el 10% de la población de San Fernando– y se diferencian de los Fraccionamientos por loteo de NSE Bajo por su origen informal en el modo de producción del espacio urbano. La mayoría se aglutina en la zona oeste, el área más degradada, donde se intercalan con los Fraccionamientos por loteo de NSE Bajo. Sin embargo, algunas también se pueden encontrar en el área central del municipio. Por un lado, se presentan como la situación cúlmine de la degradación urbana, y por otro, como islas de pobreza en torno al centro consolidado. Asimismo, también se encuentran en el Municipio Conjuntos habitacionales, es decir, barrios de viviendas de interés social definidos como tales por el hecho de que el Estado tuvo un rol protagónico en el financiamiento –y a veces construcción– y adjudicación de esas viviendas. Allí sólo reside el 3% de la población de San Fernando y se ubican de manera dispersa a la largo del territorio, desde las vías del Ferrocarril Mitre hacia el oeste. Finalmente, los Barrios cerrados –tipología que se caracteriza por romper mediante muros el trazado urbano y que tiene a inversores privados como promotores del loteo y desarrolladores de la infraestructura urbana – cuentan con la menor proporción de población del municipio y se localizan en la zona este, donde parece haberse llevado al extremo la continuación de los Fraccionamientos por loteo de NSE Alto. Aunque también se encuentran en el área que va del centro hacia el oeste del municipio, donde aparecen como enclaves de riqueza, rodeados de zonas de nivel socioeconómico medio y bajo. A lo largo del trabajo los tipos de hábitat funcionaron a modo de eslabón que permitió articular la dinámica del espacio urbano con la estructura, la dinámica demográfica y las condiciones de vida de la población y los hogares del municipio. La Cabecera del municipio, conocida en la actualidad como “San Fernando centro”, es el sector del territorio municipal más tempranamente poblado y cumple la función de subcentralidad local y último 63 nodo del eje de crecimiento de nivel socioeconómico alto del aglomerado. Como tal, se encuentra verticalizada, y tiene buena dotación de servicios urbanos y conectividad. Precisamente en su temprano poblamiento y en su rol de subcentralidad, se pueden encontrar pistas para entender las características demográficas y las condiciones de vida de la población y los hogares de este entorno, que sontan específicas. Buena parte de la población pertenecería a las últimas generaciones supervivientes de los flujos migratorios que densificaron el poblado inicial e hicieron de él una ciudad que tempranamente coalesció con el AGBA. Con ello, las proporciones de adultos mayores y de hogares unipersonales alcanzan los niveles más altos del municipio. También parece ser un entorno elegido como espacio residencial por jóvenes profesionales. Y dada su pertenencia al estrato socioespacial más privilegiado de toda la ciudad, no es de extrañar que se encuentren la menor incidencia de problemas de empleo, pobreza o población poco instruida. El Pueblo conurbado de Victoria es la segunda zona de mayor antigüedad del Municipio; y, si bien originalmente se fue gestando como pueblo independiente, “San Fernando centro” condensó el centro administrativo y civil, lo cual lo posicionó como la cabecera del municipio. Victoria es entonces un área residencial de nivel socioeconómico medio y, al igual que la Cabecera conurbada, se caracteriza por tener una estructura etaria envejecida como resultado del proceso de poblamiento, pero no así una función urbana de centralidad. Un hallazgo interesante, respecto a la composición de la población, se vincula con la presencia de extranjeros. Este tipo de hábitat se destaca –entre todas las tipologías– por tener los porcentajes más altos de población extranjera, compuesta principalmente por peruanos. Es interesante lo que sucede con la comunidad peruana en San Fernando, ya que a diferencia de lo que distintos investigadores vienen registrando en CABA (Mera y Vacotti, 2013; Marcos y Mera, 2015; Mera y Marcos, 2015; Mera et al., 2015; Marcos y Mera, 2018), allí la manera que esta comunidad – junto con los Bolivianos y los Paraguayos– tiene de acceder a la ciudad central es a partir de residir en villas y/o asentamientos, mientras que en San Fernando parecieran poder acceder a mejores localizaciones y condiciones de vivienda, a pesar de encontrarse en la periferia. Su parque habitacional se destaca por la presencia de casas –de estilo antiguas– y algunos departamentos, habitados en su gran mayoría por familias nucleares. A grandes rasgos, las viviendas no tienen dificultades en cuanto a la calidad y provisión de servicios, con la excepción del déficit en cobertura de la red cloacal, que puede ser consecuencia de las dificultades en la extensión de la misma. En torno a la Cabecera y el Pueblo conurbado se ubican los Fraccionamientos por loteo, que varían en función del nivel socioeconómico. Tal como señala Torrado (1995), las clases sociales tienen dinámicas demográficas específicas que quedan plasmadas –entre otros aspectos– en su estructura por sexo y edad. Tanto los Fraccionamientos de NSE Alto como Medio tienen una estructura envejecida –semejante a la de la Cabecera y el Pueblo conurbado–, un bajo peso de niños y una alta proporción de jóvenes, adultos y adultos mayores. Sin embargo, la población de los Fraccionamientos de NSE Alto está levente más feminizada que la de los Fraccionamientos de NSE Medio. Por el contrario, la estructura de los 64 Fraccionamientos de NSE Bajo es similar a la de las Villas y asentamientos: una población joven con escasa proporción de adultos mayores y una equilibrada relación entre sexos. El nivel de instrucción de las personas –de 25 a 64– años varía en función del nivel socioeconómico de los Fraccionamientos, dado que es un atributo constitutivo de la condición socioeconómica de la población tal como ha sido concebida en este trabajo. Por su parte, la desocupación se torna un problema en los Fraccionamientos de NSE Medio y Bajo. En términos generales, el parque habitacional de los Fraccionamientos por loteo se caracteriza por la importante presencia de casas, sin embargo, en los Fraccionamientos de NSE Medio y Alto se hacen presentes los departamentos como consecuencia de su ubicación dentro del municipio, ya que se encuentran próximos a áreas centrales donde la vacancia de tierra es menor. En las tres tipologías predomina el modelo de familia nuclear. Sin embargo, los Fraccionamientos de NSE Alto y Medio se destacan por una importante proporción de hogares unipersonales, rasgo asociado al envejecimiento de la población. Y en los Fraccionamientos de NSE Bajo –al igual que las Villas y asentamientos– las familias, como estrategia de supervivencia, comparten en mayor medida gastos de alimentación y vivienda con otros familiares o no familiares. A medida que se desciende en la escala social, la calidad de las viviendas y la provisión de servicios presenta mayores dificultades. Mientras que la extensión de la red cloacal alcanza casi a la totalidad de los hogares registrados en los Fraccionamientos de NSE Alto, en los de nivel Bajo desciende a las tres cuartas partes. Lo mismo sucede con el hacinamiento, que se hace presente en una cuarta parte de los hogares de los Fraccionamientos de nivel Bajo. Las Villas y asentamientos, por su parte, es el tipo de poblamiento con condiciones de vida más desfavorables. Tiene una estructura etaria muy joven –similar a los Fraccionamientos de NSE Bajo–, acompañada por una equilibrada relación entre sexos. Asimismo, cuenta con la mayor cantidad de personas –de 25 a 64 años– analfabetas y con bajo nivel de instrucción (apenas primario completo o secundario sin finalizar), y la tasa de desocupación es la segunda más elevada del municipio. Las Villas y asentamientos de San Fernando, en su gran mayoría están compuestas por casas en donde residen principalmente familias nucleares, que en muchos casos comparten los gastos de alimentación con personas ajenas al núcleo conyugal, e inclusive comparten la vivienda con otras unidades domésticas. Estos hogares declaran tener dificultades materiales en la calidad de las viviendas donde residen, particularmente en los techos, así como en la provisión de servicios. Ello se combina con elevados registros de hacinamiento y NBI. Los Conjuntos habitacionales se diferencian del resto de las tipologías por tener al Estado como agente financiador de vivienda, y en San Fernando se constituyen como áreas residenciales de nivel socioeconómico medio. A diferencia de las Villas y asentamientos, tienen bajos porcentajes de niños, alta proporción de adolescentes y elevado peso de jóvenes y adultos. Este rasgo de la estructura etaria se vincula con el proceso de poblamiento de los barrios, puesto que los Conjuntos habitacionales de San 65 Fernando datan de entre 1970 y 1990, por lo cual, podríamos estar frente a las familias que fueron las primeras adjudicatarias de dichas viviendas, que hoy se encuentran en una etapa similar de su ciclo vital. De las personas de 25 a 64 años allí registradas, la gran mayoría cuenta con un nivel de instrucción intermedio. No obstante, esta tipología presenta la tasa más alta de desocupación del municipio, incluso por sobre las Villas y Asentamientos. Los Conjuntos habitacionales de San Fernando se destacan por constituir un parque habitacional conformado casi exclusivamente por departamentos (estilo monoblock) en donde residen, en su mayoría, hogares familiares nucleares. La calidad de estos departamentos no pareciera ser un problema para la población que allí reside, ya que la provisión de servicios se extiende a todos los hogares, y la calidad de las viviendas es aceptable. Por último, los Barrios cerrados –junto con los Fraccionamientos de NSE Alto– se constituyen como un área residencial privilegiada. Comparten con los Conjuntos habitacionales el hecho de haber sido construidos o desarrollados y poblados en períodos de tiempo relativamente cortos, aunque en momentos históricos y a través de modos de producción del espacio urbano muy distintos. Es lógico entonces haber encontrado que las familias de una y otra tipología se encuentren atravesando etapas del ciclo vital específicas –etapade expansión, en el caso de los barrios cerrados, que son muy jóvenes; y etapa de contracción, en el caso de los conjuntos habitacionales, que ya llevan poblados unas décadas– Situados en el extremo opuesto al de las Villas y asentamientos, los barrios cerrados cuentan con la población más instruida del municipio, al punto de que la mitad de las personas de 25 a 64 años finalizaron el nivel superior o universitario. Si bien su parque habitacional se compone en su mayoría por casas, cuenta con una interesante proporción de departamentos estilo dormies. Los hogares son en su amplia mayoría familias de tipo nuclear completo. Esto se debe a que los Barrios cerrados son áreas residenciales pobladas recientemente por las clases medias-altas y altas para transitar la etapa de expansiva de su ciclo de vida familiar, que aún se encuentra en curso. Al ser una de las áreas más privilegiadas, registran los menores problemas tanto de provisión de servicios y calidad de las viviendas como de empleo y pobreza. Los diferenciales demográficos que surgen a partir de clasificar el territorio por tipos de hábitat, permiten comprender dinámicas –principalmente relacionadas con los procesos de poblamiento– que trascienden a las cuestiones vinculadas exclusivamente con la segregación. En este sentido, este trabajo de especialización permitió identificar contextos urbanos con atributos demográficos bien específicos cuya característica distintiva no es el nivel socioeconómico, sino algún aspecto relacionado con el proceso de poblamiento y el modo de producción de la ciudad. Ello permitió, además, trazar puentes entre las distintas tipologías por encima del nivel socioeconómico. Por ejemplo, se encontró similitud entre los Barrios cerrados y los Conjuntos habitacionales respecto a la estructura de la población y los hogares; las tendencias compartidas, en relación con la estructura y el nivel de consolidación de las viviendas, de la Cabecera y el Pueblo conurbado, entre otras. 66 Desde el plano metodológico, este trabajo tuvo un doble desafío: por un lado, integrar distintas fuentes de datos, ya que a la cartografía censal se le incorporó información adicional que permitió identificar a los distintos tipos de hábitat (cartografía histórica del AGBA para reconstruir la Cabecera y el Pueblo conurbado; registros de Conjuntos habitacionales y Villas y Asentamientos precarios; Cartografía de barrios cerrados, entre otros); por otro, adaptar la tipología original –que había sido elaborada para la otros contextos– con el fin de reflejar las particularidades de la periferia bonaerense. En este sentido, la heterogeneidad que caracteriza a San Fernando lo confirmó como un rico objeto de estudio, ya que permitió estudiar la especificidad sociodemográfica de un interesante abanico de tipologías de hábitat. Habiendo sorteado los desafíos metodológicos, se pudieron obtener –tal como señalan Marcos et al. (2015)– resultados de escala macro-social, ya que esta propuesta abarca al municipio (área continental) en su totalidad y, a la vez, micro-espacial, en la medida en que pone en evidencia diferenciales que se producen a nivel intraurbano. En relación con este último aspecto, surgieron los siguientes interrogantes: ¿Son los tipos de hábitat de San Fernando extrapolables a otras las áreas residenciales periféricas del AGBA? A partir de ellos, ¿se podrán identificar tendencias comunes o patrones que se extienden más allá de los límites municipales? 67 7. BIBLIOGRAFÍA Abba, A. P. (2005). Nuevas lógicas de centralidad urbana en el siglo XXI/Área Metropolitana de Buenos Aires. 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Todas las variables están altamente correlacionadas con el factor, ya que presentan coeficientes superiores a 0,7 en todos los casos. Sin embargo, el menor coeficiente lo obtiene la variable “Porcentaje de hogares con agua de red dentro de la vivienda”, lo que puede deberse a que el comportamiento espacial de esta variable en la ciudad depende de la extensión de la red. Este indicador suele tener una configuración centro-periferia que no siempre se vincula con el nivel socioeconómico de los hogares, es decir, hogares de nivel socioeconómico alto pueden no contar con agua de red dentro de sus viviendas debido a que se localizan en zonas que aún no se encuentran servidas. Cuadro 1. Componentes y estadísticos del Factor 1 Variables Componente Factor 1 Porcentaje de hogares con computadora 0,951 Porcentaje de hogares con agua de red dentro de la vivienda 0,701 Porcentaje de hogares que utilizan como combustible para cocinar gas de red, gas a granel o gas en tubo 0,893 Porcentaje de población de 25 a 64 años con educación universitaria completa 0,856 Valor propio 2,926 % de la varianza 73,162 (1) Método de extracción: Análisis de componentes principales. Medida de adecuación muestral de Kaiser-Meyer-Olkin: 0,641 Fuente: Elaboración en base a INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010. Este primer análisis permite condensar las variables originales y construir la variable compleja nivel socioeconómico. Las puntuaciones que se obtienen de dicho factor para cada área residencial, se utilizan como insumo para realizar un análisis de conglomerados jerárquicos o clusters. Lo que posibilita 20 El estadístico KMO varía entre 0 y 1. Los valores menores a 0,5, indican que la intercorrelación entre las variables no es grande y, por lo tanto, el análisis factorial no sería adecuado, ya que se necesitaría casi tantos factores como variables para incluir un porcentaje de la información aceptable (Treiman, 2014). 21 El valor propio o autovalor, expresa la cantidad de la varianza total que está explicada por cada factor, y los porcentajes de la varianza explicada asociados a cada factor se obtienen dividiendo su correspondiente autovalor por la suma de los autovalores (la cual coincide con el número de variables) (Treiman, 2014). 75 clasificar cada radio censal, tal como es trabajado en la metodología mexicana, según sea alto, medio o bajo el nivel socioeconómico de la población. Anexo 2. Extranjeros del Pueblo conurbado de Victoria por país de nacimiento Cuadro 1. Extranjeros por país de nacimiento. Pueblo conurbado, municipio de San Fernando, 2010 País de nacimiento Absolutos % Bolivia 12 2,03 Brasil 10 1,69 Colombia 3 0,51 Chile 9 1,52 Ecuador 1 0,17 Estados Unidos 3 0,51 Honduras 1 0,17 México 1 0,17 Paraguay 41 6,93 Perú 380 64,19 Uruguay 33 5,57 Líbano 1 0,17 España 30 5,07 Italia 57 9,63 Polonia 1 0,17 Portugal 8 1,35 Montenegro 1 0,17 Total 592 100,00 Fuente: Elaboración propia basada en INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda 2010.