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Dices que todo es culpa mía. ¿No has aprendido ya que los débiles son devorados por los fuertes? Sólo el más despiadado, el más vicioso, puede estar en la cima. Venga lo que venga... que quede claro que se lo merecen. Te dije que te inclinaras, ¿no? Ahora es mi momento. Con amor, Señora Callahan MELODY ¿Te odio? Pequeña, no eres digna de mi odio. ¿Arruinaste mi familia? No me hagas reír. Cientos lo han intentado antes que tú y han fracasado. Cientos lo intentarán después de ti y fracasarán de nuevo, Porque, pase lo que pase, somos fuertes. Tú predicas sobre ser despiadado o vicioso... Yo soy esas palabras personificadas. La única inclinación será de ti hacia mí. Prepárese, señora Callahan. La verdadera Señora Callahan está llegando. Children Of Vice # 6 UNO “Es una historia muy oscura de codicia, traición y venganza... y en el corazón de todo ello había una hermosa chica” ~ Emerson Winn ~ ETHAN Caminé por los pasillos acribillados de mi casa el día después de mi boda, el sonido del silencio resonaba con cada paso que daba. Todo el mundo, excepto una persona, lloraba alrededor del cuerpo de mi tía Coraline. Y cuando entré en nuestro dormitorio, esa única persona estaba ahora sentada tranquilamente en el borde de la cama, ya no llevaba su segundo vestido de novia sino un sencillo vestido blanco y gris, con una botella de vino tinto en la mano. Cerré la puerta tras de mí y eché el cerrojo. —¿Darcy te ha amenazado? —habló con frialdad. —Dice que lo llamen Killian ahora —dije mientras caminaba hacia ella. —Eso encaja mucho mejor —murmuró y bebió de la botella—. Sin embargo, tiene un largo camino por recorrer antes de ser el hombre que tú quieres que sea. Y mucho menos un verdadero rival contra ti. —Ahora te has convertido en el enemigo número uno, Calliope. Nunca te perdonarán. Se rio, sacudiendo la cabeza. —No necesito su perdón. No me importa su perdón. Ellos no son la razón por la que estoy aquí. Tú lo eres, así que ¿por qué no me preguntas por qué? —Porque creo que sé por qué —respondí, colocando mi arma contra su cráneo—. Pero podría estar equivocado. Estoy 90% seguro de que no lo estoy. Pero ese 10% siempre es una perra fastidiosa. Me miró fijamente, sin inmutarse. —¿Podrías incluso apretar el gatillo? —Lamentablemente, sí. Ya lo sabes. —Tiré hacia atrás del martillo—. Quedaría mal matarte después de una boda tan pública o de una renovación de votos, o de una tapadera, o de una distracción, o de lo que sea que lo llamemos hoy. —Sí, lo sería. La gente diría que estás maldito. Que todas las mujeres de tu brazo acaban muertas. —Ella sonrió y bebió de todos modos a pesar del arma—. Se necesitaría mucho esfuerzo para limpiar esto. BANG. Disparé la botella junto a nosotros. Calliope giró la cara para protegerse, pero eso no impidió que el vino la salpicaran a ella e incluso a mí. —Ha sido un desperdicio de buen vino —refunfuñó, limpiándose la mejilla, pero yo volví a acercar el arma a su rostro. Ella se limitó a mirarla y luego volvió a mirarme con ojos cansados—. Ya sabes que te voy a contar la verdad. Y por qué lo de hoy tenía que pasar como pasó... tanto por tu plan como por el mío. Entonces, ¿para qué sirve el arma? Si no la usaste cuando Fiorello estaba aquí conmigo, ¿por qué la vas a usar ahora? —Porque ahora puedo demostrar que estoy molesto, muy jodidamente molesto. —Sabía lo que me iba a decir. Vi que nuestros dos caminos se habían convertido finalmente en uno. Sólo odiaba el hecho de que tuviera que unirse de esta manera, justo sobre el cuerpo de mi tía. —¿A quién más de esta familia podría haber elegido? —susurró, presionando su mano sobre la mía e inclinándose hacia el arma—. La gente muere en la guerra, Ethan. No estábamos aquí cuando empezó, pero aún así tenemos que luchar. Tú lo sabías. Se supone que todos en esta familia lo saben. Cora lo sabía. Ella dijo que era la regla número uno de la familia. La regla número uno de los Callahan. Matas por la familia. Mueres por tu familia porque no puedes confiar en nadie más. Lentamente bajé mi arma. No había nadie más aquí que nosotros. Mis padres estaban ahora huyendo por sus vidas. Fiorello y el resto de los enemigos de mi familia estaban celebrando esta victoria contra nosotros. Esta victoria que Calliope les había entregado en mano y yo había permitido. Nadie escuchaba ni espiaba. Por primera vez, podíamos decir la verdad clara y abiertamente antes de que el tablero de guerra se restableciera. —Vamos a repasarlo todo, desde el principio, Calliope. —Está bien, pero después, o me das vino o me das la muerte. —Trato hecho. UN AÑO DESPUÉS LIAM - PRESENTE Podía recordarlo. Casi como si fuera ayer. La maldita y clara señal que debería haber seguido. La que Melody había mostrado pero que yo no entendía. Que ella misma no entendía entonces. Fue hace unos veinte años; ese día, entré y la vi sentada detrás de mi escritorio en el estudio con una mirada extraña en su rostro. Lo recordé. LIAM - HACE 20 AÑOS —¿Acaso quiero saberlo? —pregunté cuando entré en el estudio sólo para verla sentada en mi silla, con las piernas y los brazos cruzados, mirando a la nada... en silencio. Y por alguna razón, todavía no había descubierto, después de todos estos malditos años, por qué su silencio era siempre tan condenadamente ruidoso. Melody no me respondió. Se limitó a sentarse allí, perdida en cualquier pensamiento asesino que bullera en su mente, lo que era una respuesta en sí misma. Tenía que saber qué era lo que la afectaba tanto. Especialmente después de la semana que acabábamos de pasar. —¿Mel? —Hmmm —respondió, levantando la cabeza al escuchar mi voz, sus ojos marrones finalmente se encontraron con los míos. —¿Qué pasa? —Nada —mintió, sacudiendo la cabeza antes de exhalar y arrojar su teléfono para recoger cualquier trabajo en el escritorio en el que iba a fingir estar interesada. —Entonces, ¿ahora nos mentimos el uno al otro? —Afirmé, acercándomea la barra y sirviéndome un poco de brandy—. Bien. Ahora es el momento de decirte que me gusta tu corte de cabello. Es lindo. Su cabeza se volvió hacia mí, y los planes asesinos que había estado dirigiendo a otra persona, los cambió inmediatamente hacia mí. Su mandíbula se quebró hacia un lado mientras se inclinaba hacia atrás en su silla. —¿Es tu forma de decirme que no te gusta mi cabello? Sonreí antes de dar un sorbo a mi bebida. —¿No te diste cuenta por mi rostro? —Eres un maldito idiota —refunfuñó, desviando su atención de mí y volviéndola a su trabajo. Me aproximé a un lado del escritorio y traté de tocarle el cabello, pero con la velocidad del rayo me apartó la mano como si fuera una mosca. —Si no te gusta, jodidamente no lo toques —se burló de mí. —Me encanta tu cabello. Sólo odio que te lo cortes. Puso los ojos en blanco. —Todavía me pasa de los hombros. —Apenas —hice un mohín antes de beber. Ella suspiró. —¿Has venido a molestarme? —Sí —sonreí—. Pero ya estabas molesta cuando llegué, así que ahora tengo curiosidad por saber quién ha estado irritando a mi esposa en mi lugar. —Tienes tres hijos, Liam, ¿cuándo piensas dejar de serlo tú? —Ah, ¿entonces son los niños los que te molestan? —pregunté, ignorando su comentario antes de negar con la cabeza—. No, incluso cuando te llevan al borde de la locura, no tienes esa mirada en los ojos. —¿Y qué mirada es esa, Obi-Wan Kenobi1? Sonreí como un loco con gas hilarante, poniendo la mano sobre el corazón. —¿Qué? —me espetó. —Después de todos estos años y de tanto esfuerzo, por fin te has unido a mí en el lado oscuro... ¿lo entiendes? ¿Lado oscuro? Star Wars... —Te dispararé —me espetó. —Sabes que esa amenaza se vuelve menos temible cada vez que me disparas. —Respondí con una leve sonrisa. —¿Qué tal si dejas de hacer que te amenace? —¿Qué tal si me dices qué te pasa la primera vez que te lo pregunte? 1 — Obi-Wan Kenobi. Personaje ficticio de la saga Star Wars. —¿Qué tal si escuchas cuando digo que no pasa nada? —Me di cuenta por la mirada de sus ojos que estaba molesta. —Entonces, ¿no pasa nada? —Eso es lo que he dicho. —Entonces, ¿por qué estabas mirando a las paredes? —No estaba mirando. —Estabas mirando. Lo sé, te vi; no te viste a ti misma. Ella exhaló. —Liam, sólo estaba pensando. —¿Sobre qué? —¿Debo compartir todos mis pensamientos contigo? —No, pero sería muy útil, nena. —Le guiñé un ojo y me preparé para agacharme por si acaso. —No vas a dejarme sola hasta que lo descubras, ¿verdad? —cuestionó. Levanté mi vaso hacia ella. —Bingo. Ella resopló. —De todos los hombres del mundo con los que podría haber acabado... te tengo a ti. —¿No tienes suerte? ¿Quién más podría...? —Cuidado con tu próxima frase, esposo —sus ojos se entrecerraron mientras se cruzaba de brazos. Sonreí y lo dejé pasar. Al entregarle un vaso, la miré ahora. —Llevas todo el día sumida en tus pensamientos. ¿Qué pasa? ¿En serio? Sé que, si fuera lo suficientemente serio como para ser una preocupación, ya lo sabría. Pero incluso los pequeños problemas merecen mi atención. —No te lo he dicho porque me vas a descartar —refunfuñó ella, terminando el resto de su brandy. Hizo una mueca. Lo odiaba pero, sin embargo, se lo bebía siempre que se lo daba. —Pruébame de todos modos. —Bien —afirmó, levantando su teléfono para que lo viera. Leí el mensaje pero no lo entendí. —¿Qué tiene que ver un billete de avión cualquiera con nosotros? —Mira el nombre. Volví a comprobarlo. —¿Calliope Affini? ¿Quién es y por qué nos importa? —¿Recuerdas la pequeña chica con la que hablé en la fiesta de cumpleaños de Wyatt y Dona? Volví a pensar, recordando vagamente, aunque hacía sólo unos días. Habíamos hablado con tantos inútiles que todos se difuminaban. —¿La pequeña chica con la que Ethan estaba en el baño? —añadió. —¿La mocosa que inundó el baño de invitados de la planta baja? —solté, molesto. Uno de los hombres de seguridad me había notificado después de la fiesta que habían visto a Ethan entrar con una chica. Cuando hablé con Ethan al respecto, se limitó a desentenderse, diciendo que ella era rara. Y yo estaba más centrado en explicarle por qué no debería estar en el baño con chicas... al menos no a su edad. —Esperaba que te molestara que estuviera sola con tu precioso Ethan. Sin embargo, mandarla a Italia es un poco duro, Mel. Son sólo niños. No saben... —No soy yo quien la envía. Hice una pausa. —Entonces, ¿por qué nos importa de nuevo? —Tiene un billete de ida a Lazio, Italia. ¿Sabes quién vive en Lazio, Italia? —preguntó, y antes de que pudiera responder, lo hizo—. Fiorello Orsini. ¿Sabes quién es Fiorello Orsini? —Solía trabajar para tu padre, ¿verdad? —¿Mi padre solía llamarlo mano sinistra? —¿Mano izquierda? —Me reí—. Los apodos que se le ocurren a tu gente. —Una mano derecha es una ayuda indispensable, alguien con quien se puede contar, alguien que es un soldado y está dispuesto a seguir todas las órdenes, de la manera más eficiente. ¿Pero un hombre-izquierda? Es difícil de controlar. Hace el trabajo, pero no de la manera más bonita o mejor. Sigue las órdenes, pero también tiene una mente propia y a veces desea tomar el control. No importa lo que hagan, siempre están torcidos. —¿Y a Fiorello le pareció bien ese apodo? —Solté una risita porque me pareció más un insulto que un honor. —Mi padre sólo me dijo eso —dijo sin humor, con un tono serio que no entendí del todo—. Mi padre me advirtió que nunca me acercara demasiado a Fiorello, lo cual me resultó extraño. Me crié rodeada de hombres malos. Sin embargo, nunca me había advertido de nadie más que de Fiorello Orsini. Normalmente, no habría hecho caso, para averiguar la verdad sobre él por mí misma. Si fuera completamente una bala perdida, mi padre no lo hubiera contratado. —¿Y qué descubriste? —Fiorello es un completo y absoluto psicópata. —Mel, odio tener que decírtelo, pero la gente dice que somos psicópatas. —De hecho, nos han llamado sociópatas, narcisistas, sociópatas narcisistas, la lista es interminable. —¿Violan a las mujeres por diversión? —Ella pregunta. Mi ceja se levantó ante eso, y ella simplemente asintió. —Me lo imaginaba. —Al parecer le gustaba una “buena pelea” en sus mujeres. Y no era asunto de mi padre mientras hiciera su trabajo y no nos jodiera. Todos eran criminales de alguna manera. Mi padre nunca se preocupó por otras mujeres más que por mí... y quizás por mi madre. Pero ese no es mi punto. Lo que quiero decir es que, por muy duro y brutal que fuera mi padre conmigo, por muy depravado que fuera con sus enemigos, seguía queriendo que estuviera lo más segura posible. —Frunció el ceño mientras su dedo golpeaba el vaso de brandy, ahora vacío—. Tenemos una hija de la misma edad que esta Calliope. ¿Hay alguna razón para que envíes a Dona con un hombre como Fiorello Orsini? Hice un chasquido con la mandíbula hacia un lado, ahora molesto por la simple pregunta. Volví a mirar el teléfono. —¿Quién diablos envía a su pequeña a un violador? —El hijo de un violador —contestó con tranquilidad. —¿Qué? —Roman Affini solía ser Michelangelo Orsini... el único hijo de Fiorello Orsini, después de que tu padre matara a sus otros hijos. Ahora sí que se estaba entendiendo. —¿Esa familia de don nadie a la que insistes en invitar a todos nuestros malditos eventos porque crees que están buscando venganza? ¿Cuánto tiempo ha pasado? Me advertiste de ellos cuando nos casamos. Y no han hecho otra cosa que fabricar lápiz de labios y sombra de ojos. ¿Ahora te preocupas porque su hija se va a vivir con su abuelo violador loco? —Nadie deja de lado los asesinatos de sus hijos. Mi instinto me dice que algo está muy mal en esa familia. Sóloque no puedo poner el dedo en la llaga. Se me escapa algo. Suspiré, tirando el teléfono sobre la mesa. —Entonces, ¿qué quieres hacer? ¿Ir a masacrarlos a todos? —Sabía que me ibas a descartar, joder —maldijo, levantándose de la silla. —No te estoy descartando. —En cierto modo lo hacía—. Sólo digo que un billete de avión no es una prueba de un complot masivo contra nuestra familia. —Ella me dijo que iba a ser más fuerte. —Me miró fijamente—. Y ahora se va al infierno... donde una pequeña se convierte en ceniza o en fénix. —Qué poético —respondí, poniéndome de pie—. Pero ahora tenemos enemigos reales a los que enfrentarnos. Hoy. No hagamos nuevos. Como dije antes, si te molesta, matémoslos y sigamos adelante. Pero tienes que tener en cuenta que no vamos a tener seguidores leales si seguimos matando a familias leales. Su familia no nos ha hecho nada. Lo has comprobado. —¿Me lo recuerdas? Fui yo quien te lo dijo. ¿Sabes qué? No importa. Lo que sea. Esto es por lo que no quería hablar contigo de esto para empezar. Voy a... —Relájate —dije, poniendo mi mano en su muslo. Al ver su rostro, no pude evitarlo—. No puedes planear matar a pequeñas chicas con el ceño fruncido. Te parecerás a un villano de Disney... !Ah! —me agarré la nariz, dando un paso atrás por la fuerza de su puño. Si hubiera sido más fuerte, me la habría roto. —Cuidado, no puedes seguir siendo molesto y recibir golpes así. Ya no eres tan joven como antes. Podrías acabar como Humpty Dumpty2 —replicó, dando un paso alrededor del escritorio hacia la puerta. —Yo también te amo —refunfuñé, frotándome la nariz. SLAM. Por encima del dolor, puse los ojos en blanco y levanté su teléfono olvidado, mirando de nuevo el billete de avión. —Su instinto —murmuré. ¿Qué problemas podría causar una pequeña chica don nadie? Pero era raro que sus padres la mandaran lejos. No, no caeré en esa madriguera. Con que uno de nosotros se obsesionara con futuras amenazas era suficiente. Calliope Affini u Orsini, o lo que fuera, no era mi puto problema. 2 — Humpty Dumpty. es un personaje de una canción infantil inglesa. Es representado como un huevo antropomórfico. En la canción hacen mención a que se cayó y se rompió. LIAM - PRESENTE ¡Calliope Affini u Orsini, o como carajo se llame, es ahora mi puto problema! ¡BANG! —¡Por el puto amor de Dios! —grité, arrojando el cuerpo fuera de mí y a un lado como el saco de mierda que era. Me agarré a la barandilla de la escalera y me levanté del suelo—. ¡Soy demasiado viejo para esta maldita mierda! —¿Quieres dejar de gritar, por favor? —preguntó Melody mientras se movía entre los cuerpos en el suelo. —No, no voy a dejar de gritar. De hecho, ni siquiera he empezado a gritar de verdad, joder. —Miré fijamente y señalé a la cámara de seguridad—. ¡Ustedes! ¡Sí, quiero decir ustedes, hijos de puta! Malditos bastardos con cara de mierda. Ha pasado un maldito año. Estoy cansado de matarlos, cada dos malditos días. Salgan, y terminemos con esto, maldita sea. —La conexión de seguridad se cortó hace una hora —dijo ella, poniéndose en pie tranquilamente para situarse frente a mí. La sangre le salpicaba el rostro y le manchaba las manos. Se le había salido el cabello de la trenza y tenía cortes en los labios y la ceja—. Nadie te está escuchando, perra, excepto yo. Haciendo una pausa, sujetando mi arma con una mano y la barandilla con la otra, exhalando profundamente, finalmente encontré la fuerza para volver a hablar. —Durante el último año, me han disparado una docena de veces, me he roto la mitad de los huesos, casi pierdo el ojo, me han arrancado un trozo de cabello y ahora... —Señalé mis pantalones—. Me ha vomitado encima como si fuera una basura desechable por un enano asesino, porque ¿por qué no iba a haber un enano asesino en este carnaval de putos asesinatos de circo? Lo siguiente, seguro será luchar contra el ¡Payaso It! A pesar de todo, creo que me he ganado el derecho a quejarme un poco. —Claro, ¿pero tiene que ser conmigo? —preguntó ella—. Sí, ¿te acuerdas de mí? La mujer que ha estado a tu lado, rompiendo mis huesos, recibiendo disparos, casi quemándose viva. A mí también me gustaría quejarme, pero no tenemos tiempo. Quizá la próxima vez, cuando te diga con veinte años de antelación que te preocupes... —¡Lo sabía, joder! —¡Lo sabía!— ¡Sabía que habías estado esperando para decirme te lo dije desde hace meses! —¿Pero no te lo dije? —¡Por el amor de Dios, Mel! ¿Cómo iba a saber que estaban levantando un ejército? ¡Tu instinto mágico no me dijo todo eso! —¡Sabía que era un problema! —Mel contesta. —Por eso dije que siguieras adelante y la mataras, pero que tuvieras una razón válida. Ahora estás... —¿Qué es ese olor? —Ella hizo una pausa para preguntarme. Yo también hice una pausa. Y sólo cuando ambos nos quedamos callados oímos el silbido junto con el olor a gasolina. Miré los ojos inyectados en sangre del enano mientras se movía ligeramente, con una sonrisa en el rostro mientras encendía una cerilla con las manos. —¡Joder! —¡Ventana! Corriendo hacia ella, sentí el calor y vi la llamarada elevarse como una bola de fuego del infierno en el reflejo del cristal antes de bracear, mientras atravesábamos el cristal. El cielo nocturno se difuminó antes de que el torrente de agua fría me envolviera. Pedazos de escombros, madera, vidrio y metal volaron al agua con nosotros. Al hundirme hasta el fondo, busqué a Melody, pero ella me encontró primero. Su mano se unió a la mía, señalando la esquina opuesta de la piscina. Incluso bajo la gruesa capa de agua, podía oír cómo la casa estallaba en llamas sobre nosotros. Parecía que habían pasado horas, pero teníamos que asegurarnos de que no había nadie afuera. Lentamente, levanté la cabeza fuera del agua detrás de un trozo de silla rota. La ausencia de disparos era una buena señal. Saliendo del agua hacia el borde, tomé aire antes de correr hacia el lado de Melody de la piscina, metiendo el brazo. Un segundo después, ella salió a flote. ¡BANG! —¡Liam! Realmente soy demasiado viejo para esto, pensé al ver su hermoso rostro pasar por delante de mí y caer al agua. Maldita sea su instinto. Y maldita sea esa maldita perra, Calliope. ETHAN —Estás pensando en mí? —preguntó ella, metiendo la cabeza delante de la mía como si fuera un maldito pájaro cuco. —No. —Qué raro, podría jurar que sentí que alguien me maldecía —respondió, tomando asiento en mi regazo, incluso moviéndose un poco para ponerse cómoda. El olor a vainilla y a rosa de su largo cabello castaño llenaba ahora mi nariz. Sus labios rojos se estiraron en una leve sonrisa. Sus ojos grises se clavaron en mí al acercar su rostro—. Y como estás enfadado conmigo, he pensado que deberíamos hablarlo antes de que me vaya. —Calliope, estoy tratando de leer. —Agité la tablet junto a su cabeza por si no se había dado cuenta. —Estoy pensando en hacer una cena familiar esta semana. —Ella no lo miró aunque se dio cuenta, pero no le importó—. Hoy es la noche de la cita. —Calliope... —¿Qué te parece? ¿Cena o la ópera? Giré la cabeza, volviendo a mirar el documento que estaba leyendo. —Que sea cena. Realmente no tenía sentido que hablara. Ella era totalmente capaz de mantener una conversación sin mí. —Ethan, se supone que debes intervenir y decir: ¿Pero no vas a estar cansada después de pasar toda la tarde en el almuerzo, mi amor, la mia anima? Continué. —Y tendrías razón. Estaría cansada. Asesinar presidentes y tramar la caída de los mayores criminales del mundo son, en realidad, menos agotadores que las farsas de los aspirantes a aristócratas de esta ciudad, que fingen saber o dar una mierda por el arte. ¿Pero qué puedo hacer? El trabajo es el trabajo. Debo serfalsa con ellos. Pero después de eso, soy libre y toda tuya. La noche de la cita es importante, y nada puede cambiar eso. Me removí en mi asiento, tratando de ignorarla, pero ella era Calliope, y siempre tenía que ganar la guerra, aunque fuera en mi contra. Me besó un lado de mi rostro antes de acercar sus labios a mi oído. —PD. Te he ofrecido para que hables en el baile del gobernador mañana por la noche. Inmediatamente, aparté mi mirada de la tablet y me quedé mirando su rostro, que ahora estaba, si cabe, a menos de un centímetro del mío. Puso sus brazos sobre mis hombros. —No te preocupes. He escrito el discurso por ti, ya que no te importa. Y antes de que preguntes “si ibas a escribirlo, por qué no das el maldito discurso tú misma” recuerda que es un discurso en honor a la primera mujer gobernadora de la historia de este estado. Significa más viniendo de ti, el hijo de la primera gobernadora, que de tu esposa trofeo. —Eres un trofeo muy pesado. —La fulminé con la mirada. —Es porque estoy hecho de oro macizo, jefe. —Su sonrisa se amplió y me besó rápidamente los labios antes de retirarse. Se levantó de mi regazo para ajustarse la falda hasta la rodilla de su vestido de cóctel rojo de cuello redondo. Me di cuenta de que parecía una seductora chica pin-up de época, desde el estilo de su cabello hasta su cintura ajustada, pasando por el collar de diamantes que llevaba en el cuello. —¿No se supone que esto es un almuerzo benéfico? —Le pregunté. —Lo es. —El vestido podría ser un poco excesivo. —Tonterías. Las señoras decidieron subastarnos en citas para recaudar dinero este año —dijo, inclinándose lo suficiente como para que yo pudiera ver la parte superior de su pecho—. Y como mi esposo se negó a venir, tengo que esforzarme un poco más, ¿no crees? Si no, ¿cómo alguien va a pujar por mí? —La última vez que lo comprobé, se suponía que todos subastaban arte, no a ustedes mismas. —Deberías haberlo comprobado de nuevo. Además, el arte es tan aburrido de hacer todos los años. Necesitábamos mezclarlo un poco. Hice lo mejor que pude para no mostrar el fastidio que sentía surgir en mí, especialmente porque sabía que Calliope estaba haciendo esto a propósito. —Entonces, cuando dices que las damas decidieron subastar, quieres decir que tú lo decidiste. Sin ninguna vergüenza, asintió, besando un lado de mi rostro. —Pero no te preocupes; realmente no tienes que venir. —No lo haré —afirmé con frialdad, levantando de nuevo la Tablet—. De hecho, estoy aún más enfadado contigo. En lugar de explicarte, has cambiado la subasta para ponerme celoso, para distraerme de mi enfado original contigo. ¿Parezco tan irreflexivo como para ser manipulado tan fácilmente? Adelante, diviértete. —¿Por qué tendría que distraerte? —tuvo la audacia de preguntar—. No he hecho nada de lo que avergonzarme. —¿Lo has hecho alguna vez? —No —respondió ella, a pesar de mi sarcasmo—. Y no te preocupes, me lo pasaré en grande. Mientras tú te enfurruñas aquí enfadado por mierdas del pasado que yo no puedo cambiar, ni lo haría. —¿Ni lo harías? —Mi agarre se tensó, pero me negué a mirarla—. ¿De verdad? —¿Vienes o no? —Ya he dicho que no. —Imbécil. La ignoré, así que tomó su bolso de la mesa y se levantó para irse. —Sólo recuerda, mientras me divierto, que te ofrecí una rama de olivo, y la rechazaste. SLAM. Mirando la puerta por un momento, levanté la tableta para lanzarla, sólo para que la puerta se abriera, y me detuve. Sin embargo, Calliope no volvió a entrar. —¿Todavía hay problemas en el paraíso? —preguntó el tío Neal, enarcando una ceja mientras miraba hacia el pasillo y luego hacia mí—. ¿Qué ha pasado esta semana? Habían estado muy enamorados estos últimos meses... todo lo que podían estar, supongo. —¿Necesitas algo? —pregunté. Se rio, entrando en el estudio. —¿No puede un tío comprobar cómo está su sobrino de vez en cuando? —Eso depende de lo que esté comprobando —murmuré, frotando un lado de mi cabeza, tratando de distraerme del pensamiento de mi loca esposa. —¿Hay algún tema por el que no te importe que te comprueben? —volvió a presionar. Y no lo había. Así que no contesté. En su lugar, me senté allí haciendo exactamente lo que ella dijo que haría, enfurruñándome. Lo peor era que ni siquiera podía cerrar los ojos sin olerla o recordar ese maldito vestido que llevaba. —Toma. Miré el vaso con brandy. —Son las diez de la mañana, tío. —Y son las cuatro de la tarde en Dublín —dijo, empujando el vaso hacia mí—. Los problemas con las esposas bajan más fácilmente con el licor marrón. —Mmm. —Tomé el vaso, lo removí y me acomodé en mi asiento mientras él tomaba asiento en el sillón de cuero frente a mí. —¿Por qué se pelearon? No respondí. —Sea lo que sea por lo que estén peleando, déjenla ganar —dijo, dando un sorbo a su bebida, lo que me hizo entrecerrar los ojos hacia él. ¿Qué clase de consejo era ese, especialmente viniendo de él? Todos en esta familia parecían creer que yo cedía demasiado con ella. —No me mires así. Lo digo por tu bien —añadió. —¿Es así? —Es así. —Se burló de mi tono—. No me fiaba de ella cuando llegó aquí. Pero después del último año, ahora estoy seguro de que es la única en el mundo que puede manejarte de verdad. —¿Manejarme? —¿Era yo un jabalí? Asintió. —Sí, manejarte. O vas a negar que estás mucho más relajado y libre desde que Calliope entró en esta casa. Lo miré fijamente. Si eso es cierto, ¿por qué mandó a sus hijos fuera de esta casa? es lo que quería decir, pero en lugar de eso me centré en este tema. —Estoy tan relajado como siempre —mentí. —Son las 10 de la mañana. Estás leyendo, tomando una bebida con tu tío y enfadado con tu esposa. Ahí estaba esa palabra de nuevo. Enfadado. —Yo no te invité aquí, tío. —Y si fuera hace un año, ya te habrías ido. De hecho, ni siquiera habrías estado en la casa en este momento. En cambio, estarías en South Bend revisando los suministros. O teniendo una reunión privada con el jefe de otra familia. O estarías en alguna reunión matutina con políticos. —Tengo una reunión a las dos. —De verdad. ¿Una reunión? ¿Sólo una? ¿Por qué? —presionó—. ¿Porque tu esposa se encarga de los políticos, de sus esposas, de las reuniones de la comunidad, de las organizaciones benéficas, de todas las cosas que odias, mientras tú te centras en el negocio? Ella sólo te dice cuándo tienes que aparecer y sonreír para las cámaras. Y tú lo prefieres así. Desde que eras joven, nunca te ha gustado ensuciarte las manos de verdad. Prefieres utilizar a otras personas para conseguir lo que quieres. Y me he dado cuenta de que Calliope te permite utilizarla en lo que necesites. —Fíjate menos, tío. Fíjate menos —respondí antes de dar un sorbo a mi bebida. —¿Por qué? ¿Me he tropezado con un gran secreto? —Se rio de mí—. Bueno, no quiero entrar en tu punto de mira. Lo único que digo es que, después de lo que le pasó a Cora, esta familia podría haberse desmoronado. De hecho, todavía estamos heridos. Pero gracias a que Calliope y tú siguen como lo hacen, arrastrándonos hacia adelante como si nada hubiera pasado, remendando las grietas sobre la marcha, hemos llegado hasta aquí. El negocio es ahora tan fuerte como siempre; las familias han ido recuperando la confianza en ustedes. La ciudad está más tranquila, y ustedes dos son la pareja del año. Bravo. Levantó su vaso hacia mí antes de terminar su bebida. Hice un chasquido con mi mandíbula. Esto era demasiado conveniente y unilateral a favor de Calliope. —Ella te dijo que vinieras aquí y me contaras todo esto, ¿verdad? Sonrió, dejando el vaso sobre la mesa. —Lo que la señora Callahan quiere, la señora Callahan lo consigue. Buena suerte en la subasta benéfica. Negué con la cabeza, terminando mi bebida mientras se iba. Calliopeera realmente implacable. Era una de las cosas que me gustaban de ella. Pero cada vez que utilizaba sus artimañas conmigo, me daban ganas de estrangularla. No me gustaba ser controlado por nadie, y sin embargo me encontraba bajo su maldito pulgar de todos modos. Sabía exactamente qué botones apretar. Me levanté de la silla, tomé mi chaqueta y me ajusté los gemelos antes de dirigirme a la puerta. Al salir, Dino, mi guardaespaldas personal, se apartó de la pared y se acercó a mí. Asintió una vez con la cabeza. No dije nada y me dirigí a la entrada de la casa. A cada paso, me debatía entre abofetear o burlarme de mí mismo. Habían pasado muchas cosas en un año. Pero lo más importante había sido el cambio de imagen de Calliope y de mí en la ciudad. Las noticias de la mañana nos llamaban el renacimiento de la vieja realeza americana. ¿Esposa trofeo? Pasó de no ser reconocida en absoluto a ser la mujer que todos querían ser. Calliope era ahora una princesa con la misión de ser reina. Al salir al exterior, el familiar viento frío de noviembre sopló a mi alrededor, provocando escalofríos en mi piel. El 30 de diciembre estaba a la vuelta de la esquina. Calliope estaba de pie frente al Bentley, con una chaqueta de piel blanca colgada sobre los hombros. Me devolvió la mirada. Sus ojos se entrecerraron y, sin decir nada, se dirigió al auto mientras Monk le abría la puerta. Con Dino y los demás aquí, había sido relegado a conductor. Adelantándome, empujé la puerta para cerrarla antes de que ella pudiera entrar. Ella suspiró. —¿De verdad? Me acerqué y le toqué un lado de la cara. —A veces me molestas mucho. —Lo mismo... Acercando sus labios a los míos, la besé y, como siempre, me devolvió el beso, introduciendo su lengua en mi boca. Su cuerpo se apretó contra el mío; pude sentir cómo sus pezones se endurecían a través del vestido. Me retiré y la miré con dureza. —Ve a cambiarte. —No. —¿Quién rechaza ahora una rama de olivo? —Castígame por eso esta noche. Llegamos tarde, y cuanto más tiempo me tengas en el frío, peor será. —Maldito seas. Ella sonrió. —Así que fuiste tú quien me maldijo. —Estoy seguro de que no soy el único —murmuré, asintiendo para que nos abrieran la puerta. Sólo cuando estuvimos dentro puso su mano en la mía y dijo: —Pero la tuya es la única que me importa. Ahora, ven para que pueda contarte el plan de juego. El hecho de que la amara me molestaba, maldición. DOS “Tengo una maldad dentro de mí, real como un órgano” ~ Gillian Flynn ~ CALLIOPE El último año había sido el mejor de mi vida. Fue como un sueño, como todo lo que siempre había deseado pero que no sabía cómo hacer realidad. Por fin lo tenía todo. Salí a la calle con la mejor ropa, zapatos y joyas, con el mejor hombre del brazo. Nos pusimos de pie, orgullosos y erguidos, ante los vítores, los aplausos y los flashes de las cámaras. Nuestras fotos aparecerían en las portadas de las revistas y se enviarían a todos los hogares de la ciudad... incluso del país. Todo lo que quería era mío con un simple susurro. Cuando entraba en una habitación, todo el mundo giraba la cabeza y me prestaba atención, quisiera o no. Incluso mi padrastro, mi madre y mis hermanas ya no podían ignorarme. Habían mejorado a la hora de ocultar su evidente odio y miedo y se habían convertido en buenas marionetas. La familia de Ethan también. Todos habían caído en la fila. Y además, el mayor regalo de todos era mi hija, que por fin era feliz. Era libre de llamar a su padre o a mí, y libre de llamarse a sí misma Callahan. Sí, eso era la perfección... pero la perfección también era una ilusión. Bajo esta gran fachada de familia y lujo había sangre. Algo que yo había derramado. Otra que había sido derramada mucho antes que yo. Se filtraba y se derramaba por cada rincón, grieta y abertura que tocaba, pisaba o abría. ¿Cómo no perder la cabeza? ¿Cómo seguía sonriendo? Cómo continué a pesar de la sangre que cubría mis manos... no, no eran sólo mis manos en este momento; estaba cubierta de sangre de pies a cabeza. Pero seguí adelante porque todos los demás también lo hacían. Este mundo era un cementerio, y los que vivían lo hacían para bailar sobre los muertos. —Oh, pero yo no he matado a nadie —decían algunos, como si fueran menos monstruos, como si no vieran a los que sí mataban y desviaban la mirada. Como si no vivieran en una gran nación que se ha convertido en esa nación a base de embrutecer a los débiles y a los impotentes. Como si no supieran que viven en un privilegio traído por alguien con las manos ensangrentadas. ¿Era yo un monstruo? Porque maté y mentí para llegar aquí. ¿Era yo un monstruo? No. No lo era. Era como ellos. Débil hasta que decidí no ser débil. Impotente hasta que decidí no serlo. Cubierta de sangre como ellos o sus abuelos o sus bisabuelos. No era un monstruo. Era algo mucho peor. Era un ser humano. Me pusieron en esta tierra para luchar por llegar a la cima, contra otros humanos, de manera que no me avergonzara. No me arrepentiría. Ni siquiera me lavaría la sangre de mis manos. Sí, esta era yo. Y no importaba lo malvada, cruel o despiadada que alguien me considerara... aún así iban a girar la cabeza y darme respeto. Porque sabían, en el fondo, que la clase de persona que eras no importaba mientras estuvieras en la cima. —En el último año, tomó las riendas y ha demostrado ser una luz guía, una fuerza inamovible de cambio y bien. Nos ha aportado muchas ideas únicas y creativas, como la que hoy nos trae aquí. Ella ha donado su tiempo para elevar a las mujeres y los niños, así como ha creado más de doscientas nuevas oportunidades para los adolescentes huérfanos en todo el estado, lo que les permite no sólo ver, sino ser parte de las bellas artes. Señoras y señores, tengo el honor y el privilegio de presentarles a una de las mujeres más amables y caritativas que he tenido el placer de conocer, la presidenta de la Asociación Femenina de Bellas Artes de Chicago, Calliope Orsini Callahan, ayúdenme a darle la bienvenida al escenario —anunció Fatimah Gupta, la esposa del ex alcalde de Chicago, el hombre al que Ethan mató y colgó de un puente. Se giró para darme la bienvenida al escenario con la sonrisa más falsa en su rostro. Ethan, siempre un caballero en público, me dio el brazo para ayudarme a levantarme de la mesa. Pude ver la diversión en sus ojos ante su presentación. Pero lo ignoré y me adelanté, subí a las escaleras del escenario mientras todos los demás aplaudían. Allí, Fatimah me abrió los brazos y yo a ella. Nos besamos la mejilla, y casi me recordó a Judas cuando besó a Jesús. No es que yo fuera Jesús. Pero Fatimah había sacado mucho provecho de la muerte de su esposo durante el último año, aprovechando cada mirada para obtener simpatía, apoyo y poder. Haciendo de viuda afligida a pesar de que había tenido una aventura muy seria e incluso estaba embarazada del hijo de su amante, al que hizo pasar por el de su marido muerto. Y saber eso la hacía tolerable. —Gracias, gracias —sonreí, asintiendo cuando los aplausos se apagaron—. Decir que estoy agradecida a la Asociación Femenina de Bellas Artes de Chicago, por haberme nombrado su presidenta, sería una mentira. Cuando me lo pidieron, no pensé que estuviera cualificada, sobre todo después de haber sido miembro durante tan poco tiempo. Pero después de ver la cantidad de papeles, ahora entiendo por qué se lo dieron a la chica nueva. Algunos se rieron mientras otros se limitaron a sonreírme. —Cuando anunciamos una subasta de mujeres para la recaudación de fondos de este año, los grupos de derechos de la mujer y otras líderes del empoderamiento femenino me arremetieron por crear una atmósfera de sexismo… palabras de una, Molly Wright, en Twitter esta mañana. Otra dijo que era arcaicoy francamente poco original. —Boo... —No, no abucheen. —Sacudí la cabeza—. No creo en los abucheos; creo en el dinero. Y si pudieran pagar una cifra lo suficientemente grande como para no celebrar este evento, una cantidad que proporcionara cientos de servicios que promovieran y elevaran a artistas, gestores, comisarios... tanto hombres como mujeres... de toda esta ciudad, habría aceptado esa oferta. Pero no lo hicieron. Así que aquí estamos. Mujeres de mentes abiertas y libre albedrío... —Sonreí, mirando a Ethan— viendo lo mucho que nuestros esposos están dispuestos a derramar por nosotros. Ya he informado al mío para que llame al banco y les dé un aviso. Eso provocó más risas. Algunos hombres incluso levantaron sus copas hacia Ethan mientras éste negaba con la cabeza. Finalmente, se limitó a asentir, con una pequeña sonrisa en los labios. —Pero en serio —hablé, atrayendo de nuevo su atención hacia mí—. Las bellas artes, de hecho, todo el arte, diría que siempre se ha centrado en una cosa... la belleza. La apreciación de la belleza en nuestra humanidad. Desde El nacimiento de Venus de Sandro Botticelli hasta La Chica del Pendiente de Perla de Johannes Vermeer, pasando por la Mona Lisa de Leonardo da Vinci. Los artistas han contemplado a las mujeres de carne y hueso y han dicho que esta belleza debe ser recordada para siempre. Las bellezas que están hoy aquí para esta subasta pueden quedar grabadas para siempre en la historia. Las tres mejores, serán pintadas y expuestas en el Museo de Bellas Artes de Chicago por el pintor de renombre mundial, Antonello Torre Di Bello, que está aquí hoy. Le hice un gesto y se levantó de su asiento en medio de una ronda de aplausos. —Así que, sin más preámbulos, señoras y señores, abran sus carteras y comencemos. Fatimah. —Me hice a un lado para que ella pudiera empezar. Se adelantó, pero antes de que pudiera bajar las escaleras, dijo: —Señora Callahan, ¿a dónde cree que va? Es obvio que usted es nuestra primera concursante. Sacudí la cabeza. —Mi esposo tiene la tendencia a exagerar. No querría que nadie más se sintiera incómodo desde el principio... —¡Un dólar! Me giré para ver a Ethan sosteniendo una paleta de subasta en el aire con una sonrisa completa en su estúpida boca por esa oferta vergonzosa. Hice un chasquido con la mandíbula hacia un lado, con los ojos entrecerrados sobre él. Volviendo a mirar a Fátimah, sonreí y asentí. —Supongo que soy la primera, y la oferta inicial es de un dólar. Obviamente, no me gusta. —Muy bien. Dos dólares. —Ethan gritó. Iba a matarlo después. Si él quería jugar así. Yo también lo haría. Miré a Dino, que estaba detrás de él, hacia la esquina de la habitación. Sin embargo, no me miraba a mí, el traidor. —Señor Callahan, aparentemente usted es ciego a su bendición —dijo Antonello Torre Di Bello, levantando su paleta. Sus ojos azules brillaban como los de un superhéroe—. Veinte mil por la belleza de los ojos grises. Ante eso, le guiñé un ojo. Porque había que tener bolas. Normalmente, nadie más pujaría contra un Callahan, especialmente Ethan Callahan, en su cara... por su mujer. Pero desde que lo hizo, todos los demás ya no tenían miedo de hacerlo. —25,000. —25.000 al hombre de traje gris. —Fatimah finalmente se acordó de hacer su trabajo. —50,000. —50.000 para el hombre de la derecha. Dejé de escuchar, francamente, todos estos números eran demasiado bajos, y me molestó mucho que Ethan me hubiera puesto en este maldito camino. No me gustaba estar aquí de pie más de un segundo. Se lo había dicho en el auto. Por eso se suponía que debía empezar con dos millones, y luego yo me reiría y me alejaría mientras él se establecía en cinco. Y aquí estábamos llegando a los 200.000 dólares. Ethan no levantó su paleta. En su lugar, estaba desplazándose por su teléfono. El hijo de puta estaba haciendo esto sólo para enfadarme. Oh, definitivamente iba a sostener uno de estos y dejar que lo comprara alguna mujer poco atractiva con labios de rana. —Tenemos 350.000 dólares... —$3,000,000. Se hizo un silencio en la sala y miré a Ethan, aunque sabía que no era su voz, porque quería ver si alguien había pujado mientras él fingía que no le importaba. Pero la mirada de rabia en sus ojos me dijo que no era el caso. Así que me giré de nuevo para ver a una mujer vestida con un traje blanco de tres piezas, zapatos rojos de Christian Louboutin y grandes gafas de sol negras de Christian Dior sobre su rostro, sosteniendo una paleta. Su cabello oscuro, con un solo mechón de canas en la parte delantera, se detenía justo por debajo de los hombros. Todo el mundo la miraba como si hubiera puesto en pausa la habitación con un mando a distancia. Aunque no sabían quién era, sentían quién era. —5.000.000 de dólares —la voz de Ethan rompió el silencio. Ella inclinó la cabeza y sonrió. —5,500,000. —6,000,000. —6.500.000 —respondió ella. Ethan se levantó de su silla. —7 millones de dólares. —7,5 —respondió la mujer, cruzando una pierna sobre la otra. —Señora —dijo Ethan mientras cruzaba el pequeño pasillo hacia ella—. Mi esposa y yo estamos teniendo una pequeña disputa. Y no me gustaría gastar tanto hoy. ¿Me harías el favor de retirarse? —No. —Ella respondió tranquilamente. —$50,000,000. —Ethan levantó su paleta. Ugh. Joder, ahora la gente hablaría de que habíamos malgastado tanto dinero. —55 millones de dólares —replicó la mujer, levantándose de la silla—. Lo siento, señor Callahan. Mi esposo y yo nos hemos interesado mucho por su esposa. Así que, por desgracia, es usted quien tendrá que retirarse. —Mi padre me enseñó que un Callahan siempre se sale con la suya. —La voz de Ethan era gélida. —Y yo que creía que un Callahan sólo recibía una bala. —Ella sonrió. Mierda, esto estaba en espiral. Me dirigí al podio para hablar cuando Ethan sacó un arma. Lo que hizo que Dino y todos los demás guardias hicieran lo mismo. —Tú lo sabrías, ¿no es así madre? Se quitó las gafas ante los jadeos de la sala, pero a mí me preocupaba más la luz roja que brillaba en su sien y la otra en la mía. —¿De verdad creías que los dejaríamos hacer esto a los dos? —preguntó ella. —¡Ethan! —grité, tratando de moverme, pero era demasiado tarde. BANG. El sonido hizo que un escalofrío recorriera mi columna vertebral. —¡Ethan! ETHAN —¡Ethan! —gritó Calliope, levantándose bruscamente de la cama, con los ojos muy abiertos y enloquecidos, mirando a la izquierda y a la derecha de la habitación antes de volver a mirarme a mí, tumbado en la cama a su lado. —Oh, Dios. Sólo ha sido un sueño. —Exhaló con una mano sobre el corazón—. Un maldito sueño. —Los sueños son cosas buenas. Las pesadillas son cosas malas. Entonces, ¿fue algo bueno lo que pasó, o quieres decir que sólo fue una pesadilla? —Respondí. Su cabeza se giró hacia mí, mirándome fijamente. Y en lugar de usar sus palabras, tomó la almohada de su espalda y me la lanzó a la cara. La atrapé y la devolví a su sitio, a mi lado. Se pasó las manos por el cabello, pensando durante un largo momento, respirando profundamente. Cerrando el libro, lo puse en la mesita de noche. —¿Qué pasó en esta pesadilla tuya? —Nada —susurró, y se dispuso a salir de la cama cuando le agarré la muñeca y la atraje de nuevo junto a mí. No me miró a los ojos. —Desde la subasta de esta mañana, has estado en una nebulosa. ¿Estás bien? Permaneció en silencio durante tanto tiempo que pensé que se había olvidado de que yo estaba aquí. Lentamente se volvió hacia mí, con un rostro confuso: —No recuerdo la subasta. —¿Qué? —Recuerdo que me subí al auto, llegué, y de repente, estaba de vuelta. —El ceño de su rostro se frunció. Y pude ver el sudor en su cuello—. Creo que se desvaneció mi memoria. ¿Por qué ibaa desvanecerse? Algo va mal. Me conozco. Me he perdido algo. Me acerqué y le puse la mano en la frente. —Tienes fiebre. —¿Fiebre? —Se levantó para tocarse el pulso y me miró, con los ojos muy abiertos. Rápidamente se liberó de mi agarre y se levantó para ir directamente al pie de la cama. Allí levantó la otomana, rebuscando en ella con la misma rapidez. —¿Y qué estás haciendo? —¡Creo que alguien me ha envenenado! —espetó furiosa, abriendo una pequeña caja de música y sacando un frasco de cristal con un líquido amarillo. —¡Calliope! ¡Es sólo fiebre! —grité cuando la loca se bebió lo que fuera que había en ese frasco. —Yo... no sólo tengo fiebre y desvanecimiento. —Jadeó antes de que su cuerpo empezara a temblar tanto que me apresuré a agarrar su lado derecho para sostenerla—. Si vomito rojo, estoy equivocada, si es negro, estoy en lo cierto... ¿quieres apostar? —Estás loca —le murmuré, ayudándola a levantarse. Ella era capaz de hablar; en cambio, se desplomó en mis brazos—. ¡Calliope! Temblando, se dio la vuelta, tosiendo sangre negra sobre un lado de la cama, al verla, sonrió, jadeando en busca de aire, con las manos cerradas en puños mientras escupía maldiciones. —Maldita Melody. Así que no era ella la que estaba loca. Era yo. Yo por olvidar brevemente el tipo de mujer que era mi madre. Tomando mi teléfono, marqué un número. —¿Qué es...? —¡Ven aquí ahora! TRES “Apuñala el cuerpo y se cura, pero hiere el corazón y la herida dura toda la vida” ~ Mineko Iwasaki ~ ETHAN —¿Qué mierda ha tomado? —preguntó Wyatt, limpiándose las manos mientras se levantaba del lado de Calliope. Se había desmayado casi inmediatamente después de toser aquel vómito negro. Ahora estaba tumbada en la cama, temblando, con el rostro tan rojo que parecía haberle salido una urticaria desde la base del cuello hasta la parte superior de la cabeza. Estaba claro que le dolía. —Como no soy un experto en venenos y el frasco no estaba etiquetado, no lo sé —respondí, agarrándome la muñeca sólo para impedirme atravesar la puta pared con la mano—. ¿Cómo está ella? —Bien, o al menos tan bien como se puede estar después de haber sido envenenada. La fiebre es la forma que tiene el cuerpo de combatir lo que sea que haya atacado su sistema. Le di algunos antibióticos generales, ya que no sé lo que tomó. Sabré más por la mañana —susurró, mirando por encima de sus hombros—. Y yo que pensaba que era casi indestructible. —¿Te divierte? —Porque yo no lo estoy, maldición —Eso no es lo que quería decir... Agarré su camisa, acercando su rostro al mío. —Hermanito, incluso ahora, casi un año después, sé que te sigue cayendo mal, y que no confías en ella. Así que no me mientas en la cara y me digas que no era eso lo que querías decir. Ayúdala y luego vuelve a fingir que confías en mí. Su rostro se agarrotó, sus dientes rechinaron. —Sigues pidiéndonos a todos que confiemos en ti sin darnos la razón para hacerlo. —¡La razón es que somos familia! —¿De verdad? —espetó—. ¡De verdad! La tía Coraline también era parte de la puta familia; también confiaba en ti, ¡Y ahora está muerta! Y la historia que nos contaron no tiene sentido ni para mí ni para nadie. ¡Ni entonces, ni un año después! Desde que Calliope llegó a nuestra casa, es como si estuviéramos malditos. El tío Declan está tan deprimido que ya no habla. Tuve que ponerle un puto tubo de alimentación cuando dejó de comer, maldición. Darcy... lo siento, Killian rara vez muestra su rostro por aquí. Esta familia se ha ido a la mierda, y tú ni siquiera parpadeaste. Seguiste presionando, como si todo fuera perfecto. ¿Y ahora está un poco enferma y estás dispuesto a luchar? ¿Dónde estaba toda esa energía antes? Idiotas. Todos ellos. Eran idiotas que nunca pudieron pensar más allá de su propio entendimiento. No podían racionalizar. No podían ver lo que yo veía, y por eso se cagaban en todo cada puta vez. —Como siempre, hermanito, tu mente no está donde necesito que esté. —Solté su camisa, empujándolo a un lado para poder sentarme junto a su cama. —Ella te ciega, Ethan. Ojalá pudieras ver lo que todos los demás ven. —Vete. —Gruño. Se quedó parado. —He dicho que te vayas antes de que sospeche que tú mismo la has envenenado. Suspirando y murmurando en voz baja, tomó sus cosas y salió de la habitación. Cuando se fue, puse la mano junto a su mejilla. —Por lo visto, hemos calculado mal, la mia anima —murmuré, apartando el cabello de su rostro—. ¿Y qué pasó con lo de que eras buena con los venenos? Esperé su respuesta ingeniosa, pero no hubo ninguna. Estaba tumbada, temblando. Cuanto más la miraba, más me enfadaba. Enfadado con ella por estar en esta situación. Enfadado conmigo mismo por no haberme dado cuenta... y más enfadado con la gente que le hizo esto. Ring. Ring. —¿Qué pasa? —Dije, levantando el teléfono. —Jefe —dijo Dino Tacinelli— no hay cintas de la subasta de hoy, en ningún sitio. Ni siquiera hay ya una grabación de un móvil colgada en internet. —Lo que quieres decir es que alguien las borró. —Sí. Me reí amargamente y colgué. Por supuesto, no sería tan fácil. Nada era fácil en una guerra. Especialmente en una civil. Sin embargo, yo -como decía Wyatt- no veía el mundo como los demás porque no era como los demás. Mis padres, mi hermano y todos los demás, parecían olvidar quién era yo. Podían borrar todas las cintas del mundo, pero no podían borrar mi mente. Sentada en la cama junto a ella, con la espalda apoyada en el cabecero, cerré los ojos, rebobinando hacia esta mañana. HORAS ANTES —¡Vendido, a ese apuesto joven de negro! —gritó y sonrió. Poniendo los ojos en blanco, me limité a beber, observando cómo casi saltaba, chocando los cinco con algunas mujeres, hasta que volvió a nuestra mesa, ocupando su lugar a mi lado. —¿Alguna vez te cansas? —Le pregunté. —No. —Me guiñó un ojo, tomando la cereza del borde del vaso y metiéndosela en la boca—. Es mi superpoder. —De todas las cosas que podrías tener como superpoder —respondí mientras la camarera le traía a Calliope una copa, pero ella hizo un gesto de desestimación. Luego se lo pensó y la tomó, de todos modos, comiéndose la cereza de la misma y dándome la bebida—. ¿Por qué has hecho que te sirvan mimosas hawaianas si no te gustan las piñas? —Porque tu madre siempre las hacía servir ya que son más caras. Si cambiara las cosas, parecería que soy mezquina e intento ensombrecer su memoria —me susurró—. Dame uno o dos años más y este menú cambiará. PRESENTE Mis ojos se abrieron de golpe al darme cuenta de lo que había pasado. Nadie había puesto nada en su comida o bebida. Ella no había bebido. El veneno estaba dentro de las cerezas. El antídoto estaba en las mimosas o en la piña. Cuando maldijo a mi madre, pensé que mi madre se había disfrazado de alguna manera y había venido esta mañana. Pero eso sería demasiado arriesgado, no con todos nuestros hombres y algunos de nuestra familia alrededor. No después de lo que había hecho Calliope la última vez que se habían acercado demasiado. No, ella había dicho: “Maldita Melody” porque el veneno era de sus mimosas hawaianas. De alguna manera, alguien sabía que a Calliope no le gustaban las piñas y estaba seguro de que no cambiaría el menú. Mirando su cuerpo tembloroso, exhalé profundamente. Sí, habíamos calculado mal... mantuvimos al resto de la familia en la oscuridad para mantenerlos al margen de esto. Y ahora estaban contra nosotros. Malditos traidores. WYATT —¿Cómo está? —fue lo primero que preguntó Helen cuando entré en la habitación. —De alguna manera lo descubrió y se dio un antídoto. —¿Cómo? —se mofó, arrojando con rabia el paño que tenía en las manos a la palangana con agua que había junto a la cama, antesde volver la cabeza hacia mí. Sus ojos marrones estaban furiosos, cansados y todavía llenos de dolor. Me acerqué, dejé el bolso y me coloqué frente a ella. —Helen, cariño, sé que estás disgustada, pero no puedes seguir así. Ella se apartó. —¿Cómo se supone que voy a seguir adelante, Wyatt? ¿Cómo? Mira a mi padre. No quería hacerlo. El hombre que ahora yacía en la cama junto a ella no era el tío que conocía. El tío que conocía estaba alerta, siempre dispuesto a dar consejos, a romperme las bolas; era fuerte y vivaz. No este hombre roto que yacía en la cama. Había perdido peso, negándose a comer la mayoría de los días. Casi se suicidó la primera semana después de la muerte de la tía Cora. Si no fuera porque Helen se cernía sobre él, entrando a toda prisa en el baño cuando no respondía, no habría vivido. Desde entonces… y durante un año… había pasado todo su tiempo libre vigilándolo... y planeando la caída de Calliope Callahan. —Ya no puedes ni mirarlo —susurró, acercándose para tomar el paño de la palangana y usarlo para terminar de limpiar las manos de su padre—. Está aquí, sufriendo, y tú has ido a ver a esa zorra. —¿Qué quieres que haga, Helen? —Sentía como si estuviera cayendo más y más profundo en el infierno cada día—. Si no hubiera ido a ayudar, Ethan se daría cuenta. Entonces tú serías la siguiente que perdería. No puedo permitir eso. Si tengo que mantenerla viva para salvarte, entonces lo haré por el tiempo que sea necesario, pero preciso que des un paso atrás. Por favor, nena. Por favor. Sus labios temblaron y sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas. —Ella mató a mi madre. Mi mamá fue amable con ella, la aceptó, y ella la pisoteó como un felpudo. Es malvada, y la mataré aunque sea lo último que haga. Tragué con fuerza. Levantándome, besé la frente de Helen. —Volveré. ¿De acuerdo? No seas estúpida mientras esté afuera. Helen no dijo nada, y eso sólo hizo que el miedo dentro de mí creciera. —Helen, por mi bien, por favor, prométemelo. —Por ahora. No haré nada. Por ahora —murmuró Helen—. Necesito pensar de todos modos. Eso era lo mejor que iba a conseguir, así que no dije nada más, agarrando mi bolso de trabajo de la esquina y dirigiéndome a la puerta. Esta... esta era la mierda de la que hablaba. Nuestra gran familia había caído en esto... mentiras, puñaladas por la espalda, traición, veneno. Pensé en todas las lecciones que mis padres me habían enseñado mientras salía de la habitación y me dirigía al garaje. La forma en que una familia caía era cuando se dividía desde adentro. Y eso era lo que nos había hecho Calliope. Nos había arrebatado a Ethan con amor, y luego a la tía Coraline con odio, dejándonos al resto a recoger los pedazos. ¿Qué diablos podíamos hacer? Defenderme. Ese era mi instinto. Cuando alguien ataca a la familia, luchas hasta la muerte. ¿Pero qué se suponía que debía hacer cuando estaba luchando contra mi hermano? Mi madre había hecho todo lo posible para asegurarse de que Ethan y yo nunca termináramos en bandos opuestos. Sin embargo, aquí estábamos, agarrándonos por el cuello. ¿Era realmente así como debía ser? Sentado en mi auto, volví a respirar profundamente, apoyando la cabeza en el volante. —Eso no va a ayudar. Conocía esa voz. Nos perseguía a todos. Levantando lentamente la cabeza, miré por el espejo retrovisor para encontrar los ojos marrones de mi madre, sentada como si fuera su auto y yo su conductor personal. Su cabello era negro, excepto por un mechón gris plateado en la parte delantera. Llevaba un traje negro, pero no llevaba joyas. Casi se confundía con el interior del auto. Así era exactamente como lo había hecho la primera vez. WYATT DOS MESES ANTES —¿Ha terminado por esta noche, Doctor Callahan? —preguntó la enfermera desde detrás del puesto de urgencias. —Sí —dije, quitándome la credencial—. Buenas noches... —Ummm, ¿quieres tomar un café conmigo? —dijo rápidamente. Era casi medianoche. ¿Dónde diablos creía ella que podía conseguir un café a esta hora? Esa no era la cuestión, supuse. Era lo interesado que estaba. —Mi novia se enfadaría. Pero, gracias por la oferta. —Hice todo lo posible por ofrecer una sonrisa amable antes de darme la vuelta y caminar hacia los ascensores con mi bolso al hombro. Dentro, pulsé el botón del sótano antes de apoyarme en el panel, buscando en mi teléfono. Hoy no había respondido a ninguno de mis mensajes de texto. ¿Había comido? ¿O incluso se había duchado hoy? No estaba seguro. Helen tenía el corazón roto antes, pero desde que había recibido ese paquete, estaba devastada, sabiendo que yo tenía razón. Algo no tenía sentido sobre cómo había muerto su madre. Toda esa noche no tenía sentido. Y no tenía sentido por culpa de la maldita Calliope. Lo sabía. La mujer era una serpiente, un cáncer. Nos estaba matando a todos desde adentro. ¿Y Ethan? Ni siquiera tenía palabras para el maldito Ethan. Salí al estacionamiento y me dirigí al tercer puesto; las dos primeras eran para el jefe del hospital y la presidenta de la junta directiva, aunque no debería haber tenido ningún puesto. Pero las reglas eran diferentes para los Callahan. Desbloqueé la puerta, dejé mi bolso en el asiento del copiloto y me recosté, cerrando los ojos. —¿Por qué la gente nunca revisa el asiento trasero de sus autos al entrar? Esa voz. Me di la vuelta tan rápido que casi me golpeé con el volante, y vi a los dos sentados despreocupadamente... mi madre, vestida con una camisa abotonada y unos jeans, mirándome fijamente con sus ojos marrones, y mi padre, a su lado, vestido con un jersey verde y unos jeans también. —Uno pensaría que nuestros hijos serían más inteligentes —dijo mi padre, llevándose a la boca una cucharada de gelatina de hospital. ¿Estaba adentro? —Está mirando fijamente. ¿Crees que está en shock? —Mi madre se acercó y me puso la mano en la frente. Al contacto con su palma, di un pequeño salto hacia atrás. —Parece bastante consciente —respondió mi padre—. Si no, estamos en el hospital. Si lo dejamos afuera, alguien acabará viéndolo. —¿No te preocupa más que la gente los vea a los dos? —espeté—. ¿Qué mierda están haciendo los dos aquí? —¿Me está maldiciendo? —preguntó mi madre, mirando a mi padre. —Sí. Por eso Dona es mi favorita —dijo para mi disgusto. Poniendo los ojos en blanco, me acomodé en mi asiento encendiendo el motor. —¿A dónde vamos? —Preguntó mi padre. —No sé qué harán ustedes, pero yo me voy a casa. —Respondí. —¿No es la mansión un poco deprimente ahora mismo? —preguntó mi madre. No dije nada, saliendo del estacionamiento antes de que alguien me viera. Nunca había agradecido tanto los cristales tintados. —Calliope mató a tu tía —continuó mi madre a pesar de que yo no respondía. —Lo sé —dije, agarrando el volante. —Gracias a nosotros, ya sabes. —Mi madre recalcó. De nuevo, no dije nada porque ¿qué podía decir? —¿Cómo está tu tío? —preguntó mi padre, con la voz ahora pesada y el ánimo ensombrecido. —Roto... todavía. —Tsk —fue todo lo que escuché de él, y cuando lo observé por el espejo retrovisor, estaba miraba por la ventana con furia. —Hay que detenerla —dijo mi madre. —¿Ella o ellos? —repliqué. —Ella es la razón por la que él está actuando así... —Madre, con todo respeto, Ethan es el maldito hermano mayor. Se supone que debe guiarnos. Se supone que ustedes lo prepararon para liderarnos, ¿y ahora culpas a una mujer por hacerlo caer? No, también es su culpa. El silencio. Tanto silencio que era ensordecedor. —¿Quieres matar a tu hermano? —Preguntó mi madre de forma rotunda. Respiré profundamente, sintiendo que la amargura se filtraba. —¿No me has preparado para no hacerlo? —Por lo visto, no se me da bien conseguir que mis hijos hagan lo que necesito que hagan. Así que poreso te lo pregunto —responde. Al detenerme en el semáforo en rojo, me frotó un lado de la cabeza. —Es mi hermano. Me ha ayudado... me ha salvado docenas de veces. Pero también ha puesto mi vida en peligro una docena de veces. No quiero matarlo. ¿Pero qué pasa si él quiere... no, qué pasa si esa mujer quiere que me mate? ¿O si luego va por Helen? ¿Y entonces qué? ¿Se supone que debo darme la vuelta y aceptarlo? —No —mi padre finalmente habla de nuevo. —Entonces, vamos a salvarlo de ella. —Añadió mi madre. —Cómo demonios... —Hice una pausa, no quería seguir maldiciendo a mi madre pero sinceramente—. ¿Cómo? —Conduce por el paso subterráneo. —Ella asintió hacia adelante. Hice lo que me dijo, atravesando la zona industrial de la ciudad. Siguió dirigiéndome hasta que llegamos a un garaje destartalado. —Entra. Cuando lo hice, la vieja y oxidada puerta del garaje cayó detrás de nosotros, con un fuerte portazo, y mis padres abrieron sus puertas saliendo. —Supongo que debo estacionar, entonces —murmuré para mí, poniendo el auto en el puesto de estacionamiento y saliendo a un charco de agua sucia. Miré las manchas en los bajos de mis pantalones. —Cuidado en donde pisas —dijo mi padre un poco tarde con una sonrisa divertida en su rostro. —¡Gracias! —siseo. —Te has hecho alto —dijo mirándome de arriba a abajo. He tenido la misma altura desde que era adolescente. Un poco más de músculo, pero aparte de eso, seguía siendo el mismo. Supongo que ese no era el punto. —Más alto y más fuerte. Creo que ahora puedo ganarte en uno de esos combates de boxeo. Su ceja se levantó. —¿Pelearías con un viejo? —No eres viejo. Aunque las canas te sientan bien. Se rio y se acercó a mí, tirando de mí para abrazarme. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que abracé a mi padre. Tanto que no recordaba cuándo había sido la última vez. Me dio una palmadita en la nuca. —Yo también te he echado de menos, chico. Le devolví el abrazo y, cuando nos separamos, se giró. Tenía los brazos abiertos por completo. —Vamos, Mel, deberíamos abrazar al que quiere abrazarnos. —Ethan entrará en razón. —Lo fulminó con la mirada antes de mirar hacia mí y agarrar mi rostro entre sus palmas, antes de abrazarme—. Menos mal que sigues siendo sensato... ¡Al menos cuando no estás en un maldito tiroteo! ¿Fue el año pasado? ¡Casi te mueres! ¿Por qué no te levantaste? Si tu hermano no está ahí, siempre necesitas a alguien que te vigile la espalda... —Mamá —me reí. ¿Cómo me hizo sentir como un niño otra vez?— Papá dijo que me abrazara, no que me diera un sermón hasta la muerte. Y así lo hizo. Y honestamente... había olvidado lo buenos que eran sus abrazos, incluso después de un sermón. —Yo... pensé que te habíamos perdido en ese entonces. —Dijo, con preocupación en su voz. —Soy demasiado terco para morir. —Bien. —Su voz se quebró y se apartó. Noté que sus labios temblaban. Pero ella lo superó y me paso sus manos por mis hombros. —No tenemos mucho tiempo. Tu padre y yo necesitamos tu ayuda para ayudar a tu hermano. ¿Puedes hacerlo con nosotros? —Con mucho gusto. WYATT – PRESENTE —Eres realmente audaz al volver así —murmuré—. ¿Cómo has entrado? —Es mi casa. Aunque cambie partes de ella y sustituya a las personas que están adentro, siempre será mi casa, y puedo encontrar la manera. —No deberías haberlo hecho —dije, saliendo del garaje. —¿Por qué debería tener miedo de alguien que está postrada en una cama? —Ella no está postrada en la cama. Va a superar la noche. Ahora, por favor, acuéstate —le dije, y afortunadamente lo hizo, mientras los guardias me abrían las puertas de hierro. —¿Va a sobrevivir? —dijo mientras se sentaba de nuevo—. Bueno, me decepcionaría si muriera antes de poder matarla yo misma. —¿Entonces por qué enviaste esos textos e información a Helen, exponiendo que Calliope había matado a la tía Cora? —Solté, molesto. —¿Por qué no lo haría? Agarré el volante con fuerza. —¡Para evitar que se convierta en una imprudente! Por suerte, ¡Ethan cree que eres tú y no Helen! —¿Por suerte? —espetó—. ¿Crees que es una suerte que mi hijo piense que soy la villana de la historia de su vida? ¿Crees que es una suerte que yo esté en esta posición, luchando contra mi hijo? Me mordí el interior de la mejilla mientras me dirigía a la autopista. —Le di mi corazón y mi alma a esta familia, Wyatt —dijo, respirando lentamente—. Se lo di todo en bandeja de oro, ¿y ahora me lo echa en cara por culpa de esa estúpida perra que está siendo utilizada para la venganza de otra perra? ¿Qué sentido tenía todo esto? Toda la gente que aplastamos, toda la sangre y la violencia, las drogas y el poder, ¿qué sentido tenía si así es como termina? —No vamos a terminar así. —No lo permitiría. —Por eso le envié esos mensajes de texto a Helen —afirmó mamá—. Para que ella te lo enseñara. Y tú sabrías que fui yo quien los envió aunque ella no lo hiciera. Tú eres con quien tu padre y yo contamos para salvar a Ethan. —Madre, no hay que salvar a Ethan. —¿No podía ver eso?— Él está enamorado de ella. —Entonces puede amar a la muerta y superarlo. Como hizo con la otra. —Ivy. Y esa situación todavía me confunde. ¿Desde cuándo Ethan se convirtió en un actor tan bueno? Era como si fuera una persona diferente. Pero da igual. Digamos que todo era falso. Lo que tiene con Calliope es diferente. Es más oscuro y profundo. ¿Cuándo alguien en esta familia ha superado bien la muerte de alguno de nuestros seres queridos? Hasta hoy, mi abuela seguía llorando la pérdida de mi abuelo. Mi tío estaba casi en su propio lecho de muerte por la pérdida de mi tía. Podía recordar la época en la que supuestamente había muerto mi propia madre y lo desconsolado que estaba mi padre en ese momento. Todavía no sabía si actuaba o no en aquella época, pero la imagen de él llorando seguía grabada en mi memoria. —Tu hermano es fuerte; lo superará. —Esa fue su única respuesta. Sacudí la cabeza. Esto sí que era un infierno. Nadie atendía a razones, sólo los demonios sobre sus hombros. —¿Dónde está papá? —Habían pasado dos meses desde que se pusieron en contacto conmigo a través de Helen. Y rara vez aparecían separados, si es que aparecían. —Curándose. —¿Curando de qué? —Un disparo en el hombro a través de uno de los pequeños francotiradores de Calliope —murmuró con amargura. —¿Debería acudir...? —No —interrumpió ella—. Deberías ir a trabajar y seguir con tu vida como lo haces normalmente. Tu padre está bien. De todos modos, se está quejando de mí. Pero con este atentado contra su vida, es probable que Ethan se ponga paranoico. No podía creer que este fuera el mismo hermano que siempre había conocido. Ethan, el titiritero, era ahora Ethan, la marioneta. El rey del hielo y de la nieve estaba derretido en un charco por una chica. —¿Qué pasa si Ethan no se puede salvar, mamá? ¿Qué hacemos entonces? Ella no respondió. Siempre había dicho que yo era su favorito. Pero ahora parecía que había sido Ethan todo el tiempo. —Tus ganas de salvarlo me están poniendo un poco celoso, mamá —admití cuando salí de la autopista en dirección a la Avenida del Hospital Callahan. Por el espejo retrovisor, vi la comisura de sus labios. —Lucharía igual de duro por cualquiera de los dos. He luchado igual de duro por todos ustedes. Pero todos son unos malcriados y unos desagradecidos, así que no se dan cuenta de todo mi puto trabajo duro. —Malcriado y desagradecido... ouch. Dime cómo te sientes realmente. —Dirías algo más que “ouch” cuando haya terminado. Me reí de eso. Una parte de mí se preguntaba si así podría haber sido si hubieran “vivido”, si no hubieran desaparecido. Si hubiéramos crecido con ella y papá hasta este mismo momento, ¿habríamos tenido ella y yo más conversacionescomo esta? Para empezar, ¿habría caído Ethan en la trampa de Calliope? —¿Alguna vez te arrepientes? —pregunté mientras estacionaba en mi lugar en el hospital. —¿Arrepentirme de qué? —¿De dejarnos? De nuevo, no respondió a la pregunta. Colocó un teléfono móvil en la consola entre los asientos delanteros. —Actuamos mañana. —¿Mañana? —Había querido esperar unos días más antes de actuar—. ¿Por qué mañana y no a la gran inauguración de la nueva iglesia? —Porque la han envenenado hoy. No esperará un golpe consecutivo contra su vida —respondió—. Lo haremos en el baile del gobernador. Sacudí la cabeza. —No creo que vaya a ir. Apenas ha tenido energía para mantener los ojos abiertos esta noche, y mucho menos para ir a un baile elegante y fingir que es una mujer de la alta sociedad. —No está fingiendo. Ella es una socialité. Ella prospera en ese tipo de escena. Le gusta, los ojos de todos sobre ella. Va asistir aunque tenga que arrastrarse. —¿Y si no lo hace? —Seguimos con el plan original. Lo más probable es que Calliope esté mejor en unos días. —De acuerdo —asentí. —Bien, que pases una buena noche en el trabajo. —¿Se supone que debo dejarte aquí? —Sí, ahora vete. Puse los ojos en blanco y me reí. —Ethan lo saca de ti. —¿Qué? —Nada —dije, saliendo del auto como si ella no estuviera allí, cerrando las puertas como lo haría normalmente antes de caminar hacia los ascensores. No tenía ni idea de cómo saldría ella. Pero tampoco sabía cómo había entrado. Eso era lo que Ethan había obtenido de ella... la capacidad de guardar secretos y hacer lo imposible. CUATRO “La infancia es un largo, largo camino, desde el cual ese bosque oscuro y susurrante de la muerte parece un destino imposible” ~ Lauren DeStefano ~ ETHAN —¡Pero mamá lo prometió! —Gigi resopló enfadada, no le gustaba nada que fuera yo quien la ayudara a arreglarse hoy. Se había negado cuando vinieron las criadas, diciendo que iba a esperar a su madre. Incluso mi abuela dijo que la ayudaría, pero Gigi se empeñó en que la única persona que quería era Calliope. El único problema era que su madre seguía en la cama. —Gigi —dije, arrodillándome frente a ella—. Mamá está un poco enferma. Necesita descansar. Sé que estás emocionada por la obra del colegio, pero ¿no quieres que mamá se mejore? Frunció el ceño, cruzando los brazos. —Mamá nunca se pone enferma, papá. —Bueno, ahora lo está... —Entonces quiero verla. ¡Ahora! —ordenó. Mi ceja se alzó ante el cambio en su tono de voz. ¿Estaba copiando a su madre? ¿O a mí? De acuerdo. Bien. —No me importa lo que quieras —dije también, poniéndome más alto. Se quedó con la boca abierta, como si no lo hubiera esperado. —Papá, no dices que no. Al parecer, la había mimado demasiado. —¿Ves cómo cambian las cosas? He dicho que no. Así que ve a ponerte el disfraz para no llegar tarde. ¡Ahora! Gigi hizo un mohín, abrazando mis piernas, y yo la miré sin comprender. Poco a poco perdió el mohín y soltó mis piernas mientras se daba la vuelta y se dirigía a su armario. Sacudí la cabeza, viéndola marchar. Realmente era increíble. Durante el último año, verla crecer y cambiar ha sido divertido y a la vez difícil. Al parecer, estaba de nuevo en la fase de prueba de los límites. Era la princesita del castillo y lo sabía. —Qué bien que hayas pisado fuerte ahora —dijo mi abuela mientras entraba lentamente. Esa era otra cosa que cambiaba... ver cómo mi hija se volvía más y más enérgica a medida que mi abuela lo hacía menos. No era drástico; ni siquiera era como si estuviera a las puertas de la muerte. Sólo se notaba. —A tu padre le costó más hacerlo con tu hermana. —Lo recuerdo —respondí. —¿Cómo está Calliope? —preguntó en voz baja—. Ya hay rumores en la casa desde que no tuvo su reunión matutina con el personal. —Se pierde un día y actúan como si estuviera en su lecho de muerte —refunfuñé. Desde que se hizo cargo de la casa, Calliope se había asegurado de empezar la mañana con una reunión informativa con el personal, estableciendo la agenda del día, repasando la jornada anterior, aplaudiendo a algunos y corrigiendo a otros. Era como si estuvieran en el ejército. Ella no necesitaba hacer todo eso, y sin embargo insistía. —Al personal le gusta ella. Están preocupados porque no es normal que se ausente —me tranquilizó. —¿Estás seguro de que les gusta? ¿O están fingiendo? —pregunté, sintiendo que la molestia en mí aumentaba de nuevo—. Ya no puedo ver quién es leal o no. —¿Te refieres al personal o a la familia? Miré su rostro, con algunas arrugas más que el año pasado; parecía cansada. —Estoy hablando de todos, Nana. Debes saber lo que está pasando. —Lo sé. —Ella frunció el ceño—. Y no me gusta. Yo también fruncí el ceño, apartando la mirada de ella. —Entonces, ¿también crees que estoy ciego? —No lo sé —dijo con pesadez en su respiración—. No sé nada. ¿Quién tiene razón? ¿Quién está equivocado? ¿Qué causó qué? ¿Quién hizo qué? ¿Qué pasa después? Nunca lo he sabido. No soy lo suficientemente inteligente. No me gustó la forma en que lo dijo. —¿Qué quieres decir? —Quiero decir que yo era mediocre. Tu abuelo también era mediocre. Tuvo que trabajar muy duro después de la muerte de su hermano. Se esforzó una y otra vez. Y fue duro y agotador para él, por eso se alegró tanto cuando tu padre parecía tener un instinto para eso. Quería hacer su parte y volver a ser mediocre conmigo. —Sonrió para sí misma—. Los planes que hicieron tu padre y tu madre estaban por encima de mi cabeza. Los planes que tú haces están por encima de mi cabeza. No entiendo nada de eso. Lo he asumido y simplemente quiero ser un apoyo. —Y a quién apoyas. —A la familia Callahan... ustedes se encargan de todo lo demás. Yo me centraré en cosas más sencillas... como mi bisnieta. Y justo en el momento, se oyó un golpe en la puerta de su armario, y me precipité hacia ella. —Gigi... —Estoy bien —dijo, y cuando abrí la puerta, estaba saltando, tratando de subirse la cremallera. Cuando me vio, frunció el ceño— ¡Papá, vete! Me estoy preparando. —Pero tu cremallera... —Ya lo tengo. ¿Ya estaba en la etapa en la que no podía ayudarla a vestirse? Eso fue rápido. Eso me disgustaba. Ella saltó de nuevo, tratando de alcanzar la parte trasera de su disfraz de Campanilla. No estaba segura de por qué su colegio hacía Peter Pan en noviembre, pero estaba muy emocionada por eso y por el papel que había conseguido. Cuando le pregunté por qué, ya que no tenía líneas, me dijo que era porque podía hacer caras todo el día a los niños que no le gustaban y no se metía en problemas. RAS. Fue el siguiente sonido, y ella se congeló, volviéndose a mirar hacia mí, y yo intenté no reírme. Se parecía mucho a su madre con sus expresiones compartidas. —¡Oh, no, papá! —¿Ves lo que pasa cuando comes demasiado bauducco chocottone? Los dos nos giramos al oír esa voz. —¡Mamá! —gritó Gigi, corriendo hacia ella. Estaba de pie en una bata oscura con ojeras aún más oscuras alrededor de los ojos. Su piel había palidecido y su cabello disperso era un desastre. Estaba claro que seguía enferma, pero Gigi no pareció darse cuenta, agarrando la mano de su madre y llevándola a su armario. —Papá dijo que estabas enferma, pero sabía que vendrías. —¿Yo, enferma? Yo no me pongo enferma —mintió, mirándome. Me dio un parpadeo lento y una sonrisa como si eso fuera suficiente para hacerme creer que estaba bien para estar de pie y no en la cama. —Se lo dije. —Gigi también me sonrió. Recordé cuando mis padres me mentían. Cuando me decían que estaban bien cuando no lo estaban. Suspirando, me arrodillé ante ella y giré a mi hija para que mirara a su madre. —Ethan —Calliope parecía saber lo que estaba haciendo. Pero negué con la cabeza, ya que no iba a parar.—¿Papá? —¿Ves cómo los ojos de mamá parecen más oscuros? —Señalé—. ¿Y cómo la piel de mamá es muy, muy blanca? Asintió. —Sí. —Eso significa que mamá está enferma. —Pero mamá dice que no está enferma. —Mamá no quiere que te preocupes —le dije—. Entonces, mamá dice eso. Pero si se pasa todo el tiempo intentando ayudarte y no mejora, se pondrá más enferma. Mamá quiere ser una supermamá, así que trabaja cuando está enferma. ¿Crees que eso es bueno? Frunció el ceño, al borde de las lágrimas, y volvió a mirar a su madre. —Mamá, ¿estás enferma? Calliope me miró con dureza, pero ni siquiera consiguió sostenerse, sino que tuvo que apoyarse en el marco de la puerta mientras su cuerpo se debilitaba. —Calliope —me aparté del lado de nuestra hija para ir hacia ella, tomándola del brazo— no es necesario que te esfuerces tanto todo el tiempo. —Estoy bien. —Calliope insistió. —No pasa nada, mamá. Nana puede ayudar —dijo Gigi, yendo al lado de mi abuela y tomando su mano. —¿Estás segura? Dijiste que querías que te peinara. —Preguntó Calliope, apartándose de mí e intentando acercarse. —A Nana también se le da bien el cabello. —Dijo Gigi. Calliope frunció el ceño ante eso. —Calliope —dijo mi abuela— no tienes buen aspecto. Ve a descansar un poco más. Yo la cuidaré. Ella suspiró, asintiendo, y finalmente volvió a mirar a Gigi. —Ven a mostrármelo antes de irte, ¿bien? —Sí, mamá. —Gigi sonrió. Aprovechando este momento de rendición, la levanté en mis brazos, haciendo que pusiera los ojos en blanco. —No estoy tan enferma. Me pondré bien dentro de unas horas —se quejó Calliope. —Pues muéstramelo dentro de unas horas —susurré, sacándola de la habitación. —Los sirvientes pensarán que me estoy muriendo. —Se quejó. —Mejórate entonces. —Eres imposible. —Tú también lo eres —dije mientras abría de una patada la puerta de nuestra habitación. Con cuidado, la llevé de nuevo a la cama. —Ethan, ya me han envenenado antes. No tienes que hacer todo esto. Allí fue, siendo imposible razonar con ella de nuevo. —¿Se supone que eso me hace sentir mejor? ¿Qué estás acostumbrada a ser envenenada? Sonrió, apoyando la cabeza en las almohadas. —Sí. —No me hace sentir mejor. —Entonces céntrate en el trabajo y no en mí. No puedes usar esto para librarte del baile del gobernador esta noche. Es importante que vayas. —Ella era insufrible con una mente única a veces. —Me molesta. —Lo mismo digo. —Ella sonrió, sus párpados comenzaron a cerrarse de nuevo. Levantó la mano para tocarme el rostro—. No te preocupes, jefe. No me voy a ninguna parte. Ahora haz buenas fotos hoy para Gigi. —No te voy a dejar sola en la casa. —¿De qué tienes miedo? No va a pasar nada. Ella no lo sabía. Esto me había mostrado lo inestable que se había vuelto todo el mundo. Eran más sigilosos, más desesperados. —Los animales arrinconados contraatacan. Ella no respondió, volviendo a dormir. Cómo deseaba poder unirme a ella. Sentí que el cansancio se apoderaba de mí y no sólo por la falta de sueño. Pasando del dormitorio al baño, me desnudé para entrar en la ducha. Necesitaba pensar. Había que reajustar el plan... y rápido. CALLIOPE – 12 AÑOS —¿Calli? Cariño, ¿qué te pasa? —me preguntó mi abuela mientras me ponía la mano en el rostro. Tenía el cabello rubio y los ojos verdes. Sus palmas se sentían como papel de lija en mi piel, pero era agradable... no me pegaba. Nunca me pegaba. Eso la hacía mejor que mi madre. ¿Pero por qué seguía esperando que fuera mi mamá quien me encontrara? ¿Quién me preguntara qué me pasaba? —Nada —dije, saliendo del armario para sentarme frente a ella. —¿Estás enfadada con tu mamá por haber olvidado tu cumpleaños otra vez? —preguntó mi abuela. Negué con la cabeza. —No. —Estás mintiendo. ¿Qué te he dicho sobre la mentira? —Hazlo de forma convincente, o no lo hagas en absoluto. —Así es, cariño —respondió, poniendo su mano en mi cabeza—. Y sé que estás triste, pero ¿recuerdas lo que te dije antes? Tu mamá te va a querer un día de estos. Un día, cuando seas lo mejor de lo mejor y hayas ayudado a esta familia... te querrá mil veces. —¿Por qué no puede amarme ahora? —Murmuré con la cabeza gacha. —Yo te amo. ¿No cuento? —Tú cuentas, abuela. Pero... —¿Pero quieres que tu mamá también cuente? No asentí ni aparté la mirada. —Sólo tienes que seguir creyendo, seguir trabajando, nada en este mundo que valga la pena viene gratis. Tienes que luchar, Calliope. Si quieres ser feliz, tienes que luchar más que nadie. ¿Y cómo se aprende a luchar? —¿Entrenando? —¿Y para qué se entrena? —¿Para luchar? —¿Y tú luchas? —Para ser feliz. —¿Y ser feliz es? —Proteger a tu familia y que tu familia te tenga en cuenta. —Buena chica, ahora, ve con tu abuelo para que te ayude a entrenar. Yo también quiero verte feliz. No importa cuántas veces él o cualquier otra persona te derribe, recuerda por qué estás haciendo esto y vuelve a levantarte. Levántate siempre. CALLIOPE – PRESENTE Cuando abrí los ojos, la habitación estaba a oscuras y sólo la luz de la luna la iluminaba. No sólo la habitación, sino también el mundo exterior por lo que podía ver a través de las ventanas. El día había pasado muy rápido. Apenas lo recordaba. Con frío en los pies, bajé las sábanas para ver a mi hija, vestida de Campanilla, tumbada en la cama a mi lado profundamente dormida, con su delfín favorito metido entre las dos. —¿Estás despierta? Miré a la puerta cuando Helen salió del baño con una toalla en las manos. Alcanzó un interruptor y la luz inundó la habitación. —Sí, estoy despierta y me siento mucho mejor. —Me alegro de oírlo. Todos estábamos preocupados por ti. Especialmente esta pequeña —dijo, acercándose a tomar asiento en la cama. Señaló a Gigi a mi lado—. Ethan nos hizo ir a todos a su obra para compensar tu ausencia. Gigi lo hizo bien. Hizo reír al público con sus expresiones. En cuanto volvimos, quiso verte. Y no se ha ido desde entonces. Para las pequeñas, sus madres son todo su mundo. Y para sus mamás, son los tesoros más preciados. —No todas las madres, por desgracia —dije, acariciando el cabello oscuro de Gigi por un momento antes de volver a mirar su rostro marrón—. Gracias por venir a visitarme. Con tu padre tan enfermo, debe ser difícil. Tic. Fue leve. Apenas perceptible. Pero había un tic en su ceja que capté. —Claro, ¿para qué está la familia si no es para esto? —preguntó. Asentí, mirando de nuevo la habitación. —¿Dónde está Ethan? —Se ha ido al baile del gobernador. —¿Y Wyatt? —Pregunté, sacando los pies de la cama. —Se ha ido con él. —Hmm... ¿así que esta noche sólo estamos las chicas? —Eso parece. —Te dejaré entonces —respondió Helen, moviéndose para salir. La vi llegar hasta la puerta antes de pronunciar su nombre. —Helen. Se congeló y, lentamente, se volvió hacia mí. Sonreí. —Es bueno tener una familia. Gracias por ser la mía y darme la bienvenida. Tic. —Por supuesto, ¿cómo no iba a darte la bienvenida? —dijo, y con eso, se fue lo más rápido posible. La puerta no se cerró de golpe tras ella, pero tampoco se cerró con suavidad. —Eres muy mala actriz, Helen —susurré, moviéndome hacia el borde de la cama, levantando el banco de la otomana, que yo consideraba mi caja de Pandora. Había recordado algo de antes de quedarme dormida. “Los animales arrinconados contraatacan”. Eso era cierto. Pero también era cierto que si se golpea a un animal las suficientes veces por intentar salir, aprende a quedarse en el rincón. Saqué un frasco y lo incliné hacia un lado para ver la burbuja de aire que contenía. No debería. Todavía no. No era el momento. Me habían envenenado y no podía hacer nada al respecto, todavía, pero no lo olvidaría. Nunca. Ring. Ring. Rápidamente, me moví paracoger mi teléfono, sin saber quién subiría tanto el volumen. Por otra parte, eso era exactamente lo que haría Ethan para ver lo fuera de sí que podía estar para no contestar. Al levantar el teléfono, miré hacia abajo para ver una llamada de identificación bloqueada. Suspirando, sólo podía ser una de las dos personas, y ambas me desagradaban ahora mismo. —¿Por qué no estás con tu esposo? —me preguntó mi abuelo—. ¿O en la obra de tu hija esta mañana? —Me envenenaron. —¿Envenenada? —Se quedó sin palabras. —Eso es lo que he dicho. —¿Sabes por quién? Por el tono de su voz, podía sentir que estaba husmeando. —No, ¿por qué? ¿Qué pasa? —Tenemos que hablar, en persona. —Abuelo, acabo de despertarme. Todavía me siento... —Mala tempora currunt. —Era latín, lo que significa que los malos tiempos están sobre nosotros. Un código que significaba que algo había ido terriblemente mal. —Entendido. Te veré en el baile. Colgó sin decir nada y volví a mirar el frasco que tenía en las manos. Mi abuela era botánica. Al principio, antes de casarse con mi abuelo, sólo había querido ocuparse de los jardines y experimentar con las plantas para hacer mejores jardines. Después de su matrimonio, empezó a estudiar el veneno. Me había enseñado a reconocer enseguida los signos de envenenamiento, a utilizarlos para curarme y a matar a otros. No era tan simple como comprar un poco de cicuta y dejarla caer en la sopa de alguien. Se le ocurrieron las recetas más complicadas y pasó años tratando de averiguar cómo hacerlas más efectivas. Todo ese conocimiento lo volcó en mí y en algunos otros bajo su cuidado. Fue por eso que inmediatamente supe que algo andaba mal. Gracias a su formación, sobreviví y me recuperé tan rápidamente. Mi abuela ya era vieja, perdía lentamente sus capacidades mentales y lo único que quería en la vida era ver la destrucción de la familia Callahan por lo que le habían hecho. Era su deseo en vida y sería su último deseo en esta tierra, dar a esta familia el dolor que le dieron a ella. Por eso todo esto era un lío. Pero al final, por mucho que lo pensara, ya no había vuelta atrás. Ya había elegido mi camino y mi bando. Lo único que podía hacer era seguir empujando hacia adelante, seguir luchando hasta conseguir mi felicidad. Levantando de nuevo mi teléfono, marqué una vez, y automáticamente, él contestó el teléfono. —¿Dónde estás? —Estoy en el estúpido baile con tu esposo. Me alegra saber que sigues viva —respondió Dino. Me reí. —¿Qué tal Vinnie e Italo? —Vinnie está besando culos y metiéndose en la boca tartaletas de caviar y crème fraîche con las otras élites de la ciudad, y creo que Italo está en algún lugar prostituyéndose para el proxeneta de tu esposo. —¿Proxeneta? —No conozco los detalles. Tu esposo mantiene todo en secreto. Vas a tener que llamarlo. —Le preguntaré cuando llegué —dije al entrar en el baño. —¿Llegar a dónde? Aquí. —Sí, avísale, ya voy. —Eso no le va a gustar. —Por eso mi teléfono estará apagado y te dejo que se lo digas, pero dale como una hora antes de hacerlo —contesté y colgué, mirándome en el espejo—. Jesucristo. —No, ni siquiera él se veía tan mal. HELEN Desde que perdí a mi madre, sentía que mi corazón ardía y que tenía cenizas en la garganta. No podía encontrar la paz. No podía descansar. ¡Sólo la quería muerta! —¡Uf! —Grité, lanzando mi teléfono contra el espejo de mi habitación. Cuando se hizo añicos, me quedé mirando el reflejo roto de mí misma, sintiendo que las lágrimas se acumulaban en mis ojos. Toc. Toc. —¿Qué? —exclamé, apartando rápidamente mis lágrimas. La puerta se abrió, y al ver el rostro de Nari, mis hombros cayeron. No necesitaba cualquier mierda que ella tuviera que ofrecer en este momento. Sus ojos oscuros miraron los cristales rotos en el suelo. —¿Sí? —pregunté, molesta, ajustándome la camisa y volviéndome a mirar hacia ella—. ¿Necesitas algo, Nari? Ella apartó la mirada del cristal y volvió a mirarme. —¿Estás bien? —¿De verdad te importa? —Somos una familia —respondió, cerrando la puerta tras ella y apoyándose en la puerta, vestida con un traje de pantalón completamente blanco—. ¿O sigues mirándome por encima del hombro? —Nunca he mirado hacia abajo... —Sí, lo hiciste —cortó ella con frialdad—. Ese día, cuando Calliope me disparó, y tú te sentaste en el auto y me dijiste que “conociera mi lugar”. ¿Qué se siente cuando te ponen en el tuyo? —Entonces, no te importa; sólo has venido a... ¿hacer qué exactamente? ¿Regodearte? ¿Refregar mi rostro en la tierra? —No. A hacer lo que no hiciste cuando mi rostro estaba en la tierra. Recordarte que somos familia. Ayudarte. —¿Ayudarme? —Repetí—. ¿Con? —Calliope —dijo, y sus ojos se sintieron tan fríos y muertos como los míos—. ¿Qué ha pasado...? —No sé de qué estás hablando. Y no necesito ayuda con nada. Se apartó de la puerta y se acercó a mí. Me puse más erguida, con la cabeza alta, esperando. —Somos Callahan —me dijo—. Puede que no hayamos nacido con ese apellido, pero hemos sido criados como Callahan, y nadie debería insultarnos o hacernos daño y no pagar el precio por eso. Nadie. Durante el último año, la relación entre Calliope y Nari había empeorado. Nari quería divorciarse de su esposo, pero Ethan y Calliope se oponían. Nari presentó la demanda de todos modos, y ahora su esposo había obtenido la custodia total de su hija. Culpó a Calliope; después de todo, ¿cuándo un Callahan no había sido capaz de sobornar a un juez? —Helen, tengo un plan para... —No quiero oírlo —la interrumpí rápidamente—. No quiero formar parte de nada en lo que estés metida. —Helen, juntas... —No. Me miró fijamente como si estuviera loca. —¿No la odias? ¿Por qué diablos no lo harías? —He dicho... —¡He oído lo que has dicho! ¡No lo entiendo! —¡Porque eres más débil que yo! —Le grité en la cara—. Si ni siquiera puedes recuperar a tu propia hija, ni siquiera puedes ganar contra tu maldito esposo, ¿cómo carajo esperas tener mi respaldo? ¡Pierdes demasiado a menudo! No quiero cargar con un perdedor. —¿No has perdido tú también? Con la mirada fija, hablé: —Una vez más, No. Sé. De. Qué. Estás. Hablando. Rompí mi espejo porque estoy estresada y molesta por mi padre. No sé qué le pasó a Calliope. Pero espero que se recupere y encontremos a los imbéciles que la lastimaron. Ella es la líder de esta familia y la respeto. No sé por qué la culpas por tu hija. Tú eras el que simplemente esperaba que las cosas salieran a tu manera basándote en tu apellido. Cada palabra era una mentira. —Vete a la mierda —espetó mientras se dirigía de nuevo a la puerta. —Lo mismo digo —dije mientras la puerta se cerraba de golpe. Inhalando, lo sentí de nuevo, el calor de las llamas en mi corazón. Quería arrastrarme al lado de mi madre y quedarme allí como cuando era niña. Echaba de menos lo que era entonces. Cuando Nari y yo peleábamos por la ropa en lugar de por el poder. Cuando hablábamos de amor y no de asesinato. Echaba de menos a Dona y seguirla en una nueva aventura tras otra. Ahora estaba lejos, teniendo una aventura mágica por su cuenta. Alargando la mano, levanté el teléfono y pensé en llamarla. Pero me detuve, mirando mi reflejo roto. Si la llamaba... sería como Nari, una perdedora que miraba hacia arriba en la cadena alimenticia. CINCO “Cada traición comienza con la confianza” ~ Martin Luther ~ ETHAN Me senté en una mesa VIP junto a mi hermano en el Museo de Arte de Chicago, con el sonido de la Obertura de Las Bodas de Fígaro de Mozart sonando a pocos metros de mí, por los mejores músicos clásicos del estado. Los hombres y mujeres más influyentes de la ciudad bailando, bebiendo y atiborrándose de comida con los dedos mientras fingían ser gente elegante y refinada. Mientras tanto, yo conocía todos sussecretos. Ninguno de ellos era ni la mitad de la imagen que intentaban pintar de sí mismos. Todos ellos me molestaban, cada uno de ellos. —¿Te mataría no parecer que quieres asesinar a todo el mundo? —susurró Wyatt mientras servía una copa de brandy para mí y luego otra para él. Levanté la copa, mirándola fijamente durante mucho tiempo, y la volví a dejar. —Alguien está intentando envenenar a nuestra familia; es mejor no beber en público. —Estás siendo paranoico. Lo miré mientras se relajaba en su silla, bebiendo. —Si fuera Helen la envenenada no estarías diciendo eso. Estarías exigiendo saber quién lo hizo y vengarte inmediatamente. Pero entonces, ya debes saber... quién lo hizo. —Lo mismo podría decirse de la tía Cora —replicó. Sonreí, asintiendo. —Sí, supongo que sí. —Ethan... —Bébete esto por mí —dije, acercándole la copa. Su boca se abrió mientras se sentaba con la espalda recta. —¿Hablas en serio? —¿Por qué iba a bromear? —Porque pudiste ver que he servido las bebidas de la misma botella, Ethan. —El veneno podría estar en la copa, no en la botella. —¿Y crees que yo te haría eso? —se mofó, arrebatándome la copa, y tomándola de un solo trago—. ¿Contento? ¿Ahora ni siquiera puedes confiar en tu propia familia? —Lo mismo podría decirse de ti —murmuré cuando Dino se acercó, inclinándose para susurrarme algo al oído. —Italo está esperando en la galería de blanco y negro... y la señora Callahan está de camino. Me giré para mirarlo y se limitó a asentir. La mujer se negaba a descansar, pasara lo que pasara. Sacudiendo la cabeza, me levanté de la mesa. Cuando Wyatt se movió para levantarse también, puse mi mano en su hombro para mantenerlo de nuevo en su sitio. —Quédate y disfruta de la fiesta, hermano. No te necesitamos. Caminar entre las personas, me obligó a poner una expresión agradable en mi rostro, lo mejor que pude reunir mientras saludaba con la cabeza a los otros pocos miembros del ayuntamiento, de la oficina del alcalde y la policía de Chicago. El camino hacia la galería de blanco y negro estaba cerrado al resto del público. Dos asistentes del museo se encontraban allí, impidiendo el paso a la gente, con el camino bloqueado por una cuerda roja. Sin embargo, en cuanto me adelanté, la abrieron sin dudarlo. Dino no me siguió. Sabía que no debía hacerlo cuando me encontrara con Italo. El hombre era un gigoló moderno, con aspecto de niño, a pesar de tener sólo un año menos que yo. Tenía la cara pecosa y el cabello rizado, largo hasta las orejas, de color marrón oscuro. Por alguna razón, las mujeres parecían adorarlo, pero yo no podía ver por qué. Pero tampoco me importaba, siempre y cuando me consiguiera lo que necesitaba. Se encontraba frente a un gran cuadro en blanco y negro de un elefante en libertad. El cuadro era tan grande que ocupaba todo el espacio de la pared. Iba vestido con unos jeans rotos y una chaqueta de cuero con un gorro en la cabeza. Olía a esencia de iglesia. —¿Dónde diablos has estado? —En el apartamento de una chica en la 43. —Sonrió y se volvió hacia mí—. Hola, jefe, ¿cómo va la fiesta de lujo? —¿Qué has descubierto? —pregunté, extendiendo la mano. Metió la mano en su chaqueta, sacando una pequeña tablet. —Tu primo, Killian, parece estar preparándose para una gran revancha dejándote afuera. Me quedé mirando la imagen de las mujeres alrededor de un club oscuro. Desde afuera, se veía exactamente como decían los rumores. Que tras la muerte de su madre, Killian se había convertido en un playboy borracho que se pasaba el día tirando dinero a las strippers. Pero yo lo conocía mejor que nadie. Tenía ambición, dedicación, y estaba demasiado enfadado conmigo como para caer en la embriaguez. —Déjame adivinar; ¿las mujeres están vinculadas a los líderes de los carteles? —¿Cómo lo sabes? —Porque si yo fuera él y necesitara pasar desapercibido, pero también quisiera aumentar mi poder e influencia, haría lo mismo. —Sólo que no sería tan jodidamente descuidado al respecto. Maldito idiota. —Se supone que se reunirá con alguien esta noche. No pude averiguar con quién. Pero ha estado quemando dinero rápidamente. Y se ha vuelto muy popular. —Todo el mundo sabe que se supone que voy a dar un discurso en honor a mi madre esta noche. Cree que es el mejor momento para moverse. —Entonces, ¿qué debo hacer? Me quedé mirando la tablet agarrándola con fuerza. Todos eran iguales. Todos ellos. Tan estúpidos que no pude soportarlos más. —¡Romperle las putas piernas! —Me burlé. —Jefe... —¿Me has oído? —Pregunté, girándome hacia él—. Quiere jugar a lo grande, entonces muéstrele lo alto que es el precio. —Entendido. —Y... detengámonos ahí mismo. Los dos nos giramos para ver a mi esposa, con un vestido largo de raso negro, con un escote alto en las piernas, y dos grandes esmeraldas colgando de sus orejas. Entró en la galería, resplandeciente, sin una ojera ni una apariencia de enfermedad a la vista. Tuve la sensación de que Dino no acababa de enterarse de que venía. Se acercó directamente a mí y sonrió. —Hola, jefe. —Su sensualidad sonó en mi oído. La fulminé con la mirada. —Una vez más, ¿debo preguntar quién es el jefe aquí? Tú o yo. —La respuesta es la misma que la última vez que lo preguntaste —respondió antes de mirar a Italo—. ¿Por qué demonios hueles a esencia de iglesia? —Por una chica de la 43 —respondí por él. Su ceja se alzó, sin entender o sin importarle. —Danos un momento, Italo. Me miró, y asentí para que se fuera. —Ves, mira eso; te miró a ti antes de irse. Definitivamente eres el jefe aquí. —¿No podías tomarte un día libre? —le pregunté—. Deberías estar descansando. Tengo esto controlado. —Estoy descansada, y tú no tienes esto controlado. Estabas a punto de dar un golpe a tu primo. —Ella frunció el ceño como si no hubiera hecho algo peor. —No es un golpe sino una advertencia. —Ethan. Respira. —Lo estoy haciendo. Levantó la mano y me agarró el rostro, acercándolo al suyo. —Esto es lo que quieren. Que estés tan concentrado en todas las pequeñas rebeliones que te pierdas la guerra. —¡Me están traicionando! —Me burlé, sintiendo que me venía un dolor de cabeza—. A diestro y siniestro, todos ellos. —Sabíamos que era un riesgo. Aparté sus manos de mi rostro, mirando hacia otro lado, con las manos apretadas. —Una y otra vez, siempre preguntaban cómo podían ayudarme, cómo podían ayudar a esta familia. Y yo les decía que no se involucraran, pero se negaban. Así que les hice un maldito espacio y les dije que tuvieran paciencia. Se negaron. Nunca escuchan. Nunca piensan. Saltan a la acción, sólo causando más de un puto lío para mí. ¿Cómo esperan que comparta mis planes con ellos cuando a la primera señal de problemas, corren a unirse a alguien más? —Darcy... perdón, Killian, está de duelo, y si actúan ahora, se cortará la última hebra. Me quedé mirando el cuadro en blanco y negro del león, desgarrando al cordero en la pared de la esquina más lejana de la galería. Así era el mundo. Los otros cuadros en los que el cordero dormía al lado del león nunca tuvieron sentido para mí. Los corderos eran comida; no se hacía amistad con la comida. —Tal vez sea mejor cortar la última hebra. Acabemos de una vez —respondí, sin mirarla todavía—. ¿Quieren traicionarme? ¿Dar la espalda a la familia? Bien. Yo también le daré la mía. De todos modos, nunca me entendieron. —Ethan. No me molesté en responder, sino que empecé a alejarme de ella hacia el pasillo. —Ethan. —No haré nada esta noche. Tengo que dar un discurso. —Pero no le prometí nada sobre mañana. CALLIOPE Estaba al límite. Había demasiados cuchillos en su espalda. Se mantenía en silencio. Ese era su problema; dejaba que las cosas se quedaran en su interior.Se guardaba todas sus emociones, y a veces la presión se acumulaba y lo hacía estallar. Su mente iba a destruirlo todo. Normalmente su liberación era tomar cualquier cosa que estuviera cerca de él y romperla contra la pared... o la cabeza de alguien. Pero esto era diferente. Por la forma en que Helen había estado actuando últimamente, y la mirada en sus ojos esta noche, tenía la sensación de que ella estaba detrás de ese veneno. Después de todo, ella estaba a cargo de ayudarme a dirigir la subasta de caridad. Melody no usaría veneno para matarme, no después de nuestra última pelea. Ella querría sentir mi sangre en sus manos. Ella misma necesitaría verme morir. Así que Helen tenía una mano en alguna parte, y si lo hizo, entonces también lo hizo Wyatt. Eran dos más contra Ethan, más sus padres, y ahora Killian. Él no lo admitiría, incluso después de que habláramos de que su familia tal vez nos odiara por un tiempo, todavía no podía aceptarlo. Entendía por qué todos actuaban como lo hacían, pero no podía soportar que no confiaran ciegamente en él. Y en su perspectiva, cómo podían confiar en él cuando seguían saliendo lastimados. —Oh, qué jodido racimo. —Exhalé, siguiéndole, ajustando el anillo en mi dedo. También, un poco molesta de que no estuviera dispuesto para llevarme al salón de baile con él. Sin embargo, cuando entré en el salón, estaba allí, esperando con una sonrisa dibujada en los labios. Incluso cuando estaba al límite, encontraba la manera de recordar las pequeñas cosas. Caminando a su lado, me tendió el brazo—. Y yo que pensaba que me habías dejado —susurré, enlazando mi brazo con el suyo. —Es un poco tarde para dejarte —contestó, volviendo a mirar hacia mí, con sus ojos verdes observando mi vestido—. Estás muy guapa. —Estoy impresionante. —Entonces, te quejas de que no te elogio lo suficiente —murmuró mientras entrábamos. Sonreí a algunas mujeres de la fundación de camino a nuestra mesa, donde el alcalde y la esposa del gobernador, así como Fatimah Gupta, sonrieron al vernos. —Calliope, has venido. Ethan nos dijo que te sentías mal —dijo Fatimah, besando ambos lados de mis mejillas. —Ya ha pasado lo peor, así que, por supuesto, tenía que venir; si no, alguno de ustedes intentará robarme el asiento junto a él. Se rieron. —Creo que estás a salvo, tu asiento ha sido protegido. Miré al hombre que decían que lo estaba protegiendo... Wyatt Callahan... cuyo rostro parecía una mezcla de fastidio y desinterés mientras se levantaba, deslizando su teléfono de nuevo en el bolsillo. —En el momento oportuno, estaba buscando hacer mi escape —dijo, sacando la silla para mí. —¿No te vas a quedar para el discurso de Ethan? —le pregunté. —Ojalá pudiera —dijo Wyatt, acercándose a su hermano y poniendo la mano en su hombro—. Pero me necesitan en el hospital. —Gracias a Dios por tus manos sanadoras, hermano —dijo Ethan con dulzura, mientras nos movíamos para tomar nuestros asientos. —Disculpen todos —les dijo, estrechando la mano del alcalde y besando la de su esposa, haciéndola reír. —Un flirteo —dijo ella. —Nunca con mujeres casadas, quizá en otra vida. —Él se rio—. Que tengan una hermosa noche, todos. —Debe ser duro para él, compaginar la vida familiar con su trabajo como médico en un hospital tan famoso —dijo Fátimah a mi lado. Ethan resopló tan suavemente a mi lado que no estaba segura de que se dieran cuenta, pero yo sí. —Sí, todos somos muy afortunados de tener un médico en la familia —respondí, observando cómo se movía entre las mesas hacia la puerta. Sin embargo, el hecho de que Wyatt se marchara al mismo tiempo que yo llegaba me dejó intranquila. Tenía un presentimiento, una sensación visceral de que algo estaba mal. No era veneno. No iban a intentar eso de nuevo por un tiempo, o al menos no iba a ser sorprendida de nuevo con eso. Sólo había una sensación persistente, como la de preguntarse si había dejado la estufa encendida en la casa. Miré a Ethan y me incliné para susurrarle. —¿Le dijiste que viniera o vino por su cuenta? —Le dije que viniera. ¿Por qué? —preguntó. Fruncí el ceño, negando con la cabeza. —No estoy segura. —Cuando estés segura, dímelo —respondió—. Mientras tanto, ¿le dijiste a tu abuelo que viniera o vino por su cuenta? Seguí su mirada hacia mi abuelo, que hablaba con un hombre que no conocía al otro lado del salón de baile. —Vino por su cuenta —respondí. —¿Buenas o malas noticias? —Depende de quién sea, supongo. —Y ahora damos la bienvenida, al magnate de los negocios, inversor, filántropo e hijo de la ex gobernadora, Melody Callahan, un hombre que continúa la labor de su madre como parte de la columna vertebral de esta gran ciudad y de nuestro querido estado, el señor Ethan Callahan. Me levanté de mi silla junto a él, al igual que todos los demás mientras le dábamos el aplauso que se merecía. Me besó la mejilla antes de subir al escenario. Como quería que Gigi lo viera, levanté mi teléfono y tomé una foto. Ethan lo calificaría de ridículo, pero aun así, rara vez le hacía fotos; además, las cámaras me captaban a mí también. —Los dos son muy adorables —dijo Fatimah. —O infantiles —bromeé, volviendo a dejar el teléfono mientras se preparaba para hablar; sin embargo, cuando lo hice, me detuve, mirando el teléfono que tenía en la mano, y luego recordando el teléfono que vi que Wyatt se guardaba en el bolsillo. Era exactamente igual que todos los teléfonos de los Callahan. Sin embargo, se le había caído el teléfono hacía dos días y se le había estropeado el borde inferior de la pantalla. ¿Lo había arreglado? ¿Le habían dado uno nuevo? Sonriendo, envié un mensaje de texto discreto a Dino. ¿Le han dado a Wyatt un teléfono nuevo para sustituir el que se le ha roto? Inmediatamente contestó: Sí, le dieron uno nuevo ayer. Parecía que me estaba volviendo paranoica. Dejé el teléfono para concentrarme en lo que decía Ethan, pero por alguna razón, no pude. Tenía un mal presentimiento. Odiaba cuando tenía un mal presentimiento. Siempre pasaba algo cuando tenía un mal presentimiento. Llámalo instinto asesino. Mirando alrededor de la habitación, me di cuenta de que algunos hombres entraban en la habitación... hombres que no parecían pertenecer a este lugar. Pensé que cuando Wyatt se había ido, noté que otros hombres entraban. Caminaron lentamente hacia todos los rincones de la habitación. —Fatimah... necesito que hagas algo por mí —susurré. —Sabes que haría cualquier cosa. —Vierte tu bebida sobre mi vestido y di en voz alta que lo sientes. —¿Qué? —¡Hazlo ahora! —Siseé. Ella agarró su champán y lo vertió sobre mi vestido. —¡Oh, Dios mío! ¡Lo siento mucho! —¡Está bien! —Dije en voz alta, limpiando la bebida de mi vestido. Ethan se detuvo, mirándome fijamente. Levanté la mano y me dirigí a salir de la habitación tan rápido como pude. Cuando caminé, me aseguré de ver en qué se centraban sus ojos. Efectivamente, se miraron entre ellos mientras yo pasaba. Ahora podía notarlo claramente... Melody Callahan. ¿Cómo iba a deshacerse de mí? Creando el caos y, en ese caos, poniendo una bala en mi cráneo. ¿Cómo creó ese caos? Haciendo que los hombres dispararan en el lugar, sin dañar a nadie pero causando miedo, haciendo que la gente corriera. Ella estaba en algún lugar dentro o fuera, esperando ese disparo. —¿Acaba de verter su bebida sobre ti? —preguntó Dino. —Código gris —le susurré mientras me dirigía directamente al baño. Al entrar, empujé todas las puertas de las cabinas, comprobando también el techo por encima de mí antes de dirigirme al lavabo, intentando respirar. Llevaban casi un año en silencio, demasiado ocupados luchando por sus vidas. ¿Ahora, de repente, tenían tiempo para venir por mí? Esto era demasiado rápido. De nuevo, la pieza no encajaba amenos que pensara en mi abuelo y en por qué quería hablar conmigo. Mala tempora currunt. —No pudieron hacerlo tan rápido —susurré, mirándome en el espejo. Pero, de nuevo, estábamos hablando de Liam y Melody Callahan. Mis dedos golpearon la superficie del lavabo mientras respiraba profundamente, intentando atar cabos. Por último, marqué rápidamente. —Te fuiste deprisa por un poco de champán en tu vestido. —Me contestó. —Mala tempora currunt. ¿Qué ha pasado? —Pregunté directamente. —Hablaremos después del baile —dijo en un tono tranquilo. —No tenemos tiempo después del baile. Creo que Liam y Melody planean matarme esta noche. Algo que no deberían poder hacer porque se supone que tú envías gente tras ellos. ¿Qué pasó, abuelo? —Iré a... —¿Qué ha pasado? —Sólo quedan ustedes cuatro. Me quité el teléfono de la oreja. Tronando el cuello al no poder creer aquello. —¿Me estás diciendo que, de todo el negocio, dos personas, de unos putos cincuenta años, han matado a docenas de los nuestros en un año? Se quedó en silencio y lo único que pude hacer fue reír. Colgando la cabeza, me reí mucho. —Iré a verte. —Oh, qué bien, no puedo esperar —dije, levantando mi falda, sacando mi arma. ¿Quién hubiera pensado que este momento llegaría tan pronto? En realidad era frustrante, verse obligado a apresurarse o actuar en función de otra persona. Pero, de nuevo, tenía que reconocer el mérito de Liam y Melody Callahan. Realmente eran unos malditos malotes. ¿Por qué mis padres eran una mierda y los suyos tan jodidamente increíbles? —La vida realmente no era justa conmigo —dije, temblando. Me dieron una mano de mierda al nacer. Imagina lo diferente que podría haber sido todo. Marcando de nuevo, el teléfono sonó una y otra vez hasta que obtuve su mensaje de voz. Entonces, volví a marcar. Una y otra vez. —Calliope, si no contesto la primera vez, maldición, es porque estoy ocupado —dijo Wyatt en la otra línea. —¿Ocupado con qué? ¿Preparándonos? —¿Qué? Tú y Ethan están... —Lo siento, tengo poco tiempo, Wyatt. No llamé para que me mientas, así que pon a tus padres en la línea. —¿Te estás escuchando a ti mismo en este momento? —Lo estoy; ¿me estás escuchando? No soy una idiota. He preparado emboscadas muchas veces. Sé lo que se siente, el aire cambia para mí, el vello en la nuca se levanta. Toda esa mierda especial. Por lo tanto, sé lo que está a punto de suceder. Y si sucede, vivirás para lamentar cada día de tu puta vida. —Estás jodidamente loca... —¿Jurarías por tu preciada familia si salgo ahí afuera que no va a sonar ni un solo disparo? Liam. Melody. Uno de ustedes responda, no me importa cuál, sólo tome el teléfono de su hijo traidor. Se hizo el silencio. Y noté una sombra bajo la puerta. —¿Quién traicionó a quién primero? —Un hombre mayor, la voz de Liam, creo. —Si estás hablando conmigo, eso significa que tu esposa tiene un arma en la mano en algún lugar, ¿verdad? —¿Tienes miedo? —Se rio—. Debería estarlo. Está muy alterada, y cuando Mel está alterada, el mundo entero arde. —Ella y su hijo tienen eso en común, entonces. No Wyatt, me refiero a Ethan. Sólo para que quede claro. Wyatt es la razón por la que me di cuenta tan rápido. Siempre son las cosas pequeñas. Necesita más práctica. —Pensé que habías dicho que no tenías mucho tiempo. ¿O piensas esconderte en el baño para siempre? La sonrisa en mi rostro se amplió. —¿Puede verme? Bien. Me gustaría que llamaras a tu esposa. —Mi hijo, y me refiero a Wyatt, tiene razón; estás loca. —No creo que ninguno de ustedes tenga derecho a evaluar mi salud mental —murmuré—. Así que asegúrate de llamarla. Con eso, arrojé el teléfono sobre el mostrador. Tal como había pensado, en el momento en que colgué, las puertas se abrieron y entró mi abuelo, ajustándose los gemelos. —Supongo que no va a llamar a su esposa así como así— preguntó, frunciendo el ceño—. Entonces, ¿qué vamos a hacer? Sólo tengo dos hombres afuera. No somos suficientes para luchar para salir de aquí. Deben haber contratado a todos los que pudieron de la calle para esto. —¿Te has preguntado si todo podría haber sido diferente? —¿Diferente cómo? Me encogí de hombros. —Simplemente diferente. Me he preguntado qué habría sido de mi vida si todos ustedes no fueran mi familia. —No hables como si fueras a morir. Lo haremos... BANG. La sensación de su sangre salpicando mi rostro no fue agradable. Me levanté para limpiar la mancha carmesí. —No, yo lo lograré y dejaré de preguntarme. SEIS “Hacemos más daño a quien más queremos Mala gramática, dolorosa verdad” ~ Andy Stanley ~ WYATT Me quedé mirando la pantalla en absoluto shock. Había una docena de maneras en las que pensé que esta noche terminaría. En once de ellas, Calliope moría. En una de ellas sobrevivía porque pensé que Ethan haría algo que ninguno de nosotros habría visto venir. Pero, pase lo que pase, había imaginado que la primera en caer sería Calliope y, después, acabaríamos con el resto de su familia. Pero en lugar de eso, acababa de meter una bala en la cabeza de su propio abuelo. La sangre se derramó de su cráneo sobre el mármol, mientras Calliope permanecía de pie junto a su cuerpo. —Esto no puede ser real —dije mientras mi padre también miraba la pantalla. No estaba en el exterior, porque su omóplato se había destrozado por el disparo de bala perdida que le había alcanzado. Con su brazo bueno, alcanzó el mando a distancia y amplió la imagen, y vimos cómo Calliope levantaba la cabeza, respiraba profundamente y se acercaba al lavabo, tomando una servilleta para limpiar la sangre de su rostro lo mejor que podía. Después, levantó el teléfono y marcó. Pensé que llamaría a Ethan. Pero en lugar de eso, fue mi teléfono el que sonó. —No es fingido —respondió mi padre, acercándose a mí mientras le entregaba el teléfono. Cuando contestó al teléfono, ella dijo inmediatamente: —¿Has llamado a tu mamá... o a tu esposa? ¿Con qué Callahan estoy hablando? —¿Por qué has hecho eso? —Porque soy un miembro leal de esta familia, por supuesto. Me burlé, poniendo los ojos en blanco, asomándome a la ventana. Estábamos a unas cuatro manzanas del museo, pero lo suficientemente alto como para poder verlo, lo que significaba que mi madre aún podría verla desde su mira de francotirador. —Si crees que esto hará que confiemos en ti... —No necesito que confíes en mí, papá. Sólo necesito que no me disparen. Entonces, ¿quieres saber la verdad ahora? O prefieres seguir disparando en la oscuridad. —¿Cómo sabemos que realmente lo mataste? —le preguntó. —Hay un montón de sangre en el suelo. ¿No tienes cámaras? ¿No se ve? —Lo que se graba puede ser engañoso. —Si quieres que te entregue su cabeza, voy a necesitar algo más afilado que mis tacones. Realmente estaba loca. Calliope se sentó en el borde del lavabo, balanceando las piernas de un lado a otro justo al lado del cadáver de su abuelo. Sabía que el hombre no era de su sangre, pero la había criado, ¿no? Y al final, cuando se vio acorralada, lo había utilizado como escudo para sí misma. ¿Esta era la mujer de la que Ethan se había enamorado? ¿Tenía ella algún corazón? —Bueno, señor Callahan... Ethan está aquí. Me acerqué para mirar la pantalla, y efectivamente, Ethan entró, mirando el cuerpo que tenía adelante y luego a ella. Señaló el teléfono. —Tu padre está al teléfono, ¿quieres hablar con él? Estoy intentando que llame a tu madre. Planeaban emboscarnos... bueno a mí. Te perdonaron la vida. En cualquier caso, ¿puedes ayudarme a convencerlo? La mandíbula de Ethan se apretó, y después de un momento, tomó el teléfono. —Señor Callahan. —Hijo... tu esposa es un poco... ¿cómo decirlo? No es normal. —Lo dice el padre que estuvo a punto de emboscar a su hijo. —Lo dice el hijo que envió asesinos a supadre. Silencio. Y Ethan asintió. —Tenemos que hablar todos. Dile a Melody que lo cancele. Entonces veremos quién traicionó a quién primero. —Colgó después de eso. —¿Qué quiere decir con eso? —Pregunté, mirando hacia él, pero se limitó a mantener sus ojos verdes fijos en la pantalla. —Supongo que tendremos que averiguarlo durante esa charla —respondió, apartándose de la pantalla y sacando su propio teléfono. Marcó rápidamente. —¿Qué pasa? —se oyó la voz de mi madre en voz baja. —Las cosas han cambiado aquí, nena. Me estremecí por alguna razón, incluso a esta edad, oírlos hablar entre ellos de esa manera no era algo que me sentara bien. —Me he dado cuenta. ¿Por qué no han venido todavía? Wyatt salió; esa era la señal. —Lo ha descubierto. —¡Joder! ¿Se ha ido? No he visto nada. El auto de Ethan sigue estacionado afuera. —No, ella mató a su abuelo. Hubo una pausa y mi padre me miró a los ojos. Ambos sabíamos que nunca era bueno que mi madre no reaccionara ante las cosas. —He hablado con Ethan por teléfono. Dice que te retire para que podamos hablar. —¿Y cómo sabemos que está realmente muerto? Frunció el ceño. —Se ofreció a traernos su cabeza si le conseguíamos algo más afilado que sus tacones. Pero realmente no quiero la cabeza del hijo de puta. Retírate, vamos a escuchar lo que tiene que decir. —De acuerdo. Algo no estaba bien con ese de acuerdo. —¿De acuerdo? —Ves, hasta mi padre lo sabía. —Yo también quiero entender esto. Pero nos reunimos esta noche —respondió. Los ojos de mi padre se entrecerraron, pero tomó mi teléfono, y volvió a llamar a Calliope, que contestó la llamada. —Ella se retira, pero nos reunimos esta noche. —Trato hecho. Gracias, papá. Se suponía que esto no iba a ser así. ¿Qué estaba pasando? ¿Cuál podría ser la explicación que tendrían? ¿A ver quién traicionó a quién primero? ¿Qué significaba eso? ¿Estábamos equivocados? No, no lo estábamos. Ella realmente mató a la tía Cora. Ella había causado tanta confusión y dolor en el poco tiempo que llevaba con nosotros. Todo esto era su culpa. ¿Y ahora se iba patinando porque había matado a su abuelo? No, ella estaba jugando a algo. Observé cómo salían del baño, los nuevos guardias entraban y cerraban la puerta tras ellos. —¿Qué demonios podrían tener que decir? —pregunté mientras se dirigían a la parte delantera del vestíbulo y se les abrían las puertas. —No lo sabremos hasta que nos lo digan —respondió. —Sólo necesito saber de uno de ellos. —La voz de mi madre llegó por el altavoz; no me había dado cuenta de que seguía conectada. —Mel... ¿qué significa eso? —preguntó mi padre lentamente—. Hemos acordado que nos reuniremos con ellos... —Me reuniré con mi hijo. La chica puede irse al infierno con sus mentiras y trucos. —¡Mel! —gritó y luego me agarró del brazo—. ¡Ve a detenerla! ¡Ve! Cambié el equilibrio sobre mi pie mientras me empujaba, pero al verlos salir del edificio, recordé al tío Declan, a la tía Cora, a Helen y al resto de nuestra familia, y no pude avanzar más. —¿Por qué? —¿Qué? —Mamá tiene razón. Sólo necesitamos saber de Ethan. Ha matado a la familia. Déjala morir. —¿Qué pasó con lo de salvar a Ethan? —Lo estamos haciendo —dijimos mi madre y yo al mismo tiempo. Retiré el brazo, observando atentamente. Ethan la mantenía cerca de él; no había un disparo claro... ninguno hasta que alguien dijo sus nombres. Parecía Fatimah Gupta. Salió corriendo, llamando a Calliope, y se volvió ligeramente. ¡BANG! El sonido resonó incluso desde aquí, y Calliope cayó al suelo como un castillo de naipes. —Y, así termina la guerra... —La voz de mi madre se elevó de alegría. —Esperemos que así sea... por el bien de todos —respondió mi padre, colgando los teléfonos. Me moría de ganas de contárselo a Helen. CALLIOPE - MINUTOS ANTES Cuando entró en el cuarto de baño, sus ojos me miraron con sorpresa. Quería decírselo, pero su padre seguía en la línea. —Tu padre está al teléfono, ¿quieres hablar con él? Estoy intentando que llame a tu madre. Planeaban emboscarnos... bueno a mí. Te perdonaron la vida. De cualquier manera, ¿puedes ayudarme a convencerlo? —Porque estaba jodidamente cansada de estar en este baño con el cuerpo de mi abuelo así. Todo el cuerpo de Ethan se tensó ante la mención de sus padres... no, no ante sus padres sino ante lo que habían planeado hacer. Finalmente, tomó el teléfono y habló. —Señor Callahan. Sus ojos se encontraron con los míos mientras hablaba. —Dice el padre que estuvo a punto de emboscar a su hijo. Sacudió la cabeza, guardando silencio de nuevo antes de añadir: —Tenemos que hablar todos. Dile a Melody que lo cancele. Veremos quién traicionó a quién primero. Colgó, y deseé que no lo hiciera para que al menos pudiéramos escuchar lo que decían por su parte. No parecía importarle demasiado. En cambio, Ethan se acercó a mí y me miró a los ojos. Mirándome fijamente durante mucho tiempo, y cuanto más lo hacía, más parecía que podía ver a través de mí. Se acercó a mi cabeza y me besó la frente, luego se alejó para llamar al equipo de limpieza. Salté del lavabo y seguí a Ethan, levantándome el vestido para que no se manchara de sangre. Sería un error tonto. Entonces sonó mi teléfono. —Se retira, pero quedamos esta noche. —Trato hecho. Gracias, papá —dije. Cuando Dino y Vinnie entraron, ambos me miraron, y yo sonreí. Ellos también lo hicieron. —Calliope —me llamó Ethan. —Ya voy —dije, tomando su mano y siguiéndolo—. Quieren reunirse ahora. —Por supuesto que sí. —Sonrió—. Te he dicho que no lo entienden. —Pero tú sí. Lo sabías desde el principio, ¿no? —Desde el principio no. Lo has hecho muy difícil. —Sonrió, tomando nuestros abrigos del personal de bienvenida. Me ayudó a ponerme el mío antes de salir al aire frío, con el viento aullando por la ciudad como siempre. Me apretó la mano mientras bajábamos las escaleras. —Señora Callahan... Calliope, espera. ¡Fatimah, por el amor de Dios, déjame respirar! Siempre estaba justo en mi culo, lista para besarlo. —Fatimah, ahora mismo no es un buen momento... ¡BANG! No sabía qué me había golpeado. Sólo sabía que me habían golpeado. Y ya no podía sentir las manos de Ethan. Ya no podía verlo. Me quedé mirando el cielo oscuro y, cuando intenté respirar, no pude... todo mi ser... todo mi ser me dolía. —¡Calliope! ¿Ethan? —¡Calliope! —Su cabeza estaba sobre la mía, y pude verlo de nuevo. Intenté hablar, pero no me salían las palabras... pero podía verlo. —Calliope, la mia anima, relájate, bien, relájate, vas a estar bien. No me sentía bien. —¡Calliope! Todo estaba nublado... frío y nublado, me pregunté dónde estaría Melody. Esta era una toma perfecta. Un tiro brillante. Pero ella no ganó. Puede que Ethan no lo supiera desde el principio, pero lo sabía. Sabía que, al final, iba a matar a mi abuelo porque lo había elegido a él hace mucho tiempo. —Ethan... —¡Shh! ¡No hables! ¡No hables! —me gritó—. Vamos a estar bien. Ya no podía verlo. No podía sentir nada. Ahora sólo había frío y oscuridad. No quería oscuridad. Lo quería a él... quería a Gigi. En cambio, escuché otra voz: No luches, mata. No esperes, mata. Golpea primero o morirás, Calliope. CALLIOPE - 14 AÑOS —¡Despierta! —me gritó mientras me levantaba la cabeza por el cabello. Apenas podía verla a través de mis párpados hinchados. Con un jadeo de aire que apenas pasaba por mis labios y mis pulmones, intenté decir: —Estoy despierta. —No, no lo estás. Sigues ahí tirada como un lamentable saco de mierda. —Ella me echó la cabeza a un lado, dejando que cayera de nuevo al suelo. Quería quedarme aquí. En el suelo. Me sentía segura aquí. —¡Patéala! ¡Y lo hizo! Patearon tan fuerte que mi cuerpo se deslizó por el suelo,y sentí que algo se quebraba. Me mordí los labios para no gritar de dolor. Mordí tan fuerte que pude saborear la sangre. —¿Cuántas veces tengo que decírtelo, Calliope? ¡El único momento en que estás a salvo es cuando atacas! ¡Estar ahí tumbada no va a acabar con ello! Así que lucha. —¡Me dijiste que no lo hiciera! —grité. ¡Me dijo que recibiera los golpes! Los estaba recibiendo. ¡Estaba haciendo lo que ella me pedía! Lo estaba haciendo. Estaba... —¡Patéala otra vez! —gritó. Oí los pesados pasos que se acercaban a mí. Sentí el miedo subiendo por mi cuerpo, envolviendo mi garganta, como una serpiente... apretando... apretando. ¡No! Mi mente gritó, y me incorporé, agarrando su pie antes de que chocara con mi cuerpo, arrojándolo al suelo, para saltar sobre él, y le di un puñetazo en la garganta una y otra vez antes de clavarle los pulgares en los ojos con todas mis fuerzas. No podía oír sus gritos. No podía oír nada. Pero podía sentir. Y sentí la sangre mientras cubría mis pulgares. De nuevo, sentí esa serpiente alrededor de mi garganta y me aparté de él. Apenas podía ver. Pero noté el cuchillo en sus manos mientras gritaba y se agitaba, tratando de levantarse. Incorporándome del suelo, le di una patada en la muñeca, inclinándome para conseguir quitarle el cuchillo de las manos. Sacó su arma, pero era demasiado tarde. Disparó, pero no pudo ver que estaba debajo de él, y cuando volví a levantarme, le clavé el cuchillo en la garganta. Sacándola, se la clavé de nuevo en el cuello, apuñalando hasta que cayó al suelo. —Señora... —Fue lo último que jadeó. Sólo entonces retrocedí a trompicones, tumbándome de nuevo en el suelo, tratando de respirar. Cuando volví a oír pasos, sujeté el cuchillo. —Qué desorden, Calliope. Te dije que lucharas. Nunca dije que pudieras matarlo —dijo desde arriba de mí—. Mírate. Cubierta de sangre, en el suelo, débil y patética. —Pero... viva —siseé. —No seguirás así si sigues permitiendo que tus enemigos se acerquen tanto a ti. No luches, mata. No esperes, mata. Golpea primero o morirás, Calliope. Para golpear primero, tienes que ser inteligente. Tienes que ver la apertura y tomarla. Así es como te mantienes viva... y no pareces tan jodidamente patética. Ahora levántate y deshazte de esta basura. —No puedo moverme. —¿Esperas ayuda? No tendrás ninguna. Porque no tienes a nadie más que a mí. Y ese no es mi trabajo. Así que, te levantarás porque tienes que hacerlo. Porque mandaré a alguien más, o bien los enterrarán a los dos o tendrán el doble de trabajo. Tienes tres minutos —dijo mientras sus pasos empezaban a desvanecerse. Rodando lentamente, tosiendo sangre antes de ponerme de rodillas, me quedé allí unos segundos antes de ponerme de pie. El mundo entero parecía dar vueltas, pero cuando miré hacia la puerta, no había nadie más. Nunca hubo nadie más. Estaba sola. Siempre estaba sola. Pero eso cambiaría... ¿no? ETHAN Estar enamorado era agradable... cuando no dolía. Y a menudo dolía. Me dolía tanto que quería arrancarme el corazón sólo para poder aliviarme. Sentía como si el corazón se volviera contra sí mismo y me cortara. ¿Qué había hecho? ¿Por qué tenía las manos manchadas de sangre? ¿Cuánta más sangre iba a haber en mis manos por eso? —¿Quién? —Dino siseó mientras él y Vinnie llegaban a la sección privada de Urgencias del hospital—. No vamos a preguntar de nuevo, jefe. ¿Quién? Levantándome de la silla, me puse en pie, mirándolo. —Recuerda con quién estás hablando. —Y tú recuerdas... —Dino. —Vinnie le puso la mano sobre los hombros, y Dino se puso más erguido y se limitó a mirar hacia las puertas de Urgencias—. ¿Cuál es su estado? —Actualmente está viva, pero luchando. La historia de su vida —dije con desprecio, con el puño cerrado mientras intentaba contener mi ira—. Yo mismo elegí a los médicos. Los conozco. Nadie más puede verla o estar cerca de ella. Si ves a una enfermera, a un puto conserje, a cualquiera, que pase por su habitación que no sean los médicos que están en ese quirófano... métele una bala en el cráneo. ¿Entendido? —¿Te vas? —Tengo una reunión —escupí, caminando por el pasillo. —¿Solo? —Preguntó Vinnie. —No tienen las bolas para hacerme daño —murmuré, entrando en la sala privada a la que la llevarían cuando terminara la operación. Había esperado hasta que llegaron. Sólo había una forma de entrar en esa sala de urgencias. Así que había esperado en la puerta hasta que se deshicieron del cuerpo de Fiorello y llegaron. Ahora que tenía un momento, no pude evitar ceder, aferrándome al lavabo. Me precipité, deseando que las imágenes de ella desangrándose en las escaleras salieran también. Encorvado sobre el lavabo, vomité. Y después, me lavé el rostro y miré mi propio e idiota reflejo. Había cometido un error. Gracias a Dios por el viento. Estaba seguro de que mi madre estaba apuntando al cráneo. Pero el viento, el fuerte ciclo de presión unido a lo lejos que estaba ella empujó la bala hacia abajo. Golpeó justo en la base del cuello con el hombro. Pero la bala se hizo añicos con el impacto. Estaba destinada a desgarrar los órganos de Calliope, incluso si Melody fallaba. —¡Jodidos hijos de puta! —grité, golpeando el cristal una y otra vez hasta que apenas podía sentirlo. Mirando hacia abajo, arranqué los fragmentos con mis manos temblorosas y cubiertas de sangre antes de inhalar y dar un paso atrás. Salí de la habitación y me dirigí a los ascensores. Aplastando mis manos ensangrentadas en las puertas del ascensor, bajé a un lugar que sabía que estarían esperando... muy probablemente su cuerpo. Seguro que iban a buscar un cuerpo. Caminando hacia la única habitación con una luz encendida, entré para encontrarlos a todos allí... mi hermano, mi madre y mi padre, alrededor del cadáver de Fiorello Orsini. —Ethan... No esperé. Corrí directamente hacia mi padre, apuñalándolo. —¡Ethan! —¡Ethan! ¿Qué demonios? —Wyatt me tiró hacia atrás mientras caía al suelo. —¡Ethan! ¿Qué has hecho? —gritó mi madre. —¿Qué? ¡Qué! —Les grité—. ¿Tú puedes pisar mi amor, pero yo no puedo pisar el tuyo? ¿Qué clase de puta regla es esa? —¡Es tu padre! —gritó ella mientras Wyatt corría a su lado, presionando la herida. —¡Es mi esposa! —¡Tu puta esposa mató a un miembro de nuestra familia! —me gritó Wyatt. —La tía Cora ya se estaba muriendo —le grité. —¿Qué? —Preguntó Wyatt, con sus estúpidos ojos muy abiertos y jodidamente confundidos. —¿Qué? —Me burlé. Inclinándome, hice una puta burla de él—. ¿Qué? ¿El médico de la familia no se dio cuenta? ¿Fuiste a hacer toda esa escuela y no te diste cuenta, hermanito? ¿No te diste cuenta de que su cáncer había vuelto? ¿Qué? Sacudió la cabeza. —Revisé sus informes médicos, y la autopsia... —¿Eres nuevo en esta familia, imbécil? —Miré a la mujer que estaba a su lado—. Melody, dulce mamá osa mía, ¿qué dice tu autopsia? Liam, aguanta, dile a Wyatt lo que dice tu autopsia, ya que el imbécil no sabe que podemos falsificarlas. Los registros médicos, podemos falsificarlos. ¿Por qué? ¡Porque somos dueños del maldito hospital! ¿Adivina quién era jefe de la junta directiva aquí? Me arrodillé en el pequeño apiñamiento familiar que había en torno a mi padre. —Vamos, adivina hermanito. ¿Quién estaba en la junta directiva de este hospital? No dijo nada y en cambio se centró en nuestro padre. Entonces, golpeé el suelo frente a él. —No lo destripé; no se desangrará. Vamos, contéstame, hermanito, ya que ahora estás haciendo grandes movimientos con gente grande. Dime, ¿quién estaba en la directiva? —Ethan, basta, sabemos que era Coraline... Le tendí la mano. —Melody, no dejes que me centre en ti, o uno de nosotros morirá realmente hoy aquí. Te prometo que Calliope se despertará y sanará a pesar de la bala que usaste,de modo que no puedo ser yo. Ella resopló. —¿Melody? Así es como le hablas a tu madre después de todo lo que he hecho por ti, todo lo que he sacrificado por ti y... —¿Sacrificado por mí o por tu propio ego? —Reí con amargura—. ¡Todos ustedes seguían diciendo que yo estaba cegado por Calliope cuando la verdad es que todos ustedes son los ciegos! Calliope no ha estado tratando de destruir la familia, idiotas. ¡Ha estado tratando de destruir su suya propia! Al hacerlo, tiene que salvar a esta familia, ¡Pero todos ustedes se niegan a verlo! ¡Todos ustedes se niegan a ver porque protegemos de manera diferente a ustedes! ¿Mi madre pensaba que se había sacrificado? Puede que sí, pero no como Calliope. Para nada como Calliope. SIETE “La verdad rara vez es pura y nunca es sencilla” ~ Oscar Wilde ~ ETHAN Sentado en el suelo, respiré lentamente, tratando de calmarme, pero, sinceramente, quería golpear la cabeza de todos con un bate. Tenía tantas ganas de aplastarles el cráneo que si alguien me ponía un bate en la mano, quizá me lanzaría. Me duele la puta cabeza. —Esperas que me crea que está intentando salvar a la familia —se burló Melody—. ¿Estás seguro de que sabes todo lo que ha hecho? Toda la información que le envió a su abuelo. Lo que ha hecho para... Señor, dame fuerzas. —¿Qué abuelo? —pregunté, moviendo la cabeza para mirarla antes de señalar delante de mí—. ¿Ese abuelo? El que tiene un agujero en la parte posterior del cráneo. —Lo mató porque la arrinconamos —respondió junto a mi padre mientras Wyatt lo suturaba. Se sentó con la espalda apoyada en las filas de cajones de acero, negándose a escucharme. —Sí, ésa es una forma de ver las cosas si sólo quieres mirarlas superficialmente —respondí. ¿Qué es lo que les pasa?— Otra forma podría ser que ella... no... nosotros te utilizamos. —¿Qué? —espetó Liam, tratando de respirar a través de su pequeño dolor—. ¿Qué quieres decir? —¿Qué quiero decir? ¿Ahora preguntas? Después de enviar balas volando, ¿ahora preguntas? —¿Quién envió esas balas primero? —espetó Melody—. Actúas como si olvidaras que enviaste docenas de asesinos contra nosotros. ¿Qué crees que hemos estado haciendo durante el último año? Cada maldito golpe en la puerta, cada movimiento en la noche... hemos estado luchando por nuestras vidas... —Sí, Melody, lo sé. Planeamos esa parte juntos. —Y tienes el descaro de actuar como si te hubiéramos traicionado cuando empezaste esto... —¡Tú empezaste esto! —Solté, sintiendo que mi ira estallaba de nuevo. Ella se congeló, sus ojos se abrieron ampliamente, y no pude soportarlo. —Ethan, sé que estás herido... —¡A la mierda con estar herido! —Interrumpí porque ella seguía sin entenderlo—. Sí, tu partida nos hizo daño. Sí, me dolió a mí. Y sí, una parte de mí está resentida por eso. Nos abandonaste a todos por tu propio egoísmo. Sin embargo, lo superé. Conocí a Calliope; luego, tuve a mi hija. Comprendí más porque yo también quería escapar a veces. Tu partida fracturó esta familia. ¡Pero esta familia siempre se está fracturando! Estoy limpiando tus líos, como tú limpiaste los de tu padre, y así sucesivamente. Así son las cosas. ¿Realmente crees que soy tan infantil, tan débil, como para hundir a esta familia en el caos porque mi papá y mi mamá me abandonaron? No respondió, así que se lo expliqué. —¡El problema para mí no era que fingieras sus muertes! El problema era que no siguieron muertos. ¿Quién dirige esta familia, tú o yo? —Ethan, te dejamos todo a ti... —De verdad, ¿entonces por qué diablos están los dos aquí? —Ethan, queríamos protegerte —dijo mi padre lentamente. —De nuevo, ¡Ese es el problema! ¡Por eso estamos en este punto! Tú quieres proteger. Entonces, crees que tu camino es el correcto y por eso lo fuerzas. Si querías protegerme, ¡No deberías haberte ido! ¿Protegerme desde las sombras? ¿Son ustedes dioses? Gracias por tu protección. Pero se convierte en un problema si no es lo que pido, lo que necesito o lo que establezco. No se puede ser el líder de la manada y que otro te limpie el culo al mismo tiempo. —Entonces, querías que sólo te miráramos... —Liam se quejó. —Regla número seis, a veces para ganar hay que perder —le recordé. —Ahora, recuerda las malditas reglas —murmuró Wyatt. —¡Nunca las he olvidado! Pero no puedo vivir sólo con ellas. ¡Las reglas de hace dos generaciones no siempre funcionan! ¡No puedo ser una marioneta! Y eso es lo que quieren —dije, y los ojos verdes de mi padre se clavaron en mí—. No quieren que gobierne la familia. Quieren que sea la marioneta mientras ustedes gobiernan desde el fondo. Nunca podré hacer eso. Ni lo haré nunca. Si quieres una marioneta, sigue usando la que tienes. Wyatt, inclínate ante su gloria. —¿Qué has dicho, joder? —tuvo la osadía de gritarme. —¿No me has oído, traidor? —Me cansé de andarme con rodeos o de contenerme. Cada vez que lo hacía, ellos hacían alguna estupidez—. ¿No ves cómo pareces una marioneta? Lo tonto que parecías yendo de un lado a otro cumpliendo sus órdenes durante los últimos dos meses. Fingiendo que ibas a trabajar el turno de noche en el hospital para poder conspirar a mis espaldas con ellos. ¿Todo eso para qué? ¿Qué has hecho tú? Melody apretó el gatillo; Liam trabajó los aspectos escépticos y el juego terrestre. Tú, Wyatt, fuiste el chico de los recados. Cuando dijeron anda, fuiste. Cuando decían ven, corrías hacia ellos. Recibir órdenes de mamá y papá, se convertía en el arrepentimiento de mamá y papá por retirarse... por eso me traicionaste. —Si hubieras dicho aunque sea una pizca de la verdad... —siseó Wyatt. —Regla número nueve, un secreto sólo es un secreto si una persona lo sabe —grité, haciendo que su puño se cerrara con molestia. —Soy tu hermano... —¡Y si te comportaras como tal por una puta vez, si me demostraras sólo una vez! ¡Si hubieras estado de mi lado por una vez! Entonces tal vez habría confiado en ti. ¡Pero no puedo confiar en ti, Wyatt! Lo intenté una y otra vez, y cada vez me decepcionaste. Huyes. Buscas excusas. Vienes y me dices “Ethan, ¿qué necesitas que haga?” Te digo que esperes, lo más fácil de hacer, y vas a conspirar para matar a mi esposa. —Le aplaudí lentamente—. Bravo, hermanito, este es un nuevo nivel para ti y para mí. —Nunca respondiste cómo nos usaste —dijo Melody, su voz ahora muy calmada—. ¿A qué te refieres? ¿Por qué hemos estado peleando el último año? ¿Querías mantenernos ocupados para poder gobernar por tu cuenta ahora? ¿Para eso era todo esto? Para que gobernaras libremente. —El plan era simple. Necesitábamos deshacernos de toda la gente asociada a la familia Orsini. Tú querías ayudar, así que te dimos trabajo. MELODY No podía creerlo. ¿Por eso había hecho esto? No. No, tenía que haber algo más. Y, sin embargo, Ethan, el pequeño niño que tuve que gritar hasta la saciedad, que estuve a punto de morir y que fui secuestrada intentando traerlo a este mundo, asintió. ¿Admitiendo ante mí, su madre, que me había utilizado como cebo? —¿Cómo pude usarte como cebo? —preguntó, sentándose más lejos de nosotros, oscilando entre la rabia ardiente y la ira tranquila—. Puedo verlo en tus ojos, eso es lo que quieres preguntar. No sé cuántas veces tengo que decirlo para que quede claro. Utilizaré a cualquiera o cualquier cosa para que esta familia prospere. Me he utilizado a mí mismo como cebo, a mi esposa como cebo, a cualquiera. ¿Por qué? Porque me enseñaste que nada más importa que sobrevivir. —¿Y pensaste que la mejor manera de hacerlo era lanzando asesinos contra nosotros? —Casi grité. ¿Estaba mi hijo loco? —¿Quién puede sobrevivir sin sacrificio? ¿Tenía que luchar contra ellos yo mismo? ¿Quién iba a dirigir el negocio? ¿Quién iba a mantener las apariencias y dar discursos reciclados y de mierda alos cerdos hambrientos de dinero, imbéciles y arrogantes en los museos de lujo? ¿Quién iba asegurarse de que el resto de la familia no se disparara en la cara o se envenenara por cosas que apenas entendían? —Por alguna razón, no estaba tan enfadado con nosotros como lo estaba con su hermano, aunque también se negaba a librarnos de sus gritos—. ¿Cómo esperas que haga todo eso y vaya a luchar contra asesinos todos los días? Tal vez podría resolverlo si no estuvieran todos encima de mí. Si se hubieran sentado tranquilamente en alguna playa. Pero no lo hicieron, así que Calliope y yo necesitábamos un plan. Pensé en cómo habíamos llegado hasta aquí. Cómo sabía lo que estaba haciendo. —Nos dejó ver los archivos y los mensajes de texto que enviaba —susurré. —Le dejamos ver todo. —Y usaste a la tía Cora... —Di tía Cora una vez más, Wyatt, y te apuñalaré a ti también —le espetó Ethan a su hermano, y cada vez que lo hacía, cada vez que iban detrás del otro, sólo recordaba cómo solían ser de niños, sentados juntos en su escritorio. Ethan enseñando a Wyatt a escribir... ¿qué ocurrió?— No sabía lo de la tía Cora en ese momento. Simplemente confiaba en mi esposa. ¿Y adivina qué? Hice bien. Porque a la mañana siguiente, ella me mostró por qué. No me lo dijo primero porque la tía Cora deseaba que nadie lo supiera. Nadie. No quería volver a recibir tratamiento. Su cáncer se había extendido a los pulmones e incluso al cerebro. No iba a llegar hasta Navidad. ¿No crees que fue extraño que después, cuando le dijimos al mundo que había muerto de cáncer, ninguno de sus médicos en este hospital, donde pasó tanto tiempo, viniera a preguntarte por qué no recibió tratamiento? Wyatt apartó la mirada, parpadeando lentamente. Su boca se abrió y se cerró varias veces. —Hablé con ellos. —¿Alguno de ellos te dijo que no tenía cáncer? No respondió; negó con la cabeza. Ethan estaba en plena racha parecía... y claramente en el dolor. —Y tú, Melody, ¿qué sabes de Calliope? ¿Qué hizo que la odiaras tanto como para no poder confiar en mí? —me preguntó—. ¿Qué ha hecho ella que no hayas hecho tú? Te sacrificas por mí, ¿verdad? —¿Estás diciendo que no lo hice? —Nunca dudaré de que lo hiciste —respondió con suavidad, bajando el rostro—. Déjame que te hable de Calliope, ya que crees que la conoces, pero no es así. Me costó años reunirlo todo. Tuve que ser paciente; no podía disparar sin más. —¿Vas a seguir con eso? —refunfuñó Liam, sentándose en el suelo, sujetándose el costado. Lo miré, y él frunció el ceño—. ¿Qué? Se me está entumeciendo el culo. ¿Y por qué siempre soy yo el que se lesiona hoy en día? Aparté la mirada de él hacía Ethan, que ahora tenía los ojos cerrados. —Ethan, continúa. —¿Estás seguro? Porque si Liam tiene algún otro comentario, creo que debería hacerlo ahora, por el bien de su culo. Liam levantó una ceja y se volvió hacia mí. Cuando no dije nada, volvió a mirar a su hijo. —Oye, pequeño imbécil, el hecho de que haya estado callado no significa que esté de acuerdo contigo. O con tus métodos. —Por décima puta vez, me importa una mierda que estés de acuerdo con ellos porque estás técnicamente muerto. ¡Soy yo quien dirige, no tú! Una vez fuiste el gran Liam, el Sombrerero Loco, ahora eres un viejo en una morgue con el culo dolorido. —Voy a hacerle daño —me susurró Liam. —Cuidado, no creo que Wyatt haga reemplazos de cadera —le respondió. Me reí. —Crees que esto es divertido. Fue él quien empezó. —¿Qué no...? Me interrumpió el repique de su teléfono. En el momento en que lo vio, se levantó, con su maldita mano temblando una vez más. —Si todos ustedes hubieran confiado en mí, joder. Confiar en que no era un tonto. Si hubieran confiado en que no necesitaba que me protegieran, ya lo hacía mi esposa, tal vez habría hecho esto de otra manera —murmuró, dirigiéndose a la puerta. —Ethan, espera... —No, no puedo esperar, mi hija me necesita. ¿Por qué? Está llorando ya que se despertó y escuchó la noticia de que alguien intentó asesinar a su madre. Ahora está teniendo una crisis nerviosa. Qué hermoso regalo de sus abuelos. Ah, claro, la otra cosa que no has entendido —me espetó y señaló el cadáver de Fiorello—. Ese hombre... no cerdo... no era el abuelo de Calliope. —Sé que no está emparentada con él porque su madre fue... —Fue violada, sí. ¿Pero quién crees que lo hizo? Dejen de hacer preguntas. Todos ustedes son una mierda cuando se trata de entender las cosas. Él. Fiorello Orsini violó a su madre —dijo Ethan, y me quedé helada. —¿Qué? —jadeó Liam, más sorprendido que yo. —¿Otra vez con el qué? Déjame repetirlo. Ese no era su abuelo. Era su padre. Ella mintió cuando dijo que no era una verdadera Orsini. Lo es, y ha querido matar a Fiorello durante años. Sólo que no podía hasta que derribara el resto de su organización, o al menos la paralizara. Calliope trabajó todos los días para que él confiara en ella y así conocer a tanta gente como él tenía trabajando bajo su mando. Un cerdo así no confía ni en sus hijos. Sí, he dicho hijos. —Asintió—. Dino, Vinnie, Italo... todos suyos con diferentes mujeres. No estaba dejando que eligiera a las personas que protegían a esta familia sin razón. Había pistas; ella las dejó a lo largo del camino. Pero de nuevo, tú pensaste que tenías razón y que yo era un niño débil bajo el control de una mujer. Si hubieras esperado un día más, sólo un día más, te habría contado todo esto y te habría pedido que me ayudaras a terminar el trabajo. Ahora... viendo que esta familia ya no confía en mí, viendo que todos ustedes menos Nana me traicionaron, pueden irse a la mierda dos veces. Ya no son mi familia. Ninguno de ustedes. Me encargo de Siena y del resto solo, como siempre. Y sin más, Ethan se marchó. Sacudí la cabeza, levantándome de mi asiento hacia el cuerpo, abriendo la cremallera de la bolsa, me aseguré de que realmente era ese viejo bastardo. Tomando mi cuchillo, le corté la garganta; la sangre era oscura al salir. Era realmente él. No era una mentira o un truco, era realmente él, y esa chica realmente lo había matado de un disparo. Pensé en aquella pequeña niña de siete años. —Eres como una reina —dijo. —Claro, lo acepto —dije. —Entonces, yo también me convertiré en una reina. —Sólo hay una reina de este reino, pequeña, y su apellido siempre será Callahan. —Entonces seré eso. —Lo dudo. Mi hijo no puede casarse con alguien tan débil que lloraría porque alguien se burló de su madre. —Pero no voy a llorar. Aquella pequeña quería proteger a su madre pero también quería poder. Me había preguntado por qué no habían dado a la chica en adopción después de la violación de su madre. ¿Cómo podía su esposo soportar que esa chica viviera con él? ¿Cómo pudo quedarse quieto y dejar que abusaran de ella? Ahora estaba claro. No la entregó en adopción porque no podía. Fiorello violó a la esposa de su hijo y lo obligó a quedarse con la hija... ¿por qué? ¿Por qué? El hombre era un cerdo, pero por qué hacer eso a su propio hijo. Para castigarlo. La respuesta vino a mi mente. Él era el que debía vengarse de sus hermanos, pero se había negado. Se suponía que debía hacer lo mismo que Calliope... formar una familia, integrarse y luego atacar. Sin embargo, se acostumbró a tener una vida feliz y pacífica al margen de las disputas familiares. Así que su padre lo castigó por eso... castigó a su esposa por eso. Calliope. No pudo deshacerse de ella y no impidió que su esposa le hiciera daño porque también la odiaba... su hermanastra oculta como su hija. ¿Pero cómo se enteró Calliope? No lo sabía. Pero no importaba... ella lo había descubierto. Lo que significaba que sabía que el mayor enemigo, la persona que destruyó su vida, era también la misma quién se la dio. Si quería venganza, la persona a la queiría a buscar no eran los Callahan en absoluto. Sería su padre. Ella siguió el juego. Nos hizo creer que quería destruirnos para convencer a una persona. Lo hizo tan bien que funcionó, y él llegó a confiar en ella porque actuó tan leal. —Joder, nos ha utilizado. —Jadeé, agarrándome a la barra de acero que colgaba de mi cabeza—. Nos hizo despejar el campo para poder disparar a su padre, sin que la gente que trabajaba para él tomara represalias... así... —De ese modo, ella lo consigue todo —dijo Liam, cojeando a mi lado, sujetando su herida—. Asciende al poder, venga a su madre... o a sí misma en realidad... y ya no tiene ningún vínculo con su antigua vida de asesina. —Tres pájaros de un tiro. —Asentí. —Y Ethan la deja hacer esto. Miré a Wyatt, que me miraba con... con pánico en el rostro. —La dejó hacer esto porque era en el mejor interés de la familia deshacerse de los Orsini y de cualquier otro que pudiera estar trabajando a través de ellos para vengarse. No había manera de que pudiéramos luchar contra todos ellos si venían a la vez como vinieron detrás de los dos. El año pasado nuestra familia ya estaba estresada por los problemas con las familias italiana e irlandesa. Si tuviéramos que lidiar también con su familia, nos habrían eliminado al instante. Se sentó y dejó que ella apedreara a los pájaros porque necesita que los pájaros también estén muertos, sin arrastrar más a la familia en eso. También los quería a todos fuera de su cabeza para poder gobernar a la familia. Pasaron el último año reagrupándose, reconstruyendo las conexiones de los Callaham con la ciudad y las familias, fortaleciendo el negocio mientras ustedes luchaban. Asentí mientras veía cómo se desarrollaba el cuadro delante de mí. —Así que, cuando su abuelo... quiero decir, su padre... le pidió un cuerpo, para demostrar su lealtad, eligió a un miembro de la familia que sabía que se estaba muriendo, pero lo ocultó para engañar a su padre. La muerte de Cora le valió a Calliope la confianza de su padre y nuestra desconfianza. A partir de ahí, todo lo que tenía que hacer era decirle que estábamos intentando atacarla, y su padre la protegería porque creía que era su marioneta. Era un plan dentro de otro plan. Sabía que él no era tan débil. Lo sabía pero... aún así. Para que él llegara tan lejos. —Odio a estos dos, joder. —Liam gimió, apretando el puente de la nariz—. ¿A quién diablos se le ocurre algo así? ¿Cuántos años se necesitan para hacer esto? En realidad, espera. ¿Por qué han alargado esto durante tanto tiempo? ¿Sólo para poder averiguar cuánta gente trabajaba para su jodido padre? Miré fijamente a Fiorello; todavía faltaba algo aquí. —Espera, ¿quién es Siena? —Preguntó Wyatt, y eso fue todo. —Siena... la abuela de Calliope... no la madrastra. —Eso era lo que me faltaba. Los hijos que murieron no eran sólo de Fiorello; eran de Siena. Ella también estaba en este juego de venganza. —Todo este tiempo, la guerra familiar, no era entre los Callahan... era entre los Orsini. —Liam sacudió la cabeza. —Pensé que sólo le gustaba repetir su nombre una y otra vez. Pero nos lo ha dicho desde el principio... ella es Calliope Seraphina Orsini. —Entonces, lo que me estás diciendo es —volvió hablar Wyatt— que acabamos de intentar asesinar a un miembro de nuestro propio equipo, ya que el equipo de asesinos con el que no han acabado viene a matarnos, ¡Por dos chicos que murieron antes de que naciéramos, joder! ¿Me estás diciendo mamá, que Ethan tiene razón? ¿Qué no he salvado a mi hermano, sino que lo he traicionado y he ayudado a matar a la madre de mi sobrina? Intenté acercarme a él. —Wyatt, no había forma de que pudiéramos... —Oh, Dios mío. —Se llevó las manos a la cara—. ¡Mamá! ¡Papá! ¿Sabes lo que hemos hecho? Si Calliope muere, esta familia no saldrá adelante. Lo sabía pero quería calmarlo. —Esta familia ha pasado por cosas peores... —Cosas peores no es lo que será Ethan si Calliope muere. No lo hemos salvado, joder. Cortamos todos los lazos que nos unen a él. Una cosa es matarla por traicionarnos. Otra cosa es matarla por ayudarnos. Si no fuera por ella, ¿qué tamaño tendría este grupo de asesinos que vienen a matarnos a todos? Era leal a la familia, y luego esa familia mató a su esposa. ¿Cómo crees que termina esa historia? Liam se lamió el labio inferior y me miró, pero a decir verdad, yo estaba agotada. Se suponía que hoy era el día. Sólo ahora me vino a la mente su voz: ¿Sabes siquiera a qué juego estás jugando? Me esforcé tanto por librarme de este maldito problema, y al final, ahora había al menos tres más. Un hijo que muy bien podría salirse del camino con la pena, uno con la culpa, y más malditos asesinos. Liam tenía razón... Me estaba haciendo demasiada vieja para esta mierda. OCHO “Tarde o temprano, todo el mundo se sienta a un banquete de consecuencias” ~ Robert Louis Stevenson ~ ETHAN Siempre se me habían dado bien los rompecabezas. A Dona también se le daban bien, pero los encontraba aburridos y nunca podía sentarse el tiempo suficiente para terminar uno cuando lo empezaba. Luego estaba Wyatt. Señalaba la caja y decía: “¿Por qué tengo que hacerlo si ya sé cómo es?” Le parecía una estupidez sentarse a reconstruir imágenes. Así que ni siquiera se molestaba, sino que salía a jugar. Sí me preguntaba por qué me gustaban, le decía que era porque podía ver cada pieza de cerca y luego encontrar dónde encajaban. Me gustaba que fuera una tarea tan sencilla, que me tranquilizaba, y al final, el dibujo siempre era tres veces más grande que la caja. Entonces, sorprendía a Wyatt volviendo más tarde a mi rompecabezas para mirar el dibujo cuando estaba terminado. Cuando lo sorprendía, resoplaba y decía: “No se ve igual que en la caja”. Esa mierda me molestaba. Pero no decía nada. No hice nada. Me imaginé que, con el tiempo, Wyatt ayudaría con los rompecabezas... pero no lo hizo. Sin embargo, dejó de salir directamente a jugar. Veía la televisión y luego, cada pocos minutos o una hora, pasaba por delante de mí mientras comía una bolsa de patatas fritas o helado o yogur y me preguntaba si había terminado. Esa mierda me molestaba más, así que dejé de hacer rompecabezas cerca de él o de cualquier otra persona. Los hacía tranquilamente a solas en mi habitación cuando tenía tiempo libre. Me decía a mí mismo que algún día maduraría, pero la verdad era que pensaba que nuestras personalidades estaban grabadas en piedra para entonces, tanto para él como para mí. Éramos dos personas diferentes y nunca podríamos acercarnos el uno al otro. ¿Cómo podríamos hacerlo? Por mucho que lo intentara, él miraba la foto de la caja mientras yo armaba el rompecabezas. Eso era precisamente lo que ocurría ahora en nuestras vidas. Si fuera como yo, habría hecho las preguntas que yo hacía. Si no hubiera podido averiguar las grandes preguntas, ¿cuál era su objetivo final? ¿Para quién trabajaba realmente? Entonces debería haber preguntado primero las más sencillas. Y la pregunta más sencilla era: ¿por qué presionaba tanto para tener a Dino, Vinnie e Italo? ¿Por qué eran tan leales a Calliope? En nuestro mundo, los que trabajaban para nuestra familia lo hacían porque o bien necesitaban dinero, poder y protección, o bien sentían que nos lo debían por una u otra razón. Cuando le pregunté esto a Dino, me dijo que no era por nada de eso. Eso era imposible. Así que, o bien estaba mintiendo, o me estaba perdiendo algo. Y así, miré más de cerca. Lo único que podía hacer a alguien tan leal era el amor. Si fuera sólo uno de ellos, podría entenderlo, pero ¿los tres hombres amándola? ¿Y trabajando codo a codo para protegerla? Eso era un tipo diferente de afecto. Eso era familia. No fue difícil conseguir su ADN. No lo estaban ocultando exactamente. Así que,cuando hice la prueba y vi que eran medio hermanos, recordé lo que Calliope me había dicho años atrás. “Mi familia es jodidamente desordenada”. Su familia era más desordenada que la mía. Calliope me había soltado piezas del rompecabezas a lo largo de nuestro tiempo juntos. Pero también mentía mucho, añadiendo piezas falsas para despistarme. Pero sus mentiras se mezclaban a menudo con la verdad. Lo descubrí el año pasado, tras la muerte de mi tía, cuando me lo contó todo. ¿Por qué había mentido justo después de dar a luz a Gigi? Me había dicho que no era una Orsini de verdad, y en aquel entonces, la forma en que su voz y su tono cambiaban me resultaba extraña. Pensé entonces que podría ser porque era una historia dolorosa. Sin embargo, me explicó que quería dar a luz a Gigi en Chicago; había querido que yo estuviera allí. Y la única manera de convencerles de que se lo permitieran era si grababa su momento más frágil. Ellos estaban escuchando esa conversación, así que ella había tenido que mentir. Fiorello no tenía ojos grises. Su madre, sin embargo, sí, y su abuela también. Venía de una condición que afectaba a las mujeres de su familia. Incluso afectaba a Gigi. Todo lo que dijo coincidía con lo que ya sabía. Con todas las piezas que había reunido, las familias Orsini y Affini formaban por fin un rompecabezas completo y revelaban lo grande y desordenada que era realmente la familia de Calliope. Cuanto más escarbaba en su vida, en su historia, más me asombraba cómo lo había conseguido. ¿Cómo no se había vuelto loca? Se vio obligada a negar quién era. Nunca se le permitió hablar de cómo su padrastro era en realidad su medio hermano. De cómo Fiorello era una vergüenza para la humanidad y de que tenía hijos que no le importaban a menos que pudiera usarlos como juguetes. Cómo su esposa, Siena, era una serpiente que consentía lo peor de él para su propia venganza personal. Toda su vida, Calliope había negado quién era, aunque sabía exactamente quién era. Manteniendo la calma y sin perderse a pesar de que hasta la última persona relacionada con Calliope abusaba de ella, la utilizaba o casi la mataba. Todas las mentiras y secretos finalmente se unieron y tuvieron sentido. También expuso cómo tuvo incluso mala suerte a la hora de tenerme como esposo. Aunque la amaba, también la hería y la utilizaba. Ella lo sabía. Al principio, ambos nos decíamos medias verdades. Nuestros propios problemas y planes enturbiaban nuestros sentimientos, pero aún así los teníamos. Y no importaba lo que yo hiciera, ella seguía acordándose de hacer una tarta así como de cantar horriblemente en mi cumpleaños. Incluso cuando tenía otras mujeres del brazo que podían distraerme de ella y de Gigi, nunca dejaba de esperarme todos los años para celebrarlo. Cuando Gigi creció lo suficiente como para recordar los rostros, Calliope me hizo y me obligó a usar disfraces para que pudiéramos seguir celebrando. No le importaba que entonces rara vez tuviera la oportunidad de celebrarlo con ella. Eso me frustraba y me ponía nerviosa. Me hizo preguntarme si realmente era lo que ella quería hacer o si también estaba actuando conmigo. ¿Estaba jugando con sus afectos? Eso se me pasó por la cabeza hasta que se enfadó conmigo. Y cuando Calliope se enfadaba, se cerraba y me alejaba, quedándose completamente fría, y eso me aterraba más que la idea de que todo fuera un juego. Podía soportar el silencio de todos menos de ella y Gigi. Poco a poco, pieza a pieza, a lo largo de los años, empecé a entender algunas partes de ella. Era naturalmente una persona amante de la diversión, que no era falsa. No se preocupaba por mucha gente porque nunca le habían enseñado a hacerlo. La familia no tenía sentido para ella porque, bueno, su familia no valía nada. Utilizaba a quien fuera y lo que fuera para salir adelante o ganar. Pero en el fondo, a pesar de todo, tenía la esperanza de que algún día tendría a alguien. Seguía poniéndose metas, y esas metas le daban esperanza. Que un día sería simplemente Calliope, con todo el brillo y el glamour de una buena vida, la vida que vio en mi madre cuando era niña. Era su parte infantil la que casi me hacía olvidar que era una asesina a sangre fría. El hecho de que ella realmente creyera que un día sería libre y feliz. “Tomo mis pedazos rotos y hago un hermoso mosaico” me había dicho una vez, y me fascinaba. Ella y esa visión del mundo me fascinaban. Quería entender cómo todo el mundo podía ser una decepción para ella, cómo nunca era libre de decir toda la verdad y, sin embargo, conseguía aferrarse a eso. No se hundió en la desesperación absoluta. El mundo entero podía odiarla, podía malinterpretarla y dudar de ella, y la mujer hacía un postre como si no se diera cuenta. Estaba más rota que yo y, sin embargo, vivía mucho mejor. Era rara, pero yo también quería ser ese tipo de rareza. La quería a mi lado. La quería libre de su antigua familia. Quería que sólo me perteneciera a mí y sólo a mí. Su pasado y sus mentiras no me importaban. Las personas heridas y maltratadas tenían que protegerse. Lo entendía. Un día quería ser la persona que hiciera realidad sus esperanzas. Sólo que había muchos obstáculos para llegar allí. —¡Papá! Acababa de entrar en el pasillo hacia su habitación. Ya eran las cuatro de la mañana. Me detuve para vendarme la mano y cambiarme de ropa para que Gigi no viera la sangre en mí. Corrió tan rápido como pudo hacia mí, pero no se aferró a mis piernas como lo hacía normalmente. Con la cara roja, malhumorada y confundida, me agarró del brazo. —¿Dónde está mamá? No encuentro a mamá. Agachándome, hice lo posible por mantener la calma y sonreírle. —Mamá está un poco enferma ahora mismo... —¡Los de la planta baja han dicho que mamá se ha ido! —gritó, mirando a su alrededor mientras mi abuela se acercaba—. Eso es lo que han dicho, Nana, ¿verdad? Lo has oído, ¿verdad? Entonces la televisión... —Su rostro se puso rojo y tenía lágrimas en los ojos—. Estabas en la televisión. Estabas gritando, papá, ¡lo vi! ¡Mi mami estaba herida! Vi a mami y... y.... —Cariño, respira. ¡Gigi, respira! —Dije, agarrándola rápidamente, pero ella seguía empujándome. —Quiero ver a mami —gritó, empujando contra mí tan fuerte como sus pequeñas manos podían—. ¡Mami está herida! —¡Gigi! —grité, rodeándola con mis brazos y atrayéndola hacia mi pecho. La abracé tan fuerte como pude mientras me golpeaba y gritaba una y otra vez. Cada vez sentía como si me apuñalara, y no podía hacer nada. Ella no quería escuchar nada. Quería ver a su madre, ver por sí misma. —Papá... por favor —lloraba en mi hombro—. ¿Puedo ir a ver a mamá? —Tesoro, tienes que estar tranquila para verla. Como estaba cansada, porque estaba en mis brazos y no podía liberarse, se relajó un poco. Lloriqueó cuando pasé por delante de mi abuela de vuelta a la habitación de Gigi mientras me abrazaba con fuerza. Mirando a mi alrededor, me di cuenta de todas las cosas que había tirado por la habitación. Las almohadas que había tirado al suelo, el zapato que probablemente había lanzado y que había roto su espejo. Si Calliope viera esto, la tiraría de las orejas, por actuar como tal. Pero lo entendía, a veces parecía que la gente no podía oírte hasta que rompías cosas... o personas. Tomando asiento en su cama, le toqué la espalda. —¿Me vas a escuchar ahora? —¿Cuándo podremos ver a mamá? —murmuró, sentándose en mi regazo. Le aparté el cabello de su rostro. —Cuando duermas y te despiertes. —¿Lo prometes? —murmuró. Asentí, levantando mi dedo meñique para ella, y enlazó su dedo con el mío. —Lo prometo, ahora, métete en la cama y duerme. Asintió, quitándose de encima y volviendo a meterse bajo las sábanas. Me agaché y alcance una de sus almohadas y la puse detrás de su cabeza. —Papá... tu mano —susurró,tocando mis vendas. —He tocado la estufa —mentí, sin saber qué más decirle. —No lo hagas —ordenó, y asentí, arropándola con las mantas. —No volveré a hacerlo, ahora duerme. —La acaricié suavemente. Ella asintió, con los ojos caídos, y se giró hacia un lado. —No se lo digas a mamá... mi espejo. Sonreí. —No lo haré. Observé cómo se dormía, hasta que roncó suavemente. Cuanto más crecía, más me preguntaba de quién se enamoraría. Había días en los que era toda una Calliope... amante de la comida, del cine, franca, sociable, dramática y divertida. Luego había días en los que veía mucho de mí en ella, como mi carácter, pero también veía mucho de mi yo más joven en ella. El yo que hacía cien preguntas al día, que pensaba en el mundo de sus padres y que era ferozmente leal pase lo que pase. —Calliope me la trajo antes de irse —susurró mi abuela detrás de mí—. Las dos estábamos dormidas, pero debió de despertarse en algún momento de la noche y fue a buscar a su madre. Acabó cerca de la sala de seguridad. Calliope y tú aparecieron en las noticias de la noche. Ella no se calmaba sin importar lo que le dijera. Pensé que lo mejor era llamarte para que ella pudiera escuchar tu voz. No esperaba que dejaras el hospital. —Iba a volver a buscarla de todos modos —susurré, levantándome de la cama y girándome hacia ella—. Nos iremos por la mañana. Ella ladeó la cabeza confundida. —¿Los dos se quedarán en el hospital con Calliope? No respondí. Me dolía la cabeza. Había tantas cosas que tenía que resolver, volver a planificar. Lo primero y más importante ahora era llegar a ella. Había perdido demasiado tiempo con mis padres a causa de mi rabia. ¿Pero perder ese tiempo podría ser una ventaja para mí? Fiorello tenía hombres con él. ¿Dónde están ahora? Esto no ha terminado. Necesito un nuevo... —Ethan, tú también necesitas descansar —susurró, poniéndome la mano en la cabeza y abrazándome, y me pregunté si seguiría haciéndolo si supiera que había apuñalado a su hijo por rabia. Mi mente iba a toda velocidad, y cuanto más pensaba en qué hacer a continuación, más crecía en mí la tentación de marcharme. —Sé que te sientes como si hubieras pasado por un infierno. Pero así es la vida de los Ceann Na Conairte a veces. Ella lo sabía. ¿Cuántas veces había visto el ascenso y la caída? Pero mi caso era diferente. Estaba luchando desde el interior para salir. —¿Lo soy? —Pregunté—. ¿O es, padre, todavía, Nana? Ya no puedo decirlo. Ella no respondió. Eso significaba que ella tampoco podía decirlo. —Gracias por cuidarla. —Fue todo lo que pude decir, retirándome de sus brazos. —Por supuesto. Hablaremos más tarde. Asentí, viendo cómo el pecho de Gigi se levantaba lentamente. —No me has preguntado cómo estaba Calliope —dije cuando la oí caminar hacia la puerta. —No hace falta. Sé el aspecto que tiene la pérdida de la persona que amas —dijo antes de cerrar la puerta tras ella. Exhalando, me incliné, tumbándome al lado de Gigi, apoyando la mano en mi rostro. Sus lágrimas, el estado de Calliope, mi rabia... Quería devolver el golpe. Quería hacer algo más que gritarles. Quería... realmente quería matarlos. Vivir por la familia. O morir por la familia, ¿no? Bueno, ellos atacaron a mi familia... pero eran mi familia. Estaba tan cerca. Estaba tan cerca de traerlos al grupo. Calliope había explicado que si mis padres mataban suficiente gente de su padre, él la llamaría para cambiar el plan. Era entonces cuando ella atacaría. No esperaba que fuera esta noche... bueno, la pasada noche. Lo habían hecho más rápido de lo que habíamos pensado. Así que, cuando vi el cuerpo de Fiorello en el suelo y la mirada de alivio en sus ojos, pensé, por fin. Todos los secretos, todas las mentiras, toda la presión se le caería de encima. Habíamos llegado a nuestro punto de inflexión, sólo para que mi madre le disparara. Lo sabía. Sabía que ella estaba observando a través de su visor, esperando la oportunidad. Al igual que sabía que ella y mi padre estaban de vuelta en Chicago. Una vez más, el por qué no podía contarle a Wyatt un maldito secreto. Él actuaba de forma diferente. Como si tratara de asegurarse de que no vigilara, añadiendo poco a poco más y más horas a su trabajo, quejándose menos, siguiendo mis indicaciones de repente. Lo sabía, y lo único que tenía que hacer era vigilarlo. Pero mis padres eran astutos. Hacían un cortocircuito en las luces del garaje del hospital y entraban en su auto. Luego editarían el vídeo en directo para que pareciera que no había pasado nada. Si no fuera por un fallo de tres segundos en los vídeos, no me habría dado cuenta. Con todo el trabajo que pusieron en sus esquemas... lo sabía todo. Y aun así, al final iba a decirles la verdad. Recordé cada palabra de mi última conversación con mis padres. “Ella mató a tu tía. No se detendrá hasta destruir a toda la familia en nombre de su abuelo. Ethan, no nos sentaremos a ver cómo ocurre” había dicho ella, y yo le dije: “Y por eso estoy de su lado, no del tuyo...” Porque no se iban a sentar a mirar, maldita sea. En vez de eso, parecían estar seguros de que yo quería destruir esta familia. “Entonces, ¿es la guerra?” Su voz sonó en mi mente, y quise gritar las palabras que no estaba diciendo. Como no había respondido a su pregunta, pensé que ella se daría cuenta. Al fin y al cabo, era la gran Melody Callahan, pero ya se había hecho a la idea, por lo que realmente no se dieron cuenta de nada más. —Era peligroso desde el principio —susurré a nadie. Estos planes, todos mis planes, eran peligrosos desde el principio. Una y otra vez, me pregunté si estaba yendo demasiado lejos. ¿Había otra forma de hacer esto? Durante el último año, con Calliope, habíamos recuperado mucho control. Nos habíamos vuelto mucho más populares en la ciudad. Se suponía que íbamos a salir en la portada del Chicago Times el mes que viene. Se va a enfadar por perderse la primera cena del Times dedicada a presentar la ciudad por Navidad. Sonreí, pensando en la cara que pondría. Luego se me cayó el rostro, al pensar en ella. Estaba estable cuando salió del quirófano, pero si sobrevivía, iba a tardar en recuperarse. No era una herida superficial. Pero, ¿cuánto tiempo podría conseguir para que se cure? Primero necesito saber lo que sabe. Ella es mi topo interior... ¿Guarda archivos en algún lugar? No. Ella no haría eso. No hay juicios en papel. ¡Mierda! Había demasiadas cosas pasando por mi mente, demasiados contraplanes, nuevos planes. Podía ver demasiadas cosas, y ninguna de ellas era a prueba de todo. Ningún plan lo era. Siempre tenía que ajustarlo. Pero ahora mismo, estaba irritado. Irritado conmigo mismo y con todos mis pensamientos. Irritado con mi familia por su falta de pensamiento. Puede que los haya puesto en peligro en el pasado, pero ni una sola vez pensé que no podrían sobrevivir, ninguna de mis acciones carecía de propósito. Siempre tenía un plan para sacarlos de allí, aunque fracasaran. Wyatt fue el único que resultó gravemente herido, ¡Y eso fue porque se lanzó al ataque y no se cubrió las espaldas! ¡El imbécil! Y sin embargo, eso fue culpa mía. Lo dejé con todos los hombres de esta ciudad, y decidió jugar al Todopoderoso. Siempre hacían esto. Me dejaron para averiguar cómo deshacer su desorden. Cuando ellos estaban afuera, corriendo por el mundo, siguiendo diferentes pasiones, yo estaba aquí protegiéndolos, ¿y cómo me lo pagan? El tío Neal envía afuera a sus hijos en secreto y finge para que no me dé cuenta que era por su miedo a mí. Pero eso no era lo más sorprendente. Que Helen envenenara a mi esposa ya era algo. Que Killian se fuera y se hiciera amigo de nuestros enemigos. Wyatt uniéndose a mis padres para asesinarla. Una parte de mí quería marcharse. Una parte de mí quería cortar los hilos de las marionetasy dejarlas morir. Podía fingir que renunciaba de nuevo... tomar a Calliope y a mi hija, dejarles todo este embrollo y reagruparme. Pero cuántos de ellos morirían mientras yo lo hacía... entonces, de nuevo, tal vez eso es lo que se necesita para reconstruir esta familia después. Ese podría ser el nuevo plan, empezar la familia de nuevo. Así lo hizo el abuelo Sedric. Perdió a todos sus hermanos y a su madre. Luego reconstruyó toda la familia Callahan como él quería. Hizo las reglas. Creó esta familia basada en su moral. Yo podría hacer lo mismo, ¿no? Si me fueran, en lugar de luchar para que me entendieran, podría empezar de nuevo y criar una nueva generación que lo hiciera. Los pensamientos llegaron antes de que pudiera detenerlos, y con ellos no pude evitar escuchar la voz de Calliope en mi mente. “¡La única manera de que pueda ser reina, Ethan, es si tenemos gente a la que gobernar!” —Todavía habría familias irlandesas e italianas para gobernar, Calliope —murmuré. “Todo el trabajo que hice para que recuperaran la fe en ti, y lo echas a perder si toda tu familia muere. Además, ¿qué mierda quieres decir con criar una nueva generación? ¿Exactamente cuántos hijos voy a tener en esa puta generación?” Sería lo que más probablemente diría como respuesta. Así que ese plan no podía funcionar. Si Calliope se despertaba y descubría que los había dejado morir, intentaría matarme, joder. Y lo último que necesitaba era una esposa enfadada encima de todos mis otros problemas... esa no era la única razón. La otra razón era simplemente que no quería que murieran. Eran unos malditos idiotas. Nunca escuchaban. Me daban ganas de gritar la mayoría de los días y siempre buscaban que fracasara, pero no quería que murieran. Es debilidad... y fuerza, supongo. Gemí, frotándome la cabeza. ¿Y ahora qué, Ethan? Ring. Ring. —¿Qué ha pasado? —Pregunté, sentándome de nuevo en la cama. —Su corazón se detuvo. La trajeron de vuelta, pero todavía sigue siendo... No escuché lo que dijo a continuación, ya que estaba rechinando los dientes, listo para lanzar el teléfono contra la maldita pared, pero me detuve, respirando por la nariz. Fui demasiado lejos. —Estoy en camino —respondí, ya de pie. WYATT Lo único que podía pensar era, ¿qué mierda iba a hacer ahora? ¿Qué iba a decirle? ¿Qué iba a decirle a Helen? Cuanto más pensaba, más se me quedaba la mente en blanco. Me sentía como si tuviera huevo en mi rostro. Como si hubiera estado caminando con huevo en mi rostro todo el tiempo y nadie me lo hubiera hecho saber. ¿Por qué siempre terminaba en este lugar, parado como un idiota en la cara de mi hermano? ¿Qué diablos hice para que me jodieran tanto? ¿Era tan incompetente? ¿Ethan era mucho mejor que yo? ¿Por qué siempre era capaz de reírse de último a mi costa? ¿Pasar por alto como si... como si no tuviéramos los mismos genes? ¿Qué nos hacía a ambos tan diferentes? ¿Por qué nunca estábamos en la misma página? —¡Wyatt! ¡Wyatt! —Helen me agarró del brazo desesperadamente. Su rostro era un desastre, su cabello enmarañado y recogido en un feo moño. Parecía una mendiga. No se parecía en nada a ella. Desde la muerte de la tía Cora, había sido diferente. Todos habíamos sido diferentes, y pensé que la muerte de Calliope podría arreglarnos. Por eso tenía tantas ganas de acabar con ella. No quería ver nada más. Quería decir que todo era culpa suya, y que si ella nunca hubiera venido, todos estaríamos perfectos. —¿Está muerta? —Preguntó Helen, apretando desesperadamente mi brazo—. Vi las noticias; cayó duramente. Había mucha sangre. Tiene que estar muerta, ¿no? Agaché la cabeza, mirando la ropa rasgada en mi mano. —Wyatt, ¿por qué no me respondes? —Porque no lo sé. —¿Qué? ¿Cómo no lo sabes? No estabas en el hospital... —¡No lo sé porque Ethan no confía en mí! —Le grité—. No se fía de mí, así que ni siquiera pude entrar en la misma puta planta en la que estaban atendiéndola. No se fía de mí, así que... ¡No se le ocurrió explicarme en todo este puto tiempo que tu madre estaba en reincidencia! —¿Reincidencia? Como en... Finalmente levanté la vista y me encontré con su mirada. Sus ojos marrones me miraban confusos. —El cáncer de tu madre volvió —susurré. —No... La agarré de los brazos mientras intentaba alejarse de mí. —Ella y Calliope... —¡He dicho que no! —gritó, arrancando sus brazos de mí—. No sé qué mentira te han contado, pero mi madre estaba sana. Estaba bien y entonces... —No estaba bien. Tenía un cáncer con metástasis en fase 4. Se había extendido a múltiples... —¿Por qué dices eso? —me espetó, con los ojos llenos de lágrimas—. ¿Intentas hacerme más daño? —No estoy tratando de hacerte daño, Helen, por favor, escucha. —Le tendí la mano, pero ella se apartó de nuevo, negando con la cabeza. —Habría notado que mi madre tenía cáncer. Te están mintiendo para encubrir lo que le hicieron. —Helen... —¡No! —espetó, retrocediendo de nuevo, sacudiendo la cabeza antes de darse la vuelta y dejarme rápidamente de pie en la entrada, justo encima de los títulos del monograma de Ethan y Calliope. ¿Qué debía hacer ahora? El mundo había dado un vuelco. Volví a ser el hermano, el amante y el hijo inútil. —Conozco esa mirada. Levantando la vista, vi que el tío Neal entraba desde el salón. Con un libro en la mano, miró hacia donde había corrido Helen y luego hacia mí. —¿Qué mirada? —La mirada de quien está a la sombra de su hermano —dijo, y me quedé paralizado, haciendo que se riera. Se puso a mi lado y se quitó las gafas de leer—. ¿Fuiste tú quien le disparó? —¿Y si lo fui? —Te vas a morir —dijo, sin hacerme sentir mejor. —Eres una mierda dando charlas de ánimo, tío Neal. —Jadeé en shock. —Así que le disparaste. Puse los ojos en blanco. —¿Es demasiado pronto para una copa? —Los tragos no lo hacen más fácil. —Frunció el ceño, poniendo su mano en mi hombro—. Pero, me tomaré una contigo porque recuerdo lo que se siente al ser tú. —Todavía estoy esperando el ánimo en esta charla. Me golpeó la nuca con el libro que tenía en la mano. —Paciencia. Ya viene. ¿Estás preparado? —Claro —respondí, frotándome la nuca mientras me empujaba al salón. Dentro me encontré cara a cara con el retrato familiar para el que Calliope había exigido que nos vistiéramos bien. No lo quería como una foto, sino como un verdadero cuadro al óleo. Era tan grande que colgaba sobre toda la chimenea. —Siempre te va a hacer sentir como una mierda —dijo mi tío, dándome un trago. —¿Quién? —Ethan. Siempre te hará dudar de ti mismo. No es su intención. Pero los talentosos tienen esa particularidad. Fruncí el ceño... era una mierda total en esto. —¿Los talentosos? —Cada generación, hay un hermano que simplemente es mejor en esto. No sé por qué... —¿Pensé que era el hermano menor el que era mejor? —Porque tu padre te dijo esa mierda —se rio, moviéndose para sentarse junto a la chimenea—. Incluso desde el más allá, el hombre se burla de mí. No dije nada, más que nada porque pensar en el hecho de que mi padre estaba vivo y su hermano no lo sabía... me hacía sentir mal. —Sí, tu padre y mi padre eran los segundos hijos. Pero nuestro abuelo fue el primero. Y nuestro bisabuelo, que nos puso a todos en este camino, fue también el primer hijo. En cada generación hay un hijo, y si hay dos, uno naturalmente eclipsa al otro. La gente no lo recuerda mucho, pero el padre de Declan, Killian, era el mejor. Él también hacía planes y los escribía. Mi padre encontró esos planes y los siguió. Construyó su legado sobre su hermano, y nadie lo sabe. —¿Dejó sus planes? —murmuré, bebiendo y deseando algo aún más fuerte que el brandy en mi copa. No estaba seguro de qué sería, pero necesitaba que me ardiera la garganta. —¿Intentas derrocar a tu hermano? —replicó. —Noes eso lo que quería decir. —Yo creo que sí. —Sonrió—. Aunque sólo fuera el 10% de lo que querías decir, una pequeña parte de ti quiere demostrar que eres tan bueno como él, ¿verdad? Tampoco respondí a eso. —Es difícil ser un hombre en esta familia y no pensar en eso. Y si fuera yo. —Sonrió, mirando su copa—. Lo pensé, pero me di cuenta de que no era como él. Tu padre. Algunos días casi me volvía loco. Después de todo, a diferencia de ti, yo era el mayor, y a diferencia del tío Killian, yo no morí. —Entonces, ¿por qué cediste ante mi padre? Me fulminó con la mirada y se encogió de hombros. ¿De qué otra forma podía decirlo? —Por culpa. —¿Culpa? Asintió. —La culpa de no haber sido nunca el hermano que necesitaba, de haberle fallado tanto, me impidió traicionarlo y querer que me perdonara, que me aceptara, que contara conmigo en su lugar. —Estoy buscando una respuesta ingeniosa, pero no tengo ninguna —susurré, apoyándome en la silla y mirando al fuego. —¿Te sientes culpable por lo de hoy? —No he dicho que haya hecho nada. —Habrías podido entrar en el mismo maldito piso que Calliope si no hubieras hecho nada. —Obviamente escuchó nuestra conversación—. Esto es bueno para ti. Es un peso que te hará retroceder para no volver a escuchar esa voz que dice “podría ser yo”. Me quedé mirando el fuego, bebiendo. Estuvimos sentados así durante algún tiempo antes de volver a hablar por fin. —¿Tío Neal? —¿Sí? —¿Mi padre te perdonó alguna vez por lo que hiciste? —Cometí muchos errores diferentes. Nunca me enteré de cuáles había perdonado y de cuáles seguía guardando rencor. Era así de mezquino. Pero me gusta pensar que, al final, confió en mí. Sin embargo, lo que más lamento es no haber hecho más por él porque tenía muchos conflictos sobre quién debía ser. No lo pienses demasiado. Tienes la suerte de ser mucho más inteligente que yo. Así que, apóyalo mejor la próxima vez. Asentí, pero no pude evitar preguntarme cuántos años más pasarían antes de que Ethan y yo nos pusiéramos de acuerdo. —Así que no intentes matar a su esposa o morir antes de la próxima vez. Sólo serías recordado como un idiota. Miré por encima de mi hombro para ver cómo me sonreía. —¡Lo estabas haciendo mejor con el ánimo, y luego lo arruinaste! Se reía de mí. Y en el silencio, me encontré sintiendo la culpa. No tenía palabras. Sólo culpa. Entonces, me pregunté qué sentían mis padres. No me dijeron nada. Sólo me dijeron que volviera a casa, como si fuera un maldito cachorro. Ahora que había terminado de jugar a su juego, debía ir a sentarme en un rincón mientras ellos pensaban qué hacer a continuación. ¿Qué era peor? ¿Ser la marioneta de mis padres o ser el enemigo de mi hermano? Terminando el resto de mi bebida, dejé la copa en la mesa auxiliar antes de levantarme. —Te dejo con tu lectura... —Lleva esto a mi auto; avísale a mi abuela por la mañana. Al oír la voz de Ethan, abrí la puerta de golpe para encontrarlo casi al lado de la misma, y junto a él estaba O'Phelan. Ethan tenía a su hija dormida en brazos. Uno de los guardias estaba llevando dos bolsas a su auto. Ethan me miró, y deseé que me mirara con rabia, pero fue como si mirara a través de mí antes de volver a encarar a O'Phelan. —Dile que le he dejado toda la información que necesitará —le dijo. O'Phelan asintió y se dispuso a hacer lo que mi hermano le ordenaba. Cuando lo hizo, Ethan se movió para irse también. —Ethan... Me ignoró saliendo al exterior. Siguiéndole, observé cómo abría la puerta del asiento trasero para meter a su hija adentro. —Ethan. He cometido un error. No habló, asegurándose cuidadosamente de abrochar el cinturón de seguridad de Gigi. —Cometí un error, uno grande, y lo siento mucho... Cerró la puerta del auto y me agarró de la garganta, golpeándome contra el capó del auto, tomando el arma de su espalda la sostuvo directamente en mi cabeza. —Esto es un arma, Doctor Callahan. Cuando se dispara un arma, sale una bala. No puedes retirar esa mierda con un “lo siento” —gritó, casi escupiéndome a la cara; en cambio, me soltó el cuello y me empujó hacia un lado—. Si hubiera sabido que esto iba a ser así, habría dejado tu inútil culo en Boston. —Pero, no lo hiciste —dije, frotándome el cuello—. Viniste por mí. Hiciste todo esto por la familia porque te importa la familia, ¿verdad? No puedes abandonarme, Ethan. No importa cuántas veces la joda. Sigo siendo tu hermano pequeño. —Estás muerto para mí —dijo, entrando en su auto y arrancando, casi atropellándome. Sus palabras... Una bala habría sido más amable. —Y la historia se repite con los próximos hermanos Callahan —dijo mi tío Neal desde la puerta. —Tío, ¿no tienes otra cosa que hacer ahora mismo, en lugar de presenciar uno de mis mayores momentos de caída en mi cara? —No. A la mierda las últimas veinticuatro horas de mi vida. ¡A la mierda! LIAM —¿Volvemos a esta mierda otra vez? —Le pregunté cuando entré en la cocina privada del hospital para encontrarla en el suelo, bebiendo vodka puro. Estábamos en el nivel justo debajo del de Ethan, esperando en una de las salas VIP. Estaba seguro de que él sabía que estábamos aquí. Simplemente le importaba una mierda ahora. —En este episodio de Las pasiones de Melody, mi hijo... se vuelve en mí contra por mi culpa. —Su voz se quebró por un momento; sin embargo, para disimularlo, vertió licor en su vaso de chupito y luego tiró el líquido transparente como si fuera agua—. ¡Giro de la trama! —¿Cuántas temporadas de esta telenovela hay? —pregunté sujetándome el costado con el brazo izquierdo, ya que tenía el hombro derecho reventado, y dejándome caer en el frío suelo de la cocina junto a ella. —Mi instinto me decía que había algo que no funcionaba en esa familia —dijo ella, sirviéndose de nuevo en su vaso—. Sabía que esa pequeña volvería más fuerte. —Y tenías razón. —Entonces, ¿cómo me equivoqué tanto? —escupió enfadada y arrojó la bebida a su garganta—. Si lo sabía, ¿cómo me equivoqué tanto? —Al negarte a dejar de mirar a Ethan como tu mio bel leoncino —respondí, tomando la botella de vodka para mí y bebiendo. Podía sentir la mirada de sus ojos sobre mí. —No empieces. Querías matarlo. No parabas de decir que no ibas a dejar que destruyera esta familia, estaba intentando... —Salvarlo. Porque es tu mio bel leoncino —repetí, bebiendo de nuevo antes de que me arrebatara la botella. —¿Qué debería haber hecho? Si yo... —Dejar de lado el hecho de que es nuestro hijo y verlo sólo como un enemigo; entonces habrías escuchado cuando dije que Ethan iba a defenderla con todo lo que tenía sin importar lo que pasara. Tú la matas; él te mata a ti. —Te escuché la maldita primera vez. ¿Qué importancia tiene eso ahora? ¿Cómo iba a cambiar algo ver eso ahora? —¡No lo hace! ¡Nada cambia ahora! ¡Sólo quiero culparte para no tener que lidiar con mis propios errores! ¡Joder, Melody! ¡Maldición! Estaba tan dispuesta a matarlos a los dos. Estaba tan seguro de que Ethan iba a arruinar todo por culpa de esa mujer. A pesar de eso, en el fondo de mi mente, debería haberlo sabido. Debería haber creído en él. Como mi padre creía en mí. Le echaba la culpa a ella, pero también tenía mucha culpa yo. Aunque no confiara en Calliope, seguía teniendo fe en Ethan. Ella todavía quería salvarlo, mientras que yo, yo... estaba dispuesto a matarlo. Bebiendo, me pregunté. ¿Cómo habría reaccionado si mi padre se hubiera apartado sólo parcialmente? Si hubiera hecho cosas a mis espaldas, ¿qué habría hecho yo? Mi padre confiaba en mí, y yo no confiaba en mi hijo. Mi padre estuvo a mi lado hasta su último aliento, y yo había abandonado a mi hijo. Sabía que nunca sería tan buen padre como lo fue el mío para mí. Sólo que apestaba verlo tan jodidamente claro,ahora. —No sé qué más decir —le susurré mientras bebía—. Nunca me había sentido tan derrotado. —Con desgana miré hacia ella—. ¿Y ahora qué? —Bebemos —dijo ella, dando un largo trago, antes de respirar profundamente—. Y rezamos para que esa chica no se muera. —Luego me devolvió la botella. —¿Qué tan bueno fue tu tiro? —Le pregunté. Se frotó la muñeca, estirando los dedos. Llevaba disparando desde que era una niña. Luchando desde que era una niña. En mi opinión, eso la convertía en una experta, pero ¿cuántos años puede soportar un cuerpo el daño y seguir funcionando sin problemas? Podía sentir el dolor de mi cuerpo incluso ahora, peor de lo que recordaba hace unos años. Mis rodillas crujían cuando me levantaba de la cama; mi muñeca me dolía cuando se enfriaba, incluso podía ver que mis dedos se habían vuelto más gordos y lentos. Los años de golpear a los hombres en el rostro, de dar puñetazos a las paredes, de recibir disparos o puñetazos, me estaban robando años de mi puta vida. Me sentía más cerca de los setenta u ochenta por dentro, que de los sesenta. Era tan difícil para cualquiera de nosotros alcanzar una edad avanzada en esta vida. Jodidos veinte años y mierda, juro que entrenaban a estos chicos cada vez más jóvenes con cada maldito año. —Tenemos suerte de que no tenga diez o quince años menos, Liam, o ella habría estado en la morgue —susurró Melody, pensando obviamente lo mismo que yo. Y si hubiera estado en la morgue, no habríamos podido evitar que Ethan nos matara. Ethan ya me había apuñalado por tener la audacia de dispararle... si ella moría, entonces nos rastrearía en ese momento para vengarse, o peor aún, iría tras Wyatt para atraernos. —Wyatt. —Suspiré, colgando la cabeza mientras pensaba en cómo le habíamos arrastrado a esto. —Ugh... no puedo. —Alcanzó el vodka y bebió, sin querer pensar en eso. El sueño que teníamos de ellos trabajando codo con codo ardía frente a nosotros... y nosotros habíamos encendido la cerilla. ¿Qué haría mi padre? ¿Era demasiado tarde para preguntar? —Liam. —¿Hmm? —Creo que nos hemos convertido en los viejos que no saben cuándo renunciar. —Somos viejos, pero no tanto. Me devolvió la mirada con una expresión de complicidad en sus ojos y luego bebió. Joder. ¿Realmente éramos tan viejos ahora? NUEVE “¿Qué te hace ir a la guerra?” ~ Leo Tolstoy ~ ETHAN —¿Cómo está? —pregunté en cuanto salí del ascensor con Gigi en brazos. —Estable ahora —dijo Vinnie, todavía vestido con su traje del baile—. Dijeron que mientras pase el resto del día sin ningún otro contratiempo, se recuperará. —Por supuesto, lo hará; no tiene otra opción. —Me prometió. Pensé en la última parte mientras entraba en su habitación. Allí estaban sentados Dino e Italo, esperando. Italo en la puerta. Dino junto a su cama. Estaba envuelta en vendas, con cables que salían de su lado izquierdo y derecho. El único sonido provenía de las máquinas que parecían mantenerla con vida. Vinnie no entró, sino que se quedó de guardia en la puerta. Caminando hacia el sofá, dejé a Gigi suavemente, colocando la almohada bajo su cabeza. Ella murmuró antes de ponerse de lado. Cuando buscó otra almohada para abrazarla, me moví para tomar la bolsa que había traído. Dino ya parecía saberlo y sacó el delfín de peluche, entregándomelo. Me quedé mirando su mano, notando la marca de nacimiento en su dedo índice. Era igual que la de Calliope, al igual que la cicatriz que tenía. También me entregó una manta. —Es mi única sobrina —dijo. Era la primera vez que alguno de ellos lo admitía. Así era como se guardaba un puto secreto. Tomando la manta, la puse sobre Gigi antes de levantarme y encarar a Dino. —No todos los tíos son tan leales —respondí. —No todos los tíos empezaron donde nosotros empezamos —replicó, e Italo asintió desde atrás. —¿Ahora es el comienzo de la hora del cuento? —pregunté, caminando hacia la cabecera de Calliope, quitándome el abrigo y sentándome, viéndola librar esta batalla por su cuenta—. ¿Qué es lo que hizo que ustedes, niños afligidos, se reunieran? —No se me dan bien los cuentos. —Dino replicó—. ¿Italo? Comparte con el jefe. Se burló. —¿Cómo le gusta a Calli hacerlo? —Érase una vez —la voz de Vinnie llegó desde el otro lado de la puerta. Calliope tenía razón. De los tres, él era el que mejor oído tenía. Por eso se suponía que era nuestros ojos y oídos entre la élite de la ciudad. —Oh, claro, le encantan los clichés... érase una vez, un muy hábil y talentoso... —Oh Dios, aquí vamos —murmuró Dino, sacudiendo la cabeza mientras se dirigía al otro extremo de la habitación. No dije nada. No tenía ningún otro lugar donde estar, así que el tiempo que necesitaran para sacar esta historia, lo escucharía. Que conociera el final no significaba que no quisiera conocer el principio. —Un joven y amable pintor fue admitido en la Academia de Bellas Artes de Palermo. Tenía todas las papeletas para convertirse en un gran artista —dijo Italo como si no hubiera escuchado a Dino—. Entonces, un día, mientras me ocupaba de mis asuntos, me enviaron un vídeo. No sabía quién o qué era. Así que lo borré, pensando que era spam. Pero al día siguiente, recibí el vídeo de nuevo, y lo pulsé... sólo para ver el rostro maltratado y pecoso de una mujer mayor que no conocía. Vi cómo la golpeaban una y otra vez antes de sacarla a rastras de una habitación llena de otras mujeres que no conocía. El mensaje que vino después decía “Esa fue la última imagen que pude encontrar de tu madre”. Es extraño porque esa no era mi madre. Mi madre no tenía el rostro pecoso como yo —dijo. —Fuiste adoptado por otra —dije, comprendiendo. —Por una tía. —Sonrió, aunque no era la sonrisa de un hombre en su sano juicio—. Por supuesto, no sabía que era mi tía. Todo el mundo decía que tenía una hermana que hace tiempo se había juntaba con el tipo de gente equivocada, igual que el hermano pequeño de mi padre, Giuseppe. Un día, me dejaron en su casa. Sólo tenían dos hijas, un hijo... era agradable. Me criaron como si fuera su hijo. No conocían la historia. Mi madre adoptiva no sabía que mi madre biológica había sido secuestrada y traficada por toda Europa como un juguete de edición limitada. Se hizo mayor y enfermó, así que la mataron. ¿Sabes quién la secuestró? —Fiorello. —Equivocado pero buena suposición —añadió Dino. —Siena Orsini hizo secuestrar a mi madre —dijo Italo, y ante eso, lo miré. Al notar mi sorpresa, asintió—. Sí, no pudieron construir o financiar i Libitinarii de la noche a la mañana. Ni siquiera con todo el dinero que habían ganado en el pasado. Se necesita capital para construir algo así, y la forma más rápida de crear capital es la droga. —Pero eso lo dirigía otra familia, así que se habrían dado cuenta —respondí, colocando esa pieza del rompecabezas en su sitio—. Lo siguiente que se puede hacer es traficar con mujeres. —Y eso hicieron. A Fiorello le gustó cómo mi madre se defendía incluso con lo que le ponía Siena, así que se encargó de domarla. —Su mandíbula se apretó y miró al suelo, flexionando la mano—. Al parecer, lo disfrutó tanto que lo hizo a menudo, y aquí estoy. Habría pensado que me abortarían, pero no, Siena y Fiorello estaban jugando. Y yo tenía una conexión con la familia Callahan, aunque fuera muy lejana. Así que me dejaron con mi tía y me utilizaron para asegurarse de que mi madre se mantuviera en la línea. No querían desperdiciar a las preciosas chicas jóvenes. Me utilizaron para doblegarla. Siena y Fiorello dijeron que iban a volver por mí de todos modos. Pero ya había una pequeña chica a su lado, observando, aprendiendo, creciendo. Encontraron mis datos grabados en alguna carpeta. Calli me encontró, y supo que un día lo más probable es queacabara siendo un guardia o algo así para la familia Callahan, y un topo para los Orsini. Ella me envió ese video y otros videos después de eso. Y finalmente, hablamos. Me dijo que me alistara en el ejército, ya que tenía un paquete que necesitaba que entregara a alguien de adentro. —Ese alguien más era yo —respondió Dino desde atrás mío—. Cuya madre se desarraigó y se mudó a Italia, todo por el amante que abusó de ella. Pero el dinero era mucho mejor que el de mi padre. No sé si tuve suerte de que ella no fuera una de las que Fiorello tuvo que forzar, o fui estúpida por permitirle convertirse en su amante. En cualquier caso, Fiorello sabía quién era, y lo conocía a él. Lo vi herirla una y otra vez. Pero no podía hacer nada. Mi madre me decía que no me preocupara y luego me compraba algo. Me enfurecí sin tener dónde depositarlo, así que me alisté. Entonces, un día, un chico guapo vino a verme con un paquete, y en ese paquete había resultados de ADN. Sorpresa, la persona que te trajo ese paquete es tu hermano. Sorpresa. Eso sonaba a Calliope, sin duda. —Tú acabaste dejando el ejército porque él entró, no porque tu madre tuviera un derrame cerebral. Y Vinnie, su madre era prostituta, en la ciudad, y seguro que Fiorello era cliente. Todos asintieron, aunque estaba seguro de que Vinnie lo había oído y simplemente prefirió no hablar de eso. Me recosté en la silla. Mirando fijamente el rostro de Calliope. Ella los metió en el juego a todos en diferentes momentos, pero podía hacerlo porque Fiorello también planeaba utilizarlos. El hombre era un descuidado y un cerdo que sólo pensaba con la polla. ¿Por qué? Porque los hombres castrados sólo encontraban placer en luchar contra los que eran más débiles que ellos. Quería ser el jefe, pero mi abuelo, Orlando, lo mantenía a raya con su poder. Lo aceptó, hasta que sus hijos murieron. Dudo que le importaran esos hijos. Tenía hijos a diestro y siniestro; eran una excusa para él. Eran sus mártires. Podía ir por ahí con los descontentos con la unión irlandesa e italiana, traída por mis padres. Podía decir que Orlando era desleal, y ganar adeptos. Pero no era lo suficientemente inteligente como para hacerlo todo por sí mismo. Él era la cara de todo; mientras tanto, en el fondo, Siena, que realmente lloraba a sus hijos, dirigía el espectáculo. Eso también debió molestarlo. Pasar de inclinarse ante Orlando a inclinarse ante su esposa, que apenas era aceptable en la época de mi madre. Su esposa lo emasculaba, también, pero él necesitaba su mente para mantener su negocio a flote. Así que desquitó esa rabia con otras mujeres. ¿Cuántos otros hijos tenía por ahí? ¿Lo sabía Calliope? —Calliope dijo que Siena tiene Alzheimer. —Nunca he conocido a la loca —respondió Dino. —Yo tampoco —añadió Italo—. Pero Calliope dijo una vez, que ella sólo tomaba a los niños que eran lo suficientemente jóvenes y estaban especialmente rotos. Que querían más que nada tener... —Una madre —terminé por él asintiendo. Calliope me había dicho lo mismo, no tan explícitamente, pero el año pasado, la mirada en sus ojos después de que su padre había traído a Gigi... lo supe. ETHAN - ÚLTIMO AÑO Estaba bajo la ducha, lavándome con las manos el cabello, cuando sentí el aire frío en la espalda. Al girarme, vi cómo Calliope entraba desnuda. Se puso bajo el agua, pero no lo disfrutaba. Respiró profundamente. —Se llevó a mi hija sin decírmelo —susurró, tomando una esponja y el jabón, lavándome el pecho lentamente—. Le dije que iba a venir, pero se la llevó de todos modos. Hago lo posible por estar siempre presente cuando él está cerca. Tanto Siena como Luca son los únicos que cuidan de Gigi cuando yo no estoy. Sé que no le harán nada. Agarrando el champú, se lo eché en el cabello. —¿No hay manera de esconderla? —Ella existe porque quieren usarla para controlarme. Si la oculto, lo sabrán. La hemos arriesgado desde el principio. Yo lo sabía. Pero nunca la usaron contra mí. Nunca la llevaron a ningún sitio sin mí. —Hasta que volviste a mi lado —dije, restregando su cabello—. Querían recordarte que no eres libre aquí. —Ethan... —Su mano se detuvo en mi pecho. —Hmm. —Seguí frotando su cuero cabelludo. —Si alguna vez caigo... Mis manos se congelaron. —Asegúrate de que nunca la atrapen. Nunca. Porque irán por ella. Es lo suficientemente joven como para que puedan romperla y reconstruirla... —¿Qué pasó con lo de vivir para mí? —pregunté. Se rio, volviendo a levantar la esponja. —No he dicho que vaya a morir; sólo he dicho que si me caigo. —No te caigas. —Sí, jefe. —Sonrió, levantando la cabeza para mirarme—. Tú tampoco te caigas. —No soy de los que se caen. —Y sin embargo, te enamoraste de mí, ¿no? —replicó, y cuando puse los ojos en blanco, me besó los labios—. Estoy tan cerca y a la vez tan lejos. —Tú y yo, los dos —dije, tomando el mango del agua y vertiéndola sobre su cabello. Ella cerró los ojos, inclinando la cabeza hacia atrás para mí. —¿Tus padres? No respondí. —Tal vez se den cuenta de todo ahora, de que estoy aquí y decidí apartarme —dijo, apretando y retorciendo su cabello. —Han llegado hasta aquí porque sus egos no les permiten ver nada más que lo que quieren ver. Se quitó el agua de la cara para mirarme. —Tú tienes su ego. Acerqué el agua a la parte delantera de su rostro. —¿En serio? —dijo ella, cerrando los ojos, sonriéndome—. ¿No eres un poco mayor para ser tan mezquino? —He aprendido de ti. —Sonreí, quitando el agua de su rostro y besando sus labios. Ella me devolvió el beso y me rodeó el cuello con las manos, mientras nuestros cuerpos se apretaban mutuamente y yo la empujaba contra la pared. —Ahora que estás aquí, hay mucho que me gustaría enseñarte —añadí cuando nos separamos. Su respuesta fue levantar una pierna y rodear mi cintura. —Entonces enséñame, jefe, me encanta aprender. —Aquí hay algo. ¿Sabías que ciertos champús pueden usarse como lubricante? Una sonrisa malvada se extendió por su rostro. —Sí, lo sabía. ¿Quieres saber cómo lo aprendí? Mi mandíbula se desencajó, maldita sea, agarrando su mano, le di la vuelta al cuerpo. —A veces, juro que lo haces a propósito. Admite que te gusta lo duro y deja de intentar enfadarme. —No admito nada, jefe. ¿Qué vas a hacer al respecto? Sonriendo, la solté. —Seguir con mi ducha y dejarte en paz. Libre de mi agarre, su cuerpo giró hacia atrás tan rápido que no pude perder la mirada de rabia en sus ojos. Agarró el jabón y se movió para tirármelo a la cabeza. —¡Eres tan condenadamente molesto! Reí, esquivando el golpe. —Todo lo que tenías que hacer era admitirlo. —¡Vete a la mierda! —espetó, moviéndose para salir del cuarto de baño y casi se resbaló, pero se agarró. No pude evitarlo. Me reí más fuerte de ella, y por eso, volvió a entrar en busca de venganza, aunque era el suelo mojado con el que debería haberse enfadado. ETHAN – PRESENTE Me acerqué y tomé su mano entre las mías cuando, de repente, la puerta se abrió y Vinnie me miró. —¡Las alarmas silenciosas se dispararon! —Podría ser mi... ¡BOOM! La explosión a su derecha fue tan fuerte, que toda la habitación se sacudió y lanzó su cuerpo a un lado, las llamas estallaron afuera. Esto no era mis padres. La verdadera guerra había comenzado. ¡JODER! —¡Vete! —Le grité a Dino, sacando la ametralladora de debajo de la cama de Calliope mientras Gigi se levantaba confundida—. Gigi, ven aquí. Ahora. Saltando del sofá, corrió hacia mí. Abrí el panel junto a la cama de su madre. Presionando los teclados para que ella entrara. —¡Papá! —¡Cariño, ya vuelvo! —¡No, papá! —Escúchame —grité—. ¡Quédate aquí! ¡BANG! ¡BANG! ¡BANG! La lluvia de balas sólo podía provenir de una ametralladora. Nos inmovilizó; sin embargo, fue tiempo suficiente. Caminando haciael otro lado de la cama de Calliope, abriendo los paneles, agarré una máscara poniéndola sobre mi rostro. Gracias a Dios, alguien vino. Hoy necesitaba matar a un hijo de puta. Y cualquier hijo de puta era mejor que ninguno. DIEZ “Una onza de prevención vale una libra de curación” ~ Benjamin Franklin ~ MELODY ¡BOOM! El techo sobre nosotros se sacudió con tanta fuerza que el polvo nos cayó encima. Miré a Liam y exhaló, apretando el puente de la nariz con su mano buena. —¿Podemos tener alguna vez un año aburrido? ¿Sólo uno? —preguntó. Ignorándolo, me levanté y tomé rápidamente mi arma. —Melody, seguro que lo tiene controlado. ¡BANG! ¡BANG! ¡BANG! ¡BANG! ¡BANG! ¡BANG! —Eso es definitivamente una ametralladora de grado militar —dije, moviéndome para comprobar el resto del piso. Al no ver a nadie, seguí adelante, inspeccionando rápidamente la zona, pero no pude ver muchos daños desde este ángulo. —Podría ser su ametralladora —dijo Liam detrás de mí—. Si vamos y arruinamos algo más, podría dispararte. —Mi hijo no me disparará —dije, acercándome de nuevo a la puerta. —¿Qué hay de mí, entonces? —Preguntó. Fruncí el ceño, girándome hacia él, deseando que moviera ya su puto culo. —¿Vienes conmigo o no? —¿Exactamente qué se supone que voy a hacer con un solo brazo bueno? —Bien, iré yo sola —dije, abriendo la puerta, levantando mi arma, saliendo al pasillo oscuro y vacío. Pasando cuidadosamente por el frente de la enfermería, me dirigí a las escaleras. Era imposible que el ascensor estuviera funcionando, y aunque lo estuviera, el personal del hospital estaría tratando de averiguar qué había pasado. La explosión fue intensa pero no lo suficientemente fuerte como para romper los cristales, lo que significaba que no había salido de una de las habitaciones. Había procedido del pasillo, y tampoco fue lo suficientemente fuerte como para que el lugar comenzara a derrumbarse. Era una distracción, probablemente para iniciar el tiroteo. Abriendo primero la puerta que daba a las escaleras, comprobé la torre de escaleras. BANG. Lentamente, cambié mi mirada de abajo a arriba, sólo para ver a un hombre grande con cabello rubio caer desde los escalones superiores a la plataforma justo delante de mí. Iba vestido con ropa oscura y llevaba un chaleco antibalas de estilo militar sobre el pecho. Tosía, tratando desesperadamente de respirar, con balas en ambas piernas, lo que le hacía arrastrarse. Ese era el único sonido, su respiración entrecortada y los zapatos de otro hombre que bajaba las escaleras. —¿Adónde crees que vas corriendo? —preguntó el otro hombre, quitándose la máscara al llegar a la plataforma donde yo estaba. Iba vestido de negro. Vi el rostro de mi hijo, la oscuridad en él, la crueldad en su expresión, mientras ponía el pie en la cabeza del hombre. —Te he hecho una pregunta; cuando hago preguntas, quiero respuestas. El hombre se apoderó de su cuchillo y se dispuso a apuñalar a Ethan en la pierna. Inmediatamente, agarré mi arma sólo para que Ethan disparara a la muñeca del hombre. —Así no se responde a las preguntas. El hombre apretó los dientes... un asesino. —Si intentas capturarlos e interrogarlos, muerden un diente falso. Tiene veneno —le dije. Parecía que acababa de darse cuenta de mi presencia. Ethan, con sus ojos verdes claros pero sedientos de sangre, me miró fijamente durante un largo rato, y luego volvió a mirar al hombre que tenía bajo su pie. Sin pensarlo dos veces, levantó el pie y lo volvió a aplastar contra el rostro del hombre. —Tengo preguntas —dijo Ethan como si no me hubiera oído—. Y sí, vas a responderlas. Porque ese veneno no va a funcionar, esa bomba de humo tenía un antídoto. En el momento en que la inhalaste, acabaste con tu oportunidad de una muerte rápida. Quitando su pie, puso su arma justo en el muslo del hombre y disparó una vez más. —¡Ah! —El hombre siseó, escupiendo una mezcla de su sangre y veneno hacia la escalera. —Ves, todavía vivo, todavía capaz de sentir dolor —respondió Ethan. —No me asusta el dolor. —El hombre que habló lo hizo con acento ruso y, por alguna razón, eso hizo que Ethan soltara una risita. —Dale un segundo —dijo—. La bomba no era sólo un antídoto; era otro veneno. Mi esposa es buena en eso. Al parecer, esto... sí... ahí está. Levantó el cañón de su arma hacia el rostro del hombre, donde la sangre brotaba de su nariz y sus ojos. Todo el rostro del hombre se puso rojo mientras se estremecía. —Como he dicho, tengo preguntas —Ethan se agachó a la altura de sus ojos—. Aquí están. Una, ¿cuánto tiempo llevas trabajando para i Libitinarii? Pareces nuevo. Dos, ¿quién te ha dicho que ataques ahora? Tres, ¿dónde está esa persona? Te dejaré pensar en mis preguntas cuidadosamente. Esto no te matará en un par de días, si no en una semana. Así que deberías tener una buena respuesta para mí. Si no lo haces, morirás, como el otro de arriba. —Golpeó las mejillas del hombre con su arma—. Que lo disfrutes. Incorporándose, Ethan dio un paso atrás y se volvió hacia mí, aburrido, sólo negó con la cabeza. —Si no puedes escucharme cuando te digo que no interfieras, al menos ten el sentido común de no jugar con armas cuando estás borracha. —¿Me estás dando un sermón? ¿Sobre armas? —pregunté, sorprendida. ¿Otra vez? ¿Me estaba dando un sermón otra vez? ¿En qué puta realidad alternativa estaba viviendo ahora? Era como tener una experiencia extracorporal—. Yo soy el que te enseñó a disparar una, maldición. —¿Y? —preguntó, mirándome fijamente. Le devolví la mirada, sin saber qué decir. Entonces, puso los ojos en blanco. —No te quedes ahí parada. Tú causaste este problema, ahora sube y arréglalo —dijo Ethan, volviendo a subir las escaleras. No estaba segura de con quién estaba hablando hasta que sentí la presencia a mi lado. Miré a Liam, que estaba de pie junto a mí, con el arma en una mano, mientras la otra seguía vendada y se la llevaba al pecho. —Parece que estás pidiendo ayuda, hijo. —Liam sonrió—. ¿Qué pasó con lo de váyanse a la mierda y dejarlo para que nos ocupemos nosotros? Ethan no dijo nada, pues ya estaba subiendo las escaleras. Dejándonos a los dos... bueno a los tres, si contamos al ruso que sangraba por los ojos en la escalera. —Buenas noticias, no va a abandonar a la familia —sonrió Liam, relajando los hombros—. Malas noticias, tengo la sensación de que nos está tendiendo una trampa de nuevo con uno de sus planes celestiales. —Pensé que no ibas a seguirme. Dejó caer la cabeza a un lado, mirándome con desgana. —¿Cuándo no te he seguido, incluso hasta mi perdición a veces? Oh, qué maldición es este amor. Puse los ojos en blanco, subiendo las escaleras, queriendo ver más de este hijo que había traído al mundo, un niño que se había convertido en un asesino despiadado y de sangre fría. Nuestros hijos eran las mayores extensiones de nosotros mismos. Existían porque nosotros existíamos. Nuestra moral a menudo moldeaba la suya. Él era lo que yo había hecho que fuera... y sin embargo, verlo así seguía siendo extraño. Lo había visto de lejos miles de veces. Había hecho cosas que me hacían sentir muy orgullosa, escuchar cómo los italianos le respetaban y temían... me hacía sentir... bien. Sin embargo, por alguna razón, con él aquí ahora, dirigiéndose a mí, dándome lecciones, no se sentía lo mismo. Ahora que los mundos habían colisionado por fin y por completo, no me sentía como la madre orgullosa que vigila a su hijo. Me sentía como una intrusa que se interponía en su camino, y esa mierda no me gustaba una mierda. —Este ataque fue una distracción —dijo Ethan con tono autoritario a los tres hombres que estaban frente a la puerta de la habitación de su esposa en el hospital. Cuando nos oyeron entrar,se volvieron, ya con las armas en alto, pero se detuvieron al vernos. —Ellos también son una distracción, ignórenlos por ahora. Liam se rio entre dientes. —Ese hijo de perra. —Me alegra ver que te diviertes. ¿La perra a la que te refieres soy yo? —Ignoré su respuesta, centrándome en Ethan, que no nos prestó atención. —Siena, o quienquiera que esté moviendo los hilos en su nombre, quiere que creamos que están atacando ahora. —Cuando tu enemigo está lejos, hazle creer que estás cerca —respondió uno de los hombres. Ethan asintió. —Exactamente. Lo que ocurrió ayer y hoy ha acelerado los planes de todos. El juego ha cambiado. El objetivo de Siena no es sólo destruir a toda mi familia. También quiere llevarse todo lo que hemos construido. Eso significa que si aún creen que Calliope está de su lado, necesitan tomarla, y si no es ella, entonces Gigi. —¿Por qué no enviaron más gente? —preguntó otro de ellos. —Porque no les quedan tantos. Entonces, la distracción aquí es para hacernos salir. Hacer que queramos ir a un lugar donde tengamos el control. Normalmente las reglas de mi familia dicen que si hay un peligro inminente, nos encerramos en la casa de los Callahan. —Ahí es donde enviarán al resto de su gente para un ataque final —habló el tercer hombre, y Ethan asintió. —Sí —respondió, mirando hacia atrás por encima de su hombro—. Traje a Gigi aquí conmigo. Una vez que la mansión está cerrada, es casi imposible entrar. Podríamos volver y defenderla. Pero mi familia no está en condiciones de defender nuestro hogar o a mi hija en este momento. Así que necesito que todos ustedes vayan con ellos y los protejan. Italo vuelve a vigilar a Killian... —Con el debido respeto, jefe —dijo Italo escupiendo con amargura— nos unimos a Calliope para vengarnos de la familia Orsini, no para sentarnos a proteger a los tuyos. Si ahora son débiles, voy a ir a por ellos. He esperado una década para eso. —Todos hemos esperado —espetó Ethan—. ¿Has esperado una década? Ella ha esperado toda su vida. ¿Quieres estar allí en el maldito final? Bien. Me importa una mierda. Pero no estamos en el maldito final ahora mismo; estamos en el acto final. Todavía hay páginas por delante. Así que, harás lo que te dije para que todos podamos obtener lo que hemos esperado. A no ser que sepan dónde ir y cómo hacerlo sin Calliope o sin mí. Si es así, quítate de mí puto rostro y ve a hacerlo. Por favor, no sería ninguna complicación para mí. Se quedaron en silencio y no se movieron. —Como pensaba —espetó—. Así que, como te decía, Italo, volverás al lado de Killian antes de que se le ocurra alguna idea inteligente. Dino, mi casa, avisa al tío Neal, los demás son inútiles. Pero deberían escucharlo. Asegúrate de que se mantengan vigilantes. No iba a dejarle esto a Wyatt de nuevo... esa confianza estaba más rota que antes. —Vinnie. —¿Vuelves a comer y beber? No hay problema. —El hombre sonrió con satisfacción. Ethan negó con la cabeza. —He trabajado demasiado para que mi familia vuelva a ser objeto de especulación en esta ciudad. Tenemos una imagen. Necesito esa imagen y no la de mi esposa siendo asesinada a tiros fuera de un museo. —¿Y cómo puedo arreglar eso? Sólo había una distracción de la sangre. —Convirtiéndote en el problema de los francotiradores de esta ciudad —dijo Ethan, dándole un teléfono—. Sólo hay una distracción de la sangre, y es más sangre. No puede ser sólo mi esposa. Tiene que ser ella y una lista de hombres y mujeres ricos e influyentes de la ciudad. No tienes que eliminarlos a todos... —Pero lo suficiente como para que parezca que la Señora Callahan fue sólo la primera de una cadena de ataques terroristas. —Si estamos haciendo todo esto, ¿quién va a protegerte a ti, a Gigi y a Calliope? —Dos perros viejos que no saben renunciar. —Ethan nos miró directamente—. Ustedes dos pueden llamarme jefe. Ese pequeño hijo de perra. LIAM Si no fuera mi hijo, le daría una paliza por esa falta de respeto. Sin embargo, como era mi hijo, estaba jodidamente impresionado. Molesto. Enfadado. Pero impresionado. No podía alejarse de la familia, aunque considerara nuestras acciones como una traición. Pero sabía que tampoco podíamos alejarnos. Seguíamos siendo objetivos de los Orsini, aparte del hecho de que estaban tratando de derribar a nuestra familia. —Nos están utilizando como escudos —dije cuando entramos en la habitación del hospital. Su esposa estaba dormida en la cama como si fuera una princesa en una película. —¿No es esto lo que querías? —preguntó, mirándome aburrido. Era extraño mirar a ojos tan parecidos a los míos y sólo ver frialdad—. Tenías muchas ganas de protegerme ¿verdad? Pero si te hace sentir mejor, déjame preguntarte qué plan prefieres. ¿Nos escondemos y esperamos, dejando que toda la familia muera en el proceso y luego reconstruyamos? O, ¿los utilizo a ustedes dos? Estoy bien de cualquier manera, ¿y tú? ¿Estaba usando a la familia para chantajearnos? —No hay necesidad de amenazas. Estamos aquí, ¿no? —dijo Melody, poniéndose a mi lado y mirando alrededor de la habitación, que debería estar plagada de agujeros, pero en su interior no entró ni una sola bala—. ¿Has blindado el hospital? No le contestó. En su lugar, se acercó a los paneles de madera de la puerta y tocó el lateral de la misma. La puerta escaneó su dedo y pulsó un código. Cuando se desbloqueó, se agachó, dejó caer el arma al suelo y abrió la puerta. Cuando lo hizo, había otra puerta adentro. Llamó una vez antes de hablar. —Lupus est homo homini. Lobo es un hombre. No tenía ni idea de lo que quería decir. Sin embargo, se oyó un traqueteo antes de que se oyera un clic. La puerta se abrió y salió una pequeña niña con el ceño fruncido. —Auribus teneo lupum. Tengo un lobo agarrado por las orejas. Ethan frunció el ceño, ayudándola a salir. —¿No se supone que debes esperar a que diga algo más? Su hija, mi nieta, hizo una mueca. —Pero papá, conozco tu voz. —¿Y si alguien graba mi voz? —preguntó, pinchando su estómago. Ella soltó una risita, retrocediendo. —Mi mami tiene una cámara ahí. Cuando la abre, puedo ver tu rostro, papá. Ethan frunció el ceño y volvió a pincharla, haciéndola reír. —¿Has visto a esa gente detrás de mí? Son peligrosos. Podría haber una trampa. No te creas nunca la más lista. Al señalarnos, ella se movió inmediatamente para colocarse detrás de su cuerpo, lo que supuse que era porque no nos reconocía. Sonrió. —Ves, ¿y si fuera una trampa? —¿Por qué ibas a tenderme una trampa, papá... espera? —Asomó la cabeza por un lado para mirarnos con sus ojos desiguales. Lentamente se alejó de Ethan y sonrió. —Papá, los conozco —dijo Gigi y luego volvió a mirar a Ethan, quien sólo le devolvió la mirada, confundido. —¿Cómo? ¿Los has conocido? Ella negó con la cabeza. —Mamá dijo que si su abuela y su abuelo empezaban a ser malos conmigo y no podía encontrarlos a ti o a ella, entonces tenía que llamar a mi abuela y a mi abuelo. Me enseñó fotos. Volvió a mirarnos y sonrió, saludando con la mano. —Hola, abuela; hola, abuelo. Fue como volver a ver a Dona, y mi corazón se estremeció. Era preciosa. —Hola, querida —le devolví la sonrisa. —¿Cómo te dijo que los llamaras? —Preguntó Ethan, levantándola y sujetándola cuando trató de acercarse a mí... el hombre era mezquino. —¡Es un secreto, papá! —Ella le sacó la lengua, y él le tiró de la nariz, acercándola a donde su madre yacía en la cama. Sus ojos se abrieron de par en par, y su sonrisa cayó. —Mami. —Se agachó para alcanzarla. —No te preocupes. —Él le besó la cabeza—. Ella está bien. Algunas personas malas la hirieron, pero está bien. Quédate con ella. —La colocó cuidadosamente en la cama antes de acercarse a nosotros, sus ojos volvieron a serfríos—. Uno de ustedes consiga un auto, y el otro busque a mi invitado en la escalera. No nos quedaremos aquí mucho tiempo. —Todas estas medidas —habló finalmente Melody, con la voz por encima de un susurro—. Salas de seguridad, suites hospitalarias a prueba de balas, códigos de latín secretos, bombas de humo envenenadas, fueron creadas por... —Calliope —respondió Ethan, mirándola—. Todo el dinero que la gente creía que robaba o malgastaba en diamantes... era para esto. Es más fácil hacer el trabajo en secreto cuando no se usa dinero en efectivo. Ella nos estaba protegiendo, a su hijo y a su nieta. Ella ha estado planeando esto durante mucho tiempo. Así que ponte a trabajar mientras la ayudo a recuperarse. Hice un chasquido con la mandíbula hacia un lado. Ahora estaba impresionado, con Calliope también. Pero me hizo preguntarme cómo de paranoica tenía que ser... cómo de profundos eran los horrores tras la máscara de esa mujer. —Sabía que veníamos a matarla... y aun así le habló a su hija de nosotros. —Melody exhaló lentamente—. Así de malo era el lugar de donde venía. Prefería que su hija estuviera en los brazos de la mujer que podría asesinarla que de la que la crió. —Ya lo dije una vez. Esta familia siempre atrae a los más trágicos —murmuré lentamente. —No es el momento de que ambos reflexionen sobre sus actos —afirmó Ethan—. Les di trabajo, ¿no es así? Mis cejas se alzaron. —En ello, jefe. —Espeté, dándome la vuelta para marcharme. ¿Cómo diablos se las arreglaba mi padre conmigo? ETHAN Me llevó más tiempo del que me gustaría, pero conseguí que el hospital cubriera esto. Por ahora, sólo dirían que hubo un problema de maquinaria defectuosa, que causó la explosión, si alguien en los pisos inferiores la sintió. El resto de mis hombres limpiarían las balas antes de que se hicieran las reparaciones... para todo esto, por supuesto, el presidente del hospital también pidió unos cuantos juguetes nuevos. —Cuando compraste acciones importantes del hospital y te involucraste en la dotación de personal, pensé que era tu forma de preparar un lugar para tu hermano —dijo mi padre mientras estábamos en el ascensor, y realmente deseé que el viejo se callara—. Ahora veo cómo planeabas mancharles las manos también. Señaló con la cabeza a los dos enfermeros, una mujer y otro hombre, que vigilaban el estado de Calliope mientras la trasladábamos. Fingieron no vernos ni oírnos... bueno, no podían oírnos. Eran sordos. Todos los enfermeros que trabajaban en nuestra planta eran sordos. El hospital había creado un programa único para ellos... estaban contentos por eso. Estos dos también estaban muy necesitados de fondos y sabían que no debían reconocer a ninguno de nosotros. —¿Cuánto gastan al año en pagar a la gente para que sea sorda, ciega y muda? —me preguntó con curiosidad mientras los miraba—. Siempre nos cuesta un ojo de la cara. No habría costado tanto, más bien un pulgar y un meñique. Pero era tacaño cuando se trataba de cosas así. —¿Señor? —Gigi lo llamó a él en lugar de abuelo porque mi hija era inteligente y sabía que no debía hacerlo cuando había extraños cerca. —¿Señor? —Respondió mi padre, frunciendo el ceño, aparentemente sin entender el juego. Pero Gigi se llevó las manos a los labios. —Cuando papá no contesta, es porque está pensando o enfadado. Quise sonreír, sabiendo quién se lo había dicho. —¿De verdad? ¿Cómo sabes cuándo es uno o el otro? —Se rio. —Cuando está enfadado, te echa la mirada. —¿La mirada? Me giré ligeramente para que pudiera verlo por sí mismo. Su ceja se levantó. —Está enfadado con usted, señor —dijo. Realmente si no fuera por ella... realmente habría sido un nuevo y oscuro día. —No pasa nada. Ya estoy acostumbrado a su enfado —contestó mi padre mientras llegábamos a la planta del sótano, donde estaba estacionado y esperando una minivan negra con la matrícula rota. Los enfermeros se miraron entre sí. Sabían que la dueña del auto no era la mujer que había salido de él. —¿Una minivan? —le preguntó mi padre. —No es que haya muchas opciones a corto plazo, ¿verdad? —replicó mi madre. Y de nuevo me pregunté si era necesario hablar en voz alta. Puse a Gigi de pie. En cuanto estuvo libre, se dirigió a su abuela y levantó los brazos para que la cargara en su lugar. Mi madre enarcó una ceja mientras miraba a la pequeña. —No seas ridícula. La puerta está allí mismo, y tú eres una chica grande, demasiado grande para que te lleve alguien —espetó bruscamente antes de mirarme mientras movía la máquina—. La estás estropeando. Una vez más, me replanteé el plan. No podían evitarlo, joder. —No pasa nada. Eres vieja, así que ya no eres fuerte —se burló Gigi—. Sólo la gente fuerte puede levantarme, como Nana Evelyn. Mi padre resopló y se mordió los labios mientras Gigi le sacaba la lengua antes de entrar en la parte de atrás con su madre. Gigi devolvió lo que le habían dado. Si eras mala con ella, te devolvía la maldad... y de alguna manera sabía exactamente dónde pinchar a la gente. Mi madre me miró antes de murmurar: —De tal palo, tal astilla. Fruncí el ceño ante eso. Quería a Calliope, pero no quería que Gigi fuera como ella. No quería que mi hija luchara contra los mismos demonios que mi esposa. Ni siquiera conocía su profundidad. Pero sabía sin lugar a dudas, por lo que podía reconstruir, que Calliope había nacido y crecido en un infierno mucho peor que el de cualquiera de nosotros. ONCE “Veo el pasado, el presente y el futuro existiendo todos a la vez ante mí” ~ William Blake ~ CALLIOPE – 16 AÑOS Mi corazón se aceleró tanto que parecía que intentaba escapar de mi cuerpo. Mi mente también era aguda, todo se sentía mucho más claro, pero podía ver cada flexión de sus músculos, el movimiento de sus pies cuando lanzaba el puño. Era como si viniera hacia mí en cámara lenta. Agarré su puño y, aprovechando el movimiento hacia adelante de su cuerpo, pisé su muslo, girando las piernas hacia arriba y hacia abajo, hasta que me enganché a su cuello, haciéndonos caer a la colchoneta. Apreté todo lo que pude hasta que empezó a golpearme para rendirse. Miré a Siena fuera del ring, en las sombras, esperando que me dijera que lo soltara. Sin embargo, ella se limitó a mirar hacia atrás incluso cuando me puse roja. Oh... lo estoy matando, ¿no? ¿Cómo se llamaba? Me había saludado ayer. Me pareció simpático. Supongo que ahora no importaba. Le retorcí el cuello. Se oyó un chasquido enfermizo y lo solté, levantándome de su cuerpo y esperando junto a él. —Te estás volviendo más rápida, Calliope —dijo ella. —Gracias, abuela —le respondí, todavía esperando. —¿Quién quiere ser el siguiente? —preguntó, y nadie alrededor del ring se movió. Ninguno parecía respirar. Al igual que yo, se mantuvieron firmes, pero nadie dio un paso al frente. —Parece que tú también te has vuelto más temible, Calliope. Ninguno quiere luchar contra ti. —Se rio—. Bueno, no los culpo. Este es el tercero de hoy. ¿Por qué no igualamos un poco el terreno de juego? Esperaba que esta vez llamara a más de cuatro personas. La semana pasada fueron tres, así que ahora serían cuatro. Pero en lugar de eso, un cuchillo fue lanzado al ring a mis pies. —Apuñala tu pierna derecha... no hagas demasiado daño. Sólo lo suficiente para que no tengan miedo de luchar. Dañarme era la desventaja. Inclinándome, recogí el cuchillo, preguntándome si podría lanzárselo al cuello desde aquí. Pero había al menos cuatro de estos imbéciles, sabía que la protegerían apasionadamente. Todavía no había escapatoria. No había forma de desobedecer. Así que me remangué los pantalones y me clavé en la grasa de la piel. Me dolió. Dolía mucho, pero en lugar de gritar, me clavé también el brazo, mordiéndomelos labios, antes de levantarme lentamente, tambaleándome ligeramente. Me puse de pie, ignorando la sangre que brotaba de mí. Inspirando, me tragué los gritos y me puse en posición de alerta. —¿Quién quiere luchar contra ella ahora? Todos dieron un paso adelante. Por eso no me molesté en recordar sus nombres. Lupus est homo homini. El hombre es un lobo para sus semejantes. Auribus teneo lupum. Pero yo tengo un lobo agarrado por las orejas. Nací en el peligro. No podía huir de él. Lucharía contra él. Sobreviviría a él. Y luego mataría a todos. Agarrando el cuchillo con fuerza en mis manos, me derrumbé y di un paso atrás cuando cuatro de ellos entraron en el ring. Sabía lo que quería hacer. Quería que supiera que mi cuerpo no era mío. Era suyo. No tenía ningún deseo. No tenía control. Se suponía que no debía sentir. Se suponía que debía matar. Ganar y matar. Y eso era lo que iba a hacer. Iba a matar y matar, y darle la parte de mi cuerpo que quisiera, y luego la mataría con este mismo puto cuerpo. Apuñalarme. Dispararme. Ahógame. Romperme. Pero no moriría. Nadie iba a matarme. No hasta que los matara a todos, no hasta que disfrutara de mi libertad por haberlos matado, no hasta que fuera vieja y estuviera mi cabello gris bailando todavía sobre sus cenizas, consideraría siquiera la posibilidad de morir. Este mundo me lo debía. Así que no podía morir. CALLIOPE - PRESENTE ¿Por qué no puedo moverme? ¿Qué ha pasado? ¿Qué…? Escuché un pitido, y cuando lo oí, también sentí dolor. Me dolía el cuerpo. —Relájate. ¿Ethan? Sentí sus manos rozar mi rostro suavemente. —Relájate, la mia anima, son los medicamentos —dijo. Y traté de pensar, pero todo estaba borroso. Lentamente abrí los ojos, y aunque todo estaba difuminado, aquellos ojos verdes de Ethan eran tan nítidos como siempre. —Eso es —dijo, todavía acariciando mi rostro—. Estás bien. No me sentía bien. Sin embargo, pronto fue más fácil verlo, todo se enfocó. Estaba segura de que había otra persona en la habitación, una mujer sobre su hombro. Mis ojos se esforzaron, y poco a poco, la visión de ella se hizo más clara. ¿Quién era la mujer de ojos marrones y cabello oscuro con mechas blancas y grises que estaba detrás de él, mirándome? —¿Estoy... en... el infierno? —Mi voz era baja y ronca, incluso para mí. —No. Estás viva y mejorando —respondió Ethan directamente, lo que me reconfortó. Asentí como pude antes de preguntar: —Entonces... ¿el... fantasma de tu madre? —No tenía energía para hablar. Se rio, levantando mi mano para besarla. —Está embrujada, pero no muerta. Sonreí mientras las fosas nasales de Melody se dilataban con molestia. Inspirando, volví a recordar lentamente. El baile del gobernador, la emboscada... matar a mi padre. Lo había matado. —Yo... lo maté... ¿verdad? —¿Fiorello? Asentí. —Su materia cerebral puede manchar para siempre el suelo de ese baño —dijo, y sonreí ampliamente. Realmente lo había matado. —Uno menos... uno más. —No puedes ir a ningún sitio hasta que estés mejor —me dijo. Fruncí el ceño ante eso. —¿Cuánto... tiempo? —Paciencia. Estaba cansada de ser paciente. Pero sabía que Ethan estaba preparado. No sabía qué estaba pasando, pero estaba muy cansada y todo era confuso. ¿Dónde estábamos? Esta no era una de las habitaciones del hospital en las que había trabajado. ¿Por qué estaban sus padres tan cerca? Melody me había disparado, ¿no? Tenía tantas preguntas, pero todo era demasiado confuso ahora mismo. Y esa era la menor de mis preocupaciones en este momento. Moví la cabeza y miré a mi alrededor. Pero no la vi, y me invadió el pánico, que todos escucharon gracias a ese maldito monitor de ritmo cardíaco. —¿Gigi? Tienes... que buscar a Gigi —dije, tratando de incorporarme. Le dije que si me caía, tenía que asegurarse de que ella estuviera con él en todo momento. —Ella está bien. Está descansando. Me agarró para obligarme a volver a acostarme. Pero no le creí. Sacudí la cabeza. —Tráela... —Ha sido un largo día para ella... Lo agarré, mirándole a los ojos. —Trae. A. Mi. Hija. Exhaló y luego se rio. —Cuando Gigi te vio en las noticias, reaccionó igual. No se calmó hasta que le prometí que la llevaría contigo. No dije nada, esperando. Entonces, Ethan me besó la frente y se levantó, dirigiéndose a la puerta. Cuando salió de la habitación, me relajé de nuevo en las almohadas. Entonces me di cuenta de que me había dejado en la habitación con la mujer que me había puesto en esta situación. Cuando giré la cabeza para mirarla, estaba sentada en un rincón, cortando una manzana, y ya no me miraba. Sonreí. —Bien... te sientes culpable. Se detuvo a mitad del corte y sus ojos marrones se levantaron para mirarme. —¿Culpa? No tengo ninguna. Actué para proteger a mis hijos. Y no me arrepiento de eso. —Las madres... siempre... tienen... remordimientos —respondí, conociendo de primera mano eso. Me arrepentí de haber traído a Gigi a este caos, de haberle permitido crecer cerca de esos monstruos, de no haber sido lo suficientemente fuerte para matarlos a todos antes de que naciera. Me arrepentí mucho. Pero, de nuevo, ¿podría admitir eso en voz alta? Tenía mis razones. Ella tenía las suyas. Pero de todos modos era un poco mezquina—. Soy paciente. Tendré una disculpa... y un agradecimiento... algún día. No respondió, simplemente porque no quería, y porque Ethan volvió con mi hija vestida con un pijama de sirena. La trajo y la puso en la cama a mi lado. Exhalando con calma, puse mi mano sobre su cabeza, acariciando su cabello lentamente. —Gracias —le susurré antes de volver a cerrar los ojos. CALLIOPE – 17 AÑOS —Tu primera tarea es él —dijo, dándome la foto de un profesor de unos 40 años, de cabello oscuro y contextura delgada, de pie frente a la pizarra. Asentí y lo tomé. —¿Para cuándo tengo que matarlo? —Después de que se haya enamorado de ti —dijo, volviéndose a sentar en su silla, observándome con atención. —¿Cuánto tiempo se necesita para que alguien se enamore de mí? —pregunté, sin estar seguro de cuál era ese plazo. Ella se rio. —Calliope, eso depende de ti y de tu habilidad. Algunos hombres les gusta la conversación y otros prefieren el sexo. Lo que haga falta para conseguirlo. Bajé la mirada. No era el hombre más feo para ser mi primera vez. Pero de nuevo, supongo que eso no importaba. —Si lo prefieres, puedes elegir a uno de los hombres de aquí para que te adapte a la sensación y luego... Sacudí la cabeza, mirando las fotos de él. —Parece un solitario. Podría enamorarse más rápido de una chica inocente —respondí, levantándome de la silla—. ¿Hay alguna razón por la que tenga que estar enamorado primero? —Eso es lo que quiere el cliente. Asentí, dándome la vuelta para irme. —Entendido, lo haré. —Calliope. —¿Sí, abuela? —Consigues que se acerque más gente cuando no eres tan fría y directa. Especialmente los hombres. ¿Qué te dije sobre la máscara? —Nunca te la quites hasta el momento de matar —dije con una sonrisa en mi rostro. —Mejor. Continúa. Tengo fe en que no me decepcionarás. CALLIOPE - PRESENTE Cuando me desperté, la habitación estaba más iluminada. Gigi ya no estaba a mi lado. Podía oír lo que parecía una televisión fuera de la habitación, pero estaba ahogado por el agua que venía de la habitación de al lado. Estaba a punto de gritar, pero antes de que pudiera hacerlo, Ethan entró en la habitación con una palangana con agua, jabón y una toallita. —Te has despertado otra vez —dijo, acercándose a mí y poniéndome la mano en la frente. Asintió antes de sumergir la toallita en la palangana, lavándome el rostro con suavidad. Sonreí. —Se siente bien. Y así fue. El agua fresca sobre mi piel era refrescante. —Tienes un poco de fiebre—dijo. —¿Cuánto tiempo ha pasado? —Cinco días —dijo, bajando por mi cuello. —¡Cinco días! —Mis ojos se abrieron enormemente—. Siena... —Nos ocuparemos de eso más tarde. —Ethan... ella no va a... tomarse un descanso. Tiene que ser... —Calliope —dijo, mirándome con severidad— estoy exactamente donde tengo que estar. Ahora eres mi principal prioridad. Fruncí el ceño. No lo entendía. Si Siena no podía localizarme, supondría que estaba muerta o que la había traicionado. Lo cual había hecho, lo que significaba que los tres más leales a ella estarían de cacería. También podría estar contratando a más gente. —Está enferma, pero aún no lo ha perdido todo, Ethan... —Tú eres mi principal prioridad —me susurró, inclinándose más cerca—. Sea lo que sea que esté pasando, te necesito. Estamos todos refugiados. Todos los Callahan, en diferentes lugares, por ahora. Ha habido ataques, pero estamos bien. Estamos ahorrando nuestra energía. Porque te necesitamos. Todos hemos llegado hasta aquí gracias a ti. Así que relájate y déjame terminar. Lo hice y observé cómo me quitaba cuidadosamente la bata y me limpiaba la piel expuesta. Estaba muy concentrado, muy dedicado, tranquilo... no, no tranquilo, atento. Era cariñoso. Incluso desde el principio, cuando no confiaba en mí, seguía siendo cariñoso. Incluso cuando se enfadaba y perdía los nervios, era cariñoso. Había tenido muchos objetivos masculinos en el pasado. Algunos de ellos se preocupaban, la mayoría no. Ellos, por una u otra razón, se enamoraron de mí, y yo los maté. Utilicé cualquier truco o mentira necesaria. Me convertí exactamente en lo que necesitaban y luego los maté. Pero por alguna razón, cambió todo. Me quité la máscara, y él todavía estaba allí. Me puse la máscara, y él todavía estaba allí. Mentí, engañé, robé, le hice tantas cosas, y al final, él seguía confiando en mí, seguía esperando a mi lado. Me dejaba guiar cuando yo quería guiar. También me había mostrado todos sus defectos. —Al principio, sólo eras un peldaño —le confesé, mientras me lavaba el brazo—. Planeé utilizar tu odio hacia tu familia para matarlos. Luego tomar todo su maldito reino para mí. Y empezar de nuevo en la cima. —Al principio, planeaba usarte como mi arma —respondió, volteando mi palma—. Te utilizaría para frenar a todo el mundo, sacar a mis padres, y luego, cuando me traicionaras... en realidad, pensaba matarte sin importar lo que pasara. —Entonces, ¿qué pasó? —le pregunté. Él sonrió, levantando los ojos. —Podría preguntarte lo mismo. —Ya sé mi respuesta. —Entonces dala. —Me hacías saber que sabías la verdad, pero seguías confiando en mí de todos modos... siempre, sin falta. Antes, incluso el año pasado. Incluso cuando dudabas, siempre esperabas a que te explicara. ¿Por qué? —Estoy loco. Me reí. Me dolió, pero reí. —Lo sé. Pero incluso tu locura tiene una razón detrás. ¿Por qué, Ethan? Y no digas amor. Me miró fijamente durante mucho tiempo antes de decir: —Porque tu oscuridad tenía más luz que la mía. No entendí. —¿Traducción? —Eres muy divertida. —Sonrió cuando lo fulminé con la mirada. Puse los ojos en blanco. —¿De verdad? ¿Arriesgaste todo por un poco de entretenimiento de mi parte? —Sí. —Mentiroso, ¿a menos que quieras decir que por entretenimiento te ayudé a distraerte del ruido de tu cabeza? —presioné. Frunció el ceño pero no dijo nada. Sonriendo, suspiré profundamente. —Bien. Pero deja de buscar a gente entretenida. Así es como te encariñaste con Ivy. Levantó una ceja. —¿Todavía estás celosa? —No hay razón para estar celosa de los muertos. —Y sin embargo, aquí estás. Quería darle un puñetazo en su cara de suficiencia. Se llevó mi mano a los labios de nuevo y me besó los nudillos. —La mia anima, sabes que no era yo mismo. Pensé que me habías perdonado. Fruncí los labios y moví lentamente el otro brazo para que lo limpiara también. Se rio y la agarro. —Esa es otra razón; eres la que más me hace reír. —No me haces reír en absoluto. —La bala de mi madre te ha dado tan fuerte que te has vuelto una mala mentirosa —se burló, y yo no podía esperar a salir de esta cama. Poniendo los ojos en blanco, traté de ignorar el ardor en mi pecho. Ahora me dolía más al mover el brazo. —Si están aquí, significa que ahora saben la verdad. —¿Volvemos a hacer planes? —Es lo que hacemos. —Hagámoslo después de que descanses un poco más —dijo, pulsando el botón de mi morfina. Me quedé observando con la mirada fija. —¡Ethan! —Haré tiempo, Calliope, así que descansa. Ya notaba cómo se me cerraban los ojos. No quería dormir. No quería volver a mi pasado. Eso me dolía más. Todos estos años planeando, me había mantenido cuerda porque me permitía seguir mirando al futuro. Hice planes para poder llegar a la felicidad más rápido. Para poder llegar a preocuparme sólo por protegerlo a él y a nuestra hija. Estaba tan cerca. —Calliope —oí su voz mientras todo empezaba a desvanecerse—. Tú. Eso es lo que ha pasado. Me he acostumbrado tanto a ti que ahora sólo se me ocurren planes que te implican. ETHAN La observé mientras la medicina la volvía a dormir. Le dolía y la ayudaba con eso. Podía verlo claramente por la arruga de su frente. Estaba acostumbrada a ocultar su verdadera agonía. Calliope, la guerrera. Había una docena de razones más por las que acabé enamorado de ella. La curiosidad era otra. Cuando se es superdotado o inteligente, las cosas se vuelven aburridas o demasiado fáciles. Calliope siempre era difícil de descifrar. Incluso cuando sonreía o reía, era difícil saber sus verdaderos sentimientos o cuándo estaba actuando. Incluso después de que todo esto terminara, estaba seguro de que me llevaría años descifrarla, quitarle todas las capas de oscuridad que se habían acumulado a lo largo de los años. Pero quería hacerlo. Me entusiasmaba ver si sería la misma o si cambiaría cuando todas las personas que la habían herido estuvieran muertas. Quería ver cómo reconciliaría su pasado con nuestro futuro. Tenía mucha curiosidad. —Estabas dispuesto a arriesgarlo todo por ella —dijo mi padre desde atrás de mí. Su curiosidad era cada vez más molesta. Hacía preguntas o intentaba que perdonara a Wyatt y al resto de la familia, en lugar de reflexionar sobre sí mismo. Recogiendo la palangana de agua, me dirigí de nuevo al baño, y por supuesto, como la mierda de perro en mi zapato, se quedó conmigo. —Sinceramente, no lo entiendo. —Siguió mirándome—. Sé que la amas, pero en realidad no siento la pasión ardiente entre los dos. Tiré el agua. Si no hablaba, él seguiría. Años de él al lado de mi madre lo convirtieron en un profesional del tratamiento silencioso, al parecer. —Que no amemos como ustedes no significa que no amemos —respondí, lavándome las manos. —Es cierto. Los dos son raros. Hice una pausa, mirándolo, y él sonrió. —No lo arriesgué todo por ella; lo aposté todo por mí. La dejé tener el poder, el control, la libertad que nunca tuvo con nadie más, y sabía que al final me elegiría a mí. Y tenía razón. —Entonces, ¿dejaste que te pisara y te sentaste mientras aterrorizaba a esta familia sólo para que te eligiera al final? Hubiera sido más fácil quedarse con la primera. —Si lo más fácil me hiciera más fuerte, entonces tal vez habría seguido ese camino, también. Pero no es así. Mi esposa no fue elegida a dedo por mi padre con todas las campanas y silbatos para hacerme grande. Se necesitan dos personas para dirigir esta familia, y yo necesitaba a la persona más fuerte de mi brazo para hacerlo. Esa es Calliope. Ella viene con mucho. Pero eso significa que también puede manejar mucho. Pero prefiero recibir un golpe de ella hoy en público que perderlo todo mañana. La quiero porque puedo confiar en ella, no huye ni se esconde. Porque ve el panorama general.Ve lo que todos los demás no pueden. Ella me ve a mí. Esa fue la razón por la que siempre fui capaz de creer en ella. Incluso desde la infancia. Calliope podía verme. Todos mis defectos, debilidades y oscuridad. Ella lo veía, y saltaba y tarareaba a mi lado. Nunca me abandonó, y no podía dejarla. —Puede que no hayamos visto tu panorama general, Ethan, pero eso no significa que todas nuestras formas fueran erróneas o que las reglas fueran incorrectas —tuvo la audacia de decir. —Si tu forma de actuar era tan correcta, Liam, ¿por qué pasaste toda tu vida construyendo esto, para luego huir para protegerlo? Se quedó mirándome fijamente, y yo realmente quería saberlo. Si sus métodos eran correctos, si su camino era mejor que el mío, entonces ¿por qué estaba en las sombras? En mi futuro, la única forma de dejar a mi familia era la muerte, y no moriría joven. Pero tampoco podía tomar a mi esposa e irme a correr por el mundo, haciendo lo que me diera la gana. —Tu camino sólo funcionaba para ti. Tu presente no es el futuro que quiero. La abuela, por ejemplo, vivir y guiar tanto tiempo como ella, es lo que quiero. ¿Por qué no adquiriste ese rasgo de ella? Se quedó en silencio durante mucho tiempo, y pasé por delante de él. —Empiezo a pensar que realmente no crees que hayas heredado ningún de mis rasgos. —Sí lo hice. Es el rasgo de “nunca perdonar a un hermano” —le respondí. Y toda la diversión cayó de sus ojos. —Cada día, no sé si debería estar orgulloso del hombre que eres o preocupado —dijo al salir—. Seguiré pensando en eso. —Lo que decidas no me cambiará ahora —respondí, tomando asiento de nuevo junto a la cama de Calliope. Yo era quien era. No tenían que estar de acuerdo. No tenían nada que decir. Ya no era su hijo. DOCE “He vivido y visto lo suficiente para saber lo difícil que es conformarse con una vida pequeña cuando estás destinado a la grandeza” ~ Darren Shan~ WYATT La música estaba tan alta que mi piel vibraba. El aire se llenó de gritos de excitación y la pista de baile estaba repleta de cuerpos, no sólo de la gente de las vigas y las cabinas privadas. Las mujeres semidesnudas con purpurina llevaban botellas, mientras las chicas colgaban del techo, bailando. Era realmente como decía su nombre, el Play-Pen. Y su rey y creador se encontraban en el nivel más alto rodeados de mujeres, guardaespaldas y bebidas. Bailaban, bebían y se relajaban como si nada más en el mundo importara, excepto el buen rato que estaban pasando. Cuando llegué al único ascensor que conducía a donde él estaba, dos hombres grandes y calvos se pusieron delante de mí, mirándome como los perros salvajes miran a un intruso antes de atacar. —¿Y tú eres? —preguntaron. Señalé al hombre de arriba. —Su primo. Me miraron de arriba abajo con extrañeza, así que les entregué mi documento de identidad para que pudieran ver claramente el apellido Callahan detrás de mi nombre. No pareció importarles. Uno de ellos me tendió el brazo, mientras el otro hacía una llamada. Entonces... porque eso no era suficientemente insultante... me hicieron una foto de mi rostro. Sólo cuando sonó el teléfono se apartaron y me dejaron pasar. Sintiéndome jodidamente enfadado, entré, ignorando la picazón de mis dedos por romperles el cráneo. Pero el problema no eran ellos. No, el respeto se enseñaba desde arriba. Lo que significaba que en este lugar se les enseñaba que el único Callahan que importaba era él. Estaba jugando un juego, y no parecía importarle nada. —Bienvenida a la vista del rey —me dijeron dos mujeres cuando se abrió el ascensor, entregándome una copa de Hennessy, mientras la otra me guiaba hacia la zona de asientos, donde Darcy... Killian arrojaba montones de billetes de cien para que pudiera bailar debajo de ellos. ¿Quién diablos era esta persona? ¿El cambio de nombre venía acompañado de una nueva personalidad? —¡Sí! Wyatt! —Sonrió, acercándose a mí y poniendo su brazo sobre mis hombros—. Chicas, saluden a mi gran primo. —¡Hola, Wyatt! —Dijeron al unísono como si estuvieran en un coro de strippers. Ignorándolas, miré a mi primo, Killian, mientras sonreía, bailando. —Tenemos que hablar. —Primero la fiesta, luego hablamos —dijo, tirando de mí hacia adelante, y me pregunté si esa era su forma de duelo. Cuando se movió para irse, le agarré del brazo. —Después no, ahora. La sonrisa de su rostro se borró, y cuando me miró, me di cuenta rápidamente de que todo esto era una fachada. El hombre que me devolvía la mirada en este momento era un verdadero monstruo, y me estaba diciendo que lo dejara ir o de lo contrario abstenerme a las consecuencias. Así fue como ascendió tan rápidamente aquí. Sin embargo, yo no era una de esas perras novatas. Yo también había nacido en este juego. Y quién demonios se creía para despedirme. Él lo entendió. —Dios, siempre eres tan jodidamente serio. —Se rio, resurgiendo su sonrisa. Le devolvió a una de sus chicas el mando que yo no había notado que tenía en la mano, ni sabía lo que hacía, antes de indicarme que lo siguiera a una oficina detrás de los asientos. Cuando entramos, no dijimos nada, y me fijé en el brillo del cristal. Era unidireccional. Significaba que podíamos seguir mirando hacia el club, pero ellos no podían mirar hacia adentro. Supuse que también estaba insonorizado. Todo en tonos oscuros y de madera, menos llamativo y más... el hombre que yo conocía. —Bueno, ¿qué pasa? —preguntó, bebiendo y sentándose de nuevo contra el escritorio. —¿Te has enterado de lo que está pasando con la familia? —Pregunté, moviéndome para tomar asiento en el sofá de cuero, levantando el pie sobre la mesa de café. —¡Sí! Baja los putos pies, salvaje, esa mierda es costosa —me gritó y sonrió. Ahí estaba mi primo. Levantando las manos en señal de defensa, volví a bajar los pies. —Y aquí estabas tirando montones de billetes de cien sobre las mujeres; creí que no te importaba. —De nuevo, ¿qué es, Wyatt? —Y de nuevo, pregunto, ¿has oído lo que está pasando con la familia, Killian? —¿Qué hay que oír? —respondió—. La gente está disparando a la familia; la gente viene por la familia, lo mismo de siempre. ¿Qué tiene que ver eso conmigo? —Sabes que eres parte de esta familia, ¿verdad? —Y sabes que esta familia mató a mi madre, ¿correcto? Pensé que había hablado con Helen. Exhalando, me senté más erguido. —Killian, tu madre estaba enferma. —¿Quién lo dice? —escupió—. ¿Calliope? ¿Ethan? ¿Un informe médico que te dieron? Ya no me fío ni de una puta cosa que digan. Y espero que se muera, que la última imagen sea ella tirada en la calle como una puta perra por lo que le hizo a mi madre. No dije nada porque no había nada que pudiera decir ante su ira. En su lugar, cambié de tema. —El tío Neal ha estado intentando localizarte. Tu teléfono familiar está apagado. —Oops. —Killian, esto no es una broma. Estás en maldito riesgo... —Y conozco los putos riesgos. Igual que sé que si te ha enviado el tío Neal, significa que has sido degradado, primo. ¿Qué, se acabaron los sueños de que fueras la mano derecha de Ethan, o era el perro? —Se rio, y una vez más, esa sensación se arrastró en mi interior como un veneno. Respira. Déjalo pasar. Está afligido. Déjalo pasar, Wyatt. —¿El perro de Ethan? —Me reí, asintiendo—. ¿No es eso lo que querías ser? —Me he vuelto mucho más sabio últimamente. —¿Así es? —espeté, levantándome para mirar su patio de recreo—. Es increíble cómo la gente se vuelve más sabia mientras chupa el dinero y el poder de otras personas. —¡De otras personas! —Se levantó rodeando su escritorio—. Esta familia me pertenece a mí tanto como a ti. De hecho, algunos podrían decir que me pertenece más a mí. —¿Por qué? —Me volví hacia él. Agarró el vaso con más fuerza. —¡Sabespor qué, maldición! —¿Es porque crees que tu padre se hizo a un lado por mi padre? —Reí, sacudiendo la cabeza—. No eres sabio, Killian, si piensas eso. —¿Es así? Revisemos el orden de nuevo... —¡Eso a nadie le importa una mierda! —le grité—. Tu padre no se hizo a un lado; ¡Lo empujaron! Jodidamente lo empujaron, maldita sea. ¿Y sabes por qué? Porque tu padre era jodidamente débil. Lanzó el vaso que tenía en la mano, para luego agarrarme de la camisa, golpeándome contra el cristal con el arma apuntando a mi cabeza. —¿Dices eso otra vez? —No hay ningún puto problema —dije, presionando mi arma contra su estómago—. Tu padre fue empujado fuera del camino por mi abuelo, a favor de su propio hijo. ¿Por qué? Porque podía. No porque mi padre fuera más especial, sino porque mi abuelo podía. Porque tu abuelo murió. El tío abuelo Killian, tu tocayo, fue abatido. Entonces, nadie pudo proteger o luchar por su hijo. Y el tío Declan, su hijo, sabía que no había forma de ganar. Todos estaban acostumbrados a mi abuelo. Él había preparado a mi padre, y mi padre preparó a mi hermano. ¡A nadie le importa quién debería haber sido! ¡Nadie! ¡Ninguno es leal a nosotros! Son leales al que tiene más puto poder en ese momento. ¡Y prefieren que todos muriéramos! ¡Por eso nos mantenemos unidos! ¡Por eso somos una familia! Por eso tenemos que mantener la puta línea. —¿Quién eres tú para hablarme de mantener la línea? —siseó—. ¿No eres tú el que apretó el gatillo contra la perra de Ethan? Bien podría haber sido yo. —De ahí el descenso de categoría, y me empujaron al límite porque yo también sentí rabia por tu madre. Ella me crió. Ella cuidó de mí. Ella dedicó su vida a esta familia, y así es como terminó. Tenía tantas ganas de que Calliope muriera que no me importó nada más y la jodí... rompí la línea. Traicioné a mi hermano porque quería a tu madre como si fuera la mía. Y todavía quiero a tu hermana y quería compensar el no haberla salvado. Ahora me apuntas con un arma. —Esto es culpa de Ethan. —Siseó, con la mano temblando—. Estamos enfrentados por su culpa. No está capacitado para gobernar. Sacudí la cabeza. —Si no estuviera gobernando, creo que ya habríamos muerto. Es un frío hijo de puta. Es arrogante y despiadado, pero sus planes, frustrantemente, siempre salen bien. —Pisoteó a mi madre por sus estúpidos planes. Sacudí la cabeza. —¿Lo hizo, o ella se tumbó como siempre? Así era la tía Cora... haría cualquier cosa por la familia. No fue él ni Calliope quienes acabaron con ella. Fue el cáncer. Eso no es culpa de nadie. Me soltó y se apartó. —Siempre has sido el bueno para hablar. Por eso Ethan te envía. Incluso ahora, estás atado a sus hilos aunque no te des cuenta. Tengo que liberarme. Voy a hacerlo por mi cuenta. Removí un poco los hombros. —Yo sé más que nadie. Cuanto más intentas liberarte de Ethan, más te atascas. No estoy seguro de cómo sucedió, pero sucedió. Es su lado o la muerte. —Que sea la muerte entonces. —¿Y Helen y tu padre? —¡Y ese es el maldito problema! —gritó—. ¿Por qué mi familia está amenazada si no escucho? —¡Porque así es como funciona! ¿Qué esperas que pase? ¿Qué todos podamos no escuchar y hacer lo que nos dé la puta gana y él se quede tranquilo? ¿Por qué? ¿Por qué iba a protegernos si nosotros no le protegemos a él? —Parecía que me estaba gritando a mí mismo, de verdad. ¿Qué esperaba que ocurriera después de unir las manos contra él? ¿Qué me diera las gracias, hermano? Estaba ciego, ¿ahora veo? ¿Qué esperaba de él? Así era siempre en esta familia. Si estás en contra de la familia, mueres... y la familia gobernaba, sin importar lo que él hiciera. Por eso lo llamamos reino. Y los reyes protegían a su familia cuando eran leales... o los mataban si no lo eran. Así era la historia. —Gracias por venir, Wyatt. —Prefiero no pisar tus guerras territoriales y avergonzarme —le respondí—. Entonces, enciende tu maldito teléfono. Puso los ojos en blanco y encendió su teléfono dirigiéndolo hacia mí. En el momento en que lo hizo, empezó a sonar, y en el identificador de llamadas apareció casi inmediatamente el nombre de Ethan. Me miró como si hubiera hecho algo. —No me preguntes. Me han degradado, recuerda —me burlé. —No me interesa lo que tenga que decir —espetó, ignorando la llamada. —¿Crees que me importa lo que te interesa? —La voz venía del techo por encima de nosotros. Mis ojos se abrieron enormemente y miré a Killian, cuya expresión reflejaba la mía. —¿Has puesto un micrófono en mi puto club? ¿Me estás tomando el pelo? —espetó, mirando al techo. —Obviamente, no. —Respondió la fría voz de Ethan—. Y ahora que tú y el otro han terminado su pequeña charla, revisen sus teléfonos. —¿Perdón? No acepto órdenes tuyas —le gritó Killian, y qué apropiado era verlo gritar por encima de él. Como un hombre peleando con un Dios. —Muy bien, estoy grabando, así que si mueres, tu hermana no me culpará por esto. Buena suerte con los hombres que vienen a matarte —dijo rotundamente Ethan. Segundos después, la pantalla del televisor cobró vida, enfocando la cámara de seguridad. —¿También has accedido a mis canales de seguridad? —Killian se quejó. —¿Es realmente el asunto más urgente ahora mismo? —le pregunté—. Tenemos gente que viene a matarnos. —¡Sí, por su esposa! —Señaló al techo. Quería darle un puñetazo. Juro por Dios que quería darle un puñetazo... ¿espera? ¿Era así como le había sonado a Ethan? —Sí, sí, todo es culpa mía. He oído que vas a luchar, ¿o voy a tener que preparar dos ataúdes? Hay un mapa de escape en sus teléfonos... —También tengo hombres aquí, Ethan. Son sólo cuatro los que no están... —No me interrumpas. —La voz de Ethan era dura—. Los hombres que has contratado fueron sobornados. Las bandas rivales con las que te has estado asociando, están planeando venir por mi esta noche. No importa cuál sea tu tono de piel, dónde estés o cómo te llames. Si tu apellido es Callahan, intentarán acabar contigo. Si fuera tan fácil como derrochar dinero y abrir algunos clubes en esa zona, Killian, no te habría enviado. Nos costó generaciones construir el dominio que tenemos sobre las familias irlandesas e italianas, décadas para ganar su lealtad. Pero sigue intentando venir por mí, Killian, y la gente que te rodea te tenderá una trampa como la que le tendieron a tu abuelo. Buena suerte. La señal de vídeo se apagó. —Tenías que enfadarlo mucho, ¿no? —solté. —Cállate —se mofó Killian, acercándose al cristal. —¿El ascensor es la única forma de salir de aquí? —le pregunté. —La segunda vía de escape aún no está terminada. Hay una sala de seguridad. Exhalé lentamente antes de sacar mis armas. —La policía cerrará tu club por un tiempo después de esto. —Tsk. —Rechino los dientes con rabia, sacando también sus armas—. Toda esta ciudad olvidada de Dios es como Gotham sin Batman. Nunca podremos tener nada bueno. Me reí. —¿A la de tres? —A las tres. ETHAN Observé el comienzo del tiroteo en mi pantalla, desde la silla de mi oficina. Entre los tres... Wyatt, Killian e Italo... como refuerzo, deberían estar bien... pero, de nuevo, quién demonios lo sabía. Hice mi parte, aunque esas lamentables perras no lo verían. Levantándome de la silla, me acerqué a la mesa auxiliar, levantando el kilo de cocaína y poniéndolo en la balanza. —Esto me trae recuerdos. Levanté la cabeza, frunciendo el ceño. Realmente era como si me persiguieran. Una vez que me deshice de uno, el otro apareció como el fantasma de los molestos padres del pasado. —¿Estás estudiando la planta de verdad? —preguntó mientras tocaba la planta de coca roja. La había guardado en la esquina del escritorio mientras comprobaba las calificaciones de los últimos lotes que había conseguido reunir. Sus ojos recorrieron la mesa—. Pareceque estás estudiando mucho. Heroína, cocaína, morfina, succinilcolina, esta última es un poco pesada digamos. ¿El ángel caído? ¿Qué es esto? —Melody. —Mamá —corrigió ella. Fruncí el ceño, volviéndome para mirarla, y ella hizo lo mismo, con la cabeza levantada. —Si quieres ser madre, tu hijo está ahora mismo en medio de un tiroteo en un club. Si quieres llamarlo y acompañarlo, por supuesto, mi despacho está abierto. —¿Qué? —Jadeó y miró hacia mi escritorio mientras me concentraba—. Lo dejaré por ahora, confiando en que lo protegerás. —La confianza después de no tenerla es inútil —murmuré, cortando una línea—. Si no necesitas nada más, puedes irte. —Me estoy cansando mucho de tu puta actitud, Ethan. —¿De verdad? Estoy harto de que te entrometas, así que me identifico —dije, cortando otra línea, sin molestarme en levantar la vista. —¿Qué mierda quieres que hagamos? ¿Cuánto durará esta hostilidad? Nos pediste que fuéramos a la casa de seguridad contigo. Hemos venido. Llevas días sin hacer nada más que ladrar órdenes. Hemos cumplido. Y aún así, nos tratas como si... —Trabajas para mí —respondí, echando la coca en un tubo de muestra para analizarla—. Los trato como si trabajaran para mí. En realidad, los trato mejor que eso, porque si alguien que trabajara para mí siguiera molestándome así, le partiría la nariz. ¿Qué es lo que quiero? Ya lo he dicho. Quiero que esperes. ¿Por qué es tan difícil para todos? La miré, clavando mi mirada en sus ojos marrones. —¿Qué quieres que haga? ¿Qué te abrace? ¿Charlar sobre los buenos tiempos cuando estabas viva? Estoy trabajando. ¿Con qué frecuencia venías a charlar conmigo cuando trabajabas? Apenas te veía cuando eras niño, salvo cuando venías a darnos un beso de buenas noches o antes de salir por la mañana. Siempre estabas ocupada. Intenté no molestarte y no causarte problemas. ¿No puedes mostrarme la misma cortesía? —¿Tanto nos odias? No contesté, mirando molesto el tubo ahora rojo. Alguien había puesto un puto lazo a esta mierda. Eso lo convertía en la mitad de lo que valía. ¿Cuántas veces tenía que seguir corrigiendo a estos imbéciles? ¿Cuántas putas veces? —Date el gusto, pequeño... —No terminó sus palabras, sino que se fue. Sonreí, deseando que hubiera dicho lo que quería decir. MELODY Estaba al límite de mi tolerancia. De hecho, estaba a un paso de golpear a Ethan con un palo de escoba. —Melody. —Oí que alguien me llamaba por mi nombre. Tenía que estar escuchando cosas. Me detuve frente a la puerta cerrada. Frunciendo el ceño, la abrí, y efectivamente, Calliope estaba sentada, bebiendo agua de un vaso con una pequeña pajita. Levantó la vista con expectación cuando me vio. —¿Me traes unas uvas? —Se puso a batir los párpados. —Te voy a estrangular —le espeté. ¿Con quién demonios se creía que estaba hablando? —Es una broma. —Ella sonrió, apartando su manta para mostrarme que ya tenía un tazón de uvas verdes. Por ahora sólo podía comer con una mano. Hoy era el primer día que conseguía sentarse y estar completamente alerta. Me di la vuelta para irme. —Está planeando algo —dijo desde atrás de mí, y me detuve—. Te explicaré más si te sientas conmigo un rato. —Sabes que fui yo quien te disparó, ¿verdad? —Las mierdas ocurren... —Hizo una mueca cuando intentó encogerse de hombros—. En serio, sin embargo, siéntate conmigo. —No quiero. —¿Por qué? —Me caes mal... mucho. —¿Por qué? Esta era la maldita razón. —Eres molesta. —Tu esposo también era molesto, pero lo superaste —me contestó antes de meterse otra uva entre los labios. —¿Cómo sabes eso? Le dio una palmadita al asiento junto a la cama. —Tengamos una charla de suegra y nuera. —Comentarios como ese son los que me molestan —dije, moviéndome para sentarme en el sofá más lejos. —¿Cómo quieres que hable entonces? —¿Qué tal si no hablas? —Por alguna razón, incluso su voz me molestaba. Su rostro, su cabello, su cuerpo, todo en Calliope me molestaba. Y así, sin más, dejó de hablar, comiendo sus uvas tranquilamente. Otro rasgo molesto. Puse los ojos en blanco. —¿Cuál es su plan? —Ethan nunca tiene un plan único en su mente. Siempre los está procesando y reajustando. Pasan muchas cosas ahí adentro. —Ella hace un gesto hacia su cabeza. —Ya lo sé. ¿En qué está trabajando actualmente? Me miró fijamente como si esperaba que lo entendiera. Sacudiendo la cabeza, suspiró. —Bien, parece que está haciendo que agoten su recurso atacando a los callahan en diferentes lugares, entonces, después de que haya recuperado suficientes fuerzas, iremos a Italia y acabaremos con la lucha de una vez por todas. Estoy segura de que está tratando de averiguar si debemos traer a Gigi con nosotros porque no confía en nadie más para cuidarla. O poner a su abuela en riesgo dejando a Gigi con ella. Realmente quiere a Evelyn y la considera la única familia en la que puede confiar ahora mismo, además de Gigi y yo. —Evelyn sabía que estábamos vivos y no se lo dijo. ¿Por qué no consideró eso como una traición? —Pregunté, molesta de nuevo. —Porque Evelyn no lo abandonó. Lo crió y lo apoyó. Coraline se centró más en sus propios hijos y en Wyatt. No entendía muy bien a Ethan. Creo que incluso le tenía miedo. —¿Y Evelyn sí? ¿Lo entiende? —No, pero incluso cuando no lo hace, trata de acercarse y apoyarlo de todos modos. Nunca se aleja de él y es consciente de que le importa, incluso cuando no dice nada o comete un error. Ethan probablemente la perdonó por mentir sobre ti en cuanto se enteró. Una parte de él la ve más como su madre que a ti. Mis ojos se entrecerraron ante ella, y sonrió. —Estás celosa. —¿Celosa? Asintió. —Por eso me odias, y no te hace gracia que Evelyn sea la única a la que perdona. —No adivines mis sentimientos, pequeña. —No los hagas tan evidentes, vieja. Fruncí el ceño y ella sonrió más ampliamente. —Ethan te ama, Melody. Mucho. Está agradecido por todo lo que has hecho. Le gustaría poder agradecerte todo lo que le has enseñado durante estos años. Sabe que no habría sobrevivido ni se habría convertido en el hombre que es hoy si no hubiera tenido una madre como tú. Sentí la garganta seca por alguna razón, pero no le dejé ver. Sus ojos grises observaban cada uno de mis movimientos. —¿Dijo todo eso? —No hace falta que lo haga. Me burlé. —¿Qué pasa con los dos haciendo eso? ¿Cómo si pudieran leer la mente del otro? —Cuando todo el mundo está interviniendo nuestra casa para espiar nuestras conversaciones, tuvimos que volvernos buenos para hablar sin hablar —Es molesto. —Tu problema, no el mío —contestó, tomando otra uva—. Como he dicho, Ethan te ama. Sin embargo, también te odia. —¿Me odia? —Me burlé—. Y aquí no he hecho más que amarlo y defenderlo. —Entonces, ¿por qué lo abandonaste? —preguntó con indiferencia, pues esperaba que le respondiera como si no fuera una pregunta difícil. —Oh, no quieres responder. —Continuó cuando no hablé —Bien. Esa es tu cruz. Así que, cárgala. ¿Realmente pensaste que no habría repercusiones por dejar caer el mundo entero sobre sus hombros? Ni siquiera tenía veinte años... —Mi hijo era mayor que yo cuando me toco a mí. Era más inteligente y más fuerte... —Y más débil en otro sentido, también. Pero tú no lo percibes porque tienes mucha confianza en que tu hijo es el mejor y está a la altura, ¿no? Lo has roto todo para que sea el rey, ¿y ahora te molesta que no vuelva a correr a tus brazos? Mi existencia te molesta porque te recuerda que Ethan no es tu mio bel leoncino. Que nunca te admirará como cuando era un niño, como si fueras el sol, las estrellas y la luna. Lo fuiste, luego lo dejaste en la oscuridad, y ahora tu mirada sólo irrita sus ojos... —¡Cállate! —espeté, levantándome del sofá—. Puede que creas que lo sabes todo. Pero si lo supieras, nohabrías acabado con una bala adentro. —Y si lo supieras todo, no habrías disparado el arma. ¿Desde cuándo me permito ser menospreciado por alguien como ella? Ignorándola, volví a acercarme a la puerta. —¡No soy el enemigo! Sólo jugué a ser una, para traerte aquí porque te necesitamos para terminar esto. No necesito curarme por completo. Tampoco quiero esperar. Quiero que esto termine. —¿Crees que me importa una mierda lo que quieres? —Hice lo posible por no gritar—. Eres la caja de Pandora de las mentiras, las traiciones y la miseria. Una herramienta que ahora se rebela contra tus creadores. No me importa lo triste que haya sido tu pasado. Tu vida no significa nada para mí. —Lo sé. Cuento con el hecho de que significa algo para tu hijo para que me ayudes... Dando la vuelta, me acerqué a su cama, dando una patada a un lado de la misma, lo que hizo que la cama se moviera rudamente, y tomé su gotero de morfina, encorvándome sobre ella. —Escúchame bien, sólo porque mi hijo te folle y te llame su esposa no significa que no te vaya a matar. No utilices a mi hijo contra mí, y cuida tu lengua cuando me hables, o te la cortaré. Me miró fijamente, sin inmutarse. —Entonces hazlo. No serías la primera madre que intenta quitarme la vida. No te tengo miedo. Si quieres mi respeto, entonces respétame a mí también. No he hecho más que ayudar a tu precioso hijo. —Oh, por favor, no has hecho más que utilizarlo para salvarte a ti misma... —¿No es eso precisamente lo que son todos los matrimonios? ¿Gente que se une para salvarse a sí misma? Emocionalmente. Físicamente. Financieramente. ¿No es por eso que Liam se casó contigo? ¿Para salvar a su familia? ¿Has tratado a tu esposo perfectamente? —se burló ella—. No, no soy perfecta, pero lo soy para Ethan. Y él es perfecto para mí. Así que supéralo porque, a diferencia de todos y cada uno de los que te has enfrentado antes, no puedes ganar, Melody. No a menos que quieras renunciar a tu hijo. Apreté con fuerza el maldito goteo de morfina, deseando poder matarla en ese mismo instante. —¿Qué está pasando? Me paralicé al oír la voz de Ethan detrás de mí. —Tu madre sólo me estaba ayudando. Quería descansar un poco más —mintió, mirándome directamente a la cara—. Gracias, por la ayuda, mamá. Dejé caer el gotero y me volví para ver a Ethan y a Liam de pie, juntos, mirándome. Sin decir nada, salí de la habitación y me dirigí al cuarto de baño, deteniéndome en el lavabo y abriendo el agua. Observé cómo la taza se llenaba hasta arriba antes de meter la cabeza. Me quedé allí, tratando de calmarme. No podía quitarme esta rabia, esta frustración... este dolor. Eso es lo que era... dolor. Estaba dolida. Mi hijo, mi pequeño león, ya no era pequeño, y ahora me estaba golpeando. Me dolía, joder. Y esa chica... era ella la que, de alguna manera, hacía aflorar ese dolor. Saliendo a tomar aire, me aparté el cabello de mi rostro, respirando lentamente. —¿Abuela? Saltando, me giré para ver a Gigi mirándome con los ojos muy abiertos, sosteniendo un delfín de peluche. Me quedé mirando a la pequeña como si fuera una extraterrestre. Entonces ella sonrió ampliamente. —¡Quiero probar! —No —le espeté. Hizo un mohín. —No —repetí. —Abuela, no eres divertida. —Resopló enfadada. —Lo sé. Soy muy mala. Así que, ¡Deja de andar a mi alrededor! —¡No! —Me sacó la lengua antes de salir corriendo por el pasillo. Y cuando escuché un bufido, miré hacia la puerta para encontrar a Liam tratando de no reír. —Tiene una personalidad tan fuerte. Me recuerda a Dona y a Wyatt envueltos en uno. —Se rio entre dientes. —¿Por eso te pasas todo el tiempo dándole lecciones de la escuela durante el día? —murmuré, agarrando la toalla para secarme el rostro. —Sí, me recuerda a una época mucho más sencilla. Además, es adorable y dulce —añadió. —Su madre... —Me quedé helada, tratando de sacar sus malditas palabras de mi cabeza—. Me cae mal. —Te habría disgustado cualquier persona con la que estuviera Ethan —admitió—. Yo también odio al esposo de Dona. Pero me dijo que lo superara, porque era lo mejor que podíamos hacer. —Ella sabe que no puedo matarla. ¡Se esconde detrás de Ethan! Quiero cortarle la lengua —espeté, y seguí frotándome el rostro, ignorando su comentario sobre Gabriel. El hombre era un príncipe; ¿qué más se puede pedir?— Ella sabe mucho de nuestro pasado, Liam. Su padre no puede haberle contado todo eso, ¿verdad? ¿De dónde sacó toda esa información? —Melody, ¿por qué sigues pensando que Ethan no le contaría a su esposa su pasado, nuestro pasado? Es su esposa. Me quedé helada, mirándole fijamente. —Lo sé —susurró—. Nos hemos pasado la vida actuando por nuestra cuenta. Hemos sido nuestros propios jefes. Sólo compartíamos con la familia. Y la familia sólo la determinábamos nosotros. Es extraño. No hemos gobernado técnicamente la familia en años. Y sin embargo, sólo ahora siento que he perdido el poder, lo que significa que Ethan tiene razón. Todo este tiempo, hemos estado en su camino y enjaulándolo. Ya no tenemos el control, Mel. Ahora somos soldados de a pie. Eso significa que, aunque no te guste, tienes que descansar sabiendo que el jefe la eligió como esposa. Lo miré como si estuviera loco. —¿Quién diablos eres tú? ¿Cuándo has tenido esta epifanía? Se rio y se inclinó hacia mí. —Puede que ya no seamos los jefes, pero seguimos siendo una familia. Ethan no vendrá a nosotros. Así que utiliza a Calliope como ella intentó utilizarte a ti. Acércate. A ella le gusta hablar, entonces déjala hablar. Aprende lo que quieres de ella. —No estamos aquí para que seamos amigas. Estamos aquí para matar a su familia... al menos eso es lo que yo pensaba, pero nuestro mocoso hijo no quiere compartir sus planes conmigo. —En el momento en que lo dije, me miró fijamente. Y me di cuenta una vez más... que no tenía que compartir sus planes conmigo. Lo que significaba que si quería saberlo, tenía que hacer hablar a Calliope. Oh, cómo odiaba esto. Frunciendo el ceño, volví a mirar hacia arriba casi hasta la desesperación—. ¿No puedes hacerlo? —A Gigi le gusto. Le estoy enseñando historia de Irlanda. Y me está contando mucho de lo que nos hemos perdido en estos años. Ella es mi topo. Así que, tú te ocupas de su madre, y yo me quedaré donde me quieran. —Me guiñó un ojo y le tiré la toalla a la cara. Bien. Seré jodidamente amable. Odiaba ser jodidamente amable, era agotador. Pero aparentemente, no tenía otra opción. TRECE “La vida trae consigo extrañeza, sorpresas y disgustos” ~ Patricia Cornwell ~ CALLIOPE Estaba tranquilo. Cuando me desperté esta mañana, ya estaba sentado a mi lado, simplemente vigilándonos a mí y a Gigi, que dormía conmigo. Me había ayudado a refrescarme en la cama en silencio antes de traerme el desayuno, que era gachas de avena y algunas galletas... también conocidas como insípidas. Pero no dije nada y comí, vigilándolo mientras él nos observaba. Gigi había permanecido dormida durante todo aquello, y tenía la sensación de que alguien, probablemente Liam, le había permitido quedarse despierta hasta bien tarde, por lo que ahora era un bulto que roncaba a mi lado. Sin embargo, Ethan la miraba dormir sin quejarse. No tenía ni idea de lo que estaba pensando ahora, y era mejor darle tiempo para que resolviera lo que fuera que tenía en mente. Finalmente, una vez que había terminado con todo lo que me había dado, me miró... perdido. —No sé qué hacer —susurró. —¿Qué quieres hacer? —le pregunté. —Mantenerlas a ambas a salvo —respondió y volvió a mirar a Gigi—. El plan original era hacer que mis padres despejaran el campo, y luego, cuando Fiorello te llamara para decirte que estaban perdiendo, llevaríamos a la familia a Italia de vacaciones para evitar atraer más daños a la ciudad.Se sentirían seguros de golpearnos entonces, contigo adentro. Pero luego contraatacaríamos con la ayuda de mis padres y yo, junto con tus hermanos, nos encargaríamos del último de ellos. A partir de ahí, los matarías a los dos. —Pero tus padres eran mejores de lo que esperábamos. Y Fiorello vino a Chicago en lugar de llamarme a Italia, y lo maté aquí. —Todo sucedió mucho más rápido de lo que habíamos planeado—. Hay que ajustar el plan; en vez de que ellos vengan a mí, yo iré a ellos... —No. Fruncí el ceño. —¿No? Asintió, todavía mirando a Gigi. —He pensado en lo que quieres hacer. No va a funcionar. Estás herido. No sabes lo que piensan de ti ahora. Hay al menos un 50% de posibilidades de que mueras antes de entrar. —Y un 50% de posibilidades de que lo consiga. —No lanzare una moneda al aire —espetó, mirando hacia mí. Sus ojos verdes estaban preocupados—. Planeamos todo durante años, y aun así terminaste con una bala. Aun así, acabé cerniéndome sobre ti, viendo cómo te salía sangre... no. Tenemos que hacerlo mejor. —Siempre supimos que había un riesgo para uno de nosotros... —No, Calliope —dijo de nuevo, cerrando el puño—. Además, tienes razón. Intentarán apoderarse de Gigi. No me fío de ella con nadie más. No puede esconderse con nadie más. Es mejor que te escondas con ella. La mansión también necesita... —¿Esconderme? —Intenté reírme de eso pero no pude. No era gracioso—. ¿Por eso no sabes qué hacer? Porque sabes que no hay manera de que acepte esconderme en la casa de tu familia. Inhaló profundamente. —Exactamente. Así que, ayúdame. No seas terca. Sólo acepta... —No. —Calliope... —¡No! —grité, haciendo todo lo posible para no gritar en su rostro y despertar a Gigi. Tal vez eran los medicamentos, no, tenían que ser los medicamentos, y todos los recuerdos de mi pasado que daban vueltas en mi cabeza cada vez que cerraba los ojos, lo que hacía que mis ojos lloraran de rabia—. Ethan, veintiocho años. He sufrido durante veintiocho años, de maneras que no creo que puedas entender. Jamás. Y he sobrevivido porque sabía que iba a llegar a este punto algún día. Creí con cada fibra de mi ser que no serían los ángeles, o Dios, o algún príncipe mágico quien me salvaría. Sino yo. Yo me salvaría y me liberaría. No he llegado hasta aquí para que me digas que me vaya a casa. Me niego. Aunque me cortes todos los miembros y me ciegues, no es posible. Tengo que hacerlo. Nada me detendrá. —Te entiendo, Calliope, pero ¿a qué precio? —preguntó, y me dieron ganas de abofetearle. —No digas eso —dije, sacudiendo la cabeza—. Tú no entiendes esto. Nunca podrías entender esto. ¿Sabes lo que es que te pidan que uses tu virginidad para seducir a un hombre para matarlo a los dieciséis años? Pensé que era un profesor normal. No, le gustaba preparar a chicas jóvenes vulnerables hasta que se enamoraban de él y luego hacer que se suicidaran por él para demostrar su amor. Él fue mi primero. Mi segundo fue un hombre que Siena trajo para enseñarme a ser una zorra. Esa era mi vida. Cada parte de mí era una herramienta para matar... un instrumento para su venganza. Ahora estoy en la puerta de la mía, ¿y quieres que me aleje? No, no lo entiendes en absoluto. Completamente imperturbable, me miró. —¿No es tu último acto de venganza sobrevivir? De todos esos horrores, ¿no es el acto final tu victoria? Si quieres, traeré a Siena a tus pies cuando haya terminado. Ya conseguiste a Fiorello... —Apártate de mí rostro —susurré porque si no lo hacía, gritaría, y si gritaba, lanzaría un puñetazo, y si lanzaba un puñetazo, me dañaría los puntos, y Gigi sería testigo de cómo asesinaría a su padre—. Gracias por el desayuno. Por favor, vete y piensa en un plan mejor. Sin decir nada, se levantó de la silla y salió de la habitación. Cuando se fue, me recosté contra las almohadas. Apretando los dientes, respiré por la nariz. Miré a Gigi, que me tranquilizó... pero estaba... —¿Están los dos genios en desacuerdo? No estaba de humor. Pero cuando volví a mirar hacia la puerta, Melody estaba de pie, engreída, comiendo las mismas uvas que yo había merendado ayer. Iba vestida de negro y con el cabello recogido en una trenza. Entró en la habitación y se dirigió al mismo asiento que Ethan acababa de dejar libre. De forma causal, puso sus botas a un lado de mi cama y se metió otra uva en la boca. —¿Pensé que ustedes dos eran de la misma opinión? ¿Qué ha pasado? Cuando la gente deseaba fastidiarme, mi forma de luchar era sonreír y fingir que nada me podía tocar. Por alguna razón, no me apetecía en absoluto, hacer eso ahora mismo. Así que me volví con el rostro muerto. —Tú. Tú has pasado, maldición. Levantó una ceja. —¿Yo? —Me han herido cientos de veces antes. Balas, cuchillos, veneno... —Bien por ti. A mí también. Ve al grano. —...y Ethan nunca vio el alcance de la misma. —Continué como si no me hubiera interrumpido—. Nunca me ha visto débil porque no se lo he permitido. Por una buena razón. Su familia sigue jodiendo, y él sigue arreglándolo. Es agotador para él. Nunca quise ser otro problema que tuviera que arreglar. —¿Te refieres a tu familia? Después de todo, trabajaste tan duro por ese título de señora Callahan... —Me importan una mierda —respondí fríamente—. Wyatt, Dona, Helen, Sedric, Neal, Declan, Nari, Evelyn... —Coraline —dijo con rabia. —Ah, Coraline —fingí pensar, y luego asentí—. No me importaba. Estaba agradecida, jodidamente agradecida de que su cáncer volviera aparecer porque me habría costado mucho esfuerzo averiguar cómo fingir la muerte de alguien y demostrárselo a Fiorello. Así que agradecí que su cuerpo estuviera débil porque era menos trabajo para mí. El día que murió, se lo agradecí. Fue el mejor regalo de bodas. Se movió para agarrar mi goteo de morfina, pero la agarré de la muñeca. —No. No. Tú viniste a mí. Vamos a hablar ya que quieres hablar. —Tú eres la que está buscando pelea —se burló, tirando de su muñeca hacia atrás. —No, estoy diciendo la verdad. No me importa tu clan asesino de la Tribu Brady3. Si me empujaran, si fuera necesario, les cortaría la garganta a todos. No son familia para mí. Nunca he tenido una familia. Siempre he sido yo, la gente que voy a matar, y la gente que aún no he matado. Luego... luego vino Ethan y ahora Gigi. Ellos los consideran familia. Les importa si todos ustedes viven o mueren. Y así, sonrío, horneo y los protejo aunque me insulten, menosprecien e intenten matarme. No me importa si les gusto. La única razón por la que están vivos es por Ethan y Gigi. Eso es. Eso es todo. No me arrepiento. Mientras mi esposo y mi hija los quieran vivos, los protegeré aunque me escupan en la cara. Pero ese no es mi punto. Mi punto es que por tu culpa, Ethan ahora me ve como otra persona a sus espaldas que necesita proteger". —Mi hijo es fuerte... —¿Por eso dudaste de él? —Cuestioné—. ¿Es por eso que todos pensaron que mi bonito rostro y mi cuerpo firme le hicieron perder la cabeza? No. Todos sabían que es fuerte. Sólo que también saben que ser fuerte no es ser invencible, y que un hombre aún tiene una debilidad. La debilidad de Ethan son todos ustedes. Le gusta fingir que puede hacerlo. Dejarlos morir a todos. Pero no puede. Ahora estoy en ese grupo. No puede dejar que arriesgue mi vida, como si no lo hubiera hecho toda mi vida. Fue traumatizante verme envenenada y luego disparada. No cree que mi suerte aguante una tercera vez. —¿Y qué te hace pensar que lo hará? —Ella presionó—. El hecho de que hayas llegado hasta aquí podría considerarse como... 3 — Tribu Brady. Es una serie de televisión sitcom estadounidense. https://es.wikipedia.org/wiki/Sitcom https://es.wikipedia.org/wiki/Estados_Unidos_de_Am%C3%A9rica —Trabajo duro —dije—. Un trabajo arduo. No empecé con un papá jefe, que tenía todoun clan de gente detrás de mí. Sólo fue un trabajo duro y jodido. No somos iguales, pero ambos somos fuertes. Así que vas a ayudarme a salir de la categoría a la que me has empujado. —¿Qué voy a hacer qué? —Ella se rio. Pero yo no me reía mientras me quitaba las mantas. Empujé sus piernas fuera del camino para poder mover las mías fuera de la cama, y luego extendiendo mi brazo bueno hacia ella, me tiré hacia adelante. —¿Qué demonios estás haciendo...? —Levantarme de una puta vez —siseé, ignorando el dolor y la debilidad de mis piernas. Me impulsé con todas mis fuerzas para ponerme de pie. Me sentía mal, pero me puse de pie sólo un segundo ante de que mis rodillas se doblaran. Ella se levantó rápidamente, tirando las uvas al suelo, atrapándome. Sujetando su camisa, me levanté de nuevo, respirando por la nariz, hasta que estuve a la altura de ella. —Dame dos días y no necesitaré que estés de pie. En tres, empezaré a caminar. Una semana... todo cambiará. —Tu hombro no se curará bien. —Lo arreglaré después. Si no, no me importa —dije con desprecio mientras Melody me sostenía, llevándome de vuelta a la cama—. Voy a luchar... y tú vas a ayudarme a prepararme para ese combate, oh, genial, Melody Nicci Giovanni Callahan. —No, gracias. —Intentó apartarme de ella, pero me agarré más fuerte—. ¿Estás hablando en serio ahora mismo? ¿Suéltame? —O aceptas o me cortas los brazos. —¿Mamá? Oí la voz de Gigi llamando desde atrás, y sonreí. Me encantaba mi hija; tenía una sincronización tan perfecta. Melody no podía cortarme los brazos ahora. —¿Qué estás haciendo, mami? —Intentando que la abuela me ayudé —dije y miré a Melody, que me fulminó con la mirada. —A la abuela no le gustamos —refunfuñó, poniendo cara de circunstancias. —¿Es eso cierto, abuela? —le pregunté. Ella hizo un chasquido con la mandíbula hacia un lado y me acercó para que me sentara en la cama. Pero no me soltó. —Aunque no le gustemos, Gigi, somos su familia, así que nos ayudará. Después de todo, la familia es muy importante para ella. MELODY La ignoré todo el día e incluso al día siguiente. Ella le había prohibido a Ethan entrar en su habitación. Lo que hizo que Ethan, por una vez, se acercara a mí. Tenía una bandeja de comida lista para entregarme. Y me quedé sin palabras. —¿Quieres que la sirva? —No —respondió—. Pero ella exige que lo hagas, así que... te toca a ti. —O puedes ignorar lo que quiere y no ceder a sus caprichos. Asintió. —Es cierto. Pero ella no me da el mapa del recinto de su familia en Italia. No puedo moverme sin él. Si puedes conseguirlo, la dejaremos a ella y a Gigi e iremos esta noche. —¿No pensaste en conseguirlo antes de hacerla enojar? —Está en su cabeza, el mapa de entrada y salida del recinto. Y tengo la sensación de que nunca me lo dijo, por si al final no estábamos de acuerdo. Así que... —Me devolvió la bandeja. Tomando la bandeja, me dirigí a su habitación, abriendo la puerta de una patada. Se sentó en el borde de la cama, estirándose y extendiendo el brazo lentamente. —Deja de ser terca —le espeté, colocando la bandeja junto a su cama—. Estamos en diciembre. Podrías tardar semanas en curarte. No tenemos tiempo para eso. Wyatt y Killian ya han sido atacados. He oído que Sedric y su hermana fueron atacados ayer. Cuanto más esperemos, será más tiempo para que su pequeño escuadrón suicida reúna más gente. —Siena nos entrenó durante años, décadas. Incluso si contrataran a un grupo de personas para cuidar el terreno, no serían asesinos, sólo músculo contratado de la calle —dijo ella, levantando el pan para comer. —El músculo contratado aún puede disparar una maldita arma. —No muy bien. —Lo suficientemente bien como para causar problemas. Tenemos que acabar con esto. Cuanto más esperemos, más la familia... —Entonces ayúdame a mejorar. —¡No soy un fisioterapeuta! No estoy aquí para entrenarte... —Entonces aprende. ¿Qué más tienes que hacer? Estás técnicamente muerta. Me agarré al extremo de la cama. —Danos el mapa. Ethan te traerá a tu madrastra loca. —No. —Se empujó de la cama, y cuando intentó ponerse de pie, cayó al suelo... esta vez, no la atrapé. —¿Ves? Tu cuerpo no está en forma ahora mismo... Ella me ignoró, arrastrándose por el suelo con los brazos. Se movió hasta la puerta y respiró profundamente antes de rodar lo mejor que pudo. —Esto es ser ignorante, y estoy decepcionada Calliope. Creía que eras inteligente. —No me importa que estés decepcionada —dijo ella, tumbándose de espaldas, respirando lentamente—. No me importa si todos piensan que estoy loca, egoísta o equivocada. No me importa que me ataquen. No me importa. Seguiré diciendo que no me importa hasta que todos lo crean. Así que, no me ayudes si quieres. Pero sólo hará que esto sea más largo. La gente que me importa no está en peligro. Caminando hacia ella, levanté el pie, dispuesto a pisar su hombro, y ella me miró fríamente, con sus ojos grises implacables. Lentamente bajé el pie y me agaché junto a ella. —¿Qué es exactamente lo que necesitas hacer? —le pregunté—. ...¿Para saber cuánto necesitas que te arreglen? —Disparar un arma. Lanzar puñetazos. Y acercarme lo suficiente a mi abuela para darle veneno. —Después de todo, ¿piensas eliminarla con veneno? —Pregunté—. Un arma es mucho más rápida y fácil. —Es algo simbólico entre nosotras; no lo entenderías. Sacudí la cabeza. —Este plan que tienes, no deshará nada de lo que te pasó. —No busco que se deshaga —respondió—. Busco ganar. —La vieja está enferma, ¿verdad? Ni siquiera será la misma... —¡No me importa! ¿Por qué diablos tenía que ser tan terca? —¿Qué te importa? —Ethan. Gigi. Yo misma. Así que, jodidamente terca, malditamente testaruda... ¡E infantil! Pero también sincera. Realmente no le importaba más allá de eso. Una parte de mí quería creer que estaba mintiendo. Que esto era un truco. Pero lo había visto ayer... lo volví a ver ahora. Esa mirada de desesperación. Como la de un corredor de maratón que estaba agotado, pero que aún así tenía que cruzar la maldita línea de meta como fuera. No es de extrañar que Ethan no se molestara en volver a hablar con ella. Sabía que no cambiaría de opinión, dijera lo que dijera. Fruncía el ceño. —No voy a ser fácil para ti. —Le dijo el mundo a la pequeña Calliope cuando nació —respondió, sonriendo, obviamente recordando que nunca lo había tenido fácil. —Si esto te lleva más tiempo que... —Dos semanas. Sólo necesito dos semanas. Entonces podremos atacar en Navidad. Suspiré, moviéndome para recogerla del suelo de nuevo. ¿Cómo se ha convertido esto en mi vida? CATORCE “La vida es como un libro. Hay capítulos buenos y capítulos malos. Pero cuando llegas a un capítulo malo, no dejas de leer el libro” ~ Brian Falkner ~ ETHAN Testaruda. Cabezota. Insensata. Exasperante. Tirana. Sí, tirana, esa era una buena palabra. Era una maldita tirana, una persona que gobernaba con poder absoluto. Calliope sonreía, reía y fingía que yo era el jefe, pero ella dominaba a todo el mundo con ese poder invisible. —Tiene agallas —dijo mi padre, acercándose y poniendo su brazo sobre mi hombro—. Es difícil negar a una persona tanta determinación. Debe estar sufriendo un dolor horrible, y aun así, pide más. Esa fuerza y determinación era lo que hacía a una tirana... especialmente sobre ella misma y su cuerpo. Y lo peor era que si la llamaba así me decía que en griego el origen de la palabra, tirana, no tenía ningún significado negativo, que sólo significaba gobernante o rey, y luego me decía que fuera un tirano con ella. —Sí que sabes elegir a los locos. —Se rio, mordiendo su manzana. Al mirarlo, miré su brazo sobre mí por un momento antes de apartarlo de un manotazo. Eso sólo lo hizo sonreír más—. Estásmuy preocupado por ella. Puedo verlo en tu rostro. —Es curioso que los dos saben leer entre líneas cuando no es importante. Volvió a morder su manzana. —Déjalo ya. Si ella puede perdonar a la mujer que le disparó, entonces tú puedes perdonarnos por un descuido. —Calliope no la perdonó. —Odiaba que todos pensaran que conocían a mi esposa o a mí, en realidad—. La está utilizando. —Entonces, úsanos. —Lo estoy haciendo, manteniéndote aquí, ocupado, bajo mi mirada, lejos de mi trabajo y de la familia, dejando que te cures también para que seas lo suficientemente fuerte para terminar esta guerra. Así es como los estoy utilizando. Nada de eso requiere que sea amigable mientras lo hago. —¿Cómo no has crecido desde que eras un adolescente? —Supongo que esa es la parte que entendí de ti. —Déjame al menos terminar mis insultos, mocoso... —¿Por qué? Nunca cambian, viejo. Respiró por la nariz con fastidio, y yo le devolví la mirada con ese mismo fastidio. —¡Abuelo! Al oír su voz enfadada, dio un ligero respingo; los dos nos giramos para ver a la pequeña tirana, con las manos en las caderas y el cabello en una descuidada coleta mirándolo fijamente. —¿Sí, chiquita? —preguntó mi padre. —Estoy enfadada —dijo sin rodeos y levantó un trozo de plastilina—. ¡Lo has pisado! —¿Qué? —Mi padre jadeó, arrodillándose frente a ella—. No lo he hecho. Señaló su pie, y cuando miré, un pequeño rastro de plastilina amarilla estaba en la suela de su zapato. Mi padre lo miró y luego volvió a mirar la carita furiosa de mi hija. —Uy, lo siento. Chiquita, no lo vi. —Mamá dice que lamentarlo no lo arreglará —respondió, entregándole el trozo de plastilina. —Chiquita, lo arreglaré si traes a tu padre a jugar con nosotros. —Se rio. La cabeza de Gigi giró hacia mí. Mis cejas se alzaron al ver su mirada, y ella se relajó un poco y se volvió hacia su abuelo. Acercándose, le susurró algo muy rápido al oído y luego se alejó. Compartieron una mirada y él asintió, extendiendo la mano. —Trato hecho, chiquita. Gigi asintió y sonrió, estrechándola. —¿Qué trato, Gigi? —le pregunté. —Es un secreto. —Mi padre sonrió, tomando su mano. Gigi me sonrió. —Sí, un secreto, papá. Arrodillándome, abrí los brazos y ella lo soltó, viniendo hacia mí y abrazándome. —Qué mezquino —murmuró mi padre, pero lo ignoré. Le aparté el cabello de su rostro. —Gigi, ten cuidado con quién haces tratos, ¿bien? No todo el mundo cumple sus promesas. —¿Pero la familia, papá? —preguntó ella, inclinando su rostro. Asentí y le acaricié la mejilla. —Puedes confiar más en la familia... pero ten cuidado. Las familias a veces también meten la pata. —¿Qué haces si meten la pata? —preguntó. Fingí que pensaba y levanté la mano. —¿Los golpeas? No sé qué más. Papá aún no lo ha aprendido. —Le hice cosquillas, haciendo que se agitara frente a mí. Sonriendo, la solté, empujándola hacia mi padre—. Ve a divertirte con tu secreto. Ella me besó un lado de mi rostro antes de salir corriendo para saltar sobre mi padre. Él la atrapó fácilmente y me miró. No llegó a decir nada porque la pequeña tirana que tenía en sus manos le exigió que siguiera adelante. Mientras se alejaban, volví a mirar a Calliope y a mi madre mientras la ayudaba a estirar la herida. El rostro de Calliope estaba cubierto de sudor y dolor. Era testaruda. Pero yo también lo era. Todo lo que ella era... también lo era yo. MELODY Se había contenido. La primera vez que luchamos, en la mansión, en su boda, supe que era buena. Pero también sabía que yo era más fuerte. Estaba segura de que, sin sus trucos y juegos, yo era más fuerte en el mano a mano, pero ahora, cuando se agachó y me acercó tanto el puño a la nariz que apenas tuve tiempo de retroceder, supe con certeza que entonces se estaba conteniendo. En retrospectiva, tenía sentido. No estaba tratando de derrotarme. Ella estaba tratando de atraerme a su trampa. Necesitábamos que pareciera que ella había dado una buena pelea y recibido algunos buenos golpes, además de darnos suficiente tiempo para escapar. No podríamos hacerlo si nos golpeaban demasiado. Me pregunté cómo Liam había fallado su cabeza, cómo yo había fallado su cabeza. Ambos habíamos disparado. Y ahora sabía por qué. Sus bonitos ojos grises no eran sólo un adorno para su rostro. Sus ojos eran más rápidos que sus manos, y sus manos eran jodidamente rápidas. Todos sus sentidos eran más agudos que los míos a su edad. Era como si nos viera luchar desde arriba; no sólo eso, sino que también conocía mi estilo de combate. La primera semana la había derribado a la lona a diario. Esta semana, era como si no la reconociera. Pasé más tiempo bloqueando sus patadas, sus golpes, que intentando llevarla al suelo. Esto no era sólo habilidad. Esto era cuestión de memoria. Así era como su cuerpo podía seguir adelante, aunque yo sabía que no estaba curada del todo. Sabía qué hacer aunque no estuviera a pleno rendimiento. Apenas tuve un segundo para respirar, para ponerme en pie, para proteger mis costados y luego mi rostro... lo que pasaría entre nosotras si ella estuviera a su máxima capacidad. ¿Qué habría pasado si tuviera veintiocho años todavía? ¿Quién ganaría? Yo. El segundo en que pensé eso fue el segundo en que lancé mi puño en su primera apertura en la última hora, justo en su herida. Ella jadeó, retrocediendo a trompicones, encorvada mientras el dolor la recorría. Fue sucio, pero a quién le importaba. Los golpes sucios eran una forma de vida. —Es suficiente por hoy —le dije. Sin embargo, se tambaleó hacia un lado del ring y vomitó, jadeando. Antes de limpiarse la boca, se volvió hacia mí con el puño en alto. —Estoy bien. Con su rostro sonriente y sus ingeniosas réplicas, aquella falsa mujer que entró en la vida de mi hijo había desaparecido. Ahora, sus ojos y su rostro eran más duros que la piedra. Sus ojos eran tan fríos que parecían muertos. Se había quitado la máscara desde que llegué a ella, y todo lo que vi en su rostro fue el deseo de matar. La pasión era tan fuerte que no le importaba nada más, ni siquiera su propio rostro. Incluso había apartado a su hija para poder concentrarse en volver a levantarse para luchar. —Vas a sobrecargar tus músculos —dije mientras desenvolvía la tela de mi puño, ignorando también el dolor en ellos. —Mis músculos están bien; ¿y los tuyos? Sin embargo, todavía tenía una forma de meterse en mi maldita piel. —Cuidado —le dije—. Si haces enfadar a tu profesora. No tendrás más clases. No vamos a hacer otra ronda. —Bien —dijo y pasó junto a mí, de cara a la pared donde Ethan había estado sentado, observándonos sin inmutarse durante la última hora. Sólo ante él suavizó su rostro y volvió a sonreír—. Ven a luchar conmigo, jefe. —Tu profesora ha dado por terminado el día —le respondió. —Puede impedirme que luche con ella, pero nunca dijo que no pudiera enfrentarme a otra persona. —No, pero lo insinué —le grité—. Ve a descansar, Calliope. Ella me hizo un gesto para que me fuera. —La Navidad es en dos días, Ethan. Vamos a apostar, considéralo mi regalo para ti y tu regalo para mí. —¿Y qué es esta apuesta? —cuestionó. —Si ganas, haré lo que me pediste y me quedaré atrás. Si gano yo, dejas de vigilarme como una gallina de los huevos de oro y aceptas que me vaya. Frunció el ceño, levantándose de su lugar. —Cuando gane, dirás que es porque estabas agotada luchando contra tu profesora. —No soy tan mezquina. —Ella era exactamente así de mezquina—. Además, me estaba conteniendo con ella. Me burlé. Esta pequeña perra. Saliendo del ring, me acerqué a mi hijo. —Dale una paliza. Se desabrochó la camisa y la tiró a un lado. Ver la mirada de Calliope sobre los músculos de su pecho me dio ganas de sacarme los ojos y de vomitar. Al menosno era toda una máquina de guerra. —Si gano, también me darás todos los detalles. No te guardaras nada —dijo Ethan, cerrando lentamente el puño. —Te lo juro —dijo ella con una sonrisa. No entendía qué le hacía ser tan engreída ahora, sobre todo porque acabábamos de ver cómo casi se desplomaba de dolor por mi golpe. Algo no cuadraba. Miré a Ethan y sus ojos se entrecerraron en ella. —Nada de veneno, Calliope. —¿Yo? Nunca lo haría. —Soltó una risita. Puso los ojos en blanco, entrando en el ring. —Mentirosa. Pero yo también estoy preparado para eso. Esa droga que haces para mi cabeza, ¿tienes más? ¿Ella hizo qué? —¿Vuelven tus dolores de cabeza? —preguntó ella, moviéndose casualmente hacia el centro de la habitación. ¿Tenía dolores de cabeza? —¿Qué dolores de cabeza? Ambos me miraron como si me estuviera entrometiendo en su conversación, y tal vez lo estaba, pero no me importó. —¿Qué dolores de cabeza? —Volví a preguntar. —Dolores de cabeza por estrés. No es nada grave —dijo ella. Sin embargo, no lo creí. —¿Empezamos? —le preguntó levantando el puño. —Sí, jefe. Estos dos... vivían en su propio mundo. Por otra parte, ¿no era ese el caso de todos los amantes? Liam y yo también lo hacíamos... como eclipses que se cruzan pero que siguen siendo entidades separadas, y por eso, nos separábamos de nuevo. Cuando todo esto terminara, Liam y yo volveríamos a las sombras, y ellos serían el sol y la luna. Recibiendo órdenes de mami y papi porque mami y papi se arrepienten de haberse retirado... por eso me traicionaste. Había dicho que Wyatt y yo no me había molestado en pensarlo entonces. Ahora, mientras me veía obligada a esperar y seguir sus malditas instrucciones, no podía evitar preguntarme, ¿era realmente eso? ¿Fue eso lo que nos trajo a todos aquí? ¿Mi arrepentimiento? —¡Ah! —Siseó cuando le dio un puñetazo tan fuerte que salió volando hacia el otro lado del ring. —No eres lo suficientemente fuerte como para luchar contra mí ahora mismo —le dijo él, relajado. —Duh. —Ella sonrió, incorporándose del suelo. Poniéndose de pie, se limpió la sangre de la boca—. Pero el puño no es la única forma de luchar, Ethan. Puedo hacer que te rindas. —¿Por qué ibas a rendirme? —Porque si no, acabarás matándome aquí —dijo ella, volviendo a levantar el puño—. Lucharé contigo hasta que aceptes o me mates. Aceptar o morir, jefe. Ese era su juego. Ella sabía que no podía ganar en este momento. Pero también sabía que Ethan no seguiría golpeándola. Sabía que él no quería que ella saliera herida. La razón por la que no quería que ella viniera era porque estaba tratando de protegerla. ¿De qué servía protegerla si la mataba a golpes aquí? —Eres una jodida ridícula —le espetó, moviéndose para salir del ring, pero cargó contra él. Llevando a los dos a la lona y golpeando su rostro una y otra vez. Aguantó los puñetazos durante un momento hasta que encontró la forma de quitársela de encima y lanzarla a un lado. Ethan fue demasiado suave. Podría haberle dado un puñetazo en el costado. —Aceptar o morir —repitió Calliope mientras se levantaba del suelo—. Lo digo en serio. Así que no te contengas más, Ethan, ¡Vamos! Él se quedó allí... completamente harto y derrotado. Sus hombros se desplomaron, y casi parecía que se estaba golpeando a sí mismo por subir al maldito ring. Ambos parecían tan ridículos que no pude evitar sonreír. —¿Te estás riendo de mí? —Ethan me fulminó con la mirada. —¡Concéntrate en nuestro combate! —gritó Calliope, dándole un puñetazo en la espalda. —¡Maldita loca! ¡Bien! ¡Joder! ¡Bien! —le gritó—. ¡Tú ganas, joder! Trato hecho. Sonriendo, Calliope le soltó y se tumbó en la colchoneta, tratando de respirar. —Dos días... y se acaba. Realmente era una loca. Pensé, sonriendo y moviéndome, dejándolos solos. —¡Oye, profesora! —¿Qué? —Eres buena para tu edad —dijo, claramente tratando de provocarme. Poniendo los ojos en blanco, abrí la puerta. —No, sólo soy buena. Ella reía y, por alguna extraña y estúpida razón, yo también sonreía. CALLIOPE Fui la primera en levantarme por la mañana, aunque quería hacer ejercicio, traté de ahorrar energía. En su lugar, me centré en preparar el desayuno y el plan de ataque, creando el mapa en el ordenador con un perfil para cada uno. —¿Qué huele tan bien? —Liam entró, echando un vistazo a la cocina. Sus ojos verdes se abrieron enormemente cuando miró las tiras de tocino, las salchichas, los huevos fritos, las alubias cocidas, los champiñones, los tomates y las patatas fritas. Volvió a mirarme cuando le entregué un plato—. ¿Has hecho un desayuno irlandés completo? —Bueno, me falta la morcilla, pero está cerca, ¿no? —Está un poco más que cerca. —Se rio, tomando una de las salchichas y echándosela a la boca—. Y está bueno. —Claro que está bueno. Lo he hecho yo. Apiló alegremente en su plato. —Engreída. Pero Mel me dijo eso. ¿Celebrando la derrota de Ethan ayer? —Celebrando mi victoria —dije, entregándole el zumo de naranja, que bebió alegremente antes de agarrar un poco de pan para sus huevos—. ¿Sabes por qué aprendí a cocinar? —¿Hmm? —preguntó mientras daba otro mordisco al tocino. —Porque por mucho que un hombre desconfíe de una mujer, si ella le pone un plato de comida adelante, se olvida de todo menos de su hambre. Así que es el método perfecto de asesinato. Hizo una pausa, mirando hacia mí. —Está siendo honesta, pero no le hizo nada a la comida —dijo Ethan cuando salió. Me reí, tomando un trozo de tocino para comer. A Liam se le cayó el rostro. —¡Pero me ha matado la alegría de comerlo, joder! —La recuperarás con cada bocado. —Me reí, dándole a Ethan un plato. Él lo tomó y me besó un lado de la mejilla. —Deja de regodearte. —Sólo acéptalo; es más fácil. Hizo una mueca y caminó a mi alrededor para tomar su comida. Mientras lo hacía, llevé la porción que hice para Gigi a su habitación, que estaba justo al lado de la mía en este gran búnker de la casa segura. Cuando entré, ella estaba acurrucada en las sábanas. Todo lo que tuve que hacer fue poner la comida al lado de su rostro para que su nariz comenzara a moverse. Mordiéndome el labio, tratando de no reír, la vi removerse antes de sentarse en la cama, confundida. —¿Mami? —Buenos días, dormilona —dije, tomando asiento a su lado—. Mira lo que he traído. —Tocino. —No. —La detuve antes de que lo alcanzara—. Has estado haciendo lo que has querido las últimas semanas y parece que has olvidado mis reglas. ¿Qué hacemos cuando queremos desayunar? —¡Mami! —No me digas mami —le dije—. He oído que también has roto las cosas de tu habitación. Y que no has prestado atención a tus deberes. ¿Deberíamos hablar de todo eso ahora? Se levantó rápidamente de la cama. —Tengo que cepillarme los dientes y lavarme el rostro, y luego hacer mi cama. Asentí. —Bien, ve. Se fue rápidamente y sonrió. Normalmente, ella tendría que alimentar y sacar a sus perros, pero Ethan no los había traído. Entendí por qué no era su prioridad en ese momento. Aunque no había salido de la casa, sabía que seguíamos en Chicago... bueno, justo en las afueras de Chicago, en Winnetka, mi ciudad natal. Esta casa de seguridad estaba justo al final de la cuadra donde me había quedado con mi madre durante los primeros siete años de mi vida. Sin embargo, no estábamos en el nivel superior de la casa. Estábamos en la casa de seguridad que Ethan había construido justo debajo de ella. Era casi una réplica exacta de una casa normal. Pero no había ventanas, no había forma de ver el exterior excepto por las cámaras. Estaba segura de que Gigi se había dado cuenta, pero estaba demasiada distraída con todo lo demás como para preguntar por qué no podía salir. —Mami. Miré para ver que también se había arreglado un poco el cabello. Señaló lacama. —No puedo arreglarlo contigo encima. —Bien —dije, levantándome del colchón, sosteniendo su comida. Ella se levantó de un salto y la arregló lo mejor que pudo e incluso la extendió para apartar las arrugas. Cuando terminó, dejé la comida encima de la cama junto a ella—. Buena chica. Come todo lo que quieras. —Gracias, mami —dijo emocionada y cruzó los pies—. Mami, ¿estás mejor ahora? —Mucho mejor. —Entonces, ¿podemos volver pronto a casa? —preguntó. Sabía que se había dado cuenta. Asentí y le puse la mano en la cabeza. —Estarás con todos en Navidad, pero papi, mami y tus abuelos tendrán que estar fuera unos días. —¿En Navidad? —Ella jadeó. —Lo sé. Pero tendremos el día de Año Nuevo y muchas otras Navidades juntos después de esta. Hizo un mohín, así que le di un toque en la mejilla. —¿Recuerdas cuando te dije que un día mami iba a terminar el libro? Ella asintió. —Pues eso es lo que voy a hacer. —Mañana sería el fin de Calliope Orsini... la chica sufrida—. Es muy importante para mami, así que ¿puedes perdonarme la Navidad de este año? —¿Me contarás la historia? —Quizás algún día, cuando seas mayor. —¿Cuántos años? Me reí. —Yo, mayor. Ella jadeó. —Mami. —Bien, lo negociaremos cuando vuelva. —Bien, pero ¿me dan un regalo? —Por supuesto —dije, levantándome de la cama—. Como si tu papá no fuera a traerte muchos regalos. —Así es papá. Quiero algo de ti, mami. Era dulce, pero también era muy difícil para ella. La fulminé con la mirada y me sonrió. —Mami y papá son uno. Sus regalos son mis regalos. Volvió a hacer un mohín. —Quédate aquí un rato. Estamos hablando de regalos, y si te sorprendo escuchando a escondidas, le diré a papá que los esconda todos hasta tu cumpleaños. —¡No me escabulliré! —dijo seriamente. —Bien. Estoy vigilando. Te amo —dije, dirigiéndome a la puerta. —Yo también te amo —dijo antes de sentarse de nuevo con su tablet. Afuera, me apoyé en la puerta por un momento. Había esa sensación justo antes de una tarea. La preocupación de no ser capaz de cumplir mis promesas. De que no lograría volver. Pero los rechacé. No me estaba muriendo. No iba a dejarla morir. Tampoco a su padre. Estaba escapando de todos mis horrores pasados. Iban a ser el último capítulo de Calliope Orsini. Había aprendido mucho, y cambiado mucho desde el primer capítulo. Mi hija era parte de esa historia, y también lo era Ethan. Puertos brillantes en un mar de dolor. Sólo los llevaba al nuevo yo... al yo libre. Cuanto más rápido terminara esto, más rápido podría sentir finalmente esa libertad. Enderezando los hombros, entré en la cocina para encontrarlos a todos... Ethan y sus padres... leyendo los archivos que había dejado sobre la mesa. Encendí la televisión y dejé mi teléfono a un lado para poder seguir viendo a Gigi en su habitación. Lo último que quería era que saliera y me oyera planear la muerte de Siena. Todavía consideraba a la mujer como su familia, también. —Vamos a empezar —les dije. QUINCE “Si sé lo que es el amor, es gracias a ti” ~ Hermann Hesse ~ ETHAN —En i Libitinarii, existe lo que se llama los cuatro jinetes —explicó Calliope, sacando la foto de dos hombres y dos mujeres.... uno de ellos era ella—. No hay ninguna asociación con el texto bíblico, simplemente Fiorello pensó que era el apodo perfecto que simplemente llamarnos los cuatro. —¿Y qué es lo que los hace a todos ustedes mucho más especiales que el resto de los que matamos? —preguntó mi padre. —Nuestro recuento de muertes —dijo ella, poniendo los números en la pantalla. Ella tenía el segundo más alto en comparación con el hombre sin foto. —Nunca he conocido al primero; nadie lo ha hecho. Es una de las razones por las que he tardado tanto en declarar mi bando. Quería conocer todos sus rostros. Al final, lo único que pude averiguar es que definitivamente es un hombre, y es mucho mayor que yo, tal vez incluso más cerca de la edad de Siena. No estoy segura. Y ha sido muy leal a Siena. Estaba allí incluso antes que yo. Cada vez que ella le enviaba un nombre, él lo completaba en veinticuatro horas. Sólo lo llamaba Señor Uno. —Realmente odio esta mierda de los asesinos —reprendió mi madre—. Los apodos tontos, y los secretos... qué pasó con los buenos tiempos en que la gente se enfrentaba uno a uno. —Los matabas —respondí, levantando la siguiente foto—. Seguiste ganando, así que se pasaron a los apodos y a los secretos. —Exactamente —respondió Calliope—. El siguiente, después de mí, es Luca. Por la foto, el hombre tenía el cabello corto y castaño y los ojos brillantes. Incluso llevaba gafas. Su aspecto no era diferente al de cualquier otro hombre corriente. De hecho, parecía más un contable que un asesino responsable de más de mil muertes. —Luca es mi mayor preocupación dentro de la casa. Es un mago de la informática, pero no sólo uno al que le gusta tender trampas; también le gustan las armas, una de ellas son los perros robóticos que tiene vigilando el terreno. —Estás bromeando —se burló mi padre—. ¿Como en la mierda de las películas de ciencia ficción? —Bienvenido a la nueva era —respondió ella. —La última es Mary —dijo, mostrando a la mujer con el cabello muy corto, más bien rapado, sin cejas y con cicatrices alrededor del rostro—. Como puedes ver, es un poco intensa. Es un martillo. Todo es un clavo. Le gustan las armas, las granadas y cualquier cosa que haga estallar los cuerpos. También es muy buena con un cuchillo de carne. No se esconde del combate cuerpo a cuerpo. Lo más probable es que te encuentres con ella en el terreno mientras Luca hace de apoyo. —¿Qué se supone que debes hacer? —Le pregunté, y con facilidad, ella respondió. —Si no han descubierto mi tapadera, se supone que debo guiarles hasta la casa y apuñalarles por la espalda, pero eso es si estás atacando. Si nos atacaran ellos, debía dejarlos entrar y apuñalarte entonces. —¿Y si se descubre tu tapadera? —Traer a Gigi y quedarme en el centro de la casa con mi abuela y esperarte —respondió. —¿Por qué están tan seguros de tu lealtad? —preguntó mi madre—. ¿Por qué creen que matarías o arriesgarías tan fácilmente a tu propia hija o traicionarías a Ethan por ellos? ¿Estaba preguntando? ¡Hace unas semanas, ella también estaba segura de que me estaba traicionando! Aparentemente, lo había olvidado. —Todos tenemos algún agravio contra la familia Callahan —respondió—. En el caso de Luca, creo que mataron a toda su familia y lo ocultaron como una fuga de gas hace años. Él estaba de viaje en un campamento. Lo pusieron en el sistema de acogida, y Siena lo encontró, fingió que estaba enfermo y murió, luego se lo llevó. En el caso de Mary, Liam, tú mataste a su padre en Irlanda. Creo que estaba robando dinero y productos a escondidas. —Eso ocurría a menudo. ¿Cómo diablos se supone que voy a recordar por qué está enojada está loca? —Frunció el ceño, apretando el puente de la nariz—. Por eso siempre nos asegurábamos de eliminar a toda la familia. —Sí, y lo hicisteis bien, pero nada es perfecto. Aunque elimines al 99,9%, aún queda ese 0,1%. Siena lo encontró. Entonces ella nos rompió. Una y otra vez. Pero era inteligente; también hacía el papel de madre o abuela. Cuidando de nosotros. Asegurándose de mostrar bondad. Eso es lo que nos hace diferentes a los cuatro. Siena no es sólo la líder; se supone que es nuestra familia. Cuando los grandes y malos Callahan arruinaron nuestras vidas, ella vino y nos hizo fuertes y nos protegió. Esa es la lealtad que nos une a todos. El odio a la familia Callahan y el deseo de proteger a la única familia que cada uno cree que le queda. Al final, todo se reducía realmente al amor a la familia. Revisé cada detalle y cada entrada de la casa que nos había dado. Lo más probable es quetuvieran más gente, cuerpos contratados alrededor de su finca para evitar que entráramos. —¿Cómo sabemos que todavía están allí? —Por la misma razón por la que saben que la familia Callahan no abandonaría Chicago —respondió ella—. Es su hogar. Además, Siena, debido a su enfermedad, está unida al recinto. Es donde sus hijos fueron enterrados. Siguen allí porque ella no se quiere ir. Eso y que creen que tienen la mejor seguridad. Hay al menos cuarenta acres de tierra alrededor de su casa principal, que se asienta ligeramente en una colina. Un tiroteo comenzaría si intentáramos entrar directamente. Una parte de mí quería bombardear todo el lugar, pero estaba convencido de que también tenían zonas seguras dentro de la casa. —¿Hay otra forma de entrar en la casa? —Pregunté. —Sí. Y la miré, esperando. —Te daré esa información cuando vayamos en camino —dijo, y puse los ojos en blanco—. Podemos entrar directamente. Por eso no me preocupa nadie que puedan haber contratado para cubrir el hueco de la seguridad. Ethan, ya lo hemos hablado antes. Una vez adentro, podemos dinamitar las redes eléctricas de la casa y sus alrededores e incluso obligar a Luca a luchar cuerpo a cuerpo. Luego, desde allí, nos abrimos paso hasta el centro, donde creo que Mary estará protegiendo a Siena en mi lugar. Lo único que queda por averiguar es dónde dejar a Gigi hasta que esto termine. —Me miró, esperando. Asentí. —La dejaremos con Dona. —¿Dona? —dijo ella, sorprendida. —Es una monarca, y Gigi es su sobrina. Ella vigilará, y la prensa también estará vigilando con ella. Junto con todo un palacio de gente. No será fácil llegar a ella. Calliope hizo una pausa, pensando en eso. —¿Se te ocurre alguien más? —presioné. —Bien... la dejaremos en nuestro camino. Pero Dona todavía tiene muchos problemas. No quiero dejarla con una criada cualquiera. Nunca se sabe... —De nuevo, ¿puedes pensar en alguien más? Ella se quedó en silencio. —Bien, ahora hablemos de dónde pararemos después de ir a Mónaco. —Quería que ella contemplara cada paso. CALLIOPE —Era la noche antes de Navidad, cuando por toda la casa, todos menos una criatura se movía, no un ratón, sólo mi esposa —dijo Ethan cuando se acercó a mí, tomando asiento a mi lado. Y solté una risita, girándome hacia él. —Estoy demasiada excitada para dormir —le confesé—. Así que así es como se sentían los niños normales la noche antes de Navidad. —Sí, bueno, el asesinato y la muerte no era lo que les entusiasmaba —contestó, mientras sus ojos repasaban el plan que habíamos pasado todo el día afinando—. Calliope, necesitas descansar. Todavía te duele, ¿no? —Descansaré todo lo que quieras después de Navidad, lo prometo —le dije, dándole mi meñique. Puso los ojos en blanco pero tomó y enganchó su meñique con el mío. —¿Mi madre volvió a repasar los planes contigo? —Sí, creo que está empezando a aceptarme —dije con suficiencia—. Te lo dije, sólo lleva un poco de tiempo, y luego es difícil deshacerse de mí. —Como un virus —dijo y se movió cuando le di un puñetazo en el brazo, pero lo agarró, acercando su rostro al mío—. Es una broma. Guarda tus puñetazos para mañana. —Sí. Sí. —Tiré de mi brazo. Sin embargo, se movió para empujar mi blusa, revisando suavemente mis vendajes—. Ethan, estoy bien. —Tu piel está roja. —Me estaba frotando. Está bien —le respondí, colocando mi blusa en su sitio. —Me frustras. —Suspiró, apoyándose en el sofá, cerrando los ojos. Observé cómo intentaba relajarse, pero pude ver cómo su sien se crispaba un poco. Girando, me moví y empecé a frotar. —¿Otra vez dolores de cabeza? —Estoy bien —susurró, permitiéndome mensajearlos de todos modos. —Seré menos frustrante cuando todo esto termine —le respondí suavemente, sólo para que se burlara de mí. Entonces, le golpeé en el pecho. —Sí... mucho menos frustrante —refunfuñó, alargando la mano y agarrando mi muñeca. Me besó el dorso, y disfruté del calor de su piel sobre mí. Cuando sus ojos se desviaron hacia los míos, supe que también echaba de menos mi piel. —He pensado en algo que me ayudará a dormir y a quitarte el dolor de cabeza —respondí, tomando su mano y levantándome del sofá. No dijo nada, y me siguió mientras lo conducía a nuestra habitación. Cerrando la puerta de una patada, lo senté en la cama y me puse a horcajadas sobre él. —Calliope, estás herida... —Shh. —Le besé los labios una vez antes de arrodillarme y desabrocharle los pantalones. Él me miraba, y en la oscuridad, sus ojos eran escalofriantemente seductores. Cuando le agarré la polla, respiró profundamente, y cuando le lamí la punta, se estremeció. Sabía que no iba a preocuparse por mi herida durante mucho tiempo. Cuando lamí la base, sentí que se endurecía aún más. Volví a lamer hacia arriba, pasando la lengua por la punta de su polla, mientras lo rodeaba con la mano y lo acariciaba. —Mmm... —murmuró con placer. Quería más que eso, así que me llevé su polla a la boca. Era tan grande que no me cabía toda, y la parte que lo hizo, golpeó la parte posterior de mi garganta, pero no me inmuté, chupando tan fuerte, arriba y abajo tan rápido que me agarró del cabello. —Joder —maldijo. Eso aún no era suficiente. Quería oír a Ethan gritar por mí; quería llevarlo al punto de sentir que perdía la cabeza. Y para eso, le agarré las bolas con la otra mano jugueteando con ellas. —¡Calliope! —Gimió. Y cuando levanté la vista, los pensamientos profundos, la actitud imperturbable, incluso su preocupación había desaparecido. Sus fosas nasales se dilataron, su boca se abrió y luego se cerró mientras volvía maldecía y penetraba más profundamente en mi garganta. Sentí que se le escapaba el control y apreté ligeramente, reduciendo la velocidad para que cayera. Y funcionó. Con sus manos en mi cabeza, se levantó y procedió a follarme la boca. Sus ojos y su cabeza se echaron hacia atrás mientras se entregaba a su lujuria y placer, embistiendo mi boca una y otra vez. Su agarre en mi cabello se hizo más fuerte, mientras se aseguraba de correrse. Me tragué cada gota. Estaba tibia mientras llenaba mi boca, pero no me aparté. —Maldita sea —maldijo, y cayó sobre la cama. Sonriendo, me limpié la comisura de la boca, soltándolo. —¿Todavía te duele la cabeza? Me tiró a la cama junto a él y me inmovilizó. Ignorando el dolor que me recorría porque no quería que se detuviera, me bajó los pantalones, abriendo rápidamente mis piernas. —A ver si esto te ayuda a dormir —respondió, poniendo sus labios en mi coño, y esta vez, me estremecí, y él lamió profundamente dentro de mí, frotando mi clítoris lentamente mientras lo hacía. Hizo que los dedos de mis pies se curvaran y que mi boca se abriera. —¡Ethan! —Jadeé cuando su lengua entró en mí. Sentí que todo mi cuerpo se calentaba. Sentí que me levantaban de la cama. Mi visión se difuminó cuando Ethan añadió un dedo... y luego otro y otro. Mordiéndome el labio, traté de ralentizar mi respiración, cuanto más tiempo pasaba, devorándome como si yo fuera su postre, más intenso se volvía, y más presión empezaba a acumularse en mi estómago. Con facilidad, mi cuerpo se balanceó contra sus dedos y su boca hasta que no pude soportarlo. —¡Oh! —Correrme con sus labios me dejó caliente por todas partes. Lo cual era bueno porque él no había terminado. Levantándose, lamiendo sus labios, agarró uno de mis muslos y lo levantó, haciendo espacio para su cuerpo. —¡Ethan... oh mierda! De un solo empujón, su polla estaba dentro de mí, y mi cuerpo se levantó de la cama sin duda. —Maldita sea... —gimió, introduciéndose más profundamente. No había nada que pudiera decir a eso. No había nada más que el sonido de mis gemidos. Incluso pude sentir cómo se me caía la puta baba mientras él se retiraba y volvía a introducirseuna y otra vez dentro de mí. Levantó mi cuerpo de la cama, me rodeó con los brazos y me abrazó. Su rostro estaba contra el mío, su aliento en mis labios, hasta que cerró la distancia entre nosotros y me besó, y su lengua se enroscó en la mía. —Ah... Ethan... —Grité mientras me pellizcaba los pezones, provocando un escalofrío en mi columna vertebral. Me besó por un lado de mi rostro, hasta el cuello, mordiéndome suavemente. Podía sentirlo en todas partes, y eso sólo me hacía desearlo más... y más. ETHAN Me encantó la forma en que gritó mi nombre cuando mi polla la penetró con fuerza desde atrás. Se agarró a las sábanas. Tenía el cabello sobre su rostro y su cuerpo estaba cubierto por una fina capa de sudor. Ella debería haber estado descansando. Ambos deberíamos haber descansado. Pero yo no podía. La agarré por la cintura y la atraje hacia mí justo cuando la empujé con fuerza, y ella se estremeció. El sudor recorrió mi mejilla y su espalda. Me quedé congelado mientras las dudas acudían a mi mente, junto con otros muchos pensamientos en los que no quería detenerme. —Ethan —soltó, mirando por encima del hombro hacia mí, su pecho subiendo y bajando mientras respiraba profundamente—. Estoy bien. No vas a romperme. Ahora sal de tu puta cabeza y fóllame. Eso lo consiguió. Agarrando su cabello, la atraje hacia mí, me cerní sobre ella. —Deberías tener más cuidado con tus palabras, Calliope. —Y tú deberías ser más contundente con tu cadera... ¡ahh! —Se quedó con la boca abierta cuando la embestí con más fuerza.... y luego con más fuerza, tanto que la cama se movió con nosotros. Podía sentir que las paredes de su coño me apretaban fuertemente, deseando... más de mí. Apartando todos los pensamientos, me concentré sólo en estar aquí, sólo en ella, confiando en que tenía razón y en que no podría romperla. Otra razón por la que la amaba, ella me ayudaba a dejar de pensar, aunque fuera sólo un poco. —Más fuerte —exigió Calliope, y obedecí lo que me ordenó. Agarrando su pecho, con mi espalda contra ella, la follé con todo lo que tenía. DIECISÉIS “Muchos humanos eran monstruosos, y muchos monstruos sabían jugar a ser humanos” ~ Victoria Schwab ~ CALLIOPE Me dolían los hombros y la parte inferior de mi cuerpo. Y no había tiempo para recuperarme, ya que teníamos que salir temprano, incluso antes de que saliera el sol. Los Callahan tenían su propio Dreamliner4 internacional familiar. Sin embargo, en lugar de eso, tendríamos dos aviones diferentes volando, uno a Boston y el otro yendo a Washington. Melody y Liam debían ir en un avión y nosotros en el otro. Pero como Ethan seguía sin confiar en que hicieran lo que él decía, todos volábamos a Boston y desde allí nos mezclábamos para tomar un vuelo a Florencia. Me sentía como si estuviera drogada. Mi cuerpo zumbaba, mi mente daba vueltas. No me había sentido así desde que nació Gigi. Sabía lo que era... una felicidad totalmente descargada. La felicidad que venía de no tener que fingir más. 4 — Dreamliner. Apodo dado al avión Boeing 787, es un avión comercial de tamaño medio y fuselaje ancho. —Todos la miman mucho —dijo Melody desde su asiento cuando entramos en el avión, y Ethan se movió para llevar a Gigi al dormitorio de la parte trasera del avión. —Puede ser —respondí, tomando mi asiento al otro lado del pasillo—. Intento no hacerlo, pero lo hago, y Ethan también. No quiero que sea una mocosa. Sin embargo, después de pensarlo, me di cuenta de que estaba bien mimarla un poco. Siendo una Callahan, cualquier otro problema se resolvería con el tiempo. —Es la primera vez que oigo eso —dijo Liam con un antifaz y con mantas por encima como si lo acabaran de sacar de la cama—. Uno pensaría que toda la riqueza y el poder que tenemos los Callahan exacerbaría todos nuestros otros problemas, no nos haría mejores. —Uno pensaría, pero yo no soy una —dije, relajándome en mi silla también—. Sí, todos son traficantes de drogas y asesinos, pero como todos desean representar el papel de buenos ciudadanos, aprenden a ocultar sus partes malas. Así, los niños aprenden a comportarse. Al mismo tiempo, debido a las constantes luchas y batallas que atraviesa esta familia, los niños también se ven obligados a crecer más rápido. Por lo tanto, me parece bien que Gigi esté un poco mimada. Se va a enfrentar a cosas mucho más duras que otros niños simplemente porque su apellido es Callahan. Un día intentará arreglar mis errores y los de Ethan. —Al menos admites que los has cometido —murmuró Melody, mirando hacia el exterior del avión. —Sí puedo. ¿Pero puedes? Su cabeza se giró y sus ojos marrones se estrecharon hacia mí. —¿Qué? —Sonreí—. ¿Un tema delicado? Y yo que pensaba que nos habíamos acercado, mamá. Su rostro casi se arrugó; mientras tanto, Liam sonrió, todavía con esa estúpida máscara de ojos puesta. —No te lo tomes como algo personal; le ha costado años acercarse a mí —dijo, sólo para que Melody le diera una patada en la pierna lo suficientemente fuerte como para que se incorporara. —Dolor de articulaciones, lo siento —contestó ella, nada apenada mientras se quitaba el cabello de la cara. Apretó los dientes antes de quitarse el antifaz. —¿Dolor en las articulaciones? ¿De verdad? Ella asintió, volviendo a mirar por la ventana. —Realmente son una pareja entretenida. —Me reí. —Depende de tu sentido del entretenimiento, supongo —contestó Ethan mientras volvía a entrar en la cabina principal del avión, moviéndose para tomar un asiento frente a mí. Causalmente, miró a sus padres—. Cuando todo esto acabe, busquen una playa, o un bosque, o una montaña, y sean menos entretenidos por aquí. —¿Este es el agradecimiento que recibimos por haberte salvado el culo? —preguntó Liam. Una ceja de Ethan se alzó. —¿Salvarme el culo? A mí. ¿Conozco a estos Orsini? No. ¿Maté a los hijos de Siena? No. ¿Soy responsable de cualquiera de los rencores guardados contra esta familia? No. Me los transmitieron como la peste. Sin embargo, no me quejo. Estoy haciendo lo que se supone que debo hacer. Pero, ¿se supone que debo dar las gracias a los que me pusieron esto en el plato? ¿En qué mundo tiene eso sentido? El rostro de Liam cayó hasta que frunció el ceño por completo. Apartando la vista de su hijo, me miró a mí. —Una pequeña parte de mí desearía que le hubieras traicionado el culo para que se humillara un poco. El problema con la gente inteligente es que a veces el humor y el sarcasmo consiguen pasar por encima de sus enormes cabezas. ¿Cómo? No estoy seguro. Pero es un milagro que tú o cualquier otro no lo estrangule mientras duerme. —Lo he estrangulado antes. Le gusta eso y una buena bofetada a veces. —Sonreí, dando un sorbo a mi agua mientras el rostro de su padre se iluminaba. —¿Es así? —Giró la cabeza como un muñeco demente hacia su hijo. Mientras tanto, los ojos de Ethan se estrecharon sobre mí peligrosamente. Pero lo encontré sexy a su manera. Sí, a Ethan le gustaba un poco de dolor durante el sexo de vez en cuando, y a mí también. Ambos disfrutamos de la noche anterior; y, una vez que todo esto terminara, tendríamos que celebrarlo con un poco más de diversión. —Nuevo tema —interrumpió la voz áspera y maternal de Melody, aparentemente no tan divertida como su esposo ante la noticia de las perversiones de su hijo. —No me molesta este tema —dijo Liam, sólo para que ella lo fulminara con la mirada—. Bien, seamos serios antes de que todos vayamos hacia una lluvia de balas. —No prefiero una lluvia de granizo —respondió ella antes de mirar en mi dirección—. Dijiste que conocías otra forma de entrar en la casa. —Una vez que estemos en el aire, lo compartiré —dije, recostándome en mi silla alegremente. Ethan levantó su teléfono, marcando a los pilotos. —Estamos listos.Poco después, las puertas del avión se cerraron y nos pusimos en marcha por la pista. Me encontré observando las luces del aeródromo mientras nos movíamos, golpeando los dedos con anticipación. Sólo faltaba un viaje en avión. Los últimos veintiocho años me habían llevado a este punto, y sólo quería que se acabara. Necesitaba despertarme mañana o al día siguiente y saber que había hecho todo lo que siempre había querido hacer. —¿Y bien? —Preguntó Ethan cuando el avión despegó. Cuando los enfrenté, todos estaban serios... Estaban preparados para la batalla que se avecinaba. Sacando el teléfono, se lo mostré a Ethan. —Este pasillo que conduce de la casa a la orilla del mar. Es difícil llegar hasta allí. Hay que escalar, pero hay un punto ciego en la cámara. Vamos por ahí, y nos lleva directamente a la piscina de la casa principal. —Entonces... —¡Mami! Escuché a Gigi llamar, con su voz asustada. —¿Gigi? —Dije en voz alta. Cuando ella no respondió, Ethan y yo nos levantamos, caminando hacia la habitación trasera, abriendo la puerta. Sin embargo, allí estaba ella, durmiendo profundamente en medio de la cama. —¿Gigi? —Me acerqué a su cama, sacudiéndola. Se revolvió y se dio la vuelta, pero no se levantó—. ¿Qué diablos la haría gritar y volver a dormir? —Ella no gritó. —¿Qué? En el momento en que me volví, Ethan me estaba mirando, con los ojos tristes; sin embargo, eso no era lo que más me molestaba. Era la aguja que me había clavado en el cuello. Me inyectó lo que fuera con tanta rapidez que no tuve tiempo de procesarlo. De repente, mis piernas se debilitaron y me desplomé, pero él me atrapó. El pánico empezó a invadirme al no poder sentir nada. —Qué... qué... qué... —Jadeé en sus brazos. —¡Shh! —susurró, abrazándome con fuerza—. No pasa nada. Vas a estar bien. No estaba bien. No sentía las piernas. —¡Ethan! —Intenté apartarlo, pero me abrazó con más fuerza y me besó el costado de la cabeza mientras yo luchaba para que mi cuerpo volviera a despertar. —Realmente te amo. Por eso no puedo dejar que vengas con nosotros. ¿Qué? —N-no. —Me costó mucha energía sólo hablar, pero me forcé. Intenté empujarlo, pero mis brazos eran como gelatina. —Lo deseas tanto, Calliope, que no puedes ver. No estás recuperada. Sé que todavía te duele y que sólo lo ocultas... —¡No! —Lo golpeé el rostro tan fuerte como pude, mis uñas cortaron su mejilla, pero aun así, me sostuvo, y toda la energía en mí se fue con una bofetada, y mi cuerpo se volvió flácido. Me atrajo hacia sus brazos hasta que ambos estuvimos en el suelo. —¿Qué... es... esto? Me acarició la mejilla y quise apartar su muñeca de un manotazo, pero no pude hacer otra cosa que mirarlo a la cara. —Me he dado cuenta de que no tomas analgésicos a menudo. Luchas contra el dolor. Me di cuenta de que era porque te adormecen y te duermes con facilidad. Cuando tuviste a Gigi, los analgésicos te dejaron inconsciente durante horas. Después de que te inyectaran, también lo hizo la morfina. Así que creé una inyección de bloqueo neuromuscular para ti. Desaparecerá en unas horas. Para entonces, estarás de vuelta en casa, y nosotros ya estaremos en Italia. —T-traidor. —La lágrima se deslizó de mi ojo sin que pudiera controlarla. —Gigi sólo está a salvo con uno de nosotros, con ella... —Traidor... —Esta familia necesita a alguien allí en caso de que algo salga mal. Tengo la sensación de que van a atacar la casa, y mi familia es demasiado débil ahora mismo. Si ambos nos vamos, todos morirán. Eres la única persona en la que puedo confiar para protegerlos cuando no estoy. La única persona lo suficientemente fuerte en caso de que haya un ataque... —Yo... nunca... te perdonaré. —Le había contado todo. Había bajado la guardia, yo más que nadie. Había bajado la guardia porque lo amaba, y él había usado eso en mi contra. Había utilizado a nuestra hija contra mí. Me limpió la lágrima de la mejilla, tragando con fuerza, como si esto le resultara doloroso. —No lo creo. Me perdonarás. Siempre te perdonaré por cualquier cosa. Así ha sido siempre. Nos prometimos que haríamos lo que fuera necesario para ganar esta guerra. Esto es lo que necesitaba hacer. ¿La caja en la otomana al final de nuestra cama que me pediste que trajera, en la que guardas el veneno? Esa última vasija, la estabas guardando para Siena, ¿no es así? ¿Debo usarlo? Sacó la vasija para que la viera. Lo había planeado con tanta antelación. Quería gritar. Todo, todo por lo que había trabajado tan duro, a lo que había dedicado mi vida... él estaba decidiendo por mí cuándo parar. Me había hecho tropezar en la línea de meta. Todo el mundo decía que le había traicionado, pero él me había traicionado a mí. Nunca debí enamorarme de él. ¡Nunca! ETHAN —Llévanos de vuelta. Luego uno de ustedes salga —ordené antes de soltar mi teléfono. Estaba dormida en mis brazos, sus mejillas tenían lágrimas por primera vez. Ella no lloraba delante de mí, hasta este momento. La apuñalé por la espalda. Había puesto la voz de Gigi en una grabación y esperé el momento en que Calliope dijo lo de la entrada antes de pulsar el play. Sabía que incluso en el avión, en pleno despegue, ella se preocuparía e iría a comprobarlo. Tampoco se lo pensaría dos veces si la acompañara. No quería derribarla así delante de mis padres. Así que era la única manera. Traidor. Así me había llamado ella. Eso era lo que era para ella ahora. No sabía cuánto tiempo le llevaría perdonarme. Pero trabajaría en eso en cuanto volviera. Por ahora, lo más importante era asegurarme de que todos viviéramos para llegar a ese punto. La abracé y esperé en silencio mientras el avión bajaba al aeródromo. Intentaba no pensar. Intentaba decirme a mí mismo que había hecho lo correcto. Y sin embargo, las palabras traidor no me sentaban bien. Pero si supiera toda la verdad, usaría palabras más duras. Suspirando, la levanté después de que el avión aterrizara. Apretando el botón de la puerta, salí con ella acunada en mis brazos. Mi madre y mi padre se levantaron lentamente de sus sillas y me miraron confundidos y atónitos. ¿Creían que la había matado? Sinceramente, podría parecerles así. Pero no me centré en ellos. Miré a Dino cuando salió de la cabina. —Abre la puerta y trae a Gigi. Se quedan en casa —le ordené, esperando que hiciera lo que le había dicho. Tardó unos segundos en entenderlo, pero consiguió abrir las puertas sólo para que viera la nieve que caía y el Range Rover negro que esperaba al final de la escalera, donde tanto Wyatt como Killian estaban parados en el frío. Ellos también tenían las mismas reacciones en su rostro al verla en mis brazos. Pero no me molesté en explicarles. En cambio, bajé las escaleras lentamente y me dirigí a la parte trasera del auto. Wyatt la abrió para que la metiera y la recostara ligeramente en la silla. Dino ya estaba detrás de mí con Gigi, así que la puse también al lado de su madre, apartando el cabello de su carita. Antes de salir del auto, miré a mi hermano y luego a Killian, ambos tenían algunos cortes y moretones en proceso de curación todavía. Di un paso adelante. —Si le pasa algo a alguna de ellas, los despellejaré a los dos. —¿Y si mueres en esta pequeña misión? —me preguntó Killian, aburrido. —No te preocupes por luchar entre ustedes para convertirse en el próximo Ceann Na Conairte. Los matará a los dos antes de que eso ocurra. Porque ninguno de los dos estaba destinado a estar en mi lugar —respondí y me giré para volver a subir las escaleras. No miré hacia atrás. Y no miraría atrás. Ni siquiera sentiría culpa, no hasta que terminara esto y volviera a casa con ambas. No iba a morir, joder. Porque yo era el Ceann Na Conairte, y nadie iba a quitarme mi puto derecho de nacimiento. Ni mi padre. Ni mi hermano. Ni mis tíosni mis primos. Yo sobreviviría, y ellos lo aprenderían. MELODY Un escalofrío me recorrió la columna vertebral cuando volvió a sentarse. Ethan estaba callado. Todo su comportamiento era frío y despiadado, por lo que no pude evitar preguntarme si nos había vuelto a utilizar. Pensé en aquella noche. Cuando la tenía a la vista de mi visor, con el dedo en el gatillo, hacía tanto frío y tanto viento, pero estaba segura de que podría eliminarla con un buen disparo. Sin embargo, Ethan se había interpuesto en el camino del disparo, dificultando a propósito que le diera. Entonces, pensé que había sido mala suerte por su parte que se hubiera apartado de él para hablar con alguna mujer. Pero mirando hacia atrás, eso ya no me parecía el caso. Ahora sentía que me había guiado para dispararle donde él quería que le disparara. Sin órganos vitales, no en la cabeza, pero en algún lugar que la obligara a quedarse atrás y curarse. No... ¿él no lo haría? ¿Por qué en el mundo haría eso? No hay forma de que lo supiera. ¿Verdad? —Tú... nunca quisiste que ella viniera, ¿verdad? —susurró Liam mientras el avión comenzaba a moverse. Él también debía estar teniendo los mismos pensamientos que yo—. Siempre pensaste en dejarla atrás, pero sabías que no estaría de acuerdo. Ethan no nos miró, sino que observó la pista de aterrizaje. —Estabas enfadado con nosotros por no confiar en ti, pero también estabas enfadado conmigo, no sólo por haber disparado sino por el tipo de bala que utilicé —dije, aún tratando de atar cabos. —Debería haber sabido que serías tan despiadada —dijo finalmente Ethan. Liam jadeo. —¿Somos despiadados? Ethan, ¿le tendiste una trampa a tu esposa para que recibiera una bala? —No sé cuántas veces tengo que seguir diciéndoles lo mismo a todos ustedes —dijo, girándose lentamente para mirarnos sin emoción—. Haré todo lo que tenga que hacer para conseguir lo que quiero. Dios mío. Ni siquiera sabía qué decir. —Hay una línea, Ethan —dijo Liam. —¿Dónde? ¿Quién lo dice? Eso no está en las reglas de la familia —dijo, todavía observándonos—. Regla cuarenta y ocho: Ama a tu esposa, por encima de todo. Yo la amo. Eso no significa que tenga que darle todo lo que quiera. Eso no significa que no pueda disparar contra ella. Amo a Calliope, pero eso no significa que no la detenga si está arriesgando su vida y la de nuestros hijos. Hice una pausa por un segundo. —¿Hijos? —Ella no sabe que está embarazada. Me enteré después de que la envenenaran —respondió, mirando de nuevo por la ventana. Y recordé todos los vómitos que había hecho. Pensé que era sólo porque le dolía y se esforzaba. Ella también debió de pensar eso. Por eso Ethan siempre estaba vigilando. Por eso estudiaba las plantas en su oficina. La cocaína y las drogas eran para distraerla de la medicina que estaba preparando para darle. —El hecho de que haya sido capaz de mantener a nuestro hijo tanto tiempo después de todo lo que había hecho ya estaba empujando al destino. Ni siquiera tuve tiempo de decírselo antes. Ella vino al baile, y cuando me di cuenta de lo que estaba pasando, cuando vi esa mirada en el rostro después de haber matado a su padre, supe entonces que no podía hablarle de nuestro hijo —murmuró, frunciendo el ceño—. Estaba en la línea de meta; nada la detendría. Nada... o alguien. Cuando hablé contigo y me di cuenta de que los dos estaban ahí afuera, esperando para disparar, el plan se me ocurrió. Te había visto disparar mil veces, Melody, como todos los buenos francotiradores, odias el viento, y tienes la costumbre de inclinarte para hacer contrapeso antes de disparar. En una fracción de segundo, mientras bajaba esas escaleras, supe que si me movía ligeramente, había una posibilidad de que hicieras ese disparo. Una vez más, me había utilizado, nos había utilizado. —¿Qué habrías hecho si no hubiera disparado? —jadeé. —Exactamente lo mismo que he hecho ahora —respondió fríamente—. Porque, por supuesto, seguiría siendo terca. No lo hice sólo porque quería salvarla a ella y a nuestro hijo. Aunque no puedo mentir, fue una parte muy importante de lo que me hizo cambiar nuestro plan. Todos estos ataques a nuestra familia hasta ahora me hicieron preguntarme más sobre su madrastra y su padre. Era imposible que no tuvieran planeado un ataque final para nuestra familia. ¿Se están quedando en Italia? ¿Por qué? Matar sólo a algunos de nosotros no es el objetivo… quieren a toda la familia. Entonces, ¿qué más tienen planeado en Chicago? No podemos estar en dos lugares a la vez. La única forma de acabar con esto es cortarles el paso por ambos lados. Necesito a Calliope allí. Ella es la única persona que puede reunir tanto a los irlandeses como a los italianos y a la familia para luchar si es necesario. No tenía palabras. Lo amaba, pero al igual que Ethan amaba todas las cosas, de una manera retorcida. Todo lo que hacía se reducía a que no quería que Calliope muriera o abortara a su hijo para ganar, y conociendo su personalidad, bien podría haber hecho ambas cosas. Tenía una obsesión por ganar a Siena. Ethan utilizó esa obsesión en su beneficio. Al final, Ethan quería que la gente que le importaba estuviera bajo su control, en su casa, siguiendo sus reglas. Como marionetas con hilos. —Ethan. Puede que nunca te perdone por esto —respondió Liam, negando con la cabeza—. En su mente, los dos eran iguales, y ahora le has pisoteado la cabeza. Has destruido la confianza entre ambos. Era la primera vez desde que entró que veía alguna emoción en su rostro. Miedo, preocupación, dolor, arrepentimiento, todo pasó por sus ojos cuando él también debió pensar en eso. Puede que Ethan haya conseguido lo que quería, pero puede que haya perdido algo más a cambio. Nos miró fijamente durante un largo rato antes de volver a hablar. —No puedo romperla. Ella me perdonará. —Y si no lo hace... —Lo hará —espetó, mirando fijamente—. Calliope y yo hemos pasado por más cosas que cualquiera de ustedes. Me perdonará por esto. Si tarda uno o diez años, no me importa. Como ambos saben, puedo ser muy paciente. Ella es mía. Ella lo sabe. Y con eso, se rompió por completo la imagen del pequeño que era mi hijo. Era un león, todo crecido y con el rostro cubierto de sangre. No había espacio para nosotros a su lado. Sólo le estorbaríamos. Y si eso ocurría, podía llegar un día en que “dejara” que una bala nos encontrara a nosotros también. —Una vez que esto termine, no nos verás nunca más —le dije—. Y nunca interferiremos. Ni siquiera te preocupes si nos entierran o no. Sólo sigue haciendo lo que tengas que hacer... sigue como estás porque eres más de lo que jamás soñé. Para bien o para mal, Ethan era el monstruo que yo había hecho, y tendría que enorgullecerse de eso. —Gracias, madre. DIECISIETE “La ruptura de un corazón mientras se rompe es el silencio más ruidoso” ~ Carroll Bryant ~ CALLIOPE Recordé exactamente lo que había sucedido cuando me desperté de nuevo, por lo que en el momento en que vi la foto de nuestra boda colgada en un rincón de la habitación, me acerqué, agarré lo que había en mi mesita de noche y lo lancé tan fuerte como pude contra la foto. Al levantarme de la cama, la rabia también subió dentro de mí. Mi cuerpo estaba bien, aunque sentía un poco de náuseas. Sin embargo, nada más podía eclipsar mi rabia. Agarré la lámpara y la sostuve como un bate de béisbol. También la usé como tal. La golpeé una y otra vez contra todo, hasta que se hizo añicos, antes de ir a su armario y arrancarlo todo, destrozando lo que podía destruir. No fue suficiente; nada se rompió o se rasgó lo suficiente, ni el espejo de tocador, ni los estúpidos relojes, ni los malditos trajes caros. Era como una tirita en una pierna recién cortada. Hacía una mierda.Y yo necesitaba que pasara algo. Fui a mi armario y elegí las armas más grandes. Fue una estupidez. Era infantil. No arreglaría nada. Pero por dentro, estaba gritando. Mi mente estaba furiosa. Todo parecía entrar y salir. Un minuto estaba en mi armario de armas, y al siguiente, estaba en el precioso garaje, abriendo fuego contra sus estúpidos autos. No podía oír las balas; no podía sentir el arma dispararse en mis manos. Grité, pero tampoco pude oírlo, así que seguí disparando. Me dolía el corazón. Entonces, quería que ardiera. Como quería que ardiera, tiré los bidones de combustible sobre los autos rotos. Que se joda. Que se vaya a la mierda. Quería quemar esta estúpida casa con la estúpida familia dentro de ella. —¡Calliope! —¡Calliope, para! Tenía el fuego en la mano. Todo lo que tenía que hacer era dejarla caer y puf. El final. Que volviera para ver lo imprudente, tonto y cruel que era dejarme atrás jugando así. —¡Calliope, detente! ¡Gigi tiene miedo! Había trabajado tan duro durante tanto tiempo, y él simplemente... me sentó en la esquina como una niña. ¿Por qué Ethan no entendía? ¿Por qué no me escuchaba? ¿Por qué nadie me escuchaba? Sólo hacían lo que querían y no tenían en cuenta lo que yo sentía. Porque lo que yo sentía nunca importaba. Pensé que al menos para Ethan, al menos para él, yo importaba. Parpadeando un par de veces, miré hacia la entrada del garaje para verlos a todos mirándome. Wyatt, Helen, Neal, Killian, Sedric... oh, y Nari. Supuse que ya habían vuelto a casa. Me miraron con los ojos muy abiertos. Fue Killian quien se adelantó lentamente. —Esto era lo que querías, ¿verdad? —Le pregunté, mostrándole la llama del encendedor que tenía—. ¿Qué me castigaran? ¿Venganza? —Calliope, cálmate —me dijo. —¿Ahora me dices lo que tengo que hacer? —Le respondí—. ¿Tú? Esta gran familia tuya y ninguno de ustedes podía confiar en él, pero entonces supongo que también tenías razón, porque me redujo a mí también. He matado a mucha gente. Toda mi vida, la gente me temía y ni siquiera sabía quién era... me llamaba la parca. Y ahora mira lo que soy...una loca en un garaje. —Calliope, entiendo... —¿Por qué todo el mundo sigue diciendo eso? Lo entiendo. Eso es una mentira. No lo entiendes. Ni siquiera te gusto. Te encantaría verme arder en llamas. —No, no me gustaría... —Yo maté a tu madre —le dije y dejé de caminar—. Creo que de todos ustedes, ella era la que más me gustaba. Era muy razonable y fiel a su palabra. Hacía todo lo que yo le pedía. Lo único que me pidió fue que los perdonara a ti o a tu hermana por hacer alguna estupidez por pena. Y que me asegurara de que Ethan te perdonara también. Estuvo tentado de romperte las piernas la noche después de que tu hermana me envenenara. Pero le dije que se calmara, y me escuchó. Lo hice, no porque me gustes, sino porque se lo prometí a tu madre. Ella te dejó unos videos. Las tengo. Pero ya no me importa dárselas. Ya no me importa nada. Deja que arda todo. —No lo dices en serio —dijo Evelyn al entrar en el garaje, sujetando las manos de Gigi. —¿Mami? —Su vocecita me aturdió, y la mezcla de miedo y preocupación en su rostro me dolió aún más. Era cierto... la tenía. ¿Y qué aspecto tenía para ella? ¿Loca? ¿Como mi propia madre? Bajando el brazo, aparté el pulgar del mechero. Sin embargo, cuando lo hice, escuché un paso detrás de mí. Volviéndome, levanté el arma directamente hacia Wyatt. Se había acercado mientras Killian intentaba distraerme. Miré la jeringa en sus manos enguantadas. —Es un sedante —me dijo. —Estoy bien. —Has disparado tu camino a casa hasta aquí, donde estabas a punto de hacernos arder en llamas. —No estaba bien, entonces. Pero ahora lo estoy —Dije, entregándole el arma y el encendedor. Frunció el ceño pero los tomó. Ignorando al resto, me acerqué directamente a Gigi y la abracé contra mí. —¿Estás triste, mami? La abracé y la levanté en mis brazos a pesar del dolor. —Estaba muy triste —admití, acompañándonos de vuelta a la casa. —¿Por qué? —Papá hirió mis sentimientos. —Y rompió mi confianza, lo que me rompió el corazón. Y no sabía qué hacer. No estaba segura de qué hacer ahora. No tenía ningún plan sobre qué hacer si no conseguía completar mis planes. No tenía planes para quedarme atrapada en la casa mientras él se iba, terminando mi historia por mí. Lo había visto cientos de veces en las películas. Una mujer fuerte que se derrumba y pierde la cabeza por culpa de un hombre. Y cada vez me reía o ponía los ojos en blanco, diciendo que cómo no lo veía. Ahora me había pasado a mí, y aun así, no entendía cómo había llegado tan lejos. Todos se reían de mí. Mi interior ardía al pensar en eso. —Mira lo que tengo, mami —dijo Gigi, sentada en su flamante Bentley eléctrico de juguete con gafas de sol, y en su asiento de copiloto y en el trasero estaban Priscus y Verus, que disfrutaban de ser conducidos por el salón con ella. —Ya veo. Papá te ha regalado un montón —susurré, mirando toda su habitación llena de regalos de Navidad. Le habían regalado de todo, desde ropa y muñecas hasta autos de juguete, el otro era un Jeep, pero su favorito tenía que ser el acuario de peces que Ethan había instalado detrás de su cama, que hacía que toda la habitación brillara con un azul suave. Le había dicho que esperara con el maldito pez, pero a él no le importaba mi voz ni mis deseos. Jugó conmigo, y yo... dejé que lo hicieran. —¿Calliope? —La puerta se abrió mientras Evelyn entraba—. Pensé que tendrías hambre. Cuando asintió, una criada caminó detrás de ella, sosteniendo un festín de comida navideña. La chica lo puso en la mesa de la esquina de la habitación y se fue rápidamente. —Gracias, Nana —dijo Gigi, ya conduciendo hacia adelante. —Gigi, esto es para tu mami... —Ella puede tomarlo. No tengo hambre. Sin estar segura, Gigi me miró, y me obligué a sonreír para ella antes de asentir, diciéndole que comiera. —Ve a lavarte las manos primero —le indiqué. —¡De acuerdo! —Retrocedió e hizo un giro en U... muy bien hecho, debo añadir para una niña de seis años... antes de entrar en su baño. —¿No crees que tú también deberías lavarte las manos? —preguntó Evelyn, tomando asiento en la cama de Gigi. No entendí lo que quería decir hasta que miré hacia abajo y vi mis manos con cortes, que apestaban a gasolina. Sinceramente, no la había sentido ni olido hasta ahora. —No es fácil ser la señora Callahan —me dijo. —¿Te estás burlando de mí? —Pregunté. —No, sólo te hablo. No dije nada, así que continuó. —No conozco toda tu historia, Calliope. Creo que no conozco ni una octava parte. Todo lo que sé, todo lo que importa, es que ahora eres la señora Callahan. Y aunque puedes tomarte un momento para gritar o llorar, no puedes quedarte en la desesperación. Todo eso hace que pierdas el tiempo. Créeme, lo sé. Un día fui la Señora Callahan, luego me perdí en la pena. Cuando desperté de nuevo, me quedaban unos años antes de que otra mujer me diera órdenes, y luego otra después de ella. La otra era yo, quiso decir. —Ethan va a vivir mucho tiempo, así que estoy segura de que voy a estar aquí un tiempo. —Como un pájaro atrapado con las alas rotas. —Nunca estés segura. Un solo momento puede cambiarlo todo —dijo con menos acero y más dolor en su voz—. Pero esperemos que consiga vivir hasta los 110 años contigo a su lado. ¿De verdad crees que no daría un paso atrás por su hijo? —No. Es demasiado controlador. Sería peor que sus propios padres para dejarlo ir. ¿Por qué tendría que ser un hijo? —Pregunté, viendo a Gigi regresar hacia la comida que tenía, sus perros esperando pacientemente a que les diera un trozo de lo que estuviera comiendo. —No sé por qué tiene que serlo. Así es como ha sido.Tal vez Gigi cambie eso, o tal vez el próximo lo mantenga. —¿Qué te hace pensar que va a haber un próximo? —Ni siquiera sabía si había querido tener uno antes. —¿Qué te hace pensar que no hay uno ahora mismo? Me quedé helada. Como no dijo nada, me giré lentamente para mirarla. Sin embargo, me entregó un pequeño regalo de Navidad. —De Ethan. Como era de Ethan, quise tirarlos por la ventana. Sin embargo, Gigi se acercó, comiendo sus boniatos en conserva con una cuchara. —¿Qué te han regalado, mami? Le quité la caja y la abrí. En su interior había un enorme anillo de diamantes en forma de trébol de cuatro hojas. —¡Es bonito, mamá! —Gigi sonrió. —Dijo que lo habría conseguido como collar, pero tú habrías dicho que era una gargantilla —contestó Evelyn. Quise poner los ojos en blanco, pero estaba demasiado cansada. En lugar de un collar, Ethan acabó regalándome un anillo de diamantes, como si fuera una celebridad que hubiera abandonado a su esposa y quisiera ser perdonado. Sin embargo, ése era el menor de mis problemas. Ethan podría haber elegido cualquier estilo de diamantes, pero había elegido un trébol de cuatro hojas. Eso, más las palabras de Evelyn significaban... nosotros cuatro. —El cuatro es un número de la suerte. —Evelyn sonrió. No hablé. Porque no sabía cómo sentirme al respecto. Si estaba embarazada, él sólo podría haberlo descubierto después... ¿después de cuándo? Hice una pausa, tratando de pensar, pero me vinieron demasiados pensamientos a la vez. ¿Cuándo nos pusimos de acuerdo? ¿Cuándo cambió su plan? Todo iba según nuestros planes hasta que... hasta que me envenenaron. Ese hijo de puta. Él lo había sabido desde entonces. Se había preocupado tanto por asegurarse de que yo descansara y no me estresara porque lo había sabido entonces, joder. ¿Por eso me detuvo? ¡Por eso! ¡Maldito hijo de puta controlador! Nunca había planeado dejarme ir. Se estaba dando tiempo. Tiempo para cualquier droga en la que había estado trabajando. Había mentido y fingido estar de acuerdo para que le contara todo lo que sabía. ¿Me detuvo porque quería otro hijo? ¿Un hijo? ¿Otro maldito hijo? ¿Era eso? —He trabajado mucho —susurré, sintiendo que una lágrima se deslizaba por el rabillo del ojo. Nadie entendía este sentimiento más que yo, ni siquiera yo estaba segura de entenderlo. No estaba segura de sí estaba más enfadada por no haber terminado mis planes, o enfadada porque era Ethan quien me lo había impedido. O enfadada por el bebé. Iba a ser un niño, ¿no? Sólo los hombres podían causarme tanta angustia emocional. —Lo hiciste, muy duro, y no fue por nada. Mira a tu alrededor. Ganaste y luchaste por tanto que tu hija conduce un Bentley de juguete y tiene una casa de muñecas de tamaño natural en el exterior. Has conseguido más que nadie. No dejes que la única cosa que no conseguiste te impida ver eso... pon una luz en el anillo. No sabía a qué se refería. Me ofreció una pequeña linterna. Sacando el anillo de la caja, le puse la luz y proyectó imágenes por toda la habitación. —¡Soy yo, mamá! —exclamó Gigi al salir del auto para mirar hacia arriba. Eran fotos de ella. Pero no sólo de ella. Cuando giré el anillo, había fotos de Ethan y mías. Todas las imágenes que nos habíamos tomado a lo largo de los años juntos. Algunas con su familia y conmigo. Fotos que nunca había visto de mí... incluso durmiendo. Era nuestra vida en diamantes. —Mami, esa está estropeada. —Gigi señaló la foto borrosa en blanco y negro. Pero no estaba borrosa. Era tan clara como podría haber sido una ecografía. Así que Ethan hace una revelación del embarazo por mí y no al revés. —Ser una Callahan conlleva mucho dolor —dijo Evelyn mientras miraba también las fotos—. Pero también hay muchos momentos de sonrisa. Sólo tenemos que trabajar duro por ellas. Luchar por esos. Tenemos que volver a pegarnos cuando estamos rotos. —Como jefa, Señora Callahan, es su trabajo asegurarte de que así sea, pase lo que pase y a pesar de todo. Esto era lo que tú también querías, ¿recuerdas? Cerré la caja de regalo. Exhalando mientras parpadeaba las lágrimas. Me rompió las alas y me metió en su jaula. Y ahora mismo, necesitaba curarme. Pero iba a volar, maldita sea. De una forma u otra. —Necesito ir a lavarme las manos. HELEN Nos sentamos justo a la izquierda de la cama, viendo a nuestro padre dormir, completamente ajenos a todo lo que había pasado o estaba pasando. Ninguno de los dos quería admitir el hecho de que sabíamos que no era sólo agotamiento. Sabíamos que no era sólo la pena. La pena era la razón de todo, pero las drogas... por eso estaba tan débil. Desde que nuestra madre había muerto, había optado por calmar su dolor. Intentamos detenerlo, tratamos de calmarlo, y yo me pasé el tiempo observándolo. Pero de alguna manera, si me dormía o le daba la espalda, él encontraba algo que tomar. No le importaba el qué. Busqué por toda la habitación y di instrucciones a todo el personal, y aun así acabó tomando algo. Y todavía no sabía dónde estaba su alijo. Esto era lo que Calliope había hecho a mi familia. Nos había arruinado. No me importaba lo que dijera. No le creía. —Deberías haber dejado que se quemara —le susurré a mi hermano mientras se sentaba tranquilamente a mi lado. —¿Y si el fuego se extendía a toda la casa? ¿Cómo lo sacaríamos? —preguntó. Tenía razón. No era la razón la que hablaba; era el odio. No importaba lo que Calliope hiciera o dijera, siempre la odiaría. —Además, quiero ver lo que nos dejó mamá —añadió, y me burlé. —¿De verdad le crees? —Sí, a ella no le importaba nada en ese momento. ¿Por qué iba a utilizarlo para mentir? No le importa que la odiemos. Apreté mi puño. —Ella cree que está bien. Que sacrificó a nuestra madre porque pudo haber estado enferma. Quiere echar toda la responsabilidad de sus actos a mamá. No la dejaré. Ella robó el precioso tiempo que nos quedaba... —¿Para quién habrían sido preciosos? Quizá para nosotros, pero no para mamá. Lo miré, sin saber cómo podía decir eso. —Habríamos tenido una última Navidad, una despedida adecuada... —Ella habría estado como él ahora —me interrumpió—. No, lo más probable es que hubiera estado peor, porque los medicamentos no habrían ayudado a su dolor. Así que estaría en la cama dolorida, llorando, y papá se pasaría el tiempo intentando averiguar cómo salvarla. Llamando a todos los médicos, haciendo que la pincharan y le hicieran pruebas una y otra vez. Nos aferraríamos a la esperanza de que encontraría una manera y estaríamos en negación. Como tú estás en negación ahora mismo. Estaríamos asustados y doloridos, ignorando su voz mientras sufría por mantenerla viva un poco más. No habría sido una despedida apropiada. No hay despedidas adecuadas. Sólo sería ella con dolor, viéndonos a nosotros con dolor. Intenté tragarme el nudo en la garganta. —No lo sabes. Incluso si hubiera sucedido así al final, cuando toda esperanza estaba perdida, podríamos haber permanecido cerca de ella. En cambio, la apuñalaron y la dejaron en el suelo. —Wyatt dijo que su verdadero informe toxicológico mostraba que se había administrado algunas toxinas. No fue administrada por Calliope. Todo el tiempo tuvo a una de las criadas ayudándola a introducirlo en las hojas de su té. La planta está en el invernadero escondida entre sus rosas. Ella iba allí a recogerla. Así es como Calliope se enteró. Ella tenía... —Para, no quiero saberlo. —Hizo que la sensación en mi pecho me doliera tanto que tuve que frotármelo—. No me importa. No me importa. Era nuestra madre y se merecía algo mejor. No dijo nada. Así que volvimos al silencio. Y en ese silencio, yo también quería quemar este lugar. Esta casa olvidada de Dios y la familia a la que mi madre había dado toda suvida y su alma. Una y otra vez, lo había dado todo, ¿y para qué? ¿Para qué maldición? —¿Cómo está tu relación con Wyatt? —volvió a hablar en voz baja, sus ojos se desplazaron hacia mí. —¿Por qué importa eso? No respondió. Y no presioné porque ya no sabía cuál era mi relación con Wyatt. Sinceramente, durante el último año, no había prestado mucha atención a nada más que a mi padre y a mi propio dolor. Justo después de la muerte de mi madre, había desaparecido durante días. Sólo para volver y decirme que había estado buscando respuestas. Y que estaba seguro de que fue Calliope quien la apuñaló. A partir de ahí, sólo me centré en mi padre, en mi dolor y en mi deseo de matarla. ¿Dónde había encajado Wyatt en todo eso? Mis recuerdos eran solo destellos de mí gritándole y él simplemente de pie mirándome con ojos tristes. Ya no era amor, sino lástima. No tenía ni idea de cómo arreglar eso. No sabía cómo se esperaba que funcionáramos con el corazón desgarrado. Todo estaba roto ahora. La familia Callahan estaba rota. Por eso murió mi madre... por una familia rota. Toc. Toc. —Ahora no —dije. La puerta se abrió de todos modos y entró la mujer a la que más quería estrangular, vestida con ropa nueva y un rostro renovado. Inmediatamente, ambos nos levantamos, pero ella nos ignoró y se dirigió a mi padre. —¿Qué estás haciendo? —le espeté. De nuevo, me ignoró, y sólo entonces me fijé en la tablet que tenía en las manos. La colocó hacia mi padre, que seguía tumbado como un muerto. Se levantó y se dirigió a la puerta. Justo cuando se fue, se encendió el vídeo y el rostro cansado pero sonriente de mi madre apareció en la pantalla. —¿Declan? Cariño, te daré un segundo —habló ella, y como por arte de magia, los ojos de mi padre se abrieron. No se movió, y nosotros tampoco. La sonrisa de mi madre fue tan amplia que hizo que mis ojos empezaran arder—. Espero que me escuches. Y espero hacer bien este vídeo. Calliope ha tenido mucha paciencia conmigo porque me he atragantado unas cuantas veces, tratando de sacar las palabras. Así que, ante todo, quiero decir que lo siento. Siento no haber podido llegar a los ciento diez contigo. Lo siento mucho. Realmente, realmente quería hacerlo. Te juro que lo quería, cariño. Lo juro. Las lágrimas salieron de los ojos de mi padre como se derramaron de los míos. —No sé por qué mi cuerpo es débil. No sé por qué el cáncer ha vuelto. Trabajamos tan duro para matarlo la primera vez. Tú también trabajaste mucho para que yo lo superara. Es una mierda. Lo odio. Quiero vivir. No quiero morir. Tengo tanto miedo a morir. —En el vídeo, sus ojos también se llenaron de lágrimas. Y le entregaron una caja de pañuelos de papel por parte de quien sólo pude adivinar que era Calliope. —¿Debo empezar de nuevo? —le preguntó. —Creo que nunca vas a dejar de llorar —continuó la voz de Calliope—. Sigue como hasta ahora. Yo cortaré todas las partes malas. Mi madre asintió, parpadeando un par de veces más para evitar las lágrimas. —No quiero morir, pero me estoy muriendo. Y me duele. Cada día me duele física, mental y emocionalmente. Pero aún así, mi mayor miedo no es morir; es lo que pasará con todos ustedes una vez que me haya ido. Te conozco, cariño. Sé lo que hay en tu cabeza. Primero, tus padres, y ahora yo. Todos te hemos dejado, y no es justo. Te ha hecho mucho daño. Pienso en cómo vas a lidiar con eso, y no se me ocurre ninguna manera. Te escribí cartas; Calliope dijo que te las daría. Pero dudo que eso sea suficiente, ¿verdad? Lo siento. Siento haberte dejado. Y siento haberte dejado sin posibilidad de luchar o de intentarlo. Una parte de mí quería decírtelo a ti y a los chicos, pero no pude. Saberlo mataría la alegría de todo. Y he tenido tanta alegría contigo. Con nuestros hijos y nuestra familia. ¿Puedes vivir para proteger eso por mí? ¿Vivir y proteger lo que me obligaron a dejar ir? Helen es tan terca; nunca aceptará esto. No quiero que arruine su propia vida. Darcy, tengo miedo de que Darcy se convierta en algo feo y arruine la suya también. Cariño, por favor... aunque estés enfadado conmigo, o con mi elección, por favor perdona y protege todo lo que yo no pude. No quise escuchar más. Limpiando mi rostro, corrí. Mi corazón temblaba y me sentía mal, pero seguí corriendo. No estaba segura hacia dónde corría hasta que terminé en su puerta, golpeando. —¿Helen? Me agarré a él y sollocé. Como una niña, lloraba. —Shh —susurró Wyatt mientras me besaba un lado de la cabeza, llevándome adentro de su habitación—. No pasa nada. No estaba bien. ¿Por qué, de entre todos, tenía que ser ella? ¿Y por qué seguía diciendo que lo sentía? No era su culpa. Oírla decir que lo sentía sólo me hizo sentirme peor. Mi madre estaba muerta. Y eso me dolía. CALLIOPE No sé por qué elegí ir a la habitación de Declan y Coraline. Por qué elegí precisamente ahora para darles ese vídeo, puede que fuera la pequeña charla de ánimo de Evelyn. Era la primera vez que realmente me daban una charla de ánimo, al menos una sin ningún motivo oculto. Sólo una charla para hacerme sentir mejor. Era lo que hacían las familias normales. Era agradable. Así que me hizo querer ser amable, al menos por un segundo. Sin embargo, eso era lo que no debía hacer. Siena me había dicho una y otra vez que las personas amables acababan siendo las últimas. La amabilidad era una debilidad. Ella estaba a miles de kilómetros de distancia, muy probablemente a punto de morir. Confiaba en Ethan, y en que sus locos padres serían capaces de hacerlo. Confiar en otras personas también era un error. Sólo confía en ti mismo, me había dicho Siena. No le hice caso. Y cuando volví a la habitación de Gigi y vi la sangre en el pasillo, volví a sentir el agarre de Siena sobre mí. Debería haber corrido, pero todo se frenó. Tenía miedo de entrar en la habitación. Ya tenía lágrimas en los ojos. Mi corazón empezaba a arder. —¿Gigi? —Llamé en voz baja. Pero no hubo respuesta. La puerta estaba abierta. El interior estaba en silencio. Ella debería haberme oído. Al entrar, vi a mi hija en el suelo, con los perros disparados y cubierta de sangre. ¡Evelyn estaba en el suelo a su lado! —¡Gigi! —Grité, pudiendo por fin correr hacia ella, cayendo al suelo para atraerla a mis brazos. —Mami... —refunfuñó, haciendo una mueca de dolor. —¡Oh, gracias a Dios! —dije, apartando su cabello de la cara, viendo la sangre que tenía en la sien—. Está bien, cariño. No pasa nada. Alguien la había golpeado con fuerza. Rápidamente, me moví para comprobar el resto de ella, pero no llegué muy lejos. El dispositivo negro alrededor de su cuello significaba que no había más que buscar. Me quedé mirando el temporizador que tenía, rezando para que no fuera lo que pensaba, pero sabiendo exactamente lo que era. Ring. Ring. El móvil estaba en sus pequeñas manos. —Te encontraré y te mataré por esto —dije. —O, terminaremos la misión para la que fuiste entrenada. Conocía esa voz. Mis ojos se abrieron ampliamente y se me revolvió el estómago porque conocía esa voz, joder. —Mata a los Callahan, Calliope, o la cabeza de tu hija se disparará. Tienes hasta el amanecer. Miré a mi hija y luego a Evelyn. ¿Cómo podía estar tan cerca? ¿A pesar de que la casa estaba cerrada? ¿Cómo? —Roman. —¡Mi padrastro y mi maldito e inútil hermano mayor que lo abandonó todo! ¿Cómo? ¿Cómo podía ser él? —Creo que todos me llamaban Señor Uno... es un buen nombre. Escuché que mataste a tu padre. Luego iras por mi madre. ¿Después vendrás por mi esposa e hijas? ¿Creías que iba a seguir siendo un pacifista? ¡Acabemos con el sueño de los Orsini! ¡Tick, Tock, hermanita! —¡Vete a la mierda! —grité, lanzando el teléfono contra la pared. Agarrando rápidamente el mío y marcando a Ethan. Sólo una persona que conocía podía quitaresta bomba, y estaba a punto de matarlo. ¡Era la bomba de Luca! ¡Pero no contestó! —¡Joder! —grité, levantando a Gigi hacia la cama. ¿Quién más? ¿Quién más? ¡No había nadie más, joder! Abrazándola, no podía pensar. Realmente no podía pensar. Mátalos. Salvarla y matarlos. Era el único pensamiento en mi mente. Lentamente saqué mi arma y marqué. —Calliope, este no es un buen momento —dijo Wyatt. —Me importa una mierda, ¡ven aquí ahora! ¡Ahora! —¿Calliope? —¡He dicho ahora! ¡Trae a toda la puta familia! Mátalos. Mátalos. Tengo que matarlos. Siena tuvo a alguien dentro de la casa todo el tiempo. Mucho antes que yo. Ella me tenía en una trampa desde el momento en que entré en esta casa. No había forma de desobedecerla. Hasta el final, tenía que ser a su manera. Vivo o muerto, ninguno de ellos me dejaría tener un final feliz. Nunca. ...Así que todos ellos debían morir. DIECIOCHO “Una familia no necesita ser perfecta, sólo necesita estar unida” ~ Anónimo ~ WYATT Se sentó en la cama aturdida, con Gigi acunada en sus brazos. —¡Nana! —Helen gritó, y fue entonces cuando me centré en el resto de la habitación. A los pies de la cama estaba mi abuela, entre los perros muertos, con sangre en la frente. Helen se movió rápidamente para ayudarla a levantarse mientras yo comprobaba su pulso. —Hmm —refunfuñó con dolor en sus ojos crispados, lo que sólo me alivió. —¡Mamá! —gritó mi tío Neal, acercándose y quitándola de las manos de Helen. —Evelyn, Wyatt, ¿está bien? —preguntó la tía Mina, ahora también en el suelo. Uno a uno, todos entraron excepto Killian y el tío Declan. Les dije que vinieran a la habitación de Gigi, pero no les dije por qué. Porque ella tampoco me había dicho por qué. —Ella está bien —susurré. —¿Cómo que está bien? Está sangrando. —Gritó el tío Neal. Levantándome con cuidado, volví a mirar a Calliope y a mi sobrina, viendo la sangre en su frente. Vi que su pecho se levantaba, así que no estaba muerta. No entendía el nuevo episodio por el que estaba pasando, pero quería apartar a Gigi y a mi abuela de su ira. —Calliope, ¿qué ha pasado aquí? —Pregunté, caminando lentamente hacia ella—. ¿Qué ha pasado con Gigi? ¿Puedo revisarla? Su cabeza se volvió hacia mí y me miró como si yo fuera el loco. Tenía las manos manchadas de sangre y estaba sentada en una habitación cubierta de sangre, mirándome como si yo estuviera por debajo de ella. Ethan sí que sabía cómo elegirlas. —¿Crees que yo he hecho esto? —se burló. —No... —Mentiroso —dijo, pero su voz tembló. No lo entendía. —Calliope, ¿qué ha pasado? —¡Uno de ustedes nos ha traicionado! —me gritó, con los ojos llenos de lágrimas. —Nadie... —Mira. —Levantó a Gigi, y me quedé helado, viendo cómo avanzaba el cronómetro alrededor de su cuello. Cuatro horas, treinta y cuatro minutos y quince segundos. Luego catorce. Seguía avanzando, y yo no podía moverme. Mis ojos se desviaron hacia el pequeño rostro de Gigi. —¿Qué pasa? Wyatt, ¿qué le pasa? —Helen se precipitó hacia la cama, pero la agarré del brazo, impidiéndole ir más lejos—. ¿Wyatt? —No quiere que estés en peligro —habló Calliope, haciendo que se girara—. Hay una bomba alrededor del cuello de mi hija. Fue puesto allí por mi medio hermano como un ultimátum. Mata a los Callahan, o mato a tu hija. —Oh, Dios mío. —La tía Mina se acercó; sin embargo, se detuvo en el momento en que Calliope le mostró el arma en su mano. —Mamá, retrocede —habló Sedric, apartándola de la cama—. ¿Por eso nos has llamado a todos aquí? Lo entiendo. Pero, mantengamos la calma. Podemos... —¿Podemos? —Ella reía, sacudiendo la cabeza—. No hay ningún podemos. Nunca podrá haber un podemos, ¡no hasta que descubra quién nos ha traicionado! —Dijiste que fue tu hermanastro —contesté e intenté acercarme a ella de nuevo, pero disparó a mis pies, haciéndome retroceder. —¿Quién dejó entrar a un extraño en esta casa? —preguntó fríamente—. Necesito saberlo. Ellos tienen que morir primero. Si todos vamos a morir, el hijo de puta traidor tiene que morir primero. Entonces, ¿quién lo hizo? ¿Fuiste tú, Helen? El veneno falló, así que este es tu plan B. —Calliope, yo... —Mentirosa —se burló, con el agarre del arma temblando—. Puedes odiarme todo lo que quieras. Intentar matarme, bien. Te perdonaré por el bien de tu madre. ¿Pero hacer daño a mi hija? Te arrancaré miembro por miembro, joder. ¡Así que no mientas, maldición! ¿Quién lo dejó entrar? ¿Quién? Ninguno de ellos respondió, lo que sólo hizo que se mordiera los labios con frustración, con lágrimas en los ojos mientras se encorvaba sobre Gigi. Susurrando algo en su oído antes de besar su frente, el arma cayendo de sus manos. —Váyanse todos —murmuró cansada, apoyándose de nuevo en las almohadas—. Tomen a su preciada familia y váyanse. —Ese sí que es un plan horrible —dijo el tío Neal, acercándose y sentándose en la cama junto a ella. Puso su mano en la cabeza de Gigi—. Incluso si no nos matas, Ethan lo haría. Y si Ethan no lo hiciera, no estoy seguro de que me gustaría presenciar esa pena. —¿Quedarse aquí y morir es un mejor plan entonces? —preguntó ella. —No morir en absoluto es el mejor plan. —Él sonrió amplia y tontamente como siempre—. No todos somos inútiles. Parece que tenemos algo más de cuatro horas, así que vamos a quitarle esta cosa de encima. Calliope negó con la cabeza. —Conozco a la persona que hizo la bomba. Es un genio cuando se trata de cosas como esta... —¡Y yo también! —gritó Helen, soltándose de mi mano y poniéndose al lado de nuestro tío—. Sí, intenté envenenarte, y sí, una parte de mí siempre te odiará. Pero no lo hice, ni jamás dejaría entrar a nadie en esta casa. Dime todo lo que sabes y trabajaré para quitárselo. —¡Helen! —Finalmente encontré la voz para hablar. ¿Estaba loca? Esto no era una supercomputadora o un simple hackeo. Esto era una maldita bomba. —Ethan me mataría por ni siquiera intentarlo —respondió, saltando a la cama y moviéndose con ellos—. Y te mataría a ti por quedarte ahí mirando. ¿Hay algo que puedas darle para que no se despierte? Tengo la sensación de que esta cosa se vuelve más sensible a medida que avanza la cuenta atrás. —Todos ustedes tienen que irse —dijo Calliope de nuevo—. Si todos nosotros morimos, Ethan... Ethan no puede soportar eso. —¿No estás enfadada con él? —Sedric se rio, acercándose también a la cama—. Parecía dispuesto a quemar la casa hace un rato. —Sí, por eso nuestra muerte es el peor castigo para él. La próxima vez, escuchará a su esposa. —Duro. —Suspiré, dando un paso adelante y colocando mi mano en la muñeca de Gigi para comprobar su pulso—. Tan duro, de hecho, que no creo que vuelva a casarse. ¿No sabes que la gente inteligente no soporta equivocarse nunca? Eso les desordena la mente. —Por eso tienes que estar vivo —dijo ella, mirando hacia él—. Roman me dio una falsa opción. Mata a los Callahan, o yo mato a tu hija. Pero mi hija es una Callahan. Quiere que le suplique, que me arrastre por su vida sólo para poder matarla de todos modos. Ya no mataré a nadie por nadie más. Esta es mi elección. Así que, vete. —Parece que no lo entiendes, Calliope —respondí, levantando la vista de su hija para enfrentarme a sus ojos—. Esta es nuestra elección, también. Somos una familia. Esto es una familia. Cuanto más intentes que nos vayamos, más nos quedaremos todos. Ahora, es una cuestión de orgullo. O morimos todos... o ganamos. Así ha sido siempre. —Así es como siempre va a ser —dijo el tío Neal, poniendo su mano en mi hombro—. Así que... salvémosla y luego vayamos a patear el culo de tu hermano. —Medio hermano —respondió ella. —Lo que sea —afirmó el tío Neal, levantándose para que pudiera tener más espacio mientras Sedric venía con mi bolso médica. No estaba seguro de cuándo había salidoa buscarla, pero se lo agradecí. —Va a morir y a pagar por esta mierda. —Están todos más locos que yo —se burló. —Es la primera regla de la familia —replicó Sedric, entregándole a Helen sus gafas y su kit de herramientas mientras miraba la bomba—. Se mata por la familia. Mueres por la familia, porque no puedes confiar en nadie más. —Él, el tío Neal y yo dijimos simultáneamente, lo que hizo que nos miráramos unos a otros. Sí, realmente éramos unos malditos locos, pero prefería morir con estos malditos locos que con cualquier otro loco. CALLIOPE Había visto a familias fuertes desmoronarse más veces de las que podía contar. Incluso yo era la razón por la que esas familias se desmoronaban. Una pequeña mentira por aquí, un secreto por allá, despojarlos de su dinero, matar a un miembro clave de la familia, y todas esas “familias” se volvían unas contra otras como salvajes. Era fácil hinchar el pecho y hablar de lo estupenda que era tu familia cuando todo era perfecto, cuando tenías dinero, cuando tenías poder, cuando tenías respeto. Sin embargo, en los tiempos difíciles, todos eran iguales... gente rota, codiciosa y egoísta, unidos por la sangre. Estaba segura de que los Callahan eran lo mismo. Durante el último año, se demostró que tenía razón. La forma en que todos se habían vuelto contra Ethan, la forma en que dudaban de él, haciendo sus propios planes. Lo preparados que estaban para matarme. Todo lo que pude pensar fue: “Ah, así que ni siquiera los grandes Callahan son diferentes”. Estaba segura de que uno de ellos nos había traicionado. Pero no podía pensar con claridad. Realmente no importaba ahora. Así que les dije que se fueran. No quería que Roman riera el último. No quería que Ethan volviera a casa y que toda su familia se hubiera desaparecido. Se suicidaría al instante. Todo por lo que había trabajado duro se había ido. Sería la mujer que llevó a toda su familia al infierno. Eso era realmente lo que ocurría en las tragedias griegas. Tenían que irse. Nunca dejaría a nuestra hija. Así que necesitaban irse. Pero se negaron. En su lugar, Wyatt estaba vigilando a Gigi cuidadosamente. Helen estaba metida de lleno en la bomba; cada vez que intervenía un cable, mi corazón se estremecía. El resto podría haberse ido. Eran inútiles en esto, pero se quedaron como una especie de apoyo moral. Era una puta locura. Al menos podrían haber sacado a Evelyn, la mujer mayor ya había sufrido bastante, y Ethan era el que más se preocupaba por ella. Sin embargo, se sentó, con los ojos cerrados, negándose a ser movida, con Mina poniéndole hielo en la cabeza y Nari acariciándole la mano. Neal y Sedric se situaron justo al lado de la cama, vigilando por si Helen y Wyatt necesitaban algo. Esto no era un juego. El temporizador no se detenía. Se iban o se enfrentaban a la muerte y, sin embargo, todos se quedaban como si los tuviera de rehenes. —Joder —soltó Helen. —¿Qué? —Dije, volviendo a la cabecera de la cama para mirar a Gigi—. ¿Qué pasa? Ella suspiró. —Es una cerradura de interruptor muerto para dos personas, sin cortador de cable rojo... —¿En español? —Wyatt preguntó. —No hay manera de desactivar la bomba. Lo único que podemos hacer es quitársela... —Eso sigue siendo suficiente —dijo Sedric. —Sí, si tuviera un segundo par de ojos y brazos —le espetó—. Incluso si lo tuviéramos, tiene un sensor de presión. Lo que significa que alguien va a tener que sostenerlo en el momento en que se desbloquee y entonces... —¿Qué te dije sobre el pánico? Todos miramos hacia la puerta cuando Declan, el delgado, de ojos de mapache y enfermizo Declan, que sólo podía estar de pie porque Killian lo sostenía, entró en la habitación. ¡Ahora todo el clan estaba aquí! ¿Qué pasaba con esta gente? —¡Papá! —Helen se incorporó, mirándolo fijamente, con los ojos muy abiertos—. ¿Qué estás haciendo...? —No te preocupes por mí. —Forzó una sonrisa—. Concéntrate. Te ofrecería mis manos, pero están un poco temblorosas. Wyatt, ayúdala. Hay dos interruptores. Ella se centrará en uno y tú en el otro. Yo seré los ojos. Tus manos son bastante sensibles; es como una cirugía. Era lo máximo que cualquiera de nosotros le había oído hablar en el último año. Nos miró de arriba abajo. —¿Realmente tienes tiempo para estar mirándome? —Cierto —Wyatt cambió de lugar para acercarse a donde Helen estaba junto al cuello de Gigi. Killian acompañó a su padre hasta la cama. Sin embargo, antes de que Declan lo hiciera, me miró, y me preparé para otra ronda de insultos. —Sé que lo hiciste por ti, pero aun así, gracias por estar ahí para Cora. Ella... al menos tuvo la oportunidad de hablar con... alguien. —Apartó la mirada mientras su voz se quebraba de nuevo. Y por alguna razón, me dolía la garganta. ¿Era por eso que no importaba lo que dijera, o lo enfadado que estuviera, Ethan no podía soltarlos? Siempre decía que Gigi y yo éramos su familia. Pero al fin y al cabo, siempre consideraba a todos como su familia, incluso cuando le decepcionaban o le juzgaban mal o le traicionaban. Era duro, pero nunca quiso que murieran. Killian lo traicionó. Dijo que le diera una paliza; si hubiera sido otro, habría sido la muerte. Helen, Wyatt, todos ellos... incluso cuando a veces quería matarlos, no se atrevía a hacerlo. ¿Era ésta la razón? No lo entendía, y ya no me importaba hacerlo. Me equivoqué con ellos. Y esperaba equivocarme con Luca, que no fuera el mejor. Que de alguna manera, esta familia fuera más inteligente... más fuerte. Incluso a mí se me permitía tener esperanza, ¿no? DIECINUEVE “...las puertas de la oscura Muerte se abren ampliamente...” ~ Virgil ~ ETHAN Me sujeté la cintura, tratando de retener la sangre, pero seguía manando de todos modos. Qué clase de mala suerte o buena puntería permitió que me diera justo debajo de mi maldito chaleco. —¡Ethan! —Mi padre se levantó del suelo. Mi madre lo inmovilizó mientras recibíamos los disparos. Ella disparó por encima de la loca de la escalera. Estábamos demasiado cerca para rendirme ahora. Sentado, inhalé por la nariz antes de levantarme de la escalera. —¡Ethan, no! ¡Retrocede! —me gritó. Pero los ignoré, corriendo hacia un lado. Tuve un buen disparo y lo hice, mi bala dio en su garganta, haciéndola rodar por las escaleras. —¡Jefe! —¡Dino, sácalos de aquí! —grité, agarrando la barandilla con una mano y el costado con la otra. El monstruo que era Mary, que se desangraba al pie de la escalera, se había puesto en plan Scarface5 de lleno con nosotros. Habíamos conseguido eliminar a Luca, el hijo de puta juraba que también tenía alguna sorpresa para mí. Pero no importaba. Nada de esto importaba si no llegaba a la loca del centro. Había memorizado la casa. Cada historia de terror que Calli me había contado parecía hacer más familiar cada una de las habitaciones. En el exterior vi un pozo, y me pregunté, ¿entonces era eso a lo que la arrojaban? El sótano era como una cámara de tortura medieval. ¿Le habían hecho cosas allí? El invernadero, estaba seguro, era donde ella aprendería el oficio del veneno. Este lugar la había construido. Empujando las puertas del dormitorio con la mejor vista, sentada en lo alto de la ventana, había una mujer mayor con cabello largo y gris, un rostro redondo y un cuerpo voluminoso. Nada en ella decía que fuera peligrosa o maestra. Parecía una abuela, y en su mesita estaban colocadas unas galletas italianas y un vaso de leche. —¿Quién es usted? ¿Cómo has entrado en mi habitación? —Ella frunció el ceño, mirando a su alrededor—. ¿Es un enfermero? Me reí. ¿Generaciones de lucha y sangre para esto? ¿Una disputa de sangre que terminó en esto? Una anciana que apenas podía reconocer el mundo que la rodeaba. Debería haber cortado por lo sano. Pero, de nuevo, cuando laspérdidas son niños, no hay otra forma de que esto pueda suceder. 5 — Scarface. Película estadounidense de 1.983, inspirada en la vida del gánster Al Capine. —No soy un enfermero —respondí, acercándome a ella—. Soy el esposo de Calliope. —¿El esposo de Calliope? Imposible, Calliope acaba de cumplir dieciséis años. No está casada; ¡No lo permitiré! ¿Dónde está ella? Tráemela. ¡Ahora mismo! —No me grite, señora. Además, ya no puedes localizarla. Ella reía, sacudiendo la cabeza. —¿Quién eres tú para hablar conmigo? Ve a buscar a Calliope, y más vale que tenga una buena excusa para tenerte aquí, o yo... —¿Qué harás? —Pregunté, acercando una silla para sentarme frente a ella—. ¿O qué? Ella sonrió y puso su mano sobre el escritorio, y yo hice lo mismo. —Luca, ven a quitarme a este idiota de mi rostro. —Está muerto. —Mary... —Acabo de matarla también. —Calliope... —No está muerta. Pero no de tu lado. —Esta es su familia... —No, yo soy su familia. Por eso estoy aquí para entregar esto —dije, sacando la vasija para que lo viera. Ella lo miró fijamente durante mucho tiempo, y luego, como por arte de magia, su comportamiento cambió. Miró hacia la puerta. —¿Los has matado a todos? —Sí. Sus ojos se desviaron hacia mí. —Sin embargo, parecieron dar una buena pelea. —No lo suficiente. Se rio. —Sabía que esa pequeña perra no podría hacerlo. Incluso después de todo lo que hice por ella. Pero ese estúpido esposo mío estaba tan seguro de que la habíamos quebrado lo suficiente. Un día la suerte de su familia se acabará... —Muchos de ustedes han dicho eso. Pero ese día todavía no es hoy. —Podría serlo. Le apunté con mi arma. —No me gusta charlar. Bebe. —Mi hijo no ha terminado con todos ustedes. Luca le hizo una sorpresa especial para ti. —Ella bebió de la vasija—. Me pregunto si conseguirás salir de aquí para ver lo que queda de tu maldita fam...fam...ili... Se atragantó con las palabras mientras tosía sangre. Le salía de los ojos, de la nariz, de todos los agujeros de su cuerpo. La sangre salió, y ella tembló, sacudiéndose, su rostro se volvió púrpura. Me levanté mientras ella se caía de la silla. Fue entonces cuando vi que el dispositivo sobre el que estaba sentada se disparó. —Por supuesto, maldición —me burlé y me levanté de un salto mientras sentía que la casa temblaba bajo lo que fuera que acababa de explotar. —¡Mueran... todos... deberían... morir! —Siena jadeó mientras la puerta se abría. —¡Ethan! —gritó mi padre al entrar en la habitación, viendo cómo Siena se convulsionaba en sangre. —Todo el lugar está conectado. Tenemos que irnos —dije, dirigiéndome ya a la puerta. Me agarró, ayudándome a salir—. ¿Dónde está mamá? —¿Ha terminado esto? —me preguntó en su lugar. —No estoy seguro. —Sinceramente, no lo estaba, pero por eso había hecho que Calliope se quedara atrás. Incluso cuando estábamos separados, ella sabía qué hacer. Cualquier pieza que me faltara, ella la conseguiría, y acabaríamos con esto. Ningún Orsini podría vivir. Ninguno. HELEN Me sentía mal. Tenía calambres en las manos. El sudor rodaba por mi rostro, sólo para ser limpiado por otra persona. Pensé que era Sedric, pero no podía apartar la mirada. La persona que había creado esta bomba estaba mal de la cabeza. Nunca había visto una bomba de tubo tan pequeña y a la vez llena de tantos explosivos. Calliope era inteligente. Sabía desde el principio que su hermanastro siempre había querido matar a su hija. Podía verlo cuando miraba en su interior. No había forma de que pudiera desactivar la bomba. No había ningún detonador a distancia. Era el tiempo o el sensor, eso era todo. Su medio hermano quería torturarla mentalmente primero y luego emocionalmente por el resto de su vida. —Concéntrate —me susurró mi padre al oído. Y quise sonreír. Estaba aquí, despierto, y me hablaba, vivo. Siempre y cuando no la cagara. Miré la hora, quince minutos. ¿Cómo? ¿Adónde se había ido el tiempo? No es tiempo suficiente. ¡Carajo! ¿Quién diablos pone una bomba en una niña? ¡Maldición! Vamos a morir. —Cálmate —me dijo mi padre. —No es suficiente tiempo, papá... —Es más que suficiente; respira y mantén la calma —dijo, e inhalé, inspirando y exhalando antes de volver a mirar hacia abajo—. Ahora, ¿ves la placa del interruptor? —Sí. —¿Wyatt? —¿Qué aspecto tiene la placa del interruptor? —Como un interruptor de la luz más pequeño —dijo mi padre, ligeramente molesto, y yo sonreí... también había echado de menos eso. —Bien, creo que lo veo. —¿Tú crees? —Sí, tío, es mi primera bomba de garganta. Por favor, siéntete libre de volver a comprobarlo con tus benditos ojos —respondió Wyatt con un poco de humor en su voz. —Recordaré ese tono —respondió. —Si vivimos... —Lo estamos, los dos pulsen el interruptor cuando cuente hacia atrás —dijo, y me mordí el labio, intentando que no me temblaran las manos—. Tres... dos... uno. Ahora. Oí un clic, pero no se desbloqueó. En cambio, el cronometro comenzó a acelerar. —¡Joder! Miré a mi padre, que todavía tenía los ojos puestos en la bomba. —Papá... —Se supone que te asusta —dijo, dispuesto a quitarme las pinzas de la mano, pero sus manos estaban temblando cuando ella se retiró—. Cuando te asustas, te distraes. Te concentras más en el tiempo, y entonces quieres rendirte y correr. ¿Por qué hacer eso? Porque casi lo tenemos. —Casi no es muy reconfortante ahora mismo, tío —le dijo Wyatt—. ¿Qué vas a hacer? —Lo mismo —respondió. Lo miré con los ojos muy abiertos. Ya nos quedan diez minutos. —Papá... —Teníamos razón la primera vez. Es el sensor de presión que tenemos que pulsar al darle al interruptor —dijo, esta vez intentando sostener toda la bomba, pero de nuevo, no estaba lo suficientemente bien. Por encima de mi cabeza, otro par de brazos se acercaron y sujetaron la bomba. Cuando levanté la vista, era el tío Neal, que me sonreía. —¿Esta presión es suficientemente buena? Mi padre lo miró fijamente. —¿Papá? —Dije cuando no hablaba, y se quedaron mirando el uno al otro. —Haz lo mismo. Que alguien agarre a Giovanna rápidamente —dijo concentrándose de nuevo—. Tres... dos... uno. Pulsamos, la bomba se desbloqueó y Calliope agarró a Gigi en brazos. Sin embargo, la bomba volvió a encajar en su sitio, envolviendo las manos del tío Neal, y el tiempo volvió a acelerarse. Me quedé mirando con asombro sus manos y luego la cara del tío Neal. Sin embargo, él estaba sonriendo. ¡No! DECLAN Me miró directamente. —Sabías que esto podía pasar, ¿no? —dijo con esa estúpida sonrisa en el rostro—. Por eso intentabas tomarlo. Lo siento, hombre, parece que me toca ser el héroe por una vez. ¡Aquí no había héroes! ¿Qué demonios le pasaba? —¿Papá? —susurró Sedric, acercándose a él. —Sedric, hijo mío, saca a todas las mujeres de aquí. —El tío Neal le dijo seriamente, y luego nos miró a todos—. Salgan todos de aquí. —¡Papá, no! —gritó Nari, corriendo hacia la cama—. ¡Helen, desbloquea otra vez! ¡Desbloquealo! —¡Nari! —le gritó—. Esta cosa es un hijo de puta; se va con alguien. Eso es lo que estaban tratando de decir. No podemos dejar que el más joven se vaya, ¿verdad? —Papá, yo... —Cariño, soy la mayor —dijo Evelyn, con los ojos muy abiertos—. Yo... —Tampoco puedo dejar que mamá me eclipse. —Se rio entre dientes. —¡Neal! —Mamá, está bien. Sobrevivir es lo tuyo —dijo él, levantándose de la cama—. Sedric, hijo, no me defraudes. Da un paso adelante y sé el hombre que sé que eres. —¡Neal! No, por favor, ¡no! —Evelyn gritó, pero Wyatt la sostenía por la espalda. Sedric se apresuró a agarrar a su madre. Mi hijo se precipitó hacia Nari mientras todos intentaban precipitarse hacia él, mientras yo era totalmente inútil, observando como si el tiempo se hubiera ralentizado.