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que suben sus libros, ya que Wattpad es una página para subir tus 
propias historias. Al subir libros de un autor, se toma como plagio. 
 
Algunas autoras ya han descubierto los foros que traducen sus 
libros ya que algunos lectores los suben al Wattpad, y piden en sus 
páginas de Facebook y grupos de fans las direcciones de los blogs 
de descarga, grupos y foros. 
 
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Es un gran problema que están enfrentando y contra el que 
luchan todos los foros de traducción. Más libros saldrán si no se 
invierte tiempo en este problema. Igualmente por favor, no subas 
capturas de los PDF a las redes sociales y etiquetes a las autoras, 
no vayas a sus páginas a pedir la traducción de un libro cuando 
ninguna editorial lo ha hecho, no vayas a sus grupos y comentes 
que leíste sus libros, ni subas capturas de las portadas de la 
traducción, recuerda que estas tienen el logo del foro o del grupo 
que hizo la traducción. 
 
No continúes con ello, de lo contrario: ¡Te quedaras sin 
Wattpad, sin foros de traducción y sin sitios de descarga! 
 
 
Staff 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Contenido 
 
Sinopsis Capítulo 13 
Capítulo 01 Capítulo 14 
Capítulo 02 Capítulo 15 
Capítulo 03 Capítulo 16 
Capítulo 04 Capítulo 17 
Capítulo 05 Capítulo 18 
Capítulo 06 Capítulo 19 
Capítulo 07 Capítulo 20 
Capítulo 08 Capítulo 21 
Capítulo 09 Capítulo 22 
Capítulo 10 Capítulo 23 
Capítulo 11 Epílogo 
Capítulo 12 Posdata 
 
 
 
 
 
Sipnosis 
 
CALLIOPE 
 
Sé que me odias. 
¿Dices que he arruinado a la familia? 
¿Que he llevado a Ethan por el mal camino? 
Dices que todo es culpa mía. 
¿No has aprendido ya que los débiles son devorados por los 
fuertes? 
Sólo el más despiadado, el más vicioso, puede estar en la cima. 
Venga lo que venga... que quede claro que se lo merecen. 
Te dije que te inclinaras, ¿no? 
Ahora es mi momento. 
Con amor, 
Señora Callahan 
 
 
 
 
 
MELODY 
 
¿Te odio? Pequeña, no eres digna de mi odio. 
¿Arruinaste mi familia? No me hagas reír. 
Cientos lo han intentado antes que tú y han fracasado. 
Cientos lo intentarán después de ti y fracasarán de nuevo, 
Porque, pase lo que pase, somos fuertes. 
Tú predicas sobre ser despiadado o vicioso... 
Yo soy esas palabras personificadas. 
La única inclinación será de ti hacia mí. 
Prepárese, señora Callahan. 
 
La verdadera Señora Callahan está llegando. 
 
Children Of Vice # 6 
 
 
 
UNO 
“Es una historia muy oscura de 
codicia, traición y venganza... 
y en el corazón de todo ello había una hermosa chica” 
~ Emerson Winn ~ 
 
ETHAN 
 
Caminé por los pasillos acribillados de mi casa el día después de 
mi boda, el sonido del silencio resonaba con cada paso que daba. 
Todo el mundo, excepto una persona, lloraba alrededor del cuerpo 
de mi tía Coraline. Y cuando entré en nuestro dormitorio, esa 
única persona estaba ahora sentada tranquilamente en el borde 
de la cama, ya no llevaba su segundo vestido de novia sino un 
sencillo vestido blanco y gris, con una botella de vino tinto en la 
mano. Cerré la puerta tras de mí y eché el cerrojo. 
—¿Darcy te ha amenazado? —habló con frialdad. 
—Dice que lo llamen Killian ahora —dije mientras caminaba hacia 
ella. 
—Eso encaja mucho mejor —murmuró y bebió de la botella—. Sin 
embargo, tiene un largo camino por recorrer antes de ser el 
hombre que tú quieres que sea. Y mucho menos un verdadero 
rival contra ti. 
—Ahora te has convertido en el enemigo número uno, Calliope. 
Nunca te perdonarán. 
 
Se rio, sacudiendo la cabeza. 
—No necesito su perdón. No me importa su perdón. Ellos no son 
la razón por la que estoy aquí. Tú lo eres, así que ¿por qué no me 
preguntas por qué? 
—Porque creo que sé por qué —respondí, colocando mi arma 
contra su cráneo—. Pero podría estar equivocado. Estoy 90% 
seguro de que no lo estoy. Pero ese 10% siempre es una perra 
fastidiosa. 
Me miró fijamente, sin inmutarse. 
—¿Podrías incluso apretar el gatillo? 
—Lamentablemente, sí. Ya lo sabes. —Tiré hacia atrás del 
martillo—. Quedaría mal matarte después de una boda tan 
pública o de una renovación de votos, o de una tapadera, o de una 
distracción, o de lo que sea que lo llamemos hoy. 
—Sí, lo sería. La gente diría que estás maldito. Que todas las 
mujeres de tu brazo acaban muertas. —Ella sonrió y bebió de 
todos modos a pesar del arma—. Se necesitaría mucho esfuerzo 
para limpiar esto. 
BANG. 
Disparé la botella junto a nosotros. Calliope giró la cara para 
protegerse, pero eso no impidió que el vino la salpicaran a ella e 
incluso a mí. 
—Ha sido un desperdicio de buen vino —refunfuñó, limpiándose 
la mejilla, pero yo volví a acercar el arma a su rostro. Ella se limitó 
a mirarla y luego volvió a mirarme con ojos cansados—. Ya sabes 
que te voy a contar la verdad. Y por qué lo de hoy tenía que pasar 
como pasó... tanto por tu plan como por el mío. Entonces, ¿para 
qué sirve el arma? Si no la usaste cuando Fiorello estaba aquí 
conmigo, ¿por qué la vas a usar ahora? 
 
—Porque ahora puedo demostrar que estoy molesto, muy 
jodidamente molesto. —Sabía lo que me iba a decir. Vi que 
nuestros dos caminos se habían convertido finalmente en uno. 
Sólo odiaba el hecho de que tuviera que unirse de esta manera, 
justo sobre el cuerpo de mi tía. 
—¿A quién más de esta familia podría haber elegido? —susurró, 
presionando su mano sobre la mía e inclinándose hacia el arma—. 
La gente muere en la guerra, Ethan. No estábamos aquí cuando 
empezó, pero aún así tenemos que luchar. Tú lo sabías. Se supone 
que todos en esta familia lo saben. Cora lo sabía. Ella dijo que era 
la regla número uno de la familia. 
La regla número uno de los Callahan. Matas por la familia. Mueres 
por tu familia porque no puedes confiar en nadie más. 
Lentamente bajé mi arma. No había nadie más aquí que nosotros. 
Mis padres estaban ahora huyendo por sus vidas. Fiorello y el 
resto de los enemigos de mi familia estaban celebrando esta 
victoria contra nosotros. Esta victoria que Calliope les había 
entregado en mano y yo había permitido. Nadie escuchaba ni 
espiaba. Por primera vez, podíamos decir la verdad clara y 
abiertamente antes de que el tablero de guerra se restableciera. 
—Vamos a repasarlo todo, desde el principio, Calliope. 
—Está bien, pero después, o me das vino o me das la muerte. 
—Trato hecho. 
 
 
 
 
 
 
UN AÑO DESPUÉS 
LIAM - PRESENTE 
 
Podía recordarlo. 
Casi como si fuera ayer. 
La maldita y clara señal que debería haber seguido. 
La que Melody había mostrado pero que yo no entendía. Que ella 
misma no entendía entonces. 
Fue hace unos veinte años; ese día, entré y la vi sentada detrás de 
mi escritorio en el estudio con una mirada extraña en su rostro. 
Lo recordé. 
 
LIAM - HACE 20 AÑOS 
 
—¿Acaso quiero saberlo? —pregunté cuando entré en el estudio 
sólo para verla sentada en mi silla, con las piernas y los brazos 
cruzados, mirando a la nada... en silencio. Y por alguna razón, 
todavía no había descubierto, después de todos estos malditos 
años, por qué su silencio era siempre tan condenadamente 
ruidoso. Melody no me respondió. Se limitó a sentarse allí, perdida 
en cualquier pensamiento asesino que bullera en su mente, lo que 
era una respuesta en sí misma. Tenía que saber qué era lo que la 
afectaba tanto. Especialmente después de la semana que 
acabábamos de pasar. 
—¿Mel? 
 
—Hmmm —respondió, levantando la cabeza al escuchar mi voz, 
sus ojos marrones finalmente se encontraron con los míos. 
—¿Qué pasa? 
—Nada —mintió, sacudiendo la cabeza antes de exhalar y arrojar 
su teléfono para recoger cualquier trabajo en el escritorio en el que 
iba a fingir estar interesada. 
—Entonces, ¿ahora nos mentimos el uno al otro? —Afirmé, 
acercándomea la barra y sirviéndome un poco de brandy—. Bien. 
Ahora es el momento de decirte que me gusta tu corte de cabello. 
Es lindo. 
Su cabeza se volvió hacia mí, y los planes asesinos que había 
estado dirigiendo a otra persona, los cambió inmediatamente 
hacia mí. Su mandíbula se quebró hacia un lado mientras se 
inclinaba hacia atrás en su silla. 
—¿Es tu forma de decirme que no te gusta mi cabello? 
Sonreí antes de dar un sorbo a mi bebida. 
—¿No te diste cuenta por mi rostro? 
—Eres un maldito idiota —refunfuñó, desviando su atención de mí 
y volviéndola a su trabajo. 
Me aproximé a un lado del escritorio y traté de tocarle el cabello, 
pero con la velocidad del rayo me apartó la mano como si fuera 
una mosca. 
—Si no te gusta, jodidamente no lo toques —se burló de mí. 
—Me encanta tu cabello. Sólo odio que te lo cortes. 
Puso los ojos en blanco. 
—Todavía me pasa de los hombros. 
 
—Apenas —hice un mohín antes de beber. 
Ella suspiró. 
—¿Has venido a molestarme? 
—Sí —sonreí—. Pero ya estabas molesta cuando llegué, así que 
ahora tengo curiosidad por saber quién ha estado irritando a mi 
esposa en mi lugar. 
—Tienes tres hijos, Liam, ¿cuándo piensas dejar de serlo tú? 
—Ah, ¿entonces son los niños los que te molestan? —pregunté, 
ignorando su comentario antes de negar con la cabeza—. No, 
incluso cuando te llevan al borde de la locura, no tienes esa 
mirada en los ojos. 
—¿Y qué mirada es esa, Obi-Wan Kenobi1? 
Sonreí como un loco con gas hilarante, poniendo la mano sobre el 
corazón. 
—¿Qué? —me espetó. 
—Después de todos estos años y de tanto esfuerzo, por fin te has 
unido a mí en el lado oscuro... ¿lo entiendes? ¿Lado oscuro? Star 
Wars... 
—Te dispararé —me espetó. 
—Sabes que esa amenaza se vuelve menos temible cada vez que 
me disparas. —Respondí con una leve sonrisa. 
—¿Qué tal si dejas de hacer que te amenace? 
—¿Qué tal si me dices qué te pasa la primera vez que te lo 
pregunte? 
1 — Obi-Wan Kenobi. Personaje ficticio de la saga Star Wars. 
 
—¿Qué tal si escuchas cuando digo que no pasa nada? —Me di 
cuenta por la mirada de sus ojos que estaba molesta. 
—Entonces, ¿no pasa nada? 
—Eso es lo que he dicho. 
—Entonces, ¿por qué estabas mirando a las paredes? 
—No estaba mirando. 
—Estabas mirando. Lo sé, te vi; no te viste a ti misma. 
Ella exhaló. 
—Liam, sólo estaba pensando. 
—¿Sobre qué? 
—¿Debo compartir todos mis pensamientos contigo? 
—No, pero sería muy útil, nena. —Le guiñé un ojo y me preparé 
para agacharme por si acaso. 
—No vas a dejarme sola hasta que lo descubras, 
¿verdad? —cuestionó. 
Levanté mi vaso hacia ella. 
—Bingo. 
Ella resopló. 
—De todos los hombres del mundo con los que podría haber 
acabado... te tengo a ti. 
—¿No tienes suerte? ¿Quién más podría...? 
—Cuidado con tu próxima frase, esposo —sus ojos se 
entrecerraron mientras se cruzaba de brazos. 
 
Sonreí y lo dejé pasar. Al entregarle un vaso, la miré ahora. 
—Llevas todo el día sumida en tus pensamientos. ¿Qué pasa? ¿En 
serio? Sé que, si fuera lo suficientemente serio como para ser una 
preocupación, ya lo sabría. Pero incluso los pequeños problemas 
merecen mi atención. 
—No te lo he dicho porque me vas a descartar —refunfuñó ella, 
terminando el resto de su brandy. Hizo una mueca. Lo odiaba 
pero, sin embargo, se lo bebía siempre que se lo daba. 
—Pruébame de todos modos. 
—Bien —afirmó, levantando su teléfono para que lo viera. 
Leí el mensaje pero no lo entendí. 
—¿Qué tiene que ver un billete de avión cualquiera con nosotros? 
—Mira el nombre. 
Volví a comprobarlo. 
—¿Calliope Affini? ¿Quién es y por qué nos importa? 
—¿Recuerdas la pequeña chica con la que hablé en la fiesta de 
cumpleaños de Wyatt y Dona? 
Volví a pensar, recordando vagamente, aunque hacía sólo unos 
días. Habíamos hablado con tantos inútiles que todos se 
difuminaban. 
—¿La pequeña chica con la que Ethan estaba en el 
baño? —añadió. 
—¿La mocosa que inundó el baño de invitados de la planta 
baja? —solté, molesto. 
Uno de los hombres de seguridad me había notificado después de 
la fiesta que habían visto a Ethan entrar con una chica. Cuando 
 
hablé con Ethan al respecto, se limitó a desentenderse, diciendo 
que ella era rara. Y yo estaba más centrado en explicarle por qué 
no debería estar en el baño con chicas... al menos no a su edad. 
—Esperaba que te molestara que estuviera sola con tu precioso 
Ethan. Sin embargo, mandarla a Italia es un poco duro, Mel. Son 
sólo niños. No saben... 
—No soy yo quien la envía. 
Hice una pausa. 
—Entonces, ¿por qué nos importa de nuevo? 
—Tiene un billete de ida a Lazio, Italia. ¿Sabes quién vive en Lazio, 
Italia? —preguntó, y antes de que pudiera responder, lo hizo—. 
Fiorello Orsini. ¿Sabes quién es Fiorello Orsini? 
—Solía trabajar para tu padre, ¿verdad? 
—¿Mi padre solía llamarlo mano sinistra? 
—¿Mano izquierda? —Me reí—. Los apodos que se le ocurren a tu 
gente. 
—Una mano derecha es una ayuda indispensable, alguien con 
quien se puede contar, alguien que es un soldado y está dispuesto 
a seguir todas las órdenes, de la manera más eficiente. ¿Pero un 
hombre-izquierda? Es difícil de controlar. Hace el trabajo, pero no 
de la manera más bonita o mejor. Sigue las órdenes, pero también 
tiene una mente propia y a veces desea tomar el control. No 
importa lo que hagan, siempre están torcidos. 
—¿Y a Fiorello le pareció bien ese apodo? —Solté una risita porque 
me pareció más un insulto que un honor. 
—Mi padre sólo me dijo eso —dijo sin humor, con un tono serio 
que no entendí del todo—. Mi padre me advirtió que nunca me 
acercara demasiado a Fiorello, lo cual me resultó extraño. Me crié 
 
rodeada de hombres malos. Sin embargo, nunca me había 
advertido de nadie más que de Fiorello Orsini. Normalmente, no 
habría hecho caso, para averiguar la verdad sobre él por mí 
misma. Si fuera completamente una bala perdida, mi padre no lo 
hubiera contratado. 
—¿Y qué descubriste? 
—Fiorello es un completo y absoluto psicópata. 
—Mel, odio tener que decírtelo, pero la gente dice que somos 
psicópatas. —De hecho, nos han llamado sociópatas, narcisistas, 
sociópatas narcisistas, la lista es interminable. 
—¿Violan a las mujeres por diversión? —Ella pregunta. 
Mi ceja se levantó ante eso, y ella simplemente asintió. 
—Me lo imaginaba. 
—Al parecer le gustaba una “buena pelea” en sus mujeres. Y no 
era asunto de mi padre mientras hiciera su trabajo y no nos 
jodiera. Todos eran criminales de alguna manera. Mi padre nunca 
se preocupó por otras mujeres más que por mí... y quizás por mi 
madre. Pero ese no es mi punto. Lo que quiero decir es que, por 
muy duro y brutal que fuera mi padre conmigo, por muy 
depravado que fuera con sus enemigos, seguía queriendo que 
estuviera lo más segura posible. —Frunció el ceño mientras su 
dedo golpeaba el vaso de brandy, ahora vacío—. Tenemos una hija 
de la misma edad que esta Calliope. ¿Hay alguna razón para que 
envíes a Dona con un hombre como Fiorello Orsini? 
Hice un chasquido con la mandíbula hacia un lado, ahora molesto 
por la simple pregunta. Volví a mirar el teléfono. 
—¿Quién diablos envía a su pequeña a un violador? 
—El hijo de un violador —contestó con tranquilidad. 
 
—¿Qué? 
—Roman Affini solía ser Michelangelo Orsini... el único hijo de 
Fiorello Orsini, después de que tu padre matara a sus otros hijos. 
Ahora sí que se estaba entendiendo. 
—¿Esa familia de don nadie a la que insistes en invitar a todos 
nuestros malditos eventos porque crees que están buscando 
venganza? ¿Cuánto tiempo ha pasado? Me advertiste de ellos 
cuando nos casamos. Y no han hecho otra cosa que fabricar lápiz 
de labios y sombra de ojos. ¿Ahora te preocupas porque su hija se 
va a vivir con su abuelo violador loco? 
—Nadie deja de lado los asesinatos de sus hijos. Mi instinto me 
dice que algo está muy mal en esa familia. Sóloque no puedo 
poner el dedo en la llaga. Se me escapa algo. 
Suspiré, tirando el teléfono sobre la mesa. 
—Entonces, ¿qué quieres hacer? ¿Ir a masacrarlos a todos? 
—Sabía que me ibas a descartar, joder —maldijo, levantándose de 
la silla. 
—No te estoy descartando. —En cierto modo lo hacía—. Sólo digo 
que un billete de avión no es una prueba de un complot masivo 
contra nuestra familia. 
—Ella me dijo que iba a ser más fuerte. —Me miró fijamente—. Y 
ahora se va al infierno... donde una pequeña se convierte en 
ceniza o en fénix. 
—Qué poético —respondí, poniéndome de pie—. Pero ahora 
tenemos enemigos reales a los que enfrentarnos. Hoy. No hagamos 
nuevos. Como dije antes, si te molesta, matémoslos y sigamos 
adelante. Pero tienes que tener en cuenta que no vamos a tener 
seguidores leales si seguimos matando a familias leales. Su familia 
no nos ha hecho nada. Lo has comprobado. 
 
—¿Me lo recuerdas? Fui yo quien te lo dijo. ¿Sabes qué? No 
importa. Lo que sea. Esto es por lo que no quería hablar contigo 
de esto para empezar. Voy a... 
—Relájate —dije, poniendo mi mano en su muslo. Al ver su rostro, 
no pude evitarlo—. No puedes planear matar a pequeñas chicas 
con el ceño fruncido. Te parecerás a un villano de Disney... 
!Ah! —me agarré la nariz, dando un paso atrás por la fuerza de su 
puño. Si hubiera sido más fuerte, me la habría roto. 
—Cuidado, no puedes seguir siendo molesto y recibir golpes así. 
Ya no eres tan joven como antes. Podrías acabar como Humpty 
Dumpty2 —replicó, dando un paso alrededor del escritorio hacia la 
puerta. 
—Yo también te amo —refunfuñé, frotándome la nariz. 
SLAM. 
Por encima del dolor, puse los ojos en blanco y levanté su teléfono 
olvidado, mirando de nuevo el billete de avión. 
—Su instinto —murmuré. 
¿Qué problemas podría causar una pequeña chica don nadie? 
Pero era raro que sus padres la mandaran lejos. No, no caeré en 
esa madriguera. Con que uno de nosotros se obsesionara con 
futuras amenazas era suficiente. Calliope Affini u Orsini, o lo que 
fuera, no era mi puto problema. 
 
 
 
2 — Humpty Dumpty. es un personaje de una canción infantil inglesa. Es 
representado como un huevo antropomórfico. En la canción hacen mención a 
que se cayó y se rompió. 
 
LIAM - PRESENTE 
 
¡Calliope Affini u Orsini, o como carajo se llame, es ahora mi puto 
problema! 
¡BANG! 
—¡Por el puto amor de Dios! —grité, arrojando el cuerpo fuera de 
mí y a un lado como el saco de mierda que era. Me agarré a la 
barandilla de la escalera y me levanté del suelo—. ¡Soy demasiado 
viejo para esta maldita mierda! 
—¿Quieres dejar de gritar, por favor? —preguntó Melody mientras 
se movía entre los cuerpos en el suelo. 
—No, no voy a dejar de gritar. De hecho, ni siquiera he empezado 
a gritar de verdad, joder. —Miré fijamente y señalé a la cámara de 
seguridad—. ¡Ustedes! ¡Sí, quiero decir ustedes, hijos de puta! 
Malditos bastardos con cara de mierda. Ha pasado un maldito 
año. Estoy cansado de matarlos, cada dos malditos días. Salgan, y 
terminemos con esto, maldita sea. 
—La conexión de seguridad se cortó hace una hora —dijo ella, 
poniéndose en pie tranquilamente para situarse frente a mí. La 
sangre le salpicaba el rostro y le manchaba las manos. Se le había 
salido el cabello de la trenza y tenía cortes en los labios y la ceja—. 
Nadie te está escuchando, perra, excepto yo. 
Haciendo una pausa, sujetando mi arma con una mano y la 
barandilla con la otra, exhalando profundamente, finalmente 
encontré la fuerza para volver a hablar. 
—Durante el último año, me han disparado una docena de veces, 
me he roto la mitad de los huesos, casi pierdo el ojo, me han 
arrancado un trozo de cabello y ahora... —Señalé mis 
pantalones—. Me ha vomitado encima como si fuera una basura 
 
desechable por un enano asesino, porque ¿por qué no iba a haber 
un enano asesino en este carnaval de putos asesinatos de circo? 
Lo siguiente, seguro será luchar contra el ¡Payaso It! A pesar de 
todo, creo que me he ganado el derecho a quejarme un poco. 
—Claro, ¿pero tiene que ser conmigo? —preguntó ella—. Sí, ¿te 
acuerdas de mí? La mujer que ha estado a tu lado, rompiendo mis 
huesos, recibiendo disparos, casi quemándose viva. A mí también 
me gustaría quejarme, pero no tenemos tiempo. Quizá la próxima 
vez, cuando te diga con veinte años de antelación que te 
preocupes... 
—¡Lo sabía, joder! —¡Lo sabía!— ¡Sabía que habías estado 
esperando para decirme te lo dije desde hace meses! 
—¿Pero no te lo dije? 
—¡Por el amor de Dios, Mel! ¿Cómo iba a saber que estaban 
levantando un ejército? ¡Tu instinto mágico no me dijo todo eso! 
—¡Sabía que era un problema! —Mel contesta. 
—Por eso dije que siguieras adelante y la mataras, pero que 
tuvieras una razón válida. Ahora estás... 
—¿Qué es ese olor? —Ella hizo una pausa para preguntarme. 
Yo también hice una pausa. Y sólo cuando ambos nos quedamos 
callados oímos el silbido junto con el olor a gasolina. Miré los ojos 
inyectados en sangre del enano mientras se movía ligeramente, 
con una sonrisa en el rostro mientras encendía una cerilla con las 
manos. 
—¡Joder! 
—¡Ventana! 
Corriendo hacia ella, sentí el calor y vi la llamarada elevarse como 
una bola de fuego del infierno en el reflejo del cristal antes de 
 
bracear, mientras atravesábamos el cristal. El cielo nocturno se 
difuminó antes de que el torrente de agua fría me envolviera. 
Pedazos de escombros, madera, vidrio y metal volaron al agua con 
nosotros. Al hundirme hasta el fondo, busqué a Melody, pero ella 
me encontró primero. Su mano se unió a la mía, señalando la 
esquina opuesta de la piscina. Incluso bajo la gruesa capa de 
agua, podía oír cómo la casa estallaba en llamas sobre nosotros. 
Parecía que habían pasado horas, pero teníamos que asegurarnos 
de que no había nadie afuera. Lentamente, levanté la cabeza fuera 
del agua detrás de un trozo de silla rota. 
La ausencia de disparos era una buena señal. 
Saliendo del agua hacia el borde, tomé aire antes de correr hacia 
el lado de Melody de la piscina, metiendo el brazo. Un segundo 
después, ella salió a flote. 
¡BANG! 
—¡Liam! 
Realmente soy demasiado viejo para esto, pensé al ver su hermoso 
rostro pasar por delante de mí y caer al agua. 
Maldita sea su instinto. 
Y maldita sea esa maldita perra, Calliope. 
 
 
 
 
 
 
 
ETHAN 
 
—Estás pensando en mí? —preguntó ella, metiendo la cabeza 
delante de la mía como si fuera un maldito pájaro cuco. 
—No. 
—Qué raro, podría jurar que sentí que alguien me 
maldecía —respondió, tomando asiento en mi regazo, incluso 
moviéndose un poco para ponerse cómoda. El olor a vainilla y a 
rosa de su largo cabello castaño llenaba ahora mi nariz. Sus 
labios rojos se estiraron en una leve sonrisa. Sus ojos grises se 
clavaron en mí al acercar su rostro—. Y como estás enfadado 
conmigo, he pensado que deberíamos hablarlo antes de que me 
vaya. 
—Calliope, estoy tratando de leer. —Agité la tablet junto a su 
cabeza por si no se había dado cuenta. 
—Estoy pensando en hacer una cena familiar esta semana. —Ella 
no lo miró aunque se dio cuenta, pero no le importó—. Hoy es la 
noche de la cita. 
—Calliope... 
—¿Qué te parece? ¿Cena o la ópera? 
Giré la cabeza, volviendo a mirar el documento que estaba 
leyendo. 
—Que sea cena. 
Realmente no tenía sentido que hablara. Ella era totalmente capaz 
de mantener una conversación sin mí. 
 
—Ethan, se supone que debes intervenir y decir: ¿Pero no vas a 
estar cansada después de pasar toda la tarde en el almuerzo, mi 
amor, la mia anima? 
Continué. 
—Y tendrías razón. Estaría cansada. Asesinar presidentes y 
tramar la caída de los mayores criminales del mundo son, en 
realidad, menos agotadores que las farsas de los aspirantes a 
aristócratas de esta ciudad, que fingen saber o dar una mierda por 
el arte. ¿Pero qué puedo hacer? El trabajo es el trabajo. Debo serfalsa con ellos. Pero después de eso, soy libre y toda tuya. La 
noche de la cita es importante, y nada puede cambiar eso. 
Me removí en mi asiento, tratando de ignorarla, pero ella era 
Calliope, y siempre tenía que ganar la guerra, aunque fuera en mi 
contra. Me besó un lado de mi rostro antes de acercar sus labios a 
mi oído. 
—PD. Te he ofrecido para que hables en el baile del gobernador 
mañana por la noche. 
Inmediatamente, aparté mi mirada de la tablet y me quedé 
mirando su rostro, que ahora estaba, si cabe, a menos de un 
centímetro del mío. Puso sus brazos sobre mis hombros. 
—No te preocupes. He escrito el discurso por ti, ya que no te 
importa. Y antes de que preguntes “si ibas a escribirlo, por qué no 
das el maldito discurso tú misma” recuerda que es un discurso en 
honor a la primera mujer gobernadora de la historia de este 
estado. Significa más viniendo de ti, el hijo de la primera 
gobernadora, que de tu esposa trofeo. 
—Eres un trofeo muy pesado. —La fulminé con la mirada. 
—Es porque estoy hecho de oro macizo, jefe. —Su sonrisa se 
amplió y me besó rápidamente los labios antes de retirarse. Se 
levantó de mi regazo para ajustarse la falda hasta la rodilla de su 
 
vestido de cóctel rojo de cuello redondo. Me di cuenta de que 
parecía una seductora chica pin-up de época, desde el estilo de su 
cabello hasta su cintura ajustada, pasando por el collar de 
diamantes que llevaba en el cuello. 
—¿No se supone que esto es un almuerzo benéfico? —Le pregunté. 
—Lo es. 
—El vestido podría ser un poco excesivo. 
—Tonterías. Las señoras decidieron subastarnos en citas para 
recaudar dinero este año —dijo, inclinándose lo suficiente como 
para que yo pudiera ver la parte superior de su pecho—. Y como 
mi esposo se negó a venir, tengo que esforzarme un poco más, ¿no 
crees? Si no, ¿cómo alguien va a pujar por mí? 
—La última vez que lo comprobé, se suponía que todos 
subastaban arte, no a ustedes mismas. 
—Deberías haberlo comprobado de nuevo. Además, el arte es tan 
aburrido de hacer todos los años. Necesitábamos mezclarlo un 
poco. 
Hice lo mejor que pude para no mostrar el fastidio que sentía 
surgir en mí, especialmente porque sabía que Calliope estaba 
haciendo esto a propósito. 
—Entonces, cuando dices que las damas decidieron subastar, 
quieres decir que tú lo decidiste. 
Sin ninguna vergüenza, asintió, besando un lado de mi rostro. 
—Pero no te preocupes; realmente no tienes que venir. 
—No lo haré —afirmé con frialdad, levantando de nuevo la 
Tablet—. De hecho, estoy aún más enfadado contigo. En lugar de 
explicarte, has cambiado la subasta para ponerme celoso, para 
 
distraerme de mi enfado original contigo. ¿Parezco tan irreflexivo 
como para ser manipulado tan fácilmente? Adelante, diviértete. 
—¿Por qué tendría que distraerte? —tuvo la audacia de 
preguntar—. No he hecho nada de lo que avergonzarme. 
—¿Lo has hecho alguna vez? 
—No —respondió ella, a pesar de mi sarcasmo—. Y no te 
preocupes, me lo pasaré en grande. Mientras tú te enfurruñas 
aquí enfadado por mierdas del pasado que yo no puedo cambiar, 
ni lo haría. 
—¿Ni lo harías? —Mi agarre se tensó, pero me negué a mirarla—. 
¿De verdad? 
—¿Vienes o no? 
—Ya he dicho que no. 
—Imbécil. 
La ignoré, así que tomó su bolso de la mesa y se levantó para irse. 
—Sólo recuerda, mientras me divierto, que te ofrecí una rama de 
olivo, y la rechazaste. 
SLAM. 
Mirando la puerta por un momento, levanté la tableta para 
lanzarla, sólo para que la puerta se abriera, y me detuve. Sin 
embargo, Calliope no volvió a entrar. 
—¿Todavía hay problemas en el paraíso? —preguntó el tío Neal, 
enarcando una ceja mientras miraba hacia el pasillo y luego hacia 
mí—. ¿Qué ha pasado esta semana? Habían estado muy 
enamorados estos últimos meses... todo lo que podían estar, 
supongo. 
—¿Necesitas algo? —pregunté. 
 
Se rio, entrando en el estudio. 
—¿No puede un tío comprobar cómo está su sobrino de vez en 
cuando? 
—Eso depende de lo que esté comprobando —murmuré, frotando 
un lado de mi cabeza, tratando de distraerme del pensamiento de 
mi loca esposa. 
—¿Hay algún tema por el que no te importe que te 
comprueben? —volvió a presionar. 
Y no lo había. Así que no contesté. En su lugar, me senté allí 
haciendo exactamente lo que ella dijo que haría, enfurruñándome. 
Lo peor era que ni siquiera podía cerrar los ojos sin olerla o 
recordar ese maldito vestido que llevaba. 
—Toma. 
Miré el vaso con brandy. 
—Son las diez de la mañana, tío. 
—Y son las cuatro de la tarde en Dublín —dijo, empujando el vaso 
hacia mí—. Los problemas con las esposas bajan más fácilmente 
con el licor marrón. 
—Mmm. —Tomé el vaso, lo removí y me acomodé en mi asiento 
mientras él tomaba asiento en el sillón de cuero frente a mí. 
—¿Por qué se pelearon? 
No respondí. 
—Sea lo que sea por lo que estén peleando, déjenla ganar —dijo, 
dando un sorbo a su bebida, lo que me hizo entrecerrar los ojos 
hacia él. ¿Qué clase de consejo era ese, especialmente viniendo de 
él? Todos en esta familia parecían creer que yo cedía demasiado 
con ella. 
 
—No me mires así. Lo digo por tu bien —añadió. 
—¿Es así? 
—Es así. —Se burló de mi tono—. No me fiaba de ella cuando llegó 
aquí. Pero después del último año, ahora estoy seguro de que es la 
única en el mundo que puede manejarte de verdad. 
—¿Manejarme? —¿Era yo un jabalí? 
Asintió. 
—Sí, manejarte. O vas a negar que estás mucho más relajado y 
libre desde que Calliope entró en esta casa. 
Lo miré fijamente. Si eso es cierto, ¿por qué mandó a sus hijos 
fuera de esta casa? es lo que quería decir, pero en lugar de eso me 
centré en este tema. 
—Estoy tan relajado como siempre —mentí. 
—Son las 10 de la mañana. Estás leyendo, tomando una bebida 
con tu tío y enfadado con tu esposa. 
Ahí estaba esa palabra de nuevo. Enfadado. 
—Yo no te invité aquí, tío. 
—Y si fuera hace un año, ya te habrías ido. De hecho, ni siquiera 
habrías estado en la casa en este momento. En cambio, estarías 
en South Bend revisando los suministros. O teniendo una reunión 
privada con el jefe de otra familia. O estarías en alguna reunión 
matutina con políticos. 
—Tengo una reunión a las dos. 
—De verdad. ¿Una reunión? ¿Sólo una? ¿Por qué? —presionó—. 
¿Porque tu esposa se encarga de los políticos, de sus esposas, de 
las reuniones de la comunidad, de las organizaciones benéficas, 
de todas las cosas que odias, mientras tú te centras en el negocio? 
 
Ella sólo te dice cuándo tienes que aparecer y sonreír para las 
cámaras. Y tú lo prefieres así. Desde que eras joven, nunca te ha 
gustado ensuciarte las manos de verdad. Prefieres utilizar a otras 
personas para conseguir lo que quieres. Y me he dado cuenta de 
que Calliope te permite utilizarla en lo que necesites. 
—Fíjate menos, tío. Fíjate menos —respondí antes de dar un sorbo 
a mi bebida. 
—¿Por qué? ¿Me he tropezado con un gran secreto? —Se rio de 
mí—. Bueno, no quiero entrar en tu punto de mira. Lo único que 
digo es que, después de lo que le pasó a Cora, esta familia podría 
haberse desmoronado. De hecho, todavía estamos heridos. Pero 
gracias a que Calliope y tú siguen como lo hacen, arrastrándonos 
hacia adelante como si nada hubiera pasado, remendando las 
grietas sobre la marcha, hemos llegado hasta aquí. El negocio es 
ahora tan fuerte como siempre; las familias han ido recuperando 
la confianza en ustedes. La ciudad está más tranquila, y ustedes 
dos son la pareja del año. Bravo. Levantó su vaso hacia mí antes 
de terminar su bebida. 
Hice un chasquido con mi mandíbula. Esto era demasiado 
conveniente y unilateral a favor de Calliope. 
—Ella te dijo que vinieras aquí y me contaras todo esto, ¿verdad? 
Sonrió, dejando el vaso sobre la mesa. 
—Lo que la señora Callahan quiere, la señora Callahan lo 
consigue. Buena suerte en la subasta benéfica. 
Negué con la cabeza, terminando mi bebida mientras se iba. 
Calliopeera realmente implacable. Era una de las cosas que me 
gustaban de ella. Pero cada vez que utilizaba sus artimañas 
conmigo, me daban ganas de estrangularla. No me gustaba ser 
controlado por nadie, y sin embargo me encontraba bajo su 
maldito pulgar de todos modos. Sabía exactamente qué botones 
 
apretar. Me levanté de la silla, tomé mi chaqueta y me ajusté los 
gemelos antes de dirigirme a la puerta. 
Al salir, Dino, mi guardaespaldas personal, se apartó de la pared y 
se acercó a mí. Asintió una vez con la cabeza. No dije nada y me 
dirigí a la entrada de la casa. A cada paso, me debatía entre 
abofetear o burlarme de mí mismo. Habían pasado muchas cosas 
en un año. Pero lo más importante había sido el cambio de imagen 
de Calliope y de mí en la ciudad. Las noticias de la mañana nos 
llamaban el renacimiento de la vieja realeza americana. 
¿Esposa trofeo? 
Pasó de no ser reconocida en absoluto a ser la mujer que todos 
querían ser. 
Calliope era ahora una princesa con la misión de ser reina. 
Al salir al exterior, el familiar viento frío de noviembre sopló a mi 
alrededor, provocando escalofríos en mi piel. El 30 de diciembre 
estaba a la vuelta de la esquina. Calliope estaba de pie frente al 
Bentley, con una chaqueta de piel blanca colgada sobre los 
hombros. Me devolvió la mirada. Sus ojos se entrecerraron y, sin 
decir nada, se dirigió al auto mientras Monk le abría la puerta. 
Con Dino y los demás aquí, había sido relegado a conductor. 
Adelantándome, empujé la puerta para cerrarla antes de que ella 
pudiera entrar. 
Ella suspiró. 
—¿De verdad? 
Me acerqué y le toqué un lado de la cara. 
—A veces me molestas mucho. 
—Lo mismo... 
 
Acercando sus labios a los míos, la besé y, como siempre, me 
devolvió el beso, introduciendo su lengua en mi boca. Su cuerpo 
se apretó contra el mío; pude sentir cómo sus pezones se 
endurecían a través del vestido. Me retiré y la miré con dureza. 
—Ve a cambiarte. 
—No. 
—¿Quién rechaza ahora una rama de olivo? 
—Castígame por eso esta noche. Llegamos tarde, y cuanto más 
tiempo me tengas en el frío, peor será. 
—Maldito seas. 
Ella sonrió. 
—Así que fuiste tú quien me maldijo. 
—Estoy seguro de que no soy el único —murmuré, asintiendo 
para que nos abrieran la puerta. 
Sólo cuando estuvimos dentro puso su mano en la mía y dijo: 
—Pero la tuya es la única que me importa. Ahora, ven para que 
pueda contarte el plan de juego. 
El hecho de que la amara me molestaba, maldición. 
 
 
DOS 
“Tengo una maldad dentro de mí, 
real como un órgano” 
~ Gillian Flynn ~ 
 
CALLIOPE 
 
El último año había sido el mejor de mi vida. Fue como un sueño, 
como todo lo que siempre había deseado pero que no sabía cómo 
hacer realidad. Por fin lo tenía todo. Salí a la calle con la mejor 
ropa, zapatos y joyas, con el mejor hombre del brazo. Nos pusimos 
de pie, orgullosos y erguidos, ante los vítores, los aplausos y los 
flashes de las cámaras. Nuestras fotos aparecerían en las portadas 
de las revistas y se enviarían a todos los hogares de la ciudad... 
incluso del país. Todo lo que quería era mío con un simple 
susurro. Cuando entraba en una habitación, todo el mundo giraba 
la cabeza y me prestaba atención, quisiera o no. Incluso mi 
padrastro, mi madre y mis hermanas ya no podían ignorarme. 
Habían mejorado a la hora de ocultar su evidente odio y miedo y 
se habían convertido en buenas marionetas. La familia de Ethan 
también. Todos habían caído en la fila. 
Y además, el mayor regalo de todos era mi hija, que por fin era 
feliz. Era libre de llamar a su padre o a mí, y libre de llamarse a sí 
misma Callahan. 
Sí, eso era la perfección... pero la perfección también era una 
ilusión. Bajo esta gran fachada de familia y lujo había sangre. Algo 
que yo había derramado. Otra que había sido derramada mucho 
 
antes que yo. Se filtraba y se derramaba por cada rincón, grieta y 
abertura que tocaba, pisaba o abría. ¿Cómo no perder la cabeza? 
¿Cómo seguía sonriendo? Cómo continué a pesar de la sangre que 
cubría mis manos... no, no eran sólo mis manos en este momento; 
estaba cubierta de sangre de pies a cabeza. Pero seguí adelante 
porque todos los demás también lo hacían. Este mundo era un 
cementerio, y los que vivían lo hacían para bailar sobre los 
muertos. 
—Oh, pero yo no he matado a nadie —decían algunos, como si 
fueran menos monstruos, como si no vieran a los que sí mataban 
y desviaban la mirada. Como si no vivieran en una gran nación 
que se ha convertido en esa nación a base de embrutecer a los 
débiles y a los impotentes. Como si no supieran que viven en un 
privilegio traído por alguien con las manos ensangrentadas. 
¿Era yo un monstruo? 
Porque maté y mentí para llegar aquí. 
¿Era yo un monstruo? 
No. No lo era. 
Era como ellos. Débil hasta que decidí no ser débil. Impotente 
hasta que decidí no serlo. Cubierta de sangre como ellos o sus 
abuelos o sus bisabuelos. 
No era un monstruo. 
Era algo mucho peor. 
Era un ser humano. 
Me pusieron en esta tierra para luchar por llegar a la cima, contra 
otros humanos, de manera que no me avergonzara. No me 
arrepentiría. Ni siquiera me lavaría la sangre de mis manos. Sí, 
esta era yo. Y no importaba lo malvada, cruel o despiadada que 
alguien me considerara... aún así iban a girar la cabeza y darme 
 
respeto. Porque sabían, en el fondo, que la clase de persona que 
eras no importaba mientras estuvieras en la cima. 
—En el último año, tomó las riendas y ha demostrado ser una luz 
guía, una fuerza inamovible de cambio y bien. Nos ha aportado 
muchas ideas únicas y creativas, como la que hoy nos trae aquí. 
Ella ha donado su tiempo para elevar a las mujeres y los niños, 
así como ha creado más de doscientas nuevas oportunidades para 
los adolescentes huérfanos en todo el estado, lo que les permite no 
sólo ver, sino ser parte de las bellas artes. Señoras y señores, 
tengo el honor y el privilegio de presentarles a una de las mujeres 
más amables y caritativas que he tenido el placer de conocer, la 
presidenta de la Asociación Femenina de Bellas Artes de Chicago, 
Calliope Orsini Callahan, ayúdenme a darle la bienvenida al 
escenario —anunció Fatimah Gupta, la esposa del ex alcalde de 
Chicago, el hombre al que Ethan mató y colgó de un puente. Se 
giró para darme la bienvenida al escenario con la sonrisa más 
falsa en su rostro. 
Ethan, siempre un caballero en público, me dio el brazo para 
ayudarme a levantarme de la mesa. Pude ver la diversión en sus 
ojos ante su presentación. Pero lo ignoré y me adelanté, subí a las 
escaleras del escenario mientras todos los demás aplaudían. Allí, 
Fatimah me abrió los brazos y yo a ella. Nos besamos la mejilla, y 
casi me recordó a Judas cuando besó a Jesús. No es que yo fuera 
Jesús. Pero Fatimah había sacado mucho provecho de la muerte 
de su esposo durante el último año, aprovechando cada mirada 
para obtener simpatía, apoyo y poder. Haciendo de viuda afligida a 
pesar de que había tenido una aventura muy seria e incluso 
estaba embarazada del hijo de su amante, al que hizo pasar por el 
de su marido muerto. Y saber eso la hacía tolerable. 
—Gracias, gracias —sonreí, asintiendo cuando los aplausos se 
apagaron—. Decir que estoy agradecida a la Asociación Femenina 
de Bellas Artes de Chicago, por haberme nombrado su presidenta, 
sería una mentira. Cuando me lo pidieron, no pensé que estuviera 
 
cualificada, sobre todo después de haber sido miembro durante 
tan poco tiempo. Pero después de ver la cantidad de papeles, 
ahora entiendo por qué se lo dieron a la chica nueva. 
Algunos se rieron mientras otros se limitaron a sonreírme. 
—Cuando anunciamos una subasta de mujeres para la 
recaudación de fondos de este año, los grupos de derechos de la 
mujer y otras líderes del empoderamiento femenino me 
arremetieron por crear una atmósfera de sexismo… palabras de 
una, Molly Wright, en Twitter esta mañana. Otra dijo que era 
arcaicoy francamente poco original. 
—Boo... 
—No, no abucheen. —Sacudí la cabeza—. No creo en los 
abucheos; creo en el dinero. Y si pudieran pagar una cifra lo 
suficientemente grande como para no celebrar este evento, una 
cantidad que proporcionara cientos de servicios que promovieran 
y elevaran a artistas, gestores, comisarios... tanto hombres como 
mujeres... de toda esta ciudad, habría aceptado esa oferta. Pero 
no lo hicieron. Así que aquí estamos. Mujeres de mentes abiertas y 
libre albedrío... —Sonreí, mirando a Ethan— viendo lo mucho que 
nuestros esposos están dispuestos a derramar por nosotros. Ya he 
informado al mío para que llame al banco y les dé un aviso. 
Eso provocó más risas. Algunos hombres incluso levantaron sus 
copas hacia Ethan mientras éste negaba con la cabeza. 
Finalmente, se limitó a asentir, con una pequeña sonrisa en los 
labios. 
—Pero en serio —hablé, atrayendo de nuevo su atención hacia 
mí—. Las bellas artes, de hecho, todo el arte, diría que siempre se 
ha centrado en una cosa... la belleza. La apreciación de la belleza 
en nuestra humanidad. Desde El nacimiento de Venus de Sandro 
Botticelli hasta La Chica del Pendiente de Perla de Johannes 
Vermeer, pasando por la Mona Lisa de Leonardo da Vinci. Los 
 
artistas han contemplado a las mujeres de carne y hueso y han 
dicho que esta belleza debe ser recordada para siempre. Las 
bellezas que están hoy aquí para esta subasta pueden quedar 
grabadas para siempre en la historia. Las tres mejores, serán 
pintadas y expuestas en el Museo de Bellas Artes de Chicago por 
el pintor de renombre mundial, Antonello Torre Di Bello, que está 
aquí hoy. 
Le hice un gesto y se levantó de su asiento en medio de una ronda 
de aplausos. 
—Así que, sin más preámbulos, señoras y señores, abran sus 
carteras y comencemos. Fatimah. —Me hice a un lado para que 
ella pudiera empezar. 
Se adelantó, pero antes de que pudiera bajar las escaleras, dijo: 
—Señora Callahan, ¿a dónde cree que va? Es obvio que usted es 
nuestra primera concursante. 
Sacudí la cabeza. 
—Mi esposo tiene la tendencia a exagerar. No querría que nadie 
más se sintiera incómodo desde el principio... 
—¡Un dólar! 
Me giré para ver a Ethan sosteniendo una paleta de subasta en el 
aire con una sonrisa completa en su estúpida boca por esa oferta 
vergonzosa. Hice un chasquido con la mandíbula hacia un lado, 
con los ojos entrecerrados sobre él. Volviendo a mirar a Fátimah, 
sonreí y asentí. 
—Supongo que soy la primera, y la oferta inicial es de un dólar. 
Obviamente, no me gusta. 
—Muy bien. Dos dólares. —Ethan gritó. 
Iba a matarlo después. 
 
Si él quería jugar así. Yo también lo haría. 
Miré a Dino, que estaba detrás de él, hacia la esquina de la 
habitación. Sin embargo, no me miraba a mí, el traidor. 
—Señor Callahan, aparentemente usted es ciego a su 
bendición —dijo Antonello Torre Di Bello, levantando su paleta. 
Sus ojos azules brillaban como los de un superhéroe—. Veinte mil 
por la belleza de los ojos grises. 
Ante eso, le guiñé un ojo. Porque había que tener bolas. 
Normalmente, nadie más pujaría contra un Callahan, 
especialmente Ethan Callahan, en su cara... por su mujer. Pero 
desde que lo hizo, todos los demás ya no tenían miedo de hacerlo. 
—25,000. 
—25.000 al hombre de traje gris. —Fatimah finalmente se acordó 
de hacer su trabajo. 
—50,000. 
—50.000 para el hombre de la derecha. 
Dejé de escuchar, francamente, todos estos números eran 
demasiado bajos, y me molestó mucho que Ethan me hubiera 
puesto en este maldito camino. No me gustaba estar aquí de pie 
más de un segundo. Se lo había dicho en el auto. Por eso se 
suponía que debía empezar con dos millones, y luego yo me reiría 
y me alejaría mientras él se establecía en cinco. 
Y aquí estábamos llegando a los 200.000 dólares. Ethan no 
levantó su paleta. En su lugar, estaba desplazándose por su 
teléfono. El hijo de puta estaba haciendo esto sólo para 
enfadarme. Oh, definitivamente iba a sostener uno de estos y 
dejar que lo comprara alguna mujer poco atractiva con labios de 
rana. 
—Tenemos 350.000 dólares... 
 
—$3,000,000. 
Se hizo un silencio en la sala y miré a Ethan, aunque sabía que no 
era su voz, porque quería ver si alguien había pujado mientras él 
fingía que no le importaba. Pero la mirada de rabia en sus ojos me 
dijo que no era el caso. Así que me giré de nuevo para ver a una 
mujer vestida con un traje blanco de tres piezas, zapatos rojos de 
Christian Louboutin y grandes gafas de sol negras de Christian 
Dior sobre su rostro, sosteniendo una paleta. Su cabello oscuro, 
con un solo mechón de canas en la parte delantera, se detenía 
justo por debajo de los hombros. Todo el mundo la miraba como si 
hubiera puesto en pausa la habitación con un mando a distancia. 
Aunque no sabían quién era, sentían quién era. 
—5.000.000 de dólares —la voz de Ethan rompió el silencio. 
Ella inclinó la cabeza y sonrió. 
—5,500,000. 
—6,000,000. 
—6.500.000 —respondió ella. 
Ethan se levantó de su silla. 
—7 millones de dólares. 
—7,5 —respondió la mujer, cruzando una pierna sobre la otra. 
—Señora —dijo Ethan mientras cruzaba el pequeño pasillo hacia 
ella—. Mi esposa y yo estamos teniendo una pequeña disputa. Y 
no me gustaría gastar tanto hoy. ¿Me harías el favor de retirarse? 
—No. —Ella respondió tranquilamente. 
—$50,000,000. —Ethan levantó su paleta. 
Ugh. Joder, ahora la gente hablaría de que habíamos malgastado 
tanto dinero. 
 
—55 millones de dólares —replicó la mujer, levantándose de la 
silla—. Lo siento, señor Callahan. Mi esposo y yo nos hemos 
interesado mucho por su esposa. Así que, por desgracia, es usted 
quien tendrá que retirarse. 
—Mi padre me enseñó que un Callahan siempre se sale con la 
suya. —La voz de Ethan era gélida. 
—Y yo que creía que un Callahan sólo recibía una bala. —Ella 
sonrió. 
Mierda, esto estaba en espiral. Me dirigí al podio para hablar 
cuando Ethan sacó un arma. Lo que hizo que Dino y todos los 
demás guardias hicieran lo mismo. 
—Tú lo sabrías, ¿no es así madre? 
Se quitó las gafas ante los jadeos de la sala, pero a mí me 
preocupaba más la luz roja que brillaba en su sien y la otra en la 
mía. 
—¿De verdad creías que los dejaríamos hacer esto a los 
dos? —preguntó ella. 
—¡Ethan! —grité, tratando de moverme, pero era demasiado tarde. 
BANG. 
El sonido hizo que un escalofrío recorriera mi columna vertebral. 
—¡Ethan! 
 
 
 
 
 
ETHAN 
 
—¡Ethan! —gritó Calliope, levantándose bruscamente de la cama, 
con los ojos muy abiertos y enloquecidos, mirando a la izquierda y 
a la derecha de la habitación antes de volver a mirarme a mí, 
tumbado en la cama a su lado. 
—Oh, Dios. Sólo ha sido un sueño. —Exhaló con una mano sobre 
el corazón—. Un maldito sueño. 
—Los sueños son cosas buenas. Las pesadillas son cosas malas. 
Entonces, ¿fue algo bueno lo que pasó, o quieres decir que sólo 
fue una pesadilla? —Respondí. 
Su cabeza se giró hacia mí, mirándome fijamente. Y en lugar de 
usar sus palabras, tomó la almohada de su espalda y me la lanzó 
a la cara. La atrapé y la devolví a su sitio, a mi lado. Se pasó las 
manos por el cabello, pensando durante un largo momento, 
respirando profundamente. 
Cerrando el libro, lo puse en la mesita de noche. 
—¿Qué pasó en esta pesadilla tuya? 
—Nada —susurró, y se dispuso a salir de la cama cuando le 
agarré la muñeca y la atraje de nuevo junto a mí. No me miró a los 
ojos. 
—Desde la subasta de esta mañana, has estado en una nebulosa. 
¿Estás bien? 
Permaneció en silencio durante tanto tiempo que pensé que se 
había olvidado de que yo estaba aquí. Lentamente se volvió hacia 
mí, con un rostro confuso: 
—No recuerdo la subasta. 
 
—¿Qué? 
—Recuerdo que me subí al auto, llegué, y de repente, estaba de 
vuelta. —El ceño de su rostro se frunció. Y pude ver el sudor en 
su cuello—. Creo que se desvaneció mi memoria. ¿Por qué ibaa 
desvanecerse? Algo va mal. Me conozco. Me he perdido algo. 
Me acerqué y le puse la mano en la frente. 
—Tienes fiebre. 
—¿Fiebre? —Se levantó para tocarse el pulso y me miró, con los 
ojos muy abiertos. Rápidamente se liberó de mi agarre y se levantó 
para ir directamente al pie de la cama. Allí levantó la otomana, 
rebuscando en ella con la misma rapidez. 
—¿Y qué estás haciendo? 
—¡Creo que alguien me ha envenenado! —espetó furiosa, abriendo 
una pequeña caja de música y sacando un frasco de cristal con un 
líquido amarillo. 
—¡Calliope! ¡Es sólo fiebre! —grité cuando la loca se bebió lo que 
fuera que había en ese frasco. 
—Yo... no sólo tengo fiebre y desvanecimiento. —Jadeó antes de 
que su cuerpo empezara a temblar tanto que me apresuré a 
agarrar su lado derecho para sostenerla—. Si vomito rojo, estoy 
equivocada, si es negro, estoy en lo cierto... ¿quieres apostar? 
—Estás loca —le murmuré, ayudándola a levantarse. Ella era 
capaz de hablar; en cambio, se desplomó en mis brazos—. 
¡Calliope! 
Temblando, se dio la vuelta, tosiendo sangre negra sobre un lado 
de la cama, al verla, sonrió, jadeando en busca de aire, con las 
manos cerradas en puños mientras escupía maldiciones. 
—Maldita Melody. 
 
Así que no era ella la que estaba loca. 
Era yo. 
Yo por olvidar brevemente el tipo de mujer que era mi madre. 
Tomando mi teléfono, marqué un número. 
—¿Qué es...? 
—¡Ven aquí ahora! 
 
 
 
 
TRES 
“Apuñala el cuerpo y se cura, 
pero hiere el corazón y la herida dura toda la vida” 
~ Mineko Iwasaki ~ 
 
ETHAN 
 
—¿Qué mierda ha tomado? —preguntó Wyatt, limpiándose las 
manos mientras se levantaba del lado de Calliope. 
Se había desmayado casi inmediatamente después de toser aquel 
vómito negro. Ahora estaba tumbada en la cama, temblando, con 
el rostro tan rojo que parecía haberle salido una urticaria desde la 
base del cuello hasta la parte superior de la cabeza. Estaba claro 
que le dolía. 
—Como no soy un experto en venenos y el frasco no estaba 
etiquetado, no lo sé —respondí, agarrándome la muñeca sólo para 
impedirme atravesar la puta pared con la mano—. ¿Cómo está 
ella? 
—Bien, o al menos tan bien como se puede estar después de 
haber sido envenenada. La fiebre es la forma que tiene el cuerpo 
de combatir lo que sea que haya atacado su sistema. Le di algunos 
antibióticos generales, ya que no sé lo que tomó. Sabré más por la 
mañana —susurró, mirando por encima de sus hombros—. Y yo 
que pensaba que era casi indestructible. 
—¿Te divierte? —Porque yo no lo estoy, maldición 
 
—Eso no es lo que quería decir... 
Agarré su camisa, acercando su rostro al mío. 
—Hermanito, incluso ahora, casi un año después, sé que te sigue 
cayendo mal, y que no confías en ella. Así que no me mientas en 
la cara y me digas que no era eso lo que querías decir. Ayúdala y 
luego vuelve a fingir que confías en mí. 
Su rostro se agarrotó, sus dientes rechinaron. 
—Sigues pidiéndonos a todos que confiemos en ti sin darnos la 
razón para hacerlo. 
—¡La razón es que somos familia! 
—¿De verdad? —espetó—. ¡De verdad! La tía Coraline también era 
parte de la puta familia; también confiaba en ti, ¡Y ahora está 
muerta! Y la historia que nos contaron no tiene sentido ni para mí 
ni para nadie. ¡Ni entonces, ni un año después! Desde que 
Calliope llegó a nuestra casa, es como si estuviéramos malditos. El 
tío Declan está tan deprimido que ya no habla. Tuve que ponerle 
un puto tubo de alimentación cuando dejó de comer, maldición. 
Darcy... lo siento, Killian rara vez muestra su rostro por aquí. Esta 
familia se ha ido a la mierda, y tú ni siquiera parpadeaste. 
Seguiste presionando, como si todo fuera perfecto. ¿Y ahora está 
un poco enferma y estás dispuesto a luchar? ¿Dónde estaba toda 
esa energía antes? 
Idiotas. 
Todos ellos. 
Eran idiotas que nunca pudieron pensar más allá de su propio 
entendimiento. No podían racionalizar. No podían ver lo que yo 
veía, y por eso se cagaban en todo cada puta vez. 
 
—Como siempre, hermanito, tu mente no está donde necesito que 
esté. —Solté su camisa, empujándolo a un lado para poder 
sentarme junto a su cama. 
—Ella te ciega, Ethan. Ojalá pudieras ver lo que todos los demás 
ven. 
—Vete. —Gruño. 
Se quedó parado. 
—He dicho que te vayas antes de que sospeche que tú mismo la 
has envenenado. 
Suspirando y murmurando en voz baja, tomó sus cosas y salió de 
la habitación. Cuando se fue, puse la mano junto a su mejilla. 
—Por lo visto, hemos calculado mal, la mia anima —murmuré, 
apartando el cabello de su rostro—. ¿Y qué pasó con lo de que 
eras buena con los venenos? 
Esperé su respuesta ingeniosa, pero no hubo ninguna. Estaba 
tumbada, temblando. Cuanto más la miraba, más me enfadaba. 
Enfadado con ella por estar en esta situación. Enfadado conmigo 
mismo por no haberme dado cuenta... y más enfadado con la 
gente que le hizo esto. 
Ring. 
Ring. 
—¿Qué pasa? —Dije, levantando el teléfono. 
—Jefe —dijo Dino Tacinelli— no hay cintas de la subasta de hoy, 
en ningún sitio. Ni siquiera hay ya una grabación de un móvil 
colgada en internet. 
—Lo que quieres decir es que alguien las borró. 
—Sí. 
 
Me reí amargamente y colgué. Por supuesto, no sería tan fácil. 
Nada era fácil en una guerra. Especialmente en una civil. Sin 
embargo, yo -como decía Wyatt- no veía el mundo como los demás 
porque no era como los demás. Mis padres, mi hermano y todos 
los demás, parecían olvidar quién era yo. Podían borrar todas las 
cintas del mundo, pero no podían borrar mi mente. Sentada en la 
cama junto a ella, con la espalda apoyada en el cabecero, cerré los 
ojos, rebobinando hacia esta mañana. 
 
HORAS ANTES 
 
—¡Vendido, a ese apuesto joven de negro! —gritó y sonrió. 
Poniendo los ojos en blanco, me limité a beber, observando cómo 
casi saltaba, chocando los cinco con algunas mujeres, hasta que 
volvió a nuestra mesa, ocupando su lugar a mi lado. 
—¿Alguna vez te cansas? —Le pregunté. 
—No. —Me guiñó un ojo, tomando la cereza del borde del vaso y 
metiéndosela en la boca—. Es mi superpoder. 
—De todas las cosas que podrías tener como 
superpoder —respondí mientras la camarera le traía a Calliope una 
copa, pero ella hizo un gesto de desestimación. Luego se lo pensó y 
la tomó, de todos modos, comiéndose la cereza de la misma y 
dándome la bebida—. ¿Por qué has hecho que te sirvan mimosas 
hawaianas si no te gustan las piñas? 
—Porque tu madre siempre las hacía servir ya que son más caras. 
Si cambiara las cosas, parecería que soy mezquina e intento 
ensombrecer su memoria —me susurró—. Dame uno o dos años 
más y este menú cambiará. 
 
PRESENTE 
 
Mis ojos se abrieron de golpe al darme cuenta de lo que había 
pasado. 
Nadie había puesto nada en su comida o bebida. 
Ella no había bebido. 
El veneno estaba dentro de las cerezas. 
El antídoto estaba en las mimosas o en la piña. Cuando maldijo a 
mi madre, pensé que mi madre se había disfrazado de alguna 
manera y había venido esta mañana. Pero eso sería demasiado 
arriesgado, no con todos nuestros hombres y algunos de nuestra 
familia alrededor. No después de lo que había hecho Calliope la 
última vez que se habían acercado demasiado. No, ella había 
dicho: “Maldita Melody” porque el veneno era de sus mimosas 
hawaianas. 
De alguna manera, alguien sabía que a Calliope no le gustaban las 
piñas y estaba seguro de que no cambiaría el menú. 
Mirando su cuerpo tembloroso, exhalé profundamente. Sí, 
habíamos calculado mal... mantuvimos al resto de la familia en la 
oscuridad para mantenerlos al margen de esto. Y ahora estaban 
contra nosotros. 
Malditos traidores. 
 
 
 
 
 
WYATT 
 
—¿Cómo está? —fue lo primero que preguntó Helen cuando entré 
en la habitación. 
—De alguna manera lo descubrió y se dio un antídoto. 
—¿Cómo? —se mofó, arrojando con rabia el paño que tenía en las 
manos a la palangana con agua que había junto a la cama, antesde volver la cabeza hacia mí. Sus ojos marrones estaban furiosos, 
cansados y todavía llenos de dolor. 
Me acerqué, dejé el bolso y me coloqué frente a ella. 
—Helen, cariño, sé que estás disgustada, pero no puedes seguir 
así. 
Ella se apartó. 
—¿Cómo se supone que voy a seguir adelante, Wyatt? ¿Cómo? 
Mira a mi padre. 
No quería hacerlo. 
El hombre que ahora yacía en la cama junto a ella no era el tío 
que conocía. El tío que conocía estaba alerta, siempre dispuesto a 
dar consejos, a romperme las bolas; era fuerte y vivaz. No este 
hombre roto que yacía en la cama. Había perdido peso, negándose 
a comer la mayoría de los días. Casi se suicidó la primera semana 
después de la muerte de la tía Cora. Si no fuera porque Helen se 
cernía sobre él, entrando a toda prisa en el baño cuando no 
respondía, no habría vivido. Desde entonces… y durante un año… 
había pasado todo su tiempo libre vigilándolo... y planeando la 
caída de Calliope Callahan. 
 
—Ya no puedes ni mirarlo —susurró, acercándose para tomar el 
paño de la palangana y usarlo para terminar de limpiar las manos 
de su padre—. Está aquí, sufriendo, y tú has ido a ver a esa zorra. 
—¿Qué quieres que haga, Helen? —Sentía como si estuviera 
cayendo más y más profundo en el infierno cada día—. Si no 
hubiera ido a ayudar, Ethan se daría cuenta. Entonces tú serías 
la siguiente que perdería. No puedo permitir eso. Si tengo que 
mantenerla viva para salvarte, entonces lo haré por el tiempo que 
sea necesario, pero preciso que des un paso atrás. Por favor, nena. 
Por favor. 
Sus labios temblaron y sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas. 
—Ella mató a mi madre. Mi mamá fue amable con ella, la aceptó, 
y ella la pisoteó como un felpudo. Es malvada, y la mataré aunque 
sea lo último que haga. 
Tragué con fuerza. Levantándome, besé la frente de Helen. 
—Volveré. ¿De acuerdo? No seas estúpida mientras esté afuera. 
Helen no dijo nada, y eso sólo hizo que el miedo dentro de mí 
creciera. 
—Helen, por mi bien, por favor, prométemelo. 
—Por ahora. No haré nada. Por ahora —murmuró Helen—. 
Necesito pensar de todos modos. 
Eso era lo mejor que iba a conseguir, así que no dije nada más, 
agarrando mi bolso de trabajo de la esquina y dirigiéndome a la 
puerta. Esta... esta era la mierda de la que hablaba. Nuestra gran 
familia había caído en esto... mentiras, puñaladas por la espalda, 
traición, veneno. Pensé en todas las lecciones que mis padres me 
habían enseñado mientras salía de la habitación y me dirigía al 
garaje. La forma en que una familia caía era cuando se dividía 
desde adentro. Y eso era lo que nos había hecho Calliope. Nos 
 
había arrebatado a Ethan con amor, y luego a la tía Coraline con 
odio, dejándonos al resto a recoger los pedazos. 
¿Qué diablos podíamos hacer? 
Defenderme. 
Ese era mi instinto. 
Cuando alguien ataca a la familia, luchas hasta la muerte. 
¿Pero qué se suponía que debía hacer cuando estaba luchando 
contra mi hermano? Mi madre había hecho todo lo posible para 
asegurarse de que Ethan y yo nunca termináramos en bandos 
opuestos. Sin embargo, aquí estábamos, agarrándonos por el 
cuello. 
¿Era realmente así como debía ser? 
Sentado en mi auto, volví a respirar profundamente, apoyando la 
cabeza en el volante. 
—Eso no va a ayudar. 
Conocía esa voz. Nos perseguía a todos. 
Levantando lentamente la cabeza, miré por el espejo retrovisor 
para encontrar los ojos marrones de mi madre, sentada como si 
fuera su auto y yo su conductor personal. Su cabello era negro, 
excepto por un mechón gris plateado en la parte delantera. 
Llevaba un traje negro, pero no llevaba joyas. Casi se confundía 
con el interior del auto. 
Así era exactamente como lo había hecho la primera vez. 
 
 
 
 
WYATT 
DOS MESES ANTES 
 
—¿Ha terminado por esta noche, Doctor Callahan? —preguntó la 
enfermera desde detrás del puesto de urgencias. 
—Sí —dije, quitándome la credencial—. Buenas noches... 
—Ummm, ¿quieres tomar un café conmigo? —dijo rápidamente. 
Era casi medianoche. ¿Dónde diablos creía ella que podía 
conseguir un café a esta hora? Esa no era la cuestión, supuse. 
Era lo interesado que estaba. 
—Mi novia se enfadaría. Pero, gracias por la oferta. —Hice todo lo 
posible por ofrecer una sonrisa amable antes de darme la vuelta y 
caminar hacia los ascensores con mi bolso al hombro. Dentro, 
pulsé el botón del sótano antes de apoyarme en el panel, 
buscando en mi teléfono. 
Hoy no había respondido a ninguno de mis mensajes de texto. 
¿Había comido? ¿O incluso se había duchado hoy? No estaba 
seguro. Helen tenía el corazón roto antes, pero desde que había 
recibido ese paquete, estaba devastada, sabiendo que yo tenía 
razón. Algo no tenía sentido sobre cómo había muerto su madre. 
Toda esa noche no tenía sentido. Y no tenía sentido por culpa de 
la maldita Calliope. Lo sabía. La mujer era una serpiente, un 
cáncer. Nos estaba matando a todos desde adentro. ¿Y Ethan? Ni 
siquiera tenía palabras para el maldito Ethan. 
Salí al estacionamiento y me dirigí al tercer puesto; las dos 
primeras eran para el jefe del hospital y la presidenta de la junta 
directiva, aunque no debería haber tenido ningún puesto. Pero las 
reglas eran diferentes para los Callahan. Desbloqueé la puerta, 
 
dejé mi bolso en el asiento del copiloto y me recosté, cerrando los 
ojos. 
—¿Por qué la gente nunca revisa el asiento trasero de sus autos al 
entrar? 
Esa voz. 
Me di la vuelta tan rápido que casi me golpeé con el volante, y vi a 
los dos sentados despreocupadamente... mi madre, vestida con 
una camisa abotonada y unos jeans, mirándome fijamente con 
sus ojos marrones, y mi padre, a su lado, vestido con un jersey 
verde y unos jeans también. 
—Uno pensaría que nuestros hijos serían más inteligentes —dijo 
mi padre, llevándose a la boca una cucharada de gelatina de 
hospital. 
¿Estaba adentro? 
—Está mirando fijamente. ¿Crees que está en shock? —Mi madre 
se acercó y me puso la mano en la frente. 
Al contacto con su palma, di un pequeño salto hacia atrás. 
—Parece bastante consciente —respondió mi padre—. Si no, 
estamos en el hospital. Si lo dejamos afuera, alguien acabará 
viéndolo. 
—¿No te preocupa más que la gente los vea a los dos? —espeté—. 
¿Qué mierda están haciendo los dos aquí? 
—¿Me está maldiciendo? —preguntó mi madre, mirando a mi 
padre. 
—Sí. Por eso Dona es mi favorita —dijo para mi disgusto. 
Poniendo los ojos en blanco, me acomodé en mi asiento 
encendiendo el motor. 
 
—¿A dónde vamos? —Preguntó mi padre. 
—No sé qué harán ustedes, pero yo me voy a casa. —Respondí. 
—¿No es la mansión un poco deprimente ahora 
mismo? —preguntó mi madre. 
No dije nada, saliendo del estacionamiento antes de que alguien 
me viera. Nunca había agradecido tanto los cristales tintados. 
—Calliope mató a tu tía —continuó mi madre a pesar de que yo no 
respondía. 
—Lo sé —dije, agarrando el volante. 
—Gracias a nosotros, ya sabes. —Mi madre recalcó. 
De nuevo, no dije nada porque ¿qué podía decir? 
—¿Cómo está tu tío? —preguntó mi padre, con la voz ahora 
pesada y el ánimo ensombrecido. 
—Roto... todavía. 
—Tsk —fue todo lo que escuché de él, y cuando lo observé por el 
espejo retrovisor, estaba miraba por la ventana con furia. 
—Hay que detenerla —dijo mi madre. 
—¿Ella o ellos? —repliqué. 
—Ella es la razón por la que él está actuando así... 
—Madre, con todo respeto, Ethan es el maldito hermano mayor. 
Se supone que debe guiarnos. Se supone que ustedes lo 
prepararon para liderarnos, ¿y ahora culpas a una mujer por 
hacerlo caer? No, también es su culpa. 
El silencio. 
Tanto silencio que era ensordecedor. 
 
—¿Quieres matar a tu hermano? —Preguntó mi madre de forma 
rotunda. 
Respiré profundamente, sintiendo que la amargura se filtraba. 
—¿No me has preparado para no hacerlo? 
—Por lo visto, no se me da bien conseguir que mis hijos hagan lo 
que necesito que hagan. Así que poreso te lo 
pregunto —responde. 
Al detenerme en el semáforo en rojo, me frotó un lado de la 
cabeza. 
—Es mi hermano. Me ha ayudado... me ha salvado docenas de 
veces. Pero también ha puesto mi vida en peligro una docena de 
veces. No quiero matarlo. ¿Pero qué pasa si él quiere... no, qué 
pasa si esa mujer quiere que me mate? ¿O si luego va por Helen? 
¿Y entonces qué? ¿Se supone que debo darme la vuelta y 
aceptarlo? 
—No —mi padre finalmente habla de nuevo. 
—Entonces, vamos a salvarlo de ella. —Añadió mi madre. 
—Cómo demonios... —Hice una pausa, no quería seguir 
maldiciendo a mi madre pero sinceramente—. ¿Cómo? 
—Conduce por el paso subterráneo. —Ella asintió hacia adelante. 
Hice lo que me dijo, atravesando la zona industrial de la ciudad. 
Siguió dirigiéndome hasta que llegamos a un garaje destartalado. 
—Entra. 
Cuando lo hice, la vieja y oxidada puerta del garaje cayó detrás de 
nosotros, con un fuerte portazo, y mis padres abrieron sus 
puertas saliendo. 
 
—Supongo que debo estacionar, entonces —murmuré para mí, 
poniendo el auto en el puesto de estacionamiento y saliendo a un 
charco de agua sucia. Miré las manchas en los bajos de mis 
pantalones. 
—Cuidado en donde pisas —dijo mi padre un poco tarde con una 
sonrisa divertida en su rostro. 
—¡Gracias! —siseo. 
—Te has hecho alto —dijo mirándome de arriba a abajo. 
He tenido la misma altura desde que era adolescente. Un poco 
más de músculo, pero aparte de eso, seguía siendo el mismo. 
Supongo que ese no era el punto. 
—Más alto y más fuerte. Creo que ahora puedo ganarte en uno de 
esos combates de boxeo. 
Su ceja se levantó. 
—¿Pelearías con un viejo? 
—No eres viejo. Aunque las canas te sientan bien. 
Se rio y se acercó a mí, tirando de mí para abrazarme. Había 
pasado tanto tiempo desde la última vez que abracé a mi padre. 
Tanto que no recordaba cuándo había sido la última vez. Me dio 
una palmadita en la nuca. 
—Yo también te he echado de menos, chico. 
Le devolví el abrazo y, cuando nos separamos, se giró. Tenía los 
brazos abiertos por completo. 
—Vamos, Mel, deberíamos abrazar al que quiere abrazarnos. 
—Ethan entrará en razón. —Lo fulminó con la mirada antes de 
mirar hacia mí y agarrar mi rostro entre sus palmas, antes de 
abrazarme—. Menos mal que sigues siendo sensato... ¡Al menos 
 
cuando no estás en un maldito tiroteo! ¿Fue el año pasado? ¡Casi 
te mueres! ¿Por qué no te levantaste? Si tu hermano no está ahí, 
siempre necesitas a alguien que te vigile la espalda... 
—Mamá —me reí. ¿Cómo me hizo sentir como un niño otra vez?— 
Papá dijo que me abrazara, no que me diera un sermón hasta la 
muerte. 
Y así lo hizo. Y honestamente... había olvidado lo buenos que eran 
sus abrazos, incluso después de un sermón. 
—Yo... pensé que te habíamos perdido en ese entonces. —Dijo, 
con preocupación en su voz. 
—Soy demasiado terco para morir. 
—Bien. —Su voz se quebró y se apartó. 
Noté que sus labios temblaban. Pero ella lo superó y me paso sus 
manos por mis hombros. 
—No tenemos mucho tiempo. Tu padre y yo necesitamos tu ayuda 
para ayudar a tu hermano. ¿Puedes hacerlo con nosotros? 
—Con mucho gusto. 
 
WYATT – PRESENTE 
 
—Eres realmente audaz al volver así —murmuré—. ¿Cómo has 
entrado? 
—Es mi casa. Aunque cambie partes de ella y sustituya a las 
personas que están adentro, siempre será mi casa, y puedo 
encontrar la manera. 
—No deberías haberlo hecho —dije, saliendo del garaje. 
 
—¿Por qué debería tener miedo de alguien que está postrada en 
una cama? 
—Ella no está postrada en la cama. Va a superar la noche. Ahora, 
por favor, acuéstate —le dije, y afortunadamente lo hizo, mientras 
los guardias me abrían las puertas de hierro. 
—¿Va a sobrevivir? —dijo mientras se sentaba de nuevo—. Bueno, 
me decepcionaría si muriera antes de poder matarla yo misma. 
—¿Entonces por qué enviaste esos textos e información a Helen, 
exponiendo que Calliope había matado a la tía Cora? —Solté, 
molesto. 
—¿Por qué no lo haría? 
Agarré el volante con fuerza. 
—¡Para evitar que se convierta en una imprudente! Por suerte, 
¡Ethan cree que eres tú y no Helen! 
—¿Por suerte? —espetó—. ¿Crees que es una suerte que mi hijo 
piense que soy la villana de la historia de su vida? ¿Crees que es 
una suerte que yo esté en esta posición, luchando contra mi hijo? 
Me mordí el interior de la mejilla mientras me dirigía a la 
autopista. 
—Le di mi corazón y mi alma a esta familia, Wyatt —dijo, 
respirando lentamente—. Se lo di todo en bandeja de oro, ¿y ahora 
me lo echa en cara por culpa de esa estúpida perra que está 
siendo utilizada para la venganza de otra perra? ¿Qué sentido 
tenía todo esto? Toda la gente que aplastamos, toda la sangre y la 
violencia, las drogas y el poder, ¿qué sentido tenía si así es como 
termina? 
—No vamos a terminar así. —No lo permitiría. 
 
—Por eso le envié esos mensajes de texto a Helen —afirmó 
mamá—. Para que ella te lo enseñara. Y tú sabrías que fui yo 
quien los envió aunque ella no lo hiciera. Tú eres con quien tu 
padre y yo contamos para salvar a Ethan. 
—Madre, no hay que salvar a Ethan. —¿No podía ver eso?— Él 
está enamorado de ella. 
—Entonces puede amar a la muerta y superarlo. Como hizo con la 
otra. 
—Ivy. Y esa situación todavía me confunde. ¿Desde cuándo Ethan 
se convirtió en un actor tan bueno? Era como si fuera una 
persona diferente. Pero da igual. Digamos que todo era falso. Lo 
que tiene con Calliope es diferente. Es más oscuro y profundo. 
¿Cuándo alguien en esta familia ha superado bien la muerte de 
alguno de nuestros seres queridos? 
Hasta hoy, mi abuela seguía llorando la pérdida de mi abuelo. Mi 
tío estaba casi en su propio lecho de muerte por la pérdida de mi 
tía. Podía recordar la época en la que supuestamente había 
muerto mi propia madre y lo desconsolado que estaba mi padre en 
ese momento. Todavía no sabía si actuaba o no en aquella época, 
pero la imagen de él llorando seguía grabada en mi memoria. 
—Tu hermano es fuerte; lo superará. —Esa fue su única 
respuesta. 
Sacudí la cabeza. Esto sí que era un infierno. Nadie atendía a 
razones, sólo los demonios sobre sus hombros. 
—¿Dónde está papá? —Habían pasado dos meses desde que se 
pusieron en contacto conmigo a través de Helen. Y rara vez 
aparecían separados, si es que aparecían. 
—Curándose. 
—¿Curando de qué? 
 
—Un disparo en el hombro a través de uno de los pequeños 
francotiradores de Calliope —murmuró con amargura. 
—¿Debería acudir...? 
—No —interrumpió ella—. Deberías ir a trabajar y seguir con tu 
vida como lo haces normalmente. Tu padre está bien. De todos 
modos, se está quejando de mí. Pero con este atentado contra su 
vida, es probable que Ethan se ponga paranoico. 
No podía creer que este fuera el mismo hermano que siempre 
había conocido. Ethan, el titiritero, era ahora Ethan, la marioneta. 
El rey del hielo y de la nieve estaba derretido en un charco por 
una chica. 
—¿Qué pasa si Ethan no se puede salvar, mamá? ¿Qué hacemos 
entonces? 
Ella no respondió. Siempre había dicho que yo era su favorito. 
Pero ahora parecía que había sido Ethan todo el tiempo. 
—Tus ganas de salvarlo me están poniendo un poco celoso, 
mamá —admití cuando salí de la autopista en dirección a la 
Avenida del Hospital Callahan. 
Por el espejo retrovisor, vi la comisura de sus labios. 
—Lucharía igual de duro por cualquiera de los dos. He luchado 
igual de duro por todos ustedes. Pero todos son unos malcriados y 
unos desagradecidos, así que no se dan cuenta de todo mi puto 
trabajo duro. 
—Malcriado y desagradecido... ouch. Dime cómo te sientes 
realmente. 
—Dirías algo más que “ouch” cuando haya terminado. 
Me reí de eso. Una parte de mí se preguntaba si así podría haber 
sido si hubieran “vivido”, si no hubieran desaparecido. Si 
 
hubiéramos crecido con ella y papá hasta este mismo momento, 
¿habríamos tenido ella y yo más conversacionescomo esta? Para 
empezar, ¿habría caído Ethan en la trampa de Calliope? 
—¿Alguna vez te arrepientes? —pregunté mientras estacionaba en 
mi lugar en el hospital. 
—¿Arrepentirme de qué? 
—¿De dejarnos? 
De nuevo, no respondió a la pregunta. Colocó un teléfono móvil en 
la consola entre los asientos delanteros. 
—Actuamos mañana. 
—¿Mañana? —Había querido esperar unos días más antes de 
actuar—. ¿Por qué mañana y no a la gran inauguración de la 
nueva iglesia? 
—Porque la han envenenado hoy. No esperará un golpe 
consecutivo contra su vida —respondió—. Lo haremos en el baile 
del gobernador. 
Sacudí la cabeza. 
—No creo que vaya a ir. Apenas ha tenido energía para mantener 
los ojos abiertos esta noche, y mucho menos para ir a un baile 
elegante y fingir que es una mujer de la alta sociedad. 
—No está fingiendo. Ella es una socialité. Ella prospera en ese tipo 
de escena. Le gusta, los ojos de todos sobre ella. Va asistir aunque 
tenga que arrastrarse. 
—¿Y si no lo hace? 
—Seguimos con el plan original. Lo más probable es que Calliope 
esté mejor en unos días. 
—De acuerdo —asentí. 
 
—Bien, que pases una buena noche en el trabajo. 
—¿Se supone que debo dejarte aquí? 
—Sí, ahora vete. 
Puse los ojos en blanco y me reí. 
—Ethan lo saca de ti. 
—¿Qué? 
—Nada —dije, saliendo del auto como si ella no estuviera allí, 
cerrando las puertas como lo haría normalmente antes de caminar 
hacia los ascensores. No tenía ni idea de cómo saldría ella. Pero 
tampoco sabía cómo había entrado. 
Eso era lo que Ethan había obtenido de ella... la capacidad de 
guardar secretos y hacer lo imposible. 
 
 
CUATRO 
“La infancia es un largo, largo camino, 
desde el cual ese bosque oscuro y susurrante de 
la muerte parece un destino imposible” 
~ Lauren DeStefano ~ 
 
ETHAN 
 
—¡Pero mamá lo prometió! —Gigi resopló enfadada, no le gustaba 
nada que fuera yo quien la ayudara a arreglarse hoy. Se había 
negado cuando vinieron las criadas, diciendo que iba a esperar a 
su madre. Incluso mi abuela dijo que la ayudaría, pero Gigi se 
empeñó en que la única persona que quería era Calliope. El único 
problema era que su madre seguía en la cama. 
—Gigi —dije, arrodillándome frente a ella—. Mamá está un poco 
enferma. Necesita descansar. Sé que estás emocionada por la obra 
del colegio, pero ¿no quieres que mamá se mejore? 
Frunció el ceño, cruzando los brazos. 
—Mamá nunca se pone enferma, papá. 
—Bueno, ahora lo está... 
—Entonces quiero verla. ¡Ahora! —ordenó. 
Mi ceja se alzó ante el cambio en su tono de voz. ¿Estaba copiando 
a su madre? ¿O a mí? De acuerdo. Bien. 
 
—No me importa lo que quieras —dije también, poniéndome más 
alto. 
Se quedó con la boca abierta, como si no lo hubiera esperado. 
—Papá, no dices que no. 
Al parecer, la había mimado demasiado. 
—¿Ves cómo cambian las cosas? He dicho que no. Así que ve a 
ponerte el disfraz para no llegar tarde. ¡Ahora! 
Gigi hizo un mohín, abrazando mis piernas, y yo la miré sin 
comprender. Poco a poco perdió el mohín y soltó mis piernas 
mientras se daba la vuelta y se dirigía a su armario. Sacudí la 
cabeza, viéndola marchar. Realmente era increíble. Durante el 
último año, verla crecer y cambiar ha sido divertido y a la vez 
difícil. Al parecer, estaba de nuevo en la fase de prueba de los 
límites. Era la princesita del castillo y lo sabía. 
—Qué bien que hayas pisado fuerte ahora —dijo mi abuela 
mientras entraba lentamente. 
Esa era otra cosa que cambiaba... ver cómo mi hija se volvía más y 
más enérgica a medida que mi abuela lo hacía menos. No era 
drástico; ni siquiera era como si estuviera a las puertas de la 
muerte. Sólo se notaba. 
—A tu padre le costó más hacerlo con tu hermana. 
—Lo recuerdo —respondí. 
—¿Cómo está Calliope? —preguntó en voz baja—. Ya hay rumores 
en la casa desde que no tuvo su reunión matutina con el personal. 
—Se pierde un día y actúan como si estuviera en su lecho de 
muerte —refunfuñé. 
 
Desde que se hizo cargo de la casa, Calliope se había asegurado de 
empezar la mañana con una reunión informativa con el personal, 
estableciendo la agenda del día, repasando la jornada anterior, 
aplaudiendo a algunos y corrigiendo a otros. Era como si 
estuvieran en el ejército. Ella no necesitaba hacer todo eso, y sin 
embargo insistía. 
—Al personal le gusta ella. Están preocupados porque no es 
normal que se ausente —me tranquilizó. 
—¿Estás seguro de que les gusta? ¿O están fingiendo? —pregunté, 
sintiendo que la molestia en mí aumentaba de nuevo—. Ya no 
puedo ver quién es leal o no. 
—¿Te refieres al personal o a la familia? 
Miré su rostro, con algunas arrugas más que el año pasado; 
parecía cansada. 
—Estoy hablando de todos, Nana. Debes saber lo que está 
pasando. 
—Lo sé. —Ella frunció el ceño—. Y no me gusta. 
Yo también fruncí el ceño, apartando la mirada de ella. 
—Entonces, ¿también crees que estoy ciego? 
—No lo sé —dijo con pesadez en su respiración—. No sé nada. 
¿Quién tiene razón? ¿Quién está equivocado? ¿Qué causó qué? 
¿Quién hizo qué? ¿Qué pasa después? Nunca lo he sabido. No soy 
lo suficientemente inteligente. 
No me gustó la forma en que lo dijo. 
—¿Qué quieres decir? 
—Quiero decir que yo era mediocre. Tu abuelo también era 
mediocre. Tuvo que trabajar muy duro después de la muerte de su 
 
hermano. Se esforzó una y otra vez. Y fue duro y agotador para él, 
por eso se alegró tanto cuando tu padre parecía tener un instinto 
para eso. Quería hacer su parte y volver a ser mediocre 
conmigo. —Sonrió para sí misma—. Los planes que hicieron tu 
padre y tu madre estaban por encima de mi cabeza. Los planes 
que tú haces están por encima de mi cabeza. No entiendo nada de 
eso. Lo he asumido y simplemente quiero ser un apoyo. 
—Y a quién apoyas. 
—A la familia Callahan... ustedes se encargan de todo lo demás. 
Yo me centraré en cosas más sencillas... como mi bisnieta. 
Y justo en el momento, se oyó un golpe en la puerta de su 
armario, y me precipité hacia ella. 
—Gigi... 
—Estoy bien —dijo, y cuando abrí la puerta, estaba saltando, 
tratando de subirse la cremallera. Cuando me vio, frunció el 
ceño— ¡Papá, vete! Me estoy preparando. 
—Pero tu cremallera... 
—Ya lo tengo. 
¿Ya estaba en la etapa en la que no podía ayudarla a vestirse? 
Eso fue rápido. 
Eso me disgustaba. 
Ella saltó de nuevo, tratando de alcanzar la parte trasera de su 
disfraz de Campanilla. No estaba segura de por qué su colegio 
hacía Peter Pan en noviembre, pero estaba muy emocionada por 
eso y por el papel que había conseguido. Cuando le pregunté por 
qué, ya que no tenía líneas, me dijo que era porque podía hacer 
caras todo el día a los niños que no le gustaban y no se metía en 
problemas. 
 
RAS. 
Fue el siguiente sonido, y ella se congeló, volviéndose a mirar 
hacia mí, y yo intenté no reírme. Se parecía mucho a su madre 
con sus expresiones compartidas. 
—¡Oh, no, papá! 
—¿Ves lo que pasa cuando comes demasiado bauducco 
chocottone? 
Los dos nos giramos al oír esa voz. 
—¡Mamá! —gritó Gigi, corriendo hacia ella. 
Estaba de pie en una bata oscura con ojeras aún más oscuras 
alrededor de los ojos. Su piel había palidecido y su cabello 
disperso era un desastre. Estaba claro que seguía enferma, pero 
Gigi no pareció darse cuenta, agarrando la mano de su madre y 
llevándola a su armario. 
—Papá dijo que estabas enferma, pero sabía que vendrías. 
—¿Yo, enferma? Yo no me pongo enferma —mintió, mirándome. 
Me dio un parpadeo lento y una sonrisa como si eso fuera 
suficiente para hacerme creer que estaba bien para estar de pie y 
no en la cama. 
—Se lo dije. —Gigi también me sonrió. 
Recordé cuando mis padres me mentían. Cuando me decían que 
estaban bien cuando no lo estaban. Suspirando, me arrodillé ante 
ella y giré a mi hija para que mirara a su madre. 
—Ethan —Calliope parecía saber lo que estaba haciendo. 
Pero negué con la cabeza, ya que no iba a parar.—¿Papá? 
 
—¿Ves cómo los ojos de mamá parecen más oscuros? —Señalé—. 
¿Y cómo la piel de mamá es muy, muy blanca? 
Asintió. 
—Sí. 
—Eso significa que mamá está enferma. 
—Pero mamá dice que no está enferma. 
—Mamá no quiere que te preocupes —le dije—. Entonces, mamá 
dice eso. Pero si se pasa todo el tiempo intentando ayudarte y no 
mejora, se pondrá más enferma. Mamá quiere ser una 
supermamá, así que trabaja cuando está enferma. ¿Crees que eso 
es bueno? 
Frunció el ceño, al borde de las lágrimas, y volvió a mirar a su 
madre. 
—Mamá, ¿estás enferma? 
Calliope me miró con dureza, pero ni siquiera consiguió 
sostenerse, sino que tuvo que apoyarse en el marco de la puerta 
mientras su cuerpo se debilitaba. 
—Calliope —me aparté del lado de nuestra hija para ir hacia ella, 
tomándola del brazo— no es necesario que te esfuerces tanto todo 
el tiempo. 
—Estoy bien. —Calliope insistió. 
—No pasa nada, mamá. Nana puede ayudar —dijo Gigi, yendo al 
lado de mi abuela y tomando su mano. 
—¿Estás segura? Dijiste que querías que te peinara. —Preguntó 
Calliope, apartándose de mí e intentando acercarse. 
—A Nana también se le da bien el cabello. —Dijo Gigi. 
 
Calliope frunció el ceño ante eso. 
—Calliope —dijo mi abuela— no tienes buen aspecto. Ve a 
descansar un poco más. Yo la cuidaré. 
Ella suspiró, asintiendo, y finalmente volvió a mirar a Gigi. 
—Ven a mostrármelo antes de irte, ¿bien? 
—Sí, mamá. —Gigi sonrió. 
Aprovechando este momento de rendición, la levanté en mis 
brazos, haciendo que pusiera los ojos en blanco. 
—No estoy tan enferma. Me pondré bien dentro de unas 
horas —se quejó Calliope. 
—Pues muéstramelo dentro de unas horas —susurré, sacándola 
de la habitación. 
—Los sirvientes pensarán que me estoy muriendo. —Se quejó. 
—Mejórate entonces. 
—Eres imposible. 
—Tú también lo eres —dije mientras abría de una patada la 
puerta de nuestra habitación. Con cuidado, la llevé de nuevo a la 
cama. 
—Ethan, ya me han envenenado antes. No tienes que hacer todo 
esto. 
Allí fue, siendo imposible razonar con ella de nuevo. 
—¿Se supone que eso me hace sentir mejor? ¿Qué estás 
acostumbrada a ser envenenada? 
Sonrió, apoyando la cabeza en las almohadas. 
—Sí. 
 
—No me hace sentir mejor. 
—Entonces céntrate en el trabajo y no en mí. No puedes usar esto 
para librarte del baile del gobernador esta noche. Es importante 
que vayas. —Ella era insufrible con una mente única a veces. 
—Me molesta. 
—Lo mismo digo. —Ella sonrió, sus párpados comenzaron a 
cerrarse de nuevo. Levantó la mano para tocarme el rostro—. No 
te preocupes, jefe. No me voy a ninguna parte. Ahora haz buenas 
fotos hoy para Gigi. 
—No te voy a dejar sola en la casa. 
—¿De qué tienes miedo? No va a pasar nada. 
Ella no lo sabía. Esto me había mostrado lo inestable que se había 
vuelto todo el mundo. Eran más sigilosos, más desesperados. 
—Los animales arrinconados contraatacan. 
Ella no respondió, volviendo a dormir. 
Cómo deseaba poder unirme a ella. 
Sentí que el cansancio se apoderaba de mí y no sólo por la falta de 
sueño. Pasando del dormitorio al baño, me desnudé para entrar 
en la ducha. 
Necesitaba pensar. 
Había que reajustar el plan... y rápido. 
 
 
 
 
 
CALLIOPE – 12 AÑOS 
 
—¿Calli? Cariño, ¿qué te pasa? —me preguntó mi abuela mientras 
me ponía la mano en el rostro. 
Tenía el cabello rubio y los ojos verdes. Sus palmas se sentían como 
papel de lija en mi piel, pero era agradable... no me pegaba. Nunca 
me pegaba. Eso la hacía mejor que mi madre. ¿Pero por qué seguía 
esperando que fuera mi mamá quien me encontrara? ¿Quién me 
preguntara qué me pasaba? 
—Nada —dije, saliendo del armario para sentarme frente a ella. 
—¿Estás enfadada con tu mamá por haber olvidado tu cumpleaños 
otra vez? —preguntó mi abuela. 
Negué con la cabeza. 
—No. 
—Estás mintiendo. ¿Qué te he dicho sobre la mentira? 
—Hazlo de forma convincente, o no lo hagas en absoluto. 
—Así es, cariño —respondió, poniendo su mano en mi cabeza—. Y 
sé que estás triste, pero ¿recuerdas lo que te dije antes? Tu mamá 
te va a querer un día de estos. Un día, cuando seas lo mejor de lo 
mejor y hayas ayudado a esta familia... te querrá mil veces. 
—¿Por qué no puede amarme ahora? —Murmuré con la cabeza 
gacha. 
—Yo te amo. ¿No cuento? 
—Tú cuentas, abuela. Pero... 
—¿Pero quieres que tu mamá también cuente? 
 
No asentí ni aparté la mirada. 
—Sólo tienes que seguir creyendo, seguir trabajando, nada en este 
mundo que valga la pena viene gratis. Tienes que luchar, Calliope. 
Si quieres ser feliz, tienes que luchar más que nadie. ¿Y cómo se 
aprende a luchar? 
—¿Entrenando? 
—¿Y para qué se entrena? 
—¿Para luchar? 
—¿Y tú luchas? 
—Para ser feliz. 
—¿Y ser feliz es? 
—Proteger a tu familia y que tu familia te tenga en cuenta. 
—Buena chica, ahora, ve con tu abuelo para que te ayude a 
entrenar. Yo también quiero verte feliz. No importa cuántas veces él 
o cualquier otra persona te derribe, recuerda por qué estás haciendo 
esto y vuelve a levantarte. Levántate siempre. 
 
CALLIOPE – PRESENTE 
 
Cuando abrí los ojos, la habitación estaba a oscuras y sólo la luz 
de la luna la iluminaba. 
No sólo la habitación, sino también el mundo exterior por lo que 
podía ver a través de las ventanas. El día había pasado muy 
rápido. Apenas lo recordaba. Con frío en los pies, bajé las sábanas 
para ver a mi hija, vestida de Campanilla, tumbada en la cama a 
 
mi lado profundamente dormida, con su delfín favorito metido 
entre las dos. 
—¿Estás despierta? 
Miré a la puerta cuando Helen salió del baño con una toalla en las 
manos. Alcanzó un interruptor y la luz inundó la habitación. 
—Sí, estoy despierta y me siento mucho mejor. 
—Me alegro de oírlo. Todos estábamos preocupados por ti. 
Especialmente esta pequeña —dijo, acercándose a tomar asiento 
en la cama. Señaló a Gigi a mi lado—. Ethan nos hizo ir a todos a 
su obra para compensar tu ausencia. Gigi lo hizo bien. Hizo reír al 
público con sus expresiones. En cuanto volvimos, quiso verte. Y 
no se ha ido desde entonces. Para las pequeñas, sus madres son 
todo su mundo. Y para sus mamás, son los tesoros más 
preciados. 
—No todas las madres, por desgracia —dije, acariciando el cabello 
oscuro de Gigi por un momento antes de volver a mirar su rostro 
marrón—. Gracias por venir a visitarme. Con tu padre tan 
enfermo, debe ser difícil. 
Tic. 
Fue leve. 
Apenas perceptible. 
Pero había un tic en su ceja que capté. 
—Claro, ¿para qué está la familia si no es para esto? —preguntó. 
Asentí, mirando de nuevo la habitación. 
—¿Dónde está Ethan? 
—Se ha ido al baile del gobernador. 
 
—¿Y Wyatt? —Pregunté, sacando los pies de la cama. 
—Se ha ido con él. 
—Hmm... ¿así que esta noche sólo estamos las chicas? 
—Eso parece. 
—Te dejaré entonces —respondió Helen, moviéndose para salir. 
La vi llegar hasta la puerta antes de pronunciar su nombre. 
—Helen. 
Se congeló y, lentamente, se volvió hacia mí. Sonreí. 
—Es bueno tener una familia. Gracias por ser la mía y darme la 
bienvenida. 
Tic. 
—Por supuesto, ¿cómo no iba a darte la bienvenida? —dijo, y con 
eso, se fue lo más rápido posible. La puerta no se cerró de golpe 
tras ella, pero tampoco se cerró con suavidad. 
—Eres muy mala actriz, Helen —susurré, moviéndome hacia el 
borde de la cama, levantando el banco de la otomana, que yo 
consideraba mi caja de Pandora. Había recordado algo de antes de 
quedarme dormida. 
“Los animales arrinconados contraatacan”. 
Eso era cierto. Pero también era cierto que si se golpea a un 
animal las suficientes veces por intentar salir, aprende a quedarse 
en el rincón. Saqué un frasco y lo incliné hacia un lado para ver la 
burbuja de aire que contenía. 
No debería. Todavía no. No era el momento. Me habían 
envenenado y no podía hacer nada al respecto, todavía, pero no lo 
olvidaría. Nunca. 
 
Ring. 
Ring. 
Rápidamente, me moví paracoger mi teléfono, sin saber quién 
subiría tanto el volumen. Por otra parte, eso era exactamente lo 
que haría Ethan para ver lo fuera de sí que podía estar para no 
contestar. Al levantar el teléfono, miré hacia abajo para ver una 
llamada de identificación bloqueada. Suspirando, sólo podía ser 
una de las dos personas, y ambas me desagradaban ahora mismo. 
—¿Por qué no estás con tu esposo? —me preguntó mi abuelo—. 
¿O en la obra de tu hija esta mañana? 
—Me envenenaron. 
—¿Envenenada? —Se quedó sin palabras. 
—Eso es lo que he dicho. 
—¿Sabes por quién? 
Por el tono de su voz, podía sentir que estaba husmeando. 
—No, ¿por qué? ¿Qué pasa? 
—Tenemos que hablar, en persona. 
—Abuelo, acabo de despertarme. Todavía me siento... 
—Mala tempora currunt. —Era latín, lo que significa que los malos 
tiempos están sobre nosotros. Un código que significaba que algo 
había ido terriblemente mal. 
—Entendido. Te veré en el baile. 
Colgó sin decir nada y volví a mirar el frasco que tenía en las 
manos. Mi abuela era botánica. Al principio, antes de casarse con 
mi abuelo, sólo había querido ocuparse de los jardines y 
experimentar con las plantas para hacer mejores jardines. 
 
Después de su matrimonio, empezó a estudiar el veneno. Me 
había enseñado a reconocer enseguida los signos de 
envenenamiento, a utilizarlos para curarme y a matar a otros. No 
era tan simple como comprar un poco de cicuta y dejarla caer en 
la sopa de alguien. Se le ocurrieron las recetas más complicadas y 
pasó años tratando de averiguar cómo hacerlas más efectivas. 
Todo ese conocimiento lo volcó en mí y en algunos otros bajo su 
cuidado. 
Fue por eso que inmediatamente supe que algo andaba mal. 
Gracias a su formación, sobreviví y me recuperé tan rápidamente. 
Mi abuela ya era vieja, perdía lentamente sus capacidades 
mentales y lo único que quería en la vida era ver la destrucción de 
la familia Callahan por lo que le habían hecho. Era su deseo en 
vida y sería su último deseo en esta tierra, dar a esta familia el 
dolor que le dieron a ella. 
Por eso todo esto era un lío. 
Pero al final, por mucho que lo pensara, ya no había vuelta atrás. 
Ya había elegido mi camino y mi bando. Lo único que podía hacer 
era seguir empujando hacia adelante, seguir luchando hasta 
conseguir mi felicidad. 
Levantando de nuevo mi teléfono, marqué una vez, y 
automáticamente, él contestó el teléfono. 
—¿Dónde estás? 
—Estoy en el estúpido baile con tu esposo. Me alegra saber que 
sigues viva —respondió Dino. 
Me reí. 
—¿Qué tal Vinnie e Italo? 
—Vinnie está besando culos y metiéndose en la boca tartaletas de 
caviar y crème fraîche con las otras élites de la ciudad, y creo que 
 
Italo está en algún lugar prostituyéndose para el proxeneta de tu 
esposo. 
—¿Proxeneta? 
—No conozco los detalles. Tu esposo mantiene todo en secreto. 
Vas a tener que llamarlo. 
—Le preguntaré cuando llegué —dije al entrar en el baño. 
—¿Llegar a dónde? Aquí. 
—Sí, avísale, ya voy. 
—Eso no le va a gustar. 
—Por eso mi teléfono estará apagado y te dejo que se lo digas, pero 
dale como una hora antes de hacerlo —contesté y colgué, 
mirándome en el espejo—. Jesucristo. —No, ni siquiera él se veía 
tan mal. 
 
HELEN 
 
Desde que perdí a mi madre, sentía que mi corazón ardía y que 
tenía cenizas en la garganta. No podía encontrar la paz. No podía 
descansar. ¡Sólo la quería muerta! 
—¡Uf! —Grité, lanzando mi teléfono contra el espejo de mi 
habitación. Cuando se hizo añicos, me quedé mirando el reflejo 
roto de mí misma, sintiendo que las lágrimas se acumulaban en 
mis ojos. 
Toc. Toc. 
—¿Qué? —exclamé, apartando rápidamente mis lágrimas. 
 
La puerta se abrió, y al ver el rostro de Nari, mis hombros 
cayeron. No necesitaba cualquier mierda que ella tuviera que 
ofrecer en este momento. Sus ojos oscuros miraron los cristales 
rotos en el suelo. 
—¿Sí? —pregunté, molesta, ajustándome la camisa y volviéndome 
a mirar hacia ella—. ¿Necesitas algo, Nari? 
Ella apartó la mirada del cristal y volvió a mirarme. 
—¿Estás bien? 
—¿De verdad te importa? 
—Somos una familia —respondió, cerrando la puerta tras ella y 
apoyándose en la puerta, vestida con un traje de pantalón 
completamente blanco—. ¿O sigues mirándome por encima del 
hombro? 
—Nunca he mirado hacia abajo... 
—Sí, lo hiciste —cortó ella con frialdad—. Ese día, cuando Calliope 
me disparó, y tú te sentaste en el auto y me dijiste que “conociera 
mi lugar”. ¿Qué se siente cuando te ponen en el tuyo? 
—Entonces, no te importa; sólo has venido a... ¿hacer qué 
exactamente? ¿Regodearte? ¿Refregar mi rostro en la tierra? 
—No. A hacer lo que no hiciste cuando mi rostro estaba en la 
tierra. Recordarte que somos familia. Ayudarte. 
—¿Ayudarme? —Repetí—. ¿Con? 
—Calliope —dijo, y sus ojos se sintieron tan fríos y muertos como 
los míos—. ¿Qué ha pasado...? 
—No sé de qué estás hablando. Y no necesito ayuda con nada. 
Se apartó de la puerta y se acercó a mí. Me puse más erguida, con 
la cabeza alta, esperando. 
 
—Somos Callahan —me dijo—. Puede que no hayamos nacido con 
ese apellido, pero hemos sido criados como Callahan, y nadie 
debería insultarnos o hacernos daño y no pagar el precio por eso. 
Nadie. 
Durante el último año, la relación entre Calliope y Nari había 
empeorado. Nari quería divorciarse de su esposo, pero Ethan y 
Calliope se oponían. Nari presentó la demanda de todos modos, y 
ahora su esposo había obtenido la custodia total de su hija. Culpó 
a Calliope; después de todo, ¿cuándo un Callahan no había sido 
capaz de sobornar a un juez? 
—Helen, tengo un plan para... 
—No quiero oírlo —la interrumpí rápidamente—. No quiero formar 
parte de nada en lo que estés metida. 
—Helen, juntas... 
—No. 
Me miró fijamente como si estuviera loca. 
—¿No la odias? ¿Por qué diablos no lo harías? 
—He dicho... 
—¡He oído lo que has dicho! ¡No lo entiendo! 
—¡Porque eres más débil que yo! —Le grité en la cara—. Si ni 
siquiera puedes recuperar a tu propia hija, ni siquiera puedes 
ganar contra tu maldito esposo, ¿cómo carajo esperas tener mi 
respaldo? ¡Pierdes demasiado a menudo! No quiero cargar con un 
perdedor. 
—¿No has perdido tú también? 
Con la mirada fija, hablé: 
 
—Una vez más, No. Sé. De. Qué. Estás. Hablando. Rompí mi 
espejo porque estoy estresada y molesta por mi padre. No sé qué 
le pasó a Calliope. Pero espero que se recupere y encontremos a 
los imbéciles que la lastimaron. Ella es la líder de esta familia y la 
respeto. No sé por qué la culpas por tu hija. Tú eras el que 
simplemente esperaba que las cosas salieran a tu manera 
basándote en tu apellido. 
Cada palabra era una mentira. 
—Vete a la mierda —espetó mientras se dirigía de nuevo a la 
puerta. 
—Lo mismo digo —dije mientras la puerta se cerraba de golpe. 
Inhalando, lo sentí de nuevo, el calor de las llamas en mi corazón. 
Quería arrastrarme al lado de mi madre y quedarme allí como 
cuando era niña. 
Echaba de menos lo que era entonces. 
Cuando Nari y yo peleábamos por la ropa en lugar de por el poder. 
Cuando hablábamos de amor y no de asesinato. 
Echaba de menos a Dona y seguirla en una nueva aventura tras 
otra. Ahora estaba lejos, teniendo una aventura mágica por su 
cuenta. 
Alargando la mano, levanté el teléfono y pensé en llamarla. Pero 
me detuve, mirando mi reflejo roto. Si la llamaba... sería como 
Nari, una perdedora que miraba hacia arriba en la cadena 
alimenticia. 
 
 
CINCO 
“Cada traición comienza con la confianza” 
~ Martin Luther ~ 
 
ETHAN 
 
Me senté en una mesa VIP junto a mi hermano en el Museo de 
Arte de Chicago, con el sonido de la Obertura de Las Bodas de 
Fígaro de Mozart sonando a pocos metros de mí, por los mejores 
músicos clásicos del estado. Los hombres y mujeres más 
influyentes de la ciudad bailando, bebiendo y atiborrándose de 
comida con los dedos mientras fingían ser gente elegante y 
refinada. Mientras tanto, yo conocía todos sussecretos. Ninguno 
de ellos era ni la mitad de la imagen que intentaban pintar de sí 
mismos. Todos ellos me molestaban, cada uno de ellos. 
—¿Te mataría no parecer que quieres asesinar a todo el 
mundo? —susurró Wyatt mientras servía una copa de brandy 
para mí y luego otra para él. 
Levanté la copa, mirándola fijamente durante mucho tiempo, y la 
volví a dejar. 
—Alguien está intentando envenenar a nuestra familia; es mejor 
no beber en público. 
—Estás siendo paranoico. 
Lo miré mientras se relajaba en su silla, bebiendo. 
 
—Si fuera Helen la envenenada no estarías diciendo eso. Estarías 
exigiendo saber quién lo hizo y vengarte inmediatamente. Pero 
entonces, ya debes saber... quién lo hizo. 
—Lo mismo podría decirse de la tía Cora —replicó. 
Sonreí, asintiendo. 
—Sí, supongo que sí. 
—Ethan... 
—Bébete esto por mí —dije, acercándole la copa. 
Su boca se abrió mientras se sentaba con la espalda recta. 
—¿Hablas en serio? 
—¿Por qué iba a bromear? 
—Porque pudiste ver que he servido las bebidas de la misma 
botella, Ethan. 
—El veneno podría estar en la copa, no en la botella. 
—¿Y crees que yo te haría eso? —se mofó, arrebatándome la copa, 
y tomándola de un solo trago—. ¿Contento? ¿Ahora ni siquiera 
puedes confiar en tu propia familia? 
—Lo mismo podría decirse de ti —murmuré cuando Dino se 
acercó, inclinándose para susurrarme algo al oído. 
—Italo está esperando en la galería de blanco y negro... y la señora 
Callahan está de camino. 
Me giré para mirarlo y se limitó a asentir. La mujer se negaba a 
descansar, pasara lo que pasara. Sacudiendo la cabeza, me 
levanté de la mesa. Cuando Wyatt se movió para levantarse 
también, puse mi mano en su hombro para mantenerlo de nuevo 
en su sitio. 
 
—Quédate y disfruta de la fiesta, hermano. No te necesitamos. 
Caminar entre las personas, me obligó a poner una expresión 
agradable en mi rostro, lo mejor que pude reunir mientras 
saludaba con la cabeza a los otros pocos miembros del 
ayuntamiento, de la oficina del alcalde y la policía de Chicago. El 
camino hacia la galería de blanco y negro estaba cerrado al resto 
del público. Dos asistentes del museo se encontraban allí, 
impidiendo el paso a la gente, con el camino bloqueado por una 
cuerda roja. Sin embargo, en cuanto me adelanté, la abrieron sin 
dudarlo. Dino no me siguió. Sabía que no debía hacerlo cuando 
me encontrara con Italo. 
El hombre era un gigoló moderno, con aspecto de niño, a pesar de 
tener sólo un año menos que yo. Tenía la cara pecosa y el cabello 
rizado, largo hasta las orejas, de color marrón oscuro. Por alguna 
razón, las mujeres parecían adorarlo, pero yo no podía ver por 
qué. Pero tampoco me importaba, siempre y cuando me 
consiguiera lo que necesitaba. Se encontraba frente a un gran 
cuadro en blanco y negro de un elefante en libertad. El cuadro era 
tan grande que ocupaba todo el espacio de la pared. Iba vestido 
con unos jeans rotos y una chaqueta de cuero con un gorro en la 
cabeza. Olía a esencia de iglesia. 
—¿Dónde diablos has estado? 
—En el apartamento de una chica en la 43. —Sonrió y se volvió 
hacia mí—. Hola, jefe, ¿cómo va la fiesta de lujo? 
—¿Qué has descubierto? —pregunté, extendiendo la mano. 
Metió la mano en su chaqueta, sacando una pequeña tablet. 
—Tu primo, Killian, parece estar preparándose para una gran 
revancha dejándote afuera. 
Me quedé mirando la imagen de las mujeres alrededor de un club 
oscuro. Desde afuera, se veía exactamente como decían los 
 
rumores. Que tras la muerte de su madre, Killian se había 
convertido en un playboy borracho que se pasaba el día tirando 
dinero a las strippers. Pero yo lo conocía mejor que nadie. Tenía 
ambición, dedicación, y estaba demasiado enfadado conmigo como 
para caer en la embriaguez. 
—Déjame adivinar; ¿las mujeres están vinculadas a los líderes de 
los carteles? 
—¿Cómo lo sabes? 
—Porque si yo fuera él y necesitara pasar desapercibido, pero 
también quisiera aumentar mi poder e influencia, haría lo 
mismo. —Sólo que no sería tan jodidamente descuidado al 
respecto. Maldito idiota. 
—Se supone que se reunirá con alguien esta noche. No pude 
averiguar con quién. Pero ha estado quemando dinero 
rápidamente. Y se ha vuelto muy popular. 
—Todo el mundo sabe que se supone que voy a dar un discurso 
en honor a mi madre esta noche. Cree que es el mejor momento 
para moverse. 
—Entonces, ¿qué debo hacer? 
Me quedé mirando la tablet agarrándola con fuerza. Todos eran 
iguales. Todos ellos. Tan estúpidos que no pude soportarlos más. 
—¡Romperle las putas piernas! —Me burlé. 
—Jefe... 
—¿Me has oído? —Pregunté, girándome hacia él—. Quiere jugar a 
lo grande, entonces muéstrele lo alto que es el precio. 
—Entendido. 
—Y... detengámonos ahí mismo. 
 
Los dos nos giramos para ver a mi esposa, con un vestido largo de 
raso negro, con un escote alto en las piernas, y dos grandes 
esmeraldas colgando de sus orejas. Entró en la galería, 
resplandeciente, sin una ojera ni una apariencia de enfermedad a 
la vista. Tuve la sensación de que Dino no acababa de enterarse 
de que venía. Se acercó directamente a mí y sonrió. 
—Hola, jefe. —Su sensualidad sonó en mi oído. 
La fulminé con la mirada. 
—Una vez más, ¿debo preguntar quién es el jefe aquí? Tú o yo. 
—La respuesta es la misma que la última vez que lo 
preguntaste —respondió antes de mirar a Italo—. ¿Por qué 
demonios hueles a esencia de iglesia? 
—Por una chica de la 43 —respondí por él. 
Su ceja se alzó, sin entender o sin importarle. 
—Danos un momento, Italo. 
Me miró, y asentí para que se fuera. 
—Ves, mira eso; te miró a ti antes de irse. Definitivamente eres el 
jefe aquí. 
—¿No podías tomarte un día libre? —le pregunté—. Deberías estar 
descansando. Tengo esto controlado. 
—Estoy descansada, y tú no tienes esto controlado. Estabas a 
punto de dar un golpe a tu primo. —Ella frunció el ceño como si 
no hubiera hecho algo peor. 
—No es un golpe sino una advertencia. 
—Ethan. Respira. 
—Lo estoy haciendo. 
 
Levantó la mano y me agarró el rostro, acercándolo al suyo. 
—Esto es lo que quieren. Que estés tan concentrado en todas las 
pequeñas rebeliones que te pierdas la guerra. 
—¡Me están traicionando! —Me burlé, sintiendo que me venía un 
dolor de cabeza—. A diestro y siniestro, todos ellos. 
—Sabíamos que era un riesgo. 
Aparté sus manos de mi rostro, mirando hacia otro lado, con las 
manos apretadas. 
—Una y otra vez, siempre preguntaban cómo podían ayudarme, 
cómo podían ayudar a esta familia. Y yo les decía que no se 
involucraran, pero se negaban. Así que les hice un maldito espacio 
y les dije que tuvieran paciencia. Se negaron. Nunca escuchan. 
Nunca piensan. Saltan a la acción, sólo causando más de un puto 
lío para mí. ¿Cómo esperan que comparta mis planes con ellos 
cuando a la primera señal de problemas, corren a unirse a alguien 
más? 
—Darcy... perdón, Killian, está de duelo, y si actúan ahora, se 
cortará la última hebra. 
Me quedé mirando el cuadro en blanco y negro del león, 
desgarrando al cordero en la pared de la esquina más lejana de la 
galería. Así era el mundo. Los otros cuadros en los que el cordero 
dormía al lado del león nunca tuvieron sentido para mí. Los 
corderos eran comida; no se hacía amistad con la comida. 
—Tal vez sea mejor cortar la última hebra. Acabemos de una 
vez —respondí, sin mirarla todavía—. ¿Quieren traicionarme? 
¿Dar la espalda a la familia? Bien. Yo también le daré la mía. De 
todos modos, nunca me entendieron. 
—Ethan. 
 
No me molesté en responder, sino que empecé a alejarme de ella 
hacia el pasillo. 
—Ethan. 
—No haré nada esta noche. Tengo que dar un discurso. —Pero no 
le prometí nada sobre mañana. 
 
CALLIOPE 
 
Estaba al límite. 
Había demasiados cuchillos en su espalda. 
Se mantenía en silencio. Ese era su problema; dejaba que las 
cosas se quedaran en su interior.Se guardaba todas sus 
emociones, y a veces la presión se acumulaba y lo hacía estallar. 
Su mente iba a destruirlo todo. Normalmente su liberación era 
tomar cualquier cosa que estuviera cerca de él y romperla contra 
la pared... o la cabeza de alguien. 
Pero esto era diferente. 
Por la forma en que Helen había estado actuando últimamente, y 
la mirada en sus ojos esta noche, tenía la sensación de que ella 
estaba detrás de ese veneno. Después de todo, ella estaba a cargo 
de ayudarme a dirigir la subasta de caridad. Melody no usaría 
veneno para matarme, no después de nuestra última pelea. Ella 
querría sentir mi sangre en sus manos. Ella misma necesitaría 
verme morir. Así que Helen tenía una mano en alguna parte, y si 
lo hizo, entonces también lo hizo Wyatt. Eran dos más contra 
Ethan, más sus padres, y ahora Killian. 
Él no lo admitiría, incluso después de que habláramos de que su 
familia tal vez nos odiara por un tiempo, todavía no podía 
 
aceptarlo. Entendía por qué todos actuaban como lo hacían, pero 
no podía soportar que no confiaran ciegamente en él. Y en su 
perspectiva, cómo podían confiar en él cuando seguían saliendo 
lastimados. 
—Oh, qué jodido racimo. —Exhalé, siguiéndole, ajustando el anillo 
en mi dedo. También, un poco molesta de que no estuviera 
dispuesto para llevarme al salón de baile con él. Sin embargo, 
cuando entré en el salón, estaba allí, esperando con una sonrisa 
dibujada en los labios. Incluso cuando estaba al límite, 
encontraba la manera de recordar las pequeñas cosas. Caminando 
a su lado, me tendió el brazo—. Y yo que pensaba que me habías 
dejado —susurré, enlazando mi brazo con el suyo. 
—Es un poco tarde para dejarte —contestó, volviendo a mirar 
hacia mí, con sus ojos verdes observando mi vestido—. Estás muy 
guapa. 
—Estoy impresionante. 
—Entonces, te quejas de que no te elogio lo suficiente —murmuró 
mientras entrábamos. 
Sonreí a algunas mujeres de la fundación de camino a nuestra 
mesa, donde el alcalde y la esposa del gobernador, así como 
Fatimah Gupta, sonrieron al vernos. 
—Calliope, has venido. Ethan nos dijo que te sentías mal —dijo 
Fatimah, besando ambos lados de mis mejillas. 
—Ya ha pasado lo peor, así que, por supuesto, tenía que venir; si 
no, alguno de ustedes intentará robarme el asiento junto a él. 
Se rieron. 
—Creo que estás a salvo, tu asiento ha sido protegido. 
Miré al hombre que decían que lo estaba protegiendo... Wyatt 
Callahan... cuyo rostro parecía una mezcla de fastidio y desinterés 
 
mientras se levantaba, deslizando su teléfono de nuevo en el 
bolsillo. 
—En el momento oportuno, estaba buscando hacer mi 
escape —dijo, sacando la silla para mí. 
—¿No te vas a quedar para el discurso de Ethan? —le pregunté. 
—Ojalá pudiera —dijo Wyatt, acercándose a su hermano y 
poniendo la mano en su hombro—. Pero me necesitan en el 
hospital. 
—Gracias a Dios por tus manos sanadoras, hermano —dijo Ethan 
con dulzura, mientras nos movíamos para tomar nuestros 
asientos. 
—Disculpen todos —les dijo, estrechando la mano del alcalde y 
besando la de su esposa, haciéndola reír. 
—Un flirteo —dijo ella. 
—Nunca con mujeres casadas, quizá en otra vida. —Él se rio—. 
Que tengan una hermosa noche, todos. 
—Debe ser duro para él, compaginar la vida familiar con su 
trabajo como médico en un hospital tan famoso —dijo Fátimah a 
mi lado. 
Ethan resopló tan suavemente a mi lado que no estaba segura de 
que se dieran cuenta, pero yo sí. 
—Sí, todos somos muy afortunados de tener un médico en la 
familia —respondí, observando cómo se movía entre las mesas 
hacia la puerta. Sin embargo, el hecho de que Wyatt se marchara 
al mismo tiempo que yo llegaba me dejó intranquila. Tenía un 
presentimiento, una sensación visceral de que algo estaba mal. No 
era veneno. No iban a intentar eso de nuevo por un tiempo, o al 
menos no iba a ser sorprendida de nuevo con eso. Sólo había una 
 
sensación persistente, como la de preguntarse si había dejado la 
estufa encendida en la casa. 
Miré a Ethan y me incliné para susurrarle. 
—¿Le dijiste que viniera o vino por su cuenta? 
—Le dije que viniera. ¿Por qué? —preguntó. 
Fruncí el ceño, negando con la cabeza. 
—No estoy segura. 
—Cuando estés segura, dímelo —respondió—. Mientras tanto, ¿le 
dijiste a tu abuelo que viniera o vino por su cuenta? 
Seguí su mirada hacia mi abuelo, que hablaba con un hombre que 
no conocía al otro lado del salón de baile. 
—Vino por su cuenta —respondí. 
—¿Buenas o malas noticias? 
—Depende de quién sea, supongo. 
—Y ahora damos la bienvenida, al magnate de los negocios, 
inversor, filántropo e hijo de la ex gobernadora, Melody Callahan, 
un hombre que continúa la labor de su madre como parte de la 
columna vertebral de esta gran ciudad y de nuestro querido 
estado, el señor Ethan Callahan. 
Me levanté de mi silla junto a él, al igual que todos los demás 
mientras le dábamos el aplauso que se merecía. Me besó la mejilla 
antes de subir al escenario. 
Como quería que Gigi lo viera, levanté mi teléfono y tomé una foto. 
Ethan lo calificaría de ridículo, pero aun así, rara vez le hacía 
fotos; además, las cámaras me captaban a mí también. 
—Los dos son muy adorables —dijo Fatimah. 
 
—O infantiles —bromeé, volviendo a dejar el teléfono mientras se 
preparaba para hablar; sin embargo, cuando lo hice, me detuve, 
mirando el teléfono que tenía en la mano, y luego recordando el 
teléfono que vi que Wyatt se guardaba en el bolsillo. Era 
exactamente igual que todos los teléfonos de los Callahan. Sin 
embargo, se le había caído el teléfono hacía dos días y se le había 
estropeado el borde inferior de la pantalla. 
¿Lo había arreglado? ¿Le habían dado uno nuevo? 
Sonriendo, envié un mensaje de texto discreto a Dino. 
¿Le han dado a Wyatt un teléfono nuevo para sustituir el que 
se le ha roto? 
Inmediatamente contestó: 
Sí, le dieron uno nuevo ayer. 
Parecía que me estaba volviendo paranoica. 
Dejé el teléfono para concentrarme en lo que decía Ethan, pero por 
alguna razón, no pude. Tenía un mal presentimiento. 
Odiaba cuando tenía un mal presentimiento. 
Siempre pasaba algo cuando tenía un mal presentimiento. 
Llámalo instinto asesino. Mirando alrededor de la habitación, me 
di cuenta de que algunos hombres entraban en la habitación... 
hombres que no parecían pertenecer a este lugar. Pensé que 
cuando Wyatt se había ido, noté que otros hombres entraban. 
Caminaron lentamente hacia todos los rincones de la habitación. 
—Fatimah... necesito que hagas algo por mí —susurré. 
—Sabes que haría cualquier cosa. 
—Vierte tu bebida sobre mi vestido y di en voz alta que lo sientes. 
 
—¿Qué? 
—¡Hazlo ahora! —Siseé. 
Ella agarró su champán y lo vertió sobre mi vestido. 
—¡Oh, Dios mío! ¡Lo siento mucho! 
—¡Está bien! —Dije en voz alta, limpiando la bebida de mi vestido. 
Ethan se detuvo, mirándome fijamente. 
Levanté la mano y me dirigí a salir de la habitación tan rápido 
como pude. Cuando caminé, me aseguré de ver en qué se 
centraban sus ojos. Efectivamente, se miraron entre ellos 
mientras yo pasaba. Ahora podía notarlo claramente... Melody 
Callahan. 
¿Cómo iba a deshacerse de mí? 
Creando el caos y, en ese caos, poniendo una bala en mi cráneo. 
¿Cómo creó ese caos? 
Haciendo que los hombres dispararan en el lugar, sin dañar a 
nadie pero causando miedo, haciendo que la gente corriera. Ella 
estaba en algún lugar dentro o fuera, esperando ese disparo. 
—¿Acaba de verter su bebida sobre ti? —preguntó Dino. 
—Código gris —le susurré mientras me dirigía directamente al 
baño. 
Al entrar, empujé todas las puertas de las cabinas, comprobando 
también el techo por encima de mí antes de dirigirme al lavabo, 
intentando respirar. 
Llevaban casi un año en silencio, demasiado ocupados luchando 
por sus vidas. ¿Ahora, de repente, tenían tiempo para venir por 
mí? Esto era demasiado rápido. De nuevo, la pieza no encajaba amenos que pensara en mi abuelo y en por qué quería hablar 
conmigo. 
Mala tempora currunt. 
—No pudieron hacerlo tan rápido —susurré, mirándome en el 
espejo. Pero, de nuevo, estábamos hablando de Liam y Melody 
Callahan. 
Mis dedos golpearon la superficie del lavabo mientras respiraba 
profundamente, intentando atar cabos. Por último, marqué 
rápidamente. 
—Te fuiste deprisa por un poco de champán en tu vestido. —Me 
contestó. 
—Mala tempora currunt. ¿Qué ha pasado? —Pregunté 
directamente. 
—Hablaremos después del baile —dijo en un tono tranquilo. 
—No tenemos tiempo después del baile. Creo que Liam y Melody 
planean matarme esta noche. Algo que no deberían poder hacer 
porque se supone que tú envías gente tras ellos. ¿Qué pasó, 
abuelo? 
—Iré a... 
—¿Qué ha pasado? 
—Sólo quedan ustedes cuatro. 
Me quité el teléfono de la oreja. Tronando el cuello al no poder 
creer aquello. 
—¿Me estás diciendo que, de todo el negocio, dos personas, de 
unos putos cincuenta años, han matado a docenas de los 
nuestros en un año? 
 
Se quedó en silencio y lo único que pude hacer fue reír. Colgando 
la cabeza, me reí mucho. 
—Iré a verte. 
—Oh, qué bien, no puedo esperar —dije, levantando mi falda, 
sacando mi arma. 
¿Quién hubiera pensado que este momento llegaría tan pronto? 
En realidad era frustrante, verse obligado a apresurarse o actuar 
en función de otra persona. Pero, de nuevo, tenía que reconocer el 
mérito de Liam y Melody Callahan. 
Realmente eran unos malditos malotes. 
¿Por qué mis padres eran una mierda y los suyos tan jodidamente 
increíbles? 
—La vida realmente no era justa conmigo —dije, temblando. Me 
dieron una mano de mierda al nacer. Imagina lo diferente que 
podría haber sido todo. 
Marcando de nuevo, el teléfono sonó una y otra vez hasta que 
obtuve su mensaje de voz. Entonces, volví a marcar. Una y otra 
vez. 
—Calliope, si no contesto la primera vez, maldición, es porque 
estoy ocupado —dijo Wyatt en la otra línea. 
—¿Ocupado con qué? ¿Preparándonos? 
—¿Qué? Tú y Ethan están... 
—Lo siento, tengo poco tiempo, Wyatt. No llamé para que me 
mientas, así que pon a tus padres en la línea. 
—¿Te estás escuchando a ti mismo en este momento? 
—Lo estoy; ¿me estás escuchando? No soy una idiota. He 
preparado emboscadas muchas veces. Sé lo que se siente, el aire 
 
cambia para mí, el vello en la nuca se levanta. Toda esa mierda 
especial. Por lo tanto, sé lo que está a punto de suceder. Y si 
sucede, vivirás para lamentar cada día de tu puta vida. 
—Estás jodidamente loca... 
—¿Jurarías por tu preciada familia si salgo ahí afuera que no va a 
sonar ni un solo disparo? Liam. Melody. Uno de ustedes responda, 
no me importa cuál, sólo tome el teléfono de su hijo traidor. 
Se hizo el silencio. Y noté una sombra bajo la puerta. 
—¿Quién traicionó a quién primero? —Un hombre mayor, la voz 
de Liam, creo. 
—Si estás hablando conmigo, eso significa que tu esposa tiene un 
arma en la mano en algún lugar, ¿verdad? 
—¿Tienes miedo? —Se rio—. Debería estarlo. Está muy alterada, y 
cuando Mel está alterada, el mundo entero arde. 
—Ella y su hijo tienen eso en común, entonces. No Wyatt, me 
refiero a Ethan. Sólo para que quede claro. Wyatt es la razón por 
la que me di cuenta tan rápido. Siempre son las cosas pequeñas. 
Necesita más práctica. 
—Pensé que habías dicho que no tenías mucho tiempo. ¿O 
piensas esconderte en el baño para siempre? 
La sonrisa en mi rostro se amplió. 
—¿Puede verme? Bien. Me gustaría que llamaras a tu esposa. 
—Mi hijo, y me refiero a Wyatt, tiene razón; estás loca. 
—No creo que ninguno de ustedes tenga derecho a evaluar mi 
salud mental —murmuré—. Así que asegúrate de llamarla. 
Con eso, arrojé el teléfono sobre el mostrador. 
 
Tal como había pensado, en el momento en que colgué, las 
puertas se abrieron y entró mi abuelo, ajustándose los gemelos. 
—Supongo que no va a llamar a su esposa así como así— 
preguntó, frunciendo el ceño—. Entonces, ¿qué vamos a hacer? 
Sólo tengo dos hombres afuera. No somos suficientes para luchar 
para salir de aquí. Deben haber contratado a todos los que 
pudieron de la calle para esto. 
—¿Te has preguntado si todo podría haber sido diferente? 
—¿Diferente cómo? 
Me encogí de hombros. 
—Simplemente diferente. Me he preguntado qué habría sido de mi 
vida si todos ustedes no fueran mi familia. 
—No hables como si fueras a morir. Lo haremos... 
BANG. 
La sensación de su sangre salpicando mi rostro no fue agradable. 
Me levanté para limpiar la mancha carmesí. 
—No, yo lo lograré y dejaré de preguntarme. 
 
 
SEIS 
“Hacemos más daño a quien más queremos 
Mala gramática, dolorosa verdad” 
~ Andy Stanley ~ 
 
WYATT 
 
Me quedé mirando la pantalla en absoluto shock. 
Había una docena de maneras en las que pensé que esta noche 
terminaría. En once de ellas, Calliope moría. En una de ellas 
sobrevivía porque pensé que Ethan haría algo que ninguno de 
nosotros habría visto venir. Pero, pase lo que pase, había 
imaginado que la primera en caer sería Calliope y, después, 
acabaríamos con el resto de su familia. Pero en lugar de eso, 
acababa de meter una bala en la cabeza de su propio abuelo. La 
sangre se derramó de su cráneo sobre el mármol, mientras 
Calliope permanecía de pie junto a su cuerpo. 
—Esto no puede ser real —dije mientras mi padre también miraba 
la pantalla. 
No estaba en el exterior, porque su omóplato se había destrozado 
por el disparo de bala perdida que le había alcanzado. Con su 
brazo bueno, alcanzó el mando a distancia y amplió la imagen, y 
vimos cómo Calliope levantaba la cabeza, respiraba 
profundamente y se acercaba al lavabo, tomando una servilleta 
para limpiar la sangre de su rostro lo mejor que podía. Después, 
levantó el teléfono y marcó. 
 
Pensé que llamaría a Ethan. 
Pero en lugar de eso, fue mi teléfono el que sonó. 
—No es fingido —respondió mi padre, acercándose a mí mientras 
le entregaba el teléfono. 
Cuando contestó al teléfono, ella dijo inmediatamente: 
—¿Has llamado a tu mamá... o a tu esposa? ¿Con qué Callahan 
estoy hablando? 
—¿Por qué has hecho eso? 
—Porque soy un miembro leal de esta familia, por supuesto. 
Me burlé, poniendo los ojos en blanco, asomándome a la ventana. 
Estábamos a unas cuatro manzanas del museo, pero lo 
suficientemente alto como para poder verlo, lo que significaba que 
mi madre aún podría verla desde su mira de francotirador. 
—Si crees que esto hará que confiemos en ti... 
—No necesito que confíes en mí, papá. Sólo necesito que no me 
disparen. Entonces, ¿quieres saber la verdad ahora? O prefieres 
seguir disparando en la oscuridad. 
—¿Cómo sabemos que realmente lo mataste? —le preguntó. 
—Hay un montón de sangre en el suelo. ¿No tienes cámaras? ¿No 
se ve? 
—Lo que se graba puede ser engañoso. 
—Si quieres que te entregue su cabeza, voy a necesitar algo más 
afilado que mis tacones. 
Realmente estaba loca. Calliope se sentó en el borde del lavabo, 
balanceando las piernas de un lado a otro justo al lado del 
cadáver de su abuelo. Sabía que el hombre no era de su sangre, 
 
pero la había criado, ¿no? Y al final, cuando se vio acorralada, lo 
había utilizado como escudo para sí misma. ¿Esta era la mujer de 
la que Ethan se había enamorado? ¿Tenía ella algún corazón? 
—Bueno, señor Callahan... Ethan está aquí. 
Me acerqué para mirar la pantalla, y efectivamente, Ethan entró, 
mirando el cuerpo que tenía adelante y luego a ella. Señaló el 
teléfono. 
—Tu padre está al teléfono, ¿quieres hablar con él? Estoy 
intentando que llame a tu madre. Planeaban emboscarnos... 
bueno a mí. Te perdonaron la vida. En cualquier caso, ¿puedes 
ayudarme a convencerlo? 
La mandíbula de Ethan se apretó, y después de un momento, 
tomó el teléfono. 
—Señor Callahan. 
—Hijo... tu esposa es un poco... ¿cómo decirlo? No es normal. 
—Lo dice el padre que estuvo a punto de emboscar a su hijo. 
—Lo dice el hijo que envió asesinos a supadre. 
Silencio. 
Y Ethan asintió. 
—Tenemos que hablar todos. Dile a Melody que lo cancele. 
Entonces veremos quién traicionó a quién primero. —Colgó 
después de eso. 
—¿Qué quiere decir con eso? —Pregunté, mirando hacia él, pero 
se limitó a mantener sus ojos verdes fijos en la pantalla. 
—Supongo que tendremos que averiguarlo durante esa 
charla —respondió, apartándose de la pantalla y sacando su 
propio teléfono. Marcó rápidamente. 
 
—¿Qué pasa? —se oyó la voz de mi madre en voz baja. 
—Las cosas han cambiado aquí, nena. 
Me estremecí por alguna razón, incluso a esta edad, oírlos hablar 
entre ellos de esa manera no era algo que me sentara bien. 
—Me he dado cuenta. ¿Por qué no han venido todavía? Wyatt 
salió; esa era la señal. 
—Lo ha descubierto. 
—¡Joder! ¿Se ha ido? No he visto nada. El auto de Ethan sigue 
estacionado afuera. 
—No, ella mató a su abuelo. 
Hubo una pausa y mi padre me miró a los ojos. Ambos sabíamos 
que nunca era bueno que mi madre no reaccionara ante las cosas. 
—He hablado con Ethan por teléfono. Dice que te retire para que 
podamos hablar. 
—¿Y cómo sabemos que está realmente muerto? 
Frunció el ceño. 
—Se ofreció a traernos su cabeza si le conseguíamos algo más 
afilado que sus tacones. Pero realmente no quiero la cabeza del 
hijo de puta. Retírate, vamos a escuchar lo que tiene que decir. 
—De acuerdo. 
Algo no estaba bien con ese de acuerdo. 
—¿De acuerdo? —Ves, hasta mi padre lo sabía. 
—Yo también quiero entender esto. Pero nos reunimos esta 
noche —respondió. 
 
Los ojos de mi padre se entrecerraron, pero tomó mi teléfono, y 
volvió a llamar a Calliope, que contestó la llamada. 
—Ella se retira, pero nos reunimos esta noche. 
—Trato hecho. Gracias, papá. 
Se suponía que esto no iba a ser así. ¿Qué estaba pasando? ¿Cuál 
podría ser la explicación que tendrían? 
¿A ver quién traicionó a quién primero? 
¿Qué significaba eso? 
¿Estábamos equivocados? 
No, no lo estábamos. Ella realmente mató a la tía Cora. Ella había 
causado tanta confusión y dolor en el poco tiempo que llevaba con 
nosotros. Todo esto era su culpa. ¿Y ahora se iba patinando 
porque había matado a su abuelo? No, ella estaba jugando a algo. 
Observé cómo salían del baño, los nuevos guardias entraban y 
cerraban la puerta tras ellos. 
—¿Qué demonios podrían tener que decir? —pregunté mientras se 
dirigían a la parte delantera del vestíbulo y se les abrían las 
puertas. 
—No lo sabremos hasta que nos lo digan —respondió. 
—Sólo necesito saber de uno de ellos. —La voz de mi madre llegó 
por el altavoz; no me había dado cuenta de que seguía conectada. 
—Mel... ¿qué significa eso? —preguntó mi padre lentamente—. 
Hemos acordado que nos reuniremos con ellos... 
—Me reuniré con mi hijo. La chica puede irse al infierno con sus 
mentiras y trucos. 
—¡Mel! —gritó y luego me agarró del brazo—. ¡Ve a detenerla! ¡Ve! 
 
Cambié el equilibrio sobre mi pie mientras me empujaba, pero al 
verlos salir del edificio, recordé al tío Declan, a la tía Cora, a Helen 
y al resto de nuestra familia, y no pude avanzar más. 
—¿Por qué? 
—¿Qué? 
—Mamá tiene razón. Sólo necesitamos saber de Ethan. Ha matado 
a la familia. Déjala morir. 
—¿Qué pasó con lo de salvar a Ethan? 
—Lo estamos haciendo —dijimos mi madre y yo al mismo tiempo. 
Retiré el brazo, observando atentamente. Ethan la mantenía cerca 
de él; no había un disparo claro... ninguno hasta que alguien dijo 
sus nombres. Parecía Fatimah Gupta. Salió corriendo, llamando a 
Calliope, y se volvió ligeramente. 
¡BANG! 
El sonido resonó incluso desde aquí, y Calliope cayó al suelo como 
un castillo de naipes. 
—Y, así termina la guerra... —La voz de mi madre se elevó de 
alegría. 
—Esperemos que así sea... por el bien de todos —respondió mi 
padre, colgando los teléfonos. 
Me moría de ganas de contárselo a Helen. 
 
 
 
 
 
CALLIOPE - MINUTOS ANTES 
 
Cuando entró en el cuarto de baño, sus ojos me miraron con 
sorpresa. Quería decírselo, pero su padre seguía en la línea. 
—Tu padre está al teléfono, ¿quieres hablar con él? Estoy 
intentando que llame a tu madre. Planeaban emboscarnos... 
bueno a mí. Te perdonaron la vida. De cualquier manera, ¿puedes 
ayudarme a convencerlo? —Porque estaba jodidamente cansada 
de estar en este baño con el cuerpo de mi abuelo así. 
Todo el cuerpo de Ethan se tensó ante la mención de sus padres... 
no, no ante sus padres sino ante lo que habían planeado hacer. 
Finalmente, tomó el teléfono y habló. 
—Señor Callahan. 
Sus ojos se encontraron con los míos mientras hablaba. 
—Dice el padre que estuvo a punto de emboscar a su hijo. 
Sacudió la cabeza, guardando silencio de nuevo antes de añadir: 
—Tenemos que hablar todos. Dile a Melody que lo cancele. 
Veremos quién traicionó a quién primero. 
Colgó, y deseé que no lo hiciera para que al menos pudiéramos 
escuchar lo que decían por su parte. No parecía importarle 
demasiado. En cambio, Ethan se acercó a mí y me miró a los ojos. 
Mirándome fijamente durante mucho tiempo, y cuanto más lo 
hacía, más parecía que podía ver a través de mí. Se acercó a mi 
cabeza y me besó la frente, luego se alejó para llamar al equipo de 
limpieza. 
Salté del lavabo y seguí a Ethan, levantándome el vestido para que 
no se manchara de sangre. Sería un error tonto. 
 
Entonces sonó mi teléfono. 
—Se retira, pero quedamos esta noche. 
—Trato hecho. Gracias, papá —dije. 
Cuando Dino y Vinnie entraron, ambos me miraron, y yo sonreí. 
Ellos también lo hicieron. 
—Calliope —me llamó Ethan. 
—Ya voy —dije, tomando su mano y siguiéndolo—. Quieren 
reunirse ahora. 
—Por supuesto que sí. —Sonrió—. Te he dicho que no lo 
entienden. 
—Pero tú sí. Lo sabías desde el principio, ¿no? 
—Desde el principio no. Lo has hecho muy difícil. —Sonrió, 
tomando nuestros abrigos del personal de bienvenida. Me ayudó a 
ponerme el mío antes de salir al aire frío, con el viento aullando 
por la ciudad como siempre. Me apretó la mano mientras 
bajábamos las escaleras. 
—Señora Callahan... Calliope, espera. 
¡Fatimah, por el amor de Dios, déjame respirar! Siempre estaba 
justo en mi culo, lista para besarlo. 
—Fatimah, ahora mismo no es un buen momento... 
¡BANG! 
No sabía qué me había golpeado. 
Sólo sabía que me habían golpeado. 
 
Y ya no podía sentir las manos de Ethan. Ya no podía verlo. Me 
quedé mirando el cielo oscuro y, cuando intenté respirar, no 
pude... todo mi ser... todo mi ser me dolía. 
—¡Calliope! 
¿Ethan? 
—¡Calliope! —Su cabeza estaba sobre la mía, y pude verlo de 
nuevo. 
Intenté hablar, pero no me salían las palabras... pero podía verlo. 
—Calliope, la mia anima, relájate, bien, relájate, vas a estar bien. 
No me sentía bien. 
—¡Calliope! 
Todo estaba nublado... frío y nublado, me pregunté dónde estaría 
Melody. Esta era una toma perfecta. Un tiro brillante. 
Pero ella no ganó. 
Puede que Ethan no lo supiera desde el principio, pero lo sabía. 
Sabía que, al final, iba a matar a mi abuelo porque lo había 
elegido a él hace mucho tiempo. 
—Ethan... 
—¡Shh! ¡No hables! ¡No hables! —me gritó—. Vamos a estar bien. 
Ya no podía verlo. 
No podía sentir nada. 
Ahora sólo había frío y oscuridad. 
No quería oscuridad. 
Lo quería a él... quería a Gigi. 
 
En cambio, escuché otra voz: No luches, mata. No esperes, mata. 
Golpea primero o morirás, Calliope. 
 
CALLIOPE - 14 AÑOS 
 
—¡Despierta! —me gritó mientras me levantaba la cabeza por el 
cabello. 
Apenas podía verla a través de mis párpados hinchados. Con un 
jadeo de aire que apenas pasaba por mis labios y mis pulmones, 
intenté decir: 
—Estoy despierta. 
—No, no lo estás. Sigues ahí tirada como un lamentable saco de 
mierda. —Ella me echó la cabeza a un lado, dejando que cayera de 
nuevo al suelo. 
Quería quedarme aquí. 
En el suelo. 
Me sentía segura aquí. 
—¡Patéala! 
¡Y lo hizo! 
Patearon tan fuerte que mi cuerpo se deslizó por el suelo,y sentí 
que algo se quebraba. Me mordí los labios para no gritar de dolor. 
Mordí tan fuerte que pude saborear la sangre. 
—¿Cuántas veces tengo que decírtelo, Calliope? ¡El único momento 
en que estás a salvo es cuando atacas! ¡Estar ahí tumbada no va a 
acabar con ello! Así que lucha. 
 
—¡Me dijiste que no lo hiciera! —grité. 
¡Me dijo que recibiera los golpes! Los estaba recibiendo. ¡Estaba 
haciendo lo que ella me pedía! Lo estaba haciendo. Estaba... 
—¡Patéala otra vez! —gritó. 
Oí los pesados pasos que se acercaban a mí. Sentí el miedo 
subiendo por mi cuerpo, envolviendo mi garganta, como una 
serpiente... apretando... apretando. 
¡No! Mi mente gritó, y me incorporé, agarrando su pie antes de que 
chocara con mi cuerpo, arrojándolo al suelo, para saltar sobre él, y 
le di un puñetazo en la garganta una y otra vez antes de clavarle 
los pulgares en los ojos con todas mis fuerzas. No podía oír sus 
gritos. No podía oír nada. 
Pero podía sentir. 
Y sentí la sangre mientras cubría mis pulgares. 
De nuevo, sentí esa serpiente alrededor de mi garganta y me aparté 
de él. Apenas podía ver. Pero noté el cuchillo en sus manos 
mientras gritaba y se agitaba, tratando de levantarse. 
Incorporándome del suelo, le di una patada en la muñeca, 
inclinándome para conseguir quitarle el cuchillo de las manos. Sacó 
su arma, pero era demasiado tarde. Disparó, pero no pudo ver que 
estaba debajo de él, y cuando volví a levantarme, le clavé el cuchillo 
en la garganta. Sacándola, se la clavé de nuevo en el cuello, 
apuñalando hasta que cayó al suelo. 
—Señora... —Fue lo último que jadeó. 
Sólo entonces retrocedí a trompicones, tumbándome de nuevo en el 
suelo, tratando de respirar. Cuando volví a oír pasos, sujeté el 
cuchillo. 
 
—Qué desorden, Calliope. Te dije que lucharas. Nunca dije que 
pudieras matarlo —dijo desde arriba de mí—. Mírate. Cubierta de 
sangre, en el suelo, débil y patética. 
—Pero... viva —siseé. 
—No seguirás así si sigues permitiendo que tus enemigos se 
acerquen tanto a ti. No luches, mata. No esperes, mata. Golpea 
primero o morirás, Calliope. Para golpear primero, tienes que ser 
inteligente. Tienes que ver la apertura y tomarla. Así es como te 
mantienes viva... y no pareces tan jodidamente patética. Ahora 
levántate y deshazte de esta basura. 
—No puedo moverme. 
—¿Esperas ayuda? No tendrás ninguna. Porque no tienes a nadie 
más que a mí. Y ese no es mi trabajo. Así que, te levantarás porque 
tienes que hacerlo. Porque mandaré a alguien más, o bien los 
enterrarán a los dos o tendrán el doble de trabajo. Tienes tres 
minutos —dijo mientras sus pasos empezaban a desvanecerse. 
Rodando lentamente, tosiendo sangre antes de ponerme de rodillas, 
me quedé allí unos segundos antes de ponerme de pie. El mundo 
entero parecía dar vueltas, pero cuando miré hacia la puerta, no 
había nadie más. 
Nunca hubo nadie más. 
Estaba sola. 
Siempre estaba sola. 
Pero eso cambiaría... ¿no? 
 
 
 
 
ETHAN 
 
Estar enamorado era agradable... cuando no dolía. 
Y a menudo dolía. 
Me dolía tanto que quería arrancarme el corazón sólo para poder 
aliviarme. Sentía como si el corazón se volviera contra sí mismo y 
me cortara. ¿Qué había hecho? ¿Por qué tenía las manos 
manchadas de sangre? ¿Cuánta más sangre iba a haber en mis 
manos por eso? 
—¿Quién? —Dino siseó mientras él y Vinnie llegaban a la sección 
privada de Urgencias del hospital—. No vamos a preguntar de 
nuevo, jefe. ¿Quién? 
Levantándome de la silla, me puse en pie, mirándolo. 
—Recuerda con quién estás hablando. 
—Y tú recuerdas... 
—Dino. —Vinnie le puso la mano sobre los hombros, y Dino se 
puso más erguido y se limitó a mirar hacia las puertas de 
Urgencias—. ¿Cuál es su estado? 
—Actualmente está viva, pero luchando. La historia de su 
vida —dije con desprecio, con el puño cerrado mientras intentaba 
contener mi ira—. Yo mismo elegí a los médicos. Los conozco. 
Nadie más puede verla o estar cerca de ella. Si ves a una 
enfermera, a un puto conserje, a cualquiera, que pase por su 
habitación que no sean los médicos que están en ese quirófano... 
métele una bala en el cráneo. ¿Entendido? 
—¿Te vas? 
—Tengo una reunión —escupí, caminando por el pasillo. 
 
—¿Solo? —Preguntó Vinnie. 
—No tienen las bolas para hacerme daño —murmuré, entrando en 
la sala privada a la que la llevarían cuando terminara la 
operación. 
Había esperado hasta que llegaron. Sólo había una forma de 
entrar en esa sala de urgencias. Así que había esperado en la 
puerta hasta que se deshicieron del cuerpo de Fiorello y llegaron. 
Ahora que tenía un momento, no pude evitar ceder, aferrándome 
al lavabo. Me precipité, deseando que las imágenes de ella 
desangrándose en las escaleras salieran también. Encorvado 
sobre el lavabo, vomité. Y después, me lavé el rostro y miré mi 
propio e idiota reflejo. 
Había cometido un error. 
Gracias a Dios por el viento. Estaba seguro de que mi madre 
estaba apuntando al cráneo. Pero el viento, el fuerte ciclo de 
presión unido a lo lejos que estaba ella empujó la bala hacia 
abajo. Golpeó justo en la base del cuello con el hombro. 
Pero la bala se hizo añicos con el impacto. 
Estaba destinada a desgarrar los órganos de Calliope, incluso si 
Melody fallaba. 
—¡Jodidos hijos de puta! —grité, golpeando el cristal una y otra vez 
hasta que apenas podía sentirlo. Mirando hacia abajo, arranqué 
los fragmentos con mis manos temblorosas y cubiertas de sangre 
antes de inhalar y dar un paso atrás. 
Salí de la habitación y me dirigí a los ascensores. 
Aplastando mis manos ensangrentadas en las puertas del 
ascensor, bajé a un lugar que sabía que estarían esperando... muy 
probablemente su cuerpo. Seguro que iban a buscar un cuerpo. 
 
Caminando hacia la única habitación con una luz encendida, 
entré para encontrarlos a todos allí... mi hermano, mi madre y mi 
padre, alrededor del cadáver de Fiorello Orsini. 
—Ethan... 
No esperé. Corrí directamente hacia mi padre, apuñalándolo. 
—¡Ethan! 
—¡Ethan! ¿Qué demonios? —Wyatt me tiró hacia atrás mientras 
caía al suelo. 
—¡Ethan! ¿Qué has hecho? —gritó mi madre. 
—¿Qué? ¡Qué! —Les grité—. ¿Tú puedes pisar mi amor, pero yo no 
puedo pisar el tuyo? ¿Qué clase de puta regla es esa? 
—¡Es tu padre! —gritó ella mientras Wyatt corría a su lado, 
presionando la herida. 
—¡Es mi esposa! 
—¡Tu puta esposa mató a un miembro de nuestra familia! —me 
gritó Wyatt. 
—La tía Cora ya se estaba muriendo —le grité. 
—¿Qué? —Preguntó Wyatt, con sus estúpidos ojos muy abiertos y 
jodidamente confundidos. 
—¿Qué? —Me burlé. Inclinándome, hice una puta burla de él—. 
¿Qué? ¿El médico de la familia no se dio cuenta? ¿Fuiste a hacer 
toda esa escuela y no te diste cuenta, hermanito? ¿No te diste 
cuenta de que su cáncer había vuelto? ¿Qué? 
Sacudió la cabeza. 
—Revisé sus informes médicos, y la autopsia... 
 
—¿Eres nuevo en esta familia, imbécil? —Miré a la mujer que 
estaba a su lado—. Melody, dulce mamá osa mía, ¿qué dice tu 
autopsia? Liam, aguanta, dile a Wyatt lo que dice tu autopsia, ya 
que el imbécil no sabe que podemos falsificarlas. Los registros 
médicos, podemos falsificarlos. ¿Por qué? ¡Porque somos dueños 
del maldito hospital! ¿Adivina quién era jefe de la junta directiva 
aquí? 
Me arrodillé en el pequeño apiñamiento familiar que había en 
torno a mi padre. 
—Vamos, adivina hermanito. ¿Quién estaba en la junta directiva 
de este hospital? 
No dijo nada y en cambio se centró en nuestro padre. Entonces, 
golpeé el suelo frente a él. 
—No lo destripé; no se desangrará. Vamos, contéstame, 
hermanito, ya que ahora estás haciendo grandes movimientos con 
gente grande. Dime, ¿quién estaba en la directiva? 
—Ethan, basta, sabemos que era Coraline... 
Le tendí la mano. 
—Melody, no dejes que me centre en ti, o uno de nosotros morirá 
realmente hoy aquí. Te prometo que Calliope se despertará y 
sanará a pesar de la bala que usaste,de modo que no puedo ser 
yo. 
Ella resopló. 
—¿Melody? Así es como le hablas a tu madre después de todo lo 
que he hecho por ti, todo lo que he sacrificado por ti y... 
—¿Sacrificado por mí o por tu propio ego? —Reí con amargura—. 
¡Todos ustedes seguían diciendo que yo estaba cegado por Calliope 
cuando la verdad es que todos ustedes son los ciegos! Calliope no 
ha estado tratando de destruir la familia, idiotas. ¡Ha estado 
 
tratando de destruir su suya propia! Al hacerlo, tiene que salvar a 
esta familia, ¡Pero todos ustedes se niegan a verlo! ¡Todos ustedes 
se niegan a ver porque protegemos de manera diferente a ustedes! 
¿Mi madre pensaba que se había sacrificado? 
Puede que sí, pero no como Calliope. 
Para nada como Calliope. 
 
 
SIETE 
 
“La verdad rara vez es pura y nunca es sencilla” 
~ Oscar Wilde ~ 
 
ETHAN 
 
Sentado en el suelo, respiré lentamente, tratando de calmarme, 
pero, sinceramente, quería golpear la cabeza de todos con un bate. 
Tenía tantas ganas de aplastarles el cráneo que si alguien me 
ponía un bate en la mano, quizá me lanzaría. 
Me duele la puta cabeza. 
—Esperas que me crea que está intentando salvar a la familia —se 
burló Melody—. ¿Estás seguro de que sabes todo lo que ha hecho? 
Toda la información que le envió a su abuelo. Lo que ha hecho 
para... 
Señor, dame fuerzas. 
—¿Qué abuelo? —pregunté, moviendo la cabeza para mirarla 
antes de señalar delante de mí—. ¿Ese abuelo? El que tiene un 
agujero en la parte posterior del cráneo. 
—Lo mató porque la arrinconamos —respondió junto a mi padre 
mientras Wyatt lo suturaba. Se sentó con la espalda apoyada en 
las filas de cajones de acero, negándose a escucharme. 
 
—Sí, ésa es una forma de ver las cosas si sólo quieres mirarlas 
superficialmente —respondí. ¿Qué es lo que les pasa?— Otra 
forma podría ser que ella... no... nosotros te utilizamos. 
—¿Qué? —espetó Liam, tratando de respirar a través de su 
pequeño dolor—. ¿Qué quieres decir? 
—¿Qué quiero decir? ¿Ahora preguntas? Después de enviar balas 
volando, ¿ahora preguntas? 
—¿Quién envió esas balas primero? —espetó Melody—. Actúas 
como si olvidaras que enviaste docenas de asesinos contra 
nosotros. ¿Qué crees que hemos estado haciendo durante el 
último año? Cada maldito golpe en la puerta, cada movimiento en 
la noche... hemos estado luchando por nuestras vidas... 
—Sí, Melody, lo sé. Planeamos esa parte juntos. 
—Y tienes el descaro de actuar como si te hubiéramos traicionado 
cuando empezaste esto... 
—¡Tú empezaste esto! —Solté, sintiendo que mi ira estallaba de 
nuevo. 
Ella se congeló, sus ojos se abrieron ampliamente, y no pude 
soportarlo. 
—Ethan, sé que estás herido... 
—¡A la mierda con estar herido! —Interrumpí porque ella seguía 
sin entenderlo—. Sí, tu partida nos hizo daño. Sí, me dolió a mí. Y 
sí, una parte de mí está resentida por eso. Nos abandonaste a 
todos por tu propio egoísmo. Sin embargo, lo superé. Conocí a 
Calliope; luego, tuve a mi hija. Comprendí más porque yo también 
quería escapar a veces. Tu partida fracturó esta familia. ¡Pero esta 
familia siempre se está fracturando! Estoy limpiando tus líos, 
como tú limpiaste los de tu padre, y así sucesivamente. Así son las 
cosas. ¿Realmente crees que soy tan infantil, tan débil, como para 
 
hundir a esta familia en el caos porque mi papá y mi mamá me 
abandonaron? 
No respondió, así que se lo expliqué. 
—¡El problema para mí no era que fingieras sus muertes! El 
problema era que no siguieron muertos. ¿Quién dirige esta familia, 
tú o yo? 
—Ethan, te dejamos todo a ti... 
—De verdad, ¿entonces por qué diablos están los dos aquí? 
—Ethan, queríamos protegerte —dijo mi padre lentamente. 
—De nuevo, ¡Ese es el problema! ¡Por eso estamos en este punto! 
Tú quieres proteger. Entonces, crees que tu camino es el correcto 
y por eso lo fuerzas. Si querías protegerme, ¡No deberías haberte 
ido! ¿Protegerme desde las sombras? ¿Son ustedes dioses? 
Gracias por tu protección. Pero se convierte en un problema si no 
es lo que pido, lo que necesito o lo que establezco. No se puede ser 
el líder de la manada y que otro te limpie el culo al mismo tiempo. 
—Entonces, querías que sólo te miráramos... —Liam se quejó. 
—Regla número seis, a veces para ganar hay que perder —le 
recordé. 
—Ahora, recuerda las malditas reglas —murmuró Wyatt. 
—¡Nunca las he olvidado! Pero no puedo vivir sólo con ellas. ¡Las 
reglas de hace dos generaciones no siempre funcionan! ¡No puedo 
ser una marioneta! Y eso es lo que quieren —dije, y los ojos verdes 
de mi padre se clavaron en mí—. No quieren que gobierne la 
familia. Quieren que sea la marioneta mientras ustedes gobiernan 
desde el fondo. Nunca podré hacer eso. Ni lo haré nunca. Si 
quieres una marioneta, sigue usando la que tienes. Wyatt, 
inclínate ante su gloria. 
 
—¿Qué has dicho, joder? —tuvo la osadía de gritarme. 
—¿No me has oído, traidor? —Me cansé de andarme con rodeos o 
de contenerme. Cada vez que lo hacía, ellos hacían alguna 
estupidez—. ¿No ves cómo pareces una marioneta? Lo tonto que 
parecías yendo de un lado a otro cumpliendo sus órdenes durante 
los últimos dos meses. Fingiendo que ibas a trabajar el turno de 
noche en el hospital para poder conspirar a mis espaldas con 
ellos. ¿Todo eso para qué? ¿Qué has hecho tú? Melody apretó el 
gatillo; Liam trabajó los aspectos escépticos y el juego terrestre. 
Tú, Wyatt, fuiste el chico de los recados. Cuando dijeron anda, 
fuiste. Cuando decían ven, corrías hacia ellos. Recibir órdenes de 
mamá y papá, se convertía en el arrepentimiento de mamá y papá 
por retirarse... por eso me traicionaste. 
—Si hubieras dicho aunque sea una pizca de la verdad... —siseó 
Wyatt. 
—Regla número nueve, un secreto sólo es un secreto si una 
persona lo sabe —grité, haciendo que su puño se cerrara con 
molestia. 
—Soy tu hermano... 
—¡Y si te comportaras como tal por una puta vez, si me 
demostraras sólo una vez! ¡Si hubieras estado de mi lado por una 
vez! Entonces tal vez habría confiado en ti. ¡Pero no puedo confiar 
en ti, Wyatt! Lo intenté una y otra vez, y cada vez me 
decepcionaste. Huyes. Buscas excusas. Vienes y me dices “Ethan, 
¿qué necesitas que haga?” Te digo que esperes, lo más fácil de 
hacer, y vas a conspirar para matar a mi esposa. —Le aplaudí 
lentamente—. Bravo, hermanito, este es un nuevo nivel para ti y 
para mí. 
—Nunca respondiste cómo nos usaste —dijo Melody, su voz ahora 
muy calmada—. ¿A qué te refieres? ¿Por qué hemos estado 
peleando el último año? ¿Querías mantenernos ocupados para 
 
poder gobernar por tu cuenta ahora? ¿Para eso era todo esto? 
Para que gobernaras libremente. 
—El plan era simple. Necesitábamos deshacernos de toda la gente 
asociada a la familia Orsini. Tú querías ayudar, así que te dimos 
trabajo. 
 
MELODY 
 
No podía creerlo. 
¿Por eso había hecho esto? 
No. No, tenía que haber algo más. Y, sin embargo, Ethan, el 
pequeño niño que tuve que gritar hasta la saciedad, que estuve a 
punto de morir y que fui secuestrada intentando traerlo a este 
mundo, asintió. ¿Admitiendo ante mí, su madre, que me había 
utilizado como cebo? 
—¿Cómo pude usarte como cebo? —preguntó, sentándose más 
lejos de nosotros, oscilando entre la rabia ardiente y la ira 
tranquila—. Puedo verlo en tus ojos, eso es lo que quieres 
preguntar. No sé cuántas veces tengo que decirlo para que quede 
claro. Utilizaré a cualquiera o cualquier cosa para que esta familia 
prospere. Me he utilizado a mí mismo como cebo, a mi esposa 
como cebo, a cualquiera. ¿Por qué? Porque me enseñaste que 
nada más importa que sobrevivir. 
—¿Y pensaste que la mejor manera de hacerlo era lanzando 
asesinos contra nosotros? —Casi grité. ¿Estaba mi hijo loco? 
—¿Quién puede sobrevivir sin sacrificio? ¿Tenía que luchar contra 
ellos yo mismo? ¿Quién iba a dirigir el negocio? ¿Quién iba a 
mantener las apariencias y dar discursos reciclados y de mierda alos cerdos hambrientos de dinero, imbéciles y arrogantes en los 
museos de lujo? ¿Quién iba asegurarse de que el resto de la 
familia no se disparara en la cara o se envenenara por cosas que 
apenas entendían? —Por alguna razón, no estaba tan enfadado 
con nosotros como lo estaba con su hermano, aunque también se 
negaba a librarnos de sus gritos—. ¿Cómo esperas que haga todo 
eso y vaya a luchar contra asesinos todos los días? Tal vez podría 
resolverlo si no estuvieran todos encima de mí. Si se hubieran 
sentado tranquilamente en alguna playa. Pero no lo hicieron, así 
que Calliope y yo necesitábamos un plan. 
Pensé en cómo habíamos llegado hasta aquí. Cómo sabía lo que 
estaba haciendo. 
—Nos dejó ver los archivos y los mensajes de texto que 
enviaba —susurré. 
—Le dejamos ver todo. 
—Y usaste a la tía Cora... 
—Di tía Cora una vez más, Wyatt, y te apuñalaré a ti también —le 
espetó Ethan a su hermano, y cada vez que lo hacía, cada vez que 
iban detrás del otro, sólo recordaba cómo solían ser de niños, 
sentados juntos en su escritorio. Ethan enseñando a Wyatt a 
escribir... ¿qué ocurrió?— No sabía lo de la tía Cora en ese 
momento. Simplemente confiaba en mi esposa. ¿Y adivina qué? 
Hice bien. Porque a la mañana siguiente, ella me mostró por qué. 
No me lo dijo primero porque la tía Cora deseaba que nadie lo 
supiera. Nadie. No quería volver a recibir tratamiento. Su cáncer 
se había extendido a los pulmones e incluso al cerebro. No iba a 
llegar hasta Navidad. ¿No crees que fue extraño que después, 
cuando le dijimos al mundo que había muerto de cáncer, ninguno 
de sus médicos en este hospital, donde pasó tanto tiempo, viniera 
a preguntarte por qué no recibió tratamiento? 
 
Wyatt apartó la mirada, parpadeando lentamente. Su boca se 
abrió y se cerró varias veces. 
—Hablé con ellos. 
—¿Alguno de ellos te dijo que no tenía cáncer? 
No respondió; negó con la cabeza. Ethan estaba en plena racha 
parecía... y claramente en el dolor. 
—Y tú, Melody, ¿qué sabes de Calliope? ¿Qué hizo que la odiaras 
tanto como para no poder confiar en mí? —me preguntó—. ¿Qué 
ha hecho ella que no hayas hecho tú? Te sacrificas por mí, 
¿verdad? 
—¿Estás diciendo que no lo hice? 
—Nunca dudaré de que lo hiciste —respondió con suavidad, 
bajando el rostro—. Déjame que te hable de Calliope, ya que crees 
que la conoces, pero no es así. Me costó años reunirlo todo. Tuve 
que ser paciente; no podía disparar sin más. 
—¿Vas a seguir con eso? —refunfuñó Liam, sentándose en el 
suelo, sujetándose el costado. Lo miré, y él frunció el ceño—. 
¿Qué? Se me está entumeciendo el culo. ¿Y por qué siempre soy 
yo el que se lesiona hoy en día? 
Aparté la mirada de él hacía Ethan, que ahora tenía los ojos 
cerrados. 
—Ethan, continúa. 
—¿Estás seguro? Porque si Liam tiene algún otro comentario, creo 
que debería hacerlo ahora, por el bien de su culo. 
Liam levantó una ceja y se volvió hacia mí. Cuando no dije nada, 
volvió a mirar a su hijo. 
 
—Oye, pequeño imbécil, el hecho de que haya estado callado no 
significa que esté de acuerdo contigo. O con tus métodos. 
—Por décima puta vez, me importa una mierda que estés de 
acuerdo con ellos porque estás técnicamente muerto. ¡Soy yo 
quien dirige, no tú! Una vez fuiste el gran Liam, el Sombrerero 
Loco, ahora eres un viejo en una morgue con el culo dolorido. 
—Voy a hacerle daño —me susurró Liam. 
—Cuidado, no creo que Wyatt haga reemplazos de cadera —le 
respondió. 
Me reí. 
—Crees que esto es divertido. 
Fue él quien empezó. 
—¿Qué no...? 
Me interrumpió el repique de su teléfono. En el momento en que lo 
vio, se levantó, con su maldita mano temblando una vez más. 
—Si todos ustedes hubieran confiado en mí, joder. Confiar en que 
no era un tonto. Si hubieran confiado en que no necesitaba que 
me protegieran, ya lo hacía mi esposa, tal vez habría hecho esto de 
otra manera —murmuró, dirigiéndose a la puerta. 
—Ethan, espera... 
—No, no puedo esperar, mi hija me necesita. ¿Por qué? Está 
llorando ya que se despertó y escuchó la noticia de que alguien 
intentó asesinar a su madre. Ahora está teniendo una crisis 
nerviosa. Qué hermoso regalo de sus abuelos. Ah, claro, la otra 
cosa que no has entendido —me espetó y señaló el cadáver de 
Fiorello—. Ese hombre... no cerdo... no era el abuelo de Calliope. 
—Sé que no está emparentada con él porque su madre fue... 
 
—Fue violada, sí. ¿Pero quién crees que lo hizo? Dejen de hacer 
preguntas. Todos ustedes son una mierda cuando se trata de 
entender las cosas. Él. Fiorello Orsini violó a su madre —dijo 
Ethan, y me quedé helada. 
—¿Qué? —jadeó Liam, más sorprendido que yo. 
—¿Otra vez con el qué? Déjame repetirlo. Ese no era su abuelo. 
Era su padre. Ella mintió cuando dijo que no era una verdadera 
Orsini. Lo es, y ha querido matar a Fiorello durante años. Sólo que 
no podía hasta que derribara el resto de su organización, o al 
menos la paralizara. Calliope trabajó todos los días para que él 
confiara en ella y así conocer a tanta gente como él tenía 
trabajando bajo su mando. Un cerdo así no confía ni en sus hijos. 
Sí, he dicho hijos. —Asintió—. Dino, Vinnie, Italo... todos suyos 
con diferentes mujeres. No estaba dejando que eligiera a las 
personas que protegían a esta familia sin razón. Había pistas; ella 
las dejó a lo largo del camino. Pero de nuevo, tú pensaste que 
tenías razón y que yo era un niño débil bajo el control de una 
mujer. Si hubieras esperado un día más, sólo un día más, te 
habría contado todo esto y te habría pedido que me ayudaras a 
terminar el trabajo. Ahora... viendo que esta familia ya no confía 
en mí, viendo que todos ustedes menos Nana me traicionaron, 
pueden irse a la mierda dos veces. Ya no son mi familia. Ninguno 
de ustedes. Me encargo de Siena y del resto solo, como siempre. 
Y sin más, Ethan se marchó. 
Sacudí la cabeza, levantándome de mi asiento hacia el cuerpo, 
abriendo la cremallera de la bolsa, me aseguré de que realmente 
era ese viejo bastardo. Tomando mi cuchillo, le corté la garganta; 
la sangre era oscura al salir. Era realmente él. No era una mentira 
o un truco, era realmente él, y esa chica realmente lo había 
matado de un disparo. 
Pensé en aquella pequeña niña de siete años. 
 
—Eres como una reina —dijo. 
—Claro, lo acepto —dije. 
—Entonces, yo también me convertiré en una reina. 
—Sólo hay una reina de este reino, pequeña, y su apellido siempre 
será Callahan. 
—Entonces seré eso. 
—Lo dudo. Mi hijo no puede casarse con alguien tan débil que 
lloraría porque alguien se burló de su madre. 
—Pero no voy a llorar. 
Aquella pequeña quería proteger a su madre pero también quería 
poder. Me había preguntado por qué no habían dado a la chica en 
adopción después de la violación de su madre. ¿Cómo podía su 
esposo soportar que esa chica viviera con él? ¿Cómo pudo 
quedarse quieto y dejar que abusaran de ella? Ahora estaba claro. 
No la entregó en adopción porque no podía. Fiorello violó a la 
esposa de su hijo y lo obligó a quedarse con la hija... ¿por qué? 
¿Por qué? El hombre era un cerdo, pero por qué hacer eso a su 
propio hijo. 
Para castigarlo. La respuesta vino a mi mente. 
Él era el que debía vengarse de sus hermanos, pero se había 
negado. Se suponía que debía hacer lo mismo que Calliope... 
formar una familia, integrarse y luego atacar. Sin embargo, se 
acostumbró a tener una vida feliz y pacífica al margen de las 
disputas familiares. Así que su padre lo castigó por eso... castigó a 
su esposa por eso. 
Calliope. 
 
No pudo deshacerse de ella y no impidió que su esposa le hiciera 
daño porque también la odiaba... su hermanastra oculta como su 
hija. 
¿Pero cómo se enteró Calliope? 
No lo sabía. Pero no importaba... ella lo había descubierto. Lo que 
significaba que sabía que el mayor enemigo, la persona que 
destruyó su vida, era también la misma quién se la dio. Si quería 
venganza, la persona a la queiría a buscar no eran los Callahan 
en absoluto. Sería su padre. 
Ella siguió el juego. Nos hizo creer que quería destruirnos para 
convencer a una persona. Lo hizo tan bien que funcionó, y él llegó 
a confiar en ella porque actuó tan leal. 
—Joder, nos ha utilizado. —Jadeé, agarrándome a la barra de 
acero que colgaba de mi cabeza—. Nos hizo despejar el campo 
para poder disparar a su padre, sin que la gente que trabajaba 
para él tomara represalias... así... 
—De ese modo, ella lo consigue todo —dijo Liam, cojeando a mi 
lado, sujetando su herida—. Asciende al poder, venga a su 
madre... o a sí misma en realidad... y ya no tiene ningún vínculo 
con su antigua vida de asesina. 
—Tres pájaros de un tiro. —Asentí. 
—Y Ethan la deja hacer esto. 
Miré a Wyatt, que me miraba con... con pánico en el rostro. 
—La dejó hacer esto porque era en el mejor interés de la familia 
deshacerse de los Orsini y de cualquier otro que pudiera estar 
trabajando a través de ellos para vengarse. No había manera de 
que pudiéramos luchar contra todos ellos si venían a la vez como 
vinieron detrás de los dos. El año pasado nuestra familia ya 
estaba estresada por los problemas con las familias italiana e 
 
irlandesa. Si tuviéramos que lidiar también con su familia, nos 
habrían eliminado al instante. Se sentó y dejó que ella apedreara a 
los pájaros porque necesita que los pájaros también estén 
muertos, sin arrastrar más a la familia en eso. También los quería 
a todos fuera de su cabeza para poder gobernar a la familia. 
Pasaron el último año reagrupándose, reconstruyendo las 
conexiones de los Callaham con la ciudad y las familias, 
fortaleciendo el negocio mientras ustedes luchaban. 
Asentí mientras veía cómo se desarrollaba el cuadro delante de mí. 
—Así que, cuando su abuelo... quiero decir, su padre... le pidió un 
cuerpo, para demostrar su lealtad, eligió a un miembro de la 
familia que sabía que se estaba muriendo, pero lo ocultó para 
engañar a su padre. La muerte de Cora le valió a Calliope la 
confianza de su padre y nuestra desconfianza. A partir de ahí, 
todo lo que tenía que hacer era decirle que estábamos intentando 
atacarla, y su padre la protegería porque creía que era su 
marioneta. 
Era un plan dentro de otro plan. 
Sabía que él no era tan débil. Lo sabía pero... aún así. Para que él 
llegara tan lejos. 
—Odio a estos dos, joder. —Liam gimió, apretando el puente de la 
nariz—. ¿A quién diablos se le ocurre algo así? ¿Cuántos años se 
necesitan para hacer esto? En realidad, espera. ¿Por qué han 
alargado esto durante tanto tiempo? ¿Sólo para poder averiguar 
cuánta gente trabajaba para su jodido padre? 
Miré fijamente a Fiorello; todavía faltaba algo aquí. 
—Espera, ¿quién es Siena? —Preguntó Wyatt, y eso fue todo. 
—Siena... la abuela de Calliope... no la madrastra. —Eso era lo 
que me faltaba. Los hijos que murieron no eran sólo de Fiorello; 
eran de Siena. Ella también estaba en este juego de venganza. 
 
—Todo este tiempo, la guerra familiar, no era entre los Callahan... 
era entre los Orsini. —Liam sacudió la cabeza. 
—Pensé que sólo le gustaba repetir su nombre una y otra vez. Pero 
nos lo ha dicho desde el principio... ella es Calliope Seraphina 
Orsini. 
—Entonces, lo que me estás diciendo es —volvió hablar Wyatt— 
que acabamos de intentar asesinar a un miembro de nuestro 
propio equipo, ya que el equipo de asesinos con el que no han 
acabado viene a matarnos, ¡Por dos chicos que murieron antes de 
que naciéramos, joder! ¿Me estás diciendo mamá, que Ethan tiene 
razón? ¿Qué no he salvado a mi hermano, sino que lo he 
traicionado y he ayudado a matar a la madre de mi sobrina? 
Intenté acercarme a él. 
—Wyatt, no había forma de que pudiéramos... 
—Oh, Dios mío. —Se llevó las manos a la cara—. ¡Mamá! ¡Papá! 
¿Sabes lo que hemos hecho? Si Calliope muere, esta familia no 
saldrá adelante. 
Lo sabía pero quería calmarlo. 
—Esta familia ha pasado por cosas peores... 
—Cosas peores no es lo que será Ethan si Calliope muere. No lo 
hemos salvado, joder. Cortamos todos los lazos que nos unen a él. 
Una cosa es matarla por traicionarnos. Otra cosa es matarla por 
ayudarnos. Si no fuera por ella, ¿qué tamaño tendría este grupo 
de asesinos que vienen a matarnos a todos? Era leal a la familia, y 
luego esa familia mató a su esposa. ¿Cómo crees que termina esa 
historia? 
Liam se lamió el labio inferior y me miró, pero a decir verdad, yo 
estaba agotada. 
Se suponía que hoy era el día. 
 
Sólo ahora me vino a la mente su voz: ¿Sabes siquiera a qué juego 
estás jugando? 
Me esforcé tanto por librarme de este maldito problema, y al final, 
ahora había al menos tres más. 
Un hijo que muy bien podría salirse del camino con la pena, uno 
con la culpa, y más malditos asesinos. 
Liam tenía razón... Me estaba haciendo demasiada vieja para esta 
mierda. 
 
 
OCHO 
“Tarde o temprano, todo el mundo se sienta a un 
banquete de consecuencias” 
~ Robert Louis Stevenson ~ 
 
ETHAN 
 
Siempre se me habían dado bien los rompecabezas. 
A Dona también se le daban bien, pero los encontraba aburridos y 
nunca podía sentarse el tiempo suficiente para terminar uno 
cuando lo empezaba. 
Luego estaba Wyatt. Señalaba la caja y decía: “¿Por qué tengo que 
hacerlo si ya sé cómo es?” Le parecía una estupidez sentarse a 
reconstruir imágenes. Así que ni siquiera se molestaba, sino que 
salía a jugar. Sí me preguntaba por qué me gustaban, le decía que 
era porque podía ver cada pieza de cerca y luego encontrar dónde 
encajaban. 
Me gustaba que fuera una tarea tan sencilla, que me 
tranquilizaba, y al final, el dibujo siempre era tres veces más 
grande que la caja. Entonces, sorprendía a Wyatt volviendo más 
tarde a mi rompecabezas para mirar el dibujo cuando estaba 
terminado. Cuando lo sorprendía, resoplaba y decía: “No se ve 
igual que en la caja”. 
Esa mierda me molestaba. Pero no decía nada. No hice nada. Me 
imaginé que, con el tiempo, Wyatt ayudaría con los 
rompecabezas... pero no lo hizo. Sin embargo, dejó de salir 
 
directamente a jugar. Veía la televisión y luego, cada pocos 
minutos o una hora, pasaba por delante de mí mientras comía 
una bolsa de patatas fritas o helado o yogur y me preguntaba si 
había terminado. 
Esa mierda me molestaba más, así que dejé de hacer 
rompecabezas cerca de él o de cualquier otra persona. Los hacía 
tranquilamente a solas en mi habitación cuando tenía tiempo 
libre. Me decía a mí mismo que algún día maduraría, pero la 
verdad era que pensaba que nuestras personalidades estaban 
grabadas en piedra para entonces, tanto para él como para mí. 
Éramos dos personas diferentes y nunca podríamos acercarnos el 
uno al otro. ¿Cómo podríamos hacerlo? Por mucho que lo 
intentara, él miraba la foto de la caja mientras yo armaba el 
rompecabezas. 
Eso era precisamente lo que ocurría ahora en nuestras vidas. 
Si fuera como yo, habría hecho las preguntas que yo hacía. 
Si no hubiera podido averiguar las grandes preguntas, ¿cuál era 
su objetivo final? ¿Para quién trabajaba realmente? Entonces 
debería haber preguntado primero las más sencillas. Y la pregunta 
más sencilla era: ¿por qué presionaba tanto para tener a Dino, 
Vinnie e Italo? ¿Por qué eran tan leales a Calliope? En nuestro 
mundo, los que trabajaban para nuestra familia lo hacían porque 
o bien necesitaban dinero, poder y protección, o bien sentían que 
nos lo debían por una u otra razón. Cuando le pregunté esto a 
Dino, me dijo que no era por nada de eso. Eso era imposible. Así 
que, o bien estaba mintiendo, o me estaba perdiendo algo. Y así, 
miré más de cerca. Lo único que podía hacer a alguien tan leal era 
el amor. Si fuera sólo uno de ellos, podría entenderlo, pero ¿los 
tres hombres amándola? ¿Y trabajando codo a codo para 
protegerla? Eso era un tipo diferente de afecto. 
Eso era familia. 
 
No fue difícil conseguir su ADN. No lo estaban ocultando 
exactamente. Así que,cuando hice la prueba y vi que eran medio 
hermanos, recordé lo que Calliope me había dicho años atrás. 
“Mi familia es jodidamente desordenada”. Su familia era más 
desordenada que la mía. 
Calliope me había soltado piezas del rompecabezas a lo largo de 
nuestro tiempo juntos. Pero también mentía mucho, añadiendo 
piezas falsas para despistarme. Pero sus mentiras se mezclaban a 
menudo con la verdad. Lo descubrí el año pasado, tras la muerte 
de mi tía, cuando me lo contó todo. 
¿Por qué había mentido justo después de dar a luz a Gigi? Me 
había dicho que no era una Orsini de verdad, y en aquel entonces, 
la forma en que su voz y su tono cambiaban me resultaba extraña. 
Pensé entonces que podría ser porque era una historia dolorosa. 
Sin embargo, me explicó que quería dar a luz a Gigi en Chicago; 
había querido que yo estuviera allí. 
Y la única manera de convencerles de que se lo permitieran era si 
grababa su momento más frágil. Ellos estaban escuchando esa 
conversación, así que ella había tenido que mentir. Fiorello no 
tenía ojos grises. Su madre, sin embargo, sí, y su abuela también. 
Venía de una condición que afectaba a las mujeres de su familia. 
Incluso afectaba a Gigi. Todo lo que dijo coincidía con lo que ya 
sabía. Con todas las piezas que había reunido, las familias Orsini 
y Affini formaban por fin un rompecabezas completo y revelaban lo 
grande y desordenada que era realmente la familia de Calliope. 
Cuanto más escarbaba en su vida, en su historia, más me 
asombraba cómo lo había conseguido. ¿Cómo no se había vuelto 
loca? 
Se vio obligada a negar quién era. Nunca se le permitió hablar de 
cómo su padrastro era en realidad su medio hermano. De cómo 
Fiorello era una vergüenza para la humanidad y de que tenía hijos 
que no le importaban a menos que pudiera usarlos como juguetes. 
 
Cómo su esposa, Siena, era una serpiente que consentía lo peor 
de él para su propia venganza personal. 
Toda su vida, Calliope había negado quién era, aunque sabía 
exactamente quién era. Manteniendo la calma y sin perderse a 
pesar de que hasta la última persona relacionada con Calliope 
abusaba de ella, la utilizaba o casi la mataba. 
Todas las mentiras y secretos finalmente se unieron y tuvieron 
sentido. 
También expuso cómo tuvo incluso mala suerte a la hora de 
tenerme como esposo. Aunque la amaba, también la hería y la 
utilizaba. Ella lo sabía. Al principio, ambos nos decíamos medias 
verdades. Nuestros propios problemas y planes enturbiaban 
nuestros sentimientos, pero aún así los teníamos. Y no importaba 
lo que yo hiciera, ella seguía acordándose de hacer una tarta así 
como de cantar horriblemente en mi cumpleaños. Incluso cuando 
tenía otras mujeres del brazo que podían distraerme de ella y de 
Gigi, nunca dejaba de esperarme todos los años para celebrarlo. 
Cuando Gigi creció lo suficiente como para recordar los rostros, 
Calliope me hizo y me obligó a usar disfraces para que pudiéramos 
seguir celebrando. No le importaba que entonces rara vez tuviera 
la oportunidad de celebrarlo con ella. 
Eso me frustraba y me ponía nerviosa. Me hizo preguntarme si 
realmente era lo que ella quería hacer o si también estaba 
actuando conmigo. ¿Estaba jugando con sus afectos? Eso se me 
pasó por la cabeza hasta que se enfadó conmigo. Y cuando 
Calliope se enfadaba, se cerraba y me alejaba, quedándose 
completamente fría, y eso me aterraba más que la idea de que 
todo fuera un juego. Podía soportar el silencio de todos menos de 
ella y Gigi. 
Poco a poco, pieza a pieza, a lo largo de los años, empecé a 
entender algunas partes de ella. Era naturalmente una persona 
 
amante de la diversión, que no era falsa. No se preocupaba por 
mucha gente porque nunca le habían enseñado a hacerlo. La 
familia no tenía sentido para ella porque, bueno, su familia no 
valía nada. Utilizaba a quien fuera y lo que fuera para salir 
adelante o ganar. Pero en el fondo, a pesar de todo, tenía la 
esperanza de que algún día tendría a alguien. Seguía poniéndose 
metas, y esas metas le daban esperanza. Que un día sería 
simplemente Calliope, con todo el brillo y el glamour de una buena 
vida, la vida que vio en mi madre cuando era niña. Era su parte 
infantil la que casi me hacía olvidar que era una asesina a sangre 
fría. El hecho de que ella realmente creyera que un día sería libre 
y feliz. 
“Tomo mis pedazos rotos y hago un hermoso mosaico” me había 
dicho una vez, y me fascinaba. Ella y esa visión del mundo me 
fascinaban. 
Quería entender cómo todo el mundo podía ser una decepción 
para ella, cómo nunca era libre de decir toda la verdad y, sin 
embargo, conseguía aferrarse a eso. No se hundió en la 
desesperación absoluta. El mundo entero podía odiarla, podía 
malinterpretarla y dudar de ella, y la mujer hacía un postre como 
si no se diera cuenta. Estaba más rota que yo y, sin embargo, 
vivía mucho mejor. Era rara, pero yo también quería ser ese tipo 
de rareza. 
La quería a mi lado. La quería libre de su antigua familia. Quería 
que sólo me perteneciera a mí y sólo a mí. Su pasado y sus 
mentiras no me importaban. Las personas heridas y maltratadas 
tenían que protegerse. Lo entendía. Un día quería ser la persona 
que hiciera realidad sus esperanzas. Sólo que había muchos 
obstáculos para llegar allí. 
—¡Papá! 
Acababa de entrar en el pasillo hacia su habitación. Ya eran las 
cuatro de la mañana. Me detuve para vendarme la mano y 
 
cambiarme de ropa para que Gigi no viera la sangre en mí. Corrió 
tan rápido como pudo hacia mí, pero no se aferró a mis piernas 
como lo hacía normalmente. Con la cara roja, malhumorada y 
confundida, me agarró del brazo. 
—¿Dónde está mamá? No encuentro a mamá. 
Agachándome, hice lo posible por mantener la calma y sonreírle. 
—Mamá está un poco enferma ahora mismo... 
—¡Los de la planta baja han dicho que mamá se ha ido! —gritó, 
mirando a su alrededor mientras mi abuela se acercaba—. Eso es 
lo que han dicho, Nana, ¿verdad? Lo has oído, ¿verdad? Entonces 
la televisión... —Su rostro se puso rojo y tenía lágrimas en los 
ojos—. Estabas en la televisión. Estabas gritando, papá, ¡lo vi! ¡Mi 
mami estaba herida! Vi a mami y... y.... 
—Cariño, respira. ¡Gigi, respira! —Dije, agarrándola rápidamente, 
pero ella seguía empujándome. 
—Quiero ver a mami —gritó, empujando contra mí tan fuerte como 
sus pequeñas manos podían—. ¡Mami está herida! 
—¡Gigi! —grité, rodeándola con mis brazos y atrayéndola hacia mi 
pecho. La abracé tan fuerte como pude mientras me golpeaba y 
gritaba una y otra vez. Cada vez sentía como si me apuñalara, y 
no podía hacer nada. Ella no quería escuchar nada. Quería ver a 
su madre, ver por sí misma. 
—Papá... por favor —lloraba en mi hombro—. ¿Puedo ir a ver a 
mamá? 
—Tesoro, tienes que estar tranquila para verla. 
Como estaba cansada, porque estaba en mis brazos y no podía 
liberarse, se relajó un poco. Lloriqueó cuando pasé por delante de 
mi abuela de vuelta a la habitación de Gigi mientras me abrazaba 
con fuerza. Mirando a mi alrededor, me di cuenta de todas las 
 
cosas que había tirado por la habitación. Las almohadas que 
había tirado al suelo, el zapato que probablemente había lanzado 
y que había roto su espejo. Si Calliope viera esto, la tiraría de las 
orejas, por actuar como tal. Pero lo entendía, a veces parecía que 
la gente no podía oírte hasta que rompías cosas... o personas. 
Tomando asiento en su cama, le toqué la espalda. 
—¿Me vas a escuchar ahora? 
—¿Cuándo podremos ver a mamá? —murmuró, sentándose en mi 
regazo. 
Le aparté el cabello de su rostro. 
—Cuando duermas y te despiertes. 
—¿Lo prometes? —murmuró. 
Asentí, levantando mi dedo meñique para ella, y enlazó su dedo 
con el mío. 
—Lo prometo, ahora, métete en la cama y duerme. 
Asintió, quitándose de encima y volviendo a meterse bajo las 
sábanas. Me agaché y alcance una de sus almohadas y la puse 
detrás de su cabeza. 
—Papá... tu mano —susurró,tocando mis vendas. 
—He tocado la estufa —mentí, sin saber qué más decirle. 
—No lo hagas —ordenó, y asentí, arropándola con las mantas. 
—No volveré a hacerlo, ahora duerme. —La acaricié suavemente. 
Ella asintió, con los ojos caídos, y se giró hacia un lado. 
—No se lo digas a mamá... mi espejo. 
Sonreí. 
 
—No lo haré. 
Observé cómo se dormía, hasta que roncó suavemente. Cuanto 
más crecía, más me preguntaba de quién se enamoraría. Había 
días en los que era toda una Calliope... amante de la comida, del 
cine, franca, sociable, dramática y divertida. Luego había días en 
los que veía mucho de mí en ella, como mi carácter, pero también 
veía mucho de mi yo más joven en ella. El yo que hacía cien 
preguntas al día, que pensaba en el mundo de sus padres y que 
era ferozmente leal pase lo que pase. 
—Calliope me la trajo antes de irse —susurró mi abuela detrás de 
mí—. Las dos estábamos dormidas, pero debió de despertarse en 
algún momento de la noche y fue a buscar a su madre. Acabó 
cerca de la sala de seguridad. Calliope y tú aparecieron en las 
noticias de la noche. Ella no se calmaba sin importar lo que le 
dijera. Pensé que lo mejor era llamarte para que ella pudiera 
escuchar tu voz. No esperaba que dejaras el hospital. 
—Iba a volver a buscarla de todos modos —susurré, levantándome 
de la cama y girándome hacia ella—. Nos iremos por la mañana. 
Ella ladeó la cabeza confundida. 
—¿Los dos se quedarán en el hospital con Calliope? 
No respondí. 
Me dolía la cabeza. Había tantas cosas que tenía que resolver, 
volver a planificar. Lo primero y más importante ahora era llegar a 
ella. Había perdido demasiado tiempo con mis padres a causa de 
mi rabia. 
¿Pero perder ese tiempo podría ser una ventaja para mí? 
Fiorello tenía hombres con él. ¿Dónde están ahora? 
Esto no ha terminado. Necesito un nuevo... 
 
—Ethan, tú también necesitas descansar —susurró, poniéndome 
la mano en la cabeza y abrazándome, y me pregunté si seguiría 
haciéndolo si supiera que había apuñalado a su hijo por rabia. 
Mi mente iba a toda velocidad, y cuanto más pensaba en qué 
hacer a continuación, más crecía en mí la tentación de 
marcharme. 
—Sé que te sientes como si hubieras pasado por un infierno. Pero 
así es la vida de los Ceann Na Conairte a veces. 
Ella lo sabía. ¿Cuántas veces había visto el ascenso y la caída? 
Pero mi caso era diferente. Estaba luchando desde el interior para 
salir. 
—¿Lo soy? —Pregunté—. ¿O es, padre, todavía, Nana? Ya no 
puedo decirlo. 
Ella no respondió. 
Eso significaba que ella tampoco podía decirlo. 
—Gracias por cuidarla. —Fue todo lo que pude decir, retirándome 
de sus brazos. 
—Por supuesto. Hablaremos más tarde. 
Asentí, viendo cómo el pecho de Gigi se levantaba lentamente. 
—No me has preguntado cómo estaba Calliope —dije cuando la oí 
caminar hacia la puerta. 
—No hace falta. Sé el aspecto que tiene la pérdida de la persona 
que amas —dijo antes de cerrar la puerta tras ella. 
Exhalando, me incliné, tumbándome al lado de Gigi, apoyando la 
mano en mi rostro. Sus lágrimas, el estado de Calliope, mi rabia... 
Quería devolver el golpe. Quería hacer algo más que gritarles. 
Quería... realmente quería matarlos. 
 
Vivir por la familia. O morir por la familia, ¿no? 
Bueno, ellos atacaron a mi familia... pero eran mi familia. Estaba 
tan cerca. Estaba tan cerca de traerlos al grupo. Calliope había 
explicado que si mis padres mataban suficiente gente de su padre, 
él la llamaría para cambiar el plan. Era entonces cuando ella 
atacaría. 
No esperaba que fuera esta noche... bueno, la pasada noche. 
Lo habían hecho más rápido de lo que habíamos pensado. 
Así que, cuando vi el cuerpo de Fiorello en el suelo y la mirada de 
alivio en sus ojos, pensé, por fin. Todos los secretos, todas las 
mentiras, toda la presión se le caería de encima. Habíamos llegado 
a nuestro punto de inflexión, sólo para que mi madre le disparara. 
Lo sabía. Sabía que ella estaba observando a través de su visor, 
esperando la oportunidad. Al igual que sabía que ella y mi padre 
estaban de vuelta en Chicago. Una vez más, el por qué no podía 
contarle a Wyatt un maldito secreto. Él actuaba de forma 
diferente. Como si tratara de asegurarse de que no vigilara, 
añadiendo poco a poco más y más horas a su trabajo, quejándose 
menos, siguiendo mis indicaciones de repente. Lo sabía, y lo único 
que tenía que hacer era vigilarlo. Pero mis padres eran astutos. 
Hacían un cortocircuito en las luces del garaje del hospital y 
entraban en su auto. Luego editarían el vídeo en directo para que 
pareciera que no había pasado nada. Si no fuera por un fallo de 
tres segundos en los vídeos, no me habría dado cuenta. 
Con todo el trabajo que pusieron en sus esquemas... lo sabía todo. 
Y aun así, al final iba a decirles la verdad. 
Recordé cada palabra de mi última conversación con mis padres. 
“Ella mató a tu tía. No se detendrá hasta destruir a toda la familia 
en nombre de su abuelo. Ethan, no nos sentaremos a ver cómo 
ocurre” había dicho ella, y yo le dije: “Y por eso estoy de su lado, 
no del tuyo...” 
 
Porque no se iban a sentar a mirar, maldita sea. 
En vez de eso, parecían estar seguros de que yo quería destruir 
esta familia. 
“Entonces, ¿es la guerra?” Su voz sonó en mi mente, y quise gritar 
las palabras que no estaba diciendo. 
Como no había respondido a su pregunta, pensé que ella se daría 
cuenta. Al fin y al cabo, era la gran Melody Callahan, pero ya se 
había hecho a la idea, por lo que realmente no se dieron cuenta de 
nada más. 
—Era peligroso desde el principio —susurré a nadie. 
Estos planes, todos mis planes, eran peligrosos desde el principio. 
Una y otra vez, me pregunté si estaba yendo demasiado lejos. 
¿Había otra forma de hacer esto? 
Durante el último año, con Calliope, habíamos recuperado mucho 
control. Nos habíamos vuelto mucho más populares en la ciudad. 
Se suponía que íbamos a salir en la portada del Chicago Times el 
mes que viene. 
Se va a enfadar por perderse la primera cena del Times dedicada a 
presentar la ciudad por Navidad. Sonreí, pensando en la cara que 
pondría. Luego se me cayó el rostro, al pensar en ella. 
Estaba estable cuando salió del quirófano, pero si sobrevivía, iba a 
tardar en recuperarse. No era una herida superficial. Pero, ¿cuánto 
tiempo podría conseguir para que se cure? Primero necesito saber lo 
que sabe. Ella es mi topo interior... ¿Guarda archivos en algún 
lugar? No. Ella no haría eso. No hay juicios en papel. 
¡Mierda! 
Había demasiadas cosas pasando por mi mente, demasiados 
contraplanes, nuevos planes. Podía ver demasiadas cosas, y 
ninguna de ellas era a prueba de todo. Ningún plan lo era. 
 
Siempre tenía que ajustarlo. Pero ahora mismo, estaba irritado. 
Irritado conmigo mismo y con todos mis pensamientos. Irritado 
con mi familia por su falta de pensamiento. 
Puede que los haya puesto en peligro en el pasado, pero ni una 
sola vez pensé que no podrían sobrevivir, ninguna de mis acciones 
carecía de propósito. Siempre tenía un plan para sacarlos de allí, 
aunque fracasaran. Wyatt fue el único que resultó gravemente 
herido, ¡Y eso fue porque se lanzó al ataque y no se cubrió las 
espaldas! ¡El imbécil! Y sin embargo, eso fue culpa mía. Lo dejé 
con todos los hombres de esta ciudad, y decidió jugar al 
Todopoderoso. 
Siempre hacían esto. 
Me dejaron para averiguar cómo deshacer su desorden. 
Cuando ellos estaban afuera, corriendo por el mundo, siguiendo 
diferentes pasiones, yo estaba aquí protegiéndolos, ¿y cómo me lo 
pagan? El tío Neal envía afuera a sus hijos en secreto y finge para 
que no me dé cuenta que era por su miedo a mí. Pero eso no era lo 
más sorprendente. Que Helen envenenara a mi esposa ya era algo. 
Que Killian se fuera y se hiciera amigo de nuestros enemigos. 
Wyatt uniéndose a mis padres para asesinarla. 
Una parte de mí quería marcharse. 
Una parte de mí quería cortar los hilos de las marionetasy 
dejarlas morir. Podía fingir que renunciaba de nuevo... tomar a 
Calliope y a mi hija, dejarles todo este embrollo y reagruparme. 
Pero cuántos de ellos morirían mientras yo lo hacía... entonces, de 
nuevo, tal vez eso es lo que se necesita para reconstruir esta familia 
después. Ese podría ser el nuevo plan, empezar la familia de nuevo. 
Así lo hizo el abuelo Sedric. Perdió a todos sus hermanos y a su 
madre. Luego reconstruyó toda la familia Callahan como él quería. 
Hizo las reglas. Creó esta familia basada en su moral. Yo podría 
hacer lo mismo, ¿no? Si me fueran, en lugar de luchar para que me 
 
entendieran, podría empezar de nuevo y criar una nueva 
generación que lo hiciera. 
Los pensamientos llegaron antes de que pudiera detenerlos, y con 
ellos no pude evitar escuchar la voz de Calliope en mi mente. “¡La 
única manera de que pueda ser reina, Ethan, es si tenemos gente a 
la que gobernar!” 
—Todavía habría familias irlandesas e italianas para gobernar, 
Calliope —murmuré. 
“Todo el trabajo que hice para que recuperaran la fe en ti, y lo echas 
a perder si toda tu familia muere. Además, ¿qué mierda quieres 
decir con criar una nueva generación? ¿Exactamente cuántos hijos 
voy a tener en esa puta generación?” Sería lo que más 
probablemente diría como respuesta. 
Así que ese plan no podía funcionar. Si Calliope se despertaba y 
descubría que los había dejado morir, intentaría matarme, joder. Y 
lo último que necesitaba era una esposa enfadada encima de 
todos mis otros problemas... esa no era la única razón. La otra 
razón era simplemente que no quería que murieran. 
Eran unos malditos idiotas. Nunca escuchaban. Me daban ganas 
de gritar la mayoría de los días y siempre buscaban que fracasara, 
pero no quería que murieran. Es debilidad... y fuerza, supongo. 
Gemí, frotándome la cabeza. 
¿Y ahora qué, Ethan? 
Ring. 
Ring. 
—¿Qué ha pasado? —Pregunté, sentándome de nuevo en la cama. 
—Su corazón se detuvo. La trajeron de vuelta, pero todavía sigue 
siendo... 
 
No escuché lo que dijo a continuación, ya que estaba rechinando 
los dientes, listo para lanzar el teléfono contra la maldita pared, 
pero me detuve, respirando por la nariz. 
Fui demasiado lejos. 
—Estoy en camino —respondí, ya de pie. 
 
WYATT 
 
Lo único que podía pensar era, ¿qué mierda iba a hacer ahora? 
¿Qué iba a decirle? 
¿Qué iba a decirle a Helen? 
Cuanto más pensaba, más se me quedaba la mente en blanco. Me 
sentía como si tuviera huevo en mi rostro. Como si hubiera estado 
caminando con huevo en mi rostro todo el tiempo y nadie me lo 
hubiera hecho saber. ¿Por qué siempre terminaba en este lugar, 
parado como un idiota en la cara de mi hermano? ¿Qué diablos 
hice para que me jodieran tanto? 
¿Era tan incompetente? 
¿Ethan era mucho mejor que yo? 
¿Por qué siempre era capaz de reírse de último a mi costa? ¿Pasar 
por alto como si... como si no tuviéramos los mismos genes? ¿Qué 
nos hacía a ambos tan diferentes? ¿Por qué nunca estábamos en 
la misma página? 
—¡Wyatt! ¡Wyatt! —Helen me agarró del brazo desesperadamente. 
Su rostro era un desastre, su cabello enmarañado y recogido en 
un feo moño. Parecía una mendiga. No se parecía en nada a ella. 
 
Desde la muerte de la tía Cora, había sido diferente. Todos 
habíamos sido diferentes, y pensé que la muerte de Calliope 
podría arreglarnos. Por eso tenía tantas ganas de acabar con ella. 
No quería ver nada más. Quería decir que todo era culpa suya, y 
que si ella nunca hubiera venido, todos estaríamos perfectos. 
—¿Está muerta? —Preguntó Helen, apretando desesperadamente 
mi brazo—. Vi las noticias; cayó duramente. Había mucha sangre. 
Tiene que estar muerta, ¿no? 
Agaché la cabeza, mirando la ropa rasgada en mi mano. 
—Wyatt, ¿por qué no me respondes? 
—Porque no lo sé. 
—¿Qué? ¿Cómo no lo sabes? No estabas en el hospital... 
—¡No lo sé porque Ethan no confía en mí! —Le grité—. No se fía de 
mí, así que ni siquiera pude entrar en la misma puta planta en la 
que estaban atendiéndola. No se fía de mí, así que... ¡No se le 
ocurrió explicarme en todo este puto tiempo que tu madre estaba 
en reincidencia! 
—¿Reincidencia? Como en... 
Finalmente levanté la vista y me encontré con su mirada. Sus ojos 
marrones me miraban confusos. 
—El cáncer de tu madre volvió —susurré. 
—No... 
La agarré de los brazos mientras intentaba alejarse de mí. 
—Ella y Calliope... 
—¡He dicho que no! —gritó, arrancando sus brazos de mí—. No sé 
qué mentira te han contado, pero mi madre estaba sana. Estaba 
bien y entonces... 
 
—No estaba bien. Tenía un cáncer con metástasis en fase 4. Se 
había extendido a múltiples... 
—¿Por qué dices eso? —me espetó, con los ojos llenos de 
lágrimas—. ¿Intentas hacerme más daño? 
—No estoy tratando de hacerte daño, Helen, por favor, 
escucha. —Le tendí la mano, pero ella se apartó de nuevo, 
negando con la cabeza. 
—Habría notado que mi madre tenía cáncer. Te están mintiendo 
para encubrir lo que le hicieron. 
—Helen... 
—¡No! —espetó, retrocediendo de nuevo, sacudiendo la cabeza 
antes de darse la vuelta y dejarme rápidamente de pie en la 
entrada, justo encima de los títulos del monograma de Ethan y 
Calliope. 
¿Qué debía hacer ahora? 
El mundo había dado un vuelco. 
Volví a ser el hermano, el amante y el hijo inútil. 
—Conozco esa mirada. 
Levantando la vista, vi que el tío Neal entraba desde el salón. Con 
un libro en la mano, miró hacia donde había corrido Helen y luego 
hacia mí. 
—¿Qué mirada? 
—La mirada de quien está a la sombra de su hermano —dijo, y me 
quedé paralizado, haciendo que se riera. Se puso a mi lado y se 
quitó las gafas de leer—. ¿Fuiste tú quien le disparó? 
—¿Y si lo fui? 
 
—Te vas a morir —dijo, sin hacerme sentir mejor. 
—Eres una mierda dando charlas de ánimo, tío Neal. —Jadeé en 
shock. 
—Así que le disparaste. 
Puse los ojos en blanco. 
—¿Es demasiado pronto para una copa? 
—Los tragos no lo hacen más fácil. —Frunció el ceño, poniendo su 
mano en mi hombro—. Pero, me tomaré una contigo porque 
recuerdo lo que se siente al ser tú. 
—Todavía estoy esperando el ánimo en esta charla. 
Me golpeó la nuca con el libro que tenía en la mano. 
—Paciencia. Ya viene. ¿Estás preparado? 
—Claro —respondí, frotándome la nuca mientras me empujaba al 
salón. Dentro me encontré cara a cara con el retrato familiar para 
el que Calliope había exigido que nos vistiéramos bien. No lo 
quería como una foto, sino como un verdadero cuadro al óleo. Era 
tan grande que colgaba sobre toda la chimenea. 
—Siempre te va a hacer sentir como una mierda —dijo mi tío, 
dándome un trago. 
—¿Quién? 
—Ethan. Siempre te hará dudar de ti mismo. No es su intención. 
Pero los talentosos tienen esa particularidad. 
Fruncí el ceño... era una mierda total en esto. 
—¿Los talentosos? 
 
—Cada generación, hay un hermano que simplemente es mejor en 
esto. No sé por qué... 
—¿Pensé que era el hermano menor el que era mejor? 
—Porque tu padre te dijo esa mierda —se rio, moviéndose para 
sentarse junto a la chimenea—. Incluso desde el más allá, el 
hombre se burla de mí. 
No dije nada, más que nada porque pensar en el hecho de que mi 
padre estaba vivo y su hermano no lo sabía... me hacía sentir mal. 
—Sí, tu padre y mi padre eran los segundos hijos. Pero nuestro 
abuelo fue el primero. Y nuestro bisabuelo, que nos puso a todos 
en este camino, fue también el primer hijo. En cada generación 
hay un hijo, y si hay dos, uno naturalmente eclipsa al otro. La 
gente no lo recuerda mucho, pero el padre de Declan, Killian, era 
el mejor. Él también hacía planes y los escribía. Mi padre encontró 
esos planes y los siguió. Construyó su legado sobre su hermano, y 
nadie lo sabe. 
—¿Dejó sus planes? —murmuré, bebiendo y deseando algo aún 
más fuerte que el brandy en mi copa. No estaba seguro de qué 
sería, pero necesitaba que me ardiera la garganta. 
—¿Intentas derrocar a tu hermano? —replicó. 
—Noes eso lo que quería decir. 
—Yo creo que sí. —Sonrió—. Aunque sólo fuera el 10% de lo que 
querías decir, una pequeña parte de ti quiere demostrar que eres 
tan bueno como él, ¿verdad? 
Tampoco respondí a eso. 
—Es difícil ser un hombre en esta familia y no pensar en eso. Y si 
fuera yo. —Sonrió, mirando su copa—. Lo pensé, pero me di 
cuenta de que no era como él. Tu padre. Algunos días casi me 
 
volvía loco. Después de todo, a diferencia de ti, yo era el mayor, y 
a diferencia del tío Killian, yo no morí. 
—Entonces, ¿por qué cediste ante mi padre? 
Me fulminó con la mirada y se encogió de hombros. ¿De qué otra 
forma podía decirlo? 
—Por culpa. 
—¿Culpa? 
Asintió. 
—La culpa de no haber sido nunca el hermano que necesitaba, de 
haberle fallado tanto, me impidió traicionarlo y querer que me 
perdonara, que me aceptara, que contara conmigo en su lugar. 
—Estoy buscando una respuesta ingeniosa, pero no tengo 
ninguna —susurré, apoyándome en la silla y mirando al fuego. 
—¿Te sientes culpable por lo de hoy? 
—No he dicho que haya hecho nada. 
—Habrías podido entrar en el mismo maldito piso que Calliope si 
no hubieras hecho nada. —Obviamente escuchó nuestra 
conversación—. Esto es bueno para ti. Es un peso que te hará 
retroceder para no volver a escuchar esa voz que dice “podría ser 
yo”. 
Me quedé mirando el fuego, bebiendo. Estuvimos sentados así 
durante algún tiempo antes de volver a hablar por fin. 
—¿Tío Neal? 
—¿Sí? 
—¿Mi padre te perdonó alguna vez por lo que hiciste? 
 
—Cometí muchos errores diferentes. Nunca me enteré de cuáles 
había perdonado y de cuáles seguía guardando rencor. Era así de 
mezquino. Pero me gusta pensar que, al final, confió en mí. Sin 
embargo, lo que más lamento es no haber hecho más por él 
porque tenía muchos conflictos sobre quién debía ser. No lo 
pienses demasiado. Tienes la suerte de ser mucho más inteligente 
que yo. Así que, apóyalo mejor la próxima vez. 
Asentí, pero no pude evitar preguntarme cuántos años más 
pasarían antes de que Ethan y yo nos pusiéramos de acuerdo. 
—Así que no intentes matar a su esposa o morir antes de la 
próxima vez. Sólo serías recordado como un idiota. 
Miré por encima de mi hombro para ver cómo me sonreía. 
—¡Lo estabas haciendo mejor con el ánimo, y luego lo arruinaste! 
Se reía de mí. 
Y en el silencio, me encontré sintiendo la culpa. 
No tenía palabras. 
Sólo culpa. 
Entonces, me pregunté qué sentían mis padres. 
No me dijeron nada. Sólo me dijeron que volviera a casa, como si 
fuera un maldito cachorro. Ahora que había terminado de jugar a 
su juego, debía ir a sentarme en un rincón mientras ellos 
pensaban qué hacer a continuación. 
¿Qué era peor? ¿Ser la marioneta de mis padres o ser el enemigo 
de mi hermano? 
Terminando el resto de mi bebida, dejé la copa en la mesa auxiliar 
antes de levantarme. 
—Te dejo con tu lectura... 
 
—Lleva esto a mi auto; avísale a mi abuela por la mañana. 
Al oír la voz de Ethan, abrí la puerta de golpe para encontrarlo 
casi al lado de la misma, y junto a él estaba O'Phelan. Ethan tenía 
a su hija dormida en brazos. Uno de los guardias estaba llevando 
dos bolsas a su auto. Ethan me miró, y deseé que me mirara con 
rabia, pero fue como si mirara a través de mí antes de volver a 
encarar a O'Phelan. 
—Dile que le he dejado toda la información que necesitará —le 
dijo. 
O'Phelan asintió y se dispuso a hacer lo que mi hermano le 
ordenaba. Cuando lo hizo, Ethan se movió para irse también. 
—Ethan... 
Me ignoró saliendo al exterior. Siguiéndole, observé cómo abría la 
puerta del asiento trasero para meter a su hija adentro. 
—Ethan. He cometido un error. 
No habló, asegurándose cuidadosamente de abrochar el cinturón 
de seguridad de Gigi. 
—Cometí un error, uno grande, y lo siento mucho... 
Cerró la puerta del auto y me agarró de la garganta, golpeándome 
contra el capó del auto, tomando el arma de su espalda la sostuvo 
directamente en mi cabeza. 
—Esto es un arma, Doctor Callahan. Cuando se dispara un arma, 
sale una bala. No puedes retirar esa mierda con un “lo 
siento” —gritó, casi escupiéndome a la cara; en cambio, me soltó 
el cuello y me empujó hacia un lado—. Si hubiera sabido que esto 
iba a ser así, habría dejado tu inútil culo en Boston. 
—Pero, no lo hiciste —dije, frotándome el cuello—. Viniste por mí. 
Hiciste todo esto por la familia porque te importa la familia, 
 
¿verdad? No puedes abandonarme, Ethan. No importa cuántas 
veces la joda. Sigo siendo tu hermano pequeño. 
—Estás muerto para mí —dijo, entrando en su auto y arrancando, 
casi atropellándome. 
Sus palabras... Una bala habría sido más amable. 
—Y la historia se repite con los próximos hermanos 
Callahan —dijo mi tío Neal desde la puerta. 
—Tío, ¿no tienes otra cosa que hacer ahora mismo, en lugar de 
presenciar uno de mis mayores momentos de caída en mi cara? 
—No. 
A la mierda las últimas veinticuatro horas de mi vida. ¡A la 
mierda! 
 
LIAM 
 
—¿Volvemos a esta mierda otra vez? —Le pregunté cuando entré 
en la cocina privada del hospital para encontrarla en el suelo, 
bebiendo vodka puro. Estábamos en el nivel justo debajo del de 
Ethan, esperando en una de las salas VIP. Estaba seguro de que 
él sabía que estábamos aquí. Simplemente le importaba una 
mierda ahora. 
—En este episodio de Las pasiones de Melody, mi hijo... se vuelve 
en mí contra por mi culpa. —Su voz se quebró por un momento; 
sin embargo, para disimularlo, vertió licor en su vaso de chupito y 
luego tiró el líquido transparente como si fuera agua—. ¡Giro de la 
trama! 
 
—¿Cuántas temporadas de esta telenovela hay? —pregunté 
sujetándome el costado con el brazo izquierdo, ya que tenía el 
hombro derecho reventado, y dejándome caer en el frío suelo de la 
cocina junto a ella. 
—Mi instinto me decía que había algo que no funcionaba en esa 
familia —dijo ella, sirviéndose de nuevo en su vaso—. Sabía que 
esa pequeña volvería más fuerte. 
—Y tenías razón. 
—Entonces, ¿cómo me equivoqué tanto? —escupió enfadada y 
arrojó la bebida a su garganta—. Si lo sabía, ¿cómo me equivoqué 
tanto? 
—Al negarte a dejar de mirar a Ethan como tu mio bel 
leoncino —respondí, tomando la botella de vodka para mí y 
bebiendo. 
Podía sentir la mirada de sus ojos sobre mí. 
—No empieces. Querías matarlo. No parabas de decir que no ibas 
a dejar que destruyera esta familia, estaba intentando... 
—Salvarlo. Porque es tu mio bel leoncino —repetí, bebiendo de 
nuevo antes de que me arrebatara la botella. 
—¿Qué debería haber hecho? Si yo... 
—Dejar de lado el hecho de que es nuestro hijo y verlo sólo como 
un enemigo; entonces habrías escuchado cuando dije que Ethan 
iba a defenderla con todo lo que tenía sin importar lo que pasara. 
Tú la matas; él te mata a ti. 
—Te escuché la maldita primera vez. ¿Qué importancia tiene eso 
ahora? ¿Cómo iba a cambiar algo ver eso ahora? 
 
—¡No lo hace! ¡Nada cambia ahora! ¡Sólo quiero culparte para no 
tener que lidiar con mis propios errores! ¡Joder, Melody! 
¡Maldición! 
Estaba tan dispuesta a matarlos a los dos. Estaba tan seguro de 
que Ethan iba a arruinar todo por culpa de esa mujer. A pesar de 
eso, en el fondo de mi mente, debería haberlo sabido. Debería 
haber creído en él. 
Como mi padre creía en mí. 
Le echaba la culpa a ella, pero también tenía mucha culpa yo. 
Aunque no confiara en Calliope, seguía teniendo fe en Ethan. Ella 
todavía quería salvarlo, mientras que yo, yo... estaba dispuesto a 
matarlo. 
Bebiendo, me pregunté. ¿Cómo habría reaccionado si mi padre se 
hubiera apartado sólo parcialmente? Si hubiera hecho cosas a mis 
espaldas, ¿qué habría hecho yo? 
Mi padre confiaba en mí, y yo no confiaba en mi hijo. Mi padre 
estuvo a mi lado hasta su último aliento, y yo había abandonado a 
mi hijo. Sabía que nunca sería tan buen padre como lo fue el mío 
para mí. Sólo que apestaba verlo tan jodidamente claro,ahora. 
—No sé qué más decir —le susurré mientras bebía—. Nunca me 
había sentido tan derrotado. —Con desgana miré hacia ella—. ¿Y 
ahora qué? 
—Bebemos —dijo ella, dando un largo trago, antes de respirar 
profundamente—. Y rezamos para que esa chica no se 
muera. —Luego me devolvió la botella. 
—¿Qué tan bueno fue tu tiro? —Le pregunté. 
Se frotó la muñeca, estirando los dedos. Llevaba disparando desde 
que era una niña. Luchando desde que era una niña. En mi 
opinión, eso la convertía en una experta, pero ¿cuántos años 
 
puede soportar un cuerpo el daño y seguir funcionando sin 
problemas? Podía sentir el dolor de mi cuerpo incluso ahora, peor 
de lo que recordaba hace unos años. Mis rodillas crujían cuando 
me levantaba de la cama; mi muñeca me dolía cuando se enfriaba, 
incluso podía ver que mis dedos se habían vuelto más gordos y 
lentos. Los años de golpear a los hombres en el rostro, de dar 
puñetazos a las paredes, de recibir disparos o puñetazos, me 
estaban robando años de mi puta vida. Me sentía más cerca de los 
setenta u ochenta por dentro, que de los sesenta. Era tan difícil 
para cualquiera de nosotros alcanzar una edad avanzada en esta 
vida. Jodidos veinte años y mierda, juro que entrenaban a estos 
chicos cada vez más jóvenes con cada maldito año. 
—Tenemos suerte de que no tenga diez o quince años menos, 
Liam, o ella habría estado en la morgue —susurró Melody, 
pensando obviamente lo mismo que yo. 
Y si hubiera estado en la morgue, no habríamos podido evitar que 
Ethan nos matara. Ethan ya me había apuñalado por tener la 
audacia de dispararle... si ella moría, entonces nos rastrearía en 
ese momento para vengarse, o peor aún, iría tras Wyatt para 
atraernos. 
—Wyatt. —Suspiré, colgando la cabeza mientras pensaba en cómo 
le habíamos arrastrado a esto. 
—Ugh... no puedo. —Alcanzó el vodka y bebió, sin querer pensar 
en eso. 
El sueño que teníamos de ellos trabajando codo con codo ardía 
frente a nosotros... y nosotros habíamos encendido la cerilla. 
¿Qué haría mi padre? 
¿Era demasiado tarde para preguntar? 
—Liam. 
 
—¿Hmm? 
—Creo que nos hemos convertido en los viejos que no saben 
cuándo renunciar. 
—Somos viejos, pero no tanto. 
Me devolvió la mirada con una expresión de complicidad en sus 
ojos y luego bebió. 
Joder. 
¿Realmente éramos tan viejos ahora? 
 
 
NUEVE 
“¿Qué te hace ir a la guerra?” 
~ Leo Tolstoy ~ 
 
ETHAN 
 
—¿Cómo está? —pregunté en cuanto salí del ascensor con Gigi en 
brazos. 
—Estable ahora —dijo Vinnie, todavía vestido con su traje del 
baile—. Dijeron que mientras pase el resto del día sin ningún otro 
contratiempo, se recuperará. 
—Por supuesto, lo hará; no tiene otra opción. —Me prometió. 
Pensé en la última parte mientras entraba en su habitación. 
Allí estaban sentados Dino e Italo, esperando. Italo en la puerta. 
Dino junto a su cama. Estaba envuelta en vendas, con cables que 
salían de su lado izquierdo y derecho. El único sonido provenía de 
las máquinas que parecían mantenerla con vida. 
Vinnie no entró, sino que se quedó de guardia en la puerta. 
Caminando hacia el sofá, dejé a Gigi suavemente, colocando la 
almohada bajo su cabeza. Ella murmuró antes de ponerse de lado. 
Cuando buscó otra almohada para abrazarla, me moví para tomar 
la bolsa que había traído. Dino ya parecía saberlo y sacó el delfín 
de peluche, entregándomelo. Me quedé mirando su mano, notando 
la marca de nacimiento en su dedo índice. Era igual que la de 
 
Calliope, al igual que la cicatriz que tenía. También me entregó 
una manta. 
—Es mi única sobrina —dijo. 
Era la primera vez que alguno de ellos lo admitía. Así era como se 
guardaba un puto secreto. Tomando la manta, la puse sobre Gigi 
antes de levantarme y encarar a Dino. 
—No todos los tíos son tan leales —respondí. 
—No todos los tíos empezaron donde nosotros 
empezamos —replicó, e Italo asintió desde atrás. 
—¿Ahora es el comienzo de la hora del cuento? —pregunté, 
caminando hacia la cabecera de Calliope, quitándome el abrigo y 
sentándome, viéndola librar esta batalla por su cuenta—. ¿Qué es 
lo que hizo que ustedes, niños afligidos, se reunieran? 
—No se me dan bien los cuentos. —Dino replicó—. ¿Italo? 
Comparte con el jefe. 
Se burló. 
—¿Cómo le gusta a Calli hacerlo? 
—Érase una vez —la voz de Vinnie llegó desde el otro lado de la 
puerta. 
Calliope tenía razón. De los tres, él era el que mejor oído tenía. Por 
eso se suponía que era nuestros ojos y oídos entre la élite de la 
ciudad. 
—Oh, claro, le encantan los clichés... érase una vez, un muy hábil 
y talentoso... 
—Oh Dios, aquí vamos —murmuró Dino, sacudiendo la cabeza 
mientras se dirigía al otro extremo de la habitación. 
 
 
No dije nada. No tenía ningún otro lugar donde estar, así que el 
tiempo que necesitaran para sacar esta historia, lo escucharía. 
Que conociera el final no significaba que no quisiera conocer el 
principio. 
—Un joven y amable pintor fue admitido en la Academia de Bellas 
Artes de Palermo. Tenía todas las papeletas para convertirse en un 
gran artista —dijo Italo como si no hubiera escuchado a Dino—. 
Entonces, un día, mientras me ocupaba de mis asuntos, me 
enviaron un vídeo. No sabía quién o qué era. Así que lo borré, 
pensando que era spam. Pero al día siguiente, recibí el vídeo de 
nuevo, y lo pulsé... sólo para ver el rostro maltratado y pecoso de 
una mujer mayor que no conocía. Vi cómo la golpeaban una y otra 
vez antes de sacarla a rastras de una habitación llena de otras 
mujeres que no conocía. El mensaje que vino después decía “Esa 
fue la última imagen que pude encontrar de tu madre”. Es extraño 
porque esa no era mi madre. Mi madre no tenía el rostro pecoso 
como yo —dijo. 
—Fuiste adoptado por otra —dije, comprendiendo. 
—Por una tía. —Sonrió, aunque no era la sonrisa de un hombre 
en su sano juicio—. Por supuesto, no sabía que era mi tía. Todo el 
mundo decía que tenía una hermana que hace tiempo se había 
juntaba con el tipo de gente equivocada, igual que el hermano 
pequeño de mi padre, Giuseppe. Un día, me dejaron en su casa. 
Sólo tenían dos hijas, un hijo... era agradable. Me criaron como si 
fuera su hijo. No conocían la historia. Mi madre adoptiva no sabía 
que mi madre biológica había sido secuestrada y traficada por 
toda Europa como un juguete de edición limitada. Se hizo mayor y 
enfermó, así que la mataron. ¿Sabes quién la secuestró? 
—Fiorello. 
—Equivocado pero buena suposición —añadió Dino. 
 
—Siena Orsini hizo secuestrar a mi madre —dijo Italo, y ante eso, 
lo miré. Al notar mi sorpresa, asintió—. Sí, no pudieron construir 
o financiar i Libitinarii de la noche a la mañana. Ni siquiera con 
todo el dinero que habían ganado en el pasado. Se necesita capital 
para construir algo así, y la forma más rápida de crear capital es 
la droga. 
—Pero eso lo dirigía otra familia, así que se habrían dado 
cuenta —respondí, colocando esa pieza del rompecabezas en su 
sitio—. Lo siguiente que se puede hacer es traficar con mujeres. 
—Y eso hicieron. A Fiorello le gustó cómo mi madre se defendía 
incluso con lo que le ponía Siena, así que se encargó de 
domarla. —Su mandíbula se apretó y miró al suelo, flexionando la 
mano—. Al parecer, lo disfrutó tanto que lo hizo a menudo, y aquí 
estoy. Habría pensado que me abortarían, pero no, Siena y Fiorello 
estaban jugando. Y yo tenía una conexión con la familia Callahan, 
aunque fuera muy lejana. Así que me dejaron con mi tía y me 
utilizaron para asegurarse de que mi madre se mantuviera en la 
línea. No querían desperdiciar a las preciosas chicas jóvenes. Me 
utilizaron para doblegarla. Siena y Fiorello dijeron que iban a 
volver por mí de todos modos. Pero ya había una pequeña chica a 
su lado, observando, aprendiendo, creciendo. Encontraron mis 
datos grabados en alguna carpeta. Calli me encontró, y supo que 
un día lo más probable es queacabara siendo un guardia o algo 
así para la familia Callahan, y un topo para los Orsini. Ella me 
envió ese video y otros videos después de eso. Y finalmente, 
hablamos. Me dijo que me alistara en el ejército, ya que tenía un 
paquete que necesitaba que entregara a alguien de adentro. 
—Ese alguien más era yo —respondió Dino desde atrás mío—. 
Cuya madre se desarraigó y se mudó a Italia, todo por el amante 
que abusó de ella. Pero el dinero era mucho mejor que el de mi 
padre. No sé si tuve suerte de que ella no fuera una de las que 
Fiorello tuvo que forzar, o fui estúpida por permitirle convertirse 
en su amante. En cualquier caso, Fiorello sabía quién era, y lo 
 
conocía a él. Lo vi herirla una y otra vez. Pero no podía hacer 
nada. Mi madre me decía que no me preocupara y luego me 
compraba algo. Me enfurecí sin tener dónde depositarlo, así que 
me alisté. Entonces, un día, un chico guapo vino a verme con un 
paquete, y en ese paquete había resultados de ADN. Sorpresa, la 
persona que te trajo ese paquete es tu hermano. 
Sorpresa. Eso sonaba a Calliope, sin duda. 
—Tú acabaste dejando el ejército porque él entró, no porque tu 
madre tuviera un derrame cerebral. Y Vinnie, su madre era 
prostituta, en la ciudad, y seguro que Fiorello era cliente. 
Todos asintieron, aunque estaba seguro de que Vinnie lo había 
oído y simplemente prefirió no hablar de eso. Me recosté en la 
silla. Mirando fijamente el rostro de Calliope. Ella los metió en el 
juego a todos en diferentes momentos, pero podía hacerlo porque 
Fiorello también planeaba utilizarlos. El hombre era un 
descuidado y un cerdo que sólo pensaba con la polla. ¿Por qué? 
Porque los hombres castrados sólo encontraban placer en luchar 
contra los que eran más débiles que ellos. Quería ser el jefe, pero 
mi abuelo, Orlando, lo mantenía a raya con su poder. Lo aceptó, 
hasta que sus hijos murieron. Dudo que le importaran esos hijos. 
Tenía hijos a diestro y siniestro; eran una excusa para él. Eran 
sus mártires. Podía ir por ahí con los descontentos con la unión 
irlandesa e italiana, traída por mis padres. Podía decir que 
Orlando era desleal, y ganar adeptos. Pero no era lo 
suficientemente inteligente como para hacerlo todo por sí mismo. 
Él era la cara de todo; mientras tanto, en el fondo, Siena, que 
realmente lloraba a sus hijos, dirigía el espectáculo. Eso también 
debió molestarlo. Pasar de inclinarse ante Orlando a inclinarse 
ante su esposa, que apenas era aceptable en la época de mi 
madre. Su esposa lo emasculaba, también, pero él necesitaba su 
mente para mantener su negocio a flote. Así que desquitó esa 
rabia con otras mujeres. ¿Cuántos otros hijos tenía por ahí? ¿Lo 
sabía Calliope? 
 
—Calliope dijo que Siena tiene Alzheimer. 
—Nunca he conocido a la loca —respondió Dino. 
—Yo tampoco —añadió Italo—. Pero Calliope dijo una vez, que ella 
sólo tomaba a los niños que eran lo suficientemente jóvenes y 
estaban especialmente rotos. Que querían más que nada tener... 
—Una madre —terminé por él asintiendo. 
Calliope me había dicho lo mismo, no tan explícitamente, pero el 
año pasado, la mirada en sus ojos después de que su padre había 
traído a Gigi... lo supe. 
 
ETHAN - ÚLTIMO AÑO 
 
Estaba bajo la ducha, lavándome con las manos el cabello, cuando 
sentí el aire frío en la espalda. Al girarme, vi cómo Calliope entraba 
desnuda. Se puso bajo el agua, pero no lo disfrutaba. Respiró 
profundamente. 
—Se llevó a mi hija sin decírmelo —susurró, tomando una esponja y 
el jabón, lavándome el pecho lentamente—. Le dije que iba a venir, 
pero se la llevó de todos modos. Hago lo posible por estar siempre 
presente cuando él está cerca. Tanto Siena como Luca son los 
únicos que cuidan de Gigi cuando yo no estoy. Sé que no le harán 
nada. 
Agarrando el champú, se lo eché en el cabello. 
—¿No hay manera de esconderla? 
—Ella existe porque quieren usarla para controlarme. Si la oculto, lo 
sabrán. La hemos arriesgado desde el principio. Yo lo sabía. Pero 
nunca la usaron contra mí. Nunca la llevaron a ningún sitio sin mí. 
 
—Hasta que volviste a mi lado —dije, restregando su cabello—. 
Querían recordarte que no eres libre aquí. 
—Ethan... —Su mano se detuvo en mi pecho. 
—Hmm. —Seguí frotando su cuero cabelludo. 
—Si alguna vez caigo... 
Mis manos se congelaron. 
—Asegúrate de que nunca la atrapen. Nunca. Porque irán por ella. 
Es lo suficientemente joven como para que puedan romperla y 
reconstruirla... 
—¿Qué pasó con lo de vivir para mí? —pregunté. 
Se rio, volviendo a levantar la esponja. 
—No he dicho que vaya a morir; sólo he dicho que si me caigo. 
—No te caigas. 
—Sí, jefe. —Sonrió, levantando la cabeza para mirarme—. Tú 
tampoco te caigas. 
—No soy de los que se caen. 
—Y sin embargo, te enamoraste de mí, ¿no? —replicó, y cuando 
puse los ojos en blanco, me besó los labios—. Estoy tan cerca y a la 
vez tan lejos. 
—Tú y yo, los dos —dije, tomando el mango del agua y vertiéndola 
sobre su cabello. 
Ella cerró los ojos, inclinando la cabeza hacia atrás para mí. 
—¿Tus padres? 
No respondí. 
 
—Tal vez se den cuenta de todo ahora, de que estoy aquí y decidí 
apartarme —dijo, apretando y retorciendo su cabello. 
—Han llegado hasta aquí porque sus egos no les permiten ver nada 
más que lo que quieren ver. 
Se quitó el agua de la cara para mirarme. 
—Tú tienes su ego. 
Acerqué el agua a la parte delantera de su rostro. 
—¿En serio? —dijo ella, cerrando los ojos, sonriéndome—. ¿No eres 
un poco mayor para ser tan mezquino? 
—He aprendido de ti. —Sonreí, quitando el agua de su rostro y 
besando sus labios. 
Ella me devolvió el beso y me rodeó el cuello con las manos, 
mientras nuestros cuerpos se apretaban mutuamente y yo la 
empujaba contra la pared. 
—Ahora que estás aquí, hay mucho que me gustaría 
enseñarte —añadí cuando nos separamos. 
Su respuesta fue levantar una pierna y rodear mi cintura. 
—Entonces enséñame, jefe, me encanta aprender. 
—Aquí hay algo. ¿Sabías que ciertos champús pueden usarse como 
lubricante? 
Una sonrisa malvada se extendió por su rostro. 
—Sí, lo sabía. ¿Quieres saber cómo lo aprendí? 
Mi mandíbula se desencajó, maldita sea, agarrando su mano, le di 
la vuelta al cuerpo. 
 
—A veces, juro que lo haces a propósito. Admite que te gusta lo duro 
y deja de intentar enfadarme. 
—No admito nada, jefe. ¿Qué vas a hacer al respecto? 
Sonriendo, la solté. 
—Seguir con mi ducha y dejarte en paz. 
Libre de mi agarre, su cuerpo giró hacia atrás tan rápido que no 
pude perder la mirada de rabia en sus ojos. Agarró el jabón y se 
movió para tirármelo a la cabeza. 
—¡Eres tan condenadamente molesto! 
Reí, esquivando el golpe. 
—Todo lo que tenías que hacer era admitirlo. 
—¡Vete a la mierda! —espetó, moviéndose para salir del cuarto de 
baño y casi se resbaló, pero se agarró. 
No pude evitarlo. Me reí más fuerte de ella, y por eso, volvió a entrar 
en busca de venganza, aunque era el suelo mojado con el que 
debería haberse enfadado. 
 
ETHAN – PRESENTE 
 
Me acerqué y tomé su mano entre las mías cuando, de repente, la 
puerta se abrió y Vinnie me miró. 
—¡Las alarmas silenciosas se dispararon! 
—Podría ser mi... 
¡BOOM! 
 
La explosión a su derecha fue tan fuerte, que toda la habitación se 
sacudió y lanzó su cuerpo a un lado, las llamas estallaron afuera. 
Esto no era mis padres. 
La verdadera guerra había comenzado. 
¡JODER! 
—¡Vete! —Le grité a Dino, sacando la ametralladora de debajo de 
la cama de Calliope mientras Gigi se levantaba confundida—. Gigi, 
ven aquí. Ahora. 
Saltando del sofá, corrió hacia mí. Abrí el panel junto a la cama de 
su madre. Presionando los teclados para que ella entrara. 
—¡Papá! 
—¡Cariño, ya vuelvo! 
—¡No, papá! 
—Escúchame —grité—. ¡Quédate aquí! 
¡BANG! 
¡BANG! 
¡BANG! 
La lluvia de balas sólo podía provenir de una ametralladora. Nos 
inmovilizó; sin embargo, fue tiempo suficiente. Caminando haciael otro lado de la cama de Calliope, abriendo los paneles, agarré 
una máscara poniéndola sobre mi rostro. 
Gracias a Dios, alguien vino. Hoy necesitaba matar a un hijo de 
puta. 
Y cualquier hijo de puta era mejor que ninguno. 
 
 
DIEZ 
“Una onza de prevención 
vale una libra de curación” 
~ Benjamin Franklin ~ 
 
MELODY 
 
¡BOOM! 
El techo sobre nosotros se sacudió con tanta fuerza que el polvo 
nos cayó encima. Miré a Liam y exhaló, apretando el puente de la 
nariz con su mano buena. 
—¿Podemos tener alguna vez un año aburrido? ¿Sólo 
uno? —preguntó. 
Ignorándolo, me levanté y tomé rápidamente mi arma. 
—Melody, seguro que lo tiene controlado. 
¡BANG! 
¡BANG! 
¡BANG! 
¡BANG! 
¡BANG! 
¡BANG! 
 
—Eso es definitivamente una ametralladora de grado 
militar —dije, moviéndome para comprobar el resto del piso. Al no 
ver a nadie, seguí adelante, inspeccionando rápidamente la zona, 
pero no pude ver muchos daños desde este ángulo. 
—Podría ser su ametralladora —dijo Liam detrás de mí—. Si 
vamos y arruinamos algo más, podría dispararte. 
—Mi hijo no me disparará —dije, acercándome de nuevo a la 
puerta. 
—¿Qué hay de mí, entonces? —Preguntó. 
Fruncí el ceño, girándome hacia él, deseando que moviera ya su 
puto culo. 
—¿Vienes conmigo o no? 
—¿Exactamente qué se supone que voy a hacer con un solo brazo 
bueno? 
—Bien, iré yo sola —dije, abriendo la puerta, levantando mi arma, 
saliendo al pasillo oscuro y vacío. 
Pasando cuidadosamente por el frente de la enfermería, me dirigí 
a las escaleras. Era imposible que el ascensor estuviera 
funcionando, y aunque lo estuviera, el personal del hospital 
estaría tratando de averiguar qué había pasado. La explosión fue 
intensa pero no lo suficientemente fuerte como para romper los 
cristales, lo que significaba que no había salido de una de las 
habitaciones. Había procedido del pasillo, y tampoco fue lo 
suficientemente fuerte como para que el lugar comenzara a 
derrumbarse. 
Era una distracción, probablemente para iniciar el tiroteo. 
Abriendo primero la puerta que daba a las escaleras, comprobé la 
torre de escaleras. 
 
BANG. 
Lentamente, cambié mi mirada de abajo a arriba, sólo para ver a 
un hombre grande con cabello rubio caer desde los escalones 
superiores a la plataforma justo delante de mí. Iba vestido con 
ropa oscura y llevaba un chaleco antibalas de estilo militar sobre 
el pecho. Tosía, tratando desesperadamente de respirar, con balas 
en ambas piernas, lo que le hacía arrastrarse. Ese era el único 
sonido, su respiración entrecortada y los zapatos de otro hombre 
que bajaba las escaleras. 
—¿Adónde crees que vas corriendo? —preguntó el otro hombre, 
quitándose la máscara al llegar a la plataforma donde yo estaba. 
Iba vestido de negro. 
Vi el rostro de mi hijo, la oscuridad en él, la crueldad en su 
expresión, mientras ponía el pie en la cabeza del hombre. 
—Te he hecho una pregunta; cuando hago preguntas, quiero 
respuestas. 
El hombre se apoderó de su cuchillo y se dispuso a apuñalar a 
Ethan en la pierna. Inmediatamente, agarré mi arma sólo para 
que Ethan disparara a la muñeca del hombre. 
—Así no se responde a las preguntas. 
El hombre apretó los dientes... un asesino. 
—Si intentas capturarlos e interrogarlos, muerden un diente falso. 
Tiene veneno —le dije. 
Parecía que acababa de darse cuenta de mi presencia. Ethan, con 
sus ojos verdes claros pero sedientos de sangre, me miró fijamente 
durante un largo rato, y luego volvió a mirar al hombre que tenía 
bajo su pie. Sin pensarlo dos veces, levantó el pie y lo volvió a 
aplastar contra el rostro del hombre. 
 
—Tengo preguntas —dijo Ethan como si no me hubiera oído—. Y 
sí, vas a responderlas. Porque ese veneno no va a funcionar, esa 
bomba de humo tenía un antídoto. En el momento en que la 
inhalaste, acabaste con tu oportunidad de una muerte rápida. 
Quitando su pie, puso su arma justo en el muslo del hombre y 
disparó una vez más. 
—¡Ah! —El hombre siseó, escupiendo una mezcla de su sangre y 
veneno hacia la escalera. 
—Ves, todavía vivo, todavía capaz de sentir dolor —respondió 
Ethan. 
—No me asusta el dolor. —El hombre que habló lo hizo con acento 
ruso y, por alguna razón, eso hizo que Ethan soltara una risita. 
—Dale un segundo —dijo—. La bomba no era sólo un antídoto; era 
otro veneno. Mi esposa es buena en eso. Al parecer, esto... sí... ahí 
está. 
Levantó el cañón de su arma hacia el rostro del hombre, donde la 
sangre brotaba de su nariz y sus ojos. Todo el rostro del hombre 
se puso rojo mientras se estremecía. 
—Como he dicho, tengo preguntas —Ethan se agachó a la altura 
de sus ojos—. Aquí están. Una, ¿cuánto tiempo llevas trabajando 
para i Libitinarii? Pareces nuevo. Dos, ¿quién te ha dicho que 
ataques ahora? Tres, ¿dónde está esa persona? Te dejaré pensar 
en mis preguntas cuidadosamente. Esto no te matará en un par 
de días, si no en una semana. Así que deberías tener una buena 
respuesta para mí. Si no lo haces, morirás, como el otro de 
arriba. —Golpeó las mejillas del hombre con su arma—. Que lo 
disfrutes. 
Incorporándose, Ethan dio un paso atrás y se volvió hacia mí, 
aburrido, sólo negó con la cabeza. 
 
—Si no puedes escucharme cuando te digo que no interfieras, al 
menos ten el sentido común de no jugar con armas cuando estás 
borracha. 
—¿Me estás dando un sermón? ¿Sobre armas? —pregunté, 
sorprendida. ¿Otra vez? ¿Me estaba dando un sermón otra vez? 
¿En qué puta realidad alternativa estaba viviendo ahora? Era 
como tener una experiencia extracorporal—. Yo soy el que te 
enseñó a disparar una, maldición. 
—¿Y? —preguntó, mirándome fijamente. 
Le devolví la mirada, sin saber qué decir. Entonces, puso los ojos 
en blanco. 
—No te quedes ahí parada. Tú causaste este problema, ahora 
sube y arréglalo —dijo Ethan, volviendo a subir las escaleras. 
No estaba segura de con quién estaba hablando hasta que sentí la 
presencia a mi lado. Miré a Liam, que estaba de pie junto a mí, 
con el arma en una mano, mientras la otra seguía vendada y se la 
llevaba al pecho. 
—Parece que estás pidiendo ayuda, hijo. —Liam sonrió—. ¿Qué 
pasó con lo de váyanse a la mierda y dejarlo para que nos 
ocupemos nosotros? 
Ethan no dijo nada, pues ya estaba subiendo las escaleras. 
Dejándonos a los dos... bueno a los tres, si contamos al ruso que 
sangraba por los ojos en la escalera. 
—Buenas noticias, no va a abandonar a la familia —sonrió Liam, 
relajando los hombros—. Malas noticias, tengo la sensación de 
que nos está tendiendo una trampa de nuevo con uno de sus 
planes celestiales. 
—Pensé que no ibas a seguirme. 
Dejó caer la cabeza a un lado, mirándome con desgana. 
 
—¿Cuándo no te he seguido, incluso hasta mi perdición a veces? 
Oh, qué maldición es este amor. 
Puse los ojos en blanco, subiendo las escaleras, queriendo ver más 
de este hijo que había traído al mundo, un niño que se había 
convertido en un asesino despiadado y de sangre fría. Nuestros 
hijos eran las mayores extensiones de nosotros mismos. Existían 
porque nosotros existíamos. Nuestra moral a menudo moldeaba la 
suya. Él era lo que yo había hecho que fuera... y sin embargo, 
verlo así seguía siendo extraño. Lo había visto de lejos miles de 
veces. Había hecho cosas que me hacían sentir muy orgullosa, 
escuchar cómo los italianos le respetaban y temían... me hacía 
sentir... bien. Sin embargo, por alguna razón, con él aquí ahora, 
dirigiéndose a mí, dándome lecciones, no se sentía lo mismo. 
Ahora que los mundos habían colisionado por fin y por completo, 
no me sentía como la madre orgullosa que vigila a su hijo. Me 
sentía como una intrusa que se interponía en su camino, y esa 
mierda no me gustaba una mierda. 
—Este ataque fue una distracción —dijo Ethan con tono 
autoritario a los tres hombres que estaban frente a la puerta de la 
habitación de su esposa en el hospital. 
Cuando nos oyeron entrar,se volvieron, ya con las armas en alto, 
pero se detuvieron al vernos. 
—Ellos también son una distracción, ignórenlos por ahora. 
Liam se rio entre dientes. 
—Ese hijo de perra. 
—Me alegra ver que te diviertes. ¿La perra a la que te refieres soy 
yo? —Ignoré su respuesta, centrándome en Ethan, que no nos 
prestó atención. 
—Siena, o quienquiera que esté moviendo los hilos en su nombre, 
quiere que creamos que están atacando ahora. 
 
—Cuando tu enemigo está lejos, hazle creer que estás 
cerca —respondió uno de los hombres. 
Ethan asintió. 
—Exactamente. Lo que ocurrió ayer y hoy ha acelerado los planes 
de todos. El juego ha cambiado. El objetivo de Siena no es sólo 
destruir a toda mi familia. También quiere llevarse todo lo que 
hemos construido. Eso significa que si aún creen que Calliope está 
de su lado, necesitan tomarla, y si no es ella, entonces Gigi. 
—¿Por qué no enviaron más gente? —preguntó otro de ellos. 
—Porque no les quedan tantos. Entonces, la distracción aquí es 
para hacernos salir. Hacer que queramos ir a un lugar donde 
tengamos el control. Normalmente las reglas de mi familia dicen 
que si hay un peligro inminente, nos encerramos en la casa de los 
Callahan. 
—Ahí es donde enviarán al resto de su gente para un ataque 
final —habló el tercer hombre, y Ethan asintió. 
—Sí —respondió, mirando hacia atrás por encima de su 
hombro—. Traje a Gigi aquí conmigo. Una vez que la mansión está 
cerrada, es casi imposible entrar. Podríamos volver y defenderla. 
Pero mi familia no está en condiciones de defender nuestro hogar 
o a mi hija en este momento. Así que necesito que todos ustedes 
vayan con ellos y los protejan. Italo vuelve a vigilar a Killian... 
—Con el debido respeto, jefe —dijo Italo escupiendo con 
amargura— nos unimos a Calliope para vengarnos de la familia 
Orsini, no para sentarnos a proteger a los tuyos. Si ahora son 
débiles, voy a ir a por ellos. He esperado una década para eso. 
—Todos hemos esperado —espetó Ethan—. ¿Has esperado una 
década? Ella ha esperado toda su vida. ¿Quieres estar allí en el 
maldito final? Bien. Me importa una mierda. Pero no estamos en 
el maldito final ahora mismo; estamos en el acto final. Todavía hay 
 
páginas por delante. Así que, harás lo que te dije para que todos 
podamos obtener lo que hemos esperado. A no ser que sepan 
dónde ir y cómo hacerlo sin Calliope o sin mí. Si es así, quítate de 
mí puto rostro y ve a hacerlo. Por favor, no sería ninguna 
complicación para mí. 
Se quedaron en silencio y no se movieron. 
—Como pensaba —espetó—. Así que, como te decía, Italo, volverás 
al lado de Killian antes de que se le ocurra alguna idea inteligente. 
Dino, mi casa, avisa al tío Neal, los demás son inútiles. Pero 
deberían escucharlo. Asegúrate de que se mantengan vigilantes. 
No iba a dejarle esto a Wyatt de nuevo... esa confianza estaba más 
rota que antes. 
—Vinnie. 
—¿Vuelves a comer y beber? No hay problema. —El hombre sonrió 
con satisfacción. 
Ethan negó con la cabeza. 
—He trabajado demasiado para que mi familia vuelva a ser objeto 
de especulación en esta ciudad. Tenemos una imagen. Necesito 
esa imagen y no la de mi esposa siendo asesinada a tiros fuera de 
un museo. 
—¿Y cómo puedo arreglar eso? 
Sólo había una distracción de la sangre. 
—Convirtiéndote en el problema de los francotiradores de esta 
ciudad —dijo Ethan, dándole un teléfono—. Sólo hay una 
distracción de la sangre, y es más sangre. No puede ser sólo mi 
esposa. Tiene que ser ella y una lista de hombres y mujeres ricos e 
influyentes de la ciudad. No tienes que eliminarlos a todos... 
 
—Pero lo suficiente como para que parezca que la Señora 
Callahan fue sólo la primera de una cadena de ataques terroristas. 
—Si estamos haciendo todo esto, ¿quién va a protegerte a ti, a Gigi 
y a Calliope? 
—Dos perros viejos que no saben renunciar. —Ethan nos miró 
directamente—. Ustedes dos pueden llamarme jefe. 
Ese pequeño hijo de perra. 
 
LIAM 
 
Si no fuera mi hijo, le daría una paliza por esa falta de respeto. 
Sin embargo, como era mi hijo, estaba jodidamente impresionado. 
Molesto. 
Enfadado. 
Pero impresionado. 
No podía alejarse de la familia, aunque considerara nuestras 
acciones como una traición. Pero sabía que tampoco podíamos 
alejarnos. Seguíamos siendo objetivos de los Orsini, aparte del 
hecho de que estaban tratando de derribar a nuestra familia. 
—Nos están utilizando como escudos —dije cuando entramos en 
la habitación del hospital. 
Su esposa estaba dormida en la cama como si fuera una princesa 
en una película. 
—¿No es esto lo que querías? —preguntó, mirándome aburrido. 
Era extraño mirar a ojos tan parecidos a los míos y sólo ver 
frialdad—. Tenías muchas ganas de protegerme ¿verdad? Pero si 
 
te hace sentir mejor, déjame preguntarte qué plan prefieres. ¿Nos 
escondemos y esperamos, dejando que toda la familia muera en el 
proceso y luego reconstruyamos? O, ¿los utilizo a ustedes dos? 
Estoy bien de cualquier manera, ¿y tú? 
¿Estaba usando a la familia para chantajearnos? 
—No hay necesidad de amenazas. Estamos aquí, ¿no? —dijo 
Melody, poniéndose a mi lado y mirando alrededor de la 
habitación, que debería estar plagada de agujeros, pero en su 
interior no entró ni una sola bala—. ¿Has blindado el hospital? 
No le contestó. En su lugar, se acercó a los paneles de madera de 
la puerta y tocó el lateral de la misma. La puerta escaneó su dedo 
y pulsó un código. Cuando se desbloqueó, se agachó, dejó caer el 
arma al suelo y abrió la puerta. Cuando lo hizo, había otra puerta 
adentro. 
Llamó una vez antes de hablar. 
—Lupus est homo homini. Lobo es un hombre. 
No tenía ni idea de lo que quería decir. Sin embargo, se oyó un 
traqueteo antes de que se oyera un clic. La puerta se abrió y salió 
una pequeña niña con el ceño fruncido. 
—Auribus teneo lupum. Tengo un lobo agarrado por las orejas. 
Ethan frunció el ceño, ayudándola a salir. 
—¿No se supone que debes esperar a que diga algo más? 
Su hija, mi nieta, hizo una mueca. 
—Pero papá, conozco tu voz. 
—¿Y si alguien graba mi voz? —preguntó, pinchando su estómago. 
Ella soltó una risita, retrocediendo. 
 
—Mi mami tiene una cámara ahí. Cuando la abre, puedo ver tu 
rostro, papá. 
Ethan frunció el ceño y volvió a pincharla, haciéndola reír. 
—¿Has visto a esa gente detrás de mí? Son peligrosos. Podría 
haber una trampa. No te creas nunca la más lista. 
Al señalarnos, ella se movió inmediatamente para colocarse detrás 
de su cuerpo, lo que supuse que era porque no nos reconocía. 
Sonrió. 
—Ves, ¿y si fuera una trampa? 
—¿Por qué ibas a tenderme una trampa, papá... espera? —Asomó 
la cabeza por un lado para mirarnos con sus ojos desiguales. 
Lentamente se alejó de Ethan y sonrió. 
—Papá, los conozco —dijo Gigi y luego volvió a mirar a Ethan, 
quien sólo le devolvió la mirada, confundido. 
—¿Cómo? ¿Los has conocido? 
Ella negó con la cabeza. 
—Mamá dijo que si su abuela y su abuelo empezaban a ser malos 
conmigo y no podía encontrarlos a ti o a ella, entonces tenía que 
llamar a mi abuela y a mi abuelo. Me enseñó fotos. 
Volvió a mirarnos y sonrió, saludando con la mano. 
—Hola, abuela; hola, abuelo. 
Fue como volver a ver a Dona, y mi corazón se estremeció. 
Era preciosa. 
—Hola, querida —le devolví la sonrisa. 
 
—¿Cómo te dijo que los llamaras? —Preguntó Ethan, levantándola 
y sujetándola cuando trató de acercarse a mí... el hombre era 
mezquino. 
—¡Es un secreto, papá! —Ella le sacó la lengua, y él le tiró de la 
nariz, acercándola a donde su madre yacía en la cama. 
Sus ojos se abrieron de par en par, y su sonrisa cayó. 
—Mami. —Se agachó para alcanzarla. 
—No te preocupes. —Él le besó la cabeza—. Ella está bien. 
Algunas personas malas la hirieron, pero está bien. Quédate con 
ella. —La colocó cuidadosamente en la cama antes de acercarse a 
nosotros, sus ojos volvieron a serfríos—. Uno de ustedes consiga 
un auto, y el otro busque a mi invitado en la escalera. No nos 
quedaremos aquí mucho tiempo. 
—Todas estas medidas —habló finalmente Melody, con la voz por 
encima de un susurro—. Salas de seguridad, suites hospitalarias 
a prueba de balas, códigos de latín secretos, bombas de humo 
envenenadas, fueron creadas por... 
—Calliope —respondió Ethan, mirándola—. Todo el dinero que la 
gente creía que robaba o malgastaba en diamantes... era para 
esto. Es más fácil hacer el trabajo en secreto cuando no se usa 
dinero en efectivo. Ella nos estaba protegiendo, a su hijo y a su 
nieta. Ella ha estado planeando esto durante mucho tiempo. Así 
que ponte a trabajar mientras la ayudo a recuperarse. 
Hice un chasquido con la mandíbula hacia un lado. 
Ahora estaba impresionado, con Calliope también. 
Pero me hizo preguntarme cómo de paranoica tenía que ser... 
cómo de profundos eran los horrores tras la máscara de esa 
mujer. 
 
—Sabía que veníamos a matarla... y aun así le habló a su hija de 
nosotros. —Melody exhaló lentamente—. Así de malo era el lugar 
de donde venía. Prefería que su hija estuviera en los brazos de la 
mujer que podría asesinarla que de la que la crió. 
—Ya lo dije una vez. Esta familia siempre atrae a los más 
trágicos —murmuré lentamente. 
—No es el momento de que ambos reflexionen sobre sus 
actos —afirmó Ethan—. Les di trabajo, ¿no es así? 
Mis cejas se alzaron. 
—En ello, jefe. —Espeté, dándome la vuelta para marcharme. 
¿Cómo diablos se las arreglaba mi padre conmigo? 
 
ETHAN 
 
Me llevó más tiempo del que me gustaría, pero conseguí que el 
hospital cubriera esto. Por ahora, sólo dirían que hubo un 
problema de maquinaria defectuosa, que causó la explosión, si 
alguien en los pisos inferiores la sintió. El resto de mis hombres 
limpiarían las balas antes de que se hicieran las reparaciones... 
para todo esto, por supuesto, el presidente del hospital también 
pidió unos cuantos juguetes nuevos. 
—Cuando compraste acciones importantes del hospital y te 
involucraste en la dotación de personal, pensé que era tu forma de 
preparar un lugar para tu hermano —dijo mi padre mientras 
estábamos en el ascensor, y realmente deseé que el viejo se 
callara—. Ahora veo cómo planeabas mancharles las manos 
también. 
 
Señaló con la cabeza a los dos enfermeros, una mujer y otro 
hombre, que vigilaban el estado de Calliope mientras la 
trasladábamos. Fingieron no vernos ni oírnos... bueno, no podían 
oírnos. Eran sordos. Todos los enfermeros que trabajaban en 
nuestra planta eran sordos. El hospital había creado un programa 
único para ellos... estaban contentos por eso. Estos dos también 
estaban muy necesitados de fondos y sabían que no debían 
reconocer a ninguno de nosotros. 
—¿Cuánto gastan al año en pagar a la gente para que sea sorda, 
ciega y muda? —me preguntó con curiosidad mientras los 
miraba—. Siempre nos cuesta un ojo de la cara. 
No habría costado tanto, más bien un pulgar y un meñique. Pero 
era tacaño cuando se trataba de cosas así. 
—¿Señor? —Gigi lo llamó a él en lugar de abuelo porque mi hija 
era inteligente y sabía que no debía hacerlo cuando había 
extraños cerca. 
—¿Señor? —Respondió mi padre, frunciendo el ceño, 
aparentemente sin entender el juego. 
Pero Gigi se llevó las manos a los labios. 
—Cuando papá no contesta, es porque está pensando o enfadado. 
Quise sonreír, sabiendo quién se lo había dicho. 
—¿De verdad? ¿Cómo sabes cuándo es uno o el otro? —Se rio. 
—Cuando está enfadado, te echa la mirada. 
—¿La mirada? 
Me giré ligeramente para que pudiera verlo por sí mismo. Su ceja 
se levantó. 
—Está enfadado con usted, señor —dijo. 
 
Realmente si no fuera por ella... realmente habría sido un nuevo y 
oscuro día. 
—No pasa nada. Ya estoy acostumbrado a su enfado —contestó mi 
padre mientras llegábamos a la planta del sótano, donde estaba 
estacionado y esperando una minivan negra con la matrícula rota. 
Los enfermeros se miraron entre sí. Sabían que la dueña del auto 
no era la mujer que había salido de él. 
—¿Una minivan? —le preguntó mi padre. 
—No es que haya muchas opciones a corto plazo, 
¿verdad? —replicó mi madre. 
Y de nuevo me pregunté si era necesario hablar en voz alta. 
Puse a Gigi de pie. En cuanto estuvo libre, se dirigió a su abuela y 
levantó los brazos para que la cargara en su lugar. Mi madre 
enarcó una ceja mientras miraba a la pequeña. 
—No seas ridícula. La puerta está allí mismo, y tú eres una chica 
grande, demasiado grande para que te lleve alguien —espetó 
bruscamente antes de mirarme mientras movía la máquina—. La 
estás estropeando. 
Una vez más, me replanteé el plan. 
No podían evitarlo, joder. 
—No pasa nada. Eres vieja, así que ya no eres fuerte —se burló 
Gigi—. Sólo la gente fuerte puede levantarme, como Nana Evelyn. 
Mi padre resopló y se mordió los labios mientras Gigi le sacaba la 
lengua antes de entrar en la parte de atrás con su madre. Gigi 
devolvió lo que le habían dado. Si eras mala con ella, te devolvía la 
maldad... y de alguna manera sabía exactamente dónde pinchar a 
la gente. 
 
Mi madre me miró antes de murmurar: 
—De tal palo, tal astilla. 
Fruncí el ceño ante eso. Quería a Calliope, pero no quería que Gigi 
fuera como ella. No quería que mi hija luchara contra los mismos 
demonios que mi esposa. Ni siquiera conocía su profundidad. Pero 
sabía sin lugar a dudas, por lo que podía reconstruir, que Calliope 
había nacido y crecido en un infierno mucho peor que el de 
cualquiera de nosotros. 
 
 
ONCE 
“Veo el pasado, el presente y el futuro 
existiendo todos a la vez ante mí” 
~ William Blake ~ 
 
CALLIOPE – 16 AÑOS 
 
Mi corazón se aceleró tanto que parecía que intentaba escapar de 
mi cuerpo. Mi mente también era aguda, todo se sentía mucho 
más claro, pero podía ver cada flexión de sus músculos, el 
movimiento de sus pies cuando lanzaba el puño. Era como si 
viniera hacia mí en cámara lenta. Agarré su puño y, aprovechando 
el movimiento hacia adelante de su cuerpo, pisé su muslo, girando 
las piernas hacia arriba y hacia abajo, hasta que me enganché a 
su cuello, haciéndonos caer a la colchoneta. Apreté todo lo que 
pude hasta que empezó a golpearme para rendirse. 
Miré a Siena fuera del ring, en las sombras, esperando que me 
dijera que lo soltara. Sin embargo, ella se limitó a mirar hacia 
atrás incluso cuando me puse roja. 
Oh... lo estoy matando, ¿no? 
¿Cómo se llamaba? 
Me había saludado ayer. Me pareció simpático. 
Supongo que ahora no importaba. 
Le retorcí el cuello. Se oyó un chasquido enfermizo y lo solté, 
levantándome de su cuerpo y esperando junto a él. 
 
—Te estás volviendo más rápida, Calliope —dijo ella. 
—Gracias, abuela —le respondí, todavía esperando. 
—¿Quién quiere ser el siguiente? —preguntó, y nadie alrededor del 
ring se movió. 
Ninguno parecía respirar. Al igual que yo, se mantuvieron firmes, 
pero nadie dio un paso al frente. 
—Parece que tú también te has vuelto más temible, Calliope. 
Ninguno quiere luchar contra ti. —Se rio—. Bueno, no los culpo. 
Este es el tercero de hoy. ¿Por qué no igualamos un poco el 
terreno de juego? 
Esperaba que esta vez llamara a más de cuatro personas. La 
semana pasada fueron tres, así que ahora serían cuatro. Pero en 
lugar de eso, un cuchillo fue lanzado al ring a mis pies. 
—Apuñala tu pierna derecha... no hagas demasiado daño. Sólo lo 
suficiente para que no tengan miedo de luchar. 
Dañarme era la desventaja. 
Inclinándome, recogí el cuchillo, preguntándome si podría 
lanzárselo al cuello desde aquí. Pero había al menos cuatro de 
estos imbéciles, sabía que la protegerían apasionadamente. 
Todavía no había escapatoria. No había forma de desobedecer. Así 
que me remangué los pantalones y me clavé en la grasa de la piel. 
Me dolió. 
Dolía mucho, pero en lugar de gritar, me clavé también el brazo, 
mordiéndomelos labios, antes de levantarme lentamente, 
tambaleándome ligeramente. Me puse de pie, ignorando la sangre 
que brotaba de mí. Inspirando, me tragué los gritos y me puse en 
posición de alerta. 
—¿Quién quiere luchar contra ella ahora? 
 
Todos dieron un paso adelante. 
Por eso no me molesté en recordar sus nombres. 
Lupus est homo homini. El hombre es un lobo para sus semejantes. 
Auribus teneo lupum. Pero yo tengo un lobo agarrado por las orejas. 
Nací en el peligro. 
No podía huir de él. 
Lucharía contra él. 
Sobreviviría a él. 
Y luego mataría a todos. Agarrando el cuchillo con fuerza en mis 
manos, me derrumbé y di un paso atrás cuando cuatro de ellos 
entraron en el ring. 
Sabía lo que quería hacer. Quería que supiera que mi cuerpo no 
era mío. Era suyo. No tenía ningún deseo. No tenía control. Se 
suponía que no debía sentir. Se suponía que debía matar. 
Ganar y matar. 
Y eso era lo que iba a hacer. Iba a matar y matar, y darle la parte 
de mi cuerpo que quisiera, y luego la mataría con este mismo puto 
cuerpo. 
Apuñalarme. 
Dispararme. 
Ahógame. 
Romperme. 
Pero no moriría. Nadie iba a matarme. No hasta que los matara a 
todos, no hasta que disfrutara de mi libertad por haberlos matado, 
no hasta que fuera vieja y estuviera mi cabello gris bailando 
 
todavía sobre sus cenizas, consideraría siquiera la posibilidad de 
morir. 
Este mundo me lo debía. 
Así que no podía morir. 
 
CALLIOPE - PRESENTE 
 
¿Por qué no puedo moverme? 
¿Qué ha pasado? 
¿Qué…? 
Escuché un pitido, y cuando lo oí, también sentí dolor. Me dolía el 
cuerpo. 
—Relájate. 
¿Ethan? Sentí sus manos rozar mi rostro suavemente. 
—Relájate, la mia anima, son los medicamentos —dijo. 
Y traté de pensar, pero todo estaba borroso. Lentamente abrí los 
ojos, y aunque todo estaba difuminado, aquellos ojos verdes de 
Ethan eran tan nítidos como siempre. 
—Eso es —dijo, todavía acariciando mi rostro—. Estás bien. 
No me sentía bien. Sin embargo, pronto fue más fácil verlo, todo 
se enfocó. Estaba segura de que había otra persona en la 
habitación, una mujer sobre su hombro. Mis ojos se esforzaron, y 
poco a poco, la visión de ella se hizo más clara. ¿Quién era la 
mujer de ojos marrones y cabello oscuro con mechas blancas y 
grises que estaba detrás de él, mirándome? 
 
—¿Estoy... en... el infierno? —Mi voz era baja y ronca, incluso 
para mí. 
—No. Estás viva y mejorando —respondió Ethan directamente, lo 
que me reconfortó. 
Asentí como pude antes de preguntar: 
—Entonces... ¿el... fantasma de tu madre? —No tenía energía para 
hablar. 
Se rio, levantando mi mano para besarla. 
—Está embrujada, pero no muerta. 
Sonreí mientras las fosas nasales de Melody se dilataban con 
molestia. Inspirando, volví a recordar lentamente. El baile del 
gobernador, la emboscada... matar a mi padre. Lo había matado. 
—Yo... lo maté... ¿verdad? 
—¿Fiorello? 
Asentí. 
—Su materia cerebral puede manchar para siempre el suelo de 
ese baño —dijo, y sonreí ampliamente. 
Realmente lo había matado. 
—Uno menos... uno más. 
—No puedes ir a ningún sitio hasta que estés mejor —me dijo. 
Fruncí el ceño ante eso. 
—¿Cuánto... tiempo? 
—Paciencia. 
 
Estaba cansada de ser paciente. Pero sabía que Ethan estaba 
preparado. No sabía qué estaba pasando, pero estaba muy 
cansada y todo era confuso. ¿Dónde estábamos? Esta no era una 
de las habitaciones del hospital en las que había trabajado. ¿Por 
qué estaban sus padres tan cerca? Melody me había disparado, 
¿no? Tenía tantas preguntas, pero todo era demasiado confuso 
ahora mismo. Y esa era la menor de mis preocupaciones en este 
momento. Moví la cabeza y miré a mi alrededor. Pero no la vi, y me 
invadió el pánico, que todos escucharon gracias a ese maldito 
monitor de ritmo cardíaco. 
—¿Gigi? Tienes... que buscar a Gigi —dije, tratando de 
incorporarme. Le dije que si me caía, tenía que asegurarse de que 
ella estuviera con él en todo momento. 
—Ella está bien. Está descansando. 
Me agarró para obligarme a volver a acostarme. 
Pero no le creí. Sacudí la cabeza. 
—Tráela... 
—Ha sido un largo día para ella... 
Lo agarré, mirándole a los ojos. 
—Trae. A. Mi. Hija. 
Exhaló y luego se rio. 
—Cuando Gigi te vio en las noticias, reaccionó igual. No se calmó 
hasta que le prometí que la llevaría contigo. 
No dije nada, esperando. Entonces, Ethan me besó la frente y se 
levantó, dirigiéndose a la puerta. Cuando salió de la habitación, 
me relajé de nuevo en las almohadas. Entonces me di cuenta de 
que me había dejado en la habitación con la mujer que me había 
puesto en esta situación. Cuando giré la cabeza para mirarla, 
 
estaba sentada en un rincón, cortando una manzana, y ya no me 
miraba. 
Sonreí. 
—Bien... te sientes culpable. 
Se detuvo a mitad del corte y sus ojos marrones se levantaron 
para mirarme. 
—¿Culpa? No tengo ninguna. Actué para proteger a mis hijos. Y 
no me arrepiento de eso. 
—Las madres... siempre... tienen... remordimientos —respondí, 
conociendo de primera mano eso. Me arrepentí de haber traído a 
Gigi a este caos, de haberle permitido crecer cerca de esos 
monstruos, de no haber sido lo suficientemente fuerte para 
matarlos a todos antes de que naciera. Me arrepentí mucho. Pero, 
de nuevo, ¿podría admitir eso en voz alta? Tenía mis razones. Ella 
tenía las suyas. Pero de todos modos era un poco mezquina—. Soy 
paciente. Tendré una disculpa... y un agradecimiento... algún día. 
No respondió, simplemente porque no quería, y porque Ethan 
volvió con mi hija vestida con un pijama de sirena. La trajo y la 
puso en la cama a mi lado. Exhalando con calma, puse mi mano 
sobre su cabeza, acariciando su cabello lentamente. 
—Gracias —le susurré antes de volver a cerrar los ojos. 
 
 
 
 
 
 
CALLIOPE – 17 AÑOS 
 
—Tu primera tarea es él —dijo, dándome la foto de un profesor de 
unos 40 años, de cabello oscuro y contextura delgada, de pie frente 
a la pizarra. 
Asentí y lo tomé. 
—¿Para cuándo tengo que matarlo? 
—Después de que se haya enamorado de ti —dijo, volviéndose a 
sentar en su silla, observándome con atención. 
—¿Cuánto tiempo se necesita para que alguien se enamore 
de mí? —pregunté, sin estar seguro de cuál era ese plazo. 
Ella se rio. 
—Calliope, eso depende de ti y de tu habilidad. Algunos hombres 
les gusta la conversación y otros prefieren el sexo. Lo que haga falta 
para conseguirlo. 
Bajé la mirada. No era el hombre más feo para ser mi primera vez. 
Pero de nuevo, supongo que eso no importaba. 
—Si lo prefieres, puedes elegir a uno de los hombres de aquí para 
que te adapte a la sensación y luego... 
Sacudí la cabeza, mirando las fotos de él. 
—Parece un solitario. Podría enamorarse más rápido de una chica 
inocente —respondí, levantándome de la silla—. ¿Hay alguna razón 
por la que tenga que estar enamorado primero? 
—Eso es lo que quiere el cliente. 
Asentí, dándome la vuelta para irme. 
 
—Entendido, lo haré. 
—Calliope. 
—¿Sí, abuela? 
—Consigues que se acerque más gente cuando no eres tan fría y 
directa. Especialmente los hombres. ¿Qué te dije sobre la máscara? 
—Nunca te la quites hasta el momento de matar —dije con una 
sonrisa en mi rostro. 
—Mejor. Continúa. Tengo fe en que no me decepcionarás. 
 
CALLIOPE - PRESENTE 
 
Cuando me desperté, la habitación estaba más iluminada. 
Gigi ya no estaba a mi lado. Podía oír lo que parecía una televisión 
fuera de la habitación, pero estaba ahogado por el agua que venía 
de la habitación de al lado. Estaba a punto de gritar, pero antes de 
que pudiera hacerlo, Ethan entró en la habitación con una 
palangana con agua, jabón y una toallita. 
—Te has despertado otra vez —dijo, acercándose a mí y 
poniéndome la mano en la frente. Asintió antes de sumergir la 
toallita en la palangana, lavándome el rostro con suavidad. 
Sonreí. 
—Se siente bien. 
Y así fue. El agua fresca sobre mi piel era refrescante. 
—Tienes un poco de fiebre—dijo. 
 
—¿Cuánto tiempo ha pasado? 
—Cinco días —dijo, bajando por mi cuello. 
—¡Cinco días! —Mis ojos se abrieron enormemente—. Siena... 
—Nos ocuparemos de eso más tarde. 
—Ethan... ella no va a... tomarse un descanso. Tiene que ser... 
—Calliope —dijo, mirándome con severidad— estoy exactamente 
donde tengo que estar. Ahora eres mi principal prioridad. 
Fruncí el ceño. No lo entendía. Si Siena no podía localizarme, 
supondría que estaba muerta o que la había traicionado. Lo cual 
había hecho, lo que significaba que los tres más leales a ella 
estarían de cacería. También podría estar contratando a más 
gente. 
—Está enferma, pero aún no lo ha perdido todo, Ethan... 
—Tú eres mi principal prioridad —me susurró, inclinándose más 
cerca—. Sea lo que sea que esté pasando, te necesito. Estamos 
todos refugiados. Todos los Callahan, en diferentes lugares, por 
ahora. Ha habido ataques, pero estamos bien. Estamos ahorrando 
nuestra energía. Porque te necesitamos. Todos hemos llegado 
hasta aquí gracias a ti. Así que relájate y déjame terminar. 
Lo hice y observé cómo me quitaba cuidadosamente la bata y me 
limpiaba la piel expuesta. Estaba muy concentrado, muy 
dedicado, tranquilo... no, no tranquilo, atento. Era cariñoso. 
Incluso desde el principio, cuando no confiaba en mí, seguía 
siendo cariñoso. Incluso cuando se enfadaba y perdía los nervios, 
era cariñoso. 
Había tenido muchos objetivos masculinos en el pasado. Algunos 
de ellos se preocupaban, la mayoría no. Ellos, por una u otra 
razón, se enamoraron de mí, y yo los maté. Utilicé cualquier truco 
o mentira necesaria. Me convertí exactamente en lo que 
 
necesitaban y luego los maté. Pero por alguna razón, cambió todo. 
Me quité la máscara, y él todavía estaba allí. Me puse la máscara, 
y él todavía estaba allí. Mentí, engañé, robé, le hice tantas cosas, y 
al final, él seguía confiando en mí, seguía esperando a mi lado. Me 
dejaba guiar cuando yo quería guiar. También me había mostrado 
todos sus defectos. 
—Al principio, sólo eras un peldaño —le confesé, mientras me 
lavaba el brazo—. Planeé utilizar tu odio hacia tu familia para 
matarlos. Luego tomar todo su maldito reino para mí. Y empezar 
de nuevo en la cima. 
—Al principio, planeaba usarte como mi arma —respondió, 
volteando mi palma—. Te utilizaría para frenar a todo el mundo, 
sacar a mis padres, y luego, cuando me traicionaras... en realidad, 
pensaba matarte sin importar lo que pasara. 
—Entonces, ¿qué pasó? —le pregunté. 
Él sonrió, levantando los ojos. 
—Podría preguntarte lo mismo. 
—Ya sé mi respuesta. 
—Entonces dala. 
—Me hacías saber que sabías la verdad, pero seguías confiando en 
mí de todos modos... siempre, sin falta. Antes, incluso el año 
pasado. Incluso cuando dudabas, siempre esperabas a que te 
explicara. ¿Por qué? 
—Estoy loco. 
Me reí. Me dolió, pero reí. 
—Lo sé. Pero incluso tu locura tiene una razón detrás. ¿Por qué, 
Ethan? Y no digas amor. 
 
Me miró fijamente durante mucho tiempo antes de decir: 
—Porque tu oscuridad tenía más luz que la mía. 
No entendí. 
—¿Traducción? 
—Eres muy divertida. —Sonrió cuando lo fulminé con la mirada. 
Puse los ojos en blanco. 
—¿De verdad? ¿Arriesgaste todo por un poco de entretenimiento 
de mi parte? 
—Sí. 
—Mentiroso, ¿a menos que quieras decir que por entretenimiento 
te ayudé a distraerte del ruido de tu cabeza? —presioné. 
Frunció el ceño pero no dijo nada. 
Sonriendo, suspiré profundamente. 
—Bien. Pero deja de buscar a gente entretenida. Así es como te 
encariñaste con Ivy. 
Levantó una ceja. 
—¿Todavía estás celosa? 
—No hay razón para estar celosa de los muertos. 
—Y sin embargo, aquí estás. 
Quería darle un puñetazo en su cara de suficiencia. Se llevó mi 
mano a los labios de nuevo y me besó los nudillos. 
—La mia anima, sabes que no era yo mismo. Pensé que me habías 
perdonado. 
 
Fruncí los labios y moví lentamente el otro brazo para que lo 
limpiara también. Se rio y la agarro. 
—Esa es otra razón; eres la que más me hace reír. 
—No me haces reír en absoluto. 
—La bala de mi madre te ha dado tan fuerte que te has vuelto una 
mala mentirosa —se burló, y yo no podía esperar a salir de esta 
cama. 
Poniendo los ojos en blanco, traté de ignorar el ardor en mi pecho. 
Ahora me dolía más al mover el brazo. 
—Si están aquí, significa que ahora saben la verdad. 
—¿Volvemos a hacer planes? 
—Es lo que hacemos. 
—Hagámoslo después de que descanses un poco más —dijo, 
pulsando el botón de mi morfina. 
Me quedé observando con la mirada fija. 
—¡Ethan! 
—Haré tiempo, Calliope, así que descansa. 
Ya notaba cómo se me cerraban los ojos. No quería dormir. No 
quería volver a mi pasado. Eso me dolía más. Todos estos años 
planeando, me había mantenido cuerda porque me permitía seguir 
mirando al futuro. Hice planes para poder llegar a la felicidad más 
rápido. Para poder llegar a preocuparme sólo por protegerlo a él y 
a nuestra hija. 
Estaba tan cerca. 
 
—Calliope —oí su voz mientras todo empezaba a desvanecerse—. 
Tú. Eso es lo que ha pasado. Me he acostumbrado tanto a ti que 
ahora sólo se me ocurren planes que te implican. 
 
ETHAN 
 
La observé mientras la medicina la volvía a dormir. Le dolía y la 
ayudaba con eso. Podía verlo claramente por la arruga de su 
frente. Estaba acostumbrada a ocultar su verdadera agonía. 
Calliope, la guerrera. Había una docena de razones más por las 
que acabé enamorado de ella. La curiosidad era otra. Cuando se 
es superdotado o inteligente, las cosas se vuelven aburridas o 
demasiado fáciles. Calliope siempre era difícil de descifrar. Incluso 
cuando sonreía o reía, era difícil saber sus verdaderos 
sentimientos o cuándo estaba actuando. Incluso después de que 
todo esto terminara, estaba seguro de que me llevaría años 
descifrarla, quitarle todas las capas de oscuridad que se habían 
acumulado a lo largo de los años. 
Pero quería hacerlo. Me entusiasmaba ver si sería la misma o si 
cambiaría cuando todas las personas que la habían herido 
estuvieran muertas. Quería ver cómo reconciliaría su pasado con 
nuestro futuro. Tenía mucha curiosidad. 
—Estabas dispuesto a arriesgarlo todo por ella —dijo mi padre 
desde atrás de mí. 
Su curiosidad era cada vez más molesta. Hacía preguntas o 
intentaba que perdonara a Wyatt y al resto de la familia, en lugar 
de reflexionar sobre sí mismo. Recogiendo la palangana de agua, 
me dirigí de nuevo al baño, y por supuesto, como la mierda de 
perro en mi zapato, se quedó conmigo. 
 
—Sinceramente, no lo entiendo. —Siguió mirándome—. Sé que la 
amas, pero en realidad no siento la pasión ardiente entre los dos. 
Tiré el agua. Si no hablaba, él seguiría. Años de él al lado de mi 
madre lo convirtieron en un profesional del tratamiento silencioso, 
al parecer. 
—Que no amemos como ustedes no significa que no 
amemos —respondí, lavándome las manos. 
—Es cierto. Los dos son raros. 
Hice una pausa, mirándolo, y él sonrió. 
—No lo arriesgué todo por ella; lo aposté todo por mí. La dejé tener 
el poder, el control, la libertad que nunca tuvo con nadie más, y 
sabía que al final me elegiría a mí. Y tenía razón. 
—Entonces, ¿dejaste que te pisara y te sentaste mientras 
aterrorizaba a esta familia sólo para que te eligiera al final? 
Hubiera sido más fácil quedarse con la primera. 
—Si lo más fácil me hiciera más fuerte, entonces tal vez habría 
seguido ese camino, también. Pero no es así. Mi esposa no fue 
elegida a dedo por mi padre con todas las campanas y silbatos 
para hacerme grande. Se necesitan dos personas para dirigir esta 
familia, y yo necesitaba a la persona más fuerte de mi brazo para 
hacerlo. Esa es Calliope. Ella viene con mucho. Pero eso significa 
que también puede manejar mucho. Pero prefiero recibir un golpe 
de ella hoy en público que perderlo todo mañana. La quiero 
porque puedo confiar en ella, no huye ni se esconde. Porque ve el 
panorama general.Ve lo que todos los demás no pueden. 
Ella me ve a mí. 
Esa fue la razón por la que siempre fui capaz de creer en ella. 
Incluso desde la infancia. 
 
Calliope podía verme. Todos mis defectos, debilidades y oscuridad. 
Ella lo veía, y saltaba y tarareaba a mi lado. Nunca me abandonó, 
y no podía dejarla. 
—Puede que no hayamos visto tu panorama general, Ethan, pero 
eso no significa que todas nuestras formas fueran erróneas o que 
las reglas fueran incorrectas —tuvo la audacia de decir. 
—Si tu forma de actuar era tan correcta, Liam, ¿por qué pasaste 
toda tu vida construyendo esto, para luego huir para protegerlo? 
Se quedó mirándome fijamente, y yo realmente quería saberlo. Si 
sus métodos eran correctos, si su camino era mejor que el mío, 
entonces ¿por qué estaba en las sombras? En mi futuro, la única 
forma de dejar a mi familia era la muerte, y no moriría joven. Pero 
tampoco podía tomar a mi esposa e irme a correr por el mundo, 
haciendo lo que me diera la gana. 
—Tu camino sólo funcionaba para ti. Tu presente no es el futuro 
que quiero. La abuela, por ejemplo, vivir y guiar tanto tiempo 
como ella, es lo que quiero. ¿Por qué no adquiriste ese rasgo de 
ella? 
Se quedó en silencio durante mucho tiempo, y pasé por delante de 
él. 
—Empiezo a pensar que realmente no crees que hayas heredado 
ningún de mis rasgos. 
—Sí lo hice. Es el rasgo de “nunca perdonar a un hermano” —le 
respondí. Y toda la diversión cayó de sus ojos. 
—Cada día, no sé si debería estar orgulloso del hombre que eres o 
preocupado —dijo al salir—. Seguiré pensando en eso. 
—Lo que decidas no me cambiará ahora —respondí, tomando 
asiento de nuevo junto a la cama de Calliope. 
Yo era quien era. 
 
No tenían que estar de acuerdo. 
No tenían nada que decir. 
Ya no era su hijo. 
 
 
DOCE 
“He vivido y visto lo suficiente para saber 
lo difícil que es conformarse con una vida pequeña 
cuando estás destinado a la grandeza” 
~ Darren Shan~ 
 
WYATT 
 
La música estaba tan alta que mi piel vibraba. 
El aire se llenó de gritos de excitación y la pista de baile estaba 
repleta de cuerpos, no sólo de la gente de las vigas y las cabinas 
privadas. Las mujeres semidesnudas con purpurina llevaban 
botellas, mientras las chicas colgaban del techo, bailando. Era 
realmente como decía su nombre, el Play-Pen. Y su rey y creador 
se encontraban en el nivel más alto rodeados de mujeres, 
guardaespaldas y bebidas. Bailaban, bebían y se relajaban como 
si nada más en el mundo importara, excepto el buen rato que 
estaban pasando. 
Cuando llegué al único ascensor que conducía a donde él estaba, 
dos hombres grandes y calvos se pusieron delante de mí, 
mirándome como los perros salvajes miran a un intruso antes de 
atacar. 
—¿Y tú eres? —preguntaron. 
Señalé al hombre de arriba. 
—Su primo. 
 
Me miraron de arriba abajo con extrañeza, así que les entregué mi 
documento de identidad para que pudieran ver claramente el 
apellido Callahan detrás de mi nombre. No pareció importarles. 
Uno de ellos me tendió el brazo, mientras el otro hacía una 
llamada. Entonces... porque eso no era suficientemente 
insultante... me hicieron una foto de mi rostro. Sólo cuando sonó 
el teléfono se apartaron y me dejaron pasar. 
Sintiéndome jodidamente enfadado, entré, ignorando la picazón de 
mis dedos por romperles el cráneo. Pero el problema no eran ellos. 
No, el respeto se enseñaba desde arriba. Lo que significaba que en 
este lugar se les enseñaba que el único Callahan que importaba 
era él. 
Estaba jugando un juego, y no parecía importarle nada. 
—Bienvenida a la vista del rey —me dijeron dos mujeres cuando 
se abrió el ascensor, entregándome una copa de Hennessy, 
mientras la otra me guiaba hacia la zona de asientos, donde 
Darcy... Killian arrojaba montones de billetes de cien para que 
pudiera bailar debajo de ellos. 
¿Quién diablos era esta persona? 
¿El cambio de nombre venía acompañado de una nueva 
personalidad? 
—¡Sí! Wyatt! —Sonrió, acercándose a mí y poniendo su brazo 
sobre mis hombros—. Chicas, saluden a mi gran primo. 
—¡Hola, Wyatt! —Dijeron al unísono como si estuvieran en un 
coro de strippers. 
Ignorándolas, miré a mi primo, Killian, mientras sonreía, bailando. 
—Tenemos que hablar. 
—Primero la fiesta, luego hablamos —dijo, tirando de mí hacia 
adelante, y me pregunté si esa era su forma de duelo. 
 
Cuando se movió para irse, le agarré del brazo. 
—Después no, ahora. 
La sonrisa de su rostro se borró, y cuando me miró, me di cuenta 
rápidamente de que todo esto era una fachada. El hombre que me 
devolvía la mirada en este momento era un verdadero monstruo, y 
me estaba diciendo que lo dejara ir o de lo contrario abstenerme a 
las consecuencias. Así fue como ascendió tan rápidamente aquí. 
Sin embargo, yo no era una de esas perras novatas. Yo también 
había nacido en este juego. 
Y quién demonios se creía para despedirme. 
Él lo entendió. 
—Dios, siempre eres tan jodidamente serio. —Se rio, resurgiendo 
su sonrisa. Le devolvió a una de sus chicas el mando que yo no 
había notado que tenía en la mano, ni sabía lo que hacía, antes de 
indicarme que lo siguiera a una oficina detrás de los asientos. 
Cuando entramos, no dijimos nada, y me fijé en el brillo del 
cristal. Era unidireccional. Significaba que podíamos seguir 
mirando hacia el club, pero ellos no podían mirar hacia adentro. 
Supuse que también estaba insonorizado. Todo en tonos oscuros y 
de madera, menos llamativo y más... el hombre que yo conocía. 
—Bueno, ¿qué pasa? —preguntó, bebiendo y sentándose de nuevo 
contra el escritorio. 
—¿Te has enterado de lo que está pasando con la 
familia? —Pregunté, moviéndome para tomar asiento en el sofá de 
cuero, levantando el pie sobre la mesa de café. 
—¡Sí! Baja los putos pies, salvaje, esa mierda es costosa —me 
gritó y sonrió. Ahí estaba mi primo. 
Levantando las manos en señal de defensa, volví a bajar los pies. 
 
—Y aquí estabas tirando montones de billetes de cien sobre las 
mujeres; creí que no te importaba. 
—De nuevo, ¿qué es, Wyatt? 
—Y de nuevo, pregunto, ¿has oído lo que está pasando con la 
familia, Killian? 
—¿Qué hay que oír? —respondió—. La gente está disparando a la 
familia; la gente viene por la familia, lo mismo de siempre. ¿Qué 
tiene que ver eso conmigo? 
—Sabes que eres parte de esta familia, ¿verdad? 
—Y sabes que esta familia mató a mi madre, ¿correcto? 
Pensé que había hablado con Helen. Exhalando, me senté más 
erguido. 
—Killian, tu madre estaba enferma. 
—¿Quién lo dice? —escupió—. ¿Calliope? ¿Ethan? ¿Un informe 
médico que te dieron? Ya no me fío ni de una puta cosa que digan. 
Y espero que se muera, que la última imagen sea ella tirada en la 
calle como una puta perra por lo que le hizo a mi madre. 
No dije nada porque no había nada que pudiera decir ante su ira. 
En su lugar, cambié de tema. 
—El tío Neal ha estado intentando localizarte. Tu teléfono familiar 
está apagado. 
—Oops. 
—Killian, esto no es una broma. Estás en maldito riesgo... 
—Y conozco los putos riesgos. Igual que sé que si te ha enviado el 
tío Neal, significa que has sido degradado, primo. ¿Qué, se 
acabaron los sueños de que fueras la mano derecha de Ethan, o 
 
era el perro? —Se rio, y una vez más, esa sensación se arrastró en 
mi interior como un veneno. 
Respira. 
Déjalo pasar. 
Está afligido. Déjalo pasar, Wyatt. 
—¿El perro de Ethan? —Me reí, asintiendo—. ¿No es eso lo que 
querías ser? 
—Me he vuelto mucho más sabio últimamente. 
—¿Así es? —espeté, levantándome para mirar su patio de 
recreo—. Es increíble cómo la gente se vuelve más sabia mientras 
chupa el dinero y el poder de otras personas. 
—¡De otras personas! —Se levantó rodeando su escritorio—. Esta 
familia me pertenece a mí tanto como a ti. De hecho, algunos 
podrían decir que me pertenece más a mí. 
—¿Por qué? —Me volví hacia él. 
Agarró el vaso con más fuerza. 
—¡Sabespor qué, maldición! 
—¿Es porque crees que tu padre se hizo a un lado por mi 
padre? —Reí, sacudiendo la cabeza—. No eres sabio, Killian, si 
piensas eso. 
—¿Es así? Revisemos el orden de nuevo... 
—¡Eso a nadie le importa una mierda! —le grité—. Tu padre no se 
hizo a un lado; ¡Lo empujaron! Jodidamente lo empujaron, maldita 
sea. ¿Y sabes por qué? Porque tu padre era jodidamente débil. 
 
Lanzó el vaso que tenía en la mano, para luego agarrarme de la 
camisa, golpeándome contra el cristal con el arma apuntando a mi 
cabeza. 
—¿Dices eso otra vez? 
—No hay ningún puto problema —dije, presionando mi arma 
contra su estómago—. Tu padre fue empujado fuera del camino 
por mi abuelo, a favor de su propio hijo. ¿Por qué? Porque podía. 
No porque mi padre fuera más especial, sino porque mi abuelo 
podía. Porque tu abuelo murió. El tío abuelo Killian, tu tocayo, fue 
abatido. Entonces, nadie pudo proteger o luchar por su hijo. Y el 
tío Declan, su hijo, sabía que no había forma de ganar. Todos 
estaban acostumbrados a mi abuelo. Él había preparado a mi 
padre, y mi padre preparó a mi hermano. ¡A nadie le importa 
quién debería haber sido! ¡Nadie! ¡Ninguno es leal a nosotros! Son 
leales al que tiene más puto poder en ese momento. ¡Y prefieren 
que todos muriéramos! ¡Por eso nos mantenemos unidos! ¡Por eso 
somos una familia! Por eso tenemos que mantener la puta línea. 
—¿Quién eres tú para hablarme de mantener la línea? —siseó—. 
¿No eres tú el que apretó el gatillo contra la perra de Ethan? 
Bien podría haber sido yo. 
—De ahí el descenso de categoría, y me empujaron al límite 
porque yo también sentí rabia por tu madre. Ella me crió. Ella 
cuidó de mí. Ella dedicó su vida a esta familia, y así es como 
terminó. Tenía tantas ganas de que Calliope muriera que no me 
importó nada más y la jodí... rompí la línea. Traicioné a mi 
hermano porque quería a tu madre como si fuera la mía. Y todavía 
quiero a tu hermana y quería compensar el no haberla salvado. 
Ahora me apuntas con un arma. 
—Esto es culpa de Ethan. —Siseó, con la mano temblando—. 
Estamos enfrentados por su culpa. No está capacitado para 
gobernar. 
 
Sacudí la cabeza. 
—Si no estuviera gobernando, creo que ya habríamos muerto. Es 
un frío hijo de puta. Es arrogante y despiadado, pero sus planes, 
frustrantemente, siempre salen bien. 
—Pisoteó a mi madre por sus estúpidos planes. 
Sacudí la cabeza. 
—¿Lo hizo, o ella se tumbó como siempre? Así era la tía Cora... 
haría cualquier cosa por la familia. No fue él ni Calliope quienes 
acabaron con ella. Fue el cáncer. Eso no es culpa de nadie. 
Me soltó y se apartó. 
—Siempre has sido el bueno para hablar. Por eso Ethan te envía. 
Incluso ahora, estás atado a sus hilos aunque no te des cuenta. 
Tengo que liberarme. Voy a hacerlo por mi cuenta. 
Removí un poco los hombros. 
—Yo sé más que nadie. Cuanto más intentas liberarte de Ethan, 
más te atascas. No estoy seguro de cómo sucedió, pero sucedió. 
Es su lado o la muerte. 
—Que sea la muerte entonces. 
—¿Y Helen y tu padre? 
—¡Y ese es el maldito problema! —gritó—. ¿Por qué mi familia está 
amenazada si no escucho? 
—¡Porque así es como funciona! ¿Qué esperas que pase? ¿Qué 
todos podamos no escuchar y hacer lo que nos dé la puta gana y 
él se quede tranquilo? ¿Por qué? ¿Por qué iba a protegernos si 
nosotros no le protegemos a él? —Parecía que me estaba gritando 
a mí mismo, de verdad. ¿Qué esperaba que ocurriera después de 
 
unir las manos contra él? ¿Qué me diera las gracias, hermano? 
Estaba ciego, ¿ahora veo? 
¿Qué esperaba de él? Así era siempre en esta familia. Si estás en 
contra de la familia, mueres... y la familia gobernaba, sin importar 
lo que él hiciera. Por eso lo llamamos reino. Y los reyes protegían a 
su familia cuando eran leales... o los mataban si no lo eran. Así 
era la historia. 
—Gracias por venir, Wyatt. 
—Prefiero no pisar tus guerras territoriales y avergonzarme —le 
respondí—. Entonces, enciende tu maldito teléfono. 
Puso los ojos en blanco y encendió su teléfono dirigiéndolo hacia 
mí. En el momento en que lo hizo, empezó a sonar, y en el 
identificador de llamadas apareció casi inmediatamente el nombre 
de Ethan. 
Me miró como si hubiera hecho algo. 
—No me preguntes. Me han degradado, recuerda —me burlé. 
—No me interesa lo que tenga que decir —espetó, ignorando la 
llamada. 
—¿Crees que me importa lo que te interesa? —La voz venía del 
techo por encima de nosotros. Mis ojos se abrieron enormemente y 
miré a Killian, cuya expresión reflejaba la mía. 
—¿Has puesto un micrófono en mi puto club? ¿Me estás tomando 
el pelo? —espetó, mirando al techo. 
—Obviamente, no. —Respondió la fría voz de Ethan—. Y ahora 
que tú y el otro han terminado su pequeña charla, revisen sus 
teléfonos. 
 
—¿Perdón? No acepto órdenes tuyas —le gritó Killian, y qué 
apropiado era verlo gritar por encima de él. Como un hombre 
peleando con un Dios. 
—Muy bien, estoy grabando, así que si mueres, tu hermana no me 
culpará por esto. Buena suerte con los hombres que vienen a 
matarte —dijo rotundamente Ethan. Segundos después, la 
pantalla del televisor cobró vida, enfocando la cámara de 
seguridad. 
—¿También has accedido a mis canales de seguridad? —Killian se 
quejó. 
—¿Es realmente el asunto más urgente ahora mismo? —le 
pregunté—. Tenemos gente que viene a matarnos. 
—¡Sí, por su esposa! —Señaló al techo. 
Quería darle un puñetazo. Juro por Dios que quería darle un 
puñetazo... ¿espera? ¿Era así como le había sonado a Ethan? 
—Sí, sí, todo es culpa mía. He oído que vas a luchar, ¿o voy a 
tener que preparar dos ataúdes? Hay un mapa de escape en sus 
teléfonos... 
—También tengo hombres aquí, Ethan. Son sólo cuatro los que no 
están... 
—No me interrumpas. —La voz de Ethan era dura—. Los hombres 
que has contratado fueron sobornados. Las bandas rivales con las 
que te has estado asociando, están planeando venir por mi esta 
noche. No importa cuál sea tu tono de piel, dónde estés o cómo te 
llames. Si tu apellido es Callahan, intentarán acabar contigo. Si 
fuera tan fácil como derrochar dinero y abrir algunos clubes en 
esa zona, Killian, no te habría enviado. Nos costó generaciones 
construir el dominio que tenemos sobre las familias irlandesas e 
italianas, décadas para ganar su lealtad. Pero sigue intentando 
 
venir por mí, Killian, y la gente que te rodea te tenderá una 
trampa como la que le tendieron a tu abuelo. Buena suerte. 
La señal de vídeo se apagó. 
—Tenías que enfadarlo mucho, ¿no? —solté. 
—Cállate —se mofó Killian, acercándose al cristal. 
—¿El ascensor es la única forma de salir de aquí? —le pregunté. 
—La segunda vía de escape aún no está terminada. Hay una sala 
de seguridad. 
Exhalé lentamente antes de sacar mis armas. 
—La policía cerrará tu club por un tiempo después de esto. 
—Tsk. —Rechino los dientes con rabia, sacando también sus 
armas—. Toda esta ciudad olvidada de Dios es como Gotham sin 
Batman. Nunca podremos tener nada bueno. 
Me reí. 
—¿A la de tres? 
—A las tres. 
 
ETHAN 
 
Observé el comienzo del tiroteo en mi pantalla, desde la silla de mi 
oficina. Entre los tres... Wyatt, Killian e Italo... como refuerzo, 
deberían estar bien... pero, de nuevo, quién demonios lo sabía. 
Hice mi parte, aunque esas lamentables perras no lo verían. 
 
Levantándome de la silla, me acerqué a la mesa auxiliar, 
levantando el kilo de cocaína y poniéndolo en la balanza. 
—Esto me trae recuerdos. 
Levanté la cabeza, frunciendo el ceño. Realmente era como si me 
persiguieran. Una vez que me deshice de uno, el otro apareció 
como el fantasma de los molestos padres del pasado. 
—¿Estás estudiando la planta de verdad? —preguntó mientras 
tocaba la planta de coca roja. La había guardado en la esquina del 
escritorio mientras comprobaba las calificaciones de los últimos 
lotes que había conseguido reunir. Sus ojos recorrieron la mesa—. 
Pareceque estás estudiando mucho. Heroína, cocaína, morfina, 
succinilcolina, esta última es un poco pesada digamos. ¿El ángel 
caído? ¿Qué es esto? 
—Melody. 
—Mamá —corrigió ella. 
Fruncí el ceño, volviéndome para mirarla, y ella hizo lo mismo, 
con la cabeza levantada. 
—Si quieres ser madre, tu hijo está ahora mismo en medio de un 
tiroteo en un club. Si quieres llamarlo y acompañarlo, por 
supuesto, mi despacho está abierto. 
—¿Qué? —Jadeó y miró hacia mi escritorio mientras me 
concentraba—. Lo dejaré por ahora, confiando en que lo 
protegerás. 
—La confianza después de no tenerla es inútil —murmuré, 
cortando una línea—. Si no necesitas nada más, puedes irte. 
—Me estoy cansando mucho de tu puta actitud, Ethan. 
 
—¿De verdad? Estoy harto de que te entrometas, así que me 
identifico —dije, cortando otra línea, sin molestarme en levantar la 
vista. 
—¿Qué mierda quieres que hagamos? ¿Cuánto durará esta 
hostilidad? Nos pediste que fuéramos a la casa de seguridad 
contigo. Hemos venido. Llevas días sin hacer nada más que ladrar 
órdenes. Hemos cumplido. Y aún así, nos tratas como si... 
—Trabajas para mí —respondí, echando la coca en un tubo de 
muestra para analizarla—. Los trato como si trabajaran para mí. 
En realidad, los trato mejor que eso, porque si alguien que 
trabajara para mí siguiera molestándome así, le partiría la nariz. 
¿Qué es lo que quiero? Ya lo he dicho. Quiero que esperes. ¿Por 
qué es tan difícil para todos? 
La miré, clavando mi mirada en sus ojos marrones. 
—¿Qué quieres que haga? ¿Qué te abrace? ¿Charlar sobre los 
buenos tiempos cuando estabas viva? Estoy trabajando. ¿Con qué 
frecuencia venías a charlar conmigo cuando trabajabas? Apenas 
te veía cuando eras niño, salvo cuando venías a darnos un beso de 
buenas noches o antes de salir por la mañana. Siempre estabas 
ocupada. Intenté no molestarte y no causarte problemas. ¿No 
puedes mostrarme la misma cortesía? 
—¿Tanto nos odias? 
No contesté, mirando molesto el tubo ahora rojo. Alguien había 
puesto un puto lazo a esta mierda. Eso lo convertía en la mitad de 
lo que valía. ¿Cuántas veces tenía que seguir corrigiendo a estos 
imbéciles? ¿Cuántas putas veces? 
—Date el gusto, pequeño... —No terminó sus palabras, sino que se 
fue. 
Sonreí, deseando que hubiera dicho lo que quería decir. 
 
MELODY 
 
Estaba al límite de mi tolerancia. 
De hecho, estaba a un paso de golpear a Ethan con un palo de 
escoba. 
—Melody. —Oí que alguien me llamaba por mi nombre. Tenía que 
estar escuchando cosas. 
Me detuve frente a la puerta cerrada. Frunciendo el ceño, la abrí, 
y efectivamente, Calliope estaba sentada, bebiendo agua de un 
vaso con una pequeña pajita. Levantó la vista con expectación 
cuando me vio. 
—¿Me traes unas uvas? —Se puso a batir los párpados. 
—Te voy a estrangular —le espeté. ¿Con quién demonios se creía 
que estaba hablando? 
—Es una broma. —Ella sonrió, apartando su manta para 
mostrarme que ya tenía un tazón de uvas verdes. Por ahora sólo 
podía comer con una mano. Hoy era el primer día que conseguía 
sentarse y estar completamente alerta. 
Me di la vuelta para irme. 
—Está planeando algo —dijo desde atrás de mí, y me detuve—. Te 
explicaré más si te sientas conmigo un rato. 
—Sabes que fui yo quien te disparó, ¿verdad? 
—Las mierdas ocurren... —Hizo una mueca cuando intentó 
encogerse de hombros—. En serio, sin embargo, siéntate conmigo. 
—No quiero. 
—¿Por qué? 
 
—Me caes mal... mucho. 
—¿Por qué? 
Esta era la maldita razón. 
—Eres molesta. 
—Tu esposo también era molesto, pero lo superaste —me contestó 
antes de meterse otra uva entre los labios. 
—¿Cómo sabes eso? 
Le dio una palmadita al asiento junto a la cama. 
—Tengamos una charla de suegra y nuera. 
—Comentarios como ese son los que me molestan —dije, 
moviéndome para sentarme en el sofá más lejos. 
—¿Cómo quieres que hable entonces? 
—¿Qué tal si no hablas? —Por alguna razón, incluso su voz me 
molestaba. Su rostro, su cabello, su cuerpo, todo en Calliope me 
molestaba. 
Y así, sin más, dejó de hablar, comiendo sus uvas tranquilamente. 
Otro rasgo molesto. Puse los ojos en blanco. 
—¿Cuál es su plan? 
—Ethan nunca tiene un plan único en su mente. Siempre los está 
procesando y reajustando. Pasan muchas cosas ahí 
adentro. —Ella hace un gesto hacia su cabeza. 
—Ya lo sé. ¿En qué está trabajando actualmente? 
Me miró fijamente como si esperaba que lo entendiera. 
Sacudiendo la cabeza, suspiró. 
 
—Bien, parece que está haciendo que agoten su recurso atacando 
a los callahan en diferentes lugares, entonces, después de que 
haya recuperado suficientes fuerzas, iremos a Italia y acabaremos 
con la lucha de una vez por todas. Estoy segura de que está 
tratando de averiguar si debemos traer a Gigi con nosotros porque 
no confía en nadie más para cuidarla. O poner a su abuela en 
riesgo dejando a Gigi con ella. Realmente quiere a Evelyn y la 
considera la única familia en la que puede confiar ahora mismo, 
además de Gigi y yo. 
—Evelyn sabía que estábamos vivos y no se lo dijo. ¿Por qué no 
consideró eso como una traición? —Pregunté, molesta de nuevo. 
—Porque Evelyn no lo abandonó. Lo crió y lo apoyó. Coraline se 
centró más en sus propios hijos y en Wyatt. No entendía muy bien 
a Ethan. Creo que incluso le tenía miedo. 
—¿Y Evelyn sí? ¿Lo entiende? 
—No, pero incluso cuando no lo hace, trata de acercarse y 
apoyarlo de todos modos. Nunca se aleja de él y es consciente de 
que le importa, incluso cuando no dice nada o comete un error. 
Ethan probablemente la perdonó por mentir sobre ti en cuanto se 
enteró. Una parte de él la ve más como su madre que a ti. 
Mis ojos se entrecerraron ante ella, y sonrió. 
—Estás celosa. 
—¿Celosa? 
Asintió. 
—Por eso me odias, y no te hace gracia que Evelyn sea la única a 
la que perdona. 
—No adivines mis sentimientos, pequeña. 
—No los hagas tan evidentes, vieja. 
 
Fruncí el ceño y ella sonrió más ampliamente. 
—Ethan te ama, Melody. Mucho. Está agradecido por todo lo que 
has hecho. Le gustaría poder agradecerte todo lo que le has 
enseñado durante estos años. Sabe que no habría sobrevivido ni 
se habría convertido en el hombre que es hoy si no hubiera tenido 
una madre como tú. 
Sentí la garganta seca por alguna razón, pero no le dejé ver. Sus 
ojos grises observaban cada uno de mis movimientos. 
—¿Dijo todo eso? 
—No hace falta que lo haga. 
Me burlé. 
—¿Qué pasa con los dos haciendo eso? ¿Cómo si pudieran leer la 
mente del otro? 
—Cuando todo el mundo está interviniendo nuestra casa para 
espiar nuestras conversaciones, tuvimos que volvernos buenos 
para hablar sin hablar 
—Es molesto. 
—Tu problema, no el mío —contestó, tomando otra uva—. Como 
he dicho, Ethan te ama. Sin embargo, también te odia. 
—¿Me odia? —Me burlé—. Y aquí no he hecho más que amarlo y 
defenderlo. 
—Entonces, ¿por qué lo abandonaste? —preguntó con 
indiferencia, pues esperaba que le respondiera como si no fuera 
una pregunta difícil. 
—Oh, no quieres responder. —Continuó cuando no hablé —Bien. 
Esa es tu cruz. Así que, cárgala. ¿Realmente pensaste que no 
 
habría repercusiones por dejar caer el mundo entero sobre sus 
hombros? Ni siquiera tenía veinte años... 
—Mi hijo era mayor que yo cuando me toco a mí. Era más 
inteligente y más fuerte... 
—Y más débil en otro sentido, también. Pero tú no lo percibes 
porque tienes mucha confianza en que tu hijo es el mejor y está a 
la altura, ¿no? Lo has roto todo para que sea el rey, ¿y ahora te 
molesta que no vuelva a correr a tus brazos? Mi existencia te 
molesta porque te recuerda que Ethan no es tu mio bel leoncino. 
Que nunca te admirará como cuando era un niño, como si fueras 
el sol, las estrellas y la luna. Lo fuiste, luego lo dejaste en la 
oscuridad, y ahora tu mirada sólo irrita sus ojos... 
—¡Cállate! —espeté, levantándome del sofá—. Puede que creas que 
lo sabes todo. Pero si lo supieras, nohabrías acabado con una 
bala adentro. 
—Y si lo supieras todo, no habrías disparado el arma. 
¿Desde cuándo me permito ser menospreciado por alguien como 
ella? Ignorándola, volví a acercarme a la puerta. 
—¡No soy el enemigo! Sólo jugué a ser una, para traerte aquí 
porque te necesitamos para terminar esto. No necesito curarme 
por completo. Tampoco quiero esperar. Quiero que esto termine. 
—¿Crees que me importa una mierda lo que quieres? —Hice lo 
posible por no gritar—. Eres la caja de Pandora de las mentiras, 
las traiciones y la miseria. Una herramienta que ahora se rebela 
contra tus creadores. No me importa lo triste que haya sido tu 
pasado. Tu vida no significa nada para mí. 
—Lo sé. Cuento con el hecho de que significa algo para tu hijo 
para que me ayudes... 
 
Dando la vuelta, me acerqué a su cama, dando una patada a un 
lado de la misma, lo que hizo que la cama se moviera rudamente, 
y tomé su gotero de morfina, encorvándome sobre ella. 
—Escúchame bien, sólo porque mi hijo te folle y te llame su 
esposa no significa que no te vaya a matar. No utilices a mi hijo 
contra mí, y cuida tu lengua cuando me hables, o te la cortaré. 
Me miró fijamente, sin inmutarse. 
—Entonces hazlo. No serías la primera madre que intenta 
quitarme la vida. No te tengo miedo. Si quieres mi respeto, 
entonces respétame a mí también. No he hecho más que ayudar a 
tu precioso hijo. 
—Oh, por favor, no has hecho más que utilizarlo para salvarte a ti 
misma... 
—¿No es eso precisamente lo que son todos los matrimonios? 
¿Gente que se une para salvarse a sí misma? Emocionalmente. 
Físicamente. Financieramente. ¿No es por eso que Liam se casó 
contigo? ¿Para salvar a su familia? ¿Has tratado a tu esposo 
perfectamente? —se burló ella—. No, no soy perfecta, pero lo soy 
para Ethan. Y él es perfecto para mí. Así que supéralo porque, a 
diferencia de todos y cada uno de los que te has enfrentado antes, 
no puedes ganar, Melody. No a menos que quieras renunciar a tu 
hijo. 
Apreté con fuerza el maldito goteo de morfina, deseando poder 
matarla en ese mismo instante. 
—¿Qué está pasando? 
Me paralicé al oír la voz de Ethan detrás de mí. 
—Tu madre sólo me estaba ayudando. Quería descansar un poco 
más —mintió, mirándome directamente a la cara—. Gracias, por 
la ayuda, mamá. 
 
Dejé caer el gotero y me volví para ver a Ethan y a Liam de pie, 
juntos, mirándome. 
Sin decir nada, salí de la habitación y me dirigí al cuarto de baño, 
deteniéndome en el lavabo y abriendo el agua. Observé cómo la 
taza se llenaba hasta arriba antes de meter la cabeza. Me quedé 
allí, tratando de calmarme. 
No podía quitarme esta rabia, esta frustración... este dolor. 
Eso es lo que era... dolor. 
Estaba dolida. Mi hijo, mi pequeño león, ya no era pequeño, y 
ahora me estaba golpeando. Me dolía, joder. Y esa chica... era ella 
la que, de alguna manera, hacía aflorar ese dolor. 
Saliendo a tomar aire, me aparté el cabello de mi rostro, 
respirando lentamente. 
—¿Abuela? 
Saltando, me giré para ver a Gigi mirándome con los ojos muy 
abiertos, sosteniendo un delfín de peluche. Me quedé mirando a la 
pequeña como si fuera una extraterrestre. Entonces ella sonrió 
ampliamente. 
—¡Quiero probar! 
—No —le espeté. 
Hizo un mohín. 
—No —repetí. 
—Abuela, no eres divertida. —Resopló enfadada. 
—Lo sé. Soy muy mala. Así que, ¡Deja de andar a mi alrededor! 
 
—¡No! —Me sacó la lengua antes de salir corriendo por el pasillo. Y 
cuando escuché un bufido, miré hacia la puerta para encontrar a 
Liam tratando de no reír. 
—Tiene una personalidad tan fuerte. Me recuerda a Dona y a 
Wyatt envueltos en uno. —Se rio entre dientes. 
—¿Por eso te pasas todo el tiempo dándole lecciones de la escuela 
durante el día? —murmuré, agarrando la toalla para secarme el 
rostro. 
—Sí, me recuerda a una época mucho más sencilla. Además, es 
adorable y dulce —añadió. 
—Su madre... —Me quedé helada, tratando de sacar sus malditas 
palabras de mi cabeza—. Me cae mal. 
—Te habría disgustado cualquier persona con la que estuviera 
Ethan —admitió—. Yo también odio al esposo de Dona. Pero me 
dijo que lo superara, porque era lo mejor que podíamos hacer. 
—Ella sabe que no puedo matarla. ¡Se esconde detrás de Ethan! 
Quiero cortarle la lengua —espeté, y seguí frotándome el rostro, 
ignorando su comentario sobre Gabriel. El hombre era un 
príncipe; ¿qué más se puede pedir?— Ella sabe mucho de nuestro 
pasado, Liam. Su padre no puede haberle contado todo eso, 
¿verdad? ¿De dónde sacó toda esa información? 
—Melody, ¿por qué sigues pensando que Ethan no le contaría a su 
esposa su pasado, nuestro pasado? Es su esposa. 
Me quedé helada, mirándole fijamente. 
—Lo sé —susurró—. Nos hemos pasado la vida actuando por 
nuestra cuenta. Hemos sido nuestros propios jefes. Sólo 
compartíamos con la familia. Y la familia sólo la determinábamos 
nosotros. Es extraño. No hemos gobernado técnicamente la familia 
en años. Y sin embargo, sólo ahora siento que he perdido el poder, 
 
lo que significa que Ethan tiene razón. Todo este tiempo, hemos 
estado en su camino y enjaulándolo. Ya no tenemos el control, 
Mel. Ahora somos soldados de a pie. Eso significa que, aunque no 
te guste, tienes que descansar sabiendo que el jefe la eligió como 
esposa. 
Lo miré como si estuviera loco. 
—¿Quién diablos eres tú? ¿Cuándo has tenido esta epifanía? 
Se rio y se inclinó hacia mí. 
—Puede que ya no seamos los jefes, pero seguimos siendo una 
familia. Ethan no vendrá a nosotros. Así que utiliza a Calliope 
como ella intentó utilizarte a ti. Acércate. A ella le gusta hablar, 
entonces déjala hablar. Aprende lo que quieres de ella. 
—No estamos aquí para que seamos amigas. Estamos aquí para 
matar a su familia... al menos eso es lo que yo pensaba, pero 
nuestro mocoso hijo no quiere compartir sus planes 
conmigo. —En el momento en que lo dije, me miró fijamente. Y me 
di cuenta una vez más... que no tenía que compartir sus planes 
conmigo. Lo que significaba que si quería saberlo, tenía que hacer 
hablar a Calliope. Oh, cómo odiaba esto. Frunciendo el ceño, volví 
a mirar hacia arriba casi hasta la desesperación—. ¿No puedes 
hacerlo? 
—A Gigi le gusto. Le estoy enseñando historia de Irlanda. Y me 
está contando mucho de lo que nos hemos perdido en estos años. 
Ella es mi topo. Así que, tú te ocupas de su madre, y yo me 
quedaré donde me quieran. —Me guiñó un ojo y le tiré la toalla a 
la cara. 
Bien. Seré jodidamente amable. 
Odiaba ser jodidamente amable, era agotador. 
Pero aparentemente, no tenía otra opción. 
 
TRECE 
“La vida trae consigo extrañeza, 
 sorpresas y disgustos” 
~ Patricia Cornwell ~ 
 
CALLIOPE 
 
Estaba tranquilo. 
Cuando me desperté esta mañana, ya estaba sentado a mi lado, 
simplemente vigilándonos a mí y a Gigi, que dormía conmigo. Me 
había ayudado a refrescarme en la cama en silencio antes de 
traerme el desayuno, que era gachas de avena y algunas galletas... 
también conocidas como insípidas. Pero no dije nada y comí, 
vigilándolo mientras él nos observaba. Gigi había permanecido 
dormida durante todo aquello, y tenía la sensación de que alguien, 
probablemente Liam, le había permitido quedarse despierta hasta 
bien tarde, por lo que ahora era un bulto que roncaba a mi lado. 
Sin embargo, Ethan la miraba dormir sin quejarse. 
No tenía ni idea de lo que estaba pensando ahora, y era mejor 
darle tiempo para que resolviera lo que fuera que tenía en mente. 
Finalmente, una vez que había terminado con todo lo que me 
había dado, me miró... perdido. 
—No sé qué hacer —susurró. 
—¿Qué quieres hacer? —le pregunté. 
 
—Mantenerlas a ambas a salvo —respondió y volvió a mirar a 
Gigi—. El plan original era hacer que mis padres despejaran el 
campo, y luego, cuando Fiorello te llamara para decirte que 
estaban perdiendo, llevaríamos a la familia a Italia de vacaciones 
para evitar atraer más daños a la ciudad.Se sentirían seguros de 
golpearnos entonces, contigo adentro. Pero luego 
contraatacaríamos con la ayuda de mis padres y yo, junto con tus 
hermanos, nos encargaríamos del último de ellos. A partir de ahí, 
los matarías a los dos. 
—Pero tus padres eran mejores de lo que esperábamos. Y Fiorello 
vino a Chicago en lugar de llamarme a Italia, y lo maté 
aquí. —Todo sucedió mucho más rápido de lo que habíamos 
planeado—. Hay que ajustar el plan; en vez de que ellos vengan a 
mí, yo iré a ellos... 
—No. 
Fruncí el ceño. 
—¿No? 
Asintió, todavía mirando a Gigi. 
—He pensado en lo que quieres hacer. No va a funcionar. Estás 
herido. No sabes lo que piensan de ti ahora. Hay al menos un 50% 
de posibilidades de que mueras antes de entrar. 
—Y un 50% de posibilidades de que lo consiga. 
—No lanzare una moneda al aire —espetó, mirando hacia mí. Sus 
ojos verdes estaban preocupados—. Planeamos todo durante años, 
y aun así terminaste con una bala. Aun así, acabé cerniéndome 
sobre ti, viendo cómo te salía sangre... no. Tenemos que hacerlo 
mejor. 
—Siempre supimos que había un riesgo para uno de nosotros... 
 
—No, Calliope —dijo de nuevo, cerrando el puño—. Además, tienes 
razón. Intentarán apoderarse de Gigi. No me fío de ella con nadie 
más. No puede esconderse con nadie más. Es mejor que te 
escondas con ella. La mansión también necesita... 
—¿Esconderme? —Intenté reírme de eso pero no pude. No era 
gracioso—. ¿Por eso no sabes qué hacer? Porque sabes que no hay 
manera de que acepte esconderme en la casa de tu familia. 
Inhaló profundamente. 
—Exactamente. Así que, ayúdame. No seas terca. Sólo acepta... 
—No. 
—Calliope... 
—¡No! —grité, haciendo todo lo posible para no gritar en su rostro 
y despertar a Gigi. Tal vez eran los medicamentos, no, tenían que 
ser los medicamentos, y todos los recuerdos de mi pasado que 
daban vueltas en mi cabeza cada vez que cerraba los ojos, lo que 
hacía que mis ojos lloraran de rabia—. Ethan, veintiocho años. He 
sufrido durante veintiocho años, de maneras que no creo que 
puedas entender. Jamás. Y he sobrevivido porque sabía que iba a 
llegar a este punto algún día. Creí con cada fibra de mi ser que no 
serían los ángeles, o Dios, o algún príncipe mágico quien me 
salvaría. Sino yo. Yo me salvaría y me liberaría. No he llegado 
hasta aquí para que me digas que me vaya a casa. Me niego. 
Aunque me cortes todos los miembros y me ciegues, no es posible. 
Tengo que hacerlo. Nada me detendrá. 
—Te entiendo, Calliope, pero ¿a qué precio? —preguntó, y me 
dieron ganas de abofetearle. 
—No digas eso —dije, sacudiendo la cabeza—. Tú no entiendes 
esto. Nunca podrías entender esto. ¿Sabes lo que es que te pidan 
que uses tu virginidad para seducir a un hombre para matarlo a 
los dieciséis años? Pensé que era un profesor normal. No, le 
 
gustaba preparar a chicas jóvenes vulnerables hasta que se 
enamoraban de él y luego hacer que se suicidaran por él para 
demostrar su amor. Él fue mi primero. Mi segundo fue un hombre 
que Siena trajo para enseñarme a ser una zorra. Esa era mi vida. 
Cada parte de mí era una herramienta para matar... un 
instrumento para su venganza. Ahora estoy en la puerta de la 
mía, ¿y quieres que me aleje? No, no lo entiendes en absoluto. 
Completamente imperturbable, me miró. 
—¿No es tu último acto de venganza sobrevivir? De todos esos 
horrores, ¿no es el acto final tu victoria? Si quieres, traeré a Siena 
a tus pies cuando haya terminado. Ya conseguiste a Fiorello... 
—Apártate de mí rostro —susurré porque si no lo hacía, gritaría, y 
si gritaba, lanzaría un puñetazo, y si lanzaba un puñetazo, me 
dañaría los puntos, y Gigi sería testigo de cómo asesinaría a su 
padre—. Gracias por el desayuno. Por favor, vete y piensa en un 
plan mejor. 
Sin decir nada, se levantó de la silla y salió de la habitación. 
Cuando se fue, me recosté contra las almohadas. Apretando los 
dientes, respiré por la nariz. Miré a Gigi, que me tranquilizó... pero 
estaba... 
—¿Están los dos genios en desacuerdo? 
No estaba de humor. Pero cuando volví a mirar hacia la puerta, 
Melody estaba de pie, engreída, comiendo las mismas uvas que yo 
había merendado ayer. Iba vestida de negro y con el cabello 
recogido en una trenza. Entró en la habitación y se dirigió al 
mismo asiento que Ethan acababa de dejar libre. De forma causal, 
puso sus botas a un lado de mi cama y se metió otra uva en la 
boca. 
—¿Pensé que ustedes dos eran de la misma opinión? ¿Qué ha 
pasado? 
 
Cuando la gente deseaba fastidiarme, mi forma de luchar era 
sonreír y fingir que nada me podía tocar. Por alguna razón, no me 
apetecía en absoluto, hacer eso ahora mismo. Así que me volví con 
el rostro muerto. 
—Tú. Tú has pasado, maldición. 
Levantó una ceja. 
—¿Yo? 
—Me han herido cientos de veces antes. Balas, cuchillos, veneno... 
—Bien por ti. A mí también. Ve al grano. 
—...y Ethan nunca vio el alcance de la misma. —Continué como si 
no me hubiera interrumpido—. Nunca me ha visto débil porque no 
se lo he permitido. Por una buena razón. Su familia sigue 
jodiendo, y él sigue arreglándolo. Es agotador para él. Nunca quise 
ser otro problema que tuviera que arreglar. 
—¿Te refieres a tu familia? Después de todo, trabajaste tan duro 
por ese título de señora Callahan... 
—Me importan una mierda —respondí fríamente—. Wyatt, Dona, 
Helen, Sedric, Neal, Declan, Nari, Evelyn... 
—Coraline —dijo con rabia. 
—Ah, Coraline —fingí pensar, y luego asentí—. No me importaba. 
Estaba agradecida, jodidamente agradecida de que su cáncer 
volviera aparecer porque me habría costado mucho esfuerzo 
averiguar cómo fingir la muerte de alguien y demostrárselo a 
Fiorello. Así que agradecí que su cuerpo estuviera débil porque era 
menos trabajo para mí. El día que murió, se lo agradecí. Fue el 
mejor regalo de bodas. 
Se movió para agarrar mi goteo de morfina, pero la agarré de la 
muñeca. 
 
—No. No. Tú viniste a mí. Vamos a hablar ya que quieres hablar. 
—Tú eres la que está buscando pelea —se burló, tirando de su 
muñeca hacia atrás. 
—No, estoy diciendo la verdad. No me importa tu clan asesino de 
la Tribu Brady3. Si me empujaran, si fuera necesario, les cortaría 
la garganta a todos. No son familia para mí. Nunca he tenido una 
familia. Siempre he sido yo, la gente que voy a matar, y la gente 
que aún no he matado. Luego... luego vino Ethan y ahora Gigi. 
Ellos los consideran familia. Les importa si todos ustedes viven o 
mueren. Y así, sonrío, horneo y los protejo aunque me insulten, 
menosprecien e intenten matarme. No me importa si les gusto. La 
única razón por la que están vivos es por Ethan y Gigi. Eso es. 
Eso es todo. No me arrepiento. Mientras mi esposo y mi hija los 
quieran vivos, los protegeré aunque me escupan en la cara. Pero 
ese no es mi punto. Mi punto es que por tu culpa, Ethan ahora me 
ve como otra persona a sus espaldas que necesita proteger". 
—Mi hijo es fuerte... 
—¿Por eso dudaste de él? —Cuestioné—. ¿Es por eso que todos 
pensaron que mi bonito rostro y mi cuerpo firme le hicieron perder 
la cabeza? No. Todos sabían que es fuerte. Sólo que también 
saben que ser fuerte no es ser invencible, y que un hombre aún 
tiene una debilidad. La debilidad de Ethan son todos ustedes. Le 
gusta fingir que puede hacerlo. Dejarlos morir a todos. Pero no 
puede. Ahora estoy en ese grupo. No puede dejar que arriesgue mi 
vida, como si no lo hubiera hecho toda mi vida. Fue traumatizante 
verme envenenada y luego disparada. No cree que mi suerte 
aguante una tercera vez. 
—¿Y qué te hace pensar que lo hará? —Ella presionó—. El hecho 
de que hayas llegado hasta aquí podría considerarse como... 
 
3 — Tribu Brady. Es una serie de televisión sitcom estadounidense. 
https://es.wikipedia.org/wiki/Sitcom
https://es.wikipedia.org/wiki/Estados_Unidos_de_Am%C3%A9rica
 
—Trabajo duro —dije—. Un trabajo arduo. No empecé con un 
papá jefe, que tenía todoun clan de gente detrás de mí. Sólo fue 
un trabajo duro y jodido. No somos iguales, pero ambos somos 
fuertes. Así que vas a ayudarme a salir de la categoría a la que me 
has empujado. 
—¿Qué voy a hacer qué? —Ella se rio. 
Pero yo no me reía mientras me quitaba las mantas. Empujé sus 
piernas fuera del camino para poder mover las mías fuera de la 
cama, y luego extendiendo mi brazo bueno hacia ella, me tiré 
hacia adelante. 
—¿Qué demonios estás haciendo...? 
—Levantarme de una puta vez —siseé, ignorando el dolor y la 
debilidad de mis piernas. Me impulsé con todas mis fuerzas para 
ponerme de pie. Me sentía mal, pero me puse de pie sólo un 
segundo ante de que mis rodillas se doblaran. 
Ella se levantó rápidamente, tirando las uvas al suelo, 
atrapándome. Sujetando su camisa, me levanté de nuevo, 
respirando por la nariz, hasta que estuve a la altura de ella. 
—Dame dos días y no necesitaré que estés de pie. En tres, 
empezaré a caminar. Una semana... todo cambiará. 
—Tu hombro no se curará bien. 
—Lo arreglaré después. Si no, no me importa —dije con desprecio 
mientras Melody me sostenía, llevándome de vuelta a la cama—. 
Voy a luchar... y tú vas a ayudarme a prepararme para ese 
combate, oh, genial, Melody Nicci Giovanni Callahan. 
—No, gracias. —Intentó apartarme de ella, pero me agarré más 
fuerte—. ¿Estás hablando en serio ahora mismo? ¿Suéltame? 
—O aceptas o me cortas los brazos. 
 
—¿Mamá? 
Oí la voz de Gigi llamando desde atrás, y sonreí. Me encantaba mi 
hija; tenía una sincronización tan perfecta. Melody no podía 
cortarme los brazos ahora. 
—¿Qué estás haciendo, mami? 
—Intentando que la abuela me ayudé —dije y miré a Melody, que 
me fulminó con la mirada. 
—A la abuela no le gustamos —refunfuñó, poniendo cara de 
circunstancias. 
—¿Es eso cierto, abuela? —le pregunté. 
Ella hizo un chasquido con la mandíbula hacia un lado y me 
acercó para que me sentara en la cama. Pero no me soltó. 
—Aunque no le gustemos, Gigi, somos su familia, así que nos 
ayudará. Después de todo, la familia es muy importante para ella. 
 
MELODY 
 
La ignoré todo el día e incluso al día siguiente. 
Ella le había prohibido a Ethan entrar en su habitación. 
Lo que hizo que Ethan, por una vez, se acercara a mí. Tenía una 
bandeja de comida lista para entregarme. Y me quedé sin 
palabras. 
—¿Quieres que la sirva? 
—No —respondió—. Pero ella exige que lo hagas, así que... te toca 
a ti. 
 
—O puedes ignorar lo que quiere y no ceder a sus caprichos. 
Asintió. 
—Es cierto. Pero ella no me da el mapa del recinto de su familia en 
Italia. No puedo moverme sin él. Si puedes conseguirlo, la 
dejaremos a ella y a Gigi e iremos esta noche. 
—¿No pensaste en conseguirlo antes de hacerla enojar? 
—Está en su cabeza, el mapa de entrada y salida del recinto. Y 
tengo la sensación de que nunca me lo dijo, por si al final no 
estábamos de acuerdo. Así que... —Me devolvió la bandeja. 
Tomando la bandeja, me dirigí a su habitación, abriendo la puerta 
de una patada. Se sentó en el borde de la cama, estirándose y 
extendiendo el brazo lentamente. 
—Deja de ser terca —le espeté, colocando la bandeja junto a su 
cama—. Estamos en diciembre. Podrías tardar semanas en 
curarte. No tenemos tiempo para eso. Wyatt y Killian ya han sido 
atacados. He oído que Sedric y su hermana fueron atacados ayer. 
Cuanto más esperemos, será más tiempo para que su pequeño 
escuadrón suicida reúna más gente. 
—Siena nos entrenó durante años, décadas. Incluso si 
contrataran a un grupo de personas para cuidar el terreno, no 
serían asesinos, sólo músculo contratado de la calle —dijo ella, 
levantando el pan para comer. 
—El músculo contratado aún puede disparar una maldita arma. 
—No muy bien. 
—Lo suficientemente bien como para causar problemas. Tenemos 
que acabar con esto. Cuanto más esperemos, más la familia... 
—Entonces ayúdame a mejorar. 
 
—¡No soy un fisioterapeuta! No estoy aquí para entrenarte... 
—Entonces aprende. ¿Qué más tienes que hacer? Estás 
técnicamente muerta. 
Me agarré al extremo de la cama. 
—Danos el mapa. Ethan te traerá a tu madrastra loca. 
—No. —Se empujó de la cama, y cuando intentó ponerse de pie, 
cayó al suelo... esta vez, no la atrapé. 
—¿Ves? Tu cuerpo no está en forma ahora mismo... 
Ella me ignoró, arrastrándose por el suelo con los brazos. Se 
movió hasta la puerta y respiró profundamente antes de rodar lo 
mejor que pudo. 
—Esto es ser ignorante, y estoy decepcionada Calliope. Creía que 
eras inteligente. 
—No me importa que estés decepcionada —dijo ella, tumbándose 
de espaldas, respirando lentamente—. No me importa si todos 
piensan que estoy loca, egoísta o equivocada. No me importa que 
me ataquen. No me importa. Seguiré diciendo que no me importa 
hasta que todos lo crean. Así que, no me ayudes si quieres. Pero 
sólo hará que esto sea más largo. La gente que me importa no está 
en peligro. 
Caminando hacia ella, levanté el pie, dispuesto a pisar su hombro, 
y ella me miró fríamente, con sus ojos grises implacables. 
Lentamente bajé el pie y me agaché junto a ella. 
—¿Qué es exactamente lo que necesitas hacer? —le pregunté—. 
...¿Para saber cuánto necesitas que te arreglen? 
—Disparar un arma. Lanzar puñetazos. Y acercarme lo suficiente 
a mi abuela para darle veneno. 
 
—Después de todo, ¿piensas eliminarla con veneno? —Pregunté—. 
Un arma es mucho más rápida y fácil. 
—Es algo simbólico entre nosotras; no lo entenderías. 
Sacudí la cabeza. 
—Este plan que tienes, no deshará nada de lo que te pasó. 
—No busco que se deshaga —respondió—. Busco ganar. 
—La vieja está enferma, ¿verdad? Ni siquiera será la misma... 
—¡No me importa! 
¿Por qué diablos tenía que ser tan terca? 
—¿Qué te importa? 
—Ethan. Gigi. Yo misma. 
Así que, jodidamente terca, malditamente testaruda... ¡E infantil! 
Pero también sincera. Realmente no le importaba más allá de eso. 
Una parte de mí quería creer que estaba mintiendo. Que esto era 
un truco. Pero lo había visto ayer... lo volví a ver ahora. Esa 
mirada de desesperación. Como la de un corredor de maratón que 
estaba agotado, pero que aún así tenía que cruzar la maldita línea 
de meta como fuera. No es de extrañar que Ethan no se molestara 
en volver a hablar con ella. Sabía que no cambiaría de opinión, 
dijera lo que dijera. 
Fruncía el ceño. 
—No voy a ser fácil para ti. 
—Le dijo el mundo a la pequeña Calliope cuando 
nació —respondió, sonriendo, obviamente recordando que nunca 
lo había tenido fácil. 
—Si esto te lleva más tiempo que... 
 
—Dos semanas. Sólo necesito dos semanas. Entonces podremos 
atacar en Navidad. 
Suspiré, moviéndome para recogerla del suelo de nuevo. 
¿Cómo se ha convertido esto en mi vida? 
 
 
CATORCE 
“La vida es como un libro. Hay capítulos buenos y 
capítulos malos. Pero cuando llegas a un capítulo malo, 
no dejas de leer el libro” 
~ Brian Falkner ~ 
 
ETHAN 
 
Testaruda. 
Cabezota. 
Insensata. 
Exasperante. 
Tirana. 
Sí, tirana, esa era una buena palabra. Era una maldita tirana, 
una persona que gobernaba con poder absoluto. Calliope sonreía, 
reía y fingía que yo era el jefe, pero ella dominaba a todo el mundo 
con ese poder invisible. 
—Tiene agallas —dijo mi padre, acercándose y poniendo su brazo 
sobre mi hombro—. Es difícil negar a una persona tanta 
determinación. Debe estar sufriendo un dolor horrible, y aun así, 
pide más. 
Esa fuerza y determinación era lo que hacía a una tirana... 
especialmente sobre ella misma y su cuerpo. Y lo peor era que si 
la llamaba así me decía que en griego el origen de la palabra, 
 
tirana, no tenía ningún significado negativo, que sólo significaba 
gobernante o rey, y luego me decía que fuera un tirano con ella. 
—Sí que sabes elegir a los locos. —Se rio, mordiendo su manzana. 
Al mirarlo, miré su brazo sobre mí por un momento antes de 
apartarlo de un manotazo. Eso sólo lo hizo sonreír más—. Estásmuy preocupado por ella. Puedo verlo en tu rostro. 
—Es curioso que los dos saben leer entre líneas cuando no es 
importante. 
Volvió a morder su manzana. 
—Déjalo ya. Si ella puede perdonar a la mujer que le disparó, 
entonces tú puedes perdonarnos por un descuido. 
—Calliope no la perdonó. —Odiaba que todos pensaran que 
conocían a mi esposa o a mí, en realidad—. La está utilizando. 
—Entonces, úsanos. 
—Lo estoy haciendo, manteniéndote aquí, ocupado, bajo mi 
mirada, lejos de mi trabajo y de la familia, dejando que te cures 
también para que seas lo suficientemente fuerte para terminar 
esta guerra. Así es como los estoy utilizando. Nada de eso requiere 
que sea amigable mientras lo hago. 
—¿Cómo no has crecido desde que eras un adolescente? 
—Supongo que esa es la parte que entendí de ti. 
—Déjame al menos terminar mis insultos, mocoso... 
—¿Por qué? Nunca cambian, viejo. 
Respiró por la nariz con fastidio, y yo le devolví la mirada con ese 
mismo fastidio. 
—¡Abuelo! 
 
Al oír su voz enfadada, dio un ligero respingo; los dos nos giramos 
para ver a la pequeña tirana, con las manos en las caderas y el 
cabello en una descuidada coleta mirándolo fijamente. 
—¿Sí, chiquita? —preguntó mi padre. 
—Estoy enfadada —dijo sin rodeos y levantó un trozo de 
plastilina—. ¡Lo has pisado! 
—¿Qué? —Mi padre jadeó, arrodillándose frente a ella—. No lo he 
hecho. 
Señaló su pie, y cuando miré, un pequeño rastro de plastilina 
amarilla estaba en la suela de su zapato. Mi padre lo miró y luego 
volvió a mirar la carita furiosa de mi hija. 
—Uy, lo siento. Chiquita, no lo vi. 
—Mamá dice que lamentarlo no lo arreglará —respondió, 
entregándole el trozo de plastilina. 
—Chiquita, lo arreglaré si traes a tu padre a jugar con 
nosotros. —Se rio. 
La cabeza de Gigi giró hacia mí. Mis cejas se alzaron al ver su 
mirada, y ella se relajó un poco y se volvió hacia su abuelo. 
Acercándose, le susurró algo muy rápido al oído y luego se alejó. 
Compartieron una mirada y él asintió, extendiendo la mano. 
—Trato hecho, chiquita. 
Gigi asintió y sonrió, estrechándola. 
—¿Qué trato, Gigi? —le pregunté. 
—Es un secreto. —Mi padre sonrió, tomando su mano. 
Gigi me sonrió. 
 
—Sí, un secreto, papá. 
Arrodillándome, abrí los brazos y ella lo soltó, viniendo hacia mí y 
abrazándome. 
—Qué mezquino —murmuró mi padre, pero lo ignoré. 
Le aparté el cabello de su rostro. 
—Gigi, ten cuidado con quién haces tratos, ¿bien? No todo el 
mundo cumple sus promesas. 
—¿Pero la familia, papá? —preguntó ella, inclinando su rostro. 
Asentí y le acaricié la mejilla. 
—Puedes confiar más en la familia... pero ten cuidado. Las 
familias a veces también meten la pata. 
—¿Qué haces si meten la pata? —preguntó. 
Fingí que pensaba y levanté la mano. 
—¿Los golpeas? No sé qué más. Papá aún no lo ha 
aprendido. —Le hice cosquillas, haciendo que se agitara frente a 
mí. Sonriendo, la solté, empujándola hacia mi padre—. Ve a 
divertirte con tu secreto. 
Ella me besó un lado de mi rostro antes de salir corriendo para 
saltar sobre mi padre. Él la atrapó fácilmente y me miró. No llegó 
a decir nada porque la pequeña tirana que tenía en sus manos le 
exigió que siguiera adelante. 
Mientras se alejaban, volví a mirar a Calliope y a mi madre 
mientras la ayudaba a estirar la herida. El rostro de Calliope 
estaba cubierto de sudor y dolor. 
Era testaruda. 
Pero yo también lo era. 
 
Todo lo que ella era... también lo era yo. 
 
MELODY 
 
Se había contenido. 
La primera vez que luchamos, en la mansión, en su boda, supe 
que era buena. Pero también sabía que yo era más fuerte. Estaba 
segura de que, sin sus trucos y juegos, yo era más fuerte en el 
mano a mano, pero ahora, cuando se agachó y me acercó tanto el 
puño a la nariz que apenas tuve tiempo de retroceder, supe con 
certeza que entonces se estaba conteniendo. 
En retrospectiva, tenía sentido. 
No estaba tratando de derrotarme. Ella estaba tratando de 
atraerme a su trampa. Necesitábamos que pareciera que ella 
había dado una buena pelea y recibido algunos buenos golpes, 
además de darnos suficiente tiempo para escapar. No podríamos 
hacerlo si nos golpeaban demasiado. Me pregunté cómo Liam 
había fallado su cabeza, cómo yo había fallado su cabeza. Ambos 
habíamos disparado. Y ahora sabía por qué. Sus bonitos ojos 
grises no eran sólo un adorno para su rostro. Sus ojos eran más 
rápidos que sus manos, y sus manos eran jodidamente rápidas. 
Todos sus sentidos eran más agudos que los míos a su edad. Era 
como si nos viera luchar desde arriba; no sólo eso, sino que 
también conocía mi estilo de combate. 
La primera semana la había derribado a la lona a diario. Esta 
semana, era como si no la reconociera. Pasé más tiempo 
bloqueando sus patadas, sus golpes, que intentando llevarla al 
suelo. Esto no era sólo habilidad. Esto era cuestión de memoria. 
Así era como su cuerpo podía seguir adelante, aunque yo sabía 
 
que no estaba curada del todo. Sabía qué hacer aunque no 
estuviera a pleno rendimiento. 
Apenas tuve un segundo para respirar, para ponerme en pie, para 
proteger mis costados y luego mi rostro... lo que pasaría entre 
nosotras si ella estuviera a su máxima capacidad. ¿Qué habría 
pasado si tuviera veintiocho años todavía? ¿Quién ganaría? 
Yo. 
El segundo en que pensé eso fue el segundo en que lancé mi puño 
en su primera apertura en la última hora, justo en su herida. 
Ella jadeó, retrocediendo a trompicones, encorvada mientras el 
dolor la recorría. 
Fue sucio, pero a quién le importaba. Los golpes sucios eran una 
forma de vida. 
—Es suficiente por hoy —le dije. 
Sin embargo, se tambaleó hacia un lado del ring y vomitó, 
jadeando. Antes de limpiarse la boca, se volvió hacia mí con el 
puño en alto. 
—Estoy bien. 
Con su rostro sonriente y sus ingeniosas réplicas, aquella falsa 
mujer que entró en la vida de mi hijo había desaparecido. Ahora, 
sus ojos y su rostro eran más duros que la piedra. Sus ojos eran 
tan fríos que parecían muertos. Se había quitado la máscara 
desde que llegué a ella, y todo lo que vi en su rostro fue el deseo 
de matar. La pasión era tan fuerte que no le importaba nada más, 
ni siquiera su propio rostro. Incluso había apartado a su hija para 
poder concentrarse en volver a levantarse para luchar. 
—Vas a sobrecargar tus músculos —dije mientras desenvolvía la 
tela de mi puño, ignorando también el dolor en ellos. 
 
—Mis músculos están bien; ¿y los tuyos? 
Sin embargo, todavía tenía una forma de meterse en mi maldita 
piel. 
—Cuidado —le dije—. Si haces enfadar a tu profesora. No tendrás 
más clases. No vamos a hacer otra ronda. 
—Bien —dijo y pasó junto a mí, de cara a la pared donde Ethan 
había estado sentado, observándonos sin inmutarse durante la 
última hora. Sólo ante él suavizó su rostro y volvió a sonreír—. 
Ven a luchar conmigo, jefe. 
—Tu profesora ha dado por terminado el día —le respondió. 
—Puede impedirme que luche con ella, pero nunca dijo que no 
pudiera enfrentarme a otra persona. 
—No, pero lo insinué —le grité—. Ve a descansar, Calliope. 
Ella me hizo un gesto para que me fuera. 
—La Navidad es en dos días, Ethan. Vamos a apostar, considéralo 
mi regalo para ti y tu regalo para mí. 
—¿Y qué es esta apuesta? —cuestionó. 
—Si ganas, haré lo que me pediste y me quedaré atrás. Si gano yo, 
dejas de vigilarme como una gallina de los huevos de oro y aceptas 
que me vaya. 
Frunció el ceño, levantándose de su lugar. 
—Cuando gane, dirás que es porque estabas agotada luchando 
contra tu profesora. 
—No soy tan mezquina. —Ella era exactamente así de mezquina—. 
Además, me estaba conteniendo con ella. 
Me burlé. Esta pequeña perra. 
 
Saliendo del ring, me acerqué a mi hijo. 
—Dale una paliza. 
Se desabrochó la camisa y la tiró a un lado. Ver la mirada de 
Calliope sobre los músculos de su pecho me dio ganas de sacarme 
los ojos y de vomitar. Al menosno era toda una máquina de 
guerra. 
—Si gano, también me darás todos los detalles. No te guardaras 
nada —dijo Ethan, cerrando lentamente el puño. 
—Te lo juro —dijo ella con una sonrisa. 
No entendía qué le hacía ser tan engreída ahora, sobre todo 
porque acabábamos de ver cómo casi se desplomaba de dolor por 
mi golpe. Algo no cuadraba. Miré a Ethan y sus ojos se 
entrecerraron en ella. 
—Nada de veneno, Calliope. 
—¿Yo? Nunca lo haría. —Soltó una risita. 
Puso los ojos en blanco, entrando en el ring. 
—Mentirosa. Pero yo también estoy preparado para eso. Esa droga 
que haces para mi cabeza, ¿tienes más? 
¿Ella hizo qué? 
—¿Vuelven tus dolores de cabeza? —preguntó ella, moviéndose 
casualmente hacia el centro de la habitación. 
¿Tenía dolores de cabeza? 
—¿Qué dolores de cabeza? 
Ambos me miraron como si me estuviera entrometiendo en su 
conversación, y tal vez lo estaba, pero no me importó. 
 
—¿Qué dolores de cabeza? —Volví a preguntar. 
—Dolores de cabeza por estrés. No es nada grave —dijo ella. 
Sin embargo, no lo creí. 
—¿Empezamos? —le preguntó levantando el puño. 
—Sí, jefe. 
Estos dos... vivían en su propio mundo. 
Por otra parte, ¿no era ese el caso de todos los amantes? 
Liam y yo también lo hacíamos... como eclipses que se cruzan 
pero que siguen siendo entidades separadas, y por eso, nos 
separábamos de nuevo. 
Cuando todo esto terminara, Liam y yo volveríamos a las sombras, 
y ellos serían el sol y la luna. 
Recibiendo órdenes de mami y papi porque mami y papi se 
arrepienten de haberse retirado... por eso me traicionaste. 
Había dicho que Wyatt y yo no me había molestado en pensarlo 
entonces. 
Ahora, mientras me veía obligada a esperar y seguir sus malditas 
instrucciones, no podía evitar preguntarme, ¿era realmente eso? 
¿Fue eso lo que nos trajo a todos aquí? 
¿Mi arrepentimiento? 
—¡Ah! —Siseó cuando le dio un puñetazo tan fuerte que salió 
volando hacia el otro lado del ring. 
—No eres lo suficientemente fuerte como para luchar contra mí 
ahora mismo —le dijo él, relajado. 
 
—Duh. —Ella sonrió, incorporándose del suelo. Poniéndose de pie, 
se limpió la sangre de la boca—. Pero el puño no es la única forma 
de luchar, Ethan. Puedo hacer que te rindas. 
—¿Por qué ibas a rendirme? 
—Porque si no, acabarás matándome aquí —dijo ella, volviendo a 
levantar el puño—. Lucharé contigo hasta que aceptes o me 
mates. Aceptar o morir, jefe. 
Ese era su juego. 
Ella sabía que no podía ganar en este momento. Pero también 
sabía que Ethan no seguiría golpeándola. Sabía que él no quería 
que ella saliera herida. La razón por la que no quería que ella 
viniera era porque estaba tratando de protegerla. ¿De qué servía 
protegerla si la mataba a golpes aquí? 
—Eres una jodida ridícula —le espetó, moviéndose para salir del 
ring, pero cargó contra él. 
Llevando a los dos a la lona y golpeando su rostro una y otra vez. 
Aguantó los puñetazos durante un momento hasta que encontró 
la forma de quitársela de encima y lanzarla a un lado. Ethan fue 
demasiado suave. Podría haberle dado un puñetazo en el costado. 
—Aceptar o morir —repitió Calliope mientras se levantaba del 
suelo—. Lo digo en serio. Así que no te contengas más, Ethan, 
¡Vamos! 
Él se quedó allí... completamente harto y derrotado. Sus hombros 
se desplomaron, y casi parecía que se estaba golpeando a sí 
mismo por subir al maldito ring. Ambos parecían tan ridículos que 
no pude evitar sonreír. 
—¿Te estás riendo de mí? —Ethan me fulminó con la mirada. 
—¡Concéntrate en nuestro combate! —gritó Calliope, dándole un 
puñetazo en la espalda. 
 
—¡Maldita loca! ¡Bien! ¡Joder! ¡Bien! —le gritó—. ¡Tú ganas, joder! 
Trato hecho. 
Sonriendo, Calliope le soltó y se tumbó en la colchoneta, tratando 
de respirar. 
—Dos días... y se acaba. 
Realmente era una loca. Pensé, sonriendo y moviéndome, 
dejándolos solos. 
—¡Oye, profesora! 
—¿Qué? 
—Eres buena para tu edad —dijo, claramente tratando de 
provocarme. 
Poniendo los ojos en blanco, abrí la puerta. 
—No, sólo soy buena. 
Ella reía y, por alguna extraña y estúpida razón, yo también 
sonreía. 
 
CALLIOPE 
 
Fui la primera en levantarme por la mañana, aunque quería hacer 
ejercicio, traté de ahorrar energía. En su lugar, me centré en 
preparar el desayuno y el plan de ataque, creando el mapa en el 
ordenador con un perfil para cada uno. 
—¿Qué huele tan bien? —Liam entró, echando un vistazo a la 
cocina. Sus ojos verdes se abrieron enormemente cuando miró las 
tiras de tocino, las salchichas, los huevos fritos, las alubias 
cocidas, los champiñones, los tomates y las patatas fritas. Volvió a 
 
mirarme cuando le entregué un plato—. ¿Has hecho un desayuno 
irlandés completo? 
—Bueno, me falta la morcilla, pero está cerca, ¿no? 
—Está un poco más que cerca. —Se rio, tomando una de las 
salchichas y echándosela a la boca—. Y está bueno. 
—Claro que está bueno. Lo he hecho yo. 
Apiló alegremente en su plato. 
—Engreída. Pero Mel me dijo eso. ¿Celebrando la derrota de Ethan 
ayer? 
—Celebrando mi victoria —dije, entregándole el zumo de naranja, 
que bebió alegremente antes de agarrar un poco de pan para sus 
huevos—. ¿Sabes por qué aprendí a cocinar? 
—¿Hmm? —preguntó mientras daba otro mordisco al tocino. 
—Porque por mucho que un hombre desconfíe de una mujer, si 
ella le pone un plato de comida adelante, se olvida de todo menos 
de su hambre. Así que es el método perfecto de asesinato. 
Hizo una pausa, mirando hacia mí. 
—Está siendo honesta, pero no le hizo nada a la comida —dijo 
Ethan cuando salió. 
Me reí, tomando un trozo de tocino para comer. A Liam se le cayó 
el rostro. 
—¡Pero me ha matado la alegría de comerlo, joder! 
—La recuperarás con cada bocado. —Me reí, dándole a Ethan un 
plato. 
Él lo tomó y me besó un lado de la mejilla. 
 
—Deja de regodearte. 
—Sólo acéptalo; es más fácil. 
Hizo una mueca y caminó a mi alrededor para tomar su comida. 
Mientras lo hacía, llevé la porción que hice para Gigi a su 
habitación, que estaba justo al lado de la mía en este gran búnker 
de la casa segura. Cuando entré, ella estaba acurrucada en las 
sábanas. 
Todo lo que tuve que hacer fue poner la comida al lado de su 
rostro para que su nariz comenzara a moverse. Mordiéndome el 
labio, tratando de no reír, la vi removerse antes de sentarse en la 
cama, confundida. 
—¿Mami? 
—Buenos días, dormilona —dije, tomando asiento a su lado—. 
Mira lo que he traído. 
—Tocino. 
—No. —La detuve antes de que lo alcanzara—. Has estado 
haciendo lo que has querido las últimas semanas y parece que 
has olvidado mis reglas. ¿Qué hacemos cuando queremos 
desayunar? 
—¡Mami! 
—No me digas mami —le dije—. He oído que también has roto las 
cosas de tu habitación. Y que no has prestado atención a tus 
deberes. ¿Deberíamos hablar de todo eso ahora? 
Se levantó rápidamente de la cama. 
—Tengo que cepillarme los dientes y lavarme el rostro, y luego 
hacer mi cama. 
Asentí. 
 
—Bien, ve. 
Se fue rápidamente y sonrió. Normalmente, ella tendría que 
alimentar y sacar a sus perros, pero Ethan no los había traído. 
Entendí por qué no era su prioridad en ese momento. Aunque no 
había salido de la casa, sabía que seguíamos en Chicago... bueno, 
justo en las afueras de Chicago, en Winnetka, mi ciudad natal. 
Esta casa de seguridad estaba justo al final de la cuadra donde 
me había quedado con mi madre durante los primeros siete años 
de mi vida. Sin embargo, no estábamos en el nivel superior de la 
casa. Estábamos en la casa de seguridad que Ethan había 
construido justo debajo de ella. Era casi una réplica exacta de una 
casa normal. Pero no había ventanas, no había forma de ver el 
exterior excepto por las cámaras. Estaba segura de que Gigi se 
había dado cuenta, pero estaba demasiada distraída con todo lo 
demás como para preguntar por qué no podía salir. 
—Mami. 
Miré para ver que también se había arreglado un poco el cabello. 
Señaló lacama. 
—No puedo arreglarlo contigo encima. 
—Bien —dije, levantándome del colchón, sosteniendo su comida. 
Ella se levantó de un salto y la arregló lo mejor que pudo e incluso 
la extendió para apartar las arrugas. Cuando terminó, dejé la 
comida encima de la cama junto a ella—. Buena chica. Come todo 
lo que quieras. 
—Gracias, mami —dijo emocionada y cruzó los pies—. Mami, 
¿estás mejor ahora? 
—Mucho mejor. 
—Entonces, ¿podemos volver pronto a casa? —preguntó. 
 
Sabía que se había dado cuenta. Asentí y le puse la mano en la 
cabeza. 
—Estarás con todos en Navidad, pero papi, mami y tus abuelos 
tendrán que estar fuera unos días. 
—¿En Navidad? —Ella jadeó. 
—Lo sé. Pero tendremos el día de Año Nuevo y muchas otras 
Navidades juntos después de esta. 
Hizo un mohín, así que le di un toque en la mejilla. 
—¿Recuerdas cuando te dije que un día mami iba a terminar el 
libro? 
Ella asintió. 
—Pues eso es lo que voy a hacer. —Mañana sería el fin de Calliope 
Orsini... la chica sufrida—. Es muy importante para mami, así que 
¿puedes perdonarme la Navidad de este año? 
—¿Me contarás la historia? 
—Quizás algún día, cuando seas mayor. 
—¿Cuántos años? 
Me reí. 
—Yo, mayor. 
Ella jadeó. 
—Mami. 
—Bien, lo negociaremos cuando vuelva. 
—Bien, pero ¿me dan un regalo? 
 
—Por supuesto —dije, levantándome de la cama—. Como si tu 
papá no fuera a traerte muchos regalos. 
—Así es papá. Quiero algo de ti, mami. 
Era dulce, pero también era muy difícil para ella. La fulminé con 
la mirada y me sonrió. 
—Mami y papá son uno. Sus regalos son mis regalos. 
Volvió a hacer un mohín. 
—Quédate aquí un rato. Estamos hablando de regalos, y si te 
sorprendo escuchando a escondidas, le diré a papá que los 
esconda todos hasta tu cumpleaños. 
—¡No me escabulliré! —dijo seriamente. 
—Bien. Estoy vigilando. Te amo —dije, dirigiéndome a la puerta. 
—Yo también te amo —dijo antes de sentarse de nuevo con su 
tablet. Afuera, me apoyé en la puerta por un momento. 
Había esa sensación justo antes de una tarea. La preocupación de 
no ser capaz de cumplir mis promesas. De que no lograría volver. 
Pero los rechacé. 
No me estaba muriendo. 
No iba a dejarla morir. 
Tampoco a su padre. 
Estaba escapando de todos mis horrores pasados. Iban a ser el 
último capítulo de Calliope Orsini. Había aprendido mucho, y 
cambiado mucho desde el primer capítulo. Mi hija era parte de esa 
historia, y también lo era Ethan. Puertos brillantes en un mar de 
dolor. Sólo los llevaba al nuevo yo... al yo libre. 
 
Cuanto más rápido terminara esto, más rápido podría sentir 
finalmente esa libertad. 
Enderezando los hombros, entré en la cocina para encontrarlos a 
todos... Ethan y sus padres... leyendo los archivos que había 
dejado sobre la mesa. 
Encendí la televisión y dejé mi teléfono a un lado para poder 
seguir viendo a Gigi en su habitación. Lo último que quería era 
que saliera y me oyera planear la muerte de Siena. Todavía 
consideraba a la mujer como su familia, también. 
—Vamos a empezar —les dije. 
 
 
 
QUINCE 
“Si sé lo que es el amor, es gracias a ti” 
~ Hermann Hesse ~ 
 
ETHAN 
 
—En i Libitinarii, existe lo que se llama los cuatro jinetes —explicó 
Calliope, sacando la foto de dos hombres y dos mujeres.... uno de 
ellos era ella—. No hay ninguna asociación con el texto bíblico, 
simplemente Fiorello pensó que era el apodo perfecto que 
simplemente llamarnos los cuatro. 
—¿Y qué es lo que los hace a todos ustedes mucho más especiales 
que el resto de los que matamos? —preguntó mi padre. 
—Nuestro recuento de muertes —dijo ella, poniendo los números 
en la pantalla. Ella tenía el segundo más alto en comparación con 
el hombre sin foto. 
—Nunca he conocido al primero; nadie lo ha hecho. Es una de las 
razones por las que he tardado tanto en declarar mi bando. Quería 
conocer todos sus rostros. Al final, lo único que pude averiguar es 
que definitivamente es un hombre, y es mucho mayor que yo, tal 
vez incluso más cerca de la edad de Siena. No estoy segura. Y ha 
sido muy leal a Siena. Estaba allí incluso antes que yo. Cada vez 
que ella le enviaba un nombre, él lo completaba en veinticuatro 
horas. Sólo lo llamaba Señor Uno. 
 
—Realmente odio esta mierda de los asesinos —reprendió mi 
madre—. Los apodos tontos, y los secretos... qué pasó con los 
buenos tiempos en que la gente se enfrentaba uno a uno. 
—Los matabas —respondí, levantando la siguiente foto—. Seguiste 
ganando, así que se pasaron a los apodos y a los secretos. 
—Exactamente —respondió Calliope—. El siguiente, después de 
mí, es Luca. 
Por la foto, el hombre tenía el cabello corto y castaño y los ojos 
brillantes. Incluso llevaba gafas. Su aspecto no era diferente al de 
cualquier otro hombre corriente. De hecho, parecía más un 
contable que un asesino responsable de más de mil muertes. 
—Luca es mi mayor preocupación dentro de la casa. Es un mago 
de la informática, pero no sólo uno al que le gusta tender trampas; 
también le gustan las armas, una de ellas son los perros robóticos 
que tiene vigilando el terreno. 
—Estás bromeando —se burló mi padre—. ¿Como en la mierda de 
las películas de ciencia ficción? 
—Bienvenido a la nueva era —respondió ella. 
—La última es Mary —dijo, mostrando a la mujer con el cabello 
muy corto, más bien rapado, sin cejas y con cicatrices alrededor 
del rostro—. Como puedes ver, es un poco intensa. Es un martillo. 
Todo es un clavo. Le gustan las armas, las granadas y cualquier 
cosa que haga estallar los cuerpos. También es muy buena con un 
cuchillo de carne. No se esconde del combate cuerpo a cuerpo. Lo 
más probable es que te encuentres con ella en el terreno mientras 
Luca hace de apoyo. 
—¿Qué se supone que debes hacer? —Le pregunté, y con 
facilidad, ella respondió. 
 
—Si no han descubierto mi tapadera, se supone que debo guiarles 
hasta la casa y apuñalarles por la espalda, pero eso es si estás 
atacando. Si nos atacaran ellos, debía dejarlos entrar y apuñalarte 
entonces. 
—¿Y si se descubre tu tapadera? 
—Traer a Gigi y quedarme en el centro de la casa con mi abuela y 
esperarte —respondió. 
—¿Por qué están tan seguros de tu lealtad? —preguntó mi 
madre—. ¿Por qué creen que matarías o arriesgarías tan 
fácilmente a tu propia hija o traicionarías a Ethan por ellos? 
¿Estaba preguntando? ¡Hace unas semanas, ella también estaba 
segura de que me estaba traicionando! Aparentemente, lo había 
olvidado. 
—Todos tenemos algún agravio contra la familia 
Callahan —respondió—. En el caso de Luca, creo que mataron a 
toda su familia y lo ocultaron como una fuga de gas hace años. Él 
estaba de viaje en un campamento. Lo pusieron en el sistema de 
acogida, y Siena lo encontró, fingió que estaba enfermo y murió, 
luego se lo llevó. En el caso de Mary, Liam, tú mataste a su padre 
en Irlanda. Creo que estaba robando dinero y productos a 
escondidas. 
—Eso ocurría a menudo. ¿Cómo diablos se supone que voy a 
recordar por qué está enojada está loca? —Frunció el ceño, 
apretando el puente de la nariz—. Por eso siempre nos 
asegurábamos de eliminar a toda la familia. 
—Sí, y lo hicisteis bien, pero nada es perfecto. Aunque elimines al 
99,9%, aún queda ese 0,1%. Siena lo encontró. Entonces ella nos 
rompió. Una y otra vez. Pero era inteligente; también hacía el 
papel de madre o abuela. Cuidando de nosotros. Asegurándose de 
mostrar bondad. Eso es lo que nos hace diferentes a los cuatro. 
Siena no es sólo la líder; se supone que es nuestra familia. 
 
Cuando los grandes y malos Callahan arruinaron nuestras vidas, 
ella vino y nos hizo fuertes y nos protegió. Esa es la lealtad que 
nos une a todos. El odio a la familia Callahan y el deseo de 
proteger a la única familia que cada uno cree que le queda. 
Al final, todo se reducía realmente al amor a la familia. 
Revisé cada detalle y cada entrada de la casa que nos había dado. 
Lo más probable es quetuvieran más gente, cuerpos contratados 
alrededor de su finca para evitar que entráramos. 
—¿Cómo sabemos que todavía están allí? 
—Por la misma razón por la que saben que la familia Callahan no 
abandonaría Chicago —respondió ella—. Es su hogar. Además, 
Siena, debido a su enfermedad, está unida al recinto. Es donde 
sus hijos fueron enterrados. Siguen allí porque ella no se quiere ir. 
Eso y que creen que tienen la mejor seguridad. 
Hay al menos cuarenta acres de tierra alrededor de su casa 
principal, que se asienta ligeramente en una colina. Un tiroteo 
comenzaría si intentáramos entrar directamente. Una parte de mí 
quería bombardear todo el lugar, pero estaba convencido de que 
también tenían zonas seguras dentro de la casa. 
—¿Hay otra forma de entrar en la casa? —Pregunté. 
—Sí. 
Y la miré, esperando. 
—Te daré esa información cuando vayamos en camino —dijo, y 
puse los ojos en blanco—. Podemos entrar directamente. Por eso 
no me preocupa nadie que puedan haber contratado para cubrir el 
hueco de la seguridad. Ethan, ya lo hemos hablado antes. Una vez 
adentro, podemos dinamitar las redes eléctricas de la casa y sus 
alrededores e incluso obligar a Luca a luchar cuerpo a cuerpo. 
Luego, desde allí, nos abrimos paso hasta el centro, donde creo 
 
que Mary estará protegiendo a Siena en mi lugar. Lo único que 
queda por averiguar es dónde dejar a Gigi hasta que esto 
termine. —Me miró, esperando. 
Asentí. 
—La dejaremos con Dona. 
—¿Dona? —dijo ella, sorprendida. 
—Es una monarca, y Gigi es su sobrina. Ella vigilará, y la prensa 
también estará vigilando con ella. Junto con todo un palacio de 
gente. No será fácil llegar a ella. 
Calliope hizo una pausa, pensando en eso. 
—¿Se te ocurre alguien más? —presioné. 
—Bien... la dejaremos en nuestro camino. Pero Dona todavía tiene 
muchos problemas. No quiero dejarla con una criada cualquiera. 
Nunca se sabe... 
—De nuevo, ¿puedes pensar en alguien más? 
Ella se quedó en silencio. 
—Bien, ahora hablemos de dónde pararemos después de ir a 
Mónaco. —Quería que ella contemplara cada paso. 
 
CALLIOPE 
 
—Era la noche antes de Navidad, cuando por toda la casa, todos 
menos una criatura se movía, no un ratón, sólo mi esposa —dijo 
Ethan cuando se acercó a mí, tomando asiento a mi lado. 
Y solté una risita, girándome hacia él. 
 
—Estoy demasiada excitada para dormir —le confesé—. Así que 
así es como se sentían los niños normales la noche antes de 
Navidad. 
—Sí, bueno, el asesinato y la muerte no era lo que les 
entusiasmaba —contestó, mientras sus ojos repasaban el plan 
que habíamos pasado todo el día afinando—. Calliope, necesitas 
descansar. Todavía te duele, ¿no? 
—Descansaré todo lo que quieras después de Navidad, lo 
prometo —le dije, dándole mi meñique. 
Puso los ojos en blanco pero tomó y enganchó su meñique con el 
mío. 
—¿Mi madre volvió a repasar los planes contigo? 
—Sí, creo que está empezando a aceptarme —dije con 
suficiencia—. Te lo dije, sólo lleva un poco de tiempo, y luego es 
difícil deshacerse de mí. 
—Como un virus —dijo y se movió cuando le di un puñetazo en el 
brazo, pero lo agarró, acercando su rostro al mío—. Es una broma. 
Guarda tus puñetazos para mañana. 
—Sí. Sí. —Tiré de mi brazo. Sin embargo, se movió para empujar 
mi blusa, revisando suavemente mis vendajes—. Ethan, estoy 
bien. 
—Tu piel está roja. 
—Me estaba frotando. Está bien —le respondí, colocando mi blusa 
en su sitio. 
—Me frustras. —Suspiró, apoyándose en el sofá, cerrando los ojos. 
Observé cómo intentaba relajarse, pero pude ver cómo su sien se 
crispaba un poco. Girando, me moví y empecé a frotar. 
—¿Otra vez dolores de cabeza? 
 
—Estoy bien —susurró, permitiéndome mensajearlos de todos 
modos. 
—Seré menos frustrante cuando todo esto termine —le respondí 
suavemente, sólo para que se burlara de mí. Entonces, le golpeé 
en el pecho. 
—Sí... mucho menos frustrante —refunfuñó, alargando la mano y 
agarrando mi muñeca. Me besó el dorso, y disfruté del calor de su 
piel sobre mí. Cuando sus ojos se desviaron hacia los míos, supe 
que también echaba de menos mi piel. 
—He pensado en algo que me ayudará a dormir y a quitarte el 
dolor de cabeza —respondí, tomando su mano y levantándome del 
sofá. 
No dijo nada, y me siguió mientras lo conducía a nuestra 
habitación. Cerrando la puerta de una patada, lo senté en la cama 
y me puse a horcajadas sobre él. 
—Calliope, estás herida... 
—Shh. —Le besé los labios una vez antes de arrodillarme y 
desabrocharle los pantalones. 
Él me miraba, y en la oscuridad, sus ojos eran escalofriantemente 
seductores. Cuando le agarré la polla, respiró profundamente, y 
cuando le lamí la punta, se estremeció. Sabía que no iba a 
preocuparse por mi herida durante mucho tiempo. Cuando lamí la 
base, sentí que se endurecía aún más. 
Volví a lamer hacia arriba, pasando la lengua por la punta de su 
polla, mientras lo rodeaba con la mano y lo acariciaba. 
—Mmm... —murmuró con placer. 
Quería más que eso, así que me llevé su polla a la boca. Era tan 
grande que no me cabía toda, y la parte que lo hizo, golpeó la 
parte posterior de mi garganta, pero no me inmuté, chupando tan 
fuerte, arriba y abajo tan rápido que me agarró del cabello. 
 
—Joder —maldijo. 
Eso aún no era suficiente. Quería oír a Ethan gritar por mí; quería 
llevarlo al punto de sentir que perdía la cabeza. Y para eso, le 
agarré las bolas con la otra mano jugueteando con ellas. 
—¡Calliope! —Gimió. 
Y cuando levanté la vista, los pensamientos profundos, la actitud 
imperturbable, incluso su preocupación había desaparecido. Sus 
fosas nasales se dilataron, su boca se abrió y luego se cerró 
mientras volvía maldecía y penetraba más profundamente en mi 
garganta. Sentí que se le escapaba el control y apreté ligeramente, 
reduciendo la velocidad para que cayera. Y funcionó. Con sus 
manos en mi cabeza, se levantó y procedió a follarme la boca. Sus 
ojos y su cabeza se echaron hacia atrás mientras se entregaba a 
su lujuria y placer, embistiendo mi boca una y otra vez. Su agarre 
en mi cabello se hizo más fuerte, mientras se aseguraba de 
correrse. Me tragué cada gota. Estaba tibia mientras llenaba mi 
boca, pero no me aparté. 
—Maldita sea —maldijo, y cayó sobre la cama. 
Sonriendo, me limpié la comisura de la boca, soltándolo. 
—¿Todavía te duele la cabeza? 
Me tiró a la cama junto a él y me inmovilizó. Ignorando el dolor 
que me recorría porque no quería que se detuviera, me bajó los 
pantalones, abriendo rápidamente mis piernas. 
—A ver si esto te ayuda a dormir —respondió, poniendo sus labios 
en mi coño, y esta vez, me estremecí, y él lamió profundamente 
dentro de mí, frotando mi clítoris lentamente mientras lo hacía. 
Hizo que los dedos de mis pies se curvaran y que mi boca se 
abriera. 
—¡Ethan! —Jadeé cuando su lengua entró en mí. 
 
Sentí que todo mi cuerpo se calentaba. Sentí que me levantaban 
de la cama. Mi visión se difuminó cuando Ethan añadió un dedo... 
y luego otro y otro. Mordiéndome el labio, traté de ralentizar mi 
respiración, cuanto más tiempo pasaba, devorándome como si yo 
fuera su postre, más intenso se volvía, y más presión empezaba a 
acumularse en mi estómago. Con facilidad, mi cuerpo se balanceó 
contra sus dedos y su boca hasta que no pude soportarlo. 
—¡Oh! —Correrme con sus labios me dejó caliente por todas 
partes. 
Lo cual era bueno porque él no había terminado. Levantándose, 
lamiendo sus labios, agarró uno de mis muslos y lo levantó, 
haciendo espacio para su cuerpo. 
—¡Ethan... oh mierda! 
De un solo empujón, su polla estaba dentro de mí, y mi cuerpo se 
levantó de la cama sin duda. 
—Maldita sea... —gimió, introduciéndose más profundamente. 
No había nada que pudiera decir a eso. No había nada más que el 
sonido de mis gemidos. Incluso pude sentir cómo se me caía la 
puta baba mientras él se retiraba y volvía a introducirseuna y 
otra vez dentro de mí. Levantó mi cuerpo de la cama, me rodeó 
con los brazos y me abrazó. Su rostro estaba contra el mío, su 
aliento en mis labios, hasta que cerró la distancia entre nosotros y 
me besó, y su lengua se enroscó en la mía. 
—Ah... Ethan... —Grité mientras me pellizcaba los pezones, 
provocando un escalofrío en mi columna vertebral. 
Me besó por un lado de mi rostro, hasta el cuello, mordiéndome 
suavemente. Podía sentirlo en todas partes, y eso sólo me hacía 
desearlo más... y más. 
 
 
 
ETHAN 
 
Me encantó la forma en que gritó mi nombre cuando mi polla la 
penetró con fuerza desde atrás. Se agarró a las sábanas. Tenía el 
cabello sobre su rostro y su cuerpo estaba cubierto por una fina 
capa de sudor. Ella debería haber estado descansando. Ambos 
deberíamos haber descansado. Pero yo no podía. La agarré por la 
cintura y la atraje hacia mí justo cuando la empujé con fuerza, y 
ella se estremeció. 
El sudor recorrió mi mejilla y su espalda. Me quedé congelado 
mientras las dudas acudían a mi mente, junto con otros muchos 
pensamientos en los que no quería detenerme. 
—Ethan —soltó, mirando por encima del hombro hacia mí, su 
pecho subiendo y bajando mientras respiraba profundamente—. 
Estoy bien. No vas a romperme. Ahora sal de tu puta cabeza y 
fóllame. 
Eso lo consiguió. 
Agarrando su cabello, la atraje hacia mí, me cerní sobre ella. 
—Deberías tener más cuidado con tus palabras, Calliope. 
—Y tú deberías ser más contundente con tu cadera... ¡ahh! —Se 
quedó con la boca abierta cuando la embestí con más fuerza.... y 
luego con más fuerza, tanto que la cama se movió con nosotros. 
Podía sentir que las paredes de su coño me apretaban 
fuertemente, deseando... más de mí. 
Apartando todos los pensamientos, me concentré sólo en estar 
aquí, sólo en ella, confiando en que tenía razón y en que no podría 
romperla. 
 
Otra razón por la que la amaba, ella me ayudaba a dejar de 
pensar, aunque fuera sólo un poco. 
—Más fuerte —exigió Calliope, y obedecí lo que me ordenó. 
Agarrando su pecho, con mi espalda contra ella, la follé con todo 
lo que tenía. 
 
 
DIECISÉIS 
“Muchos humanos eran monstruosos, y muchos monstruos 
sabían jugar a ser humanos” 
~ Victoria Schwab ~ 
 
CALLIOPE 
 
Me dolían los hombros y la parte inferior de mi cuerpo. Y no había 
tiempo para recuperarme, ya que teníamos que salir temprano, 
incluso antes de que saliera el sol. 
Los Callahan tenían su propio Dreamliner4 internacional familiar. 
Sin embargo, en lugar de eso, tendríamos dos aviones diferentes 
volando, uno a Boston y el otro yendo a Washington. Melody y 
Liam debían ir en un avión y nosotros en el otro. Pero como Ethan 
seguía sin confiar en que hicieran lo que él decía, todos volábamos 
a Boston y desde allí nos mezclábamos para tomar un vuelo a 
Florencia. 
Me sentía como si estuviera drogada. 
Mi cuerpo zumbaba, mi mente daba vueltas. No me había sentido 
así desde que nació Gigi. Sabía lo que era... una felicidad 
totalmente descargada. La felicidad que venía de no tener que 
fingir más. 
 
4 — Dreamliner. Apodo dado al avión Boeing 787, es un avión comercial de 
tamaño medio y fuselaje ancho. 
 
—Todos la miman mucho —dijo Melody desde su asiento cuando 
entramos en el avión, y Ethan se movió para llevar a Gigi al 
dormitorio de la parte trasera del avión. 
—Puede ser —respondí, tomando mi asiento al otro lado del 
pasillo—. Intento no hacerlo, pero lo hago, y Ethan también. No 
quiero que sea una mocosa. Sin embargo, después de pensarlo, 
me di cuenta de que estaba bien mimarla un poco. Siendo una 
Callahan, cualquier otro problema se resolvería con el tiempo. 
—Es la primera vez que oigo eso —dijo Liam con un antifaz y con 
mantas por encima como si lo acabaran de sacar de la cama—. 
Uno pensaría que toda la riqueza y el poder que tenemos los 
Callahan exacerbaría todos nuestros otros problemas, no nos 
haría mejores. 
—Uno pensaría, pero yo no soy una —dije, relajándome en mi silla 
también—. Sí, todos son traficantes de drogas y asesinos, pero 
como todos desean representar el papel de buenos ciudadanos, 
aprenden a ocultar sus partes malas. Así, los niños aprenden a 
comportarse. Al mismo tiempo, debido a las constantes luchas y 
batallas que atraviesa esta familia, los niños también se ven 
obligados a crecer más rápido. Por lo tanto, me parece bien que 
Gigi esté un poco mimada. Se va a enfrentar a cosas mucho más 
duras que otros niños simplemente porque su apellido es 
Callahan. Un día intentará arreglar mis errores y los de Ethan. 
—Al menos admites que los has cometido —murmuró Melody, 
mirando hacia el exterior del avión. 
—Sí puedo. ¿Pero puedes? 
Su cabeza se giró y sus ojos marrones se estrecharon hacia mí. 
—¿Qué? —Sonreí—. ¿Un tema delicado? Y yo que pensaba que 
nos habíamos acercado, mamá. 
 
Su rostro casi se arrugó; mientras tanto, Liam sonrió, todavía con 
esa estúpida máscara de ojos puesta. 
—No te lo tomes como algo personal; le ha costado años acercarse 
a mí —dijo, sólo para que Melody le diera una patada en la pierna 
lo suficientemente fuerte como para que se incorporara. 
—Dolor de articulaciones, lo siento —contestó ella, nada apenada 
mientras se quitaba el cabello de la cara. 
Apretó los dientes antes de quitarse el antifaz. 
—¿Dolor en las articulaciones? ¿De verdad? 
Ella asintió, volviendo a mirar por la ventana. 
—Realmente son una pareja entretenida. —Me reí. 
—Depende de tu sentido del entretenimiento, supongo —contestó 
Ethan mientras volvía a entrar en la cabina principal del avión, 
moviéndose para tomar un asiento frente a mí. Causalmente, miró 
a sus padres—. Cuando todo esto acabe, busquen una playa, o un 
bosque, o una montaña, y sean menos entretenidos por aquí. 
—¿Este es el agradecimiento que recibimos por haberte salvado el 
culo? —preguntó Liam. 
Una ceja de Ethan se alzó. 
—¿Salvarme el culo? A mí. ¿Conozco a estos Orsini? No. ¿Maté a 
los hijos de Siena? No. ¿Soy responsable de cualquiera de los 
rencores guardados contra esta familia? No. Me los transmitieron 
como la peste. Sin embargo, no me quejo. Estoy haciendo lo que 
se supone que debo hacer. Pero, ¿se supone que debo dar las 
gracias a los que me pusieron esto en el plato? ¿En qué mundo 
tiene eso sentido? 
El rostro de Liam cayó hasta que frunció el ceño por completo. 
Apartando la vista de su hijo, me miró a mí. 
 
—Una pequeña parte de mí desearía que le hubieras traicionado el 
culo para que se humillara un poco. El problema con la gente 
inteligente es que a veces el humor y el sarcasmo consiguen pasar 
por encima de sus enormes cabezas. ¿Cómo? No estoy seguro. 
Pero es un milagro que tú o cualquier otro no lo estrangule 
mientras duerme. 
—Lo he estrangulado antes. Le gusta eso y una buena bofetada a 
veces. —Sonreí, dando un sorbo a mi agua mientras el rostro de 
su padre se iluminaba. 
—¿Es así? —Giró la cabeza como un muñeco demente hacia su 
hijo. 
Mientras tanto, los ojos de Ethan se estrecharon sobre mí 
peligrosamente. Pero lo encontré sexy a su manera. Sí, a Ethan le 
gustaba un poco de dolor durante el sexo de vez en cuando, y a mí 
también. Ambos disfrutamos de la noche anterior; y, una vez que 
todo esto terminara, tendríamos que celebrarlo con un poco más 
de diversión. 
—Nuevo tema —interrumpió la voz áspera y maternal de Melody, 
aparentemente no tan divertida como su esposo ante la noticia de 
las perversiones de su hijo. 
—No me molesta este tema —dijo Liam, sólo para que ella lo 
fulminara con la mirada—. Bien, seamos serios antes de que todos 
vayamos hacia una lluvia de balas. 
—No prefiero una lluvia de granizo —respondió ella antes de mirar 
en mi dirección—. Dijiste que conocías otra forma de entrar en la 
casa. 
—Una vez que estemos en el aire, lo compartiré —dije, 
recostándome en mi silla alegremente. 
Ethan levantó su teléfono, marcando a los pilotos. 
 
—Estamos listos.Poco después, las puertas del avión se cerraron y nos pusimos en 
marcha por la pista. Me encontré observando las luces del 
aeródromo mientras nos movíamos, golpeando los dedos con 
anticipación. Sólo faltaba un viaje en avión. Los últimos veintiocho 
años me habían llevado a este punto, y sólo quería que se 
acabara. Necesitaba despertarme mañana o al día siguiente y 
saber que había hecho todo lo que siempre había querido hacer. 
—¿Y bien? —Preguntó Ethan cuando el avión despegó. Cuando los 
enfrenté, todos estaban serios... Estaban preparados para la 
batalla que se avecinaba. 
Sacando el teléfono, se lo mostré a Ethan. 
—Este pasillo que conduce de la casa a la orilla del mar. Es difícil 
llegar hasta allí. Hay que escalar, pero hay un punto ciego en la 
cámara. Vamos por ahí, y nos lleva directamente a la piscina de la 
casa principal. 
—Entonces... 
—¡Mami! 
Escuché a Gigi llamar, con su voz asustada. 
—¿Gigi? —Dije en voz alta. 
Cuando ella no respondió, Ethan y yo nos levantamos, caminando 
hacia la habitación trasera, abriendo la puerta. Sin embargo, allí 
estaba ella, durmiendo profundamente en medio de la cama. 
—¿Gigi? —Me acerqué a su cama, sacudiéndola. Se revolvió y se 
dio la vuelta, pero no se levantó—. ¿Qué diablos la haría gritar y 
volver a dormir? 
—Ella no gritó. 
 
—¿Qué? 
En el momento en que me volví, Ethan me estaba mirando, con 
los ojos tristes; sin embargo, eso no era lo que más me molestaba. 
Era la aguja que me había clavado en el cuello. Me inyectó lo que 
fuera con tanta rapidez que no tuve tiempo de procesarlo. De 
repente, mis piernas se debilitaron y me desplomé, pero él me 
atrapó. 
El pánico empezó a invadirme al no poder sentir nada. 
—Qué... qué... qué... —Jadeé en sus brazos. 
—¡Shh! —susurró, abrazándome con fuerza—. No pasa nada. Vas 
a estar bien. 
No estaba bien. No sentía las piernas. 
—¡Ethan! —Intenté apartarlo, pero me abrazó con más fuerza y 
me besó el costado de la cabeza mientras yo luchaba para que mi 
cuerpo volviera a despertar. 
—Realmente te amo. Por eso no puedo dejar que vengas con 
nosotros. 
¿Qué? 
—N-no. —Me costó mucha energía sólo hablar, pero me forcé. 
Intenté empujarlo, pero mis brazos eran como gelatina. 
—Lo deseas tanto, Calliope, que no puedes ver. No estás 
recuperada. Sé que todavía te duele y que sólo lo ocultas... 
—¡No! —Lo golpeé el rostro tan fuerte como pude, mis uñas 
cortaron su mejilla, pero aun así, me sostuvo, y toda la energía en 
mí se fue con una bofetada, y mi cuerpo se volvió flácido. Me 
atrajo hacia sus brazos hasta que ambos estuvimos en el suelo. 
—¿Qué... es... esto? 
 
Me acarició la mejilla y quise apartar su muñeca de un manotazo, 
pero no pude hacer otra cosa que mirarlo a la cara. 
—Me he dado cuenta de que no tomas analgésicos a menudo. 
Luchas contra el dolor. Me di cuenta de que era porque te 
adormecen y te duermes con facilidad. Cuando tuviste a Gigi, los 
analgésicos te dejaron inconsciente durante horas. Después de 
que te inyectaran, también lo hizo la morfina. Así que creé una 
inyección de bloqueo neuromuscular para ti. Desaparecerá en 
unas horas. Para entonces, estarás de vuelta en casa, y nosotros 
ya estaremos en Italia. 
—T-traidor. —La lágrima se deslizó de mi ojo sin que pudiera 
controlarla. 
—Gigi sólo está a salvo con uno de nosotros, con ella... 
—Traidor... 
—Esta familia necesita a alguien allí en caso de que algo salga 
mal. Tengo la sensación de que van a atacar la casa, y mi familia 
es demasiado débil ahora mismo. Si ambos nos vamos, todos 
morirán. Eres la única persona en la que puedo confiar para 
protegerlos cuando no estoy. La única persona lo suficientemente 
fuerte en caso de que haya un ataque... 
—Yo... nunca... te perdonaré. —Le había contado todo. Había 
bajado la guardia, yo más que nadie. Había bajado la guardia 
porque lo amaba, y él había usado eso en mi contra. 
Había utilizado a nuestra hija contra mí. 
Me limpió la lágrima de la mejilla, tragando con fuerza, como si 
esto le resultara doloroso. 
—No lo creo. Me perdonarás. Siempre te perdonaré por cualquier 
cosa. Así ha sido siempre. Nos prometimos que haríamos lo que 
fuera necesario para ganar esta guerra. Esto es lo que necesitaba 
 
hacer. ¿La caja en la otomana al final de nuestra cama que me 
pediste que trajera, en la que guardas el veneno? Esa última 
vasija, la estabas guardando para Siena, ¿no es así? ¿Debo 
usarlo? 
Sacó la vasija para que la viera. Lo había planeado con tanta 
antelación. 
Quería gritar. 
Todo, todo por lo que había trabajado tan duro, a lo que había 
dedicado mi vida... él estaba decidiendo por mí cuándo parar. 
Me había hecho tropezar en la línea de meta. 
Todo el mundo decía que le había traicionado, pero él me había 
traicionado a mí. 
Nunca debí enamorarme de él. 
¡Nunca! 
 
ETHAN 
 
—Llévanos de vuelta. Luego uno de ustedes salga —ordené antes 
de soltar mi teléfono. 
Estaba dormida en mis brazos, sus mejillas tenían lágrimas por 
primera vez. Ella no lloraba delante de mí, hasta este momento. La 
apuñalé por la espalda. 
Había puesto la voz de Gigi en una grabación y esperé el momento 
en que Calliope dijo lo de la entrada antes de pulsar el play. Sabía 
que incluso en el avión, en pleno despegue, ella se preocuparía e 
iría a comprobarlo. Tampoco se lo pensaría dos veces si la 
 
acompañara. No quería derribarla así delante de mis padres. Así 
que era la única manera. 
Traidor. Así me había llamado ella. Eso era lo que era para ella 
ahora. No sabía cuánto tiempo le llevaría perdonarme. Pero 
trabajaría en eso en cuanto volviera. Por ahora, lo más importante 
era asegurarme de que todos viviéramos para llegar a ese punto. 
La abracé y esperé en silencio mientras el avión bajaba al 
aeródromo. Intentaba no pensar. Intentaba decirme a mí mismo 
que había hecho lo correcto. Y sin embargo, las palabras traidor 
no me sentaban bien. Pero si supiera toda la verdad, usaría 
palabras más duras. 
Suspirando, la levanté después de que el avión aterrizara. 
Apretando el botón de la puerta, salí con ella acunada en mis 
brazos. Mi madre y mi padre se levantaron lentamente de sus 
sillas y me miraron confundidos y atónitos. 
¿Creían que la había matado? 
Sinceramente, podría parecerles así. Pero no me centré en ellos. 
Miré a Dino cuando salió de la cabina. 
—Abre la puerta y trae a Gigi. Se quedan en casa —le ordené, 
esperando que hiciera lo que le había dicho. 
Tardó unos segundos en entenderlo, pero consiguió abrir las 
puertas sólo para que viera la nieve que caía y el Range Rover 
negro que esperaba al final de la escalera, donde tanto Wyatt 
como Killian estaban parados en el frío. Ellos también tenían las 
mismas reacciones en su rostro al verla en mis brazos. Pero no me 
molesté en explicarles. En cambio, bajé las escaleras lentamente y 
me dirigí a la parte trasera del auto. Wyatt la abrió para que la 
metiera y la recostara ligeramente en la silla. 
Dino ya estaba detrás de mí con Gigi, así que la puse también al 
lado de su madre, apartando el cabello de su carita. Antes de salir 
 
del auto, miré a mi hermano y luego a Killian, ambos tenían 
algunos cortes y moretones en proceso de curación todavía. Di un 
paso adelante. 
—Si le pasa algo a alguna de ellas, los despellejaré a los dos. 
—¿Y si mueres en esta pequeña misión? —me preguntó Killian, 
aburrido. 
—No te preocupes por luchar entre ustedes para convertirse en el 
próximo Ceann Na Conairte. Los matará a los dos antes de que 
eso ocurra. Porque ninguno de los dos estaba destinado a estar en 
mi lugar —respondí y me giré para volver a subir las escaleras. 
No miré hacia atrás. 
Y no miraría atrás. 
Ni siquiera sentiría culpa, no hasta que terminara esto y volviera a 
casa con ambas. No iba a morir, joder. 
Porque yo era el Ceann Na Conairte, y nadie iba a quitarme mi 
puto derecho de nacimiento. 
Ni mi padre. 
Ni mi hermano. 
Ni mis tíosni mis primos. 
Yo sobreviviría, y ellos lo aprenderían. 
 
 
 
 
 
 
 
MELODY 
 
Un escalofrío me recorrió la columna vertebral cuando volvió a 
sentarse. 
Ethan estaba callado. 
Todo su comportamiento era frío y despiadado, por lo que no pude 
evitar preguntarme si nos había vuelto a utilizar. 
Pensé en aquella noche. Cuando la tenía a la vista de mi visor, con 
el dedo en el gatillo, hacía tanto frío y tanto viento, pero estaba 
segura de que podría eliminarla con un buen disparo. Sin 
embargo, Ethan se había interpuesto en el camino del disparo, 
dificultando a propósito que le diera. Entonces, pensé que había 
sido mala suerte por su parte que se hubiera apartado de él para 
hablar con alguna mujer. Pero mirando hacia atrás, eso ya no me 
parecía el caso. 
Ahora sentía que me había guiado para dispararle donde él quería 
que le disparara. Sin órganos vitales, no en la cabeza, pero en 
algún lugar que la obligara a quedarse atrás y curarse. 
No... ¿él no lo haría? ¿Por qué en el mundo haría eso? No hay forma 
de que lo supiera. ¿Verdad? 
—Tú... nunca quisiste que ella viniera, ¿verdad? —susurró Liam 
mientras el avión comenzaba a moverse. Él también debía estar 
teniendo los mismos pensamientos que yo—. Siempre pensaste en 
dejarla atrás, pero sabías que no estaría de acuerdo. 
Ethan no nos miró, sino que observó la pista de aterrizaje. 
—Estabas enfadado con nosotros por no confiar en ti, pero 
también estabas enfadado conmigo, no sólo por haber disparado 
 
sino por el tipo de bala que utilicé —dije, aún tratando de atar 
cabos. 
—Debería haber sabido que serías tan despiadada —dijo 
finalmente Ethan. 
Liam jadeo. 
—¿Somos despiadados? Ethan, ¿le tendiste una trampa a tu 
esposa para que recibiera una bala? 
—No sé cuántas veces tengo que seguir diciéndoles lo mismo a 
todos ustedes —dijo, girándose lentamente para mirarnos sin 
emoción—. Haré todo lo que tenga que hacer para conseguir lo 
que quiero. 
Dios mío. 
Ni siquiera sabía qué decir. 
—Hay una línea, Ethan —dijo Liam. 
—¿Dónde? ¿Quién lo dice? Eso no está en las reglas de la 
familia —dijo, todavía observándonos—. Regla cuarenta y ocho: 
Ama a tu esposa, por encima de todo. Yo la amo. Eso no significa 
que tenga que darle todo lo que quiera. Eso no significa que no 
pueda disparar contra ella. Amo a Calliope, pero eso no significa 
que no la detenga si está arriesgando su vida y la de nuestros 
hijos. 
Hice una pausa por un segundo. 
—¿Hijos? 
—Ella no sabe que está embarazada. Me enteré después de que la 
envenenaran —respondió, mirando de nuevo por la ventana. 
Y recordé todos los vómitos que había hecho. Pensé que era sólo 
porque le dolía y se esforzaba. Ella también debió de pensar eso. 
 
Por eso Ethan siempre estaba vigilando. Por eso estudiaba las 
plantas en su oficina. La cocaína y las drogas eran para distraerla 
de la medicina que estaba preparando para darle. 
—El hecho de que haya sido capaz de mantener a nuestro hijo 
tanto tiempo después de todo lo que había hecho ya estaba 
empujando al destino. Ni siquiera tuve tiempo de decírselo antes. 
Ella vino al baile, y cuando me di cuenta de lo que estaba 
pasando, cuando vi esa mirada en el rostro después de haber 
matado a su padre, supe entonces que no podía hablarle de 
nuestro hijo —murmuró, frunciendo el ceño—. Estaba en la línea 
de meta; nada la detendría. Nada... o alguien. Cuando hablé 
contigo y me di cuenta de que los dos estaban ahí afuera, 
esperando para disparar, el plan se me ocurrió. Te había visto 
disparar mil veces, Melody, como todos los buenos 
francotiradores, odias el viento, y tienes la costumbre de inclinarte 
para hacer contrapeso antes de disparar. En una fracción de 
segundo, mientras bajaba esas escaleras, supe que si me movía 
ligeramente, había una posibilidad de que hicieras ese disparo. 
Una vez más, me había utilizado, nos había utilizado. 
—¿Qué habrías hecho si no hubiera disparado? —jadeé. 
—Exactamente lo mismo que he hecho ahora —respondió 
fríamente—. Porque, por supuesto, seguiría siendo terca. No lo 
hice sólo porque quería salvarla a ella y a nuestro hijo. Aunque no 
puedo mentir, fue una parte muy importante de lo que me hizo 
cambiar nuestro plan. Todos estos ataques a nuestra familia 
hasta ahora me hicieron preguntarme más sobre su madrastra y 
su padre. Era imposible que no tuvieran planeado un ataque final 
para nuestra familia. ¿Se están quedando en Italia? ¿Por qué? 
Matar sólo a algunos de nosotros no es el objetivo… quieren a toda 
la familia. Entonces, ¿qué más tienen planeado en Chicago? No 
podemos estar en dos lugares a la vez. La única forma de acabar 
con esto es cortarles el paso por ambos lados. Necesito a Calliope 
allí. Ella es la única persona que puede reunir tanto a los 
 
irlandeses como a los italianos y a la familia para luchar si es 
necesario. 
No tenía palabras. 
Lo amaba, pero al igual que Ethan amaba todas las cosas, de una 
manera retorcida. Todo lo que hacía se reducía a que no quería 
que Calliope muriera o abortara a su hijo para ganar, y 
conociendo su personalidad, bien podría haber hecho ambas 
cosas. Tenía una obsesión por ganar a Siena. Ethan utilizó esa 
obsesión en su beneficio. Al final, Ethan quería que la gente que le 
importaba estuviera bajo su control, en su casa, siguiendo sus 
reglas. 
Como marionetas con hilos. 
—Ethan. Puede que nunca te perdone por esto —respondió Liam, 
negando con la cabeza—. En su mente, los dos eran iguales, y 
ahora le has pisoteado la cabeza. Has destruido la confianza entre 
ambos. 
Era la primera vez desde que entró que veía alguna emoción en su 
rostro. Miedo, preocupación, dolor, arrepentimiento, todo pasó por 
sus ojos cuando él también debió pensar en eso. Puede que Ethan 
haya conseguido lo que quería, pero puede que haya perdido algo 
más a cambio. 
Nos miró fijamente durante un largo rato antes de volver a hablar. 
—No puedo romperla. Ella me perdonará. 
—Y si no lo hace... 
—Lo hará —espetó, mirando fijamente—. Calliope y yo hemos 
pasado por más cosas que cualquiera de ustedes. Me perdonará 
por esto. Si tarda uno o diez años, no me importa. Como ambos 
saben, puedo ser muy paciente. Ella es mía. Ella lo sabe. 
 
Y con eso, se rompió por completo la imagen del pequeño que era 
mi hijo. Era un león, todo crecido y con el rostro cubierto de 
sangre. No había espacio para nosotros a su lado. Sólo le 
estorbaríamos. Y si eso ocurría, podía llegar un día en que 
“dejara” que una bala nos encontrara a nosotros también. 
—Una vez que esto termine, no nos verás nunca más —le dije—. Y 
nunca interferiremos. Ni siquiera te preocupes si nos entierran o 
no. Sólo sigue haciendo lo que tengas que hacer... sigue como 
estás porque eres más de lo que jamás soñé. 
Para bien o para mal, Ethan era el monstruo que yo había hecho, 
y tendría que enorgullecerse de eso. 
—Gracias, madre. 
 
 
 
DIECISIETE 
“La ruptura de un corazón mientras 
se rompe es el silencio más ruidoso” 
~ Carroll Bryant ~ 
 
CALLIOPE 
 
Recordé exactamente lo que había sucedido cuando me desperté 
de nuevo, por lo que en el momento en que vi la foto de nuestra 
boda colgada en un rincón de la habitación, me acerqué, agarré lo 
que había en mi mesita de noche y lo lancé tan fuerte como pude 
contra la foto. Al levantarme de la cama, la rabia también subió 
dentro de mí. 
Mi cuerpo estaba bien, aunque sentía un poco de náuseas. Sin 
embargo, nada más podía eclipsar mi rabia. Agarré la lámpara y la 
sostuve como un bate de béisbol. También la usé como tal. La 
golpeé una y otra vez contra todo, hasta que se hizo añicos, antes 
de ir a su armario y arrancarlo todo, destrozando lo que podía 
destruir. No fue suficiente; nada se rompió o se rasgó lo suficiente, 
ni el espejo de tocador, ni los estúpidos relojes, ni los malditos 
trajes caros. 
Era como una tirita en una pierna recién cortada. 
Hacía una mierda.Y yo necesitaba que pasara algo. 
Fui a mi armario y elegí las armas más grandes. 
 
Fue una estupidez. 
Era infantil. 
No arreglaría nada. 
Pero por dentro, estaba gritando. 
Mi mente estaba furiosa. 
Todo parecía entrar y salir. Un minuto estaba en mi armario de 
armas, y al siguiente, estaba en el precioso garaje, abriendo fuego 
contra sus estúpidos autos. No podía oír las balas; no podía sentir 
el arma dispararse en mis manos. Grité, pero tampoco pude oírlo, 
así que seguí disparando. 
Me dolía el corazón. 
Entonces, quería que ardiera. 
Como quería que ardiera, tiré los bidones de combustible sobre los 
autos rotos. 
Que se joda. 
Que se vaya a la mierda. 
Quería quemar esta estúpida casa con la estúpida familia dentro 
de ella. 
—¡Calliope! 
—¡Calliope, para! 
Tenía el fuego en la mano. Todo lo que tenía que hacer era dejarla 
caer y puf. El final. Que volviera para ver lo imprudente, tonto y 
cruel que era dejarme atrás jugando así. 
—¡Calliope, detente! ¡Gigi tiene miedo! 
 
Había trabajado tan duro durante tanto tiempo, y él 
simplemente... me sentó en la esquina como una niña. ¿Por qué 
Ethan no entendía? ¿Por qué no me escuchaba? ¿Por qué nadie 
me escuchaba? Sólo hacían lo que querían y no tenían en cuenta 
lo que yo sentía. 
Porque lo que yo sentía nunca importaba. 
Pensé que al menos para Ethan, al menos para él, yo importaba. 
Parpadeando un par de veces, miré hacia la entrada del garaje 
para verlos a todos mirándome. Wyatt, Helen, Neal, Killian, 
Sedric... oh, y Nari. Supuse que ya habían vuelto a casa. Me 
miraron con los ojos muy abiertos. Fue Killian quien se adelantó 
lentamente. 
—Esto era lo que querías, ¿verdad? —Le pregunté, mostrándole la 
llama del encendedor que tenía—. ¿Qué me castigaran? 
¿Venganza? 
—Calliope, cálmate —me dijo. 
—¿Ahora me dices lo que tengo que hacer? —Le respondí—. ¿Tú? 
Esta gran familia tuya y ninguno de ustedes podía confiar en él, 
pero entonces supongo que también tenías razón, porque me 
redujo a mí también. He matado a mucha gente. Toda mi vida, la 
gente me temía y ni siquiera sabía quién era... me llamaba la 
parca. Y ahora mira lo que soy...una loca en un garaje. 
—Calliope, entiendo... 
—¿Por qué todo el mundo sigue diciendo eso? Lo entiendo. Eso es 
una mentira. No lo entiendes. Ni siquiera te gusto. Te encantaría 
verme arder en llamas. 
—No, no me gustaría... 
—Yo maté a tu madre —le dije y dejé de caminar—. Creo que de 
todos ustedes, ella era la que más me gustaba. Era muy razonable 
 
y fiel a su palabra. Hacía todo lo que yo le pedía. Lo único que me 
pidió fue que los perdonara a ti o a tu hermana por hacer alguna 
estupidez por pena. Y que me asegurara de que Ethan te 
perdonara también. Estuvo tentado de romperte las piernas la 
noche después de que tu hermana me envenenara. Pero le dije 
que se calmara, y me escuchó. Lo hice, no porque me gustes, sino 
porque se lo prometí a tu madre. Ella te dejó unos videos. Las 
tengo. Pero ya no me importa dárselas. Ya no me importa nada. 
Deja que arda todo. 
—No lo dices en serio —dijo Evelyn al entrar en el garaje, 
sujetando las manos de Gigi. 
—¿Mami? —Su vocecita me aturdió, y la mezcla de miedo y 
preocupación en su rostro me dolió aún más. Era cierto... la tenía. 
¿Y qué aspecto tenía para ella? ¿Loca? ¿Como mi propia madre? 
Bajando el brazo, aparté el pulgar del mechero. Sin embargo, 
cuando lo hice, escuché un paso detrás de mí. Volviéndome, 
levanté el arma directamente hacia Wyatt. Se había acercado 
mientras Killian intentaba distraerme. Miré la jeringa en sus 
manos enguantadas. 
—Es un sedante —me dijo. 
—Estoy bien. 
—Has disparado tu camino a casa hasta aquí, donde estabas a 
punto de hacernos arder en llamas. 
—No estaba bien, entonces. Pero ahora lo estoy —Dije, 
entregándole el arma y el encendedor. 
Frunció el ceño pero los tomó. 
Ignorando al resto, me acerqué directamente a Gigi y la abracé 
contra mí. 
 
—¿Estás triste, mami? 
La abracé y la levanté en mis brazos a pesar del dolor. 
—Estaba muy triste —admití, acompañándonos de vuelta a la 
casa. 
—¿Por qué? 
—Papá hirió mis sentimientos. —Y rompió mi confianza, lo que me 
rompió el corazón. Y no sabía qué hacer. 
No estaba segura de qué hacer ahora. 
No tenía ningún plan sobre qué hacer si no conseguía completar 
mis planes. No tenía planes para quedarme atrapada en la casa 
mientras él se iba, terminando mi historia por mí. 
Lo había visto cientos de veces en las películas. Una mujer fuerte 
que se derrumba y pierde la cabeza por culpa de un hombre. Y 
cada vez me reía o ponía los ojos en blanco, diciendo que cómo no 
lo veía. Ahora me había pasado a mí, y aun así, no entendía cómo 
había llegado tan lejos. Todos se reían de mí. 
Mi interior ardía al pensar en eso. 
—Mira lo que tengo, mami —dijo Gigi, sentada en su flamante 
Bentley eléctrico de juguete con gafas de sol, y en su asiento de 
copiloto y en el trasero estaban Priscus y Verus, que disfrutaban 
de ser conducidos por el salón con ella. 
—Ya veo. Papá te ha regalado un montón —susurré, mirando toda 
su habitación llena de regalos de Navidad. Le habían regalado de 
todo, desde ropa y muñecas hasta autos de juguete, el otro era un 
Jeep, pero su favorito tenía que ser el acuario de peces que Ethan 
había instalado detrás de su cama, que hacía que toda la 
habitación brillara con un azul suave. 
 
Le había dicho que esperara con el maldito pez, pero a él no le 
importaba mi voz ni mis deseos. Jugó conmigo, y yo... dejé que lo 
hicieran. 
—¿Calliope? —La puerta se abrió mientras Evelyn entraba—. 
Pensé que tendrías hambre. 
Cuando asintió, una criada caminó detrás de ella, sosteniendo un 
festín de comida navideña. La chica lo puso en la mesa de la 
esquina de la habitación y se fue rápidamente. 
—Gracias, Nana —dijo Gigi, ya conduciendo hacia adelante. 
—Gigi, esto es para tu mami... 
—Ella puede tomarlo. No tengo hambre. 
Sin estar segura, Gigi me miró, y me obligué a sonreír para ella 
antes de asentir, diciéndole que comiera. 
—Ve a lavarte las manos primero —le indiqué. 
—¡De acuerdo! —Retrocedió e hizo un giro en U... muy bien hecho, 
debo añadir para una niña de seis años... antes de entrar en su 
baño. 
—¿No crees que tú también deberías lavarte las 
manos? —preguntó Evelyn, tomando asiento en la cama de Gigi. 
No entendí lo que quería decir hasta que miré hacia abajo y vi mis 
manos con cortes, que apestaban a gasolina. Sinceramente, no la 
había sentido ni olido hasta ahora. 
—No es fácil ser la señora Callahan —me dijo. 
—¿Te estás burlando de mí? —Pregunté. 
—No, sólo te hablo. 
No dije nada, así que continuó. 
 
—No conozco toda tu historia, Calliope. Creo que no conozco ni 
una octava parte. Todo lo que sé, todo lo que importa, es que 
ahora eres la señora Callahan. Y aunque puedes tomarte un 
momento para gritar o llorar, no puedes quedarte en la 
desesperación. Todo eso hace que pierdas el tiempo. Créeme, lo 
sé. Un día fui la Señora Callahan, luego me perdí en la pena. 
Cuando desperté de nuevo, me quedaban unos años antes de que 
otra mujer me diera órdenes, y luego otra después de ella. 
La otra era yo, quiso decir. 
—Ethan va a vivir mucho tiempo, así que estoy segura de que voy 
a estar aquí un tiempo. —Como un pájaro atrapado con las alas 
rotas. 
—Nunca estés segura. Un solo momento puede cambiarlo 
todo —dijo con menos acero y más dolor en su voz—. Pero 
esperemos que consiga vivir hasta los 110 años contigo a su lado. 
¿De verdad crees que no daría un paso atrás por su hijo? 
—No. Es demasiado controlador. Sería peor que sus propios 
padres para dejarlo ir. ¿Por qué tendría que ser un 
hijo? —Pregunté, viendo a Gigi regresar hacia la comida que tenía, 
sus perros esperando pacientemente a que les diera un trozo de lo 
que estuviera comiendo. 
—No sé por qué tiene que serlo. Así es como ha sido.Tal vez Gigi 
cambie eso, o tal vez el próximo lo mantenga. 
—¿Qué te hace pensar que va a haber un próximo? —Ni siquiera 
sabía si había querido tener uno antes. 
—¿Qué te hace pensar que no hay uno ahora mismo? 
Me quedé helada. 
Como no dijo nada, me giré lentamente para mirarla. 
Sin embargo, me entregó un pequeño regalo de Navidad. 
 
—De Ethan. 
Como era de Ethan, quise tirarlos por la ventana. 
Sin embargo, Gigi se acercó, comiendo sus boniatos en conserva 
con una cuchara. 
—¿Qué te han regalado, mami? 
Le quité la caja y la abrí. En su interior había un enorme anillo de 
diamantes en forma de trébol de cuatro hojas. 
—¡Es bonito, mamá! —Gigi sonrió. 
—Dijo que lo habría conseguido como collar, pero tú habrías dicho 
que era una gargantilla —contestó Evelyn. 
Quise poner los ojos en blanco, pero estaba demasiado cansada. 
En lugar de un collar, Ethan acabó regalándome un anillo de 
diamantes, como si fuera una celebridad que hubiera abandonado 
a su esposa y quisiera ser perdonado. 
Sin embargo, ése era el menor de mis problemas. Ethan podría 
haber elegido cualquier estilo de diamantes, pero había elegido un 
trébol de cuatro hojas. Eso, más las palabras de Evelyn 
significaban... nosotros cuatro. 
—El cuatro es un número de la suerte. —Evelyn sonrió. 
No hablé. Porque no sabía cómo sentirme al respecto. Si estaba 
embarazada, él sólo podría haberlo descubierto después... 
¿después de cuándo? Hice una pausa, tratando de pensar, pero 
me vinieron demasiados pensamientos a la vez. 
¿Cuándo nos pusimos de acuerdo? 
¿Cuándo cambió su plan? 
Todo iba según nuestros planes hasta que... hasta que me 
envenenaron. 
 
Ese hijo de puta. 
Él lo había sabido desde entonces. Se había preocupado tanto por 
asegurarse de que yo descansara y no me estresara porque lo 
había sabido entonces, joder. 
¿Por eso me detuvo? 
¡Por eso! 
¡Maldito hijo de puta controlador! 
Nunca había planeado dejarme ir. Se estaba dando tiempo. 
Tiempo para cualquier droga en la que había estado trabajando. 
Había mentido y fingido estar de acuerdo para que le contara todo 
lo que sabía. 
¿Me detuvo porque quería otro hijo? ¿Un hijo? ¿Otro maldito hijo? 
¿Era eso? 
—He trabajado mucho —susurré, sintiendo que una lágrima se 
deslizaba por el rabillo del ojo. Nadie entendía este sentimiento 
más que yo, ni siquiera yo estaba segura de entenderlo. No estaba 
segura de sí estaba más enfadada por no haber terminado mis 
planes, o enfadada porque era Ethan quien me lo había impedido. 
O enfadada por el bebé. Iba a ser un niño, ¿no? Sólo los hombres 
podían causarme tanta angustia emocional. 
—Lo hiciste, muy duro, y no fue por nada. Mira a tu alrededor. 
Ganaste y luchaste por tanto que tu hija conduce un Bentley de 
juguete y tiene una casa de muñecas de tamaño natural en el 
exterior. Has conseguido más que nadie. No dejes que la única 
cosa que no conseguiste te impida ver eso... pon una luz en el 
anillo. 
No sabía a qué se refería. Me ofreció una pequeña linterna. 
Sacando el anillo de la caja, le puse la luz y proyectó imágenes por 
toda la habitación. 
 
—¡Soy yo, mamá! —exclamó Gigi al salir del auto para mirar hacia 
arriba. 
Eran fotos de ella. Pero no sólo de ella. Cuando giré el anillo, 
había fotos de Ethan y mías. Todas las imágenes que nos 
habíamos tomado a lo largo de los años juntos. Algunas con su 
familia y conmigo. Fotos que nunca había visto de mí... incluso 
durmiendo. Era nuestra vida en diamantes. 
—Mami, esa está estropeada. —Gigi señaló la foto borrosa en 
blanco y negro. Pero no estaba borrosa. Era tan clara como podría 
haber sido una ecografía. Así que Ethan hace una revelación del 
embarazo por mí y no al revés. 
—Ser una Callahan conlleva mucho dolor —dijo Evelyn mientras 
miraba también las fotos—. Pero también hay muchos momentos 
de sonrisa. Sólo tenemos que trabajar duro por ellas. Luchar por 
esos. Tenemos que volver a pegarnos cuando estamos 
rotos. —Como jefa, Señora Callahan, es su trabajo asegurarte de 
que así sea, pase lo que pase y a pesar de todo. Esto era lo que tú 
también querías, ¿recuerdas? 
Cerré la caja de regalo. 
Exhalando mientras parpadeaba las lágrimas. 
Me rompió las alas y me metió en su jaula. Y ahora mismo, 
necesitaba curarme. Pero iba a volar, maldita sea. De una forma u 
otra. 
—Necesito ir a lavarme las manos. 
 
 
 
 
 
HELEN 
 
Nos sentamos justo a la izquierda de la cama, viendo a nuestro 
padre dormir, completamente ajenos a todo lo que había pasado o 
estaba pasando. Ninguno de los dos quería admitir el hecho de 
que sabíamos que no era sólo agotamiento. Sabíamos que no era 
sólo la pena. La pena era la razón de todo, pero las drogas... por 
eso estaba tan débil. Desde que nuestra madre había muerto, 
había optado por calmar su dolor. Intentamos detenerlo, tratamos 
de calmarlo, y yo me pasé el tiempo observándolo. Pero de alguna 
manera, si me dormía o le daba la espalda, él encontraba algo que 
tomar. No le importaba el qué. Busqué por toda la habitación y di 
instrucciones a todo el personal, y aun así acabó tomando algo. Y 
todavía no sabía dónde estaba su alijo. 
Esto era lo que Calliope había hecho a mi familia. Nos había 
arruinado. No me importaba lo que dijera. No le creía. 
—Deberías haber dejado que se quemara —le susurré a mi 
hermano mientras se sentaba tranquilamente a mi lado. 
—¿Y si el fuego se extendía a toda la casa? ¿Cómo lo 
sacaríamos? —preguntó. 
Tenía razón. No era la razón la que hablaba; era el odio. No 
importaba lo que Calliope hiciera o dijera, siempre la odiaría. 
—Además, quiero ver lo que nos dejó mamá —añadió, y me burlé. 
—¿De verdad le crees? 
—Sí, a ella no le importaba nada en ese momento. ¿Por qué iba a 
utilizarlo para mentir? No le importa que la odiemos. 
Apreté mi puño. 
 
—Ella cree que está bien. Que sacrificó a nuestra madre porque 
pudo haber estado enferma. Quiere echar toda la responsabilidad 
de sus actos a mamá. No la dejaré. Ella robó el precioso tiempo 
que nos quedaba... 
—¿Para quién habrían sido preciosos? Quizá para nosotros, pero 
no para mamá. 
Lo miré, sin saber cómo podía decir eso. 
—Habríamos tenido una última Navidad, una despedida 
adecuada... 
—Ella habría estado como él ahora —me interrumpió—. No, lo 
más probable es que hubiera estado peor, porque los 
medicamentos no habrían ayudado a su dolor. Así que estaría en 
la cama dolorida, llorando, y papá se pasaría el tiempo intentando 
averiguar cómo salvarla. Llamando a todos los médicos, haciendo 
que la pincharan y le hicieran pruebas una y otra vez. Nos 
aferraríamos a la esperanza de que encontraría una manera y 
estaríamos en negación. Como tú estás en negación ahora mismo. 
Estaríamos asustados y doloridos, ignorando su voz mientras 
sufría por mantenerla viva un poco más. No habría sido una 
despedida apropiada. No hay despedidas adecuadas. Sólo sería 
ella con dolor, viéndonos a nosotros con dolor. 
Intenté tragarme el nudo en la garganta. 
—No lo sabes. Incluso si hubiera sucedido así al final, cuando 
toda esperanza estaba perdida, podríamos haber permanecido 
cerca de ella. En cambio, la apuñalaron y la dejaron en el suelo. 
—Wyatt dijo que su verdadero informe toxicológico mostraba que 
se había administrado algunas toxinas. No fue administrada por 
Calliope. Todo el tiempo tuvo a una de las criadas ayudándola a 
introducirlo en las hojas de su té. La planta está en el invernadero 
escondida entre sus rosas. Ella iba allí a recogerla. Así es como 
Calliope se enteró. Ella tenía... 
 
—Para, no quiero saberlo. —Hizo que la sensación en mi pecho me 
doliera tanto que tuve que frotármelo—. No me importa. No me 
importa. Era nuestra madre y se merecía algo mejor. 
No dijo nada. 
Así que volvimos al silencio. 
Y en ese silencio, yo también quería quemar este lugar. Esta casa 
olvidada de Dios y la familia a la que mi madre había dado toda suvida y su alma. Una y otra vez, lo había dado todo, ¿y para qué? 
¿Para qué maldición? 
—¿Cómo está tu relación con Wyatt? —volvió a hablar en voz baja, 
sus ojos se desplazaron hacia mí. 
—¿Por qué importa eso? 
No respondió. 
Y no presioné porque ya no sabía cuál era mi relación con Wyatt. 
Sinceramente, durante el último año, no había prestado mucha 
atención a nada más que a mi padre y a mi propio dolor. Justo 
después de la muerte de mi madre, había desaparecido durante 
días. Sólo para volver y decirme que había estado buscando 
respuestas. Y que estaba seguro de que fue Calliope quien la 
apuñaló. A partir de ahí, sólo me centré en mi padre, en mi dolor y 
en mi deseo de matarla. 
¿Dónde había encajado Wyatt en todo eso? 
Mis recuerdos eran solo destellos de mí gritándole y él 
simplemente de pie mirándome con ojos tristes. 
Ya no era amor, sino lástima. 
No tenía ni idea de cómo arreglar eso. No sabía cómo se esperaba 
que funcionáramos con el corazón desgarrado. Todo estaba roto 
ahora. 
 
La familia Callahan estaba rota. 
Por eso murió mi madre... por una familia rota. 
Toc. 
Toc. 
—Ahora no —dije. 
La puerta se abrió de todos modos y entró la mujer a la que más 
quería estrangular, vestida con ropa nueva y un rostro renovado. 
Inmediatamente, ambos nos levantamos, pero ella nos ignoró y se 
dirigió a mi padre. 
—¿Qué estás haciendo? —le espeté. 
De nuevo, me ignoró, y sólo entonces me fijé en la tablet que tenía 
en las manos. La colocó hacia mi padre, que seguía tumbado 
como un muerto. Se levantó y se dirigió a la puerta. Justo cuando 
se fue, se encendió el vídeo y el rostro cansado pero sonriente de 
mi madre apareció en la pantalla. 
—¿Declan? Cariño, te daré un segundo —habló ella, y como por 
arte de magia, los ojos de mi padre se abrieron. No se movió, y 
nosotros tampoco. La sonrisa de mi madre fue tan amplia que hizo 
que mis ojos empezaran arder—. Espero que me escuches. Y 
espero hacer bien este vídeo. Calliope ha tenido mucha paciencia 
conmigo porque me he atragantado unas cuantas veces, tratando 
de sacar las palabras. Así que, ante todo, quiero decir que lo 
siento. Siento no haber podido llegar a los ciento diez contigo. Lo 
siento mucho. Realmente, realmente quería hacerlo. Te juro que lo 
quería, cariño. Lo juro. 
Las lágrimas salieron de los ojos de mi padre como se derramaron 
de los míos. 
—No sé por qué mi cuerpo es débil. No sé por qué el cáncer ha 
vuelto. Trabajamos tan duro para matarlo la primera vez. Tú 
 
también trabajaste mucho para que yo lo superara. Es una 
mierda. Lo odio. Quiero vivir. No quiero morir. Tengo tanto miedo 
a morir. —En el vídeo, sus ojos también se llenaron de lágrimas. Y 
le entregaron una caja de pañuelos de papel por parte de quien 
sólo pude adivinar que era Calliope. 
—¿Debo empezar de nuevo? —le preguntó. 
—Creo que nunca vas a dejar de llorar —continuó la voz de 
Calliope—. Sigue como hasta ahora. Yo cortaré todas las partes 
malas. 
Mi madre asintió, parpadeando un par de veces más para evitar 
las lágrimas. 
—No quiero morir, pero me estoy muriendo. Y me duele. Cada día 
me duele física, mental y emocionalmente. Pero aún así, mi mayor 
miedo no es morir; es lo que pasará con todos ustedes una vez 
que me haya ido. Te conozco, cariño. Sé lo que hay en tu cabeza. 
Primero, tus padres, y ahora yo. Todos te hemos dejado, y no es 
justo. Te ha hecho mucho daño. Pienso en cómo vas a lidiar con 
eso, y no se me ocurre ninguna manera. Te escribí cartas; Calliope 
dijo que te las daría. Pero dudo que eso sea suficiente, ¿verdad? 
Lo siento. Siento haberte dejado. Y siento haberte dejado sin 
posibilidad de luchar o de intentarlo. Una parte de mí quería 
decírtelo a ti y a los chicos, pero no pude. Saberlo mataría la 
alegría de todo. Y he tenido tanta alegría contigo. Con nuestros 
hijos y nuestra familia. ¿Puedes vivir para proteger eso por mí? 
¿Vivir y proteger lo que me obligaron a dejar ir? Helen es tan 
terca; nunca aceptará esto. No quiero que arruine su propia vida. 
Darcy, tengo miedo de que Darcy se convierta en algo feo y arruine 
la suya también. Cariño, por favor... aunque estés enfadado 
conmigo, o con mi elección, por favor perdona y protege todo lo 
que yo no pude. 
No quise escuchar más. 
 
Limpiando mi rostro, corrí. Mi corazón temblaba y me sentía mal, 
pero seguí corriendo. No estaba segura hacia dónde corría hasta 
que terminé en su puerta, golpeando. 
—¿Helen? 
Me agarré a él y sollocé. Como una niña, lloraba. 
—Shh —susurró Wyatt mientras me besaba un lado de la cabeza, 
llevándome adentro de su habitación—. No pasa nada. 
No estaba bien. 
¿Por qué, de entre todos, tenía que ser ella? 
¿Y por qué seguía diciendo que lo sentía? 
No era su culpa. 
Oírla decir que lo sentía sólo me hizo sentirme peor. 
Mi madre estaba muerta. 
Y eso me dolía. 
 
CALLIOPE 
 
No sé por qué elegí ir a la habitación de Declan y Coraline. Por qué 
elegí precisamente ahora para darles ese vídeo, puede que fuera la 
pequeña charla de ánimo de Evelyn. Era la primera vez que 
realmente me daban una charla de ánimo, al menos una sin 
ningún motivo oculto. Sólo una charla para hacerme sentir mejor. 
Era lo que hacían las familias normales. Era agradable. Así que 
me hizo querer ser amable, al menos por un segundo. Sin 
embargo, eso era lo que no debía hacer. 
 
Siena me había dicho una y otra vez que las personas amables 
acababan siendo las últimas. La amabilidad era una debilidad. 
Ella estaba a miles de kilómetros de distancia, muy 
probablemente a punto de morir. Confiaba en Ethan, y en que sus 
locos padres serían capaces de hacerlo. Confiar en otras personas 
también era un error. Sólo confía en ti mismo, me había dicho 
Siena. 
No le hice caso. 
Y cuando volví a la habitación de Gigi y vi la sangre en el pasillo, 
volví a sentir el agarre de Siena sobre mí. Debería haber corrido, 
pero todo se frenó. Tenía miedo de entrar en la habitación. Ya 
tenía lágrimas en los ojos. Mi corazón empezaba a arder. 
—¿Gigi? —Llamé en voz baja. 
Pero no hubo respuesta. 
La puerta estaba abierta. El interior estaba en silencio. Ella 
debería haberme oído. 
Al entrar, vi a mi hija en el suelo, con los perros disparados y 
cubierta de sangre. ¡Evelyn estaba en el suelo a su lado! 
—¡Gigi! —Grité, pudiendo por fin correr hacia ella, cayendo al 
suelo para atraerla a mis brazos. 
—Mami... —refunfuñó, haciendo una mueca de dolor. 
—¡Oh, gracias a Dios! —dije, apartando su cabello de la cara, 
viendo la sangre que tenía en la sien—. Está bien, cariño. No pasa 
nada. 
Alguien la había golpeado con fuerza. Rápidamente, me moví para 
comprobar el resto de ella, pero no llegué muy lejos. El dispositivo 
negro alrededor de su cuello significaba que no había más que 
buscar. Me quedé mirando el temporizador que tenía, rezando 
 
para que no fuera lo que pensaba, pero sabiendo exactamente lo 
que era. 
Ring. 
Ring. 
El móvil estaba en sus pequeñas manos. 
—Te encontraré y te mataré por esto —dije. 
—O, terminaremos la misión para la que fuiste entrenada. 
Conocía esa voz. Mis ojos se abrieron ampliamente y se me 
revolvió el estómago porque conocía esa voz, joder. 
—Mata a los Callahan, Calliope, o la cabeza de tu hija se 
disparará. Tienes hasta el amanecer. 
Miré a mi hija y luego a Evelyn. ¿Cómo podía estar tan cerca? ¿A 
pesar de que la casa estaba cerrada? ¿Cómo? 
—Roman. —¡Mi padrastro y mi maldito e inútil hermano mayor 
que lo abandonó todo! ¿Cómo? ¿Cómo podía ser él? 
—Creo que todos me llamaban Señor Uno... es un buen nombre. 
Escuché que mataste a tu padre. Luego iras por mi madre. 
¿Después vendrás por mi esposa e hijas? ¿Creías que iba a seguir 
siendo un pacifista? ¡Acabemos con el sueño de los Orsini! ¡Tick, 
Tock, hermanita! 
—¡Vete a la mierda! —grité, lanzando el teléfono contra la pared. 
Agarrando rápidamente el mío y marcando a Ethan. Sólo una 
persona que conocía podía quitaresta bomba, y estaba a punto de 
matarlo. ¡Era la bomba de Luca! 
¡Pero no contestó! 
—¡Joder! —grité, levantando a Gigi hacia la cama. 
 
¿Quién más? ¿Quién más? 
¡No había nadie más, joder! Abrazándola, no podía pensar. 
Realmente no podía pensar. 
Mátalos. 
Salvarla y matarlos. 
Era el único pensamiento en mi mente. Lentamente saqué mi 
arma y marqué. 
—Calliope, este no es un buen momento —dijo Wyatt. 
—Me importa una mierda, ¡ven aquí ahora! ¡Ahora! 
—¿Calliope? 
—¡He dicho ahora! ¡Trae a toda la puta familia! 
Mátalos. 
Mátalos. 
Tengo que matarlos. 
Siena tuvo a alguien dentro de la casa todo el tiempo. Mucho 
antes que yo. Ella me tenía en una trampa desde el momento en 
que entré en esta casa. 
No había forma de desobedecerla. 
Hasta el final, tenía que ser a su manera. 
Vivo o muerto, ninguno de ellos me dejaría tener un final feliz. 
Nunca. 
...Así que todos ellos debían morir. 
 
 
DIECIOCHO 
“Una familia no necesita ser perfecta, 
sólo necesita estar unida” 
~ Anónimo ~ 
 
WYATT 
 
Se sentó en la cama aturdida, con Gigi acunada en sus brazos. 
—¡Nana! —Helen gritó, y fue entonces cuando me centré en el 
resto de la habitación. A los pies de la cama estaba mi abuela, 
entre los perros muertos, con sangre en la frente. Helen se movió 
rápidamente para ayudarla a levantarse mientras yo comprobaba 
su pulso. 
—Hmm —refunfuñó con dolor en sus ojos crispados, lo que sólo 
me alivió. 
—¡Mamá! —gritó mi tío Neal, acercándose y quitándola de las 
manos de Helen. 
—Evelyn, Wyatt, ¿está bien? —preguntó la tía Mina, ahora 
también en el suelo. Uno a uno, todos entraron excepto Killian y el 
tío Declan. 
Les dije que vinieran a la habitación de Gigi, pero no les dije por 
qué. Porque ella tampoco me había dicho por qué. 
—Ella está bien —susurré. 
—¿Cómo que está bien? Está sangrando. —Gritó el tío Neal. 
 
Levantándome con cuidado, volví a mirar a Calliope y a mi 
sobrina, viendo la sangre en su frente. Vi que su pecho se 
levantaba, así que no estaba muerta. No entendía el nuevo 
episodio por el que estaba pasando, pero quería apartar a Gigi y a 
mi abuela de su ira. 
—Calliope, ¿qué ha pasado aquí? —Pregunté, caminando 
lentamente hacia ella—. ¿Qué ha pasado con Gigi? ¿Puedo 
revisarla? 
Su cabeza se volvió hacia mí y me miró como si yo fuera el loco. 
Tenía las manos manchadas de sangre y estaba sentada en una 
habitación cubierta de sangre, mirándome como si yo estuviera 
por debajo de ella. Ethan sí que sabía cómo elegirlas. 
—¿Crees que yo he hecho esto? —se burló. 
—No... 
—Mentiroso —dijo, pero su voz tembló. 
No lo entendía. 
—Calliope, ¿qué ha pasado? 
—¡Uno de ustedes nos ha traicionado! —me gritó, con los ojos 
llenos de lágrimas. 
—Nadie... 
—Mira. —Levantó a Gigi, y me quedé helado, viendo cómo 
avanzaba el cronómetro alrededor de su cuello. Cuatro horas, 
treinta y cuatro minutos y quince segundos. Luego catorce. Seguía 
avanzando, y yo no podía moverme. Mis ojos se desviaron hacia el 
pequeño rostro de Gigi. 
—¿Qué pasa? Wyatt, ¿qué le pasa? —Helen se precipitó hacia la 
cama, pero la agarré del brazo, impidiéndole ir más lejos—. 
¿Wyatt? 
 
—No quiere que estés en peligro —habló Calliope, haciendo que se 
girara—. Hay una bomba alrededor del cuello de mi hija. Fue 
puesto allí por mi medio hermano como un ultimátum. Mata a los 
Callahan, o mato a tu hija. 
—Oh, Dios mío. —La tía Mina se acercó; sin embargo, se detuvo 
en el momento en que Calliope le mostró el arma en su mano. 
—Mamá, retrocede —habló Sedric, apartándola de la cama—. ¿Por 
eso nos has llamado a todos aquí? Lo entiendo. Pero, 
mantengamos la calma. Podemos... 
—¿Podemos? —Ella reía, sacudiendo la cabeza—. No hay ningún 
podemos. Nunca podrá haber un podemos, ¡no hasta que 
descubra quién nos ha traicionado! 
—Dijiste que fue tu hermanastro —contesté e intenté acercarme a 
ella de nuevo, pero disparó a mis pies, haciéndome retroceder. 
—¿Quién dejó entrar a un extraño en esta casa? —preguntó 
fríamente—. Necesito saberlo. Ellos tienen que morir primero. Si 
todos vamos a morir, el hijo de puta traidor tiene que morir 
primero. Entonces, ¿quién lo hizo? ¿Fuiste tú, Helen? El veneno 
falló, así que este es tu plan B. 
—Calliope, yo... 
—Mentirosa —se burló, con el agarre del arma temblando—. 
Puedes odiarme todo lo que quieras. Intentar matarme, bien. Te 
perdonaré por el bien de tu madre. ¿Pero hacer daño a mi hija? Te 
arrancaré miembro por miembro, joder. ¡Así que no mientas, 
maldición! ¿Quién lo dejó entrar? ¿Quién? 
Ninguno de ellos respondió, lo que sólo hizo que se mordiera los 
labios con frustración, con lágrimas en los ojos mientras se 
encorvaba sobre Gigi. Susurrando algo en su oído antes de besar 
su frente, el arma cayendo de sus manos. 
 
—Váyanse todos —murmuró cansada, apoyándose de nuevo en 
las almohadas—. Tomen a su preciada familia y váyanse. 
—Ese sí que es un plan horrible —dijo el tío Neal, acercándose y 
sentándose en la cama junto a ella. Puso su mano en la cabeza de 
Gigi—. Incluso si no nos matas, Ethan lo haría. Y si Ethan no lo 
hiciera, no estoy seguro de que me gustaría presenciar esa pena. 
—¿Quedarse aquí y morir es un mejor plan entonces? —preguntó 
ella. 
—No morir en absoluto es el mejor plan. —Él sonrió amplia y 
tontamente como siempre—. No todos somos inútiles. Parece que 
tenemos algo más de cuatro horas, así que vamos a quitarle esta 
cosa de encima. 
Calliope negó con la cabeza. 
—Conozco a la persona que hizo la bomba. Es un genio cuando se 
trata de cosas como esta... 
—¡Y yo también! —gritó Helen, soltándose de mi mano y 
poniéndose al lado de nuestro tío—. Sí, intenté envenenarte, y sí, 
una parte de mí siempre te odiará. Pero no lo hice, ni jamás 
dejaría entrar a nadie en esta casa. Dime todo lo que sabes y 
trabajaré para quitárselo. 
—¡Helen! —Finalmente encontré la voz para hablar. 
¿Estaba loca? Esto no era una supercomputadora o un simple 
hackeo. Esto era una maldita bomba. 
—Ethan me mataría por ni siquiera intentarlo —respondió, 
saltando a la cama y moviéndose con ellos—. Y te mataría a ti por 
quedarte ahí mirando. ¿Hay algo que puedas darle para que no se 
despierte? Tengo la sensación de que esta cosa se vuelve más 
sensible a medida que avanza la cuenta atrás. 
 
—Todos ustedes tienen que irse —dijo Calliope de nuevo—. Si 
todos nosotros morimos, Ethan... Ethan no puede soportar eso. 
—¿No estás enfadada con él? —Sedric se rio, acercándose también 
a la cama—. Parecía dispuesto a quemar la casa hace un rato. 
—Sí, por eso nuestra muerte es el peor castigo para él. La próxima 
vez, escuchará a su esposa. 
—Duro. —Suspiré, dando un paso adelante y colocando mi mano 
en la muñeca de Gigi para comprobar su pulso—. Tan duro, de 
hecho, que no creo que vuelva a casarse. ¿No sabes que la gente 
inteligente no soporta equivocarse nunca? Eso les desordena la 
mente. 
—Por eso tienes que estar vivo —dijo ella, mirando hacia él—. 
Roman me dio una falsa opción. Mata a los Callahan, o yo mato a 
tu hija. Pero mi hija es una Callahan. Quiere que le suplique, que 
me arrastre por su vida sólo para poder matarla de todos modos. 
Ya no mataré a nadie por nadie más. Esta es mi elección. Así que, 
vete. 
—Parece que no lo entiendes, Calliope —respondí, levantando la 
vista de su hija para enfrentarme a sus ojos—. Esta es nuestra 
elección, también. Somos una familia. Esto es una familia. Cuanto 
más intentes que nos vayamos, más nos quedaremos todos. 
Ahora, es una cuestión de orgullo. O morimos todos... o ganamos. 
Así ha sido siempre. 
—Así es como siempre va a ser —dijo el tío Neal, poniendo su 
mano en mi hombro—. Así que... salvémosla y luego vayamos a 
patear el culo de tu hermano. 
—Medio hermano —respondió ella. 
—Lo que sea —afirmó el tío Neal, levantándose para que pudiera 
tener más espacio mientras Sedric venía con mi bolso médica. 
 
No estaba seguro de cuándo había salidoa buscarla, pero se lo 
agradecí. 
—Va a morir y a pagar por esta mierda. 
—Están todos más locos que yo —se burló. 
—Es la primera regla de la familia —replicó Sedric, entregándole a 
Helen sus gafas y su kit de herramientas mientras miraba la 
bomba—. Se mata por la familia. Mueres por la familia, porque no 
puedes confiar en nadie más. —Él, el tío Neal y yo dijimos 
simultáneamente, lo que hizo que nos miráramos unos a otros. 
Sí, realmente éramos unos malditos locos, pero prefería morir con 
estos malditos locos que con cualquier otro loco. 
 
CALLIOPE 
 
Había visto a familias fuertes desmoronarse más veces de las que 
podía contar. Incluso yo era la razón por la que esas familias se 
desmoronaban. Una pequeña mentira por aquí, un secreto por 
allá, despojarlos de su dinero, matar a un miembro clave de la 
familia, y todas esas “familias” se volvían unas contra otras como 
salvajes. Era fácil hinchar el pecho y hablar de lo estupenda que 
era tu familia cuando todo era perfecto, cuando tenías dinero, 
cuando tenías poder, cuando tenías respeto. Sin embargo, en los 
tiempos difíciles, todos eran iguales... gente rota, codiciosa y 
egoísta, unidos por la sangre. 
Estaba segura de que los Callahan eran lo mismo. Durante el 
último año, se demostró que tenía razón. La forma en que todos se 
habían vuelto contra Ethan, la forma en que dudaban de él, 
haciendo sus propios planes. Lo preparados que estaban para 
matarme. Todo lo que pude pensar fue: “Ah, así que ni siquiera los 
 
grandes Callahan son diferentes”. Estaba segura de que uno de 
ellos nos había traicionado. Pero no podía pensar con claridad. 
Realmente no importaba ahora. Así que les dije que se fueran. No 
quería que Roman riera el último. No quería que Ethan volviera a 
casa y que toda su familia se hubiera desaparecido. Se suicidaría 
al instante. Todo por lo que había trabajado duro se había ido. 
Sería la mujer que llevó a toda su familia al infierno. Eso era 
realmente lo que ocurría en las tragedias griegas. 
Tenían que irse. 
Nunca dejaría a nuestra hija. 
Así que necesitaban irse. 
Pero se negaron. 
En su lugar, Wyatt estaba vigilando a Gigi cuidadosamente. Helen 
estaba metida de lleno en la bomba; cada vez que intervenía un 
cable, mi corazón se estremecía. El resto podría haberse ido. Eran 
inútiles en esto, pero se quedaron como una especie de apoyo 
moral. Era una puta locura. Al menos podrían haber sacado a 
Evelyn, la mujer mayor ya había sufrido bastante, y Ethan era el 
que más se preocupaba por ella. Sin embargo, se sentó, con los 
ojos cerrados, negándose a ser movida, con Mina poniéndole hielo 
en la cabeza y Nari acariciándole la mano. Neal y Sedric se 
situaron justo al lado de la cama, vigilando por si Helen y Wyatt 
necesitaban algo. 
Esto no era un juego. 
El temporizador no se detenía. 
Se iban o se enfrentaban a la muerte y, sin embargo, todos se 
quedaban como si los tuviera de rehenes. 
—Joder —soltó Helen. 
 
—¿Qué? —Dije, volviendo a la cabecera de la cama para mirar a 
Gigi—. ¿Qué pasa? 
Ella suspiró. 
—Es una cerradura de interruptor muerto para dos personas, sin 
cortador de cable rojo... 
—¿En español? —Wyatt preguntó. 
—No hay manera de desactivar la bomba. Lo único que podemos 
hacer es quitársela... 
—Eso sigue siendo suficiente —dijo Sedric. 
—Sí, si tuviera un segundo par de ojos y brazos —le espetó—. 
Incluso si lo tuviéramos, tiene un sensor de presión. Lo que 
significa que alguien va a tener que sostenerlo en el momento en 
que se desbloquee y entonces... 
—¿Qué te dije sobre el pánico? 
Todos miramos hacia la puerta cuando Declan, el delgado, de ojos 
de mapache y enfermizo Declan, que sólo podía estar de pie 
porque Killian lo sostenía, entró en la habitación. ¡Ahora todo el 
clan estaba aquí! ¿Qué pasaba con esta gente? 
—¡Papá! —Helen se incorporó, mirándolo fijamente, con los ojos 
muy abiertos—. ¿Qué estás haciendo...? 
—No te preocupes por mí. —Forzó una sonrisa—. Concéntrate. Te 
ofrecería mis manos, pero están un poco temblorosas. Wyatt, 
ayúdala. Hay dos interruptores. Ella se centrará en uno y tú en el 
otro. Yo seré los ojos. Tus manos son bastante sensibles; es como 
una cirugía. 
Era lo máximo que cualquiera de nosotros le había oído hablar en 
el último año. Nos miró de arriba abajo. 
 
—¿Realmente tienes tiempo para estar mirándome? 
—Cierto —Wyatt cambió de lugar para acercarse a donde Helen 
estaba junto al cuello de Gigi. 
Killian acompañó a su padre hasta la cama. Sin embargo, antes 
de que Declan lo hiciera, me miró, y me preparé para otra ronda 
de insultos. 
—Sé que lo hiciste por ti, pero aun así, gracias por estar ahí para 
Cora. Ella... al menos tuvo la oportunidad de hablar con... 
alguien. —Apartó la mirada mientras su voz se quebraba de 
nuevo. 
Y por alguna razón, me dolía la garganta. 
¿Era por eso que no importaba lo que dijera, o lo enfadado que 
estuviera, Ethan no podía soltarlos? Siempre decía que Gigi y yo 
éramos su familia. Pero al fin y al cabo, siempre consideraba a 
todos como su familia, incluso cuando le decepcionaban o le 
juzgaban mal o le traicionaban. Era duro, pero nunca quiso que 
murieran. Killian lo traicionó. Dijo que le diera una paliza; si 
hubiera sido otro, habría sido la muerte. Helen, Wyatt, todos 
ellos... incluso cuando a veces quería matarlos, no se atrevía a 
hacerlo. 
¿Era ésta la razón? 
No lo entendía, y ya no me importaba hacerlo. Me equivoqué con 
ellos. Y esperaba equivocarme con Luca, que no fuera el mejor. 
Que de alguna manera, esta familia fuera más inteligente... más 
fuerte. 
Incluso a mí se me permitía tener esperanza, ¿no? 
 
 
 
DIECINUEVE 
“...las puertas de la oscura Muerte se abren 
ampliamente...” 
~ Virgil ~ 
 
ETHAN 
 
Me sujeté la cintura, tratando de retener la sangre, pero seguía 
manando de todos modos. Qué clase de mala suerte o buena 
puntería permitió que me diera justo debajo de mi maldito 
chaleco. 
—¡Ethan! —Mi padre se levantó del suelo. Mi madre lo inmovilizó 
mientras recibíamos los disparos. Ella disparó por encima de la 
loca de la escalera. 
Estábamos demasiado cerca para rendirme ahora. Sentado, inhalé 
por la nariz antes de levantarme de la escalera. 
—¡Ethan, no! ¡Retrocede! —me gritó. 
Pero los ignoré, corriendo hacia un lado. Tuve un buen disparo y 
lo hice, mi bala dio en su garganta, haciéndola rodar por las 
escaleras. 
—¡Jefe! 
—¡Dino, sácalos de aquí! —grité, agarrando la barandilla con una 
mano y el costado con la otra. El monstruo que era Mary, que se 
desangraba al pie de la escalera, se había puesto en plan 
Scarface5 de lleno con nosotros. Habíamos conseguido eliminar a 
 
Luca, el hijo de puta juraba que también tenía alguna sorpresa 
para mí. Pero no importaba. Nada de esto importaba si no llegaba 
a la loca del centro. 
Había memorizado la casa. 
Cada historia de terror que Calli me había contado parecía hacer 
más familiar cada una de las habitaciones. En el exterior vi un 
pozo, y me pregunté, ¿entonces era eso a lo que la arrojaban? El 
sótano era como una cámara de tortura medieval. ¿Le habían 
hecho cosas allí? El invernadero, estaba seguro, era donde ella 
aprendería el oficio del veneno. 
Este lugar la había construido. 
Empujando las puertas del dormitorio con la mejor vista, sentada 
en lo alto de la ventana, había una mujer mayor con cabello largo 
y gris, un rostro redondo y un cuerpo voluminoso. Nada en ella 
decía que fuera peligrosa o maestra. Parecía una abuela, y en su 
mesita estaban colocadas unas galletas italianas y un vaso de 
leche. 
—¿Quién es usted? ¿Cómo has entrado en mi habitación? —Ella 
frunció el ceño, mirando a su alrededor—. ¿Es un enfermero? 
Me reí. 
¿Generaciones de lucha y sangre para esto? ¿Una disputa de 
sangre que terminó en esto? Una anciana que apenas podía 
reconocer el mundo que la rodeaba. Debería haber cortado por lo 
sano. Pero, de nuevo, cuando laspérdidas son niños, no hay otra 
forma de que esto pueda suceder. 
 
 
5 — Scarface. Película estadounidense de 1.983, inspirada en la vida del 
gánster Al Capine. 
 
—No soy un enfermero —respondí, acercándome a ella—. Soy el 
esposo de Calliope. 
—¿El esposo de Calliope? Imposible, Calliope acaba de cumplir 
dieciséis años. No está casada; ¡No lo permitiré! ¿Dónde está ella? 
Tráemela. ¡Ahora mismo! 
—No me grite, señora. Además, ya no puedes localizarla. 
Ella reía, sacudiendo la cabeza. 
—¿Quién eres tú para hablar conmigo? Ve a buscar a Calliope, y 
más vale que tenga una buena excusa para tenerte aquí, o yo... 
—¿Qué harás? —Pregunté, acercando una silla para sentarme 
frente a ella—. ¿O qué? 
Ella sonrió y puso su mano sobre el escritorio, y yo hice lo mismo. 
—Luca, ven a quitarme a este idiota de mi rostro. 
—Está muerto. 
—Mary... 
—Acabo de matarla también. 
—Calliope... 
—No está muerta. Pero no de tu lado. 
—Esta es su familia... 
—No, yo soy su familia. Por eso estoy aquí para entregar 
esto —dije, sacando la vasija para que lo viera. 
Ella lo miró fijamente durante mucho tiempo, y luego, como por 
arte de magia, su comportamiento cambió. Miró hacia la puerta. 
—¿Los has matado a todos? 
 
—Sí. 
Sus ojos se desviaron hacia mí. 
—Sin embargo, parecieron dar una buena pelea. 
—No lo suficiente. 
Se rio. 
—Sabía que esa pequeña perra no podría hacerlo. Incluso después 
de todo lo que hice por ella. Pero ese estúpido esposo mío estaba 
tan seguro de que la habíamos quebrado lo suficiente. Un día la 
suerte de su familia se acabará... 
—Muchos de ustedes han dicho eso. Pero ese día todavía no es 
hoy. 
—Podría serlo. 
Le apunté con mi arma. 
—No me gusta charlar. Bebe. 
—Mi hijo no ha terminado con todos ustedes. Luca le hizo una 
sorpresa especial para ti. —Ella bebió de la vasija—. Me pregunto 
si conseguirás salir de aquí para ver lo que queda de tu maldita 
fam...fam...ili... 
Se atragantó con las palabras mientras tosía sangre. Le salía de 
los ojos, de la nariz, de todos los agujeros de su cuerpo. La sangre 
salió, y ella tembló, sacudiéndose, su rostro se volvió púrpura. Me 
levanté mientras ella se caía de la silla. Fue entonces cuando vi 
que el dispositivo sobre el que estaba sentada se disparó. 
—Por supuesto, maldición —me burlé y me levanté de un salto 
mientras sentía que la casa temblaba bajo lo que fuera que 
acababa de explotar. 
 
—¡Mueran... todos... deberían... morir! —Siena jadeó mientras la 
puerta se abría. 
—¡Ethan! —gritó mi padre al entrar en la habitación, viendo cómo 
Siena se convulsionaba en sangre. 
—Todo el lugar está conectado. Tenemos que irnos —dije, 
dirigiéndome ya a la puerta. Me agarró, ayudándome a salir—. 
¿Dónde está mamá? 
—¿Ha terminado esto? —me preguntó en su lugar. 
—No estoy seguro. —Sinceramente, no lo estaba, pero por eso 
había hecho que Calliope se quedara atrás. Incluso cuando 
estábamos separados, ella sabía qué hacer. Cualquier pieza que 
me faltara, ella la conseguiría, y acabaríamos con esto. 
Ningún Orsini podría vivir. 
Ninguno. 
 
HELEN 
 
Me sentía mal. 
Tenía calambres en las manos. 
El sudor rodaba por mi rostro, sólo para ser limpiado por otra 
persona. Pensé que era Sedric, pero no podía apartar la mirada. 
La persona que había creado esta bomba estaba mal de la cabeza. 
Nunca había visto una bomba de tubo tan pequeña y a la vez llena 
de tantos explosivos. Calliope era inteligente. Sabía desde el 
principio que su hermanastro siempre había querido matar a su 
hija. Podía verlo cuando miraba en su interior. No había forma de 
 
que pudiera desactivar la bomba. No había ningún detonador a 
distancia. Era el tiempo o el sensor, eso era todo. Su medio 
hermano quería torturarla mentalmente primero y luego 
emocionalmente por el resto de su vida. 
—Concéntrate —me susurró mi padre al oído. 
Y quise sonreír. 
Estaba aquí, despierto, y me hablaba, vivo. Siempre y cuando no 
la cagara. Miré la hora, quince minutos. ¿Cómo? ¿Adónde se 
había ido el tiempo? No es tiempo suficiente. ¡Carajo! ¿Quién 
diablos pone una bomba en una niña? ¡Maldición! Vamos a morir. 
—Cálmate —me dijo mi padre. 
—No es suficiente tiempo, papá... 
—Es más que suficiente; respira y mantén la calma —dijo, e 
inhalé, inspirando y exhalando antes de volver a mirar hacia 
abajo—. Ahora, ¿ves la placa del interruptor? 
—Sí. 
—¿Wyatt? 
—¿Qué aspecto tiene la placa del interruptor? 
—Como un interruptor de la luz más pequeño —dijo mi padre, 
ligeramente molesto, y yo sonreí... también había echado de 
menos eso. 
—Bien, creo que lo veo. 
—¿Tú crees? 
—Sí, tío, es mi primera bomba de garganta. Por favor, siéntete 
libre de volver a comprobarlo con tus benditos ojos —respondió 
Wyatt con un poco de humor en su voz. 
 
—Recordaré ese tono —respondió. 
—Si vivimos... 
—Lo estamos, los dos pulsen el interruptor cuando cuente hacia 
atrás —dijo, y me mordí el labio, intentando que no me temblaran 
las manos—. Tres... dos... uno. Ahora. 
Oí un clic, pero no se desbloqueó. En cambio, el cronometro 
comenzó a acelerar. 
—¡Joder! 
Miré a mi padre, que todavía tenía los ojos puestos en la bomba. 
—Papá... 
—Se supone que te asusta —dijo, dispuesto a quitarme las pinzas 
de la mano, pero sus manos estaban temblando cuando ella se 
retiró—. Cuando te asustas, te distraes. Te concentras más en el 
tiempo, y entonces quieres rendirte y correr. ¿Por qué hacer eso? 
Porque casi lo tenemos. 
—Casi no es muy reconfortante ahora mismo, tío —le dijo Wyatt—. 
¿Qué vas a hacer? 
—Lo mismo —respondió. 
Lo miré con los ojos muy abiertos. Ya nos quedan diez minutos. 
—Papá... 
—Teníamos razón la primera vez. Es el sensor de presión que 
tenemos que pulsar al darle al interruptor —dijo, esta vez 
intentando sostener toda la bomba, pero de nuevo, no estaba lo 
suficientemente bien. Por encima de mi cabeza, otro par de brazos 
se acercaron y sujetaron la bomba. Cuando levanté la vista, era el 
tío Neal, que me sonreía. 
—¿Esta presión es suficientemente buena? 
 
Mi padre lo miró fijamente. 
—¿Papá? —Dije cuando no hablaba, y se quedaron mirando el 
uno al otro. 
—Haz lo mismo. Que alguien agarre a Giovanna 
rápidamente —dijo concentrándose de nuevo—. Tres... dos... uno. 
Pulsamos, la bomba se desbloqueó y Calliope agarró a Gigi en 
brazos. Sin embargo, la bomba volvió a encajar en su sitio, 
envolviendo las manos del tío Neal, y el tiempo volvió a acelerarse. 
Me quedé mirando con asombro sus manos y luego la cara del tío 
Neal. Sin embargo, él estaba sonriendo. 
¡No! 
 
DECLAN 
 
Me miró directamente. 
—Sabías que esto podía pasar, ¿no? —dijo con esa estúpida 
sonrisa en el rostro—. Por eso intentabas tomarlo. Lo siento, 
hombre, parece que me toca ser el héroe por una vez. 
¡Aquí no había héroes! 
¿Qué demonios le pasaba? 
—¿Papá? —susurró Sedric, acercándose a él. 
—Sedric, hijo mío, saca a todas las mujeres de aquí. —El tío Neal 
le dijo seriamente, y luego nos miró a todos—. Salgan todos de 
aquí. 
—¡Papá, no! —gritó Nari, corriendo hacia la cama—. ¡Helen, 
desbloquea otra vez! ¡Desbloquealo! 
 
—¡Nari! —le gritó—. Esta cosa es un hijo de puta; se va con 
alguien. Eso es lo que estaban tratando de decir. No podemos 
dejar que el más joven se vaya, ¿verdad? 
—Papá, yo... 
—Cariño, soy la mayor —dijo Evelyn, con los ojos muy abiertos—. 
Yo... 
—Tampoco puedo dejar que mamá me eclipse. —Se rio entre 
dientes. 
—¡Neal! 
—Mamá, está bien. Sobrevivir es lo tuyo —dijo él, levantándose de 
la cama—. Sedric, hijo, no me defraudes. Da un paso adelante y 
sé el hombre que sé que eres. 
—¡Neal! No, por favor, ¡no! —Evelyn gritó, pero Wyatt la sostenía 
por la espalda. 
Sedric se apresuró a agarrar a su madre. 
Mi hijo se precipitó hacia Nari mientras todos intentaban 
precipitarse hacia él, mientras yo era totalmente inútil, 
observando como si el tiempo se hubiera ralentizado.