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La Evolución De Los Seres Vivos El planeta alberga unos diez millones de especies, la mayoría desconocidas. Ante esta asombrosa diversidad, los naturalistas de todas las épocas han querido saber cómo se han originado las especies en la naturaleza. Hay unos diez millones de especies en el planeta, la mayor parte sin descubrir. Ante esta impresionante diversidad, los naturalistas de todas las épocas han querido saber cómo se han formado las especies en la naturaleza. Los seres vivos se multiplican y originan otros seres vivos de su misma especie, nunca de una especie distinta. Las observaciones habituales muestran que tampoco la transformación de una raza en otra produce una especie nueva; todas las razas de perros son de la misma especie. No es sorprendente que la idea de que las especies se han conservado tal y como las conocemos ahora dominara entre los naturalistas del siglo XIX. Esta forma de pensar se llama fijismo. A principios del siglo XIX, la mayoría de los naturalistas usaban los relatos bíblicos como fuente de datos: Antes, muchos creían que la Tierra tenía 6.000 años y que las especies eran creaciones divinas e invariables, según la Biblia. Pero, a mediados del siglo XIX, algunos naturalistas vieron que el planeta era más viejo y que las formas de vida actuales podían venir de otras anteriores por transformación. Especie. Este concepto ha variado mucho en la historia. Linneo clasificó a los seres vivos según su aspecto. Hoy, una especie biológica es un conjunto de individuos que se reproducen entre sí, y no con los de otras especies. LOS PRINCIPALES DEFENSORES DEL FIJISMO El botánico sueco Carl von Linneo (1707-1778) basó su sistema de clasificación de animales y plantas, que aún se usa hoy con algunos cambios, en la idea de que las especies no cambian. Aunque era un fiel creyente del fijismo, la organización jerárquica que ideó Linneo ayudó, un siglo después, a que se aceptara el concepto de ancestro común planteado por los evolucionistas. El naturalista Georges Cuvier es, junto con Linneo, el más famoso representante del fijismo. Como paleontólogo, identificaba los fósiles como restos de seres vivos, distintos de los actuales, que habitaron nuestro planeta en otras épocas. En esa época, muchos naturalistas creían que los fósiles eran rocas de origen inorgánico, que solo se parecían a las estructuras de ciertos organismos, pero que no tenían nada que ver con ellos. Para explicar desde sus ideas fijistas la existencia de especies desaparecidas, propuso que, a lo largo de la historia de la Tierra, se habían producido grandes cataclismos seguidos por creaciones divinas de nuevas especies. Esta línea de pensamiento, que se llamó catastrofismo, afirmaba que los fósiles eran restos de especies extinguidas a causa de las catástrofes planetarias, que luego habían sido sustituidas. El catastrofismo cuestionó la concepción de que la Tierra solo tenía unos miles de años, ya que la sucesión de creaciones y extinciones tenía que haber ocurrido en un periodo de tiempo mucho más largo. Algunos naturalistas, como el francés Georges Leclerc, conde de Buffon, empezaron a cuestionar la existencia de las especies como unidades fijas e inalterables. Buffon tenía una posición ambigua, al negar que las diversas especies pudieran derivar de un antepasado común, pero a veces sugería la idea del cambio. En sus obras habla de la posibilidad de que unos seres vivos originen a otros por "degeneración", como resultado de la acción de factores ambientales como el clima o la alimentación. Aunque no se puede decir que las ideas de Buffon respaldaran una teoría de evolución de las especies, señaló algunos aspectos característicos que fueron incorporados en las nuevas teorías. Por ejemplo, la posibilidad de transformación de las especies o la influencia del medio natural. Entre sus contribuciones se destaca su intento por probar una antigüedad para la Tierra mucho mayor que la que se estimaba en la época; esta idea fue fundamental para el desarrollo de la teoría evolucionista. Desde la Antigüedad, algunos filósofos y naturalistas pensaban que las especies podían evolucionar. Pero hasta el siglo XIX, la mayoría creía que las especies no cambiaban. Entonces, Jean-Baptiste Monet, caballero de Lamarck, fue el primer científico que explicó cómo evolucionaban las especies. En 1809, publicó su libro Filosofia zoológica, donde presentó su teoría evolucionista llamada transformismo o lamarckismo. El pensamiento de Lamarck partía de la base de que los seres vivos tenían una tendencia natural, según él, una "tendencia inherente hacia la complejidad", que los llevaba a perfeccionarse. Esta tendencia implicaría la transformación de las especies. El mecanismo que propuso para explicar cómo se produce esa transformación se basa en las siguientes afirmaciones: -El medio ambiente en el que vive un ser vivo cambia a lo largo del tiempo. -Los cambios ambientales generan nuevas necesidades que obligarían a los individuos a modificar sus hábitos o comportamientos. -Aparecen nuevos hábitos que suponen el mayor o menor uso de ciertos órganos, lo que causaría su desarrollo o su atrofia. Así los individuos se alterarían. -Estas alteraciones inducidas por el ambiente, se heredarían por la descendencia. Con el tiempo, todos los individuos habrían cambiado; la especie se habría transformado. Este último punto, clave en la teoría transformista, indica que los cambios obtenidos a lo largo de la vida de un organismo se transmiten a sus descendientes. Por esta razón, el lamarckismo se conoce también como teoría de los caracteres adquiridos. Las propuestas de Lamarck sobre la evolución de las especies mediante una "tendencia hacia la complejidad" y la "herencia de caracteres adquiridos" fueron muy cuestionadas en su tiempo. No hay evidencia de que los organismos tengan un impulso hacia la transformación, ni de que los cambios sean siempre hacia la complejidad. Además, la ciencia de su época rechazaba la idea de que los cambios corporales de un individuo se pasaran a sus hijos. La ciencia actual confirma este rechazo. Sin embargo, Lamarck fue muy importante para el avance de las ideas evolucionistas. Fue el primero en sugerir una teoría científica que explicaba (de forma equivocada, según los conocimientos posteriores) un mecanismo de cambio. También, sus teorías provocaron debates entre los científicos de la época que ayudaron a aceptar la idea de evolución de las especies. La otra gran teoría evolucionista del siglo XIX fue la de Charles Darwin (1809-1882). Proveniente de una familia de médicos, Darwin inició estudios de medicina que abandonó pronto. A los 22 años, estaba indeciso sobre su carrera y pensaba en ser clérigo anglicano. Su pasión por la naturaleza lo llevó a aceptar una oferta para embarcarse como naturalista en el Beagle, un barco de la marina británica que iba a realizar una expedición alrededor del mundo de cinco años de duración. A BORDO DEL BEAGLE CON DARWIN El Beagle emprendió su viaje hacia Sudamérica en 1831 con el capitán Robert Fitz Roy al mando. Después de pasar por Brasil y Uruguay, el barco llegó a las costas argentinas en 1832. Darwin exploró la provincia de Buenos Aires, navegó por el río Luján, se reunió con el brigadier Juan Manuel de Rosas y escribió sobre las costumbres de los gauchos. Durante esta parte de la expedición, describió muchas especies de la fauna local. El registro de los fósiles que encontraba a su paso, como los del gliptodonte y el megaterio-mamíferos herbívoros de la era Cenozoica-le aportó datos esenciales para el desarrollo de su futura teoría. El Beagle siguió su rumbo hacia la Patagonia en 1833. Durante su recorrido, Darwin observó y describió varios animales patagónicos, entre ellos el guanaco y la liebre patagónica. Entre los principales descubrimientos de este viaje, se destaca el de la Macrauchenia, mamífero fósil pariente del guanaco y la llama, descrito por primera vez por Darwin cerca del puerto San Julián. En su travesía por Sudamérica, Darwin habría contraído el malde Chagas, enfermedad que afectaría su salud durante el resto de su vida. Los datos recolectados a lo largo de su viaje, junto con la lectura de los trabajos publicados por otros naturalistas, geólogos e inclusive economistas, fueron fundamentales para la posterior formulación de su teoría. LAS INFLUENCIAS DE DARWIN Tiempo después de su regreso a Inglaterra, Darwin elaboró su teoría evolutiva basándose en los datos recolectados en su viaje y bajo la influencia del pensamiento de otros científicos. Uno de sus colegas más respetados fue el geólogo Charles Lyell (1797- 1875), cuyo libro Principios de geología fue una de las principales fuentes de consulta durante el viaje en el Beagle. Lyell rechazaba en su obra que las catástrofes hubieran sido la causa de los grandes cambios ocurridos en el pasado de la Tierra. Consideraba que se debían a las mismas causas que actúan en el presente y funcionando al mismo ritmo, pero durante largos periodos de tiempo. Darwin adoptó de Lyell la idea de sucesión y cambio gradual que aplicó a los seres vivos. Darwin había tomado contacto con la obra de un reconocido economista de la época llamado Thomas Robert Malthus (1776-1834). En su obra Primer ensayo sobre la población, Malthus sostenía que la desproporción entre el aumento de la población humana y de los alimentos conduciría, necesariamente, a una lucha por los recursos escasos. Malthus proponía que el Estado debía evitar este fenómeno suprimiendo las políticas de ayuda a los sectores más pobres de la población, lo cual conduciría a la lucha por la supervivencia. Darwin estuvo en desacuerdo con la teoría social de Malthus, pero la consideró válida para explicar la competencia de los seres vivos por los recursos limitados en la naturaleza Darwin llevó a cabo su teoría basándose en las ideas de Malthus y Lyell, sus observaciones como naturalista antes y después de su viaje. Algunas de esas observaciones son La semejanza entre los fósiles de algunos armadillos extintos encontrados en Sudamérica y los esqueletos de ciertas especies vivas. Estas similitudes sugerían a Darwin que las últimas habrían evolucionado a partir de las primeras. Al recorrer las pampas sudamericanas, Darwin observó que ciertas variedades de avestruz (ñandúes) eran sustituidas gradualmente por otras diferentes, pero parecidas. Cada zona estaba habitada por una forma representativa distinta. El científico pensó que esto no podía deberse al resultado de creaciones separadas, sino como consecuencia del aislamiento geográfico. Estas variedades afines formaban lo que Darwin llamó una comunidad de descendencia, es decir, que podrían estar emparentadas y provenir de un mismo antepasado común. Darwin analizó los mecanismos mediante los cuales los criadores obtenían animales y plantas con características determinadas y los tuvo en cuenta para la elaboración de su teoría. El criador trabaja con las variaciones naturales de los ejemplares que cría, identificando rasgos favorables y cruzando a dichos ejemplares con otros de la misma clase. Como resultado final de este proceso, llamado selección artificial, los criadores estimulan el desarrollo de razas nuevas según su interés. LA SELECCIÓN NATURAL Y EL TRANSFORMISMO Darwin empleó la expresión "selección natural" para destacar las analogías y diferencias entre este proceso y la selección artificial realizada por los criadores dedicados a la mejora de animales domésticos. Para Darwin y Wallace, en la naturaleza hay una selección permanente, pero quien la realiza es la propia naturaleza. Como Lamarck, Darwin había constatado que muchos organismos se encuentran maravillosamente adaptados a su medio (si no lo estuvieran no podrían sobrevivir) pero el procedimiento de adaptación que proponía era diferente. Para Lamarck, el medio inducía en los organismos el tipo de cambio más adecuado. La evolución sería finalista, es decir, tendría un determinado objetivo, y una vez iniciada podría determinarse el final, Por ejemplo, la adaptación al agua de un mamífero como un antepasado del delfín conduciría necesariamente a la transformación de sus extremidades en aletas similares a las de los peces, Para Darwin y Wallace, sin embargo, el medio solo puede "elegir" las opciones más ventajosas entre aquellas que la variabilidad de los individuos le proporciona. La adaptación, por lo tanto, no sería un acto voluntario del organismo, ni algo inducido por el medio sino seleccionado por el medio. Así, la transformación de las extremidades de los antepasados del delfín en aletas sería el resultado de seleccionar aquellos cambios que proporcionaban a sus portadores ventajas natatorias, pero el final nunca está decidido previamente. Por eso las extremidades de otros mamíferos marinos, como las focas, han seguido un proceso diferente al del delfín LAS CRÍTICAS A LA SELECCIÓN NATURAL Según Darwin, las diferencias hereditarias entre los individuos de una especie constituyen la materia prima sobre la que actuaba la selección natural, sin esas variaciones hereditarias no puede haber evolución. Sin embargo, él no pudo explicar cómo se originaba la variación ni tampoco cómo se transmitía de generación en generación. Este punto fue uno de los principales argumentos en contra de la teoría de la selección natural. Si los caracteres hereditarios se transmitían como partículas contenidas en líquidos mezclables, como creían Lamarck y el propio Darwin, los efectos iniciales de la selección natural se diluirían al cruzarse los individuos seleccionados con el resto de la población. El modelo evolutivo de Darwin sostenía que las especies actuales eran producto de modificaciones graduales en especies ancestrales. Otra de las objeciones que encontró la teoría se basó en la ausencia de estas formas intermedias entre algunas especies actuales y sus ancestros fósiles. Los partidarios de la selección natural argumentaron que, conforme se hallaran nuevos fósiles y se completara el registro fósil, se encontrarían estos "eslabones perdidos". Durante los cinco años después de su viaje por el mundo, Darwin ideó su teoría sobre la evolución de las especies. Pero como temía que su teoría revolucionaria causara polémica, demoró su publicación por veinte años. En 1858, un joven naturalista llamado Alfred Wallace le pidió su opinión sobre un manuscrito que quería publicar. Para sorpresa de Darwin, Wallace proponía un mecanismo evolutivo igual al que él tenía en secreto. Los cientificos acordaron publicar la teoria juntos. Un año después, en 1859, Darwin publicó una versión más amplia de la misma en el libro El origen de las especies. El mecanismo de la evolución de las especies es la selección natural. Se puede resumir así: Hay diferencias o variaciones heredables entre los individuos de una población. Estas pueden afectar, por ejemplo, al tamaño, la coloración o la habilidad para obtener alimento. Nacen más seres vivos de los que pueden sobrevivir. Por eso, hay una lucha por la supervivencia ante los recursos limitados del medio. Algunas variaciones hereditarias dan ventajas a los individuos para sobrevivir y tener descendientes. Entonces, con el paso de las generaciones, aumentan las variantes hereditarias ventajosas y se eliminan las perjudiciales: así, la población cambia de forma continua y gradual.