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KEITH L. MOORE
El Dr. Moore ha obtenido numerosos premios y reconocimientos de prestigio. Ha recibido las máximas
condecoraciones por su destacado historial de publicaciones de libros de anatomía y embriología con
orientación clínica. Fue galardonado con el primer Henry Gray/Elsevier Distinguished Educator Award en
2007, la máxima condecoración otorgada por la American Association of Anatomists en reconocimiento a la
excelencia en la enseñanza de la anatomía humana en estudios de grado y doctorado de ciencias médicas y
odontológicas; galardonado también con el Honored Member Award de la American Association of Clinical
Anatomists (1994) por sus notables contribuciones en el campo de la anatomía clínica; y con el J.C.B. Grant
Award de la Canadian Association of Anatomists (1984) «en reconocimiento a su meritorio servicio y a su
extraordinaria erudición en el campo de las ciencias anatómicas». En 2008, el profesor Moore pasó a ser
Fellow de la American Association of Anatomists (AAA). El rango de Fellow honra a los miembros
distinguidos de la AAA que han alcanzado cotas de excelencia en su desarrollo científico y en sus
contribuciones a las ciencias médicas. En 2012, el Dr. Moore recibió el grado de Honorary Doctor of Science
por la Ohio State University y por la University of Western Ontario en 2015, la Queen Elizabeth II Diamond
Jubilee Medal canadiense en honor de sus notables contribuciones y logros, y el Benton Adkins Jr.
Distinguished Service Award por su extraordinaria hoja de servicios a la American Association of Clinical
Anatomists.
T.V.N. (VID) PERSAUD
El Dr. Persaud fue galardonado con el Henry Gray/Elsevier Distinguished Educator Award en 2010, «la
máxima distinción de la American Association of Anatomists en reconocimiento a la excelencia continuada y
el liderazgo en la enseñanza de la anatomía humana»; con el Honored Member Award de la American
Association of Clinical Anatomists (2008) por «su distinguida carrera y sus notables contribuciones en el
campo de la anatomía clínica, la embriología y la historia de la anatomía; y con el J.C.B. Grant Award de la
Canadian Association of Anatomists (1991) «en reconocimiento a su meritorio servicio y a su extraordinaria
erudición en el campo de las ciencias anatómicas». En 2010, el profesor Persaud pasó a ser Fellow de la
American Association of Anatomists. El rango de Fellow honra a los miembros distinguidos de la AAA que
han alcanzado cotas de excelencia en su desarrollo científico y en sus contribuciones a las ciencias médicas. En
2003, el Dr. Persaud fue galardonado con la Queen Elizabeth II Golden Jubilee Medal, nominado por el
Gobierno de Canadá, por «su notable contribución a la nación, a la comunidad y a sus compatriotas
canadienses».
MARK G. TORCHIA
El Dr. Mark G. Torchia ha recibido el primer Governor General Award for Innovation, que «reconoce y
celebra a las personas, equipos y organizaciones canadienses destacados, pioneros y creadores que
contribuyen al éxito de nuestro país, que ayudan a configurar nuestro futuro y que inspiran a la siguiente
generación». El Dr. Torchia también ha recibido el Manning Principle Prize (2015), que reconoce a los
«líderes y visionarios que tienen un impacto positivo en la economía canadiense a la vez que mejoran la
experiencia humana en sus diversas dimensiones alrededor del mundo». Asimismo, ha recibido el Norman
and Marion Bright Memorial Medal and Award en reconocimiento a «los individuos que han realizado una
contribución destacada a la tecnología química» y el TIMEC Medical Device Champion Award. El Dr.
Torchia sigue implicado con estudiantes de todos los niveles mediante actividades de divulgación e
impartición de cursos. Ha sido nominado para los premios a la docencia de la Manitoba Medical Students’
Association (MMSA) desde su inicio, y ha sido galardonado con el Award for Teaching Excellence (2016) de
la Rady Faculty of Health Sciences, University of Manitoba.
Embriología clínica
11.ª EDICIÓN
Keith L. Moore, BA, MSc, PhD, DSc (OSU), DSc (WU),
FIAC, FRSM, FAAA
Professor Emeritus, Division of Anatomy, Department of Surgery
Former Professor and Chair, Department of Anatomy, and Associate Dean for Basic Medical Sciences
Faculty of Medicine, University of Toronto, Toronto, Ontario, Canada
Former Professor and Head of Anatomy, Faculty of Medicine, University of Manitoba, Winnipeg, Manitoba, Canada
T.V.N. (Vid) Persaud, MD, PhD, DSc, FRCPath (Lond.),
FAAA
Professor Emeritus and Former Head, Department of Human
Anatomy and Cell Science
Professor of Pediatrics and Child Health
Associate Professor of Obstetrics, Gynecology, and Reproductive Sciences, Max Rady College of Medicine, Faculty of
Health Sciences, Faculty of Medicine, University of Manitoba, Winnipeg, Manitoba, Canada
Part-Time Professor of Anatomy, St. George’s University, Grenada, West Indies
Mark G. Torchia, MSc, PhD
Associate Professor, Department of Surgery
Associate Professor, Department of Human Anatomy and Cell Sciences, Max Rady College of Medicine, Rady Faculty of
Health Sciences
Executive Director, Centre for the Advancement of Teaching and Learning, Vice-Provost (Teaching and Learning)
University of Manitoba, Winnipeg, Manitoba, Canada
Índice de capítulos
Instrucciones para el acceso en línea
Cubierta
Portada
Página de créditos
Dedicatoria
Colaboradores
Prefacio
Agradecimientos
1: Introducción al desarrollo humano
Períodos del desarrollo
Importancia de la embriología
Aspectos históricos
Genética y desarrollo humano
Biología molecular del desarrollo humano
Términos descriptivos en embriología
Problemas con orientación clínica
2: Primera semana del desarrollo humano
Gametogénesis
Meiosis
Espermatogénesis
Ovogénesis
Comparación de los gametos
Útero, trompas uterinas y ovarios
Ciclos reproductivos femeninos
Ciclo ovárico
Ciclo menstrual
Transporte de los gametos
Maduración de los espermatozoides
Viabilidad de los gametos
Secuencia de la fecundación
Segmentación del cigoto
Formación del blastocisto
Resumen de la primera semana
Problemas con orientación clínica
3: Segunda semana del desarrollo humano
Finalización de la implantación del blastocisto
Formación de la cavidad amniótica, el disco embrionario y la vesícula umbilical
Desarrollo del saco coriónico
Sitios de implantación de los blastocistos
Resumen de la implantación
Resumen de la segunda semana
Problemas con orientación clínica
4: Tercera semana del desarrollo humano
Gastrulación: formación de las capas germinativas
Línea primitiva
Proceso notocordal y notocorda
Alantoides
Neurulación: formación del tubo neural
Desarrollo de los somitas
Desarrollo del celoma intraembrionario
Desarrollo inicial del sistema cardiovascular
Desarrollo de las vellosidades coriónicas
Resumen de la tercera semana
Problemas con orientación clínica
5: De la cuarta a la octava semana del desarrollo humano
Fases del desarrollo embrionario
Plegamiento del embrión
Derivados de las capas germinativas
Control del desarrollo embrionario
Aspectos destacados de la cuarta a la octava semana
Estimación de la edad embrionaria
Resumen de la cuarta a la octava semana
Problemas con orientación clínica
6: Período fetal: desde la novena semana hasta el nacimiento
Estimación de la edad fetal
Aspectos destacados del período fetal
Fecha probable del parto
Factores que influyen en el crecimiento fetal
Procedimientos para evaluar el estado fetal
Resumen del período fetal
Problemas con orientación clínica
7: Placenta y membranas fetales
Placenta
Parto
Vesícula umbilical
Alantoides
Embarazos múltiples
Resumen de la placenta y las membranas fetales
Período neonatal
Problemas con orientación clínica
8: Cavidades corporales, mesenterios y diafragma
Cavidad corporal embrionaria
Desarrollo del diafragma
Resumen del desarrollo de las cavidades corporales, mesenterios y diafragma
Problemas con orientación clínica
9: Aparato faríngeo, cara y cuello
Arcos faríngeos
Bolsas faríngeas
Hendiduras faríngeas
Membranas faríngeasDesarrollo de la glándula tiroides
Desarrollo de la lengua
Desarrollo de las glándulas salivales
Desarrollo de la cara
Desarrollo de las cavidades nasales
Desarrollo del paladar
Resumen del aparato faríngeo, la cara y el cuello
Problemas con orientación clínica
10: Sistema respiratorio
Primordio respiratorio
Desarrollo de la laringe
Desarrollo de la tráquea
Desarrollo de los bronquios y los pulmones
Resumen del sistema respiratorio
Problemas con orientación clínica
11: Sistema alimentario
Intestino primitivo anterior
Intestino primitivo medio
Intestino primitivo posterior
Sistema nervioso entérico
Resumen del sistema digestivo
Problemas con orientación clínica
12: Sistema urogenital
Desarrollo del sistema urinario
Desarrollo de las glándulas suprarrenales
Desarrollo del sistema genital
Desarrollo de los genitales externos
Desarrollo de los conductos inguinales
Reubicación de los testículos y los ovarios
Resumen del sistema urogenital
Problemas con orientación clínica
13: Sistema cardiovascular
Desarrollo inicial del corazón y los vasos sanguíneos
Desarrollo tardío del corazón
Malformaciones congénitas del corazón y los grandes vasos
Derivados de las arterias de los arcos faríngeos
Circulación fetal y neonatal
Desarrollo del sistema linfático
Resumen del sistema cardiovascular
Problemas con orientación clínica
14: Sistema esquelético
Desarrollo del hueso y el cartílago
Desarrollo de las articulaciones
Desarrollo del esqueleto axial
Desarrollo del esqueleto apendicular
Resumen del sistema esquelético
Problemas con orientación clínica
15: Sistema muscular
Desarrollo del músculo esquelético
Desarrollo del músculo liso
Desarrollo del músculo cardíaco
Resumen del sistema muscular
Problemas con orientación clínica
16: Desarrollo de los miembros
Fases iniciales del desarrollo de los miembros
Fases finales del desarrollo de los miembros
Malformaciones congénitas de los miembros
Resumen del desarrollo de los miembros
Problemas con orientación clínica
17: Sistema nervioso
Desarrollo del sistema nervioso
Desarrollo de la médula espinal
Desarrollo del encéfalo
Malformaciones congénitas del encéfalo
Desarrollo del sistema nervioso periférico
Desarrollo del sistema nervioso autónomo
Resumen del sistema nervioso
Problemas con orientación clínica
18: Desarrollo de los ojos y los oídos
Desarrollo de los ojos y de las estructuras relacionadas
Desarrollo de los oídos
Resumen del desarrollo de los ojos
Resumen del desarrollo de los oídos
Problemas con orientación clínica
19: Sistema tegumentario
Desarrollo de la piel y sus apéndices
Resumen del sistema tegumentario
Problemas con orientación clínica
20: Malformaciones congénitas humanas
Clasificación de las malformaciones congénitas
Teratología: estudio de las alteraciones del desarrollo
Defectos congénitos causados por factores genéticos
Malformaciones congénitas causadas por factores ambientales
Malformaciones congénitas causadas por herencia multifactorial
Resumen de las malformaciones congénitas
Problemas con orientación clínica
21: Vías habituales de señalización que participan en el desarrollo
Comunicación intercelular
Morfógenos
Proteína cinasas
Vía NOTCH-DELTA
Factores de transcripción
Epigenética
Células madre: diferenciación frente a pluripotencialidad
Resumen de las vías habituales de señalización que participan durante el desarrollo
Apéndice Respuestas a los problemas con orientación clínica
Índice alfabético
Página de créditos
Avda. Josep Tarradellas, 20-30, 1.°, 08029, Barcelona, España
The Developing Human: Clinically Oriented Embryology
Copyright © 2020 by Elsevier Inc. All rights reserved.
Previous editions copyrighted 2016, 2013, 2008, 2003, 1998, 1993, 1988, 1982, 1977 and 1973 by Elsevier Inc.
ISBN: 978-0-323-61154-1
This translation of The Developing Human: Clinically Oriented Embryology, 11th ed, by Keith L. Moore, T.V.N.
(Vid) Persaud and Mark G. Torchia was undertaken by Elsevier España, S.L.U. and is published by
arrangement with Elsevier, Inc.
Esta traducción de The Developing Human: Clinically Oriented Embryology, 11.ª ed., de Keith L. Moore, T.V.N.
(Vid) Persaud y Mark G. Torchia, ha sido llevada a cabo por Elsevier España, S.L.U. y se publica con el
permiso de Elsevier, Inc.
Embriología clínica, 11.ª ed., de Keith L. Moore, T.V.N. (Vid) Persaud y Mark G. Torchia.
© 2020 Elsevier España, S.L.U., 2008, 2013, 2016
ISBN: 978-84-9113-590-6
eISBN: 978-84-9113-784-9
Todos los derechos reservados.
Reserva de derechos de libros
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo
puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO
(Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra
(www.conlicencia.com; 91 702 19 70/93 272 04 45).
Advertencia
Esta traducción ha sido llevada a cabo por Elsevier España, S.L.U. bajo su única responsabilidad. Facultativos
e investigadores deben siempre contrastar con su propia experiencia y conocimientos el uso de cualquier
información, método, compuesto o experimento descrito aquí. Los rápidos avances en medicina requieren que
los diagnósticos y las dosis de fármacos recomendadas sean siempre verificados personalmente por el
facultativo. Con todo el alcance de la ley, ni Elsevier, ni los autores, los editores o los colaboradores asumen
responsabilidad alguna por la traducción ni por los daños que pudieran ocasionarse a personas o propiedades
por el uso de productos defectuosos o negligencia, o como consecuencia de la aplicación de métodos,
productos, instrucciones o ideas contenidos en esta obra.
Revisión científica:
Concepción Martínez Álvarez
Catedrática de Universidad
Departamento de Anatomía y Embriología
Facultad de Medicina
Universidad Complutense de Madrid
http://www.conlicencia.com/
Servicios editoriales: DRK Edición
Depósito legal: B. 25.792 - 2019
Impreso en España
Dedicatoria
En memoria de Marion
Mi amada esposa y mi mejor amiga, por su apoyo, aliento y paciencia infinitos durante las
incontables horas dedicadas a escribir las primeras cuatro ediciones de Embriología clínica. Mis
maravillosos recuerdos la mantienen viva en mi corazón y mi mente. Agradezco el continuo
apoyo que he recibido de mis hijas Pam y Kate y quiero expresar mi gratitud a mi yerno, Ron
Crowe, por su capacidad técnica. Estoy muy orgulloso de mis cinco hijos, Warren, Pam, Karen,
Laurel y Kate, de nuestros nueve nietos, Kristin, Lauren, Caitlin, Mitchel, Jayme, Courtney,
Brooke, Melissa y Alicia, así como de nuestro primer biznieto, James.
KLM
Para Gisela
Mi amada esposa y mi mejor amiga, por su apoyo y paciencia infinitos; a nuestros tres hijos,
Indrani, Sunita y Rainer (Ren), y nuestros nietos (Brian, Amy y Lucas).
TVNP
Para Barbara, Erik y Muriel
Gracias por vuestro apoyo, aliento, risas y amor. Vuestros propios logros personales siguen
asombrándome. Este libro está dedicado a vosotros.
MGT
Para nuestros estudiantes y sus profesores
A nuestros estudiantes: esperamos que disfrutéis con la lectura de este libro, que amplíe
vuestros conocimientos sobre embriología humana, que aprobéis todos vuestros exámenes y
que os sintáis emocionados y bien preparados cuando tengáis que atender a vuestros pacientes,
así como cuando os apliquéis en tareas de investigación y de docencia. Os quedaréis con algo
de lo que escuchéis, gran parte de lo que leáis, una parte aún mayor de lo que veáis y con casi
todo lo que experimentéis.
A sus profesores: deseamos que este libro constituya un recurso útil para vosotros y para
vuestros estudiantes.
Apreciamos los numerosos y constructivos comentarios que hemos recibido a lo largo de los
años, tanto de los estudiantes como de los profesores. Vuestras observaciones han sido
inestimables para que hayamos sido capaces de mejorar esta obra.
Colaboradores
COLABORADORES
David D. Eisenstat, MD, MA, FRCPC, Professorand Chair, Department of Oncology, University of
Alberta, Muriel & Ada Hole Kids with Cancer Society Chair in Pediatric Oncology, Professor, Departments of
Medical Genetics and Pediatrics, Faculty of Medicine, University of Alberta, Edmonton, Canada
Jeffrey T. Wigle, PhD, Principal Investigator, Institute of Cardiovascular Sciences, St. Boniface Hospital
Research Centre; Associate Professor, Department of Biochemistry and Medical Genetics, Max Rady College
of Medicine, Faculty of Health Sciences, University of Manitoba, Winnipeg, Manitoba, Canada
 
REVISORES CLÍNICOS
Albert E. Chudley, MD, FRCPC, FCCMG, Professor Emeritus, Department of Pediatrics and Child Health
and Department of Biochemistry and Medical Genetics, Max Rady College of Medicine, Faculty of Health
Sciences, University of Manitoba, Winnipeg, Manitoba, Canada
Michael Narvey, MD, FRCPC, FAAP, Section Head, Neonatal Medicine, Health Sciences Centre and St.
Boniface Hospital; Assistant Professor of Pediatrics and Child Health, Max Rady College of Medicine, Faculty
of Health Sciences, University of Manitoba, Winnipeg, Manitoba, Canada
 
FIGURAS E IMÁGENES (FUENTES)
Agradecemos a los colegas que enumeramos a continuación las imágenes clínicas que nos han prestado para
este libro y su autorización para usar figuras de sus trabajos publicados:
Steve Ahing, DDS, Faculty of Dentistry, University of Manitoba, Winnipeg, Manitoba, Canada
Figura 19.20F
Franco Antoniazzi, MD, Department of Pediatrics, University of Verona, Verona, Italy
Figura 20.4
Edward Araujo, Jr., MD, Department of Obstetrics, Paulista School of Medicine, Federal University of Sāo
Paulo, Sāo Paulo, Brazil
Figuras 6.3, 6.2B, 7.20
Dean Barringer y Marnie Danzinger
Figura 6.7
Volker Becker, MD †, Pathologisches Institut der Universität, Erlangen, Germany
Figuras 7.18 y 7.21
J.V. Been, MD, Department of Pediatrics, Maastricht University Medical Centre, Maastricht, The
Netherlands
Figura 10.7C
Beryl Benacerraf, MD, Diagnostic Ultrasound Associates, P.C., Boston, Massachusetts, USA
Figuras 13.29A, 13.35A y 13.37A
Kunwar Bhatnagar, MD, Department of Anatomical Sciences and Neurobiology, School of Medicine
University of Louisville, Louisville, Kentucky, USA
Figuras 9.34 y 19.10
David Bolender, MD, Department of Cell Biology, Neurobiology, and Anatomy, Medical College of
Wisconsin, Milwaukee, Wisconsin, USA
Figura 14.14B y C
Dr. Alberto Borges Peixoto, Mario Palmerio Hospital, University of Uberaba, Uberaba, Brazil
Figuras 6.3, 6.2B, 7.20
Dr. Mario João Branco Ferreira, Servico de Dermatologia, Hospital de Desterro, Lisbon, Portugal
Figura 19.5A
Albert E. Chudley, MD, FRCPC, FCCMG, Department of Pediatrics and Child Health, Section of Genetics
and Metabolism, Children’s Hospital, University of Manitoba, Winnipeg, Manitoba, Canada
Figuras 4.6, 9.38, 11.19A y B, 11.28A, 12.24, 12.42, 12.43, 14.11, 15.6, 16.13D y E, 16.14, 16.15, 17.14, 17.33,
17.36, 18.20, 18.21, 18.23, 19.9, 20.3, 20.5, 20.6C y D, 20.7, 20.8, 20.13, 20.14, 20.17 y 20.19A
Blaine M. Cleghorn, DMD, MSc, Faculty of Dentistry, Dalhousie University, Halifax, Nova Scotia, Canada
Figuras 19.19 y 19.20A–E
Dr. M.N. Golarz De Bourne, St. George’s University Medical School, True Blue, Grenada
Figura 11.21
Heather Dean, MD, FRCPC, Department of Pediatrics and Child Health, University of Manitoba,
Winnipeg, Manitoba, Canada
Figuras 12.28 y 20.18
Marc Del Bigio, MD, PhD, FRCPC, Department of Pathology (Neuropathology), University of Manitoba,
Winnipeg, Manitoba, Canada
Figuras 17.13, 17.29 (inset), 17.30B y C, 17.32B, 17.37B, 17.38, 17.40 y 17.42A
David D. Eisenstat, MD, MA, FRCPC, Manitoba Institute of Cell Biology, Department of Human Anatomy
and Cell Science, University of Manitoba, Winnipeg, Manitoba, Canada
Figura 17.2
Vassilios Fanos, MD, Department of Pediatrics, University of Verona, Verona, Italy
Figura 20.4
João Carlos Fernandes Rodrigues, MD, Servico de Dermatologia, Hospital de Desterro, Lisbon, Portugal
Figura 19.5B
Frank Gaillard, MB, BS, MMed, Department of Radiology, Royal Melbourne Hospital, Parkville, Victoria,
Australia
Figuras 4.15 y 9.19B
Gary Geddes, MD, Lake Oswego, Oregon, USA
Figura 14.14A
Barry H. Grayson, MD, y Bruno L. Vendittelli, MD, New York University Medical Center, Institute of
Reconstructive Plastic Surgery, New York, New York, USA
Figura 9.40
Christopher R. Harman, MD, FRCSC, FACOG, Department of Obstetrics, Gynecology, and Reproductive
Sciences, Women’s Hospital and University of Maryland, Baltimore, Maryland, USA
Figuras 7.17 y 12.23
Jean Hay, MSc †, Department of Anatomy, University of Manitoba, Winnipeg, Manitoba, Canada
Figura 17.25
Blair Henderson, MD, Department of Radiology, Health Sciences Centre, University of Manitoba,
Winnipeg, Manitoba, Canada
Figura 13.6
Lyndon M. Hill, MD, Magee-Women’s Hospital, Pittsburgh, Pennsylvania, USA
Figuras 11.7 y 12.14
Klaus V. Hinrichsen, MD †, Medizinische Fakultät, Institut für Anatomie, Ruhr-Universität Bochum,
Bochum, Germany
Figuras 5.12A, 9.2 y 9.26
Dr. Jon Jackson y Mrs. Margaret Jackson
Figura 6.9B
Evelyn Jain, MD, FCFP, Breastfeeding Clinic, Calgary, Alberta, Canada
Figura 9.24
John A. Jane, Sr, MD, David D. Weaver Professor of Neurosurgery, Department of Neurological Surgery,
University of Virginia Health System, Charlottesville, Virginia, USA
Figura 14.12
Robert Jordan, MD, St. George’s University Medical School, True Blue, Grenada
Figuras 6.6B y 7.25
Linda J. Juretschke, MD, Ronald McDonald Children’s Hospital, Loyola University Medical Center,
Maywood, Illinois, USA
Figura 7.31
Dagmar K. Kalousek, MD, Department of Pathology, University of British Columbia, Children’s Hospital,
Vancouver, British Columbia, Canada
Figuras 8.11AB, 11.14A, 12.12C, 12.16 y 20.6A y B
E.C. Klatt, MD, Department of Biomedical Sciences, Mercer University School of Medicine, Savannah,
Georgia, USA
Figura 7.16
Wesley Lee, MD, Division of Fetal Imaging, William Beaumont Hospital, Royal Oak, Michigan, USA
Figuras 13.20 y 13.30A
Deborah Levine, MD, FACR, Departments of Radiology, Obstetric & Gynecologic Ultrasound, Beth Israel
Deaconess Medical Center, Boston, Massachusetts, USA
Figuras 6.8, 6.15, 8.10, 9.43C y D, 17.35B e imagen de cubierta (imagen de resonancia magnética de un feto de 27
semanas)
E.A. (Ted) Lyons, OC, MD, FRCPC, FACR, Departments of Radiology, Obstetrics & Gynecology, and
Human Anatomy & Cell Science, Division of Ultrasound, Health Sciences Centre, University of Manitoba,
Winnipeg, Manitoba, Canada
Figuras 3.7, 3.9, 4.1, 4.13, 5.19, 6.1, 6.10, 6.12, 7.23, 7.26, 7.29, 11.19C y D, 12.45 y 13.3
Margaret Morris, MD, FRCSC, MEd, Professor of Obstetrics, Gynaecology, and Reproductive Sciences,
Women’s Hospital and University of Manitoba, Winnipeg, Manitoba, Canada
Figura 12.46
Stuart C. Morrison, MD, Section of Pediatric Radiology, The Children’s Hospital, Cleveland Clinic,
Cleveland, Ohio, USA
Figuras 7.13, 11.20, 17.29E y 17.41
John B. Mulliken, MD, Children’s Hospital Boston, Harvard Medical School, Boston, Massachusetts, USA
Figura 9.42
W. Jerry Oakes, MD, Children’s Hospital Birmingham, Birmingham, Alabama, USA
Figura 17.42B
Dwight Parkinson, MD †, Departments of Surgery and Human Anatomy & Cell Science, University of
Manitoba, Winnipeg, Manitoba, Canada
Figura 17.14
Maulik S. Patel, MD, Consultant Pathologist, Surat, India
Figura 4.15
Dr. Susan Phillips, Department of Pathology, Health Sciences Centre, Winnipeg, Manitoba, Canada
Figura 18.6
Srinivasa Ramachandra, MD
Figura 9.13A
Dr M. Ray†, Department of Human Genetics, University of Manitoba, Winnipeg, Manitoba, Canada
Figura 20.12B
Martin H. Reed, MD, FRCPC, Department of Radiology, University of Manitoba, Children’s Hospital,
Winnipeg, Manitoba, Canada
Figura 11.27
Gregory J. Reid, MD, FRCSC, Department of Obstetrics, Gynecology,and Reproductive Sciences,
University of Manitoba, Women’s Hospital, Winnipeg, Manitoba, Canada
Figuras 9.43A y B, 11.18, 12.39, 13.12 y 14.9
Michael y Michele Rice
Figura 6.9A
Dr. S.G. Robben, Department of Radiology, Maastricht University Medical Centre, Maastricht, The
Netherlands
Figura 10.7C
Prem S. Sahni, MD, Formerly of the Department of Radiology, Children’s Hospital, Winnipeg, Manitoba,
Canada
Figuras 8.11C, 10.7B, 10.13, 11.4C, 11.28B, 12.16, 12.17, 12.19, 14.10, 14.15 y 16.13C
Marcos Antonio Velasco Sanchez, MD, Centro de Estudios e Investigacion en Ultrasonido General del
Estado de Guerrero, and Hospital General (S.S.A.) de Acapulco, Guerrero, Mexico
Figura 18.6
Dr. M.J. Schuurman, Department of Pediatrics, Maastricht University Medical Centre, Maastricht, The
Netherlands
Figura 10.7C
P. Schwartz y H.M. Michelmann, University of Göttingen, Göttingen, Germany
Figura 2.13
Joseph R. Siebert, MD, Children’s Hospital and Regional Center, Seattle, Washington, USA
Figuras 7.32, 13.36, 16.13B y 17.16
Bradley R. Smith, MD, University of Michigan, Ann Arbor, Michigan, USA
Figuras 5.16C, 5.17C, 5.20C, 8.6B, 9.3A (recuadro) 14.13 y 18.18B
Gerald S. Smyser, MD, Formerly of the Altru Health System, Grand Forks, North Dakota, USA
Figuras 9.20, 13.45, 17.24, 17.32A, 17.34, 17.37A y 18.24
Pierre Soucy, MD, FRCSC, Division of Pediatric Surgery, Children’s Hospital of Eastern Ontario, Ottawa,
Ontario, Canada
Figuras 9.10, 9.11 y 18.22
Dr. Y. Suzuki, Achi, Japan
Figura 16.13A
R. Shane Tubbs, PhD, Children’s Hospital Birmingham, Birmingham, Alabama, USA
Figura 17.42B y C
Edward O. Uthman, MD, Consultant Pathologist, Houston/Richmond, Texas, USA
Figura 3.11
Zoumpourlis Vassilis, PhD, Research Professor, Head of the Biomedical Applications Unit, Institute of
Biology, Medicinal Chemistry & Biotechnology, NHRF, Athens, Greece
Figura 2.13
Jeffrey T. Wigle, PhD, Department of Biochemistry and Medical Genetics, University of Manitoba,
Winnipeg, Manitoba, Canada
Figura 17.2
Nathan E. Wiseman, MD, FRCSC, Pediatric Surgeon, Children’s Hospital, Winnipeg, Manitoba, Canada
Figura 11.17A
M.T. Zenzes, In Vitro Fertilization Program, Toronto Hospital, Toronto, Ontario, Canada
Figura 2.17A
† Fallecido
Prefacio
Hemos iniciado una época de logros extraordinarios en los ámbitos de la biología molecular, la genética y la
embriología clínica. Se ha conseguido la secuenciación del genoma humano y ha sido posible clonar varias
especies de mamíferos y también el embrión humano. Los científicos han creado y aislado células madre
embrionarias humanas, y sus posibilidades de utilización en el tratamiento de ciertas enfermedades
incurables siguen alimentando un acalorado debate. La edición CRISPR-Cas9 recientemente descubierta se ha
convertido no solo en una herramienta revolucionaria para los biólogos del desarrollo, sino que los segmentos
de mutaciones asociadas a enfermedades se pueden identificar clínicamente en embriones humanos,
eliminarse y tal vez repararse. Estos extraordinarios avances científicos han abierto líneas de investigación
muy prometedoras en el campo de la embriología humana, y ello va a influir en gran medida en el
tratamiento de las enfermedades en el futuro.
Este libro está dirigido a estudiantes de ciencias y tiene en cuenta a lectores que tal vez no hayan tenido
contacto previo con la embriología clínica. Esta edición es aún más asequible y exhaustiva, y refleja nueva
información y actualizaciones relevantes. Expone con claridad la secuencia de eventos que se producen entre
la fecundación y el parto. Hemos intentado presentar el texto de forma que pueda integrarse con facilidad en
lo que se enseñará con más detalle en otras disciplinas, como el diagnóstico físico, la rehabilitación médica y la
cirugía. Esperamos que esta edición sirva para formar e inspirar a los estudiantes a la hora de desarrollar un
interés por la embriología con orientación clínica.
La undécima edición de Embriología clínica ha sido exhaustivamente revisada para lograr abarcar todos los
conocimientos actuales acerca de algunos de los procesos moleculares que guían el desarrollo del embrión. En
comparación con las ediciones previas, en esta se ha incluido más material orientado a la práctica clínica
destacado en recuadros para diferenciarlo del resto del texto. Además de centrarse en los aspectos
clínicamente relevantes de la embriología, hemos revisado los «problemas con orientación clínica» y hemos
añadido más estudios de casos clínicos en línea con el objetivo de recalcar el importante papel que desempeña
la embriología en la práctica médica moderna.
Esta edición emplea la lista internacional oficial de términos embriológicos (Terminologia Embryologica,
Georg Thieme Verlag, 2013). Es importante que los médicos y los científicos de todo el mundo utilicen el
mismo nombre para cada estructura.
Esta edición incluye numerosas fotografías nuevas correspondientes a embriones normales y patológicos.
Muchas de las ilustraciones han sido mejoradas mediante representaciones tridimensionales y con una
utilización más efectiva de los colores. También hay muchas imágenes diagnósticas nuevas (ecografías y
resonancias magnéticas) de embriones y fetos que ilustran sus diversos aspectos tridimensionales. Además, en
este libro se han incluido 18 animaciones de carácter innovador (en inglés) que pretenden ayudar al estudiante a
comprender las complejidades del desarrollo embriológico. En los casos en los que una animación es
especialmente relevante para un pasaje del texto, se ha añadido el icono en el margen.
Se ha incrementado la cobertura de la teratología (estudios relativos a los defectos congénitos) debido a que
el estudio del desarrollo anómalo de los embriones tiene una gran utilidad para definir las estimaciones de
riesgo, las causas de las malformaciones congénitas y las medidas necesarias para prevenir las
malformaciones. Los avances más recientes en los aspectos moleculares de la biología del desarrollo aparecen
destacados (en cursiva) a lo largo de todo el texto, especialmente en lo referente a las áreas más prometedoras
en medicina clínica o que pueden influir significativamente en las líneas de investigación futuras.
Hemos persistido en nuestro intento de ofrecer un texto de lectura fácil respecto a todo lo relativo al
desarrollo humano antes del nacimiento y durante el período neonatal. Cada capítulo ha sido revisado de
forma exhaustiva para que recoja las aportaciones más recientes de la investigación y su significación clínica.
Los capítulos están organizados de manera que ofrezcan una aproximación sistemática y lógica que
explique cómo se desarrollan los embriones. El primer capítulo introduce al lector en el ámbito y la
importancia de la embriología, en el desarrollo histórico de esta disciplina y en los términos utilizados para
describir las distintas fases del desarrollo. Los cuatro capítulos siguientes cubren el desarrollo embrionario,
comenzando con la formación de los gametos y finalizando con la formación de los órganos y sistemas
básicos. Después, se describe de manera sistemática el desarrollo de los órganos y sistemas específicos, y los
capítulos siguientes abordan todos los aspectos relevantes del período fetal, la placenta y las membranas
fetales, las causas de las malformaciones congénitas y las vías de señalización habituales usadas durante el
desarrollo. Al final de cada capítulo se incluye un resumen de los aspectos clave, lo que permite revisar
cómodamente los temas tratados. También se recogen las referencias bibliográficas correspondientes a los
estudios clásicos y a las publicaciones de investigación más recientes.
Keith L. Moore
T.V.N. (Vid) Persaud
Mark G. Torchia
Agradecimientos
Embriología clínica es un libro muy utilizado por los estudiantes de medicina, odontología y otras ciencias de la
salud. Las sugerencias, las críticas y los comentarios que hemos recibido por parte de profesores y estudiantesde todo el mundo nos han ayudado a mejorar esta undécima edición.
En el aprendizaje de la embriología, las ilustraciones representan un elemento esencial que facilita tanto el
conocimiento de cada materia como la retención de lo aprendido. Muchas figuras han sido mejoradas, y
también se han incluido nuevas imágenes clínicas en sustitución de las antiguas.
Estamos en deuda con nuestros colegas (citados en orden alfabético) por su revisión crítica de los capítulos,
sus sugerencias para las mejoras de este libro o por habernos proporcionado algunas figuras nuevas: Dr. Steve
Ahing, Faculty of Dentistry, University of Manitoba, Winnipeg; Dr. Albert Chudley, Departments of
Pediatrics & Child Health and Biochemistry & Medical Genetics, University of Manitoba, Winnipeg; Dr.
Blaine M. Cleghorn, Faculty of Dentistry, Dalhousie University, Halifax, Nova Scotia; Dr. Frank Gaillard,
Radiopaedia.org, Toronto, Ontario; Dr. Ray Gasser, Faculty of Medicine, Louisiana State University Medical
Center, New Orleans; Dr. Boris Kablar, Department of Anatomy and Neurobiology, Dalhousie University,
Halifax, Nova Scotia; Dr. Peeyush Lala, Faculty of Medicine, Western University, Ontario, London, Ontario;
Dr. Deborah Levine, Beth Israel Deaconess Medical Center, Boston, Massachusetts; Dr. Marios Loukas, St.
George’s University, Grenada; Professor Bernard J. Moxham, Cardiff School of Biosciences, Cardiff
University, Cardiff, Wales; Dr. Michael Narvey, Department of Pediatrics and Child Health, University of
Manitoba, Winnipeg, Manitoba; Dr. Drew Noden, Department of Biomedical Sciences, Cornell University,
College of Veterinary Medicine, Ithaca, New York; Dr. Shannon Perry, School of Nursing, San Francisco State
University, California; Dr. Gregory Reid, Department of Obstetrics, Gynecology, and Reproductive Sciences,
University of Manitoba, Winnipeg; Dr. J. Elliott Scott, Departments of Oral Biology and Human Anatomy &
Cell Science, University of Manitoba, Winnipeg; Dr. Brad Smith, University of Michigan, Ann Arbor,
Michigan; Dr. Gerald S. Smyser, formerly of the Altru Health System, Grand Forks, North Dakota; Dr.
Richard Shane Tubbs, Children’s Hospital, Birmingham, Alabama; Dr. Ed Uthman, Clinical Pathologist,
Houston/Richmond, Texas; y Dr. Michael Wiley, Division of Anatomy, Department of Surgery, Faculty of
Medicine, University of Toronto, Toronto, Ontario. Las nuevas ilustraciones fueron preparadas por Hans
Neuhart, Presidente del Electronic Illustrators Group en Fountain Hills, Arizona.
La extraordinaria colección de animaciones correspondientes a embriones en desarrollo ha sido creada en
colaboración con el Dr. David L. Bolender, Associate Professor, Department of Cell Biology, Neurobiology &
Anatomy, Medical College of Wisconsin. Queremos agradecer al Dr. Bolender sus esfuerzos en el diseño y en
la detallada revisión, así como sus inestimables consejos. Un agradecimiento especial también a Carol Emery
por su hábil coordinación del proyecto. Las animaciones han sido mejoradas hábilmente con narración, lo que
agradecemos al Departamento Multimedia de Elsevier, en San Luis (edición de animación: Michael Fioretti y
Rick Goodman; narración de animación: Andrea Campbell).
Nos sentimos en deuda con Jeremy Bowes, Content Strategist de Elsevier, por sus valiosas sugerencias y su
generoso apoyo en la preparación de esta undécima edición del libro. También estamos agradecidos a Sharon
Nash, Content Development Specialist, por su orientación y sus útiles sugerencias. Por último, agradecemos
al equipo de producción de Elsevier, sobre todo a Julie A. Taylor, Project Manager, HS Books, Reino Unido, su
ayuda para finalizar este libro. Esta undécima edición de Embriología clínica es el resultado de su dedicación y
experiencia técnica.
Keith L. Moore
T.V.N. (Vid) Persaud
Mark G. Torchia
http://Radiopaedia.org
Introducción al desarrollo humano
Períodos del desarrollo 
Estadios del desarrollo embrionario 
Período posnatal 
Lactancia 
Niñez 
Pubertad 
Edad adulta 
Importancia de la embriología 
Aspectos históricos 
Visiones de la embriología humana en la antigüedad 
La embriología en la Edad Media 
El Renacimiento 
Genética y desarrollo humano 
Biología molecular del desarrollo humano 
Términos descriptivos en embriología 
Problemas con orientación clínica 
El desarrollo humano es un proceso continuo que se inicia cuando un ovocito (óvulo) de una mujer es
fecundado por un espermatozoide de un hombre para formar un cigoto unicelular (fig. 1.1). Los procesos
celulares de división, migración, muerte programada (apoptosis), diferenciación, crecimiento y reorganización
transforman el ovocito fecundado, una célula totipotencial sumamente especializada, el cigoto, en un ser
humano multicelular. La mayoría de los cambios del desarrollo ocurren durante los períodos embrionario y
fetal; sin embargo, también se producen cambios importantes durante los períodos tardíos del desarrollo: el
período neonatal (primeras 4 semanas de vida extrauterina), la lactancia (primer año de vida), la niñez (desde
los 2 años hasta la pubertad) y la adolescencia (desde los 11 hasta los 19 años de vida).
FIG. 1.1 Fases iniciales del desarrollo. Se ilustran el desarrollo de un folículo ovárico que contiene un ovocito, la ovulación
y las fases del ciclo menstrual. El desarrollo humano comienza con la fecundación, aproximadamente, 14 días después del
inicio de la última menstruación normal. También se muestran la segmentación del cigoto en la trompa uterina, la
implantación del blastocisto en el endometrio (revestimiento del útero) y el desarrollo temprano del embrión. Un término
alternativo para denominar la vesícula umbilical es el de saco vitelino. Sin embargo, es un término inadecuado ya que la
vesícula humana no contiene vitelo.
Períodos del desarrollo
Es habitual dividir el desarrollo humano en los períodos prenatal (antes del nacimiento) y posnatal (después
del nacimiento). El desarrollo de un ser humano, desde el cigoto hasta el nacimiento, se divide en dos
períodos principales, embrionario y fetal. Los principales cambios acaecidos antes del nacimiento se ilustran
en la tabla cronológica del desarrollo prenatal humano (v. fig. 1.1). El estudio de esta tabla revela que la
mayoría de los avances visibles ocurren durante las semanas 3 a 8, es decir, durante el período embrionario. A
lo largo del período fetal los tejidos y órganos se diferencian y crecen, al tiempo que aumenta el ritmo de
crecimiento del cuerpo.
Estadios del desarrollo embrionario
El desarrollo precoz se describe en estadios debido a la variabilidad de tiempo que necesita el embrión para
desarrollar ciertas características morfológicas. El estadio 1 se inicia con la fecundación y el desarrollo
embrionario finaliza en el estadio 23, que ocurre el día 56 (v. fig. 1.1). Un trimestre es un período de 3 meses y
representa la tercera parte del período de gestación de 9 meses. Las fases más críticas del desarrollo ocurren
durante el primer trimestre (13 semanas), cuando se produce el desarrollo embrionario y fetal precoz.
Período posnatal
Es el período que se inicia tras el nacimiento. A continuación, se explican los términos y los períodos
utilizados con mayor frecuencia en el desarrollo posnatal.
Lactancia
La lactancia es el período más temprano de la vida extrauterina y cubre aproximadamente el primer año tras
el nacimiento. Los lactantes con 1 mes de edad o menos se denominan neonatos (recién nacidos). La
transición desde la vida intrauterina hasta la vida extrauterina requiere numerosos cambios cruciales,
especialmente en los sistemas cardiovascular y respiratorio. Si el neonato sobrevive a las primeras horas tras
su nacimiento, sus posibilidades de vivir suelen ser elevadas. El cuerpo crece con rapidez durante la lactancia;
la longitud corporal total aumenta en, aproximadamente, un 50% y el peso corporal se suele triplicar. Hacia el
primer año de edad, la mayoría de los lactantes ya posee entre seis y ocho dientes.
Niñez
Es el período que transcurre entre la lactanciay la pubertad. Siguen apareciendo los dientes primarios (de
leche o deciduos), que más tarde son sustituidos por los dientes secundarios (permanentes). Durante la
primera niñez hay una osificación (formación de hueso) activa, pero el ritmo de crecimiento corporal
disminuye a medida que aumenta la edad del niño. No obstante, inmediatamente antes de la pubertad se
produce una aceleración del crecimiento, el denominado estirón prepuberal.
Pubertad
La pubertad es el período en el que el ser humano adquiere la capacidad funcional de procrear
(reproducción). En las mujeres, los primeros signos de la pubertad pueden aparecer después de los 8 años de
edad; en los hombres, la pubertad se inicia habitualmente a los 9 años.
Edad adulta
El crecimiento y la madurez completos se alcanzan en general entre los 18 y los 21 años de edad. La
osificación y el crecimiento se completan prácticamente durante la primera etapa de la edad adulta (de los 21
a los 25 años de edad). El desarrollo del cerebro continúa hasta el principio de la edad adulta, incluyendo
cambios en el volumen de la materia gris.
Importancia de la embriología
La embriología con orientación clínica hace referencia al estudio de los embriones; sin embargo, este término
se utiliza generalmente para indicar el desarrollo prenatal de los embriones, los fetos y los recién nacidos
(lactantes de 1 mes o menos). La anatomía del desarrollo estudia el conjunto de cambios estructurales que
experimenta un ser humano desde la fecundación hasta la edad adulta e incluye la embriología, la fetología y
el desarrollo posnatal. La teratología es la rama de la embriología y de la patología que analiza las
alteraciones del desarrollo (malformaciones congénitas). Esta rama de la embriología contempla los distintos
factores genéticos, ambientales o ambos, que alteran el desarrollo normal y provocan malformaciones
congénitas (v. cap. 20).
La embriología con orientación clínica:
• Cubre la laguna existente entre el desarrollo prenatal y la obstetricia, la medicina perinatal, la
pediatría y la anatomía clínica.
• Desarrolla conocimientos relativos al comienzo de la vida y a los cambios que se producen durante el
desarrollo prenatal.
• Tiene valor práctico para comprender las causas de las variaciones en la estructura humana.
• Aclara la anatomía con orientación clínica y explica las razones por las cuales aparecen las relaciones
normales y anómalas.
• Apoya la investigación y la aplicación de las células pluripotenciales en el tratamiento de ciertas
enfermedades crónicas.
El conocimiento por parte de los médicos del desarrollo normal y de las causas de las malformaciones
congénitas es necesario para que embriones y fetos tengan las mayores posibilidades de desarrollarse
normalmente. Una parte importante de la práctica moderna de la obstetricia abarca la embriología aplicada.
Los aspectos de la embriología que tienen un interés especial para los obstetras son los siguientes: ovulación,
transporte de los ovocitos y los espermatozoides, fecundación, implantación, relaciones materno-fetales,
circulación fetal, los períodos críticos del desarrollo y las causas de las malformaciones congénitas.
Además de atender a la madre, los médicos cuidan también la salud del embrión y el feto. La importancia
de la embriología es evidente en el caso de los pediatras, ya que algunos de sus pacientes sufren
malformaciones congénitas secundarias a alteraciones del desarrollo, como la hernia diafragmática, la espina
bífida quística o las cardiopatías congénitas.
Las malformaciones congénitas causan la mayoría de las muertes durante la lactancia. El conocimiento
del desarrollo de la estructura y la función es esencial para comprender los cambios fisiológicos que se
producen durante el período neonatal (4 primeras semanas de vida) y para ayudar a los fetos y neonatos con
dificultades. Los progresos efectuados en cirugía, especialmente en los grupos de edad fetal, perinatal y
pediátrica, han permitido un conocimiento del desarrollo del ser humano cuya trascendencia clínica es incluso
mayor. En la actualidad es posible realizar tratamientos quirúrgicos a los fetos en determinadas situaciones. El
conocimiento y la corrección de la mayoría de las malformaciones congénitas dependen del conocimiento del
desarrollo normal y de las posibles desviaciones. La comprensión de las malformaciones congénitas más
frecuentes y de sus causas también permite a médicos, personal de enfermería y otros profesionales sanitarios
explicar las bases embriológicas de las malformaciones congénitas, lo que a menudo hace desaparecer el
sentimiento de culpa en los padres.
Los profesionales sanitarios que conocen las malformaciones congénitas más frecuentes y sus fundamentos
embriológicos abordan situaciones excepcionales con confianza, en lugar de hacerlo con sorpresa. Por
ejemplo, cuando sabemos que la arteria renal es tan solo uno de los diversos vasos que irrigan originalmente
el riñón del embrión, pueden comprenderse las frecuentes variaciones en el número y la disposición de los
vasos renales y estas dejan de ser algo inesperado.
Aspectos históricos
Solo he sido capaz de ver más allá cuando me he colocado sobre los hombros de los gigantes que me han
precedido.
SIR ISAAC NEWTON, MATEMÁTICO BRITÁNICO, 1643-1727
Esta frase, que tiene ya más de 300 años, subraya el hecho de que cada nueva aproximación a un problema
descansa sobre una base de conocimiento establecida por los investigadores que lo han abordado
previamente. Las teorías que se proponen en cada época ofrecen explicaciones basadas en los conocimientos y
la experiencia de los investigadores de esa época. Aunque no debemos considerarlas teorías finales y
definitivas, tenemos que agradecer esas ideas, en lugar de despreciarlas. Todas las culturas se han interesado
siempre por el conocimiento del desarrollo del ser humano y por la forma en que nacemos, así como por las
razones por las que algunos embriones y fetos muestran un desarrollo anómalo. Varios autores de la
antigüedad elaboraron distintas respuestas sobre los motivos de las malformaciones congénitas.
Visiones de la embriología humana en la antigüedad
Los egipcios del Imperio Antiguo (aproximadamente, 3000 a. C.) conocían métodos para incubar los huevos
de pájaro. Akenatón (Amenofis IV) adoraba al dios sol Atón como creador del germen en la mujer, de las
semillas en el hombre y de la vida del hijo de ambos en el cuerpo de la madre. Los egipcios de aquella época
creían que el alma entraba en el cuerpo del niño a través de la placenta, durante el parto.
Se considera que en 1416 a. C. se redactó en sánscrito un breve tratado acerca de la embriología hindú de la
antigüedad. Esta sagrada escritura de los hindúes, denominada Garbha Upanishad, describe las ideas de la
antigüedad en relación con el embrión. En ella se dice lo siguiente:
La existencia del embrión comienza desde la conjugación de la sangre y el semen [la semilla]. Durante el
período favorable para la concepción, después del coito, se convierte en un kalada [un embrión de 1 día]. Al
cabo de siete noches se convierte en una vesícula. Al cabo de 15 días se convierte en una masa esférica. Al
cabo de 1 mes se convierte en una masa dura. Al cabo de 2 meses se forma la cabeza. Al cabo de 3 meses
aparecen los miembros.
Los eruditos de la Antigua Grecia hicieron contribuciones importantes a la ciencia de la embriología. Los
primeros estudios embriológicos aparecen en los libros de Hipócrates de Cos, el famoso médico griego
(aproximadamente, 460-377 a. C.) al cual se considera el padre de la medicina. Para comprender el desarrollo del
embrión humano, recomendaba:
Toma 20 huevos o más y deja que sean incubados por dos o más gallinas. Después, cada día a partir del
segundo día de incubación, selecciona uno de estos huevos, ábrelo y examínalo. Verás exactamente lo que
digo, que la naturaleza del ave es similar a la del hombre.
Aristóteles de Estagira (aproximadamente, 384-322 a. C.), filósofo y científico griego, escribió un tratado de
embriologíaen el que describía el desarrollo del pollo y de otros embriones. Aristóteles propuso la idea de
que el embrión se desarrollaba a partir de una masa informe, que describió como «una semilla primordial con
un alma nutritiva y con todas las partes del cuerpo». Aristóteles consideraba que el embrión se originaba a
partir de la sangre menstrual tras su activación por el semen masculino.
Claudio Galeno (aproximadamente, 130-201 d. C.), médico griego que ejerció la ciencia médica en Roma,
redactó la obra Sobre la formación del feto, en la cual describía el desarrollo y la nutrición de los fetos, así como
de las estructuras que en la actualidad denominamos alantoides, amnios y placenta.
El Talmud contiene referencias a la formación del embrión. El médico judío Samuel-el-Yehudi, que vivió
durante el siglo II, describió seis fases en la formación del embrión, desde «una masa enrollada informe» hasta
«un niño a término». Los eruditos del Talmud consideraban que los huesos y los tendones, las uñas, la médula
de la cabeza y el blanco de los ojos procedían del padre, «que siembra lo blanco», al tiempo que la piel, los
músculos, la sangre y el pelo procedían de la madre, «que siembra lo rojo». Estos puntos de vista concordaban
con las enseñanzas de Aristóteles y Galeno.
La embriología en la Edad Media
La ciencia se desarrolló lentamente durante la época medieval, pero algunos avances en la investigación
embriológica que se produjeron durante esta época han llegado hasta nosotros. En el Corán (s. VII), el libro
sagrado del islam, se cita que el ser humano procede de una mezcla de secreciones del hombre y la mujer.
Aparecen varias referencias a la creación del ser humano a partir de una nutfa («gota pequeña»). Hay
comentarios sobre el aspecto del embrión precoz, similar al de una sanguijuela; más adelante se indica que el
embrión parece una «sustancia masticada».
Constantino el Africano de Salerno (aproximadamente, 1020-1087) escribió un breve tratado titulado De
Humana Natura. En él describía la composición y el desarrollo secuencial del embrión en relación con los
planetas y con cada mes a lo largo de la gestación, un concepto desconocido en la antigüedad clásica. Los
eruditos medievales no se desviaron mucho de la teoría de Aristóteles, que proponía que el embrión procedía
de la mezcla de la sangre menstrual y el semen. A consecuencia de la falta de conocimientos existente en la
época, los esquemas del feto en el interior del útero lo mostraban a menudo como un niño plenamente
desarrollado y jugando en el interior del vientre materno (fig. 1.2).
FIG. 1.2 A-G, Ilustraciones recogidas en De Conceptu et Generatione Hominis (1554), de Jacob Rueff, en las cuales se
muestra que el feto se desarrolla a partir de un coágulo de sangre y semen en el útero. Esta teoría estaba basada en las
enseñanzas de Aristóteles y se mantuvo hasta finales del siglo XVIII. (Tomada de Needham J: A history of embryology, 2.ª
ed., Cambridge, United Kingdom, 1934, Cambridge University Press; reproducida con autorización de Cambridge University
Press, Inglaterra.)
El Renacimiento
Leonardo da Vinci (1452-1519) realizó dibujos de gran precisión correspondientes a disecciones de úteros
gestantes (fig. 1.3). Introdujo el método cuantitativo en la embriología al efectuar mediciones del crecimiento
prenatal.
FIG. 1.3 Reproducción de un dibujo de Leonardo da Vinci realizado en el siglo XV, en el cual se muestra un feto en el
interior de un útero seccionado.
Se ha afirmado que la revolución embriológica comenzó con la publicación en 1651 del libro de William
Harvey, De Generatione Animalium. Harvey consideraba que, tras introducirse en el vientre materno, los
espermatozoides masculinos (la semilla) se metamorfoseaban en una sustancia parecida a un huevo a partir
de la cual se desarrollaba el embrión. Harvey (1578-1657) estuvo influido por uno de sus profesores de la
Universidad de Padua, Fabricius de Acquapendente, anatomista y embriólogo italiano que llevó a cabo los
primeros estudios sobre embriones de diferentes especies de animales. Harvey examinó los embriones del pollo a
través de una lupa simple y realizó numerosas observaciones novedosas al respecto. También estudió el
desarrollo del gamo; sin embargo, después de ser incapaz de observar las fases iniciales del desarrollo,
concluyó que los embriones eran segregados por el útero. Girolamo Fabricius (1537-1619) escribió dos
tratados importantes de embriología, uno de ellos titulado De Formato Foetu (El feto formado), que contenía
numerosas ilustraciones de embriones y fetos en distintas fases del desarrollo.
Los primeros microscopios eran sencillos, pero abrieron un nuevo campo de observación de enorme interés.
En 1672, Regnier de Graaf observó la presencia de pequeñas cavidades en el útero del conejo y llegó a la
conclusión de que no eran producto de la secreción del propio útero. Propuso que debían proceder de unos
órganos a los cuales denominó ovarios. Indudablemente, las pequeñas cavidades descritas por De Graaf eran
blastocistos (v. fig. 1.1). También describió los folículos de De Graaf, que en la actualidad se denominan
folículos ováricos vesiculares.
En 1675, Marcello Malpighi, mientras estudiaba lo que a su juicio eran huevos de gallina no fertilizados,
observó embriones de pollo en sus fases iniciales. En consecuencia, consideró que el huevo contenía un pollo
en miniatura. Un joven estudiante de medicina en Leiden, Johan Ham van Arnhem, y su compatriota Anton
van Leeuwenhoek utilizaron en 1677 un microscopio mejorado y observaron por primera vez el espermatozoide
humano. Sin embargo, se equivocaron al describir la función que desempeñan los espermatozoides en la
fecundación, pues consideraron que contenían un ser humano en miniatura que aumentaba de tamaño
cuando era depositado en el aparato genital femenino (fig. 1.4).
FIG. 1.4 Copia del esquema de un espermatozoide dibujado por Hartsoeker en el siglo XVII. Se consideraba que en cada
espermatozoide había un ser humano en miniatura que aumentaba de tamaño después de que el espermatozoide se
introdujera en un óvulo. Sin embargo, otros embriólogos de esa época pensaban que el ovocito contenía un ser humano en
miniatura que aumentaba de tamaño cuando era estimulado por un espermatozoide.
Caspar Friedrich Wolff refutó en 1759 las dos versiones de la teoría de la preformación del embrión tras
observar que algunas partes de este se desarrollaban a partir de «glóbulos» (pequeños cuerpos esféricos).
Estudió huevos no incubados, pero fue incapaz de visualizar los embriones descritos por Malpighi. Propuso el
concepto de capas, según el cual la división de lo que denominamos actualmente cigoto lleva a la aparición de
capas de células (en la actualidad denominadas disco embrionario) a partir de las cuales se desarrolla el
embrión. Sus ideas constituyeron el fundamento de la teoría de la epigénesis, que sostiene que «el desarrollo
se debe al crecimiento y la diferenciación de células especializadas». Estos importantes descubrimientos
fueron publicados inicialmente en la tesis doctoral de Wolff, Theoria Generationis. Wolff también observó
masas embrionarias de tejido que contribuían parcialmente al desarrollo de los sistemas urinario y genital (los
cuerpos y los conductos de Wolff), en la actualidad denominados mesonefros y conductos mesonéfricos,
respectivamente (v. cap. 12).
La controversia relativa a la preformación terminó en 1775, cuando Lazaro Spallanzani demostró que tanto
el ovocito como los espermatozoides eran necesarios para iniciar el desarrollo de un nuevo individuo. A partir
de sus experimentos, entre los cuales se cuenta la inseminación artificial en perros, concluyó que el esperma
era el fertilizante que iniciaba los procesos del desarrollo. Heinrich Christian Pander, en su tesis doctoral de
1817, publicó el descubrimiento de las tres capas germinales del embrión, a las cuales denominó blastodermo.
Étienne Saint-Hilaire y su hijo, Isidore Saint-Hilaire, llevaron a cabo en 1818 los primeros estudiossignificativos acerca de las alteraciones del desarrollo. Efectuaron experimentos con animales diseñados para
provocar la aparición de malformaciones congénitas, iniciando así lo que en la actualidad denominamos
teratología.
Karl Ernst von Baer describió el ovocito en el folículo ovárico de una perra en 1827, es decir,
aproximadamente 150 años después del descubrimiento del espermatozoide. También observó la
segmentación de los cigotos en la trompa uterina y los blastocistos en el útero. Aportó nuevos conocimientos
sobre el origen de los tejidos y los órganos a partir de las capas que habían descrito Malpighi y Pander. Von
Baer formuló dos conceptos embriológicos importantes: que existen claros estadios en el desarrollo
embrionario y el concepto según el cual las características generales anteceden a las características específicas.
Sus decisivas contribuciones han hecho que se le considere el padre de la embriología moderna.
Matthias Schleiden y Theodor Schwann fueron responsables de grandes avances en la embriología al
formular en 1839 la teoría celular. Dicha teoría sostenía que el cuerpo está formado por células y productos
celulares. La teoría celular pronto llevó a la conclusión de que el embrión se desarrollaba a partir de una única
célula, el cigoto, que experimentaba muchas divisiones celulares a medida que se formaban los tejidos y los
órganos.
Wilhelm His (1831-1904), anatomista y embriólogo suizo, desarrolló una serie de mejoras en las técnicas de
fijación, corte y tinción de los tejidos, y también en los métodos para la reconstrucción de embriones. Su
método de reconstrucción gráfica abrió el camino a la elaboración actual de imágenes de embriones
tridimensionales, estereoscópicas y generadas por ordenador.
Franklin P. Mall (1862-1917), inspirado por los trabajos de His, comenzó a obtener embriones humanos
para su estudio científico. La colección de Mall está incluida en la Colección de embriones Carnegie,
conocida en todo el mundo. Actualmente forma parte de los fondos del National Museum of Health and
Medicine del Armed Forces Institute of Pathology, en Washington, DC.
Wilhelm Roux (1850-1924) fue un auténtico innovador en los estudios experimentales analíticos sobre la
fisiología del desarrollo de los anfibios, una línea de trabajo que continuó más adelante Hans Spemann (1869-
1941). Spemann recibió en 1935 el premio Nobel por su descubrimiento del fenómeno de la inducción
primaria, es decir, el mecanismo a través del cual un tejido determina el destino de otro. A lo largo de varias
décadas, los científicos han ido aislando las sustancias transmitidas de un tejido a otro y que son las
responsables de la inducción.
Robert G. Edwards (1925-2013) y Patrick Steptoe (1913-1988) fueron los pioneros de uno de los avances
más revolucionarios en la historia de la reproducción humana: la técnica de la fecundación in vitro. Sus
estudios hicieron posible el nacimiento de Louise Brown, la primera «niña probeta», en 1978. Desde entonces,
muchos millones de parejas de todo el mundo, consideradas infértiles, han experimentado el milagro de la
paternidad mediante esta novedosa técnica de reproducción. Edwards recibió en 2010 el Premio Nobel de
Fisiología y Medicina por desarrollar la fecundación in vitro.
John Gurdon (1933-) y Shinya Yamanaka (1962-) recibieron en 2012 el Premio Nobel de Fisiología y
Medicina por descubrir que las células adultas pueden ser reprogramadas para convertirse en
pluripotenciales. Gurdon y Yamanaka mostraron que el genoma se puede conservar durante la diferenciación
y reprogramarse para regresar a un estadio inmaduro. Su descubrimiento ha conducido a una mejor
comprensión del desarrollo y estableció las bases de la clonación terapéutica y del uso de células madre para
tratar determinadas situaciones clínicas.
Genética y desarrollo humano
En 1859, el biólogo y evolucionista británico Charles Darwin (1809-1882) publicó El origen de las especies, obra
en la que destacó la naturaleza hereditaria de la variabilidad entre los miembros de una especie como un
factor importante en la evolución. En 1865, el monje austríaco Gregor Mendel desarrolló los fundamentos de
la herencia genética, pero los médicos científicos y los biólogos tardaron muchos años en comprender la
importancia de estos principios en el estudio del desarrollo de los mamíferos.
Walter Flemming observó los cromosomas en 1878 y propuso su probable función en la fecundación. En
1883, Edouard van Beneden observó que las células germinales maduras presentaban un número reducido de
cromosomas y describió algunas características de la meiosis, es decir, el proceso a través del cual se reduce el
número de cromosomas en las células germinales.
Walter Sutton (1877-1916) y Theodor Boveri (1862-1915) propusieron de manera independiente en 1902
que el comportamiento de los cromosomas durante la formación de las células germinales y durante la
fecundación seguía los principios de Mendel sobre la herencia genética. En ese mismo año, Garrod mencionó
la alcaptonuria (un trastorno genético del metabolismo de la fenilalanina-tirosina) como el primer ejemplo de
herencia mendeliana en el ser humano. Muchos genetistas consideran a sir Archibald Garrod (1857-1936) el
padre de la genética médica. Pronto hubo constancia de que el cigoto contiene toda la información genética
necesaria para dirigir el desarrollo de un nuevo ser humano.
Felix von Winiwarter publicó en 1912 las primeras observaciones relativas a los cromosomas humanos y
señaló que las células del cuerpo humano contenían 47 cromosomas. Theophilus Shickel Painter llegó a la
conclusión, en 1923, de que el número correcto de cromosomas en cada célula del cuerpo humano era 48, una
conclusión que fue ampliamente aceptada hasta 1956, cuando Joe Hin Tjio y Albert Levan publicaron que las
células embrionarias solamente poseían 46 cromosomas.
En 1953, James Watson y Francis Crick descifraron la estructura molecular del ácido desoxirribonucleico
(ADN), y en el año 2000 se llevó a cabo la secuenciación del genoma humano. Se ha descifrado la naturaleza
bioquímica de los genes contenidos en los 46 cromosomas humanos. Los estudios cromosómicos se aplicaron
con rapidez en diversas áreas de la medicina, como el diagnóstico clínico, la cartografía de los cromosomas y
el diagnóstico prenatal.
Una vez que se determinó más allá de toda duda el patrón cromosómico, al poco tiempo se hizo evidente
que algunas personas con malformaciones congénitas tenían un número anómalo de cromosomas. En 1959, la
demostración por parte de Jérôme Jean Louis Marie Lejeune y sus colaboradores de que las células de niños
con síndrome de Down (trisomía 21) presentaban 47 cromosomas en sus células, en lugar de la cifra habitual
de 46, inició una nueva era en la genética médica. Ahora sabemos que las aberraciones cromosómicas son una
causa importante de malformaciones congénitas y de muerte embrionaria (v. cap. 20).
En 1941, sir Norman Gregg observó un «número excepcional de casos de cataratas» y de otras anomalías
congénitas en lactantes de madres que habían contraído la rubeola (causada por el virus de la rubeola) en las
fases iniciales del embarazo. Por primera vez, se presentó una evidencia sólida de que el desarrollo del
embrión humano podía estar influido de manera adversa por un factor ambiental. Veinte años después,
Widukind Lenz y William McBride publicaron la aparición de deficiencias raras en los miembros y de otras
malformaciones congénitas graves en los hijos de mujeres que habían consumido el sedante talidomida
durante el embarazo. La tragedia de la talidomida alertó a la sociedad y a los profesionales sanitarios de los
posibles peligros que medicamentos, productos químicos y otros factores ambientales pueden causar durante
el embarazo (v. cap. 20).
Murray Barr y su ayudante en la Western University, en London, Ontario (Canadá), Ewart (Mike) Bertram,
descubrieron la cromatina sexual en 1949. Sus investigaciones revelaron que los núcleos de las células
nerviosas de gatos hembra tenían cromatinasexual y que los gatos macho carecían de ella. El paso siguiente
fue determinar si existía un fenómeno similar en las neuronas humanas. Keith L. Moore, que se unió al grupo
de trabajo del Dr. Barr en 1950, descubrió que había patrones de cromatina sexual en células somáticas
humanas y en otros muchos representantes del reino animal. También desarrolló una prueba de cromatina
sexual en frotis bucal. Esta investigación constituye la base de varias técnicas usadas en la actualidad en todo
el mundo para el cribado y el diagnóstico de patologías genéticas humanas.
Biología molecular del desarrollo humano
Los rápidos avances que se han producido en el campo de la biología molecular han permitido la aplicación
de técnicas sofisticadas (p. ej., la tecnología del ADN recombinante, la secuenciación genómica, la hibridación
genómica del ARN, los modelos quiméricos, los ratones transgénicos, la manipulación de células madre y la
terapia génica). Estos métodos se utilizan en la actualidad con mucha frecuencia en los laboratorios de
investigación para resolver problemas diversos, como son la regulación genética de la morfogénesis, la
expresión temporal y regional de genes específicos y los mecanismos que hacen que las células se diferencien
para formar las diversas partes del embrión. Por primera vez, estamos empezando a entender cómo, cuándo y
dónde se activan y se expresan genes específicos del embrión durante el desarrollo normal y patológico (v.
cap. 21).
Ian Wilmut y sus colaboradores, utilizando la técnica de la transferencia nuclear en células somáticas,
llevaron a cabo en 1997 la primera clonación de un mamífero, la oveja Dolly. Desde entonces, otros animales
han sido clonados satisfactoriamente a partir de células adultas diferenciadas en cultivo. El interés por la
clonación humana ha generado un acalorado debate debido a sus implicaciones sociales, éticas y legales.
Además, existe la preocupación por la posibilidad de que la clonación pueda provocar el nacimiento de niños
con malformaciones congénitas y enfermedades graves.
Las células madre embrionarias humanas son pluripotenciales, tienen capacidad de autorrenovación y se pueden
diferenciar en tipos celulares especializados, incluyendo los gametos artificiales. El aislamiento y la
reprogramación de células pluripotenciales embrionarias humanas en cultivo han abierto una gran esperanza
para el tratamiento de enfermedades crónicas, tales como las lesiones de la médula espinal, la degeneración
macular asociada a la edad, la esclerosis lateral amiotrófica, la enfermedad de Alzheimer y la enfermedad de
Parkinson, así como para el de otros trastornos degenerativos, malignos y genéticos (v. la página web del
National Institutes of Health «Stem Cell Information» [2016]).
Términos descriptivos en embriología
En algunos casos se utilizan los equivalentes de las formas latinas estándar de diversos términos, como
espermatozoide (espermio). La Federative International Committee on Anatomical Terminology desaconseja el
uso de epónimos (términos derivados de nombres propios), aunque se utilizan con frecuencia en la clínica,
motivo por el cual se incluyen entre paréntesis, como la trompa uterina (trompa de Falopio). En anatomía y en
embriología se utilizan diversos términos para indicar la posición y la dirección, y también se hace referencia
a los diferentes planos del cuerpo. Todas las descripciones del adulto están fundamentadas en la suposición
de que el cuerpo está en posición erecta y que los miembros superiores están colocados de manera que las
palmas de las manos miran hacia delante (fig. 1.5A), en lo que se denomina posición anatómica.
FIG. 1.5 Esquemas que ilustran los términos descriptivos de posición y dirección del cuerpo, así como los de los planos
corporales. A, Vista lateral de un adulto en posición anatómica. B, Vista lateral de un embrión de 5 semanas. C y D, Vistas
ventrales de un embrión de 6 semanas. E, Vista lateral de un embrión de 7 semanas. En la descripción del desarrollo
humano es necesario utilizar términos que indiquen la posición de una parte respecto a otra, o respecto al cuerpo en su
conjunto. Por ejemplo, la columna vertebral se desarrolla en la parte dorsal del embrión, mientras que el esternón lo hace
en la parte ventral.
Los términos anterior o ventral y posterior o dorsal se utilizan para describir las partes anterior y posterior del
cuerpo o los miembros, así como las relaciones que presentan entre sí las estructuras corporales. En la
descripción de los embriones se utilizan los términos dorsal y ventral (v. fig. 1.5B). Los términos superior e
inferior se usan para indicar los niveles relativos de las distintas estructuras (v. fig. 1.5A). En lo relativo a los
embriones, se aplican los términos craneal (o rostral) y caudal para indicar la relación con la cabeza y con la
eminencia caudal (la cola), respectivamente (v. fig. 1.5B). Las distancias desde el centro del cuerpo o respecto
al origen o inserción de una estructura se designan con los términos proximal (más cercano) o distal (más
lejano). Por ejemplo, en el miembro inferior, la rodilla es proximal al tobillo y distal a la cadera.
El plano medio es un plano de corte vertical imaginario que atraviesa longitudinalmente el cuerpo. Las
secciones medias dividen el cuerpo en las mitades derecha e izquierda (v. fig. 1.5C). Los términos lateral y medial
se refieren a estructuras alejadas o cercanas, respectivamente, al plano medio del cuerpo. El plano sagital es
cualquier plano vertical que atraviesa el cuerpo y que es paralelo al plano medio (v. fig. 1.5C). El plano frontal
(coronal) es cualquier plano vertical que forma un ángulo recto con el plano medio (v. fig. 1.5E) y que divide el
cuerpo en las partes anterior (o ventral) y posterior (o dorsal). El plano transversal (axial) es cualquier plano que
forma ángulos rectos con los planos medio y coronal (v. fig. 1.5D).
Problemas con orientación clínica
1. ¿Cuál es la secuencia de acontecimientos que se produce durante la pubertad? ¿Ocurren estos
acontecimientos de la misma manera en los sexos masculino y femenino? ¿A qué edad comienza
presumiblemente la pubertad en los niños y las niñas?
2. ¿En qué difieren los términos embriología y teratología?
3. ¿En qué se diferencian los términos huevo, óvulo, gameto y oocito?
La respuesta a estos problemas se recoge en el apéndice al final del libro.
Bibliografía y lecturas recomendadas
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Primera semana del desarrollo humano
El que contempla cómo crecen las cosas desde el principio es el que mejor las conoce.
ARISTÓTELES, 384-322 A.C.
Gametogénesis 
Meiosis 
Espermatogénesis 
Ovogénesis 
Maduración prenatal de los ovocitos 
Maduración posnatal de los ovocitos 
Comparación de los gametos 
Útero, trompas uterinas y ovarios 
Útero 
Trompas uterinas 
Ovarios 
Ciclos reproductivos femeninos 
Ciclo ovárico 
Desarrollo folicular 
Ovulación 
Cuerpo lúteo 
Ciclo menstrual 
Fases del ciclo menstrual 
Transporte de los gametos 
Transporte del ovocito 
Transporte de los espermatozoides 
Maduración de los espermatozoides 
Viabilidad de los gametos 
Secuencia de la fecundación 
Fases de la fecundación 
Fecundación 
Segmentación del cigoto 
Formación del blastocisto 
Resumen de la primera semana 
Problemas con orientación clínica 
El desarrollo humano comienza con la fecundación, cuando un espermatozoide se fusiona con un ovocito
(óvulo) para formar una célula única que se denomina cigoto. Esta célula totipotencial (capaz de generar
cualquier tipo de célula) y sumamente especializada indica el comienzo de cada persona como un individuo
único. El cigoto, visible a simple vista, contiene cromosomas y genes que proceden de la madre y del padre. El
cigoto se divide numerosas veces y se transforma progresivamente en un ser humano multicelular a través de
los procesos de división, migración, crecimiento y diferenciación celulares.
Gametogénesis
La gametogénesis (formación de los gametos) es el proceso a través del cual se forman y desarrollan células
germinativas o gametos (ovocitos o espermatozoides) a partir de células germinales primordiales
bipotenciales. Este proceso, en el cual participan los cromosomas y el citoplasma de los gametos, prepara a
estas células sexuales para la fecundación. Durante la gametogénesis, el número de cromosomas se reduce a
la mitad y se modifica la forma de las células (fig. 2.1). Un cromosoma se define por la presencia de un
centrómero, que es la parte constreñida existente en el propio cromosoma. Antes de la replicación del ADN,
en la fase S del ciclo celular, los cromosomas están constituidos por una única cromátida (fig. 2.2). Una
cromátida (una del par de hebras cromosómicas), está formada por cadenas de ADN paralelas. Tras la
replicación del ADN, los cromosomas presentan dos cromátidas.
FIG. 2.1 Diagrama simple que muestra la gametogénesis normal: conversión de las células germinales en gametos
(células sexuales). En la figura se comparan la espermatogénesis y la ovogénesis. No aparecen las ovogonias ya que se
diferencian en ovocitos primarios antes del nacimiento. En cada fase se muestra el complemento cromosómico de las
células germinales. La cifra indica el número de cromosomas, incluyendo los cromosomas sexuales después de la coma.
Notas: 1) tras las dos divisiones meióticas, el número diploide de cromosomas (46) queda reducido al número haploide
(23); 2) a partir del espermatocito primario se forman cuatro espermatozoides mientras que al final del proceso de
maduración de un ovocito primario solamente se forma un ovocito maduro, y 3) el citoplasma se conserva durante la
ovogénesis para formar una célula grande, el ovocito maduro (v. fig. 2.5C). Los corpúsculos polares son pequeñas células
no funcionales que finalmente degeneran.
FIG. 2.2 Representación esquemática de la meiosis. Se muestran dos pares de cromosomas. A a D, Fases de la profase
de la primera división meiótica. Los cromosomas homólogos se aproximan entre sí y se emparejan; cada miembro de la
pareja está constituido por dos cromátidas. Se puede observar el entrecruzamiento simple en un par de cromosomas con
intercambio de los segmentos de las cromátidas. E, Metafase. Los dos miembros de cada pareja se orientan en el huso
meiótico. F, Anafase. G, Telofase. Los cromosomas migran hacia los polos opuestos. H, Distribución de las parejas de
cromosomas de los progenitores al final de la primera división meiótica. I a K, Segunda división meiótica. Es similar a la
mitosis, excepto por el hecho de que las células son haploides.
Los espermatozoides y los ovocitos (gametos masculinos y femeninos, respectivamente) son células
sexuales altamente especializadas. Cada una de estas células contiene un número de cromosomas que es la
mitad (número haploide) del existente en las células somáticas (corporales). El número de cromosomas se
reduce durante la meiosis, un tipo especial de división celular que solo ocurre durante la gametogénesis. La
maduración de los gametos se denomina espermatogénesis en el hombre y ovogénesis en la mujer. La
cronología de los acontecimientos durante la meiosis es distinta en los dos sexos.
Meiosis
La meiosis es un tipo especial de división celular que conlleva dos divisiones celulares meióticas (v. fig. 2.2).
Las células germinales diploides producen gametos haploides (espermatozoides y ovocitos).
La primera división meiótica es una división de reducción dado que el número de cromosomas disminuye
desde la cifra diploide hasta la haploide a través de un proceso de emparejamiento de los cromosomas
homólogos en la profase (primera etapa de la meiosis) y de su segregación en la anafase (etapa en que los
cromosomas se mueven desde la placa ecuatorial). Los cromosomas homólogos, denominados en ocasiones
simplemente homólogos (uno de cada progenitor), se emparejan durante la profase y se separan durante la
anafase de manera que cada uno de los componentes de cada pareja se desplaza aleatoriamente a cada uno de
los polos del huso meiótico (v. fig. 2.2A a D). El huso establece contacto con los cromosomas a través del
centrómero (parte constreñida del cromosoma; v. fig. 2.2B). En esta fase ya son cromosomas con dos
cromátidas.
Los cromosomas X e Y no son homólogos, pero presentan segmentos homólogos en los extremos de sus brazos
cortos y solamente se emparejan en estas regiones. Hacia el final de la primera división meiótica, cada una de
las nuevas células formadas (ovocito secundario) muestra un número haploide de cromosomas, es decir, un
número de cromosomas que es la mitad del que poseía la célula original. Esta separación o disyunción de los
cromosomas homólogos emparejados es el fundamento físico de la segregación, es decir, de la separación de
los genes alélicos (pueden ocupar el mismo locus en un cromosoma concreto) durante la meiosis.
La segunda división meiótica (v. fig. 2.1) se produce tras la primera sin que exista entre ambas una
interfase normal (es decir, sin un paso intermedio de replicación del ADN). Cada cromosoma con dos
cromátidas se divide y cada una de sus mitades (una cromátida) es arrastrada a un polo diferente; por tanto,
se mantiene el número haploide de cromosomas (23) y cada célula hija procedente de la meiosis posee este
númerohaploide reducido de cromosomas, con un representante de cada pareja original de cromosomas
(ahora, cromosomas con una cromátida única). La segunda división meiótica es similar a una mitosis
convencional, excepto por el hecho de que el número de cromosomas de la célula que inicia la segunda
división meiótica es haploide.
Meiosis:
• Permite mantener la constancia en el número de cromosomas generación tras generación al reducir
dicho número de diploide a haploide y, así, producir gametos haploides.
• Permite la mezcla aleatoria de los cromosomas maternos y paternos entre los gametos.
• Reubica segmentos de los cromosomas maternos y paternos a través de su entrecruzamiento, lo que
«baraja» los genes y produce la recombinación del material genético.
Gametogénesis anómala
Alteraciones en la meiosis durante la gametogénesis, como la falta de disyunción (fig. 2.3), condicionan la
formación de gametos con alteraciones cromosómicas. Si en la fecundación participan gametos que tienen
alterado el número de cromosomas tiene lugar un desarrollo anormal, como ocurre en los niños con síndrome
de Down (v. cap. 20).
FIG. 2.3 Gametogénesis anómala. Se muestra el modo en que la falta de disyunción (falta de separación de uno o más
pares de cromosomas en la fase de meiosis) ocasiona una distribución anómala de los cromosomas en los gametos.
Aunque se ilustra la falta de disyunción de los cromosomas sexuales, se puede producir un defecto similar en los
autosomas (cualquier cromosoma diferente a los cromosomas sexuales). Cuando la falta de disyunción ocurre durante la
primera división meiótica de la espermatogénesis, un espermatocito secundario contiene 22 autosomas más un
cromosoma X y un cromosoma Y mientras que el otro contiene 22 autosomas y no muestra ningún cromosoma sexual. De
la misma forma, la falta de disyunción durante la ovogénesis puede generar un ovocito con 22 autosomas y dos
cromosomas X (como se muestra) o bien un ovocito con 22 autosomas y sin cromosoma sexual.
Espermatogénesis
La espermatogénesis (se presenta aquí un resumen) es la secuencia de acontecimientos a través de la cual las
espermatogonias (células germinativas primordiales) se transforman en espermatozoides maduros, un
proceso que se inicia con la pubertad y se regula mediante la señalización por testosterona a través de
receptores androgénicos existentes en las células de Sertoli (v. fig. 2.1). Las espermatogonias permanecen en
una situación latente en los túbulos seminíferos de los testículos durante los períodos fetal y posnatal (v.
fig. 2.12). Después, su número aumenta durante la pubertad. Tras varias divisiones mitóticas, las
espermatogonias crecen y experimentan modificaciones.
Las espermatogonias se transforman en espermatocitos primarios, que son las células germinales de mayor
tamaño existentes en los túbulos seminíferos de los testículos (v. fig. 2.1). Cada espermatocito primario
experimenta después una división reductora (la primera división meiótica) para formar dos espermatocitos
secundarios haploides, cuyo tamaño es aproximadamente la mitad del tamaño de los espermatocitos
primarios. Más adelante, los espermatocitos secundarios experimentan una segunda división meiótica para
formar cuatro espermátidas haploides, cuyo tamaño es aproximadamente la mitad del tamaño de los
espermatocitos secundarios (v. fig. 2.1). Las espermátidas (células en una etapa tardía del desarrollo de los
espermatozoides) se transforman gradualmente en cuatro espermatozoides maduros mediante un proceso
denominado espermiogénesis (fig. 2.4). El proceso completo, incluida la espermiogénesis, tarda
aproximadamente 2 meses. Cuando se completa la espermiogénesis, los espermatozoides entran en la luz de
los túbulos seminíferos (v. fig. 2.12).
FIG. 2.4 Ilustraciones de la espermiogénesis, es decir, de la última fase de la espermatogénesis. Durante este proceso, la
espermátida redondeada se transforma en un espermatozoide alargado. Se puede observar la pérdida del citoplasma (v.
fig. 2.5C), el desarrollo de la cola y la formación del acrosoma. El acrosoma, procedente de la región de Golgi (primer
dibujo) de la espermátida, contiene enzimas que son liberadas al comienzo de la fecundación para ayudar al
espermatozoide a atravesar la corona radiada y la zona pelúcida que rodean al ovocito secundario.
Las células de Sertoli, que revisten los túbulos seminíferos, sostienen y nutren a las células germinales
masculinas en desarrollo y están implicadas en la regulación de la espermatogénesis. La testosterona que
producen las células de Leydig (intersticiales) es un factor esencial en la estimulación de la espermatogénesis.
Los espermatozoides son transportados de forma pasiva desde los túbulos seminíferos hasta el epidídimo,
donde quedan almacenados hasta que —durante la pubertad— alcanzan la madurez funcional. El epidídimo
es un conducto alargado y enrollado (v. fig. 2.12). Se continúa con el conducto deferente, que transporta los
espermatozoides hasta la uretra (v. fig. 2.12).
Los espermatozoides maduros son células con movilidad que se desplazan activa y libremente, formados
por una cabeza y una cola (fig. 2.5A). El cuello del espermatozoide es la zona de unión entre la cabeza y la cola.
La cabeza del espermatozoide representa la parte más voluminosa de estas células y contiene el núcleo. Los dos
tercios anteriores de la cabeza están cubiertos por el acrosoma, un orgánulo sacular similar a un casquete que
contiene varias enzimas (v. figs. 2.4 y 2.5A). Cuando son liberadas, estas enzimas facilitan la dispersión de las
células foliculares de la corona radiada, lo que facilita que el espermatozoide atraviese la zona pelúcida
durante la fecundación (v. figs. 2.5A y C y 2.14A y B).
FIG. 2.5 Gametos (células sexuales) masculino y femenino. A, Partes principales de un espermatozoide humano (×1.250).
La cabeza, constituida principalmente por el núcleo, está cubierta parcialmente por el acrosoma en forma de casquete, un
orgánulo que contiene enzimas. La cola del espermatozoide está constituida por tres regiones: el segmento medio, el
segmento principal y el segmento terminal. B, Un espermatozoide dibujado aproximadamente a la misma escala que el
ovocito. C, Un ovocito secundario humano (×200) rodeado por la zona pelúcida y por la corona radiada.
La cola del espermatozoide está formada por tres segmentos: intermedio, principal y terminal (v. fig. 2.5A).
La cola proporciona la motilidad al espermatozoide permitiendo su desplazamiento hasta la zona de la
fecundación. El segmento intermedio de la cola contiene mitocondrias, que proporcionan el adenosín trifosfato
(ATP) necesario para proporcionar la energía requerida para su movilidad.
Hay numerosos genes y factores moleculares implicados en la espermatogénesis. Por ejemplo, en estudios recientes se
ha observado que el ácido retinoico y proteínas de la familia Bcl-2 están implicadas en la maduración de las células
germinales y también en su supervivencia en las diferentes fases. A nivel molecular, los genes HOX tienen un papel en
la dinámica de los microtúbulos, así como en el modelado de la cabeza del espermatozoide y la formación de la cola. Para
que la espermatogénesis sea normal, el cromosoma Y es esencial; las microdeleciones ocasionan una espermatogénesis
defectuosa e infertilidad.
Ovogénesis
La ovogénesis es la secuencia de acontecimientos por la cual las ovogonias (células germinales primordiales)
se transforman en ovocitos maduros. Todas las ovogonias se desarrollan en ovocitos primarios antes del
nacimiento; ninguna ovogonia se desarrolla después del nacimiento. La ovogénesis continúa hasta la
menopausia, que es la fase en la que se produce la interrupción permanente del ciclo menstrual (v. figs. 2.7
y 2.11).
Maduración prenatal de los ovocitos
Durante las primeras etapas de la vida fetal, las ovogonias proliferan mediante mitosis (reproducción de las
células). Las ovogonias aumentan de tamaño para formar ovocitos primarios antes del nacimiento; por esta
razón, en las figuras 2.1 y2.3 no se muestra ninguna ovogonia. A la vez que se forman los ovocitos primarios,
hay células de tejido conjuntivo que los rodean, formando una capa única de células foliculares aplanadas
(v. fig. 2.8). El ovocito primario rodeado por esta capa de células constituye un folículo primordial (v.
fig. 2.9A). A medida que el ovocito primario aumenta de tamaño durante la pubertad, las células epiteliales
foliculares adquieren una morfología cúbica y, más tarde, cilíndrica, formando un folículo primario (v.
fig. 2.1).
El ovocito primario se rodea pronto por una cubierta de material glucoproteico, acelular y amorfo, la zona
pelúcida (v. figs. 2.8 y 2.9B). La microscopia electrónica de barrido revela que la superficie de la zona pelúcida
tiene un aspecto de malla reticular regular, con perforaciones intrincadas. Los ovocitos primarios inician las
primeras divisiones meióticas antes del nacimiento (v. fig. 2.3), pero la finalización de la profase (v. fig. 2.2A a
D) no se produce hasta la adolescencia (inicio de la pubertad). Las células foliculares que rodean los ovocitos
primarios segregan una sustancia denominada inhibidor de la maduración del ovocito, que mantiene
detenido el proceso de la meiosis del ovocito.
Maduración posnatal de los ovocitos
A partir de la pubertad, cada mes madura generalmente un folículo y se produce la ovulación (liberación de
un ovocito desde el folículo ovárico; v. fig. 2.7), excepto cuando se utilizan anticonceptivos hormonales orales.
La larga duración de la primera división meiótica (hasta los 45 años) puede explicar en parte la frecuencia
relativamente elevada de errores en la meiosis, como la falta de disyunción (falta de separación de las
cromátidas emparejadas de un cromosoma), que se produce en los casos en los que la edad materna es
avanzada. Los ovocitos primarios detenidos en la profase (dictioteno) son vulnerables a agentes ambientales,
como la radiación.
Después del nacimiento no se forman ovocitos primarios, a diferencia de lo que ocurre con los espermatocitos
primarios, cuya producción es continua (v. fig. 2.3). Los ovocitos primarios se mantienen en fase latente en los
folículos ováricos hasta la pubertad (v. fig. 2.8). A medida que madura el folículo, el ovocito primario
aumenta de tamaño, y poco tiempo antes de que se produzca la ovulación, completa la primera división
meiótica para generar un ovocito secundario (v. fig. 2.10A y B) y el primer corpúsculo polar. Sin embargo, a
diferencia de lo que ocurre en la fase correspondiente de la espermatogénesis, la división del citoplasma es
desigual. El ovocito secundario recibe casi todo el citoplasma (v. fig. 2.1), mientras que el primer corpúsculo
polar recibe una cantidad muy escasa. Este corpúsculo polar es una célula pequeña destinada a degenerar.
Durante la ovulación, el núcleo del ovocito secundario inicia la segunda división meiótica, pero solamente
progresa hasta la metafase (v. fig. 2.2E), momento en que se detiene la división. Si un espermatozoide se
introduce en el ovocito secundario, se completa la segunda división meiótica y de nuevo una célula, el ovocito
fecundado (v. fig. 2.1), retiene la mayor parte del citoplasma. La otra célula resultante, denominada segundo
corpúsculo polar, degenerará. La maduración del ovocito se completa en cuanto son expulsados los
corpúsculos polares.
En el ovario de una niña recién nacida hay aproximadamente 2 millones de ovocitos primarios; sin
embargo, la mayoría de ellos experimenta regresión durante la niñez, de manera que en la adolescencia no
quedan más de 40.000. De ellos, unos 400 se convierten en ovocitos secundarios y son expulsados con la
ovulación durante el período reproductivo. Pocos o ninguno de estos ovocitos son fecundados.
Comparación de los gametos
Los gametos (ovocitos y espermatozoides) son células haploides (poseen la mitad del número de
cromosomas) que pueden experimentar cariogamia (fusión de los núcleos de dos células sexuales). El ovocito
es una célula de tamaño mucho mayor que el espermatozoide y carece de movilidad, mientras que el
espermatozoide es muy pequeño y tiene gran movilidad (v. fig. 2.5A). El ovocito está rodeado por la zona
pelúcida y por una capa de células foliculares denominada corona radiada (v. fig. 2.5C).
En lo que se refiere a la constitución de los cromosomas sexuales, existen dos tipos de espermatozoides
normales: 23,X y 23,Y, mientras que solo hay un tipo de ovocito secundario: 23,X (v. fig. 2.1). Por convención,
para indicar la constitución de los cromosomas sexuales se utiliza el número 23 seguido por una coma y por
una X o una Y; por ejemplo, 23,X indica que el cariotipo está formado por 23 cromosomas, 22 de los cuales son
autosomas (los cromosomas no sexuales) y el restante es un cromosoma sexual (X, en este caso). La diferencia
en los cromosomas sexuales del cariotipo de los espermatozoides representa el fundamento de la
determinación sexual primaria.
Gametos anómalos
Se considera que la edad biológica ideal de la madre para la reproducción se sitúa entre los 20 y los 35 años.
La probabilidad de alteraciones cromosómicas en el embrión aumenta gradualmente a medida que la madre
envejece. En las mujeres que dan a luz a una edad avanzada hay un riesgo apreciable de síndrome de Down
(trisomía 21) o de otras formas de trisomía en el lactante (v. cap. 20). La probabilidad de una mutación
genética (cambio en el ADN) reciente también aumenta con la edad. La calidad de los espermatozoides y la
función testicular disminuyen con la edad, de forma que la edad paterna avanzada aumenta el número de
descendientes con anomalías genéticas. Por tanto, cuanto mayor es la edad de los progenitores en el
momento de la fecundación, más probable es que hayan acumulado mutaciones que puedan heredar los
embriones.
Durante la gametogénesis, los cromosomas homólogos a veces no se separan. Este proceso patogénico se
denomina falta de disyunción; como resultado, algunos gametos presentan 24 cromosomas mientras que
otros solamente presentan 22 (v. fig. 2.3). Si un gameto con 24 cromosomas se une durante la fecundación a
un gameto normal con 23 cromosomas, se forma un cigoto con 47 cromosomas (v. cap. 20, fig. 20.2). Este
trastorno se denomina trisomía debido a la presencia de tres representantes de un cromosoma concreto en
vez de los dos representantes habituales. Cuando un gameto que solamente presenta 22 cromosomas se une a
un gameto normal, se forma un cigoto con 45 cromosomas. Este trastorno se denomina monosomía ya que
solamente está presente un representante del par cromosómico afectado. En el capítulo 20 se recoge una
descripción de los trastornos clínicos asociados a las alteraciones en el número de cromosomas.
Hasta el 10% de los espermatozoides eyaculados muestran alteraciones extremas (p. ej., dos cabezas), pero
se considera que estos espermatozoides anómalos no son capaces de fecundar los ovocitos ya que carecen de
la movilidad normal. La mayoría de los espermatozoides morfológicamente anómalos son incapaces de
atravesar el moco del canal cervical. La capacidad de desplazamiento anterógrada es un parámetro subjetivo
de la calidad del movimiento de los espermatozoides. No se considera que dichos espermatozoides afecten la
fecundidad, a menos que su número supere el 20%. Aunque algunos ovocitos presentan dos o tres núcleos,
estas células mueren antes de alcanzar la madurez. De la misma forma, algunos folículos ováricos contienen
dos o más ovocitos, pero este fenómeno es infrecuente.
Útero, trompas uterinas y ovarios
Se recoge a continuación una descripción sucinta de la estructura del útero, las trompas uterinas y los ovarios
para poder comprender los ciclos ováricos reproductivos y la implantación del blastocisto (figs. 2.6 y 2.7 y v.
fig. 2.20).
FIG. 2.6 A, Partes del útero y la vagina. B, Representación esquemática de una sección frontal del útero, las trompas
uterinas y la vagina. También se muestran los ovarios. C, Aumento del área delineada en B. La capa funcional del
endometrio se desprende durante la menstruación.FIG. 2.7 Representación esquemática con ilustración de las relaciones existentes entre el hipotálamo, la hipófisis, los
ovarios y el endometrio. Se muestran un ciclo menstrual completo y el comienzo del ciclo menstrual siguiente. Los cambios
que se producen en los ovarios, el ciclo ovárico, se deben al efecto de las hormonas gonadotrópicas (hormona estimulante
del folículo [FSH] y hormona luteinizante [LH]). Las hormonas que producen los ovarios (estrógenos y progesterona)
estimulan posteriormente una serie de cambios cíclicos en la estructura y la función del endometrio, en lo que constituye el
ciclo menstrual. Así, la actividad cíclica del ovario está relacionada íntimamente con los cambios en el útero. Los ciclos
ováricos están bajo el control endocrino rítmico de la hipófisis que, a su vez, está controlado por la hormona liberadora de
gonadotropinas que producen las células neurosecretoras del hipotálamo.
FIG. 2.8 Microfotografía de una parte de un folículo terciario de mamífero que muestra el ovocito rodeado por células
foliculares (granulosa). La parte más alta de la fotografía muestra células de la teca. (Tomada de Jones RE, Lopez KH:
Human reproductive biology, 4.ª ed., London, 2014, Elsevier, fig. 2.4.)
FIG. 2.9 Microfotografía de la corteza ovárica. A, Se pueden observar varios folículos primordiales (P; ×270). Los ovocitos
primarios están rodeados por células foliculares. B, Folículo ovárico secundario. El ovocito está rodeado por células de la
granulosa del cúmulo ovígero (×132). Se puede observar claramente el antro. (Tomada de Gartner LP, Hiatt JL: Color
textbook of histology, 2.ª ed., Philadelphia, 2001, Saunders.)
FIG. 2.10 A-D, Ilustraciones correspondientes a la ovulación. Se puede observar que las fimbrias del infundíbulo de la
trompa uterina contactan estrechamente con el ovario. Las fimbrias, con una configuración digitiforme, se desplazan hacia
delante y hacia atrás sobre el ovario, «barriendo» el ovocito hacia el infundíbulo. Cuando el estigma (la zona de protrusión)
se rompe, el ovocito secundario es expulsado del folículo ovárico junto con el líquido folicular. Tras la ovulación, la pared
del folículo se colapsa y queda formando pliegues. El folículo se transforma en una estructura glandular denominada cuerpo
lúteo.
Útero
El útero es un órgano muscular de pared gruesa y configuración piriforme que tiene, por término medio, una
longitud de 7-8 cm, una anchura de 5-7 cm en su parte superior y un grosor parietal de 2-3 cm. Está formado
por dos partes principales (v. fig. 2.6A y B): el cuerpo, que constituye los dos tercios superiores, y el cuello
uterino, que representa el tercio inferior y tiene configuración cilíndrica.
El cuerpo del útero muestra un estrechamiento progresivo desde el fondo (la parte redondeada superior
del cuerpo uterino) hasta el istmo, la región estrecha de 1 cm de longitud que existe entre el cuerpo y el cuello
del útero (v. fig. 2.6A). El cuello del útero es el extremo vaginal, con forma de huso, y configuración casi
cilíndrica. La luz del cuello uterino, el canal cervical, muestra una abertura u orificio estrecho en cada uno de
sus extremos. El orificio cervical interno establece comunicación con la cavidad del cuerpo uterino y el
orificio cervical externo lo hace con la vagina (v. fig. 2.6A y B).
Las paredes del cuerpo del útero están formadas por tres capas (v. fig. 2.6B):
• Perimetrio, la capa externa fina.
• Miometrio, la capa gruesa de músculo liso.
• Endometrio, la capa interna fina.
El perimetrio es una capa del peritoneo que se une firmemente al miometrio (v. fig. 2.6B). Durante la fase
luteínica (secretora) del ciclo menstrual se pueden distinguir microscópicamente tres capas en el endometrio (v.
fig. 2.6C):
• Una capa compacta fina constituida por tejido conjuntivo denso alrededor de los cuellos de las
glándulas uterinas.
• Una capa esponjosa gruesa constituida por tejido conjuntivo edematoso, con grandes cantidades de
líquido, que contiene los cuerpos tortuosos y dilatados de las glándulas uterinas.
• Una capa basal fina que contiene los extremos ciegos de las glándulas uterinas.
En el momento de su desarrollo máximo, el endometrio tiene un grosor de 4-5 mm (v. fig. 2.6B y C). La
capa basal del endometrio posee su propia vascularización sanguínea y no se desprende durante la
menstruación (v. fig. 2.7). Las capas compacta y esponjosa, denominadas en conjunto capa funcional, se
desintegran y son expulsadas durante la menstruación y tras el alumbramiento (expulsión del feto).
Trompas uterinas
Las trompas uterinas tienen una longitud y un diámetro aproximados de 10 cm y 1 cm, respectivamente, y se
extienden lateralmente desde los cuernos del útero (v. figs. 2.6A y B). Cada trompa se abre en su extremo
proximal en uno de los cuernos del útero y hacia la cavidad peritoneal en el extremo distal. Con fines
descriptivos, la trompa uterina se divide en cuatro partes: infundíbulo, ampolla, istmo y porción uterina (v.
fig. 2.6B). Una de las trompas transporta un ovocito desde uno de los ovarios y también los espermatozoides
procedentes del útero, de manera que ambos puedan llegar a la zona de fecundación en la ampolla (v.
figs. 2.6B y 2.21). La trompa uterina está revestida por una mucosa ciliada y, ayudada por las contracciones de
su musculatura, conduce el cigoto en fase de segmentación hacia la cavidad uterina.
Ovarios
Los ovarios son glándulas reproductoras con forma de almendra, situadas en la proximidad de las paredes
pélvicas laterales, a cada lado del útero. Producen los ovocitos (v. fig. 2.6B), estrógenos y progesterona, que
son las hormonas responsables del desarrollo de los caracteres sexuales secundarios y de la regulación del
embarazo.
Ciclos reproductivos femeninos
A partir de la pubertad (10-13 años), las mujeres presentan ciclos reproductivos (ciclos sexuales) en los cuales
participan el hipotálamo cerebral, la hipófisis, los ovarios, el útero, las trompas uterinas, la vagina y las
glándulas mamarias (v. fig. 2.7). Estos ciclos mensuales preparan el sistema reproductor para la gestación.
Células neurosecretoras del hipotálamo sintetizan la hormona liberadora de gonadotropinas. Esta hormona es
transportada a lo largo de una red de capilares, el sistema porta hipofisario, hasta el lóbulo anterior de la
hipófisis. Esta hormona estimula la liberación de dos hormonas producidas por la hipófisis y que actúan sobre
los ovarios:
• La hormona estimulante del folículo (FSH), que estimula el desarrollo de los folículos ováricos y la
producción de estrógenos por parte de las células foliculares.
• La hormona luteinizante (LH), que actúa como «desencadenante» de la ovulación (liberación del
ovocito secundario) y estimula la producción de progesterona por parte de las células foliculares y del
cuerpo lúteo.
Estas hormonas también provocan el crecimiento de los folículos ováricos y del endometrio.
Ciclo ovárico
 La FSH y la LH producen cambios cíclicos en los ovarios, en lo que se denomina ciclo ovárico (v. fig. 2.7):
desarrollo de los folículos (fig. 2.8), ovulación (liberación de un ovocito desde un folículo maduro) y
formación del cuerpo lúteo. En cada ciclo, la FSH provoca el crecimiento de varios folículos primordiales
para formar de 5 a 12 folículos primarios (fig. 2.9A); sin embargo, generalmente solo uno de los folículos
primarios se convierte en un folículo maduro y se rompe en la superficie del ovario desde donde expulsa su
ovocito (fig. 2.10).
Desarrollo folicular
El desarrollo de un folículo ovárico (v. figs. 2.8 y 2.9) se caracteriza por:
• El crecimiento y la diferenciación del ovocito primario.
• La proliferación de las células foliculares.
• La formación de la zona pelúcida.
• El desarrollo de la teca folicular.
A medida que aumenta el tamaño del folículo primario, el tejido conjuntivo adyacente se organiza para
formar una cápsula denominada teca folicular (v. fig. 2.7). Al poco tiempo, la teca folicular se diferencia en
dos capas, una capa vascular y glandular interna, la teca interna, yotra capa seudocapsular, la teca externa.
Se considera que las células de la teca producen un factor angiogénico que estimula el crecimiento de vasos
sanguíneos en la teca interna, lo que proporciona el soporte nutricional necesario para el desarrollo folicular.
Las células foliculares se dividen activamente y generan una capa estratificada alrededor del ovocito (v.
fig. 2.9B). Pronto, el folículo ovárico adquiere una configuración oval y el ovocito se sitúa excéntricamente en
su interior. Más adelante, aparecen espacios rellenos de líquido alrededor de las células foliculares y la
coalescencia posterior de dichos espacios genera una cavidad única y grande, el antro, que contiene líquido
folicular (v. figs. 2.8 y 2.9B). Tras la formación del antro, el folículo ovárico se denomina folículo secundario o
vesicular.
El ovocito primario es empujado hacia uno de los lados del folículo, donde queda rodeado por un conjunto
de células foliculares que se denomina cúmulo ovígero, que se proyecta hacia el antro (v. fig. 2.9B). El folículo
sigue aumentando de tamaño hasta que alcanza la madurez y genera la aparición de una zona sobresaliente
en la superficie del ovario (estigma folicular; v. fig. 2.10A).
El desarrollo temprano de los folículos ováricos está inducido por la FSH, pero en las fases finales de la
maduración también es necesaria la participación de la LH. Los folículos en fase de crecimiento producen
estrógenos, que regulan el desarrollo y función de los órganos de la reproducción. La teca interna
vascularizada segrega líquido folicular y algo de estrógenos (v. fig. 2.10B). Sus células también segregan
andrógenos, que alcanzan las células foliculares (v. fig. 2.8), donde finalmente se convierten en estrógenos.
También producen cierta cantidad de estrógenos algunos grupos de células secretoras estromales
ampliamente dispersos, conocidos en conjunto como glándula intersticial del ovario.
Ovulación
Aproximadamente hacia la mitad del ciclo ovárico, el folículo ovárico experimenta un brote súbito de su
crecimiento bajo la influencia de la FSH y la LH, con aparición de una zona sobresaliente o de tumefacción de
tipo quístico en la superficie del ovario. Al poco tiempo, se aprecia sobre esta tumefacción una pequeña zona
avascular, el estigma (v. fig. 2.10A). Antes de la ovulación, el ovocito secundario y algunas células del cúmulo
ovígero se desprenden en el interior del folículo distendido (v. fig. 2.10B).
La ovulación se desencadena a causa de un incremento en la producción de LH (fig. 2.11) y generalmente
ocurre a las 12-24 horas de que la concentración de LH alcance su valor máximo. Aparentemente, el aumento
en la producción de LH, provocado por las elevadas concentraciones de estrógenos en la sangre, parece causar
la configuración redondeada del estigma y la formación de una vesícula (v. fig. 2.10A). Poco después, el
estigma se rompe, expulsándose el ovocito secundario junto con el líquido folicular (v. fig. 2.10B a D). La
expulsión del ovocito es el resultado de la presión intrafolicular y, posiblemente, de la contracción de las
fibras musculares lisas existentes en la teca externa (vaina), secundaria a la estimulación por prostaglandinas.
FIG. 2.11 Ilustración correspondiente a las concentraciones sanguíneas de diversas hormonas durante el ciclo menstrual.
La hormona estimulante del folículo (FSH) favorece el desarrollo de los folículos ováricos y su producción de estrógenos.
Las concentraciones de los estrógenos aumentan hasta alcanzar su nivel máximo inmediatamente antes del incremento en
la producción de la hormona luteinizante (LH). Normalmente, la ovulación tiene lugar 24-36 horas después del incremento
en la producción de LH. Cuando no se produce la fecundación, disminuyen las concentraciones sanguíneas de los
estrógenos y la progesterona circulantes. Esta reducción hormonal provoca la regresión del endometrio y a continuación se
vuelve a iniciar la menstruación.
Las proteínas cinasas 3 y 1 activadas por mitógeno (MAPK 3/ 1), también conocidas como cinasas 1 y 2 reguladas por
señal extracelular (ERK1/2), en las células foliculares ováricas al parecer regulan las vías de señalización que controlan la
ovulación. También parece que las plasminas y las metaloproteínas de la matriz desempeñan un papel en el control de la
rotura del folículo. El ovocito secundario expulsado está rodeado por la zona pelúcida (v. fig. 2.8) y por una o
más capas de células foliculares, que se disponen radialmente formando la corona radiada (v. fig. 2.10C), todo
lo cual se denomina en conjunto el complejo ovocito-cúmulo. El incremento en la producción de LH también
parece inducir la reanudación de la primera división meiótica del ovocito primario. Por tanto, los folículos
ováricos maduros contienen ovocitos secundarios (v. fig. 2.10A y B). La zona pelúcida (v. fig. 2.8) está
constituida por tres glucoproteínas (ZPA, ZPB y ZPC), que habitualmente forman una red de filamentos con
múltiples poros. La unión del espermatozoide a la zona pelúcida (interacciones espermatozoide-ovocito) es
un acontecimiento complejo y crucial en el proceso de fecundación (v. fig. 2.14A y B).
Mittelschmerz y ovulación
En algunas mujeres, la ovulación provoca un cuadro de dolor abdominal de intensidad variable, el
denominado mittelschmerz (del alemán mittel, «parte media», y schmerz, «dolor»). Normalmente, la
ovulación causa una pequeña hemorragia en la cavidad peritoneal, que puede producir un dolor súbito y
constante en la parte baja del abdomen. Este dolor puede ser igualmente el resultado del agrandamiento del
ovocito inmediatamente antes de la ovulación. El mittelschmerz se puede utilizar como un indicador
secundario de la ovulación aunque hay otros indicadores primarios mejores, como la ligera disminución de la
temperatura corporal basal.
Anovulación
Algunas mujeres no ovulan (cese de la ovulación o anovulación) debido a la liberación de una cantidad
inadecuada de gonadotropinas. En algunos de estos casos, la ovulación puede provocarse mediante la
administración de gonadotropinas o de un medicamento ovulatorio, como el citrato de clomifeno. Este
fármaco estimula la liberación de gonadotropinas hipofisarias (FSH y LH), lo que ocasiona la maduración de
varios folículos ováricos y ovulaciones múltiples. La incidencia de embarazo múltiple aumenta
significativamente cuando se induce la ovulación.
Cuerpo lúteo
Poco después de la ovulación, las paredes del folículo ovárico y la teca folicular se colapsan y forman una
serie de pliegues (v. fig. 2.10D). Bajo la influencia de la LH, estas estructuras se convierten en una formación
glandular, el cuerpo lúteo, que segrega progesterona y cierta cantidad de estrógenos, causando que las
glándulas endometriales empiecen a secretar y a preparar el endometrio para la implantación del blastocisto
(v. figs. 2.7 y 2.10).
Si el ovocito es fecundado, el cuerpo lúteo aumenta de tamaño y se convierte en el denominado cuerpo lúteo
del embarazo, incrementando su producción hormonal. La degeneración del cuerpo lúteo se evita por el
efecto de la gonadotropina coriónica humana, una hormona segregada por el sincitiotrofoblasto del
blastocisto (v. fig. 2.20B). El cuerpo lúteo del embarazo se mantiene funcionalmente activo a lo largo de las
primeras 20 semanas de la gestación. En ese momento, la placenta ha asumido la producción de los estrógenos
y la progesterona necesarios para el mantenimiento del embarazo (v. cap. 7).
Si el ovocito no es fecundado, el cuerpo lúteo involuciona y degenera a los 10-12 días de la ovulación (v.
fig. 2.7), convirtiéndose en el denominado cuerpo lúteo de la menstruación. Más adelante, el cuerpo lúteo se
transforma en un tejido cicatrizal blanquecino que recibe el nombre de cuerpo albicans. Los ciclos ováricos
desaparecen con la menopausia o cese permanente de la menstruación como consecuencia de la depleción de
ovocitos y folículos. La menopausia suele tener lugar entre los 48 y los 55 años. Los cambios endocrinos,
somáticos (corporales) y psicológicos que aparecenal final del período reproductivo reciben el nombre de
climaterio.
Ciclo menstrual
El ciclo menstrual es el período de tiempo durante el cual el ovocito madura, experimenta la ovulación y se
introduce en la trompa uterina. Las hormonas producidas por los folículos ováricos y por el cuerpo lúteo
(estrógenos y progesterona) ocasionan cambios cíclicos en el endometrio (v. fig. 2.11). Los cambios cíclicos
mensuales que se producen en la capa interna del útero constituyen el ciclo endometrial, denominado
normalmente ciclo menstrual o simplemente período, ya que la menstruación (la expulsión de sangre desde
el útero) es un acontecimiento obvio.
El endometrio es como un «espejo» del ciclo ovárico, pues responde de manera estable a las fluctuaciones en las
concentraciones de las hormonas gonadotrópicas y ováricas (v. figs. 2.7 y 2.11). El promedio de la duración
del ciclo menstrual es 28 días, considerando el día 1 del ciclo aquel en el cual se inicia el flujo menstrual. Los
ciclos menstruales pueden presentar variaciones de varios días en su duración. En el 90% de las mujeres, la
duración del ciclo menstrual oscila entre 23 y 35 días. Casi todas estas variaciones se deben a modificaciones
en la duración de la fase proliferativa del ciclo menstrual (v. fig. 2.11).
Ciclos menstruales anovulatorios
El ciclo menstrual típico, ilustrado en la figura 2.11, no siempre ocurre, ya que es posible que el ovario no
produzca un folículo maduro, en cuyo caso la ovulación no tiene lugar. En los ciclos anovulatorios, los
cambios endometriales son mínimos; el endometrio proliferativo se desarrolla de la forma habitual, pero no
se produce la ovulación y no se forma el cuerpo lúteo. Como consecuencia, el endometrio no progresa hasta
la fase luteínica, sino que se mantiene en la fase proliferativa hasta que comienza la menstruación. Los ciclos
anovulatorios pueden deberse a hipofunción ovárica. Los estrógenos, con o sin progesterona,
correspondientes a los anticonceptivos orales actúan sobre el hipotálamo y la hipófisis e inhiben la secreción
de la hormona liberadora de gonadotropinas y de la FSH y la LH, una secreción que es esencial para que se
produzca la ovulación.
Fases del ciclo menstrual
Las modificaciones en las concentraciones de estrógenos y progesterona provocan cambios cíclicos en la
estructura del aparato reproductor femenino y especialmente en el endometrio. El ciclo menstrual es un
proceso continuo; cada fase da paso gradualmente a la siguiente (v. fig. 2.11).
Fase menstrual
La capa funcional de la pared uterina (v. fig. 2.6C) se desprende y se elimina con el flujo menstrual, proceso
denominado menstruación (hemorragia mensual), que generalmente dura entre 4 y 5 días. La sangre
eliminada a través de la vagina se mezcla con fragmentos pequeños de tejido endometrial. Después de la
menstruación, el endometrio erosionado tiene un grosor escaso (v. fig. 2.11).
Fase proliferativa
Esta fase, que dura aproximadamente 9 días, coincide con el crecimiento de los folículos ováricos y está
controlada por los estrógenos secretados por estos folículos. El grosor del endometrio y su contenido en agua
se duplica o triplica, durante esta fase de reparación y proliferación (v. fig. 2.11). En los primeros momentos
de esta fase, el epitelio de la superficie se reforma y cubre el endometrio. Aumentan el número y la longitud
de las glándulas, y las arterias espirales experimentan un alargamiento (v. fig. 2.6).
Fase luteínica
La fase luteínica o secretora, que dura aproximadamente 13 días, coincide con la formación, función y
crecimiento del cuerpo lúteo. La progesterona producida por el cuerpo lúteo estimula el epitelio glandular a
secretar un material rico en glucógeno. Las glándulas se ensanchan y adquieren una configuración tortuosa y
sacular, mientras que el endometrio se engruesa debido a la influencia de la progesterona y los estrógenos
secretados por el cuerpo lúteo (v. figs. 2.7 y 2.11) y al incremento en la cantidad de líquido en el tejido
conjuntivo. El grado de enrollamiento de las arterias espirales es cada vez mayor a medida que dichas
arterias crecen en la capa compacta superficial (v. fig. 2.6C). La red venosa es progresivamente más compleja y
se forman grandes lagunas (espacios venosos). Las anastomosis arteriovenosas directas constituyen un rasgo
notorio de esta fase.
Si no se produce la fecundación:
• El cuerpo lúteo degenera.
• Disminuyen los niveles de estrógenos y progesterona, y el endometrio secretor inicia una fase
isquémica.
• Se produce la menstruación (v. fig. 2.7).
Fase isquémica
Esta fase ocurre cuando el ovocito no es fecundado; las arterias espirales sufren vasoconstricción (v. fig. 2.6C),
dando al endometrio una coloración pálida. Dicha constricción se debe a la disminución de la secreción de
hormonas, principalmente la progesterona, por la degeneración del cuerpo lúteo (v. fig. 2.11). Aparte de los
cambios vasculares, la reducción de las hormonas origina la interrupción de la secreción glandular, la pérdida
de líquido intersticial y una reducción intensa del volumen del endometrio. Hacia el final de la fase isquémica,
las arterias espirales sufren constricción durante períodos más prolongados. Esta situación produce estasis
venosa (congestión y ralentización de la circulación en las venas) y necrosis (muerte celular) isquémica
parcheada en los tejidos superficiales. Por último, se produce la rotura de las paredes vasculares dañadas y la
sangre se derrama en el tejido conjuntivo circundante, de manera que se forman pequeñas acumulaciones de
sangre que afloran finalmente en la superficie del endometrio, causando una hemorragia en la cavidad
uterina, que se elimina a través de la vagina. Los extremos desgarrados de las arterias sangran en la propia
cavidad uterina a medida que se desprenden pequeños fragmentos del endometrio y alcanzan la cavidad
uterina, causando la pérdida de 20-80 ml de sangre. Finalmente, al cabo de 3-5 días se desprende la totalidad
de la capa compacta y la mayor parte de la capa esponjosa del endometrio, en lo que denominamos
menstruación (v. fig. 2.11). Sin embargo, permanecen restos de las capas esponjosa y basal, sobre los que se
produce el proceso de regeneración durante la fase proliferativa subsiguiente del endometrio. Con las
descripciones que se acaban de realizar, es obvio que la actividad hormonal cíclica del ovario está
íntimamente relacionada con los cambios histológicos cíclicos del endometrio.
Si se produce la fecundación:
• Comienzan la segmentación del cigoto y la blastogénesis (formación del blastocisto).
• El blastocisto comienza a implantarse en el endometrio aproximadamente al sexto día de la fase
luteínica (v. fig. 2.20A).
• La gonadotropina coriónica humana, una hormona producida por el sincitiotrofoblasto (v. fig. 2.20B),
mantiene la secreción de estrógenos y progesterona por parte del cuerpo lúteo.
• Continúa la fase luteínica y no se produce la menstruación.
Fase de embarazo
Si se produce el embarazo, los ciclos menstruales cesan y el endometrio inicia la fase de gestación. Cuando
esta finaliza, se reanudan los ciclos ovárico y menstrual tras un período de tiempo variable (generalmente, de
6 a 10 semanas en las mujeres que no lactan). Excepto durante la gestación, los ciclos reproductivos continúan
hasta la menopausia.
 Transporte de los gametos
Transporte del ovocito
El ovocito secundario es expulsado del folículo ovárico durante la ovulación, acompañado de líquido folicular
(fig. 2.10C y D). Durante la ovulación, el extremo con fimbrias de la trompa uterina se aplica estrechamente al
ovario. Las prolongaciones digitiformes de la trompa, las fimbrias, se desplazan hacia delante y hacia atrás
sobre el ovario. La motilidad de las fimbrias y las corrientes de líquido producidas por los cilios (extensiones
móviles) de las células mucosas de las fimbrias «barren» el ovocito secundario hacia el infundíbulo de la
trompa uterina, que tiene una configuración en embudo (v. fig. 2.10B). Después, el ovocito pasa a la ampolla
de la trompa(v. fig. 2.10C) debido, principalmente, al peristaltismo (movimientos peristálticos de la pared
tubárica, caracterizados por fases alternadas de contracción y relajación), haciendo que el ovocito alcance el
útero.
Transporte de los espermatozoides
La eyaculación refleja del semen se puede dividir en dos fases:
• Emisión: el semen alcanza la uretra prostática a través de los conductos eyaculadores y debido al
peristaltismo (movimientos peristálticos) de los conductos deferentes (fig. 2.12); la emisión es una
respuesta simpática.
• Eyaculación: el semen sale de la uretra a través de su orificio externo debido al cierre del esfínter
vesical en el cuello de la vejiga, la contracción del músculo uretral y la contracción de los músculos
bulboesponjosos.
FIG. 2.12 Corte sagital de la pelvis masculina con las diferentes partes del sistema reproductor masculino.
Los espermatozoides son transportados rápidamente desde el epidídimo hasta la uretra gracias a las
contracciones peristálticas de la cubierta muscular gruesa del conducto deferente (v. fig. 2.12). Las glándulas
sexuales accesorias, es decir, las glándulas seminales (vesículas), la próstata y las glándulas bulbouretrales
producen secreciones que se añaden al líquido en que están contenidos los espermatozoides en el conducto
deferente y en la uretra.
Durante el coito se depositan en el orificio externo del cuello uterino y en el fondo del saco vaginal unos
200-600 millones de espermatozoides (v. fig. 2.6A y B). Los espermatozoides atraviesan el canal cervical
gracias a los movimientos de sus colas (v. fig. 2.5A). La enzima vesiculasa, producida por la próstata, facilita la
reducción de la viscosidad (licuefacción) de un coágulo de líquido seminal que se forma poco después de la
eyaculación. Cuando se produce la ovulación, aumenta la cantidad de moco cervical y disminuye su
viscosidad (menos pegajoso), lo que facilita el transporte de los espermatozoides.
El paso de los espermatozoides a través del útero y hacia las trompas uterinas se debe principalmente a las
contracciones musculares de las paredes de estos órganos. Parece que las prostaglandinas existentes en el
semen estimulan la movilidad uterina en el momento del coito y así facilitan el movimiento de los
espermatozoides hasta la zona de la fecundación, en la ampolla de la trompa uterina. La fructosa segregada
por las glándulas seminales es una fuente de energía para los espermatozoides contenidos en el semen.
El promedio del volumen de eyaculado (espermatozoides mezclados con secreciones procedentes de las
glándulas sexuales accesorias) es de 3,5 ml, con un intervalo de 2 a 6 ml. Los espermatozoides se desplazan a
una velocidad de 2-3 mm por minuto, en función del pH del entorno. Los espermatozoides carecen de
movilidad durante su fase de almacenamiento en el epidídimo (v. fig. 2.12), pero adquieren esta capacidad en
el eyaculado. Se desplazan lentamente en el entorno ácido de la vagina, pero muestran una rapidez mayor en
el entorno alcalino del útero. No sabemos cuánto tiempo tardan los espermatozoides en alcanzar la zona de
fecundación en la ampolla de la trompa uterina (v. figs. 2.10C y 2.21), pero posiblemente el tiempo de
transporte sea breve. Se han recuperado espermatozoides con movilidad en la ampolla 5 minutos después de
haber sido depositados en la proximidad del orificio externo del cuello uterino (v. fig. 2.6B). No obstante,
algunos espermatozoides necesitan hasta 45 minutos para completar este recorrido. El número de
espermatozoides que alcanza la zona de fecundación es de 200, aproximadamente; sin embargo, la mayoría de
los espermatozoides sufre degeneración y se absorbe en el aparato genital femenino.
Maduración de los espermatozoides
Los espermatozoides recién eyaculados no son capaces de fecundar los ovocitos. Para hacerlo, necesitan
experimentar un período de acondicionamiento (capacitación), que tiene una duración aproximada de
7 horas. Durante este período se eliminan de la superficie del acrosoma del espermatozoide una cubierta
glucoproteica y diversas proteínas seminales (v. figs. 2.4 y 2.5A). Los componentes de la membrana de los
espermatozoides experimentan, asimismo, cambios importantes. Los espermatozoides capacitados no
muestran cambios morfológicos, pero presentan una actividad mayor. Habitualmente, los espermatozoides
experimentan la capacitación en el útero o en las trompas uterinas debido al efecto de sustancias secretadas
por estas estructuras del aparato genital femenino. En el transcurso de la fecundación in vitro se provoca la
capacitación mediante la incubación de los espermatozoides en un medio específico durante varias horas (v.
fig. 2.16). Tras la finalización de la capacitación, se produce la reacción acrosomal.
El acrosoma de los espermatozoides capacitados se une a una glucoproteína (ZP3) localizada en la zona
pelúcida (fig. 2.14A y B). En varios estudios se ha demostrado que la membrana plasmática del
espermatozoide, los iones de calcio, las prostaglandinas y la progesterona desempeñan una función clave en
la reacción acrosomal. Esta reacción es necesaria para que el espermatozoide pueda fusionarse con el ovocito.
Cuando los espermatozoides capacitados entran en contacto con la corona radiada que rodea al ovocito
secundario (v. fig. 2.14A y B), sufren cambios moleculares complejos que provocan la aparición de zonas de
perforación en el acrosoma. Se generan múltiples puntos de fusión entre la membrana plasmática del
espermatozoide y la membrana externa del acrosoma. La fragmentación de las membranas en estos puntos
hace que aparezcan zonas de comunicación o abertura. Los cambios inducidos por la reacción acrosomal se
asocian con la liberación de enzimas por parte del acrosoma, como la hialuronidasa y la acrosina, cuya
función es facilitar la fecundación. La capacitación y la reacción acrosomal parecen estar reguladas por una tirosina-
cinasa, la cinasa src.
Fertilidad masculina
Durante la evaluación de la fertilidad masculina se lleva a cabo un análisis del semen. Los espermatozoides
representan menos del 10% del semen. El resto del eyaculado está formado por secreciones de las glándulas
seminales, la próstata y las glándulas bulbouretrales. Suele haber más de 100 millones de espermatozoides
por cada mililitro de semen en el eyaculado de un hombre normal. A pesar de que existen grandes
variaciones entre casos individuales, los hombres cuyo semen contiene 20 millones de espermatozoides por
mililitro o bien 50 millones de espermatozoides en la muestra total posiblemente sean fértiles. Sin embargo,
los hombres con menos de 10 millones de espermatozoides por mililitro de semen tienen mayor probabilidad
de ser estériles, en especial cuando el eyaculado contiene espermatozoides carentes de movilidad o anómalos.
Para que la fertilidad sea posible, el 50% de los espermatozoides deben presentar movilidad al cabo de
2 horas y todavía tiene que haber espermatozoides con movilidad al cabo de 24 horas. La infertilidad
masculina puede deberse a los factores siguientes: recuento bajo de espermatozoides, escasa movilidad de los
espermatozoides, consumo de medicamentos y sustancias, trastornos endocrinos, exposición a tóxicos
ambientales, tabaquismo, presencia de espermatozoides anómalos, genoma alterado u obstrucción de un
conducto genital, como el conducto deferente (v. fig. 2.12). En el 30-50% de las parejas que no pueden tener
hijos hay un factor de infertilidad masculina. En la actualidad, el análisis morfométrico de los
espermatozoides asistido por ordenador y la hibridación in situ con fluorescencia proporcionan un examen
más rápido y objetivo del líquido eyaculado.
Vasectomía
El método más eficaz para la anticoncepción masculina permanente es la vasectomía, que consiste en la
resección quirúrgica de un segmento de cada uno de los conductos deferentes. Tras la vasectomía no
aparecen espermatozoides en el semen ni en el eyaculado, pero el volumen del eyaculado es básicamente el
mismo. La reversión de la vasectomía es técnicamente posible medianteprocedimientos de microcirugía; sin
embargo, la tasa de éxito es variable.
Dispermia y triploidía
A pesar de que son varios los espermatozoides que se introducen a través de la corona radiada y la zona
pelúcida (fig. 2.15A), generalmente solo uno de ellos penetra en el ovocito y lo fecunda. Hay un proceso
patológico que se denomina dispermia, que consiste en la participación de dos espermatozoides en la
fecundación, formándose un cigoto con un conjunto extra de cromosomas. Las concepciones triploides
representan aproximadamente el 20% de los abortos espontáneos debidos a alteraciones cromosómicas. Los
embriones triploides (69 cromosomas) pueden presentar un aspecto normal, pero casi siempre finalizan en
aborto o fallecen poco tiempo después del nacimiento.
Viabilidad de los gametos
En los estudios efectuados sobre las fases tempranas del desarrollo se ha observado que los ovocitos humanos
son fecundados generalmente antes de haber transcurrido 12 horas desde la ovulación. Observaciones in vitro
han demostrado que el ovocito no puede ser fecundado a partir de las 24 horas desde la ovulación y que
experimenta degeneración poco tiempo después de este período. Probablemente, la mayoría de los
espermatozoides humanos no sobreviven más de 48 horas en el interior del aparato genital femenino. Tras la
eyaculación, los espermatozoides atraviesan el cuello uterino y acceden al útero. Algunos espermatozoides se
agrupan en los pliegues de las criptas cervicales y son liberados gradualmente, alcanzando la cavidad uterina y,
finalmente, las trompas uterinas. El corto período de tiempo durante el cual los espermatozoides se acumulan
en las criptas facilita su liberación gradual hacia las trompas uterinas, lo que incrementa las posibilidades de
fecundación. Es posible congelar y almacenar los espermatozoides y los ovocitos durante muchos años,
pudiéndose utilizar para la fecundación in vitro.
 Secuencia de la fecundación
La fecundación se produce habitualmente en la ampolla de la trompa uterina (v. fig. 2.6B y 2.21). Si el ovocito
no es fecundado en esta zona, atraviesa lentamente toda la trompa hasta alcanzar el cuerpo uterino, donde
experimenta degeneración y reabsorción. La fecundación puede ocurrir en otras partes de la trompa uterina,
pero no se produce en el cuerpo del útero. Las señales químicas (factores de atracción) segregadas por el
ovocito y por las células foliculares que lo rodean guían a los espermatozoides capacitados (quimiotaxis de
los espermatozoides) hasta el ovocito.
La fecundación es una secuencia compleja de acontecimientos moleculares (fig. 2.13) y físicos coordinados,
que se inicia con el contacto entre un espermatozoide y un ovocito (fig. 2.14A y B) y finaliza con la mezcla de
los cromosomas de orígenes materno y paterno en la metafase de la primera división mitótica del cigoto, que
es un embrión unicelular (v. fig. 2.15E).
FIG. 2.13 Los acontecimientos que tienen lugar durante la fecundación. A, Preparación-capacitación del espermatozoide:
el ovocito secreta determinadas moléculas (péptidos resact, speract) que orientan y activan al espermatozoide (guanilato
ciclasa). B, Reacción acrosómica: liberación de enzimas hidrolíticas. El espermatozoide se conecta con ZP3 mediante la
proteína SED1. C, Fusión del espermatozoide con la membrana plasmática del ovocito: la proacrosina del espermatozoide
se une a ZP2. Las proteínas IZUMO, ADAMs 1, ADAMs 2, ADAMs 3 y CRISP 1 se unen a receptores del ovocito (Juno,
integrinas, CD9, CD81). Otras moléculas que desempeñan un papel en la fusión de los gametos son la acrosina tipo-
tripsina, espermosina, SPAM1, HYAL5 y ACE3. D, Reacción cortical: onda de liberación del Ca2+ y formación del cono de
fecundación. Enzimas liberados por gránulos corticales digieren los receptores del espermatozoide ZP2 y ZP3 (bloqueantes
de la polispermia). E, Descondensación de la cromatina del espermatozoide para formar el pronúcleo masculino: el núcleo
del ovocito completa la segunda meiosis y elimina el segundo corpúsculo polar. (Con autorización de: Georgadaki K,
Khoury N, Spandidos D, Zoumpourlis V: The molecular basis of fertilization [review]. Int J Mol Med 38:979-986, 2016.)
FIG. 2.14 Reacción acrosomal y entrada del espermatozoide en un ovocito. El detalle de la zona del recuadro
correspondiente a A se muestra en B. (1) Espermatozoide durante la fase de capacitación, un período de
acondicionamiento que se produce en el aparato reproductor femenino. (2) Espermatozoide experimentando la reacción
acrosomal, durante la cual se forman zonas de perforación en el acrosoma. (3) Espermatozoide abriéndose camino a través
de la zona pelúcida por efecto de las enzimas liberadas a partir del acrosoma. (4) Espermatozoide introduciéndose en el
citoplasma del ovocito. Se puede observar que las membranas plasmáticas del espermatozoide y del ovocito se han
fusionado, y que la cabeza y la cola del espermatozoide se introducen en el ovocito, al tiempo que la membrana plasmática
del espermatozoide queda unida a la membrana plasmática del ovocito. C, Imagen de microscopia electrónica de barrido
correspondiente a un ovocito humano no fecundado que muestra una cantidad relativamente escasa de espermatozoides
sobre la zona pelúcida. D, Imagen de microscopia electrónica de barrido correspondiente a un ovocito humano en el cual se
observa la penetración del espermatozoide (flecha) en la zona pelúcida. (Por cortesía de P. Schwartz y H. M. Michelmann,
Universidad de Goettingen, Goettingen, Alemania.)
FIG. 2.15 Ilustraciones de la fecundación, es decir, de la serie de acontecimientos que se inicia cuando el espermatozoide
establece contacto con la membrana plasmática del ovocito secundario y que finaliza con la mezcla de los cromosomas
maternos y paternos durante la metafase de la primera división meiótica del cigoto. A, Ovocito secundario rodeado por
varios espermatozoides, dos de los cuales han atravesado la corona radiada. (Solo se muestran cuatro de los 23 pares de
cromosomas.) B, No se muestra la corona radiada; un espermatozoide se ha introducido en el ovocito y se ha producido la
segunda división meiótica con formación de un ovocito maduro. Ahora, el núcleo del ovocito es el pronúcleo femenino. C,
La cabeza del espermatozoide ha aumentado de tamaño y forma el pronúcleo masculino. Esta célula, que ahora se
denomina ovótido, contiene los pronúcleos masculino y femenino. D, Fusión de los pronúcleos. E, Se ha formado el cigoto,
que contiene 46 cromosomas (el número diploide).
Los defectos en cualquiera de las fases de la secuencia de estos acontecimientos pueden provocar la muerte
del cigoto. El proceso de fecundación requiere aproximadamente 24 horas. En estudios realizados sobre
ratones transgénicos con eliminación selectiva de genes se ha demostrado que las moléculas de unión a
hidratos de carbono y proteínas específicas de los gametos localizadas en la superficie de los espermatozoides
están implicadas en el reconocimiento y unión del espermatozoide y el óvulo.
Fases de la fecundación
Como se ha mencionado previamente, la fecundación es una secuencia de acontecimientos coordinados (v.
figs. 2.14 y 2.15):
• Paso de un espermatozoide a través de la corona radiada. La dispersión de las células foliculares de la
corona radiada que rodea al ovocito y a la zona pelúcida parece que se debe, principalmente, al efecto
de la enzima hialuronidasa liberada desde el acrosoma del espermatozoide (v. fig. 2.5A) aunque las
pruebas existentes al respecto son contradictorias. Al parecer, también las enzimas secretadas por la
mucosa tubárica facilitan este proceso de dispersión. Asimismo, los movimientos de la cola del
espermatozoide son importantes para que pueda atravesar la corona radiada (v. fig. 2.14A).
• Penetración de la zona pelúcida. El paso de un espermatozoide a través de la zona pelúcida es la fase
más importante en el inicio de la fecundación. La formación de una vía de paso también se debe a la
acción de las enzimas liberadas desde el acrosoma. Las enzimasesterasas, acrosina y neuraminidasa
parece que provocan la lisis (disolución u holgura) de la zona pelúcida y abren así un camino para
que el espermatozoide se pueda introducir en el ovocito. La más importante de estas enzimas es la
acrosina, una enzima proteolítica.
• Una vez que el espermatozoide atraviesa la zona pelúcida se produce una reacción de zona (un
cambio en las propiedades de la zona pelúcida), que la hace impermeable al paso de otros
espermatozoides. La composición de esta cubierta glucoproteica extracelular se modifica tras la
fecundación. Parece que la reacción de zona se debe a la acción de las enzimas lisosómicas liberadas
por gránulos corticales en la proximidad de la membrana plasmática del ovocito. El contenido de
estos gránulos, que también es liberado hacia el espacio perivitelino (v. fig. 2.14A), ocasiona,
asimismo, cambios en la membrana plasmática que la impermeabilizan frente al paso de otros
espermatozoides.
• Fusión de las membranas celulares del ovocito y el espermatozoide. Las membranas celulares o
plasmáticas del ovocito y del espermatozoide se fusionan y desaparecen individualmente en el área
de fusión. La cabeza y la cola del espermatozoide se introducen en el citoplasma del ovocito (v.
fig. 2.14A y B), pero no ocurre así con la membrana celular (membrana plasmática) del
espermatozoide ni con sus mitocondrias. La fosfolipasa C zeta de los espermatozoides causa cambios
en la concentración de calcio, lo que reactiva el ciclo celular del ovocito.
• Finalización de la segunda división meiótica del ovocito y formación del pronúcleo femenino. La
penetración del ovocito por un espermatozoide activa al ovocito para finalizar la segunda división
meiótica y convertirse en un ovocito maduro y en un segundo corpúsculo polar (v. fig. 2.15B). Tras la
descondensación de los cromosomas maternos, el núcleo del ovocito maduro se convierte en el
pronúcleo femenino.
• Formación del pronúcleo masculino. En el interior del citoplasma del ovocito, el núcleo del
espermatozoide aumenta de tamaño y forma el pronúcleo masculino al tiempo que la cola del
espermatozoide experimenta degeneración (v. fig. 2.15C). Desde el punto de vista morfológico, los
pronúcleos masculino y femenino son indistinguibles. Durante el crecimiento de los pronúcleos se
produce la replicación de su ADN-1n (haploide), 2c (dos cromátidas). El ovocito contiene ahora dos
pronúcleos haploides y se denomina ovótido, el ovocito prácticamente maduro después de que se
hayan completado las primeras divisiones meióticas (v. fig. 2.15C).
• A medida que los pronúcleos se fusionan y ocasionan una agregación diploide única de
cromosomas, el ovótido se convierte en un cigoto. Los cromosomas del cigoto se disponen en un
huso de segmentación (v. fig. 2.15E) en preparación para la segmentación del cigoto (v. fig. 2.17).
• El cigoto es único desde el punto de vista genético ya que la mitad de sus cromosomas procede de la madre
y la otra mitad, del padre. El cigoto contiene una nueva combinación de cromosomas que es distinta
de la existente en las células de cualquiera de los progenitores. Este mecanismo es el fundamento de la
herencia biparental y de la variación en la especie humana. La meiosis permite la mezcla
independiente de los cromosomas maternos y paternos entre las células germinales (v. fig. 2.2). El
cruzamiento de los cromosomas, al recolocar los segmentos de los cromosomas maternos y paternos,
«baraja» los genes y así provoca una recombinación del material genético. El sexo cromosómico
del embrión se determina en el proceso de fecundación y depende del tipo de espermatozoide (X o Y) que
fecunda al ovocito. La fecundación por un espermatozoide portador del cromosoma X genera un
cigoto 46,XX, que se convierte finalmente en un individuo femenino, mientras que la fecundación del
ovocito por un espermatozoide portador del cromosoma Y genera un cigoto 46,XY, que se convierte
finalmente en un individuo masculino.
Fecundación
• Estimula al ovocito penetrado por un espermatozoide para completar la segunda división meiótica.
• Restablece el número diploide normal de cromosomas (46) en el cigoto.
• Es el mecanismo en que se basa la variación en la especie humana a través de la mezcla de los
cromosomas maternos y paternos.
• Determina el sexo cromosómico del embrión.
• Origina la activación metabólica del ovótido (un ovocito casi maduro) e inicia la segmentación del
cigoto.
Preselección del sexo del embrión
Dado que los espermatozoides con el cromosoma X y los espermatozoides con el cromosoma Y se forman en
un número aproximadamente igual, la expectativa es que el cociente sexual en la fecundación (cociente
sexual primario) sea de 1,00 (es decir, 100 niños por cada 100 niñas). Sin embargo, es bien conocido que en
todos los países nacen más niños que niñas. Por ejemplo, el cociente sexual en el momento del nacimiento
(cociente sexual secundario) en Norteamérica es de aproximadamente 1,05 (es decir, 105 hombres por cada
100 mujeres). Se han desarrollado varias técnicas microscópicas en el intento de separar los espermatozoides
portadores del cromosoma X de los espermatozoides portadores del cromosoma Y (selección del sexo) y para
ello se han utilizado:
• Las distintas capacidades de desplazamiento de los espermatozoides X y los espermatozoides Y.
• Las diferentes velocidades de migración de los espermatozoides en un campo eléctrico.
• Las diferencias de aspecto entre los espermatozoides X y los espermatozoides Y.
• La diferencia de ADN entre los espermatozoides X (el 2,8% más de ADN) y los espermatozoides Y.
El uso de una muestra seleccionada de espermatozoides durante la fecundación in vitro puede lograr un
embrión del sexo elegido.
Tecnologías de reproducción asistida
Fecundación in vitro y transferencia embrionaria
Las técnicas de fecundación in vitro (FIV) de los ovocitos y de la transferencia al útero de cigotos en fase de
segmentación han ofrecido la oportunidad de ser madre a muchas mujeres estériles (p. ej., debido a una
obstrucción tubárica). En 1978, Robert G. Edwards y Patrick Steptoe fueron los pioneros de la FIV, uno de los
adelantos más revolucionarios en la historia de la reproducción humana. Sus estudios concluyeron con el
nacimiento del primer «bebé probeta», Louise Brown. Desde entonces han nacido millones de niños mediante
FIV. Los pasos implicados en la FIV y en la transferencia embrionaria son los siguientes (fig. 2.16):
• Se estimula el crecimiento y la maduración de los folículos ováricos mediante la administración de citrato
de clomifeno o de gonadotropinas (superovulación).
• Mediante laparoscopia se realiza la aspiración de varios ovocitos maduros a partir de folículos ováricos
maduros. Los ovocitos también pueden extraerse mediante una aguja guiada con ecografía e introducida
a través de la pared vaginal hasta los folículos ováricos.
• Los ovocitos se depositan sobre una placa de Petri que contiene un medio de cultivo especial y
espermatozoides capacitados.
• La fecundación de los ovocitos y la segmentación de los cigotos se controlan microscópicamente durante
3-5 días.
• En función de la edad de la madre, entre uno y tres de los embriones resultantes (estadio de 4 a 8 células
o blastocistos tempranos) son transferidos al útero mediante la introducción de un catéter a través de la
vagina y del canal cervical. Cualquier embrión restante quedará almacenado en nitrógeno líquido para su
utilización posterior.
• La paciente debe permanecer en decúbito supino durante varias horas. Las posibilidades de embarazo
múltiple son mayores con la FIV, y también lo es la incidencia de aborto espontáneo.
FIG. 2.16 Procedimientos de la fecundación in vitro y de la transferencia de embriones.
Varias publicaciones científicas han mostrado un incremento en el riesgo de nacimiento de bebés
prematuros y de bajo peso, así como mayor incidencia de defectos congénitos, incluyendo tumores
embrionarios y alteraciones cromosómicas moleculares (mutaciones genéticas) en niños concebidos mediante
métodos dereproducción asistida. La evaluación y el seguimiento a largo plazo de estos niños
proporcionarán orientación a padres y médicos en el futuro.
Criopreservación de los embriones
Los embriones tempranos resultantes de la FIV pueden conservarse durante largos períodos de tiempo
mediante su congelación en nitrógeno líquido junto con una sustancia crioprotectora (p. ej., glicerol o
dimetilsulfóxido [DMSO]). En la actualidad es habitual conseguir buenos resultados con la transferencia al
útero de embriones de 4 a 8 células y de blastocistos tras su descongelación. El período más prolongado de
criopreservación de los espermatozoides que ha permitido el nacimiento de un niño vivo ha sido de 21 años.
Inyección intracitoplásmica de espermatozoides
Un espermatozoide puede ser inyectado directamente en el citoplasma de un ovocito maduro. Esta técnica ha
dado buenos resultados en el tratamiento de las parejas en las que no ha habido éxito con la FIV o en los
casos en los que el hombre genera pocos espermatozoides.
Fecundación in vivo asistida
Una técnica que permite la fecundación en la trompa uterina es la denominada transferencia intratubárica de
gametos. Precisa de la superovulación (similar a la que se utiliza en la FIV) previa, la obtención de ovocitos,
la recogida de espermatozoides y la colocación en las trompas uterinas mediante laparoscopia de varios
ovocitos y espermatozoides. Con esta técnica, la fecundación se produce en la ampolla tubárica, que es su
localización habitual.
Maternidad subrogada
Algunas mujeres producen ovocitos maduros, pero no se quedan embarazadas, como en el caso de aquellas
que han sido sometidas a histerectomía (extirpación del útero). En estos casos se puede llevar a cabo la FIV y,
después, los embriones son transferidos al útero de otra mujer para su desarrollo hasta el nacimiento.
Segmentación del cigoto
El proceso de segmentación consiste en divisiones mitóticas repetidas del cigoto, lo que incrementa rápidamente su
número de células (blastómeros). Estas células embrionarias son cada vez más pequeñas con cada división
sucesiva (figs. 2.17 y 2.18). La segmentación se produce mientras el cigoto atraviesa la trompa uterina hacia el
útero (v. fig. 2.21). Durante la segmentación, el cigoto permanece en el interior de la zona pelúcida (v.
fig. 2.18A). La división del cigoto en blastómeros se inicia aproximadamente 30 horas después de la
fecundación. Las divisiones de segmentación subsiguientes se producen una tras otra, con formación de
blastómeros progresivamente más pequeños (v. fig. 2.17D a F). Tras la fase de nueve células, los blastómeros
muestran un cambio de forma y se alinean estrechamente entre sí para formar una masa redondeada y
compacta de células (v. fig. 2.17D). Este fenómeno, denominado compactación, está mediado por
glucoproteínas de adhesión de la superficie celular, incluyendo el complejo E-cadherina-catenina (uniones
adherentes). La compactación provoca cambios en el citoesqueleto de la membrana celular y permite mayor
interacción entre las células, constituyendo un requisito imprescindible para la segregación de las
células internas que forman el embrioblasto (masa celular interna) del blastocisto (v. fig. 2.17E y F). También
tiene lugar un proceso de polarización de los blastómeros (dominio apical frente al basolateral). La vía de
señalización Hippo desempeña un papel crucial en la segregación del embrioblasto desde el trofoblasto. Cuando ya se
han formado entre 12 y 32 blastómeros, el ser humano en desarrollo se denomina mórula. Las células internas
de la mórula están rodeadas por células trofoblásticas. La mórula se forma aproximadamente 3 días después
de la fecundación, en el momento en que se introduce en el útero (v. figs. 2.17D y 2.21).
Mosaicismo
En los casos de no disyunción (ausencia de separación de un par de cromosomas) durante una división de
segmentación temprana de un cigoto, se forma un embrión con dos o más líneas celulares que presentan
complementos cromosómicos distintos. Las personas con mosaicismo numérico se denominan mosaicos; por
ejemplo, un cigoto con un cromosoma 21 adicional puede perder el cromosoma extra durante una división
temprana del cigoto. En consecuencia, algunas células del embrión presentan un complemento cromosómico
normal mientras que otras tendrán un cromosoma 21 adicional. En general, las personas que son mosaicos
para una trisomía concreta, como el síndrome de Down mosaico, muestran una afectación menos intensa que
las que sufren la enfermedad y no presentan mosaicismo.
FIG. 2.17 Ilustraciones de la segmentación del cigoto y de la formación del blastocisto. A a D, Las diferentes fases de la
segmentación del cigoto. El período de mórula se inicia en la fase de 12 a 16 células y finaliza con la formación del
blastocisto. E y F, Cortes de los blastocistos. La zona pelúcida ha desaparecido hacia la fase tardía del blastocisto (5 días).
Los segundos corpúsculos polares que aparecen en A son pequeñas células no funcionales. La segmentación del cigoto y
la formación de la mórula se producen a medida que el cigoto en fase de división recorre la trompa uterina. La formación del
blastocisto se produce en el útero. A pesar de que el proceso de segmentación incrementa el número de blastómeros, se
puede observar que las células hija siempre son más pequeñas que las células madre. En consecuencia, no aumenta el
tamaño del embrión hasta que degenera la zona pelúcida. Después, el blastocisto aumenta de tamaño considerablemente
(F).
FIG. 2.18 A, Estadio de 2 células de un cigoto en fase de segmentación desarrollado in vitro. Se puede observar que está
rodeado por numerosos espermatozoides. B, Fecundación in vitro, embrión humano en estadio de 2 células. La zona
pelúcida ha sido retirada. Todavía se observa en la superficie de un blastómero un pequeño corpúsculo polar redondeado
(color rosa; coloración artificial, microscopia electrónica de barrido, ×1.000). C, Embrión humano en estadio de 3 células,
fecundación in vitro (microscopia electrónica de barrido, ×1.300). D, Embrión humano en estadio de 8 células, fecundación
in vitro (microscopia electrónica de barrido, ×1.100). Se pueden observar los grandes blastómeros redondeados con varios
espermatozoides adheridos. (A, Por cortesía de M. T. Zenzes, In Vitro Fertilization Program, Toronto Hospital, Toronto,
Ontario, Canadá. D, Tomada de Makabe S, Naguro T, Motta PM: Three-dimensional features of human cleaving embryo by
ODO method and field emission scanning electron microscopy. En: Motta PM, editor. Microscopy of reproduction and
development: a dynamic approach. Roma, 1997, Antonio Delfino Editore.)
Formación del blastocisto
Poco tiempo después de la entrada de la mórula en el útero (aproximadamente, 4 días después de la
fecundación) aparece en su interior un espacio relleno de líquido, la cavidad blastocística o blastocele (v.
fig. 2.17E). El líquido atraviesa la zona pelúcida procedente de la cavidad uterina y forma este espacio. A
medida que aumenta la cantidad de líquido en el blastocele, separa los blastómeros en dos zonas:
• Una capa celular externa delgada, el trofoblasto (del griego trophe, nutrición), que da lugar a la parte
embrionaria de la placenta (v. fig. 2.19).
• Un grupo de blastómeros localizados centralmente, el embrioblasto, que genera el embrión (v.
fig. 2.17F).
FIG. 2.19 Microfotografías correspondientes a cortes de blastocistos humanos obtenidos de la cavidad uterina (×600). A,
A los 4 días, el blastocele está empezando a formarse y la zona pelúcida ya presenta deficiencia en parte del blastocisto. B,
A los 4,5 días, el blastocele ha aumentado de tamaño y están claramente definidos el embrioblasto y el trofoblasto. La zona
pelúcida ha desaparecido. (Tomada de Hertig AT, Rock J, Adams EC: A description of 34 human ova within the first
seventeen days of development. Am J Anat 98:435, 1956. Por cortesía de la Carnegie Institution of Washington.)
El factor temprano del embarazo es una proteína inmunosupresora secretada por las célulastrofoblásticas,
que aparece en el suero materno a las 24-48 horas de la fecundación. Este factor es la base de la prueba de
embarazo realizada durante los primeros 10 días de desarrollo.
Durante esta fase del desarrollo, denominada blastogénesis, el producto de la concepción (el embrión y sus
membranas) se denomina blastocisto (fig. 2.19). Ahora, el embrioblasto se proyecta en el blastocele y el
trofoblasto forma la pared del blastocisto. Después de que el blastocisto permanezca flotando en las
secreciones uterinas durante unos 2 días, la zona pelúcida experimenta gradualmente degeneración y
desaparece (v. figs. 2.17E y F y 2.19A). La descamación de la zona pelúcida y la incubación del blastocisto han
sido observadas in vitro. La eliminación de la zona pelúcida permite que el blastocisto incubado aumente
rápidamente de tamaño. Mientras flota en el útero, el embrión se nutre a partir de las secreciones de las
glándulas uterinas (v. fig. 2.6C).
Aproximadamente 6 días después de la fecundación (día 20 de un ciclo menstrual de 28 días), el blastocisto
se une al epitelio endometrial, normalmente en la zona adyacente al polo embrionario (fig. 2.20A). Tan pronto
como se une al epitelio endometrial, el trofoblasto prolifera con rapidez y se diferencia en dos capas (v.
fig. 2.20B):
• Una capa interna de citotrofoblasto.
• Una capa externa de sincitiotrofoblasto formada por una masa protoplásmica multinucleada en la
cual no se distinguen los límites celulares.
FIG. 2.20 Unión del blastocisto al epitelio endometrial durante las fases iniciales de la implantación. A, A los 6 días, el
trofoblasto se une al epitelio endometrial en el polo embrionario del blastocisto. B, A los 7 días, el sincitiotrofoblasto se ha
introducido en el epitelio y ha comenzado a infiltrar el tejido conjuntivo endometrial. Nota: en los estudios embriológicos se
suele mostrar el embrión con su superficie dorsal hacia arriba. Dado que el embrión se implanta sobre su futura superficie
dorsal, parece que el dibujo está al revés si se utiliza la convención histológica (epitelio hacia arriba). En este libro se utiliza
la convención histológica cuando la consideración principal se refiere al endometrio (p. ej., fig. 2.6C) y la convención
embriológica cuando la consideración principal se refiere al embrión, como aparece en las ilustraciones adyacentes.
Factores intrínsecos y de la matriz extracelular modulan la diferenciación del trofoblasto a través de
secuencias cronológicas cuidadosamente coordinadas. El factor de crecimiento transformador β regula la
proliferación y diferenciación del trofoblasto mediante la interacción del ligando con receptores I y II, tipo proteína
serina/treonina-cinasas. Asimismo, hay evidencia de que las microvesículas liberadas por la masa celular
interna ejercen un papel sobre el trofoblasto durante el proceso de implantación. Aproximadamente a los
6 días, el sincitiotrofoblasto extiende hacia el epitelio endometrial una serie de prolongaciones digitiformes
que invaden el tejido conjuntivo. Hacia el final de la primera semana, el blastocisto está implantado
superficialmente en la capa compacta del endometrio y se nutre de los tejidos maternos parcialmente
erosionados (v. fig. 2.20B). El sincitiotrofoblasto, intensamente invasivo, se expande con rapidez a la zona
adyacente al embrioblasto, el área denominada polo embrionario (v. fig. 2.20A). El sincitiotrofoblasto produce
enzimas que erosionan los tejidos maternos y permiten al blastocisto «enterrarse» en el endometrio. Las
células endometriales ayudan también a controlar la profundidad de penetración del sincitiotrofoblasto.
Aproximadamente a los 7 días aparece, en la superficie del embrioblasto enfrentada al blastocele, una capa
celular denominada hipoblasto (endodermo primario; v. fig. 2.20B). La embriología comparada sugiere que el
hipoblasto se origina por la deslaminación de los blastómeros desde el embrioblasto.
Diagnóstico genético previo a la implantación
En parejas portadoras de trastornos genéticos que se someten a FIV, se efectúa el diagnóstico genético previo
a la implantación con el fin de determinar el genotipo del embrión y seleccionar así embriones con
cromosomas normales que puedan transferirse a la madre. Está indicado realizar diagnóstico genético previo
a la implantación en casos de trastornos genéticos, mutaciones simples, traslocaciones y otras anomalías
subcromosómicas o genéticas. En pacientes de edad o infértiles, se lleva a cabo el examen genético previo a la
implantación de los 24 cromosomas para asegurar que se transfiere un embrión con cariotipo normal y que el
bebé será sano. La práctica del diagnóstico genético previo a la implantación se ha transformado en los
últimos tiempos por la posibilidad de detección de ADN fetal libre en el plasma sanguíneo de la madre
gestante, la aparición de avances en la medicina genómica y la introducción de nuevas tecnologías.
El diagnóstico genético previo a la implantación se puede llevar a cabo a los 3-5 días de la FIV del ovocito
(v. fig. 2.16). Se extraen una o dos células (blastómeros) del embrión con riesgo de defecto genético único o
anomalía cromosómica. Después, estas células se analizan antes de su transferencia al útero. También es
posible determinar el sexo del embrión a partir de un blastómero obtenido en un cigoto de 6 a 8 células en
fase de división, que se analiza mediante técnicas de reacción en cadena de la polimerasa y de hibridación in
situ de fluorescencia. Este procedimiento se ha utilizado para detectar los embriones de sexo femenino
durante los procedimientos de FIV en casos en los que el embrión de sexo masculino pudiera presentar riesgo
de enfermedad grave ligada al cromosoma X. También es posible estudiar el corpúsculo polar para detectar
enfermedades en los casos en que la madre sea portadora (v. fig. 2.15A).
Embriones anómalos y abortos espontáneos
Muchos cigotos, mórulas y blastocistos son abortados espontáneamente. La implantación temprana del
blastocisto es un período crítico del desarrollo que puede fallar debido a la producción insuficiente de
progesterona y estrógenos por parte del cuerpo lúteo (v. fig. 2.7). En ocasiones, los ginecólogos atienden a
pacientes que señalan que su última menstruación se retrasó varios días y que el flujo menstrual fue
inusualmente abundante. Es muy probable que estas pacientes hayan tenido un aborto espontáneo temprano.
Se considera que la tasa global de aborto espontáneo temprano es, aproximadamente, del 50% al 70%. El
aborto espontáneo temprano está causado por varias razones; una de ellas es la presencia de alteraciones
cromosómicas. Más del 50% de todos los abortos espontáneos conocidos se deben a alteraciones de este tipo.
La pérdida temprana de embriones puede constituir un proceso de eliminación de embriones anómalos que
no se habrían desarrollado con normalidad, por lo que puede ser un proceso de selección natural de
embriones sin el cual la incidencia de niños nacidos con malformaciones congénitas sería mucho mayor.
Resumen de la primera semana
• Los ovocitos son producidos por los ovarios (ovogénesis) y después expulsados de este órgano
durante la ovulación (fig. 2.21). Las fimbrias de la trompa uterina arrastran el ovocito hacia la
ampolla, donde este puede ser fecundado. Generalmente, durante la ovulación solo se expulsa un
ovocito.
• Los espermatozoides son producidos en los testículos (espermatogénesis) y almacenados en el
epidídimo (v. fig. 2.12). La eyaculación del semen crea un depósito de millones de espermatozoides
en la vagina. Varios cientos de espermatozoides atraviesan el útero y alcanzan las trompas uterinas.
• Cuando un ovocito entra en contacto con un espermatozoide, completa la segunda división meiótica
(v. fig. 2.1), lo que genera la formación de un ovocito maduro y de un segundo corpúsculo polar. El
núcleo del ovocito maduro constituye el pronúcleo femenino (v. fig. 2.15B y C).
• Después de que el espermatozoide se introduce en el ovocito, su cabeza se separa de la cola y aumenta
de tamañopara convertirse en el pronúcleo masculino (v. figs. 2.14 y 2.15C). La fecundación se
completa cuando se unen los pronúcleos masculino y femenino y se mezclan los cromosomas
maternos y paternos durante la metafase de la primera división mitótica del cigoto (v. fig. 2.15C y D).
• A medida que discurre a lo largo de la trompa uterina hacia el útero, el cigoto experimenta un proceso
de segmentación (una serie de divisiones celulares mitóticas), mediante el cual se forma cierto número
de células más pequeñas, los blastómeros. Aproximadamente 3 días después de la fecundación, entra
en el útero una masa celular redondeada y compacta constituida por 12 o más blastómeros (la mórula)
(v. fig. 2.21).
• Se forma una cavidad en el interior de la mórula, que se convierte en el blastocisto, constituido por el
embrioblasto, el blastocele y el trofoblasto (v. fig. 2.17D a F). El trofoblasto abarca al embrioblasto y al
blastocele, y más adelante forma estructuras extraembrionarias y la parte embrionaria de la placenta.
• A los 4-5 días de la fecundación se desprende la zona pelúcida y el trofoblasto adyacente al
embrioblasto se ancla al epitelio endometrial (v. fig. 2.17E).
• El trofoblasto existente en el polo embrionario se diferencia en dos capas, una externa, el
sincitiotrofoblasto, y otra interna, el citotrofoblasto (v. fig. 2.20B). El sincitiotrofoblasto infiltra el
epitelio endometrial y el tejido conjuntivo subyacente. Al mismo tiempo, en la superficie profunda del
embrioblasto se forma una capa cúbica de hipoblasto. Hacia el final de la primera semana, el
blastocisto está implantado superficialmente en el endometrio (v. fig. 2.20B).
FIG. 2.21 Resumen del ciclo ovárico, la fecundación y el desarrollo humano durante la primera semana. La fase 1 del
desarrollo comienza con la fecundación en la ampolla de la trompa uterina y finaliza con la formación del cigoto. La fase 2
(días 2 a 3) se corresponde con los primeros estadios de segmentación (desde 2 hasta aproximadamente 32 células, la
mórula). La fase 3 (días 4 a 5) corresponde al blastocisto libre (no implantado). La fase 4 (días 5 a 6) está representada por
la unión del blastocisto a la pared posterior del útero, que es la zona habitual de implantación. Los blastocistos han sido
cortados para mostrar su estructura interna.
Problemas con orientación clínica
1. ¿Cuál es la causa principal de las aberraciones en el número de cromosomas? Defina este proceso.
¿Cuál es el resultado habitual de este tipo de anomalía cromosómica?
2. Durante la segmentación de un cigoto in vitro, todos los blastómeros de una mórula muestran un
conjunto extra de cromosomas. Explique cómo se llega a ello. ¿Puede una mórula de estas
características desarrollarse hacia la formación de un feto viable?
3. ¿Cuál es la causa principal a) de la infertilidad femenina y b) de la infertilidad masculina?
4. Algunas personas muestran una mezcla de células con 46 cromosomas y otras con 47 (p. ej., algunos
pacientes con síndrome de Down). ¿Cómo se forman los mosaicos? ¿Presentan los niños con
mosaicismo y síndrome de Down las mismas alteraciones que otros lactantes con este síndrome? ¿En
qué fase del desarrollo se produce el mosaicismo? ¿Se puede diagnosticar esta anomalía cromosómica
antes del nacimiento?
5. Una mujer joven solicita información acerca de la denominada «píldora del día después»
(anticonceptivos orales poscoitales). ¿Cómo se le podrían explicar los efectos de dicho medicamento?
6. ¿Cuál es la anomalía más frecuente que se observa en los embriones que experimentan un aborto
espontáneo temprano?
7. Mary, de 26 años, con buena salud, no ha podido quedarse embarazada tras cuatro años de
matrimonio. Su marido, Jerry, de 32 años, parece que tiene buena salud. Mary y Jerry consultan a su
médico de atención primaria, que les remite a una clínica de infertilidad. ¿Cuál es la frecuencia de
infertilidad en las parejas que desean tener un hijo? ¿Cuál piensa que puede ser el problema que
presenta esta pareja? ¿Qué prueba o pruebas diagnósticas serían recomendables inicialmente?
La respuesta a estos problemas se recoge en el apéndice al final del libro.
Bibliografía y lecturas recomendadas
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Segunda semana del desarrollo humano
Finalización de la implantación del blastocisto 
Formación de la cavidad amniótica, el disco embrionario y la vesícula umbilical 
Desarrollo del saco coriónico 
Sitios de implantación de los blastocistos 
Resumen de la implantación 
Resumen de la segunda semana 
Problemas con orientación clínica 
A medida que se produce la implantación del blastocisto, se producen cambios morfológicos en el
embrioblasto que generan un disco embrionario bilaminar constituido por el epiblasto y el hipoblasto
(fig.3.1A). El disco embrionario origina las tres capas germinales que forman todos los tejidos y órganos del
embrión. Las estructuras extraembrionarias que se forman durante la segunda semana son la cavidad
amniótica, el amnios, la vesícula umbilical (saco vitelino), el tallo de conexión y el saco coriónico.
FIG. 3.1 Implantación de un blastocisto en el endometrio. El tamaño real del producto de la concepción es de 0,1 mm, es
decir, aproximadamente el tamaño del punto y seguido que hay al final de esta frase. A, Dibujo correspondiente a un corte a
través de un blastocisto incrustado parcialmente en el endometrio uterino (aproximadamente, 8 días). Se puede observar la
cavidad amniótica con forma de hendidura. B, Dibujo correspondiente a un corte a través de un blastocisto de
aproximadamente 9 días implantado en el endometrio. Se observa la aparición de lagunas en el sincitiotrofoblasto.
Finalización de la implantación del blastocisto
La implantación del blastocisto se completa durante la segunda semana. Se produce durante un período de
tiempo específico correspondiente a los 6-10 días posteriores a la ovulación y la fecundación. Conforme se
implanta el blastocisto (v. fig. 3.1), aumenta la cantidad de trofoblasto que establece contacto con el
endometrio y se diferencia en dos capas:
• Una capa interna denominada citotrofoblasto, que presenta actividad mitótica (es decir, muestra
imágenes visibles de mitosis) y que genera nuevas células mononucleares que migran hacia la masa
cada vez mayor de sincitiotrofoblasto, donde se fusionan y pierden sus membranas celulares. La vía
del adenosín monofosfato cíclico (AMP) regula la fusión del trofoblasto.
• El sincitiotrofoblasto, una masa multinucleada en rápida expansión, en la cual no pueden discernirse
los límites celulares.
El sincitiotrofoblasto penetra en el tejido conjuntivo endometrial mediante un proceso de invasión
intersticial y, así, el blastocisto queda incluido, lenta y completamente, en el interior del endometrio, que deja
de proliferar (fig. 3.2). Las células del sincitiotrofoblasto desplazan a las células endometriales en la zona de
implantación. Las células endometriales sufren apoptosis (muerte celular programada), lo que facilita este
proceso de infiltración.
FIG. 3.2 Blastocistos implantados. A, 10 días; B, 12 días. Esta fase del desarrollo se caracteriza por la comunicación de
las redes lacunares rellenas de sangre. En B se puede observar que han aparecido espacios celómicos en el
mesodermo extraembrionario, lo que constituye el inicio del celoma extraembrionario (cavidad).
Los mecanismos moleculares de la implantación requieren la sincronización entre el blastocisto infiltrante y un
endometrio receptor. El período en el que ocurre la implantación es relativamente breve, de 2 a 3 días. Durante este
tiempo se expresan en el endometrio proteínas morfogenéticas óseas (BMP), que son esenciales para la fecundación. Las
microvellosidades de las células endometriales, moléculas de adhesión celular (integrinas), citocinas, prostaglandinas,
diversas hormonas (gonadotropina coriónica humana [hCG] y progesterona), factores de crecimiento, enzimas de
comunicación célula-célula y célula-matriz extracelular (metaloproteinasas de matriz y proteína cinasa A), así como la
vía de señalización Wnt tienen un papel en la capacitación del endometrio como estructura receptora. Además, las
células endometriales facilitan la modulación de la profundidad de penetración del sincitiotrofoblasto. El
proceso de invasión es máximo entre las semanas 9 y 12.
Las células del tejido conjuntivo que rodean el sitio de implantación acumulan glucógeno y lípidos, y
adquieren un aspecto poliédrico (numerosos lados). Algunas de estas células, las células deciduales,
experimentan degeneración en la zona adyacente al sincitiotrofoblasto infiltrante. El sincitiotrofoblasto
engulle a estas células y las utiliza como una rica fuente de nutrición embrionaria. El sincitiotrofoblasto
elabora una hormona glucoproteica, la hCG, que alcanza la sangre materna a través de cavidades aisladas
(lagunas) existentes en el sincitiotrofoblasto (v. fig. 3.1B). La hCG mantiene la actividad hormonal del cuerpo
lúteo en el ovario durante el embarazo. El cuerpo lúteo es una estructura glandular endocrina que secreta
estrógenos y progesterona para mantener la gestación (v. cap. 2, fig. 2.11). Existen técnicas de
radioinmunoanálisis con un elevado nivel de sensibilidad, que permiten detectar la hCG y en las que se basan
las pruebas de embarazo. Al final de la segunda semana, el sincitiotrofoblasto produce la cantidad suficiente
de hCG como para ofrecer un resultado positivo en la prueba de embarazo, incluso a pesar de que en ese
momento la mujer todavía no sea consciente de que está embarazada.
 Formación de la cavidad amniótica, el disco embrionario y
la vesícula umbilical
A medida que progresa la implantación del blastocisto, aparece un espacio de pequeño tamaño en el
embrioblasto, que constituye el primordio de la cavidad amniótica (v. figs. 3.1A y 3.2B). Al poco tiempo, las
células amniogénicas (formadoras del amnios), los amnioblastos, se separan del epiblasto y forman el
amnios, que rodea la cavidad amniótica. Simultáneamente se produce una serie de cambios morfológicos en
el embrioblasto (conjunto de células a partir del cual se desarrolla el embrión), que resultan en la formación
de una placa plana bilaminar de células, casi circular, que se denomina disco embrionario y que está formada
por dos capas (v. fig. 3.2A y B):
• Epiblasto, que es la capa más gruesa, constituida por células cilíndricas altas relacionadas con la
cavidad amniótica.
• Hipoblasto, formado por pequeñas células cúbicas adyacentes a la cavidad exocelómica.
El epiblasto pluripotencial forma el suelo de la cavidad amniótica y se continúa en la periferia con el
amnios. El hipoblasto forma el techo de la cavidad exocelómica (v. fig. 3.1A) y se continúa con la fina
membrana exocelómica. Esta membrana, junto con el hipoblasto, reviste la vesícula umbilical primaria. El
disco embrionario se sitúa ahora entre la cavidad amniótica y la vesícula (v. fig. 3.1B). Las células de la
vesícula forman una capa de tejido conjuntivo que se denomina mesodermo extraembrionario (v. fig. 3.2A) y
que rodea el amnios y la vesícula umbilical. La vesícula umbilical y la cavidad amniótica hacen posibles los
movimientos morfogenéticos de las células del disco embrionario.
Conforme se forman el amnios, el disco embrionario y la vesícula umbilical primaria, aparecen lagunas
(espacios pequeños) en el sincitiotrofoblasto (v. figs. 3.1A y 3.2). Las lagunas se rellenan de una mezcla de
sangre materna procedente de los capilares endometriales rotos y de restos celulares procedentes de las
glándulas uterinas erosionadas (v. cap. 2, fig. 2.6C). El líquido de los espacios lacunares, denominado
embriotrofo, llega al disco embrionario por difusión y proporciona material nutritivo al embrión.
La comunicación entre los capilares endometriales erosionados y las lagunas del sincitiotrofoblasto
establece la circulación uteroplacentaria primordial. Cuando la sangre materna alcanza las redes lacunares
(v. fig. 3.2A y B), las sustancias nutritivas y el oxígeno pasan al embrión. La sangre oxigenada alcanza las
lagunas procedente de las arterias endometriales espirales (v. cap. 2, fig. 2.6C), mientras que la sangre poco
oxigenada es eliminada de las lagunas a través de las venas endometriales.
El producto de la concepción humana de 10 días está incrustado de manera completa en el endometrio
uterino (v. fig. 3.2A). Inicialmente, hay una solución de continuidad en la superficie del epitelio endometrial
que pronto queda ocluida por un tapón de cierre, formado por un coágulo de fibrina de la sangre
(v. fig. 3.2A). Hacia el día 12, el tapón de cierre está cubierto de manera casi completa por epitelio uterino
regenerado (fig. 3.3 y v. fig. 3.2B). Este proceso se debe en parte a señales generadas por el AMP y la
progesterona. A medida que se produce la implantacióndel producto de la concepción, las células del tejido
conjuntivo endometrial siguen experimentando una transformación que se denomina reacción decidual. Estas
células se hinchan debido a la acumulación de glucógeno y lípidos en su citoplasma. La función principal de
la reacción decidual es la nutrición del embrión temprano y la creación de un sitio privilegiado, desde el
punto de vista inmunológico, para el producto de la concepción.
FIG. 3.3 Fotografía de la superficie endometrial del cuerpo uterino, en la que se observa el sitio de implantación del
embrión de 12 días que se muestra en la figura 3.4. El producto de la concepción implantado da lugar a una pequeña
elevación (flecha; ×8). (Tomada de Hertig AT, Rock J: Two human ova of the pre-villous stage, having an ovulation age of
about eleven and twelve days respectively. Contrib Embryol Carnegie Inst 29:127, 1941. Por cortesía de Carnegie Institution
of Washington, DC.)
En el embrión de 12 días, las lagunas adyacentes del sincitiotrofoblasto se han fusionado y forman redes
lacunares (fig. 3.4B y v. fig. 3.2B), lo que confiere al sincitiotrofoblasto un aspecto esponjoso. Estas redes, que
son especialmente evidentes alrededor del polo embrionario, representan el primordio de los espacios
intervellosos de la placenta (v. cap. 7, fig. 7.5). Los capilares endometriales que rodean al embrión
implantado experimentan congestión y dilatación, formando los sinusoides maternos, que son vasos
terminales de pared fina y de calibre mayor al de los capilares convencionales (fig. 3.5A). La formación de
vasos sanguíneos en el estroma endometrial (entramado de tejido conjuntivo) está influenciada por los
estrógenos y la progesterona. La expresión de la conexina 43 (Cx43), una proteína de las uniones comunicantes,
desempeña un papel clave para la angiogénesis en el sitio de implantación y también para el mantenimiento del embarazo.
FIG. 3.4 Blastocisto implantado. A, Corte a través del sitio de implantación del embrión de 12 días descrito en la figura 3.3.
El embrión está incrustado superficialmente en la capa compacta del endometrio (×30). B, Aumento del producto de la
concepción y del endometrio uterino que lo rodea (×100). En el sincitiotrofoblasto se pueden observar lagunas (pequeñas
cavidades) que contienen sangre materna. (Tomada de Hertig AT, Rock J: Two human ova of the pre-villous stage, having
an ovulation age of about eleven and twelve days respectively. Contrib Embryol Carnegie Inst 29:127, 1941. Por cortesía de
Carnegie Institution of Washington, DC.)
FIG. 3.5 Dibujos correspondientes a cortes de embriones humanos implantados, basados principalmente en los estudios
de Hertig y colaboradores (1956). Obsérvese que 1) ha desaparecido la solución de continuidad en el epitelio endometrial;
2) que se ha formado una pequeña vesícula umbilical secundaria; 3) que ahora la vesícula umbilical y el amnios están
rodeados por una cavidad grande, el celoma extraembrionario, excepto en la zona en la que el amnios se une al corion
mediante el tallo de conexión, y 4) que el celoma extraembrionario desdobla el mesodermo extraembrionario en dos capas:
el mesodermo somático extraembrionario, que reviste el trofoblasto y cubre el amnios, y el mesodermo esplácnico
extraembrionario que rodea la vesícula umbilical. A, Embrión de 13 días, con ilustración de la disminución del tamaño
relativo de la vesícula umbilical primaria y de la aparición inicial de las vellosidades coriónicas primarias. B, Embrión de
14 días, con ilustración de la vesícula umbilical secundaria recién formada y de la localización de la placa precordal en su
techo. C, Detalle de la placa precordal destacado en B.
El sincitiotrofoblasto erosiona los sinusoides y, así, la sangre materna fluye libremente hacia las redes
lacunares (v. figs. 3-4B y 3.7B). El trofoblasto absorbe el líquido nutritivo procedente de las redes lacunares y
lo transfiere al embrión. El crecimiento del disco embrionario bilaminar es lento en comparación con el del
trofoblasto (v. figs. 3.1, 3.2 y 3.7B). El embrión de 12 días implantado causa una elevación mínima en la
superficie endometrial que sobresale hacia la cavidad uterina (v. figs. 3.3 y 3.4).
A medida que se producen los distintos cambios en el trofoblasto y en el endometrio, aumenta de volumen
el mesodermo extraembrionario y aparecen espacios celómicos extraembrionarios aislados en su interior (v.
figs. 3.2B y 3.4B). Estos espacios se fusionan rápidamente para formar una gran cavidad aislada, el celoma
extraembrionario (v. fig. 3.5A). Esta cavidad, llena de líquido, rodea el amnios y la vesícula umbilical, excepto
en la zona en la que estas estructuras están unidas al corion (membrana fetal más externa) por el tallo de
conexión (v. fig. 3.7A y B). Conforme se forma el celoma extraembrionario, la vesícula umbilical primaria
disminuye de tamaño y se forma una vesícula umbilical secundaria más pequeña (v. fig. 3.5B). (El término
vesícula umbilical es más adecuado, dado que el saco vitelino no contiene vitelo en los humanos.) Esta
vesícula de tamaño menor está formada por células extraembrionarias que migran desde el hipoblasto
existente en el interior de la vesícula umbilical primaria (fig. 3.5C). Durante la formación de la vesícula
umbilical secundaria queda comprimida una parte importante de la vesícula umbilical primaria, dejando un
resto de la vesícula (v. fig. 3.5B). Aunque la vesícula umbilical del ser humano no contiene vitelo, desempeña
funciones importantes (p. ej., es el sitio de origen de las células germinales primordiales; v. cap. 12). También
puede desempeñar una función en el procesado y transferencia selectivos de nutrientes desde la cavidad
celómica al disco embrionario.
 Desarrollo del saco coriónico
El final de la segunda semana se caracteriza por la aparición de las vellosidades coriónicas primarias (v.
fig. 3.5A y B). Las vellosidades (procesos vasculares del corion) forman columnas cubiertas por sincitio. Las
extensiones celulares crecen hacia el sincitiotrofoblasto y dicho crecimiento se cree está provocado por el
mesodermo somático extraembrionario subyacente. Las proyecciones celulares forman las vellosidades
coriónicas primarias (v. fig. 3.5A y B), que representan la primera fase del desarrollo de las vellosidades
coriónicas de la placenta (órgano de intercambio metabólico maternofetal entre el embrión y la madre).
El celoma extraembrionario desdobla el mesodermo extraembrionario en dos capas (v. fig. 3.5A y B):
• El mesodermo somático extraembrionario, que reviste el trofoblasto y cubre el amnios.
• El mesodermo esplácnico extraembrionario, que rodea la vesícula umbilical.
El mesodermo somático extraembrionario y las dos capas de trofoblasto forman el corion, que constituye la
pared del saco coriónico (v. fig. 3.5A y B), dentro del cual el embrión, el saco amniótico y la vesícula umbilical
están suspendidos por el tallo de conexión. El celoma extraembrionario es el primordio de la cavidad
coriónica.
La ecografía transvaginal (ecografía intravaginal) se utiliza para medir el diámetro del saco coriónico
(fig. 3.6). Esta medición es útil para evaluar el desarrollo embrionario temprano y la evolución del embarazo.
FIG. 3.6 Imagen de una ecografía intravaginal (proyecciones sagital y axial) con visualización de un saco coriónico
temprano (5 semanas; +). El diámetro medio del saco coriónico se calcula a partir de tres mediciones ortogonales (d1, d2 y
d3). También se puede observar la vesícula umbilical secundaria en la imagen de la izquierda. (Por cortesía del Dr. E. A.
Lyons, profesor de Radiología, Obstetricia y Ginecología, y Anatomía, Health Sciences Centre, University of Manitoba,
Winnipeg, Manitoba, Canadá.)
El embrión de 14 días todavía tiene la forma de disco embrionario bilaminar plano (fig. 3.7B y v. fig. 3.5C),
pero las células hipoblásticas de una zona localizada adquieren ahora una configuración cilíndrica y forman
una zona circular gruesa que se denomina placa precordal (v. fig. 3.5B y C). La placa precordalindica la
futura localización de la boca y es un elemento organizador importante en la región de la cabeza.
FIG. 3.7 Microfotografías de cortes longitudinales de un embrión de 14 días incrustado en el endometrio. Se puede
observar el gran tamaño del celoma extraembrionario. A, Imagen a pequeño aumento (×18). B, Imagen a gran aumento
(×95). El embrión está representado por el disco embrionario bilaminar constituido por el epiblasto y por el hipoblasto.
(Tomada de Nishimura H, editor: Atlas of human prenatal histology, Tokyo, Igaku-Shoin, 1983.)
 Sitios de implantación de los blastocistos
La implantación de los blastocistos suele ocurrir en el endometrio uterino, en la parte superior del cuerpo del
útero, con una frecuencia ligeramente mayor en la pared posterior que en la anterior (v. fig. 3.9). La
implantación de un blastocisto se puede detectar mediante ecografía y técnicas de radioinmunoanálisis de
alta sensibilidad para la hCG ya desde el final de la segunda semana (v. fig. 3.8).
FIG. 3.8 A, Dibujo de un corte frontal del útero y de la trompa uterina izquierda con ilustración de un embarazo ectópico en
la ampolla tubárica. B, Embarazo ectópico tubárico. Imagen axial de una ecografía intravaginal correspondiente al fondo
uterino y a la porción ístmica de la trompa derecha. La masa oscura con forma de anillo es un saco coriónico ectópico de
4 semanas localizado en la trompa. (Por cortesía del Dr. E. A. Lyons, profesor de Radiología, Obstetricia y Ginecología, y
Anatomía, Health Sciences Centre, University of Manitoba, Winnipeg, Manitoba, Canadá.)
Implantaciones extrauterinas
Los blastocistos se implantan en ocasiones fuera del útero (localizaciones ectópicas). Estas implantaciones
provocan embarazos ectópicos; el 95-98% de las implantaciones ectópicas ocurren en las trompas uterinas,
sobre todo en la ampolla y en el istmo (figs. 3-8, 3.9 y 3.10 y v. cap. 2, fig. 2.6B). La incidencia de embarazo
ectópico ha aumentado en la mayoría de los países y oscila entre un caso por cada 80 y uno por cada
250 embarazos, dependiendo, en parte, del nivel socioeconómico del grupo de población evaluado. En
Estados Unidos, la frecuencia del embarazo ectópico se aproxima al 2% de todos los embarazos; el embarazo
tubárico es responsable de alrededor del 9% de la mortalidad gestacional.
FIG. 3.9 Sitios de implantación del blastocisto. La localización habitual en la pared posterior del cuerpo uterino está
indicada por una X. El orden aproximado de frecuencia de las implantaciones ectópicas está indicado alfabéticamente con
letras mayúsculas (A, el más frecuente; H, el menos frecuente). A a F, Embarazos tubáricos; G, Embarazo abdominal; H,
Embarazo ovárico. Los embarazos tubáricos son el tipo más frecuente de embarazo ectópico. A pesar de que se incluye
apropiadamente en el grupo de los sitios de embarazo uterino, el embarazo cervical suele considerarse un embarazo
ectópico.
FIG. 3.10 Embarazo tubárico. La trompa uterina ha sido extirpada quirúrgicamente y seccionada para mostrar el embrión
de 5 semanas (longitud occipucio-coxis, 10 mm) en el interior del saco coriónico abierto (C). Se pueden observar los
fragmentos del amnios (A) y los finos pliegues de la mucosa (M) de la trompa uterina que se proyectan hacia la luz tubárica.
(Por cortesía del Dr. Ed Uthman, anatomopatólogo, Houston/Richmond, Texas.)
Una mujer con un embarazo tubárico muestra signos y síntomas de embarazo. También puede presentar
dolor abdominal y sensibilidad dolorosa a la palpación debido a la distensión de la trompa uterina, así como
hemorragia anómala e irritación del peritoneo pélvico (peritonitis). El dolor se puede confundir con un cuadro de
apendicitis si el embarazo se localiza en la trompa uterina derecha. Los embarazos ectópicos producen
gonadotropina coriónica humana β en tasas inferiores a las presentadas en los embarazos normales y, en
consecuencia, las determinaciones de esta hormona pueden mostrar resultados falsamente negativos cuando
se miden demasiado pronto. La ecografía transvaginal es muy útil para la detección temprana de los
embarazos tubáricos ectópicos (v. fig. 3.8).
El embarazo tubárico tiene varias causas y está relacionado a menudo con factores que retrasan o impiden
el desplazamiento del cigoto en proceso de segmentación hasta el útero; por ejemplo, adherencias en la
mucosa de la trompa uterina o el bloqueo de la trompa secundario al proceso cicatrizal que acompaña a la
enfermedad pélvica inflamatoria. Los embarazos tubáricos ectópicos provocan generalmente la rotura de la
trompa uterina, con hemorragia hacia la cavidad peritoneal durante las primeras 8 semanas, seguida de la
muerte del embrión. La rotura y la hemorragia tubáricas constituyen una amenaza para la vida de la madre. En estos
casos, el tratamiento habitual consiste en la extirpación quirúrgica de la trompa afectada y del producto de la
concepción (v. fig. 3.10). En algunas situaciones (si no se detecta el latido cardíaco del embrión y el diámetro
de este es menor de 3 cm) pueden administrarse una o dos dosis orales de metotrexato con buenos
resultados.
Cuando el blastocisto se implanta en el istmo de la trompa uterina (fig. 3.9D y v. cap. 2, fig. 2.6B), la
trompa suele romperse en una fase temprana, pues este segmento tubárico estrecho tiene una capacidad de
expansión relativamente escasa y a menudo se produce una hemorragia abundante, debido posiblemente a la
gran cantidad de anastomosis existentes entre los vasos ováricos y uterinos que hay en esta zona. Cuando el
blastocisto se implanta en la parte uterina (intramural) de la trompa (v. fig. 3.9E), puede desarrollarse hasta
más allá de las 8 semanas antes de que se produzca su expulsión. Si se rompe un embarazo tubárico
intramural, generalmente se produce una hemorragia profusa.
El blastocisto que se implanta en la ampolla o en las fimbrias de la trompa uterina (v. fig. 3.9A y v. cap. 2,
fig. 2.10A) puede ser expulsado hacia la cavidad peritoneal, donde a menudo se implanta en el fondo de saco
rectouterino (un repliegue formado por la acomodación del peritoneo al recto y el útero). En casos
excepcionales, un embarazo abdominal puede llegar a término y el niño puede nacer vivo mediante una
laparotomía. No obstante, lo más habitual es que la placenta se adhiera a los órganos abdominales (v.
fig. 3.9G) y cause una hemorragia intraperitoneal considerable. El embarazo abdominal aumenta el riesgo de
mortalidad materna secundaria a hemorragia 90 veces en comparación con el embarazo intrauterino y siete veces
en comparación con el embarazo tubárico. En casos muy infrecuentes, el producto de la concepción
(embrión/feto y membranas) implantado en la cavidad abdominal muere y no es detectado; el feto se calcifica
y forma lo que se ha denominado un «feto calcáreo» o litopedion.
Los embarazos heterotópicos (embarazos intrauterino y extrauterino simultáneos) son infrecuentes y se
observan en aproximadamente uno de cada 8.000-30.000 embarazos concebidos naturalmente. La incidencia
es mucho mayor (aproximadamente 3 de cada 1.000) en las mujeres tratadas con fármacos inductores de la
ovulación como parte de las tecnologías de reproducción asistida. El embarazo ectópico queda enmascarado
inicialmente por la presencia del embarazo uterino. En general, el embarazo ectópico puede eliminarse
quirúrgicamente al extirpar la trompa uterina afectada, sin interferir con el embarazo intrauterino (v.
fig. 3.10).
Las implantaciones cervicales son infrecuentes (v. fig. 3.9); en algunos casos, la placenta se adhiere con firmeza
a los tejidos fibrosos y musculares del cuello uterino y suele producir una hemorragia que obliga a llevar a
cabo algún tipo de intervención quirúrgica, como una histerectomía (extirpación del útero).
Resumen de la implantación
La implantación del blastocisto en el endometrio uterino comienza al final de la primera semana (v. cap. 2,
fig. 2.19B) y concluye al final de la segunda semana (v. fig. 3.2B). Los acontecimientos celulares y moleculares
relacionados con la implantación soncomplejos. La implantación se puede resumir de la forma siguiente:
• La zona pelúcida degenera (día 5). Su desaparición se debe al aumento de tamaño del blastocisto y a
la degeneración causada por lisis enzimática. Las enzimas líticas son liberadas por los acrosomas de
los espermatozoides que rodean e infiltran parcialmente la zona pelúcida.
• El blastocisto se adhiere al epitelio endometrial (día 6).
• El trofoblasto se diferencia en dos capas: el sincitiotrofoblasto y el citotrofoblasto (día 7).
• El sincitiotrofoblasto erosiona los tejidos endometriales y, así, el blastocisto comienza a incrustarse
en el espesor del endometrio (día 8).
• Aparecen lagunas rellenas de sangre en el sincitiotrofoblasto (día 9).
• El blastocisto se hunde bajo el epitelio endometrial y la solución de continuidad correspondiente
queda cubierta por un tapón de cierre (día 10).
• Se forman redes lacunares por la fusión de las lagunas adyacentes (días 10 y 11).
• El sincitiotrofoblasto erosiona los vasos sanguíneos endometriales y permite que la sangre materna
entre y salga de las redes lacunares; de este modo se establece una circulación uteroplacentaria (días
11 y 12).
• La solución de continuidad en el epitelio endometrial queda reparada (días 12 y 13).
• Se desarrollan las vellosidades coriónicas primarias (días 13 y 14).
Placenta previa
La implantación de un blastocisto en el segmento inferior del útero, en la proximidad del orificio cervical
interno (el orificio de abertura del útero), origina lo que se denomina placenta previa, es decir, una placenta
que cubre parcial o totalmente dicho orificio (v. fig. 3.9). La placenta previa puede causar hemorragia debido
a su desprendimiento prematuro durante el embarazo o en el momento del alumbramiento del feto (v.
cap. 7).
Aborto
Aborto (del latín, aboriri, abortar) es una interrupción prematura del desarrollo y expulsión del producto de la
concepción desde el útero o la expulsión de un embrión o un feto antes de que este pueda ser viable, es decir,
capaz de sobrevivir fuera del útero. Un aborto es cualquier producto (o todos los productos) de un aborto.
Existen varios tipos de abortos:
• Amenaza de aborto espontáneo (hemorragia con posibilidad de aborto): es una complicación en cerca
del 25% de los embarazos clínicamente aparentes. A pesar de todos los esfuerzos por evitar un aborto
espontáneo, aproximadamente la mitad de estos embriones abortan finalmente.
• Abortos espontáneos: son embarazos perdidos que ocurren de manera natural antes de la semana 20.ª de
gestación. Son más frecuentes durante la tercera semana después de la fecundación. Aproximadamente,
del 25% al 30% de los embarazos conocidos finalizan en un aborto espontáneo, normalmente durante las
12 primeras semanas de gestación.
• Aborto habitual: consiste en la expulsión espontánea de un embrión o un feto muerto o inviable en tres o
más embarazos consecutivos.
• Aborto inducido: es un nacimiento provocado farmacológicamente antes de las 20 semanas de gestación
(es decir, antes de que el feto sea viable).
• Aborto completo: aquel en que se expulsan del útero todos los productos de la concepción (embrión y
sus membranas).
• Aborto no diagnosticado: retención del producto de la concepción en el útero después de la muerte del
embrión o del feto.
Aborto espontáneo de embriones y fetos
El aborto espontáneo que es observado clínicamente ocurre durante las primeras 12 semanas completas del
embarazo, con una incidencia de entre el 25% y el 30%. El 80% de los abortos espontáneos de embriones se
producen durante el primer trimestre. Los abortos espontáneos esporádicos y los abortos recurrentes son
dos de los problemas ginecológicos más habituales. Es difícil determinar la frecuencia de los abortos
espontáneos tempranos ya que, a menudo, se producen antes de que la mujer sea consciente de que está
embarazada, pero se han encontrado tasas de entre el 50% y el 70%. Es muy fácil confundir una menstruación
tardía con el aborto espontáneo que se produce varios días después de la primera falta de la menstruación.
Más del 50% de los abortos espontáneos conocidos se deben a anomalías cromosómicas. Probablemente, la mayor
incidencia de abortos espontáneos tempranos en las mujeres mayores se debe al incremento en la frecuencia
de ausencia de disyunción durante la ovogénesis (v. cap. 2). La falta de implantación del blastocisto puede
deberse a un endometrio con desarrollo insuficiente e intolerancia inmunológica; sin embargo, muchos casos
de este tipo posiblemente se expliquen por la existencia de anomalías cromosómicas letales en el embrión.
Hay una incidencia mayor de abortos espontáneos de fetos con defectos del tubo neural, labio hendido y
paladar hendido. A partir de la semana 10 de gestación, entre el 25% y el 40% de los abortos espontáneos son
de causa fetal, entre el 25% y el 35% son de causa placentaria y entre el 5% y el 10% son de causa materna,
siendo el resto de origen desconocido.
Inhibición de la implantación
La administración de progestágenos o anti-progestágenos (la «píldora del día después») durante varios días,
que comienzan al poco tiempo de un coito sin protección inhibe la ovulación, aunque puede también impedir
la implantación del blastocisto.
La colocación de un dispositivo intrauterino (DIU) suele interferir con la implantación al provocar una
reacción inflamatoria local. Un DIU es típicamente un anticonceptivo primario, pero los DIU de cobre pueden
usarse también como anticonceptivos de emergencia. Algunos DIU contienen progesterona, que es liberada
lentamente y que interfiere con el desarrollo del endometrio de manera que no suele producirse la
implantación. Otros DIU tienen una envoltura de cable de cobre, el cual tiene efectos tóxicos directos sobre
los espermatozoides y también provoca que las células endoteliales uterinas produzcan sustancias tóxicas
para los espermatozoides.
Resumen de la segunda semana
• La proliferación y la diferenciación rápidas del trofoblasto se producen a medida que el blastocisto
completa la implantación en el endometrio uterino.
• Los cambios endometriales que derivan de la adaptación de estos tejidos como forma de preparación a
la implantación se denominan en conjunto reacción decidual.
• Simultáneamente, se forma la vesícula umbilical primaria y se desarrolla el mesodermo
extraembrionario. Se forma el celoma (cavidad) extraembrionario a partir de los espacios que se
desarrollan en el mesodermo extraembrionario. Después, el celoma se convierte en la cavidad
coriónica.
• La vesícula umbilical primaria disminuye de tamaño y desaparece gradualmente a medida que se
desarrolla la vesícula umbilical secundaria.
• La cavidad amniótica aparece en forma de un espacio entre el citotrofoblasto y el embrioblasto.
• El embrioblasto se diferencia hacia un disco embrionario bilaminar constituido por el epiblasto
(relacionado con la cavidad amniótica) y por el hipoblasto (adyacente al blastocele).
• La placa precordal se desarrolla en forma de un engrosamiento localizado del hipoblasto, que indica
la futura región craneal del embrión y la localización futura de la boca; la placa precordal también es
un elemento organizador importante de la región de la cabeza.
Problemas con orientación clínica
Caso 3-1
Mujer de 22 años que se queja de un «catarro fuerte», remitida para realizarle una radiografía de tórax.
• ¿Es aconsejable evaluar mediante una radiografía de tórax a una mujer sana durante la última fase de
su ciclo menstrual?
• ¿Podrían aparecer malformaciones congénitas en su hijo en caso de que estuviera embarazada?
Caso 3-2
Una mujer a la cual se administraron dosis altas de estrógenos (dos veces al día) con objeto de interrumpir un posible
embarazo.
• En el caso de que se hubiera producido la fecundación, ¿cuál piensa el lector que podría ser el
mecanismo de acción de esta hormona?
• ¿Cómo se denomina popularmente este tratamiento médico? ¿Es esto lo que los medios de
comunicación denominan «píldora abortiva»? En caso negativo, explique el métodode acción del
tratamiento hormonal.
• ¿A partir de qué momento se puede detectar un embarazo?
Caso 3-3
Una mujer de 23 años consulta a su médico acerca de un cuadro de dolor intenso en la parte inferior derecha del
abdomen. Señala que no ha tenido las dos últimas menstruaciones. Se establece un diagnóstico de embarazo ectópico.
• ¿Qué técnicas se podrían utilizar para confirmar este diagnóstico?
• ¿Cuál es la localización de la implantación extrauterina más probable?
• ¿Cómo piensa el lector que podría tratar este problema el médico que atiende a la paciente?
Caso 3-4
Una mujer de 30 años fue intervenida de apendicectomía mientras estaba en la fase final del ciclo menstrual; al cabo de
ocho meses y medio tiene un hijo con una malformación cerebral congénita.
• ¿Es posible que la causa de la malformación congénita del niño sea la cirugía previa?
• Razone su respuesta.
Caso 3-5
Una mujer de 42 años se queda finalmente embarazada tras varios años intentándolo. Está preocupada por el desarrollo
de su hijo.
• ¿Qué podría decirle el médico a este respecto?
• ¿Pueden tener hijos sin anomalías las mujeres mayores de 40 años?
• ¿Qué pruebas y técnicas diagnósticas se podrían realizar en este contexto?
La respuesta a estos casos se recoge en el apéndice al final del libro.
Bibliografía y lecturas recomendadas
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Tercera semana del desarrollo humano
Gastrulación: formación de las capas germinativas 
Línea primitiva 
Destino de la línea primitiva 
Proceso notocordal y notocorda 
Alantoides 
Neurulación: formación del tubo neural 
Placa neural y tubo neural 
Formación de la cresta neural 
Desarrollo de los somitas 
Desarrollo del celoma intraembrionario 
Desarrollo inicial del sistema cardiovascular 
Vasculogénesis y angiogénesis 
Sistema cardiovascular primordial 
Desarrollo de las vellosidades coriónicas 
Resumen de la tercera semana 
Problemas con orientación clínica 
El rápido desarrollo del embrión a partir del disco embrionario trilaminar durante la tercera semana (v.
fig. 4.3H) se caracteriza por:
• Aparición de la línea primitiva.
• Desarrollo de la notocorda.
• Diferenciación de las tres capas germinativas.
La tercera semana del desarrollo coincide con la semana siguiente a la primera falta de la menstruación, es
decir, cinco semanas después del primer día de la última menstruación normal. El cese de la menstruación es, a
menudo, el primer indicador de que una mujer puede estar embarazada. Aproximadamente 5 semanas después de la
última menstruación normal (fig. 4.1) ya se puede detectar un embarazo normal mediante ecografía.
FIG. 4.1 Imagen ecográfica de un producto de la concepción de 3,5 semanas. A su alrededor puede observarse la
vesícula umbilical secundaria (calibradores) y el trofoblasto circundante (1, anillo blanquecino de tejido). (Por cortesía del
Dr. E. A. Lyons, profesor de Radiología, Obstetricia y Ginecología, Health Sciences Centre, University of Manitoba,
Winnipeg, Manitoba, Canadá.)
Síntomas del embarazo
Los síntomas más frecuentes del embarazo son las náuseas y vómitos, que pueden aparecer hacia el final de
la tercera semana; sin embargo, el momento de inicio de estos síntomas es variable. La aparición de una
hemorragia vaginal en el momento esperado de la menstruación no descarta el embarazo ya que, en ocasiones, se
produce una leve hemorragia a partir del sitio de implantación del blastocisto. La hemorragia asociada a la
implantación se debe a la pérdida de sangre desde el tapón de cierre hacia la cavidad uterina procedente de
las redes lacunares fragmentadas en el blastocisto implantado (v. cap. 3, figs. 3.2A y 3.5A). Cuando esta
hemorragia se interpreta como una menstruación, se produce un error en la determinación de la fecha
esperada del parto.
 Gastrulación: formación de las capas germinativas
La gastrulación es el proceso formativo por el cual se forman en el embrión las tres capas germinativas, que
son las estructuras precursoras de todos los tejidos embrionarios, estableciéndose la orientación axial. Durante
la gastrulación, el disco embrionario bilaminar se convierte en el disco embrionario trilaminar (v. fig. 4.3H).
El proceso de la gastrulación está causado por un elevado número de episodios de cambio de forma,
reordenación y movimiento, así como diversas alteraciones en las propiedades de adherencia celulares.
La gastrulación representa el comienzo de la morfogénesis (desarrollo de la configuración o forma del
cuerpo) y es el acontecimiento más importanteque tiene lugar en la tercera semana. A lo largo de este
período, el embrión puede denominarse gástrula. Las proteínas morfogenéticas óseas y otras moléculas
señalizadoras, como el factor de crecimiento fibroblástico (FGF), Shh (sonic hedgehog), Tbx16, Tgif y Wnt desempeñan
un papel crítico en la gastrulación.
Se forman las tres capas germinativas (ectodermo, mesodermo y endodermo) (fig. 4.2), cada una de las
cuales produce tejidos y órganos específicos:
• El ectodermo embrionario origina la epidermis, los sistemas nerviosos central y periférico, los ojos y
los oídos internos; también da lugar a las células de la cresta neural y, a través de ellas, a muchos de
los tejidos conjuntivos de la cabeza.
• El mesodermo embrionario origina todos los músculos esqueléticos, las células de la sangre y los
revestimientos de los vasos sanguíneos, el músculo liso visceral, los revestimientos serosos de todas
las cavidades corporales, los conductos y órganos de los sistemas reproductor y excretor, y la mayor
parte del sistema cardiovascular. En el cuerpo (tronco o torso), salvo la cabeza y las extremidades, es
el origen de todos los tejidos conjuntivos, como el cartílago, los huesos, los tendones, los ligamentos,
la dermis y el estroma (tejido conjuntivo) de los órganos internos.
• El endodermo embrionario es el origen de los revestimientos epiteliales de los aparatos respiratorio y
digestivo, incluyendo las glándulas que se abren hacia el interior de este último y las células
glandulares de los órganos asociados, tales como el hígado y el páncreas.
FIG. 4.2 Origen de los tejidos embrionarios. Los colores de los recuadros se corresponden con los usados en los dibujos
de las secciones de los embriones.
 Línea primitiva
El primer signo morfológico de la gastrulación es la formación de la línea primitiva en la superficie del
epiblasto del disco embrionario bilaminar (fig. 4.3A a C). Hacia el comienzo de la tercera semana aparece una
banda lineal y gruesa de epiblasto caudalmente en el plano medio de la parte dorsal del disco embrionario
(fig. 4.4A y B, y v. fig. 4.3C). La línea primitiva es el resultado de la proliferación y el movimiento de las
células del epiblasto hacia el plano medio del disco embrionario. En cuanto aparece la línea primitiva, es
posible identificar el eje craneocaudal del embrión, los extremos craneal y caudal, las superficies dorsal y
ventral y los lados derecho e izquierdo. A medida que la línea primitiva aumenta de longitud al ir
añadiéndose células en su extremo caudal, su extremo craneal prolifera y forma el nodo primitivo (v.
figs. 4.3E y F y 4.4A y B).
FIG. 4.3 Ilustraciones correspondientes a la formación del disco embrionario trilaminar (días 15 a 16). Las flechas indican
la invaginación y migración de las células mesenquimales desde la línea primitiva, entre el ectodermo y el endodermo. C, E
y G, Visiones dorsales del disco embrionario trilaminar al comienzo de la tercera semana, tras la eliminación del amnios. A,
B, D, F y H, Cortes transversales a través del disco embrionario. Los niveles de los cortes se indican en C, E y G. La placa
precordal, correspondiente a la región de la cabeza en la figura 4.3C, está indicada por un óvalo azul claro dado que este
engrosamiento del endodermo no se puede observar desde la superficie dorsal.
FIG. 4.4 A, Visión dorsal de un embrión de aproximadamente 16 días de vida. B, Esquema de las estructuras que
aparecen en A. (A, Tomada de Moore KL, Persaud TVN, Shiota K: Color Atlas of Clinical Embryology, 2.ª ed. Philadelphia,
2000, Saunders.)
Simultáneamente, se desarrolla en la línea primitiva un surco estrecho, el surco primitivo, que muestra
continuidad con una pequeña depresión en el nodo primitivo, la fosita primitiva. El surco primitivo y la
fosita primitiva proceden de la invaginación (movimiento hacia el interior) de las células del epiblasto, como
indican las flechas en la figura 4.3E.
Poco tiempo después de la aparición de la línea primitiva, las células abandonan su superficie profunda y
toman la apariencia de mesénquima, un tejido conjuntivo embrionario formado por células fusiformes y
pequeñas que se disponen con una densidad celular baja en una matriz extracelular (sustancia intercelular) en
la cual hay también un número escaso de fibras de colágeno (reticular) (fig. 4.5B). Este mesénquima forma los
tejidos de soporte del embrión, como la mayoría de los tejidos conjuntivos del cuerpo y el entramado de tejido
conjuntivo de las glándulas. Parte de este mesénquima forma el mesoblasto (mesodermo indiferenciado), que
a su vez origina el mesodermo intraembrionario (v. fig. 4.3D).
FIG. 4-5 A, Esquema de la visión dorsal de un embrión de 16 días. Se ha eliminado el amnios para dejar a la vista el nodo
primitivo, la fosita primitiva y la línea primitiva. B, Esquema de la mitad craneal del disco embrionario. Se ha seccionado
transversalmente el disco embrionario trilaminar para mostrar la migración de las células mesenquimatosas desde la línea
primitiva para formar el mesoblasto, que al poco tiempo se organiza y constituye el mesodermo intraembrionario. Asimismo,
esta ilustración muestra que la mayor parte del endodermo embrionario también se origina a partir del epiblasto. La mayoría
de las células del hipoblasto son desplazadas hacia regiones extraembrionarias, como la pared de la vesícula umbilical.
Las células procedentes del epiblasto, así como las que proceden del nodo primitivo y de otras partes de la
línea primitiva, desplazan al hipoblasto y forman el endodermo embrionario en el techo de la vesícula
umbilical (v. fig. 4.3H). Las células que permanecen en el epiblasto forman el ectodermo embrionario.
Las células mesenquimales (o mesenquimatosas) procedentes de la línea primitiva experimentan una
migración muy amplia. Estas células pluripotenciales se diferencian en diversos tipos celulares, como
fibroblastos, condroblastos y osteoblastos (v. cap. 5). En resumen, a través del proceso de gastrulación, las
células del epiblasto generan las tres capas germinativas del embrión, representando de este modo el
primordio o esbozo de todos sus tejidos y órganos. Datos científicos sugieren que moléculas señalizadoras (factores
nodales) de la superfamilia de los factores de crecimiento transformador β inducen la formación del mesodermo. La acción
concertada de otras moléculas señalizadoras (p. ej., Wnt3a, Wnt5a o FGF) también participa en la especificación del
destino de estas capas germinativas. Además, el factor de crecimiento transformador β (nodal), un factor de transcripción
T-box (veg T) y la vía señalizadora de Wnt parecen estar implicados en la especificación del endodermo.
Destino de la línea primitiva
Hasta el principio de la cuarta semana, la línea primitiva genera el mesodermo mediante el ingreso de células
de forma muy activa; después, la producción del mesodermo se reduce. El tamaño relativo de la línea
primitiva disminuye y se acaba convirtiendo en una estructura insignificante localizada en la región
sacrococcígea del embrión (fig. 4.6D). Normalmente, la línea primitiva sufre cambios degenerativos y
desaparece hacia el final de la cuarta semana.
FIG. 4.6 Esquemas correspondientes a las vistas dorsales del disco embrionario en las cuales se muestran su
alargamiento y los cambios en su forma durante la tercera semana. La línea primitiva se alarga al añadirse células en su
extremo caudal al tiempo que el proceso notocordal lo hace debido a la migración de células desde el nodo primitivo. El
proceso notocordal y el mesodermo adyacente inducen la formación de la placa neural, primordio del sistema nervioso
central, en el ectodermo embrionario suprayacente. Se puede observar que, a medida que el proceso notocordal aumenta
de longitud, la línea primitiva se acorta. Al final de la tercera semana el proceso notocordal se ha transformado en la
notocorda.
Teratoma sacrococcígeo
Los restos de la línea primitiva pueden persistir y originar un teratoma sacrococcígeo (fig. 4.7). El teratoma es
uno de los diversostipos de tumores, benignos o malignos, de células germinales. Como se originan a partir
de células pluripotenciales de la línea primitiva, estos tumores contienen tejidos derivados de las tres capas
germinativas en fases distintas de diferenciación. El teratoma sacrococcígeo es el tumor más frecuente del
recién nacido y aparece con una incidencia aproximada de un caso por cada 35.000 recién nacidos; la mayoría
de los bebés afectados (80%) son de sexo femenino. El teratoma sacrococcígeo se suele diagnosticar en la
ecografía sistemática realizada antes del parto; en la mayoría de los casos es un tumor benigno. Estos
teratomas se suelen extirpar pronto quirúrgicamente y su pronóstico es bueno. Un teratoma presacro puede
causar obstrucción intestinal o urinaria en el recién nacido, y la resección quirúrgica de estas masas puede
provocar secuelas a largo plazo en la función de estos mismos sistemas.
FIG. 4.7 Lactante de sexo femenino con un gran teratoma sacrococcígeo que se ha desarrollado a partir de restos de la
línea primitiva. El tumor, formado por varios tipos de tejidos, se extirpó quirúrgicamente. (Por cortesía del Dr. A. E. Chudley,
Section of Genetics and Metabolism, Department of Pediatrics and Child Health, Children’s Hospital and University of
Manitoba, Winnipeg, Manitoba, Canadá.)
 Proceso notocordal y notocorda
Algunas células mesenquimales migran a través de la línea primitiva y se convierten en células del
mesodermo. Después, estas células migran cranealmente desde el nodo primitivo y la fosita primitiva para
formar un cordón celular de localización medial que se denomina proceso notocordal. Al poco tiempo, este
proceso desarrolla una luz en su interior, el canal notocordal (fig. 4.8C a E). El proceso notocordal crece
cranealmente entre el ectodermo y el endodermo hasta que alcanza la placa precordal (v. fig. 4.8A y C), un
área circular pequeña formada por células endodérmicas cilíndricas en la cual se fusionan el ectodermo y el
endodermo. La placa precordal da lugar al endodermo de la membrana orofaríngea, localizada en la zona de
la futura cavidad bucal (fig. 4.9C). La placa precordal actúa como un centro de señales (Shh y PAX6) para controlar el
desarrollo de estructuras craneales, incluyendo el prosencéfalo y los ojos.
FIG. 4.8 Ilustraciones correspondientes al proceso notocordal en fase de desarrollo. La ilustración que aparece en la parte
superior izquierda se muestra a modo de orientación. A, Visión dorsal del disco embrionario (aproximadamente, 16 días)
expuesto tras la eliminación del amnios. El proceso notocordal se muestra como si fuera visible a través del ectodermo
embrionario. B, C y E, Cortes mediales a través del plano que se muestra en A, con ilustración de las fases sucesivas en el
desarrollo del proceso notocordal y del canal notocordal. Las fases que se muestran en C y E se producen,
aproximadamente, a los 18 días. D y F, Cortes transversales a través del disco embrionario, en los niveles que se muestran
en C y E.
FIG. 4.9 Ilustraciones correspondientes al desarrollo de la notocorda a partir de la transformación del proceso notocordal.
A, Visión dorsal del disco embrionario bilaminar a los 18 días, expuesto tras la eliminación del amnios. B, Corte sagital y
medio tridimensional del embrión. C y E, Cortes similares de embriones ligeramente mayores. D, F y G, Cortes
transversales del disco embrionario trilaminar en los niveles mostrados en C y E.
Las células mesenquimatosas procedentes de la línea primitiva y del proceso notocordal migran lateral y
cranealmente, entre otras células mesodérmicas y también entre el ectodermo y el endodermo, hasta que
alcanzan los bordes del disco embrionario. Estas células se continúan con el mesodermo extraembrionario que
cubre el amnios y la vesícula umbilical (v. fig. 4.3C y D). Algunas de las células mesenquimales procedentes
de la línea primitiva y que finalmente se van a convertir en mesodermo migran cranealmente a cada lado del
proceso notocordal y alrededor de la placa precordal (v. fig. 4.5A y C). En esta zona se unen cranealmente y
forman el mesodermo cardiogénico en el área cardiogénica, donde al final de la tercera semana comienza a
desarrollarse el primordio o esbozo cardíaco (v. fig. 4.8B y 4.12B).
Caudalmente a la línea primitiva hay un área circular, la membrana cloacal, que señala la ubicación futura
del ano (v. fig. 4.8E). El disco embrionario sigue siendo bilaminar en esta zona y en la membrana orofaríngea,
pues en estas áreas el ectodermo y el endodermo están fusionados y ello impide la migración de las células
mesenquimatosas entre ambos (v. fig. 4.9C). Hacia la mitad de la tercera semana, el mesodermo
intraembrionario separa el ectodermo y el endodermo (v. fig. 4.9D y G) en todas las zonas, excepto:
• Cranealmente, en la membrana orofaríngea (v. fig. 4.9C).
• En el plano medio, craneal al nodo primitivo (v. fig. 4.5A y B), donde se localiza el proceso notocordal
(v. fig. 4.6).
• Caudalmente, en la membrana cloacal (v. fig. 4.8A y E).
Señales instructoras procedentes de la región de la línea primitiva inducen a las células precursoras de la
notocorda a formar la notocorda, una estructura celular en forma de varilla (v. fig. 4.9E). Entre los mecanismos
moleculares que generan la inducción de dichas células están, al menos, señales Shh procedentes de la placa del suelo del
tubo neural.
La notocorda:
• Define el eje longitudinal primordial del embrión y le confiere cierta rigidez.
• Genera señales necesarias para el desarrollo de estructuras musculoesqueléticas axiales y del sistema
nervioso central (SNC).
• Contribuye a la formación de los discos intervertebrales interpuestos entre los cuerpos de dos
vértebras consecutivas.
Inicialmente, el proceso notocordal se elonga debido a la invaginación de células procedentes de la fosita
primitiva. La fosita primitiva se extiende en el proceso notocordal y forma el canal notocordal (v. fig. 4.8C).
Ahora, el proceso notocordal se convierte en un tubo celular que se extiende cranealmente desde el nodo
primitivo hasta la placa precordal (v. figs. 4.6 y 4.8A a D). Más tarde, el suelo del proceso notocordal se
fusiona con el endodermo embrionario subyacente (v. fig. 4.8E). Las capas fusionadas experimentan una
degeneración gradual con formación de zonas de abertura en el suelo del proceso notocordal, lo que permite
la comunicación del canal notocordal con la vesícula umbilical (v. fig. 4.9B). Estas aberturas confluyen
rápidamente hasta que al final el suelo del canal notocordal desaparece (v. fig. 4.9C); los restos del proceso
notocordal forman entonces una estructura aplanada y con forma de surco que se denomina placa notocordal
(v. fig. 4.9D). Comenzando en el extremo craneal del embrión, las células de la placa notocordal proliferan y se
pliegan hacia dentro para formar la notocorda (v. fig. 4.9F y G). La parte proximal del canal notocordal
persiste temporalmente como canal neuroentérico (v. fig. 4.9C y E), que establece una comunicación
transitoria entre las cavidades amniótica y la vesícula umbilical. Cuando finaliza el desarrollo de la notocorda,
el canal neuroentérico suele obliterarse.
La notocorda se separa del endodermo de la vesícula umbilical que, de nuevo, se convierte en una capa
continua (v. fig. 4.9G).
La notocorda se extiende desde la membrana orofaríngea hasta el nodo primitivo (v. fig. 4.6B y D).
Degenera a medida que se forman los cuerpos de las vértebras, aunque persisten pequeñas porciones que
forman el núcleo pulposo de cada disco intervertebral (v. cap. 14).
La notocorda actúa como inductor primario (centro señalizador) en el embrión temprano. La notocorda en
desarrollo induce el engrosamiento del ectodermo embrionario suprayacente y la formación de la placa
neural (v. fig. 4.9C), primordio del SNC.
Restos del tejido notocordal
A partir de los restos vestigiales del tejido notocordal se pueden formar tumores benignos y malignos
(cordomas). Alrededor de la tercera parte de los cordomas se localizan en la base del cráneoy se extienden
hacia la nasofaringe. Los cordomas crecen lentamente y las formas malignas infiltran el hueso adyacente.
Alantoides
La alantoides aparece aproximadamente el día 16 en forma de un pequeño divertículo (evaginación) en la
pared caudal de la vesícula umbilical, divertículo que se extiende hasta el tallo de conexión (v. figs. 4.8B, C y E
y 4.9B). En el ser humano, la alantoides tiene un tamaño muy pequeño, pero el mesodermo de la alantoides se
expande bajo el corion y forma vasos sanguíneos que nutren la placenta. La parte proximal del divertículo
alantoideo original persiste durante la mayor parte del desarrollo como un tallo denominado uraco, que se
extiende desde la vejiga hasta la región umbilical (v. cap. 12). El uraco está representado en el adulto por el
ligamento umbilical medial. Los vasos sanguíneos del tallo alantoideo se convierten en las arterias
umbilicales (v. fig. 4.13). La parte intraembrionaria de las venas umbilicales tiene un origen distinto.
Quistes alantoideos
Los quistes alantoideos son restos de la porción extraembrionaria de la alantoides y se localizan generalmente
entre los vasos umbilicales fetales; se pueden detectar mediante ecografía. Aparecen con mayor frecuencia en
la parte proximal del cordón umbilical, en la proximidad de su inserción en la pared abdominal anterior.
Estos quistes suelen ser asintomáticos hasta la niñez o la adolescencia, cuando pueden infectarse o
inflamarse.
Neurulación: formación del tubo neural
Los procesos implicados en la formación de la placa neural y de los pliegues neurales, así como en el proceso
de cierre de los pliegues neurales para formar el tubo neural, se denominan neurulación. La neurulación se
completa hacia el final de la cuarta semana, cuando se cierra el neuroporo caudal (v. cap. 5, fig. 5.9A y B).
Placa neural y tubo neural
A medida que se desarrolla, la notocorda induce el engrosamiento del ectodermo embrionario suprayacente
que se localiza en la línea media o adyacente a esta, y la formación de una placa neural alargada constituida
por células epiteliales engrosadas (v. fig. 4.8C y D). El neuroectodermo de la placa neural origina el SNC, es
decir, el encéfalo y la médula espinal. El neuroectodermo también origina otras estructuras, como la retina. En
un primer momento, la placa neural tiene la misma longitud que la notocorda subyacente. Es rostral (extremo
de la cabeza) al nodo primitivo y dorsal (posterior) a la notocorda y al mesodermo adyacente (v. fig. 4.6B).
Conforme la notocorda aumenta su longitud, la placa neural se ensancha y, finalmente, se extiende en
dirección craneal hasta la membrana orofaríngea (v. figs. 4.6C y 4.9C). Al final, la placa neural llega más allá
de la notocorda.
Aproximadamente hacia el día 18, la placa neural muestra una invaginación en todo su eje central y forma
un surco neural longitudinal medial que presenta a cada lado pliegues neurales (v. fig. 4.9G). Los pliegues
neurales son especialmente evidentes en el extremo craneal del embrión y representan los primeros signos del
desarrollo del encéfalo. Hacia el final de la tercera semana, los pliegues neurales comienzan a desplazarse de
manera conjunta y a fusionarse, lo que convierte la placa neural en el tubo neural, es decir, el primordio de las
vesículas cerebrales y de la médula espinal (figs. 4.10 y 4.11). Poco tiempo después, el tubo neural se separa
del ectodermo superficial a medida que los pliegues neurales establecen contacto entre sí.
FIG. 4.10 Esquemas correspondientes a embriones de 19 a 21 días, con ilustración del desarrollo de los somitas y del
celoma intraembrionario. A, C y E, Visiones dorsales del embrión, expuesto mediante la eliminación del amnios. B, D y F,
Cortes transversales a través del disco embrionario trilaminar en los niveles mostrados. A, Embrión presomítico de
aproximadamente 18 días. C, Un embrión de aproximadamente 20 días en el cual se observa el primer par de somitas; a la
derecha se ha retirado parte de la somatopleura para mostrar los espacios celómicos en el mesodermo lateral. E, Un
embrión con tres pares de somitas (aproximadamente, 21 días) en el cual se observa el celoma intraembrionario con forma
de herradura, expuesto a la derecha mediante la eliminación de parte de la somatopleura.
FIG. 4.11 A-F, Representaciones esquemáticas de cortes transversales de embriones progresivamente mayores, con
ilustración de la formación del surco neural, los pliegues neurales, el tubo neural y la cresta neural. A, Visión dorsal de un
embrión de alrededor de 21 días.
Las células de la cresta neural experimentan una transición de epitelial a mesenquimatosa y migran hacia
zonas alejadas a medida que los pliegues neurales se fusionan entre sí y los bordes libres del ectodermo
superficial (ectodermo no neural) también se fusionan, con lo que esta capa se hace continua sobre todo el
tubo neural y en la parte posterior del embrión (v. fig. 4.11E y F). Más adelante, el ectodermo superficial se
diferencia hacia epidermis. La neurulación se completa durante la cuarta semana. La formación del tubo neural es
un proceso celular complejo y multifactorial en el cual está implicada una secuencia de mecanismos moleculares
y factores extrínsecos (v. cap. 17).
Formación de la cresta neural
A medida que los pliegues neurales se fusionan para formar el tubo neural, parte de las células
neuroectodérmicas que revisten el borde interno de cada pliegue neural pierde sus afinidades epiteliales y se
une a las células adyacentes (v. fig. 4.11). Cuando el tubo neural se separa del ectodermo de superficie, las
células de la cresta neural forman una masa irregular y aplanada, la cresta neural, entre el tubo neural y el
ectodermo superficial suprayacente (fig. 4.11E). La vía de señalización Wnt/β-catenina activa el gen homeobox
GBX2, siendo esencial para el desarrollo de la cresta neural.
Poco tiempo después, la cresta neural se desdobla en dos partes, derecha e izquierda, modificando las zonas
dorsolaterales del tubo neural. De estas células se originan los ganglios sensitivos de la médula espinal y los
nervios craneales. Más tarde, células de la cresta neural se desplazan hacia y sobre la superficie de los somitas.
Aunque es difícil identificar estas células, la aplicación de técnicas con marcadores especiales ha revelado que
las células de la cresta neural se diseminan ampliamente aunque casi siempre a lo largo de vías predefinidas.
Los procesos de diferenciación y migración de las células de la cresta neural están regulados por interacciones moleculares
de genes específicos (p. ej., FOXD3, SNAIL2, SOX9 y SOX10), moléculas señalizadoras y factores de transcripción.
Las células de la cresta neural originan los ganglios espinales (ganglios de las raíces dorsales) y los ganglios
del sistema nervioso autónomo. Los ganglios de los pares craneales V, VII, IX y X también proceden en parte
de las células de cresta neural. Además de formar las células ganglionares, las células de la cresta neural
originan las vainas del neurolema de los nervios periféricos y contribuyen a la formación de las
leptomeninges, es decir, la aracnoides y la piamadre (v. cap. 17, fig. 17.10). Las células de la cresta neural
también contribuyen a la formación de células pigmentadas, de la médula suprarrenal y de otros muchos
tejidos y órganos.
Estudios de laboratorio han demostrado la necesidad de interacciones celulares en el interior del epitelio de
superficie y entre dicho epitelio y el mesodermo subyacente para establecer los límites de la placa neural y
especificar las zonas donde se va a producir la transformación epitelio-mesenquimatosa. Dichas interacciones
están mediadas por las proteínas morfogenéticas óseas y por los sistemas señalizadores Wnt, Notch y FGF. Además,
moléculas de señalización como las efrinas son importantes para guiar las oleadas concretas de células de la cresta neural
en fase de migración. Muchas enfermedades del ser humano se deben a alteraciones en los procesos de
migración, diferenciación, o ambos, de las célulasde la cresta neural.
Malformaciones congénitas secundarias a anomalías de la neurulación
Dado que la placa neural (el primordio del SNC) aparece durante la tercera semana y que da origen a los
pliegues neurales y al inicio del tubo neural, las alteraciones de la neurulación pueden generar
malformaciones congénitas graves del encéfalo y la médula espinal (v. cap. 17). Los defectos del tubo neural
están entre las malformaciones congénitas más frecuentes (v. cap. 17, fig. 17.12). Hay evidencia científica que
sugiere que el trastorno primario (p. ej., el uso de un medicamento teratogénico; v. cap. 20) afecta a la
diferenciación celular, la adhesión celular y el mecanismo de cierre del tubo neural, por todo lo cual los
pliegues neurales no se fusionan correctamente y no se forma el tubo neural.
 Desarrollo de los somitas
Aparte de la notocorda, las células derivadas del nodo primitivo forman el mesodermo paraaxial (v.
figs. 4.10B y 4.11A). Esta población celular aparece en forma de una columna densa y longitudinal de células
en la proximidad del nodo primitivo (figs. 4.9G y 4.10B). Cada columna se continúa lateralmente con el
mesodermo intermedio, que experimenta un adelgazamiento paulatino hasta convertirse en una capa del
mesodermo lateral. El mesodermo lateral se continúa con el mesodermo extraembrionario que cubre la
vesícula umbilical y el amnios. Hacia el final de la tercera semana se diferencia el mesodermo paraaxial, que
se condensa y comienza a dividirse en cuerpos cúbicos emparejados denominados somitas (del griego soma,
«cuerpo»), que se disponen en una secuencia craneocaudal.
Estos bloques de mesodermo se localizan a cada lado del tubo neural en desarrollo (v. fig. 4.10C a F). El
período somítico del desarrollo humano tiene lugar entre los días 26 y 32, aproximadamente, con la formación de
38 a 39 pares de somitas. El tamaño y la forma de los somitas están condicionados por interacciones
intercelulares. Hacia el final de la quinta semana hay de 42 a 44 pares de somitas. Los somitas protruyen de
forma bien definida en la superficie del embrión y tienen una forma relativamente triangular en los cortes
transversales (v. fig. 4.11A a F). Dado que los somitas son tan evidentes durante la cuarta y la quinta semana,
representan uno de los diferentes criterios utilizados para determinar la edad del embrión (v. cap. 5, tabla 5.1).
Los somitas aparecen inicialmente en la futura región occipital de la cabeza del embrión (v. fig. 4.10C a F).
Al poco tiempo comienzan a desarrollarse en dirección craneocaudal y originan la mayor parte del esqueleto
axial y de la musculatura asociada, así como también la dermis cutánea adyacente. El primer par de somitas
aparece muy cerca del sitio donde se forma la placoda ótica, caudalmente a esta (v. fig. 4.10C). Los axones
motores de la médula espinal inervan las células musculares de los somitas a través de un proceso que
requiere la guía adecuada de los axones desde la médula espinal hasta las células diana apropiadas.
La formación de los somitas a partir del mesodermo paraaxial implica la expresión de WNT, FGF y genes de la vía
NOTCH (vía de señalización Notch), genes HOX y otros factores señalizadores. Además, la formación de los somitas a
partir del mesodermo paraaxial está precedida por la expresión de los factores de transcripción en cabeza de tenedor
FoxC1 y FoxC2, al tiempo que el patrón craneocaudal segmentario de los somitas está regulado por la señal Delta-Notch.
Se ha propuesto la existencia de un oscilador o reloj molecular como el elemento responsable del ordenado proceso de
secuenciación de los somitas. Tbx6, miembro de la familia de genes T-box, desempeña un importante papel en la
somitogénesis.
 Desarrollo del celoma intraembrionario
El primordio del celoma intraembrionario (cavidad corporal embrionaria) aparece en forma de espacios
celómicos aislados en el mesodermo lateral y en el mesodermo cardiogénico (formador del corazón; v.
fig. 4.10A y C). Estos espacios muestran pronto coalescencia y forman una cavidad única con forma de
herradura, el celoma intraembrionario (v. fig. 4.10D y E), que divide el mesodermo lateral en dos capas:
• Una capa somática o parietal de mesodermo lateral localizada bajo el epitelio ectodérmico y que se
continúa con el mesodermo extraembrionario que cubre el amnios.
• Una capa esplácnica o visceral de mesodermo lateral adyacente al endodermo y que se continúa con el
mesodermo extraembrionario que cubre la vesícula umbilical.
El mesodermo somático y el ectodermo embrionario suprayacente constituyen la pared del cuerpo
embrionario, o somatopleura (v. fig. 4.10F), mientras que el mesodermo esplácnico y el endodermo
embrionario subyacente forman el intestino embrionario, o esplacnopleura. Durante el segundo mes, el
celoma intraembrionario se divide en tres tipos de cavidades corporales: cavidad pericárdica, cavidades
pleurales y cavidad peritoneal. En el capítulo 8 se incluye la descripción de estas divisiones del celoma
intraembrionario.
Desarrollo inicial del sistema cardiovascular
Al final de la segunda semana, el embrión se nutre a partir de la sangre materna mediante difusión a través
del celoma extraembrionario y de la vesícula umbilical. Al comienzo de la tercera semana, en el mesodermo
extraembrionario de la vesícula umbilical, en el tallo embrionario y en el corion se inician los procesos de
formación de los vasos sanguíneos (fig. 4.12). Los vasos sanguíneos embrionarios comienzan a desarrollarse
aproximadamente 2 días después. La formación inicial del sistema cardiovascular se correlaciona con la
necesidad urgente de vasos sanguíneos que aporten al embrión oxígeno y nutrientes procedentes de la
circulación materna a través de la placenta. Durante la tercera semana se desarrolla el primordio de la
circulación uteroplacentaria (fig. 4.13).
FIG. 4.12 Fases sucesivas en el desarrollo de la sangre y los vasos sanguíneos. A, Visión lateral de la vesícula umbilical y
de parte del saco coriónico (aproximadamente, 18 días). B, Visión dorsal del embrión expuesto mediante la eliminación del
amnios (aproximadamente, 20 días). C a F, Cortes de los islotes sanguíneos donde se muestran las fases sucesivas en el
desarrollo de la sangre y de los vasos sanguíneos.
FIG. 4.13 Esquema correspondiente al sistema cardiovascular primitivo en un embrión de, aproximadamente, 21 días,
visto desde el lado izquierdo. Se puede observar la fase transitoria de los pares de vasos simétricos. Cada tubo cardíaco se
continúa dorsalmente con una aorta dorsal, que discurre caudalmente. Las ramas de las aortas son: 1) las arterias
umbilicales, que establecen conexión con los vasos del corion; 2) las arterias vitelinas que alcanzan la vesícula umbilical, y
3) las arterias intersegmentarias dorsales que se distribuyen en el cuerpo del embrión. Los vasos de la vesícula umbilical
forman un plexo vascular que está conectado con los tubos cardíacos a través de las venas vitelinas. Las venas cardinales
devuelven la sangre procedente del cuerpo del embrión. La vena umbilical transporta sangre oxigenada y nutrientes hasta
el corion, que proporciona la nutrición al embrión. Las arterias transportan sangre escasamente oxigenada y productos de
desecho hacia las vellosidades coriónicas para su transferencia a la sangre de la madre.
Vasculogénesis y angiogénesis
La formación del sistema vascular embrionario ocurre mediante dos procesos: la vasculogénesis y la
angiogénesis. La vasculogénesis consiste en la formación de canales vasculares nuevos a través del
ensamblaje de células precursoras individuales denominadas angioblastos. La angiogénesis es la formación
de vasos sanguíneos nuevos a través del crecimiento y la ramificación de los vasos preexistentes. La
formación de los vasos sanguíneos en el embrión y en las membranas extraembrionarias durante la tercera
semana (v. fig. 4.12) comienza cuando las células mesenquimales se diferencian hacia precursoras de las
células endoteliales, denominadas angioblastos (células formadoras de vasos sanguíneos),que se agrupan
creando acúmulos celulares angiogénicos aislados, denominadas islotes sanguíneos, que se asocian a la
vesícula umbilical o a los cordones endoteliales existentes en el interior del embrión. Al confluir hendiduras
intercelulares en el interior de los islotes sanguíneos y los cordones endoteliales aparecen pequeñas
cavidades.
Los angioblastos se aplanan y se transforman en células endoteliales que se disponen alrededor de las
cavidades de los islotes sanguíneos, y forman el endotelio. Muchas de estas cavidades revestidas por
endotelio se fusionan poco después y forman redes de canales endoteliales (vasculogénesis). Vasos
adicionales crecen hacia las áreas adyacentes mediante un proceso de ramificación (angiogénesis) y se
fusionan con otros vasos, formando canales comunicantes. Las células mesenquimales que rodean los vasos
sanguíneos endoteliales primordiales se diferencian hacia los elementos musculares y del tejido conjuntivo
de los vasos. Fit1 (VEGFR1) regula espacialmente las anastomosis de los vasos primitivos.
Las células sanguíneas se desarrollan a partir de células endoteliales especializadas (epitelio
hemangiógeno) de los vasos a medida que estos crecen en la vesícula umbilical y en la alantoides al final de la
tercera semana (v. fig. 4.12E y F) y, más adelante, en sitios especializados a lo largo de la aorta dorsal. Las
células sanguíneas progenitoras se originan también directamente de las células madre hemangiopoyéticas.
La hematogénesis (formación de la sangre) en el embrión no comienza hasta la quinta semana. Se inicia a lo
largo de la aorta, y después se produce en diferentes partes del mesénquima embrionario, principalmente en
el hígado y más tarde en el bazo, la médula ósea y también los ganglios linfáticos. Los eritrocitos fetales y del
adulto proceden de las células progenitoras hematopoyéticas.
Sistema cardiovascular primordial
El corazón y los grandes vasos se forman a partir de las células mesenquimatosas en el área cardiogénica (v.
figs. 4.10A y 4.12B). Durante la tercera semana se desarrollan canales pares y longitudinales que están
revestidos por endotelio, los tubos cardíacos endocárdicos, que finalmente se fusionan y forman el tubo
cardíaco primitivo (v. fig. 4.13). El corazón tubular establece conexiones con los vasos sanguíneos en el
embrión, conectando el tallo de conexión, el corion y la vesícula umbilical para formar el sistema
cardiovascular primitivo. Hacia el final de la tercera semana ya hay circulación sanguínea y el corazón
comienza a latir aproximadamente a partir del día 21 o 22.
El sistema cardiovascular es el primer sistema orgánico que alcanza un estado funcional. El latido cardíaco
embrionario se puede detectar mediante ecografía Doppler durante la cuarta semana, aproximadamente
6 semanas después de la última menstruación normal (fig. 4.14).
FIG. 4.14 Ecografía intravaginal correspondiente a un embrión de 4 semanas. A, Vesícula umbilical secundaria
(calibradores, 2 mm). B, Embrión de 4 semanas con aspecto brillante (ecogénico; calibradores, 2,4 mm). C, Actividad
cardíaca de 116 latidos/minuto demostrada mediante el modo de movimiento. Los calibradores se utilizan para abarcar
2 latidos. (Por cortesía del Dr. E. A. Lyons, profesor de Radiología, Obstetricia y Ginecología, Health Sciences Centre,
University of Manitoba, Winnipeg, Manitoba, Canadá.)
Desarrollo de las vellosidades coriónicas
Las vellosidades coriónicas primarias comienzan a ramificarse poco tiempo después de su aparición, al final
de la segunda semana. Al principio de la tercera semana, el mesénquima crece hacia estas vellosidades
primarias, formando un núcleo de tejido mesenquimatoso. Las vellosidades de esta fase, denominadas
vellosidades coriónicas secundarias, cubren toda la superficie del saco coriónico (fig. 4.15A y B). Algunas
células mesenquimales de las vellosidades se diferencian al poco tiempo con la formación de capilares y de
células sanguíneas (fig. 4.15C y D). Se denominan vellosidades coriónicas terciarias cuando ya son visibles
los vasos sanguíneos en su interior.
FIG. 4.15 Esquemas ilustrativos de la transformación de las vellosidades coriónicas secundarias en vellosidades
coriónicas terciarias. También se muestra la formación inicial de la placenta. A, Corte sagital de un embrión
(aproximadamente, 16 días). B, Corte de una vellosidad coriónica secundaria. C, Corte de un embrión implantado
(aproximadamente, 21 días). D, Corte de una vellosidad coriónica terciaria. La sangre fetal de los capilares está separada
de la sangre materna que rodea a la vellosidad por el endotelio del capilar, el tejido conjuntivo embrionario, el citotrofoblasto
y el sincitiotrofoblasto.
Los capilares de las vellosidades coriónicas se fusionan y forman redes arteriocapilares, que al poco tiempo
se conectan con el corazón embrionario a través de los vasos que se diferencian en el mesénquima del corion y
del tallo de conexión (v. fig. 4.13). Hacia el final de la tercera semana la sangre embrionaria comienza a fluir
lentamente a través de los capilares de las vellosidades coriónicas. El oxígeno y los nutrientes del plasma
materno existentes en el espacio intervelloso se difunden a través de las paredes de las vellosidades y
alcanzan la sangre del embrión (v. fig. 4.15C y D). Además, el dióxido de carbono y los productos de desecho
difunden hasta la sangre materna desde la sangre de los capilares fetales y a través de la pared de las
vellosidades coriónicas. Al mismo tiempo, las células del citotrofoblasto de las vellosidades coriónicas
proliferan y se extienden en el sincitiotrofoblasto, formando una cubierta citotrofoblástica extravellositaria (v.
fig. 4.15C), que rodea gradualmente el saco coriónico y lo une al endometrio.
Las vellosidades que se unen a los tejidos maternos a través de la cubierta citotrofoblástica son las
vellosidades coriónicas troncales (vellosidades de anclaje). Por su parte, las vellosidades que crecen desde las
zonas laterales de las vellosidades troncales se denominan vellosidades coriónicas ramificadas. Es
precisamente a través de las paredes de las vellosidades ramificadas donde se produce el intercambio
principal de material entre la sangre de la madre y el embrión. Las vellosidades ramificadas (v. cap. 7, fig. 7.5)
están bañadas por la sangre materna del espacio intervelloso, en continuo recambio (v. fig. 4.15C).
Crecimiento anómalo del trofoblasto
En ocasiones, el embrión muere y las vellosidades coriónicas (v. fig. 4.15A) no completan su desarrollo, es
decir, no se vascularizan para formar vellosidades terciarias (v. fig. 4.15C). Estas vellosidades de carácter
degenerativo dan lugar a formaciones quísticas (mola hidatidiforme), cuyo aspecto recuerda al de un racimo
de uvas (fig. 4.16). Las molas muestran grados variables de proliferación del trofoblasto y producen
cantidades excesivas de gonadotropina coriónica humana. Algunas molas aparecen tras un aborto
espontáneo, mientras que otras lo hacen tras un parto normal. El 3-5% de las molas se transforman en un
proceso trofoblástico maligno denominado coriocarcinoma.
FIG. 4.16 Imagen ecográfica que muestra una mola hidatidiforme completa. Obsérvense los numerosos espacios
quísticos de pequeño tamaño. El «signo de racimo de uvas» es una característica típica de un embarazo molar. (Por
cortesía de los Dres. Maulik S. Patel y Frank Gaillard, Radiopaedia.com.)
El coriocarcinoma metastatiza (se disemina) de manera invariable a través del torrente sanguíneo hacia
lugares como los pulmones, la vagina, el hígado, los huesos, el intestino y el cerebro.
Los mecanismos principales del desarrollo de la mola hidatidiforme completa son los siguientes:
• Fecundación de un ovocito vacío (sin pronúcleo o con un pronúcleo inactivo) por parte de un
espermatozoide, seguido de una duplicación (mola monospérmica).
• Fecundación de un ovocito vacío por dos espermatozoides (mola dispérmica).
La mayoría de las molas hidatidiformes completas son monospérmicas. En ambos tipos, el origen genético
delADN nuclear es paterno.
La mola hidatidiforme parcial se debe generalmente a la fecundación de un ovocito por parte de dos
espermatozoides (dispermia).
http://Radiopaedia.com
Resumen de la tercera semana
• El disco embrionario bilaminar se convierte en un disco embrionario trilaminar durante la
gastrulación. Estos cambios comienzan con la aparición de la línea primitiva, lo que se produce al
comienzo de la tercera semana en forma de un engrosamiento del epiblasto en el extremo caudal del
disco embrionario.
• La línea primitiva procede de la migración de las células del epiblasto hasta el plano medial del disco.
La invaginación de las células epiblásticas a partir de la línea primitiva origina las células
mesenquimatosas, que migran ventral, lateral y cranealmente entre el epiblasto y el hipoblasto.
• Tan pronto como la línea primitiva comienza a producir células mesenquimales, el epiblasto se
denomina ectodermo embrionario. Algunas células del epiblasto desplazan el hipoblasto y forman el
endodermo embrionario. Las células mesenquimales producidas por la línea primitiva se organizan
al poco tiempo para formar una tercera capa germinal, el mesodermo intraembrionario o
embrionario, que ocupa la zona entre el hipoblasto previo y las células del epiblasto. Las células del
mesodermo migran hasta los bordes del disco embrionario, donde se unen al mesodermo
extraembrionario que cubre el amnios y la vesícula umbilical.
• Al final de la tercera semana, el embrión es un disco embrionario plano y ovoideo (v. fig. 4.3H). El
mesodermo se localiza entre el ectodermo y el endodermo del disco en todas las zonas, excepto en la
membrana orofaríngea, en el plano medial ocupado por la notocorda y en la membrana cloacal (v.
fig. 4.9E).
• Al comienzo de la tercera semana, las células mesenquimatosas procedentes de la línea primitiva
forman el proceso notocordal entre el ectodermo y el endodermo embrionarios. El proceso notocordal
se extiende desde el nodo primitivo hasta la placa precordal. En el suelo del canal notocordal se abren
orificios que poco tiempo después coalescen y forman la placa notocordal. Esta placa se pliega y
forma la notocorda, que representa el eje primordial del embrión alrededor del cual se forma el
esqueleto axial (es decir, la columna vertebral).
• La placa neural aparece en forma de un engrosamiento del ectodermo embrionario inducido por la
notocorda en desarrollo. En la placa neural aparece un surco neural longitudinal que está flanqueado
por los pliegues neurales. La fusión de estos pliegues forma el tubo neural, primordio del SNC
(v. figs. 4.10A y 4.11).
• A medida que los pliegues neurales se fusionan para formar el tubo neural, las células
neuroectodérmicas forman una cresta neural, entre el ectodermo de superficie y el tubo neural.
• El mesodermo existente a cada lado de la notocorda se condensa y forma columnas longitudinales de
mesodermo paraaxial; al final de la tercera semana estas columnas originan los somitas.
• El celoma (cavidad) existente en el interior del embrión aparece inicialmente en forma de espacios
aislados en el mesodermo lateral y en el mesodermo cardiogénico. Después, las vesículas celómicas
coalescen y forman una cavidad única con forma de herradura, que en última instancia es el origen de
las cavidades corporales (v. fig. 4.10E).
• Los vasos sanguíneos aparecen inicialmente en la pared de la vesícula umbilical, la alantoides y el
corion, y al poco tiempo se desarrollan en el interior del embrión. Los eritrocitos proceden de los
diferentes precursores hematopoyéticos.
• El corazón primitivo está representado por los dos tubos cardíacos endocárdicos. Hacia el final de la
tercera semana, los tubos cardíacos se fusionan y forman un corazón tubular, al que se conectan los
vasos del embrión, de la vesícula umbilical, el corion y el tallo de conexión, formando el sistema
cardiovascular primitivo (v. fig. 4.13).
• Las vellosidades coriónicas primarias se convierten en vellosidades coriónicas secundarias a medida
que adquieren núcleos centrales de mesénquima. Antes del final de la tercera semana se desarrollan
capilares en las vellosidades coriónicas secundarias, lo que las transforma en vellosidades coriónicas
terciarias (v. fig. 4.15C). Extensiones del citotrofoblasto procedentes de estas vellosidades troncales se
fusionan y forman una cubierta citotrofoblástica que ancla el saco coriónico al endometrio.
Problemas con orientación clínica
Caso 4-1
Una mujer de 30 años se queda embarazada 2 meses después de dejar de tomar anticonceptivos orales. Aproximadamente
3 semanas después, presenta un aborto espontáneo temprano.
• ¿Cómo influyen las hormonas de los anticonceptivos orales en los ciclos ovárico y menstrual?
• ¿Cuál podría ser la causa de este aborto espontáneo?
Caso 4-2
Una mujer de 25 años con antecedentes de ciclos menstruales regulares muestra un retraso de 5 días en el inicio de la
menstruación. Se somete a una extracción menstrual (evacuación uterina). Se evalúa el tejido extraído para comprobar si
hay signos de embarazo.
• ¿Qué método de radioinmunoanálisis de alta sensibilidad permitiría detectar el embarazo en esta fase
tan temprana?
• ¿Qué hallazgos clínicos indicarían la existencia de un embarazo temprano?
• ¿Qué edad tendría en este momento el producto de la concepción?
Caso 4-3
Una mujer que está en situación de amenorrea se muestra preocupada por el hecho de que la semana anterior tomó
un vaso de vino y por la posibilidad de que haya perjudicado al embrión.
• ¿Qué sistemas orgánicos experimentan un desarrollo precoz durante la tercera semana?
• ¿Qué malformación congénita grave podría deberse a factores teratogénicos (v. cap. 20) que actúan
durante esta fase del desarrollo?
• ¿Qué información compartiría con la paciente?
Caso 4-4
Un lactante de sexo femenino presenta un tumor de gran tamaño localizado entre el ano y el sacro. Se establece un
diagnóstico de teratoma sacrococcígeo y se reseca quirúrgicamente el tumor.
• ¿Cuál es el probable origen embriológico de este tumor?
• Explique las razones por las cuales estos tumores contienen a menudo tipos diversos de tejidos
derivados de las tres capas germinativas.
Caso 4-5
Una mujer con antecedentes de abortos espontáneos tempranos es evaluada mediante ecografía para determinar si el
embrión sigue implantado.
• ¿Tiene la ecografía algún valor para evaluar el embarazo durante la tercera semana? En caso
afirmativo, ¿deben emplearse técnicas ecográficas especiales?
• ¿Qué estructuras podrían identificarse?
• En caso de que la prueba de embarazo fuera negativa, ¿sería correcto asumir que la mujer no está
embarazada? Razone la respuesta.
• ¿Podría presentar un embarazo extrauterino?
La respuesta a estos problemas se recoge en el apéndice al final del libro.
Bibliografía y lecturas recomendadas
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De la cuarta a la octava semana del desarrollo
humano
Fases del desarrollo embrionario 
Plegamiento del embrión 
Plegamiento del embrión en el plano medio 
Plegamiento del embrión en el plano horizontal 
Derivados de las capas germinativas 
Control del desarrollo embrionario 
Aspectos destacados de la cuarta a la octava semana 
Cuarta semana 
Quinta semana 
Sexta semana 
Séptima semana 
Octava semana 
Estimación de la edad embrionaria 
Resumen de la cuarta a la octava semana 
Problemas con orientación clínica 
Todas las estructuras externas e internas principales quedan establecidas durante las semanas cuarta a octava.
Al final de este período embrionario ya se han empezado a desarrollar los órganos y sistemas más
importantes. La forma del embrión se modifica a medida que se forman los tejidos y los órganos, de manera
que hacia el final de la octava semana ya tiene un aspecto claramente humano. Dado que los tejidos y los
órganos se diferencian con rapidez, la exposición del embrión a factores teratogénicos durante este período
puede originar malformaciones congénitas importantes. Los teratógenos son agentes (como medicamentos y
virus) que causan malformaciones congénitas directamente o que aumentan su incidencia (v. cap. 20).
Fases del desarrollo embrionario
El desarrollo humano se puede dividir en tres fases, que en alguna medida están relacionadas entre sí:
• La primera fase es la del crecimiento, que comprende la división celular y la elaboración de productos
celulares.
• La segunda fase es la de morfogénesis, que supone el desarrollo de la forma, el tamaño y otras
características de un órgano concreto, una parte de este o del cuerpo entero. La morfogénesis es un
proceso molecular complejo controlado por la expresión y la regulación de genes específicos, que tiene
lugar secuencialmente y de una manera ordenada. Los cambios en el destino, la configuración y los
movimientos de las células les permiten interactuar entre sí durante la formación de los tejidos y los
órganos.
• La tercera fase es la de la diferenciación, durante la cual las células se organizan según un patrón
preciso de tejidos y órganos capaces de llevar a cabo funciones especializadas.
 Plegamiento del embrión
Un acontecimiento significativo en el establecimiento de la forma corporal es el plegamiento del disco
embrionario trilaminar plano y la formación de un embrión de configuración cilíndrica (fig. 5.1). El
plegamiento se produce en los planos medio y horizontal, y se debe al rápido crecimiento del embrión. El
ritmo de crecimiento en las partes laterales del disco embrionario no se correlaciona con el que tiene lugar en
el eje longitudinal, pues el embrión aumenta rápidamente su longitud. El plegamiento de los extremos craneal
y caudal se lleva a cabo simultáneamente al de las partes laterales del embrión. Al mismo tiempo, se produce
una constricción relativa en la zona de unión del embrión y la vesícula umbilical.
FIG. 5.1 Esquemas del plegamiento embrionario durante la cuarta semana. A1, Visión dorsal de un embrión al comienzo
de la cuarta semana. Pueden observarse tres pares de somitas. La continuidad del celoma intraembrionario y del celoma
extraembrionario queda ilustrada en el lado derecho tras la eliminación de una parte del ectodermo y el mesodermo
embrionarios. B1, C1 y D1, Visiones laterales de embriones de 22, 26 y 28 días, respectivamente. A2 a D2, Cortes sagitales
en el nivel mostrado en A1. A3 a D3, Cortes transversales en los niveles indicados en A1 a D1.
Plegamiento del embrión en el plano medio
El plegamiento de los extremos del embrión origina los pliegues de la cabeza y la cola, lo cual condiciona que
las regiones craneal y caudal se desplacen ventralmente a medida que el embrión aumenta su longitud
craneal y caudalmente (v. fig. 5.1A2 a D2).
Pliegue cefálico
Al comienzo de la cuarta semana, los pliegues neurales de la región craneal forman el primordio del encéfalo
(v. fig. 5.1A2 y B2). Inicialmente, el encéfalo en desarrollo se proyecta dorsalmente hacia la cavidad amniótica,
la cavidad llena de líquido en el interior del amnios (la membrana más interna alrededor del embrión). La
cavidad amniótica contiene líquido amniótico y el embrión. Más adelante, el prosencéfalo en desarrollo crece
cranealmente más allá de la membrana orofaríngea y sobrepasa el corazón en desarrollo (v. fig. 5.2B y C). Al
mismo tiempo, el septo transverso, el corazón primitivo, el celoma pericárdico y la membrana orofaríngea se
desplazan hacia la superficie ventral del embrión. Durante el proceso de plegamiento, parte del endodermo
de la vesícula umbilical queda incorporado en el embrión, constituyendo el intestino primitivo anterior
(primordio de la faringe, el esófago y la parte inferior del sistema respiratorio; v. fig. 5.2C y cap. 11). El
intestino primitivo anterior se sitúa entre el prosencéfalo y el corazón primitivo, y la membrana orofaríngea
separa el intestino primitivo anterior del estomodeo, el primordio de la boca (fig. 5.3B y v. fig. 5.2C).
FIG. 5.2 Plegamiento del extremo craneal del embrión. A, Visión dorsal de un embrión de 21 días. B, Corte sagital de la
parte craneal del embrión en el plano mostrado en A. Se puede observar el desplazamiento ventral del corazón en B y C.
C, Corte sagital de un embrión de 26 días. Se puede observar que el septo transverso, el corazón primitivo, el celoma
pericárdico y la membrana orofaríngea se han desplazado hacia la superficie ventral del embrión, y también que parte de la
vesícula umbilical queda incorporada en el propio embrión como intestino primitivo anterior.
FIG. 5.3 Esquemas correspondientes al efecto del plegamiento de la cabeza sobre el celoma intraembrionario. A, Visión
lateral de un embrión (de 24 a 25 días) durante el plegamiento, que muestra el prosencéfalo de gran tamaño, la posición
ventral del corazón y la comunicación existente entre las partes intraembrionaria y extraembrionaria del celoma. B,
Representación esquemática de un embrión (de 26 a 27 días) después del plegamiento, que muestra la cavidad pericárdica
en la parte ventral, los canales pericardioperitoneales que discurren dorsalmente a cada lado del intestino primitivo anterior
y el celoma intraembrionario en comunicación con el celoma extraembrionario.
Tras el plegamiento de la cabeza, el septo transverso queda situado caudal al corazón, lugar en el que más
adelante se desarrolla el centro tendinoso del diafragma, separando las cavidades abdominal y torácica (v.
fig. 5.3B y cap. 8). El plegamiento de la cabeza también influye en la disposición del celoma embrionario
(primordio de las cavidades corporales). Antes del plegamiento, el celoma estáformado por una cavidad
aplanada y con forma de herradura (v. fig. 5.1A1). Después del plegamiento, el celoma pericárdico queda
situado ventral al corazón y craneal al septo transverso (v. fig. 5.2B y C). En esta fase, el celoma
intraembrionario se comunica ampliamente a cada lado con el celoma extraembrionario (v. figs. 5.1A3 y 5.3A
y B).
Pliegue caudal
El plegamiento del extremo caudal del embrión se debe principalmente al crecimiento de la parte distal del
tubo neural, que es el primordio de la médula espinal (fig. 5.4A y B). Conforme crece el embrión, la eminencia
caudal (región de la cola) se proyecta sobre la membrana cloacal, la localización futura del ano (v. figs. 5.3A
y 5.4B). Durante el plegamiento, parte de la capa germinativa endodérmica queda incorporada en el embrión
y forma el intestino primitivo posterior, esbozo del colon descendente y del recto (v. fig. 5.4B).
FIG. 5.4 Plegamiento del extremo caudal del embrión. A, Corte sagital de la parte caudal del embrión al comienzo de la
cuarta semana. B, Corte similar al final de la cuarta semana. Se puede observar que parte de la vesícula umbilical queda
incorporada en el propio embrión a modo de intestino primitivo posterior y que la parte terminal del intestino primitivo
posterior se dilata y forma la cloaca. También se aprecia el cambio de posición de la línea primitiva, la alantoides, la
membrana cloacal y el tallo de conexión.
La parte terminal del intestino primitivo posterior se dilata ligeramente al poco tiempo para formar la
cloaca, el esbozo de la vejiga urinaria y del recto (v. fig. 5.4B y caps. 11 y 12). Antes del plegamiento, la línea
primitiva se sitúa cranealmente respecto a la membrana cloacal (v. fig. 5.4A); después del plegamiento, queda
caudal a ella (v. fig. 5.4B). El tallo de conexión (primordio del cordón umbilical) queda unido ahora a la
superficie ventral del embrión (v. fig. 5.4A) y la alantoides, un divertículo de la vesícula umbilical, queda
incorporada parcialmente en el embrión (v. fig. 5.4A y B).
Plegamiento del embrión en el plano horizontal
El plegamiento de las partes laterales del embrión origina los pliegues laterales derecho e izquierdo (v.
fig. 5.1A3 a D3). El plegamiento lateral se debe al crecimiento rápido de la médula espinal y de los somitas. El
primordio de la pared abdominal ventrolateral se pliega hacia el plano medio, de manera que los bordes del
disco embrionario se enrollan ventralmente, dando lugar a un embrión de forma aproximadamente cilíndrica
(v. fig. 5.6A). A medida que se forman la pared abdominal, una parte del endodermo queda incorporada en el
embrión, constituyendo el intestino primitivo medio, el primordio del intestino delgado (v. fig. 5.1C2 y
cap. 11).
Inicialmente hay una conexión amplia entre el intestino primitivo medio y la vesícula umbilical (v.
fig. 5.1A2). Sin embargo, tras el plegamiento lateral se reduce la conexión, formándose el conducto
onfaloentérico (v. fig. 5.1C2). La zona de unión del amnios a la superficie ventral del embrión también queda
reducida a una región umbilical relativamente estrecha (v. fig. 5.1D2 y D3). A medida que se forma el cordón
umbilical a partir del tallo de conexión (v. fig. 5.1B2 y D2), la fusión ventral de los pliegues laterales reduce la
región de comunicación entre las cavidades celómicas intraembrionaria y extraembrionaria hasta dejarla
estrecha (v. fig. 5.1C2). Al mismo tiempo que la cavidad amniótica se expande y se oblitera la mayor parte del
celoma extraembrionario, el amnios forma la cubierta epitelial del cordón umbilical (v. fig. 5.1D2).
Derivados de las capas germinativas
Las tres capas germinativas (ectodermo, mesodermo y endodermo) que se forman durante la gastrulación
(fig. 5.5) originan el esbozo de todos los tejidos y órganos. Sin embargo, la especificidad de las capas
germinativas no está predeterminada de manera rígida. Las células de cada una de las capas germinativas
experimentan procesos de división, migración, agregación y diferenciación con patrones bastante precisos a
medida que forman los diferentes órganos y sistemas. Los derivados principales de las capas germinativas
son los siguientes (v. fig. 5.5):
• El ectodermo origina el sistema nervioso central y el sistema nervioso periférico; el epitelio sensorial
de los ojos, los oídos y la nariz; la epidermis y sus anejos (pelo y uñas); las glándulas mamarias; la
hipófisis; las glándulas subcutáneas, y el esmalte dentario. Las células de la cresta neural, derivadas
del neuroectodermo, la región medial del ectodermo temprano, originan a la larga o participan en la
formación de numerosas células y órganos, como las células de la médula espinal, los nervios
craneales (V, VII, IX y X) y los ganglios del sistema nervioso autónomo; las células que rodean los
axones del sistema nervioso periférico; las células pigmentadas de la dermis; los tejidos conjuntivos y
los huesos de origen en los arcos faríngeos; la médula suprarrenal, y las meninges (cubiertas) del
cerebro y la médula espinal.
• El mesodermo origina el tejido conjuntivo; el cartílago; el hueso; los músculos estriado y liso; el
corazón, la sangre y los vasos sanguíneos y linfáticos; los riñones; los ovarios; los testículos; los
conductos genitales; las membranas serosas que revisten las cavidades corporales (pericardio, pleura
y peritoneo); el bazo y la corteza de las glándulas suprarrenales.
• El endodermo genera el epitelio de revestimiento de los aparatos digestivo y respiratorio; el
parénquima (entramado de tejido conjuntivo) de las amígdalas; las glándulas tiroides y paratiroides;
el timo, el hígado y el páncreas; el revestimiento epitelial de la vejiga urinaria y de la mayor parte de
la uretra, así como el revestimiento epitelial de la cavidad timpánica, el antro timpánico y la trompa
faringotimpánica (v. fig. 5.5).
FIG. 5.5 Representación esquemática de los derivados de las tres capas germinativas: ectodermo, endodermo y
mesodermo. Las células procedentes de estas capas contribuyen a la formación de los diferentes tejidos y órganos.
FIG. 5.6 A, Visión dorsal de un embrión de cinco somitas (estadio 10 de Carnegie) de, aproximadamente, 22 días. Se
pueden observar los pliegues neurales y el profundo surco neural. Los pliegues neurales de la región craneal se han
engrosado y forman el primordio del encéfalo. B, Representación esquemática de las estructuras que se muestran en A. La
mayor parte de los sacos amniótico y coriónico ha sido eliminada para exponer el embrión. C, Visión dorsal de un embrión
de ocho somitas (estadio 10 de Carnegie). El tubo neural mantiene una comunicación abierta con la cavidad amniótica en
los extremos craneal y caudal, a través de los neuroporos rostral y caudal, respectivamente. D, Representación
esquemática de las estructuras que se muestran en C. Los pliegues neurales se han fusionado en la parte opuesta a los
somitas para formar el tubo neural (el primordio de la médula espinal en esta región). (A y C, Tomadas de Moore KL,
Persaud TVN, Shiota K: Color atlas of clinical embryology, 2.ª ed. Phladelphia, 2000, Saunders.)
Control del desarrollo embrionario
El desarrollo embrionario es el resultado de los planes genéticos que están incorporados en los cromosomas.
En la actualidad hay un conocimiento cada vez mayor de los genes que controlan el desarrollo humano (v.
cap. 21). La mayor parte de la información relativa a los procesos del desarrollo se ha obtenido en estudios
efectuados en otros organismos, sobre todo en pez cebra, pollo y ratón, debido a los aspectos éticos asociados
con el uso de embriones humanos para estudios de laboratorio.
La mayoría de los procesos relacionados con el desarrollo dependen de la interacción coordinada de
manera muy precisa entre factores genéticos y ambientales. Hay varios mecanismos de control que guían la
diferenciación y que garantizan un desarrollo sincronizado, como las interacciones tisulares, la migración
regulada de las células y de las colonias celulares, la proliferación controlada y la muerte celular programada(apoptosis). Cada sistema del cuerpo presenta un patrón de desarrollo específico.
El desarrollo embrionario es básicamente un proceso de crecimiento y complejidad creciente de las estructuras y de las
funciones. El crecimiento se lleva a cabo mediante mitosis (reproducción somática de las células) y la
producción de matriz extracelular (sustancia que rodea a las células), mientras que la complejidad se consigue
a través de la morfogénesis y la diferenciación. Las células que forman los tejidos de los embriones muy
tempranos son pluripotenciales (es decir, tienen la capacidad de afectar a más de un órgano o tejido) y en
diversas circunstancias son capaces de seguir más de una vía de desarrollo. Este amplio potencial de
desarrollo queda restringido progresivamente a medida que los tejidos adquieren las características
especializadas necesarias para aumentar el grado de sofisticación de su estructura y su función. Dicha
restricción presupone que las células deben elegir su camino de diferenciación para conseguir la
diversificación tisular.
En el momento presente, la mayor parte de la evidencia científica indica que estos procesos de elección
están determinados y que no son consecuencia del linaje celular, sino que dependen de las respuestas a
señales procedentes del entorno inmediato, incluyendo los tejidos adyacentes. A consecuencia de ello, la
precisión y la coordinación arquitectónicas, necesarias para la función normal de un órgano, parecen
conseguirse mediante la interacción de sus partes constituyentes durante el desarrollo.
La interacción de los tejidos durante el desarrollo es un tema recurrente en embriología. Las interacciones
que en el curso del desarrollo originan una modificación en, al menos, uno de los elementos que interactúan
se denominan inducciones. En la bibliografía hay abundantes ejemplos de estas interacciones inductivas; por
ejemplo, durante el desarrollo del ojo, la vesícula óptica induce el desarrollo del cristalino a partir del ectodermo
de superficie de la cabeza. En los casos en que no existe vesícula óptica no se desarrolla el ojo. Más aún, si se
extirpa la vesícula óptica y se injerta en la proximidad del ectodermo superficial que habitualmente no está
implicado en el desarrollo del ojo, puede inducirse un cristalino.
Por tanto, el desarrollo del cristalino depende, claramente, de que el ectodermo interactúe con un segundo
tejido. En presencia del neuroectodermo de la vesícula óptica, el ectodermo de superficie de la cabeza adopta
una vía de desarrollo que en otras circunstancias no habría seguido. De la misma forma, muchos de los
movimientos morfogenéticos tisulares que desarrollan funciones de gran importancia en la configuración del
embrión también proporcionan asociaciones tisulares cambiantes que son fundamentales en las interacciones
tisulares inductivas.
El hecho de que un tejido pueda influir en la vía de desarrollo seguida por otro tejido implica la existencia de
una señal que pase entre los dos tejidos que interactúan. El análisis de defectos moleculares en cepas de
animales mutantes demuestra que ocurren interacciones tisulares anómalas durante el desarrollo de
embriones animales, y los resultados obtenidos en estudios efectuados sobre el desarrollo de embriones con
mutaciones genéticas predeterminadas han empezado a revelar los mecanismos moleculares de la inducción.
Parece que el mecanismo de transferencia de la señalización es distinto según los tejidos específicos
implicados. En algunos casos, la señal parece adoptar la forma de una molécula difusible, como la producida
por el gen sonic hedgehog (Shh), que pasa desde el tejido inductor hasta el tejido que reacciona. En otros
casos, el mensaje parece estar mediado por una matriz extracelular no difusible, que es segregada por el tejido
inductor y con la cual entra en contacto el tejido que reacciona. Finalmente, hay otros casos en los que la señal
parece que requiere el contacto físico entre los tejidos inductor e inducido. Con independencia del mecanismo
de transferencia intercelular implicado, la señal se traduce en un mensaje intracelular que influencia la
actividad genética de las células que responden a ella.
La señal puede ser relativamente inespecífica en algunas interacciones. Se ha demostrado que la función del
inductor natural en diversas interacciones es imitada por diversas fuentes tisulares heterólogas y, en algunos
casos, incluso por diversas preparaciones acelulares. Ciertos estudios sugieren la posibilidad de que la
especificidad de una inducción concreta sea una propiedad del tejido inducido, más que del tejido inductor.
Las inducciones no deberían contemplarse como fenómenos aislados. A menudo se producen de manera
secuencial y esto origina el desarrollo ordenado de una estructura compleja; por ejemplo, tras la inducción del
cristalino por parte de la vesícula óptica, el cristalino provoca, a su vez, el desarrollo de la córnea a partir del
ectodermo de superficie y del mesénquima adyacentes. Así se garantiza la formación de componentes que
tienen el tamaño y la relación apropiados para la función final del órgano. En otros sistemas hay pruebas de
que las interacciones entre los tejidos son recíprocas. Por ejemplo, durante el desarrollo del riñón, la yema del
uréter (divertículo metanéfrico) induce la formación de túbulos en el mesodermo metanéfrico (v. cap. 12). A
su vez, el mesodermo metanéfrico induce la ramificación del divertículo que genera el desarrollo de los
túbulos colectores y de los cálices renales.
Para ser capaces de responder a un estímulo inductor, las células del sistema que reacciona deben expresar
el receptor adecuado para la molécula señalizadora inductora específica, los componentes de la vía
intracelular de la señal transductora concreta y los factores de transcripción que median en dicha respuesta.
Hay evidencia experimental que sugiere que la adquisición de competencia por parte del tejido inducido
depende, a menudo, de sus interacciones previas con otros tejidos. Por ejemplo, la respuesta de formación del
cristalino por parte del ectodermo de la cabeza frente al estímulo proporcionado por la vesícula óptica
depende al parecer de una asociación previa entre el ectodermo de la cabeza y la parte anterior de la placa
neural.
La capacidad de un sistema para responder frente a un estímulo inductivo no es ilimitada. Parece que la
mayoría de los tejidos inducibles atraviesan un estado fisiológico transitorio, más o menos bien definido, en el
cual son competentes para responder a una señal inductiva procedente de un tejido vecino. Dado que este
estado de receptividad es limitado en el tiempo, el retraso en el desarrollo de uno o más componentes de un
sistema de interacción puede causar el fracaso de una interacción inductiva. Con independencia de los
mecanismos señalizadores implicados, parece que los sistemas inductivos tienen la característica común de
una proximidad estrecha entre los tejidos que interaccionan. Estudios experimentales han demostrado que las
interacciones pueden fallar si los elementos que interactúan están demasiado separados. En consecuencia, los
procesos inductivos parecen presentar limitaciones tanto en el espacio como en el tiempo. Debido a que la
inducción tisular desempeña un papel fundamental en la formación ordenada de estructuras precisas, se
puede esperar que la falta de interacciones tenga consecuencias drásticas en el desarrollo (p. ej.,
malformaciones congénitas, como la ausencia del cristalino).
Aspectos destacados de la cuarta a la octava semana
En las descripciones que se recogen a continuación se resumen los acontecimientos y cambios principales del
desarrollo en la forma externa del embrión que se producen entre las semanas cuarta y octava. Los criterios
principales para estimar las fases del desarrollo en el embrión humano se recogen en la tabla 5.1.
Tabla 5.1
Criterios para estimar las fases del desarrollo en los embriones humanos
* Las longitudes de los embriones indican el rango habitual. En los estadios 9 y 10,la medición es la longitud máxima; en los estadios siguientes,
la medición corresponde a la distancia entre el occipucio y el cóccix (v. fig. 5.20).
† Basado en Nishimura et al (1974), O’Rahilly y Müller (1987), Shiota (1991) y el Virtual Human Embryo Project (Project Leaders: Dr. Raymond
Gasser y Dr. John Cork [http://www.ehd.org/virtual-human-embryo/]).
‡ En este estadio y en los siguientes es difícil determinar el número de somitas y, por tanto, este no es un criterio de utilidad para determinar
el estadio del desarrollo.
Cuarta semana
En esta semana se producen cambios importantes en la configuración corporal. Al principio, el embrión es una
estructura casi recta que muestra entre 4 y 12 somitas que originan elevaciones evidentes en la superficie
(fig. 5.6A a D). El tubo neural se forma en sentido opuesto a los somitas, pero muestra aberturas amplias en
los neuroporos rostral y caudal (v. fig. 5.6C y D). Hacia el día 24 son visibles los primeros arcos faríngeos. El
primer arco faríngeo (arco mandibular) es muy manifiesto (fig. 5.7). La parte principal del primer arco origina
la mandíbula y una extensión rostral de dicho arco, el proceso maxilar, contribuye a la formación del maxilar.
Ahora, el embrión está ligeramente incurvado debido a los pliegues cefálico y caudal. El corazón origina una
prominencia cardíaca ventral de gran tamaño y bombea la sangre (v. fig. 5.7). El neuroporo rostral va
cerrándose.
http://www.ehd.org/virtual-human-embryo/
FIG. 5.7 A, Visión dorsal de un embrión de 13 somitas (estadio 11 de Carnegie) de, aproximadamente, 24 días. El
neuroporo rostral está cerrándose, pero el caudal se mantiene completamente abierto. B, Ilustración de las estructuras que
se muestran en A. El embrión está ligeramente curvado debido al plegamiento de los extremos craneal y caudal. (A,
Tomada de Moore KL, Persaud TVN, Shiota K: Color atlas of clinical embryology, 2.ª ed. Philadelphia, 2000, Saunders.)
El día 26 pueden observarse tres pares de arcos faríngeos (fig. 5.8) y el cierre del neuroporo rostral. El
prosencéfalo causa una elevación destacada de la cabeza y el plegamiento del embrión hace que presente una
incurvación en forma de «C». Los días 26 y 27 se reconocen los esbozos de los miembros superiores en forma
de pequeñas tumefacciones en las paredes ventrolaterales del cuerpo (fig. 5.9). Las placodas óticas, que son
los primordios de los oídos internos, también son visibles. A los lados de la cabeza pueden verse dos
engrosamientos ectodérmicos (placodas cristalinianas) indicativos de los futuros cristalinos oculares (v.
fig. 5.9B). El cuarto par de arcos faríngeos y los esbozos de los miembros inferiores son visibles al final de la
cuarta semana, momento en que también es característica una eminencia caudal similar a una cola larga
(fig. 5.10, y v. figs. 5.8 y 5.9). Se establecen los rudimentos de muchos de los órganos y sistemas, especialmente
del sistema cardiovascular (fig. 5.11). Hacia el final de la cuarta semana se cierra generalmente el neuroporo
caudal.
FIG. 5.8 A, Visión lateral de un embrión de 27 somitas (estadio 12 de Carnegie) de, aproximadamente, 26 días. El
embrión está curvado, especialmente en su eminencia caudal similar a la cola. Se observan la placoda cristaliniana (el
primordio del cristalino ocular) y la fosa ótica que indica el desarrollo temprano del oído interno. B, Ilustración de las
estructuras que se muestran en A. El neuroporo rostral está cerrado y se pueden observar tres pares de arcos faríngeos.
(A, Tomada de Nishimura H, Semba R, Tanimura T, Tanaka O: Prenatal development of the human with special reference
to craniofacial structures: an atlas. Washington, DC, 1977, National Institutes of Health.)
FIG. 5.9 A, Visión lateral de un embrión en el estadio 13 de Carnegie de, aproximadamente, 28 días. El corazón primitivo
es grande y se puede observar su división en una aurícula y un ventrículo primitivos. Los neuroporos rostral y caudal están
cerrados. B, Esquema en que aparecen las estructuras que se muestran en A. El embrión muestra una curvatura
característica en «C», cuatro arcos faríngeos y los esbozos de los miembros superiores e inferiores. (A, Tomada de
Nishimura H, Semba R, Tanimura T, Tanaka O: Prenatal development of the human with special reference to craniofacial
structures: an atlas. Washington, DC, 1977, National Institutes of Health.)
FIG. 5.10 A, Representación esquemática de un embrión en el estadio 13 de Carnegie de, aproximadamente, 28 días. B,
Microfotografía de un corte del embrión en el nivel que se muestra en A. Se puede observar el rombencéfalo y la vesícula
ótica (primordio del oído interno). C, Representación esquemática del mismo embrión en el nivel de corte de D. Pueden
diferenciarse la faringe primitiva y los arcos faríngeos. (B y D, Tomadas de Moore KL, Persaud TVN, Shiota K: Color atlas of
clinical embryology, 2.ª ed. Philadelphia, 2000, Saunders.)
FIG. 5.11 A, Representación esquemática de un embrión en estadio 13 de Carnegie de, aproximadamente, 28 días. B,
Microfotografía de un corte del embrión en el nivel mostrado en A. Se pueden observar las distintas partes del corazón
primitivo. C, Representación esquemática del mismo embrión en el nivel de corte de D. Se pueden observar el corazón y el
estómago primitivos. (B y D, Tomadas de Moore KL, Persaud TVN, Shiota K: Color atlas of clinical embryology, 2.ª ed.
Philadelphia, 2000, Saunders.)
Quinta semana
Comparados con los que se producen a lo largo de la cuarta semana, los cambios en la morfología corporal son
menores durante la quinta semana, pero el crecimiento de la cabeza supera al del resto de las regiones (figs. 5.12
y 5.13). El aumento de tamaño de la cabeza se debe principalmente al rápido desarrollo del encéfalo y de las
prominencias faciales. Al poco tiempo, la cara establece contacto con la prominencia del corazón. Debido al
rápido crecimiento del segundo arco faríngeo, este supera en tamaño al tercero y cuarto arcos, formándose
una depresión lateral a cada lado, el seno cervical. Internamente, las crestas mesonéfricas indican la
localización de los riñones mesonéfricos en desarrollo (v. fig. 5.13B), unos órganos que en el ser humano
llevan a cabo una función excretora provisional.
FIG. 5.12 A, Micrografía electrónica de barrido correspondiente a la región craneofacial de un embrión humano de,
aproximadamente, 32 días (estadio 14 de Carnegie, con 6,8 mm). Se observan tres pares de arcos faríngeos. Están
claramente definidos los procesos maxilar y mandibular del primer arco. Se puede observar un estomodeo grande (boca)
localizado entre los procesos maxilares y los procesos mandibulares fusionados. B, Representación esquemática de la
micrografía electrónica de barrido con ilustración de las estructuras que se muestran en A. (A, Por cortesía del difunto
profesor K. Hinrichsen, Ruhr-Universität Bochum, Bochum, Alemania.)
FIG. 5.13 A, Visión lateral de un embrión en estadio 14 de Carnegie de, aproximadamente, 32 días. El segundo arco
faríngeo ha crecido sobrepasando el tercer arco y se ha formado el seno cervical. La cresta mesonéfrica indica la
localización del mesonefros, una estructura de carácter transicional (v. cap. 12). B, Ilustración de las estructuras mostradas
en A. (A, Tomada de Nishimura H, Semba R, Tanimura T, Tanaka O: Prenatal development of the human with special
reference to craniofacial structures: an atlas. Washington, DC, 1977, National Institutes of Health.)
Sexta semana
En la sexta semana, los embriones muestran movimientos espontáneos, como espasmos del tronco y de las
extremidades en desarrollo. Los embriones pueden presentar en esta etapa una respuesta refleja al contacto.
Los miembros superiores comienzan a mostrar una diferenciación regional a medida que se desarrollan los
codos y las grandes placas de las manos (fig. 5.14). Los primordios de los dedos, denominados rayos
digitales, comienzan a formarse en las placas de las manos.
FIG. 5.14 A, Visión lateral de un embrión en estadio 17 de Carnegie de,aproximadamente, 42 días. En la placa de la
mano son visibles los rayos digitales, que señalan la localización futura de los dedos. B, Representación esquemática de
las estructuras mostradas en A. En este momento son obvios el ojo, los montículos correspondientes a las orejas y el
meato acústico externo. (A, Tomada de Moore KL, Persaud TVN, Shiota K: Color atlas of clinical embryology, 2.ª ed.
Philadelphia, 2000, Saunders.)
El desarrollo de los miembros inferiores se produce 4-5 días después del desarrollo de los miembros
superiores. Alrededor de la hendidura faríngea situada entre los dos primeros arcos faríngeos aparecen varias
protrusiones pequeñas, los montículos auriculares (v. figs. 5.13 y 5.14B). Este surco se convierte finalmente en
el meato acústico externo (conducto auditivo externo). Los montículos auriculares contribuyen a la formación
de las orejas, que son la parte con forma de concha del oído externo. En este momento, los ojos resultan obvios
ya que se ha formado el pigmento retiniano (v. fig. 5.14). Asimismo, la cabeza es muy grande en relación con
el tronco y permanece curvada sobre la prominencia cardíaca. Esta posición de la cabeza se debe a la flexión
de la región del cuello (cervical). El tronco y el cuello han comenzado a enderezarse. Las asas intestinales se
introducen en el celoma extraembrionario, en la parte proximal del cordón umbilical (v. fig. 5.18). Esta
herniación umbilical es un proceso normal en el embrión. La herniación se produce porque la cavidad
abdominal a esta edad es demasiado pequeña para acoger el intestino, que crece con gran rapidez.
Séptima semana
Los miembros experimentan cambios considerables durante la séptima semana. Aparecen zonas de
separación entre los rayos digitales de las placas de las manos y de los pies y dichos espacios definen con
claridad los dedos (fig. 5.15). Ahora, la comunicación entre el intestino primitivo y la vesícula umbilical queda
reducida a un conducto relativamente fino, el conducto onfaloentérico (v. fig. 5.1C2). Hacia el final de la
séptima semana se inicia la osificación de los huesos de los miembros superiores.
FIG. 5.15 A, Visión lateral de un embrión en estadio 19 de Carnegie de, aproximadamente, 48 días. En este momento son
claramente visibles la oreja y el conducto auditivo externo. Se puede observar la posición relativamente baja de la oreja en
desarrollo en esta fase. Los rayos digitales son visibles en la placa del pie. La prominencia del abdomen se debe
principalmente al gran tamaño del hígado. B, Representación esquemática en la cual se observan las estructuras
mostradas en A. La mano es grande y muestra espacios abiertos entre los rayos digitales, lo que indica claramente el
desarrollo de los dedos. (A, Tomada de Moore KL, Persaud TVN, Shiota K: Color atlas of clinical embryology, 2.ª ed.
Philadelphia, 2000, Saunders.)
Octava semana
Al comienzo de la octava semana, que representa el final del período embrionario, los dedos de las manos
están separados, pero aún aparecen unidos visiblemente por membranas (fig. 5.16A y B). Ahora son
claramente visibles las muescas o espacios de separación entre los rayos digitales de los pies. La eminencia
caudal todavía está presente, pero ya es muy pequeña. Ha aparecido el plexo vascular del cuero cabelludo,
que forma una banda característica alrededor de la cabeza. Hacia el final de la octava semana son aparentes
todas las regiones de los miembros, al tiempo que los dedos han experimentado un alargamiento y están
completamente separados (fig. 5.17).
FIG. 5.16 A, Visión lateral de un embrión en estadio 21 de Carnegie de, aproximadamente, 52 días. En este momento, el
plexo vascular del cuero cabelludo forma una banda característica que rodea la cabeza. La nariz es corta y el ojo está
intensamente pigmentado. B, Ilustración de las estructuras mostradas en A. Los dedos de las manos ya están separados y
los de los pies están comenzando a separarse. C, Un embrión humano en estadio 20 de Carnegie de, aproximadamente,
50 días desde la ovulación, visto con microscopia óptica (izquierda) y mediante micro-resonancia magnética (derecha). El
conjunto de datos tridimensionales de la micro-resonancia magnética revela los detalles anatómicos correspondientes al
plano sagital medio. (A, Tomada de Nishimura H, Semba R, Tanimura T, Tanaka O: Prenatal development of the human
with special reference to craniofacial structures: an atlas. Washington, DC, 1977, National Institutes of Health. B, Tomada
de Moore KL, Persaud TVN, Shiota K: Color atlas of clinical embryology, 2.ª ed. Philadelphia, 2000, Saunders. C, Por
cortesía del Dr. Bradley R. Smith, University of Michigan, Ann Arbor, MI.)
FIG. 5.17 A, Visión lateral de un embrión en estadio 23 de Carnegie de, aproximadamente, 56 días (final del período
embrionario). El embrión tiene un aspecto claramente humano. B, Ilustración de las estructuras mostradas en A. C, Un
embrión en estadio 23 de Carnegie de, aproximadamente, 56 días desde la ovulación, visto mediante microscopia óptica
(izquierda) y micro-resonancia magnética (derecha). (A, Tomada de Nishimura H, Semba R, Tanimura T, Tanaka O:
Prenatal development of the human with special reference to craniofacial structures: an atlas. Washington, DC, 1977,
National Institutes of Health. B, Tomada de Moore KL, Persaud TVN, Shiota K: Color atlas of clinical embryology, 2.ª ed.
Philadelphia, 2000, Saunders. C, Por cortesía del Dr. Bradley R. Smith, University of Michigan, Ann Arbor, MI.)
Los primeros movimientos voluntarios con los miembros ocurren durante esta semana. La osificación
primaria se inicia en los fémures (huesos largos del muslo). Hacia el final de la octava semana desaparece
cualquier signo de la eminencia caudal. Las manos y los pies se aproximan entre sí ventralmente. Avanzada la
octava semana, el embrión muestra características claramente humanas (fig. 5.18). Sin embargo, la cabeza
todavía es desproporcionadamente grande y constituye casi la mitad del embrión. Se ha formado la región
cervical y los párpados son más obvios. Los párpados están cerrados y hacia el final de la octava semana
comienzan a unirse mediante fusión epitelial. Las asas intestinales todavía se localizan en la porción proximal
del cordón umbilical (v. fig. 5.18). A pesar de que hay diferencias entre ambos sexos en el aspecto de los
genitales externos, no son todavía lo suficientemente claras como para permitir una identificación sexual
precisa durante la octava semana.
FIG. 5.18 Visión lateral de un embrión y de su saco coriónico en estadio 23 de Carnegie de, aproximadamente, 56 días.
Obsérvese el aspecto humano del embrión. Aunque parece que es de sexo masculino, es posible que no se pueda
diferenciar porque los genitales externos masculinos y femeninos son similares en esta fase del período embrionario (v.
cap. 1, fig. 1.1). (Tomada de Nishimura H, Semba R, Tanimura T, Tanaka O: Prenatal development of the human with
special reference to craniofacial structures: an atlas. Washington, DC, 1977, National Institutes of Health.)
Estimación de la edad embrionaria
La estimación de la edad de embriones procedentes, por ejemplo, de abortos espontáneos se determina a partir de
sus características externas y la medida de su longitud (figs. 5.19 y 5.20, y v. tabla 5.1). La longitud corporal como
criterio único puede no ser fiable, ya que algunos embriones experimentan una disminución progresiva del ritmo
de crecimiento antes de morir. Dado que los embriones de la tercera y cuarta semanas son rectos
(v. fig. 5.20A), sus mediciones indican la longitud máxima. La longitud occipucio-cóccix (LOC) es el
parámetro utilizado con mayor frecuencia en los embriones de mayor edad (14-18 semanas; v. fig. 5.20B).
Dado que no hay ningún marcador anatómico que indique claramente la LOC, se supone que la LOC más
larga es la más precisa. En ocasiones se utiliza la longitud occipucio-talón o la longitud completa en
bipedestación. Sin embargo, la longitud de un embrión es tan solo uno de los criterios para determinarsu edad. El
sistema Carnegie de estadiaje embrionario, utilizado internacionalmente, se basa en el desarrollo de las
estructuras (internas y externas) que tiene lugar en las primeras 9 semanas de vida intrauterina y permite
establecer comparaciones entre los hallazgos obtenidos por observadores distintos (v. tabla 5.1) o incluso entre
especies.
Estimación de las edades gestacional y embrionaria
Por convención, los obstetras determinan la edad del embarazo a partir del primer día de la fecha de la
última regla (FUR) normal. Esta es la edad gestacional, que en embriología es superflua ya que la gestación
no empieza hasta que se produce la fecundación del ovocito. La edad embrionaria comienza en el momento de
la fecundación, es decir, aproximadamente 2 semanas después de la FUR (v. cap. 1, fig. 1.1). La fecha de la
fecundación se utiliza en las mujeres que han sido sometidas a procedimientos de fecundación in vitro o de
inseminación artificial (v. cap. 2, fig. 2.15).
FIG. 5.19 Ecografía transvaginal de un embrión de 7 semanas (calibradores, longitud occipucio-cóccix de 10 mm) rodeado
por la membrana amniótica en el interior de la cavidad coriónica (región oscura). (Por cortesía del Dr. E. A. Lyons, profesor
de Radiología, Obstetricia y Ginecología, y Anatomía, Health Sciences Centre and University of Manitoba, Winnipeg,
Manitoba, Canadá.)
FIG. 5.20 Ilustraciones de los métodos utilizados para medir la longitud de los embriones. A, Longitud máxima (LM). B, C
y D, Longitud occipucio-cóccix (LOC). D, Fotografía de un embrión de 8 semanas en estadio 23 de Carnegie. (D, Por
cortesía del Dr. Bradley R. Smith, University of Michigan, Ann Arbor, MI.)
El conocimiento de la edad embrionaria es importante ya que influye en el control clínico, especialmente
cuando es necesaria la realización de procedimientos invasivos, como la biopsia de las vellosidades coriónicas
y la amniocentesis (v. cap. 6). En algunas mujeres, la estimación de la edad gestacional a partir de la historia
menstrual puede no ser fiable. La probabilidad de error en el establecimiento de la FUR es máxima en las
mujeres que se quedan embarazadas después de interrumpir el consumo de anticonceptivos orales dado que
el intervalo entre la interrupción del tratamiento hormonal y la reanudación de la ovulación es sumamente
variable. En otros casos, la hemorragia uterina ligera («manchado») que se produce en ocasiones durante la
implantación del blastocisto puede ser considerada de manera errónea por la mujer como una menstruación
de escaso volumen.
Otros factores que contribuyen a la falta de fiabilidad en la determinación de la FUR son la oligomenorrea
(menstruación escasa), el embarazo durante el período posparto (es decir, varias semanas después del
alumbramiento) y el uso de dispositivos intrauterinos. Sin embargo, a pesar de las posibles fuentes de error,
la FUR es un criterio fiable en la mayoría de los casos. La evaluación ecográfica del tamaño de la cavidad
coriónica y de su contenido embrionario permite al especialista clínico estimar con precisión la fecha de la
concepción (v. fig. 5.19)
El día en que se produce la fecundación es el punto de referencia más preciso para estimar la edad;
generalmente se calcula a partir de la fecha estimada de la ovulación, ya que el ovocito suele ser fecundado
durante las 12 horas posteriores a la ovulación. Cualquier determinación de la edad embrionaria debería
indicar el punto de referencia utilizado, es decir, los días transcurridos desde la FUR o desde la fecha
estimada de fecundación.
Evaluación ecográfica de los embriones
En la mayoría de las mujeres que solicitan asistencia obstétrica se realiza, al menos, una evaluación ecográfica
durante el embarazo, debido a una o más de las siguientes razones:
• Estimación de la edad gestacional para confirmar las fechas clínicas.
• Evaluación del crecimiento embrionario en los casos de sospecha de retraso del crecimiento intrauterino.
• A modo de guía para la obtención de una biopsia de las vellosidades coriónicas o de una muestra del
líquido amniótico (v. cap. 6).
• Evaluación de una masa pélvica detectada clínicamente.
• Sospecha de embarazo ectópico (v. cap. 3, fig. 3.9).
• Posible malformación uterina congénita (v. cap. 12, fig. 12.44).
• Detección de malformaciones congénitas.
Datos actuales indican que la exploración de embriones o fetos mediante ecografía diagnóstica o resonancia
magnética (RM) no produce efectos biológicos confirmados sobre los embriones ni los fetos (v. figs. 5.16C,
5.17C y 5.19).
El tamaño de un embrión en una mujer embarazada puede estimarse a través de las mediciones
ecográficas. La ecografía transvaginal permite una medición más temprana y precisa de la LOC en las fases
iniciales del embarazo (v. fig. 5.19). Al comienzo de la quinta semana, el embrión tiene una longitud de 4-
7 mm (v. fig. 5.13). Durante las semanas sexta y séptima es posible visualizar algunas estructuras
embrionarias (p. ej., partes de los miembros) y las mediciones de la LOC efectuadas en este momento tienen
carácter predictivo respecto a la edad embrionaria, con una precisión de 1-4 días. Además, después de la
sexta semana es posible determinar las dimensiones de la cabeza y el tronco, y estas cifras se utilizan para
evaluar la edad embrionaria. No obstante, hay una variabilidad considerable en todo lo relativo al
crecimiento y el desarrollo tempranos del embrión. Las diferencias son máximas antes del final de la cuarta
semana de desarrollo, pero se mantienen hasta el final del período embrionario.
Resumen de la cuarta a la octava semana
• Al comienzo de la cuarta semana, el plegamiento en los planos medio y horizontal convierte el disco
embrionario trilaminar plano en un embrión con configuración cilíndrica y forma de «C». La
formación de la cabeza, de la eminencia caudal y de los pliegues laterales es una secuencia continua
de acontecimientos que provoca la aparición de una constricción entre el embrión y la vesícula
umbilical.
• A medida que la cabeza se pliega ventralmente, parte de la capa endodérmica queda incorporada como
intestino primitivo anterior en la región de la cabeza embrionaria en desarrollo. El plegamiento de la
región cefálica también origina el desplazamiento ventral de la membrana orofaríngea y del corazón,
al tiempo que el encéfalo en desarrollo se convierte en la parte más craneal del embrión.
• A medida que la eminencia caudal se pliega ventralmente, parte de la capa germinal endodérmica queda
incorporada en el extremo caudal del embrión como intestino primitivo posterior. La parte terminal
del intestino primitivo posterior se expande para formar la cloaca. El plegamiento de la región caudal
también origina la membrana cloacal, la alantoides y el tallo de conexión, que se desplazan hacia la
superficie ventral del embrión.
• El plegamiento del embrión en el plano horizontal incorpora parte del endodermo en el propio embrión
como intestino primitivo medio.
• La vesícula umbilical permanece unida al intestino primitivo medio a través del estrecho conducto
onfaloentérico (tallo vitelino). Durante el plegamiento del embrión en el plano horizontal se forman
los esbozos de las paredes corporales lateral y ventral. A medida que se expande, el amnios envuelve el
tallo de conexión, el conducto onfaloentérico y la alantoides, formando así una cubierta epitelial para
el cordón umbilical.
• Las tres capas germinativas se diferencian hacia los distintos tejidos y órganos corporales, de manera que hacia
el final del período embrionario ya se han establecido los esbozos de los principales órganos y sistemas.
• El aspecto externo del embrión está influido notablemente por la formación del encéfalo, el corazón, el
hígado, los somitas, los miembros, las orejas, la nariz y los ojos.
• Dado que entre la cuarta y la octava semana se forman los esbozos de la mayor parte de las estructuras
externas e internas esenciales, este es el período más crítico del desarrollo. Las alteraciones del desarrollo
durante este período pueden tenercomo consecuencia malformaciones congénitas importantes.
• Es posible establecer razonablemente la edad de los embriones a partir de la FUR, del momento
estimado de la fecundación, de las mediciones ecográficas del saco coriónico y del embrión, y del
examen de las características externas del embrión.
Problemas con orientación clínica
Caso 5-1
A una mujer de 28 años, fumadora empedernida desde la adolescencia, se le informa de que se encuentra en el segundo
mes de gestación.
• ¿Qué podría decirle el médico a esta mujer respecto a su hábito tabáquico y sus posibles efectos sobre
la salud del embrión y fetal?
Caso 5-2
Una paciente embarazada está preocupada por lo que ha leído recientemente en la prensa acerca de los efectos de
medicamentos sobre animales de laboratorio.
• ¿Es posible predecir los posibles efectos perjudiciales de los medicamentos sobre los embriones
humanos a partir de los resultados obtenidos en estudios efectuados sobre animales de laboratorio?
Razónelo.
Caso 5-3
Una mujer de 30 años manifiesta dudas sobre la fecha de su última regla (FUR). Señala que sus períodos eran
irregulares.
• ¿Qué técnicas clínicas podrían usarse para evaluar la edad embrionaria en este embarazo?
Caso 5-4
Una mujer que se acaba de quedar embarazada le dice a su médico que ha tomado un somnífero que le dio una amiga. Está
preocupada por la posibilidad de que este medicamento pueda ser perjudicial para el desarrollo de las extremidades de su
hijo.
• ¿Podría un fármaco que provoca defectos graves conocidos de las extremidades ocasionar
malformaciones congénitas si la madre lo consume durante la segunda, la sexta o la octava semanas
de gestación?
La respuesta a estos problemas se recoge en el apéndice al final del libro.
Bibliografía y lecturas recomendadas
Barnea ER, Hustin J, Jauniaux E, eds. The first twelve weeks of gestation. Berlin: Springer-Verlag; 1992.
Blechschmidt E, Gasser RF. Biokinetics and biodynamics of human differentiation: principles and applications, reprint edition. Berkeley, Calif.: North
Atlantic Books; 2012.
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De Bakker BS, de Jong KH, Hagoort J, et al. An interactive three-dimensional digital atlas and quantitative database of human development.
Science. 2016;354(6315).
Dickey RP, Gasser RF. Computer analysis of the human embryo growth curve: differences between published ultrasound findings on living
embryos in utero and data on fixed specimens. Anat Rec. 1993;237:400.
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insemination week after assisted reproductive technologies. Hum Reprod. 1993;8:331.
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Philadelphia: Elsevier; 2017:82–97.
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1967;66:178.
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Streeter GL. Developmental horizons in human embryos: description of age group XIII, embryos of 4 or 5 millimeters long, and age group XIV,
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Streeter GL. Developmental horizons in human embryos: description of age groups XV, XVI, XVII, and XVIII. Contrib Embryol Carnegie Inst.
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Yamada S, Samtani RR, Lee ES, et al. Developmental atlas of the early first trimester human embryo. Dev Dyn. 2010;239:1585.
Período fetal: desde la novena semana hasta
el nacimiento
Estimación de la edad fetal 
Trimestres del embarazo 
Mediciones y características del feto 
Aspectos destacados del período fetal 
Semanas 9 a 12 
Semanas 13 a 16 
Semanas 17 a 20 
Semanas 21 a 25 
Semanas 26 a 29 
Semanas 30 a 34 
Semanas 35 a 38 
Fecha probable del parto 
Factores que influyen en el crecimiento fetal 
Tabaquismo 
Embarazo múltiple 
Consumo de alcohol y drogas 
Alteración del flujo sanguíneo uteroplacentario y fetoplacentario 
Factores genéticos y retraso del crecimiento 
Procedimientos para evaluar el estado fetal 
Ecografía 
Amniocentesis diagnóstica 
Determinación de la alfa-fetoproteína 
Estudios espectrofotométricos 
Biopsia de las vellosidades coriónicas 
Cultivos celulares y análisis cromosómico 
Diagnóstico prenatal no invasivo 
Transfusión fetal 
Fetoscopia 
Obtención percutánea de muestras de sangre del cordón umbilical 
Resonancia magnética 
Monitorización fetal 
Resumen del período fetal 
Problemas con orientación clínica 
La transformación de un embrión en un feto se produce de manera gradual, pero el cambio de denominación
es significativo ya que implica que se han formado los primordios de todos los sistemas importantes. El
desarrollo durante el período fetal está relacionado con el rápido crecimiento del cuerpo y con la
diferenciación de los tejidos, los órganos y los sistemas. Un cambio notable durante el período fetal es la
ralentización relativa del crecimiento de la cabeza en comparación con el del resto del cuerpo. El ritmo de
crecimiento corporal durante el período fetal es muy rápido (tabla 6.1) y el incremento del peso corporal
durante las últimas semanas del embarazo es extraordinario. Los períodos de crecimiento continuado normal
se alternan con intervalos prolongados de ausencia de crecimiento.
Tabla 6.1
Criterios para estimar la edad desde la fecundación durante el período fetal
* Estas medidas son cifras promedio y quizá no se apliquen a casos individuales; las variaciones en las dimensiones aumentan con la edad.
† Estos pesos se refieren a fetos que han permanecido fijados en formalina al 10% durante, aproximadamente, 2 semanas; el peso de las
muestras frescas es generalmente un 5% inferior.
‡ No hay un límite bien establecido del desarrollo, la edad o el peso corporal a partir del cual el feto sea automáticamente viable o por encima del
cual esté garantizada su supervivencia; sin embargo, la experiencia ha demostrado que es poco habitualla supervivencia de los fetos con un peso
corporal inferior a 500 g y de los fetos con una edad desde la fecundación inferior a 22 semanas. Incluso los fetos de 26 a 28 semanas tienen
dificultades para sobrevivir, principalmente porque sus sistemas respiratorio y nervioso central no están completamente diferenciados.
Viabilidad de los fetos
La viabilidad fetal se define como la capacidad de los fetos para sobrevivir en un entorno extrauterino.
Habitualmente, los fetos con peso al nacimiento menor de 500 g no sobreviven. En los últimos años se está
publicando con mayor frecuencia supervivencia de fetos con edades gestacionales entre 22 y 23 semanas, lo
que empieza a desdibujar el límite de viabilidad fetal establecido. Muchos fetos con peso al nacimiento menor
de 1.000 g pueden sobrevivir si reciben cuidados posnatales expertos. Estos lactantes reciben el nombre de
recién nacidos con peso extremadamente bajo. En muchos casos, el bajo peso de los recién nacidos a término
se debe a un problema de restricción del crecimiento intrauterino (RCIU). En consecuencia, si reciben
cuidados posnatales adecuados, algunos fetos con un peso corporal inferior a 500 g pueden sobrevivir.
Generalmente, la mayoría de los fetos con peso al nacer entre 750 y 1.500 g sobreviven, si bien pueden sufrir
complicaciones.
Cada año nacen aproximadamente 500.000 lactantes prematuros (<37 semanas) en Estados Unidos. Muchos
de ellos padecen complicaciones médicas importantes o mortalidad precoz (fallecen al poco tiempo de nacer).
El uso de esteroides antes del parto y la administración posnatal de surfactante endotraqueal han reducido en
gran medida la morbilidad aguda y a largo plazo. La prematuridad es una de las causas más frecuentes de
morbimortalidad perinatal.
Estimación de la edad fetal
Las mediciones ecográficas de la longitud occipucio-cóccix (LOC) permiten determinar el tamaño y la edad
probable del feto al tiempo que ofrecen una predicción de la fecha prevista del parto. Las mediciones de la
cabeza fetal y de la longitud del fémur también se utilizan para evaluar la edad. En la práctica clínica, la edad
gestacional suele contarse desde el inicio de la fecha de la última regla (FUR) normal.
En embriología, la edad gestacional basada en la FUR es superflua, pues la gestación (fecha de la
fecundación) no empieza hasta que se fecunda el ovocito, lo cual ocurre alrededor de la mitad del ciclo
menstrual. Esta diferencia en la aplicación del término edad gestacional puede llevar a confusión; por tanto, es
importante que el especialista que solicite la ecografía y el que la realice utilicen la misma terminología
embriológica (v. cap. 1, fig. 1.1).
El período intrauterino se puede dividir en días, semanas o meses (tabla 6.2), pero puede haber confusión
cuando no se indica si la edad se calcula a partir del inicio de la FUR o del día estimado de la fecundación del
ovocito. La incertidumbre respecto a la edad se manifiesta cuando se utilizan meses, especialmente si no se
indica si corresponden a meses de calendario (28-31 días) o a meses lunares (28 días). Salvo indicación
contraria, el concepto de edad fetal utilizado en este libro se calcula a partir de la fecha estimada de la
fecundación.
Tabla 6.2
Comparación de las unidades del tiempo gestacional y de la fecha de parto*
* La regla habitual para determinar la fecha probable del parto (regla de Nägele) consiste en descontar 3 meses desde el primer día de la fecha de
la última regla y añadir un año y 7 días.
Trimestres del embarazo
Desde el punto de vista clínico, el período gestacional se divide en tres trimestres. Al final del primer
trimestre, un tercio del total del embarazo, ya se han desarrollado todos los sistemas principales (v. tabla 6.1).
A lo largo del segundo trimestre, el feto adquiere un tamaño suficiente para que en la ecografía sea posible
visualizar su anatomía en detalle. Durante este período se puede detectar la mayoría de las malformaciones
congénitas mediante la ecografía de alta resolución en tiempo real. Hacia el comienzo del tercer trimestre, el
feto ya puede sobrevivir si nace prematuramente. El feto alcanza un hito importante del desarrollo a las 35
semanas de la gestación, momento en el que adquiere un peso corporal aproximado de 2.500 g y suele
sobrevivir si el parto se produce de forma prematura.
Mediciones y características del feto
Hay varios parámetros y características externas útiles para estimar la edad fetal (v. tabla 6.1). La LOC es el
método de elección para estimarla hasta el final del primer trimestre, dado que la variabilidad en el tamaño
fetal durante este período es muy escasa. En los trimestres segundo y tercero es posible identificar varias
estructuras que se pueden medir en la ecografía, pero los parámetros más utilizados son el diámetro
biparietal (el diámetro de la cabeza entre las dos eminencias parietales), el perímetro craneal, el perímetro
abdominal, la longitud del fémur y la longitud del pie.
El peso corporal es, a menudo, un criterio útil para estimar la edad aunque puede haber discrepancias entre
la edad y el peso corporal, especialmente cuando la madre presenta alguna enfermedad metabólica, como
diabetes mellitus gestacional. En estos casos, el peso corporal supera, a menudo, los valores considerados
normales para la LOC correspondiente. Las dimensiones fetales obtenidas mediante las mediciones
ecográficas se aproximan notablemente a las mediciones de la LOC obtenidas en fetos que han sufrido un
aborto espontáneo. La determinación del tamaño del feto, especialmente del perímetro craneal, es útil a los
obstetras en el manejo de sus pacientes.
Aspectos destacados del período fetal
No hay ningún sistema formal para estadiar el período fetal. Sin embargo, es útil describir los cambios que
ocurren en períodos comprendidos entre las semanas cuarta y quinta.
Semanas 9 a 12
Al comienzo del período fetal (novena semana), la cabeza constituye aproximadamente la mitad de la LOC
del feto (figs. 6.1 y 6.2A). Más adelante, el crecimiento de la longitud corporal se acelera rápidamente, de
manera que hacia el final de la semana 12 la LOC casi se ha duplicado (fig. 6.2B y v. tabla 6.1). A pesar de que
el ritmo de crecimiento de la cabeza se reduce, su tamaño continúa siendo desproporcionadamente grande en
comparación con el resto del cuerpo (fig. 6.3).
FIG. 6.1 Imagen ecográfica de un feto de 9 semanas (11 semanas de edad gestacional). Se pueden observar el amnios,
la cavidad amniótica (CA) y la cavidad coriónica (CC). Longitud occipucio-cóccix, 4,2 cm (calibradores). (Por cortesía del Dr.
E. A. Lyons, profesor de Radiología, Obstetricia y Ginecología, y Anatomía, Health Sciences Centre and University of
Manitoba, Winnipeg, Manitoba, Canadá.)
FIG. 6.2 Feto de 9 semanas en el saco amniótico, expuesto tras la eliminación del saco coriónico. A, Tamaño real. El resto
de la vesícula umbilical está indicado por una flecha. B, Ecografía transabdominal 3D de un feto de 10 semanas + 2 días.
En el abdomen, se pueden observar la inserción del cordón umbilical y la membrana amniótica rodeando al feto. El resto de
vesícula umbilical (saco vitelino) se aprecia cerca de la membrana amniótica en la parte más alta de la imagen.
FIG. 6.3 Ecografía transvaginal 3D (con renderización superficial) de un feto de 11 semanas. Se puede observar la
cabeza relativamente grande. Las extremidades se han desarrollado completamente. También es visible una oreja en la
parte lateral de la cabeza.
A las 9 semanas, la cara es ancha, los ojos están ampliamente separados, las orejas muestran una
implantación baja y los párpados están fusionados (v. fig. 6.2B). Al final de la semana 12 aparecen los centros
de osificación primaria en el esqueleto, en especial en el cráneo y los huesos largos. Al comienzo de la novena
semana las piernas son cortas y los muslos relativamente pequeños (v. fig. 6.2). Hacia el final de la semana 12,
los miembros superiores casi han alcanzado su longitud relativa final, pero los miembros inferiores todavía no
estánbien desarrollados y su tamaño es algo inferior a su longitud relativa final.
Los genitales externos de los fetos masculinos y femeninos tienen características similares hasta el final de
la novena semana. Su forma fetal madura no queda establecida hasta la semana 12. En el extremo proximal
del cordón umbilical pueden observarse asas intestinales hasta la mitad de la semana 10 (v. fig. 6.2B). Hacia la
semana 11, las asas intestinales ya han vuelto al abdomen (v. fig. 6.3).
A las 9 semanas, comienzo del período fetal, el hígado es el órgano principal en el cual se produce la
eritropoyesis (formación de los hematíes). Hacia el final de la semana 12, la eritropoyesis se ha reducido en el
hígado y ha comenzado en el bazo. La formación de orina comienza entre las semanas 9 y 12; la orina es
eliminada a través de la uretra hacia el líquido amniótico en la cavidad amniótica. El feto reabsorbe parte del
líquido amniótico tras deglutirlo. Los productos de desecho fetales son transferidos a la circulación materna
tras atravesar la membrana placentaria (v. cap. 7, fig. 7.7).
Semanas 13 a 16
Durante este período, el crecimiento es rápido (figs. 6.4 y 6.5; v. tabla 6.1). Hacia la semana 16, la cabeza es
relativamente pequeña en comparación con la del feto de 12 semanas y los miembros inferiores han
aumentado su longitud (fig. 6.6A). Los movimientos de los miembros, que se inician al final del período
embrionario, muestran coordinación hacia la semana 14, aunque todavía son demasiado débiles para que la
madre pueda percibirlos. Sin embargo, los movimientos de los miembros son visibles en el estudio ecográfico.
FIG. 6.4 Diagrama a escala con ilustración de los cambios que se producen en el tamaño del feto humano.
FIG. 6.5 Fotografía de aumento de la cabeza y de la parte superior del tronco de un feto de 13 semanas.
FIG. 6.6 A, Feto de 17 semanas. A consecuencia de la escasez de tejido adiposo subcutáneo y de la delgadez de la piel
son visibles los vasos del cuero cabelludo. Los fetos de esta edad no pueden sobrevivir fuera de la cavidad uterina en los
casos de parto prematuro, principalmente porque su aparato respiratorio es inmaduro. B, Visión frontal de un feto de
17 semanas. Obsérvese que en esta fase los párpados están cerrados. (A, Tomada de Moore KL, Persaud TVN, Shiota K:
Color atlas of clinical embryology, 2.ª ed. Philadelphia, 2000, Saunders. B, Por cortesía del Dr. Robert Jordan, St. George’s
University Medical School, Grenada.)
La osificación del esqueleto fetal se mantiene activa durante este período y los huesos en desarrollo son
claramente visibles en las imágenes ecográficas obtenidas al comienzo de la semana 16. A las 14 semanas
aparecen movimientos oculares lentos. El patrón del pelo del cuero cabelludo también queda determinado
durante este período. Hacia la semana 16, los ovarios se diferencian y contienen folículos ováricos primitivos
que, a su vez, contienen ovogonias o células germinativas primordiales (v. cap. 12, fig. 12.31).
Los genitales de los fetos masculinos y femeninos pueden reconocerse hacia las 12-14 semanas. Hacia la
semana 16, los ojos miran hacia delante, más que anterolateralmente. Asimismo, las orejas ya están cerca de su
posición definitiva en las partes laterales de la cabeza.
Semanas 17 a 20
El ritmo de crecimiento se reduce durante este período aunque la LOC todavía se incrementa en,
aproximadamente, 50 mm (v. figs. 6.4 y 6.6, y tabla 6.1). La madre suele percibir los primeros movimientos
fetales (sacudidas). En este momento, la piel está cubierta por un material grasiento y pastoso, la vérnix
caseosa. Este material consiste en una mezcla de células epidérmicas muertas y una sustancia grasa
procedente de las glándulas sebáceas fetales. La vérnix caseosa protege la delicada piel del feto frente a las
abrasiones, las grietas y el endurecimiento que pueden producirse por exposición al líquido amniótico. Los
fetos están recubiertos de un vello fino y suave, denominado lanugo, que facilita la adhesión de la vérnix a la
piel.
Las cejas y el pelo de la cabeza son visibles en la semana 20. Durante este período se forma la grasa parda,
cuya función es la producción de calor. Este tejido adiposo especializado, que es un tejido conjuntivo que
consta fundamentalmente de células grasas, se localiza sobre todo en la raíz del cuello, por detrás del esternón
y en el área perirrenal, produciendo calor a través de la oxidación de los ácidos grasos.
Hacia la semana 18 se forma el útero fetal y se inicia la canalización de la vagina al tiempo que son visibles
muchos folículos ováricos primordiales que contienen ovogonias. Hacia la semana 20 ya se ha iniciado el
descenso de los testículos, aunque todavía se localizan en la pared abdominal posterior, en una posición muy
similar a la de los ovarios en los fetos femeninos.
Semanas 21 a 25
Durante este período se produce un incremento sustancial del peso corporal y el feto está mejor
proporcionado (fig. 6.7). La piel suele estar arrugada y es más translúcida, especialmente durante la primera
parte de este período. Tiene un color rosado o rojo ya que la sangre que discurre a través de los capilares es
visible. Hacia la semana 21 se inician los movimientos oculares rápidos y, en este sentido, se han observado
reflejos palpebrales de sobresalto a las 22-23 semanas. Las células epiteliales secretoras (neumocitos de tipo
II) de las paredes interalveolares de los pulmones comienzan a secretar surfactante, un material lipídico que
actúa en la superficie y mantiene la permeabilidad de los alvéolos pulmonares en fase de desarrollo (v.
cap. 10).
FIG. 6.7 Recién nacido normal de 25 semanas de gestación y de sexo femenino, con un peso corporal de 725 g. (Por
cortesía de Dean Barringer y Marnie Danzinger.)
Las uñas de los dedos de las manos aparecen hacia la semana 24. A pesar de que un feto nacido
prematuramente entre la semana 22 y la 25 puede sobrevivir si recibe cuidados intensivos (v. fig. 6.7), es
posible que fallezca debido a la inmadurez del sistema respiratorio. En los lactantes nacidos antes de la
semana 26 hay un riesgo elevado de discapacidad del neurodesarrollo (p. ej., defectos mentales).
Semanas 26 a 29
Si el parto prematuro se produce durante este período, es habitual que el feto sobreviva siempre y cuando
reciba cuidados intensivos (fig. 6.8B y C). Los pulmones y la vascularización pulmonar se han desarrollado lo
suficiente como para permitir un intercambio gaseoso adecuado. Además, el sistema nervioso central ha
madurado hasta un nivel en que puede dirigir los movimientos respiratorios rítmicos y controlar la
temperatura corporal. La tasa más elevada de mortalidad neonatal se produce en los lactantes clasificados en
los grupos de peso corporal bajo (≤2.500 g) y muy bajo (≤1.500 g).
FIG. 6.8 Imágenes de resonancia magnética de fetos normales. A, A las 18 semanas. B, A las 26 semanas. C, A las
28 semanas. (Por cortesía de la Dra. Deborah Levine, directora de Ecografía Obstétrica y Ginecológica, Beth Israel
Deaconess Medical Center, Boston, MA.)
Los párpados se abren durante la semana 26, al tiempo que el lanugo (vello fino y suave) y el pelo de la
cabeza ya están bien desarrollados. Las uñas de los dedos de los pies son visibles y ahora hay una cantidad
apreciable de tejido adiposo subcutáneo bajo la piel, por lo que desaparecen muchas de las arrugas cutáneas.
Durante este período aumenta la cantidad de tejido adiposo blanco hasta constituir, aproximadamente, el
3,5% del peso corporal. El bazo fetal se ha convertido en un órgano importante para la eritropoyesis
(producción de los hematíes). Este proceso finaliza a las 28 semanas, momento en que la médula ósea se
convierte en el órgano principal de la eritropoyesis.
Semanas 30 a 34
El reflejo pupilar (modificación del diámetro de la pupila en respuesta a un estímulo luminoso) se puede
provocar a las 30 semanas. Generalmente, al final de este período la piel tiene una coloración rosada y es lisa,
y las extremidades superiores e inferiores muestran un aspectorollizo. A esta edad, el tejido adiposo blanco
representa, aproximadamente, el 8% del peso corporal total. Los fetos de 32 semanas o más sobreviven
generalmente en los casos de parto prematuro.
Semanas 35 a 38
Los fetos que nacen a las 35 semanas presentan un agarre firme y muestran orientación espontánea a la luz. A
medida que el embarazo se aproxima a su término, el sistema nervioso adquiere el grado de madurez
suficiente como para llevar a cabo algunas funciones de integración. La mayoría de los fetos presentan un
aspecto rollizo durante este «período final». A las 36 semanas, los perímetros de la cabeza y el abdomen son
aproximadamente iguales. Después de este período, el perímetro abdominal puede ser mayor que el craneal.
A las 37 semanas, la longitud del pie fetal es ligeramente mayor que la longitud del fémur (hueso largo del
muslo) y representa un parámetro alternativo para confirmar la edad del feto (fig. 6.9). A medida que se
aproxima el parto se enlentece el ritmo de crecimiento (fig. 6.10).
FIG. 6.9 Ecografía en la que se observa el pie de un feto de 19 semanas. (Por cortesía del Dr. E. A. Lyons, profesor de
Radiología, Obstetricia y Ginecología, y Anatomía, Health Sciences Centre and University of Manitoba, Winnipeg, Manitoba,
Canadá.)
FIG. 6.10 Gráfica en la que se muestra el ritmo del crecimiento fetal durante el tercer trimestre (los últimos 3 meses). El
valor promedio se refiere a los niños nacidos en Estados Unidos. Después de la semana 36, el ritmo de crecimiento se
desvía respecto a la línea recta. Esta reducción, sobre todo después alcanzar la fecha del término del embarazo (38
semanas), posiblemente refleja la nutrición fetal inadecuada secundaria a cambios en la placenta. (Modificada de
Gruenwald P: Growth of the human fetus. I. Normal growth and its variation. Am J Obstet Gynecol 94:1112, 1966.)
A término (38 semanas) (fig. 6.11B), la mayoría de los fetos alcanza una LOC de 360 mm y un peso corporal
aproximado de 3.400 g. El tejido adiposo blanco constituye aproximadamente el 16% del peso corporal.
Durante estas últimas semanas, el feto aumenta diariamente su cantidad de tejido adiposo en unos 14 g. El
tórax es prominente y las mamas muestran, a menudo, una ligera protrusión en los fetos de ambos sexos. Los
testículos se suelen localizar en el escroto en los neonatos de sexo masculino a término. Sin embargo, los
prematuros muestran a menudo ausencia de descenso testicular. A pesar de que en el feto a término la cabeza
es más pequeña en relación con el resto del cuerpo, en comparación con lo que ocurre en etapas anteriores de
la vida fetal, al final del embarazo continúa siendo una de las estructuras de mayor tamaño. En general, en el
momento del parto, los fetos de sexo masculino tienen una longitud y un peso corporal mayores que los de
sexo femenino.
FIG. 6.11 Recién nacidos sanos. A, A las 34 semanas. B, a las 38 semanas. (A, Por cortesía de Michael y Michele Rice.
B, Por cortesía del Dr. Jon Jackson y la Sra. Margaret Jackson)
Bajo peso corporal al nacer
No todos los recién nacidos con bajo peso corporal al nacer son prematuros. Aproximadamente, la tercera
parte de los lactantes con un peso corporal de 2.500 g o menos en el momento del nacimiento son realmente
lactantes pequeños respecto a la edad gestacional. Estos lactantes «pequeños para la edad gestacional»
pueden tener un bajo peso corporal debido a un problema de insuficiencia placentaria (v. cap. 7). Las
placentas muestran a menudo un tamaño pequeño, están fijadas inadecuadamente a la pared uterina o bien
han experimentado cambios degenerativos que reducen progresivamente el aporte de oxígeno y nutrientes al
feto.
Es importante distinguir los lactantes a término, que presentan un bajo peso corporal en el momento del
nacimiento debido a un problema de RCIU, de los lactantes prematuros, que tienen un bajo peso corporal en
el momento de nacer debido a que su gestación se ha acortado (es decir, son prematuros respecto a la
duración de la gestación). La RCIU puede deberse a preeclampsia (hipertensión), tabaquismo o consumo de
algunas drogas, gestación múltiple (p. ej., trillizos), enfermedades infecciosas, anomalías cardiovasculares,
nutrición materna inadecuada y efectos de hormonas maternas y fetales. Los teratógenos y los factores
genéticos también son causas conocidas de RCIU (v. cap. 20). Los lactantes con RCIU asimétrico y perímetro
cefálico mayor que el correspondiente al peso y la talla de un lactante muestran característicamente una
disminución del tejido adiposo subcutáneo y su piel está arrugada, lo que sugiere que ha habido una pérdida
real de tejido adiposo subcutáneo.
Fecha probable del parto
La fecha probable del parto de un feto es de 266 días, o bien 38 semanas, desde la fecundación; es decir,
280 días o 40 semanas después de la FUR (v. tabla 6.2). Aproximadamente, el 12% de los niños nacen entre 1 y
2 semanas después de la fecha probable de parto.
Síndrome de posmadurez
La prolongación del embarazo durante 3 semanas o más por encima de la fecha probable del parto tiene lugar en
el 5-6% de las mujeres. Algunos de los niños que sufren esta experiencia desarrollan el denominado
síndrome de posmadurez, que puede asociarse con falta de maduración fetal: ausencia de tejido adiposo
subcutáneo, piel arrugada o tinción de la piel por meconio (heces de color verdoso) y muestran, a menudo,
un peso corporal excesivo. Los fetos con este síndrome presentan mayor riesgo de mortalidad. Cuando el feto
es posmaduro, suele provocarse el parto.
Factores que influyen en el crecimiento fetal
Al aceptar el refugio que le proporciona el útero, el feto también acepta el riesgo de las enfermedades que
puede sufrir la madre o su malnutrición, así como los ajustes bioquímicos, inmunológicos y hormonales.
GEORGE W. CORNER, AFAMADO EMBRIÓLOGO ESTADOUNIDENSE, 1888 A 1981
El feto necesita sustratos (nutrientes) para su crecimiento y para la producción de energía. Los gases y los
nutrientes pasan libremente desde la madre hasta el feto a través de la membrana placentaria (v. cap. 7,
fig. 7.7). La glucosa es una fuente fundamental de energía para el metabolismo y el crecimiento fetales;
también son necesarios los aminoácidos. Todos estos compuestos pasan desde la sangre materna hasta el feto
a través de la membrana placentaria. El páncreas fetal secreta la insulina, necesaria para el metabolismo de la
glucosa; la insulina materna no llega al feto en cantidades significativas, pues la membrana placentaria es
relativamente impermeable a esta hormona. La insulina, los factores de crecimiento similares a la insulina, la
hormona de crecimiento humana y algunos polipéptidos pequeños (como la somatomedina C) parecen
estimular el crecimiento fetal.
Hay muchos factores que pueden influir en el crecimiento prenatal: maternos, fetales y ambientales.
Algunos factores que actúan a lo largo de todo el embarazo, como la enfermedad vascular materna, la
infección intrauterina y el consumo de cigarrillos y de alcohol, tienden a causar RCIU o condicionan que el
lactante sea pequeño respecto a la edad gestacional (PEG). Sin embargo, los factores que actúan durante el
tercer trimestre, como la malnutrición materna, generalmente hacen que el lactante tenga un bajo peso
corporal, pero con una longitud corporal y un tamaño de la cabeza normales. Los términos RCIU y PEG están
relacionados, pero no son sinónimos.
La RCIU se refiere a un proceso que provoca la reducción del patrón esperado de crecimiento fetal y
también una disminución del potencial de crecimiento del feto. Además, los lactantes PEG muestran un peso
corporal en el momento del nacimiento inferior a un valor umbral predeterminado y correspondiente a una
edad gestacional concreta (<2 desviaciones estándar por debajo de la media o un valor inferior al percentil 3).
La malnutrición materna grave debida al consumo de una dieta de insuficiente e inadecuada es una causa
conocida de restricción del crecimiento fetal (v. fig. 6.10).
Se ha demostrado que el bajo peso alnacer es un factor de riesgo en numerosas enfermedades de la vida
adulta, como hipertensión, diabetes y enfermedades cardiovasculares. Un peso alto al nacer secundario a
diabetes gestacional materna se asocia con obesidad y diabetes posteriores en la descendencia.
Tabaquismo
El consumo de cigarrillos es una causa bien demostrada de RCIU. El ritmo de crecimiento de los fetos de
mujeres que fuman es inferior al normal durante las 6-8 semanas últimas del embarazo (v. fig. 6.10). Por
término medio, el peso corporal de los hijos de grandes fumadoras durante el embarazo es 200 g menor del
valor normal, al tiempo que en esta situación aumenta la morbilidad perinatal en los casos en que no se
recibe una asistencia médica adecuada. El efecto del tabaquismo materno es mayor en los casos en que,
además, la nutrición de la madre es inadecuada. También se ha mencionado el tabaquismo materno como una
causa importante de labio palatino y paladar hendido en los descendientes.
Embarazo múltiple
Los fetos procedentes de embarazos múltiples suelen tener un peso corporal considerablemente inferior al de
los embarazos únicos (v. fig. 6.10). Es evidente que los requerimientos metabólicos totales de dos fetos o más
superan el aporte nutricional que puede atravesar la placenta durante el tercer trimestre.
Consumo de alcohol y drogas
Los hijos de madres alcohólicas suelen mostrar RCIU como parte del síndrome alcohólico fetal (v. cap. 20,
fig. 20.17). Asimismo, el consumo de marihuana y de otras drogas (p. ej., cocaína) puede producir RCIU y
otras complicaciones obstétricas.
Alteración del flujo sanguíneo uteroplacentario y fetoplacentario
La circulación placentaria materna puede disminuir en situaciones en que se reduce el flujo sanguíneo uterino
(p. ej., vasos coriónicos pequeños, hipotensión materna severa y nefropatía). La reducción crónica del flujo
sanguíneo uterino puede causar inanición fetal con RCIU. La disfunción placentaria (p. ej., infarto; v. cap. 7)
puede también originar RCIU.
El efecto de estas alteraciones placentarias es la disminución del área total de intercambio de nutrientes
entre las circulaciones sanguíneas fetal y materna. Es muy difícil separar el efecto de estos cambios
placentarios de los efectos secundarios a la disminución del flujo sanguíneo materno hacia la placenta. En
algunos casos de enfermedad crónica materna, las alteraciones vasculares uterinas de la madre son el factor
primario y las alteraciones placentarias, un factor secundario.
Factores genéticos y retraso del crecimiento
Está bien demostrado que factores genéticos pueden causar RCIU. La existencia de casos repetidos de RCIU
en un grupo familiar indica que la causa del crecimiento anómalo puede ser la existencia de genes de
transmisión recesiva. También se ha demostrado que las alteraciones cromosómicas, tanto estructurales como
numéricas, se asocian con retraso del crecimiento fetal. La RCIU es pronunciada en los lactantes con síndrome
de Down y muy característica de los fetos con trisomía 18 (v. cap. 20).
Procedimientos para evaluar el estado fetal
La perinatología es la rama de la medicina implicada en el bienestar del feto y del recién nacido, y en general
cubre el período que va aproximadamente desde las 26 semanas tras la fecundación hasta las 4 semanas
posteriores al parto. Esta subespecialidad médica combina diversos aspectos de la obstetricia y la pediatría.
Ecografía
La ecografía es la principal modalidad de diagnóstico por imagen para la evaluación del feto, pues es un
método de elevada disponibilidad, de coste bajo y carece de efectos adversos conocidos. La ecografía permite
la visualización del saco coriónico y de su contenido durante los períodos embrionario y fetal. También
permite definir el tamaño de la placenta y el feto, así como los embarazos múltiples, las alteraciones de la
configuración placentaria y la presentación anómala del feto.
La ecografía proporciona una medición precisa del diámetro biparietal del cráneo fetal, un dato a partir del
cual es posible estimar la edad y la longitud corporal del feto. Las figuras 6.9 y 6.12 ilustran el modo en que
pueden observarse los detalles anatómicos del feto en la ecografía. La ecografía también es útil para el
diagnóstico de los embarazos patológicos en una fase muy temprana. Los rápidos avances en la tecnología de
imagen, incluyendo la ecografía tridimensional (3D), la han convertido en una herramienta de gran
importancia para el diagnóstico prenatal de las alteraciones fetales en fases tempranas del embarazo (11 a 14
semanas de edad gestacional). La ecografía también permite guiar la biopsia de los tejidos fetales, como la
piel, el hígado, el riñón y el músculo.
FIG. 6.12 A, Imagen ecográfica tridimensional de un feto de 28 semanas, en la cual se observa su cara. Las
características superficiales son claramente reconocibles. B, Fotografía del recién nacido correspondiente a A 3 horas
después del parto. (Por cortesía del Dr. E. A. Lyons, profesor de Radiología, Obstetricia y Ginecología, y Anatomía, Health
Sciences Centre and University of Manitoba, Winnipeg, Manitoba, Canadá.)
Amniocentesis diagnóstica
La amniocentesis es un procedimiento diagnóstico prenatal invasivo que se lleva a cabo con relativa
frecuencia, generalmente a partir de la semana 15 de gestación. La muestra de líquido amniótico se obtiene
mediante la introducción de una aguja con un calibre de 22G a través de la parte anterior de las paredes
abdominal y uterina de la madre hasta alcanzar la cavidad amniótica, tras atravesar el corion y el amnios
(fig. 6.13A). La amniocentesis es difícil de llevar a cabo antes de la semana 14, dado que la cantidad de líquido
amniótico es relativamente escasa hasta ese momento. El volumen de líquido amniótico es de,
aproximadamente, 200 ml y es posible extraer con seguridad entre 15 y 20 ml. La amniocentesis es un
procedimiento que conlleva riesgos relativamente escasos para el feto (con una tasa de aborto del 0,5% al 1%),
en especial cuando lo realiza un médico con experiencia y mediante guía ecográfica en tiempo real para
determinar la localización del feto y de la placenta.
Valor diagnóstico de la amniocentesis
La amniocentesis es un método utilizado con frecuencia para la detección de trastornos genéticos (p. ej.,
síndrome de Down). Las indicaciones más habituales para la amniocentesis son las siguientes:
• Edad materna avanzada (38 años o más).
• Alumbramiento previo de un niño con trisomía 21 (v. cap. 20, fig. 20.6B).
• Existencia de alteraciones cromosómicas en cualquiera de los progenitores.
• Mujeres portadoras de genes causantes de trastornos recesivos ligados al cromosoma X (p. ej., hemofilia).
• Antecedentes familiares de defectos del tubo neural (p. ej., espina bífida quística; v. cap. 17, fig. 17.15).
• Mujeres portadoras de genes que codifican errores innatos del metabolismo.
FIG. 6.13 A, Ilustración de la amniocentesis. Se introduce una aguja a través de las paredes abdominal y uterina hasta la
cavidad amniótica. Después se acopla una jeringa y se extrae una muestra de líquido amniótico para la realización de
pruebas diagnósticas. B, Representación esquemática de la biopsia de las vellosidades coriónicas. Se ilustran dos vías
distintas: a través de la pared abdominal anterior de la madre con una aguja y a través de la vagina y del canal cervical
mediante un catéter flexible. El espéculo es un instrumento que permite la exposición de la vagina.
Determinación de la alfa-fetoproteína
La alfa-fetoproteína (AFP) es una glucoproteína sintetizada por el hígado, la vesícula umbilical y el intestino
fetales. La AFP presenta concentraciones elevadas en el suero del feto y alcanza sus valores máximos durante
la semana 14 tras la FUR. Normalmente, pequeñas cantidades de AFP alcanzan el líquido amniótico.
Alfa-fetoproteína y anomalías fetales
La concentración de la AFP está elevada en el líquido amniótico que rodea a los fetos que presentan
alteraciones graves en el sistema nervioso central y en la pared abdominal anterior. La concentraciónde AFP
en el líquido amniótico se determina mediante inmunoanálisis; cuando se conoce su valor y se lleva a cabo
una evaluación ecográfica, es posible establecer un diagnóstico prenatal en, aproximadamente, el 99% de los
fetos con estos defectos graves. Si un feto porta un tubo neural abierto, también es probable que aumente la
concentración de la AFP en el suero materno. La concentración sérica de AFP en la madre es inferior a la
normal en los casos en que el feto presenta síndrome de Down (trisomía 21), síndrome de Edward (trisomía
18) u otros defectos cromosómicos.
Estudios espectrofotométricos
El examen del líquido amniótico mediante espectrofotometría puede tener utilidad para valorar el grado de
eritroblastosis fetal, también denominada enfermedad hemolítica del recién nacido. Esta enfermedad se
debe a la destrucción de hematíes fetales por anticuerpos maternos (v. cap. 7, recuadro «Enfermedad
hemolítica del recién nacido»). La concentración de bilirrubina (y de otros pigmentos relacionados) guarda
relación con el grado de enfermedad hemolítica.
Biopsia de las vellosidades coriónicas
Las biopsias del tejido trofoblástico (5-20 mg) se pueden obtener mediante la introducción de una aguja a
través de las paredes abdominal y uterina de la madre (vía transabdominal) hasta alcanzar la cavidad uterina,
todo ello mediante guía ecográfica (v. fig. 6.13B). La biopsia de las vellosidades coriónicas (BVC) también se
puede practicar por vía transcervical, introduciendo un catéter de polietileno a través del cuello uterino
mediante guía ecográfica en tiempo real. Para determinar la existencia de un feto de riesgo, la BVC permite
definir el cariotipo fetal (características cromosómicas) y establecer un diagnóstico semanas antes de poder
usar la amniocentesis.
Valor diagnóstico de la biopsia de las vellosidades coriónicas
La BVC se lleva a cabo para detectar alteraciones cromosómicas, errores innatos del metabolismo y trastornos
ligados al cromosoma X. La BVC se puede realizar a partir las semanas 10 y 12 de gestación. La tasa de aborto
es de aproximadamente del 0,5% al 1%, una cifra comparable a la de la amniocentesis. La evidencia científica
sobre la posibilidad de incremento en el riesgo de defectos en los miembros tras la BVC es contradictoria. La
ventaja de la BVC sobre la amniocentesis reside en que la primera se puede realizar antes, lo que permite
conocer los resultados del análisis cromosómico con varias semanas de antelación.
Cultivos celulares y análisis cromosómico
La prevalencia de los trastornos cromosómicos es de, aproximadamente, un caso por cada 120 recién nacidos
vivos. Es posible detectar alteraciones sexuales y cromosómicas del feto a través del estudio de los
cromosomas sexuales de células fetales cultivadas obtenidas mediante amniocentesis y BVC. Comparado con
las técnicas citogenéticas convencionales, el análisis cromosómico de microarray tiene mayor resolución y se
usa de manera habitual para detectar anomalías cromosómicas. Si la concepción se produce mediante técnicas
de reproducción asistida, es posible obtener células fetales tras practicar una biopsia del blastocisto en fase de
maduración (fig. 6.14A y B) y cultivar las células. Habitualmente, estos cultivos se llevan a cabo en los casos
de sospecha de alguna alteración de carácter autosómico, como en el síndrome de Down. El conocimiento del
sexo fetal puede resultar de gran ayuda para diagnosticar enfermedades hereditarias graves ligadas al sexo,
como la hemofilia (un trastorno hereditario de la coagulación sanguínea) y la distrofia muscular (un
trastorno degenerativo progresivo y hereditario que afecta a los músculos esqueléticos). Igualmente, mediante
técnicas de hibridación in situ de fluorescencia, en la actualidad es posible detectar microdeleciones y
microduplicaciones, así como reordenamientos subteloméricos (v. fig. 6.14C y D). Los errores innatos del
metabolismo en los fetos pueden descubrirse también mediante el estudio de cultivos celulares. Es posible
determinar deficiencias enzimáticas mediante la incubación de células obtenidas a partir del líquido
amniótico, con la detección posterior de la deficiencia enzimática específica en dichas células.
FIG. 6.14 A, Imágenes microscópicas del blastocisto humano con células del trofectodermo (que formarán los tejidos
extraembrionarios) al iniciarse la incubación. B, Células del trofectodermo biopsiadas con la ayuda de un corte láser. C y D,
Imágenes de hibridación in situ fluorescente en blastocistos aneuploides. C, Tres puntos que se han teñido de verde en C
indican la existencia de tres cromosomas 21 en la muestra (46,XX, +21). D, Un punto que se ha teñido de rojo en D indica
la existencia de un solo cromosoma 13 en la muestra (45,XX, –13). (Tomada de Liang L, Wang CT, Sun X, et al:
Identification of chromosomal errors in human preimplantation embryos with oligonucleotide DNA microarray, PLoS ONE
8:4, 2013.)
Diagnóstico prenatal no invasivo
El síndrome de Down (trisomía 21) es el trastorno cromosómico más conocido. Los niños nacidos con este
cuadro muestran grados variables de discapacidad intelectual. El cribado no invasivo para la trisomía 21 se
basa en el aislamiento de células fetales en la sangre materna y en la detección de ADN y ARN acelular fetal.
El diagnóstico prenatal basado en detección de ADN, así como la secuenciación del plasma materno son test
fiables para la detección precoz de aneuploidías fetales. Tecnologías recientes, como por ejemplo el análisis
cromosómico de microarray y la secuenciación de exoma completo, han proporcionado nuevas oportunidades
para avanzar en el diagnóstico prenatal y en la detección de anomalías genéticas.
Transfusión fetal
A los fetos con enfermedad hemolítica del recién nacido se les puede tratar mediante transfusiones de sangre
intrauterinas. La sangre se inyecta a través de una aguja colocada en la cavidad peritoneal del feto. Con los
avances recientes en la obtención de muestras de sangre del cordón umbilical por vía percutánea es posible
efectuar la transfusión de sangre y de concentrados de hematíes directamente en la vena umbilical para tratar
la anemia fetal secundaria a isoinmunización. No obstante, hoy en día, la necesidad de las transfusiones
sanguíneas fetales es reducida debido al tratamiento de las mujeres Rh negativas que tienen hijos Rh positivos
mediante la administración de inmunoglobulina anti-Rh, que en muchos casos evita el desarrollo de esta
enfermedad del sistema Rh. La transfusión fetal de plaquetas directamente en la vena del cordón umbilical se
lleva a cabo como tratamiento de la trombocitopenia aloinmune. Además, también se han publicado casos de
perfusión fetal de medicamentos mediante este mismo procedimiento como tratamiento de algunas
enfermedades fetales.
Fetoscopia
Gracias a los instrumentos de fibra óptica es posible observar directamente la superficie del cuerpo fetal.
Habitualmente, el fetoscopio se introduce a través de las paredes abdominal y uterina de la madre hasta la
cavidad amniótica. La fetoscopia se suele llevar a cabo entre las semanas 17 y 20 de la gestación, pero gracias a
los modernos abordajes, como la embriofetoscopia transabdominal con aguja fina, es posible detectar ciertos
defectos del embrión o el feto durante el primer trimestre. Dado el elevado riesgo que conlleva la fetoscopia
para el feto, comparado con el de otros procedimientos diagnósticos prenatales, en la actualidad solo tiene
unas pocas indicaciones para el diagnóstico prenatal sistemático o para el tratamiento del feto. En
combinación con la coagulación con láser, la fetoscopia se ha utilizado en el tratamiento de problemas fetales,
como el síndrome de la transfusión gemelo-gemelo. La fetoscopia también se ha utilizado para la
eliminación de bridas amnióticas (v. cap. 7, fig. 7.21).
Obtención percutánea de muestras de sangre del cordón umbilical
Las muestras de sangre fetal se pueden obtener directamente a partir de la vena umbilical mediante punción
percutánea del cordón umbilical, o cordocentesis,para realizar el diagnóstico de muchos problemas fetales,
como la aneuploidía, la restricción del crecimiento fetal, la infección del feto y la anemia fetal. La
cordocentesis se suele llevar a cabo después de la semana 18 de gestación y mediante guía ecográfica directa
continua, lo que permite localizar el cordón umbilical y sus vasos. El riesgo de aborto es del 1,3%
aproximadamente en fetos normales, pero aumenta si existen anomalías fetales u otras alteraciones. Este
procedimiento también permite el tratamiento directo del feto; por ejemplo, para la transfusión de
concentrados de hematíes en el tratamiento de la anemia fetal secundaria a isoinmunización.
Resonancia magnética
En situaciones en que se contempla el tratamiento fetal, la resonancia magnética (RM) puede tener utilidad
para ofrecer información adicional respecto a una alteración detectada en la ecografía. La RM tiene ventajas
importantes: al igual que la ecografía, no utiliza radiación ionizante, pero aporta mayores niveles de contraste
y resolución de partes blandas (fig. 6.15).
FIG. 6.15 Imagen sagital de resonancia magnética de la pelvis en una mujer embarazada. El feto muestra presentación de
nalgas. Se pueden observar el encéfalo, los ojos y el hígado. (Por cortesía de la Dra. Deborah Levine, directora de
Ecografía Obstétrica y Ginecológica, Beth Israel Deaconess Medical Center, Boston, MA.)
Monitorización fetal
La monitorización continua de la frecuencia cardíaca fetal en los embarazos de alto riesgo es una medida que
se aplica de manera sistemática, y que ofrece información acerca del grado de oxigenación del feto. Hay varias
causas de sufrimiento fetal prenatal, como enfermedades maternas que reducen el transporte de oxígeno
hasta el feto (p. ej., cardiopatía cianótica). El sufrimiento fetal (p. ej., indicado por las alteraciones en la
frecuencia o el ritmo cardíaco) sugiere que el feto está en riesgo. Uno de los métodos de monitorización
incruenta aplica transductores en el abdomen de la madre.
Resumen del período fetal
• El período fetal comienza a las 8 semanas de la fecundación (10 semanas después de la FUR) y finaliza
con el parto. Se caracteriza por el rápido crecimiento del cuerpo y por la diferenciación de los tejidos, órganos
y sistemas. Un cambio obvio en el período fetal es el retraso relativo del ritmo de crecimiento de la
cabeza, comparado con el del resto del cuerpo.
• Hacia el comienzo de la semana 20 aparecen el lanugo (vello fino y suave) y el pelo de la cabeza, y la
piel está cubierta por la vérnix caseosa (sustancia de aspecto céreo). Los párpados permanecen
cerrados durante la mayor parte del período fetal, pero comienzan a reabrirse aproximadamente en la
semana 26. En este momento, el feto suele ser capaz de sobrevivir fuera del útero materno debido,
sobre todo, a la madurez de su sistema respiratorio.
• Hasta la semana 30, el feto tiene una coloración rojiza y un aspecto arrugado debido a la delgadez de su
piel y a la ausencia relativa de tejido adiposo subcutáneo. El tejido adiposo se suele desarrollar con
rapidez entre las semanas 26 y 29, lo que le confiere al feto un aspecto terso y saludable (v. fig. 6.11).
• El feto es menos vulnerable a los efectos teratogénicos de los medicamentos, los virus y la radiación,
pero estos elementos pueden interferir con el crecimiento y el desarrollo funcional normales,
especialmente en lo que se refiere al encéfalo y los ojos.
• El médico puede determinar si un feto sufre una enfermedad o una malformación congénita concretas,
utilizando para ello diversos métodos diagnósticos, como la amniocentesis, la BVC, la ecografía y
la RM.
• En casos seleccionados es posible aplicar al feto distintos tipos de tratamiento, como medicamentos
para corregir una arritmia cardíaca o diversos problemas tiroideos. También es posible la corrección
quirúrgica intrauterina de diversas malformaciones congénitas (fig. 6.16; p. ej., los fetos en que los
uréteres no establecen contacto con la vejiga).
FIG. 6.16 Feto de 21 semanas sometido a ureterostomía bilateral, una operación en la cual se ponen en contacto los
uréteres con la vejiga. (Tomada de Harrison MR, Globus MS, Filly RA, editores: The unborn patient. Prenatal diagnosis and
treatment, 2.ª ed. Philadelphia, 1994, Saunders.)
Problemas con orientación clínica
Caso 6-1
En una mujer sometida a una cesárea previa y que está en la semana 20 de un embarazo de alto riesgo se ha programado
una nueva cesárea. El médico quiere establecer la fecha probable del parto.
• ¿Cómo se podría determinar la fecha probable del parto?
• ¿En qué momento se podría provocar el parto?
• ¿Cómo se podría llevar a cabo la inducción del parto?
Caso 6-2
Una mujer embarazada de 44 años está preocupada por la posibilidad de que su feto presente malformaciones congénitas
importantes.
• ¿Cómo se podría determinar el estado del feto?
• ¿Qué alteración cromosómica sería más probable?
• ¿Qué otras alteraciones cromosómicas se podrían detectar?
Caso 6-3
Una mujer de 19 años que está en su segundo trimestre de embarazo pregunta al médico si su feto podría haber sido
vulnerable a los efectos de medicamentos sin receta y de drogas. También se pregunta por los efectos de su consumo
elevado de alcohol y cigarrillos en el feto.
• ¿Qué podría decirle el médico a esta mujer?
Caso 6-4
En la ecografía realizada a una mujer embarazada se demuestra que el feto presenta restricción del crecimiento
intrauterino (RCIU).
• ¿Qué factores pueden causar la RCIU? Comente cómo podrían influir estos factores en el crecimiento
fetal.
• ¿Cuáles de estos factores podría modificar la madre? ¿Se revertiría la RCIU al eliminar dichos factores?
Caso 6-5
Una mujer que está en su primer trimestre de embarazo y a la cual se le ha programado una amniocentesis expresa sus
dudas respecto a los peligros de aborto y lesión del feto.
• ¿Cuáles son los riesgos para ambas complicaciones?
• ¿Qué procedimientos se llevan a cabo para minimizar estos riesgos?
• ¿Qué otra técnica se podría utilizar para obtener células del feto con el objetivo de realizar el estudio
cromosómico?
Caso 6-6
A una mujer embarazada se le propone la determinación de la concentración sérica de la alfa-fetoproteína (AFP) con
objeto de determinar si existe algún tipo de anomalía fetal.
• ¿Qué es la AFP y dónde puede encontrarse?
• ¿Qué tipos de anomalías fetales se pueden detectar mediante la determinación de la concentración
sérica de la AFP en la madre?
• ¿Qué significado tienen las concentraciones altas y bajas de la AFP?
La respuesta a estos problemas se recoge en el apéndice al final del libro.
Bibliografía y lecturas recomendadas
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Placenta y membranas fetales
Placenta 
Decidua 
Desarrollo de la placenta 
Circulación placentaria 
Membrana placentaria 
Funciones de la placenta 
Síntesis y secreción endocrina placentaria 
La placenta como estructura similar a un tumor infiltrante 
Placenta y enfermedades del adulto 
Crecimiento del útero durante el embarazo 
Parto 
Fases del trabajo del parto 
Placenta y membranas fetales después del nacimiento 
Superficie materna de la placenta 
Superficie fetal de la placenta 
Cordón umbilical 
Amnios y líquido amniótico 
Vesícula umbilical 
Importancia de la vesícula umbilical 
Destino de la vesícula umbilical 
Alantoides 
Embarazos múltiples 
Gemelos y membranas fetales 
Gemelos dicigóticos 
Gemelos monocigóticos 
Otros tipos de embarazos múltiples 
Resumen de la placenta y las membranas fetales 
Período neonatal 
Problemas con orientación clínica 
La placenta y las membranas fetales separan el feto del endometrio, la mucosa que reviste la pared uterina. En
la placenta se produce el intercambio de sustancias, como nutrientes y oxígeno, entre la sangre materna y la
fetal. Los vasos del cordón umbilical comunican la circulación placentaria con la circulación fetal. Las
membranas fetales son el corion, el amnios, la vesícula umbilical y la alantoides.
Placenta
La placenta es un órgano fetomaterno que presenta dos componentes (fig. 7.1):
• Una parte fetal que procede del saco coriónico, es decir, la membrana fetal más externa.
• Una parte materna que deriva del endometrio, la capa más interna de la pared uterina.
FIG. 7.1 Desarrollo de la placenta y de las membranas fetales. A, Corte frontal del útero que muestra la elevación de la
decidua capsular debido a la expansión del saco coriónico en un embrión de 4 semanas implantado en el endometrio de la
pared posterior uterina (asterisco). B, Representación esquemática aumentada del sitio de implantación. Las vellosidades
coriónicas quedan expuestas al cortar una abertura de la decidua capsular. C a F, Cortes sagitales del útero grávido desde
la semana 5 hasta la 22, en los que se muestran los cambios en las relaciones entre las membranas fetales y la decidua.
En F, el amnios y el corion están fusionados entre sí y con la decidua parietal, lo que provoca la ocupación de la cavidad
uterina. En D a F se puede observar que las vellosidades coriónicas persisten únicamente en las zonas en las que el corion
está relacionado con la decidua basal.
La placenta y el cordón umbilical conforman un sistema para el transporte de sustancias de la madre al embrión/feto y
viceversa. Los nutrientes y el oxígeno pasan desde la sangre materna hasta la sangre embrionaria/fetal
atravesando la placenta, mientras que los materiales de desecho y el dióxido de carbono pasan también a
través de la placenta desde la sangre fetal hasta la sangre materna. La placenta y las membranas fetales llevan a
cabo las siguientes funciones: protección, nutrición, respiración, excreción de productos de desecho y
producción de hormonas. Poco tiempo después del parto, la placenta y las membranas fetales son expulsadas
del útero, durante el puerperio.
Decidua
La decidua es el endometrio uterino de una mujer embarazada. Es la capa funcional del endometrio que se
separa del resto del útero tras el parto. Las tres regiones de la decidua se denominan en función de la relación
que tienen con el sitio de implantación (v. fig. 7.1):
• La decidua basal es la parte de la decidua que se localiza profundamente respecto al producto de la
concepción y representa la parte materna de la placenta.
• La decidua capsular es la parte superficial de la decidua que recubre el producto de la concepción.
• La decidua parietal es toda la decidua restante.
En respuesta al incremento de las concentraciones de progesterona en la sangre materna, las células del
tejido conjuntivo de la decidua aumentan de tamaño hasta convertirse en las denominadas células
deciduales. Estas células aumentan de tamaño a medida que acumulan glucógeno y lípidos en su citoplasma.
Los cambios celulares y vasculares que ocurren en el endometrio a medida que se produce la implantación
del blastocisto constituyen la reacción decidual. Muchas células deciduales degeneran en la proximidad del
saco coriónico, en la región del sincitiotrofoblasto (capa externa del trofoblasto) y, junto con la sangre
materna y las secreciones uterinas, son una fuente abundante de nutrición para el embrión/feto. También se
ha propuesto la posibilidad de que las células deciduales protejan los tejidos maternos frente a una infiltración
incontrolada del sincitiotrofoblasto, aparte de que pueden estar implicadas en la producción de hormonas. La
observación de regiones de transformación decidual, claramente identificables en la ecografía, es importante para
establecer el diagnóstico temprano de embarazo (v. cap. 3, fig. 3.7).
Desarrollo de la placenta
El desarrollo inicial de la placenta se caracteriza por la proliferación rápida del trofoblasto y por el desarrollo
del saco coriónico y de las vellosidades coriónicas (v. caps. 3 y 4). Los genes homeobox (HLX, MSX2 y DLX3)
expresados en el trofoblasto y sus vasos sanguíneos inducen la infiltración trofoblástica y regulan el desarrollo
placentario. Hacia el final de la tercera semana ya se han producido los cambios anatómicos necesariospara
que tengan lugar los intercambios fisiológicos entre la madre y el embrión/feto. Al final de la cuarta semana
ya se ha establecido en la placenta una compleja red vascular que facilita los intercambios
maternoembrionarios de gases, nutrientes y productos metabólicos de desecho.
Las vellosidades coriónicas cubren todo el saco coriónico hasta el comienzo de la octava semana (figs. 7.2
y 7.3, y v. fig. 7.1C). Conforme crece el saco coriónico, las vellosidades coriónicas asociadas a la decidua
capsular quedan comprimidas, con lo que se reduce su aporte sanguíneo. Al poco tiempo, estas vellosidades
degeneran (v. figs. 7.1D y 7.3B) y al final forman una zona relativamente avascular y desnuda que se
denomina corion liso (corion leve). A medida que desaparecen estas vellosidades, las vellosidades asociadas a
la decidua basal se incrementan rápidamente, ramificándose de manera profusa y aumentando de tamaño.
Esta zona tupida del saco coriónico es el denominado corion velloso (corion frondoso).
FIG. 7.2 A, Visión lateral de un embrión producto de un aborto espontáneo en el estadio 14 de Carnegie de,
aproximadamente, 32 días. Se han abierto los sacos coriónico y amniótico para mostrar el embrión. Se puede observar el
gran tamaño de la vesícula umbilical en esta fase. B, El esquema muestra el tamaño real del embrión y de sus membranas.
(A, Tomada de Moore KL, Persaud TVN, Shiota K: Color atlas of clinical embryology, 2.ª ed. Philadelphia, 2000, Saunders.)
FIG. 7.3 Sacos coriónicos humanos producto de un aborto espontáneo. A, A los 21 días. Todo el saco está cubierto por
vellosidades coriónicas (×4). B, A las 8 semanas. Algunas de las vellosidades coriónicas han experimentado degeneración,
formando el corion liso. (Tomada de Potter EL, Craig JM: Pathology of the fetus and the infant, 3.ª ed. Copyright 1975 by
Year Book Medical Publishers, Chicago.)
Ecografía del saco coriónico
El tamaño del saco coriónico permite determinar la edad gestacional de los embriones/fetos correspondientes
a mujeres con antecedentes menstruales inciertos. El crecimiento del saco coriónico tiene lugar con una
rapidez extrema entre las semanas 5 y 10. Los aparatos de ecografía, equipados con transductores
intravaginales, permiten a los especialistas detectar el saco coriónico cuando tiene un diámetro medio de 2-
3 mm (v. cap. 3, fig. 3.7). Los sacos coriónicos con este diámetro indican que la edad gestacional es de 31-32
días, es decir, aproximadamente 18 días después de la fecundación.
El útero, el saco coriónico y la placenta aumentan de tamaño a medida que crece el embrión/feto. El tamaño
y el grosor de la placenta aumentan rápidamente hasta que el feto tiene unas 18 semanas. La placenta
desarrollada por completo cubre el 15-30% de la decidua del endometrio y tiene un peso que es,
aproximadamente, la sexta parte del peso del feto. En el embarazo a término, y en base a su propio
metabolismo, la placenta consume del 40% al 60% del oxígeno y la glucosa que llegan al útero.
La placenta presenta dos partes bien definidas (fig. 7.4, y v. fig. 7.1E y F):
• La parte fetal está formada por el corion velloso. Las vellosidades coriónicas que se originan a partir
del corion se proyectan hacia el espacio intervelloso que contiene sangre materna (v. fig. 7.1D).
• La parte materna de la placenta está formada por la decidua basal, es decir, la parte de la decidua
relacionada con el componente fetal de la placenta (v. fig. 7.1C a F). Hacia el final del cuarto mes, la
decidua basal se sustituye casi completamente por la parte fetal de la placenta.
FIG. 7.4 Esquema correspondiente al corte sagital de un útero grávido a las 16 semanas en el que se muestra la relación
de las membranas fetales entre sí y con la decidua y el embrión.
La parte fetal de la placenta está unida a la parte materna por la cubierta citotrofoblástica, que es la capa
externa de células trofoblásticas existente en la superficie materna de la placenta (fig. 7.5). Las vellosidades
coriónicas se unen firmemente a la decidua basal a través de la cubierta citotrofoblástica, anclando el saco
coriónico a la decidua basal. Las arterias y venas endometriales atraviesan libremente la cubierta
citotrofoblástica a través de las aberturas existentes en su interior y, finalmente, se abren hacia el espacio
intervelloso.
FIG. 7.5 Representación esquemática de un corte transversal a través de una placenta a término, en que se muestra: 1) la
relación entre el corion velloso (parte fetal de la placenta) y la decidua basal (parte materna de la placenta); 2) la circulación
placentaria fetal, y 3) la circulación placentaria materna. La sangre materna fluye hacia los espacios intervellosos en chorros
desde las arterias espirales. Se puede observar que las arterias umbilicales transportan sangre fetal escasamente
oxigenada (en azul en la ilustración) hasta la placenta y que la vena umbilical transporta sangre oxigenada (en rojo en la
ilustración) hacia el feto. También se puede observar que los cotiledones están separados entre sí por tabiques
placentarios correspondientes a proyecciones de la decidua basal. Cada cotiledón está formado por dos o más troncos
vellosos principales y numerosas vellosidades ramificadas. En este esquema solamente se muestra un tronco velloso en
cada cotiledón, pero quedan indicados los muñones de los cuales se han cortado.
La forma de la placenta está determinada por el área persistente de vellosidades coriónicas (v. fig. 7.1F), que
generalmente es una zona circular que le confiere a la placenta su forma discoide. A medida que las
vellosidades coriónicas infiltran la decidua basal se produce la erosión del tejido decidual, y esto da lugar a un
aumento de tamaño del espacio intervelloso (v. fig. 7.4). Dicha erosión hace que aparezcan en la decidua
varias áreas con forma de cuña, los tabiques placentarios, que se proyectan hacia la placa coriónica, es decir,
la parte de la pared coriónica relacionada con la placenta (fig. 7.5). Los tabiques placentarios dividen la parte
fetal de la placenta en áreas convexas irregulares que se denominan cotiledones. Cada cotiledón está
constituido por dos troncos vellosos o más y por sus numerosas vellosidades ramificadas (fig. 7.6A, y v.
fig. 7.5). Hacia el final del cuarto mes, los cotiledones sustituyen casi por completo la decidua basal (v.
fig. 7.11). La expresión de genes cinasa (MAP2K1 y MAP2K2) y del factor de transcripción Gcm1 (glial cells missing-
1) en las células pluripotenciales trofoblásticas regula el proceso de ramificación de los troncos vellosos para formar la red
vascular en la placenta.
FIG. 7.6 A, Esquema correspondiente a una vellosidad coriónica pluripotencial en que se muestra su sistema
arteriocapilar-venoso. Las arterias transportan sangre fetal escasamente oxigenada y productos de desecho procedentes
del feto, mientras que la vena transporta sangre oxigenada y nutrientes para el feto. B y C, Esquemas correspondientes a
cortes efectuados a través de una vellosidad ramificada a las 10 semanas y a término, respectivamente. La membrana
placentaria, formada por tejidos extrafetales, separa la sangre materna en el espacio intervelloso de la sangre fetal en los
capilares de las vellosidades. Se puede observar que la membrana placentaria tiene un grosor muy fino a término. Los
macrófagos fetales (células de Hofbauer) están presentes en las vellosidades coriónicas desde etapas muy tempranas del
embarazo. Estas células fagocíticas están involucradas en el desarrollo de la placenta.
La decidua capsular, que es la capa de decidua que cubre el saco coriónico, forma una cápsula sobre la
superficie externa de este (v. fig. 7.1A a D). A medida que el producto de la concepción aumenta de tamaño, la
decidua capsular sobresale en la cavidad uterina y experimenta una atenuación importante. Finalmente, la
decidua capsular contacta con la decidua parietal de la pared opuesta y se fusiona con ella, lo que origina una
obliteración lenta de la cavidad uterina (v. fig. 7.1E y F). Entre las 22 y las 24semanas, la disminución de la
vascularización sanguínea en la decidua capsular propicia su degeneración y desaparición.
Tras la desaparición de la decidua capsular, la parte lisa del saco coriónico se fusiona con la decidua parietal
(v. fig. 7.1F). Este proceso puede ser reversible, lo que generalmente ocurre cuando la sangre sale del espacio
intervelloso (v. fig. 7.4). La acumulación de sangre (hematoma) separa la membrana coriónica de la decidua
parietal y así restablece el espacio potencial de la cavidad uterina.
Al principio, cuando las células trofoblásticas invaden las arterias espirales, estas células forman tapones
dentro de las arterias. Estos tapones solamente permiten la entrada de plasma materno en el espacio
intervelloso. Como consecuencia, se crea un gradiente negativo neto de oxígeno. Se ha demostrado que
niveles elevados de oxígeno durante los estadios tempranos del desarrollo pueden causar complicaciones. Sin
embargo, de las 11 a las 14 semanas los tapones comienzan a descomponerse, la sangre materna comienza a
fluir y la concentración de oxígeno aumenta.
El espacio intervelloso de la placenta, que entre las 11 y las 14 semanas contiene sangre materna, procede
de las lagunas (espacios pequeños) que aparecieron en el sincitiotrofoblasto durante la segunda semana del
desarrollo (v. cap. 3, fig. 3.2A y B). Este espacio grande y relleno de sangre es producido por la coalescencia y
aumento de tamaño de las redes lacunares. El espacio intervelloso de la placenta está dividido en
compartimentos por los tabiques placentarios; sin embargo, la comunicación entre los distintos
compartimentos es libre ya que los tabiques no alcanzan la placa coriónica (v. fig. 7.5).
La sangre materna llega al espacio intervelloso procedente de las arterias endometriales espirales de la
decidua basal (v. figs. 7.4 y 7.5). Las arterias espirales discurren a través de las aberturas de la cubierta
citotrofoblástica y descargan su sangre en el espacio intervelloso. Este espacio de gran tamaño está drenado
por las venas endometriales que también atraviesan la cubierta citotrofoblástica. Las venas endometriales se
pueden observar en toda la superficie de la decidua basal.
Las numerosas vellosidades ramificadas que se originan a partir de los troncos vellosos o progenitores
están bañadas continuamente por la sangre materna que circula a través de los espacios intervellosos (v.
figs. 7.4 y 7.5). La sangre de este espacio transporta el oxígeno y los nutrientes que son necesarios para el
crecimiento y el desarrollo fetales. La sangre materna también contiene productos de desecho fetales, dióxido
de carbono, sales y productos del metabolismo de las proteínas.
El saco amniótico aumenta de tamaño con mayor rapidez que el saco coriónico. Debido a ello, el amnios y el
corion liso se fusionan al poco tiempo para formar la membrana amniocoriónica (v. figs. 7.4 y 7.5). Esta
membrana combinada se fusiona a su vez con la decidua capsular y, tras la desaparición de esta decidua, se
adhiere a la decidua parietal (v. figs. 7.1F, 7.4 y 7.5). La membrana amniocoriónica se rompe durante el parto.
La rotura prematura (es decir, antes de las 37 semanas de gestación) de esta membrana es la causa más frecuente del
parto prematuro. Cuando se rompe la membrana amniocoriónica, el líquido amniótico sale hacia el exterior a
través del cuello uterino y la vagina.
Circulación placentaria
Las vellosidades coriónicas ramificadas de la placenta ofrecen una gran superficie para el intercambio de los
distintos materiales a través de la membrana placentaria, que es muy fina y está interpuesta entre las
circulaciones fetal y materna (v. figs. 7.5 y 7.6). El intercambio principal de sustancias entre la madre y el feto
se produce precisamente a través de las numerosas vellosidades ramificadas que se originan a partir de los
troncos vellosos. Las circulaciones del feto y de la madre están separadas por la membrana placentaria,
formada por tejidos extrafetales (fig. 7.7, y v. fig. 7.6B y C).
FIG. 7.7 Representación esquemática de la transferencia de compuestos a través de la membrana placentaria. Los tejidos
extrafetales, a través de los cuales se produce el transporte de sustancias entre la madre y el feto, son en conjunto la
membrana placentaria. Recuadro, imagen de microscopia óptica correspondiente a una vellosidad coriónica que muestra
un capilar fetal y la membrana placentaria (flecha).
Circulación fetoplacentaria
La sangre escasamente oxigenada abandona el feto y alcanza la placenta a través de las arterias umbilicales.
En la zona de unión del cordón umbilical a la placenta, las arterias umbilicales se dividen en varias arterias
coriónicas que se disponen radialmente y se ramifican libremente en la placa coriónica antes de alcanzar las
vellosidades coriónicas (v. figs. 7.5 y 7.6). Los vasos sanguíneos forman un sistema arteriocapilar-venoso muy
abundante en el interior de las vellosidades coriónicas (v. fig. 7.6A), lo que permite que la sangre fetal quede a
muy poca distancia de la sangre materna (v. fig. 7.7). Este sistema proporciona una superficie
extraordinariamente amplia para el intercambio de los productos metabólicos y gaseosos entre las
circulaciones sanguíneas materna y fetal.
Normalmente, las sangres del feto y de la madre no se mezclan; sin embargo, es posible que cantidades muy
pequeñas de sangre fetal puedan entrar en la circulación materna a través de diminutos defectos en la
membrana placentaria (v. fig. 7.6B y C). La sangre fetal bien oxigenada que se localiza en los capilares del
feto alcanza las venas de pared fina que se continúan con las arterias coriónicas hasta la zona de inserción del
cordón umbilical. Dichas venas convergen en esta zona y forman la vena umbilical (v. figs. 7.5 y 7.7), un vaso
de calibre grande que transporta sangre rica en oxígeno hasta el feto.
Circulación maternoplacentaria
La sangre materna del espacio intervelloso está temporalmente fuera del sistema circulatorio materno.
Alcanza el espacio intervelloso a través de 80-100 arterias endometriales espirales que hay en la decidua basal.
Estos vasos se abren en el espacio intervelloso a través de aberturas de la cubierta citotrofoblástica (v. fig. 7.5).
El flujo sanguíneo procedente de las arterias espirales es pulsátil.
La sangre entra en el espacio intervelloso con una presión considerablemente mayor que la que existe en
este espacio, lo que desplaza la sangre hacia la placa coriónica, que forma el «techo» del espacio intervelloso.
A medida que se disipa la presión, la sangre fluye lentamente sobre las vellosidades ramificadas, lo que
permite el intercambio de productos metabólicos y gaseosos con la sangre fetal. Finalmente, la sangre retorna
a la circulación materna a través de las venas endometriales.
El bienestar del embrión y del feto depende en mayor medida de la afluencia de las vellosidades
ramificadas de la sangre materna que de ningún otro factor. Las reducciones de la circulación uteroplacentaria
producen hipoxia fetal y restricción del crecimiento intrauterino (RCIU). Las disminuciones intensas de la
circulación uteroplacentaria pueden causar la muerte del embrión/feto. El espacio intervelloso de la placenta
madura contiene unos 150 ml de sangre, que se repone alrededor de tres o cuatro veces por minuto.
Membrana placentaria
La membrana placentaria es una estructura compleja formada por tejidos extrafetales que separan la sangre
materna de la fetal. Hasta aproximadamente la semana 20, la membrana placentaria está constituida por
cuatro capas (v. figs. 7.6 y 7.7): sincitiotrofoblasto, citotrofoblasto, tejido conjuntivo vellositario y endotelio
de los capilares fetales. A partir de la semana 20 se produce una serie de cambios celulares en las
vellosidades ramificadas con atenuación del citotrofoblasto en muchas de ellas.
Finalmente, las células del citotrofoblasto desaparecen en grandes áreas de las vellosidades, quedan tan solo
zonas pequeñas y finas de sincitiotrofoblasto. Como consecuencia, la membrana placentaria está formada,en
la mayor parte de su superficie, tan solo por tres capas (v. fig. 7.6C). En algunas áreas, la membrana
placentaria muestra un adelgazamiento notable, y en estas zonas el sincitiotrofoblasto se comunica
directamente con el endotelio de los capilares fetales para formar una membrana placentaria vascular
sincitial.
La membrana placentaria se denomina, en ocasiones, barrera placentaria, un término inadecuado ya que
tan solo hay unas pocas sustancias endógenas y exógenas que no sean capaces de atravesarla en cantidades
detectables. La membrana placentaria actúa de barrera únicamente frente a moléculas de cierto tamaño,
configuración o carga, como ocurre con la heparina (un compuesto que se produce en el hígado, los pulmones
y los mastocitos, e inhibe la coagulación sanguínea). A pesar de estar presentes en la circulación materna,
algunos metabolitos, toxinas y hormonas no atraviesan la membrana placentaria en concentraciones
suficientes como para afectar al embrión o el feto. La mayoría de los medicamentos y otras sustancias
existentes en el plasma sanguíneo materno atraviesa la membrana placentaria y alcanza el plasma fetal (v.
fig. 7.7). La superficie libre del sincitiotrofoblasto posee numerosas microvellosidades que incrementan la
superficie de intercambio entre las circulaciones materna y fetal. A medida que avanza el embarazo, la
membrana fetal muestra un adelgazamiento progresivo y, por tanto, la sangre existente en muchos capilares
fetales llega a encontrarse extremadamente cerca de la sangre materna en el espacio intervelloso (v. figs. 7.6C
y 7.7).
Durante el tercer trimestre, un número importante de núcleos del sincitiotrofoblasto se agrega para formar
protrusiones multinucleadas que se denominan nudos sincitiales (v. fig. 7.6C). Estos agregados se fragmentan
regularmente y son eliminados desde el espacio intervelloso a la circulación materna. Algunos nudos
sincitiales quedan alojados en los capilares de los pulmones maternos, donde la acción enzimática local los
destruye rápidamente. Hacia el final del embarazo, en las superficies de las vellosidades coriónicas se forman
acúmulos de material fibrinoide eosinofílico (v. fig. 7.6C), que aparentemente reducen la transferencia
placentaria.
Funciones de la placenta
La placenta lleva a cabo varias funciones principales:
• Metabolismo (p. ej., síntesis de glucógeno).
• Transporte de gases y nutrientes.
• Secreción endocrina (p. ej., gonadotropina coriónica humana [hCG]).
• Protección.
• Excreción (productos de desecho fetales).
Estas extensas actividades son esenciales para mantener el embarazo y potenciar el desarrollo fetal normal.
Metabolismo placentario
La placenta, especialmente durante las fases iniciales del embarazo, sintetiza glucógeno, colesterol y ácidos
grasos, que actúan como fuentes de nutrientes y energía para el embrión/feto. Muchas de sus actividades
metabólicas tienen un carácter indudablemente crucial respecto a las otras dos actividades placentarias
principales: transporte y secreción endocrina. La placenta posee numerosos mecanismos que le permiten
reaccionar a situaciones ambientales variadas (p. ej., hipoxia) que pueden acontecer, minimizando el impacto
sobre el feto.
Transferencia placentaria
El transporte de sustancias en ambas direcciones entre las sangres fetal y materna está facilitado por la gran
superficie que ocupa la membrana placentaria. Casi todos los materiales son transportados a través de la
membrana placentaria por alguno de los cuatro principales mecanismos de transporte siguientes: difusión
simple, difusión facilitada, transporte activo y pinocitosis.
El transporte pasivo mediante difusión simple suele ser característico de sustancias que se desplazan
desde áreas en que su concentración es alta hasta áreas en que es baja, de forma que se alcanza el equilibrio.
En la difusión facilitada el transporte se produce a través de gradientes eléctricos. La difusión facilitada
requiere un elemento transportador, pero no necesita energía. Estos sistemas pueden fundamentarse en
moléculas transportadoras que se combinan temporalmente con las sustancias que hay que transportar. El
transporte activo consiste en el paso de iones o moléculas a través de una membrana celular contra gradiente,
lo que requiere energía. La pinocitosis es una forma de endocitosis (transporte de sustancias al interior
celular) en la cual el material es fagocitado en una pequeña cantidad de líquido extracelular. Este método de
transporte se suele reservar para las moléculas de gran tamaño. Algunas proteínas son transportadas muy
lentamente mediante pinocitosis a través de la placenta.
Otros mecanismos de transporte placentario
Hay otros tres métodos de transferencia a través de la membrana placentaria. En el primer método de transporte,
los hematíes fetales pasan a la circulación materna, especialmente durante el parto, a través de roturas
microscópicas existentes en la membrana placentaria. También se ha demostrado en la circulación fetal la existencia
de hematíes maternos marcados. En consecuencia, los hematíes pueden discurrir en ambas direcciones a través
de defectos sumamente pequeños en la membrana placentaria.
En el segundo método de transporte, determinadas células atraviesan la membrana placentaria utilizando para
ello su propia energía, como ocurre con los leucocitos maternos, implicados en contrarrestar sustancias
extrañas y enfermedades, y células de Treponema pallidum, el microorganismo causante de la sífilis.
En el tercer método de transporte, algunas bacterias y protozoos, como Toxoplasma gondii, infectan la placenta
y crean lesiones, cruzando la membrana placentaria a través de los defectos correspondientes a dichas
lesiones.
Transferencia de gases
El oxígeno, el dióxido de carbono y el monóxido de carbono atraviesan la membrana placentaria mediante
difusión simple. La interrupción del transporte de oxígeno durante varios minutos pone en peligro la
supervivencia del embrión/feto. La membrana placentaria tiene una eficiencia similar a la de los pulmones en el
intercambio de gases. La cantidad de oxígeno que alcanza al feto está limitada por el flujo de sangre más que
por la difusión; por tanto, la hipoxia fetal (disminución de las concentraciones de oxígeno) se debe, sobre
todo, a factores que reducen el flujo sanguíneo uterino o embrionario/fetal. La insuficiencia respiratoria
materna (p. ej., debida a neumonía) también disminuye el transporte de oxígeno hasta el embrión/feto.
Sustancias nutritivas
Los nutrientes son la mayoría de las sustancias transferidas de la madre al embrión/feto. El agua se
intercambia con rapidez mediante difusión simple y en cantidades cada vez mayores a medida que avanza el
embarazo. La glucosa producida por la madre y por la placenta se transfiere rápidamente hasta el
embrión/feto mediante difusión facilitada (activa), gracias fundamentalmente a la mediación del
transportador de glucosa 1 (GLUT-1), un transportador de la glucosa insulinoindependiente. También se
transfieren colesterol, triglicéridos y fosfolípidos maternos. Aunque existe un transporte de ácidos grasos
libres (AGL), parece que la transferencia de estos compuestos es relativamente pequeña y los ácidos grasos
poliinsaturados de cadena larga son los AGL transportados en una cantidad mayor.
Los aminoácidos son transportados de manera activa a través de la membrana placentaria y son esenciales
para el crecimiento fetal. Las concentraciones plasmáticas de la mayoría de los aminoácidos en el embrión/feto
son mayores que las de la madre. Las vitaminas atraviesan la membrana placentaria y también son esenciales
para el desarrollo normal. Las vitaminas hidrosolubles atraviesan la membrana placentaria con mayor rapidez
que las liposolubles.
Hormonas
Las hormonas proteicas (p. ej., insulina u hormonas hipofisarias) no alcanzan el embrión/feto en cantidades
importantes, excepto la transferencia lenta de tiroxina y de triyodotironina. Las hormonas esteroideas no
conjugadas atraviesan la membrana placentaria con pocas dificultades.La testosterona y ciertos
progestágenos sintéticos atraviesan la membrana placentaria y, a altas concentraciones, pueden provocar
masculinización de los fetos de sexo femenino (v. cap. 20, fig. 20.41).
Electrólitos
Los electrólitos se intercambian libremente en cantidades significativas a través de la membrana placentaria,
pero cada uno a su ritmo. Cuando la madre recibe fluidoterapia intravenosa con electrólitos, estos también
alcanzan al embrión/feto e influyen en su estado hidroelectrolítico.
Anticuerpos y proteínas maternos
El embrión/feto produce tan solo cantidades pequeñas de anticuerpos debido a la inmadurez de su sistema
inmunitario. El feto adquiere parte de la inmunidad pasiva a través de la transferencia placentaria de
anticuerpos maternos. Las inmunoglobulinas G (IgG) son transportadas con facilidad hasta el feto mediante
transcitosis, proceso que comienza en la semana 16 y alcanza su máximo hacia la semana 26. Al nacimiento, la
concentración de IgG fetal es mayor que la materna. Los anticuerpos maternos confieren inmunidad al feto frente a
algunas enfermedades, como difteria, viruela y sarampión; sin embargo, el feto no adquiere inmunidad frente a la
tosferina ni la varicela. Una proteína materna, la transferrina, atraviesa la membrana placentaria y transporta
hierro hasta el embrión/feto. En la superficie placentaria hay receptores especiales para esta proteína.
Enfermedad hemolítica del recién nacido
Pequeñas cantidades de sangre fetal pueden alcanzar la sangre materna a través de roturas microscópicas en
la membrana placentaria. Si el feto es factor Rh positivo y la madre Rh negativa, las células sanguíneas del
feto pueden estimular la formación de anticuerpos anti-Rh por parte del sistema inmunitario de la madre.
Estos anticuerpos alcanzan la sangre fetal y pueden provocar hemólisis (destrucción) de los hematíes fetales
Rh positivos, con ictericia y anemia en el feto.
Algunos fetos con enfermedad hemolítica del recién nacido, también denominada eritroblastosis fetal, no
se adaptan adecuadamente a la vida intrauterina. Pueden fallecer a menos que se provoque el parto
prematuro o bien reciban transfusiones intrauterinas, intraperitoneales o intravenosas de concentrados de
hematíes Rh negativos hasta el parto. La enfermedad hemolítica del recién nacido por incompatibilidad Rh es
relativamente infrecuente en la actualidad ya que la inmunoglobulina Rh (D) administrada a la madre
impide generalmente el desarrollo de la enfermedad en el feto. Aún puede producirse anemia fetal y la
consiguiente hiperbilirrubinemia secundaria a la incompatibilidad de grupo sanguíneo, aunque se deben a
diferencias en otros antígenos de grupo sanguíneo menores, como los grupos Kell o Duffy.
Productos de desecho
La urea (formada en el hígado) y el ácido úrico atraviesan la membrana placentaria mediante difusión simple.
La bilirrubina conjugada (liposoluble) es transportada con facilidad a través de la placenta para su rápida
eliminación.
Medicamentos y metabolitos de los medicamentos
Los medicamentos que consume la madre pueden afectar directa o indirectamente al embrión/feto a través de la
interferencia con el metabolismo materno o placentario. Algunos fármacos causan malformaciones congénitas
importantes. Las cantidades de los medicamentos y de sus metabolitos que alcanzan la placenta están
controladas por su concentración en la sangre materna y por el flujo de sangre a través de la placenta. La
mayoría de los medicamentos y de sus metabolitos atraviesan la placenta mediante difusión simple; la única
excepción son aquellos similares estructuralmente a los aminoácidos, como la metildopa y algunos
antimetabolitos.
El consumo de fármacos como los opiáceos (p. ej., el fentanilo) se ha extendido en Norteamérica,
provocando alarma. La exposición intrauterina a los opiáceos puede reducir el crecimiento fetal y causar
nacimiento prematuro, malformaciones fetales y síndrome de abstinencia fetal.
La mayoría de los medicamentos utilizados durante el mecanismo del parto atraviesa rápidamente la
membrana placentaria. Según su dosis y el momento de administración a lo largo del parto, estos
medicamentos pueden provocar depresión respiratoria en el recién nacido. Todos los sedantes y los
analgésicos influyen en el feto en alguna medida. Los relajantes neuromusculares administrados a la madre
durante la cirugía obstétrica atraviesan la placenta en cantidades muy pequeñas. Los anestésicos inhalatorios
administrados también atraviesan la membrana placentaria y afectan a la respiración fetal cuando se utilizan
durante el parto.
Agentes infecciosos
El citomegalovirus y los virus de la rubeola, coxsackie, viruela, varicela, sarampión, herpes y poliomielitis
pueden atravesar la membrana placentaria y causar infección fetal. En algunos casos, como ocurre con el
virus de la rubeola, se pueden producir malformaciones congénitas importantes, como cataratas. Diversos
microorganismos, como Treponema pallidum, que causa la sífilis, y Toxoplasma gondii, que origina la
toxoplasmosis, propician la aparición de cambios destructivos en el cerebro y los ojos. Estos microorganismos
microscópicos atraviesan la membrana placentaria y causan a menudo malformaciones congénitas graves o
incluso la muerte del embrión/feto.
Síntesis y secreción endocrina placentaria
A partir de precursores procedentes del feto, de la madre o de ambos, el sincitiotrofoblasto de la placenta
sintetiza hormonas proteicas y esteroideas. Las hormonas proteicas sintetizadas por la placenta incluyen:
• Gonadotropina coriónica humana (hCG).
• Somatomamotropina coriónica humana (lactógeno placentario humano) (hCS).
• Tirotropina coriónica humana (hCT).
La glucoproteína hCG tiene características similares a las de la hormona luteinizante e inicialmente la
segrega el sincitiotrofoblasto durante la segunda semana; la hCG mantiene el cuerpo lúteo, con lo que se
impide el comienzo de las menstruaciones. La concentración de la hCG en la sangre y la orina maternas va
aumentando hasta su cifra máxima durante la octava semana y después disminuye. La hCS produce un
descenso en la utilización de la glucosa y aumenta los AGL en la madre. La hCT parece actuar de forma
similar a la hormona estimulante del tiroides.
Las hormonas esteroideas sintetizadas por la placenta son la progesterona y los estrógenos. Se puede
observar progesterona en la placenta en todas las fases de la gestación, lo que indica que es esencial para el
mantenimiento del embarazo. La placenta elabora progesterona a partir del colesterol o la pregnenolona
maternos. Los ovarios de una mujer embarazada pueden extirparse después del primer trimestre sin ocasionar abortos,
ya que la placenta asume la producción de la progesterona que elaboraba el cuerpo lúteo. El
sincitiotrofoblasto también produce cantidades importantes de estrógenos.
La placenta como aloinjerto*
La placenta puede considerarse un aloinjerto (un injerto trasplantado entre individuos que no son idénticos
desde el punto de vista genético) respecto a la madre. La parte fetal de la placenta es un derivado del
producto de la concepción de manera que hereda genes tanto paternos como maternos. Entonces, ¿qué
protege a la placenta frente al rechazo por parte del sistema inmunitario de la madre? Esta cuestión continúa
siendo uno de los principales enigmas biológicos de la naturaleza. El sincitiotrofoblasto de las vellosidades
coriónicas está expuesto a las células inmunitarias maternas de los sinusoides sanguíneos, pero carece de
antígenos principales de histocompatibilidad (MHC, major histocompatibility complex) y, por tanto, no provoca
respuestas de rechazo. No obstante, las células del trofoblasto extravellositario (TEV), que infiltran la decidua
uterina y su vasculatura (arterias espirales), expresan antígenos MHC de clase I. Estos antígenos son HLA-G,
que es no polimorfo (clase Ib) y, por tanto, es escasamente reconocible por los linfocitos T como aloantígeno, y
HLA-C, que es polimorfo (clase Ia) y, por tanto, reconocible por los linfocitos