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Flavio Valerio Constantino, conocido como Constantino el Grande, nació el 27 de 
febrero del año 272 d.C. en Naissus (actual Niš, Serbia). Fue un emperador romano 
que jugó un papel crucial en la transformación del Imperio Romano, tanto en 
términos políticos como religiosos. Su gobierno marcó el final de la crisis del siglo III y 
el comienzo de una nueva era en la historia romana. 
 
Constantino era hijo de Constancio Cloro, un oficial de alto rango en el ejército 
romano, y de Helena, una mujer de origen humilde. Su carrera política comenzó 
cuando su padre fue elevado al rango de emperador en el año 305 d.C. En ese 
momento, Constantino fue educado en la corte de la capital del Imperio, Nicomedia, 
bajo la tutela del emperador Diocleciano. 
 
Tras la muerte de su padre en 306 d.C., Constantino fue proclamado emperador por 
sus tropas en la región de Britania. Este acto desencadenó una serie de conflictos 
con otros pretendientes al trono, entre ellos Maxencio, hijo del emperador Maximiano, 
y Licinio, que también aspiraba al poder. Constantino demostró ser un hábil estratega 
y líder militar, y sus campañas lo llevaron a convertirse en uno de los emperadores 
más poderosos de su época. 
 
Uno de los momentos más significativos del reinado de Constantino fue la Batalla del 
Puente Milvio, en 312 d.C. Durante esta batalla, Constantino derrotó a Maxencio, 
quien se ahogó en el Tíber mientras huía. Según la tradición, antes de la batalla, 
Constantino tuvo una visión en la que vio el símbolo cristiano, el "Cruzada", y escuchó 
una voz que le decía "En este signo vencerás". Esta experiencia llevó a Constantino a 
adoptar el cristianismo como su fe personal y a promover el cristianismo dentro del 
imperio. 
 
En 313 d.C., Constantino y Licinio emitieron el Edicto de Milán, que concedió la 
libertad religiosa a los cristianos y permitió la práctica pública del cristianismo sin 
temor a la persecución. Este edicto fue un paso crucial para la aceptación del 
cristianismo dentro del Imperio Romano y sentó las bases para su posterior 
ascensión como religión oficial del imperio. 
 
Constantino también se comprometió a la reforma administrativa y a la 
modernización del Imperio Romano. En el año 330 d.C., fundó la ciudad de 
Constantinopla (actual Estambul) en la ubicación de la antigua Bizancio. La ciudad se 
convirtió en la nueva capital del Imperio Romano y en un importante centro cultural y 
comercial, que eventualmente desempeñaría un papel central en el Imperio 
Bizantino. 
 
Además, Constantino convocó el Concilio de Nicea en 325 d.C., el primer concilio 
ecuménico de la Iglesia cristiana. El concilio abordó cuestiones doctrinales y 
estableció el Credo Niceno, que se convirtió en una declaración fundamental de la fe 
cristiana. Esta acción subrayó el compromiso de Constantino con la unidad de la 
Iglesia y la doctrina cristiana. 
 
Constantino murió el 22 de mayo de 337 d.C. en Ancyrona, cerca de Nicomedia. Su 
muerte marcó el fin de un período de transformación significativa en el Imperio 
Romano. Su legado incluye la consolidación del cristianismo como una fuerza 
dominante en la política y la cultura romana, la creación de una nueva capital en 
Constantinopla y reformas que ayudaron a estabilizar y fortalecer el imperio. Su 
influencia perduró en la historia del cristianismo y en la estructura política del imperio 
durante siglos.