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Principios de geriatría y gerontología (Millán)

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PRINCIPIOS
DE GERIATRÍA
Y GERONTOLOGÍA
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PRINCIPIOS
DE GERIATRÍA
Y GERONTOLOGÍA
JOSÉ CARLOS MILLÁN CALENTI
Médico. Catedrático (EU) Gerontología Clínica y Social
Departamento de Medicina. Facultad de Ciencias de la Salud
Universidad de A Coruña
´
´
´
´ ´
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PRINCIPIOS DE GERIATRÍA Y GERONTOLOGÍA
No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su
tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por
cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por
registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los
titulares del Copyright.
DERECHOS RESERVADOS © 2006 respecto a la primera edición en español, por
JOSÉ CARLOS MILLÁN CALENTI
McGRAW-HILL - INTERAMERICANA DE ESPAÑA, S. A. U.
Edificio Valrealty
c/ Basauri, 17 1.a planta
28023 Aravaca (Madrid)
ISBN: 84-481-4539-9
Depósito legal: M. 
Preimpresión: MonoComp, S. A.
Impreso en Edigrafos, S. A. Getafe (Madrid)
IMPRESO EN ESPAÑA - PRINTED IN SPAIN
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VII
ACÁNFORA, MIGUEL A.
Médico Geriatra. Director Médico. Instituto
Marcelo J. Fitte. Buenos Aires. Argentina.
BALO GARCÍA, ARÁNZAZU
Psicóloga Clínica. Máster en Gerontología Clínica.
Centro Gerontológico La Milagrosa. A Coruña.
BAZO ROYO, M.a TERESA
Catedrática de Sociología de la Vejez. Universidad
del País Vasco.
CASTAGNARO, DIEGO EZEQUIEL
Fisioterapeuta. Ex-Director del Centro de Mayores
San Martín. Vicedirector de la Licenciatura en
Kinesiología y Fisiatría del Instituto Universitario
de Ciencias de la Salud. Fundación Barceló.
Buenos Aires. Argentina.
CASTRO PIÑEIRO, JOSÉ ANTONIO
Especialista en Endocrinología. Complejo
Universitario Hospitalario Juan Canalejo-
Marítimo de Oza. A Coruña.
CORDIDO CARBALLIDO, FERNANDO
Especialista en Endocrinología. Catedrático (EU)
de Fisiología. Universidad de A Coruña.
CRESPO LÓPEZ, CARMEN
Médico Especialista en Rehabilitación. Complejo
Universitario Hospitalario Juan Canalejo-
Marítimo de Oza. A Coruña.
DE TORO SANTOS, JAVIER
Reumatólogo. Catedrático (EU) de Ciencias
Morfológicas. Universidad de A Coruña.
FELDSTEIN, CARLOS
Médico. Decano de la Facultad de Medicina.
Instituto Universitario de Ciencias de la Salud.
Buenos Aires. Argentina.
FRANK, EDUARDO
Arquitecto. Estudio S+F. Buenos Aires. Argentina.
GALDO MARTÍNEZ, FAUSTO B.
Jefe del Servicio de Reumatología. Complejo
Universitario Hospitalario Juan Canalejo-
Marítimo de Oza. A Coruña.
GARCÍA HERNÁNDEZ, MISERICORDIA
Profesora Titular de Enfermería Geriátrica.
Universidad Autónoma de Barcelona. Presidenta
de la Sociedad Española de Enfermería Geriátrica
y Gerontológica.
GARCÍA SANZ, BENJAMÍN
Profesor Titular de Sociología. Universidad
Complutense de Madrid.
GÓMEZ VECINO, M.ª JESÚS
Psicóloga Clínica. Centro Exer. A Coruña.
GONZÁLEZ GUITIÁN, CARLOS
Profesor Asociado de la Universidad de A Coruña.
Jefe de la Unidad de Documentación del Complejo
Universitario Hospitalario Juan Canalejo-
Marítimo de Oza. A Coruña.
GONZÁLEZ-ABRALDES IGLESIAS, ISABEL
Psicóloga Clínica. Máster en Gerontología Clínica.
Grupo de Investigación en Gerontología.
Universidad de A Coruña.
HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, GERARDO
Profesor Titular de Sociología. Universidad de A
Coruña.
ISIDRO SAN JUAN, M.ª LUISA
Especialista en Endocrinología. Complejo
Universitario Hospitalario Juan Canalejo-
Marítimo de Oza. A Coruña.
LEIRA LÓPEZ, JOSÉ
Profesor Titular de Sociología. Universidad de A
Coruña.
LODEIRO FERNÁNDEZ, BIBIANA SUSANA
Psicóloga. Máster en Gerontología Clínica. A
Coruña.
LÓPEZ AZPITARTE, EDUARDO
Profesor de Teología Moral. Facultad de Teología
de Granada.
LÓPEZ REY, M.ª JOSÉ
Socióloga. Profesora Ayudante. Universidad de
Badajoz.
Colaboradores
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VIII Colaboradores
LÓPEZ SANDE, ALMA
Psicóloga Clínica. Máster en Gerontología Clínica.
A Coruña.
MARANTE MOAR, M.ª PILAR
Terapeuta Ocupacional. Experta en Gerontología
Clínica. Grupo de Investigación en Gerontología.
Universidad de A Coruña.
MASEDA RODRÍGUEZ, ANA BELÉN
Doctora en Biología. Experta en Metodología de
la Investigación. Grupo de Investigación en
Gerontología. Universidad de A Coruña.
MEIJIDE FAÍLDE, ROSA
Médico. Catedrática (EU) de Hidrología Médica.
Departamento de Medicina. Universidad de A
Coruña.
MELEIRO RODRÍGUEZ, LUIS
Médico. Máster en Gerontología Clínica y Social.
A Coruña.
MILLÁN CALENTI, JOSÉ CARLOS
Catedrático (EU) de Gerontología. Director del
Grupo de Investigación en Gerontología.
Universidad de A Coruña.
QUINTANA MIRÓN, JORGE
Médico. Máster en Gerontología Clínica y Social.
A Coruña.
SALVADOR ESTEBAN, EMILIO
Médico Especialista en Rehabilitación. Complejo
Universitario Hospitalario Juan Canalejo-
Marítimo de Oza. A Coruña.
SANTOS GONZÁLEZ, M.ª DEL CARMEN
Psicopedagoga. Experta en Gerontología Clínica.
A Coruña.
SHAROWSKY, NORMA
Arquitecta. Estudio S+F. Buenos Aires. Argentina.
SOLDEVILLA ÁGREDA, JAVIER
Enfermero. Hospital de La Rioja. Ex-Presidente
de la Sociedad Española de Enfermería Geriátrica
y Gerontológica.
TABOADELA ÁLVAREZ, OBDULIA
Profesora Titular de Sociología. Universidad de
A Coruña.
VARELA GONZÁLEZ, NATALIA
Enfermera. Experta en Gerontología Clínica.
Centro Gerontológico La Milagrosa. A Coruña.
VILARIÑO VILARIÑO, M.ª ISABEL
Médico Neuropsicóloga. Profesora Titular.
Departamento de Medicina. Universidad de A
Coruña.
ZIRPOLI TESOURO, DANA
Socióloga. Técnica en Investigación Social y de
Mercados. A Coruña.
ZNAIDAK, RICARDO
Médico. Secretario Académico. Instituto Uni-
versitario de Ciencias de la Salud. Buenos Aires.
Argentina.
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IX
Colaboradores........................................................................................................ vii
Prefacio ................................................................................................................... xi
PARTE I
INTRODUCCIÓN A LA GERONTOLOGÍA
Y LA GERIATRÍA
Capítulo 1. GERONTOLOGÍA Y GERIATRÍA, José Carlos Millán Calenti ......... 3
Capítulo 2. BIOLOGÍA Y GENÉTICA DEL ENVEJECIMIENTO, José Carlos
Millán Calenti, Ricardo Znaidak ........................................................................ 21
Capítulo 3. SOCIOLOGÍA DE LA VEJEZ, M.a Teresa Bazo Royo, Benjamín
García Sanz, Gerardo Hernández Rodríguez, José Leira Lopez, M.a José
López Rey, José Carlos Millán Calenti, Obdulia Taboadela Álvarez .............. 43
Capítulo 4. PSICOLOGÍA DEL ENVEJECIMIENTO, Isabel González-Abraldes
Iglesias, Aránzazu Balo García, M.a Jesús Gómez Vecino............................... 113
Capítulo 5. DISCAPACIDAD INTELECTUAL Y ENVEJECIMIENTO, José Carlos
Millán Calenti, Bibiana Susana Lodeiro Fernández, Jorge Quintana Mirón,
Luis Meleiro Rodríguez ...................................................................................... 141
Capítulo 6. GERONTOLOGÍA EDUCATIVA, José Carlos Millán Calenti, 
M.a Carmen Santos González ............................................................................ 173
Capítulo 7. ASISTENCIA GERONTOLÓGICA, José Carlos Millán Calenti ........ 193
Capítulo 8. ARQUITECTURA Y DISEÑO DE CENTROS GERONTOLÓGICOS,
Eduardo Frank, Norma Sharowsky, José Carlos Millán Calenti..................... 205
Capítulo 9. DIRECCIÓN Y GESTIÓN DE CENTROS GERONTOLÓGICOS, José
Carlos Millán Calenti, Diego Ezequiel Castagnaro .......................................... 249
Capítulo 10. INVESTIGACIÓN EN GERONTOLOGÍA, José Carlos Millán
Calenti, Ana Belén Maseda Rodríguez ............................................................. 265
Capítulo 11. DOCUMENTACIÓN EN GERONTOLOGÍA, Carlos González
Guitián................................................................................................................. 281
Contenido
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X Contenido
Capítulo 12. REHABILITACIÓN GERIÁTRICA, Miguel A. Acánfora, Emilio
SalvadorEsteban ............................................................................................... 307
Capítulo 13. TERMALISMO Y BALNEOTERAPIA, Rosa Meijide Faílde ............ 323
Capítulo 14. TERAPIAS ALTERNATIVAS, José Carlos Millán Calenti, Alma
López Sande ....................................................................................................... 339
Capítulo 15. ÉTICA EN GERIATRÍA, Eduardo López Azpitarte .......................... 351
PARTE II
GRANDES SÍNDROMES GERONTOLÓGICOS
Y PRINCIPALES TRASTORNOS DE SALUD EN EL ANCIANO
Capítulo 16. GRANDES SÍNDROMES GERONTOLÓGICOS, Misericordia
García Hernández, José Carlos Millán Calenti, Javier Soldevilla Ágreda,
Natalia Varela González ..................................................................................... 367
Capítulo 17. TRASTORNOS NEUROLÓGICOS, José Carlos Millán Calenti,
Susana Lodeiro Fernández, Carmen Crespo López......................................... 425
Capítulo 18. TRASTORNOS PSIQUIÁTRICOS, José Carlos Millán Calenti,
Bibiana Susana Lodeiro Fernández .................................................................. 477
Capítulo 19. TRASTORNOS OSTEOARTICULARES Y REUMATOLÓGICOS, 
Javier de Toro Santos, Fausto B. Galdo Martínez ........................................... 507
Capítulo 20. TRASTORNOS CARDIOVASCULARES, José Carlos Millán
Calenti ................................................................................................................. 547
Capítulo 21. TRASTORNOS PULMONARES, José Carlos Millán Calenti......... 557
Capítulo 22. TRASTORNOS GASTROINTESTINALES, José Carlos Millán
Calenti ................................................................................................................. 563
Capítulo 23. TRASTORNOS DEL RIÑÓN, VÍAS URINARIAS Y PRÓSTATA,
José Carlos Millán Calenti ................................................................................. 571
Capítulo 24. TRASTORNOS ENDOCRINOS Y METABÓLICOS, Fernando
Cordido Carballido, José Antonio Castro Piñeiro, M.a Luisa Isidro
San Juan ............................................................................................................. 575
Capítulo 25. TRASTORNOS DE LOS ÓRGANOS DE LOS SENTIDOS, José
Carlos Millán Calenti .......................................................................................... 589
Capítulo 26. ONCOLOGÍA Y DOLOR, José Carlos Millán Calenti ..................... 597
Capítulo 27. TRASTORNOS DEL LENGUAJE, M.a Isabel Vilariño Vilariño ...... 605
Índice analítico ....................................................................................................... 627
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Aunque su origen como ciencia se remonta a
principios del siglo pasado, la Gerontología se
ha desarrollado de manera espectacular en los
últimos años, no existiendo en lengua castella-
na ninguna obra que abarque de manera inte-
gral e interdisciplinar los fenómenos que acom-
pañan al envejecimiento. En este sentido, nos
hemos propuesto la idea de desarrollar un tra-
bajo que, desde un enfoque multidisciplinar,
permita a los estudiantes de diferentes discipli-
nas y a los profesionales del ámbito de la aten-
ción a las personas mayores disponer de un
compendio que recoja en un solo volumen aque-
llos temas que, precisamente, hacen multidis-
ciplinar a la Gerontología.
Con la obra que ve ahora la luz, pensamos que
en cierta medida hemos alcanzado nuestros ob-
jetivos, ya que éste no es un libro dirigido ex-
clusivamente a médicos, o a psicólogos, soció-
logos, enfermeros, fisioterapeutas, terapeutas
ocupacionales, logopedas, trabajadores sociales
u otros profesionales de las ciencias sociales o
de la salud, sino que es un libro dirigido a todos,
profesionales de diferentes disciplinas, que tie-
nen como objetivo común profundizar en los as-
pectos referidos al envejecimiento.
Para el desarrollo de los diferentes capítu-
los, se ha optado por dividir la obra en dos par-
tes perfectamente diferenciadas: una primera,
denominada «Introducción a la Gerontología y 
la Geriatría», que consta de quince capítulos en
los que se abordan, además de los referidos a
las bases conceptuales y a la terminología ac-
tual, aspectos innovadores referidos a la gené-
tica, la discapacidad intelectual, la arquitectu-
ra y el diseño de centros, sin olvidar las nuevas
terapias alternativas con música o animales de
compañía; y una segunda, más clínica, que ex-
pone en primer lugar y con mayor profundidad
los «Grandes síndromes gerontológicos», que
no geriátricos por sus connotaciones sociales,
además de los diferentes trastornos de la salud
que afectan a las personas mayores, haciendo
especial hincapié en aquellos temas que exigen
un abordaje más integral, como los de neuro-
logía o reumatología.
Espero que el lector, sea estudiante o profe-
sional, encuentre en esta obra suficientes argu-
mentos de consulta como para despertar en él
curiosidad en este ámbito, además de conoci-
mientos para poder intervenir con mayor dili-
gencia ante los problemas planteados por el en-
vejecimiento poblacional.
Por último, como autor principal, quisiera
agradecer a todos los colaboradores, tanto de
mi grupo de trabajo y Universidad como de
otras instituciones, que hayan contribuido a
completar esta obra, ya que como comproba-
rán ustedes al leerla, el trabajo ha sido arduo y
generoso.
JOSÉ C. MILLÁN, M.D.
XI
Prefacio
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PARTE I
Introducción a la Gerontología y la Geriatría
Cap. 1. Gerontología y Geriatría
Cap. 2. Biología y genética del envejecimiento
Cap. 3. Sociología de la vejez
Cap. 4. Psicología del envejecimiento
Cap. 5. Discapacidad intelectual y envejecimiento
Cap. 6. Gerontología educativa
Cap. 7. Asistencia gerontológica
Cap. 8. Arquitectura y diseño de centros gerontológicos
Cap. 9. Dirección y gestión de centros gerontológicos
Cap. 10. Investigación en Gerontología
Cap. 11. Documentación en Gerontología
Cap. 12. Rehabilitación geriátrica
Cap. 13. Termalismo y Balneoterapia
Cap. 14. Terapias alternativas
Cap. 15. Ética en Geriatría
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INTRODUCCIÓN Y BASES
CONCEPTUALES
Aunque la Gerontología como disciplina cien-
tífica es una ciencia reciente, nacida en pleno
siglo XX, a la hora de encontrar sus orígenes
tendríamos que remontarnos al momento en
que se establecen diferencias en la atención a
los distintos grupos de población con relación
a su edad, o al momento en que la población
incrementa su longevidad; es decir, debería-
mos remontarnos al momento mismo de la apa-
rición de la especie humana sobre la faz de la
tierra.
La Gerontología se puede definir como «la
ciencia que estudia el envejecimiento en todos
sus aspectos, tanto biológicos como psicológi-
cos o sociológicos, teniendo en cuenta, además,
su evolución histórica y los factores referidos
a la salud de la persona mayor», englobando
de esta manera varias disciplinas que la van a
enriquecer.
La palabra gerontología tiene un origen grie-
go y está formado por dos elementos: geronto,
que significa viejo, anciano, y logía, que quie-
re decir tratado, estudio o ciencia; etimológi-
camente, pues, la gerontología hace referencia
al estudio de la vejez y del envejecimiento. En
la antigüedad, existía un consejo de 22 ancia-
nos o gerontes que formaban la Gerusía, órga-
no asesor del rey de Esparta.
Para su estudio, y de acuerdo con su conte-
nido, la Gerontología se podría dividir en tres
ramas principales:
A) Experimental: estudia el proceso del en-
vejecimiento desde el punto de vista de la in-
vestigación en laboratorio, tratando de objeti-
var los factores causantes del mismo, así como
las posibles actuaciones favorecedoras de un
buen envejecer.
B) Clínica: estudia las alteraciones de la sa-
lud en relación con el envejecimiento o en los
sujetos «mayores». Es la parte de la Geronto-
logía realizada a la cabecera delenfermo, por
lo que englobaría la especialidad médica de
Geriatría, realizada por los correspondientes
médicos especializados (geriatras), y las actua-
ciones que llevan a cabo otros profesionales de
la salud ante la enfermedad, como podrían ser
las referidas a los médicos de otras disciplinas
que actúan en el entorno de la vejez, a los en-
C A P Í T U L O1
Gerontología y Geriatría
JOSÉ CARLOS MILLÁN CALENTI
SUMARIO
Introducción y bases conceptuales
Evolución histórica
Envejecimiento y equipo multiasistencial
Bibliografía
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fermeros, fisioterapeutas, terapeutas ocupacio-
nales o logopedas, entre otros.
La Geriatría forma parte de la Medicina, ya
que se ocupa de las enfermedades de las per-
sonas mayores, estando integrada dentro de la
Gerontología Clínica, como hemos señalado
anteriormente, al estudiar los problemas pecu-
liares de la senectud, es decir, el envejecimien-
to patológico.
La Sociedad Británica de Geriatría define
esta especialidad como «la rama de la medici-
na que se ocupa no sólo de la prevención y asis-
tencia de las enfermedades que presentan las
personas de edad avanzada, sino también de la
recuperación funcional de éstas y de su rein-
serción en la comunidad», estableciendo un ma-
tiz práctico que se dirige a la atención integral
de los ancianos y en especial del «paciente ge-
riátrico». Esta definición refleja el cambio pro-
ducido en los últimos años, ya que no se limi-
ta a realizar un diagnóstico y tratamiento de las
enfermedades de la persona mayor, sino que in-
cide en alcanzar un mayor grado de bienestar y
así mejorar en lo posible su calidad de vida.
En cuanto al término «geriatría», se puede
decir que fue utilizado por primera vez por J.
L. Nascher en 1909 en la obra titulada
Geriatrics: the diseases of old age and their
treatment, aunque su origen como disciplina
podríamos situarlo en Gran Bretaña en los años
1930-1935 de la mano de Majorie Warren
(1897-1960), que desde el Hospital West
Middlesex de Londres estableció las bases de
la especialidad al demostrar que la interven-
ción personalizada sobre las alteraciones de sa-
lud de las personas mayores, tanto desde el pun-
to de vista de la asistencia clínica, como de la
rehabilitación integral y la integración social,
mejoraba su morbilidad y mortalidad.
C) Social: estudia la influencia de los factores
sociales en el envejecimiento de la población,
considerando sus repercusiones en el entorno del
anciano; en este sentido, es difícil, en una con-
cepción moderna, separar lo sanitario de lo so-
cial, pues se sabe que en muchas ocasiones la ca-
lidad de vida de las personas mayores va a estar
influida por elementos de índole social.
La Gerontología es una ciencia con una se-
rie de objetivos, unos generales, que se refie-
ren a su propia esencia, y otros específicos, de-
limitados por cada una de las ramas y discipli-
nas que engloba y que podríamos resumir de la
siguiente manera:
Generales
1) Conocer el proceso del envejecimiento y
los factores que influyen en él.
2) Mejorar la calidad de vida de las perso-
nas mayores.
Específicos
1) Elaborar un sistema de asistencia integral
al anciano, tanto desde el punto de vista sani-
tario como social.
2) Promover los recursos necesarios para
que la persona mayor permanezca en su domi-
cilio en la medida de lo posible.
3) Mejorar el nivel de formación de los pro-
fesionales implicados en la atención a las per-
sonas mayores, tanto desde el punto de vista
sanitario, como social y sociosanitario.
4) Fomentar la investigación en el campo de
la Gerontología a fin de conseguir avanzar en
esta rama del conocimiento.
Si nos centramos más específicamente en la
Gerontología Clínica, entonces sus objetivos
serían:
1) Prevenir la discapacidad o restablecer en
la medida de lo posible la capacidad funcional
de la persona mayor, evitando la dependencia.
2) Valorar los trastornos de conducta en re-
lación con el deterioro cognitivo y la posible
presencia de trastornos afectivos.
3) Fomentar los programas de educación sa-
nitaria, prevención de patologías prevalentes y
autocuidado para llegar a un estado de vejez
plena.
4) Valorar de una manera multidisciplinar a
la persona mayor a fin de poder establecer pro-
gramas de intervención integral, desde el pun-
to de vista bio-psico social y funcional.
5) Evitar la aparición de la enfermedad y
caso de que ésta aparezca, poner en marcha to-
dos los recursos necesarios para mejorar su pro-
nóstico, frenar su evolución o devolver a la per-
sona mayor a su estado de salud anterior.
4 Principios de Geriatría y Gerontología
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6) Utilizar la rehabilitación integral de ma-
nera precoz para evitar la incapacidad funcio-
nal, complementándola con el tratamiento far-
macológico adecuado.
EVOLUCIÓN HISTÓRICA
El trato dispensado a las personas mayores ha
evolucionado mucho a lo largo del tiempo y se-
gún las culturas a las que nos refiramos, pu-
diéndose distinguir, de manera resumida, va-
rios períodos históricos:
1) Período Paleopatológico: abarca desde
que se conoce la existencia de la enfermedad
hasta el período empírico-ritual. La paleopato-
logía es una especialidad médica que, median-
te el examen de los restos humanos fósiles pro-
cedentes de épocas remotas, trata de estudiar
las enfermedades padecidas por nuestros ante-
cesores. Dado que se sabe de la existencia del
hombre sobre la tierra hace ya más de 2 millo-
nes de años, se supone que en ese momento
aparece la enfermedad y que evidentemente se
tratará de luchar contra ella mediante remedios
lógicamente ancestrales.
En la Era Arcaica o Período Arqueozoico
tiene lugar la formación de la tierra, hace unos
4 500 millones de años, siendo el hecho más
relevante durante ella la aparición de la vida
(bacterias y algas) en el Precámbrico. La Era
Primaria o Período Paleozoico se extiende en-
tre 600 y 225 millones de años a. J.C., apare-
ciendo en ella diferentes especies como los pri-
meros invertebrados, los moluscos, los insectos
o los reptiles. En la Era Secundaria o Período
Mesozoico (225-70 millones de años a. J.C.)
aparecen los dinosaurios, los primeros mamí-
feros y las primeras aves. Durante la Era ter-
ciaria o Período Cenozoico (70-2 millones de
años a. J.C.) aparecen los primates y se de-
sarrollan evolutivamente hacia los prosimios,
simios y por fin en el Plioceno los «homíni-
dos». En la Era Cuaternaria o Neozoica (–2 mi-
llones años hasta hoy) se desarrolla el hombre
a partir del Australophitecus gracilis (–2 mi-
llones de años), hasta llegar al Homo sapiens
sapiens (–36 000 años), ya semejante a nosotros
y cuyo primer espécimen fue descubierto en
Cro-Magnon (Francia) dando inicio al Paleo-
lítico Superior.
A partir de sus antecesores, el hombre sigue
desarrollando sus capacidades, integrándose
socialmente en tribus.
2) Período Empírico-Ritual: se extiende des-
de antes de Hipócrates hasta el apogeo de las
culturas greco-romanas, y se caracteriza por-
que de acuerdo con las experiencias acumula-
das se produce una actuación empírica; es de-
cir, se aplican remedios que se ven efectivos
sobre diferentes alteraciones cuando surgen
problemas similares. Dentro de este período se
incluyen los rituales mágicos; ello se debe a
que muchas tribus atribuían a fuerzas superio-
res la existencia de enfermedades, que debían
combatir mediante prácticas mágicas, existien-
do en la mayoría de ellas un encargado para di-
chas prácticas rituales llamado «sanador» o
«chamán».
Entre las tribus primitivas, a la vejez llega-
ban muy pocos, y el trato recibido por los an-
cianos era diferente, dependiendo más de sus
creencias religiosas, costumbres y tradiciones
que de sus riquezas. Así, sucedía que algunas
los consideraban la fuente de la sabiduría y los
cuidaban hasta su muerte, como los hebreos o
los incas del Perú, que organizaban su estruc-
tura social para quetodos sus miembros estu-
vieran siempre ocupados en algún quehacer, de
modo que a medida que sus capacidades iban
disminuyendo, cambiaban de actividad. En este
sistema, que podríamos considerar muy avan-
zado y semejante a la denominada «jubilación
progresiva», iban pasando de actividades que
exigían muy buen estado físico, como la caza
o la pesca, a actividades más livianas, como
cuidar animales domésticos, tejer, vigilar o, por
último, cuando no podían hacer otra cosa, prac-
ticar sortilegios y ejercer la hechicería. Otras
tribus, por el contrario, consideraban a los an-
cianos una carga de la que había que despren-
derse; así, los indios pina de California los ape-
dreaban, los koyarques, los chuchees y los
bosquimanos los estrangulaban y los yacutos
los abandonaban en los montes del Norte de
Siberia. En Japón, sacrificaban a los muy vie-
jos en la montaña de la muerte; mientras que
Gerontología y Geriatría 5
Cap01.qxd 24/03/2006 10:50 PÆgina 5
en Bali, algunas tribus antropofágicas además
de sacrificarlos se los comían.
Podemos observar que en las sociedades tra-
dicionales estáticas el mayor aporta a la comu-
nidad el patrimonio cultural, la experiencia y
los conocimientos que ha ido adquiriendo a lo
largo de su vida, de los que, por lógica, el res-
to de los miembros no conocen. En el Antiguo
Testamento se destacan las virtudes de las per-
sonas mayores, haciendo mención de su sabi-
duría, mención que continúa en los textos grie-
gos y egipcios donde los ancianos son valorados
por su gran cantidad de conocimientos, mere-
ciendo todo el respeto de los individuos más
jóvenes. En la sociedad griega, el mayor goza
de un gran reconocimiento social, comenzán-
dose a estudiar el cuidado de la vejez, a la vez
que surgen los primeros tratamientos para re-
trasar los efectos del envejecimiento. La vejez
se ve como algo natural y propio de la edad.
En el Papiro de Smith se relata la transfor-
mación de un anciano en un hombre joven.
Homero (850 a. J.C.), en sus obras, hace refe-
rencia a la capacidad de los mayores y a la ap-
titud de los jóvenes de acatar las decisiones que
se tomaban en el Consejo de ancianos. Platón
(427 a. J.C.), discípulo de Sócrates, destaca la
idea de que el envejecimiento es el resultado
de toda la vida, por ello, a lo largo de las eta-
pas de edad anteriores hay que prepararse para
la vejez. Aristóteles (384-322 a. J.C.), autor de
libros sobre diferentes disciplinas, como el de
anatomía comparada o de metafísica, achaca-
ba al envejecimiento la pérdida de calor inter-
no y de humedad corporal, por lo que también
era práctica en esta época aconsejar a los an-
cianos que bebieran mucha agua, así como cli-
mas cálidos y viviendas y camas bien prepara-
das para el frío.
Durante la República Romana, Marco Tulio
Cicerón (106-43 a. J.C.) escribió con 63 años,
uno antes de fallecer, el libro Catón: de la ve-
jez, conocido como De senectute, estructurado
como un diálogo sobre la vejez entre Catón y
dos jóvenes; en él recomienda, para conservar
la salud, buenos alimentos, bebidas y ejercicio
moderado. Durante el apogeo del Imperio
Romano, es Galeno (131-200) quien utiliza por
primera vez el término gerocomía para referir-
se a la vejez y al cuidado de los viejos. Según
él, la vejez se explicaba asociando las teorías
de Hipócrates y las de Aristóteles, y da una se-
rie de consejos a fin de mejorar la salud de los
ancianos: «evitar el enfriamiento», «evitar la
pérdida de líquido» y «evitar la alteración de
los humores internos». Además, Galeno era
partidario de la actividad como medio de me-
jorar la salud.
Con las comunidades cristianas nace la fi-
gura de la diaconisa, mujer normalmente viu-
da, encargada de atender a los enfermos pobres,
incluso a domicilio; una diaconisa conocida es
Fabiola, que fundó un hospital en Roma en el
año 300.
3) Período Médico-Científico
Entre los siglos V y IX, la Medicina recibe el
nombre de «cuasitécnica». La razón está en que
mientras que por un lado ya no era completa-
mente mágica o empírica, por otro, no era del
todo técnica, realizándose principalmente en
los monasterios, donde los monjes atendían a
los varones y las monjas a las mujeres y en los
denominados hospitales urbanos (Hotel-Dieu)
como los de Lyon y París fundados en los si-
glos VI y VII respectivamente. El médico y fi-
lósofo Maimónides (Córdoba 1135-Palestina
1204) destacaba en sus escritos la importancia
de la prevención de las enfermedades para lle-
gar a viejo en las mejores condiciones posibles,
ya que tanto las enfermedades como la muerte
no eran designios divinos, sino fruto de facto-
res causales.
Con el paso del tiempo, las órdenes monás-
ticas van a ir ocupándose cada vez más de los
ancianos, por lo que en el Concilio de Mayenza
(1261) se pide a los abades que equipen a los
monasterios con salas de enfermería para aten-
derlos. En esta época surgen diferentes escue-
las que darán paso a las Facultades de Medicina
de Bolonia, París, Montpellier y Salamanca en-
tre otras, destacando personalidades como
Arnau de Vilanova (Valencia 1235-1311) que
escribe la obra De conservata Juventute et re-
tardata senectute o, lo que es lo mismo, de
cómo conservar la juventud para retrasar la ve-
jez. Pero el conocimiento sigue avanzando y
Vesalio (1514-1564) establece las bases de la
6 Principios de Geriatría y Gerontología
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constitución del cuerpo humano; Harvey des-
cribe la circulación mayor y Sydenhan clasifi-
ca las enfermedades.
En el Renacimiento, con los dibujos de
Leonardo Da Vinci (1452-1519), se comienza
a interpretar la anatomía humana, realizándo-
se también las primeras autopsias de cadáve-
res. Asimismo, Da Vinci llevó a cabo investi-
gaciones de gran interés, precursoras del avance
de las ciencias; así, defendía que el envejeci-
miento se debía al engrosamiento de las venas
(varices), que impedía el paso de la sangre a
los tejidos, con la consiguiente disminución de
aporte nutritivo, lo que a su vez iría producien-
do la extinción de la vida poco a poco.
Roger Bacon (1210-1292), filósofo inglés
conocido como el Doctor Admirable, puede
ser considerado también como uno de los pre-
cursores de la Gerontología, ya que en su obra
Historia de la vida y de la muerte dice que la
esperanza de vida sería mayor si mejorasen las
condiciones de higiene, médicas y sociales. En
esta época aparecen diferentes tratados sobre
la vejez y el envejecimiento denominados
Gerontocomias, siendo conocida la de Gabriel
Zerbi (1455-1505), que refleja las novedades
médicas de aquel entonces, junto con la de John
Floyer. Francis Galton (1822-1911), fisiólogo
inglés, estudió la evolución de las especies y
de la capacidad mental a través de las distin-
tas etapas de la vida, concluyendo que las di-
ferencias individuales son mayores en la ve-
jez que en otras etapas anteriores. Iván
Petrovich Paulov (1849-1936), premio Nobel
de Fisiología y Medicina en 1904, puso de re-
lieve en sus estudios que la adaptación de los
organismos de más edad es más lenta que la
de los más jóvenes.
El siglo XIX se caracteriza por ser una épo-
ca de revoluciones; se produce una evolución
en los cuidados sanitarios y sociales, lo que im-
plica una mejora en la calidad de vida; y sur-
gen también teorías sobre el envejecimiento.
La mejora en la calidad de vida supone un au-
mento en el número de mayores, hecho que lle-
va consigo una mayor exigencia al poder polí-
tico. En esta etapa se asiste al desarrollo de las
órdenes religiosas cuyo objetivo principal era
el cuidado de las personas mayores, destacan-
do las de San Juan de Dios y las Hijas de la
Caridad, esta última fundada por San Vicente
de Paul (1578-1660) y Santa Luisa de Marillac
(1591-1660), o la de las Hermanitas de los
Ancianos, fundada por Santa Teresa de Jornet
en 1873. Simone de Beauvoir (1908-1986), au-
tora del famoso libro «La vejez», llegó a mani-
festar que el tiempode los mayores es un tiem-
po ya pasado y que el presente pertenece a los
jóvenes, que son los que realizan la actividad.
Ernest Hemingway (1899-1961), premio Nobel
de Literatura en 1954, opinaba que la jubila-
ción era una situación forzada, a la que muchos
mayores llegaban en plenas condiciones.
4) Período Multidisciplinar
Los términos gerontología y geriatría se de-
ben al ruso Metchnikov y al americano Nascher
respectivamente, siendo figura destacada en la
evolución de estas disciplinas Marjorie Warren.
La Gerontología y la Geriatría comienzan a
destacar, dentro de Europa, en Gran Bretaña,
país que visitan diferentes médicos españoles,
como el profesor Piédrola, que se trae el con-
cepto de gerocultura y de los cuidados a las per-
sonas mayores. 
En 1939 se inician diferentes proyectos de
investigación sobre el envejecimiento, como el
debido a la Fundación Macy, que crea el Club
for Research on Aging (investigación sobre el
envejecimiento). En 1941, en EE.UU., se estu-
dia el envejecimiento de la población, publi-
cando Nathan Shock en 1957 una recopilación
de diferente material de Gerontología y
Geriatría y K. Newton un tratado de Enfermería
geriátrica. Es después de la Segunda Guerra
Mundial cuando se constituyen la mayoría de
las asociaciones, creándose en Norteamérica la
Sociedad de Gerontología (Gerontological
Society) en 1945.
Con respecto a España, el 17 de mayo de
1948 se funda la Sociedad Española de Geriatría
y Gerontología, que aunque en un principio úni-
camente admite médicos entre sus socios, pos-
teriormente se hace multidisciplinar, formando
parte de ella en estos momentos especialistas
de todos los campos gerontológicos. Dos años
más tarde, el 12 de julio de 1950, se celebra en
Lieja (Bélgica) el Primer Congreso Internacional
Gerontología y Geriatría 7
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de Gerontología, en el que participan socieda-
des de Geriatría de diferentes países, entre ellos
España, constituyéndose la Sociedad Inter-
nacional de Gerontología (IAG); en este mis-
mo congreso Marjorie Warren es elegida se-
cretaria general.
En 1958, el norteamericano E.V. Cowdry,
presidente de la Asociación Internacional de
Gerontología publica la obra Problemas del en-
vejecimiento, que recoge aspectos médicos, psi-
cológicos y sociales que inciden en el enveje-
cimiento.
Son por tanto Estados Unidos y Gran
Bretaña los principales motores en el desarro-
llo de esta nueva especialidad desde mediados
del siglo pasado, evolucionando desde enton-
ces la disciplina de manera pareja en el resto
de los países desarrollados.
En España podemos destacar, entre otros
ilustres gerontólogos, las figuras del profesor
Beltrán Báguena, que publica Prevención de la
vejez achacosa y cuidado de los ancianos, del
profesor Mariano Pañellas, director del Servicio
de Geriatría del hospital Nuestra Señora de la
Esperanza en los años 50, de los doctores
Salgado Alba y Guillén Llera, creadores del
Dispensario y Servicio de Geriatría de la Cruz
Roja de Madrid, del doctor Fernando Jiménez
Herrero, que fue el gran impulsor de la Geriatría
en Galicia, junto con el profesor Mayán Santos
de la Universidad de Santiago de Compostela,
que lo fue de la Gerontología; y finalmente, del
profesor Ribera Casado, expresidente de la
Sociedad Española de Geriatría y Gerontología
y Catedrático de Geriatría.
En cuanto a la formación en Gerontología,
conviene decir que en estos momentos y apro-
vechando el boom del envejecimiento pobla-
cional son muchos los programas ofertados por
entidades y universidades con muy diferente
calidad, destacando en este sentido los grupos
universitarios dirigidos por los profesores
Millán Calenti en la Universidad de A Coruña,
Mayán Santos en la Universidad de Santiago
de Compostela, Moragas Moragas en la
Universidad de Barcelona, Rocío Ballesteros
en la Universidad de Madrid, Ramona Rubio
en la Universidad de Granada y José Luis Vega
(†) en la Universidad de Salamanca, que im-
parten diferentes master y cursos de especiali-
zación en Gerontología. 
Con respecto a la Gerontología Clínica, la
Geriatría constituye una especialidad médica
vía MIR desde 1978, existiendo programas uni-
versitarios de Gerontología Clínica dirigidos a
los profesionales de Ciencias de la Salud que
quieran ampliar sus conocimientos en esta área
específica.
ENVEJECIMIENTO Y EQUIPO
MULTIASISTENCIAL
Dentro de la Gerontología hemos de distinguir
entre el envejecimiento o conjunto de cambios
biológicos, psicológicos y sociales que ocurren
como consecuencia del paso del tiempo y que
no son debidos a enfermedad, y la vejez, que
sería la última etapa del desarrollo.
En el envejecimiento influyen dos factores
que permiten explicar el grado de intensidad
de este proceso vital: por un lado, los determi-
nados genéticamente, que producirían el enve-
jecimiento primario o fisiológico, y por otro,
los factores causados por el ambiente, enfer-
medades o alteraciones y que darían lugar al
envejecimiento secundario o patológico.
La distinción entre lo normal y lo patológi-
co tiene una gran importancia desde el punto
de vista clínico y social, ya que si se interpre-
tan como normales los cambios derivados de
un proceso patológico, evitaremos la puesta en
marcha de intervenciones que podrían mejorar
notablemente el bienestar de las personas ma-
yores. Por otro lado, esta diferenciación se opo-
ne a las concepciones más tradicionales sobre
el envejecimiento, que suelen asociarlo a dete-
rioro generador de incapacidad y enfermedad,
englobándolo en el concepto de «senilidad»;
es decir, algo senil, viejo. Sin embargo, ésta no
es la opinión predominante en la actualidad, ya
que diferentes estudios empíricos demuestran
que la mayoría de las personas mayores no ma-
nifiestan este deterioro general. 
Podemos observar la existencia, cada vez
más frecuente, de personas de avanzada edad
que presentan un buen estado de salud. Por tan-
to, si el envejecimiento se produce de manera
8 Principios de Geriatría y Gerontología
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normal, se puede afirmar que existe correspon-
dencia entre la edad cronológica, que se refie-
re al número de años transcurridos desde el mo-
mento del nacimiento del individuo, y la
biológica, que viene determinada por los cam-
bios que manifiesta el organismo con relación
al paso del tiempo. En algunos sujetos, la apa-
rición de diversas enfermedades puede hacer
que exista un desfase entre ambas edades: es
decir, la edad biológica podría parecer más ele-
vada que la cronológica, pero también puede
darse este desfase en sentido inverso; así, de-
terminados individuos no aparentan la edad que
realmente tienen, por lo menos desde el punto
de vista de su fisonomía.
No debemos caer en el error de equiparar los
términos vejez y enfermedad, aunque estén re-
lacionados; en efecto, la edad avanzada favo-
rece el padecimiento de enfermedades, sobre
todo degenerativas, pero no todas las personas
mayores están afectadas por ellas.
Como han demostrado diferentes autores, el
envejecimiento provoca un debilitamiento del
sistema inmunitario del individuo, así como
una disminución de su capacidad de adaptación
y reserva, lo que va a suponer un incremento
de la posibilidad de enfermar. 
En las personas mayores, las enfermedades
presentan una serie de características específi-
cas que las hacen diferentes de las padecidas
por sujetos de menos edad; así, tenemos:
A) Pluripatología: este término se refiere a
la presencia de varias alteraciones de la salud
de manera concomitante. Así, es poco frecuen-
te que una persona de edad avanzada presente
sólo una enfermedad; lo más probable es que
estén afectados varios órganos y sistemas. Este
hecho ha de tenerlo presente el personal de aten-
ción a las personas mayores, ya que la super-
posición de varios procesos patológicos en el
mismo sujeto dificulta el diagnóstico y además
se corre el riesgode establecer tratamientos si-
multáneos, sin tener en cuenta las posibles inter-
acciones de los medicamentos.
El hecho de presentar varios cuadros a la vez
no implica necesariamente tener que medicar
cada uno de ellos de manera aislada (polifarma-
cia), sino que hay que establecer prioridades te-
rapéuticas y tratar las patologías por orden de
importancia. Existen una serie de factores que
facilitan la aparición de pluripatología; éstos son:
a) La alteración de la homeostasis o capaci-
dad de mantener constante el medio interno, a
pesar de los cambios externos.
b) La afectación de la función inmunitaria,
lo que hace que ciertas enfermedades se pre-
senten de manera más frecuente en el anciano.
c) Los largos períodos de latencia, caracte-
rísticos de muchas enfermedades geriátricas,
pueden facilitar las complicaciones por la su-
perposición en un determinado momento de un
proceso agudo.
d) La inmovilidad, que lleva a la alteración
de los órganos y sistemas.
e) La iatrogenia, debida a las interacciones
farmacológicas por el consumo de un gran nú-
mero de medicamentos, y que puede contribuir
a incrementar la morbilidad. En este sentido, con-
viene señalar que entre un 10 y un 15% de los
ancianos se automedica y que al menos el 50%
no sigue correctamente el tratamiento médico.
B) Cronicidad e invalidez: las enfermeda-
des que suelen afectar a las personas mayores
son fundamentalmente crónicas, con tendencia
a la invalidez, esta situación produce una serie
de limitaciones funcionales que les impiden rea-
lizar su autocuidado, en relación principalmen-
te con las actividades básicas de la vida diaria
(AVD), por lo que necesitan ayuda de otra per-
sona. De ahí la necesidad de que el personal de
atención a las personas mayores en muchos ca-
sos tenga que dirigir sus actuaciones a preve-
nir la pérdida de capacidad funcional y a po-
tenciar las capacidades residuales.
C) Atipia o presentación inespecífica de la
enfermedad: en las personas mayores, muchos
síntomas o manifestaciones morbosas difieren
de la presentación habitual en adultos más jó-
venes, lo que puede dar lugar a confusión a la
hora de establecer el diagnóstico correcto; su-
cede incluso que algunas enfermedades de las
personas mayores se han catalogado de «asin-
tomáticas», en alusión a la poca expresividad
de los síntomas, que pueden aparecer atenua-
dos o de manera atípica.
Gerontología y Geriatría 9
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Nos podemos encontrar a un paciente ma-
yor con varios cuadros morbosos y una mani-
festación clínica común, poco relacionada con
el órgano afectado; este hecho se podría expli-
car por la disminución de la capacidad de adap-
tación de los organismos viejos con relación a
los cambios externos, de modo que se afecta-
rían primero los más vulnerables.
En muchas ocasiones, síntomas que presenta
el anciano se atribuyen a manifestaciones inevi-
tables de la edad, no realizándose un estudio ade-
cuado, y por tanto no afrontando la enfermedad
de manera correcta. De ahí la importancia de que
los profesionales lleven a cabo una valoración
geriátrica pormenorizada, en la que se incluya
una valoración física, mental, funcional y social
que permita estudiar los problemas existentes y
poner en marcha un plan de cuidados integral.
D) Pronóstico: en general es menos favora-
ble que en el adulto; y ello es lógico si tene-
mos en cuenta que la enfermedad se produce
en un organismo cuyas defensas están dismi-
nuidas y que puede padecer otras enfermeda-
des crónicas.
De todos modos, la persona mayor respon-
derá adecuadamente a las terapias pautadas si
éstas se hacen correctamente, dependiendo el
pronóstico del estado previo y de la existencia
de otras patologías.
E) Diagnóstico y tratamiento: se realizarán
de la misma manera que en sujetos más jóve-
nes; es decir, es necesario hacer la historia del
enfermo, explorarlo adecuadamente y realizar
cuantas pruebas complementarias sean necesa-
rias, teniendo en cuenta siempre la valoración
integral. Tras dicha valoración se procederá a
realizar la intervención terapéutica, que se po-
drá ver influida por la presencia de pluripatolo-
gía, el estado psíquico o emocional, el grado de
incapacidad, o la problemática sociofamiliar.
F) Aspectos sociales: se ha demostrado una
relación directa entre el estado de salud de la
persona mayor y su situación sociofamiliar, en
relación principalmente con los recursos y apo-
yos. Además, la enfermedad de los mayores
puede llevar en ocasiones a la aparición o agra-
vamiento de problemas sociofamiliares. Por
ello, dentro de la valoración integral se inclu-
yen siempre aspectos sociales.
Paciente gerontológico
Una de las incógnitas que nos queda por resol-
ver en la Gerontología es la que se refiere a
quién ha de ser la persona objeto de atención
de esta ciencia, o bien quién es el paciente al
que hay que atender. En este sentido, y de acuer-
do con la definición de Gerontología, según la
cual es la ciencia que se ocupa del envejeci-
miento, deberíamos establecer diferentes con-
tenidos: los que se refieren al propio estudio
del envejecimiento en cuanto a investigación y
experimentación, y los relacionados con la ac-
tuación sobre las personas mayores, donde no
han de ser únicamente los criterios cronológi-
cos los que marquen el sujeto de estudio, sino
los que hacen alusión a los cuatro aspectos pues-
tos de manifiesto a lo largo de esta obra: bio-
lógicos, psíquicos, sociales y funcionales. Con
el resultado de esta valoración se podría dar
respuesta a las preguntas planteadas.
Normalmente se establece como criterio cro-
nológico superar la edad de 65 años; sin em-
bargo, además de utilizar este criterio cronoló-
gico, es importante atender a las características
del paciente, tratando de encajarlo en el que se
ha denominado «anciano frágil», «paciente ge-
riátrico» o en la actualidad «paciente geronto-
lógico», los cuales, aunque no hayan alcanza-
do la edad de 65 años, por sus características,
hacen necesaria la intervención de un equipo
multidisciplinar.
La expresión anciano frágil hace referencia
a un estado de la persona consecuencia de una
afectación multisistémica, donde la capacidad
de reserva frente a agresiones externas está dis-
minuida, por lo que ante cualquier agente agre-
sivo externo la probabilidad de verse afectado
se incrementa.
El estado de fragilidad, visto desde un pun-
to de vista global, es decir, en relación con la
población envejecida, provoca un gran impac-
to social, ya que aumenta la necesidad de ser-
vicios de apoyo: lo mismo ocurre a nivel indi-
vidual, debido a la incapacidad funcional, pér-
dida de autonomía y afectación del estado de
bienestar.
Es primordial en este tipo de pacientes rea-
lizar una prevención adecuada, tanto desde el
10 Principios de Geriatría y Gerontología
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punto de vista de evitar la enfermedad (prima-
ria), resolver y prevenir la aparición de secue-
las (secundaria), como de la readaptación o vuel-
ta del paciente a su estado original (terciaria).
La valoración integral o gerontológica nos
permite determinar la población de mayores en
estado de riesgo, con lo que podemos poner en
marcha las medidas adecuadas para minimizar
en lo posible las consecuencias.
Equipo gerontológico
De acuerdo con las características específicas
que presenta el hecho de enfermar en la perso-
na de edad, es preciso contar con equipos mul-
tidisciplinares que puedan abarcar de manera
especializada todos los aspectos a estudiar; es
decir, los biológicos, los psicológicos, los so-
ciales y los funcionales. Este abordaje multi-
profesional no significa actuación individuali-
zada, sino una puesta en común para intervenir,
también, de manera integral.
En Gerontología, un equipo multidiscipli-
nar ha de estar formado al menos por los si-
guientes profesionales que realizarían estas fun-
ciones:
a) Médico:preferentemente especializado
en Geriatría o con formación específica en esta
disciplina, o en Gerontología. En este sentido,
se puede tener una formación general en
Gerontología Clínica y Social, adquirida nor-
malmente a través de programas de postgrado
impartidos por las Universidades y acreditados
por las respectivas Sociedades Científicas, o
bien en Gerontología Clínica, de acuerdo con
los mismos criterios, pero donde la carga lec-
tiva práctica ha de constituir la base del pro-
grama.
b) Psicólogo: mejor si es clínico; su actua-
ción irá dirigida a la valoración y rehabilitación
cognitiva, además del afrontamiento de los pro-
blemas afectivos y conductuales entre otros. Su
intervención abarcará a la familia y en ocasio-
nes a los propios profesionales, de acuerdo con
la carga asistencial asumida (burn out).
c) Enfermero: en el plan de estudios de es-
tos profesionales hay una asignatura troncal, la
Enfermería Geriátrica, que les dota de una base
formativa que deberá incrementarse a través de
la formación especializada. Realizará su valo-
ración de enfermería, además de pautar los cui-
dados a dispensar a la persona mayor, estando
bajo sus atribuciones el control de las activida-
des del personal auxiliar.
d) Terapeuta ocupacional: en su currículo
existe una asignatura troncal, la Geriatría. Es
el profesional que a través de diferentes activi-
dades, físicas o psíquicas, interviene en el man-
tenimiento o recuperación de la función. Así,
de acuerdo con la Asociación Americana de
Terapeutas Ocupacionales, la terapia ocupacio-
nal es «el arte y la ciencia de dirigir la partici-
pación del hombre en tareas seleccionadas para
restaurar, fortalecer y mejorar el desempeño
funcional, facilitar el aprendizaje de aquellas
destrezas y funciones esenciales para la adap-
tación y productividad, disminuir o corregir pa-
tologías y promover y mantener la salud».
e) Fisioterapeuta: utiliza los procedimientos
físicos para el tratamiento de personas con in-
capacidad, enfermedad o lesión con el fin de
mejorar su capacidad funcional y evitar una dis-
función o deformidad. Sus terapias van dirigi-
das a reducir la incapacidad física y contribuir
al bienestar general del paciente.
f) Logopeda: interviene en los trastornos de
la comunicación y del lenguaje, facilitando la
intervención del terapeuta a partir del estable-
cimiento de vías de comunicación.
g) Trabajador Social: tiene como función
ayudar al paciente y a su familia informándo-
les de los recursos sanitarios, sociales y econó-
micos existentes en la comunidad, dirigiendo,
sobre todo, su atención a los menos favoreci-
dos.
A estos profesionales, que podríamos encua-
drar en el equipo base, en ocasiones con carác-
ter interdisciplinario, siendo la Gerontología
una ciencia que abarca tan amplios conocimien-
tos, se podrían incorporar de este modo, en ré-
gimen, de asesores, otros profesionales, como
son el nutricionista, debido a la importancia que
una alimentación sana y equilibrada tiene so-
bre el estado de bienestar de la persona mayor,
el psicopedagogo, cuando hablamos de forma-
ción de mayores, el arquitecto o el ingeniero
Gerontología y Geriatría 11
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en diseño de recursos asistenciales, el sociólo-
go en estudios de población de mayores, el abo-
gado en problemas legales o, por último, el eco-
nomista cuando hablamos de planificar la
economía, entre otros.
Papel de los distintos profesionales
en la atención gerontológica
Dentro del equipo gerontológico, el médico se
ocupará de elaborar la historia clínica de acuer-
do con los principios que se aplican a cualquier
paciente, con independencia de su edad; es de-
cir, el hecho de tener más edad no ha de dismi-
nuir la exhaustividad en la recogida de infor-
mación.
Una vez recogidos los datos de la historia,
iniciará la exploración física, por órganos o sis-
temas, deteniéndose en aquellos aspectos que
pueda considerar anómalos y que deberá acla-
rar a partir de las pruebas complementarias.
Establecido el diagnóstico clínico, hará una
puesta en común con el resto de los profesio-
nales del equipo a fin de determinar las pautas
de intervención.
En este sentido, su formación en Geron-
tología le permitirá tener en cuenta aquellos as-
pectos sociales o sociosanitarios que pueden in-
fluir sobre el pronóstico del paciente, por lo que
deberá estar en contacto con los profesionales
del campo social (trabajador social y psicólo-
go), que le podrán aconsejar sobre sus áreas, y
con el personal rehabilitador (fisioterapeuta, te-
rapeuta ocupacional y logopeda) en el caso de
establecer un programa rehabilitador.
Las características de la enfermedad del pa-
ciente anciano hacen necesario que el médico
gerontólogo conozca las patologías crónicas de
mayor incidencia en este colectivo, así como
las pautas de actuación, ya que no estamos ha-
blando únicamente de diagnóstico y tratamien-
to de procesos agudos, sino de intervención ge-
neralmente en procesos crónicos que crean
dependencia.
Por otro lado, su experiencia como profesio-
nal del área de la salud, acostumbrado al diag-
nóstico y a la terapéutica, hace que sea el profe-
sional adecuado para coordinar los equipos
gerontológicos, tratando de poner en común las
valoraciones de todos sus miembros, a fin de es-
tablecer la intervención integral y coordinada.
Serían pues funciones del médico gerontó-
logo:
— Coordinar el equipo gerontológico de va-
loración e intervención.
— Realizar la valoración clínica del paciente.
— Solicitar las exploraciones complemen-
tarias necesarias para establecer el diagnóstico
principal.
— Establecer la terapia farmacológica ade-
cuada a los cuadros detectados.
— Asesorar a la Administración y a las fa-
milias acerca del recurso adecuado a las carac-
terísticas del paciente.
— Realizar el seguimiento del paciente.
— Integrar los conocimientos de los distin-
tos miembros del equipo a fin de aportar solu-
ciones conjuntas en la intervención.
— Intervenir en tareas de investigación a fin
de mejorar los procedimientos gerontológicos.
El psicólogo, como miembro del equipo ge-
rontológico, intervendrá sobre los usuarios-pa-
cientes y sus familias, y tratará el estrés profe-
sional del resto de los integrantes del equipo.
Con respecto a los pacientes, su principal
función será estudiar los aspectos conductuales
y psicológicos, además de valorar los aspectos
cognitivos e intervenir sobre las áreas mentales
deterioradas, teniendo en cuenta que el enveje-
cimiento no conduce necesariamente a una dis-
minución de la competencia personal, por lo que
los problemas conductuales pueden paliarse me-
diante las intervenciones apropiadas.
Está ampliamente demostrada la eficacia de
los tratamientos conductuales (Tabla 1-1) para
los diversos problemas de comportamiento de
los pacientes mayores, como la tendencia a la
agresión verbal o física, las dificultades para la
deambulación o el autocuidado, y se constata
además que las mejoras se mantienen en el tiem-
po, mostrando su efectividad incluso con per-
sonas a las que su deterioro cognitivo les impi-
de una participación activa en el tratamiento.
El psicólogo, como parte integrante del equi-
po gerontológico, ha de colaborar en la elabo-
12 Principios de Geriatría y Gerontología
Cap01.qxd 24/03/2006 10:50 PÆgina 12
ración del plan general del equipo que va a mar-
car las líneas generales de actuación de los dis-
tintos profesionales, diseñando específicamen-
te el área de salud psíquica. Además, elaborará
el plan de actuación específico, que a modo de
protocolo deberá completar en todos los pa-
cientes que acudan a su consulta. Evaluará el
estado afectivo, cognitivo y conductual, siendo
fundamental la realización de una valoración
previa del anciano en su medio y en condicio-
nes de normalidad, ya que de otro modo podría-
mos hacernos una idea equivocada de su esta-
do debido a la ansiedady desorientación que
cualquier nueva situación puede producirle.
Por lo que respecta a la valoración del esta-
do afectivo, observará la existencia de trastor-
nos de ansiedad o depresión, tomando esta va-
loración como línea base para las posibles
intervenciones posteriores.
Abandonar el domicilio habitual para acu-
dir a un alojamiento distinto supone un cam-
bio en la forma de vida del anciano; por ello,
se hace necesario prevenir las consecuencias ne-
gativas que este cambio puede comportar, sien-
Gerontología y Geriatría 13
Tabla 1-1. Estrategias utilizadas en personas mayores con problemas conductuales
Problema conductual
que se afronta Estrategias
Aumento de habilidades de autocuidado Incitación, modelado, moldeado y refuerzo
e higiene diferencial
Mejora de la memoria u otras Educación, instrucciones, aprendizaje 
tareas intelectuales de estrategias mnésicas y práctica
Diseño y acomodación de ambientes
Control del dolor Ejercicio físico, afrontamiento y técnicas
de distracción, refuerzo diferencial (conductas
de dolor), solución de problemas y técnicas 
cognitivas (modificación de pensamientos
disfuncionales) y educación para mantener el
ritmo de actividades
Promoción de la interacción social Entrenamiento en habilidades sociales
Diseño de ambientes propicios y eliminación
de barreras físicas o sociales
Excesos de conducta (agresión o agitación) Técnicas operantes de reducción de conductas
(extinción, tiempo fuera, corrección, refuerzo
diferencial) y distracción
Deambulación Técnicas de control de estímulos, refuerzo 
diferencial, modificación ambiental, distracción
y aseguramiento de necesidades básicas
Incontinencia Biofeedback, entrenamiento de la musculatura 
pélvica, entrenamiento en formación de hábitos 
y formación vesical y control ambiental
Insomnio Información/educación, restricción del sueño 
diurno y tiempo en cama, instrucciones para el 
control de estímulos, relajación y terapia
cognitiva (modificación de pensamientos
disfuncionales)
Ansiedad Relajación, exposición, autoinstrucciones y 
otras técnicas cognitivas
Depresión Educación y terapia cognitivo-conductual
(incremento de actividades satisfactorias, 
habilidades sociales, relajación y modificación
de pensamientos negativos). Biblioterapia
Excesos y déficit de conducta en demencia Formación de familiares en habilidades básicas 
de cuidado, habilidades para modificar el 
ambiente y en principios básicos de la
modificación de conducta y cuidado
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do importante en este aspecto el papel del psicó-
logo, ya que, al haber tomado parte en la valo-
ración previa al ingreso en un centro, ha cono-
cido al paciente en condiciones de normalidad,
y gracias al intercambio de información con los
otros profesionales, sobre todo con el trabajador
social, sabe de la situación familiar y social que
acompaña al ingreso o alta en el centro y puede
conocer las expectativas del anciano.
Como en toda valoración, el psicólogo tra-
tará de detectar los problemas del paciente, a
fin de elaborar un plan de intervención, hacien-
do un seguimiento de los resultados obtenidos.
Por lo que respecta a la detección de los pro-
blemas, teniendo en cuenta que estamos ha-
blando de centros psicogeriátricos, hemos de
reconocer, más que casos-problema entre los
ancianos, las áreas problemáticas que presen-
ta cada uno de ellos, para diseñar una interven-
ción adecuada a cada caso, o más globalmen-
te asignar cada nuevo sujeto a uno de los grupos
de pacientes, con una intervención pautada.
Un aspecto fundamental a tener en cuenta
es el que se refiere a las conductas mostradas
por el sujeto y las relaciones que mantiene con
el personal y los demás pacientes, puesto que
conductas desadaptativas o molestas para otras
personas, frecuentes en este tipo de lugares, ha-
bían de ser objeto de intervención.
La tarea de un psicólogo, que ha de atender
a un elevado número de pacientes, probable-
mente no permitirá la realización de terapias
individualizadas; más bien, éstas deberán re-
servarse a casos concretos, debiéndose por tan-
to diseñar programas generales para grupos de
pacientes (plan general de actuación), los cua-
les se llevarán a cabo gracias a la colaboración
de los terapeutas ocupacionales y de los auxi-
liares del centro.
Los programas serán específicos para las
áreas que se quieran potenciar o mantener, pu-
diendo centrarse en estimulación cognitiva, psi-
comotricidad o automatismos, entre otros. Cada
uno de ellos se realizará siempre en colabora-
ción con los demás profesionales del centro.
Las intervenciones puntuales se dirigirán a tra-
tar trastornos conductuales o de salud, que tie-
nen una especial incidencia en las personas ma-
yores.
Con respecto a las familias, desde los cen-
tros de atención a las personas mayores, tam-
bién se deberán llevar a cabo programas psico-
sociales para la atención de familiares
cuidadores de enfermos con dependencia, y
cuyo objetivo será la descarga asistencial. El
hecho de que el anciano acuda al centro puede
provocar en los familiares sentimientos encon-
trados, y así, aunque en principio sea una ayu-
da buscada y solicitada, pasado un tiempo, el
cuidador pueda sentirse culpable por intentar
«liberarse» del enfermo. Por ello, conviene in-
troducir al cuidador en la dinámica del centro,
explicarle cuáles son su finalidad y objetivos,
y hacer que lo conozca si es posible antes de
que el anciano acuda a él, para posteriormente
volver a realizar la visita al centro acompañan-
do al futuro paciente. Por otro lado, se debe re-
alizar una formación de los familiares: éstos
deben saber cómo va a ver el curso de la enfer-
medad del anciano y las actuaciones que debe-
rán realizar en cada una de sus etapas. Una de
las funciones del psicólogo en esta formación
será la atención psicológica del cuidador prin-
cipal, centrándose sobre todo en el estrés, la an-
siedad, la depresión o los sentimientos de cul-
pa que el cuidado del anciano va a provocar en
él, introduciéndolo en técnicas de relajación y
de afrontamiento de la situación en la que se
va a ver inmerso. Otro de los objetivos con re-
lación a la familia es potenciar la formación de
grupos de autoayuda y grupos de terapia psi-
cológica, especialmente útiles en este colecti-
vo, así como la terapia familiar.
El estrés laboral entre los profesionales de
la salud y los servicios sociales es elevado, lo
que se traduce en manifestaciones tales como
ansiedad, depresión, fatiga, molestias físicas,
irritación, incapacidad laboral o absentismo.
Por ello, parece conveniente atender desde un
punto de vista psicológico-emocional a los tra-
bajadores en cuanto a habilidades, recursos y
técnicas de manejo del estrés laboral. Esto re-
percutirá tanto en el bienestar del trabajador
como en el del propio usuario del centro, ya
que recibirá una mejor atención y unos cuida-
dos de mayor calidad.
Las actividades del profesional de Enfer-
mería, al igual que las del resto del equipo inter-
14 Principios de Geriatría y Gerontología
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disciplinario, han de realizarse con un enfoque
integral, por lo que además de aplicar técnicas
y cuidados de Enfermería, tratará los problemas
relacionados con la salud mental y el entorno.
La historia de Enfermería se incluirá dentro
de la valoración general del anciano, y en ella
haremos constar las fuerzas y limitaciones 
reales y potenciales del enfermo, lo que nos
conducirá a los diagnósticos de Enfermería que
guiarán sus cuidados.
Dentro de la historia clínica se investigará
sobre los riesgos potenciales de enfermar. Así,
deberemos conocer los siguientes puntos:
— Hábitos tóxicos, medicamentos que in-
giere y estado de vacunación.
— Estado de la piel, en relación con la exis-
tencia de lesiones por presión así como las ac-
tividades necesarias para su cuidado y preven-
ción, observando también el cuidado de las
uñas, el pelo y la higienecorporal.
— Estado de nutrición e hidratación, en lo
que respecta a la ingestión de alimentos y líqui-
dos; también la necesidad de dietas especiales
o de preparación de los alimentos para poder
ingerirlos. Se controlará el peso y la talla del
paciente, así como el estado de la dentadura.
— Eliminación urinaria y fecal, así como la
necesidad de cuidados específicos con relación,
principalmente, a la posibilidad de incontinen-
cias y estreñimiento.
— Patrón de vigilia-sueño, igual que la ne-
cesidad de reposo.
— En cuanto a la necesidad de realizar ac-
tividad física, se instaurarán programas que
promuevan la deambulación; también la re-
alización de actividad mediante entreteni-
miento.
— Necesidad de establecer un sistema de
comunicación que permita estar en contacto
con el paciente.
Si el individuo está correctamente evalua-
do, sobre todo en el caso de personas depen-
dientes, podremos ofrecerle unos cuidados y
servicios apropiados y sabremos cuál es el pro-
grama más adecuado para él.
Las actividades concretas de cada enferme-
dad crónica se desarrollan dentro de los proto-
colos específicos, existiendo unas pautas co-
munes que deberán estar incluidas en todos
ellos. Éstas son:
— La educación sanitaria, dirigida al ancia-
no y a su familia, con el fin de modificar acti-
tudes y conductas que influyen negativamente
en la salud del individuo. Se informará sobre
la enfermedad, los riesgos y complicaciones,
los hábitos poco saludables, los beneficios y la
importancia del autocuidado.
— Las medidas higiénico-dietéticas, ade-
cuadas a cada individuo según la enfermedad
que padezca, enseñando, por ejemplo, el uso
de tablas calóricas, los tipos de alimentos, la
adaptación de los horarios de las comidas o la
realización de actividad física adaptada. 
— Los controles periódicos de las constan-
tes vitales (tensión arterial, frecuencia cardía-
ca, temperatura y frecuencia respiratoria), pa-
rámetros antropométricos (peso, talla e IMC)
y parámetros bioquímicos (glucemia).
— El cumplimiento terapéutico, haciendo
preguntas relativas a la vía de administración,
técnicas utilizadas (como por ejemplo autoin-
yección de insulina), tamaño y color de los com-
primidos o aparición de efectos secundarios.
Con un control estricto se evitarán accidentes,
olvidos o efectos no deseados.
— Las vacunaciones, sobre todo la antigri-
pal, antineumocócica y antitetánica.
— Las curas y técnicas que se han de reali-
zar para el cuidado y atención de las personas
mayores: la administración de medicación por
vía parenteral, la aplicación de apósitos y ven-
dajes, colirios y otras instilaciones, las curas de
úlceras y heridas, las suturas de planos super-
ficiales, el sondaje vesical, rectal y nasogástri-
co, la toma de muestras para analizar, la cate-
terización, la rehabilitación respiratoria y la
preparación de la medicación, entre otras. 
— Las exploraciones complementarias,
como la realización de ECG, la determinación
de valores analíticos mediante tiras reactivas
de sangre y orina, las pruebas de Mantoux y las
audiometrías, entre otras.
La terapia ocupacional es una disciplina que
se ocupa de la prescripción y utilización tera-
Gerontología y Geriatría 15
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péutica de las actividades de autocuidado, tra-
bajo y ocio, tanto físicas como cognitivas o re-
lacionales, previamente analizadas y selec-
cionadas en función de las necesidades de la
persona objeto de su atención, bien se trate de
una persona mayor, o de un enfermo, incapaci-
tado o marginado, con los siguientes objetivos:
— Conseguir el mayor grado posible de 
autonomía o independencia funcional.
— Aumentar la calidad de vida del paciente.
— Promover y mantener la salud y prevenir
la incapacidad.
— Suplir los déficit invalidantes y mante-
ner las capacidades residuales.
— Lograr la reinserción del individuo en to-
dos sus aspectos: físico, psíquico, social y la-
boral.
La terapia ocupacional considera al indivi-
duo como un ser biopsicosocial y, por tanto, se
ocupa y trabaja sobre su cuerpo, mente y vida
en la totalidad de sus aspectos.
La actividad, desde el punto de vista de la
terapia, es una serie integrada de tareas que se
realizan en una ocasión específica, durante un
período finito de tiempo y con un propósito
concreto. La base de la terapia ocupacional con-
siste en el empleo de la actividad intenciona-
da, es decir, dotada de un significado y dirigi-
da a un propósito determinado, para facilitar
un cambio positivo en el nivel funcional de una
persona. Para poder intervenir, la actividad ha
de ser analizada y adaptada. El análisis consis-
te en un proceso de separación de la actividad
en cada una de sus partes con el fin de identi-
ficar sus componentes físicos, cognitivos, sen-
soriales y sociales, así como las destrezas re-
queridas para llevarla a cabo y las áreas de
desempeño ocupacional relacionadas con su 
realización. La adaptación es un proceso de mo-
dificación de algunos de sus aspectos, como
pueden ser la secuencia, la complejidad, la lo-
calización, la posición o el uso de herramien-
tas, para conseguir objetivos terapéuticos o me-
jorar la ejecución de dicha tarea.
El terapeuta trabaja sobre las actividades bá-
sicas de la vida diaria (ABVD), que son las ac-
tividades de autocuidado que toda persona debe
realizar en su vida cotidiana para ser conside-
rado como individuo autónomo, siendo las prin-
cipales la alimentación, el vestido, el baño, el
aseo personal, el uso del WC, la movilidad, las
transferencias, el uso de escaleras, así como la
continencia del esfínter vesical y del esfínter
anal. Relacionada con las ABVD se encuentra
la capacidad funcional de la persona, que es
tanto la posibilidad como la habilidad para eje-
cutar actividades de una manera normal o acep-
tada, ejerciendo completamente los roles, rela-
ciones y ocupaciones requeridas en el curso de
la vida diaria. Se llama dependencia a la nece-
sidad de ayuda para la realización de las ABVD
por parte de otra persona, bien de manera di-
recta o bien en forma de supervisión, siendo in-
dependiente para las ABVD la persona capaz
de realizarlas sin ayuda de nadie.
Es importante señalar que una persona de-
pendiente puede ser independiente en la medi-
da que podamos adaptar el entorno o dotarlo
de ayudas técnicas o elementos que faciliten la
ejecución de una acción.
Las ayudas técnicas son útiles, instrumen-
tos o dispositivos especiales que permiten a un
individuo ejercer diversas ABVD y sin los cua-
les sería considerado como dependiente para
su ejecución; son elementos facilitadores que
ayudan al individuo a aproximarse lo más po-
sible a la normalidad, partiendo de su capaci-
dad deficiente, y al entorno con el fin de favo-
recer la integración de los individuos con
diversas discapacidades.
Se llama entorno al medio ambiente o espa-
cio físico, social y cultural en el cual opera la
persona y sin cuya interacción no existiría, sien-
do la adaptación al medio la modificación he-
cha por el terapeuta ocupacional con una fina-
lidad terapéutica o para mejorar la habilidad
funcional del paciente. La adaptación de los as-
pectos del entorno que dificultan el desempe-
ño ocupacional se realiza mediante una serie
de informaciones y consejos, entre los que se
pueden citar: la supresión de elementos ya exis-
tentes, la incorporación de otros nuevos, el cam-
bio parcial o total de algunos aspectos o cosas,
la colocación adecuada y la facilitación am-
biental. Para garantizar la seguridad, el tera-
peuta ocupacional recomienda modificaciones
16 Principios de Geriatría y Gerontología
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del entorno con el fin de acomodarlo a la situa-
ción de infracapacidad del paciente y, con ello,
prevenir los accidentes.
La adaptación del medio no humano tiene
una especial relación con las modificaciones
que se realizan en el espacio físico (utilizaciónde mobiliario adaptado, adecuación de los ma-
teriales...) y que facilitan el acceso y la movi-
lidad a aquellas personas que presentan un 
déficit de tipo físico. Para satisfacer las nece-
sidades de los pacientes con déficit cognitivos,
se realizará una cuidadosa, exhaustiva e indi-
vidualizada selección y ubicación del mobilia-
rio y útiles personales, y se proporcionará una
completa y correcta información y adiestra-
miento dependiendo de la tarea que se tenga
que realizar.
Otros aspectos que habremos de tener en
cuenta están relacionados con las distintas nor-
mativas en materia de accesibilidad y supre-
sión de barreras arquitectónicas; así, accesibi-
lidad es la característica del urbanismo, de la
edificación, del transporte o de los medios y
sistemas de comunicación que permite a cual-
quier individuo su utilización y disfrute de ma-
nera autónoma, con independencia de sus con-
diciones físicas, psíquicas o sensoriales, siendo
las barreras arquitectónicas cualquier tipo de im-
pedimento, traba u obstáculo que limita o impi-
de el acceso, la libertad de movimientos, la per-
manencia, la circulación o la comunicación
sensorial de las personas que tienen su movili-
dad reducida o cualquier otro tipo de limitación.
El fisioterapeuta, como miembro integrante
del equipo gerontológico, deberá establecer una
constante comunicación con los restantes miem-
bros del equipo asistencial a la hora de plan-
tear y llevar a cabo objetivos de intervención;
además, deberá disponer de un cuerpo funda-
mental de conocimientos que le van a permitir
realizar propuestas con fines asistenciales para
la prevención y el fomento de la salud, el trata-
miento restaurador de las funciones dañadas y
el mantenimiento y potenciación de las capaci-
dades residuales. La Fisioterapia tendrá que asu-
mir este reto y realizar propuestas de acción a
través de los distintos ámbitos de actuación.
Existe una serie de requisitos previos y fun-
damentales que habrá de reunir todo aquel pro-
fesional de la Fisioterapia que pretenda inter-
venir de un modo adecuado dentro de este cam-
po; dichos requisitos son los siguientes:
— La apreciación de los procesos normales
de envejecimiento: fisiológicos, psicológicos
y sociales.
— La comprensión del movimiento huma-
no normal: movilidad, fuerza muscular, coor-
dinación, resistencia y función.
— El conocimiento de las técnicas de eva-
luación que permitan la detección de proble-
mas relacionados con la movilidad y la función.
— La disponibilidad de recursos, técnicas y
medidas sencillas que puedan emplearse para
corregir o mejorar las alteraciones de movi-
miento y función fundamentalmente.
— La capacidad de desarrollar programas
destinados a la prevención; o bien programas
educativos destinados a la persona mayor o pro-
gramas educativos destinados al familiar o cui-
dador o programas grupales de mantenimien-
to de las capacidades físicas destinados a la
persona mayor y al cuidador.
— La comprensión de las limitaciones y de
las contraindicaciones de la intervención.
En el ámbito de su intervención, el fisiote-
rapeuta tendrá que realizar diferentes funcio-
nes, como son las relacionadas con la asisten-
cia, la docencia y la investigación.
En cuanto a la asistencia, el objetivo a con-
seguir sería la prestación de servicios a perso-
nas sanas haciendo hincapié en la salud y, cuan-
do sea posible, en la prevención de las
discapacidades, y en aquellas personas con pro-
blemas de discapacidad que limiten su movili-
dad o función, restablecer el nivel óptimo de
independencia.
Dentro de la asistencia, las actividades a de-
sarrollar serían las siguientes: la identificación
y detección selectiva de pacientes que necesi-
tan intervención fisioterápica; la evaluación y
el registro precisos del estado físico de cada pa-
ciente, teniendo en cuenta sus necesidades psi-
cosociales y ambientales, sin descuidar los as-
pectos relacionados con la presencia de dolor,
posibles edemas o alteraciones tróficas, así
como el estado de la piel; la exploración visual,
Gerontología y Geriatría 17
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en la que se incluirá la valoración postural es-
tática del paciente; la exploración palpatoria de
piel, articulaciones y musculatura; la valora-
ción de la sensibilidad: estereoceptiva y pro-
pioceptiva; la valoración articular, tanto activa
como pasiva; la valoración muscular en cuan-
to a fuerza y acortamiento; la valoración del
equilibrio: estático y dinámico; la valoración
de la marcha; la valoración funcional; la valo-
ración de la coordinación; y finalmente la va-
loración respiratoria.
En cada uno de estos apartados cada profe-
sional seleccionará según su criterio las esca-
las que crea convenientes para el registro ob-
jetivo de los datos y el seguimiento en el tiempo
del paciente.
Además el fisioterapeuta ha de establecer
unos objetivos específicos y un plan de trata-
miento, donde la elección de las técnicas va a
depender de su capacidad y criterio de selec-
ción de los medios más adecuados para ayudar
al paciente. Todo ello va a estar en relación con
la precisión de la evaluación; también con el
conocimiento minucioso de los mecanismos
del movimiento, incluida la anatomía, la fisio-
logía y la cinética, el conocimiento funcional
de los mecanismos fisiopatológicos que produ-
cen el trastorno, el conocimiento minucioso de
la base de cada procedimiento, el conocimien-
to detallado de los efectos del mismo y la ca-
pacidad para interpretar los resultados.
Las técnicas y métodos seleccionados pre-
ferentemente en este campo serán los siguien-
tes: la fisioterapia neurológica (Bobath, Brun-
nston, Kabath…), la fisioterapia respiratoria,
la masoterapia (masaje clásico, masaje evacua-
torio, Cyriax y drenaje linfático), la cinesitera-
pia (pasiva y activa), la mecanoterapia, la elec-
troterapia (de baja, media o alta frecuencia), la
termoterapia (calor o frío), y la hidroterapia
(chorros y baños de contraste).
Por otro lado, se establecerá un seguimien-
to y mantenimiento de registros y una puesta
en común de actividades con el resto del equi-
po multidisciplinar.
Dentro del equipo, o de manera individual,
los fisioterapeutas observan cada vez más la
necesidad de poner en marcha grupos de apo-
yo para los cuidadores. Por fin se está recono-
ciendo la experiencia estresante (a menudo vi-
vida en soledad) que representa la atención de
una persona de edad físicamente dependiente,
lo cual lleva a apreciar el valor de formar gru-
pos de apoyo para esas personas. Estos grupos
pueden ser totalmente de autoapoyo, pero con
frecuencia necesitan la ayuda de profesionales
para su formación y para obtener asesoramien-
to ocasional sobre técnicas específicas necesa-
rias para su labor.
También será función del fisioterapeuta la
elaboración de planes de prevención en los tres
niveles de prevención: la primaria, que trata de
evitar el deterioro, y abarca la educación sani-
taria y el mantenimiento de la buena forma fí-
sica; la secundaria, una vez que se ha produ-
cido el deterioro, que busca limitar las disca-
pacidades mediante un tratamiento precoz y
evitar en lo posible los problemas secundarios
y la terciaria, cuando la discapacidad es irre-
versible, que que intenta reducir la proporción
de minusvalía y recuperar el máximo de fun-
ción mediante entrenamiento, autoatención y
adaptación del medio.
En cuanto a las actividades de docencia, el
fisioterapeuta, además de utilizar sus conoci-
mientos profesionales sobre el cuerpo y sobre
los medios disponibles para mantener sus fun-
ciones, deberá actuar como verdadero educa-
dor de las familias, los cuidadores y otros tra-
bajadores.
La tarea de encaminar la investigación so-
bre fisioterapia hacia las necesidades de la per-
sona mayor es vital no sólo debido al aumen-
to en el número de personas de edad avanzada,
sino también a la necesidad de ahondar en las
principalesdemandas de este sector poblacio-
nal. Existen algunas cuestiones clave a las que
es preciso dar respuesta, por ejemplo, qué es lo
que pueden lograr los fisioterapeutas utilizan-
do diferentes métodos de tratamiento en deter-
minados problemas de discapacidad. Las prio-
ridades en materia de investigación, por otro
lado, deberían tener en cuenta la eficacia de la
fisioterapia en la prevención secundaria en lo que
se refiere, por ejemplo, a la prevención de caí-
das, y en la prevención terciaria en cuestiones
tales como la eficacia a la hora de paliar proble-
mas resultantes, por ejemplo, la osteoartrosis.
18 Principios de Geriatría y Gerontología
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El logopeda es el profesional especializado
en los trastornos de la comunicación, refirién-
donos en este caso tanto al lenguaje verbal (oral
y escrito) como al no verbal, integrado por las
manifestaciones de afecto, gestos o miradas en-
tre otras.
La persona mayor puede presentar proble-
mas de comunicación debidos a un déficit de
expresión o de comprensión; del lenguaje, prin-
cipalmente por lesiones isquémicas (trombo-
sis, embolia o hemorragia), demencia o trau-
matismos craneoencefálicos; o bien debidos a
un déficit mixto, del habla y de la voz, por en-
fermedad de Parkinson o cirugía invasiva con
extirpación de alguna estructura orgánica que
participe en el lenguaje, como la lengua, la la-
ringe, etc.; o un déficit de audición, en relación
con hipoacusias de desarrollo senil (presbiacu-
sias) u originadas en edades más tempranas.
Ante un problema de comunicación, el lo-
gopeda deberá establecer si éste es expresivo,
comprensivo o mixto, a fin de actuar de mane-
ra adecuada; así, si el problema es de expre-
sión, como los que aparecen en la enfermedad
de Parkinson, en la esclerosis múltiple, o en las
alteraciones en los órganos del habla, incitare-
mos al paciente a que respire antes de comen-
zar a hablar; que exagere la pronunciación, que
transmita frases cortas (una idea por frase), que
diga frase por frase, que se tome el tiempo su-
ficiente para responder, o que se ayude de ges-
tos y señale objetos para sustituir al habla, en
caso necesario. Si los problemas son de com-
prensión, como puede ocurrir en la enferme-
dad de Alzheimer, o en las hipoacusias, enton-
ces podemos seguir las siguientes indicaciones:
llamarle por su nombre, insistiéndole hasta que
centre su atención y, con tono de exclamación,
colocarnos frente a él, mirándole directamen-
te a los ojos, y tocándole si es necesario; evi-
tar elementos distorsionadores, como la televi-
sión o las ventanas abiertas con ruido ambiental;
exagerar la articulación de las palabras, adap-
tando el tono a su nivel auditivo; hablar pausa-
damente dando tiempo para las respuestas, con
frases cortas, simples y concretas; recurrir a lo
sencillo (una sola idea por frase); repetir la in-
formación si fuera preciso, hasta comprobar
que se ha entendido. Para ello, ha de mantener-
se la calma, tener paciencia y simplificar o va-
riar el contenido si fuera necesario. Ante un
bloqueo comprensivo, se repetirá el mensaje
pasados unos minutos; como apoyo a lo que se
está diciendo se pueden emplear otros objetos
(objetos representativos o fotos) y sobre todo
gestos (peinarse, tiritar o comer).
Conviene destacar la importancia de la co-
municación no verbal mediante el empleo de
gestos significativos, expresiones faciales, mi-
radas o expresiones de afecto en las patolo-
gías neurodegenerativas, tipo Alzheimer, ya
que en etapas finales de la enfermedad, cuan-
do se produce una pérdida de las capacidades
cognoscitivas y del lenguaje, cuando el pacien-
te ya no comprende prácticamente nada de lo
que se le dice verbalmente, todavía puede en-
tender el lenguaje no verbal. La comunicación
no verbal no sólo sirve para expresarnos de
modo que nos entiendan mejor, sino que si so-
mos observadores también nos ayudará a com-
prender lo que el enfermo nos trata de transmi-
tir, su estado de ánimo, emociones, etc.
La metodología del trabajo social estable-
ce que la intervención ha de basarse en el co-
nocimiento de la realidad, para lo que es ne-
cesario conocer y valorar las áreas vitales,
como la familia, los recursos económicos y la
red social, debiéndose actuar en diferentes ni-
veles, es decir, los relativos a los usuarios-pa-
cientes, familia, profesionales, comunidad e
instituciones.
En cuanto a la intervención con los pacien-
tes, ésta incluye la admisión, el plan de interven-
ción o acción individualizada y la evaluación de
los resultados obtenidos. El trabajador social de-
berá intervenir en el ingreso, la estancia y la sa-
lida del paciente del centro, analizando en cada
caso los diferentes aspectos que presenta el en-
fermo y utilizando los recursos existentes de ma-
nera racional, para así alcanzar la recuperación
o distanciar las posibles recaídas. 
En todo momento se debe fomentar la par-
ticipación de la familia, a la que se mantendrá
informada de la evolución del paciente, así
como de los programas de apoyo existentes, y
de todos aquellos recursos que dependen de las
instituciones públicas o privadas que mejor se
adapten a sus necesidades.
Gerontología y Geriatría 19
Cap01.qxd 24/03/2006 10:50 PÆgina 19
El trabajador social (TS) también participa-
rá activamente en la elaboración de los distin-
tos programas que realiza el equipo interdisci-
plinario, así como en la organización del mismo.
Deberá conocer la zona de ubicación geográ-
fica del centro, difundir las características del
mismo y de los servicios que presta, sensibili-
zar a la población a fin de mejorar la imagen
de los mayores y organizar redes de volunta-
rios, tarea que comprende la selección, la for-
mación con relación a la actividad que se va a
prestar, la distribución de actividades, y las reu-
niones periódicas para facilitar el contacto y el
seguimiento permanente entre los voluntarios
y el propio TS.
En cuanto a la red de recursos, resulta im-
prescindible realizar y actualizar periódicamen-
te un registro de todas aquellas instituciones
proveedoras de dispositivos complementarios
a los del centro de trabajo, para así poder esta-
blecer canales efectivos de colaboración y 
coordinación. 
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gunda mitad de la vida. Madrid, Médica
Panamericana, 2004.
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BIOLOGÍA DEL ENVEJECIMIENTO
Mediante el estudio del envejecimiento bioló-
gico tratamos de medir las modificaciones que
sobre los seres vivos conlleva el paso del tiem-
po (Biogerontología), así como explicar las cau-
sas que condicionan el hecho de envejecer. No
todos los órganos y sistemas envejecen de la
misma forma, variando además su velocidad
de envejecimiento; así, la piel es el órgano que
más precozmente manifiesta signos de enveje-
cimiento y el cerebro el que más tarde lo hace.
La Citogerontología trata de estudiar los fe-
nómenos que influyen sobre el envejecimien-
to celular, por considerarse a la célula, como
componente fundamental que es del organis-
mo, el origen de los fenómenos del envejeci-
miento, observándose que con el paso del tiem-
po el número de células decrece, al igual que
su capacidad metabólica y funcional.
Biner y Bourlière definen al envejecimien-
to como «la serie de modificaciones morfoló-
gicas, psicológicas, bioquímicas y funcionales
que aparecen como consecuencia de la acción
del paso del tiempo sobre los seres vivos». Para
Birren y Zarit (1985), el envejecimiento bioló-
gico es un «proceso de cambio del organismo,
que con el tiempo disminuye la probabilidad
de supervivencia y reduce la capacidad fisio-
lógica de autorregulación, de reparación y de
adaptación a las demandas ambientales».
Perlmutter y Hall (1985) distinguen entre enve-
jecimiento primario, o cambios graduales rela-
cionados con la edad y observados en todos los
miembros de las especies, que podrían ser el re-
sultado de una programación genética, y enve-
jecimiento secundario, o cambios resultantes de
las enfermedades, del abuso y del desuso.
Los organismos multicelulares presentan un
complicadísimo conjunto de sistemas fisioló-
gicos que tratan de coordinar de una manera
estable el funcionamiento conjunto de todos los
órganos, sobre los que va a actuar el medio
como efecto distorsionador, la mayor parte de
las veces, y acelerando o enlenteciendo proce-
sos según sus características, pero siempre mar-
cando una vida limitada para los organismos
pluricelulares o metazoos (nematodos, insec-
tos y mamíferos), aun cuando vivan en un am-
biente óptimo.
C A P Í T U L O2
Biología y Genética
del envejecimiento
JOSÉ CARLOS MILLÁN CALENTI
RICARDO ZNAIDAK
SUMARIO
Biología del envejecimiento
Genética y envejecimiento
Cambios morfofuncionales con relación
al envejecimiento
Bibliografía
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El proceso de envejecimiento, normalmen-
te progresivo y decreciente, se inicia en el mo-
mento en que el individuo ha alcanzado la má-
xima capacidad dentro del medio, incluida la
capacidad reproductiva (alrededor de los 30
años en la especie humana) viéndose afectado
de diferente manera según los factores que ac-
túan sobre él, tanto endógenos, cuyo efecto no
podemos variar (edad, sexo, raza, factores ge-
néticos, etc.), como exógenos o ambientales,
sobre los que sí podemos influir a través de me-
didas preventivas que traten de evitar los fac-
tores nocivos, que acortarán la esperanza de
vida de la población anciana, además de em-
peorar la calidad de vida en la vejez. Así, se ha
comprobado experimentalmente con animales
que la temperatura, el oxígeno y determinados
componentes de la dieta ejercen una importan-
te influencia sobre el envejecimiento, siendo
menor la debida a otros factores no saludables,
como la obesidad, el tabaco, el alcohol o la vida
sedentaria entre otros, o las enfermedades, so-
bre todo aquellas que inciden directamente so-
bre la longevidad, como la mayoría de las cró-
nicas (tumores, patología cardiocirculatoria
grave, enfermedades pulmonares, etc.).
Como demuestran los estudios de Miquel
Fleming (1988), la duración de la vida de la
mosca drosophila es inversamente proporcio-
nal a la temperatura ambiente, lo que puede es-
tar en relación con la desnaturalización de las
proteínas o la inactivación enzimática que su-
fren a altas temperaturas.
No existe una frontera para establecer el lí-
mite entre lo fisiológico y lo patológico: cuán-
do se es joven y cuándo se empieza a ser an-
ciano; incluso dentro de los mismos grupos
étnicos, distintos individuos tienen un modo di-
ferente de envejecer. De todas formas, y tra-
tando de establecer una definición para el en-
vejecimiento fisiológico, podríamos decir que
es aquel que se produce por el propio paso del
tiempo y según lo esperado para cada indivi-
duo con respecto a su edad, mientras que el en-
vejecimiento patológico se daría cuando se
suma algún factor que desestabiliza ese enve-
jecimiento progresivo, acelerándolo y desadap-
tando al individuo de un entorno en el que, en
condiciones normales, sería fácilmente aceptado.
El envejecimiento biológico es un fenóme-
no universal en todos los seres vivos, conside-
rándose que una población sería inmortal si
fuera capaz de autorreproducirse en cultivos
seriados in vivo o in vitro un mínimo de 100
veces en un período de dos años (Hayflick,
1961).
Bourlier divide las posibles causas que in-
fluyen en el envejecimiento de los organismos
pluricelulares en tres grupos: por un lado, las
que actúan sobre la estructura celular y mole-
cular, que serían las modificaciones sufridas
por cada célula de manera individualizada; por
otro las que actúan sobre la matriz extracelular
o tejido conectivo intercelular, formado bási-
camente por colágeno y elastina; y, por último,
estarían las que actúan sobre las interacciones
entre las distintas células jerarquizadas.
Pero no todas las estirpes celulares se com-
portan de igual forma, sino que se establecen
dos tipos de células según su capacidad dupli-
cativa: las células incapaces de dividirse, como
las posmitóticas terminales, muy diferencia-
das y que envejecen y mueren rápidamente (es
el caso de las neuronas, las células muscula-
res estriadas, los glóbulos rojos y parte de las
células del cristalino); y las células con capa-
cidad de dividirse, como las posmitóticas es-
pecializadas, que se dividen muy poco (p. ej.,
las cartilaginosas, las endoteliales, los fibro-
blastos, los hepatocitos y las células renales),
y las intermitóticas, que se dividen fácilmen-
te siendo las más indiferenciadas del organis-
mo (p. ej., las de la epidermis o las del epite-
lio intestinal).
Habría que preguntarse por tanto, en primer
lugar, si en una hipotética situación ideal las
células serían inmortales. Alexis Carrel (1873-
1944), premio Nobel en Fisiología y Medicina
en 1912, cultivó in vitro fibroblastos del tejido
cardíaco de pollo durante más de 34 años, mo-
mento en que abandonó el experimento para
señalar que las células individuales no desem-
peñan ningún papel en el fenómeno del enve-
jecimiento, puesto que no se mueren. Esta 
teoría fue posteriormente desmentida por Hay-
flick y Moorhead, que achacaron el éxito de
Carrel a haber trabajado con células in vitro, a
las que probablemente a la vez que alimentaba
22 Principios de Geriatría y Gerontología
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inyectaba con nuevos fibroblastos jóvenes que
mantenían vivo el cultivo. Con células in vivo
no ocurría lo mismo, puesto que «el número de
duplicaciones era inversamente proporcional a
la edad del donante»; es decir, las células deri-
vadas de seres humanos de edad avanzada se
replican menos veces que las procedentes de
individuos jóvenes o de embriones, teoría que
sugiere la presencia de un cronómetro o mar-
capasos genético en las células, que sería ca-
racterístico para cada especie y que dictaría la
duplicación máxima de las células, o lo que es
lo mismo, su incapacidad funcional con una
aparente base evolutiva. Este hecho se pone de
manifiesto congelando varias células de una
misma línea diploide en nitrógeno líquido cuan-
do se encuentran en un número de duplicación
determinado, por ejemplo, en la vigésima; se
observa entonces que conservanla memoria y
que al descongelarse cada una de ellas sigue
las duplicaciones que le quedan hasta cumplir
un número aproximado de 50, más o menos 10
para la especie humana.
De todas formas, hemos de comentar la ex-
cepción que confirma la regla: en 1951 Henri-
etta Lacks, madre de cuatro hijos en Baltimore
(Maryland), acudió al médico afectada de una
serie de hemorragias vaginales que procedían
de un carcinoma de cuello uterino por el que
falleció a los nueve meses; sin embargo, al es-
tudiar el tejido biopsiado, su ginecólogo,
George Otto Gey, descubrió que las células tu-
morales se seguían multiplicando de manera
indefinida si se cultivaban en extracto de feto
de vaca y suero de placenta humana, naciendo
así la línea He-La. Esta línea, que surge espon-
táneamente de un tejido cervical cultivado, per-
manece desde entonces en cultivo continuo en
laboratorio, habiéndose repartido células por
todos los laboratorios del mundo. En la actua-
lidad se considera que las células tumorales y
las embrionarias (espermatozoides y óvulos)
son inmortales.
Pero no deberemos achacar el envejecimien-
to únicamente a la dificultad de las células para
duplicarse, pues antes de que ocurra este hecho
se han producido más de 200 cambios fisioló-
gicos dentro de la célula que hacen que pierda
su capacidad replicativa; así, aparecen inclu-
siones intranucleares, invaginación de la mem-
brana nuclear, acumulación de lipofucsina, dis-
minución del número de ribosomas y de mito-
condrias y otros.
Teorías del envejecimiento
A lo largo de la historia, el hombre ha tratado
de explicar el fenómeno del envejecimiento,
pero aun hoy en día es un hecho inexplicable;
sabemos que la esperanza de vida cada vez es
mayor gracias a los avances tecnológicos, pero
en condiciones óptimas la especie humana tie-
ne marcado un techo de duración que estaría
alrededor de los 115-120 años; así, en agosto
de 1997 falleció la mujer considerada más lon-
geva hasta el momento: nacida en Arles
(Francia), Jeanne Calment murió a los 122 años
de edad.
Aunque no se puede hablar de una causa del
envejecimiento, por ejemplo, Medvedev (1990)
señala que posiblemente existan en la actuali-
dad más de 300 teorías que tratan de explicarlo,
sí podemos establecer una serie de modificacio-
nes comunes en el proceso de envejecimiento.
En todo caso, la denominada curva de supervi-
vencia, que representa a los individuos de una
población que sobreviven con relación al tiem-
po, ha ido mejorando paulatinamente sobre todo
en los países desarrollados.
Mostramos a continuación las distintas teo-
rías que con mayor o menor acierto han trata-
do de explicar la causa del envejecimiento.
Teorías históricas
Los fenómenos causantes del envejecimiento
se han tratado de explicar desde los orígenes
de la vida, en un principio por filósofos como
Hipócrates, quien decía que se envejecía por
un desequilibrio de los humores internos, o
Aristóteles, que estableció la diferencia de lon-
gevidad entre los distintos organismos y acha-
caba el envejecimiento a la pérdida del calor
interno, de tal forma que al rey Salomón le hi-
cieron dormir con Abisag la Sunnamita, na-
ciendo así el sunnamitismo como teoría que de-
Biología y Genética del envejecimiento 23
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fiende la relación con gente joven para no en-
vejecer. Galeno reducía las teorías anteriores a
una, la cual atribuía el envejecimiento a la pér-
dida del calor interno junto con la deshidrata-
ción. Leonardo Da Vinci estudió el organismo
humano desde el punto de vista anatómico, ob-
servando los cambios generados por el enveje-
cimiento, concluyendo que «en la persona ma-
yor, al aumentar el grosor las paredes de las
venas, disminuye el paso de sangre, dificultán-
dose la nutrición tisular».
Estas teorías hoy en día están en desuso, pero
en su día hicieron progresar a los investigado-
res en este campo de la ciencia, siendo más mo-
dernas las defendidas por otros autores, como
Metchnikov, que en su teoría de la autointoxi-
cación defendía el envejecimiento con relación
a las fermentaciones que se producían en el in-
testino, cuyos productos de desecho no eran 
eliminados. En su época estaba de moda la de-
nominada «dieta búlgara», consistente básica-
mente en la ingestión de yogures, que dismi-
nuían las fermentaciones.
La teoría glandular, defiende que el enveje-
cimiento surge del involucionismo de las glán-
dulas sexuales. Apoyándose en ella, Bronwn-
Sequard y Voronoff establecen una serie de
tratamientos, basados en la inyección de estra-
tos de testículos y en el trasplante de tejido go-
nadal, para retrasar el proceso. Actualmente,
ésta tiene sus defensores ya que algunos sos-
tienen que la deshidroepiandrosterona (DHEA),
hormona derivada de la testosterona, podrá te-
ner efectos antienvejecimiento.
La teoría del uso y del consumo sugiere que
cada órgano tiene sus propias reservas de ener-
gía, que una vez consumidas conducen a la
muerte.
Teorías basadas en el envejecimiento de los
órganos y sistemas o fisiológicas.
Dentro de este apartado se engloban varias
teorías que tratan de explicar el proceso de en-
vejecimiento desde el punto de vista de la dis-
minución del rendimiento fisiológico (1% por
año) y de la producción de alteraciones anato-
mo-fisiológicas en muchos de los órganos sin
capacidad para autorrepararse.
La teoría del deterioro orgánico explicaría
el proceso desde el punto de vista del deterio-
ro del sistema cardiovascular (arteriosclerosis)
o del endocrino (hipofuncionalismo), mientras
que la teoría del estrés explicaría el envejeci-
miento como el resultado de la tensión emo-
cional a la que nos vemos sometidos durante la
existencia.
La teoría inmunológica explica el fenóme-
no desde el punto de vista del deterioro del sis-
tema inmunitario, donde se observa una serie
de cambios, como son las pérdidas cualitati-
vas de los linfocitos CD4 cooperadores, junto
con una mayor actividad de los CD8 supreso-
res y una menor actividad de los CD8 citotó-
xicos; la disminución de la capacidad de los
linfocitos B para producir anticuerpos, con la
consiguiente disminución de la respuesta in-
munitaria de los organismos frente a los agen-
tes externos; la pérdida progresiva de capaci-
dad de respuesta de hipersensibilidad retardada
y el aumento de la producción de autoanticuer-
pos y de inmunocomplejos circulantes, debi-
do a los cambios en las proteínas orgánicas,
que no son reconocidas por los anticuerpos na-
turales.
La teoría neuroendocrina, propuesta por
Denckla (1977), sugiere que una hormona hi-
pofisaria, que aparecería en la pubertad bajo el
influjo del tiroides, bloquearía la respuesta de
los tejidos a los diferentes estímulos, disminu-
yendo el consumo de oxígeno. Este hecho se
pone de manifiesto con la relación establecida
entre los tumores malignos y la edad, obser-
vándose una disminución de la respuesta por
parte de los linfocitos B y T ante los estímulos
proliferativos.
Teorías genéticas
La genética molecular se ha desarrollado de
una manera extraordinaria durante los últimos
35 años a partir del descubrimiento del ácido
desoxirribonucleico (ADN), pero no ha sido
hasta la década de los setenta cuando gracias a
la ingeniería genética, se ha podido investigar
de una manera más explícita todo lo referente
a los genes.
Las células eucarióticas, es decir, las provis-
tas de núcleo, encierran en él unas estructuras
24 Principios de Geriatría y Gerontología
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denominadas cromosomas que contienen el
ADN modulador de la información que dará
lugar a la síntesis de proteínas, más de 50000
órdenes por célula, así como al desarrollo ce-
lular y al crecimiento. El número de cromoso-
mas es constante para todas las células somá-
ticas, mientras que las células germinales
poseen únicamente un cromosoma de cada par,
de tal forma que la carga celular está formada
por23 pares de cromosomas, 22 autosomas y
un genosoma o cromosoma sexual, XX para
las hembras y XY para los varones. Todos los
cromosomas se encuentran divididos a nivel
central por la constricción primaria o centró-
mero en dos brazos, uno corto o «p» y otro lar-
go o «q», que a su vez se hallan divididos en
regiones, bandas y sub-bandas, de tal forma
que, ejemplo la nomenclatura 10p22.1 signifi-
ca cromosoma 10, brazo corto, región 2, ban-
da 2, sub-banda 1. El ADN es una molécula de
doble hebra, formada por un gran número de
desoxirribonucleótidos, cada uno de los cuales
contiene una base nitrogenada, con la informa-
ción genética, un azúcar (desoxirribosa), y un
grupo fosfatado cuyo papel es estructural. Por
el contrario, el ARN está formado por una sola
cadena de ribonucleótidos, siendo el azúcar la
ribosa.
De las bases nitrogenadas, unas son púricas
(adenina, guanina) y otras pirimídicas (citosi-
na, tiamina y uracilo), denominándose nucleó-
sido a la unión de una base con el azúcar.
La herencia se basa en la replicación de las
hebras de ADN de tal forma que, a partir de la
molécula original, se produce su ruptura por
acción de la enzima ADN-polimerasa I, repli-
cándose la otra hélice, lo que da lugar a dos es-
tructuras iguales, una de las cuales se hereda-
rá. La información genética que contiene el
ADN, es transmitida (transcripción) a partir del
ARN mensajero para proceder a la síntesis pro-
teica (traducción) en el ribosoma, denominán-
dose código genético a la relación establecida
entre la secuencia de bases de ADN y la pro-
teína a la que da lugar cuando se produce la
transcripción.
Las teorías genéticas son las que actualmen-
te reciben mayor atención, dado que los fenó-
menos biológicos relacionados con la edad pa-
recen tener su base en acontecimientos que se
producen en el sistema genético. En este sen-
tido, algunos autores defienden que el enveje-
cimiento sería un fenómeno programado gené-
ticamente, ya que:
1) La duración máxima de la vida en las es-
pecies animales o, lo que es lo mismo, la «ex-
pectativa de vida máxima potencial» (EVMP),
medida según el tiempo de vida de una pobla-
ción homogénea hasta que ha muerto el último
individuo de la población, es constante para
cada especie, no pudiendo modificarse mejo-
rando las condiciones de vida, sino únicamen-
te mediante la manipulación genética, siendo
muy diferente entre las distintas especies, de
tal forma que cuanto más elevada es la expec-
tativa de vida, menor es la velocidad de enve-
jecimiento.
No deberemos confundir expectativa de vida
máxima potencial con expectativa de vida o es-
peranza de vida; esta última viene determina-
da por el ambiente y ha variado a lo largo del
tiempo de una manera importante, mientras que
la EVMP ha permanecido inmutable.
2) En la especie humana la diferencia me-
dia de longevidad es dos veces mayor entre her-
manos que entre gemelos idénticos; además,
los antepasados de los centenarios son más lon-
gevos que los de las personas que no han lle-
gado a esa edad.
3) En la mayor parte de las especies ani-
males la hembra es más longeva que el ma-
cho.
4) Algunos cambios de genes aceleran el en-
vejecimiento; es el caso de la progeria o sín-
drome de Hutchinson-Gilford y del síndrome
de Werner.
5) Las especies con mayor longevidad pre-
sentan una capacidad de reparación del ADN
más eficaz.
Según la teoría de la mutación genética a
partir de alteraciones del ADN, los trastornos
que sufren las células en el proceso de enveje-
cimiento tienen su origen en modificaciones de
la información contenida en el ADN nuclear
(Strehler, 1986) con la consiguiente formación
de proteínas anómalas; o bien, en la alteración
de los mecanismos de transcripción del ADN
Biología y Genética del envejecimiento 25
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(Orgel, 1963), que provocaría la misma situa-
ción (teoría del error catastrófico).
Confort (1979) decía que el envejecimiento
podría producirse a partir de una serie de lesio-
nes del ADN nuclear, teoría que luego sería
matizada por otros autores, que atribuirían la
causa al ADN mitocondrial de las células so-
máticas que determinaría los decrementos fi-
siológicos característicos del envejecimiento,
siendo además estas mutaciones susceptibles
de ser aceleradas por factores exógenos, como
las radiaciones o los agentes químicos, mien-
tras que la protección contra estos agentes en-
lentecería el deterioro.
La teoría de la acumulación de errores fue
planteada por Medvedev (1972), quien señaló
que con el paso del tiempo se irían perdiendo
secuencias únicas de ADN, siendo la persisten-
cia de secuencias repetidas de nucleótidos de
ADN los medios evolucionados para retrasar
lo inevitable del acontecimiento, pues actua-
rían como un mecanismo de reserva para pro-
teger la información vital de posibles errores
aleatorios del ADN. Además, estos errores pro-
vocarían imprecisiones en la síntesis proteica,
que en caso de afectar a enzimas podrían dar
lugar a la denominada «catástrofe del error»
por afectar a varias reacciones a la vez.
Hay otras teorías, como la de la programa-
ción genética o del reloj biológico, la cual se-
ñala que en el genoma está escrita una secuen-
cia determinada de acontecimientos que se
expresan de forma ordenada durante el ciclo
vital y que podrían verse afectados tanto por
factores exógenos como endógenos, factores
que alterarían la evolución prevista; la de la en-
tropía lleva el envejecimiento al campo de la
física, donde un programa genético debería so-
meterse a la segunda ley de la termodinámica,
que dice que un sistema cerrado tiende a un es-
tado de equilibrio, donde parte de su energía
(entropía) no puede transformarse ni en traba-
jo ni en energía mecánica; la de la expresión
retardada de los genes deletéreos establece que
los genes pleiotrópicos tienen tantas acciones
favorables como desfavorables, y así como en
el comienzo de la vida la mayor parte de las ac-
ciones son positivas, el esfuerzo de producción
de genes favorables se pagará más tarde con la
acumulación de genes desfavorables (deleté-
reos); la de la destrucción de la telomerasa se
relaciona con el mecanismo que controla el nú-
mero de divisiones celulares presente en el có-
digo genético, en genes denominados «geron-
togenes», uno de los cuales es el que interviene
en la síntesis de la telomerasa, que es una en-
zima que mantiene la integridad de los telóme-
ros o fragmentos terminales de los cromoso-
mas, que se van desgastando a medida que las
células van dividiéndose y el material genéti-
co va duplicándose, hasta que llega un momen-
to en que desaparecen y la célula deja de divi-
dirse (Hayflick).
Teorías no genéticas
Mantienen que con el paso del tiempo se van
produciendo cambios en las moléculas y en los
elementos estructurales de las células que alte-
ran sus funciones. Entre las teorías no genéti-
cas podemos referirnos a la del deterioro, se-
gún la cual, debido al uso continuo, las partes
del organismo se deterioran y se hacen defec-
tuosas hasta que al fin se mueren.
La teoría de la privación establece que, de-
bido a la arteriosclerosis y a la degeneración
vascular, las células reciben menos nutrientes,
con lo que se alteran en su funcionamiento y
envejecen hasta morir. La teoría de la acumu-
lación de productos de desecho se basa en que
con el paso del tiempo se van acumulando dis-
tintos productos de desecho, pigmentados, es-
pecialmente en aquellas células que no se di-
viden, como las neuronas y las células del
músculo cardíaco y esquelético; productos que
a la larga afectarían a las funciones celulares,
como es el caso de la lipofucsina. La teoría de
las interconexiones o del entrecruzami-
ento (cross-linking), defendida por Kohn y
Bjorkstein, se fundamenta en que con la edad
se producen alteraciones del compartimiento
extracelular e intracelular, así como de las mo-
léculas de ADNy ARN, que, aunque serían re-
versibles, se irían acumulando con el tiempo y
llegarían a alterar las funciones fisiológicas ce-
lulares. Tal sería el caso de las interconexiones
del colágeno en el espacio extracelular, con el
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consiguiente aumento de la viscosidad de di-
cho medio, que afecta al flujo de nutrientes y
a la eliminación de productos de desecho.
La teoría de los radicales libres de oxígeno
(RLO), partiendo de hechos observados por
Rebeca Gershman (1954), establece que las le-
siones celulares producidas por la hiperoxia y
las radiaciones son similares. Denham Harman
(1956) plantea que los radicales libres se pro-
ducen en las vías metabólicas y que las reac-
ciones intracelulares de estos radicales libres
están implicadas en el envejecimiento, expli-
cándose el origen de la vida a partir de la ac-
ción de los radicales libres provenientes de las
radiaciones ionizantes solares sobre los com-
puestos químicos básicos; además se conse-
guía alargar la vida en ciertas especies anima-
les tras disminuir la producción de RLO al
manipular su dieta y determinadas enferme-
dades.
Harman sostiene que muchos cambios que
provocan el envejecimiento se deben a daños
sufridos por las membranas celulares a causa
de una desorganización peroxidativa con li-
beración de radicales libres, de gran potencial
tóxico, y que se producen en función del con-
sumo de oxígeno por todos los tejidos orgá-
nicos.
De alta reactividad química, los radicales li-
bres de oxígeno (RLO) son moléculas o frag-
mentos moleculares que contienen algún elec-
trón suelto en su órbita externa, con lo cual son
muy inestables (vida media de milisegundos)
y altamente reactivos, desestabilizando gene-
ralmente las membranas celulares. El oxígeno,
formado en multitud de reacciones orgánicas,
normalmente se encuentra en formas más esta-
bles como O2, y es reducido por el aporte de 4
electrones por parte de algún compuesto reduc-
tor, según la reacción: O2 + 4e- + 4H+ = 2H2O.
Pero, en otras ocasiones, las reducciones pue-
den ser de otro tipo, recibiendo menos electro-
nes y formándose radicales libres del tipo del
radical superóxido (O-2), peróxido de hidróge-
no (H2O2), hidroxilo (–OH) u oxígeno single-
te (1O2), entre otros.
Los factores que pueden provocar la forma-
ción de RLO en el organismo son múltiples,
distinguiéndose entre exógenos y endógenos;
serían factores exógenos determinados fárma-
cos antineoplásicos (bleomicina y adriamici-
na), antibióticos (quinoides y metálicos), ra-
diaciones electromagnéticas (X y lambda) y
de partículas (electrones y protones) y facto-
res ambientales, como el humo del tabaco, los
anestésicos y los hidrocarburos, mientras que
entre los factores endógenos productores de
RLO estarían la mayor parte de las reaccio-
nes de autooxidación intracelular, la catálisis
de enzimas, el transporte eléctrico intramito-
condrial (superóxido y peróxido de hidróge-
no), y el transporte del retículo endoplásmi-
co y de membrana nuclear y membrana
plasmática.
Una vez formados, los radicales libres gra-
cias a su gran reactividad van a actuar sobre los
principios inmediatos alterándolos.
Miquel (1988), partiendo de las teorías de
Hartman, sostiene que el origen del envejeci-
miento celular podría verificarse a partir de la
liberación de radicales libres mitocondriales
más agresivos en relación con la menor capa-
cidad de defensa de esta organela, que actua-
rían sobre el ADN de la mitocondria, siendo
este el punto de partida del envejecimiento ce-
lular, al ser entonces la célula incapaz de auto-
abastecerse de energía. Cada célula contiene
varios cientos de mitocondrias, y cada una de
ellas de 2 a 10 copias de ADN, compuesto de
una doble hélice de más de 16500 pares de ba-
ses, además la mitocondria consume alrededor
del 90 % del oxígeno total celular, constituyen-
do una fuente de formación de radicales libres
de oxígeno, que actuarían sobre el ADN mito-
condrial produciendo glicoles de timina y 8-hi-
droxiguanosina que inhibirían la reduplicación
y la transcripción, pasos iniciales del envejeci-
miento celular, ya que se ha observado un des-
censo de la actividad mitocondrial con respec-
to a la edad, además de una serie de cambios
estructurales, como la vacuolización de la ma-
triz, depósitos de glucógeno, inclusiones para-
cristalinas y mitocondrias gigantes.
Pero también los RLO actúan sobre los áci-
dos nucleicos hidroxilando sus bases nitroge-
nadas, rompiendo hebras de ADN y formando
uniones cruzadas, lo cual da lugar a una alte-
ración de la duplicación y de la transcripción
Biología y Genética del envejecimiento 27
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genética que explica el papel de los radicales
libres en los fenómenos de la carcinogénesis y
del envejecimiento.
Pero es lógico pensar que sobre esta acción
destructiva de los RLO el organismo debe de
tener un sistema defensivo, y así es. Actúa en
tres fases:
a) Impidiendo la formación de los RLO, a
través de enzimas como la citocromo oxidasa,
que favorece la reducción trivalente del oxíge-
no molecular para formar agua y la glutatión
S-transferasa.
b) Limpiando el organismo de RLO (sca-
vengers), para lo cual el sistema defensivo ven-
dría determinado por diferentes enzimas antio-
xidantes, como la superóxido dismutasa (SOD),
que elimina radicales superóxidos a pH fisio-
lógico formando peróxido de hidrógeno (H2O2),
como se ha demostrado tras la manipulación
genética de machos y hembras longevos de la
mosca del vinagre, que han sobrevivido el do-
ble (71 días); las catalasas (CAT); la glutatión
peroxidasa, péptido constituido por tres ami-
noácidos que capta los radicales libres median-
te su grupo SH reductor; el alfa tocoferol o vi-
tamina E (aceites vegetales), que de acuerdo
con su lipofilia se inserta en la doble capa lipí-
dica de las membranas celulares, donde cons-
tituye un importante captador de radicales
formados a partir de los ácidos grasos poliin-
saturados; la ceruloplasmina, o proteína trans-
portadora de cobre, que parece tener una ac-
ción importante sobre la longevidad; el ácido
úrico, la taurina, la vitamina C, los beta-caro-
tenos (zanahoria, espinacas), el selenio (pes-
cado), la vitamina A (yema de huevo, hígado)
y la glucosa.
c) Por último, en caso de no ser suficientes
las dos primeras fases, existirían mecanismos
biológicos de reparación compensatorios del
daño ocasionado.
De todos modos, lo que sí sabemos es que
los RLO se encuentran involucrados en múlti-
ples procesos patológicos y fisiológicos sobre
todo neurodegenerativos, entre los que se en-
cuentran la isquemia y la revascularización ti-
sular, la enfermedad de Parkinson, la corea de
Huntington, la enfermedad de Alzheimer, la
carcinogénesis y el envejecimiento.
Debemos indicar que, aunque hay muchas
teorías, éstas no explican totalmente el verda-
dero origen del proceso, pues de todos es co-
nocida la distinta disposición de individuos de
la misma edad cronológica pero que en su evo-
lución denotan unos cambios diferentes. Por
consiguiente, debemos concluir que el enveje-
cimiento vendrá condicionado por múltiples
mecanismos consuntivos perfectamente coor-
dinados.
Prevención y factores de riesgo
en el envejecimiento
Las mejoras en la salud pública, las condicio-
nes de la vivienda, de la sanidad y también de
la educación, entre otras, han hecho que la es-
peranza de vida al nacer se haya incrementado
de una manera notable a lo largo del siglo pa-
sado (s. XX). En España ha evolucionado de 38
años al inicio del siglo a más de 75 años al fi-
nal; es decir, a principios de siglo eran muy po-
cos los que llegaban a viejos, mientras que ac-
tualmente son pocos los que no llegan.
Pero no debemos confundir la esperanza de
vida al nacer con la expectativa de vida máxi-
ma, ya que si la primera se establece a partirde
la media de supervivencia de una cohorte, la
segunda viene determinada por factores gené-
ticos y se establece para la especie humana en
alrededor de 115-120 años. Por eso no es de
extrañar que con una esperanza de vida corta,
algunas personas hayan alcanzado edades ele-
vadas como vemos reflejado en la bibliografía
que refiere que el filósofo sofista Georgias mu-
rió a los 105 años, Sófocles a los 82 y quizá
Hipócrates a los 100 años. La persona más lon-
geva de la que se tiene conocimiento constata-
do es la francesa Jeanne Calment, nacida el 21
de febrero de 1875 en Arles y fallecida el 4 de
agosto de 1997 a la edad de 122 años y 146
días. Diferentes estudios en algunas especies,
principalmente ratones y monos, han demos-
trado que las dietas pobres en calorías, pero
equilibradas en los nutrientes necesarios para
el mantenimiento de la vida, han aumentado el
28 Principios de Geriatría y Gerontología
die-
Cap02.qxd 24/03/2006 10:54 PÆgina 28
tiempo de vida de estas especies, aunque con el
inconveniente de hacer a sus miembros menos
fértiles y más pequeños (Tabla 2-1). Estos da-
tos, extrapolados a la especie humana, no en
cuanto a la restricción calórica, que en condi-
ciones experimentales sería imposible de rea-
lizar a lo largo de toda la vida, pero sí obser-
vando la alimentación de diferentes grupos,
demuestran que los habitantes de la isla de
Okinawa (Japón) tienen una de las cifras 
de centenarios más elevadas del mundo:
185/1 000 000 personas, y coincide que su die-
ta es un 80 % más baja en calorías que la habi-
tual en el resto de los japoneses; además, se
basa principalmente en verdura (rica en vitami-
nas C y E) y pescado (grasas poliinsaturadas).
Por otro lado, en los últimos años se está dan-
do mucha importancia a determinados produc-
tos como agentes antienvejecimiento, pero cuya
racionalidad científica está aun por demostrar.
Nos referimos a la melatonina, la testosterona
(DHEA) y a la hormona del crecimiento (GH).
Lo que sí está claro es que la vejez es el re-
sultado de las etapas anteriores de la vida, y en
este sentido las condiciones con las que la afron-
temos dependerán «muy mucho» de nuestros
hábitos de vida anteriores; es decir, la geronto-
logía preventiva, entendida como el estudio y
la práctica de las medidas recomendadas para
incrementar el tiempo de vida, no nos servirá
si esperamos a esta edad para aplicarla, por lo
que habremos de establecer unos hábitos salu-
dables lo antes posible. Estos hábitos se refie-
ren a la actividad frente al sedentarismo, a la
alimentación adecuada y a la eliminación de
los hábitos tóxicos (principalmente tabaco, al-
cohol y drogas).
Por ello, la actividad física es el antídoto
adecuado para evitar la involución del sistema
musculoesquelético, mejorando la capacidad
aeróbica y cardiocirculatoria.
La importancia de una alimentación adecua-
da supone la necesidad de detectar personas en
situación de riesgo de malnutrición, relativa-
mente frecuente en las personas mayores debi-
do a factores socioeconómicos, como pueden
ser la carencia de apoyos sociales o de recur-
sos económicos, que va a provocar en los an-
cianos afectados una mayor predisposición para
el padecimiento de infecciones y úlceras por
decúbito, entre otras. Por ello, es necesario ins-
taurar regímenes alimentarios adecuados a las
características de los mayores, tanto en canti-
dad (disminución de las necesidades calóricas)
como en calidad (dietas variadas).
En lo que se refiere al tabaco, sabemos el
papel que desempeña como factor de riesgo
de multitud de enfermedades principalmente
de tipo vascular o degenerativo. En cuanto al
alcohol, la recomendación es consumirlo de
manera moderada, estableciéndose actualmen-
te que su consumo moderado (100-200 cc /día
de vino) no hace daño en aquellas personas
en las que no se da una contraindicación con-
creta.
GENÉTICA Y ENVEJECIMIENTO
La Genética es la rama de la Medicina que po-
siblemente más ha evolucionado en los últimos
años, debido a los grandes avances producidos.
Es importante destacar, en primer lugar, que la
Genética permite y permitirá conocer la etio-
logía de muchas entidades nosológicas, así
como también mejorar las técnicas diagnósti-
cas y fundamentalmente el tratamiento de las
mismas a través de la terapia génica, mejoran-
Biología y Genética del envejecimiento 29
Tabla 2-1. Supervivencia de diferentes especies sometidas a dietas restrictivas
Animal Dieta normal Restricción
Vida media Vida máx. Vida media Vida máx.
Araña (días) 50 100 90 140
Protozoo (días) 7 13 13 25
Pez Guppy (meses) 33 54 46 59
Dafnia (días) 30 42 51 60
Rata de lab. (meses) 23 33 33 47
Ser humano (años) 75 120 ¿ ?
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do la calidad de vida y reduciendo significati-
vamente los costes en salud.
Un punto relevante lo constituye además la
posibilidad de aplicar las técnicas genéticas
para la prevención de patologías, y no sólo para
su tratamiento. La importancia de esto último
radica en el hecho de que las enfermedades pre-
venibles serían de todo tipo, pero en este gru-
po se incluyen además los tumores malignos,
lo cual supondría un giro más que importante
en la Medicina actual; es decir, todas las espe-
cialidades médicas se verán favorecidas por la
Genética y todo el cuerpo médico, tarde o tem-
prano, deberá cambiar su forma de pensar, ra-
zonar y actuar ante un gran número de enfer-
medades que hoy tienen un tratamiento en el
que no se considera la genética.
Los avances científicos en el área de la
Genética abrieron un campo casi infinito para el
entendimiento de varias patologías, y no sólo en
lo que respecta al conocimiento de los factores
etiológicos involucrados, sino también en lo re-
ferente a metodologías diagnósticas y conduc-
tas terapéuticas de dichas entidades nosológicas. 
El haber podido descifrar el lenguaje gené-
tico contenido en el ADN de nuestro genoma
permitirá obtener una visión muy clara y com-
pleta de los factores genéticos involucrados tan-
to en nuestro desarrollo fisiológico como en
aquel relacionado con la aparición de distintas
enfermedades. En este último aspecto, el enfo-
que médico de las mismas se verá profunda-
mente modificado, ya que las conductas diag-
nósticas y terapéuticas apuntarán a las técnicas
genéticas.
Los cambios genéticos graduales a través
del tiempo no solamente se ven implicados en
enfermedades como la de Alzheimer, el cáncer
de mama, la artritis o la osteoporosis, sino que
también pueden ser responsables del envejeci-
miento a partir de los errores que se producen
en las mitosis de todo el organismo. Dichos
errores se han observado en la fase G2-M del
ciclo celular. Por tanto, el envejecimiento cons-
tituye una alteración en el proceso de control
de calidad de la célula hija. 
Además del mecanismo de envejecimiento,
existen genes que al mutar se asocian con pa-
tologías ligadas a la edad; por ejemplo, la pro-
teína cristalina aumenta su expresión en la en-
fermedad de Alzheimer y la COX-2 puede en-
contrarse alterada en el caso de los tumores re-
nales. 
La terminología genética tiene sus propias
características, por lo cual, y siendo éste un tra-
tado general de Gerontología, pasaremos a con-
tinuación a definir algunos términos de uso co-
rriente en Genética: 
— El gen es la mínima porción de ADN que
posee información para la síntesis de una pro-
teína.
— El genotipo es la carga genética comple-
ta de un organismo.
— El fenotipo es el resultado de la expre-
sión del genotipo y de la influencia ambiental.
— La fenocopia es el fenotipo de causa am-
biental que imita a un fenotipo de causa gené-
tica. Por ejemplo: el raquitismo por déficit de
vitamina D es de causa ambiental, y es fenoco-
pia del raquitismo de causa genética.
— Los alelos son dos genes que, ubicados
en el mismo locus de dos cromosomas homó-
logos, poseen información para la misma ca-
racterística.
— Laheterocigosis se refiere a que los ale-
los poseen distinta información.
— La homocigosis significa que los alelos
poseen la misma información.
— Dominante es el gen que se expresa tan-
to en hetero como en homocigosis.
— Recesivo es el gen que se expresa sólo
en homocigosis.
— Se denomina pleiotropismo a la situación
en la cual se ve afectado sólo un gen. Alteración
que provoca efectos muy disímiles en el feno-
tipo del paciente, como por ejemplo en la os-
teogénesis imperfecta.
— Genoma es la dotación completa de ADN
(ácido desoxirribonucleico) del organismo. 
La estructura del ADN es de doble hélice
(modelo de Watson y Crick-1953) (Fig. 2-1),
compuesta por dos cadenas de polinucleótidos.
Cada nucleótido se encuentra formado por una
base nitrogenada, una pentosa y un grupo fos-
fato (Fig. 2-2). La pentosa es la desoxirribosa,
y las bases nitrogenadas pueden ser púricas
30 Principios de Geriatría y Gerontología
Cap02.qxd 24/03/2006 10:54 PÆgina 30
(adenina y guanina) o pirimídicas (citosina y
timina). Normalmente ambas hélices poseen
un giro espacial hacia la derecha, denominado
forma B, aunque en ocasiones las dos hélices
poseen un giro hacia la izquierda, siendo esta
última la forma Z, cuya función se desconoce.
Es importante destacar que sólo una de las hé-
lices se considera positiva, es decir, que se trans-
cribe.
El ADN posee una estructura muy regular,
además de capacidad de alargarse indefinida-
mente, mientras que las bases nitrogenadas de
ambas cadenas que se unen son complementa-
rias; es decir, no se unen al azar, sino que lo
hacen de manera específica unas con otras: la
citosina con la guanina y la adenina con la ti-
mina a través de uniones débiles de puentes de
hidrógeno. Las dos cadenas que conforman el
ADN son antiparalelas. Esto significa que una
de ellas posee polaridad 5´-3´, mientras que la
complementaria se dirige en sentido contrario,
es decir, 3´-5´, considerándose como columna
vertebral de cada hélice a los iones fosfato. El
ADN posee dos ranuras o surcos, uno mayor y
otro menor, que son sectores de «comunicación»
con proteínas reguladoras de transcripción. El
grado de torsión de las hélices es de 36°.
La observación del ADN al microscopio
electrónico requiere técnicas especiales de ex-
tensión sobre superficies líquidas.
Se han observado además conformaciones
especiales, a saber:
ADN circular.
ADN cruciforme.
ADN de lazos.
ADN de retorcido irregular.
ADN de triple hélice.
La separación de ambas hélices puede rea-
lizarse a temperaturas entre 70 y 95 °C. Los
sectores ricos en A-T tienen mayor facilidad
de separación.
Según el grado de repetición de bases, el
ADN puede clasificarse como sigue: de alta
repetición, como los llamados ADN satélites;
de moderada repetición, como por ejemplo los
retroposones, los transposones, las familias gé-
nicas, el ADN telomérico, el ADN minisatéli-
te, el ADN microsatélite; y de secuencia úni-
ca, como es el caso de los genes de proteínas.
Biología y Genética del envejecimiento 31
Una vuelta de
 hélice = 3.4 nm
Base
Esqueleto de
 azúcar-fosfato
Puentes de
hidrógeno
3'
5'
5'
3'
5'
Azúcar
Azúcar+Base+Fosfato=Nucleótido
Base
P
Figura 2-2. Formación de un nucleótido.
Figura 2-1. Estructura de doble hélice.
Cap02.qxd 24/03/2006 10:54 PÆgina 31
Cabe destacar que entre las distintas personas
existe gran variabilidad de las repeticiones llama-
das «en tándem», lo que determina diferencias
que pueden ponerse de manifiesto a través de una
técnica de laboratorio denominada Southern Blot,
de suma importancia en Medicina Forense.
Según su función, puede haber distintos ti-
pos de secuencias:
a) Codificantes, las cuales a su vez pueden ser:
De elementos propios, como ARNr, ARNt
y proteínas
De elementos accesorios, como por ejemplo
retroposones y transposones
b) No codificantes:
De función estructural, como por ejemplo
ADN satélite y telomérico.
De función regulatoria, por ejemplo, promo-
tores.
De función desconocida, como el ADN in-
tergénico.
Niveles de empaquetamiento del ADN
Teniendo en cuenta que una molécula de ADN
desplegada mide 1.70 m, para poder formar par-
te del núcleo celular debe enrollarse, lo cual
hace de diferentes modos, denominándose a
este hecho empaquetamiento:
Nucleosoma: formado por un octámero de
histonas (proteínas nucleares) alrededor del cual
se enrollan 146 pares de bases del ADN.
Fibra de cromatina de 30 mm.
Lazos de fibra de cromatina.
Agrupamiento de lazos.
Espiralización de cromátidas. Dos cromáti-
das idénticas llamadas hermanas forman un cro-
mosoma metafásico, máximo nivel de enrolla-
miento del ADN.
Los cromosomas poseen información para:
La síntesis proteica.
Su propia estabilidad.
Su replicación.
Su ordenamiento mitótico e interfásico.
El acceso a su propia información.
Cada cromosoma está compuesto por una
única molécula de ADN, portadora de muchos
genes. Los genes son regiones de ADN cromo-
sómico que pueden ser transcriptas a ARN, pu-
diendo traducirse este último en proteínas.
Distintos cromosomas se consideran invo-
lucrados en la aparición de diversas patologías
(Tabla 2-2).
Cariotipo humano normal
Se denomina así al conjunto de cromosomas
dispuestos sobre una hoja según un orden pre-
establecido (Tabla 2-3). El cariotipo humano
normal se encuentra formado por 22 pares de
cromosomas autosómicos y un par sexual (XX
en el sexo femenino/XY en el masculino).
El estudio del cariotipo tiene múltiples apli-
caciones, como son detectar sus alteraciones
denominadas cromosomopatías (del 0.5 al 1%
de recién nacidos vivos; 6% de fallecimientos
perinatales; 39% de abortos espontáneos).
Entre las técnicas de estudio del cariotipo se
encuentran las de los cultivos celulares de cé-
lulas de sangre periférica (linfocitos), fibroblas-
tos, células de la médula ósea, de la piel o fe-
tales.
32 Principios de Geriatría y Gerontología
Tabla 2-2. Cromosomas involucrados en diferentes enfermedades
Enfermedad Cromosoma/s involucrado/s
Corea de Huntington 4
Esquizofrenia 5, 11, 21
Diabetes juvenil 6
Enfermedad fibroquística 7
Alcoholismo 11
Síndrome maníaco-depresivo 11
Enfermedad de Alzheimer 21
Gen del envejecimiento celular 4
Cap02.qxd 24/03/2006 10:54 PÆgina 32
El procedimiento se basa en la siembra en
un medio de cultivo durante tres días, siguien-
do diferentes secuencias:
Bloqueo de mitosis en metafase: se trata de
la fase en la que mejor se observan los cromo-
somas. Para ello se utiliza colchicina o su de-
rivado Colcemid (acción antimicrotubular): 0.1-
0.5 µg/ml 1 hora.
Choque hipotónico: se realiza con una solu-
ción de ClK 0.075M, con el fin de lograr la se-
paración de los cromosomas.
Fijación celular, goteo en portaobjeto y tin-
ción; es decir, se realiza la técnica histológica
correspondiente.
Obtención de microfotografías.
Recorte de las fotos y armado.
Técnicas de bandeado cromosómico.
Las técnicas de tinción especiales, como la
de bandeado cromosómico (Tabla 2-4), tienen
como finalidad: 
— Permitir la identificación precisa de cro-
mosomas.
— Permitir la caracterización de regiones
concretas dentro de cada brazo cromosómico.
En metafase se reconocen unas 400 bandas;
en prometafase, más de 1 000.
Según establece la Biología Molecular, la
información contenida en el ADN se transcri-
be en el núcleo sintetizando ARN. A la vez,
la información contenida en este último se tra-
duce en el citoplasma celular en proteína
(Figura 2-3).
El proceso de transcripción, como ya se ha
señalado, se lleva a cabo en el núcleo, en cuyo
ADN aparecen tres sectores: el regulador, el
promotor y el codificador.
Los dos primeros sectores cumplen funcio-
nes reguladoras y de señal para el inicio del
proceso en cuestión. Gracias a la presencia de
distintos factores de transcripción, como el es-
pecífico y el basal, comienza el proceso bajo
Biología y Genética del envejecimiento 33
Tabla 2-3. Clasificación de los cromosomas del cariotipohumano normal
Grupo Pares Descripción
A 1-3 Grandes y casi metacéntricos
B 4-5 Submetacéntricos grandes
C 6-12+X Submetacéntricos medianos
D 13-15 Acrocéntricos grandes con satélites
E 16-18 16 metacéntricos 17-18 submetacéntricos
pequeños
F 19-20 Metacéntricos pequeños
G 21-22+Y Acrocéntricos cortos con satélites
(el Y carece de satélite)
Tabla 2-4. Identificación de las bandas cromosómicas mediante la tinción denominada
bandeado cromosómico
Banda Sustancia colorante Tipo de banda Sector de ADN
Q Quinacrina Brillante Rico en A-T
G Giemsa Oscura Rico en A-T
C Desnaturalización con ADN repetitivo
álcali/Giemsa
R Cromomicina A3 Inversión de Q y G Rico en G-C
N Nitrato de plata Organizadores
nucleolares
Cap02.qxd 24/03/2006 10:54 PÆgina 33
la acción de la enzima ARN polimerasa, de la
que existen tres tipos:
ARN Pol. I: que interviene en la síntesis del
ARNr 45s.
ARN Pol. II: que interviene en la síntesis del
ARNm.
ARN Pol. III: que interviene en la síntesis
del ARNt.
Durante el proceso de transcripción, el primer
ribonucleótido sintetizado se une débilmente con
el primer desoxirribonucleótido (del ADN que
sirve de molde), mientras que el resto de los ri-
bonucleótidos sintetizados se unen por uniones
fosfodiéster con el ribonucleótido precedente.
Cabe destacar que el cerebro es el mayor
consumidor de vitaminas hidrosolubles, como
las vitaminas del complejo B. El ácido fólico
o vitamina B9 es fundamental para la biosínte-
sis de ADN y ARN, indispensables para la for-
mación de neurotransmisores y esencial para
la actividad neuronal.
El ARN recientemente sintetizado se denomi-
na transcrito primario o heterogéneo nuclear,
el cual, antes de salir al citoplasma para la sín-
tesis proteica, debe ser procesado en el núcleo,
siguiendo cuatro fases:
Corte de secuencias no codificantes para pro-
teínas denominadas intrones y posterior empal-
me de secuencias codificantes para proteínas
denominadas exones.
Metilación de adeninas.
Poliadenilación en el extremo 3’.
Agregación en el extremo 5’ de un capuchón
de 7 metil guanosina (cap).
Finalizado este procesamiento, el ARNm
maduro puede salir al citoplasma.
El procesamiento del ARNt se produce de
la siguiente manera:
— Corte de un intrón y empalme de exones.
— Metilación e hidroxilación de bases. Esta
última permite que la molécula de ARNt ad-
quiera una conformación espacial característi-
ca con forma de letra L u hoja de trébol.
— Cambio de bases en el extremo 3’, o bra-
zo aceptor del aminoácido. Se modifican AAA
por CCA.
— Finalizado este procesamiento, el ARNt
maduro puede salir al citoplasma.
El procesamiento del ARNr 45s se produce
de la siguiente manera:
— Corte de secuencias sin empalme. De esta
manera quedan formados los ARNr de 28s, 18s
y 5,8s.
— Metilación de bases.
— Asociación proteica para la constitución
de los ribosomas.
— Finalizado este procesamiento, los ARNr
maduros pueden salir al citoplasma.
De este modo, acabado el procesamiento y
con todos los ARN maduros en el citoplasma,
estamos en condiciones de comenzar con la tra-
ducción o síntesis proteica.
El código genético es un sistema por el cual
el ADN codifica la información para formar
proteínas. La manera de hacer lo expresado es
a través de codones. Estos son unidades here-
ditarias que contienen la información necesaria
para codificar un aminoácido (aa) y se encuen-
tran constituidos por tres nucleótidos (triplete).
En la especie humana existen codones si-
nónimos, que son aquellos que poseen infor-
mación para el mismo aminoácido. Por tal mo-
tivo, se dice que el código genético presenta
degeneración. Dicha sinonimia viene propor-
cionada por la variabilidad de la tercera base;
34 Principios de Geriatría y Gerontología
Transcripción inversa
ADN
ARN
transcripto
primario
ARNm
maduro ARNm Problema
2 3 4
NÚCLEO CITOPLASMA
1-DUPLICACIÓN
2-TRANSCRIPCIÓN
3-PROCESAMIENTO
4-SÍNTESIS PROTEICA
1
Figura 2-3. Proceso de síntesis de proteí-
nas en el citoplasma celular.
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es decir, variando la última base de cada co-
dón, la información, en general, es para el mis-
mo aminoácido.
Existen tres codones mudos (UAA, UAG y
UGA), que no poseen información para ningún
aa; la llegada a uno de ellos durante la síntesis
proteica nos indica el momento en que debe fi-
nalizar dicha síntesis.
Del mismo modo, existe un codón de inicia-
ción (AUG), el cual indica el comienzo de la
síntesis.
La traducción se realiza en el citoplasma,
siendo concretamente los ribosomas los que
brindan el lugar para tal fin. El ARNm trae la
secuencia de codones (copia del ADN por trans-
cripción), lo cual determina la secuencia de
aminoácidos de la cadena polipeptídica a sin-
tetizar.
Los ARNt son las moléculas que van a tra-
ducir la información del mensajero, y que irán
trayendo los aa (en el brazo aceptor) correspon-
dientes a cada codón del mismo. Dicho proce-
so requiere un aporte de energía por moléculas
de ATP y GTP.
La síntesis proteica se lleva a cabo a través
de tres pasos; a saber:
— Iniciación
— Elongación
— Terminación
Durante la iniciación, el complejo ARNt 
—primer aa (que en todos los casos es la me-
tionina)— se une al codón de iniciación del
ARNm. A su vez, éste se halla unido a la sub-
unidad menor del ribosoma formando el com-
plejo de iniciación. A este último se le une la
subunidad mayor del ribosoma para el comien-
zo de la elongación.
El primer aminoácido llega durante la sínte-
sis al sitio P (peptídico) de la subunidad menor,
mientras que el resto de los aminoácidos llega-
rán al sitio A (aminoacídico). La metionina (1.er
aa) hace unión peptídica con el segundo ami-
noácido, al mismo tiempo que el ARNm se des-
plaza un lugar hacia delante y el ribosoma lo
hace en sentido opuesto. Este movimiento se
denomina traslocación y permite liberar el sitio
A de la subunidad menor del ribosoma para per-
mitir la llegada del tercer ARNt con el tercer
aminoácido. El proceso termina cuando al sitio
A llega un codón mudo o de terminación.
Durante la elongación, en eucariontes, inter-
vienen factores como el factor de elongación 1,
que favorece la llegada del ARNt-aa a la sub-
unidad menor del ribosoma, y el factor de elon-
gación 2, que interviene en la translocación, ra-
zón por la cual se le denomina translocasa o
factor G.
Cabe destacar que una cadena polipeptídica
de 150 aa se sintetiza en un minuto.
Con la terminación de la síntesis proteica,
se produce la separación de todo el complejo
formado para tal fin y, obviamente, de la pro-
teína neoformada. 
Genómica
La Genómica es una rama de la Genética re-
lacionada con la clonación y la caracterización
molecular de genomas completos. Se encuen-
tra constituida por dos áreas:
— Estructural: se encarga de la caracteriza-
ción de la naturaleza física de genomas com-
pletos.
— Funcional: se encarga de la caracteriza-
ción del «proteoma».
El estudio del genoma es importante:
— A través de sus etapas intermedias, con 
la obtención de clones de un cromosoma o 
de genes.
— Para entender el plan de una especie, ob-
viamente conociendo las funciones del genoma.
— Para conocer los principios por los cua-
les los ADN funcionales y no funcionales se
organizan en genomas completos.
— Por sus aplicaciones en Medicina; exis-
ten genes relacionados con enfermedades y
otros, con el estado de salud.
Los medios utilizados para dicho estudio son
los siguientes:
— Mapas genéticos de alta resolución: si-
túan genes y marcadores moleculares
Biología y Genética del envejecimiento 35
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— Mapas físicos de cada cromosoma: ca-
racterizan y localizan físicamente fragmentos
de ADN clonados.
— Mapas de secuencias: son análisis a gran
escala de secuencias de ADN de genomas com-
pletos.
— Los mapas físicos y genéticos pueden
compararse con el mapa de secuencias.
Los objetivos del Proyecto Genoma Humano
son los que seenumeran a continuación:
— Identificar los genes humanos del ADN.
— Determinar la secuencia de 3 billones de
bases.
— Acumular información en bases de datos.
— Desarrollar un modo rápido y eficiente
de secuenciación.
— Desarrollar herramientas para el análisis
de datos.
— Dirigir cuestiones éticas, legales y socia-
les que se derivan del Proyecto.
Los beneficios de dicho proyecto serían los
siguientes:
— La mejora en el diagnóstico de enferme-
dades.
— La detección temprana de la predisposi-
ción genética.
— La terapia génica.
— La obtención de un sistema de control
para fármacos y farmacogenomas.
— Mediante el estudio de marcadores gené-
ticos la posibilidad de detectar alelos mutantes
de genes patógenos, como los de la enferme-
dad de Huntington o de Alzheimer.
Terapia génica
Se trata de aplicar los principios genéticos en
el tratamiento de las enfermedades, ya que tan-
to la ausencia de genes como la presencia de
genes defectuosos pueden llegar a causar en-
fermedades.
La terapia génica consiste en la inserción de
un gen funcional en las células de un paciente
con el objetivo de:
— Corregir un error metabólico de naci-
miento.
— Alterar o reparar una anormalidad gené-
tica adquirida.
— Otorgar una nueva función a una célula.
La terapia génica puede cambiar el genoti-
po y, eventualmente, el fenotipo de una célu-
la; constituye además una nueva estrategia para
la administración de fármacos, por lo que tie-
ne una serie de ventajas con respecto al trata-
miento con éstos:
— Puede reemplazar un gen no funcional
causante de algún tipo de enfermedad.
— Puede producir proteínas terapéuticas en
forma continua.
— Puede estar dirigida hacia blancos espe-
cíficos.
— Puede disminuir el coste total del trata-
miento de la enfermedad.
Los posibles blancos de la terapia génica son
los siguientes:
— El cáncer.
— Las enfermedades hereditarias.
— Las enfermedades infecciosas (virales o
bacterianas).
— Los desórdenes del sistema inmunitario.
— Las vacunas.
Los requisitos para la realización de la tera-
pia génica son los que siguen:
— Entender el proceso de la enfermedad.
— Conocer la estructura/función del gen a
introducir.
— Eficiencia/transferencia del gen. 
— Controlar la expresión del gen.
— Prevenir/controlar la respuesta inmuni-
taria.
— Utilizar un modelo animal y determinar
su función.
— Realizar ensayos clínicos.
Mediante la terapia génica se puede lograr
un aumento o una inhibición de la expresión de
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genes, o bien la eliminación de células como
las tumorales.
Los genes pueden transferirse de un organis-
mo a otro. Se produce de forma natural y otor-
ga a esos organismos una ventaja adaptativa.
Los principales métodos utilizados son los
siguientes:
Transformación (células procariotas); mu-
chos organismos captan fragmentos de ADN
de su medio ambiente. Se da en bacterias y le-
vaduras.
Transducción (células eucariotas), que es la
transferencia de ADN bacteriano de una célu-
la a otra a través de bacteriófagos (virus de bac-
terias).
Conjugación, que es la transferencia de una
copia de ADN bacteriano cromosómico o plas-
mídico de una célula a otra.
La transferencia de genes puede lograrse a
través de:
— Métodos físicos.
— Métodos químicos.
— Métodos virales.
— Métodos no virales.
Dentro de los métodos físicos podemos 
citar:
La electroporación: crea poros temporales
en la membrana mediante pulsos eléctricos; una
vez introducido el ADN, los poros se sellan.
La microinyección: se utiliza generalmente
en células germinales.
El bombardeo de partículas (gene gun): con
un «cañón génico» se bombardea la célula
blanco.
El ultrasonido: se basa en el hecho de que
las ondas ultrasónicas aumentan la permeabi-
lidad de la membrana, facilitándose así la di-
fusión pasiva.
Genética y envejecimiento
Todos sabemos que en la población general
existen personas que logran una gran y hasta
increíble supervivencia. Esta última podría es-
tar ligada a determinados genes presentes en
el cromosoma 4, así como también a la exis-
tencia de algunas proteínas por ellos codifi-
cadas.
Actualmente es un reto para las Ciencias de
la Salud en general y para la Medicina en par-
ticular buscar una explicación al hecho de que
haya personas que envejecen antes que otras o
que fallecen prematuramente por causas natu-
rales.
Diversas teorías tratan de explicar el fenó-
meno antes citado, como ya se ha señalado, sos-
teniendo una de ellas que los genes de la 
longevidad humana se encontrarían en el cro-
mosoma 4. Más concretamente se trataría de la
variación de un solo nucleótido (una base ni-
trogenada, una desoxirribosa y un grupo fosfa-
to) existente en alguno de los genes de dicho
cromosoma. Ante la variación del mismo, se
produciría una proteína distinta en ciertas per-
sonas de la población general y no en todas. De
esta manera, la citada variación del proteoma
sería debida a una modificación de la expre-
sión génica, y no a un cambio en la regulación
de la misma.
Algunos autores consideran improbable esta
teoría, y sostienen que el envejecimiento obe-
dece a un daño somático que se acumula a lo
largo de los años. De todas maneras, quienes
apoyan esta teoría también defienden la pre-
sencia de genes responsables en el proceso de
envejecimiento.
Si consideramos el fenotipo de un indivi-
duo como la expresión resultante de la inter-
acción del genotipo y el ambiente, el enveje-
cimiento también debería obedecer a causas
ambientales. Tal vez no en el mecanismo del
envejecimiento en sí, pero resulta obvio que el
ambiente puede influir en el fenotipo del
envejecimiento; en otras palabras, en la forma
en la que llegamos a nuestra senectud. Por ello,
un factor ambiental de vital importancia resul-
ta ser la nutrición.
Otro hallazgo importante en diversos estu-
dios realizados a personas de más de cien años
ha sido la presencia de una mutación en el ADN
mitocondrial de los mismos. Dicha mutación
se denomina transición C150T y lograría cam-
biar el lugar en el que comienza a reproducir-
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se el ADN mitocondrial; de poder realizarse de
una manera más acelerada, permitiría al indi-
viduo sustituir rápidamente las moléculas da-
ñadas. Tratándose del ADN mitocondrial, la ci-
tada mutación se heredaría de la madre, aunque
hay estudios que demuestran que puede adqui-
rirse a lo largo de la vida.
Otro hecho relevante es el descubrimiento
de que el gen P53 prolonga la esperanza de vida
de los nematodos. De esta manera se supone
que el mismo gen podría alargar la esperanza
de vida también en el hombre, actuando de dos
formas distintas:
— Protegiendo al organismo del estrés pro-
vocado por el medio ambiente.
— Ejerciendo un control sobre el crecimien-
to de las células tumorales.
Se ha descubierto, además, en los gusanos
que cuando muta el gen CLK-1, la vida se alar-
ga un 50 % en relación con el animal que po-
see el gen normal. Ello se puede explicar por-
que la mutación genética produce un retardo
del metabolismo, lo que puede ser determinan-
te, junto con el hecho acompañante de que se
acumulen menos daños celulares, circunstan-
cia que está estrechamente relacionada con el
envejecimiento. Este descubrimiento abre nue-
vas líneas de investigación sobre el tipo de da-
ños metabólicos que son importantes para el
envejecimiento y sobre los determinantes ge-
néticos de este proceso.
Científicos de la Universidad de California,
en San Francisco, tras haber investigado todos
los cambios genéticos que se derivan de una
sola mutación, publican haber identificado los
tipos de genes que permiten duplicar la expec-
tativa de vida del gusano Caenorhabditis ele-
gans. Los autores observaron que una sola mu-
tación genética, llamada daf-2, ejerce su
influencia a través de mecanismos antimicro-
bianosy metabólicos, regulando genes que con-
trolan la respuesta al estrés celular y reducien-
do la actividad de genes que acortan el tiempo
de vida.
Finalmente, señalan que serían muchos los
genes implicados en la longevidad. Sin embar-
go, lo más interesante es que el gen daf-2 es el
que une a todos esos genes en un circuito re-
gulador común y es el principal involucrado en
el aumento de la expectativa de vida.
Desactivando genes individualmente, tanto
en gusanos normales como en otros manipula-
dos para que presenten la mutación en el daf-2,
los autores pudieron comprobar que ningún gen
por sí mismo determina la expectativa de vida.
Algunos genes clave, por su parte, parecen au-
mentarla entre un 10 y un 30 %. Pero el papel
esencial recae en el daf-2, que cuando partici-
pa en el proceso controlando al resto de los ge-
nes, produce enormes cambios en la expecta-
tiva de vida. 
El equipo de la Dra. Kenyon ya descubrió
hace diez años que una mutación en el daf-2,
que codifica un receptor hormonal similar a los
receptores humanos para la insulina y el IGF-
1, duplicaba el tiempo de vida del citado gusa-
no. El mismo o parecido mecanismo se ha com-
probado posteriormente en la mosca del vinagre
y el ratón, y parece intervenir en el control de
la longevidad humana. También descubrieron
que el daf-2 afecta al tiempo de vida a través
de un segundo gen, el daf-16, cuya función es
controlar la expresión de otros genes. 
Otro gen universal, llamado SIR2, determi-
na la duración de la vida en las células de los
áscaris. Si en los mismos se agregara otro gen
de este tipo, se prolongaría su vida. Por el con-
trario, si se suprimiera su actividad, la vida se
acortaría.
Los individuos con longevidad excepcional
no padecen, en general, las principales enfer-
medades que son responsables de la mayoría
de las muertes entre personas mayores, como
las cardiovasculares, la diabetes, el Alzheimer
y el cáncer.
Por otra parte, un gen que afecta al tamaño
de las lipoproteínas de la sangre podría ayudar
a las personas a vivir 100 años o más al prote-
gerlas de las enfermedades coronarias, las apo-
plejías, la diabetes y otras enfermedades.
La identificación de marcadores biológicos
y genes que conducen a una longevidad excep-
cional puede ayudar a entender cómo funcio-
nan los mecanismos que protegen de una gran
cantidad de enfermedades comunes y del pro-
ceso biológico de envejecimiento.
38 Principios de Geriatría y Gerontología
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CAMBIOS MORFOFUNCIONALES
CON RELACIÓN AL
ENVEJECIMIENTO
Definido el envejecimiento morfofisiológico
como el conjunto de cambios producidos en el
organismo con relación al paso del tiempo, con-
sideraremos en este apartado los que son más
relevantes y que es necesario conocer a fin de
poder discernir entre lo «normal», o enveje-
cimiento primario, y lo «anormal» o envejeci-
miento secundario.
Los primeros cambios que vamos a notar,
con relación al envejecimiento, van a referirse
al aspecto físico (fisonomía); es decir, la per-
sona va a tener una apariencia que de alguna
manera guardará relación con su edad crono-
lógica, pero a la vez, en su interior, los diferen-
tes órganos y sistemas van a dar muestras de la
acción del paso del tiempo sobre ellos.
Antropométricamente, se va a producir una
pérdida de estatura, de aproximadamente 1 cm
por década a partir de los 50 años, en relación
con la disminución de la altura del espacio in-
tervertebral, junto con el incremento de la ci-
fosis dorsal. Además, se produce una redistri-
bución de la masa grasa en torno a la cintura,
perdiéndose masa muscular, lo cual puede inci-
dir en el incremento del peso corporal que se ob-
serva en las personas mayores, a lo que también
contribuye la disminución de la actividad física,
disminuyendo el agua total del organismo debi-
do a la pérdida de su fracción intracelular.
En cuanto al sistema nervioso, se produce una
pérdida de neuronas, compensada en parte gra-
cias al fenómeno de la neuroplasticidad, por me-
dio del cual se generan nuevas conexiones entre
las distintas neuronas que permiten mantener la
función. Pero en todo caso, y en relación con el
envejecimiento, es frecuente encontrarnos en los
estudios histológicos estructuras degenerativas
y depósito de sustancias pigmentarias como la
lipofucsina, entre otras. La capacidad de trans-
misión interneuronal se reduce debido a la dis-
minución de los neurotransmisores cerebrales.
Respecto al sistema cardiovascular, el enve-
jecimiento va a producir modificaciones en la
capa íntima de las arterias, donde se observará
un incremento del depósito de sustancias, prin-
cipalmente colesterol y fosfolípidos, con la con-
siguiente disminución de la luz vascular. La fi-
bra miocárdica se atrofia y se depositan en ella
restos degenerativos de sustancia amiloidea,
disminuyendo su capacidad funcional. Las cé-
lulas del tejido cardionector disminuyen, oca-
sionando una alteración en la conducción del
impulso eléctrico del corazón; además, se pro-
duce una calcificación valvular, sobre todo a
nivel de la aórtica.
Las nefronas funcionantes disminuyen su nú-
mero, lo mismo que el flujo sanguíneo glome-
rular, lo que va a producir una disminución de
la capacidad de depuración del riñón, que se ma-
nifiesta por el incremento en el plasma de pro-
ductos resultantes del metabolismo nitrogenado
(urea y creatina). La vejiga pierde su elasticidad
y en el varón la próstata presenta signos dege-
nerativos, manifestados por problemas de mic-
ción, infecciones y en ocasiones incontinencia.
En lo que concierne al aparato respiratorio,
se va a producir una disminución de los volú-
menes y capacidades pulmonares, principalmen-
te de la capacidad vital (CV) y del volumen es-
pirado en el primer segundo (VEMS), cambios
debidos a las alteraciones degenerativas de las
estructuras musculoesqueléticas comprometidas
en la respiración, así como a la disminución de
la elasticidad del tejido pulmonar, observándo-
se un incremento del volumen residual.
A nivel endocrino, los cambios más impor-
tantes con relación al envejecimiento de la mu-
jer se producen en la menopausia, con modifi-
cación de las hormonas FSH y LH. En el sexo
masculino, el envejecimiento disminuye la re-
sistencia física y la capacidad reproductiva de-
bido a la disminución de la concentración de
testosterona libre en plasma por fallo testicu-
lar y a la reducción en la secreción de gonado-
tropina, lo que constituyen el fenómeno cono-
cido como «andropausia», que podría producir
diferentes efectos sobre la persona mayor, como
la reducción de la capacidad física aeróbica, la
disminución de la fuerza y masa musculares,
la pérdida de masa ósea, diferentes alteracio-
nes psicológicas, y, por supuesto, la pérdida de
capacidad sexual. En cuanto a los esteroides
sexuales suprarrenales, como la dehidroepian-
drosterona (DHEA) y la dehidroepiandrostero-
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na-sulfato (DHEA-S), precursoras de los an-
drógenos, junto con la androstenodiona (testi-
cular), son interconvertibles, pudiendo dar lu-
gar a testosterona y dehidrotestosterona, así
como a estrógenos. Ambas, la DHEA y la
DHEA-S, disminuyen sus niveles de manera
importante (80-90 %) con la edad, desde su ni-
vel de máxima concentración alrededor de los
25-30 años de edad; de ahí que, teniendo en
cuenta que muchos autores achacan a esta im-
portantísima disminución las consecuencias de
la andropausia, se hayan puesto en marcha di-
ferentes investigaciones «antienvejecimiento»
mediante la sustitución de estas hormonas en
los hombres de edad avanzada, observándose
ciertas mejorías en relación con la masa ósea,
una menor morbilidad cardiovascular y la con-
servación de las funciones cognitivas princi-
palmente. La hormona del crecimiento (GH) y
el factor de crecimiento insulinoide de tipo 1
(IGF-1)influyen en la disminución de la masa
muscular y de la fuerza física con tendencia al
incremento de la masa grasa. La melatonina, hor-
mona reguladora de los ritmos circadianos, dis-
minuye su concentración, pudiendo ser causa de
los trastornos del sueño inherentes al envejeci-
miento, no observándose más modificaciones
que las propias del involucionismo glandular en
lo que se refiere a las otras hormonas.
El sistema musculoesquelético va a presen-
tar una serie de cambios que se refieren tanto
a la pérdida de masa ósea, más evidente en las
mujeres tras la menopausia, como a la dismi-
nución de la masa muscular esquelética, con la
consiguiente disminución de la fuerza, resis-
tencia y velocidad de acción.
La percepción sensorial de las personas ma-
yores, en general, está disminuida; la pérdida
del sentido del gusto, junto con la disminución
de la percepción para la sed, pueden contribuir
a un mayor riesgo de deshidratación, estando
además afectadas la secreción y respuesta de
la hormona antidiurética (ADH).
Con el envejecimiento, la capacidad inmu-
nitaria del individuo disminuye, incrementán-
dose la posibilidad de que los agentes externos
provoquen enfermedades; dicho de otra mane-
ra, disminuye la capacidad de respuesta del in-
dividuo frente a las noxas externas. Los linfo-
citos T, aunque mantienen su número, alteran
su función, ya que incrementan su actividad T
supresora y disminuyen su actividad coopera-
dora y citotóxica, disminuyendo también el fac-
tor de complemento interleucina 2. Por otro
lado, con respecto a los linfocitos B y células
plasmáticas, disminuyen la producción de an-
ticuerpos sobre todo frente a antígenos nuevos.
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DEMOGRAFÍA DE LA ANCIANIDAD
La palabra demografía proviene de las voces
griegas demos, que significa pueblo, y graphein,
que significa describir; por tanto, etimológica-
mente sería «descripción de los pueblos», de-
finición que no nos acerca del todo al verdade-
ro objeto de estudio de esta ciencia.
Entendemos por «población» el conjunto de
individuos constituidos de forma estable, liga-
dos por vínculos de reproducción e identifica-
dos por características territoriales, políticas,
jurídicas, étnicas o religiosas. Hablar de un con-
junto de individuos constituido de forma esta-
ble excluye a otros colectivos que no pueden
considerarse poblaciones (un ejército, los tra-
bajadores de una fábrica, o los asistentes a un
partido de fútbol), pues la estabilidad sólo se
logra a través de la continuidad en el tiempo y
la reproducción. Una población se define igual-
mente por sus características comunes, y espe-
cialmente por sus límites geográficos o la per-
tenencia a un determinado territorio.
La demografía está condicionada por factores
tanto biológicos como sociales, ambos coexisten
y se influyen mutuamente y no hay duda respec-
to a la naturaleza de los distintos fenómenos de-
mográficos: fecundidad y mortalidad son proce-
sos biológicos; sin embargo, éstos están condi-
cionados por la cultura y los modos de vida de la
comunidad en la que se desarrollan. La alimen-
tación es un claro ejemplo de factor cultural con
consecuencias biológicas, que puede alterar los
indicadores demográficos incidiendo en la ferti-
lidad, en la medida en que puede variar la edad
de la pubertad, y desde luego en la mortalidad.
Los fenómenos demográficos condicionan
las distintas poblaciones; basta pensar en las
C A P Í T U L O3
Sociología de la vejez
M.a TERESA BAZO ROYO
BENJAMÍN GARCÍA SANZ
GERARDO HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ
JOSÉ LEIRA LÓPEZ
M.a JOSÉ LÓPEZ REY
JOSÉ CARLOS MILLÁN CALENTI
OBDULIA TABOADELA ÁLVAREZ
SUMARIO
Demografía de la ancianidad
Aspectos sociológicos de la vejez
Medios de comunicación e imágenes
asociadas a nuestros mayores
Malos tratos a los ancianos
Bibliografía
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consecuencias socioeconómicas que conlleva
una población altamente envejecida, o por el con-
trario una población muy joven, o en la influen-
cia que tiene el volumen poblacional sobre el con-
sumo y el mercado laboral, y/o en la importancia
de los fenómenos migratorios, tanto en las pobla-
ciones de expulsión como en las receptoras.
El análisis demográfico será inevitablemen-
te multidisciplinar, y tendrá como fin último
indagar sobre las causas que determinan cada
fenómeno, para lo que sin duda será necesa-
rio mantener fluidas relaciones con otras dis-
ciplinas, a saber, la biología, la genética, la
economía, la geografía, la sociología o la an-
tropología.
Muchas son las teorías que explican la di-
námica de las distintas poblaciones. Desde la
perspectiva maltusiana tenemos que hacer men-
ción al ensayosobre la población que Thomas
R. Malthus escribió en 1798, donde establecía
que las poblaciones tienden a crecer más de-
prisa que los recursos alimenticios, y que si bien
las primeras crecen en progresión geométrica,
los segundos lo hacen en progresión aritméti-
ca, de tal manera que el crecimiento de la po-
blación termina por desbordar la producción de
alimentos, y sólo la falta de éstos hace que di-
cho crecimiento se detenga. Para Malthus la
pobreza es la consecuencia del crecimiento de-
mográfico. Esta teoría ha tenido más relevan-
cia por la polémica despertada que por su con-
tenido en sí. La perspectiva marxista nace como
contestación a los planteamientos de Malthus.
Marx y Engels desarrollaron una teoría que re-
chaza de plano la idea de que los pobres tienen
la culpa de su pobreza. La pobreza es conse-
cuencia de una mala redistribución de los re-
cursos, que al contrario de lo que Malthus plan-
teaba no son limitados, sino que no están bien
distribuidos. En una sociedad bien organizada
un número mayor de habitantes debería supo-
ner un aumento de la producción y los recur-
sos, y por tanto más riqueza y no más pobreza.
Estas teorías han sido revisadas con poste-
rioridad, sumándose a ellas la de Stuart Mill,
quien afirmaba que «a medida que el género
humano se aleja de la condición animal, la po-
blación es limitada por el temor a la necesidad
más que por la necesidad misma». Así, la ra-
cionalidad humana puede superar los condicio-
namientos de la naturaleza.
El análisis demográfico ha ido ganando en ri-
gor científico al tiempo que se ha puesto de ma-
nifiesto el fenómeno conocido como la transición
demográfica, teoría que ha dominado el pensa-
miento demográfico de las últimas décadas y que
explica la evolución de las poblaciones.
La teoría de la transición demográfica des-
cribe los cambios en la dinámica demográfica
poniéndolos en relación con el desarrollo. Las
poblaciones pasan de una situación de alta na-
talidad y alta mortalidad en los países menos
desarrollados a una situación de baja natalidad
y mortalidad en los países más desarrollados.
La transición de un estadio a otro comienza con
la caída de las tasas de mortalidad, debida a los
avances en el ámbito de la Medicina; así, un
país con baja mortalidad y alta natalidad pue-
de considerarse en transición o en vías de de-
sarrollo.
La demografía, calificada como una aritmé-
tica de la vida y de la muerte (Vallin, 1995), se
ha convertido en una ciencia estrictamente cuan-
titativa. Los fenómenos se miden observando
los números absolutos (volúmenes poblaciona-
les), para poner unas cifras en relación con otras,
obteniendo porcentajes o tasas, que son los in-
dicadores demográficos más significativos, uti-
lizados universalmente para describir las carac-
terísticas de las distintas poblaciones.
La forma más eficaz de conocer el volumen
de la población es a través del recuento; cuan-
do éste se lleva a cabo, decimos que se está ela-
borando un censo de población. Pero no todos
los países del mundo han desarrollado esta téc-
nica, que ha ido evolucionando con los años,
convirtiéndose en una herramienta muy útil
para obtener una información que va más allá
del mero recuento (circunstancias familiares,
nivel educativo, ocupación, movilidad…).
Como los costes de elaboración de los censos
son altos, los gobiernos de los países menos
desarrollados están menos presionados para su
elaboración, existiendo una clara relación en-
tre el grado de desarrollo de un país y la exis-
tencia o no de censos en el mismo.
El censo, actualmente la principal fuente de
información demográfica, se viene realizando
44 Principios de Geriatría y Gerontología
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 44
en España con regularidad desde finales del si-
glo XIX. Los censos de la población española
que se realizan en la actualidad tienen sus an-
tecedentes en el de 1857. En el siglo XIX hubo
censos en los años 1857, 1860, 1877, 1887 y
1897; en el siglo XX, y partiendo del año 1900,
se realizaron cada diez años, en los años termi-
nados en cero, hasta 1981 en que empezaron a
llevarse a cabo en los años terminados en uno.
Así pues, cada diez años, los agentes censales
recorren todos los hogares del país recogiendo
la información que se requiere en los impresos
oficiales, previamente consensuados por un ga-
binete de expertos colaboradores del organis-
mo que lo promueve: el Instituto Nacional de
Estadística. Este procedimiento ha de realizar-
se en un período corto de tiempo, en la medi-
da de lo posible simultáneo, para evitar posi-
bles errores de doble recuento u omisiones. 
Las nuevas tecnologías informáticas han fa-
cilitado la elaboración de censos cada vez más
fiables, haciendo posible en la actualidad con-
tar con un censo continuo, que se nutre de las
estadísticas de otros organismos, y en los que
resulta imposible la duplicidad de casos.
Otras fuentes a las que debemos hacer refe-
rencia son las conocidas como estadísticas vi-
tales, que recogen información sobre los naci-
mientos, matrimonios y defunciones. En origen
fue la Iglesia quien se ocupó de registrar estos
eventos, pero en la actualidad ésta es una com-
petencia de los registros civiles municipales. 
Otra de las principales fuentes demográfi-
cas son los padrones municipales. En ellos se
registran las altas, bajas y modificaciones de
todos los residentes. Las altas hablan de naci-
mientos e inmigración, las bajas suponen de-
funciones o emigración, y las modificaciones
recogen igualmente los datos relativos a los
cambios de residencia. Los padrones, compe-
tencia de la Administración local, están en la
actualidad permanentemente actualizados, y re-
cogen, al igual que los censos, determinadas
características de la población, además, obvia-
mente, de la edad y el sexo.
El Instituto Nacional de Estadística (INE)
toma información de los registros civiles para
elaborar lo que se conoce como movimiento
natural de población, que informa anualmente
de los distintos procesos demográficos (natali-
dad, mortalidad y migraciones).
Todas estas fuentes de información demo-
gráfica posibilitan los análisis de la población
desde dos puntos de vista: estático y dinámico,
ambos igualmente relevantes. Desde el punto
de vista estático se analiza la estructura pobla-
cional o la composición de las poblaciones en
un momento dado de su historia, en cuanto a
sus características, especialmente la edad y el
sexo. Desde el punto de vista de la dinámica
poblacional, por un lado se habla de la evolu-
ción, crecimiento o decrecimiento, comparan-
do el número de efectivos a lo largo del tiem-
po, y por otro lado se analizan los procesos que
intervienen en la configuración de una pobla-
ción dada, principalmente natalidad, mortali-
dad y migración.
El estudio de la estructura por edad de una
población es uno de los aspectos centrales de
la demografía, en la medida en que todos los
fenómenos demográficos están estrechamente
relacionados con la edad. Así, la mortalidad es
un hecho que no está únicamente ligado a los
avances sanitarios y los niveles de salud, sino
que depende mucho de la estructura por edad
de la población, pues una población muy joven
tenderá a unas tasas más altas de natalidad que
una población envejecida, donde las tasas más
altas serán las de mortalidad.
Asimismo, la comparación entre sexos pue-
de resultar esclarecedora. En el mundo nacen
más niños que niñas; sin embargo, en el trans-
curso de la vida, las enfermedades y acciden-
tes afectan más a los varones, dotando así a las
mujeres de una esperanza de vida mayor, por
lo que en edades avanzadas las poblaciones es-
tán feminizadas. En un plazo no muy largo esta
característica se verá modificada, y enferme-
dades que han venido afectando a los hombres
como consecuencia de sus hábitos, comienzan
a incidir en las mujeres en la misma medida,
por cuanto éstas están adoptando los modos devida tradicionalmente masculinos.
Por otro lado, natalidad, mortalidad y mi-
graciones son los elementos dinámicos del aná-
lisis demográfico, los que en definitiva confi-
guran las distintas poblaciones, interviniendo
en la estructura poblacional y dando lugar a
Sociología de la vejez 45
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 45
cambios en la propia estructura social (demo-
gráfica, económica, política…)
Estos tres elementos están interrelacionados,
y sus combinaciones determinan el crecimien-
to o decrecimiento, o lo que es lo mismo, la
evolución de la población, el último de los ele-
mentos del análisis demográfico, aunque no
menos importante. La preocupación por la evo-
lución de la población en el mundo ha sido una
constante, especialmente desde la explosión de-
mográfica de principios del siglo XX, y no debe
sorprender la relevancia que se otorga a esta
cuestión, dadas sus repercusiones socioeconó-
micas y el impacto que tiene sobre el desarro-
llo de las sociedades.
Demografía estática y demografía
dinámica
Como señalábamos anteriormente, la estructu-
ra de la población supone la interacción entre
la natalidad, la mortalidad y la migración, que
da lugar a una determinada composición en fun-
ción del sexo y la edad; pero dicha influencia
no se da en una única dirección, pues la estruc-
tura de la población afecta, a su vez, procesos
demográficos.
La edad y el sexo de la población inciden
directamente en el funcionamiento de la so-
ciedad, en la medida en que ésta asigna roles
y organiza grupos en función de la edad y el
sexo; también se esperan comportamientos di-
ferentes de adolescentes y ancianos, así como
son diferentes las necesidades de varones y
mujeres.
Los procesos demográficos crean desigual-
dades en la proporción de los sexos; así, la emi-
gración ha afectado en algunos casos única-
mente a mujeres y otras veces sólo a varones.
El descenso de la mortalidad beneficia a la po-
blación femenina, caracterizándose los países
occidentales por tener un número mayor de mu-
jeres en las edades más avanzadas.
En cuanto a la edad, conociendo la propor-
ción de individuos de cada grupo de edad, po-
demos hablar de una población joven o vieja.
Una población con un porcentaje superior al
35 % de gente por debajo de 15 años es una po-
blación joven; por el contrario, hablamos de
una población envejecida cuando el número de
efectivos por encima de 65 años supera el 10 %.
La información sobre los individuos en cada
grupo de edad es especialmente relevante para
la organización de la sociedad, por cuanto los
más pequeños y los mayores dependen de 
los demás para su supervivencia.
La estructura de las poblaciones se repre-
senta a través de las pirámides demográficas,
que significan la fotografía de una población
en un período determinado. La pirámide es una
expresión gráfica (histograma) que permite una
visión inmediata, facilitando la comparación
entre las distintas poblaciones. Las barras ho-
rizontales pueden representar los números ab-
solutos o sus proporciones con relación a la po-
blación total. Los sexos se representan a la
derecha y a la izquierda.
Las pirámides representan la población se-
gún el sexo y la edad de los efectivos que la
componen, pero a la vez ofrecen información
de los procesos demográficos que han afecta-
do a esa población a lo largo del tiempo. 
No es difícil reconocer en las pirámides los
accidentes históricos que han marcado las dis-
tintas poblaciones. Así, se puede observar por
ejemplo el impacto de la gripe que minó la po-
blación española de una determinada genera-
ción en 1918, o el estrangulamiento que se pro-
duce en las cohortes de varones nacidos en
torno al año 1915, que por su edad se vieron
obligados a participar en la Guerra Civil. Las
migraciones, que suelen ser selectivas, tam-
bién se ven reflejadas en las pirámides pobla-
cionales. 
Pero el fenómeno que determina la forma de
la pirámide es sin duda la natalidad. Un mayor
o menor número de nacimientos proporciona a
la base de la pirámide una forma característi-
ca. Así, una pirámide que se estrecha en la base
nos habla de una población que envejece, una
pirámide campaniforme habla de una pobla-
ción estacionaria, y una pirámide ancha en la
base y estrecha en el pico refleja una población
joven y en expansión.
La estructura poblacional por edad y sexo
se representa mediante pirámides, como pode-
mos observar en la Figura 3-1 referida a la po-
46 Principios de Geriatría y Gerontología
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blación española a partir de los datos recogi-
dos por el censo elaborado en el año 2001. La
pirámide denota una población envejecida, por
su estrechamiento en la base. Igualmente po-
demos observar que las mujeres, representadas
a la izquierda, son más numerosas que los va-
rones en el pico de la pirámide.
Procesos demográficos
Al hablar de natalidad nos referimos al núme-
ro de nacimientos en un período determinado,
pero este dato resulta poco significativo si no
se pone en relación con otros, para obtener in-
dicadores más precisos que puedan explicar
este fenómeno. 
La medición más general se lleva a cabo a
través de la tasa bruta de natalidad (TBN), que
indica el número de nacidos por cada mil ha-
bitantes en un período dado.
TBN = número de nacimientos en un
período/población media del
período × 1 000
Como se puede observar en la Tabla 3-1,
las tasas de natalidad en España han descen-
dido en las últimas décadas de manera apre-
ciable pasando de 18.76 en 1976 a 10.01 en el
año 2001.
Ahora bien, como ya se ha señalado, los pro-
cesos demográficos están interrelacionados y
condicionados por distintos factores, tanto bio-
lógicos como sociales. Así, la tasa de natalidad
Sociología de la vejez 47
Tabla 3-1. Evolución de las tasas brutas de natalidad y mortalidad en España (fuente: INE, 2003
Movimiento Natural de Población)
Años Tasa de natalidad Tasa de mortalidad
1976 18.76 8.28
1986 11.39 8.06
1996 9.20 8.91
2001 10.01 8.87
100 o más
90-94
80-84
50-54
60-64
70-74
40-44
30-34
20-24
10-14
0-4
mujeres varones
Figura 3-1. Pirámide de la población española. Datos referidos al año 2001 (fuente: INE,
2003. Elaboración propia).
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 47
no resulta un indicador completo, pues está
afectada por la estructura por edad y sexo de la
población; es decir, las tasas de natalidad se-
rán más altas cuantas más mujeres en edad fér-
til tenga la población de referencia.
Por esta razón se acude a otros indicadores
más sensibles, que se refieren más que a la na-
talidad a la fecundidad, definida ésta como el
número de hijos que tienen las mujeres en edad
fértil (15-49 años). El más conocido es el indi-
cador coyuntural de fecundidad, que mide el
número de hijos por mujer en edad fértil y que
en el año 2003 se situó en 1.30 frente al 1.26
del 2002.
La tasa de fecundidad específica por edad
pone en relación los nacimientos según la edad
de la madre con la distribución de la población
según edad y sexo, pero requiere un conjunto
de datos tan complejo que no es fácil de obte-
ner. Esta tasa mide el número de nacimientos
que tienen lugar en un año por cada mil muje-
res de una determinada edad.
A partir de la suma de las distintas tasas es-
pecíficas por edad se calcula el índice sintéti-
co de fecundidad o tasa global de fecundidad.
Representa una medida sintética de la intensi-
dad de la fecundidad, informando sobre el nú-
mero de hijos por mujer. Esta tasa se basa en
una proyección que supone tasas invariables de
fecundidad en cada edad durante todo el perío-
do fértil.
Se puede calcular igualmente, aunque sería
menos preciso, multiplicando la tasa general
de fecundidad por 35, que son los años de vida
fértil que se suponen a una mujer. 
El descenso de la mortalidad, relacionado
directamente con los avances médicos y el con-
trol de las distintas enfermedades, es sin duda
el fenómenoque ha caracterizado el crecimien-
to de la población mundial a lo largo del siglo
XX. Como la fecundidad, la mortalidad está
afectada por condicionantes biológicos y so-
ciales. Dos son los factores biológicos que en
mayor medida la determinan: la duración de la
vida o la edad máxima que los individuos pue-
den alcanzar, y la longevidad o la capacidad
que tienen para sobrevivir o hacer frente a la
muerte. En cuanto a los condicionantes socia-
les, hay que señalar que los modos de vida que
definen las distintas culturas determinan unas
pautas características de esperanza de vida y
mortalidad.
La medición de la mortalidad se lleva a cabo
fundamentalmente a través de dos indicadores:
el número de muertes y la esperanza de vida.
A partir del número de fallecimientos se calcu-
la la tasa bruta de mortalidad (TBM):
TBM = muertes en un período dado/
población media del período
× 1 000
La tasa bruta de mortalidad se mantiene en
España en cifras estables (Tabla 3-1), ya que
en 1976 era del 8.28, incrementándose ligera-
mente a 8.87 en el año 2001. Al igual que ocu-
rre con la natalidad, esta tasa puede convertir-
se en otra más específica si se relacionan las
muertes a una determinada edad con el total
de población comprendida en esa edad, obte-
niéndose la tasa de mortalidad específica por
edad.
Ningún análisis demográfico estará comple-
to si no se examina la mortalidad en los dos ex-
tremos de la pirámide: la mortalidad infantil y
la mortalidad en las edades más avanzadas.
La mortalidad infantil se refiere al número
de fallecimientos durante el primer año de vida,
por cada mil nacidos vivos. Este indicador es
uno de los primeros que se consulta para cono-
cer el estado de desarrollo de las sociedades.
Así, las tasas más altas de mortalidad infantil
se registran en los países de África ecuatorial,
y las más bajas en los países que han logra-
do los más altos niveles de desarrollo social y
médico (Suecia), habiendo descendido en
España de 18.88 fallecidos en 1975 a 3.45 en
el año 2001.
Por otro lado, a medida que se avanza en
edad, aumenta el riesgo de contraer enferme-
dades, y las posibilidades de fallecer son cada
vez mayores. Por encima de los 60 años, las
enfermedades cardiovasculares, y en segundo
lugar el cáncer, provocan la mayoría de los fa-
llecimientos. En el año 2001, el 86.6 % de los
fallecidos en España superaban la edad de 60
años.
Es el análisis de la morbilidad el que deter-
mina la incidencia de las distintas enfermeda-
48 Principios de Geriatría y Gerontología
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 48
des, o el número de personas enfermas puesto
en relación con el número de personas sanas.
Estos análisis han revelado que las enfermeda-
des contagiosas constituyen la principal causa
de muerte a nivel mundial, especialmente en
los países cuya sanidad pública está menos de-
sarrollada.
La tabla de mortalidad es uno de los instru-
mentos básicos del análisis demográfico. Se
trata de una herramienta estadística de cierta
complejidad que resume la mortalidad de una
población y cuyo objetivo básico es el cálculo
del promedio de vida restante, o lo que es lo
mismo, la esperanza de vida. Supone un índi-
ce del número de años que, a partir de la edad
actual y con niveles de mortalidad constantes,
un individuo puede esperar vivir.
Pero tal vez el indicador más utilizado para
valorar la incidencia de la mortalidad o la re-
sistencia de una población a la muerte sea el
índice de esperanza de vida al nacer, que infor-
ma sobre los años que potencialmente vivirán
las personas como promedio a partir de su na-
cimiento. Este indicador se basa en una pro-
yección y supone que las condiciones de mor-
talidad no varían durante el período de
referencia. Pero no hay que obviar que las con-
diciones pueden variar en función de un acon-
tecimiento inesperado, que puede incidir en el
movimiento natural de la población, haciendo
que estos indicadores varíen. Es el caso por
ejemplo de una guerra, o de una catástrofe na-
tural.
El cálculo de este índice ofrece cierta com-
plejidad. Para su elaboración habrá que obte-
ner en primer lugar la probabilidad de morir, a
través de las tablas de mortalidad. Huelga de-
cir que la esperanza de vida está estrechamen-
te relacionada con la incidencia de la mortali-
dad, especialmente la infantil.
En poco menos de dos décadas la esperan-
za de vida media ha aumentado en España de
76.55 años en 1986 a 79.25 años en el año 2001
(Tabla 3-2); sin embargo, hay que recordar que
en el continente africano, en los países más des-
favorecidos (Nigeria, Sudáfrica…), la pobla-
ción apenas alcanza los 50 años de vida.
Canadá, Australia, Japón, Noruega… son al-
gunos de los países que cuentan con los indi-
cadores más altos: entre 76 y 77 años para los
varones, y en torno a los 84 para las mujeres.
España se encuentra igualmente entre los paí-
ses que ostentan los indicadores más altos de
esperanza de vida al nacer, siendo en la actua-
lidad de 75 años para los varones y 83 para las
mujeres. Dentro del territorio peninsular hay
que destacar el caso de Galicia, que con una es-
peranza de vida media en torno a los 78 años,
se puede considerar uno de los lugares que os-
tenta la mayor longevidad del mundo.
Finalmente, nos referimos a lo que se cono-
ce como mortalidad diferencial. Es sabido que
la mortalidad no incide en las personas de la
misma manera, y también son conocidas las
probabilidades de enfermar y morir según las
distintas edades y sexos; sin embargo, son me-
nos notorias las diferencias en la mortalidad
por condicionantes sociales. Las diferencias en
la mortalidad según la clase social constituyen
una de las formas de desigualdad más extendi-
das en las sociedades modernas. De la misma
manera, en las sociedades con mayor nivel edu-
cativo o de renta, los indicadores de mortali-
dad arrojan tasas más bajas. 
También existen diferencias en la mortali-
dad entre las zonas urbanas y rurales, y si bien
hace unas décadas vivir en la ciudad podía cons-
tituir un riesgo, dadas las mayores tasas de mor-
talidad por enfermedades cardíacas, o por aqué-
llas que provoca la contaminación ambiental,
hoy día, los avances médicos y el desarrollo de
la sanidad pública han favorecido a las ciuda-
des más que a las zonas rurales, observándose
unas mejores tasas de mortalidad en las zonas
urbanas.
La migración se define como cualquier cam-
bio permanente de residencia. Al contrario de
lo que ocurre con la natalidad y la mortalidad,
la migración es un fenómeno que puede o no
producirse, repetirse o revertirse; y también se
Sociología de la vejez 49
Tabla 3-2. Evolución de la esperanza de vida
al nacer en España (fuente: Eurostat)
Año Varones Mujeres
1986 73.3 79.8
1996 74.4 81.7
2001 75.7 82.5
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 49
diferencia de los otros procesos en que no afec-
ta a un único individuo, en la medida en que
puede afectar a una familia completa, o inclu-
so a una comunidad. Estas características con-
vierten la migración en el más complejo de los
procesos demográficos, pues para su análisis
ha de tenerse en cuenta una gran variedad de
información, tanto relativa a las personas que
emigran: edad, sexo, nivel de estudios…, como
al propio hecho migratorio: los lugares de ori-
gen y destino, el número de veces, la duración,
o sobre todo, las razones que originan los tras-
lados. Las personas que migran se definen como
emigrantes en el lugar de origen, e inmigran-
tes en el lugar de destino. Cuando la migración
se realiza dentro del mismo país se denomina
interna, y externa cuando sobrepasa los lími-
tes fronterizos del país de origen. Dentro de la
migración interna hay que destacar un proce-
so característico que se da a lo largo de todo
el mundo: el éxodo rural, o el despoblamien-
to de las áreas rurales para engrosar las pobla-
ciones de las áreas urbanas, generalmente más
próximas.
La emigración se considerauna estrategia
para la mejora de las condiciones de vida, no
siempre relacionada con la situación económi-
ca, pues aunque ésta es la razón prioritaria, exis-
ten otras que motivan la emigración; entre és-
tas podemos destacar las razones políticas, que
afectan a las personas en desacuerdo con el ré-
gimen o perseguidas por sus gobiernos.
El análisis de la migración es de especial re-
levancia dado el impacto que este fenómeno
tiene tanto en la sociedad de origen como en la
de destino, pues da lugar a alteraciones en la
estructura por edad y sexo, y con ello en la na-
talidad y mortalidad; así, una población que ha
expulsado a una buena parte de sus mujeres fér-
tiles, verá reducida su tasa de natalidad, que se
incrementará en el país de destino. Las conse-
cuencias económicas son más evidentes: el tra-
bajo de los inmigrantes ha contribuido al cre-
cimiento de los países receptores, y aunque sus
remesas han ayudado también en los países de
expulsión, aquí son más las repercusiones eco-
nómicas negativas, teniendo en cuenta que es
en el país de expulsión donde crecen y se for-
man los emigrantes, que al emigrar, general-
mente en su período productivo, contribuyen a
engrosar el PIB del país de destino.
La medición de los flujos migratorios (entra-
das y salidas de emigrantes e inmigrantes) se lle-
va a cabo a través de los siguientes indicadores:
— Migración neta o saldo migratorio: resul-
ta de la diferencia entre las salidas y entradas,
teniendo en cuenta los cuatro flujos, las salidas
de los nacionales y sus retornos, y las entradas
y salidas de los inmigrantes, en un período de-
terminado.
— Tasa de emigración: relación entre las sa-
lidas de nacionales y la población total, expre-
sada en miles.
— Tasa de inmigración: relación entre las
entradas de extranjeros y la población total.
La diferencia entre ambas tasas se conoce
como tasa bruta de migración neta.
España ha pasado en las últimas décadas de
ser un país de expulsión a ser un país receptor.
La región del territorio nacional más afectada
por la emigración ha sido Galicia, que registró
dos períodos a lo largo del siglo XX: uno a prin-
cipios de siglo, de emigración ultramarina; y
otro a mediados del mismo, con destinos prin-
cipalmente en Europa. La emigración no ha ce-
sado en esta región, aunque en la actualidad es
de carácter interno, calificada más precisamen-
te de éxodo rural, observándose un despobla-
miento acusado en las zonas rurales menos fa-
vorecidas económicamente. De todos modos,
este éxodo se está viendo en la actualidad com-
pensado por la llegada de inmigrantes, cada vez
más numerosa, principalmente de países ibe-
roamericanos, africanos, y en menor medida de
Europa del Este, sumada al retorno de emigran-
tes que agotaron su período productivo en el
país de destino, concluyendo el proceso migra-
torio de regreso en el país de origen.
Crecimiento y evolución de la población
Tal vez el principal interrogante que nos plan-
teamos al indagar sobre una población concre-
ta tenga que ver con el volumen y evolución de
la misma: ¿cuántos son?, ¿aumentan o dismi-
50 Principios de Geriatría y Gerontología
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 50
nuyen con el paso de los años? El interés por
conocer estos datos dio lugar a los primeros re-
cuentos del siglo XIX. El cálculo de las tasas de
crecimiento satisface esta inicial curiosidad,
pues éstas nos permiten conocer si la población
ha aumentado o disminuido en ese período de
tiempo, y en cuántas unidades expresadas en
números absolutos o en forma de porcentaje.
Crecimiento vegetativo = (nacimientos 
– defunciones) + (inmigración – emigración)
Tasa de crecimiento relativo = población
final – población inicial/población inicial 
× 100
La medición del crecimiento es importante
por cuanto tiene que ver con el desarrollo eco-
nómico, y como ya se apuntó en la intro-
ducción, existe un amplio debate en torno al
problema del crecimiento de la población como
freno al desarrollo. Además, los gobiernos ne-
cesitan esta información para planificar las in-
tervenciones con políticas de control de nata-
lidad, como es el caso de China, el país con
mayor crecimiento, o pronatalistas, como es el
caso de Francia, que ha visto comenzar su cre-
cimiento negativo.
El crecimiento observado en la población
mundial desde finales del siglo XIX se atribuye
a la caída de las tasas de mortalidad; sin em-
bargo, la tendencia de los países más desarro-
llados en la actualidad es al estancamiento o
decrecimiento, en este caso debido al compor-
tamiento de la natalidad.
Aunque el crecimiento de la población en
España ha sido constante en el siglo pasado
(Fig. 3-2), sobre todo en las grandes ciudades
debido en buena medida al éxodo rural, en la
actualidad la pauta ha revertido en lo que se ha
dado en llamar éxodo urbano: las ciudades gran-
des expulsan población hacia los municipios
limítrofes. Este fenómeno tiene que ver con la
especulación inmobiliaria, ya que el precio de
la vivienda en la ciudad no es asequible para la
gente joven, que busca alternativas en las loca-
lidades más próximas.
Además, el crecimiento vegetativo en España
ha pasado de un saldo positivo de 378449 per-
sonas en 1976 a 46259 en el año 2001.
El estudio de la evolución de la población
es de extrema importancia a la hora de la pla-
nificación y la implementación de las políticas
públicas en cualquier ámbito social: urbanis-
mo, sanidad o educación. Todas necesitan de
la información demográfica para adecuar las
medidas a las necesidades presentes y futu-
ras. Con esta intención se realizan las proyec-
ciones demográficas, que estiman el volumen
poblacional y su estructura para un plazo fu-
turo, basándose en los patrones observados en
el pasado. Los fenómenos demográficos son
en cierta manera estables, al menos a corto o
medio plazo, los cambios se producen de for-
Sociología de la vejez 51
50000000
40000000
30000000
20000000
10000000
 0
1900 1910 1920 1930 1940 1950 1960 1970 1981 1991 2001
España
Evolución de la población española
Figura 3-2. Evolución de la población española (fuente: INE. Elaboración propia).
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 51
ma gradual; sin embargo, las proyecciones
han de interpretarse con cautela, teniendo en
cuenta que un hecho social inesperado (una
guerra, una catástrofe, una inmigración o emi-
gración masiva…) puede alterar estas previ-
siones.
Los avances en la Medicina favorecieron 
un descenso en las tasas de mortalidad y un au-
mento en la esperanza de vida que, junto con
la caída de las tasas de natalidad, han supues-
to un continuo envejecimiento de la población
en las últimas décadas, fenómeno demográfi-
co que caracteriza en la actualidad a las socie-
dades más desarrolladas.
El envejecimiento de la población o aumen-
to del volumen del grupo poblacional en eda-
des más avanzadas está condicionado por fac-
tores sociales y desde luego biológicos.
Un primer indicador, tal vez el más inme-
diato, que nos adelanta el estado de la estruc-
tura de la población, es la media de edad.
Como ya se ha apuntado, el envejecimiento
de la población significa el aumento de la pro-
porción de los mayores con respecto a la po-
blación total. Está estandarizada la considera-
ción de los 65 años como el inicio de la vejez;
por tanto:
Proporción de mayores = población mayor
de 65/población total × 100
Además, utilizando como indicador el nú-
mero de personas mayores de 65 años que hay
por cada 100 habitantes de una determinada po-
blación, se habla de población envejecida cuan-
do esta proporción supera el 10 %.
La población española ha visto incrementar
este índice de manera continua desde media-
dos del siglo XX.
Una manera más precisa de calcular el enve-
jecimiento es la que se lleva a cabo al poner en
relación la población mayor con la más joven: 
Índice de envejecimiento = población de
65 y más años/poblaciónmenor de 20 años 
× 100
Otro de los indicadores más utilizados en los
análisis demográficos es la tasa de dependen-
cia. Se conoce como población dependiente a
la población no activa, considerándose pobla-
ción activa toda aquella en edad de trabajar (en-
tre 16 y 65 años). La tasa de dependencia pone
en relación a estos dos grandes grupos de po-
blación. Esta tasa puede descomponerse en dos
específicas: la juvenil y la referida a la pobla-
ción mayor.
Tasa de dependencia senil = población
mayor de 65/población entre 20 y 64 años 
× 1 000
Esta tasa mide el impacto social y económi-
co de la estructura por edad de la población.
Las tasas más elevadas se explican por un ma-
yor número de personas que dependen de los
individuos activos, y al contrario, las tasas ba-
jas suponen una menor carga socioeconómica
para la población activa.
Conocido el alto grado de envejecimiento
de la población, únicamente queda comprobar
si las generaciones jóvenes que se incorporan
al mercado laboral tienen la capacidad de reem-
plazar a aquellas que se van jubilando. Esta me-
dición se lleva a cabo a través del índice de 
reemplazo:
Índice de reemplazo = población entre 60
y 64 años/población entre 20 y 25 años × 100
Estimando que la edad media de comienzo
en el trabajo está en 20 años, la población que
empieza a trabajar es apenas suficiente para
sustituir a las personas que ceden su puesto de
trabajo por efecto de la jubilación.
En los últimos años se ha comenzado a ha-
blar del envejecimiento para hacer referen-
cia a la población de más edad, a la pobla-
ción considerada mayor. Para medir este
fenómeno se calcula el índice de sobreenve-
jecimiento:
Índice de sobreenvejecimiento = 
población mayor de 84 años/población
mayor de 64 × 100
En la actualidad, las personas más mayores
(en torno a los 85) representan más de una dé-
cima parte de la población por encima de 65
años.
Finalmente, el carácter predictor de la de-
mografía nos permite acercarnos a través de las
proyecciones demográficas a lo que represen-
52 Principios de Geriatría y Gerontología
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 52
tará en el futuro el grupo de población mayor
(Fig. 3-3).
En España, actualmente, la población que
supera los 65 años se acerca a los siete millo-
nes de personas, pero las estimaciones realiza-
das por los expertos hablan de un incremento
progresivos en las próximas décadas, afirman-
do que en tres décadas se habrá duplicado esta
cifra, que superará los 12 millones antes de lle-
gar al año 2040, con predominio de las muje-
res debido a su mayor supervivencia.
Repercusiones socioeconómicas
del envejecimiento
Los aspectos sociales del envejecimiento, me-
nos visibles que los biológicos, están más rela-
cionados con los roles que dentro de la estructu-
ra social se asignan a las personas mayores,
esperando de ellas una conducta bien diferencia-
da de la de los restantes grandes grupos etarios.
Así, por ejemplo, se produce una pérdida del
estatus relacionada con el fin del período pro-
ductivo, en la medida en que el estatus está de-
terminado por la ocupación o los ingresos de-
rivados del trabajo. Esta circunstancia dota al
hecho de la jubilación de un cierto carácter igua-
litario; es decir, con ella se difumina de algún
modo la distancia social.
Sin embargo, las diferencias sociales que
originan los distintos modos de vida determi-
nan el proceso de envejecimiento. Así, no se
envejece igual en las ciudades que en el me-
dio rural, y si bien hace un siglo vivir en la
ciudad podía constituir un riesgo para la sa-
lud, hoy en día los recursos sanitarios están
más al alcance de la población urbana, dotan-
do de una mayor calidad de vida a los cada
vez más años que dura el proceso de enveje-
cimiento.
La situación de dependencia se agrava en
sociedades que registran un alto volumen de
paro, así como en aquellas minadas por la emi-
gración, que dejan a la población sin un núme-
ro significativo de los efectivos activos.
Y si la carga económica que supone a la so-
ciedad el envejecimiento de la población ya se
considera un grave problema, pues pone en ries-
go el sistema sociosanitario, no lo es menos la
carga social. El colectivo de personas mayores
presenta unas demandas características, hasta
hace poco inexistentes, a las que las políticas
sociales habrán de dar respuesta.
Por otro lado, sobre la base de ese carácter
previsor que se supone a la demografía habrá
que considerar las demandas futuras de una po-
blación mayor distinta a la actual, donde mu-
chas más personas alcanzarán las edades más
altas de la pirámide.
Sociología de la vejez 53
14000000
12000000
10000000
8000000
6000000
4000000
2000000
0
2000 2005 2010 2015 2020 2025 2030 2035 2040
Figura 3-3. Evolución futura de la población mayor en España (fuente: INE, 2003. Series
demográficas. Elaboración propia).
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 53
Los mayores del año 2020 serán, por ejem-
plo, personas con un mayor nivel cultural, pues
en su juventud la educación no era un privile-
gio, como lo fue para la población mayor de la
actualidad, caracterizada por un alto índice de
analfabetismo.
Se espera también que se iguale la razón de
masculinidad, en la medida que la mortalidad,
que en la actualidad favorece a las mujeres ma-
yores, se equipare, haciendo que disminuya el
número de viudas, hoy superior al de viudos.
La supremacía femenina en las edades de la
ancianidad en los estados de soltería y viude-
dad obedece, en parte, a la superior capacidad
biológica de supervivencia de la mujer. La cer-
teza de esta realidad y que, por consiguiente, en
el conjunto total de la población haya más mu-
jeres que hombres explica asimismo tanto la
magnitud de las cifras de viudas como la ma-
yor proporción de solteras. Todo ello pese a que,
recordemos, nacen más varones que mujeres.
Evidentemente, al haber más mujeres den-
tro de la población total, el número de solteras
ha de ser mayor que el de solteros, pero tam-
bién es constatable la alta proporción de viu-
das respecto de las mujeres que están casadas
en estas edades. Las razones son diversas, unas
de tipo biológico y otras de significado socio-
lógico. Veamos algunas de ellas:
— Es lógico que haya entre los casados más
hombres que mujeres al rebasar los 65 años, ya
que la diferencia de edad en los matrimonios,
más acusada entre las generaciones anteriores
que entre las más jóvenes, hace que cuando los
hombres han superado los 65 años sus esposas
no han alcanzado aun esta edad.
— El número de viudas es muy superior en
razón de la mayor capacidad de supervivencia
de la mujer, que alcanza una esperanza de vida
superior a la del varón.
— Asimismo, influye el hecho de que al ha-
ber estado la mujer hasta hace relativamente
poco tiempo apartada de determinadas compe-
tencias, trabajos, usos y costumbres tenidos
como privativos o más propios de los hombres,
se haya visto limitada la incidencia de los efec-
tos nocivos de los mismos en la morbimortali-
dad femenina.
— También la diferencia de edad entre los
cónyuges de edad avanzada permite que, aun
en el supuesto de que ambos fallezcan a la mis-
ma edad, la mujer sobreviva como viuda al ma-
rido, que generalmente suele ser mayor, el mis-
mo número de años que cronológicamente les
separan.
— Por último, convendría señalar, como
dato y hecho sociológico y estadístico muy im-
portante, el conjunto de condicionamientos so-
ciofamiliares que inciden en el comportamien-
to de los viudos y viudas —así como ahora en
el de los divorciados— modificándolo y diver-
sificándolo a la hora de contraer nuevas nup-
cias. La mayor propensión a la celebración de
ulteriores matrimonios entre los viudos que en-
tre las viudas influye en los censos de pobla-
ción, haciendo disminuir el número total de viu-
dos y engrosando el de casados, pues todos
aquellos que queden viudos y se casen de nue-
vo entre dos censos, en elsegundo volverán a
figurar como casados en vez de hacerlo como
viudos. La mayor frecuencia con que se casan
otra vez los viudos respecto de las viudas con-
tribuye también a que el número de aquéllos
sea menor que el de éstas.
No hay ninguna duda respecto a que la me-
jor manera de envejecer es la que se da en el
mismo entorno sociofamiliar; sin embargo, los
tipos de familia y los modos de convivencia
han evolucionado a lo largo del siglo, pasando
de familias extensas, compuestas por tres ge-
neraciones, a familias nucleares de dos o inclu-
so una única generación. Esto ha supuesto un
déficit en los sistemas de apoyo, y son cada vez
más las personas que soportan su proceso de
envejecimiento en la más absoluta soledad; si
bien es frecuente que en las edades más avan-
zadas se instalen de nuevo con sus hijos o fa-
miliares más próximos, en el mejor de los ca-
sos, suponiendo para éstos una «carga» a veces
imposible de sostener.
Las políticas públicas han de prestar aten-
ción a todas estas cuestiones, a fin de adecuar
los servicios a las demandas reales, sobre todo
dotando a los familiares y cuidadores de las
ayudas necesarias para poder ofrecer a sus ma-
yores un envejecimiento digno.
54 Principios de Geriatría y Gerontología
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 54
La investigación epidemiológica tiene tam-
bién un importante papel, pues son en defini-
tiva las enfermedades crónicas las que restan
calidad de vida a las personas mayores, encon-
trándose ciertas enfermedades como la de
Alzheimer o Parkinson entre las primeras cau-
sas de incapacidad de ese colectivo.
Con las actuales tasas de natalidad el proce-
so de envejecimiento de la población continua-
rá en el futuro, de modo que a las políticas pro-
natalistas habrá que sumar otras que refuercen
la protección social de este colectivo en expan-
sión, que presenta una demanda de servicios
cada vez mayor y más variada.
A las nuevas demandas ha de responder
igualmente el mercado laboral, abriendo las
puertas a un sector que verá notablemente in-
crementada su oferta en los próximos años, es-
pecialmente en el área sanitaria y asistencial,
así como en la gestión de los centros destina-
dos a esta población.
ASPECTOS SOCIOLÓGICOS
DE LA VEJEZ
El incremento de la población anciana en nues-
tra sociedad es un hecho evidente que demues-
tra, por una parte, unas mejores condiciones vi-
tales y sociales que han facilitado el aumento
de la esperanza de vida y, por otra, la necesidad
de que sean acometidas políticas sociales acor-
des con esta nueva realidad. Para ello, es preci-
so tener un conocimiento lo más aproximado
posible de los aspectos sociales vinculados con
las personas mayores y con la ancianidad.
Sin embargo, este hecho no significa que se
estén alcanzando edades superiores a las más
altas a las que haya llegado el ser humano como
tal, sino que son más las personas que llegan a
las edades más avanzadas. No hay que confun-
dir longevidad de los individuos con envejeci-
miento de la población.
Este aumento de la población anciana, los
sistemas actuales de producción, los modelos
familiares vigentes, las características y dimen-
siones de las viviendas, los servicios sociales
y los planteamientos económicos requeridos
por la nueva configuración demográfica se tra-
ducen y manifiestan en importantes consecuen-
cias sociales, sanitarias, económicas, geográficas
y políticas que preocupan a los gobiernos actua-
les y significan un importante desafío para los del
futuro en orden a la protección social de la an-
cianidad y al beneficio de los derechos humanos
de un número cada vez mayor de personas con
edades superiores a los 65 años que, habiendo su-
perado su etapa de actividad laboral, demanda-
rán una integración plena, más servicios asisten-
ciales y el respeto y disfrute de sus derechos.
En relación con esta preocupación, en abril
del año 2002, se ha celebrado en España la II
Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento.
Entre las finalidades de este encuentro cabe
destacar la realización de un examen general
de los resultados de la I Asamblea, que tuvo lu-
gar en Viena en 1982, y la aprobación de un
plan de acción revisado y una estrategia a lar-
go plazo sobre el envejecimiento, en el contex-
to de una sociedad para todas las edades. En
este foro se ha prestado especial atención, en-
tre otras cosas, a aspectos como las caracterís-
ticas del proceso de envejecimiento y el de-
sarrollo, las nuevas pautas para la jubilación,
la asociación entre el sector público y el priva-
do, y el aumento de la solidaridad intergenera-
cional, la cual se manifiesta, en primer lugar,
en el propio hogar y con la familia.
A este respecto, podríamos considerar la fa-
milia como «la casa paterna», entendiendo por
«familia nuclear», en sentido estricto, la for-
mada por los padres y los hijos. Pero la fami-
lia evoluciona, la familia cambia. Las nuevas
situaciones se reflejan en la relación entre sus
miembros, con independencia de las edades y
del grado de parentesco, habiéndose pasado en
la sociedad urbana e industrializada de la fami-
lia extensa a la nuclear o conyugal, lo cual no
es óbice para que en determinados entornos so-
ciales, como por ejemplo en el rural, existan
todavía hogares en los que conviven núcleos
familiares de varias generaciones.
Y en este contexto también nos podríamos
preguntar: ¿cuál es el papel de los abuelos?
Tomando un símil artístico, los abuelos vienen
a ser el marco que encuadra la obra. La obra
artística (padres e hijos) y el marco (los abue-
los) han de estar hechos el uno para el otro; sólo
Sociología de la vejez 55
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 55
así la pieza expuesta en la galería de arte de la
vida será reconocida y tendrá un valor social.
El envejecimiento es una evolución progre-
siva, lenta e irreversible, que afecta a todos los
seres vivos; es hasta el momento el único ca-
mino posible para vivir muchos años.
A lo largo de toda la vida vamos aprendien-
do y madurando. La denominada tercera edad
es el momento más alto de la madurez. Las per-
sonas mayores tienen en su poder un tesoro de
sabiduría y experiencia, y sólo por ello mere-
cen respeto, ser valoradas y no marginadas.
Es necesario analizar la calidad de vida en la
vejez, ya que hay una despreocupación y una
falta de interés afectivo por los problemas rea-
les que pueden experimentar las personas en la
última etapa de su vida.
Por consiguiente, nos parece de gran impor-
tancia estudiar y relacionar estos temas ya que,
tanto actualmente como dentro de unos años,
la mayor parte de nuestra población va a estar
en esta situación. Hoy en día son muchas las
cosas que la sociedad está proponiendo y ha-
ciendo por este colectivo. Aquí entrarían, apar-
te de las ayudas económicas recibidas del go-
bierno, los descuentos en transportes públicos,
en servicios como el teléfono, en cines, teatros,
museos...
Tal es la importancia que está adquiriendo
la vejez, que incluso ciertas cadenas de televi-
sión le dedican una semana con programación
especial mediante distintos documentales rela-
cionados con las situaciones más cotidianas y
los relatos de historias de vida de personas que
están en esta etapa de su existencia. 
Al llegar a una edad avanzada aparecen pro-
blemas que pueden dificultar las actividades de
la vida diaria, por lo que muchos de los ancia-
nos o personas mayores se deben plantear un
estilo de vida nuevo, al necesitar la ayuda de
alguien para realizar ciertas actividades, aun-
que la mayoría se resistan a abandonar sus ho-
gares o a aceptar la ayuda de parientes o de per-
sonas ajenas a la familia.
Por ello hemos creído interesante comparar la
calidad de vida en dos ámbitos: las residencias
(lugar de destino de los ancianos cuando ya no
pueden vivir solos) y los domicilios particulares,
en los que están cuidados por sus familiares.
La Gerontología Social trata de los fenóme-
nos humanosasociados al hecho de envejecer,
proceso inherente a toda persona; investiga los
fenómenos fisiológicos, psicológicos y socia-
les como causas de transformación y cambios
ocasionados en la evolución continua y cíclica
del hombre. Los viejos se configuran como una
categoría independiente del resto de la socie-
dad, separados como grupo con características
propias. La vejez separa más del resto de la so-
ciedad que otros atributos cronológicos o so-
ciales, suscita reacciones negativas y no resul-
ta sólo una variable descriptiva de la condición
personal del sujeto, como la apariencia física,
el estado de salud, el sexo, etc.:
a) Vejez cronológica: viene definida por el
hecho de haber cumplido los 65 años. Se basa
en las edades de retiro tradicionales, cuyo pri-
mer precedente aparece con las medidas socia-
les. Científicamente está comprobado que el
hombre sufre una pérdida de neuronas y una
claudicación progresiva de la memoria a partir
de los veinte años, pero tampoco cabe olvidar
que una misma edad ofrece resultados desigua-
les en salud, aptitud funcional, inteligencia,
educación, etc., e individuos de diferentes eda-
des pueden tener características físicas y psí-
quicas semejantes.
b) Vejez funcional: corresponde a la utiliza-
ción del término «viejo» como sinónimo de in-
capaz o limitado, y refleja la asimilación tradi-
cional de vejez y limitación. Se trata de un
concepto erróneo, pues la vejez no representa
necesariamente incapacidad; por consiguiente,
hay que luchar contra la idea de que el viejo es
funcionalmente limitado.
c) Vejez o etapa vital: esta concepción de la
vejez resulta la más equilibrada y moderna, y
se basa en el reconocimiento de que el trans-
curso del tiempo produce efectos en la perso-
na, la cual entra en una etapa distinta a las vi-
vidas previamente. Plantea ciertas limitaciones
para el sujeto, que con el paso del tiempo se
van agudizando, especialmente en los últimos
años de la vida, pero tiene, por otra parte, unos
potenciales únicos y distintivos: serenidad de
juicio, experiencia, madurez vital, perspectiva
de la historia personal y social, que pueden com-
56 Principios de Geriatría y Gerontología
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 56
pensar, si se utilizan adecuadamente, las limi-
taciones de esta etapa de la vida.
El enfoque de la vejez como etapa vital se
inserta en las modernas teorías y prácticas de
la psicología del desarrollo humano, de la so-
ciología de lo posible, del trabajo social inte-
grador. Estas orientaciones científicas y profe-
sionales destacan la unicidad de la experiencia
humana positiva vivida por cada persona res-
petando su individualidad, pero insertándose
en una sociedad de grupos fortalecidos y po-
tenciados por la aportación de cada sujeto.
El envejecimiento no es una enfermedad,
sino un proceso biológico natural, corolario
obligatorio de toda forma de vida. El hombre
siempre ha estado interesado en saber por qué
envejece.
Si nos remontamos a las culturas primitivas,
el envejecimiento se relaciona con conceptos
mágicos y religiosos. En la antigüedad,
Aristóteles defendía que el organismo enveje-
ce debido a la pérdida progresiva de calor.
Posteriormente, Leonardo da Vinci concluyó
en sus estudios anatómicos (realizados por me-
dio de necropsias) que el origen del envejeci-
miento está en la pérdida de flexibilidad de los
tejidos orgánicos y el endurecimiento del co-
lágeno. Actualmente, hay diversas teorías, unas
basadas en los procesos orgánicos y otras en la
genética, que intentan explicar satisfactoria-
mente el envejecimiento. Desde un punto de
vista biológico, una de ellas sugiere que la ve-
jez se produce por acumulación de productos
de desecho, tanto en el interior de todas y cada
una de las células, como en el organismo glo-
balmente considerado; otra defiende que enve-
jecemos porque con los años disminuye la ca-
pacidad de defensa del organismo frente a las
agresiones que recibe. La medicina popular tra-
dicional basa el envejecimiento en el desgaste
progresivo del organismo, pareciendo fuera de
toda duda que se da una mezcla de circunstan-
cias genéticas y ambientales en el hecho de en-
vejecer.
Pero, ¿cuándo comienza el envejecimiento?
Sabemos que el ser humano pasa, en su vida,
por distintas etapas evolutivas: la infancia, la
adolescencia, la madurez y la vejez. En todas
estas etapas hay células que nacen y células que
mueren; por tanto, podríamos decir que empe-
zamos a envejecer en la infancia, o incluso ya
en la vida intrauterina, y podríamos afirmar
además que envejecemos desde el mismo mo-
mento de la concepción. En resumen, la vida
es en todo momento un proceso dinámico.
En la vejez hay un desequilibrio de signo ne-
gativo entre los procesos de anabolismo y ca-
tabolismo (capacidad para producir energía y
consumo de la misma) y, por consiguiente, la
reconstrucción del organismo es cada vez más
deficitaria.
La imagen del cuerpo de un anciano es la de
un cuerpo cansado, deteriorado, más lento, más
torpe y menos bonito del que desearíamos con-
servar para toda la vida. Pero un cuerpo enve-
jecido es también un cuerpo lleno de sensacio-
nes, emociones, sentimientos y necesidades. El
paso de los años ha producido en él modifica-
ciones, tanto internas como externas, debidas
al proceso natural y al envejecimiento de las
células, tejidos y órganos.
Es necesario asumir estas transformaciones
que sufre nuestro cuerpo al llegar a la vejez
como un momento evolutivo más en el deve-
nir de nuestra vida. Esas modificaciones nos
instan a buscar nuevas formas de utilización
del cuerpo para llevar una vida acorde con las
necesidades y requerimientos del momento pre-
sente.
Si compartimos esta visión del proceso bio-
lógico de envejecimiento es fácil diferenciar
vejez (una etapa más de la vida de todo ser vivo)
y senectud (vejez + enfermedad). A partir de
esta diferenciación podemos afirmar, de acuer-
do con el manifiesto de la OMS en 1982, que
todo cuerpo es sano, sean cuales sean las mo-
dificaciones que presente al llegar a la vejez,
siempre y cuando el anciano disfrute de un es-
tado de bienestar y al mismo tiempo demues-
tre, de forma continua, que quiere mantenerlo
con hábitos de vida alimentaria, social y de mo-
vimiento, seguidos de forma consciente. Es de-
cir, una vejez sana es aquella que se vive en un
estado global de autosuficiencia.
El anciano sólo siente su cuerpo a través de
las molestias que le producen las modificacio-
nes propias de su edad. Estas modificaciones
no las interpreta como tales, y ello le impide
Sociología de la vejez 57
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buscar las nuevas formas de utilización del cuer-
po a las que antes nos referíamos. El cuerpo
viejo se convierte en un cuerpo sedentario y ne-
gado. Un cuerpo sedentario implica un proce-
so de envejecimiento más acentuado, la nega-
ción del cuerpo, lo que provoca una falta
progresiva de sintonía entre la propia imagen
corporal y mental y la situación real, que a su
vez desemboca en un desequilibrio psicológi-
co. Mantener y potenciar el mayor dinamismo
corporal posible y promover su autonomía y
bienestar son algunos de los factores imprescin-
dibles para vivir una vejez sana y disfrutar de
una buena calidad de vida, elemento indispen-
sable para cualquier otro tipo de dinamización.
Con la edad, nuestro cuerpo sufre una serie
de modificaciones, fruto del proceso natural de
envejecimiento. Estas modificaciones conlle-
van una serie de cambios en el funcionamien-
to general del organismo que se manifiestan
tanto interna como externamente. Las estruc-
turas internas sufren un progresivo desgaste,
tanto en su aspecto morfológico como fisioló-
gico, que afecta directamente a su funcionali-
dad. Los ancianos ven disminuidas sus posibi-
lidades motrices; son menos ágiles y dinámicos,
se cansan con mayor facilidad ante un menor
esfuerzo y su respiración es más irregular ycostosa. Sobrevienen dificultades en la inges-
tión de los alimentos, problemas para mante-
ner el sueño continuo y una mayor lentitud en
las respuestas genitales. Las funciones nervio-
sas no quedan al margen de ese proceso. Los
viejos tienen menos agilidad mental, pierden
memoria y tienen una menor capacidad de
aprendizaje.
La imagen externa del ser humano también
sufre una serie de transformaciones: el cuerpo
de un anciano no es ya un cuerpo erguido, fir-
me y predispuesto en todo momento a cualquier
acción; es un cuerpo flácido, arrugado y con
deformidades. Sus movimientos son lentos, a
veces imprecisos, temblorosos y rutinarios.
Aparecen arrugas muy marcadas en la cara. Los
ojos se hunden, los cabellos se vuelven ralos y
blancos, la voz se hace temblorosa y se produ-
ce una pérdida progresiva de la dentadura.
Todos estos efectos pueden quedar refleja-
dos en aquel cuento gallego que refiere cómo
un rapaz se encontró una vez con la muerte y
se hicieron muy amigos. Al despedirse, el ra-
paz le dijo a su nueva amiga que puesto que ha-
bían llegado a intimar y a tal grado de confian-
za, le iba a pedir un favor: que le avisara antes
de venir a por él, ya que así podría divertirse
más y mejor. La muerte le prometió al rapaz
que así lo haría. Se despidieron y después de
pasar muchos años sin que el rapaz supiera nada
de la muerte, un día se presentó y le dijo que
venía a por él. El hombre, asustado, le dijo que
eso no era lo convenido, que había quedado en
avisarle con tiempo y que éstas no eran pala-
bras. La muerte le contestó:
— ¿Se te blanqueó el pelo?
— Se me blanqueó —contestó el hombre.
— ¿Se te cayeron los dientes?
— Se me cayeron.
— ¿Se te cansaron las piernas?
— Se me cansaron.
— ¿Perdiste las fuerzas?
— Sí, las perdí
— Entonces…, ¿qué más avisos querías?
Una de las manifestaciones más importan-
tes de estas alteraciones la constituyen las caí-
das accidentales, un riesgo al que se ven abo-
cados los ancianos debido a esa pérdida de
facultades que se experimenta conforme se
avanza en edad. El número de ancianos falle-
cidos por caídas accidentales es mayor a me-
dida que aumenta la edad, siendo otro riesgo el
de los accidentes domésticos.
Por nuestra parte consideramos, coincidien-
do con los criterios manifestados por numero-
sos urbanistas y reiterándonos en lo anterior-
mente señalado, que muchas caídas accidentales
de los ancianos podrían evitarse tanto en casa
como en la calle con la simple adopción de me-
didas de precaución y preventivas tendentes a
evitar tropiezos, deslizamientos o resbalones.
La solución está en el adecuado acondiciona-
miento de las viviendas, dotándolas de pavi-
mentos no deslizantes, proporcionando a los
ancianos el acceso a las viviendas con la me-
nor cantidad posible de escalones y haciendo
que los de las primeras plantas o de los edifi-
cios destinados a los ancianos (apartamentos,
58 Principios de Geriatría y Gerontología
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 58
residencias, clínicas geriátricas, etc.) tengan una
altura reducida, sustituyendo las escaleras de
fuertes desniveles o muy pronunciadas por ram-
pas suaves o por escalones más numerosos, pero
de menor altura; asimismo proyectando las ca-
lles de las ciudades y urbanizaciones con los
bordillos de las aceras de menor altura o susti-
tuyéndolos en los cruces y pasos de peatones
por otros sin desnivel; reduciendo las alturas en
las subidas y bajadas de los medios de transpor-
te colectivos; dotando de barandillas a todas las
escaleras; instalando asideros en los baños y du-
chas; e impidiendo las deposiciones fecales de
perros en las calles de las ciudades, vigilando
el cumplimiento de esta norma y sancionando
su infracción por cuanto tienen, además, de per-
nicioso para la propia limpieza de la ciudad.
Hemos de tener en cuenta que las disposiciones
legales estableciendo la correspondiente prohi-
bición están vigentes desde el año 1976.
Buena parte de estas medidas, como las al-
turas en los pasos de peatones, las barandillas
en las escaleras y pasillos, las manillas de
apertura de las puertas, el acceso de los auto-
buses al mismo nivel que las aceras, y otras
muchas, ya se están poniendo en marcha. Y
de todas ellas se benefician al mismo tiempo
otras personas con discapacidades físicas o
sensoriales.
Unos ancianos asumen estos cambios posi-
tivamente y buscan distintos medios para so-
brellevarlos; otros los viven negativamente, no
revalorizan su cuerpo, lo niegan y lo inutilizan
con conductas sedentarias. Sea cual sea la po-
sición escogida, lo cierto es que el cuerpo en-
vejecido presenta una imagen que, aun siendo
más o menos dinámica, bella, expresiva..., en
todo momento denota fragilidad.
El envejecimiento, ¿es un fenómeno intrín-
seco, inevitable? O al contrario, ¿debe consi-
derarse un error biológico, una enfermedad y
como tal podría tratarse? Las investigaciones
realizadas en el campo de la biogerontología
experimental han demostrado que muchos pro-
tozoos, algas unicelulares y estirpes celulares
malignas pueden cultivarse de forma prolon-
gada y no envejecen... En los laboratorios se
han creado artificialmente condiciones óptimas
de vida y se ha conseguido prolongar el tiem-
po de vida de algunas especies animales. El
hombre mismo ha pasado de tener a principios
de siglo una esperanza de vida de 35 años, a 80
años en la actualidad. Y ello se debe a una me-
jora en las condiciones vitales, una mejor ali-
mentación, un mayor control de las enferme-
dades y de los fenómenos externos, etc. Las
manifestaciones de la expresión biológica de-
penderán en gran medida del entorno. Desde el
punto de vista de la biología, el cerebro es un
órgano complejo, formado por más de 15 000
millones de células nerviosas específicas, las
neuronas, que se comunican entre ellas para
asegurar una serie de funciones: memoria, pen-
samiento abstracto, creatividad, lenguaje, no-
ción del tiempo, coordinación de los múscu-
los… El cuerpo percibe señales (estímulos
térmicos, táctiles, gustativos, auditivos...) que
son transmitidas al cerebro de manera especí-
fica. Tales estímulos se transmiten de una neu-
rona a otra para ser descifrados, integrados y tra-
tados en zonas especiales del cerebro. A partir
de estos centros, se dan órdenes que, transmiti-
das también por las cadenas de neuronas, per-
miten al ser humano responder apropiadamen-
te al entorno y a las señales que ha recibido.
Para que el cerebro funcione bien, no sólo ha-
cen falta células nerviosas y neurotransmiso-
res en buen estado; también es necesario que
esté bien irrigado por la sangre, que utilice bien
el oxígeno y la glucosa aportados por la san-
gre y que disponga de las enzimas necesarias
para las reacciones bioquímicas que van a per-
mitir la transmisión de información de una neu-
rona a otra.
¿Qué pasa con la edad? Se presentan simul-
táneamente una serie de alteraciones, que se
desarrollan de manera progresiva:
— Disminuye el flujo sanguíneo cerebral.
— El consumo de glucosa y oxígeno por las
neuronas se reduce en un 10 %.
— En las neuronas aparecen corpúsculos de
lipofusina o «pigmentos de senilidad».
— El número de neuronas disminuye de un
25 a un 45 % en la corteza cerebral.
— Aparecen modificaciones estructurales
en las neuronas y sus conexiones.
— Los neurotransmisores disminuyen.
Sociología de la vejez 59
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Cuanto mayor sea la calidad de vida del an-
ciano, mejores serán sus hábitos en cuanto a
alimentación, higiene o cuidado del cuerpo;
cuantos más recursos culturales y sociales ten-
ga esta persona, mayores serán las posibilida-
des de prevenir posibles alteraciones.
No podemos ni debemos establecer una edad
como punto límite en el que las capacidades in-
telectuales comienzan a declinar; es cierto que
existe un proceso involutivo en el desarrollo de
las capacidades tanto físicas como psíquicas, pero
también lo esque cada persona tiene su propia
involución y evolución. No podemos, tampoco,
generalizar ni determinar una edad como punto
de inicio de la involución, pero sí podemos y de-
bemos estar alerta para prevenir las posibles al-
teraciones futuras intentando retrasar al máximo
los problemas que puedan surgir en este senti-
do, como es el caso de la demencia senil típica
de la vejez, donde se da una progresiva pérdida
de la memoria con afectación de las capacida-
des intelectuales.
Teniendo en cuenta que en las personas ma-
yores no se trata de desarrollar la inteligencia,
sino de prevenir y mantener en buen estado las
capacidades intelectuales y de intentar dismi-
nuir la velocidad del proceso de envejecimien-
to neuronal, el tipo de trabajo a realizar y la for-
ma de llevarlo a buen término no se han de basar
solamente en la imitación, ni tampoco en la li-
bre realización; se trata aquí de buscar un equi-
librio entre las formas de trabajo, intentando
que las actividades propuestas a la persona ma-
yor la induzcan a implicarse no sólo física sino
también intelectualmente, lo que significa que,
al realizar una serie de ejercicios, esta persona
debe poder decidir, según sus posibilidades, el
número de repeticiones, el espacio a utilizar y
la distribución del tiempo. También se pueden
proponer juegos colectivos que obliguen a las
personas a buscar y aportar soluciones.
Si el tipo de trabajo a realizar con las perso-
nas mayores lo presentamos teniendo en cuen-
ta todos estos puntos, estaremos incidiendo po-
sitivamente en toda una serie de aspectos de la
vida intelectual y afectiva, como son: la capa-
cidad de adaptación, la seguridad y confianza
en uno mismo, la autoestima y la valoración de
lo que uno es y puede realizar.
No toda la patología que afecta a los ancia-
nos es consecuencia de la edad, pues existen una
serie de factores sociales y económicos que dis-
criminan y menosprecian su propia identidad
produciendo cambios que influyen y alteran el
proceso de envejecimiento. Leopoldo Salvarezza
(1988) apunta que todo hombre, por naturaleza,
es un ser social y que su psicología debe enten-
derse teniendo en cuenta siempre este principio.
En primer lugar, las sociedades modernas
están sometidas a una constante evolución. Esta
sociedad discrimina a los viejos por el simple
hecho de serlo. Los ve como personas en de-
cadencia, enfermas, inútiles y asexuadas, y por
tanto, considera que no han de ser tenidas en
cuenta por sus necesidades afectivas, económi-
cas y sociales. Simone de Beauvoir (1970) dice
que nos negaremos a reconocernos en el viejo
que seremos. Así, las personas que van enve-
jeciendo tampoco ven la vejez como un esta-
dio positivo; por lo cual, ellas mismas secun-
dan un proceso de automarginación. Nuestra
sociedad, altamente competitiva, tampoco ofre-
ce posibilidades para que las personas que van
envejeciendo se sientan seguras en los roles so-
ciales que están desempeñando, ya que, a me-
dida que disminuye su capacidad de rendimien-
to, se les va preparando la jubilación o retirada
de la vida productiva. Como afirma Salvarezza
(1988): «El ser que envejece debe hacer un do-
ble esfuerzo porque, al contrario del niño o del
adulto, debe adaptarse no solamente al medio
sino, además, a su propia vejez».
La interacción de los factores biológicos y
sociales que inciden en el proceso de envejeci-
miento genera una psicología del envejecimien-
to y de la vejez que, si bien es distinta en cada
individuo en función de su personalidad y de
su historia vital, determina unas actitudes ge-
neralizables a todos los ancianos, sobre todo a
aquellos cuyo nivel de integración social no es
el deseado. Estas actitudes serán reacciones glo-
bales de rechazo a los cambios físicos, a la ra-
lentización de los procesos intelectuales y a los
cambios en la sexualidad, y se traducirán en:
Desinterés hacia cosas u objetos nuevos, a
causa de la falta de perspectivas o de las esca-
sas posibilidades de acceso a ellos.
60 Principios de Geriatría y Gerontología
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Tendencia a la introversión, que general-
mente supone un aislamiento de los demás y
una obsesión por los cambios físicos, hasta el
punto de sufrir trastornos hipocondríacos.
Sentimiento de inferioridad respecto a los
más jóvenes, que provoca sentimientos de en-
vidia, agresividad, autoritarismo e intransigen-
cia hacia ellos.
Atención especial hacia los cambios orgá-
nicos que afectan a la sexualidad, que puede
determinar actitudes promiscuas, como actos
de afirmación de eterna juventud o desinterés
total, a fin de evitar la comparación.
Percepción y valoración social
de la persona mayor: estereotipos
acerca de la vejez
Llama la atención, ante todo, la pluralidad de
términos y expresiones que se utilizan para de-
nominar al colectivo de personas que han re-
basado los 65 años de edad. Así encontramos:
ancianidad, senectud, tercera edad, vejez, ma-
yores, personas de edad avanzada, longevidad.
Algunos de ellos tienen más aceptación que otros,
y los hay que son abiertamente rechazados.
El Diccionario de Sinónimos y Antónimos
de la Lengua Castellana contempla cuatro pa-
labras como sinónimos de vejez, que podría-
mos decir que tienen un carácter definitorio o
descriptivo del fenómeno: ancianidad, senec-
tud, longevidad y senilidad.
Sin embargo, cuando se refiere al término
viejo, aporta nada menos que 30 palabras, de
las cuales, en nuestra opinión, sólo cuatro ten-
drían carácter referencial: anciano, veterano,
maduro, longevo. Otras tres darían razón de la
edad o de la condición, como son añoso, cen-
tenario y abuelo, respectivamente. Y el resto,
es decir, 23 palabras, son sinónimos de estados
carenciales o tienen un carácter despectivo o
peyorativo, dependiendo, en muchos casos, del
tono que se emplee o del significado que se le
confiera en las expresiones habituales. Estas 23
palabras son las siguientes: vejestorio, matusa-
lén, decrépito, senil, achacoso, vetusto, arcai-
co, anticuado, pretérito, antiguo, rancio, fósil,
lejano, trasnochado, tradicional, antediluviano,
arqueológico, gastado, estropeado, deslucido,
ajado, usado y destartalado.
La palabra abuelo tiene otras ocho acepcio-
nes; unas son descriptivas, otras afectuosas y
alguna de un cierto carácter no muy favorece-
dor: anciano, viejo, antecesor, antepasado, as-
cendiente, yayo, chocho y senil.
No son las palabras las que, muchas veces,
tienen un significado negativo o despectivo.
Depende del tono que se emplee y del sentido
que se les quiera dar. En el uso de esta termi-
nología se trata de buscar, en definitiva, una
palabra o expresión que evite cualquier conno-
tación peyorativa tanto para la sociedad como
para los propios sujetos afectados. En este pun-
to es preciso señalar que la mayoría prefiere el
término «mayores» al referirse a las personas de
más edad, una quinta parte prefiere la expresión
«tercera edad», apenas un 20 % emplea el tér-
mino «ancianos» y una minoría el de «viejos».
Encuestas llevadas a cabo en los países de
la Unión Europea entre personas mayores mues-
tran cómo les gusta que les llamen en esta épo-
ca de su vida, y cómo se sienten percibidas y
tratadas por los demás. Las tres cuartas partes
prefieren que les llamen «personas mayores»,
«jubiladas» o «seniors». A muy pocas les gus-
ta que empleen con ellas el término «ancianas»
y todavía menos el de «viejas». Tampoco les
agradan expresiones como «edad de oro», «años
de oro», «tercera edad» y similares. El psicó-
logo José Luis Pinillos dice que, de tanto ser
tratadas como de «tercera edad», llegan a sen-
tirse consideradas como de «edad de tercera».
En cuanto a si se sienten mejor o peor tratadas
a medida que envejecen, los ciudadanos irlan-
deses y griegos creen recibir más respeto que
antes, en oposición a los belgas, daneses y ho-
landeses, que se sienten ahora peor tratados.
Asimismo, algunos dicen sentirse tratadoscomo
ciudadanos de segunda clase, sobre todo por
los políticos, las autoridades locales y por la
Seguridad Social. Menos personas, un 8 %, de-
claran que también se sienten tratadas así por
la familia (Commission of the European
Communities).
Como ya hemos señalado con anterioridad,
el envejecimiento de la población y el aumen-
to de la esperanza de vida son el resultado de
Sociología de la vejez 61
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la disminución de la mortalidad y de manera
concomitante de la mejora de las condiciones
de salud, principalmente en relación con la ali-
mentación, los avances médicos, las condicio-
nes higiénicas y otros factores.
Pero además de todos estos avances, el au-
mento de la población envejecida también ha
estado influido por el descenso que se ha pro-
ducido en la tasa de nacimientos (con la excep-
ción del «baby boom», los nacimientos se han
reducido de forma continua desde el año 1800),
de forma paralela al que ha tenido lugar en las
tasas de mortalidad general, infantil y perinatal.
Estos factores han producido cambios en la
estructura de la población; así, durante los si-
glos XIX y XX se pasó de una sociedad agríco-
la con alta natalidad a una sociedad industrial
con una natalidad controlada. En la etapa agrí-
cola, los mayores controlaban el recurso de la
tierra y los hijos dependían de sus padres eco-
nómicamente hasta una cierta edad. Con la
Revolución Industrial se han invertido los pa-
peles. Se han producido numerosos avances
tecnológicos, lo que ha hecho que la sabiduría
de los mayores perdiera importancia. En esta
sociedad la edad productiva es una edad inter-
media; por esta razón los mayores pasan a ser
dependientes económicamente.
En 1965, cuando la Ley 193/1963 de Bases
de la Seguridad Social fija en los 65 años la
edad de la jubilación (Cap. VII, Art. 150.1.a),
se empieza a delimitar una posición para los
mayores en la sociedad, definiéndose el térmi-
no «vejez», que proviene del latín «vetustas»,
que significa vejez, antigüedad.
Yates (1996) define el envejecimiento como
«cualquier cambio temporal en un objeto o sis-
tema… que puede ser bueno, malo, o indife-
rente a un determinado juez u observador».
Así pues, ¿cuándo se es viejo? Juvenal de-
cía que los hombres imploraban a Júpiter una
larga vida, y no se daban cuenta de que lo que
le pedían era una larga vejez llena de continuos
males. Francisco de Quevedo afirmaba que to-
dos queremos llegar a viejos, aunque ninguno
reconocemos haber llegado ya, y Santiago
Ramón y Cajal sostenía que se es viejo cuan-
do se pierde la curiosidad intelectual. Un poe-
ta francés del siglo XVI, Pierre de Ronsard, de-
cía que «nadie es viejo si no quiere», y otro 
poeta, éste español, José de Zorrilla, afirmaba
de sí mismo: «Yo soy de esos viejos que nun-
ca lo son». ¿Cuándo podemos calificar a una
persona como «vieja»? La respuesta ha de ba-
sarse en dos concepciones diferentes: la crono-
lógica, que en nuestra sociedad marca el inicio
del proceso a los 65 o 70 años, en relación con
la jubilación o momento del cese de la activi-
dad laboral; y la biológica que dependerá del
estado del organismo vivo con relación al paso
del tiempo y que varía entre los distintos indi-
viduos.
Los umbrales arbitrarios establecidos con-
forme a la edad resultan a menudo engañosos,
ya que existe una gran variabilidad individual
en la manera de envejecer, y en la transición de
la edad madura a la vejez los cambios suelen
ser graduales. Por tanto, además de la edad cro-
nológica hay que tener en cuenta numerosas
variables, como la salud, los factores sociales
y los económicos. Puesto que se envejece de
modo diferente desde el punto de vista físico,
económico y social, la edad cronológica sólo
es un indicador más de lo que suele ocurrir en
un período de tiempo determinado.
La victoria de la longevidad es el resultado
de los espectaculares avances de la ciencia y
de la tecnología médica, de la mejora de la nu-
trición, del progreso de la información, de la
divulgación sobre salud pública y, en definiti-
va, de la superior calidad de vida de la pobla-
ción en el mundo que llamamos occidental.
En este momento del discurso surge la si-
guiente cuestión: ¿cuándo se puede decir que
una persona es mayor o vieja, o que pertenece
a la llamada tercera edad? En principio podría-
mos hacer referencia a dos teorías, que se ex-
presan mediante dos aforismos: uno que llama-
ríamos biológico, y otro que denominaríamos
psicológico. Según el primer aforismo, «el hom-
bre tiene la edad que le marcan sus arterias», o
sea, la obstrucción de sus arterias, las arrugas
en su piel, la menor flexibilidad de sus huesos
y toda una serie de rasgos físicos que son ca-
racterísticos de una determinada edad.
El aforismo denominado psicológico nos
dice que «el hombre no tiene más edad que la
que cree tener», lo que significa que lo impor-
62 Principios de Geriatría y Gerontología
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tante no es cómo está una persona físicamen-
te, sino las ganas que tiene de moverse, hacer
cosas y vivir.
Pero vayamos ahora a una tercera teoría, a la
que nos adscribimos, y que podríamos denomi-
nar teoría sociológica. Ser viejo socialmente es
«ser reconocido como tal por el grupo o socie-
dad de la que se forma parte». En definitiva, vie-
jo o anciano es, desde la perspectiva sociológi-
ca, aquel que la sociedad en la que vive así lo
considera. Y estamos en una sociedad industria-
lizada, técnicamente avanzada y con un claro
predominio urbano; una sociedad donde prima
la producción y el consumo, que ha inventado
la jubilación y que divide a los grupos en pro-
ductivos y no productivos; una sociedad que
establece una frontera que generalmente se si-
túa en los sesenta y cinco años. De todos mo-
dos, lo que sí es evidente, como ya ha queda-
do dicho, es que la ancianidad no es en sus
componentes un colectivo uniforme, no todos
sus miembros tienen una situación económica
y social idéntica. Existen por tanto enormes
diferencias internas por razón de sexo, nivel
educativo y de ingresos, clase social y otros ti-
pos de variables e indicadores que se han de
tener en cuenta.
Ahora bien, entendemos que, actualmente,
no se puede identificar de una forma tajante y
exclusiva el ser anciano o viejo con haber cum-
plido una determinada edad. Estaríamos incu-
rriendo en lo que hemos dado en denominar
«ancianidad decretada»; es decir, la pérdida del
rol configurador de la personalidad social con
la llegada de la jubilación y la ancianidad.
Otro indicador de la vejez es la edad física
y biológica. El envejecimiento físico se produ-
ce de manera gradual, de forma que a menudo
resulta difícil precisar el momento en que la
persona es físicamente vieja.
La hipótesis de la discontinuidad, formu-
lada por primera vez por Birren, Butler, Green-
house, Sokoloff y Yarrow (1971), sostiene que
a pesar de saber que los mecanismos físicos de-
clinan muy pronto al comienzo de la edad ma-
dura, la mayor parte de las personas no son
conscientes de ello hasta que se ven afectadas
la mayor parte de sus actividades cotidianas.
La mayoría de estas actividades del día a día
no exigen que actuemos con el máximo grado
de eficacia, la cual disminuye con la edad.
Es importante señalar, en cuanto a la edad
física, que no todas las personas envejecen al
mismo ritmo ni de la misma manera: el entre-
namiento físico y el cuidado del cuerpo hacen
que muchas personas de edad tengan mejor sa-
lud que otras más jóvenes; por otro lado, no to-
dos los cambios de la edad madura y la vejez
son desagradables, y entre las personas mayo-
res es enorme la variedad con respecto al he-
cho de enfermar.
Los cambios fisiológicos del envejecimien-
to deben pues ponerse en relación con diversos
factores sociales, económicos y culturales, así
como con los hábitos de salud del sujeto.
La edad psicológica viene definida por los
cambios quese producen en la psique por efec-
to del paso del tiempo. Estudia la posición del
individuo según su capacidad de adaptación y
contempla la evolución de la personalidad, in-
teligencia, memoria, percepción, autoestima, o
autoconcepto.
Para Birren y cols. la edad psicológica hace
referencia a la situación de los individuos en
una población determinada en relación con la
capacidad de adaptación observada o deduci-
da de mediciones de la conducta.
Este enfoque parte de la idea de que mien-
tras algunas capacidades se estabilizan (las
variables de personalidad), otras se incremen-
tan a lo largo de la vida (experiencia, cono-
cimientos) y finalmente algunas experimen-
tan un declive (inteligencia fluida, tiempo de
reacción).
Podemos resumir los cambios psicológicos
en dos grupos: los cognitivos, es decir, los que
afectan a la manera de pensar, así como a las
capacidades, y los que tienen que ver con la
afectividad y la personalidad.
La personalidad y las funciones cognitivas
se modifican en función de la aparición de de-
terminados acontecimientos significativos en
la vida del individuo, como la jubilación, la
muerte del cónyuge y otras experiencias com-
plejas que se producen en su medio social.
En esta cuestión, como en tantas otras, in-
tervienen, por un lado, los factores objetivos y,
por otro, los subjetivos. La imagen social de la
Sociología de la vejez 63
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ancianidad, como la de cualquier otra edad, tie-
ne que ver con su estatus social. El estatus sue-
le venir determinado por el rol. Y el rol social se
refiere, como ya se ha señalado anteriormente,
a las costumbres y funciones de los individuos
en relación con los grupos sociales o sociedades
a las que pertenecen. Se trata de actuar confor-
me a lo que los demás esperan de cada persona.
La consideración social de las tareas espe-
cíficas en cada fase de la vida tiende a clasifi-
car a las personas según su grado de «produc-
tividad» en la sociedad. Al anciano no se le
asigna ninguna tarea específica y, por tanto,
tiende a ser considerado como «elemento im-
productivo» del grupo al que pertenece.
Los cambios sociales que se producen en el
envejecimiento se refieren al cambio de rol del
anciano, tanto en el ámbito individual como en
el contexto de la propia comunidad. Asimismo,
se ven influidos por las diferencias generacio-
nales existentes en relación con el comporta-
miento social y la dificultad de integración y
adaptación del anciano a estos cambios.
Por consiguiente, los cambios sociales aso-
ciados al envejecimiento se han de interpretar
desde dos puntos de vista: por un lado, el cam-
bio de rol individual, y por otro, el cambio de
rol de los ancianos como grupo que forma par-
te de una sociedad determinada y los proble-
mas derivados de su exclusión o marginación
como colectivo.
La edad social depende del momento en que
la sociedad atribuye un papel diferenciado a la
persona mayor. Viene definida por las normas
sociales que consideran cuál es la edad adecua-
da para desempeñar determinados roles. A me-
nudo se producen conflictos entre la edad so-
cial, la psicológica y la cronológica, lo que
constituye una forma de disonancia. Así, se en-
cuentran en una situación disonante tanto aque-
llos que no están conformes con su papel de
trabajador, como quienes se ven obligados a
abandonar una actividad laboral que les apor-
ta un sentimiento de identidad.
La edad social se refiere a las costumbres y
funciones de los individuos en relación con los
grupos sociales o sociedades a las que pertene-
cen. La edad social se encuentra relacionada
con la edad biológica, cronológica y psicoló-
gica, pero sin estar determinada por ellas, pues
mantiene conexión con el sistema de valores y
con la estratificación social por edades de cual-
quier cultura social.
Algunos autores proponen el concepto de
edad funcional. La definen a partir de un con-
junto de indicadores, como fuerza, capacidad
vital, tiempo de reacción, satisfacción con la
vida, capacidades funcionales, redes sociales,
etcétera, que servirían de base para la predic-
ción del envejecimiento satisfactorio. Pero, ade-
más de enumerar una serie de indicadores sen-
sibles al paso del tiempo, es importante buscar
un criterio a partir del cual podamos aceptar
este concepto como válido.
Podríamos ahora preguntarnos si existen va-
rios tipos de vejez o envejecimiento. Neugarten
estableció, en función de la edad cronológica,
dos categorías de vejez: los «jóvenes-viejos»,
que estarán entre los 55 y 75 años, y los «vie-
jos-viejos», que serían los mayores de 75 años.
Otros autores modifican los rangos de edad de
estas categorías; así, Riley (1988) considera
que los «jóvenes-viejos» estarían entre los 65
y 74 años, los «viejos-viejos» se situarían en-
tre los 75 y 85 años, considerando a los mayo-
res de 85 como los «viejos más viejos».
Conviene señalar que las clasificaciones que
se basan en la edad cronológica nos ofrecen una
información muy vaga respecto a la forma de
envejecer, siendo también necesarias aquellas
que hacen referencia a cómo se envejece, es de-
cir, las relacionadas con la edad funcional.
Siguiendo esta línea, Busse (1996) distingue
entre envejecimiento primario y secundario: el
envejecimiento primario hace referencia a los
cambios que son inherentes al proceso de enve-
jecimiento, mientras que por envejecimiento se-
cundario entiende los cambios causados por la
enfermedad y que en sí mismos no tienen que
ver con la edad, sino con una covariante de ésta.
Relacionada con estos conceptos de enveje-
cimiento primario y secundario se encuentra la
diferenciación entre envejecimiento y senes-
cencia. Así, mientras que la vejez implica cam-
bios debidos al paso del tiempo, la senescen-
cia indica el aspecto patológico de la vejez y
se define por la pérdida progresiva de estabili-
dad en los sistemas biológicos.
64 Principios de Geriatría y Gerontología
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Otra clasificación es la que se refiere a la ve-
jez normal y la vejez patológica. La vejez nor-
mal implica cambios biológicos, psicológicos
y sociales inevitables con el paso del tiempo;
la patológica se asocia a múltiples enfermeda-
des normalmente crónicas. La diferenciación
entre lo normal y lo patológico en la vejez tie-
ne importantes implicaciones sociales y clíni-
cas. Así, la interpretación por parte de los pro-
fesionales de los cambios derivados de un
proceso de enfermedad como cambios norma-
les será un obstáculo para la puesta en marcha
de intervenciones que podrían ser convenien-
tes para el mantenimiento de la salud y calidad
de vida de los mayores.
Debido a lo rígido de esta clasificación, otros
autores la han completado haciendo referencia
a un tercer tipo de vejez: la vejez saludable,
competente, satisfactoria o con éxito (Baltes y
Baltes, 1990; Fernández-Ballesteros, 2000;
Rowe y Khan, 1997). Rowe y Khan han defi-
nido este tipo de vejez como aquella con una
«baja probabilidad de enfermar y de discapa-
cidad asociada a un alto funcionamiento cog-
nitivo y capacidad física funcional y compro-
miso con la vida.»
Debe ser pues un objetivo de los profesio-
nales que trabajan en el campo de la geronto-
logía poner los medios necesarios para conse-
guir que un mayor número de personas
envejezcan de manera satisfactoria o con nor-
malidad y que descienda el número de perso-
nas que envejecen con enfermedades.
Se nos plantea ahora el problema de qué tér-
mino o expresión utilizar para referirnos a este
colectivo. La elección tiene su importancia,
pues cualquiera de ellos —persona mayor, ter-
cera edad, viejo, etc.— tiene alguna connota-
ción. La palabra viejo tiene connotaciones ne-
gativas, la expresión tercera edad es imprecisa
y ambigua, y el término mayor parece ser el
que menos rechazo provoca y el más emplea-
do por los profesionales de la gerontología. La
denominaciónde anciano se reserva para los
muy mayores o con mal estado de salud, si bien
es el término empleado por sociólogos y demó-
grafos para referirse a un intervalo de edad y
tiene un carácter definitorio, sin connotación
peyorativa alguna.
El envejecimiento del envejecimiento ha he-
cho que la categoría de mayores resulte dema-
siado amplia cuando se trata de describir a sub-
grupos de personas con características muy
diferentes. Así, podemos describir dos grandes
categorías de personas de edad en relación con
su capacidad funcional: los mayores dependien-
tes (que necesitan de otra persona para la rea-
lización de las actividades básicas de la vida
diaria) y los independientes para las mismas.
Es importante señalar que las personas física-
mente dependientes no tienen por qué presen-
tar limitaciones en otras áreas fundamentales
de su vida: mental, social, cultural, económi-
ca, etc.
En cuanto a la palabra viejo, hay que seña-
lar que tiene connotaciones socialmente nega-
tivas; es decir, se define a este colectivo a tra-
vés de concepciones que equiparan vejez a
decadencia y deterioro a todos los niveles: fí-
sico, mental, funcional. Estas connotaciones
suponen un cambio en la simbología que les
caracterizaba en épocas anteriores. Así, en otras
épocas y culturas, lo viejo, lo antiguo, era muy
valorado, la sabiduría era un atributo positivo
asociado a la edad avanzada y los mayores eran
el principal vehículo de transmisión de la cul-
tura. Sin embargo, la sociedad actual ha situa-
do la ancianidad en una posición marginal; este
cambio se debe a que hoy en día no se valora
la experiencia, pues vivimos en una sociedad
en la que se producen cambios vertiginosos y
donde la cultura de los conocimientos ha ocu-
pado un lugar predominante, interesando más
los estudios cursados y los títulos obtenidos que
la experiencia que aportan los años vividos.
Dado el carácter negativo previo que se le
atribuye al concepto de vejez, son muchas las
personas mayores que no se sienten represen-
tadas bajo esta denominación, y puesto que la
mayor parte de ellas poseen buena salud física
y mental, sólo un 1 % son dependientes, es ló-
gico que no acepten ser definidas con un con-
cepto que no se ajusta a su realidad.
Desde la infancia se nos transmiten deter-
minadas creencias sobre cómo debe ser una per-
sona de edad y cómo debe comportarse. Los
prejuicios que adoptamos son generalizaciones
basadas en observaciones individuales sobre
Sociología de la vejez 65
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cómo la gente se comporta y qué aspecto ad-
quiere a determinada edad. Sin embargo, estos
prejuicios no siempre se ajustan a la realidad;
así ocurre con la mayor parte de informacio-
nes, falsas e incompletas, y de mensajes perci-
bidos de manera subliminal, así como con las
asociaciones que establecemos entre estímulos
que definen la vejez y otros estímulos no con-
dicionados (dolor, muerte) que provocan res-
puestas de rechazo.
Llegados a este punto, es importante dife-
renciar entre creencias, actitudes y estereoti-
pos. La creencia hace referencia al conocimien-
to que poseemos sobre un fenómeno, siendo
contrastable empíricamente. En la actitud, el
aspecto cognitivo propio de la creencia se com-
pleta con un componente valorativo-afectivo;
es decir, al conocimiento sobre un fenómeno
se añade un componente de disposición nega-
tiva o positiva. Así, las actitudes negativas fren-
te a la vejez se reflejan en comportamientos ne-
gativos para con las personas mayores.
Los estereotipos, por su parte, son un con-
junto de creencias mantenidas por un indivi-
duo en relación con un grupo social; son con-
ceptos incorrectamente aprendidos y rígidos a
pesar del transcurso del tiempo. A este respec-
to conviene recordar que José Ortega y Gasset
(1965) afirmaba que las ideas se tienen y en las
creencias se está.
Mientras que las creencias pueden ser exac-
tas o inexactas, los estereotipos son por defini-
ción incorrectos y generalmente despectivos.
Por lo que se refiere a las personas mayo-
res, estos estereotipos, al funcionar como es-
quemas mentales previos, condicionan nuestro
trato con ellas, y como estos no se ajustan a la
mayoría de los adultos ancianos, es decir, nues-
tra opinión sobre ellos no se corresponde con
la realidad, podríamos ser culpables de senilis-
mo, de continuar con la transmisión conceptual
de los estereotipos negativos acerca de la ve-
jez, así como de falsas ideas respecto al de-
sarrollo de estas personas.
Se puede afirmar que el maltrato a las per-
sonas ancianas, y sobre todo su ocultamiento,
tienen que ver con el bajo estatus, y por tanto
el escaso prestigio social, que tienen las perso-
nas mayores en las sociedades contemporá-
neas. Según un estereotipo comúnmente acep-
tado, las personas ancianas son víctimas del
cambio, de la hipervaloración de la juventud y
de la falta de sensibilidad social hacia sus ne-
cesidades.
El estatus suele definirse como la posición
que se ocupa en un grupo, y que conlleva de-
rechos y deberes: puede ser adscrito (por naci-
miento) o adquirido. El estatus de anciano re-
sulta permanente: tal posición sólo se abandona
con la muerte. La categorización por edad tie-
ne sus limitaciones, ya que en lugar de sugerir
personas, sugiere caricaturas y estereotipos. De
este modo, las personas son etiquetadas por sus
autopercepciones. Otro significado de estatus
se refiere a la posición que se ocupa en una je-
rarquía, de la cual va a depender el que se ten-
ga más o menos valor, honor o prestigio. En
según qué tipos de sociedades ser anciano su-
pone ocupar una posición más o menos impor-
tante. Ambas concepciones de estatus se en-
cuentran interrelacionadas. Una diferencia
significativa entre el paso a la vejez y el paso
a la adolescencia o edad adulta es que se pier-
den los roles autorrealizadores de los estatus
anteriores, y los que corresponden al nuevo es-
tatus conllevan poco prestigio. 
Se han sucedido una serie de cambios en la
estructura y organización social que alteran el
poder y estatus de los ancianos. Históricamente,
se observan cambios que han conducido a trans-
formar el control de los recursos por parte de
las personas de edad, así como su prestigio.
En las sociedades agrícolas, con el surgimien-
to de las creencias y rituales religiosos, los an-
cianos tuvieron una influencia mayor que la ob-
tenida en las sociedades anteriores. Por el
contrario, la industrialización (con los correla-
tos de la exigencia de una productividad alta,
la jubilación, y la movilidad geográfica) supo-
ne una relación más problemática con la fuer-
za de trabajo y con los parientes próximos.
Desde la Teoría de la Modernización se en-
tiende que el prestigio de las personas ancianas
ha pasado de ser bajo en las sociedades de caza-
dores y recolectores, a ser más alto en las socie-
dades agrícolas. En las primeras, las personas
con dificultades y problemas de salud resultan
una carga insoportable para la comunidad. En
66 Principios de Geriatría y Gerontología
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las segundas, el trabajo de la tierra y la propie-
dad son accesibles a las personas ancianas.
Estas percepciones, al considerarse como
ciertas, pueden perjudicar a este colectivo, y
llegar a convertirse en realidades futuribles que
cambien los comportamientos y actitudes de
estas personas mayores, es decir, convertirse
en profecías que se autocumplen.
La OMS ha puesto de relieve esta proble-
mática, así como la necesidad de elaborar pro-
gramas de formación para evitar estas falsas
concepciones y sus consecuencias, ya que es-
tas imágenes negativas de las personas mayo-
res pueden modificarse mediante la transmi-
sión de una información-formación adecuada
del proceso de envejecimiento.
Es importante que en dichos programas par-
ticipen no sólo las personas directamente afec-
tadas y sus familias, sino también los profesio-nales que trabajan en el campo de la Geron-
tología: sociólogos, psicólogos, educadores,
trabajadores sociales, médicos, etc.
Así, cualquier política de atención a las per-
sonas mayores que pretenda influir en su cali-
dad de vida habrá de valorar cuáles son estas
imágenes negativas que la población mantiene
sobre ellas para proceder cuanto antes a su mo-
dificación y cambio. También es interesante
que el profesional conozca cuál es la percep-
ción social de la persona mayor por parte de su
entorno social próximo (familiares, amigos) y
cómo afecta ésta a su autoimagen.
El cuestionario FAQ-I de conocimientos so-
bre la vejez tiene como objetivo evaluar los co-
nocimientos que tienen las personas sobre el
proceso de envejecimiento. Se compone de 25
enunciados acerca de la vejez y las personas
mayores sobre los que el sujeto debe opinar si
son ciertos o falsos.
Si enumeramos las características que defi-
nen a las personas mayores, solemos encontrar-
nos con expresiones del tipo: a las personas ma-
yores no les gustan ni se adaptan a los cambios,
son lentas, menos competentes e inteligentes,
son irritables y difíciles de tratar, son poco pro-
ductivas, más frágiles desde el punto de vista
físico, etc.
Ello es producto de un sustrato cultural que
determina esta forma de pensar en nuestra so-
ciedad, y a pesar de que los medios de comu-
nicación tratan, a través de imágenes de ancia-
nos activos y productivos, de modificar estas
percepciones, estas opiniones prevalecen.
A continuación se exponen algunos de los
estereotipos, mitos o construcciones sociales
que con más frecuencia se atribuyen de mane-
ra incorrecta a este sector de la población:
— Uno de ellos es considerar a los mayores
como una carga económica y social. Así, debi-
do a las dificultades que se espera tenga el
Estado para poder pagar las pensiones y man-
tener los compromisos sociales, se piensa en
ellos como los culpables de esta futura pérdi-
da del estado de bienestar. Por otro lado, las
pensiones que reciben son un derecho, resulta-
do del esfuerzo realizado a lo largo de años de
trabajo.
— Otro es pensar que son personas impro-
ductivas, identificando así su inactividad laboral
con la inactividad en otras áreas de la vida. Así,
está suficientemente constatado que en ausencia
de enfermedades y problemas sociales la perso-
na mayor puede permanecer productiva e inte-
resada por la vida. Por consiguiente, en la deno-
minada tercera edad podemos encontrarnos con
tres tipos de personas en cuanto a la actividad:
• Activos legales o estadísticos, es decir, per-
sonas mayores de 65 años que continúan de-
sempeñando su profesión; suelen ser empresa-
rios o profesionales a los que no les interesa ju-
bilarse o no pueden hacerlo por no haber cu-
bierto el período de cotización.
• Activos encubiertos, ya jubilados, pero que
ejercen su profesión u otro trabajo con bastan-
te dedicación; suelen ser profesionales y per-
sonas que trabajan en el campo.
• Activos no remunerados, nos referimos a
las amas de casa, a los jubilados y a esas per-
sonas mayores que realizan pequeñas tareas
pero de extraordinaria importancia.
Un mito más es la vinculación de la tercera
edad con lo patológico y el deterioro físico o
psíquico. Se tiene así la creencia de que la ve-
jez y el paso de los años suponen un aumento
de las enfermedades, así como del uso de fár-
Sociología de la vejez 67
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macos. Es evidente que en esta etapa existen
enfermedades, limitaciones y situaciones de de-
pendencia, pero estas circunstancias no afec-
tan a todo el colectivo de personas mayores,
por lo que no podemos identificar esta etapa
con enfermedad y deterioro.
Otro mito es el de la senilidad o disfuncio-
nalidad, lo que llevaría a pensar que el enveje-
cimiento va asociado a la aparición de deficien-
cias en diferentes ámbitos, entre ellos el
cognitivo (pérdida de memoria, disminución
de la atención) y el actitudinal (alteraciones en
la responsabilidad y cambios de actitud).
También se consideran manifestaciones de se-
nilidad la ansiedad y la depresión que aparecen
de manera frecuente en las personas mayores,
debido a los cambios y adversidades que pue-
den presentarse en esta etapa de la vida. Son
éstos, pues, estereotipos que asocian a las per-
sonas ancianas con la falta de capacidades in-
telectuales, o consideran que son anticuadas.
Sin embargo, existen muchas formas de vivir
la vejez, como diversas son las trayectorias in-
dividuales que conducen a las personas a la úl-
tima etapa de su vida.
Es más, los estereotipos que aun prevalecen
acerca de las personas mayores hacen referen-
cia a pasividad, dependencia, rigidez, y con
cierta frecuencia senilidad. A los mayores tam-
bién se les considera como personas a las que
les falta capacidad de atención e inteligencia,
ineficientes, carentes de una mente abierta, y
no activos ni física ni sexualmente. Todo ello
supone una incapacidad para participar en la
vida social, y sugiere la necesidad de otras per-
sonas que son capaces de identificar y proteger
los intereses de los mayores.
En contraste con el anterior podemos des-
tacar el mito de la serenidad. Sin embargo, está
comprobado que las personas mayores están
sometidas a un mayor estrés en comparación
con otros colectivos, debido a diferentes fac-
tores: la mayor probabilidad de contraer enfer-
medades, la pérdida de seres queridos, la so-
ledad, la jubilación, el descenso en el número
de relaciones y redes sociales, etc. También es
frecuente en esta etapa la disminución de la
autoestima como consecuencia de la pérdida
de estatus.
Otro estereotipo es la idea de que la vejez es
sólo una fase cercana a la muerte y que comien-
zan a perderse las ganas de vivir, de tener pro-
yectos de futuro a largo plazo o deseo de rea-
lizar actividades. Sin embargo, hay que
puntualizar que son los ritmos físicos y psíqui-
cos los que deben marcar las limitaciones de
las personas mayores y que en principio, des-
de el punto de vista psicológico y físico, no hay
razón para perder interés por realizar proyec-
tos y actividades.
Asimismo, el envejecimiento suele asociarse
a inflexibilidad o rigidez, es decir, a la incapaci-
dad para cambiar o adaptarse a nuevas situacio-
nes; pero este aspecto está más relacionado con
la personalidad que con el hecho de envejecer.
Los prejuicios sobre las personas ancianas,
que en la práctica acaban actuando en su con-
tra, se denominan traduciéndolo del inglés,
«edadismo». Fue el gerontólogo estadouniden-
se Robert Butler (1975) quien formuló esta de-
finición: «El «edadismo» (ageism) se define
como un proceso por medio del cual se este-
reotipa de forma sistemática a, y en contra de,
las personas por el hecho de ser viejas, de la mis-
ma forma que actúan el racismo y el sexismo,
en cuyo caso debido al color de la piel o al sexo».
El «edadismo» se puede observar en la vida
diaria entre distintos individuos, así como en
las mismas instituciones, e implica tanto la ac-
titud ofensiva hacia las personas mayores, como
la actitud paternalista. 
Por último, al plantearnos cuál es la imagen
social de las personas mayores, es decir, la idea
que el conjunto de la sociedad tiene de los an-
cianos y la que ellos tienen de sí mismos, he-
mos de considerar que no son siempre sólo los
rasgos físicos o la edad, sino otros factores di-
ferentes los que cuentan a la hora de encuadrar
a una persona dentro de esta categoría social o,
mejor dicho, sociodemográfica. 
En cuanto a la autopercepción, nuestros an-
cianos, según diferentes encuestas del CIS
(Junio 1998, Febrero-Marzo 1999 y Diciembre
2001) piensan que la sociedad, en general, les
ve como personas molestas (34 %), inactivas
(23 %), tristes (13 %), divertidas (9 %) y enfer-
mas (7 %), por este orden de importancia, mien-
tras que ellos se ven, preferentemente, diverti-
68 Principios de Geriatría y Gerontología
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dos (27 %), tristes (24 %), inactivos (21 %), en-
fermos (7 %).
Un 70 % de los ancianos piensan que su si-
tuación es mejor que la de sus padres cuando
tenían su misma edad y un 56 % se consideran
bastante satisfechos con su situación actual.
Sobre el trato que reciben por parte de la ju-
ventud, un 25 % estiman que son tratados con
respeto, hay un 40 % que piensan que son tra-
tados con indiferencia, y un 29 % que lo son con
consideración. Si estos conceptos los traslada-
mos a la infancia, nos dan unos porcentajes del
49 %, el 28 % y el 15 %, respectivamente. 
El 61% de la población considera que las
personas mayores no ocupan el puesto que les
corresponde en la sociedad y son precisamen-
te los más jóvenes los más críticos, puesto que
mientras que sólo el 24 % de los individuos per-
tenecientes al intervalo de edad de 18 a 24 años
consideran que la sociedad trata bien a los an-
cianos, son el 41 % de los mayores de 65 años
los que participan de esta opinión.
Cabe, pues, concluir que aunque el «senilis-
mo» todavía afecta a nuestro trato con las per-
sonas mayores, actualmente se tiene un con-
cepto más positivo de la vejez. Las razones que
han contribuido a esta imagen más positiva son,
por un lado, el avance de la ciencia y la tecno-
logía, que retrasa las consecuencias del enve-
jecimiento, y por otro, el hecho de vivir en un
mundo en el que aceptamos la diversidad y las
diferencias individuales. Conviene señalar, ade-
más, el interés de los mayores por mejorar con-
tinuamente su imagen, posición e influencia en
la sociedad.
La jubilación
Sabemos que el término jubilación viene del
latín «iubilatio», que significa júbilo. Según el
diccionario, júbilo es sentir una alegría tan in-
contenible que se expresa, incluso, con signos
externos.
Si seguimos con el diccionario y nos despla-
zamos tan sólo una línea más abajo, encontra-
mos el verbo jubilar, que se define como: 
eximir a alguien de un servicio por inútil, con-
servándole la pensión.
En ocasiones se utilizan también las pala-
bras retiro o retirado como equivalentes a ju-
bilación o jubilado. Sirven para indicar que una
persona está retirada de la denominada vida
económicamente activa. Es también evidente
el sentido negativo de estos términos aplicado
a la situación que viven las personas que han
terminado su vida activa, desde el punto de vis-
ta laboral.
Desde el punto de vista social y profesional,
la jubilación es la situación a la que pueden ac-
ceder las personas que, atendida la circunstan-
cia de la edad, cesaron voluntaria o forzosa-
mente en su trabajo profesional por cuenta ajena
o por cuenta propia; es el término del desem-
peño de tareas laborales remuneradas a causa
de la edad. Cada país establece el momento cro-
nológico de la vida en que se produce la jubi-
lación.
Como norma social, se considera que una
persona se debe jubilar una vez alcanzados los
60-65 años, según el tipo de trabajo que esta-
ba realizando. En este momento debemos es-
tar alertas para intervenir en todos aquellos as-
pectos que estén a nuestro alcance con objeto
de evitar crisis, depresiones, estrés y situacio-
nes de tristeza, de soledad y, en general, de
abandono.
Frente al vacío social que puede producir en
ciertas personas la jubilación, es necesario bus-
car actividades gratificantes y que les motiven,
que ocupen al menos una parte del día, que ayu-
den a la persona mayor a superar estados aní-
micos bajos o depresiones, a sentirse útil y ac-
tiva, y que por otra parte sirvan de punto de
referencia social, que supongan un vehículo de
unión entre sujetos y un medio de integración
en un grupo social.
La reacción a la jubilación varía de un suje-
to a otro, dependiendo también de sus condi-
ciones sociales. En la adaptación de estas per-
sonas a la nueva situación, se podrían distinguir
tres etapas: en la primera etapa, dominan los
sentimientos de frustración y ansiedad, y po-
cos son los sujetos que se alegran de ella; en la
segunda, la persona trata de buscar ansiosamen-
te un nuevo rol social, y en la tercera, tiende a
producirse la estabilización en un nuevo rol en-
contrado. Los factores que influyen en este pro-
Sociología de la vejez 69
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ceso son el estado de salud mental, la autono-
mía económica, la integración social y la am-
plitud de intereses.
La jubilación supone de forma automática,
una diminución de los ingresos y un aumento
del aislamiento social. La jubilación, de hecho,
supone también la interrupción de la vida la-
boral, el replanteamiento de la vida familiar, la
disponibilidad de más tiempo libre, la necesi-
dad de ocupar el abundante ocio, y la reduc-
ción (la mayoría de las veces) del poder adqui-
sitivo por ser —generalmente— las pensiones
de menor cuantía que los ingresos habituales.
Pero también supone la posibilidad de dedicar-
se a actividades diferentes, de recuperar el tiem-
po a compartir con el cónyuge y el resto de la
familia, y de hacer cosas que siempre se han
querido hacer y para las que antes no se encon-
traba la oportunidad o el momento.
Pero para todo ello es necesario mentalizar-
se y prepararse con suficiente antelación. En
este sentido, la Recomendación número 40 de
la I Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento
planteaba que «Los gobiernos deberán tomar o
fomentar medidas para que la transición de la
vida activa a la jubilación sea fácil y gradual,
y hacer más flexible la edad de derecho a jubi-
larse. Estas medidas deben incluir cursos de
preparación para la jubilación y la disminución
del trabajo en los últimos años de la vida pro-
fesional». Ya son diversas las experiencias
puestas en marcha en nuestro país por diferen-
tes entidades tanto públicas como privadas, fa-
cilitando a los trabajadores jubilados o en tran-
ce de jubilación cursos y programas de
adaptación y preparación para la misma.
La jubilación es un fenómeno que puede pro-
vocar o predisponer a la aparición de estados
fisio-psicopatológicos, pero también puede pro-
ducir repercusiones de notoria relevancia en la
mayor parte de los aspectos de la vida. Quizá
las dos que impliquen mayor importancia son,
por una parte, la disminución del nivel de in-
gresos (en muchos casos considerable) y por
otra el cambio en el estatus ocupacional. De és-
tas se derivan otras muchas. La adaptación a la
jubilación es un proceso, en el que, en todo
caso, hay que tener presente lo que significa
acostarse activo y levantarse pasivo.
Éste es en gran medida, en nuestra sociedad,
un problema casi exclusivo de los hombres que
se encuentran ya en esas edades, en las que se
pasa —económicamente hablando— de «acti-
vos» a «pasivos». Las mujeres, incluso aqué-
llas que han trabajado fuera de casa, en reali-
dad no se jubilan nunca del trabajo de
«mujeres», de los quehaceres de la casa, y tal
vez por eso viven menos ese sentimiento de 
inutilidad, que sí interiorizan, y muy profunda-
mente, los hombres. Las actuales mujeres ma-
yores viven ese trabajo doméstico como algo
útil y necesario. Con la jubilación cambian los
horarios, los quehaceres, las costumbres.
El adulto que deja el trabajo y se jubila pasa
a formar parte de un grupo social distinto, con
una posición claramente diferenciada y defini-
da por su separación de la población activa, su
posible falta de rentabilidad presente y futura
en el sistema productivo y su inclusión en una
normativa especial concreta. Entre dos perso-
nas de la misma edad, una de las cuales sigue
desempeñando una actividad laboral remune-
rada y otra se encuentra ya jubilada, el trato so-
cial es muy diferente. La primera es alguien
que sigue produciendo, aportando a la socie-
dad y es capaz de valerse por sí misma, mien-
tras que la segunda ha pasado a ser dependien-
te, perceptora de una pensión y ajena al
desarrollo socioeconómico.
Quizá en estas sociedades no se caiga en la
cuenta muchasveces de que el grado de pro-
greso y desarrollo alcanzado se debe, precisa-
mente y en gran medida, al esfuerzo, al saber
y al trabajo de quienes han alcanzado la edad
de la jubilación (y de otros que no llegaron a
ella), y a los que corresponde en justicia dis-
frutar de los beneficios y la consideración que
se merecen por su incuestionable y prolonga-
da aportación a la sociedad.
Tras la jubilación, la persona tiene que re-
plantearse toda su vida, organizarse de nuevo
el tiempo, ajustarse a una situación económica
difícil y establecer unas nuevas relaciones fa-
miliares. La frialdad de las estadísticas dice que
un 25 % de los varones mueren en el transcur-
so de su primer año de retiro. Sin embargo, tam-
bién hay personas que viven gozosamente su
jubilación y que sacan un enorme partido a es-
70 Principios de Geriatría y Gerontología
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tos años de vida, disfrutando de todo cuanto
está a su alcance y sin sentimiento alguno de
culpabilidad o inutilidad. Para lograr lo que uno
desea en la vida, hace falta esforzarse, pero la
lucha por la vida no termina con la jubilación,
sino con la muerte. El papel del jubilado no es
sencillo. Hemos fabricado demasiados prejui-
cios y estereotipos sobre él. Al mismo tiempo,
la falta de obligaciones le proporcionará una
gran libertad.
Muchos matrimonios redescubren a su pa-
reja tras la jubilación. La mayor disponibilidad
de tiempo para convivir les brinda una nueva
oportunidad. Sin embargo, esta convivencia
puede ser causa de conflicto en el hogar si no
toman las medidas adecuadas y no reciben una
apropiada preparación para la jubilación.
La jubilación de los trabajadores tiene as-
pectos tanto positivos como negativos. Cons-
tituye un aspecto positivo el hecho de que una
parte importante de la población activa puede
abandonar el mercado de trabajo y ser mante-
nida por la productividad incrementada de quie-
nes continúan trabajando. Por el contrario, el
hecho de abandonar el medio laboral, con la
casi inevitable reducción simultánea de los in-
gresos y del prestigio del individuo, constitu-
ye un aspecto negativo. En efecto, basta con
añadir la palabra «jubilado» a la designación
de la función para que inmediatamente dismi-
nuya el prestigio de que disfrutaba la función
en cuestión.
La sociedad margina a los viejos, finge ig-
norarlos, los esconde. Y a la vez, esta segrega-
ción se convierte en una de las causas de su sen-
sación de aislamiento y precipita su decadencia.
Sin embargo, la vejez es solidaria y significa-
tiva de la vida entera y su psicología está liga-
da a la evolución de toda la vida.
La jubilación no significa únicamente la in-
terrupción repentina de las actividades profe-
sionales cotidianas, es también la ruptura de un
lazo social, el desprendimiento de un entorno
habitual.
Las actividades más provechosas para los
ancianos son aquellas que requieren un cierto
esfuerzo de perfeccionamiento, y sobre todo
las que proporcionan un contacto humano, por-
que siempre es el contacto con el otro lo que
proporciona una oportunidad de desarrollo psi-
cológico. Por ello es en las obras sociales don-
de las personas de edad prestan los servicios
más útiles y ellas mismas encuentran los ma-
yores beneficios, en muchos casos por una pro-
funda necesidad de abnegación.
Por nuestra parte, realizamos algunas pro-
puestas:
— En el ámbito de las políticas: flexibilizar
la transición del trabajo a la jubilación de for-
ma progresiva, no brusca; desarrollar adecua-
damente lo legislado sobre la figura de la jubi-
lación parcial, incluso con posibilidades de
retorno parcial a la actividad; incentivar la de-
dicación a los servicios a la comunidad. 
— En la familia: redescubrir el hogar y la
familia.
— Un nuevo lugar en la profesión: colabo-
rar en la empresa; recibir formación; aportar
experiencia y transmitirla a los más jóvenes,
asociarse con otros jubilados o prejubilados.
— Un nuevo lugar en la sociedad: cambiar
la imagen social, pues jubilado no es sinónimo
de inactivo; transformar la cultura del trabajo:
se puede ser activo de muchas formas; confor-
mar una nueva identidad y hacerse visible so-
cialmente, empezando por la comunidad.
— Es un despilfarro social prescindir de quie-
nes todavía están en situación de aportar física
e intelectualmente, de quienes pueden formar a
las nuevas generaciones. Por eso, en la II
Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento se
ha apostado por la flexibilidad en la jubilación
y su adaptación a las circunstancias y condicio-
nes concretas de cada país y de cada sociedad.
Estado de bienestar y calidad de vida
La expresión bienestar social y su concepto
no son nuevos, pero tampoco su procedencia
se pierde en un pasado excesivamente lejano.
Se ha desarrollado al compás y en conexión con
los problemas sociales de la sociedad industrial
y es una expresión empleada frecuente y am-
pliamente, y cuyo sentido conviene precisar.
Tanto la palabra «bienestar» como la expre-
sión «bienestar social» son la traducción lite-
Sociología de la vejez 71
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 71
ral de las inglesas welfare y social welfare, cuya
raíz etimológica se encuentra en la palabra ale-
mana wohlfart, que, como welfare, significa,
en sentido estricto, «tener buen viaje», lo que
implica la idea de viajar cómodamente por el
camino de la vida. Así, definiciones aceptadas
del vocablo se refieren al mismo como: el he-
cho de viajar o encontrarse bien; el estado o
condición relativa al bienestar, esencialmente
en condiciones de salud, felicidad, prosperidad
o semejantes...»; o «el estado o condición de
encontrarse bien; buena suerte, felicidad o bien-
estar (de una persona, comunidad o cosa), o
también prosperidad.
La expresión Estado de bienestar se aplicó
en un principio a Gran Bretaña durante la II
Guerra Mundial. Posteriormente se utilizó de
forma más general para referirse a los cambios
de política socioeconómica.
El Estado de bienestar no surge de forma es-
pontánea, sino como producto de un proceso
dinámico de ajuste entre el individuo y la so-
ciedad. Se trata de una realidad compleja con
múltiples connotaciones políticas, sociales y
económicas.
A la idea de Estado de bienestar se unen un
conjunto de valores sociales, como justicia,
igualdad o libertad. Estos valores perfilan un
modelo de ordenamiento social y económico.
El concepto de bienestar social, como obje-
tivo, ya aparece entre los fines primordiales que
se propone alcanzar la Constitución de los
EE.UU. en 1787, pues entre éstos señala el de
promover el bienestar general. Y como prácti-
ca concreta se identifica con los programas y
objetivos que, en materia de seguridad social,
estableció Bismarck en la Alemania del siglo
XIX. Como desarrollo científico se ha situado
más tarde como algo conectado con los proble-
mas sociales de la sociedad industrial.
El Estado social apareció por primera vez
de forma constitucional en la Ley Fundamental
de la República Federal Alemana en 1949. En
su artículo 20 definía la República como «un
Estado Federal, Democrático y Social» y en el
artículo 28 lo hacía como «un Estado Demo-
crático y Social de Derecho».
En cualquier manual podemos leer que el
Estado de bienestar implica una responsabili-
dad estatal para asegurar unos mínimos bási-
cos de protección social para sus ciudadanos.
Tal definición evita el problema de si las polí-
ticas sociales son emancipadoras o no, de si
ayudan a legitimar el sistema o no, de si con-
tradicen o auxilian a los procesos del mercado.
Por otra parte, ¿qué se quiere decir en realidad
con la noción de «básicos»? ¿No sería más
apropiado exigir un estado de bienestar que sa-
tisfaga algo más que nuestras necesidades bá-
sicas o mínimas de protección social?
El Estado social de Derecho y el posterior
Estado de bienestar nacieron de la difícil re-
lación entre Estado y sociedad. Era una ideo-
logía entrepostulados socialistas y liberales
en sus versiones más modernas y refor-
mistas.
El Estado social y su heredero, el Estado de
bienestar, alcanzan sus definiciones fundamen-
tales en el desarrollo de las políticas sociales y
asistenciales proporcionadas desde el Estado.
Así, detrás de la idea de Estado de bienestar se
encuentra el Estado social con todas sus impli-
caciones teóricas y políticas.
Es cierto que pobreza, enfermedad, sufri-
miento y desorganización social han existido
siempre, pero es a partir de mediados del siglo
XIX cuando la atención de estas necesidades
empieza a ser competencia del Estado, ya que
anteriormente eran instituciones tradicionales,
como la familia, la vecindad, la comunidad lo-
cal y la Iglesia, las que hacían frente a estas
cuestiones. En cualquier caso, actualmente, ins-
tituciones como la familia están transfiriendo
a las entidades oficiales o públicas competen-
cias que le son propias, como es el caso de la
educación de los hijos.
En 1968, la Conferencia Internacional de
Ministros Encargados de los Servicios de
Bienestar Social reafirmó que el progreso so-
cial era el objetivo último del desarrollo:
«Promover el desarrollo nacional en general,
cuyos objetivos son mejorar el bienestar popu-
lar elevando el nivel de vida, asegurando la jus-
ticia social y una distribución más equitativa
de los ingresos nacionales y dando al pueblo
una oportunidad más amplia de desarrollar al
máximo las condiciones propias de ciudadanos
sanos, educados, activos y dedicados».
72 Principios de Geriatría y Gerontología
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Veinte años después, al celebrarse del 7 al
15 de septiembre de 1987 la Consulta Inter-
nacional sobre Políticas y Programas de
Bienestar Social para el Desarrollo, aunque sub-
sistían —y aun subsisten— en grandes zonas
del mundo las condiciones de necesidad que
motivaron aquellas declaraciones y aquellos
propósitos y objetivos, lo cierto es que las es-
tructuras industriales, económicas y financie-
ras habían cambiado en el mundo hasta el pun-
to de ser muchas de ellas irreconocibles,
encerrando a las naciones en redes cada vez
más densas y complejas que exigen una coo-
peración regional e internacional más estrecha.
En el transcurso de esos años se produjeron
en el mundo una serie de cambios, entre los que
cabría destacar los siguientes:
— Aparición de nuevos roles en hombres y
mujeres.
— Modificaciones demográficas importan-
tes, con crecimiento del número de personas
mayores en unas partes del mundo y de jóve-
nes en otras.
— Urbanización rápida y a veces incontro-
lada.
— Grandes movimientos de población en el
interior de los países y de unos países a otros.
— Revoluciones científicas y tecnológicas.
El crecimiento masivo de la información, la
mayor facilidad de acceso a la misma y sus nue-
vos modos de presentación, así como la fuerte
influencia de los medios de comunicación, han
producido el efecto de reducir el mundo, y al
provocar a menudo una percepción exagerada
de las diferencias entre los pueblos, han favo-
recido la elevación de las aspiraciones.
En consecuencia, las políticas de bienestar
social han tenido que ser reorientadas para ha-
cer frente a nuevos desafíos. Por un lado, el ob-
jetivo central de la política de bienestar social
sigue siendo la mejora del bienestar humano
mediante la elevación del nivel de vida, la rea-
lización de la justicia social y la ampliación de
oportunidades para que la población pueda de-
sarrollar sus capacidades superiores como ciu-
dadanos sanos, educados, participantes y apor-
tadores; por otro lado, debe darse una mayor
prioridad a las funciones de desarrollo y pre-
vención del bienestar social, con inclusión de
programas que sirvan para elevar el nivel de
vida de sectores lo más amplios posibles de la
población, estimular proyectos de autoayuda y
adoptar nuevas pautas de participación en asun-
tos cívicos.
Ahora bien, el bienestar en el sentido técni-
co en que lo entiende el término welfare requie-
re unas características y condiciones:
— Que sea objetivado, es decir, consistente
en hechos objetivos, no en estados subjetivos.
— Que sea externo, es decir, apreciable por
los demás.
— Y que sea mínimo, o lo que es lo mismo,
que cubra unas necesidades indispensables.
Es, por consiguiente, evidente que ni todo el
mundo tiene las mismas necesidades, ni todo el
mundo requiere las mismas cosas para sentirse
en estado de bienestar. Por eso es preciso tener
unos elementos objetivos para este análisis.
Pero, ¿quién dirime o fija qué es lo objeti-
vo? Parece que para cualquier persona poseer
unas condiciones mínimas de bienestar supo-
ne gozar de buena salud. Y a este respecto, la
Organización Mundial de la Salud determina
que «salud no significa tan sólo ausencia de en-
fermedad, sino estado completo de bienestar
físico, psíquico y social». Es, pues, obvia la im-
portancia de la coincidencia de los tres facto-
res, porque la ausencia de uno de ellos puede
influir negativamente en los otros dos.
La expresión calidad de vida se considera
una herramienta adecuada para poder llevar a
cabo estudios sobre los grados de bienestar so-
cial y por consiguiente el establecimiento del
conjunto de necesidades que generan la pues-
ta en marcha de los servicios sociales. Para ello,
a continuación realizaremos un acercamiento
conceptual a través de lo que serían sus princi-
pales supuestos básicos:
— La calidad de vida es un concepto uni-
versal, aplicable a todas las sociedades y en to-
dos los tiempos, aunque el interés por el mis-
mo se haya manifestado en mayor grado en las
sociedades industrializadas.
Sociología de la vejez 73
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 73
— Su universalidad hace que pueda alcan-
zarse la calidad de vida no de una forma úni-
ca, sino a través de una pluralidad de métodos
y medios.
— La calidad de vida es insuficiente; puede
y debe ser mejorada. La mejora de la calidad de
vida es el primer objetivo de una sociedad.
— Concebimos la calidad de vida como un
concepto emparentado con el desarrollo; su me-
dida puede considerarse una medida de desa-
rrollo que incorpora directamente las conside-
raciones relativas a la mejora de la vida y el
bienestar, midiendo los fines de desarrollo en
términos de calidad de vida humana. No se tra-
ta, por tanto, de cualquier tipo de desarrollo.
— La calidad de vida no se considera algo
estático, sino un proceso continuo de desarro-
llo. El desarrollo posee dos facetas: es a la vez
proceso y producto. La calidad de vida tiene
que ver con el desarrollo como producto, pero
se ve influida por el desarrollo como proceso.
— La meta o metas del desarrollo equiva-
len al óptimo de calidad de vida. Todo óptimo
o meta última, como tal, reviste un carácter de
utopía, permanentemente perseguida y aspira-
da y nunca lograda. Este carácter utópico pro-
viene del hecho de que el óptimo se ve influi-
do por el proceso y en sí mismo es cambiante,
es mudable, evoluciona con el cambio de situa-
ciones. También los niveles de calidad de vida
evolucionan a medida que se produce el pro-
ceso de desarrollo.
— La calidad de vida, como concepto de in-
vestigación, se considera un atributo colectivo,
respecto de grupos, categorías de personas, co-
munidades o sociedades, y no un atributo indi-
vidual.
— Como tal, cualquier descripción comple-
ta de la calidad de vida puede obtenerse tenien-
do en cuenta el punto de vista de los individuos
y de las unidades sociales.
— La calidad de vida se desglosa en una
multiplicidad de componentes de la vida gru-
pal y social, no se concibe como un elemento
o medida única.
— El reflejo del nivel de calidad de vida se
centrará preferentemente en los estados fina-
les, mejor que en los medios que conducen a
ella, debido a la pluralidad de medios posibles.
— La dimensión temporal, obtenida a tra-
vés de series cronológicas de datos, se consi-
dera necesariapara conocer las variaciones del
nivel de calidad de vida en el tiempo.
— La medida de la calidad de vida atende-
rá a las dimensiones objetiva y subjetiva de la
misma. En cualquier consideración de as-
piraciones y metas interviene un elemento sub-
jetivo de conciencia, y cualquier calificación
de calidad buena-mala implica una percepción
subjetiva de unas condiciones dadas. Ambos
elementos, aspiraciones y percepciones, tienen
relación con los valores e ideologías sociales.
Por otra parte, la actuación sobre cualquier ele-
mento social requiere también un conocimien-
to de las situaciones de hecho, no siempre coin-
cidentes con las percepciones sobre tal situación.
— La descripción y repetición periódica de
«instantáneas en el tiempo» respecto del nivel
de calidad de vida, por un lado, sirve, de guía
de acción de las autoridades responsables; y
por otro, puede proporcionar información para
comprender mejor la sociedad y los procesos
sociales, lo cual le proporcionará utilidad para
el análisis social.
— Si se concibe la calidad de vida como un
concepto en estrecha relación con el desarro-
llo, su estudio deberá enmarcarse dentro de una
teoría del desarrollo. Las hipótesis y desarro-
llo de tal teoría darán forma y servirán de orien-
tación para abordar la calidad de vida.
— Cuando hablamos de calidad de vida, no
podemos hacer referencia a cualquier desarro-
llo, sino a aquel cuyo fin último tiene en cuenta
la vida humana y la mejora de su calidad. Johan
Galtung y Anders Wirak (1979), tras el examen
de las teorías actuales del desarrollo, han enun-
ciado una teoría del desarrollo centrada en las
necesidades humanas, que tiene la particulari-
dad de estar orientada hacia la medida. Su esbo-
zo teórico sugiere la posibilidad de enfocar a tra-
vés de él el estudio de la calidad de vida.
— La medida de la calidad de vida es una
medida del grado de desarrollo. Muestra el gra-
do en que se satisfacen las necesidades (físi-
cas, sociales, psicológicas..., es decir, de todo
tipo, sean materiales o inmateriales). El ópti-
mo de calidad de vida coincide con las metas
de desarrollo.
74 Principios de Geriatría y Gerontología
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 74
— El concepto de calidad de vida relaciona
los valores (necesidades-metas) «estándar o as-
piraciones de vida», que contienen con-
notaciones normativas, con los «niveles de
vida» (materiales y no materiales), que repre-
sentan un nivel descriptivo. Expresa los logros
sociales respecto de las metas deseadas.
Representa, por tanto, una relación entre me-
tas y logros sociales, al tener en cuenta el modo
de vida que se considera idóneo, adecuado o
excelente. A pesar de ello, la calidad de vida
no debe ser considerada como un estado está-
tico de satisfacción de las necesidades, sino
como un proceso continuo de desarrollo apro-
piado, en el cual se ven implicados metas y lo-
gros. La idea de excelencia o idoneidad que
subyace en el concepto le concede un conteni-
do normativo, valorativo o evaluativo.
— La calidad de vida no equivale a bienes-
tar o felicidad individual, sino a satisfacción glo-
bal. Se trata de un atributo colectivo. Se refiere
al bienestar social. La calidad de vida es la plas-
mación social del grado en que se satisfacen las
necesidades en una sociedad o comunidad.
La protección social en España 
y en la Unión Europea
En los últimos años no han sido pocos los in-
tentos por justificar (a nivel tanto teórico como
práctico) una supuesta deslegitimación del es-
tado de bienestar. A pesar del ambiente hostil
en el que se mueve en la actualidad, el estado
de bienestar, tal como lo conocemos en Europa,
no se ha podido desmantelar. Como se sabe, a
partir de 1945 se pone en marcha un período
de reconstrucción posbélica en Europa —pero
también en Estados Unidos y Japón— que, en
líneas generales, desembocará en dos décadas
de crecimiento económico sostenido y prospe-
ridad general para los países capitalistas de
Occidente. El rasgo más dominante de este pro-
ceso va a ser la puesta en práctica de un nuevo
modelo macroeconómico, el keynesianismo, y
asociado a éste un nuevo papel del Estado. En
palabras de Skidelsky, un nuevo sistema de con-
trol político de la vida económica. La combi-
nación de factores tales como la memoria de la
Gran Depresión, las contiendas mundiales y el
comienzo de la Guerra Fría ha sido una razón
política de peso para diseñar y acordar un mo-
delo que persiguiera al mismo tiempo metas
económicas y políticas, que lograra combinar
eficiencia e igualdad. Un capitalismo corregi-
do con elementos institucionales de interven-
ción. El sistema debía garantizar eficiencia eco-
nómica y cierta planificación, conservando en
lo fundamental las leyes de funcionamiento de
la economía capitalista.
El modelo convenció a las élites y pudo eri-
girse como ideología dominante de la posgue-
rra en el mundo occidental desarrollado. Este
orden macroeconómico se basó en tres supues-
tos. En primer lugar, en la internacionalización
de las economías: las economías domésticas no
son ajenas al orden internacional. La intención
era lograr un capitalismo internacionalizado,
convergente, sin rivalidades ni tensiones entre
naciones (amarga experiencia de las dos gue-
rras mundiales). En segundo lugar, en la satis-
facción de las demandas y aspiraciones de los
trabajadores, como el derecho a participar en
el bienestar de la sociedad a través de políticas
de redistribución, y sobre todo, mediante la in-
clusión de las clases trabajadoras en el círculo
del consumo gracias a políticas de expansión
de la demanda y al aumento de salarios (fren-
te al miedo por la expansión del comunismo).
Por último, pero no menos importante, en un
nuevo modelo de estado: el Estado pasa a de-
sempeñar un papel fundamental como actor
económico. Desarrolla dos líneas de interven-
ción paralelas: por un lado, como gestor colec-
tivo de la práctica económica (regulando los
mercados e interviniendo directamente como
empresario en las empresas públicas); por otro,
realizando una labor muy activa de redistribu-
ción de la renta, a través de la vertiente asisten-
cial, o de estado de bienestar. El compromiso
de posguerra funcionó durante más de dos dé-
cadas con considerable éxito: crecimiento eco-
nómico sin precedentes y paz social. 
A principios de los años setenta el pacto de
posguerra comienza a resquebrajarse; aparecen
signos evidentes de recesión económica y se
rompe el clima de consenso. Básicamente, el
acuerdo de posguerra deja de funcionar, pues-
Sociología de la vejez 75
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 75
to que las bases sobre las que se había asenta-
do —mantenimiento de una economía capita-
lista a cambio del pleno empleo y expansión
del estado de bienestar— dejan de proporcio-
nar crecimiento económico. La crisis económi-
ca es el detonante de unos cambios mucho más
amplios, de una serie de transformaciones es-
tructurales en el sistema capitalista. Las rece-
tas neoliberales toman el relevo para superar la
crisis económica. Ello implica una vuelta al
mercado como agente regulador fundamental
de las relaciones económicas y la consiguien-
te redefinición del papel del Estado en la ges-
tión de la economía. 
Tras veinte años de aplicación de una eco-
nomía de la oferta, y a pesar de la retórica y la
supuesta crisis de eficacia y legitimidad del es-
tado de bienestar, lo cierto es que no se ha con-
seguido desmontar —en lo fundamental— el
modelo europeo de intervención estatal (como
media, en los países de la UE, alrededor del
50 % del gasto público). Este modelo de pro-
tección social e intervención pública ha demos-
trado poseer las suficientes inercias organiza-
tivas y anclajes culturales e institucionales como
para que los gobiernos no se planteen ninguna
medida drástica de desmantelamiento del mis-
mo; la opinión pública sigue manteniendo una
postura favorable al gasto público y laprotec-
ción social (las diversas encuestas muestran lo
impopulares y costosos electoralmente que re-
sultan los recortes en asistencia social, o al con-
trario, la dependencia del voto de las clases pa-
sivas por parte de los gobiernos de mayor
vocación redistributiva). 
En este momento de prueba y experimen-
tación podríamos decir que los estados euro-
peos de bienestar se encuentran atrapados en-
tre nuevas formas de contracción y reducción
de la presencia estatal (mayor control y res-
tricciones sobre el acceso a las prestaciones,
privatización de parte de servicios y empleos
hasta ahora públicos, subvenciones públicas a
actividades privadas relacionadas con bienes
distributivos como sanidad y educación, etcé-
tera) y sus propias tradiciones socio-históri-
cas e institucionales como Estados garantes
de una renta al margen del comportamiento
del mercado. 
Parece evidente que el estado de bienestar
ya no podrá basarse en un tipo de familia con
un único y principal perceptor de la renta fa-
miliar, sino que para asegurar su propio sa-
neamiento financiero y minimizar en lo posi-
ble el riesgo de empobrecimiento de los hoga-
res tendrá que fomentar en lo posible la doble
renta (facilitando la provisión de servicios re-
lacionados con el cuidado de la prole) y cuan-
do esto no sea posible, asegurar unos mínimos
ingresos familiares que eviten la exclusión y la
marginación social. Reconociendo que las eco-
nomías europeas mantienen unos índices sub-
óptimos de actividad laboral, derivados sobre
todo de una menor participación laboral feme-
nina, la descarga de parte de las tareas 
asociadas a la vida familiar permitiría la incor-
poración de mujeres a la actividad económica.
Se trataría, pues, de mercantilizar, a través del
apoyo estatal, tareas que hasta ahora eran rea-
lizadas al margen del mercado por las mujeres.
De esta forma, el impulso a la actividad eco-
nómica por parte del Estado generaría más ac-
tividad económica y, a la postre, más empleo. 
Pero para que esto sea posible, necesitamos
una apuesta decidida a favor de la ayuda a las
familias. En la tradición europea, y muy singu-
larmente en los países del sur de Europa, las
mujeres mantienen menores tasas de actividad
con respecto a los varones debido a las cargas
familiares que soportan. De hecho, nuestro país
destaca precisamente por tener las tasas de 
inactividad femenina más altas de la UE (so-
bre todo en las categorías de edades centrales
y con menor nivel educativo). A diferencia de
otros países del entorno, las españolas desta-
can porque las responsabilidades familiares no
se refieren sólo a los hijos, sino también a per-
sonas mayores dependientes (padres y suegros
fundamentalmente). Y aquí es donde aparecen
claramente las relaciones entre estado de bien-
estar y calidad de vida. No es justo social ni fa-
miliarmente que las cargas de personas mayo-
res dependientes recaigan en las mujeres casi
exclusivamente, y que, entre otras desigualda-
des, sean la causa de una menor participación
laboral femenina.
El Estado debe contribuir a mitigar esta de-
sigualdad en una doble vertiente: por una par-
76 Principios de Geriatría y Gerontología
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 76
te, apostando por una política social a favor de
las familias y, por otra, fomentando un cambio
de valores en lo que se refiere al reparto de las
tareas domésticas. España supera la media de
la UE en porcentaje de jóvenes estudiantes sin
experiencia laboral que permanecen inactivos,
lo que muestra una vez más la necesidad de tra-
bajar en los dos sentidos: mayor implicación
de todos en las labores de cuidado de las per-
sonas dependientes, y una política de apoyo es-
tatal a las familias con miembros en situación
de dependencia (niños, ancianos y discapaci-
tados) mucho más decidida. De lo contrario, y
de acuerdo con lo constatado por Celia Valiente,
seguiremos verificando en las mujeres ese gra-
do de compromiso menor con los empleos, de-
rivado de la dedicación en exclusiva al ámbito
familiar (en sentido amplio).
Como muestra de lo que venimos comentan-
do, se aportan dos gráficos con datos relativos
al gasto en protección social en España y la UE.
En la Figura 3-4 podemos apreciar cómo el gas-
to social en España se ha mantenido estable con
una tendencia a la baja en los últimos años:
— Si desglosamos el gasto por partidas (Fig.
3-5) y vemos su evolución en los últimos cin-
co años, vemos que la distribución interna del
gasto apenas ha variado, no percibiéndose has-
ta el momento una actitud tendente a favorecer
el gasto social en la familia.
— Si comparamos la distribución interna del
gasto social en España y en el resto de la UE
(Figs. 3-6 y 3-7), se observa el significativo di-
ferencial entre ambas precisamente en el epí-
grafe familia e hijos.
En una cultura familista como la nuestra no
parece apropiado cambiar el modelo de convi-
vencia (en el sentido de una institucionaliza-
ción de los mayores), pero el mantenimiento
de la familia extensa no puede ser sólo respon-
sabilidad de un miembro de la unidad familiar.
Esta pauta ha sido posible hasta ahora debido
a una decisión cultural basada en la no partici-
pación laboral de las mujeres con cargas fami-
liares, pero ese modelo está cambiando muy
rápidamente y, en las nuevas generaciones, no
va a ser posible mantener a más de la mitad de
la población potencialmente activa alejada de
la actividad laboral. Es preciso, entonces, op-
tar por un modelo que combine la atención a
las personas dependientes con un impulso de
las mujeres hacia la actividad laboral.
La práctica de los Estados europeos mues-
tra la posibilidad de hacer compatible el creci-
Sociología de la vejez 77
EVOLUCIÓN DEL GASTO EN PROTECCIÓN SOCIAL (EN % PIB)
30
25
20
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10
5
0
1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000
%PIB
Figura 3-4. Evolución del gasto en protección social (fuente: INE. Elaboración propia).
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miento económico con ciertas dosis de protec-
ción y bienestar social. Esa tradición ha demos-
trado amortiguar algunos conflictos de intere-
ses y, sobre todo, lograr cotas más elevadas de
justicia social. La experiencia nos muestra que
cualquier retroceso en estos avances acaba 
inexorablemente con una distribución más de-
sigual de la renta y con mayores índices de po-
breza. Un renovado compromiso moral y soli-
dario nos debería hacer reflexionar a propósi-
to de qué modelo de crecimiento queremos para
el planeta en el siglo venidero.
78 Principios de Geriatría y Gerontología
VEJEZ ENFERMEDAD INVALIDEZ SUPERVIVENCIA DESEMPLEO FAMILIA, HIJOS OTROS
0
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35
40
45
EVOLUCIÓN DEL GASTO SOCIAL EN ESPAÑA POR PARTIDAS. 1996-2000
1996
2000
Figura 3-5. Gasto social en España (fuente: Ministerio de Trabajo y Seguridad Social).
VEJEZ ENFERMEDAD INVALIDEZ SUPERVIVENCIA DESEMPLEO FAMILIA, HIJOS OTROS
0
5
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30
35
40
45
UE
ESPAÑA
DISTRIBUCIÓN DEL GASTO SOCIAL POR PARTIDAS. ESPAÑA-UE. AÑO 2000
Figura 3-6. Gasto social por partidas (fuente: Ministerio de Trabajo y Seguridad Social).
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 78
Necesidades y demandas 
de las personas mayores
La expresión «bienestar social», como ya se ha
dicho, es de uso relativamente reciente entre
nosotros. 
Durante el régimen anterior en las expresio-
nes relacionadas con la intervención social eran
frecuentes denominaciones tales como Auxilio
Social, Obras Sociales, Previsión Social,
Asistencia Social, Promoción Social, Seguridad
Social, Acción Social, Servicio Social o
Planificación Social. A partir de 1977 empie-
za a utilizarse la expresión bienestar social con
más frecuencia. Y si bien es cierto que esta ex-
presión no aparece de forma explícita en la
Constitución española de 1978, empieza a 
verse en varios estatutos de Comunidades
Autónomas y en organismos públicos de
Diputaciones, Ayuntamientos y otros.
El artículo25.1 de la Declaración Universal
de los Derechos del Hombre (1948) sí se refie-
re concretamente a este concepto: «Toda per-
sona tiene derecho a un nivel de vida adecua-
do que le asegure, así como a su familia, la salud
y el bienestar, y en especial la alimentación, el
vestido, la vivienda, la asistencia médica y los
servicios sociales necesarios; tiene asimismo
derecho a los seguros en caso de desempleo,
enfermedad, invalidez, viudedad, vejez y otros ca-
sos de pérdida de sus medios de subsistencia por
circunstancias independientes de su voluntad».
En la cultura común se suelen asociar el 
bienestar y el bienestar social con la satisfac-
ción de aquellas necesidades que pueden cu-
brirse por medios que se adquieren con dine-
ro. En un plano más técnico, el bienestar social
parece entenderse como una situación colecti-
va de cobertura de necesidades en lo que se re-
fiere al uso y consumo individual (vivienda,
economía doméstica) y social (servicios de sa-
lud, educación, etc.). Vendría a ser, por consi-
guiente,el cumplimiento del artículo 25.1 de la
Declaración Universal de los Derechos del
Hombre antes citado.
Los servicios sociales se han constituido, so-
bre todo en los diez últimos años, como uno de
los sistemas fundamentales de la sociedad del
bienestar. Este hecho se debe considerar como
un motivo de satisfacción social, dado que los
valores que los servicios sociales tratan de im-
pulsar, como solidaridad, tolerancia, igualdad
de oportunidades, o no discriminación de las
personas por razón de raza, sexo, edad, ideolo-
gía política o religiosa, nivel económico, etc.,
contribuyen a que la sociedad en la que vivi-
Sociología de la vejez 79
ESFERA PRODUCTIVA ESFERA (RE)PRODUCTIVA
INCORPORACIÓN DE LAS MUJERES INCORPORACIÓN DE LOS VARONES
MAYOR IGUALDAD
• Liberación tiempo para las mujeres
• Socialización y educación no discriminatorias
• Menores razones para huelga de fertilidad
FAMILIA MÁS DEMOCRÁTICA
ESTADO
• Proteger de la exclusión social
• Favorecer y promocionar el cambio de valores
• Fomentar la incorporación de las mujeres al empleo
• Integrar las nuevas formas de familia
• Acción positiva y discriminación positiva para las mujeres
• Consecución de carreras laborales. 
• Visibilidad social trabajo (re)productivo
• Doble renta en hogares
• Disminuye riesgo de feminización pobreza
• Menor desestructuración social
MAYOR IGUALDAD
SOCIEDAD MÁS IGUALITARIA
Figura 3-7. Distribución interna del gasto social en España (fuente: elaboración propia).
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 79
mos camine hacia cotas más altas de justicia y
libertad.
Desde el punto de vista de una sociedad eu-
ropea avanzada como la española, cabe pregun-
tarse cuáles son en estos momentos, y cuáles van
a ser en un futuro próximo, las necesidades bá-
sicas cuya satisfacción exige nuestra sociedad y
cuáles de ellas tienen un claro reflejo, como de-
recho, en el marco constitucional o en los con-
venios internacionales suscritos por España.
En este sentido, se podrían considerar tres
categorías de necesidades, que a su vez supon-
drían tres tipos de actuaciones:
— Asegurar a toda persona unos mínimos
vitales para que pueda vivir con dignidad y de-
sarrollarse de manera autónoma en la sociedad.
— Asegurar un complemento vital suficien-
te a toda persona que sufra cualquier tipo de
dependencia, para que pueda ver compensado
su déficit de autonomía personal y vivir con
dignidad y de manera autosuficiente en la so-
ciedad.
— Asegurar aquellas otras medidas que 
realmente permitan garantizar la igualdad de
todos los ciudadanos sin exclusiones ni discri-
minaciones de ningún tipo.
En el primer caso, se plantearían aquellos
servicios o prestaciones que faciliten el acceso
a los bienes básicos de la sociedad —manuten-
ción, educación, vivienda, integración social y
participativa— y la ayuda necesaria para su ple-
no disfrute —servicios de apoyo a la persona,
la familia, los colectivos y la comunidad—.
Como ejemplos, podemos considerar los ser-
vicios sociales de atención primaria, las pen-
siones no contributivas, las rentas mínimas de
inserción y una parte importante de los servi-
cios sociales especializados y de otros de de-
sarrollo comunitario.
En el segundo caso, conviene destacar el cre-
ciente número de necesidades que acompaña a
todo tipo de dependencia, principalmente las
dependencias personales de tipo funcional, cau-
sadas por la discapacidad, la enfermedad o el
envejecimiento. Se trata de aquellas prestacio-
nes o servicios que permiten compensar o pa-
liar, en el aspecto personal y social, los efectos
invalidantes de dichas causas. Como ejemplos,
se pueden citar una parte de los servicios so-
ciales especializados, los servicios sociosani-
tarios, las prestaciones por hijo a cargo o las
ayudas a terceras personas. Como desiderátum
—ya real en algunos países europeos—, esta-
ría la prestación de dependencia.
En el tercer caso, se incluyen todas aquellas
medidas que posibilitan el pleno acceso a los
bienes de la sociedad y su disfrute, es decir, a
la plenitud de derechos, a todos los ciudadanos
sin discriminaciones de ningún tipo. Se trata,
por ejemplo, de evitar que pueda haber discri-
minaciones por razones personales (étnicas, por
discapacidad, etc.) para acceder a un puesto de
trabajo, o a cualquier otro bien amparado cons-
titucionalmente. Un ejemplo de este tipo de ac-
tuación sería la adopción de medidas para la
inserción laboral de personas con discapacidad
o con déficit personales y sociales.
Las transformaciones sociales, como acer-
tadamente destaca José Luis Veira (1997), «es-
tán afectando a las instituciones sociales en muy
variados aspectos, tales como la necesidad de
incorporar nuevas tecnologías o adquirir nue-
vos conocimientos para enfrentarse con éxito
a entornos de complejidad creciente. Pero tam-
bién, y fundamentalmente, en sus valores. Las
instituciones sociales encarnan los valores so-
ciales transmitidos del pasado, pero también fi-
jan las orientaciones de valor futuras, en grado
diverso, dependiendo del contexto social y de
su naturaleza más o menos inmovilista».
Los servicios sociales plantean una serie de
necesidades, según se deduce de lo expuesto
por Josefa López Hidalgo (1992):
a) Necesidad de acceder a recursos sociales.
No es la misma para todos los ciudadanos, dado
que el punto de partida está marcado por de-
sigualdades entre individuos y grupos.
b) Necesidad de convivencia personal. Cual-
quier persona debe contar con un mínimo de
condiciones (alojamiento, vestidos, alimentos,
higiene...), en torno a las cuales se va articu-
lando el nivel de convivencia.
c) Necesidad de integración social. De ésta
depende la capacidad para participar en la vida
social.
80 Principios de Geriatría y Gerontología
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 80
d) Necesidad de solidaridad social. Si no se
afronta, todo se delega en el sector público y
se renuncia a la participación de la comunidad
como agente del propio desarrollo.
Para satisfacer todas estas necesidades hay
una serie de áreas que figuran en todas las le-
yes de servicios sociales de las Comunidades
Autónomas y otras sólo en algunas de ellas. Las
áreas que aparecen en todas son:
— Protección y apoyo a la familia.
— Promoción del bienestar de la infancia y
juventud.
— Asistencia y apoyo a la ancianidad.
— Rehabilitación e integración social de los
minusválidos.
— Prevención de la marginación y reinser-
ción social.
— Colaboración en situaciones de emergen-
cia social.
— Información y asesoramiento en cuanto
a recursos sociales.
Las áreas que sólo se citan en algunas de las
leyes de servicios sociales de las Comunidades
Autónomas son las siguientes:
— Minorías étnicas.
— Promoción de la mujer.
— Desarrollo de la comunidad.
— Homosexualidad.
— Mendigos y transeúntes necesitados.
— Facetas del bienestar social no vincula-
das directamente a la educación ni a la sanidad.La eficacia de los servicios sociales hace ne-
cesaria una cooperación y coordinación entre
todas estas áreas y los sectores de la enseñan-
za, vivienda, sanidad y economía (ingresos mí-
nimos) para las funciones de prevención y re-
habilitación.
La operatividad, en orden a la obtención de
resultados satisfactorios, se formula a través
de programas establecidos a partir de las ne-
cesidades señaladas y de los equipamientos,
que hemos de dividir, a su vez, en equipamien-
tos comunitarios y equipamientos especiali-
zados.
Los equipamientos comunitarios, denomi-
nados también básicos o primarios, constitu-
yen la puerta de acceso al sistema, partiendo
de una concepción integral de las prestaciones.
El equipo comunitario se concentra en los cen-
tros de servicios sociales y cuenta con equipos
técnicos, unidades de Trabajo Social y los me-
dios necesarios para el apoyo a las prestacio-
nes básicas.
Los equipamientos especializados, también
llamados específicos, representan el nivel se-
cundario de atención. Suponen un complemen-
to y a veces el distanciamiento del lugar ha-
bitual de residencia. Y están constituidos bási-
camente por: viviendas tuteladas, centros de
acogida, residencias y albergues, centros ocu-
pacionales, centros de inserción social y cen-
tros de relación social (hogares y clubes).
Por otra parte, y como medio de apoyo a es-
tos recursos, existen otros de iniciativa social,
como son: familias de acogida, asociaciones,
grupos de autoayuda, iniciativas de apoyo mu-
tuo o voluntariado social.
En cuanto a los centros de servicios socia-
les, cada Comunidad Autónoma, de acuerdo con
las competencias exclusivas atribuidas en esta
materia, regula el funcionamiento y la creación
de centros, tanto públicos como privados, que
desarrollan su actividad dentro de un ámbito te-
rritorial determinado, siendo, asimismo, un lu-
gar de encuentro para el ejercicio de la partici-
pación ciudadana en la gestión de los servicios
sociales.
Dada la diferente ubicación de los tipos de
centro en cada una de las Comunidades Autó-
nomas entre los niveles de atención primaria y
atención especializada, se ha optado por una cla-
sificación en función del sector de la población
al que van dirigidos. Los correspondientes a la
población en general, de los que se benefician
también las personas mayores, y los específicos
de la ancianidad son los siguientes:
— Conjunto de la población: centros de ser-
vicios sociales comunitarios; servicio de infor-
mación, valoración, orientación y asesoramien-
to; servicios de ayuda a domicilio; servicios de
convivencia y reinserción social; servicios de
cooperación social.
Sociología de la vejez 81
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 81
— Ancianidad: residencias de válidos; resi-
dencias de asistidos; residencias mixtas; vivien-
das tuteladas; unidades de estancias diurnas;
centros de día; centros de noche.
Existe una clara distinción entre lo que con-
sideramos necesidad y lo que denominamos de-
manda. La necesidad se produce generalmen-
te cuando se da una situación que implica algún
tipo de carencia. Ante la falta de algo que con-
sideramos que debemos tener o disfrutar pue-
de aparecer la sensación de necesitarlo. Y se
puede precisar algo y no manifestarlo, no de-
mandarlo, por lo que es posible que nadie se dé
por enterado de que existe esa carencia. Así
pues, la demanda, desde el punto de vista del
bienestar social y de los servicios sociales, y
utilizando la definición más sencilla, supone la
expresión de una necesidad. Cuando existe una
carencia aparece una necesidad, y si ésta se ex-
presa surge una demanda.
Lo que en cualquier caso hay que dejar bien
claro es que es fundamental distinguir perfec-
tamente entre las necesidades reales y las ne-
cesidades creadas, puesto que la noción que de
ellas se tenga conduce indefectiblemente a la
percepción subjetiva del estado de bienestar.
Hay, por consiguiente, una serie de aspec-
tos a tener en cuenta:
— La definición conceptual, tema en el que
estamos ocupados en este punto.
— La percepción social y popular.
— Su naturaleza objetiva.
— La apreciación subjetiva.
— La diversidad de las formas de entender-
lo e interpretarlo, dependiendo de los ámbitos
culturales.
Conocer, como señala Antonio Díaz Méndez
(1992), cuáles son las necesidades sociales y re-
conocer las demandas ciudadanas constituye uno
de los primeros pasos a dar en los procesos de
intervención social, cualquiera que sea el colec-
tivo destinatario de las medidas de política so-
cial, en este caso los ancianos, porque a veces
ocurre que las demandas ciudadanas no se co-
rresponden exactamente con las necesidades.
Si bien es cierto que no existen necesidades
sociales absolutas, también lo es que podemos
disponer de ciertos datos que nos va a ayudar
a la identificación de las necesidades sociales.
Bradshaw señala cuatro tipos básicos de nece-
sidades sociales:
— Necesidades normativas: basadas en el
establecimiento por un grupo de expertos de los
niveles teóricamente deseables de satisfacción.
— Necesidades expresadas: tradicionalmen-
te asimiladas a demandas. Son las manifesta-
das ante algún servicio a través del cual se pue-
den canalizar solicitudes de ayuda.
— Necesidades percibidas: basadas en la
percepción subjetiva de cada persona o grupo
sobre determinada carencia, percepción que
está condicionada por factores psicológicos par-
ticulares.
— Necesidades comparativas: centradas en
la comparación de datos de la población obje-
to con otro grupo. La población cuyos indica-
dores están por debajo de la media se dice que
está desatendida.
Necesidades en las personas mayores
Entendemos que cualquier planificación social
tiene como finalidad la eficacia y una buena
administración de los recursos disponibles. Esta
es la razón por la que pensamos que estudiar al
colectivo de los mayores, para conocer sus ne-
cesidades a través de nuestra observación y de
sus demandas, nos puede ayudar a adecuar el
enfoque de los proyectos y programas previs-
tos para la ancianidad. 
Y todo ello en la confianza de que los datos
derivados de este tipo de investigación puedan
servir a los planificadores sociales para dise-
ñar una serie de actuaciones que redunden en
un mayor bienestar de nuestros mayores; pues
tal y como nos dice Simone de Beauvoir «la
forma en que una sociedad se comporta con sus
viejos descubre, sin equívocos, la verdad —a
menudo cuidadosamente enmascarada— de sus
principios y sus fines».
Dentro de la estructura social encontramos
como uno de sus rasgos más significativos la
composición por edades. De este modo, encon-
tramos personas y colectivos de edades muy di-
82 Principios de Geriatría y Gerontología
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 82
versas, y que han tenido unos procesos de so-
cialización que les han llevado a la adquisición
de diferentes sistemas de valores y modelos. 
El aspecto cualitativo de cualquier estudio
para detectar las necesidades de las personas
mayores ha de estar determinado por dos áreas
de análisis: por un lado, es menester estudiar
lo que los viejos tienen que decir de sí mismos
y de la realidad que les rodea, y por otro, es im-
portante saber cómo los perciben aquellas per-
sonas que trabajan con ellos de un modo más
cercano. 
Abordar el estudio de las necesidades y de-
mandas de la ancianidad supone comprobar, de
una manera muy clara, que no todas las perso-
nas mayores de sesenta y cinco años son igua-
les, y que dentro de ellas existen diferentes for-
mas y modelos de vivir esta etapa de la vida.
Consideramos que la variable clase social, re-
lacionada con el nivel de ingresos y el nivel
educativo, es un elemento diferenciador impor-
tante a la hora de detectar distintos estilos de
vida entre los integrantes del colectivo estudia-
do. Sobre todo si tenemos en cuenta que, por
lo general, en los indicadores sociales que se
suelen emplear se asocia un determinadonivel
de ingresos a un determinado nivel educativo
y viceversa. De todas formas, ha de decirse que
dicha relación no es unívoca y que intervienen
también otras variables, que se han de tener en
cuenta si no queremos quedarnos en un reduc-
cionismo que puede resultar engañoso.
En consecuencia, en este tipo de investiga-
ciones se han de estudiar y analizar las varia-
bles demográficas, las condiciones socioeco-
nómicas como determinantes del estilo de vida,
la salud y sus espacios, la jubilación, la sole-
dad y desintegración, la esfera ético-moral, la
religión, las actitudes y el comportamiento po-
lítico, el tiempo de ocio, las percepciones de
los espacios urbanos en los barrios y la ciudad,
y las demandas de los mayores.
A modo de breves conclusiones, y sin ago-
tar todas las posibles, cabría decir que una po-
lítica integral llevada a cabo tanto por las
Administraciones Central y Autonómica como
por la Administración Local, no puede aplicar-
se con un criterio de uniformidad, debido a la
heretogeneidad con que aparecen segmentados
los ancianos. Habrá que tener en cuenta crite-
rios de segregación interna de los mayores, que
exigen diversificar las políticas sociales; y así,
tenemos: la segregación por edad (los viejos
más jóvenes son más independientes); la segre-
gación por sexo (problemas específicos de las
mujeres en general y de las viudas); la segre-
gación en función de los recursos propios dis-
ponibles (ingresos, vivienda, propiedades); la
segregación territorial (el espacio y su catego-
ría de centralización o periférica); la segrega-
ción por el acceso diferencial a las redes inter-
personales de solidaridad (familia extensa, tejido
comunicativo, etc.); y la segregación genera-
cional entre cohortes (en función de su desi-
gual experiencia modernizadora).
Todo lo anteriormente expuesto nos debe
hacer pensar, siguiendo a Gil Calvo, en una
aplicación diferencial de la política social, que
además habrá de articularse con arreglo a tres
aspectos interrelacionados: el de protección
(prestando apoyo en las situaciones de mayor
carencia); el de corrección interventora de la
desigualdad (con medidas de regulación y con-
trol, por ejemplo, para corregir la edad de ju-
bilación, la discriminación por edades, las ex-
cesivas desigualdades de ingresos, etc.) y el de
prevención, investigación y prospectiva (capaz
de adaptar la política social heredada y progra-
mar su cambio cualitativo, tratando de lograr
mediante evaluación el grado de eficacia de las
políticas corrientes).
Siguiendo esta línea argumental, señalare-
mos que los objetivos a largo plazo que debe
plantearse una política integral de la anciani-
dad pueden recogerse en torno a tres puntos:
en primer lugar, ayudar a la emancipación e in-
dependencia de los ancianos, en el sentido de
reforzar su autonomía personal, su capacidad
de iniciativa, su poder de autocontrol y una más
plena capacidad de movimientos; en segundo
lugar, facilitar lo más posible la plena inserción
del anciano en su medio comunicativo más in-
mediato (redes de vecindad, solidaridad, amis-
tad y parentesco), pero no para reforzar su de-
pendencia, sino para suscitar la capacidad de
emancipación, que conduzca al anciano a su
realización personal; y en tercer lugar, perso-
nalizar la prestación de los servicios en la ma-
Sociología de la vejez 83
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 83
yor medida posible, para evitar que los ancia-
nos puedan sentirse como clientes de unos
grandes almacenes, donde multitud de espe-
cialistas anónimos atienden impersonalmente
y de forma parcial aspectos puntuales y con-
cretos.
No todas, naturalmente, porque no podemos
caer en el error de afirmar que todas las perso-
nas mayores son pobres o están enfermas, pero
sí un número importante de ellas —y ahí es
donde está la exigencia de la atención sociosa-
nitaria— viven situaciones de carencia que les
suponen necesidades que se traducen en de-
mandas. Conocer cuáles son las necesidades
sociales y reconocer las demandas ciudadanas
constituye uno de los primeros pasos para dis-
poner una intervención sociosanitaria sobre el
colectivo de los ancianos. También es preciso
determinar claramente qué se esconde detrás
de una demanda expresada en un momento de-
terminado por un grupo de personas, porque
podemos encontrar colectivos con fuertes ca-
rencias y necesidades básicas que no saben tra-
ducirlas en demandas, o no tienen fuerza sufi-
ciente para ello; por el contrario, puede haber
grupos con necesidades menores, pero que acier-
tan a manifestar sus demandas. Éstos, con mu-
cha probabilidad, gozarán de una intervención
sociosanitaria en relación con sus problemas,
mientras que los primeros quizá no la consigan.
En general, tenemos que decir que en el caso
de los ancianos la formulación de la demanda,
presenta un cierto techo. En efecto, éste se va a
limitar a un contexto, a una realidad concreta; y
no van a pedir más de lo que vean que se puede
pedir. Pensamos que este hecho se puede expli-
car fácilmente porque «para quien nunca tuvo
nada o muy poco» significan mucho los servi-
cios y equipamientos de los que ahora dispone
(aunque a veces sean insuficientes); y todo des-
de una doble perspectiva, temporal y espacial. 
Una sociedad de bienestar (aunque sea sólo
teóricamente) y de consumo supone un cami-
no de progreso muy bien considerado para unas
cohortes que lo pasaron muy mal porque les
tocó vivir tiempos difíciles. Por eso es lógico
que el sentimiento de satisfacción sea predo-
minante. Además, hay que añadir que las de-
mandas formuladas son, hasta cierto punto, de-
mandas de algún modo controladas por la ofer-
ta del poder. Y por eso también se puede cons-
tatar que las personas mayores con mayor ni-
vel social y cultural son las que tienen más
conocimientos de sus derechos, las que plan-
tean más demandas, de mayor cualificación, y,
llegado el caso, son las que saben ser más crí-
ticas.
También es preciso decir que el deseo insa-
tisfecho, las necesidades, muchas veces no se
dirigen al poder, sino que se individualizan di-
ciendo que son casos particulares que no ata-
ñen a la mayoría. De este modo, aparece una
parte de la población anciana —la más empo-
brecida y marginada— que corre el riesgo de
no aparecer en el discurso, siendo la que más
ayudas de todo tipo necesita.
Además, debemos tener en cuenta que los
mayores propugnan valores basados en la pro-
ximidad, en la cercanía, como son el amor, el
respeto, la solidaridad o la amistad; mientras
que para ellos la distancia, la soledad, la leja-
nía y la segregación son valores negativos, lo
cual queda patente a la hora de establecer las
demandas de equipamientos y servicios.
La dinámica social —que va desvinculando
al anciano de su familia— y una política fun-
cionalista han fomentado la creación de los lla-
mados centros de mayores u hogares de jubi-
lados. Y estos lugares se han convertido en el
espacio exterior del anciano, en su centro de
contacto. Allí se interactúa y se establecen re-
laciones. Allí se puede jugar la partida, char-
lar, asistir a un curso, realizar actividades ar-
tísticas, bailar. El hogar o centro adquiere el
valor del centro de reunión. De todas formas,
hay que decir que, en alguna medida, supone
una cierta segregación. Allí se encuentra un co-
lectivo con unas ideas determinadas, y los an-
cianos precisan el contacto con otros grupos.
Por eso nosotros propondríamos que estos
centros pudieran actuar como canalizadores de
las expectativas de los ancianos, despertar afi-
ciones, fomentar iniciativas. Pensamos también
que sería positivo que estos centros fuesen equi-
pamientos abiertos (como sucede en algunos
casos), donde pudieran establecerse relaciones
de cooperación y amistad entre diferentes co-
lectivos.
84 Principios de Geriatría y Gerontología
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 84
Es incuestionable que hay personas ancia-nas para las que la única solución es el aloja-
miento en una residencia, debido a su situación
o circunstancias, ya sean familiares, sociales,
económicas o de salud física o mental. Y que
para estos casos siempre será ésta no sólo la
mejor, sino incluso la única solución, indepen-
dientemente de las nuevas opciones, como son
los centros de día, o los centros diurnos o noc-
turnos de asistencia gerontológica.
Pero también es cierto que la sociedad tie-
ne un discurso en el que los mayores le recuer-
dan la vejez y la decadencia, situaciones que
por ello trata de alguna manera de ocultar. Así,
se puede observar que algunas residencias es-
tán concebidas como centros de aparcamiento
de ancianos. Por otra parte, se trata de equipa-
mientos vistosos, son como monumentos a la
denominada tercera edad que la sociedad con-
templa, orgullosa, haciendo ver que se preocu-
pa de los ancianos.
Es cierto que los mayores demandan resi-
dencias, pero pensamos que es más por una res-
puesta a la oferta de la sociedad que por un de-
seo de vivir en ellas. Además, hay que tener en
cuenta que de este modo se les aleja de las fa-
milias, de sus amigos, y en muchas ocasiones
de su barrio y de su propia ciudad. Por eso, sin
dejar de reconocer el valor que tienen las resi-
dencias y las funciones que puedan cumplir,
nos atrevemos a decir que existe otro tipo de
políticas menos vistosas, pero quizás más ade-
cuadas para la satisfacción de este tipo de ne-
cesidades y demandas, que fomentan la asis-
tencia, que crean hogares para un número
reducido de personas mayores, y que permiten
que el anciano continúe en su medio, en su en-
torno social.
Al concluir este epígrafe no vamos a caer en
la tentación de dar «recetas» que aborden la
problemática de los ancianos. Pensamos que
no es mediante «recetas», mejor o peor hechas
en la «botica» de unos profesionales, como se
debe abordar este asunto tan complejo. Además,
pensamos que son los agentes sociales y los
propios mayores los que tienen que estimular
un proceso que conduzca a unas iniciativas que
logren mejorar el bienestar de nuestros ancia-
nos, aplicando la frase de que «no hay que ha-
cer cosas para los ancianos, sino cosas con los
ancianos». Queremos llevar a la reflexión la
consideración de los estilos de vida y las de-
mandas de nuestros mayores, y facilitar un diá-
logo —entre los ancianos, las autoridades y to-
dos los agentes sociales— que sirva para
encontrar nuevos modos de enfocar los proble-
mas de la ancianidad, que permitan ofrecer otras
alternativas dentro de la planificación social.
Queremos también hacer una reflexión en
relación con el contenido del artículo 50 de la
Constitución española de 1978, que dice: «Los
poderes públicos garantizarán mediante pen-
siones adecuadas, y periódicamente actualiza-
das, la suficiencia económica de los ciudada-
nos durante la tercera edad. Asimismo y con
independencia de las obligaciones familiares,
promoverán su bienestar mediante un sistema
de servicios sociales que atenderán a sus pro-
blemas específicos de salud, vivienda, cultura
y ocio». Nosotros pensamos que una po-
lítica integral llevada a cabo tanto por las
Administraciones Central y Autonómica como
por la Administración Local no puede aplicar-
se con uniformidad homogénea, debido a la ya
comentada heterogeneidad con que aparece seg-
mentada la población anciana. Habrá pues que
tener en cuenta los criterios de diferenciación
interna de los mayores ya mencionados, y que
exigen una necesaria diversificación de las po-
líticas sociales.
Caracterización social de los mayores
en el medio rural
Hay al menos cuatro razones para reflexionar
sobre los mayores que viven en zonas rurales:
la primera es de índole cuantitativa, y destaca
la presencia de estas personas y su tendencia
demográfica futura en el mundo rural; la se-
gunda tiene un mayor calado social y diferen-
cia al colectivo de mayores rurales respecto al
urbano, advirtiendo que unos y otros tienen ca-
racterísticas propias; la tercera es el resultado
de la problemática social que afecta al anciano
del medio rural, una vez que se han roto algu-
nas de las redes que tradicionalmente le han arro-
pado; y, finalmente, la cuarta es consecuencia
Sociología de la vejez 85
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de las demandas sociales de estos mayores, so-
bre todo cuando tienen que hacer frente a situa-
ciones de sobreenvejecimiento y dependencia.
Cuando hablamos de sociedad rural nos re-
ferimos a un concepto complejo que implica
una forma de hábitat, unas formas de organi-
zación, laboral y social, y unas formas de cul-
tura o de relación. La forma de hábitat se con-
creta en los hábitat con poca población, de
menos de 10 000 habitantes, y con densidades
bajas; las formas de organización destacan la
importancia de la familia tanto en lo que afec-
ta a la economía como a la organización social;
y las formas de cultura y de relación tienen
como base el conocimiento mutuo y las formas
a que este sistema da lugar.
Pero no se puede entender el envejecimien-
to rural sin contextualizar el marco en el que
se da. Lo característico de la sociedad rural en
los últimos cincuenta años ha sido su extraor-
dinario vaciamiento demográfico, que ha dado
lugar a estos cuatro fenómenos singulares:
— Estrangulamiento de la pirámide de eda-
des como consecuencia de la emigración, que
afectó sobre todo a la población joven y a fa-
milias en plena edad de reproducirse.
— Envejecimiento progresivo, que ha anti-
cipado una tendencia que posteriormente ha
afectado a toda la población española.
— Masculinización generada por la emigra-
ción diferencial entre hombres y mujeres.
— Crecimiento vegetativo negativo, con una
caída progresiva de la natalidad y un incremen-
to, no menos pronunciado, de la mortalidad.
En este marco se analizan estos dos puntos:
el primero, el envejecimiento rural y alguna de
sus características, y el segundo, alguno de los
problemas de los mayores rurales en este con-
texto. Son dos puntos relevantes que ponen de
manifiesto la heterogeneidad del envejecimien-
to y la forma especial que presenta este hecho
en las zonas rurales.
Los mayores que viven en zonas rurales son
muchos y tienen unas características específi-
cas. Que son muchos lo atestiguan los datos
que exponemos a continuación. En España, se-
gún los últimos datos del padrón de 2002 (Tabla
3-3), había 7.2 millones de personas mayores,
de las que nada menos que 2.1 millones se en-
contraban residiendo en municipios con menos
de 10 000 habitantes. Estas cantidades signifi-
can porcentajes muy elevados: el 30 % reside
en el mundo rural, mientras que el 70 % lo hace
en el medio urbano; y cifras que resultan im-
pactantes: 17 de cada 100 españoles son ma-
yores, desglosados a su vez en 16 % mayores
por cada 100 personas en el mundo urbano, y
nada menos que 22 mayores por cada 100 per-
sonas en el medio rural. Estas cifras han crea-
do la sensación general, no exenta de realismo,
de que en los pueblos rurales sólo quedan vie-
jos. Obviamente, el envejecimiento es ya un
86 Principios de Geriatría y Gerontología
Tabla 3-3. Comparativa del envejecimiento por hábitat (fuente: INE. 2002)
Total Varones Mujeres
Menos de 10 000 2 119 963 940 743 1 179 220
Más de 10 000 5 030 353 2 072 630 2 957 723
Total % 7 150 316 3 013 373 4 136 943
Total Varones Mujeres
Menos de 10 000 30 % 31 % 29 %
Más de 10 000 70 % 69 % 71 %
Total 100 % 100 % 100 %
Tasas de envejecimiento
Total Varones Mujeres
Menos de 10 000 22 % 19 % 25 %
Más de 10 000 16 % 13 % 18 %
Total 17 % 15 % 20 %
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 86
problema serio en nuestro país, pero la media
todavía está muy lejos de los porcentajes de en-
vejecimiento que se dan en el mundo rural.
En Galicia, el envejecimiento es más dra-
mático (Tabla 3-4): el 21 % de la población ha
superado ya los 65 años, y el 28 % lo ha hecho
en el mundo rural.Por otro lado, en la Galicia
rural viven nada menos que el 44 % de estas
personas, lo que da una idea aproximada del
fenómeno. A ello contribuye de forma especial
el envejecimiento femenino, con una tasa de
32 mujeres mayores por cada 100, ocho pun-
tos más que el envejecimiento rural masculi-
no, que supone un 24 %.
Como demuestran los datos generales, el en-
vejecimiento rural no es homogéneo, y a ello
contribuyen varios factores. El proceso como
tal está condicionado por la cuantía de la emi-
gración, por la mayor o menor disminución de
la fecundidad, en menor medida por el aumen-
to de la mortalidad, y actualmente por la inmi-
gración y por los procesos de retorno. La com-
binación de estos factores hace que se puedan
distinguir varios modelos, que indican la gran
variabilidad con que se produce el fenómeno
en todo el territorio:
— Envejecimiento muy alto: se correspon-
de con la España más rural, con poblamiento
menos concentrado, y con la España más agrí-
cola o ganadera. Es la España que ha contado
con recursos económicos escasos para hacer
frente a la emigración. Se encuentran en este
grupo tres comunidades: Castilla y León (29 %
mayores), Asturias (28.5 %) y Galicia (28.3 %),
todas ellas caracterizadas por un sistema agrí-
cola de carácter familiar que, aunque en su día
pudo hacer frente a una economía de subsis-
tencia, no ha podido competir en el mercado.
— Envejecimiento alto: las características son
muy similares a las anteriores, aunque el proce-
so de envejecimiento está siendo algo más len-
to. Las comunidades afectadas son estas cuatro:
Aragón (24.6 %), La Rioja (24.4 %), Castilla-La
Mancha (24.2 %) y Extremadura (23.7 %).
— Envejecimiento medio: se trata de zonas
industrializadas o terciarizadas, que han exten-
dido hasta el mundo rural los procesos de trans-
formación y de cambio. Están en este grupo:
Cantabria, Navarra, Comunidad Valenciana,
Cataluña, Andalucía y País Vasco.
— Envejecimiento bajo: son zonas que han
apostado por la terciarización, como las islas,
o que cuentan con poblaciones menos descom-
pensadas, como Murcia.
— Envejecimiento muy bajo: hay sólo un
caso, el de Madrid. Es bien conocido el atrac-
tivo que tienen los pueblos para los jóvenes ma-
drileños por los costes más bajos de la vivien-
da rural.
La tendencia para los próximos años es de
claro incremento del envejecimiento. No entra
población joven y la que hoy poco a poco va
Sociología de la vejez 87
Tabla 3-4. Comparativa del envejecimiento por hábitat en Galicia (fuente: INE. Padrón de 2002)
Habitantes por municipio Total Varones Mujeres
Menos de 10 000 256 153 109 310 146 843
Más de 10 000 323 505 129 335 194 170
Total 579 658 238 645 341 013
Total Varones Mujeres
Menos de 10 000 44 % 46 % 43 %
Más de 10 000 56 % 54 % 57 %
Total 100 % 100 % 100 %
Tasas de envejecimiento
Total Varones Mujeres
Menos de 10 000 28 % 24 % 32 %
Más de 10 000 18 % 15 % 20 %
Total 21 % 18 % 24 %
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 87
envejeciendo. Los procesos de retorno los pro-
tagonizan gente de edad media, tirando a ma-
yor. Hay, no obstante, una leve esperanza de
que todo esto pueda empezar a cambiar con la
llegada de población inmigrante extranjera a
las zonas rurales en busca de unos trabajos,
agrarios y no agrarios, que desestima la pobla-
ción autóctona. Por supuesto, se trata de una po-
blación joven y con idea de reproducirse.
Hay dos notas que diferencian al colectivo
de mayores rural y urbano: son el sobreenve-
jecimiento y la masculinización, o, en este caso,
una menor feminización.
En los municipios con más de 10 000 habi-
tantes, 56 de cada 100 mayores tienen entre 65
y 74 años, y el resto, 44 de cada 100, han cum-
plido los 75 años. En el mundo rural estos por-
centajes varían: el 54 % tienen entre 65 y 74
años y el 46 %, dos puntos más, 75 y más. Estas
diferencias se acentúan, si se introduce la va-
riable sexo. La estructura de los hombres ma-
yores urbanos es del 62 %, para los que tienen
entre 65 y 74 años, y del 38 % para los mayo-
res de 75; muy diferente de la de los hombres
mayores rurales, con un 58 % para los que tie-
nen entre 65 y 74 años, y un 42 % para los que
han cumplido 75. La diferencia entre mujeres
mayores, urbanas y rurales, no es tan acusada:
el 53 % y 47 % para las urbanas, frente al 51 %
y 49 % para las rurales.
La explicación de estas diferencias tiene que
ver con la esperanza de vida en uno y otro me-
dio, y con la emigración. Según algunas inves-
tigaciones la esperanza de vida es algo más ele-
vada en el mundo rural que en el urbano por
razones todavía no bien especificadas. La di-
ferencia afecta más que nada a los varones del
medio rural y no tanto a las mujeres, que tie-
nen una esperanza de vida mucho más equili-
brada que los varones.
El dato del sobreenvejecimiento rural habría
que relacionarlo también con estos otros dos
hechos: el retorno, que está muy circunscrito a
los prejubilados o recientemente jubilados, y
la tendencia de los mayores rurales, que a par-
tir de cierta edad, sobre todo cuando empiezan
a ser dependientes, abandonan los pueblos y se
establecen en la ciudad, bien en residencias,
bien con los hijos. Esta circunstancia se acep-
ta como mal menor, puesto que el deseo de los
mayores de las zonas rurales es terminar sus
días en su pueblo, si no concurren circunstan-
cias muy adversas.
El fenómeno del sobreenvejecimiento es ge-
neral en todo el mundo rural, pero sobre todo
en las zonas del interior y en las que cuentan
también con más población mayor. En Galicia
se acentúan aun más estas notas. Hay más ma-
yores rurales, y están también más envejecidos.
Por otro lado, el envejecimiento rural femeni-
no es más dramático que el masculino, dado
que el 51 % de las mujeres superan los 75 años,
porcentaje que es sólo del 44 % entre los va-
rones.
Veníamos comentando que el envejecimien-
to no afecta por igual a hombres y mujeres. Las
mujeres viven más años y envejecen más; de
ahí que a medida que se van cumpliendo años
la ratio entre hombres y mujeres se decante cla-
ramente hacia las mujeres, en detrimento de los
hombres, aunque esta situación se ve algo mi-
tigada en el mundo rural, al ser una sociedad
más masculinizada. Ahora bien, aun así, el nú-
mero de hombres es inferior al de mujeres, si-
tuación que se agudiza también con la edad. En
el conjunto nacional hay 73 varones por cada
100 mujeres, pero en el mundo rural la diferen-
cia es algo menor, 80 varones por cada 100 mu-
jeres. Esta diferencia en uno y otro medio se
acorta cuando hombres y mujeres tienen entre
65 y 69 años, pero se amplía una vez supera-
dos los 75. El fenómeno es general y las bue-
nas condiciones que parecen vivir los hombres
en el medio rural no alcanzan a reducir las di-
ferencias con la media de vida de las mujeres,
o si lo hacen, tienen muy poco significado. 
La sociedad mayor gallega está, si cabe, aun
más feminizada, con 70 varones por cada 100
mujeres en el conjunto poblacional, y con 74
varones por cada 100 mujeres en el mundo ru-
ral. También es una constante la feminización
de los grupos de edad de los mayores, que se
va ampliando a medida que se avanza en edad.
Si en el grupo de 65 a 69 años la diferencia en-
tre hombres y mujeres es ya de 15 puntos, la
diferencia se amplía a 43 en el de los mayores
de 75. Estas diferencias se mitigan algo en el
mundo rural.
88 Principios de Geriatría y Gerontología
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 88
Tienen también una gran importancia social
el estado civil, la estructura de los hogares, el
nivel de estudios, el nivel de ingresos, la ocu-
pación y las relaciones y situaciones de depen-
dencia. Todos ellos tienen un carácter objetivo
y resulta fácil cuantificarlos; más problemáti-
co sería plantear otros, con un carácter más sub-
jetivo, como la satisfacción ante la vida, las 
preocupaciones, los estados de ánimo, la per-
cepción del tiempo, o la actitud política.En cuanto al estado civil, hay que destacar
dos hechos: en primer lugar, la presencia de
un menor número de viudos que en el mun-
do urbano, debido probablemente a la menor
mortalidad, y en segundo lugar la presencia
de un mayor número de casados. La soltería
es algo menos frecuente, lo que no impide que
en el futuro este colectivo tienda a aumentar
por las dificultades que tienen los jóvenes en
la actualidad para contraer nupcias en este
medio, hecho no tan acentuado en los años
pasados.
Si algo va a marcar el futuro del envejeci-
miento es la presencia de un colectivo cada vez
más capacitado, con más formación, y con más
interés por ejercer su propia libertad y atender
a su desarrollo personal. En este punto el mun-
do rural siempre irá con retraso respecto al ur-
bano por la menor formación de su población.
Este hecho es notorio entre las personas mayo-
res, la mayoría de ellas con una formación que
no ha superado el primer nivel, con estudios
primarios incompletos. Sólo una minoría, ape-
nas el 4 %, habría superado los estudios prima-
rios, frente al 12 % de los mayores de zonas ur-
banas.
Es importante tener en cuenta este hecho,
puesto que los mayores rurales que quieren ha-
cer algo diferente cuando se jubilan, por ejem-
plo viajar, necesitan más apoyos, puesto que se
sienten incapacitados para hacer algo diferen-
te a lo que hacen los demás por ellos mismos.
Es un hecho constatado que los mayores que
viven en zonas rurales tienen unos ingresos más
bajos que los de las zonas urbanas, pero que
gastan menos, por lo que son más ahorradores.
Vaya por delante que el mundo rural depende
mucho más de la pensión de los mayores que
el urbano. De hecho, los mayores rurales, sus-
tentadores principales, aportan nada menos que
el 19 % de los ingresos rurales, frente al 14 %
de los urbanos.
A pesar de esto, un mayor rural venía ingre-
sando, según la encuesta de presupuestos fami-
liares de 1998, 1.3 millones, frente a 1.6 de me-
dia y 1.8 de un mayor urbano. Así pues, un mayor
rural tenía unos ingresos del orden del 17 % me-
nos que la media de mayores, y nada menos que
un 24 % menos que un mayor urbano.
Asimismo, en el capítulo de los gastos los
mayores rurales tienen otra estrategia: gastan
algo menos, en torno al 7 %.
Finalmente, si se compara el capítulo de in-
gresos y de gastos, la conclusión es clara: los
mayores rurales son ahorradores, a pesar de que
sus ingresos son relativamente bajos. Es, pues,
importante tener en cuenta este hecho a la hora
de hacer una buena planificación de los servi-
cios sociales y plantear la financiación de los
mismos.
Si hay un campo en el que los mayores ru-
rales y urbanos se diferencian claramente es el
de la ocupación. Un mayor urbano, cuando se
jubila, deja el trabajo y tiene que plantearse la
vida de otra manera; dispone de más tiempo,
se ve inmerso en otro tipo de relaciones, etc.
Esto no sucede con el mayor rural, en el que
hay una clara separación entre empezar a co-
brar una pensión, es decir, jubilarse, y dejar de
trabajar. Los mayores rurales, sobre todo los
que han trabajado en la agricultura, o los que
han sido titulares de alguna pequeña industria
o de servicios, han sabido distinguir claramen-
te entre las responsabilidades laborales y la ju-
bilación. La jubilación se ha producido al cum-
plir los 65 años o antes si se ha podido acreditar
alguna situación de invalidez. En cambio, la
ruptura con el trabajo casi nunca se ha produ-
cido de forma drástica, sino que ha sido un fe-
nómeno vivido de manera progresiva. En de-
finitiva, no han sido las circunstancias legales,
sino las físicas y familiares, las que han ido
marcando el tiempo.
En este punto sí se puede decir que los ma-
yores rurales se han anticipado, dado que hoy
se aboga por un retraso de la jubilación, que
vendría marcado por las capacidades objetivas
y por la propia decisión del sujeto.
Sociología de la vejez 89
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 89
Un problema importante que se plantea con
la jubilación de los mayores urbanos es la rup-
tura de las relaciones. Se rompen las relacio-
nes laborales, aunque permanecen las demás.
Esto no sucede en el mundo rural, en el que la
red de relaciones sigue más o menos intacta.
Obviamente cambian los roles, el rol de niño,
de joven, de adulto, de mayor, pero están ga-
rantizadas las relaciones vecinales de todos con
todos. Esto no quiere decir que no se dé la so-
ledad, pero de otra manera.
En este sentido, conviene hacer dos obser-
vaciones: la diferente manera de plantearse la
relación los hombres y las mujeres; y las fun-
ciones limitadas que se atribuyen a los vecinos,
a los que no se tolera que sobrepasen ciertas
barreras.
Cada vez estamos todos más de acuerdo en
que el problema del envejecimiento no radica
tanto en el número de ancianos, como en las
secuelas que produce en una población muy en-
vejecida y, sobre todo, las situaciones de de-
pendencia que conlleva. Sabemos que uno de
cada tres mayores, más o menos, empieza a te-
ner algún grado de dependencia. No hay estu-
dios específicos que nos permitan saber si la
dependencia de los ancianos rurales es igual o
mayor, pero tampoco sería lo más importante.
Lo relevante es que en uno y en otro medio se
envejece de diferente manera, precisamente
porque el entorno del envejecimiento es tam-
bién muy distinto: lo es la vivienda, la calle, la
asistencia sanitaria; y lo son las relaciones y los
vecinos.
En cuanto a los mayores de zonas rurales,
se subrayan dos hechos: el primero, su carác-
ter algo más dependiente, debido al mayor en-
vejecimiento, y el segundo, unas condiciones
de dependencia distintas. Por otro lado, en lo
que se refiere al número de ancianos depen-
dientes en el ámbito rural, no existen estudios
rigurosos que permitan comparar las variantes
relativas a uno y a otro medio; se puede esti-
mar, no obstante, que los mayores dependien-
tes sobrepasarían el medio millón, y los que
precisan una atención personalizada los dos-
cientos mil.
En cuanto a las condiciones de la dependen-
cia rural obviamente se dan variantes, no tan-
to en lo que respecta a la dependencia física,
como en lo que tiene que ver con el entorno so-
cial. Por ejemplo, una persona mayor que vive
en el medio rural tendrá menos dificultades para
moverse que si vive en la ciudad; la presencia
continua de barreras es un factor enormemen-
te limitativo para la movilidad del mayor urba-
no, situación que no afecta, o afecta menos, al
rural. La soledad se puede subsanar mucho me-
jor en el medio rural con la ayuda vecinal que
en el urbano, donde se ha roto con este tipo de
relaciones, o no funcionan con la misma regu-
laridad. Por el contrario, un hombre urbano es-
taría más preparado para hacer frente a las ta-
reas del hogar que uno del medio rural, donde
estas tareas han sido menos frecuentes. Las con-
diciones sociales son tan distintas en uno y otro
medio que dificultan o aligeran la propia defi-
ciencia física.
Otro matiz de la dependencia lo determina
el sexo; en el medio rural los hombres son más
dependientes en algunos campos y en otros lo
son las mujeres. Los hombres tienen muchas
más dificultades para hacer frente a las tareas
del hogar y al aseo personal, y las mujeres son
más torpes para utilizar el teléfono, manejar el
dinero, o moverse de un lugar a otro.
La dependencia señala una limitación física
que hay que enmarcar en un contexto social;
de ahí la enorme importancia que tiene para de-
limitar este problema el conocimiento de las
redes familiares de la persona mayor, así como
las circunstancias sociales en las que se desen-
vuelve su vida. 
La emigración ha desestructurado la fami-
lia tradicional rural y ha roto muchos de los la-
zos que subvenían a las situaciones de necesi-
dad. Los pueblos se han envejecido, pero lo
preocupante es que ya no existen estructuras
familiares con capacidad de dar respuesta a los
problemasde los mayores como antes; tampo-
co se han creado fórmulas alternativas, como
una buena red de servicios sociales, para paliar
el problema. Los hechos más relevantes y di-
ferenciales son los siguientes: una masculini-
zación relativa, un incremento de la soltería fe-
menina, la permanencia en la situación de
viudez más entre las mujeres que entre los hom-
bres, la presencia de hogares con un número
90 Principios de Geriatría y Gerontología
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 90
reducido de personas (de dos, matrimonio, o
tres miembros) y la existencia de un porcenta-
je relativamente importante, 17 %, de hogares
unipersonales. La mayor parte de los ancianos
viven en su domicilio, 71 %, y sólo un 28 %
están con los hijos. Hay un rechazo generali-
zado a vivir en residencias, y se acepta como
mal menor abandonar el pueblo, solución que
se toma cuando no queda más remedio. Los
mayores rurales no se han caracterizado pre-
cisamente por la movilidad; por eso suelen opo-
nerse a cambiar de lugar, aunque sea para dar
una respuesta adecuada a su dependencia.
Mucha más aceptación tiene la formación de
familias extensas en las que conviven varias
generaciones; esta forma de convivencia es to-
davía muy importante en Cantabria, Cataluña
y Galicia. 
Creemos que a veces se exagera la relación
entre mayor y soledad; no decimos que esta re-
lación no exista, pero no es muy significativa
si se compara con el resto de la población. En
el mayor rural el estado de soledad sólo afecta
a una minoría, que ni siquiera alcanza el 10 %,
siendo la situación más frecuente la de aque-
llos que se sienten contentos con la vida. Pero
esto no quiere decir que los mayores rurales no
vivan con problemas. Aunque reconocen que
su situación actual nada tiene que ver con la de
sus padres, son conscientes de que ellos tienen
problemas que sus padres no tenían:
— Se quejan constantemente de que los hi-
jos les vienen a ver poco, y siempre sacan a re-
lucir lo mucho que ellos han hecho por los hijos.
— Tienen miedo a su futuro porque piensan
que los hijos no les van a poder cuidar, como
ellos hicieron con sus padres.
A pesar de todo, son conformistas y el jui-
cio general que emiten sobre la vida es muy po-
sitivo. En el pasado se vivieron tantas situacio-
nes de precariedad que, cuando analizan la
situación actual en la que se encuentran y lo
que al final han alcanzado, no pueden por me-
nos que emitir un juicio muy positivo.
La posición política es un punto que dife-
rencia claramente al mayor rural del resto; el
mayor rural apenas está politizado, entendien-
do por politización la posición en un lado u otro
de una escala que iría de la derecha a la izquier-
da. Los mayores han desconfiado tanto de la
política como de los políticos, por lo que casi
nunca han desvelado sus posiciones. En gene-
ral, son buenos estrategas o han entendido su
relación con la política como una estrategia o
una táctica. Los políticos tienen el poder y hay
que estar a bien con todos ellos para obtener el
máximo beneficio. En los años del franquismo
fueron franquistas, con la UCD ucedistas, con
el PSOE socialistas y con el PP populares. Ello
quiere decir que una cosa es su ideología, lo
que realmente piensan, y otra la utilización que
suelen hacer del voto. Esto parece que lo han
entendido muy bien los políticos, quienes pre-
cisamente por eso cuidan mucho el voto rural
y, sobre todo, el voto del mayor rural. En este
sentido, si se comparan las simpatías que en
años pasados despertaban entre los mayores ru-
rales Fraga en Galicia y Bono en Castilla-La
Mancha, se observará la quiebra de los esque-
mas ideológicos.
Todos estos rasgos determinan un perfil, el
del mayor rural, que no sólo condiciona su ma-
nera de ser y de comportarse, sino que incide
de forma muy directa en los problemas que se
plantean y en la forma de abordarlos. Es un nue-
vo campo de reflexión que invita a profundi-
zar en las demandas sociales, teniendo en cuen-
ta todas las circunstancias que concurren en el
envejecimiento rural, así como en las redes que
han actuado tradicionalmente para solucionar
los problemas. La experiencia es un grado, pero
no conviene olvidar que estamos ante situacio-
nes cada vez más diferentes, que exigen solu-
ciones nuevas.
MEDIOS DE COMUNICACIÓN 
E IMÁGENES ASOCIADAS
A NUESTROS MAYORES
Los medios de comunicación social constitu-
yen un elemento fundamental como conforma-
dores de la opinión pública. Por esta razón, la
opinión que en la sociedad se tiene de las per-
sonas mayores o de la ancianidad depende, en
buena medida, de la imagen que se da de las
Sociología de la vejez 91
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 91
mismas a través de estos medios, tanto escri-
tos como audiovisuales, y en este sentido, ésta
es una responsabilidad que les atañe muy di-
rectamente.
En la sociedad contemporánea, espacio úni-
co donde se representa el «teatro de la vida»,
se exponen continuamente las diversas expre-
siones, surgidas del espíritu humano que las ha-
bita.
Esta representación nos brinda imágenes que
luego se traducen en pensamientos o descrip-
ciones de diversas situaciones que no dejan de
dibujarnos o fotografiarnos la sociedad actual.
Mediante los medios de comunicación de ma-
sas y la creación de la opinión pública estas «re-
presentaciones vitales» van conformando la si-
tuación, el espacio o el escenario que nos toca
o nos ha tocado vivir.
La opinión pública es una expresión de uso
absolutamente cotidiano. El significado del con-
cepto todo el mundo lo conoce y lo podría ex-
plicar; en la calle, en los medios de comunica-
ción, en la política... la opinión pública
protagoniza conversaciones, justificaciones,
noticias y argumentos.
Muchos autores han tenido durante años este
concepto de opinión pública como eje princi-
pal de sus estudios, dado el poder que otorga-
ba y el interés que despertaba la capacidad de
controlarlo y definirlo.
Por otra parte, también podemos observar
una doble interpretación en relación con lo que
la opinión pública significa o representa: por
un lado, la opinión pública como un elemento
racional de nuestras sociedades, y por otro,
como un elemento de control social.
Cuando se trata de clasificar los tipos de opi-
nión pública, tenemos que sopesar todos los
marcos teóricos.
Tönnies distinguió entre opinión pública
como una expresión de la racionalidad del hom-
bre y como una expresión de la voluntad co-
mún. Sauvy habla de cuatro tipos de opinión:
la opinión claramente expresada, la opinión
real, el sufragio universal (no obligatorio) y el
referéndum (obligatorio). De éstos, sólo los dos
primeros tendrían carácter de opinión pública.
Para Bauer cabe diferenciar la opinión pública
estática y la dinámica. La primera sería más
irracional (relacionada con tradiciones y valo-
res culturales), al contrario de la segunda, más
cambiante por las modas y más racional. Sproot
distingue tres tipos de opinión con relación a
las tres maneras de entender el «público»: la
opinión pública general o corriente de opinión
dominante, la opinión pública parcial (públicos
con diferentes posiciones sobre un tema de in-
terés general) y por último, las opiniones de gru-
po, que serían tantas como grupos existen. La
opinión pública correspondería a la segunda.
La opinión pública ha de hacer frente a pro-
blemas de dimensiones globales y se supone
que interviene en la formación de opinión en
los diferentes ámbitos, como el área del comer-
cio internacional, las guerras, cuestiones del
Estado, la sociedad o el ámbito local. Cada per-
sona no puede conocer todo aquello que le in-
teresa, y depende de las fuentes secundarias o
indirectas de información e interpretación. Así,
nuestros datos, y por tanto deducciones, son
modificados por quienes nos los proporcionan
en los medios de comunicación.
Papel de los medios de comunicación
en el proceso de construcción 
de la realidad
Los mass-mediason dispositivos técnico-orga-
nizativos que permiten la transmisión simultá-
nea de mensajes significativos a una gran can-
tidad de personas desconocidas que los utilizan.
El carácter institucional de los emisores con-
vierte a los medios de comunicación en instru-
mentos de regulación social. La posesión y pla-
nificación del uso de los mismos pasa a
convertirse en una cuestión política en la acep-
ción más amplia del término.
El público está formado por todas aquellas
personas que reciben información, ya sea por
la prensa, los libros, la radio, la televisión, el
cine o Internet.
La prensa crea y desarrolla los comentarios
de opinión y las noticias; lo cual no quiere de-
cir que anteriormente no existiesen las opinio-
nes que emitían las personas de forma privada
o pública, pero la prensa va a convertir los he-
chos ocurridos en noticias, dándoles un forma-
92 Principios de Geriatría y Gerontología
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 92
to y una elaboración técnica que permita al pú-
blico lector reconocer un género periodístico.
Admitiendo las transformaciones que los
medios hacen de la realidad, hemos de tener en
cuenta que el profesional de la información ela-
bora unas noticias en función de las expectati-
vas que tiene su público. De esta manera, los
medios de comunicación se han de ajustar a lo
que las personas esperan. Son elementos ideo-
lógicos, culturales, maneras de ver el mundo y
la vida, etc. Estas expectativas constituyen los
contextos donde las noticias adquieren su sig-
nificado definitivo. Las personas poseen los co-
nocimientos y actitudes previas que harán que
la nueva información se acoja de manera críti-
ca y que se descarte aquella que no va en la lí-
nea de sus opiniones o pensamientos. De esta
manera, los medios y el público se influyen mu-
tuamente. Se crea un equilibrio que se podría
romper con mucha facilidad. Si el medio se
adapta al público, a la masa, y no le proporcio-
na lo que él quiere, podría caer en el sensacio-
nalismo. Si el medio se muestra objetivo a la
masa, puede atraer la atención del público ma-
yoritario.
Por otro lado, es importante tener en cuen-
ta que los diversos medios de comunicación es-
tán sometidos a presiones externas de grupos
de interés especial. Éstos intentan influir en los
medios de comunicación de masas, tratando de
dirigir la opinión pública, ya que la comunica-
ción social es uno de los elementos constituti-
vos de la sociedad.
Todo lo que aparezca en un medio de comu-
nicación formará parte del concepto que nues-
tra sociedad tenga sobre ese punto. Del tra-
tamiento que se le dé en ese medio de comuni-
cación va a depender que la población mani-
fieste interés hacia determinados colectivos o
los estereotipe, como ocurre en el caso de las
personas mayores.
Cualquier persona está capacitada para in-
tuir de manera muy precisa la frecuencia de las
opiniones que se producen en la sociedad en la
que vive y advertir los cambios que se dan en
las mismas. Resulta interesante observar cómo
dichos cambios de opinión no se dan simultá-
neamente en todos los grupos poblacionales,
sino que se producen en un breve intervalo de
tiempo. Un individuo no puede saber lo que
piensa la totalidad de la población, pero con la
información que proporcionan los medios se
puede hacer una idea de cómo piensan los de-
más acerca de un determinado aspecto de la 
realidad social que le toca vivir; este reconoci-
miento de la opinión de los demás se hace me-
diante la formación y el cambio en la opinión
pública. Por otro lado, tanto la formación como
el cambio se producen en un intervalo de tiem-
po relativamente breve gracias a la ayuda de
los medios de comunicación, que, sirviéndose
de los avances tecnológicos, ejercen un control
sobre las opiniones casi diario.
De esta manera, se puede afirmar que las
personas actúan en público en función de lo que
opinan los demás. Es más, podríamos aventu-
rarnos a decir que las personas actuarían de tal
o cual manera a partir de lo que ellos creen que
piensan los demás, en función de los cánones
que dicta la «mayoría».
Podríamos considerar que los medios de co-
municación de masas (entre ellos también es-
tarían los sondeos de opinión) son órganos sen-
soriales y estadísticos que conectan a las
personas con la colectividad, y que estos «ór-
ganos» son compartidos por miembros de una
sociedad. Esto no significa que todos los miem-
bros compartan las mismas opiniones sobre al-
gún tema, sino que todos ellos pueden intuir
cuáles son las opiniones o actitudes que van a
ser aprobadas o reprobadas por la gran mayo-
ría, cómo cambian, evolucionan o se convier-
ten, y las posibles consecuencias que puede te-
ner mantenerse alejados de lo que piensa la
mayoría.
Influencia de los medios 
de comunicación de masas
En la sociedad actual es cada vez mayor la im-
portancia de los medios de comunicación y en
particular de la televisión. Ésta influye sobre la
manera de pensar o de actuar de las personas,
y logra modificar la forma en que los hombres
conocen y comprenden la realidad que les ro-
dea. Sería un absurdo no creer en absoluto en
la realidad que nos presentan los medios, sen-
Sociología de la vejez 93
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 93
cillamente porque no podemos estar en la esce-
na de la noticia o del suceso personalmente.
Debido a ello existe la posibilidad de recibir a
través de los medios «medias verdades». Esto
significa que todos los medios tienden, directa
o indirectamente, a favorecer o a defender una
posición, ya sea política, filosófica o institucio-
nal. Esta es una característica de las sociedades
postmodernas, que tienden a aferrarse a valo-
res transitorios, débiles y superficiales.
La prensa periódica es el medio más repre-
sentativo de los antiguos. Las repercusiones po-
líticas que se le atribuyen llevaron en algún mo-
mento a acuñar la expresión «cuarto poder»,
para referirse a su capacidad de influir en la
opinión pública, y en última instancia, en las
sociedades democráticas, sobre los votantes.
El periódico comparte con la radio y la te-
levisión la función de mediador entre el cono-
cimiento de la realidad y los sujetos. La mayo-
ría de los acontecimientos son conocidos por
los lectores a través del periódico. La realidad
es dada a conocer parcializada en noticia, sien-
do ésta la materia prima fundamental con la que
trabaja la prensa periodística. El producto que
elabora, el periódico, es una relación de noti-
cias bastante extensa que se facilita diariamen-
te gracias a todo el dispositivo técnico-organi-
zativo del que se dispone.
Uno de los hechos más importantes y de ma-
yor repercusión en la historia de la humanidad
de los últimos siglos ha sido el desarrollo téc-
nico, desarrollo que comprenden múltiples as-
pectos: la producción, la vivienda, la manera
de viajar, la vida rural y urbana, la forma de ha-
cer la guerra, la ingeniería... y también los me-
dios de comunicación.
La capacidad que hoy tenemos de hacer lle-
gar nuestros mensajes a lugares distantes de
forma instantánea, a través de la televisión, la
radio, el teléfono, la computadora o el fax, trans-
mitiendo casi simultáneamente datos e infor-
maciones, nos es tan familiar que no le damos
la menor importancia.
Se puede decir que ya a principios del siglo
XX, la lectura de periódicos, revistas y libros co-
menzó a cambiar el modo de pensar y de actuar
de los hombres. La eficacia de la letra impresa
fue enorme, encontrándose sin rival hasta la apa-
rición de otros medios masivos de comunica-
ción que compitieron en la información.
La imagen constituye hoy un elemento más
determinante entre las características de nues-
tro ámbito de vida. Cantidad de mensajes nos
son transmitidos a través de medios de comu-
nicación, que utilizan fundamentalmente la
imagen.
Según estudios realizados por la UNESCO,
mientras que a través del oído se percibe un
20 % de los mensajes,a través de la vista un
30 %; cuando se da la combinación de ambos
sentidos el porcentaje de eficacia en el apren-
dizaje se eleva al 50 %.
Se dice que la TV constituye una ventana
abierta al mundo, cuya realidad podemos con-
templar desde la comodidad de nuestros hoga-
res. Frente a esta afirmación hay que tener en
cuenta que:
— Lo que vemos en TV no es lo que sucede
en la realidad, sino la imagen de dicha realidad.
— Estas imágenes nos vienen dadas por
quienes han elaborado el mensaje. No vemos
lo que nosotros elegimos, sino lo que otros eli-
gen para que veamos. En la relación directa con
la realidad hay un conocimiento directo, cuan-
do interviene la TV hay como un muro que se
interpone entre conocedor y realidad. Lo que
se llega a conocer es la imagen. En el conoci-
miento por experiencia, un mismo hecho lo co-
noce cada persona de manera diferente según
sus características personales.
En cualquier caso, y en relación con las imá-
genes que se transmiten a través de los diferen-
tes medios de comunicación social, que pue-
den influir en la formación de la opinión e
inducir al consumismo precisamente en este
grupo cada vez más numeroso como es el de la
población anciana, conviene tener presente lo
que es y representa la publicidad y las diferen-
tes técnicas empleadas en la misma. La publi-
cidad es más una actividad que caracteriza in-
tencionalmente el mensaje que elabora,
buscando el cambio de actitudes, rasgos cog-
nitivos y comportamiento de los destinatarios,
para lo cual se utilizan diversos soportes tecno-
lógicos. Hay personas mayores que se encuen-
94 Principios de Geriatría y Gerontología
Cap03.qxd 24/03/2006 10:56 PÆgina 94
tran desprotegidas ante estas técnicas; por eso
es fundamental una educación para el consumo
y en el empleo de los medios audiovisuales.
El espectáculo de la vejez
La crisis del estado de bienestar, la no satisfac-
ción de las necesidades de la población, los
mercados financieros, la globalización, el fin
del estado keynesiano, las políticas económi-
cas… van perfilando el decorado de nuestra re-
presentación. Dentro de este marco desgarra-
dor, fatídico, lúdico y pocas veces mágico, la
vejez emerge como un resabio de un pasado
opulento en decadencia.
Simone de Beauvoir describe esta idea de la
siguiente manera:
«Ante la imagen que los viejos nos propo-
nen de nuestro futuro, somos incrédulos; una
voz en nosotros murmura absurdamente que no
nos ocurrirá. Antes de que nos caiga encima,
la vejez es algo que sólo concierne a los demás.
Así se puede comprender que la sociedad lo-
gre disuadirnos de ver en los viejos a nuestros
semejantes».
«La sociedad impone a la inmensa mayoría
de los ancianos un nivel de vida tan miserable
que la expresión «viejo y pobre» constituye un
pleonasmo; a la inversa, la mayoría de los in-
digentes son viejos».
«Los que denuncian nuestro sistema muti-
lante deberían poner de relieve este escándalo.
Concentrando los esfuerzos en la suerte de los
más desheredados se consigue conmover a una
sociedad».
Actualmente la representación cotidiana del
espectáculo de la vejez en los medios de comu-
nicación muestra una imagen desgarradora en
la que se reflejan miles de otras imágenes, ya
sea en las pantallas de los televisores u ordena-
dores o en las portadas de los periódicos, a modo
de meros flashes del horror que contienen.
La sociedad, como espectadora, espera apa-
sionada ése y otros tantos actos de falta de so-
lidaridad, que pasan a ser diariamente acep-
tados.
Vivimos un mundo consciente de las imá-
genes y de los efectos que con ellas se gene-
ran, esperando ser deslumbrado cada día con
algo nuevo, algo lejano, cercano, ajeno o co-
nocido, especialmente que suscite el diálogo
entre espectáculo y espectador, de la realidad
cotidiana.
Según Guy Debord (1967) «el espectáculo
es el advenimiento de una nueva modalidad de
disponer de lo verosímil y de lo incorrecto me-
diante la imposición de una representación del
mundo de índole tecnoestética. Prescribiendo
lo permitido y desestimando lo posible, la so-
ciedad espectacular regula la circulación social
del cuerpo y de las ideas. El espectáculo, si se
buscan sus raíces, nace con la modernidad ur-
bana, con la necesidad de brindar unidad e iden-
tidad a las masas a través de la imposición de
modelos culturales y funcionales a escala total.
El espectáculo de nuestros viejos, reiterada-
mente presentado en las calles de nuestras ciu-
dades, impone un pensamiento ajustado al «es-
pectáculo obligatorio y monopolio visual», los
cuales representan una metáfora desesperada
de la realidad contemporánea de nuestros ma-
yores, donde víctimas y verdugos se confun-
den, imprimiendo a su paso lento la paradoja
de salir de la invisibilidad de los gobernantes
y de la sociedad toda, haciendo que el campo
visual que dominan con sus gritos y gestos se
convierta en una pantalla inmensa, donde se
proyectan sus deseos inalcanzables.
«El espectáculo no es un conjunto de imáge-
nes, sino una relación social entre personas, me-
diatizada a través de imágenes». El espectácu-
lo se presenta al mismo tiempo que la sociedad
misma, como una parte de ésta y como instru-
mento de unificación. En tanto parte de la so-
ciedad es expresamente el sector que concentra
todas las miradas y todas las conciencias.»
En 1970 Simone de Beauvoir escribía:
«Todo el mundo lo sabe: la condición de los
viejos es hoy escandalosa. Antes de examinar-
la en detalle hay que tratar de comprender por
qué razón la sociedad se desentiende tan fácil-
mente de ella. De una manera general cierra los
ojos a los abusos, los escándalos, los dramas
que no conmueven su equilibrio; no se preocu-
pa más de la suerte de los niños abandonados,
Sociología de la vejez 95
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de los jóvenes delincuentes, de los disminui-
dos, que de los viejos. Pero en este caso la in-
diferencia resulta aun más asombrosa; cada
miembro de la colectividad debería saber que
su porvenir está comprometido... La clase do-
minante es la que impone a las personas de edad
su estatuto, pero el conjunto de la población ac-
tiva es su cómplice...Una sociedad de una to-
talidad destotalizada.»
El envejecimiento mundial es hoy en día uno
de los factores más importantes a tener en cuenta. 
Sociedades enteras van camino de tener ma-
yor cantidad de viejos que de jóvenes en edad
de producir.
Las nuevas tecnologías y los avances de la
ciencia hacen crecer la expectativa de vida de
la población mundial, asegurándonos un futu-
ro prometedor de años por vivir.
En cambio, resulta difícil pensar en la rela-
ción calidad/prolongación de la vida y en qué
condiciones económicas y sociales ya que por
otro lado las condiones de vida serán muy dis-
tintas entre las ciudades, países o regiones del
planeta.
Friedrich Nietzsche se preguntaba en su en-
sayo Así habló Zaratustra «¿Para qué vivir?
(...) vivir es quemarse a sí mismo (...) ¡Ninguno
de vosotros quiere embarcarse en la barca de
la muerte!» Sus preguntas responden en cierta
medida a la disyuntiva planteada entre la pro-
longación de la vida y la calidad de la misma.
En realidad toda la sociedad aboga por ambas,
pero los avances van en una sola dirección, la
de la prolongación, mientras que trabajar por
la calidad de la vida se hace más tedioso, de
modo que a veces sólo nos acordamos de nues-
tros mayores cuando la máquina electoral se
pone en marcha. 
Esta misma disyuntiva queda desdibujada
en la opinión pública si tenemos en cuenta los
mensajes que recibimos, sobre todo los publi-
citarios, que nos muestran las ganas de vivir,
la calidad de vida, el dinamismo, etc., de nues-
tros mayores, ridiculizándolos en algún mo-
mento al hacerles vivir situaciones irreales pro-
pias de otras etapas de la vida, ocultándonos su
propia realidad, o acordándose de ella sólo
cuando «necesitan concienciar», «denunciar»
o lamentablemente «vender unhecho».
En 1969 Adolfo Bioy Casares describió en
su libro Diario de la guerra del cerdo una reali-
dad imaginada y alarmante de una sociedad que
se enfrentaba a la vejez desde el temor de ver-
se reflejada en ella, despreciándola y eliminán-
dola seriamente, donde se podían leer párrafos
como los siguientes:
«El hombre astuto despliega a tiempo su es-
trategia contra la vejez. Si piensa en ella se en-
tristece, pierde el ánimo, se le nota, dicen los
demás que se entrega de antemano. Si la olvi-
da, le recuerdan que para cada cosa hay un tiem-
po y lo llaman viejo ridículo. Contra la vejez
no hay estrategia.»
«Lo que me fastidia en esta guerra al cer-
do —se irritó porque sin querer llamo así a la
persecución de los viejos— es el endiosamien-
to de la juventud...»
«Contra los viejos —dijo— hay argumen-
tos valederos... La culpa directa recae en los
médicos. Nos han llenado de viejos, sin alar-
gar un día la vida humana.»
«Es verdad: se limitaron a llenar el mundo
de viejos prácticamente inservibles.»
«La juventud es presa de desesperación 
—repitió Faber.»
«En un futuro próximo, si el régimen demo-
crático se mantiene, el hombre viejo es el amo.
Por simple matemática, entiéndanme. Mayoría
de votos. ¿Qué nos enseña la estadística, vamos
a ver? Que la muerte hoy no llega a los cincuen-
ta sino a los ochenta años, y que mañana vendrá
a los cien. Perfectamente. Por un esfuerzo de la
imaginación ustedes dos conciban el número de
viejos que de este modo se acumulan y el peso
muerto de su opinión en el manejo de la cosa
pública. Se acabó la dictadura del proletariado,
para dar paso a la dictadura de los viejos.»
«Hay un nuevo hecho irrefutable: la identifi-
cación de los jóvenes con los viejos. A través de
esta guerra entendieron de una manera íntima,
dolorosa, que todo viejo es el futuro de algún jo-
ven. ¡De ellos mismos también! Otro hecho cu-
rioso: invariablemente el joven elabora la siguien-
te fantasía: matar a un viejo equivale a suicidarse.»
Este libro muestra una lucha generacional
que parece no tener fin, lucha que se refleja en
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infinitas situaciones cotidianas de violencia y
discriminación contra nuestros mayores.
Formando parte de la producción del espec-
táculo social, aparecen los signos, elementos
que constituyen un mismo lenguaje, donde la
práctica social presenta el espectáculo como
autónomo, aparente; donde se separan realidad
e imagen.
Dentro del mundo real, donde se desarrolla
el espectáculo de la vejez, se entrecruzan situa-
ciones y conflictos que pertenecen a la entraña
misma del deber ser como jóvenes y ciudada-
nos a la vez. La responsabilidad no es aparen-
te, como la realidad virtual que nos rodea, y
nos enlaza globalizadamente en la forma me-
diática. El lujo de poseer valores que se opon-
gan, la imposibilidad de nuestra sociedad dor-
mida y expectante para enfrentarse a este
proceso de degradación y olvido permitirá ca-
tapultarse en un infinito, dentro de un univer-
so especulativo, autorretrato del poder en esta
época: el pasado pertenece a eso, al pasado, y
con él, los viejos, sus prédicas y sus necesida-
des, difíciles de entender desde el vértigo de
nuestra vida contemporánea.
Por otro lado, dentro de la sociedad, el
Estado debe garantizar a sus ciudadanos unos
niveles mínimos de bienestar social por medio
del intervencionismo y de una política fiscal
distributiva.
Nuestros viejos aparecen con carácter de es-
pectadores dentro de esa representación espec-
tacular ostentosa y aparatosa de la vida cotidia-
na. Así, en los últimos años, los ancianos
aparecen como las vedettes de un espectáculo,
en un papel que posiblemente creen que pue-
den desempeñar. La toma de conciencia de los
países desarrollados del problema del enveje-
cimiento hacen surgir nuevas imágenes y pro-
pósitos para seguir configurando capítulos im-
pensables dentro de esta obra teatral: Años
Internacionales, mayor presencia en la socie-
dad de consumo como prescriptores, foros, reu-
niones, etc., que en muchos casos no dejan de
ser meras representaciones.
Existe una violencia generacional contra los
ancianos desde los medios, desde lo económi-
co, lo educacional, lo social, lo propiamente
generacional y contemporáneo.
El atentado silencioso hace creer que los vie-
jos no tienen ni pasado, ni futuro; que su voz
se desprende desde un «no lugar», desde un es-
pacio de anonimato —como bien apunta Marc
Augé— sin representación de la realidad que
se vive y que se sufre.
La sociedad mediática olvida todas las obli-
gaciones hacia sus mayores. Ya no son ellos los
actores que cuentan el pasado a las futuras gene-
raciones. Son las imágenes conceptualmente pre-
vistas de antemano las que educan y dan referen-
cias de un pasado fragmentado y tendencioso.
Lo viejo se acompaña de una gran falta de
cultura mediática e inestabilidad emocional para
enfrentarse a los sistemas actuales de comuni-
cación, como es el caso de Internet. Esta igno-
rancia separa cada vez más a las generaciones
y no tiende puentes reconocibles entre ellos.
De ahí la importancia y la necesidad de la crea-
ción y aprovechamiento de actividades tales
como las universidades activas para mayores,
las aulas de la tercera edad, los centros de ma-
yores o la experiencia del IV Ciclo, donde en-
tre otras materias, y en diferentes niveles, se
introduce a los mayores en el conocimiento y
empleo de la informática.
Situaciones y caracterización
de las personas mayores
Duelo y depresión: Si buscamos en el dicciona-
rio la palabra perder, nos encontraremos con las
siguientes definiciones: «estar privado de una
cosa que se poseía», «estar privado de una par-
te de sí, de una facultad, de una ventaja física o
moral», «verse privado de alguien a causa de su
muerte»... Si analizamos estas definiciones, nos
daremos cuenta fácilmente de que los ancianos
viven en un estado de pérdida constante.
En primer lugar, podemos señalar las pérdi-
das provocadas por la jubilación, aunque la pér-
dida del espacio laboral produce más ansiedad
en los hombres que en las mujeres, ya que és-
tas, aunque hayan salido del hogar para desem-
peñar una actividad laboral, han realizado las
tareas domésticas y seguirán haciéndolo mien-
tras sus capacidades físicas o mentales se lo
permitan. 
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En segundo lugar, está la pérdida de los
amigos, ya que buena parte de las relaciones
de amistad las han establecido dentro del ám-
bito laboral. Por último otra de las pérdidas
importantes está relacionada con la familia:
frecuentemente, el anciano teme perder los la-
zos familiares, ya que hay familias que «de-
positan» a sus ancianos en instituciones ge-
rontológicas.
La sociedad ha cambiado y las estructuras
familiares también. Se ha pasado de la familia
amplia, en la que el anciano conservaba su rol
familiar hasta el mismo momento de la muer-
te, a la familia nuclear en la que la pareja vive
sola con sus hijos. Esto provoca la pérdida del
rol familiar.
La pérdida del rol familiar, la viudedad, la
marcha de los hijos, y en el peor de los casos,
la pérdida de su hábitat en el caso de las perso-
nas que son institucionalizadas, es vivida por
los ancianos con angustia y un profundo senti-
miento de soledad y abandono.
La pérdida provocada por la muerte del cón-
yuge, hijos y amigos, además de hacer sentir
al anciano la proximidad de la muerte, crea
también sentimientos de soledad, vacío y aban-
dono.
Podríamos decir, pues, que la vejez es un pe-
ríodo de la vida que se caracteriza por las cons-
tantes pérdidas de personas queridas, de los ro-
les familiares y estatus sociales, y que la manera
de asumir estas pérdidas determina una mane-
ra de estar y vivir la vejez.
En toda elaboración de duelo se produce un
cambio en la conducta del individuo, en la in-
tegración psicosocialdel sujeto, que depende-
rá también de la forma en que se haya produ-
cido la pérdida. En la elaboración del duelo
existen diversas fases. En primer lugar, se pro-
ducen unas conductas defensivas maníacas en-
tre las que adquieren preponderancia la nega-
ción del objeto perdido y la inculpación a
personas de cosas externas. Es lo que en térmi-
nos psicológicos se denomina proyección. En
segundo lugar se produce el fortalecimiento de
la relación con los objetos internos (recuerdos,
vivencias, etc.) que han estado ligados con el
objeto perdido, lo cual supone una desconexión
con el mundo exterior (interiorización) que se
traduce, muchas veces, en un estado de descui-
do personal. Finalmente, la relación con los ob-
jetos internos se debilita y, poco a poco, se pro-
duce una apertura hacia el exterior.
La liberación del duelo o superación de la
pérdida guarda relación con la búsqueda de nue-
vas vías creativas que motiven lo suficiente a
las personas, al anciano en este caso, como para
depositar nuevos afectos o interés en personas
o cosas. En este punto tiene un papel importan-
te el entorno.
La depresión sobreviene cuando el sujeto no
puede elaborar el duelo y se queda anclado en
alguna de sus fases iniciales. Si esto ocurre, se
produce en el mayor un estado de tristeza e in-
troversión permanente que le conducirá irremi-
siblemente a estados patológicos que, en el peor
de los casos, pueden determinar la muerte.
Autoestima e imagen corporal: la sociedad
discrimina al anciano por el mero hecho de ser-
lo y por considerarlo inútil y deteriorado. El
anciano, a su vez también asume esta convic-
ción y ello dificulta la adaptación a su propia
vejez.
Cuando el anciano se siente infeliz y falto de
perspectivas vitales experimenta una disminu-
ción de su capacidad de autoestima. Esto puede
provocar dos tipos de actitudes: una, de debili-
dad y desamparo, como manera de pedir afecto
y cuidados (dependencia); y otra, de aversión o
agresividad. Ambas actitudes persiguen el mis-
mo fin, llamar la atención hacia su persona.
Muchas veces se produce un desajuste en-
tre lo que el sujeto se ve capaz de hacer y la
imagen de sí mismo que la sociedad le devuel-
ve. Se produce así una contradicción entre el
deseo de hacer y la reticencia a satisfacer ese
deseo por temor al fracaso. Este hecho puede
provocar sensaciones de frustración que hagan
que el anciano se repliegue sobre sí mismo, con
el consiguiente incremento de la interiorización
y disminución de la autoestima.
Si aceptamos el aforismo «es preciso cono-
cerse para aceptarse y sólo así puede haber una
adaptación inteligente», podemos comprender
por qué muchos ancianos tienen dificultades de
adaptación. Aunque a diario vayan viviendo los
cambios que experimenta su organismo, no los
asumen como tales; prefieren pensar que están
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enfermos a reconocer que lo que ocurre realmen-
te es que son viejos. Les resulta más fácil ver la
vejez en los demás que en ellos mismos.
Si la imagen que cada individuo tiene de sí
mismo concuerda con la imagen real, se con-
sigue un estado de equilibrio que genera segu-
ridad, autonomía y posibilidad de evolución,
es decir, adaptación positiva. 
Los mayores en la sociedad: en las socieda-
des modernas e industrializadas como la nues-
tra, la proporción de ancianos respeto al total
de la población es cada vez mayor. Esto se debe
tanto al aumento de la esperanza de vida, que
hace que disminuya el índice de mortalidad,
como a la disminución de la tasa de natalidad,
lo que destaca aun más el aumento proporcio-
nal de las personas ancianas.
El nivel de integración de los individuos en
la sociedad está condicionado no sólo por su
predisposición, sino también por las posibili-
dades reales que les ofrece la sociedad. En el
caso de las personas ancianas, las posibilida-
des de integración que les brinda la sociedad
son escasas. Existen factores que pueden faci-
litar o entorpecer esta integración. Estos facto-
res son de tipo cultural y económico.
Factores culturales. Entendemos que la cul-
tura no es una acumulación de conocimientos
y saberes, sino un acopio de experiencias y tra-
diciones. Los viejos de antes no se sentían re-
legados culturalmente, ya que eran los que real-
mente estaban en posesión de la cultura, como
derecho inalienable ganado a base de experien-
cia de años vividos. Ahora bien, conservaban
un rol de «expertos» hasta el final de sus vidas,
tenían la obligación de transferir toda su «sa-
biduría» a los más jóvenes.
En la actualidad y sobre todo en sociedades
competitivas como la nuestra, cultura es sinó-
nimo de «cantidad de saberes» adquiridos para
realizar funciones concretas. Esto quiere decir
que las personas serán más cultas cuanto ma-
yor sea su capacidad para asimilar nuevos co-
nocimientos.
El anciano tiene dificultades biopsicológi-
cas para asimilar los nuevos avances tecnoló-
gicos con la rapidez que la sociedad le exige,
razón por la cual se ve paulatinamente relega-
do y marginado.
El anciano ha de enfrentarse día a día con
un sinfín de problemas, y para poder afrontar-
los necesita un mínimo de formación: el cobro
de las pensiones, prestaciones médicas... La
escasa formación de un número importante de
ancianos les obliga, en la mayoría de los ca-
sos, a depender de terceros para poder solucio-
narlos.
Factores económicos: la pérdida de poder
adquisitivo que padecen los ancianos a partir
de la jubilación repercute negativamente en su
calidad de vida. Necesidades primarias, como
alimentación, calefacción, etc, precisan una in-
versión permanente de los ancianos, que la ma-
yor parte de las veces no pueden realizar. Esto
provoca una dependencia de los familiares más
próximos o bien, como decíamos antes, una dis-
minución de la calidad de vida.
En cuanto al concepto de tiempo libre, po-
dríamos decir que en la actualidad es práctica-
mente desconocido por la mayor parte de los
ancianos españoles. Tras una vida de prolon-
gadas jornadas laborales, no poseen experien-
cia en la organización del tiempo libre que les
pueda resultar de provecho en la actualidad.
Esto se ve agravado por el hecho de que la ma-
yor parte del tiempo libre de que disponen es
durante el día.
El gran índice de analfabetismo y los defi-
cientes recursos económicos han sido y son to-
davía condicionantes de gran importancia, ya
que las actividades que la sociedad oferta son
generalmente culturales; música, teatro, lectu-
ra, etc., y requieren unos mínimos recursos eco-
nómicos.
Sexualidad y vejez: la actividad sexual no
tiene límite de edad; empieza en el momento
que nacemos y no finaliza hasta la muerte.
Ahora bien, hay que establecer una distinción
entre sexualidad y genitalidad, términos que
suelen confundirse, cuando la genitalidad no
es más que una de las múltiples formas de ma-
nifestación de la sexualidad.
Hasta hace no demasiado tiempo se definía
la sexualidad como «el conjunto de impulsos,
conductas, emociones y sensaciones que están
intrínsecamente relacionados con la actividad
reproductiva o con el uso de los órganos geni-
tales como fuente de satisfacción».
Sociología de la vejez 99
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Cuando hablábamos de las modificaciones
biológicas de nuestro organismo fruto del na-
tural proceso de envejecimiento, decíamos que
se producía una ralentización en la emisión de
respuestas frente a estímulos externos. Esto se
hace patente en el caso de la sexualidad geni-
tal, ya que frente a estímulos eróticos (caricias,
besos...) la reacción de los genitales (erección
del pene y lubricación vaginal) es más lenta.
Por otro lado, no podemos olvidar la actitud
negativa de la sociedad frente a la actividad se-
xual de la vejez, lo cual produce en los ancia-
nos un alto grado de frustración e insatisfac-
ción que les aboca a reprimir, en la mayor parte
de los