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Tercera edición Tomo II MNGO Typewriter Librosmedicospdf.net http://www.librosmedicospdf.net/ Tercera edición Tomo II Luis Eugenio Voyer Pediatra nefrólogo. Profesor Titular Consulto, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires. Director de la Carrera de Pediatría del Hospital de Niños Pedro de Elizalde, Buenos Aires, Argentina. Raúl Oscar Ruvinsky Profesor Titular Consulto de Pediatría, Universidad de Buenos Aires. Miembro Fundador del Comité Nacional de Infectología, Sociedad Argentina de Pediatría. Consultor Honorario de Pediatría e Infectología, Hospital Carlos G. Durand, Buenos Aires, Argentina. Miembro Fundador, Coordinador de los Comités y Presidente del Comité de Infecciones Respiratorias de la Sociedad Latinoamericana de Infectología Pediátrica (SLIPE). Carlos Alberto Tarsicio Cambiano † Profesor Titular Consulto, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires. Profesor Titular de Clínica Pediátrica, Facultad de Posgrado en Ciencias de la Salud, Pontificia Universidad Católica Argentina “Santa María de los Buenos Aires”. Ex-jefe del Departamento de Pediatría, Hospital de Clínicas José de San Martín, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Voyer, Luis Eugenio Pediatría / Luis Eugenio Voyer; Raúl Oscar Ruvinsky; Carlos Alberto Cambiano. 3a ed. - Buenos Aires: Journal, 2011. E-Book ISBN 1. Pediatría. I. Ruvinsky, Raúl Oscar II. Cambiano, Carlos Alberto III. Título. CDD 618.92 Producción editorial: Ediciones Journal Dirección editorial: Silvia Cañaveral Edición: Leda Amorín - Luciano Beltrán - Maia Guzevich Departamento de Arte: Verónica Lemos Diagramación: Estudio Ribero Diseño de tapa: Le Voyer © Ediciones Journal, 2011 Viamonte 2146 1 “A” (C1056ABH) CABA, Argentina ediciones@journal.com.ar | www.journal.com.ar Importante: Se ha puesto especial cuidado en confirmar la exactitud de la información brindada y en describir las prácti- cas aceptadas por la mayoría de la comunidad médica. No obstante, los autores, traductores, correctores y editores no son res- ponsables por errores u omisiones ni por las consecuencias que puedan derivar de poner en práctica la información contenida en esta obra y, por lo tanto, no garantizan de ningún modo, ni expresa ni tácitamente, que esta sea vigente, íntegra o exacta. La puesta en práctica de dicha información en situaciones particulares queda bajo la responsabilidad profesional de cada médico. Los autores, traductores, correctores y editores han hecho todo lo que está a su alcance para asegurarse de que los fármacos recomendados en esta obra, al igual que la pauta posológica de cada uno de ellos, coinciden con las recomendaciones y prácticas vigentes al momento de publicación. Sin embargo, puesto que la investigación sigue en constante avance, las normas guber- namentales cambian y hay un constante flujo de información respecto de tratamientos farmacológicos y reacciones adversas, se insta al lector a verificar el prospecto que acompaña a cada fármaco a fin de cotejar cambios en las indicaciones y la pauta posológica y nuevas advertencias y precauciones. Esta precaución es particularmente importante en los casos de fármacos que se utilizan con muy poca frecuencia o de aquellos de reciente lanzamiento al mercado. Quedan reservados todos los derechos. No se permite la reproducción parcial o total, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o la transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito de Ediciones Journal S.A. Su infracción está penada por las leyes 11.723 y 25.446. Libro de edición argentina Prólogo | xxix Prefacio | xxxi Atlas | A1 Introducción a la Pediatría | 1 Luis E. Voyer Sección 1 Pediatría y sociedad | 5 1.1 La familia | 5 1.2 El niño, la familia y el medio ambiente | 10 1.3 Educación de la sexualidad | 15 1.4 Pediatría sanitaria | 20 1.5 Pediatría social y preventiva | 26 1.6 Trabajo social en Pediatría | 29 Adriana M. Abud de Aranda 1.7 La atención médica primaria en Pediatría | 35 1.8 Modelos de atención: el hospital de día | 41 1.9 La historia clínica | 44 Carlos A. Mamóndez Inés 1.10 El pediatra y la escuela | 58 Ana María Carbia 1.11 AIEPI: una estrategia para mejorar la calidad de atención de los menores de 5 años | 59 1.12 Bioética y Pediatría legal | 65 Carlos Abel Ray 1.13 Epidemiología de la salud de los niños | 78 1.13.1 Indicadores epidemiológicos en Argentina | 84 1.13.2 Prevención primaria, secundaria y terciaria | 87 Sección 2 Crecimiento y desarrollo | 93 2.1 Evaluación del crecimiento y el desarrollo normales | 93 2.2 Control del niño sano | 105 2.3 Crecimiento y desarrollo del sistema nervioso | 108 2.4 Retardo de crecimiento | 123 2.4.1 El niño de talla baja | 129 Luis E. Voyer 2.5 Desarrollo psicológico infantil | 130 2.6 Desarrollo moral y ético | 136 Luis E. Voyer 2.7 Adolescencia | 138 Sección 3 Nutrición y trastornos nutricionales | 155 3.1 Requerimientos nutricionales y alimentación | 155 3.2 Lactancia materna | 161 Claudia C. Ferrario 3.3 Alimentación artificial | 171 Claudia C. Ferrario 3.4 Alimentación complementaria | 173 3.5 Desnutrición. Aspectos clínicos y tratamiento | 176 Claudia C. Ferrario 3.5.1 Aspectos preventivos y terapéuticos: una experiencia en Argentina | 182 Abel Albino 3.6 Evaluación del estado nutricional | 185 3.6.1 Déficit de micronutrientes | 188 Claudia C. Ferrario Índice Tomo I VI Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano 3.7 Raquitismo | 190 3.8 Obesidad | 194 Mabel Ferraro 3.9 Trastornos de la conducta alimentaria | 198 Mabel Ferraro 3.10 Soporte nutricional especial | 202 3.10.1 Alimentación enteral | 202 3.10.2 Nutrición parenteral | 205 Sección 4 Salud mental | 211 4.1 El proceso psicodiagnóstico | 211 4.2 Trastornos de ansiedad | 212 4.3 Trastornos del comportamiento disruptivo | 213 4.4 Depresión en la infancia y en la adolescencia | 216 4.5 Trastornos psicosomáticos: enfoques | 218 4.6 Trastornos psicosomáticos | 220 4.6.1 Dificultades en el ámbito escolar | 220 4.6.2 El abordaje psicopedagógico del aprendizaje | 227 4.6.3 El trabajo con los padres | 228 4.7 Trastornos psicomotores y práctica psicomotriz | 229 Daniel Calmels 4.8 Síndrome de dispersión de la atención con o sin hiperactividad | 234 Carlos Mamondez 4.9 Trastornos del espectro autista | 240 4.10 Maltrato infantil | 245 4.10.1 Abuso emocional | 254 4.10.2 Abuso sexual del niño | 257 4.11 Catástrofes: principios básicos de apoyo | 262 4.12 Síndrome de estrés postraumático | 263 4.13 El tratamiento psicofarmacológico en la infancia y la adolescencia | 263 4.14 Psicoterapia en niños, adolescentes y familias | 266 Sección 5 Inmunología y alergia | 269 5.1 Sistema inmunológico | 269 5.2 Inmunopatología | 278 5.3 Alergia | 289 5.4 Anafilaxia | 308 Sección 6 Enfermedades del tejido conectivo | 315 6.1 Introducción | 315 6.2 Fiebre reumática | 315 6.3 Artritis idiopática juvenil | 317 6.4 Espondilitis anquilosante juvenil | 320 6.5 Lupus eritematoso sistémico | 321 6.6 Dermatomiositis juvenil | 323 6.7 Enfermedad de Weber-Christian | 324 6.8 Enfermedad de Behçet | 325 6.9 Síndrome de Sjögren | 326 6.10 Amiloidosis | 327 6.11 Vasculitis | 328 Luis E. Voyer 6.12 Esclerodermia | 329 6.13 Enfermedad mixta del tejido conectivo | 331 Sección 7 Genética | 333 7.1 Genética aplicada a la clínica pediátrica | 333 7.2 Afecciones de origen genético | 347 Sección 8 Neonatología | 361 8.1 La Neonatología | 361 8.2 Perinatología y riesgo perinatal | 363 8.3 Adaptación a la vida extrauterina | 367 8.4 Métodos de determinación de la edad gestacional | 369 8.5 Recién nacido normal | 373 8.5.1 Examen neurológico | 376 8.5.2 Alimentación | 379 8.5.3 Alimentación natural | 380 8.5.4 Alimentación inespecífica | 383 8.6 Prematurez y bajo peso al nacer| 385 Índice VII 8.6.1 Recién nacido de muy bajo peso | 390 8.7 Recién nacido de alto peso | 393 8.8 Ictericia en el período neonatal | 394 8.9 Colestasis neonatal | 400 8.10 Trastornos metabólicos del recién nacido | 403 8.11 Enfermedades del aparato respiratorio | 410 8.12 Infecciones neonatales | 417 Carlos Cambiano 8.12.1 Sepsis y choque séptico en neonatos | 417 8.12.2 Sífilis neonatal | 422 8.12.3 Toxoplasmosis congénita | 426 8.12.4 Infección perinatal por VIH | 431 8.12.5 Enfermedad neonatal de Chagas-Mazza | 437 8.12.6 Herpes simple neonatal | 439 8.12.7 Infección perinatal por citomegalovirus | 445 8.12.8 Parvovirus B19 en neonatos | 449 8.12.9 Chlamydia trachomatis en neonatos | 449 8.12.10 Infección por estreptococo ß- hemolítico grupo B | 450 8.13 Patología del sistema nervioso | 454 8.14 Trastornos genitourinarios en Neonatología | 457 8.15 Trastornos hematológicos | 462 8.15.1 Hemodinamia normal: feto y recién nacido | 470 8.15.2 Cambios en la circulación después del nacimiento | 473 8.15.3 Hemodinamia patológica del feto y del recién nacido | 474 8.16 Seguimiento del neonato de alto riesgo | 477 8.17 Regionalización y transporte del recién nacido y sistemas de referencia y contrarreferencia | 481 � 8.18 Aparato cardiovascular del recién nacido | 486 8.18.1 Semiología de las cardiopatías congénitas neonatales | 486 8.18.2 Síndrome de insuficiencia cardíaca neonatal | 491 8.18.3 Malposiciones cardíacas | 495 8.19 Cirugía neonatal | 498 Sección 9 Medio interno | 503 9.1 Fisiología de los líquidos orgánicos | 503 Luis E. Voyer 9.2 Fisiología de la homeostasis acidobásica | 520 Diana Massó 9.3 Deshidratación | 522 Luis E. Voyer 9.4 Rehidratación oral | 524 Luis E. Voyer Fernando C. Ferrero María Fabiana 9.5 Rehidratación endovenosa rápida | 525 Luis E. Voyer Fernando C. Ferrero María Fabiana 9.6 Shock | 526 9.7 Alteraciones clínicas del estado acidobásico | 534 Diana Massó 9.8 Disnatremias | 543 9.9 Hiperpotasemia | 547 Luis E. Voyer 9.10 Desequilibrios del medio interno en entidades clínicas diversas y su corrección | 552 Luis E. Voyer Sección 10 Enfermedades infecciosas | 557 10.1 Epidemiología: notificación de enfermedades infecciosas | 557 10.2 Control de brotes epidémicos en instituciones y en la comunidad | 561 10.2.1 Infecciones hospitalarias | 562 10.3 Inmunizaciones del Calendario Nacional de Vacunación | 569 10.4 Vacunas no incluidas en el PAI (Programa ampliado de inmunizaciones) | 586 10.4.1 Vacunas antimeningocócicas | 586 10.4.2 Vacunas antineumocócicas | 588 10.4.3 Vacuna contra la varicela | 591 Ana Ceballos 10.4.4 Vacunas antigripales | 592 Ana Ceballos 10.4.5 Vacuna contra la hepatitis A | 594 Ana Ceballos 10.4.6 Vacuna contra el papilomavirus humano | 595 Ana Ceballos 10.4.7 Vacuna inactivada contra la poliomielitis | 597 Ana Ceballos 10.4.8 Vacuna contra el rotavirus | 597 Ana Ceballos VIII Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano 10.4.9 Vacunas para el niño que viaja | 598 10.5 Síndrome febril | 603 10.5.1 Lactante febril menor de 36 meses | 605 10.5.2 Fiebre de origen desconocido | 608 10.6 Sepsis y shock séptico en Pediatría | 612 10.6.1 Shock tóxico estafilocócico y estreptocócico | 615 10.7 Hepatitis | 618 10.8 Absceso hepático | 623 10.9 Infecciones del sistema nervioso central | 624 10.9.1 Meningitis bacteriana aguda | 624 10.9.2 Meningitis aséptica | 632 10.9.3 Encefalitis | 633 10.9.4 Absceso cerebral | 636 10.9.5 Meningitis tuberculosa | 637 10.10 Mononucleosis infecciosa (síndrome mononucleósico) | 640 10.11 Toxoplasmosis | 644 10.11.1 Toxocariasis (larva migrans visceral) | 648 10.12 Enfermedades exantemáticas: clasificación | 650 10.12.1 Enfermedades exantamáticas: eritematomaculopapulosas | 651 10.12.2 Sarampión | 651 10.12.3 Rubéola | 652 10.12.4 Exantema súbito posfebril | 654 10.12.5 Eritema infeccioso | 656 10.12.6 Escarlatina | 658 10.12.7 Enfermedades exantemáticas: vesicoampollares | 659 10.12.8 Varicela | 659 10.12.9 Herpes zoster | 662 10.12.10 Virus Herpes simplex 1 y 2 | 663 10.12.11 Síndrome mano-pie-boca y otros exantemas por enterovirus | 668 10.12.12 Síndrome estafilocócico de la piel escaldada | 670 10.13 Coqueluche | 671 10.14 Tuberculosis | 675 10.15 Infecciones de transmisión sexual | 682 10.16 Virus de inmunodeficiencia humana en Pediatría | 694 10.17 Infecciones en el huésped inmunocomprometido | 710 10.17.1 El paciente oncológico con neutropenia y fiebre | 710 10.18 Infecciones por patógenos específicos | 716 10.18.1 Enfermedad de Lyme (borreliosis) | 716 10.18.2 Enfermedad por arañazo de gato | 717 10.19 Pandemia por virus influenza subtipo A (H1N1) | 721 10.20 Parotiditis (fiebre urliana) | 724 Rina Moreno 10.21 Prevención de la rabia | 726 10.22 Parásitos de localización intestinal: protoziarios y helmintos | 727 10.23 Paludismo o malaria | 730 10.24 Enfermedades por protozoarios | 736 10.24.1 Amebiasis | 736 10.24.2 Balantidium coli | 737 10.24.3 Blastocystis hominis | 738 10.24.4 Criptosporidiosis | 739 10.24.5 Dientamoeba fragilis | 740 10.24.6 Giardiasis | 740 10.25 Micosis | 742 10.26 Patología regional | 750 10.26.1 Enfermedad de Chagas-Mazza | 761 10.26.2 Brucelosis | 763 10.26.3 Botulismo | 766 10.26.4 Hidatidosis o echinococcosis quística | 770 10.27 Tétanos y tétanos neonatal | 774 10.28 Difteria | 777 10.29 Infecciones por patógenos emergentes | 778 10.29.1 Cólera | 780 Índice IX 10.29.2 Dengue | 782 10.30 Síndrome respiratorio agudo grave | 789 10.31 Poliomielitis | 792 10.32 Leishmaniasis visceral (Calazar) | 794 10.33 Leptospirosis | 796 10.34 Lepra (enfermedad de Hansen) | 798 10.35 Manejo de contactos en colegios y jardines maternales | 800 10.36 Infección por citomegalovirus en Pediatría | 805 10.37 Uso racional de drogas antimicrobianas | 811 10.38 Uso racional del laboratorio microbiológico | 816 María José Rial Índice terminológico | Sección 11 Enfermedades respiratorias | 821 11.1 Rinitis alérgica | 821 11.2 Rinosinusitis | 823 11.3 Faringoamigdalitis | 826 11.4 Celulitis periorbitaria y orbitaria | 829 11.5 Otitis externa | 831 11.6 Otitis media aguda | 831 11.7 Otitis media aguda recurrente | 833 11.8 Hipoacusias neurosensoriales | 834 11.9 Patología laringotraqueal | 838 11.10 Bronquitis aguda | 842 11.11 Bronquiolitis | 844 11.12 Asma bronquial | 848 11.13 Trastornos respiratorios durante el sueño | 871 11.14 Atelectasias | 874 11.15 Atrapamiento aéreo y enfisema | 875 11.16 Infecciones respiratorias agudas bajas | 877 11.16.1 Neumonía adquirida en la comunidad | 877 11.16.2 Neumonías atípicas | 884 Fernando C. Ferrero Laura Moreno 11.16.3 Derrame pleural | 889 11.17 Urgencias respiratorias: insuficiencia respiratoria aguda | 891 11.18 Enfermedad pulmonar crónica | 895 Juan Manuel 11.19 Malformaciones pulmonares congénitas | 899 11.20 Disquinesia ciliar primaria | 902 Sección 12 Sistema digestivo | 907 12.1 Fisiología del sistema digestivo | 907 12.2 Cavidad oral y tejidos blandos | 908 12.2.1 Glándulas salivales | 912 12.2.2 Traumatismo | 914 12.3 Esófago: desarrollo y función | 916 12.3.1 Acalasia | 917 12.3.2 Hernia hiatal | 918 12.3.3 Várices esofágicas | 919 Carlos Müller 12.3.4 Cuerpos extraños alojados en esófago | 922 Carlos Müller 12.4 Estómago: estructura, desarrollo y función | 924 12.4.1 Cuerpos extraños en el estómago | 925 Carlos Müller 12.4.2 Úlcera péptica | 927 12.5 Reflujo gastroesofágico | 929 12.6 Intestino: embriología, anatomía y función | 930 Tomo II X Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano 12.6.1 Diarrea aguda | 932 12.6.2 Diarrea prolongada | 937 12.6.3 Enfermedad celíaca | 944 12.6.4 Enfermedad fibroquística del páncreas | 949 12.6.5 Enfermedad inflamatoria intestinal | 952 12.6.6 Constipación e incontinencia fecal | 95512.7 Dolor abdominal recidivante | 958 12.8 Hemorragia digestiva | 961 12.9 Páncreas: embriología, anatomía y función | 963 12.9.1 Pancreatitis aguda | 963 12.9.2 Pancreatitis crónica | 965 12.9.3 Traumatismo de páncreas | 966 12.9.4 Seudoquiste de páncreas | 967 12.10 Trauma hepático | 968 12.10.1 Falla hepática aguda | 970 12.10.2 Enfermedades metabólicas y del hígado | 973 12.10.3 Hepatitis autoinmune | 976 12.10.4 Hipertensión portal | 978 12.10.5 Colestasis en el recién nacido y el lactante | 980 12.10.6 Colelitiasis en la infancia | 983 12.10.7 Trasplante hepático | 987 12.11 Abdomen agudo médico | 989 Luis E. Voyer Sección 13 Sistema cardiovascular | 993 13.1 Introducción | 993 13.2 Semiología cardiovascular | 996 13.3 Ecocardiografía en cardiopatías congénitas | 1000 Ana de Dios 13.4 Circulación fetal y neonatal | 1008 13.5 Cardiopatías congénitas | 1011 13.6 Miocardiopatías | 1020 13.7 Trasplante cardíaco pediátrico | 1025 13.8 Arritmias | 1030 13.8.1 El síndrome del QT prolongado | 1034 Luis E. Voyer Abel Menalled 13.9 Endocarditis infecciosa | 1036 13.10 Pericarditis | 1038 13.11 Hipertensión arterial | 1040 13.12 Prevención de paro cardiorrespiratorio en Pediatría | 1046 13.13 Síncope en Pediatría | 1051 13.14 Cardiopatía reumática | 1053 Sección 14 Riñón y vías urinarias | 1057 14.1 Embriología, anatomía y fisiología | 1057 Luis E. Voyer 14.2 Hematuria | 1060 Carlos A. Cambiano 14.3 Glomerulonefritis | 1065 Luis E. Voyer 14.4 Proteinuria | 1072 Carlos Cambiano 14.5 Síndrome nefrótico | 1075 Carlos Cambiano 14.5.1 Síndrome de Drash | 1079 Luis E. Voyer 14.6 Infección urinaria | 1081 14.7 Malformaciones renales | 1089 14.8 Malformaciones urológicas | 1090 14.9 Reflujo vesicoureteral | 1095 14.10 Litiasis urinaria e hipercaliuria | 1098 14.11 Síndromes malformativos | 1101 Luis E. Voyer 14.12 Insuficiencia renal aguda | 1104 Ramón A. Exeni 14.12.1 Diálisis peritoneal | 1109 Luis E. Voyer 14.12.2 Síndrome urémico hemolítico | 1112 14.13 Insuficiencia renal crónica | 1118 14.13.1 Trasplante renal | 1122 14.14 Tubulopatías | 1130 Índice XI 14.15 Enuresis | 1135 María Isabel Renny 14.16 Nefropatías tóxicas | 1138 Sección 15 Sistema endocrino | 1143 15.1 Introducción | 1143 15.2 Hipófisis | 1144 15.2.1 Hipercrecimiento | 1144 15.2.2 Hormona antidiurética: diabetes insípida | 1147 Luis E. Voyer 15.3 Tiroides | 1148 15.3.1 Hipotiroidismo | 1150 15.3.2 Hipertiroidismo | 1153 15.3.3 Bocio | 1155 15.4 Paratiroides | 1158 15.5 Feocromocitoma | 1163 15.6 Diabetes mellitus | 1166 Mabel Ferraro María L. Eandi 15.6.1 Diabetes mellitus tipo 1 - insulinodependiente | 1167 15.6.2 Diabetes mellitus tipo 2 | 1171 15.6.3 Diabetes mellitus gestacional (DMG) | 1178 15.6.4 Otros tipos de diabetes mellitus | 1178 15.7 Nesidioblastosis | 1179 Ana C. Arias Cau 15.8 Hipoglucemia | 1181 Ana C. Arias Cau Sección 16 Sangre y órganos linfáticos | 1185 16.1 Anemias | 1185 16.2 Eritrocitosis | 1192 16.3 Pancitopenias | 1192 16.4 Trombocitosis | 1193 16.5 Procesos trombóticos | 1193 16.6 Anticoagulación | 1194 16.7 Bazo | 1194 16.8 Hemostasia | 1195 16.9 Púrpuras | 1197 Eduardo Dibar 16.10 Leucemias | 1200 Eduardo Dibar 16.11 Linfomas | 1205 16.11.1 Enfermedad de Hodgkin | 1205 16.11.2 Linfomas no Hodgkin | 1207 Eduardo Dibar 16.12 Trasplante de médula ósea | 1210 Eduardo Dibar Sección 17 Oncología pediátrica | 1211 17.1 Tumores sólidos | 1211 17.1.1 Neuroblastoma simpático | 1214 17.1.2 Retinoblastoma | 1216 17.1.3 Tumor de Wilms | 1217 17.1.4 Tumores óseos | 1218 17.1.5 Tumores testiculares | 1221 Fabio E. Díaz 17.2 Enfermedad linfoproliferativa | 1221 17.3 El paciente pediátrico con cáncer: el impacto en la familia y las etapas de la enfermedad | 1225 17.4 Cuidados paliativos | 1226 Medín Sección 18 Sistema nervioso | 1241 18.1 Examen neurológico | 1241 18.2 Trastornos generalizados del desarrollo | 1243 18.3 Malformaciones del desarrollo de la corteza cerebral | 1247 18.4 Convulsiones en la infancia | 1249 18.4.1 Convulsiones neonatales | 1249 18.4.2 Convulsión febril benigna: simple o complicada | 1251 18.4.3 Síndrome de WEST y epilepsia de la infancia | 1252 18.4.4 Otras causas de convulsiones | 1261 18.5 Cefaleas en el niño | 1266 18.6 Ataxias | 1270 18.7 Coreas | 1271 18.8 Tics | 1273 Carolina Remedi 18.9 Parálisis cerebral | 1276 18.10 Síndromes neurocutáneos | 1279 18.11 Polirradiculoneuropatías inflamatorias agudas | 1281 18.12 Canalopatías en Neurología | 1283 XII Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano 18.13 Disautonomia familiar | 1286 18.14 Mielitis transversa | 1287 18.15 Trastornos neurodegenerativos | 1288 18.16 Compromiso de los pares craneales | 1291 18.17 Evento con aparente amenaza para la vida (ALTE) | 1293 18.18 Muerte súbita del lactante | 1295 18.19 Coma | 1295 18.20 Muerte cerebral | 1296 18.21 Trastornos del desarrollo muscular | 1298 18.22 Distrofias musculares | 1299 18.23 Enfermedades musculares miotónicas | 1301 18.24 Neuropatías hereditarias motoras y sensitivas | 1302 18.25 Neuroimágenes | 1304 18.26 Patología neuroquirúrgica | 1306 Sección 19 Patología quirúrgica | 1311 19.1 Diagnóstico prenatal | 1311 19.2 Oclusiones del tubo digestivo en el recién nacido | 1312 Fabio E. Díaz 19.3 Colestasis, atresia de vías biliares y quiste de colédoco | 1313 19.4 Enterocolitis necrosante neonatal | 1317 19.5 Masas abdominales en recién nacidos, lactantes y niños | 1322 19.6 Deformidades de la pared abdominal | 1323 Fabio E. Díaz 19.7 Litiasis de las vías biliares | 1324 Fabio E. Díaz 19.8 Invaginación intestinal | 1325 Fabio E. Díaz 19.9 Patología del conducto peritoneovaginal | 1326 19.10 Testículos no descendidos (Criptorquidia) | 1327 19.11 Escroto agudo | 1328 19.12 Varicocele | 1328 19.13 Enfermedad de Hirschsprung | 1329 19.14 Abdomen agudo quirúrgico (apendicitis aguda, divertículo de Meckel) | 1330 19.15 Fisura labioalveolopalatina | 1338 19.16 Patología del cuello | 1340 19.17 Supuraciones pleuropulmonares | 1342 Juan Manuel Mendoza 19.18 Impacto psicológico del acto anestésico-quirúrgico en el niño | 1345 Eduardo A. Casini 19.19 Traumatismo pediátrico | 1346 19.20 Solicitud de exámenes complementarios para determinar el riesgo quirúrgico | 1347 Sección 20 Ortopedia y traumatología | 1349 20.1 Postura intrauterina y alteraciones ortopédicas | 1349 20.2 Patología de los miembros inferiores | 1350 20.3 Patología de la cadera | 1352 20.4 Patología de la rodilla | 1356 20.5 Patología del pie | 1358 20.6 Patología de la columna vertebral | 1360 20.7 Malformaciones de la pared torácica | 1364 Sección 21 Salud y ambiente | 1373 21.1 Relación entre la problemática ambiental y la salud del niño | 1373 21.2 Accidentes e intoxicaciones | 1383 21.2.1 Accidente por mordedura de ofidios, en particular por Bothrops | 1401 21.3 Lesiones por radiación | 1407 21.4 Quemaduras | 1409 Rosa Villasboas 21.5 Manejo inicial del paciente politraumatizado | 1413 Juan Varón Sección 22 Ginecología infantojuvenil | 1417 22.1 Anatomía y fisiología del aparato genital en las diferentes etapas del desarrollo | 1417 22.2 Características especiales de la consulta ginecológica | 1418 22.3 Coalescencia de los labios menores | 1419 Índice XIII 22.4 Vulvovaginitis en las niñas | 1419 22.5 Hemorragia genital en la niña | 1422 22.6 Ambigüedad sexual | 1425 22.7 Dolor abdominal de origen ginecológico | 1426 22.8 Pubertad | 1428 22.9 Trastornos menstruales | 1429 22.10 Abuso sexual infantil | 1434 22.11 Patología mamaria en la niña y en la adolescente | 1436 22.12 Enfermedades de transmisión sexual (ETS) | 1438 Sección 23 Enfermedades oftalmológicas | 1441 Sección 24 Enfermedades de la piel | 1449 24.1 Piodermitis | 1449 24.2 Dermatosis reaccionales | 1452 24.3 Ectoparasitosis | 145824.4 Micosis superficiales | 1459 24.5 Infecciones virales | 1461 24.6 Hemangiomas | 1462 24.7 Alteraciones pigmentarias | 1464 24.8 Acné | 1471 24.9 Ictiosis | 1472 24.10 Psoriasis | 1473 24.11 Alopecias | 1474 24.12 Displasias ectodérmicas | 1475 24.13 Exantemas vesicoampollares | 1476 Sección 25 Errores congénitos del metabolismo | 1477 Sección 26 Odontopediatría | 1505 26.1 Desarrollo y alteraciones odontológicas en los niños | 1505 26.2 Tratamiento temprano de las disgnasias bucales en la infancia | 1513 Sección 27 Medicina del deporte | 1517 Sección 28 Diagnóstico por Imágenes | 1523 28.1 Generalidades de los métodos de Diagnóstico por Imágenes | 1523 28.2 Radiografía de tórax y neumonía: dificultades en el diagnóstico de las infecciones pulmonares | 1528 28.3 Ecografía pediátrica | 1533 Sección 29 Farmacoterapia | 1539 29.1 Principios de farmacoterapia | 1539 29.2 Farmacocinética | 1540 29.3 Farmacodinamia | 1542 29.4 Uso racional de la medicación en Pediatría | 1543 Carlos Cambiano 29.5 Medicación sintomática | 1547 Carlos Cambiano 29.6 La medicación materna y su relación con el embrión, el feto y el neonato | 1556 Carlos Cambiano 29.7 Fármacos y lactancia materna | 1561 Carlos Cambiano Sección 30 Procedimientos en Pediatría | 1565 Sección 31 Motivos de consultas más frecuentes | 1589 Sección 32 Causas de error de diagnóstico | 1591 Sección 33 Análisis y evaluación de bibliografía científica pediátrica | 1597 Sección 34 Enseñanza de la Pediatría | 1603 Sección 35 Valores de laboratorio y tablas de uso habitual | 1609 35.1 Valores de referencia de los parámetros biológicos | 1609 35.2 Valores normales de algunos estudios de laboratorio en diferentes líquidos orgánicos | 1623 35.3 Dosis de fármacos | 1626 35.4 Tablas de uso habitual | 1627 Bibliografía | 1635 Índice terminológico | 821 11.1 Rinitis alérgica Stella Maris Cuevas � Enrique Mansilla INTRODUCCIÓN La rinitis alérgica es un proceso inflamatorio prolon- gado y complejo de la mucosa que tapiza las fosas nasales. Desafortunadamente y con mucha frecuencia, es consi- derada una molestia más que una enfermedad, y duran- te cierto tiempo, sus síntomas fueron trivializados por la comunidad médica. Sin embargo, se trata de uno de los trastornos crónicos más comunes, cuyos síntomas (moles- tias en la nariz, oídos y garganta, y con menos frecuencia, ligera cefalea y/o fatiga) pueden ser graves y debilitantes e impactar sobre la calidad de vida y el bienestar del pa- ciente, alterando su vida social y afectando el rendimiento escolar, la productividad laboral, etc. ETIOLOGÍA Actualmente, la enfermedad afecta alrededor de 500 millones de personas (entre el 10% y el 25% de la población mundial), de las cuales la mitad reside en Chi- na. Se cree que para el año 2050 la mitad de la población mundial estará afectada. Este incremento se relaciona con la mayor industrialización de los países que puede estar asociada a su vez con un aumento en la concentración de la polución ambiental. Otros factores que contribuyen al aumento de la prevalencia son: �� Tendencia a un estilo de vida sedentario. �� Poca ventilación de las casas y oficinas. �� Crecimiento de la población de ácaros en el polvo do- méstico. �� Tabaquismo. �� Casas en ambientes abiertos (pólenes). �� Factores dietéticos: � Mayor consumo de colorantes y conservantes. � Mayor consumo de sal. � Menor ingesta de verduras, frutas y pescados. Los síntomas suelen comenzar en la infancia y la ado- lescencia, por lo que se cree que este es el grupo de mayor incidencia; sin embargo, una gran parte de la población general se encuentra infradiagnosticada y otro tanto se au- tomedica sin concurrir a la consulta médica. TIPOS DE RINITIS ALÉRGICA Dentro de la clasificación de Gell y Coombs, la rinitis alérgica se define como una respuesta de hipersensibilidad tipo I, mediada por anticuerpos IgE. La reacción alérgica se precipita porque, en primera instancia, los pacientes con cierta atopia, ante la exposi- ción a alérgenos, producen anticuerpos IgE que, con expo- siciones posteriores se unen a receptores de alta afinidad que están en la superficie de los mastocitos, vía porción Fc. Por esta unión cruzada de dos o más moléculas de IgE, se desgranulan los mastocitos y se liberan los mediadores que producen los síntomas de la reacción alérgica, lo que se conoce como “fase temprana”. En esta fase se liberan los mediadores de los masto- citos como histamina, prostaglandinas y triptasas, entre otros; esta respuesta se produce inmediatamente luego de la exposición y provoca la aparición de los estornudos, el prurito y la rinorrea. La fase tardía se produce 5-6 horas después de la agre- sión y en este caso, las células inflamatorias son los eosi- nófilos, con sus mediadores, como la proteína básica ma- yor, la proteína catiónica eosinofílica, citoquinas como la IL-4, IL-5, etc., que son importantísimos en el recluta- miento, activación y perpetuación del infiltrado celular. El principal síntoma es el bloqueo nasal, alteración del gusto y del olfato y síntomas faringolaríngeos, pero tam- bién se producen otras alteraciones con efectos psicológi- cos significativos como por ejemplo, alteraciones del esta- do de ánimo, del comportamiento y cognitivas, cansancio, irritabilidad, somnolencia y disminución de la atención y de la concentración. La rinitis alérgica tiene una fuerte vinculación con el asma ya que son enfermedades comórbidas y sugieren el concepto de “una vía aérea, una misma enfermedad”. Sur- ge de la interacción de factores genéticos y del medioam- biente. La historia familiar es un factor de riesgo muy importante para el desarrollo de alteraciones alérgicas; cuando el padre y la madre son alérgicos, las probabilida- des son altas (alrededor del 50%-75%), y van disminu- Sección 11 Enfermedades respiratorias Vías aéreas superiores 822 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano yendo cuando sólo uno de los padres es el alérgico, y las probabilidades son menores cuando se trata de familiares alérgicos no tan directos. Los alérgenos del medioambiente pueden ser externos o internos. La principal fuente de alérgenos externos co- rresponde a los árboles, gramíneas y hierbas; los que están vinculados a las enfermedades alérgicas son los más pe- queños y livianos que pueden ser trasladados con el viento con facilidad. Los alérgenos internos se relacionan con la población de ácaros, que habitan en el polvo doméstico acumulado en alfombras, colchones, cortinados y muñe- cos de peluches. Sus antígenos se encuentran distribuidos en el cuerpo y en la materia fecal (de mayor concentración, por su escaso peso, también son fácilmente transporta- bles), en las cucarachas y en las mascotas como gato, perro y roedores, entre otros; se acumulan en diferentes sitios de la casa donde hay restos de alimentos, como la cocina o donde se deposita la basura; los alérgenos se encuentran en el epitelio, saliva y orina y se dispersan en el aire. La resistencia a estos alérgenos se clasifica en dos gran- des grupos: la resistencia perenne y la resistencia estacio- nal (clasificación no tan operativa). A partir de las con- clusiones del ARIA (Allergic Rhinitis and its Impact and Asthma), se ha establecido una clasificación más dinámica, también en dos grupos: según la duración, reacción alérgi- ca intermitente o persistente; según la gravedad, reacción alérgica leve, moderada o grave. En la reacción alérgica leve los síntomas no son pro- blemáticos, se mantienen las estructuras del sueño nor- mal y no hay impedimentos en cuanto al desarrollo de las actividades escolares/laborales. En la reacción alérgica moderada/grave los síntomas pueden empezar a ser pro- blemáticos, el sueño es anormal y existen alteraciones en cuanto al desarrollo de las actividades escolares/laborales. CUADRO CLÍNICO En la consulta se debe observar la piel del paciente (que puede estarsobreinfectada), su respiración, los labios en- treabiertos, si presenta ojeras, los orificios nasales, que ge- neralmente están húmedos e irritados; puede observarse también el pliegue nasal en el dorso de la nariz, debido al gesto habitual de frotarse la nariz. Muchos niños inician el cuadro con alergia alimenta- ria, posteriormente tienen eccema en la piel, luego rinitis o rinosinusitis y en algunas oportunidades llegan al asma; esto se conoce con el nombre de “marcha alérgica”. En el examen clínico debe poder establecerse la exis- tencia o no de antecedentes familiares, la duración de los síntomas, la relación causa-efecto, los síntomas actuales, la gravedad, los factores predisponentes y la historia completa de la medicación usada, ya sea recetada o autoadministrada. DIAGNÓSTICO La búsqueda de pruebas para confirmar el diagnóstico de reacción alérgica incluye: �� Hemograma completo (eosinofilia) �� Recuento de IgE total �� Recuento de IgE específica (RAST) �� Testificación (pruebas específicas in vivo) con extractos alergénicos. No todos los pacientes son testificados, sino sólo aque- llos “seleccionados”, es decir, los que no mejoran con el tra- tamiento médico o que, por diferentes motivos, no pueden cumplir con las medidas de prevención. TRATAMIENTO El objetivo primordial del tratamiento es mejorar la calidad de vida del paciente. Se recomiendan antihistamí- nicos de segunda generación (loratadina, cetirizina, fexo- fenadina, desloratadina) en una sola dosis diaria, ya que se eliminan en el término de 24 horas; son lipofóbicos (no atraviesan la barrera hematoencefálica) y tienen mayor afinidad con los receptores H1 (Rc H1) periféricos que con los centrales. Algunos de ellos se pueden administrar sólo a partir de los dos años de edad. Los especialistas en otorrinolaringología (ORL) prác- ticamente no utilizan antihistamínicos de primera gene- ración (difenhidramina, clorfenilramina), ya que, aunque tienen buena acción antihistamínica, atraviesan la barrera hematoencefálica, (producen sedación); además son orexí- genos (producen aumento de peso) y requieren más de una dosis diaria. En algunos casos, se utilizan combinaciones de antihistamínicos más corticoides. Se recomienda la solución salina hipertónica para realizar la toilette ya que mejora el aclaramiento muco- ciliar, optimizando el movimiento de las cilias que van a arrastrar el moco; en el caso de que el paciente tenga bloqueo nasal (congestión), se utilizan corticoides tópi- cos, sobre todo, los de baja biodisponibilidad, que ade- más tienen adherencia en el tejido nasal, disminuyendo el edema y mejorando con el tiempo las hipertrofias de cornetes que producen insuficiencia ventilatoria nasal. Es importante enseñar a los padres la forma de su apli- cación para evitar efectos no deseados. Los pacientes suelen responder muy bien a los me- dicamentos sin necesidad de llegar a usar los antileuco- trienos, utilizados en asma por ejercicio, por ejemplo, con muy buen resultado. Sin embargo, se debe hacer hincapié en el control ambiental (mantener el ambiente libre de polvo doméstico, sacar los muñecos de peluche, evitar el humo del cigarrillo, limpiar con trapos húme- dos, aspirar las alfombras, no abrir puertas ni ventanas los días ventosos, etc. La consulta con el alergista se indica cuando se cree que algunos pacientes deberán ser testificados y necesitarán de inmunoterapia; se trata de aquellos que no respondieron al tratamiento o que, por alguna razón, no pueden recibir la medicación o no pueden aplicar las medidas de control ambiental; por lo tanto, sólo reciben inmunoterapia los pacientes muy bien estudiados y seleccionados. Sección 11 | Enfermedades respiratorias 823 INTRODUCCIÓN Actualmente, la rinosinusitis es una enfermedad cuya incidencia y prevalencia se encuentran en notable aumen- to. En los Estados Unidos afecta a más de 30 millones de personas por año. Se utiliza el término “rinosinusitis” en el caso de ni- ños; cuando son menores de 6 años, debería denominarse “rinosinusoadenoiditis”. CONSIDERACIONES ANATOMOFISIOLÓGICAS Los senos paranasales son ocho, cuatro a cada lado de la nariz, que se dividen en dos grupos, según su ubicación: anterior, que comprende los senos maxilares, frontales y celdas etmoidales anteriores, y posterior, formado por los esfenoidales y las celdas etmoidales posteriores. La mu- cosa de los senos paranasales es de tipo cilíndrico seu- doestratificada y está recubierta por una capa de moco, de 10 micrones de espesor constante, que es permanente- mente eliminada por el movimiento ciliar hacia el ostium y de allí desplazada primero a las fosas nasales y luego al cavum nasofaríngeo, donde es deglutida. A diferencia del epitelio nasal, el que recubre las cavi- dades paranasales es más delgado y con menos cantidad de células caliciformes y aberturas glandulares. Por lo tanto, para que haya una fisiología normal es imprescin- dible que la mucosa respiratoria tenga una buena fun- ción, con una capa de moco estable en su superficie y en consecuencia, un permanente transporte mucociliar. Todos los cilios se mueven en la misma dirección, hacia los orificios de salida en la fosa nasal, y se estima que, aproximadamente, cada 10 minutos, un seno puede que- dar completamente limpio. En condiciones normales, las cavidades paranasales constituyen un ambiente “estéril”, aunque en la prácti- ca esta condición no es tal ya que, en realidad, existe un equilibrio dinámico entre microorganismos incorporados y expulsados hacia la cavidad nasal por acción del trans- porte mucociliar, que mantiene estas condiciones de seu- doesterilidad por la adherencia de microorganismos en la sábana de moco y su posterior expulsión a través del os- tium sinusal; esto constituye la primera barrera de defensa del organismo contra las infecciones bacterianas. No existen estudios que determinen por métodos microbiológicos cuáles son los senos que se infectan con mayor frecuencia. Los estudios publicados se basan en la detección de anormalidades agudas irreversibles median- te tomografía computarizada (TC), según la cual, la fre- cuencia aproximada es de 87% para los senos maxilares, 64% para las celdas etmoidales, 39% para el esfenoides y 32% para los frontales. CLASIFICACIÓN Las rinosinusitis se clasifican según la cantidad de se- nos comprometidos, la duración de la enfermedad o la gravedad de los síntomas. Estas dos últimas corresponden a la clasificación del Consenso Europeo sobre Poliposis y Rinosinusitis (EPOS). �� Cantidad de senos comprometidos � Monosinusitis: un solo seno enfermo. � Polisinusitis: más de un seno enfermo; puede ser unilateral o bilateral. � Pansinusitis: compromiso de todos los senos; puede ser unilateral o bilateral. �� Duración de la enfermedad: � Aguda-intermitente: dura 12 semanas o menos, con resolución completa de los síntomas. � Crónica-persistente: dura más de 12 semanas y no hay resolución completa de los síntomas. �� Gravedad de los síntomas: � Leve. � Moderada-grave. VÍAS DE INFECCIÓN Si bien las vías odontógenas y traumáticas deben ser tenidas en cuenta, es la vía rinógena la responsable de la mayor parte de las rinosinusitis agudas, como consecuen- cia de infecciones virales previas, debidas principalmente a rinovirus o, con menos frecuencia, a virus influenza, para- influenza o adenovirus. Esta primera etapa de la infección ha sido denominada por Gwaltney, “rinosinusitis viral o resfriado común”. La sinusitis viral es una complicación natural del res- frío común debida a la superpoblación de rinovirus en la mucosa nasal que tiene una vulnerabilidad especial a su presencia. Este hecho se demuestra con la inoculación vi- ral en las fosas nasales en voluntarios sanos no inmunes con una tasa de infección del 90%. En la mucosa nasal también se ha detectado un recep- tor de rinovirus ICAM 1. Es importante recordar que el ICAM 1 está sobrerregulado en los pacientes alérgicos,motivo por el cual tienen mayor predisposición a las en- fermedades por rinovirus, lo que debe ser tenido en cuen- ta en las sinusitis recurrentes. Existen dos mecanismos por los cuales esta primitiva sinusitis viral se transforma en bacteriana. Por un lado, el tiempo de transporte mucociliar se en- cuentra prolongado desde unos pocos días antes de que se declaren los síntomas de un resfriado, como consecuencia de la infección viral; este tiempo se extiende hasta 10 días o más después de que termina el proceso. Este enlentecimien- to favorecería el estancamiento y la acción de las bacterias. Por otro lado, las infecciones virales provocan alteraciones de tipo inmunológico con baja de defensas; la infección vi- ral también produce cambios en los receptores bacterianos del epitelio de la mucosa, lo que favorecería la adherencia de bacterias patógenas. La mucosa nasal normal está co- lonizada por estafilococos coagulasa negativos y corine- bacterias (cien mil a un millón de estas bacterias por mL 11.2 Rinosinusitis Enrique Mansilla � Stella Maris Cuevas 824 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano de secreción). Esto sucede gracias a receptores específicos en las células del huésped. También coexisten cantidades menores de otras bacterias (Staphylococcus aureus, Strepto- coccus grupo viridans, bacterias del grupo HACEK, etc.). Es fundamental destacar que los patógenos respiratorios (neumococos, Haemophilus spp., Moraxella spp.) no supe- ran normalmente las mil bacterias por mL. Sin embargo, cuando se producen infecciones virales, al modificarse los receptores bacterianos de las células faríngeas, estas son ocupadas por los patógenos respiratorios que pueden pasar el ostium e instalarse en los senos y, si no son depurados, invaden la mucosa produciendo la respuesta inflamatoria con la formación consecuente de una sinusitis bacteriana. FACTORES PREDISPONENTES Los factores que favorecen el desarrollo de una sinusitis bacteriana son numerosos y pueden dividirse en aquellos que alteran el transporte mucociliar, aquellos que alteran el drenaje sinusal y otros factores asociados. Factores que alteran el transporte mucociliar La función ciliar depende en gran medida de la tem- peratura y la humedad. El momento de mayor actividad ciliar es cuando la temperatura ambiente está alrededor de los 36-40 ºC. Las temperaturas mayores no sólo no aumentan esta actividad, sino que reducen la motilidad ciliar induciendo cambios patológicos. Lo mismo sucede en temperaturas inferiores a 0 ºC, por eso, en la época in- vernal hay más cuadros de infecciones respiratorias. Los medicamentos de acción local pueden afectar el transpor- te mucociliar (uso prolongado de descongestivos tópicos). La exposición ocupacional a gases como el anhídrido sulfúrico, cloro, etc., o a grandes cantidades de partículas como el polvo de madera o vapor de cromo, no solamente producen graves alteraciones del transporte mucociliar, sino que son potencialmente cancerígenos. El humo del cigarrillo puede alterar la normal función ciliar, tanto en el fumador activo como en el pasivo. La natación en agua dulce de piscinas puede provocar, por el cambio del pH del agua y el efecto irritativo de las sustancias que se colocan en ella para mantenerla limpia (cloro, sulfato de cobre), alteraciones ciliares. Factores que alteran el drenaje sinusal Los factores que alteran el drenaje sinusal como por ejemplo, desviaciones del septum nasal, tumores, atresia de coanas, concha bullosa, celdas de Haller y cornete invertido, entorpecen el drenaje sinusal en el complejo osteomeatal. Lo mismo sucede con los cuerpos extraños nasales. Otros factores asociados Los factores asociados como la disquinesia ciliar primaria o secundaria, el síndrome de Kartagener, la fibrosis quística, las enfermedades autoinmunes y el uso de cocaína por aspi- ración nasal favorecen el desarrollo de sinusitis bacteriana. Actualmente, existen otros factores que están adqui- riendo una importancia causal; dos de ellos han sido des- critos y comprobados por numerosos autores: la rinitis alérgica y el reflujo gastroesofágico, que deben ser tenidos en cuenta cuando se trata de rinosinusitis crónicas. Bers- tein presenta datos que sugieren que uno de los posibles eventos en las rinosinusitis crónicas es la producción de exotoxinas por S. aureus, sobre todo en pacientes con po- liposis. Estas exotoxinas actúan como un superantígeno que resulta en una producción masiva de citoquinas. Una nueva forma de resistencia bacteriana denominada “biopelícula” (biofilm) podría explicar la situación clínica de cultivos negativos en una rinosinusitis refractaria que sólo cura quirúrgicamente. En estos casos, la biopelícula pro- ducida por las bacterias impide el contacto bacteria-anti- bacteriano. Lo mismo sucede con la osteítis u osteomielitis producida por una remodelación ósea, particularmente en el etmoides, caso descrito por Kennedy en 1988. DIAGNÓSTICO Sintomatología La sintomatología es sistémica y local. Los síntomas generales son los de cualquier infección bacteriana como hipertermia, astenia, anorexia y adinamia. Los síntomas locales pueden dividirse en mayores y menores. Los síntomas mayores son: �� Obstrucción nasal progresiva que puede ser unilateral o bilateral de acuerdo a los senos involucrados. �� Dolor que puede ser generalizado cuando se trata de una pansinusitis o tener una localización predominan- te de acuerdo al seno afectado como algia maxilar y de la arcada dentaria en las sinusitis maxilares: � Algia supradentaria en la sinusitis frontal � Algia temporooccipital cuando el compromiso es de las celdas etmoidales posteriores. � Algia del ángulo interno del ojo en los etmoides anteriores. � Algia del tercio medio de la cara en las esfenoiditis. �� Rinorrea mucopurulenta anterior y sobre todo posterior, lo que provoca una sensación de malestar rinofaríngeo. �� Tos postural, seca e improductiva que aparece especial- mente en el sueño y que es mucho más frecuente en los niños, que a su vez sufren mucho menos dolor (Los niños más pequeños tienen más tos y menos algias faciales). Los síntomas menores son, halitosis, irritabilidad, ede- ma orbitario (variable), fiebre o febrícula, síndrome febril prolongado, vestibulitis nasal, epistaxis, astenia-anorexia y faringitis. Diagnóstico de rinosinusitis bacteriana La presencia de una rinosinusitis bacteriana sólo puede ser confirmada por la obtención de material, directamen- te del seno enfermo por punción-aspiración. La punción se practica en casos refractarios o complicaciones. En la actualidad pueden ser válidas las muestras obtenidas por visión endoscópica directamente del drenaje meatal. La incidencia aproximada de especies bacterianas responsables de una rinosinusitis bacteriana en nuestro medio es: Streptococcus pneumoniae, 25%-40% (la más virulenta); Haemophilus. influenzae, 10%-40%; Moraxella catarrhalis, 2%-20%; anaerobios, 1%-10%; enterobacte- rias, 2%-9%; S. aureus, 1%-2%; S. pyogenes, 0%-2%. Los neumococos basan su virulencia en tres factores, la adhesividad a las células del tracto respiratorio, la resis- Sección 11 | Enfermedades respiratorias 825 tencia a la fagocitosis en ausencia de anticuerpos y com- plemento y los índices crecientes de resistencia bacteriana. Sin embargo, los neumococos no producen importantes proteínas tóxicas que favorezcan la invasividad. H. influenzae tampoco produce proteínas tóxicas impor- tantes pero tiene una gran capacidad de colonización debido a que, en su superficie, tiene apéndices proteicos (fimbrias o pilli), lo que permite una buena adherencia a las células rinosinusales. Su característica más importante es la capaci- dad de invadir masivamente células del aparato respiratorio previamente sensibilizadas por la acción de ciertos virus. Para muchos autores, las bacterias anaerobias están im- plicadas sólo en las rinosinusitis crónicas, sin embargo, tam- bién se hanencontrado en las formas agudas odontógenas. Las infecciones sinusales micóticas son infrecuentes entre la población normoinmune, pero su incidencia se incrementa en pacientes inmunosuprimidos. Los patóge- nos más comunes son: Aspergillus spp., Alternaria, Cur- vularia, Pleurophomopsis y algunos zigomicetes. Las infec- ciones por Candida spp. se observan con más frecuencia en el medio hospitalario luego de intensos tratamientos antibacterianos. La mucormicosis adquiere una especial gravedad dentro de las sinusitis. Imágenes La radiografía plana simple de senos paranasales brinda, según nuestra opinión, beneficios marginales, sobre todo en Pediatría. No debe solicitarse en las formas agudas de la en- fermedad, ya que el diagnóstico es clínico y en las formas cró- nicas, no se justifica dado que no ayudan ni para el diagnós- tico ni para determinar la real extensión de la enfermedad. La TC es la imagen más útil para el diagnóstico ya que cuantifica la extensión y el volumen de la enfermedad, y las posibles anomalías anatómicas, además de mostrar el grado de permeabilidad del complejo osteomeatal. Se debe solicitar sólo si es posible realizar un tratamiento posterior y siempre antes de una cirugía. En el futuro, la medición del óxido nítrico exhalado puede ser un método no agresivo, no sólo para el diagnós- tico y seguimiento terapéutico sino para evaluar también el funcionamiento ciliar. COMPLICACIONES Las complicaciones de la sinusitis bacteriana aguda no son frecuentes, pero cuando se producen, pueden adquirir extrema gravedad y en ocasiones, ponen en peligro la vida del paciente. Se las puede dividir en: �� Orbitarias, a punto de partida de una sinusitis etmoi- dal que comprende las siguientes formas: periostitis, absceso subperióstico y celulitis orbitaria. �� Osteítis u osteomielitis a punto de partida de sinusitis frontal y maxilar. �� Endocraneanas, que se producen generalmente por contigüidad; todos los senos paranasales, excepto los maxilares, tienen una directa relación con la cavidad craneal. Las formas clínicas comprenden: meningitis, encefalitis y absceso extradural, flebitis o trombosis de los senos venosos. En caso de sospecha de una complicación, el paciente debe ser internado y solicitarse una TC; el médico debe manejar con firmeza el tratamiento médico y estar pre- parado para la necesidad de un tratamiento quirúrgico complementario. Los signos más habituales de complicaciones son, tu- mefacción ocular o palpebral, desplazamiento de globo ocular, déficit visual o visión doble y tumefacción frontal. La celulitis orbitaria se expresa por edema bipalpebral, proptosis del globo ocular, parálisis de músculos orbita- rios. En estos casos la TC es imprescindible para certificar el diagnóstico. TRATAMIENTO El tratamiento de una rinosinusitis debe basarse en tres objetivos fundamentales: mejoría de los síntomas, cu- ración rápida de la enfermedad y prevención de las com- plicaciones. No debe olvidarse que la rinosinusitis es fundamental- mente un proceso inflamatorio con un componente infec- cioso. En general, puede afirmarse que en los procesos agu- dos la infección predomina sobre la inflamación, mientras que en las formas crónicas es la inflamación la que prevalece sobre la infección. Por lo tanto, el tratamiento debe realizar- se con antibacterianos cuando sean necesarios, antiinflama- torios (corticoides sistémicos pero sobre todo tópicos) y me- dicación para mejorar y restablecer el transporte mucociliar (solución salina hipertónica). Como el tratamiento es empírico en la mayor parte de los casos, lo ideal es instaurar un tratamiento anti- bacteriano que cubra más del 90% de los microorganis- mos involucrados. Recomendamos usar betalactámicos como la amoxicilina sola o asociada a inhibidores de betalactamasa a dosis altas (80-100 mg/kg/día); como antibacterianos alternativos pueden usarse cefuroxima, clindamicina y macrólidos, que tienen muy buena con- centración en los senos. Siguiendo las recomendaciones de la EPOS, los trata- mientos son: �� Resfriado común o rinosinusitis aguda leve: analgési- cos, solución salina hipertónica y descongestivos tópi- cos por no más de 7 días. �� Rinosinusitis aguda intermitente moderada-grave: agregar a lo anterior antibacterianos orales durante 10 a 14 días más corticoides tópicos nasales a dosis altas. �� Rinosinusitis crónica persistente: en las formas leves, están indicados los corticoides tópicos nasales, solu- ción salina hipertónica y eventual uso de corticoides sistémicos o antibacterianos por 15 días. �� Rinosinusitis crónica-moderada-grave: antibacterianos orales por 4 a 8 semanas, corticoides tópicos nasales, solución salina hipertónica, eventual uso de corticoides sistémicos. En este caso, los antibacterianos de elección son, amoxicilina más inhibidores de betalactamasas y, como alternativa, fluoroquinolonas. En casos seleccionados está indicada la cirugía endoscópica. El uso de claritromicina en forma prolongada en do- sis bajas tiene un efecto antiinflamatorio (no como qui- mioprofilaxis) por su capacidad de inhibir la expansión proinflamatoria de los fibroblastos y células epiteliales desarrollados por la inflamación eosinofílica de las si- 826 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano incrementar la selección de cepas resistentes de S. pneu- moniae a los antibióticos beta-lactámicos (amoxicilina). nusitis crónicas. Esta terapéutica se está usando con gran éxito en casos especiales. Tiene el inconveniente de 11.3 Faringoamigdalitis José Marcó del Pont INTRODUCCIÓN La faringitis es un proceso inflamatorio que se observa con frecuencia en la edad pediátrica, que involucra en forma aguda o crónica a las membranas adyacentes de la faringe y puede ser causado por diferentes microorganismos (en el 50%-60% de los casos puede identificarse el agente cau- sal). La mayoría responde a una etiología viral y se produce como parte de un síndrome de catarro de vía aérea superior que afecta, por lo general, a niños menores de 3 años. Den- tro de las infecciones bacterianas, la más frecuente (25%) corresponde al estreptococo betahemolítico del grupo A (EBHGA), o Streptococcus pyogenes. La mayoría de los epi- sodios tienen una clínica similar: fiebre, dolor, disfagia, de- caimiento y se observa una congestión en fauces que puede ser eritematosa, en placas, o vesiculosa. Es importante identificar si es causada por EBHGA para poder indicar tratamiento antibiótico específico y evi- tar tanto las complicaciones supurativas como las no supu- rativas (fiebre reumática y glomerulonefritis difusa aguda). ETIOLOGÍA Los agentes causales de faringitis son múltiples, y se pueden clasificar en virales, bacterianos o por otras etiolo- gías menos frecuentes. Etiología viral Los rinovirus, coronavirus y adenovirus son los más frecuentemente asociados a cuadros de resfrío común, con malestar general, cefaleas, mialgias y conjuntivitis; los virus coxsackie y echovirus (más frecuentes en niños de corta edad) son los causales de la herpangina, que se caracteriza por la presencia de pequeñas vesículas (1-2 mm) que se ubi- can sobre el paladar blando, úvula, pilares amigdalinos an- teriores y pared posterior de la faringe, y se acompañan de un síndrome febril con odinofagia intensa. Puede asociarse con lesiones vesiculares localizadas en mano y pie, y consti- tuyen el síndrome mano-pie-boca. La infección por Herpes simplex tipos 1-2 presenta lesiones vesiculosas o ulcerosas en paladar y mucosa anterior de la boca, configurando una gingivoestomatitis, con adenopatía regional dolorosa y fie- bre. En los pacientes con trastornos inmunológicos se pue- de observar como enfermedad mucocutánea crónica. El virus de Epstein-Barr (VEB), causante de la mono- nucleosis infecciosa, cursa con frecuencia con una faringitis exudativa que se acompaña de fiebre, decaimiento, astenia, cefalea, poliadenopatías no dolorosas y esplenomegalia, sig- nos con los que el especialistapuede presumir el diagnós- tico. El citomegalovirus (CMV) puede también estar rela- cionado con el síndrome de mononucleosis, con similares signos y síntomas, siendo menos evidente la faringitis; ra- ramente la faringitis es característica de una primoinfec- ción por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), y se suele acompañar de linfadenopatías, a veces de ulce- raciones en las mucosas y síntomas generales como fiebre mialgias, artralgias e hipersomnia. Etiologías bacterianas Actualmente, la difteria es una enfermedad infrecuente ya que se logró una elevada cobertura con la vacuna especí- fica; sin embargo, se debe pensar en esta etiología cuando, en un paciente con un esquema incompleto de vacunación, se observa la aparición de una faringitis membranosa de co- lor blanquecino claro a oscuro que está firmemente adheri- da a la mucosa amigdalina y faríngea y que se acompaña de un cuadro tóxico-infeccioso. La faringitis aguda por Neisseria gonorrhoeae ha aumen- tado en años recientes; en la mayoría de los casos, la infec- ción es asintomática y afecta a la población sexualmente ac- tiva. Cuando se aísla este germen en menores de edad, hay que pensar en la posibilidad de abuso sexual. Las cepas de estreptococos de los grupos C y G tienen un comportamiento similar a los del grupo A o Streptococcus pyogenes y fundamentalmente, se asocian a brotes epidémi- cos, de origen alimentario común (los huevos hervidos fríos han sido reconocidos como un vehículo importante). EBHGA es un agente frecuente en la infancia. Se lo puede aislar durante todo el año aunque presenta brotes anuales en otoño y primavera; la faringitis es de aparición aguda, afecta mayormente a los niños entre los 5 a 15 años, cursa con fiebre, odinofagia, dolor abdominal con náuseas y vómitos, adenopatías cervicales y un exudado que cubre la faringe posterior y el área amigdalina con un edema de úvula, que, en ocasiones, puede ser pronunciado. La infec- ción con cepas que tienen capacidad de producir toxina eri- trogénica provoca una erupción eritematosa característica, denominada “escarlatina”. Esta misma toxina en huéspedes comprometidos por otras infecciones, como varicela, pue- de producir el cuadro grave de shock tóxico estreptocócico, con un riesgo de mortalidad del 50%. En la faringitis por anaerobios, el compromiso por flora mixta (anaerobios y espiroquetas) es poco frecuente y sue- Sección 11 | Enfermedades respiratorias 827 dientes. La sensibilidad de los cultivos es cercana al 100% cuando se utiliza sangre ovina con el agar. Los métodos rápidos de detección de antígeno estrep- tocócico emplean el sistema de aglutinación de látex, son muy específicos (95%-97%) y moderadamente sensibles (75%-90%) en comparación con el cultivo de fauces; de téc- nica relativamente sencilla, bajo costo y de información rápi- da. Las pruebas de inmunoensayo enzimático de fase sólida, inmunoensayo óptico y sondas de ADN dan resultados si- milares aunque requieren de un laboratorio especializado y son más costosas. Una prueba positiva establece el diagnós- tico de faringitis estreptocócica para iniciar tratamiento; si es negativa, se debe realizar el cultivo de fauces convencional que permitirá un uso más racional de los antibióticos. Los métodos rápidos evitan la presión que muchas veces se ejer- ce para la indicación de antibióticos. A veces es necesaria la realización de cultivos especiales: �� Gonococo: prueba de Thayer-Martin �� Difteria: prueba de Loeffler �� Espiroquetas o fusobacterias: tinciones especiales �� Cuadros graves de sepsis: hemocultivos �� EBV, CMV o VIH: pruebas serológicas específicas. TRATAMIENTO El tratamiento debe estar relacionado con el agente etio- lógico aislado. Cuando se presenta una faringitis por EBH- GA, la necesidad de realizar un diagnóstico y tratamiento correcto se dirige a evitar cuatro situaciones posibles: �� Complicaciones supurativas: adenoflemón, adenitis su- purada, absceso retrofaríngeo, mastoiditis, mediastinitis. �� Complicaciones no supurativas: � Fiebre reumática (FR): durante una epidemia de EBHGA, el riesgo en pacientes no tratados es del 3%; en la etapa de infección endémica, el riesgo dis- minuye significativamente (0,03%). � Glomerulonefritis aguda posestreptocócíca (GNA): está más relacionada a cepas nefritógenas, asociadas con mayor frecuencia a infecciones de piel. �� Transmisión de la enfermedad: la diseminación del ger- men a los convivientes con el caso índice no tratado os- cila entre el 25%-35%. Con un tratamiento antibiótico correcto el contagio cesa en 24 horas. No se aconseja el uso de medicación antibiótica a los contactos cercanos. �� Brindar alivio y acortar la sintomatología del paciente. El antibiótico de elección es la penicilina en dos dosis de 50 000 UI/kg/día por vía oral, sin superar 1 200 000 UI/día. La duración es de 10 días, ya que los tratamientos más cortos aumentan el fracaso terapéu- tico. No se deben indicar antibióticos sin confirmar el diagnóstico; el tratamiento antibiótico innecesario po- dría seleccionar cepas resistentes de otras bacterias que colonizan faringe (como S. pneumoniae y H. influenzae), producir reacciones de hipersensibilidad u otros efectos adversos, y un aumento significativo en los costos. Si por alguna razón se inicia el tratamiento sin tener confirmación de los cultivos, se debe suspender si estos fueran negativos. No hay ninguna evidencia de que una terapia temprana disminuya la recurrencia. En pacientes alérgicos a la penicilina, una alterna- tiva válida es el estolato de eritromicina a una dosis de le producir un exudado purulento con aliento fétido. En la forma invasiva periamigdalina puede haber compromi- so vascular (tromboflebitis séptica de la vena yugular que afecta con mayor frecuencia a los adolescentes o adultos jóvenes). El Arcanobacterium haemolyticum produce una faringitis exudativa con erupción escarlatiniforme pruri- ginosa en extremidades, cuello y espalda, no compromete palmas, plantas, cara, abdomen o nalgas, y afecta con mayor frecuencia a los adolescentes. No se detecta en los medios de cultivos habituales y es sensible a eritromicina. Otras etiologías Se han descrito otras etiologías menos frecuentes y con menor importancia clínica, como yersinia, micoplasma o de tipo micótico. Entre otras causas de faringoamigdalitis se encuentran, el síndrome de Behçet, el síndrome de Fiebre periódica, la estomatitis, la faringitis y la adenitis. En la Tabla 1 se se- ñalan los microorganismos relacionados con faringoamig- dalitis aguda. DIAGNÓSTICO En la mayoría de los casos no es posible establecer un diagnóstico etiológico únicamente sobre la base de datos clínicos. Ante la presencia de una faringitis y para deter- minar el diagnóstico diferencial y la presunción etiológica, es necesario realizar una adecuada anamnesis, la evalua- ción epidemiológica (época del año, brotes epidémicos en la comunidad, edad del paciente, contactos, etc.) y detec- tar la presencia de erupción cutánea, conjuntivitis u otra sintomatología asociada. El examen físico de las estruc- turas faríngeas debe ser minucioso, buscando elementos que puedan ayudar al diagnóstico: seudomembranas, vesículas, úlceras, desplazamiento medial de una o ambas amígdalas, adenopatías regionales o sistémicas, evaluación del estado general, fiebre, escalofríos, dolor intenso, hepa- toesplenomegalia y erupción en piel. Recabados los ante- cedentes y el examen físico, el paso diagnóstico definitivo es el cultivo de fauces en placas de agar sangre. La muestra debe ser tomada adecuadamente en faringe y amígdalas y, si no puede sembrarse inmediatamente, el hisopo puede quedar seco en un tubo estéril a temperatura ambiente por 24 horas hasta su siembra en los medios correspon- 11.3 Tabla 1 Microorganismos relacionados con faringitis aguda Virales Bacterianas �� Respiratorios �� VEB �� Enterovirus �� Adenovirus �� CMV �� VHORAS 1-2 �� EBHGA grupos G-C �� Corynebacteruiumdiphteriae �� Neisseria gonorrhoeae �� N. meningitidis �� Anaerobios �� Arcanobacterium haemolyticum �� Mycoplasma pneumoniae �� Treponema pallidum �� Yersinia enterocolítica VEB: virus Epstein-Barr; CMV: citomegalovirus; VHORAS: virus Herpes simplex. 828 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano 40 mg/kg/día, en 3 ó 4 dosis diarias en igual período de tiempo. La penicilina benzatínica por vía intramuscu- lar es una opción que se indica como dosis única (hasta 27 kg, 600 000 UI; con más de 27 kg, 1 200 000 UI). Es muy importante que su aplicación sea realizada por perso- nal idóneo y en niños mayores de 2 años de edad. Hasta la fecha no se han observado cepas de EBHGA resistentes a penicilina y sí se ha comenzado a describir resistencia a los macrólidos que varía de acuerdo a cada región. Se han propuesto otros esquemas antibióticos como cefa- losporinas de 1º o 2º generación, amoxicilina + inhibidores de betalactamasa (amoxicilina-clavulánico o amoxicilina- sulbactama) y nuevos macrólidos. La resistencia del EBH- GA a los macrólidos en nuestro país oscila entre el 8%-12%. Los esquemas alternativos mencionados no reempla- zan a la penicilina, aunque pueden ser tenidos en cuenta ante fracasos terapéuticos por incumplimiento, o como una posible opción ante recaídas frecuentes. El fracaso terapéutico de la faringoamigdalitis por EBHGA bajo tratamiento adecuado se informa entre 10%-20%. No se ha establecido la importancia clínica de los fracasos bacteriológicos en las personas asintomáticas. Normalmente la respuesta clínica al tratamiento se ob- serva dentro de las 48 a 72 horas. Por lo tanto, si al tercer día de un tratamiento correcto el paciente persiste febril, se deberá pensar en un foco supurativo y si este se descarta, en una enfermedad viral intercurrente, incluyendo mononu- cleosis infecciosa por VEB. No es necesario realizar cultivos intratratamiento o postratamiento por el nivel elevado de portadores que se observan luego de una terapéutica ade- cuada (15%-20%), salvo aquellos portadores que padecen o están en contacto directo con un paciente con FR. Los episodios causados por estreptococo betahemolíti- co de los grupos C y G requieren del mismo tratamiento antibiótico. Para los episodios relacionados con el Arca- nobacterium haemolyticum están indicados los macrólidos. En portadores de EBHGA que mantienen contacto ínti- mo con pacientes que padecen FR o en aquellos con FR de difícil tratamiento se pueden plantear esquemas alternativos de antibióticos, aunque se sabe que este último grupo, por características propias, tiene menor riesgo de desencadenar la enfermedad. El portador asintomático no tiene riesgo de complicaciones (FR o GNA) y no requiere tratamiento. No hay urgencia en iniciar un tratamiento antibiótico ante un caso de faringitis con sospecha de ser por EBHGA para evitar complicaciones supurativas sino que puede de- morarse hasta 9 días de comenzado los síntomas. En las faringitis por anaerobios, la droga de elec- ción es la penicilina y puede ser administrada por vía endovenosa u oral de acuerdo a las circunstancias y ne- cesidades del paciente; otros esquemas pueden ser, clin- damicina o ampicilina-sulbactama. Es posible que el pa- ciente requiera un tratamiento quirúrgico combinado, por ejemplo, en el caso de un absceso periamigdalino o retrofaríngeo (complicaciones supurativas). La difteria y gonococcia tienen tratamiento específico. Ante la enfermedad herpética en el paciente inmuno- suprimido, se puede realizar un tratamiento por vía oral con aciclovir 200 mg/dosis en 5 tomas diarias, por 7 días. No es recomendable el tratamiento de un primer episo- dio agudo con aciclovir en un huésped normal. El mismo planteo se puede utilizar para la influenza A con el uso de inhibidores de la neuraminidasa. Tratamiento de sostén Como tratamiento de sostén se utilizan analgésicos y antitérmicos con el objetivo de aliviar los síntomas y man- tener una adecuada hidratación y nutrición. El tratamiento quirúrgico (amigdalectomía) es una indi- cación excepcional y se puede plantear ante la obstrucción de la vía aérea, ante un absceso periamigdalino (por su alta recurrencia: 20%), y más discutido, en el caso de FR y amig- dalitis crónica. Si se realiza la extirpación de las amígdalas, es importante enviarlas al laboratorio para completar el estudio anatomopatológico a fin de descartar otras etiologías. Prevención secundaria Como método de prevención secundaria se aconseja el ais- lamiento del caso índice durante 24 horas; luego de este pe- ríodo, el paciente puede retornar a sus actividades habituales. Vacunas Se están investigando distintos tipos de vacuna contra el Streptococcus pyogenes. FARINGITIS RECURRENTE Se define cuando se producen más de tres episodios de estreptococia faucial microbiológicamente documentados en seis meses, o más de cuatro en un año. La conducta a seguir en esta situación consiste en que todo paciente con enfermedad clínica recidivante por EBHGA trate con antibióticos cada episodio. Las causas posibles pueden ser: insuficiente concen- tración de antibióticos en el foco de infección, incumpli- miento en la toma del medicamento, pobre absorción in- testinal, escasa penetración amigdalina, inactivación por cepas productoras de betalactamasa, tiempo de tratamien- to insuficiente, reinfecciones o defectos inmunológicos. En este grupo de pacientes sigue siendo electiva la penici- lina; ante una recurrencia se puede agregar rifampicina a 20 mg/kg/día en los últimos cuatro días del tratamien- to. Si la causa es el incumplimiento del tratamiento, por ejemplo en adolescentes, se podrán indicar nuevos macrólidos como azitromicina, 10 mg/kg/día en una dosis diaria por 5 días (máximo 500 mg), para mejorar la adherencia. Aunque aún sigue siendo una conducta discutida, ante la persistencia de las recurrencias, algu- nos indican profilaxis con penicilina por períodos pro- longados. Si se utiliza la vía intramuscular con penici- lina benzatínica, se indican 1 200 000 UI cada cuatro semanas. No se aconseja la realización de hisopados en los con- vivientes asintomáticos para determinar otros portadores, salvo la existencia de un caso de FR o si varios miembros de la familia sufren recurrencias. Una situación de elevado riesgo es el síndrome de shock tóxico estreptocócico, que afecta a personas jóve- nes; dentro de este grupo un 10-20% ha sido relacionado con focos estreptocócicos amigdalinos con capacidad de elaborar exotoxina. Sección 11 | Enfermedades respiratorias 829 11.4 Celulitis periorbitaria y orbitaria Raúl O. Ruvinsky INTRODUCCIÓN La celulitis periorbitaria (preseptal) y orbitaria (postseptal) se presentan con edema consistente y enroje- cimiento de los párpados. La diferencia fundamental en- tre ambos procesos inflamatorios es que en la localización preseptal no están afectadas la estructura y función del globo ocular, mientras que en la postseptal, se ven com- prometidas en mayor o menor grado. Estos procesos pue- den ser leves, autolimitados, o muy graves, con riesgo de secuelas y muerte. La mayoría tiene causa infecciosa, aun- que pueden estar relacionados con algunos procesos no infecciosos como alergia grave (edema angioneurótico), tumores (retinoblastoma, rabdomiosarcoma, linfomas), hemangiomas, inflamación seudotumoral idiopática, etc. PATOGENIA El ojo es susceptible a la expansión de una infección des- de estructuras vecinas por diversas razones: las múltiples venas que drenan en la órbita, la cercanía de los senos et- moidales y maxilares y la lesión de los tejidos periorbitarios. La red venosa favorece la diseminación de la infección y pre- dispone al compromiso de la órbita y del seno cavernoso. El techo de la órbita es el piso del seno frontal y el piso de la órbita el techo de los senos maxilares. La pared medial de la órbita está formada por el proceso del seno frontal, el hueso lacrimal, la lámina papirácea del etmoides y una pequeñaporción del esfenoides. Estas características estructurales explican la probable expansión de una infección a sitios como el cerebro y los senos cavernosos, con elevado riesgo de complicaciones. La infección que se origina en la mucosa de los senos paranasales puede expandirse e incluir el hue- so cercano (osteitis), formando un absceso subperióstico y probable invasión de tejidos retroorbitarios u orbitarios. En estos casos, la infección de la órbita puede producirse por el pasaje a través de los espacios naturales del hueso, dentro de la lámina papirácea del etmoides, o vía foramen a través del cual pasan arterias etmoidales. Es importante la función del septum orbitario, que divide los procesos infecciosos en preseptales y postsep- tales: es una delgada lámina de tejido conectivo, exten- sión del periostio que recorre la periferia de la órbita, dividiendo el compartimiento anterior del posterior (Figura 1). Tiene la propiedad de funcionar como una barrera que impide la transferencia de gérmenes desde la superficie al interior del espacio donde se encuentra la órbita. Las infecciones anteriores al septum se denomi- nan “celulitis periorbitaria o preseptal” y las posteriores al septum “celulitis orbitaria o postseptal”. CELULITIS PERIORBITARIA (CPO) La celulitis periorbitaria (CPO) se observa ocasional- mente en la infancia. Se puede dividir en traumática y no traumática. La CPO traumática se produce por herida punzante, picadura de insecto en sitios cercanos (párpado, cara y cuero cabellu- do; a veces la puerta de entrada es inaparente). La CPO no traumática puede producirse en forma secundaria a una in- flamación de la conjuntiva, expansión de un chalazión, da- criocistitis, impétigo en piel del párpado o en área cercana a este, por diseminación hematógena de patógenos coloniza- dos en nasofaringe o por diseminación de gérmenes desde una sinusitis. Las infecciones bacteriémicas prevalecen en niños menores de 18 meses, casi siempre en relación con un proceso de vías aéreas superiores. Clínica La CPO se caracteriza por presentar eritema y ede- ma en el párpado, con aumento de tensión. El inicio es progresivo en las causadas por traumatismo o sinusitis, y cuando se relaciona con bacteriemia, es agudo con progre- sión rápida de la hinchazón del párpado. Las provocadas por virus (adenovirus) suelen ser de instalación más lenta, con menor eritema, algunos casos presentan adenopatía preauricular y conjuntivitis. Además del edema, puede observarse coloración erite- matosa o violácea de los párpados, que están calientes a la palpación. Si fluctúa, se debe considerar la posibilidad de un absceso, que debe ser drenado. En algunos casos se afectan ambos párpados. La posición de la órbita y los mo- vimientos externos del ojo y la visión están conservados. Si el edema fuera tan intenso que no se puede evertir el párpado para observar el glóbulo ocular, es necesario rea- lizar una tomografía computarizada (TC). La radiografía de senos paranasales (mentonasoplaca) puede ser anor- mal si existe sinusitis. La fiebre es variable, de 38-39° C y el niño raramente está toxémico. Los hemocultivos sue- len ser negativos, los cultivos de secreciones en caso de da- crocititis o conjuntivitis no tienen valor. No se recomien- da la punción-aspiración del área afectada ya que es muy riesgosa por la cercanía del glóbulo ocular. 11.4 Figura 1 Ubicación del septo periorbitario. Septo orbitario Periórbita Músculo elevador del párpado superior Músculo recto superior Músculo recto inferior Seno maxilar Globo ocular 830 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano Etiología En la CPO de causa traumática predominan Staphylo- coccus aureus, estreptococo betahemolítico del grupo A (EBHGA), raramente anaerobios. Si el niño fue mordi- do por un perro, se encuentra Pasteurella multocida. En las de origen bacteriémico y desde el uso de la vacuna para Haemophilus influenzae tipo b, este germen es infre- cuente (alto riesgo de compromiso meníngeo). Actual- mente, predominan Streptococcus pneumoniae, raramente Haemophilus influenzae tipo b no tipificable u otras bac- terias. En las postsinusitis: S. pneumoniae, H. influenzae no tipable, EBHGA. El adenovirus también puede cau- sar esta enfermedad. Tratamiento Los casos leves o moderados, sin complicaciones, se pueden tratar ambulatoriamente con antibióticos por vía oral. Los niños menores de un año (pacientes toxémi- cos) deben ser hospitalizados y tratados por vía intra- venosa, durante 7 a 10 días; son electivos en estos casos ceftriaxona o ampicilina/sulbactama. Para la vía oral se puede utilizar amoxicilina + inhibidor de betalactama- sa, cefuroxime axetil. CELULITIS ORBITARIA (CO) En la celulitis orbitaria (CO) la infección se localiza en la región posterior al septo; predomina en la época inver- nal, cuando son más frecuentes las infecciones virales de vía aérea superior y la sinusitis. Se caracteriza por eritema y edema muy intensos de comienzo brusco, que suele ser precedido por proceso de vías aéreas superiores. El do- lor ocular puede ser muy intenso. La fiebre es constante, entre 39-40° C, con signos sistémicos: malestar y grados variables de toxemia. La observación del globo ocular afectado saliente (proptosis) sugiere el diagnóstico. Los movimientos oculares están ausentes o muy disminuidos por parálisis de los músculos motores del ojo. Existe una disminución de la agudeza visual y quemosis (edema de la conjuntiva bulbar); este cuadro corresponde al estadio II. Cuando se complica puede ocasionar absceso superiós- tico (estadio III) y si avanza el proceso, existe riesgo de absceso orbitario y la complicación más grave: trombo- flebitis del seno cavernoso (muy infrecuente). El absceso subperióstico es casi constante a partir de una etmoiditis, en particular en niños de corta edad. El aumento de la presión intraocular puede ser una situación riesgosa por lo cual se recomienda la consulta con un oftalmólogo para determinar el grado de compromiso de la visión; si existe un gran absceso subperióstico o retroorbitario, es urgente el drenaje. En ausencia de estos signos la mayoría de los abscesos se resuelven con tratamiento médico. La TC es obligatoria para determinar presencia de: 1) celulitis orbitaria; 2) absceso subperiostal; 3) absceso orbitario (Figura 2). Estos procesos son la causa de los signos y síntomas. Si existen signos sugestivos de com- promiso del sistema nervioso central, se debe realizar una punción lumbar. Siempre es necesario obtener dos tomas de sangre para hemocultivo ya que mediante este método es posible iden- tificar el agente causal y su sensibilidad a los antibióticos. El diagnóstico diferencial se realiza con otros procesos no infecciosos, en particular tumores. Etiología Los gérmenes hallados con mayor frecuencia son S. aureus, S. pneumoniae, EBHGA, anaerobios y raramen- te bacterias gramnegativas. Tratamiento El tratamiento debe realizarse por vía intraveno- sa; son electivos ceftriaxona más una droga antianae- róbica como metronidazol, cefuroxima en dosis altas (150 mg/kg/día) en 3 dosis. Como esquemas alternativos se puede utilizar ampicilina/sulbactama o clindamicina. La ceftriaxona cubriría con mayor seguridad la disemina- ción de gérmenes a través de la barrera hematoencefálica. Con la mejoría del cuadro se puede pasar a la vía oral y si se observa una buena evolución, el tratamiento debe durar tres semanas en total. Si se comprueba sinusitis, algunos autores recomien- dan descongestivos nasales durante 7 a 10 días para favo- recer el drenaje del seno a través del ostium. 11.4 Figura 2 Lactante de 15 meses con celulitis orbitaria izquier- da. Obsérvese el desplazamiento del globo ocular, su disminución de tamaño y la sinusitis etmoidal del mismo lado y el absceso subperióstico. Sección 11 | Enfermedades respiratorias 831 11.5 Otitis externa Raúl O. Ruvinsky OTITIS EXTERNA AGUDA La otitis externa aguda (OEA) sedefine como una inflamación generalizada del canal auditivo externo, que puede comprometer también a la membrana timpánica. Se denomina también “oído de pileta” (swimmer´s ear). La causa más frecuente es el atrapamiento de agua en el canal auditivo, lo que favorece que las bacterias que colonizan habitualmente el área y piel subyacente se multipliquen infectando el canal. Es un motivo común de consulta en la infancia; en los Estados Unidos, se estima una incidencia anual de 1 caso por 100 a 250 niños. En relación con su etiología, alrededor del 98% de los casos son de origen bacteriano, sobre todo por Pseudomonas aeruginosa y Staphylococcus aureus. También puede ser poli- microbiana. El cerumen tiene un rol protector por ser una barrera física contra la infección. El diagnóstico diferencial se establece con otitis media aguda, forunculosis por folículo infectado en el tercio ex- terno del conducto, cuerpo extraño, dermatitis de contac- to dentro del canal y sensibilización por neomicina. TRATAMIENTO En diversos estudios, se evaluó el tratamiento tópico, comparando antimicrobianos con placebo, antisépticos con antimicrobianos y antimicrobianos con corticoides. Finalmente, el 4 de abril de 2006 se publicaron las guías aprobadas conjuntamente por la American Academy of Otolaryngology y la Head and Neck Surgery Foundation (AAO-HNSF). Las recomendaciones específicas para el tratamiento de la OEA son: �� Administrar analgésicos según la intensidad del dolor. �� Distinguir la OEA difusa de otras causas de otalgia, otorrea, inflamación del oído medio, etc. �� Evaluar factores que modifiquen el tratamiento, como una membrana timpánica perforada, un tubo de timpanostomía, diabetes, inmunocompromiso y radioterapia previa. �� En el caso de OEA no complicada, usar medicamentos tópicos, como gotas antibióticas, que suelen ser muy efectivas (ofloxacina). �� Evitar la administración de antibióticos sistémicos, excepto en caso de celulitis extendida fuera del canal del oído o de la presencia de factores como diabetes o inmunocompromiso. �� Elegir antimicrobianos tópicos sobre la base de su efi- cacia, la baja incidencia de eventos adversos, la adhe- rencia y los costos. �� Liberar el conducto del oído de secreciones o materia- les que lo obstruyan. �� Si existe perforación timpánica, utilizar nuevas quino- lonas en gotas, que han sido las únicas aprobadas para uso local. �� De no observarse mejoría en 48-72 horas, evaluar otras causas de enfermedad. INTRODUCCIÓN Cuando un paciente presenta otitis media aguda (OMA), el pediatra debe considerar cuidadosamente dos cuestiones críticas que no siempre tienen una respuesta segura o inmediata. La primera cuestión es determinar si esta otitis media, es realmente una OMA; la segunda es saber el momento en el que se deben indicar antibióticos. Determinación diagnóstica de OMA En la primera y segunda infancia existen innumerables dificultados para lograr una buena visualización de la mem- brana timpánica (MT), ya que el paciente llora, se mueve, tiene el conducto auditivo externo (CAE) angosto y parcial o totalmente ocluido por cerumen (que el pediatra debe saber limpiar), y puede ser difícil completar una otoscopia satisfactoria. Si el clínico concluye que su paciente tiene 11.6 Otitis media aguda Andrés Sibbald OMA es porque ha podido verificar, idealmente con una otoscopia neumática, que hay efusión en el oído medio. Se sabe que la forma más común de otitis media es la etapa catarral que se denomina “otitis media con efusión (OME)”. La OME leve es frecuente y tiende a resolverse espontá- neamente, aunque puede reaparecer con los múltiples res- fríos que padecen los niños. En algunos casos esta efusión serosa se transforma en una forma más persistente y grave denominada “otitis mucoide o gomosa” (glue ear; OME gra- ve). Esta puede desconcertar al observador poco avezado porque adquiere un color ambarino y una viscosidad que es confundida con una colección purulenta. El diagnóstico de OMA, como bien afirma Rosen- feld, es un proceso secuencial que depende de una su- matoria de fenómenos clínicos. Se instala cuando, sobre una efusión del oído medio desconocida hasta ese mo- 832 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano el tratamiento en los menores de 2 años con enfermedad más grave (OMA bilateral con o sin otorrea) los benefi- cios del tratamiento antibiótico aumentan enormemente. Las preocupaciones crecientes acerca de los efectos po- tencialmente adversos de los antimicrobianos, sobre todo de la aceleración de la multirresistencia, exigen una utiliza- ción con criterio de los antibióticos en el tratamiento de las OMA. Quizás el ingrediente más importante de este pro- ceso, como destaca Rosenfeld, sea una honesta autocrítica acerca de la destreza diagnóstica del profesional, en parti- cular respecto del discernimiento entre la presencia o no de derrame en el oído medio. Ya que algún grado de incerti- dumbre diagnóstica es inevitable, los pediatras y los otorri- nolaringólogos (ORL) deben admitir la duda e incorporar- la en el punto de partida del proceso de toma de decisiones terapéuticas. Esta filosofía es la que fue consensuada como norma por la Academia Americana de Pediatría (AAP) en la Clinical Practice Guideline sobre tratamiento de la OMA. La decisión de indicar o no un tratamiento antibiótico inmediato se basa en la edad del niño, la gravedad de la enfermedad y en la certidumbre diagnóstica. Para optar por una conducta inicial de observación sin tratamiento antimicrobiano, debe asegurarse un sistema que permita una comunicación fácil de la familia con el médico y una reevaluación clínica si fuera necesaria (dentro de las 48-72 horas). No es un esquema generalizable para consultas de guardia, pero sí es una opción para padres que ya tienen un vínculo establecido con su pediatra. En la Tabla 1 se establecen las recomendaciones para el tratamiento de OMA en la infancia, como fueron propuestas por la AAP. En todos los casos de OMA se indica un tratamiento analgésico si el niño manifiesta dolor. En el cuidado de estos pacientes, el tratamiento de la otalgia es una priori- dad indiscutida. Es común que el síntoma más específico, la otalgia, desaparezca a las 24-48 horas y que los signos otoscópicos revelen una curación clínica rápida. Si fracasara esta conducta terapéutica inicial, se iniciará el tratamiento antibiótico según indicaciones del pediatra que asiste al niño, quien habrá explicitado previamente a los padres la estrategia a seguir desde el momento de la consulta inicial. TRATAMIENTO ANTIBIÓTICO EMPÍRICO DE OMA El tratamiento antibiótico empírico de OMA en la era de resistencia incrementada de los patógenos causales de la infección debe ser: mento, irrumpen en forma rápida uno o más signos o síntomas de inflamación grave. La otalgia es el síntoma más específico y se expresa con diversos gestos de dolor e irritabilidad. Este dolor es provocado por el tímpano distendido a causa del pus que desplaza la membrana hacia afuera provocando un abombamiento progresivo. En esta etapa se expresan los signos otoscópicos que son los elementos diagnósticos más precisos de la OMA. Las variaciones del color del contenido timpánico, que se visualiza a través de la membrana y aun sobre ella, permiten reconocer cambios que se asocian frecuente- mente con la OMA. El color amarillo lechoso de la MT identifica un derrame purulento y el enrojecimiento in- tenso destaca la inflamación aguda. El tímpano abom- bado diferencia la OMA de la OME, y la otorrea súbi- ta, aunque infrecuente, es el signo más fidedigno de la culminación del proceso de la OMA. Esta combinación de malestar repentino, efusión de oído medio y signos ciertos de inflamación timpánica constituyen la tríada diagnóstica más aceptada de esta enfermedad. Con este abordaje semiológico riguroso se intenta re- ducir el diagnóstico excesivo de OMA que, comúnmen- te, provocan la miringitisviral, la hiperemia del llanto y sobre todo, las diferentes etapas de la OME. Si bien la seguridad diagnóstica depende de la aptitud del obser- vador, es necesario reconocer que incluso el profesional más idóneo no puede eliminar totalmente alguna in- certidumbre. Muchos expertos como Ellen Wald, Ron Dagan y Mc Cracken hijo claman con toda razón por un mayor rigor en la observación clínica, insistiendo en mejorar la precisión diagnóstica como elemento clave del proceso. Las universidades y los programas docen- tes de las residencias generalmente no abundan en la enseñanza del arte del examen otoscópico. Indicación de antibióticos Varios autores, basándose en cuidadosos metaanálisis de ensayos controlados por placebo, concluyen que la cu- ración espontánea de la OMA es tan frecuente que ya no hay fundamento para indicar antibióticos en todos los pa- cientes. En particular los grupos de trabajo de Holanda y luego Inglaterra promovieron esta conducta conservadora de no indicar antibióticos sistemáticamente. Rovers deter- minó que si son tratados 20 niños sólo en un caso se evita- rá una forma prolongada de enfermedad. Si se centraliza 11.6 Tabla 1 Recomendaciones para el tratamiento de OMA en la infancia* Edad “Certeza” diagnóstica Diagnóstico dudoso < 6 meses ATB ATB 6 meses a 2 años ATB Si es grave: ATB** Si no es grave: observación > de 2 años Si es grave: ATB* Si no es grave: observación Observación ATB: antibióticos. *American Academy of Pediatrics Subcommittee on Management of Acute Otitis Media. Diagnosis and management of acute otitis media. Pediatrics 2004; 113 (5): 1451-65. ** Otalgia moderada o intensa y/o fiebre alta (> 39º) Sección 11 | Enfermedades respiratorias 833 � Si la reacción fue de hipersensibilidad tipo I, se de- ben utilizar macrólidos: azitromicina (10 mg/kg/d) el primer día, seguido de 5 mg/kg/día durante 4 días más, en una dosis diaria, o claritromicina (15 mg/kg/d, en 2 dosis diarias). EVOLUCIÓN En general, la evolución es buena y los síntomas gene- rales se normalizan al tercer o cuarto día; las alteraciones de la MT pueden prolongarse más tiempo, por lo que es conveniente realizar un control periódico con otoscopia estática y, mejor aún, con otoscopia neumática hasta com- probar que no existe líquido en la caja del oído medio. La persistencia del derrame durante más de 3 meses amerita la interconsulta con el ORL, por las consecuencias que puede ocasionar, en particular, por la disminución de la audición con retardo en la adquisición del lenguaje. Son raras las complicaciones más graves como la mastoiditis o el colesteatoma, que requieren solución quirúrgica y com- prometen el sistema nervioso central. �� Tratamiento de primera línea � Amoxicilina (50 mg/kg/d) por 10 días: cuando es el primer episodio de OMA, cuando la enfermedad se presenta en mayores de dos años y cuando se pre- senta en áreas donde hay baja resistencia. � Amoxicilina + inhibidor de betalactamasa (IBL): clavulanato o sulbactama para OMA en recién na- cidos, en áreas de alta prevalencia de productores de betalactamasa y en pacientes que recibieron ATB en el último mes. �� Tratamiento de segunda línea � Amoxicilina (80-90 mg/kg/d) + IBL por 10 días. � Ceftriaxona (50 mg/kg/d) por 3 días (debe restrin- girse a situaciones particulares: enfermedad grave, vómitos, para evitar sobreuso de este antibiótico, importante en infecciones sistémicas) �� Alergia a penicilinas: � Si la reacción no se asocia con urticaria o anafilaxis (tipo I) se puede usar otro betalactámico, como ce- furoxime (30 mg/kg/d). 11.7 Otitis media aguda recurrente Andrés Sibbald INTRODUCCIÓN Algunos niños tienen tendencia a repetir infecciones del oído medio en forma desmesurada. La definición más rigu- rosa de otitis media aguda recurrente (OMAR) exige tres o más episodios bien documentados y separados en un pe- ríodo de seis meses, o cuatro o más episodios en doce me- ses. Se insiste en disponer de la mayor certeza diagnóstica posible antes de clasificar a un paciente en esta categoría. Es importante verificar que ese niño tenga el oído libre de efu- sión entre episodios de otitis media aguda (OMA) ya que la otra presentación clínica, la otitis media con efusión (OME) con OMAR, es una entidad nosológica diferente para la cual se suele indicar otro tratamiento. El diagnóstico otoscópico de la efusión puede ser difícil, por lo que se recomienda la documentación con tímpanometría o con la reflectometría acústica que tanto facilita el seguimiento para el pediatra. La reflectometría es similar a la timpanometría pero con me- nor costo y más fácil de usar en el niño que llora, porque no requiere un sellado neumático, puede realizarse con cera en el conducto auditivo, mientras no provoque su obstrucción completa, y porque el estímulo constante permite hacer una medición cuando el llanto se detiene para respirar. Alrededor del 15% de los niños con OMA evolucionan hacia OMAR, siendo la edad promedio en que se formali- za este diagnóstico los 15 meses. Los factores de riesgo para la OMAR son: inicio antes de los seis meses, concurrencia a guardería, tabaquismo en el hogar, escasa duración de alimentación con pecho y posible predisposición genética e inmunológica. OPCIONES DE TRATAMIENTO PARA EL NIÑO CON OMAR Profilaxis antimicrobiana Para la mayoría de estos pacientes, el riesgo de acele- rar la resistencia bacteriana excede el modesto beneficio del consumo diario de antibióticos en dosis menores que las terapéuticas. Los padres deben comprender el efecto discreto de reducción, que es de aproximadamente un episodio anual para el 95% de estos pacientes. Para los que han sufrido seis o más episodios en el año anterior el impacto puede ser mayor. Es importante destacar que la profilaxis debe evitarse si existe OME prolongada. Tubos de timpanostomía Los tubos de timpanostomía son efectivos para la OMAR porque ventilan directamente el oído medio y re- ducen las OMA subsiguientes al 56% durante el primer año. Reducen también la carga de antibióticos sistémicos, ya que las infecciones que se producen (otorreas) se pue- den tratar en forma local. Debido a que no está exento de efectos secundarios, como la timpanoesclerosis, su utilización debe restrin- girse a los casos donde la indicación es precisa: recurren- cias muy frecuentes en el curso de OME persistente o disminución significativa de la audición, comprobada con los estudios audiométricos adecuados a la edad. 834 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano dificación de la microflora nasofaríngea. Algunos la reser- van para instancias en que ha fracasado la ventilación con tubos, pero si la OME es prolongada, la adenoidectomía puede ser una correcta indicación inicial. Adenoidectomía La adenoidectomía es una opción muy restringida a ciertos pacientes con OMAR. La decisión parece depen- der no sólo del tamaño adenoideo sino también de la mo- INTRODUCCIÓN Se denomina “hipoacusia” a cualquier pérdida en la ca- pacidad auditiva de un individuo, que, según el sitio de la lesión se clasifica en: �� Hipoacusia conductiva: causada por una lesión a nivel del oído externo o medio. �� Hipoacusia neurosensorial: determinada por una lesión, desde el órgano de Corti hasta la corteza temporal. �� Hipoacusia mixta: cuando presenta componentes de hipoacusia conductiva y neurosensorial. La hipoacusia también se clasifica según el nivel de gravedad, entre hipoacusia leve (pérdida no mayor de 30 decibeles [db]); hipoacusia moderada (entre 30 y 60 db); hipoacusia grave (entre 60 y 90 db); hipoacusia profunda (más de 90 db). Se estima que 1 de cada 1 000 recién nacidos posee una deficiencia auditiva neurosensorial profunda. En la mayo- ría de los pacientes, está presente desde el nacimiento, en cambio, en un pequeño porcentaje, aparece en forma tardía. La habilidad para oír, escuchar y comunicarse se desa- rrolla en forma refleja en el niño normal, no así en los niños dondelas pérdidas son graves o profundas. Esto afecta en forma significativa al niño en relación con las alteraciones del lenguaje y el desarrollo cognitivo y psicosocial. El desarrollo auditivo se inicia hacia la octava semana de gestación, durante la cual, se diferencia el epitelio del neuroe- pitelio y aparece el órgano de Corti, pero se completará recién a los dos años de edad. La etapa desde el nacimiento hasta esa edad corresponde al mayor período de plasticidad neuronal de la vía auditiva, por ello es fundamental que el diagnóstico sea realizado antes de esa época. Una vez transcurrido ese período la capacidad que tiene el sistema nervioso auditivo central de captar estímulos externos declina notoriamente. ETIOLOGÍA Durante muchos años, se consideró que las causas po- dían diferenciarse en tres grupos: genéticas, no genéticas, desconocidas. Con los avances en el campo de la genética y el reconocimiento de muchos genes relacionados con el daño auditivo, actualmente se reconoce que el 50% son de causa genética y 50% de causa no genética. Las causas gené- ticas pueden ser de tipo congénitas o posnatales; las causas no genéticas pueden ser prenatales, perinatales o posnatales. Hipoacusia genética La sordera puede presentarse en forma aislada (70%) o juntamente con otros síntomas (30%). Se definen como: �� Autosómica recesiva (77%): ambas copias del gen se en- cuentran mutadas para observar un fenotipo alterado. �� Autosómica dominante (22%): es suficiente con que una de las copias del gen se encuentre mutada para ob- servar un fenotipo alterado. �� Relacionada con el género (1%): ligada al cromosoma X, la transmiten las mujeres (portadoras) y la padecen los varones. �� Ligada al ADN mitocondrial (< del 1%): existe una rela- ción entre el ADN mitocondrial y la hipoacusia provoca- da por aminoglucósidos. Esa sería la razón por la cual, los niños a los cuales se ha administrado dosis importantes de dichos antibióticos no presentan daño auditivo y otros sí. Cada uno de los loci donde se localizan se denomi- nan de acuerdo a la forma de herencia: aquellos loci de caracteres dominantes se denominan “DFNA”, aquellos recesivos “DFNB” y los ligados al cromosoma X, “DFN”. El primer locus en ser identificado fue el “DFNB1”, loca- lizado en 13q11-12, dentro del cual se clonó el gen GJB2 responsable de codificar para la proteína conexina 26. Di- cha proteína se encuentra relacionada con la formación de uniones o canales intercelulares que permiten el paso de iones y pequeñas moléculas entre células vecinas. La forma más común, la autosómica recesiva no sin- drómica, es aquella en la cual, la hipoacusia es el único sín- toma clínico y el gen causante de la patología se encuentra localizado en un cromosoma autosómico y alterado en ambas copias (aunque no necesariamente con la misma mutación). Si bien se conocen muchos genes, las mutacio- nes en los genes GJB2 (conexina 26) y GJB6 (conexina 30) son responsables del más del 50% de estas hipoacusias. Estudios a nivel mundial han establecido que existe una mutación muy común en la mayoría de los pacientes de Europa mediterránea y otra, entre la población de judíos ashkenazi. Debido a los altos porcentajes de hipoacusia asociados a conexina 26 y 30 (algunos estudios describen hasta un 60%) que presentan países como España e Italia, es muy importante estudiar a los niños nacidos en nuestro país, ya que existe una gran cantidad de inmigrantes. 11.8 Hipoacusias neurosensoriales Bibiana Paoli � Enrique Mansilla Sección 11 | Enfermedades respiratorias 835 �� Refsum: polineuritis, bloqueo auriculoventricular y re- tinitis pigmentaria con ceguera nocturna. �� Cockayne: baja estatura, aspecto senil, retardo mental y compromiso ocular. �� Alport: hematuria microscópica progresiva que lleva a insuficiencia renal crónica, cataratas y alteración pigmen- taria de la mácula óptica. Este síndrome es muy impor- tante ya que la hipoacusia es de tipo progresiva y tardía, pudiendo ser evidente en la segunda década de la vida. �� Neurofibromatosis � Tipo I: presenta manchas café con leche, fibromas cutáneos, periféricos, escoliosis y neurinoma del acústico (en el 5% de los pacientes) � Tipo II: neurofibromatosis en el VIII par (95% de los casos), manchas café con leche y cataratas. �� Trisomía 18 (Edwards): retardo mental, defectos car- díacos congénitos, alteraciones en el desarrollo, manos en garra e hipoacusia conductiva o perceptiva. �� Trisomía 21 (Down): rasgos faciales característicos, con frecuencia, retardo mental y malformaciones car- díacas congénitas. Puede presentar hipoacusia con- ductiva, neurosensorial o mixta y se debe recordar que existe asociación con la displasia de Mondini. Hipoacusias no genéticas Prenatales Entre las hipoacusias no genéticas prenatales se en- cuentran las de causa ototóxica y las de causa infecciosa. Las ototóxicas tienen su origen en el uso de la talido- mida y la tretinoína, que es un retinoide que se utiliza en el acné grave y provoca hipoacusia en el niño Las infecciosas pueden ser provocadas por sífilis, toxo- plasmosis, rubéola, citomegalovirus (CMV), herpes, virus de inmunodeficiencia humana (VIH). Para prevenir estas infecciones es importante la vacunación (rubéola), la edu- cación sexual y una evaluación correcta de la embarazada. Sífilis El pasaje trasplacentario puede producirse en cualquier momento de la gestación, siendo mayor durante el tercer tri- mestre. Se debe estudiar a todas las embarazadas y realizar el tratamiento de acuerdo a la etapa de la infección. El riesgo de infección en el recién nacido es mínimo si el tratamiento materno es el adecuado, pero debe realizarse seguimiento en el niño ya que la hipoacusia puede ser progresiva. Toxoplasmosis La incidencia de la infección fetal se relaciona con la edad gestacional, siendo mayor en el tercer trimestre. Los recién nacidos infectados presentan coriorretinitis, encefa- litis, retraso psicomotor y alteraciones de la audición con el tiempo. La mayoría de las primoinfecciones son asintomá- ticas, por eso es importante el diagnóstico temprano, para realizar el tratamiento con reducción de la transmisión pla- centaria. Rubéola La infección puede producirse en cualquier período del embarazo, pero tanto el riesgo de infección como de alte- Las formas genéticas no sindrómicas deben ser correc- tamente distinguidas de las adquiridas, al igual que de las formas sindrómicas. Hipoacusia genética congénita No sindrómica Las displasias son alteraciones anatómicas a nivel del oído interno. Pueden ser causadas por una detención del desarrollo, un desarrollo anormal o la mezcla de ambos. Las displasias más comunes son: �� Michel: falta de desarrollo completo del oído interno �� Mondini: se presenta con diversas anormalidades a ni- vel del laberinto óseo y membranoso, entre ellas reduc- ción de las espiras de la cóclea, neuroepitelio auditivo y vestibular inmaduro, alteración a nivel de los con- ductos semicirculares, etc. Muchas veces se presenta asociada con fístula perilinfática y en síndromes tales como Down, Pendred, Klippel- Feil. �� Scheibe: se presenta con alteraciones a nivel de la cóclea y el sáculo. Sindrómica Entre las displasias de la hipoacusia genética congénica sindrómica, las más comunes son: �� Usher: se asocia la hipoacusia neurosensorial con reti- nitis pigmentaria que puede terminar en ceguera. �� Pendred: presenta bocio hipotiroideo o eutiroideo por una alteración enzimática que lleva a un test de descar- ga de perclorato anormal y que puede presentarse aso- ciado con displasia de Mondini o acueducto vestibular dilatado y retardo mental. �� Albinismo: presenta albinismo total del cuerpo menos iris y fondo de ojos �� Jervell y Lange Nielsen: asociado a antecedentes de muerte súbita; a nivel del electrocardiograma presenta un intervalo QT prolongado. �� Waardenburg: pigmentación anormal del iris (hetero- cromía), piel y cabellos (mechón blanco),hiperteloris- mo, alteraciones dentales y cardíacas. �� Klippel Feil: defectos en columna vertebral (escolio- sis, tortícolis, espina bífida), puede presentar displasia de Mondini �� Branquiootorrenal: alteración a nivel de las estructuras derivadas de los arcos branquiales con displasia renal, en ocasiones aplasia o estenosis del conducto lagrimal. Hipoacusias genéticas posnatales Existen muy pocos casos de hipoacusias genéticas pos- natales no sindrómicas, entre ellos, la hipoacusia neuro- sensorial familiar progresiva. Sindrómica Entre las hipoacusias genéticas posnatales sindrómi- cas, las más comunes son: �� Mucopolisacaridosis, especialmente tipo Hurler y Hunter: la hipoacusia puede ser conductiva, mixta o neuronsensorial; tienen alteraciones en el desarrollo general, deterioro mental y depósitos de mucopolisacá- ridos en tejido esquelético y blando. 836 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano raciones estructurales disminuye con la edad de gestación. Afecta a todos los órganos fetales y generalmente provoca hipoacusia grave a profunda bilateral, en especial, en las frecuencias medias, pudiendo ser progresiva. Citomegalovirus Hasta el advenimiento del VIH, el CMV era la infec- ción de mayor impacto. La infección congénita puede ser asintomática con un porcentaje pequeño de manifesta- ciones tardías, entre ellas la hipoacusia neurosensorial o sintomática con infección generalizada con compromiso del sistema reticuloendotelial y del sistema nervioso cen- tral, anomalías del nervio óptico, pérdida de la visión e hipoacusia unilateral o bilateral. En toda embarazada con un síndrome mononucleósico, fiebre y exantema, síndro- me febril prolongado o con fiebre y adenopatías debe in- vestigarse la presencia de CMV. Herpes simple La transmisión se produce a través del canal del parto. Es importante que las mujeres eviten contraerlo durante el embarazo porque el primer episodio representa mayor riesgo para el bebé. Puede provocar hipoacusia, alteracio- nes en la visión, lesiones en piel, pulmones y cerebro. VIH Se transmite al bebé por la vía intrauterina, canal del parto o lactancia. Si se trata al principio del embarazo la transmisión perinatal no debería ser mayor del 1% al 2%. El factor más determinante que puede afectar la trans- misión es la carga viral de la madre. Provoca hipoacusia neurosensorial, a veces progresiva. En niños infectados, si afecta al sistema inmune, puede causar otitis media recu- rrente, perforación timpánica y otopatía secretora. Perinatales Los factores de riesgo para las hipoacusias no genéticas perinatales son: prematurez (peso inferior a los 1 500 g), eventos de hipoxia-anoxia a cualquier edad (especialmen- te en el momento del parto con test de APGAR de 0 a 4 en el primer minuto o de 0 a 6 en el minuto 5); ventilación mecánica prolongada en el niño recién nacido; traumatis- mos del parto (durante el nacimiento como consecuencia de la desproporción fetopelviana, parto prolongado, disto- cias óseas o presentaciones anormales) La hiperbilirrubinemia produce una intoxicación endógena por altos niveles de bilirrubina circulante con depósitos en los ganglios de la base provocando una ence- falopatía; los niños con esta afección presentan coreoate- tosis, espasticidad, motilidad ocular alterada, hipoacusia con descenso brusco en los tonos agudos. Posnatales Las causas de hipoacusias no genéticas posnatales pue- den ser: �� Infecciosas � Meningitis bacteriana es la principal causa de hi- poacusia en la edad pediátrica; corresponde al 25% de los casos y es producida por Neisseria meningi- tidis, Streptococcus pneumoniae, raramente por Hae- mophilus influenzae tipo b gracias al uso amplio de la vacuna conjugada incorporada al calendario nacio- nal. La hipoacusia puede ser progresiva; se compro- bó disminución de su incidencia con indicación de dexametasona antes de la primera dosis de antibió- tico. Puede afectar tanto el sistema auditivo como el vestibular. � La parotiditis puede provocar hipoacusia, general- mente unilateral por lesión del órgano de Corti, ra- ramente es bilateral. � Sarampión: provoca hipoacusia neurosensorial por meningoencefalitis. �� Traumáticas: con pérdida de conciencia o fractura de cráneo incluida la del hueso temporal, trauma acústico por ruido, barotrauma. �� Ototóxicas: por aminoglucósidos pero también por diuréticos de asa (furosemida, ácido etacrínico), salici- latos, quimioterápicos (cisplatino). �� Desórdenes metabólicos (hipercolesterolemias, dia- betes). �� Neoplasias: leucemias, linfomas, histiocitosis X. �� Enfermedades autoinmunes (artritis reumatoidea ju- venil): provocan hipoacusia perceptiva rápidamente progresiva y, a veces, fluctuante, puede afectar al siste- ma vestibular y generalmente a un oído, evolucionan- do con afectación del otro. Puede presentarse también como una hipoacusia súbita. Sin tratamiento evolucio- na a la hipoacusia bilateral. �� Hipoacusia súbita: es rara en niños, puede asociarse a fístulas perilinfáticas o a malformaciones congénitas del oído. DIAGNÓSTICO Indicadores de daño auditivo Indican daño auditivo los siguientes signos: �� Desde el nacimiento hasta los cuatro meses: el niño no se sobresalta ante ruidos fuertes o repentinos. �� A los cuatro meses: no escucha una voz familiar �� A los ocho meses: no gira la cabeza ante ruidos suaves �� Al año: no localiza fuente sonora o comenzó a balbu- cear y dejó de hacerlo sin desarrollo ulterior. �� A cualquier edad: comportamiento auditivo inconsis- tente o cuyo desarrollo auditivo es significativamente diferente al de otros niños. Identificación de la pérdida auditiva La sordera durante los seis primeros meses de vida in- terfiere en el desarrollo normal del habla y el lenguaje oral. Por ello, la hipoacusia en recién nacidos debería detectarse idealmente antes de los tres meses de edad y comenzar el tratamiento antes de los seis meses, lo que es fundamental para iniciar el apoyo que permita prevenir las secuelas del déficit auditivo (Joint Commitee on Infant Hearing, 2007). En nuestro país, la Ley 25 415 establece que “Todo niño recién nacido tiene derecho a que se estudie tempra- namente su capacidad auditiva y se le brinde tratamiento en forma oportuna si lo necesitara”. La hipoacusia prelingual (que se desarrolla antes de la adquisición completa del lenguaje) es una patología que se Sección 11 | Enfermedades respiratorias 837 beneficia de un diagnóstico temprano por varias razones: tiene elevada prevalencia, existe una fase inicial oculta o asintomática (la anterior al desarrollo del lenguaje), tie- ne secuelas graves en caso de diagnóstico tardío (ausen- cia de adquisición del lenguaje y problemas de desarrollo psicomotor), existe beneficio clínico con su diagnóstico temprano, se dispone de técnicas de diagnóstico precoz (otoemisiones acústicas y potenciales evocados auditivos). Por ello, para identificar hasta el 50% de las causas, es ne- cesario realizar una anamnesis minuciosa y un adecuado examen físico; por esta razón, la evaluación del pediatra es muy importante. Anamnesis Respecto a la anamnesis existen criterios de riesgo a tener en cuenta. �� Desde el nacimiento hasta los 28 días: historia fami- liar de hipoacusia o alteraciones del lenguaje, infeccio- nes prenatales o perinatales, anomalías craneofaciales, peso al nacer inferior a 1 500 g, hiperbilirrubinemia, prematurez, ototóxicos, meningitis bacteriana, eventos de hipoxia o anoxia, ventilación mecánica prolongada, cualquier estigma de síndrome �� Desde los 29 días hasta los 2 años: preocupación de los padres o responsables, meningitis bacteriana u otra infección, factores de riesgo neonatal, traumatismo de cráneo, estigmas de síndrome, ototóxicos, enfermeda- des neurodegenerativas, enfermedades infecciosas de la niñez (sarampión, parotiditis). Examen físico Existen más de 400 síndromes que pueden asociarse con la patología auditiva, por ello se debe ser minuciosoal realizar el examen. El reflejo de Moro, el cocleopalpebral, la reacción cefálica, la gesticulación de la cara, la reacción de alerta y la postura ante los sonidos deben ser evaluados en el examen ya que pueden brindar alguna información sobre la presencia o ausencia de audición. Deben realizar- se con el niño dormido o tranquilo y despierto. Se debe tener mucha atención en la preocupación de los padres u otros familiares que a veces detectan alguna anormalidad en su hijo, así como también el desempeño que tiene el paciente en el consultorio. Laboratorio general y específico Los exámenes de laboratorio son muchos y costosos, por lo que deben solicitarse racionalmente en relación a la sospecha de diagnóstica; varían de acuerdo a la edad de aparición de la hipoacusia y ayudan a realizar diagnóstico de síndromes y a prevenir y tratar complicaciones. Algu- nos estudios están relacionados con condiciones subyacen- tes, como la glucemia por la asociación de hipoacusia con diabetes, triglicéridos, colesterol, urea, creatinina y análisis de orina para descartar el síndrome de Alport; estudios de función tiroidea para evaluar hipotiroidismo o síndrome de Pendred; estudios para evaluar enfermedades autoinmunes. Métodos de diagnóstico por imagen No se solicitan de rutina. La tomografía computariza- da se indica si se sospecha la presencia de malformaciones a nivel del oído, patologías óseas del temporal u osifica- ción de la cóclea. La resonancia magnética se solicita para descartar patología retrococlear, tamizaje de neurofibro- matosis y permeabilidad coclear. Métodos audiológicos La mayor parte de las hipoacusias (80%) se presentan ya en el momento del nacimiento o en el período neonatal, por lo cual es importante el rol del neonatólogo, el pedia- tra y el otorrinolaringólogo en el tamizaje neonatal. Los estudios deben adecuarse a la edad del niño y a las características de su comportamiento. La selección de las distintas pruebas y la concordancia de los resultados per- miten establecer un diagnóstico fiable. Ninguna prueba es excluyente de otra. Antes de realizar cualquier estudio los pacientes deben ser evaluados por un otorrinolaringólogo ya que en el caso de un recién nacido, es posible que, en su conducto auditivo externo, se encuentre vérmix caseoso, lo que lleva a que el estudio de las otoemisones acústicas dé un resultado negativo cuando no lo es. El niño también puede presentar ocupación del oído medio por otopatía secretora o bien por un cuadro de vías aéreas superiores que debe ser tratado antes de realizar cualquiera de los estudios para evitar un resultado equivocado. Métodos objetivos Los métodos objetivos son aquellos detectan los cambios originados en el oído o en la vía auditiva ante un estímulo. Las otoemisiones acústicas pueden ser provocadas o espontáneas. Se trata de un estudio incruento, rápido y sencillo que no requiere medicación previa. Se realiza a través del conducto auditivo externo y se provoca la es- timulación de las células ciliadas externas del órgano de Corti. Como tamizaje neonatal se debería realizar a los pocos días de vida. El criterio a evaluar es “sí pasa” o “no pasa” el estímulo. Si es un paciente que reúne alguno de los criterios de riesgo o el resultado es dudoso se vuelve a citar para repetir la prueba o realizar otros estudios por la posibilidad de presentar hipoacusia tardía. El estudio de potenciales evocados auditivos con bús- queda de umbrales evalúa las latencias y la configuración de las ondas de la vía auditiva. Los potenciales aparecen durante los primeros 10 milisegundos que siguen a la es- timulación sonora del oído provocada por electrodos. No es un estudio invasivo. Determina la localización topográ- fica de la lesión y el umbral auditivo. La onda V es la más constante y se puede llegar a identificar a intensidad de 20 db. La timpanometría permite la evaluación del oído me- dio y de la función tubárica. Se realiza enviando presiones variables al oído medio y graficando su respuesta. Es muy importante cuando las otoemisiones son negativas ya que el oído medio puede estar ocupado y la timpanometría permitirá confirmar esta situación. La impedanciometría evalúa la contracción del múscu- lo del estribo. Puede indicar daño auditivo grave a profun- do si el reflejo es negativo. Se debe recordar que puede ser negativo por presentar contenido en el oído medio, por eso se debe corroborar con los otros estudios. 838 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano Métodos subjetivos Los métodos subjetivos requieren la cooperación del niño (respuesta automática o voluntaria) observable por el examinador ante la presencia de un estímulo sonoro. En las pruebas de comportamiento se buscan reflejos ante un estímulo sonoro provocado por un juguete o un audiómetro; las respuestas reflejas son múltiples siendo las más evaluables los reflejos cocleopalpebral, del llanto y movimiento de la cabeza y los ojos hacia la fuente sonora. El test de instrumentos sonoros se realiza con diversos instrumentos musicales (triángulo, pandereta, caja china, cascabeles, etc.) que buscan provocar el giro cefálico del niño ante el sonido. La audiometría por juego se realiza en niños menores de tres años o bien, más grandes, de los cuales es difícil obtener respuestas confiables. Se coloca al niño delante de un juego generalmente de encastre y se lo instruye para que cuando escuche el sonido por los auriculares o a campo libre colo- que el juego en su lugar. Las respuestas en el caso de campo libre no diferencia vía aérea (alteraciones en oído medio o externo) de vía ósea (oído interno o vía auditiva central). La audiometría tonal permite registrar ambas vías y oídos por separado, de forma similar al adulto. El niño responde ante el estímulo apretando un pulsador o le- vantando la mano. En el caso de la logoaudiometría, el niño debe tener un nivel de comprensión ya que debe repetir una lista de palabras ya estandarizadas a diferentes intensidades. Todo paciente con algún riesgo de hipoacusia debe ser monitoreado una vez por año por la posibilidad de pre- sentar hipoacusia progresiva o tardía. TRATAMIENTO Mientras se realiza la evaluación para llegar a un pron- to diagnóstico del tipo y grado de hipoacusia se debe en- viar al niño al fonoaudiólogo a fin de realizar estimulación auditiva y/o del lenguaje. De acuerdo al grado de hipoacusia se planteará qué tipo de audífonos corresponderá indicarle al paciente o bien, si ese paciente no tiene respuesta con dichos audífonos, se realizarán los estudios correspondientes a fin de plantear la colocación de un implante coclear, un dispositivo que cons- ta de una parte externa o procesador del habla que se lleva como un audífono y una parte interna que se implanta qui- rúrgicamente (cadena de electrodos), que sustituye las célu- las ciliadas dañadas y estimula directamente el nervio audi- tivo. No hace más intensos los sonidos sino que proporciona información sonora útil al estimular directamente las fibras nerviosas auditivas remanentes en la cóclea. Los audífonos, en cambio, amplifican el sonido haciéndolo más intenso. Por último, se debe tener en cuenta que el niño hi- poacúsico no está solo sino acompañado por un grupo interdisciplinario: fonoaudiólogo, especialista en estimu- lación, otorrinolaringólogo, pediatra, genetista, psicólogo, docentes y lo más importante y sin lo cual ese niño no va a desarrollarse íntegramente, su familia. Vías aéreas inferiores INTRODUCCIÓN La enfermedad respiratoria, en un gran porcentaje de niños se expresa mediante tos, estridor, sibilancias, dis- fonía, dificultad respiratoria de grado variable y/o tras- tornos deglutorios. Cuando la obstrucción respiratoria es grave, el diagnóstico debe hacerse en pocos minutos; cuando no lo es, se debe llevar a cabo un minucioso inte- rrogatorio, un examen físico exhaustivo y los estudios de imágenes adecuados a la orientación diagnóstica, como: parradiográfico de tórax, radiografía de perfil de cuello, esofagograma contrastado, tomografía computarizada (TC) y/o resonancia magnética (RM); estos estudios orientarán el diagnóstico y la etiología, a la vez que permitirán establecer el tratamiento correspondiente. Cuando existe obstrucción de la vía aérea, se manifies- ta habitualmente por estridor, (que será inspiratorio en la obstrucción a nivel laríngeo y tráquea extratorácica; bifásico en la tráquea intratorácica y espiratorio en la pa- tología pulmonar). La endoscopia respiratoria (laringos- copia directa y/o broncoscopia bajo anestesia general) e incluso, una esofagoscopia, contribuirán a determinar el sitio de la obstrucción, siendo diagnóstica en ciertos ca- sos y terapéutica en otros. PATOLOGÍA CONGÉNITA Laringomalacia o estridor congénito simple Se manifiesta desde la primera semana de vida en forma brusca o progresiva, con estridor inspiratorio de tonalidad grave, que se modifica con los decúbitos, 11.9 Patología laringotraqueal Alberto E. Dodero Sección 11 | Enfermedades respiratorias 839 asociado a dificultad respiratoria; a veces tienen tos al alimentarse. El examen laringoscópico puede mostrar una epiglotis en omega, los repliegues aritenoepiglóti- cos cortos y/o los cartílagos aritenoides prominentes, produciéndose la aspiración de la corona laríngea y de los cartílagos aritenoides durante la inspiración. Habi- tualmente, la curva ponderal es la adecuada ya que no presenta alteraciones del estado general. Casi siempre evolucionan con resolución espontánea dentro de los primeros 18 meses de vida, siendo muy raro el caso en que se presenta con apnea, dificultad respiratoria grave y/o neumopatías aspirativas que requieran la realización de una traqueostomía. Traqueomalacia Esta enfermedad se manifiesta en lactantes con crisis de tos crupal, llanto y voz normal y estridor bifásico con episodios respiratorios recurrentes, que pueden empeorar con el empleo de broncodilatadores, incluso, con crisis de apneas, que pueden ocasionar la muerte. El tratamiento variará desde una actitud conservadora, ya que la mayoría mejora espontáneamente dentro de los primeros dos años de vida, hasta la intubación orotraqueal, traqueostomía y aun, la colocación de un stent traqueal. Atresia laríngea La atresia completa es incompatible con la vida. La atresia parcial es extremadamente rara y en general, se asocia a otras malformaciones congénitas (digestivas, uro- genitales o esqueléticas). Su diagnóstico se realiza en el momento del nacimiento por la dificultad respiratoria sin llanto, lo que obliga a realizar una endoscopia e intubar al niño (hecho que puede ser dificultoso). Estos niños re- querirán una traqueostomía hasta que crezcan y llegue el momento de corregir quirúrgicamente la malformación. Microtráquea La estenosis traqueal congénita se presenta desde el na- cimiento con tos traqueal, dificultad respiratoria y estridor de tipo bifásico; frecuentemente, presenta neumopatías a repetición. En ocasiones, coincide con malformaciones en otras partes del organismo. El tratamiento varía desde una actitud expectante hasta su corrección quirúrgica. Diafragma laríngeo con estenosis Se trata de una enfermedad en la cual, el lactante pre- senta estridor inspiratorio o bifásico, dificultad respirato- ria de grado variable y tos crupal. La membrana ubicada en los extremos anteriores de las cuerdas vocales puede llegar a ocupar dos tercios de la glotis. El tratamiento, dependiente del grado de obstrucción y de la estenosis, variará entre un control expectante, dilataciones laríngeas o traqueostomía, hasta la implementación de diversas téc- nicas quirúrgicas para su corrección. Diafragma laríngeo sin estenosis En este caso, el recién nacido presenta llanto áfono sin dificultad respiratoria. El tratamiento variará desde una actitud contemplativa hasta la resección de la membrana con láser u otras técnicas quirúrgicas. Hendidura laríngea En esta patología, el recién nacido tiene llanto áfono, estridor y crisis de ahogos durante la alimentación por aspiración de los líquidos a la vía aérea y la consiguiente neumopatía aspirativa. La hendidura puede ser sólo in- teraritenoidea, cricoidea parcial o total e incluso traqueal completa (incompatible con la vida ya que el alimento pasa masivamente a la vía aérea), variando por ello el tra- tamiento, desde la expectativa armada a veces con rehabi- litación de la deglución o la realización de una traqueosto- mía hasta la corrección quirúrgica por cervicotomía. Angioma subglótico El angioma subglótico comienza hacia los cuarenta días de vida, en forma progresiva, con estridor y tiraje ins- piratorios, asociados a tos ronca; rara vez hay disfonía o alteración del llanto. Afecta a 1/1 000 nacimientos y pre- domina en el sexo femenino (2:1). Entre el 50% y el 70% tienen angiomas en otras partes del cuerpo. El examen endoscópico revela un tumor duro, rojizo, cubierto de mucosa normal a nivel subglótico (80% es posterolate- ral izquierdo o bien en herradura). La radiología pue- de mostrar la convexidad subglótica. Puede presentar períodos de remisiones y exacerbaciones. El tratamien- to consiste en mantener la funcionalidad de la vía aé- rea y varía entre una conducta expectante (aguardando la remisión espontánea y el crecimiento de la laringe) y de ser necesario administrar prednisona a razón de 2 mg/kg/día por 15 días; intubación orotraqueal y ex- cepcionalmente, una traqueostomía hasta que el diáme- tro de la vía aérea sea el adecuado para mantener dicha vía permeable. En aquellos pacientes con sintomatología persistente por más de 18 a 24 meses se pueden realizar diversas técnicas endoscópicas e incluso, la resección con abordaje por vía externa. Hemangioma Tumor vascular que afecta tanto a los niños como a los adultos y que puede presentarse en forma aislada o difusa; a veces, asociado a la enfermedad de Rendu-Osler-Weber. El examen laríngeo revela una formación moriforme, rojo- oscura, habitualmente supraglótica (en la banda ventricu- lar, el repliegue ariteno-epiglótico y/o el seno piriforme). Histológicamente es de tipo cavernoso capilar. La biopsia está contraindicada. La evolución es discreta y progresiva, por lo que se puede mantener una actitud expectante; en ocasiones emplear inyecciones esclerosantes, rara vez ciru- gía por vía endoscópica o por vía cervical. Quiste laríngeo Lactante con disfonía desde el nacimiento, estridor ins- piratorio y dificultad respiratoria de grado variable, a veces, con trastornos deglutorios. Los estudios radiográficos (per- fil de cuello, TC) muestran una imagen de bordes netos que abomba la luz del vestíbulo laríngeo. Generalmente, son sa- culares (originados en el ventrículo de Morgagni, pero sin comunicación con la luz laríngea) pudiendo ser anteriores o laterales. El tratamiento variará entre la punción del líquido por vía endoscópica con marsupialización del quiste hasta la resección quirúrgica del mismo por cervicotomía. 840 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano y babeo casi permanente. No tragan por el dolor de gargan- ta y están quietos porque la ventilación máxima se logra con la inspiración lenta y pausada. Esta sintomatología puede evolucionar paulatinamente o llegar a la obstrucción en po- cas horas. El examen de las fauces, orofaringe, hipofaringe y laringe revela congestión y edema de las partes compro- metidas. A menudo hay adenopatías cervicales. La radio- grafía de cuello puede revelar el edema supraglótico y el par radiográfico de tórax puede mostrar una neumonía o una atelectasia acompañante. El germen causal predominante es el Haemophilus influenzae aunque en ocasiones se ha aislado Streptococcus pneumoniae, Staphylococcus aureus o estrepto- coco betahemolítico. El riesgo de obstrucción de la vía aérea está latente, por lo que se debe internar al niño, tratar de no manipular la región faríngea por el riesgo de desencadenar un laringoes-pasmo, una reacción vagal e incluso un paro cardiorrespira- torio; se debe asegurar una vía aérea permeable, mantenien- do una expectativa armada con la posibilidad de intubación o traqueostomía si la primera fuera difícil de realizar. Se debe administrar amoxicilina (100-200 mg/kg/día) o cefa- losporinas de 2ª o 3ª generación (cefuroxima o ceftriaxona ) y corticoides en dosis adecuada para que actúen como anti- inflamatorios y antiedematosos. Laringitis subglótica o falso crup Se presenta como un proceso inflamatorio y edemato- so localizado en la subglotis, generalmente con el antece- dente de un cuadro de catarro de vías aéreas superiores. Se discute la etiología viral, bacteriana, alérgica e incluso psicológica. Afecta a niños de 6 meses a 4 años, con pre- dominio del sexo masculino, que 2 a 3 horas después de haberse dormido se despierta con tos seca, crupal, dis- nea inspiratoria de grado variable, con tiraje y cornaje inspiratorios, febrícula, voz y llanto normales, taquipnea de comienzo brusco que puede aparecer aún mientras el niño duerme; también puede presentarse taquicardia y si el cuadro progresa aparece bradipnea inspiratoria, tiraje universal, hipercapnia y cianosis, llegando incluso al colapso cardiorrespiratorio. Puede haber compromiso del nivel de conciencia, tanto depresión como excitación. En ocasiones, es útil la radiografía de perfil de cuello en hiperextensión para objetivar la obstrucción subglótica. Se han descrito diversos niveles de gravedad: �� Grado I: es el más común, presenta un leve rodete subgló- tico y desde el punto de vista clínico hay tos perruna. �� Grado II: hay disminución evidente de la luz glótica y clínicamente hay tiraje y cornaje que aumentan con el llanto y el esfuerzo. �� Grado III: la obstrucción subglótica es casi total, tiene importante disnea en reposo (bradipnea inspiratoria), retracción intercostal con hundimiento esternal, el es- tridor es poco audible, hay sudoración, taquicardia, hi- pertensión, hipercapnia y cianosis tardía. El tratamiento debe enfocarse primero en tranquili- zar a los padres y administrar hidrocortisona 10 mg/kg y prednisona 1-2 mg/kg/día en 4 dosis, hidratar al pacien- te, fluidificar secreciones y no administrar sedantes (para evitar la depresión respiratoria que complicaría la obs- trucción respiratoria presente) ni antiespasmódicos (para Laringocele El laringocele congénito es extremadamente raro. Su ubicación y sintomatología son las mismas que las del quiste laríngeo congénito y se diferencia en los estudios de imágenes por su contenido aéreo (en vez del contenido lí- quido del quiste). Habitualmente no requiere tratamiento. Estenosis subglótica congénita Ya sea por hipoplasia cricoidea, por fibrosis subglótica o por asociación de ambas causas, se manifiesta desde el nacimiento o desde las pocas semanas de vida con un es- tridor inspiratorio a veces bifásico; en ocasiones, disnea a predominio inspiratorio y rara vez, cianosis. Puede co- existir con otras malformaciones (mielomeningocele, im- perforación anal). La radiografía de perfil de cuello puede colaborar con el diagnóstico. El tratamiento variará desde dilataciones periódicas, traqueostomía hasta cirugía por vía externa para corregir la estenosis. PATOLOGÍA FUNCIONAL Parálisis unilateral de cuerda vocal Relacionada con un trauma obstétrico con elongación del plexo braquial, por sufrimiento cerebral perinatal, por cardiopatías (ductus arterioso, tetralogía de Fallot), por corrección quirúrgica de patología cardiovascular o de una fístula traqueoesofágica, y en un 30-40% por causa desconocida; presenta llanto y tos áfonos y a veces, fal- sa ruta al alimentarse. La mayoría evoluciona favorable- mente alrededor del año de edad sin requerir tratamiento, recuperando la movilidad o bien compensando con un sobremovimiento de la cuerda sana; en caso contrario, el mismo dependerá de la posición de la cuerda vocal. Parálisis bilateral de cuerdas vocales Desde el nacimiento el lactante presenta dificultad res- piratoria variable (dependiendo de la posición en abduc- ción o aducción que adopten las cuerdas vocales), a veces episodios de apnea y estridor inspiratorio de tonalidad aguda, que se agrava con los esfuerzos (llanto, succión), siendo el llanto normal. Se la ha observado en casos de hidrocefalia, mielomeningocele, síndrome de Arnold- Chiari, así como también en traumatismos obstétricos. El 80% de los niños mejoran en los primeros 18 meses de vida. Si el desarrollo ponderal es el adecuado y no presen- tan episodios de neumonías aspirativas, el tratamiento es sintomático, evitando infecciones y espesando los alimen- tos; en caso contrario requerirán una traqueostomía y en ocasiones la resección del tercio posterior de una o ambas cuerdas vocales. PATOLOGÍA INFLAMATORIA Laringitis supraglótica o epiglotitis En niños de 2 a 6 años, comienza bruscamente con odi- nofagia, sialorrea, fiebre alta, voz gangosa, dificultad respi- ratoria y estridor leve; además, presenta un cuadro tóxico- infeccioso progresivo que compromete el estado general. Los niños están sentados inclinados hacia delante, con el cuello estirado y la boca abierta, con protrusión de la lengua Sección 11 | Enfermedades respiratorias 841 no resecar la mucosa). Este episodio puede ser aislado o repetirse en noches subsiguientes. Laringotraqueitis aguda Se presenta habitualmente en niños de 2 a 6 años de edad con antecedente de coriza agudo febril en las 48 a 72 horas previas, con estridor inspiratorio, tos seca, crupal y dificultad respiratoria. A veces al cuadro de una laringitis subglótica se agregan síntomas traqueobronquiales. Se considera que puede estar causada por virus como el de la influenza, parainfluenza, virus sincicial respiratorio, mixovirus, rinovirus o adenovirus pudiendo sobreinfec- tarse con S. pneumoniae, S. aureus, H. influenzae o Mo- raxella catharralis. Puede haber ulceración de la mucosa y exudado denso y costroso. En ocasiones se asocia con una bronconeumonía o una atelectasia. El tratamiento consiste en nebulizar con solución salina y budesonida a razón de 0,2 mg/dosis, corticoides por vía oral o in- tramuscular (dexametasona 0,3-0,6 mg/kg/dosis) y en caso de sobreinfección bacteriana, emplear antibióticos de amplio espectro. PATOLOGÍA TUMORAL BENIGNA Nódulos de cuerdas vocales Los nódulos se forman a causa de un fonotraumatismo repetitivo; son bilaterales y simétricos, y se presentan en la unión del tercio anterior con el tercio medio de ambas cuer- das vocales como una lesión blanquecina y redondeada. Se observa habitualmente en niños de edad escolar, con dis- fonía progresiva que empeora con el uso y abuso de la voz y mejora con el reposo vocal. En muchos niños, el proceso mejora espontáneamente con el cambio de la voz en la pu- bertad, por lo que es aconsejable una actitud conservadora con modificación de los hábitos, apoyo psicológico y foniá- trico, eventualmente antiinflamatorios no esteroides y en ocasiones, su resección por microcirugía laríngea. Papilomas laríngeos Con una frecuencia de 1/400, se observan en niños de 2 a 4 años, sin distinción de sexo o raza que consultan por disfonía lenta y progresiva que lleva a la afonía asociada a dificultad respiratoria y estridor a predominio nocturno, que empeoran progresivamente; el llanto es débil o áfono, a veces con tos crónica. Se presentan como proliferaciones de tipo papilar exofíticas, sésiles o pediculadas, blanco- grisáceas, friables que asientan en cualquier sitio de la la- ringe, y se comprobó que un 30% pueden diseminarse por fuera de la laringe, tanto en la cavidad oral como en la trá- quea y bronquios. Son causadas por el virus del papiloma humano (HPV), habitualmente de los tipos 6 y 11, sien- do este último el responsable de mayor obstrucción de la vía aérea. En ocasiones existe el antecedente de papilomas en genitales maternos. A veces no son diagnosticados y al niño se lo cataloga como asmático, concrup a repetición o como un bronquial crónico. Tienen tendencia a la multi- plicidad y a la recurrencia, asentando principalmente en la zona de cambio de epitelios, y existe una relación directa entre papilomas e inmunodeficiencia, así como también ante la presencia de reflujo gastroesofágico. Es una patología frustrante, con alta morbilidad por las recurrencias (que se explicarían por la presencia del virus latente en el tejido sano), en la que se debe tener presen- te que la traqueostomía favorece la implantación viral en la tráquea y que la irradiación favorece la malignización. Desde el punto de vista terapéutico, se ensayaron diferentes tratamientos médicos pero el que se considera más efecti- vo consiste en la cuidadosa resección quirúrgica (con pinza y/o láser de CO2) teniendo presente que probablemente serán necesarios nuevos procedimientos, por lo que es de suma importancia que no se produzcan cicatrices retrácti- les, sinequias o estenosis. En ocasiones, la curación se pro- duce espontáneamente al llegar a los 8 o 10 años de edad. PATOLOGÍA TUMORAL MALIGNA Es excepcional en los niños. Sin embargo se han descri- to casos de neurofibromatosis, neuroblastomas embriona- rios y aun de carcinoma escamoso o rabdomiosarcomas. En estos casos los síntomas dependerán de la región la- ríngea afectada (predominio de síntomas deglutorios en supraglotis y de tipo fonatorio y obstructivo en glotis). PATOLOGÍA EXTRÍNSECA Arco vascular (disfagia lusoria) Desde el nacimiento presenta estridor bifásico, dificul- tad respiratoria variable, disfagia para sólidos, aspiración de líquidos a vía aérea y neumopatías aspirativas. Un ca- yado aórtico doble u otra malformación vascular pueden estar ubicados entre la tráquea y el esófago, provocando la compresión extrínseca de la primera. Dependiendo de la gravedad, se puede esperar la evolución, realizar una tra- queostomía o colocar un stent. Compresión traqueal extrínseca Además de las anomalías vasculares, diversas pato- logías cervicales y mediastínicas pueden comprimir la tráquea (timo, glándula tiroides, higromas quísticos, quistes broncogénicos o tumores mediastinales), produ- ciendo síntomas que dependerán de la localización y del tipo de compresión. La TC y la RM son de gran utilidad para el diagnóstico. El tratamiento quirúrgico dependerá del factor causal. CUERPOS EXTRAÑOS Un cuerpo extraño puede ser aspirado o deglutido, corresponder a elementos exógenos (inorgánicos como monedas, orgánicos como semillas) o aun endógenos (ali- mentos, restos de tejidos). Son responsables de diversos cuadros clínicos que varían entre un episodio asfíctico agudo hasta procesos crónicos con diagnóstico descono- cido. Muchos elementos son radiopacos, motivo por el cual la radiografía de cuello y de tórax puede confirmar el diagnóstico, aunque si son radiotranslúcidos puede haber signos indirectos que colaboren con el diagnóstico. Las monedas son los cuerpos extraños más frecuentemente ingeridos y los alimentos, los más aspirados. Merecen una mención especial las baterías, que pueden llegar a tener un pH de 12, llegando a producir hasta un 45% de electro- litos alcalinos que producen lesiones por licuefacción del 842 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano Cuerpo extraño en esófago Habitualmente son niños menores de cinco años que a partir del momento de la ingesta presentan disfagia que puede llegar a la afagia, sialorrea, dolor cervical, en ocasiones crisis de tos y ahogo, en ocasiones neumopa- tías a repetición, y muy rara vez compresión traqueal. Se trata de juguetes, monedas, alfileres. Habitualmen- te quedan detenidos por debajo del cricofaríngeo y con menor frecuencia en el tercio inferior del esófago, desde donde deberán ser extraídos endoscópicamente; cuando ya pasaron el cardias, y salvo que sean largos (clavos), serán eliminados con la materia fecal. Síndrome obstructivo laríngeo agudo (SOLA) Es el conjunto de síntomas y signos que reflejan un in- suficiente pasaje de aire a través de la laringe, determinan- te de la presentación de un cuadro de insuficiencia respi- ratoria obstructiva. Desde el punto de vista etiológico, hay que consi- derar las malformaciones congénitas (laringe hendida, atresia de laringe, hipertrofia cricoidea, sinequias y dia- fragmas), las alteraciones funcionales (parálisis laríngea bilateral congénita o adquirida), las alteraciones infla- matorias, infecciosas y alérgicas (laringitis supraglóti- ca, laringitis subglótica, edema de glotis), los cuerpos extraños (respiratorios y digestivos), los traumatismos (externos o internos) y los tumores (benignos o malig- nos). Los síntomas y signos pueden dividirse en esen- ciales como ser bradipnea inspiratoria, tiraje y estridor inspiratorio, así como el descenso inspiratorio de la la- ringe, y otros secundarios como la respiración paradojal, el aleteo nasal, tos crupal y la cianosis. El diagnóstico se realizará de acuerdo a los antecedentes y síntomas, y de- pendiendo del grado de obstrucción se podrá completar el estudio con imágenes; en caso contrario se procederá a efectuar el tratamiento correspondiente, teniendo pre- sente que el primer estamento es asegurar la permeabi- lidad de la vía aérea, con corticoides, intubación o tra- queostomía y luego corregir la patología que ocasionó el cuadro obstructivo. tejido; si además tienen mercurio en su composición po- drían causar una intoxicación aguda por mercurio. Luego de su extracción se debe observar si han dejado quema- duras en el tejido. En los niños la extracción debe hacer- se bajo anestesia general con personal entrenado y con el instrumental adecuado, ya que el riesgo de una complica- ción puede ser más perjudicial que la demora en resolver el problema en un lugar adecuado. Cuerpo extraño en laringe Un niño que, en estado de salud, presenta desde disfo- nía a afonía brusca, dificultad respiratoria de grado varia- ble con tiraje y cornaje inspiratorios. Cuando se enclavan en la glotis y producen una obstrucción total, son causan- tes de una muerte súbita. Si el estado del niño lo permi- te es factible realizar radiografías mediante las cuales se pueda observar el cuerpo extraño (si es radiopaco) y su ubicación; en caso contrario se procederá a la exploración endoscópica y la remoción del mismo. Cuerpo extraño en bronquio En este caso, el niño con el antecedente de una crisis de ahogo (pero que si estaba dormido puede pasar inadverti- da), que se presenta con tos seca o productiva, sibilancias, en ocasiones disminución de la entrada de aire y en otras atrapamiento aéreo, polipnea y a veces hemoptisis, puede tener un cuerpo extraño en el bronquio. Puede tratarse de elementos inorgánicos (plásticos, alfileres, juguetes) u orgá- nicos (maní, cáscara de huevo). El par radiográfico de tórax podrá identificar al objeto (si es radiopaco) y demostrar la patología ocasionada. Se procederá a extraer el cuerpo ex- traño por vía endoscópica, siendo a veces necesario el em- pleo de un biplano radioscópico para guiar la extracción. En raras ocasiones, principalmente si el cuerpo extraño está alojado desde tiempo atrás o está muy periférico, puede requerir su extracción por toracotomía. Todo niño con ate- lectasia focal recidivante crónica, neumopatías a repetición y sibilancias continuas, debe ser sospechoso de portar un cuerpo extraño, al igual que aquel que presenta empeora- miento continuo de un cuadro de asma previo. 11.10 Bronquitis aguda Ricardo Dalamón � Raúl O. Ruvinsky INTRODUCCIÓN La bronquitis aguda, una de las causas más comunes de compromiso de la vía aérea, es una inflamación aguda del árbol bronquial. Es infrecuente como única localiza- ción, ya que generalmente está acompañada por otras afecciones de las vías respiratorias, particularmente la nasofaringe y la tráquea (traqueobronquitis). También suele acompañar a otros cuadros tales como coqueluche, sarampión o influenza. Como entidad aguda y primaria se observa con mayor frecuenciaen niños mayores y en los adolescentes. EPIDEMIOLOGÍA La edad más frecuente de presentación es entre los seis meses y los tres años, con un pico a los dos años. Predomina en varones y su máxima incidencia es en oto- ño y comienzo del invierno. La etiología es generalmente viral, transmitiéndose por contacto directo a través de Sección 11 | Enfermedades respiratorias 843 las secreciones respiratorias, con un período de incuba- ción corto. La bronquitis de etiología bacteriana, de evolución prolongada y que sigue a una infección viral, es más pro- bable en la edad adulta que en la infancia. PATOGENIA La inflamación de la vía aérea superior, con el corres- pondiente edema, causa alteraciones que con la evolución, provocan aumento de las secreciones. La acción de los vi- rus respiratorios provoca cambios importantes en la su- perficie mucosa del árbol bronquial: �� Se alteran los mucopolisacáridos ácidos de superficie, transformando las secreciones de sol a gel, con espesa- miento de las mismas, formando tapones mucosos que obstruyen la vía aérea. �� Se destruyen las vellosidades de la célula epitelial o cambia su código genético, lo que favorece la acumula- ción de secreciones mucosas contaminadas con bacte- rias que colonizan habitualmente la vía aérea: Strepto- coccus pneumoniae, Haemophilus influenzae, que son los habituales agentes causales de las neumonías. Mediante los esfuerzos de la tos se intenta la elimina- ción de estos tapones espesos de moco al exterior, por lo que es conveniente respetar el reflejo tusígeno, principal mecanismo de defensa del árbol bronquial. HALLAZGOS CLÍNICOS Las manifestaciones clínicas dependen del momento evolutivo y de la edad del paciente. Generalmente, la bronquitis aguda es precedida por una inflamación de las vías respiratorias superiores, con rinitis y faringitis. Con el edema y la acumulación de las secreciones bronquiales se produce un estrechamiento de la vía aérea. Raramente algunos pacientes llegan a tener una marcada disminución de la entrada de aire, con dificul- tad respiratoria. Esta evolución se ha observado particu- larmente en lactantes con coqueluche, que, en ocasiones han llegado a la muerte por encefalopatía hipóxica, rela- cionada con la toxina pertussis. En otras circunstancias, es más probable que estos cuadros tan graves se relacio- nen con un compromiso obstructivo de la pequeña vía aérea inferior (bronquiolitis) o que sea de causa restric- tiva (neumonía). Inicialmente la tos es seca y luego se hace productiva, a veces paroxística, con sequedad de garganta y dolor torá- cico retroesternal. La tos sofocante suele despertar al niño, y evoluciona en 2 ó 3 días a tos productiva, con expectora- ción que varía desde una descarga serosa a mucopurulen- ta. Particularmente, los adenovirus presentan estas carac- terísticas en los primeros 5 días de evolución. A la auscultación, el niño presenta roncus y rales hú- medos gruesos, habitualmente diseminados. Cuando se detectan rales finos, espiración prolongada y/o sibilancias, se debe pensar en localización bronquiolar (véase capítulo Bronquiolitis). El niño con bronquitis aguda difícilmente presente un compromiso del estado general, dificultad respiratoria o secreciones purulentas que persistan más de 5 días; si esto sucede, generalmente está relacionado a una sobreinfec- ción bacteriana. Esta complicación es más frecuente en adultos y pocas veces se observa en niños. ETIOLOGÍA La mayor parte de las bronquitis agudas son causadas por los virus respiratorios parainfluenza tipos 1, 2 ó 3, sincicial respiratorio, influenza A, influenza B, adenovi- rus, rinovirus o sarampión. Virus tales como enterovirus y otros como Epstein-Barr, citomegalovirus son causa me- nos probable de bronquitis, al igual que Mycoplasma pneu- moniae, bacteria atípica a la que bronquitis puede estar asociada. En lactantes del primer cuatrimestre puede ser provocada por Chlamydia trachomatis. Los agentes bacte- rianos más frecuentemente relacionados con bronquitis son: Bordetella pertussis, Bordetella parapertussis, Strepto- coccus pneumoniae, Haemophilus influenzae. DIAGNÓSTICO El diagnóstico de esta patología es predominantemen- te clínico. Los estudios de laboratorio generalmente son inespecíficos. La radiografía de tórax muestra engrosa- miento de las paredes bronquiales. El cultivo de secreciones no se practica de rutina por el grado de contaminación con la flora bacteriana habitual de la zona orofaucial. EVOLUCIÓN La bronquitis aguda es un proceso benigno que se cura aproximadamente en una a dos semanas. Los niños sanos presentan pocas complicaciones y la sobreinfección bac- teriana es infrecuente, no así en los pacientes desnutridos que pueden presentar complicaciones como neumonía, otitis media aguda o sinusitis. Los accesos de tos provocados por las secreciones pue- den acompañarse de náuseas o vómitos. Cuando la tos se hace más productiva, el esputo deja de ser claro para con- vertirse en purulento y al cabo de una semana o diez días, el moco se aclara y la tos va cediendo. El adenovirus produce típicamente una tos productiva con descarga mucopurulenta que suele confundirse con proceso bacteriano. TRATAMIENTO Es sintomático y generalmente ambulatorio. Se debe tra- tar la hipertermia mayor de 38° C, asegurando una adecuada hidratación, con la precaución de no suministrar un exceso de líquidos. Si el paciente tiene tos persistente y vómitos, se le ofrecerán alimentos en forma fraccionada y en pequeños volúmenes. La kinesioterapia está indicada en casos en que la tos no sea efectiva para el drenaje de las secreciones. Los antihistamínicos y drogas antitusivas no deben usarse debido a que desecan las secreciones y comprome- ten la función ciliar, suprimiendo el mecanismo de defen- sa más eficaz de que dispone el aparato respiratorio. Los expectorantes como el yoduro de potasio y clo- ruro de amonio no demostraron tener un efecto tera- péutico útil y por el contrario, pueden ser dañinos. El fosfato de codeína o el clofedianol están contraindicados en niños pequeños con tos productiva. Su utilización se 844 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano INTRODUCCIÓN Y DEFINICIÓN La bronquiolotis es una enfermedad aguda de origen vi- ral que afecta generalmente a niños menores de dos años, con mayor frecuencia a los lactantes menores de 6 meses; tiene alta incidencia en el período invernal y ligera predomi- nancia en el sexo masculino. Es un síndrome infeccioso que se presenta inicialmente con síntomas de la vía aérea supe- rior y progresa con compromiso de las vías aéreas inferiores. En la práctica diaria se asume el diagnóstico de bronquio- litis en todo niño menor de dos años que, por primera vez, cursa un cuadro de obstrucción bronquiolar en un contexto epidémico y clínico viral. Dada la similitud clínica, resulta difícil diferenciarla de un primer episodio de asma y de una exacerbación desencadenada por una virosis en un niño pe- queño con diagnóstico presuntivo de asma. ETIOLOGÍA Y FACTORES DE RIESGO Los agentes causales más frecuentemente identificados en la bronquiolitis son: virus sincicial respiratorio (VSR), influenza A y B, parainfluenza 1, 2 y 3 y adenovirus. Ac- tualmente, se atribuye un rol en esta patología a virus co- munes del resfrío (rinovirus, coronavirus y picornavirus). El metapneumovirus tendría un rol preponderante como agente etiológico, pero en nuestro medio no se lo iden- tifica rutinariamente. También se han descrito casos por Bordetella pertussis, Clamydia trachomatis, Mycoplasma pneumoniae y Moraxella catarrhalis. Pueden producirse infecciones mixtas, asociándose más frecuentemente con Streptococcus pneumoniae o Haemophilus influenzae tipo b. Universalmente, el VSR es el agente causal más frecuente y, junto con el de la influenza, son epidémicos y estacio- nales, inician su actividad en otoño, con pico invernal y desaparecen en la primavera. Parainfluenza y adenovirus puedenser detectados todo el año con mayor incidencia en otoño e invierno. Existen distintos factores de riesgo implicados en la prevalencia o gravedad de la enfermedad, dependiendo de las características del huésped, del ambiente o del agente causal. Tendrán más posibilidades de padecer la enferme- dad los niños que viven en condición de hacinamiento, con 11.11 Bronquiolitis Ana María Balanzat � Marcela Roque � Adriana Márquez contaminación ambiental y escasa ventilación, expuestos al humo del cigarrillo o braseros, así como aquellos con concurrencia temprana a guarderías. Evaluando ciertas características del huésped, se sabe que es mayor el riesgo de presentar estos episodios con carencia de lactancia materna, ser prematuro o haber nacido durante el primer semestre del año (hemisferio sur), concurrir a guarderías o vivir en lugares hacinados o contaminados con humo de cigarrillo u otros produc- tos de combustión. Se ha mostrado mayor prevalencia de infecciones respiratorias agudas en hijos de madres adolescentes o de bajo nivel de instrucción con desco- nocimiento de las pautas básicas de puericultura. Los niños menores de tres meses, los prematuros, los des- nutridos, aquellos con enfermedad pulmonar crónica, inmunodeficiencias o cardiopatías congénitas tienen riesgo de padecer esta enfermedad con mayor gravedad y con riesgo de mayor morbimortalidad, por lo cual es fundamental identificarlos y extremar las medidas de prevención (Tablas 1 y 2). Durante los meses de otoño e invierno la alta prevalen- cia de esta patología causa gran número de consultas am- bulatorias. En la población de niños sin factores de riesgo la tasa de infección es muy elevada, generando numerosas internaciones; sin embargo, las internaciones más prolon- gadas y con mayor nivel de gravedad afectan a los niños con los factores de riesgo antes descriptos. ETIOPATOGENIA El tipo de lesión y las manifestaciones clínicas son pro- bablemente secundarios a la combinación de los siguien- tes mecanismos: �� Tropismo o afinidad de los virus por las células del epi- telio bronquial. �� Virulencia o efecto destructor a nivel celular con lisis celular. �� Aumento del tono broncomotor asociado a disminu- ción del calibre de las vías aéreas por edema, inflama- ción y detritus celulares. �� Respuesta inmune del huésped. limita a los niños mayores con síndrome coqueluchoide persistente. Los broncodilatadores sólo se usarán si el niño presenta dificultad respiratoria progresiva de tipo obstructivo, acon- sejándose preferentemente en nebulizaciones durante un corto tiempo, con salbutamol o fenoterol 0,5%, en dosis de 0,015 mg a 0,025 mg/kg/dosis en 1 ó 2 mL de solución fisiológica cada 4 a 6 horas. Los corticoides tendrán indica- ción solamente en pacientes con compromiso grave. Los antibióticos generalmente no acortan la evolución, ni disminuyen la incidencia de las complicaciones bacte- rianas. Están indicados cuando la evolución clínica orien- ta a una sobreinfección bacteriana, para lo cual, se podrá utilizar amoxicilina como antibiótico electivo. Las nuevas vacunas específicas conjugadas anti-Hae- mophilus influenzae tipo b y anti-neumocócica podrían disminuir la incidencia de infecciones graves produci- das por estas bacterias. Sección 11 | Enfermedades respiratorias 845 11.11 Tabla 2 Factores de riesgo de IRAB* �� Edad menor de 3 meses �� Inmunodeficiencias (si se trata de sida considerar los gérmenes prevalentes en este grupo) �� Cardiopatías congénitas �� Enfermedades pulmonares crónicas �� Prematurez/Bajo peso al nacer �� Desnutrición IRAB: infecciones respiratorias agudas bajas. *Adaptado Consenso SAP 2006. El mecanismo responsable de la lesión de las vías aéreas es el efecto citopático viral directo después de la interacción celular entre el virus y el huésped y el efecto indirecto mediado por mecanismos inmunológicos. Estos mecanismos varían según el agente etiológico; el VSR es un virus poco destructivo in vitro pero que tiene una gran afinidad por el epitelio bronquiolar. El virus se transmi- te en forma directa por secreciones contaminadas de un paciente enfermo o por medio de fomites y se elimina en secreciones respiratorias durante 3 a 8 días. La inocula- ción se produce a través de la mucosa nasal. Luego de un período de incubación asintomático de 2 a 8 días aparecen síntomas de infección de vías aéreas superiores, y por aspi- ración de las secreciones infectadas, prosigue la infección respiratoria baja. Se produce necrosis de células ciliadas, con migración e infiltración tisular de células plasmáticas, leucocitos polimorfonucleares y macrófagos. Estas células liberan mediadores químicos, que alteran la permeabili- dad endotelial, los enlaces epiteliales y el transporte de iones. Con la migración celular adicional se propaga la in- flamación, asociada a edema. Los receptores �2 agonistas y muscarínicos, expuestos por lisis celular, condicionan un incremento del tono broncomotor. La acumulación de secreciones y detritos en la luz bronquial son causas de obstrucción endoluminal de las vías aéreas periféricas y generan alteraciones de la ventilación/perfusión. Las ate- lectasias (microatelectasias, segmentarias o lobares) son frecuentemente observadas como consecuencia del proce- so descripto. Otro mecanismo de obstrucción bronquial es la contracción del músculo liso bronquial (broncoes- pasmo) por anormalidades de los sistemas adrenérgico y colinérgico y el sistema no-adrenérgico/no-colinérgico. Los mecanismos patogénicos en la bronquiolitis per- manecen todavía indefinidos. La capacidad de recupera- ción después de la infección con VSR se relaciona con los niveles secretorios de IgA, IgG e IgM y de anticuerpos dependientes de la citotoxicidad mediada por células, que pueden ser parcialmente responsables de los síntomas le- ves observados en las reinfecciones. En nuestro medio, las bronquiolitis secundarias a adenovirus, especialmente el serotipo 7H, pueden cursar con una evolución grave y tór- pida, condicionando la aparición de una grave enfermedad pulmonar obstructiva crónica que se analiza con mayor detalle en el capítulo “Enfermedad pulmonar crónica”. DIAGNÓSTICO Clínico Suele comenzar con rinorrea, tos y febrícula. Entre el tercer y quinto día aparecen signos de dificultad respiratoria de gravedad variable, con signos de síndrome de obstrucción bronquial. Si bien la forma “bronquiolítica” con espiración prolongada, sibilancias, tiraje y aleteo nasal es la forma más frecuente, en ocasiones, puede presentarse con compromiso laringotraqueal, tos de tipo coqueluchoide y/o emetizante o formas neumónicas. La fiebre puede ser elevada y prolonga- da. Habitualmente la evolución es favorable en el lapso de 7 a 10 días. Los lactantes pequeños pueden presentar apneas, y requerir internación en unidades de cuidados intensivos En los cuadros de mayor gravedad la disnea es progresiva, asociada a cianosis e hipoxemia, y puede evolucionar al fallo respiratorio. Puede haber marcada taquicardia y trastornos hidroelectrolíticos, por aumento de secreción de hormona antidiurética (HAD) seguida de hiperreninemia con sub- secuente hiperaldosteronismo secundario. La escala clínica de Tal es de utilidad para cuantificar la gravedad del com- promiso respiratorio. Utiliza como variables los siguientes parámetros: frecuencia cardíaca (FC), la frecuencia respira- toria (FR), sibilancias y el uso de músculos accesorios cuan- do el paciente tiene tiraje. La Tabla 3 grafica estas cuatro variables que definen los niveles de gravedad para cada una de ellas. La suma del puntaje obtenido (entre 0 y 12 puntos) permite clasi- ficar la gravedad del cuadro clínico, inferir probable grado de insuficiencia respiratoria (saturometría O2) y orientar conductas terapéuticas (Tabla 4). Radiología La radiografía de tórax no es patognomónica ni permi- te confirmar el diagnóstico. Se suele encontrar hiperinsu- flación torácica difusa con volumenpulmonar aumentado, hiperlucencia, aplanamiento de los diafragmas y bronco- grama aéreo con un infiltrado intersticial. Frecuentemen- te, pueden observarse atelectasias segmentarias o subseg- 11.11 Tabla 1 Factores de riesgo para padecer infección respiratoria* Del huésped Falta de lactancia materna Vacunación incompleta Prematurez/bajo peso al nacer Desnutrición Del medio Hacinamiento Época invernal Asistencia a guardería Madre analfabeta funcional o adolescente Contaminación ambiental domiciliaria: tabaco, consumo de biomasa para calefacción o cocina *Adaptado Consenso SAP 2006. 846 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano mentarias o adenomegalias (adenovirus). Un patrón de ocupación del espacio alveolar, con consolidación segmen- taria o lobar asociado a semiología de condensación orien- ta hacia el diagnóstico de forma neumónica de infección respiratoria aguda viral (Figura 1). Estudios de laboratorio Mediante la inmunofluorescencia indirecta (IFI) de material obtenido por aspiración de secreciones nasofa- ríngeas puede identificarse rápidamente el virus causal. Es una técnica rápida, específica, sensible, accesible, siendo la toma de la muestra sencilla. No se realiza de rutina en pa- cientes ambulatorios. La prueba serológica de fijación del complemento con muestras pareadas tomadas con diez a quince días de intervalo permite la detección de anticuer- pos específicos, que son solicitados excepcionalmente. El hemograma puede mostrar leucocitosis con desviación a la izquierda, no es patognomónico y no debe pedirse de rutina salvo sospecha de anemia. Medición de la suficiencia respiratoria La oximetría de pulso es una herramienta útil para de- tectar si el paciente necesita oxígeno y monitorear la evo- lución del paciente hospitalizado. Se solicitarán gases ante la sospecha de insuficiencia respiratoria grave. La hiper- capnia (PaCO2 > de 45mmHg) es un indicador de riesgo y gravedad, especialmente si se asocia con acidemia. TRATAMIENTO La mayor parte de los niños con bronquiolitis es tratada ambulatoriamente; deben ser internados sólo los niños con dificultad respiratoria grave con o sin cianosis, apneas, difi- cultad para alimentarse, con 9 o más puntos en la escala de Tal o puntaje de 6 o más, después del tratamiento secuen- cial con �2 agonistas. Se evaluará la necesidad de hospita- lizar a aquellos que, por su situación socioeconómica, cul- tural o con dificultades en el acceso a los servicios de salud no puedan ser adecuadamente controlados en su domicilio. Pautas de tratamiento Al responsable del niño controlado de manera ambula- toria se le deben comunicar muy claramente las pautas de alarma, los signos de deterioro y los criterios para acudir a los servicios de emergencias como por ejemplo, un incre- mento de los síntomas de dificultad respiratoria, un decai- miento marcado, signos de somnolencia, incapacidad de alimentarse o recibir líquidos, etc. Tratamiento sintomático El tratamiento sintomático incluye medidas para hi- dratar al paciente, la búsqueda de la posición más cómoda, la indicación de antitérmicos y la oxigenoterapia. �� Hidratación: se le indicará al responsable que le ofrezca abundantes líquidos por boca. Si el paciente no recibe 11.11 Tabla 3 Puntaje clínico de gravedad en obstrucción bronquial. Escala modificada de Tal y cols. (Adaptado Consenso SAP, 2006) Puntaje FC FR Sibilancias Uso de músculos accesorios < 6 meses > 6 meses 0 < 120 < 40 < 30 No No 1 120-140 40-55 30-45 Fin de la espiración Leve intercostal 2 140-160 55-70 45-60 Inspiración y espiración Tiraje generalizado 3 > 160 >70 >60 Sin estetoscopio Silencio respiratorio Tiraje + aleteo nasal 11.11 Tabla 4 Niveles de gravedad según puntaje de Tal y cols. Leve ≤ 4 puntos Saturometría probable: > 95% Moderado De 5 a 8 puntos Saturometría probable: 92-95% Grave ≥ 9 puntos Saturometría probable: < 92% 11.11 Figura 1 Bronquiolitis por VSR. Se observa insuflación bila- teral y consolidación segmentaria paracardíaca del lóbulo inferior derecho. Sección 11 | Enfermedades respiratorias 847 vorable, sin embargo, no existe suficiente evidencia para su administración rutinaria en estos pacientes. Corticoides Si bien en la práctica diaria la administración de corti- coides orales es frecuente en estos pacientes se debe recal- car que no se ha demostrado beneficio y no hay evidencias que justifiquen su indicación. Varios estudios han intenta- do validar su uso, pero recientes metaanálisis no constata- ron diferencias de impacto clínico (intensidad o duración de los síntomas, complicaciones, tiempo de oxigenotera- pia, tasa o número de días de hospitalización). Tampoco se pudo constatar que pudieran tener impacto favorable en la evolución posterior de la enfermedad, sin haber lo- grado reducir la frecuencia de síntomas, el número o la cantidad de episodios de sibilancias posteriores al alta. Tratamiento antiviral: ribavirina La ribavirina es un fármaco de uso restringido en la bronquiolitis por VSR. Su uso se limita sólo para aquellos pacientes con factores de riesgo para infección respiratoria aguda baja grave, tales como niños con cardiopatías congé- nitas complicadas, displasia broncopulmonar (DBP), enfer- medad pulmonar obstructiva crónica, inmunodeficiencias, etc. Se administra en forma nebulizada por 18 horas al día, presenta toxicidad para el personal de salud y es teratogénica para madres gestantes que se encuentren cerca del paciente. Nunca estuvo comercializada en nuestro país. Kinesiología y aspiración de secreciones No debe utilizarse de rutina; es de utilidad en el pa- ciente internado sólo si el niño tiene muchas secreciones bronquiales con tos escasa y/o ineficiente. PROFILAXIS Las medidas de prevención son fundamentales: �� Evitar contactos con fuente infectante para los niños con factores de riesgo de infecciones respiratorias agu- das bajas (IRAB) grave. �� Aislamiento de los pacientes con diagnóstico de bron- quiolitis durante la internación. la cantidad de líquidos necesarios, sea por rechazo o por vómitos, debe considerarse la hospitalización. Si la taquipnea se incrementa, con FR mayor de 60 por mi- nuto, se suspenderá el aporte oral y se instaurará apor- te parenteral de acuerdo a necesidades basales y déficit previo, si lo hubiera. �� Posición: debe ser la más confortable para el niño, en general, semisentado. �� Antitérmicos: paracetamol si presenta síndrome febril. �� Oxigenoterapia: durante la internación se administra- rá oxígeno mediante mascarillas, cánulas nasales (“bi- goteras”), halos o máscara con reservorio con el fin de mantener una saturación mayor al 92-95%. En caso de mayor gravedad (formas graves, prolongadas con ago- tamiento muscular y con hipercapnia e hipoxemia no bien controlada con oxígeno) se considerará indicación de asistencia respiratoria mecánica. Tratamiento farmacológico Broncodilatadores Si bien existen controversias respecto a la eficacia de los alfa-agonistas y beta-agonistas en pacientes con bron- quiolitis, existen algunas evidencias que justifican su uso. La norma nacional para el tratamiento inicial del lac- tante con síndrome de obstrucción bronquial propone un algoritmo basado en la clasificación de la gravedad del epi- sodio, utilizando la escala o puntaje clínico de gravedad, índice de Tal antes mencionado, e intervenciones terapéu- ticas mediante la administración secuencial de salbutamol con reevaluación posterior. Así, el pediatra es orientado con respecto a la toma de decisión para tratamiento am- bulatorio y el niño regresa a su hogar o, si debe, eventual- mente, ser hospitalizado (Tabla 5). El salbutamol se administrará preferentemente median- te aerosoles presurizados de dosis medida, usando cáma- ras espaciadoras con máscara adecuada para el paciente. También es factible administrarlo mediante nebulización, utilizándolo en solución al 5%, de 1/2 a 1 gota/kg/dosis en 3 mL de solución fisiológica. En algunos estudios, el usode epinefrina nebulizada ha sido evaluado con respuesta fa- 11.11 Tabla 5 Conductas terapéuticas según puntaje de Tal y cols. Primera evaluación (inicial) Puntaje ≥ 4: el niño recibe tratamiento ambulatorio; regresa a su hogar medicado con salbutamol (1 dosis c/4-6 horas) Puntaje ≥ 9: el niño requiere internación Puntaje entre 5-8: administración de salbutamol inhalatorio 1 dosis cada 20 minutos, máximo 3 dosis; administrar oxígeno en caso de puntaje ≥ 7. Segunda evaluación (una hora después de la inicial) Puntaje ≤ 5: el niño recibe tratamiento ambulatorio; regresa a su hogar medicado con salbutamol (1 dosis c/4-6 horas) Puntaje > 9: el niño requiere internación Puntaje entre 6-8: administración de salbutamol inh. 1 dosis cada 20 minutos, máximo 3 dosis; administrar oxígeno en caso de puntaje ≥ 7 Tercera evaluación (dos horas después de la inicial) Puntaje ≤ 5: el niño recibe tratamiento ambulatorio; regresa a su hogar medicado con salbutamol (1 dosis c/4-6 horas) Puntaje ≥ 6: el niño requiere internación 848 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano �� Lavado de manos. �� Antisepsia de la membrana del estetoscopio. �� Evitar absolutamente la exposición pasiva al humo de cigarrillo. �� Promover lactancia materna. En los niños prematuros con edad gestacional menor de 28 semanas, peso inferior a 1 000/1 500 g con clínica de displasia broncopulmonar o cardiopatías congénitas, es conducente administrar profilácticamente el anticuerpo monoclonal an- ti-VSR (Palimizumab) durante la época de mayor incidencia estacional (5 dosis, de abril a septiembre, 15 mg/kg/dosis). Esta estrategia, de un costo elevado, permite reducir la grave- dad de la infección y el número de internaciones. Probablemente en los próximos años se podrá contar con una vacuna anti-VSR, aunque en la actualidad, su desarrollo se ha retrasado debido eventos adversos graves que han teni- do lugar en el curso de los estudios de investigación clínica. SECUELAS Un porcentaje de niños que han padecido bronquioli- tis por VSR pueden presentar posteriormente sibilancias recurrentes de intensidad y frecuencias variables. En caso de evolución tórpida, con hipoxemia persistente, puede desarrollarse una bronquiolitis necrosante que, después de su reparación, se convierte en obliterante. En nuestro medio en general este cuadro es debido a los adenovirus, especialmente el 7H, y se denomina “enfermedad pul- monar crónica posviral” (EPCPV). El daño pulmonar se manifiesta mediante insuficiencia respiratoria crónica, oxigenodependiente con o sin hipercapnia, imágenes ra- diológicas persistentes, daño alveolar difuso, alteraciones funcionales elasticorestrictivas con obstrucción fija de la vía aérea y escasa respuesta a los �2 agonistas. Debido al grave daño estructural, estos niños muestran escasa mejo- ría funcional posterior. Definición Siguiendo a la Iniciativa Global para el Asma (GINA, Global Initiative for Asthma-2006 NHLBI/WHO Works- hop Report) se define al asma como “un trastorno inflama- torio crónico de las vías aéreas en el cual muchas células desempeñan un papel importante, especialmente los masto- citos, eosinófilos y linfocitos T. En individuos susceptibles, esta inflamación provoca episodios recurrentes de sibilan- cias, disnea, opresión torácica y tos, especialmente durante la noche y/o a primera hora de la mañana. Estos síntomas usualmente se asocian con una limitación generalizada y variable al flujo aéreo, la cual es, en parte, reversible, ya sea en forma espontánea o con tratamiento. Esta inflamación también genera un aumento asociado de la reactividad de las vías aéreas ante una variedad de estímulos”. Esta definición engloba conceptos clínicos, funcionales e histoquímicos: �� Clínicos: la cronicidad y presencia de episodios recu- rrentes de tos, disnea y sibilancias. �� Funcionales: como la obstrucción reversible al flujo aé- reo y la hiperreactividad bronquial (HRB). �� Histoquímicos: basados en la acción de las células in- flamatorias y sus mediadores. Queda claro que, si bien el diagnóstico de asma se basa fundamentalmente en los síntomas y la medición de la obstrucción bronquial, estos son sólo manifestaciones del proceso inflamatorio. Etiopatogenia El paciente con asma tiene mayor proporción de célu- las inflamatorias y mediadores de la inflamación que el in- INTRODUCCIÓN Y EPIDEMIOLOGÍA El asma bronquial es una enfermedad de distribu- ción universal, que afecta tanto a niños como a adultos. En Pediatría se la considera como la enfermedad cróni- ca más frecuente. Regionalmente, su distribución es variable y es más elevada para el Reino Unido, Australia y Nueva Zelan- da, donde se registran prevalencias superiores al 30% (Figura 1). Según el estudio internacional denominado “ISAAC” (International Study of Asthma and Allergies in Childhood) la Argentina tiene una prevalencia intermedia, de la cual el 16,4% es para el grupo de niños de 6-7 años y el 10,9% para los de 13 a 14. A diferencia de lo que sucede en la edad adulta, en la infancia esta enfermedad es más frecuente en el sexo masculino. A pesar de los grandes avances en el conocimiento de su fisiopatogenia y desde el punto de vista terapéutico, en las últimas décadas, la mor- bilidad por asma ha aumentado, y aún en la actualidad es causa frecuente de consultas a emergencias, hospitaliza- ciones y ausentismo escolar y laboral. La mortalidad también varía en función de las regiones (Figura 2). En la edad pediátrica es baja, pero aumenta en la adolescencia. Si bien son muchas las causas implicadas en la mor- bimortalidad de esta enfermedad, se asume que causas étnicas y socioeconómicas, asociadas a un subdiagnósti- co, subtratamiento, fallas en el seguimiento y a una in- adecuada educación impartida al paciente y a su familia explicarían por qué en la actualidad no se ha logrado un control adecuado de la enfermedad en gran parte de la población afectada. 11.12 Asma bronquial Ana María Balanzat � Marcela Roque � Doris Primrose � María Eugenia Bonilla Rocha � Juan Manuel Figueroa Turienzo Sección 11 | Enfermedades respiratorias 849 11.12 Figura 1 Mapa de la prevalencia mundial del asma clínico. Fuente: The Global Burden of Asthma. <http://www.ginasthma.com>. Proporción de la población (%) ≥ 10,1 7,6-10 5,1-7,5 2,5-5 0-2,5 No hay datos estandarizados disponibles 11.12 Figura 2 Mapa de la distribución mundial de la mortalidad por asma. Fuente: The Global Burden of Asthma. <http://www.ginasthma.com>. Países sombreados según la tasa de mortalidad (cada 100 000 asmáticos) > 10 5,1-10 0-5 No hay datos estandarizados disponibles 850 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano dividuo sano, condición evidenciable mediante la biopsia bronquial, el lavado broncoalveolar y marcadores no inva- sivos de la inflamación. La magnitud de la inflamación se correlaciona con la gravedad de la enfermedad, y un factor determinante en el origen de la inflamación podría ser la predisposición genética. La histología de la mucosa bronquial de un paciente con asma muestra alteraciones estructurales del epitelio ciliado, glándulas mucosas, membrana basal, estructuras vasculares y músculo bronquial y a nivel de células infla- matorias tales como eosinófilos, linfocitos, macrófagos, mastocitos y neutrófilos. En el curso de un episodio agu- do se produce la contracción del músculo liso bronquial, el edema y el aumento de secreciones, pero en el asma persistente se puede observar: pérdida del epitelio ciliado, hiperplasia de las células mucosas, fibrosis subepitelial, neovascularización e hipertrofia del músculo liso. Estas alteraciones anatomohistológicas hacen referencia al con- cepto de “remodelación de la vía aérea”. En un paciente ge- néticamente predispuesto, factores inductores tales como alergenos, irritantes químicos y polución ambiental gene- ran inflamación y condicionan a posteriori la aparición de hiperreactividad bronquial y síntomas clínicos de asma. Desencadenantestales como infecciones virales, aler- genos, ejercicio, aire frío, contaminantes y humo de ciga- rrillo producen en la vía aérea inflamada e hiperreactiva un incremento de la inflamación con una disminución del calibre bronquial y con la aparición de síntomas de asma: tos, sibilancias, opresión torácica y disnea (Figura 3). La HRB es una broncoconstricción exagerada de la vía aérea ante la exposición a estímulos ambientales específicos o inespecíficos. Se relaciona con el grado de inflamación de la vía aérea y es detectable después del nacimiento. Los aeroalergenos que inducen asma deben estar presentes en concentraciones suficientes y duran- te períodos prolongados para producir un estado de hipersensibilidad. Una vez ocurrida la sensibilización, mínimas cantidades del agente agresor pueden produ- cir exacerbaciones de la enfermedad. El ejercicio es un desencadenante específico de asma. Las infecciones, especialmente las virales, son causa de exacerbación de 11.12 Figura 3 Mecanismo de inflamación e hiperreactividad bron- quial en asma. Inductores: Alérgenos Agentes químicos Infecciones virales Contaminantes ambientales Hiperreactividad bronquial Desencadenantes: Infecciones virales Alérgenos Ejercicio Aire frío Contaminantes Humo de cigarrillo Síntomas: Tos - Sibilancias Disnea - Opresión torácica Inflamación (crónica-eosinofílica) asma en épocas invernales. En la Tabla 1 se refieren los signos que determinan el nivel de gravedad de las exacer- baciones. El virus sincicial respiratorio (VSR) es el des- encadenante más frecuente en los menores de dos años, y en los mayores predominan el rinovirus, influenza, para influenza y Mycoplasma pneumonie. El humo de tabaco es un factor precipitante comprobado en asma, y su erra- dicación en el seno de los hogares de niños asmáticos es un desafío en el área de la puericultura. También actúan como factores irritantes los contaminantes de interiores como el dióxido de nitrógeno emitido por estufas y bra- seros, las partículas de ozono, el dióxido de azufre y ni- trógeno y los contaminantes del aire ambiental. Ante la exposición a un alergeno se produce la reacción asmática que consta de dos fases. La primera fase es tem- prana o inmediata y está mediada principalmente por mas- tocitos con liberación de mediadores inflamatorios que ac- túan directamente sobre el músculo liso bronquial y lecho vascular, produciendo broncoconstricción, vasodilatación y edema. Las inmunoglobulinas E (IgE) se unen a los re- ceptores de la membrana de los mastocitos y de los macró- fagos, y ante una nueva exposición, se liberan mediadores inflamatorios produciendo los síntomas clínicos (Figura 4). La segunda fase o reacción tardía se caracteriza por una in- filtración inflamatoria resultante de la activación de las cé- lulas efectoras atraídas por los mediadores quimiotácticos. Los eosinófilos tienen un rol preponderante, ya que son el efector más potente en la inflamación en asma y en la HRB. Tienen gran potencialidad para producir proteínas (básica mayor y catiónica eosinófila), enzimas (peroxidasa eosinofí- lica) y mediadores lipídicos (leucotrienos) responsables de la destrucción del epitelio ciliado, broncoconstricción, ede- ma e hipersecreción mucosa. Fisiopatogenia La obstrucción bronquial es producida por la disminu- ción del calibre de las vías aéreas como efecto secundario al broncoespasmo y a la inflamación de las vías aéreas. Un mecanismo de tipo valvular impide la rápida salida del aire, y ocasiona atrapamiento aéreo, con aumento del volumen residual y de la capacidad residual funcional. Esto se acom- paña de un trastorno de la distribución del aire y condiciona alteraciones de la ventilación perfusión (V/Q). En la crisis asmática grave, la hipoxemia por trastorno de distribución se agrava y puede llevar a la acidosis metabólica e hipercap- nia (Figura 5). Diagnóstico Evaluación clínica El diagnóstico de asma es eminentemente clínico. Se basa en los antecedentes de episodios recurrentes de obs- trucción bronquial, se lo confirma mediante el examen funcional respiratorio con reversibilidad a la administra- ción de �2 agonistas. El diagnóstico de asma bronquial debe ser considerado en todo paciente que refiera episo- dios de tos, sibilancias y disnea de aparición periódica. La tos seca, recurrente, de aparición nocturna o desencade- nada por el ejercicio es frecuente motivo de consulta. Es característico el predominio estacional (primavera, otoño Sección 11 | Enfermedades respiratorias 851 11.12 Tabla 1 Exacerbación del asma clasificada según la gravedad Signos Leve Moderado Grave CRIA Disnea Al caminar Puede acostarse Al hablar Dificultad para alimentarse Llanto corto Prefiere sentarse En reposo Lactante no come Inclinado hacia adelante - Lenguaje Oraciones Frases Palabras Somnoliento y/o confuso Estado de conciencia Normal o ligeramente excitado Habitualmente excitado Excitado o confuso Paradójico FR Normal o ligeramente aumentada < de 30/min > de 30/min Paradójico Valores de FR en función de la edad < 2 meses � < 60/min 2-12 meses � < 50/min 1-5 años � < 40/min 6-8 años � < 30/min Uso de músculos accesorios (tiraje) Generalmente no Sí Si,generalizado Movimiento paradojal toracoabdominal Sibilancias Predominan al final de la espiración Audibles en toda la espiración Audibles Inspiratorias y espiratorias Ausencia FC < de100 100-120 > 120 Bradicardia Valores de FC en función de la edad Lactantes (< 12 meses) � < 160/min Preescolar (1-2 años) � < 120/min Escolares (2-8 años) � < 110/min PFE (pos-BD inicial en % del predicho o mejor valor personal) > 80% del predicho o de su mejor valor 60-80% del predicho o de su mejor valor < 60% del predicho o de su mejor valor - PaO2 (respirando aire ambiental) Normal Habitualmente no necesario > 60 mmHg < 60 mmHg Puede haber cianosis Puede haber cianosis PaCO2 < 45 mmHg < 45 mmHg > 45 mmHg Posible falla respiratoria - Sat O2% > 95% 91 – 95% < 90% Hipercapnia (hipoventilación) Puede presentarse más rápidamente en niños pequeños que en adolescentes *CRIA: claudicación respiratoria inminente; FR: frecuencia respiratoria; FC: frecuencia cardíaca; PFE: pico de flujo espiratorio. BD: broncodilatador. Tomado de: Guidelines for the diagnosis and management of asthma. Global Strategy for asthma Management and Prevention Updated 2005 Pocket Guide asthma Management and Prevention in Children for NHLBI/WHO. madas al número de consultas a servicios de emergencia y hospitalizaciones permiten cuantificar la gravedad. En la historia clínica deben constar los datos referen- tes a los antecedentes familiares y personales de asma y atopía. Se detallarán las características y naturaleza de los síntomas respiratorios (intensidad, frecuencia, labilidad, reversibilidad, estacionalidad, variación circadiana, facto- res desencadenantes) de los episodios agudos (gravedad en función de la concurrencia a guardias y el número de e invierno) de los síntomas, que pueden ser desencadena- dos por la exposición a alergenos, irritantes, infecciones virales, ejercicio o relacionados con factores emocionales. Antecedentes personales de atopía como rinitis alérgica, eczema, urticaria, así como los familiares de asma y de atopía, son casi una constante en la historia clínica de es- tos niños, y son factores de riesgo para la aparición de la enfermedad. La frecuencia y la gravedad de los síntomas diarios (diurnos y nocturnos) y de las exacerbaciones su- 852 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano internaciones), un análisis cuidadoso de los tratamientos previos, las dosis indicadas y/o recibidas y la respuesta a estos. Para evaluar el impacto de la enfermedad en el niño y su familia, deben indagarse datos objetivos como el ausentismo escolar y laboral de los padres, la calidad del sueño, las limitaciones al deporte debido a la intoleran- cia al ejercicio, las dificultades de índole económica y las posibilidadesde acceso a los sistemas de salud. Es impor- tante registrar la presencia en el hogar de fumadores y de animales domésticos. Son considerados pacientes de alto riesgo aquellos con antecedente de crisis graves, hospita- lizaciones en unidades de cuidados intensivos, múltiples medicaciones y antecedente de abandono o mala adheren- 11.12 Figura 4 Mecanismos de inflamación inmunológica en asma. Asma bronquial: mecanismos inmunológicos Sensibilización Alérgeno Alérgeno Re-exposición Medio ambiente SubmucosaCélula presentadora del antígeno Proteína y epitope del CMH* clase II Célula Th2 Célula B Producción de IgE específica para el antígeno Degranulación del mastocito Efectos clínicos: asma, fiebre del heno, urticaria *Complejo mayor de histocompatibilidad Mediadores cia al tratamiento, factores psicosociales y conflictos fami- liares. El examen físico en el período comprendido entre las crisis puede ser normal, aunque en casos más graves se constata deformación torácica (aumento del diámetro anteroposterior), irregular entrada de aire, espiración pro- longada y sibilancias. Exámenes complementarios Exámenes funcionales La función pulmonar debe ser evaluada en todo niño mayor de cinco años capaz de colaborar. La espirometría (curvas de volumen/tiempo y de flujo/volumen) es el es- 11.12 Figura 5 Fisiopatología de la obstrucción bronquial grave. Fatiga muscular Falla de bomba Mayor consumo de O2 Acidosis respiratoriaAcidosis metabólica Drogas acidificantes + Cetosis + Lactacidemia Hipertensión pulmonar Hipoxemia Mayor trabajo respiratorio Bloqueo alvéolo-capilar Mayor secreción de hormona antidiurética Sección 11 | Enfermedades respiratorias 853 tudio más usado y permite confirmar el diagnóstico de asma y determinar la gravedad. Durante el seguimiento, permite monitorear la evolución de la enfermedad y eva- luar la respuesta al tratamiento. El patrón espirométrico del asma es la incapacidad ventilatoria obstructiva, con re- versibilidad al broncodilatador (Figura 6). El patrón obs- tructivo se caracteriza por presentar descenso en relación a los valores predichos del volumen espiratorio forzado en el primer segundo (VEF1), del índice VEF1 /FVC (resultante de la relación del VEF1 como numerador y de la capacidad vital forzada (CVF) como denominador), así como del flujo medio forzado entre el 25%-75% de la CVF (FMF 25-75). La CVF puede ser normal, elevada o descendida. El diagnóstico de asma será confirmado si se comprue- ba un aumento mayor del 12%-15% del VEF1 luego de la administración inhalatoria de un �2 agonista, con espiro- metría basal obstructiva o sin ella. Una respuesta bronco- dilatadora no significativa en un estudio funcional aislado no descarta el diagnóstico de asma. Sin embargo, si no se logra demostrar la reversibilidad, se deberá recurrir a otros métodos diagnósticos para confirmar o descartar el diagnóstico de asma (Figura 6). La medición del pico de flujo espiratorio (PFE) median- te un medidor portátil, tiene cierta correlación positiva con los valores del VEF1 y también puede ser utilizada para objetivar una respuesta al broncodilatador aunque su sensi- bilidad es menor que la del VEF1 medido con espirómetro. Otra práctica indicada para confirmar el diagnóstico de asma es evaluar la variabilidad circadiana del tono bron- comotor durante 15 días con registros diarios de PFE, matutinos y vespertinos. Se acepta que una variabilidad del PFE superior al 20-30% avala el diagnóstico de asma bronquial. Existen varias modalidades de cálculo posible. En la Figura 7 se muestra la propuesta por el GINA, que consiste en expresar el porcentaje de la diferencia entre los valores máximos (vespertino) y los mínimos (matinal) di- vidido la media de ambos. 11.12 Figura 6 Curva volumen/tiempo. Patrón normal, obstructivo (basal en un paciente con asma) y posbroncodilatador. Espirometría: curva volumen-tiempo Volumen VEF1 Tiempo (seg) Posbroncodilatador Basal en un paciente con asma Normal Estudios en adultos han demostrado que los pacien- tes con alta variabilidad del PFE suelen presentar incre- mento de la hiperreactividad bronquial mediante test de provocación bronquial. Los puntos de corte que corre- lacionan ambos procedimientos no están bien definidos en Pediatría. Cuando la espirometría reiteradamente no demuestra reversibilidad con los �2 agonistas se pueden realizar pruebas de provocación bronquial para corrobo- rar el diagnóstico de asma. En los pacientes con asma la administración inhalatoria de dosis crecientes de bron- coconstrictores tales como la histamina, metacolina, agua destilada o solución salina hipertónica producen broncoconstricción con consecuente disminución del VEF1. Cuando este descenso es mayor o igual al 20% con respecto al basal, la prueba de hiperreactividad bron- quial es positiva. Si bien este test caracteriza al paciente con asma bronquial, también puede ser positivo en pa- cientes con enfermedad fibroquística, displasia bronco- pulmonar y bronquiectasias. Esta prueba es una práctica habitual en protocolos de investigación o se solicita en casos de duda diagnóstica, y se realiza exclusivamente en laboratorios de función pulmonar equipados de manera adecuada. También se pueden utilizar pruebas de provo- cación con ejercicio o aire frío que son menos sensibles pero más específicas para el asma. En el Algoritmo 1 se esquematiza el diagnóstico funcional de asma. En los lactantes existen varios métodos para evaluar la mecánica respiratoria. La técnica de la compresión toracoabdominal permite realizar curvas flujo/volumen cuyo parámetro más significativo para evaluar la obs- trucción bronquial y la respuesta ante broncodilatado- res o broncoconstrictores es el Vmax FRC (flujo máxi- mo a capacidad residual funcional). Este examen es un procedimiento que requiere sedación farmacológica y equipos de mayor complejidad, por lo cual su indica- ción se limita a situaciones especiales, como pacientes muy graves con dudas diagnósticas y protocolos de in- vestigación. 854 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano 11.12 Figura 7 Esquema que muestra los medidores portátiles del pico de flujo espiratorio (PFE), un gráfico de registros seriados de PFE en pacientes con y sin asma, y una de las fórmulas propuestas para el cálculo de la variabilidad. 1/2 (PFE vespertino + PFE matutino) Modelos de medidores portátiles de pico de flujo 8 am 8 pm 8 am 8 pm 8 am 8 pm 8 am 8 pm 8 am PFE l/min Variabilidad fisiológica Paciente con asma Fórmula para calcular la variabilidad del PFE PFE vespertino – PFE matutino Variabilidad diaria: x 100 11.12 Algoritmo 1 Diagnóstico funcional en asma. Respuesta (+) al �2 Efectiva Inefectiva Buscar diagnósticos alternativos Positivo Respuesta (-) al �2 Prueba de provocación Espirometría: patrón con o sin obstrucción Test de ejercicioPrueba terapéutica Test de metacolina Negativo Asma Sección 11 | Enfermedades respiratorias 855 Sibilancias en el niño pequeño La patología respiratoria con obstrucción bronquial es muy frecuente en los lactantes y niños pequeños y tratar de determinar su etiopatogenia es uno de los mayores desafíos para el pediatra. Durante este período de la vida el síndrome obstructivo es motivo de consulta habitual a nivel ambula- torio y causa frecuente de hospitalizaciones. Muchas veces se utiliza el término de bronquitis obstructiva recidivante (BOR), que hace alusión a un diagnóstico de tipo sindro- mático. Engloba un gran número de patologías obstructivas de las vías aéreas que se manifiestan clínicamente con tos y sibilancias que se reiteran a lo largo del tiempo sin ser una entidad nosológica per se. Las patologías que con mayor frecuencia producen inflamación de las vías aéreas son la bronquiolitis viral y el asma bronquial. La sibilancia es un signo secundario a la disminución del calibre de la vía aérea intratorácica. Es un sonido de timbre musical a predominio espiratorio yrequiere flujo aéreo suficiente para producirse. Por lo general, el mecanismo de obstrucción que la produce es secundario a la inflamación o a la obstrucción mecánica intraluminal o extraluminal. A continuación se enumeran aquellas características de tipo anatómicas, fisiológicas y funcionales que predispo- nen a los lactantes y niños pequeños a presentar sibilan- cias más frecuentemente y con mayor tendencia al colapso que los mayores (Figura 8): �� Caja torácica más “blanda” (cartilaginosa), por ende de- formable y más distensible; situación que se mantiene hasta que se completa la osificación cartilaginosa. Esta característica genera mayor trabajo muscular en caso de enfermedad respiratoria. Marcadores de inflamación pulmonar Existen marcadores no invasivos de la inflamación bronquial, como la búsqueda de eosinófilos en el esputo inducido y la medición de la fracción exhalada de oxido nítrico (FeNO) en el aire espirado. Ambos parámetros tienen buena correlación entre sí. Los niveles de FeNO se encuentran elevados en los pacientes con asma, compa- rados con sujetos normales. Se mide en partes por billón (ppb). Con el tratamiento con corticoides los niveles de FeNO disminuyen. Se postula que la medición de FeNO sería una herramienta útil para el diagnóstico de asma, para evaluar la respuesta y la adherencia al tratamiento y en la predicción de la evolución sintomática. Imágenes Por lo general, la radiografía de tórax es normal aunque pueden constatarse pulmones hiperinsuflados, con atra- pamiento aéreo, simétricos, aumento del diámetro antero- posterior, horizontalización de las costillas y aplanamiento diafragmático. De no mediar otras patologías o complica- ciones, no se observa patología focalizada ni imágenes me- diastinales. Se tratará de evitar exponer innecesariamente al niño a los rayos x. Las radiografías de senos paranasales sólo se realizarán ante la sospecha clínica de sinusitis. Medición de la atopía El asma bronquial y la atopía se asocian con alta fre- cuencia en Pediatría. IgE sérica total y recuento de eosinó- filos suelen estar elevadas en estos pacientes. Sin embargo sólo valores de RAST (radioallergosorbent test) y test cutá- neos permiten cuantificarla. 11.12 Figura 8 Diferencias anatómicas de la caja torácica de un lactante comparada con la de un adulto. Lactante Adulto Abdomen Abdomen Columna vertebral Esternón EsternónCostillas Áreas anteriores de proyección del diafragma Corte longitudinal Corte transversal Columna vertebral a b 856 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano El análisis de estos grupos (Tabla 2) sobre la base de la evolución clínica, antecedentes personales de atopía, familiares de asma, test cutáneos, IgE, tabaquismo pasi- vo y estudios funcionales respiratorios permitió sugerir que existiría un grupo de niños con sibilancias transi- torias (grupo 2) no atópicos (sin rinitis ni eczema), con valores de IgE normales a partir de los nueve meses de edad, test cutáneos negativos y sin antecedentes familia- res de asma pero con mayor exposición al humo de ciga- rrillo en el hogar. Los estudios funcionales en este grupo revelaron un déficit de la función pulmonar desde los primeros meses de vida, antes de presentar sus prime- ros cuadros obstructivos y permitieron inferir que estos niños nacieron con vías aéreas de menor calibre, condi- ción que los hizo más sintomáticos cuando padecieron cuadros virales, tan frecuentes en este grupo etáreo. No presentaron hiperreactividad bronquial y la respuesta a los corticoides inhalados fue pobre. El grupo 4 correspondió a los pacientes que desarrolla- ron asma desde temprana edad, donde predominó el sexo masculino y se registraron antecedentes de historia familiar de asma, antecedentes personales de atopía (rinitis y ecze- ma), niveles elevados de IgE a partir de los nueve meses de vida y test cutáneos positivos. Los niños de este grupo na- cen con una funcionalidad pulmonar normal que se va de- teriorando a lo largo de los años como consecuencia de las reiteradas exposiciones a aeroalergenos e irritantes. Estos pacientes se verían beneficiados con un diagnóstico tempra- no y un tratamiento inmediato a base de antiinflamatorios, para evitar el deterioro progresivo de la función pulmonar. De este estudio surgió también un índice orientador que permite predecir, en función de antecedentes y hallaz- gos clínicos, cuáles de los niños menores de tres años con sibilancias recurrentes tienen más riesgo de desarrollar asma en la edad escolar. Este índice, denominado “Asthma Predictive Index (API)” se basa en la combinación de los siguientes criterios: �� Criterios mayores: � Diagnóstico médico de eccema en los primeros tres años de vida. � Antecedente de asma en alguno de los padres. �� Criterios menores: � Diagnóstico médico de rinitis alérgica en los prime- ros tres años de vida. � Sibilancias no asociadas a resfríos en los primeros tres años de vida. � Eosinofilia periférica mayor o igual al 4% en los pri- meros tres años de vida. �� Las costillas se presentan en proyección horizontal hasta que el niño adquiere la bipedestación (momento en el cual, la caja torácica es más circular) perdiendo eficiencia mecánica. �� Músculos con alto porcentaje de fibras tipo II con ma- yor grado de fatigabilidad. �� Posición del diafragma más aplanada con una contracción menos eficiente ante la sobrecarga de trabajo muscular. �� Aumento de resistencia al flujo aéreo ya que sus bron- quios son más cortos y de menor calibre que los del adulto (ley de Poiseuille). �� Falta de desarrollo de la ventilación colateral, lo que implica mayor tendencia al colapso pulmonar. �� Mayor proporción de glándulas mucosas en el epitelio y en la submucosa con alta tendencia a la producción de secreciones. Si bien el asma puede iniciar su sintomatología duran- te el primer año de vida, también existen otras entidades con sintomatología obstructiva secundaria a cuadros vi- rales, enfermedades congénitas o genéticas, y patologías secundarias a enfermedades neonatales o secuelas de otras enfermedades adquiridas anteriormente que serán anali- zadas al final del capítulo como diagnósticos diferenciales. Tanta importancia reviste la problemática del lactante sibilante para la Pediatría que se han realizado numerosos estudios de cohorte con el fin de poder diferenciar a estos grupos de niños. El Dr. Fernando Martínez realizó un im- portante estudio llevado a cabo en Tucson, Arizona, que incluyó una cohorte de 1 246 niños seguidos desde el na- cimiento, mediante control clínico y de laboratorio, cues- tionarios familiares, estudios funcionales respiratorios del lactante y espirometría a partir de los cinco años de edad. Los resultados mostraron que cerca de la mitad de los ni- ños de una población general presentan sibilancias en el curso de los primeros seis años de vida. El análisis de los resultados permitió dividir esta población de lactantes y niños pequeños en cuatro grupos: �� Grupo 1: aquellos que nunca tuvieron obstrucción bronquial en los primeros seis años de la vida (51%). �� Grupo 2: sibilantes transitorios (20%); presentaron si- bilancias recurrentes durante los primeros tres años de la vida y dejaron de sibilar a la edad de seis. �� Grupo 3: sibilantes tardíos (15%); comenzaron a sibi- lar recién a partir de los tres años de edad y siguieron presentando sibilancias después de los seis años. �� Grupo 4: sibilantes persistentes (14%); presentaron si- bilancias desde los primeros meses de vida persistiendo la sintomatología después de los seis años de edad. 11.12 Tabla 2 Características de los grupos de niños sibilantes menores de seis años. Grupo Antecentes familiares de asma Atopía IgE (9 meses) Examen funcional del lactante Examen funcional a los 6 años 1 - - N N N 2 - - N < < 3 + + > N o < << 4 +++ +++ >>> N <<< N: normal; <: disminuida; >: aumentada. Sección 11 | Enfermedades respiratorias 857 Un índice positivocon 1 criterio mayor o 2 criterios menores aseguran con un 77% de certeza que ese niño va a padecer asma en la edad escolar (6-13 años). Un índice negativo puede determinar, con 68% de certeza, que los cuadros de bronquitis obstructiva o sibilancias van a desaparecer con el tiempo y que ese niño no será un futuro asmático. Clasificación de asma Clasificar el asma en categorías según la gravedad permite orientar la aplicación de estrategias terapéuti- cas. Los parámetros que se consideran para clasificar al paciente con asma son la frecuencia y gravedad de los episodios agudos, los síntomas diurnos y nocturnos de asma, la tolerancia al ejercicio, los valores espirométri- cos y el cálculo de la variabilidad circadiana del PFE. Se han propuesto varias clasificaciones para el asma pero siguiendo la publicación del GINA (2006) se hará re- ferencia sólo a la inicial de gravedad y a la de nivel de control. En la Figura 9 se esquematiza la clasificación propuesta desde el año 1995, que subdivide el asma ini- cialmente en dos grupos: intermitente y persistente; el asma intermitente correspondería a un nivel 1; el asma persistente se subdivide a su vez en 3 niveles de grave- dad: leve (nivel 2), moderada (nivel 3) y grave (nivel 4). Las variables consideradas son: síntomas diurnos con limitaciones para la realización de actividades físicas o sin ella, síntomas nocturnos y valores funcionales. La presencia de uno de los hallazgos de mayor gravedad es suficiente para que el paciente sea clasificado en dicho nivel de gravedad. Actualmente, se sugiere utilizar esta clasificación sólo en la consulta inicial y en estudios de investigación. Una vez comenzado el tratamiento, todo paciente debe ser evaluado periódicamente para establecer el nivel de control de la enfermedad y adecuar el plan de tratamiento. Para este seguimiento se propone clasificar el asma en tres grupos: controlada, parcialmente controlada y no contro- lada. En la Figura 10 se detallan las variables a conside- rar (síntomas diarios, limitación de actividades, síntomas nocturnos con o sin despertares, uso de medicación de rescate, función pulmonar y exacerbaciones) (Tabla 3). TRATAMIENTO Siguiendo las recomendaciones de los Consensos Inter- nacionales se definirán, en primer lugar, los objetivos pro- puestos para el tratamiento del asma bronquial, así como las estrategias terapéuticas correspondientes (Tabla 4). Para alcanzar estos objetivos se proponen las siguientes estrategias terapéuticas: �� Establecer un equipo o asociación entre el paciente, sus padres y el médico, con el objetivo de promover un au- totratamiento guiado. Será necesario educar al paciente y a los padres en la adquisición de las herramientas ne- cesarias para lograr el control de su propia enfermedad con la guía de los profesionales del cuidado de la salud. �� Evaluar la gravedad del asma y monitorear la evolución y respuesta terapéutica con medidas objetivas de la función pulmonar (PFE y espirometrías). �� Identificar y evitar los factores desencadenantes del asma mediante la aplicación de medidas de control ambiental. �� Establecer un plan de medicación preventiva a largo plazo para disminuir la inflamación. �� Establecer pautas para el tratamiento de las exacer- baciones. �� Proveer atención médica para el seguimiento regular. 11.12 Figura 9 Clasificación inicial del asma en función de gravedad. VEF1: volumen espiratorio forzado en el primer segundo; PFE: pico de flujo espiratorio. Clasificación inicial del asma en función de la gravedad Hallazgos clínicos previos al inicio del tratamiento Síntomas diurnos Síntomas nocturnos VEF1 o PFE Nivel 4 - Persistente grave Continuos Actividad física limitada Frecuentes ≤ 60% del predicho Variabilidad > 30% Nivel 3 - Persistente moderado Diarios Interferencia en la actividad diaria > 1 vez por semana 60%-80% del predicho Variabilidad > 30% Nivel 2 - Persistente leve > 1 vez por semana pero < 1 vez al día > 2 veces por mes ≥ 80% del predicho Variabilidad 20%-30% Nivel 1 - Intermitente > 1 vez por semana Asintomático PFE normal entre exacerbaciones ≤ 2 veces por mes ≥ 80% del predicho Variabilidad < 20% 858 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano 11.12 Figura 10 Tratamiento farmacológico y no farmacológico para el asma bronquial. Farmacológico No farmacológico Asma: tratamiento Preventivo: CTC inhalados Antileucotrienos Asociación �2 de acción prolongada Anti IgE Otros: cromoglicato de sodio, teofilina anhidra Exacerbación: ���2 acción corta CTC parenterales Oxígeno Otros: sulfato de Mg, teofilina Educación Control ambiental: Humo cigarrillo Polvo ambiental Contaminantes Animales domésticos Otros 11.12 Tabla 4 Objetivos del tratamiento para lograr el control del asma bronquial Objetivos del tratamiento Control del asma �� Lograr y mantener el control de los síntomas �� Prevenir las exacerbaciones de asma �� Mantener la función pulmonar lo más cercana posible a la normalidad �� Evitar los efectos adversos de la medicación �� Prevenir el desarrollo de la obstrucción irreversible de la vía aérea �� Disminuir la mortalidad por asma �� Mínimos síntomas de cronicidad �� Mínimos episodios de reagudización �� Requerimientos mínimos de �2 agonistas �� Ninguna visita a emergencia ni hospitalizaciones �� Ninguna limitación en las actividades diarias �� Disminuir el ausentimo escolar �� Variación circadiana de PFE < 20% �� Función pulmonar normal (o cercana) �� Crecimiento y desarrollo pondoestatural normal PFE: pico de flujo espiratorio. 11.12 Tabla 3 Clasificación en función de los niveles de control en asma Características Controlado Parcialmente controlado* No controlado Síntomas diarios Ninguno** Más de 2 veces p/semana 3 o más hallazgos de asma parcialmente controlada presentes en cualquier semanaLimitación en las actividades Ninguna Alguna Síntomas nocturnos Y despertares Ninguno Algunos Medicación de rescate Ninguna** Más de 2 veces p/semana Función pulmonar (PFE o VEF1) Normal < 80% del predicho o mejor valor personal algún/cualquier día Exacerbación Ninguna Uno o más por año Una (cualquier semana) * Alguna presente en cualquier semana. ** 2 o menos por semana. PFE: pico de flujo espiratorio; VEF1: volumen espiratorio forzado en el primer segundo. Sección 11 | Enfermedades respiratorias 859 Medidas de educación La educación del paciente y su familia es el punto más importante en el tratamiento del paciente asmá- tico. Educar consiste no sólo en brindar al paciente y a su familia información respecto al asma sino promo- ver el desarrollo de técnicas y habilidades capacitando al núcleo familiar para un adecuado tratamiento de la enfermedad en el hogar. La educación en asma debe ser programada y sistematizada. Desde las consultas inicia- les el paciente y su familia deben recibir información con respecto a las implicancias del diagnóstico de asma bronquial en función de la gravedad. Deben aprender a reconocer los signos de deterioro y recibir consignas precisas para actuar rápida y correctamente. En forma individual y considerando las características de cada hogar y sus pautas culturales, se han de establecer las medidas de control ambiental para erradicar y/o mini- mizar los factores desencadenantes. Definido el plan de medicación preventiva, los pacientes deben ser entre- nados en el correcto uso de inhaladores, eligiendo en forma conjunta el más adecuado para cada uno. Deben conocer el rol de los distintos fármacos y saber diferen- ciar los antiinflamatorios indicados para el tratamiento preventivo de los broncodilatadores y corticoides ora- les necesarios para los episodios agudos. Si se prescribe monitoreo hogareño de PFE, se debe corroborar que se realice correctamente la técnica, que se registren ade- cuadamente los valores y que sepan adoptar las conduc- tas correspondientes en las distintas situaciones. Los cursos de educación son de gran utilidad. Es fundamen- tal proveerinformación escrita del plan de tratamiento, ya sea de la medicación preventiva como la prescripta en caso de una exacerbación. En resumen, la educación es un proceso continuo, cuyo objetivo básico es crear un verdadero equipo entre el sistema de salud y la familia del niño, a fin de lograr un óptimo cumplimiento de las pautas terapéuticas necesa- rias para el control de la enfermedad con la mejor calidad de vida posible. Proveer atención médica y seguimien- to regular mediante un diálogo fluido son condiciones indispensables. Sin embargo se ha constatado que aun cuando se han impartido pautas educativas enunciadas el tratamiento puede fracasar, debido a la falta de adhe- rencia o cumplimiento. Muchas causas han sido identificadas por el incum- plimiento del tratamiento; tradicionalmente, se las cla- sifica en función de la relación con el tratamiento far- macológico. En una serie de estudios de investigación, en los cua- les los pacientes fueron evaluados con aerosoles presuri- zados provistos de un chip electrónico de registro crono- lógico y numérico de dosis administradas, se corroboró que con frecuencia no existía coincidencia entre lo in- formado por el paciente respecto a cumplimiento versus los registros electrónicos obtenidos. Se estima que un es- tricto cumplimiento de dosis y horarios es menor al 50% de los casos. El bajo nivel socioeconómico y educacional de los padres, la mala adquisición de conocimientos so- bre el asma y las disfunciones familiares han sido pro- puestos como principales causas. Podemos afirmar que el objetivo principal de la educación en la actualidad es lograr un adecuado cumplimiento. Monitoreo objetivo de la función pulmonar (PFE y espirometrías) La medición de la función pulmonar es indispensable para el diagnóstico y la clasificación en función de la gra- vedad de la enfermedad. Cumplen también un rol funda- mental en el seguimiento, dado que brindan la información necesaria para evaluar la respuesta terapéutica y adecuar las indicaciones. La espirometría es el método de elección para medir la limitación al flujo aéreo y su reversibilidad, permi- tiendo así hacer diagnóstico de la enfermedad. En pacientes clasificados como persistentes moderados o graves y en aquellos con baja percepción de sus síntomas de asma, conviene prescribir el monitoreo hogareño del PFE con el fin de lograr un mejor control a largo plazo. Una vez establecido el mejor valor de PFE para el paciente, se determinarán los rangos de valores comprendidos entre el 50% y el 80% (zona amarilla) que sugieren la necesidad de reforzar la medicación de base. En caso de registrar valores menores del 50% (zona roja o de peligro) es indicador de episodio agudo grave y se deberán adoptar rápidamente las medidas correspondientes (véase Tratamiento en el domi- cilio). Si el paciente registra valores superiores al 80% debe mantener el tratamiento preventivo prescripto. Medidas de control ambiental Debe implementarse el control de los factores que con- tribuyen a incrementar la gravedad del asma. Sobre la base de una minuciosa historia clínica y con el eventual apoyo de test cutáneos o dosaje de IgE específica, la familia debe lograr identificar los agentes desencadenantes de síntomas e implementar las medidas de evitación. Los dermatofagoides, ácaros habituales del polvo do- méstico, constituyen uno de los factores de riesgo más importantes en el desarrollo del asma. Dado que se los encuentra habitualmente en los elementos de confort y decoración de la habitación del niño, se sugiere que se limpie el piso con aspiradora o trapo húmedo mientras el niño esté ausente del hogar; que se laven frecuente- mente las frazadas, cortinas y muñecos de peluche y que el colchón y almohadas estén recubiertos con fundas im- permeables de tela tipo avión. Las habitaciones deben ventilarse regularmente, no se aconsejan las alfombras y se sugiere, en la medida de lo posible, combatir la hu- medad. En época de polinización, mantener las ventanas cerradas, especialmente en horas de la tarde. Erradicar las cucarachas y lograr que los animales domésticos permanezcan fuera del hogar y especialmente fuera de la habitación del niño. Se desaconseja el uso de hoga- res, braseros y salamandras como medio de calefacción y evitar el uso de pinturas, desodorizantes, productos de limpieza, sin adecuada ventilación. El hábito de fumar en el hogar debe ser proscripto. En todo niño expuesto al humo de cigarrillo se detectan valores elevados de co- tinina (producto de la nicotina) en saliva y orina. Si una mujer fuma durante el embarazo incrementa el riesgo de mortalidad prenatal, parto prematuro, placenta previa y recién nacido de bajo peso. El niño nace con déficit de 860 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano cuado control con mínimos efectos colaterales sistémicos. En estudios a largo plazo se ha detectado retraso de la velo- cidad de crecimiento durante el primer año de tratamiento sin afectación de la talla adulta final. Los corticoides inha- lados tienen efectos colaterales locales y sistémicos aunque siempre serán menores que los efectos de los corticoides orales indicados a largo plazo. Localmente pueden produ- cir disfonía, candidiasis orofaríngea y tos. Estos efectos se evitarían mediante el uso de espaciadores y enjuague bu- cal luego de la inhalación. Los efectos sistémicos dependen de la dosis, la potencia del glucocorticoide, y de la biodis- ponibilidad oral y sistémica. Con dosis altas (mayores de 800 μg/día) de budesonida o sus equivalentes, pueden detectarse el riesgo de efectos sistémicos tales como dis- minución de la velocidad de crecimiento, alteración del metabolismo fosfocálcico o inhibición del eje hipotálamo- hipófisis-adrenal (HHA). En los estudios pediátricos no se ha demostrado riesgo aumentado de fracturas en niños por osteoporosis ni mayor incidencia de cataratas. La bio- disponibilidad oral del ciclesonide es mínima dado que es el único corticoide que se inhala como prodroga inactiva; se activa mediante estearasas a nivel de la mucosa bronquial, reduciendo los riesgos de efectos colaterales. Budesonida y ciclesonide son esterificables en el citoplasma de las células bronquiales y puede indicarse una dosis diaria. La fluticaso- na posee alta afinidad de unión al receptor. Por tener meta- bolitos activos sistémicos la beclometasona es el corticoide inhalado con mayores efectos secundarios, especialmente con respecto al crecimiento. La vía de administración es inhalatoria, con presentaciones farmacológicas en polvo seco, inhalador de dosis medida y solución para nebulizar. El uso frecuente de corticoides orales, es signo indirecto de gravedad. Se los indicará en caso de asma persistente gra- ve cuando, a pesar de prescribir altas dosis de corticoides inhalados, no se logra el control de la enfermedad. Pueden administrarse en una dosis matinal, en días alternos. Es la medicación indiscutida en caso de crisis, que no responde a los broncodilatadores. Inhibidores de los leucotrienos Los inhibidores de los leucotrienos son los fármacos más recientes para el tratamiento preventivo del asma. Los leucotrienos son potentes mediadores de la inflamación en el asma bronquial. Derivan del metabolismo del ácido araquidónico de los fosfolípidos de las membranas celula- res. Pueden actuar mediante dos mecanismos diferentes: inhibiendo la 5-lipoxigenasa (zileuton) o bloqueando el receptor cisteinil-leucotrieno (CysLT1, [zafirlukast, mon- telukast y pranlukast]). Pranlukast y zileuton nunca es- tuvieron disponibles en nuestro medio, este último es un fármaco con marcada hepatotoxicidad nunca prescripto en Pediatría, donde un amplio respaldo bibliográfico avala el uso de montelukast. Los antileucotrienos han demos- trado inhibir las respuestas temprana y tardía desencade- nadas por alergenos, reducir el número de eosinófilos en esputo, lavado broncoalveolar y suero así como la fracción exhalada de óxido nítrico (FeNO).Poseen leve acción broncodilatadora, disminuyen el broncoespasmo induci- do por ejercicio (BIE) y bloquean el inducido por ácido acetilsalicílico. También son efectivos en la reducción de la función pulmonar, aumento de la resistencia de la vía aérea e hiperreactividad bronquial. Durante la infancia los niños que viven en hogares contaminados con humo de tabaco presentan mayor riesgo de muerte súbita, de internación por patología respiratoria (bronquiolitis, neumonías, exacerbación de asma) y enfermedades oto- rrinolaringológicas (otitis, laringitis, adenoiditis). No se sabe con certeza si el ser fumador pasivo incrementa la prevalencia de asma, pero no hay duda de que la exposi- ción al cigarrillo incrementa su gravedad. Tratamiento farmacológico preventivo El subdiagnóstico y un tratamiento farmacológico inadecuado son considerados como los dos factores que contribuyen a elevar la morbimortalidad por asma. Ya se han expuesto los objetivos del tratamiento y los con- ceptos con respecto al control de la enfermedad. El más eficaz se obtiene mediante un tratamiento antiinflama- torio diario. Los fármacos disponibles en la actualidad se dividen en dos categorías. Los preventivos o controladores de uso diario y por tiempo prolongado, y los rescatadores o bron- codilatadores indicados para el tratamiento de las exacer- baciones (veáse Figura 10). Antes de evaluar las estrategias terapéuticas preventi- vas se analizarán las indicaciones y dosificación, los meca- nismos farmacológicos, los efectos colaterales de cada uno. Corticoides inhalados Los corticoides son las drogas antiinflamatorias más efectivas para el tratamiento del asma. Inhiben la migración y activación de las células de la inflamación y la producción y secreción de citoquinas, leucotrienos y prostaglandinas. Estabilizan la membrana celular y potencian la respuesta de los receptores �2 agonistas del músculo liso. Actúan sólo en la fase tardía, no inhiben el asma por ejercicio y no tie- nen acción broncodilatadora. Con su uso regular mejoran la función pulmonar, disminuyen la HRB, con menor fre- cuencia y gravedad de síntomas y exacerbaciones, mejoran- do la calidad de vida del paciente y su familia. Desde hace más de 30 años, los corticoides inhalados son los fármacos de elección para el tratamiento preventi- vo a largo plazo y logran en la mayoría de los pacientes un adecuado control del asma. Su administración prolongada no ha demostrado modificar la historia natural de la en- fermedad, y los síntomas reaparecen en la mayoría de los pacientes luego de la suspensión del tratamiento. Los corticoides inhalados con los que se cuenta en la actualidad son: dipropionato de beclometasona, budeso- nida, propionato de fluticasona y el ciclesonide de reciente aparición. Triamcinolona, mometasona y flunisolida no están disponibles en nuestro medio. Todos los corticoides inhalados no tienen la misma po- tencia, existen equivalencias establecidas. Desde el punto de vista práctico se subdividen sus dosis en bajas, modera- das y altas. La dosis diaria dependerá de la gravedad y será ajustada periódicamente según el nivel de control logrado, intentando siempre prescribir la menor dosis necesaria para lograr el control de la enfermedad. En general, con 400 μg/día de budesonida o su equivalente se logra un ade- Sección 11 | Enfermedades respiratorias 861 Anti-IgE El omalizumab es un anticuerpo IgG monoclonal re- combinante. Se une a la IgE libre sérica formando un com- plejo e impidiendo su unión con el receptor de IgE de alta afinidad (FC � RI) en los mastocitos y basófilos, y evitan- do la liberación de mediadores y citoquinas inflamatorias. Su acción terapéutica ha sido evaluada en pacientes graves luego de haberse logrado suspender o reducir significativa- mente las dosis de corticoides orales y/o tópicos e impactar en el control de otras entidades atópicas como la rinitis alér- gica. Si bien no mejora significativamente los valores de la función pulmonar, se ha demostrado que disminuye la gra- vedad de las exacerbaciones, las visitas a emergencias y las hospitalizaciones con franca mejoría de la calidad de vida. Este fármaco debe considerarse sólo en pacientes con asma alérgica, persistente grave y de difícil tratamiento, que no logran un control adecuado a pesar de una tera- pia combinada correctamente administrada. Su costo es elevado y su prescripción debería ser formulada por el es- pecialista. Por el momento está aprobado para adultos y adolescentes mayores de 11 años. Su administración es por vía subcutánea, cada 2 a 4 semanas según la dosis total mensual que se calcula en función del peso del paciente y del valor de IgE séri- ca total. Es un fármaco con buen perfil de seguridad, aunque se han descripto efectos adversos tales como reacciones locales en el sitio de la inyección, cefaleas, urticaria y reacción anafiláctica. Otros fármacos Teofilina anhidra Actualmente, el rol de la teofilina de liberación sosteni- da en el tratamiento preventivo es de segunda elección. Si bien los consensos internacionales la siguen mencionan- do, su uso en Pediatría está restringido debido a su menor eficacia e importantes efectos colaterales. Produce broncodilatación inhibiendo la fosfodieste- rasa, por lo que su acción es más lenta y menos potente que la de los �2 agonistas. Aumenta la contractilidad dia- fragmática y mejora el aclaramiento mucociliar, e inhibe la reacción temprana y tardía desencadenada por la inha- lación de alergenos. A dosis bajas, posee mínima acción antiinflamatoria, inhibiendo la infiltración de eosinófilos y linfocitos T. El GINA (2006) la propone como trata- miento preventivo de segunda elección en el 3º y 4º nivel de tratamiento, asociada a corticoides inhalados. Los efectos colaterales más frecuentes son náuseas, vó- mitos, dolor abdominal, cefaleas, irritabilidad, alteracio- nes de la conducta y, en casos de intoxicación, arritmias y convulsiones. Es necesario controlar regularmente la con- centración sérica cuyo rango terapéutico se estima entre 10-15 μg/mL. La dosis por vía oral (12 mg/kg/día) se ajus- tará al peso del paciente, a los valores de monitoreo sérico y al análisis de factores que puedan modificar su aclaramien- to (�2 agonistas, macrólidos, quinolonas, cimetidina, etc.). Cromoglicato disódico (CGDS) En Pediatría y durante muchos años, el CGDS fue con- siderado como la droga de primera línea para iniciar el tra- los síntomas de asma, brindan leve mejoría de la función pulmonar, disminuiyen el requerimiento de �2 agonistas y atenúan la frecuencia y gravedad de las exacerbaciones. En el uso a largo plazo no se ha constatado desarrollo de tolerancia. Su acción antiinflamatoria es menor que la de los corticoides tópicos pero asociados potencian su efica- cia permitiendo reducir sus dosis en casos de asma persis- tente moderada o grave. Existen diferencias individuales en la respuesta que podrían ser explicadas por polimorfis- mos genéticos (gen de la 5-lipoxigenasa). Han demostra- do acción en el control de otras afecciones atópicas como rinitis alérgica y eczema, tan frecuentemente asociadas al asma. El montelukast es el único antagonista del recep- tor CysLT1 aprobado en nuestro país, para el uso pediá- trico en mayores de un año (6 meses en otras regiones). Su administración por vía oral y buen perfil de seguridad convierten a este fármaco en una alternativa válida en el tratamiento preventivo del asma pediátrica. �2 agonistas de acción prolongada Los beta 2 agonistas de acción prolongada (�2AP) tie- nen un rol en el tratamiento preventivo del asma persis- tente moderada a grave, asociados a los corticoides inha- lados. Actúan inhibiendo la broncoconstricción mediante el incremento del AMPc. Disminuyen la liberación de mediadores de los mastocitos y mejoran el aclaramiento mucociliar. Tanto el salmeterol como el formoterol tienen acción broncodilatadora y broncoprotectora sostenida por el lapso de 12 horas.Difieren en el tiempo de inicio de la acción broncodilatadora, haciéndose efectiva a los treinta minutos posinhalación, en el caso del salmeterol, y en escasos minutos para el formoterol, similar a los �2 agonistas de acción corta. Varias publicaciones en adultos mostraron que la aso- ciación de �2AP y corticoides inhalados a bajas dosis, en contraposición con corticoides inhalados a dosis más ele- vadas, permite lograr un mejor control del asma, especial- mente respecto a valores funcionales y número de exacer- baciones. Cabe destacar sin embargo que son escasas las publicaciones que avalan el uso de estas asociaciones en la población pediátrica, por lo cual, deben ser reservadas para los pacientes de mayor gravedad, clasificados como persistentes moderados o graves, o cuando no se logró un adecuado control de los síntomas mediante el trata- miento con corticoides inhalados a dosis bajas. En caso de exacerbación, no es conveniente incrementar la dosis del salmeterol; la respuesta al salbutamol se mantiene en pa- cientes que lo reciben regularmente. Con el uso crónico se ha descripto cierto grado de tolerancia, con disminución del efecto broncoprotector frente al ejercicio o en pruebas de provocación con metacolina o alergenos. Comercialmente, se encuentran disponibles en un solo dispositivo las asociaciones de budesonida + formoterol o de fluticasona + salmeterol. La vía de administración es inhalatoria, en aerosol pre- surizado de dosis medida y/o polvo seco. Como efecto colateral pueden producir taquicardia, temblor e hipo- potasemia. Los broncodilatadores de acción corta serán analizados al hacer referencia a la exacerbación de asma, dado que su uso regular no está recomendado. 862 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano tamiento preventivo en el asma persistente leve o moderada. Es un fármaco con escasos efectos colaterales, de respuesta clínica variable entre individuos, que previene el bronco- espasmo inducido por el ejercicio y atenúa las respuestas temprana y tardía de la reacción asmática, pero su acción antiinflamatoria es inferior a la de los corticoides inhalados y antileucotrienos. El nedocromil es una cromona similar al CGDS y ambos se administran por vía inhalatoria. Inmunoterapia en asma Su rol está bajo continua investigación. El tratamien- to del asma se basa en la administración de medicación antiinflamatoria, aplicación de medidas de evitación y educación, con lo cual en la gran mayoría de los casos, se logra un buen control de la enfermedad. La inmuno- terapia puede ser considerada ante un desencadenante alergénico específico que no pueda ser evitado y que, a pesar de un adecuado tratamiento antiinflamatorio, no se logren controlar los síntomas de asma. Debe ser pres- cripta por médico especialista, con extractos alergénicos de alta calidad y siempre asociada con medicación anti- inflamatoria. La eficacia de la inmunoterapia por vía oral o sublingual está discutida. Tratamiento preventivo del asma escalonado según gravedad Después de analizar los distintos aspectos necesarios para el tratamiento del asma y los fármacos antiasmáticos disponibles, se analizarán las estrategias para lograr un ade- cuado control. En la Figura 12 se grafica el tratamiento ini- cial luego de clasificar al paciente en función de su gravedad. Todos los pacientes, independientemente de la gra- vedad, serán educados e informados con respecto a las medidas de control ambiental. El niño clasificado como intermitente no recibirá tratamiento preventivo farmaco- lógico diario; el persistente leve iniciará con corticoides inhalatorios o eventualmente con antileucotrienos; el per- sistente moderado con combinación de corticoides inha- lados y �2 de acción prolongada y/o antileucotrienos y los persistentes graves con combinación de varios fármacos. El seguimiento de los niños clasificados en estos dos úl- timos grupos debería ser supervisado por el especialista. Durante el seguimiento y las evaluaciones periódicas, el GINA (2006) propone guiarse por el grado de control logrado, clasificar al paciente en “controlado”, “parcialmen- te controlado” y “no controlado” (Figura 12) y adaptar la terapéutica en función de esta evaluación. Cinco propuestas o niveles de tratamiento podrán se r evaluados en función del tratamiento inicial y de la clasi- ficación del grado de control. Analizándolas, se constata que el nivel 1 no requiere tratamiento farmacológico, en el nivel 2 se prescribirá un solo fármaco, en el 3 se po- drá elegir combinación de otros fármacos (�2 de acción prolongada, antileucotrienos o teofilinas) con corticoides inhalados a dosis bajas o incrementar las dosis de estos últimos, en el nivel 4 se requieren dosis medias o altas de corticoides inhalados asociados con uno o más de los otros fármacos; en el nivel 5, que alude al asma de difícil control con requerimientos de corticoides orales, se debe considerar la indicación de omalizumab (Figura 13). Es necesario recordar que el objetivo del tratamiento es lograr el control de los síntomas de asma usando la menor 11.12 Figura 11 Estrategia terapéutica escalonada inicial para el asma bronquial (GINA 2002-5). CTC: corticoides; LABA: broncodilatado- res de acción prolongada. Educación Control ambiental Adecuar dosis de medicación Tratamiento preventivo 1º selección Alternativo Clasificación Control óptimo No Intermitente CTC inhalatorio Diarios (+) Antileucotrienos Persistente leve CTC inhalatorio Diarios (++) + LABA Antileucotrienos Persistente moderado CTC inhalatorio Diarios (+++) + LABA Persistente grave Control aceptable Asociar con: Antileucotrienos Teofilinas CTC orales Anti IgE Sección 11 | Enfermedades respiratorias 863 11.12 Figura 12 Estrategia terapéutica según el grado de control logrado para el asma bronquial (GINA 2006). Exacerbación R ed u ci r In cr em en ta r Adaptar plan para lograr control Estrategia terapéutica Mantener plan lo más bajo posible Tratar la exacerbación Nivel de control Controlado Parcialmente controlado No controlado Incrementar hasta lograr control Reducir Incrementar Niveles de tratamiento Nivel 1 Nivel 2 Nivel 3 Nivel 4 Nivel 5 11.12 Figura 13 Asma bronquial: esquemas farmacológicos propuestos para la estrategia terapéutica según el grado de control logrado (GINA 2006). CTC: corticoides; CTCi*: CTC inhalados a bajas dosis; CTCi**: CTC inhalados a dosis medias; CTCi***: CTC inhalados a altas dosis; AL: antileucotrienos; LABA: broncodilatadores de acción prolongada. No realizar tratamiento preventivo CTC oral Anti IgE Seleccionar una opción CTCi* AL CTCi* + LABA CTCi** o CTCi*** CTCi* + AL CTCi* + Teofilina Agregar una o más opciones CTCi** o CTCi*** + LABA AL Teofilina Agregar una o ambas opciones Nivel 1 Nivel 5 Niveles de tratamiento Nivel 2 Nivel 3 Nivel 4 Educación y control ambiental y �2 acción corta a demanda 864 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano dosis de medicación antiinflamatoria posible, con el fin de prevenir los episodios agudos y mantener la función pul- monar en valores lo más cercano posible a la normalidad. Se controlará la técnica inhalatoria, el cumplimiento de las medidas de control ambiental (especialmente el hábi- to de fumar) y la adherencia al tratamiento. En cualquier momento e independientemente de la gravedad del caso, es posible que se requieran corticoides orales, sobre todo, ante una exacerbación de asma que no responde satisfac- toriamente a los broncodilatadores �2 agonistas. Si esta situación se repite con frecuencia es claro que no se ha logrado el control deseado. Tratamiento inhalatorio En la actualidad, la vía inhalatoria es considerada de elección para el tratamiento del asma bronquial. Brinda una acción terapéutica más rápida y más efectiva, con dosis me- nores de fármacos y efectos colaterales mínimos. Múltiples factores condicionan la eficacia de la terapia inhalatoria, comoser el tamaño de la partícula, la técnica inhalatoria, la edad del niño, el grado de obstrucción, el flujo inspiratorio y el flujo de aire del generador de aerosol. El uso de un aero- sol de dosis medida en forma directa es técnicamente difícil para pacientes en edad pediátrica, por lo cual se sugieren las cámaras espaciadoras que permiten que las partículas del aerosol queden en suspensión entre 3 a 5 segundos para que el paciente tenga tiempo suficiente para inhalar. Se lo- gra así disminuir el depósito del fármaco en la orofaringe, su absorción sistémica y la incidencia de candidiasis en el caso de los corticoides tópicos. Los niños pequeños, meno- res de 4 a 6 años, deben usar cámaras con máscara en po- sición vertical, mantener la cabeza erguida, con la máscara adherida a la cara, respirando al menos seis veces. Los niños mayores usarán cámaras espaciadoras con pico, inhalando lenta y profundamente con pausa inspiratoria de 10 segun- dos. El estado de conservación de las cámaras espaciadoras, la integridad de las válvulas y la técnica inhalatoria deben ser regularmente controladas. La inhalación de polvo seco es técnicamente más sencilla, eficaz y aceptada por los pa- cientes, pero requiere la colaboración del niño; por ende, es factible su indicación sólo en mayores de seis años. No se recomienda el nebulizador para el tratamiento preventivo, y se reserva su uso para las exacerbaciones de asma. ASMA BRONQUIAL: TRATAMIENTO DE LAS EXACERBACIONES La exacerbación de asma bronquial también llamada “episodio agudo” o “crisis de asma” es motivo de consulta frecuente en servicios de emergencias. Una consulta tar- día, la subevaluación de la gravedad del episodio agudo o un tratamiento insuficiente puede poner en peligro la vida del niño. Algunos pacientes presentan cuadros de- nominados de “asma casi fatal” con gran labilidad, pasan- do rápidamente a la insuficiencia respiratoria aguda, lo que representa una verdadera emergencia médica. En la historia clínica inicial deben ser registradas las caracte- rísticas de las exacerbaciones previas: frecuencia, grave- dad, internaciones, ingresos a terapia intensiva y tipo de medicaciones recibidas recientemente (ej.: corticoides inhalados, uso de �2 agonistas, corticoides orales o pa- renterales, etc.). Todo episodio de reagudización debe ser tratado en forma precoz en cuanto se presenten las primeras señales de deterioro. Las familias deben apren- der a identificar dichos signos clínicos y haber recibido, en consultas previas, instrucciones precisas sobre como iniciar el tratamiento con broncodilatadores inhalatorios y suspender toda actividad física. En caso de persistir o empeorar la sintomatología respiratoria (incremento de la tos, taquipnea, dificultad respiratoria, sibilancias, tiraje costal, retracciones supraesternales, aleteo nasal, etc.), deben consultar rápidamente con el pediatra para evaluar la gravedad del episodio y eventualmente iniciar tratamiento con corticoides orales. En caso de pacientes que realizan monitoreo hogareño de PFE valores com- prendidos entre el 50%-80% del mejor valor personal sugieren indicación de �2 agonistas y menores del 50% consulta urgente por exacerbación grave. En la Tabla 5 se enumeran los parámetros requeridos para clasificar una exacerbación de asma en función de la gravedad: Fármacos para el tratamiento de las exacerbaciones: �2 agonistas de acción corta (�2AC) Son los broncodilatadores más potentes por vía inha- latoria, tienen rápida acción y escasos efectos adversos, por lo cual resultan los fármacos de elección para el tra- tamiento inicial de las exacerbaciones de asma. Relajan el músculo liso mediante la activación de la adenilciclasa que aumenta el AMPc potente inhibidor de la bron- coconstricción. Pueden producir taquicardia, temblor, cefaleas, hiperglucemia e hipopotasemia aunque por vía inhalatoria los efectos sistémicos son muy escasos. También son eficaces para prevenir el asma inducida por ejercicio y tienen acción broncoprotectora frente a des- encadenantes alergénicos. Se capacitará a los padres para que los administren en el hogar, ante la aparición de los primeros síntomas de 11.12 Tabla 5 Variables para clasificar la gravedad de la exacerba- ción de asma* Síntomas Disnea Dificultad para hablar Estado de conciencia Signos FR FC Sibilancias Tiraje Pulso paradojal (eventualmente) Mediciones objetivas Saturometría PFE PaO2 (eventualmente) PacO2 (eventualmente) *Todos estos parámetros deben ser evaluados al inicio y en los controles posteriores. FR: frecuencia respiratoria; FC: frecuencia cardíaca; PFE: pico de flujo espiratorio. Sección 11 | Enfermedades respiratorias 865 Teofilinas En casos de pacientes hospitalizados con exacerbaciones muy graves, la administración parenteral de teofilina debe ser cuidadosamente supervisada, administrada mediante bomba de infusión y monitoreo sanguíneo. Si se la adminis- tra por bolo, la dosis recomendada es de 5-6-mg/kg y por infusión continua 0,7 mg/kg/hora con máximo de 900 mg/ día. Si el paciente recibía previamente teofilina anhidra por vía oral se debe adecuar la dosificación parenteral. No está recomendado el uso de mucolíticos, antitusivos y/o sedantes. Algoritmo terapéutico de la exacerbación de asma Todo paciente con exacerbación clasificada inicialmen- te como leve o moderada seguirá los pasos propuestos en el algoritmo (Algoritmo 2). En caso de que la exacerba- ción sea grave o de claudicación respiratoria inminente (CRIA) se priorizará el tratamiento de emergencia y se arbitrarán los medios en caso de requerir traslado a una Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos. El algoritmo propuesto se basa en acciones derivadas de las respuestas clínicas obtenidas con los tratamientos farmacológicos instituidos. La recuperación de la función pulmonar posterior a una exacerbación es generalmente gradual, a veces, puede ser prolongada y en general se necesitan varias semanas para disminuir la inflamación y la hiperreactividad bron- quial, especialmente en casos de episodios graves. El tra- tamiento ambulatorio posterior debe ser cuidadosamente controlado, con disminución progresiva de corticoides orales y �2 agonistas. En caso de administrar corticoides orales por lapsos cortos de tiempo, estos pueden ser sus- pendidos abruptamente. Cuando los períodos son más largos, el descenso se realizará gradualmente hasta lograr la normalización clínica. Todo paciente que concurrió a un servicio de emergencia debe ser provisto de un informe escrito donde conste el tratamiento recibido, las consig- nas precisas para continuar en el hogar, dónde y cuándo concurrir para iniciar o continuar con el tratamiento pre- ventivo ambulatorio. ASMA BRONQUIAL: CONSIDERACIONES FINALES Diariamente, se detectan niños que nunca tuvieron la oportunidad de acceder a un tratamiento preventivo para el control de su asma. La elaboración de una estrategia de ca- pacitación para el área de salud, sencilla, accesible e integra- da en un programa de atención del niño con asma, permiti- rá acercar el tratamiento a la mayoría de los niños afectados. Son acciones imprescindibles la supervisión, monitoreo y posterior medición del impacto de las medidas implemen- tadas, asociado con la provisión de fármacos para un trata- miento preventivo. El recambio frecuente del personal de salud así como los mensajes contradictorios con respecto a los criterios terapéuticos y las dificultades económicas deben ser también variables a considerar. El primer paso para acceder a un tratamiento preventivo del asma nace en el seno del hogar cuando la familia percibe los síntomas del niño y en función de improntas socioculturales y económi- cas decide concurrir a un centro asistencial. El área de salud debe estar capacitada para realizar el diagnóstico de asma, clasificarla según su gravedad, impartir educación, indicar deterioro clínico o de la función pulmonar detectada en el hogar con medidorde flujo pico. La droga de elección es el salbutamol en aerosol presurizado de dosis medida o en solución para nebulizar; también se encuentra dis- ponible fenoterol, terbutalina y levoalbuterol. Las modalidades de administración son, para el sal- butamol en aerosol presurizado de dosis medida admi- nistrado con cámara espaciadora (200 mg = 2 disparos). Para la nebulización con salbutamol (0,15 mg/kg/dosis, o 1 gota/2 kg peso/dosis). En niños mayores usar preferen- temente pipeta bucal. La frecuencia de las dosis se regula en función de gravedad y respuesta terapéutica. Anticolinérgicos El bromuro de ipratropio es un broncodilatador que bloquea las vías vagales eferentes posganglionares, a través de la inhibición competitiva de los receptores muscaríni- cos colinérgicos. Disminuye el tono vagal y la secreción de las glándulas mucosas. Tienen una respuesta broncodilatadora tardía, de menor potencia que la de los �2 agonistas pero la asociación de am- bos es considerada beneficiosa dado que, administrándolos tempranamente en caso de exacerbaciones moderadas o graves, se logra reducir el porcentaje de hospitalizaciones. Como efectos colaterales presentan sequedad de boca, sa- bor desagradable y debe evitarse el contacto con los ojos. Oxígeno Debe administrarse oxígeno humidificado con máscara o bigotera en todo paciente con hipoxemia sospechada o confirmada. En caso de poder controlar al paciente con saturometría (SatO2) el objetivo es lograr valores mayores de 95%. Es fundamental el monitoreo de la fracción inspi- rada de oxígeno (FiO2). Corticoides orales o parenterales En caso de exacerbación y ante la falta de respuesta a los broncodilatadores, el tratamiento temprano con corticoides orales previene la progresión del episodio agudo y disminu- ye la concurrencia a servicios de emergencias y las interna- ciones Las dosis recomendadas de prednisona o equivalente son de 1-2 mg/kg (máximo 60 mg/día). Sólo en caso de intolerancia digestiva o gravedad de la exacerbación (altera- ción de conciencia, disnea grave, vómitos) se prescribirá la vía parenteral: hidrocortisona (o equivalente) a 4-6 mg/kg, por vía intravenosa, en dosis única o cada 6 horas asociada con protectores gástricos. El tiempo de administración de los corticoides dependerá de la respuesta terapéutica. Sulfato de magnesio Una dosis única de sulfato de magnesio es conside- rada segura y efectiva, pero aún existen controversias en relación a la administración de dosis reiteradas (riesgo de hipermagnesemia, fatiga muscular y falla respiratoria). Se indica sulfato de magnesio sólo para pacientes que se en- cuentran en la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátri- cos, con mala respuesta a los tratamientos estandarizados. La dosis sugerida es de 25 mg/kg/hora por vía endove- nosa, y los efectos colaterales posibles son: rubicundez, sudoración, náuseas e hipotensión arterial. 866 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano 11.12 Algoritmo 2 Exacerbaciones de asma: algoritmo terapéutico en función de gravedad. PFE: pico de flujo espiratorio. CTC: corticoi- des. UCIP: unidad de cuidados intensivos pediátricos. Favorable Observar durante una hora Considerar alta �2 agonistas inhalatorios cada 6 horas CTC si estos fueron administrados Control en 48 horas Pautas de alarma Evaluación inicial y clasificación según gravedad Historia clínica - examen físico – Sat O2 – eventual PFE Repetir evaluación Examen físico – Sat O2 - eventual PFE Favorable Alta �2 agonistas inhalotorio cada 3-6 horas CTC orales por 2-5 días Control en 12-24 horas Pautas de alarma Educación Derivar para considerar esquema de tratamiento preventivo Desfavorable Internación en Sala o UCIP Oxígeno �2 agonista nebulizado cada 2 horas o continuo Hidrocortisona cada 6 horas Considerar: Sulfato de Mg Aminofilina En cuidados intensivos: Isoproterenol EV Ventilación mecánica Alta Tratamiento preventivo obligatorio Seguimiento por especialista Pautas de alarma y educación Sin cambios �2 agonista inhalotorio cada 20 minutos durante 1-3 horas O2 para lograr Sat O2 > 95% CTC parenterales Desfavorable Solicitar internación �2 agonista inhalotorio cada 20 minutos O2 para lograr Sat O2 > 95% CTC parenterales Repetir evaluación Examen físico – Sat O2 - eventual PFE Tratamiento inicial según clasificación �2 agonista inhalados cada 20minutos durante 1 hora O2 para lograr Sat O2 > 95% CTC parenterales si no mejora rápidamente, si ya los recibía, o en caso de exacerbación moderada grave Sección 11 | Enfermedades respiratorias 867 �� Indirecto por activación del reflejo vagal, secundario a la acidificación del esófago distal que desencadena broncoconstricción refleja. Si bien el síntoma más sugestivo para el diagnóstico de RGE es el vómito, es posible que no sea referido. Debe pensarse en RGE cuando el interrogatorio revela tos re- currente de predominio nocturno, sibilancias, laringotra- queitis, estridor, llanto, irritabilidad, rechazo del alimen- to, dolor abdominal o retroesternal, pirosis, hematemesis, melena o anemia. El RGE puede causar apneas y fallo en el crecimiento, neumonías a repetición, atelectasias, aso- ciándose con mayor frecuencia a otitis media. El estudio radiológico con control radioscópico permite visualizar el reflujo, detectar alteraciones de la deglución y anomalías anatómicas (anillos vasculares, hernia hiatal). Mediante la gammagrafía es posible confirmar los episodios de RGE, evaluar el tiempo de vaciamiento gástrico y detectar mi- croaspiraciones pulmonares. Con la pH-metría esofágica de 24 horas, se documenta el RGE patológico, registrando número, duración y el grado de acidez de los episodios de RGE. La impedanciometría es una nueva modalidad diagnóstica que permite registrar epi- sodios de reflujo alcalino. La endoscopia esofágica con toma de biopsia se realiza excepcionalmente. El tratamiento se basa en medidas higiénico-dietéticas (ingesta fraccionada y frecuente, líquidos espesados, sueño en plano elevado de 30º). Según la gravedad se prescribirán proquinéticos, an- tiácidos, citoprotectores (sucralfato), ranitidina u omepra- zol. Excepcionalmente, debe considerarse la cirugía. Hernia diafragmática Clínicamente, la hernia de Bochdaleck se manifiesta con un grave cuadro de distrés respiratorio progresivo en el re- cién nacido, con riesgo de vida si no se realiza una repara- ción quirúrgica de urgencia. Se constata asimetría torácica, desplazamiento del choque de punta, ruidos hidroaéreos en el tórax y abdomen excavado. La hernia de Morgagni presenta un cuadro clínico de menor gravedad, aunque el diagnóstico suele ser tardío. Los hallazgos clínicos más fre- cuentes son la tos, el dolor torácico, disnea de intensidad variable, asimetría auscultatoria y síntomas digestivos. El diagnóstico en el caso de las hernias de Bochdaleck puede ser prenatal mediante controles ecográficos o sobre la base de la clínica y a la radiografía de tórax posnatal. El trata- miento consiste en la cirugía reparadora del diafragma. Cuerpo extraño Se debe sospechar la aspiración de un cuerpo extraño en todo niño sano que presenta un cuadro brusco de difi- cultad respiratoria con disnea y cianosis. Cuando el cuer- po extraño impacta en la vía aérea alta puede presentar cuadro de asfixia o estridor inspiratorio; si se aloja en la vía aérea inferior, luego del cuadro inicial, suele existir un período asintomático. Complicaciones a largo plazo pue- den ser bronquitis crónica, atelectasia persistente, neu- monía recurrente, absceso pulmonar, bronquiectasias o hemoptisis. En caso de oleaginosos (maní, girasol) suele complicarse con neumonitis araquidónica. El cuerpo extraño radiopaco se visualizará en la ra- diografía simple de tórax. En caso contrario, los signos medidas de prevención, prescribir tratamiento farmacoló- gico y considerar la necesidad de una derivación a un centro especializado. La posibilidad de acceso real al control de la enfermedad estará sujeta a lafactibilidad de aplicación de las indicaciones terapéuticas, a la comprensión correcta de las mismas y al mantenimiento de un seguimiento regular. DIAGNÓSTICOS DIFERENCIALES A partir de dos sentencias tradicionales que aseguran que “todo lo que sibila es asma hasta que se demuestre lo contrario” y “no todo lo que sibila es asma”, en este apartado, se analizarán otras patologías obstructivas no asmáticas, debido a que, puede suceder que un paciente con diagnóstico de asma bronquial padezca simultá- neamente otra patología tal como aspiración de cuer- po extraño, reflujo gastroesófágico (RGE), tuberculosis (TBC), etc. Por su semiología, algunas enfermedades respirato- rias deben ser diferenciadas del asma bronquial. Como ya se ha mencionado existe un gran número de pato- logías que clínicamente se manifiestan con tos, dificul- tad respiratoria y sibilancias. La bronquiolitis ha sido analizada en el capítulo sobre infecciones respiratorias agudas. La displasia broncopulmonar, enfermedad fibro- quística y secuelar posviral, en el capítulo sobre la en- fermedad pulmonar crónica. Las cardiopatías congénitas con o sin insuficiencia cardíaca y la tuberculosis siempre deben ser descartadas. Alteraciones deglutorias En todo lactante que, durante la alimentación, presenta síntomas respiratorios, debe considerarse el diagnóstico de alteración de la función deglutoria. Otros síntomas secun- darios a esta disfunción son disfonía recurrente, neumonías aspirativas recurrentes, retraso ponderal y desnutrición. El diagnóstico se basa en la sospecha clínica y se confir- ma mediante estudios radiológicos de videodeglución con bario o videofluoroscopia. Los trastornos de deglución se asocian a enfermeda- des, defectos anatómicos congénitos (por ej., macroglo- sia, fisura palatina), enfermedades neurológicas o neu- romusculares y compresiones o lesiones secundarias a quemaduras o traumas. El tratamiento se indicará en función de la etiología. Si el trastorno deglutorio es muy grave, será necesario re- currir a una gastrostomía para asegurar una adecuada ali- mentación y evitar la broncoaspiración de los alimentos. Reflujo gastroesofágico La asociación entre RGE y obstrucción bronquial ha sido ampliamente analizada, aunque los resultados aún son controvertidos y se estima que esto sucede entre el 26%-80% de los casos, según distintas fuentes bibliográ- ficas. En todo niño con sibilancias, antecedentes de vómi- tos, irritabilidad y trastornos del sueño, el diagnóstico de RGE debe ser considerado como una entidad nosológica per se o asociado al asma. El RGE puede causar enferme- dad respiratoria mediante distintos mecanismos: �� Directo con microaspiración pulmonar de contenido gástrico (poco frecuente). 868 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano Enfisema lobar congénito Se origina por un mecanismo de obstrucción valvular secundario a un defecto de los cartílagos bronquiales o por repliegues de la mucosa generando sobredistensión al- veolar y enfisema. El diagnóstico se basa en la clínica (sín- drome de dificultad respiratoria progresivo con cuadro de tos y sibilancias que se intensifican con la alimentación y el llanto) y radiografías de tórax con hiperinsuflación progresiva del lóbulo afectado, compresión del pulmón remanente y desplazamiento mediastinal. El tratamiento es quirúrgico, mediante la exéresis del lóbulo afectado. Quistes broncogénicos Son malformaciones congénitas de tipo quísticas, uni- loculares, de tamaño variable habitualmente ubicadas en el mediastino o parénquima pulmonar. Pueden ser asin- tomáticos o con síntomas secundarios al grado de com- presión de la vía aérea o esófago o por sobreinfección del quiste. La radiología y la TC revelan imágenes redondea- das, con bordes nítidos y densidad homogénea. La exére- sis quirúrgica es el tratamiento indicado. Anillos vasculares Algunos elementos vasculares anómalos como un do- ble arco aórtico, arteria subclavia aberrante, arteria inno- minada anómala o arteria pulmonar izquierda anómala pueden comprimir la vía aérea y/o el esófago generando síndrome de dificultad respiratoria, sibilancias recurren- tes y persistentes, estridor, disfagia, a veces cianosis y apnea. El esofagograma contrastado con bario orienta al diagnóstico al observar la “muesca esofágica”, en la radio- grafía de tórax de perfil; la angiografía o angiografía por resonancia lo confirma. En los pacientes sintomáticos el tratamiento es quirúrgico. Secuestro pulmonar Es una malformación broncopulmonar compuesta por tejido pulmonar embrionario no funcionante, con irri- gación sistémica y sin comunicación con el árbol traque- obronquial. Clínicamente se manifiesta como neumonías recurrentes localizadas siempre en el mismo lugar. Pue- den asociarse con sibilancias localizadas. La radiografía de tórax muestra una opacidad que puede ser homogénea o quística, a veces con calcificaciones. La an- giografía o angiografía por resonancia, que muestran la irri- gación anómala mediante un vaso originado habitualmente en la aorta torácica o abdominal, confirman el diagnóstico. El tratamiento consiste en la exéresis quirúrgica, y es ne- cesario identificar el vaso anómalo con presión sistémica. En las Tablas 6 y 7 se esquematizan los estudios que se deben solicitar en función de diagnósticos diferenciales. indirectos son la atelectasia y/o el enfisema localizado. Una radioscopia o un par radiológico en inspiración y espiración permiten evidenciar el fenómeno valvular, constatándose una hiperclaridad localizada en la espi- ración. El tratamiento es la extracción endoscópica con broncoscopio rígido. Bronquiectasias En todo paciente con sibilancias recurrentes o tos productiva con broncorrea, debe considerarse el diag- nóstico de bronquiectasias, que son dilataciones bron- quiales irreversibles, con alteración estructural de la pa- red. Pueden asociarse a defectos genéticos del cartílago bronquial (síndrome de Williams-Campbell), de los tejidos elásticos y musculares (síndrome de Mounier- Khun), a enfermedades hereditarias como la fibrosis quística, el síndrome de cilia inmóvil o de Kartagener. Las adquiridas pueden ser secundarias a atelectasias persistentes, infecciones virales (bronquiolitis por ade- novirus, sarampión), o cuadros bacterianos (coquelu- che, tuberculosis, neumonías). Radiológicamente se constatan signos indirectos de bronquitis y peribron- quitis, dibujo vascular distorsionado, trama bronquial “apelmasada”, pérdida de volumen con desplazamiento cisural, hiliar y/o mediastinal y eventualmente imáge- nes quísticas con o sin nivel hidroáereo. La tomografía computarizada (TC) de alta resolución con cortes finos es el método diagnóstico de elección. Son patognomó- nicas las imágenes de anillo de sello (bronquio de mayor calibre que la arteria acompañante), bronquios engrosa- dos ”en vías de ferrocarril” y visualización de bronquios en el tercio periférico del parénquima pulmonar. El tra- tamiento se basa en medidas de sostén, kinesioterapia, drenaje postural, y antibióticos en caso de sobreinfec- ción. El tratamiento quirúrgico puede ser considerado en caso de bronquiectasias localizadas, refractarias al tratamiento médico, y/o hemoptisis. Traqueomalacia Se caracteriza por presentar tos perruna con sibilan- cias a predominio espiratorio, que empeoran con la tos, el llanto, la alimentación y ante cuadros de infecciones respiratorias. La forma congénita corresponde a una mal- formación de los anillos cartilaginosos traqueales que se colapsan al espirar. Las adquiridas suelen ser secundarias a traumatismos, secuelas quirúrgicas o intubación prolon- gada. El diagnóstico se sospecha por la clínica. Desde el punto de vista funcional la curva flujo-volumen muestra obstrucción fija de la vía aérea intratorácica. La fibrobron- coscopia, con anestesia local y respiración espontánea, confirma el diagnóstico. Sección 11 | Enfermedades respiratorias 869 11.12 Tabla 6 Estudios para solicitaren caso de diagnósticos diferenciales Diagnósticos diferenciales Estudios para solicitar Fibrosis quística Test del sudor Van de Kammer Estudio genético Anillo vascular Radiografía de tórax: perfil con esófago contrastado Cardiopatías congénitas Electrocardiograma Ecocardiograma Cateterismo Angiografía Reflujo gastroesofágico Seriada gastroduodenal Ph-metría Cámara gamma Tuberculosis PPD 2 UT Lavado gástrico LBA Inmunodeficiencias Perfil inmunológico VIH Cuerpo extraño Radiografía de tórax en inspiración y en espiración Endoscopia rígida Malformaciones congénitas Ecografía TC Angioneumografía Angiografía Fístula traqueoesofágica Endoscopia Azul de metileno Bronquiectasias TC de alta resolución Traqueomalacia-broncomalacia Fibroendoscopia LBA: lavado broncoalveolar; TC: tomografía computarizada. 870 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano 11.12 Tabla 7 Puntos de la evaluación clínica que orientan hacia diversos diagnósticos diferenciales Evaluación clínica Diagnósticos diferenciales para considerar Antecedentes neonatales Displasia broncopulmonar Aspiración de líquido amniótico meconial Secuelas quirúrgicas neonatales: hernia diafragmática Antecedente de infección viral Bronquiolitis obliterante McLeod Bronquiectasias Sibilancias asociadas a la alimentación Trastornos de la deglución Fístula traqueoesofágica Reflujo gastroesofágico Síntomas de inicio brusco Aspiración de cuerpo extraño Síndrome aspirativo Tromboembolismo pulmonar Bronquiolitis Esteatorrea FQ Estridor Aspiración de cuerpo extraño Laringotraqueomalacia Laringitis Retraso del crecimiento EPOC FQ RGE Hipocratismo digital Bronquiectasias FQ Soplo cardíaco Cardiopatías congénitas Hipertensión pulmonar Broncorrea Bronquiectasias FQ Hemoptisis Bronquiectasias TBC Hemosiderosis pulmonar Infecciones recurrentes Déficit inmunológico (IgA, IgG, IgG subclase) FQ Bronquiectasias Secuestro pulmonar Quiste broncogénico Hipoxemia aguda grave Bronquiolitis grave Mal asmático Pneumocystis jiroveci Distrés respiratorio progresivo Enfisema lobar Hernia de Bochdaleck Doble arco aórtico Patología mediastinal TBC Quiste broncogénico Atelectasia persistente Cuerpo extraño TBC Bronquiectasias Atelectasia migratriz Aspergilosis broncopulmonar Asma Hiperlucencias radiológicas Enfisema lobar Cuerpo extraño Neumotórax Patología pulmonar focalizada Malformaciones congénitas Cuerpo extraño Bronquiectasias Atelectasias Neumonía Falta de respuesta a �2 agonistas Vía aérea pequeña Doble arco aórtico Tumores Adenopatías Secuela posviral FQ: fibrosis quística; EPOC: enfermedad pulmonar obstructiva crónica; RGE: reflujo gastroesofágico; TBC: tuberculosis. Sección 11 | Enfermedades respiratorias 871 de sueño diurno. Al finalizar el primer trimestre de vida se consolida el ritmo circadiano, es decir, actividad de vigilia durante las horas de luz y sueño en las horas de oscuridad. Es este el momento en que se produce el cambio de etapa inicial de sueño con adormecimiento en sueño calmo (no REM) como sucederá en el resto de la vida. Al final del pri- mer año las diferentes características electrofisiológicas del sueño están ya bien definidas, y el sueño diurno comprende sólo dos o tres siestas breves que están constituidas exclu- sivamente por sueño no REM. A pesar de esta gran madu- ración cualitativa, desde un punto de vista cuantitativo el acto de dormir sigue ocupando la mayor parte del día de los niños hasta los 5 ó 6 años de edad. Maduración de la anatomía y función respiratoria El aparato respiratorio sufre igualmente grandes trans- formaciones durante el crecimiento del niño, sobre todo en el primer año de vida. Las vías aéreas superiores del niño ofrecen una resistencia pronunciada al pasaje del aire, por la estrechez relativa de las coanas y el menor ca- libre faríngeo, dado por una retromicrognatia y una ma- croglosia relativas. A esto se suma un mayor componente de tejido conectivo en relación al muscular y una menor solidez de las estructuras cartilaginosas y óseas; todo esto produce una tendencia a la disminución del calibre y el eventual colapso. Con el crecimiento se produce un au- mento de la solidez de las vías aéreas superiores, pero esto se acompaña frecuentemente del aumento del tamaño de las amígdalas y adenoides, que tienden nuevamente a au- mentar la resistencia ante la inspiración. El tórax del recién nacido tiene una estructura cilíndri- ca, enfisematoide, que asociada a la gran flexibilidad de las costillas inmaduras ponen al neonato en una gran desven- taja para la actividad mecánica respiratoria. La inhibición del tono muscular que se produce en el sueño activo y en el REM interactúa con estas caracterís- ticas de las estructuras respiratorias, lo que hace que el neonato, el lactante y el niño pequeño se encuentren en una situación de mayor labilidad, con tendencia a la obs- trucción de las vías aéreas superiores o a la insuficiencia ventilatoria por disfunción torácica. El estímulo respiratorio también es afectado por las diferentes etapas del sueño. En el sueño no REM la activi- dad respiratoria central es notablemente estable y regular, tanto en amplitud como en frecuencia, y depende fun- damentalmente de las descargas espontáneas del tronco cerebral. En el sueño REM el estímulo central se vuelve irregular, con variaciones tanto en la frecuencia como en el volumen, e incluso se observan pausas o apneas. TRASTORNOS RESPIRATORIOS ASOCIADOS AL SUEÑO Esquemáticamente los desórdenes respiratorios rela- cionados con el sueño pueden clasificarse en tres grupos: BASES ANATÓMICAS Y FUNCIONALES Maduración de la organización del sueño El sueño es un estado caracterizado por la inmovili- dad y la disminución de la conexión con el medio, que se produce espontáneamente, se repite en forma periódica y puede ser interrumpido por estímulos de una determina- da intensidad. Desde el punto de vista neurofisiológico, el acto de dormir incluye dos estados diferentes: el sueño con movimientos oculares rápidos (REM, Rapid Eye Mo- vements) y el sueño sin REM (no REM). En este último, la actividad electroencefalográfica se caracteriza por bajas frecuencias y grandes amplitudes de onda. La progresiva acentuación de estas características da lugar a la clasifica- ción del sueño no REM en cuatro etapas, de la 1 (sueño ligero o adormecimiento) hasta la 4 (sueño lento profun- do). Durante estas etapas no hay REM, y el tono muscu- lar está moderadamente disminuido si se lo compara con el tono muscular de la vigilia. En el sueño REM el elec- troencefalograma muestra una gran actividad, con ritmos rápidos y de baja amplitud, semejante a la actividad de vi- gilia (sueño paradojal). Los movimientos oculares rápidos se producen asociados en forma de racimos, y el tono de los músculos axiales se ve inhibido casi por completo. Los períodos de sueño no REM y REM se alternan pe- riódicamente conformando los ciclos de sueño de alrede- dor de 90 minutos de duración. En el adulto, estos ciclos comienzan siempre en la etapa 1 del sueño no REM y es- tán constituidos por aproximadamente un 80% de sueño no REM y un 20% de sueño REM. Ya en las últimas etapas de la vida fetal se puede ob- servar una gran diferencia entre vigilia, sueño no REM y sueño REM; esta diferenciación cualitativa, así como numerosos cambios cuantitativos se completan durante la infancia y la niñez, sobre todo durante el primer año de vida posnatal. Dado que las características electroencefa- lográficas del sueño no REM y REM no están del todo maduras en el recién nacido, a esta edad las etapas de sue- ño se denominan “sueño calmo” (predecesor del no REM) y “sueño activo” (predecesor del REM). El recién nacido pasa la mayor parte del tiempo durmiendo, tanto de día como durante la noche, en períodos de 4 ó 5 horas de sue- ño, entre los que se intercalan breves lapsos de vigilia; sus ciclos de sueño son breves, de alrededor de 45 minutos de duración y comienzan en sueño activo (REM) que ocu- pa el 50% deltiempo total del ciclo. Dado que durante el sueño REM hay una gran actividad cerebral, con síntesis proteica, multiplicación de arborizaciones neuronales e instalación de nuevas conexiones de estas, el alto porcen- taje de sueño REM o activo refleja la enorme y rápida ma- duración del cerebro durante los primeros meses de vida. Con la maduración neurológica disminuye gradualmen- te el tiempo nocturno de vigilia y se acortan los períodos 11.13 Trastornos respiratorios durante el sueño Juan Manuel Figueroa Turienzo � Ana M. Balanzat 872 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano 1) trastornos por obstrucción de las vías aéreas superiores durante el sueño (OVASS); 2) trastornos por alteración de la mecánica respiratoria, incluyendo patologías pulmo- nares, neuromusculares o esqueléticas; 3) trastornos del control respiratorio. Trastornos por obstrucción de las vías aéreas superiores durante el sueño Las OVVAS son los problemas más frecuentes y se pro- ducen en alrededor del 1% de todos los niños de entre 6 meses y 6 años. La apertura de la cavidad faríngea depende del balance entre la presión negativa generada desde el tó- rax por la contracción del diafragma y la fuerza dilatadora ejercida por los músculos dilatadores de la faringe. Con la disminución del tono muscular que se produce durante el sueño, sobre todo en el REM, se genera un desequilibrio con disminución del predominio de las fuerzas dilatadoras, lo que lleva a un menor calibre y un aumento de la resis- tencia en las vías aéreas superiores. En niños que presentan asociadas otras causas de aumento de la resistencia o de disminución de la capacidad muscular dilatadora (hiper- trofia de amígdalas y adenoides, rinitis, malformaciones craneofaciales, patología neuromuscular, etc.) la sumatoria de factores puede dar lugar a la hipoventilación (hipoxia e hipercapnia) e incluso a la aparición de episodios de colapso total del calibre faríngeo (apneas obstructivas). Por la uni- formidad de las consecuencias sobre la salud de los niños, se agrupan los episodios de obstrucción incompleta y las ap- neas obstructivas bajo una única denominación: OVASS. Este mismo criterio se utiliza en la bibliografía anglosajona bajo el término de “Sleep Disordered Breathing” (respiración desordenada durante el sueño). Diagnóstico Desde una visión clínica, el signo más obvio de obs- trucción de las vías aéreas superiores durante el sueño es el ronquido, que refleja la vibración de las paredes farín- geas. Investigaciones realizadas en el extranjero y en nues- tro país determinaron que entre un 12-15% de los niños en edad preescolar roncan; alrededor de 1 de cada 10 de estos niños presenta OVASS. Las apneas obstructivas son a veces referidas por los pa- dres como episodios de silencio en medio de un ronquido casi constante, asociados con tiraje o esfuerzo respiratorio exagerado. Pero estos episodios no siempre son tan evi- dentes y además, tienden a producirse casi exclusivamen- te en el sueño REM, en horas de la madrugada, cuando los padres también están durmiendo y no pueden ver ni escuchar al niño. Estos niños tienen además un sueño in- quieto, con muchos movimientos y sudoración exagerada para la temperatura ambiente. Frecuentemente duermen en posiciones particulares tendientes a mantener hipe- rextendido el cuello. Algunos presentan también enuresis nocturna como una expresión de su trastorno del sueño. En los casos más graves la obstrucción de las vías aéreas superiores durante el sueño puede causar sofocación grave con aparente riesgo inminente para la vida del niño. En cuanto a los síntomas diurnos que presentan estos niños, los más frecuentes son los trastornos del comporta- miento, sobre todo hiperactividad y agresividad, trastor- nos del aprendizaje y dificultades escolares. Diferentes es- tudios han mostrado que los niños con OVASS presentan déficits neurocognitivos objetivables mediante test y que el rendimiento en estos test mejora luego del tratamiento de la OVASS. Desde un punto de vista epidemiológico se ha mostrado también que la OVASS es una de las cau- sa más frecuentes de fracaso escolar, tanto en los Estados Unidos como en países de Europa. Algunas observaciones realizadas en adolescentes (13-14 años) con antecedentes de OVASS en la niñez permitirían inferir que la recupe- ración neurognitiva no es total, y que es menor cuanto mayor es el tiempo de evolución de la obstrucción. En los niños más pequeños y con cuadros graves puede observar- se retraso madurativo. Mientras que en los adultos con OVASS la somno- lencia diurna es el síntoma más frecuente, en los niños es poco común (sólo en los niños mayores o adolescentes). La consecuencia somática más frecuente de la obstruc- ción de las vías aéreas superiores durante el sueño del niño es la falla de crecimiento. Esta situación ha sido descrita en aproximadamente el 40% de estos niños y, aunque tie- ne un origen multifactorial, la principal causa es la dis- minución de la liberación de hormona de crecimiento y somatomedinas, y el aumento de factores catabólicos. La obstrucción de las vías aéreas superiores durante el sueño puede producir repercusiones cardiovasculares, con hipertensión pulmonar o sistémica y sobrecarga de uno o ambos ventrículos, llegando en los casos más graves al corazón pulmonar. Todos los síntomas y signos mencionados deben plan- tear rápidamente, como sospecha diagnóstica principal, la presencia de OVASS. Lamentablemente numerosos estudios han mostrado que el interrogatorio a los padres tiene un alto porcentaje de error, lo que se debe a que exageran o minimizan los episodios (por temor a que “se muera ahogado”, o porque “respira igual que el padre”, por ejemplo). La grabación de los sonidos respiratorios durante el sueño y, si es posible, el video del niño durante los episodios que llaman la aten- ción de los padres pueden ayudar al diagnóstico. El moni- toreo nocturno de la saturometría mediante un oxímetro con memoria y posibilidad de extracción de los datos y análisis de ellos en una computadora es otro recurso valio- so para el diagnóstico. Sin embargo todos estos elementos sólo son válidos si confirman la presencia de los episodios; pero no tienen valor para descartar la OVASS ya que sólo comprenden datos de un tiempo limitado: Por otro lado pueden existir OVASS leves, que no comprometan la oxi- metría pero que tengan igualmente repercusión clínica. El método de referencia para el diagnóstico de la OVASS sigue siendo la polisomnografía (PSG), que es indspensable para descartarla totalmente. La PSG es el registro simultáneo del electroencefalograma, movimien- tos oculares, actividad muscular del mentón, flujo aéreo nasobucal, movimientos respiratorios, saturación de oxí- geno y electrocardiograma, que permite además evaluar la gravedad de la obstrucción y sus repercusiones sobre la oxigenación y el funcionamiento cardíaco. La realización de PSG es obligatoria en poblaciones con alto riesgo de complicaciones, como los menores de dos años o los ni- Sección 11 | Enfermedades respiratorias 873 ños con patología pulmonar, neurológica, neuromuscular o cardíaca asociada. En estos casos la confirmación diag- nóstica y la cuantificación de la gravedad de la OVASS (cantidad de las apneas o episodios de hipoventilación y repercusiones sobre la oxigenación y la actividad cardíaca, etc.) permite evaluar riesgos y beneficios de las diferentes opciones de tratamiento. Tratamiento El tratamiento de estos niños está dirigido a restable- cer el balance de fuerzas en la faringe. En algunos niños con adenoiditis o rinosinusitis el control de la inflamación mediante antibióticos y corticoides locales puede ayudar a superar el problema; se ha mostrado la disminución del ta- maño adenoideo luego del uso prolongado de amoxicilina y azitromicina, y sobre todo, con la aplicación nasal prolonga- da de esteroides tópicos. No se ha descrito esta mejoría en los niños en quienes predominala hipertrofia amigdalina. La mayoría de estos niños requieren finalmente una so- lución quirúrgica (adenoamigdalectomía). Los niños con OVASS tienen un riesgo aumentado de complicaciones en el perioperatorio, por lo que se sugiere su control bajo internación en las 24 horas posteriores a la cirugía, sobre todo en la población de mayor riesgo (ex prematuros, me- nores de dos años, o niños con patología asociada: malfor- mados craneofaciales, neuromusculares, etc.). En otros casos pueden requerirse cirugías más com- plejas que incluyen plásticas de los pilares faríngeos o de la base de la lengua. En los contados casos en que no se obtienen resultados satisfactorios con la cirugía o en los que esta resulta riesgosa o previsiblemente insu- ficiente (por malformaciones graves o patología asocia- da) se utiliza como tratamiento la aplicación de presión positiva a través de una máscara nasal conectada a un mini-compresor portátil (CPAP [continuous positive airway pressure] nasal) mientras el niño duerme. En manos entrenadas y con una adecuada cooperación de la familia y los médicos de cabecera este tratamiento es eficaz y perfectamente tolerable por los niños, y pueden mantenerse durante años, hasta que sea posible encarar una solución definitiva. Cuando esta alternativa también es impracticable la única opción puede ser la colocación de una traqueotomía o la aplicación paliativa de oxígeno durante el sueño. En niños con problemas congénitos complejos pueden ser necesarios diferentes enfoques terapéuticos a través del tiempo de crecimiento del paciente (por ejemplo, tra- queotomía neonatal, CPAP nasal, y, finalmente, cirugía reconstructiva facial una vez finalizada la etapa de madu- ración ósea). Trastornos por alteración de la mecánica respiratoria Los niños con patologías crónicas que dificultan su mecánica respiratoria (por falla pulmonar, insuficiencia muscular o distorsión de la caja torácica) requieren de la actividad de sus músculos respiratorios accesorios para mantener una ventilación adecuada. En el sueño REM, con la inhibición del tono muscular este esfuerzo se ve disminuido y puede dar lugar a una caída de su volumen toráxico y de su capacidad residual funcional. Esto produ- ce colapso de algunas unidades de ventilación y shunt (de- rivación) intrapulmonar. Si estas áreas son de magnitud importante dan lugar a la aparición de hipoxemia duran- te el sueño. El descenso del volumen respiratorio puede igualmente producir hipercapnia. Diagnóstico Esquemáticamente se puede decir que la clínica y sinto- matología de estos niños es similar a la del grupo anterior, excepto por el hecho de que no presentan los síntomas propios de la obstrucción de las vías aéreas superiores: no roncan ni tienen apneas obstructivas. Por esto el diag- nóstico es mucho más difícil y siempre debe mantenerse un alto índice de sospecha en niños que ya tengan diag- nosticada una patología que predisponga a este tipo de trastorno (asma grave, displasia broncopulmonar, fibrosis quística, miopatía, escoliosis, etc.). El diagnóstico se confirma, según los casos, por poli- somnografía o por saturometría nocturna. Tratamiento El tratamiento más utilizado es la aplicación de oxíge- no por cánulas nasales durante el sueño. Su fuente puede ser un concentrador (equipos eléctricos de bombeo y fil- tración, que retienen oxígeno del medioambiente en sus depósitos) o tubos de oxígeno gaseoso o líquido. En los casos que presentan hipercapnia significativa o que pese a la oxigenoterapia persisten con alteraciones sintomáticas por el gran componente de fatiga muscular (por ejemplo patología neuromuscular, escoliosis graves, fibrosis quísti- ca o daño pulmonar secuelar avanzado) puede ser de gran utilidad la asistencia respiratoria mecánica por máscara durante el sueño. En esta se utilizan las mismas máscaras nasales que para el CPAP con ventiladores volumétricos o con dos niveles de presión (BiPAP, presión positiva binive- lada en la vía aérea). Aunque es más difícil de implementar que la oxigenoterapia, no sólo mejora la hipercapnia y la hipoxemia sino que reduce el esfuerzo de la musculatura respiratoria y mejora el manejo de las secreciones, restau- rando la musculatura respiratoria para un mejor esfuerzo diurno. La implementación del tratamiento adecuado da lugar a una recuperación del crecimiento, el retroceso de las complicaciones cardiológicas y una mejor evolución de la patología respiratoria con mejoría funcional diurna. En estas patologías, debe mantenerse un permanente control sobre la evolución de la enfermedad de base, ya que es posible que requiera diferentes opciones terapéu- ticas: por ejemplo un lactante con displasia broncopul- monar grave puede necesitar inicialmente respiración mecánica nocturna, luego oxigenoterapia y finalmente no necesitar ningún apoyo, en tanto un paciente con fibrosis quística en evolución puede comenzar con oxigenoterapia y llegar luego a la dependencia del respirador. Trastornos del control respiratorio Los trastornos del control respiratorio o síndromes de hipoventilación central, son mucho más frecuentes en el sueño que en la vigilia, y a diferencia de los trastornos mecánicos se manifiestan sobre todo en el sueño lento profundo. La forma más frecuente es la congénita, clásica- 874 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano respiratoiro (VSR), Mycoplasma pneumoniae, Bor- detella pertussis, tuberculosis, sarampión. � Compresión extrínseca: adenomegalia, nódulos, quistes, tumores, anillos vasculares. � Alteración de la pared bronquial: broncomalacia, granulomas posintubación. �� Compresión del parénquima pulmonar por masas con- tiguas, agrandamiento cardiovascular, hernia o even- tración diafragmática. �� Incremento de la presión intrapleural: hemotórax, neu- motórax. �� Disminución de la tensión superficial alveolar: pérdida del surfactante alveolar, membrana hialina, síndrome de aspiración de meconio y distrés respiratorio del adulto. �� Proceso de la pared torácica: cifoescoliosis, enfermeda- des del diafragma, miopatias, ascitis. FISIOPATOGENIA Los procesos descriptos previamente producen la oclu- sión de la luz bronquial impidiendo la entrada de aire a los alvéolos. Al cabo de un tiempo, el aire es absorbido por la sangre que perfunde el alvéolo. La velocidad con que éste se absorbe depende de la solubilidad de los diferentes ga- ses que lo componen. Cuando la concentración de oxígeno es alta, la mezcla se puede absorber en minutos, lo que DEFINICIÓN Se denomina “atelectasia” al colapso de parte o de la to- talidad del pulmón. Etimológicamente, atelectasia deriva de los términos griegos ateles (imperfecta) y ektasis (ex- pansión). No es una enfermedad per se, sino la manifesta- ción de una enfermedad pulmonar subyacente. EPIDEMIOLOGÍA Las atelectasias lobares, segmentarias y subsegmenta- rias, son frecuentes en la edad pediátrica debido a que las vías aéreas son más pequeñas y presentan una mayor ten- dencia al colapso. Sumado a ello, la parrilla costal presen- ta menor rigidez siendo el tórax más inestable, y menos eficiente la ventilación colateral a través de los poros de Kohn y canales de Lambert . ETIOLOGÍA Las atelectasias se deben a las siguientes causas: �� Obstrucción bronquial (la causa más frecuente): � Intraluminal: por tapones de moco, edema, infla- mación, cuerpo extraño, tumor, contracción del músculo liso. Puede estar presente en los niños con asma, en caso de aspiración de cuerpo extraño y en la fibrosis quística. Las infecciones que se presentan complicadas con atelectasia incluyen: virus sincicial mente denominada síndrome de ondina. En general, estos neonatos son incapaces de respirar ya desde el nacimiento, por lo que deben ser intubados y ventilados desde el mo- mento del parto. Las formas menos graves pueden mani- festarse por crisis de cianosis en los primeros días o sema- nas de vida. Tiene una mayor frecuencia de presentación en lactantescon enfermedad de Hirschprung o con otros trastornos neurovegetativos; también pueden verse tras- tornos similares en pacientes con patologías que afectan el tronco cerebral (Arnold Chiari, hemorragias, tumores), o desórdenes neurometabólicos (enfermedad de Leigh, pa- tologías mitocondriales, etc.). La hipoventilación central de comienzo tardío es un tras- torno infrecuente; puede tener un origen primario, y en ge- neral, está asociada a otra disfunción hipotalámica (déficit de hormona de crecimiento, hipotiroidismo, etc.) o es secun- daria a tumores, traumatismos, encefalitis o hemorragias. Los casos más graves de hipoventilación central pue- den llevar rápidamente a la muerte por asfixia durante el sueño. En los casos menos graves pueden observarse crisis de cianosis y la aparición de complicaciones de la hipoxia (convulsiones, arritmias) durante el sueño o en forma permanente (hipertensión pulmonar, cor pulmo- nale, falla de crecimiento). Diagnóstico En estos pacientes, el diagnóstico se hace aún más di- fícil ya que no sólo no roncan sino que tampoco tienen taquipnea, esfuerzo respiratorio exagerado ni inquietud durante el sueño ya que no perciben su situación de hi- poxia e hipercapnia. El diagnóstico puede sospecharse con un monito- reo de la saturación de oxígeno durante el sueño; pero la confirmación se realiza nuevamente por el registro polisomnográfico. Tratamiento Pueden ensayarse estimulantes respiratorios en los casos moderados (teofilina, progesterona), pero casi siempre resultan inefectivos. Por ello, la mayoría de es- tos niños requieren asistencia respiratoria mecánica (por aparatos de volumen o presión, pero con ciclado contro- lado) durante el sueño. Esta asistencia se realiza general- mente por traqueotomía en los neonatos o lactantes, y se instrumentan técnicas de ventilación no invasiva por máscara nasal en los niños mayores. En los raros casos con hipoventilación permanente (en sueño y en vigilia) el marcapasos frénico puede ser una opción para evitar la ventilación permanente por traqueotomía. 11.14 Atelectasias María E. Bonilla Rocha � Federico Gini Cambaceres � Víctor C. Badaracco Sección 11 | Enfermedades respiratorias 875 entidades se presentan como opacidades radiológicas. En las neumonías, se puede observar un broncograma aéreo sin los signos compensatorios a la reducción de volumen pulmonar descriptos previamente. TRATAMIENTO Es importante recordar que la atelectasia es un signo, no una enfermedad, por lo tanto se trata según la enferme- dad de base. El objetivo principal es logar la reexpansión del pulmón afectado. Cuando la atelectasia está presen- te por un tiempo prolongado, se utiliza la broncoscopia como método diagnóstico y terapéutico para extraer, por succión y lavado, los tapones mucosos que pudieran ha- llarse. Es habitual que la atelectasia se infecte en forma secundaria, y en este caso, las bronquiectasias son la com- plicación más frecuente. explica el mayor riesgo de atelectasia durante la anestesia. El colapso de una región del pulmón impide el correcto intercambio gaseoso y puede ocasionar hipoxemia por desigualdad entre la ventilación y la perfusión pulmonar. MANIFESTACIONES CLÍNICAS Los síntomas y signos de la atelectasia dependen fun- damentalmente de la enfermedad de base, su extensión y velocidad y de la edad del paciente. En consecuencia, se puede manifestar sólo por tos, en caso de que la obstruc- ción sea pequeña, o por disnea en caso de que sea masiva. A la auscultación se encuentra una disminución del mur- mullo vesicular en el área de atelectasia. DIAGNÓSTICO El estudio más importante para el diagnóstico de ate- lectasia es la radiografía de tórax (Figura 1), que presenta signos directos e indirectos. Teniendo en cuenta la defini- ción de atelectasia dada aquí, se consideran como signos directos aquellos que indican la disminución del volumen, y como indirectos, aquellos que intentan compensarlo: �� Directo: desplazamiento de las cisuras interlobulares. �� Indirectos: � Secundario a la disminución del volumen: aumento de densidad del parénquima pulmonar. � Secundarios a mecanismos compensatorios de la re- ducción del volumen: desplazamiento ipsilateral del mediastino; elevación o descenso del hilio; ascenso diafragmático; insuflación compensatoria tanto del pulmón ipsilateral como contralateral y disminu- ción de amplitud de los espacios intercostales. DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL La mayor dificultad se plantea a la hora de diferenciar la atelectasia de la consolidación neumónica, ya que ambas 11.14 Figura 1 Rx de tórax: atelectasia del lóbulo superior derecho; se observa la opacidad y disminución de su volumen. 11.15 Atrapamiento aéreo y enfisema Federico Gini Cambaceres � María E. Bonilla Rocha � Víctor C. Badaracco DEFINICIÓN El atrapamiento aéreo pulmonar se define como el au- mento anormal del tamaño de los espacios aéreos distales a los bronquiolos terminales con estructura conservada, por lo tanto reversible. El enfisema también se caracteriza por un aumento en el tamaño de los espacios aéreos dista- les a los bronquiolos terminales pero, a diferencia del atra- pamiento aéreo, se acompaña de alteraciones irreversibles en la estructura de las paredes alveolares. ETIOLOGÍA Las causas de atrapamiento aéreo pueden ser clasifica- das como de origen: �� Valvular: tiene lugar como consecuencia de la obstruc- ción parcial de un bronquio o bronquiolo, cuando la sa- lida de aire de los alvéolos es más difícil que la entrada, produciéndose una acumulación gradual de aire distal a la obstrucción. Puede ser producida por la presencia de un cuerpo extraño, asma bronquial, etc. �� Compensatorio: el pulmón normal se distiende cuan- do una parte considerable está parcial o completamente desprovista de aire. Se observa en el caso de las enfer- medades que producen enfisema en la edad pediátrica: � Enfisema lobar congénito. Se trata de una malforma- ción pulmonar que se manifiesta en el período neona- tal; en un 5% de los pacientes el inicio de los síntomas 876 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano puede retrasarse hasta los 5-6 meses. La localización más frecuente es el lóbulo superior derecho. � Déficit de alfa 1 antitripsina. Esta enzima protege a las fibras elásticas de pulmón contra las sustancias proteolíticas liberadas por los leucocitos y macró- fagos alveolares. Su déficit ocasiona la destrucción proteolítica del tejido pulmonar con el consecuente enfisema. Se trata de una enfermedad congénita y su manifestación pulmonar es rara en la infancia. � Enfermedad pulmonar crónica posviral. En esta pa- tología se puede presentar un cuadro grave denomi- nado Síndrome de Swyer James (pulmón hiperlúci- do por destrucción de la trama vascular e intersticial luego de una infección). � Displasia broncopulmonar. Es el cuadro que se evi- dencia en el pulmón inmaduro de los recién nacidos y se manifiesta por la tríada clínica de requerimiento de oxígeno, dificultad respiratoria y radiografía de tórax patológica hasta 28 días después del nacimiento. � Fibrosis quística pulmonar. Enfermedad heredita- ria, recesiva, que altera la proteína de transmem- brana del canal de cloro produciendo en el pulmón abundantes secreciones espesas que se adhieren a las vías respiratorias y bloquean los pequeños bronquiolos. Con el avance de la enfermedad se producen infecciones reiteradas de estas secrecio- nes que finalmente conducen a la destrucción del parénquima pulmonar. FISIOPATOLOGÍA Estas enfermedades llevan a una hipoxemia por des- igualdad entre la ventilación y la perfusión pulmonar. DIAGNÓSTICO Exámenes complementarios El atrapamiento aéreo y el enfisema se manifiestan ra- diológicamente por un aumento de la radiolucidez pul- monar y un aumento del volumen pulmonar. La densidad pulmonar observada en las placas radiográficas está deter- minada por la combinación de las cantidades relativas de aire, sangre y tejido intersticial. Enla placa de tórax, el incremento del aire pulmonar por atrapamiento aéreo y enfisema se observa como un aumento de la radiolucidez pulmonar (Figura 1), y el au- mento del volumen pulmonar, por el desplazamiento de estructuras contiguas al pulmón hiperinsuflado. También es posible hallar: �� Aplanamiento y descenso de los diafragmas �� Incremento del diámetro anteroposterior del tórax �� Prominencia anterior del esternón �� Aumento del espacio radiolúcido retroesternal �� Corazón pequeño y vertical �� Impronta del pulmón en los espacios intercostales �� Neumonocele (en algunas ocasiones) Diagnósticos diferenciales Otras causas de hiperclaridad pulmonar en la radio- grafía de tórax son: �� Bullas: cavidades de paredes finas, únicas o múltiples. La rotura del parénquima lleva a la fusión de los espa- cios aéreos como secuelas de abscesos, cavernas, trau- matismos y neumonías bullosas. �� Quistes pulmonares: cavidad de pared gruesa y uni- forme (la pared suele ser propia del quiste) rodeada de parénquima sano. Puede ser congénito o adquirido. �� Caverna: cavidad de paredes gruesas que se producen por neumonía necrosante, absceso o tuberculosis. Pruebas de función pulmonar La prueba espirométrica muestra una función pulmo- nar obstructiva. La respuesta broncodilatadora es positiva en el caso de atrapamiento de aéreo por asma y con res- puesta variable en el enfisema. TRATAMIENTO El tratamiento fundamental es el de la enfermedad de base. Por ejemplo en el caso de atrapamiento aéreo por cuerpo extraño se realiza una broncoscopia, en asma el tratamiento es corticodes inhalados y broncodilatadores. En el enfisema lobar congénito cuando es sintomático (la mayoría de los casos) está indicada la lobectomía. En la enfermedad crónica posviral, la displasia bronco- pulmonar y la fibrosis quística el tratamiento exige un equipo interdisciplinario. A estos tratamientos se debe sumar la kinesiología, el control de las infecciones, la fluidificación de las secreciones y la oxígenoterapia en caso de ser necesario. 11.15 Figura 1 Rx de tórax. Recién nacido con enfisema lobar con- génito en lóbulo superior derecho. Sección 11 | Enfermedades respiratorias 877 11.16 Infecciones respiratorias agudas bajas 11.16.1 Neumonía adquirida en la comunidad Raúl O. Ruvinsky � Ricardo Dalamón INTRODUCCIÓN Los niños menores de cinco años padecen frecuentes infecciones respiratorias agudas (IRA), la mayoría de etiología viral, y adquiridas en la comunidad. La neumonía adquirida en la comunidad (NAC) es una de las formas principales de presentación de las IRA y representa un grave problema de salud pública en países en desarrollo, con especial impacto en menores de un año, por las altas tasas de morbimortalidad que producen. En los últimos años se logró un descenso significativo de la mortalidad, en parte, gracias a los programas desarrolla- dos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Oficina Sanitaria Panamericana (OPS), en especial en países en desarrollo. DEFINICIÓN La neumonía es la infección aguda del parénquima pulmonar con signos y síntomas de compromiso lobar o segmentario, unifocal o multifocal, y compromiso radiológico con patrón alveolar o intersticial de locali- zación única o múltiple en la radiografía de tórax. La afectación pulmonar puede estar limitada a un lóbulo o segmento, o ser extensiva, configurando la neumonía multifocal o bronconeumonía. MAGNITUD DEL PROBLEMA En el año 1999, la OPS informó 550 000 muertes en niños menores de cinco años en los países latinoameri- canos, de las cuales más de 80 000 fueron por IRA, y de ellas, el 85% por NAC, la mayoría de causa bacteriana; aproximadamente 50% fueron por Streptococcus pneumo- niae (S.pn.). La mayor parte de estos niños pertenecen a grupos sociales con carencias socioeconómicas y cultu- rales y reúnen los factores señalados por la OMS como condicionantes de neumonías graves y muerte por IRA. En los países en desarrollo las tasas son de 4 a 100 veces más elevadas que en los países desarrollados, como Ca- nadá o los Estados Unidos. En América, la OPS estimó que en 2002 habían fallecido 60 801 niños por IRA, con un descenso significativo mayor del 30% con respecto a la década anterior, según informe de un grupo de Ho- pkins; ello estaría relacionado con mejores condiciones de vida de la población en general y con el éxito de algu- nos programas aplicados a la comunidad, como los del AIEPI de la OPS. La mayoría de las NAC son de etiología viral en el grupo etario de menos de cinco años, tanto en los países desarrollados como en los que están en desarrollo; sin em- bargo en países subdesarrollados es mayor la proporción de casos de etiología bacteriana. Es muy difícil evaluar la tasa de ataque de NAC en ge- neral y de NAC bacteriana en particular, por la baja pro- porción de documentación bacteriológica (menos del 10% son bacteriémicas) y a causa de los subregistros en países latinoamericanos. Según datos del Ministerio de Salud Pública y Ambiente de la Nación (MSP), la incidencia de NAC en menores de seis años estimada en la Argentina para 2004, fue de 319/100 000. Entre el 1 de noviembre de 2002 y el 30 de octubre de 2005, la OPS llevó a cabo un estudio prospectivo en Concordia y Paraná (provincia de Entre Ríos) y en el partido de Pilar (provincia de Buenos Aires); según este estudio, la tasa anual promedio hallada para menores de cinco años fue de 1 100/105 con variaciones importan- tes para cada año. En el grupo etario de menos de dos años la tasa fue de 1 500/105. Datos similares fueron informados por Tregnaghi y su grupo en la ciudad de Córdoba. Estos estudios de incidencia con base pobla- cional son muy importantes para evaluar la eficacia de vacunas conjugadas, en particular en los menores de dos años de edad, y expresan la necesidad de contar con re- gistros permanentes y confiables. En las tres provincias la mortalidad para todos los casos de neumonía fue muy baja, alrededor del 1% (tener en cuenta que se trata de pacientes internados en hospitales de comunidad y de tratamiento ambulatorio). El estudio Caribe, también patrocinado por la OPS y llevado a cabo por Argentina, Brasil y República Domini- cana, incluyó 2 100 casos de NAC tratados inicialmente con penicilina, todos menores de 6 años. La Argentina in- cluyó 902 pacientes con aislamiento de S. pneumoniae en 91 (10%). La mortalidad fue del 6%. PATOGENIA El pulmón tiene mecanismos de defensa contra las infec- ciones, por un lado los mecánicos: cilias que movilizan en sentido proximal secreciones mucosas que contienen gér- menes colonizantes, el reflejo tusígeno que elimina moco; por el otro los mecanismos inmunológicos como los macró- fagos alveolares de superficie con actividad fagocitaria y la IgA secretoria que disminuye la adherencia de gérmenes al epitelio respiratorio. Existen no obstante situaciones en que se favorece la neumonía: los virus destruyen estas cilias y/o alteran su código genético, disminuyendo la efectividad del aclaramiento de la capa mucosa, lo que favorece la invasión bacteriana secundaria. Las bacterias se adhieren a la mu- cosa respiratoria como etapa previa a la invasión alveolar, cuando fallan los mecanismos de defensa relacionados con la actividad ciliar y con la acción de los macrófagos de su- perficie alineados en la submucosa. Ciertas drogas utiliza- das como antitusivos o expectorantes, hipnóticos, el humo de cigarrillo y de otras fuentes de combustión de biomasa disminuyen el barrido ciliar. Los lactantes menores de 6 878 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano ciones, es más frecuente la presencia de S.pn. con sensibi- lidad disminuida a penicilina. La desnutrición grave dis- minuye la capacidad defensiva e incrementa la gravedad de los casos con mayor riesgo de mortalidad. ETIOLOGÍA La mayoría de los casos de NAC son causados por vi- rus respiratorios, en particular VSR, especialmente en lactantes; adenovirus, influenzaA o B, parainfluenza tipo 1, 2 ó 3 son otros agentes relacionados que, en la ra- diografía de tórax, suelen manifestarse con infiltrados intersticiales. Las NAC de causa bacteriana en el pe- ríodo posneonatal suelen ser producidas por bacterias co- lonizantes de la vía aérea superior: S.pn., H. Influenzae y S. aureus. S.pn. es actualmente la bacteria predominante en las neumonías con consolidación, y puede llegar a represen- tar más del 80% de los casos documentados, como se ob- servó en el estudio de Concordia y Paraná ya comentado. Si bien han disminuido significativamente las NAC por H. in- fluenzae b con la vacunación específica, se siguen observando casos por H. influenzae no capsulado (que posee fimbrias). Debemos destacar que la vacuna antineumocócica de 10 serotipos desarrollada por el laboratorio GSK, al estar con- jugada a membrana externa de este germen como proteína transportadora, podría tener alguna acción preventiva tanto para NAC como para otitis media aguda (informe en eval- uación). No presenta características clínicas patognomóni- cas que la diferencien del S.pn. Se observó asociación con meningitis en algunos pacientes y con otitis media aguda en 50% de los casos. El S. aureus predomina en menores de un año, luego de cuadros virales como influenza, sarampión o varicela. La presentación inicial es similar al S.pn. pero de evolución más tórpida con signos toxémicos, marcado decaimiento general y postración. En las formas más graves se observa shock y cianosis que se asocian con anemia mar- cada; es frecuente la bacteriemia; si existe descompensación mecánica y funcional puede progresar a la insuficiencia res- piratoria, agravada por la aparición de pioneumotórax hip- ertensivo (el que debe ser drenado rápidamente) con riesgo de muerte. Considerando los cambios bruscos que pueden tener lugar, es aconsejable la internación y control estricto cuando se sospecha o certifica esta etiología. El estreptococo betahemolítico del grupo A es poco frecuente, aparece ocasionalmente como complicación del sarampión o de la varicela, por activación de una toxina er- itrogénica; raramente puede ocasionar necrosis, prolongar su curso, presentar formas fulminantes con apnea, shock, hipoxia e hipercapnia. Las enterobacterias gramnegati- vas y las pseudomonas son patógenos oportunistas, más probables en infección intrahospitalaria; ocasionalmente causan neumonía grave o fulminante cuando se asocian factores de riesgo como hospitalización prolongada, prác- ticas invasivas, internación en unidades de cuidados in- tensivos, empleo generalizado e irracional de antimicro- bianos y en pacientes portadores de inmunodeficiencias o síndromes de aspiración crónica. La neumonía por Klebsiella pneumoniae es inusual en lactantes y niños pequeños, pero más frecuente en inmu- nocomprometidos y en recién nacidos que se encuentran en las unidades intensivas neonatales. El cuadro clínico meses tienen bajos niveles de anticuerpos contra polisacá- ridos neumocóccicos, lo que incrementa el riesgo de IRA grave. Las bacterias poseen mecanismos que favorecen su acción patogénica: la cápsula les permite evadir la fagocito- sis, penetrando profundamente en los tejidos a través de la vía hematógena o directamente desde el epitelio respirato- rio. El S.pn. posee además sustancias que alteran la estruc- tura alveolar, como neumolisina. Se reconocen tres estadios en el desarrollo de la neu- monía bacteriana: �� Colonización de patógenos que invaden la mucosa bronquial y liberan toxinas dañando la mucosa, con exposición de receptores específicos. �� Adherencia de los patógenos a estos receptores y pos- terior invasión. �� Invasión: implica un riesgo potencial de expansión pul- monar y diseminación hematógena de la infección, con posibilidad de sepsis. Algunas bacterias y virus con características muy viru- lentas o asociadas a condiciones particulares del huésped pueden condicionar neumonías fulminantes, como se ob- serva en el caso de sarampión y varicela. EPIDEMIOLOGÍA Las NAC son principalmente causadas por virus y bac- terias que ingresan al sistema respiratorio por vía aérea; se transmiten persona a persona en la mayoría de los casos y se relacionan con la diseminación de secreciones respi- ratorias. El hacinamiento incrementa el riesgo de trans- misión, en particular de virus, y también de bacterias que colonizan la vía superior. La epidemiología sigue patrones bastantes definidos: es más frecuente en niños menores de cinco años y en ancianos, aunque se puede observar en todos los grupos etáreos y existe un ligero predominio del sexo masculino. Por lo general, luego de brotes epidémicos de infecciones por virus respiratorios, suele incrementarse el número de casos de causa bacteriana, sobre todo, dentro del mes y coincidiendo con los meses fríos. Los virus hallados con mayor frecuencia en el año 2004 fueron el virus sincicial respiratorio (VSR), que causó más del 80% de las bron- quiolitis y neumonías intersticiales, seguido por adeno- virus que puede ocasionar brotes intrahospitalarios; con menor frecuencia, los virus influenza o parainfluenza. La OMS identificó varios factores de riesgo de NAC, entre los que se destacan: bajo peso al nacer, falta de ama- mantamiento, hacinamiento, desnutrición, falta de vacu- naciones preventivas (coqueluche, sarampión), combus- tión de biomasa, consulta tardía o falla en la percepción del riesgo de neumonía en el servicio de salud, inmuno- compromiso, en algunos países, déficit de vitamina A. La leche materna es la única fuente de IgA 11S (secretoria), anticuerpo que evita la adherencia de virus y bacterias al epitelio respiratorio. La concurrencia temprana a jardines maternales y el hacinamiento, frecuente en los grupos ca- renciados, son condiciones que favorecen la colonización rinofaríngea de S.pn. (según Fedson, 60% en jardines maternales, 40% en niños de nivel primario, y 25% en el nivel secundario) y de Haemophilus influenzae, entre otros patógenos comunes de la vía respiratoria. En estas condi- Sección 11 | Enfermedades respiratorias 879 la auscultación disminución del murmullo vesicular; rales finos alveolares (crepitantes), y en los focos de condensa- ción de mayor tamaño, soplo tubario, broncofonía, pecto- riloquia áfona. La tos, poco frecuente en los menores de 2 años, puede tornarse productiva con esputo denso y aun herrumbroso en los mayores de 8 años, quienes con algu- na frecuencia refieren puntada de costado. Otros signos de compromiso del estado general incluyen somnolencia o irritabilidad, malestar, palidez, fascies ansiosa, vómitos, epi- gastralgia y distensión abdominal. Ocasionalmente se han descripto otros signos menos frecuentes: meníngeos, esple- nomegalia, dolor en fosa ilíaca derecha simulando un cuadro apendicular, exantema cutáneo y erupción petequial difusa. En el neonato son sugestivos la presencia de apneas o signos clínicos de sepsis como rechazo del alimento, le- targia, hipotonía, vómitos, distensión abdominal, palidez, cianosis, hipotermia, con grado variable de compromiso respiratorio: taquipnea, tiraje, aleteo nasal, estridor y que- jido y descenso de la barbilla. En ocasiones la auscultación pulmonar puede ser normal y la fiebre poco frecuente. Los casos graves con intensa hipoxemia suelen acom- pañarse de cianosis y reacciones de alarma como taquicar- dia e hipertensión arterial, obnubilación y convulsiones. La presencia de bradicardia, hipotensión arterial y coma son signos ominosos. Los criterios de internación se señalan a continuación: �� Edad menor de seis meses �� Neumonía extensa o multifocal �� Derrame pleural �� Signos clínicos de hipoxemia �� Saturación de pulso menor a 94% �� Riesgo social �� Inmunocompromiso o desnutrición grave En un estudio realizado en hospitales de Nueva Gui- nea por Shann y colaboradores se determinaron los signos predictores de muerte en 784 niños con neumonía: enfer- medad prolongada, incapacidad de alimentarse,quejido, tiraje grave, cambios en la imagen radiológica, cianosis, leucocitosis, hepatomegalia; los niños malnutridos afebri- les tuvieron una elevada mortalidad; la menor edad, ta- quipnea o taquicardia, no fueron factores de riesgo. En nuestro país, Dalamón y colaboradores evaluaron factores de riesgo asociados a mortalidad por IRA en una muestra de 264 pacientes menores de quince años inter- suele ser semejante al de la neumonía neumocócica al ini- cio, pero de evolución más tórpida o de curso fulminante; es característica la tendencia a la formación de abscesos y empiema; por las bullas que pueden aparecer en la ra- diografía de tórax puede confundirse inicialmente con la estafilococia pleuropulmonar. La neumonía por Pseudomonas aeruginosa se presenta en pacientes hospitalizados con enfermedades subyacentes tales como fibrosis quística y neutropénicos. La contami- nación de equipos de aerosolterapia y de respiración asis- tida es de alto riesgo para lactantes. Afecta ambas playas pulmonares con formación de abscesos, pudiendo obser- varse lesiones petequiales en piel por tromboembolismo, vasculitis o ectima gangrenoso, sugestivo de esta etiología. Otras enterobacterias como Escherichia coli, Proteus, Enterobacter y Acynetobacter, aunque raras también, fuer- on aislados en casos de neumonías intrahospitalarias, en particular en pacientes que recibían asistencia respirato- ria mecánica, ocasionando siempre cuadros graves y de pronóstico reservado. Las bacterias atípicas son menos frecuentes en niños menores de cinco años, incrementando su presencia en la edad escolar y en la adolescencia. En la Tabla 1 se detallan otras bacterias que, a pesar de no ser frecuentes en la comunidad en general, pueden aislarse en recién nacidos e inmunosuprimidos. DIAGNÓSTICO Cuadro clínico Los signos cardinales clásicos de neumonía señalados por la OMS son: tos, taquipnea y tiraje en casos de mayor dificultad respiratoria. En los estudios de Shann y Spooner estos signos demostraron tener valor predictivo para neu- monía en los niños menores de dos años. Se define como “taquipnea” a la frecuencia respiratoria mayor de 40´ en ni- ños mayores de un año; mayor de 50´ entre dos meses y un año, mayor de 60´ para los menores de dos meses de edad. Se debe medir con el niño tranquilo (sin llanto) y du- rante un minuto. El tiraje se expresa por la retracción del tórax en inspiración, en particular la base; son signos de mayor gravedad el aleteo nasal y el quejido espiratorio. En el examen se puede hallar matidez a la percusión, menos frecuente en los lactantes por la resonancia del tórax; en 11.16.1 Tabla 1 Etiología de las neumonías Recién nacido hasta el 3º mes Lactante y menores de 4 años Mayores de 4 años E. coli Estreptococo del grupo B Listeria monocitogenes S. pneumoniae H. influenzae S. aureus Enterobacterias P. aeruginosa Virus respiratorios Virus respiratorios* S. pneumoniae H. influenzae C. trachomatis** M. pneumoniae*** S. aureus**** S. pneumoniae M. pneumoniae H. influenzae S. aureus**** C. pneumoniae*** * VSR, adenovirus, influenza, parainfluenza: excepto en el período neonatal las neumonías virales son más frecuentes que las bacterianas. ** No se obser- varon casos después del 5º mes de vida. *** Aumenta la frecuencia después de los 8 años y en adolescentes. **** En la Argentina es muy infrecuente, más habitual en neonatos y desnutridos. 880 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano neumonía multifocal o bronconeumonía. Cuando el in- filtrado es denso y presenta en su interior broncograma aéreo se trata muy probablemente de una consolidación de etiología bacteriana. Cuando los limites son impreci- sos, comprometen más de un segmento, son bilaterales, mal definidos y corresponden a neumonía intersticial o neumonitis causada por virus, micoplasmas o clami- dias. Estos agentes suelen producir imágenes lineales y micronodulillares difusas; los infiltrados miliares corre- sponden a tuberculosis hematógena. La neumonía neumocócica cursa frecuentemente con una consolidación homogénea que comienza en los es- pacios aéreos periféricos. En las Figuras 1 y 2 se observa un infiltrado superior derecho de consolidación lobar con broncograma aéreo (se aisló S.pneumoniae S.pn). En la Figura 3 se observa un infiltrado central en hemitórax izquierdo con broncograma, característico de neumonía redonda, de observación menos frecuente. El patrón ra- diológico es de tipo alveolar con broncograma aéreo y bordes definidos. Puede afectar diferentes áreas del pul- món: lóbulos superiores e inferiores, lóbulo medio dere- cho, língula (en ambos ejemplos, borra el borde cardíaco). La afectación del pulmón derecho es más frecuente. El derrame paraneumónico escaso es común, la posición en decúbito lateral facilita su identificación, corroborada por los estudios ultrasonográficos, métodos útiles para esta situación. En su evolución, el niño puede presen- tar derrame pleural extensivo, empiemas (véase capítulo Derrame pleural). El H. influenzae suele presentar imágenes similares, un patrón intersticial u opacidades no homogéneas de dis- tribución segmentaria que progresan a la consolidación del espacio aéreo (bronconeumonía) y predominan en los lóbulos inferiores, donde es frecuente el derrame pleural. La neumonía estafilocócica se diferencia de las anteri- ores por la frecuencia de neumatoceles, derrames y neu- nados en hospitales públicos; se determinó un riesgo de muerte aumentado en niños internados durante más de diez días, con antecedentes de patología perinatal y más de dos hermanos. Evaluación radiológica En el diagnóstico de neumonía, la radiografía de tórax tiene elevada especificidad y sensibilidad (mayor del 85%) pero menor valor para diferenciar entre etiología viral o bacteriana. Una radiografía normal no excluye la neu- monía, especialmente en las primeras horas de evolución. En los lactantes se prefiere la posición supina para evitar que se mueva y tener mayor probabilidad de obtener la ima- gen en inspiración. En los mayores es preferible la proyec- ción posteroanterior en posición de pie para minimizar la sombra cardíaca. Existe la posibilidad de ocultar infiltrados detrás de la silueta cardíaca y cúpula diafragmática que se ponen de manifiesto en la proyección lateral. Se describe clásicamente un patrón alveolar y otro intersticial; las bacterias suelen provocar procesos alveo- lares y el patrón intersticial refleja otras etiologías como virus, micoplasmas o clamidias. Sin embargo existen superposiciones que generan dificultades en la inter- pretación de los resultados. Cuando un proceso alveolar contiguo a un órgano subyacente (corazón, diafragma, mediastino) provoca la falta de definición o borramiento de este, se denomina “signo de la silueta”. Los bronquios más grandes suelen permanecer aireados y el contraste con el lóbulo opaco a su alrededor provoca una imagen llamada “broncograma aéreo” (o en “vías de ferrocar- ril”); son imágenes claras tubulares que corresponden a bronquios intrapulmonares con aire en su interior, contrastando con el parénquima pulmonar opaco que lo rodea, que es un signo esencial de afectación alveolar. Los infiltrados pueden ser únicos limitados a un lóbulo o segmento, o múltiples configurando en este caso la 11.16.1 Figura 1 Condensación del lóbulo superior derecho con broncograma aéreo. 11.16.1 Figura 2 Se observa un infiltrado de consolidación lobar con desplegamiento de la cisura. Sección 11 | Enfermedades respiratorias 881 motórax. En la Figura 4 se observa neumonía extensiva de pulmón derecho con neumatoceles en el lóbulo superior y en la Figura 5 dos imágenes muy definidas de pioneuma- toceles en base izquierda. En ambos casos se aisló Staphy- lococcus aureus en sangre. La condensación parenquimatosa suele presentarse como una bronconeumonía confluente y el hallazgo del 11.16.1 Figura 3 Infiltrado de consolidación central con bronco- grama aéreo en pulmónizquierdo, correspondiente a una neumo- nía redonda. 11.16.1 Figura 4 Neumonía extensiva en pulmón derecho; imá- genes de neumatoceles en lóbulo superior correspondientes a una neumonía estafilocócica. 11.16.1 Figura 5 Se observan dos grandes pioneumotoceles en base pulmonar izquierda (por S. aureus). broncograma aéreo es excepcional. El derrame pleural se halla en más del 80% de los casos, pudiendo evolucionar hacia empiema, pioneumotórax o neumotórax hiperten- sivo, que en situaciones extremas puede causar la muerte. La rápida variabilidad de las imágenes radiológicas, a veces en pocas horas, exige controles frecuentes y puede requerir drenaje quirúrgico de urgencia. La imagen radiológica de la coqueluche producida por Bordetella pertussis es muy inespecífica; se describen clási- camente imágenes paracardíacas poco densas con aspecto espinoso que corresponden a pequeñas atelectasias. Se observan también imágenes hiliofugales, de tipo intersti- cial, hiperinsuflación, atelectasias, bronconeumonía con- fluente segmentaria y linfoadenopatías hiliares. En la neumonía por Klebsiella es frecuente observar abscesos y cavidades múltiples o compromiso pleural con empiema, que simula la evolución de una estafilococia o una tuberculosis posprimaria. La neumonía por anaero- bios secundaria a broncoaspiración se desarrolla en los segmentos posteriores de los lóbulos superiores y en el apical de los inferiores, simulando una imagen “en alas de mariposa”. Presenta condensaciones segmentarias que evolucionan a abscesos con facilidad. La interpretación de estos infiltrados es dificultosa, como se comprobó en un taller realizado en Chile, donde grupos de pediatras experimentados y tres radiólogos pediatras evaluaron en forma independiente 100 imágenes de tórax de niños con infiltrados; la dis- cordancia osciló entre el 15% y 25%. La OMS ha or- ganizado protocolos donde coloca a la radiografía de tórax con digitalización de las imágenes a evaluar por un experto, como base de la orientación diagnóstica de una neumonía “probablemente bacteriana” cuando se identifica un infiltrado de consolidación, broncograma 882 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano La detección de antígenos bacterianos por prueba de aglutinación del látex, CIE, coaglutinación podrían ser efectivas para el diagnóstico de niños tratados previamen- te con antibióticos; sin embargo no demostraron mayor beneficio para casos de neumonía bacteriana o derrame pleural: la antigenemia puede ser baja en el comienzo del cuadro, la aglutinación de partículas de látex, más sensi- bles que la CIE, dan falsos positivos cuando existen otros focos con presencia de H. influenzae b, o neumococo, o cuando el niño recibió recientemente vacuna conjugada específica para estos gérmenes. Para bacterias atípicas y virus véase capítulo Neumonías atípicas. En el estudio de carga de enfermedad mencionado se encontró: �� Paraná: de 392 pacientes con consolidación, se cultiva- ron 128, con 10 aislamientos (7,8%): � S.pn.: 9 � S. aureus: 1 �� Concordia: de 330 pacientes, se cultivaron 184, con 19 aislamientos (10,3%): � S.pn.: 18 � Estreptococo grupo B: 1. En el estudio Caribe se aislaron 91 S.pn. sobre un total de 900 pacientes incluidos (10%). TRATAMIENTO En una reunión de consenso organizada por los Co- mités de Neumonología e Infectología de la Sociedad Ar- gentina de Pediatría (SAP), se propuso como tratamiento empírico inicial electivo de las NAC probablemente bac- terianas: �� Menores de cuatro años: ampicilina 200 mg/kg/día, vía intravenosa, en 4 dosis. �� Mayores de cuatro años: penicilina 200 000 UI/kg/día, también en 4 dosis. La duración sugerida es de 10 días. Los casos graves que requieren internación se tratan por vía intravenosa las primeras 48 a 72 horas, y cuando mejo- ra el cuadro se continúa por vía oral. Esta conducta tiende a lograr concentraciones elevadas en los primeros días, mo- mento en el cual existe riesgo de bacteriemia; posteriormente, es importante que la concentración del antibiótico durante el intervalo entre dosis supere el 40% de la concentración inicial (tiempo-dependiente), lo que se logra con la penicilina y más aún, con la amoxicilina. En un estudio reciente realizado en Uruguay se com- probó que en casos de derrame pleural, estos antibióticos no logran mantener concentraciones útiles después de la cuarta hora, por lo que proponen aumentar la dosis de penicilina a 300 000 UI/kg/día y reducir los intervalos a cada 4 horas. Con derrame pleural se prolonga el trata- miento entre 2 y 3 semanas. Con frecuencia, se utilizan otros antibióticos de mayor espectro y costo, como cefuroxima, ceftriaxona y ampicilina + inhibidores de betalactamasas (en particular, ante fracaso clínico); ceftriaxona es electiva en neumonías muy graves y en pacientes inmunocomprometidos; sin embargo no se recomienda su uso como esquema inicial (Tabla 2). Cuando se identifica el germen causal, debe adecuar- se el esquema: si se aísla S. aureus meticilino-sensible, aéreo, derrame pleural, diferenciando estas imágenes del infiltrado intersticial (no consolidación). Los errores en la interpretación de los infiltrados obe- decen a varias razones. El adenovirus puede producir procesos que comprometen intersticio y alvéolos, como las bronconeumonías o bronquiolitis necrosantes, donde se observan segmentos con consolidación idéntica a la provocada por bacterias típicas; con menor frecuencia, estos procesos son ocasionados por virus influenza A en épocas epidémicas. S.pn. en etapa inicial puede producir infiltrados local- izados a un segmento, donde en ocasiones es imposible el diagnóstico diferencial. El problema se agrava porque en las NAC bacterianas el aislamiento es muy bajo y para las de etiología viral, no todos los centros disponen de méto- dos para identificar virus respiratorios. En el estudio de Concordia, Paraná y Pilar, mencio- nado anteriormente, se aplicó el protocolo de la OMS; las fotos digitalizadas fueron evaluadas por los pe- diatras locales y un radiólogo de referencia; las discor- dantes se enviaron a un radiólogo externo (Chile) a fin de determinar el diagnóstico definitivo. En la primera etapa, hubo entre 25% y 30% de discordancia en la in- terpretación de las consolidaciones, con un índice kappa moderado (0,46) y superior al 50% en la detección de broncograma (kappa 0,38); sin embargo, la coinciden- cia fue elevada en la identificación de derrame pleural. Posteriormente, se realizaron talleres de capacitación, con los cuales se logró disminuir significativamente la discordancia para interpretar una consolidación (entre 20%-25%), pero siguió alta para broncograma, que es la imagen más difícil de interpretar. Estos datos expresan la dificultad para establecer el diagnóstico en esta patología donde el tratamiento se re- aliza, casi siempre, sobre bases empíricas. Mejorar la in- terpretación de un infiltrado es crucial para determinar con mayor precisión las neumonías de probable origen bacteriano, con el fin de evaluar en un futuro la eficacia de las nuevas vacunas conjugadas específicas. Diagnóstico etiológico Para la NAC que es probablemente bacteriana se realiza el hemocultivo (2 tomas con intervalo de 20´), y cultivo del líquido pleural en presencia de derrame. Por lo general, los cultivos son negativos en los pacientes de tratamiento ambulatorio, ya que estos procesos no sue- len ser bacteriémicos. Deberían cultivarse todos los pa- cientes que se internan, previamente a la administración de antibióticos. El cultivo de esputo o punción transtraqueal están con- traindicados en niños, el primero por la contaminación sistemática del material y el segundo por ser de alto riesgo de accidentes. El lavado broncoalveolar con cepillo protegido no es una técnica de uso rutinario y se reserva para pacientes con procesos prolongados e inmunosuprimidos. El lavado broncoalveolar simple puede ser más útil para identifi- carpatógenos de rara observación como Mycobacterium, Pneumocystis jiroveci, hongos; sin embargo, no es de utili- dad en el caso de bacterias comunes. Sección 11 | Enfermedades respiratorias 883 por cepas sensibles o resistentes. En 2002, Tan y cols. llegaron a idéntica conclusión. Sólo unos pocos estudios con diseños no siempre adecuados propusieron que las neumonías graves debían tratarse con otros antibióticos de mayor espectro. Ante la información conflictiva el Centro de control de enfermedades de Atlanta, Estados Unidos, encargó a un grupo de expertos (Helpfingier y col.) realizar un metaanálisis de todos los estudios pu- blicados; la conclusión final fue que existían evidencias suficientes que avalaban el uso de penicilina o ampicili- na como tratamiento empírico inicial de todas las neu- monías, con derrame o sin él, independientemente del nivel de resistencia del S.pn., si este germen era aisla- do; el fundamento fue la elevada concentración de estos antibióticos en alvéolos y pleura, que supera en más de cuatro veces las CIMs de las cepas más resistentes. Este grupo propuso duplicar los puntos de corte para consi- derar sensibilidad a penicilina: sensible (S) = 1 μg/mL; resistencia intermedia (RI) = 2 μg/mL; resistencia alta (RA) = 4 μg/mL. Con estos nuevos CIMs los aislamien- tos estudiados en la Argentina (N=2 100) tendrían una RA de 1,1% y RI del 12,1%, lo que explica los resulta- dos favorables obtenidos con penicilina o ampicilina en la mayoría de los casos, y que no exista relación entre fracaso clínico y resistencia. Actualmente, según Jacobs y colaboradores, en neumonía es más adecuado considerar RI 4 mcg/mL y RA 8 mcg/mL. Cuando una neumonía no responde a penicilina, puede ser por otros motivos, como virulencia del germen o falla en la respuesta inmu- nológica del huésped, no por resistencia de la bacteria. El pronóstico en la mayoría de los casos es bueno, evo- lucionando a la curación sin secuelas. La mortalidad es ac- tualmente baja; en la estadística del SIREVA fue del 6%, y menor del 1% en los hospitales de menor complejidad en Pilar, Concordia y Paraná. PREVENCIÓN Las medidas generales consisten en disminuir los fac- tores de riesgo definidos por la OMS, en particular, soste- ner la lactancia materna, evitar el hacinamiento y mejorar la nutrición. La educación dirigida a padres y al equipo de salud es fundamental. Con respecto a vacunas específicas la anti-H. in- fluenzae está incorporada al calendario nacional hace es electiva la cefalotina (alternativa: cefuroxima); ante gérmenes atípicos como Chlamydias o Mycoplasma pneu- moniae, un macrólido, considerando que todos tienen igual actividad para estos gérmenes (claritromicina 15 mg/kg/día). Debemos tener precaución con el uso em- pírico inicial de azitromicina (5 días) en neumonías con riesgo bacteriémico, por la rápida desaparición del anti- biótico en sangre, en menos de 1 hora. En 1967 se informó el primer aislamiento SDP desde Australia, y en 1977 se aislaron cepas con alto nivel de re- sistencia a penicilina y a múltiples antibióticos en Sudáfrica. En la década del noventa se desalentó el uso de la penicili- na por el incremento a nivel mundial de la resistencia del S.pn. causado por la diseminación epidémica de cepas con SDP de nivel intermedio (CIM 0,12-1,0 mcg/mL), y de alto nivel (CIM ≥ 2 mcg/mL), superando en algunos países como España y Hungría el 50% de los aislamientos. El clon 9N-14 originado en Francia predomina en la Argentina y los países del cono sur, donde el serotipo 14 representa más del 30% de los casos de neumonía en menores de cinco años y la SDP de este serotipo supera el 70%. La OPS a través del grupo SIREVA (Sistema regio- nal de vacunas) organizó a partir de 1993 programas de vigilancia de serotipos y resistencia del S.pn. en países la- tinoamericanos basados en la red de laboratorios micro- biológicos nacionales de referencia (Instituto Malbrán en Argentina), que continúa a la fecha. En la Argentina par- ticipan hospitales ubicados en todo el país, lo que indica que los datos obtenidos son representativos de la realidad nacional. La SDP en 1993 era del 14%, elevándose en el período 1995-96 a 38%, la mitad de alto nivel, según los puntos de corte determinados por el National Committee for Clinical Laboratory Standards (NCCLS); este alto nivel se mantuvo con leves oscilaciones en los años sub- siguientes, con ligero descenso en 2007, en relación con menor circulación del serotipo 14. Varios estudios con diseño adecuado, como el de Frie- dlander y cols. en Sudáfrica, no hallaron diferencias en la evolución de una neumonía neumocócica tratada con penicilina o ampicilina, comparando casos ocasionados por S.pn. sensibles vs. ocasionados por SDP; Deeks y cols. analizaron 274 casos de neumonías de la base de datos del SIREVA de nuestro país y de Montevideo, no hallando diferencias en la evolución entre casos causados 11.16.1 Tabla 2 Tratamiento antibiótico de la NAC Ambulatorio Intrahospitalario < 4 años Amoxicilina 50-90 mg/kg/día en 3 dosis, VO Ampicilina 200 mg/kg/día en 4 dosis, VI ≥ 4 años Penicilina 200 000 UI/kg/día en 4 dosis, VO Penicilina 200 000 UI/kg/día en 4 dosis, VO Sospecha de bacteria atípica Claritromicina: 15 mg/kg/día en 2 dosis Azitromicina: 10 mg/kg/día en 1 dosis (evitar ante sospecha de bacteria típica) Recién nacidos y < 2-3 meses: cefotaxima 50 mg/kg/día EV en 4 dosis ceftriaxona 50 mg/kg/día en 1 0 2 dosis penicilina + gentamicina 5 mg/kg/día VO: vía oral; VI: intravenosa; UI: unidades internacionales. 884 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano muchos años; las vacunas antineumocócicas se indican en nuestro país en forma gratuita sólo para grupos de especial riesgo, como fueran definidos por el CDC y la Academia Americana de Pediatría, en particular: as- plenia, enfermedades pulmonares crónicas, cardiopatía congénita, fibroquística, síndrome nefrótico, insuficien- cia renal crónica, diabetes, anemia a células falciformes e implante coclear. Se dispone de una vacuna polisa- cárida de 23 serotipos (ST) indicada para mayores de dos años ya que no es inmunogénica en menores de esa edad por inmadurez del sistema humoral. Se han desarrollado tres conjugados de polisacárido con una proteína transportadora, que son muy inmunogénicos desde el segundo mes de vida: de 7 serotipos (7-V; Pre- venar), 10 serotipos (10-V; Sinflorix) y de 13 serotipos (13-V; Prevenar-13). La 7-V ha demostrado elevada inmunogenicidad y eficacia en Estados Unidos, donde se aplica en forma universal a menores de dos años y a niños entre dos y cinco años con los factores de ries- go señalados. Cubre el 85% de los ST de ese país. Fue incorporada en los calendarios de numerosos países. Fue incluida en el calendario nacional de Costa Rica y Uruguay para todos los niños menores de dos años. En la Argentina, por no incluir los ST 1 y 5 que son prevalentes (23%) y debido a su elevado costo, no fue incorporada a calendario; en los menores de dos años la representatividad de la 7-V es de 61,2% y en el grupo de esa edad con neumonía tuvo la mayor representatividad: 68%. Se indica gratuitamente a todos los niños menores de dos años con factores de riesgo mencionados, en los hospitales municipales de la ciudad de Buenos Aires y en otras jurisdicciones del país. Un consenso desarrollado por la SAP recomienda incluir en este programa a to- dos los menores de cinco años con los factores de riesgo mencionados. El 94,7% de las cepas con algún grado de resistencia a penicilina estuvieron contenidas en los tres tipos de vacunas conjugadas. Actualmente se encuentran disponibles en entidades privadas la 10-V y la 13-V. El Ministerio de la Salud de la Nación decidió la incor- poración de una de las nuevas vacunas mencionadas al calendario, en un futuro próximo. Con estos datos y el elevado costo, la indicación de la vacuna 7-V para niños desde el segundo mes de vida depende de una decisión individualdel pediatra y de la familia del niño; conside- ramos que el pediatra debe informar a los padres sobre esta vacuna, quienes decidirán si la aplican a su hijo, lo que depende de varios factores, entre ellos la disponibi- lidad de recursos. 11.16.2 Neumonías atípicas Fernando C. Ferrero � Laura Moreno GENERALIDADES Durante el siglo XIX se consideró a las bacterias como los únicos gérmenes causantes de neumonía. Fue a partir de la pandemia de influenza de 1918 cuando comenzaron a describirse casos con características clínicas, radiológicas e histopatológicas diferentes a los de la neumonía clásica. En 1938, Reimann y cols. utilizaron por primera vez el término “neumonía atípica” para referirse a un cuadro de “traqueobronconeumonía con síntomas graves”, relacio- nado con el virus de la influenza. En 1944, Eaton y cols. identificaron al microorganismo responsable de la neu- monía atípica primaria, que en 1963 recibió su nombre definitivo, Mycoplasma pneumoniae. Posteriormente y por extensión, se aplicaría el nombre de “neumonía atípica” a infecciones por otros agentes patógenos como virus respi- ratorios y clamidias. En general, puede definirse la “neumonía atípica” como la infección respiratoria que muestra disociación clínico- radiológica presentando imágenes en la radiografía de tó- rax, no típicas de neumonía (como ausencia de condensa- ción lobar o segmentaria) y estableciendo la diferencia con la neumonía típica, causada por bacterias adquiridas en la comunidad (neumococo). Actualmente, se sabe que, si bien en muchas ocasiones se presentan como verdaderas neumonías atípicas, los mismos patógenos pueden causar cuadros infecciosos con características indistinguibles de las neumonías bacterianas. Desde la perspectiva anatomopatológica es posible considerar a la neumonía como la inflamación del parén- quima pulmonar de origen infeccioso, más precisamente de las unidades de intercambio gaseoso (bronquiolos ter- minales y respiratorios, alvéolos e intersticio). Según pre- domine el compromiso de la luz alveolar o del intersticio se podrá identificar neumonía típica (lobar o segmenta- ria) o neumonía atípica (intersticial). En esta última están comprometidos fundamentalmente las paredes de los al- véolos y los tabiques intersticiales, quedando relativamen- te preservado el espacio alveolar. EPIDEMIOLOGÍA Las infecciones respiratorias constituyen una de las principales causas de morbimortalidad en la edad pediá- trica. Más de la mitad de los episodios son ocasionados por microorganismos que pueden manifestarse como neumonía atípica. La presencia de ciertos factores del huésped y del am- biente puede favorecer la aparición de infección respiratoria baja aguda o condicionar mayor gravedad en los cuadros clínicos. Es por ello que la identificación de factores de ries- go y su eliminación o control adquieren trascendencia como estrategias para disminuir su impacto (Tablas 1 y 2). Los agentes etiológicos más frecuentemente responsa- bles de neumonías atípicas son las bacterias M. pneumo- niae y Chlamydiophilas y diversos virus. �� Bacterias � M. pneumoniae. Pertenece a la familia Mycoplasmata- ceae que incluye a los microorganismos más pequeños capaces de sobrevivir en medios acelulares. En medios de cultivo crece lentamente, requiriendo habitual- mente 2 ó 3 semanas. Se presenta en forma endémica y epidémica en todo el mundo, fundamentalmente en áreas urbanas de países con clima templado. La pre- valencia de la infección varía con la edad, y es posible encontrar anticuerpos específicos en el 30% de los Sección 11 | Enfermedades respiratorias 885 te fundamentalmente por contacto directo a través de secreciones respiratorias, aunque también puede transmitirse por medio de objetos contaminados con secreciones infectadas. La eliminación de virus suele durar hasta una semana. El período de incu- bación suele ser de 4 a 6 días. La infección no deja inmunidad duradera, por lo que la reinfección es muy frecuente. La gravedad de las manifestaciones clínicas disminuye con la edad. � Parainfluenza. Pertenece a la familia Paramyxoviri- dae, género Paramyxovirus. Se transmite en forma directa por vía respiratoria. El período de incu- bación suele ser de 2 a 6 días. Los serotipos 1 y 3 producen bronquiolitis y neumonía en niños meno- res de seis meses de edad, mientras que el serotipo 2 es responsable de laringitis en niños mayores. Sue- le presentarse en brotes epidémicos (otoño-invier- no, los serotipos 1 y 2, y primavera, el 3). � Influenza. Existen tres subtipos antigénicos, siendo los más frecuentes A y B. Produce epidemias casi exclusivamente en épocas invernales, se instalan rá- pidamente en la comunidad y duran de 6 a 8 sema- nas. Es frecuente la aparición de brotes en grupos cerrados. Se contagia por vía aérea. La eliminación del virus es elevada, desde 1 día antes del comienzo de los síntomas y hasta 2-3 días después. El período de incubación es de 1 a 3 días. � Adenovirus (AV). Pertenece a la familia Adenoviri- dae, es un virus ADN sin envoltura. Tiene compor- tamiento endemoepidémico y se aísla en pacientes sintomáticos en todas las épocas del año. En oca- siones puede dar lugar a enfermedad respiratoria particularmente grave, sobre todo en pacientes con factores de riesgo asociados. En países de Sudamé- rica (Argentina, Chile y Uruguay) se ha verificado la presencia de un serotipo (7H) con potencial grave- dad, que, en muchos casos, evoluciona hacia formas crónicas con hipoxemia (enfermedad pulmonar cró- nica posinfecciosa, EPCPI). � Metaneumovirus humano. En 2001, Van der Ho- ogen y colaboradores identificaron un nuevo agente viral de la familia Paramixoviridae que comparte el género Pneumovirus con el VSR. Aunque su capa- cidad de originar infección respiratoria baja aguda ha menores de un año, el 60% de los niños de 2 a 9 años y más del 90% de los adultos. Aunque clásicamen- te se acepta que la enfermedad es más frecuente en adolescentes y adultos jóvenes, cada vez es mayor la evidencia de que puede presentarse en niños, incluso en edades previas a la escolarización. �� Clamidias � Chlamydia trachomatis. Es capaz de producir patolo- gía respiratoria, ocular y genitourinaria. En el adul- to es causa frecuente de infección de transmisión sexual (uretritis, cervicitis, epididimitis, etc). Las madres infectadas pueden transmitirla a sus recién nacidos por vía vaginal; el 50% de los recién nacidos puede presentar conjuntivitis y hasta el 20% neu- monía. El contagio por vía respiratoria parece ser poco frecuente. � Chlamydia pneumoniae (actualmente Chlamydophila). Es responsable de patologías respiratorias y tiene dis- tribución mundial; incluso se han descripto brotes epidémicos en comunidades cerradas. La evidencia serológica de infección aumenta a partir de los cinco años, pero se hace más evidente luego de la adoles- cencia. Se estima que la transmisión se produce por vía respiratoria con un período de incubación de la enfermedad de 1 a 4 semanas. � Chlamydia psitacci (actualmente Chlamydophila). Las aves son el principal reservorio y la fuente de contagio habitual. Cualquier ave (incluso las de co- rral y mascotas) puede transmitir la enfermedad. La distribución de la psitacosis abarca todo el mundo y no registra una variación estacional ostensible. Se estima que existe la posibilidad de contagio interhu- mano. El período de incubación es de 7 a 14 días. �� Virus � Sincicial respiratorio (VSR). Pertenece a la familia Paramyxoviridae, género Pneumovirus. Es un virus pleomórfico pequeño, constituido por una simple cadena de ARN. Existen dos subtipos serológicos (1 y 2), sin diferencias clínicas aparentes. Causa enfermedad respiratoria aguda en pacientes de cual- quier edad. En lactantes es la causa más frecuente de bronquiolitis y neumonía (mayor incidencia entre 3 y 6 meses de edad). En el hemisferio sur aumenta su prevalencia entre mayo y septiembre. Se transmi- 11.16.2 Tabla1 Factores de riesgo para infección respiratoria baja aguda Del huésped Del medio Falta de lactancia materna Vacunación incompleta Prematurez/bajo peso al nacer Desnutrición Hacinamiento Época invernal Asistencia a guardería Madre analfabeta funcional Madre adolescente Contaminación ambiental Contaminación domiciliaria Tomado de: Ferrero F, Gonzalez Pena H, Ossorio M, Grenoville M. Infec- ciones respiratorias agudas bajas en menores de 2 años. Recomendaciones para su manejo. Arch Argent Pediatr 1994; 91: 274-88. 11.16.2 Tabla 2 Factores de riesgo para formas graves de infección respiratoria baja aguda Edad menor de 3 meses Inmunodeficiencias Cardiopatías congénitas Enfermedades pulmonares crónicas Prematurez/bajo peso al nacer Desnutrición Tomado de: Ferrero F, Gonzalez Pena H, Ossorio M, Grenoville M. Infec- ciones respiratorias agudas bajas en menores de 2 años. Recomendaciones para su manejo. Arch Argent Pediatr 1994; 91: 274-88. 886 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano C. psitacci Suele presentar fiebre elevada y gran compromiso del estado general. Es frecuente la presencia de exantema ma- cular. Si bien la magnitud del compromiso respiratorio es variable, habitualmente es muy grave. La tos no producti- va y la taquipnea son hallazgos habituales. Neumonía viral Suele comenzar con fiebre y síntomas respiratorios al- tos que preceden en varios días a la neumonía. Es frecuente la presencia de rinorrea, faringitis, disfonía y conjuntivitis. También pueden manifestarse escalofríos y mialgias. Gene- ralmente la neumonía viral involucra ambos pulmones y se acompaña de signos de obstrucción bronquial (sibilancias), sobre todo en niños pequeños; con frecuencia se observa tos no productiva. Progresivamente, se agregan signos de dificultad respiratoria (taquipnea, tiraje) de grado variable. Las formas graves pueden dar lugar a insuficiencia respira- toria aguda. A mediano y largo plazo pueden presentarse complicaciones como sobreinfección bacteriana, atelecta- sias persistentes e hiperreactividad bronquial transitoria. En las neumonías virales es posible observar escasa leucocitosis con predominio de mononucleares, aunque en el caso del adenovirus puede encontrarse leucocitosis manifiesta con desviación de la fórmula leucocitaria a la izquierda, indistinguible de un cuadro bacteriano. En ge- neral, las infecciones virales no alteran los reactantes de fase aguda (proteína C reactiva, eritrosedimentación). En pacientes sin factores de riesgo la enfermedad suele evolucionar favorablemente en una semana; en pacientes sus- ceptibles y en aquellos con infecciones virales graves (princi- palmente por AV) pueden desarrollarse secuelas pulmonares. DIAGNÓSTICO Radiología La neumonía por M. pneumoniae se asoció particu- larmente con un patrón radiológico caracterizado por sido comprobada, su verdadera trascendencia clínica y epidemiológica aún se encuentra en evaluación. MANIFESTACIONES CLÍNICAS Y DE LABORATORIO Si bien todas las neumonías atípicas comparten ca- racterísticas similares con algún grado de disociación clínico-radiológica, de acuerdo a la etiología presentan algunas particularidades. Neumonía por M. pneumoniae La enfermedad suele comenzar con decaimiento, fie- bre y cefalea. La tos se presenta entre el tercer y quinto día, se incrementa progresivamente y suele durar entre 3 y 4 semanas; habitualmente es seca pero puede hacerse productiva. Otros síntomas de la infección pueden ser escalofríos, dolor torácico, náuseas, vómitos, dolor abdo- minal y diarrea. La disociación clínico-radiológica ha sido una carac- terística distintiva de esta enfermedad. La falta de corre- lación se refiere tanto a la temporalidad de los síntomas clínicos en relación a los infiltrados en la radiografía de tórax como a su intensidad (pocos signos clínicos y mu- cho compromiso radiológico). La auscultación en algunos casos puede corresponder a un síndrome de condensación clásico, incluyendo estertores crepitantes y broncofonía. La presencia de sibilancias en niños pequeños puede pre- sentarse hasta en el 40% de los casos. La enfermedad suele seguir un curso benigno y au- tolimitado; sin embargo, excepcionalmente se puede ver complicada por derrame pleural masivo, fibrosis pulmo- nar, bronquiolitis obliterante y síndrome de dificultad res- piratoria del adulto. El cuadro respiratorio puede acompañarse de otitis me- dia aguda (bullosa), faringitis o sinusitis. Pueden hallarse con menor frecuencia manifestaciones cutáneas (exan- tema maculopapular, eritema multiforme y síndrome de Stevens-Johnson), anemia hemolítica y plaquetopenia, compromiso articular (mono o poliarticular migratriz transitorio), neurológico (meningoencefalitis o meningitis aséptica), gastrointestinal o cardíaco. No suele presentar alteraciones de laboratorio en ausen- cia de complicaciones. Neumonía por clamidias C. trachomatis Las manifestaciones respiratorias suelen presentarse en forma insidiosa entre el primero y quinto mes de vida, con taquipnea y tos seca repetitiva. Se caracteriza por te- ner comienzo gradual y no presentar fiebre. Puede existir el antecedente de conjuntivitis purulenta neonatal que habitualmente dura 1 a 2 semanas. El laboratorio puede evidenciar eosinofilia en sangre periférica. C. pneumoniae Habitualmente comienza con un cuadro febril seguido de faringitis con odinofagia y una semana después pre- senta el compromiso respiratorio que, en general, es mo- derado; la tos no productiva es habitual y no es rara la presencia de sibilancias. 11.16.2 Figura 1 Radiografía de tórax (frente) de un paciente con infección respiratoria debida a Mycoplasma pneumoniae. Sección 11 | Enfermedades respiratorias 887 �� Reacción en cadena de polimerasa (PCR): cada vez se aplica más esta técnica a la identificación en aspirado nasofaríngeo. Si bien los resultados son muy buenos tanto en sensibilidad como en especificidad, su empleo es aún muy limitado. �� Anticuerpos específicos: la presencia de anticuerpos específicos contra M. pneumoniae puede ser puesta de manifiesto a través de numerosas técnicas. La más em- pleada actualmente es la detección de IgM específica por medio de enzimoinmunoanálisis (EIA). Identificación de C. trachomatis �� Detección de antígenos: es posible por medio de inmu- nofluorescencia (IF) directa o EIA a partir de hisopado conjuntival (conjuntivitis) y/o nasofaríngeo (manifes- taciones respiratorias). También se ha aplicado la técni- ca de PCR, pero la experiencia es aún limitada. �� Serología: en lactantes con neumonía se puede detec- tar el aumento de IgM específica por medio de mi- croinmunofluorescencia indirecta. Identificación de C. pneumoniae �� Serología: se puede detectar el aumento de anticuer- pos específicos por medio de microinmunofluores- cencia indirecta. Se considera diagnóstico un título de IgM 1/16, un título de IgG 1/512 o un aumento de cuatro veces en el título de anticuerpos. Identificación de C. psitacci �� Serología: el método diagnóstico habitualmente emplea- do es la fijación de complemento. Un incremento de cua- tro veces en el título de anticuerpos (en 2-3 semanas) o la presencia de un título 1/32 en un paciente con cuadro clínico compatible permiten orientar el diagnóstico. Identificación de virus �� Cultivo: poco utilizado en la práctica clínica debido a que requiere tiempo e infraestructura específica. opacidades reticulonodulares focales; si bien pueden ser difusas y bilaterales (imágenes en ala de mariposa), es frecuente el compromiso lobar (Figura 1). Puede pre- sentar patrones radiológicos variables, desde una con- solidación segmentaria o lobar hasta el compromiso intersticial característico. La afectación de los campos pulmonares inferiores es más común. No es excepcional la presencia de derrame pleural de escasa magnitud y es posible observar adenopatías hiliares. La imagen más característica de la neumonía viral es el patrón intersticial difuso,con opacidades reticulares; los más frecuentes son el compromiso basal y perihiliar. La presencia de atelectasias y atrapamiento aéreo (espe- cialmente en lactantes) suele ser bastante característica (Figuras 2 y 3). En algunos casos, las imágenes semejan consolidaciones lobares, lo que dificulta su diferenciación con una neumonía bacteriana. La presencia de derrame pleural es absolutamente excepcional. Laboratorio Es muy importante la identificación de los agentes res- ponsables de la neumonía atípica, ya que los pacientes con esta afección no responden al tratamiento con antibióticos betalactámicos, que es el esquema empírico recomendado para las neumonías de la comunidad. Además, debe recor- darse que los virus son responsables de más de la mitad de las neumonías en los lactantes, por lo que su identificación oportuna evita el empleo innecesario de antibióticos que genera aumento de los costos y posibilita el desarrollo de resistencia bacteriana. Identificación de M. pneumoniae �� Cultivo: M. pneumoniae puede ser aislado de un hi- sopado nasofaríngeo o de fauces y ocasionalmente, de localizaciones extrarrespiratorias. Aun en las mejores circunstancias, la identificación por cultivo requiere en- tre dos y tres semanas, por lo que es de escaso valor en la práctica clínica. 11.16.2 Figura 3 Radiografía de tórax (frente) de un paciente con infección viral y atrapamiento aéreo. 11.16.2 Figura 2 Radiografía de tórax (frente) de un paciente con infección viral y atelectasia. 888 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano nores de un año son de etiología viral y disminuyen sensi- blemente por encima de esa edad. La temperatura corporal también puede colaborar en la orientación del diagnóstico, ya que las infecciones bacterianas suelen presentar registros térmicos mayores, generalmente superiores a 39° C. Entre los elementos de laboratorio fácilmente disponi- bles, la elevación del número total de neutrófilos y la pro- porción de neutrófilos inmaduros en sangre periférica se asocian con frecuencia a infecciones bacterianas. Finalmente, las imágenes de la radiografía de tórax pue- den ser muy orientadoras, aunque pocas veces categóricas. Se ha diseñado una regla de predicción clínica con la conjunción de varios de estos elementos (clínicos, radio- lógicos y de laboratorio) incrementando así su capacidad diagnóstica (Tabla 3). Si bien ha sido validada en pacien- tes hospitalizados la verdadera utilidad clínica aún no se ha determinado. TRATAMIENTO M. pneumoniae es sensible in vitro a macrólidos, tetra- ciclinas, cloranfenicol y varios aminoglucósidos. Por ca- recer de pared celular es resistente a penicilina y cefalos- porinas. Los antibióticos de elección para el tratamiento de esta neumonía son los macrólidos. Puede emplearse eritromicina (30-50 mg/kg/día c/8 horas), claritromi- cina (15-30 mg/kg/día c/12 horas), roxitromicina (5-8 mg/kg/día c/12 horas), en todos los casos admi- nistrados durante 10 días. El empleo de azitromicina (10 mg/kg/día c/24 horas durante 5 días) es una alter- �� Detección de antígenos: la técnica más utilizada para la detección de antígenos virales en secreciones nasofarín- geas es IF indirecta. La especificidad de esta técnica en relación al cultivo es de 95-98% en general, variando para los diferentes virus. La identificación de antígenos virales por IF es posible en caso de infección activa, ya que en los portadores la baja excreción viral impide su detección. �� PCR: permite detectar ADN o ARN viral mediante la ampliación del genoma. Es un estudio de relativo costo y que requiere una infraestructura más o menos com- pleja para poder llevarse a cabo. Su utilidad clínica en pediatría aún no ha sido completamente determinada. �� Serología: puede utilizarse EIA, IF y neutralización. Muy poco utilizado en la práctica diaria debido a la necesidad de contar con dos muestras pareadas obte- nidas con 2-3 semanas de diferencia (etapa aguda y de convalecencia). Diagnóstico diferencial virus/bacteria El verdadero desafío clínico, sobre todo en lactantes y niños pequeños, se presenta ante la diferenciación entre neumonías virales y aquellas ocasionadas por bacterias de la comunidad como neumococo. En muchas oportunida- des esta distinción es difícil siendo habitual, además, no contar con diagnóstico microbiológico rápido. Por lo tan- to, para tomar la decisión de indicar o no antibióticos, es necesario recurrir a ciertos elementos orientadores. La edad del paciente es un predictor de etiología de inva- lorable utilidad. Mas de la mitad de las neumonías en me- 11.16.2 Tabla 3 Puntaje para la presunción de etiología en niños con neumonía Características Puntaje* Clínica Edad: 9 meses 2 Temperatura al ingreso: 39 °C 3 Laboratorio Neutrófilos totales: 8 000 /mm3 2 Neutrófilos inmaduros: 5 % 1 Radiografía de tórax Infiltrado Bien definido, lobar, segmentario, subsegmentario (redondeado) 2 Pobremente definido, en parche 1 Intersticial, peribronquial -1 Localización Un solo lóbulo 1 Múltiples lóbulos en uno o ambos pulmones pero bien definidos 1 Múltiples sitios, perihiliar, pobremente definido -1 Fluido en el espacio pleural Borramiento mínimo de senos 1 Derrame evidente 2 Absceso, neumatocele o bulla Dudoso 1 Evidente 2 Atelectasia Subsegmentaria (usualmente múltiples sitios) -1 Lobar (lóbulos superior o medio derechos) -1 Lobar (otros lóbulos) 0 * Un puntaje < 4 descarta neumonía bacteriana. Tomado de: Moreno L, Krishnan JA, Duran P, Ferrero F. Development and validation of a clinical predic- tion rule to distinguish bacterial from viral pneumonia in children. Pediatr Pulmonol 2006; 41: 331-7. Sección 11 | Enfermedades respiratorias 889 nativa interesante, pero su uso en menores de 3 años debe ser evaluado. Las quinolonas (ofloxacina, ciprofloxacina, levofloxacina) son drogas útiles, pero su empleo en pedia- tría no está recomendado, aunque recientemente existen evidencias de no provocar daño músculoesquelético en me- nores de 18 años, como fue observado en conejos lactantes. Las fluoroquinolonas de cualquier manera deben ser de uso restringido por la rápida selección de cepas resistentes. El tratamiento recomendado para las neumonías causa- das por Chlamydiophilas es eritromicina (30-50 mg/kg/día c/8 horas), claritromicina (15-30 mg/kg/día c/12 horas), roxitromicina (5-8 mg/kg/día c/12 horas); en todos los ca- sos administrados durante 10 a 14 días. En relación a C. trachomatis, debe recordarse que el tratamiento tópico de la conjuntivitis es ineficaz y que la profilaxis de la oftalmía gonocócica con colirios (nitrato de plata, eritromicina) en los recién nacidos no previene la infección. La principal medida de prevención y control de la enfermedad en el niño es la identificación y tratamiento de las embarazadas infectadas. En el caso de C. psitacci debe identificarse la fuente de contagio; las aves sospechosas deben ser sacrificadas y eliminadas en forma adecuada y su hábitat conveniente- mente desinfectado y aireado, tomando precauciones para evitar diseminar el contenido. Aquellas personas que hu- bieran estado expuestas a una fuente de infección deben ser observadas clínica y serológicamente ante la posibili- dad de que desarrollen la enfermedad; en tal caso se debe instituir el tratamiento correspondiente. Aún no se cuenta con tratamiento específico efectivo, seguro y accesible contra los responsables de neumonía viral. El reposo, aporte líquido y nutricional adecuado y, eventualmente, oxígeno y broncodilatadores pueden ser beneficiosas en estos pacientes, en forma similar a lo des- cripto en el capítulo sobre bronquiolitis. En el caso del virus influenza, se cuenta con antivirales (amantadina, rimantadina, oseltamivir y zanamivir) que po- drían disminuir la gravedad de signos y síntomas, pero sólo son efectivos si se administran dentro de las 48 horas de ini- ciado el cuadro. Estarían indicados en pacientes con riesgo de presentar formas graves (elloso sus convivientes), y en pacientes con infección grave. Los inhibidores de la neura- minidasa (oseltamivir y zanamivir) tienen acción tanto con- tra el virus A como el B y con menor riesgo de desarrollar resistencia, permitiendo su empleo en forma profiláctica. 11.16.3 Derrame pleural Ricardo Dalamón � Raúl O. Ruvinsky INTRODUCCIÓN Se denomina derrame pleural a la presencia de líqui- do en la cavidad pleural; si el material es purulento, con abundantes leucocitos polimorfonucleares y fibrina, se de- nomina empiema. Usualmente es secundario a infección pulmonar subyacente, se inicia como derrame paraneu- mónico y progresa en tres estadios bien diferenciados: �� Estadio exudativo: dura aproximadamente 48 horas; el líquido pleural (LP) muestra glucosa > 60 mg/dL y pH mayor a 7,20. En esta etapa la terapia antibiótica puede frenar la evolución. �� Estadio de empiema: en las 72-96 horas posteriores llegan bacterias, leucocitos, se forma fibrina y membra- nas con loculación o compartimentación del espacio pleural; desciende el pH y la concentración de glucosa; aumenta la concentración en el LP de láctico-deshi- drogenasa, disminución de la respuesta fibrinolítica y depósito de fibrina en ambas hojas pleurales, presencia de gran cantidad de bacterias, leucocitos polimorfonu- cleares y detritus celulares. �� Estadio de organización: con crecimiento de fibroblas- tos y formación de una membrana inelástica conocida como “peel pleural” que puede encarcelar el pulmón y favorecer la incapacidad ventilatoria. Algunos pocos casos pueden fistulizar al pulmón o a la piel. En la Tabla 1 se mencionan características y conductas terapéuticas relacionadas con derrame y empiema. También con frecuencia hay signos de compromiso del estado general y dolor torácico o abdominal. En el examen físico son orientadores la presencia de un hemitórax poco móvil y asimétrico (abombamiento), el aleteo nasal, la retracción esternal y, en algunos casos, la escoliosis. Las maniobras de palpación son muy importantes para determinar la magnitud de la efusión. El choque de la punta puede estar desplazado hacia el lado contralate- ral, las vibraciones vocales están abolidas y la percusión es mate, en especial en las bases pulmonares. La auscultación manifiesta disminución o abolición del murmullo vesicu- lar según la intensidad pero, paradójicamente, respiracion soplante por encima de la línea de derrame. El porcentaje de niños con neumonía que cursan con efusión pleural es variable; por ejemplo, en un estudio de incidencia en desarrollo llevado a cabo en las ciudades de Concordia y Paraná (provincia de Entre Ríos) se registró entre el 12%-14% de los casos. En orden de frecuencia, las causas más comunes son Streptococcus pneumoniae, Staphylococcus aureus, Streptococcus pyogenes. Haemophilus influenzae tipo b es raramente aislado luego de la intro- ducción de la vacuna conjugada al calendario oficial. Cuando se asocia a procesos aspirativos, absceso pul- monar, retrofaríngeo, Brook llama la atención sobre la im- portancia de los anaerobios en el empiema de la infancia, como bacteroides, Fusobacterium, Peptoestreptococcus, Vei- llonella, Propionibacterium acnes y Clostridium perfringens. DIAGNÓSTICO De acuerdo a la intensidad del compromiso ventilato- rio pueden estar presentes taquipnea, respiración superfi- cial, taquicardia, disnea, tos seca, dolor pleural de variada intensidad provocado por compromiso inflamatorio de la pleura parietal y signos de compromiso del estado general que incluyen fiebre, palidez, sudoración, letargo y anorexia. Radiografía En la radiografía simple de tórax puede sospecharse la presencia de efusión pleural (Figura 1). En la pro- 890 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano yección anteroposterior en posición de pie se presenta como una opacidad homogénea que ocupa la parte infe- rior del hemitórax, borra el contorno del diafragma y la silueta cardíaca y se proyecta hacia el vértice con límites difusos; otras veces se advierte la presencia de despega- miento pleural de base a vértice. En la posición supina la opacidad puede extenderse a todo el hemitórax; en la proyección lateral o ipsilateral (Figura 2) el derrame pleural se puede diferenciar del infiltrado neumónico 11.16.3 Figura 2 Rx de tórax ipsilateral. Neumonía en base de pul- món derecho; se observa en la parte inferior un infiltrado de mayor densidad que señala el derrame pleural masivo. 11.16.3 Figura 1 Neumonía en base derecha con derrame pleural. Se aísla S. pneumoniae en hemocultivo y en líquido pleural. por su mayor densidad. Habitualmente el derrame pa- raneumónico se resuelve a la par que la neumonía que le dio origen, y en las radiografías con cambios de decúbito es posible observar su desplazamiento. El empiema, en cambio, tiende a la rápida loculación y no desplaza en el decúbito lateral. La presencia de una fístula broncopleural se complica con pioneumotórax, que se manifiesta radiológicamente con un nivel aire-líquido. 11.16.3 Tabla 1 Derrame pleural paraneumónico y empiema: clasificación de Light y correspondencia terapéutica Tipo Clase Características Tratamiento 1 No significativo < 1 cm de grosor en decúbito ipsilateral Toracocentesis innecesaria Antibiótico 2 Paraneumónico típico > 1 cm de grosor Glucosa > 40 mg/dL pH > 7,20 Gram y cultivo negativos Antibiótico + considerar toracocentesis terapéutica 3 Casi complicado pH 7-7,20 o LDH > 1 000 Gram y cultivo negativos Antibiótico + tubo drenaje pleural + considerar fibrinolíticos 4 Complicado simple pH < 7 Gram y cultivo positivos No loculado ni pus Antibiótico + tubo drenaje pleural + fibrinolíticos 5 Complicado complejo pH < 7 Gram y cultivo positivos Loculaciones múltiples Antibiótico + tubo drenaje pleural + fibrinolíticos + considerar TVA 6 Empiema simple Pus franco Loculado simple o líquido libre Antibiótico + tubo drenaje pleural + fibrinolíticos + considerar TVA 7 Empiema complejo Pus franco Loculaciones múltiples Requiere frecuentemente decorticación Antibiótico + tubo drenaje pleural + fibrinolíticos + TVA frente a otros procedimientos quirúrgicos si fracasó la TVA Tomado de: Light RW, Lee YCG, eds. Textbook of pleural diseases. London: Arnold: 2003. LDH: láctico-deshidrogenasa; TVA: toracoscopia videoasistida. Sección 11 | Enfermedades respiratorias 891 OPS desde 1993 informan un incremento creciente del S.pn. con resistencia a la penicicilina y otros betalactá- micos. Sin embargo, en diversas publicaciones donde se compararon las cepas aisladas con resistencia de cual- quier nivel en contraposición con las sensibles, se evi- dencia que la evolución de las neumonías con o sin de- rrame pleural por S.pn. en la infancia no tuvo diferencias en los resultados. Un grupo de expertos del Centro para el control de las Enfermedades de Estados Unidos, coordinado por Helpfingier evaluó las publicaciones con diseño ade- cuado, concluyendo que la resistencia no era factor de riesgo y que debía seguir usándose empíricamente penicilina o ampicilina, sugiriendo la rotación a cef- triaxona o esquemas más complejos como vancomici- na + rifampicina, imipenem o meropenem, solamente ante fracaso clínico. Un estudio reciente realizado en Uruguay por Giachetto y colaboradores donde se mi- dieron las concentraciones de ambos antibióticos en el líquido pleural (a la primera hora posterior a la dosis y a las cuatro horas) registró concentraciones iniciales adecuadas, por encima de la concentración inhibito- ria mínima de S.pn. resistente a penicilina; sin embar- go, estas concentraciones descendían peligrosamente para penicilina en la segunda toma respecto a la inicial: 10,9 ± 2,2 mcg/mL y 7,7 ± 3,4 mcg/mL respectiva- mente. Para ampicilina el descenso fue menor: 25,8 ± 9,9 mcg/mL y 16,2 ± 7,9 mcg/mL, respectivamen- te. Los autores concluyeron que los intervalos deberían reducirse a cada cuatro horas en casos de derrame y a partir de estos resultados sugirieron utilizarampicilina en dosis mayores (300 mg/kg/día). En el caso de niños con derrame pleural y febriles que no mejoran, antes de plantear la rotación de antibióticos debe evaluarse cuidadosamente si el problema no es mecánico, por formación de bridas con atrapamiento de segmentos de pulmón, que puede llevar a cuadros muy graves, incluyen- do bacteriemia y sepsis. Actualmente la videotoracoscopia asistida (TVA) en las primeras 48 horas, es utilizada por muchos expertos para no llegar a decorticaciones amplias que, siempre que fuera posible, deben evitarse. Otras técnicas diagnósticas Existen algunas situaciones que exceden la capacidad de resolución de la radiografía simple de tórax, como por ejemplo, la completa opacificación de un hemitórax o un proceso supurativo que requiera diferenciar un compro- miso pleural de otro parenquimatoso. En estos casos se necesitan imágenes de mayor resolución como las imáge- nes ultrasonográficas, que son electivas o la tomografía computarizada (TC). La TC muestra todas las estructuras anatómicas del tó- rax, incluyendo las óseas. Es de particular utilidad cuando existen múltiples imágenes torácicas superpuestas, como el parénquima, la pleura y el mediastino, y además permite visualizar broncograma aéreo detrás de una opacificación. Por otro lado, con la administración de contraste endove- noso se dibuja el árbol vascular dentro de la consolidación. El valor de las imágenes ultrasonográficas varía con la experiencia del operador. Los equipos modernos permi- ten una visualización clara del parénquima y los estudios Doppler color identifican los vasos sanguíneos. Los equi- pos portátiles pueden ser trasladados a las salas de emer- gencia y utilizados sin necesidad de sedación a cualquier edad. Estas imágenes permiten identificar cavidades en forma temprana y diferenciar el parénquima de la efusión pleural. Es de enorme utilidad como guía para la punción en derrames loculados. TRATAMIENTO El paciente que presenta neumonía con derrame pleu- ral debe ser internado para poder hacer un seguimiento de su evolución (que puede cambiar en pocas horas), realizar la punción pleural diagnóstica e iniciar el tratamiento an- tibiótico por vía intravenosa. Los esquemas antibióticos son los recomendados para el tratamiento de las neumonías (véase capítulo Neumo- nía adquirida en la comunidad). La ampicilina en menores de cuatro años (200 mg/kg/día cada 6 horas) y la peni- cilina en mayores de esa edad (200 000 UI/kg/día cada 6 horas) son electivas. Los estudios realizados en la Argentina a través del grupo SIREVA (Sistema Regional de Vacunas) de la 11.17 Urgencias respiratorias: insuficiencia respiratoria aguda Juan Manuel Figueroa Turienzo � Cecilia Chede INTRODUCCIÓN El paro cardiorrespiratorio es una situación de urgen- cia que se presenta a menudo en la práctica pediátrica dia- ria. En estos casos, resulta fundamental reconocer y tratar aquellas situaciones clínicas que potencialmente podrían desencadenar insuficiencia respiratoria y llevar al paro cardiorrespiratorio. En este capítulo, el término “urgen- cias respiratorias” hace referencia a la entidad clínica de la insuficiencia respiratoria aguda (IRA). La insuficiencia respiratoria se caracteriza por la inha- bilidad para mantener el intercambio gaseoso adecuado a las demandas metabólicas. Tradicionalmente, se ponía énfasis en el diagnostico ga- sométrico de la IRA: hipoxemia (PO2< 60 mmHg); hiper- 892 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano dores. Presentan una tendencia aumentada a la mala coor- dinación de los músculos de la vía aérea superior, agrava- do con el sueño o con el estado de depresión del sensorio (de aquí la mayor incidencia de apneas obstructivas). La luz de la laringe se ve dramáticamente disminuida con la flexión de la cabeza sobre el tórax, explicando la mayor susceptibilidad de apneas en los pacientes a quienes se les está realizando algún procedimiento de este tipo (punción lumbar o colocación de drenajes pleurales). La lengua es relativamente más grande en el niño, cir- cunstancia que hace que su desplazamiento posterior pro- voque obstrucción de la vía aérea (por ejemplo, en estados de depresión del sensorio). DIAGNÓSTICO Como en cualquier otra patología, la realización de un adecuado interrogatorio orientará el diagnóstico etiológico. Las manifestaciones clínicas de IRA son variadas y están relacionadas con la causa subyacente y su repercusión en los órganos diana (pulmón, corazón, cerebro) (Tabla 1). Para evaluar la función pulmonar (monitoreo), ante un paciente con diagnóstico de IRA es necesario controlar el sensorio, ya que la ansiedad, la agitación y la irritabilidad son signos del compromiso del aporte de oxígeno. Tam- bién se debe evaluar: 1. Vía aérea: � Permeable o no � Sostenible por maniobras o no � Necesidad de intubación 2. Ventilación: � Evaluar cuidadosa y repetidamente la frecuencia respiratoria (FR) � Profundidad (superficial o profunda) � Entrada de aire (bilateral o asimétrica, efectiva o inefectiva). Mecánica respiratoria o tipo de respiración Todas las situaciones de afectación respiratoria, ya sean patologías obstructivas o restrictivas, producen un gran au- mento de carga a los músculos respiratorios. El uso de los músculos accesorios (intercostales, subcostales y supraes- ternales) es un claro signo de sobrecarga que si se prolonga en el tiempo puede provocar la aparición de signos de clau- dicación respiratoria inminente aguda (CRIA). La CRIA es una situación clínica inminente de insu- ficiencia respiratoria o paro respiratorio caracterizado por taquipnea extrema o bradipnea, respiraciones cortas y superficiales, tiraje universal, respiraciones discordadas o paradojales, es alteración del sensorio y en general con repercusión hemodinámica. La respiración paradojal se produce ante la obstruc- ción respiratoria, cuando la presión negativa intratorácica supera la fuerza de los músculos inspiratorios accesorios generando retracción torácica. El cabeceo, el quejido, el estridor y la espiración pro- longada son signos de alteración significativa de la me- cánica respiratoria. El quejido es producido por el cierre glótico prematuro que acompaña a la contracción espi- ratoria tardía del diafragma; de este modo se logra una mejor oxigenación mediante el aumento de la presión capnia (PCO2 > 50 mmHg); acidosis (pH < 7,30). Este enfoque gasométrico es problemático por varias razones: �� Existen situaciones en las que no se puede determinar (por ejemplo, durante el traslado). �� Es complicado tomar muestras seriadas para evaluar la tendencia del paciente y la respuesta a la terapéutica. �� Existen, como en la mayoría de las situaciones clínicas, pacientes críticos que a expensas de un enorme trabajo respiratorio (como mecanismo compensador) presen- tan un estado acidobásico casi normal. Por lo tanto, para el reconocimiento de pacientes con IRA, es necesario basarse en el análisis clínico, que sigue siendo la práctica más utilizada. FISIOPATOLOGÍA La IRA no es una enfermedad en sí misma, sino un síndrome que es el resultado final del deterioro progresi- vo de la función respiratoria. Esta puede obedecer a cual- quier enfermedad de las vías aéreas superiores, inferiores, o enfermedades extrapulmonares, que alteren la función de intercambio respiratorio (hipoxemia y/o hipercapnia). �� Causas de hipercapnia � Hipoventilación: depresión del sistema nervioso central (SNC), debilidad muscular, intoxicación por fármacos. � Desigualdad ventilación/perfusión (crisis asmática) � Producción de CO2 aumentada �� Causas de hipoxemia � Hipoventilación � Desigualdad ventilación/perfusión: atelectasias, neumonías, distrés, edema agudo de pulmón. En la edad pediátrica la desigualdad en la ventilación/per- fusión es la causa más frecuente de los mecanismos básicos de IR. � Shunt: cardíaco, perfusión de unidades pulmonares completamente no ventiladas. � Defectode difusión: fibrosis instersticial. � Oxígeno ambiental reducido: alturas elevadas. ETIOLOGÍA Las posibles causas de IRA son múltiples y en el gru- po pediátrico es útil subdividirlas por edad. Las diferencias anatómicas y fisiológicas del sistema respiratorio del lactan- te con respecto al adulto lo hacen más susceptible a desarro- llar insuficiencia respiratoria aguda. Aunque parezca obvio, la principal diferencia es que el tamaño de la vía aérea es más pequeño en el lactante, por lo tanto consideramos que el flujo (F) de cualquier fluido está en relación con la cuarta potencia del diámetro (r4) del tubo donde se mueve. F R = ____ r4 Cualquier disminución de la luz producirá aumento a la cuarta potencia en la resistencia (R) al paso del aire. A su vez, los elementos que sostienen la arquitectura normal de la vía aérea no están totalmente desarrollados (cartílagos, músculos) y provocan susceptibilidad para sufrir espasmos laringotraqueales y distintos grados de broncoespasmo con regular respuesta a los broncodilata- Sección 11 | Enfermedades respiratorias 893 11.17 Tabla 1 Manifestaciones clínicas de la insuficiencia respiratoria aguda Órgano diana Síntomas Signos físicos General Agitación Sudoración Respiratorio Disnea Taquipnea Bradipnea Apnea Alteración auscultatoria Respiración paradójica Retracción de músculos intercostales Aleteo nasal Cianosis Quejido espiratorio Aumento del esfuerzo respiratorio Cardiovascular Taquicardia Bradicardia Hipotensión Arritmia cardíaca Pulso paradójico Paro cardiorrespiratorio Fatiga Sistema nervioso central Agitación Ansiedad Confusión mental Obnubilación Cefaleas Somnolencia diurna Asterixis Edema papilar Convulsiones Coma Encefalopatía respiratoria Sistema neuromuscular Fatiga Movimientos respiratorios incoordinados Respiración paradójica Hipomotilidad de la vía aérea al final de la espiración (PEEP, positive end-expirative pressure) y el consiguiente aumento del volumen residual funcional. Se produce sobre todo en pacientes que presentan colapso alveolar o pérdida del volumen pulmonar (por ejemplo, edema agudo de pul- món, neumonía o atelectasia). El estridor es un signo de obstrucción de las vías aéreas superiores (extratorácicas) por anomalías congénitas (ma- croglosia, laringomalacia, parálisis de las cuerdas vocales, hemangioma-tumor o quiste de la vía aérea), infecciones (epiglotitis, crup), edema de las vías aéreas superiores (an- gioedema) y aspiración de cuerpo extraño. La espiración prolongada, generalmente acompañada de sibilancias, indica una obstrucción de las vías aéreas intratorácicas sobre todo a nivel bronquial o bronquiolar. Una mención especial merecen los enfermos neuro- musculares que no desarrollan esfuerzo respiratorio y la fatiga se debe evaluar por la incapacidad para toser, deglu- tir y la disminución global de la entrada de aire, respira- ciones superficiales o suspirosas. No se debe confiar en la saturometría de oxígeno ya que la hipoxemia será un signo muy tardío. La hipoventilación que llevó a este cuadro se verá más tempranamente reflejada en la hipercapnia sólo detectable por gasometría o capnografía. Entrada de aire. Se realiza por auscultación, debe ser rápida y en cuatro focos (frente, dorso y ambas axilas). En el paciente que respira espontáneamente no siempre se relaciona la entrada de aire con el esfuerzo respiratorio. Situaciones clínicas como bronquiolitis, crisis asmática u obstrucciones de la vía aérea alta son ejemplos de máximo esfuerzo con pobre entrada de aire. Frecuencia respiratoria. Las alteraciones de la FR son: en menos bradipnea-apneas o en más taquipnea. La frecuencia respiratoria en menos es un claro signo de mal pronóstico. En general, la bradipnea puede manifestarse por depresión del SNC, fatiga de los músculos respirato- rios o hipotensión. Coloración de la piel. La cianosis es un signo tar- dío en la IRA; se observa mejor en labios, lengua y lecho ungular. Para que la cianosis sea evidente debe haber más de 5 g % de Hb reducida, por lo que en un niño con poli- citemia se podrá captar más tempranamente que en uno con anemia. Circulación (C). Evaluar frecuencia cardíaca, pulsos periféricos y perfusión periférica. Además de este interesante monitoreo clínico, es posi- ble contar con los siguientes métodos complementarios: Oximetría de pulso. Controla la saturación arterial de oxígeno en forma exacta continua y se observa en for- ma rápida los efectos de las intervenciones terapéuticas sobre la saturación de oxígeno. Es un método no invasi- vo. La mala circulación puede alterar la calidad de la señal (pacientes en shock o hipotermia). No permite determi- nar si la ventilación es eficaz. En caso de sospechar hipo- ventilación se deben realizar gases arteriales. Gases en sangre arterial-hematocrito (Hto). La realización de la gasometría no debe atrasar el inicio de las terapéuticas adecuadas. La interpretación de los resulta- 894 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano � Máscara con reservorio: es un dispositivo capaz de brindar alta concentración de oxígeno (60%). Se debe tener en cuenta el tamaño adecuado a la edad del paciente. �� Bigotera: son dos pequeños tubitos que ingresan en las narinas y que provienen de un tubo mayor que se co- necta a un flujímetro. Ofrece concentraciones de 35%. Son bien tolerados flujos de hasta 5 litros de oxígeno. �� Halo: se utiliza en lactantes. Si el halo se encuentra destapado, las concentraciones son de 50%, si se usa tapado puede alcanzar concentraciones del 90%. La creencia de que el halo tapado produce retención de CO2 es falsa. Es necesario evaluar la hemodinamia del paciente por la posibilidad de requerir expansión. Para lo cual, se debe colocar algún tipo de monitor (preferentemente y de acuerdo a lo visto) el saturómetro. Si el paciente presenta ventilación inadecuada, se deberá iniciar apoyo ventilato- rio con dispositivos que suministren oxígeno al 100% y con presión positiva (bolsa de reanimación). Cada etiología, a su vez, requiere de un tratamiento es- pecífico orientado especialmente (Tabla 2) PRONÓSTICO La mortalidad de la IRA ha disminuido, probablemen- te porque el diagnóstico es más temprano y por el adve- nimiento de las nuevas estrategias ventilatorias (invasivas y no invasivas). La muerte se produce generalmente por la enfermedad de base y/o las complicaciones durante la evolución de la IRA. Los enfermos portadores de enfer- medad pulmonar o enfermos crónicos tienen peor pro- nóstico que los previamente sanos. dos de la gasometría se debe acompañar de una cuidadosa observación clínica. Proporciona la información más exacta de la oxigenación, ventilación y estado acidobásico del pa- ciente. El análisis del Hto (nivel de hemoglobina) permitirá considerar a través de la fórmula del contenido arterial de oxígeno si existe o no una adecuada capacidad para el trans- porte del oxígeno. En el caso de haber valores de contenido arterial (CaO) menores de 10 en un paciente con hipoxe- mia y requerimientos altos de oxígeno deberá considerarse la necesidad de transfundir con glóbulos rojos. Radiografía de tórax. Ayuda para el diagnóstico etiológico. TRATAMIENTO Las medidas terapéuticas están destinadas a restable- cer la ventilación alveolar efectiva, a corregir la hipoxemia, tratar las patologías subyacentes y las respectivas compli- caciones. El tratamiento puede ser dividido en medidas generales y de soporte y medidas específicas. Medidas generales y de soporte Mantener al paciente en posición semisentada (para me- jorar la mecánica respiratoria), lo más cómodo posible, nor- motérmico (la fiebre aumenta el consumo de oxígeno). Si el paciente tiene secreciones en la vía aérea, deben aspirarse (mantener permeable la vía aérea). Se debe administrar oxí- geno: la concentración deseada en la forma mejor tolerada por el paciente, para lo cual existen los siguientes dispositivos: �� Máscaras: � Mascaritas (nebulizadores):son elementos que no brindan una concentración de oxígeno constante, aunque en general ronda entre 30-35%. 11.17 Tabla 2 Medidas terapéuticas según diagnóstico etiológico Diagnóstico Medidas terapéuticas Depresión del sensorio por sobredosis de narcóticos Naloxona Asma Broncodilatadores Corticoides Oxígeno Bronquiolitis Aspiración de secreciones Oxígeno Insuficiencia cardíaca Diuréticos Inotrópicos Oxígeno PEEP PEEP: presión de la vía aérea al final de la espiración. Sección 11 | Enfermedades respiratorias 895 muy bajo peso, incrementando notablemente la incidencia de DBP que oscila entre el 15% y el 38%. Patogenia El principal factor predisponente para la DBP es la inmadurez pulmonar propia de la prematurez, caracte- rizada por un pulmón en la fase sacular del desarrollo, con déficit de surfactante y de la actividad de los sistemas enzimáticos antioxidantes. Las dos noxas principales que actúan sobre este terreno son: 1. La toxicidad por oxígeno, en la que el exceso de radica- les libres y peróxidos produce oxidación de los lípidos, proteínas y ácidos nucleicos de las células dando lugar a daño alveolar difuso, necrosis del epitelio y lesión del endotelio capilar. 2. El trauma de la ventilación mecánica (barotrauma o volutrauma). Otros factores de riesgo que contribuyen también en el desarrollo de esta patología son las infecciones prenatales y posnatales, la persistencia del ducto arterioso y los pro- blemas nutricionales. El sexo masculino y la raza blanca son factores de riesgo independientes. Existen suficientes evidencias que asocian a la DBP con la presencia de una reacción inflamatoria que involucra tanto a las vías aéreas como al intersticio pulmonar, obser- vándose un incremento de neutrófilos y macrófagos alveo- lares e intersticiales en respuesta a la producción de factor de necrosis tumoral alfa. El aflujo de fagocitos también es estimulado por otros factores quimiotácticos como la in- terleuquina 8 (I18), el leucotrieno B4 (LTB4) y el comple- mento (C5a). Estos y otros mediadores inflamatorios (otras interleuquinas, el factor activador de plaquetas, etc.) produ- cen un aumento de la permeabilidad microvascular, factor determinante en el desarrollo de la DBP. Anatomopatológicamente, se puede clasificar a la DBP en tres períodos: �� Fase temprana exudativa �� Fase fibroproliferativa subaguda �� Fase crónica fibroproliferativa con remodelación En la primera se pueden hallar membranas hialinas, signos de necrosis bronquial, bronquiolitis obliterante, presencia de bronquioloectasias, etc. En la fase subsi- guiente se comienza a observar la proliferación de neu- monocitos tipo 2, fibrosis ductal perialveolar, áreas de so- breexpansión y colapso alveolar. Finalmente en la última etapa se encuentran zonas de fibrosis intersticial, áreas quísticas, engrosamiento de paredes vasculares e hipertro- fia del músculo liso peribronquial con distorsión y oblite- ración de las pequeñas vías respiratorias. Manifestaciones clínicas. Las manifestaciones clínicas halladas en estos pacien- tes corresponden a las de un síndrome de obstrucción 11.18 Enfermedad pulmonar crónica Adriana Márquez � Stella Maris Piñón � Juan Manuel Figueroa Turienzo � Ana María C Balanzat INTRODUCCIÓN Si bien el asma bronquial es la enfermedad pulmonar crónica por excelencia, su alta prevalencia, el impacto en la práctica diaria y la variabilidad de la gravedad del cuadro clínico hacen que habitualmente se la analice aparte, agru- pando bajo la denominación de EPC a las otras patologías pulmonares crónicas tales como la displasia broncopul- monar (DBP), la fibrosis quística (FQ) y la enfermedad pulmonar crónica posviral (EPCPV). DISPLASIA BRONCOPULMONAR La DBP fue descripta por primera vez por Northway y colaboradores en 1967, en prematuros con enfermedad de membrana hialina que habían recibido asistencia res- piratoria mecánica prolongada y altas concentraciones de oxígeno. En 1979, Bancalari propuso tres criterios para definir la DBP en prematuros: �� Dificultad respiratoria persistente �� Radiología de tórax anormal �� Requerimiento de oxígeno por un tiempo mayor a 28 días En 1989, The Maternal and Child Health Bureau los modifica, proponiendo los siguientes criterios utilizados actualmente para definir DBP: �� Ventilación por presión positiva durante las dos prime- ras semanas de vida, con un mínimo de tres días. �� Dificultad respiratoria persistente más allá de los 28 días. �� Requerimiento de oxígeno suplementario más allá de los 28 días de vida para mantener una PaO2 por encima de 50 mmHg. �� Cambios radiológicos con imágenes difusas caracterís- ticas de la DBP. Por otro lado, en el año 2000, el National Institute of Child Health and Human Development propuso una cla- sificación de la DBP basada en la gravedad, aplicable a pre- maturos nacidos antes de las 32 semanas de gestación: �� DBP leve: O2 por 28 o más días pero no más allá de las 36 semanas de edad gestacional. �� DBP moderada: persiste con requerimiento de O2 con una concentración de hasta 30% a las 36 semanas. �� DBP grave: requiere concentraciones de O2 suplemen- tario mayores al 30% y/o ventilación por presión posi- tiva a las 36 semanas. Epidemiología La prevalencia de la DBP en una población está liga- da a la frecuencia de casos de prematurez y a la calidad de funcionamiento de los cuidados intensivos neonatales. En los países desarrollados, las terapias neonatales, la in- dicación sistemática de corticoides prenatales en caso de amenaza de parto prematuro y el uso de surfactante han logrado aumentar la sobrevida de los niños pretérmino de 896 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano la asistencia a guardería). A pesar de múltiples esfuerzos no está disponible aún una vacuna para el VSR. La inmuni- zación pasiva con gammaglobulina hiperinmune o el pali- vizumab (anticuerpo monoclonal humanizado) son estra- tegias útiles para disminuir la gravedad de la bronquiolitis por VSR. Estos anticuerpos se fijan a la glicoproteína F del VSR y evitan la adherencia del virus a la membrana basal del epitelio respiratorio. Esta medicación, de costo elevado, se indica durante la estación de prevalencia del VSR (abril a septiembre en el hemisferio sur) a razón de 1 dosis mensual de 15 mg/kg por vía intramuscular (IM) exclusivamente durante el primer año de vida a los niños prematuros consi- derados como población de riesgo de padecer IRAB grave. Controles ambulatorios requeridos en el seguimiento de un paciente con DBP El seguimiento de estos pacientes es complejo y requie- re un equipo multidisciplinario y una lista de controles específicos: �� Control estricto de crecimiento y maduración neuro- lógica. �� Control de signos y síntomas respiratorios. �� Evaluaciones cardiológicas periódicas: trimestrales en los pacientes con HTP y semestrales en niños sin HTP. �� Controles de rutina: potenciales evocados auditivos y visuales. �� Radiografía de tórax si es necesario. �� Monitoreo de saturación de O2 con oxímetro de pulso en todos los controles y en diferentes situaciones: sue- ño, vigilia y durante la alimentación. Los gases en san- gre se solicitarán únicamente en niños con hipercapnia, y con una periodicidad mensual hasta normalizar CO2. �� Polisomnografía con oximetría en sospecha de síndro- me de apneas. �� Estudio de deglución: frente a sospecha clínica de aspi- ración bronquial. �� Control de retinopatía y ecografía cerebral. FIBROSIS QUÍSTICA La FQ es una enfermedad hereditaria, autosómica recesiva, cuya incidencia en Argentina es de 1:3 500 re- cién nacidos vivos. La prevalencia de portadores sanos alcanza 1:35. Esta enfermedad es el resultado de la mu- tación del gen productor de una proteína llamada regu- lador de conductancia transmembrana (CFTR) que se encuentra presente en la membrana apical del epitelio de la vía aérea, los conductos pancreáticos, intestinales y los canalículos excretores de las glándulas sudorípa- ras.La mutación de dicha proteína conduce al funcio- namiento anómalo del canal de cloro. El gen de la FQ fue identificado en 1989, se encuentra en el brazo largo del cromosoma 7 (7q 3.1), y en la actualidad se conocen más de 100 mutaciones. La más frecuente es la ΔF508; en Argentina está presente en alrededor del 57% de los cromosomas afectados por FQ y otras 10 mutaciones agregan un 10% más de sensibilidad. Cuadro clínico La presentación clínica de esta enfermedad tiene una alta variabilidad y guarda relación con el tipo de muta- bronquial persistente, con taquipnea, aleteo nasal, tiraje subcostal e intercostal, uso de músculos accesorios, espi- ración prolongada, roncus y/o sibilancias y rales subcre- pitantes a la auscultación. La hipoxemia puede llevar al hipocratismo digital y al retraso pondoestatural. Hallazgos radiológicos Radiológicamente se pueden observar áreas de hipe- rinsuflación, opacidades en vidrio esmerilado, zonas seg- mentarias de colapso, áreas de hipovascularización, imá- genes quísticas, etc. Función pulmonar Los exámenes de la función pulmonar demuestran resistencia de la vía aérea aumentada, limitación al flujo aéreo, reducción de la distensibilidad pulmonar e hipe- rreactividad bronquial persistente. Complicaciones La insuficiencia respiratoria por infección respiratoria aguda baja (IRAB) es la complicación más frecuente. En particular los lactantes con DBP presentan un mayor ries- go de presentar bronquiolitis grave por el virus sincicial respiratorio (VSR). Otros virus como el adenovirus, el parainfluenzae III, e influenza A y B, y bacterias como el neumococo y el Haemophilus influenzae son también cau- sa de IRAB grave en pacientes con DBP. El crecimiento debe ser controlado y se debe prevenir el déficit calórico, principal causa del retardo pondoestatural. La hiperten- sión pulmonar (HTP) secundaria a hipoxemia persisten- te es otra de las complicaciones de la DBP. Tratamiento Los pilares fundamentales en el tratamiento de la DBP son la recuperación nutricional y la corrección de la hi- poxemia crónica, la cual debe evaluarse en las diferentes condiciones de la vida diaria. Los antiinflamatorios no esteroideos son la primera alternativa para el cierre del ducto persistente. Broncodilatadores y diuréticos pueden mejorar la mecánica pulmonar, el intercambio gaseoso y atenuar los síntomas. No se ha demostrado beneficio cla- ro con el uso crónico de estos con respecto a la evolución posterior de la DBP. El uso temprano de corticoides en prematuros (antes de las dos semanas de edad posnatal) podría reducir el tiempo de ventilación mecánica, facili- tar la extubación y disminuir la utilización de corticoides sistémicos de rescate, pero no se ha demostrado una dis- minución en la incidencia de DBP. Si bien desde un punto de vista teórico los corticoides (CTI) inhalados podrían ser beneficiosos al disminuir la reacción inflamatoria, la mayoría de los ensayos realizados no ha mostrado una eficacia clínica que justifique una indicación generalizada. Los objetivos fundamentales de la oxigenoterapia cróni- ca en el niño con DBP son evitar la aparición o la progre- sión de hipertensión pulmonar y favorecer el crecimiento somático Es necesario educar a las familias en las medidas habituales para la prevención de las infecciones (lavado de manos, cuidado del ambiente, aislamiento de contactos, ca- lendario de vacunas actualizado, erradicación del humo de tabaco, promoción de la lactancia materna, evitar o retrasar Sección 11 | Enfermedades respiratorias 897 Radiología Las imágenes varían en función del grado de afectación pulmonar, tanto en relación con el tipo de mutación como con el grado de deterioro de la enfermedad, pudiéndose observar: hiperinsuflación, áreas de consolidación, atelec- tasias segmentarias, engrosamiento peribroncovascular, bronquiectasias, etc. Función pulmonar Las pruebas de función pulmonar son uno de los ele- mentos más importantes en el seguimiento evolutivo de la afectación pulmonar y diagnóstico de las exacerbacio- nes, mostrando un cuadro de incapacidad obstructiva con disminución del volumen espiratorio forzado en el primer segundo y flujo medio forzado. La capacidad vital forzada puede estar ligeramente aumentada en las primeras etapas pero luego se registra una disminución en su curso evolutivo. Se suele constatar cierta respuesta a los broncodilatadores y en las pruebas de hiperreacti- vidad bronquial. Test del sudor. Es un método diagnóstico simple que permite identificar el 99% de los afectados. Se realiza por estimulación de las glándulas sudoríparas con pilocarpina mediante iontoforesis. Deben registrarse tanto el peso del sudor obtenido, que no debe ser inferior a 100 mg, como las concentraciones de Na y Cl. Los valores se conside- ran normales cuando son menores o iguales a 39 meq/L, dudosos entre 40-59 meq/L y patológicos por encima de 60 meq/L. Se requieren dos test del sudor con valores ma- yores o iguales a 60 meq/L para el diagnóstico. Pesquisa neonatal. La pesquisa de la FQ se realiza con la detección de tripsina inmunorreactiva (TIR) me- diante la técnica de elisa o RIA (radioinmunoensayo) en sangre del recién nacido entre las 24 horas y los 7 días de vida, ya que el método pierde su valor diagnóstico luego de los 30 días del nacimiento. Esta determinación es obligatoria en Argentina y está regulada por la Ley Nacional 24 438. Permite realizar un diagnóstico tem- prano, mejorando la calidad de vida de los afectados con impacto en la morbimortalidad de la enfermedad. Este test puede ser negativo hasta en el 30% de los casos de los niños con íleo meconial. Se encontrarán más detalles acerca de esta patología en el capítulo Enfermedad fibroquística del páncreas (Sección 12). ENFERMEDAD PULMONAR CRÓNICA POSVIRAL La bronquiolitis viral en la mayoría de los lactantes se resuelve en forma íntegra en un lapso de 7 a 12 días, pero algunos pacientes, tras una grave lesión viral inicial, desarrollan un cuadro de obstrucción bronquial persis- tente, con requerimiento prolongado de oxígeno, imáge- nes radiológicas persistentes y graves alteraciones en la función pulmonar. Etiología El adenovirus tipo 3, 7 y 21, y fundamentalmente el se- rotipo 7H, es el principal agente causal de este cuadro en Argentina y en el hemisferio sur, aunque también pueden desarrollarse a posteriori de una infección aguda baja gra- ve por virus influenza A y B, parainfluenza o sarampión. ción que presente el paciente. En el caso de la ΔF508, el compromiso es predominantemente pulmonar con afec- tación sinusobronquial (95% de los casos) y digestivo con cuadro de malabsorción intestinal (90%). Se debe destacar que existen mutaciones sin afectación del apa- rato respiratorio. En niños menores de un año, un sín- drome de obstrucción bronquial recurrente y persistente caracterizado por tos seca, taquipnea, retracción inter- costal, deformación torácica con aumento del diámetro anteroposterior debe orientar hacia este diagnóstico. Los niños más grandes pueden presentarse con obstrucción bronquial, tos persistente, secreciones mucosas o puru- lentas según el estadio clínico o compromiso infeccioso, signos de EPC tales como tórax rígido y uñas en “vidrio de reloj” y dedos en “palillo de tambor”. La auscultación es variable y se relaciona con la gravedad de las exacerba- ciones infecciosas. En la enfermedad avanzada aparecen bronquiectasias, con o sin hemoptisis. La cianosis es un signo tardío. El ha- llazgo en cultivo de secreciones bronquiales de Staphylo- coccus aureus y Haemophilus influenzae no tipificable hace pensar en posible colonización de un paciente con FQ, mientras que el aislamiento de Pseudomonas aeruginosa obliga a descartar esta patología. En casi la totalidad de los pacientes con FQ se obser- va opacificación de los senos paranasales en las radiogra- fías y algunos tienen síntomas de sinusitis crónica. En todo paciente con poliposis nasaldebe descartarse FQ, ya que el 10%-12% de los FQ tienen pólipos. Casi todos los pacientes con FQ presentan síntomas de sinusitis crónica, con opacificación de los senos. La malabsorción intestinal, consecuencia de la insuficiencia pancreáti- ca exócrina, se produce entre el 85%-90% de ellos. En el período neonatal, es posible observar íleo meconial (10%-20%) que se evidencia dentro de las 24 horas de vida y se caracteriza por la ausencia de deposiciones, dis- tensión abdominal y vómitos. El prolapso rectal aparece entre el 20%-25% de los lactantes. La ictericia colestática prolongada suele presentarse en un 50% de los casos. El retraso del crecimiento pondoestatural es un hallazgo frecuente secundario al incremento de la demanda ca- lórica, la malabsorción intestinal y la enfermedad pul- monar crónica, correlacionándose fuertemente con el retraso en el diagnóstico. La hepatopatía (5%) se mani- fiesta con cirrosis biliar focal o difusa con proliferación de conductos biliares y colestasis, cuya complicación más frecuente es la esplenomegalia, várices esofágicas y he- morragia digestiva. La afectación del páncreas endócrino se constata en el 20% de los casos siendo la diabetes co- mún en la adolescencia. El 95% de los varones son esté- riles como consecuencia de la azoospermia por la ausen- cia congénita bilateral de los conductos deferentes. Las complicaciones de la enfermedad pulmonar crónica son el neumotórax, la hemoptisis grave, la hipoxemia crónica que produce hipertensión pulmonar y cor pulmonar y retraso pondoestatural. Las sobreinfecciones bacteria- nas pulmonares (Staphylococcus aureus, Haemophillus influenzae y Pseudomonas aeruginosa) son altamente fre- cuentes debido al aumento de viscosidad de las secrecio- nes y por la presencia de bronquiectasias. 898 Pediatría 3 | Voyer � Ruvinsky � Cambiano Función pulmonar Las pruebas funcionales respiratorias realizadas en estos lactantes han mostrado patrón obstructivo grave con escasa o nula reversibilidad posterior a la adminis- tración de broncodilatadores, aumento de la resistencia pulmonar, disminución de la distensibilidad y de la con- ductancia específica. Con el crecimiento suele persistir un grave deterioro de la función pulmonar, aunque hay casos con cierta tendencia a la recuperación, siendo lo más notorio la persistencia de la hiperinsuflación evi- denciada por aumento en el volumen residual (VR) con incremento importante en la relación VR/CPT (capaci- dad pulmonar total). SEGUIMIENTO Y TRATAMIENTO DE LA EPC Las enfermedades pulmonares crónicas tienen en co- mún algunas pautas de seguimiento y de terapéutica. En este caso, se hará referencia a la oxigenoterapia, nutrición, medidas de prevención, inmunizaciones, kinesioterapia y los tratamientos farmacológicos comunes. Todo paciente con insuficiencia respiratoria, aguda o cró- nica debe recibir oxígeno suplementario con una FiO2 (frac- ción inspirada de O2) necesaria para mantener una adecuada saturación de O2. La oxigenoterapia a largo plazo permite incrementar el crecimiento somático y evitar la hipertensión pulmonar y la progresión al cor pulmonar. La administra- ción domiciliaria del oxígeno permite mejorar la actividad y calidad de vida, disminuir el tiempo de hospitalización y los riesgos de sobreinfección intrahospitalaria, mejorar la in- tegración del niño al núcleo familiar y reducir los costos de atención. La administración de oxígeno en el domicilio pue- de prescribirse en pacientes con saturación de O2 < a 93% respirando aire ambiental clínica y radiológicamente estables en los últimos 15 días, con requerimientos de O2 alcanzables con la fuente disponible, debiéndose entrenar a la familia para el adecuado manejo de los dispositivos y haber realizado el curso de resucitación cardiopulmonar (RCP). Los sistemas de administración de O2 ambulatoria son: �� Oxígeno gaseoso en tubos cilíndricos de aluminio o acero. �� Concentradores de oxígeno. �� Oxígeno líquido que puede ser administrado con mo- chilas de transporte. El oxígeno gaseoso en tubo administra concentraciones del 100% de O2, es el más económico, pero requiere reem- plazo regular de los tubos y no permite movilidad fuera del hogar por su elevado peso. Deben estar adecuadamente ubi- cados, lejos del fuego y firmemente asegurados para evitar accidentes en el hogar. Los concentradores extraen el O2 del aire ambiental, y proveen FiO2 de 95-98% y flujos de O2 en- tre 2-3 L/min. No son transportables, son moderadamente accesibles desde el punto de vista económico pero siempre la familia debe disponer de un tubo de oxígeno gaseoso en casos de falla de energía eléctrica. El O2 líquido permite el uso de recarga domiciliaria en tubos pequeños o mochilas de transporte pudiéndose administrar hasta 2 L/min. Son livianos y facilitan la movilidad del paciente. Según el reque- rimiento diario de O2, permiten una autonomía que oscila entre las 4 a 8 horas. En nuestro medio, su uso está limitado debido a su costo elevado. Fisiopatogenia La lesión anatomopatológica característica es la bron- quiolitis y endarteritis obliterante frecuentemente aso- ciada a bronquiectasias. Histológicamente se observa necrosis del epitelio bronquiolar con destrucción ciliar e infiltración peribronquial por linfocitos, macrófagos, células plasmáticas, fibroblastos, tapones mucosos, daño alveolar difuso y edema submucoso y de la adventicia cul- minando con proliferación endoluminal en pequeña vía aérea y vasos. La respuesta inmunológica de los pacientes con infección por adenovirus con evolución desfavorable se caracteriza por presentar niveles séricos elevados de in- terleuquinas 6 y 8 (IL6, IL8), factor de necrosis tumoral alfa (TNF), así como también disminución en las pobla- ciones linfocitarias CD4, CD5, CD8, y CD16. Manifestaciones clínicas Clínicamente, los pacientes se presentan con grados variables de dificultad respiratoria, taquipnea, tos persis- tente y/o broncorrea. Al examen físico suele constatarse aumento del diámetro anteroposterior del tórax (tórax rígido y en tonel) y más tardíamente signos de hipoxe- mia crónica como hipocratismo digital. A la auscultación se identifican sibilancias, roncus y rales subcrepitantes difusos persistentes. En los niños con compromiso grave la evolución clínica suele ser tórpida, con frecuentes re- internaciones por exacerbaciones obstructivas agudas hi- poxémicas o sobreinfecciones. La falla en el crecimiento secundario a dificultades en la alimentación, desnutrición calórico-proteica, internaciones prolongadas e hipoxemia es un hallazgo frecuente, pudiéndose asociar con HTP que es un signo de mal pronóstico. En los casos graves puede observarse oxigenodependencia prolongada que puede extenderse de meses a años. La mortalidad documentada por estudios en Argenti- na se encuentra alrededor del 11%. Hallazgos radiológicos En las imágenes radiológicas se observa hiperinsu- flación pulmonar, atelectasias laminares o segmentarias persistentes, engrosamiento peribroncovascular siendo frecuente la presencia de bronquiectasias e imágenes de ocupación del espacio alveolar en caso de sobreinfección bacteriana. Radiológicamente las bronquiectasias pueden observarse como imágenes hiperclaras, apelmazamiento de la trama bronquial y disminución de volumen pulmo- nar. En la tomografía computarizada (TC) se confirman al ver bronquios dilatados con mayor diámetro comparán- dolos con el vaso adyacente (anillo de sello) y bronquios en el manto. En la tomografía de tórax de alta resolución de los niños con bronquiolitis obliterante el patrón ca- racterístico es la presencia de zonas hiperlúcidas e hipo- vascularizadas correspondientes a la destrucción vascular intersticial, distribuidas en parches, que se denominan “oligohemia en mosaico”. Es posible hallar signos directos como engrosamiento de la pared bronquiolar, disminu- ción del volumen pulmonar y del diámetro de los vasos hiliares o periféricos. El centellograma