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Caleidoscopio
de la ciudad
contemporánea
Economía, Sociedad y Medio Ambiente
María Isabel Angoa Pérez
Alejandro Sánchez Zárate
Isaías Aguilar Huerta
María Isabel Angoa Pérez 
Alejandro Sánchez Zárate 
Isaías Aguilar Huerta
CaleidosCopio de la Ciudad
 Contemporánea
eConomía, soCiedad y medio ambiente
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla 
Altres Costa-Amic Editores
 
Corrección académica y coordinación: Dra. María Isabel Angoa Pérez, Mtro. 
Alejandro Sánchez Zárate y Mtro. Isaías Aguilar Huerta
Consejo Científico Editorial de Altres Costa-Amic Editores (Ciencias Eco-
nómicas): Dr. Cuauhtémoc Calderón Villarreal, Dra. María de Lourdes Cárcamo 
Solís, Dra. Edit Hernández Flores y Dr. Víctor Job Paredes Cuahquentzi.
Revisión, diseño y coordinación editorial: Bartomeu Costa-Amic Leonardo
Corrección de estilo: Martha Dávila Márquez, Flor Daniela García Dávila, José 
Francis- co Parra Miguel
Maquetación: José Isaías Velázquez García 
Diseño de portada: Roser Costa-Amic Manzano 
Coordinador de impresos: José Martínez
Comentarios sobre la edición y contenido del libro a:
iangoa@yahoo.com costaamic@gmail.com
Esta obra fue dictaminada por pares académicos
Queda prohibida la reproducción parcial o total, directa o indirecta del contenido 
de la presente obra, sin contar previamente con la autorización expresa y por 
escrito de los editores, en términos de la Ley Federal de Derecho de Autor, y en su 
caso, de los tratados internacionales aplicables; la persona que infrinja esta disposi-
ción, se hará acreedora a las sanciones legales correspondientes
© 2016, Derechos Reservados
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla 
Facultad de Economía, Ciudad Universitaria,
Av. San Claudio y 22 Sur, s/n; Col. Jardines de 
 San Manuel, Puebla, Puebla 72570 México 
(www.eco.buap.mx)
coedición con
Altres Costa-Amic Editores, S.A. de C.V.
Calle 35 Poniente núm. 302-A; Col. Chula Vista, 
Tel + 52 (222) 289 7927; telcel 222 200 3349
Puebla, Puebla 72240 México (altrescostaamic.wordpress.com) 
1ª edición, diciembre de 2016
ISBN BUAP: 978-607-525-185-1
ISBN Altres Costa-Amic: 978-607-8154-99-9
Impreso en México.
Índice
Intorducción
7 
parte i GeoGrafía eConómiCa. 
ConfiGuraCión espaCial y seCtorial en la Ciudad
1. O retorno da política industrial na América Latina. 
Evidências e práticas da experiência brasileira
Santos, Leandro Bruno
17
2. Análisis macrogeográfico de la especialización del 
sector servicios en México, 1998-2008
Pérez Campuzano, Enrique, Sánchez-Zárate, Alejandro y Angoa Pérez, Isabel
45
3. Circuito espacial de produção do petróleo: uma nota 
sobre a economia urbana da «capital nacional do petróleo»
Da Silva, Silvana Cristina
71
4. Cidades médias e aglomeração urbana: entre 
continuidades e descontinuidades territoriais e espaciais
Miyazaki, Vitor Koiti
89
parte ii merCado de trabajo. aspeCtos teóriCos y empíriCos 
en torno a la informalidad
5. Estructura laboral y trabajo informal en el Área Metropolitana 
 de Puebla, 2005-2013: la participación de las mujeres
Aguilar Huerta Isaías, Rivera de la Rosa, Jesús y Vera Vélez, Rebecca
129
6. De la Sierra al subterráneo. Los supuestos migrantes rurales de la Sierra Norte de Puebla 
y la economía de la mendicidad en el Metro de la Ciudad de México 
Serna, Érick
151
7. La informalidad en el barrio de Tepito como forma de inserción, 
estrategia o práctica cotidiana concreta frente al sistema dominante
Jiménez Limón, Alexander Yahir
181
8. El trabajo infantil familiar y no familiar urbano en México: 
el proceso de incorporación precoz al mercado laboral
Estrada Quiroz, Liliana
211
Flexibilidad geográfica y laboral de los migrantes mexicanos 
en el mercado de trabajo estadounidense, 2005-2010
Cedillo Villar, Rosa Elvira
239
parte iii. Calidad de vida y 
proCesos de urbanizaCión
Contrastes de pobreza multidimensional intraurbana en 
el municipio de Puebla: centro vs periferia
Sánchez Martí, Jose Antonio; Angoa Pérez, Isabel 
y Losa Carmona, Antonio
267
Segregación socioespacial en la zona 
metropolitana Puebla-Tlaxcala, 2010
Sánchez Zárate, Alejandro; Angoa Pérez, Isabel y Lara Galindo, Emilia 
 288
Influencia del proceso de urbanización en las 
condiciones de vida de la población. El caso de Ecuador
Osorio Guerrero, Pablo Enrique
309
A construção das modalidades de governança territorial no estado de São Paulo
Labigalini Fuini, Lucas; Silva Pires, Elson Luciano 
y Figueiredo Filho, Wilson Bento
324
parte iv. Gestión Gubernamental 
y medio ambiente urbano
Construcción socio-ambiental y política 
del agua en Mazatlán, Sinaloa
Kelly Torreblanca, Luis Gustavo
359
Gestión intermunicipal para la provisión de servicios de agua potable,
 drenaje y saneamiento en la zona metropolitana de Xalapa. Un estudio de caso 
Ladrón de Guevara, Rebeca Ampudia
378
Vulnerabilidad frente a eventos hidrometeorológicos en escenarios 
de cambio climático: las inundaciones en la ciudad de Xalapa, Veracruz
Hernández Hernández, Claudia Berenice
408
[ 7 ] 
introduCCión
La ciudad, más que una organización territorial perfectamente delimita-
da y consistente, es un espacio que emerge de la convergencia de múl-
tiples factores relativos a la subjetividad colectiva. Esto quiere decir que 
la construcción urbana debe ser entendida como un proceso complejo 
que abarca desde la conformación identitaria de los individuos hasta los 
intercambios políticos y económicos que en ella se enmarcan, y que la 
reconfiguran, en el mundo contemporáneo, dentro de la inte- racción 
global: las relaciones globales de capitales componen una nueva geo-
grafía de la centralidad, donde lo espacial se reinterpreta a partir de los 
mercados. El pre- sente texto recoge los trabajos de investigación que 
abordan distintas facetas del fenómeno urbano en nuestro continente.
La primera parte del libro está orientada al análisis de los procesos 
de reconfiguración económica sectorialy espacial de la ciudad.
En el capítulo «O Retorno da Política industrial na América Latina. 
Evidéncias e práticas da experiéncia brasileira», Leandro Bruno aborda 
la política industrial en América Latina, con énfasis en las experiencias 
y prácticas del Brasil del siglo XXi. Los gobiernos de Ignacio Lula y 
Dilma Rousseff colocan a la industria en el centro de una estrategia de 
desarrollo, enfatizando la innovación y el avance tecnológico, la cons-
trucción de instituciones de coordinación, la selectividad sectorial y la 
inserción competitiva de la industria brasileña en el mercado interna-
cional. El autor destaca que, a pesar de los avances de las políticas in-
dustriales, la permanencia de los pilares neoliberales (tipos de cambio, 
intereses y superávit primario) impide cualquier cambio estructural en la 
industria brasileña, y que el énfasis en el fomento a la innovación, al no 
considerar las densidades técnicas sobre el territorio, cristaliza la con-
 8 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
centración de las actividades más dinámicas en la Región Concentrada.
En el capítulo denominado «Cambios de la especialización del sec-
tor servicios en México. Un análisis espacial, 1998-2008», de Enrique 
Pérez Campuzano, Alejandro Sánchez e Isabel Angoa, se analiza la es-
pecialización del sector servicios en México mediante la observación 
de zonas metropolitanas, municipios urbanos y rurales. Por medio del 
cociente de localización, se identifican las zonas que han mantenido su 
especialización durante la última década en servicios tradicionales a la 
producción, servicios intensivos en conocimiento, sociales, personales 
y de distribución. Se identifican, además, aquellos municipios que en el 
último año ad- quirieron dicha especialización.
En el tercer capítulo, «Circuito Espacial de Produ;;ao do Petróleo: 
uma nota sobre a economia urbana da ‘Capital Nacional do Petróleo’», 
la autora, Silvana Cristina da Silva, retoma la Teoría de los Dos Circuitos 
de la Economía Urbana, originada en la década de 1970 para interpretar 
la urbanización enlos países pobres y las trans- formaciones actuales 
de la ciudad. Da Silva analiza la dinámica de la economía urbana en el 
estado de Río de Janeiro, y en específico, en el municipio de Macaé, 
considerado la «Capital Nacional del Petróleo», a partir de las trans-
formaciones en el circuito espacial productivo del petróleo. Para ello, 
propone la categoría de circuito espacial de producción.
En el cuarto capítulo, «Cidades médias e aglomera;;ao urbana: entre 
continuidades e descontinuidades territoriais e espaciais», Vitor Miyaza-
ki analiza el proceso de aglomeración urbana en tres ciudades medias 
de Brasil. A partir de una breve contextualización teórica y conceptual, 
el autor examina los procesos relacionados con la aglomeración urbana 
-sea que ocurra por continuidad territorial o a partir de la articulación-, 
tomando en cuenta lo flujos y dislocamientos cotidianos. A decir de 
Miyazaki, dicho escenario impone la necesidad de un debate que con- 
temple acciones colegiadas y mayor integración entre los municipios 
aglomerados, incluyendo aquellas realidades fuera del contexto metro-
politano, como es el caso de las ciudades medias.
En la segunda parte, denominada: Mercados de trabajo. Aspectos 
teóricos y empíricos en torno a la informalidad. El primer capítulo, «El 
trabajo informal en el área metropolitana de Puebla, 2005-2013», de 
Isaías Aguilar, Jesús Rivera y Rebecca Vera, aborda, en un contexto de 
cambio, el mercado de trabajo en el área metropolita- na de la ciudad 
de Puebla en el periodo de 2005 a 2013. Los autores justifican la elec-
ción de esa periodicidad en la relevancia metodológica que ofrecía el 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 9 
estudio de los años previos a la crisis económica de 2009, los impactos 
de ésta sobre el mercado de trabajo y el comportamiento en los años 
posteriores. La investigación indaga sobre las características del trabajo 
por sectores de actividad económica, por posición en el empleo y por 
niveles de ingreso medidos en salarios mínimos. En la última sección 
del trabajo se destacan las características del empleo informal frente al 
empleo formal.
En el capítulo «De la Sierra al subterráneo. Los supuestos migrantes 
rurales de la Sierra Norte de Puebla y la economía de la mendicidad en 
el metro de la Ciudad de México», de Érick Serna, se describe la práctica 
de la mendicidad en el metro de la Ciudad de México, que realiza un 
grupo de supuestos migrantes de origen rural provenientes del estado 
de Puebla. Este vínculo, aunque hipotético, permite obser- var la vigen-
cia de la relación entre el campo y la ciudad, componente clásico de la 
pobreza urbana. El trabajo destaca cómo las personas construyen una 
actividad económica en torno a la explotación discursiva del estigma 
de la pobreza rural, apropiándose, así, de los vagones del Sistema de 
Transporte Colectivo Metropolitano (stc Metro). El análisis se sostiene 
en una metodología cualitativa que retoma la experiencia vital como 
fundamento de la investigación, sistematizando las observaciones y 
anotaciones recabadas a lo largo de más de cuatro años de viajar en el 
transporte subterráneo. Con ello, el autor construye una etnografía de 
las actividades económicas informales que se desarrollan en el metro, 
entre ellas, la mendicidad de la población de origen rural.
En «La ‘informalidad’ en el barrio de Tepito. Forma de inserción y/o 
estrategia frente al sistema dominante», de Alexander Yahir Jiménez, se 
reflexiona en torno a las formulaciones y debates de aproximación epis-
temológica, desde el pensamiento crítico marxista y latinoamericano, 
sobre el desarrollo y el postdesarrollo. Se trata, en lo fundamental, de 
un acercamiento analítico a una cruda realidad latinoamerica- na, cuya 
complejidad refleja múltiples determinaciones socio-históricas y formas 
de dominación concretas y particulares. Desde tal perspectiva, el ensayo 
intenta mirar esa realidad como totalidad concreta y discurre sobre la 
interrelación del proceso general de acumulación y las formas específi-
cas de inserción o estrategias que, bajo tal contexto, podrían caracterizar 
al emblemático barrio de Tepito, en la Ciu- dad de México, en el decur-
so de los procesos de desenvolvimiento de un paradigma dominante 
-el proceso de acumulación capitalista en su fase neoliberal y global. 
Por otra parte, en «El trabajo infantil familiar y no familiar urbano en 
 10 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
México: el proceso de incorporación precoz al mercado laboral», que 
presenta Liliana Estra- da Quiroz, se distinguen los diversos tipos de 
trabajo para su mejor comprensión. Sostiene la autora que una distin-
ción que no ha sido considerada en las investiga- ciones sobre el trabajo 
infantil urbano tiene que ver con la relación de parentesco que existe 
entre el niño y su empleador. En un país como México, donde muchos 
niños trabajan de manera casi velada en negocios o talleres familiares, 
esta dife- renciación resulta fundamental, no únicamente para distin-
guir dos problemáticas distintas, sino también para visibilizar un tipo 
de trabajo que suele perderse entre las actividades domésticas, llegando 
incluso a no percibirse como trabajo, sino como una simple ayuda. En 
este capítulo, Estrada aborda uno de los diversos aspectos que podrían 
diferenciar a estos dos grupos de niños trabajadores: el proceso de in-
cor- poración al mercado laboral y las motivaciones tanto económicas 
como subjetivas de los niños para su inserción. Los resultados que se 
presentan están basados en la información de dos fuentes comple-
mentarias y de naturaleza diferente, ambas del año 2007: el Módulo de 
Trabajo Infantil (mti) -que forma parte de la Encuesta Nacional sobre 
Ocupación y Empleo (enoe), la cual es representativa para las grandes 
ciudades del país-, y entrevistas semidirigidas a niños trabajadores de 
una colonia popular de la Ciudad de México.
El último capítulo de esta sección, denominado «Flexibilidad geo-
gráfica y laboral de los migrantes mexicanos en el mercado de trabajo 
estadounidense, 2005-2010», de Rosa Elvira Cedillo Villar, demuestra 
que, a pesar de la recesión en Estados Unidos, la movilidad espacial 
constituyó un recurso habitual post-recesión econó- mica para los inmi-
grantes mexicanos. Este trabajo indagó, específicamente, si la movilidad 
espacial fue un recurso que los inmigrantes mexicanos utilizaron ante 
la drástica pérdida de empleo producto de la recesión económica esta-
dounidense de 2008. La investigación explora los principales motivos 
del cambio de residen- cia de los inmigrantes mexicanos en Estados 
Unidos durante el periodo de análisis a partir de un modelo logístico 
multinomial.
La tercera parte, Calidad de vida y procesos de urbanización, se 
compone de cuatro capítulos. En el primero, «Contrastes de pobreza 
multidimensional intraurbana en el municipio de Puebla», José Antonio 
Sánchez, Isabel Angoa y Antonio Losa tratan de elucidar, extrapolan-
do el caso poblano, cómo se expresa la pobreza y la desigualdad en 
las ciudades mexicanas. Este traba- jo, aterrizado en Puebla, metrópoli 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 11 
llena de desigualdades, busca medir la pobreza multidimensional y con-
trastarla en tres zonas de la ciudad: el Centro Histórico, San Ramón (al 
sur de la ciudad) y La Resurrección (localidad urbana con alta presencia 
indígena). Para ello, se realizaron trescientas encuestas repartidas equi-
tativamen- te en las tres zonas, lo que permitió analizar aspectos como 
el rezago educativo, el acceso a servicios de salud y seguridad social, la 
calidad, el espacio de la vivienda y el acceso a servicios básicos dentro 
de la misma, así como el acceso a la alimentación, aparte de una dimen-
sión relacionada con el tiempo libre.
En «Segregación socioespacial en la zona metropolitanaPue-
bla-Tlaxcala, 2010», de Alejandro Sánchez, Isabel Angoa y Emilia Lara, 
se realiza un estudio explorato- rio de la segregación socioespacial en 
la zona metropolitana Puebla-Tlaxcala (AMPT) en 2010, para de esta 
manera actualizar, contrarrestar y dar más fuerza explicativa a los -esca-
sos- estudios previos sobre la ZMPT.
En el capítulo que presenta Enrique Osorio, «Influencia del proceso 
de urbani- zación en las condiciones de vida de la población. El caso 
de Ecuador», el autor detalla cómo la urbanización en Ecuador respon-
dió a la incorporación del país a un sistema de comercio internacional 
basado en productos primarios como el cacao, el banano y el petróleo. 
Apunta Osorio que esto determinó las características de la urbanización 
debido a las migraciones campo-ciudad y sierra-costa, que generaron 
un desarrollo desigual entre regiones. El estudio permite revisar críti-
camente la influencia de la urbanización ecuatoriana en las condiciones 
de vida de la población urbana utilizando una alternativa metodológica 
para el efecto.
El último capítulo de este apartado, «A construçao das modalidades 
de gover- nan;;a territorial no Estado de Sao Paulo», pertenece a Lucas 
Labigalini Fuini, Elson Luciano Silva y Wilson Bento Figueiredo. Este 
trabajo busca comprender, desde una perspectiva interdisciplinaria, el 
funcionamiento de las diversas modalidades de gobierno, aparte de 
las políticas públicas, en el estado de Sao Paulo, Brasil, considerando 
las recientes innovaciones institucionales generadas para atender las 
demandas territoriales en el marco de la descentralización político-ad-
ministrativa en el territorio brasileño. Así, se destacan, en un análisis 
tanto cuantitativo como cualitativo, los ejemplos de los Comités de 
Cuencas Hidrográficas para auxiliar la gestión territorial de las aguas; de 
las Cámaras Sectoriales, como gestoras del agro- negocio; de las Orga-
nizaciones Productivas Locales, como gestoras de la política industrial 
 12 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
de desarrollo de pequeñas empresas, y de los Circuitos turísticos, como 
gestores del turismo. Por tanto, se entiende el gobierno de los territorios 
como mo- dalidades de coordinación, parciales y provisionales, de pro-
gramas de desarrollo que involucran actores públicos, privados y de la 
sociedad civil enfocados a deter- minados sectores de la actividad eco-
nómica y social, lo cual implica relaciones de poder, jerarquías y formas 
de cooperación y conflicto entre los participantes, pro- porcionalmente 
diferenciadas dependiendo del carácter público o privado del bloque 
socioterritorial construido.
En la cuarta parte de este libro se aborda la política ambiental en 
entornos urbanos, a partir de trabajos como el de Gustavo Kelly, quien 
presenta el capítulo denomi- nado «Construcción socioambiental y po-
lítica del agua en Mazatlán, Sinaloa». La perspectiva de este trabajo radi-
ca en entender que el problema del agua -tanto el suministro como su 
conservación- surge a raíz de las construcciones discursivas y tiene un 
efecto en la aplicación de políticas públicas encaminadas a exacerbar las 
condiciones de uso en beneficio del desarrollo productivo en la ciudad 
de Mazatlán, Sinaloa. El autor analiza la relación naturaleza-sociedad en 
el afán de comprender la actual imbricación entre agua y seres huma-
nos. Esta condición resulta esencial, dado que las coaliciones discursivas 
que los distintos actores configuran en torno al tema, impactan en la 
construcción del mismo y en las posibles soluciones (políticas públi-
cas). El replanteamiento se vuelve imprescindible en tanto las posibles 
soluciones se encuentren, en gran medida, mediadas por la política y 
la economía local. En el capítulo «Gestión intermunicipal para la pro-
visión de servicios de agua potable, drenaje y saneamiento en la zona 
metropolitana de Xalapa. Un estudio de caso», Rebeca Ampudia aborda 
la problemática en que se ven inmersas las ciudades en expansión, que, 
si desbordan los límites político-administrativos municipales, enfrentan 
la creciente demanda de servicios urbanos y la necesidad de gestión de 
los mismos. Esta investigación evidencia la disparidad entre una reali-
dad observada y el deber ser, conjugando dos temas globales reflejados 
en el México contempo- ráneo: el fenómeno metropolitano y la presta-
ción de los servicios de agua potable, drenaje y saneamiento (saPdys). 
La legislación mexicana prescribe, en el Artículo 115 constitucional, la 
prestación de los saPdys como obligación municipal, pero, a su vez, 
abre la posibilidad de una asociación intermunicipal consensuada. En 
la zona metropolitana de Xalapa (zmX), si bien no existe un organismo 
operador intermunicipal de servicios de aguas, como en otras zonas 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 13 
metropolitanas del país, han emergido acuerdos informales de coope-
ración entre municipios en alguna etapa de su prestación. El trabajo se 
compone de un breve marco teórico, legal y referencial, y de un estudio 
de caso, los cuales, en conjunto, exploran las vertientes institucionales, 
políticas, e incluso técnicas, de la gestión metropolitana de saPdys. Las 
fuentes de información en el estudio de caso son instrumentos legales y 
de planeación, da- tos censales de 2010, entrevistas a funcionarios de las 
Comisiones Municipales de Agua y Saneamiento (cmas), información 
periodística y visitas físicas a sistemas de agua y a ríos urbanos.
En «Vulnerabilidad frente a eventos hidrometeorológicos en esce-
narios de cambio climático: las inundaciones en la ciudad de Xalapa, 
Veracruz», que presenta Berenice Hernández, se muestran algunos 
resultados del estudio exploratorio que, entre otras cosas, examina la 
diferencia entre un índice basado sólo en indicadores cuantitativos -ob-
tenidos de diversas bases de datos nacionales-, y uno que integre indi-
cadores cualitativos -conseguidos de la percepción social a través de la 
encues- ta desarrollada en algunas colonias de la ciudad de Xalapa-, de 
tal manera que se pueda identificar la utilidad de incluir a los actores en 
los procesos de toma de decisión e implementación de políticas públi-
cas. La autora parte del supuesto de que la población que no percibe el 
riesgo bajo el cual vive, acrecienta su vulnerabilidad, y que es posible, 
con la creación de redes comunitarias u otras formas de organiza- ción, 
que la población se encuentre más preparada para resistir los embates 
que un desastre provocado por fenómenos hidrometeorológicos puede 
ocasionar.
Finalmente, en el capítulo «Efecto de las políticas ambientalistas en 
la localización de actividades económicas», Jacob Reyes expone la si-
tuación actual de las políticas ambientales implementadas en distintos 
países para controlar el impacto de las actividades económicas -dada 
la creciente evidencia de sus efectos negativos sobre el entorno-. El 
autor comienza por subrayar que el cumplimiento de estas normas am-
bientales representa un costo para las empresas cuyas activida- des de 
producción tienen un mayor impacto sobre el medio ambiente, razón 
por la que estas industrias tratarán de disminuir dichos «costos» aprove-
chándose de las diferencias en las legislaciones ambientales entre países, 
lo cual puede llevar a la concentración de industrias contaminantes en 
aquellas regiones y países con leyes ambientales más laxas. Posterior-
mente, sin embargo, Reyes cuestiona si realmente los costos ambien-
tales influyen en las decisiones de localización de una empresa conta-
 14 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
minante o son sólo una parte poco significativa de los costos totales 
de producción; inclusive se pregunta si los costos asociados al cumpli-
miento de las normas ambientales son plenamente identificados por las 
empresas o son subestimados. En este trabajo se evalúa la importancia 
de los diferentes costos ambientales en las de-cisiones de localización 
de las industrias contaminantes mediante una modificación del modelo 
de Barbier y Hultberg, basado en la Teoría de juegos.
parte i GeoGrafía eConómiCa. 
ConfiGuraCión espaCial y seCtorial en la Ciudad
[ 17 ] 
1. o retorno da polítiCa industrial 
na amériCa latina. evidênCias
e prátiCas da experiênCia brasileira
Santos, Leandro Bruno1
1.1 Introdução
Na América Latina, após a grande depressão econômica dos anos 1930 e 
com o estrangulamento externo decorrente do conflito mundial, o pen-
samento desen- volvimentista emanado da Comissão Econômica para a 
América Latina e o Caribe (cepal) logrou disseminar suas ideias-força na 
maior parte dos países da região. Prebisch (2000 [1959]) constatou que o 
progresso técnico nos países centrais e a consequente melhoria da pro-
dutividade não se traduziram na diminuição dos preços das manufaturas, 
enquanto os países periféricos assistiam à deterioração do poder de com-
pra, em função do aumento das quantias necessárias de matérias-primas 
para uma mesma quantia de produtos industriais. Havia, portanto, uma 
deterioração dos termos de troca entre bens agrícolas e industriais.
O rompimento com a mecânica de deterioração das relações de tro-
ca só seria possível com o desencadeamento de um processo de indus-
trialização, alcançado por meio da adoção de políticas deliberadamente 
favoráveis à Substituição das Importa- ções (si). Paulatinamente, o Esta-
do tornou-se o principal indutor e investidor direto no desenvolvimen-
to da atividade econômica, a estrutura industrial tornou-se mais com-
plexa com o avanço de bens intermediários, bens de consumo duráveis 
e faixas de bens de capital. A maior diversificação horizontal e vertical 
da indústria conheceu vários sobressaltos sob a forma de inflação, des-
emprego, concentração de renda, en- dividamento externo etc.
Nos anos 1980, o esgotamento do modelo desenvolvimentista trou-
xe à tona a ausência do setor de bens de capital eficiente e diversificado 
1. Universidade Estadual Paulista (unesp), Campus de Ourinhos [17]
 18 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
e os problemas atinentes à industrialização para dentro, como prote-
cionismo excessivo, ausência de metas e contrapartidas, pouca ênfase 
exportadora, incentivos quase ad aeternum. Até mea- dos dos anos 1990, 
embora possamos identificar iniciativas setoriais e horizontais por toda 
a região, a política econômica deu pouca atenção ao desenvolvimento 
e foi marcada pela ausência de política industrial lato sensu, por conta da 
hegemonia dos ideais neoliberais e da busca pela estabilidade. Grassa, 
nesse momento, a ideia de política industrial compatível e complemen-
tar ao mercado.
Segundo Peres (2006), a partir de meados dos anos 1990, quatro 
grupos de políticas de promoção da competitividade têm caracterizado 
a retomada da política industrial na América Latina.2 O primeiro diz res-
peito ao apoio a ramos já exis- tentes, sobretudo o automobilístico e os 
intensivos em mão de obra, por meio da criação de novos elos na cadeia 
produtiva. O segundo, de cunho neoschumpete- riano, trata da criação 
de políticas setoriais de fomento à criação de ramos mais intensivos 
em tecnologia, como fármacos, softwares, biotecnologia, informação e 
comunicação etc. O terceiro envolve a promoção de ramos privatizados 
(energia, telecomunicações, transportes etc.), por meio do desenvolvi-
mento de ambiente regulatório adequado e propício ao investimento 
público e privado. Por último, o quarto compreende o apoio a Pequenas 
e Médias Empresas (pme) localizadas em clusters, onde a proximidade de 
empresas tende a propiciar a emergência de ex- ternalidades positivas.
No Brasil, pela sua continentalidade, amplo mercado consumidor, 
complexidade da estrutura industrial, espessa divisão social e territorial 
do trabalho, entre outros fatores, estão presentes os quatro grupos de 
políticas de incremento da competiti- vidade da indústria. Neste tex-
to, analisaremos os principais objetivos atinentes à Política Industrial, 
Tecnológica e de Comércio Exterior (pitce), à Política de Desen- vol-
vimento Produtivo (pdp) e ao Plano Brasil Maior (pbm), os principais 
resultados alcançados e as críticas a essas iniciativas. As três políticas 
visaram, principalmente, o apoio a ramos já existentes e o fomento à 
emergência de atividades mais dinâmi- cas quanto à inovação e ao des-
envolvimento tecnológico.
Além desta introdução, o texto está dividido em cinco partes, in-
cluindo as considerações finais e as referências. Na primeira parte, 
2. Para maior aprofundamento sobre o assunto, ver Melo (2001), Peres e Primi 
(2009) e Peres (2011). 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 19 
delineamos as principais definições de política industrial, além das di-
ferentes abordagens e dos seus fun- damentos teóricos. Em seguida, 
apresentamos uma leitura estilizada da histórica relação entre Estado 
e Indústria no Brasil, entre finais do século xix e início do sé- culo xxi. 
Na terceira parte, analisamos a retomada da política industrial no país 
a partir de 2003, as principais iniciativas, seus objetivos e resultados 
alcançados. Ao final, são apresentadas algumas considerações à luz das 
reflexões realizadas no tex- to e as principais referências bibliográficas.
1.2 Política industrial: definições, enfoques e fundamentos teóricos
Embora a literatura acadêmica demonstre a existência de várias defi-
nições ati- nentes à política industrial, não é demais salientar que todas 
elas apresentam como denominador comum a ênfase no papel (maior 
ou menor) desempenhado pelo Es- tado na promoção do incremento 
da capacidade produtiva e comercial da indústria. As diferentes defi-
nições apresentam variações quanto aos aspectos enfatizados, que po-
dem ser a geração de empregos e as exportações, o conjunto de polí-
ticas neces- sárias à atividade industrial, a seleção e discriminação de 
atividades industriais, a inserção internacional competitiva, a geração de 
capacidades tecnológicas, a tempo- ralidade das subvenções, as formas 
(vertical ou horizontal) de intervenção, inter alia. Peres e Primi (2009: 
13-14) identificaram cinco definições de política industrial:
1. conjunto de ações governamentais destinadas a sustentar in-
dústrias com grande capacidade de criação de emprego e po-
tencial exportador e supor- tar diretamente a produção de in-
fraestrutura;
2. todas políticas orientadas ao fomento à indústria, tais como 
incentivos fiscais e monetários aos investimentos, investimen-
tos públicos diretos, incentivos à Pesquisa e Desenvolvimento 
(p&d), criação de campeões na- cionais, apoio às pme etc.;
3. políticas governamentais destinadas ao desenvolvimento de 
certas indús- trias visando manter e ampliar a competitividade 
internacional;
4. política que discrimina e seleciona indústrias, setores e agentes; e
5. políticas governamentais de suporte à geração de capacidade 
produtiva e tecnológica em indústrias estratégicas para o des-
envolvimento nacional.
 20 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
As diferentes definições de política industrial apresentam elementos 
que permitem enquadrá-las nas duas categorias de política econômica 
(macroeconomia e microeco- nomia). Num grupo de definições, apa-
rece a menção às políticas fiscal e monetária, que afetam as variáveis 
produção, emprego e preços. Noutro grupo, aspectos mi- croeconô-
micos são mais evidentes, especialmente a escolha estratégica de se-
tores e indústrias, o apoio às pme e à criação de campeões nacionais, 
entre outras políticas. Para Suzigan e Furtado (2006), uma estratégia de 
desenvolvimento baseada numa política industrial precisa considerar os 
impactos conjuntos das políticas macroeco- nômica e microeconômica.
De um lado, preços básicos da economia (câmbio, juros, política 
fiscal e tributária) podem inviabilizar qualquer estratégia de desenvolvi-
mento da indústria e, deoutro lado, a política industrial pode afetar os 
objetivos macroeconômicos por meio do au- mento da produtividade 
(Suzigan e Furtado, 2006: 165). Kupfer (2003: 92) afirma que
uma política industrial competente é hoje condição sine qua non para 
superação das restrições macroeconômicas ao crescimento e 
que a atuação do Estado na «microeconomia», ao invés de ge-
rar constrangimentos adicionais para a manutenção da estabilidade, 
pode proporcionar maior grau de liberdade para a própria política 
macroeconômica.
Para Coutinho (2002) é complexa a relação entre a política macro-
econômica e a política industrial, podendo ser compatíveis ou mesmo 
incompatíveis. Os regimes macroeconômicos podem ser «benignos», 
quando combinam taxas de juros baixas com taxas de câmbio relativa-
mente subapreciadas, ou «malignos», quando as taxas de juros são altas 
e o câmbio está sobrevalorizado. Dessa forma,
sob regimes macroeconômicos benignos, não só a política industrial 
funciona com eficácia, mas também é fator chave de reforço da po-
lítica macro. O contrário se dá no caso de regimes malignos. Nestes, 
a política industrial enfrenta sérias dificuldades. Por isso é fundamental 
a busca de compatibilidade (Coutinho, 2002: 196, grifo nosso).
Suzigan (1996) demonstra, de forma sintética, a existência predomi-
nante de dois enfoques de política industrial que se contrapõem, por ele 
denominados de «sentido amplo» e «sentido estrito». Os autores vinculados 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 21 
ao primeiro enfoque defendem que a política industrial precisa ser uma 
expressão abrangente de medidas e progra- mas que afetam, direta e 
indiretamente, todo setor industrial, ao passo que os ligados ao segun-
do enfoque advogam que a política industrial deveria se constituir na 
cria- ção de mecanismos de intervenção das falhas de mercado (market 
failures), por meio da formulação de targeting para setores, indústrias, tec-
nologias ou empresas.
Os autores proponentes da política industrial lato sensu defendem a 
necessidade de articulação da estratégia de desenvolvimento do setor 
industrial com a política macroeconômica e o planejamento geral indi-
cativo, a formalização de diretrizes e objetivos, a organização institucio-
nal específica, targeting de setores ou indústrias específicas, instrumentos 
de políticas auxiliares (comércio exterior, financiamento, fomento etc.), 
investimentos em infraestrutura econômica e de ciência e tecnolo- gia, 
sistema educacional e treinamento de mão de obra (Suzigan, 1996: 6; 
Suzigan e Furtado, 2006: 164-169).
A abordagem stricto sensu não considera a política industrial como 
sendo perma- nente e uma estratégia de longo prazo, porque defende a 
atuação do Estado na correção de imperfeições de mercado, por meio 
de investimentos em bens públicos que visem sanar problemas de ação 
coletivos (sem discriminação de empresas individuais) e oferta de bens 
públicos locais (Almeida, 2013). Sob essa perspectiva, Canêdo-Pinhei- 
ro, Ferreira, Pessoa, e Oliveira (2007: 2) afirmam que “mesmo nos casos 
nos casos em que as falhas de mercado parecem justificar a intervenção 
pública, as políticas mais adequadas são de caráter horizontal”, com-
preendidas por política fiscal austera, ajuste fiscal de qualidade, controle 
da inflação, incentivo à poupança, investimento em capital humano e 
infraestrutura. Amadeo (2002), além do aumento da poupança e do 
investimento, defende a adoção de políticas de abertura seletiva da eco-
nomia.
As duas abordagens remetem ao uso de diferentes tipos de inter-
venção. De um lado, vários autores (Almeida, 2009; Amadeo, 2002; 
Canêdo-Pinheiro, Ferreira, Pessoa e Oliveira, 2007), apesar de reconhe-
cerem a possibilidade de uso de polí- ticas setoriais (desde que as exter-
nalidades justifiquem os custos, os benefícios e os custos sejam explici-
tados publicamente e que haja metas e tempo definido), de- fendem o 
uso das políticas horizontais, por entenderem que estão menos sujeitas 
a problemas de captura (rent seeking) do Estado por grupos de interesses. 
De outro lado, existem os que advogam a necessidade de políticas se-
 22 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
toriais direcionadas a setores específicos, particularmente os difusores 
de tecnologias e inovações e com atuação transversal sobre o restante 
da economia, porque exercem efeitos positivos sobre os demais ramos 
sob a forma de aumento da renda e da produtividade, incre- mento das 
exportações etc. (Suzigan e Furtado, 2006: 177).
Kupfer (2003: 104) alerta para o fato de que, nos casos em que 
são profundas as heterogeneidades inter e intrassetoriais da indústria, as 
políticas devem levar em consideração essas especificidades, tendo em 
vista que configurações industriais, estágios de desenvolvimento, desa-
fios competitivos e capacidades de respostas são diferentes para cada 
setor. Por isso, entende que é falsa a dicotomia entre política industrial 
horizontal e vertical. Kupfer (2003: 104) afirma que
políticas horizontais, ao contrário de neutras, repercutem de forma 
diferenciada entre os diversos setores industriais. Simetricamente, 
setores diferenciados podem apresentar necessidades similares, de 
sorte que políticas verticais podem significar redundâncias, confli-
tos e má alocação de recursos. Calibrar com inteligência ambas as 
práticas de política industrial é, pragmaticamente, o objetivo a ser 
perseguido.
Essas controvérsias existentes quanto à definição e ao escopo da 
política in- dustrial estão estreitamente ligadas às várias correntes de 
pensamento econômico, cujos fundamentos teóricos são diferentes. 
Campanario e Silva (2004) delineiam três perspectivas teóricas de po-
lítica industrial: vertente neoliberal baseada, fundamen- talmente, nas 
proposições do Consenso de Washington; intervenção governamental 
moderada visando à correção das «falhas alocativas» decorrentes do li-
vre funciona- mento dos mercados; enfoque abrangente (articulação 
das ações microeconômicas com a macroeconomia) no qual a inovação 
cumpre papel fundamental no desen- volvimento e o Estado desem-
penha papel importante na constituição de ambiente favorável à des-
truição criadora schumpeteriana.
Os ideais atinentes à vertente neoliberal, de cunho ortodoxo, são de 
que a atuação do Estado é justificável apenas na promoção e regulação 
dos bens públicos (saúde, educação, infraestrutura etc.) e no aumento 
da eficiência econômica (estabilidade de preços, estímulo da concorrên-
cia, defesa do consumidor e justiça social). Sob esse en- foque, seria 
questionável a atuação estatal na economia e a política industrial, porque
 Economía, sociedad y medio ambiente · 23 
o mercado asseguraria a mais perfeita alocação dos recursos produ-
tivos escassos, por meio da lei da oferta e demanda. A política indus-
trial se restringiria a certas ações horizontais na economia, tais como 
articulação de políticas governamentais (comercial e tecnológica), 
desoneração tributária, atração de capital e liberdade ao investimen-
to privado (Campanario e Silva, 2004: 16).
Autores neoclássicos defensores da intervenção governamental mo-
derada, com um corte liberal, sustentam que a definição do escopo da 
política industrial só é possível após identificação das falhas e que “a 
intervenção do governo deve ter caráter temporário e deve cessar uma 
vez eliminada a distorção que motivou a po- lítica” (Canêdo-Pinheiro, 
Ferreira, Pessoa, e Oliveira, 2007: 27). Medidas como liberalização co-
mercial e financeira seriam importantes ações horizontais para o des-
envolvimento da indústria. Subjacente a essa corrente estão os ideais 
de racio- nalidade e maximização econômicas dos agentes econômicos, 
estruturas industriais dadas e informação ao conhecimento de todos, 
ou seja, um mercado onde a con- corrência é perfeita e os empresáriosagem como «homem econômico racional».
Finalmente, autores de filiação neo-schumpeteriana defendem que 
as ações nor- mativas são essenciais, em contraponto aos neoclássicos e 
à ênfase ao mercado como regulador, e que os agentes econômicos pos-
suem racionalidade militada e o conhecimento é tácito e idiossincrático. 
Essa abordagem confere à inovação um papel estratégico no desenvol-
vimento econômico e a empresa privada é o agente estratégico na busca 
e introdução de inovações. O ambiente institucional no qual a firma se 
insere condiciona a sua estratégia e o Estado, como instância de poder, 
é o agente principal capaz de transformar o ambiente competitivo a fim 
de forne- cer condições favoráveis ou não às estratégias de inovação 
das empresas (Ferraz, 2009: 234). A política industrial deve impulsionar 
a introdução de inovações tec- nológicas, porque as vantagens compe-
titivas são voláteis no tempo, ou seja, as vantagens comparativas cons-
truídas num determinado momento são finitas e há a necessidade de 
contínua construção de «novas» vantagens (Alem, Barros e Giam- biagi, 
2002: 3; Campanario e Silva, 2004: 18).
Suzigan (1996: 7) afirma que, apesar da divergência entre as diferen-
tes abor- dagens, todas elas convergem para uma perspectiva que torna 
a política industrial «intelectualmente respeitável» quando se coloca a 
existência de economias exter- nas —de origem tecnológica ou de na-
 24 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
tureza pecuniária—, que causam impacto no aumento da produtividade 
da economia em geral, com potencial elevação da ren- da, manutenção 
dos preços sob controle e melhora do bem estar social. Assim, toda po-
lítica industrial deve identificar ou criar e aproveitar as economias exter-
nas, sob a forma de apoio à p&d, aos acordos de cooperação, às alianças 
tecnológicas e ao aprofundamento das relações universidade-empresa, 
no âmbito das externalidades tecnológicas, e fortalecimento de clusters 
e investimentos na infraestrutura econô- mica e social, no âmbito das 
externalidades pecuniárias.
1.3 Experiência histórica de política industrial no Brasil
A literatura mostra que a preocupação sistemática com o desenvolvi-
mento da indústria brasileira tem início a partir dos anos 1930, mas o 
grau de articulação (po- lítica e entre agentes econômicos, instituições, 
instrumentos e políticas auxiliares) que caracteriza uma política indus-
trial lato sensu só ocorreu a partir de meados dos anos 1950, com o Pla-
no de Metas (Suzigan, 1996: 7). Apesar disso, direta e indi- retamente, 
diversas ações estatais desde finais do século xix agiram positivamente 
na proteção e na promoção de algumas indústrias no país. Até o início 
deste sé- culo, podemos identificar nove períodos de Política Industrial, 
que se diferenciam quanto à abrangência e articulação, aos mecanismos 
e às formas de intervenção.
Ausência de política industrial sistemática, 1880-1930
Durante o final governo imperial, em função das dificuldades fiscais do 
Estado, foi aprovada a Tarifa Belisário, que elevou as taxas de impor-
tação e, indiretamen- te, protegeu a indústria da competição estrangei-
ra.3 No governo republicano, a crise econômica e financeira inviabilizou 
o uso protecionista da política alfandegária. Em 1890, a indústria foi 
beneficiada com a instituição da quota-ouro sobre impor- tações —
para diminuir a desvalorização do câmbio e, sobretudo, garantir recur-
sos metálicos para os compromissos externos— e a emissão monetária 
para sanear a escassez de liquidez (Luz, 1975: 171-173).4
3. A lei estabeleceu alíquota para bens inexistentes localmente (substâncias quími-
cas), elevou as taxas sobre fios tintos e protegeu produtos agropecuários (charque, 
arroz e milho) (Luz, 1975: 167.
4. Outras medidas favoráveis à indústria foram: elevação de 50% sobre os direitos 
de importação (exceto bacalhau, peixes secos, carnes de charque, feijão, milho, 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 25 
No começo do século xx, os industriais (sobretudo os que proces-
savam maté- rias-primas) foram favorecidos com a permanência da 
tendência de desvalorização cambial. O governo, principal comprador 
de divisas e dependente das importações como forma de arrecadação, 
adotou medidas visando à valorização cambial-redu- ção do déficit público 
nova tarifa alfandegária (quota ouro de 25%), aumento do imposto so-
bre importação e empréstimo externo para rescindir contrato de 50% 
das ferrovias concedidas (Villela e Suzigan, 1975: 16).
A eclosão da I Guerra Mundial e suas consequências —escassez de 
combustíveis e de alimentos— tornou “o governo cônscio da necessi-
dade de estimular certas in- dústrias básicas, particularmente a extração 
do carvão mineral e a siderurgia” (Luz, 1975: 194). Com os decretos 
12.943 e 12.944, as empresas privadas receberam cré- ditos do Banco 
do Brasil para explorar carvão de pedra e aproveitar o minério de ferro. 
Durante os anos 1920, a indústria passou por uma expansão e diversi-
ficação e o Estado foi impelido a adotar medidas de proteção do setor 
(leis de similares, impostos de importação, empréstimos)5 que já repre-
sentava 20% da arrecadação (Versiani e Suzigan, 1990: 10-11).
1.3.2 Tentativas de planejamento do desenvolvimento industrial, 1930-1940
A chegada de Vargas ao poder, nos anos 1930, marca uma nova con-
densação de forças dentro do Estado e reflete os novos interesses e a 
necessidade de reformular ou criar instituições para estudar, coordenar, 
proteger, disciplinar e reorientar a eco- nomia e as forças produtivas, 
realçando o papel do Estado na realização de estudos sistemáticos.6 Nos 
anos 1940, tivemos vários intentos de planejamento econômico com a 
arroz e vinagre) e de 60% sobre vinho, bebidas alcoólicas, licores, algodão, lã, linho 
e seda; linha de crédito do Banco da República do Brasil para auxiliar as in- dústrias 
(juros de 4%); isenção de impostos à importação de maquinarias e matérias-primas 
e aumento das taxas para produtos similares produzidos localmente; isenção de 
impostos sobre a importação de bens de capital visando à exploração de carvão de 
pedra (Luz, 1975: 194).
5. Foram beneficiadas as indústrias de ferro e aço, mineração, artigos de seda, 
cimento, borracha, produ- tos químicos, papel e pasta de celulose etc. (Suzigan, 
2000).
6. O primeiro estudo foi realizado em 1930, por Otto Niemeyer, convidado pelo 
governo para estudar ações que ajudassem a superar a depressão econômica, mas 
as sugestões não foram levadas adiante.
 26 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
criação do Conselho Nacional de Comércio Exterior,7 Coordenação da 
Mobilização Econômica e Conselho Nacional de Política Industrial e 
Comercial (Versiani e Suzigan, 1990).
A coleta e sistematização de informações, os debates e as decisões 
foram realizados por institutos, conselhos, departamentos e ministérios 
criados nos anos 1930 e 1940.8 O ibge e o Instituto Nacional de Estatística 
permitiram compreender a estrutura econômica e social do país e sua dis-
tribuição pelo território. O creai, cria- do para apoiar a agricultura, auxiliou 
no financiamento de longo prazo à indústria (compra de bens de capital e 
instalação de indústrias básicas). Sob os auspícios da segurança nacional e 
desinteresse da iniciativa privada, foram criadas as empresas estatais Vale 
do Rio Doce (cvrd), Companhia Nacional de Álcalis, Fábrica Nacio- nal 
de Motores (fnm) e Companhia Siderúrgica Nacional (csn).
No ano de 1945, com o golpe militar, assumiu o poder Eugênio 
Gaspar Dutra (1945-1950), que criou o plano salte para coordenar os 
gastos públicos (saúde, alimentação, transporte e energia), mas não foi 
implementado pela falta de recur- sos. Outra medida do governo Du-
tra foi a Comissão Mista Brasileiro-Americana (1948) para diagnosticar 
os pontos de estrangulamento da economia, cujo resulta- do final não 
resultou na elaboração de um plano de ação, senão na proposiçãode 
diretrizes que permitissem o ingresso de capitais externos.
1.3.3 As bases institucionais do planejamento do desenvolvimento industrial, 1950-1955
No segundo governo Vargas, entre 1951 e 1954, ganhou importância 
o planejamento geral e a criação de grupos executivos (política setorial) 
com a Assessoria Econômica e o Ministério da Fazenda, respectiva-
mente (Leopoldi, 1996). A Assessoria Econômica apoiou na realização 
de reformas administrativa e fiscal essenciais à criação da Petróleo Bra-
7. Foi o primeiro órgão de planejamento governamental porque, paulatinamente, 
ampliou suas atividades, re- alizou estudos e ofereceu diretrizes e projetos (soda 
cáustica, carvão, eletricidade, vidro etc.) (Ianni, 1971).
8. Ministério do Trabalho Indústria e Comércio, Instituto do Cacau da Bahia, Mi-
nistério da Educação e Saú- de Pública, Departamento Nacional do Café e Insti-
tuto do Açúcar e do Álcool, Instituto Nacional de Estatística, Código de Águas, 
Carteira de Crédito Agrícola e Industrial (creai), Conselho Nacional do Petróleo, 
Departamen- to Administrativo do Serviço Público (dasp) e Instituto Brasileiro 
de Geografia e Estatística (ibge), Serviço Nacional de Aprendizagem Industrial 
(senai), Serviço Social da Indústria (sesi), Fundação Getúlio Vargas (fgv), Superin-
tendência da Moeda e Crédito (sumoc).
 Economía, sociedad y medio ambiente · 27 
sileiro S.A. (Petrobrás), enquanto o Ministério da Fazen- da patrocinou 
a formação da Comissão Mista Brasil-Estados Unidos (cmbeu)9 e da 
Comissão de Desenvolvimento Industrial (cdi).10
A cmbeu recomendou 41 projetos voltados à modernização da in-
fraestrutura (transportes e geração de energia) e a criação de um banco 
de desenvolvimento para coordenar os investimentos e receber apoio 
financeiro do Exim-Bank e do Banco Mundial.
À época, o governo aprovou no congresso os fundos domésticos 
para o inves- timento, a garantia do tesouro aos empréstimos estrangei-
ros às firmas privadas e a criação do Banco Nacional de Desenvolvi-
mento Econômico (bnde). O banco alo- cou a maior parte dos recursos 
para infraestrutura de transportes, desempenhou um papel importante 
na garantia de empréstimos externos contraídos por empresas lo- cais 
e uma proporção crescente de seu corpo técnico passou a se dedicar à 
pesquisa da economia brasileira (Baer e Villela, 1980).
Outra ação importante foi a reforma do sistema cambial face à saída 
de capi- tais e aos poucos estímulos à exportação e à entrada de inves-
timentos. A instrução 70 da sumoc e a lei n.º 2.145 instituiram as taxas 
múltiplas de câmbio, permitin- do contornar os problemas na balança 
de pagamentos e incentivar a modernização industrial (Sawaya, 2006). 
Após o suicídio de Vargas, Café Filho enfrentou a res- trição externa 
com a promulgação da instrução 113 da sumoc, que autorizava a Car-
teira de Comércio Exterior (cacex) a emitir licenças de importação de 
bens de capital sem cobertura cambial.
1.3.4 Plano de metas. Primeira experiência efetiva de 
planejamento do desenvolvimento industrial no Brasil, 1956-1960
No governo de Juscelino Kubitschek (1956-1960), ocorreu uma inten-
sifica- ção das relações entre Estado e economia com o Plano de Metas, 
que impulsionou quatro setores: energia, transportes, alimentação e in-
dústrias de base. As indústrias específicas contaram com o apoio dos 
grupos executivos —formados por técnicos e empresários— responsá-
veis pela administração dos incentivos (isenção de im- postos, financia-
9. Em 1953, com o fim do convênio com os Estados Unidos, o bnde realizou 
um grupo misto Cepal/bnde, a fim de realizar um diagnóstico sobre a economia 
brasileira.
10. A cdi elaborou um programa geral de industrial, que não chegou a ser imple-
mentado.
 28 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
mento, concessão de terrenos etc.) (Lessa, 1981). O fulcro do Plano de 
Metas era transformar a estrutura econômica do país e integrar verti-
calmente as atividades, sobretudo com a instalação da indústria de base.
O bnde desempenhou relevante papel na formulação do Plano de 
Metas e na to- mada de decisões atinentes aos investimentos e à escolha 
dos beneficiados. A nova legislação do banco estabeleceu o carreamen-
to de 25% dos recursos para as regiões Nordeste, Norte e Centro-Oes-
te. À época, os empréstimos do banco concentraramse no suporte aos 
projetos de energia e à indústria de base. O desenvolvimento das re-
giões periféricas também foi apoiado pelos bancos e superintendências 
regionais11 e pelos grupos executivos, responsáveis pela administração 
dos incentivos fiscais. Os instrumentos e políticas auxiliares funciona-
ram de forma sincronizada e ar- ticulada com o Plano de Metas. A 
proteção comercial contou com reformulação da nova tarifa aduaneira, 
ad valorem e alíquotas elevadas, barreiras não tarifárias
—similar nacional e índices de nacionalização aplicados pelo Con-
selho de Políti- ca Aduaneira (cpa)—. Data desse período a iniciativa de 
apoiar as exportações de bens manufaturados. Quanto ao fomento tec-
nológico, a atuação do Conselho Na- cional de Desenvolvimento Cien-
tífico e Tecnológico (CNPq) e da Coordenação de Aperfeiçoamento de 
Pessoal de Nível Superior (capes) marca o início do desen- volvimento 
da pós-graduação e da pesquisa acadêmica (Suzigan, 1996: 11-12).
Por fim, quanto à regulação, as empresas multinacionais se bene-
ficiaram das instruções 70 e 113 da sumoc —respectivamente, para a 
importação de insumos a taxas de cambio favoráveis e bens de capital 
sem cobertura cambial— e das nor- mativas emitidas pelos grupos exe-
cutivos. À época, o câmbio foi reformulado de cinco para apenas duas 
faixas cambiais— categoria geral (matérias-primas, bens de capital, bens 
de consumo essenciais) e categoria especial (bens não essenciais).12
1.3.5 Planos de estabilização econômica, 1960-1967
No início dos anos 1960, a fatura do Plano de Metas chegou sob a for-
ma de in- flação e desaceleração da economia e dos investimentos. No 
11. A criação da Superintendência do Desenvolvimento do Nordeste (sudene) foi 
uma resposta ao aprofun- damento das desigualdades econômicas e sociais na 
Região Nordeste, com insurreições revolucionárias.
12. O cambio permaneceu baixo para trigo, derivados de petróleo, papel de im-
prensa, fertilizantes etc.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 29 
governo João Goulart (1961-1964), foi elaborado o Plano Trienal, mas 
não se logrou realizá-lo. Após o golpe militar em 1964, que permitiu re-
elaborar as condições de funcionamento dos mercados de capitais e do 
trabalho, Castello Branco (1964-1967) lançou o Plano de Ação Econô-
mica do Governo (paeg), marcado por medidas conjunturais —controle 
da demanda via redução do déficit público, respectivamente, o controle 
dos salários e dos preços controle monetário e salarial13, correção mo-
netária— e estruturais (re- formas fiscal, financeira e externa). O plano 
visava à estabilização econômica, sob controle do Conselho Monetário 
Nacional, com pouco espaço para política industrial.
As instituições de política econômica passaram por uma reorgani-
zação com a criação da Comissão de Desenvolvimento Industrial (cdi) 
—que reuniu os grupos executivos e tornou-se o principal órgão de 
apoio à indústria— e a transferência das funções de administração das 
importações e do cumprimento da lei do Similar Nacional à cacex. A 
cdi administrou as isenções/reduções de tarifas aduaneiras e impos-
tos —Imposto sobre Produtos Industrializados (ipi), Imposto Sobre 
Circula- ção de Mercadorias (icm)— sobre as importações de bens de 
capital. Além disso, com a revogação de tarifas às exportações, a simpli-
ficação dos procedimentos ad- ministrativos, a introdução de incentivos 
fiscais e créditos subsidiados e a criação do Fundo de Financiamento à 
Exportação (finex), buscou-se aumentar e diversi- ficar asexportações.
A fim de estimular os investimentos, o bnde14 criou o Financiamen-
to para Aquisição de Máquinas e Equipamentos Industriais (finame), o 
Fundo de Desen- volvimento Técnico e Científico (funtec), o Fundo 
de Democratização do Capital das Empresas (fundece), o Programa de 
Financiamento à Pequena e Média Em- presas (fipeme) e o Fundo de 
Financiamento de Estudos de Projetos e Programas (finep) (Suzigan, 
Pereira, e Almeida, 1974). A Superintendência de Desenvolvi- mento 
da Amazônia (sudam), a Zona Franca de Manaus, a Superintendência 
de Desenvolvimento do Centro-Oeste (sudeco) e a sudene, administra-
ram os ince- tivos fiscais para o desenvolvimento regional de atividades 
industriais.
13. Coube ao Conselho Nacional de Política Salarial e ao Conselho Interministerial 
de Preços (cip).
14. Os créditos do banco para a formação de capital fixo aumentaram e os recur-
sos à siderurgia diminuíram à proporção que aumentavam para metais não ferro-
sos, química, petroquímica, papel e bens de capital.
 30 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
1.3.6 Preocupação com o desenvolvimento econômico 
 versus hegemonia monetária, 1968-1973
O general Emílio Médici propôs o Programa de Metas e Bases para a 
Ação do Governo, tendo como áreas prioritárias:
1. educação, saúde e saneamento;
2. agricultura e abastecimento;
3. desenvolvimento científico e tecnológico15;
4. fortalecimento do poder de competição da indústria nacional.
Para tanto, promulgou o I Plano de Desenvolvimento Nacional 
(pnd), cujo objetivo era promover a expansão da infraestrutura, a pro-
dução siderúrgica e pe- troquímica, os estaleiros e a geração de energia.
As exportações de produtos industriais receberam novos subsídios 
e incentivos fiscais com a criação da Comissão para Concessão de Be-
nefícios Fiscais e Progra- mas Especiais de Exportação (bexiex) e a po-
lítica de desvalorização cambial. A cacex tornou-se o órgão responsável 
pela administração das importações e cumpri- mento da lei do Similar 
Nacional. A indústria de bens capital local foi beneficiada com a isenção 
do ipi e icm incidentes sobre a compra de maquinas e equipamen- tos 
produzidos no país.
O bnde criou o Programa de Apoio ao Mercado de Capital (pro-
cap), o Fundo para o Desenvolvimento Técnico e Científico, Fundo 
Especial para o Financiamen- to do Capital de Giro (fungiro) e o Fun-
do de Modernização e Reorganização das Indústrias (fmri).16 Quanto 
às estatais, a Petrobrás ampliou o refino e criou a Pe- troquisa (petro-
química), a Braspetro (exploração, assistência técnica no exterior) e a 
Petrobrás Distribuidora (distribuição de derivados), as siderúrgicas ele-
varam a produção, a cvrd ampliou as exportações e houve a criação da 
Empresa Brasilei- ra de Aeronáutica (embraer).
Entre 1968 e 1973, o relativo controle da inflação, a situação con-
solidada das finanças e da economia, o aumento da capacidade das 
estatais investirem, no plano interno, e a retomada dos investimentos 
15. A lei 70.553 criou o Plano Básico de Desenvolvimento Científico e Tecnoló-
gico (pbdct), para estimular programas setoriais e projetos que resultassem num 
upgrade tecnológico.
16.Criado para apoiar a modernização, o aumento da escala de produção, a 
concentração de capitais e a formação de grandes empresas (Baer e Vilella, 1980).
 Economía, sociedad y medio ambiente · 31 
estrangeiros e a situação favorável para empréstimos de capitais a países 
subdesenvolvidos, no plano externo, foram os ingredientes do «mila-
gre econômico» brasileiro (Santos, 2013: 224). “Mas a hege- monia do 
cmn no comando e coordenação econômica deu mais força à estratégia 
macroeconômica do que a qualquer outro projeto de desenvolvimento 
industrial/ tecnológico” (Suzigan, 1996: 8).
1.3.7 ii pnd. Segunda experiência efetiva de planejamento 
do desenvolvimento industrial no Brasil, 1973-1979
Com a crise do petróleo em 1973, os saldos positivos na balança comer-
cial minguaram e ampliou o saldo negativo da balança de pagamentos. 
Ernesto Gei- sel (1974-1979), em vez de promover um programa de 
austeridade, decidiu manter as taxas elevadas de crescimento econômi-
co por meio da diminuição das reservas cambiais e do endividamento 
externo. À época, lançou o ii pnd, com volumosos recursos carreados à 
expansão da indústria de base (petroquímica e siderurgia) e de bens de 
capital e da infraestrutura econômica e social.
O sistema de proteção foi intensificado com minidesvalorizações 
cambiais, ele- vação da tarifa aduaneira, forte controle discricionário das 
importações por meio de barreiras não tarifárias (controle da emissão 
de guias de importação, similaridade na- cional, regulamentação de ín-
dices mínimos de nacionalização, margens de proteção para empresas 
de bens de capital na participação de grandes projetos, controle de 
im- portações de computadores etc.). As exportações contaram com 
o regime de drawback, as isenções fiscais, os créditos subsidiados, os 
financiamentos subsidiados e os programas especiais de exportação 
(Suzigan, 1996).
Quanto aos instrumentos e políticas auxiliares, o financiamento 
contou com créditos do bndes17, para investimentos industriais, e da 
cacex e finex, para as exportações de bens de capital e consumo durável. 
Os empréstimos e financiamentos externos foram usados largamente, 
além das novas fontes de financiamento oriundas da diversificação do 
17. Criou a Financiamentos de Insumos Básicos S.A. (fibase) —para apoiar o su-
primento de insumos indus- triais básicos, a Mecânica Brasileira S.A. (embra-
mec)— para fomentar as empresas produtoras de bens de capital - e Inves-
timentos Brasileiros S.A. (ibrasa), para atuar no suporte às firmas privadas via 
subscrição de ações. Outros programas criados consistiram no financiamento às 
pme e apoio na compra de itens básicos.
 32 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
sistema financeiro nacional. As políticas de fomento incluí- am incen-
tivos fiscais a projetos e programas e créditos fiscais à compra de bens 
de capital e bens siderúrgicos (Suzigan, 1996). O fomento ao desen-
volvimento tecno- lógico evoluiu com a criação do Sistema Nacional 
de Desenvolvimento Científico e Tecnológico (sndct) e com a regula-
mentação dos mecanismos de transferência de tecnologia e direitos de 
propriedade industrial. As pme contaram com o apoio do Centro Bra-
sileiro de Assistência Gerencial à Pequena e Média Empresa (cebrae), 
com fundos espaciais de financiamento e com programa específico de 
exportação, Comissão de Incentivos à Exportação (ciex).
Houve a aplicação mais rigorosa de medidas reguladoras da com-
petição, me- diante administração do licenciamento de investimentos, 
regimes de controle de preços, legislação de reajustes dos salários e re-
pressão das atividades sindicais. Por último, outra característica atinente 
ao ii pnd consistiu no investimento em infraes- trutura econômica e so-
cial, com inversões em energia, transportes, armazenamento, comuni-
cações, urbanização, saneamento, implementação do pbdct e expansão 
do ensino superior e da pesquisa (Suzigan, 1996).
1.3.8 Crise do Estado desenvolvimentista, Anos 1980
É um período no qual a inflação e o endividamento elevados são agra-
vados pelo segundo choque do petróleo e pela escalada dos juros exter-
nos. O Estado abando- nou o planejamento, desarticulou o esquema de 
incentivos administrados pela cdi, diminuiu gradualmente os incentivos 
fiscais à exportação, reduziu os subsídios às pme e à agricultura, elimi-
nou os subsídios às importações, diminuiu os empréstimos do bnde e 
os investimentos em infraestrutura etc. A proteção industrial baseou-se 
nas desvalorizações cambiais e no controle não tarifário das impor-
tações (Versia- ni e Suzigan, 1990).
No ano de 1981, a Comissão Especial de Desestatização identificou 
140 em- presas que podiam ser privatizadas e recomendou a venda de 50 
delas. O bndes, com o «S» porcausa da criação do Fundo de Investimen-
to Social (finsocial)18, realizou 13 operações de reprivatização de firmas 
em dificuldades incorporadas pelo bndes par e aumentou o percentual 
dos empréstimos às indústrias. Até me- ados 1985, entraram em operação 
vários projetos (energia, mineração) do ii pnd (Suzigan e Villela, 1997).
18. Criado para diminuir as desigualdades via investimentos na alimentação, 
habitação popular, saú- de e educação.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 33 
O Estado reorientou o desenvolvimento industrial, com ênfase na 
competitivida- de e aumento da eficiência. O Ministério de Ciência e 
Tecnologia, criado em 1985, agrupou outros institutos (como o finep), 
estimulou a qualificação de recursos hu- manos e o desenvolvimento 
tecnológico, implementou a política de informática19 etc. Em 1998, foi 
promulgada Nova Política Industrial (npi), a fim de atualizar a estrutura 
industrial e suportar a melhoria da eficiência e aumento da produtivida-
de. Logo após a npi, foram estabelecidas as Zonas de Processamento de 
Exportações (zpe), para fomentar o desenvolvimento regional.
As instituições responsáveis pelo controle das importações, apoio à 
exporta- ção e desenvolvimento de novas fontes de energia foram for-
talecidas. O Conselho Nacional do Álcool (cnal) e a Comissão Execu-
tiva Nacional do Álcool (cenal) foram criados para acelerar a produção 
de álcool, além de subsídio à conversão do uso de óleo combustível 
pela energia elétrica. O cpa reformou as tarifas comer- ciais, mas não 
alterou os níveis de proteção e subsídio à exportação e as barreiras não 
tarifárias à importação, e as firmas exportadoras foram apoiadas pelo 
Progra- ma de Apoio ao Incremento das Exportações (proex).
1.3.9 Promoção da competitividade via mecanismos de mercado, 1990-2002
Nos anos 1990, ocorreu a redefinição da função do papel do Estado bra-
sileiro na economia, cabendo ao capital privado o papel de condutor do 
desenvolvimento econômico. As políticas de estabilização impediram qual-
quer elaboração de uma política industrial sistemática e ganhou importância 
a liberalização comercial e a competitividade. Para Cano (2010: 3),
o objetivo passou a centrar-se —seguindo os ditames do Consenso 
de Washington— na questão da competitividade, a ser alcançada 
pelo aumento da eficiência na produção e comercialização de bens 
e serviços, com base na modernização e reestruturação da indústria.
Em meados de 1990, deu-se a conhecer as Diretrizes Gerais para a 
Política In- dustrial e de Comércio Exterior (pice), que reduziu os níveis 
de proteção tarifária e eliminou os instrumentos não tarifários e os subsí-
dios. Houve, ainda, liberalização do câmbio, extinção de vários órgãos, 
19. A Política Nacional de Informática, promulgada em 1984, visava apoiar a im-
plantação do segmento de mini e microcomputadores por empresas privadas na-
cionais.
 34 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
diminuição dos gastos das estatais e privatização. O bndes tornouse o 
gestor do Programa Nacional de Desestatização e seus recursos foram 
direcionados a empresas que lograssem aumento de competitivida- de e 
produtividade. O programa de Reestruturação e Racionalização Empre-
sarial promoveu a centralização de capitais (Cano e Silva, 2010: 3).
Laplane e Sarti (2005: 272) destacam que, apesar da orientação 
neoliberal, hou- ve algumas exceções: a crise resultante do fracasso do 
Plano Collor abriu espaço para a instalação de Câmaras Setoriais, que 
funcionaram como espaços de nego- ciação entre empresários, trabal-
hadores e governo para a reativação de setores; o Mercado Comum 
do Cone Sul (mercosul) concedeu um tratamento preferencial à aber-
tura comercial no plano regional; alguns setores industriais, entre eles 
o automobilístico, contaram com regimes especiais de proteção para 
promover a produção local e o investimento.
No governo de Fernando Henrique Cardoso (1994-2002), a política 
macroeco- nômica adotada, por um lado, permitiu o controle da inflação 
e, por outro lado, foi extremamente perversa por causa de seus fundamen-
tos (paridade cambial, eleva- das taxas de juros internas e aumento do en-
dividamento público). As diretrizes de privatização contidas no pnd foram 
mantidas e promulgou-se a lei n. 8.987, de con- cessão de serviços públi-
cos, que sedimentou a venda de empresas de serviços de utilidade pública. 
O bndes atuou como o gestor do Fundo Nacional de Estatização (fnd) 
e cumpriu relevante papel no financiamento dos grupos vencedores da 
pri- vatização e no processo de reestruturação patrimonial (Santos, 2013).
Apesar das medidas liberais, o acirramento da crise no final da dé-
cada levou à criação do Fórum de Competitividade, implementado 
pelo Ministério da Indústria e do Comércio (mdic), com a finalidade 
de promover a competitividade da indútria brasileira. Setorialmente, a 
indústria automobilística contou com um regime especial de incentivo e 
proteção tarifária. A partir de 1999, foram criados Fun- dos Setoriais de 
Desenvolvimento Científico e Tecnológico, com a participação da ini-
ciativa privada na formulação e planejamento do incentivo à inovação. 
Mas, segundo Laplane e Sarti (2005), até o final do segundo governo do 
fhc, o Ministério da Fazenda manteve o veto à Política Industrial.
Durante os anos 1990, as políticas de exportação passaram por uma re-
orienta- ção, com uma ênfase maior no financiamento. Em 1993, foi criado 
o Convênio de Pagamentos e Créditos Recíprocos (ccr), para facilitar a ob-
tenção de crédito. Nos anos de 1996 e 1997, surgiram Programa de Financia-
mento às Exportações de Máquinas e Equipamentos (finamex), do bndes, e 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 35 
o Programa de Financiamento às Exportações (proex), operado pelo Banco 
do Brasil, e foram criados a Segurado- ra Brasileira de Crédito às Exportações 
(sbce) e o Fundo de Garantia de Promoção de Competitividade (fgpc).
Ao longo dos nove períodos analisados, houve diversas formas de 
apoio à indústria. Até 1930, o apoio ora era indireto —tarifa aduaneira 
(arrecadação fiscal) e quota ouro (divisas), ora direto para alguns ramos 
econômicos—. Nos anos 1930 e 1940, criaramse órgãos de planejamento 
e, até meados dos anos 1950, a base institucional de planejamento foi con-
solidada. Os anos de 1963 a 1967 e toda a década de 1980, apesar das me-
didas pontuais de apoio à indústria, caracterizaramse pelo predomínio da 
estabilização econômica. A partir dos anos 1990, ganhou espaço os ideais 
de competitividade por meio do mercado e os instrumentos horizontais. 
Contudo, apenas em dois momentos históricos —com o Plano de Metas 
e o ii pnd20— o Brasil conheceu, de fato, uma Política Industrial lato sensu.
1.4 Iniciativas recentes de política industrial no Brasil
A chegada ao poder de Luís Inácio Lula da Silva (Lula), no ano de 2003, 
repre- senta um marco na formulação de Política Industrial no Brasil, 
apesar de permanecer inalterado o tripé neoliberal de câmbio flutuante, 
juros altos e superávit primário, preços básicos da economia que conti-
nuaram obstaculizando qualquer transformação estrutural da indústria. 
Lula ampliou os canais de negociação entre o Poder Executivo e os 
empresários, por meio do Conselho de Desenvolvimento Econômico 
e Social (cdes), que divulgou «Cartas de Concertação» denotando a re-
orientação de instituições públicas —Banco do Brasil (bndes), Caixa 
Econômica Federal (cef)— e a proposição de sugestões (Parcerias Pú-
blico-Privadas, diversificação industrial, pesquisa tecnológica etc.) para 
a adoção de política industrial.
No ano de 2003, foram divulgados os documentos Roteiro para Agen-
da de Desenvolvimento e Diretrizes de Política Industrial, Tecnológica e de Comércio 
Exterior. O primeiro fixou dois objetivos prioritários da nova política 
econômica: crescimentoeconômico sustentável com melhora dos indi-
cadores de inserção so- cial e incremento do comércio exterior, enquanto 
o segundo enfatizou a escolha de setores para a obtenção de resultados 
20. Para Suzigan (1996), os dois períodos apresentaram estes aspectos: política de des-
envolvimento econômico centrada na indústria; plano indicativo com metas, diretrizes, 
indústrias etc.; implementação por organização ins- titucional; conjunto de instrumen-
tos e políticas auxiliares; investimentos em infraestrutura econômica e social.
 36 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
percebidos pelo Estado como eficazes para o conjunto da economia. 
Nesse caso, os incentivos foram condicionados a metas de participação 
no comércio exterior e inovação tecnológica (Almeida, 2006).
No ano seguinte, deu-se a conhecer a Política Industrial, Tecnológica 
e de Comér- cio Exterior (pitce), elaborada por um grupo de trabalho 
formado por especialistas em política industrial, tecnológica e comércio 
exterior. A pitce, composta por 57 medidas distribuídas em 11 progra-
mas, foi estruturada em três eixos: ações hori- zontais (inovação e desen-
volvimento tecnológico, inserção externa/exportações, modernização 
industrial e ambiente institucional); opções estratégicas (políticas setoriais/
verticais para semicondutores, softwares, bens de capital, fármacos e me- 
dicamentos); atividades portadoras de futuro (ações verticais em biotecnolo-
gia, nanotecnologia, biomassa e energias renováveis).
Segundo Cano e Silva (2010), dois macroprogramas mobilizadores 
sustenta- vam a pitce:
1. indústria forte, fortalecimento e expansão da base industrial bra-
sileira;
2. inova Brasil, aumento da capacidade de inovação das empresas, 
envolvendo incremento da capacidade produtiva, aumento da 
inovação e das exportações.
O pano de fundo era estimular setores com maior capacidade de 
desenvolver van- tagens competitivas e permitir a inserção internacio-
nal nos setores mais dinâmicos tecnologicamente. Se, por um lado, o 
foco na promoção da inovação uniu neos- chumpeterianos (Suzigan e 
Furtado, 2006: 177) e neoclássicos (Canêdo-Pinheiro, Ferreira, Pessoa, 
e Oliveira, 2007: 2) a favor da política industrial, por outro lado, o fo-
mento a setores específicos esteve longe de qualquer consenso.
Visando à inovação e o desenvolvimento tecnológico, aprovaram-se 
e regulamentaram-se a Lei da Inovação21, a Lei do Bem22, a Lei de In-
21. Estruturada em três eixos: 1) constituição de ambiente propício a parcerias 
entre universidades, institutos tecnológicos e empresas; 2) estímulo à participação 
de institutos de ciência e tecnologia no processo de ino- vação, estímulo à inovação 
na empresa; 3) incubação de empresas em espaços públicos e compartilhamento 
de infraestrutura (Bonelli, 2006: 17).
22. Essa lei aprovou a isenção de PIS/Pasep e Confins à compra de bens de ca-
pital por empresas que exportam mais de 80% da produção e aos fabricantes de 
computadores com valores superior a R$ 2,5 mil, além de regi- meespecial de 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 37 
formática e a Lei de Biossegurança (pesquisas com organismos genetica-
mente modificados e com as cé- lulas- tronco). Somam-se a isso outras 
medidas, como: linhas de apoio à inovação da finep e do bndes, apoio 
do bndes ao investimento, linhas de capital de giro do bndes e da cef, 
redução do imposto incidente na importação de bens de capital sem pro-
dução nacional, desoneração de ipi sobre máquinas e equipamentos etc.
Além da inovação e do desenvolvimento tecnológico, outro aspec-
to positivo considerado pelos formuladores da pitce consistiu na orga-
nização institucional ne- cessária para coordenar a política industrial, 
com a criação do Conselho Nacional de Desenvolvimento Industrial 
(cndi), instância de articulação público-privada, e da Agência Brasilei-
ra de Desenvolvimento Industrial (abdi). Coube ao cndi —presi- dido 
pelo Ministro do Desenvolvimento, Indústria e Comércio Exterior e 
integrado por outros doze ministros, pelo presidente do bndes e re-
presentantes da iniciativa privada— supervisionar a atuação da abdi. 
Apesar dos avanços, existe o consen- so (Suzigan e Furtado, 2006: 179; 
Almeida, 2009: 15) que a criação da abdi como um serviço social fora 
do governo e sem poder convocatório comprometeu sua ca- pacidade 
de coordenar a política industrial.
Cano e Silva (2010: 8) afirmam que a “implementação da pitce re-
sultou em um conjunto abrangente de iniciativas, em estágios bastante 
heterogêneos de planejamento e implementação”. Outra constatação 
é que, apesar da ênfase setorial, os setores dinâmicos não foram obje-
to de ações de fomento em grande escala e as ações mais articuladas 
ocorreram na promoção das exportações.23 Para Almeida (2013: 283), 
a pitce “sofreu críticas pela falta de clareza e de objetivos relativos aos 
setores industriais mais intensivos em mão de obra”. Suzigan e Fur-
tado (2006:179) entendem que a pitce sofreu com os efeitos adversos 
da política macroeconô- mica, falta de articulação dos instrumentos e 
destes com as demandas das empresas, precarização da infraestrutura 
econômica, insuficiência no sistema de Tecnologia, Ciência e Inovação 
e fragilidade de comando e coordenação.
tributação com abatimento em dobro das despesas de P&D de novas tecnologias 
(Bonelli, 2006: 17). 23 Apesar dos programas específicos do BNDES (Modermaq, 
Prosoft e Profarma), grande parte dos recursos foi destinada ao financiamento das 
exportações.
23. Apesar dos programas específicos do BNDES (Modermaq, Prosoft e Profar-
ma), grande parte dos recursos foi destinada ao financiamento das exportações.
 38 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
No segundo governo Lula, um novo programa de fomento à indústria 
foi lançado, intitulado Política de Desenvolvimento Produtivo (pdp), com 
uma perspectiva mais pragmática de política industrial, dada a abrangência, 
o aumento do número de setores e instrumentos de incentivo, os contro-
les e metas (Cano e Silva, 2010). Os instrumentos do pdp incluíam pro-
teção comercial, compras do setor público (administração direta e estatais) 
com margens de preferência para produtores do- mésticos,24 desoneração 
de contribuição previdenciária da folha de salários,25 apoio técnico, finan-
ciamento e redução do spread bancário das linhas do bndes, dimi- nuição 
do ipi a vários setores, redução do prazo de apropriação dos créditos da 
aquisição de bens de capital de 24 para 12 meses, eliminação da incidência 
de iof sobre as operações de crédito do bndes, finame e finep.
A fim de abranger a complexidade da estrutura industrial, o pdp 
contemplou 24 setores, divididos em quatro programas (ver quadro 
1.1). Além disso, propôs qua- tro grandes metas:
1. aumentar a taxa de investimento da economia de 17.6% do pib, 
em 2007, para 21%, em 2010;
2. elevar o gasto privado com p&d de 0.51% do pib, em 2005, 
para 0.65%;
3. incrementar a participação nas exportações mundiais de 1.18%, 
em 2007, para 1.25%, em 2010;
4. aumentar o número de Micro e Pequenas Empresas (mpe) ex-
portadoras em 10% em relação ao ano de 2006 (Almeida, 2009: 
17).
O bndes desempenhou papel primordial nas diversas ações empreen-
didas por meio do financiamento aos investimentos. Almeida (2013: 283-
284), a respeito da maior participação do banco na pdp, destacou três as-
pectos. Primeiro, com a maior inserção da China no comércio mundial, a 
demanda por alimentos e matérias primas reforçou a estrutura produtiva 
brasileira. A atuação do bndes na formação de cam- peões nacionais, por 
sua vez, reforçou ainda mais esse processo. Segundo, apesar da não dis-
criminação da origem dos capitais das empresas, na prática as liberações 
24. Uso do poder de compra em petróleo, defesa, saúde e tecnologia da infor-
mação.
25. Confecções, hotéis, mecânico, tecnologia de informação, call centers, têxtil, cou-
ro e calçados, mecâni co, aéreo, autopeças, chips,entre outros.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 39 
de crédito do bndes estiveram concentradas nas multinacionais brasileiras 
(fusões, subscrição de capitais etc.). Terceiro, a atuação mais agressiva do 
banco ocasionou um expressivo aumento da dívida pública.
Contudo, as grandes metas não foram atingidas. A pdp foi lançada 
num momento em que o país acumulava superávits comerciais e divisas, 
reduzia o endividamen- to, melhorava a distribuição de renda, diminuía 
o desemprego, expandia o mercado de crédito (Almeida, 2009; Cano e 
Silva, 2010). Com o recrudescimento da crise internacional, os inves-
timentos foram paralisados, as importações contraíram e au- mentou a 
concorrência nos mercados da América do Sul. Face ao cenário adver-
so, as medidas anticíclicas (desonerações fiscais e expansão do crédito) 
adotadas man- tiveram a atividade econômica interna.
Quadro 1.1 Programas do pdp com áreas de atuação e ações empreendidas
Fonte: Almeida (2011: 2-6).
 40 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
 Por fim, as três políticas industriais analisadas indicam a adoção de 
uma estratégia de desenvolvimento cujo centro é a indústria. O desen-
volvimento é entendido como um processo de mudança de estrutural, 
cabendo à política industrial promo- ver a transformação produtiva 
por meio das exportações, diversificação da estrutura produtiva e ino-
vação. Em função da complexidade da estrutura industrial brasileira, as 
pressões empresariais no âmbito do Estado impuseram modificações 
nos rumos das políticas industriais, que diminuíram a ênfase no apoio às 
atividades mais di- nâmicas e tornaram-se mais abrangentes. Por último, 
mas não menos importante, as políticas industriais mencionadas são 
obstaculizadas por uma política macroe- conômica adversa.
1.5 Considerações finais
Entre 1930 e 1970, a criação de instituições estatais, a elaboração de ma-
cro- planos, a constituição de instrumentos e mecanismos auxiliares, a 
regulação etc. caracterizaram um período no qual a indústria tornou-se 
essencial na estratégia de desenvolvimento econômico. Com o Plano 
de Metas e o II pnd, principalmente, a indústria brasileira apresentou 
crescente interpenetração setorial e ampliação dos circuitos espaciais 
de produção e de cooperação. Contudo, a industrialização este- ve am-
plamente baseada na apropriação privada dos fundos públicos, sob a 
forma de proteção excessiva e não seletiva, falta de metas e prazos, in-
suficiente ênfase na exportação, tímida ênfase na inovação, ampla con-
cessão de subsídios, forte inter- venção reguladora e falta de sequência 
das políticas (Suzigan, 1996).
A partir dos anos 1980, a crise do Estado desenvolvimentista e sua 
incapacidade de transferir fundos públicos foram poderosos obstáculos 
à manutenção do padrão anterior de industrialização, num momento 
em que era imperiosa a incorporação de setores dinâmicos relacionados 
às comunicações e à informação. Até o ano de 2002, apesar de algu-
mas iniciativas —como a Política Nacional de Informática, as linhas do 
bndes à exportação, o apoio ao setor automotivo, os fundos setoriais à 
inovação—, a política econômica deu pouca atenção a uma estratégia 
de desenvol- vimento de longo prazo, por conta da hegemonia neolibe-
ral e dos ideais de busca da estabilidade do entorno macroeconômico.
Entre 2003 e 2014, há uma retomada da política industrial no Bra-
sil, em compasso com a maior atuação dos Estados latino-americanos na 
transformação da estrutu- ra industrial. Ao contrário dos problemas ante-
riores atinentes à Política Industrial, a pitce, o pdp e o pbm enfatizaram a 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 41 
inovação e o desenvolvimento tecnológico, a inserção competitiva no mer-
cado internacional, o uso de instrumentos verticais e horizontais, a coor-
denação (pública e privada) e a dimensão temporal finita das subvenções. 
Talvez o maior obstáculo encontrado pelas iniciativas recentes seja a falta 
de compatibilidade entre a política industrial e a política macroeconômica 
que, em vez de se reforçarem positivamente, têm sido antagônicas.
Coube ao bndes um papel primordial na execução das três políti-
cas industriais, com a oferta de créditos e seleção dos ramos e capitais 
particulares. O banco tornou- se o principal operador de uma política 
que visa formar empresas brasileiras globais capazes de realizar uma 
inserção mais soberana na economia mundial em setores nos quais o 
país já é competitivo. Os principais capitais beneficiados pela política 
de formação de campeões nacionais são aqueles vinculados a recursos 
naturais e à intensidade de capitais, reforçando as especializações re-
gressivas e a perpetuação de um padrão de adaptação tecnológica.
Desnecessário salientar que o histórico processo de industrialização 
brasileira desencadeou o aumento da concentração da renda, o apro-
fundamento das desi- gualdades nas várias escalas (regional, inter-regio-
nal e intraurbana), a exclusão da maior parte da população das benesses 
do crescimento econômico, a concentração da atividade industrial e da 
base técnico-científica na Região Concentrada, a disse- minação de ati-
vidades rentistas etc. As três recentes iniciativas de política industrial, 
ao desconsiderarem a configuração espacial da indústria brasileira e as 
desigualda- des, poderão aprofundar os desníveis regionais existentes.
Last but not least, o tamanho da economia e o sucesso de vários em-
preendimen- tos em alta tecnologia demonstram a viabilidade de desen-
volvimento da indústria do conhecimento no país. Contudo, o enfoque 
na inovação e na indústria do conhe- cimento, ao desconsiderar as den-
sidades técnicas sobre o território, pode cristalizar a concentração das 
atividades industriais dinâmicas.
Por isso é necessária a articulação das iniciativas entre os diferentes 
entes fe- derativos visando implementar uma política industrial regiona-
lizada, que permita discriminar espacialmente os incentivos aos investi-
mentos e fazer uso da diversi- dade (setorial, regional, urbana, cultural 
etc.) como força motora do processo de desenvolvimento.
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[ 45 ] 
2. análisis maCroGeoGráfiCo de la 
espeCializaCión del seCtor serviCios 
en méxiCo, 1998-2008
Pérez Campuzano, Enrique26 
Sánchez-Zárate, Alejandro27
Angoa Pérez, Isabel28
2.1 Introducción
El sector servicios es el mayor creador de empleos y de Producto In-
terno Bruto (pib). En el mundo, más de dos terceras partes del pib se 
genera en estas activida- des (Castaño et ál., 2013). En los Estados Uni-
dos de Norteamérica —bastión del crecimiento en el sector terciario—, 
en 2005, 77% del total del valor agregado fue producido en este sector 
(Barreiro de Souza et ál., 2012), mientras que para el em- pleo pasó de 
representar 59% en la década de 1960, a poco más de 70% en la de 1990 
(Aarnio, 1999). En Europa, este grupo de actividades es el que presenta 
las tasas de crecimiento más altas (Capello y Fratesi, 2013). Por otra par-
te, en México dicho sector siempre ha tenido una presencia considera-
ble tanto en la ocupación como en la generación de valor. Ortiz (2006) 
señala que a partir de 1979 el sector terciario fue el que captó la mayor 
parte de la ocupación en el país, 43.1%, y que se ha ido incrementando 
desde entonces hasta un 69% en 2009. El autor también iden- tifica que 
la década de 1970 constituyó el punto de inflexión a nivel de generación 
de riqueza, ya que, desde entonces, más de la mitad del pib nacional es 
generado por las actividades terciarias.
En términos teóricos y metodológicos, los servicios son campo de 
discusión y proliferación de perspectivas, particularmente en lo concer-
niente a su localización. Esto se debe a la naturaleza heterogénea del 
sector, que dificulta el planteamiento de una teoría única de localización 
26. Instituto de Geografía, UNAM.
27. Facultad de Economía, BUAP 
28. Centro de Estudios para el Desarrollo Económico y Social, BUAP. [42]
 46 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
(Cuadrado-Raura, 2013). En este aspecto, la geogra- fía ha realizado 
algunos aportes. Tal es el caso de la Teoría del Lugar Central (tlc) postu-
lada por Christaller (1933), la cual jerarquiza las actividades en función 
de la
«complejidad» de éstas y la capacidad de crear mercados más o me-
nos distantes. Como herencia de esta perspectiva, los estudios han se-
guido enfocándose en fac- tores como el acceso a los mercados y la 
fricción de la distancia como elementos medulares en la explicación 
de cómo se organiza espacialmente la economía, inclu- yendo a los 
servicios (véase, por ejemplo, Fujita et ál., 1999 o Mulligan et ál., 2012). 
El sector servicios en México ha sido analizado desde una perspectiva 
urbano- regional, y los estudios han enfatizado únicamente, bien en las 
principales ciudades del país, bien en servicios específicos (Garza, 2011, 
2010, 2009), o bien, cuando se han abordado perspectivas regionales, 
en un momento acotado (Angoa, Pérez-Men- doza y Polesè, 2009). En 
vista de lo anterior, el presente acápite tiene como objetivo identificar 
y analizar los patrones espaciales de la constante especialización en ser- 
vicios, desde 1998 hasta 2008 en todo el territorio nacional. Como base 
para dicho análisis se parte de la relación intersectorial de los servicios 
con la agricultura, industria y con los propios servicios.
El trabajo se divide en cuatro apartados. El primero hace referencia 
a los enfo- ques teóricos e históricos sobre los servicios y su expresión 
espacial. En la segunda sección se plantean los aspectos metodológi-
cos y las herramientas estadísticas utilizadas; cabe subrayar que en este 
punto, a diferencia de los trabajos antes men- cionados, se propone una 
categorización espacial basada en zonas metropolitanas, municipios ur-
banos y rurales, se expone la clasificación de los diferentes servicios y 
se presenta el cociente de localización (ql).
El tercer apartado recoge los resultados de nuestra investigación, 
los cuales incluyen el comportamiento de la demanda y los hallazgos 
en términos geográficos —donde observamos que, si bien los servi-
cios intensivos en conocimiento (kibs) y los servicios de distribución 
se comportan, en general, como lo plantea la tlc, existen unidades espa-
ciales con características que rompen dicho patrón, sobre todo en los 
servicios dirigidos a la producción.
La últimasección incluye nuestras consideraciones finales, a manera 
de inducción para futuras investigaciones de los servicios desde una 
perspectiva territorial.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 47 
2.2 El sector servicios: trayecto histórico de la visión geográfica
El sector servicios ha estado en la mira de los estudios sociológicos y 
económi- cos desde mediados de la década de los 1970 (Tickell, 1999). 
A pesar de que este sector ya era un componente importante de la eco-
nomía, en ese momento se presen- tó un boom sobre las implicaciones 
que conllevaba su crecimiento.
Si se hace un recuento de los trabajos sobre servicios desde 1970 a 
la fecha, és- tos pueden dividirse en tres grandes etapas. La primera se 
centró en la sociedad del ocio (países desarrollados) y la hiperterciariza-
ción (países en vías de desarrollo). Se ponía de manifiesto la transición 
de los países desarrollados hacia una sociedad basada en actividades 
recreativas, así como en el surgimiento de nuevas clases sociales ligadas 
a los servicios; en contraparte, los servicios eran vistos como subsi- dia-
rios y dependientes de las actividades manufactureras en los países en 
desarrollo. Por lo general se ponía atención en los empleos mal pagados 
como resultado de las políticas de ajuste y en la emergencia de una eco-
nomía basada en servicios, regu- larmente de baja productividad.
La segunda etapa, que comprende el periodo entre 1980 y 1990, 
estuvo marca- da por la emergencia de las actividades de «punta» y la 
refuncionalización de los servicios, principalmente los financieros y los 
relacionados con las tecnologías de la información y comunicación. Fue 
la «época dorada» de los estudios sobre ciu- dades globales y el papel de 
las empresas de servicios avanzados. El internet y las empresas «punto 
com» son una buena muestra de este periodo (Sassen, 2001).
La tercera etapa, que abarca de 1995 a la fecha, ha cambiado el foco 
de atención para plantear el papel «activo» de los servicios, principal-
mente los de punta, en los procesos de reestructuración/crecimiento 
económico de las regiones. Los Servicios Intensivos en Conocimiento 
a Negocios (kibs, por sus siglas en inglés) aparecen como el centro de 
atención (Miles et ál., 1995).
Las diferencias entre la segunda etapa y la etapa actual de estudio 
sobre los ser- vicios y el territorio se concentran en dos aspectos. El 
primero es el papel que juega un grupo selecto de actividades de servi-
cios, en específico los kibs, gracias a su papel innovador; a éstos se les 
atribuye ser el motor de crecimiento (Wood, 2006), aunque, a diferencia 
del periodo anterior, se les vincula con encadenamientos productivos. 
El segundo es el cambio en el cambio de escala/nivel de análisis: mien-
tras en la segunda etapa la escala de análisis fue macro —los estudios se 
enfocaban en las ciudades globales—, en la actualidad las investigaciones 
 48 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
se enmarcan en escalas mucho más locales-regionales, sin perder el vín-
culo con la economía internacional. Espacialmente hablando, si bien no 
desaparecen factores como la (fricción de la) distancia y las economías 
de aglomeración, los factores de carácter cualitativo juegan un papel 
más importante. Las calidades de empleo y de vida comienzan a ser 
valoradas como centrales para el incremento de la productividad y la 
competencia entre ciudades y regiones.
A diferencia de los trabajos enfocados sólo en actividades de punta, 
como ser- vicios financieros, inmobiliarios o tecnológicos —que a de-
cir de las mencionadas referencias son las encargadas del crecimiento 
económico regional—, la presente investigación considera los servicios 
menos estudiados, como los servicios perso- nales o los sociales.
2.3 Los servicios y el territorio
Los servicios han sido una constante en los estudios sobre el territorio. 
Si bien es cierto que un periodo estuvo fuertemente marcado por las 
actividades industriales, uno de los modelos de desarrollo regional más 
discutido, la Teoría del Lugar Central, en su vertiente christalliana, ha 
sido la postura teórica más utilizada para explicar la configuración terri-
torial del sector servicios.
La tlc subraya la disyuntiva entre las ventajas del crecimiento de 
las empre- sas —es decir, que al aumentar su volumen de producción 
cada unidad producida le cueste en promedio menos—29 y los costos 
de transporte (Krugman, 1995): dado que pocas empresas de servicios 
muy específicos estarían dispuestas a asumir cos- tos de transporte, las 
empresas tenderán a localizarse donde puedan producir más, en concre-
to, en las grandes ciudades. Por otro lado, las actividades que no pueden 
asumir costos de transporte tan altos —y que producirán un volumen 
considera- blemente menor— prefieren localizarse cerca de su consu-
midor final. Lo anterior genera pocos asentamientos, es decir, ciudades, 
que concentren servicios de ambos tipos, mientras que existirá una gran 
mayoría que sólo tenga servicios del segun- do caso. Por ello se dan po-
cas ciudades muy grandes, un poco más de ciudades de tamaño medio y 
muchas más ciudades de tamaño muy pequeño o asentamientos rurales 
(O’Sullivan, 2009; Parr, 2002).
29. En economía, a este concepto se le conoce como «economías de escala». Di-
chas economías hacen que dis- minuyan los costos y aumenten las ganancias de 
las empresas.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 49 
La noción de «ciudad» como establecimiento de mercado jugó un 
rol central. En ella se realizaban las mercancías producidas en el cam-
po. Además, el modelo puso en el centro de atención dos aspectos: 
la diferenciación funcional de los espacios y la jerarquía derivada de 
esta diferenciación. Es más que conocido que la formu- lación empírica 
derivada del planteamiento de Christaller no funciona para todos los 
casos y que las deducciones a las cuales llegó no son necesariamente las 
más adecuadas (Mulligan et ál., 2012); sin embargo, lo que intentamos 
destacar aquí es el razonamiento teórico-metodológico que lleva con-
sigo, por un lado, la función y, por otro lado, la jerarquía de los asenta-
mientos. El cuadro 2.1 presenta este argu- mento desde la revisión de la 
literatura especializada.
La localización de los servicios guarda una relación de dependencia 
con el tama- ño del mercado (índice de población), la disponibilidad de 
medios de intercambio de mercancías, la logística y la infraestructura. 
Es por este motivo que los servicios avanzados tienden también a la 
aglomeración, pues resultaría muy complicada su desconcentración si 
no existen las condiciones mínimas en términos de tecnología e infraes-
tructura de comunicación e información y un pool de población mínima 
que propicie la innovación y el incremento de la productividad. En con-
traste, los servicios con mayor nivel de estandarización, que requieren 
población menos ca- lificada, suelen desconcentrarse fácilmente.
Como se podrá observar, esto se corresponde con el modelo de 
Christaller. Sin embargo, con el cambio en la estructura espacial de la 
economía, el incremento del comercio y del intercambio de servicios a 
nivel internacional, así como la desindustrialización y terciarización de 
cada país, la distribución espacial de los servicios también se ha mo-
dificado (Cuadrado-Raura, 2013). Algunos servicios que se ofertaban 
únicamente en grandes centros metropolitanos ahora también pueden 
encontrarse en ciudades de menor tamaño; aunque, como ya se planteó, 
no es ne- cesariamente la regla.
 50 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
Cuadro 2.1 Esquema de los servicios y el territorio
Fuente: Elaboración propia.
Si bien la Teoría del Lugar Central es la más utilizada para explicar la 
locali- zación de los servicios, ésta ha sido sometida a críticas, y en la ac-
tualidad dicha postura se ha replanteadoen función de los avances tec-
nológicos y de transporte, y en el cambio de patrón de consumo de los 
servicios, dada la generación de nue- vas actividades (Cuadrado-Raura, 
2013). En este sentido, más que un apego total a la teoría descrita, el 
presente trabajo la recupera debido a que explica, en gran medida, el 
comportamiento de localización de los diferentes servicios en México. 
En el siguiente apartado se plantean los elementos metodológicos, la 
delimita- ción espacial y las técnicas estadísticas para identificar el pa-
trón de localización de los servicios en el país.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 51 
2.4 Metodología
2.4.1 Delimitación y clasificación espacial
Actualmente, pocos estudios se enfocan en las actividades de servicios 
consideran- do todo el territorio mexicano. Es por eso que, con el pre-
sente trabajo, pretendemos subsanar, en cierta medida, esta brecha.
Así pues, es necesario describir la composición político-administra-
tiva mexi- cana y la categorización de ésta bajo parámetros geográfi-
co-estadísticos. México se divide en 2456 unidades político-administra-
tivas (municipios o delegaciones).
En primera instancia, los municipios han sido clasificados según su 
carácter metropo- litano o su talla demográfica, de manera que las uni-
dades espaciales se estratifican como:
1. Zonas metropolitanas. Esta categoría se estableció a partir de la 
clasificación mexicana de zonas metropolitanas elaborada por 
la Secretaría de Desarro- llo Social (sedesol), el Consejo Nacio-
nal de Población (conapo) y el Instituto Nacional de Geografía 
y Estadística (inegi), e incluye 59 asenta- mientos, integrados 
por 367 unidades político-administrativas. Como caso particu-
lar, las zonas metropolitanas se han subdividido en:
2. Zona Metropolitana del Valle de México (zmvm). Se decidió 
ubicar la zmvm en una sola categoría debido a su gran peso 
económico; este pro- cedimiento permite, además, observar 
tendencias de desconcentración en el periodo de análisis.
3. Cincuenta y ocho zonas metropolitanas distintas de la zmvm.
4. Municipios urbanos. En esta categoría se agruparon aquellos 
municipios que tuvieran al menos una localidad de más de 15 
000 habitantes y que no formaran parte de alguna zona metro-
politana.
5. Municipios rurales. Esta categoría abarca todos aquellos muni-
cipios con localidades de menos de 14 999 habitantes que no se 
encuentren en algu- na zona metropolitana.
El territorio mexicano, entonces, queda divido, para los fines de este 
estudio, en 59 zonas metropolitanas, 304 municipios urbanos y 1785 
municipios rurales. En segundo lugar, para medir la actividad en servi-
cios se utilizó el nivel de empleo en los municipios. Dicha información 
se obtuvo de los censos económicos de 1999, 2004 y 2009 generados 
por el inegi.
 52 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
Los servicios se han organizado en cuatro grupos, siguiendo la co-
dificación del Sistema de Clasificación Industrial de América del Norte 
(scian).
Cuadro 2.2 Clasificación de servicios según grupos30
 Fuente: Elaboración propia.
En lo que respecta a las herramientas estadísticas para identificar los 
patrones espaciales de los servicios, en este trabajo se utiliza el cocien-
te de localización, ins- trumento clásico en el análisis urbano-regional. 
Éste se define como:
Donde:
Eii = Empleo en la actividad i, en la unidad espacial j. Ejemplo: el 
índice de empleo que existe en la Zona Metropolitana de la Ciudad de 
México en el sector de Servicios tradicionales a la producción.
Ej = Empleo total en la unidad espacial j. Ejemplo: la suma del 
índice de empleo de todos los sectores económicos en la Zona Metro-
politana de la Ciudad de México.
Ei = Empleo total en la actividad i en el país. Ejemplo: el índice na-
cional de empleo en el sector de Servicios tradicionales a la producción.
E = Empleo total en el país.
30. La clasificación según códigos del scian se presenta en el anexo 1 (A.1).
 Economía, sociedad y medio ambiente · 53 
2.5 Resultados
Como se mencionó en la introducción, el empleo, en la economía mexi-
cana, es eminentemente terciario. En 2009, 69% del empleo generado 
provenía de este sec- tor. Sin embargo, para México la situación de ter-
ciarización es muy distante respecto de la que se da en los países desa-
rrollados, ya que la composición del empleo en servicios comprende 
en su mayoría actividades poco calificadas, tal como se apre- cia en la 
siguiente gráfica:
Gráfica 2.1 Participación porcentual según grupos 
de servicios a nivel nacional (1998, 2003 y 2008)
Fuente: Elaboración propia con base en Censo Económicos, 1999, 2004 y 2009, inegi.
La gráfica 2.1 muestra que a lo largo de quince años la participación 
de los diversos grupos de servicios se ha mantenido, siendo el grupo de 
servicios de dis- tribución el que capta casi la mitad del empleo terciario. 
Este hecho se explica, en primera instancia, porque los servicios de dis-
tribución integran el grupo con mayor número de actividades, además de 
que en este grupo se encuentran las actividades comerciales tanto al deta-
lle como al mayoreo. La gráfica también muestra que las actividades que 
menos empleo generan son los servicios tradicionales a la produc- ción, 
los servicios de salud y los servicios intensivos en conocimiento. Como se 
ha expuesto, estos servicios se han considerado motores del crecimiento 
en países avanzados, aunque en México la situación no sea promisoria.
Otro aspecto a resaltar es la relación inversa que existe entre el nivel 
de empleo generado por cada sector y el nivel de calificación que requie-
 54 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
ren sus empleados. Es decir que los servicios que por tradición necesi-
tan menor preparación de su mano de obra son aquellos con la mayor 
participación de empleo —tal es el caso de los servicios de distribución 
y los servicios personales—, mientras que aquellos que in- volucran ac-
tividades innovadoras y que requieren alta calificación son los que me-
nos generan empleo —servicios sociales e intensivos en conocimiento.
No sólo la terciarización del empleo en México es importante, sino 
las sinergias que este sector provoca y recibe de los otros sectores eco-
nómicos. La especiali- zación de determinadas zonas del país no se ex-
plica únicamente a partir de las cualidades geográficas, físicas o sociales 
del territorio, sino también por los víncu- los que tiende su fortaleza 
respecto de los otros sectores de la economía mexicana. A continuación 
se presenta, con base en la matriz insumo-producto (mip) nacional de 
2008, la participación de los servicios expuestos en términos de sus 
demandas intermedias y finales:
Gráfica 2.2 Participación porcentual de la demanda 
 intermedia y final por grupos de servicios (2008)
Fuente: Elaboración propia con base en matriz insumo-producto, 2008, inegi.
En la gráfica 2.2 se observa que los servicios vinculados con la 
producción tie- nen comportamientos totalmente distintos. En lo que 
respecta a los kibs, su principal demanda proviene de los sectores pro-
ductivos, ya que 77% del valor de su produc- ción se destina a la de-
manda intermedia. Esto sugiere que los kibs se vinculan con la etapa 
de producción de bienes y servicios. En contraposición, los servicios 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 55 
tradicionales a la producción tienen muy poca interacción con los de-
más sectores: sólo 17% del valor de su producción interviene en otros 
procesos productivos; este dato es revelador, ya que contrasta la situa-
ción de los servicios tradicionales como servicios exclusivamente desti-
nados a apoyar la producción. Los servicios de autotransporte de carga 
y los servicios a la minería, pertenecientes a estegrupo, se vinculan más 
con el consumidor final que con los procesos de producción. Dado 
este panorama, es meritorio decir que los servicios con personal de 
mayor cualificación, aunque de manera todavía incipiente, es el sector 
que presenta la mayor proporción de víncu- los y de apoyo al resto de 
la economía.
Otro elemento a rescatar es que los servicios de distribución y los 
servicios per- sonales tienen mayor participación en la demanda inter-
media que los definidos con anterioridad como de apoyo a la produc-
ción. El hecho de que 34% del valor de la producción de este grupo sea 
demandado por otros sectores habla del papel que el comercio tiene 
para amalgamar productores y consumidores finales. Esto deja entre- 
ver que la función del comercio, para la economía mexicana, no sola-
mente involucra su rol de mayor generador de empleo, sino que se ha 
vuelto fundamental para que las empresas puedan producir eficiente-
mente sus productos o servicios en el mercado interno. Con respecto a 
los servicios personales, las actividades que más demandan las empresas 
se refieren a los servicios financieros y a los servicios inmobiliarios. Por 
último, los servicios sociales, de salud y educativos, son eminentemente 
desti- nados a consumidores finales.
La participación de los servicios como apoyo en la producción no es 
suficiente para entender los patrones de localización de éstos; por ello, 
además del análisis de demanda final e intermedia, en seguida se expone 
la estructura de la demanda intermedia de cada grupo de servicios, con 
el fin de reconocer con cuál tipo de ac- tividad se relaciona, en mayor 
medida, cada grupo.
El sector con mayor demanda de servicios es la manufactura. Cer-
ca de la mitad de la demanda intermedia de los servicios tradicionales 
a la producción y de los ser- vicios de distribución, y un cuarto de la 
demanda relativa a los kibs es generado por la industria. Aunque el sec-
tor secundario ya no genera la mayor parte del empleo, sigue siendo 
fundamental cuando se ven las interacciones con el sector servicios, en 
particular con el grupo de servicios de distribución, puesto que éste ha 
cubierto el papel de generador de empleos que antes poseía la industria. 
 56 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
El incremento del outsourcing de ciertos servicios como estrategia para 
elevar la productividad de la industria y como elemento del sistema li-
beral a nivel global, explica los porcentajes tan altos en los servicios 
tradicionales y en los kibs (Raa y Wolff, 2001; Rodenes et ál., 2009; Wer-
nerheim, 2012).
Cuadro 2.3 Matriz de demanda intermedia por grupos de servicios, 2008 (porcentajes)
Fuente: Elaboración propia con base en Matriz Insumo-Producto, 2008, inegi.
El sector de extracción, en promedio, demanda 12.5% de la produc-
ción de todos los servicios. De esta manera, es el segundo sector, externo 
al sector terciario, que demanda servicios. El sector agrícola demanda 
en general muy poco del sector servi- cios. Se ha mencionado la impor-
tancia de los servicios en términos de empleo, pero su cadena de valor 
es nula en sectores tan importantes como el extractivo y el primario. 
En cuanto al propio sector, se puede decir que para realizar servicios se 
necesi- tan más servicios. Si se analiza verticalmente, los servicios tradi-
cionales demandan 11% de ellos mismos, mientras que demandan 16% 
de la producción de servicios sociales. Los servicios personales es otro 
grupo que demanda mucho de sí mismo, 17% de este sector se requiere 
para sí mismo, y también demanda 14% de los kibs y 13% de los servi-
cios sociales. Los servicios de distribución son los que demandan la ma-
yor proporción de producción de los kibs: 21%. Estos últimos requieren 
14% de sí mismos; es decir, los servicios cualificados necesitan de otros 
servicios de la misma índole. Además, el grupo de los kibs demanda 23% 
de la producción de los servicios de salud, convirtiendo a éstos en los 
servicios que tienen la mayor demanda en todo el sector terciario.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 57 
Esto nos permite plantear que México tiene un sector terciario es-
téril fuera del propio sector, ya que en realidad se demanda poco en 
sectores de extracción y de agricultura. Sin embargo, la dinámica que se 
tiene al interior de los servicios lleva a pensar en cadenas de valor ter-
ciarias y, como se verá a continuación, explica de- terminados patrones 
de localización de estas actividades.
Para identificar las zonas del país que presentan fortaleza en los dis-
tintos grupos de servicios, se ha realizado el ql para los tres años dispo-
nibles y se ha obtenido aquellas zonas, ya sean metropolitanas, urbanas 
o rurales, que superen el umbral de ql > 1 en todos los años. Esto arroja 
una especialización constante durante el periodo de estudio (zonas en 
morado). Además, se ha identificado las zonas que en el año más re-
ciente han adquirido la cualidad de especialización (zonas identificadas 
en amarillo), esto con el objetivo de ubicar zonas con especialización 
potencial en servicios.
Mapa 2.1 Especialización del empleo en 
servicios tradiciones a la producción (1998-2008)
Fuente: elaboración propia con base en censos económicos 1999, 2004 y 2009, inegi.
Los servicios tradicionales a la producción mantienen constante su 
especializa- ción durante el periodo de estudio en zonas estratégicas del 
país (véase mapa 2.1). Son 14 las zonas metropolitanas que presentan 
esta característica, 33 municipios urbanos y 77 rurales. El patrón espa-
cial de la especialización en este sector de servi- cios se puede clarificar 
 58 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
regionalizando el país en zona norte, centro, golfo y sur, de tal manera 
que se identifiquen dinámicas específicas de cada entidad especializada. 
En el norte del país resalta el estado de Coahuila, con la zona metro-
politana Mon- clova-Frontera. Dicha zona se ha caracterizado por ser 
eminentemente metalúrgica, ya que desde la década de 1940 se estable-
ció la empresa Altos Hornos de México (ahmsa), la cual ha sustentado 
la economía la región y, por ende, el encadenamien- to productivo hacia 
servicios de baja cualificación. En la zona del pacífico resaltan estados 
como Sonora, Baja California Sur y Sinaloa; en el primer estado se en-
cuen- tra la metrópoli de Guaymas, en el segundo se encuentra el muni-
cipio de La Paz y en el último, nueve municipios. Finalmente, Durango 
y Nuevo León observan una incipiente participación de sus municipios 
y debe destacarse que no son las zonas metropolitanas de estos esta-
dos las que cuentan con especialización constante. Cabe subrayar que 
ningún municipio o metrópoli fronteriza se especializó en servicios a la 
producción en la última década.
En la zona centro se encuentran la zmvm; Tula, en Hidalgo; León, 
en Guana- juato, y Querétaro. Al igual que en la zona norte, la especiali-
zación constante se vincula con las actividades industriales particulares 
de cada zona metropolitana, como la industria química de petróleo en 
Tula, la industria del calzado en la zm de León (Ortiz y Martínez, 2000) 
y la zmvm como baluarte de los servicios, aun a pe- sar del proceso de 
desindutrialización que esta zona experimentó en la década de 1970 
(Garza, 2008). Caso similar son las zonas con especialización constante 
en el golfo, la mayoría en el estado de Veracruz, vinculadas a los puertos 
o bien a la industria química de petróleo, como en la zona metropolita-
na de Coatzacoalcos.
En el sur, los estados de Chiapas y Tabasco forman una pequeña 
región donde la especialización de servicios tradicionales es constante. 
Esta zona no correspon- de al perfil industrial descrito en las regiones 
anteriores. Por el contrario, la zona norte de Chiapas, área contigua con 
Tabasco, es eminentemente agrícola y rural. Este caso es paradigmático 
porque es el único que explica su constante especiali- zaciónen servi-
cios tradicionales gracias a la producción agrícola, en específico la del 
café de exportación, ya que dicha actividad es la preponderante y viable, 
eco- nómicamente hablando, de la región (Silva, 2006).
 Economía, sociedad y medio ambiente · 59 
Mapa 2.2 Especialización del empleo en servicios 
 intensivos en conocimiento (1998-2008)
Fuente: Elaboración propia con base en censos económicos 1999, 2004 y 2009, inegi.
Las zonas con potencialidad de especialización, en general, se ubi-
can de manera adyacente a las ya consolidadas en estos servicios. Sin 
embargo, han surgido algunas que no tienen como vecinas zonas con-
solidadas; en el norte, es el caso de Ciudad Juárez, en Chihuahua, y en 
Campeche, el de la región de Calakmul.
En el caso de los kibs, de las 17 unidades territoriales con especiali-
zación constante, 6 son zonas metropolitanas, 6 urbanas y 5 rurales. A 
decir de los postulados básicos de la Teoría del Lugar Central, no debie-
sen existir las 11 unidades territo- riales no metropolitanas, ya que éstas 
no se encuentran en la cima de la jerarquía urbana de México, sea por 
su tamaño poblacional, sea por su papel en la actividad económica. Al 
igual que los servicios tradicionales, la explicación de la especia- lización 
constante en los kibs subyace en las dinámicas intersectoriales que este 
grupo de servicios lleva a cabo.
La Teoría del Lugar Central predice la localización de los servicios 
superiores en las principales ciudades de cada sistema urbano. Casos 
acordes son los de la zmvm y Monterrey, que muestran especializa-
ción constante en este tipo de servicios dada su talla demográfica y su 
actividad económica. En este sentido, no sorpren- de el resultado con 
 60 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
respecto a los pronósticos teóricos y lo encontrado en términos empí-
ricos (Merino y Rubalcaba, 2013; Shearmur y Doloreux, 2009; Shear-
mur y Doloreux, 2008). Estas ciudades son las que tienen los mayores 
vínculos con la economía internacional y las que concentran la mayor 
cantidad de personal dedi- cado a estos servicios.
Por otro lado, las zonas metropolitanas de menor tamaño explican 
su especiali- zación en la interacción con los demás sectores económi-
cos; por ejemplo, la zona metropolitana de La Laguna se explica de-
bido a que en ella se encuentran las oficinas centrales de varias de las 
empresas más importantes del país: la compañía lechera Lala, la cer-
vecería Modelo y las tiendas de autoservicios Soriana. Retomando las 
proporciones del cuadro de demanda intermedia, los sectores que más 
demandan de los kibs son el industrial (24%) y el de distribución (21%).
Las metrópolis de Puerto Vallarta y Cancún, así como los muni-
cipios de Hua- tulco, en Oaxaca, y Playa del Carmen, en Campeche, 
sugieren que los kibs tienen una relación estrecha con el turismo de 
origen internacional. Ya que estas ciudades son destinos turísticos de 
gran envergadura, todas disponen de puerto para el arribo de cruceros 
internacionales, además de tener la proyección suficiente para llevar a 
cabo eventos de talla internacional, como congresos. Esto lleva a plan-
tear otro tema de investigación sobre los servicios intensivos en cono-
cimiento o incluso a anali- zar las potencialidades que éstos ofrecen 
en términos de innovación a la actividad turística (Álvarez-González y 
González-Morales, 2014; Borodako et ál., 2014).
Con respecto a las zonas con potencial de especialización, a diferen-
cia de los ser- vicios tradicionales, los kibs empiezan a cobrar fuerza en 
lugares no cercanos a los ya consolidados en estos servicios, e incluso 
se podría plantear la idea de sistemas regionales de innovación (Koch y 
Stahlecker, 2006). El análisis de todos implica un estudio más profundo 
de cada región especializada en kibs en 2008, por ello no se expone de 
manera extensa en este acápite.
El último grupo que sigue un comportamiento similar al anterior es 
el de servicios sociales. Éste presenta aparentes contradicciones entre 
su naturaleza, la distribución territorial de su especialización y su rela-
ción intersectorial.
Dado que los servicios sociales (educativos y salud), son los más 
vinculados con la naturaleza y la transformación de los individuos 
(Coombs y Miles, 2000), es comprensible que prácticamente la totalidad 
de su demanda provenga de los consumidores finales.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 61 
A pesar de esto, la poca demanda intermedia que genera este tipo de 
servicios se distribuye equitativamente en la mayoría de los sectores, desde 
el industrial hasta los grupos de servicios, con excepción de la agricultura 
—cuya demanda in- termedia hacia el sector de sociales es casi nula— y de 
los kibs —cuya demanda intermedia asciende a 24%—. Con estos datos, 
se esperaría que la especialización constante en servicios sociales fuese ho-
mogénea en todo el país, hecho que se re- futa con el mapa 2.3.
Mapa 2.3 Especialización del empleo
 en servicios sociales (1998-2008)
Fuente: Elaboración propia con base en censos económicos 1999, 2004 y 2009, inegi.
En el mapa 2.3 se destaca que los servicios sociales se especializan 
en pocas uni- dades espaciales: 28 zonas metropolitanas, 59 municipios 
urbanos y 35 municipios rurales. Como ya se ha mencionado, ello con-
tradice su naturaleza, puesto que al ser demandados por consumidores 
finales, la constante especialización de tales servi- cios debería abarcar 
todo el territorio. Empero, dicha especialización constante sólo ocurre 
en la franja centro del país. Los servicios sociales se especializan, en-
tonces, de acuerdo con el índice poblacional de la unidad territorial, ya 
que la mayor parte de la población se ubica en la parte central del país.
A pesar de que son importantes para toda la población, la geografía 
de estos servicios está sujeta a obstáculos para su distribución isotópi-
 62 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
ca. Factores como las características del terreno —los hay muy acci-
dentados, como las serranías— o como el carácter de quien oferta los 
servicios —si se trata de inversión pública o de la iniciativa privada— 
explican la concentración. Con respecto a esto, se ha demos- trado en 
algunos estudios que las barreras geográficas no resultan tan significati-
vas para la dotación de estos servicios; por el contrario, las razones fun-
damentales de la disparidad regional de éstos son de índole social, como 
la pobreza, el nivel educa- tivo, o el conocimiento de estos servicios por 
parte de la población (Bhattacharyya et ál., 2010; Hodge et ál., 2015).
Mapa 2.4 Especialización del empleo en servicios de distribución (1998-2008)
Fuente: Elaboración propia con base en censos económicos 1999, 2004 y 2009, inegi.
Con respecto a los servicios de distribución, todo el territorio na-
cional tiene una especialización constante en éstos (véase mapa 2.4), lo 
cual compagina con los plan- teamientos básicos de la jerarquía urbana; 
es decir, ya que los servicios de comercio son actividades que requieren 
de baja calificación de su personal, su presencia es homogénea en todas 
las unidades espaciales, desde las grandes ciudades hasta las localidades 
rurales. Asimismo, la especialización, prácticamente homogénea, del te-
rritorio en estos servicios, habla del sostén que significa el comercio 
para la eco- nomía mexicana, no sólo en términos de empleo, sino en 
términos territoriales.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 63 
Mapa 2.5 Especialización del empleo en servicios personales (1998-2008)
Fuente: Elaboración propia con base en censos económicos 1999, 2004 y 2009, inegi.
Al igual que los servicios de distribución, gran parte del territorio 
se especializa en los servicios personales (véase mapa2.5). Esto se debe, 
sobre todo, a su naturale- za, ya que también emplean mano de obra 
poco calificada y además están dirigidos, en gran medida, al consumidor 
final. Sin embargo, existe otro argumento que ayu- da a entender esta 
distribución casi homogénea, y tiene que ver con la premisa de que los 
servicios requieren de otros servicios. Prácticamente, una cuarta parte 
de la demanda intermedia atendida por los servicios de distribución 
proviene de los ser- vicios de distribución (vid supra); en otras palabras, 
para distribuir se necesitan los servicios personales. La necesidad de 
ambos grupos de servicios también se mani- fiesta en términos geográ-
ficos, de manera que se generan sinergias tanto sectoriales como espa-
ciales entre los servicios.
2.6 Consideraciones finales
El presente capítulo se ha basado en el análisis del desarrollo histórico 
sobre los estudios de servicios desde una perspectiva geográfica. Aun-
que en los países desarrollados ya se tiene una amplia tradición en este 
tipo de análisis, en el caso mexicano constituye una veta generadora de 
análisis que aborden específicamente a los países en vías de desarro-
 64 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
llo con economías eminentemente terciarizadas, so- bre todo a la luz 
de planteamientos provenientes de la geografía económica —como la 
Teoría del Lugar Central.
Se ha expuesto, respecto de la economía de servicios en México, 
que la mayor parte de los servicios aún están vinculados con el sector 
secundario, sobre todo los servicios intensivos en conocimiento y los 
servicios de distribución, no así los ser- vicios tradicionales a la pro-
ducción. Aunque esto pueda parecer promisorio, los vínculos entre los 
servicios y el resto de la economía son inexistentes, ya que el sector 
agrícola y el de extracción prácticamente no demandan como insumo al 
sec- tor terciario. De igual manera, la demanda que generan los servicios 
hacia otros servicios es representativa, por lo que se concluye que para 
generar servicios se re- quieren de otros servicios.
En general, la distribución geográfica de todos los grupos sigue los 
principios básicos de la Teoría del Lugar Central, con excepciones que 
dan pie a investigacio- nes más profundas sobre cada uno de los secto-
res. Tal es el caso de los kibs, que se vinculan con la producción agrícola 
de exportación en Chiapas, o con el turismo en Cancún, y también de 
los servicios sociales.
A manera de conclusión, cabe enfatizar la necesidad de seguir rea-
lizando estudios sobre el sector servicios conjuntando dos líneas fun-
damentales: el enfoque económico intersectorial y el enfoque de distri-
bución geográfica, para generar una perspectiva de análisis económico 
intersectorial espacial.
Anexos
Clasificación de grupos de servicios tradicionales a la producción
 e intensivos en conocimiento según subsectores del Sistema de
 Clasificación Industrial de América del Norte (scian)
Grupo Clasificación scian Nombre del subsector
115 Servicios relacionados con las actividades agropecua-
rias y forestales
213 Servicios relacionados con la minería
482 Transporte por ferrocarril
Servicios 483 Transporte por agua
tradicionales a 484 Autotransporte de carga
la producción 488 Servicios relacionados con el transporte
 Economía, sociedad y medio ambiente · 65 
493 Servicios de almacenamiento
562 Manejo de desechos y servicios de remediación
485 Transporte terrestre de pasajeros, excepto por ferro-
carril
521 Banca central
523 Actividades bursátiles, cambiarias y de inversión 
financiera
524 Compañías de fianzas, seguros y pensiones
Servicios 532 Servicios de alquiler de bienes muebles
intensivos en 533 Servicios de alquiler de marcas registradas, patentes y 
franquicias
conocimiento 541 Servicios profesionales, científicos y técnicos
551 Corporativos
561 Servicios de apoyo a los negocios
813 Asociaciones y organizaciones
Fuente: Elaboración propia con base en scian, inegi.
Clasificación de grupos de servicios de distribución según subsectores 
del Sistema de Clasificación Industrial de América del Norte (scian)
Grupo Clasificación scian Nombre del subsector
481 Transporte aéreo
487 Transporte turístico
511 Edición de periódicos, revistas, libros, software y otros 
materia-
les y edición de estas publicaciones integrada con la 
impresión
512 Industria fílmica y del video, e industria del sonido
515 Radio y televisión
517 Otras telecomunicaciones
519 Otros servicios de información
461 Comercio al por menor de abarrotes, alimentos, bebi-
das, hie-
lo y tabaco
462 Comercio al por menor en tiendas de autoservicio y 
departamentales
 66 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
463 Comercio al por menor de productos textiles, bisutería, 
acceso-
rios de vestir y calzado
464 Comercio al por menor de artículos para el cuidado de 
la salud
465 Comercio al por menor de artículos de papelería, para 
el esparci-
miento y otros artículos de uso personal
466 Comercio al por menor de enseres domésticos, compu-
tadoras, ar-
tículos para la decoración de interiores y artículos 
usados
467 Comercio al por menor de artículos de ferretería, tlapa-
lería y vidrios
Servicios de 468 Comercio al por menor de vehículos de motor, refac-
ciones, com-
distribución bustibles y lubricantes
469 Comercio al por menor exclusivamente a través de 
internet, y ca-
tálogos impresos, televisión y similares
431 Comercio al por mayor de abarrotes, alimentos, bebi-
das, hie-
lo y tabaco
432 Comercio al por mayor de productos textiles y calzado
433 Comercio al por mayor de productos farmacéuticos, de 
perfume-
ría, artículos para el esparcimiento, electrodomésticos 
menores y
aparatos de línea blanca
434 Comercio al por mayor de materias primas agropecua-
rias y fores-
tales, para la industria, y materiales de desecho
435 Comercio al por mayor de maquinaria, equipo y mobi-
liario para
actividades agropecuarias, industriales, de servicios y 
comercia-
les, y equipo de uso general
 Economía, sociedad y medio ambiente · 67 
436 Comercio al por mayor de camiones y de partes y 
refacciones nue-
vas para automóviles, camionetas y camiones
437 Intermediación de comercio al por mayor
491 Servicios postales
492 Servicios de mensajería y paquetería
493 Servicios de almacenamiento
Fuente: Elaboración propia con base en scian, inegi.
Clasificación de grupos de servicios sociales y personales según subsectores 
del Sistema de Clasificación Industrial de América del Norte (scian)
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[ 71 ] 
3. CirCuito espaCial de produção do petróleo: 
uma nota sobre a eConomia urbana 
da «Capital naCional do petróleo»31
Da Silva, Silvana Cristina32
3.1 Introdução
Em busca da compreensão da dinâmica da urbanização dos países pe-
riféricos, Santos (2004, 2009, 1982, 1977, 1976, 1965) propôs a teoria 
dos dois circuitos da economia urbana. Dessa forma, é oferecida uma 
teoria para compreender a dinâmica das cidades nos países pobres, que 
não as considerassem como um maciço ou que estivessem em estágio 
inicial do processo de urbanização —cidades pré-capitalis- tas— que 
chegariam ao estágio maduro, igualmente às cidades dos países centrais. 
Nesse sentido, para Santos (2004), as cidades dos países pobres seriam 
organi- zadas por dois subsistemas urbanos: o subsistema superior e o 
subsistema inferior. O que caracteriza esses dois circuitos é a diferença 
de capital, organização e técni- cas. O circuito superior compõe-se pelas 
grandes empresas, geralmente, detém o monopólio de mercado e domí-
nio da tecnologia, além de ter uma organização bu- rocrática complexa 
e um sistema financeiro dominante. As empresas do circuito superior 
têm a capacidade de macro organizar o território.
Por outro lado, o circuito inferior atua de forma intersticial, com 
31. Resultado do Projeto de Pesquisa “O circuito inferior e superior da economia 
urbana no Norte Fluminen- se” financiado pela Fundação de Amparo à Pesquisa 
do Rio de Janeiro —faperj— (2013-2014). Esse trabalho figura como uma das 
primeiras reflexões sobre o ramo do petróleo, desenvolvido pela autora com bases 
nos refe- renciais teóricos da teoria dos circuitos e a categoria analítica circuito 
espacial de produção, dando continuidade a um debate que vem sendo desenvol-
vido desde 2008, mas para o ramo de atividade do vestuário, especialmen- te na 
Metrópole de São Paulo.
32. Universidade Federal Fluminense (UFF), Campos dos Goytacazes, Rio de Ja-
neiro. [65]
 72 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
pouco capital, organização simples e técnicas, muitas vezes rudimen-
tares são usadas. Outrossim, o circuito inferior funciona em um movi-
mentocontraditório e indissociável com o circuito superior, estabelece 
relações de solidariedade, concorrência, dependência ou complementa-
ridade. Entretanto, jamais podemos falar de dicotomia entre esses dois 
sistemas (Santos 2004; Silveira, 2007).
Grosso modo, podemos exemplificar as atividades do circuito supe-
rior como aquelas dos grandes bancos, das empresas de tecnologias e as 
redes dos ramos de serviços e comércio. Já o circuito inferior pode ser 
exemplificado com as ativida- des domésticas, as pequenas fabriquetas, 
pequeno comércio e serviços de reparos. É um traço comum do circui-
to inferior a informalidade, entretanto, o circuito inferior não é sinôni-
mo de circuito informal, bem como, circuito superior não é sinônimo 
de circuito formal (Silva, 2012).
Considerando a teoria dos dois circuitos, buscou-se neste trabalho 
analisar as cidades do Norte do Rio de Janeiro, especificamente Macaé, 
município que abriga fortemente a infraestrutura da extração e pro-
dução do petróleo no Brasil, desde a década de 1970, mas que recen-
temente recebe novas transformações em seu ter- ritório, decorrentes 
principalmente da extração do petróleo em águas profundas (camada 
Pré-Sal). Destaca-se que as cidades do petróleo do estado do Rio de 
Ja- neiro passam a concorrer também com outras para a recepção dos 
investimentos da indústria do petróleo, como Santos em São Paulo e 
Vitória no Espírito Santo. Dada a complexidade da análise espacial, 
adotou-se nessa pesquisa o diálogo com a economia política e o terri-
tório por meio do da categoria analítica circuito espacial de produção, que 
permite identificar os agentes da acumulação por meio da análise dos 
circuitos de acumulação regional, mas que na atualidade apresentam va-
sos comunicantes com diversos lugares do globo. No caso, do circuito 
espacial do petróleo, que é extremamente tecnológico e globalizado, 
pergunta-se: qual o pa- pel de Macaé na divisão territorial brasileira? 
Qual o papel de Macaé na economia mundial do petróleo? Qual a re-
lação estabelecida o circuito espacial de produção do petróleo e o es-
paço urbano de Macaé?
Apresentamos essa discussão e análise em quatro momentos textuais: 
no primei- ro situamos «A história territorial da Região Norte Fluminen-
se», especialmente de Macaé, em que há a transição da economia do açú-
car para a economia do petróleo; No segundo momento analisamos o 
«circuito espacial de produção do petróleo», apresentamos a base teórica 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 73 
e as características gerais do desse ramo de atividade; No terceiro mo-
mento, apresentamos alguns dados empíricos sobre as materiali- dades 
da extração do petróleo presentes em Macaé, enfatizando a centralidade 
da cidade nesse circuito produtivo. No quarto momento, «As cidades do 
Petróleo e a expansão da pobreza: nexos do circuito superior e circuito 
inferior», indicamos o aprofundamento das desigualdades no espaço ur-
bano de Macaé, apesar da chegada da riqueza gerada pelo petróleo, pois 
ampliam-se os nexos entre o circuito supe- rior e inferior na cidade.
3.2 A história territorial da Região Norte Fluminense
Como já abordaram alguns autores como Piquet (2010) e Crespo 
(2010), destacamos que a Região Norte Fluminense33 onde hoje há uma 
enorme concentração das materialidades do circuito produtivo do pe-
tróleo, especialmente ligadas à etapa da extração, é uma área de ocu-
pação antiga em que a agropecuária, a pesca e o arte- sanato fizeram 
parte da história de formação territorial da região. A cana de açúcar 
nos séculos xviii até o século xx teve a capacidade de macro organizar 
o território Norte Fluminense, grupos sociais proprietários de usinas 
destacaram-se na economia política da região.
No século xx, com o último fôlego da cana de açúcar no Norte Flu-
minense ocorreu com o primeiro «choque do Petróleo», em que houve 
estratégias políticas do Estado brasileiro em investir em outras formas 
de energia, como o etanol. Destaca-se então a política de Estado deno-
minada Proálcool (Programa Nacional do Álcool) reorga- nizou a pro-
dução nacional, sendo que os empresários paulistas de alguma forma 
se sobressaíram nesse processo e houve posteriormente a redução da 
produção de ál- cool no Rio de Janeiro e a expansão da produção no 
estado de São Paulo (Piquet, 2010). Essa nova produção, que se desloca 
territorialmente é mais racionalizada e modernizada para os padrões 
da produtividade capitalista. Dessa forma, Campos dos Goytacazes e 
Macaé, municípios que concentravam a produção de cana passam a um 
processo intenso de deterioração da economia canavieira.
Não obstante, na década de 1970 há um intenso processo de êxodo 
rural ocor- rido no território brasileiro, mas que na região foi motivado pela 
33. O Norte Fluminense é uma das Regiões Administrativas do Rio de Janeiro e 
compreende os municípios de Campos dos Goytacazes, São João da Barra, Macaé, 
São Fidélis, Conceição de Macabu, Cardoso Moreira, Quis- samã, Carapebus e São 
Francisco do Itabapoana. 
 74 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
decadência da economia da cana. A formação de bairros pobres e de favelas 
nas cidades de Macaé e Campos foram intensificados na década de 1980 
quando a população do campo perde seus empregos e vai para as cidades.
A mudança da economia do açúcar e da pecuária para economia do 
petróleo transforma a dinâmica urbana da cidade de Macaé, inclusive 
o preço do solo urba- no indica o aprofundamento das desigualdades 
socioespaciais como apontou Gomes (2013). Macaé agora é conheci-
da como «A Capital do Petróleo» (ver na figura 3.1) por abrigar uma 
imensa densidade de empresas, sistemas de transporte (dutos), por- to 
e aeroporto que atentem o circuito espacial de produção do petróleo.
A chegada da economia do petróleo trouxe transformações signi-
ficativas para a Região Norte Fluminense, pois por um lado, trouxe 
para alguns municípios a infra- estrutura da indústria do Petróleo e, por 
outro lado, trouxe os recursos decorrentes dos royalties e participações 
especiais. Macaé foi a que mais recebeu materialidades para da indústria 
do petróleo, além de recursos consideráveis. Entretanto, é Campos dos 
Goytacazes que receberá a maior quantidade de recursos, apesar de não 
ser um centro de operações da Bacia de Campos.
A história territorial do Norte Fluminense transforma-se com a im-
plantação da base de operações do circuito espacial do petróleo em Macaé.
Figura 3.1 Placa na entrada da cidade: “Macaé-RJ: Capital Nacional do Petróleo”
Fonte: Trabalho de Campo, 16 de abril de 2014; Silvana Cristina da Silva.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 75 
3.3 Circuito espacial de produção do petróleo
O Brasil, é conhecido como um país de grande extensão territorial e por 
sua di- versidade de matérias disponíveis para a exploração capitalista, 
sobretudo de fontes de energia, passíveis de serem transformadas em 
recursos. Além disso, teve um processo de formação territorial mui-
to atrelado aos interesses exógenos, ou seja, a divisão territorial do 
trabalho no Brasil, inegavelmente teve sua construção com base em 
interesses longínquos, ainda que esses sejam ainda de alguma forma 
reor- ganizados também pela dinâmica internas aos lugares.
O Norte Fluminense, bem como parte do litoral brasileiro, foi cons-
tituído no pro- cesso de internacionalização do capital. A cana de açú-
car moveu durante muito tempo a economia dessa região, juntamente 
com a pecuária e a pesca. O Município de Ma- caé, transforma sua base 
produtiva na década de 1970, quando descobre-se petróleo na Bacia de 
Campos. A instalação da sede administrativa da Petrobrás em Macaé em 
1978 seria um pacto territorial verdadeiramente transformador da dinâ-
mica produti- va de Macaé e da região. Entretanto, estas transformações 
encontram conexão com a economia globale com o contexto regional 
estratégico da Região Norte Fluminense. 
O circuito espacial de produção do petróleo ganha inscrição regio-
nal com as materialidades instaladas em Macaé e região.
O petróleo apresenta-se como uma força energética para a econo-
mia mundial. Entretanto, a base de organização do ramo do petróleo é 
extremamente oligopoli- zada e globalizada, além de possuir alta capaci-
dade de transformação dos lugares onde as materialidades são implan-
tadas, mesmo no caso da extração offshore.
A compreensão do papel ativo do espaço no sistema produtivo e na 
dinâmica social conduziu essa pesquisa ao uso do conceito de circuito 
espacial de produção para a análise da produção do petróleo, tendo 
como foco a região Norte Fluminense, especificamente o município 
de Macaé, que abriga grande parte das materialidades decorrentes da 
produção da Bacia de Campos.
A categoria circuito espacial de produção e seus respectivos círculos 
de coopera- ção (Santos, 1986; Moraes, 1991; Santos e Silveira, 2001), 
apresenta-se pertinente porque possibilita a captação do movimento 
das relações, que não são apenas eco- nômicas, mas políticas, sociais 
e territoriais. Além disso, o circuito espacial de produção pode ser di-
vidido analiticamente em circuito superior, o superior mar- ginal e o 
inferior (Santos, 2004), como já foi explicitado acima, pois, além das 
 76 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
atividades altamente modernas e de alta tecnologia, há a geração de ati-
vidades de organização mais simples, geradora de muito trabalho e que 
não dominam a pro- dução de tecnologia.
Inspirada nos trabalhos de Marx, especialmente no capítulo “Intro-
dução à crítica da economia política” (Marx, 1983), a categoria circuito 
espacial de produção per- mite uma leitura geográfica da divisão do 
trabalho. Sônia Barrios (1980) e Alejandro Rofman (1980), com o pro-
jeto “moven: Metodologia para Diagnóstico Regional” do Centro de 
Esdudios Regionales (cendes) da Universidade Central da Venezue- la, 
foram os precursores daanálise dos circuitos de acumulação (Moraes, 
1991). No Brasil, Milton Santos (1986) foi o principal interlocutor des-
sa categoria, refinando e operacionalizando a para o entendimento da 
divisão territorial do trabalho em um país de Terceiro Mundo a partir 
do conceito circuito espacial de produção.
Propomo-nos debater essa categoria visitando sua definição e em-
piricizando a mesma para o estudo do circuito espacial de produção 
do Petróleo. O que indica que esta categoria, juntamente com a teoria 
dos dois circuitos da economia urbana —cir- cuito inferior e superior 
oferecem elementos explicativos do território usado, que se dá por meio 
dos lugares.
Essa abordagem metodológica permite captar o movimento do te-
rritório, uma vez que os circuitos espaciais da produção “são defini-
dos pela circulação de bens e produtos e, por isso, oferecem uma visão 
dinâmica, apontando como os fluxos per- passam o território” (Santos 
e Silveira, 2001).
Rofman (1980), destaca que os processos socioeconômicos atuais 
ocorrem para além dos marcos regionais delimitados formalmente, mas 
para a compreensão dos processos produtivos, considerando o papel 
do espaço, é necessário delimitar-se o conjunto de agentes econômi-
cos-sociais que conduzem a acumulação, em geral, e um contexto re-
gional, em particular. Ou seja, reconhece-se os circuitos econômicos de 
acumulação, dentro desse subsistema identifica-se a inscrição espacial 
dos circuitos.
Os circuitos espaciais produtivos apresentam as instâncias para a 
realização do ciclo da acumulação:da produção, circulação, comércio e 
consumo. Para Marx (2008: 244):
na produção, os membros da sociedade apropriam-se dos produtos 
da natureza para as necessidades humana; a distribuição determina 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 77 
a proporção em que o indivíduo participa dessa produção; a tro-
ca fornece-lhe os produtos particulares nos quais quer converter 
o quantum que lhe correspondera pela distribuição; finalmente, no 
consumo, os produtos convertem-se em objetos de gozo, de apro-
priação individual.
Marx (2008) ainda segue explicando que a produção é o ponto ini-
cial em que se fornece os objetos às necessidades. A distribuição vai 
ocorrer a repartição de acor- do com as leis sociais. A troca vai repartir 
novamente a produção, mas segundo a necessidade individual. O con-
sumo converte o objeto em servidor da necessidade individual e ence-
rra-se o movimento social. Sintetiza-se que a produção, a distri- buição, 
a troca, o consumo são elementos de um mesmo processo, de uma 
mesma totalidade, de uma mesma unidade.
A tradução desses princípios teóricos para uma análise espacial, traz 
outros elementos a serem considerados, Barrios (1980) propõe que o 
sistema de acumu- lação gerado pela produção —entendida como ex-
pomos acima que a produção, a distribuição, a troca e o consumo são 
parte de um mesmo processo, de uma unida- de— corresponde a um 
circuito espacial de produção, ou seja, as etapas em que a matéria-prima 
passa até se transformar o consumo final, mas que não se resumem 
a etapas técnicas. Tais etapas envolvem arranjos territoriais para a sua 
realização a partir das ações sociais que o estruturam. O que se coloca 
como pergunta, é como ocorre a acumulação considerando os elemen-
tos espaciais? No caso do circuito do petróleo, como os lugares que 
abrigam são mobilizados para participar da pro- dução e ao mesmo 
tempo condicionam essa produção, que no limite expressam relações 
sociais.
Neste sentido, a diferenciação social mais elementar do modo de 
produção ca- pitalista é aquela dos grupos sociais que serão donos do 
meio de produção e os que trabalham para os donos do meio de pro-
dução. Entretanto, como assinala Bar- rios (1980), hoje os meios de 
produção constituem-se em grandes corporações que desenvolvem 
aparatos sofisticados de gestão e financeirização, exigindo lugares al-
tamente complexos para o exercício de suas atividades como as me-
trópoles e me- galópoles. Ao mesmo tempo, o fenômeno da dispersão 
das atividades produtivas também ocorre. A relação entre esses agentes 
é assimétrica, bem como, a capacida- de de organização do território 
desses agentes sociais. O controle do conhecimento técnico-científico é 
 78 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
outro elemento da constituição do poder, pois o monopólio do conhe-
cimento é que vai manter o círculo da informação da produção, a força 
de trabalho e a hegemonia da acumulação para determinados agentes.
No caso, do ramo do petróleo, como afirma Alves (2012): a instân-
cia da produ- ção compõe-se pelas etapas da exploração (pesquisa), da 
extração, do transporte da matéria- prima e do refino. A extração de 
petróleo no município de Macaé trouxe para o seu território uma infini-
dade de materialidades para a realização da produção. Dentre essas ma-
terialidades descreve-se algumas, das quais realizamos as conexões com 
outras cidades do país e do mundo por meio do círculo de cooperação, 
onde circula a produção de informação, especialmente as atividades abri-
gadas em Macaé. Destaca-se que são poucas as empresas que produzem 
e controlam a informação que movimenta os fluxos dentro do circuito 
espacial do petróleo. Dentre essas empresas sublinhamos a Petrobrás, 
que atua fortemente em Macaé e região, mas que tem a sua sede adminis-
trativa e centros de pesquisas centralizados na metrópole carioca.
3.4 Macaé e o circuito espacial do Petróleo
Macaé surge no período da colonização portuguesa como um povoado 
incum- bido de proteger o litoral contra «invasores» e apazinhar os gru-
pos indígenas na região. As primeiras construções surgem em função 
das missões jesuíticas no século
xvii. Em 1813 é instituído como município. A economia da cana 
de açúcar, a pecu- ária e a pesca, como apontamos foram elementos da 
formação territorial de Macaé.
O pactotransformador da economia de Macaé e região veio com 
a comprovação da viabilidade da exploração de petróleo na Bacia de 
Campos. A instalação da sede administrativa da Petrobrás para o ge-
renciamento das operações in loco da extração, ocorrida em 1978 em 
Macaé instaura a centralidade da cidade em nível nacional com relação 
a exploração do petróleo. Inclusive, Macaé «ganha» de Campos dos 
Goyta- cazes no processo de escolha da implantação dessa base produ-
tiva, conforme aponta Crespo (2010).
A Figura 3.2 identifica as bacias produtoras de Petróleo no Brasil 
(em Terra e Offshore), dentre estas destacamos a Bacia de Campos, que 
engloba parte do litoral dos estados do Rio de Janeiro e do Espírito 
Santo, de onde a maior parte do petró- leo e gás do Brasil é extra.
Em Macaé, mais precisamente a infraestrutura existente para a ex-
tração de petróleo offshore é constituída pelo Porto de Imbetiba, que 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 79 
existia desde antes da descoberta de Petróleo na Bacia de Campos e 
era utilizado pelos pescadores e para o transpor- te de passageiros. A 
escolha da base de operações da Petrobrás em Macaé, ocorreu devi-
do à existência desse Porto, pois seria possível utilizá-lo como base de 
opera- ções. Hoje o Porto de Imbetiba é a principal base de operações, 
especialmente das embarcações de apoio às plataformas e há de alguma 
forma um esgotamento das possibilidades de uso desse Porto frente as 
novas demandas do Pré-Sal, pois a maior parte da extração ocorre na 
Bacia de Campos e os avanços na exploração avançam para a Bacia de 
Santos e se discute o aproveitamento de portos já existentes e as pos- 
sibilidades logísticas desses novos portos como o próprio Porto do Açu 
localizado em São João da Barra, ao norte de Macaé.
Figura 3.2 Bacias Produtoras de Petróleo da Petrobrás Marítimas e Terrestres, 2014
Fonte: «www.petrobras.com.br/pt/nossas-atividades/principais-operacoes/bacias». 
Acesso em 20 de Julho de 2014; Modificado pela autora.
Após a reforma da legislação brasileira ocorrida em 1997, houve a 
quebra de monopólio da Petrobrás para atividades de extração. Outras 
empresas entraram no ramo, o que reorganizou as relações de domi-
nação dentro do circuito produtivo, entretanto a Petrobrás continua 
produzindo cerca de 90% do petróleo e 85% do gás natural no Brasil, 
 80 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
conforme verifica-se na Tabela 01. Além disso, destacamos que 85% 
da extração de Petróleo e 47% de gás natural originam-se da Bacia de 
Cam- pos. Dessa forma, destaca-se que Macaé concentra parte das ma-
terialidades para a execução da extração, configurando uma estrutura 
produtiva cada vez mais espe- cializada, como vem apontando alguns 
trabalhos como Terra (2007).
A Statoil e a BG são outras empresas que atuam na Bacia de Campos, 
porém com um potencial menor na extração. A concentração da extração 
em empresas é outro elemento que transforma a Petrobrás no grande 
centro das atividades do petróleo em Macaé e que gera uma infinidade 
de relações com outras empresas e serviços que são subcontratados por 
ela. Os contratos ocorrem com grandes empresas para atividades que 
necessitam de alta tecnologia a atividades de menor grau de sofisti- cação 
como empresas que fornecem serviços de limpeza e alimentação.
Quadro 3.1 Produção de petróleo e gás natural, por concessionário, 2013
 Economía, sociedad y medio ambiente · 81 
Quadro 3.1 Produção de petróleo e gás natural, 
por concessionário, 2013 (continuação)
Concessionário Petróleo (barris) % Produção de gás %
 natural (mil m3)
Phoenix 4.775,10 0,00 305,6 0,00
EPG 3.752,60 0,00 119,3 0,00
Egesa 1.824,90 0,00 2,9 0,00
Proen 506,1 0,00 56,8 0,00
Genesis 2000 477,9 0,00 0,8 0,00
Guto & Cacal 73,1 0,00 0,5 0,00
Phoenix Petróleo 52,9 0,00 0,8 0,00
Arclima 35,4 0,00 0,1 0,00
Quantra 13,6 0,00 0,2 0,00
Panergy 0 0,00 1.310,20 0,00
ERGO 0,00 3.057,10 0,01
Fonte: Agência Nacional do Petróleo (anp); Organização da autora.
A Petrobras foi criada em 1953, mas a chegada das instalações da 
empresa, até então estatal, ocorreu em 1978 em Macaé, sendo que a 
extração inicia-se na Bacia de Campos oito anos depois. Muitas foram 
as modificações do papel dessa empresa ao longo dos anos e das ges-
tões governamentais. Hoje a Petrobrás possui 49 pla- taformas offshore 
em operação na Bacia de Campos, sendo 35 flutuantes, 13 fixas e uma 
semissubmersível.
Atualmente, a Petrobrás possui duas sub-sedes administrativas na 
cidade de Macaé, a mais antiga em Imbetiba e a de Imboassica no Par-
que dos Turbos. Além disso, possui uma enorme estrutura de armaze-
namento no Parque dos tubos e Par- que Cabiúnas. Somente no Parque 
dos Turbos são hoje cerca de 4000 funcionários da empresa. A Petro-
bras possui cerca de 50 sondas de perfuração para estudos de viabili-
dade de projetos em Macaé. Além disso, abriga o principal aeroporto 
de em- barque e desembarque de petroleiros (maior número de voos 
de helicópteros da América Latina) e barcos de apoio às operações no 
Porto de Imbetiba.34
34. Dados fornecidos pelo engenheiro Lincoln Weinhardt em entrevista realizada 
na sede da empresa em 16 de abril de 2014.
 82 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
Todas essas informações indicam a importância do circuito espacial 
produtivo do petróleo para o município de Macaé. O que provocou 
na cidade um forte di- namismo populacional e econômico. A econo-
mia urbana da cidade especializada no petroleo trouxe uma camada de 
população com altas rendas; ao mesmo tempo, trouxe uma população 
que não consegue se inserir no circuito produtivo de forma estável e 
com rendas adequadas ao atendimento das necessidades básicas, assim 
temos os desdobramentos da produção do petróleo no espaço urbano 
de Macaé.
3.5 As cidades do Petróleo e a expansão da 
pobreza: nexos do circuito superior e circuito inferior
Indicamos nesta análise que o circuito espacial de produção do petró-
leo é altamen- te tecnológico e gera atividades do circuito superior, em 
escala global. Em Macaé, verificou-se que há um peso significativo das 
atividades do petróleo na economia urbana. As marcas na paisagem 
não negam a especialização produtiva da cidade de Macaé, a ponto de 
ser denominada a «Capital Nacional do Petróleo». Dentre os principais 
municípios que recebem compensações financeiras em função das ati-
vi- dades petrolíferas, Macaé é a que mais justifica essas compensações, 
pois de fato teve sua estrutura urbana impactada pela economia do pe-
tróleo.
As mudanças no município não foram apenas com relação à re-
cepção de par- te do circuito produtivo do petróleo. Com ele, veio uma 
população especializada e técnica, em parte composta por estrangeiros 
e que ocupa cargos de gerência ou de engenharia e que se destaca por 
receber elevados salários. Esse estrato da popula- ção acabou geran-
do um circuito de consumo específico na cidade. Além disso, as altas 
rendas interferiram, sobretudo na dinâmica da especulação imobiliária. 
O sur- gimento de condomínios de alto padrão e a supervalorização 
dos preços dos imóveis e algumas áreas da cidade, expressam parte do 
processo da especialização produ- tiva no petróleo, que adensou um 
circuito superior de consumos, com a criação de shoppings, de redes 
hoteleiras internacionais, bem como, promoveu a expan- são das redes 
de comércios e serviços destinadas a atender o consumo produtivo e o 
consumo consultivo.
Contudo, se por um lado a presença de etapas da extração do cir-
cuito espacial de produção do petróleo trouxe a produção de rique-
za para Macaé; por outro lado, atraída pelas oportunidades empregos, 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 83 
uma população de baixaqualificação migrou para Macaé, entretanto, 
essa população não se inseriu no espaço urbano de forma a garantir 
as necessidades básicas e não foi integrada ao circuito superior da eco- 
nomia urbana do petróleo. Parte dessa população adensou as periferias 
e as favelas da cidade, sendo inserida na economia urbana no circuito 
inferior da economia.
O circuito inferior funciona de forma contraditória, solidárias, com-
plementar e concorrente ao circuito superior. O circuito produtivo 
do petróleo gera também a necessidade de trabalhadores não especia-
lizados ou que exigem maiores riscos (atividades insalubres e de alta 
periculosidade), assim, surge também um circuito inferior de serviços 
oferecidos por empresas de menor porte para a realização des- sas ta-
refas à Petrobras e grandes empresas vinculadas a ela. Empresas de 
limpeza, de segurança e mesmo de comunicação social são contratadas 
para serviços espe- cíficos para as grandes empresas que se instalaram 
no município.
Ao mesmo tempo, as pessoas que não são inseridas em atividades 
específicas da economia do petróleo outras possibilidades de trabal-
ho na economia do circuito inferior são criadas, como por exemplo a 
enorme quantidade de salões de cabelereira e comércio de cursos pro-
fissionalizantes como verificado em parte da Rodovia Amaral Peixoto, 
que atravessa a cidade. Essas atividades não estão conectadas com a ex-
tração do petróleo, mas com a concentração de pessoas e pelo processo 
de ur- banização intensificado pela economia do petróleo.
A expansão da pobreza também é expressão da expansão da riqueza 
gerada pela economia do petróleo, pois como já proposto por Santos 
(2004) e apontado na in- trodução, verificam-se os nexos entre o circui-
to superior e o circuito inferior na cidade, sendo que grande parte da 
economia urbana é macro-organizada hoje pela extração de petróleo da 
Bacia de Campos, que insere-se em uma dinâmica global, no sentido 
de que a necessidade de informações para a efetivação da atividade é 
produzida em diversos pontos do mundo e monopolizado, em grande 
medida por poucas corporações.
O circuito inferior, por sua vez, oferece possibilidades de trabalho 
e sobrevivên- cia para uma enorme quantidade de pessoas na cidade, 
seja atendendo as demandas de empresas subcontratadas pela Petro-
brás, seja gerando atividades indiretas ao cir- cuito espacial do petróleo.
 84 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
3.6 Considerações finais
Destacamos que três pontos são essenciais para a compreensão do cir-
cuito es- pacial de produção do petróleo e a economia urbana de Macaé:
1. o processo de urbanização nos países pobres e a existência dos 
dois circui- tos da economia urbana;
2. a consideração das características do circuito espacial do pe-
tróleo; e
3. a observação que a acumulação nos circuitos produtivos ocorre 
em esca- la planetária na atualidade, apesar da produção ter uma 
inscrição regional.
A compreensão do processo de urbanização e da economia urba-
na nos países periféricos passa pela constituição de modelos analíticos 
próprios, sem que se re- corra a aplicação de modelos criados nos países 
centrais. A proposta de Santos (2004), com a teoria dos dois circuitos 
da economia urbana, busca analisar as cida- des nos países periféricos a 
partir dos traços comuns que as caracterizam. Dentre esses traços co-
muns estão a desigualdade, a certa sujeição desses países a uma di- visão 
internacional do trabalho e a estrutura de oligopólio das empresas, ga-
rantida pelo Estado. Assim, a população nas cidades, que não contro-
lam os meios de pro- dução, buscam atender suas necessidades de con-
sumo e trabalho por sua inserção no mercado de trabalho, entretanto, 
a inserção da população em trabalhos perma- nentes com altas rendas 
é restrita a determinados grupos sociais; o restante, que não tem a qua-
lificação ou o perfil adequado para esse mercado fica fora do circuito 
superior. Isso fica evidente quando analisamos o circuito espacial do 
petróleo, que tem parte de suas atividades operando em Macaé. A po-
pulação que não é inserida neste circuito moderno que macro-organiza 
o espaço urbano da cidade hoje, cria possibilidades de sobrevivência 
nos interstícios dessa atividade ou é integrado a ela em funções menos 
valorizadas e mais precárias, geralmente em empresas sub- contratadas 
pela Petrobrás. Esse processo gera e aprofunda a existência dos dois 
circuitos da economia urbana.
O segundo ponto a ser enfatizado em nossa análise são as caracte-
rísticas do cir- cuito espacial de produção do petróleo: altamente tec-
nológico, demandando elevados investimentos em informação para 
alimentar a produção, é altamente oligopoliza- da e também é alta-
mente reorganizadora do espaço regional onde se instala. Macaé com 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 85 
a implantação dos campos de extração na Bacia de Campos, teve seu 
espaço urbano reorganizado, bem como sua economia, em função do 
petróleo. A recepção de grande parte das materialidades da etapa da 
exploração do petróleo no Norte Fluminense, tendo como polo Macaé, 
trouxe uma nova dinâmica na economia re- gional do Norte Fluminen-
se, já apontada por muitos autores, em destaque Piquet (2003). Essa 
mudança não ocorre apenas em Macaé, mas em grande parte do litoral 
onde hoje avançam as pesquisas e a extração na camada Pré-sal. Santos, 
no lito- ral paulista, vem se tornando a nova frente de expansão da eco-
nomia do petróleo. Ressaltamos um terceiro ponto da análise, que diz 
respeito à planetarização do circuito espacial de produção do Petróleo, 
pois as grandes corporações que traba- lham com a pesquisa e extração 
são altamente capitalizadas e buscam parcerias com as grandes empre-
sas também para a realização, sobretudo de pesquisas inova- doras. A 
Petrobras atua em parcerias com grandes empresas para efetuar pes-
quisas de sondagens e criação de novos materiais, que tem origem nos 
países centrais. A própria Petrobrás criou Centro de Pesquisas e Desen-
volvimento Leopoldo Américo Miguez de Mello (Cenpes), localizado 
na Universidade Federal do Rio de Janeiro (ufrj), em busca de pesquisas 
e inovações que auxiliem as atividades de explora- ção. O cenpes possui 
cerca de 1900 funcionários. Segundo entrevista, para cada pesquisador 
do Centro, existem mais 15 pesquisadores externos trabalhando, pois o 
cenpes está articulado com outros laboratórios e centros de pesquisa no 
Brasil.35 Também como parte desse circuito, houve em período recente 
a retomada da indús- tria naval no Brasil em função das encomendas 
decorrentes da extração do petróleo. Isso mobilizou os principais esta-
leiros no país a ampliar a produção, como a Bras- fels S.A, em Angra 
dos Reis (Rio de Janeiro), o estaleiro Atlântico Sul em Ipojuca em Per-
nambuco e o Estaleiro Rio Grande no Rio Grande do Sul. Desta forma, 
ve- rifica-se que há a mobilização de vários outros ramos de atividades 
para garantir a produção propriamente dita do petróleo. Desde a pro-
dução de informação até os equipamentos básicos da extração, que es-
tão localizados em pontos longínquos do território Brasileiro e mesmo 
em outros centros urbanos no mundo.
Pretendemos com esse artigo trazer para discussão a urbanização 
dos países pe- riféricos, a partir análise das transformações do espaço 
35. Dados fornecidos pelo engenheiro Paulo Roberto Pereira Pinto Filho em 
entrevista realizada no cenpe em 17 de abril de 2014.
 86 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
urbano de Macaé ocorridas em função da implantação de etapas da 
extração do circuito espacial do petróleo no município. Sublinhamos 
que trata-se de um ensaio que não se pretende conclusivo, mas que traz 
alguns apotamentos para investigação empírica do que vem ocorren- 
do no Brasil hoje com relação a produção de energia fóssil e como 
a Geografia pode pensar teoricamente essas questões, considerando o 
processo de globaliza-ção da economia.
Bibliografia
Barrios, Sonia (1980). “Dinamica social y espacio”. Em : MORVEN: Meto-
dologia para el diagnostico regional. IX Curso de Posgrado em planificacion 
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[ 89 ] 
4. Cidades médias e aGlomeração 
 urbana: entre Continuidades e 
desContinuidades territoriais e espaCiais
Miyazaki, Vitor Koiti36
4.1 Introdução
Considerando-se as amplas possibilidades de análise sobre a urbani-
zação bra- sileira, neste trabalho procuramos abordar o processo de 
aglomeração urbana considerando-se alguns exemplos baseados em 
cidades médias, considerando-se as transformações decorrentes da in-
tensificação do processo de urbanização, no qual lógicas de dispersão, 
baseadas em continuidades e descontinuidades territoriais, têm se com-
binado de diferentes maneiras.
Este foco em relação ao tema e ao recorte empírico da análise em 
questão se deve às transformações verificadas nas últimas décadas nas 
cidades brasileiras, frente ao avanço do processo de urbanização que 
levou ao crescimento demográfico, terri- torial e vertical de diferentes 
centros urbanos, incluindo-se as cidades médias que, por sua vez, tam-
bém passam a constituir aglomerações urbanas.
Sendo assim, para tratarmos desta temática, este texto encontra-se 
dividido em três partes principais: a primeira contempla um breve de-
bate teórico-conceitual, em busca de um balizamento que circunscreva 
as abordagens do conceito de aglo- meração urbana que dará escopo 
a este trabalho; a segunda parte, ainda que em caráter introdutório, 
contextualiza as cidades médias e a configuração de aglome- rações ur-
banas no Brasil; na terceira parte procuramos direcionar a discussão 
sobre aglomeração urbana para o caso específico das cidades médias, 
apresentando uma análise de três aglomerações polarizadas por cidades 
médias: Presidente Prudente, Maringá e Ipatinga. Por fim, a partir da 
36. Universidade Federal de Uberlândia, UFU [81]
 90 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
análise destes três conjuntos de cidades, pontuamos alguns aspectos em 
relação a tendências, diferenças ou semelhanças en- tre essas aglome-
rações, considerando-se o debate sobre as cidades médias.
Cabe ressaltar ainda que as reflexões aqui apresentadas sobre o pro-
cesso de aglomeração urbana e o estudo das cidades médias são deco-
rrentes de debates e discussões coletivas ainda em curso no âmbito da 
Rede de Pesquisadores sobre Ci- dades Médias (ReCiMe).37
4.2 Sobre aglomeração urbana
No âmbito da urbanização contemporânea, nota-se que cada vez mais 
as cidades são caracterizadas por uma extensão territorial, a partir da 
configuração de formas urbanas que se tornam cada vez mais dispersas 
e descontínuas, porém integradas por fluxos, como no caso dos des-
locamentos de cotidianos de pessoas. Neste contexto, compreender a 
dinâmica urbana de uma única cidade torna-se insuficiente, uma vez 
que a articulação de centrosurbanos demanda uma abordagem que 
contemple o con- junto enquanto fenômeno urbano único. Diante 
disso, consideramos a proposta de análise da aglomeração urbana en-
quanto abordagem que contempla o conjunto inte- grado de centros 
urbanos, seja com ou sem continuidade territorial, considerando-se um 
esforço de articular as escalas intra e interurbana.
Na realidade, essa perspectiva integrada de analisar o conjunto de 
cidades não se constitui em uma abordagem nova ou decorrente neces-
sariamente das transformações recentes na urbanização. Beaujeu-Gar-
nier e Chabot (1970), por exemplo, frente ao cenário urbano europeu 
do início da década de 1960, já alertavam que “los proble- mas urbanos 
se plantean actualmente a escala regional”. Nesse ponto, acrescenta-se 
a necessidade de se combinar analiticamente o estudo da cidade e da 
rede. Santos (1996) contribui nesta discussão quando chama atenção 
para o fato de que não po- demos estudar isoladamente uma cidade, 
pois, na verdade, “a unidade de estudo é a rede urbana” (Santos, 1996: 
81). Esta consideração é reforçada também por Souza (2003: 50) quan-
do afirma que “nenhuma cidade existe totalmente isolada, sem tro- car 
informação e bens com o mundo exterior”.
Dessa forma, observa-se que no âmbito das duas escalas tradicio-
nais de análise da Geografia urbana, a da cidade e a da rede urbana, o 
37. Para mais informações sobre a Rede de Pesquisadores sobre Cidades Médias 
(ReCiMe), consultar Sposito, Elias e Soares (2010) ou acessar «www.recime.org».
 Economía, sociedad y medio ambiente · 91 
esforço de articulá-las co- loca-se como uma tarefa importante e neces-
sária. Porém, entre estas duas escalas, constata-se que há uma dimensão 
«intermediária», situada entre elas, ou melhor, que combinam dinâmicas 
e processos verificados tanto no âmbito da rede quanto da cidade. So-
bre o assunto, Corrêa (2007: 3) considera que entre estas duas esca- las, 
da rede urbana e da cidade, “é possível identificar uma outra na qual o 
espaço urbano transforma-se em importante segmento da rede urbana 
ou, em outras palavras, parte da rede urbana assume a forma de espaço 
urbano”.
Ainda para o autor, trata-se de uma «escala intermediária» que
leva a pensar a urbanização por meio de formas espaciais como a 
megalópole, regiões metropolitanas, aglomerações urbanas e conur-
bações, eixos urbanizados e, quem sabe, a «cidade-dispersa» (Corrêa, 
2007: 13).
A intensificação do processo de urbanização verificada ao longo das 
últimas décadas, associada à características da formação socioespacial 
de determinadas re- giões do país têm contribuído para se pensar esta 
«escala intermediária» a partir da configuração de aglomerações urba-
nas, inclusive em contextos não metropolitanos. Do ponto de vista po-
lítico-administrativo, por exemplo, verifica-se cada vez mais o transbor-
damento dos processos sociais e econômicos em relação aos limi- tes 
municipais, tal como destacou Villaça (2003: 713) ao afirmar que “o 
município não é mais a unidade territorial adequada para enquadrar o 
fenômeno urbano”. No processo de aglomeração urbana, os fenôme-
nos e processos ultrapassam os limites político-administrativos, confi-
gurando-se em uma escala mais ampla. Nesse caso, trata-se da articu-
lação de escalas da esfera político-administrativa (bairros, municí- pios, 
unidades da federação etc.), o que tornam as ações de planejamento e 
gestão urbanos cada vez mais complexas, demandando iniciativas inte-
gradas e consorciadas por parte do poder público.
Já na perspectiva teórico-conceitual, torna-se fundamental conside-
rar articula- damente os processos (ligado à urbanização) e as formas (a 
cidade). Isto porque o processo de aglomeração não pode ser analisado 
apenas pela forma em si (uma ou mais cidades), pois faz parte de um 
contexto mais amplo, ou seja, da urbanização. Para Sposito (2004: 10), 
o “par urbanização–cidade mantém-se como expressão de uma relação 
intrínseca e indissociável”, mas que agora passa por transforma- ções 
 92 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
no que diz respeito à tendência de concentração. Diante das transfor-
mações no processo de urbanização, envolvendo as dinâmicas referen-
tes à expansão territorial descontínua e intensificação da circulação, 
esta relação entre processo e forma tor- na-se ainda mais complexa. De 
acordo com Sposito (2001):
O que se coloca como desafio para os pesquisadores é apreender 
a natureza dessa relação (cidade-urbanização), no mundo contem-
porâneo, quando já não temos mais a cidade como unidade espa-
cial, como territorialidade contínua, como morfologia integrada, e, 
portanto, quando as relações entre cidade e seu conteúdo não se 
expressam, de forma clara, através de formas espaciais que possam 
ser facilmente distinguidas daquelas que definem a morfologia rural 
(Sposito, 2001: 84).
É a partir destas perspectivas que propomos o estudo da aglome-
ração urbana como possibilidade de análise das cidades. Consideramos 
o processo de produção do espaço urbano não apenas no que se refere 
aos limites político-administrativos, pois é necessário refletir sobre a 
atuação dos diferentes agentes em cada uma das escalas geográficas e 
conceituais, bem como as repercussões destas ações num es- paço mais 
amplo. Uma ação qualquer destes agentes em determinado município 
pode gerar impactos na escala interurbana, assim como na estruturação 
do espaço interno de determinada cidade.
Para tanto, é importante estabelecer um balizamento que circuns-
creva as aborda- gens do conceito de aglomeração urbana para esta 
análise. Este destaque se justifica pela necessidade de tornarem claros 
os elementos conceituais que darão escopo a este estudo, especialmente 
por se compreender que o conceito de aglomeração é tratado de diferen-
tes formas e em diferentes contextos.
Para iniciar esta discussão, é preciso verificar se o termo aglomerado 
tem sig- nificado idêntico ou diferente de aglomeração. Nos dicionários, 
por exemplo, aglomerado é apresentado como adjetivo (referente a algo 
junto, reunido) e, ao mesmo tempo, como substantivo (neste caso, como 
sinônimo de aglomeração). Já o termo aglomeração é descrito como “ação 
ou efeito de aglomerar-se, agrupar-se”. Alguns dicionários presentam o 
termo «aglomerado urbano» como sinônimo de aglomeração urbana, ao se 
referirem a agrupamentos urbanos como cidade ou vila. Para avançar 
neste debate para além de uma discussão etimológica, cabe apre- sentar 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 93 
exemplos da utilização dos termos aglomerado e aglomeração na literatura 
dos estudos urbanos. Para Villaça (2001: 52), aglomerado urbano refere-se 
ao nú- cleo urbano que “apresenta um mínimo de atividades centrais, 
sejam religiosas, administrativas, políticas, sociais ou econômicas”. Esta 
definição de aglomerado urbano aproxima-se do que muitos autores com-
preendem também como aglome- ração, uma vez que, em muitos estudos, 
o termo aglomeração urbana refere-se também ao espaço urbano de uma 
única cidade. Neste caso, o termo aglomeração reporta-se ao agrupamen-
to de pessoas, serviços, atividades etc. que caracteriza a concentração 
inerente à cidade.
O termo aglomeração, nesta concepção, não diz respeito ao «agrupa-
mento de cidades» ou «junção» de centros urbanos distintos, mas sim na 
acepção da con- centração dos aspectos já enumerados anteriormente, 
em espaços compactos. Esta perspectiva é muito utilizada por estudos 
clássicos, uma vez que fenômenos atrela- dos à conurbação e junção de 
cidades, por exemplo, passaram a ocorrer com maior intensidade em 
tempos relativamente recentes. Como exemplo, podemos citar a obra 
de Deffontaines (2004: 119),38 que utiliza o termo aglomerado/aglo-
meração, quando se refere ao povoamento das cidades, em oposição à 
população rural. Em situação semelhante,Monbeig (1998)39 também se 
utiliza deste termo, quando se refere aos primeiros povoados do inte-
rior paulista.
O que se nota é que existem duas formas de abordagem sobre a 
aglomeração urbana: uma diz respeito a essa concentração de pessoas, 
serviços, atividades etc. em espaços compactos, não ultrapassando ne-
cessariamente os limites político-ad- ministrativos de uma cidade; já o 
outro ponto de vista compreende a aglomeração urbana numa pers-
pectiva mais ampla, onde o urbano se processa em um conjunto mais 
complexo e extenso envolvendo mais de uma cidade.
Para este trabalho, o conceito de aglomeração urbana é compreen-
dido a partir desta segunda perspectiva. Muitos autores consideram a 
aglomeração urbana a par- tir desta visão, englobando a superação dos 
limites político-administrativos seja por meio da expansão territorial 
38. A obra citada refere-se à versão reeditada na Revista Cidades, n.1, v.1, na seção 
“textos clásssicos”. A versão original foi publicada em 1938, na Geographical Re-
view e no Bulletin de la Societé de Géographie de Lille. 
39. A obra citada refere-se à segunda edição publicada pela Hucitec, em 1998. 
A versão original, intitulada Pionniers et planteurs de São Paulo é de 1952.
 94 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
urbana quanto pela integração configurada a partir de deslocamentos 
cotidianos.
Lévy e Lussault (2003), em Dictionnaire de la géographie: et de l’espace des 
sociétés, destacam que:
Les limites paysagères des agglomérations correspondent rarement 
aux limites abstraites des circonscriptions administratives : la plu-
part des agglomérations n’occupent qu’une partie de leur commune, 
mais un grand nombre d’entre elles s’étendrent sur plusieurs com-
munes ou parties de communes.
Esta definição enfatiza que a aglomeração supera os limites políti-
co-administra- tivos, abrangendo dois ou mais municípios. Outro di-
cionário, desta vez elaborado por Merlin e Choay (1988), destaca as 
transformações no processo de urbaniza- ção e o papel dos transportes 
na definição do termo aglomeração:
L’apparition, dans la nomenclature urbaine, du terme d’aggloméra-
tion traduit les transformations profondes qui sont liées à l’urbani-
sation généralisée, au développement des transports modernes et à 
l’apparition de centres commerciaux ou de centres directionnels à la 
périphérie des cités les plus importantes (Merlin e Choay, 1988: 18).
Aqui se acrescenta o papel do desenvolvimento dos sistemas de 
transporte modernos, bem como o surgimento de centros comerciais 
para além do centro tradicional. Portanto, a compreensão de que a aglo-
meração urbana se refere ao processo de agrupamento e/ou articulação 
de cidades só ganha espaço a partir do momento em que os grandes 
centros urbanos passaram por transformações resultantes do cresci-
mento populacional e territorial, além do desenvolvimento de técnicas 
que permitiram uma dispersão da cidade, levando à junção de áreas 
urbanas de municípios distintos.
Mas é importante deixar claro que essa junção ou articulação de 
cidades pode ocorrer tanto por meio da continuidade do tecido urbano 
quanto pela integração possibilitada pelos deslocamentos pendulares, 
mesmo em situações em que não há aproximação das áreas urbanas. Ou 
seja, a aglomeração urbana pode se configu- rar com ou sem continui-
dade do tecido urbano. O que se busca enfatizar é que a expansão terri-
torial urbana constitui-se em um elemento importante no processo de 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 95 
aglomeração, mas não o único. Isto porque as interações espaciais40 em 
si, por meio da intensificação de determinados fluxos e deslocamentos 
pendulares, podem articular um conjunto de centros urbanos, configu-
rando assim uma aglomeração territorialmente descontínua.
Para subsidiar esta discussão, é importante apresentar o que se en-
tende por contí- guo e contínuo, uma vez que se constituem em termos 
que são muito utilizados nos estudos que tratam da aglomeração urba-
na. Ultramari e Moura (1994: 128), con- sideram a contigüidade da mancha 
de ocupação, num primeiro momento, como característica ligada à extra-
polação de fronteiras administrativas, com o espraiamento da ocupação 
de uma cidade polo sobre mais de um município. Porém, posteriormen- 
te, ao longo do texto, os autores acabam utilizando o termo contínuo 
para se referir ao mesmo fenômeno. Consideramos que é preciso esta-
belecer uma diferenciação entre estes dois termos, uma vez que podem 
apresentar, dependendo da perspectiva analítica, significados distintos.
Lévy e Lussault (2003) apresentam a continuité como característica 
de um es- paço único, sem lacunas, e a contigüité ligada a uma situação 
de proximidade. É também nesta acepção que o estudo Caracterização e 
tendências da rede urbana do Brasil interpreta os termos continuidade e conti-
güidade.
Já Sposito (2004) contribui neste debate diferenciando a continuidade 
territo- rial urbana da continuidade espacial. Para a autora, a continuidade 
espacial ocorre mesmo sem uma continuidade territorial, uma vez que a 
primeira compreende as inter-relações e os fluxos, ou seja, a integração 
espacial. Já a continuidade territo- rial diz respeito às áreas urbanas, ao 
tecido urbano.
muitas vezes, a descontinuidade territorial é possível porque a con-
tinuidade espacial se fortalece por meio de ampliação de infraes-
truturas de circulação e comunicação (sistema viário, sistema de 
fornecimento de água ou captação de esgotos, redes de telefonia, 
televisão e internet etc.) e pela difusão do acesso aos equipamentos 
40. Neste ponto, vale lembrar o significado de interações espaciais. Segundo Corrêa 
(1997: 279), as intera- ções espaciais “constituem um amplo e complexo conjunto 
de deslocamentos de pessoas, mercadorias, capital e informação sobre o espaço 
geográfico. Podem apresentar maior ou menor intensidade, variar segundo a 
freqüência de ocorrência e, conforme a distância e direção, caracterizar-se por 
diversos propósitos e se realizar através de diversos meios e velocidades”.
 96 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
que possibilitam os deslocamentos e os contatos (veículos automo-
tivos, antenas, microcomputadores etc.) (Sposito, 2004: 204).
Considerando as noções de continuidade e contigüidade utilizadas 
por Lévy e Lussault (2003), nota-se que a continuidade territorial a que 
se refere Sposito (2004) assemelha-se à noção de continuidade e a conti-
nuidade espacial está ligada à conti- güidade. Porém, esta distinção entre 
os termos utilizados pelos autores não se limita apenas à questão de 
vocabulário.
Para este trabalho, a perspectiva apresentada por Sposito (2004) 
constitui-se em uma diferenciação mais clara e adequada para a dis-
cussão sobre aglomeração, uma vez que se atenta à adjetivação do termo 
contínuo: espacial (referindo-se às interações que se dão pela circulação 
e pelos deslocamentos) ou territorial (tratan- do do tecido urbano).
Essas observações são importantes, pois o processo de produção 
do espaço ur- bano envolve interesses que implicam em uma expansão 
territorial muitas vezes evidenciada por vazios urbanos, caracterizan-
do descontinuidades territoriais urba- nas. Principalmente na atualida-
de, em que se verifica a formação de áreas urbanas caracterizadas por 
morfologias cada vez mais descontínuas territorialmente. Para Sposito 
(2001: 85), essa:
nova morfologia está marcada por um padrão de desconcentração 
territorial que não pode ser compreendido como negação da aglo-
meração, mas como condição e expressão de novas lógicas de lo-
calização, que engendram novas práticas sociais e que se realizam 
redesenhando essa nova morfologia.
A configuração de áreas urbanas cada vez mais dispersas e descon-
tínuas territo- rialmente gera impactos, num primeiro momento, na 
escala da cidade e, aos poucos, na escala interurbana, à medida que 
a expansãoatinge níveis mais avançados. E nesse contexto, não só a 
expansão territorial tem papel importante, mas também a continuidade 
espacial que articula e integra cidades e áreas urbanas descontínuas.
Ultramari e Moura (1994: 125), por exemplo, destacam que a aglo-
meração “re- presenta o espaço de comutação diária entre cidades, isto 
é, o desenvolvimento de relações interdependentes entre duas ou mais 
áreas urbanas, compondo um fenômeno único”. Esta comutação diária 
entre as cidades refere-se às diferentes inter-relações existentes entre os 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 97 
centros aglomerados, levando à situação que Villaça (2001) de-nominou 
como intensa vinculação socioeconômica.
Esta comutação ou vinculação, referente à integração entre os cen-
tros urbanos que caracteriza a continuidade espacial, diz respeito aos 
deslocamentos de pesso- as (ligados aos percursos entre casa-trabalho, 
casa-lazer, casa-compras etc.), de mercadorias, de informações (telefo-
ne, fax e internet), entre outros. Fluxos e inte- rações que precisam ser 
analisados no estudo das aglomerações urbanas, entre elas aquelas de 
menor porte que, muitas vezes, não apresentam continuidade territorial. 
As aglomerações urbanas que se configuram a partir de cidades médias 
podem apresentar semelhanças, mas também diferenças significativas 
em relação às gran- des cidades e metrópoles. Para tentar avançar nesse 
sentido é que analisamos, neste trabalho, três exemplos.
O processo de aglomeração pode apresentar variações no que se 
refere à escala e à dimensão, englobando o tamanho do agrupamento 
populacional, a área ocupa- da pelo tecido urbano, assim como as di-
ferentes escalas em que se estabelecem as relações interurbanas: local, 
regional, nacional e global.
Os estudos mais conhecidos sobre as novas morfologias urbanas re-
sultantes de processos de aglomeração costumam enfocar as grandes ci-
dades, inclusive inseridas em contextos metropolitanos. Expressões como 
megalópolis (Gottmann, 1961), metápolis (Ascher, 1995), exopolis (Soja, 2002), 
urbanização dispersa (Reis, 2006), cidade difusa (Indovina, 1990, apud Reis, 
2006) entre outros são bastante difundi- dos nos estudos urbanos.
No entanto, tais terminologias foram desenvolvidas praticamente 
a partir do es- tudo de grandes cidades e metrópoles. Como exemplos, 
podem-se citar Soja (1993 e 2000) que analisou Los Angeles, nos Esta-
dos Unidos, Reis (2006) no estudo da Região Metropolitana de São Pau-
lo e seu entorno, Gottmann (1961), no caso das grandes áreas urbanas 
do nordeste dos Estados Unidos, entre outros. Estes recor- tes, referen-
tes a realidades metropolitanas, têm suas características específicas que 
nem sempre se adequam às aglomerações de menor porte.
Diante disso, neste trabalho buscamos aprofundar as discussões so-
bre o proces- so de aglomeração urbana na perspectiva das cidades mé-
dias. Dependendo de cada caso, apesar da presença de relações com as 
escalas nacional e global, a intensidade dos fluxos e o ritmo de expansão 
territorial, por exemplo, podem variar em relação às grandes cidades e 
metrópoles. É neste contexto que se pretende, a seguir, apro- ximar esta 
discussão para o caso das cidades médias.
 98 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
4.3 Cidades médias e aglomeração urbana
As grandes cidades e metrópoles destacam-se no âmbito da urbani-
zação bra- sileira, tanto no que se refere à intensidade e complexidade 
dos papéis e funções urbanas que desempenham quanto na concen-
tração de grande parcela da popula- ção. No entanto, ao longo das últi-
mas décadas, um conjunto de centros urbanos, em sua maioria situados 
fora do contexto metropolitano, tem ocupado um papel de destaque no 
contexto da rede urbana brasileira, levando a discussões e ao desen- vol-
vimento de estudos e pesquisas que tratam das cidades médias.
Esse destaque se deve ao aumento do número de centros urbanos 
que se enqua- dram nesse conjunto, ao crescimento destes em relação 
à sua dimensão demográfica, como também, e principalmente, no que 
se refere aos papéis regionais e funções ur- banas que estes passaram a 
desempenhar. No Brasil, se tomarmos como parâmetro inicial apenas a 
dimensão demográfica, em 1991 havia 162 municípios com popu- lação 
entre 100 e 500 mil habitantes e que comportavam pouco mais de 32 
milhões de habitantes. Em 2010, este número foi ampliado para 245, 
totalizando 48.5 mi- lhões de habitantes (ver quadro 4.1).
Ainda de acordo com os dados censitários, os municípios com po-
pulação entre 100 e 500 mil habitantes passaram a abrigar 25.46% da 
população brasileira em 2010, aumentando sua participação quando 
comparada com os dois períodos ante- riores, aproximando-se do per-
centual apresentado pelos municípios com mais de 500 mil habitantes.
Quadro 4.1 Brasil: número de municípios e população segundo 
as classes de tamanho da população (1991 a 2010)
Fonte: ibge, censos demográficos, 1991, 2000 e 2010. Org. Vitor Miyazaki, 2014.
Embora os dados contidos na quadro 4.1 permitam visualizar a dis-
tribuição da população segundo o porte demográfico dos municípios, 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 99 
cabe ressaltar que as cida- des médias não são definidas somente por 
seu tamanho populacional. Isto porque a ideia de cidade média contem-
pla um conjunto de características que vai além do critério demográfico, 
embora este seja um importante ponto de partida. Para além do taman-
ho populacional, uma cidade média deve apresentar uma diversidade e 
com- plexidade de suas funções urbanas, bem como os papéis regionais 
que desempenha em diferentes escalas. Por isso, há diferença entre os 
termos «cidade de porte mé- dio», definido a partir de um critério, ge-
ralmente demográfico, e «cidade média», este último contemplando um 
leque mais amplo de elementos. Assim, o conceito de cidade média re-
fere-se a uma definição que demanda uma análise mais profunda e que 
supera a simples delimitação quantitativa, pautando-se nas diferentes 
relações que a cidade mantém no contexto da rede urbana.
Nesse sentido, cabe destacar as reflexões de Silva (2004: 2) quando 
afirma que:
a questão de manter uma relação constante e duradoura com as 
cidades menores e com as cidades maiores que compõem a rede ur-
bana da qual faz parte, é um dos elementos que fornecem melhores 
indicadores sobre o conceito de cidade média, sendo que evidencia 
sua característica de ser «média», ou seja, de realizar a articulação 
entre duas escalas diferenciadas.
Neste caso, o autor destaca em sua definição o papel de interme-
diação desem- penhada pelas cidades médias no âmbito da rede.
Sposito (2004: 338), por sua vez, sistematiza alguns pontos importantes 
a serem considerados quanto às cidades médias. A autora destaca diversos 
fatores como a situação geográfica da cidade em relação às outras (de porte 
menor, maior ou se-melhante), a relação com a divisão regional e internacio-
nal do trabalho, as relações hierárquicas, a estruturação urbana e estruturação 
da cidade, entre outros. Se nes- ta discussão sobre cidades médias é preciso 
considerar os papéis do centro urbano, um elemento importante que com-
parece nesta discussão é a centralidade. Castello Branco (2006) aponta a cen-
tralidade como um dos critérios que devem ser consi- derados na definição 
de uma cidade média, frente ao “poder de articulação entre os diferentes 
níveis de centros urbanos, a atuação como centro de oferta de bens e ser- 
viços para a sua área de influência, e como nó de diferentes tipos de rede”.
Existem muitos debates ainda em andamento sobre a construção 
teórica/con- ceitual sobre cidade média, bem como uma diversidade de 
 100 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
critérios e variáveis que são consideradas na definição. Aqui apresenta-
mos apenas alguns referenciais comobalizadores do entendimento que 
temos sobre o tema, uma vez que o foco desta pro- posta se centrará no 
estudo da aglomeração urbana, porém, enfocando as cidades médias. 
Em linhas gerais, o que se tem claro é que a dimensão demográfica 
apenas não é suficiente para tratarmos das cidades médias.
Para além do tamanho populacional, se consideramos os estudos 
desenvolvidos pelo Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística (ibge), 
como no caso da Região de Influência das Cidades (regic), ainda que a rede 
urbana apresente notável es- tabilidade, observa-se também ao longo 
das décadas uma ampliação das funções urbanas de alguns centros re-
gionais, com ascensão do nível hierárquico e consoli- dação de áreas de 
influência.
Além disso, muito se têm discutido sobre as «amenidades» das ci-
dades médias no que diz respeito à melhor qualidade de vida e/ou des-
empenho produtivo e cres- cimento econômico, reforçando-as como 
importantes polos de atração de pessoas e investimentos. Embora cer-
tos centros tenham se destacado nestes aspectos, é preciso ponderar 
que não se trata de um cenário generalizante e aplicável para todas as 
cida- des médias. Reolon (2013: 6), por exemplo, ao focar a produção 
industrial, chama atenção para a “demasiada generalização das propo-
sições conclusivas, principal- mente no que se refere ao crescimento 
econômico das cidades médias”. É preciso considerar que o extenso 
território brasileiro, composto por grande quantidade de municípios 
inseridos em diferentes contextos regionais, não permite uma genera-
liza- ção de processos e dinâmicas pontuais, reforçando a necessidade 
de estudos de caso. 
De qualquer forma, as cidades médias têm se destacado no âmbito 
da urbaniza- ção brasileira e têm sido cada vez mais analisadas pelos 
estudos urbanos. Foi neste contexto que diversos pesquisadores têm 
se dedicado ao estudo das cidades médias brasileiras, como nos casos 
de Amorim Filho (1973, 1976 e 1984), Amorim Filho e Serra (2001), 
Andrade e Serra (2001), Soares (1999), Sposito (2001, 2005 e 2007), 
entre outros. Entre as análises feitas sobre as cidades médias, diferentes 
temas são abordados, com foco em aspectos como as transformações 
ligadas ao crescimento territorial e demográfico, reestruturação urbana 
e da cidade, centro e centralidade, segregação socioespacial, dinâmica 
comercial, industrial etc.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 101 
Entre essas diferentes abordagens e possibilidades de análise, trata-
remos nes- te texto do processo de aglomeração urbana decorrente não 
só das dinâmicas de expansão territorial que tem se manifestado, cada 
vez mais, de maneira dispersa e descontínua, mas também por meio da 
intensificação dos fluxos e deslocamentos pendulares que integram as 
cidades.
Nesse contexto de crescimento e transformações verificadas em al-
gumas cidades médias, nota-se que a dispersão territorial e a realização 
de deslocamentos cotidia- nos tornam-se cada vez mais presentes tam-
bém nestes centros.
Motta e Ajara (2000: 8) destacam, entre as diversas transformações 
verificadas em nosso país, a ascensão das cidades médias e a formação/
consolidação de aglo- merações urbanas de caráter metropolitano e não 
metropolitano como manifestações da aceleração do processo de urba-
nização. O estudo Caracterização e tendências da rede urbana do Brasil, 
publicada em parceria entre o Instituto de Pesquisas Apli- cadas (ipea), 
Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística (ibge) e Universidade Es-
tadual de Campinas (unicamp), também apresenta uma análise da rede 
urba- na do país, atualizando algumas informações que vinham sendo 
trabalhadas pelo ibge, por meio do regic.
O trabalho enfocou fenômenos urbano-regionais para a análise das 
transforma- ções da rede urbana do Brasil nas últimas décadas, elabo-
rando uma classificação hierárquica desta rede, além de identificar e 
analisar as espacialidades referentes às aglomerações urbanas. Do to-
tal de 53 aglomerações identificadas (ver quadro 4.2), o estudo chama 
atenção para a diversidade de situações encontradas: “essas aglome-
rações podem ser identificadas em seus mais diferentes estágios, con-
forme a escala que o processo de urbanização assume em determinado 
local” (ipea, ibge e unicamp, 2001: 243).
Porém, as dez primeiras aglomerações referem-se àquelas classifica-
das como metropolitanas. Já as aglomerações posteriores, que constam 
entre os números 11 e 22, constituem-se nos casos em que o conjun-
to das cidades era institucionalizado, naquele momento, como região 
metropolitana, apesar do estudo não classificá-las como tal. Por fim, 
as demais aglomerações são aquelas que não eram instituciona- lizadas 
como regiões metropolitanas.
Os critérios utilizados para a identificação destas aglomerações fo-
ram as se- guintes:
 102 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
•Apesar da pesquisa elaborada pelo ipea/ibge/unicamp considerar 
que a aglomeração também se dá por meio da integração, ou seja, con-
tinuidade espacial, foram considerados apenas os centros urbanos que 
apresentavam continuidade territorial, pois os indicadores disponíveis, 
de cunho municipal, não permitiam a identificação das aglomerações 
com espaços descontínuos;
•Tamanho populacional mínimo no núcleo da aglomeração de 200 mil 
habi- tantes (quando a expansão se dá a partir de um centro urbano principal) e
Quadro 4.2 Aglomerações urbanas no Brasil, segundo a 
classificação de ipea, ibge e unicamp (2001) (continuação)
 Economía, sociedad y medio ambiente · 103 
Quadro 4.2 Aglomerações urbanas no Brasil, segundo a 
classificação de ipea, ibge e unicamp (2001) (continuação)
 104 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
Quadro 4.2 (continuação)
Fonte: Caracterização e Tendências da Rede Urbanado Brasil: estudos básicos para 
caracterização da rede urbana, 2001. Org. Vitor Miyazaki, 2008.
As aglomerações encontram-se listadas no quadro 4.2 obedecendo à 
ordem apre- sentada pelo estudo, que considera o tamanho populacio-
nal do município núcleo ou de maior porte.
150 mil habitantes (quando a aglomeração é decorrente da expansão 
de dois ou mais núcleos urbanos);
•Características urbanas dos municípios: concentração populacional 
(mínimo de 60 habitantes por quilômetro quadrado) e predominância 
de atividades urbanas (65% da População Economicamente Ativa nos 
setores secundá- rios e terciários);
 Economía, sociedad y medio ambiente · 105 
Ressaltamos que ao desconsiderar as cidades com espaços urbanos 
descontí- nuos, algumas aglomerações, principalmente aquelas atrela-
das às cidades médias, foram excluídas da análise. Este fato torna este 
quadro limitado, uma vez que, como já foi apontado anteriormente, o 
processo de aglomeração não se limita apenas à continuidade territorial 
urbana, pois engloba também os fluxos e relações entre os municípios, 
ou seja, a continuidade espacial. Porém, cientes deste problema, os au- 
tores do referido estudo justificam-se enfatizando que o grau de inte-
gração entre os municípios não pôde ser medido, pois naquela ocasião 
não havia informações sobre movimento pendular de população em 
âmbito nacional. Além disso, posteriormen- te o trabalho elaborado 
pelo ipea, ibge e unicamp foi complementado por estudos realizados 
em âmbito regional, o que levou à identificação de outras aglomerações 
e a realização de pequenas adequações em relação aos municípios que 
integram os agrupamentos urbanos.
De qualquer forma, além das grandes cidades e metrópoles, o qua-
dro 4.2 permi- te visualizar a existência de aglomerações urbanas po-
larizadas ou constituídas por cidades médias e cidades de porte médio, 
muitas delas situadas fora do contexto metropolitano. Isto porque a 
dispersão territorial verificadanas cidades, inclusi- ve nas médias, é cada 
vez mais caracterizada por uma combinação complexa de continuida-
des e descontinuidades territoriais. Neste cenário, temos um conjunto 
de cidades médias que passam a constituir aglomerações urbanas, tanto 
por meio da continuidade do tecido urbano quanto por meio dos des-
locamentos cotidia- nos. Porém, dentro da diversidade e da extensão 
do território brasileiro, buscamos analisar a seguir três aglomerações 
urbanas localizadas em três unidades da fede- ração: Presidente Pruden-
te, no estado de São Paulo, Ipatinga, no estado de Minas Gerais, e Ma-
ringá, do estado do Paraná. Cientes de que apenas estes três casos não 
contemplam a diversidade e a complexidade característica do território 
brasileiro, pretendemos analisá-las com o intuito de uma caracterização 
inicial, na busca de tendências, diferenças ou semelhanças entre essas 
aglomerações que contribuam para o debate sobre as cidades médias.
4.4 Aglomeração urbana em cidades médias: alguns exemplos
Diferentes fatores, ou ainda, a combinação destes, contribuem para se 
entender a constituição de aglomerações urbanas compostas por cida-
des médias e de por-te médio. Soares et ál. (2005: 3), a partir do estudo 
de caso no Rio Grande do Sul, afirmam que as cidades médias e peri-
 106 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
metropolitanas se tornam cada vez mais atra- tivas, frente aos processos 
de desconcentração e reconcentração espacial e que, assim, nos últimos 
anos, verifica-se também um novo “dinamismo socioespacial das aglo-
merações polarizadas por cidades médias (entre 200 mil e 1 milhão de 
ha- bitantes) do interior do país”.
Mesmo as cidades que não são diretamente impactadas pelos pro-
cessos de des- concentração das atividades industriais das metrópoles 
passam por transformações significativas no que se refere à consti-
tuição de aglomerações urbanas, por diversos motivos, tais como: a 
proximidade histórica entre os centros urbanos; o rápido cres- cimento 
da população urbana em regiões de economia dinamizada por setores 
da economia como a agropecuária, indústria, comércio e serviços; e o 
intenso processo de expansão territorial urbana, cada vez mais disperso 
e territorialmente descontínuo. Dentre os estudos que buscam analisar 
as aglomerações urbanas fora do contexto metropolitano destacam-se 
ainda os de Tavares (2001), que analisou a aglomeração urbana de Lon-
drina, no Paraná; Silva et ál. (2001) sobre Uberlândia, Minas Gerais; 
Reolon (2007) em Cascavel/Toledo, Paraná; França (2012), em Montes 
Claros, Mi- nas Gerais; entre outros. Trata-se de contribuições impor-
tantes, principalmente do
ponto de vista da análise empírica.
Ainda na década de 1970, Davidovich e Lima (1975) organizaram 
um conjunto de critérios para a definição e classificação das aglome-
rações urbanas e apresenta- ram, além das aglomerações metropolita-
nas, as aglomerações de categoria inferior. Numa ordem hierárquica, as auto-
ras organizaram a seguinte classificação: aglome- rações na categoria 
metropolitana, aglomerações abaixo do nível metropolitano e aglome-
rações sem espaço urbanizado contínuo (ver quadro 4.3).
Quadro 4.3 Tipos de aglomeração, segundo Davidovich e Lima, 1975
Fonte: Davidovich e Lima (1975). Org.: Vitor Miyazaki, 2008.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 107 
Dois aspectos acima merecem destaque. Primeiramente, a consta-
tação de pro- cessos de aglomeração em cidades de médio e peque-
no porte, situadas fora do contexto metropolitano, ainda na década de 
1970. Já o segundo ponto refere-se à atenção dada às aglomerações sem 
espaço urbanizado contínuo. Como já foi apre- sentado anteriormen-
te, o processo de aglomeração não se restringe apenas ao fator ligado 
à continuidade territorial urbana, pois abrange também continuidade 
espa- cial, configurada a partir dos deslocamentos.
No amplo conjunto de aglomerações urbanas não metropolitanas, 
selecionamos três casos para esta análise: Presidente Prudente, Maringá 
e Ipatinga (ver mapa 4.1). A escolha destas cidades se deve, primeira-
mente, pelas semelhanças e diferenças existentes entre elas. Todas se 
constituem em cidades médias e desempenham im- portantes papéis 
regionais, sendo classificadas como «capitais regionais» em nível C (no 
caso de Presidente Prudente e Ipatinga) e em nível B (no caso de Ma-
ringá). Porém, apresentam certas especificidades no que se refere à eco-
nomia, situação ge-ográfica e gênese de formação histórica.
Mapa 4.1 Localização de Presidente Prudente, Ipatinga e Maringá
Fonte: Base cartográfica: ibge (2001). Org.: Vitor Miyazaki, 2014.
No caso da dimensão demográfica, por exemplo, nota-se que tanto 
em relação à cidade sede quanto ao montante da aglomeração há dife-
renças entre elas (ver qua- dro 4.4). A população da aglomeração varia 
de pouco mais de 316 mil habitantes em Presidente Prudente, a mais de 
527 mil habitantes em Maringá.
 108 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
A composição destas três aglomerações foi definida a partir de uma 
combinação de fatores, sendo: proximidade entre os centros urbanos; 
continuidade territorial ou tendências neste sentido; quantidade de des-
locamentos por motivo de trabalho ou estudo superiores a 500; pro-
porção de pessoas que se deslocam por motivo de tra-balho ou estudo 
superior a 10% do total de habitantes do município. No caso dos dados 
de deslocamentos, foram utilizados os Microdados da Amostra do Cen-
so De- mográfico de 2000. Embora o ibge já tenha disponibilizado a 
base de informações do Censo de 2010, tais dados ainda não foram ex-
plorados, neste primeiro momento, por este estudo. Já no que se refere 
à representação das áreas urbanas, foram utili- zadas imagens de satélite 
de alta resolução espacial disponibilizados gratuitamente pelo Google 
Earth. A seguir apresentamos algumas características levantadas para 
cada uma das aglomerações em análise.
Quadro 4.4 População dos municípios e das 
aglomerações urbanas analisadas, 2000 y 2010
Município População 2000
Do município 
Da aglomeração
População 2010
Do município 
Da aglomeração
Presidente Prudente 189.186 207.610
Álvares Machado 22.661 23.513
Regente Feijó 16.998 18.494
Pirapozinho 22.104 292.034 24.694 316.172
Martinópolis 22.346 24.219
Caiabu 4.077 4.072
Presidente Bernardes 14.662 13.570
Ipatinga 212.496 239.468
Coronel Fabriciano 97.451 103.694
Timóteo 71.478 414.111 81.243 468.378
Santana do Paraíso 18.155 27.265
Ipaba 14.531 16.708
Maringá 288.653 357.077
Sarandi 71.422 82.847
Paiçandu 30.764 436.369 35.936 527.600
Marialva 28.702 31.959
Mandaguaçu 16.828 19.781
Fonte: ibge (2000 e 2010). Org.: Vitor Miyazaki, 2010.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 109 
4.4.1 Ipatinga
Nas três aglomerações evidencia-se a existência de um núcleo urbano 
princi- pal, considerando-se o porte demográfico e também a relevância 
regional. Portanto, há uma certa relação entre um centro principal e os 
municípios periféricos forte- mente vinculados ao núcleo, na perspecti-
va apresentada por George (1983: 83), ao afirmar que “uma cidade e sua 
periferia constituem um aglomerado ou uma aglo- meração urbana”.
Nos casos de Presidente Prudente e Maringá o núcleo principal 
concentra aproxi- madamente 65% da população da aglomeração. No 
caso de Ipatinga essa distribuição é mais equilibrada, uma vez que o 
núcleo apresenta pouco mais de 51% da popu- lação. Além disso, nem 
sempre Ipatinga constituiu-se no principal núcleo urbano da região, 
pois em 1950, Coronel Fabriciano concentrava 75% do total41 de habi- 
tantes, além de ser o único que contava com uma pequena estrutura de 
comércio e serviços (Costa e Costa, 2002). As modificações ocorreram 
a partir daquele perío- do, quando unidades industriais ligadas ao setor 
siderúrgico foram implantadas e dinamizaram a região,que passou a ser 
denominada como Vale do Aço, pelo fato de sediar grandes empresas 
produtoras de aço.
A constituição de um parque fabril foi, portanto, fundamental para 
o crescimento e integração entre estes municípios, considerando-se as 
unidades da Usiminas em Ipatinga, Acesita em Timóteo (estas duas em-
presas ligadas ao setor siderúrgico) e a Cenibra (do ramo de celulose), 
em Belo Oriente (Silva, Fernandes e Lacerda, 2012). O desenvolvimen-
to da atividade industrial e o crescimento demográfico e territo- rial das 
cidades deste conjunto urbano levou à institucionalização desta aglo-
meração como Região Metropolitana do Vale do Aço, por meio da Lei 
Complementar nº 51,
de 30 de dezembro de 1998.
Costa e Costa (2002) analisaram com mais detalhes este conjunto de 
cidades mineiras e destacaram a importância da atividade industrial para 
a constituição e desenvolvimento desta aglomeração. Os autores con-
sideram que se trata de “um conjunto urbano rico e com intensas inte-
rrelações funcionais” (Costa e Costa, 2002: 60). Essas intensas relações 
podem ser verificadas nos deslocamentos por motivos de trabalho ou 
estudo, representados na mapa 4.2.
41. Neste caso, o total relativo à soma da população dos municípios de Ipatinga, 
Timóteo e Coronel Fabriciano.
 110 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
Constata-se que Ipatinga se constitui no principal polo de atração 
dos fluxos, com destaque para aqueles oriundos de Coronel Fabriciano, 
num total de 5792 des- locamentos, o que corresponde a quase 6% da 
população deste último município. Também em direção a Ipatinga par-
tem 2597 deslocamentos de Santana do Paraíso, 1049 de Timóteo e 930 
de Ipaba. Há também uma quantidade expressiva de deslo- camentos 
(2138) partindo de Coronel Fabriciano para Timóteo, que também rece-
be fluxos de outros centros, mas com números inferiores a 500. Coronel 
Fabriciano, por sua vez, recebe deslocamentos consideráveis por moti-
vos de trabalho ou estu- do partindo de Timóteo (2138) e Ipatinga (901).
Observa-se que os maiores deslocamentos reforçam a integração 
de cinco núcle- os urbanos principais: Ipatinga, Coronel Fabriciano, 
Timóteo, Santana do Paraíso e Ipaba. Destes cinco, quatro municípios 
compõem a Região Metropolitana do Vale do Aço, excetuando-se ape-
nas Ipaba que, por sua vez, compõe o «colar metropoli- tano» da região 
metropolitana juntamente com outros municípios como Mesquita, Belo 
Oriente, Jaguaraçu, entre outros.
Embora os deslocamentos em direção a Belo Oriente não sejam tão 
expressivos quando comparados àqueles que articulam Ipatinga, Timó-
teo e Coronel Fabriciano, vale lembrar que Costa e Costa (2002) desta-
cam uma forte tendência à expansão da aglomeração também naquela 
direção, considerando-se a instalação da Cenibra.
Mapa 4.2 Ipatinga e entorno: deslocamentos por motivo de trabalho ou estudo, 2000
Fonte dos dados: ibge (2000). Org.: Vitor Miyazaki, 2014.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 111 
Quando nos atentamos à continuidade territorial urbana ou tendên-
cias neste sen- tido, é possível observar uma forte integração entre Ipa-
tinga, Coronel Fabriciano, Timóteo e Santana do Paraíso que, juntos, 
conformam uma mancha urbana prati- camente única (ver mapa 4.3).
No âmbito da continuidade territorial urbana, destaca-se o papel 
das principais vias de circulação na dispersão territorial das áreas ur-
banas, como nos casos dos eixos da BR-381 (Timóteo/Coronel Fa-
briciano-Ipatinga-Belo Oriente), BR-458 (Ipatinga-Ipaba) e MG-232 
(Ipatinga-Santana do Paraíso).
Do ponto de vista da extensão territorial, Ipatinga e Coronel Fabri-
ciano desta- cam-se na dispersão de suas áreas urbanas, diferentemente 
de Santana do Paraíso (de menor porte demográfico) e Timóteo, onde 
a Acesita tem grande controle sobre as terras de expansão urbana do 
município (Costa e Costa, 2002).
Em linhas gerais, trata-se de uma aglomeração urbana expressiva, 
que concen- tra mais de 460 mil habitantes e apresenta uma dinâmica 
econômica importante do ponto de vista da atividade industrial e des-
locamentos pendulares decorrentes dos fluxos de mão de obra. Além 
disso, embora Ipatinga tenha destaque no âmbito da aglomeração, ou-
tros núcleos também apresentam porte demográfico expressivo (Co-
ronel Fabriciano e Timóteo) e desempenham papéis importantes, seja 
do pon- to de vista do comércio e serviços (Coronel Fabriciano) ou da 
indústria (Timóteo), apontando certa tendência de polinucleação.
 112 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
Mapa 4.3 Ipatinga e entorno: área urbana, 2013
Fonte: Base cartográfica, Google Earth (2013). Org.: Vitor Miyazaki, 2014.
Porém, mesmo diante da «imagem» de uma aglomeração urbana eco-
nomica- mente dinâmica em decorrência da atividade industrial, Costa 
(1995, apud Costa e Costa, 2002) destacou que no processo de expansão 
verificada nesta aglomeração, percebe-se uma “urbanização periférica 
fragmentada, caracterizado por novos espa- ços de moradia fisicamen-
te descontínuos e destituídos dos atributos indispensáveis à reprodução 
social”. Ou seja, por trás da imagem de uma aglomeração fortemente 
industrializada, existem inúmeros problemas sociais e econômicos que 
se tornam comuns ao conjunto de cidades que compõem a aglomeração.
4.4.2 Maringá
A aglomeração urbana de Maringá reúne um conjunto de municípios 
localizados no norte do estado do Paraná. A rede urbana desta região do 
estado tem origem no processo de colonização implementado no início 
do século xx (Silva, 2006). Tam- bém neste contexto, Endlich (1998 e 
2006) mostra que a gênese dos núcleos urbanos situados nessa região se 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 113 
enquadra no âmbito de empreendimentos imobiliários pri- vados e/ou 
estatais associados à expansão e desenvolvimento da economia cafeeira. 
Entre as várias empresas colonizadoras que atuaram na região, desta-
ca-se o caso da Companhia de Terras Norte do Paraná, que planejou e 
criou um conjunto de núcleos urbanos situados no eixo ferroviário que, 
por sua vez, acompanhava a orientação do relevo ao longo do espigão 
divisor de águas. Endich (2006: 78) de-talha que houve a
instalação de pequenos núcleos a aproximadamente cada quinze 
quilômetros. Numa distância maior, no máximo cem quilômetros, 
estariam cidades de porte maior, cujo objetivo era oferecer serviços 
e produtos de demanda menor.
Maringá foi prevista como um destes núcleos de maior porte, distan-
ciando-se cerca de 100 quilômetros de Londrina, a leste, e de Cianorte, a 
oeste. Neste intervalo de 100 quilômetros, vários pequenos núcleos foram 
projetados e criados. Esta con- formação contribuiu para a constituição da 
atual aglomeração urbana de Maringá, na qual vários municípios têm suas 
sedes situadas próximas uma das outras e, em alguns casos, tornaram-se 
territorialmente contínuas no decorrer do tempo, a partir da expansão de-
mográfica e territorial. Na mapa 4.4 é possível verificar este aspecto.
Mapa 4.4 Maringá e entorno: área urbana, 2013
Fonte: Base cartográfica: Google Earth (2013). Org.: Vitor Miyazaki, 2014.
Observa-se que a área urbana de Sarandi encontra-se territorialmen-
te contínua à de Maringá, sendo que os demais núcleos apresentam 
 114 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
fortes tendências neste sen- tido, com destaque para Marialva e Paiçan-
du. Novamente, o papel dos principais eixos rodoviárias na dispersão 
territorial é marcante, embora neste caso, como já mencionado ante-
riormente, a própria gênese dos núcleos urbanos está atrelada à im- 
plantação dos mesmos ao longo de um eixo ferroviário cujo traçado 
coincide com o atual traçado rodoviário no sentido leste-oeste.
A articulação entre estes núcleos urbanos é evidente também quando 
se conside- ram os deslocamentos por motivos de trabalho ou estudo, 
representados na mapa 4.5.O papel central de Maringá nesta aglomeração 
é reforçado por dois aspectos: primeiro, por concentrar 67.7% da popu-
lação do conjunto urbano em 2010 (dez anos antes essa proporção era de 
66.15%); e, segundo, pelo fato dos quatro maiores montantes de deslo-
camentos deste agrupamento urbano se dirigirem para Marin- gá. Ao se 
observar a mapa 4.5, fica evidente que Maringá constitui-se no principal 
polo de recepção dos deslocamentos, com maior destaque para aqueles 
que par-tem de Sarandi, num total de 13798 pessoas (19.32% da popu-
lação sarandiense). Em um segundo nível, quase 18% dos moradores de 
Paiçandu desloca-se para Ma-ringá, totalizando 5482 pessoas. Estes dois 
fluxos de deslocamentos não só reforçam a centralidade de Maringá como 
também a forte integração existente com Paiçandu, a oeste, e Sarandi, a 
leste. Mandaguaçu e Marialva também se integram a esta aglo- meração, 
com respectivamente 1712 e 1139 deslocamentos em direção à Maringá.
Mapa 4.5 Maringá e entorno: deslocamentos por motivo de trabalho ou estudo, 2000
Fonte dos dados: ibge (2000). Org.: Vitor Miyazaki, 2014.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 115 
Os fluxos no sentido inverso, ou seja, partindo de Maringá, também 
estão pre- sentes, porém, num quantitativo bem menor, com destaque 
para aqueles que se dirigem para Sarandi, num total de 737 deslocamentos.
Retomando a discussão sobre a relação entre o centro e a periferia 
da aglomera- ção, ressaltamos que o fato de quase 20% dos moradores 
de Sarandi e de Paiçandu se deslocar para Maringá constitui-se em um 
fato importante para a caracterização deste conjunto urbano. Trata-se 
de um percentual elevando quando comparado, por exemplo, aos deslo-
camentos verificados nas outras duas aglomerações. Além disso, assim 
como na aglomeração de Ipatinga, verifica-se neste conjunto urbano 
uma con- figuração socioespacial marcada por desigualdades expressi-
vas, com afastamento da população de baixa renda para a periferia. Ro-
drigues (2005) lembra que a pró- pria Companhia de Terras do Norte 
do Paraná projetou a cidade de Maringá com espaços residenciais dife-
renciados, destinado o centro e seu entorno para as «áreas residenciais 
principais», os setores a oeste para as «áreas residenciais populares» e a 
leste para «áreas residenciais operárias». Porém, para além deste afasta-
mento da população de baixa renda para a periferia de Maringá,
ocorreram processos sociais, econômicos e políticos [...] que excluí-
ram essa população dos próprios limites do município, afastando-a 
para cidades vizinhas, como Sarandi e Paiçandu, até hoje aglome-
rações urbanas desprovidas da infra-estrutura básica, presente em 
Maringá desde o início de sua fundação (Rodrigues, 2005: 64).
Portanto, este cenário de diferenciação social e espacial demanda 
um enfoque amplo da aglomeração, que considere o conjunto dos cen-
tros urbanos para se pen- sar, por exemplo, políticas públicas e ações 
voltadas ao planejamento urbano.
Neste contexto, esta aglomeração foi instituída na forma de uma região 
metro- politana, por meio da Lei Complementar nº 83, de 17 de julho de 
1998, que criou a Região Metropolitana de Maringá. Porém, para além dos 
cinco municípios que compõe a aglomeração aqui delimitada, a unidade 
regional instituída contemplou inicialmente oito municípios (Maringá, Sa-
randi, Marialva, Mandaguari, Paiçandu, Ângulo, Iguaraçu e Mandaguaçu). 
Posteriormente, esta região metropolitana foi ampliada, por meio das leis 
complementares nº 110/2005, 127/2010 e 719/2011, o que levou a con-
templar, em 2012, 26 municípios (Vercezi, 2012), numa área terri- torial-
mente muito mais extensa do que a da espacialidade da aglomeração. Tra-
 116 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
ta-se de um exemplo claro do descompasso existente entre a espacialidade 
da aglomera- ção urbana e a unidade regional instituída, na perspectiva já 
discutida por Reolon e Miyazaki (2010 e 2014). Esta situação, de institucio-
nalização de unidades regio- nais que não contemplam as especificidades e 
as reais demandas da espacialidade da aglomeração, não contribui e ainda 
pode dificultar o equacionamento de ques- tões urbano-regionais, como 
no caso dos aspectos sociais aqui apontados.
4.4.3 Presidente Prudente
Entre os três casos analisados neste texto, Presidente Prudente polariza 
uma aglo-meração constituída por sete municípios, totalizando pouco 
mais de 316 mil habitantes, constituindo-se, portanto, a menor em re-
lação ao porte demográfico. Além disso, tra- ta-se do único conjunto 
urbano que não possui unidade regional instituída, além de não ter sido 
classificada como uma aglomeração urbana pelos critérios utilizados 
no estudo desenvolvido pelo ipea, ibge e unicamp. Porém, em estudos 
desenvolvidos anteriormente (Miyazaki e Whitacker, 2005 e Miyazaki, 
2008) constataram-se articu- lações relevantes tanto do ponto de vista 
da continuidade territorial quanto espacial, o que já tem demandado a 
necessidade de ações conjuntas em determinados setores.
Primeiramente, no que se refere ao tecido urbano, é possível obser-
var por meio da mapa 4.6 a configuração de algumas áreas com conti-
nuidade territorial urbana ou tendências neste sentido.
Mapa 4.6 Presidente Prudente e entorno: área urbana, 2013
Fonte: Base cartográfica, Google Earth (2013). Org.: Vitor Miyazaki, 2014.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 117 
Considerando-se que os núcleos urbanos em questão tiveram suas 
origens li- gadas à expansão ferroviária, geralmente atrelada ao entor-
no das antigas estações ferroviárias, muitos deles foram implantados 
relativamente próximos um dos ou- tros, para servirem de pontos de 
apoio para a comercialização de terras e posterior desenvolvimento da 
atividade agrícola.
Destaca-se a expressiva dispersão territorial existente entre Álvares 
Machado e Presidente Prudente, embora caracterizada por certa des-
continuidade, em um setor que tem sido foco de novos investimentos 
imobiliários nos últimos anos. Em Ál- vares Machado, vale mencionar 
que ainda na década de 1970 foram implantados loteamentos territo-
rialmente descontínuos em relação à área urbana da sede muni- cipal, 
mas que estavam situados próximos a Presidente Prudente. Aos pou-
cos, estas áreas foram sendo incorporadas e integradas à malha urbana 
principal, à medida que se intensificou a expansão territorial urbana nos 
setores norte e oeste de Presi- dente Prudente, principalmente a parir 
da década de 1990.
Já as demais áreas urbanas encontram-se territorialmente descon-
tínuas em re- lação ao núcleo, com uma pequena tendência à conti-
nuidade apenas no eixo da rodovia SP-270, no trecho entre Presidente 
Prudente e Regente Feijó, onde se situa o distrito industrial deste último 
município. A integração entre os demais núcleos ocorre por meio da 
continuidade espacial demonstrada pelos deslocamentos por motivo de 
trabalho ou estudo (ver mapa 4.7).
Mapa 4.7 Presidente Prudente e entorno: 
deslocamentos por motivo de trabalho ou estudo, 2000
Fonte dos dados: ibge (2000). Org.: Vitor Miyazaki, 2014.
 118 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
Presidente Prudente constitui-se no principal ponto de atração dos 
fluxos desta aglomeração, recebendo 3474 deslocamentos de Álvares 
Machado, 1835 de Regen- te Feijó e 1149 de Pirapozinho. Vale res-
saltar que o quantitativo de deslocamentos entre Álvares Machado e 
Presidente Prudente representa mais de 15% da popula- ção do mu-
nicípio de origem. Porém, é preciso considerar que os seis municípios 
que compõem a aglomeração, excetuando-se o núcleo principal, são de 
pequeno porte demográfico, com população inferior a 25 mil habitan-
tes. Isso leva à confor- mação de percentuais expressivos em relação à 
proporção de deslocamentos sobre o total populacional dos municí-
pios, como nos casos de Caiabu,Alfredo Marcon- des e Santo Expedi-
to, cujos fluxos com destino a Presidente Prudente representam entre 
nove e 12% dos habitantes, embora quantitativamente sejam pequenos.
Já os deslocamentos no sentido inverso, partindo de Presidente 
Prudente para os demais municípios, embora existentes, são quan-
titativamente menores. Este aspecto, somado à alta concentração de 
população no núcleo (65.66%), reforça a centrali- dade de Presidente 
Prudente no âmbito da aglomeração claramente configurada em uma 
morfologia mononucleada.
Esta prevalência de Presidente Prudente se faz presente também 
quando con- sideramos os aspectos socioeconômicos. Assim como ve-
rificado nas outras duas aglomerações analisadas, há uma diferenciação 
social e espacial, com destaque para o núcleo principal e a conformação 
de municípios periféricos com população de mais baixa renda. A títu-
lo de exemplo, dados relativos ao ano 2000 mostram que a renda per 
capita no município de Presidente Prudente corresponde pratica- men-
te ao dobro42 dos valores apresentados pelos demais municípios que 
compõem a aglomeração. Em situação semelhante à aglomeração de 
Maringá, tem-se um núcleo principal definido não só em decorrência 
de seu porte demográfico e fun- ções urbanas, como também pela dife-
renciação social e espacial.
Em linhas gerais, mesmo apresentando um conjunto de menor 
porte demográ- fico, trata-se de uma aglomeração urbana expressiva 
tanto do ponto de vista da continuidade territorial, mas principalmente 
42. Dados do Instituto de Pesquisas Econômicas Aplicadas (ipea) relativos ao ano 
de 2000 mostram que a renda per capita no município de Presidente Prudente era 
de R$ 482,62, enquanto que nos demais municípios da aglo- meração esse indica-
dor apresenta valor médio de R$ 253,99.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 119 
por meio das interações espaciais que articulam os núcleos urbanos em 
questão e lançam desafios para se compreender a realidade urbana de 
Presidente Prudente e seu entorno.
De modo geral, a partir dos aspectos aqui apresentados em relação 
às três aglo- merações urbanas selecionadas, é possível notar uma com-
binação de semelhanças e diferenças na configuração territorial e espa-
cial de cada conjunto urbano. Como esta análise está pautada em duas 
frentes principais, contemplando, de um lado, a configuração territorial 
das áreas urbanas e, de outro, as interações espaciais decor- rentes dos 
deslocamentos por motivo de trabalho ou estudo, não é possível abar-
car a totalidade de aspectos que conformam estas aglomerações. Ao 
complementarmos esta análise a partir de elementos apresentados por 
outros estudos, com focos varia- dos sobre diferentes temas, como no 
caso da diferenciação social existente nestes conjuntos urbanos, verifi-
ca-se o quanto tais aglomerações são complexas e deman- dam ainda 
estudos pormenorizados.
4.5 Considerações finais
Os resultados obtidos a partir dos levantamentos feitos para as aglome-
rações ur- banas de Ipatinga, Maringá e Presidente Prudente, pautados 
basicamente na análise da configuração territorial e nos deslocamen-
tos intermunicipais, demonstram como algumas cidades médias têm 
passado por modificações importantes frente ao trans-bordamento do 
fenômeno urbano para além dos limites municipais. Verificam-se, num 
contexto geral do processo de urbanização, tendências à constituição 
de áreas urbanas cada vez mais dispersas e descontínuas, levando à con-
formação de confi- gurações espaciais caracterizadas por continuidades 
e descontinuidades ao mesmo tempo. Outros estudos em desenvolvi-
mento no âmbito da Rede de Pesquisadores sobre Cidades Médias, com 
foco nas cidades de São José do Rio Preto, Resende, Londrina e Itajaí, 
por exemplo, também apontam nesta direção.
Considerando-se que a discussão sobre cidades médias permeia, 
para além da simples delimitação demográfica, por um complexo con-
junto de relações e intera- ções no âmbito da rede urbana, a análise 
da aglomeração pode oferecer elementos importantes para o debate 
teórico e conceitual. Primeiramente, ainda recorrendo-se à questão de-
mográfica, é preciso atentar-se ao fato de que uma aglomeração urbana 
acaba concentrando uma quantidade de pessoas no entorno de deter-
minado centro urbano, gerando interações mais intensas e complexas.
 120 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
A continuidade territorial entre áreas urbanas distintas e a articu-
lação de centros urbanos por meio da intensificação dos deslocamentos 
pendulares são elementos im- portantes que impactam diretamente no 
dimensionamento demográfico, territorial e funcional das cidades. No 
caso das cidades médias que constituem aglomerações, tais aspectos 
devem ser ponderados para se avaliar as implicações que se pode ge- rar 
na estruturação urbana e da cidade.
Além disso, a análise das três aglomerações possibilita visualizar as 
especifici- dades existentes levando em consideração a dimensão de-
mográfica, a configuração espacial e o grau de complexidade de cada 
agrupamento urbano. Se apenas as pers- pectivas concernentes à confi-
guração territorial e as interações espaciais já nos permitiram visualizar 
estes primeiros resultados, o aprofundamento dos estudos contemplan-
do outras dimensões pode ampliar as perspectivas para a compreensão 
das aglomerações urbanas. Uma das possibilidades a ser explorada diz 
respeito à caracterização socioeconômica, uma vez que resultados pre-
liminares ou frutos de outras pesquisas têm demonstrado uma confi-
guração urbana cada vez mais com- plexa por meio de processos de 
diferenciação social e espacial.
Por fim, deixamos claro que este trabalho não teve como objetivo 
definir delimi- tações rígidas de aglomerações, uma vez que além da 
dinâmica e da complexidade características dos conjuntos de centros 
urbanos e das interações que se estabelecem entre eles, os critérios a 
serem considerados podem variar de acordo com a abor- dagem ou 
objetivos. Muito mais importante do que estabelecer limites fixos dessas 
espacialidades é reconhecer a existência de dinâmicas originadas por 
processos que levam à conformação de continuidades espaciais e terri-
toriais para, dessa forma, compreender as transformações resultantes 
de um conjunto urbano, inclusive para se buscar ações consorciadas 
no sentido de uma gestão integrada que dê conta de enfrentar os pro-
blemas comuns à aglomeração. É neste sentido que, mesmo fora do 
contexto metropolitano, as cidades médias também estão se transfor-
mando, adqui- rindo novas morfologias e lançando desafios para novas 
investigações.
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parte ii merCado de trabajo. 
 aspeCtos teóriCos y empíriCos en torno 
a la informalidad
[ 129 ] 
5. estruCtura laboral y trabajo informal en 
el área metropolitana de puebla, 2005-2013: 
la partiCipaCión de las mujeres
Aguilar Huerta, Isaías43
Rivera de la Rosa, Jesús y Vera Vélez, Rebecca44
Introducción
Por su índice de población, la ciudad de Puebla ocupa el cuarto lugar 
entre las zonas metropolitanas de México, enfrenta procesos similares 
que las ciudades con un mayor grado de urbanización; entre éstos des-
taca el proceso de terciarización de la economía y de los mercados labo-
rales, los que muestran una fuerte presencia de trabajo informal y una 
creciente participación de las mujeres.
El objetivo de esta investigación es indagar las características de la 
estructura laboral en el área metropolitana de Puebla durante el periodo 
2005-2013.
En la primera sección del trabajo se hace un breve recuento de los 
orígenes y el desarrollo del sector, el trabajo y la economía informales 
como conceptos teó- ricos; se hace una presentación sobre las formas 
de operacionalizar el concepto o las formas de medir el trabajo in-
formal en México; en la segunda sección se analizan las características 
que adquiere el mercado de trabajo en el área metro- politana de la 
ciudad de Puebla en el periodo 2005-2013; por último se presentan las 
conclusiones.
Para fines de este trabajo se considera como área metropolitana 
de la ciudad de Puebla los siguientes municipios: Amozoc, Coronan-
go, Cuautlancingo, Puebla, Juan C. Bonilla, San Andrés Cholula, San 
Pedro Cholula, San Gregorio Atzompa, Ocoyu- can, Miguel Xoxtla y 
Tlaltenango (véase mapa 5.1). Estos once municipios tienen altos niveles 
de participación en las actividades del sector industrial y del sector ser- 
43. Centro de Estudios para el Desarrollo Económico y Social, BUAP.
44. Estudiante de Maestría en Economía, BUAP.
 130 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
vicios de toda la entidad de Puebla. Por ejemplo, en estos municipios 
el 35.6% de la población trabaja en el sector industrial, el 38.1% en la 
industria manufacturera y el 47.6% en el sector servicios; destaca la par-
ticipación en el subsector de servi- cios profesionales, financieros y cor-
porativos con el 65.9% del total de la población ocupada en la entidad.
Mapa 5.1 Área metropolitana de Puebla
Fuente: Elaboración propia con base en el Marco Geoestadístico Nacional 2010, inegi.
5.1 Debate conceptual y metodológico del empleo informal
En esta sección se presenta un breve estudio sobre los orígenes del 
empleo informal y los debates en torno a éste; así como la evolución 
de la teoría sobre la informalidad del empleo, específicamente de los 
conceptos: sector informal, empleo informal y economía informal. Asi-
mismo, se presenta un pequeño apar- tado sobre la operacionalización 
del concepto de empleo informal. Lo anterior nos permite tener un 
marco conceptual y metodológico de referencia para abor- dar mejor en 
las secciones subsecuentes el análisis empírico de la estructura laboral 
en el área metropolitana de Puebla, la participación de las mujeres y el 
empleo informal.
5.1.1 Orígenes y debate teórico sobre el empleo informal
A raíz de la crisis de la deuda de América Latina en 1982 se ha vivido un 
proceso de reformas estructurales que no sólo trastocan las estructuras 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 131 
productivas creadas en la época de la industrialización por sustitución 
de importaciones (1950-1980), sino también el ámbito político, social 
y cultural. Se presenta un desmantelamien- to de las instituciones del 
Estado benefactor provocando cambios importantes en los mercados 
de trabajo, lo que se vincula con el incremento del subempleo y un 
crecimiento considerable del empleo informal. Diversos estudios han 
puesto de re- lieve la transformación vinculada con el patrón de acumu-
lación neoliberal en los mercados de trabajo, no sólo en los países sub-
desarrollados, como los de América Latina, sino también en los países 
industrializados o desarrollados (Rifkin, 2010; Beck, 2007; Neffa, et ál., 
2010; Pérez, 2005; Rodgers, G y Rodgers J., 1992). Es- tos cambios sig-
nifican un proceso que tiene efectos a escala mundial, aunque en grados 
y características diferentes.
En 1972, la Organización Internacional del Trabajo (oit) introdujo 
el concep- to de sector informal, establece que éste se conforma con 
todas las actividades no reconocidas en el sector formal. Con base en un 
estudio sobre el mercado laboral en Kenia3, un país del tercer mundo 
(oit, 1972), la oit reconoce que el problema del empleo en los países 
subdesarrollados no se traduce en desempleo como en los países desa-
rrollados, sino en ocupaciones con bajos ingresos que apenas alcanzan 
para la sobrevivencia.
Los cambios en la estructura ocupacional con la «aparición» de em-
pleos o tra- bajos atípicos llevó a la oit a reconocer la existencia en la eco-
nomía de un sector informal que se alejaba del sector formal conocido 
hasta entonces, en el que pre- dominan los trabajadores asalariados. En 
1993 en la xv Conferencia Internacional de Estadísticos del Trabajo (ciet) 
se logró un consenso respecto de la definición misma del sector informal.
El sector informal puede describirse en términos generales como 
un conjunto de unidades dedicadas a la producción de bienes o la 
prestación de servicios con la finalidad primordial de crear em-
pleos y generar ingresos para las personas que participan en esa acti-
vidad. Estas unidades funcionan típicamente en pequeña escala, con 
una organización rudimentaria, en la que hay muy poca o ninguna 
distinción entre el trabajo y el capital como factores de producción. 
Las relaciones de empleo —en los casos en que existan— se ba-
san más bien en el empleo ocasional, el parentesco o las relaciones 
personales y sociales, y no en acuerdos contractuales que supongan 
garantías formales (citado en oit, 2013: 16).
 132 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
A partir de esta definición se desprenden dos aspectos relacionados 
con el sector informal:
1. El no registro; y
2. la pequeña escala en la operación45
Posteriormente, al observarse que en el propio sector formal exis-
tían empleos sin seguridad social, sin derechos laborales y con bajos 
ingresos —características si- milares a las del sector informal—, se puso 
atención en el tipo de empleo y no sólo en las actividades económicas, 
a partir de entonces se incorporó el concepto de em- pleo informal.
Al analizar el mercado de trabajo —sobre todo en los 1990— en el 
contexto de la globalización y del patrón de acumulación neoliberal,se 
observan otros ele- mentos de desprotección del trabajo en empresas 
perfectamente establecidas y, por tanto, vinculadas a los procesos pro-
ductivos del sector formal, que pagan «por fue- ra de nómina», básica-
mente para eludir las contribuciones patronales a la seguridad social de 
instituciones privadas o públicas. Esta situación se presenta en cualquier 
tamaño de unidad económica o sector de actividad económica; es decir, 
no sólo se da en las micro y pequeñas empresas.
Los trabajadores bajo esta situación pueden estar recibiendo un salario 
o ma- nejando la relación laboral como si fuera mercantil —trabajadores 
por comisión u honorarios— pero el hecho es que, como también suce-
de en el servicio doméstico, no pueden hacer efectivos ciertos derechos 
laborales, no tienen contratos de tra- bajo que los ampare en situaciones 
de conflicto —seguridad social, beneficios no salariales, liquidación o fini-
quito al término de la relación de trabajo— ni acceso a las instituciones de 
salud comprendidas dentro de esos derechos (inegi, 2014).
El concepto amplio de empleo informal está conformado por dos 
grandes com- ponentes:
45. Es importante señalar que el mismo informe de la oit reconoce que esta de-
finición no lleva a una segmen- tación de la economía o de la población ocupada 
según la dicotomía sector formal/sector informal; reconoció que las actividades 
excluidas del ámbito de aplicación de la definición de sector informal no eran ne-
cesariamente for- males, y los ejemplos que daba eran: los hogares que producen 
bienes finales para consumo propio, la agricultura en pequeña escala, el servicio 
doméstico remunerado, y servicios domésticos o personales no remunerados reali- 
zados por miembros del hogar para uso propio o para uso de otro hogar (que no 
son considerados en el Sistema de Cuentas Nacionales).
 Economía, sociedad y medio ambiente · 133 
•Personas y trabajos que operan en el sector informal.
•Personas y trabajos operando bajo condiciones informales en el 
sector formal.
En la década de 1990, desde otro ángulo del debate sobre el empleo 
informal, también comienza a cuestionarse la asociación directa entre 
sector informal y em- pleo informal. En esa década se registra un cam-
bio en el tipo de articulación entre el sector informal urbano (siu) y el 
sector formal de la economía que es funda- mental para pensar en el 
aumento de la informalidad y la precariedad del trabajo.
Si antes el siu funcionaba a modo de «colchón» para evitar caer en 
situaciones de exclusión de aquellos que quedaban fuera del sector for-
mal, a partir de los proce- sos de reestructuración económica de esa 
década el sector informal aparece como proveedor de servicios a bajo 
costo, vinculándose de esta manera a la lógica de acumulación de las 
empresas del sector formal. El proceso que hizo posible esta nueva 
articulación fue la tercerización, medio por el cual las empresas, utilizando 
la forma de subcontratación, reducen costos y disminuyen su planta de 
personal. Con este proceso hubo un aumento de la tasa de trabajadores 
asalariados en el siu y un aumento de la participación de la microempre-
sa, donde, en definitiva, pre- dominan formas de empleo asalariado no 
registrado. A su vez, se experimentó una extensión de la precarización 
laboral al interior de las empresas del sector formal por las nuevas for-
mas de contratación, los cambios en la legislación laboral y el aumento 
del empleo no registrado, entre otros factores (Barattini, 2009: 2).
Al continuar el debate sobre el alcance y las limitaciones del «sector 
informal», en el año 2002 la propia oit habla de economía informal para 
referirse a un grupo de actividades económicas cada vez más diverso y 
creciente que, tanto en las esfe- ras urbanas como en las rurales, opera 
de manera informal46 (Pérez, 2005). El debate en torno a la econo-
mía informal, a su vez, derivó en dos principales enfoques47, el prime-
46. Desde el principio se abrió el debate en torno al concepto de sector informal 
y una década después comienza a hablarse de economía informal. Sin embargo, 
en el terreno de la medición de las diferentes formas que adquiere el trabajo, la oit 
continuó con la idea de que el trabajo informal se componía del trabajo del sector 
informal más el empleo informal del sector formal. 
47. La visión de los dos enfoques es compartida por: Pérez (2005), Portes y Haller 
(2004) y Portes y Benton (1987). Sin embargo, al enfatizar «nuevamente» sobre el 
papel que desempeña el trabajo informal en la econo- mía mundial contemporánea 
 134 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
ro representado por la oit y varios investigadores vinculados (Souza y 
Tok- man, 1978; Klein, 1984; De Soto, 1987; Tokman, 2011) que ponen 
atención en el excedente de trabajo que no puede absorber el sector for-
mal o moderno, y que se observa desde el proceso de industrialización 
por sustitución de importaciones. No obstante, a raíz de la crisis de la 
deuda, se registra una explosión de trabajos atí- picos fuera del sector 
moderno, por ello los investigadores vinculados con oit e influenciados 
por el pensamiento cepalino retoman los conceptos de heterogenei- 
dad estructural y estructura ocupacional heterogénea para explicar la 
diversidad de tipos de trabajo que se están generando «fuera» del sector 
formal. Su propues- ta para «resolver» el problema de la informalidad 
y convertir el trabajo informal en trabajo decente es avanzar en políti-
cas de formalización del trabajo (Tokman, 2011), o promover políticas 
para transformar el trabajo precario en trabajo decente (Rodgers, 2002; 
oit, 2012).
El otro enfoque, que Pérez Sainz denomina regulacionista, plantea 
la vinculación entre el sector informal y el sector moderno, la compren-
sión de tal nexo se encuen- tra al estudiarlos desde una perspectiva his-
tórica, debido a que este tipo de trabajos atípicos «informales» existían 
ya desde los inicios del capitalismo (Pérez, 2005). A diferencia del otro 
enfoque, en éste se plantea que existe una relación entre ambos secto-
res y que el sector informal le es funcional al formal. En este sentido, 
varios au- tores como Portes y Benton (1987), Pries (2001), Portes y 
Haller (2004) coinciden en rechazar las visiones dicotómicas —moder-
no/tradicional, moderno/marginal— y plantean que el sector informal 
no es un sector atrasado o tradicional, sino que forma parte o está muy 
Williams y Lansky (2013) encuentran al menos cuatro perspectivas: Moderna, que 
plantea que a medida que un país se moderniza el trabajo informal va desapare-
ciendo; de la Economía Política, propone que el empleo informal no es un vestigio 
del sistema de producción previo, sino un componente integral de las prácticas 
de acumulación del capitalismo, incluso afirma que la economía informal es pare 
inherente de la modernización; Neoliberal, plantea que la «informalización» es una 
respuesta popular a los impuestos elevados, a la corrupción estatal y a la inter-
vención estatal en el libre mercado, que se traduce en una decisión racional de los 
trabajadores de salir voluntariamente de la economía formal; y Posmoderna, que 
nace a principios del nuevo siglo y enfatiza que en los países desarrollados existe 
un trabajo informal por cuenta propia que se realiza por y para parientes, vecinos 
y amigos, no con fines de lucro, sino como iniciativa solidaria.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 135 
vinculado con el sector moderno —formal—, incluso se afirma que en 
la misma empresa coexisten diferentes tipos de trabajo pues el trabajo 
de tiem- po completo con contrato permanente es muy diferente del 
trabajo a tiempo parcial o del trabajo contratado eventualmente. Los in-
vestigadores de esta corriente ponen énfasis en que la «informalización» 
del trabajo obedece a la reestructuración produc- tivaa escala mundial 
y los procesos de subcontratación que realizan las empresas del sector 
formal recurriendo a las actividades informales (Portes, 1995).
Otra vertiente del debate sobre la informalidad —que tiene vínculos 
teóricos con la segunda escuela— trata de ir más allá y no sólo critica 
la visión dicotómica de la oit respecto de la informalidad —sector in-
formal versus sector formal48—, sino que plantea que en el contexto de 
la globalización y de la reestructuración produc- tiva al interior de cada 
país se están viviendo verdaderos procesos de precarización del trabajo 
debidos a los cambios en la división internacional del trabajo, por el 
despliegue de las empresas trasnacionales (etn) a escala mundial, donde 
la segmen- tación de los procesos productivos juega un papel relevante 
ya que por este medio se aprovecha la mano de obra barata de los países 
subdesarrollados49.
Actualmente el empleo informal representa una parte considerable 
del empleo; incluye las personas ocupadas que, por ley o en la práctica, 
no se encuentran sometidas a la legislación laboral nacional, al impuesto 
48. Las posiciones más radicales plantean que el concepto de informalidad (sector 
informal versus sector formal) no tienen capacidad analítica y proponen por tanto 
abandonarlo (Connolly, 1990), o realizan una crítica profunda y sustentada (Salas, 
2006). En este sentido, los conceptos, trabajo precario, precariedad y precarización 
del traba- jo tienen más capacidad de explicación sobre los procesos que se están 
dando en los mercados laborales, no sólo en los países subdesarrollados, sino tam-
bién en los industrializados.
49. En los países subdesarrollados, concretamente en América Latina, también se 
observan transformaciones en la estructura laboral relacionadas con la aplicación 
de las tecnologías de información y comunicación a los proce- sos productivos, 
también se registra un proceso de precarización del trabajo. Sin embargo, una de 
las diferencias entre Europa y los Estados Unidos es que diversas formas de tra-
bajo precario o «atípico» existen en esta región porque el avance de las relaciones 
capitalistas o salariales de los procesos de «modernización» no fue suficien- te para 
incorporar a toda la población económicamente activa al trabajo asalariado —ré-
gimen salarial fordista—. Además, en lugar de alcanzar la «ocupación plena» como 
en los países centrales durante la época dorada del ca- pitalismo (1945-1973) se 
mantuvo un desempleo/subempleo estructural. 
 136 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
sobre la renta o que no tienen derecho a la protección social ni a los 
beneficios laborales. El empleo informal puede existir tanto en el sector 
formal como en el sector informal de la economía. En la mayoría de los 
países en desarrollo, el empleo informal es un componente de la «mano 
de obra empleada» mayor que el empleo formal (oit, 2013: 23).
5.1.2 Aspectos metodológicos para el estudio del empleo informal
Una vez que se han dilucidado las diferencias conceptuales entre sector 
formal y sector informal, por un lado, y entre empleo formal y empleo 
informal, por el otro, en esta sección se verá como se ha operacionali-
zado —medido o conmensurado— el concepto de empleo informal.
En este sentido, una primera interrogante es ¿qué es y cómo se mide 
el sector informal de la economía? En la xv reunión de la ciet de la 
oit cuando se intro- dujo por vez primera el concepto sector informal 
se esclareció que dicho concepto no lleva a una segmentación de la 
economía en sector formal/sector informal y que excluye algunas ac-
tividades que no son formales (véase nota 4). Sin embargo, el concepto 
sector informal se define a partir de las características de las unidades 
productivas, empresas, donde se realizan las actividades económicas, 
más que por las características de las personas y sus puestos de trabajo. 
Más aún, el concepto de sector informal de la oit considera las empresas 
de los hogares como no cons- tituidas en sociedades, y las subdivide 
en tres partes; la primera que constituye el sector informal, la segunda 
integrada por las unidades que alojan las actividades consideradas como 
formales por el número de sus trabajadores o porque están re- gistradas, 
y la tercera se refiere a los hogares (cepal, 2010).
La oit considera, entonces, que el sector informal se constituye por 
un subgru- po de unidades de producción incluidas en el sector institu-
cional de hogares, que no están constituidas en sociedad. A diferencia 
de las sociedades y cuasi sociedades, una empresa de hogares o empresa 
que no está constituida en sociedad es una uni- dad de producción que 
no es una entidad legal, independiente del miembro del hogar que sea 
propietario de la misma, debido a que esta entidad no lleva una conta-
bilidad completa que pueda identificar los flujos de ingresos y de capital 
entre la empre- sa y el propietario (oit, 2013). Así, por ejemplo, el capital 
fijo que se emplea en la producción también puede utilizarse para otros 
fines, asimismo el recinto donde se produce es el hogar familiar o el 
vehículo en el que se transportan los bienes produ- cidos puede ser el 
mismo que utilizan habitualmente los miembros de la familia para tras-
 Economía, sociedad y medio ambiente · 137 
ladarse. Sin embargo, la definición de sector informal se mantiene aún 
dentro de la frontera de producción del Sistema de Cuentas Nacionales 
(scn) y no la amplía para incluir, por ejemplo, los servicios de los hoga-
res para uso propio (cepal, 2010).
 Ahora bien, como ya se ha dicho, los conceptos sector informal 
y empleo informal son totalmente diferentes, cada uno se refiere a 
diferentes aspectos de la «informalización», aunque se complementan. 
El empleo en el sector informal difiere cuantitativamente del empleo in-
formal porque debe considerarse el empleo infor- mal del sector formal 
y el empleo formal del sector informal; el empleo informal es la suma 
de los empleos informales tanto del sector informal como del sector 
formal. Poniendo atención en las personas y sus puestos de trabajo, 
se considera el empleo in- formal que existe y se propaga en el propio 
sector formal o moderno de la economía ya que el trabajo va más allá 
del sector informal. Entonces, ya no sólo se considera a la unidad eco-
nómica de producción como fuente principal o unidad básica de medi- 
ción, sino también el tipo de empleo. La oit presenta un cuadro donde 
se combinan todos los elementos en una matriz, por un lado, en las filas 
se presentan las unidades de producción, en las columnas, los puestos 
de trabajo (véase cuadro 5.1).
Cuadro 5.1 Marco metodológico para el empleo informal50
Las casillas en negro se refieren a trabajos que por definición no existen en el tipo de 
unidad en cuestión. Las casillas en gris se refieren a trabajo formal. Las casillas sin 
color, con número representan diferentes tipos de em- pleo informal.
*Se excluyen a los hogares que emplean trabajadores domésticos asalariados (según la 
resolución de la 15ª ciet).
Fuente: oit, 2013.
50. Las casillas en negro se refieren a trabajos que por definición no existen en el 
tipo de unidad en cuestión. Las casillas en gris se refieren a trabajo formal. Las 
casillas sin color con número representan diferentes tipos de empleo informal.
 138 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
Como se registra en el cuadro 5.1, los empleos se clasifican según su 
situación en el puesto de trabajo y de acuerdo con su naturaleza formal 
e informal, en cinco grupos:
•Los trabajadores por cuenta propia;
•los empleadores;
•trabajadores;
•familiares auxiliares, asalariados; y
•miembros de cooperativas de productores.
Así, existen tres tipos de casillas, las negras que se refieren a trabajos 
que por definición no existen en el tipo de unidad en cuestión; las gri-
ses que se refieren a trabajos formales; y las blancas numeradas que se 
refierena los diversos tipos de empleos informales.
La adaptación del cuadro 5.1 al caso de México, fue elaborada por el 
inegi, el cual presenta un diagrama para entender los diferentes rubros que 
conforman el em- pleo informal, en éste se ha puesto más atención en el tipo 
de empleo que en el sector de actividades económicas (véase diagrama 5.1).
Debe considerarse, en primer lugar, que el empleo informal incluye 
personas y trabajos que operan en el sector informal y, en segundo lugar, 
que hay personas y trabajos que operan bajo condiciones informales en 
el sector formal de la economía. En el sector informal se pueden identi-
ficar dos subgrupos, negocios encabezados por trabajadores por cuenta 
propia y negocios encabezados por empleadores. En el primer grupo se 
encuentran los trabajadores por cuenta propia en actividades agrícolas de 
subsistencia, trabajadores sin pago monetario y familiares, trabajadoras do-
més- ticas que son remuneradas pero que no tienen acceso a los beneficios 
básicos de la seguridad social, asalariados de empresas privadas, gobierno 
o instituciones con un trabajo no protegido o sin acceso a los beneficios 
básicos de seguridad social, y tra- bajadores subordinados remunerados 
con percepciones no salariales, sin acceso a los beneficios básicos de la 
seguridad social.
5.2 Estructura del mercado laboral en 
 el área metropolitana de Puebla
El área metropolitana de la ciudad de Puebla se destaca por concentrar 
las actividades económicas de la industria manufacturera y del sector 
servicios, subse- cuentemente concentra también la población ocupa-
da. En este apartado se presentan los resultados del análisis sobre la 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 139 
estructura laboral, por sectores, por posición en el empleo y por niveles 
de ingreso —en salarios mínimos—, en cada uno de éstos se hace un 
análisis de la participación de las mujeres. Por último se presenta el es- 
tudio sobre el trabajo informal en el área metropolitana.
5.2.1 Estructura laboral por sectores económicos y participación de las mujeres
Se observa una presencia cada vez mayor de actividades industriales y 
de servicios como parte del proceso de metropolización de la ciudad 
de Puebla, consecuente- mente, se presenta una disminución de las ac-
tividades agropecuarias, incluso con un descenso absoluto en la tierra 
dedicada a actividades agrícolas y pecuarias.51
Diagrama 5.1 Empleo informal
Fuente: Enoe. La informalidad laboral. Marco conceptual y metodológico. 2014. INEGI
No obstante, algunos estudios han destacado que el proceso de tercia-
rización está vinculado con otros cambios, entre los que destacan la inca-
pacidad de la indus- tria para absorber la fuerza de trabajo que se incorpora 
anualmente a la población económicamente activa; el crecimiento de la 
51. Esta tendencia general también se observa en el país, primero en el contexto 
de la estrategia de Industriali- zación por Sustitución de Importaciones con un 
fuerte dinamismo del sector manufacturero se propicia, entre otros procesos, el 
desplazamiento de trabajadores, primero, hacia dicho sector y más adelante —en 
los años ochenta y noventa del siglo xx— en mayor proporción hacia los servicios, 
algunos de los cuales son complementarios de las actividades industriales, al me-
nos en un principio. Por supuesto este proceso está encabezado por las grandes 
ciudades mexicanas, que son las que concentran tendencialmente las actividades 
económicas, durante la segunda mitad del siglo xx. 
 140 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
tasa social de natalidad que es superior a la natural debido a los procesos 
migratorios campo-ciudad; la incorporación creciente de la mujer a los 
mercados de trabajo, especialmente a los servicios; la profundización de la 
crisis de la agricultura en el contexto del tlcan, etcétera.
En el área metropolitana de Puebla, el proceso de terciarización se 
profundiza en la década de 1980 —igual que en las otras grandes ciudades 
del país— después de la crisis de la deuda, y en el contexto de la reestructu-
ración productiva.52 En esa década se mostró el agotamiento del patrón de 
acumulación por sustitución de im- portaciones y un estancamiento en las 
actividades industriales de la ciudad de Puebla, junto —o paralelamente— 
con un crecimiento de la población ocupada en los servi- cios debido a una 
incorporación excesiva de mano de obra en actividades terciarias de baja 
calificación y escasa remuneración, como son los servicios personales y el 
comercio ambulante.53 En un primer momento estas actividades fueron 
vistas como un refugio para las personas que eran expulsadas del campo 
y que no fueron incor- poradas al sector industrial de la economía; en un 
segundo momento —década de 1990 y primera del siglo xxi— se fueron 
incorporando «personas urbanas» que tam- poco encontraban empleo en 
el sector industrial. La falta de absorción de la mano de obra causante del 
desempleo y del subempleo generó un problema crítico que, a su vez, 
matizó la distribución sectorial del empleo urbano. Mientras que el sector 
industrial ha perdido dinamismo para crear empleos, el sector terciario está 
sobre- cargado de ocupaciones poco productivas en servicios de baja cali-
ficación y mucho subempleo.
52. Diversos estudios han destacado los cambios importantes que se dan en el 
mercado de trabajo mexicano a partir del proceso de reestructuración productiva 
que empieza en la década de 1980, después de la crisis de la deu- da de 1982. En 
particular se han destacado dos procesos, por un lado, el proceso de terciarización 
de la economía y de la estructura del mercado laboral; por otro lado, el proceso de 
feminización, esto es, de la incorporación cada vez en mayor proporción de trabajo 
femenino a las actividades tanto industriales como de servicios.
53. Es importante destacar que el proceso de terciariación en Puebla en particular 
y en México en general, como en los países de América Latina, no es igual al que 
se observa en los países centrales; en éstos dicho proce- so se encuentra asociado 
con un incremento relativo de la productividad en el sector manufacturero, en 
aquellos la terciarización, o desindustrialización, se asocia con un estancamiento o 
con bajos niveles de crecimiento en los niveles de productividad, tanto en el sector 
manufacturero como en el sector servicios. Este proceso también se asocia con un 
estancamiento o caída de la demanda agregada; principalmente por la contracción 
del mercado in- terno (unctad, 2003).
 Economía, sociedad y medio ambiente · 141 
Como veremos en seguida, el proceso de terciarización en el área 
metropoli- tana de Puebla ha continuado en los últimos años, aunque 
de forma más lenta, de 2005 a 2013 la población ocupada en el sector 
agropecuario pasó de 3.4% al 2.7% y en el sector industrial descendió 
del 28.3% al 25.4%.54 En términos relativos, estos descensos se reflejan 
en un incremento proporcional del sector servicios que va del 68.2% al 
71.5%, en el mismo periodo (véase cuadro 5.2).
En concordancia con lo anterior, todos los subsectores de servicios, 
con excep- ción de transportes, comunicaciones, correo y almacena-
miento, y el subsector de gobierno y organismos internacionales, tienen 
pequeños aumentos en su participación en el empleo global de la ciudad. 
El subsector de servicios profesionales, financie- ros y corporativos que 
registra el mayor aumento, casi dos puntos porcentuales,55 este incre-
mento es importante, ya que éste es el que brinda servicios al productor.
Cuadro 5.2 Área metropolitana de Puebla: porcentaje de población ocupada 
por sector de actividad económica y por sexo, 2005-2013
Fuente: Elaboración propia con base en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, inegi
54. El descenso del empleo en el sector manufacturero pudo haber sido mayor,de no ser por la industria ma- quiladora de exportación —y también la industria 
productora para el mercado nacional, como proveedora, que adquiere un mayor 
dinamismo a partir de los años ochenta del siglo xx— tiene su auge durante los 
1990, tanto en el estado de Puebla como en la ciudad, y persiste con menor peso en 
la primera década de este siglo; y que por cierto, es intensiva en fuerza de trabajo.
55. En los nuevos y más dinámicos subsectores de servicios tampoco se observa un 
aumento considerable de la productividad, por ello el pib del sector mantiene su par-
ticipación en el pib total, mientras que hay un creci- miento de la población ocupada.
 142 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
Ahora bien, si ponemos atención a la estructura laboral del trabajo 
femenino, en el mismo cuadro 5.2 se observa que el mayor porcentaje 
se ubica en el sector ser- vicios con poco más del 80% y el menor en 
el sector agropecuario con menos del 2%, durante nuestro periodo de 
estudio 2005-2013; teniendo una tendencia cre- ciente, ya que pasó del 
81% en 2005 al 83.3% en 2013. En contraste, el caso del trabajo mascu-
lino, que también se ubica en mayor porcentaje en el sector servi- cios, 
apenas rebasa el 60%.
Otra de las diferencias del trabajo femenino frente al masculino, es 
el porcentaje que se emplea en el sector industrial, el primero apenas 
alcanza el 15%, en tanto que el segundo cubre alrededor de un tercio 
(véase cuadro 5.2). Estos datos confirman que el trabajo femenino se 
encuentra principalmente en el sector de los servicios.
5.2.2 Estructura laboral por posición en la ocupación y empleo femenino
El análisis de la población ocupada según la posición que ocupa en el 
trabajo en el área metropolitana de Puebla indica que más de dos tercios 
de la población ocupada pertenece al rubro de trabajadores subordina-
dos y remunerados —de los cuales alrededor del 90% son asalariados y 
el resto recibe una remuneración no asa- lariada—, el 20% son trabaja-
dores por cuenta propia y el 6% son trabajadores no remunerados (véase 
cuadro 5.3). El hecho de que alrededor de dos tercios del tra- bajo sea 
remunerado no significa, sin embargo, que todo el trabajo asalariado 
sea un trabajo formal o que contenga todos los beneficios de la segu-
ridad social y de la contratación colectiva o individual del trabajo. De 
hecho, como se vio más arriba, una buena parte del empleo informal se 
encuentra en el sector formal, sobre todo, como trabajo remunerado.
Cuadro 5.3 Área metropolitana de Puebla: porcentaje de la población 
 ocupada, por posición en el trabajo y sexo, 2005-2013
Indicadores 2005-2007
2008-
2010
2011-
2013
Posición en la ocupación total 100,0 100,0 100,0
Trabajadores subordinados y remunerados 69,5 69,4 69,9
Empleadores 4,9 4,5 4,4
Trabajadores por cuenta propia 19,7 20,1 20,0
Trabajadores no remunerados 5,8 6,0 5,8
 Economía, sociedad y medio ambiente · 143 
Posición en la ocupación HOMBRES 100,0 100,0 100,0
Trabajadores subordinados y remunerados 68,6 69,6 70,8
Empleadores 6,8 6,2 5,9
Trabajadores por cuenta propia 20,8 20,8 19,7
Trabajadores no remunerados 3,7 3,5 3,5
Posición en la ocupación MUJERES 100,0 100,0 100,0
Trabajadoras subordinadas y remuneradas 70,8 69,1 68,6
Empleadores 2,1 2,1 2,2
Trabajadores por cuenta propia 18,2 19,1 20,3
Trabajadores no remunerados 9,0 9,7 8,8
Fuente: Elaboración propia con base en la Encuesta Nacional de Ocupación y Em-
pleo, inegi.
Un breve análisis comparativo entre la participación de hombres y 
mujeres nos dice que ambos grupos de trabajadores mantiene la misma 
estructura ocupacional, con pequeñas diferencias en los porcentajes. Sin 
embargo, dos diferencias saltan a la vista, la primera, es que en el rubro 
de trabajadores subordinados y remunerados, los hombres aumentan su 
porcentaje del 68.6% en 2005-2007 al 70.8% en 2011- 2013; mientras 
que el porcentaje de las mujeres desciende del 70.8% al 68.6% en el mis-
mo periodo, con datos exactamente iguales pero a la inversa; la segunda, 
el porcentaje de trabajadoras no remuneradas es superior en más de tres 
puntos por- centuales al de trabajadores no remunerados, con lo cual se 
sostiene la afirmación de que las mujeres se encuentran en situaciones 
de empleo más vulnerable.
Si ahora ponemos atención en el trabajo por su posición en la ocu-
pación por sec- tor de actividad económica y por género —masculino y 
femenino—, encontramos que, con excepción del sector agropecuario, 
en todos los demás sectores y subsec- tores predomina el trabajo subor-
dinado y remunerado. En el sector agropecuario es superior el trabajo 
por cuenta propia, tanto en el total —hombres más mujeres— y en el 
grupo de hombres, ya que en el grupo de mujeres prevalece el rubro 
de traba- jadores no remunerados con un 71.8%. Esto significa que 
del pequeño porcentaje de mujeres ocupadas en el sector agropecuario, 
más de la mitad no recibe ingresos porque son trabajos familiares (véase 
cuadro 5.4).
Otra diferencia entre el trabajo de hombres y mujeres puede obser-
 144 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
varse en la industria de la construcción, en la que el trabajo femenino 
representa el 94% subor- dinado y remunerado, mientras que los hom-
bres en este rubro significan el 64.2%; en el rubro de trabajadores por 
cuenta propia los porcentajes son de 0% en el gru- po de mujeres y 19% 
en el grupo de hombres.
En la industria manufacturera, con trabajo típico masculino asalaria-
do, las muje- res tienen un 20.6% de trabajo por cuenta propia, contra 
un 11.1% de los hombres; lo mismo sucede en el subsector comercio, 
donde hay que señalar que las mujeres trabajadoras por cuenta propia 
tienen un 39.7% y los hombres solamente un 25.3%. En ambos sub-
sectores los hombres se encuentran predominantemente como traba-
ja- dores subordinados y remunerados, en contraste la mujer tiene una 
presencia mayor en el trabajo por cuenta propia y en trabajadores no 
remunerados.
El cuadro 5.5 muestra los niveles de ingreso de la población ocu-
pada en el área metropolitana de Puebla, separando trabajo masculino 
y trabajo femenino. Un pri- mer resultado del análisis destaca que el 
porcentaje de la población que gana hasta un salario mínimo aumenta 
en el periodo de estudio, del 9.7% al 12.3%; asimismo, el porcentaje que 
gana desde un salario mínimo hasta dos también aumenta leve- mente. 
Por el contrario, en los rangos que van de tres a cinco salarios mínimos 
y el de más de cinco salarios mínimos sufren un descenso. Lo anterior 
significa que de la población ocupada en el área metropolitana de Pue-
bla un mayor porcentaje gana entre uno y dos salarios mínimos, y que 
desciende la población con ingresos me- dianos de más de tres y más de 
cinco salarios mínimos.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 145 
Cuadro 5.4 Porcentaje de población ocupada en los sectores económicos 
por posición en la ocupación y por sexo, octubre-diciembre 2013
Posición en la ocupación
Sexo y sector de 
actividad económica
Población 
ocupada
Trabajadores 
subordinados 
y remunerados
Empleadores
Trabajadores 
por cuenta 
propia
Trabaja-
dores no 
remunera-
dos
Puebla 100,0 70,2 4,5 19,6 5,8
Agropecuario 100,0 29,2 9,2 34,5 27,1
Construcción 100,0 65,7 13,8 19,0 1,4
Industria manufac-
turera
100,0 78,3 3,4 14,2 4,0
Comercio 100,0 53,3 3,9 32,3 10,5
Servicios 100,0 77,8 3,6 14,9 3,8
Otros 100,0 92,5 3,7 3,7 0,0
No especificado 100,0 93,4 0,0 0,0 6,6
Hombres 100,0 71,8 6,4 18,6 3,2
Agropecuario 100,0 33,2 10,5 42,7 13, 5
Construcción 100,0 64,2 14,2 20,1 1,5
Industria manufac-
turera
100,0 83,0 4,0 11,1 1,8
Comercio 100,0 63,6 5,7 25,3 5,4
Servicios 100,0 74,8 5,5 17,2 2,5
Otros 100,0 91,2 4,4 4,4 0,0
No especificado 100,0 100,0 0,0 0,0 0,0
Mujeres 100,0 67,9 1,8 20,8 9,5
Agropecuario 100,0 15,9 4,9 7,4 71,8
Construcción 100,094,0 6,0 0,0 0,0
Industria manufac-
turera
100,0 68,6 2,2 20,6 8,6
Comercio 100,0 42,6 1,9 39,7 15,8
Servicios 100,0 80,9 1,6 12,4 5,1
Otros 100,0 100,0 0,0 0,0 0,0
No especificado 100,0 73,9 0,0 0,0 26,1
Fuente: Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, inegi.
Asimismo, se da una leve comparación entre los niveles de ingreso entre 
la po- blación ocupada según sexo, sobresale el hecho de que un alto porcen-
taje de las mujeres se concentra en los rangos de uno y dos salarios mínimos; 
en los años 2005 a 2007 casi el 43% de la población ocupada se encuentra en 
 146 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
este rango; en tanto los hombres alcanzan el 24.4%, ambos sexos registran 
un aumento en este rango y un descenso en el de niveles más altos.
En general se observa que un porcentaje superior de hombres se 
encuentra en los niveles más altos de ingreso, sustentando la hipótesis 
de que las mujeres se en- cuentran en los empleos peor pagados, de más 
bajos salarios o que en los mismos puestos obtienen ingresos más bajos, 
lo cual apuntaría a la existencia de elementos de discriminación laboral, 
los cuales estarían relacionados con los niveles de educación, menores 
niveles de organización o un mayor «ejército industrial de re- serva», 
éste último a su vez estaría relacionado con un mayor número de mu-
jeres sin trabajo, desempleadas que buscan trabajo y que, por lo tanto, 
incrementan las presiones hacia el descenso de los salarios.56
Cuadro 5.5 Porcentaje de población ocupada en la ciudad de Puebla
según el nivel de ingreso en salarios mínimos, total y por sexo, 2005-2013
Indicadores 2005-2007 2008-2010 2011-2013
Nivel de ingresos TOTAL 100.0 100.0 100.0
Hasta un salario mínimo 9,7 11,0 12.3
Más de 1 hasta 2 salarios mínimos 22.1 21.7 24.1
Más de 2 hasta 3 salarios mínimos 23.6 24.0 23.5
Más de 3 hasta 5 salarios mínimos 22.6 18.8 18.2
Más de 5 salarios mínimos 13.1 11.9 9.2
No recibe ingresos 6.2 6.3 6.0
No especificado 2.7 6.3 6.6
Total de población ocupada hombres 100.0 100.0 100.0
Hasta un salario mínimo 6.2 7.5 8.5
Más de 1 hasta 2 salarios mínimos 18.2 19.0 20.7
Más de 2 hasta 3 salarios mínimos 25.8 26.8 27.0
Más de 3 hasta 5 salarios mínimos 26.8 21.5 21.1
Más de 5 salarios mínimos 15.8 14.4 11.4
No recibe ingresos 4.2 3.9 4.0
No especificado 2.9 6.8 7.4
56 ¿Por qué no presionan el descenso de los salarios de los hombres? Para respon-
der esta pregunta nos te- nemos que remontar a observar si los presionan a la baja; 
no obstante, si presionan más el propio salario de las mujeres es porque se tienen 
mercados de trabajo segmentados y aunque en general, se está elevando el empleo 
femenino, tienden a constituirse actividades económicas con empleo preferente-
mente femenino, destacando me- nudeo y el trabajo doméstico. 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 147 
Total de población ocupada MUJERES 100.0 100.0 100.0
Hasta un salario mínimo 14.8 16.0 17.6
Más de 1 hasta 2 salarios mínimos 27.9 25.6 28.8
Más de 2 hasta 3 salarios mínimos 20.4 19.9 18.8
Más de 3 hasta 5 salarios mínimos 16.5 14.9 14.4
Más de 5 salarios mínimos 9.0 8.4 6.1
No recibe ingresos 9.0 9.7 8.8
No especificado 2.3 5.6 5.6
Fuente: Elaboración propia con base en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo. inegi.
5.2.3 Tasas de empleo informal
El análisis del comportamiento de las tasas de ocupación en el sector 
informal y del empleo informal en su conjunto revela algunos hechos 
interesantes que, sin embargo, no son concluyentes, pero que se deben 
considerar en el estudio del em- pleo que vive en la informalidad.
En primer lugar, destaca que la tasa de ocupación del sector in-
formal que no incluye al sector agropecuario (tosi 1) y la del sector 
informal que sí incluye al sector agropecuario (tosi 2) son casi idénticas 
y rondan alrededor del 30%. Esto se debe a que en la ciudad de Puebla, 
como era de esperarse, el empleo en el sector agropecua- rio ha perdido 
importancia y aparece como insignificante, incluso en los municipios 
conurbados que forman parte del área metropolitana, los que tienen 
un poco más de actividades en el sector agropecuario sobre todo en la 
producción de maíz (véase gráfica 5.1).
Gráfica 5.1 Área metropolitana de Puebla: tasas de empleo 
en el sector informal y de empleo informal, 2005-2014
Fuente: Encuesta Nacional de Empleo y Ocupación, inegi.
 148 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
Respecto de la tasa de empleo informal o de informalidad laboral 
—incluida la ocupación en el sector informal y el empleo en condicio-
nes de informalidad del sec- tor formal— que a inicios del periodo se 
acercaba al 60%, tuvo un ligero descenso en 2006 y 2007 y en el periodo 
2008-2010 tuvo un repunte quedando ligeramente arriba del inicio, para 
después, cuando había una leve recuperación de la economía
—2011 hacia adelante—, volver a descender. El mismo comporta-
miento tienen las curvas de la ocupación en el sector informal, por lo 
cual podemos decir que hay in- dicios que apuntan hacia una relación 
inversa entre el crecimiento económico y las tasas de ocupación en el 
empleo informal. Queda, sin embargo, para una investiga- ción poste-
rior indagar acerca de esta relación.
Es necesario destacar que el porcentaje del empleo informal que se 
localiza en el sector formal de las actividades económicas es similar —
casi el 30%— al porcen- taje del empleo que se encuentra en el sector 
informal. Destaca el hecho de que en ambos segmentos los empleados 
no tienen acceso a la seguridad social y no cuentan con contratos de 
trabajo permanentes, se encuentran en una situación de inseguridad en 
el trabajo y no tienen prestaciones sociales que los protejan en caso de 
enferme- dades o en caso de ser liquidados. Además de que son traba-
jadores con los más bajos niveles de salario.
5.3 Conclusiones
El análisis realizado indica que la estructura del mercado de trabajo 
del área me- tropolitana de Puebla, en general, registra las mismas ten-
dencias que el mercado laboral nacional; en particular se observa que 
la tendencia a la terciarización de las actividades económicas continúa 
levemente en ascenso en el periodo de estudio.
La estructura laboral por situación en la ocupación revela que los 
trabajadores subordinados y remunerados —asalariados— representan 
poco más de dos tercios de la población ocupada, registrando durante 
el periodo un pequeño aumento en la estructura laboral de trabajo mas-
culino, mientras que en la estructura de trabajo femenino se observa 
un descenso; los trabajadores por cuenta propia casi alcan- zan el 20%.
En el sector agropecuario es mayor el porcentaje de trabajadores 
por cuenta pro- pia que el de trabajo remunerado, el cual tienen un 
peso similar, un poco mayor, al trabajo no remunerado. Otro subsector 
donde existe un alto porcentaje de traba- jo por cuenta propia es el de 
comercio, que alcanza casi un tercio del total. En los otros sectores 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 149 
y subsectores es predominante el trabajo remunerado, destacando la 
industria manufacturera y los servicios, los cuales alcanzan alrededor 
del 78% del total de la población ocupada, respectivamente. El trabajo 
femenino tiene una estructura diferente a la del trabajo masculino, te-
niendo un mayor peso el trabajo no remunerado y el trabajo por cuenta 
propia que la estructura laboral masculina. Observando el comporta-
miento de las curvas de la ocupación en el sector infor- mal y del em-
pleo informal en al área metropolitana de Puebla, se puede decir que 
existe una relación inversa —que debe, no obstante, investigarse más a 
fondo— entre el crecimiento económico y la tasa de empleo informal.
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[ 151 ] 
6. de la sierra al subterráneo. los 
supuestos miGrantes rurales de la sierra 
norte de puebla y la eConomía de la
 mendiCidad en el metro de la Ciudad de méxiCo
Serna, Érick57
Prefacio metodológico
La experiencia cotidiana como condición de investigación
Inspirado en la concepción metodológica que se muestra en los tex-
tos biográ- ficos y metodológicos de Wright Mills (Mills, 2004; 1961: 
206-263), propongo la recuperación de la experiencia cotidiana como 
fundamento epistemológico para la construcción de problemáticas de 
investigación. Como Mills planteó, existe una estrecha relación entre la 
vida personal y la vida profesional del investiga- dor, de tal modo que 
ambas se retroalimentan y se construyen simultáneamente.58 Tenemos 
que aprender a usar nuestros problemas personales para propósitos in- 
telectuales. Ése es nuestro sacrilegio (Mills, 2004: 248-249). Sacrilegio 
que nutre
«el mundo interior» del investigador social, pues la experiencia de 
vida es el pun- to en el que la vida profesional y personal se construyen 
y retroalimentan.59 De este modo, para Mills, el trabajador intelectual 
forma su propio yo a medida que trabaja por perfeccionarse en su ofi-
cio; para realizar sus propias potencialidades y aprovechar las oportu-
57. Maestro en Estudios Urbanos, El Colegio de México, A.C.
58. Apuntaría Mills que los pensadores admirables no separan su trabajo de sus 
vidas. Parecen tomar ambas co- sas demasiado en serio para permitirse tal disocia-
ción y desean emplear cada una de ellas para enriquecer la otra (Mills, 2004: 49).
59. En palabras de Mills, la experiencia como condición de investigación es tan 
importante que llega a formar una relación sincrónica con la línea vital del inves-
tigador. Decir que «tenéis experiencia», significa, entre otras cosas, que vuestro 
pasado influye en vuestro presente y lo afecta, y que él define vuestra capacidad 
para futuras experiencias (Mills, 1961: 207). 
 152 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
nidades que se ofrezcan en su camino (Mills, 1961: 206). Noción que 
nace de su concepción de “imaginación sociológica”60, la cual se basa 
en la experiencia de vida que se compone de las interrelaciones de los 
problemas individuales con el contexto socio-histórico en el que éstos, 
y la propia vida del investigador, se desarrollan.
Esta epistemología sostiene el presente ensayo, el cual —a partir de 
la descripción de las dinámicas de las y los mendigos, en el espacio sub-
terráneo stc Metro— bus- ca mostrar los medios a través de los que se 
construye la actividad económica de la mendicidad; y cómo ésta, por los 
flujos migratorios que argumenta, muestra la co- nexión que existe entre 
la pobreza rural y la pobreza urbana. Reflexión científica que fue pro-
ducto de mi propia experiencia de «vida urbana» en la Ciudad de México.
Nací y he vivido la mayor parte de mi vida en la zona norte del 
Distrito Fede- ral, muy cerca de la frontera con el Estado de México. La 
otra parte de mi vida, la académico-profesional, la he desarrollado al sur 
de la ciudad. Vivir transportándo- me de norte a sur y viceversa, me lle-
vó, por más de seis años, a hacer recorridos de, en promedio, tres horas 
diarias; cuando iba de la casa de mis padres a la escuela, cuando tenía 
que hacer la triangulación de casa a la escuela, de la escuela al traba- jo y 
del trabajo a casa.61 Esta dinámica de movilidad urbana, hizo que el stc 
Metro, especialmente las líneas 2, 3, 6 y 762, se convirtieran en el espacio 
urbano más im- portante de mi vida.
Con mi incursión en la Sociología, el Metro se convirtió para mí más 
que en un medio de transporte, en mi campo de observación urbana, 
60. Mills define la imaginación sociológica como la cualidad mental esencial para 
percibir la interrelación del hombre y la sociedad, de la biografía y la historia, del yo 
y del mundo. No pueden hacerle frente a sus problemas personales en formas que 
les permitan controlar las transformaciones estructurales que suelen estar detrás 
de ellas (Mills, 1985: 23).
61. Una dinámica de vida y movilidad que inició con mi ingreso a la licenciatura y 
cambió con mi decisión de mudarme a la parte sur de la ciudad cuando cursaba el 
segundo semestre de la maestría y mi posterior ingreso a la vida académica profe-
sional en el propio Colegio de México.
62. La Línea 2 cuenta con 23.431 km y recorre la Ciudad de México de norte a sur, 
pasando por debajo del Centro Histórico de la capital; la Línea 3, con 23.609 km, 
cruza la ciudad desde la punta norte, en los linderos con el Estado de México, hasta 
Ciudad Universitaria; la Línea 6, con 13.947 km, es una de las más cortas del stc 
Metro, y recorre solamente algunas zonas de las delegaciones Gustavo A. Madero 
y Azcapotzalco, al norte de la ciudad; la Línea 7, con sus 18.784 km, parte de El 
Rosario, al norte de la ciudad,hasta llegar a la zona sur, en Barranca del Muerto.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 153 
mi «laboratorio so- ciológico»; por lo que comencé a ver «con otros 
ojos» —la mirada del científico social— las distintas poblaciones que, 
como yo, habitaban el espacio bajo la ciu- dad. Fui prestando especial 
atención a los comerciantes que van de vagón en vagón vendiendo sus 
productos, exhibiendo su arte o pidiendo limosna, conformando, así, el 
mercado informal bajo la ciudad, los llamados vagoneros.
Motivado por la curiosidad sociológica, desde el año 2007 comencé 
a sistematizar algunas de las características que veía a diario; reflexioné 
en torno a la mendicidad y su ejercicio en el espacio subterráneo, es-
pecialmente en los vagones, enfocán- dome especialmente en las y los 
mendigos de origen rural. Sin embargo, debido a mi inmadurez como 
investigador, no sería hasta el año 2008 en el que comenzaría a ha-
cer observaciones y anotaciones sistemáticas sobre este fenómeno, las 
cuales recababa, con cierta regularidad, en un «diario de investigación»; 
también creé un archivo de los papelitos que repartían las y los mendi-
gos de origen rural en los va- gones del Metro, los cuales intercambiaba 
por unas monedas y anotaba al reverso, con la regularidad que me per-
mitía la situación, los siguientes datos: fecha, hora, Línea, estación y una 
breve descripción sobre la apariencia de la o el mendigo que me había 
dado el papel. Entre 2007 y 2012, recolecté ochenta y nueve papelitos, 
que representan veintinueve formas de argumentar, presentar y ejercer 
la mendici- dad de parte de las y los mendigos.
Todo este material es el que ahora presento, con el propósito de 
construir una aproximación, de tipo exploratoria63, sobre la relación que 
se expresa a través de la mendicidad como actividad económica, entre la 
migración rural, la pobre- za urbana y la presentación social del mendi-
go bajo la ciudad. La pregunta de investigación que me guío fue: ¿Cuáles 
son las características de la actividad económica mendigante que realizan 
las y los mendigos de origen rural en los va- gones del stc Metro?
Mi perspectiva sobre el fenómeno es crítica, no en razón del posible 
engaño que la mendicidad de estas personas pudiera encubrir,64 una 
63. Selltiz (1965:132-133) caracteriza metodológicamente los estudios explorato-
rios como avance en el cono- cimiento de un fenómeno o alcanzar nuevos as-
pectos del mismo, con frecuencia con el propósito de formular un problema de 
investigación con mayor precisión para poder explicar otras hipótesis.
64. Una referencia sobre el problema de la verdad y la mentira puede encontrarse 
en Cruz (2007); aunque tam- bién la cuestión alude a la relación entre el actor cíni-
co y el sincero que describe Goffman (2005: 29-33).
 154 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
visión del mundo muy propia de los estratos medios, sino en razón 
de las actividades económicas que desempeñan los grupos pobres de 
la ciudad, como las personas de origen rural, en respuesta a la exclu-
sión laboral del mercado de trabajo urbano. A través de estas prácticas, 
construyen su propio espacio urbano, en este caso, apropiándose del 
es- pacio subterráneo.
La primera sección del artículo presenta la perspectiva contempo-
ránea de la in- formalidad como forma de subalternidad urbana (Roy, 
2005; 2011), perspectiva desde la cual, se concibe al —otrora margina-
do— segregado de los sistemas eco- nómico, políticos y sociales, como 
un habitante de la ciudad que, desde su prácticas informales, construye 
y se apropia de la ciudad.
En la segunda sección, presento los argumentos que, basándome en la 
propuesta teórica de List (1942), Goffman (1970; 2005) y Simmel (1986) 
—a contra luz de la teoría clásica de la economía política— me permiten 
concebir la mendicidad como una actividad económica de subsistencia 
que se engloba dentro de las prác- ticas de la informalidad urbana.
En tercera instancia, describo, apoyándome en algunas estadísticas, 
las caracte- rísticas socioeconómicas y demográficas de la Sierra Norte 
de Puebla, región de la que dicen provenir la mayoría de los mendigos 
y las mendigas, enfatizando la co- munidad de San Miguel del Progreso, 
la cual puede ayudarnos a comprender los flujos migratorios del campo 
a la ciudad.
El último apartado describe la forma en la que la población de ori-
gen rural construye el «oficio» de la mendicidad bajo la ciudad, desta-
cando la fachada física y discursiva65 que acompaña su representación.
Finalmente, con los límites de una investigación exploratoria, pre-
sento algunas pre- guntas, a manera de conclusión, que podrían recupe-
rarse en próximas investigaciones.
6.1 Pobreza urbana, migración de origen rural y marginalidad
La relación entre migración, pobreza urbana y marginalidad ha sido un 
problema constitutivo de los estudios urbanos. Aunque esta discusión se 
65. Goffman (2005: 34) entiende el término fachada como la parte de la actuación 
del individuo que funciona regularmente de un modo general y prefijado, a fin de 
definir la situación respecto de aquellos que observan dicha actuación. La fachada, 
entonces, es la dotación expresiva de tipo corriente empelada intencional o incons-
ciente- mente por el individuo durante su actuación.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 155 
pensaba superada, recientemente, una corriente de estudiosos de Orien-
te Medio la han reanimado, des- tacando la agencia política y económica 
con la que los pobres urbanos producen su espacio. Los estudios del 
«urbanismo subalterno», contrarios a la visión margi- nalista que concibe 
a los pobres como seres dependientes de las decisiones de la estructu-
ra, al igual que el concepto de “sector de producción de subsistencia” 
Ben- nholdt-Thomsen (Lezama, 2002: 347), observan cómo los pobres 
urbanos crean los mecanismos para insertarse a la lógica urbana.
Entre estas formas de inserción, Ananya Roy destaca la forma en 
la que los po- bres urbanos se convierten en agentes activos de cambio 
urbano, pues éstos al llegar a la ciudad, se apropian de un espacio ur-
bano, reconfigurándolo para que responda a sus necesidades; de orden 
económico con las que crean las «economías de empren- dedurismo» y 
de «agencia política», agrupándose para defender sus asentamientos o 
actividades económicas (Roy, 2011: 227). En este sentido, el «urbanismo 
subal- terno» recupera la imagen del habitante «marginal» como un suje-
to socio-histórico con incidencia en el curso de su realidad y como parte 
de la construcción de la vida urbana (Roy, 2011: 228-229).
De este modo, la postura teórica observa los mecanismos económi-
cos, sociales y políticos que utilizan los «desposeídos» para sobreponer-
se e incluso confrontar las vicisitudes y opresión de la vida urbana, las 
políticas de higienización y la exclusión del mercado laboral y económi-
co. Para estos teóricos, los espacios de habitación y vida urbana de los 
pobres urbanos son también nichos de resistencia política en los que 
puede observarse otra forma de urbanización y de «vida urbana» (Roy, 
2011: 226-233; Alsayyad, 2004: 26-27)66. De este modo, el «urbanismo 
subalterno» analiza los espacios de la pobreza urbana, esencialmente las 
formas populares de la agencia urbana, el «habitus del desposeído» y la 
auto organización del emprende- durismo de las economías de subsis-
tencia (Roy, 2001: 231).
Con base en estos presupuestos teóricos es que voy a analizar el 
ejercicio de la mendicidad, entendiéndola como una actividad econó-
66. Incluso para Roy, narrar estas otras formas construir y vivir el espacio urbano 
es un asunto de justicia social: Yo soy ampliamente simpatizante de la causa del 
urbanismo subalterno. Veo en éste una importante corrección de los silencios de la 
teoría historiográfica urbana, la «sancionada ignorancia»—por mencionar la frase 
de Spivak (1999: 164)— que el urbanismo ha ignorado repetidamente esto que es 
la vida y forma de vida de la mayoría de la humanidad del mundo (Roy, 2011: 228).
 156 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
mica de subsistencia para las y los migrantes de origen rural que de-
sarrollan sus actos pedigüeños en las instala- ciones y vagones del stc 
Metro. Actividad que, como otras tantas que se desarrollan bajo la ciu-
dad, transforman el stc Metro, un medio de transporte, en un espacio 
urbano con vida propia que se construye y reconstruye a partir de las 
actividades políticas, sociales y económicas, conflictos y acuerdos que 
mantienen las diversas poblaciones que lo habitan.
6.2 La mendicidad como actividad económica
Los fundamentos ideológicos de la mendicidad están enraizados en la 
misma etimología de la palabra, que puede ser mendum, que alude al de-
fecto, y era atri- buida a las personas que por sufrir un defecto físico no 
podían trabajar y se veían en la necesidad de mendigar; la otra posibili-
dad etimológica es mendax, que es la raíz de la palabra «mentira», a través 
de la que se conceptúa a los mendigos como «mentirosos», es decir, que 
podrían trabajar pero no lo hacen, fingiendo la necesidad.67
La cuestión etimológica refleja la ambivalencia moral que existe en 
torno al ejercicio de la mendicidad —que va de la verdad a la mentira— 
acerca de quién realmente no puede trabajar y merece la caridad y de 
quién no debería merecer- la pues finge su necesidad como una forma 
de escapar del trabajo. De este modo, se desprende una disputa clave 
en las sociedades modernas, la disputa entre tra- bajo y pobreza, pues, 
ideológicamente, el fundamento del capitalismo es la idea del trabajo, 
contrapuesta a la mendicidad, como una actividad de la gente «no pro-
ductiva».
Al respecto, durante el despunte fabril de Inglaterra se creó la idea 
social de los «pobres merecedores»: embarazadas, ancianos, discapacita-
67. Aunque podría existir una innumerable cantidad de ejemplos en la vida real, un 
caso podría ser el que descri- be Arthur Conan Doyle a través de su malquerido 
Sherlock Holmes, en su aventura “El caso del hombre del labio torcido”, que relata 
el «oficio» de un mendigo profesional: “Puede imaginarse lo difícil que era volver al 
arduo tra- bajo por dos libras semanales, sabiendo que podía ganar la misma can-
tidad en tan sólo un día, pintándome la cara, poniendo la gorra en el suelo y que-
dándome sentado”(Conan, 2001: 139). En concreto, respecto del caso que aho- ra 
analizo, uno de los factores que despierta la suspicacia, es precisamente el elemen-
to del discurso escrito que en algunos folletos es justificado por la frase esto que esta 
usted leyendo nos lo escribieron para que nos brindaran su ayuda. Pero, seguramente muchas 
veces, el usuario podría preguntarse ¿quién se los elabora? y ¿con qué fines?
 Economía, sociedad y medio ambiente · 157 
dos, niños; poblaciones a quienes se les excusaba de trabajar porque su 
mano de obra no cumplía con la pro- ductividad que el pujante desarro-
llo requería. Por ello, se les permitía hacer de las limosnas y demás actos 
altruistas, tanto privados como públicos, su modus vivendi (Himmelfarb, 
1988). Si bien esta idea era propia de Inglaterra, país eminentemente 
protestante, ésta no tardó en propagarse hacia otros países europeos 
como España, eminentemente católico, donde se recluía a los pobres 
en «casas de trabajo» para educarlos o enseñarles un oficio a efecto de 
«reinsertarlos» a la productividad social,68 seleccionando a aquellos que 
realmente eran «merecedores» de la piedad de la asistencia social. Así, 
también para el catolicismo la pobreza pasa de ser una ben- dición divi-
na a una calamidad y una injusticia social (Monge, 1998: 37).
Por su parte, el trabajo también fue la idea base sobre la que giró la 
Economía Política clásica de Smith, Ricardo y Marx (Monge, 1998: 
34), siendo la productividad una idea transcendental para el análisis 
de la generación de la riqueza de las naciones. En cuanto a los «se-
res no productivos», entre los que se cuenta a los mendigos, éstos 
eran posicionados en la escala más baja de lo que Marx denomi-
nó el “lumpenproletariado”;69 sobre quienes, en su juventud, dijo 
que:La economía política no reconoce, pues al trabajador desocu-
pado, al trabajador en tanto que se encuentre fuera de esta relación 
de trabajo. Los estafadores, ladrones, mendigos, desempleados, los 
68. Aunque esta práctica también fue heredada de la «Inglaterra industrial», ciertos 
movimientos religiosos, como los metodistas, comenzaron a desarrollar mecanis-
mos de empleo para pobres, con la intención de desarrollar las capacidades que 
les permitieran integrarse plenamente a la sociedad a través de la productividad, 
entendiendo esta integración a la sociedad mediante el trabajo como una forma de 
«salvar un alma en desgracia» (Himmel- farb, 1988: 42-45).
69. Los últimos despojos de la superpoblación relativa son, finalmente, los que 
se refugian en la órbita del pau- perismo. Dejando de lado a los vagabundos, los 
criminales, las prostitutas, en una palabra al proletariado andrajoso, «lumpenprole-
tariado», en sentido estricto […] el pauperismo es el asilo de inválidos del ejército 
obrero en activo y el peso muerto del ejército industrial de reserva. Su existencia 
va implícita en la existencia de la superpoblación relativa, su necesidad en su ne-
cesidad, y con ella constituye una de las condiciones de vida de la producción ca- 
pitalista y del desarrollo de la riqueza, figura entre los fraut frais de la producción 
capitalista, aunque el capital se las arregle, en gran parte, para sacudirlos de sus 
hombros y echarlos sobre las espaldas de la clase obrera y de la pequeña clase 
media (Marx, 1999: 545- 546).
 158 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
trabajadores que mueren de hambre y de pobreza o los criminales, 
son figuras que no existen para la economía política, sino sólo para 
otros ojos; para los doctores, los jueces, los enterradores, los algua-
ciles, etcétera. Son figuras fantasmales fuera de este campo70 (Marx, 
1962: 120).
Sin embargo, aunque estas «figuras fantasmales» han sido —al me-
nos en las ideas— excluidas y segregadas de las dinámicas sociales, cul-
turales y económicas, ello no excluye que se «aparezcan» e incluso sean 
parte del sistema social. Integración que se da a partir de la agencia que 
desarrollan los pobres respecto de las instituciones que buscan segre-
garlos, siendo, por más herético que parezca, la mendicidad una clara 
expresión de su inserción al sistema. Los canales que construyen los 
pobres se basan en la apropiación de los vínculos a partir de los cuales la 
sociedad busca mantenerlos. El primer conducto que reconozco reside 
en las fuer- zas productivas, las condiciones no materiales de la producción 
que identificó List (1942), y el segundo, en la categoría de «los pobres 
merecedores».
La idea original de List, crítica del trabajo de Smith71, era la recupera-
ción de las «fuerzas productivas»72, que para List son las que motivaban 
la producción de mercancías y el trabajo73 (List, 1942: 218-228).74 Sólo 
70. Un desprecio que si bien se funda respecto de su posición dentro del sistema 
productivo, para Marx, iría más allá, al señalar su desprecio al «lumpenproletaria-
do» debido al papel que jugó durante la vuelta al poder de Luis Bonaparte (Marx, 
1976).
71. Para List, la corriente de Smith cometió sendos errores: pues podemos apreciar 
en qué extraños errores y contradicciones incurrió la escuela, señaló la riqueza ma-
terial y el valor de cambio como objetos de su investiga- ción, y el simple trabajo 
corporal como única energía productiva (List, 1942: 225).
72. Aunque List no da una definición formal sobre lo que entiende como «fuerzas 
productivas», se puede in- ferir que hace alusión a la «aptitud para crear riquezas»,«el espíritu o valores que motivan la producción» y los recursos naturales y huma-
nos con los que se cuenta para la producción (List, 1942: 218).
73. En este sentido, considero que existe una cierta afinidad entre la propuesta que 
presenta List para la economía con la que Weber hizo a la sociología a través de la 
influencia que tuvo la ética protestante que, como «guardagu- jas», impulsó el curso 
y el desarrollo del capitalismo moderno (Weber, 2005).
74. Adam Smith tuvo tan poco en cuenta la naturaleza de estas fuerzas, en su con-
junto, que ni una sola vez asignó productividad al trabajo intelectual de aquellos 
que tienen a su cargo el derecho y el orden, que cultivan la enseñanza y la religiosi-
dad, la ciencia y el arte. Sus investigaciones se limitan a la actividad humana suscep-
 Economía, sociedad y medio ambiente · 159 
que List, como «hijo de su época», también enfoca la idea de las «fuerzas 
productivas» al ámbito del trabajo y la producción, lo cual es diame-
tralmente opuesto al ejercicio de la mendicidad, un actividad realizada 
por definición por la gente «no productiva». No obstante, la relación 
mendigante se basa en la movilización de «fuerzas productivas», como 
la lástima, la piedad, la culpa; sentimientos y juicios morales que, al pro-
vocarse, se traducen en la limosna, la ayuda, la dádiva, que reconoce, de 
parte del «otorgante», la «veracidad» de la necesidad del mendigo.
Es justamente en este último punto donde la categoría de los «po-
bres merece- dores» cobra relevancia, pues, como lo entendió Sim-
mel (1986: 481), obligaba a quienes eran catalogados de ese modo a 
comprobar que, efectivamente, eran acreedores a la caridad, obligando 
moralmente a socorrer a aquellas personas que, por sus condiciones 
físicas, etarias, mentales o salubres, se veían incapa- citados para des-
empeñar una actividad productiva. De tal modo, para Simmel, (1986: 
481-482) este derecho era equivalente al derecho a trabajar y al derecho 
a la existencia, pues el pobre era un producto de su medio social, razón 
por la que merecía una compensación por parte de todo individuo que 
se encontrara en me- jor posición que él, facilitándole, así, al pobre la 
demanda y aceptación de una condición humillante, como lo supone la 
mendicidad (Simmel, 1986: 481-482). Adicionalmente, el «outsider ale-
mán» interpreta que a través de la limosna se ex- presa la reciprocidad y 
la funcionalidad de la relación, pues, visto desde el vitral de la religión, 
especialmente la católica, la pecunia que para el pedigüeño signi- fica 
el sustento, para el otorgante es una buena obra que se traduce en un 
pedazo de cielo (Simmel, 1986: 483-490).
Esto guarda cierto paralelismo con lo que Lomnitz (1975) identificó 
como, uno de los pilares de las formas de sobrevivencia de los margi-
nados: la reciprocidad, que surge en una situación de carencia. Cuando 
la supervivencia física o social de un grupo se encuentra en juego, la 
gente moviliza sus recursos sociales y los con- vierte en un recurso eco-
nómico (Lomnitz, 1975: 205). Sólo que en este caso, la exhibición de la 
propia miseria se convierte en un recurso económico para los po- bres, 
buscando que ésta logre convencer a los espectadores sobre la veraci-
tible de producir valores materiales. En relación con ella reconoce, en efecto, que 
su productividad dependen de la ido- neidad y destreza con que se la emplea; pero 
en sus investigaciones sobre las causas de esa destreza e idoneidad no van más allá 
de la división del trabajo (List, 1942: 221).
 160 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
dad de su necesidad, despertando sentimientos de apoyo y solidaridad 
que se traducen en la moneda con la que «se gusta cooperar».
Combinando los dos conductos que sostiene el ejercicio de la men-
dicidad, por medio de las justificaciones sobre el merecimiento de la 
caridad, se comienza a tejer la relación social entre otorgante y mendi-
gante, en la cual, el mendigo moviliza sus «fuerzas productivas», valores 
como: la lástima, la culpa y la piedad; que, una vez provocadas, suponen 
el intercambio moral-económico de la caridad. Si bien la men- dicidad 
puede que no sea una gran actividad productiva, ni genere una alta tasa 
de ganancia, sí es una forma de sustento para los pobres que hacen de 
los sentimientos piadosos provocados al otorgante, por el acto mendi-
gante, una «fuerza productiva» que tiene un valor económico expresado 
en la dádiva o limosna.
Las formas de representación de la mendicidad son los discursos 
corporales, escritos y verbales que buscan justificar la auténtica nece-
sidad del mendigo, el merecimiento de la caridad, lo que sería equiva-
lente a una «fuerza de trabajo», la cual despierta las piadosas «fuerzas 
productivas» en la consciencia del «público» otorgante, que terminan 
por resolverse en el otorgamiento de la caridad. Ésta es la expresión 
del intercambio económico-moral, entre el mendigo y el otorgante, que 
supone la mendicidad y que puede transformase en una «actividad eco-
nómica» que explota a las personas que son capaces de transmitir y pro-
vocar estas emocio- nes en la consciencia de los espectadores, dejando 
grandes ingresos económicos.75 En consonancia, si bien la mendicidad 
pueda llegar a ser una actividad económica que permite la subsistencia 
de los pobres urbanos,76 ello no quiere decir que de ésta se obtengan 
grandes ingresos económicos, incluso puede ser que por este medio se 
presenten actos de explotación humana, como lo señaló críticamente 
Bennholdt- Thomsen, pues las actividades económicas de los pobres, 
75. Sobre este punto se ha especulado demasiado, pero por los riesgos en torno al 
problema, que lo vincularían con redes de «trata de personas» y «crimen organiza-
do», no se tienen referencias concretas.
76. Si bien en este nivel de la investigación no cuento con datos tangibles al res-
pecto, si sé que existen dos pre- dios en las inmediaciones del Metro Insurgentes 
que son habitados por migrantes de origen rural, quienes, entre sus actividades 
económicas, desempeñan la mendicidad. Caso similar al presentado en la zona 
del centro de la ciudad, donde se concentra una gran cantidad de esta población, 
la cual converge con una zona que tiene las esta- ciones con mayor número de 
afluencia de pasajeros de toda la red del stc Metro.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 161 
presentan relaciones con la producción, que pueden ser de sumisión y 
explotación.77
En este sentido, más allá de la verdad y la mentira sobre sus actos, 
lo que importa sociológicamente sobre la mendicidad es su lugar en la 
estructura social; las eventualidades que enfrentan estas personas en la 
interacción cara a cara son sólo una parte del problema y no pueden 
comprenderse totalmente sin una referencia a la historia, al desarrollo 
político y a las estrategias habituales del grupo (Goffman, 1970: 148). 
Al respecto, como lo han demostrado Ruíz (2011) y Pérez (2013) en 
sus in- vestigaciones sobre el comercio informal bajo la ciudad, el espa-
cio subterráneo es gobernado por fuertes cacicazgos que controlan las 
poblaciones que allí laboran, de las que, al parecer, las y los mendigos 
de origen rural no son la excepción. En una nota de mis diarios de 
investigación, fechada el 30 de octubre de 2008, trans- cribí una «con-
versación» que, por casualidad, presencié en la estación Etiopia de la 
Línea 3 del Metro,78 sostenida por un hombre y un par de mujeres de 
origen rural:
A ti si te puedo permitir trabajar, pero a ellas no. A ti te dejo trabajar 
porque eres mi amiga. Pero ya ves que en principio ni a ti te permitía 
trabajar. Ya ves que soy una persona muy especial. Pero bueno a ti y a tu 
familia si los dejo trabajar, pero a los demás no. Ahora si se van a pelear, 
aquí no, si tienen problemas o algo así, arréglenlos allá afuera aquí no,porque si se van a andar peleando, no dejo trabajar a nadie79 (Hombre 
a mujeres).
La expresión política de la mendicidad basada en la moral es otro 
conducto de inserción del pobre a la sociedad, ya que los pobres han 
servido, tanto como grupos de choque, como medio legitimador de la 
constitución del Estado moderno en los que no es la asistencia, sino el 
control de la asistencia, no es una cuestión moral, es una cuestión de 
77. Un caso ilustrativo de esta relación se puede apreciar en la investigación clásica 
de Castillo Berthier sobre las formas económicas de la «Sociedad de la Basura» 
(1983).
78. Con base en mis observaciones subterráneas, noté que, en el argot del comer-
cio informal bajo la ciudad, la parte de la estación Etiopía que está recubierta por 
mosaicos cafés —un punto de descanso— es conocida como «base» de las y los 
mendigos de origen rural, pues allí he encontrado continuamente a las familias o 
los grupos de mujeres mendigantes que trabajan en el Metro, sentados, esperando 
el tren o comiendo a mitad de una «jornada laboral».
79. «Trabajo» que aludía a la mendicidad al interior de los vagones.
 162 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
estrategia económico-política (Monge, 1998: 34). Sin embargo, como 
lo señala Lorenzo (2011: 16), si las élites usaban la asistencia como un 
instrumento de control o un medio para adquirir prestigio, los pobres 
lo hacían como una estrategia para subsistir.
Lo anterior nos permite observar cómo la mendicidad puede ser 
entendida como una relación económico-moral que le permite a los po-
bres conectarse con el sistema en el plano social, económico y político. 
Es entonces el ejercicio de la mendicidad una expresión de la agencia de 
los pobres, pues ellos entienden las concepciones sociales de la mendi-
cidad, entre la mentira y la verdad, así como la reciprocidad que subyace 
al «derecho al socorro», empleándolas a su favor, estableciendo una ac-
tividad que les permite sobrevivir o que podría ser la expresión del lucro 
y la explotación de la lástima.80 De tal modo, la población descrita por 
este concepto no vive al margen de la sociedad capitalista, se encuentra 
estructuralmente ligada a ella y constituye una parte esencial para su 
reproducción (Bennholdt-Thomsen, Citado por Lezama, 2002: 347).
Esta integración puede observarse también en el plano de la propias 
interacciones cotidianas, a través de la relación de «contacto mixto», 
estigma y normalidad, en la que se fundamenta el ejercicio de la men-
dicidad. Desde la conceptualización de Erving Goffman, la interacción 
puede ser definida, en términos generales, como la influencia recíproca 
de un individuo sobre las acciones del otro cuando se en- cuentran am-
bos en presencia física (Goffman, 2005: 27). En ello, puede observarse 
un componente político, entre los participantes, la cual va a ser más no-
toria en los contactos entre «estigmatizados y normales»,81 los «contac-
tos mixtos».82 Dentro de los «contactos mixtos», el «acto mendigante» 
80. Un caso ejemplar de esta situación es representada por el «Hombre elefante de 
la India», quien recientemen- te, rechazó el ofrecimiento de un médico inglés para 
corregir la deformación facial que lo aqueja, pues arguye que con la desaparición 
de su fealdad, también desaparecería su «modo de sustento», la caridad que obtiene 
en las ca- lles, con lo cual ha logrado mantener de buena forma a su familia (Publi-
metro, 16 de mayo de 2014).
81. Con relación a las interacciones con estigmatizados, Goffman define a los 
«normales» como todos aque- llos que no se apartan negativamente de las expec-
tativas particulares que están en discusión (Goffman, 1970: 15). 
82. Por «contactos mixtos» el autor se refiere a los momentos en que estigmatiza-
dos y normales se hallan en una misma «situación social», vale decir, cuando existe 
una presencia física inmediata de ambos, ya sea en el transcurso de una conver-
sación o en la simple copresencia de una reunión informal (Goffman, 1970: 23).
 Economía, sociedad y medio ambiente · 163 
muestra una situación especial, pues en éste no se busca «salvar la inte-
racción»,83 sino que se aprecia un ejemplo de cómo los estigmatizados 
han de manejar la información que se posee acerca de su deficiencia. 
Exhibirla u ocultarla; expresarla, guardar silencio; revelarla o disimu- 
larla; mentir o decir la verdad; y, en cada caso, ante quién, cómo, dónde y 
cuándo (Goffman, 1970: 56). Lo que en el caso de la mendicidad podría 
llegar a ser apre- ciado como el uso voluntario de los estigmas (1970: 61, 
67) que pretenden tensar la interacción84 y convencer al espectador so-
bre la autenticidad de su necesidad, un pobre que merece «el socorro».85 
Así, controlando la información que de él se tiene, el mendigo, exhibe, 
muestra y hace gala del estigma, con el fin de conmover a los espectado-
res, quienes mostrarán su credibilidad en el acto a través de la caridad. 86
6.3 Vivir al norte de la sierra, las posibles 
condiciones de vida de las y los mendigos
Aunque en las interacciones mendigantes siempre existe la duda sobre 
la vera- cidad de las carencias de los mendigos, en el caso de las y los 
mendigos de origen rural no se puede ignorar que existe una conexión 
real entre migración rural y po- breza urbana. Marx la veía reflejada en 
el engrosamiento de las filas del «ejército de reserva», la «súper pobla-
83. Como lo señala Goffman, a lo largo de buena parte de su trabajo, especialmen-
te, cuando se concentra en el «manejo de la información», entre el «estigmatizado», 
«desacreditado» o «desacreditable», y su relación con el «normal»: […] entre la 
situación del desacreditado que debe manejar tensión y la del desacreditable que 
debe manejar información. No obstante, el estigmatizado emplea una técnica de 
adaptación que exige que el estudioso tome en cuenta estas dos posibilidades. En 
ella está implícita la diferencia entre visibilidad y obstrucción (Goffman, 1970: 
122-123).
84. Para Goffman, las personas que están dispuestas a admitir la posesión de un 
estigma —en muchos casos porque su existencia es conocida o inmediatamente 
perceptible— pueden, no obstante, hacer un gran esfuerzo para que el estigma no 
se destaque demasiado. El objetivo del individuo es reducir la tensión, es decir, por 
una parte, evitar que el estigma sea, para él mismo y para los demás, objeto de estu-
dio disimulado, y, por otra, mantener una participación espontánea en el contexto 
oficial de la interacción (Goffman, 1970: 123).
85. En este sentido, vale la pena apreciar el trabajo teórico de Goffman sobre la 
«construcción de los marcos comprensivos de la acción» (Goffman, 2009).
86. Incluso, como lo señala Goffman, si está presentación es tan reiterada, podría 
cobrar la solidez de una rela- ción social, pues: cuando un individuo o actuante 
representa el mismo papel para la misma audiencia en diferentes ocasiones, es 
probable que se desarrolle una relación social (Goffman, 1970: 27).
 164 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
ción latente», constante en el espacio urbano (Marx, 1999: 544), produc-
to de la migración de grandes flujos de origen rural que abando- nan 
sus lugares de origen, a causa de la explosión demográfica, la falta de 
tierras, el bajo rendimiento del cultivo y persiguiendo el propósito de 
encontrar mejores condiciones laborales y de vida en la ciudad87 (Lom-
nitz, 1975: 22, 29; Horbath, 2008: 32). Este fenómeno se ha presentado 
sistemáticamente en la Ciudad de México desde la expansión urbana de 
la capital.88
Ya en la ciudad, las y los migrantes de origen rural, generalmente, 
se incorporan a las filas del pauperismo urbano, caracterizado por sus 
condiciones de vida: vivien- das irregulares, de condiciones precarias, 
hacinadas y carentes de servicios urbanos; y empleos informales de bajo 
ingreso económico, nulas garantías sociales, como por ejemplo, la men-
dicidad (Lomnitz, 1975:22, 16 y 30). Condiciones que Hor- bath (2008: 
31-32) atañe a condiciones estructurales y culturales, que siguiendo a 
Peredo, refieren a la ausencia de espacios de producción industrial o 
semi-industrial en las áreas rurales; la ancestral desatención estatal a la 
producción y el desarrollo rural; las condiciones de comercialización 
que les son impuestas desde los merca- dos y desde los estados que 
determinan condiciones precarias en las actividades económicas en 
sus propios territorios o espacios locales (Peredo, 2004: 33. Citado por 
Horbath, 2008: 30).
A esta condición de pobreza urbana se ha de sumar el hecho de 
que las y los migrantes de origen rural son objeto de discriminación, 
tanto laboral89 como social, por sus condiciones étnicas, incluyendo las 
87. Sobre ello, se sospecha que aunque las actividades urbanas son mayoritarias, 
las rurales se encuentran muy vinculadas con el movimiento de la ciudad y de su 
población. La proximidad de la ciudad a las zonas indígenas permite que exista un 
flujo permanente de fuerza de trabajo indígena a la ciudad, por lo que la partici-
pación de esta fuerza de trabajo es mucho más alta que la registrada en el censo 
(Horbath, 2008: 41).
88. Incluso los flujos migratorios —atraídos por las condiciones deplorables del 
campo y la necesidad de em- pleos, que se combinaban con la necesidad de mano 
de obra del despunte fabril y urbano de la ciudad— influyeron en la propia expan-
sión urbana de la ciudad. De hecho, actualmente, la población indígena en la Zona 
Metropoli- tana del Valle de México (zmvm) constituye la mayor congregación ur-
bana de carácter indígena en el país, lo que también hace relevante estudiar con un 
poco más de profundidad lo que sucede con estos pueblos en este conglo- merado 
urbano (Horbath, 2008: 26).
89. Sobre ello, Horbath anotó que la exclusión y la discriminación laboral hacia 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 165 
lingüísticas.90 Horbath entiende que para la sociedad no indígena, per-
tenecer a un grupo indígena es equivalente a ser sucio, ignorante, pobre 
y flojo, rebelde e invasor, entre otros muchos epítetos, por lo que el 
inmigrante prefiere «esconder» su condición, aunque deba ubicarse en 
una situación ambigua, entre la aceptación de la sociedad mestiza y su 
orgullo de pertenecer a algún pueblo indígena (Horbath, 2008: 50).
Al respecto, Castellanos (2000) enfatiza sobre la situación que viven las y 
los migrantes que provienen de la Sierra Norte de Puebla, quienes a su juicio:
En la Sierra Norte de Puebla, los grupos originarios otomíes, toto-
nacos y nahuas han sufrido constantes procesos de diferenciación, 
manteniendo en común una posición de subordinación en relación 
con la nacionalidad mayoritaria. Las prácticas discriminatorias se ex-
presan, como en otras etnoregiones, en el status que ocupa el indíge-
na dentro de la estructura social, sus tipos de ocupación, sus niveles 
de vida, los diversos ámbitos en los que interactúan los grupos, en 
las relaciones comerciales, laborales, en los espacios educativos, en 
la impartición de justicia, y en el control y violencia ejercidos contra 
toda forma organizada que busque defender sus derechos (Castella-
nos, 2000: 50. Citado por Horbath, 2008: 31).
Situación que obliga a dar un vistazo a la situación que viven las 
y los mendigos en su comunidad de origen. Para esto expondré algu-
nos datos sociodemográficos referentes a la localidad de San Miguel del 
Progreso, perteneciente al municipio de Huitzilan de Serdán, ubicado 
en la Sierra Norte del estado de Puebla.
Anivel municipal, Huitzilan de Serdán tenía en 201091 una población 
total de 13982 habitantes, de los cuales 50.41% son hombres y 49.59%, 
mujeres; es una población eminentemente indígena, pues 9521 de sus 
hombres y mujeres indígenas son las principales causas de los salarios que reciben, 
que son muy bajos, además de la explotación laboral con jornadas largas, sin pres-
taciones sociales, con muy poca o nula seguridad. En el extremo de esta subordi-
nación se encuentran las mujeres (Horbath, 2008: 36).
90. De hecho, el sentimiento de rechazo y discriminación que era percibido por 
las y los mendigos de origen rural, se expresaba en algunas frases de los folletos, 
en las que se les pedía a los usuarios no desprecien este volante, por favor, espero que no me 
rechacen como mucha gente.
91. Los datos provienen del Censo General de Población y Vivienda 2010, realiza-
do por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (inegi).
 166 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
habitantes mayores de cinco años, hablan una lengua originaria; según el 
Consejo Nacional de Población (conapo), el munici- pio tiene un grado 
de marginación alto, mientras que los datos oficiales de medición de la 
pobreza en 2010, estudio hecho por el Consejo Nacional de Evaluación 
de la Política de Desarrollo Social (coneval), arrojan que el 38% de la 
población municipal presenta pobreza extrema y el 51% pobreza mo-
derada, lo que convierte al municipio en el sexto con mayor porcentaje 
en pobreza extrema en el estado de Puebla.
Situación similar a la observada en San Miguel del Progreso, locali-
dad que, según cifras del censo 2010, cuenta con una población de 2408 
habitantes, 1248 hombres y 1160 mujeres, quienes, según datos ofreci-
dos por el Catalogo de localidades de la sedesol en el año 2005, presentan 
un alto grado de marginalidad, registrando un aumento en los datos re-
cogidos en 2010. Cerca del 39% de su población es analfabeta, 65% de 
los habitantes de 15 años o más, no completó la educación primaria y el 
91% de su población total mayor de 15 años no concluyó la educación 
básica92; elementos que arrojan un índice de marginación de 0.84832.93
De este modo, las estadísticas nos permiten dar un vistazo general a 
las con- diciones de vida que caracterizan a las, supuestas, comunidades de 
origen de las y los mendigos del subterráneo, las cuales brindan razones 
claras y objetivas que —independientemente de la veracidad de la caren-
cia que representan en el acto mendigante— permiten comprender las 
razones que han movilizado a esta pobla- ción de la Sierra al subterráneo.
6.4 El oficio del pedigüeño, mendigar bajo la ciudad
Si se entiende, como aquí lo he presentado, a la mendicidad como una 
actividad económica; es decir, que sustentada en una relación socio-mo-
ral produce ingresos pecuniarios, entonces resulta coherente entender-
lo como un «oficio». El «trabajo» del mendigo consiste, voluntaria e 
involuntariamente, en generar los mecanismos, emplear los recursos, 
argumentos y discursos, para producir en el potencial «otor- gante» los 
sentimientos piadosos que lo convenzan de la veracidad de su necesi-
dad, que a su vez se traducirán en la «ayuda» otorgada. Con base en este 
92. Datos extraídos de www.microrregiones.gob.mx/catloc/indRezSocial.as-
px?ent=21&mun=078&loc=0005&re- fn=210780005 (Consultado el 22 de junio 
de 2014).
93. Datos extraídos de www.microrregiones.gob.mx/catloc/indiMarginacLoc.as-
px?refnac=210780005 (Con- sultado el 22 de junio del 2014). 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 167 
supuesto, apoyándome en la teoría «dramatúrgica social»94 presentaré 
cómo se da la interacción entre el mendigo y el otorgante; la construc-
ción y definición de la situación social mendigante en el sct Metro; así 
como los elementos discursivos y aparenciales que emplea el mendigo 
para justificarse a sí mismo como un «pobre merecedor» de la caridad.
La práctica de la mendicidad ya ha sido objeto de varias reflexiones, 
tanto históricas como urbanas, mismas que han permitido iden- tifi-
car ciertos espacios urbanos propicios para su práctica, como plazas 
públicas, iglesias, entradas de estaciones de transporte, aceras, etcétera, 
espacios que tienen en común ser lu- gares donde se concentraun flu-
jo continuo de transeúntes. Del mismo modo, estas investi- gaciones 
han construido una primera tipología de las características de las po-
blaciones men- digantes, así como de los discursos que emplean para 
desarrollar su actividad (Pichon, 1993; Dorantes, 1991). Incluso, existe 
una referen- cia sobre la mendicidad en el Metro de Buenos Aires, que 
—por la forma en la que se construye el acto mendigante— guarda una 
estrecha relación con el caso que presento (Graziano, 2005), aunque es 
necesario profundizar en las razones que hacen del espacio subterráneo 
un lugar idóneo para el desarrollo de las prácticas pedigüeñas.
Figura 6.1 Mendiga recibiendo la
cooperación de un usuario
Fuente: Foto tomada el 8 de febrero de 2011 en 
 la estación Norte 45 de la Línea 6 del Metro.
94. Cuando apelo a la «dramaturgia social», me refiero a que cuando un individuo 
desempeña un papel, solici- ta implícitamente a sus observadores que tomen en 
serio la impresión promovida ante ellos. Se les pide que crean que el sujeto que ven 
posee en realidad los atributos que aparenta poseer, que la tarea que realiza tendrá 
las con- secuencias que en forma implícita pretende y que, en general, las cosas 
son como aparentan ser.
 168 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
Las características físicas, sociales y urbanas, hacen del subterráneo 
un espacio citadino especial y propicio para el desarro- llo de múltiples 
actividades urbanas que van más allá del transporte, uso primordial para 
el que fue creado. Esta multiplicidad de usos hacen del subterráneo un 
espacio de «valor complejo» (Topalov, 1979) y en constante construc-
ción a partir de las dinámicas que sus
«habitantes» realizan. Uno de estos valores es el económico —que 
le da la informalidad— y una de las construcciones más interesantes y 
problemáticas es la que realizan los llamados vagoneros, «actuantes profa-
nos», que como describiría Goffman (2005:34), entre actuación y actua-
ción, trasladan su lugar de trabajo, a menudo por necesidad.
Por sus mismas condiciones espaciales, el espacio subterráneo brin-
da condiciones únicas para el desarrollo de las actividades informales, 
entre ellas la mendicidad. Las cuales, como bosquejé (Serna, 2013: 22), 
radican en el espacio y el tiempo que tienen los comerciantes informales 
para expender sus «mercancías» al público usua- rio que se concentra 
en los vagones del tren. Este factor es clave para el desempeño de la 
actividad mendigante en el espacio subterráneo, pues en contraste con 
lo que sucede en los demás espacios urbanos de mendicidad donde los 
transeúntes se com- portan de manera móvil (Goffman, 197995), en el 
vagón el potencial otorgante se encuentra estático por más tiempo; por 
lo tanto, el mendigo tiene más oportunidad para movilizar sus recursos 
y discursos, y así convencer al otorgante de que es un «pobre merece-
dor» de su caridad.96
Por su parte las poblaciones mendigantes, como las de otros grupos 
informales, se integran por subpoblaciones (Serna, 2013: 24-27). Así, 
los mendigantes pueden ser personas enfermas, de la tercera edad, dis-
capacitados, infantes, desempleados, migrantes, ex convictos, madres 
solteras, moradores callejeros; entre otras poblaciones que, debido a 
las carencias que arguyen, no tienen otra alternativa que mendigar para 
sobrevivir. Esta diferenciación, en términos demográficos, es impor- 
95. Goffman identificó dos tipos de actuación de los urbanitas en el espacio pú-
blico: las vehiculares, que son aquellas que realizan al movilizarse a lo largo del es-
pacio, y las de participación, que se llevan a cabo cuando los citadinos permanecen 
«estáticos» en un espacio urbano. 
96. Es aquí donde el término «actuación» cobra relevancia analítica, pues refiere 
a toda actividad de un individuo que tiene lugar durante un periodo señalado por 
su presencia continua ante el conjunto particular de observadores y posee cierta 
influencia sobre ellos (Goffman, 2005: 33).
 Economía, sociedad y medio ambiente · 169 
tante cuando se caracteriza la mendicidad bajo la ciudad, como también 
es necesaria para analizar el propio ejercicio mendigante, pues si bien 
todas las poblaciones parten de la demostración y dramatización del 
estigma para establecer la relación económico-moral con el otorgante, 
no todos ocupan los mismos argumentos, ni justificaciones para repre-
sentar el estigma ante los usuarios.
Figura 6.2 Mendigo repartiendo volantes
Fuente: Foto tomada el 8 de diciembre de 2011 en 
la estación Viveros de la Línea 3 del Metro.
Una de estas poblaciones mendigantes es la de las y los mendigos 
de origen rural, que dicen provenir de la región de la Sierra Norte de 
Puebla. Su actividad mendi- gante no dista de la que realizan los demás 
pedigüeños del subterráneo. Apenas se abren las puertas del vagón, —
como si fuera el telón del escenario y el pitido que anuncia el cierre de 
las puertas, la «tercera llamada»— la o el mendigo irrumpe en el vagón, 
saluda a su improvisada audiencia, y justifica el porqué se encuentra 
mendi- gando y por qué debería de ser acreedor a una ayuda, para fi-
nalmente —como buen actor— despedirse del auditorio y agradecer el 
favor de su atención.97 Sin embargo, se distingue de las demás porque, al 
igual que las y los mendigos-mercantes silentes, mendigan en silencio.98 
97. Debido a la apropiación del espacio subterráneo, producido por las practi-
cantes mendigantes, el vagón se convierte en el setting de la fachada en el que se 
desarrolla el acto mendigante (Goffman, 2005: 34).
98. En sus propios discursos, las y los mendigos, refieren que por hablar una len-
gua distinta, ellos no pueden comunicar verbalmente su necesidad: […] pero ya 
quisiera explicar por mi palabra pero no puedo hablar con us- tedes hablan en español ya quisiera 
hablarles y decir como me siento en mi corazón, nosotros hablamos náhuatl.
 170 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
Como lo observó Barajas (2012) en su investigación lingüística sobre 
este grupo de pedigüeños, la mendi- cidad que ellos realizan, emplea el 
discurso escrito como forma de presentación del estigma y justificación 
del acto mendigante.
En ocasiones, el desarrollo de la mendicidad de las y los mendi-
gos de origen rural era similar a la practicada por los discapacitados 
visuales99 (Serna, 2013b), realizada individual o colectivamente; cuando 
era individual, la persona recorría el vagón repartiendo y recogiendo 
los volantes a cada uno de los pasajeros, preferencialmente sen- tados; 
mientras que cuando participaban dos o más personas en el acto men-
digante, la persona de mayor edad recorría el vagón repartiendo los vo-
lantes y la segunda, regularmente de menor edad, pasaba a reco- ger los 
volantes y las limosnas. Cuando era una actividad colectiva, el «reparto» 
de esta representación mendigante era integrado por un adulto, hombre 
o mujer, un bebé que era cargado por el adulto y un niño o niña quien 
era el comisionado de recoger los volantes y el dinero.
Figura 6.3 Mendiga entrando al vagón
Fuente: Foto tomada el 3 de septiembre de 2012 en 
la estación Lindavista de la Línea 6 del Metro.
Por su parte, la «fachada» de las y los mendigos, la presentación 
del cuerpo y su manejo, así como la ropa que se porta, el calzado y 
la edad, son elementos que muestran cómo se presentan a sí mismos 
99. Me refiero a que podría ser realizada de manera colectiva, con un ciego delante 
y otro a su espalda, «el charolero», quien recogía las limosnas; o de manera indivi-
dual, siendo el propio ciego quien realizaba el acto men- digante y quien recogía la 
«cooperación» de las y los usuarios.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 171 
como «mendigos migrantes de la Sierra Norte de Puebla». Con base 
en la sistematización de mis observaciones, encontré cuatro tipos de 
fachadas (véasecuadro 6.1).
Cuadro 6.1 Categorización de las fachadas con base en la vestimenta del mendigo
Fachada física
Sin descripción 24
Tradicional 21
Urbana 16
Mixta 28
Total 89
Fuente: Elaboración propia.
Cuando hablo de vestimenta tradicional, me refiero al atuendo que 
portan; en las mujeres se compone de falda y blusa de manta, en ocasio-
nes bordada, y pies descalzos; en los hombres, pantalón de manta, ca-
misa del mismo material, sombrero y pies desnudos o con huaraches.100 
Respecto de la vestimenta urbana, refiero al uso de pantalones de mez-
clilla o pants, playeras, camisas o sudaderas y zapato deportivo. En cuan-
to a la «fachada» mixta, ésta se compone de la combinación de algunos 
elementos de las dos categorías anteriores, por ejemplo, pantalones de 
mezclilla y sombrero o el uso de ropa urbana con los pies descalzos.
La indumentaria brinda coherencia y refuerza la presentación dis-
cursiva del mendigo, pues puede reflejar la «autenticidad» del acto men-
digante a los ojos de los espectadores,101 por ejemplo, el uso de una 
vestimenta no tradicional podría reflejar la no pertenencia al grupo que 
dice adherirse el mendigo o mendiga; o bien, el necesario uso de los pies 
descalzos, pese a que se porte una indumentaria urbana, po- dría reflejar 
una sobredramatización de la idea en torno al estigma del pobre rural.102 
100. Presto una gran atención a la forma en la que se presentan los pies de las y los 
mendigos, pues estos pa- recen ser un símbolo ineludible que la sociedad relaciona 
con la condición de pobreza. Ellos mismos emplean y representan este símbolo, 
tanto en su fachada corporal como en su discurso, como reza uno de los folletos: 
no somos ricos ve nuestros pies.
101. Esto refiere a la expectativa de la actuación en la que el espectador además 
de la previsible compatibilidad entre apariencia y modales espera, como es natural, 
cierta coherencia entre el medio, apariencia y modales (Goffman, 2005: 37).
102. En este sentido, las condiciones en las que se presenten las vestimentas del 
 172 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
No obstante, aunque la «fachada» es importante en la construcción y 
presenta- ción de la situación mendigante, en el caso de las y los mendi-
gos de origen rural, la presentación del discurso escrito es el elemento 
mendigante clave, por lo que tuve que realizar un análisis del contenido 
de los papelitos que recolecté en mi archivo, pues al utilizar las cua-
lidades del lenguaje y de la escri- tura como soportes de la identidad 
explotando, de ese modo, un aspecto de la conducta de la expresividad 
secundaria (Goffman, 1970: 74). Con base en los papelitos y observa-
cio-nes que recabé, pude identificar que existe un «guión textualizado» 
de presentación del estigma, este es:
•Saludo-presentación,
•justificación del estigma,
•petición de ayuda, y
•agradecimiento.
Sin embargo, la estructura y presentación de estos discursos, varía 
notablemente.103 Si bien «la presentación del mendigo» iniciaba con la 
irrupción de éste en el vagón y la repartición de los papelitos a los 
usuarios, las primeras líneas de éstos también significaban la presenta-
ción del mendigo, así como el primer intento de contacto social con los 
usuarios.
En la mayoría de los folletos que recolecté, el saludo respetuoso 
“Buenos días señores usuarios», «caballeros y damas”, eran las primeras 
frases que se podían leer, con la intención cordial de iniciar la interac-
ción; pero también existían pape- les que iniciaban el discurso discul-
pándose con los usuarios, como si la irrupción que significa la presencia 
del mendigo y la atención que precisaba fueran un aten- tado contra la 
tranquilidad en que debería transcurrir el viaje. Otros discursos señala-
ban la región de la que provenía el mendigo o mendiga; así, se puede 
mendigo o mendiga también son importantes, pues, más allá de las condiciones 
objetivas y reales que vivan, reproducen la idea sobre la pobreza. Regularmente 
ellos y ellas, presentaban sus ropas sin exagerar en cuanto a sus condiciones de 
deterioro, es decir, sin desgarraduras, sin suciedad extrema, aunque existían po-
los opuestos en los que, principalmente aquellos que se vestían de forma urbana, 
portaban sus prendas con alto grado de suciedad, en tanto otros, se presentaban 
pul- cros e incluso, con el cabello peinado con fijador.
103. Logré notar hasta veintinueve tipos de discursos mendigantes, en tanto que 
Barajas (2012: 452) menciona que llegó a identificar hasta veinte discursos, con 
pequeñas diferencias entre ellos.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 173 
leer en negritas o con mayúsculas frases como “Sierra Norte de Puebla” 
o “Norte de Puebla 2010”, presentaciones que al señalar el lugar de pro-
cedencia brindan información específica sobre la identidad del mendigo 
e incluso, por su vínculo con la ruralidad, cierta relación con la pobre-
za. Pero en otros casos, el primer contacto que establecía el discurso 
mendigante era la petición de ayuda “Pido ayuda a usted ya que no 
tengo…”, defendiendo, de antemano, el sentido del acto mendigante.
Figura 6.4 Niño recogiendo los volantes
Fuente: Foto tomada el 16 de abril de 2011 en la 
 estación Mixcoac de la Línea 7 del Metro.
La justificación del acto mendigante era, regularmente, la segunda 
parte que componía el discurso, la cual aporta la mayor riqueza de ele-
mentos del manejo del estigma, pues a través de ella, el mendigo trata 
de controlar la interacción a efecto de que el usuario lo per- ciba, por su 
situación, como «merecedor» de la caridad. En la revisión de los casos, 
encon- tré seis distintos tipos de justificaciones, las cuales no eran ex-
cluyentes sino que podían combinarse entre sí, divididas en la situación 
de pobreza, la condición campesina, la falta de medios para trabajar, 
afecciones por eventos naturales, condiciones familiares y aquellos que 
aluden a sus derechos.
 174 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
Figura 6.5 Volante leído por un usuario
Fuente: Foto tomada el 23 de enero de 2012 en 
 la estación Etiopia de la Línea 3 del Metro.
Las primeras dos obedecen a la forma en la que se reconocen y pre-
sentan como pobres y necesitados de ayuda, por la descripción de sus 
condiciones de vivienda y alimentarias:
•Ya que yo tengo una casa de tabla en una comunidad muy pobre 
del estado de Puebla.
•Vengo de una comunidad que se encuentra en la pobreza. 104
•Porque en mi pueblo sufrimos mucho porque a veces no tenemos 
que comer.
•En la sierra norte de puebla verdad vivimos una verdadera pobreza.
El segundo tipo de justificación refería la situación en la que se en-
contraban sus familia, reflejada en frases como:
•Ya que no tengo papá.
•Ayudo a mi mamá para comprar algo de comer.
•Tengo dos hermanos y van a la escuela a veces van sin comer, por 
eso me dedico a
pedir en las calles.
De este modo, el problema del sustento, típicamente del entorno fa-
miliar, una cuestión privada, se traslada al ámbito público, a los usuarios.
Estos dos tipos de justificaciones son las que comparten las y los 
mendigos rurales con otro tipo de pedigüeños, pero existen otras más 
elaboradas que nos permiten apreciar la forma en la que se maneja el 
estigma, y con ello, la agencia del pedigüeño. Algunos argumentos rela-
cionaban la situación de pobreza de los migrantes de origen rural con 
los eventos naturales que habían afectado a sus lu- gares de origen:
104. He respetado la forma en la que estaban redactados los folletos
 Economía, sociedad y medio ambiente · 175 
•Pido ayuda porque el maíz está seco por el intenso calor, en el mes 
de abril no hay agua y esta seca la milpa nosotros no estamos engañan-
do a la gente, por eso veni- mos aquí a la ciudad de méxico (sic).
•En los días 8 y 9 de enero del 2010 se perdieron todos los sembra-
díos de maíz y café por la nevada;se afectaron muchas familias.105
•Con el paso del huracán del 14 de septiembre del 2009 se llevo el 
techo de nues- tras casas y todas fueron inundadas no tenemos nada de 
nuestras pertenencias (sic).
Estas justificaciones, que a su vez justifican la mendicidad en la ciu-
dad, también muestran la capacidad de manejo de los argumentos que 
tienen las y los mendi- gos, quienes movilizan tanto los hechos como el 
conocimiento de los mismos, a efecto de poder convencer al usuario so-
bre la veracidad de su situación y la nece- sidad que tienen de su ayuda. 
Con lo cual se puede apreciar el manejo del contexto histórico-social en 
la presentación del mendigo y cómo las justificaciones de las situaciones 
mendigantes van moviéndose a la par de estos sucesos. Mientras que 
otros, como el de la pobreza y la condición campesina, se establecen 
por su conti- nuidad en el rango de los «símbolos».106
La falta de condiciones laborales era otro elemento que servía para 
justificar el acto mendigante, factor importante, pues es la antítesis del 
ejercicio pedigüeño, relacionado ideológicamente, con la ociosidad y el 
desprecio por el trabajo. Algunos folletos piden «la cooperación» de los 
usuarios para poder comprar insumos de trabajo y labranza:
•No es para hacer obras si no para trabajar en el campo y sacar pro-
ducto del campo, sembrar maíz, papa, frijol etc.
•Pero pido una ayuda para poder sembrar frijol y maíz, necesito 
semillas y fertilizan- tes pero no tengo dinero para comprarlos.
•Que es para sembrar y sacar cosecha del campo, como maíz, frijol y café.
De este modo, al mendigar con el propósito de buscar trabajo, es 
decir, realizar la antítesis de la mendicidad, el discurso del pedigüeño 
105. El mismo argumento es empleado en los folletos del año siguiente: “en los 
días 7 y 8 de febrero del 2011 se perdieron todos los sembradíos de café, maíz, 
plantas de plátanos y frijoles por la nevada”.
106. Al respecto, Goffman señalaría que la información, al igual que el signo que la 
transmite, es reflexiva y corporizada; es transmitida por la misma persona a la cual 
se refiere, y ello ocurre a través de la expresión corpo- ral, en presencia de aquellos 
que reciben la expresión: algunos signos portadores de información social pueden 
ser accesibles en forma frecuente y regular, y buscados y recibidos rutinariamente; 
estos signos pueden recibir el nombre «de símbolos» (Goffman, 1970: 58).
 176 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
refleja, por un lado, el rechazo a ser concebido como mendigo, una ca-
tegoría social humillante, y, por el otro, cómo el discurso pedigüeño se 
amolda a la concepción que prevalece del «campesino» en el imaginario 
de los urbanistas, quienes lo relacionan con la pobreza, con el trabajo 
de la tierra y con la falta de apoyo. Es entonces que pueden percibirse 
la comple- jidad de lazos sociales, históricos y morales que sustentan la 
relación entre el mendigo y el otorgante.107
Por último, quiero mencionar un caso de presentación de las y los 
mendigos de origen rural, que por las características, y por ser el que 
encontré en mayores ocasiones,108 es por demás relevante, éste es el 
referente a los «derechos» que arguyen los propios mendigos, los cuales 
justifican, e incluso por el tono del discurso, exigen la cooperación de 
los usuarios, ellos aluden a desigualdades históricas, sociales y económi-
cas, a través de las que, más que pedir una caridad, estuvieran exigiendo 
derechos que han sido negados a los indígenas y campesinos:
a todo el pueblo mexicano. les decimos como indígenas que en la 
sierra norte de puebla en verdad vivimos en una verdadera pobreza. 
no queremos molestarlos con nuestra presencia en la ciudad, pero 
somos el resultado de una historia que un gobierno nos esclavizo 
durante quinientos años. no hablamos el castellano como ustedes, 
ni pensamos como ustedes, no tenemos estudios, pero tenemos el 
derecho como cada mexicano, de vivir y no ser discriminado. gracias 
al campo comen todos los capitalinos, pero nosotros no. esto que 
esta usted leyendo nos lo escribieron para que nos brindaran su ayu-
da. gracias por leer este panfleto. no somos ricos ve nuestros pies.
A través del análisis de los discursos y fachada de las y los mendigos 
de origen rural, se puede observar aquello que ya señalaba Goffman en 
107. […] la indeseabilidad percibida de una pertenencia personal particular y su 
capacidad para disparar estos procesos de normalidad y estigmatización tienen una 
historia propia, historia que es regular e intencionalmente modificada por la acción 
social. Y, aunque se puede argüir que los procesos del estigma parecen tener una 
función social general —la de conseguir una ayuda por la sociedad entre aquellos 
que no son ayudados por ella— y que en este nivel son probablemente resistentes 
al cambio, se verá que parecen estar implicadas funciones adicionales que varían en 
forma sensible según el tipo de estigma (Goffman, 1970: 161). 
108. De los ochenta y nueve casos que recolecté, y las veintinueve argumentacio-
nes del acto mendigante, trece de ellos referían a este discurso.
 Economía, sociedad y medio ambiente · 177 
las situaciones en las que se establece un «plan de acción» con base en el 
manejo del estigma, en el que el mendigo maneja la información social 
que se tiene sobre éste,109 pero sobre todo, de las estrategia del «arte del 
manejo del estigma»
Figura 6.6 Poster de la campaña 
 promocional del stc Metro
Están implicados el encubrimiento y el enmascaramiento, que sumi-
nistran al estudioso una aplicación especial de las artes del manejo de la 
impresión, artes básicas en la vida social, mediante las cuales el indivi-
duo ejerce un control estratégico sobe su propia imagen y los productos 
recogidos por los demás (Goffman, 1970: 151-152).
109. “Cuando un individuo decide llevar a cabo un plan de acción relativo al estig-
ma que posee, deberá tomar como punto de partida la información que habitual-
mente se transmite de él” (Goffman, 1970: 64).
 178 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
6.5 Conclusiones
Si bien son amplis los límites que ofrece un estudio exploratorio,110 
considero que retomando las características de estos estudios se puede 
evidenciar una problemática urbana y en consonancia, plantear nuevas 
cuestiones con miras al desarrollo de investigación de orden descriptivo 
y explicativo que permitan ahon- dar en la comprensión de la mendici-
dad como práctica económica de los pobres urbanos, teniendo siempre 
en cuenta la relación que existe entre pobreza rural y pobreza urbana.
En este sentido, el estudio permite elucidar, suspicazmente, que la 
conexión metropolitana entre Puebla y la Ciudad de México no sólo se 
da a nivel de los in- tercambios económicos, las relaciones geográficas 
o los intereses políticos; sino que también las relaciones de precariedad 
social pueden ser una vía para comprender las dinámicas y complejas 
interrelaciones que se establecen, se han establecido y seguirán estable-
ciéndose entre los estados. Es decir, la pobreza que se manifies- ta en 
las ciudades tiene su origen en las carencias que viven las poblaciones 
en sus localidades de origen; por ende, las soluciones deben darse de 
manera conjunta y coordinada a nivel regional.
Al respecto, si bien la práctica de la mendicidad lleva al problema de 
la pobreza al ámbito de la esfera privada, a través de la relación entre el 
mendigo y el otorgan- te, ello no debe de eximir al Estado de la respon-
sabilidad que tiene en la atención y solución del problema de la pobreza, 
tanto rural como urbana, que pareciera ser una sola. De este modo, 
deben censurarse medidas que llevan el problema de la mendicidad en 
el espacio subterráneo al plano de la responsabilidad de los usua- rios, 
como lo mostró la campaña de 2011111 para erradicar las prácticas pedi-
güeñas en el stc Metro. Práctica que no sólo oculta las responsabilidadesdel Estado, sino que también mistifica la solución de una problemática 
110. Según Selltiz (1965,133-134), “su meta o uno de sus propósitos es descubrir 
ideas o profundizar en alguna de ellas, o en el conocimiento de algún fenómeno 
o problema social […] aumenta la familiaridad del investigador con un fenómeno 
o problema que desee profundizar con un posterior estudio descriptivo o expli-
cativo […] infor- marse sobre las posibilidades prácticas de realizar una posterior 
investigación […] permite obtener información útil sobre el tema a fin de formular 
posteriormente un cuerpo de hipótesis o supuestos, más elaborados […] pue- de 
ser también el primer paso para un proceso continuo de investigación”.
111. Disponible en www.metro.df.gob.mx/campanas2/index.php?anios=2014 
(consultado el 20 de junio de 2014).
 Economía, sociedad y medio ambiente · 179 
compleja que debería ser en- tendida de manera conjunta por los go-
biernos, tanto de las regiones de expulsión como de recepción de los 
flujos migratorios.
Bibliografía
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7. la informalidad en el barrio de tepito 
Como forma de inserCión, estrateGia o 
práCtiCa Cotidiana ConCreta frente 
al sistema dominante
Jiménez Limón, Alexander Yahir112
Introducción
El presente ensayo113 se inscribe en un marco de reflexión sobre las 
formulaciones y debates de aproximación epistemológica desde una 
perspectiva de pensamien- to crítico, marxista y latinoamericano114 re-
ferentes al desarrollo y al postdesarrollo. En lo fundamental se trata de 
una aproximación analítica a una cruda realidad lati- noamericana, cuya 
complejidad refleja múltiples determinaciones socio-históricas y formas 
de dominación concretas y específicas.
Bajo tal panorama, en las siguientes líneas del ensayo se aborda esa 
realidad como totalidad concreta y se propone discurrir sobre la interre-
lación del proceso general de acumulación y la(s) forma(s) particular(es) de 
inserción estratégica(s) o prácticas cotidianas concretas que, bajo tal contexto, 
112. Estudiante del Doctorado en Economía Política del Desarrollo, CEDES, FE-
BUAP.
113. La disertación que se expone en las siguientes páginas forma parte de un pro-
yecto de investigación docto- ral que aún no culmina. De esta manera, se advierte 
al lector que, en términos de la aproximación epistemológica hacia la realidad vista 
como totalidad concreta, serán necesarias nuevas reflexiones y análisis epistémicos 
que complementen la aproximación sugerida para este ensayo.
114. El ejercicio que se efectúa aquí, es un «intento metodológico» y epistemológi-
co que, desde una visión crítica y latinoamericana, se guía bajo la perspectiva me-
todológica desarrollada por Marx como forma de aproximación a la realidad so-
cio-histórico concreta. En ese mismo sentido, véase Dussel (1985: 336-337 y 349).
 182 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
podrían caracterizar a los sujetos115 y actores sociales116 vinculados con 
el emblemático barrio de Tepito en la Ciudad de México, a la luz de los 
procesos de desenvolvimiento de un paradigma dominante —el proce-
so de acumulación capitalista en su fase neoliberal y global.
La observación del periodo histórico concreto, en el que se gesta 
y consolida la inserción del mencionado barrio al proceso de acumu-
lación, termina evidenciando su propia contradicción; pero, al mismo 
tiempo, se reconfigura para intentar superar sus propios momentos 
de crisis. Dicha inserción en su forma particular muestra, por un lado, 
que el barrio aludido está inmerso en un proceso y contexto mayor y, por 
otro, que se halla sujeta a las formas de expresión del sistema capitalista 
mexicano, el cual se desenvuelve, a su vez, en el marco de una realidad 
regional latinoamericana concatenada e insertada, socio-históricamente 
y de manera concreta, en las exigencias del proceso de acumulación 
capitalista a escala mundial en sus diferentes momentos. Dicho proce-
so ha quedado registrado en las diversas formas, disputas, resistencias 
sociales, transformaciones y características que asume la región ante la 
expansión capitalista a nivel mundial. De ello dan cuenta algunas de las 
reflexiones críticas latinoamericanas que, frente a las visiones y prácticas 
hegemónicas tenden- tes a perpetuar el proyecto civilizatorio colonial, moder-
no y eurocentrado117, optan por impugnar las condiciones de subordinación, 
115.Se parte de una noción y conceptualización, a través de la cual se comprende al 
sujeto existente —humano y vivo— en su pensar y su actuar individual y personal, 
pasando por el reconocimiento de su dinámica e inserción familiar hasta llegar a 
contemplar su capacidad para insertarse en la sociedad, es decir, de relacionarse 
social y colectivamente. De acuerdo con Zemelman, cuando se habla de sujeto 
social se plantea una aproximación epistemológica por niveles —individual, colec-
tivo, utopía, proyecto y fuerza— que se orienta a recuperar la categoría de sujeto 
his- tórico, es decir, de retornar al fundamento, o bien, de historizar; se trata de dar 
pauta a un pensar epistémico más que teórico que permita comprender desde dón-
de y por qué se están conceptualizando y categorizando determi- nados términos 
y conceptos sociales (Zemelman 1990: 89-103).
116. La noción de actor social representa un «participante activo» consciente que 
busca incidir en su realidad. En este sentido, los actores sociales reciben e interpre-
tan información y diseñan estrategias en sus relaciones con los diversos actores lo-
cales, así como con las instituciones externas y su personal. Debido a la diversidad 
y heteroge- neidad de los actoressociales se pueden observar distintos modelos 
de organización social que son consecuencia de las formas de interacción, nego-
ciación y forcejeo social que ellos establecen; en otras palabras, la «vida social es 
heterogénea» (Long 2007: 43, 108).
117. El aspecto más relevante del eurocentramiento se orienta en el modo a través 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 183 
subalternidad, explotación y ex- clusión en las que vive la mayor parte de la 
población latinoamericana y mundial. Bajo tal perspectiva, en el ensayo 
propuesto se expone brevemente, en un primer apartado, una reflexión 
en torno del carácter hegemónico del discurso neoliberal para pasar, en un se-
gundo momento, a una aproximación sucinta sobre algunos rasgos del 
neoliberalismo en México; posteriormente, en un tercer apartado, se re-
flexiona grosso modo sobre la informalidad como forma de inserción, estrategia 
o práctica cotidiana concreta frente al sistema dominante en su fase 
neoliberal y global, a partir del caso particular referido a los sujetos y 
actores sociales vinculados con el barrio de Tepito. Por último se ofrece, 
a modo de conclusión, una breve disertación.
Cabe añadir que la concepción y noción zemelmaniana de sujeto his-
tórico parte del reconocimiento de un sujeto históricamente situado que da 
sentido y dirección a su acción, a partir de sus propias potencialidades 
y posibilidades de desenvolvimiento, rompiendo y enfrentando las iner-
cias de una realidad concebida como dada (Zemelman 2011: 33-40).
Para aproximarnos a la realidad concreta propia del comercio in-
formal del ba- rrio de Tepito, se dio pauta al uso de técnicas de análisis 
cualitativo; por una parte, se hizo uso de la técnica de investigación de 
observación participante con el objeti- vo de obtener un enfoque etnográfico 
—mediante el contacto directo y participante con los comerciantes infor-
males— que ayudase a observar su comportamiento, su actividad diaria, 
sus motivos, sus formas de inserción, estrategias o prácticas cotidia- nas 
concretas de sobrevivencia inscritas muchas de ellas en la informalidad. 
Por otra parte, para el registro de la información observada se elaboró 
un diario de campo, a través del cual se realizaron anotaciones cotidia-
nas del desarrollo del trabajo in situ, aplicando la técnica de la entrevista se-
miestructurada bajo un formato de plática- entrevista lo que permitió, por 
un lado, conocer la perspectiva y el marco de referencia sociocultural a 
través del cual los sujetos y actores sociales involucrados comprenden 
del que se ha impuesto, de manera encubierta y distorsionada, el ver la realidad a 
partir de la mirada de quienes controlan el «padrón de po- der». Negando de esta 
forma la perspectiva histórica y cultural autónoma de los dominados: “El eurocen-
trismo, por lo tanto, no es la perspectiva cognitiva de los europeos exclusivamente, 
o sólo de los dominantes del capitalis- mo mundial, sino del conjunto de los edu-
cados bajo su hegemonía […] Una concepción de la humanidad, según la cual la 
población del mundo se diferencia en inferiores y superiores, irracionales y racio-
nales, primitivos y ci- vilizados, tradicionales y modernos” (Quijano 2007: 94-95).
 184 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
y organizan su entorno, además de emprender su actuar cotidiano; y, por 
otro lado, coadyuvó a obtener información más específica de dichos 
sujetos y actores implica- dos en las relaciones que se establecen entre 
ellos para dar viabilidad o factibilidad a la estructura y funcionamiento 
del comercio informal tepiteño.
7.1 Del carácter ideológico-hegemónico 
del discurso neoliberal y la informalidad
Desde la perspectiva dominante, el discurso neoliberal en América Latina 
ha dado pauta a procesos de alienación ideológico-discursivos que —
desde su gesta- ción a inicios de la década de 1980— se han orientado 
a incentivar la idea de que el proceso civilizatorio de acumulación ca-
pitalista, en una economía de libre mercado, podría generar desarrollo118, 
crecimiento, modernidad y progreso y, en consecuencia, coadyuvar al 
mejoramiento de la reproducción de las condiciones socio-materia- les de exis-
tencia119 de las sociedades atrasadas-subdesarrolladas en general y de los 
seres humanos, en particular.
Indudablemente, la realidad socio-histórico-concreta latinoame-
ricana devela —después de tres décadas de acumulación capitalista en 
su fase neoliberal y global120— la propia contradicción del sistema ca-
118. La llamada «era del desarrollo», iniciada a mediados del siglo xx, implicó un 
cambio de paradigma que plantearía un proceso de descolonización (Esteva 2001: 
66). Sin duda, el escenario histórico dio pábulo a que surgieran análisis teóricos 
sobre el desarrollo, los cuales se plantearían dar respuestas a las interrogantes so-
bre las condiciones de desigualdad socioeconómica que caracterizan a las nacio-
nes más atrasadas, las cuales serían catalogadas, según diversos enfoques, como 
subdesarrolladas, periféricas, dependientes, en vías de desarrollo, tercermundistas, 
etcétera.
Dichas condiciones se apreciarían como resultado de los “saqueos previos del 
proceso de colonización y la violación continua a que los sujetaba la explotación 
capitalista a escala nacional e internacional: el subdesarrollo era la creación del 
desarrollo” (Esteva 2001: 72).
Se trataba, como refiere Escobar, de “crear las condiciones necesarias para re-
producir, en todo el mundo, rasgos característicos de las sociedades avanzadas 
de la época: altos niveles de industrialización y urbanización, tecnificación de la 
agricultura, rápido crecimiento de la producción material y los niveles de vida, y 
adopción ge- neralizada de la educación y los valores culturales modernos” (Es-
cobar 2007: 10).
119. En el sentido de Marx ([1867]1968) y [1857]1971).
120. Al respecto Garretón, al disertar sobre su conceptualización de «sociedad 
post-industrial globalizada» y contrastarlo con el concepto de «sociedad industrial 
 Economía, sociedad y medio ambiente · 185 
pitalista contemporáneo debido, fundamentalmente, a la priorización 
de las condiciones de la propia acumulación que ha provocado un de-
sarrollo desigual además de un deterioro significativo de las condiciones 
socio-materiales, en términos de la propia satisfacción de las ne- cesida-
des humanas y el cada vez más agudo detrimento del medio ambiente. 
Todo ello, cabe apuntar, acompañado de los procesos de acumulación 
y apropiación por despojo121 y represión social122 —bajo complicidad de un 
Estado neoliberal que ac- túa a favor del capital— que el mismo sistema ha 
diseñado estratégicamente para limitar y desarticular la lucha social de las 
clases subalternas y explotadas, cuyo malestar social es expresado de forma 
fehaciente a través de las disputas y los pro- cesos de resistencia social.123
de Estado nacional», considera que la primera, a diferencia de la segunda, se orga-
niza en torno a la comunicación y al consumo más que en la “política, el trabajo y 
a la pro- ducción” (Garretón 2000: 25-53). En realidad, cabe hacer resaltar que no 
se puede construir el primer concepto si no tuviese una base real en el segundo, lo 
cual implica que el mayor énfasis que el primer concepto quiere hacer sobresalir 
como un tipo especial de sociedad, en realidad se entremezcla o bien se interrela-
ciona con el segundo, el cual es su soporte objetivo y concreto.
121. Bajo la conceptualización de acumulación por desposesión, (Harvey 2007: 113-115) 
a partir de la noción de “acumulación primitiva u originaria” (Marx [1867]1968, T. 
I, cap. xxiv), destaca la desposesión o despojo como característica actual del pro-
ceso de acumulación capitalista a escala mundial. Este proceso de despojo expresa 
con- cretamente los cambios que el proceso de acumulación capitalista ha mani-
festadoen su fase neoliberal y global, como forma de refrendar su propia vocación 
de incesante acumulación (Marx [1867]1968, T. I, caps. xxi y xxii); dichos cambios 
se gestaron a partir de los años 1970, guiados por una lógica privatizadora, de des-
articulación de los servicios y empresas estatales, financiarización, que produjeron 
relevantes momentos de crisis y procesos de «sobreacumulación», una reproduc-
ción de continuos excedentes tanto de fuerza de trabajo que no puede emplearse 
—léase desempleo— como de capital, es decir, un «arsenal» de mercancías que no 
pueden realizarse o venderse. 
122. Para Gilly y Roux el presente cambio de época debe observarse como una nueva 
configuración mundial del proceso de acumulación capitalista que, en su fase neoli-
beral y global a través de distintas mediaciones, expresa dos contradicciones, por una 
parte, la contradicción de la relación capital-trabajo y, por otra, la contradicción de la 
relación trabajo vivo y trabajo objetivado. Sin duda, apuntan los autores, la primera 
es una forma socio-históri- co concreta de la relación de dominación-subordinación 
que existe en las diversas sociedades, además de la propia extracción, apropiación y 
reparto del producto del trabajo (Gilly y Roux 2008: 1-22).
123 El proceso de acumulación capitalista refiere Borón aún mantiene su carácter 
“imperialista por su insaciable necesidad de acrecentar el pillaje y saqueo de los bie-
nes comunes y las riquezas de todo el mundo […] Crimina- lización de la protesta 
 186 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
Bajo tal perspectiva, el proceso de acumulación capitalista ha im-
puesto de manera hegemónica, a nivel mundial, una racionalidad capitalista 
que exalta o enaltece el consumo124 influyendo en los diversos niveles de la 
vida humana, jerar- quizando lo económico-mercantil y financiero so-
bre lo político, lo sociocultural y lo humano. De esta manera, el énfasis 
que dicha racionalidad pone en los intereses económico-privados, con-
duce, por una parte, a una obstrucción y al debilitamiento del desarrollo 
de las fuerzas productivas —cuyo carácter esencialmente es social— y, por 
otra, trae consigo una contracción de la base productiva de la economía 
en aras de sobreponer, en la cúspide del sistema dominante, la propia 
especulación económico-financiera provocando, a su vez, procesos más 
agudos o sutiles de centralización y concentración de capital.
Aunado a lo anterior, los procesos de desarticulación de los siste-
mas de protec- ción social, de flexibilización y desregulación laboral 
han incentivado en América Latina las condiciones de explotación de 
la fuerza de trabajo, pobreza, desempleo, desigualdad, marginación y 
exclusión social, lo cual da cuenta de una problemá- tica estructural concreta, 
misma que es interpelada —contradictoriamente para el sistema domi-
nante— a través de distintas formas de inserción, estrategias o prác- 
ticas cotidianas concretas —algunas de ellas contrahegemónicas125— que 
social; militarización de las relaciones internacionales […]; guerras extorsiones y 
sabotajes por doquier, intensificación de la depredación ambiental, y sometimiento 
de pueblos enteros de la periferia y en la propia «periferia interior» de las metró-
polis” (Borón 2012: 31).
124. En el proceso de acumulación capitalista, desde la perspectiva marxista, el 
consumo cierra el ciclo eco- nómico de la circulación de las mercancías, sin em-
bargo, en dicho proceso se crea la idea de que el beneficio, es decir, que el excedente 
creado en la producción de las mismas —plusvalor— es producto o fruto del es-
fuerzo del capitalista —quien se lo apropia— y no del trabajo humano —trabajo 
vivo— el cual es retribuido insatisfactoria e insuficientemente a través de un salario, 
incluso para su propia reproducción como fuerza de trabajo.
Bajo la perspectiva decolonial, Quijano señala que “en el proceso de constitución 
histórica de América, todas las formas de control y de explotación del trabajo y 
de control de la producción-apropiación-distribución de pro- ductos, fueron arti-
culadas alrededor de la relación capital-salario y del mercado mundial” (Quijano 
2000: 204).
125. De Sousa apunta —con base en su reflexión sobre la “globalización contra-
hegemónica” (De Sousa 2009: 229-236)— que existen procesos de resistencia al 
paradigma dominante “que intentan contrarrestar la exclusión social […] ofrecien-
do alternativas a las formas dominantes de desarrollo y conocimiento” (De Sousa 
2009: 231). Aunado a lo anterior Escobar et ál., contempla que los actuales mo-
 Economía, sociedad y medio ambiente · 187 
los seres humanos emprenden para la reproducción de sus condiciones 
socio-materiales y simbólicas de existencia.
La reflexión en torno del carácter ideológico-hegemónico del dis-
curso neoliberal conduce al reconocimiento de los procesos de adapta-
bilidad en términos simbólicos y de lenguaje126 que dicho discurso posee 
para acoplarse, amoldarse y adentrarse en las distintas esferas de la vida 
social y en contextos socio-histórico concretos y di- versos, pasando 
desde el ámbito microsituacional —nivel individual, doméstico y colec-
tivo— hasta llegar a niveles macrosituacionales más complejos —nivel 
glo- bal—, lo cual refleja su pretensión civilizatoria de alcance mundial 
que tiende a homogenizar los procesos sociales desconociendo su carácter 
heterogéneo. De esta manera, bajo la tónica de un pensamiento único, se 
intenta velar toda alternativa discursiva que difiera o que coadyuve a 
emprender una praxis histórico-concreta a fin de superar los problemas y 
conflictos sociales que el mismo proceso de acu- mulación capitalista 
ha propiciado. Se trata, en lo esencial, de individualizar y desvincular a los 
sujetos y actores sociales de una praxis transformadora que les permita 
enfrentar o buscar alternativas socio-histórico concretas que mejoren 
sus condiciones socio-materiales y simbólicas de existencia.
Bajo ese contexto es posible analizar y observar cómo la llamada 
informalidad —en el marco del proceso de acumulación capitalista en 
vimientos sociales latinoamericanos, develan un papel protagónico en las luchas 
y disputas políticas de la región, fundamentalmente, en temas relacionados con 
los parámetros de la democracia. Dichos movimientos han dado pauta a nuevas 
conceptualizaciones en la pro- pia investigación social en América Latina (Escobar 
et ál., 2001: 17-50).
126. El lenguaje —como parte fundamental de la cultura y el pensamiento— 
muestra una gama multifacética de sentidos y significados. Éstos reflejan procesos 
socioculturales heterogéneos y simbólicos que están articula- dos entre sí y se vin-
culan con procesos sociopolítico-económicos concretos. En este sentido, Castro 
y Grosfoguel (2007: 14-18), junto con Mignolo (2007: 27-29) y Escobar (2003: 
51-55) reconocen que los procesos sociocultu- rales están fuertemente vinculados 
con los procesos tanto políticos como económicos.
Ahora bien, en todo proceso sociocultural se puede observar la existencia de una 
relación simbólica, con- ceptual y material entre la cultura y la identidad. Para 
Giménez (s/f: 1-19) en dicha relación se develan formas interiorizadas de apropia-
ción subjetiva de una cultura específica, de tal suerte que las personas —definiendo 
sus diferencias frente a otros— a través de dicha interiorización y apropiación 
subjetiva, construyen identidades tanto individuales como colectivas sobre la base 
de repertorios y códigos socioculturales —estables en el tiempo— que expresan 
sentidos y significados concretos.
 188 · Caleidoscopio de la ciudad contemporánea
su fase neoliberal y glo- bal— devela prácticas cotidianas concretas de 
sujetos y actores sociales específicos cuyas perspectivas reales de re-
producción social y vital han sido mermadas por el sistema dominante. 
Sin embargo, dichas prácticas han posibilitado el mejoramien- to de las 
condiciones materiales