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Resumen 1er Parcial - UBA XXI Principios de DDHH y Derecho Constitucional

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Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
Alan Facundo Díaz 
2020 
Principios de D.D.H.H. y 
 Derecho Constitucional 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Índice 
Unidad N°1: ¿Qué es el derecho? 4 
Introducción al Análisis del Derecho 4 
¿Qué es el derecho? 4 
El iusnaturalismo y el positivismo jurídico 5 
Las fuentes del derecho 12 
Introducción 12 
Descripción de las fuentes del derecho 13 
Cuadro de las fuentes del derecho 16 
Divisiones del derecho 16 
Introducción 16 
Derecho público y derecho privado 17 
Las características principales del sistema del common law 20 
Introducción 20 
Definición 20 
Evolución histórica 21 
La regla del precedente o Stare Decisis 23 
Unidad N°2: Estructura constitucional. Características. Derechos, organización y poder 23 
Forma de gobierno y forma de Estado 23 
Introducción 23 
El sistema representativo 23 
La forma representativa del gobierno 24 
La república 25 
El federalismo 27 
Relaciones entre Estado nacional y las provincias 29 
Introducción a la constitución nacional 29 
Definición y características 29 
Clasificaciones generales de las constituciones 30 
Características y estructura de la Constitución de la Nación Argentina 31 
Evolución histórica de la constitución Nacional 32 
El constitucionalismo moderno 32 
La constitución de la Nación Argentina 33 
Parte orgánica. Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y Poder Judicial 44 
El Poder Legislativo 44 
El Poder Ejecutivo 49 
El Poder Judicial 51 
Los derechos de las mujeres en la Constitución Nacional. Convenciones internacionales y medidas de 
acción positiva 53 
Introducción 53 
El artículo 37°: derechos políticos de las mujeres 53 
El artículo 75°, inc. 22: convenciones internacionales 54 
El artículo 75°, inc. 23: las medidas de acción positiva 55 
Derechos de las mujeres: una deuda pendiente 56 
Principios de legalidad, reserva y clausura. Garantías constitucionales del proceso penal 57 
Introducción 57 
Tres principios rectores 57 
El debido proceso 60 
Los presos en las cárceles 63 
Mecanismos de garantía 63 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
El habeas data 64 
El habeas corpus 65 
Parte dogmática. Titularidad y ejercicio de los derechos. El poder de policía 66 
¿Qué significa que alguien tenga un derecho? 66 
Las generaciones de derechos 66 
Derechos enumerados y derechos implícitos 67 
La titularidad de los derechos 68 
La relatividad de los derechos 69 
Unidad N°3: Supremacía constitucional y control de constitucionalidad 71 
La supremacía constitucional 71 
¿Cómo se hace la ley? 71 
¿Cuál es el contenido de la ley? 72 
Las dimensiones participativa y liberal de la Constitución 72 
La jerarquía normativa 73 
El control constitucional 74 
Conclusiones 78 
Unidad N°4: Jerarquía constitucional de los tratados internacionales 79 
La jerarquía de los tratados internacionales 79 
Los tratados internacionales 79 
La jerarquía de los tratados internacionales antes de la reforma de 1994 80 
Las relaciones entre el derecho internacional y el derecho interno: dualistas y monistas 80 
El tratamiento jurisprudencial: de Ekmekdjian con Neustadt a Ekmekdjian con Sofovich 81 
La jerarquía de los tratados internacionales después de 1994 82 
 
 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Unidad N°1: ¿Qué es el derecho? 
Introducción al Análisis del Derecho 
¿Qué es el derecho? 
Es una palabra difícil de definir porque hay una relación entre el lenguaje y la realidad, que hace que no se tenga 
una idea clara sobre los presupuestos, las técnicas y las consecuencias que deben tenerse en cuenta cuando se 
define una expresión lingüística. 
Realismo verbal 
La relación entre los significados de las expresiones lingüísticas y la realidad consiste en una conexión que los 
hombres no pueden crear o cambiar sino sólo reconocer. 
Existe una sola definición válida para una palabra, que se obtiene mediante intuición intelectual de la naturaleza 
intrínseca de los fenómenos denotados por la expresión, y que la tarea de definir un término es descriptivo de 
ciertos hechos. PEJ: si existiera la 'esencia' del derecho, debería entonces admitirse que entre las muchas 
acepciones del término 'derecho', el único significado y la única definición verdaderos serían el significado que 
indicara dicha esencia y la definición que encerrara este significado. 
Filosofía analítica 
Es una concepción "convencionalista" acerca de la relación entre el lenguaje y la realidad, que se opone al 
realismo verbal. 
Los filósofos analíticos suponen que la relación entre el lenguaje y la realidad ha sido establecida por los 
hombres y, aunque hay un acuerdo consuetudinario en nombrar a ciertas cosas con determinados 
símbolos nadie está obligado, ni por razones lógicas, a seguir los usos vigentes, pudiendo elegir 
cualquier símbolo para hacer referencia a cualquier cosa y pudiendo formar las clases de cosas que le resulten 
convenientes. 
Las cosas sólo tienen propiedades esenciales en la medida en que los hombres hagan de ellas 
condiciones necesarias para el uso de una palabra. Según esta corriente de pensamiento, cuando nos 
enfrentamos con una palabra, por ejemplo, "derecho", tenemos que darle algún significado si pretendemos 
describir los fenómenos denotados por ella, pues no es posible describir, por ejemplo, el derecho argentino, sin 
saber lo que "derecho" significa. 
Es conveniente investigar su significado en el lenguaje ordinario como un medio de descubrir distinciones 
conceptuales importantes, que presuponemos sin tener conciencia de ellas y cuyo desprecio puede provocar 
seudocuestiones filosóficas. 
Inconvenientes para definir el derecho 
El hecho de reemplazar la búsqueda de la "verdadera esencia del derecho" por una investigación del uso de la 
palabra "derecho" en el lenguaje corriente y en el de los juristas, no garantiza que vayamos a obtener una 
caracterización del concepto de derecho con perfiles claros y definidos. Esto es así porque el uso común del 
término, presenta ciertos inconvenientes. 
La palabra "derecho" es ambigua, tiene varios significados relacionados estrechamente entre sí: 
 "El derecho argentino prevé la pena capital". Derecho objetivo (sistemas o normas). 
 "Tengo derecho a vestirme como quiera". Derecho subjetivo (permiso, posibilidad, etc.). 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
 "El derecho es una de las disciplinas teóricas más antiguas". Ciencia del derecho. Se refiere a la investigación, al 
estudio de la realidad jurídica que tiene como objeto el derecho en los dos sentidos anteriores. 
En general, para evitar confusiones, “derecho” denota al ordenamiento jurídico y que los demás sentidos 
sean mencionados con las expresiones "derecho subjetivo" y "ciencia del derecho". 
En ciertos contextos necesitamos asignar a la palabra "derecho" un significado menos vago; pero esto, nos 
obliga a estipular un conjunto de propiedades como necesarias y nos conduce a excluir de la denotación de 
"derecho" algunos fenómenos que usualmente son nombrados con esta palabra. 
El último inconveniente que presenta "derecho" en el lenguaje corriente es su carga emotiva. Las palabras no 
sirven solamente para referirse a cosas o hechos y para designar propiedades, sino que a veces se usan también 
para expresar emociones y provocarlas en los demás. "Derecho" es una palabra con significado emotivo 
favorable. 
Cuando una palabra tiene carga emotiva, ésta perjudica su significado cognoscitivo. Porque la gente 
extiende o restringe el uso del término para abarcar con él o dejar fuera desu denotación los fenómenos que 
aprecia o rechaza, según sea el significado emotivo favorable o desfavorable. Esto provoca una gran 
imprecisión en el campo de referencia de la expresión, y en el caso de "derecho" explica muchas de las 
diferencias entre las definiciones que sustentan los juristas. 
El iusnaturalismo y el positivismo jurídico 
Una amplia y variada corriente de pensamiento siempre defendido que la relación entre el derecho y 
la moral debe reflejarse en el concepto de derecho; Aunque no todas ellas son relevantes para la 
caracterización del concepto de derecho. Algunas de las tesis, que suelen ser independientes entre sí y no 
siempre compatibles, más comunes que sostienen la asociación derecho-moral son: 
1. Las normas de todo sistema jurídico reflejan los valores y aspiraciones morales de la comunidad en la cual rigen 
o de los grupos de poder que participan directa o indirectamente en el dictado de tales normas. 
2. Las normas de un sistema jurídico deben ajustarse a ciertos principios morales y de justicia que son 
universalmente válidos, con independencia de que ellos sean aceptados o no por la sociedad en que tales normas 
se aplican. 
3. Las normas de un sistema jurídico deben reconocer y hacer efectivas las pautas morales vigentes en la sociedad, 
cualquiera que sea la validez de tales pautas desde el punto de vista de una moral crítica o ideal. 
4. No es posible formular una distinción conceptual entre las normas jurídicas y las normas morales vigentes en 
una sociedad. 
5. Los jueces aplican de hecho en sus decisiones no sólo normas jurídicas sino también normas y principios 
morales. 
6. Los jueces deben recurrir a normas y principios morales para resolver cuestiones que no están claramente 
resueltas por las normas jurídicas. 
7. Los jueces deben negarse a aplicar aquellas normas jurídicas que contradicen radicalmente principios morales o 
de justicia fundamentales. 
8. Si una regla constituye una norma de un sistema jurídico ella tiene fuerza obligatoria moral, cualquiera que sea su 
origen y contenido, y debe ser aplicada por los jueces y obedecida polla gente. 
9. La ciencia jurídica debe encarar la tarea de formular principios de justicia aplicables a distintas situaciones 
jurídicamente relevantes y evaluar hasta qué punto las normas jurídicas vigentes satisfacen tales principios y 
pueden ser interpretadas de modo de conformarse a sus exigencias. 
10. Para identificar a un sistema normativo como un orden jurídico o a una regla como una norma jurídica debe 
determinarse su adecuación a principios morales y de justicia; de no ser así, no pueden ser calificados de 
jurídicos. 
El conflicto entre el iusnaturalismo y el positivismo jurídico gira alrededor de la relación entre 
derecho y moral. El iusnaturalismo sostiene que hay una conexión intrínseca entre derecho y moral, el 
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positivismo jurídico niega tal conexión. Existen muchas formas muy diferentes de sostener que hay una 
vinculación importante entre derecho y moral. ¿Cuál es la tesis acerca de la relación derecho-moral que el 
iusnaturalismo defiende y que el positivismo ataca? 
Para responder esto asistamos a una dramatización idealizada de una sentencia judicial, inspirada en los procesos judiciales 
organizados por los Aliados, las naciones vencedoras de la segunda guerra mundial, para juzgar a los jerarcas nazis que habían 
participado en diferentes hechos cometidos durante el régimen de Hitler. 
Los jueces del ejemplo parecen adoptar posiciones diferentes en relación a la tesis de que los jueces deben 
recurrir, en ciertos casos, a principios morales para justificar sus decisiones; de que los jueces deben negarse a 
aplicar aquellas normas jurídicas que contradigan principios morales; de que toda norma jurídica, cualquiera 
que sea su origen y contenido, tiene fuerza obligatoria y debe ser obedecida, y de que la identificación de un 
sistema jurídico requiere formular juicios de valor acerca de la justicia y moralidad de sus disposiciones. No 
sabemos bien todavía cómo se sitúan los defensores de una y otra concepción respecto de cada una de tales 
tesis; No es cierto que los iusnaturalistas apoyan todas ellas y que los positivistas las rechazan. 
El Iusnaturalismo 
Dicha concepción consiste en sostener conjuntamente estas dos tesis: 
 Una tesis de filosofía ética que sostiene que hay principios morales y de justicia universalmente válida y 
asequible a la razón humana. 
 Una tesis acerca de la definición del concepto de derecho, según la cual un sistema normativo o una norma 
no pueden ser calificados de "jurídicos" si contradicen aquellos principios morales o de justicia. 
El que rechace cualquiera de estas tesis, no es iusnaturalista. Muchos iusnaturalistas difieren acerca del origen 
de los principios morales y de justicia que conforman el llamado "derecho natural" y acerca de cuáles son tales 
principios. 
Tipos de Iusnaturalismo 
Teológico, según San Tomás de Aquino 
Es parte del orden eterno universal originado por Dios que es asequible a la razón humana. El orden 
positivo que no se adecue al derecho natural no tiene fuerza obligatoria de derecho. 
Según Victor Cathrein 
Para los creyentes en Dios, está claro que él no podría dejar a los hombres sobre la tierra sin darles lo que les es 
universalmente necesario para su conservación y desarrollo. Ese derecho natural es verdadero y válido, 
universal, inmutable y aplicable a todos los hombres en todos los tiempos. 
Las leyes positivas se obtiene por "conclusión del derecho natural" (PEJ: las que prohiben matar), o deben 
tener la función de "determinación aproximativa", precisando los postulados generales del derecho 
natural (PEJ, estableciendo la edad en que se adquiere la capacidad para contratar). Las leyes positivas deben. tener 
también la función de hacer efectivos, mediante la coacción, los mandatos del derecho natural. 
Iusnaturalismo Racionalista (Wolff, Kant, etc.) 
Según esta concepción el derecho natural no deriva de los mandatos de Dios sino de la naturaleza o 
estructura de la razón humana. 
Los juristas racionalistas intentaron formular sistemas de derecho natural, cuyas normas básicas constituían 
supuestos axiomas autoevidentes para la razón humana. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Iusnaturalismo historicista 
Pretende inferir normas universalmente válidas a partir del desarrollo de la historia humana. El criterio 
para determinar lo bueno y lo malo lo constituye la dirección de la historia. Esta concepción pretende mostrar 
que ciertas normas o valoraciones derivan de determinadas descripciones o predicciones acerca de la 
realidad; es decir que lo que debiera ser se infiere de lo que es o será. 
Iusnaturalismo de la "naturaleza de las cosas". 
Esta concepción sostiene, en general, que ciertos aspectos de la realidad poseen fuerza normativa, y 
constituyen una fuente de derecho a la cual debe adecuarse el derecho positivo. 
Positivismo jurídico 
Resulta difícil caracterizar la concepción positivista del derecho. Esto es así porque la expresión 
"positivismo" es ambigua, ella hace referencia a posiciones diferentes que a veces nada tienen que ver 
entre sí; que en muchos casos, fueron rechazadas por algunos autores positivistas, y que, en otros, 
fueron sostenidas por juristas positivistas pero no como parte esencial del positivismo por ellos defendido. 
Principales posiciones del positivismo lógico 
El escepticismo ético 
Muchos juristas identifican el positivismo con la tesis de que no existen principios morales y de 
justicia universalmente válidos y cognoscibles por medios racionales y objetivos. 
Bajo la influencia de concepciones filosóficas empiristas y de los postulados del "positivismo lógico", 
se sostiene que losúnicos juicios cuya verdad o falsedad es decidible racionalmente son los juicios 
que tienen contenido empírico. Los enunciados morales no satisfacen esta condición y por lo tanto, 
no expresan proposiciones verdaderas o falsas. Los enunciados valorativos son, subjetivos y relativos 
y se limitan a ser la expresión de estados emocionales de quienes los formulan. Según Kelsen PEJ: las 
definiciones del concepto de justicia son superficiales pues el concepto carece de contenido cognoscitivo; la justicia es un "ideal 
irracional". Los intentos de justificar racionalmente ciertos principios de justicia suelen incurrir en el vicio lógico de pretender derivar 
juicios de "deber ser", o normativos, de juicios del "ser", o descriptivos. 
Sin embargo, no todos los positivistas comparten esta tesis de filosofía ética. Bentham y Austin, los fundadores 
del positivismo jurídico moderno, creían en la posibilidad de justificar racionalmente un principio moral 
universalmente válido del cual se derivan todos los juicios valorativos: es el llamado "principio de 
utilidad", el cual sostiene, que una conducta es moralmente correcta cuando contribuye a incrementar 
la felicidad del mayor número de gente. Aun un positivista contemporáneo como H. L. A. Hart ha 
incursionado en la discusión de problemas valorativos, como el de la justificación de la pena, poniendo de 
manifiesto que no presupone que tal tipo de discusión sea irracional e involucre un mero choque de actitudes 
emotivas. 
No es correcto identificar el positivismo jurídico con el escepticismo ético. Los principales 
representantes del positivismo lógico del derecho concuerdan que los juicios valorativos no son subjetivos y 
relativos. 
Por lo tanto, no es esencial el rechazo de la primera tesis del iusnaturalismo. La creencia de que hay 
principios morales y de justicia universalmente válidos y racionalmente justificables es perfectamente 
compatible con la concepción positivista del derecho (aun cuando los positivistas no los califiquen de 
"derecho natural"). 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
El positivismo ideológico 
Cualquiera que sea el contenido de las normas del derecho positivo, éste tiene validez o fuerza 
obligatoria y sus disposiciones deben ser necesariamente obedecidas por la población y aplicadas por 
los jueces, haciendo caso omiso de sus escrúpulos morales. Esta tesis es, en substancia, la que antes se ha 
presentado como tesis 8 acerca de la relación derecho-moral e implica la negación de la tesis 7. 
Sin embargo, es muy difícil encontrar algún filósofo positivista que se adhiera plenamente a esta tesis. El caso 
de Kelsen, es más complicado, porque su teoría incluye ciertas postulaciones que parecen implicar esta tesis, 
aunque es injusto atribuírsela. No obstante, ésta la posición que con mayor frecuencia ha sido imputada 
al positivismo por iusnaturalistas y la creencia de que los positivistas se adhieren a esta idea está 
detrás de la acusación de que esta doctrina sirve para justificar cualquier régimen de fuerza y ha 
contribuido a proveer un marco teórico para legitimar un sistema como el nazi o el soviético. 
Para Norberto Bobbio esta tesis que defiende estas proposiciones: 
1. El derecho positivo, por el solo hecho de ser positivo, esto es, de ser la emanación de la voluntad 
dominante, es justo; o sea que el criterio para juzgar la justicia o injusticia de las leyes coincide con el que se 
adopta para juzgar su validez o invalidez. 
2. El derecho como conjunto de reglas impuestas por el poder que ejerce el monopolio de la fuerza de una 
determinada sociedad sirve, independientemente del valor moral de sus reglas, para la obtención de 
ciertos fines deseables como el orden, la paz, la certeza y, en general, la justicia legal. 
Alf Ross llama a esta concepción "seudopositivismo" y, en El concepto de validez y otros ensayos, dice lo 
siguiente: 
Existe un malentendido en un número de autores, considerados 'positivistas', que han 
sostenido el punto de vista de Verdross, de que el orden establecido es acreedor de 
obediencia... Esta filosofía moral tiene varias fuentes. Una se remonta a las enseñanzas de Martín 
Lutero, que toda autoridad estatal proviene de Dios. Otra puede hallarse en la filosofía de Hegel, 
'lo que es real es válido, y lo que es válido es real'. También concuerda con la ideología del 
conservadorismo: lo que tiene éxito está justificado, porque Dios ha permitido que lo tenga... 
Esta es la actitud que se revela en el slogan la ley es la ley, que significa que cualquier orden jurídico 
es derecho y, como tal, cualquiera sea su espíritu y sus tendencias, debe ser obedecido". 
La tesis que estamos considerando no es de índole conceptual sino que involucra una posición ideológica o 
moral. Ella combina falsamente una definición de derecho en términos fácticos, como la que los 
positivistas propugnan, PEJ: el derecho es el conjunto de normas impuestas por los que tienen el monopolio de la fuerza en 
una sociedad, con la idea iusnaturalista de que toda norma jurídica tiene fuerza obligatoria moral (idea 
que es coherente con la posición iusnaturalista de que una regla no es jurídica si no satisface exigencias morales 
o de justicia). 
El positivismo ideológico pretende que los jueces asuman una posición moralmente neutra y que se 
limiten a decidir según el derecho vigente. Pero esta pretensión es ilusoria. 
Si se define el derecho en términos fácticos, las proposiciones acerca de lo que el derecho vigente 
dispone son reducibles a proposiciones acerca de hechos. Ahora bien, es un principio de la lógica del 
razonamiento práctico que las proposiciones que describen meros hechos no expresan razones 
operativas para justificar acciones/decisiones. No se puede justificar una acción o decisión solamente 
sobre la base de que algo ocurrió u ocurrirá en la realidad. Debe recurrirse a deseos o intereses o bien 
a valoraciones. Cuando se trata de una acción moralmente relevante, las razones morales excluyen las 
razones prudenciales constituidas por intereses, que ya no bastan para justificar la acción o decisión. 
(PEJ: No basta, para justificar mi decisión de pasar un tiempo en Oxford, el que mencione el hecho de que es un lugar ideal para 
estudiar filosofía; tengo que acudir, además, a mi deseo o interés de estudiar filosofía. Pero si tengo, PEJ: el deber de cuidar a un 
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pariente enfermo y el ir a Oxford impide cumplir ese deber, no es tampoco suficiente para justificar mi decisión de pasar un tiempo 
en Oxford el que haga referencia a un deseo o interés.) 
Esto significa que cuando un juez pretende justificar su decisión diciendo: "el derecho vigente 
dispone la solución que estoy adoptando", si consideramos, como los positivistas lo hacen, que esta 
proposición es meramente descriptiva de ciertos hechos y no implica valoraciones, debemos concluir 
que el juez no ha conseguido justificar su decisión, a menos que esté presuponiendo implícitamente 
un principio moral como el que dice "debe observarse lo que dispone el derecho positivo". Los 
jueces, como todos nosotros, no pueden eludir adoptar posiciones morales en materias moralmente 
relevantes. 
En definitiva, el positivismo ideológico es una posición valorativa que sostiene que los jueces deben 
tener en cuenta en sus decisiones un solo principio moral: el que prescribe observar todo lo que 
dispone el derecho vigente. Esta concepción posee una debilidad, si bien ese principio moral parece 
estar justificado, él no es el único principio moral válido, ni el único principio moral que los jueces 
deben tomar en cuenta en sus decisiones. 
Los principales representantes del positivismo están lejos de ser positivistas ideológicos. Kelsen es un caso 
especial. Sostiene que las normasjurídicas existen en tanto y en cuanto son válidas o tienen fuerza 
obligatoria; las normas se dan, no en el mundo de los hechos, de lo que "es", sino en el mundo de lo 
que "debe ser". En esto, coincide con el iusnaturalismo, pero Kelsen pretende fundar una ciencia 
jurídica valorativamente neutra, rechaza la pretensión iusnaturalista de que la validez/fuerza 
obligatoria de las normas jurídicas deriva de su relación con principios morales o de justicia. Para él, 
tal validez/fuerza obligatoria deriva, de una norma no positiva, que dice que lo que un orden coactivo 
eficaz dispone "debe ser". Este presupuesto epistemológico permite a los juristas acceder, sin asumir un 
compromiso moral o ideológico, a la verdadera realidad jurídica, que está compuesta, para Kelsen, no 
por hechos, sino por entidades (normas jurídicas) que pertenecen al mundo del "deber ser". Si un 
estudioso del derecho no presupone que lo que dispone una orden de quien ejerce el poder debe ser observada, 
no estará en condiciones de describir esa orden como una norma jurídica sino lo hará como un hecho, tal 
como lo hacen, PEJ, los sociólogos. 
Kelsen no niega que los jueces pueden dejar de aplicar en sus decisiones normas jurídicas por razones morales. 
Esto per mite sostener que tampoco Kelsen es "un positivista ideológico". 
El formalismo jurídico 
También se suele atribuir al positivismo una cierta concepción acerca de la estructura de todo orden 
jurídico. Según esta concepción el derecho está compuesto exclusiva o predominantemente por 
normas promulgadas explícita y deliberadamente por órganos centralizados, y no, PEJ, por normas 
consuetudinarias o jurisprudenciales. También sostiene esta concepción que el orden jurídico es 
siempre completo (sin lagunas), consistente (sin contradicciones) y preciso (sus normas no son 
ambiguas). En sí, es un sistema autosuficiente para proveer una solución unívoca para cualquier caso 
concebible. Bobbio ha denominado esta concepción "positivismo teórico", porque involucra una cierta 
teoría acerca de la estructura de todo orden jurídico. 
Este tipo de positivismo generalmente va unido al positivismo ideológico. Esto es así porque, por 
que, el positivismo ideológico defiende, la absoluta sumisión de los jueces a los mandatos legislativos 
y, por otro lado, el postulado del positivismo ideológico, de que los jueces deben decidir siempre 
según normas jurídicas y no según otro tipo de principios, de lo contrario los jueces tendrían que 
recurrir, a veces, a otro tipo de criterios no jurídicos para justificar su decisión. 
No es verdad que los principales representantes del positivismo se adhieren a esta concepción del 
derecho. Por lo contrario, sostienen que un orden jurídico puede estar integrado no sólo por normas 
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legisladas, sino también por normas consuetudinarias y jurisprudenciales, y no se pronuncian acerca 
de cuáles de estas normas tienen prioridad. 
Por otra parte, tanto Ross como Hart han contribuido significativamente a esclarecer el tipo de 
indeterminaciones que un orden jurídico puede presentar, tales como lagunas y contradicciones 
lógicas, y vaguedad y ambigüedad lingüísticas. Ellos han mostrado que el derecho no es un sistema 
autosuficiente de soluciones, lo que hace que los jueces no tengan más remedio muchas veces que 
justificar sus decisiones recurriendo a principios o criterios no jurídicos. 
Kelsen en sus obras, sostuvo la tesis de que el derecho no presenta lagunas o contradicciones lógicas, 
aunque, en cambio, sí admitió la existencia de indeterminaciones lingüísticas, lo que hace, que el 
derecho presente a los jueces no una sola solución sino varias alternativas. 
El positivismo metodológico/conceptual 
Si ninguna de las tesis anteriores caracteriza esencialmente al positivismo ¿cuál es la tesis en la que 
todos estos autores coinciden? La respuesta es que ella consiste en la negación de la tesis 10, o sea en 
la tesis de que el concepto de derecho no debe caracterizarse según propiedades valorativas sino 
tomando en cuenta sólo propiedades descriptivas. Según esta tesis las proposiciones acerca de lo que 
el derecho dispone no implican juicios de valor y son verificables en relación a ciertos hechos 
observables empíricamente, esta sólo es una tesis conceptual. 
Es coherente, decir que cierto sistema es un orden jurídico o que cierta regla es una norma jurídica, 
pero que son demasiado injustos como para ser obedecidos o aplicados. Un positivista de esta 
persuasión puede decir, que en determinados casos, los jueces están moralmente obligados a 
desconocer ciertas normas jurídicas. Este tipo de afirmación no será aceptado ni por los 
iusnaturalistas ni por los positivistas ideológicos; un iusnaturalista dirá que si los jueces están moralmente 
obligados a desconocer una norma, ella no es una norma jurídica; un positivista ideológico dirá, en cambio, que 
si una norma es una norma jurídica, los jueces están necesariamente obligados a aplicarla. 
El "positivismo conceptual", indica que su tesis es acerca de la definición del concepto de derecho. 
Se opone la segunda tesis del iusnaturalismo, que afirma que la identificación de un orden jurídico o de 
una norma jurídica presupone juicios valorativos acerca de la adecuación de ese orden a ciertos principios 
morales o de justicia. En cambio, el positivismo conceptual no se opone a la primera tesis del 
iusnaturalismo, que sostiene que hay principios morales y de justicia universalmente válida y justificable 
racionalmente. 
En definitiva, la controversia entre el iusnaturalismo y el positivismo que estamos considerando se 
reduce a una mera cuestión de definición de "derecho". ¿Cómo debe decidirse esa controversia? 
Para quienes subscriben una concepción "esencialista" del lenguaje, se trata de captar cuál es la verdadera 
esencia del derecho. Debe confiarse en la intuición intelectual la que no es objetivamente controlable. 
En cambio, según la concepción "convencionalista" del lenguaje, el significado de una palabra está 
determinado por las reglas convencionales que determinan las condiciones de uso de esa palabra. El 
significado de una expresión lingüística, tal como "derecho", puede encararse en dos planos diferentes: 
1. Averiguar cómo se usa en el lenguaje ordinario la palabra en cuestión. En muchos contextos, la palabra 
"derecho" se emplea sin ninguna connotación valorativa. PEJ, la frase "el derecho x es sumamente injusto" no parece que 
sea autocontradictoria, tal como lo es, PEJ, la frase "este oro no es metálico". Sin embargo, es posible que, en ciertos 
otros contextos, el término "derecho" o el calificativo "jurídico" se empleen para hacer referencia a 
reglas que deben ser —desde el punto de vista moral— observadas y aplicadas. Tanto el positivismo 
como el iusnaturalismo lograron cierta auto confirmación en los distintos usos de la palabra “derecho”, 
haciendo que dicha palabra sea ambigua en el lenguaje ordinario. Mientras que en el contexto de 
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estudios sociológicos, históricos, antropológicos, etc., la expresión "derecho" se emplea con el 
significado que los positivistas proponen, es probable que en el discurso de los jueces y abogados 
prácticos algunas veces se use la expresión de acuerdo con la concepción iusnaturalista (haciendo 
alusión a normas que deben ser reconocidas y observadas, que tienen necesariamente fuerza obligatoria moral). 
Una y otra concepción parecen reflejar el uso de la expresión en ciertos contextos, uso que ha sido determinado, 
en parte, por la influencia de la respectiva concepción en tales contextos. 
2. Según la concepción "convencionalista" del lenguaje, puede encararse una discusión sobre el 
significado de una expresión lingüística.Los positivistas han formulado varios argumentos en favor de definir la palabra "derecho" haciendo sólo alusión 
a propiedades descriptivas y no valorativas. 
Uno de ellos, es que es conveniente definir "derecho" o "sistema jurídico" de modo tal que estas 
expresiones puedan ser usadas como componente central del lenguaje de la ciencia jurídica, la que 
debe ser descriptiva y valorativamente neutra. De usarse expresiones con connotaciones valorativas en vez 
de descriptivas en una teoría descriptiva, los enunciados formulados no serían neutrales. Sin embargo, un 
iusnaturalista podría replicar que el término "derecho" no se emplea sólo en el marco de la ciencia 
jurídica sino también en actividades que son esencialmente normativas y no descriptivas, como la 
administración de justicia. También se podría sostener que es controvertible que la actual ciencia 
jurídica sea una actividad puramente descriptiva y que es también discutible que ella deba serlo. Esto es 
lo que hace indirectamente relevante, para la discusión entre positivistas e iusnaturalistas, a la tesis 9, mencionada 
al comienzo. 
Otro argumento es que, siendo los juicios de valor subjetivos y relativos, si se definiera el concepto de 
derecho tomando en cuenta propiedades valorativas, este concepto se transformaría también en una 
noción subjetiva y relativa, que cada uno emplearía en forma diferente según sus preferencias y 
actitudes emotivas; esto haría imposible una comunicación eficaz y fluida entre juristas, abogados, 
jueces, etc. No todos los positivistas son escépticos en materia ética, por lo cual no todos ellos pueden recurrir a 
este argumento para defender una definición puramente descriptiva, que no tome en cuenta propiedades 
valorativas, de la expresión "derecho". 
Un tercer argumento, que casi todos los positivistas exponen, alude a las ventajas teóricas y prácticas 
que se obtienen si se define "derecho" de tal modo que sea posible distinguir el derecho que "es" del 
derecho que "debe ser". Cuando un positivista dice que algo "es" derecho, un iusnaturalista diría que 
eso "es considerado" derecho; y cuando un positivista afirma que algo "debería ser" derecho, un 
iusnaturalista diría que eso "es" derecho. 
Sin embargo, esta réplica no es totalmente convincente, ya que hay ciertos inconvenientes que acarrea el 
definir cualquier concepto mediante propiedades valorativas o normativas: 
o Aunque haya principios morales o de justicia de índole objetiva, es un hecho obvio que la 
gente difiere en la práctica acerca de cuáles son esos principios. Si se definiera el concepto 
de derecho tomando en cuenta propiedades valorativas, si para identificar a un orden 
jurídico hubiera que determinar su conformidad con aquellos principios morales y de 
justicia, la gente diferiría grandemente en su identificación de los sistemas jurídicos. 
o Hay un cierto tipo de crítica valorativa de un individuo, objeto o institución que presupone 
una comparación con otros que pertenecen a la misma clase por compartir con el primero 
ciertas propiedades fácticas comunes. PEJ: Cuando uno dice que un objeto es un mal cuchillo, o que una 
persona es un mal profesor, no dice que sea un mal objeto o una mala persona, sino que son malos como cuchillo o 
como profesor. Si el mero hecho de ser malos los excluyera de la clase de los cuchillos o de los 
profesores, ya no podríamos criticarlos por ser un cuchillo o un profesor que no satisfacen las 
condiciones para ser un buen exponente de su clase. Lo mismo ocurre con el concepto de derecho, 
si decidiéramos que éste sólo es aplicable a sistemas que son buenos o justos. No 
podríamos hacer comparaciones entre un sistema jurídico bueno y otro malo, porque este 
último sistema no sería un sistema jurídico. Así como hay ciertas deficiencias específicas que 
hacen que una persona, que satisface las condiciones fácticas que nos permiten llamarlo "profesor", 
sea un mal profesor (y no, PEJ un mal hombre, o un mal marido), hay también ciertas deficiencias 
específicas que hacen que un sistema normativo que reúne las condiciones fácticas que nos permiten 
calificarlo de "derecho", sea un derecho injusto. PEJ, el sistema normativo impuesto en la Alemania nazi 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
nos choca como radicalmente injusto, por haber sido un sistema jurídico, que compartía ciertas propiedades fácticas 
comunes con otros sistemas jurídicos, (como el argentino o el norteamericano). Si lo viéramos, en cambio, no como un 
sistema jurídico sino como el orden normativo de una organización delictiva lo seguiríamos considerando aberrante pero 
dejaríamos de percibir claramente la horrenda iniquidad involucrada en la implantación de un sistema respaldado por 
el monopolio de la fuerza en un cierto territorio, constituido por leyes y aplicado por jueces y funcionarios, pero que, a 
diferencia de otros sistemas que reúnen estas mismas propiedades, no estaba dirigido a garantizar a toda la población 
condiciones de vida razonablemente seguras y equitativas, sino a asegurar el dominio de cierta raza eliminando a los 
"seres inferiores" y a los disidentes. 
Por otra parte, los sistemas normativos que suelen denominarse "derecho" en contextos 
descriptivos, presentan rasgos comunes de índole fáctica que son de tal relevancia para 
todo análisis social, como el que realizan sociólogos, antropólogos, etc., que se hace 
necesario agruparlos conceptualmente en una misma clase. Si no pudiéramos utilizar la 
palabra "derecho" para denominar todos los miembros de esa clase, tendríamos que 
inventar otra palabra PEJ, el iusnaturalismo no podría oponerse a que llamáramos "flux", a todo lo que los 
positivistas llaman "derecho". ¿Pero por qué sería admisible ese uso amplio del grafismo "flux" y no ha 
de serlo el uso igualmente amplio del grafismo "derecho"?). 
La elección entre esta posición y la del iusnaturalismo no implica tomar partido acerca de 
alguna cuestión filosófica profunda sino acerca de una mera cuestión verbal. Una 
controversia acerca del significado que tiene o que debe dársele a cierta palabra no representa 
ningún obstáculo insalvable para el progreso de las ideas. Aun si las partes no se ponen de 
acuerdo (y, al fin y al cabo, ¿quién es uno para legislar cómo cierta palabra debe ser usada por los 
demás?), ellas pueden entenderse perfectamente si distinguen cuidadosamente el 
significado diferente que cada parte le asigna a la palabra y si proceden a traducir lo que se 
dice en un lenguaje al lenguaje alternativo. Como se ha sugerido antes, todo lo que se dice 
en el lenguaje positivista puede ser traducido al lenguaje iusnaturalista, y viceversa. 
En lo que sigue asumiremos la propuesta positivista de autores como Bentham, Austin, Ross, 
Hart y —con ciertas salvedades— Kelsen, de definir "derecho" como un sistema normativo 
que presenta rasgos tácticos distintivos, sin tomar en cuenta propiedades valorativas. Otra 
propuesta es la del programa positivista de definir "derecho" en relación a ciertos hechos 
empíricamente observables. El "realismo jurídico" cuestiona la compatibilidad de ese programa 
con la idea de caracterizar el concepto de derecho como un sistema de normas. 
Las fuentes del derecho 
Introducción 
Las fuentes del derecho son los distintos modos de creación o de expresión del conjunto de reglas 
jurídicas aplicables dentro de un Estado en un momento dado. Son fundamentalmente cinco: la ley, la 
costumbre, la jurisprudencia, la doctrina y los principios generales del derecho. 
Se las suele clasificar en fuentes en formales y materiales, pero nosotros tendremos en cuenta dos aspectos: 
la obligatoriedad general de cada una de ellas y la autoridad de la que emana la fuente, es decir, quién la crea. 
Cada una de estas fuentes tiene un carácter de obligatoriedad distinto. La ley es la única obligatoria 
para toda la sociedad.Además, cada una tiene una autoridad de creación diferente. En los regímenes 
democráticos, la ley es la única fuente que emana directamente de los representantes de la voluntad 
popular: el Poder Legislativo. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Estas dos características hacen que la ley sea la fuente del derecho más importe. El resto de las fuentes tienen 
otro tipo de obligatoriedad y de autoridad de creación, y ninguna de ellas es de cumplimiento obligatorio para 
toda la sociedad si no se traduce en una ley, o si no lo dispone una ley. 
Descripción de las fuentes del derecho 
Ley 
Es la regla social obligatoria, establecida por la autoridad pública competente. Tiene dos acepciones: 
 En sentido amplio: se llama ley a toda regla general dictada por autoridad competente. 
Agruparemos bajo este concepto al cuerpo normativo dictado por quien corresponde, de la 
forma establecida, aunque su denominación sea diferente a la de ley. Por ejemplo: la constitución, una 
ordenanza municipal o una resolución del consejo superior de la universidad. 
 En sentido estricto: se considera ley a toda regla emanada del Poder Legislativo (a nivel 
nacional, el Congreso de la Nación) y realizadas de acuerdo con los procedimientos, formalidades 
y límites establecidos por la Constitución Nacional. 
En la Argentina, por ejemplo, el Código Civil y Comercial de la Nación (CCyC) incorpora la noción de la 
obligatoriedad y establece que las leyes poseen esta característica para todos los que habitan el territorio de la 
República, después del octavo día de su publicación oficial o desde el día que ellas determinen. 
Características 
 Es obligatoria: dado que existe la obligación de obedecer lo que manda la ley, su cumplimiento no 
resulta optativo. En caso de desobediencia, se impondrán sanciones de distintito tipo. El CCyC 
lo establece en su Artículo 4º: 
o Las leyes son obligatorias para todos los que habitan el territorio de la República, sean 
ciudadanos o extranjeros, residentes, domiciliados o transeúntes, sin perjuicio de lo dispuesto 
en leyes especiales. 
 Es general: las leyes contemplan un número indeterminado de hechos y se aplican a cualquier 
persona, no solo a algunas. Esto no quiere decir que no puedan existir leyes orientadas 
solamente a cierto grupo de personas, como por ejemplo “las mujeres”, “los médicos” o “los 
jubilados mayores de 80 años”. Lo que la generalidad nos indica es que la ley debe estar orientada a 
todas las mujeres, todos los médicos o todos los jubilados mayores de 80 años. 
Este principio también se desprende del Artículo 4º del CCyC, cuando establece la obligatoriedad para 
todos los habitantes del país 
 No es retroactiva: las leyes disponen hacia el futuro, nunca hacia los hechos ya sucedidos. Así 
encontramos que el Artículo 7º del CCyC establece: 
o […] La leyes no tienen efecto retroactivo, sean o no de orden público, excepto disposición en 
contrario. La retroactividad establecida por la ley no puede afectar derechos amparados por 
garantías constitucionales […]. 
 Es pública: como las leyes son obligatorias para todos los habitantes, deben ser conocidas por 
todos. En nuestro país esto se logra a través de la publicación en el Boletín Oficial, momento a 
partir del cual las leyes se presumen públicas y por ende conocidas. De esto se desprenden tres 
principios: 
1) No pueden existir leyes secretas. 
2) Mientras no exista publicación, la ley no entrará en vigencia y no resultará obligatoria para la 
ciudadanía. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
3) A partir de la publicación en el Boletín Oficial nadie puede alegar el desconocimiento de la ley 
para justificar su incumplimiento. Esto último está expresamente establecido en el Artículo 8º 
del CCyC, cuando dice: 
o [...] La ignorancia de las leyes no sirve de excusa para su cumplimiento [...]. 
 Emana de la autoridad competente: exclusivamente el Poder Legislativo es quien está facultado 
para sancionar leyes. Ni el Poder Ejecutivo ni el Poder Judicial pueden crearlas, aunque el 
primero participa de su formación a través del proceso de promulgación y/o veto. 
Esto se debe a que solo en el Poder Legislativo, por ser un órgano compuesto por muchos 
miembros elegidos por la voluntad popular, se encuentra la mejor representación electoral de 
la sociedad. Si la ley tiene como principal característica ser obligatoria para todos, solo sus 
representantes pueden establecerla. Por otra parte, el mecanismo de deliberación pública y la 
conformación plural del Poder Legislativo hacen que sea el espacio más democrático para la sanción de 
las leyes 
Costumbre 
Es la repetición de una conducta de modo uniforme y sin interrupciones que, por un lago período de tiempo, 
es adoptada por los miembros de una comunidad con la creencia de que dicha conducta es obligatoria. 
Dimensiones y características 
La costumbre tiene una dimensión objetiva. Debe reunir las siguientes características: 
 Ser uniforme: que el hecho o comportamiento tenga siempre las mismas características, pudiendo 
adoptar un mínimo grado de modificación pero sin alterarse sustancialmente. 
 Ser constante: que se lleve a cabo sin interrupciones. 
 De largo uso: que se practique por un periodo de tiempo más o menos prolongado. 
 Ser general: que el hecho sea practicado por toda la comunidad o por la mayor parte de ella. 
 Ser pública: que el hecho sea conocido por todos. 
La dimensión subjetiva (psicológica o espiritual) se refiere a que la sociedad debe creer que la conducta 
repetida en el tiempo es obligatoria, es decir, creer que la conducta es una necesidad jurídica (que su 
incumplimiento implicaría una sanción jurídica). 
Tipos de costumbre 
 Costumbre secundum legem (según la ley): es la costumbre reconocida por la ley, de manera que 
está de acuerdo con ella. 
Un ejemplo de esta lo brinda el CCyC, cuando en su primer artículo establece a las costumbres como 
fuente de derecho: 
o […] Los usos, prácticas y costumbres son vinculantes cuando las leyes o los interesados se 
refieren a ellos o en situaciones no regladas legalmente, siempre que no sean contrarios a 
derecho. 
Así, en varias partes del Código se establece que las “costumbres del lugar” -y sobre todo las 
comerciales- pueden resultar un mecanismo válido para dirimir disputas de índole legal (por ejemplo, 
artículos 1006º, 1514º, 1800º y 2651º del CCyC). 
Ello se deriva del espíritu del viejo código de comercio, que establecía a las costumbres del lugar donde 
se celebrara un contrato comercial como un mecanismo de interpretación. Así, estipulaba que: 
Siendo necesario interpretar la cláusula de un contrato, servirán para la interpretación las bases 
siguientes: 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
o […] El uso y práctica, generalmente observados en el comercio, en casos de igual naturaleza, y 
especialmente la costumbre del lugar donde debe ejecutarse el contrato prevalecerán sobre 
cualquier inteligencia en contrario que se pretenda dar a las palabras […]. 
 Costumbre praeter legem (al margen o en ausencia de ley): es la que crea una conducta 
compartida por la sociedad con relación a una situación no contemplada por la ley. Si bien esta 
costumbre tiene aspecto de norma obligatoria, solo puede convertirse en tal si pasa por el 
proceso de sanción correspondiente. 
 Costumbre contra legem (contra la ley): se genera en contra de lo que establece la ley, 
intentando derogarla. No está permitida en nuestro ordenamiento jurídico. 
Jurisprudencia 
Es el conjunto de sentencias emanadas del Poder Judicial, que han resuelto casos similares de la 
misma manera o en el mismo sentido. 
Según Llambías (1973), la jurisprudencia: 
 […] resultade la fuerza de convicción que emana de las decisiones judiciales concordantes sobre un mismo 
punto. 
Dicho en otras palabras, el sistema judicial considera que las situaciones que son iguales entre sí se 
deben resolver de la misma manera. 
La resolución dictada por un juez en un caso concreto, sometido a su conocimiento y por la cual 
concluye el proceso judicial correspondiente se llama sentencia. 
Dimensiones y características 
En nuestro ordenamiento jurídico una sentencia no obliga a nadie más que a las partes implicadas en 
el juicio. Para las partes es obligatoria, pero para el resto de la sociedad, no lo es necesariamente. 
En nuestro sistema, los jueces están obligados a fundar sus fallos, es decir, a expresar en qué leyes se 
basaron para emitir su resolución. Sin embargo, si un juez resuelve una causa en un sentido 
determinado, el resto de los jueces no están expresamente obligados a resolver una causa similar de la 
misma manera, tal como sucede en el sistema anglosajón. 
Por eso, para nuestro ordenamiento jurídico, la jurisprudencia tiene la fuerza obligatoria de una ley, 
pero solo para las partes afectadas en el juicio. Al resto de la sociedad, no la afecta ni le crea una nueva 
norma general. 
De esta manera, la jurisprudencia se utiliza como fuente, como inspiración o hasta como respaldo 
argumental. Por ello, para los operadores del derecho y sus estudiosos, resulta de suma importancia conocer 
la jurisprudencia: ella evidencia la manera en que los jueces de determinado momento interpretan las 
leyes y solucionan las controversias judiciales conforme a ellas. 
Doctrina 
Es el conjunto de enseñanzas, opiniones y conclusiones de los juristas que estudian el derecho. 
Dimensiones y características 
Esta fuente del derecho no es obligatoria de ninguna manera. Simplemente orienta la interpretación 
judicial y da base para que se produzcan cambios en la legislación y en la jurisprudencia. Los 
legisladores, jueces y abogados pueden recurrir a la doctrina para fundamentar sus argumentos o conocer 
visiones alternativas del derecho. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Muchas veces existen doctrinas que ante a una misma situación jurídica expresan opiniones 
opuestas. Es por ello que suele decirse que frente a un mismo problema hay “dos lados de la biblioteca”. Esto 
se debe a que el derecho no es una ciencia exacta y que se encuentra en permanente evolución y 
tensión con la realidad. 
Los jueces, a la hora de resolver, podrán optar por una u otra doctrina, pero siempre deberán basar sus fallos 
en la ley, ya que es la única fuente obligatoria. 
Los principios generales del derecho 
Son enunciados generales de carácter normativo. Derivados de los ordenamientos jurídicos más antiguos. Son 
reglas no obligatorias que contienen criterios legales generales que sirven para resolver conflictos, 
interpretar normas, situaciones jurídicas, etc. Ejemplos de este tipo de criterios generales son: la noción de 
igualdad -que se desprende del concepto democrático de república-, la interpretación judicial siempre en favor 
de los hombres, el privilegio por el resguardo de las acciones privadas, etc. 
Si bien muchas de estos enunciados poseen recepción legal (están expresados en las leyes) –por ejemplo, el 
principio de igualdad del Artículo 16 de la Constitución Nacional- su interpretación a lo largo del tiempo varía, 
ampliando su significado sin desnaturalizar la letra de la ley. 
Cada rama del derecho puede tener sus propios principios generales. Por ejemplo: en materia penal, “toda 
persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario” o “frente a la duda se debe estar en favor del reo (in 
dubio pro reo)” se desprenden del principio de inocencia y la necesidad de certeza; en materia civil, el principio 
de buena fe (frente a la duda se presume que se obró sin mala intención) o el principio de pacta sunt servanda 
(que implica que el acuerdo de dos partes obliga a cada una de ellas con fuerza de ley); en materia comercial, 
toda prestación se presume onerosa (nada es gratuito, se considera que todo servicio posee una 
contraprestación onerosa) o la intención de lucro (que en el accionar del comerciante siempre hay intención de 
obtener ganancia), etc. 
Cuadro de las fuentes del derecho 
 Obligatoriedad Creación 
Posibilidad de transformarse en 
ley 
Ley General 
Autoridad 
competente 
- 
Jurisprudencia Para las partes Jueces 
Si, a través del proceso de sanción de 
leyes 
Costumbre 
Según la ley 
No obligatoria 
Comunidad 
Está contemplada con la ley 
Al margen de 
la ley 
Si, a través del proceso de sanción de 
leyes 
Contra la ley Nunca 
Doctrina Juristas 
Si, a través del proceso de sanción de 
leyes 
Principios generales del 
derecho 
Tradición judicial 
Si, a través del proceso de sanción de 
leyes 
Divisiones del derecho 
Introducción 
A través de la lectura del texto de Carlos Nino (1973) logramos identificar al derecho positivo como un 
ordenamiento o sistema de normas, destinado a regular la conducta humana. Estas normas pueden ser 
clasificadas en dos grandes ramas o divisiones: la del derecho público y la del derecho privado. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Esta clasificación no es absoluta ni imprescindible. No es única ni tiene mayor utilidad que poder reunir 
normas semejantes, que se rigen por principios similares. Por eso veremos cuatro de esos principios, en base a 
los cuales se podrán clasificar las distintas ramas en propias del derecho público o del derecho privado: 
1) Según los sujetos o el interés protegido por el derecho 
2) Según el fin de la norma 
3) Según el tipo de relación entre los sujetos 
4) Según a quién obliga la norma 
Derecho público y derecho privado 
Según el sujeto o interés protegido por el derecho 
Esta clasificación se origina en el antiguo derecho romano y fue efectuada por el famoso jurista de origen 
fenicio Dominicio Ulpiano (170-230). Se basa en el interés que protege el derecho, es decir, de qué cosa se 
ocupa la norma en cuestión. 
Así, según Ulpiano, el derecho público se refiere al interés del Estado y la cosa pública. Forman parte de 
él todas las normas que se ocupan de regular el funcionamiento del Estado y la relación de este con 
los particulares. 
En cambio, el derecho privado toma en cuenta lo pertinente al interés de los particulares. Las normas 
que regulan a los ciudadanos exclusivamente y las relaciones de estos entre sí son propias del derecho 
privado. 
Sin embargo, en la actualidad que no es posible separar el interés privado del interés público en forma 
absoluta: los intereses individuales coinciden a menudo con los del Estado y viceversa. Por ejemplo: las 
leyes sobre cuestiones de familia incumben tanto al interés público como al privado, aunque se consideren que 
pertenezcan principalmente al derecho privado. Las leyes sobre cuestiones laborales regulan muchas veces 
intereses particulares y, sin embargo, son de derecho público. 
Según el fin de la norma 
Según este agrupamiento lo más importante a diferenciar es el fin, el objetivo a quien está dirigida la 
norma. Así, en el derecho público el Estado es el fin y el individuo solo ocupa un lugar secundario 
porque el actor más importante es el Estado. En cambio, en el derecho privado el objetivo a regular es 
el individuo, y el Estado no es más que un medio para lograrlo. 
Esta clasificación fue realizada hacia el siglo XIX por Friederich Savigny, un importante jurista alemán 
estudioso del derecho romano. 
En la actualidad, el principal problema de esta clasificación se presenta cuando el Estado se comporta 
como un particular: por ejemplo cuando compra una propiedad, contrata obras o trabajos o participa de una 
empresa. 
Según el tipo de relación entre sujetos 
Pocos años más tarde,Georg Jellinek (jurista y profesor de origen austríaco, 1851-1911), otro influyente jurista 
alemán dedicado fundamentalmente al derecho político, consideró que las distinciones de Ulpiano y Savigny 
no eran suficientes. Mientras que estos autores creían que la diferencia entre derecho público y derecho 
privado se basaba en el aspecto sobre el cual se ocupaba cada uno de los derechos, para Georg 
Jellinek la clave estaba en la forma en que se tomaban las decisiones. Así, según este jurista, en el 
derecho privado las relaciones son entre pares, mientras que en el derecho público son entre 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
subordinados: el subordinante es el Estado y los subordinados, los particulares. Según sus propias 
palabras: 
 La distinción entre derecho privado y público puede referirse al principio fundamental de que en aquel, los 
individuos son considerados principalmente en una relación de coordinación, los unos con respecto a los 
otros. Por tanto, el derecho privado regula las relaciones de los individuos como tales, en tanto que el 
derecho público regula las relaciones entre distintos sujetos dotados de imperium, o la organización y 
funciones de estos mismos sujetos y la relación de ellos con los sometidos al poder (Jellinek (1915). 
¿Qué quiere decir eso? Que el derecho privado regula las relaciones de los individuos como iguales, sin 
que haya preponderancia de uno sobre el otro. En cambio, en el derecho público sí hay una relación 
jerárquica entre los sujetos que regula: el Estado está en un plano superior, porque está dotado de un 
poder o autoridad específica. 
Esta teoría también tiene puntos débiles, que el mismo Jellinek reconocía: uno de ellos es que el derecho 
privado dependería en su totalidad del derecho público, ya que es el Estado, a través del Poder 
Legislativo, quien lo regula. 
Según a quien obliga la norma 
Según este principio, hay dos tipos de normas: las autocráticas, que generan la obligación de 
cumplimiento sin que sea necesario el consentimiento de la persona que está obligada a cumplirla, 
son las normas del derecho público. En este caso, el Estado, por intermedio de sus órganos, puede 
determinar en forma unilateral la obligatoriedad de ciertas conductas para los particulares, sin que 
estos estén de acuerdo en cumplirlas o no. 
En cambio, en el derecho privado, el método de creación de normas - y deberes- es democrático, ya 
que es necesario el consentimiento del obligado para la creación de la norma que le impone un deber. 
Esta clasificación fue realizada por jurista austríaco Hans Kelsen (1881-1913), autor entre muchas otras obras 
de la Teoría pura del derecho. 
No es necesario aceptar una norma de orden público para estar obligado a cumplirla (por ejemplo, que 
el presidente dura en sus funciones 4 años, la obligatoriedad del voto o la prohibición de matar: no interesa si 
algún individuo quiere o no quiere cumplirlo, debe hacerlo) mientras que sí es necesario el consentimiento 
en las normas de orden privado (por ejemplo el matrimonio, cualquiera puede optar entre casarse o no) 
aunque una vez aceptada la obligación, el individuo debe cumplirla sin opción. 
A modo de síntesis, en el siguiente cuadro sintetizamos cada una de las clasificaciones vistas: 
Clasificación Derecho privado Derecho público 
Según los sujetos o el 
interés protegido por el 
derecho 
Regula a los particulares y a las 
relaciones de estos entre sí 
Regula al Estado y la relación de este con 
los particulares 
Según el fin de la norma 
El fin último es el interés de los 
particulares 
El fin último es el interés de los público 
Según el tipo de 
relación entre los 
sujetos 
Relación de igualdad. Los sujetos 
regulados son pares entre sí 
Relación de subordinación de los sujetos 
regulados (de los particulares hacia el 
Estado) 
Según a quien obliga la 
norma 
Autonomía de las partes: los sujetos 
tienen una cierta libertad para darse 
sus propias obligaciones 
Obligatorias y de orden público. No existe 
posibilidad de optar por su cumplimiento o 
disponer libremente otra cosa 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Nuestra postura 
La distinción entre derecho público y derecho privado no implica una clasificación rígida y no puede 
encontrarse una única propuesta de agrupamiento. Su utilidad se encuentra en que nos ayuda a ordenar 
las relaciones jurídicas entre los miembros de una sociedad por un lado, y entre estos y el Estado, por 
otro. 
La división entre derecho público y privado proporciona una noción acerca del predominio de ciertas 
características de la relación jurídica, pero cualquier norma de derecho privado tendrá aspectos del 
derecho público, así como ciertas relaciones que podríamos ubicar en el derecho público, podrán 
tener repercusiones en el derecho privado. 
En los extremos podremos ubicar a instituciones típicas de una y otra rama, pero aun así no podemos hablar de 
una división tajante y absoluta. Identificamos al derecho político-constitucional, con normas claramente 
públicas (la organización del Estado, el funcionamiento del Congreso), aunque las consecuencias de 
dichas normas repercutirán sobre los particulares. En el derecho privado, encontramos algunas 
instituciones típicas del derecho civil y comercial como el matrimonio o el contrato de compra-venta, 
pero que también tienen normas de orden público –obligatorias, aunque los afectados no quieran- como, 
por ejemplo, los requisitos exigidos para contraer matrimonio o la buena fe en la compra venta. 
De esta manera, y hechas las reservas mencionadas, podemos ahora sí hacer una breve descripción de las más 
tradicionales ramas del derecho. 
Derecho público 
 Derecho político y constitucional: regula la organización del Estado y su relación con otros Estados 
y los particulares, establece el mecanismo de ejercicio del poder político y los principales derechos, 
deberes y garantías de los ciudadanos. 
 Derecho administrativo: regula el funcionamiento del estado y de los órganos que de él se derivan, su 
relación directa con los particulares y todas las funciones de la administración pública. 
 Derecho penal: conjunto de normas que protege bienes jurídicos, cuya violación se denomina delito, 
regulando la potestad del Estado para castigar lo que es punible y sus consecuencias. Cada delito será 
castigado con una sanción: reclusión, prisión multa o inhabilitación. 
 Derecho ambiental: regula todo aquello vinculado a la protección del medio ambiente y el desarrollo 
sustentable. 
 Derecho internacional público: rige las relaciones de los Estados entre sí y de la comunidad 
internacional. 
Derecho privado 
 Derecho civil: rige a las personas en lo relativo a sus bienes, su familia y la relación con las cosas y con 
otros individuos, desde el comienzo de su existencia hasta su finalización. Son subdivisiones internas 
dentro del derecho civil, por ejemplo, el derecho dedicado a las personas y sus atributos (su existencia, 
nombre, domicilio, capacidad, estado civil, patrimonio, etc.), el derecho de las obligaciones, de los 
contratos, de familia, de menores, etc. 
 Derecho comercial: se centra en las relaciones de los actos de comercios y en el funcionamiento de 
los agentes comerciales y empresas. Algunas de sus ramas típicas pueden ser concursos y quiebras, 
sociedades y empresas, etc. 
 Derecho de consumidores y usuarios: si bien está dentro del derecho privado porque se desprende 
de los actos y usos comerciales que realizan los particulares, muchas de sus normas son de orden 
público, ya que buscan tutelar el interés económico general, más que el interés del propio consumidor 
y/o usuario. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
 Derecho internacionalprivado: se ocupa de las relaciones entre particulares de distintos países. 
Otros derechos 
 Derecho procesal: se ocupa de regular la realización de los juicios y otros procesos judiciales. Si bien 
puede aplicarse tanto al derecho público como al privado, sus normas son de orden público porque no 
admiten acuerdo en contrario y su objetivo es garantizar la plenitud del debido proceso. 
 Derecho laboral: se ocupa de regular la relación entre los empleados y los empleadores. Al igual que 
muchas otras divisiones que hemos visto, si bien regula la relación de dos particulares, sus normas no 
admiten ser modificadas porque su objetivo es tutelar al más débil de la relación: el trabajador. 
Las características principales del sistema del common law 
Introducción 
Nuestro ordenamiento jurídico, al igual que el de la mayor parte de los países de América Latina y Europa, se 
organiza bajo el sistema continental porque está basado en la ley como única fuente obligatoria para 
regir la sociedad. 
Este no es el único método de organización judicial posible. En efecto, los países del Reino Unido y 
mayoritariamente sus excolonias poseen un sistema legal conocido como common law (ley común) o 
sistema anglosajón, en el que su principal fuente de derecho no es la ley, sino la jurisprudencia, es 
decir que las costumbres y la regla del precedente judicial son más importantes. 
Este sistema se aplica en países como Australia, Nueva Zelanda, Canadá (a excepción de la provincia de 
Quebec, que continúa con la tradición del sistema continental por haber sido colonia francesa), los países del 
Reino Unido, India, Malasia, Singapur, Estados Unidos (excepto en el estado de Luisiana, cuya situación es 
igual a Quebec) y el territorio de Hong Kong que, a pesar de haber sido devuelta su soberanía a la República 
Popular China, utiliza el sistema del derecho anglosajón heredado de su estatus de excolonia británica. 
Cuando surgieron los mecanismos internacionales de protección de los derechos humanos, los países que 
utilizan el sistema continental y aquellos que se basan en el common law debieron ponerse de acuerdo para 
construir un sistema que satisficiera a todos en la resolución de los conflictos que se pudieran presentar. Por 
eso en esta asignatura estudiamos cómo se organiza el sistema anglosajón. En este Apunte veremos su historia 
y principales características. 
Definición 
El sistema del common law es el conjunto de principios y reglas de derecho fijados en las decisiones 
judiciales -y no solo en las normas legislativas-, aplicables tanto al gobierno como a los particulares, 
que derivan su autoridad de las costumbres y tradiciones comunitarias, según la interpretación de los 
tribunales de justicia. 
En inglés, al igual que en castellano, la palabra corte, que se utiliza como sinónimo de tribunal, es la misma que 
se utilizaba para referirse al conjunto de personas dependientes del rey: The Court. Eran las cortes las que en 
nombre del rey podían hacer la ley e impartían justicia. 
La antigua ley de Inglaterra se basaba en las costumbres sociales que se desarrollaron durante siglos. El sistema 
del common law tiene sus raíces precisamente en esta idea medieval de que las sentencias dictadas por estas 
cortes/tribunales del rey representaban la costumbre común de las personas y, por lo tanto, tenían la 
misma fuerza que para nosotros tiene una ley. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Evolución histórica 
Situación de Inglaterra 
Entre 1066 y 1260, aproximadamente, Inglaterra sufrió grandes convulsiones políticas. Cuando 
Guillermo, el Conquistador, rey normando, invadió la isla trasladando allí su reino, se produjo una 
lucha por la consolidación del nuevo régimen en el poder. 
Inglaterra había soportado un largo período de inestabilidad política y económica lo que, sumado a la 
escasa comunicación que existía entre los distintos condados ingleses y los altos niveles de 
analfabetismo de su población, generaba un poco o nulo intercambio social y político. Esta situación 
había favorecido el arraigamiento de costumbres legales, normas jurídicas y formas de impartir 
justicia, propias de cada zona y distintas de las del resto de los condados. 
Muchas de esas formas de impartir justicia eran simplemente asambleas informales de personas, que 
deliberaban acerca de la culpabilidad o inocencia de los acusados. Si no lograban ponerse de acuerdo 
al respecto, era frecuente que recurrieran a las ordalías o juicios de Dios para probar su inocencia. 
Estas prácticas consistían en rituales de índole mística y mágica, en los que el acusado era obligado a 
sostener hierros candentes con sus manos, soportar el fuego de hogueras, caminar sobre brasas o 
sumergirse en agua helada atado de pies y manos. Si el acusado sobrevivía al proceso o no resultaba 
herido, era una prueba de su inocencia, ya que Dios evidentemente había intercedido a su favor, 
demostrando su inocencia al ponerlo a salvo. 
Sin embargo, cada zona, región o condado tenía sus propias leyes y prácticas jurídicas. Esta 
característica de desmembramiento político y jurídico, obligó al nuevo rey a efectuar un proceso de 
concentración de la función judicial y legal en general, para ir reemplazando paulatinamente las 
costumbres de cada uno de los rincones del reino por una única ley común, que en inglés se dice 
common law. Esta unificación de la jurisdicción sobre la mayoría de las disputas legales en los distintos 
tribunales fue el marco para el actual sistema, y de allí se deriva su nombre. 
Primera unificación, el reinado de Guillermo el Conquistador 
Guillermo I, el Normando, recorrió Inglaterra acompañado de su corte para 
atender personalmente los asuntos de justicia. Escuchaba los casos que se 
exponían y decidía, muchas veces aconsejado por la opinión de sus asesores. 
Literalmente, al hacer esto, se sentaba en un banco, algo elevado, sobre una 
tarima. Por eso a la primera corte del common law se la conoce como The 
Court of King’s Bench (la corte del banco/estrado del rey). Guillermo también 
introdujo la noción de jurado, típica del derecho del common law, pero con una 
característica distinta de la que el instituto tiene hoy: en aquella época, se la 
utilizaba para fijar las sumas de los impuestos. 
Si bien faltaba bastante tiempo para la consagración de la Carta Magna, la primera 
concesión de derechos de la historia, la idea de que el establecimiento de los 
impuestos debía tener cierto grado de consenso entre quien recaudaba y 
quien cobraba, ya estaba latente en la idea feudal. 
Guillermo, para fijar ese monto de forma consensuada con los distintos condados y regiones, mandaba 
a sus delegados a recorrer cada una de las zonas de Inglaterra para elegir a doce hombres libres que, 
bajo juramento, declararan el valor justo que cada condado era capaz de pagar como impuesto. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Así se reforzaba aún más la idea de que la corte y el jurado interpretaban las costumbres y normas del 
lugar donde residían, legitimando las decisiones judiciales como decisiones inspiradas en la práctica 
común de los ciudadanos de un lugar. 
Es por esto que el sistema del common law pone a las decisiones judiciales en el centro de la escena: porque 
esas decisiones no son solo jurisprudencia como nosotros la entendemos, sino que son decisiones con fuerza 
normativa, que logra interpretar la costumbre de la sociedad. 
De la corte del rey a las cortes locales. El jurado y la unificación final 
Casi un siglo después, el rey Enrique II realizó otro un gran aporte al sistema del common law. 
Resistido por los barones ingleses al asumir su trono, debió enfrentar tres problemas: la consolidación 
de la estabilidad política, la resolución de los conflictos derivados de la propiedadde las tierras y el 
combate a una creciente ola de crímenes y delitos. 
Enrique II retomó la idea de Guillermo I de unificar el poder y el control del sistema judicial bajo un 
único sistema dependiente del rey y dio un paso más en la consolidación del sistema judicial. 
De los dieciocho jueces que poseía en La Corte del estrado, Enrique dispuso que cinco de ellos se 
quedaran en Londres y los restantes trece se instalaran en el interior del reino para solucionar los 
conflictos antes mencionados, pero replicando las mismas decisiones que se tomaban en la capital, si los 
casos resultaban similares. 
Gradualmente, a través de este mecanismo que terminó de diagramar al sistema del common law, Inglaterra 
logró reemplazar a cada una de las leyes y costumbres locales de las regiones y condados por una 
única ley nacional, organizada bajo una única forma de administrar justicia. 
Poco a poco las decisiones de la Corte del Estrado de Londres se fueron escribiendo para publicarlas 
y difundirlas desde la capital al interior del reino, en una recopilación que se llamó The Year Book o 
“Libro del año”. Esta práctica facilitó la aplicación a un caso específico, la decisión correspondiente de la 
Corte londinense, independientemente del lugar de Inglaterra en que se estuviera. Este mecanismo logró 
unificar la ley y las decisiones de los jueces, asegurando un único poder político y un mismo sistema 
legal, coherente y unificado. 
El último aporte que Enrique II le hizo al sistema jurídico anglosajón fue el de ampliar la noción de jurado 
-que Guillermo utilizaba para fijar el monto de los impuestos- a la resolución de los casos penales. 
Los miembros de este jurado, también conformado por un grupo de doce hombres libres, estaban 
encargados de informar posibles comisiones, delitos u ofensas e identificar criminales en sus 
condados. Acusada la persona, se lo sometía al Grand Assize o “gran jurado”, que resolvería su 
culpabilidad o inocencia. 
De esta manera, Enrique II logró pasar de la práctica de la venganza y la justicia por mano propia a la 
utilización del Estado para encontrar soluciones pacíficas, no solo en materia penal, sino también en 
cuestiones de contratos, deudas y tierras. 
Gracias al common law, en poco más de un siglo, Inglaterra pasó de ser una región heterogénea en sus 
costumbres y normas, violenta en la forma de solucionar sus conflictos y anárquica en sus mecanismos de 
gobierno, a constituirse como un reino unificado, con una sociedad pacificada y con el poder político del rey 
consolidado y extendido por todos sus dominios. 
Esta es la historia de por qué los jueces del common law, encuentran los motivos de sus decisiones en 
cómo se resolvieron las mismas controversias en el pasado, porque así lo viene haciendo desde hace 
siglos, inclusive desde antes de la existencia de la ley, tal y como la conocemos ahora. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
La regla del precedente o Stare Decisis 
La idea de jurisprudencia no existe en el sistema del common law con el mismo significado que en el 
sistema continental. A diferencia del segundo, los fallos de los jueces son un mecanismo válido para generar 
normas de conducta generales y obligatorias, pautas sobre cómo resolver controversias: es la Regla del 
precedente. 
Esta doctrina que establece que si los hechos son sustancialmente iguales, los jueces están obligados 
a adherirse a los precedentes decididos previamente. A la Regla del precedente también se la conoce por la 
expresión latina Stare Decisis, cuya traducción sería “quedarse en lo decidido”. Esta obligación opera tanto 
para los miembros de un mismo tribunal a lo largo del tiempo, como para los tribunales inferiores dentro de la 
misma jurisdicción, pero no es vinculante para los tribunales de rango superior o de otras jurisdicciones. 
¿Qué pasa si no hay precedentes? Muchas veces sucede que las decisiones que deben tomar los jueces no 
encuentran un antecedente en el cual basarse, ya que los cambios sociales, invenciones, descubrimientos o 
simplemente situaciones novedosas no habían sido nunca analizados por ningún juez. En estos casos, el 
sistema del common law habilita a los jueces a inspirarse en los fallos de otros estados o 
jurisdicciones. Pero si aún no encuentran una forma de fallar, están autorizados a buscar una solución 
basada principalmente en la costumbre común de la sociedad. Tal como hacían las cortes o tribunales 
durante la Edad Media. 
Ese fallo novedoso se transformará en un nuevo precedente que los siguientes jueces estarán obligados a seguir 
si las circunstancias son las mismas. 
Esta flexibilidad permite al sistema del common law hacer frente a los cambios que conducen a 
controversias no previstas por la jurisprudencia anterior o la ley. Al mismo tiempo, la doctrina del Stare 
Decisis proporciona seguridad, uniformidad y previsibilidad y lo convierte en un entorno jurídico 
estable. 
Unidad N°2: Estructura constitucional. Características. Derechos, organización y 
poder 
Forma de gobierno y forma de Estado 
Introducción 
Los principios sobre los cuales se basa el gobierno de la Argentina según la Constitución Nacional son: el 
sistema representativo, la república y el federalismo. A pesar de que la redacción del artículo asimila a 
todos como “formas de gobierno”, en realidad solo los dos primeros corresponden a la forma de gobierno, 
mientras que el último hace referencia a la forma de Estado. 
El sistema representativo 
Definimos el concepto de gobierno directo como la forma de organización en la que el gobierno es 
ejercido por la totalidad de quienes son considerados “ciudadanos”, a través de decisiones políticas 
adoptadas en el marco de asambleas generales. 
Con frecuencia, se dice que las ciudades-Estado que se desarrollaron en Grecia, entre los siglos IV y V a.C., 
son ejemplos de este tipo de organización política. Sin embargo, en aquellas polis griegas, las instituciones 
de gobierno directo eran solamente dos: la asamblea popular y los tribunales. Para las cuestiones de 
mayor trascendencia se elegían a quienes, en representación de los conciudadanos, tomarían 
decisiones. Estas elecciones eran de dos tipos. Las más usuales se efectuaban por sorteo y eran las de los 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
magistrados, encargados de preparar y ejecutar las decisiones políticas. En cambio, para los cargos 
que estaban relacionados con la defensa -como la selección de los generales y coroneles de guerra- y con la 
administración de los recursos económicos, los representantes surgían de elecciones a través del voto 
de los “ciudadanos”. 
De este modo, vemos que la democracia de la polis griega no era tan directa como suele considerarse. 
Si bien la toma de decisiones generales era efectuada en el ágora por la totalidad de los ciudadanos, para la 
ejecución de estas decisiones se seleccionaban funcionarios por sorteo, mientras que para administrar el dinero 
y el ejército se elegían representantes de los ciudadanos, especializados en esos temas. 
Por otra parte, el correcto funcionamiento del gobierno directo griego requería una serie de 
condiciones: un Estado muy pequeño, una población fácil de congregar, homogénea y en la que cada 
ciudadano conociera muy bien a los demás miembros de la comunidad; que existiese una semejanza 
de riqueza y, por ende, coincidencia de intereses; sumado a un escaso número de asuntos que decidir. 
Y ello, en Grecia, era posible porque en aquellas polis solo eran “ciudadanos” los varones mayores de 21 
años que eran propietarios. Es decir que, no solo la democracia directa griega se llevaba a cabo para algunos 
asuntos específicos, sino que, además, quienes tomaban las decisiones era exclusivamente una cantidad muy 
pequeña de habitantes: mujeres, personas menoresde 21 años, extranjeras/os y esclavas/os estaban excluidos 
de aquella “democracia” directa. 
Ciertamente, estas condiciones serían inaceptables en nuestra sociedad, ya que gran parte de la 
población no estaría en condiciones de decidir. Por otro lado, la enorme cantidad de habitantes de los 
Estados modernos torna imposible cualquier tipo de asamblea general donde puedan reunirse todos y 
la multiplicidad de cuestiones a debatir complejizaría la deliberación aún más. 
De esta manera, un gobierno directo se transforma en inviable o, cuando menos, en difícilmente practicable. 
La forma representativa del gobierno 
Esta forma de gobierno se define por el principio de representación, según el cual la ciudadanía, 
mediante el ejercicio del sufragio, elige a otros miembros de la sociedad para que lleven adelante las 
deliberaciones públicas y la toma de decisiones. 
La forma de gobierno representativa no tiene un origen claro ni exacto. En esta asignatura, ubicaremos 
nuestro punto de partida para observar el desarrollo del mecanismo de la representación política en las 
discusiones de los llamados “contractualistas”, que criticaron el poder absoluto de los monarcas y 
fueron la inspiración de numerosos procesos políticos que condujeron al paso de la Edad Moderna a la 
Contemporánea. 
En relación con el sistema representativo como forma de gobierno, nuestra Constitución completa lo dispuesto 
en el artículo 1° con el 22° del siguiente modo: 
 El Pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta 
Constitución. Toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y 
peticione a nombre de éste, comete delito de sedición. 
Como pueden observar en el artículo 22°, existen dos conceptos importantes. El primero es la reafirmación 
del sistema representativo como forma de gobierno de la Argentina. Los representantes y autoridades 
creadas por la Constitución de la que habla el artículo son los poderes del Estado: el Poder Legislativo, el 
Poder Ejecutivo y el Poder Judicial, cuyas características abordaremos cuando hablemos de la parte orgánica 
de la Constitución. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
El segundo concepto lo encontramos en la segunda parte del artículo, donde refuerza la idea de que las/os 
representantes y autoridades que deliberan y gobiernan en nombre del pueblo son elegidas/os por el 
mismo pueblo. Es por ello que condena a cualquier grupo que se atribuya esos derechos, 
estableciendo el delito de sedición, es decir, de rebelión o insurrección frente a la Constitución. Así, 
sin nombrarla, la carta magna consolida a la democracia, en tanto gobierno del pueblo, como único 
mecanismo posible de gobierno y elección de autoridades. 
La forma representativa de gobierno asegura que el sistema de toma de decisiones sea más robusto, 
deliberativo e informado. Garantiza, por otra parte, que las minorías estén representadas y sean oídas 
en el debate público y que exista una intermediación entre las decisiones políticas y el conjunto del 
pueblo. Esta intermediación, indispensable, es ejercida a través de los partidos políticos, instituciones 
fundamentales de cualquier sistema democrático, cuya tarea consiste en canalizar, organizar y movilizar las 
expresiones de distintos sectores de la población que, de otra manera, nunca podrían expresar sus demandas y 
posiciones. 
La república 
El imperio de la ley 
Una república es una organización jurídico-política fundamentada en el imperio de la ley. Esto quiere 
decir que las decisiones políticas y las autoridades que toman esas decisiones, están limitadas material 
y formalmente por un conjunto de normas y principios aplicables a los gobernantes y gobernados. 
Estas normas y principios se los conoce también como instituciones republicanas. 
Lo opuesto al imperio de la ley es el imperio de los hombres. En este tipo de organización, los gobernantes 
toman decisiones políticas de acuerdo a su propia voluntad. Esto ocurre, por ejemplo, en los casos de 
monarcas absolutos o dictadores, sea porque no tienen un límite establecido para sus designios o porque 
acceden al poder de manera irregular. 
En una república no hay nadie por encima de la Ley. Es por ello que la igualdad ante la ley es otro 
elemento fundamental. Esto quiere decir que todos los habitantes de la república están subordinados a la 
ley, sin distinciones de ninguna índole. Del principio de igualdad ante la ley se desprende la idea de que 
todos los habitantes, a través de los representantes y autoridades que eligen para tal fin, deciden el 
contenido y el alcance de la ley. ¿Por qué? Porque si todos somos iguales, debemos participar de la sanción 
de la norma que va a regir nuestra vida en común. 
La ley, en tanto resultado de la voluntad popular, regula y ordena el funcionamiento de la sociedad a 
la vez que impone un límite al gobierno para el ejercicio del poder político. 
El imperio de la ley, la idea de la ley como 
resultado de la voluntad popular y el concepto de 
la igualdad ante la ley constituyen tres principios 
que se relacionan entre sí. Gráficamente, 
podríamos representarlos de la siguiente manera, en la 
figura 1. 
Además de estos principios, existen otras 
condiciones y características necesarias para la 
existencia de una república: elección popular de 
gobernantes, periodicidad de los cargos públicos, 
publicidad de los actos de gobierno, 
responsabilidad de políticos y funcionarios 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
públicos y división de Poderes. 
La elección popular del gobernante 
La elección popular de gobernantes exige que quienes desarrollen funciones políticas deben tener un 
origen directo o indirecto en el sufragio; es decir, en el voto. Ejemplos de origen electoral directo son los 
miembros del Poder Legislativo y del Poder Ejecutivo. A este tipo de instituciones se las conoce también 
como órganos políticos resultantes de la elección popular. 
Ejemplos de origen electoral indirecto: ministros/as de gobierno, que son elegidos por el 
presidente/a o embajadores/as, que son designados por el Ejecutivo con acuerdo del Senado, y juezas y 
jueces, sean estos de la Corte Suprema, que son elegidos también por el Ejecutivo con acuerdo de las dos 
terceras partes del Senado, o de las magistraturas inferiores, designados por el mismo proceso, pero mediante la 
intervención del Consejo de la Magistratura. 
La periodicidad de los cargos políticos 
Todos los cargos políticos tienen una duración determinada por la ley, es decir que las personas elegidas 
para tales funciones permanecen en ellas el tiempo que estipule la ley. En el caso de los órganos políticos 
resultantes de la elección popular, vencido el plazo para el cual fueron elegidas las autoridades, 
deberán producirse elecciones para designar nuevas o reelegir a las existentes. Por ejemplo, en el caso 
de los miembros de la Cámara de Diputados, el mandato es de cuatro años y, en el del Senado, de seis. 
En cambio, la duración en los cargos de funcionarios y funcionarias que ocupan órganos que no son 
resultantes de la elección popular varía en cada caso. Por ejemplo, la jefatura de gabinete y ministros 
o ministras permanecen en sus cargos mientras dure el mandato de la presidenta o presidente que los 
haya nombrado o hasta que se disponga su reemplazo. Embajadores, embajadoras y militares están 
sujetos a ser trasladados de destino. Jueces y juezas, por su parte, conservarán sus empleos mientras dure su 
buena conducta o hasta que cumplan 75 años, cuando deberán obtener un nuevo nombramiento del Senado 
para conservar su cargo (si un juez debiera someterse a elecciones, como los miembros del Poder Ejecutivo o Legislativo y 
tuvieran que hacerlo regularmente, se verían obligadosa hacer campaña, vincularse a directamente a partidos políticos y hasta 
desarrollar conductas tendientes a “seducir” al electorado. Para preservar su independencia frente a estas contingencias es que el 
sistema les otorga estabilidad en el cargo “mientras dure su buena conducta” y los hace pasar por un proceso de selección que 
combina a los órganos políticos (el Ejecutivo y el Senado) con un proceso evaluativo de su idoneidad: en el caso de jueces y juezas de 
la Corte, a través de las audiencias públicas fijadas por el decreto 222/2003; para el resto de los jueces, a través del proceso de 
selección que realiza el Consejo de la Magistratura). 
La publicidad de los actos de gobierno 
Todo lo que el gobierno y los funcionarios públicos realizan debe ser dado a conocer, sin existir la 
posibilidad de que existan actos secretos. Este principio es indispensable para garantizar que la 
ciudadanía esté informada acerca de las cuestiones de orden público y la marcha del gobierno y la 
administración. De esta manera, por un lado se busca lograr que las decisiones que tome la ciudadanía 
para elegir a quienes gobiernen sean lo más soberanas posibles. Por otro lado, también se intenta 
garantizar el principio de igualdad ante la ley, ya que la ciudadanía tiene acceso a la información 
pública. Para que esto se cumpla, dicho acceso debe ser pleno y deben ser respetadas las libertades de 
prensa y expresión. 
La responsabilidad de los políticos y de los funcionarios públicos 
Funcionarios y funcionarias, sin importar su nivel, jerarquía o actividades, son responsables civil, 
penal, administrativa y políticamente por sus acciones y por las faltas o delitos que comentan en el 
ejercicio de sus funciones. Esto quiere decir no pueden “desentenderse” de las decisiones que toman y que 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
deben responder por ellas políticamente frente a la ciudadanía y también frente a la Justicia, en el caso de que 
corresponda. 
La división de poderes 
Definimos a la división de Poderes como el establecimiento de tres brazos del gobierno, en el que cada uno 
ellos tendrá funciones específicas y funciones de control sobre los otros dos. 
Las funciones específicas de cada uno son: el Poder Legislativo elabora las leyes que rigen; el Poder 
Ejecutivo administra el gobierno de acuerdo a esas leyes y el Poder Judicial resuelve los conflictos que 
se generan entre los ciudadanos y entre estos y el Estado. 
La noción de la división de Poderes radica en la noción de que distribuir el poder es una forma de 
debilitarlo. Recordemos que las ideas modernas sobre la división de los Poderes surgieron en Europa 
en torno al siglo XVII, como una respuesta de la burguesía al control único y total que ejercían los 
monarcas absolutos. Es por ello que la república, como forma de gobierno, busca evitar la concentración 
del poder en una persona o un grupo reducido de ellas. 
Expresamente en el artículo 29°, nuestra constitución prohíbe que los poderes legislativos otorguen a 
los ejecutivos “facultades extraordinarias, ni la suma del poder público, ni [pueden] otorgarles 
sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a 
merced de gobiernos o persona alguna”. Posteriormente establece que “los actos de esta naturaleza llevan 
consigo una nulidad insanable, y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y 
pena de los infames traidores a la patria”. 
No debemos olvidar, tampoco, que al momento en que se sancionó este artículo en 1853, el régimen de 
Juan Manuel de Rosas acababa de finalizar, luego de la batalla de Caseros. Precisamente Rosas había 
asumido “la suma del poder público”, gobernando con férrea mano dura. 
El federalismo 
Definimos al federalismo como la forma de organización en la que existen dos niveles de gobierno con 
competencias propias: un Estado central conformado por otros Estados menores, que confluyen para 
organizarse en torno a un gobierno único manteniendo parte de su autonomía local y su 
autogobierno. 
En nuestro país, esos Estados menores son las provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que 
se comporta como una provincia más. Otros países denominan a estas unidades de gobierno como 
cantones, territorios, regiones o simplemente Estados. 
La organización federal permite que cada Estado menor conserve para sí un margen de autonomía en 
determinadas cuestiones políticas y delegue otras en favor de un Estado central. Esta característica 
hace que las federaciones sean el sistema predilecto en Estados muy extensos territorialmente (como 
Estados Unidos, Australia, Brasil, México o la Argentina), muy diversos en la composición étnica o cultural 
de su población y territorio (como Bélgica, Alemania o Suiza) o ambas situaciones (como India o Rusia). 
Una treintena de países en el mundo se han organizado en base al sistema federal contra los más de ciento 
cincuenta estados que se constituyeron bajo el sistema unitario. 
Delegación y competencias 
El rasgo distintivo de los Estados federales es que cada Estado menor mantiene cierto nivel de 
autonomía y transfiere algunas prerrogativas al Estado central. La norma que regula la vinculación de 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
los Estados menores entre sí y de cada uno de estos con el Estado central es la Constitución, que 
suele establecer el alcance de la delegación de facultades y la distribución de las competencias. 
En nuestro país, las provincias conservan todo el poder no delegado al gobierno central, tal como indica la 
Constitución en su artículo 121°: 
 Las provincias conservan todo el poder no delegado por esta Constitución al Gobierno federal, y el que 
expresamente se hayan reservado por pactos especiales al tiempo de su incorporación. 
Los poderes no delegados se transforman, entonces, en competencia exclusiva de las provincias. 
Algunos de estos son, por ejemplo, organizarse políticamente a través de la sanción de su propia 
Constitución basada en el sistema representativo, republicano, de acuerdo con los principios, 
declaraciones y garantías de la Constitución Nacional. De esta manera, cada provincia elige a sus 
propias autoridades (gobernadores/as, legisladores/as y otros/as funcionarios/as) sin intervención del 
gobierno federal. 
Las Constituciones de las provincias deben asegurar, a su vez, la autonomía de los municipios que la 
componen y regular el orden institucional, político, administrativo, económico y financiero: recaudan 
sus propios impuestos y administran libremente sus recursos. De la misma manera, la Constitución 
establece en su artículo 5º que las provincias deben asegurar a sus ciudadanos su propia administración 
de justicia, su régimen municipal y la educación primaria. 
Entonces, ¿cuáles son los poderes delegados al gobierno central? Algunos ejemplos son la acuñación de 
moneda (en todo el país rige el mismo signo monetario), la defensa de las fronteras del país (no existen 
ejércitos provinciales, sino uno nacional), el manejo de las relaciones internacionales, el dictado de los 
códigos de fondo, como el civil, el penal, el comercial, etc. Muchas de estas competencias que las 
provincias delegaron en el Estado central se encuentran en los artículos 75° y 99°, que establecen 
respectivamente las atribuciones del Poder Legislativo y del Poder Ejecutivo. Otros de los poderes delegados 
son la posibilidad de declarar el estado de sitio (artículo 23°) o intervenir una provincia (artículo 6°). 
Los poderes que las provincias delegan en el Estado central se transforman en competencias exclusivas del 
gobierno federal. 
El Título II de la Segunda Parte de la Constitución trata especialmente el tema de los gobiernos de 
las provincias. Allí establece qué facultades sonexclusivas de las provincias (artículos 121° a 124°) y 
cuáles están expresamente prohibidas para ellas. Efectivamente, el artículo 126° establece que: 
 no pueden celebrar tratados parciales de carácter político; ni expedir leyes sobre comercio, o navegación 
interior o exterior; ni establecer aduanas provinciales; ni acuñar moneda; ni establecer bancos con facultad 
de emitir billetes, sin autorización del Congreso Federal; ni dictar los Códigos Civil, Comercial, Penal y de 
Minería, después que el Congreso los haya sancionado; ni dictar especialmente leyes sobre ciudadanía y 
naturalización, bancarrotas, falsificación de moneda o documentos del Estado; ni establecer derechos de 
tonelaje; ni armar buques de guerra o levantar ejércitos, salvo el caso de invasión exterior o de un peligro 
tan inminente que no admita dilación dando luego cuenta al Gobierno federal; ni nombrar o recibir agentes 
extranjeros. 
Paralelamente, existen algunas competencias que se denominan concurrentes. Esto quiere decir que las 
comparten tanto el gobierno central como las provincias. Algunos ejemplos de este tipo de competencias 
son el dictado de normas sobre medio ambiente, establecido en el artículo 41° o el reconocimiento de 
los pueblos indígenas (artículo 75° inc. 17). 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Relaciones entre Estado nacional y las provincias 
Tal como afirma el prestigioso constitucionalista Germán Bidart Campos, en la estructura federal se 
desarrollan tres relaciones típicas entre la Nación y las provincias: 
 Relaciones de subordinación: se expresan principalmente a través del principio de supremacía federal. 
Esto significa que el ordenamiento jurídico federal (la Constitución, las leyes de la Nación que, en 
consecuencia, se dicten por el Congreso y los tratados con las potencias extranjeras) es superior al 
ordenamiento jurídico provincial. Este principio, que lo encontramos en el artículo 31° de la Constitución, 
establece la existencia de una relación de subordinación de las leyes de las provincias a las del gobierno 
federal. 
 Relaciones de participación: las provincias forman parte de los procesos de decisión del gobierno 
federal, a través de los representantes que poseen en el Congreso de la Nación, tanto en la Cámara de 
Diputados (cuyo número varía de acuerdo a la población de cada provincia) como en la de Senadores (cada 
estado provincial posee tres representantes). 
 Relaciones de coordinación: se refiere a la distribución de las competencias propias del gobierno 
federal y de las provincias, que serán de dos modos: exclusivas o concurrentes. En nuestro sistema, como 
hemos visto, esta relación se configura a partir de lo dispuesto en el artículo 121°: al Estado central le 
corresponde solo lo que la constitución le atribuye. La regla es que lo que no está delegado se considera 
reservado a las provincias. 
Evolución y creación de provincias 
Al momento de organizarse constitucionalmente, las provincias argentinas eran catorce. Luego, fueron creadas 
nueve provincias más y una Ciudad Autónoma. 
La Constitución prevé la incorporación y creación de nuevas provincias a través de distintos 
mecanismos: 
 Por creación del Congreso: en el artículo 75° inc. 15 se faculta al Poder Legislativo a arreglar 
definitivamente los límites del territorio de la Nación, fijar los de las provincias, crear otras nuevas. De 
la misma manera, el artículo 13° establece: “Podrán admitirse nuevas provincias en la Nación; pero no 
podrá erigirse una provincia en el territorio de otra u otras, ni de varias formarse una sola, sin el 
consentimiento de la Legislatura de las provincias interesadas y del Congreso”. 
 Por incorporación por pacto: cualquier Estado o territorio que desee incorporarse a la República 
Argentina, podrá hacerlo a través de un pacto con el Estado federal. 
Las nueves provincias que se crearon desde la sanción de la Constitución en 1853 no fueron producto de la 
anexión de territorio nuevo al que ya poseía el país, como ocurrió en otros países federales como Estados 
Unidos, sino que su institucionalización se produjo en territorios que la nación ya poseía, y que eran 
administrados por el gobierno central. 
Introducción a la constitución nacional 
Definición y características 
La constitución es la ley suprema de un Estado y, por ello, posee un rango superior al resto de las 
normas y leyes. Su función principal es organizar la forma en que se va a llevar adelante la vida de ese 
Estado y la sociedad, organizando el poder político y consagrando derechos. Esto lo logra a través de 
dos ejes principales: 
 La organización del poder político establece cómo se ejerce el gobierno. 
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 La limitación de lo que ese gobierno puede hacer, al consagrar derechos de las personas, que no 
pueden ser vulnerados. 
La constitución se ubica en lo más alto de la jerarquía, el resto de las normas y leyes se encuentran por debajo 
de ella. 
Al ser la ley suprema, todo el resto del ordenamiento jurídico debe estar en concordancia, de forma tal 
que ninguna ley inferior puede contradecir lo que en ella se establece. 
Clasificaciones generales de las constituciones 
Escritas o dispersas 
La mayoría de las constituciones son escritas, es decir, están reunidas en un texto normativo ordenado. 
Sin embargo, existen también casos de constituciones que no se encuentran unificadas, sino que están 
conformadas por un conjunto de textos dispersos, que poseen el valor legal de la constitución, y que 
son producto de la evolución histórica, como sucede en el Reino Unido. 
Rígidas o flexibles 
Esta clasificación responde a la dificultad para realizar reformas al texto constitucional. Aquellas cuyo proceso 
de reforma sea complejo, prolongado en el tiempo o con la participación de un gran número de actores, son 
constituciones rígidas. Las que requieren un trámite simple para ser modificadas son flexibles. 
Reglamentarias o genéricas 
Las constituciones genéricas tienden a ser más breves y a trazar grandes lineamientos en base a los cuales 
deberá basarse el ordenamiento jurídico. Las reglamentarias, en cambio, regulan una enorme cantidad de 
situaciones y particularidades, dejando menos margen interpretativo en los puntos que regla. 
Extensas o sintéticas 
Si bien no es una regla general, por lógica las constituciones reglamentarias suelen ser muy extensas, 
mientras que las genéricas tienden a ser más breves o sintéticas. Así, mientras la Constitución de Estados 
Unidos de Norteamérica posee apenas trece artículos (y veintisiete enmiendas posteriores), en el otro extremo 
hay constituciones que superan varias centenas de artículos, por ejemplo: la de India, tiene 448 artículos, la de 
Ecuador, 444, la de Colombia, 380 y la de Venezuela, 350. 
Materiales y Formales 
Las constituciones formales son aquellas que se limitan a cumplir un rol jerárquico pero no regulan 
efectivamente situaciones de la vida cotidiana del Estado (puede ser porque delegue este rol en normas 
inferiores o porque se haya reducido su vigencia efectiva por la fuerza, como cuando ocurren golpes de 
Estado). En cambio, las constituciones materiales regulan efectivamente relaciones jurídicas reales, 
cuya vigencia y actualidad es fácilmente palpable. 
Estas son algunas de las clasificaciones más habituales, pero no son las únicas posibles y tampoco son 
clasificaciones binarias, es decir, excluyentes, ya que existen muchas posiciones intermedias. 
Estas clasificaciones sirven solamente como un aporte metodológico al estudio constitucional, pero no poseen 
más valor que ese, ya que pueden resultar no solo incompletas sino, también, imprecisas y vagas. 
No existe un tipo ideal de constitución ya que cada una es el resultado de procesos históricos,políticos y 
sociales que se han dado en cada lugar. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Podríamos decir que la mejor constitución es la que resulte más confiable y aceptada por la población 
que se sujeta a ella. 
Características y estructura de la Constitución de la Nación Argentina 
La Constitución Nacional según las clasificaciones vistas, diríamos que es escrita, rígida, material y 
medianamente breve, ya que posee 129 artículos. En cuanto a su carácter, si bien no es 
reglamentarista in-extremis, tampoco podría clasificársela como genérica. 
Luego del preámbulo, la Constitución Nacional se divide en dos partes. 
Constitución 
Nacional 
 
Organiza el poder 
político 
Establece cómo se ejerce el 
gobierno 
 
PARTE 
ORGÁNICA 
(art. 44 -129) 
 
Limita el poder 
político 
 Establece los derechos de 
las personas 
 
PARTE 
DOGMÁTICA 
(art. 1-43) 
A su vez, cada una de ellas se dividirá en títulos, secciones y capítulos. 
El preámbulo 
Es la “puerta de entrada” a la Constitución, su encabezamiento. Define lineamientos generales que 
pueden ser vistos como pautas de interpretación de los fines que querían alcanzar y los propósitos que se 
trazaban quienes la redactaron. En definitiva, contiene en sus palabras el proyecto de país que tenían en 
mente los Constituyentes. 
A lo largo de su texto encontraremos una referencia clara a la idea de representación como mecanismo de 
deliberación política (comienza con la expresión “Nos los representantes”) y seis líneas u objetivos de acción 
que se encuentran íntimamente relacionados con el proceso de evolución histórica de nuestra Constitución. 
Esos seis objetivos son constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, 
proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad. 
Por otro lado, también contiene una definición de para quiénes se establecen estos derechos y beneficios: 
Sostienen los constituyentes que sancionan esa constitución “para nosotros, para nuestra posteridad, 
y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”. 
La primera parte 
Es la llamada parte dogmática. En ella están contenidos los derechos que consagra para todos los 
hombres que habitan este suelo. Está dividida en dos capítulos: el Capítulo 1, denominado Declaraciones, 
derechos y garantías, posee los derechos vigentes desde la sanción original en 1853/60 más el agregado del 
artículo 14 bis, que fue introducido en 1957. 
El Capítulo 2, denominado Nuevos derechos y garantías, contiene los derechos que se incorporaron a 
partir de la reforma de 1994. Básicamente son los derechos políticos, los llamados de “tercera 
generación” y los mecanismos para su protección. 
La segunda parte 
Se la denomina Autoridades de la Nación y, tal como su nombre lo indica, regula cada uno de los poderes 
del Estado. Por ello se la llama parte orgánica, pues posee la forma en que se organiza el poder 
político. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
El título primero se aboca al gobierno federal/central de la nación. Cada una de sus secciones trata a 
los tres poderes del Estado por separado y estas, a su vez, están divididas por capítulos, de acuerdo a la 
estructura que vemos a continuación. 
Título primero. Gobierno Federal 
 Sección Primera. Del Poder Legislativo. A lo largo de sus distintos capítulos (son siete en total) regula 
todo lo concerniente a la composición, forma de elección, requisitos y duración tanto de los miembros la 
Cámara de Diputados como de los del Senado; fija las atribuciones del Congreso y el mecanismo de 
formación y sanción de las leyes, así como también, tratará dos órganos extrapoder que dependen del 
Congreso: la Auditoría General de la Nación y el defensor del Pueblo. 
 Sección Segunda. Del Poder Ejecutivo. Se ocupa de regular la naturaleza y duración, la forma y tiempo 
de la elección del presidente y vicepresidente de la Nación. Asimismo establece las atribuciones del Poder 
Ejecutivo, del Jefe de Gabinete y de los otros ministros. 
 Sección Tercera. Del Poder Judicial. Regula la naturaleza y duración y las atribuciones del Poder Judicial. 
 Sección Cuarta. Del Ministerio Público. Está compuesto por la Procuraduría General de la Nación y la 
Defensoría General de la Nación, que son regulados de manera diferenciada al resto del Poder Judicial. 
Título segundo. Gobiernos de provincia 
Trata algunas cuestiones generales relativas a los gobiernos de provincia -ya que la organización política 
de cada una de ellas es regulada por sus propias constituciones- y consagra, en su artículo 129°, la autonomía de 
la Ciudad de Buenos Aires. 
 
Evolución histórica de la constitución Nacional 
El constitucionalismo moderno 
Si tuviéramos que rastrear el ADN de nuestra Constitución, seguramente lo hallaríamos dentro del 
llamado movimiento del constitucionalismo moderno, cuyo origen se remonta a la fusión entre las 
ideas del Iluminismo -que aparecieron con el siglo XVIII- y el surgimiento de nuevas clases sociales y 
económicas a partir de la Revolución industrial. 
En ese marco tuvieron lugar, hacia el fin de ese siglo, las primeras revoluciones políticas de 
inspiración racional: la independencia de Estados Unidos en 1776 (y su Constitución de 1787) y la 
Revolución francesa de 1789 (y su Constitución de 1791). 
Ambos procesos comparten una historia en común, pero fundamentalmente una ideología, que es la 
base del constitucionalismo moderno: terminar con el absolutismo monárquico y dotar a los hombres 
de derechos, no solo para poder participar de las decisiones públicas, sino también para llevar 
adelante su vida con dignidad y libertad. La síntesis de estas ideas se encuentra en los documentos 
conocidos como Bill of Rights, de Virginia (1776), y la Declaración de los Derechos del Hombre y el 
Ciudadano, de Francia (1789). 
En 1776, pocos días antes de la declaración de independencia de Estados Unidos, el actual estado de 
Virginia -una de las trece colonias iniciales sancionó su propia Constitución con una declaración de 
derechos inédita en el mundo hasta entonces. A esa declaración se la conoce como Bill of Rights -
Declaración de Derechos, en castellano- o Declaración de Virginia. 
Sus primeros dos artículos resumen de manera extraordinaria las ideas principales del constitucionalismo 
moderno. Particularmente, dice: 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
 […] todos los hombres son por naturaleza igualmente libres e independientes, y tienen ciertos derechos 
inherentes, de los cuales, cuando entran en un estado de sociedad, no pueden ser privados o postergados; 
en esencia, el gozo de la vida y la libertad, junto a los medios de adquirir y poseer propiedades, y la 
búsqueda y obtención de la felicidad y la seguridad […]. 
Y, seguidamente, en su segundo artículo: 
 […] todo poder reside en el pueblo, y, en consecuencia, deriva de él; que los magistrados son sus 
administradores v sirvientes, en todo momento responsables ante el pueblo […]. 
Es cierto que ya habían existido algunas otras declaraciones de derechos, como la Carta Magna, de 1215 , o el 
también llamado Bill of Rights, de 1689 , pero existe una gran diferencia entre aquellas y la Declaración de 
Virginia. Mientras que las anteriores eran concesiones que otorgaban los reyes en favor de los nobles o la 
burguesía, la Declaración de Virginia tiene la particularidad de ser la primera surgida directamente de la voz del 
pueblo. No había cesión de derechos, sino una declaración de derechos. 
Originariamente, la Constitución de Estados Unidos solo poseía en su articulado la forma en que se organizaría 
el poder político. Al poco tiempo, encontraron la necesidadde incorporar también una declaración de 
derechos. Así, en 1791 enmendaron la Constitución agregando la Declaración de Virginia como una 
carta de derechos para todos los ciudadanos de los Estados Unidos, en lo que se conoce como las 
primeras diez enmiendas3 de dicha Constitución. 
Del otro lado del Atlántico, la Revolución francesa triunfante realizó la famosa Declaración de los 
Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1789 que, luego, se transformó en el preámbulo de su primera 
Constitución -la segunda del mundo- sancionada en 1791. 
Podríamos resumir la idea del constitucionalismo en la noción de dotar de derechos a los ciudadanos, 
por un lado, y de regular el ejercicio del poder, limitándolo, por el otro. 
Este límite al poder está dado por dos mecanismos: el primero, a través de la regulación de la forma 
en que se deben hacer las leyes, el segundo, a través del otorgamiento de derechos que ni las leyes ni 
el ejercicio del gobierno pueden avasallar. 
El concepto se completa con una tercera idea: la del Estado de derecho o Rule of Law, es decir, la del 
gobierno de las leyes opuesta al gobierno de los hombres: son las leyes las que dicen qué y cómo 
llevar adelante el gobierno, en oposición al modelo monárquico anterior en el que eran los hombres -
los reyes y la nobleza- los que establecían cómo gobernar y qué derechos tenían los hombres. 
Sin embargo, no podemos explicar el proceso de inscripción y evolución histórica de nuestra constitución 
solamente como un episodio más dentro del movimiento del constitucionalismo. Si bien estas ideas y las de la 
democracia liberal se ven reflejadas claramente en su texto, la distancia que existe entre la Revolución de Mayo 
en 1810 y la sanción de la Constitución en 1853 (aunque todas las provincias la aceptan recién en 1860) 
evidencia que no fue tan fácil organizarnos como una república constitucional. 
La constitución de la Nación Argentina 
Hacia la revolución de mayo 
Cuando Napoleón Bonaparte invadió España, apresó a Fernando VII e impuso a su hermano José 
Bonaparte como rey, los españoles leales a la casa de Borbón conformaron juntas provisorias de 
gobierno que ejercían el poder en nombre del rey depuesto. 
A lo largo del territorio español, se convocaron distintas juntas de este tipo. La Junta de Sevilla, que se 
calificaba a sí misma como Junta Suprema de España e Indias, concentraba el dominio sobre la 
América Española y nombraba a los virreyes de este lado del Atlántico. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Esta Junta cayó a principios de 1810 y la noticia llegó a Buenos Aires recién en mayo del mismo año. 
Los criollos porteños, como ya sabemos, resolvieron llamar a un Cabildo abierto el día 22 para decidir 
si, al desaparecer el órgano español que había nombrado al virrey Cisneros, caducaba o no la 
autoridad de este, y en caso afirmativo, si el Cabildo de Buenos Aires debía ejercer el control del 
gobierno. 
No fueron las ideas de la Revolución francesa o las de la norteamericana las que se impusieron en 
Mayo de 1810 en Buenos Aires. 
El pensamiento preponderante fue el llamado liberalismo tradicional español, que estaba inspirado en 
las enseñanzas del sacerdote español Francisco Suárez (1548-1617), por lo que suele llamárselo suarismo. 
Este clérigo franciscano había teorizado sobre el estatus del poder de los monarcas, y sus enseñanzas eran 
difundidas en las Universidades (también en ese entonces jesuitas) de Charcas (actual Sucre, Bolivia) y 
Córdoba, donde habían estudiado los patriotas criollos, las únicas existentes en el Virreinato del Río de la Plata. 
El pensamiento de Suárez puede ser sintetizado en cuatro puntos fundamentales: 
 Ninguna persona obtiene inmediatamente de Dios la potestad civil, por naturaleza o donación divina. 
 La autoridad le viene al gobernante mediante el pueblo. 
 El pueblo la concede por su libre consentimiento, derivándose de allí los títulos legítimos de gobierno. 
 En esa concesión hay limitaciones al poder: el gobernante no puede usarlo a su antojo y el pueblo no puede 
reasumirla a su capricho. 
Encontramos en esta síntesis dos elementos que traerían más de un dolor de cabeza a las monarquías -y a los 
jesuitas, también-. Por un lado, la negación del origen divino del poder, reconociendo el origen de la 
soberanía en el pueblo y, por otro, la cesión de este al monarca, pero con un límite: que el rey no 
puede usar el poder a su antojo, ni el pueblo, reasumirlo del mismo modo. Esta concepción 
autorizaba implícitamente al pueblo, por ser el cedente de la soberanía, a disolver dicho contrato 
cuando el monarca al que se le había entregado el poder ya no podía ejercerlo. 
Fue esta la idea que se impuso en la Revolución de Mayo y la que dio marco al primer gobierno patrio. La 
Primera Junta, formada el 25 de mayo, destituyó al virrey y se trazó como objetivo sostener “estas 
posesiones en las más constante fidelidad y adhesión a Fernando VII y sus legítimos sucesores en la 
Corona de España”. (Bidart Campos, 1976) 
Como vemos, la Revolución de Mayo poco tuvo que ver con la norteamericana, que declaró su independencia 
del rey de Inglaterra, ni con la francesa, que reivindicó para el pueblo, el gobierno, instaurando una República. 
Nuestra revolución impulsó una Junta de Gobierno porque España estaba en crisis y el rey había sido 
detenido. La junta criolla se propuso como objetivo autogobernarse, pero para mantener fidelidad y 
adhesión a Fernando VII. 
La reasunción del poder por el Cabildo de Buenos Aires era solamente provisoria. Fue realizada en un 
supuesto rol de “hermana mayor” que pretendía ostentar la ciudad, pero se preveía la aprobación del resto de 
los pueblos del virreinato para convalidar lo decidido por los porteños. En definitiva, si la autoridad le viene 
al gobernante mediante el pueblo, como rezaba la teoría suarista, era necesario escuchar también al 
resto del pueblo del virreinato. 
Fue así que la Primera Junta envió una invitación a las autoridades del interior para solicitarles el 
nombramiento de diputados para que se incorporen a la Junta en Buenos Aires. Se formó de este modo 
la llamada Junta Grande el 18 de diciembre de 1810. 
Si bien esta parte de la historia de la emancipación sudamericana es importantísima en la vida de la Argentina, 
no es exclusiva de ella. El Virreinato del Río de la Plata estaba formado por territorios que en la actualidad son 
cuatro países independientes: la Argentina, el Estado Plurinacional de Bolivia, Paraguay y Uruguay. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Es evidente que Buenos Aires fue un eje político y económico para las ciudades del interior. Sin 
embargo, su influencia no fue determinante en muchas de las zonas del virreinato en extinción. En 
varias regiones la influencia porteña no llegaba, en algunas otras fue resistida. 
Fue así que el territorio del virreinato fue desintegrándose: del conglomerado territorial inicial, en 1811 se 
separó de hecho Paraguay, en 1825, el Alto Perú se erigió en Estado independiente con el nombre de Bolivia, y 
en 1828 el tratado de paz con Brasil reconoció la independencia de la Banda Oriental (hoy Uruguay). 
La historia que contaremos aquí, lógicamente, es la historia de las provincias que permanecieron unidas y 
dieron origen a la Argentina. 
La primera década: 1810 – 1820 
La Junta Grande gobernó alrededor de un año. Su prestigio y capacidad de gobierno se opacó rápidamente, 
por diversos motivos. Primero, porque era un cuerpo ejecutivo colegiado demasiado grande; segundo, por 
las dificultades para lograr el respaldo de los cabildos del interior; y tercero, por la sucesión de fracasos 
y derrotas políticas y militares en la Banda Oriental, el Alto Perú y el Paraguay. 
Alzamientos y reiteradas crisis políticas mediante, la Junta decretóel 23 de septiembre de 1811 la creación de 
un nuevo ejecutivo, el Triunvirato, cuyos miembros serían elegidos por la propia Junta. 
Feliciano Chiclana, Juan José Paso y Manuel de Sarratea fueron los primeros triunviros y estuvieron 
acompañados por tres secretarios sin voto: Bernardino Rivadavia, Julián Pérez y Vicente López y Planes. La 
Junta Grande, por su parte, se reconvirtió en un órgano legislativo llamado “Junta Conservadora de la 
soberanía del Señor Don Fernando VII y de las leyes nacionales”, aunque se la conocía simplemente como 
Junta Conservadora. 
Al asumir, el Triunvirato se dirigió a la Junta Conservadora para que elabore un conjunto de normas a 
las que debía atenerse su mandato. La Junta redactó un primer reglamento, que fue rechazado, y 
posteriormente elaboró el llamado Estatuto Provisional de 1811, que contenía una distribución de 
tareas entre el Triunvirato y la Junta, lo que llevó a muchos autores a considerarlo como una primera 
constitución argentina. (Bidart Campos, 1976). 
Sin embargo, no es el Estatuto Provisional la única herencia en materia de organización política que dejó el 
período. También se sancionaron, entre otros, los llamados decretos de supresión de honores, de libertad 
de imprenta, de seguridad individual -que estableció garantías en materia penal- y los reglamentos de 
administración de justicia, que establecieron los primeros juzgados. 
En octubre de 1812 asumió el Segundo Triunvirato, conformado inicialmente por Juan José Paso, Nicolás 
Rodríguez Peña y Antonio Álvarez Jonte, el cual convocó para el año siguiente un congreso 
constituyente en Buenos Aires, con el objetivo de sancionar una constitución. 
Dicho congreso, que se lo conoció en la historia como Asamblea del año XIII, comenzó su tarea el 31 
de enero de 1813. Si bien no logró su objetivo de redactar una Constitución, al no poder unificar los 
distintos proyectos presentados (el principal debate se dio entre las posturas federales y las centralistas, una 
disputa que nos acompañará a lo largo de varias décadas), fue muy importante en nuestra historia porque sí 
hubo acuerdo en una serie de derechos y postulados relevantes: se declaró el principio de soberanía 
del pueblo y la teoría de la representación política; se dispuso la libertad de los esclavos y la igualdad 
de los pueblos originarios; se abolió definitivamente la inquisición y se declaró la libertad de culto, 
entre muchos otros logros. 
En materia de organización política, la Asamblea creó el gobierno del Directorio: un poder ejecutivo 
unipersonal que sería la primera forma de gobierno no colegiada en nuestra historia. El nombre completo 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
del cargo era Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata y entre los que lo ejercieron 
encontramos a Gervasio de Posadas, Ignacio Álvarez Thomas, Juan Martín de Pueyrredón y José Rondeau. 
En marzo de 1816, durante el gobierno de Álvarez Thomas, se reunió en San Miguel de Tucumán una 
nueva asamblea con el mismo objetivo de sancionar una Constitución. Esta asamblea fue muy famosa en 
nuestra historia: era el Congreso de Tucumán, que el 9 de julio de ese año declaró la independencia. 
Previamente, el 29 de junio de 1815, se había celebrado el Congreso de Oriente o “de los pueblos libres” 
en la actual ciudad de Concepción del Uruguay. Si bien las actas originales de dicho cónclave se han 
perdido, parte de la historiografía revisionista moderna sostiene que en él se había declarado la necesidad de 
la independencia de España. Sí se sabe que asistieron a este Congreso las provincias del Litoral, que 
se autodenominaban miembros de una Liga Federal: la Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos, 
Misiones y Santa Fe, a la que habrá de sumarse Córdoba. Sólo esta última asistiría al Congreso de 
Tucumán de 1816. 
Estos hechos evidencian las tensiones entre las posturas federales y unitarias que se iban perfilando, y 
que imposibilitaron llegar a un acuerdo para sancionar una constitución. Las provincias unidas se 
declararon independientes del reino de España, continuaron reconociendo los derechos que había 
consagrado la Asamblea del año XIII y los documentos posteriores, pero postergaba la sanción de 
una constitución: ni siquiera hubo acuerdo sobre la forma de gobierno, tema en el que hasta se llegó a 
proponer la instauración de una monarquía. El Congreso de Tucumán no se disolvió y siguió 
sesionando, trasladado a Buenos Aires. Durante el Directorio de José Rondeau, en 1819, se logró por fin 
la sanción de una constitución. Sin embargo, se había hecho en ausencia de muchos representantes 
del interior, y su forma de organización política unitaria generó el rechazo de los federales y de las 
provincias. 
Este hecho provocó gran conmoción. Las provincias de Santa Fe y Entre Ríos, bajo el mando de 
Estanislao López y Francisco Ramírez, de tendencia federal, se alzaron en armas, enfrentando a las 
tropas de Buenos Aires, que estaban bajo la conducción del Director Rondeau, de ideas unitarias. Se 
produjo así batalla de Cepeda. Era el 1 de febrero de 1820. 
El triunfo de las fuerzas federales implicó la disolución del Directorio y las autoridades nacionales y el 
fracaso de la Constitución del 19. Se iniciaba así el período denominado la anarquía del año XX. 
Anarquía del año XX 
Tras la eliminación del Directorio y de la Constitución de 1819, no hubo ninguna autoridad general 
del país por varios años. El territorio nacional quedó dividido en gobernaciones. Las provincias del 
interior se constituyeron en esta etapa como un sujeto político indispensable. Consecuentemente, el período 
llevará, por un lado, a la consolidación del ideario federal como ideología, y al fortalecimiento de las 
autonomías provinciales locales, por el otro. 
Buenos Aires, en tanto, eligió autoridades locales y también surgió como provincia. Martín Rodríguez 
fue elegido primer gobernador. 
Surgieron tres fenómenos novedosos en este período, que serán determinantes para la historia que siguió. 
 El caudillismo como modo de organización política de los años subsiguientes; pretendió representar el alma 
popular y de las masas gauchescas, fundamentalmente en el interior. 
 La estancia, sobre todo en la pampa húmeda y Buenos Aires, se estableció como el principal mecanismo de 
producción agro-ganadero, configurado por un patrón, generalmente educado, refinado y rico, y los peones 
rurales, de escasa instrucción y empobrecidos, pero leales a sus patrones. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
 El rol autónomo de las provincias, que llevaron a cabo una serie de pactos, congresos y acuerdos entre 
ellas, que fortalecieron las ideas contractualistas y evidenciaron la intención de disponer una 
organización y autoridades comunes. Este proceso fue el germen de nuestra organización constitucional. 
Uno de estos pactos fue el llamado Tratado del Pilar, suscripto en febrero de 1820 por los gobiernos de 
Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos que, luego del triunfo federal en la batalla de Cepeda, proclamó 
el sistema federal como forma de gobierno y la necesidad de generar la unidad nacional. 
El pacto incluía dos aspectos de singular importancia, que van a marcar el ritmo de aquellos años: la 
cuestión de la organización nacional y la invasión luso-brasilera de la Banda Oriental, que había 
anexado dicha provincia a su territorio desde principios de 1817. 
En su primer artículo, el Tratado del Pilar instaba al resto de las provincias a reunirse en un congreso 
general en el convento de San Lorenzo – escenario de la primera y única batalla que libró San Martín en 
territorio nacional- para organizar definitivamente al país, en un plazo de 60 días. Por el otro, Santa Fe 
y Entre Ríos instan a Buenos Aires a tomar posición y ayudar ala Banda Oriental en el marco de la 
invasión que había sufrido. 
No solo no se realizó el congreso propuesto, sino que el dominio portugués del otro lado del Río de la 
Plata se agravaba. Esta circunstancia llevó a un nuevo pacto interprovincial, el denominado Tratado 
del Cuadrilátero, suscripto en 1822 por Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes. Preocupadas 
por la amenaza brasilera, incluyeron en el pacto la declaración de que, frente a una invasión exterior, 
las provincias firmantes conforman una liga para defender la integridad nacional. Con respecto al 
demorado congreso organizacional, deciden “no entrar en congreso por ahora”. 
En ese mismo sentido, a instancias de Martín Rodríguez, se convocó a un nuevo intento de congreso 
constituyente en el año 1824. Superada la crisis que había significado la batalla de Cepeda y el fin del 
Directorio, había motivos suficientes para intentar constituir un gobierno nacional: por un lado, la 
organización de los poderes políticos provinciales y el afianzamiento de sus autonomías y, por otro, la amenaza 
que representaba el Imperio del Brasil y la necesidad de contar con autoridades nacionales para discutir 
acuerdos comerciales con otros países. 
Durante el Congreso en diciembre de 1824, la situación con el Brasil se agravó: una expedición 
comandada por Juan Antonio Lavalleja partió de Buenos Aires, desembarcó en Montevideo y la liberó 
de la ocupación brasilera, proclamando su reincorporación a las Provincias Unidas del Sur. Brasil 
declaró la guerra a la Argentina, lo que obligó al Congreso a designar autoridades nacionales a los 
efectos de enfrentar el conflicto. Se creó el cargo de presidente de la Nación y Bernardino Rivadavia 
fue elegido para ocuparlo. Era febrero de 1826. 
Finalmente, en diciembre de ese mismo año el Congreso reunido desde 1824 sancionó una nueva 
Constitución. Una vez más, la forma de organización federal o unitaria fue el eje de la disputa de los 
constituyentes y no se pudo lograr un acuerdo. 
El texto que finalmente se aprobó establecía en su séptimo artículo que: 
La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa republicana, consolidada en 
unidad de régimen. (López Rosas, 2006). 
Esa “unidad de régimen” era ni más ni menos que la consagración del sistema unitario. 
Aunque menos centralista que la de 1819, esta segunda Constitución de 1826 preveía, entre otras cosas, que 
los gobernadores de las provincias fueran elegidos por el presidente de la Nación, aunque a propuesta 
indirecta de las legislaturas locales. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Naturalmente, los federales rechazaron esta forma de organización. Rivadavia renunció en junio de 
1827. La unidad política y la autoridad común no reaparecerán hasta la sanción de la Constitución Federal de 
1853. 
El régimen de rosas 
Luego de la caída de Rivadavia y el fin de la constitución unitaria, agravada la situación por la 
finalización polémica de la guerra con Brasil y la independencia del Uruguay, estalló un período de 
inestabilidad, guerra civil y disputas permanentes. 
En el marco de este escenario de caos, creció la figura de Juan Manuel de Rosas. Estanciero rico y 
caudillo prominente, fue elegido gobernador de Buenos Aires entre 1829 y 1832 y, nuevamente, desde 1835 
hasta 1852. 
Amado y odiado por igual, defendió férreamente la soberanía nacional, pero gobernó de manera 
autoritaria, desterrando y ejecutando opositores y oponiéndose fervientemente durante todos los años 
que condujo la política de Buenos Aires al establecimiento de una constitución y una organización 
nacional. 
Su mayor influencia entre el resto de los estancieros bonaerenses y parte de la aristocracia porteña la 
ganó entre 1833 y 1834, luego de su primera gobernación, cuando realizó la primera conquista del 
desierto. En esta campaña, Rosas desplazó a los pueblos indígenas hasta más allá de Carmen de 
Patagones y el margen del Río Negro, ganando varios miles de millones de hectáreas que se 
distribuyeron entre los generales, los aristócratas y los contribuyentes de la campaña. 
Durante la primera gobernación de Rosas se había suscripto el llamado Pacto Federal, en 1831. 
Inicialmente fue firmado por Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, luego, se sumaron el resto de las 
provincias. El tratado tuvo como objetivo principal establecer una alianza común para hacer frente a la 
Liga Unitaria, formada poco antes. 
Rosas fue el más centralista de los federales. Estaba convencido de que Buenos Aires debía 
concentrar el ejercicio exclusivo de las relaciones exteriores en nombre de la Confederación. Y así lo 
logró: en virtud del Pacto Federal, paulatinamente el resto de las provincias le otorgaron el rol de llevar 
adelante las relaciones exteriores en nombre del país, convirtiéndose en una especie de presidente de 
hecho. Al asumir su segunda gobernación, en 1835, la legislatura de Buenos Aires le otorgó la suma 
del poder público. La ley establecía que: 
Se deposita toda la suma del poder público […] en la persona del brigadier general don Juan Manuel de 
Rosas, sin más restricciones que las siguientes: 1º) que deberá conservar, defender y sostener la religión 
católica apostólica romana, 2º) que deberá defender y sostener la causa nacional de la federación que 
han proclamado los pueblos de la república […] El ejercicio de este poder extraordinario durará todo el 
tiempo que a juicio del gobernador electo fuese necesario. (López Rosas, 2006). 
Esto quiere decir que Rosas no solo hacía las leyes, sino que también las hacía cumplir, concentrando 
el rol de los tres poderes del Estado. Con estas prerrogativas, el gobernador se dedicó a la persecución 
sistemática de los unitarios. En su discurso de asunción dijo: 
Que de esa raza de monstruos no quede uno entre nosotros y que su persecución sea tan tenaz y 
vigorosa que sirva de terror y de espanto a los demás que puedan venir en adelante. (López Rosas, 
2006). 
Para lograr sus objetivos, Rosas se valió de dos herramientas: la Sociedad Popular Restauradora, un 
grupo de apoyo al gobernador, y la mazorca, un grupo parapolicial encargado de la represión a los 
opositores. También, hizo que los documentos públicos tuvieran que ser encabezados de manera obligatoria 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
por la frase “Viva la Santa Federación. Mueran los salvajes unitarios” e impuso la utilización de la divisa punzó 
-una especie de escarapela federal- para todos los empleados públicos. 
La Generación del 37 y la Asociación de Mayo 
Frente a este proceso de violencia y terror, surgió en Buenos Aires un grupo de intelectuales reunido 
entorno a círculos literarios que intentó adoptar una nueva visión que fuera la síntesis entre el 
pensamiento unitario y el federal, con el objetivo de lograr la pacificación del país. 
A este grupo se lo conoció como la Generación del 37, ya que se constituyó como grupo una noche de 
junio de 1837, en pleno gobierno de Rosas. Se autodenominaron Asociación de Mayo. Entre sus 
integrantes, se encontraban jóvenes que más tarde fueron determinantes en la literatura, la política y el derecho 
de nuestro país: Esteban Echeverría, Marcos Sastre, Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez y Miguel Cané, 
entre otros. 
Dentro de esta generación hay que incluir también a Domingo Faustino Sarmiento quien, si bien no formó 
parte de la Asociación de Mayo, era cronológica e ideológicamente parte de esta generación. 
Uno de los mejores resúmenes del pensamiento de la Generación del 37 se encuentra en el libro Dogma 
Socialista de la Asociación de Mayo, de Esteban Echeverría: 
La sociedad argentina está dividida en dos facciones irreconciliables […] la facción federal y vencedora, que 
se apoyaba en las masas populares y era la expresióngenuina de sus instintos semibárbaros, y la facción 
unitaria, minoría vencida, con buenas tendencias pero sin bases locales de criterio socialista, y algo 
antipática por sus arranques soberbios de exclusivismo y supremacía […] Entretanto, había crecido, sin 
mezclarse en esas guerras fratricidas ni participar de esos odios en el seno de esa sociedad, una generación 
nueva, que por su edad, su educación y su posición debía aspirar a ocuparse de la cosa pública. (Echeverría, 
2009). 
La Asociación de Mayo duró poco: Rosas la disolvió y obligó a sus miembros a exiliarse; algunos 
emigraron al Uruguay. Sin embargo, no dejaron de producir y trabajar según sus ideas. Muchas de sus 
obras y sus hombres resultaron ser fundamentales en la redacción de la futura constitución. Bases y 
puntos de partida para la organización política de la República Argentina, de Juan Bautista Alberdi, fue un 
documento disparador de la discusión de la Convención Constituyente de 1853, aunque criticado fuertemente 
por contemporáneos y estudiosos. 
Benjamín Gorostiaga no pertenecía a la Generación del 37 por su edad - había nacido en 1823- pero sí 
compartía sus ideas y aportó a ellas. Realizó una significativa contribución con su libro Esbozo y con su 
actuación como convencional constituyente en 1853, al igual que Juan María Gutiérrez, otro de los hombres de 
la Asociación de Mayo. 
No podemos olvidar a Sarmiento por las polémicas con Alberdi, que quedaron inmortalizadas en las Cartas 
Quillotanas, y por obras como Facundo y Argirópolis. 
La caída de rosas 
Con los unitarios prácticamente disueltos y la oposición ejercida por la Generación del 37 solamente desde el 
exilio, la caída de Rosas se produjo en manos de otro hombre del federalismo: Justo José de Urquiza. 
Gobernador y caudillo de Entre Ríos, Urquiza desafió el poder rosista al retomar para su provincia el 
control de las relaciones exteriores que se habían delegado en favor del gobernador de Buenos Aires, 
situación que posicionaba a Rosas como virtual presidente. 
Urquiza formó un ejército al que llamó ampulosamente Ejército Grande, para con el cual contó con la 
colaboración del emperador brasilero y varios de los dirigentes exiliados. El 3 de febrero de 1852 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
enfrentó militarmente en la batalla de Caseros al ejército de Rosas, derrotándolo y poniendo fin a su 
régimen de casi dos décadas. 
El hombre fuerte que había gobernado con mano de hierro, la mayor cantidad de tiempo de la historia 
argentina, redactó su renuncia y marchó inmediatamente al exilio en Southampton, Inglaterra, en compañía de 
su hija. Murió allí, en 1877. 
Caído Rosas, la principal urgencia que tenía el país era la organización constitucional. Con ese 
objetivo, el 31 de mayo de 1852, los gobernadores de las catorce provincias argentinas firmaron el 
Acuerdo de San Nicolás. 
Este nuevo tratado resolvió convocar a un congreso constituyente, conformado con dos diputados por 
provincia, a reunirse en la ciudad de Santa Fe, a partir de agosto de ese año, y designaba mientras 
tanto a Justo José de Urquiza, el vencedor de la batalla de Caseros, como Director Provisorio de la 
Confederación Argentina. 
Si bien hacia 1832 el federalismo había triunfado con la suscripción de las provincias del Pacto Federal de 1831 
(inicialmente suscripto por Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, antes del año siguiente el resto de 
las provincias se había incorporado), este era el único acuerdo legal que unía a las Provincias Unidas. El 
gobierno de Rosas y su oposición a la organización Constitucional habían retardado la sanción de una 
constitución más de veinte años. 
El artículo 2° del Acuerdo de San Nicolás refleja esta demorada intención: 
Se declara que, estando en la actualidad todas las Provincias de la República, en plena libertad y 
tranquilidad, ha llegado el caso […] de arreglar por medio de un Congreso General Federativo, la 
administración general del País, bajo el sistema federal; su comercio interior y exterior, su navegación, el 
cobro y distribución de las rentas generales, el pago de la deuda de la República, consultando del mejor 
modo posible la seguridad y engrandecimiento de la República, su crédito interior y exterior, y la 
soberanía, libertad e independencia de cada una de las Provincias. 
Todas las legislaturas provinciales ratificaron el acuerdo, excepto Buenos Aires. Los porteños no 
querían que el congreso se realizara fuera de su ciudad, que los haría perder influencia y mucho 
menos que mientras tanto, estuviera al frente del gobierno provisorio un caudillo como Urquiza. 
Además rechazaban que todas las provincias aportaran la misma cantidad de diputados, ya que 
Buenos Aires era la más poblada de ellas. Peor aún, consideraban la previsión del reparto de los 
gastos económicos. Según el Acuerdo de San Nicolás: 
[…] las Provincias concurrirán proporcionalmente con el producto de sus Aduanas exteriores […] 
La aduana de Buenos Aires era la que más recaudaba, y los porteños sintieron que esto afectaba sus 
intereses. Es por ello que de las catorce provincias preexistentes, trece estuvieron presentes en el acto 
fundacional que se consumó con la Constitución del 1 de mayo de 1853. Buenos Aires se negó a 
participar del proceso y sancionó su propia constitución el 11 de abril de 1854, separada del resto de 
las provincias y como Estado libre. 
La nueva carta magna reflejaba el ideario de la Generación del 37 y el derecho contractual federal que había 
venido amasándose desde las décadas precedentes. Pero sin Buenos Aires, la Confederación estaba incompleta. 
La nueva constitución fue promulgada el 25 de mayo y jurada el 9 de julio de ese mismo año. 
Realizadas las elecciones, Justo José de Urquiza fue votado presidente y Salvador María del Carril, 
vicepresidente. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
La incorporación de Buenos Aires 
En 1859 se produjo una escalada de tensiones entre Buenos Aires y la Confederación que no podría 
tener otro desenlace que la guerra. Efectivamente, en octubre de ese año, las fuerzas comandadas por 
Urquiza se enfrentaron a los porteños, liderados por Mitre, nuevamente en Cepeda, el mismo escenario 
en el que las fuerzas federales de López y Ramírez habían derrotado a los unitarios de Rondeau, dando inicio a 
la llamada anarquía del año XX. 
Como una ironía del destino, porteños y federales volvían a encontrarse en el mismo sitio para dirimir en la 
batalla las mismas disputas y recelos que arrastraban hacía más de treinta años. Si bien ya no había unitarios 
“puros”, los porteños no estaban dispuestos a compartir los ingresos de su rica aduana y ceder su rol 
preponderante. 
Los federales triunfaron nuevamente en Cepeda. Urquiza avanzó hacia Buenos Aires y se detuvo en 
las afueras de la ciudad, en lo que hoy es el barrio de Flores. Allí se redactó el Pacto de San José de 
Flores, que marcó la incorporación de una Buenos Aires derrotada al resto de las provincias. 
El artículo 1° del Pacto dice: 
Buenos Aires se declara parte integrante de la Confederación Argentina y verificará su incorporación 
por la aceptación y jura solemne de la Constitución Nacional. 
Para ello, se habilitaba la convocatoria a una convención provincial que examinaría la Constitución de 1853, 
vigente en las demás provincias argentinas, para que la aceptase o propusiera reformas. 
Haciendo uso de la facultad conferida, la Convención de Buenos Aires una vez reunida propuso varias 
modificaciones al texto de 1853. En 1860, una convención ad hoc reunida nuevamente en Santa Fe, 
aprobó las modificaciones propuestas por Buenos Aires y las incorporó al texto original. Por ello 
muchos autores hablan de la Constitución original como la Constitución de 1853/60. 
Buenos Aires eligióa los senadores y diputados que la representarían en el Congreso Nacional. A los 
senadores los eligió según lo que disponía la nueva Constitución, pero los diputados fueron elegidos 
de acuerdo a lo que establecía la legislación provincial. 
Al llegar los diputados porteños al Congreso Nacional, fueron rechazadas sus designaciones por ser 
contrarias a la Constitución. Este hecho, sumado a graves tensiones políticas entre Buenos Aires y la 
Confederación, y entre el nuevo presidente Santiago Derqui, el caudillo porteño Bartolomé Mitre y el 
expresidente Urquiza, desembocaron en una nueva batalla civil: la última de nuestra historia, la batalla de 
Pavón. 
Pavón fue una batalla misteriosa. Poco documentada y controvertida en su análisis, la mayoría de los 
historiadores coinciden en afirmar que a pesar de estar ganando, Urquiza, al frente del ejército de la 
Confederación, ordenó la retirada de sus tropas, otorgándole una inesperada victoria al bando 
porteño, comandado por Mitre. 
Se habló de un pacto de caballeros entre ambos generales y de la creencia de Urquiza de que no se lograría la 
unión nacional si Buenos Aires era nuevamente derrotada. Lo cierto es que como consecuencia de Pavón, el 
gobierno federal fue declarado en receso y, nuevamente, como en 1820 y 1827, hubo una acefalía 
general. 
A diferencia del pasado, esta vez la unidad política no se desintegró ni el Estado argentino recientemente 
creado dejó de existir. Por el contrario, las provincias confiaron a Mitre las facultades propias del poder 
ejecutivo federal, de manera provisoria. Tras las elecciones para autoridades y la instalación del 
Congreso, Mitre asumió la presidencia formal de la República el 12 de octubre de 1862. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Mitre dio inicio al período de las llamadas presidencias históricas: Bartolomé Mitre (1862-1868), 
Domingo Faustino Sarmiento (1868-1874) y Nicolás Avellaneda (1874-1880), mandato durante el cual 
se afrontó el último desafío crítico de la unión nacional: la federalización y capitalización de la ciudad 
de Buenos Aires, que se operó en 1880. 
Luego vino la Generación del 80, que inauguró la presidencia de Julio Argentino Roca y que gobernó el 
período 1880-1916, conocido por muchos como la República aristocrática. 
Durante estos años se impulsó el desarrollo material, económico y cultural del país, basado en el 
modelo agro-exportador, se promovió y acrecentó la inmigración europea, se dio recepción y difusión 
a la ideología liberal y se realizaron numerosas obras y normas que dieron forma en gran medida a la 
Argentina moderna. Sin embargo, el innegable progreso no podía ocultar la existencia de vastos 
sectores marginados de la decisión política y la bonanza económica. 
La política giró en torno al denominado “acuerdo de los notables” dentro de la élite dirigente, sin verdadera 
participación democrática. La aspiración al sufragio libre, basado en la idea constitucional de la igualdad fue una 
deuda pendiente que hizo que varios autores definan este período como una república sin democracia. 
Habrá que aguardar hasta una fecha clave, dada por la reforma electoral de 1912 -conocida como la ley 
Sáenz Peña-, para poder hablar de un acceso popular al sistema electoral: la llegada de Hipólito Yrigoyen 
a la presidencia de la República, en 1916, marcará la plena realización de la democracia constitucional 
argentina: será el primer presidente elegido por el voto secreto, universal y obligatorio de nuestra historia. 
La inestabilidad del siglo XX 
La primera apertura democrática de 1916 terminó siendo un sueño breve. El 6 de septiembre de 1930 se 
produjo el ominoso golpe de estado perpetrado por el general José Félix Uriburu que derrocó a 
Hipólito Yrigoyen de la presidencia. 
Comenzó la llamada década infame: a la dictadura de Uriburu (1930- 1932) le siguieron los gobiernos 
elegidos fraudulentamente -y con el radicalismo proscripto- de Agustín P. Justo (1932-1928), Roberto 
Ortiz (1938- 1940) y Ramón Castillo (1940-1943). Su mandato fue interrumpido por un nuevo golpe de 
estado: el 4 de junio de 1943 se produjo el llamado golpe del Grupo de Oficiales Unidos (GOU), de 
tendencia nacionalista, que llevó al gobierno al general Pedro Ramírez y a Edelmiro Farrel. 
Durante el gobierno de Farrel comenzó a tomar notoriedad un coronel con aspiraciones políticas de 
magnitud y gran llegada a las clases populares: Juan Domingo Perón, quien comenzó siendo Secretario de 
Trabajo, luego, Ministro de Guerra y, al concluir la dictadura de Farrel, vicepresidente. 
Perón se presentó como candidato y ganó la presidencia de la Nación en elecciones libres y 
democráticas en febrero de 1946, con un mensaje que interpelaba a la clase trabajadora y al sindicalismo. 
Su presidencia tuvo puntos claros y oscuros: la incorporación a la vida democrática y social de las clases 
populares fue absoluta, produciéndose muchas conquistas sociales en favor de los trabajadores, pero 
su ciclo quedó marcado por un fuerte autoritarismo que lo llevó inclusive a reformar de manera 
unilateral la Constitución vigente, un nuevo texto más acorde al régimen imperante y que le 
permitiría ser reelecto en 1952. 
Luego del golpe que derrocó a Perón en 1955, comenzó un nuevo proceso de inestabilidad, agravado por los 
antagonismos y odios profundos entre los distintos sectores de nuestra sociedad que había despertado el 
régimen peronista. 
La Constitución peronista fue derogada en 1957, restableciéndose la Constitución de 1853/60, aunque 
con el agregado del artículo 14° bis, que contenía muchos de los derechos sociales conseguidos 
durante ese período. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Los breves intervalos de gobiernos constitucionales que se sucedieron fueron precarios y débiles 
hasta el retorno definitivo de la democracia en 1983. 
Hacia fines de la década del 60 y principios del 70 aparecieron grupos y movimientos violentos y 
guerrilleros. La proscripción del peronismo, los ecos de la revolución cubana triunfante en 1959 y 
hasta cierta demencial justificación de la violencia como herramienta política dieron lugar al 
surgimiento de una lucha caótica y criminal entre grupos terroristas de izquierda (Montoneros y ERP, 
por nombrar los más famosos) y de derecha (la Triple A-Asociación Anticomunista Argentina-) 
Obreros, estudiantes, sindicalistas, militares, conscriptos y policías comenzaron a ser asesinados, se 
producían secuestros y ejecuciones, atentados y torturas. Los sectores y grupos armados detrás de esos 
hechos habían caído en el absurdo de creer que matando podía defenderse la vida, que delinquiendo se podía 
defender la ley. 
Perón regresó a la presidencia viejo y enfermo en marzo de 1973. Murió en julio del año siguiente y dejó 
huérfano a un movimiento que era totalmente leal hacia su figura, pero heterogéneo en su ideología: desde 
sectores de la izquierda marxista, hasta la derecha fascista se reconocían peronistas por igual. 
Su tercera mujer y vicepresidente, María Estela Martínez de Perón, asumió la presidencia de la 
Nación en su reemplazo. Su figura política era limitada y las influencias ejercidas por José López Rega, 
exsecretario privado de Perón, devenido en consejero político y espiritual de la presidenta, eran determinantes. 
En ese marco comenzó el peor de todos los terrorismos, el de Estado. Desde 1975 se inauguró un proceso 
de violación sistemática de derechos humanos por parte del Estado: la desaparición forzada de 
personas, el secuestro, la tortura, el asesinato, los robos de bebés y propiedades. Ya no lo realizaban 
grupos aislados. Lo realizaba el Estado como política. El 24 de marzo de 1976 se produjo el golpe que 
derrocó a María Estela Martínez de Perón. Comenzaba la etapa más oscura de la historia argentina. El 
terrorismode Estado se consolidó como regla. El terror se impuso y la violencia fue la moneda corriente. 
La dictadura de 1976-83 incurrió en la más grave represión ilegal e ilegítima de nuestra historia: 
persiguió, secuestró, torturó, desapareció, asesinó y robó la identidad de miles de personas, solo por 
enumerar algunos de sus más aberrantes delitos. 
Desde el punto de vista institucional, deterioró el estado general de la economía, destrozó la 
producción nacional, hizo crecer exponencialmente la deuda externa y llevó al país a una guerra 
estúpida que terminó de sepultar la ilusión argentina de recuperar alguna vez las Islas Malvinas. 
La democracia recuperada 
La salida de la dictadura más oscura de la historia argentina se produjo el 30 de octubre de 1983. Ese día se 
impuso en las elecciones Raúl Alfonsín, de la Unión Cívica Radical, al derrotar al candidato peronista Ítalo 
Argentino Luder. 
Alfonsín se trazó como objetivo la definitiva consolidación de la democracia. En su mensaje inaugural al 
asumir el mando sostuvo: 
Una feliz circunstancia ha querido que este día en que los argentinos comenzamos esta etapa de cien 
años de libertad, de paz y de democracia, sea el Día de los Derechos Humanos. Y queremos, en 
consecuencia, comprometernos una vez más: vamos a trabajar categórica y decisivamente por la 
dignidad del hombre, al que sabemos hay que darle libertad, pero también justicia. Porque la defensa de 
los derechos humanos no se agota en la preservación de la vida, sino además también en el combate 
que estamos absolutamente decididos a librar contra la miseria y la pobreza en nuestra Nación. 
La democracia Argentina demostró un coraje especial cuando enjuició y encarceló a las juntas militares y 
los grupos guerrilleros. La sociedad fue asumiendo progresivamente la sensación y la convicción de 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
que le era viable y necesaria la convivencia democrática. El gobierno de Alfonsín se centró en la 
defensa y la promoción de los derechos humanos. La República Argentina se incorporó al sistema 
interamericano de derechos humanos al ratificar, en 1984, el Pacto de San José de Costa Rica y acatar la 
jurisdicción supraestatal de sus dos organismos: la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Corte 
Interamericana de Derechos Humanos. En 1986 se hizo parte, asimismo, de los dos pactos de Naciones 
Unidas sobre derechos humanos -el Pacto de Derechos Civiles y Políticos- y el Pacto de Derechos 
Económicos, Sociales y Culturales. 
Alfonsín entendía que la Argentina debía avanzar en muchos aspectos que habían quedado 
postergados por tantos años de inestabilidad política. No solo se enfrentó al poder militar al enjuiciar 
a las juntas responsables de la última dictadura, sino que también lo hizo con una multiplicidad de 
sectores concentrados de poder: promovió la ley de divorcio y de patria potestad compartida –lo que le 
valió el enfrentamiento de la iglesia católica-, la democratización de los gremios, a través de la llamada ley 
Mucci (que le costó la despiadada oposición de los sindicatos peronistas), privilegió la construcción de una 
integración regional con Brasil, Paraguay y Uruguay, a través de la creación del Mercosur, desafiando 
la visión hegemónica de EE. UU. y su preferencia por el ALCA, y puso fin a las disputas limítrofes con 
Chile a través de la voluntad popular expresada en el plebiscito de 1984, entre muchos otros proyectos. 
En las elecciones de 1989, Carlos Menem, del Partido Justicialista se impuso en las elecciones al candidato 
radical, Eduardo Angeloz. El traspaso de mando se produjo el 8 de julio de 1989. Era la primera vez que un 
presidente elegido democráticamente y respetando la constitución le traspasaba la banda presidencial 
a otro presidente elegido democráticamente, pero que era de un partido adversario. 
Habían pasado 179 años de la Revolución de Mayo, 173 de la Declaración de independencia, 136 desde la 
sanción de la Constitución, 129 desde la unificación nacional y 73 de la primera vez que un presidente fuera 
elegido por el sufragio libre. El mundo había cambiado. Había pasado el horror de las guerras mundiales y el 
holocausto. Se había iniciado y concluido la guerra fría, y los países de la región recuperaban gradualmente sus 
democracias. 
La Argentina también había cambiado. De aquellas catorce provincias iniciales habían surgido ocho nuevas. 
Buenos Aires, federalizada, no elegía a su intendente desde 1880. La población había crecido hasta rondar los 
treinta millones de habitantes. La economía era cíclica y errante. 
La última dictadura había dejado una herida abierta que aún sangraba y era necesario reforzar la democracia y 
los derechos humanos para que nada de ello volviera a ocurrir. 
Sin embargo la Constitución era la misma que en 1853. Debía ser reformada y adecuada a las nuevas 
necesidades de la Argentina moderna. A través del llamado Pacto de Olivos, que suscribieron los dos 
partidos mayoritarios -el Partido Justicialista y la Unión Cívica Radical-, se abrió la instancia de 
negociación necesaria para avanzar en una reforma constitucional, que se produjo en 1994. Esa 
Constitución reformada es la que aún nos rige y la que estudiaremos a lo largo de esta materia. 
Parte orgánica. Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y Poder Judicial 
El Poder Legislativo 
El Legislativo es el poder del Estado donde mejor representada está la voluntad popular. Mientras que 
el Ejecutivo es unipersonal y el Judicial es a-partidario, en el Poder Legislativo están representadas 
todas las fuerzas políticas que superaron el mínimo de votos requeridos para obtener una banca. 
Esta es su principal y más importante característica. De esta manera, el Poder Legislativo es, en nuestro 
sistema, el ámbito de discusión y decisión de las políticas del país, y donde mejor reflejada está la 
voluntad popular a través de sus representantes. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
El Congreso de la Nación 
El Poder Legislativo de la Nación reside en el Congreso que, según el artículo 44° de la Constitución, 
está compuesto por la Cámara de Diputados de la Nación y la Cámara de Senadores de las provincias 
y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 
Los miembros de ambas Cámaras son elegidos de manera democrática por el voto popular. El 
funcionamiento de las Cámaras es la base del sistema representativo, republicano y federal. 
Mientras la Cámara de Diputados representa directamente al pueblo de la nación, el Senado 
representa a las provincias y la Ciudad de Buenos Aires, de manera igualitaria. 
La Honorable Cámara de Diputados 
Los artículos 45°, 46° y 47° de la Constitución Nacional se refieren a la composición de esta Cámara. 
El artículo 45° establece: 
La Cámara de Diputados se compondrá de representantes elegidos directamente por el pueblo de las 
provincias, de la Ciudad de Buenos Aires, y de la Capital en caso de traslado, que se consideran a este 
fin como distritos electorales de un solo Estado y a simple pluralidad de sufragios. El número de 
representantes será de uno por cada treinta y tres mil habitantes o fracción que no baje de dieciséis mil 
quinientos. Después de la realización de cada censo, el Congreso fijará la representación con arreglo al 
mismo, pudiendo aumentar pero no disminuir la base expresada para cada diputado. 
En primer lugar, se reafirma el principio representativo de gobierno y establece que diputados y 
diputadas serán elegidos directamente por el pueblo, es decir, sin intermediación entre la 
manifestación de la voluntad popular y la selección de representantes. 
En segundo lugar, se confirma la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires y se la equipara, así, al resto 
de las provincias. Dicha equiparación se mantendrá aun si la capital fuera trasladada a otraciudad del 
país. En ese caso, la Cámara se compondría de representantes del pueblo de las provincias, de la Ciudad de 
Buenos Aires y de la que nueva ciudad que fuera designada capital. 
En tercer lugar, no establece una cantidad fija de diputadas y diputados, sino un coeficiente de 
representación dinámico: habrá uno cada treinta y tres mil habitantes o fracción mayor a dieciséis mil 
quinientos. Además, incluye una cláusula de actualización: luego de cada censo poblacional se sancionará una 
ley que establezca un nuevo coeficiente de representación que podrá aumentar pero no disminuir la base 
expresada. 
La última vez que la base de representación se actualizó fue en 1983, con la sanción de la Ley 22 8471 
(de facto), que convocó a las elecciones para el 30 de octubre de 1983. Su artículo 3º dispuso que: 
El número de diputados nacionales a elegir será de uno por cada 161.000 habitantes o fracción no 
menor de 80.500. A dicha representación se agregará, por cada distrito, la cantidad de tres (3) 
diputados, no pudiendo en ningún caso ser menor de cinco (5) diputados ni inferior a la que cada 
distrito tenía al 23 de marzo de 1976. El Territorio Nacional de la Tierra del Fuego, Antártida e Islas del 
Atlántico Sud, elegirá dos (2) diputados. 
De esta manera, tomando como base a tal efecto el censo practicado en 1980, el coeficiente es de uno cada 
161.000 habitantes o fracción mayor a 80.500 con más tres (3) diputados. No obstante, se establece un piso de 
representación provincial de 5 bancas, indistintamente de si la población alcanza la cantidad de habitantes 
requerido para lograr, de acuerdo al coeficiente preestablecido, ese total de escaños. 
Si bien la Constitución establece adecuar la representación luego de cada censo, desde la sanción de la 
ley en 1983 hasta la fecha, se realizaron tres censos poblacionales (1991, 2001, y 2010) y la única 
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modificación que se realizó a la representación establecida en 1983 se produjo al provincializarse Tierra 
del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sud, pasando a tener el mínimo de representación de 5. 
Provincia Cantidad de diputados/as Provincia Cantidad de diputados/as 
Buenos Aires 70 Jujuy 6 
Capital 25 San Juan 6 
Santa Fe 19 Catamarca 5 
Córdoba 18 Chubut 5 
Mendoza 10 La Rioja 5 
Tucumán 10 Formosa 5 
Entre Ríos 9 La pampa 5 
Corrientes 9 Neuquén 5 
Chaco 7 Rio Negro 5 
Misiones 7 San Luis 5 
Salta 7 Santa Cruz 5 
Santiago del Estero 7 Tierra del Fuego 5 
Los artículos 46° y 47° contienen disposiciones orientadas a regular las primeras conformaciones de la 
Cámara. Al no haber existido hacia 1853 censo poblacional alguno, el artículo 46° estableció una 
conformación inicial, al disponer que: 
Los diputados para la primera Legislatura se nombrarán en la proporción siguiente: por la provincia de 
Buenos Aires, doce; por la de Córdoba seis; por la de Catamarca, tres; por la de Corrientes, cuatro; por 
la de Entre Ríos, dos; por la de Jujuy, dos; por la de Mendoza, tres; por la de La Rioja, dos; por la de 
Salta, tres; por la de Santiago, cuatro; por la de San Juan, dos; por la de Santa Fe, dos; por la de San 
Luis, dos; y por la de Tucumán, tres. 
Seguidamente, el artículo 47° completa el concepto al ordenar la realización de un censo población 
que permita utilizar el coeficiente establecido en el artículo 45°. Reza: “para la segunda Legislatura 
deberá realizarse el censo general, y arreglarse a él el número de diputados; pero este censo sólo 
podrá renovarse cada diez años”. Esta conformación provisoria, sin embargo, fue la que se mantuvo hasta la 
adecuación de la cantidad de diputadas/os luego de la realización del primer censo, en 1869. 
Mecanismo de elección 
Desde 1963, las elecciones para la Cámara de Diputados se han efectuado según el sistema 
proporcional (Pericola, 2012) que aplica la fórmula D’Hont para la asignación de las bancas (Existen 
otros métodos de atribución de bancas por sistemas proporcionales, como por ejemplo el sistema Hare, utilizado en la Provincia de 
Buenos Aires.), con un piso electoral del 3% de la cantidad de electores registrados en el distrito. 
Esto significa que, en primer lugar, se excluyen todas las listas que no hayan superado el 3% del padrón 
electoral del distrito. Luego, se divide el total de los votos válidos obtenidos por las listas que sí hayan 
superado el umbral por la cantidad de cargos que se deben cubrir. De este modo, si hay 5 bancas en 
juego y 3 partidos superaron el piso, se divide la cantidad de votos obtenidos por cada partido, por cinco. Por 
ejemplo, si el Partido A obtiene 220 000 votos, el Partido B, 187 000 y el Partido C, 75 000, haremos la 
siguiente cuenta: 
Partido Cantidad de Votos 
Divisiones 
1 2 3 4 5 
Partido A 220000 220000 110000 73333,3333 55000 44000 
Partido B 187000 187000 93500 62333,3333 46750 37400 
Partido C 75000 75000 37500 25000 18750 15000 
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Finalmente, los resultados obtenidos se ordenan de mayor a menor, obteniendo los cocientes más altos las 
bancas en disputa. 
1° 220000 4° 93500 7° 62333,3333 10° 44000 
2° 187000 5° 75000 8° 55000 11° 37500 
3° 110000 6° 73333,3333 9° 46750 12° 37400 
Con estos resultados, el Partido A obtendría dos bancas (resultados 1º y 3º), el Partido B, también dos bancas 
(resultados 2º y 4º) y el Partido C, una (resultado 5º). De existir una sexta banca, correspondería al Partido A y, 
así, sucesivamente. 
Requisitos para acceder al cargo 
El artículo 48° establece que para ser diputado “se requiere haber cumplido la edad de veinticinco 
años, tener cuatro años de ciudadanía en ejercicio, y ser natural de la provincia que lo elija, o con dos 
años de residencia inmediata en ella”. Para esto, los requisitos que establece son tres: 
 Edad: 25 años. Una persona de 24 años de edad puede presentarse como candidata a diputada/o en la medida 
que al momento de asumir la banca haya cumplido los 25 años. 
 Ciudadanía: 4 años. No es necesario ser argentina/o nativo: las personas extranjeras pueden ser diputadas/os 
en la medida que hayan adoptado la ciudadanía con una antigüedad de 4 años. 
 En cuanto al vínculo con la provincia a representar, se admiten dos opciones, haber nacido en ella, o haber 
nacido en otro lugar pero haber fijado la residencia en ella, con una antigüedad de 2 años. 
Duración en el cargo 
El artículo 50° dispone que: 
Los diputados durarán en su representación por cuatro años, y son reelegibles; pero la Sala se renovará 
por mitad cada bienio; a cuyo efecto los nombrados para la primera Legislatura, luego que se reúnan, 
sortearán los que deban salir en el primer período. 
Vale decir que la duración del mandato es de 4 años, y son reelegibles sin límite de veces. 
Es importante destacar que la cámara se renueva por mitades, lo que explica por qué votamos diputados 
cada dos años y no cada cuatro. De esta manera, de los 70 diputados de la Provincia de Buenos Aires, 35 se 
elegirán en un turno legislativo y 35 en el siguiente; de los 25 de la Ciudad de Buenos Aires 13 diputados en una 
elección y 12 en la posterior, etc. Esto implica que del total de 257 diputados, 130 se eligen con el llamado a 
elección presidencial (por ejemplo en los años 2015, 2019, 2023) y 127 en las elecciones de medio término (por 
ejemplo los años 2017, 2021, 2025). 
La Honorable Cámara de Senadores 
En la Cámara de Senadores, las provincias y la Ciudad de Buenos Aires están representadas de 
manera igualitaria: cada una de ellas cuenta con 3 bancas, indistintamente de la cantidad de habitantes que 
resida en su territorio. El artículo 54° dispone que “el Senado se compondrá de tres senadores por cada 
provincia y tres por la ciudad de Buenos Aires”. 
Esta cantidad fue incorporada en la ReformaConstitucional de 1994: antes de ella cada provincia poseía 
solo dos escaños. El objetivo de incorporar un senador más por provincia fue buscar una mejor representación 
de las minorías políticas de cada distrito. De esta manera, en la actualidad la Cámara se compone de 72 
senadores. 
Mecanismo de elección 
Otra de las modificaciones importantes que produjo la Reforma Constitucional de 1994 fue la forma 
de elección de senadoras/es: el artículo 54° introdujo la nueva forma al establecer que son 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
elegidas/os en forma directa y conjunta, correspondiendo dos bancas al partido político que obtenga 
el mayor cantidad de votos, y la restante, al partido político que le siga en total de votos. 
Antes de la reforma, eran las legislaturas locales las que elegía a senadoras y senadores, lo que hacía que el 
pueblo no participara directamente en la elección de sus representantes provinciales en el Senado. 
El nuevo sistema posee dos aspectos. Por un lado, establece la elección, que será directa -sin 
intermediación, a diferencia del sistema anterior- y conjunta -de tres senadoras/es a la vez y en el 
mismo acto, y no por separado. Por otro lado, define el modo de asignación de cada banca: dos 
senadoras/es corresponderán al partido más votado, un/a senador/a a la segunda fuerza. Aquí no hay 
que hacer cuentas ni utilizar la calculadora, y no importa tampoco la diferencia de votos entre la primera fuerza 
electoral y la segunda. 
Requisitos para acceder al cargo 
El artículo 55° reza: 
Son requisitos para ser elegido senador: tener la edad de treinta años, haber sido seis años ciudadano de 
la Nación, disfrutar de una renta anual de dos mil pesos fuertes o de una entrada equivalente, y ser 
natural de la provincia que lo elija, o con dos años de residencia inmediata en ella. 
Establece, entonces, cuatro parámetros: 
 Edad: 30 años. La diferencia de edad con respecto a las/os diputadas/os podría interpretarse como una 
reminiscencia del senado de la antigua Grecia, que estaba compuesto por los ancianos que aportaban su 
experiencia y sabiduría (Manili, 2019). De la misma manera que para ser diputada/o, entendemos que el 
requisito de edad debe acreditarse al momento de acceder a la banca. 
 Ciudadanía: es necesario poseer una antigüedad de seis años como ciudadana/o de la nación. Tal como 
ocurre con otros cargos, las personas extranjeras naturalizadas puedan acceder al Senado. 
 Vínculo con la provincia: se mantiene la doble opción también prevista para diputadas/os, es decir que 
quien se postule para el Senado puede: o haber nacido en ella, o o haber nacido en otro lugar, pero 
haber fijado la residencia en ella con una antigüedad de 2 años. 
 Renta anual: la constitución prevé que para ser elegido senador/a, se debe percibir un ingreso de “dos 
mil pesos fuertes” 3 al año, requisito que en la práctica ha caído en desuetudo (pérdida de validez de 
una disposición debido a su ineficacia o inaplicabilidad práctica.) 
Esta exigencia podría tener su origen en un concepto propio del siglo XIX, que asimilaba riqueza a nivel 
educativo. Otra posibilidad es que se haya intentado elegir representantes que no dependieran de sus 
ingresos como senadores para ejercer el mandato, situación que los haría “más independientes” del 
poder central. Lo cierto es que con la actualización a los valores económicos actuales, el requisito resulta 
inexigible. 
Duración del cargo 
Tal como lo dispone el artículo 56°, los senadores duran seis años en el ejercicio de su mandato y son 
reelegibles indefinidamente. Al igual que la forma de elección, la duración de los mandatos también 
fue modificada por la Reforma de 1994, ya que antes de ella el cargo duraba 9 años. 
El Senado no se renueva totalmente, sino que el recambio es a razón de una tercera parte cada dos 
años. Esto explica porqué en cada turno electoral hay elecciones de Senadores, pero no en todas las 
provincias. El cronograma que se dispuso establece grupos de ocho provincias que renuevan su 
representación de manera conjunta. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Atribuciones 
Ambas Cámaras del Congreso realizan todas las atribuciones previstas en el artículo 75° de la 
Constitución Nacional. Solamente algunas pocas atribuciones resultan propias de cada una de las 
Cámaras. A continuación nos referimos a ellas. 
Funciones propias de la Cámara de Diputados 
En cuanto a la iniciativa sobre leyes, le corresponde exclusivamente aquellas que versen sobre: 
 Impuestos (artículo 52°). 
 Reclutamiento de tropas (artículo 52°). 
 Propuesta para someter a consulta popular un proyecto de ley (artículo 40°). 
 De la misma manera, los proyectos propuestos a través del mecanismo de iniciativa popular se deben presentar 
exclusivamente ante esta cámara (artículo 39°). 
 Finalmente, la Cámara de Diputados es la que acusa, ante el Senado, a la/el presidenta/e, vicepresidenta/e, al 
jefa/e de gabinete, a las/os ministras/os y a los miembros de la Corte Suprema, en las causas de juicio político se 
intenten contra ellos. Para iniciar el juicio, se debe obtener el respaldo de las dos terceras partes de sus miembros 
presentes. 
Funciones de la Cámara de Senadores 
En los casos de juicio político, al Senado le corresponde juzgar a los acusados por la Cámara de Diputados. 
Para declarar a un funcionario o funcionaria culpable, se deberá contar con la conformidad de los dos tercios 
de los miembros presentes (artículo 59°). 
En cuanto a la iniciativa sobre leyes, le corresponde exclusivamente aquellas que versen sobre: 
 Coparticipación federal (artículo 75°, inc. 2) 
 Crecimiento armónico de la Nación y al poblamiento de su territorio y la promoción de políticas diferenciadas 
que tiendan a equilibrar el desigual desarrollo relativo de provincias y regiones (artículo 75°, inc. 17) 
A su vez, le presta acuerdo a la/el presidenta/e para: 
 Declarar el estado de sitio, uno o varios puntos de la República en caso de ataque exterior (artículos 61° y 99°, 
inc. 16) 
 Nombrar a magistradas/os de la Corte Suprema (con dos tercios de sus miembros presentes) y a juezas y jueces 
de los tribunales federales inferiores, en base a una propuesta vinculante en terna del Consejo de la Magistratura 
(artículo 99°, inc. 4) 
 Nombrar y remover a embajadores/as y ministras/os plenipotenciarios, y encargadas/os de negocios (artículo 
99°, inc. 7) 
 Proveer los empleos militares de la Nación en la concesión de los empleos o grados de oficiales superiores de las 
Fuerzas Armadas (artículo 99°, inc. 13) 
El Poder Ejecutivo 
El artículo 87° dispone que el Poder Ejecutivo de la Nación será desempeñado por un ciudadano con el 
título de "Presidente de la Nación Argentina". 
Esto quiere decir que nuestro Ejecutivo es unipersonal: si bien la vicepresidencia, la jefatura de gabinete 
y los ministerios pertenecen a la órbita de este poder, el ejercicio del Poder Ejecutivo no es colegiado, 
sino que es desempeñado por un solo ciudadano o ciudadana. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Mecanismo de elección 
Uno de los principales rasgos que diferencia a los sistemas parlamentarios de los presidencialistas es 
que en estos últimos, la elección del Poder Ejecutivo se realiza en forma separada de la del Poder 
Legislativo. En los sistemas parlamentarios, en cambio, se elige a los miembros del Congreso y son 
ellos los que, luego, eligen a la/el presidenta/e o jefa/e de gobierno. 
La elección del Poder Ejecutivo en la Argentina es directa, con doble vuelta y en distrito único. 
 Directa. Esto significa que no existe intermediación entre el resultado electoral y la designación en el 
cargo. Antes de la reforma de 1994,la elección presidencial se realizaba a través de colegios electorales: 
el pueblo votaba a electores y estos, luego, elegían al presidente. Este mecanismo, que era de elección 
indirecta, se asemejaba al sistema parlamentario en cuanto a la intermediación. Sin embargo, el 
Colegio Electoral no estaba conformado por el poder legislativo, sino que era constituido meramente a 
los efectos de elegir al presidente y vice, luego de lo cual era disuelto. El Colegio Electoral fue suprimido 
con la Reforma Constitucional. De esta manera, se evitó distorsionar la voluntad popular, que podría 
ocurrir en el caso de que los electores votaran por una candidata o candidato o distinto del que postulaban en la 
elección. También se evitó que se envistiera como presidente o presidenta a quien que no había obtenido la 
mayoría de los votos. 
 Doble vuelta. El diseño institucional prevé dos vueltas electorales para elegir el cargo de la 
presidencia de la nación: una primera vuelta, en la que se presentan todas las candidaturas que 
cumplen los requisitos exigidos y, una segunda vuelta, a la que acceden las dos fórmulas presidenciales 
más votadas. Esta segunda opción puede no realizarse en los siguientes casos: 
o Si la fórmula más votada la primera vuelta obtiene el 45% de los votos afirmativos válidamente 
emitidos (artículo 97°). 
o Si la fórmula más votada en la primera vuelta obtiene como mínimo el 40% de los votos 
afirmativos válidamente emitidos y, además, existiere una diferencia mayor de 10% respecto de 
la segunda fórmula más votada (artículo 98°). 
 Distrito único. El país es un único distrito sin divisiones ni circunscripciones de ninguna índole 
donde cada voto vale exactamente lo mismo. De esta manera, se busca evitar que las provincias 
sobrerrepresentadas tengan más incidencia en el resultado de la elección que las subrepersentadas. 
Requisitos para acceder al cargo 
El artículo 89° establece que: 
Para ser elegido presidente o vicepresidente de la Nación, se requiere haber nacido en el territorio 
argentino, o ser hijo de ciudadano nativo, habiendo nacido en país extranjero; y las demás 
calidades exigidas para ser elegido senador. 
De modo que los requisitos son: 
 Nacionalidad. Admite dos posibilidades, solamente haber nacido en el territorio argentino, o haber 
nacido en el extranjero pero hijo de ciudadano nativo. 
Si bien nuestra constitución equipara en todo a las personas extranjeras con las nativas, aquí se establece la única 
diferenciación en todo su articulado. Presumiblemente motivado por la gran cantidad de exiliados que 
había dejado el régimen de Rosas antes de la sanción de la Constitución, se incluyó esta curiosa 
excepción para extranjeros hijos de nativos argentinos. 
 Ciudadanía. Del mismo modo que para ser senador o senadora, es requisito contar con 6 años de 
ciudadanía. Dicho requisito es exigible solamente si quien se postula ha nacido en país extranjero y es 
hijo/a de ciudadana/o nativa/o, toda vez que si nació en territorio argentino, la antigüedad de su ciudadanía 
se remite a la fecha de su nacimiento. 
 Edad: 30 años. Los presidentes más jóvenes fueron Nicolás Avellaneda y Julio Argentino Roca, ambos con 37 
años de edad al momento de asumir. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
El resto de los requisitos exigidos para ser senador o senadora no resultan aplicables: el vínculo con la 
provincia, naturalmente resulta improcedente, en el caso del Presidente de la Nación, y el mínimo de ingreso, 
tal como desarrollamos anteriormente, ha caído en desuetudo. 
Duración 
Quien ocupa la presidencia y la vicepresidencia dura cuatro años en sus funciones y puede ser 
reelecta/o solamente para un período consecutivo. Para aspirar a un tercer mandato debe existir un 
intervalo de un período presidencial completo. La misma disposición rige cuando se han sucedido 
recíprocamente. 
Esta modificación fue introducida por la Reforma del 94. Hasta entonces, la/el presidenta/e duraba 
en sus funciones seis años, y no podía ser reelegida/o, si no existía un período intermedio. 
Atribuciones 
Las atribuciones del Poder Ejecutivo están especificadas en el artículo 99°. En esta asignatura, nos 
centraremos en las funciones colegislativas (inc. 2), legislativas (inc. 3) y de participación en la selección de 
magistrados (inc. 4), que desarrollaremos más adelante. 
El Poder Judicial 
La administración de justicia es una competencia que las provincias no han delegado. El Poder Judicial del 
Estado federal solamente se reserva el conocimiento en ciertas causas, debiendo todas las demás ser 
tramitadas ante los poderes judiciales de las provincias. 
La organización judicial del país, entonces, se divide en dos grandes segmentos: 
 La Justicia nacional, con competencia federal, ejerce sus atribuciones en todo el territorio de la 
República. Está regulada por los artículos 108° a 119° de la Constitución. 
 Las Justicias provinciales, de carácter ordinario y común, ejercen sus funciones a través de los órganos 
judiciales que cada provincia debe crear y organizar con prescindencia del Estado central. (artículos 5° y 
129° de la Constitución Nacional). 
Existen, entonces, 24 poderes judiciales ordinarios: uno por cada una de las 23 provincias y uno por la 
Ciudad de Buenos Aires. Estos poderes judiciales tienen las siguientes características comunes: 
 Tienen competencia solo dentro del territorio de la provincia o jurisdicción correspondiente. 
 Las autoridades y funcionarias/os son decididos de acuerdo con las normas provinciales. 
 Las normas procesales son sancionadas por las legislaturas locales. 
 La justicia ordinaria se ocupa de todas las causas regidas por el derecho local (la Constitución de la provincia de 
que se trate, las leyes de la provincia, las disposiciones de la administración local) y de las causas concernientes a 
la aplicación de los Códigos Civil, Comercial, Penal, de Minería y del Trabajo y Seguridad Social, con las reservas 
hechas en el artículo 75°, inc. 12 de la Constitución. 
En este Apunte nos ocuparemos de la Justicia nacional, ya que es la que forma parte de los Poderes del Estado 
nacional. 
Composición 
El artículo 108° establece que el Poder Judicial de la Nación será ejercido por una Corte Suprema de 
Justicia y por los demás tribunales inferiores que el Congreso estableciere en el territorio de la nación. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Existe, entonces, una clara diferenciación entre la Corte Suprema, que es creada por la Constitución 
de manera expresa, y el resto de los tribunales, cuya composición y estructuración será definida por el 
Congreso. 
Con respecto a la Corte Suprema, no define la cantidad de sus integrantes. Es la Ley 26.183, la que establece 
que: 
La Corte Suprema de Justicia de la Nación estará compuesta por cinco (5) jueces. Ante ella actuarán el 
Procurador General de la Nación y los Procuradores Fiscales ante la Corte Suprema de Justicia de la 
Nación y los Defensores Oficiales ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación. 
La disposición constitucional posibilita que el total de miembros sea alterado sin necesidad de 
recurrir a una reforma constitucional, sino solamente modificando la ley vigente con una nueva 
mayoría parlamentaria. Fue así que en abril de 1990, durante el gobierno de Carlos Menem, se 
sancionó la Ley 23.774 que ampliaba sus integrantes a nueve miembros. Esa nueva composición de la 
Corte pasó a la historia como la de “la mayoría automática”. 
Hacia fines del siglo pasado, se inició un proceso de recambio de sus miembros, que motivó la 
sanción de actual ley con el restablecimiento de la cantidad de sus miembros, en cinco. 
Con respecto a los tribunales inferiores, la Constitución no establece composición, integración o estructuraciónalguna. A grandes rasgos podemos estructurarlo en a) Juzgados de Primera Instancia, b) Cámaras de 
Apelaciones, c) Cámara de Casación Penal, d) Cámara Nacional Electoral y finalmente e) Corte Suprema. 
Es decir que para las cuestiones penales, hay una instancia más que para el resto de los fueros (la 
cámara de Casación), y para los temas electorales existe una Cámara Nacional, sin juzgados de 
primera instancia, ya que esta función es ejercida por los Juzgados Federales de primera instancia con 
competencia electoral. 
Mecanismos de Elección 
Jueza/es de la nación son nombrados por la/el presidenta/e de la nación, con acuerdo del Senado. 
Sin embargo, el procedimiento y las mayorías requeridas difieren si se trata de la Corte Suprema o de 
los tribunales inferiores. 
 Miembros de la Corte Suprema: nominados por la/el presidenta/e, se requiere acuerdo del Senado por dos 
tercios de sus miembros presentes, en sesión pública, convocada al efecto. 
 Juezas y jueces de los tribunales inferiores: nominadas/os por la/el presidenta/e, en base a una 
propuesta vinculante en terna del Consejo de la Magistratura (artículo 116° de la Constitución), con acuerdo del 
Senado, en sesión pública, en la que se tendrá en cuenta la idoneidad de las/os candidatas/os. 
Requisitos para acceder al cargo 
Están regulados en el artículo 111° y son iguales, tanto para juezas y jueces de la Corte Suprema, como para los 
de los tribunales inferiores: 
 Ser abogada/o con ocho años de ejercicio. 
 Cumplir los requisitos para ser senador/a, de los cuales solo resultan exigibles los correspondientes a la edad (30 
años) y la ciudadanía (6 años como ciudadana/o de la nación). 
Duración en el cargo 
Está estipulado en el artículo 110° que el cargo de juez está supeditado a la buena conducta del 
magistrado: son vitalicios y solo cesan por renuncia, jubilación, muerte o juicio político. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
El hecho de que los cargos sean vitalicios tiene por finalidad ser una garantía para que juezas y jueces 
puedan emitir sus sentencias sin condicionamientos de ningún tipo. Si tuvieran que ser reelegidos o 
someterse a reválidas periódicas, su trabajo podría verse influenciado por quienes deben efectuar el nuevo 
nombramiento. 
En relación son sus remuneraciones, para evitar el condicionamiento por hipotéticos recortes 
salariales provenientes del poder político, es que el artículo 110° establece que, mientras 
permaneciesen en sus funciones, sus salarios no podrán ser disminuidos de manera alguna. 
Atribuciones 
Como hemos dicho, la administración de justicia es una competencia no delegada al gobierno federal, 
es decir, está reservada a los gobiernos de cada provincia. Sin embargo, el artículo 116° establece una 
excepción a esta regla, enumerando cuáles serán las causas de competencia de los juzgados federales. 
De esta manera, corresponde a la Corte Suprema y a los tribunales inferiores el conocimiento y 
decisión de todas las causas que versen sobre: 
 Cuestiones regidas por la Constitución, las leyes de la Nación (con la reserva hecha en el inc. 12 del artículo 75°) 
y los tratados con las naciones extranjeras. 
 Las causas concernientes a embajadores, ministros, cónsules extranjeros. 
 Las causas de almirantazgo y jurisdicción marítima. 
 Los asuntos en que la nación sea parte. 
 Las causas que se susciten entre dos o más provincias; entre una provincia y los vecinos de otra; entre vecinos de 
diferentes provincias y entre una provincia o sus vecinos, contra un Estado o ciudadano extranjero 
La regla general es que la competencia sobre las causas se estructura en base a la apelación. Es decir 
que, primero, resuelven los juzgados de primera instancia. Si la decisión no satisface a alguna de las 
partes y alguna de ellas apela, entenderán las cámaras de apelación. En última instancia, luego del 
fallo de las cámaras de apelación, siempre y cuando se cumplan los requisitos de acceso y alguna de 
las partes apele la decisión, la causa podrá ser resuelta por la Corte Suprema. 
Esto es así, salvo por lo dispuesto en el artículo 117°, que plantea una excepción a esta regla: cuando se trate 
de asuntos concernientes a embajadoras/es, ministras/os y cónsules extranjeras/os, y en los que 
alguna provincia fuese parte, la Corte tendrá competencia originaria y exclusiva. Esto quiere decir 
que se accederá a esta instancia, sin intervenir los tribunales inferiores. Para el resto de las causas que 
pueden llegar a su conocimiento, la Corte Suprema ejercerá su jurisdicción por vía de apelación, tal 
como describimos en el párrafo anterior. 
Los derechos de las mujeres en la Constitución Nacional. Convenciones internacionales y 
medidas de acción positiva 
Introducción 
Con la Reforma de 1994 se incorporaron a nuestra Constitución una serie de artículos que 
introdujeron en derechos de las mujeres y obligaciones por parte del Estado. En este apunte, analizamos 
cada uno de ellos en detalle. 
El artículo 37°: derechos políticos de las mujeres 
El artículo 37° de nuestra Carta Magna establece: 
Esta Constitución garantiza el pleno ejercicio de los derechos políticos, con arreglo al principio de la 
soberanía popular y de las leyes que se dicten en consecuencia. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
El sufragio es universal, igual, secreto y obligatorio. La igualdad real de oportunidades entre 
varones y mujeres para el acceso a cargos electivos y partidarios se garantizará por acciones 
positivas en la regulación de los partidos políticos y en el régimen electoral. 
La desigualdad de oportunidades entre varones y mujeres a lo largo de la historia se vio reflejada en cada uno 
de los ámbitos de la vida pública y privada de las mujeres. El ámbito político-partidario fue uno de ellos por lo 
que, en consecuencia, con la sanción de este artículo se busca garantizar la igualdad real de 
oportunidades a través de acciones positivas. De este modo, es obligación del Estado llevar a cabo 
acciones concretas en pos de los derechos políticos de las mujeres. 
Con anterioridad a la incorporación de este artículo, en 1991, a través de la sanción de la Ley 24012, se 
estableció un piso mínimo de representación de mujeres en las listas partidarias para los cargos 
legislativos nacionales. Estas debían estar compuestas de, al menos, un 30% de mujeres. Nuestro país 
fue pionero en la sanción de una ley de cupo femenino que fue perfeccionándose a través de sucesivas 
reglamentaciones. La autora del proyecto original fue la senadora radical y feminista Margarita Malharro de 
Torres. Sin embargo, esta ley no fue suficiente. Es por ello que en 2017, se sancionó la Ley de paridad N 
27412 que dejó atrás el cupo, buscando la efectiva igualdad en el ámbito de representación política. 
De acuerdo a esta ley, a partir de las elecciones para la renovación parcial de ambas cámaras, en 2019, 
las listas legislativas deben contener un 50% de candidatas mujeres y ubicarse de forma intercalada. 
Esta ley modifica el artículo 60° bis del Código Electoral Nacional estableciendo que: 
las listas de candidatos/as que se presenten para la elección de senadores/as nacionales, 
diputados/as nacionales y parlamentarios/as del Mercosur [distrito nacional único 
plurinominal] deben integrarse ubicando de manera intercalada a mujeres y varones desde 
el/la primer/a candidato/a titular hasta el/la último/a candidato/a suplente. 
El artículo 75°, inc. 22: convenciones internacionales 
El artículo 75°, inc. 22 otorgó jerarquía constitucional a los tratados internacionales de D.D.H.H. y 
establece que corresponde al Congreso: 
Aprobar o desechar tratados concluidos con las demás naciones y con las organizaciones 
internacionales y los concordatos con la Santa Sede. Los tratados y concordatos tienenjerarquía superior a las leyes. 
La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre; la Declaración Universal de 
Derechos Humanos; la Convención Americana sobre Derechos Humanos; el Pacto 
Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales; el Pacto Internacional de Derechos 
Civiles y Políticos y su Protocolo Facultativo; la Convención sobre la Prevención y la Sanción del 
Delito de Genocidio; la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de 
Discriminación Racial; la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de 
Discriminación contra la Mujer; la Convención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, 
Inhumanos o Degradantes; la Convención sobre los Derechos del Niño; en las condiciones de su 
vigencia, tienen jerarquía constitucional, no derogan artículo alguno de la primera parte de 
esta Constitución y deben entenderse complementarios de los derechos y garantías por ella 
reconocidos. Sólo podrán ser denunciados, en su caso, por el Poder Ejecutivo Nacional, previa 
aprobación de las dos terceras partes de la totalidad de los miembros de cada Cámara. 
Los demás tratados y convenciones sobre derechos humanos, luego de ser aprobados por el 
Congreso, requerirán del voto de las dos terceras partes de la totalidad de los miembros de 
cada Cámara para gozar de la jerarquía constitucional. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
A partir de los postulados que emanan de los tratados internacionales con jerarquía constitucional, en 
especial de la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la 
Mujer (CEDAW), se incorporaron a nuestro ordenamiento jurídico una serie de derechos y 
obligaciones que incrementaron la esfera de protección hacia la mujer. 
La CEDAW se aprobó en 1979 y consagró los derechos civiles, sociales y políticos de las mujeres. La 
Argentina ratificó esta Convención en 1985, y en 1994 adquirió jerarquía constitucional, conformando el 
bloque de constitucionalidad que vimos en la primer parte de la asignatura. 
La importancia de la CEDAW radica en las responsabilidades que le atribuye al Estado para alcanzar 
la igualdad entre mujeres y varones. Estas responsabilidades se resumen del siguiente modo: 
 Abolir leyes, costumbres, reglamentos y prácticas en vigor que constituyan una discriminación contra 
la mujer. 
 Consagrar en la Constitución el principio de igualdad de derechos entre mujeres y hombres y aceptar, 
por la vía de la ratificación o de la adhesión, los instrumentos internacionales de las Naciones Unidas y de las 
organizaciones especializadas, relacionados con la eliminación de la discriminación contra la mujer. 
 Tomar medidas para formar una opinión pública favorable y motivar a todos los sectores de la sociedad 
para desterrar los prejuicios y las conductas cotidianas fundadas en la idea de inferioridad de la mujer. 
 Solicitar a los Estados la creación de un sistema de protección jurisdiccional de los derechos de las 
mujeres y garantizar, mediante la acción de los tribunales, la protección efectiva de la mujer. En esta 
línea, los Estados deben abolir todas las disposiciones penales que constituyan discriminación contra las mujeres. 
En el ámbito de las políticas públicas, la CEDAW establece la necesidad de implementar acciones 
afirmativas, es decir, la obligación de ejecutar políticas tendientes a eliminar la discriminación, 
especialmente en campos como la participación política, la educación; los derechos en el ejercicio de 
la actividad económica y de la igualdad de derechos con el hombre, para las mujeres casadas; y en el 
derecho privado, especialmente, en lo relacionado con la herencia, la libre circulación, la libertad para 
escoger pareja, contraer matrimonio y en el ejercicio de la autoridad parental. 
Por otra parte, en el ámbito regional, es importante mencionar a la Convención para Prevenir, Sancionar y 
Erradicar la Violencia contra la Mujer, conocida como Convención de Belém do Pará. Fue aprobada 
el 9 de junio de 1994 por la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) y fue 
ratificada posteriormente por la República Argentina mediante Ley 24632, en el año 1996. 
Allí se reconoce que la violencia contra las mujeres “constituye una violación de los derechos 
humanos y las libertades fundamentales”. A su vez, define la violencia en sus distintos tipos y ámbitos 
de manifestación, tanto en el ámbito público como en el privado, y estipula obligaciones precisas de 
los Estados a efectos de prevenir, investigar y sancionar estos hechos. Los Estados firmantes se 
comprometieron a implementar políticas específicas, diseñar programas de educación formales y no 
formales y fomentar la educación y capacitación del personal en la administración de justicia, policial 
y demás funcionarios encargados de la aplicación de la ley. 
En nuestro país, la Convención de Belém do Pará junto con la CEDAW constituyen los instrumentos 
internacionales más relevantes en lo que refiere a la interpretación de los derechos humanos de las mujeres y las 
obligaciones del Estado en materia de no violencia y discriminación basada en su género. 
El artículo 75°, inc. 23: las medidas de acción positiva 
Con la incorporación del artículo 75°, inc. 23 se introdujo una obligación para el Estado respecto al 
pleno ejercicio de los derechos de las mujeres. Este inciso expresa que corresponde al Congreso: 
Legislar y promover medidas de acción positiva que garanticen la igualdad real de 
oportunidades y de trato, y el pleno goce y ejercicio de los derechos reconocidos por esta 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Constitución y por los tratados internacionales vigentes sobre derechos humanos, en particular 
respecto de los niños, las mujeres, los ancianos y las personas con discapacidad. 
¿Por qué la Constitución -dentro de las atribuciones del Congreso establece específicamente 
promover medidas de acción positiva para garantizar el pleno goce de los derechos constitucionales 
de las mujeres? ¿Qué son las medidas de acción positiva? 
Al respecto, Bidart Campos (2008) sostiene: 
Es harto evidente que en esta norma hay una remisión explícita a la parte dogmática, y al inciso 22 del 
artículo 75°, y que en el 23 se imprime una tónica indudable de constitucionalismo social. 
También dice: 
Donde quiera que haya o pueda haber una necesidad, una diferencia, una minusvalía, allí hay 
que reforzar la promoción de la igualdad real y de los derechos humanos. 
Las medidas de acción positiva guardan íntima relación con el derecho a la igualdad ante la ley y la 
no discriminación, derecho consagrado en el artículo 16° de la Constitución Nacional y en numerosos 
tratados internacionales de los que Argentina forma parte. 
Las medidas de acción positiva son definidas como aquellas que tienen por finalidad garantizar la 
igualdad real de trato, eliminando los impedimentos culturales que condicionan y limitan la igualdad 
en los hechos (Gelli, 2004). Exigen una respuesta concreta por parte del Estado, comprendiendo que 
no se trata solamente de consagrar determinados derechos, sino de imponer a los poderes el deber de 
promover medidas para hacerlos accesibles y disponibles a todos (Sabsay, 2011). 
Cuando se habla de estas medidas, es preciso tener en cuenta el concepto de discriminación positiva o 
discriminación inversa: el objetivo es conectar la igualdad jurídica consagrada en las normas, con la igualdad 
real. Se favorece a determinadas personas o grupos sociales en mayor proporción que a otras, con el objetivo 
de equilibrar la desigualdad que se produce de hecho. Según Sabsay (2011), las discriminaciones positivas son 
aquellas consistentes en crear una situación diferencial para el grupo que sufre el acto discriminatorio 
y que tengapor objeto combatir las conductas sociales que impidan la vigencia del principio de 
igualdad”. 
Derechos de las mujeres: una deuda pendiente 
El avance de la sociedad en materia de igualdad es claro, sin embargo las estructuras de poder no se 
han modificado de manera sustancial y subsisten distinciones de género profundamente arraigadas. 
Pese a los avances obtenidos por las mujeres en distintos ámbitos como la política y el mercado laboral, aún 
hoy subsisten conductas que las segregan y que dificultan la existencia de una igualdad real de oportunidades. 
Entre las situaciones que hoy dificultan esta igualdad, podemos mencionar: 
 La brecha salarial: los hombres cobran un salario 20,2% mayor que las mujeres. 
 El llamado “impuesto rosa” o “impuesto de género” por el cual las empresas de consumo masivo 
tienden a cobrar algo más por los productos para mujeres. 
 La desigualdad en cuanto a las tareas de cuidado que, históricamente han estado a cargo de las 
mujeres y cuya situación no cambió a pesar de haberse insertado en el mercado de trabajo. 
En este sentido, podemos afirmar que la desigualdad entre hombres y mujeres sigue siendo una deuda 
pendiente para el pleno desarrollo de las mujeres, tanto en su esfera privada como pública. Las 
medidas de acción positiva deben tender no solo a modificar desigualdades, sino también a cambiar 
las estructuras que las promueven y reproducen. Entendemos que este sigue siendo un desafío para el 
Estado. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Principios de legalidad, reserva y clausura. Garantías constitucionales del proceso penal 
Introducción 
Podemos definir al derecho penal como el conjunto normas que protegen bienes jurídicos 
determinados, con el fin de lograr o proveer seguridad jurídica y paz social. La afectación de esos 
bienes jurídicos se denomina delito y la consecuencia que recibe el delito es una sanción o pena. 
A grandes rasgos, podemos diferenciar dos tipos de bienes jurídicos tutelados por el derecho penal: 
 Los bienes jurídicos individuales son aquellos vinculados a cuestiones de la persona, como individuo. 
Ejemplos de bienes jurídicos individuales son la vida, la integridad corporal, el honor, el patrimonio o la 
libertad. 
 Los bienes jurídicos de la colectividad son los valores comunes de la sociedad, como por ejemplo, la 
paz, la salud y seguridad pública, la probidad de la administración pública, etc. 
De esta manera, encontramos que el Código Penal encuadra los delitos en grandes grupos: por un lado, 
los delitos contra las personas, el honor, la integridad sexual, el estado civil, la libertad y la propiedad, 
que tutelan bienes jurídicos individuales; y, por el otro, delitos contra la seguridad pública, el orden 
público, la seguridad de la nación, los poderes públicos y el orden constitucional, la fe pública, el 
orden económico y financiero y la administración pública, relacionados con bienes jurídicos de la 
colectividad. 
El Estado tiene el poder y la autoridad para imponer las sanciones establecidas en el Código Penal 
porque ostenta el monopolio legítimo del uso de la fuerza. Este procedimiento que limita ciertas acciones 
y obliga a cumplir determinadas conductas se denomina coerción. Las garantías constitucionales del 
derecho penal son los límites que se le imponen al Estado a la hora de ejercer esa tarea. 
Estas garantías se desprenden del propio texto de la Constitución Nacional, particularmente de los artículos 
18° y 19°, y también se encuentran en algunos de los tratados internacionales de derechos humanos que forman 
parte del bloque de constitucionalidad. 
Tres principios rectores 
Principio de legalidad 
El principio de legalidad es uno de los más importantes del derecho constitucional moderno. Se basa en 
aplicar a los hechos, las normas vigentes en ese momento, de forma exclusiva, y nunca las 
sancionadas con posterioridad. En materia penal, esto significa en que una persona no puede ser 
condenada por acciones que no eran estipuladas como delito por las leyes vigentes al momento de 
cometerse. 
En latín se lo expresa como nullum crimen nulla poena sine lege, que se traduce como “no hay delito no hay 
pena sin ley” y, como mencionamos anteriormente, está contenido tanto en la Constitución Nacional (la 
primera parte del artículo 18° expresa este principio al disponer que: “Ningún habitante de la Nación 
puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso”), como en numerosos 
tratados internacionales con jerarquía constitucional. 
Una de las características de la ley como fuente del derecho es su irretroactividad, que significa que todas las 
leyes disponen para el futuro, nunca para el pasado. El principio de legalidad implica la necesidad de 
que exista una ley previa al hecho que se reputa ilícito. Así, si al momento del hecho, no existe una ley 
que caracterice la conducta como ilícita, no podrá llevarse adelante un juicio. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Esta ley debe describir el tipo penal, es decir, la conducta que reprochará y, además, debe contener la 
pena que prevé para ese reproche (Bidart Campos, 2006). Es importante destacar que debe ser una norma 
emanada del Congreso de la Nación, ya que es una competencia que las provincias han delegado en 
la autoridad federal. La Constitución así lo dispone en el artículo 75°, inc. 12, al establecer las atribuciones 
del Congreso. También, en el 126°, donde expresamente prohíbe que las provincias dicten los 
Códigos Civil, Comercial, Penal y de Minería, después de que el Congreso los haya sancionado. 
En el mismo sentido, la Constitución impide que los decretos de necesidad y urgencia sancionados por 
el Poder Ejecutivo (artículo 99°, inc. 3) y los proyectos que pueden ser presentados a través del 
mecanismo de iniciativa legislativa popular (artículo 39°) sean referidos a materia penal, reforzando el 
rol del Congreso en la sanción de este tipo de normas. 
Por otro lado, la redacción de la Constitución es clara en cuanto a que la ley debe ser previa al hecho que da 
origen al proceso. Va de suyo que entre el hecho y el comienzo del proceso judicial existe un lapso de 
tiempo: cualquier ley que se sancione durante ese transcurso no será aplicable, pues el hecho que 
desencadena el juicio es anterior. 
Sin embargo, existe una importante excepción a este aspecto del principio de legalidad y de 
irretroactividad de la ley. 
Está consagrado en el artículo 2° del Código Penal: 
Si la ley vigente al tiempo de cometerse el delito fuere distinta de la que exista al pronunciarse 
el fallo o en el tiempo intermedio, se aplicará siempre la más benigna. Si durante la condena se 
dictare una ley más benigna, la pena se limitará a la establecida por esa ley […]. 
A este principio se lo conoce como ley penal más benigna, y se basa en que si luego de la comisión del 
delito, la ley dispone una pena más leve que la vigente al momento del hecho, el imputado se 
beneficiará de ello y recibirá la pena más leve. 
La raíz de esta aplicación de la ley más benigna radica, precisamente, en la tutela de bienes jurídicos 
que efectúa el derecho penal que describíamos al inicio. Se entiende que si la ley prevé una pena más 
baja, es porque la afectación del bien jurídico tutelado se considera menos grave. De esta manera, si al 
momento de cometerse el hecho, la valoración del bien jurídico que el imputado afectó era más baja que en la 
actualidad, según el principio de legalidad, corresponde aplicar la valoración vigente al momento de cometerse 
el hecho. En cambio, si al momento de cometerse la afectación al bien jurídico tutelado, la valoración (y por lo 
tanto la pena prevista) era mayor que en la actualidad, eso quiere decir que la afectación a ese mismo bien 
jurídico es considerada menosofensiva. Esto implica que la aplicación de una pena que hoy no se prevé, sería 
un trato cruel y de ensañamiento con el imputado. 
Principio de reserva o intimidad 
Contenido en la primera parte del artículo 19° de nuestra constitución, el principio de reserva o intimidad 
establece que las acciones privadas de los hombres que no alteren el orden y la moral pública, ni 
perjudiquen a un tercero, no pueden ser perseguibles penalmente, porque no afectan a ninguno de los 
bienes jurídicos tutelados por el derecho penal. El artículo 19° establece que: 
las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni 
perjudiquen a un tercero, están solo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados. 
La doctrina ha sostenido que este principio configura una esfera de intimidad, dentro de la cual cada 
persona dispone de un espacio de libertad individual que no puede ser invadido, y que lo que haga dentro de 
ese espacio no puede ser sometido a restricción alguna. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Dicha esfera de intimidad no solo apunta a la no intromisión de personas físicas, sino fundamentalmente a la 
no intromisión de la autoridad estatal. Vale decir que el Estado no debe imponer ideales de vida ni 
interferir con las conductas privadas de los particulares. Contrariamente, debe ofrecer el marco de 
libertad suficiente y proveer las medidas necesarias para que cada individuo pueda realizar su propio 
plan de vida con autonomía sobre su persona. 
Esta visión rechaza la concepción de un Estado paternalista que impone y defiende estándares de 
vida, normas de tipo ético o valoraciones morales -pero no jurídicas- sobre determinadas conductas y/o 
idealizaciones de excelencia y perfeccionismo humano. Sin embargo, la Constitución establece un límite 
para el goce de esta reserva, intimidad o autonomía: que la conducta llevada a cabo en dicho ámbito 
privado no perjudique a terceros, ni al “orden y la moral pública”. 
Queda claro que perjudicar a terceros es afectar a otras personas. Sin embargo, la expresión “orden y moral 
pública” no resulta tan clara. ¿A qué hace referencia la Constitución? Uno de los pronunciamientos más 
importantes que la Corte Suprema emitió sobre la cuestión de la intimidad es el fallo Bazterrica 
(308:1392), de 1986. En él se discute la constitucionalidad de la ley que prevé pena de prisión a quien 
tuviera en su poder estupefacientes, aunque estuvieran destinados al consumo personal. 
Esta temática fue abordada por muchos otros pronunciamientos posteriores y posiciones doctrinarias. Sin 
embargo, las bases que sentó el fallo Bazterrica fueron el puntapié inicial de una nueva consideración 
acerca de la intimidad de las personas y las afectaciones al orden y la moral pública. En el 
considerando 8°. de la sentencia (308:1392), la Corte sostiene que: 
[…] en el caso de la tenencia de drogas para uso personal, no se debe presumir que en todos 
los casos ella tenga consecuencias negativas para la ética colectiva. Conviene distinguir aquí la 
ética privada de las personas, cuya transgresión está reservada por la Constitución al juicio de 
Dios, y la ética colectiva en la que aparecen custodiados bienes o intereses de terceros […] La 
referida norma impone, así, límites a la actividad legislativa consistentes en exigir que no se prohíba una 
conducta que desarrolle dentro de la esfera privada entendida ésta […] como aquéllas que no ofendan 
al orden y la moralidad pública, esto es, que no perjudiquen a terceros. Las conductas del hombre 
que se dirijan sólo contra sí mismo, quedan fuera del ámbito de las prohibiciones. 
Para la Corte, entonces, ofender el orden y la moral públicas es perjudicar a terceros. Todo lo que se 
haga dentro de la esfera de intimidad cumpliendo ese recaudo, incluso las conductas dirigidas contra 
uno mismo, no puede ser regulado por el aparato estatal. 
Finalmente, cabe destacar que muchos derechos que son fundamentales para la realización de los planes 
personales de vida de cada individuo, y que están previstos en otros artículos de la parte dogmática de la 
Constitución, se derivan y sostienen del principio de reserva o intimidad. Por ejemplo, profesar libremente el 
culto, el derecho de objeción de conciencia y libertad de expresión; el derecho de enseñar y aprender; el de 
asociarse con fines útiles, trabajar y ejercer toda industria lícita; el de navegar y comerciar; etc. (Nino, 2003) 
Principio de clausura 
El principio de clausura está expresado en la frase de la última parte del artículo 19°: “Ningún habitante 
de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe”. Se 
trata de una consecuencia del principio de legalidad: el principio de clausura prevé que todo lo que no está 
prohibido expresamente, está permitido y que toda prohibición debe efectuarse a través de la ley. 
Solamente aquellas conductas expresamente invalidadas son las que no se pueden realizar. No existe un listado 
de acciones autorizadas o consentidas por la autoridad estatal. 
Según Bidart Campos (2006) este principio tiene por finalidad afianzar la seguridad individual de los 
gobernados determinando las conductas debidas o prohibidas, de manera que los ciudadanos 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
conocen previamente qué conductas deben omitir para no recibir sanción, “quedando exentos de 
decisiones sorpresivas que dependan solamente de la voluntad ocasional de quien manda”, otorgando 
a todo el funcionamiento de la coerción estatal cierto nivel de previsibilidad. 
Quizás es pertinente aclarar que cuando en este tipo de temáticas se habla de prohibiciones, se está haciendo 
referencia a conductas que pueden hacerse de manera fáctica, pero su realización conllevará una 
sanción. Esta es la manera en que está redactado el Código Penal. Veamos el más común de los ejemplos, el 
del homicidio, previsto en el artículo 79°, cuando afirma que: “Se aplicará reclusión o prisión de ocho a 
veinticinco años, al que matare a otro siempre que en este código no se estableciere otra pena”. Como vemos, 
en el artículo no se afirma que “está prohibido matar”, sino que establece que quien mate, tendrá una 
sanción de prisión de ocho a veinticinco años. 
En el caso del principio de clausura, cuando hablamos de ley (nadie “será obligado a hacer lo que no 
manda la ley”), debemos entenderla como ley en sentido amplio: cualquier norma (que esté apoyada en 
la ley) puede obligarnos a hacer o no hacer determinadas cuestiones. 
Las sentencias judiciales, por ejemplo, no son leyes en sentido estricto, pero pueden obligarnos a 
realizar conductas con fuerza de ley. Lo mismo sucede con los contratos: a las partes que los 
suscriben las obligan con fuerza de ley. 
El debido proceso 
El principio de inocencia 
Este es uno de los principios generales del derecho más conocidos: toda persona es inocente hasta que se 
demuestre lo contrario. ¿Y cuándo se demuestra lo contrario? Cuando el Estado, por intermedio de 
los órganos judiciales, pronuncie la sentencia penal firme que declare su culpabilidad y la someta a 
una pena. 
Es importante hacer hincapié en este punto: el principio de inocencia no cede ni ante la denuncia, ni 
durante el proceso judicial o la imputación, sino que cae, solamente, con la sentencia penal firme de 
condena. 
Numerosos tratados internacionales de derechos humanos que tienen jerarquía constitucional hacen 
referencia al principio de inocencia; entre ellos: 
 La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) establece en su artículo 11.1° que: “Toda persona 
acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad”. 
 La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (1948)que, en su artículo 26°, expresa: “Se 
presume que todo acusado es inocente hasta que se pruebe que es culpable”. 
 El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966), cuyo artículo 14.2° dispone: “Toda persona 
acusada de un delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad 
conforme a la ley”. 
 La Convención Americana sobre los Derechos Humanos (1969), en el artículo 8.2° dispone: “Toda persona 
inculpada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se establezca legalmente su 
culpabilidad…”. 
Juez natural 
Esta garantía obliga a que el juez o tribunal que va a entender en el caso haya sido creado con 
anterioridad al proceso, por una ley que ha establecido su competencia, y no de manera posterior. Se 
busca, así, evitar que el Estado designe arbitrariamente a un juez o tribunal especialmente para 
enjuiciar a una persona determinada. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Expresamente consagrada en nuestra Constitución Nacional, el artículo 18° dispone que nadie puede ser 
“juzgado por comisiones especiales, o sacado de los jueces designados por la ley antes del hecho de la 
causa”. La garantía del juez natural se encuentra además en el artículo 8.2° de la Convención Americana de 
Derechos Humanos. 
Garantía contra la autoincriminación 
Establece la prohibición de ser obligado a declarar contra uno mismo. Antiguamente la confesión del 
imputado era una medida de prueba muy valorada, de allí la expresión “a confesión de partes, relevo de 
pruebas”. Esto hacía que se utilizaran los más inhumanos mecanismos para obtener una confesión: 
tratos degradantes varios y torturas tanto físicas como psicológicas. Actualmente, gracias a esta 
garantía, no solo nadie está obligado a declarar contra sí mismo, sino que si lo hiciera, tal confesión 
debe ser acompañada por otras medidas de prueba. 
Otra manifestación de esta garantía es el derecho a mantenerse en silencio: la posibilidad de no 
declarar sin que puedan extraerse consecuencias negativas contra el imputado por no hacerlo. 
Libertad ambulatoria 
El artículo 18° de la Constitución prohíbe el arresto si no es “en virtud de orden escrita emanada de 
autoridad competente”. Es decir que solamente una persona puede ser detenida si existe una orden 
judicial que así lo disponga. 
Sin embargo, las fuerzas de seguridad se encuentran facultadas a proceder a la detención en 
situaciones en las que no resulta posible el requerimiento previo de una orden judicial: es el caso de 
los delitos que se están ejecutando en el momento, de forma clara y evidente, que se denominan 
flagrantes o de flagrancia. 
Junto con el principio de inocencia, la garantía de libertad ambulatoria permite que los acusados de 
haber cometido un delito permanezcan en libertad durante la tramitación del juicio. Sin embargo, y 
por cuestiones excepcionales, en nuestro régimen jurídico puede aplicarse lo que se conoce como 
prisión preventiva, que es el encarcelamiento del acusado previo al dictado de la sentencia. Esta 
figura hace que la garantía de libertad ambulatoria caiga, sin afectar el principio de inocencia. 
La doctrina y la jurisprudencia han establecido dos requisitos para dictaminar la prisión preventiva de 
un acusado: el riesgo de fuga (la sospecha de que el acusado tiene la intención y los medios 
suficientes fugarse) y el entorpecimiento de la investigación (que el acusado, en libertad, pueda 
obstaculizar las investigaciones que se lleven adelante en el marco de la causa). 
La Convención Americana de Derechos Humanos dispuso que los detenidos con prisión preventiva 
deben estar separados de los condenados, salvo en circunstancias excepcionales. También dispuso 
que sean sometidos a un tratamiento adecuado a su condición de personas no condenadas y, por 
tanto, todavía inocentes. 
Inviolabilidad del domicilio y papeles privados 
El artículo 18° dice: “El domicilio es inviolable, como también la correspondencia epistolar y los 
papeles privados”. Esta garantía estipula que solamente con una orden judicial fundada se puede 
acceder a un domicilio y a las propiedades de una persona, lo que se conoce procesalmente con el 
nombre de allanamiento. 
Lo mismo sucede con los papeles privados, entiendo por estos no solo a la correspondencia epistolar -
las cartas de papel-, sino también a cualquier tipo de documentación, computadoras personales y 
dispositivos similares, al correo electrónico, mensajes de texto y toda otra forma de comunicación. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
In dubio pro reo 
Es una expresión en latín que literalmente se traduce como “ante la duda, a favor del reo”. Significa que 
frente a la menor incertidumbre acerca de la responsabilidad del acusado, se le deberá favorecer, 
absolviéndolo. 
Es un principio que obliga a dos condiciones: por un lado, exige la certeza absoluta sobre la 
participación del imputado en el hecho que se le investiga. Por el otro, impone que sea el estado a 
través de la fiscalía -o la autoridad judicial que corresponda- quien deba probar la culpa del acusado y 
no este último su inocencia. 
Principio de congruencia 
Esta garantía establece que debe existir una adecuación entre lo solicitado y la decisión judicial adoptada en la 
sentencia. Para resolver, el juez o tribunal no pueden apartarse de los hechos y las cuestiones 
planteadas por las partes durante el proceso, sin poder considerar aspectos o pruebas que las partes 
no hayan aportado al juicio. 
Plazo razonable del proceso 
Este principio persigue como objetivo que una persona sea sometida a un proceso de enjuiciamiento 
excesivamente prolongado en el tiempo, de forma tal de prorrogar la situación de incertidumbre que 
importa el proceso penal. 
Si bien no está establecido formalmente cuál sería un tiempo sensato para la duración del proceso, 
puede entenderse como tal el tiempo suficiente para llevar a cabo la investigación. 
De la misma manera, si la pena máxima prevista para el delito es mayor al tiempo que lleva adoptar una 
sentencia, el delito prescribirá. Esto quiere decir que ya no es perseguible penalmente. En el ejemplo del 
homicidio que vimos anteriormente, transcurridos 25 años del hecho, el delito estará prescripto, pues 
la pena máxima -de 8 a 25 años- estaría cumplida. 
Non bis in ídem 
Otra expresión en latín, cuya traducción es “No dos veces por lo mismo”, hace referencia a lo que 
comúnmente se conoce como cosa juzgada, esto significa la imposibilidad de enjuiciar a una persona más 
de una vez por el mismo hecho. 
El objetivo de esta figura está atado a la garantía del plazo razonable al impedir que una persona 
permanezca un gran período de tiempo bajo investigación penal. 
Principio de doble conforme 
También conocido como doble instancia, consiste en la posibilidad de hacer revisar la sentencia del 
juicio ante un juez o tribunal superior. De esta manera, no basta que un juez o un tribunal considere 
culpable a la persona acusada, sino que es posible la intervención de una segunda instancia que 
examine y se pronuncie en el mismo sentido, con el objetivo de reducir las posibilidades de error o 
arbitrariedad judicial. 
Hay que remarcar que la doble conforme no es un nuevo juicio, pues de esa manera se estaría violando la 
garantía del non bis in ídem, sino que es una segunda instancia en el marco de la investigación del 
mismo hecho. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Los presos en las cárceles 
La última parte del artículo 18° de nuestra Constitución también prescribe una garantía para aquellos 
que se encuentran detenidos, ya sea cumpliendo una pena privativa de libertad o procesados con 
prisión preventiva, del siguientemodo: 
Quedan abolidos para siempre la pena de muerte por causas políticas, toda especie de 
tormento y los azotes. Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no 
para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución 
conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquélla exija, hará responsable al juez que la 
autorice. 
La Convención Americana también hace referencia, en su artículo 5°, a las personas privadas de la 
libertad. Establece como obligación que cualquier persona deberá ser tratada con el respeto debido a 
la dignidad inherente al ser humano, resguardando su integridad física, psíquica y moral. 
Tanto la Constitución, como la Convención expresan que la función que se le ha querido otorgar a la 
pena privativa de libertad tiene como objetivo la reforma y la readaptación social de los condenados y 
prohíben su imposición como castigo. 
Finalmente, es importante destacar lo dispuesto por la Convención en su artículo 5.3°, que dispone que “La 
pena no puede trascender de la persona del delincuente”. Esto, sumado a la prohibición de tortura y 
tratos inhumanos y/o degradantes es la explicación por la cual en la Argentina, en términos prácticos, 
no existen las condenas perpetuas. 
Mecanismos de garantía 
¿Qué pasa cuando un derecho constitucional es violado? Nuestra Constitución dispone de tres 
mecanismos de garantía diseñados para funcionar frente a la afectación de los derechos 
constitucionales. Son la acción de amparo, el habeas data y el habeas corpus. 
La acción de amparo 
Luego de una dilatada recepción de esta acción judicial a nivel jurisprudencial y legal (Bidart Campos, 2006) la 
reforma constitucional de 1994 incorporó al amparo en el artículo 43°. Allí dice: 
Toda persona puede interponer acción expedita y rápida de amparo, siempre que no exista 
otro medio judicial más idóneo, contra todo acto u omisión de autoridades públicas o 
particulares, que en forma actual o inminente lesione, restrinja, altere o amenace, con 
arbitrariedad o ilegalidad manifiesta, derechos y garantías reconocidos por esta Constitución, 
un tratado o una ley. En el caso, el juez podrá declarar la inconstitucionalidad de la norma en la que se 
funde el acto u omisión lesiva. 
Esto significa que toda persona que considere que una acción del Estado o de un particular altera o 
puede alterar en un futuro inmediato un derecho constitucional propio, podrá interponer la acción. 
Esta posibilidad no está circunscripta a las personas físicas, sino que se extiende a las personas 
jurídicas, como las asociaciones, empresas, etc. 
Esta acción podrá ir dirigida contra la autoridad pública, es decir, el Estado y las decisiones de sus 
funcionarios, o contra la acción de cualquier otro que, sin ser el Estado o sus agentes, lleve adelante 
una conducta que altere o amenace el ejercicio de un derecho constitucional. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Asimismo, la redacción del artículo prevé que la acción se dirija contra “todo acto de acción u omisión”, 
es decir, contra un comportamiento que se está ejerciendo o contra uno que, por no realizarse, 
amenaza el derecho. 
Si la conducta cuestionada está afectando un derecho constitucional, estamos en presencia de un 
amparo reparativo, cuyo objetivo es hacer cesar la acción que afecta el goce y ejercicio del derecho. 
En cambio, si la afectación es hacia el futuro, de manera inminente, diremos que se trata de un 
amparo preventivo, ya que busca evitar que el derecho en cuestión se vea alterado. 
Para que el amparo proceda, es necesario que no exista un medio judicial más idóneo. Esto hace 
referencia a la necesidad de que el afectado demuestre efectivamente que cualquier otro mecanismo 
judicial no haría más que dilatar el tratamiento de la cuestión, haciendo que la alteración del derecho 
se vería afectada de manera prolongada en el tiempo. Es por esta razón que el artículo presenta al 
amparo como una acción rápida y expedita, remarcando el carácter de urgente de su trámite. 
Como hemos estudiado al tratar la parte dogmática de la Constitución, el ejercicio de los derechos no es 
absoluto y se encuentra regulado por las leyes que reglamentan su ejercicio. Por eso, el artículo 43° establece 
que la alteración al derecho que motiva la acción de amparo debe ser con arbitrariedad e ilegalidad 
manifiesta, dejando en claro que la limitación al ejercicio del derecho no puede tratarse del ejercicio 
estatal del poder de policía, estableciéndose como una violación evidente, fácilmente determinable. 
Como recordarán, hemos tratado la posibilidad de declarar la inconstitucionalidad de la norma en la que se 
funde el acto u omisión lesiva cuando estudiamos el sistema del control de constitucionalidad de nuestro país. 
El denominado amparo colectivo también fue introducido por la Reforma de 1994 y está referido en el 
segundo párrafo del artículo 43°. En él, se dispuso que: 
Podrán interponer esta acción contra cualquier forma de discriminación y en lo relativo a los 
derechos que protegen al ambiente, a la competencia, al usuario y al consumidor, así como a 
los derechos de incidencia colectiva en general, el afectado, el defensor del pueblo y las 
asociaciones que propendan a esos fines, registradas conforme a la ley, la que determinará los 
requisitos y formas de su organización. 
La diferencia con el amparo individual está en el carácter de los derechos afectados. Ya no se trata de 
derechos individuales, sino referidos a los denominados derechos de incidencia colectiva, es decir, 
aquellos que tutelan bienes jurídicos comunes a todos los habitantes y que, por su naturaleza, su 
afectación resulta un menoscabo a los derechos de todos los individuos, sin distinción. 
Nos referimos fundamentalmente del medio ambiente (protegido en el artículo 41°) y del derecho del 
consumidor (artículo 42°). Cualquier acción u omisión que afecte el ambiente o las relaciones de consumo 
no estará perjudicando a una persona en particular, sino a la ciudadanía en general. En estos casos la 
Constitución le otorga la posibilidad de iniciar la acción de amparo no solamente a aquel que se 
sienta afectado, sino que la extiende al defensor del pueblo y las asociaciones que se encuentren 
debidamente registradas. 
El habeas data 
La expansión tecnológica y el cambio de los mecanismos de trabajo y socialización que produjo la 
informática posibilitaron la recolección de datos y registros de los ciudadanos, por parte del Estado y 
las corporaciones privadas. Es por ello que el artículo 43° introdujo en nuestro sistema constitucional 
un novedoso instituto orientado a garantizar el acceso de las personas a esta información personal, 
denominado habeas data: 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Toda persona podrá interponer esta acción para tomar conocimiento de los datos a ella 
referidos y de su finalidad, que consten en registros o bancos de datos públicos, o los privados 
destinados a proveer informes, y en caso de falsedad o discriminación, para exigir la supresión, 
rectificación, confidencialidad o actualización de aquéllos. No podrá afectarse el secreto de las 
fuentes de información periodística. 
Tal como quedó redactado, podría interpretarse que el hábeas data es una forma de amparo. Sin embargo, 
es necesario considerarlo como una acción distinta del amparo, dado que posee un régimen 
específico (Manili, 2019). El hábeas data está regulado en la Ley 25.326, de Protección de datos 
personales, promulgada en octubre del año 2000. 
En base a esa norma, podemos diferenciar tres tipos de habeas data: 
 Informativo: destinado a tomar conocimiento de los datos personales almacenados en archivos, 
registros o bancos de datos destinados a proporcionar informes, y de la finalidad de aquellos. Correctivo: orientado a los casos en que se presuma la falsedad, inexactitud, desactualización de la 
información de que se trata. 
 De confidencialidad: dispuesto para el tratamiento de datos cuyo registro se encuentra prohibido, 
para exigir su rectificación, supresión, confidencialidad o actualización. El registro de datos prohibidos se 
extiende a las cuestiones vinculadas al origen racial y étnico, opiniones políticas o fe religiosa (Manili, 2019). En 
estos casos, el afectado puede solicitar la confidencialidad de dichos registros. 
Cabe señalar que el hábeas data procede frente a bases de datos tanto públicos como privados. 
El habeas corpus 
El derecho constitucional tutelado por el hábeas corpus es la libertad física y ambulatoria de las personas. 
Su traducción literal del latín es “hallar el cuerpo” y su utilización posee recepción en nuestro sistema legal 
desde tiempos inmemoriales. Hasta el retorno de la democracia, su única recepción legal se encontraba 
en el artículo 20° de la Ley 48, que disponía que ante la detención arbitraria de una persona, los jueces 
podrían investigar sobre el origen de la prisión, disponiendo su libertad en caso de no encontrarse el 
detenido privado de su libertad por autoridad competente, tal como lo prevé el artículo 18° de la 
Constitución. 
Una vez recuperada la democracia en el año 1983 el habeas corpus tuvo recepción legal específica, a 
través de la Ley 23.098 de 1984. En ella podemos distinguir cuatro subtipos: 
 Preventivo: cuando existe amenaza actual de la libertad ambulatoria sin orden escrita de autoridad competente. 
 Clásico: cuando existe una limitación efectiva de la libertad ambulatoria sin orden escrita de autoridad 
competente. (Ambos en el artículo 3°, inc.1) 
 Correctivo: cuando ocurra agravación ilegítima de la forma y condiciones en que se cumple la privación de la 
libertad, orientado a tutelar las condiciones de detención del privado de su libertad legítimamente. (artículo 3°, 
inc. 2) 
 En estado de sitio: cuando la detención se haya producido en ese marco de excepción, orientado a verificar la 
legitimidad de la declaración del estado de sitio; la correlación entre la orden de privación de la libertad y la 
situación que dio origen a la declaración del estado de sitio; la agravación ilegítima de la forma y condiciones en 
que se cumple la privación de la libertad y el efectivo ejercicio del derecho de opción previsto en la última parte 
del artículo 23° de la Constitución nacional, es decir, salir del territorio del país para evitar la detención. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Parte dogmática. Titularidad y ejercicio de los derechos. El poder de policía 
¿Qué significa que alguien tenga un derecho? 
En la Unidad 1, vimos cómo Carlos Nino establece diferencias entre el derecho objetivo y el derecho 
subjetivo. Según este autor, mientras el primero refiere al ordenamiento o sistema de normas, el 
segundo hacía referencia a la facultad, atribución, permiso o posibilidad inherentes a las personas. 
Que alguien sea el titular de un derecho significa que tiene la facultad, atribución, permiso o 
posibilidad para realizar una determinada conducta y que su efectivo ejercicio es una preocupación 
de índole estatal. 
Es conveniente establecer diferencias en el rol que desempeña el Estado en la satisfacción del derecho. 
Mientras que en los derechos que denominaremos por la negativa la función del Estado se reduce a 
garantizar la ausencia de barreras u obstáculos para la realización de la conducta, en los derechos por 
la positiva la acción estatal estará orientada a garantizar la efectiva realización de dicha conducta. 
Por ejemplo, supongamos que nadie duda de que tengo derecho a tener un cuadro de Picasso en mi 
casa. ¿Cuál es la función del Estado en torno a ese derecho? Si fuera un derecho negativo, el Estado 
debe garantizarme que nada ni nadie me impida tener un Picasso en mi domicilio, en cambio si 
habláramos de un derecho positivo, la acción estatal debería proveerme de los medios necesarios para 
que yo consiga el Picasso. 
La distinción por la función que ejerce el Estado en cuanto a la tutela de los derechos forma parte del debate de 
las ideas políticas y queda plasmada en las leyes que reglamentan el ejercicio de los derechos consagrados y en 
la tutela que de ellos realiza el Poder Judicial a través de sus sentencias. Es por ello que podemos encontrar 
un mismo derecho que en determinados países sean derechos negativos y en otros, derechos positivos 
como por ejemplo la salud, la educación, la vivienda, solo por mencionar algunos. 
El constitucionalismo clásico, como hemos visto, surgió con las revoluciones norteamericana y 
francesa a fines del siglo XVIII e introdujo en el mundo del derecho la limitación del poder político y 
la consagración de derechos, a través de un único texto normativo, que tiene supremacía sobre el 
resto del ordenamiento. 
Los derechos que se consagraron fueron una herramienta del hombre y el ciudadano contra el poder político: 
el Estado no debía violarlos, alterarlos u obstaculizar su ejercicio. Tal como fue expuesto, para el 
constitucionalismo clásico los derechos fundamentalmente eran por la negativa. 
Las transformaciones económicas, sociales y culturales producidas durante el siglo XX generaron la 
preocupación política por la satisfacción de algunos otros derechos de índole social y dieron paso a lo 
que se conoce como constitucionalismo social. 
Estos nuevos derechos son los económicos, sociales y culturales y transforman el rol del Estado: de 
un papel abstencionista propio del liberalismo clásico, pasa a uno más presente, en el que, además de 
respetar los derechos, deberá promoverlos y hacer efectivo su ejercicio. Podemos afirmar, entonces, 
que los derechos económicos, sociales y culturales son principalmente por la positiva. 
Las generaciones de derechos 
Se suele organizar a los derechos en categorías o “generaciones” según el orden cronológico en el que 
fueron surgiendo: 
 La primera generación incluye los derechos civiles y políticos, dados por el llamado constitucionalismo 
clásico o liberal, característico de los siglos XVIII y XIX. En nuestra constitución, los encontraremos 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
entre las declaraciones, derechos y garantías. Son, por ejemplo, los derechos a trabajar y ejercer toda 
industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir 
del territorio; el derecho a publicar las ideas sin censura y profesar libremente su culto y el derecho de propiedad 
privada desarrollado en el artículo 17°. También son derechos del constitucionalismo clásico los 
vinculados al debido proceso y las garantías constitucionales, que encontramos entre los artículos 18° y 
19° de nuestra constitución. 
 La segunda generación abarca los llamados derechos económicos, sociales y culturales. En su mayoría, 
estos aparecen durante mediados del siglo XX y se orientan, fundamentalmente, a paliar las 
consecuencias de la expansión de la industrialización. Son derechos orientados a la tutela del mundo 
del trabajo y la organización gremial, la seguridad social, la familia y la vivienda. En nuestra 
constitución, se encuentran consagrados en el artículo 14° bis. 
 La tercera generación comprende los llamados derechos colectivos, originados hacia el final del siglo 
pasado y aún en desarrollo. Incorporados en nuestro texto constitucional por la reforma de 1994, 
encontraremos entre ellos los mecanismos de participación popular y de democracia semidirecta, la 
defensa de los datos personales y el acceso a la información pública, los derechos medioambientales y 
los relacionados a la defensa del consumidor. 
Por las particularidades de nuestrahistoria, la reforma constitucional de 1994 incluyó en este bloque de 
derechos, a la protección de las instituciones del sistema democrático en los artículos 36°, 37° y 38°, 
como declaración de la definitiva decisión de vivir en democracia adoptada por los argentinos desde 
1983. 
Es importante destacar que esta clasificación en generaciones no implica que exista preponderancia de unos 
derechos sobre otros. Todos forman parte de un bloque indivisible que tiene interdependencia entre sí y 
también plena vigencia efectiva. 
Derechos enumerados y derechos implícitos 
Denominamos derechos enumerados a los que se encuentran expresamente mencionados en la parte 
dogmática de la constitución y en los instrumentos internacionales de derechos humanos que tienen 
jerarquía constitucional (Nuestro ordenamiento jurídico reconoce dos fuentes de derechos: la interna, dada por la 
Constitución, y la internacional, dada por la jerarquía constitucional a diversos instrumentos internacionales de derechos humanos 
(Artículo 75°, inc. 22). Sin embargo, el hecho de que estén expresamente reconocidos no significa que sean los 
únicos derechos existentes. 
Efectivamente, la propia Constitución reconoce en el artículo 33° que: 
las declaraciones, derechos y garantías que enumera la Constitución no serán entendidos como 
negación de otros derechos y garantías no enumerados; pero que nacen del principio de la 
soberanía del pueblo y de la forma republicana de gobierno. 
A estos otros se los conoce como derechos implícitos, porque, si bien no están mencionados en ningún 
artículo, eso no implica que no existan. 
Los derechos implícitos suponen un límite al poder del gobierno, pues lo obliga a respetar los derechos 
nuevos que surjan del principio de la soberanía del pueblo y de la forma republicana de gobierno, por 
más que la Constitución no los mencione expresamente. 
Muchos derechos básicos no se encuentran enumerados en la Constitución y fueron tratados como derechos 
implícitos a lo largo de la historia, como el derecho a la vida o el derecho de reunión. Cabe destacar que la 
incorporación de los tratados internacionales de derechos humanos transformó a muchos de ellos en derechos 
enumerados, toda vez que se ocupan especialmente de su tratamiento. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
La titularidad de los derechos 
¿Puede efectuarse una distinción entre argentinos y extranjeros para ejercer la titularidad de los 
derechos que nuestro orden jurídico consagra? 
Desde el punto de vista histórico, la sociedad argentina se ha nutrido a lo largo del tiempo de una población 
inmigrante extranjera. Si bien es cierto que se ha reconocido la existencia de otras poblaciones previas a la 
llegada de los europeos a estas tierras, también lo es que la cultura, el idioma y las costumbres argentinas 
recibieron -y reciben- permanente influencia de quienes eligen vivir en este rincón del mundo. La abrumadora 
mayoría de la población argentina actual es descendiente de inmigrantes, o es inmigrante en sí 
misma: nacida en otros países, decide radicarse aquí. 
Desde los inicios, el plan institucional diseñado por los constituyentes de 1853 -y reafirmado en la reforma de 
1994- preveía y promovía la inmigración, y dejó plasmada esta visión en el propio texto de nuestra carta magna. 
En primer lugar, en el preámbulo de la Constitución Nacional se expresa claramente que la carta magna es 
establecida “para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran 
habitar en el suelo argentino”. Es decir, no admite distinción entre ciudadanía o nacionalidad, sino 
que se refiere a “habitante” en términos generales. 
En segundo lugar, se propone expresamente como objetivo promover la radicación de inmigrantes. Por 
ejemplo, el artículo 25° dispone que: 
El Gobierno federal fomentará la inmigración europea; y no podrá restringir, limitar ni gravar 
con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por 
objeto labrar la tierra, mejorar las industrias, e introducir y enseñar las ciencias y las artes. 
De la misma manera, en el artículo 75° se sostiene que le corresponde al Congreso “proveer lo 
conducente a la prosperidad del país […] promoviendo la industria, la inmigración…”. Esta fórmula se 
reitera en el artículo 125° al facultar a las provincias a: 
celebrar tratados parciales para fines de administración de justicia, de intereses económicos […] y 
promover su industria, la inmigración, la construcción de ferrocarriles y canales navegables. 
En tercer lugar, el artículo 20º establece expresamente la igualdad entre extranjeros y nativos: 
los extranjeros gozan en el territorio de la Nación de todos los derechos civiles del ciudadano 
[…]. No están obligados a admitir la ciudadanía, ni a pagar contribuciones forzosas 
extraordinarias. Obtienen nacionalización residiendo dos años continuos en la Nación; pero la 
autoridad puede acortar este término a favor del que lo solicite, alegando y probando servicios a la 
República. 
Vale decir que nuestro orden jurídico no considera a la ciudadanía nacional o extranjera como un obstáculo 
para el ejercicio de los derechos. Solo hay dos diferencias de derecho y obligaciones entre extranjeros y 
argentinos. 
La primera radica en los derechos políticos: para participar en las elecciones de las autoridades del 
país o bien para ser candidato para cargos políticos es necesario ser ciudadano. No obstante, muchas 
legislaciones se están haciendo más flexibles como, por ejemplo, la de la Ciudad de Buenos Aires, 
que admite el voto de los extranjeros para elegir autoridades locales. 
La segunda diferencia está dada por la obligación que posee todo ciudadano argentino de armarse en 
defensa de la patria y de la Constitución (artículo 21°). Esto significa que, en caso de que el país lo 
necesite, deberemos acudir a la guerra para defenderlo. Los extranjeros no poseen esta obligación. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Aquellos que hubieran optado por naturalizarse argentinos, son libres de prestar o no este servicio por 
el término de diez años, contados desde el día en que obtengan su carta de ciudadanía. 
En resumidas cuentas, salvo las excepciones que hemos mencionado, la Constitución no distingue en 
el goce y titularidad de los derechos a los extranjeros y a los nativos, por lo que todos resultan 
exactamente iguales ante la ley. Cualquier intento por disponer lo contrario es inconstitucional. 
La relatividad de los derechos 
Los derechos no son absolutos, sino que tienen un límite para su ejercicio. Esos límites son de dos 
índoles: por un lado, los límites establecidos en la consagración del derecho, que son instaurados cada 
vez que la Constitución hace referencia a un derecho específico. Por ejemplo, el derecho de propiedad 
contenido en el artículo 17°, por un lado establece un derecho: que la propiedad es inviolable y ningún 
habitante de la Nación puede ser privado de ella. Pero, por el otro, fija un límite a su ejercicio al 
disponer que se puede despojar a la persona de su propiedad, si existe una sentencia fundada en ley, 
por causa de utilidad pública y siendo la expropiación previamente indemnizada. 
Lo mismo ocurre con uno de nuestros principios constitucionales más importantes, el principio de reserva o 
intimidad. El artículo 19° consagra un derecho al sostener que las acciones privadas de los hombres 
están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados. Pero también establece un 
límite para ese derecho: dichas acciones privadas no pueden ofender al orden y a la moral pública, ni 
perjudicar a un tercero. 
Lo mismo sucede en el artículo 22°. Por un lado establece el derecho de que el pueblo gobierna, pero por el 
otro fija un límite a ese derecho:solo lo hace a través de sus representantes. 
El segundo índole de límites que habilita la Constitución es el establecido por las leyes que reglamentan el 
ejercicio de los derechos. ¿Por qué podría limitarse un derecho? Por muchas razones, para regular la 
convivencia social, para evitar que se alteren los derechos de otros, posibilitando un ejercicio basado 
en el bienestar general, para evitar que se dañe a terceros, etc. 
Por ejemplo, según el derecho a transitar que nos otorga el artículo 14° de la Constitución, ¿podemos 
transitar por donde se nos ocurra? Sí, pero cumpliendo ciertos límites a ese derecho para lograr que 
efectivamente todos podamos transitar y que el ejercicio de ese derecho no implique un riesgo a 
terceros. Vale decir que el derecho a transitar no es absoluto, porque se encuentra limitado por las 
leyes que reglamentan su ejercicio, por ejemplo, la ley de tránsito. ¿Puede una persona argumentar que está 
haciendo uso de su derecho constitucional de transitar si conduce un camión a 100 kilómetros por hora en una calle angosta donde 
se sitúa una escuela, justo a la hora de salida de los alumnos? Claro que no, pues su derecho a transitar se ve limitado por la ley 
que reglamenta su ejercicio. Expresamente, la Constitución establece en su artículo 14° que “todos los habitantes de 
la Nación gozan de los (…) derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio”. 
Sin embargo, las leyes no podrán cambiar o alterar el derecho en cuestión. Imaginemos que la misma ley 
de tránsito, para evitar posibles accidentes, prohíba la circulación en el territorio de la nación. Claramente, 
estamos en presencia de la violación de un derecho constitucional. 
El artículo 28° establece que “los principios, garantías y derechos reconocidos en los anteriores artículos, no 
podrán ser alterados por las leyes que reglamenten su ejercicio”. ¿Qué sucede si los alteran? Pues estaremos 
en presencia de una ley inconstitucional, y por ende, se habilitará la posibilidad de ejercer el control 
de constitucionalidad sobre esa norma. 
En conclusión, el ejercicio de los derechos no es absoluto, sino que se encuentra limitado por las leyes 
que reglamentan su ejercicio. El poder estatal para regular y restringir derechos individuales es 
denominado poder de policía. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Poder de policía 
La expresión “poder de policía” no se encuentra en la redacción original de la Constitución. No 
obstante, la doctrina y la jurisprudencia han acuñado el término, que se define a la potestad del 
Estado para limitar o restringir derechos individuales, con el objeto de asegurar el interés general. 
Esta capacidad se ejerce a través de leyes y/o reglamentos y encuentran como límite la razonabilidad. 
¿Qué significa que una ley o reglamento que restrinjan derechos sean razonables? Significa que debe existir 
una adecuada proporción entre las medidas que se toman y los fines que se persiguen. 
Imaginemos que nuestro objetivo es recibirnos de abogados. ¿Es razonable estudiar las materias 
correspondientes a la carrera de abogacía? Claro que sí, pues sin la aprobación de ellas no podremos 
obtener el título. ¿Es razonable vestir de corbata para recibirse de abogado? No, pues no existe una correlación entre el 
objetivo (aprobar las materias de la carrera) y el medio implementado (la corbata). 
De manera que existen leyes que ejercen el poder de policía sobre ciertos derechos -es decir, los limitan 
o los regulan- que resultan razonables y otras que no. En el ejemplo anterior, una hipotética ley que obligue a los 
estudiantes de abogacía a vestir de corbata estaría restringiendo el derecho de los estudiantes a vestirse como quieran, imponiendo un 
límite: la corbata. No obstante, al no existir razonabilidad, el ejercicio del poder de policía estaría alterando de manera arbitraria 
el derecho a vestir según la voluntad de cada uno. 
Esa posibilidad está prohibida según lo dispuesto por el artículo 28° de la Constitución: “Los 
principios, garantías y derechos (…), no podrán ser alterados por las leyes que reglamenten su 
ejercicio”. 
La evaluación de si una ley o reglamento excede el poder de policía del Estado, al desnaturalizar el 
derecho que intenta limitar, resulta un claro ejemplo de control de constitucionalidad. 
Tipos de poder de policía 
Doctrinariamente, se puede hablar de dos tipos de poder de policía. El primero, denominado clásico o 
restringido, entiende que los únicos objetivos que puede perseguir la limitación de derechos son la 
salubridad, la seguridad y la moralidad pública. Esta concepción, propia del constitucionalismo 
liberal, presupone que cualquier otra restricción de derechos que se desvíe de esos objetivos no será 
legítima y, por lo tanto, estará alterando el derecho que busca reglamentar. 
La segunda corriente, conocida como estadounidense o amplia, comprende un criterio mucho más extenso: 
los derechos pueden ser reglamentados con el objetivo de asegurar el bienestar general de la 
población, en lo relativo a razones económicas, de salud, educación, prosperidad, etc. 
Nuestra Corte Suprema, a lo largo de la historia, ha adoptado ambos criterios. Sin embargo es posible 
interpretar a la doctrina amplia como una evolución de la doctrina clásica: a lo largo de la jurisprudencia, 
veremos una mutación desde un criterio originario más restringido hacia un criterio cada vez más 
amplio. 
Uno de los primeros fallos relacionados con el poder de policía es el denominado Empresa Plaza de Toros con 
Provincia de Buenos Aires (7:152), del año 1869, donde se discutía la constitucionalidad de una ley que impedía 
ese tipo de espectáculos. La empresa sostuvo que se estaba violando su derecho a ejercer industria lícita, 
amparada en el artículo 14° de la Constitución. La respuesta de la Corte fue lapidaria: sostuvo que “no se ha 
garantido a los habitantes de la nación el derecho absoluto a ejercer su industria o profesión sino con sujeción a 
las leyes que reglamentan su ejercicio”. Además entendió que era una obligación de los gobiernos locales 
“proveer lo conveniente a la seguridad, salubridad y moralidad de sus vecinos; y que, por consiguiente, pueden 
lícitamente dictar leyes y reglamentos con estos fines”. De esta manera, se ejerció el poder de policía sobre el 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
derecho a ejercer industria de la Empresa Plaza de Toros, basándose principalmente en la cuestión de la 
“moralidad pública”. 
Otro ejemplo es la causa Saladeristas Podestá y otros con Provincia de Buenos Aires (51:274). En ella, el 
gobierno de Buenos Aires resolvió que se trasladaran los saladeros de la zona de Barracas, pues arrojaban los 
residuos contaminantes al Riachuelo. La Corte convalidó la ley en base a la cual se reubicaba a dichas 
industrias, sosteniendo que nadie puede tener derechos adquiridos a comprometer la salud de la población. En 
este ejemplo, se busca el objetivo de preservar la “salubridad pública”. 
El primer paso hacia la doctrina más amplia basada en el bienestar general se dio con el fallo 
Ercolano (136:170), de 1922, en el que se discutía la constitucionalidad de una ley que, en base a la 
severa crisis habitacional que atravesaba el país, congelaba el precio de los alquileres por dos años. La 
Corte sostuvo que “ni el derecho de usar y disponer de la propiedad ni ningún otro derecho reconocido por la 
Constitución tienen carácter absoluto. La reglamentación o limitación del ejercicio de los derechos individuales 
es una necesidad derivada de la convivencia social”. De esta manera, nuestro máximo tribunal entendió que la 
protección de intereses económicos basados en el bienestar general constituye para el Estado una obligación 
tan importante como la defensa de la salud, seguridad y moralidad públicas.Unidad N°3: Supremacía constitucional y control de constitucionalidad 
La supremacía constitucional 
El constitucionalismo se propone como objetivo acotar el poder político. Para lograrlo, se plantean dos 
grandes límites: 
1. Establecer un proceso para la toma de decisiones, a través de la organización del poder político. 
2. Fijar un límite para esas decisiones a través de la regulación de la relación entre el poder político y los individuos. 
La Constitución define cómo se hace la ley y cuál es el contenido de la ley. De ella se hacen todas las otras 
reglas bajo las cuales vivimos y, por ende, tiene supremacía con respecto al resto del ordenamiento jurídico. 
Recordemos que al ser el nuestro un gobierno de leyes, es la Constitución la que regula el contenido de las leyes 
y su proceso de sanción. 
¿Cómo se hace la ley? 
La Constitución, en tanto límite al poder político, establece un sistema de gobierno dominado por el 
imperio de la ley, que crea y regula el funcionamiento de los órganos políticos y los Poderes del 
Estado. Además de definir cómo se hace la ley, la Constitución regula todo un sistema político de reglas, 
que comprende tanto las características principales de cada uno de los tres poderes (composición, 
forma de elección, duración en las funciones, requisitos para acceder a los cargos y atribuciones), como las 
relaciones entre cada uno de ellos. 
Este mecanismo tiene la finalidad de que no exista un Poder del Estado por sobre los otros dos. Por eso, se le 
otorga a cada uno, facultades propias y de control sobre los otros poderes. 
Además, establece una serie de órganos de gobierno e institutos especiales. Algunos están regulados 
bajo la órbita de los tres poderes PEJ, el jefe de gabinete -ejecutivo-, la Auditoría General de la Nación -legislativo- y el 
Consejo de la Magistratura –judicial- o por fuera de ellos, como sucede con el Defensor del Pueblo y el 
Ministerio Público. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
¿Cuál es el contenido de la ley? 
La Constitución regula el contenido de la ley al regular la relación entre los particulares y el Estado de dos 
maneras: 
 Por la negativa: consagra derechos que no pueden ser alterados por el gobierno ni las leyes. Esos 
derechos están contenidos, principalmente, en la parte dogmática de la Constitución y en los tratados de 
DDHH con jerarquía constitucional. 
Una ley o acción del gobierno no puede lesionar un derecho establecido por la Constitución. El 
establecimiento del contenido de la ley opera acotando el margen de acción al poder político y es, en este 
sentido, que se trata de un límite negativo. Le permite al gobierno legislar hasta el límite de los derechos 
individuales, 
 Por la positiva/límites positivos: es la consagración de cuál debe ser el contenido de la ley, de 
manera explícita. Obliga al poder político a ocuparse de temas en particular. PEJ: 
o La educación pública (“sancionar leyes: […] que garanticen los principios de gratuidad y equidad de la 
educación pública y la autonomía y autarquía de las universidades nacionales”, artículo 75°, inc. 19). 
o Los pueblos originarios (“reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas 
argentinos; garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural 
[…]”, artículo 75°, inc. 17). 
Otro ejemplo es cuando obliga al Congreso a definir cuestiones, como en los siguientes casos: 
o En del Consejo de la Magistratura (“será integrado […] en el número y la forma que indique la ley”). 
o En el del Ministerio Público (“está integrado por un procurador general de la nación y un defensor 
general de la Nación y los demás miembros que la ley establezca”). 
En resumidas cuentas, en un Estado de Derecho, la Constitución es la norma en base a la cual se formulan las 
leyes, estableciendo el proceso de toma de decisiones y el contenido de esas decisiones. 
La Constitución es suprema por que: 
 
Las dimensiones participativa y liberal de la Constitución 
Cabe preguntarse, ¿los regímenes totalitarios como el de la Unión Soviética o el del Estado Nazi podrían 
tomarse como ejemplos de sistemas constitucionales? Si nos atuviésemos a la definición de constitución como 
norma que organiza el poder político y regula la relación del poder político con los particulares, ambos 
regímenes podrían ser considerados constitucionales, ya que poseían normas de este tipo. Sin embargo, 
sabemos que no lo son. 
La mera existencia de normas que regulan la organización del poder y su relación con los miembros 
de la comunidad no es suficiente para hablar de constitucionalismo, pues cualquier organización 
política o normativa contiene estos elementos. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
No debemos confundir supremacía normativa con supremacía constitucional. En la última dictadura 
que tuvo lugar, en Argentina, entre 1976 y 1983. Esta se regía por un “Estatuto de Reorganización Nacional” 
que había sido sancionado por las juntas militares. Este estatuto establecía, por ejemplo, que: 
La Junta Militar, integrada por los comandantes generales del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea […] 
designará al ciudadano que, con el título de Presidente de la Nación Argentina, desempeñará el Poder 
Ejecutivo de la Nación (artículo 1°) 
[…] removerá y designará a los miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. (artículo 2°) 
Las facultades legislativas que la Constitución nacional otorga al Congreso, incluidas las que son 
privativas de cada una de las Cámaras, serán ejercidas por el presidente de la Nación (artículo 5°) 
El Poder Ejecutivo Nacional proveerá lo concerniente a los gobiernos provinciales y designará los 
gobernadores, quienes ejercerán sus facultades conforme a las instrucciones que imparta la Junta Militar 
(artículo 12°). 
Si bien este conjunto de normas incluía la organización del poder y la relación de este con los ciudadanos, 
algunos elementos esenciales del constitucionalismo están ausentes. 
El primero de estos elementos es la igualdad ante la ley (dimensión participativa, según Carlos Nino): 
todos los afectados por las decisiones políticas tienen igual derecho a manifestar su opinión y 
participar del debate del proceso de formación de esas decisiones políticas. En el caso del sistema 
argentino, este requisito se encuentra presente a través de la elección popular de los representantes del 
pueblo, en comicios libres, con voto igual secreto y obligatorio. 
El segundo elemento es la noción de gobierno limitado (dimensión liberal, según Carlos Nino), que 
implica que ni siquiera las mayorías, a través de sus representantes en el gobierno, pueden afectar los 
intereses individuales y los derechos de los particulares, que deben ser tolerados, respetados y 
protegidos. 
Para determinar si un sistema político es constitucional, debemos, además, considerar si el contenido de esa 
norma general comprende la igualdad ante la ley y el respeto a los derechos individuales. 
Claramente, en el texto citado del Estatuto de Reorganización Nacional de la última dictadura, ninguno de 
estos elementos estaba presente. Por un lado, la dimensión participativa se encontraba usurpada por la Junta 
Militar, que dispondría la elección del presidente y la sanción de las leyes. Por otro lado, tampoco existía la 
dimensión liberal, pues el poder (ilegal) en ejercicio del gobierno no encontraba límites para su acción. 
Sin estas dos dimensiones sólo habría supremacía normativa, pero no supremacía constitucional. 
Todos los sistemas de normas poseen supremacía normativa, pues siempre hay una regla que establece la 
organización del poder: las religiones, las dictaduras, los clubes, las empresas; pero solo las repúblicas 
democráticas poseen supremacía constitucional, porque son las únicas que tienenConstitución 
(organización del poder y límites al poder) sumada a la igualdad para participar de las decisiones 
políticas y el respeto por los derechos individuales. 
La jerarquía normativa 
La supremacía constitucional implica un ordenamiento jerárquico del orden jurídico: las normas que se 
encuentran en jerarquías más altas subordinan a las inferiores, pero todo el conjunto debe 
subordinarse a la Constitución. Si esta relación se quiebra, estaremos en presencia de una norma 
inconstitucional. 
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Al ser el nuestro un país federal, la supremacía implica también que la Constitución Nacional (y el 
resto del ordenamiento jurídico federal) prevalece por sobre todo el derecho provincial. Recordemos lo 
enunciado por el artículo 5°: 
Cada provincia dictará para sí una constitución bajo el sistema representativo republicano, de acuerdo 
con los principios, declaraciones y garantías de la constitución Nacional; y que asegure su 
administración de justicia, su régimen municipal, y la educación primaria. Bajo de estas condiciones el 
Gobierno federal garante a cada provincia el goce y ejercicio de sus instituciones. 
Es decir que cada Constitución Provincial debe realizarse en el marco de las condiciones que impone la 
Constitución Nacional. Una vez más, vemos cómo la Constitución Nacional limita al poder, en este caso, el de 
las provincias, para realizar su propia norma fundamental. 
La carta magna refuerza, luego, esta idea al disponer, en el artículo 31°, que: 
Esta Constitución, las leyes de la Nación que en su consecuencia se dicten por el Congreso y los 
tratados con las potencias extranjeras son la ley suprema de la Nación; y las autoridades de cada 
provincia están obligadas a conformarse a ella […]. 
Este artículo establece que todo ese conjunto de normas -la Constitución, las leyes de la Nación que en su 
consecuencia se dicten y los tratados con las potencias extranjeras- son ley suprema con respecto a las leyes 
provinciales. Tal como puede observarse, dispone que el bloque federal tiene preeminencia sobre el 
ordenamiento jurídico de cada provincia. 
Conclusiones 
 La Constitución es suprema porque establece límites al poder político, al regular su funcionamiento y el 
contenido de sus decisiones. 
 La diferencia de los sistemas constitucionales con cualquier otro sistema normativo está dado por la dimensión 
participativa (igualdad para la toma de decisiones) y la dimensión liberal (respeto a los derechos individuales). 
 Cualquier decisión política que sea adoptada sin seguir los pasos establecidos por la Constitución será nula, pues 
estaría violando su supremacía. 
 Cualquier decisión política que vulnere un derecho contenido en ella, también será nula. 
¿Cómo logramos que una ley que no sea sancionada como manda la Constitución o que viole un derecho 
contenido en ella sea invalidada? 
El control constitucional 
El control de constitucionalidad es el procedimiento por el cual se analiza si una norma jurídica o un 
acto de gobierno se adecúa a lo prescripto por la Constitución Nacional. En caso de verificarse un 
conflicto entre ambas, se anulará la norma o acto de gobierno, porque siempre prevalece la 
Constitución. 
Es por ello que se puede considerar al control de constitucionalidad como el mecanismo a través del cual se 
asegura la supremacía de la Constitución. Sin este procedimiento, la supremacía de la Constitución no tendría 
sentido. 
Los sistemas de control constitucional 
El órgano que lo ejerce 
En el mundo occidental existen dos grandes sistemas de control de constitucionalidad: 
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El control político 
El control de constitucionalidad es otorgado a un órgano de naturaleza política. Es el sistema adoptado 
únicamente por Francia. 
El Consejo Constitucional francés se compone de nueve miembros. Son designados por el Presidente de la 
República y el presidente de cada una de las asambleas del Parlamento (Senado y Asamblea Nacional). Duran 
en sus funciones nueve años y su mandato no es renovable. 
El cargo de consejero constitucional es incompatible con cualquier otro cargo electivo. Los Presidentes 
eméritos de la República son miembros natos del Consejo Constitucional. Este organismo se renueva por 
tercios cada tres años, cuando el Presidente de la República y el presidente de cada una de las Asamblea 
nombran un miembro del Consejo. 
El carácter de órgano político del Consejo Constitucional Francés implica que no se sitúe en la 
cúspide de ninguna jerarquía de los tribunales judiciales o administrativos, como sí suele suceder en 
los sistemas jurisdiccionales. 
El control judicial 
Se le otorga al Poder Judicial la capacidad de controlar la constitucionalidad de los actos de los otros 
dos Poderes del Estado. Este sistema es el más extendido entre los sistemas presidencialistas y de América. 
Fue ejercido por primera vez en 1803 por la Corte Suprema de E.E.U.U. en el célebre fallo Marbury vs 
Madison. Esta decisión judicial ha inspirado jurisprudencialmente a los órganos jurisdiccionales de diversos 
países. Allí, sostiene la Corte Norteamericana: 
Los poderes del Congreso son definidos y limitados, y para que esos límites no puedan ser confundidos 
u olvidados, la Constitución está escrita. ¿Con qué propósito los poderes son limitados y con qué 
propósito esta limitación fue puesta por escrito, si esos límites pueden, en cualquier momento, ser 
traspasados por aquellas personas cuyo poder se quería restringir? La distinción entre un gobierno con 
poderes limitados e ilimitados es abolida si estos límites no confinan a la persona a la que esos límites le 
han sido establecidos, y si las leyes prohibidas y las leyes permitidas son igualmente obligatorias. Hay 
una proposición suficientemente clara para ser refutada: que la Constitución controla cualquier ley 
repugnante a ella o que el Congreso pueda alterar la Constitución mediante una ley ordinaria. 
Entre estas dos alternativas no hay un punto intermedio. La constitución es la ley superior, la ley más 
importante, que no puede ser cambiada por medios ordinarios; o está al nivel de una ley ordinaria y 
como otras leyes, puede ser alterada cuando al Congreso le plazca hacerlo. 
Si la primera de estas alternativas es verdadera, entonces una ley contraria a la Constitución no es 
Derecho, si la segunda alternativa es verdadera, entonces las constituciones escritas son un intento 
absurdo del pueblo para limitar el poder, en su propia naturaleza ilimitable. Ciertamente, todos aquellos 
que han elaborado constituciones escritas las han considerado como ley fundamental y suprema de la 
Nación y, consecuentemente, la teoría de un gobierno de ese tipo debe ser que una ley repugnante a la 
Constitución es nula”. 
Una ley sancionada por el Congreso no puede modificar o alterar lo que la Constitución establece. Es 
decir, que el poder político no puede sortear los límites que la Constitución impone. 
El control judicial de constitucionalidad es el modelo más elegido, aunque se ha ido actualizando y adaptando a 
la realidad de cada uno de los países que lo han adoptado a lo largo del tiempo. Es también el sistema que 
adopta nuestro país, cuyo primer pronunciamiento de este tipo se produjo en el fallo “Sojo”. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Dicho fallo se originó en hechos similares a los de Marbury vs Madison. La Corte Suprema Argentina se basó 
en el precedente norteamericano para ejercer por primera vez el control de constitucionalidad en 1887. Sostuvo 
que: 
El "palladium" de la libertad no es una ley suspendible en sus efectos, revocable según las 
conveniencias públicas del momento, el "palladium" dela libertad es la Constitución, esa es el arca 
sagrada de todas las libertades, de todas las garantías individuales cuya conservación inviolable, cuya 
guarda severamente escrupulosa debe ser el objeto primordial de las leyes, la condición esencial de los 
fallos de la justicia federal. Una ley del Congreso repugnante a la Constitución, no es ley. Cuando la 
Constitución y una ley del Congreso están en conflicto, la Constitución debe regir el caso a que ambas 
se refieren. 
El control judicial de constitucionalidad puede subdividirse en tres grupos: 
 Sistemas difusos: todos los jueces de todas las instancias pueden, en el marco de su competencia, revisar la 
constitucionalidad de una norma. Esto hace que el Poder judicial posea dos tareas fundamentales: administrar 
justicia y controlar la constitucionalidad de las normas o actos de gobierno PEJ, Argentina y E.E.U.U. 
 Sistemas concentrados: existe un único órgano judicial encargado de revisar la constitucionalidad de las 
normas. Esta función concentrada puede ser ejercida por el Superior Tribunal de Justicia del país o por un 
Tribunal Constitucional específico, abocado solamente al control de constitucionalidad. 
 Sistema mixto: combina los modelos difuso y concentrado. Permite a todos los jueces de todas las 
instancias efectuar el control de constitucionalidad y, también, admite mecanismos de control 
concentrado, que habilita a recurrir directamente ante el máximo tribunal para realizar el proceso. PEJ, 
Colombia y Perú. 
La adopción del control judicial de constitucionalidad la podemos hallar en la primera parte del artículo 118°, 
cuando reza que: 
Corresponde a la Corte Suprema y a los tribunales inferiores de la Nación, el conocimiento y decisión 
de todas las causas que versen sobre puntos regidos por la Constitución […]. 
Ello no obsta que cada provincia adopte un sistema especial para controlar la supremacía de su propia 
constitución. Así, mientras en algunas provincias se sigue el modelo de la Nación -como Mendoza, otras como 
por ejemplo la Ciudad de Buenos Aires, han adoptado un sistema mixto. 
Los sujetos admitidos por el sistema argentino (¿Quién puede iniciar el control de constitucionalidad?) 
El titular del derecho 
Es decir, la persona física que sufre un agravio en sus derechos por una norma jurídica o un acto de gobierno. 
El defensor del pueblo 
 También conocido como ombudsman, fue incorporado por la Reforma de 1994. Se le asigna la misión 
de ejercer la defensa y protección de los DDHH y demás derechos, garantías e intereses tutelados en 
la Constitución y en las leyes, ante hechos, actos u omisiones de la Administración; y el control del 
ejercicio de las funciones administrativas públicas. La misma Reforma de 1994 le otorgó, en el artículo 
43°, la capacidad de interponer acción de amparo - iniciando un proceso en el que el juez podrá declarar 
la inconstitucionalidad de una norma- contra cualquier forma de discriminación y en lo relativo a los 
derechos que protegen al ambiente, a la competencia, al usuario y al consumidor, así como a los 
derechos de incidencia colectiva en general. 
Asociaciones 
Su fin tiende a la defensa de derechos o intereses de personas o grupos, también pueden interponer 
acción de amparo para solicitar la inconstitucionalidad de una norma. La Constitución establece que las 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
asociaciones deben estar registradas conforme a la ley que determinará los requisitos y formas de su 
organización. 
El propio juez de la causa 
Durante años, nuestro sistema solo admitió que la declaración de inconstitucionalidad fuera 
declarada solamente si una de las partes, en el marco de un juicio, lo solicitaba. Sin embargo, desde el 
fallo Rodríguez Pereyra, de 2012, la Corte Suprema de Justicia de la Nación reformó ese sistema. 
Su incorporación se fundó en la advertencia de que la realización del control de constitucionalidad sin 
pedido por alguna de las partes, podría admitir que los jueces revisen, por propia iniciativa, los actos 
legislativos o los decretos de la administración, y que tal actividad afectaría el equilibrio de poderes. 
Frente a ese argumento, la nueva doctrina sentada por la Corte a partir del fallo Rodríguez Pereyra afirma que 
si se acepta la atribución judicial de control constitucional, 
Carece de consistencia sostener que el avance sobre los dos poderes democráticos de la Constitución 
no se produce cuando media petición de parte y sí cuando no la hay […]. 
En otras palabras, es inaceptable sostener que una norma es inconstitucional, si la parte lo pide y no lo es, si no 
lo hace. 
Desde entonces, se admite que aún si una de las partes del juicio no solicita formalmente la 
declaración de inconstitucionalidad de una norma, los jueces pueden hacerlo. Si, en cambio, los 
jueces aplicaran una ley inconstitucional, estarían violando el principio republicano sostenido en 
Marbury vs Madison de que “una ley del congreso repugnante a la Constitución no es ley”. 
Debe haber un juicio en trámite para que el propio juez de la causa pueda considerar inconstitucional una ley 
de manera unilateral. 
Otros sujetos 
Aceptados en los sistemas de control constitucional del mundo, pero que nuestro modelo no admite pueden 
ser: 
 Cualquier persona que no posea ningún derecho violado por la norma que se busca declarar 
inconstitucional. Los países que la admiten denominan a esta posibilidad “acción popular”. 
 Un tercero que debe cumplir una norma presuntamente inconstitucional que no lo daña a él, pero daña 
a otros relacionados con él, que no están legalmente a su cargo. Si bien fue solicitado en varias 
oportunidades, tal legitimación fue denegada por la Corte Suprema Argentina. 
 Determinados órganos de poder o miembros de órganos de poder colegiados. PEJ, el Presidente o un número 
de legisladores, siempre y cuando no sean titulares de los derechos violados. Tampoco es admitido por la Corte. 
Los efectos que produce el control 
La sentencia de inconstitucionalidad puede producir dos tipos de efectos: 
 Inter-partes: se limita a no aplicar la norma en el caso particular. La norma sigue vigente en el 
ordenamiento jurídico, pero es inaplicable para las partes implicadas en el caso donde se está 
controlando su constitucionalidad. Es el tipo de efecto que posee nuestro sistema. 
 Erga omnes (“frente a todos”): la sentencia anula la norma inconstitucional no solo para el caso en 
particular, sino también para el resto de los casos. Dentro de este tipo de efecto, y dependiendo del diseño 
judicial, puede ocurrir que la norma quede automáticamente derogada o que sea remitida para su 
derogación al Poder Legislativo. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
El momento legislativo de control 
¿El control se efectúa antes o después de la sanción de la ley? En el sistema argentino, para que una ley sea 
sometida al control de constitucionalidad debe estar promulgada. Es decir que el control se realiza de 
manera posterior a su sanción. 
Algunos otros sistemas a nivel mundial admiten que la constitucionalidad de la norma se revise de 
manera anterior a su entrada en vigencia, en una suerte de control preventivo. 
La adopción del modelo de control posterior a la sanción obedece a que, para que una norma se someta a 
revisión constitucional, debe acreditarse que la ley o acto en cuestión genere un perjuicio evidente en la o las 
personas que persiguen su inconstitucionalidad. Si la ley no hubiera sido promulgada no existiría, por lo que 
sería imposible demostrar que genera un perjuicio efectivo. 
Conclusiones 
El control de constitucionalidad es el 
mecanismo que asegura la supremacía de la 
constitución. El primer caso a nivel mundial lo 
produjo la Corte Suprema de Estados Unidos 
en el fallo Marbury vs Madison,en 1803, y 
sirvió de fuente de inspiración para otros 
modelos de control, como el argentino, cuyo 
primer pronunciamiento de 
inconstitucionalidad data de 1887, en el caso 
“Sojo”. 
No existe una ley o una única sección de la 
Constitución que estipule cómo se realiza 
este procedimiento de control. Las 
características que hemos visto son 
producto de las interpretaciones que de las 
normas existentes ha efectuado la 
jurisprudencia de la Corte a lo largo de los 
años y que probablemente puedan variar 
en un futuro. Es por ello que resulta muy 
importante conocer los antecedentes 
jurisprudenciales en la materia y también estar 
atentos a las posibles innovaciones. 
Cabe recordar que este tipo de control es a 
nivel federal, es decir, en el ámbito de la Justicia de la Nación. Cada provincia podrá disponer su propio sistema 
de control de constitucionalidad, regido por sus propias constituciones y sus propias leyes. 
 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Unidad N°4: Jerarquía constitucional de los tratados internacionales 
La jerarquía de los tratados internacionales 
Las normas que se encuentran en jerarquías más altas 
subordinan a las inferiores, todo el conjunto de leyes y 
normas jurídicas debe subordinarse a la Constitución. 
En nuestro país conviven distintos tipos de normas: tratados 
internacionales varios, la Constitución Nacional, 24 
Constituciones provinciales, infinidad de decretos, leyes, 
reglamentos, etc. La relación jerárquica entre cada uno de ellos es 
lo que veremos a lo largo de este apunte. 
La Constitución Nacional es la norma más importante de 
nuestro ordenamiento: todas las demás leyes deben subordinarse a ella. Si esta relación jerárquica se 
quiebra, estaremos en presencia de una norma que pasará a ser declarada inválida a través un control 
de constitucionalidad. 
Existe una controversia sobre la relación que la constitución tiene con los tratados internacionales: ¿cuál es la 
relación jerárquica entre ambos? ¿Tiene mayor jerarquía la Constitución? ¿Los tratados son jurídicamente 
superiores a la Constitución? En los próximos apartados despejaremos estos interrogantes. 
Los tratados internacionales 
Son normas jurídicas elaboradas por dos o más Estados, que tienen carácter vinculante y obligatorio 
para los países que los suscriben. 
Esta forma de entendimiento entre naciones se ha sido una manera de poner fin a disputas 
territoriales y de poder celebrar acuerdos comerciales y económicos entre países. Sin embargo, luego 
de los horrores que significaron los crímenes contra la humanidad que perpetró el nazismo y que se 
evidenciaron tras la Segunda Guerra Mundial, el contenido de los pactos internacionales se amplió. 
Así, surgieron dos nuevos tipos de tratados: 
 Tratados internacionales de DDHH: enfocados en la protección de ese tipo de derechos. 
 Tratados de integración regional: orientados a construir instituciones supraestatales en materia de política 
y economía. 
Su objetivo es generar cooperación e interrelación entre los países para el fortalecimiento de los 
derechos humanos y la democracia y solucionar los conflictos que pudieran surgir, de manera 
pacífica, sin recurrir a las armas ni a la violencia. 
De esta manera, los tratados pueden ser agrupados en tres tipos: 
 Tratados comerciales, territoriales y políticos: por ejemplo, los acuerdos limítrofes con Chile en 1881 y 
1984 o los acuerdos comerciales con Gran Bretaña suscriptos en 1933 (el llamado Pacto Roca-Runciman), etc. 
 Tratados de DDHH: quizás el más conocido a nivel regional sea la Convención Americana de DDHH, 
también conocido como Pacto de San José de Costa Rica, pero también existen otros muy importantes como el 
Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales; la Convención sobre la 
Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer y la Convención sobre los 
Derechos del Niño, etc. 
 Tratados de integración regional: tal es el caso del Tratado de Asunción que dio origen al Mercosur. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
La jerarquía de los tratados internacionales antes de la reforma de 1994 
Hasta 1983 la República Argentina solo había suscripto dos Declaraciones de DDHH: la Declaración 
Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y la Declaración Universal de los Derechos 
Humanos (ambas en 1948). También se suscribieron otros convenios de Derechos Humanos que, si 
bien son importantes, no abarcan a una multiplicidad de derechos (suelen estar referidos a temas 
puntuales como refugiados, esclavitud, trata de personas, etc.), y no poseen organismos ni 
mecanismos de control. 
Con la llegada a la presidencia de Raúl Alfonsín, la Argentina se propuso como objetivo afianzar la 
democracia como mecanismo de vida institucional y afianzar la defensa irrestricta de los derechos humanos. Es 
por ello que el gobierno suscribió una gran cantidad de tratados de derechos humanos que establecen 
mecanismos y órganos de control y significaron una verdadera ampliación de derechos para la 
ciudadanía argentina. Algunos de ellos fueron: 
 La Convención Americana sobre DDHH (aprobada el 1/3/84 entró en vigor el 5/9/84) 
 La Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (aprobada el 8/5/85 
entró en vigor el 14/8/85) 
 El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y el Pacto Internacional de Derechos 
Civiles y Políticos y su Protocolo Facultativo (aprobados los tres el 17/4/86 entrando en vigor el 7/11/86) 
 La Convención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (aprobada el 
30/7/86 entró en vigor el 26/6/87). 
Las relaciones entre el derecho internacional y el derecho interno: dualistas y monistas 
Durante el siglo XX, las corrientes de pensamiento que estudiaron la relación entre el derecho 
internacional y el derecho interno se dividieron en dos grandes grupos: mientras los dualistas 
consideran que son dos disciplinas distintas, para los monistas ambas forman parte de un mismo conjunto de 
normas destinadas a regular la conducta humana. 
Teorías Dualistas 
Sus orígenes se remontan a principios del siglo XX. Para esta concepción, el derecho internacional y el 
derecho interno son dos ramas tan diferenciadas y aisladas dentro del mundo jurídico, que no son 
comparables. 
Desde esta perspectiva, para que una norma de derecho internacional se aplique en el ámbito interno de 
un país es necesario que el Estado receptor apruebe una ley que transforme la norma internacional en 
una norma de derecho local. Las ideas principales de esta teoría son: 
 En el ámbito internacional no existe un órgano legislador que cumpla el rol del Congreso, en el derecho interno. 
 La relación entre los sujetos del derecho internacional es entre pares, pues todos son países, mientras que en el 
derecho interno la relación es jerárquica, pues los sujetos están subordinados al Estado y la ley. 
 A nivel internacional, no existe un órgano juzgador, como el Poder Judicial lo es en el ámbito interno. Los 
Estados se someten voluntariamente a los tribunales internacionales mientras que, en el orden interno, la 
comparecencia ante los tribunales es obligatoria. 
 No existe a nivel internacional un órgano que imponga, a través del monopolio legítimo de la fuerza, el 
cumplimiento de las normas, tal como ocurre a nivel interno. 
 Las normas del derecho interno se aplican a los individuos, mientras que las normas de derecho internacional se 
aplican a los Estados. 
 El derecho interno regula situaciones interiores, que se dan dentro de las fronteras del Estado, mientras que el 
derecho internacional se ocupa de asuntos exteriores. 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primerparcial UBA XXI 
 
Según la teoría dualista, es imprescindible la sanción de normas internas que transformen el derecho 
internacional en derecho nacional. 
Teorías Monistas 
Surgieron como una respuesta al dualismo y que encontraron en Hans Kelsen a su principal impulsor. Para el 
monismo, el derecho internacional es derecho en el mismo sentido que el derecho interno: ambos 
producen normas destinadas a regular la conducta humana. 
El monismo reconoce que no existe un único órgano legislador a nivel internacional. De hecho, 
considera que existen varios órganos legisladores, tantos como tratados se celebren: los representantes 
de los Estados que celebran un tratado son un órgano de creación de derecho con la misma función que un 
Congreso nacional. 
Por otro lado, el monismo afirma que los sujetos afectados por las normas de origen nacional o 
internacional son los individuos, no los países. Lo entienden así por dos razones: por un lado, porque las 
obligaciones y derechos contraídas por el Estado están dirigidas a los individuos que administran y 
gobierna ese Estado; por el otro, porque el sujeto final de las normas internacionales están dirigidas al 
ser humano en sí, en tanto población del Estado en cuestión. 
Con respecto al órgano coactivo, el monismo reconoce que es cierto que no existe una institución 
como la policía de los estados nacionales, con la función de hacer cumplir sus decisiones. Sin 
embargo, existen múltiples mecanismos que tienen los organismos internacionales para hacer 
cumplir sus disposiciones: el más conocido, por caso, es el Consejo de Seguridad de la ONU. De la 
misma manera, existen variados mecanismos alternativos de solución de controversias e, inclusive, instancias de 
índole jurisdiccional o judicial, que fácilmente son asimilables órganos juzgadores a nivel internacional. 
Hacia la década de 1980 en nuestro país, estas eran las posiciones que dividían la doctrina sobre la relación del 
derecho internacional y el derecho local. 
El tratamiento jurisprudencial: de Ekmekdjian con Neustadt a Ekmekdjian con Sofovich 
En tanto no consideran que exista relación entre el derecho internacional y el derecho interno, los 
dualistas no contemplan relación jerárquica alguna entre ambos tipos de normas y, por lo tanto, 
estiman obligatoria la incorporación de los derechos internacionales al derecho interno a través de 
una norma local. 
En 1988, la Corte Suprema de Justicia adoptó esta postura en el fallo del caso Ekmekdjian con Neustdat. Miguel Ángel 
Ekmekdjian, destacado profesor de la Universidad de Buenos Aires, solicitó derecho a réplica en el programa Tiempo Nuevo que 
era conducido por el periodista Bernardo Neustdat. Este pedido se originó porque Ekmerkdjian se sintió agraviado por los dichos 
que había pronunciado el expresidente Arturo Frondizi, durante el programa emitido el 19 de mayo de 1987. 
Cabe señalar que el derecho a réplica no existía en nuestro ordenamiento jurídico interno en 1987, pero sí 
formaba parte de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que había sido aprobada como un 
tratado internacional en marzo de 1984. Sin embargo, no había una norma interna del derecho argentino que 
hubiera incorporado formalmente, o ni siquiera reglamentado, el derecho a réplica contenido en la 
Convención. 
Tanto la primera instancia, como la Cámara de Apelaciones rechazaron la solicitud de Ekemekdjian. Faltaba la 
respuesta de la Corte, que se produjo al año siguiente, y fue tajante: 
[...] cabe recordar que esta Corte ya ha establecido que el derecho a réplica o respuesta, contenido en el 
art. 14.1 de la Convención Americana sobre DDHH -aprobada por la ley 23.054- no ha sido objeto aún 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
de reglamentación legal para ser tenido como derecho positivo interno, lo cual lleva a rechazar los 
agravios del apelante en ese punto […] (Fallos 311: 2497) 
Algunos hechos similares ocurridos posteriormente tuvieron resultados diferentes. En junio de 1988, en el 
programa “La noche del sábado” que conducía Gerardo Sofovich, el escritor Dalmiro Sáenz realizó una serie 
de comentarios provocativos sobre la religión católica y la virginidad de María, que ofendieron a Ekmekdjian 
en su condición de católico. Entonces, envió una carta documento al programa desagraviando a la figura de la 
virgen María para que fuera leída en cumplimiento de lo que preveía el derecho a réplica de la Convención 
Americana. Al no obtener respuesta alguna, inició una acción de amparo, que terminó siendo el famoso fallo 
Ekmekdjian con Sofovich. (Fallos 315:1492) 
Esta vez, la Corte cambió su postura y en el fallo que vio la luz en 1992 sostuvo que: 
en nuestro ordenamiento jurídico, el derecho de respuesta, o rectificación ha sido establecido en el art. 
14 del Pacto de San José de Costa Rica que, al ser aprobado por ley 23.054 y ratificado por nuestro país 
el 5 de setiembre de 1984, es ley suprema de la Nación conforme a lo dispuesto por el art. 31 de la 
Constitución Nacional. Cabe, entonces, examinar si –como afirma el recurrente– aquella disposición 
resulta directamente operativa en nuestro derecho interno o si, por el contrario, es menester su 
complementación legislativa. 
Luego, en referencia a la necesidad o no sancionar una norma interna, sostuvo que: 
en el mismo orden de ideas, debe tenerse presente que cuando la Nación ratifica un tratado que firmó 
con otro Estado, se obliga internacionalmente a que sus órganos administrativos y jurisdiccionales lo 
apliquen a los supuestos que ese tratado contemple, siempre que contenga descripciones lo 
suficientemente concretas de tales supuestos de hechos que hagan posible su aplicación inmediata. Una 
norma es operativa cuando está dirigida a una situación de la realidad en la que puede operar 
inmediatamente, sin necesidad de instituciones que deba establecer el Congreso” 
Este emblemático fallo echó luz sobre la postura que adoptaría, de allí en más, la Corte Suprema en cuanto a la 
operatividad de los tratados internacionales, adoptando el principio de autoejecutividad u operatividad que 
retomaremos cuando veamos específicamente a los derechos humanos. Al mismo tiempo, a partir de este fallo, 
se allanó el camino a la primacía de los tratados de Derechos Humanos que se consolidaría luego de la Reforma 
Constitucional de 1994. 
La jerarquía de los tratados internacionales después de 1994 
El artículo 75°, inc. 22, de la Constitución Nacional dice que corresponde al Congreso: 
Aprobar o desechar tratados concluidos con las demás naciones y con las organizaciones 
internacionales y los concordatos con la Santa Sede. Los tratados y concordatos tienen jerarquía 
superior a las leyes. 
De esta forma, queda establecida la relación jerárquica según la cual los tratados tienen jerarquía superior a 
las leyes. Sin embargo, nos queda aún develar cuál es la relación que poseen con respecto a la Constitución. 
Veamos lo qué dice el artículo al respecto: 
La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre; la Declaración Universal de 
Derechos Humanos; la Convención Americana sobre Derechos Humanos; el Pacto Internacional de 
Derechos Económicos, Sociales y Culturales; el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y su 
Protocolo Facultativo; la Convención sobre la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio; la 
Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial; la 
Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer; la 
Convención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes; la 
Principios de DDHH y Derecho Constitucional Resumen para el primer parcial UBA XXI 
 
Convención sobre los Derechos del Niño; en las condiciones de su vigencia, tienen jerarquía 
constitucional,no derogan artículo alguno de la primera parte de esta Constitución y deben 
entenderse complementarios de los derechos y garantías por ella reconocidos. Sólo podrán ser 
denunciados, en su caso, por el Poder Ejecutivo Nacional, previa aprobación de las dos terceras partes 
de la totalidad de los miembros de cada Cámara. 
Los demás tratados y convenciones sobre derechos humanos, luego de ser aprobados por el 
Congreso, requerirán del voto de las dos terceras partes de la totalidad de los miembros de 
cada Cámara para gozar de la jerarquía constitucional. 
En la primera parte, el artículo empieza citando diez tratados de derechos humanos a los que les otorga 
jerarquía constitucional, es decir, los ubica junto con la Constitución Nacional en lo más alto de nuestra 
pirámide de normas. En el siguiente párrafo, establece un mecanismo para que otros tratados puedan 
ser incorporados a la misma jerarquía. Para ellos establece dos requisitos: 
1. Deben ser referidos a derechos humanos 
2. Requerirán del voto de las dos terceras partes de la totalidad de los miembros de cada Cámara para gozar de 
jerarquía constitucional. 
Solamente cumpliendo estos dos requisitos es que otros tratados no mencionados en el artículo 
podrán adquirir la misma jerarquía que la constitución. Es por ello que hay tres tratados internacionales 
de derechos humanos que, aunque no están mencionados en el artículo 75° inc. 22, tienen jerarquía 
constitucional: 
 La Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas. 
 La Convención sobre la imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y de los crímenes de lesa humanidad. 
 La Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad. 
Los tres son tratados referidos a derechos humanos (requisito 1) que obtuvieron el voto de las dos terceras 
partes de la totalidad de los miembros de cada Cámara (requisito 2) y, por lo tanto, tienen jerarquía 
constitucional. 
La Constitución y estos trece tratados conforman lo que se conoce como Bloque de 
Constitucionalidad y tienen la más alta jerarquía normativa. 
Finalmente, con respecto a los tratados de integración, la carta magna establece en el artículo 75° inc. 24 que 
corresponde al Congreso: 
Aprobar tratados de integración que deleguen competencias y jurisdicción a organizaciones 
supraestatales en condiciones de reciprocidad e igualdad, y que respeten el orden democrático y los 
derechos humanos. Las normas dictadas en su consecuencia tienen jerarquía superior a las leyes. 
La aprobación de estos tratados con Estados de Latinoamérica requerirá la mayoría absoluta de la 
totalidad de los miembros de 
cada Cámara. 
Este artículo ubica a los 
tratados de integración -y las 
normas que se dicten a partir 
de ellos- en una posición 
jerárquica superior a las 
leyes, reforzando lo que 
sostenía la primera parte del 
inciso 22.