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M anifestaciones cardinales y presentación de enferm edades PARTE 2 254 53 DisfagiaIkuo Hirano, Peter J. Kahrilas La disfagia (difi cultad para deglutir) se refi ere a los problemas con el trán- sito de alimentos o líquidos de la boca a la hipofaringe o por el esófago. La disfagia grave puede comprometer la nutrición, ocasionar broncoaspira- ción y reducir la calidad de vida. Otros términos relacionados con la dis- función son los siguientes. La afagia (incapacidad para deglutir) indica obstrucción esofágica completa, más a menudo la que se encuentra en si- 52 PalpitacionesJoseph Loscalzo Las palpitaciones son manifestaciones muy comunes en pacientes que acuden al médico y que se defi nen mejor como “latidos fuertes” o la sen- sación de “retumbo” o “vibración” en el tórax. Esta sensación puede ser intermitente o prolongada, y ser regular o irregular. La mayoría de las per- sonas interpretan las palpitaciones como una percepción inusual del latido cardiaco y se ponen muy nerviosas cuando notan que se les ha “saltado” o que les “faltó” un latido cardiaco. Las palpitaciones suelen apreciarse cuan- do el paciente está descansando tranquilamente y los demás estímulos son mínimos. Las palpitaciones de índole postural refl ejan un proceso estruc- tural en el interior del corazón (p. ej., mixoma auricular) o en un sitio ad- yacente al mismo (p. ej., masa mediastínica). Las palpitaciones son desencadenadas por causas cardiacas (43%), psi- quiátricas (31%), diversas (10%) y desconocidas (16%), según una serie extensa de casos. Entre las causas cardiovasculares están las extrasístoles auriculares y ventriculares; arritmias supraventriculares y ventriculares; prolapso de la válvula mitral (con o sin arritmias relacionadas); insufi cien- cia aórtica; mixoma auricular, y embolia pulmonar. Las palpitaciones in- termitentes suelen deberse a extrasístoles auriculares o ventriculares: el latido posextrasistólico es percibido por el paciente en virtud del aumento en la dimensión telediastólica de los ventrículos tras la pausa en el ciclo cardiaco y el incremento en la fuerza de la contracción (potenciación pos- extrasistólica) de ese latido. Las palpitaciones regulares y prolongadas son causadas por taquicardias supraventriculares y ventriculares regulares. Las palpitaciones irregulares y prolongadas pueden deberse a fi brilación auri- cular. Es importante advertir que casi ninguna de las arritmias se acompa- ña de palpitaciones. Cuando sí se relacionan ambas, por lo general conviene pedir al paciente que “dé golpecitos imitando el ritmo de las palpitaciones o que se tome el pulso mientras ocurren las mismas”. En general, los esta- dos cardiovasculares hiperdinámicos ocasionados por la estimulación ca- tecolaminérgica a causa de ejercicio, estrés o feocromocitoma pueden originar palpitaciones. Las palpitaciones son frecuentes entre los deportis- tas, sobre todo los de mayor edad que practican deportes de resistencia. Además, el crecimiento del ventrículo que ocurre en la insufi ciencia aórti- ca y el precordio hiperdinámico que la acompaña a menudo originan la sensación de palpitaciones. Otros factores que intensifi can la fuerza de la contracción miocárdica, como el tabaquismo, la cafeína, la aminofi lina, la atropina, la tiroxina, la cocaína y las anfetaminas, pueden ocasionar palpi- taciones. Las causas psiquiátricas de las palpitaciones incluyen ataque o trastornos de pánico, estados de ansiedad y somatización, solos o combinados. Los pacientes cuyas palpitaciones se deben a causas psiquiátricas refi eren más a menudo una mayor duración de la sensación (>15 min) y otros síntomas acompañantes, a diferencia de los enfermos con palpitaciones por otras causas. Entre éstas se incluyen tirotoxicosis, fármacos y drogas (véanse pá- rrafos anteriores) y etanol, contracciones espontáneas del músculo esquelé- tico de la pared torácica, feocromocitoma y mastocitosis sistémica. ESTUDIO DEL PACIENTE Palpitaciones La principal meta en la valoración de los pacientes con palpitaciones consiste en determinar si el síntoma se debe a una arritmia potencial- mente letal. Los enfermos con arteriopatía coronaria (CAD, coronary artery disease) previa o factores de riesgo de esta enfermedad corren un riesgo máximo de presentar arritmias ventriculares (cap. 276) como causa de las palpitaciones. Además, la relación de éstas con otros síntomas que sugieren inestabilidad hemodinámica, entre los que se incluyen síncope o mareo, apoyan este diagnóstico. Las palpitaciones causadas por taquiarritmias prolongadas en pacientes con CAD algunas veces se acompañan de angina de pecho o disnea. En caso de disfun- ción ventricular (sistólica o diastólica), estenosis aórtica, miocardiopa- tía hipertrófica o estenosis mitral, con o sin CAD, las palpitaciones se acompañan de disnea por un incremento de la presión de la aurícula izquierda y la presión venosa pulmonar. Las maniobras fundamentales de la exploración física que ayudan a confirmar o refutar la presentación de una arritmia como causa de las palpitaciones y sus consecuencias hemodinámicas adversas son la de- terminación de los signos vitales, la valoración de la presión venosa yugular y el pulso y la auscultación del tórax y el precordio. Se puede utilizar un electrocardiograma en reposo para documentar la arritmia. Si se sabe que el esfuerzo desencadena este signo y las palpitaciones que la acompañan, se utilizará la electrocardiografía para establecer el diagnóstico. Si la arritmia es lo bastante infrecuente, tienen que usarse otros métodos, como la vigilancia electrocardiográfica continua (Holter); vigilancia telefónica, en la que el paciente puede transmitir un trazo electrocardiográfico durante un episodio percibido; registros de ciclo (externo o implantable), que captura el episodio electrocardiográfico para su revisión ulterior, y la telemetría cardiaca ambulatoria móvil. Los datos sugieren que la vigilancia Holter tiene escasa utilidad clínica, mientras que los dispositivos de registro electrocardiográfico implan- tables y la telemetría cardiaca ambulatoria móvil son seguras y tal vez más rentables en la valoración de sujetos con palpitaciones recurrentes sin explicación. La mayoría de los individuos con palpitaciones no presenta arrit- mias graves ni cardiopatía estructural subyacente. Si ocasionan mucha molestia al paciente, las extrasístoles auriculares o ventriculares benig- nas ocasionales a menudo pueden tratarse con bloqueadores β. Las palpitaciones desencadenadas por alcohol, tabaco o drogas ilícitas de- ben tratarse con abstinencia, en tanto que las ocasionadas por fármacos se controlarán considerando las diferentes modalidades de tratamiento cuando sea posible e idóneo. Las causas psiquiátricas de las palpitacio- nes pueden mejorar con psicoterapia cognitiva o con farmacoterapia. El médico debe advertir que las palpitaciones son en el menor de los casos molestas y, en ocasiones, asustan al paciente. Una vez que se han descartado causas graves de este síntoma, se debe tranquilizar al enfer- mo y confirmarle que las palpitaciones no afectarán de manera adver- sa su pronóstico. SECCIÓN 6 ALTERACIONES EN LA FUNCIÓN GASTROINTESTINAL tuaciones agudas con retención del bolo alimenticio o de cuerpos extra- ños. La odinofagia se refi ere a la deglución dolorosa, que típicamente es consecuencia de ulceración de la mucosa en el interior de la orofaringe o el esófago. Más a menudo se acompaña de disfagia, pero lo contrario no es cierto. El globo faríngeo es una sensación de cuerpo extraño ubicada en el cuello que no interfi ere en la deglución y que en ocasiones se alivia con la misma. La disfagia de transferencia con frecuencia ocasiona regurgitación nasal y broncoaspiración pulmonar durante la deglución y es característi- ca de la disfagia orofaríngea. La fagofobia (temor de deglutir) y la negativa de deglutir pueden ser trastornos psicógenos o relacionados con ansiedad anticipatoria sobre obstruccióncon el bolo alimentario, con odinofagia o broncoaspiración. D isfagia 255 CAPÍTULO 53 FISIOLOGÍA DE LA DEGLUCIÓN La deglución inicia con una fase voluntaria (oral) que incluye la prepara- ción durante la cual los alimentos se mastican y se mezclan con saliva. Esto se continúa por una fase de transferencia durante la cual el bolo es despla- zado a la faringe por la lengua. El bolo entra en la hipofaringe e inicia una respuesta de deglución faríngea, que es mediada por el sistema nervioso central que involucra una serie de acciones complejas, cuyo resultado neto es la impulsión del alimento por la faringe hacia el esófago, al tiempo que se impide la entrada a las vías respiratorias. Para lograr esto, la laringe se eleva y se desplaza hacia adelante, acciones que facilita la abertura del es- fínter esofágico superior (UES, upper esophageal sphincter). La pulsión de la lengua impulsa el bolo alimenticio para que pase por el UES, seguido por contracción peristáltica que elimina los residuos de la faringe y los desplaza hacia el esófago. El esfínter esofágico inferior (LES, lower esopha- geal sphincter) se relaja a medida que el alimento entra en el esófago y permanece relajado hasta que la contracción peristáltica ha llevado el bolo alimenticio al interior del estómago. Se desencadenan contracciones peris- tálticas en respuesta a la deglución, las cuales se conocen como peristalsis primaria, que incluyen la inhibición secuencial seguida de contracción de la musculatura a todo lo largo del esófago. La inhibición que precede a las contracciones peristálticas se conoce como inhibición de la deglución. La distensión local del esófago en cualquier parte de su trayecto, que puede ocurrir con el refl ujo gastroesofágico, activa la peristalsis secundaria que inicia en el punto de distensión y que avanza en sentido distal. Las contrac- ciones esofágicas terciarias no son peristálticas; corresponden a contraccio- nes esofágicas desordenadas que pueden ocurrir en forma espontánea durante la observación por fl uoroscopia. La musculatura de la cavidad bucal, faringe, UES y esófago cervical co- rresponde a músculo estriado y recibe inervación directa de las neuronas motoras inferiores transportadas por los pares craneales (fi g. 53-1). Los músculos de la cavidad bucal reciben inervación del V y VII pares cranea- les (trigémino y facial, respectivamente; la lengua recibe inervación del XII par craneal (hipogloso). Los músculos faríngeos reciben inervación de los pares craneales IX (glosofaríngeo) y X (vago). En términos fi siológicos, el UES consiste en músculo cricofaríngeo, el constrictor faríngeo inferior adyacente y la porción proximal del esófago cervical. La inervación del UES se deriva del nervio vago, en tanto que la inervación de la musculatura que actúa sobre el UES para facilitar su aber- tura durante la deglución proviene del V, VII y XII pares craneales. El UES permanece cerrado en reposo gracias a sus propiedades elásticas inheren- tes y a la contracción del músculo cricofaríngeo, bajo mediación neurógena. La abertura del UES durante la deglución comprende tanto la interrup- ción de la excitación vagal al músculo cricofaríngeo y la contracción si- multánea de los músculos suprahioideo y geniohioideo que abren el UES en combinación con el desplazamiento hacia arriba y hacia delante de la laringe. El aparato neuromuscular para la peristalsis es diferente en las regiones proximal y distal del esófago. El esófago cervical, al igual que la muscula- tura faríngea, consiste en músculo estriado y recibe inervación directa de neuronas motoras inferiores del nervio vago. La peristalsis en el esófago proximal es controlada por activación secuencial de las neuronas motoras vagales en el núcleo ambiguo. Por el contrario, la porción distal del esófago y el LES están compuestos por músculo liso y están controlados por neu- ronas excitadoras e inhibidoras en el plexo mientérico esofágico. Las neu- ronas preganglionares del bulbo raquídeo provenientes del núcleo motor dorsal del nervio vago desencadenan la peristalsis a través de estas neuro- nas ganglionares durante la peristalsis primaria. Los neurotransmisores de las neuronas ganglionares excitadoras son la acetilcolina y la sustancia P; los neurotransmisores de las neuronas inhibidoras son el péptido intesti- nal vasoactivo y el óxido nítrico. La peristalsis se origina de la activación de las neuronas inhibidoras seguida de la actividad de las neuronas gan- glionares excitadoras con predominio progresivo de las neuronas inhibi- doras en sentido distal. De la misma forma, la relajación del LES ocurre con el inicio de la inhibición de la deglución y persiste hasta que la secuen- cia peristáltica ha concluido. En reposo, el LES se contrae por estimulación ganglionar excitadora y por el tono miógeno intrínseco, una propiedad que lo diferencia del esófago adyacente. La función del LES se comple- menta con los músculos circundantes del pilar derecho del diafragma, el cual actúa como esfínter externo durante la inspiración, tos o esfuerzo ab- dominal. FISIOPATOLOGÍA DE LA DISFAGIA La disfagia puede subclasifi carse por su ubicación y por las circunstancias en que ocurre. Con respecto a su ubicación, se aplican diferentes conside- raciones a la disfagia bucal, faríngea o esofágica. El transporte normal del bolo ingerido depende de la consistencia y del tamaño del bolo, el calibre de la luz, la integridad de las contracciones peristálticas y la inhibición de la deglución del UES y del LES. La disfagia que es causada por un bolo de gran tamaño o una luz estrecha se conoce como disfagia estructural, en tanto que la disfagia por anomalías de la peristalsis o por alteración de la relaja- ción del esfínter después de la deglución se conoce como disfagia de pro- pulsión o motora. En el paciente con disfagia se puede observar más de un Paladar blando Cavidad bucal Lengua Membrana tirohioidea Membrana cricotiroidea Hueso hioides Hueso hioides Cuerdas vocales Esófago Laringofaringe (hipofaríngeo) Vallécula Orofaringe Músculos aritenoides transversos Cartílago cricoides Paladar duro Músculo milohioideo Esófago Músculo estilofaríngeo Glosofaríngeo Ligamento estilohioideo Apófisis estilohioidea Constrictor superior Músculo constrictor medio Vista sagital de la faringe Musculatura de la faringe Músculo hipogloso Músculo digástrico (vientre posterior) Músculo estiloglosoDigástrico (vientre anterior) Milohioideo Bucinador Placa pterigoidea lateral Cartílago cricoides Membrana cricotiroidea Cartílago tiroides Membrana tiroidea Músculo cricofaríngeo Músculo constrictor inferior Epiglotis FIGURA 531. Vista sagital y diagramática de la musculatura que participa en la deglución orofaríngea. Obsérvese el predominio de la lengua en la proyección sagital y la relación cercana entre la entrada a la laringe (vía respiratoria) y al esófago. En la configuración en reposo, que se ilustra, está cerrado el infundíbulo esofági- co. Esto se modifica de manera transitoria porque el infundíbulo esofágico se encuentra abierto y el infundíbulo laríngeo cerrado durante la deglución. (Adaptado de PJ Kahrilas, en DW Gelfand y JE Richter [eds]: Dysphagia: Diagnosis and Treatment. New York: IgakuShoin Medical Publishers, 1989, pp. 11-28.) M anifestaciones cardinales y presentación de enferm edades 256 PARTE 2 mecanismo. La esclerodermia a menudo se manifi esta con ausencia de peristalsis y con debilitamiento del LES, lo que predispone a los pacientes a formación de estenosis pépticas. De la misma forma, la radioterapia para cáncer de cabeza y cuello puede ocasionar défi cits funcionales durante la deglución orofaríngea que son atribuibles al tumor y que causan estenosis de la porción cervical del esófago. Disfagia bucal y faríngea (orofaríngea) La disfagia durante la fase oral se aso- cia a mala formación y control del bolo, de forma que los alimentos se retie- nen de manera prolongada en elinterior de la cavidad bucal y pueden escurrir de la boca. La sialorrea y la difi cultad para iniciar la deglución son otros signos característicos. El control inadecuado del bolo alimenticio también puede ocasionar escurrimiento prematuro de alimentos hacia la hipofaringe con broncoaspiración resultante hacia la tráquea o regurgita- ción al interior de la cavidad nasal. La disfagia de fase faríngea se asocia a retención de alimentos en la faringe por mala propulsión de la lengua o de la faringe, o bien, por obstrucción al nivel del UES. Con la disfagia orofa- ríngea pueden asociarse signos y síntomas de disfonía concomitante o de disfunción de los pares craneales. La disfagia orofaríngea puede tener causas neurológicas, musculares, estructurales, yatrógenas, infecciosas y metabólicas. Las más comunes son las causas yatrógenas, neurológicas y estructurales. Las causas yatrógenas incluyen cirugía y radiación, a menudo en casos de cáncer de cabeza y cuello. La disfagia neurógena que es consecuencia de accidentes cerebro- vasculares, enfermedad de Parkinson y esclerosis lateral amiotrófi ca es la principal causa de morbilidad relacionada con broncoaspiración y desnu- trición. Los núcleos del bulbo raquídeo inervan directamente la orofaringe. La lateralización de la disfagia faríngea implica lesión de una estructura faríngea o una enfermedad neurológica que afecta de manera selectiva el núcleo ipsolateral del tronco del encéfalo o un par craneal. Los adelantos en los estudios de imagen funcional del encéfalo han dilucidado la impor- tante función de la corteza cerebral en la función de la deglución y la dis- fagia. La asimetría en la representación cortical de la faringe proporciona una explicación de la disfagia que ocurre como consecuencia de acciden- tes cerebrovasculares corticales unilaterales. Las lesiones estructurales orofaríngeas que causan disfagia incluyen di- vertículo de Zenker, barra cricofaríngea y neoplasias. El divertículo de Zenker por lo general se encuentra en ancianos, con una prevalencia esti- mada entre 1:1 000 y 1:10 000. Además de la disfagia, los pacientes pueden presentarse con regurgitación de restos de alimentos, broncoaspiración y halitosis. La patogenia está relacionada con la estenosis del músculo crico- faríngeo, que causa disminución de la abertura del UES y que ocasiona incremento de la presión hipofaringe durante la deglución, con el desarro- llo de un divertículo por pulsión inmediatamente por arriba del músculo cricofaríngeo, en una región de debilidad potencial conocida como dehis- cencia de Killian. La barra cricofaríngea aparece como una indentación prominente por detrás del tercio inferior del cartílago cricoides y se rela- ciona con el divertículo de Zenker, que consiste en una distensibilidad li- mitada del músculo cricofaríngeo, lo que puede ocasionar la formación de un divertículo de Zenker. Sin embargo, la barra cricofaríngea es un dato radiográfi co común y la mayor parte de los pacientes con barras cricofarín- geas transitorias cursan asintomáticos, por lo que es importante descartar otras causas de disfagia antes del tratamiento. Además, las barras cricofa- ríngeas pueden ser secundarias a otras enfermedades neuromusculares. Como la fase faríngea de la deglución ocurre en <1 s, es necesaria una fl uoroscopia en secuencia rápida para valorar posibles anomalías funcio- nales. Para realizar una exploración fl uoroscópica adecuada es indispensa- ble que el paciente esté consciente y coopere. El estudio incorpora registros de las secuencias de deglución durante la ingestión de alimentos y líquidos de consistencias variables. Se explora la faringe para detectar retención del bolo alimenticio, regurgitación hacia la nariz o broncoaspiración hacia la tráquea. La sincronización y la integridad de la contracción faríngea y la abertura del UES con la deglución se analizan con el fi n de valorar tanto el riesgo de broncoaspiración como el posible tratamiento para la deglución. Las anomalías estructurales de la orofaringe, en especial aquellas en las que se necesita biopsia, también deben valorarse por laringoscopia directa. Disfagia esofágica El esófago del adulto mide 18 a 26 cm de longitud y se divide en términos anatómicos en esófago cervical, que se extiende de la unión faringoesofágica a la escotadura supraesternal, y esófago torácico, que es la continuación hasta el hiato diafragmático. Cuando se distiende, la luz esofágica tiene dimensiones internas de casi 2 cm en el plano antero- posterior y de 3 cm en el plano lateral. La disfagia a alimentos sólidos se vuelve frecuente cuando la luz se estrecha a <13 mm, pero también puede ocurrir con diámetros más grandes en el caso de alimentos mal mastica- dos o de disfunción motora. Es más probable que las lesiones circunferen- ciales causen disfagia que las lesiones que afectan sólo de manera parcial la circunferencia de la pared esofágica. Las causas estructurales más frecuen- tes de disfagia son anillos de Schatzki, esofagitis eosinofílica y estenosis pépticas. La disfagia también ocurre en casos de enfermedad por refl ujo gastroesofágico sin estenosis, quizá porque se altera la sensibilidad esofá- gica, su distensibilidad o su función motora. Los trastornos de la propulsión que ocasionan disfagia esofágica por anomalías de la peristalsis o por inhibición de la deglución podrían afectar el esófago cervical o torácico. Como las enfermedades del músculo estriado por lo general afectan la orofaringe y el esófago cervical, las manifestacio- nes clínicas suelen predominar para la disfagia orofaríngea. Las enferme- dades que dañan el músculo liso afectan el esófago torácico y el LES. Una manifestación predominante de esto, la ausencia de peristalsis, hace refe- rencia a la ausencia completa de contracción inducida por la deglución o a la ausencia de peristalsis y contracciones desordenadas. La ausencia de peristalsis y la falta de relajación del LES durante la deglución son caracte- rísticas que defi nen la acalasia. En el espasmo difuso del esófago (DES, diff use esophageal spasm), la función del LES es normal y la alteración de la motilidad se restringe al cuerpo del esófago. La ausencia de peristalsis en combinación con debilidad grave del LES es un patrón en específi co que se encuentra a menudo en pacientes con esclerodermia. ESTUDIO DEL PACIENTE Disfagia En la figura 53-2 se muestra un algoritmo para el estudio del paciente con disfagia. ANAMNESIS Los antecedentes del paciente son de extrema utilidad para establecer un diagnóstico presuncional o al menos para restringir de manera sustancial el diagnóstico diferencial en la mayor parte de los pacientes. Los elementos fundamentales de la anamnesis son la ubicación de la disfagia, las circunstancias en las cuales experimenta la disfagia, otros síntomas relacionados con disfagia y su progresión. La disfagia que se ubica en la escotadura supraesternal puede indicar causas orofaríngeas o esofágicas, ya que la disfagia distal se refiere en casi 30% de los casos. La disfagia que se ubica en el tórax tiene origen esofágico. La regurgi- tación nasal y la broncoaspiración traqueobronquial que se manifies- tan con todos durante la deglución son características distintivas de la disfagia orofaríngea. La tos intensa con la deglución puede ser un sig- no de fístula traqueoesofágica. La presencia de disfonía puede ser otro indicio diagnóstico importante. Cuando la disfonía precede a la disfa- gia, la lesión primaria suele ser laríngea; la disfonía que ocurre después de la aparición de la disfagia puede ser consecuencia de la afectación del nervio laríngeo recurrente por una neoplasia maligna. El tipo de alimento que causa disfagia es un detalle crucial. La disfagia intermi- tente que ocurre sólo con alimentos sólidos implica disfagia estructu- ral, en tanto que la disfagia constante a líquidos y sólidos sugieren fuertemente una anomalía motora. Hay dos inconvenientes a este pa- trón pese a existir anomalíasmotoras, ya que los pacientes con escle- rodermia por lo general padecen disfagia leve sólo para sólidos y, de manera un tanto paradójica, los pacientes con disfagia orofaríngea a menudo tienen mayor dificultad para deglutir líquidos que sólidos. La disfagia progresiva a lo largo de semanas a meses hace surgir la preo- cupación de neoplasia. La disfagia episódica a sólidos que no cambie con el paso de los años indica una enfermedad benigna como anillo de Schatzki o esofagitis eosinofílica. La retención de alimentos con inca- pacidad prolongada para deglutir un bolo ingerido, incluso con el consumo de líquidos, es una manifestación típica de la disfagia estruc- tural. El dolor torácico a menudo acompaña a la disfagia ya sea que la causa sean trastornos motores, trastornos estructurales o enfermedad por reflujo. Los antecedentes de pirosis por periodos prolongados que preceden a la aparición de la disfagia sugieren estenosis péptica, y con poca frecuencia, adenocarcinoma esofágico. El antecedente de intuba- ción nasogástrica prolongada, cirugía esofágica o de cabeza y cuello, la ingestión de cáusticos, fármacos o píldoras, la radiación o quimiotera- pia previa o la asociación con enfermedades mucocutáneas pueden ayudar a aislar la causa de la disfagia. Cuando se acompaña de odi- nofagia, que suele indicar ulceración, debe sospecharse esofagitis in- D isfagia 257 CAPÍTULO 53 fecciosa o inducida por píldoras. En pacientes con sida u otros estados de inmunodepresión, debe considerarse esofagitis por infecciones opor- tunistas como Candida, virus del herpes simple o citomegalovirus o bien, tumores como el sarcoma de Kaposi y el linfoma. Un fuerte ante- cedente de atopia incrementa la posibilidad de esofagitis eosinofílica. EXPLORACIÓN FÍSICA La exploración física es importante en la valoración de la disfagia oral y faringe, porque la disfagia suele ser la única manifestación de un proceso patológico más global. Deben buscarse signos de parálisis vulvar o pseu- dobulbar, lo que incluye disartria, disfonía, ptosis, atrofia de la lengua e hiperactividad de la mandíbula, además de evidencia de enfermedad neuromuscular generalizada. El cuello debe explorarse en busca de tiro- megalia. La exploración cuidadosa de la boca y la faringe puede descu- brir lesiones que interfieren en el paso de los alimentos. La pérdida de piezas dentales puede interferir en la masticación y exacerbar una causa existente de disfagia. La exploración física es de menos utilidad en la valoración de la disfagia esofágica, ya que las enfermedades más relevan- tes se restringen al esófago. Una excepción notable son las enfermedades cutáneas. Los cambios en la piel pueden sugerir el diagnóstico de escle- rodermia o de enfermedades mucocutáneas como penfigoide, liquen plano y epidermólisis ampollosa, las cuales pueden afectar el esófago. PROCEDIMIENTOS DIAGNÓSTICOS Aunque la mayor parte de los casos de disfagia se atribuyen a enferme- dades benignas, la disfagia también puede ser un signo cardinal de di- versas neoplasias malignas, por lo que se convierte en un síntoma importante que debe valorarse. El cáncer puede producir disfagia por obstrucción intraluminal (cáncer esofágico o de la porción proximal del estómago, metástasis), compresión extrínseca (linfoma, cáncer pulmo- nar) o síndromes paraneoplásicos. Incluso cuando no exista una neoplasia a la cual atribuir la disfagia, ésta suele ser manifestación de enfermedades susceptibles de identificación y tratamiento, lo que hace que la valoración sea beneficiosa para el paciente y gratificante para el médico. El algoritmo diagnóstico específico depende de los detalles de la anamnesis (fig. 53-2). Si se sospecha disfagia bucal o faríngea, el estudio de fluoroscopia, por lo general realizado por un terapeuta de la deglución, es el procedimiento preferido. También es importante la valoración otorrinolaringológica y neurológica, lo que depende de las circunstancias. Para casos en que se sospeche disfagia esofágica, la en- doscopia de tubo digestivo alto es la prueba de mayor utilidad. La endoscopia permite una mejor visualización de las lesiones de la mu- cosa que la radiografía con trago de bario y también permite obtener biopsias de la mucosa. Las anomalías endoscópicas o histológicas son evidentes en las causas principales de disfagia esofágica: anillo de Schatzki, enfermedad por reflujo gastroesofágico y esofagitis eosinofí- lica. Además, las intervenciones terapéuticas con dilatación esofágica pueden realizarse como parte del procedimiento si esto se considera necesario. El surgimiento de la esofagitis eosinofílica como principal causa de la disfagia en niños y adultos ha llevado a la recomendación de que se obtengan biopsias de mucosa esofágica de manera sistemáti- ca en la valoración de disfagia inexplicada, incluso si no se identifican lesiones esofágicas durante la endoscopia. Para casos de sospecha de alteraciones de la motilidad esofágica, la endoscopia todavía es el mé- todo de valoración inicial apropiado, ya que muchas enfermedades neoplásicas inflamatorias pueden producir de manera secundaria pa- trones de acalasia o de espasmo esofágico. La manometría esofágica se realiza si la disfagia no se explica de manera adecuada mediante la endoscopia o para confirmar el diagnóstico de un trastorno motor eso- fágico sospechado. Las radiografías con trago de bario pueden propor- cionar información auxiliar útil en casos de estenosis esofágicas sutiles o complejas, antecedentes de cirugía esofágica, divertículos esofágicos o hernia paraesofágica. En casos específicos, la tomografía computari- zada (CT) y la ecografía endoscópica pueden ser de utilidad. Disfagia Disfagia orofaríngea Disfagia esofágica De propulsión De propulsiónEstructural Estructural Odinofagia Disfagia a líquidos y a sólidos Disfagia a sólidos Miógena Accidente cerebrovascular Enfermedad de Parkinson Esclerosis lateral amiotrófica Tumor del tronco del encéfalo Síndrome de Guillain-Barré Corea de Huntington Síndrome pospolio Esclerosis múltiple Parálisis cerebral Divertículo de Zenker Neoplasia Membrana cervical Barra cricofaríngea Osteofitos Anomalías congénitas Después de cirugía de cabeza y cuello Mucositis por quimioterapia Radiación Lesión por corrosivos Infección Disfagia localizada en el tó rax o el cuello, retenció n de alimentos Disfagia localizada en el cuello, regurgitación nasal, aspiració n, síntomas asociados de origen ENT Neurógena Miastenia grave Polimiositis Colagenopatías mixtas Distrofia muscular oculofaríngea Síndrome paraneoplásico Distrofia miotónica Sarcoidosis GERD con peristalsis débil Acalasia (primaria y secundaria) Espasmo difuso del esófago Esclerodermia Intermitente Anillo de Schatzki Membranas esofágicas Progresiva Neoplasias Variable Estenosis péptica Esofagitis eosinofílica Hernia hiatal Compresión extrínseca Estenosis quirúrgica Esofagitis por radiación Anillos esofágicos Estenosis esofágica congénita Esofagitis por píldoras Esofagitis infecciosa Lesiones por cáusticos Mucositis por quimioterapia Escleroterapia Enfermedad de Crohn Síndrome de Behçet Penfigoide ampolloso Liquen plano ESTUDIO DEL PACIENTE CON DISFAGIA FIGURA 532. Estudio del paciente con disfagia. Las causas resaltadas en negritas son las más frecuentes. ENT, otorrinolaringología; GERD, enfermedad por reflujo gastroesofágico. 258 PARTE 2 TRATAMIENTO El tratamiento de la disfagia depende de la ubicación y de la causa espe- cífica. La disfagia orofaríngea más a menudo es ocasionada por déficits funcionales causados por trastornos neurológicos. En tales circunstan- cias, el tratamiento se dirige a utilizar posturas o maniobras diseñadas para reducir los residuos faríngeos e incrementar la protección de las vías respiratorias, que se aprenden bajo la dirección de un terapeuta capacitado en la deglución.El riesgo de broncoaspiración puede re- ducirse si se modifica la consistencia de los alimentos y líquidos in- geridos. La disfagia ocasionada por accidente cerebrovascular por lo general, aunque no siempre, mejora de manera espontánea en las pri- meras semanas después del episodio. En los casos más graves y persis- tentes puede necesitarse gastrostomía y alimentación entérica. Algunos pacientes con miastenia grave (cap. 461) y polimiositis (cap. 388) responden al tratamiento médico de la enfermedad neuromuscular primaria. La intervención quirúrgica con miotomía cricofaríngea no suele ser de utilidad, con la excepción de trastornos específicos como la barra cricofaríngea idiopática, el divertículo de Zenker y la distrofia muscular oculofaríngea. Los trastornos urológicos crónicos, como la enfermedad de Parkinson y la esclerosis lateral amiotrófica, pueden manifestarse con disfagia orofaríngea grave. Puede considerarse la alimentación con sonda nasogástrica o con sonda de gastrostomía colocada por acceso endoscópico, para el apoyo nutricional; sin em- bargo, estas maniobras no protegen contra la aspiración de secreciones salivales o del contenido gástrico que presentó reflujo. El tratamiento de la disfagia se revisa con detalle en el capítulo 347. La mayor parte de los casos de disfagia esofágica pueden tratarse de manera eficaz por medio de dilatación esofágica con dilatadores o glo- bos para dilatación. El cáncer y la acalasia a menudo se tratan por medios quirúrgicos, aunque se encuentran disponibles técnicas en- doscópicas con fines paliativos y como tratamiento primario, res- pectivamente. Las causas infecciosas responden a los tratamientos antimicrobianos o al tratamiento del estado de inmunodepresión subyacente. Por último, la esofagitis eosinofílica ha surgido como una causa importante de disfagia que es susceptible de tratamiento si se eliminan los alérgenos alimentarios o mediante la administración de glucocorticoides de acción tópica, administrados por deglución. 54 Náusea, vómitoe indigestión William L. Hasler La náusea es la sensación subjetiva de la necesidad de vomitar. El vómito es la expulsión del contenido gastrointestinal por vía bucal por contraccio- nes del intestino y de la musculatura de la pared toracoabdominal; es dife- rente a la regurgitación, el paso sin esfuerzo del contenido gástrico hacia la boca. La rumiación es la regurgitación repetida de residuos alimentarios, que pueden ser masticados nuevamente y embutidos. A diferencia del vó- mito, estos fenómenos muestran un control voluntario. El término indiges- tión abarca una amplia variedad de síntomas entre los que se incluyen náusea, vómito, pirosis, regurgitación y dispepsia (presencia de síntomas que parecen originarse en la región gastroduodenal). Algunos individuos con dispepsia reportan sensación urente de predominio epigástrico, sen- sación de vacío con dolor. Otros experimentan sensación de plenitud pos- prandial, saciedad temprana (incapacidad para consumir una comida por completo por la sensación prematura de plenitud), distensión, eructos y anorexia. NÁUSEA Y VÓMITO MECANISMOS El vómito se encuentra coordinado por el tronco del encéfalo y se lleva a cabo por respuestas en el intestino, faringe y musculatura somática. Se comprenden mal los mecanismos subyacentes de la náusea, pero tal vez involucran a la corteza cerebral, ya que la náusea requiere percepción consciente. Esto se apoya por estudios de imágenes funcionales del encé- falo que muestran activación de una amplia gama de regiones de la corteza cerebral durante la náusea. Coordinación del vómito Los núcleos de tronco del encéfalo, lo que incluye el núcleo del haz solitario, núcleos frénico y vagal dorsal, núcleos del bulbo raquídeo que regulan la respiración y los núcleos que controlan los movi- mientos faríngeos, faciales y linguales son las estructuras que coordinan el inicio del vómito. En esta coordinación participan las vías de la neurocini- na NK, la serotonina 5-HT3 y vasopresina. Los músculos somáticos y viscerales responden de manera estereotipa- da durante el vómito. Se contraen los músculos respiratorios de la pared torácica y abdominal, con incremento de las presiones intratorácicas e in- traabdominales lo que evacua el estómago. El cardias gástrico se hernia por arriba del diafragma y la laringe se desplaza en sentido craneal para impulsar el vómito. Las contracciones intestinales migratorias distales suelen regularse por un fenómeno eléctrico, las ondas lentas, con ciclos de 3 ciclos/min en el estómago y 11 ciclos/min en el duodeno. Durante el vómito, las ondas lentas se ven suprimidas y son sustituidas por incremen- tos súbitos que se propagan y que desencadenan contracciones retrógra- das que favorecen la expulsión del contenido intestinal. Activadores del vómito El acto de estimular el vómito actúa en varios sitios. El vómito desencadena sensaciones molestas a través de pensamientos u olores que se originan en el encéfalo, mientras que los pares craneales median el vómito después de la activación del refl ejo nauseoso. La cineto- sis y los trastornos del oído interno actúan en el sistema laberíntico. Los irritantes gástricos y fármacos citotóxicos como el cisplatino estimulan los nervios aferentes gastroduodenales. Los nervios aferentes no gástricos se activan por obstrucción intestinal y colónica y por isquemia mesentérica. En el área postrema el bulbo raquídeo responde a estímulos transmitidos a través de la sangre (fármacos emetógenos, toxinas bacterianas, uremia, hipoxia, cetoacidosis) y se denomina zona desencadenante quimiorrecep- tora. Los neurotransmisores que median el vómito son selectivos para dife- rentes sitios. Los trastornos laberínticos estimulan los receptores vestibu- lares muscarínicos M1 y los receptores histaminérgicos H1. Los estímulos aferentes vagales activan los receptores de serotonina 5-HT3. El área pos- trema utiliza los nervios al actuar en los subtipos 5-HT3, M1, H1 y dopami- nérgicos D2. La vía CB1 de los canabinoides puede participar en la corteza cerebral. El tratamiento farmacológico óptimo del vómito requiere la comprensión de estas vías. DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL La náusea y vómito son causados por enfermedades en el interior y en el exterior del intestino y también por fármacos y toxinas circulantes (cua- dro 54-1). Trastornos intraperitoneales La obstrucción visceral y la infl amación de las vísceras sólidas y huecas puede desencadenar vómito. La obstrucción gás- trica es consecuencia de úlceras y cáncer, mientras que la obstrucción del intestino delgado y colon ocurre por adherencias, tumores benignos o malignos, vólvulo, intususcepción por enfermedades infl amatorias como enfermedad de Crohn. El síndrome de la arteria mesentérica superior, que ocurre después de la pérdida de peso con el reposo prolongado en cama, aparece cuando el duodeno sufre compresión por la arteria mesentérica superior suprayacente. La irradiación abdominal afecta la función motora intestinal que induce estenosis. El cólico biliar causa náusea al actuar sobre nervios aferentes locales. El vómito con pancreatitis, colecistitis y apendici- tis se debe a irritación visceral e inducción de íleo. Las infecciones entéri- cas, virus como el Norovirus o rotavirus por bacterias como Staphylococcus aureus y Bacillus cereus a menudo causan vómito en especial en niños. Las infecciones oportunistas como el citomegalovirus o el virus del herpes sim- ple induce vómito en individuos con inmunodepresión. La disfunción intestinal sensitivomotora a menudo causa náusea y vó- mito. La gastroparesia se manifi esta con síntomas de retención gástrica con evidencia de vaciamiento gástrico tardío y ocurre después de vagotomía o en casos de carcinoma pancreático, insufi ciencia vascular mesentérica o enfermedades orgánicas como la diabetes, esclerodermia y amiloidosis. La gastroparesia idiopática es la causa más común. Ocurre en ausencia de enfermedad sistémica y puedeaparecer después de enfermedades virales, lo que sugiere un desencadenante infeccioso. La pseudoobstrucción intesti- nal se caracteriza por alteración de la actividad motora intestinal colónica con retención de los residuos alimentarios y de secreciones; proliferación bacteriana, mala absorción de nutrientes y con síntomas de náusea, vómi- to, distensión abdominal, dolor y alteración de la defecación. La pseudoobs- M anifestaciones cardinales y presentación de enferm edades N áusea, vóm ito e indigestión 259 CAPÍTULO 54 CUADRO 541 Causas de náusea y vómito Intraperitoneal Extraperitoneal Fármacos/trastornos metabólicos Trastornos obstructivos Obstrucción pilórica Obstrucción de intestino delgado Obstrucción colónica Síndrome de arteria mesentérica superior Infecciones entéricas Virales Bacterias Enfermedades inflamatorias Colecistitis Pancreatitis Apendicitis Hepatitis Alteración de la función sensitivomotora Gastroparesis Pseudoobstrucción intestinal Reflujo gastroesofágico Náusea crónica idiopática Vómito funcional Síndrome de vómito cíclico Síndrome de hiperemesis por canabinoides Síndrome de rumiación Cólico biliar Radiación abdominal Enfermedades cardiopulmona- res Miocardiopatía Infarto miocárdico Enfermedades laberínticas Cinetosis Laberintitis Cáncer Trastornos intracerebrales Cáncer Hemorragia Abscesos Hidrocefalia Enfermedades psiquiátricas Anorexia y bulimia Depresión Vómito posoperatorio Antineoplásicos Antibióticos Antiarrítmicos cardiacos Digoxina Hipoglucemiantes orales Anticonceptivos orales Enfermedades endo- crinas/metabóli- cas Embarazo Uremia Cetoacidosis Enfermedad tiroi- dea y paratiroidea Insuficiencia supra- rrenal Toxinas Insuficiencia hepá- tica Etanol trucción intestinal puede ser idiopática, heredada como miopatía visceral familiar o neuropatía y es consecuencia de enfermedades sistémicas o bien, ocurre como consecuencia de enfermedades paraneoplásicas secun- darias a cáncer (p. ej., carcinoma pulmonar microcítico). Los pacientes con refl ujo gastroesofágico pueden reportar náusea y vómito al igual que los individuos con síndrome de colon irritable (IBS) por estreñimiento crónico. En adultos se han identifi cado otros trastornos de la función gastro- duodenal sin anomalías orgánicas. La náusea idiopática crónica se defi ne como la náusea sin vómito que ocurre varias veces por semana. El vómito funcional se defi ne como uno o más episodios de vómito semanales en ausencia de trastornos de la alimentación o enfermedades psiquiátricas. El síndrome de vómito cíclico se presenta con episodios periódicos aislados de náusea continua y vómito en niños y adultos y muestra asociación con migraña, lo que sugiere que algunos casos pueden ser variantes de la mi- graña. Se han descrito algunos casos en adultos en asociación con síndrome de vaciamiento gástrico rápido. Una enfermedad relacionada, el síndrome de hiperemesis por canabinoides se presenta con vómito cíclico con perio- dos de bienestar en individuos (más a menudo varones) que usan grandes cantidades de canabinoides a lo largo de varios años y se resuelve con la interrupción de su consumo. Conductas patológicas como tomar baños calientes por periodos prolongados se asocian con el síndrome. El síndro- me de rumiación se caracteriza por regurgitación repetitiva de alimentos ingeridos en fechas recientes y a menudo se diagnostica en forma inapro- piada como vómito resistente al tratamiento. Trastornos extraperitoneales El infarto miocárdico y la insufi ciencia car- diaca congestiva pueden causar náusea y vómito. El vómito posoperatorio ocurre en 25% de los pacientes, más a menudo luego de laparotomías y cirugía ortopédica. El incremento de la presión intracraneal por tumores, hemorragias, abscesos por obstrucción del fl ujo del líquido cefalorraquí- deo produce vómito con o sin náusea. Los pacientes con enfermedades psiquiátricas, lo que incluye anorexia nerviosa, bulimia, ansiedad y depre- sión, a menudo reportan náusea signifi cativa que puede estar relacionada con retraso del vaciamiento gástrico. Fármacos y trastornos metabólicos Los fármacos desencadenan el vómito por acción en el estómago (analgésicos, eritromicina) o en el área postre- ma (opioides, fármacos antiparkinsonianos). Otros fármacos emetógenos incluyen antibióticos, antiarrítmicos, antihipertensivos, hipoglucemiantes orales, antidepresivos (inhibidores de la recaptación selectiva de serotoni- na y serotonina-noradrenalina), fármacos para la interrupción del taba- quismo (vareniclina, nicotina) y anticonceptivos. Los antineoplásicos causan vómito agudo (pocas horas después de administrarlos), tardío (después de uno o más días) o anticipatorio. El vómito agudo por fárma- cos emetógenos (p. ej., cisplatino) es mediado por vías de 5-HT3, mientras que el tardío depende menos de mecanismos de 5-HT3. La náusea antici- patoria puede responder al tratamiento con ansiolíticos más que a la admi- nistración de antieméticos. Los trastornos metabólicos desencadenan náusea y vómito. El embara- zo es la causa endocrinológica más prevalente y que produce pérdida de líquidos signifi cativa y trastornos electrolíticos. La uremia, cetoacidosis, insufi ciencia suprarrenal y enfermedades tiroideas y paratiroideas son otras causas metabólicas. Las toxinas circulantes desencadenan el vómito a través de efectos en el área postrema. Las toxinas endógenas son producidas en casos de insufi - ciencia hepática fulminante, mientras que pueden producirse enterotoxi- nas exógenas por infecciones por bacterias entéricas. La intoxicación por etanol es una causa común de náusea y vómito. ESTUDIO DEL PACIENTE Náusea y vómito ANAMNESIS Y EXPLORACIÓN FÍSICA La anamnesis ayuda definir las causas de la náusea y el vómito. Los fármacos, toxinas e infecciones a menudo causan síntomas agudos, mientras que la enfermedad establecida produce síntomas crónicos. La gastroparesia y la obstrucción pilórica desencadenan vómito una hora después del consumo de alimentos. El vómito por obstrucción intesti- nal ocurre de forma tardía; el que ocurre minutos después del consu- mo de alimentos sugiere síndrome de rumiación. Con cuadros graves de síndrome de vaciamiento gástrico tardío, el vómito puede contener residuos de los alimentos ingeridos horas o días antes. La presencia de hematemesis hace surgir la sospecha de úlcera, cáncer o desgarro de Mallory-Weiss. El vómito fecaloide se presenta en casos de obstruc- ción colónica o intestinal distal; el bilioso descarta obstrucción gástri- ca, mientras que el vómito de alimentos no digeridos es compatible con divertículo de Zenker o acalasia. El dolor abdominal que se alivia con el vómito puede ser ocasionado por obstrucción intestinal, pero no tiene efecto en la pancreatitis o colecistitis. La pérdida de peso intensa hace surgir la posibilidad de cáncer u obstrucción. La fiebre sugiere infla- mación. En casos de cefalea o modificaciones del campo visual puede considerarse una causa intracraneal. El vértigo o tinnitus indican en- fermedad laberíntica. La exploración física complementa la anamnesis. La hipotensión ortostática y la disminución de la turgencia de la piel indican pérdida de líquidos intravasculares. Las anomalías pulmonares hacen surgir la posibilidad de broncoaspiración del vómito. La auscultación abdomi- nal puede revelar ausencia de ruidos intestinales con íleo. Los ruidos intestinales de tono alto sugieren obstrucción intestinal, mientras que el signo de sucusión con los movimientos súbitos en sentido lateral suele encontrarse en pacientes con gastroparesia u obstrucción pilóri- ca. El dolor a la palpación con la resistencia muscular involuntaria hace surgir la sospecha de inflamación, mientras que la presencia de sangre en heces sugiere lesión de la mucosa por úlceras, isquemia o tumores. Las enfermedades neurológicas se manifiestan con papilede- ma, pérdida del campo visual o anomalías neurológicasfocales. La palpación de tumoraciones o adenopatías sugiere neoplasias. PRUEBAS DIAGNÓSTICAS Para síntomas intratables o diagnósticos difíciles, la atención clínica puede ser dirigida por el uso de pruebas de detección selectiva. La repo- sición de electrólitos está indicada en casos de hipopotasemia o alcalosis metabólica. Se sugiere la presencia de enfermedades pancreático-bilia- res por resultados anormales en las pruebas de función hepática o pancreática, mientras que se sugieren causas endocrinas, dermatológi- cas o paraneoplásicas por anomalías en las mediciones séricas o en las mediciones de hormonas. Si se sospecha obstrucción intestinal, las radiografías abdominales de pie y en decúbito muestran niveles hi- droaéreos con disminución del gas en el colon. El íleo se caracteriza por asas intestinales con dilatación difusa, llenas de aire. M anifestaciones cardinales y presentación de enferm edades 260 PARTE 2 CUADRO 542 Tratamiento de la náusea y vómito Tratamiento Mecanismo Ejemplos Indicaciones clínicas Fármacos antieméticos Antihistamínicos Dimenhidrinato, meclizina Cinetosis, enfermedades del oído interno Anticolinérgicos Escopolamina Cinetosis, enfermedades del oído interno Antidopaminérgicos Proclorperazina, tietilperazina Vómito inducido por fármacos, toxinas o factores metabó- licos Antagonistas de 5-HT3 Ondansetrón, granisetrón Vómito inducido por quimioterapia y radioterapia, vómito posoperatorio Antagonistas de NK1 Aprepitant Náusea y vómito inducidos por quimioterapia Antidepresivos tricíclicos Amitriptilina, nortriptilina Vómito funcional, náusea idiopática crónica, síndrome de vómito cíclico, gastroparesia Otros antidepresivos Mirtazapina, olanzapina Vómito funcional, náusea idiopática crónica, gastroparesia Fármacos procinéticos Agonista 5-HT4 y antidopaminérgicos Metoclopramida Gastroparesia Agonistas de la motilina Eritromicina Gastroparesia, pseudoobstrucción intestinal Antidopaminérgicos periféricos Domperidona Gastroparesia Análogos de somatostatina Octreótido Pseudoobstrucción intestinal Inhibidores de la acetilcolinesterasa Piridostigmina Pseudoobstrucción intestinal y trastornos de la motilidad del intestino delgado Fármacos especiales Benzodiazepinas Lorazepam Náusea y vómito anticipatorios Glucocorticoides Metilprednisolona, dexametasona Vómito inducido por quimioterapia Canabinoides Tetrahidrocanabinoles Vómito inducido por quimioterapia Puede estar indicada la realización de estudios anatómicos si los estudios iniciales no sugieren el diagnóstico. La endoscopia de tubo digestivo alto detecta úlceras, cáncer y retención de residuos alimenta- rios gástricos en casos de gastroparesia. Es posible establecer el diag- nóstico de obstrucción intestinal parcial con radiografías de intestino delgado con bario o tomografía computarizada (CT). La colonoscopia o el colon por enema con medio de contraste detectan obstrucción colónica. La ecografía o la CT definen inflamación intraperitoneal; la enterografía con CT y resonancia magnética nuclear proporcionan una definición superior de la inflamación en casos de enfermedad de Crohn. La CT o MRI de cráneo pueden delinear enfermedades intra- craneales. La angiografía, CT o MRI mesentéricas pueden ser útiles si se sospecha isquemia. Las pruebas de motilidad gastrointestinal pueden detectar un trastor- no motor subyacente cuando no hay anomalías anatómicas. A menudo se diagnostica gastroparesia por gammagrafía gástrica por medición del vaciamiento de una comida radiomarcada. La prueba de isótopos en aliento y los métodos de cápsulas inalámbricas para valorar la motilidad son pruebas alternativas para definir la gastroparesia en diferentes regio- nes del mundo. Se sugiere a menudo pseudoobstrucción intestinal por un tránsito anormal de bario y dilatación luminal en radiografías del intestino con medio de contraste. El tránsito tardío del intestino delgado puede detectarse por tecnología de cápsulas inalámbricas. La manome- tría de intestino delgado puede confirmar el diagnóstico e identificar anomalías motoras como neuropatía o miopatía con base en los patro- nes de contracción. Tales investigaciones pueden evitar la necesidad de biopsia intestinal quirúrgica para valorar el músculo liso por la presencia de degeneración neuronal. Las pruebas combinadas de pH esofágico/ impedancia ambulatorias y la manometría de alta resolución pueden facilitar el diagnóstico de síndrome de rumiación. TRATAMIENTO NÁUSEA Y VÓMITO PRINCIPIOS GENERALES El tratamiento del vómito se ajusta para corregir las anomalías suscep- tibles de corrección, si esto es posible. Para la deshidratación grave se considera la hospitalización, en especial si no puede realizarse la repo- sición de líquidos por vía oral. Una vez que se tolera el consumo de líquidos por vía bucal, se restablece el consumo de nutrientes con lí- quidos con bajo contenido de grasas, porque los lípidos retrasan el vaciamiento gástrico. Los alimentos ricos en residuos no digeribles deben evitarse porque prolongan la retención gástrica. El control de la glucemia en diabéticos mal controlados puede reducir las hospitaliza- ciones por gastroparesia. FÁRMACOS ANTIEMÉTICOS Casi todos los antieméticos actúan en el sistema nervioso central (cua- dro 54-2). Los antihistamínicos como el dimenhidrinato y la meclizina y los anticolinérgicos como la escopolamina actúan sobre las vías laberín- ticas para el tratamiento de la cinetosis y de trastornos del oído interno. Los agonistas D2 dopaminérgicos tratan el vómito desencadenado por estímulos en el área postrema y se utilizan para causas farmacológicas, tóxicas y metabólicas. Los antagonistas de la dopamina atraviesan la barrera hematoencefálica y causan ansiedad, trastornos del movimien- to y efectos de hiperprolactinemia (galactorrea, disfunción sexual). Otras clases farmacológicas muestran propiedades antieméticas. Los antagonistas de 5-HT3, como el ondansetrón y granisetrón pueden evitar el vómito posoperatorio, los síntomas inducidos por la radiotera- pia y el vómito inducido por antineoplásicos, pero también se utilizan para otras causas de vómito con evidencia limitada de su eficacia. Los antidepresivos tricíclicos producen beneficios sintomáticos en pacien- tes con náusea idiopática crónica y vómito funcional así como en pa- cientes diabéticos de larga evolución con náusea y vómito. Otros antidepresivos como la mirtazapina y olanzapina también pueden mostrar efectos antieméticos. ESTIMULANTES DE LA MOTILIDAD GASTROINTESTINAL Los fármacos que estimulan el vaciamiento gástrico se utilizan para la gastroparesia (cuadro 54-2). La metoclopramida, un agonista combina- do de 5-HT4 y antagonista D2, es eficaz para tratar la gastroparesia, pero los efectos secundarios de los antagonistas dopaminérgicos, como las distonías y trastornos del estado de ánimo y del sueño, limitan su uso en casi 25% de los casos. La claritromicina incrementa la motilidad gas- trointestinal por acción sobre los receptores de la motilidad, un estimu- lante endógeno de la actividad motora en ayuno; por vía intravenosa es útil en pacientes hospitalizados con gastroparesia resistente al trata- miento, pero las formas de administración oral son de utilidad limitada. La domperidona, un antagonista D2 que no se encuentra disponible en Estados Unidos, muestra efectos antieméticos y procinéticos pero no atraviesa la mayor parte de las regiones encefálicas; así, son poco comu- nes las reacciones de ansiedad y de distonía. Los principales efectos secundarios de la domperidona se relacionan con la inducción de hiper- N áusea, vóm ito e indigestión 261 CAPÍTULO 54 prolactinemia a través de efectos en las regiones hipofisarias que reci- ben irrigación por una barrera hematoencefálica porosa. Los trastornos de la motilidad resistentes al tratamiento imponen un riesgo significativo. La pseudoobstrucción intestinal puede responder al octreótido, un análogo de la somatostatina, que induce complejos mo-tores que se propagan a través del intestino delgado. Los inhibidores de la acetilcolinesterasa, como la piridostigmina también producen bene- ficios en algunos pacientes con trastornos de la motilidad del intestino delgado. En estudios sin grupo testigo, se ha reportado que las inyeccio- nes pilóricas de toxina botulínica reducen los síntomas de gastropare- sia, pero estudios clínicos pequeños con grupo testigo no observaron beneficios mayores que los tratamientos dirigidos. La piloroplastia qui- rúrgica ha mejorado los síntomas en algunas series de casos. Colocar sondas de alimentación por yeyunostomía reduce las hospitalizaciones y mejora la salud general en algunos pacientes con gastroparesia resis- tente al tratamiento farmacológico. La gastroparesia después de vago- tomía puede mejorar con resección gástrica subtotal; se han intentado operaciones similares para otras causas de gastroparesia. Los estimula- dores eléctricos gástricos implantados pueden reducir los síntomas, mejorar la nutrición, mejorar la calidad de vida y disminuir los costos en salud por gastroparesia resistente a los fármacos, pero estudios clínicos pequeños con grupo testigo no han reportado beneficios convincentes. CONSIDERACIONES DE SEGURIDAD Se ha hecho énfasis sobre preocupaciones en la seguridad de antiemé- ticos selectos. Los antagonistas dopaminérgicos de acción central, en especial la metoclopramida, pueden causar trastornos irreversibles del movimiento, como discinesia tardía, en particular en pacientes de edad avanzada. Esta complicación debe explicarse con gran cuidado y docu- mentarse en el expediente médico. Algunos fármacos con propiedades antieméticas, como domperidona, eritromicina, antidepresivos tricíclicos y antagonistas de 5-HT3 pueden inducir trastornos peligrosos del ritmo cardiaco, en especial en aquellos con prolongación del intervalo QTc en el trazo electrocardiográfico (ECG). Se han recomendado las pruebas de vigilancia ECG cuando se administra alguno de estos fármacos. SITUACIONES CLÍNICAS SELECTAS Algunas quimioterapias para el cáncer son muy emetógenas (cap. 103e). La combinación de antagonistas 5-HT3, un antagonista NK1 y un gluco- corticoide proporciona un control significativo en el vómito agudo y tardío después de quimioterapia muy emetógena. A diferencia de otros fármacos de la misma clase, el palonosetrón, un antagonista de 5-HT3, muestra eficacia en la prevención del vómito tardío inducido por qui- mioterapia. Las benzodiazepinas como el lorazepam pueden reducir la náusea y vómito anticipatorios. Los tratamientos diversos con benefi- cios en el vómito inducido por quimioterapia incluyen canabinoides, olanzapina y tratamientos alternativos como el jengibre. La mayor parte de los regímenes antieméticos producen reducciones más nota- bles en el vómito que en la náusea. Los médicos deben tener gran cuidado en el tratamiento de pacien- tes embarazadas con náusea. Los estudios de efectos teratógenos de los fármacos antieméticos han proporcionado resultados contradicto- rios. Se han realizado pocos estudios clínicos de náuseas durante el embarazo con grupo testigo. Los antihistamínicos como la meclizina y la doxilamina, los antagonistas dopaminérgicos como la proclorperazina y los antagonistas serotoninérgicos como el ondansetrón han mostrado eficacia limitada. Algunos obstetras ofrecen tratamientos alternativos como la piridoxina, acupresión o jengibre. El tratamiento del síndrome de vómito cíclico es difícil. La profilaxia con antidepresivos tricíclicos, ciproheptadina o antagonistas de los adre- norreceptores β pueden reducir la gravedad y frecuencia de los ataques. Los antagonistas de 5-HT3 administrados por vía intravenosa en combi- nación con los efectos sedantes de una benzodiazepina, como el loraze- pam, son la base del tratamiento de los episodios agudos. Pequeños estudios reportan beneficios con fármacos antimigrañosos, lo que inclu- ye el sumatriptano, un agonista 5-HT1, así como anticonvulsivos selectos como la zonisamida y levetiracetam. INDIGESTIÓN MECANISMOS La mayor parte de las causas de indigestión son refl ujo gastroesofágico y dispepsia funcional. Otras causas son consecuencia de enfermedades or- gánicas. Refl ujo gastroesofágico Es consecuencia de varios efectos fi siológicos. La disminución del tono del esfínter esofágico inferior (LES, esophageal sphincter relaxation) contribuye al refl ujo en la esclerodermia y en el embarazo y puede participar en los casos de algunos pacientes sin enfer- medad sistémica. Otros muestran relajación transitoria del LES (TLESR, transient lower esophageal sphincter relaxation) que causan la exposición del esófago al líquido ácido o no ácido. El consumo excesivo de alimentos y la aerofagia afectan la función de barrera del LES, mientras que las reducciones en la motilidad del cuerpo esofágico o en la secreción salival prolongan la exposición a los líquidos. El incremento de la presión intra- gástrica favorece el refl ujo gastroesofágico en individuos con obesidad. La participación de las hernias hiatales es motivo de controversia, la mayor parte de los pacientes tiene hernia hiatal; es poco común la pirosis excesiva en individuos con dicho trastorno. Disfunción motora gástrica La alteración de la motilidad gástrica puede contribuir al refl ujo gastroesofágico hasta en 33% de los casos. En casi 30% de los individuos con dispepsia funcional se encuentra retraso del vacia- miento gástrico. Se desconoce la relación de estos defectos con la induc- ción de los síntomas; los estudios muestran mala correlación entre la gravedad de los síntomas y el grado de disfunción motora. La alteración de la relajación del fondo gástrico después del consumo de alimentos (aco- modación) puede ser la causa de síntomas de dispepsia como distensión abdominal, náusea y saciedad temprana en casi 40% de los pacientes. Hipersensibilidad visceral aferente La alteración de la sensación gástrica es otro factor patógeno en la dispepsia funcional. La hipersensibilidad visce- ral se reportó por primera vez en casos de colon irritable con demostra- ción de incremento de la percepción de la distensión de globos rectales sin cambios en la distensibilidad. En la misma forma, casi 35% de los pacien- tes notan molestias con la distensión del fondo gástrico con presiones más bajas que en testigos sanos. Otros individuos con dispepsia muestran hipersensibilidad a la estimulación química con capsaicina o con la expo- sición a ácidos o lípidos en el duodeno. Algunos individuos con pirosis funcional sin incremento en el refl ujo ácido o no ácido parecen tener incremento en la percepción de volumen y pH esofágico normales. Otros factores Helicobacter pylori tiene una participación clara en la enfermedad ulcerosa péptica, pero las úlceras causan una proporción pequeña de los casos de dispepsia. H. pylori es una causa menor en la génesis de la dispepsia funcional. Esta última se asocia con fatiga crónica, produce disminución del bienestar físico y mental y se exacerba por el estrés. La ansiedad, depresión y somatización pueden participar en algu- nos casos. Los estudios de MRI funcional muestran incremento de la acti- vación de varias regiones encefálicas, lo que resalta las contribuciones de factores del SNC. Los analgésicos causan dispepsia, mientras que los nitratos, antagonistas de los conductos de calcio, teofi lina y progesterona favorecen el refl ujo gastroesofágico. Otros estímulos que inducen refl ujo incluyen etanol, tabaco y cafeína a través de relajación del LES. Los facto- res genéticos pueden favorecer el desarrollo de refl ujo y dispepsia. DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL Enfermedad por refl ujo gastroesofágico (GERD, gastroesophageal refl ux disease). Ésta es prevalente; casi 40% de los estadounidenses reportan piro- sis una vez al mes y 7 a 10% reportan pirosis diaria. La mayor parte de los casos de pirosis ocurre por exceso de refl ujo ácido, pero el refl ujo de líqui- dos no ácido produce síntomassimilares. La esofagitis por refl ujo alcalino produce síntomas similares a GERD, más a menudo en pacientes con ante- cedente de cirugía por enfermedad ulcerosa péptica. Diez por ciento de los pacientes con pirosis muestra exposición normal al ácido esofágico sin incremento en el refl ujo de líquido no ácido (pirosis funcional). Dispepsia funcional Ocurre en casi 25% de la población al menos seis veces por año, pero sólo 10 a 20% de los individuos acude a consulta. La dispepsia funcional, la causa de los síntomas en más de 60% de los pacien- tes con dispepsia, se defi ne como síntomas molestos de más de tres meses de duración con sensación de plenitud posprandial, saciedad temprana, dolor epigástrico o sensación urente con síntomas que inician al menos seis meses antes del diagnóstico en ausencia de causa orgánica. La dispep- sia funcional se subdivide en síndrome de dolor posprandial, caracteriza- do por la sensación de plenitud inducida por los alimentos, saciedad temprana y molestias, así como síndrome de dolor epigástrico que se mani- fi esta con dolor epigástrico no relacionado con el consumo de alimentos. La mayor parte de los casos tiene una evolución benigna, pero algunos individuos con infección por H. pylori o que reciben fármacos antiinfl a- matorios no esteroideos (NSAID) desarrollan úlceras. Como en casos de M anifestaciones cardinales y presentación de enferm edades 262 PARTE 2 CUADRO 543 Síntomas de alarma en la enfermedad por reflujo gastroesofágico Odinofagia Pérdida de peso inexplicable Vómito recurrente Hemorragia gastrointestinal oculta o manifiesta Ictericia Masa palpable o adenopatía Antecedente familiar de tumor maligno gastrointestinal gastroparesia idiopática, algunos casos de dispepsia funcional son conse- cuencia de infecciones previas. Enfermedad ulcerosa En la mayor parte de pacientes con GERD no hay destrucción del esófago. Sin embargo, en casi 5% de los casos se desarrollan úlceras esofágicas y algunas forman estenosis. Los síntomas no permiten la diferenciación de la esofagitis erosiva, no erosiva o ulcerosa. Un pequeño grupo de casos de dispepsia se originan de úlceras gástricas o duodenales. Las causas más comunes de enfermedad ulcerosa son infección por H. pylo- ri y el uso de NSAID. Otras causas de úlceras gastroduodenales incluyen enfermedad de Crohn (cap. 351) y síndrome de Zollinger-Ellison (cap. 348) por producción excesiva de gastrina por un tumor endocrino. Cánceres Los pacientes con dispepsia a menudo buscan atención por temor a cáncer, pero pocos casos son a causa de neoplasias. El carcinoma esofágico epidermoide ocurre más a menudo con el tabaquismo de larga evolución o con el consumo de etanol. Otros factores de riesgo incluyen ingestión previa de cáusticos, acalasia y la tilosis, que es un trastorno here- ditario. El adenocarcinoma esofágico por lo general se complica con el refl ujo de ácido prolongado. Casi 80% de los pacientes con GERD mues- tran metaplasia intestinal esofágica, lo que se conoce como metaplasia de Barrett, una enfermedad que predispone al adenocarcinoma esofágico (cap. 109). Los cánceres gástricos incluyen adenocarcinoma, que es preva- lente en ciertas sociedades asiáticas, así como el linfoma. Otras causas Las infecciones esofágicas oportunistas, micóticas o virales, pueden producir pirosis con mayor frecuencia que odinofagia. Otras cau- sas de infl amación esofágica incluyen esofagitis eosinofílica y esofagitis por píldoras. El cólico biliar se encuentra en el diagnóstico diferencial de dolor inexplicado de la porción superior del abdomen, pero la mayor par- te de los pacientes con cólico biliar reporta episodios agudos aislados de dolor en el cuadrante superior derecho del abdomen o en el epigastrio más que sensación de pirosis crónica, molestias o plenitud por dispepsia. Casi 20% de los pacientes con gastroparesia reportan predominio del dolor o de la molestia más que náusea y vómito. En 15 a 25% de los caucásicos des- cendientes del norte de Europa, ocurre defi ciencia de lactasa intestinal como causa de distensión abdominal y producción de gases, pero es más común en individuos de raza negra y en asiáticos. La intolerancia a otros carbohidratos (p. ej., fructosa, sorbitol) produce síntomas similares. La proliferación bacteriana excesiva en el intestino delgado puede causar dis- pepsia, a menudo relacionada con disfunción intestinal, distensión abdo- minal y malabsorción. La infi ltración eosinófi la de la mucosa duodenal se ha descrito en algunos individuos con dispepsia, en particular en síndrome de molestia posprandial. Las enfermedades celiaca y pancreática (pancreati- tis crónica, cánceres), de Ménétrier, infi ltrativas (sarcoidosis, gastroenteritis eosinófi la), el carcinoma hepatocelular, la isquemia mesentérica, enferme- dad tiroidea y paratiroidea y la tensión sobre la pared abdominal pueden causar dispepsia. La sensibilidad al gluten en ausencia de enfermedad celia- ca se reporta como causa de síntomas inexplicados de la porción superior del abdomen. Las causas extraperitoneales de indigestión incluyen insufi - ciencia cardiaca congestiva y tuberculosis. ESTUDIO DEL PACIENTE Indigestión ANAMNESIS Y EXPLORACIÓN FÍSICA Se requiere una anamnesis meticulosa. La GERD clásica produce piro- sis, una sensación de calor subesternal que se desplaza hacia el cuello. La pirosis a menudo se incrementa por el consumo de alimentos y puede despertar al paciente. Los síntomas asociados incluyen regurgitación de líquido ácido o no ácido y la liberación refleja de secreciones salivales de sabor salado en la boca. Los síntomas atípicos incluyen faringitis, asma, tos, bronquitis, disfonía y dolor torácico que puede simular angi- na. Algunos pacientes con reflujo ácido en las pruebas de pH esofágico no reportan pirosis, pero notan dolor abdominal u otros síntomas. Los pacientes con dispepsia por lo general reportan síntomas atribui- bles a la porción superior del abdomen que pueden estar relacionados con el consumo de alimentos, así como síndrome de molestias pospran- diales o independientes del consumo de alimentos, como en el síndrome de dolor epigástrico. La dispepsia funcional se superpone con otros tras- tornos lo que incluye GERD, colon irritable y gastroparesia idiopática. La exploración física en casos de GERD y dispepsia funcional por lo general es normal. En casos atípicos de GERD puede observarse eritema faríngeo y sibilancias. La regurgitación recurrente de ácido puede causar trastornos de la dentición. La dispepsia puede causar dolor epigástrico o distensión abdominal. La diferenciación de causas funcionales y orgánicas de indigestión obliga a descartar ciertas características de la anamnesis y la exploración física. La odinofagia sugiere infección esofágica. La disfagia hace surgir la posibilidad de obstrucción esofágica benigna o maligna. Otras carac- terísticas de alarma incluyen pérdida de peso inexplicada, vómito recu- rrente, hemorragia oculta o macroscópica, ictericia, tumoración palpable o adenopatías y antecedente familiar de neoplasias gastrointestinales. PRUEBAS DIAGNÓSTICAS Como la indigestión es prevalente y la mayor parte de los casos son ocasio- nados por GERD con dispepsia funcional, un principio general es realizar sólo las pruebas diagnósticas limitadas y dirigidas en individuos selectos. Una vez que se han descartado factores de alarma (cuadro 54-3), los pacientes con GERD típica no requieren valoración adicional y se tratan de manera empírica. Está indicada la endoscopia de tubo digestivo alto para descartar lesiones de la mucosa en casos de síntomas atípicos, sín- tomas que no responden al tratamiento antiácido o si hay factores de alarma. En casos de pirosis >5 años, en especial en pacientes >50 años de edad, se recomienda la endoscopia para detectar metaplasia de Barrett. Los beneficios y la rentabilidad de este método no se han vali- dado en estudios con grupo testigo. Se considera la medición ambulato- riadel pH esofágico utilizando el método del catéter o una cápsula endoscópica inalámbrica unida a la pared esofágica para síntomas resis- tentes al tratamiento farmacológico y para síntomas atípicos como dolor torácico inexplicado. Se solicita manometría esofágica de alta resolución cuando se considera el tratamiento quirúrgico de GERD. Una presión baja en el esfínter esofágico inferior predice falla del tratamiento farma- cológico y proporciona las bases para realizar la cirugía. Una mala peris- talsis en el cuerpo esofágico hace surgir la probabilidad de disfagia posoperatoria y sugiere la necesidad de aplicar una técnica quirúrgica. El reflujo no ácido puede detectarse con pruebas de pH de impedancia esofágica en pacientes que no responden al tratamiento farmacológico. Se recomienda la endoscopia de tubo digestivo alto como prueba inicial en pacientes con dispepsia inexplicada, >55 años de edad o que tienen factores de alarma por incremento en el riesgo de cáncer y úlcera en estos grupos de edad. Sin embargo, los datos endoscópicos en la dispepsia inexplicada incluyen esofagitis erosiva en 13% de los casos, úlcera péptica en 8% y cáncer gástrico o esofágico en sólo 0.3%. El tra- tamiento de pacientes <55 años de edad sin factores de alarma depende de la prevalencia local de la infección por H. pylori. En regiones con baja prevalencia de H. pylori (<10%) se recomienda un ciclo terapéutico de cuatro semanas con antiácidos como inhibidores de la bomba de proto- nes (PPI, proton pump inhibitor). Si esto fracasa, a menudo se recomien- da un método de “ensayo y error”. Se establece el estado de infección por H. pylori con la prueba de urea en aliento, medición de antígenos en heces o pruebas serológicas. Los pacientes positivos para H. pylori reci- ben tratamiento de erradicación de la infección. Si los síntomas se rela- cionan con cualquiera de estos tratamientos, no se necesita intervención adicional. Para pacientes en regiones con prevalencia alta de infección por H. pylori (>10%) se recomienda una prueba de un ciclo terapéutico inicial, con un régimen terapéutico subsiguiente con antiácidos para aquellos en quienes falle el tratamiento de erradicación de H. pylori o para los individuos negativos para la infección. En cada uno de estos subgrupos de pacientes se reserva la endoscopia de tubo digestivo alto para aquellos cuyos síntomas no responden al tratamiento. En algunos casos está indicado realizar pruebas adicionales. Si se observa hemorragia, la biometría hemática puede descartar anemia. Las pruebas de función tiroidea o las mediciones de calcio pueden reali- zarse en búsqueda de enfermedades metabólicas, mientras que estudios serológicos específicos pueden sugerir enfermedad celiaca. Se solicitan N áusea, vóm ito e indigestión 263 CAPÍTULO 54 pruebas de función hepática y marcadores pancreáticos en busca de posibles enfermedades pancreaticobiliares. La ecografía, CT o MRI se realizan si se encuentran anomalías. Se consideran pruebas de vacia- miento gástrico para descartar gastroparesia por síntomas de dispepsia que simulen dolor posprandial cuando fracasa la farmacoterapia y en algunos pacientes con GERD, en especial si se ha considerado el trata- miento quirúrgico. Las pruebas en aliento después de la ingestión de carbohidratos detectan deficiencia de lactasa, intolerancia a otros carbo- hidratos o proliferación bacteriana excesiva en el intestino delgado. TRATAMIENTO INDIGESTIÓN PRINCIPIOS GENERALES Para la indigestión leve, la única intervención necesaria podría ser tran- quilizar al paciente informándole que la valoración cuidadosa no reve- ló una enfermedad orgánica grave. Si es posible, se interrumpen los fármacos que causan reflujo gastroesofágico o dispepsia. Los pacientes con GERD deben limitar el consumo de etanol, cafeína, chocolate y de tabaco, por sus efectos en el LES. Otras medidas en caso de GERD inclu- yen una dieta con bajo contenido de grasa, evitar los bocadillos antes de ir a la cama por la noche y elevar la cabecera de la cama. A los pa- cientes con dispepsia funcional también se les recomienda reducir el consumo de alimentos grasos, irritantes, y de cafeína y alcohol. Deben ofrecerse tratamientos específicos para enfermedades orgá- nicas cuando esto sea posible. La cirugía es apropiada en casos de cólico biliar; están indicados los cambios en la alimentación para la deficiencia de lactasa o enfermedad celiaca. Las úlceras pépticas pueden curarse con regímenes específicos. Sin embargo, como la mayor parte de los casos de indigestión son causados por GERD o por dispepsia funcional, se utilizan fármacos que reducen el ácido gástrico, que modulan la mo- tilidad intestinal o que disminuyen la sensibilidad gástrica. FÁRMACOS PARA NEUTRALIZAR EL ÁCIDO O PARA SUPRIMIR SU PRODUCCIÓN Los fármacos que disminuyen o neutralizan el ácido gástrico a menudo se prescriben para casos de GERD. Los antagonistas de los receptores H2 de la histamina, como cimetidina, ranitidina, famotidina y nizatidina son útiles en la GERD leve a moderada. Para síntomas intensos o para muchos casos de esofagitis erosiva o ulcerosa, se requieren los PPI como omeprazol, lansoprazol, rabeprazol, pantoprazol, esomeprazol y dexlansoprazol; éstos inhiben la H+, K+-ATPasa y son más potentes que los antagonistas H2. Hasta 33% de los pacientes con GERD no responde a dosis estándar de PPI; casi 33% de estos pacientes no tienen reflujo ácido mientras que 10% tienen enfermedad relacionada con persisten- cia de ácido. Además, la pirosis por lo general responde mejor al trata- miento con PPI que la regurgitación con los síntomas atípicos de GERD. Algunos individuos responden a la duplicación de la dosis de PPI o al añadir un antagonista H2 al momento de ir a la cama por la noche. Las complicaciones poco frecuentes del tratamiento a largo plazo con PPI incluyen infección, diarrea (infección por Clostridium difficile o colitis microscópica), proliferación bacteriana excesiva en el intestino delgado, deficiencia de nutrientes (vitamina B12, hierro, calcio), hipomagnesemia, desmineralización ósea, nefritis intersticial y alteración de la absorción de fármacos (p. ej., clopidogrel). Muchos pacientes que iniciaron el tra- tamiento con PPI pueden disminuirlo en forma gradual a antagonistas H2 o cambiar a un esquema de tratamiento por razón necesaria. Los fármacos que suprimen la producción de ácido también son efi- caces en pacientes selectos con dispepsia funcional. Un metaanálisis de ocho estudios clínicos con grupo testigo calculó la razón de riesgo de 0.86 con un intervalo de confianza de 95% de 0.78 a 0.95, lo que favore- ce al tratamiento con PPI sobre el placebo. Los antagonistas H2 también mejoraron los síntomas en casos de dispepsia funcional; sin embargo, los estudios clínicos encontrados sobre estos fármacos tal vez se vean influidos por la inclusión de un gran número de pacientes con GERD. Los antiácidos son útiles para el control de GERD leve a corto plazo, pero son menos beneficiosos en casos graves a menos que se adminis- tren en dosis elevadas que ocasionen efectos secundarios (diarrea y estreñimiento con los fármacos que contienen magnesio y aluminio, respectivamente). El ácido algínico en combinación con antiácidos forma una barrera flotante para el reflujo en pacientes con síntomas en posición erecta. El sucralfato, una sal de hidróxido de aluminio y octa- sulfato de sacarosa que amortigua el ácido y se une a la pepsina y las sales biliares, muestran eficacia en casos de GERD muy similar a la ob- tenida con antagonistas H2. ERRADICACIÓN DE HELICOBACTER PYLORI Definitivamente está indicada la erradicación de H. pylori sólo para la úlcera péptica y el linfoma gástrico de tejido linfoide relacionado con la mucosa. La utilidad del tratamiento de erradicación en la dispepsia funcional es limitada, aunque algunos casos (en particular con el síndro- me de dolor epigástrico) se relacionan con esta infección. Un metaaná- lisis de 18estudios clínicos con grupo testigo calculó una reducción del riesgo relativo de 10% con un intervalo de confianza de 95% de 6 al 14%, favoreciendo la erradicación de H. pylori en comparación con el placebo. La mayor parte de combinaciones farmacológicas (caps. 188 y 348) incluye 10 a 14 días de PPI o subsalicilato de bismuto en combina- ción con los antibióticos. La infección por H. pylori se asocia con dismi- nución de la prevalencia de GERD, en especial en individuos de edad avanzada. Sin embargo, la erradicación de la infección no empeora los síntomas de GERD. No existe consenso sobre ofrecer recomendaciones con respecto a la erradicación de H. pylori en individuos con GERD. FÁRMACOS QUE MODIFICAN LA ACTIVIDAD MOTORA DEL TUBO DIGESTIVO Los procinéticos como la metoclopramida, eritromicina y domperidona tienen utilidad limitada en casos de GERD. El ácido γ -aminobutírico B (GABA-B) es un agonista de baclofeno que reduce la exposición esofá- gica al líquido ácido y no ácido, al reducir la TLESR en 40%; este fármaco se ha propuesto para el reflujo ácido y no ácido resistente al tratamien- to. Varios estudios han favorecido la eficacia de los fármacos que esti- mulan la función motora en la dispepsia funcional, pero las publicaciones han tenido sesgos y los tamaños pequeños de las muestras han hecho surgir dudas con respecto a los beneficios reportados de estos fárma- cos. Algunos médicos sugieren que los pacientes con dolor posprandial pueden responder de manera preferencial a los fármacos procinéticos. La buspirona, un agonista 5-HT1, puede mejorar algunos síntomas de dispepsia funcional al incrementar la acomodación gástrica inducida por los alimentos. La acotiamida favorece el vaciamiento gástrico y au- menta la acomodación al incrementar la liberación de acetilcolina gástri- ca a través de antagonismo de los receptores muscarínicos e inhibición de la acetilcolinesterasa; se ha aprobado para la dispepsia funcional en Japón y se está estudiando en otras partes del mundo. OTRAS OPCIONES La cirugía antirreflujo (funduplicatura) para incrementar la presión del esfínter esofágico inferior puede ofrecerse a pacientes jóvenes con GERD que requieren tratamiento de por vida, que tienen pirosis típica y regurgitación, que responden a los PPI y que muestran evidencia de reflujo ácido en la vigilancia del pH. La cirugía también es eficaz para algunos casos de reflujo no ácido. Los pacientes que responden mal a la funduplicatura incluyen aquellos con síntomas atípicos porque tienen trastornos de la motilidad del cuerpo esofágico. La disfagia, la disten- sión abdominal y la gastroparesia son complicaciones de estos procedi- mientos a largo plazo; casi 60% de los pacientes desarrolla síntomas recurrentes de GERD con el paso del tiempo. La utilidad y seguridad de los procedimientos endoscópicos (ablación por radiofrecuencia, fundu- plicatura transoral sin incisión) que incrementan la función de la barrera gastroesofágica no han mostrado beneficios duraderos para la GERD resistente al tratamiento. Algunos pacientes con fibrosis y dispepsia funcionales resistentes a los tratamientos estándar pueden responder a la administración de anti- depresivos tricíclicos e inhibidores selectivos de la recaptación de sero- tonina, aunque los estudios son limitados. Su mecanismo de acción involucra la reducción del procesamiento del dolor visceral en el encé- falo. La producción de gases y la distensión abdominal se encuentran entre los síntomas más problemáticos en algunos pacientes con diges- tión y pueden ser difíciles de tratar. La exclusión dietética de los ali- mentos productores de gas como leguminosas y el uso de dimeticona o carbón activado puede proporcionar beneficios. Las dietas con bajo contenido de polisacáridos fermentables, disacáridos, monosacáridos y oligosacáridos (FODMAP) y los tratamientos para modificar la flora intestinal (antibióticos no absorbibles, probióticos) reducen los sínto- mas de formación de gases en algunos pacientes con colon irritable. No se ha demostrado la utilidad de estas dietas, antibióticos y probió- ticos en la dispepsia funcional. Los remedios herbolarios como STW 5 (Iberogast, una mezcla de nueve hierbas) son útiles en algunos pacien- tes con dispepsia. Los tratamientos psicológicos (p. ej., tratamiento conductual, psicoterapia, hipnoterapia) pueden ofrecerse para la dis- pepsia funcional resistente al tratamiento, pero no hay datos convin- centes de su eficacia. M anifestaciones cardinales y presentación de enferm edades PARTE 2 CUADRO 551 Motilidad gastrointestinal normal: funciones en diferentes niveles anatómicos Estómago e intestino delgado MMC sincronizados en ayuno Acomodación, trituración, mezcla y tránsito Estómago, 3 h en promedio Intestino delgado, 3 h en promedio El reservorio ileal vacía el bolo Colon: mezcla, fermentación, absorción y tránsito irregulares Ascendente y transverso: reservorios Descendente: conducto Sigmoide/recto: reservorio a voluntad Abreviatura: MMC, complejo motor migratorio . 55 Diarrea y estreñimiento Michael Camilleri, Joseph A. Murray La diarrea y el estreñimiento son trastornos sumamente frecuentes y, en conjunto, causan pérdidas enormes por morbilidad, productividad laboral y consumo de recursos médicos. En todo el mundo hay más de 1 000 mi- llones de individuos que cada año sufren uno o más accesos de diarrea aguda. De los 100 millones de estadounidenses que año tras año padecen diarrea aguda, casi la mitad se ven obligados a restringir sus actividades, 10% deben consultar al médico, alrededor de 250 000 tienen que ser hos- pitalizados y casi 5 000 (principalmente ancianos) fallecen. Se calcula que la carga económica anual que esto supone para la sociedad supera los vein- te mil millones de dólares. La diarrea infecciosa aguda sigue siendo una de las causas más frecuentes de muerte en países en desarrollo, en particular en niños y es motivo de 1.8 millones de fallecimientos cada año. La diarrea aguda recurrente en niños de países tropicales causa enteropatía ambien- tal, con impacto prolongado en el desarrollo físico e intelectual. Por el contrario, el estreñimiento rara vez causa la muerte y es muy co- mún en países desarrollados, lo que propicia la automedicación y en 33% de los casos consulta al médico. Las estadísticas poblacionales sobre dia- rrea y estreñimiento crónicos son más inciertas, tal vez por las defi niciones y notifi cación variables, pero la frecuencia de ambos problemas también es grande. Las encuestas poblacionales en Estados Unidos señalan índices de prevalencia de diarrea crónica de 2 a 7% y de estreñimiento crónico de 12 a 19%; la frecuencia de este último es dos veces mayor en mujeres que en varones. La diarrea y el estreñimiento son dos de las dolencias que con mayor frecuencia llevan a consultar al internista y a los médicos generales o familiares y ambas comprenden casi 50% de los casos que se refi eren al gastroenterólogo. Aunque en un extremo del espectro, la diarrea y el estreñimiento pue- den signifi car simplemente síntomas molestos, en el otro constituyen tras- tornos graves que ponen en peligro la vida. Incluso un síntoma leve de este tipo puede ser el indicio de una lesión subyacente grave del tubo digestivo, como el cáncer colorrectal, o de todo el organismo, como una enfermedad tiroidea. Ante la heterogeneidad de sus causas y la posible gravedad de estos dos cuadros tan frecuentes, es indispensable que el médico conozca la fi siopatología, los métodos de diagnóstico y las bases terapéuticas de la diarrea y el estreñimiento, a fi n de prestar asistencia racional y rentable. FISIOLOGÍA NORMAL Aunque la función principal del intestino delgado es la digestión y asimi- lación de nutrientes de los alimentos, éste y el colon tienen funciones im- portantes para regular la secreción y absorción de agua y electrólitos, el almacenamiento y transporte subsiguiente del contenido intraluminal en sentidodistal y la recuperación de algunos nutrientes que no se absorben en el intestino delgado después que el metabolismo bacteriano de los car- bohidratos permite salvar los ácidos grasos de cadena corta. En el cuadro 55-1 se resumen las principales funciones motoras. Las alteraciones del control de los líquidos y electrólitos contribuyen de manera importante al desarrollo de la diarrea, y los trastornos de las funciones motora y senso- rial del colon producen cuadros muy prevalentes, como el síndrome de colon irritable (IBS, irritable bowel syndrome) y la diarrea y el estreñimien- to crónicos. REGULACIÓN NERVIOSA La inervación del intestino delgado y el colon es intrínseca y extrínseca; la primera, conocida también como sistema nervioso intestinal, comprende las capas neuronales mientéricas, de la submucosa y la mucosa. La función de estas tres capas está modulada por las interneuronas, cuya actividad depende de algunas aminas o péptidos neurotransmisores, como acetilco- lina, péptido intestinal vasoactivo (VIP, vasoactive intestinal peptide), opioides, noradrenalina, serotonina, trifosfato de adenosina (ATP, adeno- sine triphosphate) y óxido nítrico (NO, nitric oxide). El plexo mientérico regula la función del músculo liso mediante células intermediarias con actividad de marcapasos llamadas células intersticiales de Cajal; el plexo submucoso modifi ca la secreción, absorción y fl ujo sanguíneo mucoso. El sistema nervioso entérico recibe información de los nervios extrínsecos, pero es capaz de controlar estas funciones de manera independiente. La inervación extrínseca del intestino delgado y del colon forma parte del sistema nervioso autónomo y también modula las funciones motora y secretora. Los nervios parasimpáticos transmiten impulsos sensitivos de vísceras excitadoras al intestino delgado y el colon. Las fi bras parasimpáti- cas que viajan por el nervio vago llegan al intestino delgado y la zona proximal del colon, a través de ramas de la arteria mesentérica superior. La porción distal del colon recibe las fi bras de los nervios parasimpáticos sa- cros (S2-4), a través del plexo pélvico; dichas fi bras transcurren a través de la pared del colon en la forma de fi bras intracolónicas ascendentes y llegan (y en algunos casos incluyen) a la porción proximal del colon. Los princi- pales neurotransmisores que estimulan la función motora son la acetilcoli- na y las taquicininas, como la sustancia P. Los nervios simpáticos modulan las funciones motoras y llegan al intestino delgado y al colon junto a sus vasos arteriales. Los impulsos aferentes simpáticos que llegan al intestino actúan principalmente al estimular los esfínteres e inhibir las fi bras mus- culares no esfi ntéricas. Las vías aferentes viscerales conducen los estímu- los sensoriales procedentes del intestino hasta el sistema nervioso central (SNC); al principio, esos impulsos discurren por las fi bras simpáticas, pero al aproximarse a la médula espinal se separan, el soma de dichas fi bras está en los ganglios de las raíces dorsales y entra en las astas posteriores de la médula espinal. Los impulsos aferentes discurren entonces por el haz espi- notalámico lateral y por la vía nociceptiva de los cordones posteriores para ir más allá del tálamo y tronco del encéfalo, hasta la ínsula y la corteza ce- rebral, donde fi nalmente son percibidos. Hay otras fi bras aferentes que hacen sinapsis en los ganglios prevertebrales y que modulan de forma re- fl eja la motilidad intestinal, fl ujo sanguíneo y secreción. ABSORCIÓN Y SECRECIÓN DE LOS LÍQUIDOS EN EL INTESTINO Cada día entran en el tubo digestivo 9 L de líquidos en promedio; aproxi- madamente 1 L de los líquidos residuales llega hasta el colon y con las heces se excretan unos 200 mL/día. El colon tiene gran espacio en su inte- rior y gran capacidad funcional; puede recuperar hasta cuatro veces su volumen normal de 800 mL/día, siempre que la velocidad de avance del contenido permita la resorción normal. Por tanto, el colon es capaz de com- pensar en parte las alteraciones de la absorción o de la secreción de otros segmentos del intestino. En el intestino delgado y el colon, la absorción predominante de sodio es electrógena (o sea, puede medirse como una corriente iónica a través de la membrana porque no hay una pérdida equivalente de un catión celular) y la captación ocurre en la membrana apical; esto se compensa con las funcio- nes exportadoras de la bomba de sodio basolateral. Existen varias proteínas de transporte activo en la membrana apical, sobre todo en el intestino delga- do, donde la entrada del ion de sodio está acoplada con los monosacáridos (p. ej., glucosa a través del transportador SGLT1, o fructosa mediante el GLUT-5). Así, la glucosa sale por la membrana basal a través de una proteí- na transportadora específi ca, GLUT-5, lo que genera un gradiente de con- centración de glucosa entre la luz y el espacio intercelular, que atrae agua y electrólitos de manera pasiva desde la luz. Existen varios mediadores de ori- gen nervioso o extranervioso que regulan el equilibrio de los líquidos y elec- trólitos en el colon, como son los mediadores colinérgicos, adrenérgicos y serotoninérgicos. La angiotensina y la aldosterona también infl uyen en la absorción por el colon, lo que indica que el desarrollo embrionario del epi- telio del colon distal y de los túbulos renales tiene un mismo origen. MOTILIDAD DEL INTESTINO DELGADO Durante el ayuno, la motilidad del intestino delgado se caracteriza por un fenómeno cíclico denominado complejo motor migratorio (MMC, migra- 264 D iarrea y estreñim iento 265 CAPÍTULO 55 ting motor complex), cuya función es eliminar del intestino delgado los residuos no digeribles de los alimentos (“ama de llaves” intestinal). Esta serie de contracciones estructuradas y propulsivas duran 4 min en prome- dio, se repiten cada 60 a 90 min y suelen abarcar a todo el intestino delga- do. Después de cada comida, el intestino delgado produce contracciones de mezcla irregulares y de amplitud relativamente escasa, salvo en el íleon distal, donde aparecen contracciones potentes que, a intervalos, vacían el íleon desplazando su contenido en la forma de bolos. FUNCIONES DE RESERVORIO Y RECUPERACIÓN ILEOCÓLICA El íleon en su porción distal funciona como un reservorio que se vacía de forma intermitente por el desplazamiento de bolos. De ese modo, hay tiem- po para que los líquidos, los electrólitos y los nutrientes puedan reutilizarse. Las haustras, al segmentar el colon y crear compartimientos, facilitan la mezcla, la retención de residuos y el espesamiento de las heces. Se ha iden- tifi cado con frecuencia cada vez mayor la interacción íntima entre la fun- ción del colon y la ecología luminal. Las bacterias residentes en dicho órgano son necesarias para la digestión de carbohidratos no absorbidos que llegan al colon, incluso en personas sanas y de este modo constituyen una fuente vital de nutrientes para la mucosa. En circunstancias normales la fl ora del colon también “mantiene a raya” a los patógenos, por diversos mecanismos. En estado normal, las porciones ascendente y transversa del colon hacen las veces de reservorios (tránsito de 15 h, en promedio), mien- tras que el colon descendente actúa como un conducto de paso (tránsito de 3 h, en promedio). El colon actúa efi cazmente en la conservación del sodio y el agua, función que es muy importante en los pacientes con pérdida de sodio, en quienes el intestino delgado por sí solo es incapaz de conservar el equilibrio de dicho mineral. Los trastornos de la función de reservorio del colon proximal, o de la función propulsora del colon descendente, pueden producir diarrea o estreñimiento. Del mismo modo puede presentarse es- treñimiento a causa de trastornos del reservorio rectal o sigmoideo, que por lo común se deben a alguna alteración funcional del piso de la pelvis, esfín- ter anal, la coordinación de la defecación o deshidratación. MOTILIDADY TONO DEL COLON El MMC del intestino delgado no pasa al colon, salvo en raras ocasiones. Sin embargo, las contracciones fásicas o de corta duración mezclan el contenido del colon y, a veces, las contracciones propagadas de gran am- plitud (HAPC, high-amplitude propagated contractions) (>75 mmHg) im- plican movimientos masivos, los cuales recorren todo el colon y se producen unas cinco veces al día, por lo general al despertarse el indivi- duo por la mañana y después de las comidas. El aumento en la frecuencia de HAPC puede ocasionar diarrea o urgencia rectal. Las contracciones predominantemente fásicas son irregulares, no propulsivas y su función es la de “mezclar”. El tono del colon consiste en un estado de semicontracción basal o de fondo a la que se sobreañaden las contracciones fásicas (que por lo común duran menos de 15 s). El tono es un cofactor importante de la capacitancia (acomodación al volumen) y de la sensibilidad del colon. MOTILIDAD POSPRANDIAL DEL COLON Las contracciones fásicas y tónicas del colon aumentan durante 2 h, aproxima- damente, después de las comidas. La primera fase (unos 10 min) está media- da por el nervio vago y se estimula por la distensión mecánica del estómago. La respuesta ulterior del colon requiere un estímulo calórico (p. ej., consumo de al menos 500 kcal) y por lo menos en par- te está mediada por hormonas, como la gastrina y la serotonina. DEFECACIÓN La contracción tónica del músculo pubo- rrectal, que forma un cabestrillo suspen- sorio alrededor de la unión anorrectal, es importante para mantener la conti- nencia; durante la defecación, los ner- vios parasimpáticos sacros relajan este músculo y ayudan a enderezar el ángulo anorrectal (fi g. 55-1). La distensión del recto relaja transitoriamente el esfínter anal interno gracias a la inervación simpática intrínseca y refl eja. A medi- da que las contracciones del sigmoide y el recto, junto con el pujo (manio- bra de Valsalva) que eleva la presión intraabdominal, aumentan la presión dentro del recto, el ángulo rectosigmoideo se abre más de 15°. La relaja- ción voluntaria del esfínter anal externo (músculo estriado inervado por el nervio pudendo) como respuesta a la sensación causada por la distensión permite la evacuación de las heces. La defecación también puede retrasar- se de forma voluntaria, por la contracción del esfínter externo del ano. DIARREA DEFINICIÓN La diarrea se defi ne, en sentido amplio, como la expulsión de heces no formadas o anormalmente líquidas, con una mayor frecuencia de defeca- ción. Para un adulto que consuma una dieta de características principal- mente occidentales, una cantidad de heces superior a 200 g/día puede considerarse, en general, como diarreica. Se puede defi nir como diarrea aguda la que dura menos de dos semanas, diarrea persistente si dura de dos a cuatro semanas y diarrea crónica la que dura más de cuatro semanas. Existen dos cuadros frecuentes en los cuales se evacua una cantidad total de heces menor de 200 g/día y que es necesario distinguir de la dia- rrea, ya que los algoritmos diagnósticos y terapéuticos de ambos son dife- rentes. La pseudodiarrea, o evacuación frecuente de pequeños volúmenes de heces, a menudo se acompaña de urgencia rectal, tenesmo o una sen- sación de evacuación incompleta; este síntoma acompaña al IBS o a la proctitis. El otro es la incontinencia fecal, o evacuación involuntaria del contenido del recto, causada predominantemente por trastornos neuro- musculares o algún problema estructural de la región anorrectal. La dia- rrea y el tenesmo, en particular si son intensos, pueden producir o agravar la incontinencia. La pseudodiarrea y la incontinencia fecal se observan con la misma frecuencia o mayor aún que la diarrea crónica y siempre debe tenerse en cuenta su posible presencia en los pacientes que se quejan de “diarrea”. La diarrea por rebosamiento a veces surge en personas en asilos y se origina por retención fecal; se puede identifi car de modo fácil por el tacto rectal. En general, la anamnesis y la exploración física minu- ciosas permiten distinguir dichos cuadros de la verdadera diarrea. DIARREA AGUDA Más de 90% de los casos de diarrea aguda se deben a agentes infecciosos; estos casos se manifi estan a menudo por vómito, fi ebre y dolores abdomi- nales. El restante 10% se debe a fármacos, ingestión de sustancias tóxicas, deslices alimenticios, isquemia y otros trastornos. Agentes infecciosos La mayor parte de las diarreas infecciosas se transmi- te por vía fecal-oral o, con mayor frecuencia, al consumir alimentos o agua contaminados con microorganismos patógenos que están en las heces de humanos o de animales. En las personas con buena respuesta inmunitaria, la fl ora fecal saprófi ta, que abarca a más de 500 especies taxonómicamente distintas, rara vez produce diarrea y en realidad puede desempeñar una función protectora, impidiendo la proliferación de agentes patógenos con- En reposo Durante el esfuerzo Ángulo anorrectal Ángulo anorrectal Descenso del suelo pélvico Cóccix Músculo puborrectal Pubis Esfínter anal externo Esfínter anal interno A B FIGURA 551. Corte sagital del ano y recto (A) en reposo y (B) durante el esfuerzo para defecar. La continencia fecal se conserva por la sensibilidad normal del recto y la contracción tónica del esfínter anal interno y el músculo puborrectal, que rodea el recto y conserva el ángulo anorrectal entre 80 y 110°. En la defecación se relajan los músculos del suelo de la pelvis (incluido el puborrectal) y el ángulo mencionado se endereza 15° como mínimo y el perineo desciende 1.0 a 3.5 cm. El esfínter anal externo también se relaja y aminora la presión que ejerce en el conducto anal. (Con autorización de A Lembo, M Camilleri: N Engl J Med 349;1360, 2003.) M anifestaciones cardinales y presentación de enferm edades 266 PARTE 2 CUADRO 552 Relación entre los aspectos biopatológicos de los agentes causales y el cuadro clínico de la diarrea infecciosa aguda Aspecto biopatológico/agentes Periodo de incubación Vómito Dolor abdominal Fiebre Diarrea Sustancias toxígenas Toxina preformada Bacillus cereus, S. aureus, Clostridium perfringens 1-8 h 8-24 h 3-4+ 1-2+ 0-1+ 3-4+, acuosa Enterotoxina Vibrio cholerae, Escherichia coli enterotoxígena, Klebsiella pneumoniae, especies de Aeromonas 8-72 h 2-4+ 1-2+ 0-1+ 3-4+, acuosa Enteroadherentes E. coli enteropatógena y enteroadherente, miembros de Giardia, criptosporidiosis, helmintos 1-8 días 0-1+ 1-3+ 0-2+ 1-2+, acuosa, babosa Productores de citotoxina Clostridium difficile 1-3 días 0-1+ 3-4+ 1-2+ 1-3+, por lo común acuosa y a veces sanguinolenta E. coli hemorrágica 12-72 h 0-1+ 3-4+ 1-2+ 1-3+, al principio acuosa y pronto sanguinolenta Microrganismos invasores Inflamación mínima Rotavirus y agente de norovirus 1-3 días 1-3+ 2-3+ 3-4+ 1-3+, acuosa Inflamación variable Salmonella, Campylobacter y especies de Aeromonas, Vibrio parahaemolyticus, Yersinia 12 h-11 días 0-3+ 2-4+ 3-4+ 1-4+, acuosa o sanguinolenta Inflamación intensa Especies de Shigella, E. coli enteroinvasora y Entamoeba histolytica 12 h-8 días 0-1+ 3-4+ 3-4+ 1-2+, sanguinolenta Fuente: Con autorización de DW Powell, en T Yamada (ed): Textbook of Gastroenterology and Hepatology, 4th ed. Philadelphia, Lippincott, Williams & Wilkins, 2003. sumidos. Las perturbaciones de la fl ora por acción de antibióticos pueden ocasionar diarrea al disminuir la función digestiva o al permitir la prolife- ración de patógenos como Clostridium diffi cile (cap. 161). La lesión o infección aguda se presenta cuando el agente patógeno consumido supera a las defensas inmunitarias y no inmunitarias (ácido gástrico, enzimas digestivas, secreción de moco, peristaltismo y fl ora saprófi ta supresora) de las mucosas digestivas del hospedador. Gracias a los vínculos conocidos que muestran los datos clínicos con agentes enteropatógenos específi cos, se cuenta a veces conalgunas pistas diagnósticas. En Estados Unidos se conocen los siguientes grupos de alto riesgo: 1. Viajeros. Casi 40% de los turistas que llegan a las regiones endémicas de América Latina, África y Asia sufren la llamada diarrea del viajero, que principalmente se debe a Escherichia coli enterotoxígena o entero- agregada y también a Campylobacter, Shigella, Aeromonas, norovirus, Coronavirus y Salmonella. Quienes viajan a Rusia (en particular a San Petersburgo) están más expuestos a padecer diarreas originadas por Giardia; quienes visitan Nepal pueden contagiarse por Cyclospora. Las personas que hacen excursiones, acampan o nadan en parques natura- les pueden adquirir una infección por Giardia. Las personas que viajan en cruceros de barcos también pueden padecer brotes de gastroenteri- tis causadas por agentes como el norovirus. 2. Personas que han consumido determinados alimentos. La diarrea que resulta poco después de haber comido en un día de campo, banquete o restaurante sugiere infección por Salmonella, Campylobacter o Shigella proveniente del pollo; E. coli enterohemorrágica (O157:H7) de la carne molida cruda; Bacillus cereus del arroz frito u otros alimentos recalenta- dos; Staphylococcus aureus o Salmonella de la mayonesa o crema; Salmo- nella de los huevos; Listeria de alimentos crudos o quesos blandos, y especies de Vibrio, Salmonella o hepatitis A aguda de mariscos, especial- mente cuando son crudos. En Estados Unidos, los departamentos estata- les de salud han publicado comunicados referentes a las enfermedades relacionadas con alimentos, de origen nacional o extranjero, pero que al fi nal causan epidemias en dicho país (p. ej., la epidemia con Cyclospora de 2013 en los estados del medio oeste causada por ensaladas empacadas). 3. Personas con inmunodefi ciencias. Las personas que padecen inmunodefi - ciencias primarias (p. ej., défi cit de IgA, hipogammaglobulinemia varia- ble común, enfermedad granulomatosa crónica) o lo que es mucho más frecuente, un estado de inmunodefi ciencia secundaria, como en los ancianos, el sida o el tratamiento con inmunodepresores, están expuestos a padecer diarrea. Los patógenos intestinales habituales suelen producir un estado diarreico más intenso y prolongado y, en particular en los pacientes con sida, se desarrollan infecciones por oportunistas, como las originadas por especies de Mycobacterium, a ciertos virus (citomegalovi- rus, adenovirus y del herpes simple), y a algunos protozoarios (Cryptos- poridium, Isospora belli, Microsporidia y Blastocystis hominis) (cap. 226). En los sujetos con sida, los agentes que se transmiten por contagio vené- reo a través del recto (p. ej., Neisseria gonorrhoeae, Treponema pallidum, Chlamydia) pueden facilitar el desarrollo de proctocolitis. Los individuos con hemocromatosis están predispuestos especialmente a padecer infec- ciones invasoras e incluso letales por especies entéricas como Vibrio y Yersinia, y es importante que no consuman pescado crudo. 4. Personal de las guarderías y sus familiares. En estos casos, conviene recordar que son muy frecuentes las infecciones por Shigella, Giardia, Cryptosporidium, rotavirus y otros agentes. 5. Personas que residen en centros de asilo. La diarrea infecciosa es una de las clases más frecuentes de infecciones nosocomiales en muchos hos- pitales y en los centros de cuidado a largo plazo; los agentes causales son muy variados, pero el más frecuente es Clostridium diffi cile. Algu- nas veces este agente infecta a personas sin antecedente de haber usado antibióticos y puede adquirirse fuera de un hospital. La fi siopatología que explica la diarrea aguda por agentes infecciosos ori- gina manifestaciones clínicas específi cas que pueden tener utilidad diagnós- tica (cuadro 55-2). Se observa diarrea acuosa abundante secundaria a hipersecreción del intestino delgado cuando se han ingerido toxinas bacte- rianas preformadas, bacterias productoras de enterotoxinas y patógenos ca- paces de adherirse al intestino. En los dos primeros casos, la diarrea puede presentarse súbitamente en cuestión de horas y se acompaña de vómito in- tenso con fi ebre mínima o nula; en el tercero suele haber menos vómito, mayor distensión o más dolores cólicos abdominales y fi ebre más alta. Todos los microorganismos invasores y que elaboran citotoxinas producen fi ebre alta y dolores abdominales. Con frecuencia las bacterias invasoras y Enta- moeba histolytica producen diarrea sanguinolenta (llamada disentería). Las bacterias del género Yersinia invaden la mucosa del íleon terminal y del co- lon proximal y puede causar dolores abdominales especialmente intensos, con dolor a la palpación del abdomen, al grado de simular apendicitis aguda. Finalmente, la diarrea infecciosa puede acompañarse de síntomas gene- rales. Las infecciones por Salmonella, Campylobacter, Shigella y Yersinia muchas veces se acompañan de artritis reactiva (antiguamente conocida como síndrome de Reiter), artritis, uretritis y conjuntivitis. La yersiniosis también puede causar pericarditis, glomerulonefritis y tiroiditis autoin- D iarrea y estreñim iento 267 CAPÍTULO 55 munitaria. Asimismo, E. coli enterohemorrágica (O157:H7) y Shigella pueden causar síndrome hemolítico-urémico que produce gran mortalidad. En la actualidad se ha identifi cado al síndrome de colon irritable posinfec- cioso como complicación de la diarrea infecciosa. De igual manera, la gas- troenteritis aguda puede preceder al diagnóstico de celiaquía o enfermedad de Crohn. La diarrea aguda también puede ser un signo importante de varias infecciones generalizadas, como hepatitis vírica, listeriosis, legione- losis y síndrome de choque tóxico. Otras causas Es probable que los efectos secundarios de los fármacos sean la causa no infecciosa más frecuente de diarrea aguda y esta relación se puede sospechar si el consumo del fármaco coincide en el tiempo, con el inicio de los síntomas. Aunque hay muchos fármacos capaces de producir diarrea, algunos de los señalados con mayor frecuencia son los antibióticos, antiarrítmicos cardiacos, antihipertensivos, antinfl amatorios no esteroi- deos (NSAID, nonsteroidal antiinfl ammatory drugs), algunos antidepresi- vos, los antineoplásicos, broncodilatadores, antiácidos y laxantes. La colitis isquémica, con oclusión o sin ella, suele presentarse en personas de más de 50 años y muchas veces se manifi esta por dolor agudo en la parte inferior del abdomen, seguido de diarrea, originalmente líquida y abundante, y después sanguinolenta y suele ocasionar lesiones infl amatorias agudas del colon descendente y del sigmoides, pero no afecta al recto. También puede originarse diarrea aguda acompañada de diverticulitis del colon y enferme- dad del injerto contra el hospedador. A veces se observa diarrea aguda, a menudo acompañada de alteración importante del estado general, des- pués de consumir productos tóxicos, como insecticidas organofosforados, amanita y otras setas y arsénico, así como toxinas ambientales preforma- das presentes en ciertos pescados, como la intoxicación denominada ciguatera y la debida a la ingestión de peces escómbridos. El cuadro clínico de la anafi laxia inmediata a los alimentos es similar. Los trastornos que originan diarrea crónica también pueden confundirse al principio con diarrea aguda. Así ocurre en la enfermedad infl amatoria intestinal (IBD, infl ammatory bowel disease) y en algunas otras diarreas infl amatorias cró- nicas que pueden tener un comienzo repentino en vez de insidioso y pre- sentan las mismas manifestaciones que una infección. ESTUDIO DEL PACIENTE Diarrea aguda Las medidas que deben tomarse para valorar la diarrea aguda depen- den de su gravedad, su duración y de diversos factores del hospedador (fig. 55-2). La mayor parte de los episodios de diarrea aguda son leves y ceden de manera espontánea, por lo que no justifican los gastos ni la posible morbilidad que acompaña a las intervenciones diagnósticas y farmacológicas. Sin embargo, lavaloración de la diarrea está indicada en los siguientes casos: diarrea profusa con deshidratación, si las heces contienen sangre macroscópica, cuando la fiebre es >38.5°C, o persiste >48 h sin mejorar, uso reciente de antibióticos, si hay nuevos brotes en la comunidad, cuando existe dolor abdominal intenso en pacientes mayores de 50 años y si la diarrea afecta a los ancianos (de 70 años o mayores) o a sujetos con inmunodepresión. En algunos casos de dia- rrea febril de intensidad moderada con leucocitos fecales (o con incre- mento de las concentraciones de proteínas leucocíticas en heces) o con la presencia de sangre macroscópica, podría omitirse la valoración diagnóstica y probar en su lugar el tratamiento empírico con antibió- ticos (véase más adelante). La prueba diagnóstica esencial cuando se sospecha diarrea infeccio- sa aguda e intensa es el análisis microbiológico de las heces. Las técni- cas incluyen cultivo de bacterias y virus patógenos, examen directo en busca de parásitos o sus huevos e inmunoanálisis para detectar las to- xinas bacterianas (C. difficile) o los antígenos víricos (rotavirus) y protozoarios (Giardia, E. histolytica). Los vínculos clínico-epidemioló- gicos antes citados ayudan a orientar el estudio. Si se considera que participa un determinado patógeno o un grupo de posibles patógenos no será preciso practicar todo el conjunto de pruebas, pero en algunos casos convendrá hacer cultivos especiales, por ejemplo, para identifi- car E. coli enterohemorrágica o de otros tipos, o las especies de Vibrio y de Yersinia. El diagnóstico molecular de los agentes patógenos se puede lograr por identificación de las secuencias características del DNA, y con las técnicas de micromatriz génica, se podría disponer de un método de diagnóstico más rápido, sensible, específico y rentable. La diarrea persistente suele originarse por Giardia (cap. 247), pero hay que pensar también en otros agentes, como C. difficile (sobre todo si se han administrado antibióticos), E. histolytica, Cryptosporidium, Campylobacter y otros. Si no se identifica algún factor patógeno en el estudio de las heces puede estar indicada una sigmoidoscopia con instrumento flexible para tomar muestras de biopsia y la endoscopia de la zona superior del tubo digestivo, con aspiración del contenido duodenal y con toma de material para biopsia. La diarrea variedad Brainerd es una entidad que se ha identificado con frecuencia cada vez mayor y que consiste en un episodio de comienzo repentino que per- siste como mínimo cuatro semanas, pero a veces dura uno a tres años y según expertos es de origen infeccioso. Pudiera provenir de la infla- mación sutil de la porción distal del intestino delgado o proximal del colon. En los pacientes con diarrea persistente y sin causa conocida puede estar indicado el examen anatómico por sigmoidoscopia, colonoscopia o tomografía computarizada (CT, computed tomography) abdominal (u otras técnicas de imágenes), con el fin de descartar IBD, o también como medida inicial en los pacientes con una presunta diarrea aguda no infecciosa, como la que podría causar la colitis isquémica, la diver- ticulitis o la obstrucción intestinal incompleta. TRATAMIENTO DIARREA AGUDA En todas las diarreas agudas, la restitución de líquidos y electrólitos tiene importancia esencial. En los casos leves puede ser suficiente el aporte exclusivo de líquidos. Si la diarrea es intensa y para evitar la deshidratación, que es la principal causa de muerte, habrá que admi- nistrar inmediatamente soluciones con azúcar y electrólitos (bebidas para deportistas o un preparado similar) por vía oral. En los pacientes con deshidratación intensa, en particular en lactantes y ancianos, se necesita la rehidratación por vía intravenosa. En la diarrea de grado moderado, sin fiebre ni sangre en las heces, la loperamida, que inhibe la secreción y la motilidad intestinal, puede aliviar los síntomas. No obstante, es mejor no usar este tipo de fárma- cos en los pacientes con disentería febril, porque pueden agravar o Anamnesis y exploración física Moderada (alteración de actividades) Leve (no causa restricciones) Observar Muestra resolución Persiste* Intensa (causa incapacidad) Emprender restitución de líquidos y electrólitos Antidiarreicos Muestra resolución Persiste* Estudios microbiológicos de heces Se identifica un patógeno Fiebre de 38.5° o mayor, heces sanguinolentas, mayor número de leucocitos en heces, hospedador inmunodeficiente o anciano Valorar y tratar con base en los resultados Diarrea aguda Posiblemente no infecciosa Posiblemente infecciosa Sí†No Sí†No Escoger tratamiento específico Tratamiento empírico + valoración ulterior FIGURA 552. Algoritmo para tratar la diarrea aguda. Pensar en la farmacote- rapia empírica antes de la valoración, que incluirá (*)metronidazol y (†)quinolona. M anifestaciones cardinales y presentación de enferm edades 268 PARTE 2 CUADRO 553 Causas principales de diarrea crónica, con base en el mecanismo fisiopatológico predominante Causas secretoras Laxantes estimulantes exógenos Ingestión de etanol por tiempo prolongado Otros fármacos y toxinas Laxantes endógenos (ácidos biliares dihidroxilados) Diarrea secretora idiopática Algunas infecciones bacterianas Ablación, enfermedad o fístula intestinal (↓ absorción) Obstrucción parcial del intestino o retención fecal Tumores hormonógenos (carcinoide, vipoma, cáncer de la médula tiroidea, mastocitosis, gastrinoma, adenoma velloso colorrectal) Enfermedad de Addison Defectos congénitos de la absorción de electrólitos Causas osmóticas Laxantes osmóticos (Mg2+, PO4 –3, SO4 –2) Deficiencias de lactasa y otros disacáridos Carbohidratos no absorbibles (sorbitol, lactulosa, polietilenglicol) Intolerancia al gluten y FODMAP Causas por esteatorrea Mala digestión intraluminal (insuficiencia exocrina pancreática, proliferación bacteriana, cirugía bariátrica y hepatopatía) Malabsorción por mucosa (esprue celiaco, enfermedad de Whipple, infec- ciones, abetalipoproteinemia, isquemia, enteropatía por fármacos) Obstrucción posmucosa (obstrucción linfática primaria o secundaria) Causas inflamatorias Enteropatía inflamatoria idiopática (colitis ulcerosa de Crohn crónica) Colitis linfocítica y colagenosa Trastornos inmunitarios de la mucosa (inmunodeficiencias primarias o secundarias, alergia a alimentos, gastroenteritis eosinofílica, enfermedad de injerto contra hospedador Infecciones (bacterias, virus y parásitos invasores, diarrea de Brainerd) Lesión por radiación Cánceres de vías gastrointestinales Trastornos de la motilidad como causa Síndrome del colon irritable (incluye IBS posinfeccioso) Neuromiopatías viscerales Hipertiroidismo Fármacos (procinéticos) Estado ulterior a vagotomía Causas simuladas Síndrome de Münchausen Trastornos de la alimentación Causas yatrógenas Colecistectomía Ablación de íleon Cirugía bariátrica Vagotomía, funduplicación Abreviatura: FODMAP, oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables. prolongar la duración de la diarrea. El subsalicilato de bismuto puede aliviar el vómito y la diarrea, pero no debe administrarse a los pacientes con inmunodepresión, ante el riesgo de encefalopatía por bismuto. El uso prudente de los antibióticos está indicado en casos selectos de diarrea aguda y pueden disminuir su intensidad y duración (fig. 55- 2). Muchos médicos tratan de manera empírica (sin valoración diag- nóstica) a los pacientes con disentería febril moderada o grave con una quinolona, como ciprofloxacino (500 mg cada 12 h durante tres a cinco días). También se puede pensar en el tratamiento empírico con metro- nidazol (250 mg cada 6 h durante siete días) cuando se sospecha giar- diosis. La elección de los antibióticos y la dosificación dependen de cada microorganismo específico, patrones geográficos de resistencia y los cuadros patológicosque se diagnostican (caps. 160, 186 y 190- 196). Se descubra o no el microorganismo causal, los antibióticos están indicados en los pacientes con inmunodepresión, en quienes tienen válvulas cardiacas mecánicas o injertos vasculares recientes, y en los ancianos. El subsalicilato de bismuto reduce la frecuencia de la diarrea del viajero. La profilaxia con antibióticos está indicada en algunos pa- cientes que viajan a países de alto riesgo en los que es fácil presentar diarreas que pueden ser graves, como ocurre en los casos de inmuno- depresión, de IBD, hemocromatosis o de aclorhidria gástrica. El cipro- floxacino, azitromicina o rifaximina pueden reducir la diarrea bacteriana del viajero hasta en 90% de los casos, si bien la rifaximina no se debe utilizar en la infección invasiva sino como tratamiento de la diarrea del viajero no complicada. Por último, los médicos deben tener enorme cuidado para identificar si está en marcha un brote de cuadros diarrei- cos y alertar a las autoridades de sanidad inmediatamente para así aminorar la magnitud del ataque en la población. DIARREA CRÓNICA Cuando la diarrea dura más de cuatro semanas es preciso valorarla para descartar algún trastorno subyacente grave. A diferencia de la diarrea aguda, la mayor parte de las múltiples causas de la diarrea crónica no son infeccio- sas. La clasifi cación de las diarreas crónicas según su mecanismo fi siopatoló- gico facilita la estrategia racional para tratarlas, aunque muchas enfermedades causan dicho problema por varios mecanismos (cuadro 55-3). Diarrea secretora Las diarreas secretoras se deben a alteraciones del trans- porte de los líquidos y electrólitos a través de la mucosa intestinal. Clínica- mente se caracterizan por ser muy voluminosas, acuosas, por lo general indoloras y persistentes a pesar del ayuno. Como no hay malabsorción de solutos, la osmolaridad fecal depende de la normalidad de los electrólitos endógenos sin que exista diferencia osmótica fecal. FÁRMACOS Los efectos secundarios de los fármacos y los productos tóxicos que se consumen en forma continuada son la causa más frecuente de las diarreas secretoras crónicas. Hay cientos de fármacos, como los que se ad- quieren con receta o sin ella (véase el apartado anterior “Otras causas” en “Diarrea aguda”), capaces de producir diarrea. También hay que tener en cuenta el consumo habitual o subrepticio de laxantes estimulantes del peris- taltismo, como el sen, la cáscara sagrada, el bisacodilo y el aceite de ricino. El consumo de etanol por tiempo prolongado puede causar diarrea secretora al lesionar el enterocito y disminuir por ese mecanismo la absorción de agua y sodio, además de apresurar el tránsito y de provocar otras alteraciones. La ingestión involuntaria de ciertos tóxicos ambientales, como el arsénico, pue- de causar formas crónicas de diarrea. En ocasiones, algunas infecciones bac- terianas pueden persistir y producir, además, una diarrea de tipo secretor. ABLACIÓN INTESTINAL, ENFERMEDADES DE LA MUCOSA O FÍSTULAS ENTEROCÓLICAS Las situaciones mencionadas pueden causar diarrea de tipo secretor al dismi- nuir la superfi cie necesaria para que se reabsorban los líquidos y electróli- tos secretados. A diferencia de otras diarreas secretoras, la ocasionada por estos trastornos tiende a empeorar con los alimentos. En algunas enferme- dades, como en la ileítis de Crohn o tras la ablación intestinal en la que quedan menos de 100 cm de íleon terminal, los dihidroxiácidos biliares pueden dejar de absorberse y estimular la secreción en el colon (diarrea colorreica). Este mecanismo puede facilitar el desarrollo de la llamada dia- rrea secretora idiopática o diarrea por ácidos biliares (BAD, bile acid diarr- hea), que produce malabsorción funcional de los ácidos biliares, con íleon terminal de aspecto normal. Esta malabsorción idiopática de ácidos biliares (BAM, bile acid malabsorption) es la causa de 40% de las diarreas crónicas inexplicables. La retroalimentación negativa defi ciente de la síntesis de ácidos biliares a causa del factor 19 del crecimiento de fi broblastos (FGF- 19) producido por los enterocitos provoca mayor síntesis de ácidos biliares que excede la capacidad de reabsorción ileal normal, que produce BAD. Una causa alternativa de BAD es una variación genética en estas proteínas receptoras (β-cloto y factor de crecimiento de fi broblastos 4) en el hepato- cito, que en condiciones normales median el efecto de FGF-19. La disfun- ción de estas proteínas impide la inhibición de FGF-19 sobre la síntesis de ácidos biliares en el hepatocito. La obstrucción parcial del intestino, la estenosis de un estoma intestinal o la retención fecal, paradójicamente pueden producir evacuación volu- minosa, por hipersecreción. HORMONAS Aunque no son frecuentes, el ejemplo clásico de una diarrea secretora es la diarrea mediada por hormonas. Los tumores carcinoides me- tastásicos del tubo digestivo o, en ocasiones, los carcinoides bronquiales pri- D iarrea y estreñim iento 269 CAPÍTULO 55 marios pueden producir diarrea acuosa aislada o acompañada de otras manifestaciones del síndrome carcinoide, como episodios de hiperemia cu- tánea, sibilancias, disnea y lesiones valvulares de las cavidades derechas del corazón. La diarrea se debe a la entrada en la circulación de potentes secre- tagogos intestinales como serotonina, histamina, prostaglandinas y varias cininas. En raras ocasiones se observan lesiones cutáneas con aspecto de pelagra consecutivas a una sobreproducción de serotonina, con la pérdida de niacina. El gastrinoma, uno de los tumores neuroendocrinos más fre- cuentes, se manifi esta casi siempre por úlceras pépticas resistentes, pero en un tercio de los casos produce diarrea y en un 10% este síntoma puede ser la única manifestación clínica. La mayor parte de las veces la diarrea surge por digestión defi ciente de las grasas porque el pH intraduodenal bajo in- activa las enzimas pancreáticas, pero también hay varios secretagogos que se liberan con la gastrina y que pueden infl uir. El síndrome de la diarrea acuosa con hipopotasemia y aclorhidria, llamado también cólera pancreáti- co, se debe a un adenoma pancreático de células no β denominado vipoma, que secreta el péptido intestinal vasoactivo (VIP, vasoactive intestinal pepti- de) y otras hormonas peptídicas como el polipéptido pancreático, secreti- na, gastrina, polipéptido inhibidor de la gastrina (también llamado péptido insulinotrópico dependiente de glucosa), la neurotensina, calcitonina y prostaglandinas. Con frecuencia la diarrea secretora es masiva y el volumen de las heces excede de 3 L/día y se han descrito volúmenes incluso de 20 L/ día. Los vipomas pueden producir deshidratación que ponen en peligro la vida, trastornos neuromusculares por la hipopotasemia concurrente, hipo- magnesemia o hipopotasemia, rubefacción e hiperglucemia. El carcinoma medular de tiroides puede manifestarse por diarrea acuosa por calcitonina, a otros péptidos secretores o a las prostaglandinas. En la enfermedad me- tastásica a menudo hay diarrea notable y el pronóstico es insatisfactorio. La mastocitosis generalizada, que puede acompañar a una lesión cutánea, que es la urticaria pigmentosa, algunas veces produce diarrea secretora media- da por la histamina o, en otras ocasiones, diarrea infl amatoria por infi ltra- ción del intestino por los mastocitos. Los adenomas vellosos colorrectales de gran tamaño rara vez conllevan diarrea secretora que puede causar hipopo- tasemia, se puede inhibir con los NSAID y parece estar mediada por las prostaglandinas. DEFECTOS CONGÉNITOS DE LA ABSORCIÓN DE IONES Algunos casos raros de dia- rrea líquida desde el nacimiento son secundarios a defectos de determi- nados transportadores específi cos durante la absorción de iones. Estos trastornos comprenden al intercambio defi ciente de Cl–/HCO3– (clorhido- rrea congénita) con alcalosis (resultado de un gen DRA mutado [que pre- senta regulación descendente en casos deadenoma]) y un intercambio defi ciente de Na+/H+ (diarrea sódica congénita), resultado de una mutación del gen NHE3 (intercambiador de sodio/hidrógeno) que provocan acidosis. Algunos défi cits hormonales pueden surgir junto con la diarrea acuosa, como ocurre en la insufi ciencia suprarrenal (enfermedad de Addison), que puede mostrar también hiperpigmentación. Diarrea osmótica La diarrea osmótica se presenta al ingerir solutos osmó- ticamente activos y poco absorbibles que atraen líquidos hacia la luz intes- tinal en cantidad sufi ciente para superar la capacidad de resorción del colon. El agua que contienen las heces aumenta en proporción a la carga de solutos. Un hecho característico de esta diarrea es que desaparece con el ayuno o al interrumpir la ingestión del producto nocivo. LAXANTES OSMÓTICOS La ingestión de antiácidos con magnesio, comple- mentos naturales o laxantes puede inducir diarrea osmótica, que se carac- teriza por diferencia osmótica en los excrementos (>50 mosmol/L): osmolaridad sérica (de forma típica 290 mosmol/kg) – (2 × [sodio fecal + concentración de potasio]). No se recomienda medir la osmolaridad de heces pues, incluso si se cuantifi ca inmediatamente después de evacuadas, puede generar errores, porque las bacterias del colon metabolizan los car- bohidratos y originan una mayor osmolaridad. MALABSORCIÓN DE CARBOHIDRATOS La malabsorción de carbohidratos por defectos congénitos o adquiridos de las disacaridasas y otras enzimas del borde en cepillo de los enterocitos, produce diarrea osmótica con un pH bajo. Una de las causas más comunes de diarrea crónica en adultos es la defi ciencia de lactasa, que afecta a 75% de personas no caucásicas a nivel mundial y a 5 a 30% de sujetos en Estados Unidos; la carga total de lactosa en cualquier momento infl uye en los síntomas que surgen. Muchos pacien- tes aprenden a no consumir productos lácteos, sin requerir tratamiento con complementos de enzimas. Hay malabsorción frecuente en el caso de algu- nos azúcares, sorbitol, lactulosa o fructuosa y surge diarrea si se ingieren los fármacos que los tienen, se masca chicle o se comen caramelos endulzados con dichos azúcares que tienen absorción defi ciente o incompleta. INTOLERANCIA AL TRIGO Y FODMAP La diarrea crónica, distensión y dolor ab- dominal son síntomas de la intolerancia al gluten no celiaca (que se asocia con la disfunción de la barrera intestinal o colónica) e intolerancia a los oligosacáridos, los disacáridos, los monosacáridos y los polioles fermenta- bles (FODMAP, fermentable oligosaccharides, disaccharides, monosaccha- rides and polyols). Estos últimos efectos representan la interacción entre el microbioma del tubo digestivo y los nutrientes. Causas esteatorreicas La malabsorción de grasas puede ocasionar expul- sión de heces diarreicas grasosas, de difícil eliminación y fétidas que suele acompañarse de pérdida de peso y carencias nutricionales originadas por la malabsorción simultánea de aminoácidos y vitaminas. El aumento de volumen de las heces depende de los efectos osmóticos de los ácidos gra- sos, particularmente después de hidroxilación bacteriana y, en menor grado, por la masa excesiva de grasa neutra. Desde el punto de vista cuantitativo la esteatorrea se defi ne como la cantidad de grasa en heces que rebasa los 7 g/día, que es la cifra normal. La diarrea de tránsito rápido puede hacer que la grasa mencionada llegue a 14 g/día; la grasa promedio en heces diariamente es de 15 a 25 g en enfermedades de intestino delgado e incluso excede los 32 g en caso de insufi ciencia exocrina del páncreas. La esteato- rrea también puede surgir por digestión defi ciente intraluminal, malab- sorción de mucosa u obstrucción linfática. MALA DIGESTIÓN INTRALUMINAL El trastorno mencionado casi siempre se debe a insufi ciencia exocrina del páncreas, alteración que aparece cuando se pierde más de 90% de la función secretora de esta glándula. La pancrea- titis crónica, que suele ser secuela del consumo excesivo de alcohol, causa por lo común insufi ciencia pancreática. Otras causas incluyen fi brosis quística, obstrucción de los conductos pancreáticos y, rara vez, un somatos- tatinoma. La proliferación excesiva de bacterias en el intestino delgado puede desconjugar los ácidos biliares y alterar la formación de las micelas, con lo que disminuye la digestión de las grasas; esto ocurre cuando hay estasis en un asa ciega, un divertículo del intestino delgado, o un trastorno motor y es especialmente probable en los ancianos. Por último, la cirrosis o la obstrucción biliar pueden causar esteatorrea leve al disminuir la con- centración intraluminal de los ácidos biliares. MALABSORCIÓN A TRAVÉS DE LA MUCOSA La absorción defi ciente por parte de la mucosa se observa en diversas enteropatías, pero es más frecuente en el caso de celiaquía. Este padecimiento sensible al gluten afecta a personas de cual- quier edad y se caracteriza por atrofi a de vellosidades e hiperplasia críptica en la porción proximal del intestino delgado; el cuadro inicial puede ser diarrea con alto contenido de grasa, que acompaña a múltiples defi ciencias nutricionales de gravedad diversa. La celiaquía es mucho más frecuente de lo que se pensaba y afecta a casi 1% de la población; su cuadro inicial no incluye esteatorrea, puede remedar síndrome de colon irritable y muestra otras manifestaciones gastrointestinales (GI) y extraintestinales. El esprue tropical puede producir un cuadro histológico y clínico parecido, pero afecta a los habitantes de los climas tropicales o a quienes viajan a esas zonas; a menudo comienza de forma repentina y mejora con los antibióticos, lo que sugiere un origen infeccioso. La enfermedad de Whipple, por el bacilo Tro- pheryma whipplei y a una infi ltración histiocítica de la mucosa del intestino delgado, es otra causa menos frecuente de esteatorrea que suele afectar a varones jóvenes o de mediana edad; se acompaña frecuentemente de artral- gias, fi ebre, adenopatías y fatiga extrema; puede afectar al sistema nervioso central y al endocardio. Un cuadro clínico e histológico parecido es el que se observa en las infecciones por Mycobacterium avium-intracellulare en los pacientes con sida. La abetalipoproteinemia es un defecto raro de la forma- ción de los quilomicrones con malabsorción de grasas; afecta a los niños y conlleva acantocitosis eritrocítica, ataxia y retinitis pigmentaria. Otros tras- tornos que pueden causar malabsorción por alteraciones de la mucosa son las infecciones, en particular las causadas por protozoarios como Giardia, diversos medicamentos (p. ej., el olmesartán, mofetilo de micofenolato, la colquicina, colestiramina y neomicina) y también la isquemia crónica. OBSTRUCCIÓN LINFÁTICA POSMUCOSA La fi siopatología de este proceso, que se observa en la rara linfangiectasia intestinal congénita o en la obstrucción linfática adquirida secundaria a traumatismos, tumores o a infecciones, origina un conjunto característico de manifestaciones, como malabsor- ción de grasas acompañada de pérdida intestinal de proteínas (a menudo seguida de edema) y de linfocitopenia. La absorción de los carbohidratos y los aminoácidos se mantiene normal. Causas infl amatorias Las diarreas de causa infl amatoria suelen acompañar- se de dolor, fi ebre, hemorragias u otras manifestaciones de infl amación. Probablemente el mecanismo de la diarrea no es sólo la exudación, sino que, según el sitio de la lesión, puede haber malabsorción de grasas, defec- M anifestaciones cardinales y presentación de enferm edades 270 PARTE 2 tos de absorción de líquidos o electrólitos, e hipersecreción o hipermotili- dad por la liberación de citocinas y otros mediadores de la infl amación. En el análisis de las heces el dato más común en estos cuadros es la presencia de leucocitos o de proteínas leucocíticas, como la calprotectina. En las infl a- maciones graves, la pérdida de proteínas por la exudación puede producir anasarca (edema generalizado).Todo anciano o persona de mediana edad afectada por diarrea crónica de tipo infl amatorio, especialmente si es san- guinolenta, debe ser valorada a fondo para descartar un tumor colorrectal. ENFERMEDAD INFLAMATORIA INTESTINAL IDIOPÁTICA Los trastornos de este gru- po, como la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa crónica, constituyen las causas más frecuentes de diarrea crónica en los adultos y su intensidad varía desde las formas leves hasta las de comienzo fulminante y con peligro para la vida. Estas entidades pueden acompañarse de uveítis, poliartralgias, hepatopatías colestásicas (colangitis esclerosante primaria) y lesiones cutá- neas (eritema nudoso, piodermia gangrenosa). La colitis microscópica, que comprende a las colitis linfocítica y colagenosa, es una causa de diarrea lí- quida crónica que se reconoce cada vez con más frecuencia, especialmente en mujeres de edad madura y pacientes que reciben NSAID, estatinas, in- hibidores de la bomba de protones (PPI, proton pump inhibitors) e inhi- bidores selectivos de la captación de serotonina (SSRI, selective serotonin reuptake inhibitors); para establecer el diagnóstico histológico es necesario obtener una biopsia del colon de aspecto normal. Puede coexistir con sín- tomas que sugieran colon irritable o esprue celiaco o enteropatía por fár- macos. De forma típica, mejora de modo adecuado con los antiinfl amatorios (como el bismuto), loperamida, agonista de opioides, o budesonida. INMUNODEFICIENCIA PRIMARIA O SECUNDARIA La inmunodefi ciencia provoca en ocasiones diarrea infecciosa prolongada. En la defi ciencia selectiva de IgA o hipogammaglobulinemia variable común, la diarrea predomina y a menudo es resultado de giardiosis, proliferación bacteriana excesiva o celiaquía. GASTROENTERITIS EOSINOFÍLICA La infi ltración de eosinófi los en la mucosa, la muscular o la serosa de cualquier segmento del tubo digestivo puede producir diarrea, dolores, vómito o ascitis. Los pacientes suelen tener an- tecedentes de atopia, cristales de Charcot-Leyden por la expulsión del con- tenido de eosinófi los y que son visibles en el examen microscópico de las heces en 50 a 75% de los casos, y eosinofi lia periférica. En los adultos hay hipersensibilidad a ciertos alimentos, pero es rara la auténtica alergia ali- mentaria causante de diarrea crónica. OTRAS CAUSAS La diarrea infl amatoria crónica también puede ser secunda- ria a enterocolitis por radiación, a la enfermedad del injerto contra hospeda- dor, al síndrome de Behçet y al síndrome de Cronkhite-Canada, entre otros. Diarrea por trastornos de la motilidad intestinal Muchos cuadros de diarrea incluyen tránsito intestinal acelerado, como fenómeno secundario o faci- litador, pero la diarrea por un trastorno primario de la motilidad intestinal es rara. Las heces suelen tener las características de la diarrea secretora, pero el tránsito intestinal rápido puede generar esteatorrea leve con expul- sión incluso de 14 g/día de grasa fecal por mala digestión secundaria. El hipertiroidismo, el síndrome carcinoide y algunos fármacos (p. ej., prociné- ticos, prostaglandinas) pueden producir hiperperistaltismo, seguido de diarrea. Las neuromiopatías viscerales primarias o la pseudoobstrucción intestinal adquirida idiopática pueden dar lugar a un estancamiento del contenido intestinal acompañado de proliferación excesiva bacteriana seguida de diarrea. La diarrea de origen diabético, a menudo acompañada de neuropatías periféricas y de neuropatía autonómica generalizada, puede deberse en parte a trastornos de la motilidad intestinal. El síndrome de colon irritable, que es sumamente frecuente (prevalencia puntual de 10%, incidencia anual de 1 a 2%), se caracteriza por respuestas sensorimotoras anómalas del intestino delgado y el colon a diversos estímu- los. De modo típico, los síntomas y las evacuaciones frecuentes cesan durante la noche y se alternan con periodos de estreñimiento; hay también dolor ab- dominal que se alivia al defecar y en ciertos casos resulta en pérdida de peso. Diarrea simulada La diarrea simulada representa hasta 15% de los casos de diarrea sin explicación que se reciben en los centros de alta especiali- dad. Asume la forma del síndrome de Münchausen (simulación o autole- sión con alguna fi nalidad) o de trastornos de la alimentación y en esos casos algunos pacientes se autoadministran de manera secreta laxantes, solos o junto con otros medicamentos (p. ej., diuréticos), o añaden subrep- ticiamente agua u orina a las heces que envían a analizar. Tales pacientes, mujeres por lo regular, a menudo tienen antecedentes psiquiátricos y con gran frecuencia tienen profesiones relacionadas con la asistencia sanitaria. También suelen presentar hipotensión e hipopotasemia. Es difícil valorar a los pacientes mencionados: la contaminación de las heces con agua u orina se sugiere porque muestran osmolaridad muy baja o muy alta, de manera respectiva. A menudo estos enfermos niegan el problema, pero mejoran con la ayuda del psiquiatra cuando reconocen su conducta. ESTUDIO DEL PACIENTE Diarrea crónica Son muchas las técnicas de laboratorio para estudiar un problema tan frecuente como la diarrea crónica, pero gran parte de esos recursos son costosos o exigen técnicas con penetración corporal. Por tales ra- zones, la valoración diagnóstica debe orientarse de manera racional por los datos de la anamnesis, incluidos fármacos, y la exploración fí- sica cuidadosas (fig. 55-3A). Si no se obtiene información relevante de ambas fuentes, pudieran justificarse estudios simples de selección para orientar la práctica de estudios más complejos (fig. 55-3B). Por medio de los datos de anamnesis, de la exploración física (cuadro 55-4) y de los análisis sistemáticos de sangre, se buscará identificar el mecanismo de la diarrea, descubrir los vínculos útiles para el diagnóstico y valorar el estado nutricional y de los líquidos y electrólitos. Hay que interrogar al paciente sobre el comienzo, duración, evolución y factores que em- peoran (alimentarios principalmente) o que alivian la diarrea, así como sobre las características de las heces diarreicas. Debe tomarse nota de la presencia o ausencia de incontinencia fecal, fiebre, pérdida de peso, dolor, ciertos factores de riesgo (viajes, consumo de fármacos, contactos con otras personas con diarrea) y de las demás manifestacio- nes extraintestinales habituales (lesiones cutáneas, artralgias, aftas bucales). Un antecedente familiar de colon irritable o esprue puede indicar esas posibilidades. Los datos de la exploración física pueden proporcionar pistas, como tumoraciones tiroideas, sibilancias, soplos cardiacos, edemas, hepatomegalia, masas abdominales, linfadenopa- tías, lesiones mucocutáneas, fístulas perianales y la posible relajación del esfínter anal. En sangre periférica, la presencia de leucocitosis, tasa de eritrosedimentación elevada o incremento de proteína C reactiva, son signos de inflamación, y la anemia indica pérdidas de sangre o carencias nutricionales; puede observarse eosinofilia en las parasitosis, neoplasias, colagenopatías, cuadros alérgicos y en la gastroenteritis eosinofílica. El análisis bioquímico sanguíneo puede descubrir trastor- nos hepáticos y alteraciones de los electrólitos u otras alteraciones metabólicas. La medición IgA de los anticuerpos contra la transgluta- minasa del tejido a veces resulta útil para identificar celiaquía. La diarrea por ácido biliar se confirma mediante un gammagrama de re- tención de ácido biliar con marca radiactiva, pero esta prueba no está disponible en muchos países. Las estrategias alternativas incluyen una prueba sanguínea de detección (C4 o FGF-19 en suero), medición de los ácidos biliares fecales o una prueba terapéutica con un fármaco captador de ácido biliar (p. ej., colestiramina o colesevelam). A menudo, durante el primer encuentro entre el paciente y el médi- co, está indicado realizar un ciclo terapéutico de prueba, que puede ser resolutivoy muy rentable cuando se sospecha un trastorno preciso. Por ejemplo, en una persona joven y por lo demás sana, la diarrea acuosa crónica que cesa con el ayuno puede justificar la prueba de una dieta con bajo contenido de lactosa; una inflamación con diarrea per- sistente que comenzó después de una excursión a una montaña justi- fica emprender un lapso de prueba con metronidazol ante la posibilidad de una giardiosis; una diarrea posprandial que persiste tras la abla- ción ileal por malabsorción de ácidos biliares puede tratarse con coles- tiramina o colesevelam antes de llevar a cabo más estudios clínicos. Cuando los síntomas perduran se necesitan estudios adicionales. Hay cuadros que pueden sospecharse en el primer encuentro, como la IBD idiopática, pero a veces se necesitan otras pruebas encaminadas a confirmar un diagnóstico y a precisar la gravedad o la extensión de una enfermedad para encauzar bien el tratamiento. Al principio, los pacientes con sospecha de IBS deben valorarse mediante sigmoidosco- pia flexible con biopsias colorrectales para descartar IBD, en particular colitis microscópica, cuyo cuadro clínico es indistinguible del IBS con diarrea. A los sujetos con resultados normales se les informa para tranquilizarlos y si está indicado, se inicia tratamiento empírico con antiespasmódicos, antidiarreicos o antidepresivos (p. ej., fármacos tricíclicos). Todo paciente con diarrea crónica y hematoquecia debe valorarse con colonoscopia y análisis microbiológico de las heces. Se calcula que en dos tercios de diarreas crónicas, después de un primer estudio, la causa sigue sin descubrirse y es necesario realizar otras pruebas. La reunión y el análisis de las heces de varios días per- D iarrea y estreñim iento 271 CAPÍTULO 55 CUADRO 554 Exploración física de sujetos con diarrea crónica 1. ¿Existen manifestaciones generales que sugieren malabsorción o enferme- dad intestinal inflamatoria (IBD) como anemia, dermatitis herpetiforme, edema o hipocratismo digital? 2. ¿Se advierten manifestaciones que sugieren alguna neuropatía autonómica o enfermedad del tejido conjuntivo vascular en pupilas, o trastornos con la postura ortostática, en piel, manos o articulaciones? 3. ¿Se identifica alguna tumoración o dolor a la palpación en el abdomen? 4. ¿Se observan anormalidades de la mucosa del recto o defectos en él o alte- ración en las funciones del esfínter anal? 5. ¿Se advierten manifestaciones mucocutáneas de enfermedad sistémica como dermatitis herpetiforme (celiaquía); eritema nudoso (colitis ulcerosa); hipere- mia (carcinoide) o úlceras de la boca correspondientes a IBD o celiaquía? miten obtener datos objetivos que faciliten confirmar el diagnóstico o identificar el tipo de diarrea, así como realizar la selección prioritaria de otras pruebas más idóneas según el caso (fig. 55-3B). Si las heces pesan más de 200 g/día hay que realizar otros análisis, como la concen- tración de electrólitos, pH, búsqueda de hemorragias ocultas, examen de los leucocitos (o el estudio de las proteínas leucocíticas), valoración cuantitativa de la grasa y un análisis para detectar la presencia de la- xantes en las heces. En las diarreas secretoras (acuosas, con diferencia osmótica nor- mal) hay que reconsiderar los posibles efectos secundarios de algún fármaco o de ciertos laxantes usados subrepticiamente. También hay que realizar estudios microbiológicos con coprocultivos para identifi- car bacterias (usando además medios apropiados para Aeromonas y Pleisiomonas), examen de las heces en busca de parásitos o sus huevos y análisis para identificar los antígenos de Giardia (la prueba más sen- sible de la giardiosis). Se puede descartar la proliferación bacteriana excesiva en el intestino delgado al cultivar muestras del contenido in- testinal obtenido por aspiración y realizar recuentos de cultivos, o por medio de pruebas con glucosa o del aliento con uso de lactosa para medir el hidrógeno, metano u otro metabolito en el aire espirado. Sin embargo, la interpretación de las pruebas del aliento puede ser ambi- gua o confusa en los trastornos del tránsito intestinal. La endoscopia superior, la colonoscopia con toma de muestras de biopsia y el estudio radiológico del intestino delgado (antes con material radiopaco, pero se usa CT con mayor frecuencia con enterografía o MRI con enterocli- sis) son útiles para descartar una enfermedad estructural o un trastor- no inflamatorio oculto. Cuando los datos de la anamnesis u otros datos lo sugieran, deben hacerse pruebas de detección de las hormonas Descartar un problema yatrógeno: fármacos o cirugía Sangre por el recto Colonoscopia + biopsia Características en las heces, por ejem- plo, que sugieren malabsorción Intestino delgado: procedimientos de imágenes, biopsia y material de aspiración Dolor agravado durante la defecación y que cede con ella; percepción de que la evacuación fue incompleta Sospechar IBS Estudios de detección inicial enfocados a enfermedad orgánica No hay sangre ni signos de malabsorción Pensar en diarrea funcional Exclusión alimentaria; como lactosa, sorbitol Diarrea crónica A Estudios de detección inicial centrados en la enfermedad orgánica Diarrea crónica B Volumen, OSM y pH de heces; búsqueda de laxantes y detección hormonal Diarrea crónica persistente Grasa en heces >20 g/día Función pancreática Ajustar la farmacoterapia para acelerar el tránsito Administrar opioides + vigilancia Disminución de K + Datos normales en las pruebas de detección inicial Colonoscopia + biopsia Datos normales y grasa en heces <14 g/día Tránsito intestinal completo Disminución de Hb y de Alb; datos anormales de MCV y MCH; exceso de grasas en las heces Intestino delgado: estudios radiográficos, biopsia, material de aspiración; medir grasa en heces en 48 h FIGURA 553. Diarrea crónica. A. Tratamiento inicial basado en los síntomas o signos acompañantes. B. Valoración basada en datos de alguna técnica de detección inicial adecuada, con limitaciones de edad respecto a enfermedad orgánica. IBS, síndrome de colon irritable; Hb, hemoglobina; Alb, albúmina; MCV, volumen corpus- cular medio (mean corpuscular volume); MCH, hemoglobina corpuscular media (mean corpuscular hemoglobin); OSM, osmolaridad. (Con autorización de M Camilleri: Clin Gastroenterol Hepatol. 2:198, 2004.) M anifestaciones cardinales y presentación de enferm edades 272 PARTE 2 CUADRO 555 Causas de estreñimiento en adultos Tipos de estreñimiento y causas Ejemplos Comienzo reciente Obstrucción del colon Neoplasia; estenosis: isquémica, diverticular, inflamatoria Espasmo del esfínter anal Fisura anal, hemorroides dolorosas Fármacos Crónico Síndrome de colon irritable Estreñimiento predominante y que causa alteraciones Fármacos Bloqueadores del calcio, antidepresivos Pseudoobstruccion colónica Estreñimiento por tránsito lento, megacolon (en ocasiones, enfermedad de Hirschsprung o de Chagas) Trastornos de la evacuación por recto Disfunción del piso pélvico, anismo, sín- drome de descenso perineal, prolapso de mucosa rectal, rectocele Endocrinopatías Hipotiroidismo, hipercalcemia, embarazo Trastornos psiquiátricos Depresión, trastornos de la alimentación, fármacos Enfermedades del sistema ner- vioso Enfermedad de Parkinson, esclerosis múlti- ple, lesión de médula espinal Miopatías generalizadas Esclerosis generalizada o sistémica progresiva peptídicas, como las concentraciones séricas de gastrina, VIP, calcito- nina y de la hormona tiroidea u hormona estimulante de la tiroides, o la cuantificación del ácido 5-hidroxiindolacético y de la histamina en orina. Estudios adicionales que deben realizarse en la diarrea osmótica deben orientarse a demostrar intolerancia a la lactosa y la ingestión de magnesio, las dos causas más importantes de esta clase de diarrea. Un pH fecal bajo indica malabsorción de carbohidratos;la malabsorción de lactosa se puede confirmar con pruebas del aliento con uso de lac- tosa, al observar los efectos de la dieta sin lactosa y de la administra- ción de este disacárido (p. ej., con 1 L de leche). Pocas veces puede identificarse la lactasa en las muestras de biopsia del intestino delgado. Si las heces contienen niveles altos de magnesio o de laxantes hay que pensar en la ingestión inadvertida o subrepticia de estos productos y conviene pedir ayuda al psiquiatra. En los casos de esteatorrea confirmada debe realizarse una endos- copia con toma de material para biopsia del intestino delgado (y aspi- ración del contenido intestinal en busca de Giardia y para realizar cultivos con recuento de cultivos); si estas técnicas no aclaran el diagnós- tico, el siguiente paso suele ser un estudio radiológico del intestino del- gado. Si no se obtienen datos positivos en las pruebas de intestino delgado o si se sospecha de una pancreatopatía, habrá que descartar por medio de estudios directos la insuficiencia exocrina del páncreas y para ello se puede utilizar la prueba de estimulación de secretina-cole- cistocinina o una variación que se practique con endoscopia. En tér- minos generales, no se practican más los métodos indirectos como la cuantificación de la actividad de quimotripsina en heces o la prueba de bentiromida, por su baja sensibilidad y especificidad. Debe sospecharse la presencia de diarreas inflamatorias crónicas cuando las heces contienen sangre o leucocitos. Esos datos deben in- ducir a realizar coprocultivos, examen de las heces en busca de parási- tos y sus huevos, análisis para detectar la toxina de C. difficile, una colonoscopia con toma de biopsia y, si está indicado, un examen del intestino delgado con medio de contraste. TRATAMIENTO DIARREA CRÓNICA El tratamiento de la diarrea crónica varía según la causa en cada caso concreto y puede ser curativo, supresor o empírico. Si se puede erradi- car la causa, el tratamiento tiene efectos curativos, como ocurre al ex- tirpar un cáncer colorrectal, al administrar antibióticos en la enfermedad de Whipple o el esprue tropical, o al interrumpir el consumo de un fármaco nocivo. En muchos procesos crónicos, la diarrea se puede controlar al suprimir los mecanismos subyacentes. Los ejemplos inclu- yen eliminación de la lactosa de la dieta para la deficiencia de lactasa o del gluten para el esprue celiaco; el uso de glucocorticoides u otros antiinflamatorios para la IBD idiopática; captadores de ácido biliar para la malabsorción de ácidos biliares; PPI para la hipersecreción gástrica en los gastrinomas; análogos de la somatostatina como octreótido para el síndrome carcinoide maligno; inhibidores de la prostaglandina como indometacina para el carcinoma tiroideo medular, y remplazo enzimático pancreático para la insuficiencia pancreática. Cuando no es posible identificar la causa o mecanismo de la diarrea crónica, el trata- miento empírico puede ser provechoso. Los opiáceos leves, como el difenoxilato o la loperamida, a menudo son útiles en la diarrea acuosa leve o moderada. Para pacientes con diarrea más grave, pueden ser útiles la codeína o la tintura de opio. Estos compuestos contra la moti- lidad deben evitarse en la IBD grave porque pueden desencadenar megacolon tóxico. La clonidina, un agonista adrenérgico α2, permite el control de la diarrea de origen diabético, aunque este fármaco es poco tolerable porque causa hipotensión postural. Los antagonistas del re- ceptor 5-HT3 (p. ej., alosetrón) pueden aliviar la diarrea y la urgencia en pacientes con diarrea por IBS. La restitución de líquidos y electrólitos es una medida terapéutica importante en todos los pacientes con diarrea crónica (véase el apartado “Diarrea aguda” en este capítulo). Asimismo, en ocasiones es necesario reponer las vitaminas liposolubles en los pacientes con esteatorrea crónica. ESTREÑIMIENTO DEFINICIÓN El estreñimiento es un síntoma frecuente en la práctica clínica y por lo común consiste en la defecación persistentemente difícil, poco frecuente o aparentemente incompleta. Dado el amplio margen que tienen los hábitos normales de la evacuación intestinal, es difícil defi nir con exactitud el es- treñimiento. La mayoría de las personas realiza tres evacuaciones a la se- mana como mínimo, pero la frecuencia de las deposiciones no es por sí sola un criterio sufi ciente para imponer la etiqueta diagnóstica de estreñi- miento. Muchos pacientes estreñidos describen una frecuencia normal de la defecación, pero se quejan de molestias subjetivas, como esfuerzos exce- sivos, distensión en la parte baja del abdomen o sensación de evacuaciones incompletas. Hay que analizar con detalle los síntomas de cada paciente para averiguar lo que quieren decir con “estreñimiento” o con “difi culta- des” para la defecación. La forma y la consistencia de las heces suelen guardar una estrecha re- lación con el tiempo transcurrido desde la defecación anterior. Cuando el tránsito es lento hay heces duras o en forma de bolas, mientras que el trán- sito rápido produce heces laxas y acuosas. Tanto las heces en bolas peque- ñas como las muy grandes son más difíciles de expulsar que las normales. La sensación que producen las heces duras o la necesidad de realizar esfuerzos excesivos es más difícil de valorar objetivamente, pero la mejor manera de saber si un paciente tiene difi cultades para defecar es averiguar si tiene necesidad de emplear enemas o de utilizar los dedos para desim- pactar las heces. Los factores psicosociales o culturales también pueden ser importantes. La persona cuyos padres concedieron enorme importancia a la defecación diaria sentirá enorme preocupación si deja de defecar un día; algunos ni- ños retienen excrementos para que se les preste atención o por temor a que sientan dolor por la irritación anal, y algunos adultos por lo común no conceden importancia o retrasan los estímulos que indican la proximidad de la defecación. ETIOLOGÍA Desde el punto de vista fi siopatológico, el estreñimiento crónico se debe por lo regular al consumo insufi ciente de fi bra o líquidos o por trastornos del tránsito por el colon o de la función anorrectal consecutivos a algún problema neurogastrointestinal, la acción de ciertos fármacos, edad avan- zada, o cualquiera de las múltiples enfermedades sistémicas que afectan al tubo digestivo (cuadro 55-5). El estreñimiento de reciente inicio puede ser un síntoma de algún trastorno orgánico importante, como un tumor o una estenosis. En el estreñimiento idiopático, algunos pacientes tienen va- ciamiento retardado del colon ascendente y transverso, con tránsito más prolongado (a menudo en el colon proximal) y escasa frecuencia de las contracciones propagadas de gran amplitud (HAPC) propulsivas. La obs- trucción de la salida para la defecación (también llamados trastornos de la evacuación) explica casi 25% de los casos que acuden por estreñimiento a centros de tercer nivel y pueden causar retraso del tránsito colónico, lo que suele corregirse con entrenamiento por retroalimentación de la defecación alterada. El estreñimiento de cualquier origen puede agravarse cuando una enfermedad crónica produce deterioro físico o mental que tiene como consecuencia inactividad o inmovilidad física. D iarrea y estreñim iento 273 CAPÍTULO 55 ESTUDIO DEL PACIENTE Estreñimiento La anamnesis detallada debe profundizar en los síntomas del paciente y confirmar si existe realmente estreñimiento, con base en la frecuen- cia (p. ej., menos de tres evacuaciones por semana), consistencia de las heces (pastosas o duras), esfuerzos excesivos para defecar, larga dura- ción del acto de la defecación, o necesidad de apoyar el perineo o de manipular con los dedos la región anorrectal. En la inmensa mayoría de los casos (probablemente >90%) no hay causa subyacente (cáncer, depresión o hipotiroidismo) y el estreñimiento mejora con hidratación generosa, con la práctica de ejercicio y con laadición de fibra a la dieta (15 a 25 g/día). Son elementos clave la alimentación equilibrada, el control de los fármacos utilizados y la atención de los problemas psicosociales. La exploración física, en particular el examen rectal, deben descartar la impacción fecal y la mayoría de las causas del estre- ñimiento con rasgos sugestivos de un trastorno de la evacuación (p. ej., tono alto del esfínter anal, falla de descenso perineal o contracción puborrectal paradójica durante el esfuerzo para estimular la evacua- ción de las heces). Si existe pérdida de peso, hemorragia rectal o anemia, además del estreñimiento, es indispensable realizar una sigmoidoscopia y además un enema con material radiopaco, o una colonoscopia, sobre todo en los pacientes >40 años, con el fin de descartar una enfermedad estruc- tural como cáncer o estenosis. En estos casos, la colonoscopia sola es más rentable, ya que permite tomar muestras de las lesiones de la mucosa, para biopsia, realizar polipectomía o dilatar las estenosis. Practicar enema con material radiopaco tiene ventajas sobre la colo- noscopia cuando el estreñimiento no conlleva otros síntomas, ya que es menos costosa y permite diagnosticar la dilatación del colon y todas las estenosis o lesiones importantes de la mucosa que probablemente existirán en ese caso. La melanosis del colon, o pigmentación de la mucosa del colon, es un signo del consumo de laxantes a base de an- traquinonas, como la cáscara sagrada o el sen, aunque esto se puede descubrir igualmente con los datos de la anamnesis detallada. Las ra- diografías del colon también sirven para descubrir algún trastorno inesperado, como el megacolon o el colon “por laxantes”. La cuantifi- cación del calcio, potasio y de la hormona estimulante de la tiroides en el suero permitirá descubrir a los pocos pacientes que presentan tras- tornos metabólicos. Es posible que los pacientes con estreñimiento más resistente no mejoren con el solo aumento del consumo de fibra y hay que ayudarles para que adquieran un hábito o esquema de evacuación, que incluya tomar un laxante osmótico (sales de magnesio, lactulosa, sorbitol, po- lietilenglicol) y evacuar con enema o un supositorio (p. ej., glicerina o bisacodil), según sea necesario. Después de desayunar, se aconseja permanecer unos 15 o 20 min en el retrete, sin distraerse ni realizar esfuerzos, ya que los esfuerzos excesivos pueden contribuir a la forma- ción de hemorroides y si el piso de la pelvis es débil o hay una lesión del nervio pudendo, varios años después puede producirse obstruc- ción de la defecación por un síndrome de perineo descendido. Aquellos pacientes que no mejoran con estas medidas sencillas o que necesitan un tratamiento prolongado o no mejoran con laxantes po- tentes deben someterse a nuevos estudios (fig. 55-4). También se cuenta con fármacos nuevos que inducen la secreción (como lubipros- tona, un activador de conductos de cloruro o la linaclotida, un agonis- ta de la guanilato ciclasa C que activa la secreción del cloruro). INVESTIGACIÓN DEL ESTREÑIMIENTO GRAVE Una minoría de pacientes (probablemente <5%) se considera como casos graves o “resistentes al tratamiento”; cerca del 25% tiene trastornos de la evacuación. Es muy probable que se valoren por un gastroenterólogo o se envíen a centros especializados. Valoraciones posteriores pueden revelar una causa desconocida con anterioridad, como alteraciones de la evacua- ción, abuso de laxantes, simulación o trastornos psiquiátricos. En dichos pacientes son útiles los estudios fi siológicos del colon y del suelo pélvico, así como del estado psíquico, si se pretende una selección racional de la terapéutica. Incluso en tales pacientes con estreñimiento grave, seleccio- nados exhaustivamente, sólo se identifi ca alguna causa en 33% de quienes se refi eren a instituciones de tercer nivel; en los demás el diagnóstico es estreñimiento con tránsito normal. Medición del tránsito del colon Las pruebas de tránsito con un marcador radiopaco son sencillas, reproducibles, por lo general inocuas, fi ables y muy adecuadas en la práctica clínica para valorar a los pacientes estreñi- dos. Hay varios métodos de valor constatado que son muy sencillos. Por ejemplo, cinco días después de ingerir el material radiopaco se obtiene una radiografía, la cual debe indicar que 80% del marcador ha sido eliminado del colon sin el uso de laxantes o enemas. Este método no permite valorar el tránsito por el estómago ni el intestino delgado. El estudio radioisotópico con una cápsula de liberación retardada que contiene partículas marcadas radiactivamente es un método no invasor y de baja exposición a la radiación que se ha utilizado para averiguar si la función del colon durante 24 a 48 h es normal, rápida o lenta. Esta estrate- gia permite valorar simultáneamente el tránsito por estómago, intestino delgado (que puede ser importante en más o menos 20% de pacientes en que hay retraso del tránsito del colon, porque puede refl ejar un trastorno más generalizado de la motilidad del tubo digestivo) y del colon. Sus in- convenientes son el mayor costo y la necesidad de usar materiales que tie- nen que prepararse en un laboratorio de medicina nuclear. Pruebas anorrectales y del piso de la pelvis. Se sospecha la existencia de trastornos funcionales del piso de la pelvis cuando hay difi cultades para evacuar el recto, sensación persistente de ocupación rectal, dolor rectal y necesidad de acudir a la extracción digital de las heces, de comprimir la pared posterior de la vagina, de apoyar el perineo durante el esfuerzo de la defecación y de realizar un esfuerzo excesivo. Estos síntomas importan- tes deben compararse con la sensación de evacuación rectal incompleta que es habitual en el IBS. La valoración psicológica formal permite detectar trastornos de la ali- mentación, “aspectos de control”, depresión o cuadros de estrés postrau- mático, que pueden mejorar con intervención cognitiva de otra índole y ser importantes para recuperar la calidad de vida en individuos cuyo cua- dro inicial es de estreñimiento crónico. Una prueba clínica sencilla que puede realizarse en el consultorio para comprobar la falta de relajación del músculo puborrectal consiste en pedir al paciente, durante el tacto rectal, que haga fuerza para expulsar el dedo índice. El movimiento del músculo puborrectal hacia atrás durante el es- fuerzo indicará si hay buena coordinación de los músculos del piso de la pelvis. El movimiento anterior con contracción paradójica durante la eva- cuación simulada indica disfunción del piso pélvico. También es bastante fácil medir clínicamente el descenso perineal al colocar al paciente en decúbito lateral izquierdo y observar si el descenso del perineo es escaso o nulo (<1.5 cm indica un trastorno funcional del piso de la pelvis) o si los esfuerzos provocan demasiado abombamiento perineal con respecto a los puntos óseos de referencia (>4 cm indican des- censo perineal excesivo). Estudios clínicos y pruebas básicas de laboratorio Estudios de sangre, radiografía de tórax y de abdomen Descartar obstrucción mecánica, p. ej., por colonoscopia Tránsito del colon Ponderar enteropatía funcional Trastorno identificado Tratamiento No hay algún trastorno primario conocido Manometría anorrectal y expulsión del globo Tránsito lento por el colon Normal Medición del ángulo rectoanal ¿proctografía en la defecación? Tratamiento apropiado: programa de rehabilitación, cirugía u otras medidas Estreñimiento crónico Normal Anormal FIGURA 554. Algoritmo para el tratamiento del estreñimiento. M anifestaciones cardinales y presentación de enferm edades 274 PARTE 2 56 Pérdida involuntaria de pesoRussell G. Robertson, J. Larry Jameson La pérdida involuntaria de peso (IWL, involuntary weight loss) con fre- cuencia es insidiosa y puede tener implicaciones importantes, que a me- nudo anticipan una enfermedad subyacente grave. La pérdida de pesode importancia clínica se defi ne como la pérdida de 4.5 kg o >5% del peso corporal de un individuo en un periodo de seis a 12 meses. Se encuentra IWL hasta en 8% de los pacientes adultos ambulatorios y en 27% de las personas frágiles de 65 años de edad y mayores. No existe una causa iden- tifi cable hasta en 25% de los pacientes pese a las investigaciones amplias. En cambio, hasta 50% de las personas que refi eren haber perdido peso no tienen evidencia documentada de la misma. Las personas que no conocen la causa de pérdida de peso por lo general tienen mejor pronóstico que aquellos con causas conocidas, en particular cuando el origen es neoplási- co. La pérdida de peso en personas de edad avanzada se asocia con diver- sos efectos nocivos, lo que incluye fractura de cadera, úlceras por presión, alteración de la función inmunitaria y disminución del estado funcional. No es de sorprender que la pérdida de peso signifi cativa se asocie con in- cremento de la mortalidad, la cual puede variar de 9 hasta 38% en 1 a 2.5 años en ausencia de atención clínica. FISIOLOGÍA DE LA REGULACIÓN DEL PESO CON EL ENVEJECIMIENTO (Véanse también los caps. 94e y 415e) Entre las personas sanas de edad avanzada, el peso corporal total alcanza su máximo en la sexta década de la vida y por lo general permanece estable hasta la novena década, después de lo cual disminuye en forma gradual. Por el contrario, la masa corporal magra (masa sin tomar en consideración la grasa) empieza a reducir a una tasa de 0.3 kg por año en la tercera década de la vida y la tasa de disminu- ción se incrementa conforme el individuo se acerca a los 60 años de edad en varones y a los 65 años en mujeres. Estos cambios en la masa corporal magra refl ejan en gran medida la reducción en la secreción de hormona de crecimiento dependiente de la edad y, en consecuencia, de las concentra- ciones circulantes de factor de crecimiento similar a la insulina de tipo I (IGF-I) que ocurren con el envejecimiento normal. La pérdida de esteroi- des sexuales durante la menopausia en mujeres y de manera más gradual con el envejecimiento en varones, también contribuye a estos cambios en la composición corporal. En un individuo de edad avanzada sano, el incre- mento del tejido graso causa equilibrio en la pérdida de masa corporal magra hasta etapas muy avanzadas de la edad, cuando ocurre pérdida de músculo estriado y grasa. Los cambios dependientes de la edad también ocurren al nivel celular. Los telómeros se acortan y la masa corporal magra Un estudio útil de la evacuación es la prueba de expulsión de un globo. Se coloca una sonda vesical con un globo en la punta, que se infl a con 50 mL de agua. En circunstancias normales el individuo sentado en un re- trete en decúbito lateral izquierdo puede expulsarlo; en la posición lateral se cuantifi ca el peso necesario para facilitar la expulsión del globo y nor- malmente ésta se da al agregar menos de 200 g, o sin ayuda antes de 2 min. La manometría anorrectal, si se utiliza para valorar a sujetos con estre- ñimiento extenso, permite a veces identifi car un tono excesivamente alto en el reposo (>80 mmHg), o de contracción del esfínter anal, lo cual sugie- re anismo (espasmo del esfínter mencionado). Dicho estudio también identifi ca síndromes raros, como la enfermedad de Hirschsprung del adul- to, porque falta el refl ejo inhibidor rectoanal. La defecografía (enema dinámico de bario que incluye proyecciones laterales practicadas durante la expulsión del material de contraste) per- mite identifi car “anormalidades leves” en muchos pacientes; los signos más notables son los cambios medidos en el ángulo rectoanal, los defectos anatómicos del recto, como prolapso de su mucosa interna y enteroceles o rectoceles. Sólo unos cuantos pacientes identifi can cuadros que pueden corregirse quirúrgicamente; comprenden invaginación grave de todas las capas del intestino con obstrucción completa del orifi cio de salida por ob- turación infundibuliforme del conducto anal, o un rectocele extraordina- riamente grande que de manera preferente se llena durante los intentos de defecación, en vez de expulsar el bario por el ano. En resumen, la defeco- grafía obliga a contar con un radiólogo interesado y experto, y las anorma- lidades no son patognomónicas de la disfunción del suelo pélvico. La causa más frecuente de obstrucción de la salida es la falta de relajación del músculo puborrectal; esto no se identifi ca en la defecografía con bario, pero puede demostrarse en la defecografía por resonancia magnética, que aporta más información sobre la estructura y función del piso pélvico, parte distal del colon y recto, y esfínteres anales. Las valoraciones neurológicas (como la electromiografía), son más úti- les para valorar a los pacientes con incontinencia que para los que tienen síntomas compatibles con obstrucción de la defecación. La ausencia de signos neurológicos en los miembros inferiores indica que cualquier dato objetivo de desnervación del músculo puborrectal se debe a una lesión de la pelvis (p. ej., obstétrica) o a la distensión del nervio pudendo consecuti- va a esfuerzos crónicos de larga duración. El estreñimiento es frecuente en sujetos con lesiones medulares, enfermedades neurológicas como la de Parkinson, esclerosis múltiple y neuropatías de origen diabético. Las respuestas provocadas por la médula espinal obtenidas al aplicar estímulos eléctricos al recto o estímulos magnéticos a la médula lumbosa- cra para generar la contracción del esfínter externo del ano sirven para diagnosticar a los pacientes que padecen neuropatías limitadas a la región sacra y que tienen una velocidad de conducción residual sufi ciente como para tratarse con métodos de biorretroalimentación. En resumen, la prueba de expulsión de un globo es importante para la detección selectiva de los trastornos funcionales anorrectales. En casos ra- ros, el examen anatómico del recto y los esfínteres anales, y la valoración de la relajación del piso pélvico son las herramientas para valorar a los pacientes con sospecha de defecación obstruida, acompañada de síntomas de prolapso de la mucosa rectal, presión sobre la pared vaginal posterior para facilitar la defecación (sugestiva de rectocele anterior) o cirugía pélvi- ca previa complicada por enterocele. TRATAMIENTO ESTREÑIMIENTO Una vez conocida la causa del estreñimiento pueden tomarse decisio- nes terapéuticas. El estreñimiento por tránsito lento requiere trata- miento médico o quirúrgico enérgico; el anismo o los trastornos funcionales del piso de la pelvis suelen responder a los métodos de biorretroalimentación (fig. 40-4). El ~60% restante de los pacientes con estreñimiento tiene tránsito colónico normal y puede recibir trata- miento sintomático. Los pacientes con lesiones de la médula espinal u otros trastornos neurológicos requieren un régimen intestinal dedica- do que a menudo incluye estimulación rectal, terapia por enema y tratamiento laxante programado de manera cuidadosa. Los pacientes con estreñimiento se tratan con laxantes formadores de volumen, osmóticos, procinéticos, secretores y estimulantes que incluyen fibra, psyllium, leche de magnesia, lactulosa, polietilenglicol (solución para lavado colónico), lubiprostona, linaclotida y bisacodilo, o en algunos países, con prucaloprica, un agonista 5-HT4. Si una prueba terapéutica de tres a seis meses falla, y no existe defecación obstruida, debe considerarse la colectomía laparoscópica con ileorrectostomía. Sin embargo, esto no debe hacerse si hay evidencia de un trastorno en la evacuación o alteración generalizada de la motilidad gastrointesti- nal. Está justificado el envío del enfermo a un centro especializado para la práctica de más pruebas de la función motora del colon. La decisión de recurrir a la cirugía se facilita en casos de megacolon y megarrecto. Las complicaciones posquirúrgicas comprenden la obstrucción de in- testino delgado (11%) y expulsión involuntariade excremento, particu- larmente durante la noche en el primer año después de la operación. La frecuencia de defecación incluye tres a ocho sesiones al día durante el primer año, para disminuir a una a tres al día en el segundo año des- pués de la cirugía. Los pacientes que padecen trastornos mixtos (evacuación y tránsito o motilidad) deben aprender a reutilizar el piso de la pelvis (biorretro- alimentación y relajación muscular), buscar asesoría psicológica y se- guir el asesoramiento en cuanto a la alimentación. Si los síntomas son intratables a pesar de la biorretroalimentación y el tratamiento médico óptimo, pueden considerarse la colectomía e ileorrectostomía, siempre que se resuelva el trastorno de la evacuación y el tratamiento médico optimizado falle. En personas con la sola disfunción del suelo pélvico, la rehabilitación por biorretroalimentación conlleva un índice de bue- nos resultados de 70 a 80%, medido por la obtención de hábitos de- fecatorios cómodos. Los intentos para tratar la disfunción del piso pélvico por cirugía (corte del esfínter anal interno-músculo puborrec- tal) o inyecciones con toxina botulínica han producido resultados me- diocres y se han abandonado en gran medida. Pérdida involuntaria de peso 275 CAPÍTULO 56 CUADRO 561 Causas de pérdida involuntaria de peso Cáncer Colon Hepatobiliar Hematológico Pulmonar Mamario Genitourinario Ovárico Prostático Trastornos gastrointestinales Malabsorción Úlcera péptica Enfermedad intestinal inflamatoria Pancreatitis Obstrucción/estreñimiento Anemia perniciosa Trastornos endocrinos y metabólicos Hipertiroidismo Diabetes mellitus Feocromocitoma Insuficiencia suprarrenal Cardiopatías Isquemia crónica Insuficiencia cardiaca congestiva Trastornos respiratorios Enfisema Enfermedad pulmonar obstructiva crónica Insuficiencia renal Enfermedades dermatológicas Infecciones VIH Tuberculosis Infecciones parasitarias Endocarditis bacteriana subaguda Fármacos Sedantes Antibióticos Fármacos antiinflamatorios no este- roideos Inhibidores de la recaptación de serotonina Metformina Levodopa Inhibidores de la enzima converti- dora de angiotensina Otros fármacos Trastornos de la boca y dientes Caries Disgeusia Factores relacionados con la edad Cambios fisiológicos Alteración visual Disminución del sentido del gusto y del olfato Incapacidades funcionales Trastornos neurológicos Apoplejía Enfermedad de Parkinson Trastornos neuromusculares Demencia Sociales Aislamiento Problemas económicos Trastornos psiquiátricos y conductuales Depresión Ansiedad Paranoia Duelo Alcoholismo Trastornos de la alimentación Incremento de la actividad o ejercicio Idiopáticas (porción de las células exentas de grasa) disminuye de manera estable con el envejecimiento. Entre los 20 y 80 años de edad, la mediana de consumo de energía se reduce hasta 1 200 kcal/día en varones y 800 kcal/día en mujeres. La dismi- nución del apetito es un refl ejo de la disminución de la actividad física y de la pérdida de masa corporal magra, lo que produce menor demanda para el consumo de calorías y alimentos. Varios cambios fi siológicos importan- tes relacionados con la edad también predisponen a las personas de edad avanzada a la pérdida de peso, como la disminución de la función quimio- sensitiva (olfato y gusto), menor efi ciencia de la deglución, disminución del vaciamiento gástrico y alteración del eje neuroendocrino, lo que inclu- ye cambios al nivel de la leptina, colecistocinina, neuropéptido Y y otras hormonas y péptidos. Tales cambios se asocian con saciedad temprana y disminución del apetito y en la apreciación hedonista de los alimentos. En conjunto, éstos contribuyen a la “anorexia del envejecimiento”. CAUSAS DE PÉRDIDA DE PESO INVOLUNTARIA La mayor parte de las causas de IWL pertenecen a una de cuatro catego- rías: 1) neoplasias malignas, 2) enfermedades infl amatorias o infecciosas crónicas, 3) trastornos metabólicos (p. ej., hipertiroidismo y diabetes) o 4) trastornos psiquiátricos (cuadro 56-1). Con cierta frecuencia, más de una de estas causas pueden explicar la IWL. En la mayor parte de las series, la IWL es causada por enfermedades malignas en 25% de los pacientes y por enfermedades orgánicas en cerca de 33% de los casos, mientras que el res- to son ocasionadas por enfermedades psiquiátricas, fármacos y causas in- ciertas. Las causas malignas más comunes de IWL son gastrointestinales, he- patobiliares, hematológicas, pulmonares, mamarias, genitourinarias, ová- ricas y prostáticas. Casi 50% de los pacientes con cáncer pierden peso cor- poral; casi 33% de los pacientes pierden más de 5% de su peso corporal original y hasta 20% de todas las muertes por cáncer son causadas directa- mente por caquexia (a través de inmovilidad y falla cardiaca o respirato- ria). La mayor incidencia de pérdida de peso se observa en pacientes con tumores sólidos. Los cánceres que se manifi estan a través de pérdida de peso signifi cativa por lo general tienen muy mal pronóstico. Además de los cánceres, las causas gastrointestinales se encuentran en- tre las causas más prominentes de IWL. La enfermedad ulcerosa péptica, enfermedad intestinal infl amatoria, síndromes de dismotilidad, pancreati- tis crónica, enfermedad celiaca, estreñimiento y gastritis atrófi ca son algu- nas de las enfermedades más comunes. Los problemas bucales y dentales se pasan por alto con facilidad y muchos podrían manifestarse con halito- sis, mala higiene bucal, xerostomía, incapacidad para masticar, disminu- ción de la fuerza de masticación, mala oclusión, síndrome de articulación temporomandibular, adoncia y dolor por caries o abscesos. La tuberculosis, micosis, parasitosis, la endocarditis bacteriana subagu- da y la infección por VIH son causas bien documentadas de IWL. Las en- fermedades cardiovasculares y pulmonares causan pérdida de peso no intencional a través de incremento de las demandas metabólicas y dismi- nución del apetito y del consumo calórico. La uremia produce náusea, anorexia y vómito. Las colagenopatías pueden incrementar las demandas metabólicas y alterar el equilibrio nutricional. Conforme se incrementa la incidencia de diabetes mellitus con el envejecimiento, la glucosuria asocia- da puede contribuir a la pérdida de peso. El hipertiroidismo en personas de edad avanzada puede tener características simpaticomiméticas menos prominentes, que se manifi estan como “hipertiroidismo apatético” o como toxicosis T3 (cap. 405). Las lesiones neurológicas como apoplejía, cuadriplejía y esclerosis múl- tiple pueden ocasionar disfunción visceral y autonómica que afectan el consumo calórico. La disfagia por lesiones neurológicas es un mecanismo común. La incapacidad funcional que compromete a las actividades coti- dianas es una causa común de desnutrición en el anciano. Las alteraciones visuales por trastornos del sistema nervioso central o trastornos oft almo- lógicos como el temblor puede limitar la capacidad de las personas para preparar y consumir alimentos. La IWL puede ser una de las primeras manifestaciones de demencia de Alzheimer. El aislamiento y la depresión son causas signifi cativas de IWL que pue- den manifestarse como incapacidad para cuidarse a sí mismo, lo que incluye satisfacer las necesidades nutricionales. La cascada metabólica in- fl amatoria mediada por citocinas puede ser la causa y una manifestación de depresión. El estado de duelo puede ser una causa de IWL y cuando está presente, es más notable en varones. Las formas de enfermedad men- tal más graves como trastornos paranoides pueden ocasionar delirios so- bre los alimentos y causar pérdida de peso. El alcoholismo puede ser una causa signifi cativa de pérdida de peso y desnutrición. Las personas de edad avanzada que viven en la pobreza tal vez tengan que elegir entre comprar alimentos o utilizar el dinero para otros gastos, lo que incluye fármacos. El internamiento en asilos es un factor de riesgo independiente; hasta 30 a 50% de los adultos mayores internadosen asilos tienen un consumo inadecuado de alimentos. Los fármacos pueden causar anorexia, náusea, vómito, molestias gas- trointestinales, diarrea, resequedad de boca y cambios en el gusto. Éste es un problema en particular en individuos de edad avanzada, muchos de los cuales toman cuatro o más fármacos. VALORACIÓN Las cuatro manifestaciones principales de IWL son: 1) anorexia (pérdida del apetito), 2) sarcopenia (pérdida de masa muscular), 3) caquexia (un síndrome que combina pérdida de peso, pérdida de músculo y de tejido adiposo, anorexia y debilidad) y 4) deshidratación. La epidemia actual de obesidad añade complejidad, ya que el exceso de tejido adiposo puede ocultar el desarrollo de sarcopenia y retrasar que se detecten el desarrollo de caquexia. Si no es posible la medición directa del peso, el cambio en la talla de la ropa, la corroboración de la pérdida de peso por familiares o amigos de la estimación numérica de esta pérdida proporcionada por el paciente sugiere la verdadera pérdida de peso. La valoración inicial incluye anamnesis y exploración física amplias, biometría hemática completa, pruebas de función hepática, proteína C re- activa, tasa de eritrosedimentación, pruebas de función renal, pruebas de función tiroidea, radiografía de tórax y ecografía de abdomen (cuadro 56- 2). Deben tomarse en cuenta factores como edad, género y deben realizar- se pruebas específi cas de detección de cáncer que tome en consideración los factores de riesgo, como la mamografía y colonoscopia (cap. 100). A los pacientes con riesgo se les solicita pruebas para VIH. Todo paciente de M anifestaciones cardinales y presentación de enferm edades 276 PARTE 2 57 Hemorragia de tubo digestivoLoren Laine La hemorragia de tubo digestivo (GIB, gastrointestinal bleeding) causa ~150 hospitalizaciones por cada 100 000 habitantes cada año en Estados Unidos; la hemorragia de tubo digestivo alto (UGIB, upper GIB) es ~1.5 a 2 veces más frecuente que la hemorragia de tubo digestivo bajo (LGIB, lower GIB). La incidencia de GIB ha disminuido en las últimas décadas, sobre todo por el descenso en la UGIB; la mortalidad también ha dismi- nuido a <5%. Hoy en día, es raro que los pacientes mueran exangües, aun- que suelen fallecer por la descompensación de enfermedades subyacentes. La GIB se manifi esta como hemorragia sintomática u oculta. La GIB sintomática se manifi esta por hematemesis, vómito de sangre roja o material en “posos de café”; melena, evacuación de heces negras, alquitranadas y fé- tidas, y hematoquecia, evacuación de sangre roja o marrón por el recto. La GIB oculta puede identifi carse en ausencia de hemorragia evidente cuando los pacientes tienen síntomas de hemorragia o anemia, como mareo, sínco- pe, angina o disnea, o cuando un examen diagnóstico sistemático revela anemia ferropénica o se obtiene un resultado positivo de sangre oculta en heces. La GIB también se clasifi ca según el sitio de hemorragia como UGIB, LGIB o GIB de origen desconocido, si no se identifi ca la causa. CAUSAS DE HEMORRAGIA DE TUBO DIGESTIVO Hemorragia de tubo digestivo alto (Cuadro 57-1) Las úlceras pépticas son la causa más frecuente de UGIB y explican ~50% de los casos. Los desga- rros de Mallory-Weiss causan ~5 a 10% de los casos. El porcentaje de pacientes que sangran a causa de las varices oscila ~5 y 40%, aproximada- mente, según la población estudiada. Es frecuente que la gastropatía erosi- va o hemorrágica (p. ej., por fármacos antiinfl amatorios no esteroideos [NSAID, nonsteroidal anti-infl ammatory drugs] o por alcohol) y la esofagi- tis erosiva produzcan UGIB leves, pero rara vez son importantes. ÚLCERA PÉPTICA Las características de la úlcera en la endoscopia también son datos importantes para el pronóstico. Hasta 33% de los pacientes con hemorragias activas o con un vaso visible que no sangra volverá a sangrar y necesitará una intervención urgente si sigue un tratamiento conservador. Estos pacientes mejoran si se tratan por vía endoscópica con electrocoagu- lación bipolar, sondas térmicas, tratamiento con inyecciones (p. ej., de alco- hol absoluto, noradrenalina al 1:10 000) y grapas o ambos tratamientos, con lo que disminuyen las hemorragias, la permanencia hospitalaria, la morta- lidad y los costos. En cambio, en los pacientes con una úlcera de base lim- pia, la posibilidad de que repitan las hemorragias es casi nula. Si no hay otra razón para la hospitalización, estos pacientes deben darse de alta después de la endoscopia. Los pacientes en los que el fondo de la úlcera contiene sangre deben permanecer hospitalizados durante tres días, ya que la mayor parte de las hemorragias recidivantes se produce durante ese periodo. Los estudios clínicos con asignación al azar de grupos testigo demues- tran que la administración intravenosa (IV) constante de una solución que contenga una dosis elevada de inhibidores de la bomba de protones (PPI, proton pump inhibitor) (bolo de 80 mg de omeprazol y 8 mg/h en la solu- ción) diseñada para mantener el pH intragástrico >6 y mejorar la estabili- dad del coágulo, reduce la hemorragia ulterior y la mortalidad en los CUADRO 562 Valoración y estudios por la pérdida involuntaria de peso Indicaciones Laboratorio Pérdida de peso de 5% en 30 días Biometría hemática completa Pérdida de peso de 10% en 180 días Estudio metabólico amplio de electró- litos y metabólico, incluye pruebas de función hepática y renal Índice de masa corporal <21 Pruebas de función tiroidea Falta de consumo de 25% de los ali- mentos después de siete días Tasa de eritrosedimentación Cambios en el ajuste de la ropa Proteína C reactiva Cambios en el apetito, gusto, olfato Ferritina Dolor abdominal, náusea, vómito, dia- rrea, estreñimiento, disfagia Pruebas para VIH, si están indicadas Valoración Estudios radiográficos Exploración física completa, lo que incluye valoración dental Radiografía de tórax Ecografía abdominal Revisión de los fármacos Realización de las detecciones reco- mendadas para cáncer Mini-Mental State Examinationa Examen nutricionala Cuestionario simplificado para la valo- ración nutricionala Conservación del consumo de ali- mentosa Actividades cotidianasa Actividades instrumentadas de la vida cotidianaa a Pueden ser más específicas para la valoración de pérdida de peso en personas de edad avanzada. CUADRO 571 Origen de hemorragia en pacientes hospitalizados por hemorragia de tubo digestivo alto Origen de la hemorragia Proporción de pacientes, % Úlcer as 31-67 Varices 6-39 Desgarros de Mallory-Weiss 2-8 Erosiones gastroduodenales 2-18 Esofagitis erosiva 1-13 Neoplasias 2-8 Ectasias vasculares 0-6 Causa no identificada 5-14 Fuente: Información sobre hospitalizaciones desde el año 2000 en adelante tomado de la Am J Gastroenterol 98:1494, 2003; Gastrointest Endosc 57:AB147, 2003; 60:875, 2004; Eur J Gas- troenterol Hepatol 16:177, 2004; 17:641, 2005; J Clin Gastroenterol 42:128, 2008; World J Gastroenterol 14:5046, 2008; Dig Dis Sci 54:333, 2009. Gut 60:1327,2011; Endoscopy 44:998, 2012; J Clin Gastroenterol 48:113, 2014. edad avanzada con pérdida de peso debe someterse a detección en busca de demencia y depresión utilizando instrumentos como el Mini-Mental State Examination y Geriatric Depression Scale, respectivamente (cap. 11). El Mini Nutritional Assessment (www.mna-elderly.com) y el Nutrition Scree- ning Initiative (http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1694757/) también se encuentran disponibles para la valoración nutricional de pa- cientes de edad avanzada. Casi todos los pacientes con cáncer y >90% de aquellos con enfermedades orgánicas tienen al menos una anomalía en los exámenes de laboratorio. En pacientes que se presentan con IWL sustan- cial, es poco probable que se presenten las principales enfermedades orgá- nicas y malignas cuando la valoración inicial es normal por completo. La vigilancia cuidadosa más que las pruebas indirectas se recomiendan por- que el pronósticode la pérdida de peso de causa indeterminada por lo general es favorable. TRATAMIENTO PÉRDIDA INVOLUNTARIA DE PESO La prioridad en el tratamiento de la pérdida de peso es identificar y tratar las causas subyacentes de manera sistemática. El tratamiento de los trastornos metabólicos, psiquiátricos, infecciosos o sistémicos sub- yacentes puede ser suficiente para restablecer el peso y el estado fun- cional de manera gradual. Los fármacos que causan náusea o anorexia deben suspenderse o sustituirse, si es posible. Para individuos con IWL de causa inexplicada, los complementos nutricionales como las bebi- das ricas en energía en ocasiones corrigen la pérdida de peso. Debe recomendarse a los pacientes que consuman complementos entre los alimentos más que con ellos, con el fin de reducir la supresión del ape- tito y facilitar el consumo general de alimentos. Se encuentran bajo investigación fármacos que favorecen el apetito, anabólicos y antago- nistas de citocinas. En pacientes selectos, la mirtazapina, un antidepre- sivo, ocasiona incremento significativo en el peso corporal, masa de grasa corporal y concentraciones de leptina. Los pacientes con enfer- medades emaciadas que pueden apegarse a un programa apropiado de ejercicios es posible que incrementen la masa proteínica muscular, la fuerza muscular y la resistencia física con lo que mejorarán la capaci- dad de realizar las actividades cotidianas. H em orragia de tubo digestivo 277 CAPÍTULO 57 pacientes con úlceras de alto riesgo (hemorragia activa, vasos visibles no hemorrágicos, coágulo adherente) cuando se administra después del tra- tamiento endoscópico. Los pacientes con datos de bajo riesgo (sitio pig- mentado plano o base limpia) no requieren tratamiento además de dosis estándar de PPI oral. En ausencia de medidas preventivas, cerca de 33% de los pacientes con úlceras hemorrágicas sangra de nuevo en los siguientes uno a dos años. Para evitar las úlceras recurrentes se toman en considera- ción los tres factores principales de la patogenia ulcerosa, Helicobacter pylori, NSAID y ácido. La erradicación de H. pylori en los pacientes con úlceras hemorrágicas reduce la frecuencia de una nueva hemorragia <5%. Si se forma una úlcera hemorrágica en un paciente que recibe NSAID, és- tos deben suspenderse; cuando se deben prolongar o reiniciar, se agrega un inhibidor selectivo de la ciclooxigenasa 2 (COX 2) (coxib) y un PPI. El tratamiento aislado con PPI o coxib tiene una frecuencia anual de hemo- rragia ~10% en los pacientes con una úlcera hemorrágica reciente; la com- binación de coxib y un PPI reduce mucho más las hemorragias ulcerosas recurrentes. Cuando un paciente recibe dosis reducidas de ácido acetilsa- licílico por cardiopatía, su tratamiento se debe reinstituir tan pronto como sea posible una vez que ha cedido el episodio hemorrágico (uno a siete días). En un estudio con asignación al azar se demostró que si el ácido acetilsali- cílico no se reinicia, la diferencia de una nueva hemorragia es mínima (5 frente a 10% a 30 días) pero la mortalidad a 30 días aumenta considerable- mente (9 en comparación con 1%) al igual que a ocho semanas (13 en comparación con 1%) con el reinicio inmediato de ácido acetilsalicílico. Los pacientes con úlceras hemorrágicas no relacionadas con H. pylori o NSAID deben recibir la dosis completa del tratamiento antisecretor por tiempo indefi nido. Las úlceras pépticas se describen en el capítulo 348. DESGARROS DE MALLORYWEISS Los datos clásicos de la anamnesis consisten en vómito, arcadas o tos, seguidos de hematemesis, sobre todo en sujetos alcohó- licos. La hemorragia por estos desgarros, que suelen presentarse en el lado gástrico de la unión gastroesofágica, en 80 a 90% de los casos cesa de forma espontánea y reaparece sólo en 0 a 10%. El tratamiento endoscópico resulta efi caz durante la fase de hemorragia activa. En ciertos casos se requiere angio- grafía terapéutica con embolización y tratamiento quirúrgico con sutura del desgarro. Los desgarros de Mallory-Weiss se explican en el capítulo 347. VARICES ESOFÁGICAS Los pacientes con hemorragia de varices tienen peor pronóstico que los que sangran por otras causas de UGIB. Se recomienda la endoscopia urgente en menos de 12 h en pacientes cirróticos con UGIB y si se encuentran varices esofágicas se realiza la ligadura endoscópica y se administra un fármaco vasoactivo IV (p. ej., octreótido en bolo de 50 μg e infusión de 50 μg/h) durante dos a cinco días. La combinación de trata- miento endoscópico y médico parece mejor a cualquiera de estas medidas solas para disminuir la hemorragia recurrente. En pacientes con hepatopa- tía avanzada (p. ej., clase Child-Pugh C con puntuación 10 a 13) debe considerarse una derivación portosistémica intrahepática transyugular (TIPS, transjugular intrahepatic portosystemic shunt) en los primeros dos días de la estancia en el hospital, ya que los estudios con distribución al azar muestran descensos signifi cativos en las tasas de hemorragia recidi- vante y mortalidad en comparación con el tratamiento endoscópico y mé- dico estándar. A largo plazo se recomienda un régimen con bloqueadores β no selectivos más ligadura endoscópica porque la combinación de la te- rapéutica endoscópica y médica es más efectiva que cualquiera de ellas por separado para reducir la hemorragia recurrente por varices esofágicas. En los pacientes con hemorragia persistente o recurrente pese al trata- miento endoscópico y médico se recomienda la TIPS. La cirugía de des- compresión es una opción (p. ej., derivación esplenorrenal distal) en lugar de la TIPS en los pacientes con cirrosis compensada. La hipertensión portal también origina las hemorragias por varices gástri- cas, varices ectópicas situadas en el intestino delgado y grueso y las de la gastropatía y enterocolopatía hipertensivas. Las varices gástricas sangrantes por cirrosis se tratan con inyección endoscópica de adhesivo para tejidos (p. ej., n-butil-cianoacrilato), si se cuenta con él; de lo contrario, se practica TIPS. GASTROPATÍA “GASTRITIS” HEMORRÁGICA Y EROSIVA La gastropatía hemorrági- ca y erosiva es el término utilizado para designar a las hemorragias y ero- siones subepiteliales que se identifi can en la endoscopia. Se trata de lesiones de la mucosa y no producen hemorragias importantes por la ausencia de arterias y venas en la mucosa. Las erosiones se desarrollan en varias situa- ciones clínicas, las más importantes son la ingestión de NSAID o de alco- hol y el estrés. Cerca de 50% de los pacientes que ingieren NSAID por periodos prolongados tienen erosiones y hasta 20% de los alcohólicos be- bedores activos que tienen síntomas de UGIB presentan signos de hemo- rragia o de erosiones subepiteliales. Las lesiones de la mucosa gástrica relacionadas con la tensión fi siológica sólo se presentan en pacientes muy graves, como los que han sufrido trauma- tismos intensos, intervenciones de cirugía mayor, quemaduras de extensión superior a un tercio de la superfi cie corporal, enfermedades intracraneales graves o alguna otra enfermedad importante (p. ej., dependencia de un res- pirador mecánico, coagulopatías). Es probable que las hemorragias no sean importantes, salvo que existan úlceras. La mortalidad de estos pacientes es bastante alta, dada la gravedad de la enfermedad subyacente. La incidencia de hemorragias en las úlceras o en las lesiones de la muco- sa gástrica relacionadas con el estrés ha disminuido mucho en los últimos años, tal vez por los mejores cuidados prestados a los pacientes gravemente enfermos. La profi laxia farmacológica de las hemorragias puede estar indi- cada en esos pacientes de alto riesgo. Los metaanálisis de estudios con asig- nación al azar indican que los PPI son más efectivos que los antagonistas del receptor H2 para reducir a UGIB sintomática y de relevancia clínica, sin diferencias en la mortalidad ni en la neumonía intrahospitalaria. OTRAS CAUSAS Otras causas menos frecuentes de UGIB sonla duodenitis erosiva, neoplasias, fístulas aortointestinales, lesiones vasculares (como la telangiectasia hemorrágica hereditaria [de Osler-Weber-Rendu] y las ecta- sias vasculares del antro gástrico [“estómago en sandía”]), la lesión de Dieulafoy (en la que un vaso anómalo de la mucosa sangra por un punto defectuoso de ésta), la gastropatía por prolapso (prolapso del estómago proximal en el esófago provocado por los esfuerzos del vómito, sobre todo en los alcohólicos), y la hemobilia o hemosuccus pancreaticus (la hemorra- gia del colédoco o del conducto pancreático). Causas de hemorragia del intestino delgado Los cuadros causantes de hemorragia del intestino delgado (hemorragias fuera del alcance del endoscopio estándar de tubo digestivo alto) son difíciles de diagnosticar y explican la mayor parte de los casos de GIB de causa desconocida. Por fortuna, las hemorragias del intestino delgado no son frecuentes. Las cau- sas más frecuentes en los adultos son ectasias vasculares, tumores (p. ej., tumor del estroma del tubo digestivo, carcinoide, adenocarcinoma, linfoma, metástasis), erosiones y úlceras por NSAID. Otras causas menos frecuentes en adultos son enfermedad de Crohn, infección, isquemia, vasculitis, vari- ces de intestino delgado, divertículos, divertículo de Meckel, quistes por duplicación e intususcepción. El divertículo de Meckel es la causa más frecuente de hemorragia de tubo digestivo bajo en niños, pero su frecuencia disminuye con la edad. En los adultos <40 a 50 años, los tumores de intestino delgado suelen ser la causa de la GIB de origen desconocido; en los pacientes >50 a 60 años la causa más frecuente son las ectasias vasculares y las lesiones inducidas por NSAID. En lo posible, las ectasias vasculares deben tratarse por vía endoscópica. Se han utilizado compuestos de estrógenos-progesterona para tratar ecta- sias vasculares, pero en un estudio clínico doble ciego no se consiguió evi- tar la hemorragia recidivante. También se usa octreótido, con base en una serie de casos, pero no en estudios aleatorizados. Un estudio con distribu- ción al azar informó un benefi cio signifi cativo con talidomida y se espera una confi rmación. Otras lesiones aisladas, como tumores, suelen tratarse con ablación quirúrgica. Causas de hemorragias del colon La causa más frecuente de LGIB son pro- bablemente las hemorroides; las fi suras anales también producen pequeñas hemorragias y dolor. Si se excluyen a estos cuadros locales del ano, que rara vez requieren hospitalización, las causas más frecuentes de LGIB en los adultos son los divertículos, ectasias vasculares (en particular en el colon proximal de los pacientes >70 años), neoplasias (principalmente adenocar- cinoma), colitis (isquémica, infecciosa, enteropatía infl amatoria idiopática) y la hemorragia después de una polipectomía. Las causas menos frecuentes son las úlceras inducidas por los NSAID o colitis, proctopatía por radia- ción, síndrome de la úlcera rectal solitaria, traumatismo, varices (casi siem- pre rectales), hiperplasia nodular linfoide, vasculitis y fístulas aortocólicas. En los niños y los adolescentes, las causas más frecuentes de GIB importan- te son la enteropatía infl amatoria y los pólipos juveniles. La hemorragia por divertículos es de comienzo repentino, suele ser in- dolora, a veces masiva y con frecuencia procede del hemicolon derecho; no surge de manera característica hemorragia oculta o crónica en heces. Los informes clínicos indican que en los divertículos hemorrágicos del colon la hemorragia cede espontáneamente en ~80% de los casos y a largo plazo reaparece en ~15 a 25% de los pacientes. La serie de casos sugiere que el tratamiento endoscópico reduce la hemorragia recidivante en el in- frecuente caso de que la colonoscopia muestre el divertículo sangrante específi co. Cuando la hemorragia diverticular se identifi ca en la angiogra- fía, la embolización arterial a través de un catéter con una técnica superse- M anifestaciones cardinales y presentación de enferm edades 278 PARTE 2 lectiva detiene la hemorragia en la mayoría de los enfermos. Si persiste o reaparece tal problema, conviene la ablación quirúrgica segmentaria. La hemorragia de las ectasias vasculares del hemicolon derecho en los ancianos puede ser sintomática u oculta; a veces es crónica y sólo de manera ocasional es de importancia hemodinámica. La hemostasia por vía endoscó- pica puede ser efi caz para tratar las ectasias vasculares, al igual que las hemo- rragias aisladas de una úlcera o las que siguen a una polipectomía. En general, el tratamiento quirúrgico es necesario cuando hay hemorragias profusas, continuas o recidivantes procedentes de diversas lesiones del colon, que no pueden resolverse con tratamiento médico, angiográfi co o endoscópico. ESTUDIO DEL PACIENTE Hemorragia de tubo digestivo VALORACIÓN INICIAL La medición de la frecuencia cardiaca y de la presión arterial es la mejor manera de iniciar el estudio de un paciente con GIB. Las hemorragias de alcance clínico modifican esas constantes al cambiar de postura al paciente; después se presenta taquicardia y, por último, hipotensión, incluso con el sujeto en decúbito. En cambio, la hemoglobina no des- ciende inmediatamente después de una GIB, porque el volumen del plasma y el de los eritrocitos disminuyen proporcionalmente (es decir, “las personas pierden sangre entera”). Por ello, en los primeros momen- tos de una hemorragia profusa la hemoglobina es normal o la disminu- ción es mínima. A medida que los líquidos extravasculares se desplazan hacia el espacio vascular para restablecer la volemia, la hemoglobina desciende, pero este proceso puede tardar 72 h. Se recomienda la trans- fusión cuando la hemoglobina cae a menos de 7 g/100 mL, según un extenso estudio con distribución al azar en el que se observó que esta estrategia restrictiva de transfusión reduce la hemorragia recurrente y la muerte en la UGIB aguda, en comparación con un umbral para transfusión de 9 g/100 mL. Los pacientes con hemorragia lenta y pro- longada de tubo digestivo llegan a tener cifras muy bajas de hemoglo- bina, aunque tengan presión arterial y frecuencia cardiaca normales. Con el desarrollo de anemia ferropénica, el volumen corpuscular me- dio disminuye y la distribución de eritrocitos aumenta. DIFERENCIACIÓN ENTRE UGIB Y LGIB La hematemesis indica hemorragia de tubo digestivo alto (por encima del ligamento de Treitz). La melena significa que la sangre ha perma- necido en el aparato digestivo cuando menos durante 14 h (y hasta tres a cinco días). Por tanto, cuanto más proximal esté situado el punto de hemorragia, más probable es que haya melena. La hematoquecia por lo común se origina de un sitio más bajo en el tubo digestivo, aunque también una lesión alta puede sangrar tan rápidamente que la sangre no permanezca el tiempo suficiente en el intestino para asumir la for- ma de melena. Cuando la hematoquecia es la primera manifestación de una UGIB, conlleva deterioro hemodinámico y descenso de las concentraciones de hemoglobina. Las lesiones hemorrágicas del intes- tino delgado pueden causar melena o hematoquecia. Otras pistas que orientan a la UGIB son los ruidos intestinales intensos y la elevación del nitrógeno ureico sanguíneo, producido al disminuir la volemia y absorberse las proteínas sanguíneas derramadas en el intestino. La aspiración nasogástrica extrae material sin sangre incluso en ~18% de los casos de las UGIB, casi siempre de origen duodenal. Cuando ese material está teñido de bilis no es posible excluir una le- sión pospilórica hemorrágica, ya que se sabe que en ~50% de los casos, detectar bilis en el material aspirado no es fidedigno. Las pruebas de hemorragia oculta que se realizan con el material de aspiración en el que no existe sangre macroscópica carecen de utilidad clínica. VALORACIÓN Y TRATAMIENTO DE UGIB FIG. 571 En la atención inicial, por lo general los pacientes se estratifican según el riesgoalto o bajo de hemorragia adicional y muerte. Las caracterís- ticas iniciales predictivas de hemorragia recidivante y muerte incluyen compromiso hemodinámico (taquicardia o hipotensión), edad avan- zada y morbilidad concomitante. La infusión de PPI puede considerar- se desde el principio: disminuye los estigmas ulcerosos de alto riesgo (p. ej., hemorragia activa) y la necesidad de terapia endoscópica, pero no mejora los resultados clínicos, como la hemorragia adicional, ciru- gía o muerte. Para aumentar la motilidad y mejorar la visualización endoscópica, también puede considerarse la administración de eritro- micina IV de 250 mg ~30 min antes de la endoscopia; produce un aumento pequeño, aunque significativo, en el rendimiento diagnóstico y reduce la tasa de endoscopias secundarias, pero no está documenta- do que disminuya la hemorragia adicional o las muertes. Los pacientes cirróticos con UGIB deben recibir antibióticos (p. ej., quinolona, cef- triaxona), además de iniciar un fármaco vasoactivo (octreótido, terli- presina, somatostatina, vapreótido) desde el inicio de la atención, incluso antes de la endoscopia. Los antibióticos reducen las infeccio- nes bacterianas, la hemorragia recidivante y la mortalidad en esta po- blación, y los fármacos vasoactivos parecen mejorar el control de la hemorragia en las 12 h siguientes a la llegada del paciente. En la mayoría de los pacientes con UGIB debe practicarse una endos- copia superior en las primeras 24 h. Los sujetos con mayor riesgo (p. ej., con inestabilidad hemodinámica, cirrosis) a veces se benefician con una endoscopia de urgencia en las primeras 12 h. La endoscopia oportuna también es útil en los enfermos de bajo riesgo para la toma de decisiones terapéuticas. Los pacientes con hemorragias importantes y con datos endoscópicos de alto riesgo (varices, úlceras con hemorragia activa, o un vaso visible) mejoran con la hemostasia endoscópica, en cambio se pue- de dar de alta a los que tienen lesiones de bajo riesgo (p. ej., úlceras de base limpia, desgarros de Mallory-Weiss que no sangran, gastropatía erosiva o hemorrágica), si sus cifras de hemoglobina y sus signos vitales se mantienen estables y no tienen otras enfermedades. VALORACIÓN Y TRATAMIENTO DE LGIB FIG. 572 En sujetos con hematoquecia e inestabilidad hemodinámica se efec- tuará endoscopia de tubo digestivo alto para descartar hemorragia en ella antes de investigar la porción baja. Hemorragia aguda de tubo digestivo alto ICU durante uno o dos días; atención intrahospitalaria durante dos o tres días Ligadura + fármaco vasoactivo IV (p. ej., ocreótido) Varices esofágicasÚlcera Desgarro de Mallory-Weiss Base limpia Alta No se administra PPI por vía IV ni tratamiento endoscópico Hemorragia activa o vaso visible ICU durante un día; atención intrahospitalaria durante dos días Administración IV de PPI + tratamiento endoscópico Coágulo adherente Atención intrahospitalaria durante dos a tres días Administración IV de PPI +/– tratamiento endoscópico Zona pigmentada plana No se administra PPI IV ni se efectúa tratamiento endoscópico Atención intrahospitalaria durante tres días Hemorragia activa No hay hemorragia activa No se efectúa tratamiento endoscópico Alta Tratamiento endoscópico Atención intra- hospitalaria durante uno o dos días FIGURA 571. Algoritmo sugerido para el diagnóstico y tratamiento de pacientes con hemorragia aguda de tubo digestivo alto. Las recomendaciones de nivel de asistencia y la fecha del alta suponen que se estabilizó al enfermo y que no surgieron nuevas crisis hemorrágicas ni otras enfermedades concomitantes. IV, vía intravenosa; PPI, inhibidor de bomba de protones; ICU, unidad de cuidados intensivos (intensive care unit). Ictericia 279 CAPÍTULO 58 58 IctericiaSavio John, Daniel S. Pratt La ictericia es la coloración amarillenta de la piel y las mucosas causada por el depósito de bilirrubina. Esto último sólo se produce cuando hay hiperbi- lirrubinemia sérica y representa un signo de hepatopatía o, con menor fre- cuencia, de trastorno hemolítico. La exploración física permite calcular el grado de elevación de la bilirrubina sérica. Para detectar aumentos ligeros de ésta lo mejor es examinar las escleróticas, que tienen afi nidad especial por la bilirrubina, por su riqueza en elastina. La detección de ictericia en las escleróticas indica una bilirrubina sérica de por lo menos 51 μmol/L (3.0 mg/100 mL). La ictericia en las escleróticas es más difícil de identifi car cuando la exploración se realiza en una habitación con luz fl uorescente, por lo que se recomienda hacerlo con luz natural. Si en la exploración se sospe- cha ictericia en las escleróticas, el siguiente paso es examinar la región sublingual. En personas de piel clara, ésta se tiñe de amarillo a medida que los niveles de bilirrubina sérica se elevan, e incluso toma una coloración verdosa si la ictericia es de larga evolución; el color verde se debe a la trans- formación de la bilirrubina en biliverdina por un proceso de oxidación. El diagnóstico diferencial de la coloración amarilla de la piel abarca pocas entidades patológicas. Además de la ictericia, la piel se tiñe de amarillo en la carotenodermia, con el consumo del fármaco llamado quinacrina o al expo- nerse excesivamente a los fenoles. Se denomina carotenodermia al color amarillo que producen los carotenos en la piel de individuos sanos que con- sumen cantidades excesivas de verduras y frutas que contienen carotenos, como zanahorias, verduras foliáceas, calabazas, melocotones y naranjas. Mientras que en la ictericia el color amarillo se reparte de forma homogénea por todo el cuerpo, en la carotenodermia el pigmento se concentra en las palmas, las plantas, la frente y los pliegues nasolabiales. Además, la caroteno- dermia se distingue de la ictericia porque no tiñe las escleróticas. La quina- crina colorea la piel de amarillo en 4 a 37% de los pacientes que la consumen. Otro signo sensible del aumento de bilirrubina en el suero es el color oscuro de la orina, observada cuando se excreta bilirrubina conjugada por el riñón. Con frecuencia, los pacientes afi rman que la orina tiene el color del té o de bebidas de cola. La bilirrubinuria indica que la fracción directa de la bilirrubina sérica está elevada y, por ello, que existe una hepatopatía. Cuando la endoscopia con cápsula es positiva, el tratamiento de- pende de los datos. Cuando la endoscopia con cápsula es negativa, se recomienda mantener al paciente en observación o, si su evolución clínica así lo dicta (p. ej., hemorragia recurrente, necesidad de trans- fundirlo u hopitalizarlo), llevar a cabo otros estudios. A menudo, la endoscopia “profunda” (p. ej., con globo doble, globo sencillo y ente- roscopia en espiral) es la siguiente prueba que se realiza en pacientes con GIB significativa de origen desconocido porque permite al endos- copista examinar, obtener muestras y aplicar tratamiento a gran parte o la totalidad del intestino delgado. La enterografía por CT y por reso- nancia magnética también se usa para examinar el intestino delgado. Otras técnicas de imágenes que se usan en ocasiones para valorar la GIB de origen desconocido incluyen gammagrafía con eritrocitos marcados con 99mTc, “angiografía” por CT con detector múltiple, an- giografía y la gammagrafía con pertecnetato 99mTc para el diagnóstico de divertículo de Meckel (principalmente en pacientes jóvenes). Cuando estas pruebas son negativas en un paciente con hemorragia recurrente o persistente que necesita transfusiones repetidas, está indicado reali- zar una endoscopia transoperatoria. SANGRE OCULTA EN HECES POSITIVA La prueba de sangre oculta en heces se recomienda únicamente para detectar cáncer colorrectal y se lleva a cabo en adultos con riesgo pro- medio, a partir de los 50 años, y empezando a los 40 años en adultos con familiares en primer grado con una neoplasia colorrectal a los ≥60 años o dosfamiliares de segundo grado con cáncer colorrectal. El re- sultado positivo obliga a realizar una colonoscopia. Si el estudio del colon es negativo no se recomienda continuar la investigación clínica, a menos que exista anemia ferropénica o síntomas digestivos. Inestabilidad hemodinámica Origen identificado; la hemorragia se detiene Angiografía Investigación de hemorragia de origen desconocido Sigmoidoscopia flexible (colonoscopia en caso de anemia ferropénica, cáncer de colon familiar o hemorragia abundante)* La hemorragia persiste Cirugía Hemorragia aguda de tubo digestivo bajo No hay inestabilidad hemodinámica Edad ≥40 años Endoscopia de vías altas^Edad <40 años Colonoscopia Colonoscopia† Origen identificado; la hemorragia persiste Origen no identificado; la hemorragia persiste En pacientes con LGIB, la técnica de elección es la colonoscopia tras la administración de una solución catártica por vía oral, salvo cuando la hemorragia es demasiado abundante, en cuyo caso se recomienda la angiografía. La sigmoidoscopia se usa sobre todo en personas <40 años con hemorragia menor. En sujetos sin una causa identificada en la colonoscopia, se recurre a estudios de imágenes. La gammagrafía con eritrocitos marcados con tecnecio-99m (99mTc) genera imágenes repetidas durante un periodo de hasta 24 h y es capaz de identificar la ubicación aproximada de la hemorragia. Sin embargo, las gammagra- fías con radionúclidos deben ser interpretadas con cautela, porque sus resultados son muy variables. La “angiografía” por tomografía compu- tarizada (CT, computed tomography) con detector múltiple es una técnica que se usa cada vez más y es probable que sea superior a la gammagrafía. En la LGIB activa, la angiografía permite identificar el origen de la hemorragia (extravasación de medio de contraste hacia el intestino) e iniciar el tratamiento con embolización. Incluso una vez que se detiene la hemorragia, la angiografía permite identificar lesio- nes en vasos anormales, como ectasias vasculares o tumores. VALORACIÓN Y TRATAMIENTO DE HEMORRAGIA DE TUBO DIGESTIVO DE ORIGEN DESCONOCIDO La GIB de origen desconocido se define como la hemorragia persisten- te o recurrente sin causa aparente en los estudios endoscópicos y ra- diográficos sistemáticos; puede ser sintomática (melena, hematoquecia) u oculta (anemia ferropénica). Las guías actuales recomiendan realizar una angiografía como prueba inicial en caso de hemorragia masiva de origen desconocido, y dejar a la endoscopia con cápsula de video, que permite examinar todo el intestino delgado, para los restantes tipos de hemorragias. La enteroscopia por pulsión casi siempre utiliza un ente- roscopio de diseño especial o un colonoscopio pediátrico para inspec- cionar el duodeno y la parte distal del yeyuno y también se puede utilizar en la valoración inicial. En una revisión sistemática de 14 estu- dios clínicos que comparó la enteroscopia por pulsión con la cápsula, se observaron “datos importantes desde el punto de vista médico” en 26 y 56% de los pacientes, respectivamente. Sin embargo, a diferencia de la enteroscopia, la ausencia de control sobre la cápsula imposibilita su manipulación, la observación de la totalidad del intestino; además, la toma de muestras de tejido no puede analizarse y el tratamiento no se puede administrar. FIGURA 572. Algoritmo sugerido para el diagnóstico y tratamiento de suje- tos con hemorragia aguda de tubo digestivo bajo. * Algunos autores sugieren realizar colonoscopia también en casos de rectorragia de cualquier intensidad en personas <40 años. ^ Si una endoscopia de la parte alta del tubo digestivo no muestra la causa definitiva, se necesitará una valoración adicional. † Si una hemorra- gia masiva no deja tiempo para hacer lavado del colon, debe efectuarse angiografía. M anifestaciones cardinales y presentación de enferm edades 280 PARTE 2 Las concentraciones séricas de bilirrubina se elevan cuando existe des- equilibrio entre la formación y la eliminación de la misma. Para estudiar de forma racional a un paciente con ictericia es necesario conocer la sínte- sis y el metabolismo de este pigmento. SÍNTESIS Y METABOLISMO DE LA BILIRRUBINA (Véase también el cap. 359) La bilirrubina es un pigmento tetrapirrólico que se produce durante la degradación del grupo hem (ferroprotoporfi ri- na IX). Entre 70 y 80% de los 250 a 300 mg de bilirrubina que se forman cada día proceden de la degradación de la hemoglobina de los eritrocitos envejecidos. El resto proviene de la destrucción prematura de las células eritroides en la médula ósea y del recambio de las hemoproteínas (mioglo- bina y citocromos) presentes en los tejidos de todo el cuerpo. La bilirrubina se forma en las células reticuloendoteliales, principal- mente el bazo y el hígado. La primera reacción, catalizada por la enzima hemooxigenasa, se separa por oxidación del puente α del grupo porfi rina y abre el anillo hem. Los productos fi nales de esta reacción son biliverdina, hierro y monóxido de carbono. La segunda reacción, catalizada por la en- zima del citosol reductasa de biliverdina, reduce el puente metileno central de la biliverdina y la convierte en bilirrubina. La bilirrubina formada en las células reticuloendoteliales es prácticamente insoluble en agua, por el fuerte enlace de hidrógeno interno de las fracciones hidrosolubles de la bilirrubina (es decir, los grupos carboxilo del ácido propiónico de una mi- tad dipirrólica de la molécula, con los grupos imino y lactámico de la mi- tad contraria). Esta confi guración impide el acceso del solvente a los residuos polares de la bilirrubina y desplaza al exterior los residuos hidró- fobos. Para transportarse por la sangre, la bilirrubina debe ser soluble. La solubilidad se logra por su unión no covalente reversible a la albúmina. La bilirrubina no conjugada ligada a albúmina se transporta hasta el híga- do, donde los hepatocitos la captan (pero no a la albúmina) por un fenó- meno en que participa por lo menos en parte el transporte por membrana mediado por portador. No se ha identifi cado un transportador específi co de la bilirrubina (cap. 359, fi g. 359-1). Después de penetrar en el hepatocito, la bilirrubina no conjugada se une en el citosol a una serie de proteínas como la superfamilia del gluta- tión-S-transferasa. Estas proteínas disminuyen la salida de bilirrubina hacia el suero y presentan dicho pigmento para su conjugación. En el retículo endoplásmico, la bilirrubina es solubilizada por conjugación con ácido glucurónico, proceso que rompe los puentes internos de hidrógeno y genera monoglucurónido y diglucurónido de bilirrubina. La conjuga- ción del ácido glucurónico en la bilirrubina se cataliza por la transferasa de difosfato de uridina-glucuronosilo (UDPGT, uridine diphosphate-glucuro- nosyl transferase) de bilirrubina. Los conjugados de bilirrubina, ya entonces hidrófi los, se difunden desde el retículo endoplásmico hasta la membrana canalicular, sitio en el cual el monoglucurónido y el diglucurónido se transportan de manera activa en la bilis canalicular por un mecanismo que depende de energía y que incluye la proteína 2 asociada a resistencia a múltiples fármacos (MRP2, multidrug resistance-associated protein 2). La bilirrubina conjugada excretada en la bilis pasa después al duodeno y a la parte proximal del intestino delgado sin ninguna otra transforma- ción. Esta bilirrubina conjugada no se absorbe en la mucosa intestinal, y al llegar al íleon distal y al colon se convierte, por hidrólisis, en bilirrubina no conjugada por acción de las glucuronidasas β bacterianas. Las bacterias normales del intestino reducen la bilirrubina no conjugada y forman un grupo de tetrapirroles incoloros llamados urobilinógenos. Entre 80 y 90% de estos productos se eliminan con las heces, sin transformar o converti- dos por oxidación en derivados de color naranja llamados urobilinas. Diez a 20% restante de los urobilinógenos se absorbe pasivamente,pasa a la vena porta y vuelve a eliminarse por el hígado. Sólo una pequeña parte (por lo común <3 mg/100 mL) eluden la captación hepática, se fi ltran en el glomérulo renal y se eliminan por la orina. MEDICIÓN DE LA BILIRRUBINA SÉRICA Los términos bilirrubina directa e indirecta (es decir, bilirrubina conjugada y no conjugada, de manera respectiva) se basan en la reacción original de Van den Bergh. Este análisis, o una variedad del mismo, aún se usa en la mayor parte de los laboratorios de bioquímica clínica para medir la bili- rrubina sérica. En este análisis, la bilirrubina se pone en contacto con el ácido diazosulfanílico, y se separa en dos azopigmentos de dipirrilmeteno bastante estables que tienen una absorción máxima a 540 nm, lo que per- mite su análisis por fotometría. La fracción directa es la que reacciona con el ácido diazosulfanílico sin necesidad de ninguna sustancia aceleradora, como el alcohol. La fracción directa es una aproximación de la bilirrubina conjugada del suero. La bilirrubina sérica total es la cantidad de este pig- mento que reacciona después de añadir alcohol. La fracción indirecta es la diferencia entre la bilirrubina total y la fracción directa, y permite calcular la cantidad de bilirrubina no conjugada que contiene el suero. La concentración normal de bilirrubina sérica, medida por el método de Van den Bergh, es de 17 μmol/L (<1 mg/100 mL). Hasta 30% del total o 5.1 μmol/L (0.3 mg/100 mL) puede ser bilirrubina de reacción directa (conjugada). En 95% de la población sana, las concentraciones séricas to- tales están entre 3.4 y 15.4 μmol/L (0.2 y 0.9 mg/100 mL). Hay varias técnicas nuevas, aunque de ejecución más incómoda, que han aumentado de forma considerable el conocimiento sobre el metabo- lismo de la bilirrubina. En primer lugar, los estudios que han usado estos métodos han demostrado que los individuos sanos o los afectados por el síndrome de Gilbert tienen casi 100% de la bilirrubina sérica de forma no conjugada, y que <3% es bilirrubina monoconjugada. En segundo lugar, se ha observado que en pacientes ictéricos por alguna enfermedad hepatobi- liar la cantidad de bilirrubina sérica total medida con estos métodos nuevos, más exactos, es menor que los valores con la técnica de los diazoderivados. Estos datos sugieren que en el suero de los pacientes con enfermedades hepatobiliares existen compuestos diazopositivos que no son bilirrubina. En tercer lugar, tales estudios indican que en los pacientes ictéricos con trastornos hepatobiliares los monoglucurónidos de bilirrubina predomi- nan sobre los diglucurónidos. En cuarto lugar, hay una parte de la bilirru- bina de reacción directa que es bilirrubina conjugada y que está unida de manera covalente a la albúmina. Esta fracción de la bilirrubina unida a la albúmina (fracción delta o biliproteína) es una parte importante de la bili- rrubina total que está en el suero de los pacientes con colestasis y con alte- raciones hepatobiliares. La fracción delta (bilirrubina delta) se forma en el suero cuando los glucurónidos de bilirrubina aumentan de manera pro- gresiva en suero a medida que disminuye su eliminación por el hígado. Dada su estrecha unión con la albúmina, la tasa de eliminación sérica de la bilirrubina delta se acerca a la semivida de la albúmina (12 a 14 días), en vez de a la semivida breve de la bilirrubina (~4 h). La semivida prolongada de la bilirrubina conjugada unida a la albúmina explica dos hechos que presentan los individuos con ictericia y hepatopa- tías, hasta ahora sin resolver: 1) algunos pacientes con hiperbilirrubinemia conjugada no presentan bilirrubinuria durante la fase de recuperación de su enfermedad, porque la bilirrubina está unida a la albúmina, de modo que no se fi ltra en los glomérulos renales, y 2) las concentraciones altas de bilirrubina sérica de algunos pacientes que, por lo demás, parecen recupe- rarse de manera satisfactoria, descienden con más lentitud de lo esperado. En las últimas fases de la recuperación de las enfermedades hepatobiliares toda la bilirrubina conjugada puede ser bilirrubina unida a la albúmina. MEDICIÓN DE LA BILIRRUBINA EN ORINA La bilirrubina no conjugada en el suero está siempre unida a la albúmina, no se fi ltra en el riñón y no aparece en la orina. La bilirrubina conjugada se fi ltra en el glomérulo y la mayor parte de ella se reabsorbe en el túbulo proximal; una pequeña parte se elimina por la orina. Toda la bilirrubina que se detecta en la orina es conjugada. La presencia de bilirrubinuria in- dica que existe una hepatopatía. La prueba de la tira reactiva en la orina proporciona la misma información que el fraccionamiento de la bilirrubi- na en suero; es una prueba muy exacta. En pacientes con colestasis prolon- gada, la prueba puede ser negativa falsa por el predominio de la bilirrubina delta, que se une de manera covalente a la albúmina y, por tanto, no se fi l- tra por los glomérulos renales. ESTUDIO DEL PACIENTE Ictericia El objetivo de este capítulo no es presentar una revisión enciclopédica de todos los trastornos que pueden causar ictericia. Por el contrario, este capítulo pretende ofrecer un marco que ayude al médico a valorar de manera lógica al paciente con ictericia (fig. 58-1). En términos sencillos, el primer paso es solicitar las pruebas sanguí- neas apropiadas para establecer si el paciente tiene un aumento aislado de la bilirrubina sérica. De ser así, ¿la elevación de la bilirrubina se debe al aumento de la fracción no conjugada o de la conjugada? Si la hiperbilirrubinemia se acompaña de otras alteraciones hepáticas, ¿el trastorno es hepatocelular o colestásico? Todas estas preguntas pueden responderse con una anamnesis minuciosa, exploración física y la in- Ictericia 281 CAPÍTULO 58 terpretación de las pruebas de laboratorio y procedimientos radiográ- ficos. La bilirrubina presente en el suero es el resultado de un equilibrio entre el paso (a la sangre) de la bilirrubina recién formada y la elimi- nación de este pigmento por el sistema hepatobiliar. La hiperbilirrubi- nemia puede deberse a: 1) formación excesiva de bilirrubina; 2) dis- minución de la captación, conjugación o eliminación de la bilirrubi- na, o 3) regurgitación de la bilirrubina conjugada o no conjugada, por los hepatocitos o por los conductos biliares lesionados. El aumento de la bilirrubina sérica no conjugada se puede deber a producción exce- siva, a un déficit de la captación o a la falta de conjugación de la bili- rrubina. La bilirrubina conjugada se eleva cuando disminuye su eliminación a los conductillos biliares o si hay fugas retrógradas del pigmento. Los pasos iniciales en la valoración de un paciente con ic- tericia son determinar: 1) si predomina la hiperbilirrubinemia conju- gada o no conjugada, y 2) si hay otras pruebas bioquímicas hepáticas anormales. Aunque existan pocos datos, con una interpretación ana- lítica se puede valorar de forma racional al paciente (fig. 58-1). A continuación, se describe sólo la valoración de pacientes adultos con ictericia. ELEVACIÓN AISLADA DE LA BILIRRUBINA SÉRICA Hiperbilirrubinemia no conjugada El diagnóstico diferencial de la hi- perbilirrubinemia no conjugada aislada incluye pocas entidades pato- lógicas (cuadro 58-1). Lo esencial es averiguar si el paciente padece un trastorno hemolítico con la producción excesiva de bilirrubina (tras- tornos hemolíticos y eritropoyesis ineficaz) o si existe menor captación/ conjugación hepática de la bilirrubina (por fármacos o por trastornos genéticos). Los trastornos hemolíticos causantes de producción excesiva de gru- pos hem pueden ser hereditarios o adquiridos. Los hereditarios incluyen a la esferocitosis, drepanocitosis y deficiencias de enzimas eritrocitarias, como la de piruvato cinasa y glucosa-6-fosfato deshidrogenasa. En tales trastornos, la bilirrubina sérica rara vez excede 86 μmol/L (5 mg/100 mL). Pueden observarse concentraciones más altas cuando coexiste al- gún trastorno funcionalhepatocelular o renal, o en las hemólisis agudas, como ocurre en las crisis drepanocíticas. Cuando se valora la ictericia de los pacientes con hemólisis crónica es importante recordar que ellos tienen una alta incidencia de litiasis biliar por cálculos pigmentarios (como de bilirrubinato cálcico), lo cual aumenta la probabilidad de una coledocolitiasis como explicación alternativa de la hiperbilirrubinemia. Anamnesis (enfocarse en el contacto con fármacos) Exploración física Estudios de laboratorio: bilirrubina con sus fracciones ALT, AST, fosfatasa alcalina, tiempo de protrombina y albúmina Aumento aislado de la bilirrubina Hiperbilirrubinemia indirecta (directa <15%). Véase el cuadro 58-1 Hiperbilirrubinemia directa (directa >15%). Véase el cuadro 58-1 Fármacos Rifampicina Probenecid Trastornos hereditarios Síndrome de Dubin-Johnson Síndrome de Rotor 1. Serologías virales IgM contra hepatitis A Antígeno de superficie y anticuerpo (IgM) contra el núcleo de hepatitis B RNA de hepatitis C 2. Estudios toxicológicos de detección Concentración de acetaminofén 3. Ceruloplasmina (si la persona tiene menos de 40 años) 4. ANA, SMA, SPEP Trastornos hereditarios Síndrome de Gilbert Síndrome de Crigler-Najjar Trastornos hemolíticos Eritropoyesis ineficaz Aumento de la bilirrubina y de otros parámetros hepáticos Conductos dilatados Colestasis extrahepática CT/MRCP/ERCP Biopsia de hígado Biopsia de hígado MRCP/biopsia de hígado Resultados negativos Resultados negativos Resultados negativos Positividad de AMA Pruebas serológicas AMA Estudios serológicos de hepatitis Hepatitis A, CMV, EBV Revisar fármacos (ver cuadro 58-3) Ecografía No hay dilatación de conductos Colestasis intrahepática ALGORITMO PARA PACIENTES CON ICTERICIA Perfil hepatocelular: elevación de ALT y AST que no guarda proporción con el nivel de fosfatasa alcalina. Véase el cuadro 58-2 Perfil colestático: concentración de fosfatasa alcalina que no guarda proporción con ALT/AST. Véase el cuadro 58-3 Más estudios virológicos DNA de CMV, antígeno de cápside de EBV Anticuerpo contra hepatitis D (si está indicado) IgM contra hepatitis E (si está indicado) FIGURA 581. Valoración del paciente con ictericia. ALT, alanina aminotransferasa; AMA, anticuerpos antimitocondriales; ANA, anticuerpos antinucleares; AST, aspar- tato aminotransferasa; CMV, citomegalovirus; EBV, virus de Epstein Barr; LKM, microsoma hepatorrenal; MRCP, colangiopancreatografía con resonancia magnética; SMA, anticuerpos contra músculo de fibra lisa; SPEP, electroforesis de proteínas séricas. M anifestaciones cardinales y presentación de enferm edades 282 PARTE 2 CUADRO 581 Causas de hiperbilirrubinemia aislada I. Hiperbilirrubinemia indirecta A. Trastornos hemolíticos 1. Hereditarios a. Esferocitosis, eliptocitosis, deficiencia de glucosa-6-fosfato deshi- drogenasa y piruvato cinasa b. Drepanocitosis 2. Adquiridos a. Anemias hemolíticas microangiopáticas b. Hemoglobinuria paroxística nocturna c. Anemia acantocítica d. Hemólisis de origen inmunitario e. Parasitosis (1) Paludismo (2) Babesiosis B. Eritropoyesis ineficaz 1. Deficiencias de cobalamina, ácido fólico y ferropenia grave 2. Talasemia C. Aumento en la síntesis de bilirrubina 1. Transfusión sanguínea masiva 2. Resorción de hematoma D. Fármacos 1. Rifampicina 2. Probenecid 3. Ribavirina E. Cuadros hereditarios 1. Síndrome de Crigler-Najjar, tipos I y II 2. Síndrome de Gilbert II. Hiperbilirrubinemia directa (trastornos hereditarios) A. Cuadros hereditarios B. Síndrome de Dubin-Johnson C. Síndrome de Rotor Algunas enfermedades hemolíticas adquiridas son la anemia hemolí- tica microangiopática (es decir, síndrome hemolítico-urémico), hemo- globinuria paroxística nocturna, acantocitosis, hemólisis inmunitaria y parasitosis (p. ej., paludismo y babesiosis). La eritropoyesis ineficaz se observa en las deficiencias de cobalamina, folato y hierro. La resorción de hematomas y las transfusiones sanguíneas masivas pueden aumen- tar la liberación de hemoglobina y la síntesis excesiva de bilirrubina. Si no hay hemólisis, el médico debe pensar en un problema relacio- nado con la captación o conjugación de la bilirrubina en el hígado. Fármacos, como la rifampicina y el probenecid, pueden producir hi- perbilirrubinemia no conjugada al disminuir la captación hepática de la bilirrubina. Se observa una menor conjugación de la bilirrubina en tres trastornos hereditarios: en los tipos I y II del síndrome de Crigler- Najjar y en el síndrome de Gilbert. El síndrome de Crigler-Najjar de tipo I es bastante raro, propio de recién nacidos, caracterizado por ic- tericia intensa (bilirrubina >342 μmol/L [>20 mg/100 mL]) y lesiones neurológicas originadas por la ictericia nuclear (encefalopatía bilirru- bínica), y que con frecuencia ocasiona la muerte en la lactancia o la infancia. Tales pacientes carecen por completo de la actividad de la enzima UDPGT, que casi siempre se debe a mutaciones del dominio 3′ esencial del gen de la UDPGT; son por ello totalmente incapaces de conjugar la bilirrubina y, por tanto, no la eliminan. El síndrome de Crigler-Najjar de tipo II es un poco más frecuente que el tipo I. Los pacientes llegan a la edad adulta con cifras de bilirru- bina que oscilan entre 103 y 428 μmol/L (6 y 25 mg/100 mL). En este caso, las mutaciones del gen UDPGT de bilirrubina disminuyen, pero no anulan del todo la actividad de la enzima. La actividad de esta en- zima puede potenciarse al administrar fenobarbital, que puede dismi- nuir las concentraciones de bilirrubina sérica en estos pacientes. Pese a la ictericia notable, los pacientes suelen alcanzar la vida adulta, aun- que pueden ser más sensibles a la ictericia nuclear si sufren el estrés de una enfermedad intercurrente o una intervención quirúrgica. El síndrome de Gilbert se caracteriza también por la conjugación deficiente de la bilirrubina (hasta una tercera parte de lo normal) por una menor actividad de la UDPGT reducida. Las personas con dicho síndrome muestran hiperbilirrubinemia no conjugada leve, con con- centración sérica casi siempre <103 μmol/L (6 mg/100 mL). La cifra sérica puede fluctuar y a menudo la ictericia se identifica sólo en lap- sos de ayuno. El defecto molecular en el síndrome de Gilbert se asocia con una disminución de la transcripción del gen UDPGT de bilirrubi- na por mutaciones en la región promotora y raras veces, en la codifi- cante. A diferencia de los síndromes de Crigler-Najjar, el de Gilbert es muy frecuente. La incidencia informada varía entre 3 y 7% de la pobla- ción, y predomina en varones a razón de 2 a 7:1. Hiperbilirrubinemia conjugada La hiperbilirrubinemia conjugada ele- vada se encuentra en dos trastornos hereditarios poco frecuentes: el síndrome de Dubin-Johnson y el síndrome de Rotor (cuadro 58-1). Los pacientes afectados con ambos trastornos presentan ictericia asinto- mática. El defecto del síndrome de Dubin-Johnson consiste en muta- ciones del gen que codifica la MRP2. Estos pacientes tienen una excreción defectuosa de la bilirrubina a los conductos biliares. El sín- drome de Rotor puede representar una deficiencia de los principales transportadores OATP1B1 y OATP1B3 de captación de fármacos he- páticos. Estos dos síndromes se pueden diferenciar, pero clínicamente no es necesario hacerlo, dada su naturaleza benigna. ELEVACIÓN DE LA BILIRRUBINA SÉRICA ACOMPAÑADA DE OTRAS ANOMALÍAS DE LAS PRUEBAS HEPÁTICAS El resto del presente capítulo se dedica al estudio de los pacientes que, además de la hiperbilirrubinemia conjugada, tienen alteraciones de otras pruebas hepáticas; pueden dividirse en los afectados por un pro- ceso hepatocelular primario y los que presentan colestasis intrahepática o extrahepática. Esta distinción, basada en la anamnesisy la explora- ción física, así como en el patrón de alteraciones de las pruebas hepá- ticas, guía la valoración del médico (fig. 58-1). Anamnesis Quizá la parte aislada más importante de la valoración del paciente con ictericia inexplicable es la historia clínica completa. Son aspectos importantes de la misma la exposición anterior a cualquier agente químico o fármaco, sea prescrito por el médico o productos que se obtienen sin prescripción médica, como los preparados herbarios y vitamínicos, o fármacos como los esteroides anabolizantes. Con una anamnesis minuciosa, se investiga si el paciente ha recibido productos por vía parenteral, como transfusión, fármacos por vía intranasal o intravenosa, tatuajes y prácticas sexuales. También es importante co- nocer sobre viajes recientes, el contacto con otras personas con icteri- cia, el consumo de alcohol o de alimentos posiblemente contaminados, la exposición laboral a hepatotoxinas, la duración de la ictericia y la existencia de otros síntomas como artralgias, mialgias, exantemas, anorexia, pérdida de peso, dolor abdominal, fiebre, prurito y altera- ciones de la orina y las heces. Ninguna de estas manifestaciones es específica de un trastorno determinado, pero ayudan a sospechar su presencia. En este sentido, el antecedente de mialgias y artralgias antes de la ictericia sugiere hepatitis, ya sea viral o relacionada con algún fármaco, y la ictericia acompañada de dolor intenso y de inicio súbito en el cuadrante superior derecho junto con escalofríos indica coledo- colitiasis y colangitis ascendente. Exploración física La valoración general debe incluir el estado nutricio- nal del paciente. La atrofia de los músculos temporales y de la muscula- tura proximal es un signo de enfermedades consuntivas prolongadas, como cáncer de páncreas o cirrosis. Se observan estigmas de hepatopa- tía crónica, como arañas vasculares, eritema palmar, ginecomastia, cir- culación venosa abdominal en cabeza de medusa, contracturas de Dupuytren, hipertrofia parotídea y atrofia testicular en la cirrosis alco- hólica avanzada (de Laennec) y, a veces, en otras clases de cirrosis. La tumefacción del ganglio supraclavicular izquierdo (ganglio de Virchow) o el desarrollo de un nódulo paraumbilical metastásico (nódulo de la hermana Mary Joseph) indican una neoplasia abdominal. La disten- sión venosa yugular, que es un signo de insuficiencia cardiaca del ventrículo derecho, sugiere la existencia de congestión hepática. En las cirrosis avanzadas puede observarse derrame pleural derecho sin asci- tis clínicamente evidente. Ictericia 283 CAPÍTULO 58 CUADRO 582 Trastornos hepatocelulares que pueden originar ictericia Hepatitis viral Hepatitis A, B, C, D y E Por virus de Epstein-Barr Por citomegalovirus Por virus del herpes simple Hepatitis alcohólica Toxicomanías Predecible, que depende de dosis, como la causada por acetaminofén No predecible, idiosincrásica, como la causada por isoniazida Toxinas del ambiente Cloruro de vinilo Té de Jamaica: alcaloides de pirrolizidina Kava Kava Setas silvestres: Amanita phalloides y A. verna Enfermedad de Wilson Hepatitis autoinmunitaria La exploración abdominal debe dirigirse al tamaño y consistencia del hígado, la existencia de bazo palpable, por lo cual está agrandado, y buscar una posible ascitis. En pacientes con cirrosis a veces se en- cuentra agrandado el lóbulo hepático izquierdo, que se palpa por de- bajo del apéndice xifoides, y esplenomegalia. El hígado agrandado y nodular al tacto o una tumoración abdominal notable sugieren neo- plasia maligna del abdomen. El hígado doloroso y agrandado puede corresponder a hepatitis viral o alcohólica o, con menos frecuencia, a congestión hepática aguda secundaria a insuficiencia cardiaca del ventrículo derecho. El dolor intenso a la palpación y la interrupción de la inspiración ante la presión digital en el hipocondrio derecho (signo de Murphy) sugiere colecistitis. Cuando la ictericia concurre con asci- tis se debe sospechar cirrosis o neoplasia con diseminación peritoneal. Pruebas de laboratorio Cuando el médico atiende a un paciente con ictericia de causa desconocida, existe una batería de pruebas que pue- de ser útil al iniciar el estudio. Éstas incluyen la medición de bilirrubi- na total y directa, aminotransferasas séricas, fosfatasa alcalina, y concentraciones de albúmina y tiempo de protrombina. La cuantifica- ción de enzimas (alanina aminotransferasa [ALT, alanine aminotrans- ferase], aspartato aminotransferasa [AST, aspartate aminotransferase] y fosfatasa alcalina [ALP, alkaline phosphatase]) es útil para distinguir las lesiones hepatocelulares, de los cuadros colestáticos (cuadro 358-1; fig. 58-1), un paso esencial para seleccionar las siguientes pruebas a realizar. En general, los pacientes afectados por un trastorno hepatoce- lular tienen una elevación desproporcionada de aminotransferasas con respecto a la ALP. Los pacientes con un cuadro colestático tienen una elevación desproporcionada de la concentración de ALP en relación con el de las aminotransferasas. La bilirrubina sérica puede estar con- siderablemente elevada, tanto en entidades patológicas hepatocelulares como en las colestasis y, por tanto, no suele resultar útil para distinguir una de otra. Además de los análisis de enzimas, en todos los pacientes con icte- ricia deben realizarse otras pruebas sanguíneas para valorar la función hepática (de manera específica, la concentración de albúmina y el tiempo de protrombina). La hipoalbuminemia sugiere una enferme- dad crónica como cirrosis o cáncer. La albúmina normal sugiere un trastorno más agudo como hepatitis viral o coledocolitiasis. El tiempo de protrombina prolongado indica deficiencia de vitamina K a causa de ictericia prolongada o por malabsorción de vitamina K, o deterioro importante de la función hepática. Si el tiempo de protrombina altera- do no se corrige con la administración parenteral de vitamina K se debe sospechar lesión hepatocelular grave. Las concentraciones de bilirrubina, las enzimas, la albúmina y el tiempo de protrombina permiten establecer si un paciente ictérico tiene lesión hepatocelular o colestasis. Las causas y el estudio de cada una de estas posibilidades son bastante diferentes. Trastornos hepatocelulares Las enfermedades hepatocelulares que pueden producir ictericia son hepatitis viral, intoxicación por fárma- cos o agentes ambientales, alcoholismo y las cirrosis de cualquier causa en fase terminal (cuadro 58-2). La enfermedad de Wilson afecta más bien a adultos jóvenes. La hepatitis autoinmunitaria por lo general se observa en mujeres jóvenes o de edad mediana, pero puede afectar a varones y a mujeres de cualquier edad. La hepatitis alcohólica se distingue de la hepatitis viral y agentes tóxicos por el tipo de alteración que experimentan las aminotransferasas: los pacientes de hepatitis al- cohólica por lo común tienen un cociente AST:ALT de 2:1 como mí- nimo y la AST rara vez es >300 U/L. En cambio, los sujetos con hepatitis viral aguda o con lesiones causadas por tóxicos lo bastante graves como para producir ictericia suelen tener concentraciones de aminotransferasas >500 U/L, y concentraciones de ALT mayores o iguales que las de AST. Aunque en ambos casos pueden detectarse aumentos de ALT y AST menores de ocho veces por encima de lo normal, las concentraciones superiores a 25 o más se observan princi- palmente en las enfermedades hepatocelulares agudas. Los individuos con ictericia causada por cirrosis pueden tener concentraciones de aminotransferasas normales o sólo ligeramente elevadas. Una vez que el médico confirma que el paciente padece un trastor- no hepatocelular, las pruebas que debe solicitar en busca de hepatitis viral son anticuerpos IgM de la hepatitis A, antígeno de superficie y anticuerpo IgM del núcleo del virus de la hepatitis B, una prueba del RNA del virus de la hepatitis C y, según las circunstancias, una prueba de anticuerposIgM contra hepatitis E. Como pueden transcurrir mu- chas semanas antes de que el anticuerpo del virus C pueda detectarse y, por tanto, si se sospecha hepatitis aguda, esta prueba es poco fide- digna. En algunos casos pueden estar indicados estudios en busca de los virus de las hepatitis D y E, del virus de Epstein-Barr (EBV, Epstein- Barr virus) y del citomegalovirus (CMV). La cuantificación de la ceru- loplasmina es el primer dato de la detección que se debe practicar si se sospecha enfermedad de Wilson. La existencia de hepatitis autoinmu- nitaria se conoce por medio de medición de anticuerpos antinucleares y de inmunoglobulinas específicas. Las lesiones hepatocelulares por fármacos se pueden dividir en previsibles y no previsibles. Las reacciones farmacológicas previsibles dependen de la dosis y afectan a todos los pacientes a quienes se admi- nistra una dosis tóxica del fármaco en cuestión. El ejemplo clásico es la hepatotoxicosis por acetaminofén. Las reacciones farmacológicas no previsibles, también llamadas idiosincrásicas, no dependen de la dosis y se observan en una minoría de pacientes. Hay muchos fármacos ca- paces de producir lesiones hepáticas idiosincrásicas. Las toxinas am- bientales también son una causa importante de lesión hepatocelular. Entre ellas hay productos químicos industriales, como el cloruro de vinilo, los preparados herbarios que contienen alcaloides de la pirroli- dina (té de Jamaica), Kava Kava y setas como Amanita phalloides y A. verna, que contienen amatoxinas muy lesivas para el hígado. Trastornos colestáticos Cuando los resultados de las pruebas hepáticas sugieren un problema colestático, el siguiente paso es averiguar si la colestasis es intrahepática o extrahepática (fig. 58-1). Esta distinción puede resultar difícil. A menudo los datos de las pruebas de laborato- rio, la anamnesis y la exploración física carecen de utilidad. La explo- ración que está indicada es una ecografía; esta técnica es poco costosa, no expone a radiación al paciente y puede descubrir la dilatación de los conductos biliares intrahepáticos y extrahepáticos con mucha sen- sibilidad y especificidad. La ausencia de dilatación del árbol biliar su- giere colestasis intrahepática, mientras que la dilatación biliar indica colestasis extrahepática. Hay resultados negativos falsos en los pacien- tes con obstrucción parcial del colédoco o en los casos de cirrosis o de colangitis esclerosante primaria (PSC, primary sclerosing cholangitis), en los cuales las cicatrices impiden que se dilaten los conductos intra- hepáticos. La ecografía puede detectar la colestasis extrahepática, pero rara vez descubre el lugar o la causa de la obstrucción. La porción distal del colé- doco es un área, en especial, difícil de apreciar en la ecografía, por el gas intestinal interpuesto. Las pruebas que están indicadas son la tomografía computarizada (CT, computed tomography), colangiopancreatografía por resonancia magnética (MRCP, magnetic resonance cholangiopancrea- tography), la colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (ERCP, endoscopic retrograde cholangiopancreatography) y la ecografía endos- cópica (EUS). La CT y la MRCP son mejores que la ecografía para explorar la cabeza del páncreas y diagnosticar coledocolitiasis de la M anifestaciones cardinales y presentación de enferm edades 284 PARTE 2 CUADRO 583 Trastornos colestáticos que pueden producir ictericia I. Intrahepáticos A. Hepatitis viral 1. Hepatitis colestática fibrótica: hepatitis B y C 2. Hepatitis A, infección por virus de Epstein-Barr, infección por cito- megalovirus B. Hepatitis por alcohol C. Toxicidad por fármacos 1. Colestasis pura: esteroides anabólicos y anticonceptivos 2. Hepatitis colestática: clorpromazina o estolato de eritromicina 3. Colestasis crónica: clorpromazina y proclorperazina D. Cirrosis biliar primaria E. Colangitis esclerosante primaria F. Síndrome de conducto biliar “evanescente” 1. Rechazo de hígado en trasplante (a largo plazo) 2. Sarcoidosis 3. Fármacos G. Hepatopatía congestiva y hepatitis isquémica H. Cuadros clínicos hereditarios 1. Colestasis intrahepática familiar progresiva 2. Colestasis recurrente benigna I. Colestasis del embarazo J. Nutrición parenteral total K. Septicemia no hepatobiliar L. Colestasis benigna del posoperatorio M. Síndrome paraneoplásico N. Enfermedad venooclusiva O. Enfermedad de rechazo inverso (injerto contra hospedador) P. Enfermedad infiltrativa 1. Tuberculosis 2. Linfoma 3. Amiloidosis Q. Infecciones 1. Paludismo 2. Leptospirosis II. Extrahepáticas A. Cancerosas 1. Colangiocarcinoma 2. Cáncer de páncreas 3. Cáncer de vesícula 4. Cáncer de ampolla de Vater 5. Ataque canceroso de ganglios linfáticos del hilio hepático B. Benigno 1. Coledocolitiasis 2. Posoperatorio de estructuras biliares 3. Colangitis esclerosante primaria 4. Pancreatitis crónica 5. Colangiopatía del sida 6. Síndrome de Mirizzi 7. Parasitosis (ascarosis) porción distal del colédoco, en particular cuando los conductos bilia- res no están dilatados. La ERCP es el método de referencia para diag- nosticar la coledocolitiasis. Además de sus posibilidades diagnósticas, la ERCP permite realizar varias intervenciones terapéuticas, como la extracción de los cálculos del colédoco y la colocación de endoprótesis. La MRCP ha sustituido a la ERCP como estudio inicial para el diag- nóstico en casos en que la necesidad de intervención quirúrgica puede ser menor. La EUS muestra sensibilidad y especificidad comparables a la de la MRCP para la detección de obstrucción en el colédoco. La EUS también permite practicar la biopsia de lesiones con sospecha de ma- lignidad, pero es invasiva y requiere sedación. En los pacientes con colestasis intrahepática evidente, el diagnóstico suele basarse en pruebas serológicas y biopsia hepática percutánea. Hay diversos trastornos que producen colestasis intrahepática (cuadro 58-3). Existen enfermedades que suelen producir una lesión de tipo hepatocelular y que a veces se manifiestan con un patrón lesivo coles- tático. Las hepatitis B y C pueden causar inflamación colestática (he- patitis colestática fibrosante). Esta variedad se ha descrito en los receptores de órganos sólidos. Las hepatitis A y E, la hepatitis alcohó- lica, las infecciones por EBV y CMV también pueden manifestarse en la forma de hepatopatía colestática. Los fármacos pueden producir colestasis intrahepática, que suele ser reversible una vez eliminado el fármaco nocivo, pero pueden trans- currir muchos meses para que desaparezca la colestasis. Los fármacos que la causan con mayor frecuencia son los esteroides anabolizantes y los anticonceptivos, pero también se han descrito hepatitis colestáticas con clorpromazina, imipramina, tolbutamida, sulindac, cimetidina y el estolato de eritromicina. También se desarrolla en pacientes a quie- nes se administra trimetoprim-sulfametoxazol y antibióticos a base de penicilina como la ampicilina, la dicloxacilina y ácido clavulánico. En ciertos casos, la colestasis se vuelve crónica y se acompaña de fibrosis progresiva a pesar de interrumpir de forma oportuna la administra- ción del fármaco lesivo. Se ha observado colestasis crónica con la clorpromazina y la proclorperazina. La cirrosis biliar primaria es una enfermedad que predomina en las mujeres de mediana edad y causa destrucción progresiva de los con- ductos biliares interlobulillares. Se diagnostica por la presencia de an- ticuerpos antimitocondriales, que se detectan en 95% de los pacientes. La colangitis esclerosante primaria (PSC, primary sclerosing cholangitis) se caracteriza por destrucción y fibrosis de los grandes conductos bi- liares. El diagnóstico de PSC se realiza por colangiografía (ya sea MRCP o ERCP), que demuestra los estrechamientos segmentarios patognomónicos. Cerca de 75% de los pacientes con PSC padecen una enfermedad intestinal inflamatoria. El síndrome del conducto biliarevanescente y la ductopenia del adul- to son trastornos raros en los que la biopsia hepática muestra un esca- so número de conductos biliares. El cuadro histológico es similar al de la cirrosis biliar primaria, y se observa en los pacientes con rechazo crónico después de someterse a un trasplante hepático, y también en los que sufren enfermedad del injerto contra el hospedador tras un trasplante de médula ósea. El síndrome del conducto biliar evanescen- te también se presenta en casos raros de sarcoidosis, en pacientes que consumen ciertos fármacos (como la clorpromazina) y de forma idiopática. Existen también formas familiares de la colestasis intrahepática. Los síndromes de esta categoría incluyen la colestasis intrahepática familiar progresiva (PFIC, progressive familial intrahepatic cholestasis) de tipos 1-3 y la colestasis recurrente benigna (BRC, benign recurrent cholesta- sis). Los dos tipos de colestasis son cuadros recesivos autosómicos que surgen por mutaciones en el gen ATP8B1 que codifica a una proteína de la subfamilia de adenosina trifosfatasa (ATPasas, adenosine triphos- phatases) de tipo P; no se conoce en detalle la función exacta de tal proteína. La PFIC1 es un cuadro progresivo que se manifiesta en la niñez, en tanto que la BRC lo hace en una etapa más tardía y se carac- teriza por episodios repetitivos de ictericia y prurito; ellos ceden por sí solos pero pueden ser debilitantes. La PFIC2 se origina por mutacio- nes en el gen ABCB11 que codifica la bomba de expulsión de sales biliares, y la PFIC3 se origina por mutaciones en la glucoproteína 3 P resistente a múltiples fármacos. La colestasis del embarazo se desarrolla en el segundo y tercer trimestres de la gestación y desaparece después del parto. Se desconoce su causa, pero quizá sea hereditaria; la colesta- sis puede inducirse con la administración de estrógenos. Otras causas de colestasis intrahepática son las formas secundarias a la nutrición parenteral total (TPN, total parenteral nutrition), la infección no hepatobiliar, la colestasis posoperatoria benigna y un síndrome paraneoplásico observable en algunos cánceres, como la enfermedad de Hodgkin, el cáncer medular de la tiroides, el hiperne- froma, el sarcoma renal, los linfomas de linfocitos T, el cáncer de próstata y diversas neoplasias gastrointestinales. Se ha utilizado el término síndrome de Stauffer para la colestasis intrahepática especí- ficamente asociada con cáncer de células renales. En pacientes que D istensión abdom inal y ascitis 285 CAPÍTULO 59 59 Distensión abdominal y ascitisKathleen E. Corey, Lawrence S. Friedman DISTENSIÓN ABDOMINAL La distensión abdominal es manifestación de innumerables enfermedades. El paciente puede señalar que tiene distensión abdominal y advertir un au- mento en la circunferencia del abdomen, que se manifi esta por ropas de- masiado ajustadas o porque no cierra su cinturón; a menudo indica molestias del abdomen, aunque con menor frecuencia señala dolor. Si la distensión del abdomen se acompaña de dolor suele ser consecuencia de una infección intraabdominal, peritonitis o pancreatitis. Las personas con distensión abdominal por líquido de ascitis (líquido en la cavidad abdomi- nal) pueden señalar que en fecha reciente identifi caron una hernia inguinal o umbilical. La disnea puede ser resultado de la presión que se ejerce contra el diafragma y la imposibilidad de expandir plenamente los pulmones. ETIOLOGÍA Las causas de la distensión abdominal pueden recordarse de manera con- veniente de acuerdo a las seis F (en inglés): fl atos, grasa (fat), líquidos (fl uid), embarazos (fetus), heces (feces) o neoplasias (fatal growth). Flatos La distensión del abdomen puede ser consecuencia del incremen- to en el volumen de gases intestinales. En circunstancias normales, el intestino delgado contiene unos 200 mL de gases, en los cuales predominan nitrógeno, oxígeno, bióxido de carbono, hidrógeno y metano. El nitrógeno y el oxígeno provienen del aire exterior consumido (deglutido), en tanto que el dióxido de carbono, el hidrógeno y el metano se generan en el inte- rior de las asas intestinales por fermentación bacteriana. El incremento del volumen de gases intestinales se observa en diversas situaciones. La aero- fagia, que es la deglución de aire, puede hacer que aumenten los volúme- nes de oxígeno y nitrógeno en el intestino delgado y con ello la distensión del abdomen. El cuadro mencionado típicamente es consecuencia de engullir de forma desmesurada alimentos, de masticar chicle, de fumar o como reacción a la ansiedad, que origina eructos repetitivos. En algunos casos el mayor volumen de dichos gases es consecuencia del metabolismo bacteriano de sustancias muy fermentables como la lactosa y otros oligo- sacáridos, que puede culminar en la generación de hidrógeno, dióxido de carbono o metano. En muchos casos no se puede detectar la causa exacta de la distensión del abdomen. En algunas personas, en particular las que tienen síndrome de colon irritable y timpanismo, la sensación subjetiva de tensión intraabdominal se atribuye al difícil tránsito de gases por los intes- tinos y no a un aumento de su volumen. La distensión abdominal, que constituye el incremento objetivo de la circunferencia del vientre, es resul- tado de la falta de coordinación entre la contracción del diafragma y la relajación de la pared anterior del abdomen en reacción a un incremento en las cargas volumétricas intraabdominales. En ocasiones, la intensifi ca- ción de la lordosis lumbar explica la distensión abdominal manifi esta. Grasa El aumento de peso, con incremento en la cantidad de grasa abdomi- nal puede hacer que aumente la circunferencia abdominal y el sujeto la perci- ba como distensión del vientre. El depósito de grasa en el abdomen puede ser consecuencia de desequilibrio entre la ingestión calórica y el gasto de energía, lo cual es consecuencia de una dieta inadecuada y de un modo de vida seden- tario; esto también es manifestación de algunas enfermedades como el sín- drome de Cushing. El exceso de grasa abdominal se ha vinculado con un mayor riesgo de resistencia a la insulina y enfermedades cardiovasculares. Líquidos La acumulación de líquido en el interior de la cavidad abdomi- nal (ascitis) suele distender la pared del vientre y se expone en detalle en párrafos siguientes. Embarazo El embarazo hace que la circunferencia abdominal aumente. De manera típica, entre las 12 y 14 semanas de gestación se detecta por primera vez el mayor tamaño del vientre, fecha en que el útero se desplaza de la pelvis para ascender al abdomen. La distensión del abdomen puede observarse antes de tales fechas como consecuencia de retención de líqui- dos y relajación de los músculos abdominales. Heces El mayor volumen de heces en el colon en casos de estreñimiento u obstrucción intestinal intensa, también puede hacer que la circunferen- cia abdominal aumente. Los cuadros anteriores suelen acompañarse de dolor abdominal, náusea y vómito, y se les diagnostica por medio de estu- dios de imágenes. presentan colestasis en las unidades de cuidados intensivos debe sos- pecharse ante todo ictericia producida por un proceso infeccioso, he- patitis isquémica (“estado de choque hepático”) y TPN. Cuando se desarrolla ictericia después de un trasplante hepático, lo más probable es que se deba a la enfermedad venooclusiva o a la enfermedad de in- jerto contra hospedador. Además de la hemólisis, la drepanocitosis puede causar colestasis intrahepática y extrahepática. La ictericia es un signo tardío de la insuficiencia cardiaca causada por congestión hepá- tica e hipoxia hepatocelular. La hepatitis isquémica es una entidad distintiva de hipoperfusión aguda caracterizada por un aumento agu- do y notable de las aminotransferasas séricas, seguido de un pico gra- dual en la bilirrubina sérica. En los casos graves de Plasmodium falciparum se observa ictericia con disfunción hepática. Aquí la ictericia es una combinación de hi-perbilirrubinemia indirecta por hemólisis e ictericia tanto colestática como hepatocelular. La enfermedad de Weil es una variedad grave de leptospirosis que se caracteriza por ictericia, insuficiencia renal, fiebre, cefalea y dolor muscular. Las causas de la colestasis extrahepática pueden ser malignas y be- nignas (cuadro 58-3). Entre las primeras están las neoplasias malignas del páncreas, de la vesícula biliar, la ampolla de Vater y el colangiocar- cinoma. Este último tumor maligno casi siempre conlleva PSC y es muy difícil de diagnosticar porque su aspecto suele ser idéntico al de la PSC. Los tumores pancreáticos y de la vesícula, igual que el colan- giocarcinoma, son tumores casi siempre inextirpables y de mal pro- nóstico. De todos los tumores que se manifiestan por una ictericia indolora, el carcinoma de la ampolla es el que con mayor frecuencia se cura con cirugía. Las adenopatías del hilio hepático originadas por metástasis de otros cánceres pueden causar obstrucción del árbol biliar extrahepático. La coledocolitiasis es la causa más frecuente de colestasis extrahepá- tica. El cuadro clínico puede variar desde una ligera molestia en el hipocondrio derecho aunada a incremento mínimo de las enzimas hepáticas, hasta las de colangitis ascendente con ictericia, septicemia y colapso circulatorio. La PSC puede desarrollarse cuando hay estenosis de alcance clínico circunscritas al árbol biliar extrahepático. La colan- gitis asociada con IgG4 se caracteriza por estrechamiento de las vías biliares. Es crucial que el médico distinga este trastorno de la PSC, ya que responde a los glucocorticoides. En casos raros, la pancreatitis crónica rara vez produce estenosis del colédoco distal a su paso por la cabeza del páncreas. Por lo general, la colangiopatía del sida es un trastorno causado por la infección del epitelio de los conductos biliares por el CMV o por criptosporidios, y la colangiografía genera imágenes similares a las de la PSC. El cuadro inicial incluye concentraciones muy altas de fosfatasa alcalina en suero, de 800 UI/L por término me- dio, pero la bilirrubina suele ser casi normal, y en general son pacien- tes que no tienen ictericia. CONSIDERACIONES GENERALES Aunque la obstrucción biliar extrahepática y los fármacos son causas frecuentes de ictericia reciente en países desarrollados, las infecciones se mantienen como las causas principales en países en vías de desarrollo. En muchas infecciones se observa compromiso he- pático e ictericia, sobre todo en el paludismo, babesiosis, leptospirosis grave, infecciones por Mycobacterium tuberculosis y el complejo Mycobacterium avium, fi ebre tifoidea; hepatitis viral secundaria a virus de hepatitis A-E, EBV y CMV; fases tardías de la fi ebre amarilla; fi ebre hemorrágica del den- gue; esquistosomosis, fasciolosis, clonorquiasis, opistorquiasis, ascariosis, equinococosis, candidosis hepática, histoplasmosis diseminada, criptoco- cosis, coccidioidomicosis, ehrliquiosis, fi ebre Q crónica, yersiniosis, bru- celosis, sífi lis y lepra. Las infecciones bacterianas que no siempre afectan al hígado y las vías biliares también pueden causar ictericia, como en la co- lestasis de la septicemia. Reconocimiento Este capítulo es una versión revisada de los capítulos que aparecieron en ediciones previas del Harrison, en las que Marshall M. Kaplan fue autor junto con Daniel Pratt. M anifestaciones cardinales y presentación de enferm edades 286 PARTE 2 Neoplasias Una tumoración en el interior del vientre puede distender el abdomen. El aumento de volumen de los órganos intraabdominales, en específi co del hígado (hepatomegalia) o el bazo (esplenomegalia) o un aneurisma de la aorta abdominal pueden ocasionar distensión abdominal. La distensión de la vejiga también ocasiona distensión del vientre. Ade- más, cánceres, abscesos o quistes pueden alcanzar volúmenes que aumen- tan la circunferencia abdominal. ESTUDIO DEL PACIENTE Distensión abdominal ANAMNESIS Dilucidar el origen de la distensión abdominal comienza con la anam- nesis y la exploración física. Es importante interrogar al paciente sobre el desarrollo de síntomas que sugieran cáncer, en particular pérdida de peso, diaforesis nocturna y anorexia. La imposibilidad de expulsar heces o flatos (gases) junto con náusea o vómito sugiere obstrucción intestinal, estreñimiento intenso o íleo adinámico (ausencia de peristaltismo). El incremento en el número o el volumen de los eructos y de los gases ex- pulsados puede orientar hacia la posibilidad de aerofagia o una mayor producción de gases en los intestinos. Es preciso interrogar al paciente sobre factores de riesgo de hepatopatías crónicas o sus manifestaciones, que incluyen consumo excesivo de bebidas alcohólicas y desarrollo de ictericia, lo cual sugiere la presencia de ascitis. También hay que investi- gar otros síntomas de trastornos clínicos que incluyen insuficiencia cardiaca y tuberculosis, que pueden ocasionar la presencia de ascitis. EXPLORACIÓN FÍSICA En la exploración física el médico buscará signos de enfermedad de ín- dole general. La presencia de linfadenopatía, en particular la supraclavi- cular (ganglio de Virchow), sugiere metástasis de alguna neoplasia abdominal. En la exploración del corazón hay que tener enorme cautela para valorar la elevación de la presión venosa yugular (JVP, jugular ve- nous pressure); signo de Kussmaul (incremento de la JVP durante la ins- piración); un chasquido pericárdiaco, que puede detectarse en casos de insuficiencia cardiaca o pericarditis constrictiva, así como el soplo de insuficiencia tricuspídea. Signos como telangiectasias, eritema palmar, dilatación de venas superficiales alrededor de la cicatriz umbilical (signo de cabeza de medusa) y ginecomastia sugieren hepatopatía crónica. La exploración abdominal debe comenzar con la inspección del mis- mo en busca de distensión desigual o tumoraciones manifiestas. Se emprenderá la auscultación enseguida. El hecho de no detectar ruidos intestinales o la presentación de ruidos localizados, de tono alto, orien- tan hacia la posibilidad de íleo adinámico u obstrucción intestinal. El soplo venoso al nivel de la cicatriz umbilical puede sugerir la presencia de hipertensión portal y en contadas ocasiones se percibe un soplo áspe- ro en personas con carcinoma hepatocelular o hepatitis de origen alco- hólico. La distensión del abdomen causada por gases intestinales se diferencia de la causada por líquidos o una tumoración sólida, por me- dio de la percusión; el abdomen lleno de gas tiene carácter timpánico, en tanto que el que tiene una tumoración o líquido tiene carácter mate a la percusión (matidez). Sin embargo, el hecho de no detectar dicha mati- dez no descarta la presencia de líquido de ascitis, porque se necesita como mínimo el depósito de 1 500 mL de él para su detección en la ex- ploración física. Por último, el médico debe palpar el abdomen en busca de hipersensibilidad, una tumoración, esplenomegalia o hepatomegalia, o la presencia de nódulos en hígado que sugieran cirrosis o una neopla- sia. La palpación superficial del hígado puede detectar pulsaciones que sugieren flujo retrógrado que viene del corazón en individuos en insufi- ciencia ventricular derecha, particularmente la insuficiencia tricuspídea. ESTUDIOS DE IMÁGENES Y DE LABORATORIO Las radiografías de abdomen se utilizan para detectar la dilatación de asas intestinales, que sugiera obstrucción de las mismas o íleo adinámico. Con la ecografía de abdomen se detectan incluso 100 mL de líquido de ascitis, hepatoesplenomegalia, nódulos en el hígado o una tumoración. La ecogra- fía suele ser inadecuada para detectar linfadenopatía retroperitoneal o una lesión en páncreas, por el gas intestinal que se interpone en las imágenes. Si se sospecha un cáncer o enfermedad de páncreas se podrá realizar to- mografía computarizada (CT, computerized tomography); con esta técnica también se detectan los cambios que surgen en la fase avanzada de lacirro- sis y de la hipertensión portal (fi g. 59-1). Los estudios de laboratorio deben incluir métodos bioquímicos para valorar la función del hígado, concentración de albúmina en suero, tiempo de protrombina (razón internacional normalizada), para la valoración de la función del hígado y una biometría hemática completa para detectar citopenias que puedan ser consecuencia de la hipertensión portal o de leu- cocitosis, anemia y trombocitosis, resultado de la infección sistémica. Es importante medir las concentraciones de amilasa y lipasa séricas para de- tectar pancreatitis aguda. Conviene también cuantifi car las proteínas en orina si se sospecha síndrome nefrótico que puede ocasionar ascitis. En casos selectos, la medición del gradiente de presión venosa hepática (la diferencia de presiones a través del hígado, entre las venas porta y hepá- tica) se logra al colocar un catéter en la vena hepática para confi rmar que la ascitis se origina por la cirrosis (cap. 365). En algunos casos, se necesita una biopsia de hígado para confi rmar la existencia de este último trastorno. ASCITIS PATOGENIA EN PRESENCIA DE CIRROSIS La ascitis en los cirróticos es consecuencia de la hipertensión portal y de la retención de sodio y agua por los riñones. Mecanismos similares contribu- yen a la formación de ascitis en la insufi ciencia cardiaca. La hipertensión mencionada incrementa en grado signifi cativo la presión en el interior de la vena porta. Según la ley de Ohm, la presión es el producto de la resisten- cia multiplicada por el fl ujo. El aumento de la resistencia dentro del hígado se produce gracias a varios mecanismos. En primer lugar, el desarrollo de fi brosis hepática, que es el elemento defi nitorio de la cirrosis, afecta la es- tructura normal de los sinusoides hepáticos e impide el fl ujo normal de sangre por el hígado. En segundo lugar, la activación de las células estrella- das del hígado, que median la fi brogenia, hace que se desarrolle contrac- ción de músculo liso y fi brosis. Por último, con la cirrosis disminuye la producción de óxido nítrico sintetasa endotelial (eNOS, endothelial nitric oxide synthetase), con lo cual disminuye la producción de dicho producto intermediario y aumenta la vasoconstricción intrahepática. La génesis de la cirrosis también se ha vinculado con el aumento en las concentraciones circulantes de óxido nítrico sistémico (a diferencia de la disminución que se observa en el interior del hígado) y también mayores niveles del factor de crecimiento endotelial vascular y del factor de necro- sis tumoral, lo cual origina vasodilatación de arterias esplácnicas. La vaso- dilatación de la circulación esplácnica hace que se acumule la sangre y disminuya el volumen circulante efi caz, situación que perciben los riñones como hipovolemia. El paso siguiente es la vasoconstricción compensado- ra, por medio de la liberación de hormona antidiurética; de este modo, las consecuencias son retención de agua libre y activación del sistema nervio- so simpático y del sistema de renina-angiotensina-aldosterona, lo cual, a su vez, culmina en retención de sodio y agua por los riñones. PATOGENIA EN AUSENCIA DE CIRROSIS La ascitis en caso de no haber cirrosis suele ser consecuencia de carcino- matosis peritoneal, infección de peritoneo o enfermedad de páncreas. La FIGURA 591. CT de una persona con hígado cirrótico nodular (flecha blan- ca); esplenomegalia (flecha amarilla) y ascitis (puntas de flecha). D istensión abdom inal y ascitis 287 CAPÍTULO 59 primera entidad es consecuencia de cánceres primarios de peritoneo como el mesotelioma o el sarcoma; cánceres de la cavidad abdominal como el adenocarcinoma de estómago o de colon o metástasis de carcino- ma del seno o pulmones, o melanoma (fi g. 59-2). Las células tumorales que revisten el peritoneo generan un líquido con abundante proteína que contribuye a la formación del líquido de ascitis. El líquido del espacio ex- tracelular es arrastrado al interior del peritoneo, lo cual contribuye todavía más a la génesis de ascitis. La peritonitis tuberculosa origina ascitis por un mecanismo similar; los tubérculos depositados en el peritoneo exudan un líquido proteináceo. La ascitis pancreática es consecuencia de la fuga y paso de enzimas del páncreas, al peritoneo. ETIOLOGÍA La cirrosis explica 84% de los casos de ascitis. El líquido de ascitis del saco pericárdico, la carcinomatosis peritoneal y los cuadros de ascitis “mixtos” que son consecuencia de la cirrosis y de una segunda enfermedad, compren- den 10 a 15% de los casos. Entre las causas menos frecuentes del trastorno están metástasis masivas en hígado, infecciones (tuberculosis, Chlamydia), pancreatitis y nefropatía (síndrome nefrótico). Entre las causas raras de as- citis están el hipotiroidismo y la poliserositis familiar recurrente. VALORACIÓN Una vez confi rmada la presencia de ascitis, se identifi ca mejor su origen por medio de paracentesis, método que se hace directamente con una aguja o un catéter fi no por vía transcutánea para extraer líquido de ascitis, de la cavidad peritoneal. Los sitios que con mayor frecuencia se usan para tal procedi- miento son los cuadrantes inferiores. Se prefi ere el cuadrante inferior iz- quierdo, por la mayor acumulación de líquido y el menor grosor de la pared abdominal. La paracentesis es un método seguro incluso en sujetos con algu- na coagulopatía; pocas veces surgen complicaciones con ella, como hemato- mas en la pared del vientre, hipotensión, síndrome hepatorrenal e infección. Después de extraer el líquido de ascitis habrá que revisar su aspecto macroscópico. Si es turbio, puede ser consecuencia de infección o la pre- sencia de células tumorales. El líquido blanquecino y lechoso señala la presencia de triglicéridos con concentraciones >200 mg/100 mL (y a me- nudo >1 000 mg/100 mL) que constituye el signo característico de la ascitis quilosa. Esta última es consecuencia de la rotura de linfáticos que a veces se observa en casos de traumatismos, cirrosis, tumores, tuberculosis o al- gunas anomalías congénitas. El líquido de color pardo oscuro puede deno- tar su gran concentración de bilirrubina y orienta hacia la posibilidad de perforación de las vías biliares. El líquido negruzco puede señalar la pre- sencia de necrosis pancreática o metástasis de melanoma. Es importante enviar el líquido de ascitis para medir en él las concen- traciones de albúmina y proteínas totales, hacer recuentos celulares y dife- renciales y en caso de sospechar infección, practicar tinción de Gram y cultivo, así como inoculación del líquido en recipientes para hemocultivo, en la cabecera del enfermo, para llevar al máximo la proliferación de mi- croorganismos y la confi rmación diagnóstica. De forma simultánea, hay que contar con la cifra de la concentración sérica de albúmina para permi- tir el cálculo del gradiente de albúmina entre el suero y líquido de ascitis (SAAG, serum-ascites albumin gradient). El SAAG es útil para diferenciar la ascitis que proviene de hipertensión portal, de la que no tiene tal origen (fi g. 59-3). Dicho gradiente refl eja la presión dentro de los sinusoides hepáticos y permite correlacionarla con el gradiente de presión en la vena hepática. El SAAG se calcula al restar la cifra de albúmina en el líquido de ascitis, de la cifra de albúmina en suero y tal relación no cambia con la diuresis. El gradiente ≥1.1 g/100 mL refl eja la presencia de hipertensión portal e indica que la ascitis se debe a aumen- to de la presión en los sinusoides del hígado. Según la ley de Starling, un SAAG elevado refl eja la presión oncótica que se opone y equilibra a la presión portal. Entre las causas posibles están cirrosis, ascitis de origen cardiaco, trombosis de la vena hepática (síndrome de Budd-Chiari), sín- drome de obstrucción sinusoidal (enfermedad venooclusiva) o metástasis masivas del hígado. Un SAAG <1.1 g/100 mL indica que el líquido no pro- vino de hipertensión portal y tal vez seoriginó por peritonitis tuberculosa, carcinomatosis peritoneal o ascitis pancreática. En el caso de que la ascitis tenga un SAAG alto (≥1.1) las concentracio- nes de proteínas en él puede aportar pistas sobre el origen (fi g. 59-3). Las concentraciones de proteínas en el líquido ascítico que sean ≥2.5 g/100 mL señalan que los sinusoides del hígado son normales y que permiten el paso de proteína al líquido de ascitis, como se observa en la de origen cardiaco, el síndrome de Budd-Chiari incipiente o el síndrome de obstrucción si- nusoidal. Concentraciones de proteínas en líquido ascítico <2.5 g/100 mL denota que hubo daño y cicatrices en los sinusoides hepáticos, que impi- den el paso de proteínas, como se observa en la cirrosis, el síndrome tardío de Budd-Chiari o metástasis masivas en el hígado. El péptido natriurético procerebral (BNP, pro-brain-type natriuretic peptide) es una hormona na- triurética que libera el corazón como consecuencia de incremento del vo- lumen y de tensión parietal ventricular. En la insufi ciencia cardiaca existen altas concentraciones de dicho péptido en el suero y pueden ser útiles para identifi car a la insufi ciencia cardiaca congestiva como causa de la ascitis con gradiente SAAG alto. FIGURA 592. CT de un paciente con carcinomatosis peritoneal (flecha blan- ca) y ascitis (flecha amarilla). <1.1 g/100 mL Proteína en líquido ascítico ≥2.5 g/100 mL ≥1.1 g/100 mL Insuficiencia cardiaca/pericarditis constrictiva Fase inicial del síndrome de Budd-Chiari Obstrucción de IVC Síndrome de obstrucción sinusoidal Fuga de bilis Síndrome nefrótico Pancreatitis Carcinomatosis peritoneal Tuberculosis Proteína en líquido ascítico <2.5 g/100 mL SAAG Cirrosis Fase tardía del síndrome de Budd-Chiari Metástasis masivas de hígado FIGURA 593. Algoritmo para el diagnóstico de ascitis con base en el gradiente de albúmina entre el suero y líquido de ascitis (SAAG). IVC, vena cava inferior. M anifestaciones cardinales y presentación de enferm edades 288 PARTE 2 Conviene practicar otros estudios sólo en circunstancias clínicas espe- cífi cas. Si se sospecha peritonitis que es consecuencia de la perforación de una víscera habrá que medir las concentraciones de glucosa y lactato des- hidrogenasa en el líquido de ascitis (LDH, lactate dehydrogenase). A dife- rencia de la peritonitis bacteriana “espontánea” (SBP, spontaneus bacterial peritonitis), que puede complicar la ascitis de la cirrosis (véase más adelan- te “Complicaciones”), se sospecha peritonitis secundaria con concentra- ciones de glucosa en líquido ascítico <50 mg/100 mL, cifras de LDH más elevadas en líquido de ascitis que en el suero y detección de múltiples pa- tógenos en el cultivo del líquido ascítico. Si se sospecha ascitis pancreática, habrá que medir la concentración de amilasa en líquido ascítico y en estos casos típicamente excede de 1 000 mg/100 mL. El estudio citológico puede ser útil en el diagnóstico de la carcinomatosis peritoneal. Hay que extraer como mínimo 50 mL de líquido y procesarlo inmediatamente. La peritonitis tuberculosa se vincula de manera típica con linfocitosis en el líquido de ascitis, pero puede ser difícil establecer el diagnóstico por medio de pa- racentesis. El frotis en busca de bacilos acidorresistentes tiene una sensi- bilidad solamente de 0 a 3%; un cultivo mejora tal parámetro para el diagnóstico, de 35 a 50%. En individuos no cirróticos, concentraciones elevadas de adenosina desaminasa en líquido de ascitis tienen una sensibi- lidad >90% si se utiliza una cifra límite de 30 a 45 U/L. Si no se confi rma la causa de la ascitis, los estudios de referencia incluyen laparotomía o la- paroscopia con obtención de muestras de peritoneo para biopsia, es decir, estudio histológico y cultivo. TRATAMIENTO ASCITIS La medida inicial en caso de ascitis cirrótica es restringir el consumo de sodio a 2 g/día. Si la sola restricción no basta para controlar la genera- ción de líquido, se recurre a los diuréticos orales, de modo característi- co, la combinación de espironolactona y furosemida. El primer fármaco es un antagonista de aldosterona que inhibe la resorción de Na+ en la porción distal del túbulo contorneado del riñón. El uso de dicho fárma- co puede estar limitado por situaciones como hiponatremia, hiperpo- tasemia y ginecomastia dolorosa. Si esta última complicación es muy molesta, en vez de la espironolactona cabe utilizar 5 a 40 mg/día de amilorida. La furosemida es un diurético con acción en el asa de Henle que suele combinarse con espironolactona en una proporción de 40:100; las dosis diarias máximas de la combinación de los dos fárma- cos son de 400 y 160 mg, respectivamente. La ascitis cirrótica resistente al tratamiento se define por la persis- tencia del líquido anormal a pesar de la restricción de sodio y las dosis máximas de diuréticos (o las dosis máximas toleradas). El tratamiento farmacológico para la ascitis resistente incluye la adición de midodrina, un antagonista adrenérgico α1, o clonidina, un antagonista adrenérgi- co α2, al diurético. Estos fármacos actúan como vasoconstrictores al contrarrestar la vasodilatación esplácnica. La midodrina sola o combi- nada con clonidina mejora la hemodinámica sistémica y el control de la ascitis, en comparación con el control obtenido con los diuréticos solos. Aunque los bloqueadores adrenérgicos β (beta bloqueadores) se prescriben a menudo para evitar la hemorragia por varices en pacien- tes cirróticos, el uso de estos medicamentos en individuos con ascitis resistente se relaciona con tasas más bajas de supervivencia. Si el tratamiento médico solo es suficiente, la ascitis resistente pue- de tratarse con paracentesis de gran volumen (LVP, large-volume para- centesis) o una derivación peritoneal intrahepática transyugular (TIPS, transjugular intrahepatic peritoneal shunt), una derivación portosistémi- ca que se coloca bajo guía radiográfica y descomprime los sinusoides hepáticos. La infusión intravenosa de albúmina durante la LVP dismi- nuye el riesgo de “disfunción circulatoria posterior a paracentesis” y muerte. Los pacientes que se someten LVP deben recibir infusiones IV de albúmina, con 6 a 8 g/L de líquido de ascitis extraído. Se prefiere la colocación de TIPS a la LVP para reducir la acumulación recidivante de ascitis, pero se acompaña de una mayor frecuencia de encefalopatía hepática, sin diferencia en las tasas de mortalidad. La ascitis de origen canceroso no mejora con la restricción de sodio ni con los diuréticos. En estos casos hay que someter al paciente a LPV, de modo seriado, colocación transcutánea de un catéter de drenaje o en raras ocasiones creación de una derivación peritoneovenosa (de la cavidad abdominal a la vena cava). La ascitis que proviene de peritonitis tuberculosa es tratada con el tratamiento antituberculoso habitual. La ascitis no cirrótica de otros orígenes se trata con la corrección del problema desencadenante. COMPLICACIONES La peritonitis bacteriana espontánea (SBP; cap. 159) es una complicación común de la ascitis cirrótica, que puede ser letal. En ocasiones, SBP tam- bién complica la ascitis causada por síndrome nefrótico, insufi ciencia car- diaca, hepatitis aguda e insufi ciencia hepática aguda, pero es rara en la ascitis de origen canceroso. Los individuos con SBP suelen observar un incremento de la circunferencia abdominal; sin embargo, sólo en 40% de los pacientes se identifi ca dolor abdominal a la palpación y rara vez hay signo de rebote. El cuadro inicial incluye por lo común fi ebre, náusea, vó- mito y encefalopatía de origen hepático, de aparición nueva o exacerba- ción del mismo cuadro preexistente. Se defi ne la presencia de SBP por el número de leucocitos polimorfonu- cleares (PMN, polymorphonuclear neutrophil) de ≥250 células/μL en el lí- quido de ascitis. Los cultivos de dicho líquido de forma típica no permiten identifi car un patógeno bacteriano en particular. La presenciade múltiples patógenos en el marco de un mayor número de PMN en el líquido de ascitis sugiere peritonitis secundaria por perforación de víscera hueca o absceso (cap. 159). La presencia de múltiples patógenos sin que aumente el número de PMN sugiere perforación intestinal por la aguja de paracen- tesis. La SBP suele ser consecuencia de la participación de bacterias intes- tinales que se desplazaron a través de la pared intestinal edematosa. Los patógenos más comunes son los bacilos gramnegativos que incluyen Es- cherichia coli y Klebsiella, así como estreptococos y enterococos. El tratamiento de SBP con un antibiótico como cefotaxima intravenosa es efi caz contra aerobios gramnegativos y grampositivos. Bastan cinco días de tratamiento, si se logra mejoría clínica. La SBP intrahospitalaria o ad- quirida durante la atención médica a menudo se debe a bacterias resisten- tes a múltiples fármacos; el tratamiento antibiótico inicial debe guiarse con la epidemiología bacteriana local. Los cirróticos con el antecedente de SBP, una concentración proteínica total en el líquido de ascitis <1 g/100 mL o hemorragia activa de tubo diges- tivo, deben recibir con fi n profi láctico antibióticos para evitar SBP; suele utilizarse norfl oxacino oral. La diuresis incrementa la actividad de las op- soninas, proteínas en el líquido ascítico y puede disminuir el riesgo de SBP. El hidrotórax de origen hepático se desarrolla cuando la ascitis causada a menudo por cirrosis, emigra a través de las fenestraciones en el diafrag- ma y de ahí a la cavidad pleural; puede ocasionar disnea, hipoxia e infec- ción. El tratamiento es similar al que se hace en la ascitis cirrótica e incluye restricción de sodio y si es necesario toracocentesis o colocación de TIPS. Se debe evitar la colocación de una sonda en el tórax. 60 e Disuria, dolor vesical y síndromede cistitis intersticial/dolor vesical John W. Warren Éste es un capítulo electrónico que se encuentra disponible en http://www.mhhe.com/harrison19e SECCIÓN 7 ALTERACIONES EN LA FUNCIÓN RENAL Y DE LAS VÍAS URINARIAS La disuria y dolor vesical son los síntomas que a menudo llaman la aten- ción hacia las vías urinarias bajas. DISURIA La disuria o dolor que ocurre durante la micción, se percibe a menudo como una sensación urente o punzante en la uretra y es un síntoma que acompaña a varios síndromes. La presencia o ausencia de otros síntomas a menudo es útil para diferenciar entre tales enfermedades. Algunos de es- tos síntomas difi eren en varones y en mujeres.