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Héctor Garcini Guerra DERECHO ADMINISTRATIVO Dr. Héctor Garcini Guerra Editorial Pueblo y Educación Este libro, en tus manos de estudiante, es instrumento de trabajo para construir tu educación. Cuídalo, Edición: Lie. Crisna Moráguez Díaz Diseño: Lizabeth Álvarez de la Torre Segunda edición, 1986 Corregida y ampliada © Héctor Garcini Guerra, 1986 © Editorial Pueblo y Educación, 1986 EDITORIAL PUEBLO Y EDUCACIÓN Calle 3ra. A No. 4605, entre 46 y 60, Playa, Ciudad de La Habana SNLC: CU01.31440-8 Impreso por el Combinado Poligràfico "Juan Mannello", 1986 A María de/ Carmen, esposa y compañera, que por más de cinco décadas ha sido siempre estímulo y guía. INTRODUCCIÓN El desarrollo impetuoso de la Revolución cubana ha significado raigales transformaciones en todos los aspectos de la vida social del país. Se ha creado lá base económica socialista; la producción de bienes materiales, la educación, la salud pública y la promoción de la cultura avanzan sin tre gua. Hemos sido testigos del proceso de institucionalización del Estado y la estructuración adecuada a su carácter proletario. A partir de 1970 y ofreciéndonos como cúspide la Constitución de 24 de febrero de 1976 el Estado revolucionario devino Estado socialista. Mu taciones profundas convierten el viejo Derecho, sustentado en la propie dad privada en un Derecho nuevo inspirado en los principios del marxis mo-leninismo y la Administración Pública se enmarcó en contornos más precisos y adaptó sus funciones al logro de objetivos concordes con las metas caracterizadoras de la etapa actual del desarrollo. El Derecho Administrativo, rama del sistema jurídico cubano, no ha sido ajeno al proceso. De ahí que la primera edición de esta obra, que vio la luz en 1981 presente hoy, para su eficaz utilización, perfiles requeridos de ser actualizados para posibilitar el conocimiento de la legislación emanada desde su aparición. Esta segunda edición, referida a las nuevas normas, presenta además innovaciones que enriquecen su contenido y facilitan, si se le emplea como libro de texto, un más amplio conocimiento de la dis ciplina que contiene y el dominio del ordenamiento jurídico positivo, ci miento indispensable para lograr un aprendizaje pleno de la teoría y la práctica administrativas. Esta es la razón y el motivo de este libro. El autor CAPÍTULO I Concepto del Derecho Administrativo 1. El Estado y la Administración ............................................... 9 Las funciones del Estado ....................................................... 10 Evolución histórica de la Administración Pública ............... 16 Los fines de la Administración Pública ................................ 18 Concepto de la Administración Pública................................. 18 Criterios doctrinales acerca del Derecho Administrativo ... 20 Concepto del Derecho Administrativo .................................. 24 O I Ç0 N > _->■ si O I U 1A W hJ CAPÍTULO II Relaciones del Derecho Administrativo con otras ciencias Realidad de la existencia de relaciones entre las distintas ra mas del Derecho y de este con otras ciencias ............. 31 Necesidad y conveniencia del estudio de las relaciones del Derecho Administrativo con otras ciencias ......................... 31 Relaciones con otras ramas de las ciencias jurídicas .......... 32 Relaciones con otras ciencias no jurídicas ........................... 38 Relaciones del Derecho Administrativo con la Ciencia de la Administración ......................................................................... 39 CAPÍTULO III Principios fundamentales del Derecho Administrativo socialista 1. Consideraciones generales ..................................................... 46 2. Principios político-sociales de la Administración del Esta do ............................................................................................... 46 3. Principios organizativos de la Administración del Estado .. 51 CAPÍTULO IV Las fuentes del Derecho Administrativo 1. Consideraciones generales ..................................................... 57 2. Importancia en el Derecho Administrativo de las disposicio nes de la Dirección Política del Estado ................................ 58 3. La ley como fuente del Derecho Administrativo ................. 60 4. El reglamento como fuente del Derecho Administrativo. La potestad reglamentaria ........................................................... 63 5. Las disposiciones internas de la Administración Pública ... 67 6. La costumbre su negación como fuente del Derecho Admi nistrativo. Concepto ................................................................ 68 7. Los tratados internacionales como fuente indirecta del Dere cho Administrativo. Concepto ................................................ 69 8. Las decisiones judiciales como fuente del Derecho Adminis trativo ....................................................................................... 73 CAPÍTULO V La norma jurídico-administrativa, la codificación del Derecho Adminis trativo 1. La norma jurídico-administrativa ............................................ 79 2. La discrecionalidad administrativa ........... 85 3. La codificación del Derecho Administrativo ......................... 90 CAPÍTULO VI La relación jurídico-administrativa 1. Concepto de la relación jurídico-administrativa ................... 101 2. Los sujetos de la relación jurídico-administrativa ............... 102 3. El acto administrativo. Concepto .......................................... 109 4. Las situaciones jurídico-administrativas ................................ 120 CAPÍTULO Vil Teoría orgánica de la Administración 1. Concepto de la organización administrativa ......................... 128 2. Los órganos de la Administración Pública ........................... 129 3. Tipos de órganos de la Administración Pública ................. 132 4. Formación de los órganos de la Administración Pública 135 5. Cese de los órganos ............................................................... 137 CAPÍTULO VIII Sistemas de los órganos de la Administración Pública 1. Principios de la organización administrativa ......................... 140 2. Relaciones entre los órganos de un sistema ....................... 141 3. Centralización y descentralización .......................................... 144 CAPÍTULO IX Los medios jurídicos de la Administración Pública. Los medios perso nales ■ 1. Los medios jurídicos de la Administración Pública ............. 154 2. Los medios personales de la Administración Pública......... 155 3. Formas de aplicación de las relaciones jerárquicas 167 CAPÍTULO X Los medios jurídicos de la Administración Pública. Los medios materia les 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 1. 2. 3. 4. 1. 2. 3. 4. 5. 1. 2. 1. 2. 3. Introducción .............................................................................. 175 El patrimonio administrativo ................................................. 175 Las cosa públicas .................................................................... 177 Extinción de las cosas públicas .............................................. 179 El uso común ............... 179 La relación de utilización ....................................................... 181 Las restricciones a la propiedad individual ........................... 182 CAPÍTULO XI La actividad administrativa. Sus formas La Administración Pública en la sociedad capitalista .......... 190 La Administración pública en la sociedad socialista ........... 193 El servicio público burgués y el servicio estatal socialista . 206 La gestión económica y su aceptación en el Estado bur gués ........................................................................................... 207 CAPÍTULO XII La actividad administrativa en Cuba (Primera Parte) Antecedentes ............................................................................ 214 La institucionalización de la AdministraciónPública en Cuba ......................................................................................... 215 El Consejo de Ministros y su Comité Ejecutivo en la Consti tución del 24 de Febrero de 1976 ..................................... 216 El Sistema de la Administración Central del Estado cuba no ............................................................................................... 221 Funcionamiento del sistema de la Administración Central cu bana ............................................................................ 225 CAPÍTULO XIII La actividad administrativa en Cuba (Segunda Parte) La reglamentación de la Administración Central del Esta do ............................................................................................... 230 Funciones de los organismos de la Administración estatal se gún el Decreto-Ley número 67 .............................................. 234 CAPÍTULO XIV Los Órganos Locales del Poder Popular Introducción .............................................................................. 239 Breve síntesis histórica ......................................................... 241 Los Órganos Locales del Poder Popular en la Constitución de 1976 ......................................................................................... 245 4. Las normas reglamentarias de las asambleas provinciales y municipales del Poder Popular y sus comités ejecutivos .. 248 5. El reglamento de las relaciones entre los organismos de la Administración Central del Estado y los Órganos Locales del Poder Popular .......................................................................... 250 6. Oficina de atención a los Órganos Locales del Poder Popu lar ............................................................................................... 251 CAPÍTULO XV El cumplimiento de las decisiones de la Administración del Estado. La responsabilidad de la Administración 1 La ejecutividad de los actos de la Administración Pública . 255 2 La regulación de las actividades de los particulares ........... 256 3 La coacción administrativa ..................................................... 258 4 La responsabilidad de la Administración .............................. 262 CAPÍTULO I Concepto del Derecho Administrativo 1. El Estado y la Administración Para arribar a una determinación del concepto del Derecho Adminis trativo hay que elaborar previamente el concepto de la Administración Pública debido a que el Derecho Administrativo, como rama jurídica, tiene por objeto la estructura y funciones de la Administración del Estado, esto es, que se ocupa de una parte de la organización política de una colec tividad humana que se propone fines concretos y desarrolla una acción encaminada a alcanzar esos fines, acción que se manifiesta en forma di versa y constituye funciones capaces de ser diferenciadas. Lo que entendamos por Administración Pública dependerá esencial mente de cómo consideramos al Estado. Los juristas burgueses, en defensa de la clase explotadora, envuelven al Estado en nebulosidades encaminadas a ocultar su verdadera condición y así lo presentan como una institución situada sobre las clases y al margen de ellas, colocada por encima de la sociedad, desvelada por el bienestar de todos los ciudada nos, vínculo que mantiene unida la sociedad, conciliadora de los intereses de las clases y otras fórmulas teóricas, igualmente falaces, tendentes a negarle su naturaleza clasista. En realidad, el Estado es la supraestructura política creada para servir a la clase económicamente dominante erigida sobre una determinada base económica, que la hace dominante también políticamente y en un proceso de interacción la provee de medios para la explotación de la clase oprimida. En el actuar de la supraestructura política desempeña un impor tante papel la Administración Pública, por medio de la cual el Estado rea liza la mayor parte de sus fines. De ahí, que lo que es la Administración Pública en un Estado burgués difiera raigalmente de lo que es en un Estado socialista. En el primero la diferenciación entre sociedad y Estado, coloca a la Administración ante un orden social inmutable, que se asienta en un sistema de relaciones eco nómicas que supone la propiedad privada de los medios de producción y su misión es la de fortificar ese orden social en beneficio de la clase ca 9 pitalista y defenderlo contra los intereses de la clase proletaria que pre tende cambiarlo. Al caer el Estado burgués e iniciarse su transformación en Estado socialista, al asumir el poder el proletariado y comenzar la con versión de los medios de producción a propiedad colectiva, se produce la gradual desaparición de la distinción entre sociedad y Estado y las clases irán desapareciendo hasta que, abolidas definitivamente, el Estado sea algo superfluo y se extinga. 2. Las funciones del Estado El Estado se desenvuelve a través de actividades susceptibles de di ferenciación y para llegar a penetrar en la sustancia de la Administración Pública, precisa determinar cuáles son esas funciones, su alcance y con tenido, los órganos que las tienen a su cargo y saber qué lugar ocupa la Administración en su realización. No han sido pocos los autores que han mantenido, inspirados en las ideas -que en el siglo xvm expuso Montesquieu, la existencia de la tripar tición de las funciones estatales. Desde luego, los administrativistas mo dernos, aún los burgueses, niegan la validez de la tríada montesqueyana de los "poderes” del Estado, pero muchos se plantean que todo análisis de esas funciones desemboca, o bien en la elaboración de normas jurídi cas, o en la aplicación de esas normas a casos concretos, o en la decisión de los conflictos que sobrevengan entre los ciudadanos o entre estos y la sociedad. Ahora bien, si la existencia de esas tres clases de actividades no pue den ignorarse y aún en las nuevas formas de organización política todas ellas subsisten, objetivamente analizado el actuar del Estado moderno, se destacan otras tareas que desarrolla para el logro de sus fines, tareas que se apartan, en su caracterización, de las funciones clásicas: legislativa, ju risdiccional y ejecutiva, para configurarse con caracteres definidos y fir mes, como funciones disímiles a las nombradas. Según nos dice Cañizares Abeledo, esas actividades estatales: ...a través de las cuales se canalizan y regulan todas las demás funcio nes y que otorgan además a los órganos de poder sus formas de or ganización, así como sus características funcionales, integran la fun ción jurídica que es consustancial al Estado mismo y se deriva de su intima e imprescindible vinculación con el Derecho. Esta función entraña la creación de leyes, la administración de la justicia, el cumplimiento o ejecución de las resoluciones de los órganos jurisdiccionales, así como la Administración del Estado, todo ello en el orden interno y el ejercicio de los derechos y el cumplimiento de los deberes derivados de sus relaciones con los demás Estados, en el or den externo.1 En un Estado socialista, los objetivos históricos de la clase obrera y sus aliados determinan la actividad que conforma la 10 transformación económica, la que en el orden interno se traduce en el sometimiento de las clases explotadoras, la creación de una economía socialista y el lograr elevar la conciencia de las masas medíante ac tividades educacionales y culturales intensas.2 En el propósito de fijar un concepto de la Administración Pública hay que considerar a esta no sólo en su estructura, sino también en su diná mica, contemplada en los actos en que se exterioriza, para así alcanzar su comprensión integral. Hay que delimitar el alcance de la actividad admi nistrativa, vale decir, el contenido de la función que como parte del Estado realiza la Administración Pública. A ese fin, hay que analizar aisladamente las distintas funciones estatales en cuanto constituyen, como dice Carré de Malberg,3diferentes manifestáciones, o diversos modos de ejercicio de la potestad estatal que es una y consiste, de una manera invariable, en el poder que tiene el Estado de querer por medio de sus órganos es peciales y por cuenta de la colectividad, imponer su voluntad a los indi viduos. El estudio jurídico de los actos por los cuales realiza el Estado las distintas atribuciones que él mismo pudo asignarse, permite establecer su distinción y clasificarlos en grupos separados, cada uno de ellos, añade el autor citado, forma una rama de la actividad que es una parte de la po testad o una función del Estado. Un Estado en el que se construye el socialismo y que se prepara para emprender el avance hacia el comunismo, subordina su actividad a un ob jetivo único: desarrollar la economía a fin de robustecer la base que le per mita perfeccionarse y alcanzar la meta propuesta y satisfacer las necesi dades siempre crecientes de la sociedad. La actividad única del Estado socialista se proyecta en diferentes for mas, diversidad que se deriva de su enorme volumen y de su carácter complejo. "La actividad del Estado no puede verificarse en una sola for ma. Necesariamente supone una división precisa entre las partes que componen el aparato estatal."4 Conforme al método enunciado, analicemos a continuación las funcio nes que el Estado desarrolla. La función legislativa. Parte esencial de la actividad del Estado, se di rige a crear el Derecho, a formular reglas abstractas, que son las leyes, a ejercer la "potestad legislativa" de que nos habla Aristóteles.5 Establece de manera general y obligatoria las normas por las que de ben conducirse los integrantes del grupo social, así como la propia orga nización que esa sociedad adopta. El Estado, a través de la función legislativa, establece los preceptos jurídicos, las reglas abstractas que juzga apropiadas a una determinada relación social que la norma ha de regir. Las leyes, en su consideración material, producto de esa función tienen por característica enunciar juicios, en el sentido lógico de la palabra, que no se contraen a un caso concreto, sino que se formulan de modo impersonal. A los fines que se procuran, no interesa ahora adentrarse en el estudio de la ley en su doble aspecto, formal y material, en sus características, en las circunstancias que rodean su elaboración y vigencia, etc. Sólo interesa postular, siguien do a Laband,6 que la potestad legislativa carece de límites, que el órgano legislativo puede siempre atraer hacia sí y apropiarse le cualquier materia sobre la que desee legislar. La materia, objeto de emisión en forma legis lativa, incorporada al campo del derecho objetivo, no puede ser objeto de reglamentación distinta por parte de una autoridad u órgano administra tivo. La función política. "Gobernar es -dice Garrido Falla- en sentido amplio, conducir a la comunidad política al logro de sus fines esenciales, satisfa ciendo sus exigencias."7Es obvio que ese objetivo puede lograrse "tanto dictando leyes como manteniendo servicios públicos" o mediante la creación de bienes materiales, esto es, la gestión económica, o ejecutando y aplicando las normas jurídicas. Pero el Estado tiene que determinar pre viamente cuáles son las líneas de orientación que habrá que seguir en su desarrollo y a esa función, o por mejor decir, al resultado de ella están su bordinadas todas las otras actividades, incluso la legislativa. "La política determina los fines de la actividad estatal. Implica un programa, un plan de vida colectiva, se manifiesta en actos del Gobierno."8 En todo Estado existe un centro impulsor que señala la ruta por la que hay que marchar, cuáles son las metas que deben alcanzarse y los medios capaces de viabilizar los objetivos propuestos y de acuerdo con la base económica en que la sociedad se sienta, elegir la forma de acción a em plear para robustecerla. En ocasiones no resulta fácil distinguir la función política de la función administrativa, que se analizará ulteteriormente, y difícil se hace también diferenciar, dentro de la compleja estructura del Estado, los órganos polí ticos de los órganos administrativos. Un intento de solución definitoria encontramos en Hauriou9 para el cual la función administrativa consiste, esencialmente, en realizar los asuntos corrientes del público en lo que concierne a la gestión de intereses generales y a la administración ejecu tiva del Derecho. La función política o gubernativa, como la llama, con siste en solucionar los asuntos excepcionales que interesan a la unidad política y en velar por los grandes intereses nacionales. La actividad de gobierno es, en suma, acción de dirección, la impulsión que parte del centro para la conducción de los asuntos, conforme a la política que se fija. Esa actividad se refiere al Estado en su unidad y pre cede a las funciones jurídicas estatales a quienes dirige, de acuerdo con la política que se trace. Encontramos, desde luego, una estrecha vinculación entre Gobierno y Administración. Esta actúa dentro de la esfera de sus atribuciones, a te nor de las orientaciones que aquel señala de acuerdo con los fines gene rales del Estado. La trascendencia de esta relación, fue reconocida ya por Lorenzo von Stein cuando integró su concepción estructural de la Admi nistración Pública. "El gobierno no sólo tiene que ejecutar la ley, sino que 12 además, tiene que dotarla de contenido hasta un cierto grado."10 "Por go bierno hay que entender -dice Forsthoff- aquella instancia determinada en lo esencial desde el campo político que se halla al frente de la Admi nistración."11 Consecuente con lo expuesto, negar la existencia de una función política nítidamente diferenciada de la administrativa, equivale a negar la presencia del gobierno y de su emancipación en la estructura y fines del Estado, lo que significaría afirmar la inexistencia de este. La función ejecutiva. La función legislativa, pese a su trascendencia y significación que del querer del Estado tiene, no es capaz de alcanzar por sí sola, los resultados que su ejercicio se propone. La ley, si no se aplica y ejecuta, no provoca medida fáctica alguna en cuanto a la mutación jurí dica que la motivó como expresión de voluntad del órgano legislador. Corresponde a la Administración, y en ella incluimos a la jurisdicción, ob tener de manera inmediata el resultado a aplicar y ejecutar la norma. Esta situación existe aún respecto a las leyes que no requieren de un acto for mal, administrativo o jurisdiccional, para que sean cumplidas. Si no se cumplen y la Administración o la jurisdicción no acuden a imponer coac tivamente su cumplimiento, la ley es letra muerta. Es necesario que el Es tado actúe materialmente para que se satisfaga la necesidad social que originó la norma. Durante años se ha considerado que la Administración tenía como función única la ejecución de las leyes. En Francia, ese criterio se mantuvo largo tiempo a partir de los primeros atisbos del Derecho Administrativo, planteándose la identidad del llamado Poder Ejecutivo con la potestad que corresponde a la función administrativa, definiéndose en el sentido más absoluto a la Administración como una función de ejecución, en tan to que la legislación es la expresión de voluntad del Estado. Como expresa Carré de Malberg,”...comprendida así la Administración no es únicamente una función subalterna, sino que aparece como una tarea servil, como una actividad estrechamente encadenada, que no entraña ningún poder pro pio de iniciativa o apreciación, o incluso, a decir verdad, no consiste de ninguna maneta en actos de voluntad". 2 Como el mismo autor resalta, esa teoría, contraria a la realidad, es hoy rechazada universalmente. Si bien la Administración tiene entre sus fun ciones ejecutar leyes, dentro del Estado su papel es mucho más relevante, puesto que de hecho ha devenido centro de gravedad de las tareas del Es tado y desenvuelve de modo primordial otro tipo de funciónque es la que tipifica su naturaleza, función que será objetivo de inmediato estudio. La función administrativa. La Administración Pública, en su actuar, no puede -ya lo hemos visto- reducirse a la llamada función ejecutiva. Sus actividades van más allá del simple aplicar de la ley. Ella es, en sí misma, acción y actividad encaminada a cumplimentar fi- naljdadeajBSiaifiles. Corresponde a la Administración -dicen Duez y Dabeyre-una vez de terminadas por los gobernantes las grandes líneas de orientación política 13 de un país, ponerlas en práctica en la vida cotidiana para la satisfacción de necesidades generales: Esta puesta en práctica de las directivas fijadas por la función guber namental ...es justamente el objeto de la función administrativa que va a actuar a través de los medios de servicio y de las empresas de in terés general que ella administra. Se puede entonces definir la función administrativa... por la gestión de empresas para dar satisfacción a las necesidades colectivas del público, dentro del marco de las directivas fijadas por los gobernantes.13 La actividad de la Administración es continua y se enfrenta a diario a una serie de situaciones cambiantes que requieren soluciones inmediatas. La ley, es evidente, que no puede preverlo todo y por ello: ...un Estado que se impusiera vivir de acuerdo solamente con sus leyes se colocaría prácticamente en la imposibilidad de subsistir. Existen in numerables medidas circunstanciales que el Estado ha de tomar, día tras día y de una manera incesante, por razón de los acontecimientos variables que las leyes no han podido presentir. A menudo, en efecto, estas disposiciones sólo pueden escogerse útil mente a medida que se van produciendo los incidentes que las hacen necesarias... Por otra parte, es también evidente que esas medidas, precisamente porque dependen de los acontecimientos diarios y va rían según los hechos que las producen, han de poder decidirse por la autoridad administrativa a que corresponde según las necesidades del momento, y por lo tanto, libremente, con un poder de apreciación ac tual. No sólo no se reduce la función administrativa a la pura ejecución material, sino que también, en muchos aspectos parece que entraña una potestad igual o incluso superior a la del legislador.14 Apreciamos pues, la realidad de una función administrativa, que cons tituye la médula del obrar de la Administración, función que en su con cepción y vigencia factual integra el medio que le permite intervenir, in tensa y prolijamente, en la vida social. La función jurisdiccional. La función jurisdiccional consiste en pronun ciar el Derecho respecto a cada uno de los casos que se someten a su co nocimiento, deduciendo de la ley o creando por sí misma, en ausencia de la norma, el Derecho aplicable al caso. Aunque se ha afirmado que la fun ción jurisdiccional no tiene otro objeto que el de aplicar a los casos con cretos, sometidos a los tribunales, las reglas abstractas formuladas por la ley, esto es, fijar el sentido de la ley y el alcance de su aplicación, si lo está el caso que a ese fin se le somete, lo cierto es que el ámbito de la juris dicción es más amplio. Un principio universalmente reconocido impone a los tribunales el deber de conocer y resolver sobre las cuestiones de que conocen, aún en aquellos casos en que el derecho objetivo no suministra una forma jurídica formal a la que puede ser subsumido el litigio, lo que 14 se traduce en la posibilidad de que las decisiones jurisdiccionales sean creadoras de Derecho. Esta creación se excepciona en la acción de Ios- tribunales ante las conductas antisociales, porque en esa acción han de ajustarse al principio, de igual modo universal, nulla poena sirte lege. Ahora bien, cabe preguntarse si es posible afirmar la existencia de di ferencias sustanciales entre las funciones que realizan la Administración y la jurisdicción, en otras palabras, si la función jurisdiccional se evade del marco amplísimo y cambiante de la función administrativa^ En el Derecho burgués, que de manera general estima que toda actividad estatal se en casilla en una de las tres funciones que el Estado realiza: legislativa,^eje cutiva y jurisdiccional, se admite la imposibilidad de asimilar la función ju risdiccional dentro de la*administrativa. Para el Derecho socialista, y sobre todo para nosotros, el criterio a que puede arribarse debe tener, científi camente, apoyo en las características reales de los diversos aspectos de la actividad del Estado. La actividad legislativa, como hemos visto, es fá cilmente concretable. La existencia de las funciones de gobierno, ejecutiva y administrativa se deriva de las notas conceptuales que han sido anali zadas. Con idéntica metodología debe contemplarse la realidad que en su actuar ofrece la jurisdicción. Dentro de la ideación burguesa la función jurisdiccional se individualiza no sólo por el órgano que la atiende, sino por las características con que la diferencia, indubitablemente, de la actividad administrativa. Así Fleiner distingue la justicia de la Administración en que para aquella su propio fin es la aplicación del Derecho, en tanto que para esta la aplicación del De recho no es más que un medio para un fin. "La justicia -añade ese autor- tiene que establecer en sus sentencias lo que es justo según la ley vigente, prescindiendo de las consecuencias que resulten para el Estado y las par tes interesadas. Por el contrario -continúa- la Administración tiene que proveer al bien común y procurar cosas útiles.15 Otro jurista, Forsthoff,16 nos dice que el juez decide en el presente y en su sentencia agota el co nocimiento jurídico del caso. Lo único definitivo para su decisión es el hic et nunc (aquí y ahora) puesto que no se halla vinculada al pasado ni al fu turo. En cambio, la Administración proyecta su actividad hacia el futuro, en su acción conformadora del orden social y entregada a su propia ini ciativa, no puede concentrarse en un hecho, considerándolo aisladamente, si no tiene en cuenta sus consecuencias dentro del medio social cuando actúa en relación con ese hecho, puesto que su actuar tiene siempre un carácter teleológico. Esta distinción burguesa, entre la jurisdicción y la Administración tiene escaso valor en nuestro Derecho. Para determinar con exactitud el carác ter que con respecto a la actividad jurisdiccional nos ofrece la realidad cu bana, que debe ser siempre la que informe la verdadera sustancia de nuestro Derecho, hay que atender a los órganos jurisdiccionales que la Revolución ha creado. La existencia de jueces legos en todos los niveles de la administración de justicia, en conjunción con jueces profesionales y los principios que informan la actividad de esa administración, significan 15 la existencia de características que los alejan del patrón que para los ór ganos jurisdiccionales nos ofrece el Derecho burgués. No vemos, por con siguiente, una diferenciación nítida, entre la función jurisdiccional y la fun ción administrativa. 3. Evolución histórica de la Administración Pública Cada época histórica desarrolla un tipo de Administración Pública con cordante, como parte de la supraestructura política, con la base económi ca como expresión factual del Estado. Pueden, esos tipos, revestir formas diversas, según la forma de gobierno que el Estado adopte, pero detrás de cada una de ellas aparecerá el tipo clasista del Estado y aún dentro de una misma época los cambios que experimentan la base y la supraestruc tura se reflejan en la Administración, que sufre ostensibles modificacio nes, tanto en su organización como en su actividad. Aunque ya en la más remota antigüedad podemos encontrar que el hombre, al agruparse socialmente, requirió adaptarse a un cierto orden que normara la vida colectiva y en esa organización incipiente hay un ger men de administración, situación que se mantiene a lo largo de la historia. No es posible considerar la existenciade una Administración Pública re gulada jurídicamente con principios de Derecho encaminados directamen te a ese fin, sino cuando adviene, con el capitalismo, el Estado moderno. "El comienzo de la Administración, con el moderno sentido de la palabra hay que situarlo en el momento en que el poder soberano supera su ma terialización en la posición patrimonial y en los derechos de soberanía sin gulares y se objetiviza en la ejecución de los cometidos estatales de índole general."17 En efecto, en el mundo estatal del esclavismo y del feudalismo no exis tió una Administración Pública. En Grecia y en Roma no bastaron para que consideremos una concepción de lo que entendemos por Administra ción Pública, la distinción que se hacía entre los intereses particulares y los colectivos, ya que no hay una organización encaminada a satisfacer los segundos. En la época feudal la actividad del señor, del príncipe, se centraba en la corte. El poder soberano era un poder doméstico que asentaba su actividad en la administración de la propiedad patrimonial in mueble y en el ejercicio de los derechos de soberanía de que gozaba por derecho divino. Sus facultades confinaban con las de los estamentos18 sin que uno y otros se unieran en un orden superior en beneficio de la co lectividad. La lucha entre el príncipe y los estamentos devino, en suma, en el acre centamiento del poder del señor hasta desembocar en las monarquías ab solutas y en su forma de organización política, el Estado-policía, que se caracterizaba por el arbitrario uso que el monarca hacía de su poder, cada 16 vez mayor. En esta época, como nos dice Garrido Falla "...sería exagerado decir que de hecho, el poder no tenía otras limitaciones que el puro ca pricho del soberano”.19 Aquellas que existían no tenían carácter jurídico, sino que nacían de raíz religiosa y consuetudinaria. Penetrando en la época capitalista, encontramos en sus inicios asegu rado el poder de la burguesía, la farsa ideológica, demoliberal, en su falaz y adormecedora exaltación del individuo y sus libertades. Como quiera que el sistema naciente no presentaba aún en toda su agudeza las con tradicciones que lo caracterizan, la Administración, auténticamente abs tencionista, reducía al mínimo su actividad y adaptaba como regla de con ducta el dogma fisiocrático del laissez-faire, laissez-passer, le monde va du luí meme. Esa Administración no requería apenas otras actividades que la defensa del país y el mantenimiento del orden interno. Estas, conjunta mente con la justicia fueron los objetivos principales del Estado de Dere cho burgués que advino al ocurrir el desplome del régimen feudal. Con ese advenimiento, se imponen la separación de poderes y la aparente ga rantía constitucional de las libertades individuales. En cuanto a la Admi nistración, se introducía el principio de que sólo podía actuar conforme a la ley con independencia de la voluntad del gobernante. Este, no obstante, era investido de las atribuciones suficientes para que, llegado el caso, pu diera utilizar sin aguardar el proceso legislativo, de suyo complicado, los medios represivos necesarios para salvaguardar los intereses de la clase dominante. Al transcurrir los años se presentaron nuevas realidades sociales de terminadas por el progreso técnico, los cambios en la economía y el fe nómeno universal de la masificación creciente, que impusieron al Estado nuevas tareas. Ya la conservación del orden público, la mezquina misión del Estado-policía, no basta para que la interacción de las fuerzas sociales y económicas se desarrollen normalmente. Nace, en cuanto a la Adminis tración, la obligación de diversificar sus actividades e incapaz de alcanzar por sí sola la satisfacción de las necesidades colectivas, fomenta y esti mula la actividad privada para que actúe a ese fin, y en los casos en que aquella no lo haga, se organizará para la prestación, cada día más crecien te, de los servicios públicos, hasta que llevada por las transformaciones sociales afronta la gestión económica, la creación de bienes materiales, tarea que sólo alcanza su verdadera dimensión y se logra plenamente, cuando en un Estado desaparece el sistema capitalista y los trabajadores asumen el poder. Ante esta transformación, la legislación no es el único módulo deter minante del sistema jurídico-administrativo. El centro de gravedad, en cuanto a la actividad estatal, tiende a desplazarse del órgano legislativo hacia la Administración, que se hace al propio tiempo que ejecutora de la ley y vinculada a ella, creadora de normas, porque la materia a regular es más fluida y ha aumentado y la normación administrativa es más flexible y puede adaptarse a las necesidades cambiantes que se producen por las nuevas condiciones objetivas. 17 Pese a sus múltiples actividades, la Administración tiene que seguir constituyendo una estructura armónica, como manifestación de la vida estatal llamada a hacer realidad los cometidos del Estado, determinados por la realidad político-económica de este. Penetra en el orden social, y así, el obrar administrativo requiere para ser eficaz, nuevas estructuras jurídicas. De ocurrir una revolución, esas estructuras responderán al pro pósito de asegurar la desaparición definitiva de la burguesía y la conso lidación de la dictadura del proletariado. Característica de la época actual, con revolución o sin ella, es que el individuo no se enfrenta independientemente con la Administración, sino que necesita de ella, de sus prestaciones, para su vida diaria. Ocurrido el cambio socio-económico, su capacidad de trabajo se halla a la disposición del Estado que no puede tolerar parásitos y como sujeto económico es tará inserto en el sistema de planificación estatal. 4. Los fines de la Administración Pública Una vez determinado el concepto de la Administración Pública y co nocida su evolución histórica, analizaremos cuáles son sus fines. El fin primordial de nuestra Administración Pública es asegurar la sa tisfacción de las necesidades de la sociedad. Además, la Administración fortalece la defensa de la Patria frente a las agresiones externas y salva guarda el orden interno; protege y desarrolla la propiedad socialista; ga rantiza los derechos y los legítimos intereses de los ciudadanos; estimula el cumplimiento de sus deberes mediante la educación político-ideológica del pueblo; educa a las masas populares en un espíritu de disciplina cons ciente y de actitud comunista ante el trabajo; fomenta la solidaridad con los movimientos de liberación nacional de todos los pueblos oprimidos y la colaboración fraternal con los demás países socialistas; se enfrenta a las conductas antisociales y reprime y trata de reeducar a los que realizan actos de ese jaez; asegura el control de la medida del trabajo y del con sumo y lleva a cabo, en fin, todas las tareas que requiere la construcción del socialismo. 5. Concepto de la Administración Pública Estudiadas las funciones del Estado, analizadas cada una de ellas, en cuanto a su contenido y fines, realizado un recorrido histórico de la Ad ministración Pública que muestra cómo ha evolucionado, y conocidas sus finalidades, puede intentarse la integración de su concepto, asentándolo en las actividades que por medio del Estado desarrolla para la consecu ción de sus fines. No resulta ocioso para delimitar el campo de la actividad de la Admi nistración, emprender un recorrido por los distintos criterios que han tra tado de interpretarla conceptualmente. 18 Administración, en sentido vulgar, tal y como aparece en el Diccionario de ta Lengua Española, edición de 1970, equivale a gobernar, regir, cuidar. Se administra algo, propio o ajeno, bien o mal. En su etimología, se re cuerda que el vocablo proviene del latín como ad ministrare (servir a) o de ad manus trahere (traer a la mano, o sea, ejecutar). En el idioma alemán, nos recuerda Garrido Falla, verwaitung (administración) deriva del verbo waiten (reinar,imperar) cuyo significado hace referencia directa a una ¡dea de poder. "Todo ello implica la existencia de una potestad, de una fi nalidad de servicio y de una -actividad para lograr un fin."20 La llamada Administración Pública presentará, necesariamente, los aspectos que ha brán de caracterizarla: la actividad se desarrolla a través de sus órganos y un objetivo, alcanzar y cumplimentar los fines del Estado. Merkl parte para arribar a una comprensión de la Administración Pú blica de un concepto metajurídico, que "...entiende por administración en su sentido más amplio, toda actividad humana planificada para alcanzar determinados fines humanos".21 En este sentido amplísimo abarca toda actividad económica e incluso rebasa la esfera de la economía. Pensamos junto con dicho autor que jurídicamente, este concepto no tiene impor tancia. Para que alcance relevancia jurídica hay que reducir el campo con ceptual. "Como administración en sentido restringido -continúa Merkl-, se so breentiende generalmente la actividad total del Estado para alcanzar sus fines",22 lo que implica, al darle un carácter estatal, una cierta relación jurídica, que se alcanza con mayor precisión cuando se restringe más aún el concepto de referirlo a actividades de ejecución y de prestación de ser vicios. Ya acotado el campo conceptual de la Administración tenemos que in troducir en él la estimación de la relación Estado-sociedad. En la delimi tación del concepto de la Administración interviene de modo principal la ¡dea que se tenga del Estado y de la sociedad, lo que hace que difiera rai galmente en el Estado burgués y en el Estado socialista. En el primero la diferenciación entre el Estado y la sociedad, coloca a la Administración ante un orden social inmutable y es su misión fortificar y defender ese or den social asentado en la propiedad privada de los medios de producción y así su efectividad estará encaminada, en mayor o menor grado, a ese fin. Al caer el Estado burgués e iniciarse su transformación en Estado so cialista, al asumir el poder el proletariado e ir desapareciendo la propiedad privada sobre los medios de producción irá desapareciendo, también, la distinción entre la sociedad y el Estado, que se integran en un todo. En ese proceso de transformación del Estado no se contempla a la so ciedad como un orden preformado e incólume, sino que toda la actividad estatal estará enderezada a destruir el orden antiguo y a establecer un orden social adecuado a las nuevas relaciones de producción. La Admi nistración Pública es el medio por el que el Estado ejecuta esa actividad conformadora. La Administración ha de planificar y dirigir, reprimir y es 19 timular, crear y mantener posibilidades concretas para el logro de sus realizaciones y para ello tiene que disponer sobre destinos individuales y colectivos. La actividad administrativa se extiende y se diversifica al máxi mo y puede decirse que no existe un solo aspecto de la vida social en el que no intervenqa la Administración. La Administración se nos presenta en un doble aspecto. Como sujeto es un complejo de órganos, armónicamente constituido, unido por relacio nes jerárquicas y de coordinación. En su objeto es acción, actividad en caminada a cumplir finalidades estatales. Así el Derecho Administrativo comprenderá la estimativa jurídica de la Administración-organismo y de la Administración-actividad. Corolario de las notas conceptuales que se han expuesto es la afirmación de que puede conocerse qué es la Admi nistración Pública determinando las relaciones sociales que se establecen en el ejercicio y funcionamiento de los órganos del Estado, no legislati vos, que tienen funciones dispositivas, ejecutivas y jurisdiccionales. No puede aspirarse a una definición, puesto que como afirma Forsthoff, "...la índole peculiar de la Administración hace que se deje describir; pero no definir".23 Si delimitamos la actividad administrativa en la esfera total de las actividades del Estado y determinamos los órganos que la tienen a su cargo, tendremos la noción general de lo que es la Administración Pública. Una compleja estructura orgánica que actúa para la obtención de finali dades estatales concretas, en beneficio de los intereses de la sociedad. 6. Criterios doctrinales acerca del Derecho Administrativo A través del desarrollo de esta rama jurídica han sido sustentados di versos criterios que tratan de explicar su naturaleza, los cuales es conve niente conocer y analizar, para que sirvan de base a fin de integrarlos al concepto del Derecho Administrativo. Agrupación de criterios doctrinales Los diversos criterios doctrinales, pueden agruparse en atención a los elementos fundamentales que los caracterizan: 1) El elemento fundamental es la Ley. 2) El elemento fundamental es la actividad administrativa. 3) El elemento fundamental es el servicio público. 4) El elemento fundamental es la relación entre la Administración y los administrados. 5) El elemento fundamental se centra en las relaciones sociales. Primer grupo: criterio legalista Los autores que sustentaron este criterio consideran el Derecho Administrativo como un conjunto de leyes admi- 20 istrativas que tiene por objeto la organización y la materia propia de la Administración.24 Este criterio es explicable, por corresponder a los inicios del Derecho Administrativo, etapa en la que los tratadistas consideraban que el ele mento prioritario era la ley. Sin lugar a dudas, este criterio sólo tiene valor histórico porque como atinadamente dice Villegas Basavilbaso25 reduce esta disciplina a la ley positiva y un conjunto de leyes no es Derecho en s( mismo, pues el Derecho implica principios, instituciones, sistematiza ción, ordenamiento, además de las leyes. Segundo grupo: criterio de ia actividad administrativa Los mantenedores de este criterio pueden agruparse en la forma siguiente: Criterio de la activi dad administrativa Criterios limitantes de la actividad ad ministrativa Criterios extensivos de la actividad ad ministrativa ''Criterio del Poder Ejecutivo. Criterio de la fun ción de formación, conservación y per feccionamiento del organismo del Esta ndo. '"Criterio de la activi dad del Estado en general. Criterio de la activi dad del Estado y de otras entidades su periores o inferiores ^a él. Criterio de! Poder Ejecutivo. Según este criterio, el Derecho Administra tivo es el conjunto de normas jurídicas reguladoras de la actividad del Po der Ejecutivo, criterio que es sustentado por autores que aceptan la tri partición de poderes del Estado.26 Tratadistas como Gascón y Marín,27 al enjuiciar este criterio opinan que si bien es cierto que el Poder Ejecutivo es el órgano del Estado que tiene a su cargo la función administrativa, esta no agota sus atribuciones, ya que el Poder Ejecutivo tiene además funciones políticas; también se ha señalado que la Administración Pública no se circunscribe a la actuación de uno de los órganos del Estado, sino que concierne a la actividad total de él; por último indica que existen órganos independientes del Poder Eje cutivo que también administran, como ocurre con entes autárquicos y descentralizados. 21 Este criterio es inaceptable. Parte de la existencia de la tripartición de poderes y por ende un Poder Ejecutivo independiente de los otros pode res del Estado. La realidad político-jurídica del Estado niega la existencia de esos po deres. Hay un poder único que se ejerce por órganos estatales de diversas clases y que forman en su conjunto un todo armónico. Criterio de ia función de formación, conservación y perfeccionamiento del or ganismo del Estado. Este criterio sostiene que el Derecho Administrativo es el orden jurídico de la actividad encaminada a procurar y hacer efectiva la buena disposición de las instituciones del Estado, que comprende su formación, conservación y perfeccionamiento, a fin de realizar eficazmen te la gestión y prestación de los serviciosexigidos para el cumplimiento de los fines de aquel. Entre sus sostenedores está Posada.28 Se estima defectuoso este criterio porque no da a los fines toda la im portancia que tienen y además circunscribe el objeto de esta disciplina al estudio de la organización y no de la actividad, es decir, se trataría de un derecho estático y no dinámico. Debemos aclarar, como señala Gascón y Marín, que el criterio vertido no concuerda con el plan que desarrolla Po sada en su Tratado de Derecho Administrativo. Criterio de la actividad del Estado en general. Este criterio tiene como presupuesto considerar que el Derecho Administrativo comprende el es tudio de la actividad total del Estado, dirigida a promover los intereses de este y del pueblo. Criterio sostenido por algunos administrativistas alema nes29 quienes, en cuanto a esta concepción, influyeron en los italianos que aceptan en su mayoría este criterio con algunas variantes.30 De los españoles, un buen número concuerda con los anteriores.31 Aunque más aceptable que los criterios expuestos anteriormente ado lece de varios defectos. No contempla las relaciones orgánicas de la Ad ministración que es uno de los objetos fundamentales de esta disciplina, esto es, no toma en cuenta la Administración-aparato. Los sostenedores de este criterio convergen en la "prosecución de los propios intereses del Estado" y no determinan a qué intereses se refieren, si del Estado en ge neral o de la Administración Pública en particular. De referirse a lo segun do es indiscutible que se trata de intereses de naturaleza administrativa, pero al referirse al primero -el Estado- existen dentro de ellos intereses que no son de naturaleza sustancialmente administrativa sino política. Es cierto como dice Villegas Basavilbaso,32 que dadas las características del Derecho no puede efectuarse en él una separación total en el ordenamien to jurídico positivo, pero sí existen ramas que contemplan el estudio de determinadas materias que no deben inmiscuirse en las definiciones o cri terios, objetos o fines que no son propios de esta disciplina. Criterio de la actividad del Estado y de otras entidades superiores o infe riores a él. Se refiere a la actividad del Estado y a todas las" entidades que dentro de él (municipios o provincias) o por encima de él (uniones de los 22 Estados) realizan fines de interés general y obligan a los administrados con autoridad.33 El criterio adolece del defecto de incluir dentro del Derecho Adminis trativo, campos que son objeto de estudio del Derecho Administrativo In ternacional. Tercer grupo: Criterio de los servicios públicos. El presupuesto general de este criterio es que el Derfecho Administrativo es el conjunto de reglas relativas a los servicios públicos. Este criterio es sustentado por algunos administrativistas franceses.34 El criterio es incompleto porque esta dis ciplina no sólo tiene como objeto de estudio la regulación de los servicios públicos. Existen normas jurídicas de interés general ajenas a los servi cios públicos que son estudiados por ella. Tampoco considera la gestión económica, categoría diferenciada del servicio público, que es también objeto de estudio del Derecho Administrativo. Cuarto grupo: Criterio de las relaciones entre la Administración y los ad ministrados. Este criterio mantiene que el objeto del Derecho Administra tivo es la regulación de las relaciones jurídicas entre la Administración Pú blica y los administrados.35 Acorde con la opinión de Gascón y Marín36 no debe hablarse de falta de certeza del criterio, sino de imprecisión ya que es indiscutible la exis tencia de las relaciones entre la Administración y los administrados, pero no se señala su naturaleza, que puede ser de diversa índole y a esta rama del Derecho las que le interesan son las relaciones de sustancia adminis trativa. Además, el Derecho Administrativo comprende otras instituciones que no se originan precisamente en las relaciones entre la Administración y los administrados. Quinto grupo: criterio de las relaciones sociales. En este criterio, el pre supuesto general es que el Derecho Administrativo tiene por objeto la re gulación de las relaciones sociales que se forman en el proceso de orga nización y ejercicio de la administración del Estado.37 La Administración Pública en un Estado socialista se extiende a todos los ámbitos de la vida económica, política y cultural de la sociedad. Es la forma más amplia de la actividad del Estado que en el proceso de las ac tividades ejecutivas y administrativas ocasiona el establecimiento de re laciones entre los órganos del Estado, entre sí y con los particulares, así como con las organizaciones sociales o de masas que requieren una re gulación jurídica, la que debe extenderse a la organización, atribuciones, funciones y responsabilidades de los órganos ejecutivos y administrativos del Estado. En la aplicación del Derecho Administrativo y con vistas a las relacio nes sociales que se forman por la actividad de la Administración Pública se definen la creación, modificación y extinción de los órganos de la Ad ministración, así como sus objetivos y las tareas que dentro del Estado se les asignan, describiéndose además su estructura y actividades y al mis 23 mo tiempo regulan las actividades de los sujetos, individuales o colecti vos, que establecen relaciones con la propia Administración. La actividad de dirección y todas las múltiples tareas que a la Admi nistración Pública competen, como relaciones sociales que son, al Dere cho Administrativo y en algunas ocasiones se preocupa por las funciones que la propia Administración asigna a organizaciones sociales y de masas que convienen en asumir esas tareas por las que se ejerce acción admi ' nistrativa. Ese complejo de relaciones requiere para su ordenación jurídica un complejo sistema normativo que regido por principios generales cons tituye una rama específica, el Derecho Administrativo. 7. Concepto del Derecho Administrativo Para situar con precisión el concepto de nuestra disciplina, debe ha cerse una breve incursión por su evolución histórica. Ello nos permitirá co nocer sus características a través de los cambios que ha sufrido en su de sarrollo. Durante largo tiempo se ha debatido acerca del origen y la existencia del Derecho Administrativo. Aún en la más remota antigüedad se han establecido normas relativas a la Administración. En la formación económico-social de la comunidad primitiva, al desarrollarse las fuerzas productivas y entrar el sistema en su fase de desintegración, al aparecer la propiedad privada y el cambio, ad viene la existencia de jefes, caudillos militares y sacerdotes, lo que signi ficó la aparición de normas de organización administrativa, que aunque rudimentarias, permitían el desenvolvimiento de las relaciones sociales del grupo, y sobre esos hechos hay quienes estiman que esa incipiente nor- mación implica que existía ya el Derecho Administrativo. Frente a estas posturas, otros, como Garrido Falla, 38 opinan que la existencia de esas normas relativas a la organización administrativa no conducen a la creen cia de que en cualquier momento histórico en que aparezcan se descubra la existencia del Derecho Administrativo, puesto que sostienen que este tipo de normas pueden no ser normas jurídicas por faltarles el carácter fundamental de la alteridad, es decir, la regulación de las relaciones inter subjetivas, carácter que estiman esencial para que se aprecie la existencia de reglas cualificadas jurídicamente. Eran normas puramente unilaterales. Ahora bien, la más ligera incursión en la historia del Derecho descubre la existencia de normas reguladoras de relaciones de la Administración con los particulares, de normas a las que no se pueden achacar carencia de alteridad ya que ellas implican la existencia de dos o más sujetos afec tados en sus esferas jurídicas. Grecia y Roma, en el régimen esclavista, fi jaron normas para las tareasde los que en ellas se encargaban, no sólo del gobierno, sino también de la Administración. Incluso en el Derecho Romano llegó a distinguirse entre el interés par ticular y el interés del Estado, vale decir, el interés colectivo. De ahí la co nocida locución de Ulpiano en el Digesto "Derecho Público es lo que a las 24 cosas del Estado Romano respecta”: Publicum ius est, quod ad-statum reí Romanae spectat. Lo que no hallamos en este período es una sistemati zación de esas normas en una rama jurídica con perfiles determinados. En la época feudal, los derechos de supremacía de los príncipes (lan desherrliche hoheitscechte) primero, y el Estado-policía (polizeistaat) des pués, hacen del poder público un conjunto de derechos de soberanía, de facultades patrimoniales absolutas, que poco o nada dejaban a los parti culares en cuanto al posible ejercicio de derechos individuales. Por el con trario, la realización de los fines del Estado, concebidos bajo ese criterio, exigía una amplia intromisión de la autoridad en la esfera privada de los súbditos; la actuación de aquellas dice Fleiner,39 no tenía en sus orígenes ninguna limitación legal. Surge entonces como salvaguarda de ciertos de rechos económicos de los particulares, la teoría del fisco. Según ella, al lado del príncipe existe una persona jurídica a la que pertenece un patri monio público que no es propiedad de aquel sino que, como nos explica Otto Meyer, está afectado a los fines del Estado. Así, el fisco es respon sable ante los tribunales, en tanto la persona del monarca permanece ina tacable. Cualquier lesión económica que a un particular se ocasione atra vés de una actuación estatal, es el fisco quien ha de responder y a quien corresponde indemnizar. Mas no hay duda que la vinculación del fisco se establece con el Derecho Civil, y normas de esta clase son las únicas que pueden alegar los súbditos frente al Estado, con quien puede identificarse esa ficción jurídica que fue el fisco. No encontraremos, en consecuencia, en este largo período histórico, la existencia del Derecho Administrativo. Al instaurarse el capitalismo, la burguesía, dueña del poder, implanta como supraestructura política y jurídica, para reafirmar la base económica del sistema, el llamado Estado de Derecho. La separación de poderes ex traída del pensamiento de Montesquieu y la "Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano" le posibilitan limitar el poder que entregan a los que han de ejercer el gobierno y adormecer a las clases explotadas, en tanto las ganancias de la clase dominante son aseguradas. Se postula como objetivo primordial del Estado asegurar la libertad del individuo y con toda formalidad se declara al Estado y por ende a la Administración, sometidas a la ley, sin descuidar el establecer constitucionalmente los me canismos necesarios para someter a las masas si pretenden hacer uso efectivo de los derechos que graciosamente se les ha otorgado. Va creándose así el Derecho Administrativo, ante la necesidad de pro veer al particular de un sistema normativo que dentro de los límites que se le fijan, le permita accionar frente a la Administración y al propio tiem po es necesario que la actividad que este se asigna, en la distribución de las funciones del Estado, sea regulada para que su obra se ajuste a los in tereses de clase que debe defender. Indudablemente no puede sostenerse que el Derecho Administrativo surge en el campo jurídico en un momento determinado. Ha sufrido in dispensable evolución. Existió de modo incipiente, antes del Estado de Derecho, en las normas organizativas de la Administración y reguladora 25 de las relaciones de esta y los administrados. Su sistematización, no hay duda de ello, aflora con la toma del poder por la burguesía, pero esto no la vincula indisolublemente al Estado de Derecho y no.puede sostenerse, como algunos autores pretenden que fuera de su marco, el Derecho Ad ministrativo no puede subsistir. Nada más lejos de la realidad. El Estado de Derecho, tipo histórico, característico del sistema capitalista, ha ido cambiando a lo largo del tiempo, se encuentra hoy en proceso de desa , parición y ha desaparecido ya, definitivamente, en muchos países; tendrá •su fin inevitable y no por ello el Derecho Administrativo lo ha seguido en esos países en su inevitable destrucción. Lo que hará es transformarse en concordancia con las nuevas formas de Estado. Esos cambios han producido, como hemos visto anteriormente, una Administración que tiende a realizar la justicia material y esta tendencia, que tiene definitiva culminación en el socialismo, requiere formas jurídicas nuevas, en las que la acción administrativa no puede estimar, como venía haciéndolo, a la sociedad como un dato ajeno. El derecho Administrativo se encamina a configurar, a conformar esa sociedad que en su conjunto se convierte en objeto mismo de la actividad administrativa, que al propio tiempo se dirige también a asegurar el ejercicio positivo de las libertades, las que dentro del Estado de Derecho burgués, formalista en extremo, sólo significan para las grandes masas, una bella libertad de morirse de hambre y una amplia libertad para la clase explotadora de obtener cada vez mayores ganancias. León Duguit, autor burgués, señalaba que "...hay un momento en que los ciudadanos empiezan a exigir determinados servicios públicos al Es tado, y el Estado debe hacer prestaciones positivas que ayuden al desa rrollo de la actividad individual”.40 Hay además un proceso centralizador en el campo de lo económico que se advierte en todas las latitudes. El autor español Villar Palasí señala que: "No es lanzar una afirmación osada, poner de relieve que quizás uno de los países en que mayor potencia adquiere la administración económi ca sean los Estados Unidos, pese a que su punto de partida político es ca balmente, la postura contraria, la euforia y el ensalzamiento de la liber tad."41 Claro que este administrativista burgués no ve o no quiere ver la realidad del fenómeno que apunta: la contradicción fundamental del modo de producción capitalista, entre el carácter social de la producción y la forma privada capitalista de apropiación de lo producido y su acción en la superestructura política, pero la circunstancia es demostrativa de cuán falaz es la concepción del Estado de Derecho y de cómo ha evolu cionado, al compás de la evolución de la Administración, el Derecho Administrativo. Conclusión de lo expuesto, es la necesidad que tiene el Derecho Ad ministrativo moderno de ensamblar el creciente poder del Estado con el ejercicio real y efectivo de la libertad positiva, mediante actividades que van en todo orden a satisfacer las necesidades de la sociedad y al forta 26 lecimiento de la base económica que a ese fin es indispensable, meta que desde luego sólo en una sociedad socialista se puede alcanzar. Esas ac tividades, objeto de nuestra ciencia, están a cargo de la Administración del Estado y dentro de ella, las que corresponden a los órganos estatales que tienen funciones dispositivas, ejecutivas y jurisdiccionales, significan la existencia de una serie de relaciones sociales, organizadas administra tivamente y reguladas jurídicamente. De ahí que en síntesis del concepto, el Derecho Administrativo abarca en su estudio las normas jurídicas re guladoras de las funciones y actividades ejecutivas y dispositivas que las leyes atribuyen como competencia a los órganos estatales encargados de las tareas que requieren la obtención de los fines de la sociedad; de las relaciones entre esos órganos y los demás órganos del Estado, así como con las organizaciones de masas y los administrados, relaciones que de terminan los derechos, deberes y responsabilidades de los órganos, de las organizaciones y de los ciudadanos, todo ello dentro de una unidad de dirección económica y política y con la finalidad general de lograr la construcción del socialismo y el comunismo. Esas normasdel Derecho Administrativo determinan en primer lugar los principios de organización y actividad generales para todos los órganos ejecutivos y administrativos, así como los jurisdiccionales y después la aplicación de esos principios ge nerales en las ramas concretas de la Administración Pública. Podemos concretar nuestra concepción del Derecho Administrativo considerándolo como aquella rama jurídica que fija los principios y analiza las normas que orientan y regulan las relaciones sociales que se producen en la organización y en la actividad de la Administración del Estado con siderada en todas sus esferas, tanto nacional como local. 27 Notas Cañizares Abeledo, Fernando, Teoría de! Estado, Capítulo I, Imprenta Universi taria André Voisin, s/a, pp. 167-168. 2 Ob. cit., p. 171 y ss. 3 Carré de Malberg, Teoría General del Estado, traducción de José León Depes- tre, Fondo de Cultura Económica, México, 1948, p. 248. 4 Petrov, G. I., Derecho Administrativo Soviético, Capítulo I, traducción inédita de la Editora Nacional de Cuba, Editorial de la Universidad de Leningrado, 1960. 5 Aristóteles, La política. Capítulo XI, Libro Sexto, traducción de Patricio Azcára- te, Editorial Espasa-Calpe, Buenos Aires, Argentina, 1941, pp. 211-214. c ° Laband, Paul, Le Droit Public de Empire AHemand, t. II, Editorial V. Giard y E. Briéres, París, 1901, pp. 355 y ss.; 485-486 (en francés). ? Garrido Falla, F., Tratado de Derecho Administrativo, voi. I. (Parte General), 4ta. ed„ editado por el Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1966, p. 48. o Royo-Villanova, Segismundo, "La Administración y la Política", en Revista de Administración Pública No. 10, enero-abril, año IV, editado por el Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1953, p. 12. 9 Hauriou, Maurice, Précis de Droit Administratif et de Droit Public, 11a ed., París, 1927, pp. 14 y 22 (en francés). 10 Von Stein, Lorenzo, La Scienza della Pubblica Amministrazione. Compendio del Trattato e del anuale diScienza della Publica Amministrazione ad uso degli italiani, prefazione del Comm. Prof. A. Atilio Brunialte, Unión Tipográfica, Turín, 1897, pp. 133 y 222 (en italiano). 11 Forsthoff, Ernst, Tratado de Derecho Administrativo, traducido por Legaz Le- cambra, Garrido Falla y Gómez de Ortega, editado por el Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1958, p. 32. 12 Carré de Malberg, ob. cit., p. 430. 13 Duez, Paul y Guy Dabeyre, Traité de Droit Administratiff, Librairie Dalloz, París, 1952, p. 2 (en francés). 14 Carré de Malberg, ob. cit., p. 430 y ss. 28 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 Fleiner, Fritz, Instituciones de Derecho Administrativo, Capítulo I, traducción de Sabino A. Gendín, 8va. ed., alemana, Editorial Labor, Barcelona-Madrid-Buenos Aires, 1933. Forsthoff, Ernst, ob. cit., p. 10 y ss. Ibidem, p. 37 y ss. Estamentos: eclesiástico, nobleza, caballeros, universidades. Garrido Falla, F., ob. cit., p. 68 y ss. Ibidem, p. 22, nota (4). Merkl, Adolfo, "Teoría general del Derecho Administrativo", en Revista de De recho Privado, Madrid, 1935, p. 8 y ss. Idem. Forsthoff, Ernst, ob. cit., p. 11. Gascón y Marín, J., Tratado de Derecho Administrativo, t. I, 11a ed.. Editorial C. Bermejo Impresor, Madrid, 1950, pp. 45-46, notas (2), (4) y (5). Villegas Basavilbaso.B., Derecho Administrativo, 1.1, Editorial Tipográfica Argen tina, Buenos aires, 1949, p. 49. Consúltese a: Santamaría de Paredes, V., Curso de Derecho Administrativo, 3ra. ed., Establecimiento Tipográfico de Ricardo Fe, Madrid, 1891, p. 38 y ss.; Meucci, Lorenzo, instituzioni di Diritto Amministrativo, 3a. ed.. Bocca Editori, Turín, 1892, pp. 2-4; 48-49 (en italiano). Gascón y Marín, J„ ob. cit., t. I, pp. 48-49. Posada, Adolfo, Tratado de Derecho Administrativo, 1.1, Capítulo I, párrafo 2, Li brería de Victorino Suárez, Madrid, 1899. Consúltese a: Von Stein, L., ob. cit., p. 3 y ss. Meyer, J„ La administración y ia organización administrativa. La España Moderna, Madrid s/a, pp. 85 y 124; Mayer, Otto, Derecho Administrativo Alemán, t. I traducción de Horacio Here dia y Ernesto Krotoschin, Editorial Depalma, Buenos Aires, 1949, p. 3 y ss. Consúltese a: Orlando, V.E., Principii di Diritto Amministrativo, 2a. ed., E. G. Bar bera, Florencia, s/a, p. 9 y ss (en italiano); Santi, Romano, Principii di Diritto Amministrativo Italiano, Società Editrice Literaria, Milán, 1906, p. 106 (en ita liano). Presutti, Enrico, Istituzioni di Diritto Amministrativo italiano, voi. I, 3a. ed., Casa Editorial Giuseppe Principato, Mesina, s/a, p. 50 y ss (en italiano). Consúltese a: Posada, Adolfo, ob. cit., p. 39; Gascón y Marín J„ ob. cit., pp. 59 60; Royo-Villanova, A., Elementos de Derecho Administrativo, t. I, 22a. ed., Li breria Santaren, Valladolid, 1959, p. 7., García Oviedo, Carlos, Derecho Admi nistrativo, 1.1, 6a. ed., Casa Enriga Martínez Useros, EISA, Madrid, 1957, p. 34. Villegas Basavilbaso, B., Derecho Administrativo, 1.1., Tipografía Argentina, Bue nos Aires, 1950, p. 49. Consúltese a; Royo-Villanova, A., ob. cit., t. I, p. 16; Von Stein, L., ob. cit., p. 148; Mayer, O., ob. cit., t. IV, p. 253 y ss. 29 34 Consúltese a: Duguit, León, Manual de Derecho Constitucional, 2a. ed„ española, traducción José Acuña, Librería Francisco Beltrán, Madrid, 1926, p. 40; Jeze, Gastón, Principios generales del Derecho Administrativo, vol. I, traducción Julio N. San Millón Almagras, Editorial Depalma, Buenos Aires, 1948, p. 1 y ss. 35 Consúltese a: Fleiner, Fritz, ob. cit., p. 39; Zanobini, G„ Curso de Derecho Admi nistrativo, 1.1, traducción de Héctor Masnata, actualizada por Francisco Alberto Picone, Ediciones Arayú, Buenos Aires, 1954, p. 38 y ss. Gascón y Marín, J., ob. cit., t. I, pp. 58-59. 37 Consúltese a: Vlasov, V. y S. Studenikin, "Derecho Administrativo", en Funda mentos del Derecho Soviético, Capítulo IV, Editorial en Lenguas Extranjeras, Moscú, s/a; Petrov, G. I., ob. cit., Capítulo I. 38 Garrido Falla, F., Tratado de Derecho Administrativo, vol. I, (Parte General), 1a. ed., editado por el Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1958, p. 46 y ss. 39 Fleiner, Fritz, ob. cit., pp. 25-26. 40 Duguit, León, Las transformaciones de! Derecho Público, Capítulo II, traducción de Adolfo Posada, Librería Francisco Beltrán, Madrid, 1952. 41 Villar Palas!, J.L., Administración y Planificación, Capítulo I, Ediciones Cultura Hispánica, Madrid, 1952. 30 CAPÍTULO II Relaciones del Derecho Administrativo con otras ciencias 1. Realidad de la existencia de relaciones entre las distintas ramas del Derecho y de este con otras ciencias Toda ciencia especializada no puede ser aislada de la plenitud de los conocimientos humanos, por lo que no puede considerarse que exista una ciencia con carácter de independencia absoluta. Si consideramos que existe el Derecho como ciencia especializada, es indiscutible que este no puede tener un carácter independiente, en forma absoluta de otras ciencias y menos aún puede existir esa independencia entre una rama del Derecho en relación con las otras, no sólo por las ra zones apuntadas, sino también porque el Derecho es uno y está integrado por ramas o partes que constituyen ese todo, y porque todas estas ramas tienden a regular relaciones sociales en sus distintos matices y formas, es decir, sus fines son similares y es lógico que ante similitud de fines no puede haber independencia total entre las ramas del Derecho. Una vez analizada la imposibilidad de independencia absoluta de toda ciencia especializada, en general, y del Derecho en particular, debemos considerar que existen realmente relaciones entre las distintas ramas del Derecho y de este con otras ciencias. 2. Necesidad y conveniencia del estudio de las relaciones del Derecho Administrativo con otras ciencias Para que el Derecho Administrativo pueda realizar su objeto necesita construir un sistema de principios jurídicos aplicables a sus fines. La autonomía científica del DerechoAdministrativo no es más que un conjunto de conocimientos metódicamente ordenados. Así lo considera Adolfo Posada1 al estipular la posibilidad y utilidad de una exposición or- 31 denada del Derecho Administrativo dentro del sistema general de las ciencias jurídicas, para así dotarlo de la jerarquía de ciencia, de ciencia elaborada por juristas, en la que existe un sujeto racional que es la Admi nistración Pública, un objeto cognoscible, la regulación de la actividad que aquella desarrolla con el objeto de cumplir los fines estatales que le han sido encomendados para resolver necesidades de carácter colectivo, y que expresa el contenido de ese objeto en una ordenación sistemática que ha penetrado en los principios que informan a esta rama jurídica y al pro pio tiempo se ha nutrido de ellos, al establecerse una relación de cono cimiento que permite fijar los módulos que la caracterizan y diferencian de las demás ciencias.2 De ahí la necesidad de limitar su campo, de precisar su ámbito dentro del contexto de las ciencias jurídicas, y la determinación de sus relaciones es el medio más efectivo para lograrlo. El estudio deesas relaciones permitirá determinar su objeto propio, su más adecuado método de investigación y, conocidos sus límites, demar car sus elementos diferenciales. Esas relaciones se establecen con mayor intensidad, desde luego, con las ciencias jurídicas y además con un grupo de ciencias no jurídicas, que le aportan elementos que le permitan desarrollar en la práctica sus prin cipios generales. 3. Relaciones con otras ramas de las ciencias jurídicas Relaciones con el Derecho Constitucional. Para algunos autores, la re lación entre el Derecho Constitucional y el Derecho Administrativo es tan o íntima que Santi Romano expresa que es difícil saber dónde acaba el Derecho Constitucional y dónde empieza el Derecho Administrativo; lo mismo opina Villegas Basavilbaso, cuando dice: "...es, a veces difícil una demarcación precisa en sus respectivos dominios"4 y, por último, para Berthélemy: "Es en el Derecho Constitucional, donde se encuentran las denominaciones de los capítulos del Derecho Administrativo; uno es el prefacio obligado del otro."5 La ciencia jurídica soviética opina que el Derecho Administrativo está muy cerca del Derecho Constitucional, lo que hace difícil en ocasiones po der establecer el límite entre las normas de una u otra disciplina. Induda blemente, estiman que existen diferencias entre ambas ramas. El Derecho Constitucional estudia la ciencia del sistema del Derecho Administrativo, con lo cual se fortalecen las bases de las relaciones mutuas entre el Es tado y los funcionarios y la estructura de la Administración Pública en su carácter de sistema de los Órganos del Estado. En resumen, el Derecho Constitucional es más amplio que el Derecho Administrativo, puesto que se relaciona "...directa e indirectamente con la dirección estatal, en tanto el Derecho Administrativo detalla, completa y explica el mecanismo de re laciones de diversas normas constitucionales". 32 Algunos autores opinan que entre ambas ramas existe identidad, por ejemplo, Fábregas,7 señala identidad fundamental del objeto de ambas ramas, al referirse a la organización y vida del Estado; Sayaguez,8 señala la vinculación estrecha del Derecho Administrativo al Constitucional, y Gascón y Marín9 señala que son ramas jurídicas referentes al Estado. Veamos los elementos diferenciales que conjuntamente con las iden tidades señaladas, relacionan a ambas ramas jurídicas; un primer criterio se refiere a lo estático y dinámico de la actividad; algunos como Fleiner10 y Forsthoff,11 señalan que, mientras el Derecho Constitucional establece las normas constitucionales que son estables, permanentes, con carac terísticas estáticas, de algo concluso y definitivo, el Derecho Administra tivo establece las normas relativas a la Administración, siendo esta acti vidad movimiento y cambio; criterio similar, sostiene Fábregas,12 según García Oviedo,13 el Derecho Administrativo estudia las funciones del Es tado y el Derecho Constitucional su anatomía; para Gascón y Marín,14 el Derecho Constitucional estudia los órganos del Estado y el Derecho Ad ministrativo la acción de este; Ducrocq,15 fiel a su época, señala que al Derecho Constitucional le corresponde determinar los principios que for man la base del Derecho Público de un país. Aunque no aceptamos la de nominación de Derecho Público, puesto que el Derecho es uno, este cri terio tiene el valor de considerar que son las leyes administrativas las que, en gran parte, ponen esos principios básicos en movimiento. Otro criterio se refiere a la diferencia de gradación jurídica; el_Derecho Constitucional, dice Bielsa: "...da directrices y orientaciones que el Dere cho Administrativo por lo general no las ofrece, hay una relación de de pendencia del segundo con relación al primero”;16 segúnGabino Fraga,17 las diferencias sustanciales son de grado y no de esencia; y para Mayer18 ambos regulan las relaciones entre el Estado y sus súbditos, pero para el Derecho Constitucional lo principal es la formación del poder soberano que actúa en la Administración. Por todo lo expuesto, es indiscutible, la existencia de relaciones entre el Derecho Administrativo y el Derecho Constitucional, además puede de cirse que el Derecho Constitucional orienta al Derecho Administrativo. Relaciones con el Derecho Pena!. El Derecho Penal es un conjunto or denado de normas jurídicas que establece tipos de conducta antisocial y las medidas estatales aplicables, con el fin de defender la sociedad y las personas, y rehabilitar a delincuentes y peligrosos.19 Según García Oviedo, el Derecho Administrativo "...se relaciona con el Derecho Penal en cuanto este garantiza la existencia y el normal desen volvimiento de la institución administrativa contra los atentados pu nibles."20 Además, la ejecución de ciertas penas y medidas de seguridad, implica que la Administración ofrezca los elementos materiales y personales ne cesarios para brindar ese servicio, el mismo no se limita a lo planteado, sino que además, para el desarrollo de ciencias vinculadas con el Derecho 33 Penal, como la criminología, criminalística y otras, es necesario la creación de órganos que desenvuelvan estas actividades y que tengan a su cargo la gestión de estos servicios. Ello determina normas jurídicas peculiares, especiales regulaciones de Derecho, que el Derecho Administrativo elabo ra y regula. Relaciones con el Derecho Procesa!. Para adentrarnos en el estudio de las relaciones del Derecho Procesal con el Derecho Administrativo, es pre ciso situar, a priori, algunos conceptos de esta asignatura. Según el procesalista español Manuel de la Plaza: "...el Derecho Pro cesal, en sentido objetivo, es el que se ocupa de regular el Proceso Civil".21 Sin embargo, no sólo podemos hablar de Derecho Procesal, tanto civil como penal, sino que también existe una rama autónoma, el Derecho Pro cesal Administrativo. Esta rama tiene a su cargo la regulación de los pro cedimientos administrativos. El procedimiento administrativo está consti tuido por una serie de trámites que sigue la Administración para ventilar y resolver las peticiones o reclamaciones que formulan los particulares, es decir, puede tratarse de una petición donde no existe controversia o una reclamación donde aparece la litis. Así vemos que Fábregas, señala que "...la materia de relaciones jurídicas entre la Administración y los adminis trados, implica la existencia de un procedimiento para la ejecución de la actividad, sea contencioso o no";22 criterios similares sustentan algunos autores citados como García Oviedo y Gascón y Marín. Relaciones con el Derecho Procesal. En cuanto a los criterios que sos tienen la existencia de estas relaciones, tenemos que: a) El derecho Administrativo al establecer sus procedimientos se inspira en el Derecho Procesal.23 b) El procedimiento administrativoen muchos aspectos es una reproduc ción del Derecho Procesal.24 c) El carácter supletorio del Derecho Procesal Civil, cuando no existe la norma aplicable del Derecho Procesal Administrativo.25 d) El Derecho Procesal se vale del Derecho Administrativo para la obten ción de los medios personales y materiales para los órganos de admi nistración de justicia.26 Con lo expuesto, queda bien definida la existencia de estas relaciones. Relaciones con el Derecho Internacional. De inicio, debe señalarse la existencia de dos ramas del Derecho Internacional: el Derecho Internacio nal Público y el Derecho Internacional Privado. "El Derecho Internacional Público -según el profesor D'Estéfano- es el conjunto de reglas que determinan los deberes recíprocos de los Estados, y demás sujetos internacionales."27 "El Derecho Internacional Privado -según Alexandrov- es el conjunto de normas que establecen las leyes de qué Estado rigen en las relaciones 34 mutuas de propiedad entre los ciudadanos y los órganos económicos de las diferentes naciones. También son de su competencia, las normas que regulan la situación jurídica civil de los extranjeros."28 El Derecho Internacional Administrativo y el Derecho Administrativo Internacional. Se ha señalado que existen dos tipos de Administración: a) Administración de la Sociedad Internacional como realidad orgánica, tratándose en este caso de una organización administrativa internacio nal, ejemplo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT). b) Administración de los Estados en el ámbito internacional, se refiere a una organización administrativa interior para asuntos internacionales, ejemplo, el Ministerio de Relaciones Exteriores. Es indiscutible que de acuerdo con lo señalado, puede distinguirse entre: a) Derecho Internacional Administrativo que regula las relaciones deriva das de la existencia de una Sociedad Internacional. b) Derecho Administrativo Internacional que regula la actividad del Esta do enderezada a la realización de sus fines más allá de sus fronteras nacionales. Estas dos disciplinas han surgido del Derecho Internacional Público y Privado y del Derecho Administrativo debido al enorme desarrollo de las relaciones internacionales, muchas de las cuales requieren adoptar deter minadas conductas uniformes para el cumplimiento de ciertos servicios, como por ejemplo: correos, teléfonos, telégrafos, aéreos, etcétera. Relaciones con el Derecho Internacional. Además de lo señalado en el epígrafe precedente, que lleva implícito la existencia de relaciones entre estas disciplinas, podemos señalar otras, a saber: a) El Derecho Administrativo tiene a su cargo la organización administra tiva de los servicios para la política internacional y comercial.29 b) El contenido administrativo de muchos tratados internacionales, que se refieren a materia que la Administración del Estado tiene que poner en vigor y que, por tanto, el Derecho Administrativo ha de tener pre sente.30 c) El Derecho Internacional presta su asistencia a la Administración para resolver situaciones que esta por sí sola no puede solucionar y pone al alcance de la Administración, instituciones que sintetizan el esfuerzo colectivo de otros Estados y organismos internacionales, tendente a resolver los problemas planteados, por ejemplo, la ayuda técnica de or ganismos especializados de carácter internacional. 35 Relaciones con el Derecho Civil. Conveniente en grado sumo, es refe rirse al concepto y evolución del Derecho Civil antes de señalar sus rela ciones con el Derecho Administrativo. Del Derecho Civil se ha dicho que es "Derecho de todos los tiem pos".31 Conocemos que el Derecho Administrativo surgió en el Estado de Derecho burgués como un desprendimiento del Derecho Civil. El origen histórico del Derecho Administrativo acusa la intimidad de sus relaciones con el Derecho Civil, este criterio es compartido por diversos autores,32 según Sayaguez, en el siglo pasado prevaleció la tesis de considerar el De recho Administrativo como Derecho de excepción frente al Derecho Civil. Esto se explica porque nuestra disciplina estaba en proceso de formación, pero como plantea Villegas Basavilbaso, en los momentos actuales, ya no se trata de relaciones de dependencia sino de continuidad. Características de estas relaciones con el Derecho burgués Es indiscutible que en el Estado de Derecho burgués, las relaciones del Derecho Administrativo con el Derecho Civil son muy estrechas. Incluso, hay actividades de la Administración Pública en las que resulta difícil de limitar el tipo de normas por las que se rigen, por ejemplo, las trasmisio nes de dominio que la Administración realiza en su condición de persona jurídica patrimonial, se regulan por las normas del Derecho Civil, aunque la finalidad del acto sea de carácter administrativo. Relaciones con el Derecho Civil en el socialismo. Al producirse los cambios radicales en la estructura económica de un país, gran parte de las instituciones del Derecho Civil no son de aplicación, y actividades que realizaba la Administración que eran reguladas por el Derecho Civil -nos referimos a aquellas en que actuaba como persona jurídica individual- son reguladas por el Derecho Administrativo. No obstante existen en nuestra disciplina, ocasiones en que es nece sario regular situaciones en que se acude a instituciones jurídico-civiles para resolver necesidades que a la Administración Pública le son indis pensables atender. Se puede adquirir bienes por medio de la expropiación (institución de Derecho Administrativo) o por compraventa (institución de Derecho Civil). Las relaciones entre el Derecho Administrativo y el Dere cho Civil son muy estrechas, puesto que ambas regulan las relaciones de la propiedad social aunque, como hemos dicho, con diferentes métodos. Alexandrov destaca cómo "...en la sociedad soviética las relaciones de propiedad no las regula sólo el Derecho Civil, sino también el Derecho Administrativo y otras ramas del Derecho".33 Esas relaciones de propiedad a veces se rigen directamente de los ac tos de la Administración del Estado sin necesidad de acuerdo entre las partes, por ejemplo, la confiscación, la requisa y aplicación de sanciones pecuniarias administrativas. 36 Contribuyen también a vincular ambas ramas jurídicamente la circuns tancia de que en distintas oportunidades los organismos de la Adminis tración del Estado no intervienen en calidad de tal, sino que actúan ajus tándose a normas de Derecho Civil como personas jurídicas. Relaciones con el Derecho Mercantil. El Derecho Mercantil es aquella rama del Derecho que regula las relaciones comerciales entre personas jurídicas, tanto individuales como colectivas, en otras palabras, tiene por objeto el ejercicio del comercio. De su esencia jurídica se deriva que está revestido de mayor importancia en el Estado de Derecho burgués que en un Estado socialista. Ahora bien, no obstante ser su característica regular relaciones sociales de sustancia jurídica similar a las relaciones jurídico-ci- viles, esas relaciones mercantiles presentan una complejidad que afectan el interés de la colectividad. De ahí que, aún en los Estados burgueses, la Administración interviene en las actividades mercantiles de los particula res para facilitar la circulación comercial, dictándose normas jurídico-ad- ministrativas que reglamentan esas actividades. Ahora bien, en un sistema socialista en el que las relaciones mercan tiles se establecen entre órganos de la Administración Pública o con los particulares, gran número de las instituciones jurídico-mercantiles han de venido administrativas, por lo que más que relaciones entre ambas ramas, existe la absorción del Derecho Mercantil por el Derecho Administrativo. Otro es el panorama que nos presenta el comercio internacional. En él, las empresas de comercio exterior -estrechamente vinculadas a la Administración Pública- no obstante la personalidad y patrimonio pro pios queel Estado les otorga, realizan sus actividades en un ámbito inte restatal en el que impera la normación del Derecho Mercantil. Relaciones con el Derecho Marítimo. Esta rama, desprendimiento del Derecho Mercantil, ha adquirido extraordinaria importancia en nuestro país, por el desarrollo in crescendo de nuestro comercio internacional. Existen estrechas vinculaciones entre ella y el Derecho Administrativo, acorde con las características de nuestra organización administrativa, es decir, las empresas que tienen a su cargo la actividad del tráfico marítimo, desde el punto de vista interno son dependencias de la Administración, de aquí las relaciones existentes entre ambas ramas. Relaciones con el Derecho Aeronáutico. El Derecho Administrativo se relaciona también con una rama jurídica que puede ser considerada como una de las que en época reciente ha adquirido autonomía como ciencia. El Derecho Aeronáutico, al que se le ha denominado también Derecho Aéreo y Derecho de Aviación, estudia todos los factores esenciales de la navegación aérea, es decir, el ambiente en que se organiza y desenvuelve, esto es, la atmósfera y la superficie; la aeronave que es el medio con el que actúa y todas las relaciones jurídicas nacionales e internacionales que en aquella se originan. Su vinculación con el Derecho Administrativo po demos encontrarla en que normas de esta disciplina jurídica tienen plena aplicación en la organización interna de la navegación aérea de un país, 37 como son las que se refieren al establecimiento de aeropuertos, regula ción de la infraestructura, regímenes de aduanas, inmigración y sanitario y todos aquellos otros aspectos que motivan una actividad administrativa que coadyuva al desenvolvimiento de ese tipo de navegación. 4. Relaciones con otras ciencias no jurídicas Con la economía política. Para los tratadistas del Estado de Derecho burgués, no existe subordinación del Derecho Administrativo a la eco nomía política, aunque reconocen la importancia que tiene para el mundo actual la problemática económica.34 La economía política marxista, conjuntamente con la filosofía marxista y la teoría del socialismo científico constituyen las tres partes integrantes del marxismo-leninismo, doctrina total y armónica que nos da las normas del desarrollo de la sociedad, y aunque nuestra disciplina es una rama de las ciencias jurídicas, en su concepción marxista, tiene una amplia relación con la economía política. Con la filosofía. Argumentos similares a los anteriores, empleamos para señalar la relación del Derecho Administrativo con la filosofía, es de cir, con nuestra filosofía marxista-leninista. Con la sociología. Si el Derecho Administrativo regula la actividad (for mas y medios) que la Administración debe emplear para alcanzar los fines del Estado y regular nuestra disciplina, todo un conjunto de relaciones so ciales, es indiscutible que el Derecho Administrativo tiene que utilizar la sociología para que le suministre sus deducciones y enseñanzas sobre la problemática social. Con la estadística. Mientras que la Administración Pública organiza el servicio, el cual regula el Derecho Administrativo, la estadística le ofrece datos de hechos sociales (censos, catastros, y estadísticas de actos ad ministrativos -estadística administrativa) lo que le permite a la Adminis tración Pública tener elementos indispensables para el desarrollo de su actividad. Con la demografía. Al estudiar esta disciplina la población del país le ofrece datos a la Administración para la organización de los servicios de la ges tión económica, división territorial, etcétera. Con la geografía. Esta ciencia proporciona bases científicas para la ac ción de la Administración Pública y ofrece datos precisos para la solución de importantes problemas, por ejemplo, determinar vías de comunicación. Con la historia. No sólo porque el Derecho Administrativo puede ser estudiado desde el punto de vista histórico de sus instituciones, sino por 38 que la historia facilita elementos para que las reformas administrativas tengan en cuenta las circunstancias históricas. Con otras ciencias. Tentó la medicina, como la higiene, como tas cien cias matemáticas, la física y las ciencias naturales, así como todas las ra mas del saber que ofrezcan una ayuda técnica a los servicios o a la ges tión económica, tienen relación con nuestra disciplina. 5. Relaciones del Derecho Administrativo con la Ciencia de la Administración entre las relaciones que el Derecho Administrativo mantiene con otras ciencias, se destacan las que existen con la Ciencia de la Administración. Resulta indispensable que, como paso previo a exponer cuáles son esas relaciones, se haga una referencia al origen y contenido de la Ciencia de la Administración. La Administración Pública puede ser considerada desde perspectivas diversas. Además de estudiarla desde un punto de vista jurídico, analizán dola a la luz del Derecho Administrativo, podemos hacerlo en cuanto a la política, a la técnica, a la economía, etc., esto es, atendiendo a cualquiera de los varios aspectos que la Administración presenta, aparte de su regu lación jurídica. Hay que tener en cuenta que aún, antes de sistematizarse el Derecho Administrativo como ciencia jurídica la existencia de una Ad ministración embrionaria en relación con la actual, según la hemos aco tado conceptualmente, ha significado que sobre ella se realizaron estudios con alcance y dimensión más reducidos, desde luego, que los que en nuestros tiempos se hacen; estudios que consideraban a la Administra ción, desde un punto de vista metajurídico. Síntesis histórica de la Ciencia de la Administración En la época del Estado-policía, afirma Fleiner,35 la ciencia consideró como misión suya, registrar la tutela policial y qué motivos impulsaban la intervención del Estado sobre determinadas actividades. Surge así, como primera manifestación de las ciencias administrativas, la ciencia de la policía, disciplina nada jurídica, que como ha dicho Jordana de Pozas, "...se integra en el conjunto de doctrinas políticas, económicas, administrativas e incluso filosóficas, que comienzan a mediados del si glo xvH, llenan todo el xviii e incluso se prolongan durante parte del xix, en Austria y en Alemania, y suelen designarse con el nombre general de Ca meralismo o de Ciencias Camerales”.36 Ya en el siglo xix, en 1865, es Lo renzo von Stein con su obra Ciencia de la Administración el que ofrece a esta disciplina perfiles conceptuales más ajustados. La concepción steiniana de la Ciencia de la Administración, la extiende a estimar la materia administrativa como abarcadora de cuanto conoci 39 miento tuviera que ver con la Administración, la que era necesario analizar como un todo orgánico, como una idea unitaria del Estado que actúa.37 En Italia se consideró la posibilidad de independizar en una ciencia autónoma, los principios racionales y filosóficos que informan y motivan la legislación administrativa llegándose, en el pasado siglo, a crear cáte dras universitarias de Ciencia de la Administración, independientes de las de Derecho Administrativo. La tendencia, sin embargo, no permanece y en definitiva se abandonó la enseñanza de la ciencia administrativa, que prácticamente pierde su autonomía y se niega su existencia por muchos autores. Al tiempo que en la Europa continental, y con tan poca fortuna, a la Ciencia de la Administración se le ha considerado compulsándola con el Derecho Administrativo. En los países anglosajones, sin tradición de esa rama del Derecho, la Ciencia de la Administración tiene otro origen y toma otros rumbos. La presencia de un gran aparato administrativo, al que hay que dotar de las más avanzadas técnicas para que funcione con eficacia, hace nacer un enfoque peculiar de la ciencia administrativa, la que se es tructura con el nombre de Public Administration para la cual son esencia les el estudio de la organización administrativay los criterios racionales a que debe sujetarse, el análisis de los medios personales y materiales que la Administración requiere y las formas más convincentes para reclutarlos y obtenerlos y cuáles son, dentro de una orientación técnica, los mejores medios para utilizarlos. Tendencia actual sobre la Ciencia de la Administración La complejidad que en todas las latitudes alcanza la Administración Pública, ante las nuevas tareas que tiene que acometer y el interés de que las afronte y logre los fines que el Estado le asigna, hace que surja una corriente que lleva a revalorizar la ciencia administrativa con base en la consideración metajurídica de la Administración. Se implantan en muchos países (Italia, Francia. Bélgica, URSS, España, Brasil, Alemania) las ense ñanzas administrativas, con independencia del Derecho Administrativo, con el enfoque que nos ofrece Forsthoff, de que "...no es misión del De recho Administrativo exponer teorías sobre el mejor modo de administrar, sino valorar la Administración sólo bajo la perspectiva del Derecho”.38 Esa acepción de la ciencia administrativa dominada por el factor téc nico del arte de administrar, que la separa conceptualmente del Derecho Administrativo, tiene su más alto exponente en el autor francésHenry Fa- yol, para el que la esencia de la función administrativa consiste en "...pla nificar, organizar, mandar, coordinar y controlar",39 y su principio capital de la teoría administrativa es la importancia de la dirección de la gerencia, management, tanto más importante, cuanto mayor es la empresa. Gu- lick40 considera que esa importante labor de la dirección se sintetiza en una palabra de su invención, POSDCORB, que no es otra que el anagrama formado con las iniciales de las palabras inglesas que identifican los as pectos de la acción administrativa: Planning (Planificar), Organizing (Orga- 40 nizar). Staffing (Administración del personal), Directing (Dirigir), Coordina ting (Coordinar), Reporting (Informar), Budgeting (Presupuestar). En suma, como afirma Garrido Falla, esta corriente de los estudios ad ministrativos "...conduce necesariamente a que la Administración sea considerada como un gran aparato orgánico cuyos únicos problemas, son precisamente los relativos a su montaje y manejo técnico",41 por lo que resultaría preferible "prescindir de la expresión Ciencia de la Administra ción y hablar de Técnica de la Administración", Contra esa concepción han reaccionado Bielsa, que considera que "...más tienen de novedad en los títulos y en los planes que en la sustancia de la materia".42 Simon43 y su escuela sociosicológica que se orienta hacia el estudio de carácter humano de toda empresa pública o privada lo que coloca la Ciencia de la Administración dentro de las llamadas ciencias sociales, y Muñoz Ama to,44 que concibe la Administración Pública como uno de los procesos del Gobierno, lo que hace que la ciencia administrativa posea típicas cuali dades frente a la administración industrial o comercial. La Ciencia de la Administración como ciencia política Desde fines del siglo xix se ha admitido en Alemania, la existencia de una Ciencia de la Administración (Verwaltungslehere) que se escinde en dos ramas: el Derecho Administrativo (Verwaltunsrecht) y la política de la Administración (Verwaltunspolitik), lo que entraña la existencia de una ciencia no jurídica encaminada a señalar los mejores métodos para el ac tuar de la Administración Pública. Como destaca Garrido Falla,45 en casi todo el continente europeo se concibe la Ciencia de la Administración como una ciencia política, reci biendo así la tradición que supone la vieja ciencia de la policía. En Italia es Presutti quien ha fijado con mayor exactitud esa corriente. Considera dicho autor que cualquier manifestación de la actividad administrativa puede considerarse desde un triple punto de vista: primero, las relaciones jurídicas que pueden surgir en esa actividad; segundo, el aspecto técnico que reviste la acción administrativa de que se trate y tercero, la forma en que debe organizarse la actividad y de qué modo una vez organizada debe mantenerse en funcionamiento para que alcance las finalidades que mo tivaron su creación. Las tres modalidades enumeradas suponen la existen cia de un hecho jurídico, un hecho técnico y un hecho administrativo. Estos tres puntos de vista se enfocan por tres ciencias independientes entre sí: el primero por el Derecho Administrativo, el segundo por la dis ciplina técnica que le corresponda, según su índole y el tercero por la Ciencia de la Administración que señala cuál ha de ser la política que ha de orientar la actividad de que se trate. Concluye Presutti delimitando la Ciencia de la Administración como una ciencia política, aunque hace la salvedad de que no se trata de erigirla en la Ciencia Política, porque no estudia omnicomprensivamente todos los fines del Estado ni todos los medios para lograrlos, sino sólo aquellos medios y fines a que se refiere la actividad estatal en la cual, para el mejor alcance de los fines, interviene 41 la Administración Pública, determinando cuáles han de ser las modalida des de esa intervención: ...lógicamente, debe primero procederse a la designación específica de esos fines que en determinadas condiciones el Estado se esfuerza por alcanzar; después solucionar, si para la obtención de esos fines es necesario o no la intervención de la Administración Pública, para pasar en definitiva a identificar los medios más idóneos mediante los cuales esa intervención puede lograr el máximo efecto útil con el mínimo es fuerzo.46 Similares conceptos ha expuesto Cataldi "...para quien la Ciencia de la Administración es la que debe determinar los criterios rectores de una buena Administración”47 y Bielsa que la considera como un conjunto de principios de política administrativa de carácter general independiente de un sistema legal positivo, introduciendo a partir de la tercera edición de su obra Derecho Administrativo una separación orgánica, en textos di ferentes, entre el régimen jurídico y la política de la Administración Públi ca. Como concreción de este criterio nos dice: Cuando la apreciación es de política administrativa (conveniencia, eficacia, oportunidad de la acción de la Administración Pública) y se funda en un principio superior lato de política general y procede según reglas más o menos concretas de una buena Administración sin refe rencia al Derecho, pero subordinado a las normas positivas, esa apre ciación es Ciencia de la Administración.48 Conclusiones En definitiva, consideramos que no es posible concebir como conte nido de la Ciencia de la Administración la aplicación de la Administración Pública de los métodos de la realización del trabajo y la organización de la oficina, contenido este que no podemos otorgarle el rango de ciencia, como no lo alcanzaría tampoco si se vacían en ella todas las disciplinas heterogéneas que tienen relación con el actuar administrativo. Por ello, estimamos que una Ciencia de la Administración, ubicada en el campo de las ciencias políticas, capaz de determinar los fines de la Administración y orientar sus actividades, estaría revestida de los caracteres necesarios para ostentar un cabal rango científico y presentaría la sistematización ne cesaria de aquellos principios extraídos de la realidad, del estudio de las relaciones sociales que surgen de su propia actuación, principios que, comprobada su validez general, podrán ser normados jurídicamente por el Derecho Administrativo para lograr la consecusión de esos fines. Admitida la existencia de la Ciencia de la Administración, no puede ha ber dudas de cómo el Derecho Administrativo se relaciona con ella. Am bos se refieren a la Administración Pública: la una para ofrecer los medios y los modos con los que han de satisfacerse las necesidades colectivas en su aplicación concreta, el otro fijando el régimen de la Administración, esto es,la normatividad de esa aplicación. 42 Notas 1 Posada, Adolfo, ob. cit.. t. I, p. 29 y ss. 2 Villar Palasí, J. L„ Derecho Administrativo, Capítulo V. Sección de Publicaciones de la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid, 1968. 3 Santi, Romano, ob. cit., t. I, p. 113. 4 Villegas Basavilbaso, B.. ob. cit., t. I, p. 113. 5 Berthélemy, H., Traité Eiementaire de Droit Administratif, P. Rousseau Cié. Edi- teurs, París, 1920, p. 1 (en francés). g Vasilenkov, P. T. y otros. Derecho Administrativo Soviético, Capítulo I, Primera Parte. 1 Fábregas del Pilar, José M„ Derecho Administrativo, Editorial Reus S. A.. Ma drid. 1924, pp. 31-32. g Sayaguez Laso, E.. Tratado de Derecho Administrativo, 1.1, Editorial Martín Bian- chi Altina, Montevideo. 1953, p. 22. g Gascón y Marín, J.. ob. cit., t. I, p. 78. Fleiner, Fritz. ob. cit.. t. I, p. 3. Forsthoff, Ernst, ob. cit.. t. I p. 25. Fábregas del Pilar, José M„ ob. cit., t. I, p. 32. 13 García Oviedo, C.. ob. cit., t. I, p. 57. 14 Gascón y Marín, J.. ob. cit., t. I, p. 78. 15 Ducrocq. T„ Cours de Droit Administratif. t. I, 7a. ed., A. Fontemoing Editeurs, París. 1897, p. 5 (en francés). 1A Bielsa, Rafael, Derecho Administrativo, t. I, 5a. ed., Editorial Depalma. Buenos Aires. 1955. p. 65. Fraga, Gabino. Derecho Administrativo, 5a. ed.. Editorial Parna S.A., México, 1952, p. 112. ^8 Mayer. Otto, ob. cit., t. I, p. 109. 43 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 44 Curso de Derecho Penal, Departamento de Ciencias Penales y Criminológicas (Parte General), editado por la Escuela de Ciencias Jurídicas de la Universidad de La Habana, s/a. p. 13. García Oviedo, C„ ob. cit., t. I, p. 58. De la Plaza. M., "Derecho Procesal Civil Español", en Revista de Derecho Priva do, Madrid, 1942, p. 15. Fábregas del Pilar, José M.. ob. cit., p. 149. Consúltese a: Fábregas del Pilar, José M„ ob. cit., p. 149; García Oviedo, C., ob. cit.. t. I. p. 59. Consúltese a: Fraga, Gabino, ob. cit., p. 115; Gascón y Marín, ob. cit., t. I. p. 49. Consúltese a: Zanobini. Guido, ob. cit.. t. I, p. 47; Villegas Basavilbaso. ob. cit., t. I, p. 152. Consúltese a: García Oviedo, C., ob. cit.. t. I, p. 59; Fraga, Gabino, ob. cit., p. 115; Royo-Villanova, A., ob. cit., t. I. p. 38. D'Estefano, Miguel A.. Derecho Internacional Público, Editora Universitaria. An- dré Voisin, La Habana, 1965, p. 13. Alexandrov, N. G. y otros. Teoría del Estado y del Derecho, editado por el Co legio de Abogados de La Habana. 1963, p. 367. Consúltese a: Fábregas del Pilar, José M.. ob. cit., p. 33; Forsthoff, Ernst, ob. cit., p. 26; García Oviedo, C., ob. cit.. t. I, p. 59: Royo-Villanova. A., ob. cit.. 1.1, p. 38; Zanobini, G., ob. cit., t. I, p. 52. Consúltese a: Fábregas del Pilar. José M., ob. cit., p. 33; Fraga. Gabino. ob. cit., p. 115. García Oviedo. C., ob. cit., t. I, p. 60. Véase a: Mayer, Otto, ob. cit., t. I, p. 182; Royo-Villanova. A., ob. cit.. t. I, p. 37. Alexandrov. N. G. y otros, ob. cit.. p. 354. Consúltese a: Villegas Basavilbaso. B. ob. cit., t. I, p. 61, García Oviedo, C., ob. cit., t. I, p. 62. Fleiner, Fritz, ob. cit., p. 26. Jordana de Pozas, Luís, citado por Garrido Falla, F„ ob. cit., t. I. p. 192. Von Stein, L.. ob. cit., pp. 35 y 81. Forsthoff. Ernst, ob. cit., p. 81. Fayol, Henry The Administration and Theory in the State (Papers oí the Science of the administration), editado por Luther Gulick and L. Urwick. Institute of Pu blic Administration. Nueva York. 1937, p. 101 y ss (en inglés). Gulick, Luther. Notes on the Theory of Organizaron (Papers ofthe Science of Ad ministration), editado por Luther Gulick and L. Urwick. Institute of Public Ad ministration, Nueva York, 1937, p. 13 (en inglés). Garrido Falla. F„ ob. cit., t. I, p. 206. Bielsa, R.. Ciencia de la Administración, Prefacio, 2a. ed„ Editorial Depalma. Buenos Aires, 1955, p. VIII. 43 Simon. Herbert A.. Administrative Behavior, Capítulo V, The MacMillan Com pany, Nueva York, 1954 (en inglés). 44 Muñoz Amato, Pedro, Introducción a la Administración Pública, t. I, Fondo de Cultura Económica, México. 1954. p. 23. 45 ■ Garrido Falla. F„ ob. cit., t. I. p. 200 y ss. Presutti. Enrico, Principii Fondamentali di Scienza della Amministrazione, Società Editrice Libraria, Milán, 1910, p. 2 y ss (en italiano). 47 Cataldi, "Il potere discrezionale della Pública Amministrazione e la técnica or ganizativa". en separata de la revista La Organizzazione Tècnica della Pública Amministrazione No. 3. 1954, p. 4. citado por Garrido Falla. F. ob. cit., p. 54. 48 Bielsa, R.. ob. cit.. Prefacio, p. Vili. 45 CAPÍTULO III Principios fundamentales del Derecho Administrativo socialista 1. Consideraciones generales Conocida la Administración del Estado y, por ende, el Derecho Admi nistrativo, que le imparte formas jurídicas como un sistema, este está re gido por principios, esto es, que las ideas fundamentales que se corres ponden con aquellas que forman y hacen funcionar el aparato administra tivo estatal. Los principios objetivamente considerados no se construyen mediante una formulación arbitraria. Tienen existencia por sí mismos, como resul tado de la integración de propiedad de los elementos del sistema, relacio nados entre sí y generan nuevas cualidades, propias del sistema y distin tas a la suma de las de los elementos integrados. Cada principio administrativo no es un reflejo de la totalidad del de recho objetivo. Lo es tan sólo de una parte de él, por lo que todos ellos se relacionan entre sí y hacen particular referencia a las diversas partes del fenómeno de la Administración del Estado. La observancia de unos principios contribuye a la realización de otros v la violación de alguno in fluye en la violación de otros. Los principios de la Administración del Estado se dividen en dos cla ses: político-sociales y organizativos. Entre los primeros pueden ser cita dos: a) el papel dirigente del Partido; b) el centralismo democrático; c) la estructuración y planificación de la Administración; ch) la participación de las masas en la Administración; d) el control por la opinión pública; e) la legalidad socialista. Entre los organizativos merecen citarse: a) la diferen ciación y fijación de las funciones; b) la responsabilidad de los órganos, or ganismos y funcionarios; c) la organización de las ramas y los territorios; ch) la estructuración lineal y funcional; d) la combinación armónica de la forma colegiada con la dirección personal. 2. Principios político-sociales de la Administración del Estado El papel dirigente del Partido. El artículo 5 de la Constitución cubana de 1976, dice: "El Partido Comunista de Cuba, vanguardia organizada 46 marxista-leninista de la clase obrera, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes ha cia los altos fines de la construcción del Socialismo y el avance hacia la sociedad Comunista? Es indispensable, como premisa previa, exponer que "...el unípartídís- mo no constituye un rasgo obligatorio de la sociedad socialista".3 El he cho de su presencia en algunos Estados socialistas, como ocurre entre no sotros, se debe a la coincidencia de determinadas condiciones históricas y de acontecimientos que tienen lugar al producirse el cambio del sistema socioeconómico, al triunfar la Revolución. "Actualmente en varios países socialistas (la RPB, la RDA y otros), debido a las peculiaridades de su evo lución social, existen varios partidos (obreros, campesinos y otros), que contribuyen activamente a la construcción del nuevo régimen social."4 Por consiguiente el quid de la cuestión no estriba en el sistema uniparti- dista o pluripartidista, sino en la pertenencia del poder a una clase deter minada y en el carácter de la política. Nuestra Constitución refleja con claridad el lugar real del Partido en la sociedad y en el Estado. Como dice P. Rodionov: La edificación del comunismo se realizasobre la base de las leyes ob jetivas del desarrollo social. No obstante, en la marcha de esa edifica ción, indeclinablemente aumenta el papel de los factores subjetivos, entre los cuales el rriás decisivo es la labor del partido, que se funda en el conocimiento y en el aprovechamiento consciente de las leyes objetivas y por ello tiene una significación definitoria en el proceso de aceleración de las transformaciones sociales.5 En nuestra sociedad socialista, el Partido Comunista de Cuba es el máximo dirigente en el país y como tal, orienta y controla a los organis mos estatales, entre ellos los que integran la Administración. Es el núcleo dirigente de todas las organizaciones de los trabajadores, tanto sociales como del Estado. El Partido orienta y dirige al Estado así como a la Ad ministración, controla su funcionamiento y el cumplimiento de las direc tivas y planes trazados, estimula, impulsa y contribuye al mejor trabajo de todo el mecanismo estatal, pero en ningún caso el Partido debe sustituir al Estado ni a la Administración. Las relaciones entre las organizaciones del Partido y los órganos y organismos administrativos están perfecta mente delimitadas. Aquellos no deben inmiscuirse en el trabajo cotidiano de estas y deben orientar su actividad, pero no sustituirlos o privarlos de su personalidad. El Partido no duplica ni suplanta las funciones y faculta des de los órganos estatales, realiza un control de la labor de los órganos del Estado y las organizaciones sociales y a ese fin verifica la actividad de los comunistas funcionarios de aquellos. El centralismo democrático. La esencia del centralismo democrático, consiste en la conjugación, en la unidad indestructible de la democracia, es decir, la plenitud del poder de los trabajadores, de su iniciativa en todas 47 partes, del carácter electivo de los órganos dirigentes y de los propios di rigentes y del deber de estos de rendir cuentas a las masas, con la cen tralización es decir, la gestión de un centro único, la subordinación de la minoría a la mayoría, del mando unipersonal y la rigurosa disciplina.6 Esta centralización no es total ni absoluta, sino que garantiza la posibilidad de que el órgano superior controle la aplicación de las resoluciones que de él emanan, así como la independencia e iniciativa en la base en la reso lución de los asuntos de interés local.7 Se asigna la concentración de la dirección en manos de los Órganos Centrales del Estado y la participación de las amplias masas trabajadoras en la Administración. La democracia socialista implica rigurosas disciplina y organización y estricta observancia de las leyes y principios éticos de la sociedad que ex presan la voluntad del público. La disciplina, que ha de ser consciente, debe conjugarse con la demo cracia. Esta, sin disciplina, lleva a la anarquía y si la disciplina deviene coacción convertiría la democracia en tiranía. "La disciplina es obligatoria para todos: para dirigentes y subalternos. Al propio tiempo, su observan cia no significa el cumplimiento mecánico y ciego de las leyes, disposicio nes y normas; presupone la iniciativa de los ejecutores y una actitud cons ciente y creadora respecto a la tarea planteada."8 El centralismo democrático es fórmula eficaz para erradicar el localis mo sin desplazar la iniciativa de los órganos inferiores, al tiempo que eli mina a los de la escala superior del conocer de asuntos de poca impor tancia. La Constitución de la República de Cuba de 24 de febrero de 1976 en su Capítulo Vil fija los "Principios de Organización y Funcionamiento de los Órganos Estatales" y a ese fin el artículo 669 considera la base de esa órgánización y funcionamiento los principios de la democracia socialista, la unidad de poder y el centralismo democrático. De esos principios merece destacarse el recogido en el epígrafe f), esto es, la doble subordinación: de acuerdo con él, los órganos ejecutivos y ad ministrativos locales, vale decir las direcciones provinciales y municipales están sujetos a una doble subordinación: una subordinación horizontal con el órgano de gobierno local que corresponde a su nivel y otra en sen tido vertical con el organismo de la instancia superior que atiende las tareas administrativas que el órgano local tiene a su cargo. Ello permite centralizar la dirección metodológica y técnica de cada rama de la Admi nistración Central del Estado en todo el territorio nacional y así se logra una unidad de acción administrativa, en tanto que el órgano de gobierno local dirige las demás actividades administrativas del organismo lo cal. La estructuración y la planificación de la Administración. El conjunto de los órganos del Estado constituye el sistema del aparato estatal, instru mento principal del ejercicio del poder del Estado. Este sistema, conjun tamente con el ejercicio de las distintas formas de la democracia directa 48 por los ciudadanos, componen en conjunto el mecanismo del poder pú blico que es parte integrante del mecanismo del Estado con las activida des de las instituciones y organizaciones, sociales y de masas, que reco noce la Constitución de 1976.10 En el sistema de los órganos del Estado encontramos los órganos de administración estatal con estructura y funciones concretas encaminadas a realizar ininterrumpidamente las decisiones de los órganos de poder, mediante el ejercicio de funciones ejecutivas y administrativas. Para ello, requieren una estructuración científicamente articulada comprensiva de todas las actividades de producción y servicios que el Estado debe atender. El principio de la planificación socialista se manifiesta en que la Admi nistración dirige mediante su aparato la ejecución de los planes de desa rrollo económico y social previamente aprobados por los órganos de poder del Estado. A ese fin determinados órganos de la Administración tienen como función principal la elaboración de los planes y el control de su ejecución. El plan económico-social tiene por objeto encaminar la actividad económica hacia el incremento del ritmo del rendimiento del tra bajo social y el avance de la calidad de la producción y, para ello, apro vechar al máximo los recursos laborales, materiales y financieros. Los pla nes a largo y mediano plazos y también los anuales deben establecerse sobre la base de pronósticos científicos como eslabones de un sistema único de planificación. De acuerdo con nuestra Constitución, corresponde a la Asamblea Na cional del Poder Popular”...discutir y aprobar los planes nacionales de de sarrollo económico y social y al Consejo de Ministros, proponer los pro yectos de planes generales de desarrollo económico-social del Estado y una vez aprobados por la Asamblea Nacional del Poder Popular, organi zar, dirigir y controlar su ejecución".11 La participación de las masas en la Administración. Este principio fue lla mado por Lenin "...un medio admirable que permite decuplicar la fuerza del aparato estatal”.12 Las tareas de los organismos administrativos son cada día más com plejos y difíciles en la sociedad socialista en desarrollo y esas complejas tareas no pueden ser cumplidas solamente por el esfuerzo de los funcio narios administrativos. De ahí que se realice cada vez con mayor plenitud una ley del socialismo: el creciente papel de las masas en la Administra ción. Debe aclararse que la participación de las masas en la Administración no significa que toda la población lo haga al mismo tiempo o de manera permanente. El objetivo es conseguir que los ciudadanos, en una u otra forma, se incorporen a las tareas que son netamente administrativas. En Cuba, el artículo 7 de la Constitución expone que "...el Estado se apoya en las organizaciones sociales y de masas, las que además cumplen directamente las funciones estatales que conforme a la Constitución y la ley convengan en asumir”.13 Múltiples son los ejemplos de intervención 49 de las masas en tareas relativas a la salud pública,la defensa, la vigilancia y la educación, entre otras. Los jueces populares, los sindicatos, las asam bleas de servicios, el movimiento de innovadores y racionalizadores, de muestran cada vez con más fuerza cómo participan las masas en la Administración del Estado, y así se logra una combinación eficaz de los principios estatal y social al unir sus esfuerzos los funcionarios públicos profesionales y las grandes masas trabajadoras, que así cumplen un deber social.14 El control por la opinión pública. Este principio está estrechamente uni do al anterior, la participación de las masas en la Administración. A me dida que la conciencia política se fortalece, a medida que los ciudadanos se penetran de la indispensabilidad de intervenir con su aporte personal en las tareas administrativas, se abre paso y se afianza la implantación de medidas de control popular que como formas de "democracia directa" contribuyen al desarrollo de la sociedad socialista. Las asambleas generales de los trabajadores, las de rendición de cuen tas de los delegados del Poder Popular, el derecho a presentar proposi ciones, el derecho a dirigir quejas y peticiones a las autoridades, las que deben ser atendidas y objeto de respuesta dentro de un término de se senta días, las reuniones de los consejos de vecinos de las viviendas mul- tifamiliares, las asambleas de los integrantes de las Cooperativas de Producción Agrícola, y de los colectivos de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños son exponentes de las diversas formas mediante las cuales la opinión pública controla la actividad estatal en sus múltiples aspectos, a los que puede agregarse la actuación de los ciudadanos a tra vés de la prensa.15 A medida que la sociedad socialista se consolida y avanza, se estructuran nuevas formas de control popular. La legalidad socialista. Este principio, base de la actuación de todo el sistema estatal socialista, exige la observancia incondicional y estricta, por parte de los órganos y organismos estatales, funcionarios, organizaciones sociales y de masas y ciudadanos de todo el ordenamiento legal, así corño de los actos que emitan, basados en él, los órganos del Estado. Puede sin tetizarse expresando que ante la ley todos son iguales y que los adminis trados tienen el derecho de exigir se les trate conforme a la ley y al propio tiempo, los órganos, organismos y organizaciones tienen el deber de ajus tarse en todos su actos a la ley. Por medio de la legalidad socialista, el Es tado lucha contra los elementos antisociales y los que infringen la disci plina estatal y del trabajo y al arraigarse como principio cardinal inculca en las masas una conciencia jurídica nueva, que influye en la perspectiva que hacia el trabajo han de mantener los que con su esfuerzo son los constructores del socialismo como vía hacia el comunismo. La ley -es así voluntad vinculatoria, autárquica e inviolable. No sólo vincula al destina tario sino a los propios órganos de poder que la elaboraron.16 El principio de la legalidad socialista es posible porque ppr primera vez en la historia de la humanidad las leyes no engendran contradicciones en tre quienes las dictan y sus destinatarios y en su conjunto son el medio 50 para la implantación de las relaciones sociales socialistas. Por ello, la le galidad socialista ha de ser base del derecho regulador de la Administra ción del Estado, aunque su contenido cambie, de acuerdo con cada una de las tareas concretas que han de realizarse. La legalidad socialista -dice Fernando Álvarez Tabío- es un método de acción de una sociedad que aspira a la realización del comunismo. Con siste en una aplicación constante y estricta del Derecho emanado de los órganos superiores del poder político, y tiene por objetivo el estableci miento en el país de un orden jerárquico cierto y seguro. Este orden debe caracterizarse por la claridad, precisión y dinamismo de las normas que impone; debe fijar de antemano la esfera de competencia de los órganos estatales, sobre el principio de que ningún funcionario, ya sea de arriba o de abajo, puede hacer sino lo que la ley lo autoriza; garantizar los dere chos fundamentales del ciudadano y de las organizaciones sociales y es tablecer los deberes correlativos; proteger la estabilidad de las relaciones jurídicas y crear y desarrollar una atmósfera de confianza en la estricta aplicación de un orden jurídico justo y eficaz por órganos emanados del pueblo y sujetos a su control.17 La Constitución cubana contempla la legalidad socialista en su doble aspecto:18 Como principio de dirección estatal y de justicia, plasmado en el artículo 9 y como principio del comportamiento de los ciudadanos es tatuido en el artículo 65. 3. Principios organizativos de la Administración del Estado Diferenciación y fijación de las funciones. Es el primero de estos principios y puede ser resumido señalando que en la estructura de la Ad ministración es necesario se establezca una clara diferenciación de la competencia de cada órgano y funcionario que la integra y sus relaciones mutuas. Ello permite la más fácil selección y ubicación de los cuadros en el aparato administrativo, de acuerdo con la capacidad de las personas que han de prestar sus servicios en la Administración para que ejecuten las funciones y ejerzan las atribuciones que les competen con la mayor ca lificación y celeridad, lo que influye en la eficacia general del aparato ad ministrativo. Responsabilidad de los órganos y funcionarios. Resulta indispensable sea fijada con exactitud la responsabilidad que entraña adoptar una de cisión que puede afectar intereses legítimos o derechos de otras perso nas, tanto en el caso de que se emita o, por el contrario, se demore o no se dicte, y con esa actitud se ocasione una lesión al que debía ser su des tinatario. Organización de las ramas y territorios. La Administración del Estado comprende actividades relativas a las distintas ramas de producción o servicios y se extiende a través de todo el territorio, lo que implica que 51 deben combinarse ambos aspectos y tomar en cuenta las peculiaridades de cada rama y subrama, así como la división político-administrativa del país y la presencia de los Poderes Populares Locales para la ubicación de las distintas partes del aparato administrativo y aprovechar al máximo los recursos naturales, energéticos y laborales. Combinación de los sistemas lineal y funcional. En la estructuración del aparato administrativo pueden emplearse dos Sistemas: el lineal y el fun cional. El sistema lineal consiste en una instancia superior, con compe tencia para dirigir todas las funciones que están a cargo de los órganos de la instancia inferior, y se subordinan a aquel. El funcional, por el con trario, agrupa cada una de las diferentes funciones de la Administración en diversas instancias, todas relativas a la rama o subrama de la actividad de que se trate. Las distintas instancias se unen mediante relaciones de subordinación o de coordinación, verticales u horizontales pero referidas al mismo objeto especializado en la rama o subrama correspondiente. Indudablemente el sistema funcional permite una mayor calidad en la actividad que se practica por separado, pero es posible que origine la exis tencia de un poder múltiple en que cada órgano de la instancia superior atiende su esfera de trabajo sin preocuparse del control de otras. Esto se evita cuando se combina el sistema funcional con el lineal, de modo que la esfera o instancia superior atienda todas las actividades correspondien tes a las distintas ramas o subramas mediante la posesión de atribuciones normativas, coordinadoras, controladoras y decisivas en caso de discre pancias en los órganos inferiores. Así, el Consejo de Ministros tiene entre sus atribuciones (artículo 96,i) de la Constitución) la de "...dirigir la administración del Estado, unificando, coordinando y fiscalizando la actividad de los Ministerios y demás orga nismoscentrales de la Administración",19 y estos últimos son a su vez rectores de una rama, subrama o actividad que tienen como responsabi lidad principal (Decreto-Ley No. 67 de 19 de abril de 1983, Organización de la Administración Central del Estado, artículo 23). Se establece una combinación de los sistemas funcional y lineal. Combinación de la forma colegiada y de la dirección personal. Un impor tante principio organizativo consiste en considerar en los órganos y orga nismos de la Administración del Estado la necesidad de combinar la di rección colectiva y la responsabilidad individual. La dirección colectiva hace intervenir un colegio en el gobierno del órgano y organismo a los fi nes de que las decisiones más importantes que afecten su actividad ge neral se adopten mediante la discusión y acuerdo, lo que supone una más profunda y detallada explicación de su esencia y así las cuestiones más complicadas o complejas son objeto de diversos puntos de vista que permiten una elaboración correcta de la cuestión. Al propio tiempo la responsabilidad directa del funcionario que enca beza al órgano u organismo impone que en el asunto de que trate recaiga una solución concordante con su criterio personal. 52 Para la buena marcha del órgano u organismo es preciso combinar ambos factores. El Decreto-Ley número 67 de 19 de abril de 1983 re suelve la situación en la forma siguiente: En cada organismo de la Admi nistración Central del Estado existe un Consejo de Dirección que presidido por el jefe del organismo examina y toma acuerdo sobre los asuntos más importantes que afectan a su trabajo, al de sus empresas y dependencias y esos acuerdos se ejecutan medíante disposiciones del jefe, si está con forme con lo acordado. Si no lo estuviera, pondrá en práctica la resolución que estime oportuna y dará cuenta de inmediato, para su consideración, al miembro del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros que atiende al organismo sobre la discrepancia, informando de su decisión y del acuerdo del Consejo de Dirección.20 La responsabilidad personal y su ejercicio la ratifican las prescripciones del artículo 53 del citado Decreto-Ley número 67 que textualmente dice: "Corresponden a los jefes de los organismos de la Administración Central del Estado los deberes, atribuciones y funciones siguientes: a) Ser personalmente responsable del cumplimiento de las tareas, de beres, atribuciones y funciones encargadas al organismo que dirige." 53 Notas Lazarev, B. M., P. T. Vacilenkov y otros, Derecho Administrativo Soviético, tra ducción inédita del Ministerio de Justicia de la República de Cuba, s/a. o Constitución de la República de Cuba, edición oficial del Ministerio de Justicia, Editorial Orbe, Ciudad de La Habana 1976, p. 20. 3 Ibidem, p. 21. 4 Grigorian, L. y Y. Dolgopolov, Fundamentos de Derecho Estatal Soviético, Edito rial Progreso, Moscú, 1979, p. 122. 5 "El Partido, núcleo del sistema político de la sociedad soviética", en Ley Funda mental de la URSS, Editorial Progreso, Moscú, 1980, p. 82. g Afanasiev, V.G., La dirección científica de la sociedad. Editorial Progreso, Moscú, 1975, p. 258. ? Lazarev, B.M., P.T. Vacilenkov y otros, ob. cit., Capítulo 6. 8 Afanasiev, V. G., ob. cit., p. 264. g Constitución de la República de Cuba, artículo 66, pp. 42-43. Los órganos del Estado se integran, funcionan y desarrollan su actividad sobre la base de los principios de la democracia socialista, la unidad de poder y el centralismo democrático, los cuales se manifiestan en las formas siguientes: a) todos los órganos de poder del Estado, sus órganos ejecutivos y todos los tribunales, son electivos y renovables periódicamente; b) las masas populares controlan la actividad de los órganos estatales, de los diputados, de los delegados y de los funcionarios; c) los elegidos tienen el deber de rendir cuenta de su actuación ante sus elec tores y estos tienen derecho a revocarlos cuando no justifican la confianza puesta en ellos; ch) cada órgano estatal desarrolla ampliamente, dentro del marco de su com petencia, la iniciativa encaminada al aprovechamiento de los recursos’y po sibilidades locales y a la incorporación de las organizaciones sociales y de masas a su actividad; d) las disposiciones de los órganos estatales superiores son obligatorias para los inferiores; 54 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 e) los órganos estatales inferiores responden ante los superiores y les rinden cuenta de su gestión; f) en la actividad de los órganos ejecutivos y administrativos locales rige un sistema de doble subordinación: subordinación al órgano del Poder Popu lar correspondiente a su instancia y subordinación a la instancia superior que atiende las tareas administrativas que el órgano local tiene a su cargo; g) la libertad de discusión, el ejercicio de la crítica y autocrítica y la subordi nación de la minoría a la 'mayoría, rigen en todos los órganos estatales co legiados. Ver: Constitución de ia República de Cuba, ed. cit., p. 21. Ver: Ob. cit., artículos 73, d) y 95, b), pp. 45-53. Citado por: Vasilenkov, P. T. y otros, Derecho Administrativo Soviético, ed. cit., Capítulo 6. Ver: Constitución de ia República de Cuba, ed. cit., artículo 7, p. 21. Turosev, Víctor, El control popular en la sociedad socialista. Capítulos I y IV, Edi torial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. Álvarez Tabío, Fernando, Comentarios a la Constitución socialista. Editorial de Ciencias Sociales, Ciudad de La Habana, 1962, p. 54. Álvarez Tabío, Fernando, "La legalidad socialista", en Revista Cubana de Juris prudencia No. 7, Ciudad de La Habana, 1980, p. 17. Álvarez Tabío, Fernando, ob. cit., p. 236. Constitución de la República de Cuba, artículo 9: La Constitución y las leyes del Estado socialista son expresión jurídica de las relaciones socialistas de produc ción y de los intereses y la voluntad del pueblo trabajador. Todos los órganos del Estado, sus dirigentes, funcionarios y empleados, ac túan dentro de los límites de sus respectivas competencias y tienen la obliga ción de observar estrictamente la legalidad socialista y velar por el respeto a la misma en toda la vida de la sociedad. Artículo 65; El cumplimiento estricto de la Constitución y de las leyes es deber inexcusable de todos. Constitución de la República de Cuba, ed. cit., artículo 96, i) p. 53. "Decreto-Ley número 67”, en Gaceta Oficial de la República de Cuba, edición ex traordinaria, número 9 de 19 de abril de 1983. Artículo 45. El Presidente del Consejo de Dirección convoca las sesiones de éste por deci sión propia o a solicitud, como mínimo, de la tercera parte de sus miembros. Para la validez de las sesiones del Consejo de Dirección se requiere la presen cia de más de la mitad del número total de los miembros que lo integran. Los acuerdos del Consejo se adoptan por mayoría de votos de los miembros pre sentes. Artículo 46. Los acuerdos del Consejo de Dirección se ejecutan mediante dis posiciones del jefe del organismo, si está conforme con los mismos. Si no es tuviere conforme, pondrá en práctica la decisión que estime oportuna y dará cuenta de inmediato, para su consideración, al miembro del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros que atiende el organismo sobre la discrepancia, infor mando de su decisión y del acuerdo del Consejo de Dirección. 55 Artículo 47. El Consejo de Dirección examina y toma acuerdo sobre los asun tos más importantes que afectan el trabajo del organismo, sus empresas y de pendencias, entre los cuales están los siguientes: a) las decisiones de los órganos superiores del Estado relacionadas con la ac tividad del organismo: b) los planes de desarrollo de las actividades a cargo del organismo; c) las principales decisiones del jefe del organismo recogidas en reglamento, resoluciones y otras disposiciones; ch) las cuestiones relativas a la política de cuadros en el organismo. 56 CAPÍTULO IV Las fuentes del Derecho Administrativo 1. Consideracionesgenerales El estudio de las fuentes comunes a todas las ramas jurídicas no co rresponde a la doctrina de cada rama en particular. Pertenece, consecuen cia lógica, a la teoría general del Derecho. De ahí que el estudio que em prendemos en los distintos hechos creadores del Derecho, causa de su origen, tiene que ceñirse fundamentalmente a determinar cuáles son las manifestaciones jurídicas que contiene el Derecho Administrativo que-son causa y origen de las instituciones de esta rama jurídica. En cuanto a nuestra ciencia, la expresión de sus fuentes pueden encontrarse en cual quiera de las manifestaciones jurídicas productoras de Derecho en gene ral o en aquellas que contienen exclusivamente Derecho Administrativo. Esto quiere decir que es posible considerar la presencia de fuentes even tuales y fuentes específicas del Derecho Administrativo.1 Las primeras pueden contener, entre otras materias. Derecho Administrativo y general mente no son producto de la actividad administrativa, por lo que son fuentes para la Administración pero no son fuentes de la Administración, por ejemplo, la ley en su sentido formal que emana de la actividad legis lativa del Estado y que puede abarcar materias objeto de cualquier rama del Derecho. Otras se generan en el actuar administrativo y son fuentes de y para la Administración como sucede, en la casi totalidad de los casos, con el reglamento que contiene preferentemente Derecho Administrativo y rara vez Derecho de otra clase. En el estudio de las distintas ramas del Derecho se dedica particular atención al sistema de las fuentes que le son propias. Esto no significa que cada rama tenga fuentes de todo el ordenamien to, algunas asumen particular importancia en una rama y otras en rama distinta. Además de esta justificación extrínseca, el estudio de las fuentes encuentra razón sustancial en el particular contenido y en la manera dis tinta de desarrollar su eficacia, que es propia, en parte, de las mismas fuentes en cada rama del Derecho. Esta afirmación encuentra confirma ción, en modo especial, en el Derecho Administrativo,2 Como tales 57 fuentes debemos excluir "...los hechos y actos que crean o disciplinan si tuaciones jurídicas concretas",3 lo que a contraríu sensu indica que sólo manifestaciones jurídicas de carácter general ostentarán la calidad de ser fuentes de Derecho. Cuando examinamos los medios y modos de produc ción de las reglas jurídicas de una rama determinada del Derecho, encon tramos que algunos de ellos se caracterizan porque en sí mismos son causa de origen de la norma, esto es, constituido fuentes directas del De recho. Al propio tiempo la doctrina denomina como fuentes indirectas a aquellos actos, que sin contener de suyo disposiciones inmediatamente aplicables, sirven de base a una ulterior aplicación de ellos. 2. Importancia en el Derecho Administrativo de las disposiciones de la Dirección Política del Estado En nuestra sociedad socialista, el Partido Comunista es el máximo di rigente en el país y como tal dirige y controla a los organismos estatales. Es el núcleo dirigente de todas las organizaciones de los trabajadores, tan to sociales como del Estado. Dentro de la estructura del Partido, es el Buró Político el órgano su premo de la dirección diaria del país en todos los aspectos que decide en el acontecer diario, todas las cuestiones fundamentales de la política in terior y exterior de la Revolución y traza las pautas y líneas a seguir por todos los organismos estatales, políticos, sociales y de masas del país. Además son órganos supremos del Partido, el Congreso que se reúne cada cierto número de años, el Comité Central que lo hace cada cierto nú mero de meses, en tanto que el Buró Político celebra sus reuniones con mayor frecuencia. Esa estructura permite la permanente actividad dirigen te de un órgano supremo del Partido (Congreso, Comité Central y Buró Político), actividad que en su ejecución concreta, es dirigida a nivel nacio nal por el Secretariado del Comité Central que da cumplimiento a las di rectivas emanadas de aquellos y que por otra parte se ocupa también de que las directivas que emite el Primer Secretario, sean cumplidas por quienes correspondan. Ahora bien, esas actividades de los órganos supremos del Partido no pueden entenderse como una identificación del Partido y del Estado, ni que signifiquen que el Partido y sus instituciones sustituyen el aparato es tatal y sus instituciones. En efecto, el Estado como parte del sistema de la dictadura del proletariado, su instrumento más directo, tiene la particu laridad de que sus dictados están revestidos de fuerza jurídica obligatoria para todos los ciudadanos del país y dispone de un aparato especial de fuerza y coerción para imponer sus decisiones, cuando esa imposición se hace necesaria. En tanto las directivas, resoluciones y disposiciones del 58 Partido tan sólo deben ser cumplidas con obligatoriedad por sus miem bros. sin que para ello disponga de algún aparato de fuerza y coerción. Como vemos el Partido y el Estado desempeñan en la dictadura del pro letariado papeles complementarios pero diferentes. El Partido diriqe al Estado, controla su funcionamiento y el cumpli miento por él de las directivas y planes trazados, estimula, impulsa y con tribuye al mejor trabajo de todo el mecanismo estatal, pero en ningún caso el Partido debe sustituir al Estado. Lenin en el XI Congreso del PC(b) de Rusia advirtió cuáles eran las relaciones mutuas correctas entre las or ganizaciones del Partido y los órganos administrativos. Aquellos no de ben, en ningún caso, inmiscuirse en el trabajo cotidiano, corriente, de es tos y deben orientar su actividad, pero no sustituirlos o privarlos de su personalidad. El Partido no duplica ni suplanta las funciones y facultades de los órganos estatales. Definidas ya las funciones del Partido y sus relaciones con el Estado, o sea. con la Administración, se hace preciso determinar sí al realizar el Partido, las actividades dirigentes que le son propias existe una creación jurídica que en lo que a la Administración se refiere constituya una de las fuentes del Derecho Administrativo. La respuesta es afirmativa. El hecho de que el Partido no asuma como tal, en ninguno de sus niveles de direc ción, las funciones que competen a los órganos administrativos, no elimi na la función directriz que el Partido tiene en cuanto al Estado y como quiera que este deberá, a través de sus mecanismos, hacer que las direc tivas de los órganos supremos del Partido (Congreso, Comité Central, Buró Político, Primer Secretario y Secretariado! se implanten y cumplan. Constituyen hechos creadores de Derecho, son causa originaria de nor mas jurídicas y como muchas de ellas se refieren en su contenido a cues tiones que atañen a la estructura y funcionamiento de la Administración Pública, debe reconocerse su carácter de fuente jurídica indirecta del De recho Administrativo. Situación similar nos ofrece la organización político-administrativa de la URSS. El administrativista G. I. Petrov nos dice, al tratar las fuentes del Derecho Administrativo, lo siguiente: "En torno a las principales cuestio nes de la edificación económica y cultural, el Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética y el Consejo de Ministros de la URSS promulgan resoluciones conjuntas que simultáneamente constituyen di rectrices del Partido y disposiciones de la Administración."4 Esas resolu ciones se publican para su promulgación en los periódicos oficiales en los que aparecen también las leyes, decretos, resoluciones y disposiciones del Consejo de Ministros de la URSS. La actividad conjunta del Partido y Gobierno en la URSS se refleja de igual modo en la publicación oficial de la colección titulada "Directivas del PCUS y del Gobierno Soviético sobre cuestiones económicas", colección esta que recoge las directrices de los más elevados órganos del Partido y los actos legislativos y de gobiernodel Estado soviético, que concentran y afianzan la experiencia de la edificación económica en la URSS. 59 3. La ley como fuente del Derecho Administrativo Los tratadistas están acordes en que en sentido general, ley es toda norma jurídica, o sea, cualquier regla de Derecho. Consignan el carácter de fuente de la ley atendiendo a su contenido y aplicación. Dentro de esta amplitud se comprende, no sólo el Derecho escrito, sino también la cos tumbre y los principios jurídicos generales. Según García Oviedo: "Es ley en sentido lato todo precepto jurídico, sea cual fuere la autoridad de quien emane, la forma de que revista y el contenido que lo integre."5 Para Vi llegas Basavilbaso, la ley -considerándola en sentido amplio- "...es la for ma más reflexiva de la producción de Derecho. Es una categoría histórica, porque está condicionada por el predominio de determinadas formas es tatales".6 Restringiendo el concepto al Derecho escrito, la ley se contrapone a la costumbre y a los principios jurídicos generales, y entrarla así la expresión de una voluntad política formalmente organizada a ese fin. Pero aún dentro de la legislación escrita de un Estado, los preceptos legales emanan de órganos distintos, se adoptan por procedimientos di versos y tienen diferentes alcances. Por consiguiente, no es posible con siderar que ha de llamarse ley a todo el Derecho escrito. En el Derecho Administrativo la norma jurídica reviste forma y matices variados. Los preceptos a veces emanan del órgano legislativo y otras de la propia Ad ministración. En ocasiones, estos últimos tienen carácter general o bien deciden sobre situaciones particulares. Importa pues delimitar lo que para esta rama jurídica tiene, como su fuente, carácter de ley. Concepción científica de la ley. A los efectos de determinar lajey-eomo fuente de Derecho para nuestra disciplina, es necesario la elaboración de un concepto científico de esta. Para ello tenemos que hacer una incursión por las distintas corrientes doctrinales, y analizar los aspectos de la ley planteados por ellas y sus características. Aspectos formal y material de la ley. Existe un criterio que considera la ley en sentido formal. Según Cañizares Abeledo, "...la ley en su aspecto formal constituye un producto de la función legislativa del Estado, que es aquella mediante la cual se elaboran y aprueban las disposiciones norma tivas, que con carácter general, regulan las relaciones sociales, estable ciendo las formas de comportamiento de los participantes en las mismas". Para Villegas Basavilbaso, ley en sentido formal "...es toda dis posición emanada del órgano legislativo, cualquiera que sea el carácter y el objeto de la misma, o lo que es lo mismo, el acto formal del Estado que ha recorrido la vía legislativa establecida por la Constitución";8 criterios si milares, en cuanto al sentido formal de la ley, sustentan Gascón y Marín,9 García Oviedo,10 y Fábregas.11 Es importante señalar expresamente la opinión de Garrido Falla, quien dice "...la aplicación del criterio formal nos conduce a concebir la ley como acto emanado del poder legislativo".12 60 A tenor de los criteros expuestos, podemos decir que según el criterio formal sólo es ley aquello que dispone el órgano al que corresponden las funciones legislativas del Estado, y no pueden serlo las decisiones de otros órganos estatales a los que no están atribuidas específicamente di chas funciones. Para nosotros, tienen el carácter de ley formal, las adoptadas por la Asamblea Nacional del Poder Popular, que según el artículo 68 de la Constitución es el único órgano con potestad constituyente y legislativa de la República y los decretos-leyes acordados por el Consejo de Estado, que es el órgano de la Asamblea Nacional del Poder Popular que la repre senta entre uno y otro períodos de sesiones de aquella (artículos 87 y 88, inciso c) de la Constitución). Esos decretos-leyes deben ser ratificados por la Asamblea Nacional. Otro criterio es el que considera la ley en sentido material. Para Ca ñizares Abeledo, "...la ley responde completamente a determinados inte reses sociales, ya sean los de una clase minoritaria como pasa en los Es tados de explotación, ya los de las amplias masas populares como sucede en la sociedad socialista".13 Según Laband, "...ley -en sentido material es todo acto emanado del Estado que contenga una regla de Derecho ob jetivo";14 para García Oviedo, lo importante es el sentido material de la ley, es decir, su contenido o sustancia; este criterio lo siguen, entre otros, Zanobini,16 y Donati.17 Para Garrido Falla,18 con la aplicación del punto de vista material de la ley, obtendremos un concepto de la norma jurídica de carácter general y obligatorio. Todos los criterios expuestos, señalan como presupuesto que la ley en sentido material atiende a su contenido o sustancia. En Cuba se consideran leyes en sentido material, además de las dic tadas por la Asamblea Nacional del Poder Popular y los decretos-leyes acordados por el Consejo de Estado, ya examinados, los decretos que conforme al inciso k) del artículo 96 de la Constitución puede aprobar el Consejo de Ministros, siempre que contengan normas de carácter general y obligatorio. La distinción entre la ley formal y la ley material ha originado diversos criterios, ya que hay autores que consideran que en la estimación de la ley debe imperar su concepto formal,19 en tanto que la ley. si se atiende tan sólo a su aspecto formal puede quedar excluida como fuente jurídica, si no contiene una regla de Derecho, puesto que de no ser así, su contenido es irrelevante como acto normativo.20 En sí, se trata de dos concepciones esencialmente diferentes: el aspec to material es el fondo y el formal el modo en que se realiza una decla ración de voluntad por el órgano legislativo,21 lo que hace que se haya considerado esencial el punto de vista material como expresión que es de la regla de derecho. En resumen podemos decir con Garrido Falla que concilia ambos cri terios que "...la ley como fuente de derecho es el resultado de una com binación de los puntos de vista formal y material".22 61 Características de la ley. Las disposiciones normativas presentan deter minadas características como la obligatoriedad, la coercibilidad y la per manencia, sin embargo, la ley, además de las características señaladas, que son objeto de estudio por otras disciplinas jurídicas, presenta la ge neralidad y la novedad. Generalidad de la ley. Para la mayoría de los tratadistas la generalidad es una característica esencial de la ley, es decir, que el precepto se dicta no para un caso específico, sino para todas las situaciones idénticas que puedan presentarse, esto es, la norma se estatuye impersonalmente. Así tenemos que Esmein en su Droit Constitutionnel, expresa que "...lo cons tituye la virtud protectriz de la ley en su misma concepción, no estatuye para un interés particular, sino para un interés común, no con respecto a un individuo aislado, sino con respecto a todos'',23 para Mohl "...la acti vidad primaria del Estado es la legislación de reglas generales que deter minan las relaciones de los particulares con el Estado y también las rela ciones de los ciudadanos entre sí”,24 Ihering considera que "...el Derecho, como regla de convivencia social, significa orden, igualdad, capacidad de engendrar derechos subjetivos, lo que requiere generalidad en la regla".25 En definitiva puede afirmarse que la generalidad es una de las carac terísticas esenciales de la ley. Novedad de la ley. Esta es otra característica inmanente de la ley, ya que en ella siempre hay novedad jurídica, es decir, dispone algo que no aparecía en el orden jurídico anterior o modifica algún aspecto de él. No todos los autores están de acuerdo con el criterio expresado de que la ge neralidad es una característica esencial de la ley y entre sus principales impugnadores encontramos a algunos autores alemanes que han pretendido sustituir la generalidad por la novedad jurídica, conocida también como teoría de Laband y Jellineck. Según Laband: ...la ley en sentido material no implica necesariamente una regla gene ral aplicable a un número determinado de casos semejantes. Sin duda, es la función natural del Derecho establecer reglas de un género apli cable a todos los casos en los cuales ciertos hechos vienen a repetirse, pero esta propiedad de la ley no tiene un carácter esencial... existe la posibilidad de que en ciertas circunstancias se establezca un principio o un conjunto de principios para un hecho.26 Según Jellineck: "...ley -en sentido material- es toda disposición que crea un Derecho nuevo... estatuye p#a el Estado o para los particulares, derechos y obligaciones no comprendidos en el orden jurídico existen te".27 Para Raggi: "...la innovación que la norma trae ál ordenamiento jurídico preexistente hace que la verdadera norma jurídica sea aquella que esta tuye un precepto obligatorio que sea contrario a las normas jurídicas exis tentes, que contenga una derogación al Derecho preexistente o regule una relación del mismo no prevista o en modo diverso del previsto",28 62 En conclusión nuestra: no puede dudarse de que ambas características -generalidad y novedad- concurren siempre en la norma legal. La ley es innovadora a la vez que general. 4. El reglamento como fuente del Derecho Administrativo. La potestad reglamentaria El reglamento, considerado como fuente del Derecho Administrativo, debe estimarse en "...la determinación de la naturaleza jurídica, y su situa ción en el sistema de las demás fuentes de aquella disciplina. Puede decirse que en el Estado moderno el reglamento es la fuente cuantitati vamente más importante del Derecho Administrativo".29 En el Estado de Derecho burgués, con la aplicación del principio de separación de poderes, la ley se convirtió en el medio para la conformación de la relación general entre el Estado y los súbditos, ocupando una posición de monopolio; la ley eliminó del campo de las relaciones entre el Estado y los súbditos, la facultad de creación jurídica por parte del llamado poder ejecutivo, pero este conservó una facultad derivada, la de dictar normas jurídicas en el campo de la relación general de poder, producción jurídica de carácter derivado que requería la autorización de la ley. La regla jurídico-adminis- trativa brota pues, no sólo de la ley, sino de otras disposiciones que ema nan de la propia Administración y que son de muy variada naturaleza. En el sistema socialista la potestad reglamentaria de la Administración alcan za máxima extensión e importancia. Si recordamos la función conforma dor del orden social de la actividad administrativa y la multiplicidad de problemas a los que tiene que dar solución y ante los cuales no encuentra a veces ley formal aplicable, sólo produciendo su propia normación puede afrontarlos y resolverlos. Es entonces cuando más vigente resulta la ob servación de Luigi Raggi: "...en todo momento cambian las normas téc nicas por el desarrollo de la ciencia, por consiguiente, es mejor dejar pro ducir normas técnicas al ejecutivo".30 Esas normas tienen el mismo valor jurídico que las emanadas del órgano legislativo. La potestad reglamentaria no es más que el ejercicio de poderes que dimanan de la propia naturaleza de la Administración Pública, ya que como afirma Hauriou31 se origina en la naturaleza misma de las cosas, puesto que el Gobierno y la Administración son imposibles de ejercer sin el "imperio". En otras palabras "...la Administración cuenta, como atribu ción propia con la potestad reglamentaria".32 Concepto de reglamento En la determinación del concepto jurídico de esta fuente del Derecho Administrativo encontramos diversidad de criterios. No obstante la exis tencia de distintos tipos de reglamentos, todos ellos presentan caracteres comunes que los distinguen de las leyes. 63 De inicio, el reglamento constituye en su más alto sentido una mani festación de voluntad unilateralmente emanada de la Administración, lo que lo diferencia de la ley que procede del órgano legislativo. Ambos, al propio tiempo, son creadores de situaciones generales, impersonales y objetivas. "No existen reglamentos para regir un caso concreto; solamen te la ley formal puede dictar disposiciones para un caso particular."33 Los reglamentos son fuentes de Derecho para la Administración y al mismo 'tiempo fuentes de la Administración. Dentro de la jerarquía normativa, el reglamento tiene un valor jurídico subordinado a la ley. De ahí que si preceptos legales y reglamentarios en tran en conflicto, aquellos primarán sobre estos. Según Cañizares Abeledo: "...el reglamento tiene las mismas carac terísticas de la ley en lo que respecta a la generalidad y obligatoriedad, di ferenciándose de aquella en que el mismo entraña un minucioso desarro llo de su contenido, sin que por ello pueda alterar en lo más mínimo el espíritu, propósito, y razón del texto legal".34 Esta subordinación del reglamento a la ley aparece no sólo en aquello que tiene por objeto lograr la mejor aplicación de estas, sino en los que se producen por la Administración con independencia de todo texto legal formal, en uso de la potestad de que está investida. La contradicción entre unos y otros se resuelve siempre a favor de la ley. La potestad de dictar reglamentos tiene, por otra parte, un límite en la llamada reserva de la ley, esto es, un límite material impuesto consti tucionalmente al atribuirse al órgano legislativo del Estado competencia exclusiva para emitir preceptos sobre determinados asuntos. En ocasiones el órgano legislador, al dictar una ley, encomienda a la Administración elaborar un reglamento que facilite la ejecución dél texto legal. En otros casos, "...la ley puede extender o ampliar la competencia reglamentaria de la Administración, autorizándola a dictar ciertos regla mentos que no podría dictar sin dicha ley habilitante por tratarse de cues tiones que exceden en su competencia normal".35 De acuerdo con lo expuesto, podemos concretar el concepto, aceptan do como "...predominante en la doctrina con sólo diferencias de detalle, más de terminología que de fondo", que el reglamento es "...el acto uni lateral de la Administración que crea normas jurídicas generales".36 Clasificación de los reglamentos Los reglamentos pueden ser clasificados atendiendo a diversos crite rios. Autores hay que atienden a su contenido y otros se basan en el or ganismo que los produce. Por su contenido. Desde el punto de vista de su contenido, los regla mentos pueden ser: ejecutivos, independientes, delegados y de necesidad. Reglamentos ejecutivos. Son ejecutivos los que se dictan para desarro llar normas de una ley a los efectos de la aplicación de sus preceptos. Son manifestaciones jurídicas secundum legem. Este tipo de reglamento tiene 64 como base "...la dificultad propia de los órganos legislativos de establecer normas en detalle, que tengan en cuenta el mayor número de contingen cias posibles..." y "...el hecho de que una ley excesivamente detallada impedirá adaptarla a las circunstancias siempre cambiantes de las nece sidades sociales”.37 Por su naturaleza no pueden extender o restringir el alcance de la ley. Reglamentos independientes. Se dictan en el ejercicio de la potestad re glamentaria que posee la Administración y no están subordinados a nin guna ley formal anterior. Garrido Falla38 comprende en esta clase los re glamentos de organización administrativa y los que van encaminados a regular el ejercicio de poderes que le están conferidos discrecionalmente a la Administración. Los primeros contienen normas internas para el mejor desarrollo de la organización y actuar administrativos y los segundos tie nen por contenidos normas generales vinculatorias para todos. Estos re glamentos no están subordinados a ninguna ley formal, constituyen una manifestación de voluntad primariade la Administración en ejercicio de atribuciones propias. "Su validez y eficacia -advierte Villegas- depende de la inexistencia de normas legislativas que disciplinen la misma materia, en cuyo supuesto la ley tiene absoluto dominio."39 Estos reglamentos pueden estimarse praeter legem. Reglamentos delegados. Al igual que los anteriores, no están subordi nados a la ley formal y su nacimiento se debe a una autorización especial que el órgano legislativo del Estado otorga a la Administración para que elabore la normación obligatoria para todos sobre una materia determi nada, elaboración productora de normas praeter legem. Su propio origen indica que no tienen su fundamento en la potestad reglamentaria de la Administración, sino en la investidura legislativa que de modo específico y limitado se le confiere. Como dice Villegas "...estos reglamentos suplen a una actividad legislativa que no ha querido ser ejercida".40 Reglamentos de necesidad. Estos reglamentos son actos no sólo inde pendientes de toda ley sino que a diferencia de los reglamentos indepen dientes son capaces de contener normas jurídicas contra legem. Suponen una manifestación de voluntad de la Administración que crea situaciones generales, impersonales y objetivas, que pueden contradecir al orden jurí- dico-legal vigente, fundándose únicamente en un estado de urgencia o necesidad.41 El reglamento de necesidad no se dicta fundamentándose en la potestad reglamentaria sino en una situación fáctica: un estado de ne cesidad o de urgencia que obliga a que la Administración desconozca la limitación que le impide contravenir, modificar o suspender normas de de recho preexistentes establecidas por el órgano legislativo en una ley for mal. Por su contenido se han clasificado los reglamentos en jurídicos y administrativos. Los primeros son los que contienen normas destinadas a regular conductas de los particulares, esto es, que se caracterizan por su generalidad; los administrativos tienen una proyección interna, o sea, nor 65 man aspectos relativos al funcionamiento del organismo que los dicta. Esta clasificación no es aceptable, tanto unos ccmo otros reglamentan normas jurídicas, lo que hace que los que se denominan administrativos tienen sin duda proyecciones jurídicas limitadas al ámbito interno del or ganismo en que se producen. Correcto sería denominarlos reglamentos externos e internos, según exorbiten o no, la estructura orgánica en donde nacen. Los reglamentos según el organismo que los produce Desde el punto de vista del organismo que los produce, los reglamen tos pueden tener el carácter de decretos del Consejo de Ministros dicta dos conforme a las atribuciones que le confiere el inciso j) en relación con el inciso k), ambos del artículo 96 de la Constitución, lo que ratifica el artículo 11 del Decreto-Ley No. 67 de 19 de abril de 1983, de Organi zación de la Administración Central del Estado, en sus incisos a) y b) y pueden emanar también de resoluciones de los ministros y de otros jefes de organismos de la Administración Central del Estado. Estos últimos es tán autorizados por el inciso r) del artículo 53 citado. Ejemplo de reglamento lo encontramos en el Decreto No. 1 de 23 de junio de 1978 del Consejo de Ministros que contiene el Reglamento Ge neral de los Organismos de la Administración Central del Estado, el que se refiere a los reglamentos en general y a los orgánicos de dichos orga nismos en sus artículos 5, 7, 34 inciso ñ), 77 y 80. . Los reglamentos son dictados por los jefes de organismos, general mente, mediante el uso de una autorización que el órgano legislativo le otorga en una ley formal. Muchos de ellos están destinados a dictar me didas relacionadas con la estructura orgánica de Jo§ organismos de que se trate. En otras ocasiones los reglamentos contienen normas que sig nifican el desenvolvimiento y aplicación de alguna o varias de las atribu ciones que se imputan al órgano u organismo que lo emite y no requieren una autorización legal expresa. Ejemplo de este criterio de clasificación lo ofrece el administrativista soviético G. I. Petrov42 que al señalar las fuentes del Derecho Adminis trativo nos relaciona, en primer término, los decretos y resoluciones de los presidium de los soviets supremos; después los acuerdos de los soviets territoriales, regionales, distritales, zonales, urbanos, rurales y de los pode res, así como de los diputados de trabajadores. Podemos identificar esos decretos y resoluciones con los reglamentos. Seguidamente, el autor ci tado nos expone su opinión en cuanto al carácter de fuente del Derecho Administrativo que tienen los que él califica de "Actos de la Administra ción Pública soviética", sobre la base de los órganos que los emiten. Así, se mencionan las resoluciones del Consejo de Ministros y de los Consejos de Economía Popular; las órdenes e instrucciones de los presidentes de los comités estatales, de los ministros, de los jefes de direcciones gene rales anexas a los Consejos de Ministros, los acuerdos y disposiciqnes de j los comités ejecutivos de los soviets locales; las órdenes e instrucciones 66 de los jefes de secciones y de direcciones de los comités ejecutivos loca les y de los departamentos de las localidades. Mención especial reciben las resoluciones que conjuntamente emiten el Comité Central del PCUS y el Consejo de Ministros en torno a las prin cipales cuestiones de la edificación económica y cultural, las que simul táneamente constituyen directrices del Partido y disposiciones legales de y para la Administración. 5. Las disposiciones internas de la Administración Pública La Administración, dentro de la jerarquía administrativa que en su es tructura facilita el flujo interno de su actividad, emite normas que no tras cienden el ámbito de su organización y que no afectan la esfera jurídica de los administrados. Esas normas tienen el propósito de dirigir la con ducta oficial de los trabajadores de la Administración Pública en el sector de ella del que son responsables y se les denomina de diversa manera: ins trucciones de servicio, órdenes generales, circulares, etc., las que "...se ca racterizan por notas comunes: la generalidad de sus preceptos y el des tinatario de los mismos: los agentes de la Administración Pública".43 Se les ha denominado, como se ha visto, reglamentos administrativos en contraposición con los jurídicos. Con respecto a su carácter de fuente del Derecho Administrativo hay discrepancias entre los autores. Algunos de ellos le otorgan ese rango, otros lo niegan y una tercera corriente se limita a darle el carácter de fuen te de eficacia relativa. Los primeros estiman que son verdaderas normas jurídicas de carácter interno, que desenvuelven su eficacia en el ámbito interno de la Adminis tración Pública, y que son susceptibles de ser utilizados por los particu lares para demostrar que no se ha cumplido, en un determinado acto ad ministrativo la finalidad que lo motivó o las exigencias del servicio estatal. Ejemplifica este criterio Lentini.44 La opinión negativa se fundamenta en que, como dice Fleiner, "...la fuerza obligatoria bilateral de la norma jurídica no aparece en los impe rativos de las instrucciones de servicio...", ya que "...estas disposiciones generales están dirigidas exclusivamente a los funcionarios". 45 Presutti hace derivar sn eficacia del deber de obediencia que incumbe al funcio nario, exento de responsabilidad por su incumplimiento, si demuestra que ignoraba la existencia de la disposición.46 Merkl, en criterio que estimamos aceptable, se refiere a esas disposi ciones internas, como fuentes jurídicas de eficacia limitada y relativa, así opina que: ...si la esencia del precepto jurídico queda colmada no pensando a quién obliga, sino cómo obliga, no hay ningún motivo lógico que nos 67 impida clasificar las normas administrativas internas entre las normas jurídicas ni el reconocer en ellas una fuente jurídica para cuyaapli cación, por lo demás, los ciudadanos no poseen el derecho en el mis mo sentido que para la aplicación de otras formas preceptivas.47 Como quiera que el hecho de que esas disposiciones tengan como destinatario a una generalidad de trabajadores de la Administración Pú blica, no los priva de sus efectos jurídicos, puesto que su vinculación pue de ser objeto de sanciones disciplinarias, no puede negársele su condición de fuente de derecho. 6. La costumbre, su negación como fuente del Derecho Administrativo. Concepto La costumbre, como fuente de Derecho consiste en un uso sequido de manera uniforme, general, duradera y constante y es en su esencia expre sión de una convicción jurídica. Es por consiguiente una norma jurídica no escrita, se forma insensiblemente por la repetición constante de los mis mos actos esencialmente semejantes y expresativos de la voluntad de to dos de observarlos como precepto obligatorio; Toda costumbre jurídica mente obligatoria está, pues, integrada por dos elementos: uno, material u objetivo, que es la expresada repetición de los mismos hechos; otro si cológico o subjetivo, esencial para que la costumbre se revista de jurici- dad, consiste en la convicción que la sociedad tiene de su obligatoriedad jurídica, esto es, la aceptación de que, en caso de transgresión de la nor ma creada por el uso, el Estado aplica coactivamente una medida coer citiva.48 En la actualidad la costumbre desempeña un papel de poca importan cia como fuente secundaria del Derecho y ese escaso valor es tanto más -apreciable en el Derecho Administrativo. Debe recordarse que la costumbre puede ser, concorde a la ley secun dum legem, contraria a la ley, contra legem, y sustituía de la ley, praeter legem. En los dos primeros casos no hay duda de que la costumbre es irrelevante como fuente de Derecho. En cuanto al tercero es indispensa ble, en lo que respecta al Derecho Administrativo, negarle ese carácter a la costumbre que nace del uso reiterado de relaciones entre particulares, ya que tal costumbre no puede ser Derecho Administrativo al estar la Ad ministración ausente de la relación jurídica establecida consuetudinaria mente entre los particulares. El reenvío a la costumbre, que cita Villar Palasí, en algunos aspectos de la gestión económica en los que interviene el Derecho Mercantil, en relaciones en qqe son aplicables los usos y costumbres comerciales, no puede estimarse pueda por sí solo otorgarle ese rango, como no lo es la inaplicación de las leyes, el desuso (desuetudo), que algunos administra- tivistas consideran producto de la costumbre, con carácter esta de fuente jurídica, pero se trata, en todo caso, de una situación de derogación tácita, 68 antítesis de la creación normativa característica esencial de una fuente jurídica.49 Se ha pretendido dar carácter de fuente del Derecho Administrativo a los usos y prácticas administrativas, olvidándose de que carecen del ele mento sicológico o subjetivo estos, como dice Entrena Cuesta,50 no son la expresión de una convicción jurídica, sino de la tolerancia o la inercia de la Administración. En determinada época podía pensarse que la Administración llenara las lagunas legislativas del Derecho objetivo que para su actividad se le ocasionaban por el órgano legislativo del Estado aplicando la costumbre. Esta posición no es válida para la Administración moderna conformadora del orden social a la que es posible la creación de su propia normatividad para, dentro de un marco legal, atender y resolver los problemas que con tinuamente se le presentan en sus múltiples actividades. En resumen, puede concluirse, no es la costumbre fuente del Derecho Administrativo. Hay autores que consideran como tal aquellos casos en que la ley administrativa, expresamente reenvía a la costumbre para reglar un ámbito definido por la propia ley, pero se trata de reminiscencias de ordenamiento tradicional, prácticamente en desuso en la legislación admi nistrativa moderna. 7. Los tratados internacionales como fuente indirecta del Derecho Administrativo. Concepto Ciertamente, los tratados internacionales son objeto de estudio por el Derecho Internacional Público, pero a fin de adentrarnos en la considera ción de ellos, como fuente jurídico-administrativa, es indispensable, apriorísticamente, efectuar una breve incursión por esa rama del Derecho con el propósito de precisar el concepto de tratado. Merkl cita a Franz Liszt y sitúa el concepto de tratado internacional como "...todo acuerdo de voluntades entre dos o más Estados sobre de rechos de soberanía".51 Villegas52 recoge el concepto de tratado expresa do y comenta que lo característico del contenido jurídico del tratado son los derechos de soberanía. Según Koshevnikov53se entiende por tratado internacional el acuerdo formalmente expresado entre dos o más Estados por el que se establece, enmienda, o da fin a un vínculo jurídico preexistente. D'Estéfano señala las definiciones de Andrés Bello, que estima que "...el tratado es un contrato entre naciones", Laghi que expone que "...son verdaderos contratos en el sentido filosófico y jurídico de la palabra", y Diena para el que "...son los convenios en que dos o más Estados, actuan do con ese carácter, estipulado entre sí para dar vida mediante su recí proco consentimiento a un vínculo jurídico o para hacer cesar o modificar un vínculo jurídico preexistente".54 69 Merkl55 dice que la gran diversidad de los contratos posibles entre Es tados apenas si pueden especificarse con las escasas figuras jurídicasico- rrientes, sino que existe más bien toda una serie escalonada de ellos que se inicia con los tratados solemnes, que plantean modificaciones de la Constitución; continúa con los tratados que estatuyen derechos y dan ori gen a normas generales y termina con los contratos entre Estados que se presentan como actos jurídicos productores de normas individuales. Diversidad de criterios sobre los tratados internacionales y su condición de fuentes del Derecho Administrativo No existe unanimidad de criterios entre los tratadistas de esta discipli na en lo referente a la consideración de los tratados internacionales como fuente jurídico-administrativa. El siguiente cuadro sinóptico aclarará cómo se agrupan esas posiciones: Criterios sobre los tratados internacio nales como fuente jurídico-administrati va Niegan su considera ción como fuente Admiten su conside ración como fuente f Negativa tácita [Negativa expresa í Opinión de que son J fuente directa | Opinión de que son I fuente indirecta Criterios que niegan la consideración del tratado como fuente En la negativa de'la consideración como fuente, encontramos dos ver tientes: 1. Negativa tácita de considerarlos como fuente. Diversos autores, al enunciar las fuentes del Derecho Administrativo ignoran a los tratados internacionales, así tenemos a Forsthoff, 56 Fleiner,57 Gabino Fraga58 y Mayer,59 actitud que entraña una nega tiva tácita a considerar los tratados como fuente del Derecho Admi nistrativo. 2. Negativa expresa de su carácter de fuente. Entre los autores que siguen el criterio de negar expresamente a los tratados internacionales el carácter de fuente del Derecho Adminis trativo, encontramos a D’Alessio que no admite que los tratados pue dan ser fuente jurídica del Derecho Administrativo pues "considera que su eficacia como Derecho interno deriva únicamente de la ley”. Señala D’Alessio que: ...los sujetos del Derecho Internacional son los Estados y como tales adquieren derechos y obligaciones, cuyas sanciones son exclusiva mente internacionales. Por ello, los ciudadanos de los Estados contra tantes no pueden invocar derechos con respecto al otro o a los otros 70 según sea el tratado bilateral o multilateral puesto que no existe obli gación de clase alguna que pueda derivarse de dichos tratados.60 También Raggi es de la misma opinión: "...el órgano que ha producido el tratado queda obligadoa producir normas internas para su ejecución. El tratado es perfecto en relación a los otros Estados contratantes, pero no es aún fuente de Derecho Interno, porque para que lo sea es necesario se transforme en una norma interna, por medio de la Ley".61 Presutti nos dice: ...los tratados no son fuentes de derecho administrativo, pero pueden serlo las leyes y reglamentos que se dictan para su ejecución o el cum plimiento de las obligaciones que aquellos contengan"; y agrega "la apariencia puede engañar, cuando el poder legislativo se limita a apro bar el tratado. Sin embargo, sustancialmente ello no significa otra cosa que aprobar una ley de idéntico contenido. En tales casos, los dere- fin chos y obligaciones no derivan del tratado, sino de la ley. De hecho hay una consideración de la calidad de fuente indirecta. Criterios que admiten la consideración del tratado como fuente En la afirmación de la consideración como fuente, encontramos dos criterios: 1. Opiniones de que son fuente directa. Algunos administrativistas se afilian al criterio de que los tratados in ternacionales son fuente directa de esta disciplina, así tenemos a Merkl que señala: "...para que el tratado tenga carácter de fuente jurídico-admi- nistrativa deben cumplirse las siguientes condiciones: 1ro. su recepción en el ordenamiento jurídico interno, 2do. poseer un contenido jurídico mate rial",63 es decir, que contenga preceptos administrativos; en relación con estas condiciones Villegas hace los siguientes comentarios: "..en lo que respecta a la recepción en el ordenamiento jurídico interno, depende ex clusivamente de las prescripciones que a ese efecto contenga la Consti tución"; y continúa Villegas: "...algunas constituciones reconocen la vali dez de los tratados de manera inmediata sin necesidad de revestirlos con las formas de ley" 64En otras constituciones exigen para la recepción del tratado el llamado método de conversión, por el que tiene necesariamente que transformarse en ley; no tiene fuerza propia sino derivada de la ley introductora. Con este procedimiento el tratado, aunque conserva ínte gramente su contenido, es recibido en el ordenamiento jurídico interno, no en su forma originaria, sino bajo la forma de ley. El método de conversión priva al tratado de su carácter de fuente originaria del Derecho Adminis trativo. En realidad dice Merkl65 y Villegas66 así lo sostiene, la forma de ley que se da al tratado, en estos tipos de cosntituciones es una ficción, por que revestirlo con aquella forma no altera ni modifica en lo más mínimo 71 el acto jurídico de la aprobatio, que es lo que estatuye la Ley Fundamental. En su consecuencia, los tratados concluidos y firmados por la autoridad máxima de la Nación, aprobados por el órgano legislativo, ratificados por las partes contratantes y publicados, deben ser considerados como reci bidos por el ordenamiento jurídico interno. Este requisito de la recepción en el ordenamiento jurídico interno no es suficiente para constituirlo en fuente jurídico-administrativa; es nece sario tener en cuenta su contenido jurídico material, "...es decir -dice Vi- • llegas- "si estatuye preceptos de Derecho Administrativo la teoría domi nante considera como tratados administrativos a los que cumplen fines administrativos estatales, como ocurre, entre otros, con los tratados aduaneros postales",67 criterio sostenido por los mantenedores del trata do como fuente directa. Merkl considera necesario que se cumpla una tercera condición para que los tratados internacionales sean fuente particular de esta disciplina, cuando expresa que "...deberán contener preceptos para cuya aplicación fifísean competentes los órganos administrativos". Para Sayaguez69 los tratados internacionales, cuando contienen dis posiciones relativas al Derecho Administrativo interno o internacional, son fuentes de dicha disciplina. Opiniones que son fuente indirecta Según Garrido Falla, la doctrina considera como fuente indirecta del Derecho "...a aquellos actos que sin contener de suyo disposiciones ihme- diatamente aplicables sirven de base, sin embargo, a una ulterior promul gación de ellas. Como ejemplo típico deben citarse los tratados interna cionales". En relación con la corriente que considera a los tratados como fuente directa, Garrido Falla señala que esta tesis tropieza con serios obs táculos; para él: ...por su naturaleza jurídica de pactos o convenios, los tratados inter nacionales han de limitarse lógicamente a crear derecho y obligaciones entre las partes contratantes y agrega "el argumento en contra de que algunos de estos convenios internacionales contienen normas de derogación del DerecleB interno, no deben considerarse como defini tivo, pues en todo caso estos efectos no se producirán hasta tanto los tratados en cuestión hayan sido debidamente publicados por los Es tados contratantes de acuerdo con sus propias normas”. Expone tam bién Garrido Falla "que la publicación cumple el papel de la recepción de una norma internacional en el Derecho interno y condiciona, no la validez y eficacia jurídica del tratado, sino su aplicabilidad como norma de Derecho interno", y agrega, que "un Estado que dicte leyes con trarias al contenido de un tratado vigente, infringe sus obligaciones in ternacionales, pero no por ello dichas leyes dejan de tener plena va lidez y eficacia jurídica desde el punto de vista del Derecho interno. 70 72 Conclusiones Una vez expuestos los diversos criterios existentes sobre la materia ¿son o no fuente del Derecho Administrativo los tratados internacionales? Y en caso afirmativo ¿son fuente directa o indirecta? En relación con la primera interrogante, a tenor de los criterios plan teados, es indiscutible que los argumentos expuestos a favor de que los tratados internacionales son fuente jurídico-administrativa, están revesti dos de gran virtualidad jurídica. No puede considerarse el Derecho -como en muchas ocasiones hemos expresado- como una multiplicidad de cien cias, encerradas en compartimientos estancos, sino como un todo y ante el criterio de algunos tratadistas de que al ser los tratados internacionales objeto de estudio por el Derecho Internacional, y por ende, fuente prin cipalísima de esta disciplina, no pueden ser fuente del Derecho Adminis trativo, hay que concluir que es un criterio inaceptable. En relación con la segunda interrogante, consideramos válidos los ar gumentos expuestos por los partidarios del criterio de que los tratados in ternacionales son fuente indirecta del Derecho Administrativo y a ello agregamos que los partidarios de las tesis de que los tratados internacio nales son fuente directa, utilizan como uno de sus argumentos básicos que, en el supuesto de que la Ley Fundamental es la que determina cuán do son los tratados fuente jurídico-administrativa, es indispensable, como afirma Garrido Falla,71 la recepción del tratado en el Derecho interno es la norma jurídico-constitucional, por ello, los tratados internacionales son fuente indirecta del Derecho Administrativo. Además, es preciso consignar que los tratados o convenios internacio nales, sean bilaterales o multilaterales, son en muchos casos fuentes eventuales del Derecho Administrativo, puesto que una vez efectuada la recepción de la norma internacional en el Derecho interno, no todas sus estipulaciones obligan a los Estados a ajustar a ellos su normación admi nistrativa. Esto es, dentro de una preceptiva legal aplicable principalmente a otras materias, existen reglas de carácter administrativo. Por eso, aun que-en algunos casos se requiera la creación de una estructura adminis trativa que atienda las obligaciones que el tratado impone al Estado, no llegan a alcanzar el carácter de fuentes específicas del Derecho Adminis trativo. 8. Las decisiones judiciales como fuente del Derecho Administrativo Tradicionalmente en el Derecho burgués se ha considerado que las de cisiones de los más altos tribunalesde la organización jurisdiccional de un Estado pueden, en ocasiones, alcanzar el rango de creación jurídica. Así se ha estimado el precedente judicial en los sistemas jurídicos de base ro mano-francesa con la clásica denominación de jurisprudencia o doctrina legal.72 Ese efecto jurídico atribuido a las decisiones judiciales no se logra 73 cuando los tribunales se limitan a aplicar las leyes o a interpretarlas, vin culando a una de las varias soluciones lícitas que la ley ofrece a un hecho concreto, pero sí se le otorga el carácter de fuente cuando en ausencia de toda otra forma jurídica, los tribunales, al emitir su decisión, aplican los principios generales del Derecho. Esas decisiones jurisdiccionales son las que en los sistemas jurídicos burgueses, cuando se emiten por los tribu nales de más alto nivel en número determinado de ellas, generalmente dos o más y contienen en casos idénticos pronunciamientos iguales, son consideradas como norma creativa de Derecho si no hay regla aplicable al caso controvertido. De ahí que aunque en sus códigos no lo declaren literalmente ya que sólo hacen referencias a los principios generales del Derecho como fuente jurídica supletoria, consideran los países que tienen como base jurídica los Derechos romano, germano y francés, que en la llamada jurisprudencia existe una fuente del Derecho, otorgando a los tribunales de más alto ni vel el fijar la interpretación y aplicación correctas de la norma legal. No fue ese sentido la acepción que de la jurisprudencia tuvo el Dere cho Romano. Ulpiano la sintetiza, como sinónimo de la Ciencia del Derecho al definirla así: Jurisprudencia est divinarum atque humanarum, rerum notitia, justiatque injustiscientia1^ o sea "el conocimiento de las co sas divinas y humanas y ciencia de lo justo y de lo injusto”. Aún entre los juristas burgueses, la opinión sobre el carácter de fuente de la llamada jurisprudencia no ha tenido unanimidad. Muchos son los autores que se lo han negado, fundamentándose en que sólo al legislador compete la creación normativa y que al juez le está vedado legislar. Dentro de un sistema jurídico socialista, la jurisprudencia pierde todo valor como fuente de derecho, ya que el imperio efectivo de la legalidad impele a los órganos jurisdiccionales a aplicar el Derecho como, sobre la base del artículo 124 de la Constitución, dice el artículo 5 de la Ley de Organización del Sistema Judicial, ley número 4 de 10 de agosto de 1977: Los Tribunales están en la obligación de cumplir la Constitución, las le yes, los decretos-leyes, los decretos, los reglamentos, las resoluciones y demás disposiciones legalmente establecidas, así como las instruc ciones de carácter general, provenientes de la Asamblea Nacional del Poder Popular y del Consejo de Estado, que reciben por conducto del Consejo de Gobierno del Tribunal Supremo Popular.74 Precepto que se relaciona y complementa con el acápite 5) de su artículo 21, que al fijar las atribuciones del máximo órgano jurisdiccional mencionado le señala la de: "...evacuar las consultas que le formulen los tribunales inferiores y dictar las instrucciones necesarias para la aplicación uni forme de las leyes, en el curso de la actividad jurisdiccional..." 75 Estas disposiciones se complementan con la que aparece en el acápi te 9) del artículo 24 de la ley número 4 citada, que contiene las atribu 74 ciones del Consejo de Gobierno del Tribunal Supremo Popular y en el que se expresa: "...impartir instrucciones de carácter obligatorio y preparar las directivas del Pleno".76 ’ Cambia, por tanto, el papel en nuestro sistema judicial consecuente con el sistema económico-social capitalista inspirador de la anterior legis lación, tenían las decisiones del extinguido Tribunal Supremo de Justicia, la llamada jurisprudencia. La función del Consejo de Gobierno del Tribunal Supremo Popular es bien disímil. Es una labor de orientación de la apli cación de la legalidad socialista, fijando sus principios y determinando el contenido y alcance de las normas vigentes, a través de esas instruccio nes generales de obligatorio cumplimiento, sin que ello entrañe la creación de una forma de sentar jurisprudencia, sino la integración de las experien cias de los tribunales populares todos, de jugosos resultados, en una polí tica judicial uniforme. ...En lugar de atenerse a que el Tribunal (Supremo de Justicia) en tal fecha dictó una sentencia en un caso que se parece al que estamos juzgando ahora y que hay que aplicar ese criterio; en lugar de eso, el Consejo de Gobierno del Tribunal Supremo Popular va a examinar la experiencia del trabajo de ustedes (los jueces),’ va a estar constan temente atento a esa experiencia y va a dictar normas obligatorias para todos los Tribunales acerca de estas cuestiones, y (...) vamos a tener las decisiones del Consejo de Gobierno del Tribunal Supremo Popular de nuestro país para normar estas cuestiones.77 En resumen, dentro de un régimen de estricta legalidad, consustancial al sistema jurídico socialista, la consideración de fuente de las decisiones de los tribunales resulta inadmisible en su concepción burguesa y la ley se interpretará y aplicará orientada por las instrucciones que emita el Con sejo de Gobierno del Tribunal Supremo Popular. 75 Notas 1 2 3 4 5 6 7 8 9 JO 11 12 13 14 15 16 17 18 19 76 Merkl, Adolfo, ob. cit., p. 132 y ss. Zanobini, Guido, ob. cit., t. I, pp. 47-48. Garrido Falla, F„ ob. cit., t. I, p. 223. Petrov, G.I., ob. cit.. Capitulo III. García Oviedo, C., ob. cit., t. I, p. 89. Villegas Basavilbaso, B„ ob. cit., t. I, p. 245. Cañizares Abeledo, F., Teoría del Derecho, 1a. ed., Fascículo 3, Editorial Pueblo y Educación, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1973, p. 11 y ss. Villegas Basavilbaso, B„ ob. cit., t. I, p. 246. Gascón y Marín, J„ ob. cit., t. I, p. 91. García Oviedo, C., ob. cit., t. I, p. 89. Fábregas del Pilar, José M., ob. cit., p. 89. Garrido Falla, F., ob. cit., t. I, p. 245. Cañizares Abeledo, F., ob. cit., p. 12. Laband, Paul, ob. cit., t. III, p. 346. García Oviedo, C., ob. cit., t. I, p. 89. Zanobini, Guido, "L'Attività amministrativa e a la legge", en Revista di Diritto Pu blico No. I, 1924, p. 381, citado por García Oviedo, C„ ob. cit., t. I, p. 91, no ta (4). Donati, "I caracteri della legge in senso materiales", en Revista di Diritto Publico No. I, citado por García Oviedo, c., Derecho Administrativo, t. I, 6a ed., Editorial Elsa, Madrid, 1957, p. 91, nota (4). Garrido Falla, F„ ob. cit., t. I, p. 245. Consúltese a: Gascón y Marín, J., ob. cit., t. I, p. 92; Duguit, León, Traité de Droit Constitutionnel, t. Il, Fontemoing Cie. Editeurs, Paris, 1911, p. 166 y ss (en francés); Royo-Villanova, A., ob. cit., 1.1, p. 45 y ss; Sayaguez Laso, E., ob. cit., t. I, p. 247. 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 Villegas Basavilbaso, B., ob. cit., t. I, p. 247. Laband, Paul, ob. cit., t. II, p. 346. Garrido Falla, F., ob. cit., t. I, p. 246. Esrnein, A., Eléments de Droit Constitutionnel français comparé, 8a. ed.. Recueil Sirey, 1914, p. 29 (en francés). Mohl, Staatsrecht, t. I, 2a. ed., citado por Esmein, A., ob. cit., p. 29- Von lhering, R., El fin en el Derecho, Editorial Atalaya, Buenos Aires, 1946, pp. 168-169. Laband, Paul, ob. cit., t. Il, p. 261 y ss. Jellineck, George, Teoria general del Estado, traducción de Fernando de los Ríos, capítulos 16 y 18, Editorial Albatros, Buenos Aires, 1954. Raggi, Luigui, Diritto Amministrativo, t. Ili, Padua, 1932-1936, p. 18, citado por Villegas Basavilbaso, B., ob. cit., t. I, p. 250. Villegas Basavilbaso, B., ob. cit., t. I, p. 264. Raggi, Luigi, ob. cit., t. III, p. 122, citado por Villegas Basavilbaso, B., ob. cit., t. I, pp. 264-165. Hauriou, Maurice, ob. cit., p. 452. Garrido Falla, F., ob. cit., t. I, p. 266. Villegas Basavilbaso, B., ob. cit., t. I, p. 266. CañizaresAbeledo, F., ob. cit., Fascículo 3, p. 37. Sayaguez Laso, E„ ob. cit., t. I, p. 125. Ibidem, t. I, p. 120. Cañizares Abeledo, F., ob. cit., Fascículo 3, p. 37. Garrido Falla, F., ob. cit., t. I, p. 270. Villegas Basavilbaso, B., ob. cit., t. I, p. 283. Ibidem, pp. 273-274. Villegas Basavilbaso, B., ob. cit., t. I, p. 284. Petrov, G.I., ob. cit., cap. III. Villegas Basavilbaso, B., ob. cit., t. I, 303. Lentini, Arturo, Instituzioni di Diritto Amministrativo, vol. I, Società Editrice Li braria, Milán, 1930, p. 27 (en italiano). Fleiner, Fritz, ob. cit., p. 45. Presutti, Enrico, ob. cit., p. 81. Merkl, Adolfo, ob. cit., p. 163. Entrena Cuesta, R„ Curso de Derecho Administrativo, 3a. ed., Editorial Tecnos, Madrid, 1968-1970, p. 108. Villar Palasi, J. L., ob. cit., pp. 507-508. 77 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 Entrena Cuesta, R., ob. cit., p. 111. Merkl, Adolfo, ob. cit., p. 147. Villegas Basavilbaso, R ob. cit., t. 9, p. 247. Koshevnikov, F.I., International Law, Capítulo VI, traducción al inglés de Dennis Ogden, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, s/a, p. 247 (en inglés). D'Estefano, Miguel A., ob. cit., p. 169. Merkl, Adolfo, ob. cit., p. 148 y ss. Forsthoff, Ernst, ob. cit., p. 184 y ss. Fleiner, F„ ob. cit., p. 56 y ss. Fraga, G., ob. cit., p. 115 y ss. Mayer, Otto, ob. cit., t. I, p. 161 y ss. D'Alessio, F„ Istituzioni di Diritto Amministrativo Italiano, Torino, 1932, p. 122 y ss, citado por Villegas Basavilbaso, B., op. cit., t. I, p. 258. Raggi, Luigi, ob. cit., t. III, p. 151, citado por Villegas Basavilbaso, B., op. cit, t. I, p. 258. Presutti, Enrico, ob. cit., vol. I, p. 54. Merkl, Adolfo, ob. cit., p. 147. Villegas Basavilbaso, B., ob. cit., t. I, p. 257. Merkl, Adolfo, ob. cit., p. 147 y ss. Villegas Basavilbaso, B., ob. cit., t. I, p. 250 y ss. Idem. Merkl, Adolfo, ob. cit., p. 148. Sayaguez Laso, E., ob. cit., t. I, p. 271. Garrido Falla, F., ob. cit., t. I, p. 306. Ibidem, t. I, p. 307. Cañizares Abeledo, F., ob. cit., Fascículo 2, p. 16. Petit, Eugenio, Tratado Elemental de Derecho Romano, 91 a ed., traducción de José Fernández González, Editorial Saturnino Calleja, Madrid, 1926, p. 20, nota (7). Ley de Organización del Sistema Judicial publicación oficial del Ministerio de Justicia, Editorial Orbe, Ciudad de La Habana, 1979, p. 6. Ibidem, p. 12. Ibidem, p. 14. Roca, Blas, "Discurso pronunciado al constituirse el Tribunal Provincial Popular de Las Villas", en Revista Cubana de Derecho No. 7, La Habana, enero-junio 1974, p. 34. CAPÍTULO V La norma jurídico-administrativa, la codificación del Derecho Administrativo 1. La norma jurídico-administrativa Según Cañizares Abeledo "...las normas son formas de comportamien to dirigidas a ordenar la conducta humana en uno u otro sentido, por lo cual equivalen a reglas de conducta... norma jurídica es una determinada forma de comportamiento, de carácter más o menos general, establecida obligatoriamente para todos los miembros de la sociedad".1 Para G.l. Petrov, se llaman "...normas jurídico-administrativas, las nor mas de derecho que regulan las relaciones sociales que se forman en la esfera de la Administración Pública, es decir, de la actividad administra tiva, dispositiva y ejecutiva del Estado. Estas normas en su conjunto cons tituyen una de las ramas del Derecho, el Derecho Administrativo".2 Normas que constituyen el Derecho Administrativo Para Garrido Falla,3 las leyes administrativas pueden ser normas de re lación o normas de organización y acción administrativas. Normas de relación son aquellas que se dictan para delimitar las es feras jurídicas subjetivas, esto es, para regular el comportamiento de los administrados. Normas de organización y acción administrativa son aquellas que de terminan, de una parte, la estructura orgánica de la Administración Públi ca, de otra, los fines propios que la Administración ha de perseguir con su actuación y el modo y forma de cómo esta debe realizarse. Las normas del Derecho Administrativo, dice P.T. Vacilenkov,4 regulan la esfera de las actividades estatales. Señalan la dirección en el proceso en que de forma variada y frecuente, se originan las relaciones sociales re queridas de una regulación jurídica precisa. En consecuencia, si se analiza el complejo de normas que constituyen el Derecho Administrativo, encontramos que puede escindirse en dos grandes grupos: normas de organización y normas de comportamiento. 79 Son normas de organización las que determinan la estructura y fun cionamiento de los organismos administrativos y las atribuciones, deberes y derechos de sus órganos. Su objetividad jurídica no trasciende el ámbito de la Administración. Normas de comportamiento son las que regulan las relaciones entre la Administración y los administrados, fijando los deberes y derechos recí procos que se derivan de esas relaciones. Por consiguiente, sus efectos jurídicos exorbitan los límites estructurales de la Administración, ya que tienen por destinatarios a los administrados. Carácter de la norma jurídico-administrativa Ambas normas -de organización y comportamiento- tienen un carác ter teleológico puesto que enmarcan la actividad administrativa que en definitiva se endereza a realizar finalidades establecidas por el Estado. Esta consideración hace que en cuanto a la aplicación de la norma jurí dico-administrativa, sea necesario tener en cuenta -y circunscribir así el tratamiento del tema- a la naturaleza peculiar del Derecho Administrativo. Concebido el Derecho Administrativo, como aquella rama jurídica que fija los principios y analiza las normas que orientan y regulan las relacio nes sociales que se producen en la organización y en la actividad de la Ad ministración del Estado, considerada en todas sus esferas, tanto nacional como local e institucional, con el fin de sentar las bases y construir la nue va sociedad, no ofrece dudas de que esta ramá jurídica tiene un carácter esencialmente teleológico, ya que es el resultado de la aplicación de leyes objetivas que rigen el desarrollo de la sociedad hacia esas metas que científicamente señala el marxismo-leninismo. Aplicación de la norma jurídico-administrativa Para analizar la aplicación de la norma jurídico-administrativa debe mos determinar su validez temporal y espacial, como bien dice Zanobini: "...los principios que conciernen a la eficacia de la ley en el tiempo y en el espacio determinan cuáles son, en concreto, las personas y las relacio nes a que se refieren las leyes administrativas".5 Según Fleiner: "...los principios generales aplicables a la vigencia de las prescripciones jurídicas en el tiempo y en el espacio se hacen extensivos también a las leyes administrativas". Atendiendo a nuestra realidad jurídica, esas expresiones, tanto la de Zanobini como la de Fleiner, debemos referirlas a las "normas jurídico-ad- ministrativas" con mayor precisión si lo hacemos a las leyes administra tivas. Validez temporal de la norma jurídico-administrativa "La validez temporal de la norma jurídica abarca el período compren dido entre el instante en que comienza a estar en vigor hasta aquel otro en que deja de estarlo";7 ello implica que toda norma jurídica, y entre ellas 80 las administrativas, tiene un ámbito temporal de validez y que tiene vigen cia y eficacia durante el tiempo que media entre la publicación y : la abro gación o derogación. En relación con la entrada en vigor-publicación- las normas jurídicas contienen múltiples determinaciones acerca de ese momento, Forsthoff señala que "...las leyes que llevan consigo una modificación sustancial del derecho existente o que por otras razones necesitan un cierto transcurso de tiempo, deben determinar su puesta en vigor, pero si en la ley no se encuentra un precepto semejante se aplican automáticamente las normas generales sobre la entrada en vigor”.8 En Cuba, el artículo13 del Decreto-Ley número 67 de 19 de abril de 1983 de la Organización de la Administración Central del Estado, dispone que los decretos, reglamentos y Qtras digposiciones entran en vigor a los tresdías desu publicación en la Gaceta Oficial de la República, s^en ellos no se dispone otra qpsa. igual término fija el Código Civil aplicable a las leyes y decretos-leyes. En relación con la pérdida de validez de las normas jurídico-adminis- trativas, el propio Forsthoff9 nos dice que e§ta.pu.ed.e. ocurrir por el trans curso del tiempo, por derogacLóay desaparición delórgano administrativo que le dio origen. . El supuesto de pérdida de vigencia por transcurso del tiempo, presu pone la existencia de un período de validez de las normas jurídicas pre viamente establecido. Este plazo no es evidente y tiene que expresarse formalmente en el contenido de aquellas, pues toda forma jurídica tiene la tendencia inmanente a durar indefinidamente. En el caso de derogación formal, se requiere que el acto posterior mencioneexpresamente las normas que deroga y entonces se convierte la_derogac¡.ón-.enJjn_elanieato normativo. Este procedimiento lo siguen le yes de gran envergadura en su contenido que modifican de modo sustan cial el Derecho vigente. De ese modo queda claro qué preceptos tienen que dejar sitio a la nue va regulación. Frecuentemente el legislador no se contenta con esto. No se excluye la posibilidad de que, aún supuesta una muy cuidadosa prepa ración de la ley, se olvide algún precepto que al no ser mencionado entre las disposiciones derogadas, mantenga a su favor la presunción de sub sistencia. Para precaver esta presunción, suele añadirse una cláusula ge neral que por sí misma, constituirá una verdad evidente. Esta cláusula general suele decir: "Quedan derogadas cuantas disposiciones legales se opongan al cumplimiento de lo dispuesto en la presenteJey." Por último, por desaparición del órgano ádmíñístrativo que le dio ori gen, si un órgano administrativo desaparece, cae también el derecho es- tablecidcijaoj-. él, siempre que no se haya prescrjja.to otra cQSa sobre su subsistencia. Así, al ocurrir una revolución, la vigencia que mantiene la masa legislativa hasta entonces en vigor, se debe al hecho de que el poder revolucionario no las ha derogado expresamente y por tanto las ratifica de manera tácita: 81 Uno de los aspectos fundamentales en relación con la validez temporal de la norma jurídico-administrativa es lo concerniente a la retroactividad. Según Zanobini la eficacia de la ley en el tiempo se determina por el prin cipio que dice: ...la ley no dispone sino para lo futuro, ella no tiene efecto retroactivo";10 Fleiner nos dice: ...la regla de la no retroactividad de las normas jurídicas rige también para el Derecho Administrativo. Por regla general, una nueva ley no puede aplicarse más que a los he chos y circunstancias jurídicas que se han producido después de pro mulgarse esta ley... Sin embargo si no existe una prohibición general, toda norma jurídica nueva puede ser investida de fuerza retroactiva y comprender situaciones ya existentes y consumadas.11 Para Forsthoff,12 normalmente las normas jurídico-administrativas carecen de efecto retroactivo. Esto significa que dejan intacto el estado de cosas anterior a su entrada en vigor. En el sentido estricto de la palabra la retroactividad no puede darse en términos absolutos. Toda norma sólo puede determinar un comporta miento futuro, no pretérito. Por tanto, la retroactividad de una norma sólo puede significar que, en su aplicación futura, serán tratadQS con arreglo a la norma también aquellos hechos que acontecieron con anterioridad a su entrada en vigor/péró esto sóldocürrírá cuando aquellos hechos per tenezcan definitivamente al pasado7qüehayañ~prMlúc¡do todos sus efec- tqsjurídicos, pues sólo entonces la norma será retrotraída en el orden del tiempo. En cambio, aquellos hechos que todavía subsisten en el tiempo, es evi dente que tienen que caer bajo el ámbito de la validez de las normas nue vas, cuando la situación normativa ha variado. Otra solución implicaría una insostenible yuxtaposición de distintos Derechos cada vez que variase la situación legal. El artículo 60 de la Constitución de la República de Cuba dice que: "Las leyes penales tienen efecto retroactivo cuando sean favorables al en causado o sancionado. Las demás leyes no tienen efecto retroactivo a menos que en las mismas se disponga lo contrario por razón de interés social o utilidad pública." El precepto constitucional comprende las leyes de carácter administrativo, sobre las que puede hacerse dentro de su tex to al promulgarlas, la declaración que permite aplicarlas retroactivamente. Cabe recordar que en la actividad de la Administración Pública pueden darse el interés social y la utilidad pública que origina la declaración de re troactividad de un texto legal. Validez espacial de la norma jurídico-administrativa Según Cañizares Abeledo: "...toda norma jurídica tiene un ámbito es pacial de validez..."13 esto es, rige en un territorio determinado. El Dere cho es eminentemente territorial lo que entraña que impera sobre todas las personas y cosas que se encuentran en el territorio, aunque existen ex 82 cepejones, como son la aplicación de las normas internas a ciertos extranjeros. Para Fernández de Velasco: "El imperio de la norma se muestra en ra zón del territorio sobre las personas que lo habitan; pero hay que observar como excepciones, el territorio nacional a que las leyes no alcanzan, las personas a quienes se dispensa su cumplimiento, la aplicación respecto a extranjeros y el principio de retroactividad."14 Forsthoff, aunque en términos generales acepta los criterios expues tos, cuando dice: A la norma jurídica del Derecho estatal interno es peculiar una limita ción por razón del espacio. En caso de duda, vale en el ámbito espacial del órgano que la estableció... En ningún caso puede exceder el ámbito espacial de validez de una norma jurídica de la órbita de la competen cia de la ¡nstanc¡a~de~Tá~qü¥pr5cede7 ElpoHérsoBéranoclel legislador tiene sus límites en las fronteras del Estado. Lq. mismo puede decirse de las restantes competencias normativas que se dan en el interior de unjstadp. Ahora bien, dentro de su ámbito espacial de validez, la nor ma jurídica impera sin limitaciones, pues le están sometidas todas aquellas personas que se encuentran dentro de aquel ámbito: la ciu dadanía carece de relevancia. En virtud del Derecho Internacional sólo se da una excepción de los que gozan del derecho de extraterritorialidad. También caen bajo el imperio de la norma todas aquellas relaciones jurídicas que se dan en su ámbito de validez espacial con un objeto materializado... En este caso el sujeto de la relación queda sometido a las normas jurídicas co rrespondientes, independientemente de que permanezcan en el espa cio a que afecta su validez, de que sea indígena o extranjero.15 También Forsthoff plantea situaciones que surgen producto de la mo dificación de los límites de los territorios en los países que tienen fronte ras con otros Estados, en los territorios incorporados subsiste el Derecho vigente con excepción del Derecho Constitucional que como consecuen cia necesaria de la unidad estatal se impone inmediatamente ipso jure a los territorios adquiridos, por ende, las normas jurídico-administrativas continúan en vigor de primera intención, en todos estos casos es nece sario una regulación expresa. Otra cuestión es lo referente a la variación de los límites administra tivos dentro de un Estado, especialmente los límites municipales y provin ciales. Lo correcto es extender las normas locales, de existir, a los nuevos territorios incorporados al municipio o a la provincia. De tratarse de la formación de un nuevo municipio, sería necesario to mar medidas de carácter transitorio para una ulterior normacíón uniforme. Interpretación de la norma jurídico-administrativaUna vez determinado lo relativo a la validez temporal y espacial de la norma jurídico-administrativa, es necesario analizar lo referente a su inter 83 prefación, logrando de esta forma, con posterioridad, una cabal exposi ción de la aplicación de esta. Según Bielsa: "...la eficacia y virtud de la norma jurídica no depende de una mera aplicación, que puede ser errónea o contraria a su espíritu, sino de la interpretación cabal”.16 Para Cañizares Abeledo; "...interpretar es la actividad que tiene por ob jeto establecer el sentido y alcance de las normas jurídicas a los fines de su aplicación al comportamiento de los individuos en sociedad".17 La interpretación de la ley en el campo del Derecho Administrativo debe conducirse según los mismos preceptos que valen para la interpre tación de las leyes en general, criterio este expresado por Zanobini,18 al que debemos añadirle que para la interpretación debe aplicarse el mate rialismo dialéctico como método científico, es decir, la conjugación dialéc tica de los elementos lógicos -las normas jurídicas son creaciones lógi cas- y los elementos históricos, puesto que dichas normas reflejan las condiciones materiales de la vida social. La interpretación puede ser: auténtica, literal o gramatical, extensiva y restrictiva, a ellas añade Bielsa19 la interpretación analógica. Interpretación auténtica es la que hace el propio legislador. Interpre tación literal o gramatical es la que, sin duda, aparentemente, ofrece ma yor certeza y objetividad, pero como también dice Bielsa: "... jurídicamen te es la que puede resultar más falible. El que aplica la ley aferrado a la letra se aísla de la vida de la norma y de su virtualidad jurídica v social".20 Es posible que la interpretación que la Administración está obligada a solucionar en situaciones tales, tanto la interpretación extensiva como la restrictiva, atraen la solución indispensable. Puede afirmarse en ciertos casos que el verdadero significado de la norma jurídica es más amplio que el que su sentido gramatical expresa. Se admite entonces la llamada interpretación extensiva, que supone in cluir en la norma casos que a primera vista no se contemplan en el texto. En otras ocasiones, por el contrario, la norma debe interpretarse res trictivamente, vale decir, limitando su alcance aparente, en evitación de que al aplicarse el texto expresado en la regla, se arribaría a una solución inadecuada. Como expresamos, Bielsa añade a las interpretaciones citadas, la interpretación analógica. Para él "...cuando se aplican las normas a situa ciones que el legislador no ha tenido presente, pero que el intérprete con sidera análogas, en este caso el intérprete viene a suplir la omisión legis lativa”.21 Aplicación de la norma jurídico-administrativa Una vez determinada la validez temporal y espacial de la norma jurí dico-administrativa así como la interpretación de esta, debemos conside rar su aplicación. La aplicación de la norma jurídico-administrativa atendiendo a su ca rácter teleológico es un producto de la concepción que modernamente se 84 tiene de la Administración, diferenciada de la que imperaba en el siglo xix. Como varias veces se ha expresado, una Administración a la que le era extraña toda idea de justicia social ha devenido conformadora de la vida social y todas sus actividades se orientan a un fin, el beneficio de la colectividad, para que pueda así desarrollar las múltiples relaciones en prestaciones recíprocas. De ahí que la base jurídica del Derecho Adminis trativo se integre en una multitud de normas jurídicas, difíciles de que cris talicen en un código. Todo ello supone la posibilidad de que la Administración se encuentre a menudo con situaciones sobre las que carece de una norma positiva para manejarlas. En casos semejantes se puede aplicar la analogía, esto es, aplicar una norma jurídica que pueda adecuarse, no atendiendo a su texto literal, sino a la idea y al propósito en que se fundamenta. El Derecho Administrativo no ha sido nunca y mucho menos puede serlo ahora, un derecho subjetivista y siempre ha sido un derecho de tipo objetivo, por lo que se mueve en un terreno mucho más amplio que otras ramas de las ciencias jurídicas. La posibilidad de que la Administración carezca de norma escrita a fin de subsumír a ella una situación que debe resolver, la obliga a que en es tos casos aplique reglas de otras ramas del Derecho, razón a que su ca rácter hace que, o pertenezcan a lo que puede llamarse la parte general del Derecho o contengan sustancia administrativa aunque aparezcan en una legislación de otro tipo. 2. La discrecionalidad administrativa Durante gran parte d?l siglo xix, la Administración abstencionista creada por el Estado de Derecho burgués debía actuar en rígido someti miento a la norma legal y así enmascarar su carácter de Estado clasista encargado de consolidar y robustecer el capitalismo. La Administración debía actuar sujetándose plenamente a la ley y ejercer la llamada potestad reglada, esto es, cuidar que su obra fuera la más ajustada aplicación de la legalidad escrita, sobre la base de que el ordenamiento jurídico prevé en todos sus aspectos la actividad de la Administración, la que de funcio nar normalmente hace que quien entra en contacto con ella conoce de an temano la resolución que recaerá, puesto que bastará subsumir el hecho a la norma aplicable. Ahora bien, dentro del propio sistema capitalista, "la concepción ius naturalista de que existían leyes sin lagunas ni puntos dudosos", se vino abajo como consecuencia de la crítica de la Escuela Histórica. Las leyes no carecen de lagunas, ni están exentas de dudas, ni son sus ceptibles de una interpretación que ponga absolutamente en claro su in tención. Las valoraciones que se hallan en su base pierden fuerza, nuevas situaciones sociales imponen nuevas soluciones, nuevas ideas se apode ran de los textos heredados. Como consecuencia de ello, la comprensión 85 de la norma, la interpretación práctica y científica de las leyes, se modifica constantemente. Hay otras circunstancias que fijan la indispensabilidad de que la Ad ministración Pública tenga dentro del marco de la ley un campo de actua ción libre que le permita desarrollar sus actividades y alcanzar sus fines. Fiorini en cuanto a ello afirma: ...la ley sólo señala cuál debe ser el interés que debe satisfacerse co lectivamente en tanto el administrador es el encargado de realizarlo prácticamente... Los hechos exteriores en permanente interdependen cia con el interés público custodiado por el mandato de la ley, modi fican, rectifican, disminuyen, reforman o amplían la realización práctica de la gestión administrativa... El legislador puede sancionar una ley con todos los detalles posibles, pero no podrá captar las transformaciones inciertas futuras... Debe existir una relación lógica entre el fin estable cido por la ley y los medios necesarios para realizarlos prácticamente por la Administración... La discrecionalidad es la facultad que adquiere la Administración para asequrar en forma eficaz los medios realizado res del fin.22 La realidad descrita en los párrafos anteriores, válida para todas las le yes y para todas las actividades del Estado, se hace más agudamente crítica en el campo de actuación de la Administración Pública. No pode mos concebir a esta como una máquina de subsunciones. En todo acto administrativo hay siempre presente un criterio de valoración, como dice- Bielsa: "...administrar es algo más que ejecutar, pues si ejecutar es cumplir lo ordenado, administrar es concebir y llevar luego a la práctica la concep ción o disposición con criterio de oportunidad, de elección de medios, de mayor eficiencia, etc.”23 Aún la propia ejecución de la ley debe tener en cuenta cuáles son las circunstancias imperantes en el momento de la apli cación, que pueden ser y lo más probable es que lo sean, distintas a las existentes cuando la ley se elaboró. Por elloel ejercicio de la potestad re glada no es poner en juego un ciego instinto de formulación silogística y subsumir de manera mecánica el hecho a la norma. Concepto de discrecionalidad Una Administración que ha diversificado sus funciones, amplía su campo de acción y en mayor número y con más frecuencia confronta pro blemas y situaciones urgidos de soluciones inmediatas, requiere se le otorgue la posibilidad de una mayor independencia frente a la esfera nor mativa mediante la potestad discrecional y se le permita decidir eligiendo entre varias formas posibles de comportamiento dentro de los límites jurí dicos previstos en la norma sin que algunas de esas formas tengan pre ferencia sobre las demás. Cualquier solución elegida por el ejecutor de la norma, es jurídicamente válida. Una norma es, pues, discrecional cuando no establece cuándo debe ejercitarse, cómo debe ejecutarse y en qué sen tido se debe ejercitar, a los efectos de procurar una mayor eficacia admi 86 nistrativa.24 La discrecionalidad existe aún cuando la norma contiene al guno de los aspectos expresados. Dice Forsthoff que: El funcionario administrativo extrae la mayor parte de su actividad, en parte de la ley y en parte también de la experiencia y juicios propios. Cuando ocurre esto último se habla de potestad discrecional, ámbito de acción y de decisión, aunque para que no exista arbitrariedad, los fines que se persiguen por.la potestad discrecional deben estar enun ciados en la norma.25 La discrecionalidad es esencialmente una libertad de elección entre al ternativas igualmente justas o, si se prefiere, entre indiferentes jurídicos, porque la decisión se fundamenta en criterios extrajurídicos (de oportu nidad, económicos, etcétera).26 La discrecionalidad administrativa se plantea como una consecuencia del Estado moderno. Dice Fiorini: El ciudadano del Estado liberal burgués se transforma en usuario de servicios públicos... El administrado de la simple gestión estatal es cliente obligado y necesario de los beneficios sociales...Quiérase o no, el socialismo, en cuanto a socialización para satisfacer necesidades de los particulares, se ha introducido a través de la urdimbre de gestiones sociales de la Administración Pública. La facultad discrecional se am plía y cala hondo en cada una de las nuevas actividades sociales...La Administración Pública utiliza la discrecionalidad para realizar una ges tión más eficaz e inteligente... La eficacia de las gestiones administra tivas es tan necesaria como el cumplimiento severo de la Ley.27 Nuestra época presenta, pues, una evolución respecto a la vinculación a la norma. A pesar de que toda la ideología del Estado de Derecho bur gués supone, en apariencia, una tendencia a vincular cada vez más estre chamente la Administración a la ley y a hacer de ella un simple poder de ejecución, la.realidad exige que dentro del propio sistema capitalista la ac tuación administrativa esté informada por un margen de discrecionalidad que resultará siempre imposible de eliminar.28 La potestad discrecional, expresa Forsthoff, da a las autoridades liber tad que significa que el orden jurídico presta validez jurídica a todo medio considerado como adecuado para la realización del valor de que se trate... El legislador procede de esta suerte considerando que sólo la autoridad administrativa tiene la experiencia necesaria para dictar ciertas disposiciones en sentido favorable al interés público... Por el poder discrecional que le ha otorgado el legislador, la autoridad admi nistrativa ha de determinar como pertinente, entre las yarias posibili dades de solución, aquella que mejor responde en el caso concreto a la intención de la ley.29 Además de esa discrecionalidad expresamente atribuida por el legis lador a la Administración, hay otros casos en que esta puede usar de su 87 poder discrecional. Así cuando se le faculta para dictar un Reglamento o "...que se dé ausencia legal en una materia determinada y que por otra parte y en relación con la misma no pese sobre la actuación administrativa un principio prohibitivo".30 En estos casos puede darse el que la Admi nistración se "...autolimite su potestad discrecional mediante reglamen tos... dictados sin referencia a alguna ley que regule la materia".31 Un aspecto más en cuanto a la discrecionalidad es la referencia en la ley a conceptos indeterminados tales como orden público, calamidad pú blica, utilidad pública, interés social, necesidad pública y otras que podrían estimarse se está en presencia de un posible ejercicio de la potestad dis crecional. En efecto, durante mucho tiempo se identificó la discreciona lidad con la utilización de la ley de conceptos imprecisos, entendiéndose en tales casos debía: ...interpretarse que la precisión última de dichos conceptos corres pondía discrecionalmente a la Administración... Hoy se ve que justa mente en tales casos la discrecionalidad está excluida y que más que remitir la Ley a una decisión libre de la Administración... se trata por el contrario de delimitar una única solución justa cuya búsqueda regla da debe hacer la Administración...32 Los límites de la discrecionalidad administrativa Se ha planteado que la Administración cuando actúa discrecionalmen te tiene que limitarse al campo que le acota la finalidad que la ley señala. Esa concepción, choca con la idea, pervivente durante algún tiempo, de "...que el acto dictado por la discrecionalidad administrativa no puede ser controlado jurisdiccionalmente, tesis que es una herejía jurídica".33 No hay duda de que es posible que un acto de ese tipo puede ser ob jeto de recurso y decisión jurisdiccionales, pero, "...lo que sí no se puede controlar ni se debe controlar es la parte subjetiva que corresponde a la voluntad administrativa; apreciar la oportunidad de dictar el acto más efi caz. El control jurisdiccional será sobre todos los elementos objetivos que ha utilizado el Administrador para dictar el acto oportuno”.34 En relación con el acto no puede olvidarse que el empleo de la discre cionalidad se limita con la idea del fin y así cualquier acto administrativo que se dicte con fines distintos a los que inspiraron al legislador al pro ducir la norma, o en los casos en que la discrecionalidad se emplee sin la existencia de una ley previa, no podrán contravenirse los fines que el Es tado se ha fijado o que ha señalado su dirección política. Un acto ema nado sin esas condiciones será ilegal y carente de estabilidad jurídica. Se hace necesario se delimite cuál ha de ser el fin de la ley. Ese fin no puede ser considerado como una generalización de intereses. No puede señalársele, por ejemplo, como la satisfacción o cualquier otra expresión análoga, que si bien no son inexactas sí se trata de una necesidad de ca rácter colectivo o del logro del bienestar general en cuanto a una referen cia a los fines de la Administración, no son aptas por su imprecisión para 88 determinar y legitimar una actuación discrecional. "La discrecionalidad apreciará las condiciones existentes para dictar un acto oportuno que sa tisfaga el interés objetivo que custodió la norma -dice Fiorini que añade- la obligación de tener en cuenta el límite objetivo que impone el fin de la ley excluye la indefinición de un genérico y confuso interés público." 35En otras palabras, el fin tiene que ser concreto, aunque pueda alcanzarse de diversas maneras, todas ellas válidas. El control de los actos discrecionales "Si el acto que dicta la discrecionalidad, dice Fiorini, es una acto ad ministrativo con todos los significados de esa figura jurídica, no hay razón para que todos sus elementos no sean tratados en la misma forma que los dictados por actividades vinculadas (regladas)."36 Esa concepción nos lleva a admitir, como es ya corriente en la doctrina y en la legislación de muchos países, la posibilidad de que un acto discre cional pueda ser objeto de control, esto es, que pueda ser revisado una vezque se produzca, si su destinatario o una autoridad competente es timan que se aparta de los límites que enmarcan la discrecionalidad ad ministrativa. Consecuencia de ese postulado, un acto discrecional puede ser objeto de control interno por parte de un órgano con jerarquía superior al que emitió el acto, sobre el que apreciará, si la ley le concede competencia para ello, su mérito, esto es, si es oportuno y conveniente y encaminado a cumplimentar un fin previo y legítimamente estipulado. Con respecto al control jurisdiccional ya hemos visto que es una con secuencia, como también lo es el control administrativo o interno, de los límites que enmarcan dentro de la legalidad la facultad discrecional. Así esa potestad no podrá salir del ámbito de la ley respectiva, cuando esté contenida en una unidad normativa, ni contravenirla cuando la reglamenta discrecionalmente. En los países socialistas, el Ministerio Fiscal, que entre sus funciones tiene la de velar por que la legalidad se cumpla estrictamen te, puede ejercer ese control, tanto en cuanto a la potestad reglada como en la discrecional e impedir que por parte de la Administración se actúe apartándose de los fundamentos legales que rigen todos los aspectos de su actividad. A los fines de ese control: ...la jurisprudencia del Consejo de Estado francés vino a configurar el recurso por detournement de pouvoir que ponía de manifiesto la ilega lidad de aquellos actos administrativos que habían sido dictados en atención a fines distintos a los que el legislador tuvo en cuenta cuando tal potestad (discrecional) fue atribuida a la Administración Pública. Con él ...se venía a crear una fiscalización de lo más íntimo del acto: los móviles que presidieron la actuación de los administradores.37 La desviación de poder (detourment de pouvoir) -dice Alibert- es el he cho del agente administrativo (órgano) que realizando un acto de su competencia y respetando las formas impuestas por la legislación, usa 89 de su poder, en casos, con motivos y para fines distintos de aquellos en vista de los cuales este poder le ha sido conferido. La desviación de poder es un abuso de mandato, un abuso de derecho. Puede un acto administrativo haber sido realizado por el funcionario competente con todas las apariencias de regularidad y, sin embargo, este acto dis crecional realizado que el funcionario (órgano) calificado tenía el de-. recho estricto a realizar, puede estar afectado de ilegalidad si su autor ha usado de sus poderes para un fin distinto del cual le han sido con feridos, ...para un fin distinto del interés general o el bien del servicio. La teoría de la desviación de poder es la defensa de la moralidad ad-QQ mimstrativa. A lo expuesto por el autor francés citado, hemos de añadir que los conceptos de interés general y el bien del servicio deben ser objetivos, con cretados de conformidad con el contenido específico de la ley de que de rivó o en quien se apoyó el acto, a los fines de que la ilicitud pueda ser valorada ajustadamente al resolverse el recurso en el que se ataque el acto alegándose "desviación de poder". En Cuba, la ley número 7 de 19 de agosto de 1977, Ley de Procedi miento Civil, Administrativo y Laboral en su artículo 657 preceptúa que no corresponden a la jurisdicción administrativa, entre otras, las cuestio nes que se susciten en relación con las disposiciones que emanen de una autoridad competente concernientes al ejercicio de la potestad discrecio nal, esto es, que contra el ejercicio de esa potestad no puede interponerse al recurso administrativo que regula la ley citada. 3. La codificación del Derecho Administrativo Codificar es reducir en un conjunto ordenado, en una unidad orgánica, las normas jurídicas que regulan una rama del Derecho, conjunto influido por una ¡dea general, que refleja el sistema imperante en la época de su construcción. La codificación supone, dice Bielsa: "...no solamente la uni ficación del Derecho -el imperio de una ley común en un Estado- sino también la ordenación sistemática en un cuerpo homogéneo, de institu ciones que integran un sistema jurídico".39 No basta, pues, para que exis ta la codificación que una rama del Derecho esté unificada en un Estado. Sólo se codifica cuando esa legislación se contiene en una ley única, en un código, concepto este que se diferencia del que empleaban los roma nos, para los cuales, un codex era una recopilación o conjunto de tabletas recubiertas de cera, sobre las cuales se grababa estilográficamente la es critura. Afirma Villegas Basavilbaso: ...la Codificación es un fenómeno jurídico que obedece a dos causas principales: la primera es de orden político, la segunda, de orden prác tico. La primera se refiere a la unificación del Derecho antiguo, origi nado en fuentes diversas y constituye un medio eficaz para la conso 90 lidación de la unidad política. La segunda tiene por objeto, cuando el Derecho está unificado, facilitar su conocimiento, por cuanto es difícil Y a veces imposible, en presencia de la dispersión extraordinaria de le yes relativas a una determinada rama del Derecho.40 La codificación civil es un producto del siglo xix y tuvo su expresión más caracterizante en el Código Napoleónico de 1804 que inspira una se rie de códigos europeos, trasplantados después a la América Latina. La codificación tuvo sus contradictores. En Alemania, Federico Carlos de’Savigny, expositor de la escuela histórica, combatió ardorosamente en su opúsculo intitulado "De la vocación de nuestro siglo para la legislación y la ciencia del Derecho" la tesis favorable expuesta por Antón Federico Justo Thibaut, en su folleto Sobre la necesidad de un Derecho común para Alemania, en el que propugnaba la elaboración de un código general que diera término al interminable amontonamiento de preceptos abigarrados, contradictorios, que se anulan entre sí. "Un código nacional senci- llo...será...totalmente accesible a cualquier mente, incluso las mediocres, y nuestros abogados y jueces estarán en fin en situación de tener a su al cance el Derecho vivo actual, aplicable en cada caso."41 Las opiniones de Thibaut fueron impugnadas por Savigny, que idea lista y metafísicamente atribuía la creación del Derecho a fuerzas internas que actúan silenciosamente y no en virtud del arbitrio de un legislador.42 Para él, la codificación detiene el desarrollo del Derecho y aún más, la considera un signo de la decadencia del Derecho. La codificación en el Derecho Administrativo La corriente codificadora, centrada en el Derecho Civil, no dejó de in fluenciar en el Derecho Administrativo y varios fueron los tratadistas que la acogieron, sosteniendo la posibilidad y la necesidad de unificar en un texto único las normas jurídico -administrativas. Pero esta corriente dista mucho de haber sido admitida con generalidad porque son también nu merosos los autores que niegan su realización y, además, encontramos una corriente doctrinal que con una postura ecléctica trata de conciliar los criterios antagónicos. Ejemplo de la incertidumbre que preside la posibilidad de codificar el Derecho Administrativo lo encontramos en la obra Derecho Administrativo Soviético de P.T. Vacilenkov y otros, que nos dice: La codificación es la forma más importante de sistematización de la legislación. Ella ayuda de forma estricta a la observancia de la legali dad socialista, a la correcta ejecución y aplicación de las normas jurí dicas, simplifica la preparación jurídica de los cuadros, ayuda al desarrollo posterior de las ciencias jurídicas -el autor añade de inme diato- Sin embargo, la codificación dificulta la movilidad de las normas del Derecho Administrativo y el amplio círculo que regulan esas nor mas. En el desarrollo de la sociedad socialista que perfecciona cons tantemente el aparato estatal, dificulta las tareas que provocan la ne 91 cesidad del perfeccionamiento y cambios de las normas que regulan las relaciones jurídico-administrativas.43De hecho la codificación administrativa no se ha emprendido en nin gún Estado. Sólo en Portugal y en Filipinas, se han dictado códigos ad ministrativos sin que este nombre sonoro responda a su contenido. El del primer país es sólo un conjunto de normas sobre organización administrativa y principalmente de los servicios municipales, y el se gundo es una recopilación de leyes políticas, administrativas y de or ganización judicial, sin una sistematización de las instituciones admi nistrativas. 4 Criterios que niegan la posibilidad de codificar el Derecho Administrativo Los autores que opinan que resulta imposible codificar el Derecho Ad ministrativo, argumentan su oposición en lo siguiente: a) La movilidad de la norma jurídico-administrativa que por su misma na turaleza está sujeta a continuar modificaciones. La actividad de la Administración se encamina a la satisfacción directa y concreta de las necesidades colectivas. Al variar las necesidades en sus modalidades y formas de expresión, la codificación impartirá una rigidez a la normación jurídica del actuar administrativo que afectaría al logro de los fines propuestos. García Oviedo afirma que: ...la movilidad del Derecho Administrativo será siempre rémora capital para la codificación y la permanencia del precepto administrativo nun ca podrá pasar de ciertos límites. La materia administrativa carece, por su propia naturaleza, de la estabilidad de la de otros órdenes. Es viva, corriente, siempre animada e inquieta y las reglas que la dominan ce den a factores de perenne evolución. El Código podría nacer, pero na cería anticuado.45 b) La multiplicidad de las normas jurídico-administrativas originadas en la vastedad de las materias reguladas. Si se trata de codificarlas, comprendería todas las actividades huma nas en una enciclopedia jurídica. Resulta imposible otorgar unidad a la infinita variedad de reglas contenidas en leyes, reglamentos, circulares, instrucciones, órdenes y demás disposiciones y prácticas administra tivas. El ya citado García Oviedo considera que en el orden administrativo, "...todo este Derecho es complejidad y variedad infinita, mundo de asuntos, enciclopedia de materias ligadas por la noción del interés pú blico... Sería de temer que más que un Código se obtuviera un con glomerado, a lo sumo, una mera ordenación".46 c) La falta de orden en el Derecho Administrativo. Es otro de los motivos que arguyen los que se oponen a su codifica ción, pues entienden que no hay legislación más dispersa e inorgánica 92 que la administrativa por lo vasto y heterogéneo de las materias que comprende.47 Criterios que admiten la codificación del Derecho Administrativo Pese a toda la argumentación esgrimida por los impugnadores de la codificación son numerosos los autores que la preconizan. Para ellos, al tiempo que estiman exagerada la fundamentación de los opositores al có digo, "...consideran, principalmente, la necesidad de unificar y ordenar la legislación administrativa, por cuanto no se concibe que si la Administra ción es el orden, su regulación jurídica se presenta dispersa, fragmentaria y a veces contradictoria".48 De hecho no hay discusión acerca de la codificación en general, reco nocida como útil y conveniente en cuanto a otras ramas del Derecho que no se conciben sin ser objeto de una ordenación sistemática. En cuanto al Derecho Administrativo, la mantenida y tenaz controversia ha frenado la elaboración de códigos receptores de la construcción jurídica de la ac tividad de la Administración Pública. Dice Royo-Villanova: Los argumentos (en contra) son más efectistas que otra cosa, ...parece que lo que se trata es de codificar los actos administrativos, el fondo de los mismos, y no su forma jurídica, su Derecho. La actividad admi nistrativa, como toda actividad humana, tiene una esfera discrecional únicamente regida por la prudencia (la esfera de lo lícito), la cual, sin embargo, no es indeterminada, sino que tiene sus límites marcados por el Derecho, por ciertas reglas jurídicas, que es lo que se intenta co dificar... En resumen, lo que no puede codificarse es lo que no puede legislarse, y la codificación se refiere a las leyes.49 La codificación representa, como beneficio, asegurar la generalidad, el método, la certeza y la técnica de las disposiciones legales y llenar los vacíos que al unificar las materias dispersas en múltiples cuerpos legales, se adviertan como necesidad de que sean normados para que el gran complejo de tareas que implica la actividad administrativa quede regulado en sus principios esenciales. Cada uno de los tres argumentos de oposición expuesto ha sido objeto de refutación en la forma siguiente: a) Su inestabilidad y contingencia es cierta y en muchos aspectos indis pensable, pero no es característica sólo del Derecho Administrativo, sino que se observa también en otras ramas del Derecho que han sido objeto de codificación. Como ha observado Ducrocq: "...en cada rama de la legislación hay dos elementos: uno más fijo, el otro más móvil, que sigue al progreso de las ideas y las transformaciones sociales. La legislación administra tiva no presenta ningún carácter particular a este respecto".50 93 "No puede haber, añade, una rama de legislación inmóvil a través de los siglos en un mundo en que todo pasa y todo cambia."51 Como afirma Broccoli: "...en todos los complejos de normas concer nientes a la Administración Pública hay un substrato de carácter ge neral y constante aplicable a todas las manifestaciones administrati vas y por consiguiente en todas las diferentes contingencias".59 La multiplicidad de las normas de carácter administrativo. Esta carac terística que presenta el conjunto de normas administrativas, es una cuestión de hecho que debe ser objeto de consideración a los efectos de examinar su incidencia en la codificación y hallar los medios para resolver la dificultad que pudiera entrañar y nunca ser estimada como un impedimento excluyante. Si se atiende al resultado de la codifica ción, es precisamente esa multiplicidad, esa extensión de la materia administrativa, lo que demanda se le unifique porque esa cualidad se deriva en gran modo de la ausencia de concreción de sus principios en un código. No puede esa consideración de la multiplicidad de la normación admi nistrativa, desconocer que en un código no deben tener cabida preceptos de carácter reglamentario ni los usos y prácticas generales en las tareas de la Administración Pública. En resumen, la multiplicidad podrá hacer más difícil la codificación, pero no imposible. c) La falta de orden en el Derecho Administrativo. Este es un razonamiento de poca solidez, puesto que como acertada mente advierte Bielsa: ...coloca la cuestión en un círculo vicioso, ya que no se podría codificar porque no hay orden en el enorme cuerpo de leyes, reglamentos y pre ceptos de Derecho Administrativo, y no hay orden precisamente por que nada o casi nada está codificado. Desde luego, lo "codificable", si no toda, es una buena parte de la legislación administrativa.53 No debe ser el desorden, sino todo lo contrario lo que ha de predo minar en la Administración Pública y en su regulación jurídica. Esta es una cuestión de hecho, común a cualquier rama del Derecho no codi ficada, y lejos de impedir la sistematización debe ser un estímulo para realizarla. Criterios que admiten la codificación parcial del Derecho Administrativo Las objeciones que a la codificación del Derecho Administrativo se han formulado y que son ciertas en muchos aspectos, han originado que dis tintos autores, al reconocer su existencia, aunque las estiman exageradas en cuanto a que constituyen un obstáculo insuperable, se deciden por de clararse partidarios de una solución ecléctica y admiten, tras reconocer la imposibilidad de codificar todo el Derecho Administrativo, su "...codifica 94 ción por materias, mediante trabajos doctrinales que tiendan a la sistema tización de lasinstituciones a cuyo efecto deben recopilarse, clasificarse y ordenarse en un texto único las leyes administrativas".54 El Derecho Administrativo actual y su posible codificación Para emprender la elaboración de un código es necesaria la presencia de varios presupuestos imprescindibles para alcanzar con éxito la siste matización del Derecho Administrativo de un Estado, en un texto único. En primer término se requiere un determinado desarrollo de sus fuentes para que el Derecho Administrativo de un país resulte con suficiente ex periencia para lograr una codificación eficaz, por cuanto no basta aplicar principios acogidos en otros países que pueden no adaptarse a un medio social diferente y entorpecer el obrar administrativo. Útil resulta a esa finalidad, la elaboración de colecciones y compilacio nes de las normas dictadas para algunas materias administrativas y, en muchos casos, la codificación debe emprenderse por etapas, producién dose agrupaciones homogéneas en un solo cuerpo legal de materias de carácter administrativo, individualizadas. En otras palabras, mediante co dificaciones parciales, lograr en varias etapas, la general. Ihering55 considera que para la existencia de un cuerpo de leyes co dificables se requiere: primero, una noción precisa de la rama jurídica de que se trate; segundo, conocer cuál es el sujeto indiscutible de derecho; y tercero, un objeto claramente determinado. En lo que al Derecho Admi nistrativo se refiere existe de él una noción precisa que lo califica como una rama jurídica independiente, como es el que establece los principios y estudia las normas relativas a las relaciones sociales que se producen en la actuación de los órganos de la Administración Pública que tienen fa cultades ejecutivas y dispositivas. Hay en él un sujeto indiscutible que es la Administración, que realiza un objeto claramente determinado que no es otro que la consecución de los fines del Estado, que como objetivo de su actividad se le encomiendan. Del Derecho Administrativo sí puede afir marse, como ciencia jurídica joven aún, se encuentra todavía en construc ción y pese a que se ha avanzado grandemente en su sistematización y hoy podemos considerarla como una verdadera ciencia jurídica, no como un simple desprendimiento del Derecho Civil, no hay duda que sus nocio nes fundamentales han estado y permanecen en plena evolución y su ob jeto y contenido sometidos a modificaciones continuas.56 Hace más de setenta años, Adolfo Posada, refiriéndose a lo expuesto por Ihering en relación con el Derecho Administrativo afirmaba: Pero es preciso no reforzar demasiado los términos. En rigor, si pedi mos un código técnicamente perfecto... cuando el Derecho se encuen tra en situación tal de progreso que es capaz de producir dicho ideal del código, el código no se hace, resulta... Por este lado no juzgo de poca condición al Derecho Administrativo que a cualquier otra rama jurídica.57 95 Posada concluye en cuanto a la codificación, afirmando lo siguiente: 1ro. que el Derecho Administrativo no está positivamente en las con diciones apetecibles para su obra legislativa en forma de código sis temático, verdadera representación orgánica de un ideal del Derecho; 2do. que el Derecho Administrativo, sin embargo, de esto no está en peores condiciones que las demás ramas del Derecho para ser objeto de una codificación análoga a la hecha en estas ramas; 3ro. que en el Derecho Administrativo hay elementos fundamentales de cierta fijeza, que es posible y conveniente definir y fijar jurídicamente.58 Garrido Falla59 manifiesta que la posibilidad de la codificación está condicionada a la idea que se tenga sobre una tal codificación. Si lo que se pretende es conseguir un código donde todo el Derecho Administrativo (tanto la regulación de los principios generales como las de las materias concretas) esté absolutamente recogido de tal forma que fuera de él no haya lugar para ninguna otra norma vigente, entonces tal aspiración debe calificarse de utópica, o cuando menos, de irrealizable por el momento. Si de lo que se trata, en cambio, es de lograr una codificación de los prin cipios generales y de la parte general, así como el de las grandes leyes que presiden la actividad administrativa en cada materia concreta (y sin per juicio del necesario desarrollo que, ai margen del código han de encontrar, tales leyes), entonces no hay ningún inconveniente en afirmar la posibi lidad de la codificación. El autor soviético G.l. Petrov se refiere al estado de la codificación del Derecho Administrativo en la URSS, así como en la República Socialista de Checoslovaquia y la República Popular de Hungría, en las que se han realizado codificaciones parciales. Sobre ese intento en la República So cialista Soviética de Ucrania se puso en vigor en 1927 un Código Admi nistrativo que fue reeditado en 1956. Otros ejémplps son los Códigos Aduanero, Aéreo y el de la Marina Mercante y el Estatuto de los Ferro carriles, todos ellos de la URSS. Observa Petrov que: ...las tareas de la severa observancia del principio leninista de la lega lidad socialista, dictan la necesidad de la codificación del Derecho Ad ministrativo soviético. Ella contribuirá al correcto cumplimiento y apli cación de las normas de Derecho Administrativo, al mejoramiento de los cuadros jurídicos y al desarrollo ulterior de la ciencia del Derecho Administrativo Soviético. Consisten las tareas de la codificación, añade, en llevar al Derecho Ad ministrativo vigente a la plena correspondencia con la Constitución de la URSS y asimismo con las constituciones de las Repúblicas Federa das y Autónomas, con fundamento en las mismas. En eliminar normas, que se repiten o se contradicen. Asegurar la uni dad del régimen jurídico de las relaciones administrativas fundamen tales en todas las Repúblicas Federadas y al mismo tiempo tener en 96 cuenta plenamente su singularidad. En instituir nuevas exigencias de la Administración Pública soviética. En llevar las normas del Derecho Administrativo a un sistema que responda a las tareas de su ejecución práctica y a la elaboración teórica de los problemas de la ciencia del Derecho Administrativo.60 Aunque ante el actual desarrollo, aún no cuajado, del Derecho Administrativo, no se hace aconsejable su codificación integral, no exis ten inconvenientes para que se emprendan codificaciones parciales comprensivas de los principios generales de aquellas materias que tie nen acotado ya su ámbito jurídico, sin que a esas leyes se lleven los de talles de la acción administrativa, ante las situaciones cambiantes que la Administración enfrenta a diario, tienen que ser objeto de mutaciones. Por otra parte, ninguno de esos códigos parciales deberán encerrar en círculos férreos a la Administración para que esta pueda desempeñar su papel de conformadora del orden social e interactuar con la base económica para el logro de los grandes cometidos del Estado. 97 Notas 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 98 Cañizares Abeledo, F„ ob. cit., Fascículo 2, p. 46. Petrov, G.I., ob. cit.. Capítulos IV-V. Garrido Falla. F„ ob. cit., t. I, p. 251. Vacilenkov, P.T. y otros. Derecho Administrativo Soviético, Capitulo II, Editorial Literatura Jurídica, Moscú, 1981 (en ruso). Zanobini, G„ ob. cit., t. I, p. 137. Fleiner, F„ ob. cit., p. 72 y ss. Cañizares Abeledo, F„ ob. cit.. Fascículo 3. p. 87. Forsthoff. Ernst, ob. cit., p. 184 y ss. Ibidem. p. 186 y ss. Zanobini, G„ ob. cit.. t. I. p. 138. Fleiner, F„ ob. cit. p. 73. Forsthoff. Ernst, ob. cit., p. 219. Cañizares Abeledo, F., ob. cit., Fascículo 4, p. 8. Fernández de Velasco, R., Resumen de Derecho Administrativo y de la Ciencia de la Administración, t. I, 2a. ed„ Librería Bosch, Barcelona, 1930, p. 67. Forsthoff, Ernst, ob. cit., p. 224 y ss. Bielsa, R., ob. cit., I, p. 56. Cañizares Abeledo, F„ ob. cit.. Fascículo 3. p. 67. Zanobini, G„ ob. cit., t. I, p. 144.Bielsa. R., ob. cit., t.l, p. 57 y ss. Idem. Idem. Fiorini, B.A., La Discrecionalidad en la Administración Pública, Editorial Alfa, Bue nos Aires. 1948, pp. 37-38. Bielsa, R„ ob. cit., t. I, p. 121. Entrena Cuesta, R.. ob. cit., p. 121. Forsthoff, Ernst, ob. cit., pp. 121-122. 26 García de Enterría, E. y T.R. Fernández, Curso de Derecho Administrativo, t. I. Editorial Civitas S.A., Madrid, 1982, p. 386. 27 Fiorini, B.A.. ob. cit.. p. 25 y ss. 23 Garrido Falla. F„ ob. cit., p. 288. 23 Forsthoff, Ernst, ob. cit., p. 136. 30 Fleiner, F., ob. cit., p. 117. 31 Garrido Falla, F., ob. cit., t. I. p. 241. 22 Bielsa. R., ob. cit.. t. I, p. 124. García de Enterría. E. y T.R. Fernández, ob. cit., p. 387. 34 Fiorini, B. A., ob. cit., p. 161. 35 ibidem, pp. 163-164. 36 Ibidem, p. 111. 27 Ibidem, p. 157'. 33 Alibert, Le controle jurisdicionnel de 1‘administratión, París, 1926, p. 236. citado por Garrido Falia, F„ ob. cit., t. I, p. 243, nota (32). 33 Bielsa, R„ ob. cit., t. I, p. 120. 4® Villegas Basavilbaso, B., ob. cit., t. I, p. 386. 4' Thibaut, Antón F. y F. Carlos de Savigny, La codificación, Editorial Aguilar, Ma drid. 1965, p. 12. 42 Ibidem, pp. 19-20. 43 Vacilenkov, P.T. y'otros, ob. cit.. Capítulo III. 44 Villegas Basavilbaso. B., ob. cit., t. I, pp. 395-396. 45 García Oviedo, C., ob. cit., t. I, pp. 121-122. 45 Ibidem, p. 125. 47 Bielsa, R„ ob. cit., t. I, p. 125. 45 Villegas Basavilbaso, B„ ob. cit.. t. I, pp. 397-398. 4Q Royo-Villanóva, A., ob. cit., t. I, p. 61. 50 Ducrocq, T., ob. cit.. Prefacio, p. XXI. 51 Ibidem, p. XXII. 52 Broccoli Geremia. L„ La codifícazione del Diritto Amninistrativo, Nápoles, 1933, citado por Villegas Basavilbaso, B„ op. cit., t. I, p. 400. 53 Bielsa, R„ ob. cit.. t. I, p. 126. 54 Villegas Basavilbaso, B„ ob. cit., t. I. p. 398. 99 55 Von lhering. R., El espíritu del Derecho Romano, t. Ill, p. 75. Paris, 1887, citado por Posada. Adolfo, ob. cit.. t. I. p. 186, nota (1). EC Villegas Basavilbaso, ob. cit.. t. I. p. 405. 5? Posada. Adolfo, ob. cit.. t. I. pp. 186-187. 58 Ibidem, t. I, p. 190. 58 Garrido Falla. F., ob. cit.. t. I, p. 311. 50 Petrov. G.I., ob. cit.. Capítulo IV. 100 CAPÍTULO VI La relación jurídico-administrativa 1. Concepto de la relación jurídico-administrativa La Administración Pública en su actuar provoca, en las relaciones so ciales que establece con los administrados, vínculos provistos de sustan cia jurídica, derivadas de la ley, ya directamente o mediante una manifes-' tación concreta de voluntad, engendradora de derechos y obligaciones recíprocos que integran una relación jurídico-administrativa. De acuerdo con Forsthoff: "...las relaciones jurídicas entre la Adminis tración y los particulares son definidas por la ley": "una parte esencial de los deberes que incumben al individuo frente a la Administración no es otra cosa que la obligación propia de cada uno de obedecer la ley, de cumplir sus mandatos y prohibiciones".1 Debemos destacar cómo el autor citado nos habla de "una parte esen cial de los deberes que incumben al individuo", puesto que otra parte de esos deberes no surgen directa e indirectamente de la ley, ex lege, sino de un acto administrativo legalmente cimentado en las atribuciones con- formadoras que tiene la Administración Pública actual. Idénticamente acaece con los deberes de la Administración. Su actua ción para proteger y ayudar a los administrados puede estar contenida singularizadamente en un precepto legal y ser por ello un deber ex lege, o fundarse en las finalidades que la caracterizan o implementan, en actos concretos en los que expresa su deber primigenio. La relación jurídico-administrativa es pues, una consecuencia directa del obrar administrativo. De este ha dicho Forsthoff: "La parte más im portante de las actividades administrativas se proyecta hacia afuera, tras ciende los límites de la Administración y la contrapone al individuo. Exige de él determinada prestación o le impone un deber, permite o tolera. En su virtud, entra con él en una relación jurídica."2 Esto no quiere decir que esa relación tiene un sentido unilateral, producto del poder soberano de la Administración. Esta, en su actuación, no puede obrar arbitrariamente. Su conducta toda se regula, mediata o inmediatamente, por la ley. Existe 101 por ello una relación normada por el Derecho Administrativo, una relación jurídico-administrativa. Como nos dice Petrov: Las relaciones sociales que se forman en la esfera de la Administración Pública exigen regulación jurídica. Estas relaciones no pueden estar enteramente previstas por las leyes y decretos en vista de su enorme cantidad, diversidad y dinamismo. Los órganos de la Administración Pública son llamados también a resolver muchas cuestiones individua les y concretas...3 Para el Derecho socialista, expone Petrov, son relaciones jurídico-ad- ministrativas "...aquellas relaciones sociales, regidas por las normas del Derecho que se forman en la esfera de la Administración Pública, es decir de la actividad ejecutiva y dispositiva del Estado socialista... Constituyen parte de las relaciones jurídicas ideológicas socialistas".4 Continúa dicho autor manifestando que las relaciones jurídico-administrativas se caracte rizan por cuatro aspectos: a) Son relaciones sociales de tipo socialista, puesto que se forman en las condiciones de la dictadura de la clase obrera, basadas en el sistema socialista de economía y de la propiedad socialista de los instrumentos y medios de producción. b) Son relaciones volitivas que se forman en correspondencia con la vo luntad del pueblo y son imposibles sin la manifestación de la voluntad y de la conciencia de sus partícipes. c) Al ser jurídicas están garantizadas no sólo por la actividad económica, organizativa y educativa sino también por la fuerza coactiva del Esta do. d) Poseen además caracteres específicos dentro del sistema de las rela ciones jurídicas de la sociedad socialista que la distinguen de otras ra mas, puesto que se forman en la esfera de la Administración Pública, como una de las formas de la actividad del Estado socialista para la realización inmediata y práctica de las funciones del Estado, para la or ganización diaria de su actividad económica, cultural y defensiva. 2. Los sujetos de la relación jurídico-administrativa Como hemos visto toda norma jurídico-administrativa se dicta en atención a un interés y a ese fin, permite o proscribe conductas determi nadas y otorga potestades a entes públicos que al ejercitarlas entran en relación con otras personas, con consecuencias jurídicas valorables. En toda relación jurídico-administrativa encontramos la presencia de la Administración Pública que desenvuelve su actividad emitiendo a través de sus órganos decisiones ejecutivas y dispositivas que tienen siempre un destinatario. En la mayoría de los casos ese destinatario es el administra 102 do, aunque a veces lo es otro órgano u organismo de la propia Adminis tración. El administrado, esto es, el hombre-individuo, el que como tal tiene personalidad jurídica, es capaz también de establecer la relación jurídico-administrativa cuando insta ante la Administración o simplemen te hace uso de un servicio estatal. Dos son, pues, los sujetos a considerar en esa relación: la Administración Pública y el administrado, ambos titu lares de derechos y deberes, jurídicos. De ellos, la Administración es al propio tiempo titular de potestades administrativas, consecuencia de su "...titularidad del poder de imperio, que representa la característica esen cial de la posición jurídica del Estado en contraposición a los particula res",5 y en consecuencia podemos estimarla como el sujeto activo de la relación jurídico-administrativa. Las personas jurídicas Toda relación jurídica, y de ello no escapa la jurídico-administrativa, se establece entre los llamados sujetos de derecho, capaces de contraer obligaciones y de ser titulares de derechos. A tales sujetosde derecho se les denomina "personas", por lo que ambos términos pueden considerar se sinónimos, aunque, según Cañizares Abeledo: "...en la práctica se uti lizan empleándose persona para hacer referencia al sujeto de Derecho; se emplea para designar a la persona como parte integrante de una relación jurídica, como elemento subjetivo actuante en una relación de Derecho".6 Para determinar si el Estado y por ende la Administración -que no puede considerarse distinta y separada de él, sino una de sus modalida des- poseen personalidad, es necesario conocer primero lo que es una persona jurídica. El concepto persona puede enfocarse desde distintos aspectos: en un sentido físico-antropológico es el hombre, el ser humano. En una estima ción biológico-filosófica, la persona es un ente racional, dotado de capa cidad de pensar y de conciencia, producto del desarrollo de la materia viva en el grado más alto que puede alcanzar la siquis. Con un criterio jurídico, "...es una categoría social -dice loffe- cuyo verdadero significado se de termina, en cada época histórica por aquellas relaciones económicas y por tanto de clase que en ella reciben su expresión y su consagración jurídi ca".7 Para el Derecho no es sólo persona la entidad física del hombre, sino que la persona se considera como una institución jurídica aplicable tam bién a los grupos humanos que son jurídicamente relevantes. Estos gru pos que no son otra cosa que entidades colectivas que se establecen para un fin común, han recibido las denominaciones de personas jurídicas, mo rales, ficticias, ideales, incorporadas, etc. No debemos llamarlas personas jurídicas porque tanto lo son las físicas, el ser humano individual, como los entes colectivos. De ahí que escojamos para su identificación el denomi narlas personas jurídicas colectivas o personas morales. Las personas mo rales, llamadas generalmente personas jurídicas, son entes colectivos for mados por hombres reunidos y organizados en una institución con fines 103 que trascienden a los intereses individuale§.,Poseen vida jurídica propia distinta a la de sus miembros y la posibilidad, reconocida por el Derecho, de ser titulares de derechos y obligaciones. Constituyen una realidad so cial y aunque como expresa loffe: "...el alcance de su capacidad jurídica depende de las previsiones de la ley, su contenido se determina siempre por las condiciones económicas existentes. La personalidad jurídica -con cluye- como cualidad socio-jurídica constituye una categoría objetiva mente necesaria en una sociedad en que existan el Estado y el Derecho".8 La naturaleza jurídica de las personas morales ha sido explicada por teorías contradictorias, así como negada por diversos juristas. Una parte de la doctrina clásica, la teoría realista, pretende justificarla sobre la base de la semejanza que ciertas entidades y colectividades ofrecen con la pro pia persona individual. Criterio erróneo, puesto que no es posible asimilar de manera total esos sujetos de derecho con el hombre mismo. Por otra parte, dejan sin explicar, no sólo el hecho de que para que una persona moral exista se requiere el reconocimiento estatal a personas jurídicas que se proponen idénticos intereses que el Estado. Otra escuela, también clásica, con un criterio formalista opuesto al an terior, considera que la persona moral es una simple ficción, creada por el legislador y que en el fondo los verdaderos titulares son las personas físicas que integran su substrato. Tampoco es acertada esta opinión pues to que con acusada superficialidad desconocen la existencia de ciertos ti pos de colectividades representativas de intereses comunes y permanen tes que no pueden ser desconocidos por el Derecho. En el Derecho socialista, una persona jurídica debe estar revestida de los caracteres fundamentales siguientes: a) Una estructura orgánica unitaria. b) Poseer un patrimonio propio, separado de cualquier otro. c) El derecho de actuar jurídicamente en nombre propio con facultad para adquirir para sí derechos y obligaciones y comparecer ante los tribunales. ch) Responsabilidad independiente, con su patrimonio, de sus obligacio nes. Basado en estos caracteres, afirma loffe "...el descubrimiento de la esencia de la persona jurídica presupone, en primer término, el aná lisis de su base económica y la determinación de su substrato huma no".9 La persona moral, aunque con potestad propia de querer, es incapaz de expresar por sí misma su voluntad colectiva y por ello su capacidad de ejercicio de derechos se realiza por medio de sus órganos, que con sus ac tos crean para la persona jurídica derechos y obligaciones. Según exponen Serebrovski y Jalfina, las personas morales pueden constituirse mediante el empleo de uno de los sistemas siguientes: a) El administrativo, a través de una decisión específica de un órgano del Estado con competencia para su creación. 104 b) El de autorización que requiere que los que se proponen fundarla re ciban del órgano competente del Estado el correspondiente permiso. c) El normativo, sin permiso previo, por el cual la ley establece las normas generales para la formación de una clase determinada de personas jurídicas y cualquier grupo humano que cumpla los requisitos estable cidos puede constituirla.10 La persona moral puede dejar de existir, según las causas siguientes que enumeran los autores citados: a) Por disposición de la ley o de un órgano de poder del Estado. b) Por decisión voluntaria manifestada por la propia entidad. c) Por vencer el plazo para el cual se le creó, cuando se trata de per sonas temporales. ch) Por haberse logrado el fin que motivó su creación. d) Si su número de miembros llega a ser menor que el mismo que para ella exige la ley o su estatuto. e) Cuando se liquidan los bienes que integran su patrimonio y por ello cesan en sus actividades. f) Cuando se reorganizan fusionándose con otra entidad o dividiéndose en dos o más de ellas. En este último caso al tiempo que la persona jurídica que se reorganiza se extingue, nacen otras que son sucesoras y continuadoras de la que desaparece.11 Personalidad jurídica del Estado y de la Administración El Estado presenta realidades que lo hacen ser sujeto de derechos y de obligaciones. Su misma continuidad, las relaciones internacionales que mantiene, las relaciones que en su oportunidad crea con respecto a los particulares, hacen llegar a la conclusión de la existencia en él de una per sonalidad, puesto que el concepto jurídico debe responder siempre a la realidad a que sirve. Tiene estructura orgánica, patrimonio propio, facul tad para actuar en su nombre y responde de sus obligaciones. Es pues, sujeto independiente de derecho. Esa personalidad tiene también que ex tenderse a la Administración Pública, como expresión que es del obrar so berano del Estado y se nos presenta continuamente como sujeto de de rechos y de obligaciones. Si la Administración Pública es una de las for mas de obrar del Estado, la personalidad de este la ejerce, en cuanto a sus funciones administrativas, la Administración. Todas las relaciones jurídico-administrativas se explican en tanto la Administración Pública, en cuanto persona, es un sujeto de Derecho que emana declaraciones de voluntad, celebra contratos, es titular de un patrimonio, es responsable, es justiciable, etc. La personificación de la Administración Pública es así el dato primario y sine qua non del De recho Administrativo.12 105 Es la Administración la que desde el punto de vista del Derecho Ad ministrativo y también del Derecho Civil tiene relevancia práctica en cuan to a la personalidad jurídica del Estado, pues es la que actúa en todos aquellos casos en que esa personalidad se manifiesta en sus relaciones in ternas. La personalidad del Estado que trasciende a la de la Administra ción se refiere al conjunto de sus funciones, lo que se hace patente desde el punto de vista del Derecho Internacional, al poderse dar elcaso de que el Estado se obligue por sí, por medio de sus órganos políticos, del Go bierno, sin intervención de la Administración, a adoptar medidas legisla tivas. La personalidad jurídica del Estado y por consiguiente de la Adminis tración, se refiere al conjunto de sus funciones, lo que se manifiesta desde el punto de vista del Derecho Administrativo y también del Derecho Civil y tiene relevancia práctica en cuanto a la personalidad jurídica del Estado, pues es la que actúa en todos aquellos casos en que esa personalidad se manifiesta en sus relaciones internas. La personalidad jurídica del Estado y por consiguiente de la Adminis tración, ha sido discutida por muchos tratadistas burgueses, que la con sideran, o una ficción creada por el Derecho, o la restringen a las relacio nes patrimoniales, distinguiendo entre Estado-poder y Estado-persona. En todo ello no hay más que política apta en todos sus aspectos para ase gurarles su capacidad de explotación y reafirmar la base económica. Si el Estado es persona sólo por ficción jurídica y si junto al Estado-persona está el Estado-poder, no existen dificultades para que, cuando sea nece sario a los intereses de la clase que domina, el Derechq desconozca esa personalidad que sólo existe mientras la norma lo permita o que el Esta do-poder actúe sin otra limitación que el uso que quiera dar a su potestad de imperio, puesto que como tal no es sujeto de obligaciones. En el Derecho socialista, el Estado, como sujeto de derecho y por regla general, informan Serebrovski y Jalfina, no participa directamente en las relaciones patrimoniales, sino a través de otros órganos que son perso nas-morales independientes, que son sujetos de derecho que actúan en su propio nombre, aunque se dan casos en que el estado mismo hace su in tervención como sujeto de derecho y responsable de sus obligaciones y por ello, como persona jurídica propia.13 Resulta indudable que el Estado y por ende la Administración pueden ser y de hecho lo son, sujetos de derechos y obligaciones, y se configuran como personas jurídicas colectivas. En el Estado y además en la Adminis tración, considerada en su aspecto general, abarcadora de la totalidad de la actividad ejecutiva y administrativa de aquel, pueden existir otros su jetos de derechos y obligaciones, otras personas jurídicas, que el propio Estado crea por medio de una manifestación de voluntad legislativa y a las cuales dota de un patrimonio propio y les otorga una estructura or gánica unitaria. Ellos pueden, una vez que la ley les ha dado vida, actuar jurídicamente en nombre propio y con facultad para adquirir para sí de rechos y obligaciones y comparecer ante los tribunales y responder de sus 106 obligaciones con su patrimonio, sin comprometer en ellas al Estado. Su substrato humano aparece integrado por la colectividad de trabajadores bajo una dirección unitaria y hacen posible su funcionamiento y la reali zación de la tarea que el Estado le ha encargado. Citando de nuevo a loffe: "En consecuencia un órgano económico-socialista puede definirse como la colectividad de trabajadores y empleados encabezados por un jefe res ponsable, a la que el Estado encomienda el desempeño de ciertas tareas estatales, para cuyo fin destina parte de su patrimonio."14 Ejemplos de estas personas son, entre nosotros, las empresas estata les que tienen reconocida su personalidad jurídica por el decreto Ley nú mero 24 de 15 de mayo de 1979, dictado por el Consejo de Estado y por el Consejo de Ministros en su Decreto número 42 de 24 de los propios mes y año. Reglamento General de la Empruponen la integración de los caracteres que identifican la personalidad jurídica de un ente colectivo, como lo es la entidad económica, eslabón primario de la economía nacio nal, que es la empresa estatal. El administrado En toda relación jurídico-administrativa existe además de la Adminis tración, sujeto activo de ella, un sujeto pasivo que es el administrado, el particular a quien se dirige y destina la acción administrativa, el que ocu pa una situación jurídica opuesta a la Administración, aunque aparezca también en el campo del Derecho como titular de potestades y derechos frente a aquella,15 consecuencia de la vinculación de la Administración a la ley y del principio de la legalidad socialista. Dentro del concepto del administrado debe comprenderse no sólo a los individuos, sino a aquellas personas jurídicas que entran en relación con una entidad administrativa, incluso a los órganos estatales, lo hagan con otros que por razón de su posición en la estructura administrativa tie nen potestad sobre ellas. La actividad administrativa del Estado traducida en los servicios esta tales y en la gestión económica, supone la existencia de relaciones nor madas por el Derecho, y uno de los sujetos, la Administración, participa del poder público, lo que le da carácter de activo, en tanto el que recibe la acción, carece de esa potestad de poder y es por ello el sujeto pasivo de la relación. Esa determinación de los sujetos activos y pasivos no pue de establecerse en forma absoluta, por cuanto en sus relaciones con la Administración, los administrados ocupan a veces una posición activa, cuando la ley les da poderes frente a una entidad administrativa, que en estos casos ocupa una posición pasiva. "Así pueden (o tienen potestad) de presentar instancias solicitando determinados servicios o de presentar recursos gubernativos, y, en su caso, tendrán también el derecho de que la Administración les conceda lo pedido."16 La titularidad de los derechos que de acuerdo con el ordenamiento le gal pueden tener los administrados, es consecuencia de una capacidad jurídica distinta de la capacidad jurídico-civil. Existe una capacidad jurídi 107 co-administrativa configurada de modo distinto a la civil, que correponde. no sólo a la capacidad jurídica sino también a la capacidad de obrar. Los casos y circunstancias condicionantes de la capacidad jurídico-ad- ministrativa de los particulares obrarán en el Derecho Administrativo de manera distinta que en el Derecho Civil, pues no se reconocen efectos ge nerales a su existencia sino que en cada materia determinada tiene rele vancia distinta. Todos los particulares son mayores de edad para el De recho Civil en una edad determinada y sin embargo esa mayoría de edad no los capacita para desempeñar determinados cargos administrativos, generalmente por la propia persona, sin que se admita, como en el De recho Civil, la actuación por apoderados.17 Los principales casos que condicionan la capacidad son: a) La nacionalidad, que en el Derecho Administrativo es base y funda mento para el ejercicio de determinados derechos y para el desem peño de las posiciones más elevadas en la función pública. b) El sexo, puede ser causa de incapacidad relativa para desempeñar ciertas labores administrativas. c) La edad, para la que rigen reglas concretas en muchos casos que la hacen ser causa modificativa de la capacidad en Derecho Adminis trativo. ch) El estado físico, la salud, irrelevante para casi todo el Derecho Civil, determina sin embargo la capacidad en muchos aspectos del ejerci cio de la función pública y exime en otros casos del cumplimiento de ciertos deberes públicos administrativos; por ejemplo, el servicio mi litar general. d) La buena conducta constituye en muchos casos, cuando se reconoce por órganos competentes su ausencia en el actuar de una persona, motivo de incapacidad permanente en ciertas materias administrati vas como es la relación de empleo. e) El domicilio, que puede ser condición para desempeñar ciertos car gos. f) El estado civil, porque para asumir determinadas funciones puede exigirse la soltería. g) La capacidad técnica apreciable como condición indispensable para muchos cargos. h) La integración política con las ideas que sustenta el Estado puede ac tuar como requisito para el desempeño de ciertas funciones adminis trativas.La actividad del administrado, la potestad administrativa radica en la Administración que es su titular, por eso se ha dicho que la administración es obra de la Administración.18 Sin embargo, el administrado, en relación con el obrar administrativo, realiza determinada actividad y puede recla mar prestaciones y derechos y en otros casos para que el acto adminis trativo produzca plenitud de efectos jurídicos se requiere la presencia del 108 administrado como coadyuvante. En otras palabras, el administrado par ticipa en la vida administrativa. La participación del administrado en el obrar administrativo puede ha cerse por colaboración, como cuando realiza el ejercicio privado de fun ciones públicas, como son el deber de denunciar hechos delictivos, la prestación obligatoria de servicios profesionales, el auxilio a la autoridad y las llamadas prestaciones personales obligatorias que revisten un aspec to directo del ejercicio de funciones públicas como por ejemplo, el servicio miljtar general y el deber de mantener limpios los frentes de las casas. En la sociedad socialista la participación de los administrados en las actividades administrativas adquiere especial relevancia. Es un principio del Derecho administrativo socialista la participación de las masas traba jadoras en la administración del Estado. La integración Estado-sociedad hace que todo ciudadano adquiera conciencia de que como individuo for ma parte de una colectividad poseedora en su conjunto de los medios e instrumentos de producción. Ya no son un objeto sino un sujeto de go bierno y su intervención en las tareas administrativas se hace cada vez más intensa. Los administrados, integrados en las organizaciones de masa, asumen actividades administrativas que alivian a la Administración Pública en el agobiante quehacer de llevarlas a cabo, le permiten evitar el burocratismo a la par que. al desarrollar la conciencia de las masas, la identifica cada vez más con la ideología y propósitos del Estado. La pro ducción, la justicia laboral, la salud pública, la educación, el orden interno, la recreación y los abastecimientos son, entre otros, campos de acción en los que la participación de los administrados se hace ya indispensable. Así, la Constitución en el segundo párrafo de su artículo 7, dice: "En sus actividades el Estado se apoya en las organizaciones sociales y de masas, las que. además, cumplen directamente las funciones estatales que conforme a la Constitución y la Ley convengan en asumir."19 Esa participación del administrado en el obrar administrativo se pre senta también como presupuesto o como consecuencia de un acto admi nistrativo. Existen los actos de ejecución de una obligación jurídica en la que la Administración exige, como es el pago de servicios recibidos; las declaraciones unilaterales de voluntad del particular que producen efectos jurídicos administrativos constitutivos, como lo sería el caso de la presen tación de la renuncia de un cargo respecto a la cual la ley dispone que tie ne que ser aceptada y, por último, aquellos actos del particular que presuponen la eficacia o validez del acto administrativo requerido de co adyuvante, de los que son ejemplo, la renuncia que sólo tiene eficacia cuando se acepta, la instancia que se presente para lograr una autoriza ción y la toma de posesión de un cargo público.20 3. El acto administrativo. Concepto En un sentido material, atendiendo a su contenido, sería acto adminis trativo toda manifestación de voluntad de un órgano del Estado sea ad 109 ministrativo o legislativo que tenga sustancia administrativa.21 Así lo sería una ley formal, que concediera una pensión a una persona determinada, la que expresamente se consagra en su texto. Si se atiende a un criterio formal, a la naturaleza del órgano que ma nifiesta la voluntad, sólo serán actos administrativos los que provengan de la Administración Pública, de los órganos de la Administración del Es tado.22 Como los órganos administrativos pueden dictar actos con con tenido legislativo (reglamentos), el criterio formal no configura tampoco un concepto adecuado del acto administrativo. De ese modo podría distinguirse entre los actos de la Administración y los actos administrativos así, serán actos de la Administración los que tienen un carácter general y abstracto, los que regulan la actividad interna de la Administración y de los que no producen efectos jurídicos en cuanto a terceros, como son los emitidos por los órganos consultivos que se so meten a la consideración de los órganos activos y que sólo producen efectos, si son aprobados por estos. Igualmente, los actos materiales de la Administración, carentes de la facultad de producción de efectos jurí dicos, son irrelevantes como actos administrativos, pero son actos de la Administración. La integración del concepto del acto administrativo requiere conjugar los puntos de vista formal y material, el órgano de quien emana y su con tenido. Criterio este compartido, entre otros, por Sayaguez.23 Como bien señala Forsthoff,24 el concepto del acto administrativo tie ne un carácter empírico que lo hace derivar de la experiencia y no es po sible fijarlo de modo apriorístico, infiriéndolo de consideraciones abstrac tas; a ello añadimos que no puede recogerse del lenguaje de las leyes, que sólo por excepción usan la expresión "acto administrativo". El obrar de la Administración, prescripto en la norma, recibe denominaciones diversas: decreto, resolución, acuerdo, orden, autorización, permiso, declaración, disposición, etcétera.25 Para García de Enterría y Fernández: "Acto administrativo sería la de claración de voluntad, de juicio, de conocimiento o de deseo realizado por la Administración en ejercicio de una potestad administrativa distinta a la potestad reglamentaria."26 El acto administrativo, como categoría jurídico-administrativa, ha de emenar de un órgano de la Administración del Estado, ser una manifes tación de voluntad de su potestad administrativa y contener una declara ción concreta que produzca un efecto jurídico-administrativo inmediato.27 Esto excluye del concepto a aquellas actividades administrativas jurídica mente irrelevantes, como son las alocuciones o exhortaciones de las autoridades en relación con algún suceso, la actividad técnica e intelectual que interviene en la prestación de los servicios estatales y los actos ma teriales preparatorios o ejecutorios de los propios actos administrativos. Los hechos jurídicos, que producen efectos relevantes en Derecho no son actos administrativos en razón a que no existe en ellos la necesaria manifestación de voluntad de un órgano de la Administración.28 110 El alcanzar la edad en que se ha de prestar el servicio militar general es un hecho productor de efectos jurídicos y no un acto administrativo. Los administrados, pese a que sus acciones son a veces relevantes para la existencia del acto administrativo, no pueden producirlos, puesto que sólo pueden proceder de los órganos de la Administración en el ejer cicio de su obrar soberano como poder público, del que son una emana ción unilateral. No es necesario, para la existencia de un acto administrativo, que la declaración concreta, dirigida a un caso particular, esté revestida de un sentido positivo, esto es. que dé lugar o modifique una situación de hecho. La negativa a actuar ante la solicitud de un administrado constituye un acto administrativo. En resumen, la nota conceptual determinante de un acto administra tivo es que, al producirse, se objetivice su función administrativa. Elementos del acto administrativo Las condiciones esenciales de la legitimidad de un acto administrativo son: sujeto u órgano, manifestación de voluntad, objeto y producción de efectos jurídicos. Sujeto u órgano El sujeto del acto administrativo es, en sentido general, la Administra ción Pública, pero en su carácter de persona moral, la producción de sus actos registra la presenciade sujetos individuales que son los órganos de la Administración, vinculados a ella por una relación jurídica. Sólo tendrán validez, en razón al sujeto, aquellos actos que produzcan los órganos dentro del ejercicio de su competencia, dentro del ámbito de las facultades que como tal órgano le estén atribuidas para que dé cum plimiento a la actividad administrativa conferida al oficio público que de sempeña y que su titular esté investido como tal en forma legal. Deben tener, en suma, capacidad de obrar por la Administración. Manifestación de voluntad El acto administrativo se produce mediante la expresión volitiva que emite el órgano competente acomodándose a la norma y que en sí es la expresión de la voluntad de la Administración, conlleva la potencialidad jurídica necesaria a producir el efecto jurídico que desea. El objeto El objeto del acto reviste la variedad que presenta la acción de servicio de la Administración y se contrae a la actividad encaminada a cumplir el fin genérico del acto. Debe ser siempre concreto y para satisfacer un in terés general presupuesto de todo el obrar administrativo consiste en re conocer, preconstituir, modificar o extinguir situaciones jurídico-adminis- 111 trativas individualizadas, siempre dentro del ámbito de la ley y con base en los supuestos de hecho que la norma aplicable contiene y para el logro del fin que la ley se propone. Producción de efectos jurídicos Todo acto administrativo es un acto de Derecho, esencialmente jurí dico y como tal produce efectos jurídicos, esto es. la mutación total o par cial, actual o potencial, de una realidad jurídica existente, su juridicidad descansa en que son emanados por la Administración con la finalidad de producir, por un interés general, esos efectos jurídicos que son siempre in dividualizados, esto es, configuran una situación jurídico-administrativa. Notas accesorias del acto administrativo Además de los elementos esenciales del acto administrativo pueden aparecer en él notas accesorias que como contenido eventual del acto, son las siguientes: La condición. Actúa subordinando la-eficacia jurídica del acto a un su ceso futuro e incierto. Va estrechamente unida al contenido principal del acto, cuyo destino jurídico depende de ella. El comienzo o la terminación de los efectos jurídicos está referido a la realización de ese hecho. La con dición administrativa puede ser, como en el Derecho Civil, suspensiva o resolutoria. En la primera, los efectos no comienzan hasta que el suceso no ocurre, por ejemplo, se concede licencia para fabricar un inmueble, siempre que el propietario del fundo colindante autorice que por este de riven las aguas residuales de aquel. En la condición resolutoria el acto pierde su eficacia si el suceso se produce, por ejemplo, se otorga una beca para cursar estudios universitarios, a condición de que se aprueben todas las asignaturas de cada curso, si no se aprueban, la beca se extingue. En el Derecho Administrativo puede aparecer un tipo de condición in existente en el Derecho Civil, la potestativa, cuya aplicación queda a vo luntad del sujeto, por ejemplo, la beca para estudios universitarios puede ser dejada sin efecto si la Administración considera que el becario no aprovecha en sus estudios. Ei modo. Se asemeja a la condición, pero se diferencia en que se yux tapone independientemente al contenido principal del acto administrativo y por ello el destino jurídico del acto no depende del modo, en tanto el acto tiene una dependencia directa de la condición. El modo constituye una orden soberana de carácter coactivo que generalmente consiste en el desembolso de una suma de dinero que se exige a la persona destinataria del acto, por ejemplo, se suministra el servicio de energía eléctrica a un inmueble si el ocupante paga la tarifa que la Administración determina. Esa tarifa es una carga modal. Sin embargo, en ciertas circunstancias resulta difícil distinguir entre el modo y la condición, y la dificultad se aumenta por cuanto que, a veces. 112 las leyes no emplean un lenguaje claro, llamando condición a lo que es modo. La práctica administrativa deja, por lo regular, margen a distintas interpretaciones, ya aceptando la confusa terminología legal, ya evitando las expresiones modo y condición y así concede permisos, otorga conce siones y realiza otros actos administrativos empleando las expresiones con tal que o que no. Como ejemplo podemos citar el hecho de que en nuestro país la empresa que suministra a la población la energía eléctrica, lo que hace por un acto administrativo requerido de coadyuvante, puede suprimir el servicio si no se abona el importe de la electricidad consumida. Esta suspensión no es un elemento constitutivo del acto administrativo que no desaparece por esa circunstancia, es una nota modal accesoria yuxtapuesta al acto, del que es un contenido eventual: abonado el con sumo se restablece el servicio sin requerimiento de un nuevo acto. En los casos dudosos conviene fijarse en la intención contenida en el acto administrativo para determinar si existe una condición o un modo. El término o plazo Indica el día en que nace un acto o aquel en que se extingue. Puede aparecer fijado para un acto específico o la ley puede señalarlo de modo general para todos los actos de una clase determinada. El término es creador o extintor de situaciones jurídico-administrativas para el adminis trado y de obligatorio acatamiento para la Administración. Clasificación de los actos administrativos Las clases de actos administrativos son innumerables y dependen del punto de vista que se adopte para analizar los distintos tipos de objeti vación de la actividad administrativa que de hecho y en la práctica se pre sentan, toda vez que no pueden fijarse clasificaciones apriorísticas, sino que los criterios de división han de inferirse de las situaciones que en el obrar administrativo se producen. Desechando las que no tienen su base en el mismo acto administra tivo, sino que se fijan en la intensidad de sus efectos o en las diferencias de su tratamiento, encontramos que atendiendo a su contenido los actos pueden ser: imperativos, conformadores, declaratorios, regístrales y re queridos de coadyuvantes. Imperativos. Son los que contienen un mandato o una prohibición. Su misión es provocar en los obligados una determinada conducta respecto a la Administración, y en caso necesario, forzar coactivamente a ella, por ejemplo, el que ordena el cumplimiento de una disposición sanitaria. Conformadores. Pueden presentarse en formas muy diversas, pero es común a todas ellas el fundar, modificar o suprimir una relación jurídica concreta, por ejemplo, las autorizaciones, permisos, licencias, etc., que crean una situación jurídico-administrativa del destinatario, las órdenes 113 conformadoras respecto a las cosas públicas, especialmente la afectación y su acto contrario, la desafectación. Tanto los actos imperativos como los conformadores se caracterizan por definir ejecutoriamente una situación jurídica individualizada en un ad- OQ ministrado. Declaratorios. Pertenecen a este grupo todas las declaraciones sobre determinadas propiedades de personas o cosas, de cuya existencia o ausencia dependen determinadas consecuencias jurídico-administrativas, por ejemplo, el reconocimiento de la condición de vecino o residente en un lugar determinado del territorio. Regístrales. En realidad estos actos no contienen disposición alguna sobre una situación jurídica. Se limitan a consignar que en los registros correspondientes se han asentado determinados particulares. Emitidos bajo la responsabilidad del órgano competente para ello, según la legis lación que al registro atañe, constituyen hechos probatorios de los ya re gistrados y tienen carácter de documentos públicos. Sus efectos jurídicos se contraen a legitimar los hechos a que se refieren, por ejemplo, las cer tificaciones del registro del Estado Civil.Requerido de coadyuvantes. En relación con determinados actos admi nistrativos, prescriben las leyes que no pueden tener lugar sin previa so licitud del destinatario este, por consiguiente, participa con su voluntad en el nacimiento del acto. Su cooperación consiste en que por medio de la manifestación de su voluntad, se pone en movimiento la actividad de la Administración que inicia un procedimiento que finaliza en un acto admi nistrativo. Las leyes determinan a menudo que la solicitud es la incitación y el supuesto de una garantía y esta reviste peso específico cuando el acto administrativo deseado da lugar al nacimiento no sólo de derechos, sino también de deberes, por ejemplo, la solicitud de licencia por parte de un trabajador de la Administración Pública que lo obliga a reintegrarse al cargo al llegar su vencimiento. En otros actos administrativos la actuación del coadyuvante es reque rida una vez que el acto ha sido emitido por la Administración y es en tonces que el acto produce la totalidad de los efectos jurídicos que a la Administración interesan, por ejemplo, el nombramiento de un trabajador de la Administración Pública no adquiere completa eficacia en tanto que el nombrado no acepta el cargo y toma posesión. Otras clasificaciones tradicionales. Existen otras clasificaciones de los actos administrativos y entre ellas se encuentra la que tradicionalmente aparece en los tratadistas de Derecho Administrativo,30 y que más ade lante se explica. Actos singulares o de ejecución y plurales o de deliberación y acuerdo. Los actos singulares son el producto de la actuación de un órgano admi nistrativo que por sí solo tiene competencia para que sus manifestaciones 114 de voluntad produzcan efectos jurídicos, son característicos la administra ción activa. Los plurales que emanan de la Administración deliberante, requieren de la intervención de distintas personas individuales que actuando de con suno, mediante deliberación y acuerdo, manifiestan la voluntad de un ór gano integrado colectivamente. Actos internos y externos. Serán actos internos los que surten efectos dentro de la propia esfera de la Administración, por ejemplo, una orden dada a un funcionario por su superior jerárquico. Los externos trascienden hacia los particulares que son los destina tarios de los efectos jurídicos dél acto. Estos últimos son los que propia mente se consideran verdaderos actos administrativos. Actos reglados y discrecionales. Los actos reglados son los que la Ad ministración produce en cumplimiento de preceptos imperativos que con tienen reglas vigentes y específicas, reguladoras de la actividad adminis trativa en una materia determinada. Los actos discrecionales son aquellos en que se aplican preceptos que conceden a la Administración cierta actuación libre, puesto que la norma fija un ámbito de acción y la facultad de elegir entre varias formas posi bles de comportamiento, dentro de los límites jurídicos enmarcados en la norma. Actos formales y no formales. Actos formales son aquellos que la nor ma impone al seguir en su producción una forma determinada y si se falta a ella, el acto se ve afectado en su eficacia jurídica. No todos los actos requieren estar revestidos de formalidades para su validez jurídica. Sólo los actos expresativos de un juicio o que expresan un ejercicio intenso de la potestad administrativa deben dotarse de for mulismos. Actos no formales, son los que tienen eficacia jurídica, sea cualquiera la forma que la Administración adopte para producirla, puesto que la ley no le fija una forma determinada. Actos personalizados y generales. Son actos personalizados los que van dirigidos a destinatarios concretos, ya sea a una sola persona o a un grupo de destinatarios constitutivos de una pluralidad determinada, y actos ge nerales aquellos que afectan a una pluralidad indeterminada de sujetos. El acto administrativo defectuoso Cuando un acto ha sido perfeccionado, es decir, se ha realizado con todos sus elementos esenciales, tiene plena eficacia y aptitud para produ cir todos sus efectos jurídicos. Coinciden perfección y eficacia del acto administrativo. Pero aunque en apariencia la producción del acto se ha realizado cumplimentando todos los requisitos esenciales que la ley se ñala, pueden existir otras irregularidades no recogidas taxativamente en el texto legal, que pueden afectar la validez del acto y, aunque no tengan 115 esa trascendencia jurídica, deben en uno y otro caso ser objeto de medi das jurídicas que remedien esas irregularidades y hagan que el obrar ad ministrativo sea totalmente correcto. Así las equivocaciones en el texto no afectan la validez del acto cuan do la manifestación de voluntad es evidente, por lo que sólo hay la ne cesidad de corregirlas, pero si afecta la sustancia jurídica del acto, los de fectos materiales del acto administrativo pueden afectar a su naturaleza jurídica y determinar su anulación, puesto que si hay incongruencia entre la norma legal y la manifestación de voluntad contenida en el acto, la ca rencia de validez tiene su base en la vinculación que con el derecho nor mativo ha de mantener la Administración. Los defectos del acto adminis trativo, según su gravedad, son capaces de provocar su invalidez a través de la declaratoria de nulidad o de anulabilidad. Si el acto es nulo, su in validez lo afecta ex-tunc, desde entonces, desde que se dictó el acto, no produce efecto jurídico alguno, al tenérsele por inexistente. Si el acto es anulabie su invelidez se declara ex fíunc, desde ahora, y los efectos que ha producido el acto conservan validez, aunque no producirá en lo ade lante efecto jurídico alguno, pierde validez y debe desaparecer del mundo del Derecho. Los defectos de los actos administrativos31 pueden originar se como sigue. Defectos en el procedimiento para su formación El acto administrativo no puede ser producido libremente, su produc ción debe ajustarse a un procedimiento determinado, esto es, a la ejecu ción sucesiva de distintos actos que llevan a la formación del acto o re solución final. Puede darse la violación de la competencia territorial cuando un órga no interviene en el ámbito geográfico de otro, situado a un mismo nivel, y se violará la competencia objetiva cuando el órgano realiza una acción atribuida a otro órgano, ya por razón de la materia o de la jerarquía. Estas violaciones implican la nulidad del acto. En algunos actos dictados en uso de potestades limitadas temporal mente por la legislación, un órgano irregularmente designado o que no se halle en funciones o que estándolo, deba abstenerse de actuar, exis te la posibilidad de obtener la anulación del acto. Cuando se omite la intervención del interesado durante el proceso de formación del acto, esos errores deben subsanarse dentro del procedi miento, anulándose las actuaciones viciadas por ellos, y si el acto se ha producido, puede solicitarse su anulación, al igual que sucede si se infrin gen las formas del procedimiento. Defectos en el contenido mismo del acto Los defectos materiales, que aparecen en el contenido mismo del acto, pueden originarse, no sólo en la actuación de los órganos de la Adminis tración, sino también en la de los administrados con interés en el acto. 116 La aplicación de medios deshonestos (engaño, soborno, coacción y amenaza) por parte de un interesado, para obtener un acto administrativo favorable a su interés, son defectos que afectan su validez. Si un acto administrativo es incongruente con la realidad, porque su contenido es inexistente o absurdo; si se considera al destinatario del acto con una capacidad que no posee; si se emplea por la Administración un medio falso o exagerado para la obtención del fin deseado; si el acto está falto de precisión o es incompleto, la anulabilidad del acto puede ser de cretado Los actos que aplican facultades discrecionales, pueden invalidarse, si con ellos no se sigue el fin expresado enla ley que los autoriza. La notificación de los actos administrativos Los actos administrativos, una vez dictados por el órgano competente, deben ser notificados a los interesados en él, esto es, deben ser puestos en conocimiento de todos aquellos que hayan estado presentes en el pro cedimiento, bien por haberlo promovido, o por haber comparecido en él y admitida su personería. La notificación debe, según García de Enterría y Fernández32, contener el texto íntegro del acto, incluida la motivación en su caso; la indicación expresa de si el acto es o no definitivo en la vía administrativa, e indicar los recursos que contra este procedan con expre sión concreta del órgano ante quien debe acudirse y el plazo concedido para su interposición. La notificación debe hacerse personalmente al interesado en su propio domicilio y si no se le hallare en él, se hará cargo a cualquier persona que allí se encontrare y haga constar su parentesco con el interesado o la ra zón de su permanencia en el lugar. La estabilidad jurídica de los actos administrativos El acto administrativo tiende a producir un efecto determinado y pre visto; constituye una intervención de carácter decisorio constitutivo en el ámbito social. Por esto le son propias la obligatoriedad y una cierta du ración. Estas dos características tienen ciertos contactos recíprocos, pero no son, en modo alguno, idénticas, como acertadamente señala Forst- hoff.33 Obligatoriedad. Por obligatoriedad debe entenderse el hecho de que el acto administrativo debe ser respetado como válido por todos, particula res o autoridades, mientras subsista su vigencia. Esto se puede aplicar, in cluso, al acto defectuoso, mientras no es anulado, aún respecto de aque llos que conocen su irregularidad y que por eso pueden contar con la pronta anulación de él. La obligatoriedad es una característica insoslaya ble del acto administrativo porque asegura al órgano de dónde emana la disposición exclusiva sobre la eficacia del acto, que tiene que quedar ga rantizada incondicionalmente en interés del orden dentro de la Adminis tración. 117 Cierta duración. Mayor dificultad ofrece la estimación jurídica de la du ración que debe atribuirse al acto administrativo. Se trata de precisar la cuestión de hasta qué punto queda vinculada la autoridad -especialmente la que lo dispuso- por un acto administrativo una vez realizado. La duración se fundamenta en un criterio muy controvertido34 pero que ha ido adquiriendo carta de naturaleza en el Derecho Administrativo no sólo en terminología científica, sino también en el lenguaje de los tri bunales administrativos, no sólo respecto de las sentencias, sino incluso, en los actos de la Administración: "la fuerza de cosa juzgada".35 Fuerza de cosa juzgada. La estabilidad de los actos administrativos hace que una vez que adquieren el carácter de firmes, en razón a que no pueden ser objeto de recursos ni de reclamaciones por parte de los que por ellos resultan afectados, adquieren una inmutabilidad, esto es, en el orden jurídico no pueden ser objeto de mutaciones ya que sus disposicio nes vinculan a todos, inclusive al propio órgano de la Administración que lo produjo. Ahora bien, no puede desconocerse que no obstante ese ca rácter de cosa juzgada, de que se revisten los actos administrativos firmes, ese carácter resulta inmutable para el administrado destinatario del acto, ya que en lo que a la Administración respecta, esa inmutabilidad resulta relativa, por cuanto, en su actuar siempre en beneficio de la colectividad puede hacer uso de la potestad de revocación, que será objeto de estudio posteriormente. La fuerza de cosa juzgada presenta un doble sentido: fuerza formal y fuerza material. La primera significa que el acto administrativo no puede ser atacado por las partes por medio de recursos, para reabrir la discusión en el mismo procedimiento, ya porque hayan consentido el acto o porque hayan agotado los recursos que se conceden en esa instancia, aunque sí pueden discutir el acto ante una instancia que es jerárquicamente superior a aquella en que se dictó el acto. La segunda significa que todos los tri bunales y órganos quedan vinculados a la decisión, en cuanto al fondo del asunto y al contenido del acto, el cual adquiere de ese modo, carácter de finitivo, es invariable, salvo la posibilidad de revocación. La fuerza material presupone, por tanto, la fuerza formal de cosa juz gada. Puede haber cosa juzgada formal y cosa juzgada material, pero no a la inversa. Son susceptibles de fuerza formal de cosa juzgada todos los actos administrativos, cuando son impugnables por medio de recursos ante otros órganos. Explicar la fuerza material de cosa juzgada dentro del actuar de la Ad ministración Pública, es tarea harto difícil. Para ello, el único procedimien to posible es el teleológico y establecer el fin y la función de la fuerza ma terial de cosa juzgada en el Derecho Administrativo, puesto que si se considera que la fuerza material de cosa juzgada sirve al interés del des tinatario, protegiéndolo en una situación jurídica que le está garantizada, el interés público puede verse entorpecido, si la Administración tiene que aceptar como inconmovible la cosa juzgada material.36 118 Respecto de situaciones variables, no puede darse la vinculación a la fuerza material de cosa juzgada. Sin embargo, no todo acto administra tivo se refiere a una situación variable. Esto sólo ocurre cuando hay que organizar ciertos ámbitos sociales con arreglo a determinados valores jurídicos, por lo que hay que aplicar discrecionalmente la potestad de la Administración.37 Estas situaciones se presentan cuando la Administra ción al actuar en beneficio de la colectividad, generalmente en lo que se refiere al orden y seguridad pública, tiene que sustituir actos, dictados con vistas a una situación que ha sufrido variaciones sustanciales que la im pulsan a manifestaciones de voluntad distintas a las que antes emitiera. Los deberes de la Administración hacia el interés público, no pueden ser afectados por la fuerza material de cosa juzgada. Por ello, los actos administrativos conformadores, son por su naturaleza no susceptibles de revestirse de esa fuerza material.38 Otra cosa ocurre cuando el acto administrativo se refiere a un acto cir cunscrito y por ende, invariable. Estos actos administrativos que consisten en la aplicación de normas jurídicas positivas a un hecho invariable y cla ramente circunscrito, se llaman resoluciones declaratorias para diferen ciarlos de las disposiciones conformadoras. Los hechos de duración va riable son excluidos de la fuerza material de cosa juzgada, ya que puede darse una variación de la identidad del asunto por transcurso del tiempo. La revocación. La revocación interesa a la estabilidad jurídica del acto administrativo, afecta su duración y ocurre cuando un órgano de la Ad ministración no requiere o no puede persistir en el acto que ha realizado, aspirará o se verá obligado a retirarlos del campo jurídico dejándolo sin efecto, no obstante tratarse de un acto válido. Las razones para ellos pue den recaer en el ámbito jurídico o en el de los hechos. Pueden haberse ha llado latentes, ya en el momento de la realización del acto u originarse más tarde. Si las razones ya existían al realizarse el acto administrativo, se trata de un acto defectuoso y en los defectos ha de basarse la retirada de) acto, mediante su invalidación. Existen diferencias esenciales entre la anulación de un acto adminis trativo oneroso y la de uno favorable, sobre todo en relación con el des tinatario, que en el primer caso experimenta una mejoría y en el segundo un empeoramiento de su situación jurídica. Aunque hay autores que proponen el nombre de cancelación para la anulación de un acto administrativo oneroso y el de revocación para la anulación de uno favorable, como no existen diferencis de concepto entre uno y otro caso, ambos pueden comprenderse en larevocación. La revocación de un acto favorable puede ocasionar una indemniza ción al destinatario del acto, compensatoria de los derechos reconocidos a su favor en el acto revocado. La revocación de un acto administrativo oneroso es posible en todo momento. Una vez que la autoridad ha anulado el acto, el asunto queda liquidado para ella. Sin embargo, esto no tiene plena aplicación al desti natario, el cual se encuentra muchas veces ante los efectos de una inter 119 vención administrativa por un acto ya anulado, y debe por sí mismo bus car el medio de eludirlo dentro de las posibilidades que los recursos del ordenamiento jurídico-administrativo le otorgan. En el Derecho Administrativo burgués, siempre motivado en su fina lidad de proteger la clase dominante, se supedita la potestad de la Admi nistración de revocar sus actos a la existencia dé una autorización expresa contenida en la ley. Sin embargo, todas las presunciones hablan en favor de la libre revocabilidad de los actos administrativos. La Administración se encuentra frente a situaciones cambiantes y tiene que ser capaz de adaptarse a ellas. La libertad de revocación no significa que las autorida des puedan hacer uso de ella, según su libre albedrío. Se requiere que la Administración al revocar, sirva al interés público que le está confiado y la legislación pueda prohibirla en determinados casos. La revocación mis ma no puede ser revocada. Para que tenga validez el acto administrativo privado de eficacia por la revocación, tiene que ser objeto de una nueva decisión. En resumen, la revocación que comporta el retiro de un acto adminis trativo válido, tiene su fundamento en una mutación actual del interés que motivó la creación del acto y es una aplicación de la potestad de la ad ministración activa, lo que la diferencia de la anulación, que retira un acto defectuoso basado en sus defectos y es además aplicación de la actividad de control. 4. Las situaciones jurídico-administrativas La situación jurídico-administrativa, consecuencia y finalidad del acto administrativo, expresa la posición de los administrados, como sujetos de la relación jurídico-administrativa; al individualizarse, las situaciones obje tivas del Derecho Administrativo, afectan tanto a la Administración como a los administrados, unas veces por voluntad de ellos y otras por imperio de las normas administrativas. Tiene su base en la posición jurídica en que se encuentran ambos sujetos, posición que no es contingente y ocasional, sino estable y permanente y que es la fuente de una infinita serie de si tuaciones jurídico-administrativas. Estas situaciones pueden ser: a) Voluntarias, cuando se originan por la determinación volutiva de los sujetos. b) Forzosa, cuando vienen impuestas por el ordenamiento legal. c) Generales, que tienen un carácter objetivo, impersonales y perma nentes y emanan de la ley. que es la única que puede modificarlas. ch) Individuales, que se distinguen por su singularidad y temporalidad y son susceptibles en algunos casos de modificación por la ley o por la Administración. d) De superioridad, cuando uno de los sujetos, el activo, dotado de po testades, tiene supremacía sobre el otro. 120 e) De inferioridad, cuando uno de los sujetos, el pasivo, se encuentra su bordinado a las potestades del otro y es por tanto titular tan sólo de deberes y obligaciones f) De independencia, cuando ambos sujetos de la situación son titulares de potestades y pueden desplegarlas mutua y recíprocamente. "De la norma jurídica, puede decirse en líneas generales, se deriva o bien la posibilidad de actuar en un determinado sentido (poder) o una li mitación respecto de la libertad de actuar (deber), esto es. situaciones jurídicas de poder y situaciones jurídicas de deber. '39 Las situaciones jurídicas de poder que pueden encontrarse son: a) Posibilidad de obrar, incluso, contra la oposición de alguien. b) Posibilidad de oponerse al obrar de otros. c) Posibilidad de exigir obrar a otro de determinada manera,40 Hay siempre correspondencia o correlación entre las situaciones de poder y deber: . a) La posibilidad de obrar con el deber de soportar esa situación. b) La posibilidad de oponerse al obrar de otro con el deber de abstener se de obrar. c) La posibilidad de exigir obrar a otro con el deber de obrar en interés de otro. En definitiva no hay poder sin deber, ni deber sin poder; el poder de unos es deber de otros y viceversa. Cuando el Derecho interviene en un conflicto de intereses, eliminando obstáculos que uno de los interesados pudiera poner al otro, se nos ofrecen los términos de sustancia jurídica, con un significado específico, facultad-obligación como equivalentes a un poder-deber que tienen significados genéricos.41 Toda situación jurídica entraña, en cuanto al sujeto activo de ella in vestido de poder, o sea. de facultad, la existencia de un derecho subjetivo que no significa otra cosa, como dice Dabin que "...una cierta prerrogativa establecida o reconocida por el derecho objetivo en favor de un individuo (o de una colectividad) y que lo hace sujeto de derecho (subjetivo)".42 La naturaleza jurídica del derecho subjetivo ha sido objeto de opinio nes diversas. Se le ha considerado como expresión de un poder de volun tad caracterizándolo en la actividad del sujeto. A esta concepción que po demos llamar clásica se opuso como reacción la centrada en el objeto y ve en el derecho subjetivo un interés jurídicamente protegido y, como casi siempre sucede, de esas opiniones contrapuestas surgen criterios ecléc ticos que intentan realizar la síntesis de los dos elementos (sujeto y ob jeto) aunando voluntad e interés, "...poniendo unos en primera fila al in terés y otros la voluntad".43 El derecho subjetivo puede estimarse en su concepto como la posibi lidad de exigir de otro el que obre o se abstenga de hacerlo.44 Para los 121 que aún aceptan la distinción entre el Derecho Público y el Derecho Pri vado, existe tanto en el Privado como en el Público y el derecho subjetivo público es una consecuencia de las relaciones jurídicas que puede crearse entre el Estado y los particulares. Conviene advertir la inexistencia de la diferenciación entre un Derecho Público y un Derecho Privado, el derecho subjetivo no puede escindirse en público y privado. Se origina de las relaciones sociales entre particu lares, lo norma el Derecho Civil, o de las relaciones sociales entre la Ad ministración y los administrados o entre personas administrativas y lo re gula entonces el Derecho Administrativo, pero su naturaleza jurídica es idéntica. Toda la teoría del derecho subjetivo público se ha ligado por los juris tas burgueses a la existencia del Estado de Derecho y de ahí que al evo lucionar ese Estado de Derecho, sus crisis se han reflejado en la teoría que sobre el derecho subjetivo han venido manteniendo. La escuela realista francesa (Duguit y sus continuadores), rechazan su existencia estimándolo un concepto metafísico apriorístico desvirtuado por los hechos de los que sólo puede derivarse una "situación objetiva del individuo",45 y no pueden servir de fundamento a un sistema jurídico po sitivo en que la concepción individualista tiene una contradicción en sí, puesto que la Administración Pública, esto es, el Estado, tiene por misión prestar servicios públicos y para ello requiere intervenir en la esfera de ac tuación de los particulares, puesto que de otro modo no podría realizar la función social que le compete como cometido principal. Sobre ese camino, Jeze sustituye la "relación jurídica" por la "situación jurídica" que es en sí "poderes y deberes", aquellos equiparables a los de rechos subjetivos.46 Garrido Falla, administrativista español, al estudiar las crisis que ha su frido el concepto del Derecho Público subjetivo se refiere a la considera ción de estos derechos como pieza política del Estado de Derecho ligada indisolublemente a las propias esencias de ese tipo deEstado, en el que ve un protector de todos los derechos de que es portador el ciudadano, para lo cual existe esa forma de organización estatal. De ahí que estime que la desaparición del Estado de Derecho signifique la de los derechos públicos subjetivos.47 La formación y la posición política de Garrido Falla no le permiten per catarse de la realidad histérico-jurídica y de cómo la inevitable transfor mación y subsiguiente desaparición del Estado de Derecho, producto de la base capitalista de la sociedad burguesa, significará, sin duda, la mo dificación del concepto clásico de los derechos subjetivos, que en lo que se refiere a la clase trabajadora no le han sido aplicados, como no la ha protegido tampoco ese Estado de Derecho que sí se ha preocupado de amparar a la clase explotadora. Su análisis, no dialéctico, de la crisis de los derechos subjetivos, no desemboca en la apreciación de las relaciones sociales que en el Derecho socialista se producen y regular y así contrae la crisis a los ataques que esos derechos sufrieron durante la etapa nazi- 122 fascista, en que los juristas de ese régimen los consideraron inexistentes y sustituidos por la posición jurídica del individuo frente al Estado. Garrido no menciona el Derecho socialista y trata muy por la superficie la crisis del Estado de Derecho en los países capitalistas, sin enlazarla con las con tradicciones económicas cada vez más agudas en ellos y que son causa de que en esos países, como producto de la descomposición del sistema, cada vez que se restringen y, niegan, ya formalmente, las pretendidas li bertades que se presentaron como eje aparente del Estado de Derecho cuando este se implantó. Otros juristas liberales y dedicados al Derecho Civil han considerado una realidad la crisis del Estado de Derecho burgués y como consecuen cia, la de los derechos públicos subjetivos, en el interior de los Estados aferrados a la estructura demo-liberal imperante en el siglo xix. Ripert en su obra La declinación del Derecho hace un examen del debilitamiento de los derechos subjetivos que en su concepto de la ciencia jurídica presen tan los juristas burgueses modernos y la reducción de esos derechos por parte de medidas legislativas adoptadas en todos los Estados.48 Sin llegar a la rotunda negación de los derechos públicos subjetivos y a su sustitu ción por situaciones objetivas de derecho, la crisis del concepto de los de rechos subjetivos públicos ha llevado a la creación, por autores liberales como Ranelletti,49 a exponer la noción de los derechos debilitados o con dicionados. Estos derechos tienen una existencia condicionada a su com patibilidad con el interés público. Mientras su permanencia no signifique lesión o peligro para un interés público, subsisten, pero cuando se compulsa un interés público al cual ellos se oponen, se impone el sacrificio de esos derechos subjetivos pú blicos. El cambio de la supraestructura política que significa la desaparición del Estado de Derecho burgués no significa que al implantarse las relacio nes sociales socialistas se implante la ilegalidad. En el Derecho soviético contemporáneo se mantiene la noción jurídica del derecho subjetivo inte grada para su ejercicio positivo conforme al principio de la legalidad so cialista, básico en su organización estatal y en su ordenamiento jurídico, ejercicio positivo que hace que como dice loffe: "... los derechos y las obli gaciones subjetivas sólo tienen sentido cuando se llevan a efecto... por lo que... la personalidad jurídica no se reduce a la capacidad de goce, sino que comprende también la capacidad de obrar",50 y juristas como Bratus han afirmado que "...cualquier manifestación de la capacidad jurídica es un derecho subjetivo".51 Incluyendo en el concepto los hechos jurídicos que no en todos los casos presentan el carácter de derechos subjetivos. La concepción soviética de los derechos subjetivos ha sido expuesta por Alexandrov deslindándola de la capacidad jurídica. Para este jurista "...la capacidad jurídica debe considerarse como una relación peculiar y dura dera entre una persona y el Estado y el derecho subjetivo".52 Presupone la relación de su titular con el Estado que lo garantiza y con la persona obligada. Esa relación triple configura los derechos subjetivos que los par 123 ticulares puedan tener, también garantizados por el Estado, en relación con los órganos estatales. Esta relación triple, esto es, la intervención del Estado para garantizarlo es condición obligada para la existencia del de recho subjetivo. Strogovitch y Nedbailo destacan la importante misión de la Procura duría (Fiscalía) General de la URSS, a la cual corresponde la fiscalización suprema de la estricta ejecución de las leyes por todos los organismos ad ministrativos, así como por los funcionarios públicos y por los ciudadanos de la URSS, lo que significa una protección por parte del Estado a los de rechos subjetivos otorgados por las leyes a los particulares.53 Los derechos subjetivos pueden ser afectados por la ley cuando esta posee efectos retroactivos, porque así lo demandan razones de carácter social, principio este aceptado en todas las latitudes y aplicable a los lla mados derechos públicos subjetivos y como consecuencia no pueden existir en el Derecho Administrativo los derechos absolutos, puesto que todos los derechos subjetivos públicos deben ceder ante un interés gene ral o colectivo, con la posibilidad de una indemnización compensatoria de la lesión económica causada. Los derechos públicos subjetivos, llevados al extremo en que se le consideró por los autores clásicos, dentro de la estructura ya periclitada del Estado de Derecho burgués, como expresión de un individualismo extremado, son incompatibles con la realidad que nos ofrece cualquier Estado moderno. 124 Notas 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 Forsthoff, Ernst. ob. cit.. p. 253 y ss. Ibidem. p. 257. Petrov. G. I.. ob. cit.. Capítulo V. epígrafe 1. Ibidem. Capítulo IV. epígrafe 3. Garrido Falla, F„ ob. cit.. t. I. p. 340. Cañizares Abeledo. F.. ob. cit.. Fascículo 4, p. 34. loffe. O.S.. Derecho Civil Soviético, traducción de Miguel Lubán. Imprenta Uni versitaria. México. 1960. p. 87. Idem. Ibidem, p. 98. Serebrovsky. V. y R. Jalfina. Fundamentos del Derecho Soviético, Capítulo IV. Editorial de Lenguas Extranjeras, Moscú, s/a, p. 165. Ibidem, p. 166. García de Enterría y Fernández, ob. cit.. t. I. p. 24. Serebrovsky. V. y R. Jalfina. ob. cit.. p. 167. loffe. 0. S.. ob. cit.. p. 236. Garrido Falla. F.. ob. cit.. t. I, p. 343. Idem. Ibidem, p. 345 y ss. Ibidem, p. 349. Constitución de la República de Cuba, ed. cit.. p. 21. Garrido Falla. F.. ob. cit., t. I. pp. 356-357. García Oviedo. C.. ob. cit.. t. I. p. 198. Ibidem, p. 200. Sayaguez Laso. E., ob. cit.. t. I. p. 388. 125 24 25 26 27 28 2.9 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 Forsthoff. Ernst, ob. cit.. p. 280. Idem. Ibidem, p. 456. Ibidem, p. 288. García Oviedo, C„ ob. cit., t. I. p. 201. Ver: García de Enterría y Fernández, ob. cit.. t. I, p. 476 y ss. Consúltese a: García Oviedo, C., ob. cit., t. I, p. 2 11 y ss; Garrido Falla, F„ ob. cit., t. I, p. 420 y ss; Diez, Manuel M„ El acto administrativo. Editora Tipográfica Argentina, Buenos Aires, 1956, p. 83 y ss. Forsthoff, Ernst, ob. cit., p. 307 y ss. García de Enterría y Fernández, ob. cit.. p. 488 y ss. Forsthoff. Ernst, ob. cit., p. 346. Zuanich. Alfredo R.. La cosa juzgada en el Derecho Administrativo, Editorial Pe- rrot. Buenos Aires, 1952, p. 23. Linares. Juan F., Cosa juzgada administrativa, capítulos ll-IV, Editorial Guillermo Kraft, Ltd., Buenos Aires, 1946. Forsthoff. Ernst, ob. cit., p. 351. Idem. Ibidem, p. 352. Garrido Falla. F.. ob. cit., t. I, p. 359. Ibidem, pp. 360-361. Carnelutti. Francesco. Teoría general del Derecho, Madrid, 1941, p. 172 y ss, ci tado por GarridoFalla, F„ ob. cit., t. I. p. 361, nota (3). Dabin. Jean, "El Derecho subjetivo", en Revista de Derecho Privado, traducción de Francisco Javier Osset, Madrid. 1955, p. 4. Dabin. Jean, ob. cit.. p. 70. Bonnard. R., Précis de Droit Administratif, Prefacio. Libraries Generales de Droit de Jurisprudence, París, s/a, pp. 5-7, 62 y ss (en francés). Duguit. León. Manual de Derecho Constitucional, Introducción, epígrafes 1 y 7: Traite de Droit Constitutíonnel, t. I. Introducción, epígrafe 1 (en francés). Jeze, Gastón, ob. cit.. t. I. p. 15. Garrido Falla. F.. Las tres crisis del Derecho subjetivo. Estudios dedicados al pro fesor Carlos García Oviedo, Sevilla. 1954, pp. 179-180, 182-184. Ripert, George, Le Declin du Droit. p. 195 y ss., citado por Garrido Falla, F., ob. cit., nota anterior, p. 184, nota (9). Ranelletti. Oreste. Diritto Amministrativo, vol. I, Luigi Pierro Edittore. Nápoles, 1912. pp. 439-441 (en italiano). loffe, O. S.. ob. cit., p. 225. 5 1 Bratus, S. N.. Sujetos de Derecho Civil, citado por loffe, O. S„ ob. cit., p. 226, nota (310), 52 Alexandrov, N. A„ La legalidad y las relaciones jurídicas en la sociedad, citado por loffe, O. S„ ob. cit., p. 226, nota (312). Garrido Falla. F.. ob. cit.. t. I. p. 369, nota (10). 127 CAPÍTULO Vil Teoría orgánica de la Administración 1. Concepto de la organización administrativa El término Administración implica, no solamente actividad teleológica, sino también organización, esto es, un conjunto coordinado de órqanos, organismos, autoridades y servicios que determinan una estructura. Des de el punto de vista subjetivo, la Administración puede ser considerada como un sistema constituido por oficios públicos, mediante los cuales el Estado provee permanentemente al ejercicio activo de sus potestades para la satisfacción de las necesidades colectivas. Es incuestionable que el Estado, como persona jurídica, manifiesta su voluntad únicamente por medio de personas físicas y por lo tanto, la vo luntad de aquel debe, necesariamente, vincularse a la voluntad de estas, personificadas en aquellos de sus agentes a los que la ley otorga compe tencia para manifestarse en nombre del Estado. Para la satisfacción de las necesidades colectivas, la Administración Pública debe realizar una serie variada y compleja de funciones, las cuales constituyen servicios públicos a la población y también ejecuta la gestión económica a través de las empresas. Estas actividades son administradas por personas físicas o por personas jurídicas. De este modo la Adminis tración Pública, en sus relaciones con los particulares, debe ser referida no a la totalidad de sus funciones, sino tan sólo a determinados sectores de sus actividades. La Administración Pública es, en primer lugar, organización y no puede manifestarse ordenadamente si primero no se organiza, esto es. antes de su actividad externa (funciones jurídicas y sociales) debe haber una acti vidad interna de índole económica, ética y teosiciones que un individuo se da a sí mismo para obrar dentro de su propia esfera privada o interna). No obstante que la actividad interna de la Administración Pública no tiene carácter jurídico, ello no significa que su organización no debe ser disciplinada jurídicamente, en razón a que esa organización no es arbitra ria y está necesariamente vinculada a la organización constitucional del 128 Estado. No ofrece dudas la íntima conexión que existe entre la Constitu ción y la Administración, sin dejar de conocer la mutua relación entre ellas. Existe un nexo indestructible entre la ley Fundamental del Estado y las le yes orqanicas administrativas que dan concreción y desarrollo a las bases de la estructuración y el funcionamiento de los órganos del gobierno y administración del Estado establecidos en la Constitución, porque si esta estatuve la estructura del Estado y su funcionamiento para asegurar la li bertad, las leyes administrativas determinan el modo de actuación del Es tado. De ello encontraremos un reflejo en la parte orgánica de nuestra Ley Fundamental. La Constitución es una estructura estática y la Administra ción es una actividad funcional; en la primera se sustenta el ordenamiento fundamental del Estado y por la Administración se cumplen determinados fines de aquel. 2. Los órganos de la Administración Pública La Administración Pública puede ser estimada bajo dos acepciones: la Administración como aparato, complejo de personas y cosas que tiende a una finalidad y la administración como actividad, función que desarrolla el aparato para conseguir esos fines. Ese gran complejo de personas y co sas que forma el aparato requiere coordinarse para que su heterogenei dad se armonice. A través de esa coordinación se integra la organización administrativa, regulada en sus atribuciones, composición y funciona miento para que por medio del aparato pueda la actividad alcanzar los fi nes encomendados a la Administración por la ley. Concepto de órgano de la Administración Pública Las actividades a cargo de una organización administrativa, son múl tiples, y por ello aparecen siempre divididas en diversos centros que se enlazan entre sí por relaciones de coordinación administrativa que se dis tribuyen entre los oficios o cargos públicos que a su vez se relacionan en tre sí jerárquicamente. Para García Oviedo,1 el concepto de oficio está in tegrado por dos elementos: la función y los poderes. Aquella constituye la actividad propia del oficio y estos, las facultades mediante las cuales la actividad se realiza. Todo oficio público como centro de actividad que es, está a cargo de personas físicas que actúan por la Administración, la que no se manifiesta al exterior de una sola vez. sino que lo hace en forma parcial, en relación con cada una de sus tareas específicas, por medio de esos centros de competencia que son los oficios. Las organizaciones administrativas, sean o no personas jurídicas, no pueden actuar por sí mismas. Han de hacerlo por medio de personas físi cas que manifiestan la voluntad de la organización y que son las titulares 129 de los oficios, esto es, los que tienen a su cargo la dirección de esos cen tros de competencia. Para el Derecho Administrativo resulta indispensable fijar la posición jurídica de los titulares de los oficios públicos en relación con la Adminis tración (persona moral). Hasta época reciente, la doctrina estimaba que los individuos que ac túan por la Administración lo hacían en ejecución de un mandato que les confería el Estado. Este, persona moral, invalidada de obrar por sí misma, erigía como mandante a personas naturales para que les sirvieran de man datarios. Consecuencia de esta idea es la existencia de dos personas jurí dicas distintas, una de las cuales actúa por encargo de la otra. De esta posición surgen situaciones jurídicas análogas a las que se de rivan del contrato civil de mandato o apoderamiento. Indudablemente que la posición del agente respecto a la Administra ción Pública, no puede explicarse por esa institución de Derecho Civil. En primer lugar, porque el mandatario puede realizar todo aquello dentro de los límites del mandato y las funciones que el agente titular del oficio rea liza no puede llevarlas a cabo la Administración por sí misma y, sobre todo, porque una cabal estimación jurídica de la persona moral impide considerar al agente como poseedor de una personalidad jurídica distinta a la de la Administración Pública. Desestimada la teoría del mandato, la posición jurídica de los agentes titulares de los oficios públicos se reviste de acabada explicación si se le aplica la teoría del órgano jurídico. Los centros de competencia de la Administración no pueden concebir se en el desarrollo de la actividad concreta que les está asignada sino es mediante la actuación de personas físicas a las que se les atribuyen el ejercicio de esa competencia, la facultad de actuar, y se logren los fines e intereses de la Administración, quepor su conducto expresa su volun tad. La voluntad de esos individuos, manifestada en el ejercicio de sus atribuciones, traduce la voluntad de la Administración. De ese modo, el centro de competencia -oficio- se pone en acción como una unidad jurí dica que comprende una serie de elementos como son: el titular, la com petencia, los medios personales y materiales, y la actividad a desarrollar se integra en un órgano del que forman parte con la actividad, el oficio que comprende la competencia, los medios de actuación y el titular que es la persona física que acciona por el órgano. Entre el oficio y el titular hay pues, una relación orgánica, una incrustación de la persona física en la organización administrativa para la realización de una actuación por y para la Administración. Esta teoría organicista, que en el orden general del Derecho, fue Gierke su creador, tiene como punto de partida considerar que en cuanto a las personas jurídicas colectivas (personas morales), los actos de voluntad que ejcutan determinados individuos no son simples manifestaciones de voluntad de esos individuos, sino manifestaciones de la voluntad del pro pio ente colectivo. Para cabal comprensión del criterio de órgano es necesario conocer su 130 origen etimológico; que según Fernández Velazco proviene de la "...pala bra griega opayvov (órgano) que significa instrumento, objeto que sirve a los fines y acciones humanas... Estado es un concepto abstracto cuya realidad concreta se manifiesta por sus órganos hasta el punto que sin ellos no se concibe su existencia y actividad.”2 El órgano, conceptualmente analizado, no es más que una parte de un todo jurídico caracterizado como persona moral, y así el órgano carece en sí mismo de la calidad de ser'persona jurídica. Si lo estimáramos como tal, equivaldría a la admisión de dos personas. Estado (Administración) y ór gano, cuando sólo existe una, el Estado (Administración) de la que el órgano es vehículo de expresión de voluntad, medio de desarrollar sus fi nes para satisfacer intereses colectivos. No hay dos personalidades que mantengan relaciones jurídicas, sino una unidad. El órgano sólo es con cebible integrado en el Estado. Por ello el órgano como tal, no es sujeto de derechos, sólo tiene competencia, el sujeto lo es el Estado (Adminis tración). En la formación del concepto jurídico de órgano se precisa, se gún García Oviedo la concurrencia de: a) Una fracción de la actividad del Estado, concretada en los oficios, centros de competencia; b) Un individuo o un conjunto de individuos que producen respecto de aquel, actos de voluntad y actuación, el titular del oficio. c) Una imputación jurídica en virtud de la cual esos individuos han sido encargados de realizar las funciones inherentes al oficio de que se trate.3 Aunque el órgano sea un unidad de elementos, en la práctica se utiliza, generalmente, el vocablo como expresión de la persona física, del titular, en razón a ser la voluntad de este la que se hace patente y se materializa en la actuación administrativa. Hemos visto que en el concepto de órgano no puede admitirse su per sonificación en su proyección hacia afuera de la Administración. No obs tante, la realidad órgano no puede destruir la realidad hombre y si aquel carece de personalidad, como parte de un todo jurídico, la Administración, el sujeto individual, el titular, posee como persona física la personalidad que' le corresponde, no solamente en los aspectos de la vida, ajenos a la función administrativa que como órgano desarrolla, sino en su estimación como titular del oficio, proyectada dentro de la estructura de la Adminis tración, hacia adentro. Aparte de la relación orgánica, entre el órgano y la entidad administrativa existe una relación de servicio, llamada relación de empleo (que veremos posteriormente) mantenida entre ambos, y en ella son sujetos recíprocamente de derechos y obligaciones, relación carente por completo de proyección fuera del ámbito de la esfera administrativa y dentro de la cual el titular puede hacer valer sus derechos como tal fren te a la Administración, por ejemplo, reclamar se le pague su retribución, se le concedan vacaciones, se le respete su competencia, etc. La creación de un órgano no significa la destrucción de su titular como persona indi vidual. 131 3. Tipos de órganos de la Administración Pública En las diversas organizaciones administrativas aparecen multitud de órganos que por su origen, composición y funciones, presentan ostensi bles diferencias que permiten aplicarles un criterio de división a fin de cla sificarlos. Para determinar sus clases puede seguirse, de acuerdo con García Tre- vijano,11 el criterio que atiende a su estructura o aquel basado en las fun ciones del órgano. Criterio que atiende a su origen Desde el punto de vista de este criterio, los órganos pueden ser: cons titucionales y no constitucionales. Constitucionales. Son los que previstos en la norma fundamental del Estado, ocupan los más altos niveles en la organización administrativa, por ejemplo, el Presidente del Consejo de Ministros y el Consejo de Mi nistros. No constitucionales. Son aquellos que sin aparecer directamente en las leyes fundamentales, derivan de estas (generalmente de la legislación o de la norma administrativa que complementa la Ley Fundamental). Entre nosotros, son de citar, los ministerios, el Órgano Nacional de Arbitraje Es tatal, la Corte de Arbitraje de Comercio Exterior. Criterio estructural Según este criterio, los órganos pueden dividirse en: individuales y co legiados y simples y complejos. Individuales y colegiados. Atiende esta clasificación el número de titu lares que tiene el órgano. En los primeros, el titular es unipersonal y en los segundos, el titular se integra por una suma de personas físicas que actúan de consuno, a cuyo fin deben, mediante deliberación, ponerse de acuerdo para expresar la voluntad del órgano. Para ello, su actuación está reglamentada con el fin de determinar el número de integrantes que se re quiere para que sus acuerdos tengan validez (quorum), el número de votos necesarios para adoptar un acuerdo (mayoría) y en general, toda la actua ción interna del órgano. Un ministro es ejemplo del primer tipo y el Consejo de Ministros y las asambleas locales del Poder Popular, provin ciales y municipales, y sus comités ejecutivos, del segundo. Simples y complejos. Susceptibles de ser confundidos con los de la cla se anterior, se diferencian ostensiblemente de ella, porque los simples son los órganos que están constituidos, o por un solo órgano individual o por uno solo colegiado, mientras que los complejos están integrados por una pluralidad de personas físicas que no forman un órgano colegiado o por 132 una pluralidad de órganos colegiados. La mayoría de las organizaciones administrativas presentan insertados órganos complejos, por ejemplo, en un ministerio existen además del ministro, los viceministros y los directo res y la ley, tanto a uno como otros, les confiere poder para tomar deci siones y manifestar la voluntad del organismo. Dada la complejidad de las estructuras administrativas, donde existen órganos internos y externos, según su actividad exorbite o no el ámbito de la estructura, unos que preparan los actos administrativos, otros que los dictan, otros que los ejecutan, resulta difícil encontrar la presencia de órganos simples. criterio funcional Ateniéndose a él los órganos de la Administración pueden clasificarse como sigue En atención al territorio donde la función se ejerce. De acuerdo a este criterio los órganos pueden ser: superiores o centrales e inferiores o lo cales, según desenvuelvan su acción en toda la extensión de un territorio determinado o que se contraen a solo una parte de él. por ejemplo, un mi nisterio es de la primera clase y una Asamblea Provincial o Municipal del Poder Popular y sus direcciones administrativas lo son de la segunda. De acuerdocon la característica esencial de su función De acuerdo con esta característica los órganos son: de planeamientc activos, deliberantes, consultivos y de vigilancia o control. De planeamiento. Tienen por misión la formulación de los planes eco nómicos. por el que habrá de regirse durante el tiempo que el plan com prenda la actividad económica de los órganos y organismos del Estado. Establecidas las bases de actuación económica, los planes se someten a la consideración del Gobierno, y por este al órgano legislativo del Estado, para su aprobación, implantación y cumplimiento una vez aprobados. Su importancia en un Estado socialista es enorme, puesto que la propiedad social sobre los medios de producción erradica la anarquía en la produc ción que caracteriza al capitalismo, y el desarrollo que el socialismo atrae sobre la producción, requiere que se le planifique para que los recursos económicos se aprovechen adecuadamente, la Junta Central de Planifica ción es ejemplo de estos en Cuba. Activos.Tienen a su cargo la dirección y realización efectiva de los asuntos públicos, su labor es de decisión y ejecución al mismo tiempo de los más importantes actos y operaciones de las potestades administrati vas. Forman la voluntad orgánica imputable al órgano de que forman par te. Son generalmente órganos unipersonales, aunque en ciertos casos pueden ser colegiados o pluripersonales. Para cumplir su misión han de adoptar resoluciones rápidas, firmes y enérgicas y aunque en su nivel su perior aparezca un órgano pluripersonal, en su sistema encontramos la 133 adscripción de las funciones a personas individuales ordenadas jerárqui camente. Estos órganos forman la administración activa y para lograr una plena eficacia en su desenvolvimiento hay que atender a tres cuestiones principales: la racionalización del número de personas que la sirvan, a fin de que sea adecuado a la intensidad de la función y no excesivo o escaso; la adscripción de los agentes a la función que deban desempeñar y la me jora de los medios materiales, un ministro es un ejemplo de órgano activo. Deliberantes. Su actividad administrativa consiste en discutir los asun tos de la Administración y adoptar acuerdos sobre ellos. Por su índole son siempre colegiados y en consecuencia actúan como una pluralidad de vo luntades individuales. Si no tienen que someter sus acuerdos a otros ór ganos para que estos, si los aprueban, les impartan eficacia. Su función se desenvuelve dentro de la administración activa. Se busca con ello que determinados asuntos se orienten por medio de un trabajo previo y del examen de pareceres diversos. La voluntad de los deliberantes está cons tituida por la mayoría de las voluntades individuales de sus integrantes que ha de manifestarse de acuerdo con el número de opiniones coinciden tes que determíne la ley. Como ejemplo tenemos: los comités ejecutivos de las asambleas provinciales y municipales del Poder Popular y las pro pias asambleas. Consultivos. No emiten manifestación de voluntad, sino declaraciones de juicio (dictámenes e informes) que someten a los órganos de las demás clases con el fin de que sus decisiones se adopten, en aquellos asuntos que por su índole así lo ameriten, después de recibir sobre ellos el aseso- ramiento de los que posean conocimientos especializados que no pueden ser exigidos a los órganos a quienes compete decidir. El asesoramiento puede ser técnico o político. Algunos autores distinguen el asesoramiento jurídico del técnico, reservando al primero el estudio de las circunstancias de tipo legal para que las decisiones se ajusten a la legalidad establecida, entendiendo por el segundo aquel que se contrae a la índole especial del servicio, pero como el jurídico tiene que ofrecerse por técnicos en la ma teria, no hay razón para esa distinción. El asesoramiento político versará sobre la oportunidad de la medida, o sobre la línea política general apli cable en cada caso que debe seguir el órgano facultado para manifestar la voluntad de la Administración. El asesoramiento puede producirse por mandato legal, esto es, porque la ley lo impone como previo a la decisión, o por solicitud del órgano ac tivo o deliberante. En la mayoría de los casos, por no decir en todos, el órgano asesorado no tiene que ajustar sus decisiones al dictamen de los consultivos, porque ello equivaldría a transmitir a estos la potestad de de cidir o acordar. El asesoramiento político es excepción en este principio. Los órganos consultivos pueden ser: permanentes, cuando forman parte de los cuadros de los agentes públicos, o temporales, si ofrecen ase soramiento a solicitud de los órganos decisorios, sin integrar esos cua dros. Pertenecen a este grupo, los Consejos Técnicos Asesores de los 134 Organismos de la Administración Central del Estado y las Direcciones Jurídicas de estos. De vigilancia o contro/.Someten al control general de la Administración la actuación de sus agentes para que se ajuste a las prescripciones de la ley del servicio. La jerarquía administrativa, que autoriza al superior a fis calizar los actos de los inferiores, hace indispensable esta vigilancia. El control que se ejerce por estos órganos puede ser sobre los actos o sobre la actividad de los agentes. El primero, incide sobre la existencia, inexistencia, validez o eficacia de los actos. El segundo se extiende, no so bre los actos, sino sobre las responsabilidades de los que los han realiza do, es un control sancionador. En una organización administrativa es po sible que no existan órganos encargados específicamente de la función de control, sino que esta recaiga sobre los órganos activos o en los delibe rantes dotados de actuación activa. La Fiscalía General de la República es un órgano de esta clase, que vigila la legalidad socialista. Con vistas al poder de manifestación de voluntad. Atendiendo a la persona jurídica y a la proyección de sus funciones, los órganos pueden ser: externos o internos. Los de la primera clase manifiestan o declaran la voluntad del organismo y la proyectan al exterior de la organización ad ministrativa hacia un destinatario, que puede ser otro organismo o un ad ministrado. Tienen potestad para producir actos administrativos. Los lla mados dirigentes son típicos órganos externos. Los de la segunda clase accionan dentro de la organización adminis trativa, sin proyección exorbitante de su ámbito. Preparan la formación y manifestación de voluntad que emiten los órganos externos a los que es tán subordinados jerárquicamente y de quienes reciben las órdenes e ins trucciones relativas a su función, normas interiores estas que vinculan a los órganos internos, pero no a los administrados ni a otros organismos. Los funcionarios tienen, generalmente, proyección interna de sus fun ciones. Por la amplitud de los asuntos que le competen. Conforme a este criterio los órganos pueden ser: generales y ramales o especiales. Cuando atien den a diversas ramas de la actividad administrativa, unificando y orientan do la dirección de ellas, tienen el carácter de generales. Si su competencia se contrae solamente a una de esas ramas, circunscribiendo su acción a una sola actividad administrativa, serán órganos especiales. El Consejo de Ministros es un órgano general típico y cada ministerio es, por antonoma sia, un órgano ramal. 4 Formación de los órganos de la Administración Pública De inicio, hay que distinguir la formación o creación de los órganos de la Administración Pública del ingreso de los titulares de esos órganos, cuestión esta que tiene su tratamiento adecuado dentro del estudio de los 135 agentes de la Administración. Por formación de los órganos hay que en tender el nacimiento de los centros de actividad administrativa, a los que se imputa la gestión de las distintas tareas que la Administración tiene a su cargo. Formación de los órganos de la Administración Pública Los órganos de Administración del Estado pueden adquirirexistencia a través de dos formas: creación legislativa y creación administrativa. Por creación legislativa.Por esta vía. única que aceptan varios autores, el nacimiento y la existencia del órgano tienen origen en la ley, estiman esta en su doble acepción formal y material, por consiguiente, sólo a la ley corresponde disponer la creación de aquellos órganos de administra ción que el legislador estime convenientes y necesarios para que la orga nización administrativa del Estado adquiera integración. Desde el punto de vista de la creación, por la ley, precisa establecer la distinción entre la Constitución y las demás leyes. Toda Constitución tiene su parte orgánica y en ella se vertebra la organización del Estado, creándose los órganos que han de asumir las funciones estatales básicas. En nuestro estudio, las funciones legislativa y jurisdiccional no tienen cabida, por lo que sólo nos interesa la función administrativa y en cierto modo la de su gobierno, por la íntima relación que existe entre Gobierno y Administración. Al disponer la supraestruc- tura política y jurídica del Estado, el Poder Constituyente establece, en la Ley Fundamental, cuáles son los órganos a los que han de corresponder las funciones de gobierno y administración. Esta atribución de funciones lleva implícita la creación de los órganos a los que se invisten de ellas y de las potestades indispensables para de sempeñarlas. Al establecerse los órganos, la Constitución podrá detallar más o menos su estructura organizativa o referir a la ley el completar su organización, pero su presencia en la Ley Fundamental no debe eludirse. En toda constitución han de aparecer, por consiguiente, los Órganos Su periores del Poder y de la Administración del Estado. En el caso nuestro, la Constitución de 1976 establece como órganos de gobierno y adminis tración al Consejo de Ministros y en lo que respecta al Poder Popular Lo cal considera como tales a los Comités Ejecutivos de las Asambleas Pro vinciales y Municipales. Con respecto a los órganos administrativos, su omisión en la Ley Fun damental no significa la parálisis de la Administración Pública, pues con signados constitucionalmente los órganos supremos y señaladas sus atri buciones, la ley, en este caso, es complementaria a la Constitución, fijará los demás órganos que habrán de completar la organización administra tiva. Así se ha hecho en Cuba con la ley número 1323 de 30 de noviem bre de 1976, Ley de Organización de la Administración Central del Esta do, que fue sustituida por el Decreto-Ley número 67 de Organización de la Administración Central del Estado, de 19 de abril de 1983. 136 No puede olvidarse que la Constitución de un Estado tiene en sí misma una permanencia y estabilidad que en cierto modo estratifica sus perspec tivas que, salvo en un proceso de desarrollo revolucionario, no deben ser fácilmente modificables. Por el contrario, la Administración, sobre todo la de nuestros días, expande sin cesar sus actividades y se enfrenta a diario con nuevos problemas, y esto hace que su estructura orgánica necesite cambios y nuevos órganos asuman nuevas funciones o gestiones que no pueden atender en debida forma los órganos existentes. En estos casos, la ley ordinaria, no ya la que complementa la fundamental, acometerá la creación de esos órganos que la Administración demanda. Por creación administrativa.Basado en que la organización administra tiva ha de responder a los fines que la actividad de la Administración Pú blica tiene que cumplimentar y es su responsabilidad realizarla, la creación de órganos administrativos se ha querido atribuir por otros tratadistas únicamente a la propia Administración, alegando que es ella la que con mayor certeza sabe de sus necesidades y a la que además, le es más asequible conocer y emplear la técnica de la organización. Esta creación puede hacerse mediante la promulgación de normas secundarias, de tipo reglamentario, emanadas de un órgano superior de Administración. Criterio intermedio de ia solución. La Constitución y la ley han de reser varse la creación de los órganos de Administración del Estado que en los estratos superiores revisten importancia específica, en la determinación general de la organización administrativa y al propio tiempo se conceden facultades a la Administración, que así se mantiene vinculada a la ley y en uso de su potestad reglamentaria da nacimiento a los demás órganos re queridos por sus actividades, desenvolviendo la orientación general que la Constitución y la ley fijaron. Las atribuciones de los órganos de poder de un Estado, creados cons titucionalmente, deben comprender la facultad de crear aquellos órganos de Administración, tanto de competencia general como los que atienden a una rama específica de la actividad administrativa o los de competencia especial que la consecución de los fines del Estado hagan necesarios. Con respecto a ia nomenclatura. Según la Constitución de 1976, se de nominan órganos a los que aparecen regulados en ella y los que han de ser creados por la ley reciben el nombre de organismos, lo que así se ha hecho en la ley número 1323 de 30 de noviembre de 1976 y su sustituto, el Decreto-Ley número 67 de Organización de la Administración Central del Estado de 19 de abril de 1983. 5. Cese de los órganos El cese de las actividades de los órganos está estrechamente ligado a su creación. Quien hizo nacer el órgano -poder constituyente, legislador, órgano de poder o de administración- puede extinguirlo y con él es obvio. 137 sus actividades. Estas pueden cesar también, sin que el órgano se extinga, por voluntad de quien lo creara, caso que no pueda ser en otra forma que parcial, pues es inconcebible la existencia de un órgano administrativo ca rente de toda actividad. La retirada de los recursos presupuéstales a un órgano de Administración, al determinar su extinción, significa el cese de sus actividades. Si son parte de estas las indotadas presupuestariamente, se produce el cese parcial. Un órgano de Administración puede cesar en determinada actividad, cuando esta se le asigna por un tiempo específico y en este caso el trans curso del término es determinante para el cese, aunque no medie dispo sición expresa. 138 Notas 1 García Oviedo, C„ ob. cit., vol. II, p. 13. 2 Fernández de Velasco, Recaredo. Resumen de Derecho Administrativo y Ciencia de ia Administración^. I. 2a. ed.. Librería Bosch. Barcelona, 1930, p. 91. 3 García Oviedo. C., ob. cit.. vol. II. p. 18. 4 García Trevijano Fos. José Antonio. Principios jurídicos de ia organización adminis trativa, editado por el Instituto de Estudios Políticos de Madrid. Madrid. 1957, p. 103 y ss. 139 CAPÍTULO VIII Sistemas de los órganos de la Administración Pública 1. Principios de la organización administrativa Los principios de estructura del Estado y de su Administración, así como de la actividad de sus órganos se hallan condicionados por su or ganización social, y la base jurídica de esos principios está determinada por la Constitución del Estado y las demás leyes administrativas que re gulan todo el sistema de los órganos de un Estado, que coordinado ar mónicamente tiene por objeto cumplir las tareas y funciones de este y en consecuencia su integración dependerá, en gran medida, de la clase de Estado de que se trate. Un Estado socialista que se fundamenta en la pro piedad socialista sobral los medios de producción, estructurará sus órga nos atendiendo a los principios básicos políticos y económico-sociales que lo orientan, de manera que se asuma la dirección de la sociedad y el Estado por la clase obrera y su Partido. El cumplimiento de esos principios económicos y sociales se facilitará con un adecuado sistema de estruc turación de los órganos estatales. Un sistema de órganos debe poseer estabilidad, debe caracterizarse como dicen Denisov y Kirichenko, por la necesaria flexibilidad con el fin de corresponder plenamente a los interesesdel perfeccionamiento ulterior del aparato del Estado, para resolver de la manera más satisfactoria y efi caz las tareas económicas, políticas, culturales y educativas en beneficio de la colectividad. Uno de los rasgos característicos del sistema de órganos estatales so cialistas, añaden los autores citados, "...consiste en la unidad de todas sus partes integrantes y en la relación mutua que existe entre ellos. Lejos de contraponerse unos con otros y circunscribirse a objetivos estrechos y propios, se hallan en constante interacción”.1 El sistema de órganos de un Estado socialista comprende distintas cla ses, que dentro de sus actividades se encuentran relacionadas coordina damente y en cada una de las ramas, los órganos integrantes de cada es tructura, mantienen relaciones, tanto jerárquicas como de coordinación, 140 relaciones que en su conjunto, imprimen a todo el sistema un funciona miento armónico impulsado por la fuerza orientadora y organizadora del Partido; en modo alguno suplanta los órganos en sus respectivas funcio nes y actividades, al desempeñar el papel político dirigente que dentro de la organización est y funcionamiento de los órganos y vela por la aplica ción y cumplimiento de los acuerdos y decisiones de ellos. Esa labor for talece y perfecciona a todos los órganos y facilita la elaboración y ejecu ción de los planes. El sistema de órganos del Estado socialista comprende los órganos de poder, los de gobierno y administración, los de fiscalización y control y los órganos locales. Así aparece estructurado en nuestra Constitución. De las ramas de órganos que se conjuntan en el sistema del Estado so cialista, al Derecho Administrativo interesan primordialmente los órganos de la Administración Pública, puesto que son los que tienen a su cargo la actividad ejecutiva y administrativa del Estado, es decir, son los órganos que estructurados en un sistema tienen a su cargo la administración di recta de las distintas ramas de la vida del país. Al institucionalizarse la Administración Pública cubana, en el Regla mento General de los Organismos de la Administración Central del Estado (Decreto número 1 del Consejo de Ministros de 23 de junio de 1978) se ofrece en el artículo 19 la estructura del sistema de un organismo de la Administración Central del Estado. "Lo constituyen el aparato central, el consejo de dirección, el consejo técnico asesor, las delegaciones territo riales. empresas, unidades presupuestadas o no y demás dependencias de subordinación nacional..."2 2. Relaciones entre los órganos de un sistema Un sistema de órganos supone relaciones entre ellos. En todo Estado, existe un sistema general de órganos y el sistema a su vez se escinde en varios sistemas donde se agrupan los órganos que atienden a las diversas funciones estatales. Entre esos sistemas y sus órganos respectivos exis ten relaciones emergentes de la actividad que cada rama funcional ha de desarrollar y, en muchos casos, se proyecta sobre órganos pertenecien tes a otras ramas, por ello precisa coordinarlas. A su vez, dentro de cada rama existen relaciones interorgánicas que pueden dividirse en: a) relaciones de coordinación; b) relaciones jerárquicas o de subordinación. Relaciones de coordinación. Un sistema de órganos supone la coexis tencia de numerosos centros de actividad, cada uno provisto de compe tencia en determinada materia, aunque disímiles en su mayor parte como sectores que son de un todo, constituyen la actuación integral de un or 141 ganismo y requiere una ordenación para que en su conjunto se homoge nice en una organización. Es necesario que en todas las actividades de cada centro exista unidad de acción, combinación de esfuerzos para con seguir el propósito común. De ahí el conjunto de normas que regulen las atribuciones, tenga como una de sus finalidades principales establecer re laciones de coordinación entre sus distintas unidades orgánicas para que las diversas funciones a su cargo se desenvuelvan sin interferencias y al mismo tiempo se complementen entre sí. Las esferas de competencia respectivas, necesitan ser coordinadas para una mayor eficacia en la Administración Pública y evitar así gastos innecesarios por duplicación de servicios y mal empleo de recursos per sonales y materiales, lo que requiere la simplificación orgánica y burocrá tica y el fortalecimiento de la función directriz con el apoyo y cooperación de las masas trabajadoras, y se logre evitar y remediar los "estados pa tológicos" que pueden producirse en una organización administrativa y dotarla de uniformidad o unidad, y su estructura no presente variantes destacadas y asimismo establecer la responsabilidad que se deriva de la libertad de acción indispensable. La coordinación expresa, en definitiva, todos los principios de la orga nización que están de hecho contenidos en ella y a través de esos prin cipios opera y se hace efectiva. Cabe señalar que toda función pública se caracteriza por su competen cia, es decir, por un círculo de atribuciones, la cual, en opinión de D'Ales sio, se define como la misura della potesta spetante a ciascün ufficio? Se gún Bielsa la competencia es "...la esfera de atribuciones que cada órgano administrativo puede o debe "legalmente" ejercitar. Todo ejercicio de fun ciones importa una atribución y la esfera de atribuciones se llama com petencia".4 La variedad y complejidad de las funciones públicas de la Administra ción obliga, en virtud de la ley fundamental de la división del trabajo, a su distribución en distintos órganos administrativos. De acuerdo con la opi nión de Carnelutti se llama competencia "...la extensión de poder que per tenece (compete) a cada oficio o a cada componente de oficio, en com paración con los demás. El concepto de competencia incluso según el sig nificado de la palabra, implica el concurso de varios sujetos respecto de un mismo objeto, que por lo tanto, se distribuye entre ellos".5 Las funciones públicas se distinguen unas de otras por la competencia que constituye el criterio diferencial e inequívoco, como asevera D'Ales sio, para la individualización de aquellas. Ello explica la importancia que asume su examen en la consideración jurídica de la organización adminis trativa. Conforme a los principios fundamentales de la competencia, la esfera de atribuciones de los órganos administrativos está determinada por el derecho objetivo y, por consiguiente, ninguna competencia puede existir en el ámbito del Derecho Administrativo sin una regla de Derecho que la regule. La validez de los actos administrativos depende esencialmente de 142 la competencia, vale decir, si han sido realizados por el órgano adminis trativo en los límites de su competencia. Estas relaciones de coordinación dan lugar al principio de competen cia, esto es, al conjunto de facultades, poderes y atribuciones correspon dientes a un determinado órgano estatal en relación con los demás, principio que posibilita que diversos órganos puedan manifestar hacia el exterior a la persona jurídica de que forman parte y así todos los actos de esta no tengan que emanar de su órgano máximo superior. Relaciones jerárquicas. Son las que se establecen entre órganos de una misma persona jurídica, no para fijar sus facultades, lo que se hizo al apli car el principio de competencia, sino para establecer una gradación de la competencia por razón del grado, a fin de que lá actividad del organismo se desarrolle coherentemente mediante las relaciones subordinadas que se señalan a los órganos. Las relaciones de subordinación se configuran por líneas y grados -si tuados estos a distintos niveles- de manera que el organismo adopta la forma de una pirámide que tiene en su vértice un órgano en quien reside el más alto nivel, la jerarquía máxima, y donde radica la función que uni fica las tareas administrativas, del que descienden, ramificándose en lí neas, los grados situados a niveles inferiores, subordinadoslos más bajos a los más altos y en cada grado se sitúa un centro de poder o de actividad. El fundamento de la organización jerárquica es la división del trabajo ad ministrativo en sentido funcional y para que ese tipo de organización exis ta se precisan dos circunstancias: Primero, idéntica competencia material de los órganos subordinados por razón del grado, esto es, que la actividad de los distintos órganos vin culados jerárquicamente recaiga sobre idénticos objetivos, por ejemplo, no puede existir relación jerárquica entre los Ministerios de Educación y Salud Pública. Hay órganos que al tener una competencia material, gene ralmente, tienen vinculaciones jerárquicas múltiples como sucede con un ministro que posee competencia material en cuanto a los asuntos de que conocen los distintos viceministros del ministerio con los que se vincula jerárquicamente. Segundo, voluntad superior que prevalezca sobre la del inferior en re lación con el mismo objeto. El órgano superior debe tener potestades para dirigir y orientar a los inferiores. La jerarquía vincula órganos externos, esto es, órganos que tienen fa cultad resolutoria respecto a los administrados, ya que el vínculo de unión de órgano externo con el interno, o sea, con los que desarrollan su acti vidad dentro de la organización sin exorbitar esta, no es una relación je rárquica sino una relación de dirección. "La jerarquía, dice García Trevijano, no es simplemente un conjunto de órganos como se ha pretendido a veces definirla, sino el vínculo que liga a dichos órganos racionalmente. Tampoco es cierto que sea un con junto de titulares, puesto que la jerarquía relaciona órganos, pero no titu 143 lares."6 Esto es así, porque la jerarquía se basa en la relación orgánica y no es la de servicios que es la que se establece entre el titular, como per sona física, y el órgano. De la relación jerárquica se derivan consecuencias jurídicas que pue den concretarse, como las más destacadas, en la facultad que tiene el ór gano superior para: a) dirigir e impulsar la acción del inferior; b) dictar normas de carácter interno, tanto de organización como de ac tuación; c) nombrar los titulares de órganos inferiores, así como a otros traba jadores para que presten sus servicios en la organización; ch) delegar asuntos de su competencia a los órganos inferiores que le es tén vinculados; d) resolver las cuestiones de competencia que se susciten entre órganos inferiores que le estén vinculados; e) imponer sanciones administrativas a los órganos inferiores por las faltas que en el desempeño de la función cometiesen.7 Para que exista el vínculo jerárquico, no se requiere que se den todas las facultades relacionadas y es posible que en las normas de acción que rijan un organismo se prescriban otras que impliquen también una rela ción de subordinación. 3. Centralización y descentralización El poder del Estado y la actividad de la Administración se ejercen en la totalidad integral del territorio en que aquel tiene su asiento geográfico. A la unidad territorial corresponde la unidad política y la acción adminis trativa no sólo se extiende sino que se profundiza en cuanto tiene que lle gar a todos los puntos del territorio. A los efectos de que la acción ad ministrativa se desenvuelva con eficacia, se hace indispensable dividir el territorio y separar las funciones. Las relaciones entre esas divisiones polí tico-administrativas del Estado y el modo y forma en que las funciones y tareas administrativas se ejercen y cumplen pueden estructurarse en dos sistemas. La Constitución cubana en su artículo 100 establece: "El territorio na cional, para los fines político administrativos, se divide en provincias y municipios; el número, los límites y la denominación de los cuales esta blece la ley."8 Complementando el precepto constitucional se promulgó la Ley No. 1304, de 3 de julio de 1976, creadora de 14 provincias y de 169 municipios que recibieron sus límites territoriales por la ley No. 18 de 25 de junio de 1978, y así fueron conformados los Órganos Locales del Poder Popular de la República de Cuba. La ley No. 1304, acordada por el Consejo de Ministros, fue modificada por la Ley No. 15, de 28 de junio de 1978, promulgada por la Asamblea Nacional del Poder Popular. 144 La centralización Al establecerse, como consecuencia de la Revolución francesa, lo que se ha llamado el régimen administrativo, se va acrecentando en Francia, como un reflejo de la monarquía absoluta, el principio de la centralización administrativa, el que se afirma en la Convención y se resume en sus pun tos centrales en que "todo buen gobierno debe tener un centro de volun tad, palancas que se apoyan en el mismo y cuerpos secundarios sobre los que se apoyan estas palancas, a fin de mantener los movimientos hasta las últimas extremidades". Esa centralización implica el ordenamiento jerárquico de todos los ór ganos que la componen y la incorporación de los funcionarios a ese apa rato. Supone la existencia de un centro de coordinación y unificación de la Administración, con la consiguiente concentración del poder de deci sión y de la competencia que abarca todos los aspectos de la función ad ministrativa, así como la designación de los agentes. La centralización, considerada con abstracción de su origen y aspectos * políticos, ha sido defendida por los mantenedores de sus conveniencias, alegando que permite servicios más generalizados, por lo que proporciona a los administrados mayores comodidades; regulariza y moraliza a la Ad ministración, es una condición del régimen democrático, en razón del prin cipio de igualdad que mantiene y permite el desarrollo de un criterio uni forme de administración que hace más imparcial la tarea administrativa. Por otra parte se combate, y con razón, la centralización aduciéndose que desconoce y anula la existencia real de entidades locales, sustituyén dolas por las de creación formal de la ley, restringiendo toda vida pública y toda iniciativa local, ignorando las peculiares condiciones de estas, así como que hace más lento el procedimiento y más dilatada la atención a los problemas presentados por la esfera local y, en resumen, hace más complicada y por ende más costosa la Administración del Estado. La descentralización La existencia dentro de un Estado de circunscripciones territoriales, en las cuales han de cumplirse fines de carácter administrativo y la progre siva multiplicación de funciones a cargo de la Administración Pública, ha provocado la extensión del principio de la descentralización, que si bien en los inicios de su configuración como concepto jurídico tuvo también un significado netamente político, se extendió después al campo administra tivo donde, sin perder sus connotaciones políticas, adquirió gran desarro llo ante la conveniencia, según los autores burgueses, de que el Estado encomiende la gestión de funciones y servicios a otros entes públicos, creados por él a ese fin, con mayor o menor independencia con respecto a su aparato administrativo general, con el propósito de aligerar las tareas de este. La existencia de esos agentes engendra relaciones jurídicas, entre ellos, el Estado y su Administración y, como principios de organización 145 administrativa, consiste en transferir competencias de la administración directa del Estado a otras personas jurídicas. De ahí que se le haya de nominado administración indirecta del Estado. Por la descentralización en los Estados burgueses, el territorio se divide en órganos que, radicados en una porción de aquel, realizan la pres tación de funciones y servicios locales y forman un sistema que compren de dos organizaciones distintas: la Administración del Estado y la Admi nistración local que puede presentarse a distintos niveles, como son la provincia y el municipio. Este sistema corresponde a los intereses que defiende el Estado de Derecho burgués que lo emplea para diversificar y reafirmar la dominación económica y política de la clase capitalista. En dicho sistema, llamado descentralización territorial, el Estado se reserva la tutela sobre los entes locales, con el fin de asegurar que sus actividades no van a contradecir su finalidad clasista. Llevados por las falacias que presiden toda actividad que se relaciona con el Estado de Derecho, muchos autores estiman que sólo puede existir la descentralización territorial, cuando los organismos locales gozan de personalidad jurídica propia y sus órganos son designa dos por elección de los vecinos asentados en sus territorios, como si la experiencia no enseñara que las elecciones locales responden, en muchas ocasiones, en una farsa democrático-representativa, a los designios del Poder Central que sólo actúa a favor de la clase dominante. Aparentando ingenuidad, los autores distinguen entre el carácter jurídico de la descen tralización y su trascendencia política y cerrando los ojos ante las circuns tancias objetivas que en los Estados capitalistas se entrelazan, elaboran sus tesis, teóricamente, sin contacto alguno con la realidad. Además, generalmente en los Estados burgueses, la administración indirecta puede realizarse a través de otros organismos, mediante el sis tema de "descentralización institucional, funcional o por servicios". Se de sarrolla, no con órganos insertados en el sistema general orgánico-admi- nistrativo de la Administración Central, sino por conducto de personas jurídicas que el Estado crea, dota de patrimonio propio y les encomienda la gestión de un determinado servicio estatal. Como dice Garrido Falla: "...la descentralización funcional se realiza a través de órganos que se desgajan de la administración directa del Estado mediante el procedimiento técnico-jurídico de la concesión de la persona lidad jurídica a entidades institucionales”.9 Esas personas jurídicas no tienen el carácter de territoriales, esto es, el asiento geográfico no es indispensable para su existencia, aunque pue den tener limitada su actuación a una parte del territorio del Estado y de ben reunir las condiciones esenciales para el reconocimiento de una per sona jurídica en nombre propio. Desde luego que su finalidad de realizar determinadas funciones concretas del Estado, para aligerar su aparato ad ministrativo, el origen estatal de su patrimonio, indican que el ente des centralizado es un organismo estatal al que el Estado supervisa, orienta y tutela y se vincula a él por relaciones de coordinación. En resumen, pue 146 de decirse que constituyen un servicio estatal personificado, dotado de una esfera de competencia, órganos propios y poder de decisión. La intervención estatal o tutela sobre esos organismos a quienes la técnica administrativa francesa llama establecimientos públicos y entre nosotros se les conocía como organismos autónomos y más tarde como organismos centrales, puede traducirse en diversas formas: designación de sus órganos, aprobación de determinadas decisiones, régimen de ins pección, prohibición de ciertas actuaciones, y otras análogas. En Cuba fueron ejemplo de estos organismos centrales, entre otros, el Instituto Nacional de Reforma Agraria y el Instituto Cubano del Libro. El centralismo democrático La centralización y descentralización, propias del Estado de Derecho burgués y sobre las cuales han discutido largamente los tratadistas bur gueses, son instituciones jurídico-administrativas ajenas al sistema socia lista, en el cual se propugna el centralismo democrático, ya estudiado en el Capítulo III como uno de los principios fundamentales del Derecho Ad ministrativo socialista y debe ser objeto de atención ahora conforme a su carácter de solución a los inconvenientes presentados por los sistemas burgueses. Constituyen bases de integración del centralismo democrático, según el autor soviético V.G. Afanasiev, las siguientes: La base económica del centralismo democrático es la propiedad socia lista sobre los medios de producción, que ha creado la posibilidad y la necesidad de la gestión centralizada de la sociedad y permite, al propio tiempo, la posesión y utilización colectivas de la riqueza pública y en consecuencia, la participación colectiva y democrática de los miem bros de la sociedad en la gestión de sus asuntos. La base material técnica del centralismo democrático es la gran pro ducción socialista moderna, que se basa en la revolución científico- técnica que se distingue por una especialización cada vez más honda, el surgimiento de nuevas ramas de la producción y de nuevas esferas de la vida social a la vez que crece el papel de la iniciativa científico- técnica colectiva y su aplicación práctica en la producción y en la vida social, como fruto de los esfuerzos de numerosas colectividades de hombres de ciencia y trabajadores prácticos. La base socio-política del centralismo democrático es la ausencia de clases antagónicas, la coincidencia de los intereses cardinales de la so ciedad sin clases, las colectividades y el individuo. En el Estado socia lista se expresa en forma centralizada la voluntad de toda la sociedad y se asegura la más democrática participación de las masas en la ges tión estatal. La base espiritual del centralismo democrático halla su ex presión en el régimen socialista, en su carácter centralizado y a la vez democrático, que permite la amplia iniciativa de un vasto campo para 147 la incorporación de las masas de los trabajadores en la gestión de la Administración Pública.10 Según expresión de Lenin: El centralismo democrático asegura la armonía y la unión absolutas en el funcionamiento de las distintas esferas de la vida social, de las dis tintas localidades y zonas del país, pero al propio tiempo implica la po sibilidad, creada por vez primera en la historia, de desarrollo pleno y libre tanto de las peculiaridades locales, como de la iniciativa local, de la diversidad de caminos, métodos y medios para avanzar hacia el ob jetivo común.11 El centralismo democrático debe aplicarse en la medida necesaria para que de acuerdo con el nivel de desarrollo de las condiciones históricas concretas, la centralización y la democracia se conjuguen de la mejor ma nera, y no se lleve la centralización al absoluto, sino que se aplique sobre la base de una amplia democracia que tome en cuenta la experiencia local y la iniciativa de los trabajadores, pero siempre dentro del principio del centralismo planificado, lo que implica rigurosa disciplina y organización óptima, obligatoria para dirigentes y subalternos, una también rigurosa delimitación y cumplimiento de las funciones de los órganos centrales, así como de los locales y las organizaciones sociales y de masas. Deben evi tarse tanto la práctica de una democracia formal que puede surgir de una excesiva concentración de poder en los órganos de dirección, así como una excesiva libertad en la base que puede conducir a conductas que se acercan mucho a la anarquía y al desorden. El Segundo Secretario del Partido Comunista de Cuba, General de Ejército Raúl Castro, en la clausura del Seminario a los Delegados del Po der Popular en la provincia de Matanzas, en agosto de 1974, señaló una serie de principios que configuran la presencia efectiva del centralismo democrático. Entre ellos destacó la elección de las instituciones represen tativas por el voto de las masas, el deber de los electos de rendir cuentas periódicas de sus actividades ante los que los eligieron, considerados no individualmente, sino en su conjunto ya que en esa forma ostentan el máximo poder, en uso del cual, pueden revocar a los elegidos en cualquier momento de su mandato si con su conducta no responden a la confianza que en ellos depositaron las masas. Consecuencia de la consideración del poder, residente en las masas, es otro principio del centralismo democrático que prescribe el necesario con tacto de los electos con sus electores, no sólo para rendir cuentas de su gestión, sino tambiénpara oír y recoger sus quejas, sus problemas y sus sugerencias. La subordinación de los órganos inferiores está determinada por la ne cesidad de que haya uniformidad, homogeneidad, coordinación y correla ción adecuadas entre las actividades desenvueltas por el aparato estatal, para que los intereses particulares de cada localidad se conjuguen con los de las demarcaciones superiores que tienen un carácter más general. 148 Otro principio del centralismo democrático que se contrae a los Órga nos Locales del Poder Popular, reside en la facultad indelegable que tienen en cada instancia de designar o sustituir a los directores y demás funcionarios del aparato administrativo del órgano local, contando con la opinión del organismo de la Administración Central correspondiente. Además de los principios relacionados que actúan en las relaciones de los Órganos Locales del Poder Popular con los organismos de la Adminis tración Central del Estado, dentro del funcionamiento de los órganos co legiados es principio esencial del centralismo democrático la subordina ción de la minoría a la mayoría, en razón a que las facultades de decisión de esos órganos debe ejercerse siempre mediante votación. Un último principio del centralismo democrático estriba en la libertad de discusión y en el ejercicio de la crítica y la autocrítica en el seno de los órganos colegiados o colectivos. Como una característica del centralismo democrático en su desenvol vimiento práctico debe citarse la necesaria articulación de la dirección colectiva y la decisión y responsabilidad individual estudiada en el Capí tulo III, acerca de las cuales Lenin exigía "el mínimo indispensable de di rección colectiva" así como la decisión individual, conjugada con la responsabilidad del dirigente no debía ser, en caso alguno, manifestación de abuso del poder y menosprecio de la opinión de la colectividad. Es de destacar, para concluir, que el centralismo y la democracia se hallan en interacción. El despliegue de la democracia amplía la base social del centralismo y permite incorporar cada vez mayor número de trabaja dores al gobierno de la sociedad. A su vez en el proceso de consolidación del centralismo, la democracia adquiere un carácter más y más organiza do. más y más orientado hacia fines concretos y se utiliza más efízcamen- te para la solución de los problemas que se plantean ante la sociedad. La Administración Central del Estado y los Órganos Locales del Poder Popular en Cuba Al estudiar el centralismo democrático y su aplicación a la división político-administrativa resulta indispensable consignar y además enfati zar, las características de nuestro sistema de Órganos Locales del Poder Popular y su principio básico, el establecimiento de las relaciones entre los Organismos de la Administración Central del Estado y los Órganos Loca les del Poder Popular, vinculados en una compleja y efectiva organización. En esencia, esas relaciones derivan en facultades sobre normas, pro cedimientos y principios metodológicos. Las funciones de los Organismos de la Administración Central del Estado son principalmente de carácter funcional y de control y la ejecución corresponde, en lo que se refiere a las distintas ramas de la Administración, a los Órganos Locales del Poder Popular. Ahondando más sobre la forma de esas relaciones significamos que indefectiblemente en estas, regirá la doble subordinación, puesto que a la 149 par que los órganos locales ejecutivos y administrativos se subordinan a los Órganos Locales del Poder Popular correspondiente a su instancia y al propio tiempo al organismo nacional que atiende las áreas administra tivas que aquellas tienen a su cargo dentro de la localidad. Este principio, conocido en el Derecho socialista como la doble subordinación, se con sagra en el artículo 66 de nuestra Constitución, precepto rector de los principios de organización y funcionamiento de los distintos órganos que integran la estructura administrativa del Estado cubano y es uno de los principios fundamentales de la Administración socialista. Por él se esta blece la gestión económica de los órganos locales a través de las empre sas que se subordinan a la Asamblea Local y a su Comité Ejecutivo ac tuantes en el territorio en el que la empresa está enclavada, al tiempo que la dirección normativa y metodológica de la actividad empresarial se de termina por las directivas de carácter obligatorio emanadas por el orga nismo de la instancia superior (Administración Central del Estado) que como organismo de aquella tiene a su cargo la rama administrativa, de producción o de servicios que el órgano local atiende en su nivel res pectivo. El sistema de Órganos Locales del Poder Popular que regulado por la Constitución de 1976 se ha implantado en Cuba, se ajusta de manera ca bal a la concepción socialista sobre cuál debe ser el sistema que integra la Administración Pública estatal y en el que se establecen las relaciones entre los organismos y órganos de Administración del Estado, con funcio nes ejecutivas y administrativas, situados tanto a nivel nacional como lo cal, funciones que ejercen como manifestación del poder del pueblo, bajo el control de los órganos de poder. Así, regulado por Ids artículos 93 al 99 de la Constitución, por el Decreto-Ley 67 de 19 de abril de 1983 y por su Reglamento, encontramos como órgano máximo ejecutivo y admi nistrativo al Consejo de Ministros, que tiene a su frente un Comité Eje cutivo, Consejo que está integrado por el Jefe de Estado y de Gobierno, que es su Presidente, el Primer Vicepresidente, los Vicepresidentes, el Presidente de la Junta Central de Planificación, los Presidentes de Comi tés Estatales, los Ministros y el Secretario del Consejo. Existen, además, como organismos también de la Administración Central del Estado, los institutos, cuyos jefes no forman parte del Consejo de Ministros. Cada organismo de la Administración del Estado, gestiona una rama, subrama o actividad de las múltiples tareas administrativas del Estado, tiene un titular, que dentro del marco de sus facultades dicta actos de ca rácter administrativo que son obligatorios para los órganos inferiores que están vinculados jerárquicamente a él. Además todos ellos mantienen en tre sí relaciones de coordinación y ejercen la inspección de las actividades que tienen asignadas, se ocupan del perfeccionamiento del nivel técnico de la actividad que les compete y elaboran normas y proponen su apro bación, en su caso, a los organismos correspondientes. Aparte del subsistema que forman los Organismos y Órganos de la Administración Central, existen en las circunscripciones territoriales, pro 150 vincias y municipios, fijadas por la división político-administrativa del te rritorio nacional acordada, los Órganos Locales del Poder Popular, las Asambleas Provinciales y Municipales del Poder Popular y sus Comités Ejecutivos respectivos, que como un subsistema integran el sistema de la Administración Pública estatal, investidas aquellas de la más alta autori dad para el ejercicio de las funciones estatales en sus demarcaciones y para ello, en cuanto les concierne, dirigen a través de los órganos que constituyen (direcciones administrativas), entidades económicas, de pro ducción y de servicios (empresas) que les están directamente subordina das y desarrollan las actividades requeridas para satisfacer necesidades asistenciales, económicas, culturales, educacionales y recreativas de la co lectividad asentada en el territorio a que se extiende su jurisdicción. Ayu dan, además al desarrollo de las actividades y al cumplimiento de los planes de las unidades de producción o de servicios establecidas en su territorio que no les están subordinadas. A esos fines, se apoyan en la ini ciativa y amplia participación de la población y actúan en estrecha cola boración con las organizaciones sociales y de masas y pueden nombrar comisiones de trabajo auxiliares, que significanel concurso activo de los ciudadanos. Todos estos órganos locales mantienen relaciones de coordinación en tre sí para intercambiar experiencias y perfeccionar el trabajo del aparato estatal, a la par que se vinculan en relaciones de subordinación en la for ma dual antes expresada. En la forma expuesta se conjuga, en armónica coordinación, la descen tralización territorial con el centralismo democrático, puesto que las ins tancias inferiores están subordinadas a las superiores, pero actúan con autonomía dentro de los marcos legales y normativos establecidos y no deben estar sometidos a la tutela constante y limitante de las instancias superiores. El funcionamiento del sistema regula, además de los preceptos atinen tes de la Constitución y el Decreto-Ley número 67 de 19 de abril de 1983, por el Reglamento de las Relaciones entre los Organismos de la Administración Central y los Órganos Locales del Poder Popular. Las direcciones administrativas, empresas y unidades presupuestadas de los Órganos Locales del Poder Popular, están reguladas por el Capí tulo Vil de las Normas Reglamentarias de las Asambleas Provinciales del Poder Popular de 5 de agosto de 198212 por el Capítulo Vil de las Nor mas Reglamentarias de las Asambleas Municipales del Poder Popular de 5 de agosto de 1982,13 ambas aprobadas por la Asamblea Nacional del Poder Popular el 3 y 2 de julio del propio año, respectivamente. La desconcentración Llamada por algunos autores descentralización burocrática, debe dis tinguirse de la descentralización institucional o por servicios, la llamada por la doctrina francesa desconcentración que ofrece como notas con 151 ceptuales, en primer lugar la transferencia de competencias de órganos superiores a órganos inferiores unidos por vínculos jerárquicos, por lo que disminuye la subordinación de los segundos respecto a los primeros, sin que el vínculo se rompa totalmente. En virtud de la desconcentración el órgano inferior, a quien no se le otorga personalidad jurídica, adquiere po der de decisión sobre los asuntos administrativos que se sitúen dentro de su esfera de competencia que será tanto territorial como material. La desconcentración entraña la transmisión de la titularidad de la com petencia, no tan solo su ejercicio, porque en este caso se estaría en pre sencia de una delegación La desconcentración, además, siempre tiene lu gar entre órganos de un mismo organismo o ente administrativo. Para Fernández de Velazco,14 por medio de la desconcentración, las atribuciones que corresponden a un órgano superior pasan a otro inferior; como ocurriría si un ministro se despoja de facultades pasándolas a un di rector provincial. El Decreto-Ley número 67 de 19 de abril de 1983, en su artículo 36, dispone que los organismos de la Administración Central del Estado, para el mejor desarrollo de sús actividades, podrán crear delegaciones territo riales que son parte integrante del organismo, con la previa autorización del Consejo de Ministros y delegar) en ellas parcialmente sus atribuciones. El funcionamiento de esas delegaciones se regula en el Capítulo XIII del Reglamento General de los Organismos de la Administración Central del Estado, Decreto 1 del Consejo de Ministros de 23 de junio de 1978. 152 Notas 1 Denisov, A. y M. Kirichenko, Derecho Constitucional Soviético, 2a. ed., Ediciones de Lenguas Extranjeras, Moscú, s/a, p. 192 y ss. 2 "Reglamento General de los Organismos de la Administración Central del Es tado", en Gaceta Oficial de la República de Cuba, edición ordinaria, número 26, de 17 de agosto de 1978, p. 342. 3 D'Alessio, F., Istituzione di Diritto Amministrativo Italiano, t. I, p. 230, citado por Villegas Basavilbaso, B„ ob. cit., t. III, p. 227. 4 Bielsa, R., Derecho Administrativo, t. III, 5a. ed., Buenos Aires, 1965, p. 13. 5 Carnelutti, Francesco, Sistema de Derecho Procesal Civil, t. II, p. 286 y ss. citado por Villegas Basavilbaso en ob, cit., t. II, p. 258. O García Trevijano y Fos, J.A., ob. cit., p. 209. ? Ibidem, p. 211 y ss. Q Constitución de la República de Cuba, ed, cit., p. 56. 9 Garrido Falla, F., Administración indirecta del Estado y descentralización funcio nal, capítulos V-VI, editado por el Instituto de Estudios de Administración Lo cal, Madrid, 1950. 10 Afanasiev, V.G., La dirección científica de la sociedad, Editorial Progreso, Moscú, 1975, p. 259 y ss. 11 Citado por. Afanasiev, V.G., en Ob. cit., p.261. 12 Ver: Capítulo Vil de las Normas Reglamentarias de las Asambleas Provinciales del Poder Popular, de 5 de agosto de 1982. 13 Ver: Capítulo Vil de las Normas Reglamentarias de las Asambleas Municipales del Poder Popular, de 5 de agosto de 1982. 14 Fernández de Velasco, R., ob. cit., p. 230. 153 CAPÍTULO IX Los medios jurídicos de la Administración Pública 1. Medios jurídicos de la Administración Pública La Administración es actividad y esta presupone el empleo de medios. La Administración del Estado, para la obtención de sus fines emplea me dios de diversa naturaleza, que pueden agruparse en tres clases. Medios personales Son medios personales, los individuos que prestan servicios en la Ad ministración. Toda función pública requiere para su existencia ser concre tada en actos positivos que trascienden la realidad jurídica y que son realizados por físicas. Medios materiales Son los bienes de distintas clases, de los cuales la Administración hace uso. ~ Medios financieros Consisten en el numerario que la Administración tiene que em plear en la gestión de servicios y producción de bienes que tiene a su cargo. Los medios que emplea la Administración Pública para alcanzar los fi nes que dentro del Estado le están asignados son objeto de regulación jurídica, esto es, sobre ellos recae la normación legislativa. El estudio de los medios personales corresponde, en parte, al Derecho Administrativo y al Derecho Laboral; en tanto los medios materiales son objeto del De recho Administrativo y los medios financieros se estudian en otras ramas de las ciencias jurídicas como el Derecho Financiero. 154 2. Los medios personales de la administración pública Concepto de los agentes de la Administración Pública Al estudiar los órganos de la Administración Pública, se expuso que las actividades a cargo de una organización administrativa, en razón a su multiplicidad, aparecen divididas en diversos centros en los que a su vez los asuntos administrativos se distribuyen entre los oficios o cargos pú blicos, y cada uno de ellos tiene asignada una persona física encargada de la gestión de los asuntos del oficio, los que constituyen su competencia. Esas personas son los agentes de la Administración y desempeñan las funciones mediante las cuales son realizados los fines del Estado. Para la consecución de sus fines, el Estado utiliza en su servicio mul titud de personas. Algunas de ellas prestan su actuación obligadas coer citivamente, como son las que hacen el servicio militar y otras lo realizan voluntariamente. Dentro de estas últimas, unas contraen un nexo o realización jurídica con la Administración por medio de un contrato, y otras se vinculan jurí dicamente con ella, a través de la relación de empleo. Las personas que voluntariamente vienen a la Administración son las que podemos consi derar agentes de la Administración Pública. El servicio personal obligatorio es una institución autónoma regida por principios propios distintos a la de la función y empleos públicos. Desde el punto de vista jurídico, la diferencia entre ambos es esencial. El servicio personal obligatorio se impone unilateralmente por el Estado y, por con siguiente, no se requiere para su constitución el consentimiento del indi viduo que debe cumplirlo. En cambio, en la función o empleo públicos, el consentimiento del individuo es esencial para la constitución de la relación jurídica. Naturaleza jurídica de la vinculación Administración-agente Jurídicamente, los que dedican su actividad a las funcionesnetamente administrativas del Estado no pueden diferenciarse de aquellos que atien den tareas que también el Estado acomete, pero que no tienen ese carác ter administrativo específico, como son las que se derivan de la gestión económica y de la prestación de los servicios estatales. Unos y otros, en definitiva, no son otra cosa que trabajadores que laboran para la sociedad en una u otra forma. En el período histórico en que en un Estado se cons truye el socialismo, al ejercerse la dictadura del proletariado, se produce la alianza de clase entre las numerosas capas de trabajadores, alianza en caminada a derribar por completo el capital, a reprimir la resistencia de la burguesía y sus intentos de restauración, alianza que, como dijo Lenin, se propone crear y consolidar definitivamente el socialismo. Todos, como 155 trabajadores que son, toman parte en el ejercicio real de la democracia, participan en las tareas de gobierno y con su esfuerzo garantizan cada vez más los derechos de las masas trabajadoras, creando la base material ne cesaria y en consecuencia un idéntico régimen jurídico rige a unos y a otros. Todas las grandes tareas que la construcción del socialismo significa, exigen la creación del correspondiente aparato administrativo, que tiene que caracterizarse por un amplio espíritu democrático y por el margen que deja para la iniciativa de los trabajadores. No quiere ello decir que se prescinda del centralismo, lo que sería mantener una concepción anar quista de las relaciones sociales. El centralismo es necesario, pero no el centralismo burocrático del Estado burgués, alejado y opresor de las ma sas, sino el centralismo democrático que, como se ha visto, permite la participación de las masas y se enriquece con sus iniciativas y experien cias a la par que mantiene una unidad de dirección que impulsa y hace posible el desarrollo de la vida cultural y económica de la sociedad. La presencia, en el aparato administrativo estatal cubano, de'la organización sindical de los trabajadores de la Administración Pública, en las asambleas de servicio y en los consejos de trabajo, competentes para conocer y de cidir sobre los conflictos de carácter económico que puedan ocurrir entre la Administración y sus trabajadores, son muestra de la participación de mocrática de estos en la actividad administrativa y exponentes de la alian za entre todas las capas trabajadoras de la sociedad, guiadas por la direc ción que en toda la política interior y exterior del Estado ejerce el Partido, que es el que traza la línea política en todos los aspectos de la construc ción socialista y orienta su aplicación en la práctica. No hay que olvidar que el período de transición del capitalismo al socialismo, la Administra ción del Estado desempeña un importante papel en las tareas de las trans formaciones económicas, puesto que dirige, bajo la orientación del Par tido, la economía nacional, planificándola, e influye sobre todo el proceso de la reproducción ampliada en interés del socialismo. La legislación vigente entre nosotros distingue, clasificándolos, a los agentes de la Administración Pública y para ello atiende a los efectos jurí dicos producidos al ejercer las funciones que desempeñan en virtud del oficio público de que son titulares. El Decreto-Ley número 67 de 19 de abril de 1983, de Organización de la Administración Central del Estado, en su artículo 43, al hablar de la integración de los Consejos de Dirección de los organismos, cita, entre sus componentes, a los dirigentes de estos, sus empresas y dependencias, lo que permite afirmar que para dicho texto legal son dirigentes los que de hecho dirigen algún aspecto del actuar administrativo. Esta concepción se refleja y ratifica en otros preceptos del mencionado Decreto-Ley. De manera más terminante el Reglamento General de los Organismos de la Administración Central del Estado (Decreto número 1, del Consejo de Ministros, de 23 de junio de 1978) clasifica, como se verá más ade lante, a los agentes de la Administración Pública, en dirigentes, funciona- 156 ríos y demás trabajadores y con posterioridad se dictó el Decreto-Ley nú mero 36 de 29 de marzo de 1980, sobre la Disciplina de los Dirigentes y Funcionarios Administrativos Estatales, en tanto la disciplina de los de más trabajadores de las administraciones estatales se rige por el Decreto- Ley número 32 de 16 de febrero del propio año.* Conforme a esa legislación, sólo los dirigentes y funcionarios presen tan características diferenciales de los demás trabajadores, asimilables en cuanto al régimen jurídico a los que desempeñan las tareas relativas a la gestión económica y a la prestación de servicios, por lo cual se requiere determinar la naturaleza jurídica de la relación establecida entre la Admi nistración y los dirigentes y funcionarios, relación que podemos llamar de servicio o empleo, que se deriva de la personalidad jurídica del individuo y que se crea cuando por un acto administrativo se le convierte en titular de un oficio. Esa relación entre el individuo y la entidad administrativa ca rece de proyección fuera del ámbito de la esfera administrativa de que se trate y permite al titular del oficio hacer valer sus derechos como tal, fren te a la Administración. En lo que respecta a los trabajadores que se vinculan con la Adminis tración a través de un contrato, la relación jurídica entre ambos se regirá por los términos y condiciones contenidos en la manifestación bilateral de voluntad que el contrato significa. Interesa por ello, conocer y determinar cuál es la naturaleza jurídica de la relación que se establece entre la Ad ministración y los dirigentes y funcionarios, así como con otros trabaja dores no vinculados contractualmente. Teoría contractual La relación de empleo ha sido explicada, aplicándole diversas fórmulas jurídicas y entre ellas ha sido sostenida por múltiples tratadistas la teoría contractual, exponente de la época inicial del Derecho Administrativo en que sobre él pesaba la influencia milenaria del Derecho Civil, al extremo que las instituciones jurídico-administrativas se identificaban con las de esa rama del Derecho que presentaran cierta analogía con las administra tivas, cuya naturaleza jurídica pretendía fijarse. Sobre esta base se estimó que la relación de empleo contenía todos los elementos de un contrato, puesto que existía consentimiento por parte de la Administración y del agente, en aquella, al designar a una persona para desempeñar un oficio y en esta, al aceptar voluntariamente la designación. En cuanto al objeto, dicen, existe por parte de la Administración en la prestación de un servicio y en el agente en el desempeño de las funciones del oficio y, por último, la causa del contrato la sitúan en el interés público que la Administración tiene que atender y en la remuneración o salario que ha de recibir el agen- N. del A. Los Decretos-Leyes número 32 de 16 de febrero de 1980 y número 40 de 16 de octubre de 1980, fueron derogados por la Ley número 49 (Código del Trabajo), aprobada el 28 de diciembre de 1984. 157 te. Además, añaden, existe por parte de la Administración que nombra al agente tener competencia para hacerlo y al agente a su vez, se le exigen ciertas condiciones para que pueda ser designado. Al omitir el estudio de las distintas figuras contractuales a las que se ha pretendido asimilar la relación de empleo, un análisis de esta permite negarle ese carácter de contrato. Si se considera que el Estado fija unilateralmente las reglas que nor man la relación de empleo, y que el particular no puede discutirlas para la aceptación de la designación y convertirse en agente y que las condi ciones imperantes al establecerse la relación pueden ser modificadas, también unilateralmente por la Administración, hay que concluir que no tiene carácter contractual. Teoría unilateral Para los que mantienen esta teoría, la relación de empleo nace de un acto de autoridad