Logo Passei Direto

Los anquilostomas

Herramientas de estudio

Material
¡Estudia con miles de materiales!

Vista previa del material en texto

Los anquilostomas
Necator americanus
(Stiles 1902)
Ancylostoma duodenale
(Dubini 1843)
Introducción
Dos especies de anquilostoma son respon-
sables de la mayoría de las infecciones huma-
nas; Necator americanus y Ancylostoma duo-
denale.1,2 El N. americanus es con mucho el 
anquilostoma humano más común excepto 
en algunas áreas focales de Egipto, India y 
China. Una tercera especie, el Ancylostoma 
ceylanicum, también se encuentra como un 
parásito humano en el sudeste asiático.3 Los 
anquilostomas adultos habitan el intestino 
delgado y se alimentan de las vellosidades 
intestinales y de la sangre. La pérdida de 
sangre resultante de los anquilostomas adul-
tos en el intestino conduce a la deficiencia de 
proteínas y de hierro, así como a la anemia. 
Los anquilostomas infectan a aproximada-
mente 472 millones de personas en los países 
en desarrollo del trópico, convirtiéndolos en 
una de las infecciones humanas más preva-
lentes en todo el mundo y una de las causas 
más comunes de anemia por deficiencia de 
hierro.4,6 Según algunas estimaciones, la 
anquilostomía se clasifica con la esquistoso-
miasis como las principales infecciones por 
helmintos en términos de muertes y años de 
vida ajustados por discapacidad (DALYs) 
perdidos, más que cualquier otra infección 
por helmintos humanos.1,7
Los niños fuertemente infectados con 
anquilostomas tienden a presentar déficit en 
los desarrollos físico y cognitivo y son más 
susceptibles a otras infecciones intercur-
rentes.1,7,9 El anquilostoma es una amenaza 
importante para la salud de las mujeres en 
edad reproductiva. Se estima que 44 millones 
de mujeres embarazadas están infectadas 
con anquilostomas en países endémicos.5 La 
deficiencia de hierro y la malnutrición, resul-
tantes durante el embarazo, afectan negativa-
mente el crecimiento intrauterino, el peso al 
nacer y hasta la supervivencia materna.9 El 
anquilostoma también aumenta la probabili-
dad de parto prematuro y puede contribuir a 
la mortalidad de laas maternas.10
La distribución de las dos especies se 
pensó, en un momento, era discreto y no 
traslapada, pero se ha demostrado que ambas 
especies ocupan al menos algunas de las 
mismas regiones de África, América del Sur 
y Asia. El N. americanus es la anquilostomía 
predominante en todo el mundo, con las tasas 
más altas en el África subsahariana, las regio-
nes tropicales de América, el sur de China y el 
sudeste asiático.1 El A. duodenale es endémi-
camente más concentrado en partes de China, 
India, África del Norte, el África subsahari-
ana y algunas regiones de la América Latina. 
Una tercera especie, el Ancylostoma ceylani-
cum, se encuentra principalmente en gatos, 
pero también en seres humanos que viven 
en Malasia y en otras partes de Asia.11,15 La 
anquilostoma canina, A. caninum, ha sido 
relacionada como la causa del síndrome de 
enteritis eosinofílica en partes del norte de 
Queensland, Australia.16 El A. braziliense, 
cuyos huéspedes definitivos son perros y 
gatos, causa la larva migrans cutánea.17
Figura 19.1. Larvas de anquilosotomas (flechas) en 
la piel de un perro infectado experimentalmente.
Parasitic Diseases 6th Ed. Parasites Without Borders wwww.parasiteswithoutborders.com 
No hay depósitos conocidos para A. duode-
nale o N. americanus. El perro es el anfitrión 
principal para A. caninum, pero no ha sido 
bien establecido si este anquilostoma causa la 
infección humana madura, con excepción de 
algunos casos reportados en Australia.
Información histórica
El Necator americanus probablemente 
se originó en Asia, mientras que el Ancylos-
toma duodenale probablemente procede de 
África.18 Los anquilostomas parecen haber 
infectado a humanos durante miles de años en 
el Viejo Mundo, mientras existe controversia 
sobre si la anquilostomiasis estaba presente 
en América Latina antes de la conquista y la 
colonización europeas.18,19 La infección por 
anquilostomiasis era frecuente en los Estados 
Unidos en el pasado (principalmente en el sur 
rural), así como en Puerto Rico.20,21 Debido 
a que la enfermedad de la anquilostomía se 
consideraba un obstáculo importante para el 
desarrollo económico en el sur, después de 
la Guerra Civil, John D. Rockefeller Senior 
estableció la Comisión Sanitaria Rockefeller 
(que más tarde se convirtió en la Fundación 
Rockefeller) en 1909, con el único propósito 
de eliminar la anquilostomiasis de los Estados 
Unidos y de Puerto Rico.21 En 1902, Charles 
W. Stiles, describió por primera vez al N.
americanus y fue en gran medida quien con-
venció a Frederick Gates, ministro bautista y
asesor clave de Rockefeller, para establecer
la Comisión.22 La prevalencia de la infección
por anquilostomiasis en los Estados Unidos se
ha reducido casi al punto de la erradicación,
pero esto resultó no tanto por la intervención
planificada sino por la mejora general en las
condiciones socioeconómicas. El desarrollo
económico también es responsable en gran
parte del control de la malaria y de la fiebre
tifoidea en los Estados Unidos. Sin embargo,
gran parte de nuestro conocimiento con
respecto a la historia natural y la patogénesis
de la infección por anquilostomiasis se basó
en el trabajo de investigadores financiados 
por las filántropos como Rockefeller, incluy-
endo a William Cort, Auriel O. Foster, Asa 
C. Chandler, J. Allen Scott y Norman Stoll.
Stoll describió la anquilostomiasis como “la
gran infección de la humanidad”.23 Angelo
Dubini reportó por primera vez una infección
humana con A. duodenale en 1843; pero fue
Arthur Looss, quien trabajó en Egipto, dem-
ostró la transmisión percutánea de la anquilo-
stomiasis y aclaró su ciclo de vida.24 El ciclo
de vida fue definido por Gerald Schad, quien
demostró la capacidad de las larvas de A. duo-
denale de permanecer en un estado latente en
tejidos humanos.25
Ciclo de Vida
La infección comienza cuando las larvas 
L3 (filariformes) penetran activamente en 
los tejidos cutáneos, generalmente a través 
de un folículo piloso (Fig. 19.1) o de un área 
erosionada. La invasión por la piel puede 
ser facilitada por la liberación de enzimas 
hidrolíticas. Una vez en los tejidos subcutá-
neos, las larvas entran en los capilares y son 
transportadas pasivamente a través del tor-
rente sanguíneo hasta los capilares de los pul-
mones. Las larvas de L3 salen de los capila-
Figura 19.2. Hembra adulta de Ancylostoma 
duodenale. 10 mm.
res alveolares y completan la fase migratoria 
del ciclo de vida arrastrándose por los bron-
quios y la tráquea, sobre la epiglotis y hacia 
la faringe. Se tragan, y pasan al estómago. 
Esta parte del ciclo de vida (es decir, fase 
parenteral) es muy similar a la de los Ascaris 
lumbricoides y Strongyloides stercoralis. Se 
producen dos mudas en el intestino delgado, 
resultando en el desarrollo de una lombriz 
adulta (Fig. 19.2, 19.3).
Las larvas de Ancylostoma duodenale tam-
bién son infecciosas oralmente.26 En algunas 
regiones, la ingestión oral puede ser el modo 
predominante de transmisión. Las larvas que 
infectan por vía oral pueden someterse a dos 
mudas hasta la edad adulta sin abandonar el 
tracto gastrointestinal, y se puede desarrollar 
un síndrome conocido como enfermedad de 
Wakana, caracterizado por náuseas, vómitos, 
tos y dificultad para respirar.27
Cuarenta días después de la maduración y 
la cópula, las lombrices hembras comienzan 
a poner huevos (Fig. 19.4), completando 
el ciclo de vida. En algunos casos de infec-
ción por A. duodenale, las larvas pueden 
permanecer más tiempo en los tejidos antes 
de transitar al intestino, con un consiguiente 
retraso en la producción de huevos.28 Los 
gusanos adultos viven un promedio un año 
en el caso de A. duodenale y 3-5 años en el 
caso de N. americanus.29 El tiempo máximo 
de supervivencia registrado es de 15 años.30
En las zonas endémicas, donde las rein-
fecciones son continuas, se interrumpe el 
desarrollo de algunas larvas L3 de A. duode-
nale (pero no de N. americanus). Después de 
entrar en el huésped, estas larvas penetran en 
hacesde músculos esqueléticos y se vuelven 
latentes. Posteriormente, pueden reanudar 
su desarrollo y completar el ciclo de vida.25 
El desarrollo detenido de larvas en tejidos 
humanos se produce durante épocas del año 
en que las condiciones ambientales externas 
son desfavorables al desarrollo de parásitos 
en el suelo. La detención larvaria también 
ocurre durante el embarazo, y el desarrollo 
se reanuda al inicio del parto. Cuando estas 
larvas aparecen en la leche materna, puede 
producir una transmisión vertical de la infec-
ción por A. duodenale en los recién nacidos.31
Los gusanos adultos se alimentan de vello-
sidades intestinales y de sangre en el intestino 
delgado (Fig. 19.5). Morfológicamente, cada 
especie se puede diferenciar por las partes de 
la boca de los adultos. El A. duodenale posee 
dientes cortantes (Fig. 19.6), mientras que 
N. americanus tiene placas de corte redon-
deadas (Fig. 19.7). Por otro lado, sus tamaños
de cuerpo son diferentes. Los anquilostomas
machos adultos se diferencian de las hembras
por la presencia de una bursa copuladora.
Los Ancylostoma duodenale y N. ameri-
canus presentan grandes diferencias en sus 
ciclos de vida y patogenicidad. El A. duo-
Figura 19.3. Macho adulto de A. duodenale. Note la 
bursa en el extremo de la cola. 8 mm.
Figura 19.4.Huevo de anquilostoma fertilizado. 
65 mm x 40 mm.
denale generalmente se considera la más 
virulenta de las dos especies porque es más 
grande, causa más pérdida de sangre, pro-
duce más huevos y tiene varios modos de 
transmisión distintos a penetrar por la piel.1,2 
La hembra pasa huevos al lumen del intestino 
delgado. El A. duodenale produce cerca de 
28.000 huevos por día, y el N. americanus 
alrededor de 10.000. Los huevos se fecundan 
en estados de cuatro y ocho células inmedi-
atamente después de pasar. En suelo cálido, 
húmedo, arenoso o arcilloso el embrión se 
desarrolla en larva L1, (rabdíforme) en las 48 
horas posteriores a la deposición en el suelo. 
Después de la eclosión, la larva se alimenta 
de residuos en el entorno inmediato, y crece, 
luego muda dos veces para convertirse en la 
larva infectante L3 (filariforme). Las larvas 
filariformes no consumen alimentos y gener-
almente se consideran en un estado detenido 
del desarrollo.32 Sin embargo, estas larvas 
no permanecen inmóviles; más bien, buscan 
activamente el punto más alto en el entorno 
(por ejemplo, la parte superior de las hojas de 
hierba, las rocas pequeñas), donde están más 
propensas a entrar en contacto directo con la 
piel humana. Esta actividad se conoce como 
“búsqueda”. En áreas endémicas, es común 
que muchas larvas L3 se adhieran a hierbas 
cubiertas de rocío, aumentando las posibi-
lidades de múltiples infecciones del mismo 
huésped. Los suelos arenosos, como los 
encontrados en las zonas costeras, son par-
ticularmente favorables para las migraciones 
de larvas de anquilostomas y la transmisión 
de la anquilostomiasis.
Figura 19.6. Scanning EM de la cabeza de 
Ancylostoma duodenale. Observe los dientes. Foto 
D. Scharf.
Figura 19.5. Anquilostoma adulto diagnosticado por 
colonoscopia
Figura 19.7. Scanning EM de la cabeza de Necator 
americanus. observe las placas de corte. Foto de 
D. Scharf.
Patogenia Celular y Molecular
Las larvas de la anquilostomía L3 pen-
etran la piel sana con la ayuda de enzimas 
secretadas que incluyen una metaloproteasa 
y una familia de proteínas secretoras ricas en 
cisteína, conocidas como proteínas secreta-
das por Ancylostoma (ASP). 33,34 La infección 
repetida da como resultado una hipersensi-
bilidad inmediata y otras inflamaciones que 
comprenden dermatitis por anquilostomas. 
La migración larvaria subsecuente a través de 
los pulmones puede dar lugar a la inflamación 
pulmonar, dando por resultado una neumoni-
tis.
La mayor parte de la patología de la infec-
ción por anquilostomiasis resulta de la pres-
encia de anquilostomas adultos en el intestino 
delgado. Las lombrices adultas derivan su ali-
mentación de comer tejido velloso. También 
succionan sangre directamente desde su sitio 
de unión a la mucosa intestinal y la submu-
cosa. Las lombrices adultas poseen un bulbo 
esofágico bien desarrollado, que les permite 
bombear sangre desde el lecho capilar de la 
mucosa. Los parásitos adultos secretan un 
anticoagulante que bloquea la acción del 
factor Xa del huésped y el VIIa/complejo del 
factor tisular.35,36 
Los anquilostomas también secretan una 
proteína que funciona como un inhibidor 
de plaquetas a través del bloqueo de GPIIb/
IIIa.37,39 La pérdida de sangre continúa 
después de que las lombrices se mueven a 
una nueva localización a través de la activi-
dad combinada de estos productos. Cada 
adulto de A. duodenale succiona 0,1-0,2 ml 
de sangre por día, mientras que cada gusano 
adulto de N. americanus chupa 0,01-0,02 ml 
de sangre por día.40 Después de la ingestión 
de sangre, los anquilostomas adultos rompen 
los glóbulos rojos con la ayuda de hemolisi-
nas,41 y luego descomponen la hemoglobina 
del huésped de una manera ordenada a través 
de las actividades específicas de las proteasas 
específicas de la hemoglobina.42
Además de la pérdida de sangre, puede 
haber pérdida de proteínas que contribuye a 
la desnutrición proteínica, un problema que 
ya existe en los lugares donde la infección 
por anquilostomas sigue siendo endémica.43 
La producción de un inhibidor de serina pro-
teasa de anquilostomas que interfiere con la 
digestión basada en enzimas pancreáticas 
puede también interferir con la descom-
posición de los alimentos ingeridos, lo que 
conduce a la malabsorción y al consiguiente 
retraso del crecimiento y el desarrollo.44
La exposición repetida a la infección 
por anquilostoma no necesariamente da 
como resultado una inmunidad protectora.45 
Aunque una respuesta de anticuerpos humo-
rales a numerosos antígenos de anquilosto-
mas puede presentarse en individuos natural-
mente infectados, la presencia de anticuerpos 
específicos a menudo no se correlaciona con 
la resistencia a la infección.46 Algunas inmu-
noglobulinas pueden incluso servir como un 
marcador para la infección por anquilosto-
miasis.47 La ausencia de inmunidad efectora 
puede explicar que la intensidad de la infec-
ción por anquilostomiasis a menudo aumenta 
con la edad en las regiones endémicas, en 
contraste con las otras grandes helmintiasis 
transmitidas por el suelo (por ejemplo, ásca-
ris y trichuris) con picos de intensidad en la 
niñez7. Una característica de la infección por 
anquilostomiasis es que realmente puede 
inducir la supresión inmune a través de sus 
productos excretores/secretoras (ESP). Las 
anquilostomas parecen afectar la función 
de las células dendríticas, desencadenar la 
secreción de citocinas inmunosupresoras, 
inducir a las células T reguladoras, modular 
las células inmunitarias a través de la liber-
ación de óxido nítrico e inducir la apoptosis 
de las células T efectoras.48,52 Un impacto per-
sistente en el sistema inmunológico también 
podría explicar por qué la infección continu-
ada con anquilostomas y la reinfección con 
anquilostomas pueden ocurrir dentro de unos 
pocos meses de tratamiento antihelmíntico.53 
Puede explicar las dificultades asociadas con 
el control de la anquilostomiasis y el aumento 
de la incidencia de otras infecciones como la 
malaria en pacientes infectados.54 La ausen-
cia de resistencia a los anquilostomas puede 
reflejar la capacidad del parásito para escapar 
de la inmunidad del huésped, pero cierto 
éxito con el desarrollo de una vacuna anqui-
lostoma humana sugieren que una respuesta 
inmune humana protectora eficaz puede ser 
inducible.55,58
Estudios recientes utilizando modelos 
animales para las infecciones intestinales 
de helmintos humanos (anquilostomas y 
Trichinella spiralis), han demostrado que 
las células de mechones (células quimiosen-
sibles), pueden ser responsables de iniciar 
el desarrollo del mecanismo de expulsión, 
en el cual las células caliciformes proliferan 
y, combinadas con anticuerposespecíficos 
sIgA, actúan conjuntamente para limitar la 
infección en una exposición primaria.59 Este 
estudio ofrece cierta esperanza para el desar-
rollo eventual de vacunas eficaces contra los 
helmintos intestinales.
Enfermedad Clínica
En general, hay cuatro manifestaciones 
potenciales de la enfermedad de la anquilo-
stomiasis que se determinan por la etapa de la 
infección, la vía de adquisición y el grado de 
carga de lombrices.1 La penetración inicial de 
la piel por larvas L3 puede no dar como resul-
tado síntomas en individuos previamente 
no infectados. Sin embargo, aquéllos que 
experimentan infecciones repetidas pueden 
desarrollar una dermatitis vesicular papular 
pruriginosa en el sitio de la entrada de larvas, 
conocido como picazón del suelo, o picazón 
de rocío.
En individuos muy infectados, puede 
haber síntomas de neumonía durante la fase 
migratoria del ciclo de desarrollo de estas 
lombrices. No se conoce si esto se desarrolla 
con regularidad, ya que no se han observado 
síntomas pulmonares atribuibles a la infec-
ción por anquilostomas en los voluntarios 
infectados experimentalmente.28,60 Los esta-
dios larvarios de los tejidos ciertamente indu-
cen la eosinofilia circulante uno o dos meses 
después de la exposición.
La fase intestinal puede ser asintomática, 
aunque puede resultar en dolor epigástrico y 
malestar abdominal. Un síndrome conocido 
como enfermedad de Wakana se produce 
cuando un gran número de larvas son ingeri-
das, y se asocia con náuseas, vómitos, disnea 
y eosinofilia.27,62
La enfermedad grave resultante de la infec-
ción por anquilostomiasis sólo se produce 
cuando un gran número de lombrices adultas 
están presentes en el intestino delgado. En la 
mayoría de las zonas endémicas, las infec-
ciones por anquilostomas “acumulan”.63 En 
cualquier lugar, de dos a tres cuartos de las 
infecciones en un área dada son lo sufici-
entemente livianas en términos de intensidad 
(número de lombrices) que son clínicamente 
silenciosas. Las características clínicas de la 
anquilostomiasis generalmente ocurren sólo 
en el 10-30% de las personas que albergan 
un gran número de lombrices. En algunas 
regiones, ciertos individuos pueden estar pre-
dispuestos a adquirir infecciones graves por 
motivos genéticos o exposiciones infeccio-
sas.63,64
La principal característica clínica de la 
anquilostomiasis es la anemia ferropénica, 
que se produce como resultado de la pér-
dida de sangre en el tracto intestinal.1,7,65,68 La 
pérdida de sangre intestinal es proporcional 
al número de anquilostomas presentes en el 
intestino, aunque subsecuentemente se desar-
rolla o no la anemia verdadera por deficiencia 
de hierro, depende de la especie predominante 
de anquilostoma en el intestino (A A. duode-
nale se asocia con mayor pérdida de sangre 
que N. americanus), de las reservas de hierro 
del huésped y la ingesta diaria de hierro.65,68 
La anemia grave se asocia con lasitud, palpit-
aciones y disnea de esfuerzo. Esto puede estar 
asociado con un deterioro del crecimiento y 
desarrollo en los jóvenes, y puede conducir a 
la angina de pecho y la insuficiencia cardíaca 
congestiva en personas mayores. Los signos 
físicos de la anemia anquilostoma incluyen 
los signos de deficiencia de hierro, como la 
esclerótica pálida, las concavidades de las 
uñas (koilonychia) y la queilitis. Además, los 
niños pueden manifestar una decoloración 
verde-amarillenta de la piel conocida como 
clorosis debido a la similitud con el color de 
las hojas de plantas deficientes en clorofila.69 
Los niños con infección grave por anquilosto-
mas también muestran signos de desnutrición 
proteíca que resultan en la pérdida de proteína 
plasmática asociada, y pueden desarrollar dis-
tensión abdominal, edema facial y pérdida de 
cabello.
Se ha descrito un síndrome de anquilosto-
miasis infantil, asociado con anemia severa, 
melena, distensión abdominal y falta de cre-
cimiento.31,70 Hay evidencia que sugiere que 
estos recién nacidos ingirieron A. duodenale a 
través de la leche materna.31
La anemia crónica de anquilostomas 
durante la infancia causa retraso en el creci-
miento físico, así como deficiencias en la cog-
nición infantil y en el desarrollo intelectual.1,7,9 
Al igual que ocurre con otras infecciones de 
helmintos transmitidas por el suelo, el retraso 
del crecimiento suele ser reversible mediante 
la administración de terapia antihelmíntica, 
pero los defectos intelectuales y cognitivos 
no siempre pueden revertirse mediante la 
terapia.71 La anemia crónica anquilostática 
durante el embarazo puede resultar en partos 
prematuros o bajo peso al nacer.9 Muchas de 
estas secuelas crónicas explican el tremendo 
impacto de los anquilostomas en la salud 
materno-infantil. En su informe sobre el 
Desarrollo Mundial, el Banco Mundial citó la 
anquilostomiasis como una de las principales 
causas de morbilidad entre los niños en edad 
escolar.72
Diagnóstico
No se dispone de pruebas serológicas, por 
lo que el diagnóstico suele establecerse medi-
ante la identificación microscópica de huevos 
característicos en las heces (Fig. 19.4, C.42). 
También están disponibles métodos cuanti-
tativos para determinar el número de huevos 
por gramo de heces. En algunas circunstan-
cias, éstos proporcionan una estimación de la 
carga global de lombrices. No se puede hacer 
distinción entre los huevos de cualquiera de 
las especies de anquilostomas basados pura-
mente en microscopía. La diferenciación por 
microscopía óptica depende del examen de 
las larvas L3 (Fig. 19.8) o de la recuperación 
de lombrices adultas. Se han desarrollado 
pruebas de PCR que han aumentado la sensi-
bilidad para el diagnóstico y permiten la dife-
renciación de especies, pero estos ensayos 
no son de uso rutinario en la mayor parte del 
mundo endémico para anquilostomas.73,74
Tratamiento
Los anquilostomas adultos suelen ser 
susceptibles a los dos principales fármacos 
Figura 19.8. Cavidad bucal de la larva anquilostoma 
rhabditiforme. Es más largo que el de la misma 
etapa del Strongyloides stercoralis (ver Fig. 20.7).
benzimidazol antihelmínticos, albendazol y 
mebendazol, aunque el albendazol es más 
efectivo en una dosis única en comparación 
con la dosis única de mebendazol.75 Fraca-
sos en la administración de una sola dosis 
de mebendazol o albendazol para eliminar 
anquilostomas del tracto gastrointestinal 
han sido informados, en cambio, la admin-
istración dos dosis diarias durante tres días 
han dado como resultado tasas de curación 
más altas.76,78 El pamoato de pirantel puede 
administrarse durante tres días como trata-
miento alternativo, pero la ivermectina tiene 
un valor pobre de eficacia.77,79
Los niños muy pequeños y las mujeres 
embarazadas se consideran especialmente 
vulnerables a los efectos de la anemia por 
anquilostomas. En África, se encontró que la 
anquilostomía contribuye sustancialmente a la 
anemia en niños en edad preescolar, mientras 
que en Nepal la anquilostomía fue una causa 
importante de anemia en el embarazo.80,81 Las 
mujeres embarazadas que recibieron alben-
dazol prenatal mostraron mejoras significa-
tivas en la reducción de laanemia materna, 
y de la mortalidad infantil.82 Las preocupa-
ciones acerca de las toxicidades de los benz-
imidazoles deben ser comparadas con sus 
beneficios potencialmente importantes en el 
embarazo.83,84
El albendazol y el mebendazol se unen a 
los microtúbulos del parásito.85 La resistencia 
antihelmíntica a los benzimidazoles ha sido 
bien descrita entre namátodos de importan-
cia veterinaria y se produce por mutaciones 
en los alelos de la tubulina del parásito.86 
Los informes sobre el fracaso absoluto del 
mebendazol en el tratamiento de las infec-
ciones humanas por anquilostomas en Malí 
y la reducción de la eficacia del mebendazol 
con uso frecuente y periódico han suscitado 
la preocupación que la resistencia a los benz-
imidazoles pueda aparecer entre los anqui-
lostomas.76,82 La eficacia de estos fármacos 
tendrá que ser monitoreada, alser usados en 
campañas masivas de desparasitación.82
La mayoría de los niños y adultos con 
infección por anquilostomiasis pueden ser 
tratados con sólo benzimidazol antihelmínti-
cos y no requieren suplementos de hierro. Se 
ha demostrado que las mujeres embarazadas 
con anemia por anquilostoma grave y sus 
hijos no nacidos se benefician de un suple-
mento oral simultáneo de hierro como el sulf-
ato ferroso junto con fármacos antihelmínti-
cos.81
Prevención y control
Los métodos tradicionales de control de 
la anquilostomiasis en las zonas endémicas 
han incluido, la eliminación sanitaria de las 
heces a través de la implementación de letri-
nas, la educación sanitaria, el consumo de 
agua limpia y segura, el lavado de manos, la 
cocción de alimentos y el fomento del uso de 
zapatos u otros calzados.87 A pesar de déca-
das de intentos generalizados de controlar 
la anquilostomiasis a través de estos méto-
dos tradicionales, la intensidad del anqui-
lostoma sigue siendo la misma. Entre las 
razones por las cuales los métodos tradicio-
nales han fracasado son la capacidad de las 
larvas de anquilostomas de A. duodenale de 
infectar a los seres humanos por ingestión, la 
capacidad de las larvas de N. americanus de 
penetrar todos las zonas del cuerpo incluy-
endo las manos y el abdomen, la alta tasa de 
exposición ocupacional a la anquilostomiasis 
que se produce durante las actividades agrí-
colas y la dependencia continua de las heces 
humanas para fertilizar los cultivos.88
En la Asamblea Mundial de la Salud, en 
2001, se instó a los Estados miembros a con-
trolar la morbilidad global de las anquilosto-
miasis y otras infecciones de helmintos trans-
mitidas por el suelo (STH) mediante el uso 
frecuente y periódico de medicamentos anti-
helmínticos (www.who.int/wormcontrol). En 
2012, la London Declaration on Neglected 
Tropical Diseases fue presentada como un 
plan para controlar la anquilostomiasis entre 
1. Hotez, P. J.; Brooker, S.; Bethony, J. M.; Bottazzi, M. E.; Loukas, A.; Xiao, S., Hookworm
infection. The New England journal of medicine 2004, 351 (8), 799-807.
2. Bethony, J.; Brooker, S.; Albonico, M.; Geiger, S. M.; Loukas, A.; Diemert, D.; Hotez, P. J., Soil-
transmitted helminth infections: ascariasis, trichuriasis, and hookworm. Lancet 2006, 367 (9521),
1521-32.
3. Ngui, R.; Lim, Y. A.; Traub, R.; Mahmud, R.; Mistam, M. S., Epidemiological and genetic data
supporting the transmission of Ancylostoma ceylanicum among human and domestic animals.
PLoS Negl Trop Dis 2012, 6 (2), e1522.
4. DeSilva, N. R.; Brooker, S., Soil-transmitted helminth infections: updating the global picture.
Trends Parasitol 2003, 19 547-51.
5. Pullan, R. L.; Smith, J. L.; Jasrasaria, R.; Brooker, S. J., Global numbers of infection and disease
burden of soil transmitted helminth infections in 2010. Parasit Vectors 2014, 7, 37.
6. Global Burden of Disease Study, C., Global, regional, and national incidence, prevalence, and
years lived with disability for 301 acute and chronic diseases and injuries in 188 countries, 1990-
2013: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2013. Lancet 2015, 386
(9995), 743-800.
7. Hotez, P. J.; Bethony, J.; Bottazzi, M. E.; Brooker, S.; Buss, P., Hookworm: “the great infection of
mankind”. PLoS medicine 2005, 2 (3), e67.
8. Brooker, S.; Bethony, J.; Hotez, P. J., Human hookworm infection in the 21st century. Advances in
parasitology 2004, 58, 197-288.
9. Sakti, H.; Nokes, C.; Hertanto, W. S.; Hendratno, S.; Hall, A.; Bundy, D. A.; Satoto, Evidence for
an association between hookworm infection and cognitive function in Indonesian school children.
Tropical medicine & international health : TM & IH 1999, 4 (5), 322-34.
otras enfermedades que involucraban varios 
componentes, incluyendo la administración 
masiva de fármacos.89 Hay preocupación que 
este enfoque podría tener menos impacto en 
la anquilostomiasis que en otras infecciones 
STH como trichuris y áscaris. Las intensi-
dades más altas de la anquilostomiasis en una 
comunidad no suelen estar en los niños, por 
lo que no se espera que la focalización de los 
niños reduzca la transmisión del anquilos-
toma.90 En muchas comunidades se producen 
altas tasas de reinfección post-tratamiento de 
la anquilostomiasis, especialmente aquéllas 
con niveles elevados de transmisión, que a 
veces requieren tratamiento antihelmíntico 
tres veces al año.53 Como se señaló anteri-
ormente, se ha descrito el completo fracaso 
del fármaco tanto con mebendazol como con 
albendazol, mientras que la disminución de 
la eficacia del mebendazol con uso frecuente 
y periódico ha suscitado preocupación por la 
emergente resistencia a fármacos y el impacto 
que esto tendrá en programas de tratamiento 
masivos con el fármaco. Un análisis reciente 
a través del Global Burden of Disease Study 
References
encontró que la tasa de prevalencia de la 
anquilostomiasis ha disminuido sólo el 5% 
en las últimas dos décadas, a pesar de reduc-
ciones comparativamente mayores del 25% 
para la ascariosis.6
Como una estrategia complementaria de 
control, la Human Hookworm Vaccine Initia-
tive de la asociación de desarrollo de produc-
tos del Sabin Vaccine Institute ha desarrollado 
una vacuna recombinante provocando la pro-
ducción de anticuerpos anti-enzimáticos que 
bloquean la digestión de hemoglobina por 
parásitos en la alimentación del anquilostoma 
con sangre en adultos 56 Esta vacuna está en 
ensayos clínica de seguridad fase 1 e inmu-
nogenicidad en Brasil y Gabón. El modelo 
matemático de la vacuna indica que podría 
reducir la transmisión de la anquilostomiasis, 
lo que no sería posible utilizando métodos 
de desparasitación pediátrica con fármacos 
antihelmínticos, mientras que el modelado 
económico indica que una vacuna contra la 
anquilostomiasis podría ser altamente rent-
able.91,92

Más contenidos de este tema