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Nikki Torres

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I Annóe V i l 
ROUTE, h e b d o m a d a i n 
d» la (J¡.3.Q.£. en (Jutnce 
Prix 1 2 francs 
I B F E B R E R O 1 9 5 1 
N° 2 8 2 
R é d a c t i o n e l A d m i n i s t r s t i o n 
4, rué Belforí, 4 — TOULOUSE (Haute-Cnronne> 
§ica¿ n l'rihlo IftenaiyeA 
C . C . P o s t a l N ' 1 3 2 8 - 7 9 T O U I O U S C (Hle-Gn«) ázjQCjrx& da \a¿%s^lmijmi en^zanala-
/la civilización áe mide poz el encum-
azamiento moral, máá que poz la cul. 
tuza científica: quien al mínimum de 
eqotémo zeune el máximum de conmi-
éezacion u deápzendimienlo, áe llama 
civilizado; quien todo lo poApone al 
intezéá individual faciendo de áu uo 
el cenizo del univezéo, defae llamazáe 
vázvazo; máá que vázbazo, ave de 
zapiha. 
| U u . A w ^ m t t m . u w n u » « » . A « m » m . t » ^ 
¿LA POLÍTICA ESPAHOLA? 
¿LA POLÍTICA itlTERüfiCiOlIOL? 
| i El deber de la juventud 
^ ^ ^ ^ ^ ^ ^ libertaria! I I 
ERMITAÑOS el lector que no hablemos hoy de la actual i -
dad política de E s p a ñ a ; cuanto allí sucede es t an extre-
m a m e n t e bochornoso, es t an hor r ip i lan te , que la sola idea | j 
de examinar el contenido de la prensa fascista produce náuseas. 
El problema español, t an debat ido en las esferas políticas 
mundiales , ya no es problema ni pa ra moros n i pa ra cris t ianos. 
Es amigo de «cunos» el fascismo hispano, porque a «unos» les 
in teresa esa amis tad , a pesar del lodo que ella lleva consigo; 
y enemigo de «otros» porque es amigo de los primeros. No hay 
n inguna cuestión moral que cuente, y, por lo tan to , nadie pue-
de pretender que se eleven voces poderosas an te el imperat ivo 
de la dolorosa imagen de nus t ro Pueblo esclavizado. 
España tiene en su haber su posición geográfica y «su» ejér-
cito. Nada m á s y n a d a menos. Y eso es lo que cuenta pa ra quie-
nes la mora l , la dignidad y la vergüenza son t ras tos absoluta-
mente inútiles en estos t iempos t a n extraordinar ios . 
• * • 
No hablemos, tampoco, de la actual idad política in ternacio-
nal . También ella produce náuseas ; como el problema español, 
como todo lo que de la política—en la in terpre tac ión que de ta l 
pa labra t ienen Stalin, T ruman y o t ras estrellas del e s t a t i s m o -
emana . 
Va hay agresor pa ra las Naciones Unidas. Va existe una 
( h i ñ a belicista y agresora. Va todo marcha como sobre ruedas. 
V el prestigio amer icano no h a sido mermado , ni h a perdido 
nada de su deslumbrador brillo... a fuer de sinceros, poco envi-
diable. 
Sin embargo, n a d a parece afianzar las posibilidades de paz. 
Nada permite creer que el gran pa t r i a rca de los hombres con ¡ 
coleta no sentirá—y lo ha sentido—su prestigio mermado. En ¡ 
consecuencia, cabe esperar que su reacción sea idént ica a la del i 
prestigioso Estado que combate en las cercanías de Seúl con ¡ 
verdadera furia. ' 
i 
* • * 
¿lie qué hablaremos, pues, en este editorial? Cosas no tal- ¡ 
tan, acaso sob ran ; pero será necesario que solamente digamos J 
a nues t ros jóvenes lectores que por encima de la ola de barba- i 
r ismo que a r remete contra los hombres , que por encima de las ¡ 
LAS HIENAS 
en ha 
pasiones desencadenadas , de los subterfugios y habi l idades per-
versas que cubren todos los horizontes, el joven no debe olvidar 
nunca, en n ingún t rance , en n ingún momento , su deber de estu-
diar , de superarse, de formarse ideológicamente p a r a hacer más M 
laM 
m\ 
Nuest ras con- ¡ 
Adelante, v 
eficaz, hoy, m a ñ a n a y siempre, su apor tación a la lucha por 
libertad y por la emancipación del ser humano . 
Nues t ras ideas exigen de nosotros ese esfuerzo, 
vicciones nos t razan , por si solas, el camino a seguir. 
pues, sin vacilaciones, sin dilaciones, con la seguridad d e que > 
sonará la ho ra de la libertad. V esa será nues t ra h o r a : la de \ 
los hombres libres. i 
V P n ^ t i L n w f t f n w w ^ t < m . « . i t m p n . t m t t m . , . n . T y i 
T RANQUILA, silente, rodeada de azul, bañadas sus «calas» de en-sueño por la espuma del mar. 
Dormía la isla, perfumada por la resina 
de los pinares, sorbiendo el salino alien-
to del «Mare Nostrum». Bello heraldo 
de la primavera, la flor del almendro 
blanqueaba llanos y o/tros allá prome-
diado febrero. 
Vivían los isleños una existencia uni-
forme, esa áurea médiocritas de los lati-
nos, sin grandes alegrías ni profundas 
tristezas. Deambulando por el campo, 
en las largas tardes estivales, una me-
lopea de tono dulzón y lastimero, anti-
guas canciones vernáculas, herencia di-
tos árabes. Y asi pasaban los años. 
¡Tenía la isla sus poetas: Alcover, Ma-
ría Antonia Salva, Alomar, de entre los 
los más representativos. Cantaban unos 
las tradiciones, la vida patriarcal en las 
viejas casonas, perdidas por los recodos 
de la serranía. Algunos, henchidos de 
entusiasma universalista, lanzaban arpe-
gios de rebelión, ansiosos de horizontes 
nuevos, anhelantes de e-as conmociones 
sociales capaces de transformar el sezgo 
de los pueblos. Habían pasado por Ma-
llorca, tomando la isla como un remonto 
de paz, de calma espiritual, artistas y 
poetas. Esos grandes soñadores que han 
dejado como una estela de su paso a 
lo largo de los caminos del mundo. En 
la noche espectral de Valtdemosa, Cha-
pín había desgranado la melodía de sus 
«nocturnos». En las horas gribes del in-
vierno la Jorge Sand meditaba acerca 
del antagonismo existente entre la belle-
za de la naturaleza y la rapacidad y 
rutina de las gentes. Rubén Darío, de-
ambulando por la isla, sintió el influjo 
melancólico de sus crepúsculos otoñales. 
Rusihol había intentado captar el colori-
do de viejos rincones isleños, jardines 
encantados y calvarios silenciosos, do-
radas por el sol sus toscas cruces de 
piedra y de palo. 
Hasta el sector izquierdista mallor-
quín resultaba moderado. De la Penín-
sula, llegaban periódicos, revistas, libros 
inflamados de inquietudes, mas, las gen-
tes, como henchidas del sortilegio ma-
ravilloso de la tierra madre, embelesada 
ante el azul eterno del mar y del espa-
cio; desconocían el frenen de las pasio-
nes sociales y reivindicadoras. No obs-
tante, allá en Palma, flameaba una an-
torcha libertaria: «Cultura Obrera». Pe-
ro los compañeros que conocimos, bue-
nos y abnegados, no gustaban de la es-
CIENCIA y ANARQUÍA 
L A Naturaleza, en su incesante transformación energética y mor-fológica, ha dado origen, en su 
apartado rincón del Cosmos, a la vida 
orgánica funcional, como manifestación 
de su potencialidad creatriz y equilibra-
dora, en el campo de acciones y fuer-
zas universales. 
La aparición de la vida sobre nues-
tro pequeño planeta, perdido en la in-
mensidad de los espacios intersiderales, 
no ha sido obra del azar, sino que es 
el resultado casual, de la reunión, en el 
espacio y en el tiempo, de una homo-
geneidad de causas suficientes y nece-
sarias para su aparición. 
Siendo la vida una necesidad para 
que la Naturaleza no rompa su equili-
brio y no pierda su armonía, es natural 
que el hombre, que es hasta ahora el 
producto más perfecto que ella ha crea-
do, resulte ser en la Naturaleza, lo que 
los sentidos son el hombre; esto es, 
asi como los sentidos nos sirven para 
autoinpeccionarnos, asi el género hu-
mano, sirve para que la Naturaleza se 
autoinspeccione a sí misma. 
En esta autointrospección de la Na-
turaleza, que para nosotros significa su 
comprensión; cuánto hemos profundi-
zado ya; pero, cuánto nos queda aun 
por investigar y comprender. Quizá, es-
tos para nosotros grandes balbuceos que 
hemos realizado, sean apenas el princi-
pio de una labor eterna, sin fin. Pero 
no obstante a la ignorancia del hombre 
ante numerosos problemas de la Natu-
raleza, mucho es lo que se ha avanza-
do en el campo dominado por la es-
cala humana. Es más, ya hemos comen-
zado a salir de esta escala dimensional, 
y hemos paseado nuestros asombrados 
ojos, en el mundo de lo infinitamente 
pequeño, que constituye la esencia del 
Universo, asi como en el mundo de lo 
infinitamente grande, que constituye ias 
formas objetivas y materiales de la es-
tructuracosmológica universal. 
Pero nuestra instropección, ha sido 
más amplia aún. Hemos analizado de 
un modo bastante general y completo 
la naturaleza intrínseca de nuestro pro-
pio pensamiento. Nos conocemos en unj 
forma, que creemos bastante aproxima-
da; pero con todo, bien pocos son los 
que han realizado esta obra y los que 
han podido estudiar esta inmensa la-
bor realizada por el potencial energé-
tico cerebral del hombre. Bien pocos 
han sido. Cuánto no habríamos avanza-
do ya, si todos hubiéramos colaborado 
en esta ardua y magna tarea. 
Es el afán de investigación, de cono-
cer lo desconocido, lo que ha hecho 
evolucionar a tan alto grado al hombre; 
este afán, no sólo lo tiene el ser hu-
mano, sino que es una característica 
fundamental de todo el reino animal, 
únicamente que este instinto, de curio-
sidad en los animales, se ha ido dife-
Octavio Alberola 
renciando gradualmente en el transcur-
so de las distintas etapas evolutivas — 
a la par que el cerebro directriz de los 
mismos — transformándose en un ins-
tinto más complejo, más «perfecto» en 
el hombre. 
Cómo habríamos llegado a situarnos 
en el centro pensante de nuestro Uni-
verso, sin ese espíritu de investigación 
de las causas que nos mueven. 
Nunca el hombre habría llegado, a 
serlo, si ese primitivo instinto de curio-
sidad, no hubiese evolucionado en él, 
hasta convertise en un espíritu instin-
tivo de investigación desinteresada de 
todas nuestras sensaciones, de todas 
nuestras acciones. Sin el espíritu de in-
vestigación, el hombre seria en la Na-
turaleza, uno más de los numerosos ani-
males que poblan las selvas y los bos-
ques; descollaría, quizá, por su esta-
tura y constitución; pero sin ninguna 
diferencia importante que lo destacara 
de los demás. 
Caracterizando el progreso humano 
por este espíritu de investigación, es 
natural que él sea la base de todos 
nuestros adelantes, tanto en el terreno 
técnico, como en el ideológico y so-
cial. 
Esta sed de investigación, que aun-
que se manifestaba en unos individuos 
más que en otros, ha sido la causa de 
nuestro máximo desarrollo desempeña 
un papel vital en la evolución humana, 
en su marcha ascendente hacia las cum-
bres del conocimiento y la perfección. 
IJI Humanidad existe, porque vive 
en el hombre este grandioso espíritu 
de investigación desinteresado para co-
nocer los fenómenos naturales, para co-
nocer la verdad de los mismos, que en 
si, todo esto, es lo que constituya la 
esencia del ideal científico. Sin esto, 
no existiría el hombre y tampoco la 
Humanidad-
La Ciencia, no es más que la gene-
ralización de este espíritu de investiga-
ción de la verdad, aplicado a todos los 
procesos naturales, aun a los mismos 
que nos forman este irrefrenable deseo 
de conocer. 
Es, pues, la Ciencia la investigación 
desinteresada de la verdad, de las cau-
sas y de los hechos, de todos los fenó-
menos naturales a nuestro alcance. 
Para que la Ciencia lo sea, debe ser 
siempre esto, sólo esto y no más. Debe 
investigar, pero sin buscar de antemano 
un fin práctico en sus conclusiones, ya 
que ese no es su objeto, pues éste, es 
el de los técnicos, el de los inventores, 
e] de todos aquellos que, aprovechando 
los descubrimientos científicos, produ-
cen, crean o inventan útiles prácticos 
para la vida vegetativa y social del 
hombre. 
El verdadero científico, es el que ani-
mado de este espíritu, se profundiza en 
la inmensidad de lo ignorado, busca, 
analiza y relaciona el aparente caos, 
volviéndole ante nuestros ojos, su ver-
dadero orden y armonía. 
El científico, es el reconstructor ante 
la mente humana de la estructura del 
Universo, de la naturaleza de nuestros 
pensamientos, no sólo en el pasado y 
en el presente, sino en el futuro tam-
bién. 
A la luz de la Ciencia, de la verda-
dera Ciencia — no sujeta a consignf-s 
o prejuicios —, se derrumban todas las 
mentiras convencionales, todos los mi-
tos en que ha creído la humanidad y 
en los que aun persiste en creer. 
He aquí el valor inmenso de la Cien-
cia en el terreno ideológico y social, su 
importancia es enorme para compren-
der las verdaderas bases en que se 
asienta una doctrina, una teoría o un 
ideal. Esta labor científica, aplicada al 
anarquismo, f'j¿, realizada por Kropot-
kine, Reclus y muchos otros teóricos 
anarquistas, que dedicaron gran paite 
(Pasa a la página 2.) 
tridencia, amaban mejor la plática so-
crática, serena y razonada. 
Un día las co'as cambiaron de un 
modo brusco, brutal. Los vecinos de las 
inmediaciones de la catedral de Palma, 
imponente, ciclópeo frente al azul del 
mar, anotaron una agitación desacostum-
brada: jóvenes estudiantes, oficiales del 
Ejército, guardias civiles, curas, canóni-
gos, gente forastera de mirada torva y 
de maneras desenvueltas y autoritaria't. 
Promediando la media noche, se les ció 
penetrar en la catedral. Iban a un con-
ciliábulo de misteriosa conspiración. Ya 
de madrugada, fueron saliendo a paso 
apresurado, tomando direcciones, en pe-
queños grupos. Es de creer que cada 
grupo tenía una misión a realizar... 
Y ahora, mejor será resumir lo dicho 
por Jorge Bernanos, el notable escritor 
rCNTAUÜ 
francés, fallecido no hace mucfio. Vamos 
a traducir unos fragmentos de su libro 
«Les Grands Cimetiéres sous la Lurte» 
(Los Grandes Cementerios bajo la Lu-
na). Bernanos se encontraba allí cuando 
sv desencadenó la represión. Se trata de 
un escritor católico y monárquico. Pa-
rece ser que, ideológicamente, debería 
de haber estado con Franco y sus se-
cuaces. Mas tenia una conciencia limpia 
y era un hombre honrado y sincero. De 
ahí que se sublevara ante los crímenes 
perpetrados, denunciándolos al mundo 
en su libro magnifico. 
«Yo he visto en Palma de Mallorca 
— dice — pasar por la Rambla camio-
nes cargados de hombres. Iban grises los 
coches de polvo de las carreteras, grises 
también los hombres, sentados de cuatro 
en cuatro. Los recogían todas las tardes, 
por las aldeas distantes, a la hora en 
que regresaban del campo. Partían para 
el último viaje, la camva colada a la es-
palda por el sudor del trabajo del día.» 
En las poblaciones y la capital solían 
ir de noche. 
«A mediados de agosto de 1936 en la 
población de Manacor, doscientos veci-
nos, considerados como sospechosos de 
extremismo, se les hizo levantar de la 
cama en plena noche, fueron conduci-
dos por grupos al cementerio, muertos 
a balazos en la cabeza y quemados en 
montón un poco más allá de donde fue-
ron asesinados. El Arzobispo de Palma 
había mandado allí un sacerdote, quien, 
los zapatos tintos de sangre, administra-
ba las absoluciones entre descarga y des-
carga.» 
Habla Bernanos del siniestro persona-
je que, en nombre de Mussolini, y con 
la reverencial aquiescencia de Franco, 
se hizo dueño de la isla. Hackise llamar 
pomposamente Conde Rossi. «El recién 
venido, no era-, naturalmente, ni conde, 
ni Rossi, solamente un funcionario ita-
liano pertenecience a las «Cami as Ne-
gras». Vestido de pantalón y camisa ne-
gros, bordada en el pecho de la camisa 
una enorme cruz blanca. Recorría los 
poblados conduciendo él mismo su co-
che de carreras, que se esforzaban en 
alcanzar, entre nubes de polvo, otros au-
tomóbiles repletos de hombres armados 
hasta los dientes.» Ciertamente, el go-
bierno italiano disponía en Palma, de 
colaboradores menos vistosos que ese 
bruto, quien afirmaba un día, en la me-
sa de una gran dama palmesana, mien-
tras se limpiaba los dedos en el man-
tel, que le hacia falta, por lo me-
nos, una mujer por día.» «Pero la mi-
sión particular que le había sido con-
fiada se adaptaba perfectamente a su 
manera de ser. Era la organización del 
Terror.» «Los caminos apartados de la 
isla, asi como los alrededores de los 
cementerios, recibieron regularmente su 
fúnebre cosecha. Obreros, campesinos, 
asi como también personas acomodadas, 
farmacéuticos, notarios, etc.» «Descen-
dían de los vehículos, se alineaban y 
¡Pan! ¡pan! Ipanl Los cadáveres eran 
juntados al borde del camino donde los 
enterradores los encontrabanal día si-
guiente, abierta la cabeza, la nuca des-
cansando sobre una contra de sangre 
coagulada.» 
«La cifra que voy a dar — prosigue 
Bernanos — me ha sido facilitada por 
uno de los jefes de la represión palme-
"ana. La confrontación popular es bien 
diferente. Al principio de marzo de 
1937, tras de siete meses de guerra ci-
vil, se contaban tres mil de estos ase-
sinatos. Siete me?es hacen doscientos 
días, o sea un promedio de quince eje-
cuciones por día. Me permito recordar 
que la pequeña isla puede cruzarse fá-
cilmente, de uno a otro extremo, en dos 
horas.» 
Muchos son los datos que ofrece el 
libro de Bernanos, muchas las escenas 
de la represión que relata; hechos re-
pugnantes que revelan la inconcebible 
crueldad de los siniestros personajes ani-
madores o ejecutadores de la represión, 
gentes con instinto de hiena. Y, tenga-
mos en cuenta que el escritor habla tan 
solo del tiempo que allí vivió, de lo que 
pudo comprobar, de los datos que allí 
le facilitaron. Juzgúese ti, a los doce o 
trece años de poderío fascista habrá pro-
ducido estragos la represión habida. Y, 
todo ello hecho, naturalmente, con la 
aquiescencia del Arzobispo de Palma, y 
y de sus acólitos. De los que se llaman 
«ministros de Dios en la tierra»; de los 
que predican «amaos los unos a los 
otros». 
Hemos podido hablar con familias de 
Mallorca; nos han contado horrores. Et-
cenas, detalles, que superan a lo dicho 
por Bernanos; referencias al respecto de 
los encarcelamientos, de las palizas bes-
tiales. Ha habido ensañamiento contra 
los sospechosos de izquierdismo, contra 
sus familiares. Se ha hecho exten'ivo 
ese odio feroz a los amigos de los pri-
meros, y a los amigos de los amigos. 
Tienen los mallorquines fama de ser 
pacíficos. Poco propicios a bullangas y 
alboroto; aman el trabajo y la paz del 
hogar; mas ha sido tan grave el daño 
que se les ha hecho a miles y miles de 
ellos, que es humano, que es lógico, 
guarden en su interior el rencor acumu-
lado. Ya se ha dicho que quien «siembra 
vientos recoge tempestades». Y tal vez, 
un día, en las agonías del infame régimen 
franquista, esos isleños que tanto lian 
sufrido, vibren de indignación romo, 
cuando sus antiguos antecesores diez-
maban a pedradas las hordas de piratas 
sarracenos que desembarcan en la isla 
para robar bienes y mujeres. Y ataquen, 
con denuedo, a los causantes del mal. 
Y levanten hogueras vindicativas, altas 
como la catedral de Palma. 
MAS ACÁ IDIE ILA GUIMERA 
IA EfOPETA 
del acratismo hispano 
CON frecuencia oímos proferir quejas, emitir criterios que son lamentos, deslizar conceptos que 
rezuman apostasía. «Hay que vivir de 
realidades», certifican. «Ha llegado la 
hora de prescindir de la utopia». 
No es una reflexión de sabios. Esta 
hora del apeo de nuestro Clavileño lo 
han pregonado, años ya, los burgueses 
más obtusos sin que ninguno de nos-
otros les hiciera coro ni caso. Conocía-
mos la hostilidad ambiente, las dificul-
tades de la tarea emprendida, y no por 
ello nos achicábamos ni regateábamos 
esfuerzo alguno. El propósito era mag-
nifico y a él acudíamos con devoción 
e intransigencia. Humanismo, cuanto se 
quiera, pero no el despilfarro de un 
solo átomo de ideal. • 
Los quejumbrosos de ahora andaban 
de concierto con nosotros muy firmes 
en sus pasos. Eran los hombres ani-
mosos rebosando juventud. El sol les 
parecía un disco impulso de los deseos 
de vida y «no un mísero cenicero, que 
es como lo ven en la actualidad. 
He aquí el efecto de las prisas. El 
caminante aguijoneado quiere llegar de 
un salto a la tierra de promisión de-
seada, trata de alcanzar una estrella 
con las manos para calmar la sed de 
su espíritu. Iluso, buen desconocedor 
de las proporciones (y del alcance de 
sus deseos), no se da cuenta de la cor-
tedad de sus piernas y de sus brazos. 
Desea llegar y no llega; entonce se 
MEDALLONES EUROPEOS 
I GUAL que su vida digna y atormen-tada, la obra de Georges Eekhoud es un hermoso ejemplo de indepen-
dencia y de esfuerzo creador. Nacido 
en Amberes en 1854, de padres flamen-
cos, quedó huérfano siendo niño aún. 
Su tutor lo envió a estudiar a Suiza. 
Regresó a su país a la edad de dieci-
siete años, ingresando en la escuela mi-
litar de Bruselas. Su temperamento de 
revoltow y de sensible observador de 
la vida, lo alejó de la carrera de las 
armas. Debido a esta circunstancia, se 
disgustó con toda su familia, volviendo 
a Amberes donde, ya libre de las ca-
denas convencionales, se consagró a la 
literatura. En 1881 desempeñóse como 
redactor de «Etoile belge»; más tarde, 
fundó con Emile Verhaeren «La jeune 
Belgique». Ha sido también profesor de 
literatura en la academia de bellas ar-
tes y en la escuela normal e igualmen-
te entusiasta en la cátedra como en el 
campo literario. 
lnició'e con tres volúmenes de ver-
sos: «Myrtes et Cypres», «Zigzags poé-
tiques» y «Les Pittoresques», en los 
cuales afirma su personalidad «severa 
ante los burgueses, fraternal frente al 
pueblo». «Keres Doorik», una prodigio-
a novela, presenta a los plebeyos ser-
viles o místicos, rebeldes o brutales. 
En tres volúmenes de cuentos: «Ker-
messes», describió con fidelidad escenas 
de las famosas diversiones flamencas: 
contilona formidables, sensualismo ro-
busto y exuberante de una raza que 
ha quedado sensible ante las bellezas 
del arte. Después, Eekhoud pasó al dra-
ma de la ciudad. «La nouvelle Cartha-
ge» es la fresca inmensa y vibrante de 
Amberes, puerto lleno de legiones de 
«parásitos sociales». Sigue la novela 
«Les milices de Saint-Francois» reedi-
tado bajo el titulo «Faneuse d'Amour». 
En lo que respecta a colecciones de 
cuentos: «Cycle patibulaire» y «Com-
munions», escribió Remy de Gourmont 
que ellas abarcaron «el grito apasiona-
do, el más digno y límpido de las ter-
nuras y cariños, de la compasión y el 
desprecio de Georges Eekhoud, cuya 
obra constituye el tercer volumen de 
la maravillosa trilogía de la literatura 
belga; los dos primeros volúmenes lle-
van el titulo: «Maeterlinck, Verhaeren». 
*En 1899, fué enjuiciado por «Escal 
Vigor»; la traducción rusa fué prohi-
bida por la censura. El mi'mo Eekhoud 
explicó el carácter de esta novela: «Pa-
ra traer un poco de apaciguamiento 
evangélico, he examinado y vendado la 
más grave de las plagas humanas, ¿a 
que padecen los «uvanistas», los des-
heredados del amor, los malditos de la 
vida. Pretendidos cristianos espíritus 
farisaicos confundieron «Escal Vigor», 
qeu es un acto de compasión, con un 
atentado a sus asi llamadas obras de 
asistencia. Por el amor que siente ha-
cia los vagabundos, Eekhoud se halla 
muy próximo de Máximo Gorki. Esto se 
evidencia también en «Voyous de ve-
lours», novela penetrada por un aliento 
de compasión, pero también de ven-
ganza, por ser fustigados la moral y los | 
hábitos burgueses. «Estoy asaz cansado 
de las mentiras y la verborrea del mun-
do de arriba, expresa el autor. El arte 
y la literatura de los burgueses mien-
ten igual que la religión, que el ho-
nor y la moral de los mismos. Estos 
hombres hablan y escriben muy bien. 
Pero no tienen más alma que sus fonó-
grafos. ¡Y su implacable y siniestra 
cortesía! ¡Retóricos y sofistas! Nunca 
hablaron más de Dios, desde que no 
creen en él». 
Al lado de una veintena de volúme-
nes, de ensayos y novelas, Eekhoud es 
cribió también para el teatro, obras his-
tóricas, trabajos biográficos y críticos. 
poz óuqen (%elqiá 
Adaptó tres piezas de Shakespeare. Su 
drama: «Perkin Werbeek, l'imposteur 
magnanime», obtuvo en 1911 un éxito 
triunfal, igual i¡ue «Les fu Ules de Ma-
line». También publicó monografías so-
bre los pintores de animales de Bélgi-
ca, sobre Henri Conscience, Peter Be-
noit. Y también un interesante estudio 
histórico: «Au siécle de Shakespeare». 
Otro estudio: «Les libertins d'Anvers», 
al cual dedicó trece año. de investiga-
ción, constituye en esencia «la historia 
de la metrópoli fundada en la idea de 
la voluptuosidad, que siempre ha esta-
do mezclada en el destino de esta ciu-
dad flamenca». 
La obrade Eekhoud, escribe Hem 
Day, íes «poderosa, violenta, triste y 
humana, he aquí por qué Eekhoud se 
coloca entre los mejores y los más 
nobles forjadores de la novela belga». 
A la calumnia y a la mentira, opone la 
bondad: «Debemos ser enérgicos y dig-
nos, pero sobre todo debemos ser bue-
nos.» La guerra ha sido para él una 
maldición odiosa. Debido a su franca 
actitud y a la firmeza de sus conviccio-
nes, fué perseguido también después 
de la guerra. Fué alejado de las cáte-
dras que dictaba: «Lo golpearon en el 
estómago, para tocarle el cerebro». La 
conspiración del silencio no pudo que-
brantarlo. Eekhoud resistió por su ideal 
de bondad y fraternidad. Su alma era 
demasiado grande para herrar con él 
rebaño servil y estúpido. No participo 
en la sangrante traición de 1914-1918. 
En «Des Hommes», un simple bosque-
jo, dejó un amargo testimonio, hen-
chido de di"gusto y de compasión. Em-
pero la juventud belga ha sabido brin-
darle el gran homenaje meses antes de 
su fallecimiento (1927), celebrando a 
uno de los más sinceros y más calum-
niados escritores belgas, quien ha que-
rido ser no solamente «hijo de la pa-
tria», sino también ciudadano de la hu-
manidad: «La patria de la humanidad 
está por encima de la pequeña patria ..» 
Verhaeren, su gran cantarada, dijo 
que lo que nutre y dirige el arte de 
Georges Eekhoud, es su corazn. El co-
razón más que él cerebro. Por eso es 
que, seguramente, lo admiró, pero más 
lo amó, leyendo sus libros tan intensa-
mente humanas. 
fatiga y sueña en la deserción. Y, en-
corajinado, escupe al paso de los infle-
xibles, de los que no saben si llegarán, 
pero que conocen su misión de acer-
carse a lo que se va. 
El drama está en que los sujetos des-
corazonados sean españoles. No porque 
el español sea mejor o peor que el res-
to de los mortales, sino porque es hom-
bre único, hasta ahora, en haber pisa-
do la zona práctica de las realizaciones 
sociales. Lo que antes fué preocupación 
especulativa, terminó por convertirse 
en propósito logrado. En nuestras mo-
cedades, nos dispusimos a perforar el 
muro de la indiferencia ciudadana, sin 
preocupación del gaje inmediato. Tra-
bajamos a cuenta del «quién sabe», y 
J. I B I I ^ t l 
esa obstinación nos ha conducido a la 
zona del «es posible». En efecto, el es-
fuerzo inicial de nuestros viejos, secun-
dado por la actual generación liberta-
ria, ha confirmado que, en materia so-
cial, el vocablo «imposible» carece de 
sentido. 
Frente a las escuelas mixtificadoras y 
al burguesismo, y en oposición a todos 
los rutinarismos, las teorías del acratis-
mo primitivo modernizadas por nues-
tros clásicos fin de siglo, podían ser 
consideradas, mejor que ahora, despla-
zadas e irrealizables por los deprimi-
dos de la época. Podía decirse en 1890, 
con más propiedad que en 1951, pues-
to que entonces no existia el precedente 
de una revolución cumplida, que la 
doctrina anarquista era tan hermosa 
uomo candida, o que desde el Estado se 
podía impulsar el pensamiento anties-
tatista, y lo único que se hubiese con-
seguido con esta táctica de asfixia hu-
biera sido dispensar al enemigo de la 
molestia del anarquismo. Gracias a la 
visión, o mejor, a la miopía de unos 
supuestos practicistas, el ideal supremo 
de la Humanidad se habría momentá-
neamente eclipsado. 
Contrariamente, ocurrió que los com-
pañeros de entonces fueron de la ma-
dera más dura, tanto, que a su vera 
los anarco-colaboracionistas de hoy pa-
recen cirios dedicados a la santa Opor-
tunidad. Los conspicuos de la escuela 
anarquista se quemaron alma y cejas 
en el estudio del porvenir, muriendo a 
la luz de las ideas. Esa es Obra, como 
lo es, también, el heroísmo consciente 
de los ejemplaristas de Chicago y el 
drama desesperado de los ácratas de 
Jerez de la Frontera y del castillo de 
Montjuich. 
Por la honradez y la constancia de 
nuestros clásicos — braceros o intelec-
tuales que fuesen — los actuales hemos 
adquirido una madurez y un prestigio 
que nada aconseja desperdiciar. Somos 
torrente arroilador e irrigador — según 
la fase — salido de fuente inspiradora. 
Cantos a la Luna, convenimos haberlos 
entonado; pero jalones, los hemos plan-
tado también. Si el albañil, alguna vez, 
se ha sentido poeta en el andamio, la 
obra no ha dejado de crecer. 
Los burgueses, que antaño nos inter-
pretaron simples soñadores, se engiña-
ron, como asi lo tienen reconocido. Tan 
impuestos se hallan de nuestras facul-
tades creadoras, que han cubierto con 
fascistas su vanguardia. El viejo Seis-
dedos, con su nieta Libertaria, simboli-
zan acción y porvenir, y no una com-
posición de pesadilla. Los Sindicalistas 
catalanes de 1920 cayeron pistoleados 
por el miedo refugiado en el Fomento 
del Trabajo Nacional. Ese esfuerzo cau-
dal «de los que transigieron», de los 
que no se amilanaron ni ante las burlas 
ni ante el cadalso, determinó la gesta-
ción de una fuerza obrera consciente, 
limpiamente determinada, claramente 
definida, que se presentó en la arena 
de la lucha bien dispuesta y sin enga-
ños para nadie. Fueron este valor, esta 
ruda franqueza, quienes granjearon al 
Movimiento la simpatía del mundo del 
trabajo y de todas las personas frecuen-
temente engañadas por los políticos que 
prometen del Estado lo que el Estado 
no puede dar. Fué la verdad expresada 
en el Sindicato y comprobada en el tajo 
y en la calle, lo que nos hizo crecer 
hasta el tumulto, hasta convertir la chis-
pa alumbrada por nuestros precursores 
en un hogar imposible de extinguir. 
Bajo la égida libertaria, del elemento 
prejuzgado incapaz de conseguir ningún 
bien material que aliviara las condicio-
nes de existencia de la clase obrera, los 
jornales fueron elevados, los horarios re-
ducidos y la personalidad del trabajador 
vigorosamente reconocida, incluso en los 
feudos caciquiles asequibles a la Con-
federación. 
Todo esto es innegable porque es his-
toria reciente, cristalizada en el entu-
siasmo creador de 1936, en cuyas lla-
mas flameó enhiesto el espíritu de nues-
tros grandes maestros Y toda aquella 
juventud que se perdió en los fragores 
del combate, ¿qué pretendía sino la li-
quidación del presente régimen social? 
(Pasa a la página 3.) 
RUTA 
Cazia¿ da cAueaa ¿Uazk 
Máquinas geniales 
y asesinas *>VVV»*WS»"»/*»VVVVS 
E L Departamento del Trabajo de la do en fábricas y carreteras para dismi-
ciuaad de Washington, publica nuir los accidentes del trabajo y del 
estadísticas anuales; ios que acá- tráfico: carteles ilustrativos, consejos 
ban de aparecer ofrecen algunas cifras murales, folletos... No son las máquinas 
elocuente*: perfectas las culpables; es el pobre ier 
En 1947, los accidentes del trabajo humano que las ha creado, muy enci-
produ/eron 2.059.000 lisiados y 17.0U0 ma de su poder y hasta de su inteli-cadaveres. El tiempo perdido a causa 
de estos accidentes y muertes, equivale 
a 233 millones 700 mil días de labor 
de tbO.UOO obreros. Calculando a un 
dolar la Iwra, el resultado es mil oclio-
cienios sesenta y nueve millones de do-
lares. Muclias guerras copiaron menos 
en muertos, lisiados, horas de labor 
perdidas y dinero gestado. 
A estas muertes e invalideces causa-
das por las máquinas productoras, ha-
bría que agregar las que ocasionan las 
transportadoras; las estadísticas conocí-
ais hasta ahora, también son de elocuen-
cia conmovedora: 
En el año 1946, un millón doscientas 
mil personas (mujeres, niños y hombres) 
sufrieron accidentes de automóviles, lo 
que representa una población ipual a 
la de ciudades como Albany, Buffalo, 
Rochester y Syracuse, juntas. Los daños 
materiales suman novecientos millones 
de dólares, sin contar los daños y per-
juicios pagados a las victimas, de las 
cuales 32-500 murieron. En 1947, se-
gún cálculos, las cifras son muy seme-
jantes. Para el año 1951 ya se preparan 
30.000 féretros. 
El Presidente Truman llama a estos 
resultados del automovilismo, la «des-
gracia nacional», y para hallar medios 
de disminuir su creciente intensidad 
llamó al mayor general Philip B. Fle-
ming, para organizaren la Casa Blan-
ca una Conferencia de Seguridad Ca-
rreteril, porque «la nación no puede 
continuar soportando esas pérdidas de 
vidas humanas, esa pérdida de capaci-
dad fi'ica en los baldados, y esas pér-
didas de dólares». 
En la sola ciudad de Nueva York 
circulan 750.000 vehículos ahora que 
no es posible adquirir uno sin esperar 
meses. A pesar de e a penuria, los que 
ruedan en sus calles paralelas y en es-
tado de perfecta conservación, causaron 
el año pasado 29.267 accidentes, de los 
cuales 582 fatales. El alcalde y las au-
toridades del tráfico urbano se arran-
can los cabellos por anticipación pen-
sando en lo que ocurrirá cuando la pro-
ducción se normalice y todo ciudadano 
adquiera el «motor-car» de fus sueños. 
Los expertos estiman que cuando ello 
suceda, habrá en Nueva York UN MI-
LLÓN de automóviles registrados... sin 
contar los cientos de miles que diaria-
mente entran y salen de y hacia otras 
ciudades vecinas. 
Todas las precauciones ** han toma-
gencia, como lo demuestran los dos ce-
rebros mecánicos que funcionan en este 
Alejandro SUX 
país: el IBM, de la Universidad de 
Harward, trabaja desde 1944 y, se-
gún se asegura, gracias a su labor 
fué posible realizar la prodigiosa canti-
dad de cálculos que exigió la creación 
de la bomba atómica; el BM acaba de 
salir de los planos, construido por la 
International Business Machines Corpo-
ración, después de gastar 750.000 dola-
res. 
Este cerebro BM está calculando ya 
la posición de la luna durante los si-
glos XX y XIX, labor que exigiría al-
gunos millones de matemáticos dedica-
dos a ello durante todas sus existencias. 
Se espera que el BM dé el resultado 
exacto dentro de dos años. Este BM 
trabaja con una velocidad 250 veces 
mayor que el IBM de Harward, y tiene 
una capacidad «mental» para operar 
hasta con 400.000 dígitos. 
Entretanto, no se sabe dónde, se fa-
brica otra máquina portentosa destina-
da a llevar el primer mensaje terrestre 
a los pálidos y lentos celenitas; cuando 
et BM haya hecho sus cálculos sobre 
la situación de la luna, la otra máquina 
disparará al inofewivo y romántico sa-
télite con la certeza de no errarle, co-
mo le pasó al proyectil que Julio Verne 
le hizo disparar con letras de molde 
en su profélica novela. El proyectil, co-
mo bien nuestro, hará explosión entre 
dos cráteres helados de Setene, y la luz 
que despedirá será tan intensa que po-
drá verse a simple vista desde la tierra. 
Si la luna está habitada... vaya uno a 
saber lo que ocurrirá a sus habitantes 
con la explosión y la deslumbrante cla-
ridad que engendrará. Este aspecto de la 
cota no preocupa a nadie; los selenitas, 
si existen, debe nestar muy por debajo 
de los japoneses en la escala zoológica, y 
para ensayar la «atómica», como es sa-
bido, se prefirió a los nipones porque 
los alemanes, nazis o no, son más seme-
jantes a los hombres que hoy empuñan 
el mango de la sartén internacional. El 
proyectil atómico y deslumbrador que 
estallará en la luna será la carta de 
visita de nosotros, los terrestres archi-
civilizados y archimecanizados, para esos 
pobres «lunáticos» que, seguramente, 
carecen de automóviles asesinos, y de 
BM geniales. 
V 
E2V la Tierra la vida se mantiene gra-cias a un intercambio ininterrumpi-do entre los organismos vivientes y 
el medio en que habitan. Se dice que 
liay simbiosis cuando una o varias de 
esas entidades logran asegurar su exis-
tencia común mediante un intercambio cha por la existencia, tal como la plan 
de servicios. 
Simbiosis viene de dos palabras 
griegas: «sym», que 'significa con, y 
«bios», que significa vida. El ejemplo 
clásico nos lo da la fábula del ciego y 
del paralitico, pero la Naturaleza ella 
misma tiende a convertirse en una in-
mensa simbiosis de elementos solidarios 
flores, y esas mismas flores que les bio de servicios equivalentes, es decir, 
brindan sus jugos para la elaboración gracias a un equilibrio entre servicios 
de la miel. Hasta hay simbiosis entre dados y los servicios recibidos. Cuando 
los reinos vegetal y animal, pues pese este equilibrio queda roto, existe «la 
a las exterminaciones, y como no ad- explotación» de un lado, y «el parasi-
mitimos la teoría darciniana de la lu-
tean los que de ella se han servido, es 
pie CID 
preciso reconocer que un pululamiento 
excesivo llegaría a suprimir todo rastro 
de vida sobre la corteza terrestre. 
El cuerpo humano es una simbiosis 
de órganos, cada órgano es una aso-
Emile Vertiaeren 
L A obra de Verhaeren ha sido des-naturalizada por esos críticos y apologistas belicosos, quienes pre-
tendieron colocar al gran poeta entre 
los campeones sublevados por «la furia 
sagrada sontra la barbarie de Alema-
nia». Algunos de sus versos de 1914, 
cuando Bélgica fué invadida por los 
ejércitos imperiales, podrían justificar su 
revuelta patriótica. Pero aquellos se 
patrióticos. El verdadero Verhaeren ts 
simple, sincero, fraternal, con impulsos 
ilimitados. No le pongamos más la eti-
queta como poeta francés o belga, sino 
que pongamos en evidencia sus visiones 
europeas y universales. «Indulgente y 
tan poco cáustico en que no tenia más 
necedad o la arrogancia», él habría re-
qeu la sombra de una sonrisa ante la 
pudiado el epíteto de poeta nacional 
pierden en el amplio fresco poético de que le dieron los críticos superficiales, 
SEXO Y SOCIEDAD 
I NDISCUTIBLEMENTE, todos los complejos morales y sexuales que afectan al individuo son un produc-
to de la actual organización social. Esta 
mantiene su existencia en el principio 
de autoridad, basada en la moral de la 
fuerza y no en la fuerza de la moral. 
Las relaciones entre sus componentes 
están al margen del concepto de justi-
cia emanado de la naturaleza de los 
hombres y de las cosas. Es el privilegio 
de unos que prima contra el derecho 
social de los otros. Y para mantener esa 
desigualdad, constituyente de la más 
odiosa injusticia, la violencia, norma co-
mo procedimiento, para sojuzgar y do-
minar al individuo. 
En todos los ámbitos y en todas las 
esferas de relación en nuestra sociedad, 
pues, el espíritu de autoridad controla, 
vigila e impide el desenvolvimiento de 
nuestros actos más naturales. 
En los lugares de trabajo, es el pa-
trón, el jefe de personal o el capataz, el 
que personificando la mentalidad autori-
taria reinante, subyuga al individuo. 
En el hogar, es el padre, erigido en 
jefe de familia el que por reflejo del 
medio ambiente ejerce la autoridad pa-
terna a modo de poder absoluto. De 
esta forma, en la mayor parte de los 
casos, la castración del espíritu de li-
bertad y de independencia de los hijos 
complétase reduciéndolos a pobres entes 
sumisos, sin alma para iniciativa alguna. 
Tirana! y despotismo por doquier bru-
talmente practicados saturan el ambien-
te social, del espíritu de sumisión a los 
poderosos, inclinado a respetar sus in-
tereses, inclinado a obedecer sus leyes 
que sólo la iniquidad garantizan. 
Pues bien, es precisamente de este vi-
lipendioso estado de cosas, de donde 
surge la morbosa reacción del individuo 
soñando con el poder y las riquezas, as-
pirando con ello a someter a sus seme-
jantes. Y, no solamente reacciona que-
riendo asimilar las prerrogativas de los 
que mandan y los bienes de los pode-
rosos .sino que el individuo medio, ima-
gen de pobres gentes, ansia con supe-
rarlos. 
El ansia de poder invade todas las 
funciones del alma y consiguientemente 
las del cuerpo, originando las inextri-
cables complicaciones del problema se-
xual; porque el ansia de Poder surge 
directamente de la represión de instin-
tos, producida por la práctica de la au-
toridad en todas nuestras funciones más 
vitales. 
Es incontestable que la autoridad se 
impone a la mayoría con ayuda de las 
más repugnantes mentiras; la religiosa 
que en el orden fisiológico y biológico 
reprime y desvía nuestros instintos so-
fismo» del otro. 
En el caso de las relaciones entre el 
reino animal y el vegetal, reconocemos 
estos dos aspectos de la simbiosis: uno 
perfecto en el caso del intercambio 
mutuode ácido carbónico y oxigeno, 
otro imperfecto que trae aparejadas 
consecuencias fatales. Por ejemplo, los 
gigantescos saurios de las épocas anti-
diluvianas devoraron los bosques con 
los unos de los otros. de órganos, cada órgano es una aso- se apacentaban y provocaron de 
Existe simbiosis entre las bacterias aación de tepdos, cada tendo una sim- rechazo fo desaparición de la especie, 
que la sirven de abono químico a la bwsis de células, cada célula la nmbio- £ n d lano humano es ia expiota. 
aerra y los animales y las plantas que sis de un centro celular y un. proto- ción ¿el ¿ ^ ^ p0T e¡ hombre el fac-
alimentan con sus excrementos; existe plasma, cada centro celular una sim- t0T principa; de este desequilibrio, 
simbiosis entre los vegetales que asimi- biosis de órganos minúsculos formados \~ 
lan el anhídrido carbónico del aire y los a su vez por una asociación de mo- Todas las morales existentes, revesti-
animales en los que ese anhídrido es léculas. • das con el ropaje de la creencia o con 
un producto de excreción; existe sim- Todas estas formas de cooperación o e}, de la razón, se han empeñado con 
biosis entre las abejas que fecundan las ayuda subsisten gracias a un intercam- ^xtto escaso, en trazarle al hombre una 
serie de mandamientos o deberes. 
En realidad, toda moral puede re-
ducirse a dos fórmulas en que se con-
densen los deberes positivos y los de-
beres negativos; la primera seria: «Haz 
a tu próximo lo que quisieras que te 
hiciesen a ti mismo»; y otra, «no ha-
gas a los demás lo que no quieras 
que te hagan a ti mismo». Y de paso 
se suprimiría todo concepto de obliga-
ción, sanción y demás imperativos con 
que muchas éticas y religiones han pre-
tendido transformar al hombre so pre-
texto de que «la letra con sangre en-
tra». Educando al hombre, no con cha-
musquinas eternas, sino dándole un 
aldabonazo en su conciencia, se evitará 
que, pese a ser un animal sociable, se 
quede a mitad de camino a la hora de 
las realizaciones. 
Mientras tanto, las legislaciones, en 
nuestr oestado actual de cosas, admi-
ten en sus fundamentos estos principios 
morales; pero en el terreno de la prác-
tica en vez de promulgar leyes que 
tiendan hacia un equilibrio universal, 
dan a las formas sociales existentes un 
viso de legalidad que impide realizarlo. 
Hay casos en que los explotados se 
yerguen contra estas injusticias. Pero a 
su vez los revolucionarios se convier-
ten en legisladores y ¡a explotación 
subsiste. 
La explotación del hombre por el 
hombre tiene un doble aspecto deni-
grante: el del explotado que se ve re-
bajado a la, condición de bestia, y el 
de la persona que explotando a su pró-
jimo se convierte en parásito de su pro-
pia especie. 
No existe, por lo tanto, teniendo en 
cuenta el principio de la dignidad hu-
mana, justificación posible a este fal-
seamiento de la simbiosis universal, es 
decir, al intercambio entre seres libres 
y de idénticos derechos. No habrá pro-
f reso real y efectivo, no podrá el hom-re pretender a una evolución de su 
especie en tanto existan individuos que 
por una incapacidad, castración diría-
mos, física o moral, tienen que subsis-
tir a costa del sudor ajeno. En esto el 
hombre efectúa una regresión neta ha-
cia la animalidad, i Qué actitud ha de 
adoptarse ante este problema? En el 
aspecto pasivo es muy sencillo: bajo 
ningún pretexto ha de explotarse a un 
semejante, violar el principio de dig-
nidad humana o convertirse en pará-
sito social. El aspecto activo es mas 
complicado vistas las formas de vida 
de la sociedad actual. iCómo ha de 
comportarse el explotado vis a vis de 
su explotador? Es evidente que la acep-
tación pasiva, voluntaria, sin asomo de 
rebeldía, de ese atentado a la persona-
lidad humana acarrea para el que la 
recibe la misma responsabilidad que el 
que la ejerce y que es un deber hacer 
respetar además la integridad física y 
moral propia la del prójimo, sometido 
a la condición de cabeza de ganado. 
Es ésta una obligación de importancia 
vital. Si el hombre aspira a realizar 
una simbiosis perfecta, ha de tener en 
cuenta que con cada humillación que 
sufre un semejante suyo, la especie hu-
mana da un paso hacia atrás en la pro-
gresión hacia la meta del Ideal. 
este espíritu universalista 
La suerte de los mejores poemas de 
Veshaeren como nos explica Len Bazal-
gette — quien consagró un excelente 
estudio al autor de «Las Ciudades Ten-
tacuiares» — no tiene ninguna relación 
con la decadencia o la. quiebra de de-
terminada doctrina. Se nos habló de las 
«tesis», de la «filosofía social» de V e r 
fia social o antisocial. Precis imeuto 
haeren. Dejemos en la carpeta la filoso-
cuando expresa los esfuerzos de las mul-
titudes contemporáneas, Verhaeren per-
manece un animador, cuyo poder de 
exaltación y de comunión puede ser tan 
eficaz aun después de un milenio, por-
que sus poemas poseen la energía lí-
rica que no está ligada al suceso de un 
«movimiento» o de una «tesis». 
La obra de Verhaeren puede defen-
derse por si misma. No obstante, de-
bemos defender a Verhaeren-hombre, 
a aquel de antes de la guerra, disfra-
zado por los homenajes académicos y 
M. A r c h i b a c h e v : «.Millones» 175 f 
V. B . I b á ñ e z : «El P a r a í s o d e l a s M u j e r e s » 450 
V. B . I b á ñ e z : « F l o r d e M a y o » 450 
V. B . I b á ñ e z : « E n el P a í s de l A r t e » 450 
V. B . I b á ñ e z : « L a H o r d a » * 450 
F . N i e t z s c h e : «Asi h a b l a b a Z a r a t u s t r a » 175 
C. D i c k e n s : « T i e m p o s d i f í c i l e s» 200 
P . S. B u c k : « L a B u e n a T i e r r a » 300 
F . G a r c í a L o r c a : « Y e r m a » 250 
L e ó n T o l s t o i : «Los C o s a c o s » 200 
M. L o b a t o ; « M e m o r i a s d e E m i l i a » 425 
A. J . C r o n i n : « L a s l l a v e s d e l R e i n o » 400 
M á x i m o G o r k i : « L a Madre) ) 225 
M á x i m o G o r k i : ((Los ex H o m b r e s » 175 
S. L e w i s : « G i d e o n P a n i s h » 300 
V í c t o r H u g o : ( ( L i t e r a t u r a y F i l o so f í a» 200 
V. B . I b á ñ e z : ( (Cuen tos v a l e n c i a n o s » 200 
J . B e n a v e n t e : ((La M a l q u e r i d a » 200 
J . B e n a v e n t e : « L a f u e r z a b r u t a » 200 
B . P é r e z G a l d ó s : ((El Abue lo» 260 
B. P é r e z G a l d ó s : « L a L o c a d e l a c a s a » 320 
A. P . V a l d é s : ( ( M a r t a y M a r í a » 260 
A P . V a l d é s : ((Años d e j u v e n t u d d e l B r . A n g é l i c o » . . 260 
L. T o l t o i : ( (Esc lav i tud m o d e r n a » 120 
M a n t e g a z z a : «(Orden y L i b e r t a d » 120 
M a x N o r d a u : « P s i c o f i s i o l o g í a d e l G e n i o » 120 
D e s c a r t e s : ( (Discurso d e l M é t o d o » 120 
H a e c k e l : ((El o r i g e n d e l a V i d a » 120 
xuales; la del falaz concepto de superio 
ridad que tiene por objeto invertir ei : 
contenido moral de los hombres y, como | 
consecuencia de estas dos horrendas 
mentiras, la gran mentira social de los 
débiles y los fuertes, de los pobres y ios 
ricos, de los que deben ser gobernados 
y de los que debne gobernar, empleada 
con la finalidad de conservar tanto tiem-
po como sea posible el bienestar de los 
privilegiados. Naturalmente, la mentira 
no seria bastante para someter al indi-
viduo. Son los elementos coercitivos más 
bestiales, los coadyuvantes de la gran 
mentira social que mantiene a los hom-
bres en estado de represión permanente, 
de represión vasta y total de nuestros 
sentimientos más humanos, de represión 
penetrante en todas las fibras de nuestro 
ser, que llega a ser dominado por com-
pleto. Y es ésta la represión producente 
de los complejos psíquicos. La que re-
Í
irime los instintos sexuales, que sin más 
ibre y amplio desenvolvimiento no so-
lamente no hay beileza ni ventura hu-
manas sino que el individuo queda re-
ducido a un pingajo anormal, a una 
exposición de todas las fealdades mora-
les y a una lamentable ineptitud para 
el concurso social. Y al mismo tiempo, 
es también ésta la represión producente 
de las caricaturas de hombresque sue-
ñan con un poder monstruoso para dar 
satisfaccin a sus ansias brutalmente se-
xuales, ferozmente invertidas, precisa-
mente por la represión de sus más na-
turales instintos. 
Marcel Proust, hombre brillante, lite-
rariamente hablando, casi enloqueció a 
causa de la amvibalencia de sus senti-
mientos, producido por el medio auto-
ritario, ignorante, falaz, hipócrita, pre-
ñado de prejuicios religiosos en que vi-
vía. Este hombre de talento que tantos 
y tan buenos servicios hubiera podido 
prestar a la humanidad, vio convertida 
su vida en una ruina a causa de la 
presa que hizo en él uno de los com-
plejos más terribles que producen los 
desórdenes psíquicos: el complejo de 
Edipo, Marcel Proust, sufría ese com-
plejo que arrancaba de la desviación de 
sus instintos sexuales producida por la 
represión de los mismos en su infancia. 
Proust, hombre culto y preparado in-
telectualmente, se angustiba de la ma-
nera más pavorosa por tener que acu-
dir a una cita en pleno día. 
"Visiones de sangre, de destrucción y 
de muerte cuyo pensamiento lo domina 
llenándolo de torturante terror, lo lle-
van a a esquizofrenia más alarmante, 
motivada por ese complejo horrible, ori-
ginado como todos los que tienen cua-
dro psiquico-sexual, por causas sociales. 
Marcel Proust, es uno de tantos y 
tantos desdichados que al no serles ase- i 
quible la realización de sus paranoicos ¡ 
deseos tuvo que debatirse y sucumbir en i 
el circulo de las monstruosidades origi-
nadas por la patológica organización so- I 
cial que padecemos. 
de la misma manera que rechazó el ti-
tulo de «bardo» que le dio en el tiem-
po de su debut, un provinciano entu-
siasta. 
Evocando al «otro Verhaeren», Ba-
zalgette recordó al hombre cuyas hue-
llas buscaba a orillas de Escauta, a 
Saint-Amand, al hombre de Caillou que 
aparecía entre las rosas que cubrían la 
fachada, al hombre de Saint-Cloud tan 
verídicamente fijado en el retrato de 
Theo van Rysselberghe — al hombre 
que duerme (después que las ruedas del 
tren le seccionaron los pies) en el pe-
queo cementerio de Wulveringhln, en 
un bosquecillo, bajo algunas flores sil-
vestres plantadas en 1916, como testi-
monio por el corazón salvaje y también 
manso que cesó de latir y que glorifi-
có, como muy pocos, la vida en sus so-
berbias acciones: 
Lassé des mots, lassé des livres, 
Je cherche en ma fierté 
L'octe qui sauve et qui délivre...» 
(«Cansodo por las palabras, cansado 
por los libros, yo busco en mi valentía, 
el acto que salva y que liberta...») 
O como en su escultural y sin em-
bargo dinámico Passeur, él lucha con 
las olas: 
Le passeur d'e&u, les mains aux rames 
A contre flot, depuis longtemps, 
Luttait, un rosean entre les dents... 
(«El barquero del río, con las manos 
en los remos, desde mucho tiempo, con-
tra la oleada, luchaba, teniendo entre 
los dientes una caña...») 
CPEÜCIJk 
Y ANARQUÍA 
(Viene de la página I) 
de su vida a encontrar las bases cien-
tíficas o naturales, en que se asienta la 
Anarquía. 
No por ser un tema tan viejo, la dis-
cusión de la existencia de un anarquis-
mo científico, deja de tener actualidad 
y valor. Mas, creo, que la discusión tal 
como ha sido planteada hasta la fecha, 
no tiene significado, pues no éste el 
problema, sino que el mismo Kropot-
kine en todos sus estudios, nos está in-
dicando la verdadera planteación de tan 
interesante problema, que es la esen-
cia de todo su trabajo científico- litera-
rio. 
A la pregunta de: existe un anarquis-
mo científico, debemos contestar con la 
siguiente: ¿tiene bases científicas el 
anarquismo? La respuesta no se hace 
esperar: los resultados obtenidos por es-
tos investigadores y corroborados por 
investigaciones posteriores, nos hacen 
responder afirmativamente a tal pre-
gunta. 
El anarquismo, sí tiene bases cientí-
ficas. Todas sus concepciones son el re-
sultado, si no de una labor científica 
pura, sí de la necesidad imperiosa que 
siente el ser de descorrer los velos que 
cubren el misterio, para iluminarlo con 
la radiante luz de nuestro pensamiento. 
Todos los principios anarquistas, aún 
en su forma más amplia, han sido pre-
cisados y establecidos después de un 
largo y profundo estudio de los fenó-
menos humanos y sociales. 
Para asentar que un ideal es bueno, 
no solo es necesario sentirlo en la inte-
rioridad de nuestro ser, sino que es ne-
cesario también el demostrar su bondad 
y validez, dentro del proceso general 
de la vida en la Naturaleza. Esta labor 
científica, fué realizada en una forma 
natural y concisa por Kropoptkine, al 
demostrar con toda serie de detalles y 
pruebas, que entre los animales, desde 
los más inferiores hasta los más com-
plejo y diferenciados, el instinto del 
apoyo mutuo tiene mayor importancia 
y fuerza, para la supervivencia del in 
dividuo y de las especies, que el in-
comprendido instinto de la lucha por la 
existencia, señalado por Darwin en sus 
brillantes trabajos sobre el «Origen del 
Hombre» y «Origen de las Especies». 
La labor científica de nuestros teóri-
cos es inmensa, aunque no total, y de 
un valor innegable, pues sus concepcio-
nes filosófico-sociales y humanas, no 
han sido superadas, hasta la fecha, por 
nadie. Es más, la verdad y bondad en 
ellas encerrada, es por todos admirada 
y sin discusión admitida. Todas las per-
sonas — aun las extrañas a nuestros 
medios —, que tienen nobles sentimien-
tos y un poco de cultura, así lo acep-
tan, aunque las tachen de utópicas e 
irrealizables. Pero he aquí, el incalcu-
lable valor de la investigación cientí-
fica de un Reclus, de un Proudhon, un 
Kropotkine, etc., al demostrar que nues-
tras concepciones no son producto de 
las mentes de soñadores, sino que son 
el resultado del estudio de las necesi-
dades de la Naturaleza, pues en ella 
se encuentran operantes y plenamente 
realizadas nuestras justicieras y natura-
les concepciones. 
Al demostrar que las especies natu-
rales que más han progresado y que 
da mayor prosperidad disfrutan — aun 
en contra de las inclemencias del tiem-
po y del clima, y del peligro de las 
otras especies superiores en fuerza y 
por la práctica de la ayuda mutua en-
tre los individuos de su misma especie; 
habilidad —, sólo lo han podido lograr 
han demostrado a la vez, que el pro-
greso y las prosperidades del hombre, 
tiene que ser el resultado de la prác-
tica del apoyo mutuo entre los huma-
nos. Y que es ésta, ¿sino la equidad? 
Y, ¿qué es la Anarquía, sino la equi-
dad en las relaciones humanas? 
La investigación científica, ha sido 
más vasta aún, se ha demostrado que 
en las especies animales no existen di-
ferencias de clases, debidas a distingos 
económicos, ni individuos con poder so-
bre los demás, es decir que las diferen-
LOS NIÑOS, LOS 
LO S n i ñ o s s o n c o m o l a s p l a n -t a s t r e p a d o r a s , q u e se e le-v a n p o r los h i l o s y los so -
p o r t e s d e c u l t u r a q u e les d i s p o -
n e n l a s p e r s o n a s m a y o r e s . 
Ll H u m a n i d a d es u n a c a d e n a 
cuyo o r i g e n v i e n e d e l a o b s c u r i -
d a d d e l p a s a d o , y s u fin se d i r i g e 
a l a e t e r n i d a d de l f u t u r o , e s l a b o -
n á n d o s e los i n d i v i d u o s y l a s ge -
n e r a c i o n e s c o n s t a n t e m e n t e . R o m -
per e s t a c a d e n a es r o m p e r l a 
H i s t o r i a , y e s t o es i m p o s i b l e r a -
c i o n a l m e n t e p e n s a n d o . 
S e g ú n e s t o s d o s p r i n c i p i o s , Jas 
p e r s o n a s m a y o r e s t e n e m o s p e n -
d i e n t e s o b r e n u e s t r a s c o n c i e n c i a s 
u n a r e s p o n s a b i l i d a d m a y o r q u e 
la d e l a c o n s e r v a c i ó n d e l a e spe -
cie : l a de l p e r f e c c i o n a m i e n t o d e 
la m i s m a m e d i a n t e l a e n s e ñ a n z a 
y l a e d u c a c i ó n . 
E s t e p e r f e c c i o n a m i e n t o es lo 
q u e l l a m a m o s P r o g r e s o . 
M u c h o s s o n los e l e m e n t o s con 
q u e c o n t a m o s los. a d u l t o s p a r a l a 
e n s e ñ a n z a y e d u ca c i ó n d e los n i -
ñ o s , e n t r e los c u a l e s e x i s t e u n o 
! m u y ú t i l y a m e n o : l a s f á b u l a s , 
\ q u e s o n ( ( compos ic iones l i t e r a r i a s 
! e n q u e p o r m e d i o d e u n a a l e g o -
r í a se d a u n a e n s e ñ a n z a ú t i l y 
i m o r a l » . 
Los f a b u l i s t a s h a n s ido s i e m p r e 
c e r e b r o s p r i v i l e g i a d o s y h o m b r e a . 
d e g r a n s e n s i b i l i d a d y c u l t u r a , 
q u e h a n p o s e í d o l a r a r a h a b i l i -
d a d d e v e s t i r l a s g r a n d e s v e r d a -
d e s y l a s i d e a s f u n d a m e n t a l e s 
c o n r o p a j e s s e n c i l l o s y p o p u l a r e s , 
y e x p r e s a r s e c o n c l a r i d a d y c o n 
c i s ión p a r a se r c o m p r e n d i d o s p o r 
t odos , g u s t a n d o e l lo d e s d e el n i ñ o 
i n o c e n t e h a s t a el v ie jo s a b i o . 
H a c e v e i n t i s é i s s ig los , u n p o b r e 
Alberto Carsí 
e s c l a v o g r i e g o , d e f o r m e (he a q u í 
u n b u e n s í m b o l o ) , l l a m a d o E s o p o , 
i n v e n t ó e l s i s t e m a d e i n s t r u i r y 
e d u c a r a l p u e b l o p o r m e d i o d e 
f á b u l a s , l a s q u e t o d a v í a se l e e n , 
y l e e r á n s i e m p r e , c o n p l a c e r y 
p r o v e c h o . 
H a c e v e i n t e s ig lo s e x i s t i ó u n 
m a c e d o n i o , l l a m a d o F e d r o , q u e 
a d o p t ó t a m b i é n a q u e l s i s t e m a . 
M á s t a r d e , el á r a b e L o c m a n o , 
el l i n g ü i s t a B i t p a y , el p o e t a B a -
b r i u s y e l p o l i g l o t a L o k m a n n o 
c e s a r o n d e s e r v i r a l a c a u s a d e 
l a C u l t u r a p o r e s t e dif íc i l m e d i o , 
h a s t a q u e e n el s ig lo X V I I el emi -
n e n t e e s c r i t o r f r a n c é s L a F o n -
t a i n e d a a l a luz su m o n u m e n t a l 
co lecc ión d e f á b u l a s , q u e se h a n 
h e c h o c é l e b r e s e n t o d o el m u n d o , 
a c o m p a ñ á n d o l a s c o n e l s e n t i d o 
h o m e n a j e a E s o p o d e r e s e ñ a r su 
ADULTOS 
iáhulaá 
v i d a y a ñ a d i r s u c o n s e j o s o b r e l a 
m o r a l i d a d d e l a f á b u l a . 
L a o b r a d e L a F o n t a i n e s e m e -
j a u n r e g u e r o d e p ó l v o r a , u n a 
c a m p a n a t o c a n d o a r e b a t o , p u e s 
e n el s ig lo X V I I I , n a d a m á s q u e 
c o n o z c a m o s , se p r e s e n t a n o c h o 
f a b u l i s t a s , . todos f a m o s o s , e n t r e 
los q u e se h a l l a n a l g u n o s e s p a -
ñ o l e s , q u e h a n s i do t r a d u c i d o s y 
a d m i r a d o s e n t o d o s los p a í s e s 
c u l t o s . E s t o s s o n : F e n e l ó n , La-
m o t t e - H o u d a r , F l o r i á n , A g u s t í n , 
I r a ñ e z , P i s ó n y .'os g i g a n t e s S a -
m a n i e g o e I r i a r t e . 
S i b i e n c a d a o b r a h u m a n a e s 
s i e m p r e a m p l i a b l e , r e s u l t a dif í -
cil a ñ a d i r p a s o s a l a c a r r e r a i n -
m e n s a d e los f a b u l i s t a s , p u e s p a -
r e c e n a g o t a d o s los t e m a s d e cu l -
t u r a y d e m o r a l e x i s t e n t e s , y se -
r í a n m e n e s t e r i n t e l i g e n c i a s m u y 
a g u d a s p a r a a p o r t a r c o m p l e m e n -
t o s a !o t a n t r i l l a d o y d e b a t i d o . 
De m o m e n t o , m e p e r m i t o r eco -
m e n d a r a l a s f a m i l i a s y a los 
p r o f e s o r e s q u e p o s e a n l i b r o s d e 
f á b u l a s q u e l a s l e a n y q u e l a s co-
m e n t e n ; y yo m i s m o , e n p r ó x i -
m o s t r a b a j o s , p r o c u r a r é t r a t a r 
e s t e m i s m o t e m a d e u n a m a n e r a 
s e n c i l l a , i n f a n t i l , p a r a q u e los n i -
ñ o s se a f i c i o n e n a e s t e m a r a v i -
l loso e s t i l o d e l i t e r a t u r a c u l t u r a l 
p o r m e d i o d e s í m b o l o s . 
cias que los primeros zoólogos encon-
traron en las sociedades animales y que 
las atribuyeron y compararon a las mis-
mas que existen en nuestra sociedad, 
son falsas, pues en estas agrupaciones 
animales, su misma naturaleza exige a 
cada individuo' que la forma, el desem-
peño de la función para la cual está 
— física y mentalmente — más capa-
citado. . 
Generalizando, lo anterior, significa 
que el individuo dé según su capaci-
dad y posibilidades, y que tome todo 
lo necesario para su vida funcional, li-
mitado únicamente, claro está, por las 
posibilidades de la Naturaleza en el lu-
gar en que se encuentre. Y esta fór-
mula tan sencilla, pero tan general y 
completa, ¿qué es, sino la esencia de 
toda nuestra finalidad económica? 
Nuestro amor a la libertad, al ser > 
a la vida, es resultado de nuestro pro-
fundo amor a la verdad, y para llegar 
a ella, sólo lo podemos hacer por me-
diación de la Ciencia, pues únicamente 
por los caminos científicos podemos 
aproximarnos a ella y alcanzarla, por 
que en la Naturaleza rige la fórmula: 
no haber en ellos ningún prejuicio que 
nos pueda errar y desorientarnos en 
nuestra investigación. 
De aquí, que el anarquista que debe 
desear conocer y decir la verdad ante 
un dogma o una panacea sino por ser 
todo, debe amar a la Ciencia, no como 
el arma para nuestra elevación cultu-
ral y para nuestra perfección física y 
espiritual. Debemos ver en eüa, la li-
bertadora del hombre a la esclavitud de 
la ignorancia. 
En los problemas sociales que son 
los que más vivamente sentimos, la 
Ciencia, poco a poco, va haciendo luz 
en ellos, y es de esperar que en un 
tiempo no muy lejano, nos explique las 
causas que forjaron toda nuestra evolu-
ción social, y, que señale las verdade-
ras formas de vida que nosotros debe-
mos practicar en el futuro, dependien-
tes de nuestras conductas presentes 
Pero sin olvidar que la realización de 
todo este avance, depende exclusiva-
mente del hombre, ya que la Ciencia 
sólo nos en'eña la verdad, y a nosotros 
nos corresponde decirla y practicarla. 
El anarquista, que para serlo debe 
amar la verdad, tiene que ser forzo-
samente científico; aunque como es na-
tural, quedan incluidos dentro del tér-
mino, no sólo los que investigan la vi-
da y el Universo en el laboratorio o 
en e] observatorio, sino también todos 
aquellos que indagan la Naturaleza con 
el desinteresado deseo de conocerla, en 
el campo, en la fábrica, en la escuela, 
en los libros, etc. Todos, si buscamos 
la verdad de las cosas, podemos ser 
científicos, pues para ello, es suficiente 
investigar sinceramente en el campo de 
nuestras posibilidades. . 
En resumen, caracterizada la Ciencia 
por ese grandioso afán que siente el 
ser humano por conocer el mundo y 
su propia naturaleza, y que, debido a 
esto el hombre ha logrado evolucionar 
al más alto grado de la perfección fun-
cional en el Cosmos1 conocido, resulta 
que todas sus concepciones ideológicas 
tienen que ser el resultado de este li-
bre espíritu de investigación, para que 
su validez, en el campo de las acciones 
humanas, responda a una realidad y no 
a una ficción metafísica. 
De aquí que al buscar las verdade-
ras bases que fundamentan el ideal 
ácrata, nuestros investigadores hayan 
realizado una labor integralmente cien-
tífica y humana. Y, que al encontrar-
las y establecer su general validez, ha-
yan constituido lo que, sin temor ni 
dudas podemos llamar: «las bases cien-
tíficas del anarquismo». . 
Lo extraño es que en los medios li-
bertarios, existan personas y grupos, que 
vean, si no con asco, si con indiferen-
cia, la labor científica realizada, no sólo 
por los teóricos de nuestro ideal, sino 
también la que realizan los nuevos in-
vestigadores por alcanzar las cumbres 
del conocimiento y la verdad. Por lo 
tanto, no es de extrañar, que el anali-
zar cualquier principio anarquista — a 
la luz de la Ciencia —, sea visto como 
una presunción, pues existen grupos, 
pequeños por fortuna, que pretenden 
asentar «su anarquismo» en base pura-
mente pasionales, no sujetas al análisis 
de la conciencia y la razón. 
El aceptar el anarquismo como un 
dogma, no sólo nosdebe 'repugnar, 
sino que debemos rechazarlo, por no 
constituir la Anarquía esto, ni cosa pa-
recida tampoco; al igual que nos debe 
repugnar hacer de la Ciencia un dog-
matismo, que debemos seguir y creer 
ciegamente, pues la Ciencia en en sí 
misma libertaria, ya que no sólo da 
libertad de investigación, sino que la 
exige aún para analizar las verdades ya 
confirmadas, pues, siempre ve en esta 
aceptadas y que parecen totalmente 
labor algún beneficio para nuestro co-
nocimiento de la realidad, porque, si cjl 
analizarlas no encontramos error en 
ellas, más validez adquirirán para el 
futuro. 
Por todo lo anterior* tenemos que 
concluir, que la Anarquía es una for-
ma social de convivencia humana, que 
responde a una necesidad lógica y na-
tural, que siente el individuo de vivir 
la vida plenamente, como es ella, des-
bordante, fecunda e integral, 
Esto es, el hombre sano, rebosante 
de vida pasional e intelectiva, siente la 
natural necesidad de vivir su vida, con 
toda la plenitud de sus órganos y fa-
cultades, realizando con esto el equili-
brio en la armoniosa realidad de la 
Naturaleza.. 
Por esto es que podemos afirmar, que 
el ideal ácrata, que encierra en si to-
das las cualidades positivas del ser, 
pensamiento y acción, amor y libertad, 
es el ideal que más ampliamente res-
ponde—hasta ahora—a las necesidades 
reales de la naturaleza humana, y que 
la Ciencia es la que nos da la exacta 
noción de estas cualidades, asi como 
nos indica, el mejor modo de realizar-
las, para alcanzar la cima final de la 
Anarquía, la emancipación del linaje 
humano. Octavio ALBEROLA. 
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L O B A D A S F E R O C E S PORO LO JUVENTUD DECADENTE 
HE escrito y manifestado muchas No somos hombres fanatizados, no los pueblos para romper todas las ca-veces que los libertarios o anar- somos profetas ni adámicos, en tanto denas que le oprimen. 1 L «Relato de la Destrucción de In- chables estos últimos ni para traviesas pelaje y ladrido, al Yus yuris, a la va- j 
dias», de Bartolomé de las Casas, de ferrocarril en calidad de durmientes; cad política, al trust hambreador, a la , M multitudes y en particular en las ¡u- fundamente realistas, que pretendemos cial en l a jerarquización política y au-
quistas, traíamos de despertar en que anarquistas y revolucionarios, pro- Los que fundamentaron el orden so-
que a los historiadores de cámara son votados a eterna infamia en el li- empresa de presa. Y i cuál tiene madre? | v e n t u d e s d e a m b o s l a c o n c i e n c i a i m p u l s a r el sentido 'realistas de la li 
y del vaso y el grifo, parece un panfleto helo del fraile; dan boqueadas de peni 
antiespañol, a mi me hace los huesos tente y de criminal en ese suplicio me-
caldo y me los baña en agua de rosas siánico, 
cuando lo leo que no es con la frecuen-
cia que el cuerpo me lo pide. 
La literatura de nuestro Siglo de Ora-
lina no esuviera cabal, si le faltase esa 
Sin embargo iqué Isaias, con la ira- i , o s . „ „ . m a s n o b l e s s e n t i m i e a . 
cundía huracanada de sus crispantes au- ¡ tos> s e m b r a r i d g a s d e l i b e r a c i o n d e „ ._. . ™ „ -_ „. ._^_,„„. | t 0 S i s e m D r a r ¡deas de liberación y d( 
líos, se yergue a ™Mecir todas esas , b i e n e s t a r g e n e r a l induciéndoles a prac 
Felicitémonos de que e n caló bien especies de cautividad; crucifica con t ¡ c a r i d e a s d e . Q d e t o l e r a n c i ! , d e 
metáfora como botes de lanza a tanto d a m u t de solidaridad y amor, 
malhechos guüloUnable, pingo de horca, a c t i v a r r e a l ¡ z a r é s t a s n o b [ e _ (¡m. 
que nos tiene en cepos y en grillo,, nos , c e p c i o n e s m o r a l e ¡ . q u e d i g n i f i c a n y 
enaltecen al hombre 
ma°cado cuaje una de las protestas mas 
imponentes, que son decoro de letras no 
toritaria, desnaturalizaron o desdibuja-
bertad hacia su corolario: EL COMU- ron siempre las creaciones populares, 
NISMO LIBERTARIO. jamás los pueblos organizaron las gue-
La trayectoria de la vida individual r r a s si no los Estados, los pueblos ja-
y colectiva se mueve hacia la felicidad m á s lucharon para sostener injusticias 
que para nosotros estriba en la pleni- y organizar depredaciones 
Ángel Samblancat 
emponzoña la brisa, nos tasa el frijol, 
Por tanto, loor al héroe, que en las 
Y como genocidas nurembergabíes y Casas es casi el primerito, a quien las 
enemigos del alfabeto, debemos sindi- conciencias en pena podemos besar la 
car, extendiéndoles carnet de la Checa, mano, reconociendo al fin la divina pro- | sustituir la sanción e intervención legal 
al Estado, a la chuca de Chucho el Ro- videcia de un creador, para el que ha i y administrativa por el libre contrato 
to de Nazaret, a la detenatción de tie- sido una hacienda y un champurre el \ perpetuamente sujeto a revisión v cam-
nnvjaua. _^o^jueron . rras „ numos ^ Umite; Q bofias ^ todo tener adorables « ^ ^ l £ i o
P 
SEAMOS BUElSfCOMPRÍNSÍVOS 
mata de yerbas, que otros llaman florón, 
a su corona.. La España en que esa rosa 
estalló en sangres, su cubrió de gloria 
con ella, más que con «La Araucana» de comercio. E imitemos al ingenio ge 
ercÚlewe y las actas de Gomara y Ber- nial, que se hizo verbo y voz de la Hu-
nal Díaz. Las madres maman más vo- munidad multipartita de su tiempo, 
luptuosidad del pecho de sus hijos re- La invasión de nuestras almas indio-
beldes que de todo un almanaque de tas y la fritanga con que se victimó lides del civismo, por primera vez en la 
santos conformistas y modregos. Entre siemre a nuestros menguados higadillos, vida y en el arte logró el acento de 
nosotros, no hay novela picaresca, ni dis- no vinieron con tan extrema Inquisición. Apocalipsis de las grandes justicias, que 
paratario caballeresco, ni tratado de Mis- 0tms tanU¡s conquistas, sin contar las ^jan materia a memorizar imperecede-
ra que supere en chile y arrebato a dd <<Te0riOy>> son £ abaTTOte! e\ peinaje ra hasta en el celuliode. 
la «Relaciow> de Las Casas, quien con ^ i ^ industrial, la paz armada hasta Y confesamos lisa y planamente que 
la pluma estuvo al nivel de las esnadas lo¡¡ dientes de e¡ c o / o n i s m o per. de tanto negr0 ^re, que se echa a la 
tremendas que combate, y del que hay foradoT & m o n t o í ¡ a s y seivas vir*enes. encrucijada a encuerarnos cada día, Las 
pocos condores qeu igualen el vuelo. 
Carnicera salvajina, tigres hircanos, 
leones furibundos, perros rabiosos, fero-
císimas bestias y diablos infernales lla-
ma el descosido dominicán a los cen-
tauros de la colombiada. Y eso fueron 
¿Qué otra cosa 
sido siempre los monstruos de armas, 
los pavos reales de la guerra, líteros o 
iliteros? 
Los romanos desgarran con uñas de 
hiena el hato de Viriato, el áureo Rhin, 
el Norte numidio, el Asia menorcita, la 
sabiaza Grecia, las bigotudas Galios, el 
Oriente risueño y el mortuorio Occiden-
te. 
El germanismo paseó la tea de los in-
cendios por una Europa más madura 
para los excesos hordarios que la China 
de los mandarines; y en la que metió 
hasta el pomo la piqueta de la demo-
lición. 
Árabes y mongoles no dejaron por 
pasaban hombre con hache y hombro 
con percha para colgar el sombrero. Asi 
operaron todos los matarifes y charcu-
teros de la Historia. Y, finalmente, Es-
paña en sus inmensas devastaciones de 
Indias. 
De ninguna hecatombe cantada en 
verso; de ninguno de los espoliarlos, osa-
rios y calverjes, en que tizones y fusiles 
en concubinal jolgorio han entregado la 
honra de la tierra al estrago, queda una 
crónica, en que el grito de la inocencia 
' ultrajada suba a los cielos tan en cohete, 
como en la alegación de fray Bartolo. 
A os Gerundios de Campazas los pre-
fiero yo con bota, para que cuando ellos 
no me prediquen la verdad, me la diga 
el vino, i Constituye un deshonor em-
briagarse de enternecimento y sensibili-
dad? Para mi, en modo alguno. 
Ni siquiera las últimasmasacres otó-
micas, que han elevado un monumento 
ul horror, cuentan con un comentarista 
de la violencia salvaje y la virulencia 
inaudita del obispo de Chiapas, venga-
dor de los indios. 
El beliconismo, la matanza de puer-
cos, ]a rapiña gatazo; capitanes y ban-
didos; verdugos y oidores, no aprove-
nos azoU desnudos, nos nutre y hace ¡ H e j g fc m é t o d o s d e 
>nas inalcanzables que la luna las tor- ¡ d a s o n ^ n o s o t r o s d e * 
!<Iks como soles por que suspira el es- \ r t a n c i a sociológica, y por qué no va-
piritu? N, uno que yo sepa, por lome- i ^ . a , , . m u l t ifu d e s humanas ni con 
• fines políticos, ni para atraerlos como 
rebaños a nuestros grupos u organiza-
ciones sindicales. 
Los anarquistas tienden a la libertad 
más (absoluto, a 1a satisfacción más 
ción y podemos demostrar que aque 
lias conclusiones, que nos hacen ver-
2 í ™ YS • 3S M C e S 1 e S H T Í T S d a d e r o s r e a I ¡ s< a s descansan en la o b sin otros limites que las imposibilida 
tud que solo se realizará en la liber-
tad, en la tolerancia y en la justicia; 
por estas conclusiones tan sencillas y 
Gtiátobal Caátto 
bellas, somos realistas; algunos se creen 
que son conclusiones caprichosas y for-
CCTbSadaaPri0ri P ° r U D a ™ a g Í n a C Í Ó n e M " íes, _< 
Desdeñamos esa errónea conceptua-
solamente 
se originaron siempre en la mentalidad 
autoritaria y caprichosa de hombres y 
sectores políticos, siempre deseosos de 
sentirse dueños de los pueblos; por esa 
mentalidad absurda ellos inscribieron las 
páginas de dolor y esclavitud que re-
gistra la historia. .Por contra cuando 
los pueblos o las comunidades socia-
des naturales y la obligación de res-
petar las necesidades de sus sentimien-
tos. Rechazan toda autoridad y todo 
gobierno sea del color que sea, y en 
todas las relaciones y humanas quieren 
L O que valoriza personalmente al absentas de la bondad y de la com- mis propios compañeros, les quiero y ser humano es el carácter, ya que, prensión. respeto como debo y se merecen y les 
es indudable, el hombre carente Y no podemos estar al margen de la ayudo moralmente cuando sé que pe-
de carácter no posee personalidad pro- bondad y de la comprensión porque sin nan, van desviados inconscientemente 
pia, perdiendo, por tanto, todo valor bondad es del todo imposible anhelar de su linea de conducta, se hallan con-
personal, pero lo que verdaderamente el bien del prójimo como el nuestro y fusos o están equivocados? ¿Soy lo su-
valoriza a éste en el orden moral son sin comprensión no existe forma posi- ficientemente comprensivo con respecto 
las buenas cualidades que ostente, y, ble de convivencia mutua, ni de res- a los que piensan como yo para no mal 
para el que estas lineas escribe, son peto reciproco, ni manera de confra- interpretar las cuestiones, ni mal con 
A. LÁMELA 
estas cualidades: la Bondad y la Com-
prensión. 
Evidentemente que de la bondad ternizar entre nosotros, ni de amistad 
nace el cariño, la comprensión genera y confraternidad sincera y menos aun 
la voluntad y la constancia y de entre para con aquellos que viven sin pre-
ambos procede ese respeto mutuo que ocupación de orden social, desarrollán-
nos une en el más estrecho y sincero 
lazo de amistad. Siendo, pues, el ca-
riño el vehículo que alimentado por la 
bondad nos traslada al plácido terreno 
ceptuarlas mirando las cosas a través 
del variable y confuso objetivo de la 
malicia y de la mala fe? ¿Y cumplo 
con mi deber con respecto a mis seme-
jantes, soy bueno sin permitir abusen 
de mi persona, complaciente sin per-
der la personalidad, comprensivo mien-
tras me mantengo firme en mis ideas 
y cariñoso sin dejarme dominar por los 
que comercian conmigo en mi condi 
dose su existencia en medio de un am 
biente tan hipócrita como comerciali 
zado, producto de la gazmoña y co 
rrompida sociedad en que vivimos, 
Después de lo dicho solo me resta ción de asalariado e intentan anular mi 
de la estimación mutua que tanto une decir que meditemos sobre el tema que p r o p i a personalidad individual obligán-
a los humanos y la comprensión la que nos ocupa mirándonos hasta lo más d o m e a q u e o b e d e z c a a voluntades 
nos conduce a respetar a nuestros se- íntimo y profundo de nuestro ser lo- a j e n a _p 
mejantes como a nosotros mismos y que grando con nuestra íntima meditación 
se fortifican voluntad y constancia a abrir las puertas de la conciencia y des- Después de habernos hecho estas 
través de una conducta tan austera co- pues de habernos apartado por unos preguntas producto del intimo razona-
mo ejemplarizante, siendo asi, como momentos de cuanto anormal nos ro- miento que hemos mencionado, solo nos 
considero dentro de mi sencilla pero dea y de ese yo personalista deseen- resta compórtanos como ellas requieren, 
firme opinión, es, nos será fácil recono- diente de\ amor propio, preguntémonos si es que no lo hacemos por olvido o 
cer que en tanto que seres humanos descansando en brazos de la sinceridad: porque el ambiente en que vivimos nos 
que por convencimiento y por sentir ¿Cumplo con mi deber en tanto que vaya dominando y si nos comportamos 
formamos la gran familia libertaria, no idealista? ¿Es mi conducta digna de tal cual el sentido de las mismas indi-
podemos, .habida cuenta de -as carne- cuanto me digo ser en el terreno de las can, redoblemos nuestra constancia 
teristicas humanas y sentimentales de ideas y como me menciono pensar? siendo cada dia más BUENOS y COM-
las ideas que nos son comunes, estar ¿Soy bueno y desinteresado para con PRENSIVOS. 
servación de la experimentación social 
verificada a través del tiempo y del es-
pacio por la humanidad y que la his-
toria señala y demuestra en sus pági-
nas sociales. 
Los anarquistas no creen posible un 
comunismo impuesto desde arriba, un 
comunismo de Estado a la manera ru-
sa,- y aunque fuese posible no lo que-
rrían ni se adaptarían a él, porque en-
tienden que el Estado no persigue más 
que un fin: limitar, encadenar, sujetar 
al individuo, subordinado a una «gene-
ralidad», como bien ha dicho Max Stir-
ncr. 
Esa «generalidad» queremos dese-
revoluciones escribieron siempre las pá 
ginas más bellas, gloriosas, poéticas y 
más nobles de la Historia. 
Nos dirijimos a ti, joven, porque eres 
la parte vital del pueblo, y la fuerza 
dimanante del entusiasmo y de la ge-
nerosidad para que comprendas que tu 
salvación y la del pueblo todo, no de-
pende de los cánticos de sirena de hom-
bres ídolos, que los hechos convierten 
en tiranos y demagogos. . 
Nosotros queremos que tú seas el 
dueño de tu destino, el artífice elocuen-
te pero sencillo de la libertad, quere-
mos evitar tu domestización que pre-
tende el Estado y las fuerzas negras 
que le acompañan; fuerzas que son 
las partes negativas de la humanidad 
en sus afanes progresistas. 
Tú debes acompañarnos a nuestros 
diaria de nuestro ambiente para que nobles propósitos que lo son deslizados 
los trabajadores y los pueblos en ge- de toda aspiración política, de toda pre-
nerai dejen de ser el" ingenuo de tantas benda y de toda vanidad ruidosa, que 
circunstancias y puedan ser librís y n a s entendido que el hombre por en-
adquirir su plena personalidad de crea- c ' m a de la ley y de la autoridad que 
dor iniciando con ello una nueva fase n a s llegado a comprender que el hom-
de la historia. D r e puede en todo momento ser HOM-
Por e_ta razón los libertarios quere- BRE, dueño y soberano de si mismo 
mos y lo hemos dicho muchas veces, f1 e l concierto de los hombres y de 
con la propaganda qeu es sana, el mo- ' a s pueblos libres. . 
vinolento y la acción propia, sean en Comprendiéndolo asi, a través de 
tiempos normales de evolución más o nuestro noble concepto ideológico, tó-
menos pacifica, sea en el curso de una d a I a trayectoria de la vida individual 
eventual revolución más o menos vio- v colectiva se mueve hacia la felicidad 
lenta, para llegar a establecer una or- ( l u e P ^ 3 nosotros estriba en la pleni-
ganización social en la que toda coer- t u d que solose realizará en la liber-
ción violenta y autoritaria del hombre t ad> e n I a tolerancia y en la justicia, 
por el hombre esté limitada y en con-
secuencia, esté eliminada también, to-
da explotación. 
Una sociedad así, sin gobierno y sin 
capitalismo, no estaría ya dividida en 
clases o castas privilegiadas y otras de-
fraudadas; es decir en ricos y pobres, 
consecuencia lógica de la desigualdad 
económica y social que hoy padecemos.. 
La autoridad concretada en todas las 
formas de Estado o de gobierno llá-
mese blanco o rojo, sólo sirvió siempre 
para crear nuevos privilegios, nuevas 
arbitrariedades, violencias, injusticias y 
terribles guerras, retrasando por esto el 
desarrollo de los generosos impulsos de 
La epopeya 
del acratismo hispano 
(Viene de la página 1) 
Hay millares de compañeros que caye-
ron en estrictos libertarios. Tengan, los 
neo-gubernamentalistas, la delicadeza de 
anotarse este dato. 
Aquella muchachada adscrita volun-
taria y entusiásticamente en la familia 
libertaria adoptó una finalidad muy. pre-
cisa, que los desarreglos morales de la 
hora no lograron disimular ni corrom-
per. Aquella multitud dinámica y em-
prendedora salida de los cuadros de la 
C.N.T. acabó por sentirse capaz de su-
perar la era contemplativa y pasar a 
otra experimentación. La epopeya doc-
trinal y plasmadora del acratismo espa-
ñol que va de 1870 a 1939 es formida-
ble, •majestuosa, y quienes a estas altu-
ras hablen de posiciones negativas, nie-
gan la luz de sus ojos. No hay movi-
miento filosófico o social en el mundo 
que en sesenta años haya adquirido la 
fuerza expansiva del nuestro. No hay 
religión en la tierra que del empirismo 
haya podido pasar al positivismo, que 
haya intentado situar el cielo en la tie-
rra tal como se ha hecho desde nues-
tro elemento. 
Las agrupaciones confederales de tra-
bajo ofrecen mucho que meditar a los 
pueblos. Hemos establecido la norma 
del «todos para uno, uno para todos», 
hemos acreditado el «no más deberes 
sin derechos, no más derechos .sin debe-
res». Las prédicas comunistas a la Pri-
mera Internacional, para la Revolución 
confederal española, no han sido letra 
muerta, sino lección viva y candente. 
Gracias a una constancia y a un dolor 
nuestros de muchos años, el proletaria-
do internacional puede exhibir, por vez 
primera en su historia, un ejemplo de 
vida libre, sin lobos ni parásitos, o un 
intento en efectivo de manumisión so-
cial. 
Vean los espíritus enfermos si de las 
imperfecciones y de los contratiempos 
qeu sufrimos durante y después de ¡a 
guerra, pueden sacar materia para abo-
nar su tesis derrotista, que nosotros, de 
la experiencia pasada y del dolor pre-
sente, pensamos extraer la consecuencia 
de algo hermoso y eficiente para el por-
venir. 
JUAN FERRER. 
Journal sorti des presses de la 
SOCIETE GENÉRALE D IMPRESSION 
(Cooperativa Ouvnere de production) 
Siége socio. : 26, rué Buffon. Toulouse 
Ateliers : 61, rué des Aniidonniers 
BOLETÍN DE SUSCRIPCIÓN 
Nombre y apellidos 
Dirección 
i 
Departamento 
Revista "CÉNIT" por un período de (1) 
enviando la cantidad de (2) 
Fecha 
se suscribe a la 
GIROS: "C.N.T." hebdomadaire , C.C.P. 1197-21, 4, ru« Belfort, TOU-
LOUSE (Haute-Garonne). 
(1) Trimestre, semeitre o aflo. — (2) 180 fi. i 360 fr. e 720 francos. 
V¿WVVVVVV^S^S<VVVVVVA/VVVVVVVVVVVVVVS*
,^V*VVVV^» 
(CONCLUSIÓN) 
Pero cuando el cristianismo devino religión del Esta-
do y poco a poco separó su causa de la de los opri-
midos, cuando la Marsellesa llegó a ser himno del im-
perialismo conquistador francés, cuando cada patrio-
tismo se encerró en el charco de su propio patriotismo 
y se transformó en egoísmo nacional; y los prinicipios 
que animaron a estas tres grandes revoluciones his-
tóricas se fraccionaron y vinieron a ser bandera par-
ticular de una casta, de una clase o de una nación, 
su fuerza ideal murió. No constituyeron ya más un 
ideal, justamente porque el ideal no soporta los limi-
tes de los confines nacionales, separación de casta o 
de clase, pues para ser «ideal» necesita dirigirse a 
todos, de modo que todas las mentes y todos los cora-
zones tengan la posibilidad de abrazorlo, y que a nin-
guno deba ser forzosamente extraño. 
El ideal que ha recogido, en la segunda mitad ie l 
siglo XIX, la herencia de los principios universales de 
la revolución cristiana (en la cual va incluida la revo-
lución del protestantismo), de la revolución de 1789-93 
y de la revolución patriótica de 1851-60, es el socia-
lismo, entendido no como un particular programa de 
los partidos políticos, que han conseguido monopoli-
zar el nombre, sino en el sentido más vasto de lucha 
y movimiento internacional por la emancipación in-
tegral del individuo y de la colectividad de todas ias 
explotaciones y de todas las dominaciones en todos 
los países. 
Aunque se haya insistido tanto en dar al socialismo 
un carácter exclusivo de reivindicación de una sola 
clase, es sin embargo siempre como ideal, aspiración 
de los hombres de todas las clases, que ejerce su 
mayor fascinación. 
Por el impulso de las necesidades y de los sufri-
mientos el mayor número de los adherentes al socia-
lismo lo da naturalmente la clase desheredada, que es 
la que más tiene que esperar de un cambio social. 
Por eso no basta para dar al socialismo un carácter 
exclusivo de clase; que si bastase no se explicaría por 
qué tantos de aquellos salidos de las clases oprimidas 
y obreras se hayan pasado al enemigo apenas tuvie-
ron la posibilidad, traicionando la propia fe y la pro-
pia clase. 
El socialismo es entonces, y sobre todo, un ideal 
humano y universal. Si perdiera ese carácter cesaría 
la muerte. Una demostración de hecho nos ha dado 
de ser un ideal y se encaminaría rápidamente hacia 
la tentativa de aplicación práctica y política del so-
cialismo que en Rusia ha tomado el nombre de bol-
chevismo (comunismo de Estado), que del socialismo 
no conserva más que el nombre. 
En Rusia, el «comunismo» no ha hecho sino susti-
tuir la dominación de los representantes de una clase 
y de un partido, a los representantes de otra clase y 
de otro partido; y además se ha transformado en 
política de un Estado o gobierno particular, en con-
currencia con los otros Estados sobre los mismos pla-
nos de la economía capitalista y de la diplomacia 
militarista e imperialista. El comunismo se contradice 
y reniega asi su mismo significado etimológico e his-
tórico y pierde su carácter de «ideal» humano, para 
no ser más que la fórmula, la razón comercial, el 
titulo político de los intereses de una nueva clase 
dominante, de un gobierno, del Estado de una sola 
nación, contra la clase todavía sujeta y explotada en 
Rusia, y motivo de desconfianza o de hostilidad por 
parte de todos los otros pueblos. 
Para tornar al socialismo, que es lo que más nos 
interesa porque es el ideal vivo y en actividad en 
el actual periodo histórico, digamos entonces que ello 
implica ciertamente una de las más importantes fun-
ciones a través y por medio dé las luchas de clases, 
pero no es la lucha de clases, si bien (para repetirlo 
con las palabras ya citadas de Colucci), «la domina, 
la envuelve, la dirige, la modera y la coordina a su 
EL IDEAL HU^IANC 
fin único y a su complexo idealista». En cierto modo 
podría decirse que la crea. 
Y ahora, después de todo eso, ¿qué puede signifi-
car el llamado «tornemos al ideal», tímidamente ex-
presado por algunos antes de la tremenda crisis esta-
lada en 1914? Quiere decir en sustancia, tomemos al 
ideal del socialismo. Pero puesto que desde 1870 en 
adelante el socialismo se ha dividido en tantas co-
rrientes y opuestas, ¿cuál es el socialismo que más 
merece el nombre nobilísimo de «ideal» y que está 
más vecino a la verdad, que más responde a las as-
piraciones de lo s pueblos, después del vendaval d e 
las derrotas y de las desilusiones sufridas en estos 
últimos diez años de dolor y de tragedia? 
Los pueblos están hoy sumamente fatigados. Pri-
mero la guerra con sus torrentes de sangre y su cor-
tejo de hambrey de muerte; luego la repentina y 
febril esperanza de liberación con sus convulsiones y 
sus tentativas desesperadas; más tarde aún las repre-
siones liberticidas y las tremendas crisis políticas y 
económicas; todo eso ha agotado las enregias popu-
lares en todos los países; y de este marasmo se está 
aprovechando la oligarquía financiera y estatal para 
apretar los frenos y consolidar su dominación. Pero 
las mentes no han cesado de vibrar ni los corazones 
de latir: y pensamietnos y sentimientos se van reu-
niendo en torno a nuevas aspiraciones, por un nuevo 
impulso hacia adelante de la civilización humana. 
¿Cuál es el ideal que más puede colmar la aspira-
ción eterna a una más elevada civilización, a un más 
amplio progreso? No hay más que una respuesta: el 
socialismo. ¿Y cuál socialismo? Aquel que más fiel a 
su origen ideal se conservó, que menos se desvió y 
degeneró, que menos transó oportunistamente con las 
mudables necesidades contingentes de tiempo y de 
lugar, que más íntegro se conservó, aunque hasta el 
nombre le haya sido arrebatado. 
En este sentido «retorno al ideal» significa retomo 
a las ideas que fueron elaboradas en el seno de la 
primera Asociación Internacional de los Trabajadores: 
ideas que fueron una continuación, una deducción ló-
gica, de los anteriores movimientos progresistas, como 
I is comunas, el renacimiento, la reforma, la revolu-
ción francesa, el 48, etc.; ideas generales y humanas 
de igualdad, de fraternidad, de paz, de justicia y de 
libertad, no ya entendidas en un sentido particularista 
y limitado, sino en su significado integral de libera-
ción de todas las individualidades y colectividades 
humanas de todas las formas de esclavitud política, 
económica y espiritual. 
Especialmente después que la concepción autorita-
ria y estatal del socialismo y de la revolución ha fra-
casado, sea como método legalitario deshaciéndose al 
contacto de la realidad de la guerra en 1914, sea 
como realización revolucionaria, en su expresión de-
mocrática en Germania y en su expresión dictatorial 
en Rusia, el retorno a las fuentes ideales del socialismo 
no puede ser interpretado sino como un reconocimiento 
de las razones ideales del anarquismo, sea como tenden-
cia del espritu, sea como programa realizable y reali-
zador. 
La anarquía es ahora la fórmula del progreso del si-
glo XX, como lucha contra el pasado y como conquista 
del porvenir. 
• 0 * 
Seria muy largo demostrar aquí por qué los anarquis-
tas son los que más fieles se han conservado, en la le-
tra y en el espíritu, a la tradición y a las ideas del so-
cialismo de la primera Internacional. Cuando haciendo 
abstracción de la práctica del momento, la Internacio-
nal quiere anticipar el porvenir y dar un objetivo finalista 
a sus luchas, levantarse hacia un programa idttal, ese 
programa fué anárquico tanto en las deliberaciones de 
sus congresos como en las afirmaciones de sus más cé-
lebres exponentes: de Marx a Bakunin, de Reclus a En-
gels, de Blanqui a Malón, de Cafiero a De Paepe, a 
Costa, Brouse, a Guesde., etc., etc. 
Algunos cambiaron o precisaron luego en sentido di-
verso sus ideas; pero al principio, en su origen, todos, 
aunque fuera por breves instantes, estuvieron concordes 
en afirmar la finalidad anárquica del movimiento :cciu-
lista. 
Aunque conservándose hasta el fin re'ativamente im-
parcial entre las varias corrientes que la dividían, y que 
conservaron todas el derecho de ciudadanía con iguales 
deberes y derechos, en su mayoría la Internacional, es-
pecialmente desde 1868 en adelante, se orientó siempre 
más hacia el socialismo libertario. Fué asi cómo los úl-
timos congresos parecieron verdaderos y propios congre-
sos anarquistas, culminando hacia 1880 con la defini-
tiva separación de Is dos corrientes del socialismo—la 
democrática y la anarquista—, cada una de las cuales 
tenia ya su fisonomía propia y constituía un movimien-
to autónomo e independiente el uno del otro. 
La corriente socialdemocrática y autoritaria llegó muy 
pronto, a través del parlamentarismo, a olvidar y hacer 
olvidar sus orígenes. En cambio, la corriente antiestatal 
y libertaria conservó intactas las afirmaciones teóricas e 
ideológicas de la Internacional, o las desarrolló si-
guiendo la trayectoria de partida, a excepción de algu-
nas fracciones de poco relieve que, a través del indivi-
dualismo, condujeron a quienes tenían prisa de saciar 
sus «necesidades» y de «vivir su vida» a desconocer el 
LUIS FABBRI 
nexo inquebrantable entre el individuo y la sociedad y 
a renegar por lo tanto en un sentido opuesto las razo-
nes ideales del anarquismo. 
.Retornar al ideal del socialismo significa entonces acep-
tar sin temor la lógica conclusión anarquista, lo que Pe-
dro Gori llamó «el coronamiento político del socialismo», 
la socialización de la libertad (permítasenos la expresión) 
como complemento y garantía de la socialización de la 
propiedad. El ideal anárquico resuelve en efecto el do-
ble problema del bienestar y de la libertad para todos, 
propugnando una organización social sobre la base de 
la solidaridad y del mutuo apoyo, por medio de aso-
ciaciones voluntarias de «productores trabajadores» para 
la producción, el cambio, los servicios públicos y la 
distribución, que aseguren a cada uno y a todos la sa-
tisfacción de las necesidades materiales, intelectuales y 
morales y en ausencia de poder coercitivo, la aplica-
ción de la máxima libertad individual y colectiva. 
He aquí por qué desde el fin de la Internacional (1880) 
en adelante, todo movimiento realmente socialista y re-
volucionario, que de tiempo en tiempo se ha determi-
nado y estallado espantando a los privilegiados y a los 
dominadores y reanimando a los desheredados y opri-
midos, ha tenido como consciente o inconsciente móvil 
de acción la tendencia anárquica o al anarquismo se 
acercó. 
El mismo sindicalismo revolucionario, que naufragó 
al pretender sustituirse a los partidos de ideas o se aco-
modó a nuevas, y se replegó nuevamente hacia el lefor-
mismo y el oportunismo cuando el error del propio 
unilateralismo económico y obrerista manduró sus últi-
mos frutos amargos (me refiero aquí especialmente a la 
Confederación General del Trabajo fraicesa, terminada 
tan lastimeramente con la guerra), en su origen y hasta 
que no rebasó los limites y funciones de «método re-
volucionario y libertario de acción y organización sin-
dical», y como tal tuvo un hermoso período de esplen-
dor y de éxito, apareció de tal modo saturado de anar-
quismo que muchos, y fué otro error, lo creyeron la 
misma cosa que la anarquía y pensaron que pudiese 
sustituirla. 
Era en los tiempos en que George Sorel veía en el 
anarquista elloutier «un gran servidor del pueblo» y en 
los anarquistas, a quienes habían demostrado con los 
hechos, entrando en los sindicatos, que «se puede ac-
tuar, organizar a los obreros y hacer cosas prácticas 
excelentes en el presente y plenas de porvenir, sin de-
generar.» 
«La síntesis social que la sociedad burguesa ha roto 
—escribía Arturo Labriola—separando al hombre del 
ciudadano, el sindicato trata de reconstruirla... con una 
serie de esfuerzos constantes. El resultado de todos es-
tos esfuerzos es la recomposición de aquella síntesis so-
cial... que instaura el gobierno autónomo de la produc-
ción, es decir aquella organización social que todos los 
socialistas desde Proudhon a Marx han llamado anar-
quía.» 
Cada vez, en suma, que se ha querido remontar de 
la práctica a la doctrina, de lo particular a lo general, 
de las ideas contingentes a un ideal de progreso huma-
no en perpetuo devenir, siempre se ha llegado a con-
clusiones anárquicas. Aun sin saberlo, sin conocerse uno 
a otro, sin habérselo propuesto, y partiendo de los más 
diversos puntos de vista, desarrollando sus ideas en los 
campos de investigación más apartados, una infinidad 
de pensadores y hombres de ciencia, de apóstoles y de 
hombres de acción, han arribado concordantemente a 
este resultado, que ya J. G. Fitche anticipaba en1794, 
mientras la revolución francesa, alcanzado el ápice de la 
parábola ascendente, comenzaba su rápida y trágica caí-
da: que el progreso humano avanza con un canstante 
disminuir de la autoridad estatal y con un paralelo 
aumento de la libertad individual y colectiva. 
«El punto señalado sobre la linea de la evolución tra-
zada al género humano es aquel en el cual todas las 
organizaciones estatales serán superfluas. Es el momen-
to en que, en lugar de la fuerza o de la astucia, la 
razón será reconocida universalmente como supremo 
juez. . Mientras no llegue ese momento no podremos 
tampoco llamarnos verdaderos hombres». La palabra 
«anarquía» no había sido pronunciada aún, pero la idea 
estaba ya en camino. La idea de libertad desde que 
logró su tentativa de realizarse politicamente a través 
de la democratización del Estado, aun antes de hallar 
en el socialismo la vía de salir seriamente de las abs-
tracciones resolviendo el problema de la miseria, era ya 
tendencialmente una aspiración anárquica. 
¡Cuántos de aquellos que, en estos últimos cien años, 
en el ramo especial de su ciencia o en el campo par-
ticular de su propia actividad, han cooperado con el 
pensamiento y con la acción a extirpar hasta las más 
pequeñas y casi invisibles raíces del principio de auto-
ridad y contribuido aunque sea mínimamente a exten-
der el radio de expansión de la libertad, cuántos de 
ellos quedarían maravillados y hasta sin duda indignados 
si se les dijera que han trabajado por la anarquía 
n a » 
Pero seria grave error concluir de todo eso que el 
porvenir del progreso humano sea una cosa tan segura 
y fatal como el curso de un rio que va inevitablemente 
hacia la desembocadura y no puede detenerse ni re-
montar hacia las fuentes. 
Los sucesos humanos no siguen una linea constante 
ni obedecen a una ley siempre igual de desarrollo. No 
tienen una lógica a la cual estén forzosamente subordi-
nados, o tienen sólo aquella lógica que los hombres de-
ducen después que los hechos se han producido. En los 
hechos humanos, hay un elemento, un factor imponde-
rable pero importantísimo, que turba, acelera, retarda o 
detiene su marcha: la voluntad. La piedra que cae no 
puede escapar a la ley elementar de la caida de los 
cuerpos; el hombre en cambio, no obstante estar sujeto 
a las mismas leyes naturales, puede por obra de su vo-
luntad servirse de una ley natural contraponiéndola a 
otra y anular prácticamente sus efectos u obtenerlos 
diversos, u opuestos también, a aquellos que se habrían 
producido sin la intervención de la voluntad humana. 
Si, pues, las relaciones entre el hombre y las cosas in-
animadass están siempre sujetas a leye que pueden en 
cierto modo hacer prever los desarrollos posibles, las 
relaciones entre hombre y hombre, entre colectividad v 
colectividad de seres más o menos «voluntaristas», es-
capan a todo determinismo aprioristico, a todo fatalis-
mo, a todo automatismo. Cuando con tal motivo se ha-
bla de inevitabilidad, de «lógica de las cosas», etc., se 
trata de simples modos de ver, o si no de relaciones li-
mitadísimas y de breve duración, y sobre todo de una 
ilusión de nuestra mente, que tiene por fatales ciertos 
hechos acaecidos sólo porque han ocurrido o cree in-
evitables otros hechos todavía no acaecidos sólo porque 
desea que ocurran. 
El progreso humano hacia una siempre mayor liber-
tad y un mayor bienestar de los pueblos es, pues, sobre 
todo, un deseo nuestro, algo que nosotros queremos y 
no un beneficio que nos viene naturalmente como las 
flores qn primavera y los frutos en otoño. Y si hay gente 
que quiera lo contrario, y lo quiera más fuertemente 
que nosotros, y no hallamos en nosotros mismos la fuer-
za, la habilidad, la ciencia y el impulso para comba-
tirla y vencerla, todo progreso puede venir a menos, 
transformarse en regreso y desmentir todas las más gran-
des aspiraciones humanas. 
Una ley fatal del «progreso indefinido», que era casi 
una fe para los positivistas del siglo pasado, no existe. 
«No todas las revoluciones son fatalmente un progreso, 
como no toda las evoluciones están siempre orientadas 
hacia la justicia», decía Reclus. La historia humana 
procede por acciones, reacciones y revoluciones, sin ló-
gica y norma constante, justamente por la intervención 
de la voluntad, del juego de las voluntades opuestas, 
cuyos resultados son a menudo de los más ilógicos que 
se hubiera podido imaginar, sea en buen o en mal sen-
tido. Pero eso no debe hacernos escépticos. Al contra-
rio, debe inspirarnos mayor confianza en nosotros mis-
mos, enseñándonos que, cuando se quiere una cosa, no 
nos debemos detener a los primeros pasos ante una apa-
rente sinrazón. 
El progreso no se producirá, o se producirá en sen-
tido distinto y tal vez opuesto de lo que nosotros lla-
mamos progreso—es decir, hacia un régimen de mayor 
sujeción, esclavitud y miseria para la mayoría—, si aque-
llos que desean el progreso en sentido Ubertario e igua-
litario no se lo labran con sus propias manos, no lo 
apresuran con sus esfuerzos conscientes y asociados, con 
su sacrificio y el riesgo de sus vidas. 
El ideal humano que responde a las necesidades y a 
las más hondas aspiraciones del hombre a la paz en la 
fraternidad, al bienestar en el trabajo, a la libertad en 
el apoyo mutuo, a la justicia en la igualdad, al amor 
en la devoción reciproca—ideal que, a través de la 
evolución del pensamiento y el movimiento de los he-
chos sociales, ha terminado por concretarse en el pro-
grama de la anarquía—, este ideal espera de los hom-
bres su traducción en la realidad. Permanecerá >una 
utopia mientras los hombres, o un número suficiente de 
hombres, no la quieran o se limiten a soñarla como una 
posibilidad muy lejana. 
La realización de la anarquía será, en cambio, un he-
cho cumplido, aun para una colectividad y sobre terri-
torios relativamente limitados, si ha sabido traducirse en 
fe ardiente, vale decir, en voluntad firme y decidida de 
alcanzarla, en el corazón y la inteligencia de un número 
de hombres bastante esforzados para libertarse primero, 
y para proveer después con el trabajo a la producción 
necesaria a la propia vida como a defender a la nueva 
sociedad contra los asaltos extemos con sus propias 
fuerzas. 
Monín le dijo a Kiko: 
H% A Subid una mona a un nogal, 
WmjK Y cogiendo una nuez verde, 
¿ J g En la cascara la muerde; 
Lo que le supo muy mal. 
Arrojóla el animal, 
Y se quedo sin comer. 
MBRETTE ET LA GRENOUILLE-TAURE 
IL y a bien longtemps, une fa- nouilles, qui cherchaient a s'é- La Grenouille-Taureau les prit se posa á cóté de la maitresse de grenouilles épouvantées, elle de-
mille de Hottentots v i v a i t chapper. rhacune j a r une patte et nageant ballet. manda : N'avez-vous pas remar-
prés d'un vlei qui le plus sou- Tous les matins, Bullfrog, la avec vigueur les ramena a la sur- — Qu'est-ce qui te prend, qu'est- qué que mes notes résonnent de 
vent était plein d'eau. C'étaient Grenouille-Taureau, maitresse de face. ce qui te prend, Bul l? plus en plus comme des cloches? 
des gens heureux, le pére, la me- ballet, réunissait les grenouilles Asseyez-vous sur ce rocher, L'autre roula des yeux mécon- L'ombrette leur jeta un regard 
re et quatre enfants. l is habi- au fond du bassin afin de régler petites grenouilles vertes, dit-elle, tents et sans s'arréter, fixa l'oi- sévére. Elles étaient fort embar 
taient un solide rondawel fait de leurs entrechats, de les faire e¿ écoutez. 
jones et decoré á l'intérieur de chanter en cherur, enfin de pré- T o u t ¿ s d e la 
pointait hors de l'eau et toute 
une compagine de ees petites bé-
nombreuses peaux de bétes prou- parer pour le soir une représen-
vant que le pére était un habile tation capable de distraire le 
seau comme pour diré : Comment rassées. Fallait-il risquer de lui 
une roche o s e s - t u interrompre une grande déplairc ou mécontenter la Gre-
artiste ? 
A quoi penses-tu, a quoi pen-
nouille-Taureau ? L'oiseau les ter-
rifiait car il était cause de leur 
chasseur. GrandSerpent. Elle était vieille t e g g e r e p o s a i t e n a t tendant la
 s e s " t u ? continua l'ombrette. Le transformation. 
Les deux garcons et leurs soeur et poussive, ne pouvait plus dan- r e p r é s e n t a t i o n d u s o i r 
jouaient volontiers pres du vlei, ser, mais c'etait un professeur 
et l'ombrette, cet oiseau a huppe, compétent et, bien que sévére, 
soleil est encoré haut dans le ciel Avant méme qu'elles eussent 
et te voilá chantant a tue-téte. trouvé une réponse, celui-ci écla-
C'est ridicule. Qu'est-ce que va ta de rire. — Kraaaak... kraak, kraak! 
les observait souvent. En gran- joyeuse et de bonne humeur, a coassa Bullfrog d'une voix puis- d i r e l e Grand Serpent si le chef Par ma huppe! s'écria-t-il, 
dissant, les enfants s'enhardirent condition de ne pas étre irritée sante qu'on entendait á une lieue d e s choeurs est enroué avant le mais voici bien ees enfants mas-
et s'approchérent de plus en plus par ses eleves. Dans ees cas-lá, a l a ronde, assourdissant les pau- c o n c e r t ? sacreurs de grenouilles'.... Tiens... 
prés de l'eau, bien que les pa- les yeux lui sortaient de la tete v f e s Petites nouvelles qui étaient _ F e r m e t on bec, ombrette, tiens !... 
rents leur eussent vivement re- comme des bailes prétes á frap- b i e n t r o P effrayées pour protes- c o a s s a Bullfrog. Une voix aussi Comment avait-il pu les recon-
commandé de ne pas la troubler, per les recalcitrantes. Toutefois t e r - assouplie que la mienne ne s'en- naitre ? 
car c'était le seul bassin sur des sa colére tombait vite, et les pe- Au bord du vlei, l'ombrette ees- roue jamáis, au contraire, elle — Oui, oui, je sais qui vous 
kiloméires á la ronde. tites danseuses connaissaient un sa d'aller et de venir, étendit ses s'améliore en chantant. Et se étes. Cela vous étonne, heln? 
L'ombrette ne disait rien, elle bon moyen de la calmer : 
se contentait d'envoyer des coups * — Maitresse, lui disaient-elles, 
de bec aux grenouilles qui, per- chantez-nous une belle chanson, 
dues dans la contemplation de la nous sommes si fatiguées! 
ailes, et volant au ras de l'eau, tournant vers les deux petites L'ombrette est tres savante, vous 
campagne, s'attardaient prés des 
bords. 
Et Bullfrog, qui se croyait une 
chanteuse émérite, acquiescait 
Un jour, la mere envoya ses volontiers. Au premier coasse-
- *-. -a _a t r i o n t t ' J h o i i n h a e ' n i i t p a i t órw»i«_ 
fils chercher de l'eau afin de cui 
re du mil. l is coururent jusqu'au 
vlei et virent une petite gre-
nouille qui avait sauté sur le bord 
tandis que l'ombrette se prome 
ment, sa bouche s'ouvrait enor-
me et ses yeux prenaient un re-
gard inspiré. 
— Kraak, kraak, kraak! coas-
sait-elle, et les petites grenouilles 
nait de í'autre cóté. Les méchants se couchaient sur le dos dans la 
garnements se mirent a lui jeter yase douce et verte, agitant leurs 
des pierres, s'encourageant a qui Jambes en cadenee sur l'air qui 
viserait le mieux. L'oiseau s'aper- ne variait (fuere. 
cevant de ce jeu cruel vola en Lorsque les deux grenouilles 
toute háte au-dessus de leur tete Qui avaient été de petits Hotten-
en criant • t o t s arriverent au fond de l'eau, 
Cessez' Cessez < Vous le re- B u l , f r 0 * , e u r «>uhaita l a b ienve-— Cessez. cessez . vous ie r ^ ^ ^ i n s U , l a s u f u n { k p i e r r e 
gretterez.... moussue afin qu'elles assistassent 
Mais un des garcons lui lanca a la lecon. 
un caillou, t a n d i s que l'autre —Jambe gauche, tendez le cou, 
cherchait á frapper la grenouille. rentrez jambe gauche et le cou. 
L'ombrette, furieuse, partit faire Jambe droite en avant, tendez le 
son rapport au Grand Serpent Cou. Rentrez la jambe et le cou... 
des Eaux, qui lui donna ses ins- Le corps de ballet suivait ses 
tructions. La mere, impatientée, ordres a la perfection, surtout 
appela les enfants, qui se dépé- aujourd'hui oü il y avait des 
chérent de lui apporter l'eau de- spectateurs. 
mandée. — Rentrez les jambes. Pliez-
Toutefois ils avaient trouvé le **»; attention! sautez! 
jeu fort amusant, et le lende- Toute la bande bondit en une 
main revinrent au bord du vlei. s eule Hgne avec un ensemble par-
II n'y avait plus de petite béte fait. L'eau tourbillonnait sur la 
curiDuse sur la berge, a!ors pour tete de chacune des danseuses. 
observer le fond de l'eau ils mi- ("était un spectacle impression-
rent le pied sur de larges feuil- n ant . 
les de ncnuphars, croyant qu'el- — Eh bien, mes enfants, de-
les sunporteraient l e u r poids, manda Bullfrog, que dites-vous 
mais elles cédérent; ils s'enfon- de ce la? hein ? 
cerent et pendant qu'üs plon- — C'est magnifique, madame!... 
geaint, le G r a n d Serpant les — Vous en ferez bientót autant, 
chancea en grenouilles. Aussitót, assura la Grenouille-Taureau en 
LAS AYCWTIJRAS DE NONO 
m a M I S DE AUTONOMÍA 
(Continuación.) 
Te hablo un lenguaje poco compren-
sible para tu edad; pero cuando, por 
intimidado al verse objeto de todas las bula cestitos y pequeñas herramientas 
miradas. apropiads sus fuerzas. Todos tendían 
— Yo me llamo Mab, — repuso la las manos, gritando: 
ignorancia y no por mala inclinación, te ale^re Viruela; - si quieres seremos - ;A nú, a mi, Labor! 
cantaradas; tu figura me agrada: te en- — Y mi hermana Liberta, ¿no ten-
señaré nuestros juegos, y ya ceras có- drá hoy quien le ayude? — dijo Labor 
mo se pasa aqui la vida alegremente, sonriendo y señalando una mujer joven 
Por lo tanto no hay maestros que cas- vestida con un ropaje flotante, color 
tiguen ni fastidien obligando a una verde mar y que llevaba la cabellera 
engañes, a tu lado me tendrás para ayu 
darte. 
No temas, ven, voy a conducirle cer 
ca de compañeros de tu edad que te 
enseñarán mejor que yo a ser como se " 6 , , . I Z , r 6 T — 7 • u i *r ,T 
. • ' * ^ ~ * • quietud enojosa. Luego te presentare suelta tobre la espalda. 
Y Nono vio cerca de vi -un carro ti-
rado por seis hermosa, cinüeñas j j . chos; ya conocerás a todos. 
A un signo de la dama, mudo de ad- y Jadu dirigiéndose a Han<: 
miración, tomo asiento cerca de ella en _ iVefdad ^ qu¡ms ^ a¡mam 
a mis amigos Hans y Biquetfif, mis _ Y o he ido esta mañana, —\ 
mejores camaradas; pero^ hay otros mu- ron vari0s niñoí¡ y nihas 
— Ya iré yo — dijo Biquette. 
dije-
el carro, y tomando su vuelo las cigue- d f l ^ n u W ^ ^ fe ^ ¿ n 
ñas se elevaron en los aires. El joven ¿ ^ al nombrado 
viajero vio desaparecer^ poco a poco los _ Seguramente, - dijo el personaje, 
detalles de la campiña que parecían que h men0s repTesent'aba diez a ñ ¿ 4 , 
desfilar bajo sus pie'; los bosques se _ con m ¡ea campechan0 
hacían cada vez más pequeños hasta el ¿Cuántos años tienes? — preguntó a 
verde de su follaje semejaba el tapiz de Nono. 
una pradera. _ Nueve. 
Después de haber recorrido cierto ¿£)e dónde vienes? 
tiempo las alturas, las cigüeñas bajaron Una rubia de siete años. 
— Y yo también, — dijeron otros, 
y tomando pequeños cubos que la mu-
jer les acercaba, la siguieron hacia un 
edificio si'.-uado al extremo de aquel 
campo. 
Nono miraba iin decir palabra, per-
maneciendo cerca de Mab y de Hans, 
que no se movieron del lado de Labor. 
— Toma, pues un cestillo, — dijo 
preguntó Hans, tocando a Nono con el codo. — 
¡Labor, un cestillo para el nuevo! 
l'ombrette ;;ortit de sa cachette leur envoyant une petite tape 
derriére les buissons et vola au- amicale. AHez, remontez toutes j /a» alturas, que resultó ser un palacio 
dessus du bassin en criant : « Je au soleil, ajouta-t-elle, s'adressant l magn'/"co 
el vuelo acercándose a la tierra Nono . ¡Qué curiosa es esta D e í i a / . _ ¡Ah, ere¡¡ tu el Solidaria ha 
vtó dibujarse en primer término las co- dijo Mab. tomado bajo su protección, ~ dijo La-
linas, luego los nos después distinguió — Respóndele qué le importa, — di- bor. — Aproxímate, muchacho. Ya veo 
los árboles y por último -un edificio qu* j0 uno de los presentes. Aquí nadie que tienes amigos. ¿Crees que estarás 
le pareció como un juguete en medio se ocupa de donde se viene; con ser aquí contento? 
de un jardíninmenso, que se adivinaba _ _ ^ ^ _ _ ^ ^ _ _ _ _ _ ^ _ _ _ ^ _ _ ^ ^ _ _ „ . ... ., , 
' 17 . j » ™ ™ ™ « ^ ^ ^ ^ ™ ^ M — M ^ M ^ B I ^ M ^ ^ ™ — Creo que si, dúo nono tomando 
por sus territorios cubiertos de musgo 
y por sus parterres de variado' colores. 
En el jardín se paseaban multitud de 
personajes que parecían divertirse \ } - "- " ' - ^ A > v ~ y° e^ou seZuro de e>l°- Ve con 
u . , . ,. ,. . . , V v-^" _ iKP" \ X. tus companeros que te esperan y te 
Hacia aquel jardín se dirigieron las j ™ ^ £ \ I V \ \ \ enseñarán lo que ha de hacerse, 
cigüeñas, deportando los viajeros al pie JT^ 2 M I \ \ \ \ Terminada la distribución de los ees 
^ Mmj\ I) tillas, los niños se dividieron en grupos 
esparciéndose por el plantío de árboles 
frutales que limitaba aquel campo, del le savais... je l'avais bien dit!... » a sa troupe, et je vais chanter 
P«ia elle se posa sur le rivage et pour vous, les nouvelles venues. 
continua de surveiller les gre- Suivez-moi. 
- ¡ Ayuda a tu madre! 
- ¿ A qué ? 
- A romper platos. 
A la llegada del carro, aquellos que 
Nono había percibido, que eran niñas 
y niños de los cuales el mayor apenas 
tendría doce años, se acercaron, y cuan-
do descendió la compañera de Nono 
todos se precipitaron hacia ella con 
aclamaciones de alegría. 
—¡Solidaria! ¡Nuestra buena Solida-
ría! ¡Viva Solidaria! — gritaban. — 
Queríamos saber, sin poder conseguir-
lo, dónde os habíais dirigido. Nos !ia-
béis dejado sin advertirnos antes. 
— ¡Vaya, vaya! — decía la dama, 
que no podía satisfacer a tanto chi-
quillo que se empinaba a su alrededor 
con la esperanza de obtener una cari-
cia, un beso o una palabra cariñosa; 
— si os echáis sobre mi de esa mane-
ra consegueréis derribarme. 
Os reservo una sorpresa; ya lo veis: 
he ido a buscaros un nuevo compañe-
ro. Cuento con vosotros para ponerle al 
corriente de nuestro género de vida, y buen compañero basta. Vamos a 
hacérsela agradable para que disfrute gar. 
- ¿Qué has aprendido 
hoy en la escuela? 
- Hoy he aprendido a 
comer bombones de-
bajo de la mesa. 
el cesto y la herramienta que le pre-
sentaba Labor. 
cual estaba separado por postes que 
sostenían enrejados para sostener fres-
cos y pendientes los frutos dorados y 
toda cía e de árboles frutales. 
—Ven, Delia; deja a los otros que 
van cus Liberta a ordeñar las vacas. A 
mi también me gusta la leche; pero 
no me divierte andar detrás de aque-
llos animales, que me hacen temer 
siempre que me den una patada; es 
mucho mái divertido gatear por los 
árboles. 
—A mi—repuso Hans—, me gusta 
trabajar en los establos. No hay peli-
gro de que las vacas hagan; esas bue-
nas bestias son bien tranquilas; pero 
yo he estado esta mañana, y no me 
gusta hacer dos veces seguidas la mis-
ma faena. 
Algunos ottV>s kiiño.s *e unieron al 
grupo de Nono, Hans y Delia. 
—¿Qué vais a coger?—dijo uno de 
ellos. 
—No sé. ¿Qué' prefieres tú?—dijo 
de ella con 'alegría. ' ' Y tomando a Nono por la mano, le Hans dirigiéndose a Nono. Ya ves, hay 
Y añadió dirigiéndose hacia Nono: dijo: uo»*, melocotones, peras, ciruelas, ba-
— No te alejes n-jnca de tus com- — ¡Quieres visitar el jardín» nanas- ananas, grosellas y fresas: M-
pañeros; porque nuestro enemigo Mo- — Con mucho gusto. coge. 
nadio, rey de Argirocracia, envía sus — Te olvidas que pronto será la ho- ' conn
 e ' ademán señalaba a Nono 
emi'arios a rondar por el bosque que ra de hacer la recolección para la ce- e^ amplio plantío donde se hallaban 
circuye nuestra posesión, y sus geniza- "", — dijo una señorita de nueve años: reunidos, no sólo los frutos de todas 
ros echan mano, para reducirlos a es- ésta era Biquette, de quien había ha- *"* latitudes, sino qve al mismo tiem-
clavitud, de los imprudentes que se blado Mab. Vo _ maduraban los de las diversas c -
ponen fuera del alcance de nuestro so- — Tienes razón; me olvidaba de taciones; donde los árboles de la mis-
corro, ello. Ya lo verás mañana. Vamos a bus- ""* especie se hallaban en todos los 
Luego, dirigiendo una última sonri- w nuestros canastillo*. grados de madurez, desde la flor h.as-
«a de animación y cariño a los niñjjs, Y la banda se dirigió hacia un cam- to el fr"to m a d u r " !/ dispuesto vara 
se remontó en una nube que la ocultó po donde se hallaba un hombre de ser.,.C?P, 
a sus miradas. gran estatura y aspecto vigoroso, que, ñauábanse en aquel momento al pie 
Los niños se dispersaron, exceptúan- con sus brazos musculosos remangados df„un soberbio cerezo, que ostentaba 
do algunos que quedaron para exami- y su fisonomía de rasgos enérgicos hellXsimas cerezas, negras y carnosas, 
nar al recién llegado. caracterizaba la fuerza y la energía; la ~¡Ohl cerezas. ¡Cuánto tiempo ha-
— ¿cómo te llamas? — preguntó a dulzura de su mirada corregía lo que ce aue no las he comido—dijo Nono, 
Nono una niña de a.pedo un tanto jn- hubiera podido haber de excesivamen- engolosinado por los frutos que pen-
caresco que no pasaba de ocho años, te severo en la expresión de su rostro, ^ian sobre su cabeza. 
— Nono, — respondió el pobrecillo. Rodeado por los niños, les distri- il'.i.itininrá.) 
/u-
pouvez me croire. Jamáis des gre-
nouilles nées au fond de l'eau, ne 
sont pourvues, a votre age, de 
jambes et de bras aussi dévelop-
pés. Nous ne permettons pas a 
nos bebés de faire des Bétises, 
non, mes amis. Ces jambes et ees 
bras, nous ne les leur accordons 
qu'á l'áge de raison. Si les Hot-
tentots avaient un peu de bon 
sens, ils feraient de méme et 
leurs enfants éviteraient bien des 
malheurs'. 
— Oh! Ombrette, reverrons-
nous jamáis nos parents ? 
L'oiseau cligna de sa paupiere 
droite si lentement qu'ils en fu-
rent ébahis. 
— Qui sait ? Qui sait ?... caque-
ta-t-il. Puis étendant les ailes, il 
partit par-dessus le bassin en 
criant : Faut que je m'en aille, 
faut que je m'en aille... 
La Grenouille-Taureau envoya 
un coup de pied amical aux pe-
tites grenouilles. 
— Reposez-vous, verdettes, re-
posez-vous... Nous aurons une bel-
le représentation ce soir. 
L'oiseau alia se poser sur le 
rondawel des parents hottentots 
en criant : 
— J'ai des nouvelles... J'ai des 
nouvelles... 
Le pére, la mere et les deux 
petites fijles sortirent en toute 
háte, conscients que l'ombrette 
sait bien des choses que les hom-
mes ignorent. 
Celle-ci les considera du haut 
du toit. 
— Vos deux fils sont changés 
en grenouilles, annon«;a-t-elle. 
La mere éclata en pleurs et le 
pére devint blanc de rage. 
— C'est ta faute, oiseau cruel! 
s'écria-t-il. 
— Je ne suis pas cruel, ce sont 
tes fils qui l'ont été, ils ont at-
taqué d'inoffensives grenouilles, 
d'innocentes petites bétes qu'af-
fectionne le Grand Serpent. 
— Mais comment les retrou-
ver ? sanglota la mere. 
— Lorsque vos bonnes actions 
dépasseront les mauvaises dont 
vos fils sont coupables. 
— Je ferai tout ce que vous me 
direz, gémit la mere. 
Mais le pére ne pouvait maítri-
ser sa colére. 
— Ces enfants ont désobéi á 
leur mere, mais ils étaient in-
conscients du mal qu'ils pou-
vaient faire aux grenouilles. 
— Ils apprendront, répondit 
l'ombrette qui s'envola en caque-
tant : « Faut que je m'en aille, 
faut que je m'en aille », et elle 
disparut dans le ciel. 
Les deux petites filies avaient 
écouté en silence. Elles aimaient 
beaucoup leurs fréres et ressen-
taient douloureusement leur ab-
sence. Cette nuit-lá tres tard elles 
se glissérent hors de la hutte, 
tandis que leurs parents dor-
maient, e' allérent au bord du 
vlei. L'eau était tres calme et la 
lune montait haut dans le ciel. 
Les chants rythmés des grenouil-
les remplissaient l'air, le concert 
donné au Grand Serpent battait 
son plein. 
— Kraak, kraak, kraak, chan-
tait un groupe, et l'autre répon-
dait : Krippeti, krippeti, krippe-
ti, krip. Le contrepoint était par-
fait et une des filies chuchota ! 
— Le Grand Serpent doit étre 
satisfait ce soir, la musique est 
splendide. 
— Je crois que nos fréres chan-
tent dans le choeur Krippeti-krip, 
répondit l'autre. Elles s'assirent 
toutes deux sur une pierre et, 
malgré leur frayeur,écoutérent 
pendant une grande heure. 
De son nid au-dessus du bassin, 
l'ombrette les apercut toutes tris-
tes au bord de l'eau et son re-
gard s'adoucit. 
— Pauvres enfants, elles se 
sentent bien seules, se dit-il. 
A présent, les grenouilles com-
mencaient le ballet. L'eau jail-
lissait sous leurs ébats ou ondu-
lait en vaguelettes pendant que 
les petites bétes sautaient. Le 
flouc, flouc des danseuses se dé-
menant dans la vase montrait 
combien elles y allaient de bon 
coeur. Les fillettes, tres intéres-
sées, tournaient la tete á droite 
ou á gauche lorsque les danseu-
ses sautaient au-dessus de la sur-
face du bassin et replongeaient 
de nouveau. 
« Leurs fréres leur manquent, 
se dit l'oiseau. Elles ont du cha-
grín. » Et comme malgré son as-
pect sévére, il avait du coeur, il 
résolut de faire quelque chose 
pour elles. 
Les petites se penchérent sur 
le bassin pour voir les grenouil-
les de plus prés. L'ombrette vola 
hors du nid, plana sur leurs tetes 
et plouc! Elles tombérent la tete 
la premiére dans le vlei et se 
transformérent, immédiatement, 
en deux beaux pieds de nénu-
phar dont les feuilles fiottaient. 
Le lendemain, á l'heure de la 
récréation, les grenouilles décou-
vrirent ces plantes nouvelles. 
— Elles sont magnifiques, cria 
une des meilleures danseuses, les 
feuüles sont larges et bien lisses, 
on peut s'y étendre á l'aise et s'y 
rsposer longtemps. 
— Tandis que les autres nénu-
phars sont paresseux, reprit une 
de ses compagnes. On n'a pas 
eu le temps de prendre un bon 
bain de soleil qu'ils se referment 
déjá. 
(A suivre.) 
t»^^w» *»+At" ***&*" ***At> 
	Ruta_1951_02_18_n282_01.pdf
	Ruta_1951_02_18_n282_02.pdf
	Ruta_1951_02_18_n282_03.pdf
	Ruta_1951_02_18_n282_04.pdf