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I Annóe V i l
ROUTE, h e b d o m a d a i n
d» la (J¡.3.Q.£. en (Jutnce
Prix 1 2 francs
I B F E B R E R O 1 9 5 1
N° 2 8 2
R é d a c t i o n e l A d m i n i s t r s t i o n
4, rué Belforí, 4 — TOULOUSE (Haute-Cnronne>
§ica¿ n l'rihlo IftenaiyeA
C . C . P o s t a l N ' 1 3 2 8 - 7 9 T O U I O U S C (Hle-Gn«) ázjQCjrx& da \a¿%s^lmijmi en^zanala-
/la civilización áe mide poz el encum-
azamiento moral, máá que poz la cul.
tuza científica: quien al mínimum de
eqotémo zeune el máximum de conmi-
éezacion u deápzendimienlo, áe llama
civilizado; quien todo lo poApone al
intezéá individual faciendo de áu uo
el cenizo del univezéo, defae llamazáe
vázvazo; máá que vázbazo, ave de
zapiha.
| U u . A w ^ m t t m . u w n u » « » . A « m » m . t » ^
¿LA POLÍTICA ESPAHOLA?
¿LA POLÍTICA itlTERüfiCiOlIOL?
| i El deber de la juventud
^ ^ ^ ^ ^ ^ ^ libertaria! I I
ERMITAÑOS el lector que no hablemos hoy de la actual i -
dad política de E s p a ñ a ; cuanto allí sucede es t an extre-
m a m e n t e bochornoso, es t an hor r ip i lan te , que la sola idea | j
de examinar el contenido de la prensa fascista produce náuseas.
El problema español, t an debat ido en las esferas políticas
mundiales , ya no es problema ni pa ra moros n i pa ra cris t ianos.
Es amigo de «cunos» el fascismo hispano, porque a «unos» les
in teresa esa amis tad , a pesar del lodo que ella lleva consigo;
y enemigo de «otros» porque es amigo de los primeros. No hay
n inguna cuestión moral que cuente, y, por lo tan to , nadie pue-
de pretender que se eleven voces poderosas an te el imperat ivo
de la dolorosa imagen de nus t ro Pueblo esclavizado.
España tiene en su haber su posición geográfica y «su» ejér-
cito. Nada m á s y n a d a menos. Y eso es lo que cuenta pa ra quie-
nes la mora l , la dignidad y la vergüenza son t ras tos absoluta-
mente inútiles en estos t iempos t a n extraordinar ios .
• * •
No hablemos, tampoco, de la actual idad política in ternacio-
nal . También ella produce náuseas ; como el problema español,
como todo lo que de la política—en la in terpre tac ión que de ta l
pa labra t ienen Stalin, T ruman y o t ras estrellas del e s t a t i s m o -
emana .
Va hay agresor pa ra las Naciones Unidas. Va existe una
( h i ñ a belicista y agresora. Va todo marcha como sobre ruedas.
V el prestigio amer icano no h a sido mermado , ni h a perdido
nada de su deslumbrador brillo... a fuer de sinceros, poco envi-
diable.
Sin embargo, n a d a parece afianzar las posibilidades de paz.
Nada permite creer que el gran pa t r i a rca de los hombres con ¡
coleta no sentirá—y lo ha sentido—su prestigio mermado. En ¡
consecuencia, cabe esperar que su reacción sea idént ica a la del i
prestigioso Estado que combate en las cercanías de Seúl con ¡
verdadera furia. '
i
* • *
¿lie qué hablaremos, pues, en este editorial? Cosas no tal- ¡
tan, acaso sob ran ; pero será necesario que solamente digamos J
a nues t ros jóvenes lectores que por encima de la ola de barba- i
r ismo que a r remete contra los hombres , que por encima de las ¡
LAS HIENAS
en ha
pasiones desencadenadas , de los subterfugios y habi l idades per-
versas que cubren todos los horizontes, el joven no debe olvidar
nunca, en n ingún t rance , en n ingún momento , su deber de estu-
diar , de superarse, de formarse ideológicamente p a r a hacer más M
laM
m\
Nuest ras con- ¡
Adelante, v
eficaz, hoy, m a ñ a n a y siempre, su apor tación a la lucha por
libertad y por la emancipación del ser humano .
Nues t ras ideas exigen de nosotros ese esfuerzo,
vicciones nos t razan , por si solas, el camino a seguir.
pues, sin vacilaciones, sin dilaciones, con la seguridad d e que >
sonará la ho ra de la libertad. V esa será nues t ra h o r a : la de \
los hombres libres. i
V P n ^ t i L n w f t f n w w ^ t < m . « . i t m p n . t m t t m . , . n . T y i
T RANQUILA, silente, rodeada de azul, bañadas sus «calas» de en-sueño por la espuma del mar.
Dormía la isla, perfumada por la resina
de los pinares, sorbiendo el salino alien-
to del «Mare Nostrum». Bello heraldo
de la primavera, la flor del almendro
blanqueaba llanos y o/tros allá prome-
diado febrero.
Vivían los isleños una existencia uni-
forme, esa áurea médiocritas de los lati-
nos, sin grandes alegrías ni profundas
tristezas. Deambulando por el campo,
en las largas tardes estivales, una me-
lopea de tono dulzón y lastimero, anti-
guas canciones vernáculas, herencia di-
tos árabes. Y asi pasaban los años.
¡Tenía la isla sus poetas: Alcover, Ma-
ría Antonia Salva, Alomar, de entre los
los más representativos. Cantaban unos
las tradiciones, la vida patriarcal en las
viejas casonas, perdidas por los recodos
de la serranía. Algunos, henchidos de
entusiasma universalista, lanzaban arpe-
gios de rebelión, ansiosos de horizontes
nuevos, anhelantes de e-as conmociones
sociales capaces de transformar el sezgo
de los pueblos. Habían pasado por Ma-
llorca, tomando la isla como un remonto
de paz, de calma espiritual, artistas y
poetas. Esos grandes soñadores que han
dejado como una estela de su paso a
lo largo de los caminos del mundo. En
la noche espectral de Valtdemosa, Cha-
pín había desgranado la melodía de sus
«nocturnos». En las horas gribes del in-
vierno la Jorge Sand meditaba acerca
del antagonismo existente entre la belle-
za de la naturaleza y la rapacidad y
rutina de las gentes. Rubén Darío, de-
ambulando por la isla, sintió el influjo
melancólico de sus crepúsculos otoñales.
Rusihol había intentado captar el colori-
do de viejos rincones isleños, jardines
encantados y calvarios silenciosos, do-
radas por el sol sus toscas cruces de
piedra y de palo.
Hasta el sector izquierdista mallor-
quín resultaba moderado. De la Penín-
sula, llegaban periódicos, revistas, libros
inflamados de inquietudes, mas, las gen-
tes, como henchidas del sortilegio ma-
ravilloso de la tierra madre, embelesada
ante el azul eterno del mar y del espa-
cio; desconocían el frenen de las pasio-
nes sociales y reivindicadoras. No obs-
tante, allá en Palma, flameaba una an-
torcha libertaria: «Cultura Obrera». Pe-
ro los compañeros que conocimos, bue-
nos y abnegados, no gustaban de la es-
CIENCIA y ANARQUÍA
L A Naturaleza, en su incesante transformación energética y mor-fológica, ha dado origen, en su
apartado rincón del Cosmos, a la vida
orgánica funcional, como manifestación
de su potencialidad creatriz y equilibra-
dora, en el campo de acciones y fuer-
zas universales.
La aparición de la vida sobre nues-
tro pequeño planeta, perdido en la in-
mensidad de los espacios intersiderales,
no ha sido obra del azar, sino que es
el resultado casual, de la reunión, en el
espacio y en el tiempo, de una homo-
geneidad de causas suficientes y nece-
sarias para su aparición.
Siendo la vida una necesidad para
que la Naturaleza no rompa su equili-
brio y no pierda su armonía, es natural
que el hombre, que es hasta ahora el
producto más perfecto que ella ha crea-
do, resulte ser en la Naturaleza, lo que
los sentidos son el hombre; esto es,
asi como los sentidos nos sirven para
autoinpeccionarnos, asi el género hu-
mano, sirve para que la Naturaleza se
autoinspeccione a sí misma.
En esta autointrospección de la Na-
turaleza, que para nosotros significa su
comprensión; cuánto hemos profundi-
zado ya; pero, cuánto nos queda aun
por investigar y comprender. Quizá, es-
tos para nosotros grandes balbuceos que
hemos realizado, sean apenas el princi-
pio de una labor eterna, sin fin. Pero
no obstante a la ignorancia del hombre
ante numerosos problemas de la Natu-
raleza, mucho es lo que se ha avanza-
do en el campo dominado por la es-
cala humana. Es más, ya hemos comen-
zado a salir de esta escala dimensional,
y hemos paseado nuestros asombrados
ojos, en el mundo de lo infinitamente
pequeño, que constituye la esencia del
Universo, asi como en el mundo de lo
infinitamente grande, que constituye ias
formas objetivas y materiales de la es-
tructuracosmológica universal.
Pero nuestra instropección, ha sido
más amplia aún. Hemos analizado de
un modo bastante general y completo
la naturaleza intrínseca de nuestro pro-
pio pensamiento. Nos conocemos en unj
forma, que creemos bastante aproxima-
da; pero con todo, bien pocos son los
que han realizado esta obra y los que
han podido estudiar esta inmensa la-
bor realizada por el potencial energé-
tico cerebral del hombre. Bien pocos
han sido. Cuánto no habríamos avanza-
do ya, si todos hubiéramos colaborado
en esta ardua y magna tarea.
Es el afán de investigación, de cono-
cer lo desconocido, lo que ha hecho
evolucionar a tan alto grado al hombre;
este afán, no sólo lo tiene el ser hu-
mano, sino que es una característica
fundamental de todo el reino animal,
únicamente que este instinto, de curio-
sidad en los animales, se ha ido dife-
Octavio Alberola
renciando gradualmente en el transcur-
so de las distintas etapas evolutivas —
a la par que el cerebro directriz de los
mismos — transformándose en un ins-
tinto más complejo, más «perfecto» en
el hombre.
Cómo habríamos llegado a situarnos
en el centro pensante de nuestro Uni-
verso, sin ese espíritu de investigación
de las causas que nos mueven.
Nunca el hombre habría llegado, a
serlo, si ese primitivo instinto de curio-
sidad, no hubiese evolucionado en él,
hasta convertise en un espíritu instin-
tivo de investigación desinteresada de
todas nuestras sensaciones, de todas
nuestras acciones. Sin el espíritu de in-
vestigación, el hombre seria en la Na-
turaleza, uno más de los numerosos ani-
males que poblan las selvas y los bos-
ques; descollaría, quizá, por su esta-
tura y constitución; pero sin ninguna
diferencia importante que lo destacara
de los demás.
Caracterizando el progreso humano
por este espíritu de investigación, es
natural que él sea la base de todos
nuestros adelantes, tanto en el terreno
técnico, como en el ideológico y so-
cial.
Esta sed de investigación, que aun-
que se manifestaba en unos individuos
más que en otros, ha sido la causa de
nuestro máximo desarrollo desempeña
un papel vital en la evolución humana,
en su marcha ascendente hacia las cum-
bres del conocimiento y la perfección.
IJI Humanidad existe, porque vive
en el hombre este grandioso espíritu
de investigación desinteresado para co-
nocer los fenómenos naturales, para co-
nocer la verdad de los mismos, que en
si, todo esto, es lo que constituya la
esencia del ideal científico. Sin esto,
no existiría el hombre y tampoco la
Humanidad-
La Ciencia, no es más que la gene-
ralización de este espíritu de investiga-
ción de la verdad, aplicado a todos los
procesos naturales, aun a los mismos
que nos forman este irrefrenable deseo
de conocer.
Es, pues, la Ciencia la investigación
desinteresada de la verdad, de las cau-
sas y de los hechos, de todos los fenó-
menos naturales a nuestro alcance.
Para que la Ciencia lo sea, debe ser
siempre esto, sólo esto y no más. Debe
investigar, pero sin buscar de antemano
un fin práctico en sus conclusiones, ya
que ese no es su objeto, pues éste, es
el de los técnicos, el de los inventores,
e] de todos aquellos que, aprovechando
los descubrimientos científicos, produ-
cen, crean o inventan útiles prácticos
para la vida vegetativa y social del
hombre.
El verdadero científico, es el que ani-
mado de este espíritu, se profundiza en
la inmensidad de lo ignorado, busca,
analiza y relaciona el aparente caos,
volviéndole ante nuestros ojos, su ver-
dadero orden y armonía.
El científico, es el reconstructor ante
la mente humana de la estructura del
Universo, de la naturaleza de nuestros
pensamientos, no sólo en el pasado y
en el presente, sino en el futuro tam-
bién.
A la luz de la Ciencia, de la verda-
dera Ciencia — no sujeta a consignf-s
o prejuicios —, se derrumban todas las
mentiras convencionales, todos los mi-
tos en que ha creído la humanidad y
en los que aun persiste en creer.
He aquí el valor inmenso de la Cien-
cia en el terreno ideológico y social, su
importancia es enorme para compren-
der las verdaderas bases en que se
asienta una doctrina, una teoría o un
ideal. Esta labor científica, aplicada al
anarquismo, f'j¿, realizada por Kropot-
kine, Reclus y muchos otros teóricos
anarquistas, que dedicaron gran paite
(Pasa a la página 2.)
tridencia, amaban mejor la plática so-
crática, serena y razonada.
Un día las co'as cambiaron de un
modo brusco, brutal. Los vecinos de las
inmediaciones de la catedral de Palma,
imponente, ciclópeo frente al azul del
mar, anotaron una agitación desacostum-
brada: jóvenes estudiantes, oficiales del
Ejército, guardias civiles, curas, canóni-
gos, gente forastera de mirada torva y
de maneras desenvueltas y autoritaria't.
Promediando la media noche, se les ció
penetrar en la catedral. Iban a un con-
ciliábulo de misteriosa conspiración. Ya
de madrugada, fueron saliendo a paso
apresurado, tomando direcciones, en pe-
queños grupos. Es de creer que cada
grupo tenía una misión a realizar...
Y ahora, mejor será resumir lo dicho
por Jorge Bernanos, el notable escritor
rCNTAUÜ
francés, fallecido no hace mucfio. Vamos
a traducir unos fragmentos de su libro
«Les Grands Cimetiéres sous la Lurte»
(Los Grandes Cementerios bajo la Lu-
na). Bernanos se encontraba allí cuando
sv desencadenó la represión. Se trata de
un escritor católico y monárquico. Pa-
rece ser que, ideológicamente, debería
de haber estado con Franco y sus se-
cuaces. Mas tenia una conciencia limpia
y era un hombre honrado y sincero. De
ahí que se sublevara ante los crímenes
perpetrados, denunciándolos al mundo
en su libro magnifico.
«Yo he visto en Palma de Mallorca
— dice — pasar por la Rambla camio-
nes cargados de hombres. Iban grises los
coches de polvo de las carreteras, grises
también los hombres, sentados de cuatro
en cuatro. Los recogían todas las tardes,
por las aldeas distantes, a la hora en
que regresaban del campo. Partían para
el último viaje, la camva colada a la es-
palda por el sudor del trabajo del día.»
En las poblaciones y la capital solían
ir de noche.
«A mediados de agosto de 1936 en la
población de Manacor, doscientos veci-
nos, considerados como sospechosos de
extremismo, se les hizo levantar de la
cama en plena noche, fueron conduci-
dos por grupos al cementerio, muertos
a balazos en la cabeza y quemados en
montón un poco más allá de donde fue-
ron asesinados. El Arzobispo de Palma
había mandado allí un sacerdote, quien,
los zapatos tintos de sangre, administra-
ba las absoluciones entre descarga y des-
carga.»
Habla Bernanos del siniestro persona-
je que, en nombre de Mussolini, y con
la reverencial aquiescencia de Franco,
se hizo dueño de la isla. Hackise llamar
pomposamente Conde Rossi. «El recién
venido, no era-, naturalmente, ni conde,
ni Rossi, solamente un funcionario ita-
liano pertenecience a las «Cami as Ne-
gras». Vestido de pantalón y camisa ne-
gros, bordada en el pecho de la camisa
una enorme cruz blanca. Recorría los
poblados conduciendo él mismo su co-
che de carreras, que se esforzaban en
alcanzar, entre nubes de polvo, otros au-
tomóbiles repletos de hombres armados
hasta los dientes.» Ciertamente, el go-
bierno italiano disponía en Palma, de
colaboradores menos vistosos que ese
bruto, quien afirmaba un día, en la me-
sa de una gran dama palmesana, mien-
tras se limpiaba los dedos en el man-
tel, que le hacia falta, por lo me-
nos, una mujer por día.» «Pero la mi-
sión particular que le había sido con-
fiada se adaptaba perfectamente a su
manera de ser. Era la organización del
Terror.» «Los caminos apartados de la
isla, asi como los alrededores de los
cementerios, recibieron regularmente su
fúnebre cosecha. Obreros, campesinos,
asi como también personas acomodadas,
farmacéuticos, notarios, etc.» «Descen-
dían de los vehículos, se alineaban y
¡Pan! ¡pan! Ipanl Los cadáveres eran
juntados al borde del camino donde los
enterradores los encontrabanal día si-
guiente, abierta la cabeza, la nuca des-
cansando sobre una contra de sangre
coagulada.»
«La cifra que voy a dar — prosigue
Bernanos — me ha sido facilitada por
uno de los jefes de la represión palme-
"ana. La confrontación popular es bien
diferente. Al principio de marzo de
1937, tras de siete meses de guerra ci-
vil, se contaban tres mil de estos ase-
sinatos. Siete me?es hacen doscientos
días, o sea un promedio de quince eje-
cuciones por día. Me permito recordar
que la pequeña isla puede cruzarse fá-
cilmente, de uno a otro extremo, en dos
horas.»
Muchos son los datos que ofrece el
libro de Bernanos, muchas las escenas
de la represión que relata; hechos re-
pugnantes que revelan la inconcebible
crueldad de los siniestros personajes ani-
madores o ejecutadores de la represión,
gentes con instinto de hiena. Y, tenga-
mos en cuenta que el escritor habla tan
solo del tiempo que allí vivió, de lo que
pudo comprobar, de los datos que allí
le facilitaron. Juzgúese ti, a los doce o
trece años de poderío fascista habrá pro-
ducido estragos la represión habida. Y,
todo ello hecho, naturalmente, con la
aquiescencia del Arzobispo de Palma, y
y de sus acólitos. De los que se llaman
«ministros de Dios en la tierra»; de los
que predican «amaos los unos a los
otros».
Hemos podido hablar con familias de
Mallorca; nos han contado horrores. Et-
cenas, detalles, que superan a lo dicho
por Bernanos; referencias al respecto de
los encarcelamientos, de las palizas bes-
tiales. Ha habido ensañamiento contra
los sospechosos de izquierdismo, contra
sus familiares. Se ha hecho exten'ivo
ese odio feroz a los amigos de los pri-
meros, y a los amigos de los amigos.
Tienen los mallorquines fama de ser
pacíficos. Poco propicios a bullangas y
alboroto; aman el trabajo y la paz del
hogar; mas ha sido tan grave el daño
que se les ha hecho a miles y miles de
ellos, que es humano, que es lógico,
guarden en su interior el rencor acumu-
lado. Ya se ha dicho que quien «siembra
vientos recoge tempestades». Y tal vez,
un día, en las agonías del infame régimen
franquista, esos isleños que tanto lian
sufrido, vibren de indignación romo,
cuando sus antiguos antecesores diez-
maban a pedradas las hordas de piratas
sarracenos que desembarcan en la isla
para robar bienes y mujeres. Y ataquen,
con denuedo, a los causantes del mal.
Y levanten hogueras vindicativas, altas
como la catedral de Palma.
MAS ACÁ IDIE ILA GUIMERA
IA EfOPETA
del acratismo hispano
CON frecuencia oímos proferir quejas, emitir criterios que son lamentos, deslizar conceptos que
rezuman apostasía. «Hay que vivir de
realidades», certifican. «Ha llegado la
hora de prescindir de la utopia».
No es una reflexión de sabios. Esta
hora del apeo de nuestro Clavileño lo
han pregonado, años ya, los burgueses
más obtusos sin que ninguno de nos-
otros les hiciera coro ni caso. Conocía-
mos la hostilidad ambiente, las dificul-
tades de la tarea emprendida, y no por
ello nos achicábamos ni regateábamos
esfuerzo alguno. El propósito era mag-
nifico y a él acudíamos con devoción
e intransigencia. Humanismo, cuanto se
quiera, pero no el despilfarro de un
solo átomo de ideal. •
Los quejumbrosos de ahora andaban
de concierto con nosotros muy firmes
en sus pasos. Eran los hombres ani-
mosos rebosando juventud. El sol les
parecía un disco impulso de los deseos
de vida y «no un mísero cenicero, que
es como lo ven en la actualidad.
He aquí el efecto de las prisas. El
caminante aguijoneado quiere llegar de
un salto a la tierra de promisión de-
seada, trata de alcanzar una estrella
con las manos para calmar la sed de
su espíritu. Iluso, buen desconocedor
de las proporciones (y del alcance de
sus deseos), no se da cuenta de la cor-
tedad de sus piernas y de sus brazos.
Desea llegar y no llega; entonce se
MEDALLONES EUROPEOS
I GUAL que su vida digna y atormen-tada, la obra de Georges Eekhoud es un hermoso ejemplo de indepen-
dencia y de esfuerzo creador. Nacido
en Amberes en 1854, de padres flamen-
cos, quedó huérfano siendo niño aún.
Su tutor lo envió a estudiar a Suiza.
Regresó a su país a la edad de dieci-
siete años, ingresando en la escuela mi-
litar de Bruselas. Su temperamento de
revoltow y de sensible observador de
la vida, lo alejó de la carrera de las
armas. Debido a esta circunstancia, se
disgustó con toda su familia, volviendo
a Amberes donde, ya libre de las ca-
denas convencionales, se consagró a la
literatura. En 1881 desempeñóse como
redactor de «Etoile belge»; más tarde,
fundó con Emile Verhaeren «La jeune
Belgique». Ha sido también profesor de
literatura en la academia de bellas ar-
tes y en la escuela normal e igualmen-
te entusiasta en la cátedra como en el
campo literario.
lnició'e con tres volúmenes de ver-
sos: «Myrtes et Cypres», «Zigzags poé-
tiques» y «Les Pittoresques», en los
cuales afirma su personalidad «severa
ante los burgueses, fraternal frente al
pueblo». «Keres Doorik», una prodigio-
a novela, presenta a los plebeyos ser-
viles o místicos, rebeldes o brutales.
En tres volúmenes de cuentos: «Ker-
messes», describió con fidelidad escenas
de las famosas diversiones flamencas:
contilona formidables, sensualismo ro-
busto y exuberante de una raza que
ha quedado sensible ante las bellezas
del arte. Después, Eekhoud pasó al dra-
ma de la ciudad. «La nouvelle Cartha-
ge» es la fresca inmensa y vibrante de
Amberes, puerto lleno de legiones de
«parásitos sociales». Sigue la novela
«Les milices de Saint-Francois» reedi-
tado bajo el titulo «Faneuse d'Amour».
En lo que respecta a colecciones de
cuentos: «Cycle patibulaire» y «Com-
munions», escribió Remy de Gourmont
que ellas abarcaron «el grito apasiona-
do, el más digno y límpido de las ter-
nuras y cariños, de la compasión y el
desprecio de Georges Eekhoud, cuya
obra constituye el tercer volumen de
la maravillosa trilogía de la literatura
belga; los dos primeros volúmenes lle-
van el titulo: «Maeterlinck, Verhaeren».
*En 1899, fué enjuiciado por «Escal
Vigor»; la traducción rusa fué prohi-
bida por la censura. El mi'mo Eekhoud
explicó el carácter de esta novela: «Pa-
ra traer un poco de apaciguamiento
evangélico, he examinado y vendado la
más grave de las plagas humanas, ¿a
que padecen los «uvanistas», los des-
heredados del amor, los malditos de la
vida. Pretendidos cristianos espíritus
farisaicos confundieron «Escal Vigor»,
qeu es un acto de compasión, con un
atentado a sus asi llamadas obras de
asistencia. Por el amor que siente ha-
cia los vagabundos, Eekhoud se halla
muy próximo de Máximo Gorki. Esto se
evidencia también en «Voyous de ve-
lours», novela penetrada por un aliento
de compasión, pero también de ven-
ganza, por ser fustigados la moral y los |
hábitos burgueses. «Estoy asaz cansado
de las mentiras y la verborrea del mun-
do de arriba, expresa el autor. El arte
y la literatura de los burgueses mien-
ten igual que la religión, que el ho-
nor y la moral de los mismos. Estos
hombres hablan y escriben muy bien.
Pero no tienen más alma que sus fonó-
grafos. ¡Y su implacable y siniestra
cortesía! ¡Retóricos y sofistas! Nunca
hablaron más de Dios, desde que no
creen en él».
Al lado de una veintena de volúme-
nes, de ensayos y novelas, Eekhoud es
cribió también para el teatro, obras his-
tóricas, trabajos biográficos y críticos.
poz óuqen (%elqiá
Adaptó tres piezas de Shakespeare. Su
drama: «Perkin Werbeek, l'imposteur
magnanime», obtuvo en 1911 un éxito
triunfal, igual i¡ue «Les fu Ules de Ma-
line». También publicó monografías so-
bre los pintores de animales de Bélgi-
ca, sobre Henri Conscience, Peter Be-
noit. Y también un interesante estudio
histórico: «Au siécle de Shakespeare».
Otro estudio: «Les libertins d'Anvers»,
al cual dedicó trece año. de investiga-
ción, constituye en esencia «la historia
de la metrópoli fundada en la idea de
la voluptuosidad, que siempre ha esta-
do mezclada en el destino de esta ciu-
dad flamenca».
La obrade Eekhoud, escribe Hem
Day, íes «poderosa, violenta, triste y
humana, he aquí por qué Eekhoud se
coloca entre los mejores y los más
nobles forjadores de la novela belga».
A la calumnia y a la mentira, opone la
bondad: «Debemos ser enérgicos y dig-
nos, pero sobre todo debemos ser bue-
nos.» La guerra ha sido para él una
maldición odiosa. Debido a su franca
actitud y a la firmeza de sus conviccio-
nes, fué perseguido también después
de la guerra. Fué alejado de las cáte-
dras que dictaba: «Lo golpearon en el
estómago, para tocarle el cerebro». La
conspiración del silencio no pudo que-
brantarlo. Eekhoud resistió por su ideal
de bondad y fraternidad. Su alma era
demasiado grande para herrar con él
rebaño servil y estúpido. No participo
en la sangrante traición de 1914-1918.
En «Des Hommes», un simple bosque-
jo, dejó un amargo testimonio, hen-
chido de di"gusto y de compasión. Em-
pero la juventud belga ha sabido brin-
darle el gran homenaje meses antes de
su fallecimiento (1927), celebrando a
uno de los más sinceros y más calum-
niados escritores belgas, quien ha que-
rido ser no solamente «hijo de la pa-
tria», sino también ciudadano de la hu-
manidad: «La patria de la humanidad
está por encima de la pequeña patria ..»
Verhaeren, su gran cantarada, dijo
que lo que nutre y dirige el arte de
Georges Eekhoud, es su corazn. El co-
razón más que él cerebro. Por eso es
que, seguramente, lo admiró, pero más
lo amó, leyendo sus libros tan intensa-
mente humanas.
fatiga y sueña en la deserción. Y, en-
corajinado, escupe al paso de los infle-
xibles, de los que no saben si llegarán,
pero que conocen su misión de acer-
carse a lo que se va.
El drama está en que los sujetos des-
corazonados sean españoles. No porque
el español sea mejor o peor que el res-
to de los mortales, sino porque es hom-
bre único, hasta ahora, en haber pisa-
do la zona práctica de las realizaciones
sociales. Lo que antes fué preocupación
especulativa, terminó por convertirse
en propósito logrado. En nuestras mo-
cedades, nos dispusimos a perforar el
muro de la indiferencia ciudadana, sin
preocupación del gaje inmediato. Tra-
bajamos a cuenta del «quién sabe», y
J. I B I I ^ t l
esa obstinación nos ha conducido a la
zona del «es posible». En efecto, el es-
fuerzo inicial de nuestros viejos, secun-
dado por la actual generación liberta-
ria, ha confirmado que, en materia so-
cial, el vocablo «imposible» carece de
sentido.
Frente a las escuelas mixtificadoras y
al burguesismo, y en oposición a todos
los rutinarismos, las teorías del acratis-
mo primitivo modernizadas por nues-
tros clásicos fin de siglo, podían ser
consideradas, mejor que ahora, despla-
zadas e irrealizables por los deprimi-
dos de la época. Podía decirse en 1890,
con más propiedad que en 1951, pues-
to que entonces no existia el precedente
de una revolución cumplida, que la
doctrina anarquista era tan hermosa
uomo candida, o que desde el Estado se
podía impulsar el pensamiento anties-
tatista, y lo único que se hubiese con-
seguido con esta táctica de asfixia hu-
biera sido dispensar al enemigo de la
molestia del anarquismo. Gracias a la
visión, o mejor, a la miopía de unos
supuestos practicistas, el ideal supremo
de la Humanidad se habría momentá-
neamente eclipsado.
Contrariamente, ocurrió que los com-
pañeros de entonces fueron de la ma-
dera más dura, tanto, que a su vera
los anarco-colaboracionistas de hoy pa-
recen cirios dedicados a la santa Opor-
tunidad. Los conspicuos de la escuela
anarquista se quemaron alma y cejas
en el estudio del porvenir, muriendo a
la luz de las ideas. Esa es Obra, como
lo es, también, el heroísmo consciente
de los ejemplaristas de Chicago y el
drama desesperado de los ácratas de
Jerez de la Frontera y del castillo de
Montjuich.
Por la honradez y la constancia de
nuestros clásicos — braceros o intelec-
tuales que fuesen — los actuales hemos
adquirido una madurez y un prestigio
que nada aconseja desperdiciar. Somos
torrente arroilador e irrigador — según
la fase — salido de fuente inspiradora.
Cantos a la Luna, convenimos haberlos
entonado; pero jalones, los hemos plan-
tado también. Si el albañil, alguna vez,
se ha sentido poeta en el andamio, la
obra no ha dejado de crecer.
Los burgueses, que antaño nos inter-
pretaron simples soñadores, se engiña-
ron, como asi lo tienen reconocido. Tan
impuestos se hallan de nuestras facul-
tades creadoras, que han cubierto con
fascistas su vanguardia. El viejo Seis-
dedos, con su nieta Libertaria, simboli-
zan acción y porvenir, y no una com-
posición de pesadilla. Los Sindicalistas
catalanes de 1920 cayeron pistoleados
por el miedo refugiado en el Fomento
del Trabajo Nacional. Ese esfuerzo cau-
dal «de los que transigieron», de los
que no se amilanaron ni ante las burlas
ni ante el cadalso, determinó la gesta-
ción de una fuerza obrera consciente,
limpiamente determinada, claramente
definida, que se presentó en la arena
de la lucha bien dispuesta y sin enga-
ños para nadie. Fueron este valor, esta
ruda franqueza, quienes granjearon al
Movimiento la simpatía del mundo del
trabajo y de todas las personas frecuen-
temente engañadas por los políticos que
prometen del Estado lo que el Estado
no puede dar. Fué la verdad expresada
en el Sindicato y comprobada en el tajo
y en la calle, lo que nos hizo crecer
hasta el tumulto, hasta convertir la chis-
pa alumbrada por nuestros precursores
en un hogar imposible de extinguir.
Bajo la égida libertaria, del elemento
prejuzgado incapaz de conseguir ningún
bien material que aliviara las condicio-
nes de existencia de la clase obrera, los
jornales fueron elevados, los horarios re-
ducidos y la personalidad del trabajador
vigorosamente reconocida, incluso en los
feudos caciquiles asequibles a la Con-
federación.
Todo esto es innegable porque es his-
toria reciente, cristalizada en el entu-
siasmo creador de 1936, en cuyas lla-
mas flameó enhiesto el espíritu de nues-
tros grandes maestros Y toda aquella
juventud que se perdió en los fragores
del combate, ¿qué pretendía sino la li-
quidación del presente régimen social?
(Pasa a la página 3.)
RUTA
Cazia¿ da cAueaa ¿Uazk
Máquinas geniales
y asesinas *>VVV»*WS»"»/*»VVVVS
E L Departamento del Trabajo de la do en fábricas y carreteras para dismi-
ciuaad de Washington, publica nuir los accidentes del trabajo y del
estadísticas anuales; ios que acá- tráfico: carteles ilustrativos, consejos
ban de aparecer ofrecen algunas cifras murales, folletos... No son las máquinas
elocuente*: perfectas las culpables; es el pobre ier
En 1947, los accidentes del trabajo humano que las ha creado, muy enci-
produ/eron 2.059.000 lisiados y 17.0U0 ma de su poder y hasta de su inteli-cadaveres. El tiempo perdido a causa
de estos accidentes y muertes, equivale
a 233 millones 700 mil días de labor
de tbO.UOO obreros. Calculando a un
dolar la Iwra, el resultado es mil oclio-
cienios sesenta y nueve millones de do-
lares. Muclias guerras copiaron menos
en muertos, lisiados, horas de labor
perdidas y dinero gestado.
A estas muertes e invalideces causa-
das por las máquinas productoras, ha-
bría que agregar las que ocasionan las
transportadoras; las estadísticas conocí-
ais hasta ahora, también son de elocuen-
cia conmovedora:
En el año 1946, un millón doscientas
mil personas (mujeres, niños y hombres)
sufrieron accidentes de automóviles, lo
que representa una población ipual a
la de ciudades como Albany, Buffalo,
Rochester y Syracuse, juntas. Los daños
materiales suman novecientos millones
de dólares, sin contar los daños y per-
juicios pagados a las victimas, de las
cuales 32-500 murieron. En 1947, se-
gún cálculos, las cifras son muy seme-
jantes. Para el año 1951 ya se preparan
30.000 féretros.
El Presidente Truman llama a estos
resultados del automovilismo, la «des-
gracia nacional», y para hallar medios
de disminuir su creciente intensidad
llamó al mayor general Philip B. Fle-
ming, para organizaren la Casa Blan-
ca una Conferencia de Seguridad Ca-
rreteril, porque «la nación no puede
continuar soportando esas pérdidas de
vidas humanas, esa pérdida de capaci-
dad fi'ica en los baldados, y esas pér-
didas de dólares».
En la sola ciudad de Nueva York
circulan 750.000 vehículos ahora que
no es posible adquirir uno sin esperar
meses. A pesar de e a penuria, los que
ruedan en sus calles paralelas y en es-
tado de perfecta conservación, causaron
el año pasado 29.267 accidentes, de los
cuales 582 fatales. El alcalde y las au-
toridades del tráfico urbano se arran-
can los cabellos por anticipación pen-
sando en lo que ocurrirá cuando la pro-
ducción se normalice y todo ciudadano
adquiera el «motor-car» de fus sueños.
Los expertos estiman que cuando ello
suceda, habrá en Nueva York UN MI-
LLÓN de automóviles registrados... sin
contar los cientos de miles que diaria-
mente entran y salen de y hacia otras
ciudades vecinas.
Todas las precauciones ** han toma-
gencia, como lo demuestran los dos ce-
rebros mecánicos que funcionan en este
Alejandro SUX
país: el IBM, de la Universidad de
Harward, trabaja desde 1944 y, se-
gún se asegura, gracias a su labor
fué posible realizar la prodigiosa canti-
dad de cálculos que exigió la creación
de la bomba atómica; el BM acaba de
salir de los planos, construido por la
International Business Machines Corpo-
ración, después de gastar 750.000 dola-
res.
Este cerebro BM está calculando ya
la posición de la luna durante los si-
glos XX y XIX, labor que exigiría al-
gunos millones de matemáticos dedica-
dos a ello durante todas sus existencias.
Se espera que el BM dé el resultado
exacto dentro de dos años. Este BM
trabaja con una velocidad 250 veces
mayor que el IBM de Harward, y tiene
una capacidad «mental» para operar
hasta con 400.000 dígitos.
Entretanto, no se sabe dónde, se fa-
brica otra máquina portentosa destina-
da a llevar el primer mensaje terrestre
a los pálidos y lentos celenitas; cuando
et BM haya hecho sus cálculos sobre
la situación de la luna, la otra máquina
disparará al inofewivo y romántico sa-
télite con la certeza de no errarle, co-
mo le pasó al proyectil que Julio Verne
le hizo disparar con letras de molde
en su profélica novela. El proyectil, co-
mo bien nuestro, hará explosión entre
dos cráteres helados de Setene, y la luz
que despedirá será tan intensa que po-
drá verse a simple vista desde la tierra.
Si la luna está habitada... vaya uno a
saber lo que ocurrirá a sus habitantes
con la explosión y la deslumbrante cla-
ridad que engendrará. Este aspecto de la
cota no preocupa a nadie; los selenitas,
si existen, debe nestar muy por debajo
de los japoneses en la escala zoológica, y
para ensayar la «atómica», como es sa-
bido, se prefirió a los nipones porque
los alemanes, nazis o no, son más seme-
jantes a los hombres que hoy empuñan
el mango de la sartén internacional. El
proyectil atómico y deslumbrador que
estallará en la luna será la carta de
visita de nosotros, los terrestres archi-
civilizados y archimecanizados, para esos
pobres «lunáticos» que, seguramente,
carecen de automóviles asesinos, y de
BM geniales.
V
E2V la Tierra la vida se mantiene gra-cias a un intercambio ininterrumpi-do entre los organismos vivientes y
el medio en que habitan. Se dice que
liay simbiosis cuando una o varias de
esas entidades logran asegurar su exis-
tencia común mediante un intercambio cha por la existencia, tal como la plan
de servicios.
Simbiosis viene de dos palabras
griegas: «sym», que 'significa con, y
«bios», que significa vida. El ejemplo
clásico nos lo da la fábula del ciego y
del paralitico, pero la Naturaleza ella
misma tiende a convertirse en una in-
mensa simbiosis de elementos solidarios
flores, y esas mismas flores que les bio de servicios equivalentes, es decir,
brindan sus jugos para la elaboración gracias a un equilibrio entre servicios
de la miel. Hasta hay simbiosis entre dados y los servicios recibidos. Cuando
los reinos vegetal y animal, pues pese este equilibrio queda roto, existe «la
a las exterminaciones, y como no ad- explotación» de un lado, y «el parasi-
mitimos la teoría darciniana de la lu-
tean los que de ella se han servido, es
pie CID
preciso reconocer que un pululamiento
excesivo llegaría a suprimir todo rastro
de vida sobre la corteza terrestre.
El cuerpo humano es una simbiosis
de órganos, cada órgano es una aso-
Emile Vertiaeren
L A obra de Verhaeren ha sido des-naturalizada por esos críticos y apologistas belicosos, quienes pre-
tendieron colocar al gran poeta entre
los campeones sublevados por «la furia
sagrada sontra la barbarie de Alema-
nia». Algunos de sus versos de 1914,
cuando Bélgica fué invadida por los
ejércitos imperiales, podrían justificar su
revuelta patriótica. Pero aquellos se
patrióticos. El verdadero Verhaeren ts
simple, sincero, fraternal, con impulsos
ilimitados. No le pongamos más la eti-
queta como poeta francés o belga, sino
que pongamos en evidencia sus visiones
europeas y universales. «Indulgente y
tan poco cáustico en que no tenia más
necedad o la arrogancia», él habría re-
qeu la sombra de una sonrisa ante la
pudiado el epíteto de poeta nacional
pierden en el amplio fresco poético de que le dieron los críticos superficiales,
SEXO Y SOCIEDAD
I NDISCUTIBLEMENTE, todos los complejos morales y sexuales que afectan al individuo son un produc-
to de la actual organización social. Esta
mantiene su existencia en el principio
de autoridad, basada en la moral de la
fuerza y no en la fuerza de la moral.
Las relaciones entre sus componentes
están al margen del concepto de justi-
cia emanado de la naturaleza de los
hombres y de las cosas. Es el privilegio
de unos que prima contra el derecho
social de los otros. Y para mantener esa
desigualdad, constituyente de la más
odiosa injusticia, la violencia, norma co-
mo procedimiento, para sojuzgar y do-
minar al individuo.
En todos los ámbitos y en todas las
esferas de relación en nuestra sociedad,
pues, el espíritu de autoridad controla,
vigila e impide el desenvolvimiento de
nuestros actos más naturales.
En los lugares de trabajo, es el pa-
trón, el jefe de personal o el capataz, el
que personificando la mentalidad autori-
taria reinante, subyuga al individuo.
En el hogar, es el padre, erigido en
jefe de familia el que por reflejo del
medio ambiente ejerce la autoridad pa-
terna a modo de poder absoluto. De
esta forma, en la mayor parte de los
casos, la castración del espíritu de li-
bertad y de independencia de los hijos
complétase reduciéndolos a pobres entes
sumisos, sin alma para iniciativa alguna.
Tirana! y despotismo por doquier bru-
talmente practicados saturan el ambien-
te social, del espíritu de sumisión a los
poderosos, inclinado a respetar sus in-
tereses, inclinado a obedecer sus leyes
que sólo la iniquidad garantizan.
Pues bien, es precisamente de este vi-
lipendioso estado de cosas, de donde
surge la morbosa reacción del individuo
soñando con el poder y las riquezas, as-
pirando con ello a someter a sus seme-
jantes. Y, no solamente reacciona que-
riendo asimilar las prerrogativas de los
que mandan y los bienes de los pode-
rosos .sino que el individuo medio, ima-
gen de pobres gentes, ansia con supe-
rarlos.
El ansia de poder invade todas las
funciones del alma y consiguientemente
las del cuerpo, originando las inextri-
cables complicaciones del problema se-
xual; porque el ansia de Poder surge
directamente de la represión de instin-
tos, producida por la práctica de la au-
toridad en todas nuestras funciones más
vitales.
Es incontestable que la autoridad se
impone a la mayoría con ayuda de las
más repugnantes mentiras; la religiosa
que en el orden fisiológico y biológico
reprime y desvía nuestros instintos so-
fismo» del otro.
En el caso de las relaciones entre el
reino animal y el vegetal, reconocemos
estos dos aspectos de la simbiosis: uno
perfecto en el caso del intercambio
mutuode ácido carbónico y oxigeno,
otro imperfecto que trae aparejadas
consecuencias fatales. Por ejemplo, los
gigantescos saurios de las épocas anti-
diluvianas devoraron los bosques con
los unos de los otros. de órganos, cada órgano es una aso- se apacentaban y provocaron de
Existe simbiosis entre las bacterias aación de tepdos, cada tendo una sim- rechazo fo desaparición de la especie,
que la sirven de abono químico a la bwsis de células, cada célula la nmbio- £ n d lano humano es ia expiota.
aerra y los animales y las plantas que sis de un centro celular y un. proto- ción ¿el ¿ ^ ^ p0T e¡ hombre el fac-
alimentan con sus excrementos; existe plasma, cada centro celular una sim- t0T principa; de este desequilibrio,
simbiosis entre los vegetales que asimi- biosis de órganos minúsculos formados \~
lan el anhídrido carbónico del aire y los a su vez por una asociación de mo- Todas las morales existentes, revesti-
animales en los que ese anhídrido es léculas. • das con el ropaje de la creencia o con
un producto de excreción; existe sim- Todas estas formas de cooperación o e}, de la razón, se han empeñado con
biosis entre las abejas que fecundan las ayuda subsisten gracias a un intercam- ^xtto escaso, en trazarle al hombre una
serie de mandamientos o deberes.
En realidad, toda moral puede re-
ducirse a dos fórmulas en que se con-
densen los deberes positivos y los de-
beres negativos; la primera seria: «Haz
a tu próximo lo que quisieras que te
hiciesen a ti mismo»; y otra, «no ha-
gas a los demás lo que no quieras
que te hagan a ti mismo». Y de paso
se suprimiría todo concepto de obliga-
ción, sanción y demás imperativos con
que muchas éticas y religiones han pre-
tendido transformar al hombre so pre-
texto de que «la letra con sangre en-
tra». Educando al hombre, no con cha-
musquinas eternas, sino dándole un
aldabonazo en su conciencia, se evitará
que, pese a ser un animal sociable, se
quede a mitad de camino a la hora de
las realizaciones.
Mientras tanto, las legislaciones, en
nuestr oestado actual de cosas, admi-
ten en sus fundamentos estos principios
morales; pero en el terreno de la prác-
tica en vez de promulgar leyes que
tiendan hacia un equilibrio universal,
dan a las formas sociales existentes un
viso de legalidad que impide realizarlo.
Hay casos en que los explotados se
yerguen contra estas injusticias. Pero a
su vez los revolucionarios se convier-
ten en legisladores y ¡a explotación
subsiste.
La explotación del hombre por el
hombre tiene un doble aspecto deni-
grante: el del explotado que se ve re-
bajado a la, condición de bestia, y el
de la persona que explotando a su pró-
jimo se convierte en parásito de su pro-
pia especie.
No existe, por lo tanto, teniendo en
cuenta el principio de la dignidad hu-
mana, justificación posible a este fal-
seamiento de la simbiosis universal, es
decir, al intercambio entre seres libres
y de idénticos derechos. No habrá pro-
f reso real y efectivo, no podrá el hom-re pretender a una evolución de su
especie en tanto existan individuos que
por una incapacidad, castración diría-
mos, física o moral, tienen que subsis-
tir a costa del sudor ajeno. En esto el
hombre efectúa una regresión neta ha-
cia la animalidad, i Qué actitud ha de
adoptarse ante este problema? En el
aspecto pasivo es muy sencillo: bajo
ningún pretexto ha de explotarse a un
semejante, violar el principio de dig-
nidad humana o convertirse en pará-
sito social. El aspecto activo es mas
complicado vistas las formas de vida
de la sociedad actual. iCómo ha de
comportarse el explotado vis a vis de
su explotador? Es evidente que la acep-
tación pasiva, voluntaria, sin asomo de
rebeldía, de ese atentado a la persona-
lidad humana acarrea para el que la
recibe la misma responsabilidad que el
que la ejerce y que es un deber hacer
respetar además la integridad física y
moral propia la del prójimo, sometido
a la condición de cabeza de ganado.
Es ésta una obligación de importancia
vital. Si el hombre aspira a realizar
una simbiosis perfecta, ha de tener en
cuenta que con cada humillación que
sufre un semejante suyo, la especie hu-
mana da un paso hacia atrás en la pro-
gresión hacia la meta del Ideal.
este espíritu universalista
La suerte de los mejores poemas de
Veshaeren como nos explica Len Bazal-
gette — quien consagró un excelente
estudio al autor de «Las Ciudades Ten-
tacuiares» — no tiene ninguna relación
con la decadencia o la. quiebra de de-
terminada doctrina. Se nos habló de las
«tesis», de la «filosofía social» de V e r
fia social o antisocial. Precis imeuto
haeren. Dejemos en la carpeta la filoso-
cuando expresa los esfuerzos de las mul-
titudes contemporáneas, Verhaeren per-
manece un animador, cuyo poder de
exaltación y de comunión puede ser tan
eficaz aun después de un milenio, por-
que sus poemas poseen la energía lí-
rica que no está ligada al suceso de un
«movimiento» o de una «tesis».
La obra de Verhaeren puede defen-
derse por si misma. No obstante, de-
bemos defender a Verhaeren-hombre,
a aquel de antes de la guerra, disfra-
zado por los homenajes académicos y
M. A r c h i b a c h e v : «.Millones» 175 f
V. B . I b á ñ e z : «El P a r a í s o d e l a s M u j e r e s » 450
V. B . I b á ñ e z : « F l o r d e M a y o » 450
V. B . I b á ñ e z : « E n el P a í s de l A r t e » 450
V. B . I b á ñ e z : « L a H o r d a » * 450
F . N i e t z s c h e : «Asi h a b l a b a Z a r a t u s t r a » 175
C. D i c k e n s : « T i e m p o s d i f í c i l e s» 200
P . S. B u c k : « L a B u e n a T i e r r a » 300
F . G a r c í a L o r c a : « Y e r m a » 250
L e ó n T o l s t o i : «Los C o s a c o s » 200
M. L o b a t o ; « M e m o r i a s d e E m i l i a » 425
A. J . C r o n i n : « L a s l l a v e s d e l R e i n o » 400
M á x i m o G o r k i : « L a Madre) ) 225
M á x i m o G o r k i : ((Los ex H o m b r e s » 175
S. L e w i s : « G i d e o n P a n i s h » 300
V í c t o r H u g o : ( ( L i t e r a t u r a y F i l o so f í a» 200
V. B . I b á ñ e z : ( (Cuen tos v a l e n c i a n o s » 200
J . B e n a v e n t e : ((La M a l q u e r i d a » 200
J . B e n a v e n t e : « L a f u e r z a b r u t a » 200
B . P é r e z G a l d ó s : ((El Abue lo» 260
B. P é r e z G a l d ó s : « L a L o c a d e l a c a s a » 320
A. P . V a l d é s : ( ( M a r t a y M a r í a » 260
A P . V a l d é s : ((Años d e j u v e n t u d d e l B r . A n g é l i c o » . . 260
L. T o l t o i : ( (Esc lav i tud m o d e r n a » 120
M a n t e g a z z a : «(Orden y L i b e r t a d » 120
M a x N o r d a u : « P s i c o f i s i o l o g í a d e l G e n i o » 120
D e s c a r t e s : ( (Discurso d e l M é t o d o » 120
H a e c k e l : ((El o r i g e n d e l a V i d a » 120
xuales; la del falaz concepto de superio
ridad que tiene por objeto invertir ei :
contenido moral de los hombres y, como |
consecuencia de estas dos horrendas
mentiras, la gran mentira social de los
débiles y los fuertes, de los pobres y ios
ricos, de los que deben ser gobernados
y de los que debne gobernar, empleada
con la finalidad de conservar tanto tiem-
po como sea posible el bienestar de los
privilegiados. Naturalmente, la mentira
no seria bastante para someter al indi-
viduo. Son los elementos coercitivos más
bestiales, los coadyuvantes de la gran
mentira social que mantiene a los hom-
bres en estado de represión permanente,
de represión vasta y total de nuestros
sentimientos más humanos, de represión
penetrante en todas las fibras de nuestro
ser, que llega a ser dominado por com-
pleto. Y es ésta la represión producente
de los complejos psíquicos. La que re-
Í
irime los instintos sexuales, que sin más
ibre y amplio desenvolvimiento no so-
lamente no hay beileza ni ventura hu-
manas sino que el individuo queda re-
ducido a un pingajo anormal, a una
exposición de todas las fealdades mora-
les y a una lamentable ineptitud para
el concurso social. Y al mismo tiempo,
es también ésta la represión producente
de las caricaturas de hombresque sue-
ñan con un poder monstruoso para dar
satisfaccin a sus ansias brutalmente se-
xuales, ferozmente invertidas, precisa-
mente por la represión de sus más na-
turales instintos.
Marcel Proust, hombre brillante, lite-
rariamente hablando, casi enloqueció a
causa de la amvibalencia de sus senti-
mientos, producido por el medio auto-
ritario, ignorante, falaz, hipócrita, pre-
ñado de prejuicios religiosos en que vi-
vía. Este hombre de talento que tantos
y tan buenos servicios hubiera podido
prestar a la humanidad, vio convertida
su vida en una ruina a causa de la
presa que hizo en él uno de los com-
plejos más terribles que producen los
desórdenes psíquicos: el complejo de
Edipo, Marcel Proust, sufría ese com-
plejo que arrancaba de la desviación de
sus instintos sexuales producida por la
represión de los mismos en su infancia.
Proust, hombre culto y preparado in-
telectualmente, se angustiba de la ma-
nera más pavorosa por tener que acu-
dir a una cita en pleno día.
"Visiones de sangre, de destrucción y
de muerte cuyo pensamiento lo domina
llenándolo de torturante terror, lo lle-
van a a esquizofrenia más alarmante,
motivada por ese complejo horrible, ori-
ginado como todos los que tienen cua-
dro psiquico-sexual, por causas sociales.
Marcel Proust, es uno de tantos y
tantos desdichados que al no serles ase- i
quible la realización de sus paranoicos ¡
deseos tuvo que debatirse y sucumbir en i
el circulo de las monstruosidades origi-
nadas por la patológica organización so- I
cial que padecemos.
de la misma manera que rechazó el ti-
tulo de «bardo» que le dio en el tiem-
po de su debut, un provinciano entu-
siasta.
Evocando al «otro Verhaeren», Ba-
zalgette recordó al hombre cuyas hue-
llas buscaba a orillas de Escauta, a
Saint-Amand, al hombre de Caillou que
aparecía entre las rosas que cubrían la
fachada, al hombre de Saint-Cloud tan
verídicamente fijado en el retrato de
Theo van Rysselberghe — al hombre
que duerme (después que las ruedas del
tren le seccionaron los pies) en el pe-
queo cementerio de Wulveringhln, en
un bosquecillo, bajo algunas flores sil-
vestres plantadas en 1916, como testi-
monio por el corazón salvaje y también
manso que cesó de latir y que glorifi-
có, como muy pocos, la vida en sus so-
berbias acciones:
Lassé des mots, lassé des livres,
Je cherche en ma fierté
L'octe qui sauve et qui délivre...»
(«Cansodo por las palabras, cansado
por los libros, yo busco en mi valentía,
el acto que salva y que liberta...»)
O como en su escultural y sin em-
bargo dinámico Passeur, él lucha con
las olas:
Le passeur d'e&u, les mains aux rames
A contre flot, depuis longtemps,
Luttait, un rosean entre les dents...
(«El barquero del río, con las manos
en los remos, desde mucho tiempo, con-
tra la oleada, luchaba, teniendo entre
los dientes una caña...»)
CPEÜCIJk
Y ANARQUÍA
(Viene de la página I)
de su vida a encontrar las bases cien-
tíficas o naturales, en que se asienta la
Anarquía.
No por ser un tema tan viejo, la dis-
cusión de la existencia de un anarquis-
mo científico, deja de tener actualidad
y valor. Mas, creo, que la discusión tal
como ha sido planteada hasta la fecha,
no tiene significado, pues no éste el
problema, sino que el mismo Kropot-
kine en todos sus estudios, nos está in-
dicando la verdadera planteación de tan
interesante problema, que es la esen-
cia de todo su trabajo científico- litera-
rio.
A la pregunta de: existe un anarquis-
mo científico, debemos contestar con la
siguiente: ¿tiene bases científicas el
anarquismo? La respuesta no se hace
esperar: los resultados obtenidos por es-
tos investigadores y corroborados por
investigaciones posteriores, nos hacen
responder afirmativamente a tal pre-
gunta.
El anarquismo, sí tiene bases cientí-
ficas. Todas sus concepciones son el re-
sultado, si no de una labor científica
pura, sí de la necesidad imperiosa que
siente el ser de descorrer los velos que
cubren el misterio, para iluminarlo con
la radiante luz de nuestro pensamiento.
Todos los principios anarquistas, aún
en su forma más amplia, han sido pre-
cisados y establecidos después de un
largo y profundo estudio de los fenó-
menos humanos y sociales.
Para asentar que un ideal es bueno,
no solo es necesario sentirlo en la inte-
rioridad de nuestro ser, sino que es ne-
cesario también el demostrar su bondad
y validez, dentro del proceso general
de la vida en la Naturaleza. Esta labor
científica, fué realizada en una forma
natural y concisa por Kropoptkine, al
demostrar con toda serie de detalles y
pruebas, que entre los animales, desde
los más inferiores hasta los más com-
plejo y diferenciados, el instinto del
apoyo mutuo tiene mayor importancia
y fuerza, para la supervivencia del in
dividuo y de las especies, que el in-
comprendido instinto de la lucha por la
existencia, señalado por Darwin en sus
brillantes trabajos sobre el «Origen del
Hombre» y «Origen de las Especies».
La labor científica de nuestros teóri-
cos es inmensa, aunque no total, y de
un valor innegable, pues sus concepcio-
nes filosófico-sociales y humanas, no
han sido superadas, hasta la fecha, por
nadie. Es más, la verdad y bondad en
ellas encerrada, es por todos admirada
y sin discusión admitida. Todas las per-
sonas — aun las extrañas a nuestros
medios —, que tienen nobles sentimien-
tos y un poco de cultura, así lo acep-
tan, aunque las tachen de utópicas e
irrealizables. Pero he aquí, el incalcu-
lable valor de la investigación cientí-
fica de un Reclus, de un Proudhon, un
Kropotkine, etc., al demostrar que nues-
tras concepciones no son producto de
las mentes de soñadores, sino que son
el resultado del estudio de las necesi-
dades de la Naturaleza, pues en ella
se encuentran operantes y plenamente
realizadas nuestras justicieras y natura-
les concepciones.
Al demostrar que las especies natu-
rales que más han progresado y que
da mayor prosperidad disfrutan — aun
en contra de las inclemencias del tiem-
po y del clima, y del peligro de las
otras especies superiores en fuerza y
por la práctica de la ayuda mutua en-
tre los individuos de su misma especie;
habilidad —, sólo lo han podido lograr
han demostrado a la vez, que el pro-
greso y las prosperidades del hombre,
tiene que ser el resultado de la prác-
tica del apoyo mutuo entre los huma-
nos. Y que es ésta, ¿sino la equidad?
Y, ¿qué es la Anarquía, sino la equi-
dad en las relaciones humanas?
La investigación científica, ha sido
más vasta aún, se ha demostrado que
en las especies animales no existen di-
ferencias de clases, debidas a distingos
económicos, ni individuos con poder so-
bre los demás, es decir que las diferen-
LOS NIÑOS, LOS
LO S n i ñ o s s o n c o m o l a s p l a n -t a s t r e p a d o r a s , q u e se e le-v a n p o r los h i l o s y los so -
p o r t e s d e c u l t u r a q u e les d i s p o -
n e n l a s p e r s o n a s m a y o r e s .
Ll H u m a n i d a d es u n a c a d e n a
cuyo o r i g e n v i e n e d e l a o b s c u r i -
d a d d e l p a s a d o , y s u fin se d i r i g e
a l a e t e r n i d a d de l f u t u r o , e s l a b o -
n á n d o s e los i n d i v i d u o s y l a s ge -
n e r a c i o n e s c o n s t a n t e m e n t e . R o m -
per e s t a c a d e n a es r o m p e r l a
H i s t o r i a , y e s t o es i m p o s i b l e r a -
c i o n a l m e n t e p e n s a n d o .
S e g ú n e s t o s d o s p r i n c i p i o s , Jas
p e r s o n a s m a y o r e s t e n e m o s p e n -
d i e n t e s o b r e n u e s t r a s c o n c i e n c i a s
u n a r e s p o n s a b i l i d a d m a y o r q u e
la d e l a c o n s e r v a c i ó n d e l a e spe -
cie : l a de l p e r f e c c i o n a m i e n t o d e
la m i s m a m e d i a n t e l a e n s e ñ a n z a
y l a e d u c a c i ó n .
E s t e p e r f e c c i o n a m i e n t o es lo
q u e l l a m a m o s P r o g r e s o .
M u c h o s s o n los e l e m e n t o s con
q u e c o n t a m o s los. a d u l t o s p a r a l a
e n s e ñ a n z a y e d u ca c i ó n d e los n i -
ñ o s , e n t r e los c u a l e s e x i s t e u n o
! m u y ú t i l y a m e n o : l a s f á b u l a s ,
\ q u e s o n ( ( compos ic iones l i t e r a r i a s
! e n q u e p o r m e d i o d e u n a a l e g o -
r í a se d a u n a e n s e ñ a n z a ú t i l y
i m o r a l » .
Los f a b u l i s t a s h a n s ido s i e m p r e
c e r e b r o s p r i v i l e g i a d o s y h o m b r e a .
d e g r a n s e n s i b i l i d a d y c u l t u r a ,
q u e h a n p o s e í d o l a r a r a h a b i l i -
d a d d e v e s t i r l a s g r a n d e s v e r d a -
d e s y l a s i d e a s f u n d a m e n t a l e s
c o n r o p a j e s s e n c i l l o s y p o p u l a r e s ,
y e x p r e s a r s e c o n c l a r i d a d y c o n
c i s ión p a r a se r c o m p r e n d i d o s p o r
t odos , g u s t a n d o e l lo d e s d e el n i ñ o
i n o c e n t e h a s t a el v ie jo s a b i o .
H a c e v e i n t i s é i s s ig los , u n p o b r e
Alberto Carsí
e s c l a v o g r i e g o , d e f o r m e (he a q u í
u n b u e n s í m b o l o ) , l l a m a d o E s o p o ,
i n v e n t ó e l s i s t e m a d e i n s t r u i r y
e d u c a r a l p u e b l o p o r m e d i o d e
f á b u l a s , l a s q u e t o d a v í a se l e e n ,
y l e e r á n s i e m p r e , c o n p l a c e r y
p r o v e c h o .
H a c e v e i n t e s ig lo s e x i s t i ó u n
m a c e d o n i o , l l a m a d o F e d r o , q u e
a d o p t ó t a m b i é n a q u e l s i s t e m a .
M á s t a r d e , el á r a b e L o c m a n o ,
el l i n g ü i s t a B i t p a y , el p o e t a B a -
b r i u s y e l p o l i g l o t a L o k m a n n o
c e s a r o n d e s e r v i r a l a c a u s a d e
l a C u l t u r a p o r e s t e dif íc i l m e d i o ,
h a s t a q u e e n el s ig lo X V I I el emi -
n e n t e e s c r i t o r f r a n c é s L a F o n -
t a i n e d a a l a luz su m o n u m e n t a l
co lecc ión d e f á b u l a s , q u e se h a n
h e c h o c é l e b r e s e n t o d o el m u n d o ,
a c o m p a ñ á n d o l a s c o n e l s e n t i d o
h o m e n a j e a E s o p o d e r e s e ñ a r su
ADULTOS
iáhulaá
v i d a y a ñ a d i r s u c o n s e j o s o b r e l a
m o r a l i d a d d e l a f á b u l a .
L a o b r a d e L a F o n t a i n e s e m e -
j a u n r e g u e r o d e p ó l v o r a , u n a
c a m p a n a t o c a n d o a r e b a t o , p u e s
e n el s ig lo X V I I I , n a d a m á s q u e
c o n o z c a m o s , se p r e s e n t a n o c h o
f a b u l i s t a s , . todos f a m o s o s , e n t r e
los q u e se h a l l a n a l g u n o s e s p a -
ñ o l e s , q u e h a n s i do t r a d u c i d o s y
a d m i r a d o s e n t o d o s los p a í s e s
c u l t o s . E s t o s s o n : F e n e l ó n , La-
m o t t e - H o u d a r , F l o r i á n , A g u s t í n ,
I r a ñ e z , P i s ó n y .'os g i g a n t e s S a -
m a n i e g o e I r i a r t e .
S i b i e n c a d a o b r a h u m a n a e s
s i e m p r e a m p l i a b l e , r e s u l t a dif í -
cil a ñ a d i r p a s o s a l a c a r r e r a i n -
m e n s a d e los f a b u l i s t a s , p u e s p a -
r e c e n a g o t a d o s los t e m a s d e cu l -
t u r a y d e m o r a l e x i s t e n t e s , y se -
r í a n m e n e s t e r i n t e l i g e n c i a s m u y
a g u d a s p a r a a p o r t a r c o m p l e m e n -
t o s a !o t a n t r i l l a d o y d e b a t i d o .
De m o m e n t o , m e p e r m i t o r eco -
m e n d a r a l a s f a m i l i a s y a los
p r o f e s o r e s q u e p o s e a n l i b r o s d e
f á b u l a s q u e l a s l e a n y q u e l a s co-
m e n t e n ; y yo m i s m o , e n p r ó x i -
m o s t r a b a j o s , p r o c u r a r é t r a t a r
e s t e m i s m o t e m a d e u n a m a n e r a
s e n c i l l a , i n f a n t i l , p a r a q u e los n i -
ñ o s se a f i c i o n e n a e s t e m a r a v i -
l loso e s t i l o d e l i t e r a t u r a c u l t u r a l
p o r m e d i o d e s í m b o l o s .
cias que los primeros zoólogos encon-
traron en las sociedades animales y que
las atribuyeron y compararon a las mis-
mas que existen en nuestra sociedad,
son falsas, pues en estas agrupaciones
animales, su misma naturaleza exige a
cada individuo' que la forma, el desem-
peño de la función para la cual está
— física y mentalmente — más capa-
citado. .
Generalizando, lo anterior, significa
que el individuo dé según su capaci-
dad y posibilidades, y que tome todo
lo necesario para su vida funcional, li-
mitado únicamente, claro está, por las
posibilidades de la Naturaleza en el lu-
gar en que se encuentre. Y esta fór-
mula tan sencilla, pero tan general y
completa, ¿qué es, sino la esencia de
toda nuestra finalidad económica?
Nuestro amor a la libertad, al ser >
a la vida, es resultado de nuestro pro-
fundo amor a la verdad, y para llegar
a ella, sólo lo podemos hacer por me-
diación de la Ciencia, pues únicamente
por los caminos científicos podemos
aproximarnos a ella y alcanzarla, por
que en la Naturaleza rige la fórmula:
no haber en ellos ningún prejuicio que
nos pueda errar y desorientarnos en
nuestra investigación.
De aquí, que el anarquista que debe
desear conocer y decir la verdad ante
un dogma o una panacea sino por ser
todo, debe amar a la Ciencia, no como
el arma para nuestra elevación cultu-
ral y para nuestra perfección física y
espiritual. Debemos ver en eüa, la li-
bertadora del hombre a la esclavitud de
la ignorancia.
En los problemas sociales que son
los que más vivamente sentimos, la
Ciencia, poco a poco, va haciendo luz
en ellos, y es de esperar que en un
tiempo no muy lejano, nos explique las
causas que forjaron toda nuestra evolu-
ción social, y, que señale las verdade-
ras formas de vida que nosotros debe-
mos practicar en el futuro, dependien-
tes de nuestras conductas presentes
Pero sin olvidar que la realización de
todo este avance, depende exclusiva-
mente del hombre, ya que la Ciencia
sólo nos en'eña la verdad, y a nosotros
nos corresponde decirla y practicarla.
El anarquista, que para serlo debe
amar la verdad, tiene que ser forzo-
samente científico; aunque como es na-
tural, quedan incluidos dentro del tér-
mino, no sólo los que investigan la vi-
da y el Universo en el laboratorio o
en e] observatorio, sino también todos
aquellos que indagan la Naturaleza con
el desinteresado deseo de conocerla, en
el campo, en la fábrica, en la escuela,
en los libros, etc. Todos, si buscamos
la verdad de las cosas, podemos ser
científicos, pues para ello, es suficiente
investigar sinceramente en el campo de
nuestras posibilidades. .
En resumen, caracterizada la Ciencia
por ese grandioso afán que siente el
ser humano por conocer el mundo y
su propia naturaleza, y que, debido a
esto el hombre ha logrado evolucionar
al más alto grado de la perfección fun-
cional en el Cosmos1 conocido, resulta
que todas sus concepciones ideológicas
tienen que ser el resultado de este li-
bre espíritu de investigación, para que
su validez, en el campo de las acciones
humanas, responda a una realidad y no
a una ficción metafísica.
De aquí que al buscar las verdade-
ras bases que fundamentan el ideal
ácrata, nuestros investigadores hayan
realizado una labor integralmente cien-
tífica y humana. Y, que al encontrar-
las y establecer su general validez, ha-
yan constituido lo que, sin temor ni
dudas podemos llamar: «las bases cien-
tíficas del anarquismo». .
Lo extraño es que en los medios li-
bertarios, existan personas y grupos, que
vean, si no con asco, si con indiferen-
cia, la labor científica realizada, no sólo
por los teóricos de nuestro ideal, sino
también la que realizan los nuevos in-
vestigadores por alcanzar las cumbres
del conocimiento y la verdad. Por lo
tanto, no es de extrañar, que el anali-
zar cualquier principio anarquista — a
la luz de la Ciencia —, sea visto como
una presunción, pues existen grupos,
pequeños por fortuna, que pretenden
asentar «su anarquismo» en base pura-
mente pasionales, no sujetas al análisis
de la conciencia y la razón.
El aceptar el anarquismo como un
dogma, no sólo nosdebe 'repugnar,
sino que debemos rechazarlo, por no
constituir la Anarquía esto, ni cosa pa-
recida tampoco; al igual que nos debe
repugnar hacer de la Ciencia un dog-
matismo, que debemos seguir y creer
ciegamente, pues la Ciencia en en sí
misma libertaria, ya que no sólo da
libertad de investigación, sino que la
exige aún para analizar las verdades ya
confirmadas, pues, siempre ve en esta
aceptadas y que parecen totalmente
labor algún beneficio para nuestro co-
nocimiento de la realidad, porque, si cjl
analizarlas no encontramos error en
ellas, más validez adquirirán para el
futuro.
Por todo lo anterior* tenemos que
concluir, que la Anarquía es una for-
ma social de convivencia humana, que
responde a una necesidad lógica y na-
tural, que siente el individuo de vivir
la vida plenamente, como es ella, des-
bordante, fecunda e integral,
Esto es, el hombre sano, rebosante
de vida pasional e intelectiva, siente la
natural necesidad de vivir su vida, con
toda la plenitud de sus órganos y fa-
cultades, realizando con esto el equili-
brio en la armoniosa realidad de la
Naturaleza..
Por esto es que podemos afirmar, que
el ideal ácrata, que encierra en si to-
das las cualidades positivas del ser,
pensamiento y acción, amor y libertad,
es el ideal que más ampliamente res-
ponde—hasta ahora—a las necesidades
reales de la naturaleza humana, y que
la Ciencia es la que nos da la exacta
noción de estas cualidades, asi como
nos indica, el mejor modo de realizar-
las, para alcanzar la cima final de la
Anarquía, la emancipación del linaje
humano. Octavio ALBEROLA.
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L O B A D A S F E R O C E S PORO LO JUVENTUD DECADENTE
HE escrito y manifestado muchas No somos hombres fanatizados, no los pueblos para romper todas las ca-veces que los libertarios o anar- somos profetas ni adámicos, en tanto denas que le oprimen. 1 L «Relato de la Destrucción de In- chables estos últimos ni para traviesas pelaje y ladrido, al Yus yuris, a la va- j
dias», de Bartolomé de las Casas, de ferrocarril en calidad de durmientes; cad política, al trust hambreador, a la , M multitudes y en particular en las ¡u- fundamente realistas, que pretendemos cial en l a jerarquización política y au-
quistas, traíamos de despertar en que anarquistas y revolucionarios, pro- Los que fundamentaron el orden so-
que a los historiadores de cámara son votados a eterna infamia en el li- empresa de presa. Y i cuál tiene madre? | v e n t u d e s d e a m b o s l a c o n c i e n c i a i m p u l s a r el sentido 'realistas de la li
y del vaso y el grifo, parece un panfleto helo del fraile; dan boqueadas de peni
antiespañol, a mi me hace los huesos tente y de criminal en ese suplicio me-
caldo y me los baña en agua de rosas siánico,
cuando lo leo que no es con la frecuen-
cia que el cuerpo me lo pide.
La literatura de nuestro Siglo de Ora-
lina no esuviera cabal, si le faltase esa
Sin embargo iqué Isaias, con la ira- i , o s . „ „ . m a s n o b l e s s e n t i m i e a .
cundía huracanada de sus crispantes au- ¡ tos> s e m b r a r i d g a s d e l i b e r a c i o n d e „ ._. . ™ „ -_ „. ._^_,„„. | t 0 S i s e m D r a r ¡deas de liberación y d(
líos, se yergue a ™Mecir todas esas , b i e n e s t a r g e n e r a l induciéndoles a prac
Felicitémonos de que e n caló bien especies de cautividad; crucifica con t ¡ c a r i d e a s d e . Q d e t o l e r a n c i ! , d e
metáfora como botes de lanza a tanto d a m u t de solidaridad y amor,
malhechos guüloUnable, pingo de horca, a c t i v a r r e a l ¡ z a r é s t a s n o b [ e _ (¡m.
que nos tiene en cepos y en grillo,, nos , c e p c i o n e s m o r a l e ¡ . q u e d i g n i f i c a n y
enaltecen al hombre
ma°cado cuaje una de las protestas mas
imponentes, que son decoro de letras no
toritaria, desnaturalizaron o desdibuja-
bertad hacia su corolario: EL COMU- ron siempre las creaciones populares,
NISMO LIBERTARIO. jamás los pueblos organizaron las gue-
La trayectoria de la vida individual r r a s si no los Estados, los pueblos ja-
y colectiva se mueve hacia la felicidad m á s lucharon para sostener injusticias
que para nosotros estriba en la pleni- y organizar depredaciones
Ángel Samblancat
emponzoña la brisa, nos tasa el frijol,
Por tanto, loor al héroe, que en las
Y como genocidas nurembergabíes y Casas es casi el primerito, a quien las
enemigos del alfabeto, debemos sindi- conciencias en pena podemos besar la
car, extendiéndoles carnet de la Checa, mano, reconociendo al fin la divina pro- | sustituir la sanción e intervención legal
al Estado, a la chuca de Chucho el Ro- videcia de un creador, para el que ha i y administrativa por el libre contrato
to de Nazaret, a la detenatción de tie- sido una hacienda y un champurre el \ perpetuamente sujeto a revisión v cam-
nnvjaua. _^o^jueron . rras „ numos ^ Umite; Q bofias ^ todo tener adorables « ^ ^ l £ i o
P
SEAMOS BUElSfCOMPRÍNSÍVOS
mata de yerbas, que otros llaman florón,
a su corona.. La España en que esa rosa
estalló en sangres, su cubrió de gloria
con ella, más que con «La Araucana» de comercio. E imitemos al ingenio ge
ercÚlewe y las actas de Gomara y Ber- nial, que se hizo verbo y voz de la Hu-
nal Díaz. Las madres maman más vo- munidad multipartita de su tiempo,
luptuosidad del pecho de sus hijos re- La invasión de nuestras almas indio-
beldes que de todo un almanaque de tas y la fritanga con que se victimó lides del civismo, por primera vez en la
santos conformistas y modregos. Entre siemre a nuestros menguados higadillos, vida y en el arte logró el acento de
nosotros, no hay novela picaresca, ni dis- no vinieron con tan extrema Inquisición. Apocalipsis de las grandes justicias, que
paratario caballeresco, ni tratado de Mis- 0tms tanU¡s conquistas, sin contar las ^jan materia a memorizar imperecede-
ra que supere en chile y arrebato a dd <<Te0riOy>> son £ abaTTOte! e\ peinaje ra hasta en el celuliode.
la «Relaciow> de Las Casas, quien con ^ i ^ industrial, la paz armada hasta Y confesamos lisa y planamente que
la pluma estuvo al nivel de las esnadas lo¡¡ dientes de e¡ c o / o n i s m o per. de tanto negr0 ^re, que se echa a la
tremendas que combate, y del que hay foradoT & m o n t o í ¡ a s y seivas vir*enes. encrucijada a encuerarnos cada día, Las
pocos condores qeu igualen el vuelo.
Carnicera salvajina, tigres hircanos,
leones furibundos, perros rabiosos, fero-
císimas bestias y diablos infernales lla-
ma el descosido dominicán a los cen-
tauros de la colombiada. Y eso fueron
¿Qué otra cosa
sido siempre los monstruos de armas,
los pavos reales de la guerra, líteros o
iliteros?
Los romanos desgarran con uñas de
hiena el hato de Viriato, el áureo Rhin,
el Norte numidio, el Asia menorcita, la
sabiaza Grecia, las bigotudas Galios, el
Oriente risueño y el mortuorio Occiden-
te.
El germanismo paseó la tea de los in-
cendios por una Europa más madura
para los excesos hordarios que la China
de los mandarines; y en la que metió
hasta el pomo la piqueta de la demo-
lición.
Árabes y mongoles no dejaron por
pasaban hombre con hache y hombro
con percha para colgar el sombrero. Asi
operaron todos los matarifes y charcu-
teros de la Historia. Y, finalmente, Es-
paña en sus inmensas devastaciones de
Indias.
De ninguna hecatombe cantada en
verso; de ninguno de los espoliarlos, osa-
rios y calverjes, en que tizones y fusiles
en concubinal jolgorio han entregado la
honra de la tierra al estrago, queda una
crónica, en que el grito de la inocencia
' ultrajada suba a los cielos tan en cohete,
como en la alegación de fray Bartolo.
A os Gerundios de Campazas los pre-
fiero yo con bota, para que cuando ellos
no me prediquen la verdad, me la diga
el vino, i Constituye un deshonor em-
briagarse de enternecimento y sensibili-
dad? Para mi, en modo alguno.
Ni siquiera las últimasmasacres otó-
micas, que han elevado un monumento
ul horror, cuentan con un comentarista
de la violencia salvaje y la virulencia
inaudita del obispo de Chiapas, venga-
dor de los indios.
El beliconismo, la matanza de puer-
cos, ]a rapiña gatazo; capitanes y ban-
didos; verdugos y oidores, no aprove-
nos azoU desnudos, nos nutre y hace ¡ H e j g fc m é t o d o s d e
>nas inalcanzables que la luna las tor- ¡ d a s o n ^ n o s o t r o s d e *
!<Iks como soles por que suspira el es- \ r t a n c i a sociológica, y por qué no va-
piritu? N, uno que yo sepa, por lome- i ^ . a , , . m u l t ifu d e s humanas ni con
• fines políticos, ni para atraerlos como
rebaños a nuestros grupos u organiza-
ciones sindicales.
Los anarquistas tienden a la libertad
más (absoluto, a 1a satisfacción más
ción y podemos demostrar que aque
lias conclusiones, que nos hacen ver-
2 í ™ YS • 3S M C e S 1 e S H T Í T S d a d e r o s r e a I ¡ s< a s descansan en la o b sin otros limites que las imposibilida
tud que solo se realizará en la liber-
tad, en la tolerancia y en la justicia;
por estas conclusiones tan sencillas y
Gtiátobal Caátto
bellas, somos realistas; algunos se creen
que son conclusiones caprichosas y for-
CCTbSadaaPri0ri P ° r U D a ™ a g Í n a C Í Ó n e M " íes, _<
Desdeñamos esa errónea conceptua-
solamente
se originaron siempre en la mentalidad
autoritaria y caprichosa de hombres y
sectores políticos, siempre deseosos de
sentirse dueños de los pueblos; por esa
mentalidad absurda ellos inscribieron las
páginas de dolor y esclavitud que re-
gistra la historia. .Por contra cuando
los pueblos o las comunidades socia-
des naturales y la obligación de res-
petar las necesidades de sus sentimien-
tos. Rechazan toda autoridad y todo
gobierno sea del color que sea, y en
todas las relaciones y humanas quieren
L O que valoriza personalmente al absentas de la bondad y de la com- mis propios compañeros, les quiero y ser humano es el carácter, ya que, prensión. respeto como debo y se merecen y les
es indudable, el hombre carente Y no podemos estar al margen de la ayudo moralmente cuando sé que pe-
de carácter no posee personalidad pro- bondad y de la comprensión porque sin nan, van desviados inconscientemente
pia, perdiendo, por tanto, todo valor bondad es del todo imposible anhelar de su linea de conducta, se hallan con-
personal, pero lo que verdaderamente el bien del prójimo como el nuestro y fusos o están equivocados? ¿Soy lo su-
valoriza a éste en el orden moral son sin comprensión no existe forma posi- ficientemente comprensivo con respecto
las buenas cualidades que ostente, y, ble de convivencia mutua, ni de res- a los que piensan como yo para no mal
para el que estas lineas escribe, son peto reciproco, ni manera de confra- interpretar las cuestiones, ni mal con
A. LÁMELA
estas cualidades: la Bondad y la Com-
prensión.
Evidentemente que de la bondad ternizar entre nosotros, ni de amistad
nace el cariño, la comprensión genera y confraternidad sincera y menos aun
la voluntad y la constancia y de entre para con aquellos que viven sin pre-
ambos procede ese respeto mutuo que ocupación de orden social, desarrollán-
nos une en el más estrecho y sincero
lazo de amistad. Siendo, pues, el ca-
riño el vehículo que alimentado por la
bondad nos traslada al plácido terreno
ceptuarlas mirando las cosas a través
del variable y confuso objetivo de la
malicia y de la mala fe? ¿Y cumplo
con mi deber con respecto a mis seme-
jantes, soy bueno sin permitir abusen
de mi persona, complaciente sin per-
der la personalidad, comprensivo mien-
tras me mantengo firme en mis ideas
y cariñoso sin dejarme dominar por los
que comercian conmigo en mi condi
dose su existencia en medio de un am
biente tan hipócrita como comerciali
zado, producto de la gazmoña y co
rrompida sociedad en que vivimos,
Después de lo dicho solo me resta ción de asalariado e intentan anular mi
de la estimación mutua que tanto une decir que meditemos sobre el tema que p r o p i a personalidad individual obligán-
a los humanos y la comprensión la que nos ocupa mirándonos hasta lo más d o m e a q u e o b e d e z c a a voluntades
nos conduce a respetar a nuestros se- íntimo y profundo de nuestro ser lo- a j e n a _p
mejantes como a nosotros mismos y que grando con nuestra íntima meditación
se fortifican voluntad y constancia a abrir las puertas de la conciencia y des- Después de habernos hecho estas
través de una conducta tan austera co- pues de habernos apartado por unos preguntas producto del intimo razona-
mo ejemplarizante, siendo asi, como momentos de cuanto anormal nos ro- miento que hemos mencionado, solo nos
considero dentro de mi sencilla pero dea y de ese yo personalista deseen- resta compórtanos como ellas requieren,
firme opinión, es, nos será fácil recono- diente de\ amor propio, preguntémonos si es que no lo hacemos por olvido o
cer que en tanto que seres humanos descansando en brazos de la sinceridad: porque el ambiente en que vivimos nos
que por convencimiento y por sentir ¿Cumplo con mi deber en tanto que vaya dominando y si nos comportamos
formamos la gran familia libertaria, no idealista? ¿Es mi conducta digna de tal cual el sentido de las mismas indi-
podemos, .habida cuenta de -as carne- cuanto me digo ser en el terreno de las can, redoblemos nuestra constancia
teristicas humanas y sentimentales de ideas y como me menciono pensar? siendo cada dia más BUENOS y COM-
las ideas que nos son comunes, estar ¿Soy bueno y desinteresado para con PRENSIVOS.
servación de la experimentación social
verificada a través del tiempo y del es-
pacio por la humanidad y que la his-
toria señala y demuestra en sus pági-
nas sociales.
Los anarquistas no creen posible un
comunismo impuesto desde arriba, un
comunismo de Estado a la manera ru-
sa,- y aunque fuese posible no lo que-
rrían ni se adaptarían a él, porque en-
tienden que el Estado no persigue más
que un fin: limitar, encadenar, sujetar
al individuo, subordinado a una «gene-
ralidad», como bien ha dicho Max Stir-
ncr.
Esa «generalidad» queremos dese-
revoluciones escribieron siempre las pá
ginas más bellas, gloriosas, poéticas y
más nobles de la Historia.
Nos dirijimos a ti, joven, porque eres
la parte vital del pueblo, y la fuerza
dimanante del entusiasmo y de la ge-
nerosidad para que comprendas que tu
salvación y la del pueblo todo, no de-
pende de los cánticos de sirena de hom-
bres ídolos, que los hechos convierten
en tiranos y demagogos. .
Nosotros queremos que tú seas el
dueño de tu destino, el artífice elocuen-
te pero sencillo de la libertad, quere-
mos evitar tu domestización que pre-
tende el Estado y las fuerzas negras
que le acompañan; fuerzas que son
las partes negativas de la humanidad
en sus afanes progresistas.
Tú debes acompañarnos a nuestros
diaria de nuestro ambiente para que nobles propósitos que lo son deslizados
los trabajadores y los pueblos en ge- de toda aspiración política, de toda pre-
nerai dejen de ser el" ingenuo de tantas benda y de toda vanidad ruidosa, que
circunstancias y puedan ser librís y n a s entendido que el hombre por en-
adquirir su plena personalidad de crea- c ' m a de la ley y de la autoridad que
dor iniciando con ello una nueva fase n a s llegado a comprender que el hom-
de la historia. D r e puede en todo momento ser HOM-
Por e_ta razón los libertarios quere- BRE, dueño y soberano de si mismo
mos y lo hemos dicho muchas veces, f1 e l concierto de los hombres y de
con la propaganda qeu es sana, el mo- ' a s pueblos libres. .
vinolento y la acción propia, sean en Comprendiéndolo asi, a través de
tiempos normales de evolución más o nuestro noble concepto ideológico, tó-
menos pacifica, sea en el curso de una d a I a trayectoria de la vida individual
eventual revolución más o menos vio- v colectiva se mueve hacia la felicidad
lenta, para llegar a establecer una or- ( l u e P ^ 3 nosotros estriba en la pleni-
ganización social en la que toda coer- t u d que solose realizará en la liber-
ción violenta y autoritaria del hombre t ad> e n I a tolerancia y en la justicia,
por el hombre esté limitada y en con-
secuencia, esté eliminada también, to-
da explotación.
Una sociedad así, sin gobierno y sin
capitalismo, no estaría ya dividida en
clases o castas privilegiadas y otras de-
fraudadas; es decir en ricos y pobres,
consecuencia lógica de la desigualdad
económica y social que hoy padecemos..
La autoridad concretada en todas las
formas de Estado o de gobierno llá-
mese blanco o rojo, sólo sirvió siempre
para crear nuevos privilegios, nuevas
arbitrariedades, violencias, injusticias y
terribles guerras, retrasando por esto el
desarrollo de los generosos impulsos de
La epopeya
del acratismo hispano
(Viene de la página 1)
Hay millares de compañeros que caye-
ron en estrictos libertarios. Tengan, los
neo-gubernamentalistas, la delicadeza de
anotarse este dato.
Aquella muchachada adscrita volun-
taria y entusiásticamente en la familia
libertaria adoptó una finalidad muy. pre-
cisa, que los desarreglos morales de la
hora no lograron disimular ni corrom-
per. Aquella multitud dinámica y em-
prendedora salida de los cuadros de la
C.N.T. acabó por sentirse capaz de su-
perar la era contemplativa y pasar a
otra experimentación. La epopeya doc-
trinal y plasmadora del acratismo espa-
ñol que va de 1870 a 1939 es formida-
ble, •majestuosa, y quienes a estas altu-
ras hablen de posiciones negativas, nie-
gan la luz de sus ojos. No hay movi-
miento filosófico o social en el mundo
que en sesenta años haya adquirido la
fuerza expansiva del nuestro. No hay
religión en la tierra que del empirismo
haya podido pasar al positivismo, que
haya intentado situar el cielo en la tie-
rra tal como se ha hecho desde nues-
tro elemento.
Las agrupaciones confederales de tra-
bajo ofrecen mucho que meditar a los
pueblos. Hemos establecido la norma
del «todos para uno, uno para todos»,
hemos acreditado el «no más deberes
sin derechos, no más derechos .sin debe-
res». Las prédicas comunistas a la Pri-
mera Internacional, para la Revolución
confederal española, no han sido letra
muerta, sino lección viva y candente.
Gracias a una constancia y a un dolor
nuestros de muchos años, el proletaria-
do internacional puede exhibir, por vez
primera en su historia, un ejemplo de
vida libre, sin lobos ni parásitos, o un
intento en efectivo de manumisión so-
cial.
Vean los espíritus enfermos si de las
imperfecciones y de los contratiempos
qeu sufrimos durante y después de ¡a
guerra, pueden sacar materia para abo-
nar su tesis derrotista, que nosotros, de
la experiencia pasada y del dolor pre-
sente, pensamos extraer la consecuencia
de algo hermoso y eficiente para el por-
venir.
JUAN FERRER.
Journal sorti des presses de la
SOCIETE GENÉRALE D IMPRESSION
(Cooperativa Ouvnere de production)
Siége socio. : 26, rué Buffon. Toulouse
Ateliers : 61, rué des Aniidonniers
BOLETÍN DE SUSCRIPCIÓN
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Revista "CÉNIT" por un período de (1)
enviando la cantidad de (2)
Fecha
se suscribe a la
GIROS: "C.N.T." hebdomadaire , C.C.P. 1197-21, 4, ru« Belfort, TOU-
LOUSE (Haute-Garonne).
(1) Trimestre, semeitre o aflo. — (2) 180 fi. i 360 fr. e 720 francos.
V¿WVVVVVV^S^S<VVVVVVA/VVVVVVVVVVVVVVS*
,^V*VVVV^»
(CONCLUSIÓN)
Pero cuando el cristianismo devino religión del Esta-
do y poco a poco separó su causa de la de los opri-
midos, cuando la Marsellesa llegó a ser himno del im-
perialismo conquistador francés, cuando cada patrio-
tismo se encerró en el charco de su propio patriotismo
y se transformó en egoísmo nacional; y los prinicipios
que animaron a estas tres grandes revoluciones his-
tóricas se fraccionaron y vinieron a ser bandera par-
ticular de una casta, de una clase o de una nación,
su fuerza ideal murió. No constituyeron ya más un
ideal, justamente porque el ideal no soporta los limi-
tes de los confines nacionales, separación de casta o
de clase, pues para ser «ideal» necesita dirigirse a
todos, de modo que todas las mentes y todos los cora-
zones tengan la posibilidad de abrazorlo, y que a nin-
guno deba ser forzosamente extraño.
El ideal que ha recogido, en la segunda mitad ie l
siglo XIX, la herencia de los principios universales de
la revolución cristiana (en la cual va incluida la revo-
lución del protestantismo), de la revolución de 1789-93
y de la revolución patriótica de 1851-60, es el socia-
lismo, entendido no como un particular programa de
los partidos políticos, que han conseguido monopoli-
zar el nombre, sino en el sentido más vasto de lucha
y movimiento internacional por la emancipación in-
tegral del individuo y de la colectividad de todas ias
explotaciones y de todas las dominaciones en todos
los países.
Aunque se haya insistido tanto en dar al socialismo
un carácter exclusivo de reivindicación de una sola
clase, es sin embargo siempre como ideal, aspiración
de los hombres de todas las clases, que ejerce su
mayor fascinación.
Por el impulso de las necesidades y de los sufri-
mientos el mayor número de los adherentes al socia-
lismo lo da naturalmente la clase desheredada, que es
la que más tiene que esperar de un cambio social.
Por eso no basta para dar al socialismo un carácter
exclusivo de clase; que si bastase no se explicaría por
qué tantos de aquellos salidos de las clases oprimidas
y obreras se hayan pasado al enemigo apenas tuvie-
ron la posibilidad, traicionando la propia fe y la pro-
pia clase.
El socialismo es entonces, y sobre todo, un ideal
humano y universal. Si perdiera ese carácter cesaría
la muerte. Una demostración de hecho nos ha dado
de ser un ideal y se encaminaría rápidamente hacia
la tentativa de aplicación práctica y política del so-
cialismo que en Rusia ha tomado el nombre de bol-
chevismo (comunismo de Estado), que del socialismo
no conserva más que el nombre.
En Rusia, el «comunismo» no ha hecho sino susti-
tuir la dominación de los representantes de una clase
y de un partido, a los representantes de otra clase y
de otro partido; y además se ha transformado en
política de un Estado o gobierno particular, en con-
currencia con los otros Estados sobre los mismos pla-
nos de la economía capitalista y de la diplomacia
militarista e imperialista. El comunismo se contradice
y reniega asi su mismo significado etimológico e his-
tórico y pierde su carácter de «ideal» humano, para
no ser más que la fórmula, la razón comercial, el
titulo político de los intereses de una nueva clase
dominante, de un gobierno, del Estado de una sola
nación, contra la clase todavía sujeta y explotada en
Rusia, y motivo de desconfianza o de hostilidad por
parte de todos los otros pueblos.
Para tornar al socialismo, que es lo que más nos
interesa porque es el ideal vivo y en actividad en
el actual periodo histórico, digamos entonces que ello
implica ciertamente una de las más importantes fun-
ciones a través y por medio dé las luchas de clases,
pero no es la lucha de clases, si bien (para repetirlo
con las palabras ya citadas de Colucci), «la domina,
la envuelve, la dirige, la modera y la coordina a su
EL IDEAL HU^IANC
fin único y a su complexo idealista». En cierto modo
podría decirse que la crea.
Y ahora, después de todo eso, ¿qué puede signifi-
car el llamado «tornemos al ideal», tímidamente ex-
presado por algunos antes de la tremenda crisis esta-
lada en 1914? Quiere decir en sustancia, tomemos al
ideal del socialismo. Pero puesto que desde 1870 en
adelante el socialismo se ha dividido en tantas co-
rrientes y opuestas, ¿cuál es el socialismo que más
merece el nombre nobilísimo de «ideal» y que está
más vecino a la verdad, que más responde a las as-
piraciones de lo s pueblos, después del vendaval d e
las derrotas y de las desilusiones sufridas en estos
últimos diez años de dolor y de tragedia?
Los pueblos están hoy sumamente fatigados. Pri-
mero la guerra con sus torrentes de sangre y su cor-
tejo de hambrey de muerte; luego la repentina y
febril esperanza de liberación con sus convulsiones y
sus tentativas desesperadas; más tarde aún las repre-
siones liberticidas y las tremendas crisis políticas y
económicas; todo eso ha agotado las enregias popu-
lares en todos los países; y de este marasmo se está
aprovechando la oligarquía financiera y estatal para
apretar los frenos y consolidar su dominación. Pero
las mentes no han cesado de vibrar ni los corazones
de latir: y pensamietnos y sentimientos se van reu-
niendo en torno a nuevas aspiraciones, por un nuevo
impulso hacia adelante de la civilización humana.
¿Cuál es el ideal que más puede colmar la aspira-
ción eterna a una más elevada civilización, a un más
amplio progreso? No hay más que una respuesta: el
socialismo. ¿Y cuál socialismo? Aquel que más fiel a
su origen ideal se conservó, que menos se desvió y
degeneró, que menos transó oportunistamente con las
mudables necesidades contingentes de tiempo y de
lugar, que más íntegro se conservó, aunque hasta el
nombre le haya sido arrebatado.
En este sentido «retorno al ideal» significa retomo
a las ideas que fueron elaboradas en el seno de la
primera Asociación Internacional de los Trabajadores:
ideas que fueron una continuación, una deducción ló-
gica, de los anteriores movimientos progresistas, como
I is comunas, el renacimiento, la reforma, la revolu-
ción francesa, el 48, etc.; ideas generales y humanas
de igualdad, de fraternidad, de paz, de justicia y de
libertad, no ya entendidas en un sentido particularista
y limitado, sino en su significado integral de libera-
ción de todas las individualidades y colectividades
humanas de todas las formas de esclavitud política,
económica y espiritual.
Especialmente después que la concepción autorita-
ria y estatal del socialismo y de la revolución ha fra-
casado, sea como método legalitario deshaciéndose al
contacto de la realidad de la guerra en 1914, sea
como realización revolucionaria, en su expresión de-
mocrática en Germania y en su expresión dictatorial
en Rusia, el retorno a las fuentes ideales del socialismo
no puede ser interpretado sino como un reconocimiento
de las razones ideales del anarquismo, sea como tenden-
cia del espritu, sea como programa realizable y reali-
zador.
La anarquía es ahora la fórmula del progreso del si-
glo XX, como lucha contra el pasado y como conquista
del porvenir.
• 0 *
Seria muy largo demostrar aquí por qué los anarquis-
tas son los que más fieles se han conservado, en la le-
tra y en el espíritu, a la tradición y a las ideas del so-
cialismo de la primera Internacional. Cuando haciendo
abstracción de la práctica del momento, la Internacio-
nal quiere anticipar el porvenir y dar un objetivo finalista
a sus luchas, levantarse hacia un programa idttal, ese
programa fué anárquico tanto en las deliberaciones de
sus congresos como en las afirmaciones de sus más cé-
lebres exponentes: de Marx a Bakunin, de Reclus a En-
gels, de Blanqui a Malón, de Cafiero a De Paepe, a
Costa, Brouse, a Guesde., etc., etc.
Algunos cambiaron o precisaron luego en sentido di-
verso sus ideas; pero al principio, en su origen, todos,
aunque fuera por breves instantes, estuvieron concordes
en afirmar la finalidad anárquica del movimiento :cciu-
lista.
Aunque conservándose hasta el fin re'ativamente im-
parcial entre las varias corrientes que la dividían, y que
conservaron todas el derecho de ciudadanía con iguales
deberes y derechos, en su mayoría la Internacional, es-
pecialmente desde 1868 en adelante, se orientó siempre
más hacia el socialismo libertario. Fué asi cómo los úl-
timos congresos parecieron verdaderos y propios congre-
sos anarquistas, culminando hacia 1880 con la defini-
tiva separación de Is dos corrientes del socialismo—la
democrática y la anarquista—, cada una de las cuales
tenia ya su fisonomía propia y constituía un movimien-
to autónomo e independiente el uno del otro.
La corriente socialdemocrática y autoritaria llegó muy
pronto, a través del parlamentarismo, a olvidar y hacer
olvidar sus orígenes. En cambio, la corriente antiestatal
y libertaria conservó intactas las afirmaciones teóricas e
ideológicas de la Internacional, o las desarrolló si-
guiendo la trayectoria de partida, a excepción de algu-
nas fracciones de poco relieve que, a través del indivi-
dualismo, condujeron a quienes tenían prisa de saciar
sus «necesidades» y de «vivir su vida» a desconocer el
LUIS FABBRI
nexo inquebrantable entre el individuo y la sociedad y
a renegar por lo tanto en un sentido opuesto las razo-
nes ideales del anarquismo.
.Retornar al ideal del socialismo significa entonces acep-
tar sin temor la lógica conclusión anarquista, lo que Pe-
dro Gori llamó «el coronamiento político del socialismo»,
la socialización de la libertad (permítasenos la expresión)
como complemento y garantía de la socialización de la
propiedad. El ideal anárquico resuelve en efecto el do-
ble problema del bienestar y de la libertad para todos,
propugnando una organización social sobre la base de
la solidaridad y del mutuo apoyo, por medio de aso-
ciaciones voluntarias de «productores trabajadores» para
la producción, el cambio, los servicios públicos y la
distribución, que aseguren a cada uno y a todos la sa-
tisfacción de las necesidades materiales, intelectuales y
morales y en ausencia de poder coercitivo, la aplica-
ción de la máxima libertad individual y colectiva.
He aquí por qué desde el fin de la Internacional (1880)
en adelante, todo movimiento realmente socialista y re-
volucionario, que de tiempo en tiempo se ha determi-
nado y estallado espantando a los privilegiados y a los
dominadores y reanimando a los desheredados y opri-
midos, ha tenido como consciente o inconsciente móvil
de acción la tendencia anárquica o al anarquismo se
acercó.
El mismo sindicalismo revolucionario, que naufragó
al pretender sustituirse a los partidos de ideas o se aco-
modó a nuevas, y se replegó nuevamente hacia el lefor-
mismo y el oportunismo cuando el error del propio
unilateralismo económico y obrerista manduró sus últi-
mos frutos amargos (me refiero aquí especialmente a la
Confederación General del Trabajo fraicesa, terminada
tan lastimeramente con la guerra), en su origen y hasta
que no rebasó los limites y funciones de «método re-
volucionario y libertario de acción y organización sin-
dical», y como tal tuvo un hermoso período de esplen-
dor y de éxito, apareció de tal modo saturado de anar-
quismo que muchos, y fué otro error, lo creyeron la
misma cosa que la anarquía y pensaron que pudiese
sustituirla.
Era en los tiempos en que George Sorel veía en el
anarquista elloutier «un gran servidor del pueblo» y en
los anarquistas, a quienes habían demostrado con los
hechos, entrando en los sindicatos, que «se puede ac-
tuar, organizar a los obreros y hacer cosas prácticas
excelentes en el presente y plenas de porvenir, sin de-
generar.»
«La síntesis social que la sociedad burguesa ha roto
—escribía Arturo Labriola—separando al hombre del
ciudadano, el sindicato trata de reconstruirla... con una
serie de esfuerzos constantes. El resultado de todos es-
tos esfuerzos es la recomposición de aquella síntesis so-
cial... que instaura el gobierno autónomo de la produc-
ción, es decir aquella organización social que todos los
socialistas desde Proudhon a Marx han llamado anar-
quía.»
Cada vez, en suma, que se ha querido remontar de
la práctica a la doctrina, de lo particular a lo general,
de las ideas contingentes a un ideal de progreso huma-
no en perpetuo devenir, siempre se ha llegado a con-
clusiones anárquicas. Aun sin saberlo, sin conocerse uno
a otro, sin habérselo propuesto, y partiendo de los más
diversos puntos de vista, desarrollando sus ideas en los
campos de investigación más apartados, una infinidad
de pensadores y hombres de ciencia, de apóstoles y de
hombres de acción, han arribado concordantemente a
este resultado, que ya J. G. Fitche anticipaba en1794,
mientras la revolución francesa, alcanzado el ápice de la
parábola ascendente, comenzaba su rápida y trágica caí-
da: que el progreso humano avanza con un canstante
disminuir de la autoridad estatal y con un paralelo
aumento de la libertad individual y colectiva.
«El punto señalado sobre la linea de la evolución tra-
zada al género humano es aquel en el cual todas las
organizaciones estatales serán superfluas. Es el momen-
to en que, en lugar de la fuerza o de la astucia, la
razón será reconocida universalmente como supremo
juez. . Mientras no llegue ese momento no podremos
tampoco llamarnos verdaderos hombres». La palabra
«anarquía» no había sido pronunciada aún, pero la idea
estaba ya en camino. La idea de libertad desde que
logró su tentativa de realizarse politicamente a través
de la democratización del Estado, aun antes de hallar
en el socialismo la vía de salir seriamente de las abs-
tracciones resolviendo el problema de la miseria, era ya
tendencialmente una aspiración anárquica.
¡Cuántos de aquellos que, en estos últimos cien años,
en el ramo especial de su ciencia o en el campo par-
ticular de su propia actividad, han cooperado con el
pensamiento y con la acción a extirpar hasta las más
pequeñas y casi invisibles raíces del principio de auto-
ridad y contribuido aunque sea mínimamente a exten-
der el radio de expansión de la libertad, cuántos de
ellos quedarían maravillados y hasta sin duda indignados
si se les dijera que han trabajado por la anarquía
n a »
Pero seria grave error concluir de todo eso que el
porvenir del progreso humano sea una cosa tan segura
y fatal como el curso de un rio que va inevitablemente
hacia la desembocadura y no puede detenerse ni re-
montar hacia las fuentes.
Los sucesos humanos no siguen una linea constante
ni obedecen a una ley siempre igual de desarrollo. No
tienen una lógica a la cual estén forzosamente subordi-
nados, o tienen sólo aquella lógica que los hombres de-
ducen después que los hechos se han producido. En los
hechos humanos, hay un elemento, un factor imponde-
rable pero importantísimo, que turba, acelera, retarda o
detiene su marcha: la voluntad. La piedra que cae no
puede escapar a la ley elementar de la caida de los
cuerpos; el hombre en cambio, no obstante estar sujeto
a las mismas leyes naturales, puede por obra de su vo-
luntad servirse de una ley natural contraponiéndola a
otra y anular prácticamente sus efectos u obtenerlos
diversos, u opuestos también, a aquellos que se habrían
producido sin la intervención de la voluntad humana.
Si, pues, las relaciones entre el hombre y las cosas in-
animadass están siempre sujetas a leye que pueden en
cierto modo hacer prever los desarrollos posibles, las
relaciones entre hombre y hombre, entre colectividad v
colectividad de seres más o menos «voluntaristas», es-
capan a todo determinismo aprioristico, a todo fatalis-
mo, a todo automatismo. Cuando con tal motivo se ha-
bla de inevitabilidad, de «lógica de las cosas», etc., se
trata de simples modos de ver, o si no de relaciones li-
mitadísimas y de breve duración, y sobre todo de una
ilusión de nuestra mente, que tiene por fatales ciertos
hechos acaecidos sólo porque han ocurrido o cree in-
evitables otros hechos todavía no acaecidos sólo porque
desea que ocurran.
El progreso humano hacia una siempre mayor liber-
tad y un mayor bienestar de los pueblos es, pues, sobre
todo, un deseo nuestro, algo que nosotros queremos y
no un beneficio que nos viene naturalmente como las
flores qn primavera y los frutos en otoño. Y si hay gente
que quiera lo contrario, y lo quiera más fuertemente
que nosotros, y no hallamos en nosotros mismos la fuer-
za, la habilidad, la ciencia y el impulso para comba-
tirla y vencerla, todo progreso puede venir a menos,
transformarse en regreso y desmentir todas las más gran-
des aspiraciones humanas.
Una ley fatal del «progreso indefinido», que era casi
una fe para los positivistas del siglo pasado, no existe.
«No todas las revoluciones son fatalmente un progreso,
como no toda las evoluciones están siempre orientadas
hacia la justicia», decía Reclus. La historia humana
procede por acciones, reacciones y revoluciones, sin ló-
gica y norma constante, justamente por la intervención
de la voluntad, del juego de las voluntades opuestas,
cuyos resultados son a menudo de los más ilógicos que
se hubiera podido imaginar, sea en buen o en mal sen-
tido. Pero eso no debe hacernos escépticos. Al contra-
rio, debe inspirarnos mayor confianza en nosotros mis-
mos, enseñándonos que, cuando se quiere una cosa, no
nos debemos detener a los primeros pasos ante una apa-
rente sinrazón.
El progreso no se producirá, o se producirá en sen-
tido distinto y tal vez opuesto de lo que nosotros lla-
mamos progreso—es decir, hacia un régimen de mayor
sujeción, esclavitud y miseria para la mayoría—, si aque-
llos que desean el progreso en sentido Ubertario e igua-
litario no se lo labran con sus propias manos, no lo
apresuran con sus esfuerzos conscientes y asociados, con
su sacrificio y el riesgo de sus vidas.
El ideal humano que responde a las necesidades y a
las más hondas aspiraciones del hombre a la paz en la
fraternidad, al bienestar en el trabajo, a la libertad en
el apoyo mutuo, a la justicia en la igualdad, al amor
en la devoción reciproca—ideal que, a través de la
evolución del pensamiento y el movimiento de los he-
chos sociales, ha terminado por concretarse en el pro-
grama de la anarquía—, este ideal espera de los hom-
bres su traducción en la realidad. Permanecerá >una
utopia mientras los hombres, o un número suficiente de
hombres, no la quieran o se limiten a soñarla como una
posibilidad muy lejana.
La realización de la anarquía será, en cambio, un he-
cho cumplido, aun para una colectividad y sobre terri-
torios relativamente limitados, si ha sabido traducirse en
fe ardiente, vale decir, en voluntad firme y decidida de
alcanzarla, en el corazón y la inteligencia de un número
de hombres bastante esforzados para libertarse primero,
y para proveer después con el trabajo a la producción
necesaria a la propia vida como a defender a la nueva
sociedad contra los asaltos extemos con sus propias
fuerzas.
Monín le dijo a Kiko:
H% A Subid una mona a un nogal,
WmjK Y cogiendo una nuez verde,
¿ J g En la cascara la muerde;
Lo que le supo muy mal.
Arrojóla el animal,
Y se quedo sin comer.
MBRETTE ET LA GRENOUILLE-TAURE
IL y a bien longtemps, une fa- nouilles, qui cherchaient a s'é- La Grenouille-Taureau les prit se posa á cóté de la maitresse de grenouilles épouvantées, elle de-
mille de Hottentots v i v a i t chapper. rhacune j a r une patte et nageant ballet. manda : N'avez-vous pas remar-
prés d'un vlei qui le plus sou- Tous les matins, Bullfrog, la avec vigueur les ramena a la sur- — Qu'est-ce qui te prend, qu'est- qué que mes notes résonnent de
vent était plein d'eau. C'étaient Grenouille-Taureau, maitresse de face. ce qui te prend, Bul l? plus en plus comme des cloches?
des gens heureux, le pére, la me- ballet, réunissait les grenouilles Asseyez-vous sur ce rocher, L'autre roula des yeux mécon- L'ombrette leur jeta un regard
re et quatre enfants. l is habi- au fond du bassin afin de régler petites grenouilles vertes, dit-elle, tents et sans s'arréter, fixa l'oi- sévére. Elles étaient fort embar
taient un solide rondawel fait de leurs entrechats, de les faire e¿ écoutez.
jones et decoré á l'intérieur de chanter en cherur, enfin de pré- T o u t ¿ s d e la
pointait hors de l'eau et toute
une compagine de ees petites bé-
nombreuses peaux de bétes prou- parer pour le soir une représen-
vant que le pére était un habile tation capable de distraire le
seau comme pour diré : Comment rassées. Fallait-il risquer de lui
une roche o s e s - t u interrompre une grande déplairc ou mécontenter la Gre-
artiste ?
A quoi penses-tu, a quoi pen-
nouille-Taureau ? L'oiseau les ter-
rifiait car il était cause de leur
chasseur. GrandSerpent. Elle était vieille t e g g e r e p o s a i t e n a t tendant la
s e s " t u ? continua l'ombrette. Le transformation.
Les deux garcons et leurs soeur et poussive, ne pouvait plus dan- r e p r é s e n t a t i o n d u s o i r
jouaient volontiers pres du vlei, ser, mais c'etait un professeur
et l'ombrette, cet oiseau a huppe, compétent et, bien que sévére,
soleil est encoré haut dans le ciel Avant méme qu'elles eussent
et te voilá chantant a tue-téte. trouvé une réponse, celui-ci écla-
C'est ridicule. Qu'est-ce que va ta de rire. — Kraaaak... kraak, kraak!
les observait souvent. En gran- joyeuse et de bonne humeur, a coassa Bullfrog d'une voix puis- d i r e l e Grand Serpent si le chef Par ma huppe! s'écria-t-il,
dissant, les enfants s'enhardirent condition de ne pas étre irritée sante qu'on entendait á une lieue d e s choeurs est enroué avant le mais voici bien ees enfants mas-
et s'approchérent de plus en plus par ses eleves. Dans ees cas-lá, a l a ronde, assourdissant les pau- c o n c e r t ? sacreurs de grenouilles'.... Tiens...
prés de l'eau, bien que les pa- les yeux lui sortaient de la tete v f e s Petites nouvelles qui étaient _ F e r m e t on bec, ombrette, tiens !...
rents leur eussent vivement re- comme des bailes prétes á frap- b i e n t r o P effrayées pour protes- c o a s s a Bullfrog. Une voix aussi Comment avait-il pu les recon-
commandé de ne pas la troubler, per les recalcitrantes. Toutefois t e r - assouplie que la mienne ne s'en- naitre ?
car c'était le seul bassin sur des sa colére tombait vite, et les pe- Au bord du vlei, l'ombrette ees- roue jamáis, au contraire, elle — Oui, oui, je sais qui vous
kiloméires á la ronde. tites danseuses connaissaient un sa d'aller et de venir, étendit ses s'améliore en chantant. Et se étes. Cela vous étonne, heln?
L'ombrette ne disait rien, elle bon moyen de la calmer :
se contentait d'envoyer des coups * — Maitresse, lui disaient-elles,
de bec aux grenouilles qui, per- chantez-nous une belle chanson,
dues dans la contemplation de la nous sommes si fatiguées!
ailes, et volant au ras de l'eau, tournant vers les deux petites L'ombrette est tres savante, vous
campagne, s'attardaient prés des
bords.
Et Bullfrog, qui se croyait une
chanteuse émérite, acquiescait
Un jour, la mere envoya ses volontiers. Au premier coasse-
- *-. -a _a t r i o n t t ' J h o i i n h a e ' n i i t p a i t órw»i«_
fils chercher de l'eau afin de cui
re du mil. l is coururent jusqu'au
vlei et virent une petite gre-
nouille qui avait sauté sur le bord
tandis que l'ombrette se prome
ment, sa bouche s'ouvrait enor-
me et ses yeux prenaient un re-
gard inspiré.
— Kraak, kraak, kraak! coas-
sait-elle, et les petites grenouilles
nait de í'autre cóté. Les méchants se couchaient sur le dos dans la
garnements se mirent a lui jeter yase douce et verte, agitant leurs
des pierres, s'encourageant a qui Jambes en cadenee sur l'air qui
viserait le mieux. L'oiseau s'aper- ne variait (fuere.
cevant de ce jeu cruel vola en Lorsque les deux grenouilles
toute háte au-dessus de leur tete Qui avaient été de petits Hotten-
en criant • t o t s arriverent au fond de l'eau,
Cessez' Cessez < Vous le re- B u l , f r 0 * , e u r «>uhaita l a b ienve-— Cessez. cessez . vous ie r ^ ^ ^ i n s U , l a s u f u n { k p i e r r e
gretterez.... moussue afin qu'elles assistassent
Mais un des garcons lui lanca a la lecon.
un caillou, t a n d i s que l'autre —Jambe gauche, tendez le cou,
cherchait á frapper la grenouille. rentrez jambe gauche et le cou.
L'ombrette, furieuse, partit faire Jambe droite en avant, tendez le
son rapport au Grand Serpent Cou. Rentrez la jambe et le cou...
des Eaux, qui lui donna ses ins- Le corps de ballet suivait ses
tructions. La mere, impatientée, ordres a la perfection, surtout
appela les enfants, qui se dépé- aujourd'hui oü il y avait des
chérent de lui apporter l'eau de- spectateurs.
mandée. — Rentrez les jambes. Pliez-
Toutefois ils avaient trouvé le **»; attention! sautez!
jeu fort amusant, et le lende- Toute la bande bondit en une
main revinrent au bord du vlei. s eule Hgne avec un ensemble par-
II n'y avait plus de petite béte fait. L'eau tourbillonnait sur la
curiDuse sur la berge, a!ors pour tete de chacune des danseuses.
observer le fond de l'eau ils mi- ("était un spectacle impression-
rent le pied sur de larges feuil- n ant .
les de ncnuphars, croyant qu'el- — Eh bien, mes enfants, de-
les sunporteraient l e u r poids, manda Bullfrog, que dites-vous
mais elles cédérent; ils s'enfon- de ce la? hein ?
cerent et pendant qu'üs plon- — C'est magnifique, madame!...
geaint, le G r a n d Serpant les — Vous en ferez bientót autant,
chancea en grenouilles. Aussitót, assura la Grenouille-Taureau en
LAS AYCWTIJRAS DE NONO
m a M I S DE AUTONOMÍA
(Continuación.)
Te hablo un lenguaje poco compren-
sible para tu edad; pero cuando, por
intimidado al verse objeto de todas las bula cestitos y pequeñas herramientas
miradas. apropiads sus fuerzas. Todos tendían
— Yo me llamo Mab, — repuso la las manos, gritando:
ignorancia y no por mala inclinación, te ale^re Viruela; - si quieres seremos - ;A nú, a mi, Labor!
cantaradas; tu figura me agrada: te en- — Y mi hermana Liberta, ¿no ten-
señaré nuestros juegos, y ya ceras có- drá hoy quien le ayude? — dijo Labor
mo se pasa aqui la vida alegremente, sonriendo y señalando una mujer joven
Por lo tanto no hay maestros que cas- vestida con un ropaje flotante, color
tiguen ni fastidien obligando a una verde mar y que llevaba la cabellera
engañes, a tu lado me tendrás para ayu
darte.
No temas, ven, voy a conducirle cer
ca de compañeros de tu edad que te
enseñarán mejor que yo a ser como se " 6 , , . I Z , r 6 T — 7 • u i *r ,T
. • ' * ^ ~ * • quietud enojosa. Luego te presentare suelta tobre la espalda.
Y Nono vio cerca de vi -un carro ti-
rado por seis hermosa, cinüeñas j j . chos; ya conocerás a todos.
A un signo de la dama, mudo de ad- y Jadu dirigiéndose a Han<:
miración, tomo asiento cerca de ella en _ iVefdad ^ qu¡ms ^ a¡mam
a mis amigos Hans y Biquetfif, mis _ Y o he ido esta mañana, —\
mejores camaradas; pero^ hay otros mu- ron vari0s niñoí¡ y nihas
— Ya iré yo — dijo Biquette.
dije-
el carro, y tomando su vuelo las cigue- d f l ^ n u W ^ ^ fe ^ ¿ n
ñas se elevaron en los aires. El joven ¿ ^ al nombrado
viajero vio desaparecer^ poco a poco los _ Seguramente, - dijo el personaje,
detalles de la campiña que parecían que h men0s repTesent'aba diez a ñ ¿ 4 ,
desfilar bajo sus pie'; los bosques se _ con m ¡ea campechan0
hacían cada vez más pequeños hasta el ¿Cuántos años tienes? — preguntó a
verde de su follaje semejaba el tapiz de Nono.
una pradera. _ Nueve.
Después de haber recorrido cierto ¿£)e dónde vienes?
tiempo las alturas, las cigüeñas bajaron Una rubia de siete años.
— Y yo también, — dijeron otros,
y tomando pequeños cubos que la mu-
jer les acercaba, la siguieron hacia un
edificio si'.-uado al extremo de aquel
campo.
Nono miraba iin decir palabra, per-
maneciendo cerca de Mab y de Hans,
que no se movieron del lado de Labor.
— Toma, pues un cestillo, — dijo
preguntó Hans, tocando a Nono con el codo. —
¡Labor, un cestillo para el nuevo!
l'ombrette ;;ortit de sa cachette leur envoyant une petite tape
derriére les buissons et vola au- amicale. AHez, remontez toutes j /a» alturas, que resultó ser un palacio
dessus du bassin en criant : « Je au soleil, ajouta-t-elle, s'adressant l magn'/"co
el vuelo acercándose a la tierra Nono . ¡Qué curiosa es esta D e í i a / . _ ¡Ah, ere¡¡ tu el Solidaria ha
vtó dibujarse en primer término las co- dijo Mab. tomado bajo su protección, ~ dijo La-
linas, luego los nos después distinguió — Respóndele qué le importa, — di- bor. — Aproxímate, muchacho. Ya veo
los árboles y por último -un edificio qu* j0 uno de los presentes. Aquí nadie que tienes amigos. ¿Crees que estarás
le pareció como un juguete en medio se ocupa de donde se viene; con ser aquí contento?
de un jardíninmenso, que se adivinaba _ _ ^ ^ _ _ ^ ^ _ _ _ _ _ ^ _ _ _ ^ _ _ ^ ^ _ _ „ . ... ., ,
' 17 . j » ™ ™ ™ « ^ ^ ^ ^ ™ ^ M — M ^ M ^ B I ^ M ^ ^ ™ — Creo que si, dúo nono tomando
por sus territorios cubiertos de musgo
y por sus parterres de variado' colores.
En el jardín se paseaban multitud de
personajes que parecían divertirse \ } - "- " ' - ^ A > v ~ y° e^ou seZuro de e>l°- Ve con
u . , . ,. ,. . . , V v-^" _ iKP" \ X. tus companeros que te esperan y te
Hacia aquel jardín se dirigieron las j ™ ^ £ \ I V \ \ \ enseñarán lo que ha de hacerse,
cigüeñas, deportando los viajeros al pie JT^ 2 M I \ \ \ \ Terminada la distribución de los ees
^ Mmj\ I) tillas, los niños se dividieron en grupos
esparciéndose por el plantío de árboles
frutales que limitaba aquel campo, del le savais... je l'avais bien dit!... » a sa troupe, et je vais chanter
P«ia elle se posa sur le rivage et pour vous, les nouvelles venues.
continua de surveiller les gre- Suivez-moi.
- ¡ Ayuda a tu madre!
- ¿ A qué ?
- A romper platos.
A la llegada del carro, aquellos que
Nono había percibido, que eran niñas
y niños de los cuales el mayor apenas
tendría doce años, se acercaron, y cuan-
do descendió la compañera de Nono
todos se precipitaron hacia ella con
aclamaciones de alegría.
—¡Solidaria! ¡Nuestra buena Solida-
ría! ¡Viva Solidaria! — gritaban. —
Queríamos saber, sin poder conseguir-
lo, dónde os habíais dirigido. Nos !ia-
béis dejado sin advertirnos antes.
— ¡Vaya, vaya! — decía la dama,
que no podía satisfacer a tanto chi-
quillo que se empinaba a su alrededor
con la esperanza de obtener una cari-
cia, un beso o una palabra cariñosa;
— si os echáis sobre mi de esa mane-
ra consegueréis derribarme.
Os reservo una sorpresa; ya lo veis:
he ido a buscaros un nuevo compañe-
ro. Cuento con vosotros para ponerle al
corriente de nuestro género de vida, y buen compañero basta. Vamos a
hacérsela agradable para que disfrute gar.
- ¿Qué has aprendido
hoy en la escuela?
- Hoy he aprendido a
comer bombones de-
bajo de la mesa.
el cesto y la herramienta que le pre-
sentaba Labor.
cual estaba separado por postes que
sostenían enrejados para sostener fres-
cos y pendientes los frutos dorados y
toda cía e de árboles frutales.
—Ven, Delia; deja a los otros que
van cus Liberta a ordeñar las vacas. A
mi también me gusta la leche; pero
no me divierte andar detrás de aque-
llos animales, que me hacen temer
siempre que me den una patada; es
mucho mái divertido gatear por los
árboles.
—A mi—repuso Hans—, me gusta
trabajar en los establos. No hay peli-
gro de que las vacas hagan; esas bue-
nas bestias son bien tranquilas; pero
yo he estado esta mañana, y no me
gusta hacer dos veces seguidas la mis-
ma faena.
Algunos ottV>s kiiño.s *e unieron al
grupo de Nono, Hans y Delia.
—¿Qué vais a coger?—dijo uno de
ellos.
—No sé. ¿Qué' prefieres tú?—dijo
de ella con 'alegría. ' ' Y tomando a Nono por la mano, le Hans dirigiéndose a Nono. Ya ves, hay
Y añadió dirigiéndose hacia Nono: dijo: uo»*, melocotones, peras, ciruelas, ba-
— No te alejes n-jnca de tus com- — ¡Quieres visitar el jardín» nanas- ananas, grosellas y fresas: M-
pañeros; porque nuestro enemigo Mo- — Con mucho gusto. coge.
nadio, rey de Argirocracia, envía sus — Te olvidas que pronto será la ho- ' conn
e ' ademán señalaba a Nono
emi'arios a rondar por el bosque que ra de hacer la recolección para la ce- e^ amplio plantío donde se hallaban
circuye nuestra posesión, y sus geniza- "", — dijo una señorita de nueve años: reunidos, no sólo los frutos de todas
ros echan mano, para reducirlos a es- ésta era Biquette, de quien había ha- *"* latitudes, sino qve al mismo tiem-
clavitud, de los imprudentes que se blado Mab. Vo _ maduraban los de las diversas c -
ponen fuera del alcance de nuestro so- — Tienes razón; me olvidaba de taciones; donde los árboles de la mis-
corro, ello. Ya lo verás mañana. Vamos a bus- ""* especie se hallaban en todos los
Luego, dirigiendo una última sonri- w nuestros canastillo*. grados de madurez, desde la flor h.as-
«a de animación y cariño a los niñjjs, Y la banda se dirigió hacia un cam- to el fr"to m a d u r " !/ dispuesto vara
se remontó en una nube que la ocultó po donde se hallaba un hombre de ser.,.C?P,
a sus miradas. gran estatura y aspecto vigoroso, que, ñauábanse en aquel momento al pie
Los niños se dispersaron, exceptúan- con sus brazos musculosos remangados df„un soberbio cerezo, que ostentaba
do algunos que quedaron para exami- y su fisonomía de rasgos enérgicos hellXsimas cerezas, negras y carnosas,
nar al recién llegado. caracterizaba la fuerza y la energía; la ~¡Ohl cerezas. ¡Cuánto tiempo ha-
— ¿cómo te llamas? — preguntó a dulzura de su mirada corregía lo que ce aue no las he comido—dijo Nono,
Nono una niña de a.pedo un tanto jn- hubiera podido haber de excesivamen- engolosinado por los frutos que pen-
caresco que no pasaba de ocho años, te severo en la expresión de su rostro, ^ian sobre su cabeza.
— Nono, — respondió el pobrecillo. Rodeado por los niños, les distri- il'.i.itininrá.)
/u-
pouvez me croire. Jamáis des gre-
nouilles nées au fond de l'eau, ne
sont pourvues, a votre age, de
jambes et de bras aussi dévelop-
pés. Nous ne permettons pas a
nos bebés de faire des Bétises,
non, mes amis. Ces jambes et ees
bras, nous ne les leur accordons
qu'á l'áge de raison. Si les Hot-
tentots avaient un peu de bon
sens, ils feraient de méme et
leurs enfants éviteraient bien des
malheurs'.
— Oh! Ombrette, reverrons-
nous jamáis nos parents ?
L'oiseau cligna de sa paupiere
droite si lentement qu'ils en fu-
rent ébahis.
— Qui sait ? Qui sait ?... caque-
ta-t-il. Puis étendant les ailes, il
partit par-dessus le bassin en
criant : Faut que je m'en aille,
faut que je m'en aille...
La Grenouille-Taureau envoya
un coup de pied amical aux pe-
tites grenouilles.
— Reposez-vous, verdettes, re-
posez-vous... Nous aurons une bel-
le représentation ce soir.
L'oiseau alia se poser sur le
rondawel des parents hottentots
en criant :
— J'ai des nouvelles... J'ai des
nouvelles...
Le pére, la mere et les deux
petites fijles sortirent en toute
háte, conscients que l'ombrette
sait bien des choses que les hom-
mes ignorent.
Celle-ci les considera du haut
du toit.
— Vos deux fils sont changés
en grenouilles, annon«;a-t-elle.
La mere éclata en pleurs et le
pére devint blanc de rage.
— C'est ta faute, oiseau cruel!
s'écria-t-il.
— Je ne suis pas cruel, ce sont
tes fils qui l'ont été, ils ont at-
taqué d'inoffensives grenouilles,
d'innocentes petites bétes qu'af-
fectionne le Grand Serpent.
— Mais comment les retrou-
ver ? sanglota la mere.
— Lorsque vos bonnes actions
dépasseront les mauvaises dont
vos fils sont coupables.
— Je ferai tout ce que vous me
direz, gémit la mere.
Mais le pére ne pouvait maítri-
ser sa colére.
— Ces enfants ont désobéi á
leur mere, mais ils étaient in-
conscients du mal qu'ils pou-
vaient faire aux grenouilles.
— Ils apprendront, répondit
l'ombrette qui s'envola en caque-
tant : « Faut que je m'en aille,
faut que je m'en aille », et elle
disparut dans le ciel.
Les deux petites filies avaient
écouté en silence. Elles aimaient
beaucoup leurs fréres et ressen-
taient douloureusement leur ab-
sence. Cette nuit-lá tres tard elles
se glissérent hors de la hutte,
tandis que leurs parents dor-
maient, e' allérent au bord du
vlei. L'eau était tres calme et la
lune montait haut dans le ciel.
Les chants rythmés des grenouil-
les remplissaient l'air, le concert
donné au Grand Serpent battait
son plein.
— Kraak, kraak, kraak, chan-
tait un groupe, et l'autre répon-
dait : Krippeti, krippeti, krippe-
ti, krip. Le contrepoint était par-
fait et une des filies chuchota !
— Le Grand Serpent doit étre
satisfait ce soir, la musique est
splendide.
— Je crois que nos fréres chan-
tent dans le choeur Krippeti-krip,
répondit l'autre. Elles s'assirent
toutes deux sur une pierre et,
malgré leur frayeur,écoutérent
pendant une grande heure.
De son nid au-dessus du bassin,
l'ombrette les apercut toutes tris-
tes au bord de l'eau et son re-
gard s'adoucit.
— Pauvres enfants, elles se
sentent bien seules, se dit-il.
A présent, les grenouilles com-
mencaient le ballet. L'eau jail-
lissait sous leurs ébats ou ondu-
lait en vaguelettes pendant que
les petites bétes sautaient. Le
flouc, flouc des danseuses se dé-
menant dans la vase montrait
combien elles y allaient de bon
coeur. Les fillettes, tres intéres-
sées, tournaient la tete á droite
ou á gauche lorsque les danseu-
ses sautaient au-dessus de la sur-
face du bassin et replongeaient
de nouveau.
« Leurs fréres leur manquent,
se dit l'oiseau. Elles ont du cha-
grín. » Et comme malgré son as-
pect sévére, il avait du coeur, il
résolut de faire quelque chose
pour elles.
Les petites se penchérent sur
le bassin pour voir les grenouil-
les de plus prés. L'ombrette vola
hors du nid, plana sur leurs tetes
et plouc! Elles tombérent la tete
la premiére dans le vlei et se
transformérent, immédiatement,
en deux beaux pieds de nénu-
phar dont les feuilles fiottaient.
Le lendemain, á l'heure de la
récréation, les grenouilles décou-
vrirent ces plantes nouvelles.
— Elles sont magnifiques, cria
une des meilleures danseuses, les
feuüles sont larges et bien lisses,
on peut s'y étendre á l'aise et s'y
rsposer longtemps.
— Tandis que les autres nénu-
phars sont paresseux, reprit une
de ses compagnes. On n'a pas
eu le temps de prendre un bon
bain de soleil qu'ils se referment
déjá.
(A suivre.)
t»^^w» *»+At" ***&*" ***At>
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