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Decisiones que transforman: Un estudio bíblico sobre nuevos comienzos
Copyright © 2019 por Wendy Bello
Todos los derechos reservados.
Derechos internacionales registrados.
B&H Publishing Group
Nashville, TN 37234
Clasificación Decimal Dewey: 234
Clasifíquese: CRISTIANISMO / FE / GRACIA
Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida ni distribuida de manera 
alguna ni por ningún medio electrónico o mecánico, incluidos el fotocopiado, 
la grabación y cualquier otro sistema de archivo y recuperación de datos, sin el 
consentimiento escrito del autor.
A menos que se indique otra cosa, las citas bíblicas se han tomado de la versión 
Reina-Valera 1960® © 1960 por Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 
1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Usadas con permiso. Reina-Valera 1960® es una 
marca registrada de las Sociedades Bíblicas Unidas y puede ser usada solo bajo 
licencia. Las citas bíblicas marcadas NVI se tomaron de La Santa Biblia, Nueva Versión 
Internacional®, © 1999 por Biblica, Inc. ®. Usadas con permiso. Todos los derechos 
reservados. Las citas bíblicas marcadas NTV se tomaron de la Santa Biblia, Nueva 
Traducción Viviente, © Tyndale House Foundation, 2010. Usado con permiso de 
Tyndale House Publishers, Inc., 351 Executive Dr., Carol Stream, IL 60188, Estados 
Unidos de América. Todos los derechos reservados.
ISBN: 978-1-5359-3655-2
Impreso en EE. UU.
1 2 3 4 5 * 22 21 20 19
3
Índice
Acerca de la autora � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � 4
Introducción � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � 5
Semana 1: El comienzo de la transformación� � � � � � � � � 6
Semana 2: Esperas, demoras y otras cosas 
difíciles que pueden ser hermosas � � � � � � � � � � � � � � � � 22
Semana 3: ¡Estás completa! � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � 36
Semana 4: Madres a la manera de Dios � � � � � � � � � � � � � 50
Semana 5: Decisiones valientes � � � � � � � � � � � � � � � � � � � 64
Semana 6: Cambiada por las decisiones � � � � � � � � � � � � 78
Guía para el líder � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � 92
4
Acerca de la autora 
WENDY BELLO es conferencista y autora 
de libros como Una mujer sabia y Vivir en la 
luz. Su pasión es comunicar que la vida que 
Dios diseñó es plena y abundante, y que no 
hay mejor lugar para descubrirla que en el 
estudio de la Biblia y en su aplicación a la vida 
cotidiana. 
Wendy es parte del equipo de autoras de 
LifeWay Mujeres. También contribuye con 
otras publicaciones que apoyan el ministerio 
de mujeres. 
Es originaria de Cuba, pero vive en el sur de 
la Florida hace muchos años con su 
esposo y sus dos hijos.
5
Introducción
Se le atribuye a Albert Einstein esta frase: «Locura es hacer lo mismo una y 
otra vez, y esperar obtener resultados diferentes». Creo que de esta clase 
de locura hemos padecido todos en algún momento. Queremos que las 
cosas cambien, pero seguimos haciéndolas de la misma manera. Seguimos 
pensando de la misma manera, actuando de la misma manera. Es evidente 
que, si queremos lograr resultados diferentes, tenemos que cambiar lo que 
hemos estado haciendo. Necesitamos tomar una decisión que lleve a la 
transformación. 
Romanos 12:2 es un pasaje que memorizamos y citamos a menudo: No 
imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que 
Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. 
Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es 
buena, agradable y perfecta (NTV). 
Lo primero es entender que una vida transformada sigue el diseño de Dios. 
Lo segundo es saber que esta transformación comienza con Él. ¿Cuál es 
nuestra parte? Rendirnos y tomar decisiones que al final nos transformarán. 
¿Cómo? Prestándole atención a su Palabra y obedeciéndola. 
La verdad es que quisiéramos que al comenzar a caminar con Cristo nuestra 
vida se transformara de inmediato, ¡pero no es así! Tenemos que vivir un 
proceso que en teología se llama santificación. De eso también trata este 
estudio, porque, cuando aprendemos a decidir a la manera de Dios, más nos 
parecemos a Cristo, y esa es la verdadera transformación. 
Quiero invitarte a estudiar las experiencias de varios personajes bíblicos, 
gente real como tú y yo, que enfrentaron sus propias decisiones y de las 
cuales tenemos mucho que aprender. 
En cada sesión nos ocuparemos de una decisión, ya sea para imitarla o para 
desecharla. Si se trata de lo segundo, buscaremos cómo reemplazarla. Será 
una trayectoria que haremos juntas. Así que ¡ánimo! Esto de renovar la mente 
y el corazón toma tiempo; pero, si alguna vez alguien te dijo que es imposible, 
permíteme decirte una de mis frases favoritas: «Árbol que nace torcido, ¡el 
poder de Dios lo endereza!». 
Vamos a descubrir una vida transformada.
We ndy
Esperas, demoras y otras cosas difíciles 
que pueden ser hermosas
Semana 1
El comienzo de la transformación
7
Día 1
E l comienzo de la trasformación
Antes de adentrarnos en el estudio de los personajes bíblicos sus decisiones 
y cómo podemos imitarlas o no para vivir transformadas, quiero invitarte a 
explorar qué dice la Biblia sobre el proceso de renovar nuestra mente y cómo 
este tiene lugar. 
Hace un tiempo publiqué una imagen en las redes sociales con este mensaje: 
«Todo triunfo comienza por un cambio de actitud». La imagen reflejaba una 
mariposa, y con toda intención. ¿Alguna vez has considerado el proceso que 
atraviesa este precioso insecto? Tiene cuatro etapas y, aunque no tenemos 
tiempo aquí para analizarlo completamente, de seguro has escuchado el 
término que describe el proceso que sufre la oruga para llegar a ser una 
linda mariposa: metamorfosis. Es una palabra que viene del griego y significa 
‘cambio, transformación’. Precisamente la misma palabra, pero en forma verbal, 
que aparece en Romanos 12:2. 
Según ese pasaje, ¿cómo dice Pablo que nos transforma Dios en 
personas nuevas?
Esta metamorfosis, al igual que en el caso de la mariposa, llevará un proceso 
que será diferente para cada persona. Y, como resultado, veremos un cambio 
en nuestra actitud. Como a la oruga, a nosotros también nos tocará «mudar la 
piel». Comencemos por leer Efesios 4:22-24.
Aquí hay tres verbos en forma imperativa, es decir, un mandato. El primero 
es «despojaos»: desháganse, eliminen. ¿Qué es lo que Pablo nos manda a 
eliminar? La antigua manera de vivir, la naturaleza anterior… ¡porque no tiene 
cabida en la nueva vida que Cristo nos ha dado! Sabemos que, si en un saco 
de papas dejamos una papa podrida, el resto también se echará a perder. ¡Es 
necesario sacar la papa que está mala! Y nosotros tenemos que arrancar todo 
lo malo de nuestra vida anterior, pero ¿cómo? ¿Cómo nos deshacemos de algo 
que forma parte de nuestra esencia, esa naturaleza con la que vinimos a este 
mundo? ¿Será acaso posible? Veamos.
¿Cuál es el segundo mandato que Dios nos da por medio del apóstol en 
este pasaje? 
8
La NTV nos aclara un poco más la intención del versículo: En cambio, dejen 
que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes (4:23, NTV). 
Para que nuestra mente se renueve, y por ende nuestros pensamientos 
y actitudes que luego producirán decisiones, necesitamos dejar que el 
Espíritu de Dios se haga cargo. No podemos hacerlo por nuestra cuenta. 
¡Eso es imposible! El ser humano no puede salvarse ni cambiarse a sí mismo. 
Podemos engañarnos por un tiempo, podemos pretender, fingir, adoptar 
nuevas filosofías, pero el ADN corrupto en algún momento asomará la 
cabeza. Para que ocurra un cambio en la mente y en el corazón, se necesita 
intervención divina.
Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el 
corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, 
para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, 
y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios (Ezeq. 11:19-20). 
Ahora bien, ¿cómo puede el Espírituhacer esta obra transformadora? ¿Por 
dónde comienza? Leamos Juan 16:7-14. ¿Qué funciones principales se 
describen para la obra del Espíritu Santo?
En 1 Corintios 6:19, se nos demuestra que el Espíritu Santo no es una «fuerza», 
sino que es una persona que ahora vive de modo sobrenatural en cada 
creyente, con una función muy clara. Y parte de esa función es renovar 
nuestros pensamientos y actitudes, como ya vimos en Efesios 4. 
Ahora bien, si una actitud es el resultado de un pensamiento repetido, tenemos 
que reemplazar los pensamientos que han dominado nuestra mente durante 
años por otros que puedan producir nuevas actitudes y decisiones. 
A veces creemos que, al decirle sí a Jesús para que sea el Señor de nuestra 
vida, todo cambiará mágicamente, sin que nosotros tengamos que hacer nada. 
Lamento decirte que, aunque yo también quisiera que así fuera, no lo es. A 
pesar de que el Espíritu Santo viene a vivir dentro de nosotros, es un trabajo 
en equipo. Voy a explicarme.
Veamos lo que dice 2 Corintios 10:5 en la NVI: Destruimos argumentos y toda 
altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo 
pensamiento para que se someta a Cristo.
¿Te das cuenta? Es un verbo en primera persona, nosotros llevamos cautivo 
todo pensamiento a Cristo. Pero ¿qué quiere decir llevar un pensamiento 
cautivo? ¿Cómo se hace? Es tomar nuestra mente de la mano y decirle por 
dónde ir. Tengo que entrenar mi mente a pensar en conformidad con la Palabra 
9
de Dios. ¿Se corresponden con ella mis pensamientos o se contraponen? 
Por ejemplo, si mi tendencia natural es preocuparme, ¿qué dice la Biblia de 
la preocupación? Si mi tendencia natural es criticar a otros, ¿qué me enseña 
Dios con respecto a juzgar? Si mi lucha es el temor constante, ¿qué dice la 
Palabra con relación a una actitud de temor? Esa es la única manera de llevar 
los pensamientos cautivos a Cristo, pero es un acto de la voluntad. Tengo 
que decirle a mi cerebro: «Estás yendo por un rumbo equivocado. No estás 
alineado con lo que Dios dice y, por lo tanto, tengo que enderezarte para que 
recuperes el rumbo correcto».
Esto es así, literalmente. Nuestra mente (nuestras neuronas) se acostumbra a 
ciertos caminos y, cada vez que pensamos en algo, que ya hemos pensado 
antes, toma ese mismo camino. Ahora que estamos en Cristo y queremos 
actuar de manera diferente porque queremos vivir en la plenitud de vida que 
Él nos ofrece, tenemos que crear caminos diferentes en nuestro cerebro. Es 
curioso que hace varios siglos, cuando no se conocía nada de eso a nivel 
«científico», ya Dios nos estaba dando el método en su Palabra. 
Lee Filipenses 4:8. ¿Cuál es la invitación de Pablo? ¡Cambien el enfoque! Se 
nos invita a concentrarnos en cosas diferentes, a renovar la mente con cosas 
que dan vida y que, por supuesto, agradan a Dios. Nuestra mente necesita 
riendas; de lo contrario, querrá andar sola y llevarnos por caminos muchas 
veces confusos, distorsionados, contrarios a todo lo que Dios quiere para 
nosotros y nos enseña en su Palabra. Pero eso no lo puede hacer nadie más. 
Nos toca a ti y a mí. Es parte de la libre voluntad que Dios nos dio decidir en 
qué vamos a pensar.
Si decido dejar que Dios renueve mi mente, podré revestirme con la nueva 
naturaleza, que es el tercer verbo en el pasaje de Efesios que mencionamos 
antes, y estaré lista para que en mi vida ocurra la trasformación. 
La Biblia nos enseña que, ahora que somos hijos de Dios, ¡tenemos la mente 
de Cristo! Así que no es una misión imposible lo que estamos considerando. 
¡Sí podemos tener mentes transformadas, sí podemos pensar de otra manera, 
nuestras actitudes sí pueden cambiar y, por tanto, decidir de manera diferente! 
Para terminar, quiero invitarte a que hagas una oración y la escribas aquí. 
Usando lo aprendido en los pasajes bíblicos, pídele a Dios que comience, 
o continúe, el proceso de renovación de tu mente y actitudes.
¿Lo hiciste? Entonces comencemos a estudiar las decisiones que pueden 
trasformar nuestra vida. 
10
Día 2 
La única mujer que lo tuvo todo
Dice la Real Academia Española que una persona satisfecha es una persona 
complacida, contenta. Y satisfacción es lo que experimentamos cuando 
nuestros deseos y apetitos están saciados. Sin embargo, no hace falta indagar 
mucho para saber que la mayoría de las personas no se sienten satisfechas, 
aunque no lo digan. 
Tal vez debamos empezar por entender por qué vivimos en un mundo 
insatisfecho y cuándo comenzó todo este asunto de no sentirse realizado, que 
es la frase del momento. Cuando todo no es suficiente.
La verdad es que en la Biblia no se dan muchos detalles de esta «varona», 
la primera mujer a quien su esposo, y no sus padres, le puso nombre. Ese 
nombre, que en hebreo sería Chavvah significa ‘vida o viviente’. Para nosotros 
es Eva. Su historia la puedes leer en Génesis del capítulo 1 al 4.
Ella fue la única mujer que, literalmente, lo tenía todo. Piénsalo. Eva no 
necesitaba nada, en ningún sentido. No la conocimos ni hemos visto su foto; 
sin embargo, ya que fue Dios mismo quien la creó, estoy segura de que tenía 
la piel perfecta sin ninguna mancha, ni venas varicosas que le molestaran ni 
problemas de acné. Tampoco tenía que preocuparse por celulitis, canas o 
problemas con los dientes. Eva no tenía desajustes hormonales ni dolores de 
cabeza. Su medio era el ecosistema perfecto. Todo lo que comía era orgánico, 
sin fertilizantes ni químicos dañinos. La vejez no era parte de su diccionario ni 
tampoco la enfermedad. Y, como si fuera poco, ¡Eva tenía un esposo que solo 
tenía ojos para ella! En su mundo no había crisis económicas ni desempleo. 
Tampoco sabían qué era tener problemas de carácter o conflictos familiares. 
Eva vivía y caminaba en perfección, ¡lo tenía todo! Sin embargo, decidió 
cambiarlo por un engaño, y el resto es historia. 
Pero vayamos al día que transformó la vida de Eva y la de nosotras también. 
Todo comenzó por una conversación, un diálogo funesto en el que Satanás, 
disfrazado de serpiente, le hace una pregunta, y es en esa conversación 
donde encontramos la clave de la lección que Eva nos dejó. 
Lee Génesis 3:1-6. Una lectura detenida de este diálogo nos lleva a darnos 
cuenta de que en la primera pregunta hay una afirmación que en realidad es 
una mentira.
11
 ¿Cuál es? 
Dios les había dado acceso a todos los árboles de aquel jardín, con excepción 
de este al que la Biblia llama el árbol del conocimiento del bien y del mal, 
que, dicho sea de paso, no podemos afirmar que era un árbol de manzanas. 
Muchas veces nuestros problemas comienzan cuando una mentira del enemigo 
trata de desplazar la verdad de Dios. Satanás es el padre de mentiras; él sabe 
cómo disfrazarlas y en qué momento presentarlas. Si el arsenal de nuestra 
mente no tiene verdades suficientes, las mentiras encontrarán la manera 
de abrirse paso. La única manera de contrarrestar un engaño es usando el 
antídoto de la verdad. 
¿Recuerdas la manera en que Jesús confrontó al diablo en el desierto 
durante aquellos 40 días? Encontrarás la respuesta en Mateo 4:1-11. 
¿Cuál era la frase clave? 
Estoy segura de que en su humanidad Él estaba más que vulnerable porque 
su cuerpo carecía de las fuerzas que los alimentos nos proveen. No sé tú, 
pero yo cuando tengo mucha hambre no suelo pensar muy bien. ¿Te imaginas 
el cansancio, la sed, el agotamiento? ¿Cómo pudo resistirlo? ¡Con el arma de 
la verdad! Para cada planteamiento que el diablo hacía, usando incluso la 
misma Palabra de Dios, el Señor le respondía con una verdad contundente. 
El diablo conoce la Biblia y no va a dudar en usarla si fuera necesario para 
tratar de engañarnos. Es por eso que tenemos que estudiarla, memorizarla, 
porque solo al conocer la verdad tenemos plena libertad, incluso de la 
mentira. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad (Juan 17:17). 
El problema con las mentiras es que no siempre las creemos de un día para 
otro. Es una cuestión de tiempo. Quizás es algo que has escuchadodesde 
niña y, a fuerza de repetirse, se grabó en tu mente y tu corazón. Dado que 
lleva tanto tiempo contigo, ya no lo reconoces como mentira, lo crees como 
verdad. 
¿Cómo puedes entonces identificar la mentira? Necesitas entender que, si eso 
que has creído no está alineado con lo que Dios dice en su Palabra, es una 
mentira. Veamos algunos ejemplos.
12
Mentira: Estás aquí por accidente.
¿Qué dice Dios? Busca Salmos 139:16 y anota tu respuesta.
Mentira: Nunca cambiarás; seguirás siendo la misma.
¿Qué dice Dios? Busca 2 Corintios 5:15 y anota tu respuesta. 
Mentira: Tu vida es un fracaso; no lograrás nada mejor. 
¿Qué dice Dios? Busca Romanos 8:28 y Juan 10:10, y anota tu respuesta. 
Estos son ejemplos sencillos, pero nos dan una idea de cómo obra el enemigo 
de nuestras almas y cómo necesitamos aprender a resistirlo. 
En su respuesta, Eva corrige a la serpiente y le indica que, en realidad, era solo 
un árbol el que no podían tocar. 
Entonces, ¿por qué desobedeció, por qué escuchó la mentira de Satanás 
y comió de aquel fruto? ¿Por qué se dejó engañar? 
Analizando el relato, me atrevo a decir que el problema estuvo en las ansias 
de su corazón. De pronto, todo lo que tenía no le parecía suficiente; el 
contentamiento se había marchado. Dicho con otras palabras, esto fue lo que 
la serpiente le planteó: «No lo eres todo; puedes ser más; no te conformes; 
puedes tener más de lo que tienes». Cuando esa clase de pensamiento 
comienza a rondar nuestras mentes, ocurre inevitablemente lo que sucedió 
con Eva. Y tal y como pasó con ella, los resultados son funestos. ¿A qué me 
refiero? Eva quitó los ojos de su bendición, y la ambición quitó el lugar al 
contentamiento. Esa fue su decisión. 
¿Dónde están puestos tus ojos hoy? ¿Qué clase de pensamientos están 
rondando tu mente? Te invito a hacer un inventario honesto de tu corazón 
y anotar aquí cuáles son los pensamientos más comunes en ti. 
13
Día 3
La raíz del asunto 
Ayer vimos cómo la insatisfacción hizo su entrada en el mundo. Cuando Eva 
se miró a sí misma y pensó en lo que podía obtener, ¡se sintió inferior! y dijo lo 
que nosotras muchas veces pensamos: «¡Yo quiero lo que él o ella tiene!» La 
inconformidad tiene la triste virtud de quitar nuestros ojos de las bendiciones 
recibidas y ponerlos en lo que a la vista parece atractivo, pero que por alguna 
razón Dios ha dejado fuera de los límites, como el caso del fruto en el Edén: Y 
vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, 
y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría… (Gén. 3:6).
En este pasaje hay un verbo que es clave para entender la raíz del 
problema, ¿cuál es? 
Si escribiste «vio», pusiste la respuesta correcta. La mirada de Eva cambió 
de lugar. Ya no veía todo lo demás que estaba a su disposición; la belleza 
del Edén y su abundancia habían pasado al olvido. Ahora sus ojos estaban 
puestos en un solo árbol. 
¿Qué más nos revela este versículo sobre el móvil de muchas de nuestras 
decisiones equivocadas? 
Nuestra naturaleza humana cae presa fácilmente de lo que es «agradable 
a los ojos». Lee 1 Juan 2:16. ¿Cómo lo podemos relacionar con el tema de la 
inconformidad? 
Lo aparentemente atractivo hizo que Eva, una mujer que lo tenía todo, tomara 
la decisión de cerrar los ojos y cambiar lo perfecto por lo imperfecto, lo eterno 
por lo perecedero. La felicidad por el dolor. 
En múltiples ocasiones nosotras hacemos el mismo cambio. Tenemos todo lo 
que el Señor nos ofrece, lo que nos enseña, lo que ya nos ha mostrado en su 
Palabra y lo cambiamos por un plan aparentemente mucho más fascinante que 
termina en desastre. Nos miramos al espejo y pensamos que tal vez una nueva 
relación nos llenará el corazón o tal vez un par de zapatos nuevos nos quitará 
14
la tristeza o la frustración. A lo mejor es ese puesto en la compañía que tanto 
hemos deseado, por el que hasta nos desgastamos, y finalmente alcanzamos, 
para luego descubrir que no todo lo que brilla es oro.
¿Hay algo que estás anhelando ahora mismo que pudieras llevarte a 
cambiar lo que Dios te ofrece? 
Lee Proverbios 16:25. ¿Alguna vez has andado un camino así? ¿Cuál fue 
el resultado? 
Eva cambió la plenitud de Dios por la mediocridad del enemigo de su alma, 
que es también el nuestro. Y corremos el mismo riesgo porque llevamos sus 
genes. Ella y nosotras tenemos mucho más en común que la capacidad de 
tener hijos o las curvas en nuestro cuerpo. 
Aunque lo tuvo todo, todo no le fue suficiente porque quitó los ojos del plan 
de Dios y de sus bendiciones. Su historia no es solo un recuento histórico; 
es una lección de vida y, si decidimos entenderla y aplicarla, podremos 
vivir un poco más cerca del plan original de Dios, que ahora nos ofrece en 
Cristo.
Colosenses 2:9-10 dice lo siguiente: Pues en Cristo habita toda la plenitud de 
Dios en un cuerpo humano. De modo que ustedes también están completos 
mediante la unión con Cristo, quien es la cabeza de todo gobernante y toda 
autoridad (NTV, énfasis de la autora).
¿Qué nos dice Pablo aquí sobre nuestra condición? 
Todo lo que Dios quería que yo fuera o tuviera ya lo tengo porque estoy completa 
en Cristo. ¿Por qué no concentrarme en lo que soy y no en lo que no soy, en 
lo que tengo y no en lo que no tengo? Tengo el sello de Dios porque fui hecha 
a su imagen y soy algo que Él considera bueno: Y creó Dios al hombre a su 
imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. […] Y vio Dios todo 
lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera (Gén. 1:27,31a).
Cuando a veces me pongo a dudar, cuando pienso si realmente tengo lo 
que se necesita para ser una esposa virtuosa, una mamá que agrade a Dios, 
alguien que le sirva para su gloria, tengo que recordar estas palabras: estoy 
completa en Cristo. Él sabía que yo fallaría, que me equivocaría, pero aun así 
15
me hizo completa mediante mi unión con Cristo. ¡Ahí está el secreto! Es en esa 
unión con Él que podré ser todo lo que Dios quiere que sea. 
¿Por qué nos cuesta tanto aceptar esta verdad? Porque el enemigo sabe que, 
si nos concentramos en lo que nos falta, en lo que no somos, en lo que no 
tenemos, quitaremos la mirada de Jesús y dejaremos de ser un peligro para él.
Lee ahora Efesios 2:10. ¿Qué palabras usa el apóstol Pablo para definir 
nuestra identidad? 
El término hechura viene del griego poiema, de donde hoy tenemos nuestra 
palabra poema. Implica algo creado, elaborado ¿Te diste cuenta? Tú y yo 
llevamos la firma de Dios. Dios es Creador; Él no hace réplicas. Cada una de 
nosotras es única. Tenemos que aceptar y abrazar nuestra singularidad.
Mujer, necesitamos decidir creer la verdad que Dios nos dice de muchas 
maneras: no tenemos que ser más, no tenemos que hacer más, no tenemos 
que lograr más. Somos creación suya, para hacer cosas que Él planeó hace 
mucho tiempo. ¡No hay por qué dudarlo! Cuando lo hacemos, sutilmente le 
decimos a Dios: «No estoy conforme con lo que me has dado, con lo que 
tengo, con la manera en que me hiciste». Caer en esa trampa es demasiado 
fácil, roba el gozo y nos desvía del propósito de Dios. 
La inconformidad no nos lleva a ninguna parte, excepto a la destrucción de 
nuestro ser. Y casi siempre termina en algo peor. Veamos otra historia, otra 
decisión.
Día 4
Lo que envenena el corazón
Ella fue una de las pocas mujeres que recibieron el título de profetisa; de hecho, 
es la primera que tuvo el honor. En ella, el don profético se manifestó mediante 
poesía acompañada de canto, como en los tiempos de David y Samuel. Su 
nombre podría significar amargura, rebelión, pero en la Escritura se la conoce 
como Miriam o María, la hermana de Moisés. La misma que veló por él cuando, 
siendo un bebé, tuvieron que colocarlo en una canasta en las aguas del Nilo. 
De acuerdo al relato bíblico, no tenemos mención de que se casara ni 
tampoco de un esposo, por lo que podemos pensar que ella fue una mujer 
16
soltera. Esto era algo muy poco común para una época en la que el único 
valor que la mujertenía, a nivel social, estaba en tener una familia y criar 
hijos. ¡En verdad que la Biblia es un libro increíble! Sí, porque, si pensaste 
por un momento que Dios no tiene espacio para las solteras, a partir de hoy 
ya puedes cambiar tu perspectiva. Miriam fue una mujer que se dedicó al 
servicio de Dios al contribuir al ministerio de sus dos hermanos, Moisés y 
Aarón (consulta Miqueas 6:4). Si lo analizamos, nos daremos cuenta de que 
fue también la primera mujer líder de alabanza; míralo tú misma: Y María 
la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas 
las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas. Y María les 
respondía: Cantad a Jehová, porque en extremo se ha engrandecido; Ha 
echado en el mar al caballo y al jinete (Ex. 15:20-21).
Sin embargo, como tú y como yo, ella no fue perfecta. Aunque Dios la usó en 
varias ocasiones, algo en su corazón no estaba bien y el problema no se hizo 
esperar. 
Lee Números 12:1-2. ¿Qué sucedió con María y Aarón? 
A primera vista pareciera que el problema era el matrimonio de Moisés, pero 
en realidad eso fue meramente un pretexto que ocultaba lo que de verdad 
estaba molestándoles.
¿Cuál crees que era la raíz del asunto? 
Es interesante también que la Biblia diga «María y Aarón». Por lo general, los 
redactores bíblicos no ponían primero el nombre de las mujeres. El hecho de 
que aquí este aparezca así me lleva a pensar que fue ella quien comenzó la 
murmuración. ¡Y no me extraña! ¡Era una mujer! Nosotras somos más dadas a 
estas cosas; seamos honestas. 
Pero el problema de Miriam no era propiamente la esposa de Moisés porque en 
su cuestionamiento, en realidad, lo que se menciona es el papel protagónico 
de su hermano. ¿Qué los motivó? Celos y envidia. Los celos dicen: «Temo 
perder lo que tengo». Tal vez ella pensó que, ahora que Moisés era el líder, 
nadie prestaría atención a sus cantos, ni siquiera las mujeres a las que había 
guiado en aquel día histórico. La envidia dice: «Yo quiero lo que tú tienes». 
¿Qué quería Miriam? Lo que tenía Moisés, el mismo respeto y reconocimiento 
porque, a fin de cuentas, «Dios también había hablado a través de ella». ¿Te 
suena familiar? 
17
Todas luchamos con eso en un momento u otro de la vida, o quizás en más 
momentos de los que quisiéramos admitir. ¿Y sabes por dónde empiezan la 
envidia y los celos? Por lo que mencionamos ayer, la comparación. Cuando 
yo comparo mi realidad con la tuya, cuando tú comparas tu familia con la de 
tu amiga, cuando comparamos nuestros ministerios o trabajos, poco a poco 
nuestro corazón comienza a contaminarse y, sin darnos cuenta, llegamos al 
punto en que Miriam se encontró cuestionando a Moisés… ¡y a Dios! 
En estos pasajes bíblicos, encontramos decisiones muy erradas que tuvieron 
su origen en la envidia. 
Lee Marcos 10:9, ¿cuál fue la motivación de los principales sacerdotes?
Lee Génesis 30:1, ¿qué generó el conflicto entre las dos hermanas? 
Lee Hechos 7:9, ¿cómo comenzó el plan macabro de los hermanos de José?
Miriam pagó un precio muy alto, se enfermó de lepra y la expulsaron del 
campamento. Gracias a Dios que ya no es así, ¡si no, necesitaríamos muchos 
hospitales para leprosos! Tú y yo ahora vivimos bajo la gracia de Dios que 
nos dice: «Con envidias y celos, te amo y te perdono». Sin embargo, eso no 
nos exonera, ¡al contrario! La Palabra está llena de exhortaciones a cuidar de 
nuestro corazón y limpiarlo de cosas tan contaminantes como estas. 
Podemos justificarlo de mil maneras, pero déjame decirte sin tapujos que 
la envidia no tiene cabida en el plan de Dios para nuestra vida. Desde un 
principio, Él lo dejó bien claro.
¿Qué dice Éxodo 20:17? 
El Creador, que nos conoce muy bien por eso mismo, porque es nuestro 
Creador, sabía que el codiciar produce envidia, y la envidia, muerte.
Sí, quizás ni tú ni yo hemos matado a nadie por envidia literalmente, pero 
en nuestro corazón... ¡ah, la historia es muy diferente! Ese llamado monstruo 
verde nos devora. 
18
¿Qué otras cosas dice la Biblia sobre la envidia? Revisa estos pasajes y 
anota tus respuestas.
Proverbios 14:30 ______________________________________________
Gálatas 5:21 _________________________________________________
Job 5:2 _____________________________________________________
¡No le sigas el juego al monstruo verde porque te esclavizará!
La actitud de Miriam tuvo repercusión no solo para ella, sino para los 
demás. Lee Números 12:15. ¿Cuál fue la consecuencia? 
En muchas ocasiones, la marcha de nuestra vida también se detiene porque 
hemos decidido actuar de la misma manera y dejar que la envidia tome el 
control de nuestras decisiones. Con toda honestidad, ¿se está enfermando 
tu corazón por causa de este mortífero veneno? ¿Has entendido que eres 
una persona que constantemente se siente insatisfecha? La única manera de 
liberarnos es dejar que Dios nos cure. Y para ello necesitamos implementar 
primero estos pasos:
1. Reconocer los celos y la envidia como lo que son, un pecado.
2. Confesarlos a Dios y arrepentirnos. 
3. Rendirnos a la obra transformadora del Espíritu Santo para que esta 
actitud cambie. 
¿Cómo luce esa obra transformadora en este caso? ¿Qué decisión personal 
podemos tomar para ver el cambio? La vida de otro personaje bíblico que 
estudiaremos mañana nos da lecciones muy claras. ¡Te espero! 
Día 5
E l antídoto contra la insatisfacción
Hace varios años, mi esposo y yo visitamos una antigua fortaleza española 
ubicada en La Habana, Cuba. Se llama «La cabaña». Esas construcciones 
son una especie de ícono de la conquista en las Américas. Ahora casi todas 
constituyen museos, pero en sus tiempos de gloria estos baluartes tenían 
entre sus habitaciones varios calabozos, cuartos oscuros y húmedos donde 
los prisioneros estaban bien custodiados. 
19
No tenemos todos los detalles, pero muy bien pudiera haber sido un lugar 
así, oscuro, húmedo, de máxima seguridad, donde Pablo escribió su carta a 
los filipenses. Estaba preso, y no como en las cárceles de Norteamérica en el 
siglo xxi, sino preso a la manera de Roma en el siglo primero: encadenado a 
un soldado las 24 horas del día. 
¿Por qué hablo de Pablo y de la cárcel? Porque este hombre, que pasó gran 
parte de su ministerio entre golpes y prisiones, aprendió el antídoto contra la 
insatisfacción y tomó una decisión que trasformó para siempre su vida. 
Parte de esa carta es este versículo: ... he aprendido a estar satisfecho 
en cualquier situación en que me encuentre (Fil. 4:11b, NVI). ¿Frase clave? 
«Cualquier situación». Muchas veces nosotros limitamos la satisfacción a 
las circunstancias. Una vida satisfecha no depende de las circunstancias. El 
contentamiento, otra manera de llamar a la satisfacción, es una decisión que 
tomamos en función de nuestra certeza de que Dios tiene el control. Y eso nos 
ayuda no solo a estar satisfechas, sino gozosas. 
¿Cuál es tu definición de felicidad? 
¿Qué es para ti la satisfacción o el contentamiento? 
A esta carta de Pablo, se la conoce como la epístola del gozo porque en 
más de una ocasión el apóstol exhorta a sus lectores a que se alegren, que 
tengan gozo. Si Pablo la hubiera escrito tranquilo desde su casa o mientras 
disfrutaba de un ministerio sin complicaciones, sería más entendible. Pero 
Filipenses es una carta que desafía toda lógica humana. ¿Qué tiene de ilógica? 
Ya lo mencionamos un poco antes: estar encadenado a un soldado romano, 
en espera de sentencia y sin tener muy claro el futuro. Pablo tenía todos los 
motivos del mundo para escribir más bien «la epístola de la queja y el llanto». 
Pero, con una actitud como la de Cristo y una perspectiva celestial, aprendió 
que su alegría estaba en el Señor. 
A menudo nuestra alegría no está en el Señor, sino en nosotras mismas y en 
nuestro mundo. Me alegro si todo sale como esperaba. Si logro lo que me 
propuse. Si el futuro parece prometedor. Si no tengo conflictos con nadie. Si 
la vida es color de rosa. Pero todas esas cosas tienen algo en común: son 
temporales.No siempre todo sale como esperaba. No siempre logro lo que 
me propuse. No siempre el futuro es prometedor. ¡Y no siempre estoy libre de 
conflictos! ¿Será que algo anda mal en mí o en ti? ¡NO! Esa es la vida normal en 
este planeta sujeto al pecado. 
20
¿Qué dijo Jesús en Juan 16:33?
¿Cuál es el antídoto que nos presenta Pablo para las aflicciones que llevan a 
la insatisfacción? ¡Entiendan que su alegría está en Dios! Dios está por encima 
de las circunstancias. Dios sigue conmigo, aunque no todo salga como yo 
esperaba. Dios me ama, aunque yo no logre todo lo que me propuse. Dios me 
promete un futuro brillante con Él en la eternidad. Dios me ha dado el gozo 
de la salvación. Ese es el motivo de alegría suprema a pesar de toda la lista 
de cosas anteriores y otras que queramos sumar. Pablo lo aprendió. ¡Cuánto 
cambiaría nuestra vida si entendiéramos que todo lo demás es transitorio! No 
viviríamos tan aferradas y seríamos más felices. 
Lee Nehemías 8:8-12. ¿Cuántas veces has escuchado, repetido, el versículo 8 de 
ese pasaje: … no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza 
(Neh.8:10b)? ¡De seguro que muchas! 
¿Qué significa para ti la frase «el gozo de Jehová»? 
La palabra hebrea para gozo que aparece aquí es chedvah y solo se repite en 
el siguiente pasaje de 1 Crónicas: Honor y majestad lo rodean; fuerza y gozo 
llenan su morada (1 Crón. 16:27, NTV). El gozo es una característica intrínseca 
de Dios; donde Él está hay alegría, hay gozo. Y, por lo tanto, si ahora tú y 
yo tenemos una relación estrecha con Él, al punto de que su Espíritu vive en 
nosotros, entonces este gozo es nuestro también. ¿Por qué nos cuesta tanto 
vivir de esa manera? Quizás sea una herencia que nos ha dejado el pecado, 
pero también es un arma del diablo en contra nuestra. Piénsalo. Si el gozo 
del Señor es nuestra fuerza, entonces Satanás hará todo lo posible para que 
lo perdamos y así debilitarnos. ¿Cómo lo hace? De muchas maneras, pero te 
comparto tres.
• Si nos enfocamos en las circunstancias, tenemos más motivos para 
entristecernos que para alegrarnos. Si nos enfocamos en Dios, en Quién es Él, 
podemos tener gozo. Así que el enemigo de nuestra alma hará todo lo posible 
para que cambiemos el enfoque. ¡Estemos atentas y reenfoquémonos!
• Si dejamos que sean nuestros pensamientos los que nos controlen y no la 
verdad de Dios, establecida en su Palabra, es muy probable que terminemos 
sin gozo alguno. Dale prioridad al tiempo diario en la Palabra. La distracción es 
un arma del enemigo. Nos entretiene y nos ocupa en tantas cosas que no nos 
queda tiempo para pasar en la Biblia, con Dios.
21
• Si nos sumamos a la mayoría y vivimos con un espíritu de queja, perdemos 
el gozo. Si cultivamos el hábito de la gratitud, seremos personas gozosas, 
felices, porque reconocemos la bondad de Dios a cada paso en nuestra vida.
Nunca he sido una persona demasiado risueña. De hecho, al principio de 
nuestro matrimonio, mi esposo y yo teníamos desavenencias porque él puede 
reírse de cualquier cosa y a mí no me resulta tan fácil. Sin embargo, con el 
paso de los años, he podido comprobar que su método es mucho mejor que 
el mío. Y como no me resulta algo natural, le he pedido a Dios que me ayude 
a experimentar su gozo, a vivir su gozo, a mostrar su gozo. 
La realidad es que Nehemías tenía toda la razón del mundo, el gozo del Señor, 
el que Él tiene y produce en nosotros, es nuestra fuerza. Con un espíritu de 
gozo podemos vivir la vida de manera muy diferente, como Dios la diseñó. Y 
es por eso mismo que entonces Pablo, en Filipenses 4:13, nos dice por qué 
puede estar satisfecho independientemente de su situación: Todo lo puedo 
en Cristo que me fortalece. 
No podemos olvidar que, aunque hoy tenemos esta carta separada por 
versículos, originalmente era un texto completo. Y cada idea está relacionada 
con la anterior. Pablo aprendió a vivir satisfecho (v. 11) porque contaba con la 
fuerza de Cristo (v. 13).
¿Sabes? Dios espera de nosotras que vivamos contentas, satisfechas, con 
la vida que nos ha regalado. Eso no quiere decir que no tengamos metas o 
propósitos. ¡Al contrario! Pero, si no soy feliz con lo que tengo ahora, tampoco 
lo seré con lo que venga después. 
Lee 1 Timoteo 6:6. ¿Qué crees que le quiso enseñar Pablo a Timoteo con 
estas palabras? 
De nada nos vale la piedad, o la religión como dicen otras versiones, si no 
aprendemos a vivir contentas, satisfechas con lo que ya Dios nos ha dado. A 
fin de cuentas, todo proviene de Él. 
Amiga lectora, Eva lo tuvo todo y no fue feliz porque no entendió que ya tenía 
suficiente. Miriam dejó que la comparación la llevara a la envidia y sufrió las 
consecuencias. Pablo entendió el secreto y en medio de toda adversidad 
pudo decir: ¡Estoy completo, satisfecho y feliz! Nosotras tenemos hoy la misma 
oportunidad. ¿A quién vamos a imitar? Tenemos estos testimonios vivientes 
para que escojamos lo mejor. ¿Difícil? Tal vez, pero no imposible. La verdadera 
satisfacción está a nuestro alcance porque tenemos a Jesús. 
Esperas, demoras y otras cosas difíciles 
que pueden ser hermosas
Semana 2
23
Día 1
La princesa apurada
Imagina que sales de viaje con tu esposo a otro país y cuando están llegando 
él te advierte que allí las costumbres son tan diferentes que mejor es decir 
que son hermanos y no un matrimonio. Lo que tú no imaginas es, por raro 
que parezca su pedido, que no solo te está pidiendo que mientas, sino que lo 
está haciendo para salvar su propio pellejo y tú terminarás por esposa de otro 
hombre, ¡una entre muchas más! ¿El motivo? Eres una mujer increíblemente 
bella. Lo inaudito no solo es que se atreva a pedirte semejante cosa, ¡sino 
que te lo pida dos veces!
Esta historia, un tanto loca para nosotras, ocurrió de verdad. Y quizás recuerdes 
que su protagonista fue Sara, la esposa de Abraham. 
Todo parece indicar que esta mujer no solo fue hermosa, sino muy querida 
desde que nació porque sus padres le pusieron «mi princesa» o Sara. Más 
adelante, el propio Dios le cambió el nombre; ya no sería Sara, princesa de 
una sola persona, sino Sara, princesa de multitudes (Gén. 17:15). ¡Eso sí que es 
pertenecer a la nobleza! Pero, para evitarnos confusiones, usemos Sara.
Comencé mencionando esta parte de la historia de su vida para que entiendas 
que, aunque Sara fue una mujer muy hermosa, eso no la excluyó de pasar 
por experiencias difíciles, decepcionantes y aterradoras. Puedes leer todo 
lo sucedido en Génesis 12 y Génesis 20. A veces nos dejamos engañar y 
creemos que la belleza, la inteligencia o las riquezas nos garantizarán una vida 
color de rosa. ¡Nada más lejos de la realidad! 
Pero un esposo un tanto cobarde no era el único problema de Sara. Su 
corazón tenía un vacío todavía mayor porque no había podido tener hijos y, en 
la cultura donde ella vivía, eso era lo peor para una mujer. Sabemos que ese 
deseo es parte de la naturaleza de cualquier mujer, así que al escribir estas 
palabras sé que muchas lectoras se identifican con la protagonista de nuestra 
historia y no tomo a la ligera el dolor de la experiencia. 
Sin embargo, Dios le había hecho una promesa a su esposo. 
¿Qué es para ti una promesa? 
¿Qué le prometió Dios a Abram? (Gén. 15:4-5) 
24
¿Cuál era el único detalle complicado con dicha promesa? Sara ya era una 
anciana, bella sí, pero anciana de todos modos, y su reloj biológico para 
concebir había dejado de funcionar años atrás. Lo mismo el de su esposo. 
«Ayuda r» a D i o s
Así que nuestra princesa decidió que tenía que intervenir en el asunto para 
apurar los planes o, de lo contrario, el hijo nunca llegaría. ¡Ay, Sara! ¿O debiera 
decir yo: «¡Ay, _______!», y dejar el espacio en blanco para poder escribir 
nuestros nombres? Sí, porque la decisión crucial de esta mujer de la Biblia es 
sin dudas un eco de la nuestra en muchas ocasiones. 
Lee Génesis 16:1-3. ¿Cuál era el problema con esta decisión?
Sara quiso darle un plan B a Dios. Aunque no lo dice explícitamente, puedo 
decirte en funciónde lo que me ha sucedido muchas veces, y tal vez también 
a ti, que la raíz de aquella mala decisión fue la falta de confianza en que Dios 
sabe lo que hace, aunque parezca demorarse. 
Las decisiones que tomamos casi siempre tendrán un impacto que va más allá 
de nosotras mismas; pueden afectar a nuestras familias por generaciones. En el 
caso de Sara, su decisión de no esperar y la pretensión de «ayudar» a Dios la 
cegaron al punto de no pensar dos veces el compartir su esposo con otra mujer. 
Por supuesto que esa decisión nunca da buenos resultados. 
¿Qué consecuencias sufrió la familia de inmediato? (Lee Génesis 16:4-6) 
¿Cuál fue la reacción de Sara? 
¿Te percataste de que le echó la culpa a Abram? Cuando vemos que nuestras 
decisiones no producen los resultados esperados, la primera reacción siempre 
es echarle la culpa a otro. 
¿Sabes? De alguna forma este modus operandi se convirtió en un sello 
familiar porque más adelante la historia se repitió con su nuera, Rebeca. Y 
nuevamente la familia se vio en un cuadro de conflicto y dolor porque lo único 
que conseguimos con querer «ayudar» a Dios y apurar sus planes es meternos 
en un caos del cual luego no sabemos cómo salir. 
25
Lee Números 23:19: Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre 
para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?
¿Qué nos dice este versículo sobre el carácter de Dios? 
¿Qué crees que quiso decir Pablo en este pasaje de 2 Corintios 1:20: … 
porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio 
de nosotros, para la gloria de Dios?
¿Alguna vez has tratado de ayudar a Dios? ¿Cómo? 
¿Cuál fue el resultado de tu decisión? 
¿Te resulta fácil o difícil confiar en las promesas de Dios? ¿Por qué? 
Sara quiso «ayudar» a Dios y en su apuro desató una serie de eventos que 
trajeron terribles consecuencias para la familia. Cuando se trata de la agenda de 
Dios, los planes alternativos nunca dan buenos resultados. Nosotros podemos 
decidir aprender de la historia de Sara y elegir algo mejor. ¡Esperar en Dios! 
Mañana hablaremos de eso. 
Día 2
Una historia de esperas
La verdad es que esperar no es algo que nos guste por defecto. Creo que 
tenemos un gen que codifica la impaciencia. En estos últimos tiempos, cuando 
todas las cosas pueden ser tan rápidas, si nos toca esperar un poco, nos 
desesperamos. Si el semáforo se demora en cambiar la luz, si el cajero en el 
supermercado no nos atiende de inmediato, si la persona en la ventanilla del 
restaurante de comida rápida no hace honor al título del lugar, si la página de 
Internet no se carga en segundos… Y la lista podría continuar.
26
A mí tampoco me gusta mucho la idea de esperar; no obstante, con los años 
he entendido que hay belleza, hay un tesoro en la espera. 
Tengo una planta de gardenia en mi jardín. Al comienzo floreció, tuvo dos o 
tres flores. Sin embargo, después de eso, ninguna más.
Un día descubrí que unos insectos blancos decidieron mudarse a mi gardenia. 
Las hojas estaban llenas de estos huéspedes a quienes nadie había invitado. 
Como no soy experta en la materia, le pregunté al amigo Google qué hacer y 
allí aprendí que tenía que usar cierto líquido durante toda una semana para 
deshacernos de la plaga.
Así lo hice. Pacientemente cada día en la tarde rociaba toda la planta con esta 
«medicina» hasta que por fin los puntitos blancos con patitas desaparecieron. 
¡Qué alivio! Sin embargo, notaba que la planta no estaba creciendo lo suficiente. 
Nuevamente busqué información y supe que necesitaba más sol. Por lo tanto, 
la cambié de lugar.
Verás, esta gardenia es especial porque mi abuela, quien ya está con el Señor, 
me pidió que la comprara y la tuviera en mi jardín; fue un regalo de ella. Por eso, 
la cuido con mucho cariño.
Hace unos días llegaba a la casa y noté que la gardenia tenía algo diferente. 
Cuando me acerqué, descubrí pequeños botones dispersos por toda la planta. 
¡Está preparándose para florecer! Aunque no lo creas, casi cada día me acerco 
a revisarla porque estoy ansiosa de ver abrirse la primera flor. Pero tengo que 
esperar.
Esta planta me hizo recordar que todo lo hermoso toma tiempo, cuidado; a veces 
tenemos que movernos de un lugar a otro; en otras ocasiones necesitamos 
«medicinas» que curen las plagas que nos llegan. Sobre todo, me recordó que 
para que algo florezca tiene que pasar un proceso de espera.
Me gusta el libro de Eclesiastés, es poético, práctico y hasta un tanto filosófico. 
Allí se nos dice: … Todo lo hizo [Dios] hermoso en su tiempo (Ecl. 3:11a). ¿Qué 
crees que quieren decir esas palabras? 
Regresando entonces a la historia de Sara, ¿cuál era el tiempo? Lee 
Génesis 18:14. 
La palabra clave es «señalado». ¿Señalado por quién? 
Al igual que sucede con mi planta de gardenia, sucede con la vida. Dios tiene 
un tiempo señalado para todo y lo ha hecho todo hermoso, para el momento 
apropiado (NTV). He recibido muchas lecciones en la escuela de la paciencia; 
27
varias veces he fallado el examen. Pero una verdad he podido aprender: 
después de la espera, viene lo hermoso. Lo que sucede es que en nuestro 
reloj humano no siempre llega tan rápido como quisiéramos. 
Por mucho que yo contemple los botones de mi planta de gardenia, no van 
a abrirse más rápido. Igual sucede con todo lo demás en la vida. No importa 
cuánto lo deseemos, cuánto tratemos de apurar las cosas… Dios lo ha hecho 
todo hermoso, en su tiempo.
Lee Génesis 12:4b: Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió 
de Harán. 
¿Qué edad tenía Abram cuando recibió por primera vez la promesa de Dios? 
Lee ahora Génesis 17:17: Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, 
y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de 
noventa años, ha de concebir?
¿Cuántos años habían pasado sin que se hiciera realidad la promesa de Dios? 
Cuando leemos el relato bíblico a veces no nos damos cuenta y no parece 
tanto tiempo. ¿Por qué Dios demoró el cumplimiento? Nunca sabremos el 
motivo exacto, pero hay una frase que aparece varias veces en la Biblia que 
nos da la respuesta general: «Cuando se cumplió el tiempo». Las promesas de 
Dios se cumplen solamente cuando se cumple el tiempo, su tiempo. 
El apóstol Pablo, al referirse al esposo de nuestra protagonista lo llama padre 
de todos los que creen (Rom. 4:11, NVI). Y es que esta familia, con apuros, malas 
decisiones y todo lo demás, nos presenta la primera referencia a la fe en las 
promesas de Dios: Y creyó [Abram] a Jehová, y le fue contado por justicia 
(Gén. 15:6).
La fe se prueba en los bancos de la paciencia. Allí se fortalece. Al final todo 
parece indicar que Sara entendió esta verdad porque Hebreos 11:11 nos dice: 
Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y 
dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo 
había prometido (énfasis de la autora).
Como te dije, soy del grupo de las que prefieren no esperar, pero he descubierto 
el tesoro de la espera. Y te lo voy a revelar: en las esperas de la vida, nos 
encontramos con Dios. Es en esos momentos cuando descubrimos que el único 
lugar seguro, el único refugio, es la presencia de Dios. 
28
¿Qué promete Dios al que espera en Él?
Salmos 32:10 _________________________________________________
Salmos 40:1 __________________________________________________
Salmos 147:11 _________________________________________________
Isaías 40:31 __________________________________________________
Miqueas 7:7 __________________________________________________
¿Cuál fue el resultado de la espera de Sara? Lee Génesis 21:1-3. ¿Qué palabras 
o frases en estos versículos muestran que se trataba del tiempo de Dios? 
En las esperas que he vivido y las que sigo viviendo, me he abrazado a Él con 
fuerza. Y cuando pienso en mi gardenia y sus botones recuerdo que, así como 
esa planta poco a poco está trabajando para regalarme algo lindo, Dios también 
está haciendo que en mi espera todo lleguea ser hermoso, en su tiempo. 
¿Estás en un tiempo de espera? ¿Has decidido confiar, esperar en Dios? 
Escribe aquí una oración sincera y habla con Dios al respecto.
Quiero decirte algo: no siempre el final de nuestras esperas es el que 
quisiéramos; pero, si Dios nos dice que hará que todo obre para el bien de sus 
hijos (Rom. 8:28), yo tengo que creerlo. 
Tu espera puede ser diferente a la de Sara; sin embargo, créeme cuando te 
digo que a Dios no podemos apurarlo. Y lo que pareciera acelerar sus planes, 
en realidad, muchas veces los pone en pausa. Él no tiene reloj; su dimensión 
del tiempo no podemos comprenderla, pero nos invita a confiar en que nunca 
llega tarde ni tampoco se demora, tal y como sucedió en la próxima historia 
que visitaremos. ¡Otra decisión transformadora!
Día 3
La mujer que soltó su carga
El nombre Ana podría traducirse como «gracia» o «favor», o «llena de gracia y 
favor»; otra posibilidad es «el que da». El dilema de esta mujer fue el de muchas 
otras. Si no estás muy familiarizada con su historia, la puedes encontrar en el 
capítulo uno de 1 Samuel.
29
Permíteme preguntarte algo, ¿tienes algún deseo no cumplido en tu 
corazón? 
Ana quería tener hijos, pero su anhelo no se hacía realidad. Y aunque en 
cualquier siglo esto puede ser causa de tristeza, en su caso era mayor porque 
el valor de una mujer descansaba grandemente en los hijos que tuviera. Pero 
quiero invitarte a mirar más allá porque la vida nos presenta retos diferentes 
a cada una. 
Puede que el tuyo sea similar al de Ana. Tal vez no, tal vez tienes hijos, pero 
los ves alejarse de Dios. Quizás tu dilema está en la soltería o en la falta 
de trabajo. A lo mejor estás luchando porque quieres servir a Dios de una 
manera en particular, convencida de su llamado, pero las puertas todavía no 
se abren. Puede que tu desafío esté en relaciones difíciles en tu escuela, con 
tu familia, en tu trabajo. El asunto es que siempre que nos encontramos ante 
una situación complicada, desafiante, o ante un anhelo no cumplido, ante una 
espera, tenemos varias alternativas y de ahí viene la lección que quiero que 
aprendamos de Ana.
El relato bíblico nos indica que llevaba años sufriendo y esperando, tanto así 
que llegó al punto de terminar llorando y deprimida (se nos dice que ni siquiera 
quería comer). Me permito hacer un alto para decirte que, si una situación te 
saca las lágrimas, te quita el apetito y te embriaga de tristeza, no creas que por 
eso eres menos fuerte o menos cristiana. ¡Es normal! De hecho, la Biblia nos 
cuenta que, en un momento dado, ¡hasta Jesús lloró! 
Pero un día, Ana tomó una decisión que cambió su vida. Mira lo que dice 1 
Samuel 1:9-10: Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y 
mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo 
de Jehová, ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente.
Ese día Ana decidió llevar las cosas a otro nivel a pesar de que todavía lloraba 
y sin dudas seguía esperando su milagro.
¿Qué haces cuando estás en medio de una profunda espera, cuando te 
sientes muy triste? (Marca todas las que correspondan).
• Llamas a una amiga.
• Ves televisión. 
• Comes helado.
• Lees la Biblia.
• Navegas por Internet en busca de soluciones.
• Hablas con Dios.
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Aunque no hay nada de malo en llamar a una amiga ni es necesariamente un 
pecado comer helado, en las esperas de la vida, en las situaciones difíciles, 
tenemos que aprender que tomar la misma decisión que Ana. 
¿Qué dice Proverbios 18:10? Torre fuerte es el nombre de Jehová; a él correrá 
el justo, y será levantado.
Dios está preparado para escuchar nuestras frustraciones; está dispuesto a 
enjugar nuestras lágrimas y abrazarnos. ¡Tantas veces corremos en dirección 
contraria cuando llegan las dificultades o cuando los anhelos no se cumplen 
y las esperas se dilatan! Ya hemos visto historias de mujeres que intentaron 
solucionar el problema «ayudando a Dios» y solo consiguieron un problema 
mayor. ¡Pero Ana actuó diferente! Y esa decisión transformó su vida. ¿Cómo lo 
sabemos? Aquí tenemos la respuesta: Y se fue la mujer por su camino, y comió, 
y no estuvo más triste (1 Sam. 1:18b).
Es necesario aclarar algo. Si lees todo el pasaje, verás que, cuando Ana se fue 
aquel día del templo, no tenía ninguna garantía de que el anhelo de su corazón 
se cumpliría. ¿Cuál fue la respuesta del sacerdote Elí? Ve en paz, y el Dios de 
Israel te otorgue la petición que le has hecho (v. 17).
Dicho de otra manera, él la despidió deseándole lo mejor, con una bendición, 
pero no hay declaración profética alguna para Ana. Sin embargo, ella dejó de 
estar triste. 
¿Por qué crees que hubo aquel cambio en su actitud? 
Ana se fue en paz porque dejó su anhelo, aquel deseo profundo, en las manos 
de Dios. Fue su corazón lo que cambió, no sus circunstancias. Tenemos que 
aprender a dejar los asuntos en sus manos, vivir la vida que nos ha puesto por 
delante y soltar la carga. Como dije antes, hay momentos para todo, incluso 
para llorar; pero como hija de Dios no puedes vivir para siempre en la tristeza. 
¿Será eso negar la realidad? ¡No! Eso es aprender a fortalecernos en el gozo 
del Señor (Neh. 8:10), como mencionamos en un capítulo anterior. 
Lee Salmos 55:22: Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; No dejará 
para siempre caído al justo.
¿Es eso lo que haces en tus esperas? Escribe debajo qué cargas estás 
llevando todavía que no has querido entregarle a Dios. 
Según 1 Pedro 5:7, ¿qué nos toca hacer con las cargas? ¿Cuál es la parte de Dios? 
… echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.
31
Mi amiga lectora, yo no sé cuál es tu dilema, tu batalla, tu anhelo, tu espera; 
pero ten la certeza de que Dios sí lo conoce muy bien. ¡Corre a sus brazos! 
Haz como Ana. Llora allí si es necesario. Clama y no te des por vencida. 
Pero después ¡alégrate! Confía en que tu Dios, que te ama y tiene planes 
maravillosos para tu vida, se encargará de todo, y el resultado será el mejor 
para ti. Incluso cuando parezca que se está demorando demasiado. ¡Decide 
hoy entregarle tu carga a Dios! 
Te invito a orar con las palabras del rey David en Salmos 42:11: 
¿Por qué te abates, oh alma mía,
Y por qué te turbas dentro de mí?
Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
Salvación mía y Dios mío.
Día 4
¿Y si Dios parece llegar tarde?
La decisión de Sara fue apresurarse porque creía que Dios estaba atrasado o 
no llegaría. Ana, por el contrario, decidió dejar la espera en manos de Dios y 
no sufrir más entretanto. Sin embargo, en ambos casos, la respuesta deseada 
llegó. A pesar del plan alternativo de Sara y todo el caos que generó, vio su 
promesa cumplida. A pesar de las burlas de Penina, que de seguro siguieron, a 
pesar de no saber realmente cuál sería el final, Ana llegó a tener a Samuel en 
sus brazos, ¡y Dios le regaló cinco hijos más! (1 Sam. 2:21).
Pero ¿qué hacer cuando todo parece indicar que el tiempo se ha vencido, que 
no hay solución y pareciera que Dios, si llega, será tarde? En circunstancias así, 
también nos toca tomar una decisión, y esa decisión puede transformarnos 
para siempre. Veamos otra historia. 
Si tan so l o…
«Señor, si tan solo...»: puedes completar la frase con cualquier cosa que Dios 
pudiera haber cambiado o hecho realidad, pero no fue así, por ejemplo:
• Si tan solo mi matrimonio no se hubiera roto.
• Si tan solo hubiera tenido hijos.
• Si tan solo hubiera terminado la universidad.
• Si tan solo te hubiera conocido antes y no hubiera malgastado mis 
años…
32
Es una frase que muchas veces hemos pronunciado, o pensado, y ¿sabes? Creo 
que Dios está preparado para escucharla. De hecho, Jesús la escuchó de boca 
de una persona muy querida para Él, alguien que formó parte de su círculo de 
amigos íntimos. Léelo en Juan 11:21: Señor, si tan solo hubieras estado aquí, mi 
hermano no habría muerto (Juan 11:21, NTV, énfasis de la autora). Esas fueron 
las palabras de Marta cuando se encontrócon Jesús luego de la muerte de 
su hermano Lázaro. Para Marta, una mujer de carne y hueso como tú y yo, 
Jesús había llegado tarde. De haberlo hecho a tiempo, hubieran cambiado las 
circunstancias que ahora provocaban tanto dolor en su familia. 
¿Será que no oraron, será que Jesús no sabía? No es lo que dice el versículo 3: 
Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas 
está enfermo.
Es decir que Él estaba al tanto y, siendo Dios, con tan solo una palabra Lázaro 
hubiera quedado completamente sano. Sin embargo, no fue así; Él decidió 
esperar dos días (Juan 11:6). Ahora nosotros tenemos todo el relato bíblico y 
podemos entenderlo mejor; pero, imagina que eres Marta. ¿Cómo te sentirías 
con este aparente «no» de parte de Dios?
¿Alguna vez has recibido «no» como respuesta a una oración? ¿Cómo 
reaccionaste? 
Quizás te haya sucedido como a mí, que en más de una ocasión he batallado 
con los «no» de Dios… ¡en vano!
Lee los pasajes siguientes: 
Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el 
vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? (Rom. 9:20).
¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios, responda 
a esto (Job 40:2).
¿Qué mensaje común encierran?
Cuando rendimos nuestra vida a Jesús, decimos que Él se convierte en nuestro 
Salvador y ¿qué más? ___________. ¡Exacto! Señor, lo que quiere decir que Él 
rige mi vida, es amo. Dicho en términos teológicos, es soberano. Los «no» de 
Dios, ya sean definitivos o temporales, son parte de su soberanía y no nos toca 
a nosotros cuestionarlos. 
33
Sin embargo, la segunda parte de la declaración de Marta es lo que realmente 
me impacta y donde viene la decisión que podemos imitar, incluso en las 
situaciones en que no parece haber solución: Pero yo sé que aun ahora Dios 
te dará todo lo que le pidas (Juan 11:22, NVI, énfasis de la autora).
Para Marta, Jesús no había llegado a tiempo y su demora llevó a una dolorosa 
pérdida. No obstante, en medio de todo, ella le dijo aun ahora, es decir, «a pesar 
de que no llegaste a tiempo, a pesar de que no cambiaste las circunstancias, 
a pesar de que no respondiste a la petición que María y yo te hicimos, ¡aun 
ahora puedes hacer algo! ¡En medio de mi dolor puedes hacer algo!». Eso era 
básicamente lo que Marta estaba diciendo.
Permíteme aclarar algo. Dios nunca llega tarde... según su reloj. El problema es 
que nosotros lo medimos todo según el nuestro y, por tanto, cuando las cosas 
no suceden cuándo, cómo y dónde queremos o imaginamos, nos parece que 
Dios ha llegado tarde… que ya el sueño murió, que la situación está decidida, 
que no se pueden cambiar las cosas.
¡Tenemos que aprender de Marta! Tenemos que decir: Aun ahora. ¡Esa es 
la decisión que transforma la vida! Tú puedes decir: «Aun ahora, cuando mi 
matrimonio está en crisis o terminó», «Aun ahora cuando siento que no logré 
los sueños», «Aun ahora que no tengo el título que quería tener», «Aun ahora 
que ya tengo X años y la vida se me ha ido», «¡Aun ahora, Dios!».
Entonces, ¿por qué pudo Marta hacer una declaración así? ¿En qué se basó 
su respuesta? Lee el versículo 27 de ese mismo capítulo. Su respuesta fue 
conforme a su convicción, por eso declaró: «Yo creo» (NVI). Dicho de otra 
manera sería «Yo no sé qué se puede hacer, pero ¡tú eres el Mesías, el Hijo de 
Dios que vino al mundo! Siempre puedes hacer algo, ¡aun ahora!».
Si hay algo que Dios quiere que hagamos es creer en Él y en su Palabra. Busca 
estos pasajes: Juan 6:29, Hebreos 11:6 y 1 Juan 3:23. 
¿Qué espera Dios de ti y de mí? 
Quiero proponerte algo, mi querida lectora. No nos quedemos en el si tan solo. 
Sí, puedes llegar a Dios con confianza y abrirle tu corazón, y contarle de todos 
tus «si tan solo», pero después tenemos que hacer como Marta y declarar: 
«Pero aun ahora… porque tú eres el Hijo de Dios. El si tan solo nos amarra al 
pasado. El aun ahora nos trae al presente y nos enfoca en el futuro sujeto al 
poder de Dios. 
Nosotros sabemos cómo terminó la historia: Jesús resucitó a Lázaro; pero, 
cuando Marta tuvo esta conversación con Jesús, no lo sabía. Así que, incluso 
34
cuando desconozcamos el desenlace de nuestra historia o esta no tenga el 
final que esperamos, atrevámonos a decir junto con Marta: «Aun ahora»; y, 
como ella, veremos la gloria de Dios. Esa decisión, sin que queden dudas, será 
transformadora. 
Día 5
Pruebas y sueños detenidos 
A veces parece que la vida de pronto se ha detenido, como si alguien 
hubiera apretado el botón de pausa, y todos los planes y anhelos quedan 
congelados. ¿Recuerdas la historia de José? Él lo experimentó por varios años. 
Tenía sueños que Dios le había dado, sueños relacionados con su vida y la 
de su familia, sueños que hablaban de un futuro prometedor. Sin embargo, 
las circunstancias que le rodeaban parecían decirle todo lo contrario. Su vida 
estaba en una interminable «pausa». 
Hay una verdad que necesitamos entender: para Dios es prioridad desarrollar 
nuestro carácter, de modo que Cristo se forme cada vez más en nosotros. 
Todo lo que podamos hacer para Él es secundario. 
Mira lo que dice Salmos 105:19 en la NTV: Hasta que llegó el momento de 
cumplir sus sueños, el Señor puso a prueba el carácter de José. Cuando la 
vida está en pausa y llegan los problemas, ten la certeza de que Dios está 
trabajando en desarrollarnos el carácter. 
Lee Santiago 1:2-4 (si te es posible, hazlo en varias versiones): Hermanos míos, 
tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que 
la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra 
completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.
¿Cuál fórmula podríamos sacar de estos versículos? 
________________________________ + _________________________ = 
___________________________________________________________
Por lo tanto, ¿cómo lo ponemos en práctica, qué decisión podemos tomar 
para transformar las pruebas y las pausas en oportunidades de desarrollo y 
crecimiento, como sucedió en la vida de José?
No te frustres. Dios tiene un propósito, incluso en las pausas. Es muy probable 
que José no entendiera lo que estaba sucediendo; no obstante, al leer su 
historia no veo frustración. Veo aceptación de las circunstancias, circunstancias 
35
que cambiaron y sobre las que él no tenía ningún control. ¡Pero Dios no lo 
abandonó! José, de alguna manera, entendió que no había necesidad de 
frustrarse ni patalear. ¡Dios estaba con él! Mas Jehová estaba con José, y fue 
varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio. Y vio su amo que 
Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar 
en su mano (Gén. 39:2-3). 
Aprende todo lo que puedas. Estar en la casa de Potifar le dio a José lecciones 
de administración que luego sin dudas le fueron útiles al llegar al palacio del 
faraón. Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo 
de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía (Gén. 39:4). Los años que 
David pasó como un simple pastor en el campo le permitieron desarrollar su 
relación con Dios, aprender a defenderse y convertir las noches en conciertos 
de adoración. ¡Y todo eso a pesar de que ya tenía la promesa y la unción 
como rey de Israel! Cuando llegue el momento y el sueño por fin comience a 
hacerse realidad, cuando la pausa termine, necesitarás estar preparada. ¡No 
desperdiciemos la oportunidad! 
Atesora esta etapa porque un día podrá servirte para bendecir la vida de 
alguien. La Palabra de Dios nos enseña que nuestras experiencias difíciles nos 
ayudarán a convertirnos en agentes de consolación: … el cual nos consuela en 
todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a 
los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que 
nosotros somos consolados por Dios (2 Cor. 1:4). ¡Dios quiere que contemos 
nuestra historia! 
En los años de mi caminar con Cristo, he aprendido que Él no te lleva alpunto B sin pasar por el punto A. Siempre habrá un proceso. Tenemos que 
decidir cómo lo viviremos y aprender todo lo que el Señor quiera enseñarnos. 
En esta semana, aprendimos estas verdades: 
1. No tratemos de ayudar a Dios.
2. El tiempo de Dios es hermoso, incluso en las esperas.
3. Tenemos que entregar a Dios nuestras cargas.
4. Dios puede actuar en tu vida, cualesquiera que sean las circunstancias. 
5. Valora los tiempos de espera.
¿Cuál de estas tiene más impacto para ti en este momento? ¿Por qué? Te 
animo a concluir escribiendo una oración donde abras tu corazón a Dios 
y le pidas que te ayude a tomar la mejor decisión para vivir en su diseño, 
incluso en los tiempos de espera. 
Semana 3
¡Estás completa!
37
Día 1
La mujer que encontró más de lo que buscaba 
Otra vez a recorrer el camino bajo el abrasador sol del mediodía, pero 
es el único momento que puedo aprovechar. Al menos estoy segura de 
que no habrá nadie y así no tendré que soportar las miradas inquisitivas 
y cuestionadoras. Ni tampoco tendré que preocuparme por las risitas 
escondidas. ¿Acaso creerán que soy ciega o sorda? Porque es muy 
difícil evitar escuchar cómo me llaman cuando paso cerca de ellas… sus 
comentarios, desprecios. ¡Si supieran cómo cansa venir bajo este calor! 
Aunque en verdad, ahora que lo pienso, me cansa más reconocer que 
después de tantos intentos tampoco soy feliz. Me pregunto cómo termine 
en lo que soy. Recuerdo aquel primer amor, me dijo que me amaba y yo, ¡qué 
tonta!, enseguida le creí y me entregué. Como mismo empezó, se acabó. 
Desapareció entre mis manos; nunca más lo volví a ver. Claro, en un pueblo 
como este, ya no me miraron igual. Y después vinieron los otros…: parches a 
una herida que no sana. Todos me prometen amor, un amor tan barato… y lo 
peor es que siento que me acostumbré. Ni yo misma me puedo amar. 
La verdad es que una mujer como yo solo tiene derecho a migajas. Migajas 
de amor, migajas de pan, de amistad, solo migajas. Me imagino que hasta 
Dios solo tenga migajas para mí. ¿Cómo va a mirar Dios a una mujer como 
yo? 
En fin, para qué seguir pensando en todo esto si no tiene arreglo. Al menos 
sé que un problema sí tiene solución hoy, el del agua, porque cuando me 
vaya de este pozo me iré con el cántaro lleno. ¡Qué bueno que ya estoy 
llegando! 
No sabemos cuál fue su nombre. Entre las que figuran en la Biblia, ella es 
anónima pero protagónica. Cuando leo su historia no puedo evitar pensar 
que un monólogo más o menos así pudiera haber pasado por su mente el 
día en que se encontró con Jesús y se convirtió en «la mujer samaritana» o 
«la mujer en el pozo». su historia la puedes leer en el capítulo 4 del Evangelio 
de Juan. 
Muchas veces a nosotras nos pasa lo mismo: andamos buscando satisfacer 
necesidades porque creemos que, una vez resueltas, estaremos bien; y no 
entendemos, como tampoco lo entendió al principio esta mujer, que lo único 
que realmente nos llena y completa no se puede palpar. 
38
Veamos parte del diálogo y descubriremos por qué aquel día por fin ella dejó 
de ser una mujer vacía para convertirse en una mujer llena, completa. 
Lee Juan 4:7-10.
Es interesante que en esta conversación Jesús decide no contestar 
directamente las preguntas de la mujer, sino hacerla reflexionar con sus 
declaraciones. 
Primera declaración: Si tan solo supieras el regalo que Dios tiene para ti 
(v. 10, NTV). Jesús, con otras palabras, le estaba diciendo: «Mujer, aunque 
viniste por agua, yo tengo algo mucho mejor para ti». 
Con toda honestidad, ¿cuál sería el regalo, la experiencia, que pudiera 
hacerte completamente feliz hoy? 
Tal vez respondiste con vacaciones en el lugar con que tanto has soñado. 
Quizás, con una casa nueva o remodelada que imite una página de Pinterest. 
A lo mejor fue un matrimonio ideal. ¿Te ha pasado alguna vez que luego 
de unas vacaciones te sientes medio deprimida porque ya se acabó? A mí 
sí. En mi corazón había gratitud a Dios, pero también un poco de nostalgia. 
¿Sabes por qué? Porque las vacaciones, por muy fenomenales que sean, se 
acaban. ¿Y la decoración de la casa? Aunque hoy esté preciosa, te garantizo 
que cuando pase un tiempo la vas a querer cambiar, porque las mujeres 
parecemos tener un gen que dice que hay que estar cambiando de peinado, 
de zapatos, de color de cabello, de decoración… (¡espero que no de esposo!) 
y principalmente porque la verdadera satisfacción tampoco está en eso.
Ahora, más de 20 siglos después, las palabras de Jesús permanecen 
inmutables. A nosotras, mujeres del posmodernismo, Él nos dice: «Tengo 
algo mejor para ti que no se consigue con ir a una universidad ni con un 
matrimonio fructífero. No se logra con una hermosa familia ni una casa de 
revistas. ¡Ni siquiera con la religiosidad!».
Jesús no le estaba proponiendo una solución a su estilo de vida; no le dio una 
vara mágica para llenar el cántaro sin tener que ir al pozo. Él quería hacerle 
entender que había un espacio en su corazón, y en el nuestro, que solo se 
podrá llenar cuando tengamos un encuentro con Él, aunque logremos todo 
lo demás en la vida. 
¿Cómo está tu corazón hoy? ¿Lleno? ¿Medio lleno? ¿Insatisfecho? 
39
Es muy probable que hayas escuchado esto antes, pero, ¿sabes?, el problema 
está en que para mantener lleno tu corazón necesitas ir al pozo a encontrarte 
con Jesús, no una vez, sino ¡cada día! Parece paradójico al leer sus palabras 
en esta conversación, pero es que este asunto tiene dos aristas. Tu primer 
encuentro con Jesús llena tu sed de vivir para siempre, de vida eterna. Ese 
primer encuentro te regala la salvación; te libra del estigma del pasado; te 
concede nuevos comienzos. 
¿Ya te has encontrado con Jesús? Si no lo has hecho, ¡hoy es la mejor 
oportunidad! Esta es la invitación que Dios te hace: … si confesares con tu 
boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de 
los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero 
con la boca se confiesa para salvación (Rom. 10:9-10).
La mejor decisión que puedes tomar, y la primera que producirá verdadera 
transformación en tu vida, es reconocer tu necesidad de Dios. Si no sabes 
qué decir, te ayudo con un ejemplo que puedes hacer tuyo si gustas. 
«Dios, hasta hoy he vivido mi vida sin ti, pero reconozco que te necesito. Soy 
pecadora y te pido que me perdones. Te agradezco la muerte de Jesús en 
la cruz y lo reconozco como mi Salvador y Señor. Ven a mi corazón y ocupa 
el centro de mi ser. Ayúdame de ahora en adelante a vivir la vida como tú la 
diseñaste. En el precioso nombre de Jesús, amén».
La mujer samaritana fue al pozo para llenar su cántaro, pero se marchó con 
mucho más. Mañana estudiaremos el segundo aspecto de «ir al pozo». 
Día 2
Necesitas ir al pozo
Ayer vimos que, cuando la samaritana se encontró con Jesús, Él le ofreció un 
regalo que iba más allá de un cántaro con agua potable. Y te mencioné que, 
de cierto modo, tú y yo necesitamos ir cada día al pozo donde se encuentra 
Jesús. ¿Por qué? Porque el encuentro diario hará que el tanque de tu alma se 
mantenga lleno del oxígeno espiritual que necesitamos para respirar a todo 
pulmón sin que nos falte nada. 
Una mujer completa es una mujer llena del Espíritu de Dios, y eso no se logra 
de una sola vez; hay que ir al pozo todos los días. Tenemos que conversar 
con Jesús todos los días; tenemos que encontrarnos con Él, escucharlo, dejar 
que nos transforme.
40
En Efesios 5:18 el apóstol Pablo nos dice: [S]ed llenos del Espíritu. En el 
griego original, esa palabra llenos tiene entre sus acepciones la idea de 
completar, estar completo de manera perfecta. Por lo tanto, para ser una 
mujer completa, yo tengo que ser una mujer llena del Espíritu de Dios. 
Si te das cuenta, la primera necesidad que Jesús abordó en su conversación 
con la samaritana fue la necesidad espiritual. Él sabía que ella tenía ese 
espacio completamente vacío. Por años había estado intentando llenarlo en 
los lugares equivocados, con relaciones equivocadas.
¿Aqué pozo has estado yendo tú para llenarte? Responde con sinceridad. 
Marca todas las que aplican:
• Profesión
• Televisión
• Libros
• Familia
• Internet
• Amigos
• Redes sociales
• Dios
• Otro
Cada vez que sentimos que nos falta algo, es porque no hemos dejado que 
Dios nos llene o porque se nos ha olvidado que solo Él hace rebosar nuestra 
copa, como declaró el rey David en Salmos 23. 
De alguna manera hemos querido igualar llenura, plenitud, a tener cosas, 
lograr metas. Creemos que bendición y abundancia material o realización 
personal son sinónimos; y, aunque no se excluyen mutuamente, la bendición 
de Dios, su llenura, es mucho más que cosas que podemos almacenar y 
contar. Mira lo que nos dice Pablo nuevamente en Efesios: Bendito sea el Dios 
y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición 
espiritual en los lugares celestiales en Cristo (Ef. 1:3, énfasis de la autora).
Sí, somos un pueblo bendecido por Dios; no importa si vivimos en China, Rusia, 
Estados Unidos, México, Brasil o la India. Pero no perdamos de vista algo: 
aunque Dios tiene para su pueblo promesas de provisión, Efesios 1:3 nos deja 
claro que, en la agenda de Dios, las bendiciones espirituales ocupan el primer 
lugar. 
Este pasaje hace referencia a aquello que viene del Espíritu Santo, es decir, 
las bendiciones del reino espiritual, y es a esas a las que nosotras más 
debemos aspirar. 
41
El mundo, como sirena mitológica, nos quiere atraer para que persigamos 
incansablemente lo que nos promete y se nos olvida que todo lo que este 
ofrece perece. 
Lee Mateo 6:19: No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín 
corrompen, y donde ladrones minan y hurtan. 
¿Qué nos dice acerca de las cosas que podemos obtener en este mundo?
¿Cuál es la diferencia de ese tesoro con el que se menciona en Efesios 1:3?
¡Tú eres una mujer ya bendecida! No depende del lugar adonde vayas de 
vacaciones, ni del tamaño de tu casa o su decoración, ni de cuántos títulos 
cuelguen en las paredes de tu oficina, ¡ni siquiera de cuán exitosa parezca 
tu familia! Has sido bendecida con toda bendición espiritual; algo que, aun 
cuando ya no estés en este mundo, todavía te acompañará. Si decidimos 
vivir de acuerdo a esa verdad establecida en la Palabra, seremos por fin 
libres del ansia de buscar. 
A través de Jesucristo, tenemos una herencia asegurada. Aquí en la Tierra, 
Dios nos dejó la garantía y esa garantía es su Espíritu Santo. Lee conmigo: 
En él [Cristo] también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el 
evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados 
con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia 
hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria 
(Ef. 1:13-14).
La palabra en griego es arrhabon, de donde viene nuestra palabra arras, y la 
idea es justo eso, un pago inicial, un depósito que garantiza que la cantidad 
completa se pagará. ¿Dónde se «pagará» el resto? ¡En nuestra redención final! 
¿No te resulta maravilloso? La presencia del Espíritu Santo en nuestra vida no 
solo es una marca de que la misma presencia de Dios vive en nosotros, sino 
que nos garantiza que lo mejor está todavía por llegar. 
Para recapitular, tú y yo necesitamos ir al pozo de Jesús cada día y pedirle 
que nos llene más con su Espíritu. ¿Lo estás haciendo? Si no, te invito a 
comenzar hoy mismo. Decide que buscarás llenar tu tanque diariamente con 
el oxígeno que solo Jesús te puede dar. 
42
Día 3
Completa porque es amada
El departamento del amor sin dudas era un problema para la samaritana. Su 
historia amorosa tiene varios capítulos con nombres diferentes. Esa mujer 
estaba buscando amor en todos los lugares equivocados y, de tanto buscar, 
estaba vacía. 
En su conversación, Jesús pasa a tocar este punto porque sabía que era 
neurálgico para la samaritana: La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para 
que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. Jesús le dijo: Ve, llama a tu 
marido, y ven acá (Juan 4:15-16).
Desde que nacemos, estamos buscando amor. De hecho, está demostrado 
que un bebé, para que crezca bien, a buen ritmo y saludable, necesita recibir 
amor; necesita ese trato donde se transpira aquello que dice: «Te amo», «Tu 
vida es una alegría para mí», «Eres importante». 
Pero ¿qué si esa necesidad no quedó llena cuando eras niña? ¿Qué si 
cuando se suponía que recibieras un amor incondicional, el de tus padres, 
no sucedió? ¿Qué si tu papá abandonó la casa o si su amor dependía de 
cuán bien te fuera en la escuela? ¿Qué si sufriste abuso? ¿Cómo puedes 
entender el amor de Padre que viene de Dios a quien no ves si las personas 
que primero debieron darte amor no lo hicieron?
Eso marca. Me marcó a mí. Mis padres se divorciaron cuando tenía cinco 
años y, por mucho tiempo, viví con ese dolor y esa sensación de falta de 
amor. Me ha costado entender el amor de Dios, y creo que en parte tiene 
que ver con todo lo que te he contado. Cuando suceden cosas así, te llevan a 
pensar que tal vez un día también Dios te va a abandonar. Y vives la vida con 
temor, dudando de si realmente Dios va a hacer lo que dice, si cumplirá sus 
promesas, si realmente puedes entregarte a su voluntad al 100 %, sin miedo 
a que algo malo suceda o que te falle. 
¿Cómo definirías tú el amor? 
¿Cómo lo hace la Biblia? El pasaje por excelencia se encuentra en 1 Corintios 13. 
Muchas veces se utiliza en bodas y otras celebraciones románticas, pero el 
amor descrito aquí es el de Dios. 
43
¿Cuáles son las palabras que usa el apóstol Pablo para describir el amor 
de Dios? Enciérralas en un círculo.
El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es 
jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no 
se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la 
verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor 
nunca deja de ser… (1 Cor. 13:4-8a). 
La falta de amor crea inseguridad, y por eso vemos a tantas mujeres yendo 
de una relación a otra, buscando la protección de un amor que no las 
abandone. Por eso, tenemos tantas adolescentes embarazadas porque han 
entregado todo a cambio de una falsa promesa de amor eterno. ¿Qué les 
lleva a tomar la decisión? Por lo general, una necesidad de sentirse amadas 
que nunca fue satisfecha en casa a través de una relación saludable con 
su papá. 
Solo cuando entendemos y recibimos el amor de Dios, y dejamos que nos 
sane, podemos dejar de buscar amor en lugares equivocados y nuestros 
corazones sanan.
Una mujer completa es una mujer que se sabe amada por su Padre celestial. 
Fíjate bien: no es una mujer que simplemente entiende que Dios la ama; 
es una mujer que se sabe amada, que vive convencida del amor de Dios y, 
aunque falten otros amores, ella se siente completa. 
Lee los siguientes pasajes y anota cómo te ama Dios:
Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno 
te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia (Jer. 31:3). _________
___________________________________________________________
Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de 
Dios (1 Jn. 3:1a). _______________________________________________
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, 
para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna 
(Juan 3:16). __________________________________________________
Pero tú, oh Señor, eres Dios de compasión y misericordia, lento para enojarte 
y lleno de amor inagotable y fidelidad (Salmos 86:15, NTV). _____________
___________________________________________________________
¿En qué pozo estás buscando amor? ¿Esposo, hijos, familia, amistades? 
44
La necesidad de amor es normal: fue puesta por Dios; pero tenemos que 
procesarla de la manera correcta. A menudo tratamos de que las relaciones 
humanas más importantes en nuestra vida se conviertan en el pozo que nos 
llena de amor. ¡Es una búsquedatan ilusoria como la de Ponce de León y la 
fuente de la juventud! 
He visitado el lugar donde se supone que el conquistador español encontró 
el manantial que perpetuaba la juventud. Es un sitio arqueológico al norte 
de la Florida; sin embargo, el agua tiene un terrible sabor a tierra. Y, como 
ya es sabido, aunque bebamos galones, seguiremos envejeciendo. Lo 
mismo sucede cuando tratamos de encontrar la plenitud en las relaciones 
humanas. Dios nos hizo para vivir en comunidad, y disfrutar de las relaciones 
nos produce una hermosa satisfacción; pero nunca lograrán darnos plenitud 
porque esa solo viene de una relación con Dios. 
Por eso, cuando la mujer samaritana le dice al Señor que quiere del agua que 
le está ofreciendo, Él la manda a buscar a su esposo para que ella entendiera 
que su sed era mucho más profunda, que no era cuestión de un cántaro de 
agua. ¡Pero incluso hasta ese nivel Él podía saciarla!
Leamos 1 Juan 4:10: En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos 
amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en 
propiciación por nuestros pecados. 
¿Quieres vivir como una mujer completa? Ríndete al amor de Dios. ¡Él ya te 
ama! Cuando a veces batallo con la idea, tengo que recordarle al corazón lo 
que ya mi mente sabe: Dios me ama, me amó y me amará. ¡Decide vivir como 
lo que eres, una mujer amada por Dios! 
Día 4
Libre de temor
Cuando era muy jovencita leí un libro, el testimonio de Joni Eareckson Tada, 
y por alguna razón que solo pudiera explicarse con las ideas de una mente 
adolescente, comencé a pensar que, si le decía sí a Dios, sin reservas, podía 
sucederme algo semejante a lo que pasó con Joni, quien quedó cuadripléjica 
tras un accidente de natación. Y todo sucedió luego de haberle dicho a Dios 
que quería rendirle para siempre su vida. Si no conoces su historia, te animo 
a que la leas.
45
La realidad es que el tiempo fue pasando y la lucha seguía escondida dentro 
de mí. Una lucha que podría traducirse como temor, temor a que Dios, de 
alguna manera, quisiera traer a mi vida pruebas tan difíciles y duras que 
acabarían con todo.
Tomó años, mucho estudio de la Palabra y sobre todo llegar a conocer bien al 
Dios en quien he creído, para entender algo: la única manera de vivir libres de 
temor es cuando comprendemos que Dios nos ama, nos ama infinitamente, y 
es justo ese amor lo que hace que Él solo busque el bien para nuestra vida.
Cuando no tenemos claro este concepto, vivimos presa de los temores que 
te mencioné arriba, o de muchos otros. Pero mira lo que nos dice el apóstol 
Juan que, en la humilde opinión de alguien que no es exégeta ni erudita, 
fue de los doce el que mejor entendió que Dios es amor: … Dios es amor. 
[…] Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con 
nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y 
Dios en él. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el 
temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido 
perfeccionado en el amor (1 Juan 4:8a,16,18).
Tres verdades cruciales aquí: 
Primera: Dios es amor. No lo siente; no lo experimenta. Es su misma esencia. 
Segunda: Dios nos ama con amor perfecto, tal y como vimos en la lección 
anterior.
Tercera: Tenemos que poner nuestra confianza en su amor. 
Las dos primeras son de parte de Dios. La tercera nos corresponde a nosotros. 
Cientos de predicadores te lo pueden decir, lo puedes leer en los libros; pero, 
si no lo crees en tu corazón, de nada valdrá.
Sí, sé lo que quizás pasó por tu mente: que incluso a gente que ama a Dios 
profundamente, que tiene una fe increíble, le suceden cosas duras, difíciles, 
malas. ¿Lo has pensado? ¿Cómo entonces explicamos Romanos 8:28? Y 
sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto 
es, a los que conforme a su propósito son llamados.
Creo que en muchos casos hemos interpretado mal el pasaje. Pablo no está 
diciendo que todo lo que nos suceda será bueno, lindo, fácil, etc. Lo que 
el apóstol está diciendo es que Dios usará todo lo que nos suceda para 
nuestro bien, para lograr su propósito en nuestra vida, su voluntad agradable 
y perfecta, que es llevarnos a ser como Cristo (v. 29). Sucede que nuestro 
concepto de qué es lo bueno no siempre se corresponde con la idea de Dios, 
y es ahí cuando llegan nuestras frustraciones y temores.
46
Sin embargo, si entendemos y creemos que Dios nos ama con amor perfecto, 
entonces podemos vivir libres del temor, venga lo que venga, porque nada 
nos podrá separar de su amor. Y, al final, será su amor lo que nos perfeccione, 
lo que nos haga semejantes a Cristo y lo que nos lleve a cruzar al otro lado 
de la eternidad.
Mi querida lectora, ¿vives víctima del temor, presa? Permíteme hablarte con 
toda dulzura y honestidad: necesitas aceptar el amor de Dios y esconderte en 
Él. Deja que te envuelva. Atesora esta Palabra en tu corazón: Entonces Cristo 
habitará en el corazón de ustedes a medida que confíen en él. Echarán raíces 
profundas en el amor de Dios, y ellas los mantendrán fuertes (Ef. 3:17, NTV).
¿Cuál es el resultado de confiar en el amor de Dios? 
Vivimos en un mundo caído, donde suceden cosas que nos dejan sin 
habla, que nos hieren, nos enferman. Pero tenemos la promesa del amor 
inagotable de Dios. Lee los Salmos y verás cuántas veces se menciona «tu 
amor inagotable». ¡Sé libre hoy, hija de Dios, porque Él te ama! Y, porque te 
ama, solo buscará tu bien. Confía en su amor.
La Biblia no dice nada al respecto, pero estoy segura de que nuestra mujer 
samaritana vivía con temor: temor al futuro, temor por su vida, temor al 
maltrato, temores de toda clase. Sin embargo, tengo la convicción de que, 
después de aquel día en el pozo, los temores la dejaron, porque por fin 
encontró el único amor que da seguridad y se lleva el temor. Y se sintió 
completa. 
¿Sabes por qué lo creo? Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, 
y dijo a los hombres: Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto 
he hecho. ¿No será éste el Cristo? (Juan 4:28-29).
¡Ella dejó el cántaro y se fue corriendo a contar lo sucedido! Ya no le importó 
más lo que la gente pensaba. La marca de su vergüenza se había quedado en 
el pozo; su conversación con Jesús le quitó los ojos de la necesidad de agua 
y la hizo entender que había algo mucho más grande que todos debemos 
buscar. El amor de Dios restauró a la samaritana y la llenó para siempre. 
¿Qué temores están ahogándote hoy? ¿Qué tal si ahora mismo se los 
confiesas al Señor? Él ya los conoce, pero al confesarlos estás reconociendo 
tu necesidad de vivir cimentada en la seguridad de su amor. 
Mira lo que dice Efesios 3:19: … conocer el amor de Cristo, que excede a todo 
conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.
47
Cuando conocemos el amor de Cristo vivimos en plenitud. ¡Ora hoy con esta 
palabra y pídele a Dios que puedas llegar a conocerlo de esa manera! 
Decide que, a partir de hoy, con la ayuda del Señor y por creer su Palabra, tú 
no vivirás en temor, sino establecida en el amor de Dios. 
Día 5
Una mujer con propósito
El encuentro de la samaritana con Jesús le regaló una nueva perspectiva 
sobre su vida. Como vimos ayer, ella dejo el cántaro, la misión con la que 
había ido al pozo, y salió corriendo hacia el pueblo porque lo que había 
encontrado era tan grande que quería compartirlo con otros. Justo en ese 
momento decidió vivir con otro propósito. ¿Cuál? Contar lo que Jesús hizo 
por ella. ¡Ese propósito es común para todos los hijos de Dios! 
Sin embargo, hay mucho más en el plan de Dios. Leamos Efesios 2:10: Porque 
somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales 
Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
¿Para qué dice Pablo que fuimos creados? 
Dios diseñó algo desde el principio. Nosotras no estamos aquí solamente 
porque nuestros padres decidieron tener hijos o porque hubo una sorpresa, 
o como dicen algunos «un accidente» ¡No!Tú y yo estamos aquí para cumplir 
el propósito de Dios. Y, mientras no vivamos en ese propósito, no nos 
sentiremos completas. 
Ahora bien, no dejes que se te vaya la vida en espera del «súper propósito» 
y pases por alto las oportunidades cotidianas que el Señor te presente. Cada 
día podemos ser usadas por Dios, en la casa, en el trabajo, en el vecindario. 
Si nosotros decidimos decirle a Jesús: «Abre mis ojos para ver dónde puedo 
servirte hoy», Él lo hace porque esa oración está alineada con su voluntad.
Quizás creas que para hablar de Dios necesitas pasar muchas clases, tener 
conocimientos bíblicos profundos y dominar todos los términos teológicos. 
En realidad, no es tan complicado; Jesús mismo lo dijo, solo cuenta a otros lo 
que Dios ha hecho contigo. De eso se trata.
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¿Qué dice Lucas 8:39? Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha 
hecho Dios contigo. Y él se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes 
cosas había hecho Jesús con él. 
El protagonista de esta historia, un hombre que por años vivió endemoniado 
y fue liberado por Jesús, quería ser parte del grupo de sus seguidores, pero 
recibió una encomienda distinta: ¡Cuenta tu historia entre tu gente!
Ese era parte del propósito de Dios para la vida de este personaje también 
anónimo. 
Efesios 1 dice que fuimos creados «para alabanza de su gloriosa gracia» 
(NVI). ¿Para qué estamos aquí? Para darle gloria a Dios mediante todo lo que 
hagamos. Esa es la buena obra suprema. Ese es el propósito fundamental de 
nuestras vidas. Todo lo demás tiene que ser secundario. 
Hace más de seis años que comencé a escribir en mi blog; fue una mañana 
en la que quedó muy claro para mí que tenía que hacerlo, a pesar de no 
tener ni la menor idea del mundo de la blogosfera. Pero le dije que sí a 
Dios. Después de eso, ha llovido bastante. Nunca pensé en el ministerio 
de mujeres, ni en escribir libros, ni en dar conferencias lejos de mi casa, 
subirme a aviones y viajar sola. Pero Dios tenía otro plan y te lo cuento no 
para darte una lista de logros, ¡para nada! Te cuento esto porque a pesar de 
todos los desafíos que implica, y de mis limitaciones, no lo cambio por nada. 
He descubierto que es una parte crucial del propósito para el cual Dios me 
puso en este planeta. Esto no es exclusivo, y no tienes que escribir un libro 
ni pararte en una plataforma para sentirte completa en este aspecto. Solo 
tienes que decirle a Dios: «Aquí estoy, muéstrame tu propósito y enséñame 
a vivir en él». ¡Él promete responder a esa oración!
¿Estás batallando porque no sabes cómo vivir en ese propósito? Mira lo que 
nos dice Salmos 32:8: Te haré entender, y te enseñaré el camino en que 
debes andar; sobre ti fijaré mis ojos.
Haz de estas palabras tu oración hoy mismo. 
No sabemos qué pasó después ni qué ocurrió con la vida de la mujer 
samaritana; pero quiero hacerte una pregunta: ¿Está satisfecha tu sed? ¿O 
sigues buscando «agua» por todas partes? El primer encuentro con Jesús 
nos alivia la sed más profunda, la necesidad de salvación. Sin embargo, 
necesitamos regresar al pozo cada día para que con su agua nos refresque. 
Un encuentro diario con Jesús nos da la perspectiva correcta; nos revela si 
estamos corriendo tras metas equivocadas; nos inunda de la misma paz que 
debe haber recibido aquella mujer al saber que no importaba su pasado: 
Dios podía recibirla con brazos abiertos. 
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Aunque anónima, esta mujer de la Biblia nos ha enseñado tres lecciones 
cruciales.
Una mujer completa es…
• Una mujer llena de Jesús y de su Espíritu 
• Una mujer segura del amor de Dios y libre de temor
• Una mujer que vive con propósito 
Jesús se lo mostró a la samaritana aquel día y nos lo muestra hoy. ¡Nos toca 
a nosotras decidir caminar en esa verdad! 
Lee Colosenses 2:10: … y vosotros estáis completos en él [Cristo], que es la 
cabeza de todo principado y potestad. 
¿Qué entiendes de ese versículo a la luz de lo que hemos estudiado esta 
semana? 
Semana 4
Madres a la manera de Dios
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Día 1
Una madre sabia
La tarea más difícil del mundo es criar hijos; no tengo dudas. Para esto no 
existe un manual con 10 pasos. Lo que funciona con un hijo puede no resultar 
con el otro. Y aunque hagamos cursos previos y nos prepararemos, la realidad 
de la crianza será muy diferente. Por eso, en esta semana, visitaremos a 
algunas madres de la Biblia para aprender de ellas, de las decisiones que las 
trasformaron en este rol y que pueden transformarnos a nosotras también. 
Mar ía
No sabemos casi nada de su vida, ni de su familia, apenas algo de sus 
antecesores y su parentesco con otra mujer, Elisabet. Lo que sí está claro 
es que fue una mujer común y corriente, como tú y yo. La esposa de José el 
carpintero, la madre de Jesús y de sus hermanos. 
Fue madre, como muchas de nosotras. Pero las circunstancias que rodearon 
ese embarazo fueron un tanto complicadas, ya que todavía no estaba 
casada, y en su momento histórico eso tenía graves consecuencias. Por ley, 
el futuro esposo debía dejarla, sobre la base de infidelidad. Eso implicaba 
repudio social. Y la ley también establecía la muerte en caso de adulterio. 
Sin embargo, siempre me ha llamado la atención que, cuando ella recibió la 
noticia de la tarea para la que Dios la había escogido, no se negó, a pesar 
de todo lo que implicaba. Dice Lucas 1:38b que su respuesta al anuncio del 
ángel fue esta: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu 
palabra. Y el ángel se fue de su presencia (énfasis de la autora).
Su reputación y su futuro, incluso su futuro matrimonio con José, estaban en 
un segundo plano cuando se trataba de Dios. De hecho, la propia Biblia nos 
enseña que, cuando ya Jesús no estaba en la Tierra, María siguió adelante, 
junto a los demás apóstoles, otras mujeres y los hermanos de Jesús, a la 
espera de la promesa que su hijo les había hecho (Hech. 1:14), el Espíritu 
Santo.
No puedo aseverarlo con absolutos, pero me inclino a pensar que Dios vio 
en María un corazón humilde, completamente rendido, y creo que en gran 
parte esta actitud la convirtió en un instrumento para el plan de nuestra 
salvación. Esa es una decisión que tú y yo debemos tomar cada día: vivir 
dispuestas a que sea Dios quien lleve las riendas y amarlo por encima de 
todo y de todos. 
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Por otro lado, María entendió el secreto de la maternidad victoriosa, y es 
algo con lo que nosotras muchas veces batallamos: nuestros hijos son un 
préstamo y no los criamos para nosotros, sino para Dios. 
Lee el pasaje de Lucas 2:41-52. ¿Te imaginas la desesperación de María 
como madre al descubrir que Jesús estaba desaparecido? 
¿Cómo describirías su reacción al escuchar la respuesta de Jesús en el 
versículo 51? 
¿Qué nos dice eso sobre su carácter como madre? 
Ella entendió que, al criar a Jesús, tenía que hacerlo sin pretensiones de 
tener un hijo para siempre. Algún día Él se iría de casa. Algún día comenzaría 
a cumplir la misión para la cual estaba puesto en la Tierra. ¿Cuántas veces 
tendría que recordarse a sí misma que, aunque este hijo estuvo en su vientre, 
no le pertenecía? No lo sé, pero estoy segura de que en su mente quedo 
grabado aquel día cuando Jesús le recordó cuál era su prioridad: Entonces 
él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi 
Padre me es necesario estar? (Luc. 2:49). 
Y sucede lo mismo con cada uno de nuestros hijos. Dios les dio vida para 
un día, a través de ellos, hacer algo que lo glorifique. Tú, yo, nuestros hijos, 
hemos sido creados para alabanza de su gloria.
Sí, en teoría puede que lo pensemos, pero muchas veces no es así en la 
práctica. En ocasiones, los criamos para ver realizados en ellos los sueños 
que no pudimos cumplir. La alumna súper involucrada en la escuela. La 
bailarina que no fuimos. El futbolista admirado. El médico brillante… Y se 
nos olvida que ahora se trata de formar a una nueva persona que vivirá sus 
propias experiencias, que tendrá sus propios sueños. ¿Y nuestro papel? 
Ayudarles a volar alto, tanalto que estén bien cerca del corazón de Dios y de 
sus propósitos para la vida de este tesoro que ha puesto a nuestro cuidado, 
un hijo o una hija.
Tenemos que prepararlos para que desde pequeños sepan que hay algo más 
que un título universitario, una familia exitosa, una casa grande o una placa a 
la entrada de la oficina. ¡Hay algo más! Los asuntos de nuestro Padre. Tú y yo 
como madres tenemos la responsabilidad de instruirlos en esa verdad.
Lee los pasajes siguientes:
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Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación:
todo estaba ya escrito en tu libro;
todos mis días se estaban diseñando,
aunque no existía uno solo de ellos (Sal. 139:16, NVI).
Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te 
santifiqué, te di por profeta a las naciones (Jer. 1:5).
¿Qué nos enseñan sobre nuestros hijos y el propósito de su vida? 
Te animo a leer Salmos 138:8 y convertirlo en una oración por tus hijos. Hace 
años, oro así por los míos. 
No, no adoramos a María. Adoramos al Dios que escogió a esta joven mujer 
de Nazaret para la tarea de madre, el mismo que nos escogió a ti y a mí; pero 
podemos aprender de su vida y decidir que, al criar hijos, lo haremos para 
Dios y para su gloria. 
Día 2
Esposa versus mamá
«Yo soy primero madre y después esposa», eso es lo que muy a menudo 
he escuchado; y el criterio que escuchan también muchas niñas al crecer 
y luego repiten. Estas palabras pueden crear discrepancias, pero quiero 
hablarte al corazón, con la verdad de Dios. 
Comencemos por la creación, leamos Génesis 2:18 y 22: Y dijo Jehová Dios: 
No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. […] Y 
de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al 
hombre. 
¿Qué tenía Dios en mente cuando creó a la mujer? 
Quizás las tendencias feministas nos han hecho creer algo diferente, pero el 
diseño de Dios está claro: fuimos creadas para ser ayuda ideal, como dicen 
otras versiones. 
Me puse a estudiar un poquito más esa frase, «ayuda idónea», y en mi 
búsqueda me encontré esta nota de la Biblia NET (en inglés): «La palabra 
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hebrea para ayuda es ’ezer. En este contexto, parece expresar la idea de una 
‘compañera indispensable’. La mujer supliría lo que al hombre le faltaba…» 
(traducción de la autora).
De este modo, mucho antes de que los hijos aparecieran en escena, ya nosotras 
teníamos un propósito definido y está relacionado con nuestros esposos. Si 
quieres, tómate un tiempo y relee lo anterior. Medita. En un mundo donde 
todo cada vez más se vuelve contrario a Dios y vivir según su diseño nos hace 
parecer personajes anacrónicos, necesitamos regresar al plan original. 
Uno de los versículos más leídos en las bodas es Génesis 2:24: Por tanto, 
dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una 
sola carne.
¿Cuál es tu interpretación de ese pasaje? 
Aunque la mayoría lo conoce de memoria, por alguna razón solo lo aplicamos 
a la idea de que ya no viviremos más con los padres, en el sentido físico. Sin 
embargo, entiendo que también tiene implicaciones que van más allá del 
simple hecho de mudarnos de casa.
Al casarnos empezamos una nueva familia, un hogar donde nuestra 
responsabilidad principal está en ese pequeño núcleo que iniciamos con 
nuestro esposo y al que luego se añadirán los hijos. Esto no quiere decir, por 
supuesto, que abandonamos a nuestros padres; eso nunca está respaldado 
por la Biblia. Pero esos hijos un día dejarán a su padre y a su madre, nosotros, 
y formarán su propia familia. El ciclo continúa; sin embargo, tú y yo seguiremos 
junto a nuestros esposos, tal y como comenzamos. 
Hace años leí que los hijos son un préstamo que Dios nos hace por 18 o 20 
años más o menos, y así es. Aunque siempre serán nuestros hijos y estaremos 
a su lado para amarlos, apoyarlos y ayudarlos, tenemos un espacio de tiempo 
limitado para criarlos. Pero, en ese tiempo, a pesar de tener que dedicarles 
gran parte de nuestras fuerzas, energías y tiempo, no podemos descuidar la 
relación principal y que dio origen a nuestra familia, nuestra relación con el 
compañero que Dios nos dio. 
En su carta a Tito, el apóstol Pablo incluye varias características relacionadas 
con la vida y carácter de los creyentes, incluyendo las mujeres: Las ancianas 
[…] que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos 
(Tito 2:3a-4).
¿Te percatas del orden del pasaje? Amar primero a ___________________ 
y luego a __________________________. 
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Creo que fue escrito así con toda intención. Aunque, en nuestra traducción al 
español de este versículo, se incluyó el verbo amar sola una vez, en el original 
aparece dos veces y son dos palabras diferentes. La primera es filandrous y 
se define como 'amar al esposo'. La segunda es filotéknous, 'amar a los hijos', 
Dos funciones diferentes, y con un orden claro. 
Es ahí justamente donde viene el problema. Muchas mujeres deciden 
ser primero madres y luego esposas, y alteran el orden que Dios dio y el 
matrimonio comienza a sufrir. 
Es interesante también que, tanto en su carta a los Efesios (5:22-33) como 
a los Colosenses (3:18-19), el apóstol Pablo, al hablar a las familias cristianas, 
cuando se dirige a las mujeres no se refiere al rol de madres, sino al de ellas 
como esposas. 
¿Te resulta difícil entender este concepto? ¿Cuál fue el que aprendiste en 
tu familia?
Mi amiga lectora, no me malentiendas. Para nada estoy promoviendo que 
seamos madres descuidadas ni que no nos ocupemos de nuestro hogar. ¡Al 
contario! Pero, si mostramos a nuestros hijos un matrimonio precioso donde 
sus padres se aman, se cuidan, se dan prioridad, les estaremos dejando 
una herencia muy valiosa, un patrón que la sociedad no sabe mostrarles. Y, 
cuando ellos tengan sus propios matrimonios, sabrán qué hacer para tener 
éxito. 
Tu esposo es el compañero que Dios te regaló para toda la vida. Tienes 
responsabilidad ante Él de amarlo, respetarlo, cuidarlo. Es una bendición que 
debemos atesorar. Todo este asunto de la familia fue idea de Dios, y Él en 
su inmensa sabiduría estableció un orden; seamos mujeres sabias y sigamos 
sus instrucciones. El diseño de Dios es perfecto; no lo podemos superar. 
Quiero proponerte algo: toma un tiempo para ti. Sal a un parque, una cafetería. 
Si tienes niños pequeños, pídele a alguien que se quede con ellos o quizás 
tu esposo puede sacarlos un rato de casa. Si no, espera a que todos estén 
dormidos y tengas un rato sin interrupciones. Ora y pídele a Dios que te 
muestre si en algo estás fallando en tus prioridades. Toma una hoja de papel 
o un cuaderno y anota de qué forma práctica puedes mantener en orden 
tus prioridades: Dios, tu esposo, tus hijos, todo lo demás. Anota también 
qué pasos puedes dar para mantenerte en el buen camino en cuanto a esto 
prioridades. Si tienes posibilidad, repite este ejercicio cada cierto tiempo.
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Día 3
La madre suegra 
Por alguna razón, el título de suegra casi siempre va acompañado de mala 
reputación; no sé cuándo comenzó el asunto, pero parece ser común en 
cualquier país. Los chistes más crueles van dirigidos a las suegras. Y, aunque 
reconozco que en ocasiones quizás algunas se lo hayan ganado, no podemos 
generalizar. 
Yo no tuve el privilegio de conocer a la mamá de mi esposo, pero todo el 
que la conoció me cuenta que fue una gran mujer, así que estoy segura de 
que hubiera sido una gran suegra también. Y me lo corrobora el hombre que 
tengo por esposo. 
Quiero invitarte a conocer a otra suegra, de la Biblia. Alguien cuyo ejemplo 
es digno de imitar.
No em í
No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú 
fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, 
y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me 
haga Jehová, y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre 
nosotras dos (Rut 1:16b-17).
Estas bellas palabras, que muchas veces se utilizan en la ceremonia de las 
bodas, en realidad las dijouna nuera a su suegra. Y, aunque siempre se 
habla de Rut por todo lo que ella representa al ser parte de la genealogía de 
Jesucristo, pocas veces se destaca a esa otra gran mujer, Noemí, su suegra.
Estoy convencida de que, para haberse ganado una nuera así, Noemí 
tiene que haber sido una suegra excelente y, si lees la historia completa, lo 
comprobarás. Por lo pronto, lee Rut 1:11-13.
¿Qué características de Noemí aprecias en estos versículos? 
Si nuestros hijos se casan, un día seremos suegras. Por eso, es importante 
que aprendamos de Noemí y que decidamos convertirnos en esa clase de 
suegra al analizar las decisiones que esta mujer tomó y cómo transformaron 
su vida. 
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1. Una relación desinteresada, sin egoísmo. 
Noemí, que ya era anciana y no contaba con amparo ni ayuda de ninguna 
clase, no pensó en su propio bienestar, sino en el de sus nueras. 
En 1 Corintios 13:5, dice que el amor «no busca lo suyo». ¿Qué quiere decir 
esa frase?
El egoísmo no tiene cabida en una mujer que anhela agradar a Dios y ser como 
Jesús. El amor que la Biblia nos enseña es un amor que pone primero a los 
demás, incluso cuando nos duele o nos parece que no lo merecen. 
2. Una relación de amor real, como de madre a hija. 
Después le dijo su suegra Noemí: Hija mía, ¿no he de buscar hogar para ti, 
para que te vaya bien? (Rut 3:1, énfasis de la autora). 
A pesar de que el hijo de Noemí, esposo de Rut, ya había fallecido, Noemí la 
amaba como a una hija y quería ayudar a garantizarle el mejor futuro posible. 
No podemos olvidar que en aquella cultura, una mujer sola, sin esposo ni 
hijos, no tenía muchas posibilidades de sobrevivir. No dejes que los moldes 
del mundo den forma a tu familia. Aprendamos de esta mujer y cambiemos 
nuestra perspectiva sobre el rol de una suegra. Usemos la Palabra de Dios 
para establecer nuestros valores. 
3. Noemí, con su decisión de ser una buena suegra, se convirtió en parte 
de una historia mayor. 
Y le dieron nombre las vecinas, diciendo: Le ha nacido un hijo a Noemí; y lo 
llamaron Obed. Este es padre de Isaí, padre de David (Rut 4:17). 
¿Qué indica este versículo? 
Al decidir amar a su nuera como a su propia hija, ella contribuyó a que una 
mujer extranjera fuera la bisabuela de David y parte de los antecesores 
de Jesús (Mat. 1:5); eso tiene implicaciones mucho más grandes de lo que 
podemos incluir en este estudio. Dicho en pocas palabras, la decisión de una 
suegra transformó para siempre la vida de su nuera y de las generaciones 
venideras. 
Si tienes hijos o piensas tenerlos, es muy probable que un día te conviertas en 
suegra. Yo todavía estoy lejos de ese momento, pero sé que llegará. Desde 
ahora quiero pedirle a Dios que me ayude a ser una suegra como Noemí. 
58
Y quiero hacerte una exhortación; tal vez no tienes una suegra así, pero no 
dejes que eso nuble tu visión. Proponte ser diferente cuanto te llegue el 
momento y también, ¿por qué no?, ¡decide ser una nuera como lo fue Rut! 
Mira lo que otras mujeres le dijeron a Noemí sobre ella: ... pues tu nuera, que 
te ama […] es de más valor para ti que siete hijos (Rut 4:15b)
Dios nos ha llamado a marcar la diferencia, a amar incluso a quien nos 
resulta difícil: Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no 
esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del 
Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos (Luc. 6:35).
¿Hay alguien hoy a quien te resulta difícil amar? La mejor manera de cambiar 
eso es orando. Comienza a orar por esa persona. 
De ahora en adelante, en lugar de pensar en «la suegra que quisiéramos 
tener», pensemos mejor en «la suegra que queremos ser». ¿Qué tal si escribes 
aquí una oración sincera a Dios sobre el tema? ¿Será que tienes que buscar 
perdón en esa relación o tal vez perdonar? Lo que hoy decidas al respecto 
puede marcar la diferencia en tu familia hoy y en el futuro. 
Día 4
¿Rompecorazones?
Un día leí un comentario en una de las redes sociales que mostraba a una 
mamá con su hijo pequeño, en edad de escuela primaria, y decía algo así: 
«Chicas, prepárense que estoy criando un “rompecorazones”». ¿En serio? ¿En 
serio queremos que nuestros hijos varones se conviertan justo en aquello de lo 
que queremos proteger a nuestras hijas y de lo que tanto nosotras mismas nos 
hemos protegido o la razón por la cual hemos sufrido?
Sin darnos cuenta, muchas veces los valores del mundo son los que definen 
nuestra mentalidad y la manera en que enfocamos la crianza de nuestros 
hijos. Nos olvidamos de que este niño al que tanto amamos fue puesto por 
Dios en nuestras manos para que lo eduquemos en la Palabra, conforme a los 
principios allí establecidos y para que llegue a convertirse en un hombre de 
Dios.
En la Biblia, encontramos una mujer anónima, por cierto, pero muy sabia. 
Si decidimos imitarla, habremos tomado una decisión transformadora. Lee 
conmigo Proverbios 31:1: Palabras del rey Lemuel; la profecía con que le 
enseñó su madre (énfasis de la autora).
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¿De dónde vienen realmente las palabras de ese conocido capítulo de la 
Biblia? 
Fueron los consejos de la madre de este rey, que algunos piensan pudiera 
haber sido Salomón, los que luego conformaron Proverbios 31. Esta fue una 
mujer que dedicó tiempo a enseñar a su hijo para que se convirtiera en todo 
un caballero y supiera qué tipo de esposa buscar. 
Es hora de que decidamos criar hombres temerosos de Dios que transformen 
su generación. ¿De dónde sacamos la idea de que los varones tienen que 
ser «rompecorazones»? De un mundo caído donde todo está al revés, de las 
películas que nos venden la idea de que hombre es aquel que se adueña 
del corazón de muchas mujeres, de los seriales para jovencitos y jovencitas 
donde los chicos solo sirven para ser lindos y tienen la cabeza hueca, ¡de 
ahí la sacamos! Pero resulta que tú y yo, que decimos amar a Dios y que 
queremos agradarle y vivir según su diseño, no podemos seguir esa corriente.
Veamos algunos rasgos de hombría bíblica que nosotras como madres 
debemos enseñar. 
Pu r e za
Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la 
paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor (2 Tim. 2:22). 
¿Cómo podemos enseñar ese rasgo de acuerdo a este pasaje?
(Encierra en un círculo las dos palabras que indican en el versículo la manera 
de actuar). 
F i de l i dad 
Sea bendito tu manantial, Y alégrate con la mujer de tu juventud (Prov. 5:18).
¿Qué entiendes de estas palabras?
Dicho de otra manera, debemos criar hombres que sepan que su hombría 
no la determina el número de relaciones que hayan tenido, sino que se 
guardarán para una sola mujer. En Malaquías se le llama también «la mujer 
de tu pacto» (2:14). 
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R e sp e to y h o n o r
Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la 
mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, 
para que vuestras oraciones no tengan estorbo (1 Ped. 3:7).
¿Qué es para ti como mujer recibir honor? ¿Cómo puedes enseñárselo a tu 
hijo?
En un mundo feminista, donde quizás se sientan inclinados a hacer lo 
contrario, es importante que nosotras como madres hagamos énfasis en lo 
que Dios espera y no lo que la cultura promulga. 
Amo r
Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se 
entregó a sí mismo por ella (Ef. 5:25).
¿Qué clase de amor describe este pasaje? ¿Cómo lo podemos enseñar?
Amar de esta manera no es lo que nuestros hijos varones verán en el mundo 
que les rodea, pero no olvidemos que el estándar que seguimos es otro. 
Nuestra meta como madres es enseñarles que su hombría está en vivir por 
alcanzar la estatura de Cristo. 
P ro vee do r
… porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su 
casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo (1 Tim. 5:8).
¿Qué enseña Pablo sobre este rol del hombre en el hogar? 
Vivimos en una generación de roles invertidos y, aunque entiendo que en 
muchas situaciones las mujeres tambiéntienen que salir a trabajar fuera del 
hogar, tenemos la responsabilidad de criar hijos varones conscientes del 
papel de proveedores que Dios les ha encomendado. 
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Oro para que mi hijo llegue a ser ese tipo de hombre. Y es el tipo de hombre 
que quiero para mi hija cuando llegue su momento de escoger. Me imagino 
que lo mismo quieres tú. ¿Entonces? Tenemos que decidir «romper el molde» 
del mundo y ajustarnos al patrón de Dios. 
Día 5
Cuando ser mamá duele
Tal vez fue porque los niños estaban de vacaciones o porque a veces las 
hormonas nos ponen más pensativas que de costumbre, pero aquel día me 
llevó a pensar en mi rol de mamá y me di cuenta de algo: a veces duele. 
En ese momento, mis hijos eran muy pequeños y tuve que aplicar algo de lo 
que no hablamos tan a menudo: la disciplina. Disciplinar a los hijos es similar 
a tomar medicinas o ponerse vacunas; puede ser desagradable o doloroso, 
pero necesario.
La realidad es que el carácter verdadero no se forma sin disciplina. Quizás esa 
sea la razón por la cual veamos tanta falta de integridad y respeto en estos 
tiempos; la mayoría no quiere recibir disciplina ni ejercerla. Unos alegan que 
crea rebeldía. Otros optan por métodos, en su opinión, menos rigurosos y más 
apegados a la ciencia. Sin embargo, parecen muy poco eficaces, dado lo que 
vemos a nuestro alrededor. ¿El resultado? Una generación que desconoce 
el orden y las reglas mientras los observadores solo dejan caer los brazos y 
dicen: «¡Esta juventud está perdida! ¡No respetan nada ni a nadie!» 
Hoy quiero preguntar: ¿qué es para ti la disciplina? 
Veamos qué enseña la Palabra de Dios sobre el tema para nosotras las 
madres: La necedad está ligada en el corazón del muchacho; Mas la vara 
de la corrección la alejará de él (Prov. 22:15).
Según este versículo, ¿qué es normal en el comportamiento de los hijos? 
¿Cómo espera Dios que reaccionemos?
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¿Qué tipo de disciplina recibiste de tus padres mientras crecías? ¿Qué 
piensas ahora? 
Es importante destacar que la disciplina y el abuso son dos cosas muy 
diferentes. Dios nunca estará a favor de lo segundo. 
Veamos otro pasaje, Proverbios 29:15: La vara y la corrección dan sabiduría; 
mas el muchacho consentido avergonzará a su madre.
¿Qué enseña este proverbio sobre la corrección a los hijos?
Entonces, ¿por qué decimos que disciplinar nos duele y a veces hasta nos 
afecta? En el caso que te mencioné al principio, uno de mis hijos no pudo 
disfrutar de una salida para jugar con sus amigos. Me dolió ver sus lágrimas, 
hacer caso omiso a sus súplicas y mantener el «no» rotundo; pero no fue solo 
eso. Yo también me perdí la salida. No pude compartir junto con las otras 
mamás, mis amigas. No disfruté la alegría del momento. ¿Ya lo entiendes? 
Duele y afecta. 
Sin embargo, el dolor del presente evitará sufrimiento en el futuro. El «no» de 
ahora forjará en ellos un carácter que entenderá un día la diferencia entre 
una buena y una mala decisión. Les ayudará a ejercer el control. Se ahorrarán 
muchas cosas innecesarias si tan solo nosotras como madres estamos 
dispuestas al sacrificio que, en cierto modo, implica ejercer la corrección. 
Elí fue un sacerdote en los tiempos del Antiguo Testamento que no quiso pasar 
por este dolor temporal. Su negligencia tuvo graves consecuencias, y Dios 
no se tardó en dejarlo claro. Leamos 1 Samuel 2:29: ¿Por qué habéis hollado 
mis sacrificios y mis ofrendas, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has 
honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las 
ofrendas de mi pueblo Israel?
Al leer este versículo, ¿cuál era el problema con Elí, como padre? ¿Qué 
dice esto de su condición espiritual? 
Cuando no disciplinamos a nuestros hijos, estamos desobedeciendo a Dios; 
aunque no nos demos cuenta, le hemos quitado el lugar que le corresponde 
a Él para dárselo a ellos. Y cualquier cosa que ocupe el lugar de Dios se 
convierte en un ídolo. 
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Mi querida lectora, Dios Padre es el mejor ejemplo que podemos seguir 
en cuanto a la crianza. Él aplica la disciplina: Porque el Señor al que ama, 
disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo (Heb. 12:6).
¿Será que es cruel? ¿Qué piensas tú? 
Mira la repuesta que encontramos más adelante en ese mismo capítulo de 
Hebreos: Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de 
gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que 
en ella han sido ejercitados (v. 11).
En el momento, nos resulta doloroso aplicarla, pero producirá resultados. 
¿Cuáles? La NTV lo dice así: Ninguna disciplina resulta agradable a la hora 
de recibirla. Al contrario, ¡es dolorosa! Pero después, produce la apacible 
cosecha de una vida recta para los que han sido entrenados por ella (énfasis 
de la autora).
Es cierto; no es agradable el proceso de aplicar la disciplina. Hasta me atrevo 
a decir que, en ocasiones, preferiríamos no hacerlo para evitarnos las quejas, 
los llantos, las malas caras y hasta los reproches. Pero, bueno, nadie dijo que 
criar hijos sería una tarea fácil, ¡si es que queremos hacerla bien!
Sí, a veces, ser mamá duele. De hecho, la tarea empieza con grandes dolores. 
Pero igual que al pasar el parto respiramos aliviadas y satisfechas, pasar 
el dolor de la disciplina también producirá alivio y satisfacción, aunque nos 
demoremos en ver el resultado. 
¡Ánimo, mamá! Decide no imitar a Elí, sino seguir las instrucciones de Dios, 
incluso cuando duela. Hay decisiones más difíciles que otras; pero, si 
estamos dispuestas a tomarlas, la transformación ocurrirá. 
Semana 5
Decisiones valientes
65
Día 1
¿Cuál es mi prioridad?
Cada año le pido al Señor que me conceda una palabra que se convierta en 
mi lema o tema para esos doce meses y, claro, junto con ella, un versículo 
bíblico. En 2016 la palabra fue prioridad, y eso me llevó a estudiar un pasaje 
de la Biblia que nos define claramente cómo establecer nuestras prioridades y 
que fue mi versículo para ese año. Es muy conocido, pero vale la pena que lo 
escudriñemos bien porque, al hacerlo, saldremos transformadas: Mas buscad 
primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán 
añadidas (Mat. 6:33).
Este pasaje forma parte del llamado “Sermón del monte” simplemente porque 
cuando Jesús impartió todas estas enseñanzas lo hizo en la ladera de una 
montaña. Se me ocurre pensar que quizás fue de ese modo porque los 
presentes podrían verlo y escucharlo mejor. Lo cierto es que estos pasajes 
constituyen una especie de manual para la vida cristiana, un contraste entre lo 
que habían escuchado hasta ese momento y la vida en el reino que ahora Él 
les presentaba. El Sermón del monte es como el manifiesto de los cristianos, 
un escrito donde se publican las doctrinas, los propósitos, el qué y el cómo. 
Y es justo dentro de este sermón que aparece este versículo que, aunque 
sabemos de memoria y repetimos casi sin pensar, marca el rumbo para la vida 
de un hijo o hija de Dios.
Dado que el griego es un idioma muy rico y sus palabras encierran más de 
un significado, me pareció bueno comenzar por explorar un verbo clave en 
este pasaje y ver las implicaciones que sus diferentes acepciones tienen en el 
mandamiento que Jesús dio. 
El versículo comienza con un imperativo: buscad. Viene del griego zeteo y 
comunica la idea de buscar para encontrar al pensar y meditar. 
Ahí está el cómo al establecer nuestra prioridad. ¿Cómo buscamos el reino de 
Dios? Comienza por nuestra mente, el lugar donde tomamos las decisiones. 
Es decir, esa búsqueda tiene que formar parte de la manera en que pensamos. 
Debemos tener pensamientos que se enfoquen en perseguir el reino de Dios. 
Y debemos meditar en aquellas cosas que me ayuden a llegar al reino y no 
que me desvíen.
¿Qué crees tú que quiere decir «buscar el reino en mi manera de pensar»? 
66
Una segunda posible acepción de la palabra zeteo es ‘pedir’. Sustituye la 
palabra buscad por esta definición: Mas __________ primeramente el reino 
de Dios y su justicia,y todas estas cosas os serán añadidas (Mat. 6:33).
¿En qué pasaje recuerdas haber escuchado a Jesús pedir el reino de Dios? 
Él lo enseñó en la oración modelo («padre nuestro») cuando dijo: «Venga 
tu reino». Fue una petición. ¿Qué tal si incorporamos esto a nuestra lista de 
oración diaria? «Señor, quiero tu reino, quiero vivir en tu reino, ser parte de tu 
reino; ¡establece tu reino en mí y úsame para expandirlo!».
Y un tercer significado de zeteo que me gustaría analizar es ‘apetecer’. 
Apetecer es tener ganas de algo, desearlo. Honestamente, muchas veces 
las cosas de este mundo me resultan tan atractivas que el desearlas ocupa 
el centro de mi mente. ¿Te pasa a ti? Este viaje a tener a Dios como prioridad 
de nuestras vidas requiere que nos quitemos todas las capas y seamos 
honestas hasta los tuétanos. Buscar el reino de Dios tiene que ser algo que 
apetezcamos, algo así como lo que sentimos al pensar en un alimento que 
nos gusta. Para mí, mi taza de café con crema es algo que deseo con creces 
al levantarme cada mañana. Para ti podría ser algo diferente, pero de eso se 
trata, que cuando abramos los ojos cada día sintamos ese mismo deseo por 
el reino de Dios. Y en la tarde, y en la noche. Siempre.
Luego viene una palabra que, en términos gramaticales, sería un 
adverbio: primeramente. En griego es proto e indica justamente ‘prioridad, 
preeminencia o superioridad’. Lo que es curioso es que la traducción literal 
sería «lo primero en tiempo o lugar». Cada día, no importa donde esté; el 
reino de Dios tiene que ser lo primero para mí.
Además habla del rango; es decir, no hay nada que esté «por encima» de este 
reino, como dice la Nueva Traducción Viviente. Y además nos habla de orden; 
se puede traducir como «antes». Por eso, antes que cualquier otra cosa, está el 
reino de Dios. Probemos escribir el versículo ahora de esa manera:
Mas buscad ___________, _____________, ____________el reino de 
Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (Mat. 6:33).
Bueno, ya entendemos que tenemos el mandato, tenemos la prioridad, ¿qué 
vamos a buscar? ¡El reino de Dios! En el original en griego, es una palabra que 
se translitera como basileia y en el Nuevo Testamento se utiliza para hacer 
referencia al reinado del Mesías. Sin embargo, también significa 'el poder 
real del Mesías triunfante'. Haciendo una paráfrasis podríamos leerlo de esta 
manera: «Busquen primero el poder real de Cristo, Mesías triunfante…». No 
sé tú, ¡pero yo necesito tanto ese poder! 
67
Y no se trata de poder para dominar, ¡es poder para vivir la vida como Él la 
diseñó, para que Cristo sea glorificado en mi vida! Poder para derrocar un 
reino, el del pecado. Poder para vencer a mi peor enemigo, yo misma, y 
vivir en rendición a Él. Cómo cambiarían nuestras vidas si cada mañana, en 
lugar de buscar poder dentro de nosotras o en el ambiente que nos rodea, 
recordáramos que tenemos el poder de Cristo a nuestra disposición. ¡Un 
poder que triunfa porque Cristo ya triunfó! ¡Esa es una verdad poderosa! 
Tenemos que buscar, antes que nada, el reino de Dios, el poder del Cristo 
triunfante.
Y a eso se añade algo más. Jesús nos dice que por encima de todo lo 
demás también busquemos la justicia de Dios. En este versículo justicia 
es la palabra griega dikaiosune y es la misma que se utiliza para hablar de 
nuestra condición de aceptos delante de Dios. También se usa para hablar 
de integridad, pureza de vida. Pero el significado que captó de inmediato mi 
atención fue este: esta justicia es pensar, sentir y actuar de manera correcta. 
¡Fascinante! ¿Por qué? Porque visto bajo esta luz, el pasaje me está diciendo 
que busque primero pensar, sentir y actuar de manera correcta. ¿Qué significa 
«de manera correcta para ti y para mí»? ¡Hacerlo como Dios nos enseña en 
su Palabra! Me impacta que no solo habla de actos, sino de pensamientos y 
sentimientos.
Como mujeres tenemos una lucha constante con lo que sentimos y lo que 
pensamos, y lo que luego nos lleva a actuar de cierta manera. Imagínate la 
diferencia si cada día tú y yo nos proponemos recordar que el propio Jesús 
nos dijo: «Busquen pensar correctamente, sentir correctamente; actuar 
correctamente; que eso sea lo primero, lo preeminente, lo primordial». Si 
tomamos este mandato (porque lo es; es un verbo imperativo), tendremos un 
desafío, pero también una especie de luz roja que nos hará considerar mejor 
los pensamientos a los que damos cabida. ¿Me acercan al reino de Dios o me 
alejan? ¿Me destruyen o me edifican? ¿Son conformes a lo que Dios me dice o 
provienen de otro lugar?
Así que ya tenemos definido el mandato: busquen. Tenemos el orden, primero. 
Y ahora hemos explorado qué es lo que debemos buscar: el reino de Dios y 
su justicia. 
Te invito a reflexionar con estas preguntas:
1. ¿Estás viviendo como una mujer del reino que busca el poder de Cristo 
para vencer? 
2. Con toda honestidad, ¿cuáles son tus prioridades? ¿Se ha transformado 
tu perspectiva al estudiar Mateo 6:33?
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Día 2
E l lugar de la adoración
Imagina que tienes la oportunidad de recibir a Jesús en tu casa para cenar. 
Si eres como yo, de seguro empiezas a tratar de organizar un menú especial, 
al mismo tiempo que limpias, organizas, sacas la vajilla y te aseguras de que 
todos sus ocupantes no dejen nada fuera de lugar y, de ser posible, floten por 
la casa para que no ensucien nada. Bueno, eso quizás es un poco exagerado… 
¡o tal vez no tanto si somos sinceras! 
Así más o menos se encontraba una mujer llamada Marta, a la que conocemos 
por primera vez en Lucas 10:38. Todo parece indicar que era de temperamento 
colérico, líder, pues el pasaje aclara que, aunque había otros miembros en 
la familia, fue ella quien recibió a Jesús en su casa. Sin embargo, no es de 
Marta que voy a hablar ahora. Quiero que sigamos leyendo y conozcamos a su 
hermana: Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose 
a los pies de Jesús, oía su palabra (Luc. 10:39). 
En medio de todo el ajetreo, María se las ingenió para sentarse a los pies 
de Jesús. ¡Esa era su prioridad! Te confieso que me es mucho más fácil 
identificarme con Marta porque así es mi carácter también: de acción. María 
quizás era melancólica o flemática; ella no se apuraba; no andaba corriendo 
de aquí para allá; su enfoque estaba en algo diferente. 
¿Qué significa para ti estar a los pies de Jesús? 
El texto original usa un verbo reflexivo, es decir, que ella tomó la iniciativa. María 
no esperó a que alguien la invitara. Era típico en la cultura que los discípulos 
se sentaran a los pies de los maestros para escuchar y aprender. ¿Es eso lo 
que hacemos cuando nos «sentamos a los pies de Jesús» cuando pasamos 
tiempo con Él? 
¿Cómo describirías tus citas con el Maestro?
Lee Lucas 8:35: Y salieron a ver lo que había sucedido; y vinieron a Jesús, y 
hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies 
de Jesús, vestido, y en su cabal juicio; y tuvieron miedo.
69
¿Cuál fue una de las características resultantes de la transformación en 
este hombre? 
Si pusiste que se convirtió en un discípulo o algo semejante por estar «a los 
pies de Jesús», estás en lo cierto. En la vida cristiana esto tiene que ser una 
prioridad. Muchas veces nuestro tiempo a solas con Dios se convierten en una 
mera lista de pedidos. Y, no me malentiendas, a Dios como Padre le agrada 
que sus hijos le presenten sus peticiones y necesidades, pero también quiere 
que escuchemos lo que tiene que decirnos porque es allí también donde Él 
continúa la obra transformadora. 
Podríamos describir a María de Betania como la discípula adoradora. En 
Juan 12, volvemos a encontrarnos con ella. En esta ocasión Jesús ya está 
sentado a la mesa cenando junto a otras personas. Lo que sucedió allí es 
conocido. María tomó un perfume valioso y lo derramó sobre Jesús.
¿Qué crees tú que la motivó? 
Lee Marcos 14:4. ¿Cuál fue la reacción de los presentes ante semejante 
«extravagancia»? 
Es evidente que, de momento, nosotrosno podemos repetir literalmente este 
suceso. Sin embargo, ¿dedicamos tiempo para adorar a Jesús? ¿Es eso una 
prioridad? El tiempo es nuestro recurso más valioso; no podemos producirlo ni 
recuperarlo. ¿Cómo ves tú el tiempo dedicado a la adoración? 
Lo que sucedió aquel día también se narra en Mateo 26:6-13; pero Marcos 
se ocupó de hacernos llegar un detalle que debe cambiar por completo la 
manera en que nosotros, cristianos del siglo xxi que siempre andamos 
apurados, vemos la adoración. Mira lo que dice Marcos 14:9: De cierto os digo 
que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también 
se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.
Es evidente que el corazón de adoradora de María agradó mucho a Jesús. Y 
lo mismo aplica a nosotros. ¿Cuál es nuestra verdadera adoración? Podemos 
correr el riesgo de adorar otras cosas: nuestra familia, nuestros trabajos, incluso 
nuestro servicio a Dios. María vio lo verdaderamente importante: su prioridad 
era adorar a Jesús, pasar tiempo con Él y estoy segura de que eso transformó 
su vida para siempre. 
70
Día 3
Decide hacer historia 
Esta fue la primera mujer de la Biblia a quien yo conocí, siendo una niña. Mi 
abuela me leyó su historia varias veces. A mí me encantaba porque me parecía 
un lindo cuento. Ahora sé que no tiene nada de cuento: fue realidad. ¡Y qué 
tremenda realidad la que vivió esta mujer!
Su belleza la llevó de una ciudadela a un palacio, del anonimato a la fama, 
de plebeya a miembro de la realeza, de huérfana a heroína. Y no, no es una 
película de Disney, es una historia real, la historia de una joven judía cuyo 
nombre hebreo fue Hadassah, pero que pasó a la posteridad como Ester, su 
nombre persa. Una mujer que hizo historia. Solo dos libros de la Biblia llevan 
nombres de mujeres y uno de ellos es el suyo. 
Ester es un modelo de mujer valiente, incluso para nosotras que vivimos en el 
siglo xxi bajo circunstancias muy diferentes. Creo que hizo gala de su nombre, 
pues uno de los posibles significados es ‘estrella’. Ester brilla hasta el día de hoy. 
Para entender un poco más el tema que vamos a tratar, te sugiero que leas el 
capítulo 4 del libro de Ester. 
Ella se vio ante una encrucijada. Veamos cuál fue su respuesta. Lee Ester 4:11: 
Todos los siervos del rey, y el pueblo de las provincias del rey, saben que 
cualquier hombre o mujer que entra en el patio interior para ver al rey, sin ser 
llamado, una sola ley hay respecto a él: ha de morir; salvo aquel a quien el rey 
extendiere el cetro de oro, el cual vivirá; y yo no he sido llamada para ver al 
rey estos treinta días.
¿Cómo describirías tú su reacción? 
La situación era difícil, ella no se sentía lista y presentó sus motivos.
¿Estás enfrentando hoy algo para lo que no te sientes lista? ¿Qué te hace 
sentir así?
La verdad es que la decisión que Ester debía tomar no se limitaba a sí misma; 
involucraba a su pueblo, se trataba de servirles y de servir a Dios en la posición 
que ahora tenía. 
71
He visto que cuando se trata de servir a Dios, estas excusas son las más 
comunes:
• Cuando tenga más tiempo.
• Cuando conozca más de la Biblia.
• Cuando sea mejor de lo que soy hoy.
¿Te identificas con alguna? 
Quisiera que algo nos quede claro, Dios no decide usarte porque ya tengas 
todas las condiciones, ni por tus capacidades. ¿Crees tú que alguien como 
Pedro reunía las cualidades para ser líder, predicador, e incluso escritor cuando 
eran un simple pescador con muy poca o ninguna instrucción? 
Veamos qué dice la Biblia al respecto: Pues mirad, hermanos, vuestra 
vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni 
muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar 
a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 
y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para 
deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él 
estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, 
justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se 
gloría, gloríese en el Señor (1 Cor. 1:26-31).
Según este pasaje, ¿qué tipo de personas puede usar Dios? 
¿Cuál es la razón por la cual Dios usa personas así? 
Mi querida amiga, se trata de Dios, no de nosotras. Él decide usarnos para su 
propia gloria, para que entendamos que no hay nada que nos haga dignas 
de su llamado, sino Jesucristo. Y para que el mundo vea que, en el reino de 
los cielos, las cosas son «al revés». Tú no necesitas estar lista; solo necesitas 
decidir aceptar el llamado de Dios. Él se encarga del resto. 
Ahora bien, hay otra verdad que debemos comprender con relación a cumplir 
con nuestra misión. Lee Ester 4:13-14. 
Con tus propias palabras, ¿cuál fue el mensaje de Mardoqueo para Ester? 
72
Esta es la verdad a la que me refería: si nosotras no cumplimos con la tarea a 
la que Dios nos llama, alguien más lo hará. Felizmente, Ester decidió aceptar el 
reto, y la batalla fue ganada. ¿Cómo y qué podemos aprender de su método? 
Veamos.
Lee Ester 4:16: Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad 
por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis 
doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no 
sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca.
Preparación espiritual. Hacer historia, como pasó con Ester, requiere 
preparación espiritual porque, no lo dudes, la oposición vendrá. Por alguna 
razón nos parece que todos los demás preparativos son más importantes que 
el espiritual, pero la realidad es que para cualquier cosa en la vida necesitamos 
preparación espiritual: los hijos, el trabajo, el ministerio. Si enfrentas la tarea 
solo en tus fuerzas humanas, en algún momento desmayarás y sentirás que 
no puedes seguir adelante. Jesús, que era Dios mismo, oraba y se preparaba 
espiritualmente.
Trabajo en equipo. La vida de fe y el servicio a Dios no son para llaneros 
solitarios. Necesitas una red de apoyo. Ya sea que dirijas un ministerio, que 
seas parte de alguno o incluso en la tarea a la que Dios te ha llamado como 
esposa o madre, necesitas personas en las cuales apoyarte. Jesús tenía 
su círculo íntimo en Pedro, Jacobo y Juan. Ester convocó a sus doncellas 
y le pidió a Mardoqueo que junto al pueblo le brindaran apoyo ayunando 
también. Ahora tenemos a la iglesia. 
Dios llamó a Ester para un momento crítico en la nación de Israel, y el sí de 
Ester cambió el curso de la historia de ese pueblo. Tú puedes cambiar el 
curso de tu vida, de tu familia, de tu iglesia, y quién sabe si más allá. Pero 
todo empieza con un sí a Dios. Y el sí es cada día, incluso en los momentos 
simples de la vida. Frente a las decisiones, frente al temor, a las dudas. Sí, sí a 
Dios. Ester no estaba preparada para todo lo que tenía por delante, pero fue 
valiente, asumió el desafío. ¡Y Dios se glorificó por medio de su vida!
¿Te está llamando Dios a algo? Puede ser tan sencillo como comprometerte 
a estudiar su Palabra cada día. Tal vez sea ayudar en alguna capacidad en tu 
iglesia o comunidad. Solo tú sabes a qué has estado diciendo no. ¿Decidirás 
hoy ser una Ester?
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Día 4
La mujer que decidió cambiar de vestido
Esta mujer tendría muy pocas probabilidades de aparecer en nuestra lista de 
personas admirables. Tiene un trasfondo un poco oscuro porque su profesión, 
no importa la época en que vivamos ni cuánto cambien los estándares, la hacía 
parte de lo despreciado de la sociedad. Una mujer de muchos hombres y de 
ninguno a la vez.
Su nombre significaría algo así como ‘amplio, vasto’, y creo que le viene bien 
porque así fue el legado que nos dejó. Se llamó Rahab y su historia la puedes 
leer en el capítulo 2 de Josué. 
El contexto es este: Israel está a punto de entrar a la tierra que Dios les había 
prometido. Josué, el líder, envía unos espías para explorar el territorio, sobre 
todo la ciudad de Jericó que era la más importante del valle del ríoJordán y la 
mayor fortaleza de la tierra de Canaán. 
Allí vivía Rahab. Allí ejercía su profesión. Su casa era un punto conocido en 
Jericó y cada día ella se vestía con los colores y joyas que solo una mujer de 
su tipo solía llevar. Sin embargo, ante la inminente invasión israelita, Rahab 
tomó una decisión crucial que transformaría su pasado, su presente y su 
futuro.
Leamos Josué 2:1-7. ¿Por qué crees que Rahab escondió a los hombres en 
lugar de denunciarlos y entregarlos al rey? ¿Cómo la describirías por esta 
decisión? 
Lee ahora los versículos 10 y 11: Porque hemos oído que Jehová hizo secar 
las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo 
que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado 
del Jordán, a Sehón y a Og, a los cuales habéis destruido. Oyendo esto, ha 
desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno 
por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los 
cielos y abajo en la tierra.
¿Qué sabía Rahab acerca del pueblo de Israel y de su Dios? 
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Su conocimiento de Dios no estaba basado en aprendizaje formal ni en tradición 
familiar. De hecho, ella era cananea; sus dioses eran otros. Sin embargo, aquel 
día ella tomó la decisión de creer en Él. ¿Cómo lo puedo afirmar? Relee de 
nuevo el versículo 11: …  porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los 
cielos y abajo en la tierra.
Esa fue el primer cambio de vestido de Rahab. Dejó de confiar en los dioses de 
su pueblo para confiar en este Dios, del cual ella solo había escuchado. Todo 
parece indicar que además quedó convencida de que el Dios de ellos le podía 
ofrecer algo mucho mejor que toda la seguridad que aparentemente brindaba 
la ciudad más fortificada de Canaán. Le ofrecía algo mejor que el dinero de 
sus clientes o las falsas promesas de hombres que solo la usaban. Rahab se 
vistió de fe. 
¿Qué dice Romanos 10:17? Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de 
Dios (énfasis de la autora). 
Así comenzó su caminar con Dios, a tal punto que la exprostituta de Jericó 
hoy figura entre los héroes de la fe: Por la fe Rahab la ramera no pereció 
juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz 
(Heb. 11:31).
¡Por la fe! ¡Rahab creyó en el Dios del cual solo había escuchado y mira hasta 
dónde llegó! Entonces, ¿por qué tú y yo, que no solo hemos escuchado de este 
Dios, sino que lo conocemos por su Palabra, dudamos tanto en ponernos el 
vestido de la fe? ¿Por qué muchas veces sacamos primero el de la incredulidad, 
el de la duda, el de tratar de resolver las cosas desde la perspectiva humana? 
¿Cómo defines tú la fe? 
Mira ahora cómo la define Dios (encierra en un círculo las palabras clave de la 
definición): Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo 
que no se ve (Heb. 11:1). 
¿Te imaginas el temor que ella puede haber sentido cuando comenzaron a 
sonar las trompetas y el ejército de Israel comenzó a marchar alrededor de 
la ciudad? Pero siguió creyendo. No huyó atemorizada. Se quedó en su casa 
creyendo. Y con eso Rahab agradó a Dios. ¿Cómo lo sabemos? 
Leamos otro versículo de Hebreos 11: Pero sin fe es imposible agradar a Dios; 
porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es 
galardonador de los que le buscan (v. 6). 
¿Qué requisito nos muestra aquí el autor de Hebreos para agradar a Dios?
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No podemos agradar a Dios si no nos vestimos de fe, y Él tiene una recompensa, 
un galardón, para los que creen. Vestirse de fe implica creerle a Dios, aunque 
no veamos. Confiar en que su plan es mucho mejor que el de nosotros. 
Lanzarnos con Él a cualquier aventura que nos llame. Implica sobre todo soltar 
las riendas, dejar que Cristo maneje porque confiamos en que Él sabe cuál es 
el destino y nosotras no.
¿Cuál fue el galardón de Rahab? Veamos un primer pasaje y luego anota tus 
respuesta: Mas Josué salvó la vida a Rahab la ramera, y a la casa de su padre, 
y a todo lo que ella tenía; y habitó ella entre los israelitas hasta hoy, por cuanto 
escondió a los mensajeros que Josué había enviado a reconocer a Jericó (Jos. 
6:25).
1._______________________________________________________
2._______________________________________________________
Y, sin jamás imaginarlo, Rahab también pasó a la historia como parte de los 
ancestros del rey David y del Señor Jesús: Salmón engendró de Rahab a Booz, 
Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isaí (Mat. 1:5). 
Rahab se casó con Salmón. La mujer de muchos se convirtió en esposa de 
uno. Dios le dio una segunda oportunidad a Rahab y también nos la ofrece a 
nosotras. Y todo comenzó porque decidió vestirse de fe. 
La vida de fe no es una vida fácil: es una vida de riesgos, es una vida de ir 
contra la corriente, es una vida incluso de locos, para el mundo, pero es la 
única vida que complace a Dios. La vida de fe es la que le dice a Dios: «No 
entiendo, pero confío en que tú obras todo para el bien de los que te aman». 
Amiga, seamos mujeres decididas, como Rahab, que transforman su vida 
porque ponen su fe en Dios.
Día 5
Cambia tus expectativas
«¡No es justo!», imposible contar las veces que he escuchado esa frase de boca 
de mis hijos, o de sus amigos.
También ha pasado por mi cabeza en ocasiones y seguro que por la tuya 
también. Por alguna razón, a pesar de saber que vivimos en un mundo que 
dista mucho de ser perfecto, un mundo manchado por los efectos del pecado, 
todavía queremos que todo sea «justo». Y las expectativas van desde más 
horas de juego con los amigos, en el caso de los niños, hasta la amiga que 
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no te invitó a su fiesta de cumpleaños, el aumento de salario que no llegó o el 
esposo que no te escuchó. 
Y aunque sí, muchas veces encontraremos verdaderas injusticias, en una buena 
parte de los casos esas cosas que nos parecen injustas podrían traducirse 
mejor con esta frase: «expectativas no cumplidas».
¿Qué te parece si te cuento que me encontré la tan socorrida frase en un 
pasaje de la Biblia? Maestro, ¿no te parece injusto que mi hermana esté 
aquí sentada mientras yo hago todo el trabajo? Dile que venga a ayudarme 
(Luc. 10:40b, NTV).
Recuerdas la historia, ¿verdad? La citamos en cierto modo el segundo día de 
esta semana. Se trata de la tan estudiada, explicada y predicada situación entre 
Marta, María y Jesús. Pero hoy quiero que veamos otro ángulo de este relato.
Comencemos por el principio, ¿de quién fue la idea de la cena? Aconteció que 
yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió 
en su casa (v. 38).
Exacto, fue Marta. Ella decidió celebrar esta cena en su casa, en honor a 
Jesús y sus invitados. Sin embargo, aunque la idea era suya, ella tenía ciertas 
expectativas. Vuelve a leer el versículo 40. 
¿Cuáles eran? 
Marta esperaba la ayuda de María; quería que se sumara a su plan. Y cuando 
esto no pasó, se frustró y expresó: «¡No es justo!».
Como en casi todas las situaciones, hay algo bueno que podemos resaltar en 
la frustración de Marta. 
¿Qué crees que sea? 
Según lo que dice el pasaje, Marta no se quejó con las demás mujeres que es 
muy probable estuvieran ayudándole. Ella fue a Jesús. ¿Lo hacemos así tú y 
yo? Seamos honestas. La realidad es que muchas veces nos quejamos por «lo 
injusto» con el esposo, la amiga, la vecina ¡y últimamente hasta lo vemos en las 
redes sociales! Pero no entendemos que el primer lugar, el mejor y más seguro 
lugar para presentar nuestra frustración es a los pies de Jesús. ¿Y sabes por 
qué? Porque muchas veces en ese lugar Él cambia nuestra perspectiva y, 
como hizo con Marta, nos demuestra que «lo injusto» realmente es más bien 
una percepción equivocada… o una expectativa mal puesta.
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¿Recuerdas alguna ocasión en que esto te haya sucedido, que al hablar 
con Dios en oración tu perspectiva haya cambiado? 
Pero hay algo más. Marta tenía una expectativa con relación a María que al 
parecer nunca le comunicó. ¿Te resulta conocido? ¡Cuántas veces tenemos 
expectativas de laspersonas, pero no se las comunicamos! ¿Resultado? 
Frustración, amargura, desencanto. Tal y como le pasó a Marta, frustrada 
porque María no le daba su ayuda.
¿Qué dice Proverbios 15:23b? Y la palabra a su tiempo, ¡cuán buena es!
Si esperas algo de alguien, necesitas decírselo. Las personas no tenemos la 
capacidad de leer el pensamiento. Esto es muy importante en nuestro matrimonio, 
por ejemplo. Lo que esperes de tu esposo, díselo y no te enojes porque él no 
pudo «adivinar» lo que sentías o querías. Igual sucede con los amigos e incluso 
nuestros hijos. En muchas ocasiones creemos que las personas tienen claras 
nuestras expectativas, cuando en realidad no se las hemos dicho. 
¿Cuál dirías tú que fue el resultado de esta expectativa equivocada? 
Marta perdió el gozo por lo que estaba haciendo, la cena para Jesús. ¡Ahora 
parecía más bien una carga molesta! Quizás si hubiera conversado con María, 
la historia hubiera sido diferente. 
Necesitamos aprender a tener expectativas reales. A veces ponemos cargas 
en los demás al esperar cosas que están más allá de lo que ellos pueden dar 
o hacer. Y lo mismo sucede al revés. No siempre podremos nosotras satisfacer 
las expectativas de otras personas. Tenemos también que aceptar la realidad 
de que no siempre nos invitarán a todas las fiestas o celebraciones; no siempre 
llegarán las palabras de aliento que esperábamos. No podemos esperar 
perfección en esta vida, mi querida lectora. Créeme que por experiencia lo 
digo. ¡Por eso todos necesitamos ofrecer y recibir gracia! El único que nunca 
fallará a nuestras expectativas es Dios. Las expectativas falsas nos impiden 
disfrutar de las muchas cosas que Dios pone a nuestra disposición y nos hacen 
enfocarnos en otras que realmente no meritan el esfuerzo. 
El rey David fue un ejemplo de alguien que aprendió a ir delante del Señor 
cuando algo le parecía injusto, allí él dejaba su angustia, su queja, su frustración. 
Lee por ejemplo Salmos 5 y Salmos 42. 
Quiero invitarte a pasar unos minutos ahora en oración; pidámosle al Señor 
que nos muestre si estamos teniendo expectativas irreales y que nos ayude a 
ser honestas y realistas, con nosotras mismas y con los demás.
Semana 6
Cambiada por las decisiones
79
Día 1
Una cuestión de actitud
La vida es bella, una de esas películas que nos dejan sin habla y que yo, en 
lo particular, no quisiera volver a ver. Aprendí mucho, pero con honestidad 
te digo que hubiera preferido un final diferente. Enmarcada en el triste 
panorama de la Segunda Guerra Mundial, el personaje principal, Guido 
Orefice, es la viva estampa de una persona alegre y jovial. Su carisma y 
sentido del humor le ayudan a conquistar el corazón de Dora, una maestra 
que luego se convierte en su esposa y la madre de su hijo, Giosue.
Pero Guido era judío y, cuando estalla la guerra, él, su hijo y otros judíos de 
la ciudad son llevados a un campo de concentración nazi. Es justo allí que se 
desarrolla la mayor parte de la película. Él decide proteger a su hijo de los 
horrores de aquel lugar y, para ello, da riendas a su imaginación y le hace 
creer al niño que están en medio de un juego complicado, con un sistema de 
puntos, donde ciertas actitudes le restarían puntos y otras le darían puntos 
extra. 
No voy a contarte el final, en caso de que no la hayas visto, pero puedo 
decirte con certeza que su director, Roberto Benigni, quien además hace el 
papel de Guido, nos enseña una extraordinaria lección de actitud ante la vida. 
Según la Real Academia, esta es una de las definiciones de actitud: «3. f. 
Disposición de ánimo manifestada de algún modo».
Una de mis citas favoritas sobre esto de la actitud la leí por primera vez en un 
libro de Charles Swindoll, y dice algo así: 
Mientras más vivo, más comprendo el impacto que la actitud tiene en 
la vida. Es más importante que el pasado, la educación, el dinero, las 
circunstancias, los fracasos, los triunfos, que lo que otras personas 
piensan o dicen. Es más importante que la apariencia, el talento o las 
habilidades. Formará o destruirá una empresa, una iglesia o un hogar.
Lo notable es que cada día tenemos una decisión que tomar. No 
podemos cambiar nuestro pasado; no podemos cambiar el hecho de 
que las personas actuarán de cierta manera. No podemos cambiar 
lo inevitable. Lo único que podemos hacer es usar el único recurso 
que tenemos, y eso es nuestra actitud. Estoy convencido de que la 
vida es un 10 % lo que me sucede a mí y un 90 % cómo reacciono 
antes eso. Y lo mismo pasa contigo, somos responsables de nuestra 
actitud.1
1 https://insight.org/resources/daily-devotional/individual/the-value-of-a-positive-attitude (traducción de la autora).
80
Por eso, decidí que debíamos dedicar, en nuestra última semana juntas, un 
espacio a las actitudes, porque una de las decisiones más transformadoras 
que jamás podremos tomar es cultivar actitudes que sean conforme al diseño 
de Dios para nuestra vida.
¿Y cuál es el parámetro principal para nuestra actitud? Creo que no podemos 
hablar del tema sin referirnos a un pasaje de Pablo en su carta los Filipenses, 
en el capítulo 2: Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en 
Cristo Jesús (v. 5).
Mira cómo lo tradujo la NTV: Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús. 
La pregunta obligada entonces es ¿cuál actitud? Bueno, Pablo se encarga de 
describirla y creo que podemos estudiarla junto con él. Lee los versículos 6 
y 7, y voy a pedirte que completes el espacio en blanco porque contiene una 
palabra clave. 
 … el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa 
a que aferrarse, sino que se ________________ a sí mismo, tomando forma 
de siervo, hecho semejante a los hombres (vv. 6-7).
Además del gran misterio de Dios encarnado en un ser humano que nunca 
nuestras mentes finitas podrán comprender, este pasaje nos dice algo 
grandioso sobre la actitud de Jesús. 
¿Qué significa para ti despojarse de algo? 
Esa palabra viene del griego kenoo y significa ‘vaciar; dejar vacío, sin fuerza’, 
es decir, dejar a un lado toda su gloria. ¡Es la máxima expresión de renuncia! 
Sin embargo, ¿a quién le gusta renunciar a sus privilegios? Nos pasamos la 
vida reclamando los derechos, pero rara vez nos ofrecemos voluntariamente 
a renunciar a nuestros privilegios. ¡Este cambio de actitud es un gran 
desafío! Pero no podemos vivir de manera transformada si actuamos como 
lo hacíamos antes de conocer a Cristo. 
Mira lo que dice 2 Corintios 8:9: Porque ya conocéis la gracia de nuestro 
Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para 
que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. 
¿Cuál fue la motivación de Jesús para renunciar a su gloria, a su riqueza? 
81
¡Exacto, el amor! La actitud de Cristo fue motivada por su amor hacia nosotros, 
y nos toca a nosotros mostrar esa misma actitud, por la misma motivación, 
por amor a Él y por amor a los demás. 
Ahora bien, no creamos por un momento que esto es fácil, ¡para nada! El final 
del versículo 7 nos dice que fue hecho semejante a los hombres. Por cierto, 
aquí tenemos una evidencia más de la naturaleza 100 % humana de Jesús. 
Y así, siendo hombre, Jesús tomó una decisión tan difícil que quisiera tener 
otro calificativo para describirla: … y estando en la condición de hombre, se 
humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz 
(Fil. 2:8, énfasis de la autora).
La actitud de Jesús implicó humillarse, en obediencia a Dios. ¡Tantas veces 
no queremos humillarnos, nos cuesta! Pero ¿sabes algo? Decidir tener la 
misma actitud, el mismo sentir de Cristo es costoso. En su caso, le costó la 
muerte para darnos salvación. ¿Qué nos puede costar hoy a ti y a mí? ¿De 
qué manera podríamos tener que practicar el humillarnos? Tal vez, sea al 
pedir perdón a alguien a quien hemos herido. Quizás se trate de renunciar a 
actitudes arrogantes. 
Un último pasaje para meditar: No hagan nada por egoísmo o vanidad; más 
bien, con humildad consideren a los demás comosuperiores a ustedes 
mismos (Fil. 2:3, NVI). 
Amiga, nuestro recorrido por las decisiones transformadoras casi termina, pero 
esta, aunque está casi al final, es crucial. Oro para que tanto en ti como en mí 
esté siempre el mismo sentir, la misma actitud de humildad que nos mostró Jesús. 
Día 2
¡No al desánimo!
Hace unos años, en una mañana como cualquier otra, la casa estaba en 
silencio y antes de que todos se levantaran estaba yo sentada, con mi 
consabida taza de café, pidiéndole a Dios fuerzas para el día. 
Por mi mente pasaba la lista de cosas por hacer, lugares adonde ir y también 
los problemas de otros. No podía evitar recordar algo que había sucedido 
tan solo unas horas atrás. Alguien a quien yo conocía decidió terminar con su 
vida de una triste manera. Era difícil creerlo. Fue el resultado del cansancio, 
no del cansancio físico, sino del cansancio emocional, espiritual; era alguien 
que decidió que no podía luchar con la vida. Alguien que se dejó vencer por 
el desánimo. 
82
Yo también he luchado con el desánimo, más veces de las que puedo contar 
con mis dedos. Es casi inevitable que se presente en ocasiones, y hay dos 
cosas que necesitamos aprender sobre este para decidir no darle lugar. 
El desánimo es un enemigo invisible que no nos deja ver. En la Biblia, 
encontramos muchos ejemplos que nos muestran cómo el ser humano pierde 
el ánimo con facilidad, especialmente en el día de la aflicción. Moisés, en una 
ocasión, les recordó a los israelitas todo lo que Dios prometía hacer por ellos 
(Ex. 6:6-8); no obstante, mira la reacción que tuvieron: De esta manera habló 
Moisés a los hijos de Israel; pero ellos no escuchaban a Moisés a causa de 
la congoja de espíritu, y de la dura servidumbre (Ex. 6:9). 
Otras versiones traducen «congoja de espíritu» como «desánimo». En 
ocasiones como esta, o como en la de la persona que mencioné al principio, 
se hace tan fuerte que no nos deja ver nada más. 
¿Has estado en alguna situación en la que el desánimo ha nublado tu 
vista? ¿Cuál fue el resultado?
El desánimo es contagioso. ¿Recuerdas el pasaje en que Moisés envía a los 
doce espías antes de comenzar la conquista de Canaán? Puedes leerlo en 
Números 13 y 14. A su regreso, ellos le dan dos informes. El primer grupo, la 
mayoría, trae un reporte que al principio parece bueno, pero en realidad se 
enfoca en lo que para ellos resultaba tan negativo que hacía de la conquista 
una misión imposible. ¿Resultado? Entonces toda la congregación gritó, y dio 
voces; y el pueblo lloró aquella noche (Núm. 14:1).
Desánimo. Dicen que lo malo se pega más rápido que lo bueno, y este un 
ejemplo perfecto. ¿Alguna vez te has contagiado con el desánimo de otra 
persona… o has sido tú la que ha transmitido desánimo a otros? 
Es algo así como un veneno y, por lo tanto, necesitamos el antídoto. Hay 
muchas cosas en la vida que nos hacen desanimarnos: unas grandes, otras 
pequeñas. Lavar y doblar ropa de manera interminable, preparar comidas, 
limpiar la casa, ir al trabajo, cambiar pañales… o una larga enfermedad, sufrir 
con los problemas y las tristezas de otros. Todos tenemos motivos para 
decir que estamos afligidos alguna que otra vez; pero, si cedemos terreno al 
desánimo, se nos agotará la fuerza. 
El desánimo muchas veces se alimenta de la duda, duda de si Dios en verdad 
hará lo que ha dicho que hará, dudas de nosotros mismos, ¿realmente 
podremos vencer, llegar al final, conquistar la montaña que se alza ante 
nuestros ojos? ¿En verdad Dios nos entregará a Canaán como lo prometió?
Caleb y Josué eran la minoría en aquel grupo de espías. Ellos estuvieron en 
el mismo lugar y vieron las mismas ciudades fortificadas, los mismos hombres 
83
enormes; pero su decisión es el antídoto que nosotras necesitamos tomar: 
La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera 
buena. Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos 
la entregará; tierra que fluye leche y miel (Núm. 14:7b-8).
¿Cuál es la diferencia en la respuesta de ellos? ¿Por qué respondieron de 
esa manera? 
Estaban convencidos de que, con Dios de su lado, podían triunfar. ¡Fue eso 
lo que marcó la diferencia! No era que Josué y Caleb fueran más valientes 
que todos los demás o que tuvieran una mentalidad «positiva». ¡No! su ánimo 
provenía de la confianza en Dios, de la certeza de que el que prometió cumple. 
Y probablemente recuerdes el final de la historia: ni uno solo de aquella 
generación entró a la Tierra Prometida, solo Josué y Caleb con sus familias. 
Estas palabras de Dios sobre Caleb deberían provocar en nosotras la decisión 
de no dar lugar al desánimo nunca: Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo 
en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde 
entró, y su descendencia la tendrá en posesión (14:24). 
¿Sabes? Justo mientras escribo este libro he tenido mis luchas contra el 
desánimo, porque puedes estar segura de que nuestro enemigo viene 
para robar sueños, destruir esperanzas y matar el ánimo. Sin embargo, he 
decidido, junto con Caleb y Josué, tener otro espíritu y correr a los brazos de 
Jesús. ¡Ahí está la victoria! 
Día 3
¿Qué voz estás escuchando? 
Es interesante cómo nosotros los seres humanos podemos, en un momento, 
tener una determinada actitud y, en breve, cambiar y reflejar todo lo contrario. 
En muchas ocasiones esto sucede porque dejamos de escuchar una voz y 
comenzamos a prestar atención a otra.
Justo pensaba en eso mientras leía un pasaje de la Biblia. Este personaje, 
aunque no figura en el salón de la fama por sus buenas acciones, sí tiene 
mucho que enseñarnos. Te hablo de Saúl. Pero primero, un poco de contexto. 
Saúl recién había sido escogido por Dios como rey de Israel y Samuel lo 
proclama delante de todo el pueblo. Lee 1 Samuel 10:24-27.
84
Ahora quiero pedirte que vuelvas al versículo 27, pero veámoslo en la NVI: 
Pero algunos insolentes protestaron: «¿Y este es el que nos va a salvar?». 
Y fue tanto su desprecio por Saúl que ni le ofrecieron regalos. Saúl, por su 
parte, no les hizo caso (énfasis de la autora).
¿Qué crees de esa actitud de Saúl? 
¡A mí me encanta! A pesar de que ya era el rey, a pesar de que tenía autoridad, 
no dejó que la actitud de unos pocos le molestara. No les hizo caso; no 
prestó atención a la voz de la crítica, el desánimo, la duda. 
¿Sabes por qué me gusta? Porque he visto que, en muchas ocasiones, aunque 
tenemos en claro nuestro llamado, nuestra misión, nuestro lugar e identidad 
dados por Dios, decidimos escuchar las voces contrarias y hacemos caso a 
la multitud equivocada. 
¿Te imaginas qué habría pasado si en ese momento Saúl les hubiera prestado 
atención? Tal vez se hubiera amedrentado y renunciado a su nombramiento 
como rey. Quizás pudiera haberse dejado llevar por el enojo y un momento 
de gloria se hubiera convertido en un momento de caos y peleas. ¿La clave? 
NO LES HIZO CASO. No malgastó tiempo ni energías en una pelea que no 
lo meritaba.
Lamentablemente, no le duró mucho esta actitud. Más adelante en la historia 
vemos que las cosas comienzan a cambiar y Saúl desobedece a Dios… 
¡porque decidió escuchar otra voz!
Lee conmigo 1 Samuel 15:24: Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; 
pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque 
temí al pueblo y consentí a la voz de ellos (énfasis de la autora).
¿Cuál fue ahora la actitud de Saúl? ¿Qué la provocó?
El mismo hombre que un tiempo antes no hizo caso a sus detractores, ahora, 
por temor decide hacer algo que claramente no era lo que Dios había 
ordenado. Dicho de otra manera, el deseo de ser popular entre la gente 
ocupó la prioridad en la agenda de Saúl. Decidió escuchar la voz del pueblo 
y no la de Dios.
Veamos otro ejemplo, muy cercano a Saúl, pero completamente diferente. Lo 
encontramos en la tan socorrida historia de David y Goliat. Léela en 1 Samuel 17 
si necesitas refrescarla. 
85
En esta situación, David podía haber escuchado diferentes voces. Veamos 
algunos pasajes.Anota la voz representada y su mensaje para él. 
Y oyéndole hablar Eliab su hermano mayor con aquellos hombres, se 
encendió en ira contra David y dijo: ¿Para qué has descendido acá? ¿y 
a quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu 
soberbia y la malicia de tu corazón, que para ver la batalla has venido (v. 28).
• ¿Quién habló?
• ¿Cuál es el mensaje?
Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; 
porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud (v. 33).
• ¿Quién habló?
• ¿Cuál es el mensaje?
• ¿Cuál fue la respuesta de David en ambos casos?
Creo que la clave de su respuesta, y el motivo por el cual no escuchó estas 
voces lo encontramos en diversos pasajes a lo largo del libro de los Salmos 
y en este mismo pasaje que estamos leyendo: Jehová, que me ha librado de 
las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano 
de este filisteo (v. 37b).
¿Qué nos revela este versículo sobre David?
Estoy convencida de que, si Saúl hubiera seguido escuchando la primera voz, 
si su actitud hubiera sido la de ignorar a los detractores y obedecer el plan 
de Dios, las cosas hubieran sido muy diferentes. Piensa cuántas veces en 
nuestra vida no hacemos lo que debemos solo porque decidimos actuar en 
función de lo que otros piensan o dicen. 
Lee Gálatas 1:10. ¿Cuál es tu conclusión? 
Como mujeres que queremos vivir la vida diseñada por Dios, necesitamos 
tener clara la voz que vamos a escuchar. ¡Es una decisión! 
¿Qué voz has estado escuchando últimamente? Si no estás segura, pídele al 
Señor que te hable y te muestre. Y si determinas que has estado haciendo 
caso a voces equivocadas, hoy mismo haz un giro en U y retoma el camino 
que ya Dios trazó para ti. ¡Esa es una decisión que transformará tu vida! 
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Día 4
Decide cambiar de espejo
¿Qué harías si de pronto hoy, mientras lavas los platos o arreglas las camas, se 
te apareciera un ángel y te dijera que Dios te ha designado para una tarea muy 
importante? ¿Si te llamara «mujer valiente y especial», «guerrera»? No sé tú, 
pero yo tendría una respuesta para cada una de esas afirmaciones: 
¿Valiente? Es que tú no me has visto cuando me encuentro con una cucaracha.
¿Especial? Tal vez para mi esposo, mis hijos, mis padres, algunos familiares y 
amigos muy allegados, pero nada más. 
¿Guerrera? Si la mayoría de las veces estoy más dispuesta a tirar la toalla que 
a dar la batalla.
Sí, a veces yo me he sentido así. Tal vez tú también, pero hoy aprenderemos 
de alguien que vivió experiencias similares, y espero que eso nos lleve a 
tomar una decisión transformadora. 
La historia la encontramos en Jueces 6. Hablemos de Gedeón: Y vino el 
ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual 
era de Joás abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el 
lagar, para esconderlo de los madianitas (v. 11).
¿Qué estaba haciendo Gedeón cuando se produce este encuentro 
sobrenatural? 
Estaba trabajando; se encontró con Dios en su normalidad. ¿Acaso no debiera 
ser así siempre, aprender a encontrarnos con Dios en lo cotidiano? Porque, 
¿sabes?, en lo ordinario de la vida podemos descubrir lo extraordinario de Dios.
Veamos qué tres cosas le dice el ángel de Jehová a Gedeón en este diálogo: 
Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón 
esforzado y valiente (Jue. 6:12). 
1. 
2.
3. 
87
Esta era la manera en que Dios veía a Gedeón. Sin embargo, ¡Gedeón 
se veía a sí mismo de manera muy diferente! Este pasaje nos revela tres 
cosas opuestas sobre «el espejo» con que este hombre se miraba. Lee los 
versículos 11, 13 y 15 de Jueces 6. 
¿Cuáles son tus conclusiones sobre Gedeón? 
Te comparto aquí las mías: 
1. Gedeón tenía miedo, ¡estaba escondido! (v. 11).
2. Su ánimo estaba por el suelo, deprimido (v. 13).
3. Se sentía inferior a los demás (v. 15).
Creo que a Gedeón le pasó lo mismo que nos pasa muchas veces a nosotros: 
estamos tan enfocados en lo que vemos, en la situación que nos rodea, en 
cómo nos sentimos, en lo que vemos en otros, que nos perdemos lo que 
dice Dios o lo que está haciendo. Veamos cómo el mensajero celestial le 
ayuda a cambiar su perspectiva: Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu 
fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas (v. 14a).
¿Qué entiendes de la frase «con esta tu fuerza»? 
Otras versiones dicen «con la fuerza que tienes». Según Dios, Gedeón tenía 
lo necesario para la tarea. Y Dios siempre sabe lo que hace, ¿no es cierto? 
Nosotros creemos que no podemos con determinada misión y se nos olvida 
que si la tenemos es porque Él lo ha determinado y porque entiende que 
podemos enfrentarla. 
Además, el ángel de Jehová le dice: ¿No te envío yo? (14b).
No solo Dios vio en Gedeón el hombre que necesitaba para el momento, 
sino que le dio una garantía, ¡su respaldo! Me recuerda las tantas y tantas 
veces en la Palabra que Dios nos dice: «Yo estoy contigo, no te dejaré, mi 
presencia irá delante de ti», etc. ¡Fue lo mismo que le dijo a Josué!
Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, 
porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas (Jos. 1:9).
Me maravilla pensar que, cuando Dios nos mira, Él no ve lo mismo que 
nosotros. Dios todo lo sabe y, por ende, sabía cómo Gedeón se veía a sí 
mismo. No obstante, desde el comienzo lo llamó guerrero valiente. ¿Por qué? 
Porque Dios ve el producto final. Él ve aquello en lo que nos convertiremos 
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una vez que intervenga en nuestra vida, una vez que le demos la oportunidad 
de actuar.
¿Cómo cambió la perspectiva de Gedeón? Leamos el versículo 24: Entonces 
Gedeón construyó allí un altar al Señor, y lo llamó «El Señor es la paz», el 
cual hasta el día de hoy se encuentra en Ofra de Abiezer (NVI). 
Todo esto fue después de haber tenido un largo intercambio con Dios, 
dudando de si realmente era Dios quien hablaba con él o no. Me hace pensar 
que por fin Gedeón sintió paz. Y es que cuando nos vemos como Dios nos 
ve, cuando entendemos que tenemos una identidad segura, dada por Dios, 
sentimos paz. 
Mi querida lectora, ese es el cambio de espejo. Deja de mirarte según tus 
propios filtros y decide mirarte en un espejo nuevo, el de la Palabra de 
Dios. Lo que Él dice de nosotros es lo único que nos puede dar la identidad 
y seguridad que tanto buscamos, tal y como aprendimos en la Semana 1. 
Decide vivir cada día recordando que eres una obra maestra, única, creada 
a imagen de Dios, con mucho valor para Él. ¡Ve ahora y vive tu vida con la 
fuerza que tienes porque el Señor está contigo! 
Día 5
Decide vivir en la abundancia de Dios
En el Evangelio según el apóstol Juan, la palabra «vida» se menciona 42 veces, 
al menos en la RVR1960, lo cual me indica que este era un tema transcendental 
para el apóstol. Es en este libro donde se encuentra el versículo que he 
abrazado como lema para mi ministerio: … yo [Jesús] he venido para que 
tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Juan 10:10b).
Y es que, si vamos a hablar de vida, tenemos que hablar de Jesús porque 
la vida no es algo, sino alguien, como Él mismo lo declaró en Juan 14:6. Sin 
embargo, de algún modo, el cristianismo moderno nos ha hecho creer que 
abundancia de vida es abundancia de cosas tangibles. Pero la realidad es 
que la vida abundante de la que Jesús estaba hablando no era una vida llena 
de cosas; era una vida llena de Él. 
Abundancia nos hace pensar en algo fructífero. Eso es lo que Jesús quiere 
que tú y yo experimentemos, una vida de fruto. Y justo esa será la última 
decisión que vamos a estudiar juntas. 
89
Te invito a leer Juan 15:1-11 para tener una idea general. ¿Ya lo leíste? 
Enfoquémonos ahora en el versículo 2: Todo pámpano que en mí no lleva 
fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más 
fruto.
¿Cuál es el deseo de Dios como jardinero de nuestra vida? 
La palabra fruto en griego es karpos y tiene un significado muy amplio:‘fruto, 
cosecha, obras, acciones, resultados’. Así que cuando Jesús habló de dar 
fruto, tenía en mente una vida de resultados, una vida de cosecha. De hecho, 
lo reafirma un poco más adelante: En esto es glorificado mi Padre, en que 
llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos (v. 8).
Esa es la naturaleza de Dios. Él quiere que tú y yo tengamos una vida 
que rinda frutos. ¿Qué significa para una mujer cristiana dar frutos? Crecer 
espiritualmente, experimentar la transformación que cada día la hará más 
semejante a Cristo. Y este proceso requiere la intervención constante de 
Dios. No podemos lograr el fruto por nosotras mismas. 
Sin embargo, todo el que cultiva sabe que el proceso a veces puede ser 
largo y hasta doloroso. Por eso Jesús les habla de lo que yo denomino el 
proceso de la poda: … todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve 
más fruto (2b).
¿Qué entiendes tú de ese versículo? 
Jesús estaba hablando con gente muy familiarizada con la agricultura. Quizás 
para nosotros no es un tema tan común, pero sabemos que, para que un árbol 
tenga cosechas abundantes, este paso es necesario en algún momento. A 
simple vista, nos parece horrible que lo despojen de sus hermosas ramas.
Igual sucede con nosotros. Hay cosas que parecen ir muy bien, de maravilla, 
y en eso llega Dios con una tijera enorme y «corta la rama». Necesitamos 
entender que, si realmente queremos el fruto que solo Dios puede producir 
en nuestra vida, de vez en cuando Él nos pasará por su podadora para quitar 
lo que sobra, lo que tal vez nos está dañando, impidiendo el desarrollo o 
que sencillamente no es parte del crecimiento que Él desea. ¿Cómo luce 
eso en la práctica? De muchas maneras, pueden ser relaciones, hábitos, 
sentimientos, cosas que, en lugar de acercarnos más a la fuente de la vida, 
a la vid, nos alejan. Si queremos dar fruto, ¡tenemos que someternos a la 
podadora de Dios! 
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Y luego, Jesús les declara cómo llevar mucho fruto: Permaneced en mí, y 
yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no 
permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy 
la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva 
mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer (vv. 4-5).
Marca con un círculo el verbo que más se repite en esos dos versículos. 
A mí me gusta buscar lo que dice el griego original porque creo que eso 
abre mucho más nuestro entendimiento al significado real de lo que estamos 
leyendo. La palabra griega aquí para permanecer es meno y puede significar 
‘seguir estando presente, no separarse, vivir’. 
Un problema que tenemos muchas veces es que queremos el fruto sin 
permanecer. ¡Imposible! Si tú quieres una vida que dé fruto, que tenga 
resultados permanentes, una vida donde fluya la bendición de Dios, tienes 
que permanecer. Pero ¿cómo se permanece? Si guardareis mis mandamientos, 
permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de 
mi Padre, y permanezco en su amor (v. 10). 
¿Cuál es la clave para permanecer? 
No hay que complicarlo: permanecer en Cristo es obedecer a Cristo. El 
problema con la obediencia es que queremos que sea selectiva. Queremos 
obedecer en unas cosas y en otras no. Sin embargo, si leemos más arriba, 
dice que el que no permanece será desechado, y el que no permanece es 
el que no obedece. 
¿Cuál es para ti la mejor manera de mostrar amor a Dios? 
Mira ahora lo que el mismo Juan nos enseña: Pues este es el amor a Dios, 
que guardemos sus mandamientos… (1 Jn. 5:3a).
Y el final del pasaje que hemos estado viendo, encontramos un resultado, tal 
vez inesperado, de la obediencia: Estas cosas os he hablado, para que mi 
gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido (Juan 15:11).
¿Cuál es ese resultado? 
91
Dios, que nos creó, sabe que no podemos tener alegría completa fuera de 
la obediencia a Él y es en esa decisión que comenzamos a experimentar la 
verdadera abundancia de vida. 
No sé tú, pero ¡yo quiero eso para mi vida! Quiero vivir a plenitud. Sé que 
Dios tiene mucho, mucho más que lo he experimentado hasta ahora. Sé que 
hay bendiciones guardadas, pero más que nada sé que hay una obra de 
refinamiento que Él quiere hacer en mí, para llevarme a la medida final: Cristo. 
Esa es la verdadera abundancia: abundar en amor, alegría, paz, paciencia, 
gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio. No hay nada que 
supere a este fruto. De eso se trata la abundancia de Dios. 
Y así concluimos este viaje. ¡Qué bueno que lo hicimos juntas! He orado para 
que cada día de cada semana hable a tu vida y espero que al terminar ya 
estemos caminando en la transformación que resulta de tomar decisiones 
basadas en la Palabra de Dios. ¡Hasta pronto! 
Guía para 
el líder
93
Bienvenida
Gracias por acompañarme en este recorrido ¡y gracias dobles por aceptar la 
tarea de dirigir a tu grupo en este estudio! Mi oración es que, al terminarlo, 
hayan descubierto cómo la Palabra de Dios nos enseña a tomar decisiones 
que nos transforman de adentro hacia afuera. 
Como líder, tienes la responsabilidad de prepararte estudiando el material 
y orando para que Dios obre en cada corazón durante la semana y en la 
reunión. 
Aquí te comparto algunas sugerencias para un mejor funcionamiento del 
grupo. 
• Parte del éxito de un estudio en grupo es la comunicación. Creen un 
sistema que funcione para mantenerse en contacto, ya sea un grupo 
de chat en Whatsapp o incluso un grupo cerrado en Facebook. 
• Decidan también el día de reunión, el lugar, la duración, y si 
compartirán refrigerios. Es importante que sea un ambiente tranquilo 
y acogedor. 
• Recuerda que tu mayor función es facilitar el diálogo, y no solamente 
enseñar. La reunión es el espacio ideal para que las participantes 
expresen sus dudas y opiniones con relación al material estudiado. 
Comprométanse a la confidencialidad y la discreción. Aunque al 
principio quizás no sea tan fácil, poco a poco las participantes irán 
compartiendo un poco más de sus vidas, y es importante que se 
sientan seguras al hacerlo.
• Por último, si lo deseas, en lifewaymujeres.com, encontrarás videos 
que acompañan este estudio y que puedes usar como material de 
apoyo en las sesiones. 
Primera sesión
Esta será una reunión introductoria para familiarizarse con el material y hablar 
del formato del estudio y las reuniones. 
 1. Asegúrate de que cada mujer tenga una copia del libro. 
 2. Prepara una hoja donde puedas tomar los datos de las participantes, 
como teléfono, dirección, correo electrónico o algún otro que 
consideren útil. 
 3. Ya que es la primera sesión, dedica unos minutos para que cada una 
se presente y así comiencen a conocerse. 
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 4. Para romper el hielo, puedes hacer las siguientes preguntas: ¿Qué las 
motivó a unirse al estudio? ¿Qué esperan aprender?
 5. Este es el momento para hacer una presentación general del estudio 
y cómo serán las reuniones. 
 6. Pide a cada participante que piense, en silencio, en alguna decisión 
de sus vidas que quisiera poder cambiar. Luego, puedes hacer 
una invitación abierta en caso de que alguna quiera compartir su 
experiencia.
 7. Lean la introducción al estudio. Pregunta a las participantes qué llamó 
su atención y si tienen alguna duda sobre cómo estudiar la lección 
individualmente. Anímalas a memorizar Romanos 12:2.
 8. Antes de orar para terminar, haz énfasis en la importancia de 
completar las lecciones antes de venir a la reunión. 
Segunda sesión
Pregunta a las participantes qué fue lo más significativo para ellas en el 
estudio de esta semana; puede ser un pasaje bíblico, algo nuevo que Dios 
les mostró, una decisión que han tomado, etc.
¿Cuál es el mayor obstáculo que han identificado, a nivel personal, como 
impedimento para una mente renovada? 
¿Alguna vez han tomado la misma decisión que Eva? ¿Cuál es el problema 
con esta decisión? 
¿Qué aprendieron sobre la envidia al leer los pasajes que aparecen en la 
página 18?¿Cómo les hablaron? 
Según lo estudiado en el día 5, ¿qué cosas pueden robarnos el gozo y cómo 
las podemos combatir? 
Tercera sesión
Pregunta a las participantes qué fue lo más significativo para ellas en el 
estudio de esta semana; puede ser un pasaje bíblico, algo nuevo que Dios 
les mostró, una decisión que han tomado, etc.
Lee Génesis 16:1-3. ¿Cuál era el problema con esta decisión? (pág. 24)
Ahora que conocemos un poco mejor la historia de Sara, ¿cómo cambia 
nuestra perspectiva ante las esperas? 
En el día 3, vimos la decisión de Ana, ¿cuál fue? ¿Qué la provocó? (pág. 30) 
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¿Alguna vez han recibido «no» como respuesta a una oración? ¿Cómo 
reaccionaron? (pág. 32)
Al ver la historia de Marta y la muerte de Lázaro, ¿cómo pueden cambiar sus 
decisiones cuando la vida parece un «si tan solo»? 
¿Qué decisión podemos tomar para transformar las pruebas y las pausas en 
oportunidades de desarrollo y crecimiento, como sucedió en la vida de José? 
(pág. 35)
Cuarta sesión
Pregunta a las participantes qué fue lo más significativo para ellas en el 
estudio de esta semana; puede ser un pasaje bíblico, algo nuevo que Dios 
les mostró, una decisión que han tomado, etc.
Según lo que estudiamos en el día 2, ¿qué es una mujer completa? ¿Se 
identificaron con algunos de los «pozos» de la página 40? 
¿Cómo se define a una mujer completa en la página 43? ¿Cuál es la diferencia 
entre «entender» que Dios me ama y sabernos amada por Él?
¿Cuál es el resultado de confiar en el amor de Dios? (pág. 46)
¿Qué podemos aprender de la decisión de la mujer samaritana? ¿Qué nos 
enseña esta semana sobre el propósito de nuestras vidas? 
Quinta sesión
Pregunta a las participantes qué fue lo más significativo para ellas en el 
estudio de esta semana; puede ser un pasaje bíblico, algo nuevo que Dios 
les mostró, una decisión que han tomado, etc.
Al leer acerca de María en su rol de madre, ¿han tomado alguna decisión en 
cuanto a la manera de ver la maternidad?
¿Les resulta difícil entender el concepto de esposa primero y después mamá? 
¿Entendieron lo que dice la Biblia al respecto? 
¿Cómo cambió su concepto sobre el rol de la suegra luego de leer el día 3?
En el día 4, hablamos de enseñar a nuestros hijos varones la hombría bíblica, 
¿qué fue lo que más les impactó?
Al leer la lección del día 5, ¿qué piensan sobre la conducta de Elí? ¿Ha 
cambiado ahora su manera de ver la disciplina como parte de la crianza? 
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Sexta sesión
Pregunta a las participantes qué fue lo más significativo para ellas en el 
estudio de esta semana; puede ser un pasaje bíblico, algo nuevo que Dios 
les mostró, una decisión que han tomado, etc.
Luego de estudiar a fondo Mateo 6:33, ¿han tomado alguna decisión 
trasformadora? 
La historia de María de Betania nos enseña algo sobre las prioridades, ¿qué 
es? ¿Se identifican con ella o les resulta difícil incluir la adoración en su rutina? 
¿Qué decisión pueden tomar al respecto? 
¿Qué es para ustedes lo más transformador al escudriñar la historia de Ester 
y su decisión? 
¿Habían pensado en Rahab como una heroína de fe? ¿Han decidido «cambiar 
de vestido»? ¿Cómo?
¿Qué lección aprendieron sobre las expectativas al estudiar a Marta en el día 5?
Séptima sesión
Pregunta a las participantes qué fue lo más significativo para ellas en el 
estudio de esta semana; puede ser un pasaje bíblico, algo nuevo que Dios 
les mostró, una decisión que han tomado, etc.
Cuando se trata de nuestra actitud, ¿qué aprendieron de Jesús en el día 1? 
Josué y Caleb se enfrentaron al desánimo de todo un pueblo, ¿por qué su 
respuesta fue diferente a la de los demás espías? (pág. 83) ¿Se identifican 
con ellos o necesitan decidir imitarlos?
Al estudiar la historia de Gedeón en el día 4, ¿qué aprendieron sobre Dios? 
¿Qué transformación ha ocurrido en ustedes? 
En el día 5, estudiamos sobre la vida abundante, ¿cambió en algo su 
concepto sobre esta? ¿Qué decisión pueden tomar para vivir una vida que 
sea realmente fructífera? 
Ahora que llegamos al final, ¿de qué manera las decisiones de estos 
hombres y mujeres han impactado su vida y cómo las ha usado Dios para 
transformarlas? ¿Algo más que quieran compartir?