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TEOLOGÍA_DE_GÉNERO_Una_respuesta_biblico_teológica_a_la_ideología

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TEOLOGÍA DE GÉNERO
UNA RESPUESTA BÍBLICO TEOLÓGICA
A LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO
 
TFG PRESENTADO EN LA
FACULTAD DE TEOLOGÍA ASAMBLEAS DE DIOS
 
CURSO INSTITUCIONAL
 
POR
Xesús Miguel Vilas Brandón
 
La Carlota (Córdoba)
20 marzo de 2018
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
TEOLOGÍA DE GÉNERO
UNA RESPUESTA BÍBLICO TEOLÓGICA
A LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO
 
 
 
 
 
 
 
 
DEDICATORIA
 
A mi padre, que me ha precedido volando más allá, donde me espera.
Siempre recuerdo su ejemplo.
A mi madre Carmen y mi hermana Sara, me habéis enseñado que la familia
es para siempre. Me gusta saber que estáis ahí.
A mi esposa Tamar. Sabes que lo que soy, lo que algún día llegue a ser, es
solo mérito tuyo. Gracias, me completas y te amo.
A mi hija Natane. Has logrado que crea que me es posible hacer algo bien en
este mundo: Tú.
 
Contenido
 
 
DEDICATORIA 
INTRODUCCIÓN 
1. UN ACERCAMIENTO HISTÓRICO A LA GÉNESIS DE LOS
ESTUDIOS DE GÉNERO Y SU IDEOLOGÍA 
2. IDENTIDAD DE GÉNERO FRENTE A TEOLOGÍA DE LA
IDENTIDAD 
1. IDENTIDAD DE GÉNERO 
2. TEOLOGÍA DE LA IDENTIDAD 
3. SEXUALIDAD DE GÉNERO VS. TEOLOGÍA DE LA
SEXUALIDAD 
3.1. SEXUALIDAD DE GÉNERO 
3.2. UNA TEOLOGÍA DE LA SEXUALIDAD 
4. FAMILIA DE GÉNERO VS TEOLOGÍA DE LA FAMILIA 
4.1. FAMILIA DE GÉNERO 
4.2. TEOLOGÍA DE LA FAMILIA 
5. EDUCACIÓN DE GÉNERO VS TEOLOGÍA DE LA
EDUCACIÓN 
5.1. EDUCACIÓN DE GÉNERO 
5.2. UNA TEOLOGÍA DE LA EDUCACIÓN 
CONCLUSIÓN 
BIBLIOGRAFÍA 
APÉNDICE. TEOLOGÍA DE LA IGUALDAD 
 
 
 
 
 
Nuestra vida expresa el resultado de
nuestros pensamientos dominantes
Soren Kierkegaard
INTRODUCCIÓN
 
Los estudios de género y la ideología que de ellos deriva, son asunto de
amplísima difusión en los años transcurridos de nuestro milenio,
convirtiéndose en un ataque en toda regla a muchos de los principios
cristianos fundamentales, y teniendo un efecto “disolvente” sobre cuestiones
que siempre se han considerado pilares de la fe y la practica cristiana. Así,
asuntos como la sexualidad, la familia, la creación, la soberanía divina,
pretenden ser “destruidos” de forma “científica” por esta línea de
pensamiento. Añadamos el hecho de la existencia de una gran cantidad de
material que apoya y difunde esta corriente ideológica, amplificando su
influencia en áreas tan importantes como los poderes públicos (legislativo,
judicial y ejecutivo), los partidos políticos, los medios de comunicación, la
educación y la familia.
Por si esto fuera poco esta corriente ideológica está mostrando un carácter
marcadamente totalitario, pretendiendo imponer lo que consideran “El
Derecho Fundamental”, a otros como los de libertad de expresión, o de
religión, considerados temas menores a subordinar.
Ante esta situación, en la que nuestros principios y bases fundamentales se
encuentran bajo asedio ideológico, se hace necesario reforzar, sobre la base
de las Escrituras y de su revelación, los fundamentos que están siendo
atacados; es necesario responder a una pregunta fundamental: ¿Que dice Dios
en La Santa Biblia, sobre todas estas ideas? Así seguiremos la recomendación
del Apóstol Pedro en su primera epístola, en 3:14, donde conmina a los
creyentes con estas palabras «estad siempre preparados para presentar
defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de
la esperanza que hay en vosotros».[1]
1. UN ACERCAMIENTO HISTÓRICO A LA GÉNESIS DE
LOS ESTUDIOS DE GÉNERO Y SU IDEOLOGÍA
 
Si bien la posición ideológica que los estudios de género aparejan ha
disfrutado de gran difusión en los últimos tiempos, en especial desde el inicio
del nuevo milenio, la realidad es que su génesis es muy anterior a este
período de auge, expansión e imposición de sus conceptos ideológicos en
nuestra sociedad.
Existe un buen número de autores que reconocen el inicio la llamada
ideología de género como parte de un movimiento de renovación dentro de la
izquierda, fruto de la caída de la URRS y del “telón de acero”; sería un
intento de revitalizar y dar nuevo impulso a la lucha de clases que una buena
parte de la izquierda había sostenido durante prácticamente todo el pasado
siglo XX, y que amenazaba con desaparecer tras la “catarsis” que sufrió el
bloque soviético en los años 90.
La realidad nos muestra de forma bastante evidente que los llamados
“estudios de género”, que derivarían en lo que hoy se denomina de forma casi
global “ideología de género”, independientemente de su filiación o cercanía a
posicionamientos políticos generalmente alineados con la izquierda, tiene su
origen en los movimientos de liberación feminista, y estos han evolucionado,
cada vez más, hacia un carácter político transversal, no asignable a una sola
corriente de pensamiento, y con manifestaciones en todas las tendencias
presentes en el espectro político.
Es en los primeros textos decididamente feministas donde encontraremos los
primeros retazos de pensamientos que derivarán, con el transcurso del tiempo
y llevados por una deriva hacia la radicalidad, en la base de pensamiento de
la ideología de género; así podría citarse a Wollstonecraft, Olympia de
Gouges, Stuart Mill, y otros autores que desde el S. XVIII denunciaron la
posición de desventaja política y social que sufría el sexo femenino. Una
corriente que reivindicaba una posición paritaria entre hombres y mujeres, y
que ciertamente atendía a razones de justicia social; esta corriente fue
creciendo y desarrollándose a lo largo del tiempo, logrando pequeños avances
que fructificarían con el “sufragismo” y la consecución del voto para la que
había sido una mitad silenciosa y silenciada de la sociedad. A ese paso
logrado en la primera mitad del siglo XX, seguirían in crescendo, otras
reivindicaciones feministas; así mientras muchas se mantendrán dentro de lo
que en justicia es de reclamar (paridad salarial, igualdad de derechos y
deberes, etc.), otras adquirirán matices de radicalidad que llevarán a la
temprana llamada de atención por parte de algunos teóricos de cierto
renombre como Von Mises, que ya en 1922 realizó la siguiente advertencia.
Mientras el movimiento feminista se limite a igualar los derechos jurídicos
de la mujer con los del hombre, a darle seguridad sobre las posibilidades
legales y económicas de desenvolver sus facultades y de manifestarlas
mediante actos que correspondan a sus gustos, a sus deseos y a su situación
financiera, sólo es una rama del gran movimiento liberal que encarna la idea
de una evolución libre y tranquila. Si, al ir más allá de estas
reivindicaciones, el movimiento feminista cree que debe combatir
instituciones de la vida social con la esperanza de remover, por este medio,
ciertas limitaciones que la naturaleza ha impuesto al destino humano,
entonces ya es un hijo espiritual del socialismo. Porque es característica
propia del socialismo buscar en las instituciones sociales las raíces de las
condiciones dadas por la naturaleza, y por tanto sustraídas de la acción del
hombre, y pretender, al reformarlas, reformar la naturaleza misma.[2]
Resultó Von Mises profético, pues una parte del movimiento feminista se
lanzó por la pendiente de la más combativa radicalidad sobre la que él
alertaba, empujado, o cuando menos impulsado por el pensamiento de
reconocidos teóricos, como el materialista Engels a través de su libro El
origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, donde preconiza la
desaparición de ciertas instituciones como el matrimonio o la familia
tradicional. Esta evolución del pensamiento feminista más radical ha logrado
permear e influir de forma transversal a todos los ámbitos y posiciones
ideológicas de nuestra sociedad a través de la ideología de género, que bebe
directamente de las fuentes de ese feminismo revolucionario más extremo.
El feminismo revolucionario fue incluido, durante buena parte del S.XX
dentro del proceso hegemónico, postuladopor Antonio Gramsci en su teoría
política[3], y que la izquierda más cercana al movimiento comunista
impulsaba desde la antigua URRS, asumiendo así algunos postulados de esa
corriente ideológica como propios.
Con estos orígenes, las ideas más anticristianas y contrarias a los
fundamentos bíblicos se imponen en la línea más dura del feminismo radical,
que sostiene líneas ideológicas defensoras de: la educación estatal o grupal de
los menores, el amor libre, el sexo como actividad recreativa desligada del
amor, la disolución de la familia, el aborto libre y sin restricciones como
método anticonceptivo y otras ideas de similar calado.
Con la llegada de los convulsos años 80 y 90 del pasado siglo, el bloque
comunista sufre las más diversas convulsiones de tipo social y político, que
por último devendrán en el derrumbe del citado bloque, la disolución de la
URSS, la caída del muro de Berlín, y la aparente desaparición de su fuerza
ideológica. La realidad, sin embargo, es que muchos de los postulados que en
su momento defendieron los países comunistas pervivieron, en casos de
forma casi anecdótica como es el reducto resistente de la revolución castrista
de Cuba; en otros casos viven un renacer en los regímenes de carácter
socialista revolucionario (caso de Venezuela), o en movimientos de marcado
carácter indigenista en otros países de Latinoamérica. Más allá de esa
persistencia ideológica que puede ser considerada residual, el feminismo
permeó a la sociedad capitalista occidental desde movimientos
revolucionarios como fueron el del mayo francés de 1968; instalándose de
forma estable, firme e influyente en nuestra sociedad.
Como parte de la teoría de la “hegemonía de clases” ya mencionada, la
ideología derivada de ese germen feminista revolucionario más radical busca
la anexión de nuevas “clases sociales” marginadas que puedan unirse a su
causa y a su combate por cambiar la sociedad que les “oprime”. El
feminismo más extremista se une en una alianza en pro de la libertad e
igualdad de derechos, con los grupos de gays y lesbianas, y posteriormente
con los colectivos transexuales. Se origina así «el feminismo culturalista,
radical y/o neomarxista como tercera ola, responsable de la germinación de la
llamada “Ideología de Género”»[4].
La adaptación e inclusión de los intereses particulares de los grupos añadidos
a la corriente ideológica feminista radical, llevará aparejado también la
asunción de postulados ideológicos queer[5]; así como la asunción por parte
los colectivos LGTB de ciertos postulados fundamentales de la corriente
feminista. Esta amalgama de ideas y principios ideológicos de variado origen
y tendencia resulta en la llamada Ideología de Género.
Esta corriente de pensamiento feminista revolucionario, que integraría, como
hemos expuesto a grupos homosexuales y transexuales, se asienta entre otras,
sobre las ideas filosófico-políticas de la pareja Sartre-Beauvoir, a los que
algunos consideran los verdaderos padres de la ideología de género.
Propuestas como la de que el ser humano es únicamente lo que hace de sí
mismo, que la mujer y el hombre son conceptos construidos socialmente, etc.
tienen su germen en obras de los citados, como por ejemplo El Segundo
Sexo, de Simón de Beauvoir, obra en la que se introduce la idea de que el
sexo es meramente circunstancial, casi un fortuito accidente natural, mientras
el género, lo que la persona construye, lo es todo.
Estos conceptos, base ideológica del pensamiento de género, serán
refrendados, apoyados, e incluso llevados más al extremo en autoras como
Kate Millet, Shulamith Firestone, Zilla Einsenstein que con sus trabajos van
colaborando en la definición, construcción, desarrollo y sustento ideológico
de las ideas de género: hetero-patriarcado, liberación sexual, subversión a
través del sexo, etc.
Con el nuevo milenio, la ideología de género que se había venido gestando en
la segunda mitad del S.XX adquiere una penetración política y social sin
precedentes, transcendiendo decididamente los límites que en algún momento
podrían haber marcado su origen anclado en el feminismo, e influyendo en
todas las áreas de nuestra sociedad occidental, desde los medios de
comunicación a los parlamentos nacionales, pasando por los centros
educativos, las asociaciones de defensa de los derechos de los grupos
marginados o desfavorecidos, los partidos políticos, las asociaciones
culturales y artísticas, los deportes o cualquier otro ámbito de desarrollo
social del ser humano; hasta el punto de ser posible afirmar que vivimos la
“Era del Género”, visto el grado de influencia de esta ideología en nuestro
vivir diario.
Así las cosas, es de justicia reconocer a Cesar lo que de Cesar es, esta
corriente de pensamiento ha ayudado a lograr el equilibrio social y de
derechos de ciertos grupos que de forma injusta e injustificable habían sido
mantenidos en un estado de menoscabo de derechos civiles y sociales,
reclamando para ellos visibilidad en igualdad de condiciones.
La desgracia es que, como la historia nos ha mostrado en innumerables
ocasiones, la tendencia de la sociedad humana es a reproducir el movimiento
del péndulo, pasando de un extremo al otro sin detenerse en el justo centro,
que sería sin lugar a dudas el punto de equilibrio. Así, los que un día fueron
oprimidos, no sólo aspiran a la igualdad de condiciones con los que fueron
sus opresores, sino que basculan hacia el lado del opresor, no contentándose
con la paridad y buscando una “compensación” de los males sufridos. Tal
parece que puede ser al caso de la ideología de género, que de un punto de
reclamación de los justos derechos de grupos a los que se habían
menoscabado los suyos, bascula a una posición donde algunos, al amparo del
pensamiento de género, pretenden una imposición global de ideas que son
justo eso: ideología o pensamiento, y no verdades universales irrefutables
como algunos parecen pretender.
Hoy la posición dominante de la ideología de género ha alcanzado las más
altas cotas de poder e influencia posibles, llegando a poner en duda los que
otrora eran defendidos como “derechos inalienables” del ser humano o, al
menos, supeditándolos a lo que se definen como “derechos de más alto
rango”. Un ejemplo de esto lo encontramos en las respuestas dadas por Vitit
Muntarbhorn, experto independiente de la ONU sobre orientación sexual e
identidad de género, a preguntas realizadas por Henk Jan van Schothorst, del
Consejo Transatlántico Cristiano; sobre sus líneas de trabajo. Muntarbhorn
manifestó: «Hay algunos derechos absolutos, pero hay algunos que no son
absolutos; la libertad de expresión y la expresión de la religión no son
derechos absolutos y podrían reducirse si fuera necesario»[6]. Cierto que el
señor Muntarbhorn podría referirse al derecho a la vida, y en ese aspecto su
postura posiblemente sea asumida de forma bastante general, pero a lo largo
de su intervención también se refiere a otros derechos que considera
fundamentales para el colectivo LGTBI, como son el derecho a influir en la
educación o en la legislación, derecho que sin embargo negaría a la expresión
religiosa que sí debería ser coartada o limitada en esos ámbitos en los que
reclama carta abierta la ideología de género.
Analizaremos en adelante diferentes posiciones de la ideología de género, y
su contrapropuesta desde una óptica bíblica.
2. IDENTIDAD DE GÉNERO FRENTE A TEOLOGÍA DE
LA IDENTIDAD
 
1. IDENTIDAD DE GÉNERO
Una de las premisas fundamentales de la ideología de género es la distinción
trazada entre sexo y género, esta se atribuye a la pensadora feminista Simone
de Beauvoir que afirmaba sobre el sexo femenino: «No se nace mujer: se
llega a serlo. Ningún destino biológico, psíquico o económico define la figura
que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; es el conjunto de la
civilización el que elabora ese producto intermedio entre el macho y el
castrado al que se califica de femenino»[7]; de esta forma, establecía una
diferencia entre las características físicas con las que se arribabaa este
mundo, y lo que en realidad la persona venía a ser; postulaba además que esto
último era producto de la “elaboración” de la sociedad, negando de facto
ninguna influenciada al sexo biológico del nacimiento.
Esta idea de la feminista radical de la primera mitad del s. XX apoyada en la
filosofía del que entonces era su pareja, el marxista y existencialista Jean Paul
Sartre, resulta en pilar fundacional de la ideología de género, que asume
como verdad indubitable la existencia de diferencias entre sexo y género; así
el sexo referirá únicamente a las características físicas y genéticas con las que
un ser humano nace, y que vienen marcadas por su capacidad reproductora y
los órganos externos que le definirán como hombre o mujer; y frente a esta
categorización taxonómica sobrevenida se encontraría el género, que es la
forma en la que el ser humano, en sociedad, y normalmente bajo la influencia
“opresora” de esta, construye su propio ser.
Cuando crecemos, al mismo tiempo que desarrollamos la conciencia de ser
un individuo distinto de los demás, el denominado self existencial,
adquirimos el self sexual, la autocategorización como hombre o como
mujer, y junto con éste el self de género. La división biológica que traemos
conlleva diferencias reproductivas pero no diferencias actitudinales,
normativas, conductuales o de roles. Todo ello es producto de la asignación
social. La identidad de género es la autoclasificación como hombre o mujer
sobre la base de lo que culturalmente se entiende por hombre o mujer.[8]
Entienden los pensadores de género que, como expone la psicóloga Patricia
García-Leyva, la sociedad termina imponiendo su categorización de forma
forzada, normalmente alineada con el sexo con el que se ha nacido, pero
sostienen que esto no se da así porque el sexo de nacimiento tenga una
influencia real y definitoria sobre lo que el ser humano es, sino que es
producto de la enseñanza general de la sociedad, del entorno del recién
nacido, posteriormente del sistema educativo… y así en una larga y férrea
cadena, que en ocasiones se forja de forma inconsciente por lo actores, pero
que termina por forzar la correlación entre el sexo de nacimiento y el género
asignado y asumido.
De esta forma, las relaciones entre los seres humanos no serían plenamente
libres, sino que han sido programadas socialmente de acuerdo a unos cánones
no naturales, sino fruto del devenir evolutivo e histórico de la humanidad,
desde su descenso de los árboles para convertirse en los primeros homínidos
hasta nuestro punto de actual desarrollo social humano.
El concepto “género” es la variable que permite considerar al sexo como
categoría analítica, es el factor a partir del cual se realiza el análisis de la
construcción sociocultural de los sexos desde el plano ideológico. El
género facilita el marco en el que se construyen y recrean las relaciones
entre hombres/mujeres; por ello, se debe analizar como resultado de un
conjunto de factores sociales, culturales e históricos.[9] 
Así los denominados “antropólogos de género” estudian las diferentes
sociedades humanas e incluso animales para buscar retazos de los que sería la
esencia de género del ser humano libre de ataduras heredadas socialmente, se
muestra como evidencia los vestigios de sociedades de carácter matriarcal,
como serían las míticas amazonas, en las que personas de sexo femenino
tomaban los roles de varones comportándose como si su género fuera ese,
sociedades animales donde las hembras se imponen a los machos como es el
caso del bonobo;[10] estos casos, evidentemente excepcionales y fuera de lo
naturalmente habitual, son evidencias de que otras sociedades son posibles,
sociedades donde los roles no han sido determinados de la misma manera, y
que tienen como resultado grupos más libres , sanos y equilibrados.
El derrotero evolutivo de nuestra sociedad viene determinado, según esta
línea de estudio antropológico, no por las condiciones que naturalmente
pueden distinguir al hombre de la mujer, sino por una imposición y
subyugación de las hembras por parte de los machos, apoyados en su
desarrollo físico, y que ha impregnado y marcado las sociedades que de esos
grupos surgieron y, por ende, la humanidad casi a su completo, pues
históricamente esas sociedades marcadas por la heteronormatividad[11]
patriarcal se impusieron a otras con paradigmas diferentes.
Con esta explicación se sustenta la idea de que todo lo que rodea al ser
humano, desde su mismo nacimiento, está empujándole hacia una posición
socialmente aceptada, educándole en asumir un rol de género que sea
coincidente con el sexo atribuido con el nacimiento, así desde los colores de
la ropa, el nombre que se le da al recién nacido, la forma de dirigirse a él, los
pañales que se escogen, los juguetes, la educación reglada, etc. todo tiende a
forzar la asunción de un género, y de un tipo de relaciones sexo-afectivas
acordes con una normatividad que no es necesariamente natural.
Inevitablemente, fruto de esta situación, la sociedad reproduce aquello que
considera normal usando para ello todas las armas de las que dispone, que
son a entender de la ideología de género, las que los estados alineados con
esa normatividad consideran naturales. Aquellos alineados con la ideología
de género ven en todo una herramienta de la sociedad y de sus estados para
seguir imponiendo una norma heterosexual sobre lo que sería una elección de
género libre. Podríamos usar como botón de muestra de ese arsenal
ideológico el lenguaje, que empuja a una separación entre hombre y mujer,
imponiendo el uso de lo masculino sobre lo femenino como un efecto
alienante más; ese sería la justificación al intento de introducir un lenguaje
“no sexista” donde se use a la par el masculino y el femenino, o mejor aún, si
es posible un género neutro, que no empuje hacia ninguna opción en
concreto.
Las fronteras de género, como las de clase, existen para servir a una
variedad de funciones políticas, económicas y sociales. Estas fronteras a
menudo son movibles y negociables. No operan sólo en la base material de
una cultura, sino también en el mundo imaginado del arte. Las normas de
género no siempre están explícitamente expresadas; a menudo son
transmitidas de manera implícita a través de los usos del lenguaje y de otros
símbolos. Así como la especificidad de género de la lengua ejerce
influencia sobre cómo se piensan o dicen las cosas, las formas narrativas
arquetípicas de Occidente que asumen un protagonista masculino influyen
sobre cómo se cuentan historias sobre mujeres.[12]
La ideología de género, en contraposición a esa norma socialmente impuesta,
afirma que «El género individualiza a cada persona no necesariamente por su
condición sexual hombre o mujer sino por el modo como autónomamente se
percibe a sí misma o como quiere ser sin depender de roles
preestablecidos»[13]. Cada ser humano decide, sin ataduras de ningún tipo: ni
aquellas propiciadas por el azar genético o la naturaleza, ni las dirigidas
desde la norma social, cuál es su género en función de cómo se percibe a sí
mismo; esta percepción se alcanza por medio de sus emociones y
sentimientos que le indican lo que es, o bien por medio de la voluntad propia
mediante la cual el individuo, en función de sus intereses, gustos, o situación
personal, adquiere u opta por un género.
Podríamos decir como resumen, que el género de cada persona lo decide la
propia persona en función de sus deseos o emociones, así descubrimos una
posibilidad de géneros muy amplia, hasta el punto de que la ONU, de forma
no oficial en una declaración de su Defensor Global LGBT, ha aceptado una
lista preliminar, susceptible de ampliación en el momento en el que se
definan nuevos géneros alternativos, de al menos 112 géneros diferentes[14];
este listado[15] de posibles opciones de género recoge desde aquellos más
conocidos: masculino, femenino, bisexual, etc.; hasta algunos de difícil
definición incluso para aquellos que dicen vivirlos. Pero no ha sido este
miembro de la ONU el únicoen aceptar y publicar listados de géneros
reconocidos, diferentes empresas, grupos e instituciones gubernamentales,
están introduciendo listas de géneros reconocidos a la hora de que una
persona pueda auto-clasificarse, apareciendo regularmente noticias que
recogen esa posibilidad, como por ejemplo: la red social Facebook[16] que
recoge hasta 50 géneros posibles, la comisión antidiscriminación de la ciudad
de New York[17] que recoge en su listado 31 posibilidades de clasificación en
razón del género, o la red social Tinder[18], usada por multitud de adolescentes
y jóvenes para establecer relaciones románticas, que recoge para ellos la
posibilidad de escoger entre 27 definiciones diferentes de su género. Las
opciones parecen no tener límite, y todos estos listados se consideran
abiertos, pues siempre es posible que una persona descubra una nueva
manera de sentirse y definirse en relación a su género.
Los medios recogen también con cierta asiduidad y con una mezcla entre
asombro, incredulidad y admiración, casos personales que pueden resultar
muy sintomáticos del camino al que se está dirigiendo la Ideología de
Género. Stefonknee Wolscht es un hombre de 52 años que, en un momento
dado y a pesar de estar casado y tener hijos propios, decidió que lo que
realmente sentía era ser una niña de 8 años, ahora vive adoptado por una
familia, vistiéndose y comportándose de acuerdo al género y a la edad que
percibe tiene realmente[19], este debería catalogarse como un caso de “trans-
edad”. Nano es una joven nórdica que manifiesta haber nacido en el cuerpo
equivocado, afirma que desde que nació siente que es un gato atrapado en un
cuerpo humano, y quiere ser reconocida como lo que realmente es; se trataría
de un caso de “trans-especie”[20]. Grace Neutral es otro caso que podríamos
calificar de extremo, esta chicha afirma ser un alíen atrapado en un cuerpo
humano, y ha iniciado un complicado y agresivo proceso para adaptar su
físico a lo que realmente ella entiende que es[21], se trataría de un caso de
“trans-humanidad” que dista mucho de ser único. La lista posiblemente
podría seguir con casos cada vez más extremos de personas que afirman ser
algo diferente a lo que su cuerpo y su género, especie o edad natural indican.
La ideología de género concibe, siguiendo la estela del feminismo radical, el
género como una herramienta subversiva, destinada a provocar un cambio
social que libere a la humanidad de una normatividad alienante y opresora de
los distintos. «La pérdida de las reglas de género multiplicaría diversas
configuraciones de género, desestabilizaría la identidad sustantiva y privaría a
las narraciones naturalizadoras de la heterosexualidad obligatoria de sus
protagonistas esenciales: “hombre” y “mujer”»[22]. De esta forma, y a través
de la implantación general del concepto de género se logrará la revolución
social que devendrá en una sociedad más libre, plural e igualitaria.
 
2. TEOLOGÍA DE LA IDENTIDAD
La revelación divina a través de las Sagradas Escrituras se sitúa en las
antípodas de los posicionamientos mantenidos por la ideología de género,
aportando una respuesta a esos postulados que casa perfectamente con lo que
podríamos llamar “revelación natural”.
El Libro Sagrado, La Santa Biblia, comienza con una declaración de suma
importancia para el tema que estamos tratando: «En el principio creó Dios…»
(Génesis 1:1). Esta afirmación es relevante porque indica que la creación,
todo lo existente, es producto de una creación divina; no se trata pues del
producto del azar o la casualidad derivada de la interacción fortuita de
materia y energía desde un Big-Bang supuesto en un pasado remotísimo.
Dios creó. Bara’ ( אָרָּב ,) es un término de sumo interés en este contexto
porque es un verbo que se usa únicamente referido a Dios, y su significado es
revelador: crear, pero crear de donde no hay nada; bara’ es un término que se
refiere a una creación ex nihilo, desde donde no hay materia prima ni base
sobre la que realizar el acto creativo. En las Escrituras este término solo se
usa vinculado al sujeto divino, es Dios el único que puede crear en el sentido
al que se refiere bara’.[23]
Este versículo nos refiere, mediante el acto creativo divino, no sólo al poder
infinito y absoluto de Dios, el único capaz de sacar de donde no hay nada,
sino que también nos refiere a su voluntad, a su deseo, y por tanto a su
designio y diseño en la creación. El acto creativo del que nos habla este verso
inicial de la Biblia no puede ser un acto entregado al azar, la fortuna o la
casualidad, sino que se trata de un acto volitivo de parte de la divinidad, un
acto que por el mero hecho de darse implica un diseño y un propósito. Esto se
hace más importante cuando ese acto se aplica a la creación de la humanidad.
Isaías es posiblemente el escritor bíblico que con más asiduidad usa el
término bara’ en el sentido de creación de la nada, de hecho lo usa en 20 de
las 49 veces que este término aparece en el Antiguo Testamento, resultando
especialmente revelador Isaías 45:12, pues refiere este término al ser humano
«Yo hice la tierra, y creé sobre ella al hombre. Yo, mis manos, extendieron
los cielos, y a todo su ejército mandé». Si en el primer versículo del texto
bíblico bara’ hacía referencia a la creación en general, Isaías aquí lo aplica al
ser humano de forma concreta y específica.
Aparte de otras consideraciones posibles, en el asunto de lo que en este
trabajo llamamos teología de la identidad, este versículo es fundamental pues
enmarca la creación de la raza humana en un acto bara’ de Dios, en una
creación marcada por la acción voluntaria de Dios, por su diseño específico y
concreto que, desde donde no había, crea a la raza humana. Los seres
humanos, en la forma que tenemos, tampoco somos producto del azar a del
devenir evolutivo de diferentes especies, sino que somos un diseño divino,
creados por un Dios que de forma específica decidió darnos la forma que
tenemos.
Si unimos esto al relato primero de la creación del ser humano que
encontramos también en el primer libro del Pentateuco, «Entonces dijo Dios:
Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y
señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda
la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al
hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó»
(Génesis 1:26-27), nos encontramos con un panorama que aclara algo más el
asunto que estamos tratando.
Dios no solo creó la raza humana, sino que la creó de una forma específica: a
imagen y semejanza de Dios y dividida en dos formas diferenciadas
sexualmente: varones y hembras.
De nuevo usa el escritor bíblico el termino bara’ reafirmando así las ideas
antes expuestas, pero aquí vincula el término a la creación como varón y
hembra; esto nos lleva a la inevitable conclusión de que al igual que la
creación de la raza humana fue un acto creativo y volitivo de Dios, el
dimorfismo sexual evidente entre hombres y mujeres forma parte de ese
diseño creativo ex nihilo por la divinidad. Dios diseñó y creó una raza
humana diferenciada en dos formas: la masculina y la femenina. El diseño
además no puede calificarse de otra forma que no sea la de brillante, tanto la
forma, el tamaño, la capacidad de adaptación de los diferentes órganos
sexuales de hombres y mujeres, encajan a la perfección para el fin para el que
fueron creados: proveer a la raza humana de una forma de reproducción y
auto propagación optima, cuya validez y funcionamiento quedan demostrados
a través de la simple observación del grado de difusión que como especie
hemos alcanzado.
La naturaleza apoya en esto a la revelación bíblica, pues es manifiesto, y así
lo han expresado en multitud de ocasiones médicos y biólogos que, salvo
patologías reconocidas, la raza humana esta diferenciada en dos sexos que
corresponden con dos géneros: hombres y mujeres; y estos dos sexo-géneros
tienen un componente claramente físico, biológico y genético, al punto que, 
aúnen los casos de patologías o alteraciones físicas de hermafroditismo[24] o
la andrógina[25], genéticamente, el individuo puede ser catalogado sin lugar a
dudas como hombre, o como mujer. La ideología de género insiste en
referirse a esos casos como “género intersexual”, pero lo único que hace es
dar carta de naturaleza como nuevo género a una situación que está
científicamente reconocida como una alteración o patología. Así pues,
revelación y ciencia se encuentran, al menos en este caso.
La Biblia es clara, la diferenciación entre hombres y mujeres tampoco es cosa
del azar, sino que Génesis manifiesta que forma parte de un plan divino,
debemos considerar junto con los anteriores el versículo 28, «Y los bendijo
Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y
señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias
que se mueven sobre la tierra». Dios creo hombres y mujeres, diferenciados
sexualmente, para que estos tuviesen unidos y coordinados,
complementándose, la capacidad para llenar, sojuzgar y señorear sobre el
resto de la creación.
No hay en el relato bíblico ninguna otra posibilidad de un género intermedio
o diferente al de hombre o mujer. ( רָכָז ) y ( הָבֵקְנ ,) zakar y nequebá, varón y
hembra, «destaca lo “masculino” en contraste con lo “femenino”; el vocablo
indica el género de una persona»[26]. No hay duda, no hay confusión, tampoco
hay más posibilidades u opciones. De hecho, lo que sí reconoce el texto
bíblico es la existencia de acciones, de comportamientos, diferentes al del
hombre y mujer, pero no se les reconoce en ningún caso como alternativas a
los géneros creados por Dios, sino como formas de actuar que son
condenadas como pecado.
Encontramos en este sentido términos como: afeminado y homosexual en 1ª
Corintios 6:9. Independientemente de la interpretación que de estos términos
griegos se haga, es consenso general que tanto (μαλακός) traducido como
afeminado, como (ἀρσενοκοίτης) que se traduce como homosexual o el que
se hecha con varones, no hacen referencia a otra cosa que a prácticas sexuales
que el versículo condena sin paliativos, pero no es posible atribuirles,
atendiendo a su origen etimológico, ninguna posibilidad de idea de género
alternativo. Estos términos se encuentran en otros versículos bíblicos, pero de
forma general se aplica en todos la misma norma, se refiere a prácticas,
siendo de acuerdo al uso correcto de la hermenéutica un error pretender
referirlos a una cuestión de identidad de género.
Otro versículo que puede resultar controvertido a efectos de su interpretación
desde una perspectiva de género es este: «No vestirá la mujer traje de
hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová
tu Dios cualquiera que esto hace» (Deuteronomio 22:5).
El asunto aquí no es simplemente en cuanto a modas, sino en relación con
ciertas prácticas sexuales anormales, manifestadas por usar la ropa del sexo
opuesto. Las prácticas homosexuales pudieran estar detrás de esta ley (ver
Levítico 18:22; 20:13). También es posible que algunos rituales de
religiones no israelitas involucraran el travestismo, y por esta razón se
condena la práctica.[27]
Todo indica que este versículo habla de forma directa de una práctica, un
comportamiento. Desde lo que manifiesta el versículo, resulta imposible
aseverar cuál era la razón que llevaba a aquellos a los que alude al uso de
vestimentas correspondientes a un sexo diferente al propio, los comentaristas
y estudiosos no logran unanimidad al respecto, si bien la mayoría lo vincula,
como en el caso del comentario bíblico citado, a la realización de prácticas
homosexuales o idolátricas; otros hacen también referencia a un posible
intento de escapar de los deberes militares, o a asumirlos sin tener derecho a
ello. En cualquier caso, lo evidente y seguro, es que fuese cual fuese la razón,
la alusión del texto bíblico se refiere también a un comportamiento, no
pudiendo vincularlo a una cuestión de identidad de género, pues esa situación
no se menciona de forma explícita, ni tampoco de forma implícita evidente,
en ningún lugar de las Escrituras; pretender atribuir esa intención sería una
flagrante extralimitación interpretativa.
El relato bíblico de la creación del hombre termina diciendo «Y vio Dios todo
lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera» (Génesis 1:31).
Dios se refiere a su creación, y más concretamente a la creación del ser
humano como algo «bueno en gran manera»; Dios usa dos expresiones
interesantes para referirse a su última creación, mientras a cada día la opinión
divina es que lo hecho es bueno (טויב) tôb, cuando se refiere a lo creado en el
sexto día, a la creación de la humanidad, añade la expresión ( דיעְמ ) meód, en
gran manera[28]. Así ambas palabras juntas transmiten la idea de algo que. una
vez terminado, es cómodo, placentero, agradable y completamente perfecto y
acabado. Esa expresión deja fuera de la ecuación la posibilidad de un error o
algo defectuoso.
Es habitual escuchar la expresión “nació en el cuerpo equivocado”, debemos
tener en cuenta al examinar esta idea que la usan personas que no creen en la
creación ni en el diseño divino, es más, personas que mayoritariamente
niegan la intervención divina en ningún aspecto de sus vidas, así que lo que
realmente pretenden expresar es un error del azar, de la naturaleza, de los
genes, o del universo, pero que lo que están haciendo realmente es achacar un
error al diseño divino aun cuando no crean en él. Pretender que es posible que
Dios se equivoque e “instale” una mente de mujer en un cuerpo de hombre, o
viceversa, es pretender que Dios es un ser cruel y mal intencionado que,
parafraseando fuera de contexto a Albert Einstein, “sí tira los dados de vez en
cuando”, lo que lleva a que algunos desafortunados les toque la china de
lidiar con un género que no le corresponde mentalmente.
Pero Dios lo hizo todo bueno y perfecto, y en el caso de la creación de la raza
humana lo hizo «bueno en gran manera».
¿A qué es achacable entonces esos casos de personas que se sienten
incómodos o fuera de lugar con su sexo físico?
Si nos acercamos desde una óptica médica a los problemas de identidad de
género estos se definen como una “disforia de género”. Hasta no hace mucho
la nomenclatura usada para esta afección era: Trastorno de identidad de
género o transexualidad, pero la presión ejercida desde el Lobby LGTBI en el
sentido de que no se considere su situación como un trastorno, sino como una
condición, ha generado el cambio de nombre.[29] la disforia sería un trastorno
de la personalidad en el que la percepción del individuo le lleva a no
identificarse con el género con el que ha nacido. Hasta el momento el único
tratamiento que la ciencia médica aporta a esa situación es: por un lado, tratar
farmacológicamente y con terapias psicológicas los trastornos que genera,
como puede ser la depresión, las tenencias suicidas, etc. y por otro lado la
llamada reasignación de género, procedimiento médico que combina
tratamiento químico hormonal y operaciones quirúrgicas. La terapia para la
reasignación de sexo implicará el mantenimiento de medicación hormonal
durante toda la vida del paciente, a fin de que los efectos logrados no se
reviertan, cuando menos en parte, por la acción de las hormonas que el
cuerpo genera de forma natural, acordes con su género genético.
Teológicamente, el origen de la enfermedad y la muerte están en el pecado,
antes de la caída de la humanidad en este su existencia estaba libre de ambos
elementos, Adán y Eva no conocieron muerte, dolor ni enfermedad hasta su
castigo y expulsión del Edén. El abordar la disforia de género en las dos
formas en las que médicamente es tratada lo único que logra es perpetuar o
agravar el problema, será una situación de difícil solución mientras no se
aborde desde el ámbito espiritual y de relación con Dios. Los esfuerzos de los
médicos y psicólogos serán baldíos entretanto no se asuma la realidad de la
identidad de género conla que hemos sido creados. Jesús mismo en Mateo 16
argumenta «¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere
su alma?»; la realidad es que la medicina, la psiquiatría y la psicología
pueden paliar ciertos efectos o forzar ciertos cambios, pero el origen del
trastorno, condición, afección o como quiera que le llamemos seguirá siendo
el mismo: la rebeldía a la voluntad divina, y ante ese mal, todo intento
médico o psicológico resulta mero placebo, puede aparentar tener resultado
pero que en realidad no afecta al verdadero origen de la situación..
Debemos entender que la creación “buena en gran manera” de Dios es previa
a la caída del hombre; la Santa Palabra también nos relata como la
humanidad, estando aún en un estado de perfección bienaventurada donde
todo encajaba de forma perfecta: cuerpos, sexo, pareja, familia, propósito,
tomó la decisión de rebelarse contra la voluntad divina, escogiendo en el uso
de su libre albedrío y de su capacidad de decisión ponerse fuera del ámbito de
la perfección en la que Dios los había situado.
El pecado, la transgresión, el error, dañaron no solo la relación del ser
humano con Dios, sino también su propia naturaleza, e incluso el entorno en
el que vivían, la propia tierra.
Las consecuencias inmediatas fueron numerosas, fuertes, extensas e
irónicas (observe cuidadosamente Génesis 1:26-3:24). la relación divino
humana de comunicación abierta, amor, confianza y seguridad fue
cambiada por el aislamiento, una actitud defensiva, la culpa y el destierro.
Adán y Eva y su relación mutua degeneraron, la intimidad y la inocencia
fueron reemplazadas por la acusación (al echarse la culpa el uno al otro). Su
rebelde anhelo de independencia desembocó en los dolores de parto, la
dureza del trabajo y la muerte. Sus ojos quedaron realmente abiertos,
conocedores del bien y del mal (por medio de un atajo), pero trataba de un
gravoso conocimiento que no estaba equilibrado por ningún otro atributo
divino (por ejemplo, el amor, la sabiduría y el conocimiento). La creación
encomendada a Adan, y cuidada por él, fue maldita y gime por su liberación
de las consecuencias de su pecado… [30]
En esta situación caída, el ser humano no puede fiarse ya de su naturaleza,
caída como él mismo, de ahí que la propia palabra recomiende: “No seas
sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal; Porque será
medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos” (Proverbios 3:7-8). No
disponemos, como seres caídos, de una capacidad sin mancha que nos
permita percibir el mundo o incluso nuestro propio ser en la justa medida en
la que debemos hacerlo, de ahí el consejo de Dios: «Fíate de Jehová de todo
tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus
caminos, Y él enderezará tus veredas.» (Proverbios 3:5-6). Se trata, pues, de
escoger fiarse de Aquel que lo hizo todo «bueno en gran manera», en lugar de
fiarse de la opinión de aquel que lo manchó todo con el estigma del pecado.
La ideología de género propone que sea el hombre caído el que determine su
identidad, como si esta dependiese de su decisión o voluntad, propone que
sea el hombre caído el que decida qué es y cómo se expresa pasando por
encima de toda evidencia física, biológica, genética, incluso por encima de la
determinación de la creación divina. La propuesta de Dios es otra: se trata de
confiar en Él, en sus designios y su diseño original, se trata de aceptar la
identidad que la Palabra nos revela tenemos en Él, criaturas hechas a su
imagen, creados como hombres y mujeres con un propósito claro. Cierto que
la caída en el pecado ha trastocado, perturbado y deformado esa imagen y ese
propósito, pero no es menos cierto que Dios manifiesta, desde el propio
Génesis y a lo largo de todas las Escrituras, tener un plan de alcance y
salvación, de restauración de su diseño original en Cristo Jesús, de ahí que
sea posible la tajante afirmación paulina: «De modo que, si alguno está en
Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas
nuevas.» (2 Corintios 5:17); el comentarista bíblico Mathew Henry lo expresa
de esta forma:
La redención adquiere carácter cósmico […] El adjetivo griego kainé indica
novedad de algo que ya existía. Así ha de entenderse la creación aquí como
en Efesios 2:10. El ‘nuevo hombre’ no es otro hombre, sino el mismo que
ya existía, renovado, cambiado. Dice Tasker “Todo hombre regenerado por
el Espíritu de Dios, es una nueva creación, y un mundo en el que existen
tales creaciones es, al menos potencialmente, un mundo nuevo”.[31]
Se trata pues de una cuestión de confianza: confiar en las emociones, deseos
y sentimientos de los hombres caídos, o fiarse del Diseño de Dios para ser de
nuevo lo que Él siempre quiso que el hombre fuese, y también que este
mundo fuese.
La cuestión podría aclararse un poco cuando consideramos ambas partes.
La confianza en el propio ser, en la propia mente, en nuestras decisiones y
emociones es calificada con claridad meridiana por la propia Escritura:
«Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo
conocerá?» (Jeremías 17:9), «Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que
confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de
Jehová.» (Jeremías 17:5). Ambos textos son muestra de cómo la Palabra de
Dios considera el intelecto, la voluntad y la sabiduría humanos, se trata de
algo deficiente, engañoso, equívoco, y por lo tanto no fiable para la toma de
una decisión tan importante y fundamental como es la de la propia identidad.
La propia experiencia de algunas personas que han tomado decisiones sobre
la base de sus emociones, sentimientos y percepciones son para nosotros una
importante señal de aviso, es posible encontrar publicados en diversos medios
experiencias personales de quién optó por la vía propuesta por la ideología de
género, siguiendo unos impulsos y percepciones contrarios a su propia
naturaleza física; algunas cifras aportadas hablan de al menos un 5% de
transexuales que han declarado públicamente las nefastas consecuencias de
las medidas tomadas para “adaptar” su situación a la realidad que percibían y
sentían[32]. También es necesario hacer notar que la “presión de grupo” dentro
del lobby defensor de la Ideología de género es realmente intensa,
propiciando que sea más fácil mantener silencio que manifestar un
pensamiento contrario a las ideas liberadoras de la asunción del género
deseado y escogido. Es interesante considerar también otros datos que avalan
la falsedad de la solución supuestamente idílica de asumir un género diferente
a aquel con el que se ha nacido. En este sentido resulta revelador el estudio
epidemiológico realizado por varios científicos en la ciudad americana de
Boston en 2015[33], en el que se recoge la mayor tendencia a la depresión,
drogadicción y suicidio en aquellos que toman la senda del transgénero. Se
hace tristemente evidente la expresión del salmista sobre la situación de quién
toma un camino diferente al del arrepentimiento ante el pecado en el Salmo
32:3-4: «Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el
día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi
verdor en sequedades de verano». Es posible intentar escapar a la realidad
natural, al diseño de Dios, pero no será posible escapar a las consecuencias de
tomar esa vía de huida; en el mejor de los casos supondrá una vida de
negación de una realidad física que no es posible obviar continuamente; en
los peores llevará al individuo a un camino de automatización y de continua
violencia química sobre su propio cuerpo, con la finalidad de intentar cambiar
algo que finalmente no es transformable por estar escrito en nuestros genes,
en el libro interior del diseño de Dios de nuestra naturaleza.
El camino diseñado por Dios es radicalmente diferente, supone la aceptación
de su soberana voluntad, de su diseño original claramente manifestado, como
hemos visto, en la revelación bíblica: varón y hembra. Las palabras de Pedro
en su discurso en el Pórticode Salomón resuenan hoy como entonces, clara
expresión de un camino a seguir por el hombre errado, pecador: «Así que,
arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que
vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio» (Hechos 3:19). La
situación es la misma para esas personas que de forma contumaz, o por
ignorancia, se están oponiendo a la voluntad manifiesta de Dios. Tomar ese
camino supone aceptar que Dios es más sabio que nosotros, simples
creaciones suyas; es más, significa aceptar que Dios nos conoce mejor de lo
que podremos conocernos jamás nosotros, pues a fin de cuentas es el autor
del diseño y de la creación original, y también es el diseñador de lo que será
nuestra condición postrera; quiere decir que debemos aceptar que apartarse de
esa voluntad manifestada en nuestra creación es pecado, y que por lo tanto
lleva aparejado el castigo que la Palabra manifiesta como seguro: la muerte;
supone el arrepentimiento, (μετανοέω) metanoeo, un «cambio de vida,
basado en un cambio completo de actitud y de pensamiento en lo relativo al
pecado y la rectitud»[34], un dejar de mirar al camino equivocado para
enfocarse en el correcto, esto no es necesariamente fácil ni cómodo, pero es
indispensable; y como paso siguiente supone el convertirse, que completa el
proceso iniciado con el arrepentimiento, (ἐπιστρέφομαι) epistrephomai, que
significa «1. LN 15.90 regresar, volver a un punto; 2. LN 31.60 cambiar las
creencias personales, cambiar una opinión respecto a la verdad; 3. LN 31.61
hacer cambiar las creencias; 4. LN 41.51 cambiar la conducta propia, cambiar
el comportamiento»[35], un proceso este, en el que la voluntad humana, la
libre decisión, tiene mucho que ver, pues es una expresión reflexiva, nace de
aquel que la lleva a cabo, para sí mismo, no para otros.
La respuesta bíblica a las dudas de género es afirmarse en la verdad divina, y
moverse en ella, aun cuando esto suponga contravenir los deseos, los
pensamientos o las percepciones personales, que se reconocen como erradas
y pecaminosas.
«Quizás la mejor definición del pecado sea la que aparece en 1ª Juan 3:4
donde dice: “El pecado es infracción de la ley”. Cualquier otra cosa que sea
el pecado, en su centro mismo es una infracción de la ley de Dios»[36].
Pretender cambiar el diseño del hombre realizado por Dios, es infringir la
Ley de Dios manifiesta a través de la propia naturaleza creada por Él mismo.
Pretender enmendar la plana a Dios asumiendo que el género con el que
hemos sido creados es incorrecto es pecado.
Afortunadamente la solución divina de vuelta al camino de la creación
original conlleva una promesa de parte de Dios: “…para que sean borrados
vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de
refrigerio”. Aquellos que retoman la senda del creador tienen asegurado de su
parte perdón, absolución total, borrado de sus faltas. El autor del libro de los
Hechos pone en boca de Pedro la expresión (ἐξαλείφω) exaleifo, serán
borrados, que expresa una eliminación total, no parcial, si asumiéramos un
símil judicial, podíamos decir que el expediente judicial del encausado
aparece completamente limpio, en blanco, sin ningún tipo de referencia a la
causa que pudo llevar a la apertura de ese expediente. Se trata de un perdón
total. La eliminación de ese pecado, conlleva, en palabras de Pedro que “…
vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”; (καιρός ἀνάψυξις)
kairos anapsuxis, traducido como tiempos de refrigerio, otra traducción más
cercana al sentido pleno y original de las palabras griegas sería: para kairos:
«Tiempo, oportunidad, momento oportuno, tiempo favorable, tiempo
señalado, temporada, estación, época»[37], y para anapsuxis: «propiamente
recuperar el aliento»[38] y «alivio, refrigerio, descanso de una circunstancia
opresiva»[39]; esta situación de aquellos que aceptan el camino divino
contrapuesta a la anteriormente presentada de muchos que prefieren el
camino propuesto por la ideología de género es cuando menos notable. El
descanso, el alivio de una situación que no podemos menos que reconocer
como angustiosa, es resultado de aceptar la identidad diseñada por Dios para
hombres y mujeres, y de vivir en la presencia de ese Dios que perdona y
alivia.
Pero también es importante señalar que la solución que Dios a través de su
Palabra propone, no está exenta de dificultades y un cierto grado de
sufrimiento. La Biblia en eso es clara, es el ser humano el que tiene la
responsabilidad de colaborar y participar en la obra regeneradora que el
Espíritu Santo comienza en la vida de aquellos que se acercan arrepentidos a
Dios, en ese sentido las referencias bíblicas son amplias, un ejemplo sería:
Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones
desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales
la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros
también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. Pero ahora
dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia,
palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros,
habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del
nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta
el conocimiento pleno, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni
incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y
en todos. (Colosenses 3:5-11).
Aquí Pablo enseñando a los creyentes de Colosas les expresa de forma clara y
fehacientemente la necesidad de su colaboración en la obra del Espíritu
Santo, la necesidad de la participación de su voluntad en el proceso de
cambio que se produce por el hecho de haber entrado a formar parte del
cuerpo de Cristo; (νεκρόω) «hacer morir. Se usa en la voz activa en el sentido
de destruir el poder de, privar de poder, con referencia a los malos deseos que
obran en el cuerpo»[40], (ἀποτίθημι) «siempre en la voz media en el Nuevo
Testamento, poner afuera (apo, afuera; tithemi, poner). Se traduce «dejad» en
Col 3:8»[41], (ἀπεκδύομαι) «despojarse totalmente uno mismo, o (para uno
mismo) despojar»[42], (ἐνδύω) «significa entrar dentro, meterse dentro, p.ej.,
dentro de ropas, vestirse, revestirse»[43]. Todos son verbos con un carácter
reflexivo, en el que la persona es a la vez actor y objeto de la actuación
referida, así el apóstol nos transmite que en el proceso de cambio la
participación de aquel que cambia es necesaria. Tratando de asuntos de
identidad de género es importante entender que tomar y vivir la identidad que
Dios ha diseñado para nosotros es un proceso en el que los implicados
necesariamente deben actuar de forma volitiva, no se trata entonces de un
cambio mágico y milagroso producto de una decisión de un momento, sino
más bien de un proceso en el que los afectados deben negarse a ciertos deseos
y pensamientos, fomentando en su vida otro tipo de pensamientos y modos de
actuar. Este proceso es igual para todos los pecados sea cual sea su carácter, y
los problemas de identidad de género podrían encuadrase en el listado dado a
los colosenses dentro de las pasiones desordenadas y los malos deseos.
Se trata pues de un trabajo intenso en el que los creyentes son guiados y
ayudados por el Espíritu Santo de Dios, principal interesado en su
restauración al diseño original, previo a la caída en el pecado, aceptando y
viviendo en el género que les corresponde de acuerdo a ese diseño; un trabajo
que seguramente no está exento de dificultades y dolores, pero en el que el
creyente puede apoyarse en la idea de que “Dios es el que en vosotros
produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Filipenses
2:13). Así pues, el que se embarca en la recuperación de la identidad de
género que Dios diseñó para él como criatura suya, no está solo en el camino,
por duro que este pueda hacerse.
3. SEXUALIDAD DE GÉNERO VS. TEOLOGÍA DE LA
SEXUALIDAD
 
3.1. SEXUALIDAD DE GÉNERO
La ideología de género manifiesta unatendencia a entender la sexualidad
desde un punto de vista abierto y carente de fronteras morales o límites
establecidos; excluyendo, al menos inicialmente, aquellas expresiones
sexuales que interfieran en la libre decisión de algunAs de las partes para
participar en ella, como podrían ser las violaciones. No hay más límite que el
que marca el propio deseo y el de aquel con quien se interactúa; no hay nada
prohibido de antemano, no hay nada censurable ni malo en esencia, no hay
frontera moral que resulte inamovible, siempre dentro de los parámetros ya
descritos.
El amor sirve de coartada y justificación para cualquier práctica sexual
justificándola de forma general como una expresión de un amor libre; como
quiera que no existen normas ni fronteras para el amor, tampoco deben existir
para la sexualidad.
Cada individuo debe tener libertad para optar por la orientación sexual que
le parezca, sea heterosexual u homosexual, o bien, abstenerse de practicar
alguna (asexualidad). Todas las orientaciones sexuales que no afecten los
derechos ajenos deben ser respetadas por todos, la sociedad y el Estado, así
no se compartan o no se comprendan ciertos principios, perfiles,
expresiones o conductas de las personas diversas.[44] 
Esta idea de libertad total del individuo para tomar sus propias decisiones y
opciones es compartida de forma general, otra cosa es la opinión que un
individuo o grupo tenga al respecto; siempre que se mantengan dentro de la
legalidad y sin afectar a derechos ajenos es de general consenso que las
personas deben ser respetadas por la sociedad y los gobiernos. Ahora bien,
este principio general, entra frecuentemente en contradicción con
legislaciones particulares de estados, y con concepciones de grupos sociales
que se sienten agredidos por la expresión de ciertas libertades personales;
como ya se ha citado en su momento. La opinión de la persona que la ONU
ha elegido para la representación y defensa de los derechos LGTBI, Vitit
Muntarbhorn, considera que en estos casos de “conflicto de derechos”, los
derechos LGTBI deberían ser considerados de un “rango” superior a otros
derechos que se le contrapongan, y si bien es cierto que cuando hablamos del
derecho a la vida se puede estar de acuerdo con el sr. Muntarbhorn,
conviniendo de forma general que no se debe privar a nadie de su vida por
una cuestión de conciencia u opinión, el asunto se torna más espinoso y
difícil de definir cuando se trata de evaluar la importancia de derechos no
relacionados con la vida, como son ciertos tipos de expresiones y
manifestaciones públicas de las ideas, el derecho a influir en la educación,
etc.
La controversia se agudiza al examinar ciertas afirmaciones de grupos
vinculados a la ideología de género o que se valen de ella por tener intereses
y fines comunes; algunos de estos grupos, como pueden ser las feministas
más radicales o los autodenominados “amantes de todos los niños”[45], tienen
presencia e influencia en la ideología de género, produciendo en la misma un
avance en la dirección de la defensa de sus intereses; encontramos un ejemplo
de lo que propugnan algunos de estos grupos en el pensamiento de Shulamith
Firestone, mujer canadiense que puede ser buena representación de las ideas
que sobre el sexo se desarrollan en la filas más radicales del feminismo;
afirmaba Shulamith que era necesario ganar « La libertad de todas las
mujeres y los niños para hacer cuanto deseen sexualmente. No habrá ya
razones para no hacerlo»[46]. El salto ideológico que da esta activista radical
feminista provoca que hasta lo que pudieran parecer fronteras generalmente
aceptadas comiencen a diluirse. 
Se hace evidente, y así lo manifiesta la propia autora sin el menor reparo,
cuando dice «Las feministas tienen que cuestionar, no sólo toda la cultura
occidental, sino también la organización de la cultura en sí misma, e incluso
la propia organización de la naturaleza»[47], que el uso de las relaciones
sexuales no es sino otra forma de subvertir una sociedad que necesariamente
debe ser cambiada, y no solo eso, sino que el afán revolucionario trasciende
ese ámbito y alcanza también la intención de subvertir el propio orden
natural, o expresado en términos cristianos, la creación divina.
Bajo esta idea de revolución que, toma como arma subversiva las prácticas
sexuales, han florecido multitud de grupos de diversa índole y adscripción,
que de una u otra manera mantienen posiciones similares, y que suelen
ampararse bajo el paraguas común de la ideología de género; entre ellos
encontramos el colectivo “Manada de lobxs”, de inclinación queer, y que
publicó en su momento un libro-manifiesto que expresa, sin lugar a ningún
género de dudas, su ideario en relación a la sexualidad.
La renuncia a mantener relaciones sexuales naturalizantes heteronormales
habilita la resignificación y deconstrucción de la centralidad del pene y
critica las categorías de “órganos sexuales” […] separar el uso de los
placeres de las formas de reproducción humana (de la cual también
abdicamos por varias temporadas), explorar y experimentar otros usos de
los placeres (por ejemplo, en las prácticas de juegos de poder
consensuados). La abolición de la práctica de la sexualidad en pareja,
mediante prácticas de placer en grupo con afines sexoafectivos resignifica
el cuerpo como barricada de insubordinación política, de desobediencia
sexual, de desterritorialización de la sexualidad heteronormativa, sus
regímenes disciplinarios naturalizados y sus formas de subjetivación para la
subsecuente creación de espacios de afinidad anti-género y anti-humanos:
destruir hasta los cimientos la heterosexualidad como régimen político. Ése
es nuestro destino.[48]
La ideología de género y sus afines plantean la heterosexualidad, o como en
muchas ocasiones prefieren llamarlo, la “heteronormatividad”, como una
imposición inaceptable que trunca los anhelos de liberación sexual de los
individuos. Ven la practica heterosexual como una forma de imposición de
roles de género que consideran ajenos, y que perciben como una atadura que
les impide el pleno desarrollo de su ser real tal y como lo perciben.
La heterosexualidad, práctica por otro lado aplastantemente mayoritaria, es
vista como una herencia de la evolución humana, un residuo de cuando el
hombre era más animal que humano, y que en la actualidad merma o impide
el pleno desarrollo de la humanidad como tal. Pero su percepción de este
asunto va más allá, ni siquiera aceptan que esta forma de entender la
sexualidad humana como la relación física entre un hombre y una mujer sea
algo natural, sino que perciben en ella una forma de dominación política y
social, y les es indiferente que esa haya sido el método a través del cual la
humanidad ha conseguido subsistir y propagarse hasta la actualidad, sigue
siendo algo que consideran alejado de lo natural. La política española, Beatriz
Gimeno, diputada autonómica en la Comunidad de Madrid en una entrevista
realizada por el periódico La Gaceta expresa así ese pensamiento:
La heterosexualidad no es la manera natural de vivir la sexualidad, sino que
es una herramienta política y social con una función muy concreta que las
feministas denunciaron hace décadas: subordinar las mujeres a los hombres
[…] La heterosexualidad no sólo se enseña, sino que además, se hacen
ímprobos esfuerzos para que la mayoría de las mujeres sientan que no
tienen otra opción; la heterosexualidad está fuertemente inducida, y de ahí
los múltiples mecanismos destinados a sustentarla, a enseñarla, a
favorecerla, a castigar la disidencia[49] 
Frente a la heterosexualidad opresora e impuesta, la ideología de género
entiende como natural cualquier tipo de relación sexual, sea del tipo que sea:
solitaria, en pareja de cualquier tipo, en grupos más o menos numerosos,
dentro de una relación, con personas desconocidas, o cualquier otra variante
que sea posible imaginar. El único objetivo del sexo, tenga este la forma que
tenga, es la obtención de placer y satisfacción personal,sea esta como sea.
Así se normalizan prácticas como el sadismo, el bondage, el masoquismo, la
asfixia auto-erótica o en pareja, el uso de cualquier juguete erótico, e incluso
en ciertos círculos empiezan a diluirse prácticas aún consideradas tabú como
la pederastia.
En la práctica eso lleva a una deshumanización del individuo, a convertirlo, o
en el menor de los casos a relacionarse con él, como si de un objeto destinado
a la obtención de placer se tratase. Lo saben los ideólogos del género, y no
solo lo saben, lo expresan explícitamente: «El otro ya no es alguien con quien
se haga el amor por deseo, es un objeto al que se lo inviste de una sádica
voluntad, o es una parcialidad susceptible de llenar pulsiones parciales»[50].
La deshumanización tristemente no se limita al otro, al usado para obtener
placer, sino que la ideología de género, que se alza en defensora de los
derechos de los débiles y oprimidos, deshumaniza también a sus propios
promotores. Herederos de la ideología feminista de la que la de género ha
bebido abundantemente, los seguidores de las ideas de género se han
convertido en los máximos promotores del aborto libre, identificando al no
nato como un mero apéndice desprovisto de humanidad, como un tumor que
es posible extirpar porque: «en mi cuerpo decido yo», «mi cuerpo, mis
derechos, mi libertad». El feto no es humano, no está vivo, no importa y
puede desecharse para evitar que coarte la libertad de nadie. Esta concepción
permite seguir disfrutando de la sexualidad sin tener que preocuparse en
demasía por la consecuencia que de esas prácticas se pudiesen derivar.
Un único objetivo al que todo se supedita: la obtención de placer; sumado a
la decisión de derribar cualquier paradigma en pro de una total y plena
libertad sexual, parece la reedición del pensamiento del filósofo Aristipo de
Cirene, 2400 años después. En una sociedad cada vez más hedonista, la idea
de la sexualidad que propone la ideología de género, en la que el ser humano
y el placer que puede lograr son el centro de la ecuación, encaja a la
perfección con el espíritu que se respira de forma general; posiblemente esa
sea la razón por lo que la idea de plena libertad sexual expresada en el
paradigma “haz lo que te haga sentir bien y te produzca placer, sin hacer daño
a nadie” es aceptada de forma casi unánime. Nuestra sociedad es hoy el caldo
de cultivo ideal para que las ideas sobre sexualidad asociadas a la ideología
de género triunfen plenamente.
 
3.2. UNA TEOLOGÍA DE LA SEXUALIDAD
La forma en la que la Biblia nos muestra el diseño divino de la sexualidad es
radicalmente diferente al propuesto por la concepción asociada a las ideas de
género hasta ahora expuestas. En la cosmovisión cristiana bíblica de la
realidad el hombre no es el centro de la cuestión; el centro siempre es Dios; y
tratando de sexualidad no iba a ser diferente.
La sexualidad, la forma de relacionarse física y emocionalmente, como la
forma de reproducirse los seres humanos, no son un invento humano, ni
siquiera han sido elegidas por los hombres y mujeres, sino que se trata de
algo que nos viene dado por diseño. En la anterior sección se expuso la
realidad bíblica del ser humano como creación de Dios, y como parte de esa
creación fue el diseño en dos formas diferenciadas: el hombre y la mujer.
La sexualidad es un diseño divino que forma parte de la propia naturaleza
humana; cuando Dios creó al ser humano varón y hembra, dentro de esa
creación estaba inserto el apetito sexual, el deseo mutuo que atrae a hombre y
mujeres entre sí. Desgraciadamente a lo largo de su historia el cristianismo ha
desarrollado visiones de las relaciones sexuales que han llegado a considerar
sucio o pecaminoso lo que Dios creo como natural y agradable a su voluntad,
pero ello no debería ser razón para negar lo que la Biblia nos revela de forma
clara y explícita como una parte del plan de Dios para los seres humanos.
Los seres humanos hemos sido creados sexuados. Dios hizo al hombre y a la
mujer, como ya hemos visto en Génesis 1; las diferencias entre hombre y
mujer son evidentes a nivel físico; como especie manifestamos un claro
dimorfismo sexual y pese a esas diferencias evidentes, también manifestamos
una clara complementariedad de diseño. Los órganos sexuales femeninos y
masculinos encajan a la perfección, con una capacidad de adaptación mutua
casi total, lo que facilita las relaciones sexuales placenteras y efectivas a nivel
reproductivo, con unos riesgos para la salud, cuando se dan en condiciones
naturales, prácticamente nulos.
La Palabra hace referencia a esa complementariedad que se da entre hombre
y mujer a todos los niveles cuando dice: «Por tanto, dejará el hombre a su
padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne» (Génesis
2:24); la expresión «una sola carne» (ד ַחֶא רָׂשָּב )[51] edjad basar, hace
referencia en una interpretación directa a la unión física, pues transmite la
idea de unir, juntar, hacer algo común, dos carnes, o cuerpos; aparte del
sentido emocional o espiritual, el primer significado directo hace referencia a
una unión física y carnal. En base a este versículo puede decirse que el plan
de Dios fue que entre hombre y mujer hubiese una unión de tipo carnal,
físico, que sin duda implica más aspectos, pero que tiene como base
primordial la relación sexual; y fue parte de la voluntad de Dios cuando creó
al hombre. El sexo es pues parte fundamental de la relación perfecta entre
hombres y mujeres.
Debe recordarse que la razón que llevó a Dios a diferenciar los sexos en la
humanidad fue el crear un binomio que se completase y se desarrollase en
conjunto. Génesis 2, en un relato más pormenorizado de la creación, nos dice
que Dios creó la raza humana perfecta, hecha a su imagen, pero eso parece
que limitaba al ser humano a una vida de soledad, sin nadie aparte del propio
Dios con quien pudiera relacionarse en igualdad, pues los animales no eran
suficiente para un desarrollo pleno del hombre «Y puso Adán nombre a toda
bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se
halló ayuda idónea para él.» (Génesis 2:20); ese es el momento en el que
Dios decide diferenciar los sexos en la humanidad, creando varón y hembra,
como nos relata de forma más somera Génesis 1. La razón de esa
diferenciación entre hombre y mujer, es que haya una relación de
compañerismo, apoyo mutuo, ayuda, que la raza humana lejos de vivir en la
alienación que provocaría la unicidad, encuentre en la duplicidad de los sexos
un medio de crecimiento y desarrollo como especie. Parte de ese desarrollo se
da a través de las relaciones sexuales donde el hombre y la mujer se entregan
mutuamente y se funden en uno sólo.
«Algunos han asumido que el acto sexual llegó a ser una práctica impura
cuando entró el pecado en el mundo»[52]. Esta postura es difícil de sustentar
bíblicamente, como los propios Wheat recogen en su libro, Jesús mismo
sancionó y respaldó el matrimonio usando esas palabras del Pentateuco en
Mateo 19:5. Lo que indudablemente sí cambió fue la relación entre el hombre
y la mujer, la forma en la que estos se relacionaban y se consideraban;
previamente a la caída nos encontramos: «Y estaban ambos desnudos, Adán
y su mujer, y no se avergonzaban.» (Génesis 2:25), en cuanto la humanidad
cae la situación muta: «Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y
conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se
hicieron delantales» (Génesis 3:7). Adán y Eva vivían en desnudez, nada les
resultaba vergonzoso o sucio, ni sus cuerpos, ni el uso que de ellos hacían.
Como quiera que desconocemos por completo el tiempo transcurrido entre la
creación y la caída, podemos suponer que esta no fue inmediata, por lo que
Adán y Eva pasarían un tiempo en el huerto, siendo una sola carne,
manteniendo relaciones sexuales, sin que viesen o percibiesen nada negativo,
malo en ello. Cuando Adán y Eva pecan, la situación da un vuelco trágico, el
versículo 7 del capítulo tres ya mencionado expresa que tras la caída sus ojosfueron abiertos; se trata de una expresión que el contexto nos hace entender
como metafórica, no puede estar refiriéndose a los ojos físicos, como órgano
encargado de la visión, porque ni Adán ni Eva eran ciegos o tenían los ojos
cerrados antes de caer en pecado; debería entenderse entonces que hace
referencia a otra situación; en lo que se percibe un cambió no es en los ojos,
ni su visión, sino en lo que ellos entendieron de lo que estaban percibiendo
por sus sentidos; la Biblia usa la palabra ( עַדָי ) yadá; «En esencia, yada’
significa: (1) saber por observación y reflexión, y (2) saber por
experiencia.»[53], el cambio se produce en el conocimiento, en la
comprensión, en la experiencia; Adán y Eva fueron conscientes de su
desnudez, de su fragilidad, de los vulnerables que eran en el área de la
sexualidad, de ahí su gesto de cubrirse, de protegerse. El pecado no hizo malo
el sexo, solo hizo conscientes a los seres humanos de cuan frágiles son en el
área de su sexualidad; perdida la inocencia de la vida ignorante del pecado, se
abre a ellos todo un mundo atemorizante y peligroso en lo que lo creado
«bueno en gran manera» se convertía en “peligroso en gran manera”.
Para evitar esos peligros en la sexualidad, descubiertos a través de la caída,
los seres humanos deben relacionarse sexualmente dentro de los parámetros
originales del diseño de la relación sexual por parte de Dios.
Una sexualidad heterosexual
Frente a la “diversidad” de opciones sexuales propuestas por la ideología de
género, La Biblia nos presenta un Dios que creó una raza humana compuesta
por hombres y mujeres; podría haber creado a la humanidad solo compuesta
por mujeres, o por hombres, o por alguna creación intermedia hermafrodita o
directamente asexuada; sin embargo, el diseño de Dios fue hombres y
mujeres destinados a unirse en una sola carne. Este diseño heterosexual se
manifiesta en la idoneidad de los órganos que Dios ha provisto para tal
efecto; la interacción entre los órganos genitales masculinos y femeninos esta
prevista por diseño de tal manera que esta puede darse de forma que sea
“perfecta”. Las gónadas masculinas y femeninas agrupan la mayor cantidad
de receptores relacionados con la percepción del placer sexual; estos no se
encuentran únicamente ahí, pero sí es donde se encuentra la mayor
concentración de ellas, de forma que la estimulación mutua a través de los
órganos sexuales es la forma más directa y sencilla de alcanzar el placer
sexual. Es posible alcanzar placer en otro tipo de relaciones, como pueden ser
las homosexuales o las autoeróticas, y también puede lograrse a través de la
estimulación de otras zonas erógenas no vinculadas a los órganos sexuales,
pero la forma más “natural”, “habitual” y extendida en el género humano son
las relaciones heterosexuales, y esto encuentra su razón en el diseño mismo
del cuerpo que facilita y prima ese tipo de relación. Cierto que algunos
defensores de la ideología de género aducen que ese hecho es algo cultural,
como Oscar Guasch, que afirma que «la sexualidad humana no está definida
por imperativos biológicos, sino que está sujeta a condicionantes sociales. En
ese sentido la sexualidad no se ajusta a un modelo unívoco, sino que es
profundamente plural»[54]. La realidad estadística insiste en contradecirle,
apoyando la concepción bíblica de una naturaleza sexual heterosexual, y solo
torciendo cifras para alejarlas de la realidad se puede hablar de esa «profunda
pluralidad», así la configuración física de la humanidad como hombres y
mujeres que se relacionan de forma heterosexual resulta avalada por ser la
relación más extendida, alcanzando en Europa el 94,1% de media, y el 92,4%
en el caso más bajo[55], lo que es un porcentaje algo más que destacable para
considerar la opción heterosexual como la opción mayoritaria naturalmente
en el ser humano.
Una sexualidad limitada al matrimonio
Frente a la variedad de parejas posibles, la Biblia nos presenta una unión
entre hombre y mujer que se manifiesta a través de todo el texto bíblico como
excluyente. En el momento mismo de la creación se dice: «dejará el hombre a
su padre y a su madre, y se unirá a su mujer» (Génesis 2:24) marcando así
una exclusividad que alcanza incluso posibles interferencias familiares en el
núcleo de la pareja hombre-mujer. A lo largo de toda la Escritura
encontramos que se condena sin paliativos la rotura de esa exclusividad,
desde el Decálogo, compendio de leyes divinas para los hombres, que dice:
«No cometerás adulterio» (Éxodo 20:14); el adulterio se define como: «En
sentido particular y literal, relación sexual entre un hombre casado o una
mujer que no es la suya, o entre una mujer casada y un hombre que no es su
marido»[56]; o sea, el adulterio supone cualquier tipo de acto sexual fuera del
estricto ámbito del matrimonio, hasta el Sermón del Monte en el Nuevo
Testamento, compendio de las llamadas “leyes del reino”, donde Jesús dice:
«Habéis oído que se dijo: “no cometerás adulterio”. Pero yo os digo que todo
el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su
corazón.» (Mateo 5:27-28), no solo ratificando la ley mosaica, sino
extendiendo el ámbito de la infidelidad matrimonial del acto físico al deseo
codicioso de la mujer ajena. No es posible encontrar ningún lugar en la
Escritura en el que, de alguna manera, aún oscura, se permitan las relaciones
fuera del seno del matrimonio.
En necesario considerar que en cierto período de la historia, y dentro de unas
circunstancias determinadas, se ha dado la poligamia, la posibilidad de que
un hombre se casase de forma simultánea con más de una mujer, pero aún en
esos casos, siempre se consideró la necesidad de que hubiese un compromiso
matrimonial de por medio, y cualquier contacto sexual fuera de ese ámbito
era considerado igualmente adulterio, por lo que no es errado afirmar que a lo
largo de toda la revelación bíblica el acto sexual se limita, al menos bajo la
aprobación divina, al entorno matrimonial.
Una sexualidad monogámica
En la porción ya citada en su momento, Génesis 2:24, usa la expresión «se
unirá a su mujer”, en la construcción idiomática original, que posteriormente
repetirá Jesús, la referencia es en singular femenino, habla de una única mujer
y no de mujeres, reforzando esa idea con la expresión «serán una sola carne»,
también en singular, lo que excluiría la posibilidad de terceras personas
fuesen varones o hembras. En cualquier caso, es necesario reconocer que la
Biblia recoge, sin la menor sanción explícita en contra, la poligamia como
una práctica habitual, al menos en buena parte del Antiguo Testamento.
Tradicionalmente el cristianismo ha justificado esta aparente contradicción
acudiendo a explicaciones de tipo contextual y cultural, argumentando, por
ejemplo:
… Parece que Dios permitió la poligamia para proteger y proveer para la
mujer que no pudiera encontrar un esposo de otra manera. Un hombre
tomaría varias esposas y serviría como el proveedor y protector de todas
ellas. Mientras que definitivamente esto no es lo ideal, vivir en una casa con
poligamia era mucho mejor que las otras alternativas: prostitución,
esclavitud, inanición, etc.[57]
Como refuerzo del argumento basado en el momento de la creación del ser
humano nos encontramos con versículos que disuaden sobre la práctica la
poligamia, por los peligros que esta encierra, Deuteronomio 17:17, por
ejemplo, desaconseja tomar «muchas mujeres» a los reyes, para que su
corazón no se desvíe como le sucedió a Salomón a causa de sus muchas
mujeres (1ºReyes 11); aun cuando no se puede afirmar que se trate de una
prohibición tajante. En el Nuevo Testamento la poligamia ya no era práctica
habitual entre los judíos, pero podemos notar que, al menos los cristianos
parecen descartar tal posibilidad, y siempre que encontremos alguna
referencia al matrimonio y a sus componentes, se tratará de frases escritas en
riguroso singular, siempre habla de esposo y esposa, o marido y mujer, pero
no hay ninguna referencia a esposos, maridos, esposas, mujeres.Este patrón
monogámico se repite en las consideraciones de Jesús sobre el matrimonio,
donde lejos de considerar la posibilidad de la existencia de varias mujeres,
condena como adulterio el que un hombre repudie a una mujer y se case con
otra, cometiéndolo también el que se casa con la repudiada (Lucas 16:18 y
Mateo 5:32)
La tendencia, ya que no es posible hablar de la norma explícita, parece
indicar que el concepto de pareja en el matrimonio diseñado por Dios es el de
una unión monogámica, exclusiva e indisoluble, a no ser en el caso de
infidelidad, y así lo ha asumido el pueblo cristiano a lo largo de su historia; y
ese matrimonio monogámico excluyente sería el ámbito adecuado para la
relación sexual, tal y como la entendemos en las Escrituras.
Una sexualidad santa
Para hablar de una sexualidad santa debemos primero entender el significado
de lo santo. ( ׁשיודָק ) cadósh en el Antiguo Testamento traducido como santo,
consagrado, transmite la idea de pureza moral y separación para un destino;
(ἅγιος) jágios en el Nuevo Testamento recoge la misma idea de pureza y
separación, al punto de que ambos vocablos se identifican de tal manera que
la versión LXX usa el termino griego para traducir el hebreo.[58] Cuando
estamos hablando de sexualidad, la santidad sexual haría referencia a la
separación de ciertas prácticas declaradas como pecaminosas.
El incesto, mantener relaciones sexuales personas unidas por algún tipo de
consanguinidad, se condena en Levítico 18, Levítico 20 y Deuteronomio 27
de forma expresa y específica. También se podría hablar de otro tipo de
incesto, en el que la práctica sexual no es con alguien con quien se mantiene
relación de consanguinidad, sino con un pariente político, este tipo de
relación sexual se condena en Levítico 18 y Levítico 20. Hay un caso
particular de lo que podríamos decir que es algo semejante al incesto: «La
desnudez de la mujer y de su hija no descubrirás; no tomarás la hija de su
hijo, ni la hija de su hija, para descubrir su desnudez; son parientas, es
maldad. No tomarás mujer juntamente con su hermana, para hacerla su rival,
descubriendo su desnudez delante de ella en su vida.» (Levítico18:17-18). Se
trata de mantener relaciones de forma consecutiva con personas a las que une
parentesco. Todas las relaciones anteriores también podrían calificarse de
adulteras por no circunscribirse al matrimonio sino tener lugar fuera de él.
El adulterio, como ya hemos visto con anterioridad la práctica de adulterio,
mantener relaciones sexuales con personas diferentes a aquella con la que se
está unido en matrimonio es condenado de forma clara y transversal en la
Biblia. No hay paliativos, ni eximentes, cualquier relación fuera de aquella
que se mantiene en el ámbito que Dios declara como correcta, el matrimonio,
está fuera de orden y es pecado. Es importante entender a cabalidad a que nos
referimos al hablar de matrimonio, pues esta idea, conforme a los conceptos
bíblicos transciende lo que en el entorno de los estudios de género definen
como pareja o matrimonio; pero este punto concreto será tratado de forma
pormenorizada cuando hablemos, más adelante, de la familia.
La fornicación
En el Antiguo Testamento aparece la palabra en alguna de sus variantes 81
veces, y siempre con una connotación negativa y pecaminosa, ( הָנָז ) zaná,
fornicar tiene el sentido de «indicar “prostitución” a lo largo de la historia de
la lengua hebrea, con matices particulares que surgen de la experiencia
religiosa de Israel»[59]; la cercanía con el pecado de adulterio es evidente
cuando una de las partes es casada, pero en cualquier caso es una relación
sexual tenida fuera del matrimonio, cuya imagen por tratar de mantener
relaciones con alguien ajeno al ámbito donde estas se producen, el
matrimonio, fue usada mayoritariamente como imagen de la idolatría,
mantener relación con un Dios fuera de JHWH; se menciona en relación a
una práctica sexual ilícita en porciones como: levítico 19 o Deuteronomio 22.
En el Nuevo Testamento aparece en 44 ocasiones, también en diferentes
variantes; en este caso fornicación, (πορνεία), porneía, tiene más el sentido
de cualquier tipo de relación sexual ilícita, ya sea adulterio (si bien en
ocasiones se diferencia entre fornicación y adulterio al mencionar ambas
prácticas, en otros casos en que no se menciona el adulterio de forma
específica puede considerarse incluido dentro del sentido de fornicación),
prostitución, sexo extramatrimonial, o cualquier otra práctica considerada
pecaminosa[60]; en ese sentido la encontraos en porciones como Mateo 15,
Gálatas 5, Efesios 5 o Colosenses 3, donde esta práctica es reconvenida y
mencionada con un claro énfasis de relación con el pecado.
El bestialismo
La práctica de sexo con animales se condena también sin paliativos en las
Escrituras; Exodo 22, Levítico 18, Deuteronomio 27.
La homosexualidad
La práctica sexual entre personas de la misma condición sexual, sean dos
hombres o dos mujeres, es también censurada y prohibida de forma explícita.
En el Antiguo Testamento encontramos Levítico 18:22, Levítico 20:13 o
Deuteronomio 23:17 como los más directos y específicos, si bien otras
porciones hacen referencia a esta práctica, como las que contienen el relato
del Lot en Sodoma en Génesis 19 o la acción de miembros de la tribu de
Benjamín en Jueces 19; en cualquier caso, esta conducta es considerada
pecaminosa y es rechazada de forma clara y específica. El Nuevo Testamento
no es menos contundente, a pesar de haber sido escrito en una época en la
que esa práctica sexual recibía cierto grado de tolerancia de la sociedad de la
época, nos encontramos con una porción que relata el origen de esa práctica
en el hecho de haber dado la espalda a Dios en Romanos 1; la advertencia de
la condenación de aquellos que se «echan con varones» en 1ª Corintios 6; o la
inclusión de la sodomía en una amplia lista de pecados en 1ª Timoteo 1, en
todos esos casos la práctica del sexo entre personas del mismo sexo es
calificada en los términos más duros como una práctica reprobable y
pecaminosa. Algunos defensores de la llamada “teología gay” o de la
“teología queer”, incluidos a pesar de sus matices particulares dentro de la
corriente ideológica de género, pretenden que estos versículos no se refieren a
prácticas sexuales en sí mismas, sino a prácticas realizadas dentro de sesiones
idolátricas y que justo eso, la idolatría, es lo que condenan, y no la
homosexualidad. Esta postura es del todo insostenible desde una
hermenéutica y una exégesis ortodoxa, y adolece de posturas apriorísticas al
acercarse a las escrituras desde ópticas casi siempre marcadas por una
decisión de exculpar la postura que se defiende, forzando y torciendo el
significado sencillo y directo de las porciones tratadas.
La lascivia
Aselgeía (ἀσέλγεια), que más que un pecado en sí, parece referirse a una
actitud, «denotando exceso, desenfreno, indecencia, se traduce «lascivia» en
casi todos los pasajes en que aparece»[61] y «sensualidad, lascivia,
licenciosidad, obscenidad, es decir, no tener control sobre las actitudes y
conductas morales»[62]. Resulta especialmente interesante este concepto en el
momento en el que lo aplicamos a la práctica del sexo, pues puede convertir
lo que hasta ahora hemos visto como sexo lícito, bíblicamente hablando, el
sexo heterosexual dentro de la pareja matrimonial, en sexo ilícito si la actitud
de los participantes es dejarse llevar por el desenfreno y el deseo sin control.
En muchos casos, aún dentro de ese concepto de diseño divino, puede
cederse a la obscenidad, el exceso, a la indecencia y la pérdida de control
sobre el propio yo; en esos casos en los que el dominio propio desaparece es
fácil, por no decir inevitable, cruzar la frontera de lo pecaminoso. La lascivia
se cita Marcos 7:22, Romanos 1:27, 2ª Corintios 12:21, Gálatas 5:19, Efesios
4:19. Curiosamente el entregarse a la lascivia es una de las actitudes más
elogiadas por los ideólogos de género cuando se trata el tema de la
sexualidad; así nos encontramos recomendacionesde prácticas solo
calificables como de “extremadamente lascivas” en textos de la ya citada
Beatriz Preciado[63].
Tradicionalmente una de las acusaciones que se ha lanzado contra el
concepto bíblico de la sexualidad es aquella que dice que la religión ha
desterrado el placer de la práctica del sexo, limitando este únicamente a su
función reproductora. No es posible negar que en ciertos momentos de la
historia esta afirmación estuvo cerca de ser cierta, hasta el punto de que la
iglesia, pudo deslizarse por derroteros no del todo bíblicos en este asunto del
placer sexual. Sin embargo en las Escrituras no encontramos esa disociación
entre placer y sexualidad, antes bien la Palabra de Dios recoge expresiones
que exaltan y destacan lo placentero de la sexualidad humana, un ejemplo lo
encontramos en Proverbios 5:17 y 18, donde incluso en un contexto en el que
el autor del libro recomienda huir de la práctica del adulterio, recoge también
expresiones alusivas de forma directa, clara e indubitable, al placer que
proporciona la relación sexual dentro de los límites establecidos por Dios;
expresiones como: “alégrate con la mujer de tu juventud”, “sus caricias te
satisfagan” o “en su amor recréate”, todas ellas manifestaciones de una
relación sexual con un marcado carácter placentero. Si recurrimos al libro que
más expresiones de amor romántico y placentero recoge, el Cantar de los
Cantares nos encontramos expresiones de igual exaltación del placer sexual
desde su mismo inicio: “¡Oh, si él me besara con besos de su boca! Porque
mejores son tus amores que el vino” (Cantares 1:2), “Nuestro lecho es de
flores” (Cantares 1:16); a través del libro: “Como panal de miel destilan tus
labios, oh esposa; Miel y leche hay debajo de tu lengua; Y el olor de tus
vestidos como el olor del Líbano” (Cantares 4:11), “Venga mi amado a su
huerto, Y coma de su dulce fruta” (Cantares 4:18); hasta el final del mismo:
“yo soy de mi amado, Y conmigo tiene su contentamiento” (Cantares 7:10).
Todo el libro recoge imágenes que, interpretadas dentro de su estilo literario,
nos presenta el placer del encuentro emocional, romántico, carnal y sexual
entre aquellos que se aman, dentro del orden establecido por Dios. «Este libro
trata de una manera delicada, exquisita y especial las relaciones íntimas de
una pareja, en el contexto de una unión conyugal. Su enseñanza no es
aplicable a cualquier relación que no esté mediatizada por un amor
auténtico».[64] No hay en todo el texto Bíblico ni un solo verso en el que se
condene el placer sexual, al igual que no es posible encontrar referencia a la
disociación entre sexo y placer. Cuando Dios creó al ser humano diseñó
también la forma en que este se relacionaría sexualmente, y creó los cuerpos
de hombre y mujer, no sólo de forma que encajaran a la perfección, sino
también de que se proporcionaran mutuo placer en el momento de la unión
carnal. Si examinamos el libro de Cantares nos encontramos que el sexo,
dentro del orden establecido por Dios, se presenta como algo deleitoso,
agradable, sensorialmente excitante y apetecible; algo totalmente alejado de
la imagen de sucio y pecaminoso que el algún momento puede haberse
transmitido. La sexualidad humana, como diseño divino, es pues, algo que
agradó a Dios, y que está dentro de lo que la Biblia define como “bueno en
gran manera” (Génesis 1:32), toda vez que está dentro del “ser una sola
carne” que Dios planificó como la forma de relacionarse en pareja la
humanidad.
Llegado este punto sería lícito preguntarse el porqué de las limitaciones en las
que, como hemos visto, Dios ha enmarcado la sexualidad humana. Quizás
podrían estas ser interpretadas como el capricho de un Dios controlador que
busca sojuzgar y oprimir la libertad del hombre imponiéndosele en un área de
tanta importancia como es esta, pero eso sería desconocer por completo el
carácter que de Dios revela el texto inspirado de las Sagradas Escrituras. El
apóstol Juan dice “Dios es amor” (1ª Juan 4:8), y es algo impensable que un
Dios que se caracteriza por ser amor hasta el punto de encarnarse y llegar a
morir en una cruz por amor a sus criaturas, como en múltiples lugares nos
revela su Palabra, se deleite luego en evitar el bienestar y el placer de esas
mismas criaturas. Es asimismo el propio Dios a través del profeta el que dice
a los suyos “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros,
dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que
esperáis” (Jeremías 29:11), lo que excluye cualquier pretensión de atribuir al
creador otra propósito que no sea lograr la paz de sus criaturas; no es posible
imaginar un Dios que se recrea poniendo barreras, dificultades y cortapisas a
su creación simplemente porque sí; sería retorcido y ajeno a lo manifestado
en la Sagradas Escrituras. Dios pone límites para la protección del ser
humano, para asegurar su prosperidad, seguridad, paz y bendición, todo ello
se manifiesta de forma evidente en una serie de pasajes paralelos en los que el
propio Dios manifiesta las ventajas de obedecer sus preceptos y normas:
Levítico 26, Deuteronomio 7 y Deuteronomio 28. Esta obediencia abarca
también lo referido a las normas de relación sexual del ser humano; Dios no
pretende hurtar a su creación el disfrute del sexo, sino más bien
proporcionarle un ámbito en el que el desarrollo de esa área sea placentero,
seguro y pleno.
Los efectos negativos del abuso y la transgresión en el área sexual se hacen
evidentes en nuestra sociedad reforzando la idea de que las normas de Dios
solo buscan proteger a la humanidad que ha creado. Para percibirlo no es
necesario nada más que observar algunos ejemplos que recogen una realidad
sobrecogedora: «Aumentan las infecciones de transmisión sexual, sobre todo
entre los jóvenes»[65], el testimonio del estamento médico apoya esta realidad,
«En los últimos años, las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) han
aumentado drásticamente entre los más jóvenes, según señala la Federación
Española de Sociedades de Sexología (FESS)»[66]. Los efectos de romper los
límites establecidos por Dios se extienden también al clima social que nos
rodea, «7.240 mujeres fueron víctimas de delitos contra la libertad sexual en
España en 2016, 417 más que el año anterior, según los datos del Ministerio
del Interior»[67]; no se limitan tampoco a ese área, afectando también al
aspecto emocional, como se recoge también de forma clara: «Un reciente
estudio longitudinal publicado en el Journal of Abnormal Psychology sugiere
que los adolescentes que practican sexo casual tienen más probabilidades de
sufrir depresión que sus pares que no practican sexo casual»[68].
Los efectos para la sociedad se extienden a todos los ámbitos, y la aplicación
de los modelos divinos redundarían en beneficios a nivel social, de salud,
económico, personal. Cumplir con el modelo de Dios en la Biblia protege a
una sociedad que decididamente le da la espalda a Él y a sus normas
protectoras.
 
4. FAMILIA DE GÉNERO VS TEOLOGÍA DE LA
FAMILIA
 
4.1. FAMILIA DE GÉNERO
El enfoque que los estudios de género y la ideología que de ellos deviene
tienen sobre la familia es diametralmente opuesto al concepto tradicional que
sobre la misma se ha venido teniendo desde los albores de la humanidad. El
concepto de lo que en este trabajo se ha venido a llamar “familia de género”
es un concepto abierto, sin límites ni impedimentos en prácticamente ningún
aspecto; la familia de género puede ser “cualquier tipo de familia” sin que
haya restricciones en el tipo de relación: el género de los mismos, su número,
su estabilidad; encontrándonos casos como el ya citado anteriormente, donde
un hombre de más de 50 años es integrado y “adoptado” en una familia,
como si de una niña pequeña se tratase[69].
Pero el enfoque final de la ideología de género no se limita a la aceptación de
cualquier tipo de relación entre diversos individuos bajo la denominación de
familia, sino que en el fondo subyace el deseo de la desaparición de la familia
como estamento fundamental de lasociedad, como otra forma de subvertir el
orden social actual. El ataque no es a derribar limitaciones en los tipos de
familia, sino que va mucho más allá, hasta la desaparición del estamento
familiar como tal.
Invalidar el sistema heteronormativo de reproducción humana y de las
formas de parentesco -siempre a priori heteronormales- por medio del
desistir de prácticas tales como el matrimonio y todos sus sucedáneos
(ninguna forma de afectación podrá tener como testigo al Estado o su
reterritorialización como “la pareja” o “familia nuclear” dispositivos
privilegiados de heterosexuación de los cuerpos, de los sistemas de
transmisión y legado de los privilegios patrimoniales, económicos y
sociales, propios de las formas de parentesco -patris-monium-)[70]
La revolución final que proponen los ideólogos de género para la sociedad
igualitaria que desean e imaginan alcanzaría sus objetivos finales en el
momento en el que se lograse la desaparición total de la familia, la
inexistencia de matrimonios, organizando la sociedad en familias no
nucleares que ocupen el lugar de lo que hasta ese momento habrá sido la
familia tradicional hetero-patriarcal; una sociedad donde las relaciones entre
los diferentes miembros será múltiple, diversa y variada, sexualmente
liberada y sin vinculaciones afectivas necesariamente duraderas ni
sustentadas en lazos de parentesco de ningún tipo. Una sociedad “fluida”
construida sobre familias “fluidas”.
No se puede acusar a los promotores de la ideología de género de ningún tipo
de disimulo en sus intenciones, pues la manifestación de las mismas no puede
ser más clara. «Hasta ahora hemos atacado a la familia en un doble frente,
poniendo en entredicho aquello entorno a lo que está organizada: la
reproducción de la especie por parte de las hembras su consecuencia, la
dependencia de mujeres y niños. La eliminación de estos elementos
equivaldría a la destrucción de la familia»[71]. 
La “evolución” de este cambio de los conceptos de familia, matrimonio y
pareja, se incluye en un relato crudo y desalentador en la obra de Alvin
Toffler La Tercera Ola, en la que, partiendo de un análisis histórico de la
evolución social y económica de la humanidad, el futurólogo nos presenta
una sociedad, la que él llama la “tercera ola”, en la que la familia tradicional
desaparece ante la aparición de nuevos tipos de familias: unipersonales,
monoparentales, de convivencia (en todas las combinaciones posibles),
grupales, sexualizadas, asexuadas, etc.[72]
Ahora bien, como en toda batalla, el ataque final no se da sin haber
establecido antes una posición ventajosa que merme la fuerza del contrario y
posibilite la consecución del objetivo final propuesto; por ello la ideología de
género no pretende, abiertamente y de principio, la disolución y desaparición
de la familia, sino que intenta ganar posiciones de fuerza debilitando los
fundamentos básicos que la sostienen. El matrimonio es sin lugar a dudas el
área donde más logros han alcanzado en su estrategia. En multitud de países
se ha logrado la modificación del concepto de matrimonio tradicional, para
“abrirlo a nuevas realidades sociales”; así España fue el tercer país en el
mundo, tras Holanda y Bélgica, en legalizar la unión matrimonial entre
personas del mismo sexo, equiparándola legalmente a las uniones
heterosexuales con una ley que reconoce el matrimonio gay y que entró en
vigor el 3 de julio de 2005.
Esta posición contraria al “matrimonio tradicional” o la llamada “familia
nuclear” se sustenta fundamentalmente en la visión que la ideología de
género tiene sobre ambas instituciones, a las que ve como prolongadoras de
una situación de desigualdad que perjudica a sectores tradicionalmente
marginalizados: mujeres, gays, transexuales, etc.
A partir de los aportes de los Estudios de Género y de la teoría feminista, la
familia va a ser cuestionada y denunciada como ámbito de dominación
masculina por excelencia dónde el mandato patriarcal de ser madre opera
como eje organizador de la vida de las mujeres. Las relaciones de poder, las
jerarquías por edad y sexo, la Heterosexualidad Obligatoria, la división
sexual del trabajo, el trabajo doméstico no remunerado, la transmisión de
valores patriarcales, la producción del binarismo sexual y la reproducción
de los estereotipos de género en el proceso de socialización, son algunas de
las categorías producidas por la teoría feminista para visibilizar los
mecanismos de subordinación de las mujeres… … nos referimos a un
orden construido a partir de un sistema sexual binario y jerárquico: mujeres
/ femeninas / inferiores y varones / masculinos / superiores, reforzado, a su
vez, por la esencialización de la sexualidad a través de la imposición de la
Heterosexualidad Obligatoria. En definitiva, este sistema sexo-género como
lo denominó Gayle Rubin, no sólo limita la definición de lo humano a dos
categorías genéricas, varones y mujeres, sino que también disciplina el
deseo sexual para que los sexos opuestos se atraigan mutuamente. Resulta
de suma importancia para nuestro análisis, señalar que la
heteronormatividad del patriarcado conduce a la discriminación e
inferiorización tanto de toda orientación sexual disidente, como de
cualquier identidad genérica que no respete la dicotomía varón-mujer –
léase: travestis, transexuales, intersexuales, transgéneros, lesbianas,
bisexuales, gays.[73]
Ante una visión de la familia como una institución que prolonga la
desigualdad, la opresión y la discriminación, la opción lógica es la
destrucción de tan nefasta estructura, o al menos su transformación en algo
totalmente diferente, hasta el punto de hacerla totalmente irreconocible; de
ahí la multitud de modelos familiares que la ideología de género propone, en
lo que cualquier tipo de unión constituye una familia, y que dan la razón a la
predicción de Morgan, citado por Engels en su obra El Origen de la familia,
la propiedad privada y el estado, «Si en un porvenir lejano, la familia
monogámica no llegase a satisfacer las exigencias de la sociedad, es
imposible predecir de qué naturaleza sería la que le sucediese».[74]
Resumiría la situación esta sentencia del Cardenal Robert Sarah: «Los países
occidentales en cierto modo han decidido aliarse para oponerse frontalmente
y radicalmente a Dios, dictando leyes que destruyen el designio de Dios sobre
la familia y sobre el matrimonio. Hay una voluntad y medios financieros,
técnicos y mediáticos no solamente para romper o destruir sino también y,
sobre todo, diría yo, para acabar con los fines del matrimonio, para
desestructurar y desnaturalizar la célula de la familia»[75].
 
4.2. TEOLOGÍA DE LA FAMILIA
En la Biblia la familia aparece desde sus inicios, como parte del diseño divino
de la humanidad; así la primera recomendación de Dios al hombre es el
establecimiento de una familia, fundada sobre la unión entre un hombre y una
mujer (el matrimonio) y que es parte indisoluble del plan divino para el ser
humano. Así descubrimos que el matrimonio, y la familia que de él deviene,
trasciende la forma de un convencionalismo social establecido a lo largo del
devenir de la historia del hombre, y que, por lo tanto, es susceptible de
evolucionar a la par que lo hace la propia humanidad.
Examinando los dos primeros capítulos del Génesis, que recogen la creación
del ser humano, encontramos que la familia, como institución humana, tiene
su propio inicio en el Edén, en el hombre y la mujer previos a la caída en
pecado; sobre esta base podemos discernir varios aspectos que son claves a la
hora de comprender la esencia misma de la familia y del matrimonio, que
resulta ser su germen:
La familia es una institución fundamentada en la complementariedad de
los dos sexos, diferenciados desde la creación
«Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y
hembra los creó» (Génesis 1:27). Desde un inicio Dios creó dos sexos
diferenciados, destinados a unirse, «Por tanto, dejará el hombre a su padre y a
su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne» (Génesis2:24).
Dentro del plan de Dios para la humanidad, desde el principio se introduce el
matrimonio como germen de una unidad nueva que será la familia, y para que
esa construcción encaje en el diseño divino es imprescindible que se dé entre
un hombre y una mujer; de otra manera rompe el orden establecido
divinamente, pues sólo en la unión entre el hombre y la mujer se encuentra la
complementariedad perfecta a todos los niveles: afectivo, emocional,
espiritual, físico, sexual y reproductivo. Cualquier matrimonio o familia que
transgrede ese orden establecido resulta, a todas luces, fallida en alguno de
los campos en los que Dios diseñó esa unión perfecta definida por la
expresión «una sola carne».
La familia es necesaria para el ser humano
Es Dios el que determina que el hombre no está completo en sí mismo, sino
que precisa de un “complemento perfecto” que no le es posible hallar en toda
la creación, por lo que el propio Dios decide «No es bueno que el hombre
esté solo, le haré ayuda idónea para él» (Génesis 2:18). Es de notar que Dios
no crea otro ser idéntico al hombre; al contrario, lo que crea es un ser, la
mujer, diferente en muchos aspectos: a nivel físico, emocional, psíquico,
conductual, pero a su vez complementario; de forma que ambos en unión
llegan a ser un todo, «una sola carne». El ser humano solo es tal cuando Eva
se une a Adan en el huerto, y constituyen de esa forma el primer matrimonio
y la primera familia. Esta relación es tan necesaria para el buen desarrollo del
ser humano, que también desde el inicio, Dios estipula que el ser humano no
estará exento de familia, sino que lo natural será la “salida” de una familia,
para la conformación de una nueva familia. De nuevo la clave se encuentra en
Génesis 2:24 que dice: «dejará», ( בַזָע ) azáb, literalmente «significa “salir de
algo” o “dejar” […] El vocablo adquiere particularmente el matiz de «dejar a
alguien plantado», o dejar a alguien que depende de sus servicios»[76]; esta
“salida” tiene como único destino ( קַבָּד ) dabác, “agarrar, pegar, unir, aferrar”.
En hebreo moderno el vocablo tiene el sentido de “pegar, adherirse a”. Es así
como de dabaq provienen tanto el nombre “cola o pegamento” como las
ideas más abstractas de “lealtad, devoción” […] El pasaje refleja el uso
fundamental del término: un objeto (o persona) se adhiere o une a otro»[77].
La familia tiene un propósito divino
Tanto el matrimonio, como la familia, tienen un sentido y un propósito que
subyace y sustenta su propia existencia, ambas instituciones, que caminan de
la mano tienen además de su propósito de completar al ser humano, otra
motivación de origen: garantizar la permanencia de la raza humana sobre la
tierra. Dios creó a la humanidad con una intención que se manifiesta en su
primera orden: «Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra…» (Génesis 1:28).
Fue deseo divino que el hombre se extendiese y perdurase en el tiempo, y la
familia, fundamentada en la unión entre hombre y mujer, fue el medio que
determinó para tal fin. La pervivencia de la especie humana está ligada a la
reproducción sexual, y esta solo se da por la unión entre hombre y mujer. No
es posible cerrar los ojos a las posibilidades que los avances en ciencia y
técnica ofrece a la reproducción humana, desde la clonación a la
reproducción in vitro; pero la forma “natural” de fructificar y multiplicarse el
hombre se da dentro de la relación heterosexual entre hombre y mujer; y Dios
determinó que esta relación se diese dentro del matrimonio y de la familia.
Otros métodos de reproducción pueden falsear o soslayar la unión entre
hombre y mujer, pero no proveen al nuevo ser de un ámbito de crecimiento,
desarrollo y cuidado equilibrado y favorables (excepción hecha de los casos
en los que el pecado y la maldad humana pervierten la familia, y que están
fuera de ese diseño divino previo a la caída del hombre).
La familia se sustenta sobre un matrimonio con un carácter exclusivista
La familia está basada en el matrimonio que le da origen, y en este solo hay
dos partes: hombre y mujer; esposa y esposo. Así hemos visto con
anterioridad en este trabajo que cualquier forma de ruptura de esa
exclusividad (el adulterio) es condenada sin paliativos en el texto bíblico; no
hay lugar a terceros, relaciones múltiples, poliamor, relaciones abiertas, etc.
todas ellas nuevas denominaciones o formas de disimular lo que no es otra
cosa que una ruptura del carácter de exclusividad del matrimonio, y por tanto
también de la familia. Es imposible “diseñar” un sistema familiar (excepción
hecha de la familia monoparental resultado del óbito de una de las partes) en
las que de una u otro manera no aparezca el pecado que rompe la
exclusividad de la relación por medio, bien como fornicación, bien como
adulterio. La familia está formada de acuerdo a un diseño divino, por un
hombre unido a una mujer en matrimonio, y el fruto natural del mismo en
forma de hijos si los hubiese.
 
 
La familia es indisoluble en su núcleo
Habida cuenta de que el núcleo y origen de la familia es el matrimonio, y a la
luz de la evidencia bíblica del carácter de indisolubilidad del mismo, sería
correcto manifestar, como reza el título de este párrafo, que la familia es
indisoluble en su núcleo. La revelación Bíblica manifiesta de forma
indubitable que Dios diseñó la unión entre hombre y mujer como un estado
que, una vez que se adquiere, es permanente e indisoluble; así encontramos
en Mateo 19:1-12 y sus paralelos en los evangelios sinópticos, que el
matrimonio no es perenne ni caduco, sino que una vez se produce la unión,
esta solo puede ser disuelta por la muerte que separa a los cónyuges, por ello
es posible afirmar que, en su núcleo matrimonial, la familia es indisoluble y
permanente hasta la muerte de los que conforman ese núcleo origen. Ya
expresamos más atrás que, en el caso de los hijos, la situación difiere, pues es
normal y natural la “salida” de la familia para la conformación de una nueva
familia, teniendo en cuenta que el vínculo familiar con los padres y hermanos
no desaparece por completo, sino que es sobrepasado por el nuevo vínculo
que se establece con el cónyuge y los hijos tenidos con este.
La familia tiene un orden interior que la convierte en el lugar perfecto para
el desarrollo de las nuevas generaciones
Dios no solo creó la familia, sino que la dotó de un orden interno que es
fundamental para su buen funcionamiento. Muchas son las recomendaciones
que encontramos a este respecto a lo largo y ancho de las Escrituras, desde el
propio decálogo que establece la obligación de honrar al padre y a la madre,
núcleo fundamental de la familia, hasta las recomendaciones paulinas sobre
las relaciones entre las diferentes partes de la familia: padre, madre e hijos, o
las que hace a los padres sobre la conveniencia de no «provocar a ira» a los
hijos, recomendaciones que, de ser llevadas a cabo, tendrían como fruto el
establecimiento de familias sanas, en las que los individuos encontrarían el
lugar perfecto para su desarrollo, crecimiento y realización personal. No sería
correcto ignorar que hoy en día muchas familias, tradicionales o no, es
indiferente, no son en forma alguna el lugar seguro y perfecto que deberían
ser, pero no es menos cierto que de seguir las recomendaciones bíblicas al
respecto, sería mucho más fácil que la familia se convirtiese en aquello para
lo cual Dios la diseñó de origen.
La familia tiene un efecto vertebrador de la sociedad
Sería un grave error ignorar que familias fuertes y sanas suelen tener como
efecto la existencia de un sociedad fuerte y sana; esto es así por el efecto
vertebrador que las familias tienen en la sociedad. Cuando la sociedad falla
en el cuidado de sus miembros, las familias sanas no abandonan a los suyos,
sosteniéndolos y manteniendo de esta forma la estabilidad de la sociedad.
Cuando la situación se invierte y son las familias las que fallan y abandonan
sus responsabilidades, la sociedad se ve imposibilitada para sostenerse a sí
misma, pues los malesque dañaron a la familia se transmitirán de forma
inevitable a una la sociedad que al final se compone de los miembros de esas
familias fallidas.
Las familias son fundamentales para el desarrollo integral de la sociedad.
Familias fuertes, saludables y sostenibles, derivan en sociedades fuertes,
saludables y sostenibles (Ignasi de Bofarull, Instituto de Estudios
Superiores de la Familia, Universidad Internacional de Cataluña). Por el
contrario, un debilitamiento de las estructuras y dinámicas familiares
impacta desfavorablemente en la sociedad, al provocar problemáticas que
afectan los indicadores de bienestar en los miembros de los hogares,
especialmente de los menores de edad. Cuando los indicadores de bienestar
se deterioran a nivel familiar -produciendo desatenciones en el cuidado de
los niños, abandono escolar, aumento de adicciones, violencia intrafamiliar,
entre otros- el Estado debe responder con programas y proyectos que
mitiguen las diversas problemáticas, las cuales pudieron evitarse o
reducirse con una atención y protección oportunas a las familias
especialmente vulnerables (Fernando Pliego, Universidad Nacional
Autónoma de México).[78]
De todo lo expuesto hasta aquí resulta evidente que la familia es mucho más
que un convencionalismo social, como en multitud de ocasiones se nos ha
transmitido, se trata más bien una pieza básica y fundamental dentro del
diseño divino de nuestra sociedad; una pieza sin la cual lo que se
desmoronará es la sociedad en sí misma. Si lo que la ideología de género
propone como uno de sus fines, destruir la familia, se llegase a alcanzar,
entonces lo que estaría dañada hasta la muerte será la humanidad misma. Una
sociedad es tan fuerte como lo son las familias que la componen, un ejemplo
claro lo encontramos en la última crisis que nuestro país ha sufrido, y en la
que se ha manifestado el soporte que las familias han supuesto. La familia
resulta ser también el lugar en el que el ser humano encuentra el espacio ideal
para lograr su madurez, «si se acepta la idea de que la salud significa
madurez de acuerdo con la edad, es imposible alcanzar madurez emocional si
no es dentro de un marco en el que la familia se ha convertido en el puente
que permite dejar atrás el cuidado de los padres y pasar a la esfera de la
provisión social»[79], sin familias estructuradas el ser humano no alcanza la
madurez.
Cuidar la familia al estilo de Dios es requisito imprescindible para que el
hombre llegue a ser lo que Dios ha diseñado que debe ser.
 
5. EDUCACIÓN DE GÉNERO VS TEOLOGÍA DE LA
EDUCACIÓN
 
5.1. EDUCACIÓN DE GÉNERO
Como quiera que la ideología de género parte de la premisa de que el género
es una construcción social, algo aprendido en el seno de la familia, la escuela
y la sociedad, a través de un lenguaje y unas costumbres sexistas que
reproducen una estructura heteropatriarcal, la solución natural se encuentra en
el control y el cambio del sistema educativo público, ya que el ámbito
privado de la familia todavía está vedado a una intrusión directa desde el
exterior.
Se considera necesario cambiar los conceptos, ideas y roles que se enseñan a
los niños porque «la familia y la escuela estructuran en niñas y niños el orden
simbólico que la sociedad patriarcal necesita para seguir conservando el
poder. Este orden se asume, de manera inconsciente, como propio y
natural»[80]. Para evitar esta estructuración de la mente de los niños es preciso
controlar, en la medida de lo posible, los espacios en los que se forma a los
más pequeños.
La estrategia es clara y manifiesta, introducir los conceptos y las ideas de
género en las escuelas a fin de “liberar” la mente de los niños de la educación
heteropatriarcal que reciben de forma continua desde su nacimiento; de esta
manera, afectando a las nuevas generaciones se logrará una sociedad más
libre e igualitaria. Este proceder se promueve desde las más altas instancias
educativas internacionales que, a través de sus directivas, informes y
programas, influyen en los gobiernos nacionales para la paulatina
implantación de la ideología de género en la escuela.
La guía UNESCO de Educación Sexual para la Autoafirmación de los
Jóvenes, elaborada en 2009 con participación de asesores del Fondo de la
Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la Organización Mundial de la
Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud (PAHO) y el
Fondo para la Población de las Naciones Unidas (FNUAP-UNFPA),
documento también llamado Directrices Internacionales para la Educación
Sexual, divide a los niños en grupos de edad y recomienda que a partir de
los 5 años los educadores inicien a los menores en técnicas de masturbación
así como la mentalización en los roles de género y en los estereotipos de
género a fin de que tengan una visión acrítica de la libre orientación sexual.
De 9 a 12 años deben ser instruidos en los efectos positivos y negativos de
los afrodisiacos en un contexto de relativismo sexual. A los 12 años se debe
profundizar en las razones para abortar, considerando violencia de género
los impedimentos; para llegar a los 15 años asumiendo el derecho al aborto
y el acceso al aborto seguro. Sabedores de que están vendiendo una
mentira, ofrecen “las vendas” de las heridas que semejante ejercicio libre de
la sexualidad va a producir. Si las nuevas generaciones asumen el aborto
con total naturalidad, todo solucionado.[81]
No se trata de otra cosa que de la materialización e institucionalización de
algunas de las ideas que sobre educación sexual de los niños mantienen
muchos de los ideólogos de los estudios de género
De esta manera los conceptos ideológicos de género son plantados en las
mentes de los niños en el momento en que son más maleables, y
precisamente por figuras que para ellos son de autoridad: los maestros.
Añadamos a lo anterior la influencia de los medios de comunicación
audiovisuales a través de los cuales se difunden, cada vez de forma más
masiva y continua, los mismos ideales, la misma ideología. 
El acceso a los menores se hace a través de dos vías: la comunicación
audiovisual y los centros escolares, y se facilita mediante leyes que
permitan tanto la ideologización solapada como esquivar el tejido protector
que es la familia. La acción directa sobre los niños y adolescentes implica a
escuelas, colegios e institutos ya sea mediante cursillos impartidos por
personas que se introducen sin permiso expreso de los padres, o mediante el
adoctrinamiento previo de un profesorado sin demasiados prejuicios para
tratar, a su manera, unos temas que implican la vida privada del menor y su
escala de valores.[82]
Nos encontramos con la realidad de que la mente de los más pequeños es,
desde su más tierna infancia, sometida a un adoctrinamiento encubierto, pero
continuo, en el que se le transmiten ideas en pro de lograr una mayor
tolerancia, respeto e igualdad, pero que en realidad siembran las mentes
infantiles de conceptos que fomentan la sexualidad libre o el aborto, y que
marginan cualquier idea que pueda ser acusada de ser retrograda, antigua, o
sustentadora de estructuras heteropatriarcales.
Para alcanzar a los más pequeños en la escuela, es preciso primero alcanzar a
aquellos que van a tener en sus manos la formación de los niños: los
docentes. La ideología de género, en este sentido, se ha insertado de forma
eficiente en los ámbitos docentes. La formación de los maestros ya en
ejercicio, se realiza a través de cursos y seminarios que “especialistas” que
trabajan con los profesores introduciéndoles en lo que será una educación de
sus alumnos desde la perspectiva de género. En ese sentido son de sumo
interés los diversos testimonios de la profesora de educación física Alicia
Rubio que relata cómo los profesores son sometidos a cursos donde se les
inculcan los principios de la ideología de género por parte de prestigiados
ponentes, cursos en los que no hay lugar para la discusión ni el debate y en el
que la ideología de género se imparte como una verdad probada, indubitable,
y de obligada introducciónen el aula por parte de los docentes.[83] Otra
estrategia para alcanzar a los docentes, y a través de ellos a los niños, es la
inclusión en los currículos formativos de las facultades donde se forman a los
maestros de contenidos de género; ejemplos de esta segunda medida de
influencia podemos encontrarlo en algunos artículos publicados al respecto y
que manifiestan: «Es por ello que debe hacerse una apuesta por un
currículum con enfoque sexual dentro de los planes de estudio de las
Facultades de Educación, que aborde la importancia de formar futuros y
futuras docentes implicados en estos contenidos».[84]
La línea de actuación es clara: formar a la sociedad en el ideario de género,
haciendo énfasis por su maleabilidad en los más jóvenes, y alcanzar a estos
formando previamente a los maestros; de esta forma en unas generaciones la
ideología de género formará parte integral del pensamiento y visión del
mundo de la sociedad.
Ni qué decir hay que todo se reviste de una pátina de formación en la
tolerancia, la igualdad, la no discriminación y el respeto al diferente, pero el
objetivo final es una ideologización de las nuevas generaciones en un sentido
claro: «Ha de apostarse claramente por una perspectiva de género más
inclusiva que aborde e integre las diversas sexualidades en sus formas más
transgresoras. Tal apuesta forma parte de un continuo proceso que debe
culminar en la aparición de un nuevo concepto de ciudadanía también más
inclusivo»[85]. Una ciudadanía inclusiva que se alcanza a través del
adoctrinamiento en ideas de género de los más jóvenes, en la escuela, el lugar
al que sus padres los envían convencidos de que serán formados sin ser
adoctrinados.
 
5.2. UNA TEOLOGÍA DE LA EDUCACIÓN
Si en algo existe algún punto de coincidencia entre la llamada ideología de
género y la posición bíblica ante la vida, posiblemente sea este: «Instruye al
niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él»
(Proverbios 22:6). Desgraciadamente la coincidencia se acaba en el mismo
punto en el que empieza, pues las bases y fundamentos sobre los que instruir
al niño son radicalmente opuestas.
La Biblia nos muestra un interés de parte de Dios por la instrucción de los
más jóvenes, como ya hemos visto en el versículo de Proverbios, pero no se
limita a decirnos que esto es importante, sino que también nos indica cuál
debe ser el sentido en el que los niños deben ser formados, y a su vez nos
dice quién debe asumir esta faceta de la formación.
Posiblemente, una de las porciones más significativas en este sentido sea la
que incluye el que algunos han dado en llamar el “credo judío”, la Shema,
Deuteronomio 6:4, y aunque todo el capítulo es significativo, destacaríamos
en especial los versículos siguientes: «Y estas palabras que yo te mando hoy,
estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas
estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te
levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales
entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas»
(Deuteronomio 6:6-9). Cuando Dios en el texto Bíblico hace referencia a
“estas palabras, no se refiere simplemente a la mencionada Shema en su
versión amplia, los versículos 4 y 5, sino que si consideramos el contexto
resulta claro que se refiere a «los mandamientos, estatutos y decretos que
Jehová vuestro Dios mandó» (Deuteronomio 6:1). Encontramos el “qué”
claramente definido: hablamos del consejo de Dios, de lo que Dios nos ha
dicho, desde el principio, lo que nos ha enseñado como bueno y malo, como
correcto e incorrecto, como santo y pecaminoso; y estas cosas que nos han
sido dadas por un Dios Santo y Eterno son, como el Dios que las da,
inmutables.
Pueden cambiar las formas culturales, las expresiones sociales de algunas
cosas, pero no cambia lo que Dios ha declarado como principios buenos o
malos. Esos mandamientos inmutables, eternos, esos principios divinos de lo
bueno y lo malo, es lo que nosotros debemos enseñar a nuestros hijos.
También nos dice el “cómo” con expresiones como: «estarán… las
repetirás… hablarás… las atarás… estarán… y las escribirás…»; presencia
continua, mención constante, visual, auditivamente, pero también por el
ejemplo y la práctica. La enseñanza es enfática; si en algo no debían fallar los
padres a sus hijos era en transmitirles las verdades recibidas de Dios. No falta
el “cuándo”: «en casa… andando… al acostarte… al levantarte…», en todo
momento, de forma continua, no hay aspecto de la vida en la que la
enseñanza de las verdades de Dios no pueda enseñarse.
La educación de los más pequeños ha sido labor que generalmente los padres
han cedido en favor de los maestros en las escuelas; este es un error al que el
alto ritmo de vida que nos marca nuestra sociedad nos ha empujado; en
muchas ocasiones ambos padres trabajan, lo que les lleva a estar mucho más
tiempo del que desean fuera del hogar, la permanencia en el colegio en
períodos lectivos o en actividades extraescolares se ha convertido para
muchas familias en el recurso al que pueden recurrir para garantizar el
cuidado de los hijos; por si esto fuese poco, el estado y la hora en la que los
padres retornan al hogar tampoco facilita que las relación que se establece
con los hijos sea la mejor; en muchas ocasiones la función de los padres se
limita a la alimentación, pasar un rato con los niños interesándose por cómo
les ha ido el día, y acostarlos para que descansen de cara a un nuevo ciclo de
colegio, clases, actividades, etc. La salud de la familia no puede menos que
resentirse de esta situación.
La Biblia es en ese aspecto clara al respecto: «Mañana cuando te preguntare
tu hijo, diciendo: ¿Qué significan los testimonios y estatutos y decretos que
Jehová nuestro Dios os mandó, entonces dirás a tu hijo…» Deuteronomio
6:20-21. No es casualidad que este capítulo sea el mismo en el que se recogen
los ya citados relacionados con la “shema”; el énfasis es evidente, hay ciertos
aspectos de la educación de los niños que es área privativa de los padres, y en
la que estos deben aplicarse de forma preferente. El versículo 20 de
Deuteronomio cita: testimonios ( הָדֵע ) edá, estatutos (חיק) kjoc y decretos
( טָּפְׁשִמ ) mishpát; tres términos que definen aquello que los padres deben
encargarse de transmitir a sus hijos, y que ya en parte recoge también el
versículo 1 de ese capítulo, con la variación de traducir ( טָּפְׁשִמ ) mishpát
como mandamientos en lugar de decretos, y omitir testimonios ( הָדֵע ) edá. Es
interesante profundizar en estos términos para poder comprender su alcance.
Testimonios ( הָדֵע ) edá. «…en sentido original de encuentro; asamblea
programada (espec. gentío, o generalmente familia o multitud): compañía,
congregación, cuadrilla, enjambre, grupo, junta, multitud, pueblo, reunión,
reunir, séquito, sociedad. Comp.»[86]; esta palabra usada en este contexto de
enseñanza a los más pequeños parece relacionarse con la historia comunitaria
de Israel como pueblo, de ahí la elección de la traducción como testimonio.
Gran parte del conocimiento de Dios y su voluntad por parte del pueblo judío
estaba íntimamente relacionado con su propia historia como pueblo, desde
sus orígenes a través de la promesa al patriarca Abraham hasta su reciente
salida, en el momento de la la escritura del versículo, salida de la esclavitud
en Egipto en pos de la promesa de una tierra para ellos. La transmisión de ese
testimonio, de esa historia comunitaria que habían experimentado, en la que
habían visto en innumerables formas la mano de Dios cuidando, enseñando y
guiando, se debía convertir en base fundamental de la formación de las
nuevas generaciones. En paralelo, los padres cristianos asumimos la
responsabilidad de transmitir nuestra experiencia personal con un Dios vivo y
real a nuestros hijos; debemos tomarnos el tiempo para, como hizo Lucas a
Teófilo, transmitir esas verdades eternas, «…cosas que entre nosotros han
sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principiolo
vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra» (Lucas 1:1-2). La
transmisión real, viva y transcendente, de forma oral de una experiencia con
Dios real, a nuestros hijos debe ser, en la familia cristiana, parte fundamental
de la formación y educación de los mismos.
Estatutos (חיק) kjoc. «estatuto; prescripción; gobierno; ley; reglamento. Este
nombre se deriva del verbo jaqaq, labrar, determinar, decretar […] en
términos generales se refiere a las «leyes» de la naturaleza […] denomina la
«ley» que proviene de Dios»[87]. La ley, aquellas normas que gobiernan la
existencia se refiere tanto a las dadas por Dios a través de la naturaleza, la ley
natural, como a las dadas específica y directamente por Dios como normas
para el buen vivir del hombre. También es el ámbito del hogar el idóneo para
que el niño se relacione con los decretos, con la ley que tiene su origen en
Dios. En las aulas del colegio los más jóvenes tendrán un acercamiento a la
ley humana, a aquellas normas cívicas de comportamiento que deberán
respetar para no incurrir en delito, pero no será allí donde se les enseñen los
límites de la ley espiritual, aquellas normas dadas por Dios para evitar que
incurran en pecado; muy probablemente ni se les mencionará tal concepto,
básico para una posterior relación correcta con Dios. Nuestra sociedad tiende
a la eliminación de la idea de pecado, sosteniéndose únicamente en la idea de
delito; y deben ser los padres los que acerquen a sus hijos a la idea de una ley
que es, al menos en lo moral y lo espiritual, superior a la ley humana. El
hogar, los padres, son los actores idóneos para acercar a los pequeños a Dios
y a su ley, a sus estatutos y normas, que como ya hemos mencionado en otra
parte de este trabajo, tienen como fundamental razón el protegernos, y no
tanto el de controlarnos o dominarnos, cosa que Dios haría sin dificultad si
así fuese su voluntad. Los niños que carecen de esta área de educación
pueden crecer respetuosos a la ley a la que temen porque la conocen y, sin
embargo, totalmente desconocedores de los límites y normas que protegerán
sus vidas de la espiral autodestructiva del pecado en todas las áreas de su
vida.
Decretos ( טָּפְׁשִמ ) mishpát. «propiamente veredicto (favorable o desfavorable)
pronunciado judicialmente»[88]. Estrechamente vinculado al concepto anterior
de estatutos, sería la parte que hace completo al anterior. Toda ley, cuando es
transgredida, tiene unas consecuencias, unos efectos sobre el transgresor; los
decretos serían la sentencia que acompaña a la transgresión o a la obediencia
de un estatuto. Dios los presenta claramente cuando entrega sus leyes al
pueblo, advirtiéndole de la bendición o de la maldición en la que incurrirán
según cual sea respuesta a sus estatutos. En el caso de la educación de los
infantes, se puede apreciar claramente en la forma en la que se les enseñan las
leyes que rigen las relaciones cívicas entre los miembros de una comunidad:
“Si tú haces o no haces tal cosa, la sociedad te premia o te castiga con esto o
aquello”. Desgraciadamente nuestro sistema educativo ha decidido dejar
fuera la ley de Dios, sus estatutos y preceptos, con lo cual también deja en lo
desconocido los decretos de Dios; y es en el hogar donde los padres deben
acercar a sus hijos a las graves consecuencias que tendrá para ellos el
transgredir la ley de Dios, o las bendiciones que encontrarán en su
obediencia.
Cuando se produce una dejación de esta responsabilidad en el ámbito de la
familia, los niños crecen sin ningún concepto de ley moral divina, lo que les
llevará a convertirse en adultos que no tendrán más frontera moral que
aquella que marca el miedo a la acción punitiva de la justicia en caso de
infracción del código legal, pero que sin embargo estarán dañando su cuerpo,
alma y espíritu traspasando fronteras éticas y morales no recogidas en las
leyes humanas, pero claramente marcadas en la ley divina que no respetarán
por no conocerla, pues no le ha sido enseñada jamás. El niño o niña que crece
sin el conocimiento de Dios y su voluntad manifiesta crece cojo emocional y
espiritualmente, sin poder ser llamado, en plenitud, ser humano, pues carece
de la imagen de aquel que lo creó. Somos seres con cuerpo alma y espíritu,
cuando cualquiera de estas partes se desarrolla sin el crecimiento de las otras,
genera un desequilibrio en el ser humano que solo puede generar monstruos
que devorarán a su propio creador: una sociedad enferma y carente de la
estructura básica que facilita su propio sustento.
Es muy probable que tengamos que entonar un mea culpa cuando miramos
cual ha sido el proceder de muchos cristianos: enviamos a nuestros hijos al
colegio a que los formen académicamente, a la iglesia a que los formen
religiosamente, pero no somos cuidadosos en ser su principal fuente de
formación en todo el tiempo que no están en la iglesia o en el colegio.
Indudablemente nuestros hijos recibirán algún tipo de influencia en el
colegio, de sus maestros, pero si llevan grabada ya en su interior la impronta
de las palabras mandadas por Dios, si ven a sus papas vivir, comportarse y
relacionarse con el mundo de acuerdo a esas palabras, si les proveemos de un
espejo en el que mirarse para ver reflejado ese consejo divino, entonces, «aun
cuando fuere viejo no se apartará de él».
No podemos esperar, ni debemos confiar, que otros hagan lo que nosotros no
hacemos, porque los hijos no son del maestro, ni del pastor o profesora de
Escuela Dominical; los hijos son un regalo que Dios nos hace, y debemos ser
responsables ante Dios y ante ellos de darles el cuidado que necesitan y
merecen.
Si el campo de batalla es la mente de nuestros hijos, Dios nos ha provisto de
las herramientas para poder salir con bien de la confrontación, siempre que
como padres asumamos el coste que tendrá tener que librar esa batalla; un
coste que puede suponer tener que escoger, en un momento dado, entre
ocupar el lugar que nos corresponde asumiendo también la responsabilidad
recibida, o dejar que sean otros, cuyos conceptos personales desconocemos,
los que enseñen a nuestros hijos en aspectos que Dios ha puesto bajo nuestra
responsabilidad.
La formación escolar es necesaria, seguramente no todos los padres tendrán
la capacidad de formar y educar a los hijos en todas las materias y con la
amplitud que se hace en el modelo educativo actual; pero si bien esto es
cierto, no es menos cierto que los padres cristianos deben ser conscientes de
que hay áreas en las que, de no recibir formación en el hogar por parte de sus
progenitores, la formación que puede darse a sus hijos en las aulas de un
colegio será, con mucha probabilidad, contraria a la que la Biblia nos enseña
debe tener un niño para crecer no solo sano intelectualmente, sino también
moral y espiritualmente. A medida que la ideología de género se implante
con mayor fuerza y contundencia en las aulas, más necesario será que nos
apliquemos en la transmisión de los testimonios, estatutos y decretos que
Dios nos ha dado, a fin de que nuestros hijos tengan la información y las
herramientas para discernir lo bueno de lo malo, lo divino de lo humano, lo
legal de lo pecaminoso.
CONCLUSIÓN
 
La ideología de género es una realidad en nuestra sociedad, sus conceptos,
postulados e ideas han conseguido permear de forma transversal nuestra
sociedad afectando a todas las áreas, estamentos e instituciones; esto se
manifiesta en la tendencia a la inclusión de la “perspectiva de género” en
cualquier acercamiento a todo tema que se pueda tratar o imaginar.
Tras el acercamiento realizado a los fundamentos ideológicos principales de
esta corriente de pensamiento en este trabajo, y tras contraponerlos a la
enseñanza fundamental sobre los mismos en las Santas Escrituras, las
conclusiones no podrían ser, a nuestro entender, otras que las que siguen:
a. La ideología de género es una corriente que arrastra a la humanidad
hacia posicionamientos pecaminosos. «Entonces la serpiente dijo a la
mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis deél, serán
abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal»
(Génesis 3:4-5), este versículo recoge en esencia el espíritu que mueve a
esta corriente ideológica: que el hombre ocupe un lugar que le
corresponde solo a Dios. Aquellos que viven de acuerdo a esta corriente
de pensamiento, en lugar de acomodar su vida a los preceptos que Dios en
su Palabra y a través de la propia naturaleza nos transmite, pretenden
ocupar el lugar de la propia divinidad, decidiendo lo que es bueno o malo,
construyendo una humanidad diferente a la que Dios creo según su
imagen, trastocando todo orden moral y espiritual con el que Dios ha
dotado a la creación; y esto no se puede definir de otra forma que no sea
como pecado.
Lo malo es, así lo ponía de manifiesto la investigación de los conceptos
antropológicos (§ 17-20), un intento equivocado, un esforzarse equivocado;
un esforzarse que falla en lo bueno, la ζωή, como el ser auténtico del
hombre y que, por tanto, es malo, en cuan- to que lo bueno es, al mismo
tiempo, lo mandado. Esto es, al mismo tiempo, pecado, rebelión contra
Dios, el cual, como creador, es el origen de la vida y cuyo mandamiento es
un ἐντολήv εἰς ζωή (mandato para la vida») (Rom 7, 10) (§ 21). La
alternativa: acertar o equivocar el auténtico ser significa tanto como la otra
alternativa: reconocimiento de Dios como creador o negación de él. Pero
negar a Dios significa no reconocer la propia situación de criatura. Esto
significa a su vez -ya que todo esfuerzo, incluso el equivocado, al menos en
la intención, apunta a la vida- la locura de buscar la vida allí donde no se
encuentra… [89]
Define así Bultmann, aún sin haberla conocido en su actual extensión, la
esencia de camino hacia lo malo y lo pecaminoso del pensamiento e
ideología de género.
b. La ideología de género pretende ser más sabia que Dios. A pesar de lo
ridículo que para un creyente pueda resultar esta idea, es un principio que
subyace en el fondo de todos los argumentos de la ideología de género.
Dios, o la naturaleza, si preferimos evitar el termino Dios, se equivocó
limitando a solo dos sexos-géneros a la humanidad, esa equivocación se
hace manifiesta en aquellos que nacen en “cuerpos equivocados”. La
sociedad moderna debe trabajar para corregir los errores producidos
reasignando médicamente el sexo errado. Son estás algunas muestras de
ese pensamiento que pone los conceptos humanos por encima de los
divinos. Tristemente, esta línea de argumentación y pensamiento solo
confirma lo que la Biblia también declara, una tendencia en la humanidad
que «Profesando ser sabios, se hicieron necios» (Romanos 1:22). La
humanidad se aleja cada vez más de la sabiduría divina, hundiéndose en
construcciones ideológicas que la empujan al abismo de la ignorancia del
consejo divino: un agujero negro sin Dios que absorbe toda luz de
revelación divina.
c. La ideología de género pretende la imposición de la voluntad de la
humanidad sobre la voluntad de la divinidad. Esta ha sido una
pretensión de la humanidad caída que ha persistido y se ha manifestado a
lo largo del tiempo; siempre la humanidad ha pretendido ignorar la
voluntad divina para imponer sobre ésta la propia. Como hemos
manifestado con anterioridad de forma extensa, la voluntad de Dios sobre
la forma, el género, las relaciones y la organización social y familiar, han
sido claramente manifestadas a través de la naturaleza y de la revelación
escritural. Pretender imponer una voluntad inferior, como es la humana,
contra aquello que Dios ya ha manifestado como su soberana voluntad no
es sino la receta para un desastre. El fin de esta fórmula de querer
sobreponer la voluntad humana a la divina se manifiesta en una pléyade
de verdaderas “aberraciones” que incluyen la mutilación consentida y
deseada del cuerpo, la “violación” química del funcionamiento natural del
cuerpo humano, la transgresión de todo orden natural en las relaciones
sexuales, y un largo etc. ya expuesto; todo para intentar lo imposible,
doblegar la voluntad de Dios respecto al hombre.
d. La ideología de género se manifiesta como una línea de pensamiento
atea. Entendemos aquí atea desde su concepción etimológica: sin Dios.
Esta ideología que hemos tratado hasta aquí manifiesta un carácter
claramente ateo, no tanto por la negación de la existencia de Dios, sino
por la evidente decisión de vivir al margen del mismo. Somos conscientes
de la calificación, y de la descripción de la conducta, que la Biblia hace de
quienes tienen tal pretensión: «Dice el necio en su corazón: No hay Dios.
Se han corrompido, hacen obras abominables; No hay quien haga el bien»
(Salmo 14:1). Vivir sin Dios es una pretensión imposible, allá donde el
ser humano vaya encontrará que el Dios omnipresente está, pero los
ideólogos de género manifiestan de forma continua esa pretensión: vivir
sin la ley de Dios, vivir sin el control de Dios, vivir sin hablar de Dios,
vivir sin pensar en Dios; pero no es posible, pues les guste o no, Dios se
define como «Aquel que todo lo llena en todo» (Efesios 1:23); así pues
vaya donde vaya el hombre, debe saber que allí se encontrará con Dios; y
este asunto no es una excepción a esa regla que manifiesta el Salmo 139:
«allí tú estás».
La ideología de género se manifiesta como: pecaminosa, con la pretensión de
ser más sabia que Dios; contraria a la divina voluntad y atea; ¿y qué puede
hacer el pueblo de Dios ante una corriente que parece imponerse de forma
imparable en la sociedad en la que estamos llamados a vivir? Volver a los
orígenes y aferrarnos a ellos; volver a los principios divinamente inspirados y
manifestados al hombre en la Palabra de Dios; afirmarnos, aún por encima de
lo políticamente conveniente, a unos principios inerrantes que nos han sido
dados a través de la Biblia.
Desde la Reforma el “Sola Scriptura” ha sido uno de los baluartes que
defendían la integridad de la fe y de la doctrina cristiana; “sólo la Palabra es
norma de fe y conducta” es una frase que los cristianos protestantes hemos
repetido de forma incansable a lo largo del tiempo; y a la luz de lo expuesto,
parece que hoy más que nunca debemos retornar a ese concepto protector del
“Sola Scriptura” debemos retornar a una Palabra que nos enseña, frente a las
pretensiones manifiestas de la corriente ideológica de género, los conceptos y
preceptos divinos para absolutamente todo lo existente. Volver a la Biblia y
su enseñanza en cuanto a nuestra identidad, sexualidad, familia y educación
de nuestros vástagos; volver a concepto y preceptos que pueden parecer
superados o anticuados pero que son divinos y, por lo tanto: perfectos y
eternos. No resultará popular ni políticamente correcto; puede que incluso
nos acerque a posiciones peligrosas socialmente, pero nos mantendrá sanos
espiritualmente, porque como nos transmitió nuestro Señor Jesús «¿qué
aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?»
(Mateo 16:26).
La balanza está lista, los platillos cargados, la flecha indicará donde
colocamos más peso. Finalmente, la balanza se inclinará a uno u otro lado
dependiendo de que platillo se cargue más. Es hora de escoger.
Xesús Miguel Vilas Brandón.
Marzo 2018.
 
 
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APÉNDICE. TEOLOGÍA DE LA IGUALDAD
 
En buena manera se puede decir que en la ideología de género se origina un
comprensible deseo de lograr la desaparición de la gran brecha en cuestión de
igualad entre el hombre y la mujer. Consideramos de interés tratar el tema de
fondo de la relación entre hombres y mujeres a la luz de las Escrituras en este
apéndice. Con una clara consciencia de que el asunto es susceptible de un
trato mucho más profundo y pormenorizado, no renunciamos a tratarlo
brevemente como un apunte de lo que podría ser ese trato en mayor
profundidad.
Es necesario reconocer que la desigualdad entre sexos ha sido una constante a
lo largo de la historia. La Biblia recoge esas situaciones de desigualdad, pero
no lo hace como manifestación de la voluntad divina al respecto, sinocomo
reflejo de las sociedades en las que se dio la revelación de esa voluntad. Dios
no hace a la mujer inferior al hombre; en el Edén hombre y mujer son iguales
sin que se haga ninguna referencia a diferenciación entre ellos en cuanto a
nivel, dignidad, funciones o reconocimiento; al punto de que nos
encontramos a Eva con plena libertad de elección y acción, lo que la coloca
en la posición de poder escuchar a la serpiente y decidir comer del fruto sin
necesidad de supeditar tal decisión a la supervisión o anuencia de Adán,
siendo autónoma por completo. Cuando se da el pecado de la humanidad
(Génesis 3), hombre y mujer son juzgados por Dios también en igualdad de
condiciones, cada uno por separado, y de acuerdo a su responsabilidad y
acciones, nunca de forma subordinada. Cabe aquí acercarse con un poco más
de detenimiento a un versículo, «A la mujer dijo: Multiplicaré en gran
manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo
será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.» (Génesis 3:16); encontramos
aquí la primera referencia a algún tipo de supeditación de la mujer al hombre
manifiesta en el momento en el que Dios dice que el marido se enseñoreará
de la esposa. Es importante señalar que Eva está siendo juzgada por Dios de
forma individual, y respecto a su responsabilidad por sus acciones y
decisiones tomadas de forma libre. Dios trata en su juicio de la caída, a
hombres y mujeres de forma independiente, no realiza un juicio al hombre
por las acciones de la mujer, ni a Eva por las decisiones de Adán. Las
consecuencias del pecado son también diversas, y afectan a cada uno de ellos
de acuerdo a sus peculiaridades y diferencias, lo cual es una muestra clara, a
nuestro entender, de la individualización que Dios hace entre hombre y
mujer. Podríamos atrevernos a decir que Dios es el primer “feminista”, en el
sentido de que trata a la mujer de forma individual, de acuerdo a su
responsabilidad, y sin vincularla al hombre, en una forma totalmente
igualitaria.
La sociedad y la religión han reproducido y pervertido el orden original de
igualdad, pretendiendo incluso sustentarlo bíblicamente, diciendo que el
hombre es superior a la mujer; para ello se esgrimen versículos como Efesios
5:22-24.
La corrección hermenéutica nos indica que para establecer doctrina debemos
tomar un panorama amplio de las Escrituras en el que permitamos que estas
interpreten, moderen, definan y expliquen cualquier idea que pretendemos
extraer del texto bíblico, y en este caso lo que encontramos a lo largo de la
Biblia es un trato equitativo de Dios a hombres y mujeres. Así la palabra nos
dice, por ejemplo: «Dios no hace acepción de personas» (Hechos 10:34,
Romanos 2:11), «Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay
varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.» (Gálatas
3:28); indicando de una forma clara y meridiana que, igual que al principio
de la creación, el deseo de Dios no es establecer gradaciones de valor sobre la
diferenciación sexual de la humanidad, sino que la voluntad de Dios en
relación con la humanidad está por encima de jerarquías establecidas en base
a diferenciaciones de género. Sumemos a ello el comportamiento de Jesús,
nuestro referente y guía principal, y observaremos su trato igualitario dado a
hombres y mujeres, aun cuando eso era algo escandaloso en su contexto; trato
igualitario que se manifiesta claramente permitiendo que mujeres tomaran
posiciones que en su cultura y contexto estaban reservadas a los hombres,
como sucede en el momento en el que María está a los pies de Jesús,
escuchando como si de su discípulo preferente se tratase, cuando su lugar
debería haber estado, de acuerdo a los parámetros culturales imperantes, en
una estancia aparte con el resto de las mujeres; o cuando protege de la
“agresión sexista” a la mujer que unge sus pies con perfume, en una acción
que también transgredía todos los órdenes establecidos socialmente en su
entorno, y que él no solo defiende, sino ensalza como una acción con carácter
profético. Encontramos otro ejemplo en el trato dado a la mujer descubierta
en pleno acto de adulterio, que socialmente estaba siendo juzgada sobre base
de desigualdad en relación al varón con el cual estaba adulterando y al que ni
se menciona, pero que a todas luces era tan culpable como ella. A ella Jesús,
con una maniobra cargada de sabiduría, la defiende primero de sus agresores,
y luego no la condena, igual que no se había condenado al varón
“desaparecido”; podríamos añadir otros muchos casos: la mujer sirofenicia, la
mujer samaritana, la mujer con flujo de sangre, etc. Son todos muestra
evidente de que el Dios encarnado jamás mostró ninguna forma de sexismo o
discriminación a la mujer, y ello a pesar de que su encarnación se dio en un
momento histórico y cultural en el que la posición de la mujer era
francamente desfavorable socialmente, baste como muestra la oración
matutina judía tradicional en su momento: “Gracias Dios porque no me has
hecho mujer, perro (esclavo), ni gentil”.
Y no es solo el ejemplo de Jesús el que descubrimos en las Escrituras, sino
que a lo largo y ancho de las mismas nos encontramos a Dios contraviniendo
los convencionalismos sociales que limitaban a la mujer a un papel
puramente anecdótico socialmente, y usando como piezas claves en el plan
redentor a mujeres que socialmente sería parias excluidas, como Rahab la
ramera o Tamar, una mujer deshonrada; elevando a posición de juez sobre
Israel a una mujer como Débora; o elevando a posiciones proféticas, con la
autoridad y relevancia que de ello emanaba, a otras muchas mujeres.
No es posible afirmar, en base a una comprensión exegéticamente correcta de
la palabra de Dios, que la voluntad divina o el evangelio de Jesús, releguen a
la mujer a una posición secundaria, marginada o menoscabadora de su
dignidad; más bien al contrario, sería correcto de acuerdo a la revelación
divina de la Biblia, afirmar que: en la iglesia de Dios, en su cuerpo espiritual
desarrollado bajo gobierno de la cabeza de Jesús, debe ser el lugar en el que
hombre y mujer recuperen, como vuelta a su origen divino, una posición de
igualdad en derechos, dignidad y libertad, pues ambos han sido redimidos por
idéntico coste para alcanzar el estado original que la humanidad nunca debió
abandonar
[1] Todas las referencias bíblicas insertas en este Trabajo, a no ser que se haga constar otra cosa en su
caso particular, están tomadas de la Santa Biblia Versión Reina Valera 1960.
[2] VON MISES , Ludwig. Socialismo. Análisis económico y sociológico. Madrid: Unión Editorial,
2007, pp. 107-108. (acceso online https://www.yumpu.com/es/document/view/38038723/el-socialismo-
analisis-economico-y-sociologico-ludwig-von-mises-pdf 02/01/2107 9:39)
[3] Según Gramsci las fuerzas opresoras solo serían derrotadas cuando las clases oprimidas pudiesen
contraponer una fuerza contraria al menos tan fuerte como la usada por los represores. Aplicado a la
ideología comunista suponía añadir a las clases proletarias otros grupos oprimidos: las mujeres, los
homosexuales, los indígenas, etc. que permitiesen lograr una supremacía hegemónica sobre los
opresores
[4] LAJE, Agustín y MARQUEZ, Nicolas. El Libro Negro de la Nueva Izquierda: Ideología de género
o subversión cultural (Spanish Edition). Grupo Unión. Edición de Kindle. (Posición en Kindle 1376-
1377)
[5] La teoría queer rechaza la clasificación de los individuos en categorías universales y fijas,
considerando que cualquier clasificación resulta impuestas por una cultura en la que la heterosexualidad
https://www.yumpu.com/es/document/view/38038723/el-socialismo-analisis-economico-y-sociologico-ludwig-von-mises-pdf
es norma y obligación. Considera cualquier categoría en base a prácticas sexuales como ficticia,
forzada por una sociedad que las impone por interés político o social. «lo queer sería inclasificable
dentro de las categorías de “hombre”, “mujer”, “gay”, “lesbiana”. Al contrario: lo queer rechaza de
plano que exista algo como un hombre, unamujer, un gay o una lesbiana». así lo define Agustín Laje
en El Libro Negro de la Nueva Izquierda ya citado.
[6] https://c-fam.org/friday_fax/new-un-lgbt-expert-doubles-religious-freedom-describes-entry-points-
homosexual-transgender-rights/ [Accedido 02/01/2018 11:31]
[7] BEAUVOIR, Simone. El Segundo sexo. Buenos Aires: Editorial Siglo Veinte, 1962, p. 109
[8] GARCIA-LEYVA, Patricia. Escritos de Psicología, Identidad de Género: Modelos Explicativos.
Huelva?: Universidad de Huelva, 2005, p. 73
[9] CABRÉ, Yolanda Aixelà. Género y Antropología Social (Spanish Edition) (Posición en Kindle 147-
150). Edición de Kindle.
[10] RUBIO, Alicia. Cuando nos prohibieron ser mujeres ...y os persiguieron por ser hombres: Para
entender cómo nos afecta la ideología de género (Spanish Edition). Edición de Kindle, p. 107.
[11] La heteronormatividad es un complejo sistema social, político, económico y cultural regimentado e
impuesto en el capitalismo patriarcal, cuyo objetivo es la normalización de las relaciones sexoafectivas,
las prácticas sexuales entre personas de distintos sexos y los vínculos heterosexuales de parentesco. El
mantenimiento del régimen es posible mediante el uso de diversos mecanismos educativos, jurídicos,
comunicacionales y religiosos, la acuñación social de costumbres machistas e idealización de la familia
tipo, y a través de la estratégica existencia de instituciones jerarquizadas de control dependientes del
Estado. Gonzalo Rosales, definición de heteronormatividad en
http://rupturacolectiva.com/heteronormatividad-y-heterosexualidad-obligatoria/ [accedido 03/01/2018
09:07]
[12] LAMAS, Marta (compiladora). El género, la construcción cultural de la diferencia sexual. 
¿Ciudad de México?: Universidad Autónoma de Mexico, 2013, p. 24.
[13] VANEGAS , Cesar. Diversidad sexual e identidad de género (derechos de la diversidad sexual)
(Spanish Edition) Edición de Kindle, pp. 41-42.
[14] http://www.hispanidad.com/el-nom-se-quita-la-careta-se-llama-vitit-muntarbhorn-y-asegura-que-
hay-112-sexos-distintos.html [accedido 05/01/2017 08:50]
[15] El listado es recogido por una asociación vinculada a la ideología de género en la siguiente página
web http://genderfluidsupport.tumblr.com/gender/
[16] http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/02/140214_tecnologia_facebook_sexo_aa [accedido
05/01/2018 09:03]
[17] http://thefederalistpapers.org/us/nyc-just-released-a-list-of-officially-recognized-genders [accedido
05/01/2018 09:28]
[18] http://www.elmundo.es/f5/comparte/2017/02/03/586ce2c5ca4741d1778b4674.html [accedido
05/01/2018 10:14]
[19] https://youtu.be/MbiAHnjHlHg [accedido 05/01/2018 09:03]
[20] http://cribeo.lavanguardia.com/fast_news/9480/conoce-a-nano-la-mujer-gato-que-dice-haber-
nacido-en-el-cuerpo-equivocado [accedido 05/01/2018 11:52]
[21] http://www.mundotkm.com/lifestyle/2017/12/27/grace-neutral-la-joven-que-dice-ser-un-alien-
atrapado-en-un-cuerpo-humano/ [accedido 05/01/2018 11:53]
[22] BUTLER, Judith. El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. Barcelona:
Editorial Paidós, 2007, p. 7.
[23] VINE, W.E. Diccionario expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento. Colombia:
https://c-fam.org/friday_fax/new-un-lgbt-expert-doubles-religious-freedom-describes-entry-points-homosexual-transgender-rights/
http://rupturacolectiva.com/heteronormatividad-y-heterosexualidad-obligatoria/
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http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/02/140214_tecnologia_facebook_sexo_aa
Ed. Caribe, 1999, pp. 76.77
[24] Alteración patológica en la que un individuo puede presentar gónadas masculinas y femeninas,
desarrolladas en diferente grado, y en las que normalmente solo una de ellas es funcional.
[25] Alteración física por la cual no se corresponde la apariencia externa y el sexo de un individuo (un
hombre que presenta mamas y apariencia femenina, o una mujer con apariencia masculina).
[26] VINE. Diccionario expositivo, p. 350
[27] CARLSON, D.A. et al. Comentario Bíblico Siglo Veintiuno (Antiguo Testamento). Mundo
Hispano, 2003. pág.497.
[28] VINE, W.E. Diccionario expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento. Versión
digital para e-Sword-X 4.5.1, 2017, bajo nº strong H2896.
[29] https://alex-psicoclinica.blogspot.com.es/2014/12/disforia-de-genero.html [accedido 05/01/2017
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[30] HORTON, Stanley M. Teología Sistemática. Springfield, Ed. Vida, 1984, p. 262.
[31] HENRY, Matthew. Comentario Bíblico de Matthew Henry. Terrassa: Clie, 1999, p. 1644.
[32] Sirva este artículo accesible en línea como muestra: https://www.actuall.com/familia/asi-es-la-
tormentosa-vida-de-los-transexuales-arrepentidos-de-la-operacion-de-cambio-de-sexo/
[33] Artículo accesible en la versión online de la revista Journal of Adolescente Health
http://www.jahonline.org/pb/assets/raw/Health%20Advance/journals/jah/feature.pdf [accedido
04/01/2017 10:12]
[34] SWANSON, James. Diccionario de Idiomas Bíblicos. Versión digital para e-Sword-X 4.5.1, 2017,
bajo nº strong G3340.
[35] SWANSON. Diccionario de Idiomas Bíblicos. bajo nº strong G1994.
[36] HORTON. Teología Sistemática. pág 276
[37] TUGGY, Alfred. Lexico Griego-Español del Nuevo Testamento Versión digital para e-Sword-X
4.5.1, 2017), bajo nº strong G2540.
[38] STRONG, James Diccionario Strong de palabras originales del Antiguo y del Nuevo Testamento.
Versión digital para e-Sword-X 4.5.1, 2017, bajo nº strong G403.
[39] SWANSON. Diccionario de Idiomas Bíblicos. Bajo nº strong G403.
[40] VINE. Diccionario expositivo. Bajo nº strong G3499.
[41] VINE. Diccionario expositivo. Bajo nº strong G859.
[42] STRONG. Diccionario Strong. Bajo nº strong G859.
[43] VINE. Diccionario expositivo. Bajo nº strong G859.
[44] VANEGAS , Diversidad sexual e identidad de género. pp. 41-42.
[45] Grupos de adultos que defienden las relaciones sexuales con menores como una expresión de amor.
[46] FIRESTONE, Shulamith. La dialéctica del sexo. Barcelona: Kairos, 1976. p. 261.
[47] FIRESTONE. La dialéctica del sexo. p. 10.
[48] Manada de Lobxs. Foucault para encapuchadas. Buenos Aires: Ed. Milena Casserola, 2014, p. 13
[49] “La heterosexualidad provoca daños en la mujer”. La Gaceta. 15/06/2015 [ disponible en línea] 
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[consulta el 05/01/2018 15:43]
[50] IRASUSTE, Andrés. La revolución sexual anglosajona y la psiquiatría hoy. El ascenso de
Gamínedes. Montevideo: Edición de autor (Licencia Creative Commons), 2015, pág. 246. [citado por]
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[51] STRONG. Diccionario Strong. Bajo nº strong H1320.
[52] WHEAT, Ed y Gaye. El Placer sexual ordenado por Dios. Mexico DF: Grupo Nelson, 1980. pág
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[53] VINE. Diccionario expositivo. Bajo nº strong H3045.
[54] GUASCH, Oscar. La Crisis de la heterosexualidad. Ed. Laertes, s.f. pág 114 [consultado en linea]
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[55] “España segundo país europeo con más población LGTBI”. 20 Minutos. 129/10/2016 [ disponible
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[56] VILA/ESCUAIN. Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado. Terrassa: Clie, 1985. pág 27.
[57] https://www.gotquestions.org/Espanol/poligamia-bigamia.html [Accedido el 09/01/2018 15:50]
[58] VINE. Diccionario expositivo. Bajo nº strong H6944.
[59] VINE. Diccionario expositivo. Bajo nº strong H2184.
[60] VINE. Diccionario expositivo. Bajo nº strongG4202.
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[62] SWANSON. Diccionario de Idiomas Bíblicos. Bajo nº strong G766.
[63] PRECIADO, Beatriz. Manifiesto contra-sexual. Prácticas subversivas de identidad sexual. Madrid:
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[64] GONZALEZ, J.M. “Sexualidad y el libro de Cantares” Protestante Digital. 9 Julio 2017.
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[65] https://www.20minutos.es/noticia/3053864/0/aumentan-infecciones-tranmision-sexual-jovenes-its-
preservativo/ [consultado el 4/04/2018].
[66]https://www.actasanitaria.com/dimes_y_diretes/los-jovenes-cada-vez-mas-vulnerables-a-las-ets/ 
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[67] https://www.medicosdelmundo.org/actualidad-y-publicaciones/comunicados-de-prensa/violencia-
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[68] http://psy.co/un-vnculo-entre-la-promiscuidad-sexual-y-la-depresin-en-adolescentes.html
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[69] https://youtu.be/MbiAHnjHlHg [consultado 05/01/2018 09:03]
[70] Manada de Lobxs. Foucault para encapuchadas. P. 13
[71] FIRESTONE. La dialéctica del sexo. p. 26.
[72] TOFFLER, Alvin. La tercera ola. Bogotá, Plaza & Janes Editores, 1980.
[73] GUERRA, Luciana. Familia y Heteronormatividad. [Consultado en linea]
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[accedido 09 marzo 2018 09:51]
[74] ENGELS, Friederich. El origen de la Familia, la propiedad privada y el estado. Edición digital,
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[75] SARAH, Robert. Conferencia “La familia frente a la ideología de género” Instituto Berit de la
Familia y Cátedra “Santa Teresa de Jesús” de Estudios sobre la Mujer Universidad Católica “Santa
Teresa de Jesús” de Ávila, Ávila, 24 de mayo de 2016
[76] VINE. Diccionario expositivo. Bajo nº strong H5800.
[77] VINE. Diccionario expositivo. Bajo nº strong H1692.
[78] ROSALES, Jesús. La importancia de la Familia y de su función en la sociedad.
https://www.enfoquealafamilia.com/single-post/2016/08/22/La-importancia-de-la-familia-y-de-su-
función-en-la-sociedad [accedido 07/03/2018, 12:29]
[79] http://www.psicoanalisis.org/winnicott/lafamaem.htm [consultado el 9/04/2018]
[80] DÍAZ, Alba. “Educación y género”, Colección Pedagógica Universitaria. Número 40, Julio-
Diciembre 2003. Consultado en internet
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[Accedido 07/03/2018, 16:35]
[81] RUBIO , Alicia. Cuando nos prohibieron ser mujeres ... pp. 319-320.
[82] RUBIO , Alicia. Cuando nos prohibieron ser mujeres … pp. 319-320.
[83] RUBIO , Alicia. Cuando nos prohibieron ser mujeres … pp. 29-30.
[84] BEJARANO, Maite y MATEOS, Antonio. “Género y Sexualidad en la formación inicial de
maestros y maestras. ¿Por qué no un currículum sexual? Exedra, Suplemento Sexualidade, géneros e
educaçao. Coimbra, ESEC, 2014. P. 144
[85] BEJARANO, Maite y MATEOS, Antonio. “Género y Sexualidad en la formación inicial de
maestros y maestras. ¿Por qué no un currículum sexual? p. 129
[86] STRONG. Diccionario Strong. Bajo nº strong H 5712.
[87] VINE. Diccionario expositivo. Bajo nº Strong H2706.
[88] STRONG. Diccionario Strong. Bajo nº Strong H 4941.
[89] BULTMANN, Rudolf. Teología del Nuevo Testamento. Salamanca, Ed. Sígueme, 1981, p. 287
https://www.enfoquealafamilia.com/single-post/2016/08/22/La-importancia-de-la-familia-y-de-su-funci%25C3%25B3n-en-la-sociedad
https://cdigital.uv.mx/bitstream/123456789/5601/2/Eb%2520alba%2520diaz%2520genero%2520educacion.pdf