Vista previa del material en texto
TEOLOGÍA DE GÉNERO UNA RESPUESTA BÍBLICO TEOLÓGICA A LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO TFG PRESENTADO EN LA FACULTAD DE TEOLOGÍA ASAMBLEAS DE DIOS CURSO INSTITUCIONAL POR Xesús Miguel Vilas Brandón La Carlota (Córdoba) 20 marzo de 2018 TEOLOGÍA DE GÉNERO UNA RESPUESTA BÍBLICO TEOLÓGICA A LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO DEDICATORIA A mi padre, que me ha precedido volando más allá, donde me espera. Siempre recuerdo su ejemplo. A mi madre Carmen y mi hermana Sara, me habéis enseñado que la familia es para siempre. Me gusta saber que estáis ahí. A mi esposa Tamar. Sabes que lo que soy, lo que algún día llegue a ser, es solo mérito tuyo. Gracias, me completas y te amo. A mi hija Natane. Has logrado que crea que me es posible hacer algo bien en este mundo: Tú. Contenido DEDICATORIA INTRODUCCIÓN 1. UN ACERCAMIENTO HISTÓRICO A LA GÉNESIS DE LOS ESTUDIOS DE GÉNERO Y SU IDEOLOGÍA 2. IDENTIDAD DE GÉNERO FRENTE A TEOLOGÍA DE LA IDENTIDAD 1. IDENTIDAD DE GÉNERO 2. TEOLOGÍA DE LA IDENTIDAD 3. SEXUALIDAD DE GÉNERO VS. TEOLOGÍA DE LA SEXUALIDAD 3.1. SEXUALIDAD DE GÉNERO 3.2. UNA TEOLOGÍA DE LA SEXUALIDAD 4. FAMILIA DE GÉNERO VS TEOLOGÍA DE LA FAMILIA 4.1. FAMILIA DE GÉNERO 4.2. TEOLOGÍA DE LA FAMILIA 5. EDUCACIÓN DE GÉNERO VS TEOLOGÍA DE LA EDUCACIÓN 5.1. EDUCACIÓN DE GÉNERO 5.2. UNA TEOLOGÍA DE LA EDUCACIÓN CONCLUSIÓN BIBLIOGRAFÍA APÉNDICE. TEOLOGÍA DE LA IGUALDAD Nuestra vida expresa el resultado de nuestros pensamientos dominantes Soren Kierkegaard INTRODUCCIÓN Los estudios de género y la ideología que de ellos deriva, son asunto de amplísima difusión en los años transcurridos de nuestro milenio, convirtiéndose en un ataque en toda regla a muchos de los principios cristianos fundamentales, y teniendo un efecto “disolvente” sobre cuestiones que siempre se han considerado pilares de la fe y la practica cristiana. Así, asuntos como la sexualidad, la familia, la creación, la soberanía divina, pretenden ser “destruidos” de forma “científica” por esta línea de pensamiento. Añadamos el hecho de la existencia de una gran cantidad de material que apoya y difunde esta corriente ideológica, amplificando su influencia en áreas tan importantes como los poderes públicos (legislativo, judicial y ejecutivo), los partidos políticos, los medios de comunicación, la educación y la familia. Por si esto fuera poco esta corriente ideológica está mostrando un carácter marcadamente totalitario, pretendiendo imponer lo que consideran “El Derecho Fundamental”, a otros como los de libertad de expresión, o de religión, considerados temas menores a subordinar. Ante esta situación, en la que nuestros principios y bases fundamentales se encuentran bajo asedio ideológico, se hace necesario reforzar, sobre la base de las Escrituras y de su revelación, los fundamentos que están siendo atacados; es necesario responder a una pregunta fundamental: ¿Que dice Dios en La Santa Biblia, sobre todas estas ideas? Así seguiremos la recomendación del Apóstol Pedro en su primera epístola, en 3:14, donde conmina a los creyentes con estas palabras «estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros».[1] 1. UN ACERCAMIENTO HISTÓRICO A LA GÉNESIS DE LOS ESTUDIOS DE GÉNERO Y SU IDEOLOGÍA Si bien la posición ideológica que los estudios de género aparejan ha disfrutado de gran difusión en los últimos tiempos, en especial desde el inicio del nuevo milenio, la realidad es que su génesis es muy anterior a este período de auge, expansión e imposición de sus conceptos ideológicos en nuestra sociedad. Existe un buen número de autores que reconocen el inicio la llamada ideología de género como parte de un movimiento de renovación dentro de la izquierda, fruto de la caída de la URRS y del “telón de acero”; sería un intento de revitalizar y dar nuevo impulso a la lucha de clases que una buena parte de la izquierda había sostenido durante prácticamente todo el pasado siglo XX, y que amenazaba con desaparecer tras la “catarsis” que sufrió el bloque soviético en los años 90. La realidad nos muestra de forma bastante evidente que los llamados “estudios de género”, que derivarían en lo que hoy se denomina de forma casi global “ideología de género”, independientemente de su filiación o cercanía a posicionamientos políticos generalmente alineados con la izquierda, tiene su origen en los movimientos de liberación feminista, y estos han evolucionado, cada vez más, hacia un carácter político transversal, no asignable a una sola corriente de pensamiento, y con manifestaciones en todas las tendencias presentes en el espectro político. Es en los primeros textos decididamente feministas donde encontraremos los primeros retazos de pensamientos que derivarán, con el transcurso del tiempo y llevados por una deriva hacia la radicalidad, en la base de pensamiento de la ideología de género; así podría citarse a Wollstonecraft, Olympia de Gouges, Stuart Mill, y otros autores que desde el S. XVIII denunciaron la posición de desventaja política y social que sufría el sexo femenino. Una corriente que reivindicaba una posición paritaria entre hombres y mujeres, y que ciertamente atendía a razones de justicia social; esta corriente fue creciendo y desarrollándose a lo largo del tiempo, logrando pequeños avances que fructificarían con el “sufragismo” y la consecución del voto para la que había sido una mitad silenciosa y silenciada de la sociedad. A ese paso logrado en la primera mitad del siglo XX, seguirían in crescendo, otras reivindicaciones feministas; así mientras muchas se mantendrán dentro de lo que en justicia es de reclamar (paridad salarial, igualdad de derechos y deberes, etc.), otras adquirirán matices de radicalidad que llevarán a la temprana llamada de atención por parte de algunos teóricos de cierto renombre como Von Mises, que ya en 1922 realizó la siguiente advertencia. Mientras el movimiento feminista se limite a igualar los derechos jurídicos de la mujer con los del hombre, a darle seguridad sobre las posibilidades legales y económicas de desenvolver sus facultades y de manifestarlas mediante actos que correspondan a sus gustos, a sus deseos y a su situación financiera, sólo es una rama del gran movimiento liberal que encarna la idea de una evolución libre y tranquila. Si, al ir más allá de estas reivindicaciones, el movimiento feminista cree que debe combatir instituciones de la vida social con la esperanza de remover, por este medio, ciertas limitaciones que la naturaleza ha impuesto al destino humano, entonces ya es un hijo espiritual del socialismo. Porque es característica propia del socialismo buscar en las instituciones sociales las raíces de las condiciones dadas por la naturaleza, y por tanto sustraídas de la acción del hombre, y pretender, al reformarlas, reformar la naturaleza misma.[2] Resultó Von Mises profético, pues una parte del movimiento feminista se lanzó por la pendiente de la más combativa radicalidad sobre la que él alertaba, empujado, o cuando menos impulsado por el pensamiento de reconocidos teóricos, como el materialista Engels a través de su libro El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, donde preconiza la desaparición de ciertas instituciones como el matrimonio o la familia tradicional. Esta evolución del pensamiento feminista más radical ha logrado permear e influir de forma transversal a todos los ámbitos y posiciones ideológicas de nuestra sociedad a través de la ideología de género, que bebe directamente de las fuentes de ese feminismo revolucionario más extremo. El feminismo revolucionario fue incluido, durante buena parte del S.XX dentro del proceso hegemónico, postuladopor Antonio Gramsci en su teoría política[3], y que la izquierda más cercana al movimiento comunista impulsaba desde la antigua URRS, asumiendo así algunos postulados de esa corriente ideológica como propios. Con estos orígenes, las ideas más anticristianas y contrarias a los fundamentos bíblicos se imponen en la línea más dura del feminismo radical, que sostiene líneas ideológicas defensoras de: la educación estatal o grupal de los menores, el amor libre, el sexo como actividad recreativa desligada del amor, la disolución de la familia, el aborto libre y sin restricciones como método anticonceptivo y otras ideas de similar calado. Con la llegada de los convulsos años 80 y 90 del pasado siglo, el bloque comunista sufre las más diversas convulsiones de tipo social y político, que por último devendrán en el derrumbe del citado bloque, la disolución de la URSS, la caída del muro de Berlín, y la aparente desaparición de su fuerza ideológica. La realidad, sin embargo, es que muchos de los postulados que en su momento defendieron los países comunistas pervivieron, en casos de forma casi anecdótica como es el reducto resistente de la revolución castrista de Cuba; en otros casos viven un renacer en los regímenes de carácter socialista revolucionario (caso de Venezuela), o en movimientos de marcado carácter indigenista en otros países de Latinoamérica. Más allá de esa persistencia ideológica que puede ser considerada residual, el feminismo permeó a la sociedad capitalista occidental desde movimientos revolucionarios como fueron el del mayo francés de 1968; instalándose de forma estable, firme e influyente en nuestra sociedad. Como parte de la teoría de la “hegemonía de clases” ya mencionada, la ideología derivada de ese germen feminista revolucionario más radical busca la anexión de nuevas “clases sociales” marginadas que puedan unirse a su causa y a su combate por cambiar la sociedad que les “oprime”. El feminismo más extremista se une en una alianza en pro de la libertad e igualdad de derechos, con los grupos de gays y lesbianas, y posteriormente con los colectivos transexuales. Se origina así «el feminismo culturalista, radical y/o neomarxista como tercera ola, responsable de la germinación de la llamada “Ideología de Género”»[4]. La adaptación e inclusión de los intereses particulares de los grupos añadidos a la corriente ideológica feminista radical, llevará aparejado también la asunción de postulados ideológicos queer[5]; así como la asunción por parte los colectivos LGTB de ciertos postulados fundamentales de la corriente feminista. Esta amalgama de ideas y principios ideológicos de variado origen y tendencia resulta en la llamada Ideología de Género. Esta corriente de pensamiento feminista revolucionario, que integraría, como hemos expuesto a grupos homosexuales y transexuales, se asienta entre otras, sobre las ideas filosófico-políticas de la pareja Sartre-Beauvoir, a los que algunos consideran los verdaderos padres de la ideología de género. Propuestas como la de que el ser humano es únicamente lo que hace de sí mismo, que la mujer y el hombre son conceptos construidos socialmente, etc. tienen su germen en obras de los citados, como por ejemplo El Segundo Sexo, de Simón de Beauvoir, obra en la que se introduce la idea de que el sexo es meramente circunstancial, casi un fortuito accidente natural, mientras el género, lo que la persona construye, lo es todo. Estos conceptos, base ideológica del pensamiento de género, serán refrendados, apoyados, e incluso llevados más al extremo en autoras como Kate Millet, Shulamith Firestone, Zilla Einsenstein que con sus trabajos van colaborando en la definición, construcción, desarrollo y sustento ideológico de las ideas de género: hetero-patriarcado, liberación sexual, subversión a través del sexo, etc. Con el nuevo milenio, la ideología de género que se había venido gestando en la segunda mitad del S.XX adquiere una penetración política y social sin precedentes, transcendiendo decididamente los límites que en algún momento podrían haber marcado su origen anclado en el feminismo, e influyendo en todas las áreas de nuestra sociedad occidental, desde los medios de comunicación a los parlamentos nacionales, pasando por los centros educativos, las asociaciones de defensa de los derechos de los grupos marginados o desfavorecidos, los partidos políticos, las asociaciones culturales y artísticas, los deportes o cualquier otro ámbito de desarrollo social del ser humano; hasta el punto de ser posible afirmar que vivimos la “Era del Género”, visto el grado de influencia de esta ideología en nuestro vivir diario. Así las cosas, es de justicia reconocer a Cesar lo que de Cesar es, esta corriente de pensamiento ha ayudado a lograr el equilibrio social y de derechos de ciertos grupos que de forma injusta e injustificable habían sido mantenidos en un estado de menoscabo de derechos civiles y sociales, reclamando para ellos visibilidad en igualdad de condiciones. La desgracia es que, como la historia nos ha mostrado en innumerables ocasiones, la tendencia de la sociedad humana es a reproducir el movimiento del péndulo, pasando de un extremo al otro sin detenerse en el justo centro, que sería sin lugar a dudas el punto de equilibrio. Así, los que un día fueron oprimidos, no sólo aspiran a la igualdad de condiciones con los que fueron sus opresores, sino que basculan hacia el lado del opresor, no contentándose con la paridad y buscando una “compensación” de los males sufridos. Tal parece que puede ser al caso de la ideología de género, que de un punto de reclamación de los justos derechos de grupos a los que se habían menoscabado los suyos, bascula a una posición donde algunos, al amparo del pensamiento de género, pretenden una imposición global de ideas que son justo eso: ideología o pensamiento, y no verdades universales irrefutables como algunos parecen pretender. Hoy la posición dominante de la ideología de género ha alcanzado las más altas cotas de poder e influencia posibles, llegando a poner en duda los que otrora eran defendidos como “derechos inalienables” del ser humano o, al menos, supeditándolos a lo que se definen como “derechos de más alto rango”. Un ejemplo de esto lo encontramos en las respuestas dadas por Vitit Muntarbhorn, experto independiente de la ONU sobre orientación sexual e identidad de género, a preguntas realizadas por Henk Jan van Schothorst, del Consejo Transatlántico Cristiano; sobre sus líneas de trabajo. Muntarbhorn manifestó: «Hay algunos derechos absolutos, pero hay algunos que no son absolutos; la libertad de expresión y la expresión de la religión no son derechos absolutos y podrían reducirse si fuera necesario»[6]. Cierto que el señor Muntarbhorn podría referirse al derecho a la vida, y en ese aspecto su postura posiblemente sea asumida de forma bastante general, pero a lo largo de su intervención también se refiere a otros derechos que considera fundamentales para el colectivo LGTBI, como son el derecho a influir en la educación o en la legislación, derecho que sin embargo negaría a la expresión religiosa que sí debería ser coartada o limitada en esos ámbitos en los que reclama carta abierta la ideología de género. Analizaremos en adelante diferentes posiciones de la ideología de género, y su contrapropuesta desde una óptica bíblica. 2. IDENTIDAD DE GÉNERO FRENTE A TEOLOGÍA DE LA IDENTIDAD 1. IDENTIDAD DE GÉNERO Una de las premisas fundamentales de la ideología de género es la distinción trazada entre sexo y género, esta se atribuye a la pensadora feminista Simone de Beauvoir que afirmaba sobre el sexo femenino: «No se nace mujer: se llega a serlo. Ningún destino biológico, psíquico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; es el conjunto de la civilización el que elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica de femenino»[7]; de esta forma, establecía una diferencia entre las características físicas con las que se arribabaa este mundo, y lo que en realidad la persona venía a ser; postulaba además que esto último era producto de la “elaboración” de la sociedad, negando de facto ninguna influenciada al sexo biológico del nacimiento. Esta idea de la feminista radical de la primera mitad del s. XX apoyada en la filosofía del que entonces era su pareja, el marxista y existencialista Jean Paul Sartre, resulta en pilar fundacional de la ideología de género, que asume como verdad indubitable la existencia de diferencias entre sexo y género; así el sexo referirá únicamente a las características físicas y genéticas con las que un ser humano nace, y que vienen marcadas por su capacidad reproductora y los órganos externos que le definirán como hombre o mujer; y frente a esta categorización taxonómica sobrevenida se encontraría el género, que es la forma en la que el ser humano, en sociedad, y normalmente bajo la influencia “opresora” de esta, construye su propio ser. Cuando crecemos, al mismo tiempo que desarrollamos la conciencia de ser un individuo distinto de los demás, el denominado self existencial, adquirimos el self sexual, la autocategorización como hombre o como mujer, y junto con éste el self de género. La división biológica que traemos conlleva diferencias reproductivas pero no diferencias actitudinales, normativas, conductuales o de roles. Todo ello es producto de la asignación social. La identidad de género es la autoclasificación como hombre o mujer sobre la base de lo que culturalmente se entiende por hombre o mujer.[8] Entienden los pensadores de género que, como expone la psicóloga Patricia García-Leyva, la sociedad termina imponiendo su categorización de forma forzada, normalmente alineada con el sexo con el que se ha nacido, pero sostienen que esto no se da así porque el sexo de nacimiento tenga una influencia real y definitoria sobre lo que el ser humano es, sino que es producto de la enseñanza general de la sociedad, del entorno del recién nacido, posteriormente del sistema educativo… y así en una larga y férrea cadena, que en ocasiones se forja de forma inconsciente por lo actores, pero que termina por forzar la correlación entre el sexo de nacimiento y el género asignado y asumido. De esta forma, las relaciones entre los seres humanos no serían plenamente libres, sino que han sido programadas socialmente de acuerdo a unos cánones no naturales, sino fruto del devenir evolutivo e histórico de la humanidad, desde su descenso de los árboles para convertirse en los primeros homínidos hasta nuestro punto de actual desarrollo social humano. El concepto “género” es la variable que permite considerar al sexo como categoría analítica, es el factor a partir del cual se realiza el análisis de la construcción sociocultural de los sexos desde el plano ideológico. El género facilita el marco en el que se construyen y recrean las relaciones entre hombres/mujeres; por ello, se debe analizar como resultado de un conjunto de factores sociales, culturales e históricos.[9] Así los denominados “antropólogos de género” estudian las diferentes sociedades humanas e incluso animales para buscar retazos de los que sería la esencia de género del ser humano libre de ataduras heredadas socialmente, se muestra como evidencia los vestigios de sociedades de carácter matriarcal, como serían las míticas amazonas, en las que personas de sexo femenino tomaban los roles de varones comportándose como si su género fuera ese, sociedades animales donde las hembras se imponen a los machos como es el caso del bonobo;[10] estos casos, evidentemente excepcionales y fuera de lo naturalmente habitual, son evidencias de que otras sociedades son posibles, sociedades donde los roles no han sido determinados de la misma manera, y que tienen como resultado grupos más libres , sanos y equilibrados. El derrotero evolutivo de nuestra sociedad viene determinado, según esta línea de estudio antropológico, no por las condiciones que naturalmente pueden distinguir al hombre de la mujer, sino por una imposición y subyugación de las hembras por parte de los machos, apoyados en su desarrollo físico, y que ha impregnado y marcado las sociedades que de esos grupos surgieron y, por ende, la humanidad casi a su completo, pues históricamente esas sociedades marcadas por la heteronormatividad[11] patriarcal se impusieron a otras con paradigmas diferentes. Con esta explicación se sustenta la idea de que todo lo que rodea al ser humano, desde su mismo nacimiento, está empujándole hacia una posición socialmente aceptada, educándole en asumir un rol de género que sea coincidente con el sexo atribuido con el nacimiento, así desde los colores de la ropa, el nombre que se le da al recién nacido, la forma de dirigirse a él, los pañales que se escogen, los juguetes, la educación reglada, etc. todo tiende a forzar la asunción de un género, y de un tipo de relaciones sexo-afectivas acordes con una normatividad que no es necesariamente natural. Inevitablemente, fruto de esta situación, la sociedad reproduce aquello que considera normal usando para ello todas las armas de las que dispone, que son a entender de la ideología de género, las que los estados alineados con esa normatividad consideran naturales. Aquellos alineados con la ideología de género ven en todo una herramienta de la sociedad y de sus estados para seguir imponiendo una norma heterosexual sobre lo que sería una elección de género libre. Podríamos usar como botón de muestra de ese arsenal ideológico el lenguaje, que empuja a una separación entre hombre y mujer, imponiendo el uso de lo masculino sobre lo femenino como un efecto alienante más; ese sería la justificación al intento de introducir un lenguaje “no sexista” donde se use a la par el masculino y el femenino, o mejor aún, si es posible un género neutro, que no empuje hacia ninguna opción en concreto. Las fronteras de género, como las de clase, existen para servir a una variedad de funciones políticas, económicas y sociales. Estas fronteras a menudo son movibles y negociables. No operan sólo en la base material de una cultura, sino también en el mundo imaginado del arte. Las normas de género no siempre están explícitamente expresadas; a menudo son transmitidas de manera implícita a través de los usos del lenguaje y de otros símbolos. Así como la especificidad de género de la lengua ejerce influencia sobre cómo se piensan o dicen las cosas, las formas narrativas arquetípicas de Occidente que asumen un protagonista masculino influyen sobre cómo se cuentan historias sobre mujeres.[12] La ideología de género, en contraposición a esa norma socialmente impuesta, afirma que «El género individualiza a cada persona no necesariamente por su condición sexual hombre o mujer sino por el modo como autónomamente se percibe a sí misma o como quiere ser sin depender de roles preestablecidos»[13]. Cada ser humano decide, sin ataduras de ningún tipo: ni aquellas propiciadas por el azar genético o la naturaleza, ni las dirigidas desde la norma social, cuál es su género en función de cómo se percibe a sí mismo; esta percepción se alcanza por medio de sus emociones y sentimientos que le indican lo que es, o bien por medio de la voluntad propia mediante la cual el individuo, en función de sus intereses, gustos, o situación personal, adquiere u opta por un género. Podríamos decir como resumen, que el género de cada persona lo decide la propia persona en función de sus deseos o emociones, así descubrimos una posibilidad de géneros muy amplia, hasta el punto de que la ONU, de forma no oficial en una declaración de su Defensor Global LGBT, ha aceptado una lista preliminar, susceptible de ampliación en el momento en el que se definan nuevos géneros alternativos, de al menos 112 géneros diferentes[14]; este listado[15] de posibles opciones de género recoge desde aquellos más conocidos: masculino, femenino, bisexual, etc.; hasta algunos de difícil definición incluso para aquellos que dicen vivirlos. Pero no ha sido este miembro de la ONU el únicoen aceptar y publicar listados de géneros reconocidos, diferentes empresas, grupos e instituciones gubernamentales, están introduciendo listas de géneros reconocidos a la hora de que una persona pueda auto-clasificarse, apareciendo regularmente noticias que recogen esa posibilidad, como por ejemplo: la red social Facebook[16] que recoge hasta 50 géneros posibles, la comisión antidiscriminación de la ciudad de New York[17] que recoge en su listado 31 posibilidades de clasificación en razón del género, o la red social Tinder[18], usada por multitud de adolescentes y jóvenes para establecer relaciones románticas, que recoge para ellos la posibilidad de escoger entre 27 definiciones diferentes de su género. Las opciones parecen no tener límite, y todos estos listados se consideran abiertos, pues siempre es posible que una persona descubra una nueva manera de sentirse y definirse en relación a su género. Los medios recogen también con cierta asiduidad y con una mezcla entre asombro, incredulidad y admiración, casos personales que pueden resultar muy sintomáticos del camino al que se está dirigiendo la Ideología de Género. Stefonknee Wolscht es un hombre de 52 años que, en un momento dado y a pesar de estar casado y tener hijos propios, decidió que lo que realmente sentía era ser una niña de 8 años, ahora vive adoptado por una familia, vistiéndose y comportándose de acuerdo al género y a la edad que percibe tiene realmente[19], este debería catalogarse como un caso de “trans- edad”. Nano es una joven nórdica que manifiesta haber nacido en el cuerpo equivocado, afirma que desde que nació siente que es un gato atrapado en un cuerpo humano, y quiere ser reconocida como lo que realmente es; se trataría de un caso de “trans-especie”[20]. Grace Neutral es otro caso que podríamos calificar de extremo, esta chicha afirma ser un alíen atrapado en un cuerpo humano, y ha iniciado un complicado y agresivo proceso para adaptar su físico a lo que realmente ella entiende que es[21], se trataría de un caso de “trans-humanidad” que dista mucho de ser único. La lista posiblemente podría seguir con casos cada vez más extremos de personas que afirman ser algo diferente a lo que su cuerpo y su género, especie o edad natural indican. La ideología de género concibe, siguiendo la estela del feminismo radical, el género como una herramienta subversiva, destinada a provocar un cambio social que libere a la humanidad de una normatividad alienante y opresora de los distintos. «La pérdida de las reglas de género multiplicaría diversas configuraciones de género, desestabilizaría la identidad sustantiva y privaría a las narraciones naturalizadoras de la heterosexualidad obligatoria de sus protagonistas esenciales: “hombre” y “mujer”»[22]. De esta forma, y a través de la implantación general del concepto de género se logrará la revolución social que devendrá en una sociedad más libre, plural e igualitaria. 2. TEOLOGÍA DE LA IDENTIDAD La revelación divina a través de las Sagradas Escrituras se sitúa en las antípodas de los posicionamientos mantenidos por la ideología de género, aportando una respuesta a esos postulados que casa perfectamente con lo que podríamos llamar “revelación natural”. El Libro Sagrado, La Santa Biblia, comienza con una declaración de suma importancia para el tema que estamos tratando: «En el principio creó Dios…» (Génesis 1:1). Esta afirmación es relevante porque indica que la creación, todo lo existente, es producto de una creación divina; no se trata pues del producto del azar o la casualidad derivada de la interacción fortuita de materia y energía desde un Big-Bang supuesto en un pasado remotísimo. Dios creó. Bara’ ( אָרָּב ,) es un término de sumo interés en este contexto porque es un verbo que se usa únicamente referido a Dios, y su significado es revelador: crear, pero crear de donde no hay nada; bara’ es un término que se refiere a una creación ex nihilo, desde donde no hay materia prima ni base sobre la que realizar el acto creativo. En las Escrituras este término solo se usa vinculado al sujeto divino, es Dios el único que puede crear en el sentido al que se refiere bara’.[23] Este versículo nos refiere, mediante el acto creativo divino, no sólo al poder infinito y absoluto de Dios, el único capaz de sacar de donde no hay nada, sino que también nos refiere a su voluntad, a su deseo, y por tanto a su designio y diseño en la creación. El acto creativo del que nos habla este verso inicial de la Biblia no puede ser un acto entregado al azar, la fortuna o la casualidad, sino que se trata de un acto volitivo de parte de la divinidad, un acto que por el mero hecho de darse implica un diseño y un propósito. Esto se hace más importante cuando ese acto se aplica a la creación de la humanidad. Isaías es posiblemente el escritor bíblico que con más asiduidad usa el término bara’ en el sentido de creación de la nada, de hecho lo usa en 20 de las 49 veces que este término aparece en el Antiguo Testamento, resultando especialmente revelador Isaías 45:12, pues refiere este término al ser humano «Yo hice la tierra, y creé sobre ella al hombre. Yo, mis manos, extendieron los cielos, y a todo su ejército mandé». Si en el primer versículo del texto bíblico bara’ hacía referencia a la creación en general, Isaías aquí lo aplica al ser humano de forma concreta y específica. Aparte de otras consideraciones posibles, en el asunto de lo que en este trabajo llamamos teología de la identidad, este versículo es fundamental pues enmarca la creación de la raza humana en un acto bara’ de Dios, en una creación marcada por la acción voluntaria de Dios, por su diseño específico y concreto que, desde donde no había, crea a la raza humana. Los seres humanos, en la forma que tenemos, tampoco somos producto del azar a del devenir evolutivo de diferentes especies, sino que somos un diseño divino, creados por un Dios que de forma específica decidió darnos la forma que tenemos. Si unimos esto al relato primero de la creación del ser humano que encontramos también en el primer libro del Pentateuco, «Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (Génesis 1:26-27), nos encontramos con un panorama que aclara algo más el asunto que estamos tratando. Dios no solo creó la raza humana, sino que la creó de una forma específica: a imagen y semejanza de Dios y dividida en dos formas diferenciadas sexualmente: varones y hembras. De nuevo usa el escritor bíblico el termino bara’ reafirmando así las ideas antes expuestas, pero aquí vincula el término a la creación como varón y hembra; esto nos lleva a la inevitable conclusión de que al igual que la creación de la raza humana fue un acto creativo y volitivo de Dios, el dimorfismo sexual evidente entre hombres y mujeres forma parte de ese diseño creativo ex nihilo por la divinidad. Dios diseñó y creó una raza humana diferenciada en dos formas: la masculina y la femenina. El diseño además no puede calificarse de otra forma que no sea la de brillante, tanto la forma, el tamaño, la capacidad de adaptación de los diferentes órganos sexuales de hombres y mujeres, encajan a la perfección para el fin para el que fueron creados: proveer a la raza humana de una forma de reproducción y auto propagación optima, cuya validez y funcionamiento quedan demostrados a través de la simple observación del grado de difusión que como especie hemos alcanzado. La naturaleza apoya en esto a la revelación bíblica, pues es manifiesto, y así lo han expresado en multitud de ocasiones médicos y biólogos que, salvo patologías reconocidas, la raza humana esta diferenciada en dos sexos que corresponden con dos géneros: hombres y mujeres; y estos dos sexo-géneros tienen un componente claramente físico, biológico y genético, al punto que, aúnen los casos de patologías o alteraciones físicas de hermafroditismo[24] o la andrógina[25], genéticamente, el individuo puede ser catalogado sin lugar a dudas como hombre, o como mujer. La ideología de género insiste en referirse a esos casos como “género intersexual”, pero lo único que hace es dar carta de naturaleza como nuevo género a una situación que está científicamente reconocida como una alteración o patología. Así pues, revelación y ciencia se encuentran, al menos en este caso. La Biblia es clara, la diferenciación entre hombres y mujeres tampoco es cosa del azar, sino que Génesis manifiesta que forma parte de un plan divino, debemos considerar junto con los anteriores el versículo 28, «Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra». Dios creo hombres y mujeres, diferenciados sexualmente, para que estos tuviesen unidos y coordinados, complementándose, la capacidad para llenar, sojuzgar y señorear sobre el resto de la creación. No hay en el relato bíblico ninguna otra posibilidad de un género intermedio o diferente al de hombre o mujer. ( רָכָז ) y ( הָבֵקְנ ,) zakar y nequebá, varón y hembra, «destaca lo “masculino” en contraste con lo “femenino”; el vocablo indica el género de una persona»[26]. No hay duda, no hay confusión, tampoco hay más posibilidades u opciones. De hecho, lo que sí reconoce el texto bíblico es la existencia de acciones, de comportamientos, diferentes al del hombre y mujer, pero no se les reconoce en ningún caso como alternativas a los géneros creados por Dios, sino como formas de actuar que son condenadas como pecado. Encontramos en este sentido términos como: afeminado y homosexual en 1ª Corintios 6:9. Independientemente de la interpretación que de estos términos griegos se haga, es consenso general que tanto (μαλακός) traducido como afeminado, como (ἀρσενοκοίτης) que se traduce como homosexual o el que se hecha con varones, no hacen referencia a otra cosa que a prácticas sexuales que el versículo condena sin paliativos, pero no es posible atribuirles, atendiendo a su origen etimológico, ninguna posibilidad de idea de género alternativo. Estos términos se encuentran en otros versículos bíblicos, pero de forma general se aplica en todos la misma norma, se refiere a prácticas, siendo de acuerdo al uso correcto de la hermenéutica un error pretender referirlos a una cuestión de identidad de género. Otro versículo que puede resultar controvertido a efectos de su interpretación desde una perspectiva de género es este: «No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace» (Deuteronomio 22:5). El asunto aquí no es simplemente en cuanto a modas, sino en relación con ciertas prácticas sexuales anormales, manifestadas por usar la ropa del sexo opuesto. Las prácticas homosexuales pudieran estar detrás de esta ley (ver Levítico 18:22; 20:13). También es posible que algunos rituales de religiones no israelitas involucraran el travestismo, y por esta razón se condena la práctica.[27] Todo indica que este versículo habla de forma directa de una práctica, un comportamiento. Desde lo que manifiesta el versículo, resulta imposible aseverar cuál era la razón que llevaba a aquellos a los que alude al uso de vestimentas correspondientes a un sexo diferente al propio, los comentaristas y estudiosos no logran unanimidad al respecto, si bien la mayoría lo vincula, como en el caso del comentario bíblico citado, a la realización de prácticas homosexuales o idolátricas; otros hacen también referencia a un posible intento de escapar de los deberes militares, o a asumirlos sin tener derecho a ello. En cualquier caso, lo evidente y seguro, es que fuese cual fuese la razón, la alusión del texto bíblico se refiere también a un comportamiento, no pudiendo vincularlo a una cuestión de identidad de género, pues esa situación no se menciona de forma explícita, ni tampoco de forma implícita evidente, en ningún lugar de las Escrituras; pretender atribuir esa intención sería una flagrante extralimitación interpretativa. El relato bíblico de la creación del hombre termina diciendo «Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera» (Génesis 1:31). Dios se refiere a su creación, y más concretamente a la creación del ser humano como algo «bueno en gran manera»; Dios usa dos expresiones interesantes para referirse a su última creación, mientras a cada día la opinión divina es que lo hecho es bueno (טויב) tôb, cuando se refiere a lo creado en el sexto día, a la creación de la humanidad, añade la expresión ( דיעְמ ) meód, en gran manera[28]. Así ambas palabras juntas transmiten la idea de algo que. una vez terminado, es cómodo, placentero, agradable y completamente perfecto y acabado. Esa expresión deja fuera de la ecuación la posibilidad de un error o algo defectuoso. Es habitual escuchar la expresión “nació en el cuerpo equivocado”, debemos tener en cuenta al examinar esta idea que la usan personas que no creen en la creación ni en el diseño divino, es más, personas que mayoritariamente niegan la intervención divina en ningún aspecto de sus vidas, así que lo que realmente pretenden expresar es un error del azar, de la naturaleza, de los genes, o del universo, pero que lo que están haciendo realmente es achacar un error al diseño divino aun cuando no crean en él. Pretender que es posible que Dios se equivoque e “instale” una mente de mujer en un cuerpo de hombre, o viceversa, es pretender que Dios es un ser cruel y mal intencionado que, parafraseando fuera de contexto a Albert Einstein, “sí tira los dados de vez en cuando”, lo que lleva a que algunos desafortunados les toque la china de lidiar con un género que no le corresponde mentalmente. Pero Dios lo hizo todo bueno y perfecto, y en el caso de la creación de la raza humana lo hizo «bueno en gran manera». ¿A qué es achacable entonces esos casos de personas que se sienten incómodos o fuera de lugar con su sexo físico? Si nos acercamos desde una óptica médica a los problemas de identidad de género estos se definen como una “disforia de género”. Hasta no hace mucho la nomenclatura usada para esta afección era: Trastorno de identidad de género o transexualidad, pero la presión ejercida desde el Lobby LGTBI en el sentido de que no se considere su situación como un trastorno, sino como una condición, ha generado el cambio de nombre.[29] la disforia sería un trastorno de la personalidad en el que la percepción del individuo le lleva a no identificarse con el género con el que ha nacido. Hasta el momento el único tratamiento que la ciencia médica aporta a esa situación es: por un lado, tratar farmacológicamente y con terapias psicológicas los trastornos que genera, como puede ser la depresión, las tenencias suicidas, etc. y por otro lado la llamada reasignación de género, procedimiento médico que combina tratamiento químico hormonal y operaciones quirúrgicas. La terapia para la reasignación de sexo implicará el mantenimiento de medicación hormonal durante toda la vida del paciente, a fin de que los efectos logrados no se reviertan, cuando menos en parte, por la acción de las hormonas que el cuerpo genera de forma natural, acordes con su género genético. Teológicamente, el origen de la enfermedad y la muerte están en el pecado, antes de la caída de la humanidad en este su existencia estaba libre de ambos elementos, Adán y Eva no conocieron muerte, dolor ni enfermedad hasta su castigo y expulsión del Edén. El abordar la disforia de género en las dos formas en las que médicamente es tratada lo único que logra es perpetuar o agravar el problema, será una situación de difícil solución mientras no se aborde desde el ámbito espiritual y de relación con Dios. Los esfuerzos de los médicos y psicólogos serán baldíos entretanto no se asuma la realidad de la identidad de género conla que hemos sido creados. Jesús mismo en Mateo 16 argumenta «¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?»; la realidad es que la medicina, la psiquiatría y la psicología pueden paliar ciertos efectos o forzar ciertos cambios, pero el origen del trastorno, condición, afección o como quiera que le llamemos seguirá siendo el mismo: la rebeldía a la voluntad divina, y ante ese mal, todo intento médico o psicológico resulta mero placebo, puede aparentar tener resultado pero que en realidad no afecta al verdadero origen de la situación.. Debemos entender que la creación “buena en gran manera” de Dios es previa a la caída del hombre; la Santa Palabra también nos relata como la humanidad, estando aún en un estado de perfección bienaventurada donde todo encajaba de forma perfecta: cuerpos, sexo, pareja, familia, propósito, tomó la decisión de rebelarse contra la voluntad divina, escogiendo en el uso de su libre albedrío y de su capacidad de decisión ponerse fuera del ámbito de la perfección en la que Dios los había situado. El pecado, la transgresión, el error, dañaron no solo la relación del ser humano con Dios, sino también su propia naturaleza, e incluso el entorno en el que vivían, la propia tierra. Las consecuencias inmediatas fueron numerosas, fuertes, extensas e irónicas (observe cuidadosamente Génesis 1:26-3:24). la relación divino humana de comunicación abierta, amor, confianza y seguridad fue cambiada por el aislamiento, una actitud defensiva, la culpa y el destierro. Adán y Eva y su relación mutua degeneraron, la intimidad y la inocencia fueron reemplazadas por la acusación (al echarse la culpa el uno al otro). Su rebelde anhelo de independencia desembocó en los dolores de parto, la dureza del trabajo y la muerte. Sus ojos quedaron realmente abiertos, conocedores del bien y del mal (por medio de un atajo), pero trataba de un gravoso conocimiento que no estaba equilibrado por ningún otro atributo divino (por ejemplo, el amor, la sabiduría y el conocimiento). La creación encomendada a Adan, y cuidada por él, fue maldita y gime por su liberación de las consecuencias de su pecado… [30] En esta situación caída, el ser humano no puede fiarse ya de su naturaleza, caída como él mismo, de ahí que la propia palabra recomiende: “No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal; Porque será medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos” (Proverbios 3:7-8). No disponemos, como seres caídos, de una capacidad sin mancha que nos permita percibir el mundo o incluso nuestro propio ser en la justa medida en la que debemos hacerlo, de ahí el consejo de Dios: «Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.» (Proverbios 3:5-6). Se trata, pues, de escoger fiarse de Aquel que lo hizo todo «bueno en gran manera», en lugar de fiarse de la opinión de aquel que lo manchó todo con el estigma del pecado. La ideología de género propone que sea el hombre caído el que determine su identidad, como si esta dependiese de su decisión o voluntad, propone que sea el hombre caído el que decida qué es y cómo se expresa pasando por encima de toda evidencia física, biológica, genética, incluso por encima de la determinación de la creación divina. La propuesta de Dios es otra: se trata de confiar en Él, en sus designios y su diseño original, se trata de aceptar la identidad que la Palabra nos revela tenemos en Él, criaturas hechas a su imagen, creados como hombres y mujeres con un propósito claro. Cierto que la caída en el pecado ha trastocado, perturbado y deformado esa imagen y ese propósito, pero no es menos cierto que Dios manifiesta, desde el propio Génesis y a lo largo de todas las Escrituras, tener un plan de alcance y salvación, de restauración de su diseño original en Cristo Jesús, de ahí que sea posible la tajante afirmación paulina: «De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.» (2 Corintios 5:17); el comentarista bíblico Mathew Henry lo expresa de esta forma: La redención adquiere carácter cósmico […] El adjetivo griego kainé indica novedad de algo que ya existía. Así ha de entenderse la creación aquí como en Efesios 2:10. El ‘nuevo hombre’ no es otro hombre, sino el mismo que ya existía, renovado, cambiado. Dice Tasker “Todo hombre regenerado por el Espíritu de Dios, es una nueva creación, y un mundo en el que existen tales creaciones es, al menos potencialmente, un mundo nuevo”.[31] Se trata pues de una cuestión de confianza: confiar en las emociones, deseos y sentimientos de los hombres caídos, o fiarse del Diseño de Dios para ser de nuevo lo que Él siempre quiso que el hombre fuese, y también que este mundo fuese. La cuestión podría aclararse un poco cuando consideramos ambas partes. La confianza en el propio ser, en la propia mente, en nuestras decisiones y emociones es calificada con claridad meridiana por la propia Escritura: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?» (Jeremías 17:9), «Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.» (Jeremías 17:5). Ambos textos son muestra de cómo la Palabra de Dios considera el intelecto, la voluntad y la sabiduría humanos, se trata de algo deficiente, engañoso, equívoco, y por lo tanto no fiable para la toma de una decisión tan importante y fundamental como es la de la propia identidad. La propia experiencia de algunas personas que han tomado decisiones sobre la base de sus emociones, sentimientos y percepciones son para nosotros una importante señal de aviso, es posible encontrar publicados en diversos medios experiencias personales de quién optó por la vía propuesta por la ideología de género, siguiendo unos impulsos y percepciones contrarios a su propia naturaleza física; algunas cifras aportadas hablan de al menos un 5% de transexuales que han declarado públicamente las nefastas consecuencias de las medidas tomadas para “adaptar” su situación a la realidad que percibían y sentían[32]. También es necesario hacer notar que la “presión de grupo” dentro del lobby defensor de la Ideología de género es realmente intensa, propiciando que sea más fácil mantener silencio que manifestar un pensamiento contrario a las ideas liberadoras de la asunción del género deseado y escogido. Es interesante considerar también otros datos que avalan la falsedad de la solución supuestamente idílica de asumir un género diferente a aquel con el que se ha nacido. En este sentido resulta revelador el estudio epidemiológico realizado por varios científicos en la ciudad americana de Boston en 2015[33], en el que se recoge la mayor tendencia a la depresión, drogadicción y suicidio en aquellos que toman la senda del transgénero. Se hace tristemente evidente la expresión del salmista sobre la situación de quién toma un camino diferente al del arrepentimiento ante el pecado en el Salmo 32:3-4: «Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano». Es posible intentar escapar a la realidad natural, al diseño de Dios, pero no será posible escapar a las consecuencias de tomar esa vía de huida; en el mejor de los casos supondrá una vida de negación de una realidad física que no es posible obviar continuamente; en los peores llevará al individuo a un camino de automatización y de continua violencia química sobre su propio cuerpo, con la finalidad de intentar cambiar algo que finalmente no es transformable por estar escrito en nuestros genes, en el libro interior del diseño de Dios de nuestra naturaleza. El camino diseñado por Dios es radicalmente diferente, supone la aceptación de su soberana voluntad, de su diseño original claramente manifestado, como hemos visto, en la revelación bíblica: varón y hembra. Las palabras de Pedro en su discurso en el Pórticode Salomón resuenan hoy como entonces, clara expresión de un camino a seguir por el hombre errado, pecador: «Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio» (Hechos 3:19). La situación es la misma para esas personas que de forma contumaz, o por ignorancia, se están oponiendo a la voluntad manifiesta de Dios. Tomar ese camino supone aceptar que Dios es más sabio que nosotros, simples creaciones suyas; es más, significa aceptar que Dios nos conoce mejor de lo que podremos conocernos jamás nosotros, pues a fin de cuentas es el autor del diseño y de la creación original, y también es el diseñador de lo que será nuestra condición postrera; quiere decir que debemos aceptar que apartarse de esa voluntad manifestada en nuestra creación es pecado, y que por lo tanto lleva aparejado el castigo que la Palabra manifiesta como seguro: la muerte; supone el arrepentimiento, (μετανοέω) metanoeo, un «cambio de vida, basado en un cambio completo de actitud y de pensamiento en lo relativo al pecado y la rectitud»[34], un dejar de mirar al camino equivocado para enfocarse en el correcto, esto no es necesariamente fácil ni cómodo, pero es indispensable; y como paso siguiente supone el convertirse, que completa el proceso iniciado con el arrepentimiento, (ἐπιστρέφομαι) epistrephomai, que significa «1. LN 15.90 regresar, volver a un punto; 2. LN 31.60 cambiar las creencias personales, cambiar una opinión respecto a la verdad; 3. LN 31.61 hacer cambiar las creencias; 4. LN 41.51 cambiar la conducta propia, cambiar el comportamiento»[35], un proceso este, en el que la voluntad humana, la libre decisión, tiene mucho que ver, pues es una expresión reflexiva, nace de aquel que la lleva a cabo, para sí mismo, no para otros. La respuesta bíblica a las dudas de género es afirmarse en la verdad divina, y moverse en ella, aun cuando esto suponga contravenir los deseos, los pensamientos o las percepciones personales, que se reconocen como erradas y pecaminosas. «Quizás la mejor definición del pecado sea la que aparece en 1ª Juan 3:4 donde dice: “El pecado es infracción de la ley”. Cualquier otra cosa que sea el pecado, en su centro mismo es una infracción de la ley de Dios»[36]. Pretender cambiar el diseño del hombre realizado por Dios, es infringir la Ley de Dios manifiesta a través de la propia naturaleza creada por Él mismo. Pretender enmendar la plana a Dios asumiendo que el género con el que hemos sido creados es incorrecto es pecado. Afortunadamente la solución divina de vuelta al camino de la creación original conlleva una promesa de parte de Dios: “…para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”. Aquellos que retoman la senda del creador tienen asegurado de su parte perdón, absolución total, borrado de sus faltas. El autor del libro de los Hechos pone en boca de Pedro la expresión (ἐξαλείφω) exaleifo, serán borrados, que expresa una eliminación total, no parcial, si asumiéramos un símil judicial, podíamos decir que el expediente judicial del encausado aparece completamente limpio, en blanco, sin ningún tipo de referencia a la causa que pudo llevar a la apertura de ese expediente. Se trata de un perdón total. La eliminación de ese pecado, conlleva, en palabras de Pedro que “… vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”; (καιρός ἀνάψυξις) kairos anapsuxis, traducido como tiempos de refrigerio, otra traducción más cercana al sentido pleno y original de las palabras griegas sería: para kairos: «Tiempo, oportunidad, momento oportuno, tiempo favorable, tiempo señalado, temporada, estación, época»[37], y para anapsuxis: «propiamente recuperar el aliento»[38] y «alivio, refrigerio, descanso de una circunstancia opresiva»[39]; esta situación de aquellos que aceptan el camino divino contrapuesta a la anteriormente presentada de muchos que prefieren el camino propuesto por la ideología de género es cuando menos notable. El descanso, el alivio de una situación que no podemos menos que reconocer como angustiosa, es resultado de aceptar la identidad diseñada por Dios para hombres y mujeres, y de vivir en la presencia de ese Dios que perdona y alivia. Pero también es importante señalar que la solución que Dios a través de su Palabra propone, no está exenta de dificultades y un cierto grado de sufrimiento. La Biblia en eso es clara, es el ser humano el que tiene la responsabilidad de colaborar y participar en la obra regeneradora que el Espíritu Santo comienza en la vida de aquellos que se acercan arrepentidos a Dios, en ese sentido las referencias bíblicas son amplias, un ejemplo sería: Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos. (Colosenses 3:5-11). Aquí Pablo enseñando a los creyentes de Colosas les expresa de forma clara y fehacientemente la necesidad de su colaboración en la obra del Espíritu Santo, la necesidad de la participación de su voluntad en el proceso de cambio que se produce por el hecho de haber entrado a formar parte del cuerpo de Cristo; (νεκρόω) «hacer morir. Se usa en la voz activa en el sentido de destruir el poder de, privar de poder, con referencia a los malos deseos que obran en el cuerpo»[40], (ἀποτίθημι) «siempre en la voz media en el Nuevo Testamento, poner afuera (apo, afuera; tithemi, poner). Se traduce «dejad» en Col 3:8»[41], (ἀπεκδύομαι) «despojarse totalmente uno mismo, o (para uno mismo) despojar»[42], (ἐνδύω) «significa entrar dentro, meterse dentro, p.ej., dentro de ropas, vestirse, revestirse»[43]. Todos son verbos con un carácter reflexivo, en el que la persona es a la vez actor y objeto de la actuación referida, así el apóstol nos transmite que en el proceso de cambio la participación de aquel que cambia es necesaria. Tratando de asuntos de identidad de género es importante entender que tomar y vivir la identidad que Dios ha diseñado para nosotros es un proceso en el que los implicados necesariamente deben actuar de forma volitiva, no se trata entonces de un cambio mágico y milagroso producto de una decisión de un momento, sino más bien de un proceso en el que los afectados deben negarse a ciertos deseos y pensamientos, fomentando en su vida otro tipo de pensamientos y modos de actuar. Este proceso es igual para todos los pecados sea cual sea su carácter, y los problemas de identidad de género podrían encuadrase en el listado dado a los colosenses dentro de las pasiones desordenadas y los malos deseos. Se trata pues de un trabajo intenso en el que los creyentes son guiados y ayudados por el Espíritu Santo de Dios, principal interesado en su restauración al diseño original, previo a la caída en el pecado, aceptando y viviendo en el género que les corresponde de acuerdo a ese diseño; un trabajo que seguramente no está exento de dificultades y dolores, pero en el que el creyente puede apoyarse en la idea de que “Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Filipenses 2:13). Así pues, el que se embarca en la recuperación de la identidad de género que Dios diseñó para él como criatura suya, no está solo en el camino, por duro que este pueda hacerse. 3. SEXUALIDAD DE GÉNERO VS. TEOLOGÍA DE LA SEXUALIDAD 3.1. SEXUALIDAD DE GÉNERO La ideología de género manifiesta unatendencia a entender la sexualidad desde un punto de vista abierto y carente de fronteras morales o límites establecidos; excluyendo, al menos inicialmente, aquellas expresiones sexuales que interfieran en la libre decisión de algunAs de las partes para participar en ella, como podrían ser las violaciones. No hay más límite que el que marca el propio deseo y el de aquel con quien se interactúa; no hay nada prohibido de antemano, no hay nada censurable ni malo en esencia, no hay frontera moral que resulte inamovible, siempre dentro de los parámetros ya descritos. El amor sirve de coartada y justificación para cualquier práctica sexual justificándola de forma general como una expresión de un amor libre; como quiera que no existen normas ni fronteras para el amor, tampoco deben existir para la sexualidad. Cada individuo debe tener libertad para optar por la orientación sexual que le parezca, sea heterosexual u homosexual, o bien, abstenerse de practicar alguna (asexualidad). Todas las orientaciones sexuales que no afecten los derechos ajenos deben ser respetadas por todos, la sociedad y el Estado, así no se compartan o no se comprendan ciertos principios, perfiles, expresiones o conductas de las personas diversas.[44] Esta idea de libertad total del individuo para tomar sus propias decisiones y opciones es compartida de forma general, otra cosa es la opinión que un individuo o grupo tenga al respecto; siempre que se mantengan dentro de la legalidad y sin afectar a derechos ajenos es de general consenso que las personas deben ser respetadas por la sociedad y los gobiernos. Ahora bien, este principio general, entra frecuentemente en contradicción con legislaciones particulares de estados, y con concepciones de grupos sociales que se sienten agredidos por la expresión de ciertas libertades personales; como ya se ha citado en su momento. La opinión de la persona que la ONU ha elegido para la representación y defensa de los derechos LGTBI, Vitit Muntarbhorn, considera que en estos casos de “conflicto de derechos”, los derechos LGTBI deberían ser considerados de un “rango” superior a otros derechos que se le contrapongan, y si bien es cierto que cuando hablamos del derecho a la vida se puede estar de acuerdo con el sr. Muntarbhorn, conviniendo de forma general que no se debe privar a nadie de su vida por una cuestión de conciencia u opinión, el asunto se torna más espinoso y difícil de definir cuando se trata de evaluar la importancia de derechos no relacionados con la vida, como son ciertos tipos de expresiones y manifestaciones públicas de las ideas, el derecho a influir en la educación, etc. La controversia se agudiza al examinar ciertas afirmaciones de grupos vinculados a la ideología de género o que se valen de ella por tener intereses y fines comunes; algunos de estos grupos, como pueden ser las feministas más radicales o los autodenominados “amantes de todos los niños”[45], tienen presencia e influencia en la ideología de género, produciendo en la misma un avance en la dirección de la defensa de sus intereses; encontramos un ejemplo de lo que propugnan algunos de estos grupos en el pensamiento de Shulamith Firestone, mujer canadiense que puede ser buena representación de las ideas que sobre el sexo se desarrollan en la filas más radicales del feminismo; afirmaba Shulamith que era necesario ganar « La libertad de todas las mujeres y los niños para hacer cuanto deseen sexualmente. No habrá ya razones para no hacerlo»[46]. El salto ideológico que da esta activista radical feminista provoca que hasta lo que pudieran parecer fronteras generalmente aceptadas comiencen a diluirse. Se hace evidente, y así lo manifiesta la propia autora sin el menor reparo, cuando dice «Las feministas tienen que cuestionar, no sólo toda la cultura occidental, sino también la organización de la cultura en sí misma, e incluso la propia organización de la naturaleza»[47], que el uso de las relaciones sexuales no es sino otra forma de subvertir una sociedad que necesariamente debe ser cambiada, y no solo eso, sino que el afán revolucionario trasciende ese ámbito y alcanza también la intención de subvertir el propio orden natural, o expresado en términos cristianos, la creación divina. Bajo esta idea de revolución que, toma como arma subversiva las prácticas sexuales, han florecido multitud de grupos de diversa índole y adscripción, que de una u otra manera mantienen posiciones similares, y que suelen ampararse bajo el paraguas común de la ideología de género; entre ellos encontramos el colectivo “Manada de lobxs”, de inclinación queer, y que publicó en su momento un libro-manifiesto que expresa, sin lugar a ningún género de dudas, su ideario en relación a la sexualidad. La renuncia a mantener relaciones sexuales naturalizantes heteronormales habilita la resignificación y deconstrucción de la centralidad del pene y critica las categorías de “órganos sexuales” […] separar el uso de los placeres de las formas de reproducción humana (de la cual también abdicamos por varias temporadas), explorar y experimentar otros usos de los placeres (por ejemplo, en las prácticas de juegos de poder consensuados). La abolición de la práctica de la sexualidad en pareja, mediante prácticas de placer en grupo con afines sexoafectivos resignifica el cuerpo como barricada de insubordinación política, de desobediencia sexual, de desterritorialización de la sexualidad heteronormativa, sus regímenes disciplinarios naturalizados y sus formas de subjetivación para la subsecuente creación de espacios de afinidad anti-género y anti-humanos: destruir hasta los cimientos la heterosexualidad como régimen político. Ése es nuestro destino.[48] La ideología de género y sus afines plantean la heterosexualidad, o como en muchas ocasiones prefieren llamarlo, la “heteronormatividad”, como una imposición inaceptable que trunca los anhelos de liberación sexual de los individuos. Ven la practica heterosexual como una forma de imposición de roles de género que consideran ajenos, y que perciben como una atadura que les impide el pleno desarrollo de su ser real tal y como lo perciben. La heterosexualidad, práctica por otro lado aplastantemente mayoritaria, es vista como una herencia de la evolución humana, un residuo de cuando el hombre era más animal que humano, y que en la actualidad merma o impide el pleno desarrollo de la humanidad como tal. Pero su percepción de este asunto va más allá, ni siquiera aceptan que esta forma de entender la sexualidad humana como la relación física entre un hombre y una mujer sea algo natural, sino que perciben en ella una forma de dominación política y social, y les es indiferente que esa haya sido el método a través del cual la humanidad ha conseguido subsistir y propagarse hasta la actualidad, sigue siendo algo que consideran alejado de lo natural. La política española, Beatriz Gimeno, diputada autonómica en la Comunidad de Madrid en una entrevista realizada por el periódico La Gaceta expresa así ese pensamiento: La heterosexualidad no es la manera natural de vivir la sexualidad, sino que es una herramienta política y social con una función muy concreta que las feministas denunciaron hace décadas: subordinar las mujeres a los hombres […] La heterosexualidad no sólo se enseña, sino que además, se hacen ímprobos esfuerzos para que la mayoría de las mujeres sientan que no tienen otra opción; la heterosexualidad está fuertemente inducida, y de ahí los múltiples mecanismos destinados a sustentarla, a enseñarla, a favorecerla, a castigar la disidencia[49] Frente a la heterosexualidad opresora e impuesta, la ideología de género entiende como natural cualquier tipo de relación sexual, sea del tipo que sea: solitaria, en pareja de cualquier tipo, en grupos más o menos numerosos, dentro de una relación, con personas desconocidas, o cualquier otra variante que sea posible imaginar. El único objetivo del sexo, tenga este la forma que tenga, es la obtención de placer y satisfacción personal,sea esta como sea. Así se normalizan prácticas como el sadismo, el bondage, el masoquismo, la asfixia auto-erótica o en pareja, el uso de cualquier juguete erótico, e incluso en ciertos círculos empiezan a diluirse prácticas aún consideradas tabú como la pederastia. En la práctica eso lleva a una deshumanización del individuo, a convertirlo, o en el menor de los casos a relacionarse con él, como si de un objeto destinado a la obtención de placer se tratase. Lo saben los ideólogos del género, y no solo lo saben, lo expresan explícitamente: «El otro ya no es alguien con quien se haga el amor por deseo, es un objeto al que se lo inviste de una sádica voluntad, o es una parcialidad susceptible de llenar pulsiones parciales»[50]. La deshumanización tristemente no se limita al otro, al usado para obtener placer, sino que la ideología de género, que se alza en defensora de los derechos de los débiles y oprimidos, deshumaniza también a sus propios promotores. Herederos de la ideología feminista de la que la de género ha bebido abundantemente, los seguidores de las ideas de género se han convertido en los máximos promotores del aborto libre, identificando al no nato como un mero apéndice desprovisto de humanidad, como un tumor que es posible extirpar porque: «en mi cuerpo decido yo», «mi cuerpo, mis derechos, mi libertad». El feto no es humano, no está vivo, no importa y puede desecharse para evitar que coarte la libertad de nadie. Esta concepción permite seguir disfrutando de la sexualidad sin tener que preocuparse en demasía por la consecuencia que de esas prácticas se pudiesen derivar. Un único objetivo al que todo se supedita: la obtención de placer; sumado a la decisión de derribar cualquier paradigma en pro de una total y plena libertad sexual, parece la reedición del pensamiento del filósofo Aristipo de Cirene, 2400 años después. En una sociedad cada vez más hedonista, la idea de la sexualidad que propone la ideología de género, en la que el ser humano y el placer que puede lograr son el centro de la ecuación, encaja a la perfección con el espíritu que se respira de forma general; posiblemente esa sea la razón por lo que la idea de plena libertad sexual expresada en el paradigma “haz lo que te haga sentir bien y te produzca placer, sin hacer daño a nadie” es aceptada de forma casi unánime. Nuestra sociedad es hoy el caldo de cultivo ideal para que las ideas sobre sexualidad asociadas a la ideología de género triunfen plenamente. 3.2. UNA TEOLOGÍA DE LA SEXUALIDAD La forma en la que la Biblia nos muestra el diseño divino de la sexualidad es radicalmente diferente al propuesto por la concepción asociada a las ideas de género hasta ahora expuestas. En la cosmovisión cristiana bíblica de la realidad el hombre no es el centro de la cuestión; el centro siempre es Dios; y tratando de sexualidad no iba a ser diferente. La sexualidad, la forma de relacionarse física y emocionalmente, como la forma de reproducirse los seres humanos, no son un invento humano, ni siquiera han sido elegidas por los hombres y mujeres, sino que se trata de algo que nos viene dado por diseño. En la anterior sección se expuso la realidad bíblica del ser humano como creación de Dios, y como parte de esa creación fue el diseño en dos formas diferenciadas: el hombre y la mujer. La sexualidad es un diseño divino que forma parte de la propia naturaleza humana; cuando Dios creó al ser humano varón y hembra, dentro de esa creación estaba inserto el apetito sexual, el deseo mutuo que atrae a hombre y mujeres entre sí. Desgraciadamente a lo largo de su historia el cristianismo ha desarrollado visiones de las relaciones sexuales que han llegado a considerar sucio o pecaminoso lo que Dios creo como natural y agradable a su voluntad, pero ello no debería ser razón para negar lo que la Biblia nos revela de forma clara y explícita como una parte del plan de Dios para los seres humanos. Los seres humanos hemos sido creados sexuados. Dios hizo al hombre y a la mujer, como ya hemos visto en Génesis 1; las diferencias entre hombre y mujer son evidentes a nivel físico; como especie manifestamos un claro dimorfismo sexual y pese a esas diferencias evidentes, también manifestamos una clara complementariedad de diseño. Los órganos sexuales femeninos y masculinos encajan a la perfección, con una capacidad de adaptación mutua casi total, lo que facilita las relaciones sexuales placenteras y efectivas a nivel reproductivo, con unos riesgos para la salud, cuando se dan en condiciones naturales, prácticamente nulos. La Palabra hace referencia a esa complementariedad que se da entre hombre y mujer a todos los niveles cuando dice: «Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne» (Génesis 2:24); la expresión «una sola carne» (ד ַחֶא רָׂשָּב )[51] edjad basar, hace referencia en una interpretación directa a la unión física, pues transmite la idea de unir, juntar, hacer algo común, dos carnes, o cuerpos; aparte del sentido emocional o espiritual, el primer significado directo hace referencia a una unión física y carnal. En base a este versículo puede decirse que el plan de Dios fue que entre hombre y mujer hubiese una unión de tipo carnal, físico, que sin duda implica más aspectos, pero que tiene como base primordial la relación sexual; y fue parte de la voluntad de Dios cuando creó al hombre. El sexo es pues parte fundamental de la relación perfecta entre hombres y mujeres. Debe recordarse que la razón que llevó a Dios a diferenciar los sexos en la humanidad fue el crear un binomio que se completase y se desarrollase en conjunto. Génesis 2, en un relato más pormenorizado de la creación, nos dice que Dios creó la raza humana perfecta, hecha a su imagen, pero eso parece que limitaba al ser humano a una vida de soledad, sin nadie aparte del propio Dios con quien pudiera relacionarse en igualdad, pues los animales no eran suficiente para un desarrollo pleno del hombre «Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él.» (Génesis 2:20); ese es el momento en el que Dios decide diferenciar los sexos en la humanidad, creando varón y hembra, como nos relata de forma más somera Génesis 1. La razón de esa diferenciación entre hombre y mujer, es que haya una relación de compañerismo, apoyo mutuo, ayuda, que la raza humana lejos de vivir en la alienación que provocaría la unicidad, encuentre en la duplicidad de los sexos un medio de crecimiento y desarrollo como especie. Parte de ese desarrollo se da a través de las relaciones sexuales donde el hombre y la mujer se entregan mutuamente y se funden en uno sólo. «Algunos han asumido que el acto sexual llegó a ser una práctica impura cuando entró el pecado en el mundo»[52]. Esta postura es difícil de sustentar bíblicamente, como los propios Wheat recogen en su libro, Jesús mismo sancionó y respaldó el matrimonio usando esas palabras del Pentateuco en Mateo 19:5. Lo que indudablemente sí cambió fue la relación entre el hombre y la mujer, la forma en la que estos se relacionaban y se consideraban; previamente a la caída nos encontramos: «Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.» (Génesis 2:25), en cuanto la humanidad cae la situación muta: «Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales» (Génesis 3:7). Adán y Eva vivían en desnudez, nada les resultaba vergonzoso o sucio, ni sus cuerpos, ni el uso que de ellos hacían. Como quiera que desconocemos por completo el tiempo transcurrido entre la creación y la caída, podemos suponer que esta no fue inmediata, por lo que Adán y Eva pasarían un tiempo en el huerto, siendo una sola carne, manteniendo relaciones sexuales, sin que viesen o percibiesen nada negativo, malo en ello. Cuando Adán y Eva pecan, la situación da un vuelco trágico, el versículo 7 del capítulo tres ya mencionado expresa que tras la caída sus ojosfueron abiertos; se trata de una expresión que el contexto nos hace entender como metafórica, no puede estar refiriéndose a los ojos físicos, como órgano encargado de la visión, porque ni Adán ni Eva eran ciegos o tenían los ojos cerrados antes de caer en pecado; debería entenderse entonces que hace referencia a otra situación; en lo que se percibe un cambió no es en los ojos, ni su visión, sino en lo que ellos entendieron de lo que estaban percibiendo por sus sentidos; la Biblia usa la palabra ( עַדָי ) yadá; «En esencia, yada’ significa: (1) saber por observación y reflexión, y (2) saber por experiencia.»[53], el cambio se produce en el conocimiento, en la comprensión, en la experiencia; Adán y Eva fueron conscientes de su desnudez, de su fragilidad, de los vulnerables que eran en el área de la sexualidad, de ahí su gesto de cubrirse, de protegerse. El pecado no hizo malo el sexo, solo hizo conscientes a los seres humanos de cuan frágiles son en el área de su sexualidad; perdida la inocencia de la vida ignorante del pecado, se abre a ellos todo un mundo atemorizante y peligroso en lo que lo creado «bueno en gran manera» se convertía en “peligroso en gran manera”. Para evitar esos peligros en la sexualidad, descubiertos a través de la caída, los seres humanos deben relacionarse sexualmente dentro de los parámetros originales del diseño de la relación sexual por parte de Dios. Una sexualidad heterosexual Frente a la “diversidad” de opciones sexuales propuestas por la ideología de género, La Biblia nos presenta un Dios que creó una raza humana compuesta por hombres y mujeres; podría haber creado a la humanidad solo compuesta por mujeres, o por hombres, o por alguna creación intermedia hermafrodita o directamente asexuada; sin embargo, el diseño de Dios fue hombres y mujeres destinados a unirse en una sola carne. Este diseño heterosexual se manifiesta en la idoneidad de los órganos que Dios ha provisto para tal efecto; la interacción entre los órganos genitales masculinos y femeninos esta prevista por diseño de tal manera que esta puede darse de forma que sea “perfecta”. Las gónadas masculinas y femeninas agrupan la mayor cantidad de receptores relacionados con la percepción del placer sexual; estos no se encuentran únicamente ahí, pero sí es donde se encuentra la mayor concentración de ellas, de forma que la estimulación mutua a través de los órganos sexuales es la forma más directa y sencilla de alcanzar el placer sexual. Es posible alcanzar placer en otro tipo de relaciones, como pueden ser las homosexuales o las autoeróticas, y también puede lograrse a través de la estimulación de otras zonas erógenas no vinculadas a los órganos sexuales, pero la forma más “natural”, “habitual” y extendida en el género humano son las relaciones heterosexuales, y esto encuentra su razón en el diseño mismo del cuerpo que facilita y prima ese tipo de relación. Cierto que algunos defensores de la ideología de género aducen que ese hecho es algo cultural, como Oscar Guasch, que afirma que «la sexualidad humana no está definida por imperativos biológicos, sino que está sujeta a condicionantes sociales. En ese sentido la sexualidad no se ajusta a un modelo unívoco, sino que es profundamente plural»[54]. La realidad estadística insiste en contradecirle, apoyando la concepción bíblica de una naturaleza sexual heterosexual, y solo torciendo cifras para alejarlas de la realidad se puede hablar de esa «profunda pluralidad», así la configuración física de la humanidad como hombres y mujeres que se relacionan de forma heterosexual resulta avalada por ser la relación más extendida, alcanzando en Europa el 94,1% de media, y el 92,4% en el caso más bajo[55], lo que es un porcentaje algo más que destacable para considerar la opción heterosexual como la opción mayoritaria naturalmente en el ser humano. Una sexualidad limitada al matrimonio Frente a la variedad de parejas posibles, la Biblia nos presenta una unión entre hombre y mujer que se manifiesta a través de todo el texto bíblico como excluyente. En el momento mismo de la creación se dice: «dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer» (Génesis 2:24) marcando así una exclusividad que alcanza incluso posibles interferencias familiares en el núcleo de la pareja hombre-mujer. A lo largo de toda la Escritura encontramos que se condena sin paliativos la rotura de esa exclusividad, desde el Decálogo, compendio de leyes divinas para los hombres, que dice: «No cometerás adulterio» (Éxodo 20:14); el adulterio se define como: «En sentido particular y literal, relación sexual entre un hombre casado o una mujer que no es la suya, o entre una mujer casada y un hombre que no es su marido»[56]; o sea, el adulterio supone cualquier tipo de acto sexual fuera del estricto ámbito del matrimonio, hasta el Sermón del Monte en el Nuevo Testamento, compendio de las llamadas “leyes del reino”, donde Jesús dice: «Habéis oído que se dijo: “no cometerás adulterio”. Pero yo os digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón.» (Mateo 5:27-28), no solo ratificando la ley mosaica, sino extendiendo el ámbito de la infidelidad matrimonial del acto físico al deseo codicioso de la mujer ajena. No es posible encontrar ningún lugar en la Escritura en el que, de alguna manera, aún oscura, se permitan las relaciones fuera del seno del matrimonio. En necesario considerar que en cierto período de la historia, y dentro de unas circunstancias determinadas, se ha dado la poligamia, la posibilidad de que un hombre se casase de forma simultánea con más de una mujer, pero aún en esos casos, siempre se consideró la necesidad de que hubiese un compromiso matrimonial de por medio, y cualquier contacto sexual fuera de ese ámbito era considerado igualmente adulterio, por lo que no es errado afirmar que a lo largo de toda la revelación bíblica el acto sexual se limita, al menos bajo la aprobación divina, al entorno matrimonial. Una sexualidad monogámica En la porción ya citada en su momento, Génesis 2:24, usa la expresión «se unirá a su mujer”, en la construcción idiomática original, que posteriormente repetirá Jesús, la referencia es en singular femenino, habla de una única mujer y no de mujeres, reforzando esa idea con la expresión «serán una sola carne», también en singular, lo que excluiría la posibilidad de terceras personas fuesen varones o hembras. En cualquier caso, es necesario reconocer que la Biblia recoge, sin la menor sanción explícita en contra, la poligamia como una práctica habitual, al menos en buena parte del Antiguo Testamento. Tradicionalmente el cristianismo ha justificado esta aparente contradicción acudiendo a explicaciones de tipo contextual y cultural, argumentando, por ejemplo: … Parece que Dios permitió la poligamia para proteger y proveer para la mujer que no pudiera encontrar un esposo de otra manera. Un hombre tomaría varias esposas y serviría como el proveedor y protector de todas ellas. Mientras que definitivamente esto no es lo ideal, vivir en una casa con poligamia era mucho mejor que las otras alternativas: prostitución, esclavitud, inanición, etc.[57] Como refuerzo del argumento basado en el momento de la creación del ser humano nos encontramos con versículos que disuaden sobre la práctica la poligamia, por los peligros que esta encierra, Deuteronomio 17:17, por ejemplo, desaconseja tomar «muchas mujeres» a los reyes, para que su corazón no se desvíe como le sucedió a Salomón a causa de sus muchas mujeres (1ºReyes 11); aun cuando no se puede afirmar que se trate de una prohibición tajante. En el Nuevo Testamento la poligamia ya no era práctica habitual entre los judíos, pero podemos notar que, al menos los cristianos parecen descartar tal posibilidad, y siempre que encontremos alguna referencia al matrimonio y a sus componentes, se tratará de frases escritas en riguroso singular, siempre habla de esposo y esposa, o marido y mujer, pero no hay ninguna referencia a esposos, maridos, esposas, mujeres.Este patrón monogámico se repite en las consideraciones de Jesús sobre el matrimonio, donde lejos de considerar la posibilidad de la existencia de varias mujeres, condena como adulterio el que un hombre repudie a una mujer y se case con otra, cometiéndolo también el que se casa con la repudiada (Lucas 16:18 y Mateo 5:32) La tendencia, ya que no es posible hablar de la norma explícita, parece indicar que el concepto de pareja en el matrimonio diseñado por Dios es el de una unión monogámica, exclusiva e indisoluble, a no ser en el caso de infidelidad, y así lo ha asumido el pueblo cristiano a lo largo de su historia; y ese matrimonio monogámico excluyente sería el ámbito adecuado para la relación sexual, tal y como la entendemos en las Escrituras. Una sexualidad santa Para hablar de una sexualidad santa debemos primero entender el significado de lo santo. ( ׁשיודָק ) cadósh en el Antiguo Testamento traducido como santo, consagrado, transmite la idea de pureza moral y separación para un destino; (ἅγιος) jágios en el Nuevo Testamento recoge la misma idea de pureza y separación, al punto de que ambos vocablos se identifican de tal manera que la versión LXX usa el termino griego para traducir el hebreo.[58] Cuando estamos hablando de sexualidad, la santidad sexual haría referencia a la separación de ciertas prácticas declaradas como pecaminosas. El incesto, mantener relaciones sexuales personas unidas por algún tipo de consanguinidad, se condena en Levítico 18, Levítico 20 y Deuteronomio 27 de forma expresa y específica. También se podría hablar de otro tipo de incesto, en el que la práctica sexual no es con alguien con quien se mantiene relación de consanguinidad, sino con un pariente político, este tipo de relación sexual se condena en Levítico 18 y Levítico 20. Hay un caso particular de lo que podríamos decir que es algo semejante al incesto: «La desnudez de la mujer y de su hija no descubrirás; no tomarás la hija de su hijo, ni la hija de su hija, para descubrir su desnudez; son parientas, es maldad. No tomarás mujer juntamente con su hermana, para hacerla su rival, descubriendo su desnudez delante de ella en su vida.» (Levítico18:17-18). Se trata de mantener relaciones de forma consecutiva con personas a las que une parentesco. Todas las relaciones anteriores también podrían calificarse de adulteras por no circunscribirse al matrimonio sino tener lugar fuera de él. El adulterio, como ya hemos visto con anterioridad la práctica de adulterio, mantener relaciones sexuales con personas diferentes a aquella con la que se está unido en matrimonio es condenado de forma clara y transversal en la Biblia. No hay paliativos, ni eximentes, cualquier relación fuera de aquella que se mantiene en el ámbito que Dios declara como correcta, el matrimonio, está fuera de orden y es pecado. Es importante entender a cabalidad a que nos referimos al hablar de matrimonio, pues esta idea, conforme a los conceptos bíblicos transciende lo que en el entorno de los estudios de género definen como pareja o matrimonio; pero este punto concreto será tratado de forma pormenorizada cuando hablemos, más adelante, de la familia. La fornicación En el Antiguo Testamento aparece la palabra en alguna de sus variantes 81 veces, y siempre con una connotación negativa y pecaminosa, ( הָנָז ) zaná, fornicar tiene el sentido de «indicar “prostitución” a lo largo de la historia de la lengua hebrea, con matices particulares que surgen de la experiencia religiosa de Israel»[59]; la cercanía con el pecado de adulterio es evidente cuando una de las partes es casada, pero en cualquier caso es una relación sexual tenida fuera del matrimonio, cuya imagen por tratar de mantener relaciones con alguien ajeno al ámbito donde estas se producen, el matrimonio, fue usada mayoritariamente como imagen de la idolatría, mantener relación con un Dios fuera de JHWH; se menciona en relación a una práctica sexual ilícita en porciones como: levítico 19 o Deuteronomio 22. En el Nuevo Testamento aparece en 44 ocasiones, también en diferentes variantes; en este caso fornicación, (πορνεία), porneía, tiene más el sentido de cualquier tipo de relación sexual ilícita, ya sea adulterio (si bien en ocasiones se diferencia entre fornicación y adulterio al mencionar ambas prácticas, en otros casos en que no se menciona el adulterio de forma específica puede considerarse incluido dentro del sentido de fornicación), prostitución, sexo extramatrimonial, o cualquier otra práctica considerada pecaminosa[60]; en ese sentido la encontraos en porciones como Mateo 15, Gálatas 5, Efesios 5 o Colosenses 3, donde esta práctica es reconvenida y mencionada con un claro énfasis de relación con el pecado. El bestialismo La práctica de sexo con animales se condena también sin paliativos en las Escrituras; Exodo 22, Levítico 18, Deuteronomio 27. La homosexualidad La práctica sexual entre personas de la misma condición sexual, sean dos hombres o dos mujeres, es también censurada y prohibida de forma explícita. En el Antiguo Testamento encontramos Levítico 18:22, Levítico 20:13 o Deuteronomio 23:17 como los más directos y específicos, si bien otras porciones hacen referencia a esta práctica, como las que contienen el relato del Lot en Sodoma en Génesis 19 o la acción de miembros de la tribu de Benjamín en Jueces 19; en cualquier caso, esta conducta es considerada pecaminosa y es rechazada de forma clara y específica. El Nuevo Testamento no es menos contundente, a pesar de haber sido escrito en una época en la que esa práctica sexual recibía cierto grado de tolerancia de la sociedad de la época, nos encontramos con una porción que relata el origen de esa práctica en el hecho de haber dado la espalda a Dios en Romanos 1; la advertencia de la condenación de aquellos que se «echan con varones» en 1ª Corintios 6; o la inclusión de la sodomía en una amplia lista de pecados en 1ª Timoteo 1, en todos esos casos la práctica del sexo entre personas del mismo sexo es calificada en los términos más duros como una práctica reprobable y pecaminosa. Algunos defensores de la llamada “teología gay” o de la “teología queer”, incluidos a pesar de sus matices particulares dentro de la corriente ideológica de género, pretenden que estos versículos no se refieren a prácticas sexuales en sí mismas, sino a prácticas realizadas dentro de sesiones idolátricas y que justo eso, la idolatría, es lo que condenan, y no la homosexualidad. Esta postura es del todo insostenible desde una hermenéutica y una exégesis ortodoxa, y adolece de posturas apriorísticas al acercarse a las escrituras desde ópticas casi siempre marcadas por una decisión de exculpar la postura que se defiende, forzando y torciendo el significado sencillo y directo de las porciones tratadas. La lascivia Aselgeía (ἀσέλγεια), que más que un pecado en sí, parece referirse a una actitud, «denotando exceso, desenfreno, indecencia, se traduce «lascivia» en casi todos los pasajes en que aparece»[61] y «sensualidad, lascivia, licenciosidad, obscenidad, es decir, no tener control sobre las actitudes y conductas morales»[62]. Resulta especialmente interesante este concepto en el momento en el que lo aplicamos a la práctica del sexo, pues puede convertir lo que hasta ahora hemos visto como sexo lícito, bíblicamente hablando, el sexo heterosexual dentro de la pareja matrimonial, en sexo ilícito si la actitud de los participantes es dejarse llevar por el desenfreno y el deseo sin control. En muchos casos, aún dentro de ese concepto de diseño divino, puede cederse a la obscenidad, el exceso, a la indecencia y la pérdida de control sobre el propio yo; en esos casos en los que el dominio propio desaparece es fácil, por no decir inevitable, cruzar la frontera de lo pecaminoso. La lascivia se cita Marcos 7:22, Romanos 1:27, 2ª Corintios 12:21, Gálatas 5:19, Efesios 4:19. Curiosamente el entregarse a la lascivia es una de las actitudes más elogiadas por los ideólogos de género cuando se trata el tema de la sexualidad; así nos encontramos recomendacionesde prácticas solo calificables como de “extremadamente lascivas” en textos de la ya citada Beatriz Preciado[63]. Tradicionalmente una de las acusaciones que se ha lanzado contra el concepto bíblico de la sexualidad es aquella que dice que la religión ha desterrado el placer de la práctica del sexo, limitando este únicamente a su función reproductora. No es posible negar que en ciertos momentos de la historia esta afirmación estuvo cerca de ser cierta, hasta el punto de que la iglesia, pudo deslizarse por derroteros no del todo bíblicos en este asunto del placer sexual. Sin embargo en las Escrituras no encontramos esa disociación entre placer y sexualidad, antes bien la Palabra de Dios recoge expresiones que exaltan y destacan lo placentero de la sexualidad humana, un ejemplo lo encontramos en Proverbios 5:17 y 18, donde incluso en un contexto en el que el autor del libro recomienda huir de la práctica del adulterio, recoge también expresiones alusivas de forma directa, clara e indubitable, al placer que proporciona la relación sexual dentro de los límites establecidos por Dios; expresiones como: “alégrate con la mujer de tu juventud”, “sus caricias te satisfagan” o “en su amor recréate”, todas ellas manifestaciones de una relación sexual con un marcado carácter placentero. Si recurrimos al libro que más expresiones de amor romántico y placentero recoge, el Cantar de los Cantares nos encontramos expresiones de igual exaltación del placer sexual desde su mismo inicio: “¡Oh, si él me besara con besos de su boca! Porque mejores son tus amores que el vino” (Cantares 1:2), “Nuestro lecho es de flores” (Cantares 1:16); a través del libro: “Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa; Miel y leche hay debajo de tu lengua; Y el olor de tus vestidos como el olor del Líbano” (Cantares 4:11), “Venga mi amado a su huerto, Y coma de su dulce fruta” (Cantares 4:18); hasta el final del mismo: “yo soy de mi amado, Y conmigo tiene su contentamiento” (Cantares 7:10). Todo el libro recoge imágenes que, interpretadas dentro de su estilo literario, nos presenta el placer del encuentro emocional, romántico, carnal y sexual entre aquellos que se aman, dentro del orden establecido por Dios. «Este libro trata de una manera delicada, exquisita y especial las relaciones íntimas de una pareja, en el contexto de una unión conyugal. Su enseñanza no es aplicable a cualquier relación que no esté mediatizada por un amor auténtico».[64] No hay en todo el texto Bíblico ni un solo verso en el que se condene el placer sexual, al igual que no es posible encontrar referencia a la disociación entre sexo y placer. Cuando Dios creó al ser humano diseñó también la forma en que este se relacionaría sexualmente, y creó los cuerpos de hombre y mujer, no sólo de forma que encajaran a la perfección, sino también de que se proporcionaran mutuo placer en el momento de la unión carnal. Si examinamos el libro de Cantares nos encontramos que el sexo, dentro del orden establecido por Dios, se presenta como algo deleitoso, agradable, sensorialmente excitante y apetecible; algo totalmente alejado de la imagen de sucio y pecaminoso que el algún momento puede haberse transmitido. La sexualidad humana, como diseño divino, es pues, algo que agradó a Dios, y que está dentro de lo que la Biblia define como “bueno en gran manera” (Génesis 1:32), toda vez que está dentro del “ser una sola carne” que Dios planificó como la forma de relacionarse en pareja la humanidad. Llegado este punto sería lícito preguntarse el porqué de las limitaciones en las que, como hemos visto, Dios ha enmarcado la sexualidad humana. Quizás podrían estas ser interpretadas como el capricho de un Dios controlador que busca sojuzgar y oprimir la libertad del hombre imponiéndosele en un área de tanta importancia como es esta, pero eso sería desconocer por completo el carácter que de Dios revela el texto inspirado de las Sagradas Escrituras. El apóstol Juan dice “Dios es amor” (1ª Juan 4:8), y es algo impensable que un Dios que se caracteriza por ser amor hasta el punto de encarnarse y llegar a morir en una cruz por amor a sus criaturas, como en múltiples lugares nos revela su Palabra, se deleite luego en evitar el bienestar y el placer de esas mismas criaturas. Es asimismo el propio Dios a través del profeta el que dice a los suyos “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11), lo que excluye cualquier pretensión de atribuir al creador otra propósito que no sea lograr la paz de sus criaturas; no es posible imaginar un Dios que se recrea poniendo barreras, dificultades y cortapisas a su creación simplemente porque sí; sería retorcido y ajeno a lo manifestado en la Sagradas Escrituras. Dios pone límites para la protección del ser humano, para asegurar su prosperidad, seguridad, paz y bendición, todo ello se manifiesta de forma evidente en una serie de pasajes paralelos en los que el propio Dios manifiesta las ventajas de obedecer sus preceptos y normas: Levítico 26, Deuteronomio 7 y Deuteronomio 28. Esta obediencia abarca también lo referido a las normas de relación sexual del ser humano; Dios no pretende hurtar a su creación el disfrute del sexo, sino más bien proporcionarle un ámbito en el que el desarrollo de esa área sea placentero, seguro y pleno. Los efectos negativos del abuso y la transgresión en el área sexual se hacen evidentes en nuestra sociedad reforzando la idea de que las normas de Dios solo buscan proteger a la humanidad que ha creado. Para percibirlo no es necesario nada más que observar algunos ejemplos que recogen una realidad sobrecogedora: «Aumentan las infecciones de transmisión sexual, sobre todo entre los jóvenes»[65], el testimonio del estamento médico apoya esta realidad, «En los últimos años, las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) han aumentado drásticamente entre los más jóvenes, según señala la Federación Española de Sociedades de Sexología (FESS)»[66]. Los efectos de romper los límites establecidos por Dios se extienden también al clima social que nos rodea, «7.240 mujeres fueron víctimas de delitos contra la libertad sexual en España en 2016, 417 más que el año anterior, según los datos del Ministerio del Interior»[67]; no se limitan tampoco a ese área, afectando también al aspecto emocional, como se recoge también de forma clara: «Un reciente estudio longitudinal publicado en el Journal of Abnormal Psychology sugiere que los adolescentes que practican sexo casual tienen más probabilidades de sufrir depresión que sus pares que no practican sexo casual»[68]. Los efectos para la sociedad se extienden a todos los ámbitos, y la aplicación de los modelos divinos redundarían en beneficios a nivel social, de salud, económico, personal. Cumplir con el modelo de Dios en la Biblia protege a una sociedad que decididamente le da la espalda a Él y a sus normas protectoras. 4. FAMILIA DE GÉNERO VS TEOLOGÍA DE LA FAMILIA 4.1. FAMILIA DE GÉNERO El enfoque que los estudios de género y la ideología que de ellos deviene tienen sobre la familia es diametralmente opuesto al concepto tradicional que sobre la misma se ha venido teniendo desde los albores de la humanidad. El concepto de lo que en este trabajo se ha venido a llamar “familia de género” es un concepto abierto, sin límites ni impedimentos en prácticamente ningún aspecto; la familia de género puede ser “cualquier tipo de familia” sin que haya restricciones en el tipo de relación: el género de los mismos, su número, su estabilidad; encontrándonos casos como el ya citado anteriormente, donde un hombre de más de 50 años es integrado y “adoptado” en una familia, como si de una niña pequeña se tratase[69]. Pero el enfoque final de la ideología de género no se limita a la aceptación de cualquier tipo de relación entre diversos individuos bajo la denominación de familia, sino que en el fondo subyace el deseo de la desaparición de la familia como estamento fundamental de lasociedad, como otra forma de subvertir el orden social actual. El ataque no es a derribar limitaciones en los tipos de familia, sino que va mucho más allá, hasta la desaparición del estamento familiar como tal. Invalidar el sistema heteronormativo de reproducción humana y de las formas de parentesco -siempre a priori heteronormales- por medio del desistir de prácticas tales como el matrimonio y todos sus sucedáneos (ninguna forma de afectación podrá tener como testigo al Estado o su reterritorialización como “la pareja” o “familia nuclear” dispositivos privilegiados de heterosexuación de los cuerpos, de los sistemas de transmisión y legado de los privilegios patrimoniales, económicos y sociales, propios de las formas de parentesco -patris-monium-)[70] La revolución final que proponen los ideólogos de género para la sociedad igualitaria que desean e imaginan alcanzaría sus objetivos finales en el momento en el que se lograse la desaparición total de la familia, la inexistencia de matrimonios, organizando la sociedad en familias no nucleares que ocupen el lugar de lo que hasta ese momento habrá sido la familia tradicional hetero-patriarcal; una sociedad donde las relaciones entre los diferentes miembros será múltiple, diversa y variada, sexualmente liberada y sin vinculaciones afectivas necesariamente duraderas ni sustentadas en lazos de parentesco de ningún tipo. Una sociedad “fluida” construida sobre familias “fluidas”. No se puede acusar a los promotores de la ideología de género de ningún tipo de disimulo en sus intenciones, pues la manifestación de las mismas no puede ser más clara. «Hasta ahora hemos atacado a la familia en un doble frente, poniendo en entredicho aquello entorno a lo que está organizada: la reproducción de la especie por parte de las hembras su consecuencia, la dependencia de mujeres y niños. La eliminación de estos elementos equivaldría a la destrucción de la familia»[71]. La “evolución” de este cambio de los conceptos de familia, matrimonio y pareja, se incluye en un relato crudo y desalentador en la obra de Alvin Toffler La Tercera Ola, en la que, partiendo de un análisis histórico de la evolución social y económica de la humanidad, el futurólogo nos presenta una sociedad, la que él llama la “tercera ola”, en la que la familia tradicional desaparece ante la aparición de nuevos tipos de familias: unipersonales, monoparentales, de convivencia (en todas las combinaciones posibles), grupales, sexualizadas, asexuadas, etc.[72] Ahora bien, como en toda batalla, el ataque final no se da sin haber establecido antes una posición ventajosa que merme la fuerza del contrario y posibilite la consecución del objetivo final propuesto; por ello la ideología de género no pretende, abiertamente y de principio, la disolución y desaparición de la familia, sino que intenta ganar posiciones de fuerza debilitando los fundamentos básicos que la sostienen. El matrimonio es sin lugar a dudas el área donde más logros han alcanzado en su estrategia. En multitud de países se ha logrado la modificación del concepto de matrimonio tradicional, para “abrirlo a nuevas realidades sociales”; así España fue el tercer país en el mundo, tras Holanda y Bélgica, en legalizar la unión matrimonial entre personas del mismo sexo, equiparándola legalmente a las uniones heterosexuales con una ley que reconoce el matrimonio gay y que entró en vigor el 3 de julio de 2005. Esta posición contraria al “matrimonio tradicional” o la llamada “familia nuclear” se sustenta fundamentalmente en la visión que la ideología de género tiene sobre ambas instituciones, a las que ve como prolongadoras de una situación de desigualdad que perjudica a sectores tradicionalmente marginalizados: mujeres, gays, transexuales, etc. A partir de los aportes de los Estudios de Género y de la teoría feminista, la familia va a ser cuestionada y denunciada como ámbito de dominación masculina por excelencia dónde el mandato patriarcal de ser madre opera como eje organizador de la vida de las mujeres. Las relaciones de poder, las jerarquías por edad y sexo, la Heterosexualidad Obligatoria, la división sexual del trabajo, el trabajo doméstico no remunerado, la transmisión de valores patriarcales, la producción del binarismo sexual y la reproducción de los estereotipos de género en el proceso de socialización, son algunas de las categorías producidas por la teoría feminista para visibilizar los mecanismos de subordinación de las mujeres… … nos referimos a un orden construido a partir de un sistema sexual binario y jerárquico: mujeres / femeninas / inferiores y varones / masculinos / superiores, reforzado, a su vez, por la esencialización de la sexualidad a través de la imposición de la Heterosexualidad Obligatoria. En definitiva, este sistema sexo-género como lo denominó Gayle Rubin, no sólo limita la definición de lo humano a dos categorías genéricas, varones y mujeres, sino que también disciplina el deseo sexual para que los sexos opuestos se atraigan mutuamente. Resulta de suma importancia para nuestro análisis, señalar que la heteronormatividad del patriarcado conduce a la discriminación e inferiorización tanto de toda orientación sexual disidente, como de cualquier identidad genérica que no respete la dicotomía varón-mujer – léase: travestis, transexuales, intersexuales, transgéneros, lesbianas, bisexuales, gays.[73] Ante una visión de la familia como una institución que prolonga la desigualdad, la opresión y la discriminación, la opción lógica es la destrucción de tan nefasta estructura, o al menos su transformación en algo totalmente diferente, hasta el punto de hacerla totalmente irreconocible; de ahí la multitud de modelos familiares que la ideología de género propone, en lo que cualquier tipo de unión constituye una familia, y que dan la razón a la predicción de Morgan, citado por Engels en su obra El Origen de la familia, la propiedad privada y el estado, «Si en un porvenir lejano, la familia monogámica no llegase a satisfacer las exigencias de la sociedad, es imposible predecir de qué naturaleza sería la que le sucediese».[74] Resumiría la situación esta sentencia del Cardenal Robert Sarah: «Los países occidentales en cierto modo han decidido aliarse para oponerse frontalmente y radicalmente a Dios, dictando leyes que destruyen el designio de Dios sobre la familia y sobre el matrimonio. Hay una voluntad y medios financieros, técnicos y mediáticos no solamente para romper o destruir sino también y, sobre todo, diría yo, para acabar con los fines del matrimonio, para desestructurar y desnaturalizar la célula de la familia»[75]. 4.2. TEOLOGÍA DE LA FAMILIA En la Biblia la familia aparece desde sus inicios, como parte del diseño divino de la humanidad; así la primera recomendación de Dios al hombre es el establecimiento de una familia, fundada sobre la unión entre un hombre y una mujer (el matrimonio) y que es parte indisoluble del plan divino para el ser humano. Así descubrimos que el matrimonio, y la familia que de él deviene, trasciende la forma de un convencionalismo social establecido a lo largo del devenir de la historia del hombre, y que, por lo tanto, es susceptible de evolucionar a la par que lo hace la propia humanidad. Examinando los dos primeros capítulos del Génesis, que recogen la creación del ser humano, encontramos que la familia, como institución humana, tiene su propio inicio en el Edén, en el hombre y la mujer previos a la caída en pecado; sobre esta base podemos discernir varios aspectos que son claves a la hora de comprender la esencia misma de la familia y del matrimonio, que resulta ser su germen: La familia es una institución fundamentada en la complementariedad de los dos sexos, diferenciados desde la creación «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (Génesis 1:27). Desde un inicio Dios creó dos sexos diferenciados, destinados a unirse, «Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne» (Génesis2:24). Dentro del plan de Dios para la humanidad, desde el principio se introduce el matrimonio como germen de una unidad nueva que será la familia, y para que esa construcción encaje en el diseño divino es imprescindible que se dé entre un hombre y una mujer; de otra manera rompe el orden establecido divinamente, pues sólo en la unión entre el hombre y la mujer se encuentra la complementariedad perfecta a todos los niveles: afectivo, emocional, espiritual, físico, sexual y reproductivo. Cualquier matrimonio o familia que transgrede ese orden establecido resulta, a todas luces, fallida en alguno de los campos en los que Dios diseñó esa unión perfecta definida por la expresión «una sola carne». La familia es necesaria para el ser humano Es Dios el que determina que el hombre no está completo en sí mismo, sino que precisa de un “complemento perfecto” que no le es posible hallar en toda la creación, por lo que el propio Dios decide «No es bueno que el hombre esté solo, le haré ayuda idónea para él» (Génesis 2:18). Es de notar que Dios no crea otro ser idéntico al hombre; al contrario, lo que crea es un ser, la mujer, diferente en muchos aspectos: a nivel físico, emocional, psíquico, conductual, pero a su vez complementario; de forma que ambos en unión llegan a ser un todo, «una sola carne». El ser humano solo es tal cuando Eva se une a Adan en el huerto, y constituyen de esa forma el primer matrimonio y la primera familia. Esta relación es tan necesaria para el buen desarrollo del ser humano, que también desde el inicio, Dios estipula que el ser humano no estará exento de familia, sino que lo natural será la “salida” de una familia, para la conformación de una nueva familia. De nuevo la clave se encuentra en Génesis 2:24 que dice: «dejará», ( בַזָע ) azáb, literalmente «significa “salir de algo” o “dejar” […] El vocablo adquiere particularmente el matiz de «dejar a alguien plantado», o dejar a alguien que depende de sus servicios»[76]; esta “salida” tiene como único destino ( קַבָּד ) dabác, “agarrar, pegar, unir, aferrar”. En hebreo moderno el vocablo tiene el sentido de “pegar, adherirse a”. Es así como de dabaq provienen tanto el nombre “cola o pegamento” como las ideas más abstractas de “lealtad, devoción” […] El pasaje refleja el uso fundamental del término: un objeto (o persona) se adhiere o une a otro»[77]. La familia tiene un propósito divino Tanto el matrimonio, como la familia, tienen un sentido y un propósito que subyace y sustenta su propia existencia, ambas instituciones, que caminan de la mano tienen además de su propósito de completar al ser humano, otra motivación de origen: garantizar la permanencia de la raza humana sobre la tierra. Dios creó a la humanidad con una intención que se manifiesta en su primera orden: «Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra…» (Génesis 1:28). Fue deseo divino que el hombre se extendiese y perdurase en el tiempo, y la familia, fundamentada en la unión entre hombre y mujer, fue el medio que determinó para tal fin. La pervivencia de la especie humana está ligada a la reproducción sexual, y esta solo se da por la unión entre hombre y mujer. No es posible cerrar los ojos a las posibilidades que los avances en ciencia y técnica ofrece a la reproducción humana, desde la clonación a la reproducción in vitro; pero la forma “natural” de fructificar y multiplicarse el hombre se da dentro de la relación heterosexual entre hombre y mujer; y Dios determinó que esta relación se diese dentro del matrimonio y de la familia. Otros métodos de reproducción pueden falsear o soslayar la unión entre hombre y mujer, pero no proveen al nuevo ser de un ámbito de crecimiento, desarrollo y cuidado equilibrado y favorables (excepción hecha de los casos en los que el pecado y la maldad humana pervierten la familia, y que están fuera de ese diseño divino previo a la caída del hombre). La familia se sustenta sobre un matrimonio con un carácter exclusivista La familia está basada en el matrimonio que le da origen, y en este solo hay dos partes: hombre y mujer; esposa y esposo. Así hemos visto con anterioridad en este trabajo que cualquier forma de ruptura de esa exclusividad (el adulterio) es condenada sin paliativos en el texto bíblico; no hay lugar a terceros, relaciones múltiples, poliamor, relaciones abiertas, etc. todas ellas nuevas denominaciones o formas de disimular lo que no es otra cosa que una ruptura del carácter de exclusividad del matrimonio, y por tanto también de la familia. Es imposible “diseñar” un sistema familiar (excepción hecha de la familia monoparental resultado del óbito de una de las partes) en las que de una u otro manera no aparezca el pecado que rompe la exclusividad de la relación por medio, bien como fornicación, bien como adulterio. La familia está formada de acuerdo a un diseño divino, por un hombre unido a una mujer en matrimonio, y el fruto natural del mismo en forma de hijos si los hubiese. La familia es indisoluble en su núcleo Habida cuenta de que el núcleo y origen de la familia es el matrimonio, y a la luz de la evidencia bíblica del carácter de indisolubilidad del mismo, sería correcto manifestar, como reza el título de este párrafo, que la familia es indisoluble en su núcleo. La revelación Bíblica manifiesta de forma indubitable que Dios diseñó la unión entre hombre y mujer como un estado que, una vez que se adquiere, es permanente e indisoluble; así encontramos en Mateo 19:1-12 y sus paralelos en los evangelios sinópticos, que el matrimonio no es perenne ni caduco, sino que una vez se produce la unión, esta solo puede ser disuelta por la muerte que separa a los cónyuges, por ello es posible afirmar que, en su núcleo matrimonial, la familia es indisoluble y permanente hasta la muerte de los que conforman ese núcleo origen. Ya expresamos más atrás que, en el caso de los hijos, la situación difiere, pues es normal y natural la “salida” de la familia para la conformación de una nueva familia, teniendo en cuenta que el vínculo familiar con los padres y hermanos no desaparece por completo, sino que es sobrepasado por el nuevo vínculo que se establece con el cónyuge y los hijos tenidos con este. La familia tiene un orden interior que la convierte en el lugar perfecto para el desarrollo de las nuevas generaciones Dios no solo creó la familia, sino que la dotó de un orden interno que es fundamental para su buen funcionamiento. Muchas son las recomendaciones que encontramos a este respecto a lo largo y ancho de las Escrituras, desde el propio decálogo que establece la obligación de honrar al padre y a la madre, núcleo fundamental de la familia, hasta las recomendaciones paulinas sobre las relaciones entre las diferentes partes de la familia: padre, madre e hijos, o las que hace a los padres sobre la conveniencia de no «provocar a ira» a los hijos, recomendaciones que, de ser llevadas a cabo, tendrían como fruto el establecimiento de familias sanas, en las que los individuos encontrarían el lugar perfecto para su desarrollo, crecimiento y realización personal. No sería correcto ignorar que hoy en día muchas familias, tradicionales o no, es indiferente, no son en forma alguna el lugar seguro y perfecto que deberían ser, pero no es menos cierto que de seguir las recomendaciones bíblicas al respecto, sería mucho más fácil que la familia se convirtiese en aquello para lo cual Dios la diseñó de origen. La familia tiene un efecto vertebrador de la sociedad Sería un grave error ignorar que familias fuertes y sanas suelen tener como efecto la existencia de un sociedad fuerte y sana; esto es así por el efecto vertebrador que las familias tienen en la sociedad. Cuando la sociedad falla en el cuidado de sus miembros, las familias sanas no abandonan a los suyos, sosteniéndolos y manteniendo de esta forma la estabilidad de la sociedad. Cuando la situación se invierte y son las familias las que fallan y abandonan sus responsabilidades, la sociedad se ve imposibilitada para sostenerse a sí misma, pues los malesque dañaron a la familia se transmitirán de forma inevitable a una la sociedad que al final se compone de los miembros de esas familias fallidas. Las familias son fundamentales para el desarrollo integral de la sociedad. Familias fuertes, saludables y sostenibles, derivan en sociedades fuertes, saludables y sostenibles (Ignasi de Bofarull, Instituto de Estudios Superiores de la Familia, Universidad Internacional de Cataluña). Por el contrario, un debilitamiento de las estructuras y dinámicas familiares impacta desfavorablemente en la sociedad, al provocar problemáticas que afectan los indicadores de bienestar en los miembros de los hogares, especialmente de los menores de edad. Cuando los indicadores de bienestar se deterioran a nivel familiar -produciendo desatenciones en el cuidado de los niños, abandono escolar, aumento de adicciones, violencia intrafamiliar, entre otros- el Estado debe responder con programas y proyectos que mitiguen las diversas problemáticas, las cuales pudieron evitarse o reducirse con una atención y protección oportunas a las familias especialmente vulnerables (Fernando Pliego, Universidad Nacional Autónoma de México).[78] De todo lo expuesto hasta aquí resulta evidente que la familia es mucho más que un convencionalismo social, como en multitud de ocasiones se nos ha transmitido, se trata más bien una pieza básica y fundamental dentro del diseño divino de nuestra sociedad; una pieza sin la cual lo que se desmoronará es la sociedad en sí misma. Si lo que la ideología de género propone como uno de sus fines, destruir la familia, se llegase a alcanzar, entonces lo que estaría dañada hasta la muerte será la humanidad misma. Una sociedad es tan fuerte como lo son las familias que la componen, un ejemplo claro lo encontramos en la última crisis que nuestro país ha sufrido, y en la que se ha manifestado el soporte que las familias han supuesto. La familia resulta ser también el lugar en el que el ser humano encuentra el espacio ideal para lograr su madurez, «si se acepta la idea de que la salud significa madurez de acuerdo con la edad, es imposible alcanzar madurez emocional si no es dentro de un marco en el que la familia se ha convertido en el puente que permite dejar atrás el cuidado de los padres y pasar a la esfera de la provisión social»[79], sin familias estructuradas el ser humano no alcanza la madurez. Cuidar la familia al estilo de Dios es requisito imprescindible para que el hombre llegue a ser lo que Dios ha diseñado que debe ser. 5. EDUCACIÓN DE GÉNERO VS TEOLOGÍA DE LA EDUCACIÓN 5.1. EDUCACIÓN DE GÉNERO Como quiera que la ideología de género parte de la premisa de que el género es una construcción social, algo aprendido en el seno de la familia, la escuela y la sociedad, a través de un lenguaje y unas costumbres sexistas que reproducen una estructura heteropatriarcal, la solución natural se encuentra en el control y el cambio del sistema educativo público, ya que el ámbito privado de la familia todavía está vedado a una intrusión directa desde el exterior. Se considera necesario cambiar los conceptos, ideas y roles que se enseñan a los niños porque «la familia y la escuela estructuran en niñas y niños el orden simbólico que la sociedad patriarcal necesita para seguir conservando el poder. Este orden se asume, de manera inconsciente, como propio y natural»[80]. Para evitar esta estructuración de la mente de los niños es preciso controlar, en la medida de lo posible, los espacios en los que se forma a los más pequeños. La estrategia es clara y manifiesta, introducir los conceptos y las ideas de género en las escuelas a fin de “liberar” la mente de los niños de la educación heteropatriarcal que reciben de forma continua desde su nacimiento; de esta manera, afectando a las nuevas generaciones se logrará una sociedad más libre e igualitaria. Este proceder se promueve desde las más altas instancias educativas internacionales que, a través de sus directivas, informes y programas, influyen en los gobiernos nacionales para la paulatina implantación de la ideología de género en la escuela. La guía UNESCO de Educación Sexual para la Autoafirmación de los Jóvenes, elaborada en 2009 con participación de asesores del Fondo de la Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud (PAHO) y el Fondo para la Población de las Naciones Unidas (FNUAP-UNFPA), documento también llamado Directrices Internacionales para la Educación Sexual, divide a los niños en grupos de edad y recomienda que a partir de los 5 años los educadores inicien a los menores en técnicas de masturbación así como la mentalización en los roles de género y en los estereotipos de género a fin de que tengan una visión acrítica de la libre orientación sexual. De 9 a 12 años deben ser instruidos en los efectos positivos y negativos de los afrodisiacos en un contexto de relativismo sexual. A los 12 años se debe profundizar en las razones para abortar, considerando violencia de género los impedimentos; para llegar a los 15 años asumiendo el derecho al aborto y el acceso al aborto seguro. Sabedores de que están vendiendo una mentira, ofrecen “las vendas” de las heridas que semejante ejercicio libre de la sexualidad va a producir. Si las nuevas generaciones asumen el aborto con total naturalidad, todo solucionado.[81] No se trata de otra cosa que de la materialización e institucionalización de algunas de las ideas que sobre educación sexual de los niños mantienen muchos de los ideólogos de los estudios de género De esta manera los conceptos ideológicos de género son plantados en las mentes de los niños en el momento en que son más maleables, y precisamente por figuras que para ellos son de autoridad: los maestros. Añadamos a lo anterior la influencia de los medios de comunicación audiovisuales a través de los cuales se difunden, cada vez de forma más masiva y continua, los mismos ideales, la misma ideología. El acceso a los menores se hace a través de dos vías: la comunicación audiovisual y los centros escolares, y se facilita mediante leyes que permitan tanto la ideologización solapada como esquivar el tejido protector que es la familia. La acción directa sobre los niños y adolescentes implica a escuelas, colegios e institutos ya sea mediante cursillos impartidos por personas que se introducen sin permiso expreso de los padres, o mediante el adoctrinamiento previo de un profesorado sin demasiados prejuicios para tratar, a su manera, unos temas que implican la vida privada del menor y su escala de valores.[82] Nos encontramos con la realidad de que la mente de los más pequeños es, desde su más tierna infancia, sometida a un adoctrinamiento encubierto, pero continuo, en el que se le transmiten ideas en pro de lograr una mayor tolerancia, respeto e igualdad, pero que en realidad siembran las mentes infantiles de conceptos que fomentan la sexualidad libre o el aborto, y que marginan cualquier idea que pueda ser acusada de ser retrograda, antigua, o sustentadora de estructuras heteropatriarcales. Para alcanzar a los más pequeños en la escuela, es preciso primero alcanzar a aquellos que van a tener en sus manos la formación de los niños: los docentes. La ideología de género, en este sentido, se ha insertado de forma eficiente en los ámbitos docentes. La formación de los maestros ya en ejercicio, se realiza a través de cursos y seminarios que “especialistas” que trabajan con los profesores introduciéndoles en lo que será una educación de sus alumnos desde la perspectiva de género. En ese sentido son de sumo interés los diversos testimonios de la profesora de educación física Alicia Rubio que relata cómo los profesores son sometidos a cursos donde se les inculcan los principios de la ideología de género por parte de prestigiados ponentes, cursos en los que no hay lugar para la discusión ni el debate y en el que la ideología de género se imparte como una verdad probada, indubitable, y de obligada introducciónen el aula por parte de los docentes.[83] Otra estrategia para alcanzar a los docentes, y a través de ellos a los niños, es la inclusión en los currículos formativos de las facultades donde se forman a los maestros de contenidos de género; ejemplos de esta segunda medida de influencia podemos encontrarlo en algunos artículos publicados al respecto y que manifiestan: «Es por ello que debe hacerse una apuesta por un currículum con enfoque sexual dentro de los planes de estudio de las Facultades de Educación, que aborde la importancia de formar futuros y futuras docentes implicados en estos contenidos».[84] La línea de actuación es clara: formar a la sociedad en el ideario de género, haciendo énfasis por su maleabilidad en los más jóvenes, y alcanzar a estos formando previamente a los maestros; de esta forma en unas generaciones la ideología de género formará parte integral del pensamiento y visión del mundo de la sociedad. Ni qué decir hay que todo se reviste de una pátina de formación en la tolerancia, la igualdad, la no discriminación y el respeto al diferente, pero el objetivo final es una ideologización de las nuevas generaciones en un sentido claro: «Ha de apostarse claramente por una perspectiva de género más inclusiva que aborde e integre las diversas sexualidades en sus formas más transgresoras. Tal apuesta forma parte de un continuo proceso que debe culminar en la aparición de un nuevo concepto de ciudadanía también más inclusivo»[85]. Una ciudadanía inclusiva que se alcanza a través del adoctrinamiento en ideas de género de los más jóvenes, en la escuela, el lugar al que sus padres los envían convencidos de que serán formados sin ser adoctrinados. 5.2. UNA TEOLOGÍA DE LA EDUCACIÓN Si en algo existe algún punto de coincidencia entre la llamada ideología de género y la posición bíblica ante la vida, posiblemente sea este: «Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él» (Proverbios 22:6). Desgraciadamente la coincidencia se acaba en el mismo punto en el que empieza, pues las bases y fundamentos sobre los que instruir al niño son radicalmente opuestas. La Biblia nos muestra un interés de parte de Dios por la instrucción de los más jóvenes, como ya hemos visto en el versículo de Proverbios, pero no se limita a decirnos que esto es importante, sino que también nos indica cuál debe ser el sentido en el que los niños deben ser formados, y a su vez nos dice quién debe asumir esta faceta de la formación. Posiblemente, una de las porciones más significativas en este sentido sea la que incluye el que algunos han dado en llamar el “credo judío”, la Shema, Deuteronomio 6:4, y aunque todo el capítulo es significativo, destacaríamos en especial los versículos siguientes: «Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas» (Deuteronomio 6:6-9). Cuando Dios en el texto Bíblico hace referencia a “estas palabras, no se refiere simplemente a la mencionada Shema en su versión amplia, los versículos 4 y 5, sino que si consideramos el contexto resulta claro que se refiere a «los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mandó» (Deuteronomio 6:1). Encontramos el “qué” claramente definido: hablamos del consejo de Dios, de lo que Dios nos ha dicho, desde el principio, lo que nos ha enseñado como bueno y malo, como correcto e incorrecto, como santo y pecaminoso; y estas cosas que nos han sido dadas por un Dios Santo y Eterno son, como el Dios que las da, inmutables. Pueden cambiar las formas culturales, las expresiones sociales de algunas cosas, pero no cambia lo que Dios ha declarado como principios buenos o malos. Esos mandamientos inmutables, eternos, esos principios divinos de lo bueno y lo malo, es lo que nosotros debemos enseñar a nuestros hijos. También nos dice el “cómo” con expresiones como: «estarán… las repetirás… hablarás… las atarás… estarán… y las escribirás…»; presencia continua, mención constante, visual, auditivamente, pero también por el ejemplo y la práctica. La enseñanza es enfática; si en algo no debían fallar los padres a sus hijos era en transmitirles las verdades recibidas de Dios. No falta el “cuándo”: «en casa… andando… al acostarte… al levantarte…», en todo momento, de forma continua, no hay aspecto de la vida en la que la enseñanza de las verdades de Dios no pueda enseñarse. La educación de los más pequeños ha sido labor que generalmente los padres han cedido en favor de los maestros en las escuelas; este es un error al que el alto ritmo de vida que nos marca nuestra sociedad nos ha empujado; en muchas ocasiones ambos padres trabajan, lo que les lleva a estar mucho más tiempo del que desean fuera del hogar, la permanencia en el colegio en períodos lectivos o en actividades extraescolares se ha convertido para muchas familias en el recurso al que pueden recurrir para garantizar el cuidado de los hijos; por si esto fuese poco, el estado y la hora en la que los padres retornan al hogar tampoco facilita que las relación que se establece con los hijos sea la mejor; en muchas ocasiones la función de los padres se limita a la alimentación, pasar un rato con los niños interesándose por cómo les ha ido el día, y acostarlos para que descansen de cara a un nuevo ciclo de colegio, clases, actividades, etc. La salud de la familia no puede menos que resentirse de esta situación. La Biblia es en ese aspecto clara al respecto: «Mañana cuando te preguntare tu hijo, diciendo: ¿Qué significan los testimonios y estatutos y decretos que Jehová nuestro Dios os mandó, entonces dirás a tu hijo…» Deuteronomio 6:20-21. No es casualidad que este capítulo sea el mismo en el que se recogen los ya citados relacionados con la “shema”; el énfasis es evidente, hay ciertos aspectos de la educación de los niños que es área privativa de los padres, y en la que estos deben aplicarse de forma preferente. El versículo 20 de Deuteronomio cita: testimonios ( הָדֵע ) edá, estatutos (חיק) kjoc y decretos ( טָּפְׁשִמ ) mishpát; tres términos que definen aquello que los padres deben encargarse de transmitir a sus hijos, y que ya en parte recoge también el versículo 1 de ese capítulo, con la variación de traducir ( טָּפְׁשִמ ) mishpát como mandamientos en lugar de decretos, y omitir testimonios ( הָדֵע ) edá. Es interesante profundizar en estos términos para poder comprender su alcance. Testimonios ( הָדֵע ) edá. «…en sentido original de encuentro; asamblea programada (espec. gentío, o generalmente familia o multitud): compañía, congregación, cuadrilla, enjambre, grupo, junta, multitud, pueblo, reunión, reunir, séquito, sociedad. Comp.»[86]; esta palabra usada en este contexto de enseñanza a los más pequeños parece relacionarse con la historia comunitaria de Israel como pueblo, de ahí la elección de la traducción como testimonio. Gran parte del conocimiento de Dios y su voluntad por parte del pueblo judío estaba íntimamente relacionado con su propia historia como pueblo, desde sus orígenes a través de la promesa al patriarca Abraham hasta su reciente salida, en el momento de la la escritura del versículo, salida de la esclavitud en Egipto en pos de la promesa de una tierra para ellos. La transmisión de ese testimonio, de esa historia comunitaria que habían experimentado, en la que habían visto en innumerables formas la mano de Dios cuidando, enseñando y guiando, se debía convertir en base fundamental de la formación de las nuevas generaciones. En paralelo, los padres cristianos asumimos la responsabilidad de transmitir nuestra experiencia personal con un Dios vivo y real a nuestros hijos; debemos tomarnos el tiempo para, como hizo Lucas a Teófilo, transmitir esas verdades eternas, «…cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principiolo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra» (Lucas 1:1-2). La transmisión real, viva y transcendente, de forma oral de una experiencia con Dios real, a nuestros hijos debe ser, en la familia cristiana, parte fundamental de la formación y educación de los mismos. Estatutos (חיק) kjoc. «estatuto; prescripción; gobierno; ley; reglamento. Este nombre se deriva del verbo jaqaq, labrar, determinar, decretar […] en términos generales se refiere a las «leyes» de la naturaleza […] denomina la «ley» que proviene de Dios»[87]. La ley, aquellas normas que gobiernan la existencia se refiere tanto a las dadas por Dios a través de la naturaleza, la ley natural, como a las dadas específica y directamente por Dios como normas para el buen vivir del hombre. También es el ámbito del hogar el idóneo para que el niño se relacione con los decretos, con la ley que tiene su origen en Dios. En las aulas del colegio los más jóvenes tendrán un acercamiento a la ley humana, a aquellas normas cívicas de comportamiento que deberán respetar para no incurrir en delito, pero no será allí donde se les enseñen los límites de la ley espiritual, aquellas normas dadas por Dios para evitar que incurran en pecado; muy probablemente ni se les mencionará tal concepto, básico para una posterior relación correcta con Dios. Nuestra sociedad tiende a la eliminación de la idea de pecado, sosteniéndose únicamente en la idea de delito; y deben ser los padres los que acerquen a sus hijos a la idea de una ley que es, al menos en lo moral y lo espiritual, superior a la ley humana. El hogar, los padres, son los actores idóneos para acercar a los pequeños a Dios y a su ley, a sus estatutos y normas, que como ya hemos mencionado en otra parte de este trabajo, tienen como fundamental razón el protegernos, y no tanto el de controlarnos o dominarnos, cosa que Dios haría sin dificultad si así fuese su voluntad. Los niños que carecen de esta área de educación pueden crecer respetuosos a la ley a la que temen porque la conocen y, sin embargo, totalmente desconocedores de los límites y normas que protegerán sus vidas de la espiral autodestructiva del pecado en todas las áreas de su vida. Decretos ( טָּפְׁשִמ ) mishpát. «propiamente veredicto (favorable o desfavorable) pronunciado judicialmente»[88]. Estrechamente vinculado al concepto anterior de estatutos, sería la parte que hace completo al anterior. Toda ley, cuando es transgredida, tiene unas consecuencias, unos efectos sobre el transgresor; los decretos serían la sentencia que acompaña a la transgresión o a la obediencia de un estatuto. Dios los presenta claramente cuando entrega sus leyes al pueblo, advirtiéndole de la bendición o de la maldición en la que incurrirán según cual sea respuesta a sus estatutos. En el caso de la educación de los infantes, se puede apreciar claramente en la forma en la que se les enseñan las leyes que rigen las relaciones cívicas entre los miembros de una comunidad: “Si tú haces o no haces tal cosa, la sociedad te premia o te castiga con esto o aquello”. Desgraciadamente nuestro sistema educativo ha decidido dejar fuera la ley de Dios, sus estatutos y preceptos, con lo cual también deja en lo desconocido los decretos de Dios; y es en el hogar donde los padres deben acercar a sus hijos a las graves consecuencias que tendrá para ellos el transgredir la ley de Dios, o las bendiciones que encontrarán en su obediencia. Cuando se produce una dejación de esta responsabilidad en el ámbito de la familia, los niños crecen sin ningún concepto de ley moral divina, lo que les llevará a convertirse en adultos que no tendrán más frontera moral que aquella que marca el miedo a la acción punitiva de la justicia en caso de infracción del código legal, pero que sin embargo estarán dañando su cuerpo, alma y espíritu traspasando fronteras éticas y morales no recogidas en las leyes humanas, pero claramente marcadas en la ley divina que no respetarán por no conocerla, pues no le ha sido enseñada jamás. El niño o niña que crece sin el conocimiento de Dios y su voluntad manifiesta crece cojo emocional y espiritualmente, sin poder ser llamado, en plenitud, ser humano, pues carece de la imagen de aquel que lo creó. Somos seres con cuerpo alma y espíritu, cuando cualquiera de estas partes se desarrolla sin el crecimiento de las otras, genera un desequilibrio en el ser humano que solo puede generar monstruos que devorarán a su propio creador: una sociedad enferma y carente de la estructura básica que facilita su propio sustento. Es muy probable que tengamos que entonar un mea culpa cuando miramos cual ha sido el proceder de muchos cristianos: enviamos a nuestros hijos al colegio a que los formen académicamente, a la iglesia a que los formen religiosamente, pero no somos cuidadosos en ser su principal fuente de formación en todo el tiempo que no están en la iglesia o en el colegio. Indudablemente nuestros hijos recibirán algún tipo de influencia en el colegio, de sus maestros, pero si llevan grabada ya en su interior la impronta de las palabras mandadas por Dios, si ven a sus papas vivir, comportarse y relacionarse con el mundo de acuerdo a esas palabras, si les proveemos de un espejo en el que mirarse para ver reflejado ese consejo divino, entonces, «aun cuando fuere viejo no se apartará de él». No podemos esperar, ni debemos confiar, que otros hagan lo que nosotros no hacemos, porque los hijos no son del maestro, ni del pastor o profesora de Escuela Dominical; los hijos son un regalo que Dios nos hace, y debemos ser responsables ante Dios y ante ellos de darles el cuidado que necesitan y merecen. Si el campo de batalla es la mente de nuestros hijos, Dios nos ha provisto de las herramientas para poder salir con bien de la confrontación, siempre que como padres asumamos el coste que tendrá tener que librar esa batalla; un coste que puede suponer tener que escoger, en un momento dado, entre ocupar el lugar que nos corresponde asumiendo también la responsabilidad recibida, o dejar que sean otros, cuyos conceptos personales desconocemos, los que enseñen a nuestros hijos en aspectos que Dios ha puesto bajo nuestra responsabilidad. La formación escolar es necesaria, seguramente no todos los padres tendrán la capacidad de formar y educar a los hijos en todas las materias y con la amplitud que se hace en el modelo educativo actual; pero si bien esto es cierto, no es menos cierto que los padres cristianos deben ser conscientes de que hay áreas en las que, de no recibir formación en el hogar por parte de sus progenitores, la formación que puede darse a sus hijos en las aulas de un colegio será, con mucha probabilidad, contraria a la que la Biblia nos enseña debe tener un niño para crecer no solo sano intelectualmente, sino también moral y espiritualmente. A medida que la ideología de género se implante con mayor fuerza y contundencia en las aulas, más necesario será que nos apliquemos en la transmisión de los testimonios, estatutos y decretos que Dios nos ha dado, a fin de que nuestros hijos tengan la información y las herramientas para discernir lo bueno de lo malo, lo divino de lo humano, lo legal de lo pecaminoso. CONCLUSIÓN La ideología de género es una realidad en nuestra sociedad, sus conceptos, postulados e ideas han conseguido permear de forma transversal nuestra sociedad afectando a todas las áreas, estamentos e instituciones; esto se manifiesta en la tendencia a la inclusión de la “perspectiva de género” en cualquier acercamiento a todo tema que se pueda tratar o imaginar. Tras el acercamiento realizado a los fundamentos ideológicos principales de esta corriente de pensamiento en este trabajo, y tras contraponerlos a la enseñanza fundamental sobre los mismos en las Santas Escrituras, las conclusiones no podrían ser, a nuestro entender, otras que las que siguen: a. La ideología de género es una corriente que arrastra a la humanidad hacia posicionamientos pecaminosos. «Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis deél, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal» (Génesis 3:4-5), este versículo recoge en esencia el espíritu que mueve a esta corriente ideológica: que el hombre ocupe un lugar que le corresponde solo a Dios. Aquellos que viven de acuerdo a esta corriente de pensamiento, en lugar de acomodar su vida a los preceptos que Dios en su Palabra y a través de la propia naturaleza nos transmite, pretenden ocupar el lugar de la propia divinidad, decidiendo lo que es bueno o malo, construyendo una humanidad diferente a la que Dios creo según su imagen, trastocando todo orden moral y espiritual con el que Dios ha dotado a la creación; y esto no se puede definir de otra forma que no sea como pecado. Lo malo es, así lo ponía de manifiesto la investigación de los conceptos antropológicos (§ 17-20), un intento equivocado, un esforzarse equivocado; un esforzarse que falla en lo bueno, la ζωή, como el ser auténtico del hombre y que, por tanto, es malo, en cuan- to que lo bueno es, al mismo tiempo, lo mandado. Esto es, al mismo tiempo, pecado, rebelión contra Dios, el cual, como creador, es el origen de la vida y cuyo mandamiento es un ἐντολήv εἰς ζωή (mandato para la vida») (Rom 7, 10) (§ 21). La alternativa: acertar o equivocar el auténtico ser significa tanto como la otra alternativa: reconocimiento de Dios como creador o negación de él. Pero negar a Dios significa no reconocer la propia situación de criatura. Esto significa a su vez -ya que todo esfuerzo, incluso el equivocado, al menos en la intención, apunta a la vida- la locura de buscar la vida allí donde no se encuentra… [89] Define así Bultmann, aún sin haberla conocido en su actual extensión, la esencia de camino hacia lo malo y lo pecaminoso del pensamiento e ideología de género. b. La ideología de género pretende ser más sabia que Dios. A pesar de lo ridículo que para un creyente pueda resultar esta idea, es un principio que subyace en el fondo de todos los argumentos de la ideología de género. Dios, o la naturaleza, si preferimos evitar el termino Dios, se equivocó limitando a solo dos sexos-géneros a la humanidad, esa equivocación se hace manifiesta en aquellos que nacen en “cuerpos equivocados”. La sociedad moderna debe trabajar para corregir los errores producidos reasignando médicamente el sexo errado. Son estás algunas muestras de ese pensamiento que pone los conceptos humanos por encima de los divinos. Tristemente, esta línea de argumentación y pensamiento solo confirma lo que la Biblia también declara, una tendencia en la humanidad que «Profesando ser sabios, se hicieron necios» (Romanos 1:22). La humanidad se aleja cada vez más de la sabiduría divina, hundiéndose en construcciones ideológicas que la empujan al abismo de la ignorancia del consejo divino: un agujero negro sin Dios que absorbe toda luz de revelación divina. c. La ideología de género pretende la imposición de la voluntad de la humanidad sobre la voluntad de la divinidad. Esta ha sido una pretensión de la humanidad caída que ha persistido y se ha manifestado a lo largo del tiempo; siempre la humanidad ha pretendido ignorar la voluntad divina para imponer sobre ésta la propia. Como hemos manifestado con anterioridad de forma extensa, la voluntad de Dios sobre la forma, el género, las relaciones y la organización social y familiar, han sido claramente manifestadas a través de la naturaleza y de la revelación escritural. Pretender imponer una voluntad inferior, como es la humana, contra aquello que Dios ya ha manifestado como su soberana voluntad no es sino la receta para un desastre. El fin de esta fórmula de querer sobreponer la voluntad humana a la divina se manifiesta en una pléyade de verdaderas “aberraciones” que incluyen la mutilación consentida y deseada del cuerpo, la “violación” química del funcionamiento natural del cuerpo humano, la transgresión de todo orden natural en las relaciones sexuales, y un largo etc. ya expuesto; todo para intentar lo imposible, doblegar la voluntad de Dios respecto al hombre. d. La ideología de género se manifiesta como una línea de pensamiento atea. Entendemos aquí atea desde su concepción etimológica: sin Dios. Esta ideología que hemos tratado hasta aquí manifiesta un carácter claramente ateo, no tanto por la negación de la existencia de Dios, sino por la evidente decisión de vivir al margen del mismo. Somos conscientes de la calificación, y de la descripción de la conducta, que la Biblia hace de quienes tienen tal pretensión: «Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; No hay quien haga el bien» (Salmo 14:1). Vivir sin Dios es una pretensión imposible, allá donde el ser humano vaya encontrará que el Dios omnipresente está, pero los ideólogos de género manifiestan de forma continua esa pretensión: vivir sin la ley de Dios, vivir sin el control de Dios, vivir sin hablar de Dios, vivir sin pensar en Dios; pero no es posible, pues les guste o no, Dios se define como «Aquel que todo lo llena en todo» (Efesios 1:23); así pues vaya donde vaya el hombre, debe saber que allí se encontrará con Dios; y este asunto no es una excepción a esa regla que manifiesta el Salmo 139: «allí tú estás». La ideología de género se manifiesta como: pecaminosa, con la pretensión de ser más sabia que Dios; contraria a la divina voluntad y atea; ¿y qué puede hacer el pueblo de Dios ante una corriente que parece imponerse de forma imparable en la sociedad en la que estamos llamados a vivir? Volver a los orígenes y aferrarnos a ellos; volver a los principios divinamente inspirados y manifestados al hombre en la Palabra de Dios; afirmarnos, aún por encima de lo políticamente conveniente, a unos principios inerrantes que nos han sido dados a través de la Biblia. Desde la Reforma el “Sola Scriptura” ha sido uno de los baluartes que defendían la integridad de la fe y de la doctrina cristiana; “sólo la Palabra es norma de fe y conducta” es una frase que los cristianos protestantes hemos repetido de forma incansable a lo largo del tiempo; y a la luz de lo expuesto, parece que hoy más que nunca debemos retornar a ese concepto protector del “Sola Scriptura” debemos retornar a una Palabra que nos enseña, frente a las pretensiones manifiestas de la corriente ideológica de género, los conceptos y preceptos divinos para absolutamente todo lo existente. Volver a la Biblia y su enseñanza en cuanto a nuestra identidad, sexualidad, familia y educación de nuestros vástagos; volver a concepto y preceptos que pueden parecer superados o anticuados pero que son divinos y, por lo tanto: perfectos y eternos. No resultará popular ni políticamente correcto; puede que incluso nos acerque a posiciones peligrosas socialmente, pero nos mantendrá sanos espiritualmente, porque como nos transmitió nuestro Señor Jesús «¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?» (Mateo 16:26). La balanza está lista, los platillos cargados, la flecha indicará donde colocamos más peso. Finalmente, la balanza se inclinará a uno u otro lado dependiendo de que platillo se cargue más. Es hora de escoger. Xesús Miguel Vilas Brandón. Marzo 2018. BIBLIOGRAFÍA Beauvoir, Simone. El Segundo sexo. Buenos Aires: Editorial Siglo Veinte, 1962. Bejarano, Maite y Mateos, Antonio. “Género y Sexualidad en la formación inicial de maestros y maestras. ¿Por qué no un currículum sexual?. Exedra, Suplemento Sexualidade, géneros e educaçao. Coimbra: ESEC, 2014. Berkhof, . Teología sistemática. Brown, Fitzmyer y Murphy (editores). Nuevo Comentario Bíblico San Jerónimo. Navarra: Verbo Divino, 2004. Bultmann, Rudolf. Teología del Nuevo Testamento. Salamanca: Ed. Sígueme, 1981. Butler, Judith. El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. Barcelona: Editorial Paidós, 2007. Cabré, Yolanda Aixelà. Género y Antropología Social. Edición de Kindle. Carlson, D.A. et al.. Comentario Bíblico Siglo Veintiuno (Antiguo Testamento). Mundo Hispano, 2003. CIT, Comisión de Investigación TeológicaFADE. Informe sobre la homosexualidad. Inédito, 2018. Díaz, Alba. “Educación y género”, Colección Pedagógica Universitaria. Número 40, Julio- Diciembre 2003. Cantero, Luis Eduardo. “Educación teológica y género: desafío a las instituciones teológicas latinoamericanas evangélicas. estudio del caso Colombiano”, Teología y Cultura. Año 9, vol. 14, noviembre 2012. Engels, Friederich. El origen de la Familia, la propiedad privada y el estado. Edición digital: M.I.A. Marxists Internet Archives, 2017. “España segundo país europeo con más población LGTBI”. 20 Minutos. 29 Octubre 2016 Firestone, Shulamith. La dialéctica del sexo. Barcelona: Kairos, 1976. Garcia-Leyva, Patricia. Escritos de Psicología, Identidad de Género: Modelos Explicativos. Huelva?: Universidad de Huelva, 2005. Gonzalez, J.M. “Sexualidad y el libro de Cantares” Protestante Digital. 9 Julio 2017. Guasch, Oscar. La Crisis de la heterosexualidad. Ed. Laertes, s.f. Guerra, Luciana. Familia y Heteronormatividad. [Consultado en linea] https://www.google.es/url? sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=5&ved=0ahUKEwiGzabe6d7ZAhVIORQKHciuDL8QFghOMAQ&url=http%3A%2F%2Fperio.unlp.edu.ar%2Fojs%2Findex.php%2Frevistadejuventud%2Farticle%2Fdownload%2F1477%2F1251&usg=AOvVaw1B60nkcJflkMTQTTmqLwW4 [accedido 09 marzo 2018]. Guijarro, Santiago y García, Miguel Salvador, (editores). Comentario al Nuevo Testamento. Madrid: La casa de la Biblia, 1995. Henry, Matthew. Comentario Bíblico de Matthew Henry. Terrassa: Clie, 1999 Horton, Stanley M. Teología Sistemática. Springfield: Ed. Vida, 1984. https://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=5&ved=0ahUKEwiGzabe6d7ZAhVIORQKHciuDL8QFghOMAQ&url=http%253A%252F%252Fperio.unlp.edu.ar%252Fojs%252Findex.php%252Frevistadejuventud%252Farticle%252Fdownload%252F1477%252F1251&usg=AOvVaw1B60nkcJflkMTQTTmqLwW4 https://alex-psicoclinica.blogspot.com.es/2014/12/disforia-de-genero.html [accedido 05/01/2017]. http://cribeo.lavanguardia.com/fast_news/9480/conoce-a-nano-la-mujer-gato-que-dice-haber-nacido- en-el-cuerpo-equivocado [accedido 05/01/2018]. http://genderfluidsupport.tumblr.com/gender/ [Accedido 02/01/2018]. http://thefederalistpapers.org/us/nyc-just-released-a-list-of-officially-recognized-genders [accedido 05/01/2018] http://rupturacolectiva.com/heteronormatividad-y-heterosexualidad-obligatoria/ [accedido 03/01/2018]. https://youtu.be/MbiAHnjHlHg [accedido 05/01/2018]. https://www.actuall.com/familia/asi-es-la-tormentosa-vida-de-los-transexuales-arrepentidos-de-la- operacion-de-cambio-de-sexo/ [accedido 04/01/2017]. http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/02/140214_tecnologia_facebook_sexo_aa [accedido 05/01/2018]. http://www.elmundo.es/f5/comparte/2017/02/03/586ce2c5ca4741d1778b4674.html [accedido 05/01/2018]. https://www.gotquestions.org/Espanol/poligamia-bigamia.html [accedido 09/01/2018]. http://www.hispanidad.com/el-nom-se-quita-la-careta-se-llama-vitit-muntarbhorn-y-asegura-que- hay-112-sexos-distintos.html [accedido 05/01/2017]. http://www.jahonline.org/pb/assets/raw/Health%20Advance/journals/jah/feature.pdf [accedido 04/01/2017]. http://www.mundotkm.com/lifestyle/2017/12/27/grace-neutral-la-joven-que-dice-ser-un-alien- atrapado-en-un-cuerpo-humano/ [accedido 05/01/2018]. Irasuste, Andrés. La revolución sexual anglosajona y la psiquiatría hoy. El ascenso de Gamínedes. Montevideo: Edición de autor (Licencia Creative Commons), 2015. Jeremias, Joachim. Jerusalen en los tiempos de Jesús. Madrid: Ediciones Cristiandad, 1980. Laje, Agustín y Marquez, Nicolas. El Libro Negro de la Nueva Izquierda: Ideología de género o subversión cultural. Grupo Unión. Edición de Kindle. 2017. Lamas, Marta (compiladora). El género, la construcción cultural de la diferencia sexual. Ciudad de Mexico?: Universidad Autónoma de Mexico, 2013. Manada de Lobxs. Foucault para encapuchadas. Buenos Aires: Ed. Milena Casserola, 2014. MacArthur, John. Comentario MacArthur del Nuevo Testamento. Michigan: Editorial Portavos, 2014. O´Conors, Jasmine y Cohen, Rachel (Editoras). Modelos a Seguir Cristianos para la Igualdad de LGTBI. Londres: Stonewall, 2017. Preciado, Beatriz. Manifiesto contra-sexual. Prácticas subversivas de identidad sexual. Madrid: Opera Prima, 2002. Preciado, Beatriz. Testo Yonqui. Madrid: Espasa Calpé, 2008. https://alex-psicoclinica.blogspot.com.es/2014/12/disforia-de-genero.html http://genderfluidsupport.tumblr.com/gender/ http://rupturacolectiva.com/heteronormatividad-y-heterosexualidad-obligatoria/ https://www.actuall.com/familia/asi-es-la-tormentosa-vida-de-los-transexuales-arrepentidos-de-la-operacion-de-cambio-de-sexo/ http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/02/140214_tecnologia_facebook_sexo_aa https://www.gotquestions.org/Espanol/poligamia-bigamia.html http://www.hispanidad.com/el-nom-se-quita-la-careta-se-llama-vitit-muntarbhorn-y-asegura-que-hay-112-sexos-distintos.html http://www.jahonline.org/pb/assets/raw/Health%2520Advance/journals/jah/feature.pdf Rosales, Jesús. La importancia de la Familia y de su función en la sociedad. https://www.enfoquealafamilia.com/single-post/2016/08/22/La-importancia-de-la-familia-y- de-su-función-en-la-sociedad [accedido 07 marzo 2018, Rubio, Alicia. Cuando nos prohibieron ser mujeres ...y os persiguieron por ser hombres: Para entender cómo nos afecta la ideología de género. Edición de Kindle, 2017. Sarah, Robert. Conferencia “La familia frente a la ideología de género” Instituto Berit de la Familia y Cátedra “Santa Teresa de Jesús” de Estudios sobre la Mujer Universidad Católica “Santa Teresa de Jesús” de Ávila, Ávila, 24 de mayo de 2016. Sowle, Irarrazaval y Wainwright (editores). Concilium, revista internacional de Teologia, Género y teología: espiritualidad, práctica. Editorial Evd, septiembre 2012. Strong, James Diccionario Strong de palabras originales del Antiguo y del Nuevo Testamento. Versión digital para e-Sword-X 4.5.1, 2017 Swanson, James. Diccionario de Idiomas Bíblicos. Versión digital para e-Sword-X 4.5.1, 2017. Toffler, Alvin. La tercera ola. Bogotá: Plaza & Janes Editores, 1980. Tuggy, Alfred. Lexico Griego-Español del Nuevo Testamento Versión digital para e-Sword-X 4.5.1, 2017. Valcarcel, Amelis. Sexo y Filosofia. Barcelona: Anthropos, 1994. Vanegas, Cesar. Diversidad sexual e identidad de género (derechos de la diversidad sexual) Edición de Kindle, 2017. Varela, Juan. Origen y desarrollo de la ideología de género, fundamentos teológicos del matrimonio y la familia. Barcelona, Alianza Evangélica Española, 2017. Vila/Escuain. Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado. Terrassa: Clie, 1985. Vine, W.E. Diccionario expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento. Colombia: Ed. Caribe, 1999. Vine, W.E. Diccionario expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento. Versión digital para e-Sword-X 4.5.1, 2017. Von Mises, Ludwig. Socialismo. Análisis económico y sociológico. Madrid: Unión Editorial, 2007. Wenham, Motyer, Carson y France (editores). Comentario Bíblico Siglo XXI. Editorial Mundo Hispano, 2003. Wheat, Ed y Gaye. El Placer sexual ordenado por Dios. Mexico DF: Grupo Nelson, 1980. https://www.enfoquealafamilia.com/single-post/2016/08/22/La-importancia-de-la-familia-y-de-su-funci%25C3%25B3n-en-la-sociedad APÉNDICE. TEOLOGÍA DE LA IGUALDAD En buena manera se puede decir que en la ideología de género se origina un comprensible deseo de lograr la desaparición de la gran brecha en cuestión de igualad entre el hombre y la mujer. Consideramos de interés tratar el tema de fondo de la relación entre hombres y mujeres a la luz de las Escrituras en este apéndice. Con una clara consciencia de que el asunto es susceptible de un trato mucho más profundo y pormenorizado, no renunciamos a tratarlo brevemente como un apunte de lo que podría ser ese trato en mayor profundidad. Es necesario reconocer que la desigualdad entre sexos ha sido una constante a lo largo de la historia. La Biblia recoge esas situaciones de desigualdad, pero no lo hace como manifestación de la voluntad divina al respecto, sinocomo reflejo de las sociedades en las que se dio la revelación de esa voluntad. Dios no hace a la mujer inferior al hombre; en el Edén hombre y mujer son iguales sin que se haga ninguna referencia a diferenciación entre ellos en cuanto a nivel, dignidad, funciones o reconocimiento; al punto de que nos encontramos a Eva con plena libertad de elección y acción, lo que la coloca en la posición de poder escuchar a la serpiente y decidir comer del fruto sin necesidad de supeditar tal decisión a la supervisión o anuencia de Adán, siendo autónoma por completo. Cuando se da el pecado de la humanidad (Génesis 3), hombre y mujer son juzgados por Dios también en igualdad de condiciones, cada uno por separado, y de acuerdo a su responsabilidad y acciones, nunca de forma subordinada. Cabe aquí acercarse con un poco más de detenimiento a un versículo, «A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.» (Génesis 3:16); encontramos aquí la primera referencia a algún tipo de supeditación de la mujer al hombre manifiesta en el momento en el que Dios dice que el marido se enseñoreará de la esposa. Es importante señalar que Eva está siendo juzgada por Dios de forma individual, y respecto a su responsabilidad por sus acciones y decisiones tomadas de forma libre. Dios trata en su juicio de la caída, a hombres y mujeres de forma independiente, no realiza un juicio al hombre por las acciones de la mujer, ni a Eva por las decisiones de Adán. Las consecuencias del pecado son también diversas, y afectan a cada uno de ellos de acuerdo a sus peculiaridades y diferencias, lo cual es una muestra clara, a nuestro entender, de la individualización que Dios hace entre hombre y mujer. Podríamos atrevernos a decir que Dios es el primer “feminista”, en el sentido de que trata a la mujer de forma individual, de acuerdo a su responsabilidad, y sin vincularla al hombre, en una forma totalmente igualitaria. La sociedad y la religión han reproducido y pervertido el orden original de igualdad, pretendiendo incluso sustentarlo bíblicamente, diciendo que el hombre es superior a la mujer; para ello se esgrimen versículos como Efesios 5:22-24. La corrección hermenéutica nos indica que para establecer doctrina debemos tomar un panorama amplio de las Escrituras en el que permitamos que estas interpreten, moderen, definan y expliquen cualquier idea que pretendemos extraer del texto bíblico, y en este caso lo que encontramos a lo largo de la Biblia es un trato equitativo de Dios a hombres y mujeres. Así la palabra nos dice, por ejemplo: «Dios no hace acepción de personas» (Hechos 10:34, Romanos 2:11), «Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.» (Gálatas 3:28); indicando de una forma clara y meridiana que, igual que al principio de la creación, el deseo de Dios no es establecer gradaciones de valor sobre la diferenciación sexual de la humanidad, sino que la voluntad de Dios en relación con la humanidad está por encima de jerarquías establecidas en base a diferenciaciones de género. Sumemos a ello el comportamiento de Jesús, nuestro referente y guía principal, y observaremos su trato igualitario dado a hombres y mujeres, aun cuando eso era algo escandaloso en su contexto; trato igualitario que se manifiesta claramente permitiendo que mujeres tomaran posiciones que en su cultura y contexto estaban reservadas a los hombres, como sucede en el momento en el que María está a los pies de Jesús, escuchando como si de su discípulo preferente se tratase, cuando su lugar debería haber estado, de acuerdo a los parámetros culturales imperantes, en una estancia aparte con el resto de las mujeres; o cuando protege de la “agresión sexista” a la mujer que unge sus pies con perfume, en una acción que también transgredía todos los órdenes establecidos socialmente en su entorno, y que él no solo defiende, sino ensalza como una acción con carácter profético. Encontramos otro ejemplo en el trato dado a la mujer descubierta en pleno acto de adulterio, que socialmente estaba siendo juzgada sobre base de desigualdad en relación al varón con el cual estaba adulterando y al que ni se menciona, pero que a todas luces era tan culpable como ella. A ella Jesús, con una maniobra cargada de sabiduría, la defiende primero de sus agresores, y luego no la condena, igual que no se había condenado al varón “desaparecido”; podríamos añadir otros muchos casos: la mujer sirofenicia, la mujer samaritana, la mujer con flujo de sangre, etc. Son todos muestra evidente de que el Dios encarnado jamás mostró ninguna forma de sexismo o discriminación a la mujer, y ello a pesar de que su encarnación se dio en un momento histórico y cultural en el que la posición de la mujer era francamente desfavorable socialmente, baste como muestra la oración matutina judía tradicional en su momento: “Gracias Dios porque no me has hecho mujer, perro (esclavo), ni gentil”. Y no es solo el ejemplo de Jesús el que descubrimos en las Escrituras, sino que a lo largo y ancho de las mismas nos encontramos a Dios contraviniendo los convencionalismos sociales que limitaban a la mujer a un papel puramente anecdótico socialmente, y usando como piezas claves en el plan redentor a mujeres que socialmente sería parias excluidas, como Rahab la ramera o Tamar, una mujer deshonrada; elevando a posición de juez sobre Israel a una mujer como Débora; o elevando a posiciones proféticas, con la autoridad y relevancia que de ello emanaba, a otras muchas mujeres. No es posible afirmar, en base a una comprensión exegéticamente correcta de la palabra de Dios, que la voluntad divina o el evangelio de Jesús, releguen a la mujer a una posición secundaria, marginada o menoscabadora de su dignidad; más bien al contrario, sería correcto de acuerdo a la revelación divina de la Biblia, afirmar que: en la iglesia de Dios, en su cuerpo espiritual desarrollado bajo gobierno de la cabeza de Jesús, debe ser el lugar en el que hombre y mujer recuperen, como vuelta a su origen divino, una posición de igualdad en derechos, dignidad y libertad, pues ambos han sido redimidos por idéntico coste para alcanzar el estado original que la humanidad nunca debió abandonar [1] Todas las referencias bíblicas insertas en este Trabajo, a no ser que se haga constar otra cosa en su caso particular, están tomadas de la Santa Biblia Versión Reina Valera 1960. [2] VON MISES , Ludwig. Socialismo. Análisis económico y sociológico. Madrid: Unión Editorial, 2007, pp. 107-108. (acceso online https://www.yumpu.com/es/document/view/38038723/el-socialismo- analisis-economico-y-sociologico-ludwig-von-mises-pdf 02/01/2107 9:39) [3] Según Gramsci las fuerzas opresoras solo serían derrotadas cuando las clases oprimidas pudiesen contraponer una fuerza contraria al menos tan fuerte como la usada por los represores. Aplicado a la ideología comunista suponía añadir a las clases proletarias otros grupos oprimidos: las mujeres, los homosexuales, los indígenas, etc. que permitiesen lograr una supremacía hegemónica sobre los opresores [4] LAJE, Agustín y MARQUEZ, Nicolas. El Libro Negro de la Nueva Izquierda: Ideología de género o subversión cultural (Spanish Edition). Grupo Unión. Edición de Kindle. (Posición en Kindle 1376- 1377) [5] La teoría queer rechaza la clasificación de los individuos en categorías universales y fijas, considerando que cualquier clasificación resulta impuestas por una cultura en la que la heterosexualidad https://www.yumpu.com/es/document/view/38038723/el-socialismo-analisis-economico-y-sociologico-ludwig-von-mises-pdf es norma y obligación. Considera cualquier categoría en base a prácticas sexuales como ficticia, forzada por una sociedad que las impone por interés político o social. «lo queer sería inclasificable dentro de las categorías de “hombre”, “mujer”, “gay”, “lesbiana”. Al contrario: lo queer rechaza de plano que exista algo como un hombre, unamujer, un gay o una lesbiana». así lo define Agustín Laje en El Libro Negro de la Nueva Izquierda ya citado. [6] https://c-fam.org/friday_fax/new-un-lgbt-expert-doubles-religious-freedom-describes-entry-points- homosexual-transgender-rights/ [Accedido 02/01/2018 11:31] [7] BEAUVOIR, Simone. El Segundo sexo. Buenos Aires: Editorial Siglo Veinte, 1962, p. 109 [8] GARCIA-LEYVA, Patricia. Escritos de Psicología, Identidad de Género: Modelos Explicativos. Huelva?: Universidad de Huelva, 2005, p. 73 [9] CABRÉ, Yolanda Aixelà. Género y Antropología Social (Spanish Edition) (Posición en Kindle 147- 150). Edición de Kindle. [10] RUBIO, Alicia. Cuando nos prohibieron ser mujeres ...y os persiguieron por ser hombres: Para entender cómo nos afecta la ideología de género (Spanish Edition). Edición de Kindle, p. 107. [11] La heteronormatividad es un complejo sistema social, político, económico y cultural regimentado e impuesto en el capitalismo patriarcal, cuyo objetivo es la normalización de las relaciones sexoafectivas, las prácticas sexuales entre personas de distintos sexos y los vínculos heterosexuales de parentesco. El mantenimiento del régimen es posible mediante el uso de diversos mecanismos educativos, jurídicos, comunicacionales y religiosos, la acuñación social de costumbres machistas e idealización de la familia tipo, y a través de la estratégica existencia de instituciones jerarquizadas de control dependientes del Estado. Gonzalo Rosales, definición de heteronormatividad en http://rupturacolectiva.com/heteronormatividad-y-heterosexualidad-obligatoria/ [accedido 03/01/2018 09:07] [12] LAMAS, Marta (compiladora). El género, la construcción cultural de la diferencia sexual. ¿Ciudad de México?: Universidad Autónoma de Mexico, 2013, p. 24. [13] VANEGAS , Cesar. Diversidad sexual e identidad de género (derechos de la diversidad sexual) (Spanish Edition) Edición de Kindle, pp. 41-42. [14] http://www.hispanidad.com/el-nom-se-quita-la-careta-se-llama-vitit-muntarbhorn-y-asegura-que- hay-112-sexos-distintos.html [accedido 05/01/2017 08:50] [15] El listado es recogido por una asociación vinculada a la ideología de género en la siguiente página web http://genderfluidsupport.tumblr.com/gender/ [16] http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/02/140214_tecnologia_facebook_sexo_aa [accedido 05/01/2018 09:03] [17] http://thefederalistpapers.org/us/nyc-just-released-a-list-of-officially-recognized-genders [accedido 05/01/2018 09:28] [18] http://www.elmundo.es/f5/comparte/2017/02/03/586ce2c5ca4741d1778b4674.html [accedido 05/01/2018 10:14] [19] https://youtu.be/MbiAHnjHlHg [accedido 05/01/2018 09:03] [20] http://cribeo.lavanguardia.com/fast_news/9480/conoce-a-nano-la-mujer-gato-que-dice-haber- nacido-en-el-cuerpo-equivocado [accedido 05/01/2018 11:52] [21] http://www.mundotkm.com/lifestyle/2017/12/27/grace-neutral-la-joven-que-dice-ser-un-alien- atrapado-en-un-cuerpo-humano/ [accedido 05/01/2018 11:53] [22] BUTLER, Judith. El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. Barcelona: Editorial Paidós, 2007, p. 7. [23] VINE, W.E. Diccionario expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento. Colombia: https://c-fam.org/friday_fax/new-un-lgbt-expert-doubles-religious-freedom-describes-entry-points-homosexual-transgender-rights/ http://rupturacolectiva.com/heteronormatividad-y-heterosexualidad-obligatoria/ http://www.hispanidad.com/el-nom-se-quita-la-careta-se-llama-vitit-muntarbhorn-y-asegura-que-hay-112-sexos-distintos.html http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/02/140214_tecnologia_facebook_sexo_aa Ed. Caribe, 1999, pp. 76.77 [24] Alteración patológica en la que un individuo puede presentar gónadas masculinas y femeninas, desarrolladas en diferente grado, y en las que normalmente solo una de ellas es funcional. [25] Alteración física por la cual no se corresponde la apariencia externa y el sexo de un individuo (un hombre que presenta mamas y apariencia femenina, o una mujer con apariencia masculina). [26] VINE. Diccionario expositivo, p. 350 [27] CARLSON, D.A. et al. Comentario Bíblico Siglo Veintiuno (Antiguo Testamento). Mundo Hispano, 2003. pág.497. [28] VINE, W.E. Diccionario expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento. Versión digital para e-Sword-X 4.5.1, 2017, bajo nº strong H2896. [29] https://alex-psicoclinica.blogspot.com.es/2014/12/disforia-de-genero.html [accedido 05/01/2017 14:50] [30] HORTON, Stanley M. Teología Sistemática. Springfield, Ed. Vida, 1984, p. 262. [31] HENRY, Matthew. Comentario Bíblico de Matthew Henry. Terrassa: Clie, 1999, p. 1644. [32] Sirva este artículo accesible en línea como muestra: https://www.actuall.com/familia/asi-es-la- tormentosa-vida-de-los-transexuales-arrepentidos-de-la-operacion-de-cambio-de-sexo/ [33] Artículo accesible en la versión online de la revista Journal of Adolescente Health http://www.jahonline.org/pb/assets/raw/Health%20Advance/journals/jah/feature.pdf [accedido 04/01/2017 10:12] [34] SWANSON, James. Diccionario de Idiomas Bíblicos. Versión digital para e-Sword-X 4.5.1, 2017, bajo nº strong G3340. [35] SWANSON. Diccionario de Idiomas Bíblicos. bajo nº strong G1994. [36] HORTON. Teología Sistemática. pág 276 [37] TUGGY, Alfred. Lexico Griego-Español del Nuevo Testamento Versión digital para e-Sword-X 4.5.1, 2017), bajo nº strong G2540. [38] STRONG, James Diccionario Strong de palabras originales del Antiguo y del Nuevo Testamento. Versión digital para e-Sword-X 4.5.1, 2017, bajo nº strong G403. [39] SWANSON. Diccionario de Idiomas Bíblicos. Bajo nº strong G403. [40] VINE. Diccionario expositivo. Bajo nº strong G3499. [41] VINE. Diccionario expositivo. Bajo nº strong G859. [42] STRONG. Diccionario Strong. Bajo nº strong G859. [43] VINE. Diccionario expositivo. Bajo nº strong G859. [44] VANEGAS , Diversidad sexual e identidad de género. pp. 41-42. [45] Grupos de adultos que defienden las relaciones sexuales con menores como una expresión de amor. [46] FIRESTONE, Shulamith. La dialéctica del sexo. Barcelona: Kairos, 1976. p. 261. [47] FIRESTONE. La dialéctica del sexo. p. 10. [48] Manada de Lobxs. Foucault para encapuchadas. Buenos Aires: Ed. Milena Casserola, 2014, p. 13 [49] “La heterosexualidad provoca daños en la mujer”. La Gaceta. 15/06/2015 [ disponible en línea] https://gaceta.es/noticias/archivo-2/heterosexualidad-herramienta-politica-15062015-1352/index.php [consulta el 05/01/2018 15:43] [50] IRASUSTE, Andrés. La revolución sexual anglosajona y la psiquiatría hoy. El ascenso de Gamínedes. Montevideo: Edición de autor (Licencia Creative Commons), 2015, pág. 246. [citado por] https://alex-psicoclinica.blogspot.com.es/2014/12/disforia-de-genero.html http://www.jahonline.org/pb/assets/raw/Health%2520Advance/journals/jah/feature.pdf https://gaceta.es/noticias/archivo-2/heterosexualidad-herramienta-politica-15062015-1352/index.php LAJE y MARQUEZ. El Libro Negro de la Nueva Izquierda . Posición en Kindle2075-2077. [51] STRONG. Diccionario Strong. Bajo nº strong H1320. [52] WHEAT, Ed y Gaye. El Placer sexual ordenado por Dios. Mexico DF: Grupo Nelson, 1980. pág 22 [consultado en linea] https://es.scribd.com/read/170451584/El-placer-sexual-ordenado-por-Dios# [Accedido el 09/01/2018 10:09] [53] VINE. Diccionario expositivo. Bajo nº strong H3045. [54] GUASCH, Oscar. La Crisis de la heterosexualidad. Ed. Laertes, s.f. pág 114 [consultado en linea] https://es.scribd.com/document/286956705/La-Crisis-de-La-Heterosexualidad-Oscar-Guasch-Red [Accedido el 09/01/2017 12:28] [55] “España segundo país europeo con más población LGTBI”. 20 Minutos. 129/10/2016 [ disponible en linea] http://www.20minutos.es/noticia/2875500/0/espana-pais-europeo-poblacion-lgtb/ [Accedido el 10/01/2018 11:53] [56] VILA/ESCUAIN. Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado. Terrassa: Clie, 1985. pág 27. [57] https://www.gotquestions.org/Espanol/poligamia-bigamia.html [Accedido el 09/01/2018 15:50] [58] VINE. Diccionario expositivo. Bajo nº strong H6944. [59] VINE. Diccionario expositivo. Bajo nº strong H2184. [60] VINE. Diccionario expositivo. Bajo nº strongG4202. [61] VINE. Diccionario expositivo. Bajo nº strong G766. [62] SWANSON. Diccionario de Idiomas Bíblicos. Bajo nº strong G766. [63] PRECIADO, Beatriz. Manifiesto contra-sexual. Prácticas subversivas de identidad sexual. Madrid: Opera Prima, 2002, pp. 27; 44-54 [64] GONZALEZ, J.M. “Sexualidad y el libro de Cantares” Protestante Digital. 9 Julio 2017. Publicación en linea, accesible en http://protestantedigital.com/magacin/42573/Sexualidad_y_el_libro_de_Cantares [accedido 06/03/2018 19:34] [65] https://www.20minutos.es/noticia/3053864/0/aumentan-infecciones-tranmision-sexual-jovenes-its- preservativo/ [consultado el 4/04/2018]. [66]https://www.actasanitaria.com/dimes_y_diretes/los-jovenes-cada-vez-mas-vulnerables-a-las-ets/ [consultado el 4/04/2018]. [67] https://www.medicosdelmundo.org/actualidad-y-publicaciones/comunicados-de-prensa/violencia- sexual-en-espana-mas-agresiones-menos [consultado el 4/04/2018]. [68] http://psy.co/un-vnculo-entre-la-promiscuidad-sexual-y-la-depresin-en-adolescentes.html [consultado el 4/04/2018]. [69] https://youtu.be/MbiAHnjHlHg [consultado 05/01/2018 09:03] [70] Manada de Lobxs. Foucault para encapuchadas. P. 13 [71] FIRESTONE. La dialéctica del sexo. p. 26. [72] TOFFLER, Alvin. La tercera ola. Bogotá, Plaza & Janes Editores, 1980. [73] GUERRA, Luciana. Familia y Heteronormatividad. [Consultado en linea] https://www.google.es/url? sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=5&ved=0ahUKEwiGzabe6d7ZAhVIORQKHciuDL8QFghOMAQ&url=http%3A%2F%2Fperio.unlp.edu.ar%2Fojs%2Findex.php%2Frevistadejuventud%2Farticle%2Fdownload%2F1477%2F1251&usg=AOvVaw1B60nkcJflkMTQTTmqLwW4 [accedido 09 marzo 2018 09:51] [74] ENGELS, Friederich. El origen de la Familia, la propiedad privada y el estado. Edición digital, M.I.A. Marxists Internet Archives, 2017, p. 38. https://es.scribd.com/read/170451584/El-placer-sexual-ordenado-por-Dios https://es.scribd.com/document/286956705/La-Crisis-de-La-Heterosexualidad-Oscar-Guasch-Red https://www.gotquestions.org/Espanol/poligamia-bigamia.html http://protestantedigital.com/magacin/42573/Sexualidad_y_el_libro_de_Cantares https://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=5&ved=0ahUKEwiGzabe6d7ZAhVIORQKHciuDL8QFghOMAQ&url=http%253A%252F%252Fperio.unlp.edu.ar%252Fojs%252Findex.php%252Frevistadejuventud%252Farticle%252Fdownload%252F1477%252F1251&usg=AOvVaw1B60nkcJflkMTQTTmqLwW4 [75] SARAH, Robert. Conferencia “La familia frente a la ideología de género” Instituto Berit de la Familia y Cátedra “Santa Teresa de Jesús” de Estudios sobre la Mujer Universidad Católica “Santa Teresa de Jesús” de Ávila, Ávila, 24 de mayo de 2016 [76] VINE. Diccionario expositivo. Bajo nº strong H5800. [77] VINE. Diccionario expositivo. Bajo nº strong H1692. [78] ROSALES, Jesús. La importancia de la Familia y de su función en la sociedad. https://www.enfoquealafamilia.com/single-post/2016/08/22/La-importancia-de-la-familia-y-de-su- función-en-la-sociedad [accedido 07/03/2018, 12:29] [79] http://www.psicoanalisis.org/winnicott/lafamaem.htm [consultado el 9/04/2018] [80] DÍAZ, Alba. “Educación y género”, Colección Pedagógica Universitaria. Número 40, Julio- Diciembre 2003. Consultado en internet https://cdigital.uv.mx/bitstream/123456789/5601/2/Eb%20alba%20diaz%20genero%20educacion.pdf [Accedido 07/03/2018, 16:35] [81] RUBIO , Alicia. Cuando nos prohibieron ser mujeres ... pp. 319-320. [82] RUBIO , Alicia. Cuando nos prohibieron ser mujeres … pp. 319-320. [83] RUBIO , Alicia. Cuando nos prohibieron ser mujeres … pp. 29-30. [84] BEJARANO, Maite y MATEOS, Antonio. “Género y Sexualidad en la formación inicial de maestros y maestras. ¿Por qué no un currículum sexual? Exedra, Suplemento Sexualidade, géneros e educaçao. Coimbra, ESEC, 2014. P. 144 [85] BEJARANO, Maite y MATEOS, Antonio. “Género y Sexualidad en la formación inicial de maestros y maestras. ¿Por qué no un currículum sexual? p. 129 [86] STRONG. Diccionario Strong. Bajo nº strong H 5712. [87] VINE. Diccionario expositivo. Bajo nº Strong H2706. [88] STRONG. Diccionario Strong. Bajo nº Strong H 4941. [89] BULTMANN, Rudolf. Teología del Nuevo Testamento. Salamanca, Ed. Sígueme, 1981, p. 287 https://www.enfoquealafamilia.com/single-post/2016/08/22/La-importancia-de-la-familia-y-de-su-funci%25C3%25B3n-en-la-sociedad https://cdigital.uv.mx/bitstream/123456789/5601/2/Eb%2520alba%2520diaz%2520genero%2520educacion.pdf