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CÓMO VACIAR TU MOCHILA EMOCIONAL Recupérate del trauma en mente, emoción y cuerpo Ana Criado Cómo vaciar tu mochila emocional © Ana Criado www.soyanacriado.com Instagram: @soyanacriado Primera edición: agosto, 2022 ISBN papel: 978-84-09-43395-7 ISBN eBook: 978-84-09-43632-3 Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización por escrito de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento mecánico o electrónico —incluidas las fotocopias y la difusión a través de Internet— y la distribución de ejemplares de este libro mediante alquiler o préstamos públicos. Para mi niña interna; para mis pacientes y todas las personas que me enseñaron, a través del amor y el dolor, los aprendizajes que plasmo en este libro. Índice Introducción PRIMERA PARTE Detecta tu trauma invisible para vaciar tu mochila emocional El trauma complejo que se torna invisible Recupera tu poder a través de la conciencia SEGUNDA PARTE Entiende tu mente, tu ser mental Desenreda tu ego y vuelve a la mente neutral Conoce cómo funciona la mente en tu cerebro Conoce cómo piensas Desenreda tu ego Higiene mental: entrena tu mente TERCERA PARTE Entiende tus emociones, tu ser emocional Gestiona tus emociones y sana tu niño interior Sentido biológico de las emociones Patrones como adicciones emocionales Proceso emocional: aprender a sentir Tu ser emocional: el niño interior Tu ser emocional: mapea tu niño interior Tu ser emocional: reparentaliza tu niño interior Regulación emocional CUARTA PARTE Entiende tu cuerpo, tu ser somático Libera el estrés y equilibra tu sistema interno Entiende la conexión cuerpo-mente Crea una relación de escucha con tu cuerpo Entrena tu cuerpo para que se relaje Trata a tu cuerpo desde el amor incondicional QUINTA PARTE Crea un estilo de vida consciente Pasa a la acción con hábitos y rutinas El equilibrio implica acción sostenida Valores Hábitos y rutinas Resiliencia Epílogo Bibliografía Introducción Era el primer día de vacaciones de verano. El sol brillaba en todo su esplendor y brindaba un calor muy confortante. Como es habitual en el norte de España en esta época del año, la brisa que corría hacía que la temperatura fuese ideal. Llegamos a la playa: una cala espectacular, que además, no estaba muy concurrida. Me dije: «¡Por fin, tranquilidad!». La foto era perfecta. Aún no sabía que ese día marcaría un antes y un después en mi vida. Nada más poner mis pies en la arena, sin verlo venir, un miedo súbito invadió todo mi cuerpo; no podía respirar y mis extremidades temblaban; ni siquiera podía mantenerme en pie. Mi corazón palpitaba a un ritmo frenético. Mi estómago se descompuso; todo se volvió disperso y lejano, como si yo estuviera fuera de allí. Entonces, decidí tirarme al suelo… Pensé que había llegado mi hora, que iba a morir allí y en ese instante. Lo que sentía era tan intenso que sólo quería escapar de esas sensaciones físicas. Esa fue la primera vez que sentí un ataque de pánico. Algo de mí murió ese día, pero para renacer con más fuerza. Ese día aprendí una gran lección que se quedó tatuada en mí: si no escuchas los susurros de tu cuerpo, él te gritará hasta que lo escuches. Pues bien, mi cuerpo me gritó de manera muy brusca: «¡Despierta!». Fue el principio de mi proceso de sanación personal, de modo que, por fin, tomé decisiones a mi favor, una de las cuales fue terminar una relación tóxica en la que había estado durante años. Emprendí un camino para descifrar las incógnitas que surgían de mi interior y poner las piezas de mi historia juntas. Cada uno de nosotros es un engranaje complejo, fruto de las experiencias tempranas, de las circunstancias en las que ha crecido, del país de origen y de los momentos que lo han marcado emocionalmente. Nuestro mundo interno es un puzle formado por muchas piezas que están dentro de una muñeca rusa: una matrioshka. Cuando destapamos esa matrioshka y nos encontramos un puzle que hay que resolver, nos damos cuenta de que hay otra muñeca rusa dentro, y, a su vez, otro puzle esperando para ser resuelto. Pero sólo podemos llegar a la última muñeca rusa si destapamos una a una las muñecas previas. Esta alegoría representa el proceso de sanación: cada una de las matrioshkas corresponde a un nivel de conciencia, y los puzles que nos encontramos dentro de cada una de ellas simbolizan los desequilibrios de los que nos tenemos que ocupar. Así pues, para poder llegar a la raíz del sufrimiento —trauma original—, es necesario primero pasar por el proceso e integrar cada una de las capas. Normalmente, se busca ayuda psicológica por causa de un síntoma o una circunstancia que incomoda e influye en el bienestar, en el estado de salud mental, pero raramente ese síntoma o esa circunstancia es la raíz del problema. Por esta razón, si se trata el síntoma sin llevar a cabo un proceso profundo de entendimiento, la persona estará continuamente viviendo en un bucle —como una rueda de hámster— en el que no hay evolución y, eventualmente, se volverá a encontrar ese síntoma, porque no ha sido procesado de raíz, sino superficialmente. Volviendo a la alegoría de las muñecas rusas, si la raíz del síntoma se encuentra, digamos, en la tercera muñeca, tienes que procesar dos muñecas previas para tener un conocimiento concreto de lo que te ocurre. Incluso, si decides ir a terapia, el terapeuta puede intuir la raíz del problema, pero tú como paciente no puedes ser forzado a entenderlo antes de que estés preparado para integrar la realidad del desequilibrio, porque probablemente tu nivel de conciencia todavía no está acorde con ese estadio. De esta manera, no es posible llegar a la raíz sin pasar por el proceso, pues la mente cognitiva todavía no está lista para asimilarlo, por lo que el trauma original se mantendrá invisible hasta que tu conciencia pueda verlo. Como ya te habrás dado cuenta, la protagonista de la historia con la que he comenzado soy yo misma, mi yo de hace unos años. Recuerdo que, cuando acudí al psicólogo por primera vez —porque los psicólogos también necesitamos de un psicólogo—, el motivo de la consulta provenía de los problemas en mi relación de pareja de aquel momento. A pesar de todo mi conocimiento adquirido en mis estudios de psicología, me sorprendió cuando el terapeuta me dijo que padecía de dependencia emocional y me recomendó algunas referencias para consultar. Después de atravesar la fase de negación, comprendí claramente que ése era solo uno de mis problemas. Pero, aunque podía reconocer de modo cognitivo que me encontraba en una relación toxica y abusiva que estaba acabando con mi autoestima hasta el punto de sentirme sin ningún valor, todavía no tenía la situación integrada; no podía ver su influencia en mi día a día ni cómo se extendía a otras áreas de mi vida. Era incapaz de comprender profundamente la situación, porque mi nivel de conciencia no estaba preparado. La relación de pareja en la que me encontraba era solo un reflejo de mi desequilibrio interior, con escasez de amor propio y distante a mi autenticidad. A menudo, las relaciones nos hacen de espejo para darnos cuenta de lo que no hemos sanado en nosotros mismos, entendí que esta situación sólo era la punta del iceberg de mi desequilibrio, un detonante: de ningún modo era la raíz del problema. El desequilibrio no provenía del exterior, sino que estaba dentro de mí, y tenía que tomar responsabilidad sin echar balones fuera: era yo quien no me estaba tratando bien; era yo quien estaba decidiendo quedarme en esa relación abusiva. En ese momento, no conocía mi ego, ni a mi niño interior; tampoco sabía que mi cuerpo se encontraba en modalidad de supervivencia constante. En definitiva: no había llegado a la raíz de mi sufrimiento y trataba de sanar mi desequilibrio desde la superficialidad del síntoma, y esto era sólo una tirita. Desde ese estadio en el que me hallaba, no podíaevolucionar, por mucho que quisiera, porque mi ego me estaba autosaboteando: ni siquiera sabía que él vivía dentro de mí, que me controlaba totalmente. En la superficie apenas se veía que me sentía mal, pero lo que había debajo de ese primer nivel de conciencia estaba formado de ansiedad generalizada, estrés y burnout; altibajos emocionales y falta de autoestima; con episodios de ansiedad social, y un sentimiento profundo de soledad. A través de estos síntomas, empecé a descifrar el puzle de mi desequilibrio para llegar a su origen. Entonces, desperté los entes de mi mundo interno: los patrones limitantes de mi pensamiento, mis heridas emocionales, el piloto automático de mi programación neuronal, las máscaras en las que se refugiaba mi personalidad, mis adicciones emocionales, mis patrones de apego relacional, mis traumas somatizados, las anomalías de mi sistema nervioso alimentado de estrés y caos... El siguiente libro es la hoja de ruta que yo hubiera necesitado cuando acudí a terapia años atrás y no encontré. Es una metodología diseñada para ayudarte a identificar tu trauma invisible original y sanar los desequilibrios de raíz, que, si bien apenas surgió como iniciación a mi camino de autodescubrimiento, con el tiempo ha ayudado a mis pacientes a sanarse a sí mismos de manera práctica para que, finalmente, se liberen de su trauma interno al vivir desde el ser y no desde el ego. Si te reconoces en mi testimonio, quiero decirte que no estás roto, sólo estás desconectado. Posiblemente no comprendas completamente lo que te ocurre a nivel profundo, lo que está pasando internamente en ti. La relación cuerpo-mente es un sistema inteligente que se autorregula, es decir, que trata de mantener la homeostasis de tu organismo, de modo que los síntomas tienen que ser entendidos como mensajes que aparecen en una capa consciente y te comunican que existe un desequilibrio interior, que es el causante real. Los síntomas que se manifiestan en la capa consciente te avisan que es momento de ocuparte de ti mismo, de sanar. No corras, ve despacio, que el lugar a donde tienes que llegar es a ti mismo. J. R. JIMÉNEZ Primera parte Detecta tu trauma invisible para vaciar tu mochila emocional El trauma complejo que se torna invisible La mayoría de nosotros cargamos una mochila emocional, fruto de las experiencias de la vida que nos han ocurrido. En esta mochila se van acumulando subconscientemente los procesos emocionales no procesados que causaron un impacto fuerte en ti, lo que provoca que se registren fisiológicamente en tu cuerpo en forma de somatización. Cuando lo que guardas en tu mochila es de carácter traumático, puede tornarse peligroso, porque, si no sacas ese peso de ella, filtras la experiencia vital desde una modalidad de supervivencia en tu organismo, que te sabotea y que te lleva a actuar como autómata: basándote en tu pasado, sin tener un papel totalmente activo en tu propia vida. Esto no te permite gozar de la abundancia de tu ser. ¿Te has preguntado alguna vez por qué siempre terminas en situaciones adversas en tu vida de tipología similar, aunque no quieres ir en esa dirección? Bien, cuando hay fricciones emocionales abiertas las repetimos cíclicamente y estamos destinados a vivir en bucle si no las aligeramos y soltamos ese lastre de nuestro sistema interno. Lo que ocurre es que esta mochila cada vez se vuelve más pesada en función de la edad, porque vamos acumulando más en ella, y lo peligroso es que, si no la vaciamos, y dependiendo de la naturaleza de lo que carguemos en ella, puede convertirse en otros trastornos más complejos. En los últimos años, los trastornos psicológicos han crecido considerablemente: según la Organización Mundial de la Salud, hoy en día más del 10,7 % de la población mundial sufre de algún trastorno psicológico, la ansiedad es el de mayor prevalencia en las personas, seguido de la depresión. Además, la generación en la que nos encontramos no ayuda a esta problemática, pues vivimos en la sociedad de lo inmediato, con poco contacto interpersonal, distraída por la estimulación dopaminérgica a la que estamos expuestos, como los medios o las redes sociales, de modo que mantenerse en bienestar y salud mental llega a ser todo un desafío. La mayoría de mis pacientes acude a terapia por lo que denomino el trauma invisible, pues ellos no saben que ése es su sufrimiento raíz. Éste es el trastorno que me encuentro en mayor medida, ya que, desgraciadamente, una gran mayoría de las personas que me consultan lo hacen por signos de ansiedad y por estados depresivos, dos de los síntomas más recurrentes. La ansiedad se relaciona por un exceso de proyección hacia el futuro y la depresión, a su vez, por un exceso de apego al pasado: ambos estados se distancian de vivir enraizado en el presente. Y esta es la real epidemia, no saber procesar emocionalmente nuestro mundo interior por no tener acceso a este conocimiento. Si bien es cierto que este tipo de trauma no es catalogado como un trastorno en los manuales diagnósticos, quienes lo sufren tienen en común un sentimiento de vacío interno y desconexión de sí mismos, en definitiva: no se sienten felices, aunque aparentemente su vida no está tan mal. La raíz de sus desequilibrios es que su identidad ha sido dañada de alguna manera, y este desajuste se manifiesta subconscientemente en que no se sienten a salvo en su propio cuerpo, razón por la cual utilizan mecanismos de confrontación para proyectar externamente esa desregulación de su estado interno porque no saben cómo procesar esa tensión incómoda a nivel interior; de manera que las somatizan de diferentes formas como la ansiedad, estados depresivos, conductas de autosaboteo, adicciones, problemas de apego, tendencia a la dependencia emocional, altibajos o reactividad emocional, etc. El espectro de síntomas es muy amplío, y varía en función de cada persona, ya que cada uno es un ser único e individual según su particular historia de experiencias de vida que difiere de la de otro ser humano. Tu historia es única, como tu iris y tu ADN, por lo que tu trauma invisible también lo es, y solo tú mismo tienes el poder de descifrarlo. Cuando sufres, quieres aliviar tu dolor en medio de ese colapso emocional, así que, como es normal, buscas ayuda psicológica —o incluso psiquiátrica— u optas por el desarrollo personal, el coaching o la espiritualidad. Aunque estos recursos ayudan, carecen de un enfoque integrativo: unos se basan en datos científicos y empíricos; otros, en teorías transpersonales y ancestrales. Conozco muy bien esa búsqueda desesperante para querer sanarte a ti mismo, de no saber qué hacer para liberarte del peso después de haber probado diferentes enfoques porque vuelves a la misma sensación dolorosa original: lo sé, porque yo he estado ahí. El asunto es que, aunque con aquellos recursos podamos distraer o inhibir algunos síntomas, eventualmente el vacío se vuelve a sentir, porque sigue faltando una pieza. Pero eso se podría tratar con una estructura terapéutica que trabaje integralmente la mente, la emoción y el cuerpo, y que considere al ser humano como un sistema completo que interacciona entre sí; un enfoque que, a diferencia de las tradicionales, vaya a la raíz de las expresiones del síntoma. Al tratar desde la raíz del problema, los síntomas se disipan colateralmente y transcienden a diferentes niveles: cognitivo, emocional y fisiológico. Pues bien, la circunstancia dolorosa o los síntomas que experimentas en tu vida hoy, no son accidentales, sino fruto de un trauma complejo, silencioso e invisible, que se apodera de tu ser y limita tu capacidad de ser feliz, de sentirte relajado, de poder disfrutar de tu existencia. Al día de hoy, la palabra trauma sigue siendo un tabú, pues aún existe cierto miedo colectivo al mencionarse. Cuando algunos de mis pacientes la escuchan, reaccionan inmediatamente con un: «Yo no tengo ningúntrauma». En términos populares, el trauma es entendido como la consecuencia de haber sufrido alguna catástrofe repentina de carácter abrupto a nivel emocional, física o psicológica que desencadena una respuesta de estrés fuerte porque supone un riesgo a la supervivencia de la persona que lo experimenta, como una violación, un conflicto bélico, un secuestro o un accidente trágico. Es una única experiencia que marca un antes y un después en la vida, en la que la mayoría de las veces la víctima es consciente del acontecimiento. Un trauma, normalmente, genera lo que es conocido en psicología como el trastorno de estrés postraumático, en el que la víctima empieza a presentar síntomas posteriores al acontecimiento, como recuerdos intrusivos y recurrentes del suceso, evitación de estímulos que rememoran el trauma, desregulación emocional e hipersensibilidad del estado reactivo de alerta en el sistema nervioso. Los acontecimientos que provocan los traumas han sido identificados y penalizados por la sociedad. Pero no ocurre lo mismo con este tipo de trauma invisible, pues, lamentablemente, los acontecimientos que lo desencadenan son menos llamativos y están más camuflados en las estructuras culturales y también en las generacionales, puesto que incluso pueden formar parte de traumas colectivos. Sin embargo, es terriblemente nocivo para la persona que lo experimenta, porque no sólo lo sufre, sino que puede que ni siquiera sepa que lo sufre, pues, según el marco de referencia, eso es normal; incluso, esta normalización del trauma puede impedir buscar ayuda o querer sanarse a sí mismo. Este trauma más invisible que vamos a desarrollar a lo largo de este libro es conocido en psicología como trauma complejo, para el cual no es necesario haber sido un soldado de guerra, un refugiado o una víctima de violación. La diferencia entre lo que es considerado popularmente trauma versus el trauma complejo es que en la primera es a nivel macro donde se experimenta un suceso trágico con un gran impacto y se es consciente de ello. En cambio, el trauma complejo, es experienciar continuidad de sucesos disfuncionales —quizás de diferente naturaleza— durante un largo período de tiempo, que sería a un nivel de microexperiencias traumáticas continuadas, por lo que pueden llegar a normalizarse para la persona que lo experimenta alterando su autoconcepto, incluso sin que sea consciente de ello. Por lo que el trauma también se puede generar por haber estado expuesto a dinámicas continuadas en tus edades tempranas, como un divorcio tóxico de tus padres que duró años, lleno de rivalidades en los que fuiste coaccionado a posicionarte; o expuesto a un entorno cercano que te hacía el vacío, o donde se respetaba tu autonomía y te veían como una extensión manipulable de ellos, en la que se invalidaban tus propias emociones o te hacían responsable de las de ellos mismos. Los escenarios son casi infinitos. Este tipo de trauma es forjado a fuego lento y de manera silenciosa continuada durante los años de la niñez y adolescencia, se desarrolla en entornos cercanos al niño, por la vivencia de acontecimientos con múltiples estresores que dejan secuela en el sentido de su identidad, estas situaciones pueden ser de diferente naturaleza, desde un término más sutil como experimentar microexperiencias desadaptativas, por ejemplo, condicionamiento de prejuicios o creencias limitantes fruto del transgeneracional de esa familia, hasta otras más extremas: 1) abandono por parte de los cuidadores, tanto físico como que permanezcan emocionalmente ausentes; 2) maltrato y negligencia física por ejemplo, el descuido higiénico o la alimentación inapropiada 3) cualquier tipo de negligencia afectiva en la que surgen microabusos emocionales sostenidos donde no se cubren las necesidades del niño. Por otra parte, también pueden afectar al desarrollo de trauma complejo pasar por experiencias de acoso y discriminación en otros entornos cercanos como en situaciones de bullying en el colegio. Estas conductas, entre otras, crean dinámicas afectivas disfuncionales donde las necesidades del niño no son cubiertas de manera adaptativa. Quizás, a simple vista, las experiencias traumáticas pueden ser aparentemente más leves y no tengan una consecuencia tan fuerte en los niveles de estrés de la persona afectada mirado de una manera aislada, pero, al ser una exposición continuada a estresores, van minando y distorsionando su propio autoconcepto que se expande a todos los niveles de su ser. Este tipo de trauma complejo continuado se experimenta en el entorno cercano, lugar en el cual la persona que los padece integró esas experiencias estresoras, limitantes, negligentes o abusivas como normales, pero que en realidad no lo eran. Sin embargo, lo que se vivió no era sano, sino desadaptativo, por lo que cuando eres adulto acarreas este daño, incluso se puede hacer difícil la detección del mismo, porque no se ha tenido un referente de lo que es saludable emocionalmente, de modo que puede derivar en la negación, en el bloqueo o en la disociación de los eventos. Los efectos perjudiciales del trauma complejo, que se torna invisible, no sólo incluyen los propios del trastorno de estrés postraumático, sino que van más allá, pues al repercutir en el autoconcepto de la persona que lo experimenta se refleja en efectos en su estructura neuroplástica del cerebro, baja autoestima, conductas de aislamiento y disociativas, falta de autenticidad en la personalidad, desregulación emocional con dificultad para gestionar la rabia o la tristeza, apego disfuncional con problemas afectivos en relaciones interpersonales, hiperactividad o hipoactividad como consecuencia del desequilibrio en su sistema nervioso y neurotransmisores necesarios para el bienestar —que aumenta los niveles de cortisol y disminuyen los de serotonina—. Esto puede generar un estado de colapso, en forma de agotamiento y desgaste en el cuerpo que termina por reflejarse en enfermedades de naturaleza autoinmune o cardiovasculares, así como en trastornos psicológicos asociados al déficit de atención e hiperactividad, depresión o ansiedad generalizada. El trauma complejo invisible se mueve en un espectro cuyo daño es de mayor a menor intensidad proporcional a las experiencias vividas en edades tempranas y al soporte emocional recibido del entorno, donde a mayor intensidad más minada esta la identidad del individuo que lo sufre. Y depende de la naturaleza de la negligencia afectiva y/o el tipo de abuso emocional o físico experimentado, donde los cuidadores o el entorno cercano no se mostraron disponibles emocionalmente con conductas tales como: autoritarias, narcisistas, pasivas o todo lo contrario, hiperprotectivas y codependientes con las que proyectan su propio vacío y ansiedad en sus hijos, o incluso podrían sufrir de algún trastorno psicológico aun sin haber llegado a ser diagnosticados. Este tipo de negligencia afectiva se presenta cuando no se responde a las emociones del niño o se invalidan; por ejemplo, se avergüenza al niño, se le insulta, se le humilla, se le manipula, se le ignora, se le compara, cualquier manera en la que el niño se sienta juzgado en su autenticidad que marca una huella subconsciente en su sistema de creencias, en su forma de procesar las emociones y en su manera de sentirlas en el cuerpo. Esta huella permanecerá en su sistema hasta que no se haga consciente y se libere. Cuando eras un niño no tenías recursos para afrontar a nivel emocional estas situaciones, por lo que esa tensión no fue procesada correctamente, lo que hace que a día de hoy todavía se encuentre en ti, si no te has ocupado de sanarlo. Tu trauma complejo invisible está registrado en tu cuerpo y se quedó atrapado en él, alterando el equilibrio homeostático de tu sistema nervioso. Por lo que, si no sacas al consciente lo que hay en tu subconsciente, eres esclavo de él; y vives tu vida desdeahí: reaccionando desde tu desequilibrio que se manifiesta en tu pensamiento autosaboteador, en tus heridas emocionales y en tu estado de hipervigilancia del sistema nervioso, que te dificulta sentir estados de felicidad continuados sino que más bien estás familiarizado con un sentimiento de vacío en tu interior. A través de la vivencia de este tipo de experiencias se integra subconscientemente que el amor y el afecto es algo condicional, por lo que estos niños, que ahora se han convertido en adultos, suelen tener tendencia a vivir la vida filtrando la realidad como una amenaza. Entonces hay una alteración en su sistema interno, donde ya no se vive alineado a la autenticidad del ser, sino desde el miedo a serlo; afectando su manera de pensar, sentir y somatizar en su cuerpo, que se traslada en ansiedad, estrés, estados depresivos, entre otros. Se encuentran anclados en su modalidad de supervivencia, reaccionando y defendiéndose, lo que provoca agotamiento en todo su sistema interno: no viven sino sobreviven. EXPRESIÓN DEL TRAUMA COMPLEJO: LOS TRES TRAUMAS Desde mi perspectiva metodológica, cuando menciono la palabra trauma en este libro me refiero a cualquier situación que provocó un choque emocional con un impacto intenso en ti, si esta tensión disfuncional no fue procesada, digerida y cerrada en su momento, dejó una huella en tu organismo a nivel integral: cognitiva y emocional, que se somatizó fisiológicamente en tu cuerpo ya que ese suceso rompió tu homeostasis interna. Así pues, dada esta desregularización interna, los síntomas se consideran como manifestaciones de un desequilibrio original y profundo. De esta forma, tu situación actual o los síntomas que ahora experimentas no son accidentales, sino fruto de un trauma complejo. Pero el trauma no es el evento que viviste en sí mismo, sino la manera como tu niño o adolescente lo experimentó, como interpretó lo que pasó. Este libro te ayudará a entenderte y a poner las piezas de tu ser juntas para que puedas sanar tu trauma complejo de una manera global en tu sistema. Así pues, la pregunta que te debes hacer no es sobre lo que está mal en ti, sino sobre lo que te pasó, sobre tu historia de vida. El ser humano es demasiado complejo y particular como para etiquetarlo con un simple diagnóstico, tú no estás roto, sólo estás desconectado, o no eres todavía consciente de los factores de tu ser que generan los desequilibrios en forma de síntomas. De esta manera, el enfoque para que sea efectivo liberar ese sufrimiento interno tiene que considerar los tres traumas correspondientes a los tres niveles del ser humano, y cada uno de ellos tiene una voz de expresión diferente que apenas definiré a continuación, pero que desarrollaré en detalle a lo largo del libro. Trauma a nivel cognitivo. Está compuesto por la red de canales neuronales creados por tu condicionamiento limitante en edades tempranas hacia donde se dirige tu atención subconsciente, en otras palabras, tu ego. Es tu filtro mental desde donde juzgas tu entorno y lo que te sucede basado en tu sistema de creencias, que te puede generar actitudes de autosabotaje, pues juega en contra de tu autenticidad, no te permite estar presente y limita tus niveles de conciencia. Trauma a nivel emocional. Adicciones a ciertos estados emocionales que están intrínsicamente relacionados con tus heridas emocionales que siguen latentes en tu ser emocional porque no fueron procesadas, es decir: tienes un niño interior herido. Esto se refleja en problemas de apego y dependencia emocional, lo cual impacta negativamente tus relaciones afectivas, tu amor propio y tu autoestima. Trauma a nivel corporal somatizado. Es la desregulación que sucede en tu nervio vago y tu sistema nervioso, consecuente al estrés postraumático complejo, en la que tu modalidad fisiológica de supervivencia del organismo se mantiene en una respuesta reactiva hipervigilante continuada. Este fenómeno se somatiza manifestándose en desajustes de tus neurotransmisores que te producen ansiedad y estrés permanente, lo cual, a su vez, puede derivar en otros trastornos psicológicos o fisiológicos más graves, como fatiga crónica o síndromes autoinmunes. El trauma complejo invisible es una combinación de estos tres traumas, y sus mecanismos de desregulación emocional o desconexión de tu autenticidad son respuestas aprendidas tatuadas en tu identidad en todos los niveles del ser que se pusieron en marcha años atrás para ayudarte a mimetizarte con el entorno, y así poder sobrevivir, por ejemplo, disociándote de tus sentimientos, porque descubriste que no dejarte sentir era lo que te permitía continuar viviendo. Los síntomas que percibes, como ansiedad, dependencia emocional, depresión, baja autoestima, vincularte en relaciones abusivas o la fatiga crónica son expresiones del trauma complejo que se encuentra en la raíz de tu identidad. Este trauma silencioso, antes de manifestarse en el plano más físico del cuerpo, se pone en acción a nivel emocional y energético somatizándose como es el caso que he citado al principio: un ataque de pánico. SISTEMA INTEGRATIVO: MENTE, EMOCIÓN Y CUERPO Para tratar los problemas mentales, tradicionalmente en un enfoque clínico, los desequilibrios se presentan en el orden cognitivo. Este enfoque es importante: racionalizar, entender y trabajar cognitivamente lo que nos ocurre en la mente puede aportarnos muchas ventajas cuando estamos en un proceso de sanación. Pero sólo con este enfoque no conseguiremos sanar íntegramente y el cambio no será perdurable, porque nos estamos olvidando de los aspectos del ser humano que van más allá del cerebro y la mente, que, si no se incluyen en ese proceso, seguirán permaneciendo dañados. Por lo general, un enfoque de salud psicológica tradicional trata el problema en el paciente, pero no considera al individuo como un ser completo, en el cual la mente y el cuerpo están interconectados. Según este enfoque, a menudo, el problema es el síntoma, que es aparente y exteriorizado, pero, si se trata únicamente esto, la transformación no será duradera, porque el cambio será apenas superficial, ya que el problema no es el síntoma, sino la raíz que causa dicho síntoma; por lo que los residuos del trauma siguen ahí, y vuelven a emerger eventualmente, por lo que hay que procesar las memorias que lo alimentan. La razón por la que el síntoma aparece de nuevo en la superficie, o vuelves una y otra vez al mismo punto inicial sin mejorar, es el mecanismo de supervivencia en tu cerebro que se conecta con tu cuerpo a través de tu sistema nervioso. Este sistema de alarma no funciona con el raciocinio: no lo puedes engañar, pues, aunque niegues la realidad e intentes actuar como si nada pasara, tu cuerpo lo sabe, incluso si lo entiendes cognitivamente. Si no trabajas la somatización de ese trauma anclado en tu cuerpo, éste vuelve a activarse a la más mínima señal de peligro —es decir, de lo que tienes miedo— y te lleva a los viejos patrones de pensamiento recorriendo los mismos canales neuronales, lo cual segrega cantidades desmedidas de cortisol que provocan desregulación emocional, sensaciones físicas desagradables y conductas descontroladas. Entonces, considerar sólo lo cognitivo no es suficiente, porque este mecanismo que se detona en tu organismo abarca aspectos más allá de la mente racional. El método que vas a encontrar en el siguiente libro comienza en el centro del problema para sanar el sistema completo, a diferencia de los enfoques tradicionales que tratan el síntoma sin llegar a la raíz. Aquí se trata la raíz, que revela y transmuta el síntoma. Tus problemas son pequeñas grietas: desconexiones, faltas de integración y de conciencia de lo que está ocurriendo en tu interior. Estas grietas están formadas por creencias profundas que se reflejan en comportamientos —ya sean conscientes o subconscientes— que has aprendido e integrado. Quizás, las creenciaste funcionaron en algún momento de tu vida para garantizar tu supervivencia, pero ahora te impiden avanzar y estar alineado con tu vida, con quien realmente eres. Llegar al origen de tus desequilibrios implica identificar la historia que tu ego te ha contado sobre ti. Esta historia se manifiesta en tus partes cognitiva, emocional y fisiológica somatizada, pues en el cuerpo todo está conectado, y sólo puede ser considerado desde este enfoque global, que es mucho más complejo que la regular etiqueta de enfermedad mental. Este libro es una guía que emplea una perspectiva integrativa para que, por una parte, entiendas lo que te ocurre en términos de mente, emoción y cuerpo; y, por otro lado, pases a la acción de modo práctico y así realmente empieces a sentirte mejor como consecuencia de liberar el trauma complejo que habita en ti. Lo que se comparte en este libro se basa en avances científicos y empíricos asociados a la neuroplasticidad, la neurobiología, la teoría polivagal, la teoría del apego relacional, la inteligencia emocional y la psicología transpersonal. La metodología de la propuesta para el presente libro se fundamenta en un procedimiento que consta de cuatro aspectos que se trabajan simultáneamente durante el proceso de liberación del trauma complejo: 1) aumentar tu nivel de conciencia y realizar un mapeo sobre ti mismo hasta llegar a la raíz, identificando y conociendo las heridas emocionales, los patrones de pensamiento nocivos, las historias limitantes a las que estás apegado y el trauma emocional que has somatizado; 2) el mapeo se debe llevar a cabo mientras trabajas internamente de manera cognitiva y emocional, con el uso de herramientas que procesen lo que has identificado para integrarlo y luego liberarlo; 3) entre tanto, debes otorgarte espacios para relajarte y entrenar de manera experiencial, somática y visceral, con el fin de minimizar las reacciones de alarma; recalibrar tu sistema nervioso para que este se sienta a salvo te ayudará a digerir la posible aflicción generada por las verdades incómodas que se van revelando en el proceso de autodescubrimiento; 4) a la par, vas creando nuevos hábitos de estilo de vida que cambian la manera en que el cerebro organiza la información, actuando contradiciendo al viejo patrón y que te van convirtiendo en la versión que quieres ser de ti mismo, dejando atrás y desaprendiendo lo que te limitaba hasta ahora. Este proceso es paulatino y debe efectuarse conjuntamente: mientras elevas tu conciencia, debes trabajar en tu cuerpo y en tus emociones; cuanta mayor sensación somática de calma adquieres, tanto más adentro de tu herida emocional vas permitiendo ir para que tu sistema no colapse. Lo uno permite la integración de lo otro, para pasar al siguiente nivel de conciencia sobre ti mismo hasta que seas capaz de llegar a adiestrar tu ego, gestionar tus emociones y equilibrar tu sistema nervioso. La mente, las emociones y el cuerpo no actúan por cuenta propia, pues están conectados entre sí, es decir, forman parte de un sistema cuyos componentes interactúan. Además, como la relación mente-cuerpo es bidireccional, te puede brindar la capacidad de influir sobre tu estilo de vida y tus hábitos para sanar tu mente y tu cuerpo. Algunas de las técnicas que se expondrán en el libro son milenarias, se basan en la filosofía oriental y han trascendido a través de los siglos por su sabiduría; y ahora la ciencia está ofreciendo datos empíricos sobre los beneficios de estas prácticas. El vacío que posiblemente sientes es un sentimiento profundo de soledad, no sólo porque no recibiste la protección que necesitabas cuando eras pequeño o adolescente, sino también porque de cierta manera te has abandonado a ti mismo al no enfrentar tu pasado y realizar lo que sea necesario para sanar, por ejemplo, cuando actúas consciente o subconscientemente conforme a lo que los demás quieren y no eres fiel a tu autenticidad, te desconectas de ti, por lo que indirectamente te abandonas a ti mismo. Todos queremos ser felices, pero solo algunos están dispuestos a trabajar como se requiere para conseguirlo. Tu historia de vida fue la que fue y, lamentablemente, no puedes cambiar el pasado. Pero quiero decirte que sí hay solución, aunque no es mágica, pues debes recorrer un proceso para salir de la espiral del trauma, aprender a digerir la incomodidad y no huir de ella, pues si no lo enfrentas, suele expandirse en tu sistema cognitivo, emocional y fisiológico. Los acontecimientos de tu vida te han hecho único: no huyas, abrázalo, porque ese es el camino hacia la liberación del trauma y la consecuente felicidad interna. Esto se consigue mediante un compromiso contigo mismo para enfrentar los miedos y la resistencia de tus viejos hábitos durante tu evolución personal, para lo cual es preciso recurrir a grandes dosis de paciencia durante el recorrido, ya que la sanación no es lineal. Sin embargo, a veces parece que das pasos hacia atrás, por eso necesitas confiar en esta estrategia, aunque por momentos se te haga cuesta arriba. No eres una máquina, ni un robot. Date tiempo para integrar el proceso, sé compasivo con tu vulnerabilidad y trata de disfrutar del viaje, pese a que de vez en cuando te duela: la sanación sólo llega si se atraviesa la herida, de modo que el dolor momentáneo es inevitable para, finalmente, vivir libre de él. Recupera tu poder a través de la conciencia Tu mayor enemigo no está muy lejos de ti, pues lo tienes dentro: es ese crítico interno que suena en tu cabeza y que quizás no le has prestado atención. Cuando vives sin conciencia de esta voz en off saboteadora, estás atrapado cíclicamente desde un piloto automático, supeditado a la historia que él te cuenta. Aquí no eres tan libre como parece, ya que desempeñas un papel pasivo que te lleva subconscientemente por la dictadura que te impone: te obliga a responder ante la vida desde el miedo, pero no desde tu autenticidad. Y a veces eres también influenciado por las creencias inducidas por el sistema generacional en el que vivimos. Este enemigo interno se combate con conciencia, pero, para empezar a vivir en bienestar psicológico del ser, es imprescindible primero efectuar un cambio de perspectiva de dos paradigmas que inconscientemente suelen estar muy arraigados. DESAPRENDE TU IDEA ERRÓNEA DE FELICIDAD Nunca antes, como hasta ahora, ha habido tantas personas que sufren de desequilibrios en su salud mental. El problema radica en que la sociedad actual vive dominada desde la mente y trata de limitar todo comportamiento al cognitivismo, lo cual pasa por un filtro analítico que omite otras dimensiones del ser humano igualmente influyentes como la emocional, la sensitiva, la somática, la intuitiva, la creativa y la energética. La mente es un instrumento del cuerpo, pero ella ha tomado el control, lo cual reduce nuestra percepción de la realidad porque, aunque no hayamos sido entrenados en estar en contacto con tales partes del ser, más allá de la mente, no quiere decir que no existan ni que no nos estén afectando en cada momento, sino que simplemente las ignoramos, lo que crea desconexión. Vivimos en un cuerpo, pero desconocemos lo que ocurre internamente; no sabemos de lo que estamos hechos ni cómo nuestros hábitos intervienen en nuestra salud mental. En los colegios estándar no nos enseñan sobre inteligencia emocional, ni a relacionarnos con nuestro mundo interno o a manejar conflictos, ni en cómo relajar nuestro cuerpo, conectar con la naturaleza o desarrollar la creatividad, a pesar de que estas capacidades podrían mejorar considerablemente nuestra calidad de vida. En contraste, sí debemos aprender matemáticas, física, idiomas, y es necesario capacitarse para «producir» el día de mañana, pero me pregunto si no es aún más significativo aprender a vivir equilibrados emocionalmente y con estabilidad en nuestra salud mental: sería el eslabón principal para poderconstruir desde ahí el resto de nuestra vida futura. De esta manera, si el sistema social no nos ha enseñado, tenemos que aprender por nosotros mismos. Hemos visto recientemente cómo, con la pandemia de COVID-19, el sistema se ha resentido al incrementarse mundialmente los problemas de salud mental, ya que ha sido un gran detonante del desequilibrio subyacente. Con los acontecimientos relacionados con esta enfermedad, hemos estado forzados a estar más tiempo solos, sin poder distraernos tan fácilmente con lo externo; con el aislamiento, hemos sido obligados a permanecer con nosotros mismos sin posibilidad de escapar, así que, para muchos, este mundo interno ha explotado como una patata caliente. La pandemia ha destapado la real epidemia de la sociedad: desconexión con nuestro mundo interno. La sociedad nos educa para mirar hacia fuera; nos distrae, nos aleja de nuestro fuero interno, nos planta semillas subconscientes con el mediático bombardeo subliminal para que confundamos felicidad con placer. En esta dinámica, el placer va ligado a la consecución de cosas externas; es cortoplacista y genera un fenómeno llamado tolerancia, que provoca adicciones con el ciclo dopaminérgico, que se pone en juego en el sistema interno. En definitiva, cada vez necesitamos más de algo para sentirnos bien: más followers, más ropa, más dinero, más de todo. El problema con este efecto de tolerancia es que nunca es suficiente: siempre hay más, lo que provoca que nunca vamos a llegar a sentirnos felices bajo este condicionamiento del ciclo dopaminérgico del placer. Y esto es terrible: de esta manera, estamos destinados a sufrir, porque ¡todos queremos ser felices! Y aquí es donde nacen muchos de los desequilibrios en nuestra salud psicológica formando parte de un trauma colectivo global a nivel social. Pero hay salida. Este sufrimiento es evitable, aplicando un cambio de paradigma en tu idea de felicidad, ya que esta idea influenciada por la sociedad es una falacia sembrada y cultivada en tu ser; no existe, ha sido inventada para que seas conducido hacia el consumismo, lo que te destina al ciclo del sufrimiento interno si no eres consciente de ella. La felicidad no es placer, sino que se trata de efectos diferentes provocados por neurotransmisores diferentes que generan distintas sensaciones y emociones. Entonces, hay que desaprender esa asociación de la felicidad con el placer y, más bien, aprender que la auténtica felicidad es un estado de satisfacción, de equilibrio interno generado principalmente por la serotonina, la cual no se produce por conseguir cosas externas, sino que tiene que ver con la estabilidad de tu mundo interior. Dar más espacio para conocer tu psicología y cultivar un estado de equilibrio interno es tu seguro de vida para permanecer en bienestar con tu salud mental. La evolución se presenta dentro de ti, pero produce una revolución por fuera, para lo cual debes aprender a conectarte con tu interior y, a partir de este estado de conciencia, poder relacionarte con el mundo exterior. DESENGÁNCHATE DE UNA ACTITUD ESTÁTICA A veces, en la psiquiatría más tradicional, se ponen etiquetas de ciertos trastornos mentales en consultas breves donde el contexto de lo que pasa en la psique del paciente puede estar sesgado, ya que el ser humano es mucho más complejo que cumplir un número de síntomas en un momento determinado, con posibilidad de que falten matices en lo que el propio paciente comparte sobre sí mismo, porque a menudo nuestro entendimiento de lo que nos ocurre no es global, sino filtrado por nuestro propio nivel de conciencia, entonces puede ocurrir que el diagnóstico no sea exacto en su totalidad porque el desequilibrio real es más integral. Por lo que puede que se encasillen enfermedades como crónicas e incurables en las que el paciente pierde poder de acción porque asume que su destino es estar dañado y sólo se le da medicación para tratar los síntomas, a menudo esta medida se queda a nivel superficial, sin detectar la raíz del desequilibrio para poder trabajar en sanarla simultáneamente. Entonces, el paciente vive subconscientemente sedado, dormido y, de alguna manera, sin dirección, sólo con capacidad de sobrevivir, mas no de vivir. Y esto es peligroso para la persona diagnosticada porque puede asumir gradualmente —conscientemente o subconscientemente— esa identidad de victimización, de enfermo, de aislado, incluso pudiendo llegar a desarrollar aversión hacia a sí mismo porque ha perdido totalmente la esperanza de un cambio positivo y asume un papel pasivo en su propia vida, sin haber realmente llegado a la raíz de su problema, ni haber tenido la posibilidad de trabajar con herramientas específicas para tratar su desequilibrio: ya que solo se ha dormido el síntoma. Esta perspectiva resta poder de cambio ya que destina a esta condición, pues se quita posibilidad de curación, cuando no se trata la raíz del problema —solo el síntoma—, entonces aceptas que eres un enfermo. Pues bien, no se trata que tu mal carácter o que tu difícil personalidad sea algo innato en ti a lo que estés destinado, sino que estas expresiones te hablan de tu trauma original que causa tu desequilibrio psicológico. Para curarse hay que trabajar en cambiar e ir a la fuente del problema mediante recursos terapéuticos que incluyan todo el ser: mente, emoción y cuerpo, y no sólo medicar el síntoma —aunque también se necesita, según el caso—. Cuando asumes tu parte de las circunstancias en las que te encuentras y te comprometes a la acción sostenida hacia la dirección pertinente, entonces puedes cambiar tu historia, aminorar tus síntomas desde la raíz del desequilibrio, balancear tu salud integral y mejorar tu psique. No hay atajos: tu curación se da si te adueñas de tu historia, te enfrentas a tu herida, cambias tu narrativa a nivel global en tu sistema interno y pasas a la acción de cambiarla. Para ello, eleva la conciencia, explora la causa del desequilibrio o del trastorno, conoce las alternativas de curación y aplica estas herramientas mientras estableces hábitos coherentes a equilibrar tu salud psicológica en una rutina continuada. Cuando amplías la conciencia del problema, dejas de buscar pretextos y empiezas a implicarte activamente: quizás eres tú mismo con tus hábitos el que está influenciando esos desequilibrios. Aunque antes no eras consciente de esto, ahora ya sabes cómo tu comportamiento a nivel mente-emoción-cuerpo interfiere e impacta en tu salud psicológica. La conciencia te da la libertad de elegir sanarte, pero la responsabilidad y el compromiso sostenido con tu proceso de curación hace que apliques esa conciencia de manera práctica, que es lo que te permite sanar. La metodología que desarrolla este libro se centra en que recorras tu propio camino de descubrimiento y que asumas una actitud activa con trabajo interno y con la integración del proceso mediante la experiencia. Desde esta perspectiva, un terapeuta —dado el caso— podrá ayudarte a acelerar el proceso, como una voz de la conciencia externa, con visión de águila del problema con la que te irá guiando. Sin embargo, eres tú el responsable de ejecutar el trabajo de ir armando el puzle en cada una de las muñecas rusas —que comprenderemos como conciencia—; tú eres el único que puede sanarte, pues eres tu propio gurú: nadie más puede hacerlo por ti. Es tu compromiso cambiar la narrativa de indefensión que has creado a partir de tus circunstancias, de la historia de tu ego, de suerte que debes dejar de compadecerte de ti mismo y entender qué tu piloto automático limitante se originó para ayudarte a sobrevivir en tus edades tempranas, pero que ahora es quizás obsoleto, así que es momento de resetearlo con un nuevo contenido adaptativo y potenciador. No estás loco, no estás desquiciado, no estás enfermo, quizás sólo estás perdido, desconectado. Casi todos, en algún momento de nuestra vida, hemos tenido alguna crisisen la que tocamos fondo y nos encontramos peleando con la vida. Pero la crisis surge cuando la evolución está lista para empezar a actuar, es su efecto colateral, porque la vieja estructura que teníamos no funciona más, y tenemos que readaptarnos a las nuevas circunstancias. En efecto, diría que las crisis son necesarias y que forman parte intrínseca de la existencia humana, porque la vida está hecha de ciclos que nacen y mueren, y las crisis son las que conectan esos ciclos. Por eso, es importante que, si te encuentras sumergido en un momento de crisis, te fuerces a cambiar de paradigma, a dejar la postura estática en tu propia vida. Debes usar este momento para entonar con una actitud activa, sanarte y resurgir más fuerte que antes; que conviertas esa energía de quejumbre en acción y empoderamiento. Llegar hasta el origen de tu sufrimiento es posiblemente uno de los retos más valientes que superes en tu vida. No obstante, será mucho más fácil justificarte con excusas y optar por una actitud pasiva que trabajar por cambiar; o proyectar tus propios problemas en los demás. Pero, cuanto más pospongas tu responsabilidad de asumir lo que no quieres enfrentar, tanto más harás que la fricción y el dolor crezcan, porque ya están en ti, sólo que los estás evitando. El proceso de resetear tu trauma es exclusivamente apto para personas valientes que deciden desempeñar un papel activo para recorrer el proceso de desaprender lo que les limita y aprender lo que les potencia. No eres un espectador de tu vida, eres un creador: pasa de sobrevivir a vivir de verdad. ¿Preparado para componer el puzle de ti mismo? ¡Empecemos el viaje de vuelta a ti! Segunda parte Entiende tu mente, tu ser mental Desenreda tu ego y vuelve a la mente neutral Conoce cómo funciona la mente en tu cerebro Los seres humanos poseemos una mente con la que vivimos hasta el final de nuestros días, pero no muchas personas se toman el tiempo de entender cómo ésta funciona en su propio cerebro. Comprender lo que pasa en tu interior —es decir, los mecanismos mentales y neuropsicológicos que se ponen en marcha— y aprender a ser consciente de tus pensamientos tiene un impacto muy positivo en tu bienestar integral. El cerebro aloja la mente y es el órgano más poderoso de nuestro cuerpo; es el director de la orquesta de los procesos y sistemas corporales. Tiene el control sobre nosotros y nos domina sin darnos cuenta. Así pues, crear una relación consciente con tu mente significa que recuperes el control y que dejes de ser el esclavo del piloto automático al que te ha sometido. ¿Te has preguntado, cuando conduces, qué movimientos haces con los pies o con las manos? O, cuando comes, ¿piensas en cómo tus dientes mastican? No lo creo. Estos procesos están tan automatizados en la mayoría de las personas que podemos llevarlos a cabo sin necesidad de pensar en ellos conscientemente —lo cual tiene una función biológica de supervivencia—. Pero este mecanismo también se activa en situaciones menos obvias como las de tipo relacional, ya sea en tu manera de vincularte con otras personas o el prototipo de persona que eliges para unirte sentimentalmente. La mente desarrolla patrones, los cuales se ponen en acción como un piloto automático. Crees que controlas la situación, pero son tus patrones subconscientes los que te dirigen sin que lo notes. Un patrón de pensamiento desencadena las emociones, reacciones y actitudes que adquieres ante la vida, incluido tu estado de ánimo. En este capítulo conocerás los mecanismos que la mente utiliza, lo cual te permitirá ser consciente de los autosabotajes que surgen en ciertas circunstancias y podrás empezar a modificarlos para sanarte. ¡Saber es poder y la consciencia es sanación! 1. NEUROPLASTICIDAD Los seres humanos vemos el mundo externo a través de nosotros mismos, en cuya percepción el cerebro es el filtro de la realidad que cada uno experimenta. Sin embargo, una misma realidad puede ser interpretada de formas muy diferentes. Por ejemplo, cuando surge una discusión con tu pareja o con algún familiar, puede haber dos puntos de vista distintos, o incluso opuestos, de un mismo suceso, y eso te impide estar de acuerdo, pues cada uno obtiene su versión de la historia conforme a su filtro de la realidad. Este filtro es desarrollado a fuego lento a través de las experiencias vividas, el ambiente y la cultura a la que has estado expuesto, influido también por la genética, de manera que puede ser beneficioso o perjudicial según las vivencias acumuladas. Si este filtro es nocivo y negativo, serás su víctima, porque, si estás identificado con él, cabe la posible consecuencia de no ser capaz de poder distinguir entre la realidad o la ficción. Así pues, el camino de la sanación personal consiste en aprender a reconocer este filtro para disociarte de él y no vivir sometido. Entender cómo funciona tu mente es el primer paso para poder liberarte de los puntos ciegos del filtro de tu propia realidad. No puedes cambiar nada si no eres consciente de lo que está pasando internamente ni de lo que provoca esa realidad: los problemas no se arreglan en la superficie, hay que llegar a la raíz de ellos para poder sanarlos y transformarlos. Por lo tanto, saber qué pasa en el interior de tu cerebro puede ayudarte a comprender cognitivamente por qué tienes automatizados ciertos pensamientos negativos o ciertas conductas de autosabotaje, pero, sobre todo, puede ayudarte a encontrar soluciones. El cerebro es el órgano que dirige el funcionamiento del cuerpo y cada microsegundo recibe cantidades masivas de información. Es el órgano humano más complejo y, aunque a hoy por hoy todavía se desconoce mucho de él, por lo menos sí sabemos que la mente funciona con unos mecanismos que se han desarrollado para la supervivencia de la especie humana. Existen dos conceptos fundamentales sobre el funcionamiento del cerebro que pueden ayudarte a entender que lo que te ocurre no es aleatorio ni por casualidad: los patrones neuronales y la premisa de ahorro energético. Conocer estas dos realidades del cerebro implicará un antes y un después a la hora de relacionarte con él. Canales neuronales Nuestro cerebro transmite información a través de las conexiones sinápticas que se dan entre las neuronas. Un cerebro humano adulto tiene alrededor de cien mil millones de neuronas, definidas como células nerviosas encargadas de recibir y enviar mensajes entre el cerebro y el resto del cuerpo. Las neuronas se comunican entre sí mediante señales eléctricas y químicas con la ayuda de los neurotransmisores —como la serotonina, el GABA (gamma- aminobutyric acid) o la dopamina—, formando redes nerviosas o canales neuronales. Cada vez que se crea una nueva sinapsis neuronal, también se crea un nuevo canal neuronal. Es a través de estos canales neuronales que el cerebro organiza la información, por lo tanto, cada vez que se recibe un estímulo, ya sea externo o interno, se recorrerá un canal neuronal de acuerdo con este estímulo. Imagínate que tienes un vecino con un pitbull —una de las razas caninas más agresivas—. La primera vez que te lo cruzas vas con cuidado, pero, cuando notas que el perro no es peligroso y que es muy amigable contigo, te relajas ante su presencia. Entonces, tu cerebro ha hecho una asociación: cada vez que veas al pitbull, automáticamente pensarás que es amigable y te sentirás relajado, sin tener que repetir todo ese proceso asociativo. Podría decirse que se crean atajos cerebrales para que la información se transmita más rápido, lo cual nos ayuda a superar la sobreestimulación a la que vivimos expuestos, ya que nos volveríamos locos si tuviéramos que procesar nuevamente todos los estímulos sensoriales que recibimos en cada momento. En definitiva, el cerebro filtra y descarta el noventa y nueve por ciento de los estímulos, y se queda sólo con los que más le son familiares, lo que le permite mantenersus reservas de energía para poder dedicarlos a otras funciones y que podamos seguir vivos. Cuando naces, tu cerebro se encuentra en un estado inmaduro, sin demasiadas conexiones neuronales ni asociaciones. Para que te hagas una idea: digamos que la estructura cerebral está casi en blanco, con muy pocas conexiones sinápticas. Desde que eres bebé, a partir de tus primeras experiencias vitales, vas creando maneras de relacionarte con el mundo, lo que genera asociaciones neuronales y, a su vez, canales neuronales, por donde circula la información en tu cerebro, así que, cada vez que aprendes algo nuevo se crea un nuevo canal neuronal. A medida que creces, tu cerebro se va poblando de canales neuronales, unos más dominantes y gruesos que otros, los cuales son los más transitados y favoritos de tu cerebro, ya que son los que más usa. El momento cúspide donde existen más canales neuronales es sobre los seis y los siete años de vida, como consecuencia de todo el aprendizaje que se integra en estas edades, para su posterior descendimiento, quedándose los canales neuronales con los que más te identificas. Figura 1.1. Desarrollo de los canales neuronales desde el nacimiento hasta la adolescencia. Fuente: Iglesias, J. et al. (2005). Dinámica de la poda en redes neuronales estimulantes a gran escala simuladas. Entonces, cuando recibes un estímulo exterior, tu cerebro está tan ocupado con una larga lista de actividades por realizar, que primero va a intentar llevarte siempre a un canal neuronal previamente existente para no tener que crear una nueva asociación e invertir energía extra. Tu cerebro elige los canales más transitados —en otras palabras, más fuertes y gruesos—, para así invertir menos energía en el proceso. Normalmente, las experiencias emocionales más intensas dejan huellas en el cerebro en forma de surcos neuronales sinápticos más marcados. Éstos serán los canales más dominantes y fuertes, es decir, las creencias, historias y pensamientos que tienen más presencia en tu vida, a partir de los cuales filtras la realidad del mundo. Cuanto más gruesa es esa asociación sináptica, tanto más automática se hace para tu cerebro, lo que significa que tales pensamientos se vuelven más persistentes y presentes. Desde pequeño vas moldeando tu cerebro a partir de tus experiencias y tus conexiones neuronales que estableces: una vez que hayas aprendido algo lo integras al subconsciente, pero no prestas atención consciente; si esos aprendizajes van acompañados de una carga emocional, esa huella subconsciente es casi imborrable. Por lo tanto, el desarrollo del cerebro de un niño con experiencias traumáticas es diferente al de un niño que crece en un entorno seguro y equilibrado. El cerebro es el órgano que posibilita interpretar la realidad con base en experiencias pasadas, aprendidas y acumuladas. Por eso, a veces tu filtro de la realidad puede llegar a distorsionarse y tu interpretación del mundo, o de una situación específica, puede ser negativa, incluso catastrofista. Por ejemplo, imagínate que una persona a la que le han sido infiel en el pasado es probable que tenga latente una herida de abandono o rechazo, que se manifestará cuando tenga una nueva pareja, de manera que generará pensamientos amenazantes cuando la nueva pareja reciba mensajes en su móvil de un amigo o compañero de trabajo. La asociación chatea con alguien- está flirteando-me está engañando será tan fuerte que la vivirá como real, aunque no lo sea. El cerebro crea una asociación fija, y cada vez que experimentes una situación aparentemente similar, tu cerebro intenta conducirte por esa asociación, es decir, por ese camino neuronal previamente fijado: habrás desarrollado un patrón neuronal. Esa asociación es tan fuerte que hay neuronas que se encargan de actuar como un freno cuando recibes un estímulo similar al inicial que desencadenó un aprendizaje concreto y bloquean cualquier otra asociación sináptica, de tal manera que se vuelve a transitar el camino neuronal trazado inicialmente, lo cual no deja lugar a una nueva asociación. Es como si tu cerebro dijera: «No sigas, por favor, que esto ya me lo sé», ignorando todas las innumerables señales en el entorno que indican lo contrario. Entonces, el funcionamiento se convierte en un ciclo vicioso: cuanto más insistes en ese pensamiento, tanto mayor poder neuronal le das a esa asociación y más te identificas con ello. De esta manera, se torna más presente el pensamiento, volviéndose el autosabotaje más automático, lo que causa que este filtro de la realidad esté más activo en tu cerebro, y te dirige por el mismo canal neuronal todo el tiempo: tu cerebro permanece anclado a un trauma en los canales neuronales que se refleja en tu patrón de pensamiento y en tus reacciones emocionales. Ahorro energético Un segundo criterio para entender tu mente reside en el hecho de que, por simple supervivencia, el cerebro actúa bajo el mandato del ahorro energético, en otras palabras: intenta invertir la menor energía posible en cada proceso que lleva a cabo. Ésta es la razón por la cual pones en marcha automatismos que se manifiestan de modo subconsciente, como caminar o comer. El cerebro siempre intentará trabajar lo menos posible al reducir al máximo la inversión energética de cada proceso biológico, porque tiene muchos otros de los que ocuparse. El cerebro constituye el dos por ciento de nuestro peso corporal, pero requiere alrededor del veinte por ciento del oxígeno y de las calorías que consumes —por eso, lo que comes también importa, pero esto lo consideraremos más adelante—. Es el órgano que más necesita y, por lo tanto, consume energía, ya que controla los inputs a los sistemas internos. Entre las facultades más importantes, se encuentran la de dirigir el sistema nervioso central y regular los aspectos fisiológicos del cuerpo responsables de los procesos voluntarios e involuntarios, como la respiración, los latidos del corazón, los movimientos peristálticos o el sueño. Por lo tanto, el cerebro, al estar tan ocupado, intenta minimizar su trabajo para lograr un funcionamiento óptimo en todas sus tareas, así que aprendes a vivir en piloto automático desde el estado subconsciente de tu mente como mecanismo de supervivencia. En muchas ocasiones, este piloto automático es positivo para la supervivencia con funciones tan básicas como masticar, por ejemplo; pero te complica la vida cuando lo que has aprendido te perjudica o te sabotea, ya que no experimentas las situaciones en la vida desde el presente, sino desde la acumulación de aprendizajes pasados. Esto quiere decir que, en el esfuerzo del cerebro por optimizar las funciones en tu organismo, tu mente puede engañarte, ya que te conduce por los mismos canales neuronales una y otra vez. Este atajo te impone vivir continuamente en el día de la marmota, dado que esas asociaciones neuronales se expresan en tus pensamientos diarios, y la mayoría de ellos son muy parecidos, o incluso iguales. Ahora bien, si elevas tu consciencia, notarás que la mayoría de esos pensamientos que te surgen al día suelen girar en torno a un asunto o a una historia que te has creído de ti mismo, con la que te has identificado de manera subconsciente. Entonces, si tus historias o creencias subconscientes son de naturaleza limitante, te sabotean en tu vida cotidiana, ya que denota que filtras la realidad de esa manera, proyectando y viviendo una realidad más negativa de la propia realidad en sí misma. Así pues, para sanarte a ti mismo, es primordial identificar ese piloto automático que te sabotea, para lo cual es clave poder reconocer esas creencias, historias y pensamientos que lo fundamentan, porque, aunque en tu entorno existan oportunidades y hechos que demuestren lo contrario, tu mente no es capaz de verlos, pues el cerebro funciona así cuando está en modalidad de piloto automático: descarta lo nuevo y elige lo familiar y conocido.La misión para sanarte a ti mismo empieza con la labor de elevar tu conciencia para descubrir ese piloto automático, desenredar cada una de las creencias perjudiciales y, finalmente, poder borrarlas o sustituirlas por otras más positivas. Plasticidad cerebral Hemos visto hasta ahora que tu cerebro crea asociaciones a través de canales neuronales y que tu mente subconsciente siempre intenta ahorrar energía dirigiéndote por los canales más familiares y transitados. De esta manera, vives en un estado de piloto automático, sin capacidad de reaccionar en el presente, debido a patrones que limitan tu realidad: percibes el exterior desde ese filtro interno que has ido formando a lo largo de los años. Entonces, ¿cómo se modifica ese piloto automático y se acaba con el autosabotaje? La respuesta está en la neuroplasticidad. La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro de modificar su estructura y adaptarse al cambio a través de tus acciones y hábitos. En él se incluyen los pensamientos, los patrones de gestión emocional e incluso lo que comes o si ejercitas tu cuerpo. Esto quiere decir que tu cerebro cambia internamente su estructura fisiológica si tú mismo cambias desde fuera a través de un cambio de acción, o sea, tienes la capacidad de influir en tu estructura cerebral. Se ha demostrado científicamente que el cerebro es flexible y adaptable; siendo así, tienes la capacidad de alterar tus patrones neuronales mediante tu propia conducta. La plasticidad cerebral se evidencia a través del entrenamiento cognitivo, el cual puede remodelar el cerebro al influir en su estructura física y funcional a partir de la generación de nuevas conexiones neuronales para tratar trastornos psicológicos. El entrenamiento cognitivo- conductual que planteo en este libro está constituido de tres ejes clave para lograr el éxito, a saber: 1) elevación de la conciencia para detectar las historias o creencias subconscientes que configuran el piloto automático; 2) creación de nuevos hábitos que se encarguen de transformar el piloto automático saboteador mediante acción constante, resiliencia y compromiso; y 3) integración de un estilo de vida más consciente fuera de la matrix —el condicionamiento perjudicial preestablecido por la sociedad que no beneficia a los ciudadanos—. Estos dos últimos ejes se desarrollarán en detalle en el capítulo sobre los hábitos. 2. ELEVACIÓN DE LA CONSCIENCIA Digamos que el cerebro opta por almacenar la información que le llega en cajas y les pone etiquetas. Con tanta información y estímulos que recibe al día, ésta es la manera en la que el cerebro sobrevive: crea un control en la manera en la que organiza la información. Imagina tu mente como un ordenador al cual le han instalado un programa externo —esto serían todos los aprendizajes influenciados por terceros que has adquirido a lo largo de tu vida y que has integrado como propios—. Con este programa, filtras la realidad y vives en función de patrones subconscientes, por lo que reaccionas a los eventos del ahora en relación con lo aprendido en situaciones pasadas: estás viviendo tu vida con un guion que otros te han dado y tú te lo has aprendido tan bien que crees que es propio. El noventa por ciento del tiempo del día operas desde el modo subconsciente de tu mente. Entonces, para la mente es más sencillo permanecer en modo subconsciente, es decir, vivir en piloto automático, y archivar experiencias previsibles, incluso si éstas te hacen sentir incómodo y van en tu contra. Estás fastidiado, sientes que hay fricción, pero lo sigues repitiendo una y otra vez. El proceso a veces es como un bucle que, al retroalimentarse, llega a generar la sensación de que ciertas áreas en tu vida son caóticas, por lo que te sientes sin ningún control sobre ellas. Las mismas situaciones se repiten en tu vida una y otra vez, y quizás te hacen sentir mal contigo mismo. Es difícil salir de ese estado si no ocurre una elevación de la conciencia y un entendimiento más profundo de lo que genera esas incomodidades y fricciones. Cuando consigues reaccionar al momento presente, tu mente funciona en su modalidad más consciente; este estado es en el que estás más despierto, pues puedes observar la realidad con más claridad, para que puedas decidir por ti mismo el guion que quieres seguir para tu vida. El reto consiste en conectarte con tu mente consciente mediante la actitud de estar en el presente. Niveles de consciencia de la mente La mente posee dos niveles de consciencia: el consciente y el subconsciente. Si la comparas con un iceberg, la parte visible que está en la superficie sería el nivel consciente, el cual sólo representa un diez por ciento de la capacidad del pensamiento; la parte oculta que está por debajo de la superficie del mar sería el nivel subconsciente, el cual abarca el noventa por ciento de toda la información que acumula —que, aunque no la percibas, con seguridad existe —. ¡Somos influenciados y regidos por el subconsciente en nuestro día a día! La mayoría de actividades que realizas y decisiones que tomas están influenciadas por tus programaciones y creencias almacenadas de manera subconsciente, lo que quiere decir que vives en piloto automático. Como mencionamos anteriormente, tan pronto has aprendido a conducir, no piensas conscientemente en cómo se lleva a cabo esta acción o, cuando masticas, tampoco reflexionas en el acto de masticar, simplemente comes mecánicamente. Figura 1.2. Niveles de conciencia según la metáfora del iceberg. ¿Pero, entonces, qué es la mente consciente y qué es la subconsciente? La mente consciente es dominada por la lógica y por el análisis, gracias a la cual tienes la capacidad de elegir. Es lo que conoces de ti mismo, el estado despierto y el control del pensamiento. Sólo la utilizas a razón de un diez por ciento de tus procesos mentales cotidianos. Por otra parte, la mente subconsciente es sometida por las emociones y por la memoria, por la cual no eres tan libre de elegir como en la parte consciente, pues vives desde la reactividad del acto reflejo. Es este tipo de conciencia de la mente la que gobierna la programación de tu piloto automático, comprende los patrones de conducta y las emociones que se encuentran en la sombra de tu consciencia y que aún desconoces de ti mismo y crean el hábito integrado de ser quien eres: la identificación con É tu idea profunda de quien has creído que eres. Éste es el estado mental más habitual, ya que ocupa alrededor de un noventa por ciento de los procesos mentales. El nivel subconsciente de la mente ha sido forjado desde que viniste al mundo, ya que la mayor parte del aprendizaje durante la vida se obtiene antes de los siete años. Cuando llegas al mundo, tu cerebro está aún inmaduro, pero comienza a formarse a través de las experiencias e influencias cercanas. El cerebro en este proceso de automatización crea ideas del mundo, pone etiquetas a los objetos de la realidad, mete en cajas lo que percibe del mundo exterior y forma asociaciones, que hemos llamado canales neuronales. Los niños son esponjas que absorben gran cantidad de información, la procesan y la almacenan rápidamente para volver al presente de manera inmediata, ya que su estado de onda cerebral más común durante la vigilia es la modalidad theta —es decir, cuando están despiertos—. Este estado de onda cambia cuando eres adulto y sólo tienes acceso a él cuando estás en estados profundos de relajación, similar al estado de hipnosis. Este estado de onda es muy receptivo al aprendizaje y a la integración de nueva información. ¿Te has fijado que los niños no acumulan rencores por mucho tiempo o que sus ideas sobre el futuro cambian todo el tiempo? Bien, los niños viven en el ahora, sin aferrarse al pasado o al futuro, porque su estado de onda cerebral mayoritario es el theta. De manera subconsciente, en esa etapa de tu vida recolectas cada creencia, pensamiento y comportamientode tu entorno más cercano, que, en la mayoría de los casos, está constituido por tus padres o criadores. Después, eres influenciado por el colegio, la comunidad, tus amigos y familiares, de manera que aprendes la realidad del mundo y formas tu propia imagen de cómo debes ser. Alrededor de los siete años, tu programa subconsciente está prácticamente definido, luego de lo cual vivirás e interactuarás la mayoría del tiempo en función del piloto automático subconsciente construido previamente. El estado de onda en la vigilia pasa del theta al beta —más habitual en adultos—, cuya longitud de onda cerebral es más lenta, estado propicio para la efectividad de los procesos cognitivos, como la atención, el pensamiento, la memoria o la resolución de problemas. En definitiva, es importante destacar que, cuando eres adulto, sin darte cuenta actúas automáticamente bajo la influencia de la programación subconsciente que formaste cuando eras pequeño: la realidad que tu niño de cinco años modeló del mundo es la que gobierna tu cotidianidad y tus decisiones treinta o cuarenta años después. Elegir vivir más consciente El ser humano recibe millones de estímulos durante su vida, pero sólo les presta atención consciente a unos pocos. No obstante, esto no quiere decir que los estímulos no se registren de manera subconsciente y se acumulen en esta parte de nuestra mente. El nivel subconsciente ejerce una función biológica, ya que, en términos de supervivencia, se encarga de almacenar información y procesar las ideas del mundo externo. Ahora bien, plantéate si esas ideas, esa programación subconsciente, te están aportando o te están saboteando. Cuando eras pequeño, estabas sometido a lo que te ocurría en tu entorno, pero ahora de adulto sí tienes la capacidad de controlar cómo vives internamente tus experiencias: ya no hay nadie que haga esto por ti, pues es responsabilidad de cada uno sanarse a sí mismo y reescribir su propia historia. A menudo no te propones otra posibilidad, porque desconoces que tienes la habilidad de poder elegir y crear tu percepción del mundo, una más alineada, con la persona que quieres ser, que es tu auténtico ser interno. Pero, para esto es imperativo identificar las creencias subconscientes automatizadas que no te están ayudando y traerlas al nivel consciente de tu mente. Si tu adulto de hoy se autosabotea, tiene relación directa con lo desadaptativo y perjudicial que aprendiste de niño. Pregúntate qué influencias tuviste en tu infancia, qué situaciones te marcaron, qué modelos y figuras te rodearon. Lo más importante es comprender que tu transformación sólo puede producirse de forma consciente, y la misión principal de sanarte a ti mismo radica en descifrar exitosamente tus programas subconscientes. La transformación personal llegará cuando identifiques tus patrones subconscientes nocivos y los desmontes capa por capa bajo el poder de la consciencia, lo cual te permitirá establecer un gap consciente de actuación para que no reacciones desde el piloto automático y condicionamiento programado en tu niño de cinco años. Se trata de que elijas vivir de manera más consciente para desinstalar ese programa limitante externo de autosabotaje, y así seas capaz de construir tu vida conforme a tus propios términos. Conoce cómo piensas El siguiente capítulo está orientado a que entiendas tu proceso de pensamiento. Regulado por el córtex cerebral, el pensamiento es el procedimiento por el cual interpretas cognitivamente la realidad exterior y te comunicas contigo mismo. Es un mecanismo interno e individual —único, como tu ADN— y, como hemos visto en el capítulo anterior, no es una capacidad que surja de manera casual, sino que es producto, en gran medida, del mecanismo de los canales neuronales. Del mismo modo que comprender cómo funciona tu cerebro internamente, conocer cómo se forma tu proceso de pensamiento te dará poder para tomar las riendas en el caso en que tu pensamiento sea negativo o que te sabotee, para intervenir en ese proceso para que no te haga sentir mal. 1. PROCESO DE PENSAMIENTO El cerebro humano genera un promedio de sesenta mil pensamientos al día, unos más intensos que otros. Si se analizan en detalle, la mayoría de los pensamientos diarios suelen referirse a las mismas temáticas, las cuales, al ser recurrentes, configuran e identifican tu yo: el apego a la historia que te has contado sobre ti mismo. No son pensamientos que pertenezcan al presente, sino a tu acumulado histórico de vida, y hablan de tu adicción mental-emocional. Estos pensmientos recurrentes sirven para que tires del hilo y explores lo que se halla en tu subconsciente para traerlo a un plano consciente. ¿En qué consiste el proceso mental? Cuando percibes un estímulo, se generan pensamientos en tu mente a los que, automáticamente, les otorgas un significado. Es como si tu subconsciente creara una especie de biblioteca de experiencias, sensaciones y asociaciones que acumula durante el tiempo —el sueño es un ejemplo de cómo tu mente crea fragmentos de esa biblioteca—. Cuando recibes estímulos externos o internos, el subconsciente los asocia con algún elemento de esa biblioteca prestablecida, atribuyéndole un significado acumulado que influye en tus emociones posteriores experimentadas, las cuales se expresan como respuesta en diferentes mecanismos corporales, como en el sistema nervioso —por ejemplo, la reacción de lucha o huida— o en los neurotransmisores —entre los que se destacan la activación de la serotonina o la dopamina—. Estos mecanismos corporales que se ponen en marcha terminan afectando tu estado de ánimo, tus funciones fisiológicas — signos de ansiedad, por ejemplo— e incluso tu sistema inmunitario. Has ido fabricando tales significados desde que eras bebé; esa estructura de aprendizaje enquistado en el subconsciente ha creado tu sistema de creencias y tu filtro ante la vida. Al preguntarte por qué en una misma situación existen puntos de vista diferentes, notarás que cada persona percibe la realidad desde su propio significado acumulado, es decir, desde su propia biblioteca interna. Asocias un estímulo con significados o creencias que archivas en el subconsciente, lo cual se pone en acción de manera casi automática. Sólo siendo consciente podrás obtener cada vez mayor control de tu proceso mental y, sobre todo, del impacto emocional que éste produce en ti. En conclusión, el proceso mental sigue la siguiente disposición: estímulo → pensamiento → significado → emoción. Es fundamental comprender que no son tus pensamientos en sí mismos los que generan tus emociones ni las consecuentes alteraciones fisiológicas de tu cuerpo, sino el significado que tú le atribuyes a esos pensamientos. Por lo tanto, éste es el terreno en el que tienes que trabajar: la raíz del problema, tu biblioteca acumulada, tu programación subconsciente, tu filtro de la realidad, tu sistema de creencias. Debes darte cuenta de que el significado de tus experiencias acumuladas desde que estás en el mundo lo estás trayendo a tu presente, proyectándolo en situaciones concretas. Entonces, tu modus operandi consiste en que no reaccionas desde la realidad aislada de las situaciones ni desde el momento presente, sino desde la acumulación de significados subconscientes. Por ejemplo, imagínate que no has tenido tu mejor día en el trabajo. En una reunión has intentado dar tu opinión, pero uno de tus compañeros te ha interrumpido. Después, cuando has conseguido intervenir y expresar tu opinión, ha habido un silencio incómodo, y el resto de tus compañeros ha cambiado abruptamente de tema. Entonces, tu pensamiento te dice: «Nadie ha comentado nada» o «Me ha interrumpido al hablar». Entonces, le das el siguiente significado: «Soy invisible. Mi opinión no le importa a nadie. No valgo nada». Llegas a casa luego de lo que consideras un día infernal, esperando poder escapar de ese sentimiento, entraspor la puerta y tu pareja está tan ocupada en el ordenador que no te saluda. Cuando advierte tu presencia, te dice: «Hola», y a ti te parece seco. Te preguntas: «¿Soy invisible o qué?». Acto seguido, notas que tu pareja no ha realizado su parte respectiva de las tareas del hogar. Te repites la historia, cuyo significado es «si no me ha recibido con entusiasmo, si no ha hecho su parte en las labores del hogar, significa que no valgo nada, que no le importo». Ves en el reloj que llevas dos minutos en casa y ya sientes que hay mucha rabia acumulada — quizás desproporcional a los hechos—. Le gritas a tu pareja desde esa emoción, sin siquiera reflexionar en que puede estar trabajando en algo importante y no le das la oportunidad de dar explicaciones. Tú eres el creador Si siempre estás inmerso en los mismos problemas, con las mismas dinámicas nocivas en tus relaciones y sintiendo que tu realidad gira como una rueda de hámster en la que todo se repite cíclicamente, tienes que darte cuenta de que el factor común a esas situaciones eres tú mismo. Para ello, el descubrimiento de la neuroplasticidad te permitirá lograr una actitud activa, ya que el piloto automático del que has sido esclavo hasta ahora te ha obligado a vivir desde una posición sumisa. Aunque te parezca surrealista, tú mismo has ido creando una estructura neuronal desde el nivel subconsciente de tu mente cada vez que actuaste como zombi. Sin embargo, del mismo modo que has aprendido, tú mismo puedes desaprender lo que te hace mal. Muchas personas suelen creer que carecen de influencia sobre sus pensamientos, pero ésta es una creencia errada. Dado que eres un ser humano, tus pensamientos no dejan de producirse nunca, pero sí puedes disminuir su ruido. Una vez que aprendes a no identificarte con ciertos pensamientos, y por tanto creas distancia de ellos, les quitas el poder que tienen sobre ti. Sin embargo, si te quedas enganchado a un determinado pensamiento que te lastima —por ejemplo, «Nadie me quiere», «La gente me rechaza»—, terminas alimentando y estimulando los canales neuronales asociados a ese pensamiento por tu cerebro y lo proyectas en tu realidad. Los pensamientos a los que dedicas más tiempo son aquellos que tendrás más presentes durante tu vida, de manera que la realidad que experimentarás se verá reflejada en esa creencia. Pero esta manifestación no se presenta en un sentido espiritual o místico, sino como un hecho concreto real, pues tu mente va a seleccionar los canales neuronales que están previamente trazados y, por tanto, más trillados y recorridos, porque le resulta la acción más fácil a realizar. No olvides que interactúas con el mundo exterior primero que todo a través de tu mente, así que tú mismo haces que ese patrón de pensamiento esté más presente en tu vida, hasta que el respectivo canal neuronal tenga tanto peso que la realidad entera va a ser filtrada por ahí: tú creas tu propia realidad. Según el ejemplo anterior, si el pensamiento constante es que nadie te quiere, siempre encontrarás motivos por los que las personas te rechazan y no advertirás las oportunidades en las que ellas sí te aprecian. Tal vez te preguntarás: «Si tengo la sensación de que estos pensamientos me controlan, ¿cómo voy a ser yo quien los provoque?», porque ha sido un proceso en el que te has programado paulatinamente, expandiendo más y más ese patrón de pensamiento concreto hasta que ocupa la mayoría de tus pensamientos. Es posible que inicialmente se haya determinado un pensamiento asociado a una experiencia que te marcó —conocido como trauma, lo cual genera una huella emocional— o incluso algo tan simple como un pensamiento que te haya producido miedo y haya surgido una reacción distintiva a los restantes sesenta mil pensamientos que tienes al día. ¿Cómo puedes mejorar la relación con tus pensamientos? La solución consiste en entrenar tu mente de manera proactiva, así como cuando vas al gimnasio para ejercitar tu cuerpo. Tu salud mental te necesita, de modo que, para ejercitarla, debes dedicarle tiempo y esfuerzo con el fin de desaprender lo que te sabotea. Para lograr este objetivo, debes seguir las siguientes recomendaciones: Reconoce tu programación subconsciente para suprimirla progresivamente identificando los pensamientos. Un registro diario de pensamientos extendido por un tiempo de mínimo de ocho semanas te permitiría analizarlos y clasificarlos. Como se ha dicho antes, de los sesenta mil pensamientos de media que se ocasionan al día, son muy pocos los que te causan fricción emocional, por lo que detectarlos te permitiría examinar las temáticas y profundizar en las historias de tu yo — es decir, los significados que les atribuyes a tus pensamientos— con las que estás identificado subconscientemente. Esfuérzate en crear un gap entre tu pensamiento y tu reacción emocional, ampliando la conciencia de la misma y estando más presente, para lo cual puedes apoyarte en técnicas de mindfulness. Pregúntate si estos pensamientos te hacen sentir sensaciones agradables o desagradables, e identifica el lugar de tu cuerpo donde se manifiestan esas sensaciones emocionales, ya que el significado que le otorgas a cada pensamiento también se expresa de forma somática. Si sigues estos pasos de manera sostenida en el tiempo, comprobarás cómo la intensidad de tu respuesta a los pensamientos va disminuyendo y cómo la carga emocional se va reduciendo. Sentirás un mayor equilibrio y tus pensamientos se empezarán a desapegar de la historia de tu yo, por ejemplo, notarás que la furia desatada cuando te encuentras en un tráfico pesado o discutes con alguien ya no es tan intensa como antes. Aunque la situación te desagrade, la intensidad con la que la vives será gradualmente disminuida, porque estarás adquiriendo más control consciente sobre tu estado interno. 2. DIARIO ACTIVO El primer paso —y por tanto más importante— para un proceso de sanación personal es ser consciente de tu piloto automático, el cual se manifiesta en forma de pensamientos, reacciones emocionales y sensaciones corporales. Dada la desconexión aprendida entre tu cuerpo y tu mente, la mayoría de los pensamientos y de los procesos internos que ocurren en ti se presentan de manera subconsciente, así que tu misión consiste en prestar atención para comenzar a identificarlos y, con el tiempo, dirigirlos a la parte consciente, que es donde se transforman y se sanan. ¿Alguna vez te has sentido mal en tu estado de ánimo, pero no sabías exactamente qué te ocurría o cuál era el motivo concreto de esa sensación? Normalmente, los desequilibrios emocionales son como pequeñas grietas que hay que integrar para llegar a lo que te ocurre internamente. De este modo, la herramienta del diario activo se conforma como una gran ayuda para elevar los niveles de conciencia interna e identificar en la oscuridad del subconsciente tus patrones mentales para dar luz a las heridas emocionales al trasladarlas al plano consciente, y así, finalmente, concentrarte en sanarlas. Es necesario que indagues en esa historia que te cuentas sobre ti mismo para ir desenmascarando el piloto automático con el análisis de tus pensamientos. El diario activo es una herramienta práctica cotidiana que consiste en registrar los pensamientos, las emociones y las sensaciones corporales que son desencadenadas por un estímulo o situación determinada. Cuando lleves a cabo este registro durante un tiempo —al menos por dos semanas—, comenzarás a distinguir en tu interior la manera en la que piensas, en torno a qué temas giran tus preocupaciones, cómo es tu diálogo interno, cuáles son tus emociones más habituales y adictivas, y por último, tus respuestas físicas en forma de somatizaciones en tu cuerpo. Con el tiempo, irás adquiriendo suficiente información para reconocer tus patrones subconscientes repetitivos y analizarlos para poder llegar a la raíz de tu historia de significado y atus heridas emocionales. Es el punto de partida para tomar conciencia y emprender el viaje de sanación hacia tu interior y de transformación en tu exterior. Cómo completar el diario activo El diario activo es un registro de presencia mediante el cual te haces consciente de tu pensamiento, tus emociones y tus sensaciones corporales, con el cual descubrirás qué es lo que te provoca el malestar. El objetivo consiste en que, al hacerlo diariamente, podrás hallar el máximo número tanto de pensamientos como de patrones emocionales y corporales. Un modelo para desarrollar tu registro puede adoptar el siguiente esquema: Descripción de la situación detonante. Describe la situación en la que estés cuando se detone el pensamiento: qué estás haciendo en ese preciso momento, con quién, dónde y cómo estás. Pensamiento. Anota la mayor cantidad de pensamientos que te surjan, sobre todo los que te generan malestar. En otras palabras: tienes que cazar los pensamientos. Este ejercicio te facilitará entrenar tu atención consciente, de manera que puedas determinar el patrón subconsciente para poder transformarlo. Emoción. De acuerdo con el pensamiento que has identificado, intenta invertir conciencia en la emoción que te genera ese pensamiento. Pon mucha atención en lo que te hace sentir y describe las emociones resultantes. Sensaciones corporales. Elabora un registro de las sensaciones corporales que acompañan tus pensamientos y emociones del momento. Este ejercicio puede resultar difícil al principio si no estás acostumbrado, pero progresivamente irás interpretando las reacciones de tu cuerpo, pues en éste siempre se produce una respuesta que exterioriza tus pensamientos y emociones. Por último, puntúa el grado de intensidad de los pensamientos, las emociones y las sensaciones corporales que hayas identificado en una escala que oscila entre 0 y 1, en la cual 0 representa No siento nada 1, Siento algo, pero no es intenso; 2, Es un poco intenso; 3, Es medianamente intenso; 4, Es intenso y 5, Es muy intenso. Este modelo de registro que se presenta en la Tabla 1.1. puede ayudarte como referencia para completar tu propio diario activo. Advertencia: El proceso de sanación por parte de la persona que quiere transformarse debe tener un carácter activo. Entonces, dado que, con esta herramienta pasas a la acción, es con ella que recomiendo empezar a mis pacientes; quienes al principio suelen presentar resistencia, y por tanto, seguramente tú también la experimentes, ya que estás añadiendo a tu vida un nuevo hábito que cuesta esfuerzo y requiere constancia. Recuerda: no puedes cambiar nada si sigues pensando, sintiendo y actuando igual que antes. El coste de convertirte en la versión de ti más sana y equilibrada implica dejar ir lo que te sabotea y desequilibra. Si generas decenas de miles de pensamientos al día, entonces «no se me ocurre ninguno» es sólo una excusa. Esto ocurre por la desconexión contigo mismo, que es justo el objetivo del ejercicio: poner atención en lo que ocurre en tu interior. Esfuérzate sobre todo al principio y con el pasar de los días te adaptarás al proceso y el resultado llegará más rápido. El tiempo que debes dedicar al ejercicio no es demasiado, sino apenas unos minutos. Por ejemplo: puedes activar alarmas en el móvil cada sesenta o treinta minutos si al comienzo te cuesta mucho reconocer los pensamientos, así te obligas a detenerte y preguntarte los siguiente: «¿Qué estoy pensando?». «¿Qué emociones siento?». «¿Qué sensaciones corporales estoy experimentando justo en este instante?». Desenreda tu ego Lo que más te hace sufrir no es el pensamiento en sí ni el significado que le das, sino tu apego al significado: es la identificación con la historia que te has contado lo que te provoca sufrimiento. Tus pensamientos no te hacen daño de manera aislada, sino la historia que se desencadena en tu mente, una historia que se enreda y salta de un pensamiento a otro. Ese enganche a la historia es lo que tienes que frenar. Normalmente, esa historia que te cuentas te lleva a las mismas creencias subconscientes y a las heridas emocionales enquistadas, un diálogo interno negativo derivado no del pensamiento en sí mismo, sino del enredo que creas con el significado que le atribuyes tanto al pensamiento como a la emoción que te produce. 1. EGO: IDENTIFICACIÓN CON TU PENSAMIENTO Crees que controlas la situación, pero realmente son tus viejos patrones instalados en el subconsciente los que te gobiernan sin que te des cuenta. Es por esto que el patrón de pensamiento que has desarrollado desencadena tu tipo de reacciones, emociones y actitudes ante tu vida. Ese apego a la historia y, en definitiva, a la definición de quien eres, ha sido creado por ti con la influencia de tu entorno cercano, del entorno cultural y de tus experiencias fuertes emocionales: ese apego a la historia de quien te has creído que eres es tu ego, es tu condicionamiento aprendido. En tal sentido, cuando se menciona ego en este libro no se refiere al egocentrismo —sentimiento exagerado de la personalidad que le hace creer a alguien que es el centro de atención—, sino que se refiere al condicionamiento que te aleja de tu ser más auténtico. A nivel cognitivo, tu ego constituye los patrones de pensamiento expresados en la voz dentro de tu cabeza que juzga, no sólo a ti mismo, sino también al exterior. A nivel neuropsicológico, es el piloto automático programado en el cerebro en forma de canal neuronal recurrente, lo cual es consecuencia del ahorro energético que provoca respuestas automáticas con las que no te identificas o pensamientos a los que estás enganchado, que te hacen sentir mal y te autosabotean. A nivel emocional, es el niño herido que habita en ti. Hablaremos de esto extendidamente en el capítulo sobre la emoción. ¿Qué es el ego? Tu ego es lo que te distancia de tu verdadera naturaleza, de tu esencia. Cuando naciste, eras libre y puro. Empezaste a vivir, a acumular experiencias, y comenzaste a crear ideas del mundo, las cuales constituyeron tu filtro de la realidad. Al desempeñar una función biológica, ese condicionamiento aprendido te permitió sobrevivir en tus edades tempranas a tu entorno, cuando estabas construyendo tu personalidad. Entre tanto, ibas construyendo capas alrededor de tu ser original para ser aceptado y amado por los demás. De este modo, cuando eras bebé, la fuerza que te movía era el amor: aprendiste, en función de las personas más cercanas a ti, lo necesario para ser amado y cuidado, para recibir amor incondicional. Este mecanismo de condicionamiento es totalmente subconsciente. De acuerdo con tu contexto y con las influencias emocionales que recibiste cuando eras un niño, se construyó la relación entre dos entidades: tu ego y tu ser. Tu personalidad se moldeó conforme a esta relación. Imagínate dos escenarios diferentes en los que un bebé llora y la manera en la que actúan sus criadores. En el primer caso, la madre o el padre lo atiende inmediatamente. El bebé aprende que si llora recibe amor; aprende a sentirse a salvo al exponer sus necesidades, porque son validadas por el entorno, entonces, se sentirá cómodo siendo él mismo. En el segundo caso, nadie lo atiende. El bebé aprende que si llora no recibe amor; si expresa sus necesidades, éstas no serán atendidas, no serán validadas, entonces empezará a moldear su personalidad con base en las necesidades del entorno, no de las propias. De estos dos casos, es más probable que el bebé del primero tenga un ego más saludable que el del segundo. El ego del primer caso no se distanciará de su esencia y tendrá más posibilidades de desarrollar seguridad en sí mismo, de sentirse válido y suficiente, por el simple hecho de ser en auténtica esencia, mientras que el del segundo caso aprenderá desde pequeño a negarse a sí mismo. La historia que crearán sobre sí mismos estas dos personas serán muy diferentes. Obviamente,el anterior es sólo un ejemplo aislado, pues hay tantas influencias e interacciones a lo largo de la vida que la construcción del ego es un proceso complejo. Además, cabe considerar que la construcción del ego en sus inicios depende no sólo de las experiencias del individuo, sino también de cómo éstas son interpretadas por él. En la mente de un niño de, por ejemplo, cinco años, que no sabe si sus padres no lo atienden porque tienen depresión o porque están trabajando muchas horas fuera de casa para sacar la familia adelante, él sólo sentirá ausencia y abandono, dado que los niños viven en el momento presente y con un grado de conciencia en el que no suelen cuestionarse más allá: simplemente, sienten en el momento y lo integran a su subconsciente. ¿Te suena escuchar? «Estudia una carrera con futuro y con salida laboral»; «Cásate antes de los treinta»; «Sé una buena chica»; «Eres muy mayor para empezar de cero»; «Aguanta en esa relación» (aunque no te haga feliz). Creces bombardeado por todas las expectativas que tienen de ti, empezando por tus padres y pasando por el colegio, las normas de la sociedad o los cánones de belleza. El condicionamiento aprendido que te aleja de quien realmente eres es la causa de la fricción que sientes en tu vida. Aprendiste a no ser tú, a negarte lo que querías, y normalizar eso en el tiempo genera una contradicción interna, porque no eres fiel a tus propias necesidades. En parte, estas consecuencias son la fuente de tus problemas, de tu inestabilidad, de tu desequilibrio. Ahora bien: si estás identificado con tu ego, es posible que te sientas perdido, que no sepas quién eres, pero la buena noticia es que sólo estás desconectado, no roto. El trabajo de sanación personal consiste en recordarte quién eres, en conectarte con tu autenticidad y acercarte a tu esencia original, la cual habita en ti, aunque no seas consciente de ello. Eres un ser condicionado, por tanto, tu ego es tu condicionamiento, lo cual te aleja de tu pureza primaria y te acerca al miedo. Es aquella contradicción, expresada como una lucha interna, en una especie de voz en off que te boicotea. En conclusión, tu ego ha sido construido para adaptarse al entorno como mecanismo de supervivencia en forma de pensamientos, personalidad y actitudes. Te distancia de tu ser más auténtico, que es esa página en blanco —pura esencia— con la que viniste al mundo antes de adaptarte a lo que los demás esperaban de ti. Tu ego es necesario e imprescindible; no es malo en sí, porque cumple su función de supervivencia y protección, pero, cuando te controla y te identificas con él, puede generar muchos problemas en tu salud mental. La relación con tu ego es la raíz de tu sufrimiento: de manera que, aprender a desidentificarte de él es clave para llevarte lo mejor posible con tu ego. Para conseguir una relación saludable con tu ego, es imperativo que aprendas a conocer la composición de ese condicionamiento subconsciente aprendido y desenmascararlo, con el fin de reconocerlo cuando aparezca y no ser arrastrado por él. Es cuestión de práctica, paciencia y resiliencia: cada persona tiene su propio ritmo. Como seres humanos, biológicamente estamos programados para tener un ego y este no desaparecerá del todo de nuestra vida. El desafío está en la consciencia que adquieras sobre cómo se manifiesta en ti, para que seas tú quien empiece a controlarlo y, por consiguiente, limitar su influencia en tu vida y en tus decisiones. 2. REENCUADRA LA RELACIÓN CON TU EGO: TÚ NO ERES PENSAMIENTO Pienso, luego existo: tú eres el ser pensante, no el pensamiento. Los pensamientos no callan y pueden llegar a ser muy ruidosos. Normalmente, el pensamiento es una voz que habla dentro de tu cabeza: «Mejor me pongo un abrigo porque hace frío»; «Quizás debería ponerme a dieta»; «María no me ha contestado el mensaje. Será que le caigo mal». El pensamiento es un mecanismo de tu cerebro que te permite interpretar tanto el mundo externo como el interno, y no para, va de una cosa a otra. El problema surge cuando te identificas con él. En efecto, posiblemente si la voz estuviera fuera de tu cabeza, o sea, que viniera de una persona diferente de ti, la ignorarías, o le dirías algo así como: «Mira, eres muy pesado. Mejor dejemos nuestra amistad. No puedo escucharte más, me drenas la energía». Pero, realmente, esa voz habita dentro de ti. Los pensamientos oscilan en tu cabeza, pues tú eres el ser que los experimenta. Cuando crees que tú mismo eres el pensamiento, corres el riesgo de ser esclavo de lo que él te dice, por eso es importante que te sitúes como observador para poder crear un gap de conciencia entre tú y tu pensamiento. Si puedes reconocer tus pensamientos, es prueba de que eres capaz de examinarlos y dominarlos, pues eres el ser superior consciente. Si has llevado a cabo el ejercicio del registro del diario activo, te darás cuenta de que adoptas con la práctica una posición de perspectiva encima de tu pensamiento. Convertirte en el observador te da la facultad de tomar distancia entre los pensamientos y tú, para brindarte más control. Tú no eres los pensamientos, eres mucho más: eres el ser pensante. Tus pensamientos no son verdades absolutas Imagínate que estás esperando un mensaje de tu pareja; pasan un par de horas, y el mensaje no llega… Entonces, en tu mente empieza a aparecer todo tipo de pensamientos diferentes que pasan de unos a otros en microsegundos, por ejemplo: «Creo que ya no le intereso tanto»; «A lo mejor le ha pasado algo o ha tenido un accidente»; «Me está siendo infiel, seguro»; «Puede que se haya quedado trabajando hasta tarde»; «Me deja en visto»; «Me ignora», «Tal vez le han robado el móvil»; «Me va a dejar», etc. Entonces, estás tan sumergido en estos pensamientos que te los has creído, ya que tus emociones están identificadas con ellos y los sientes como si fuesen verdad. En ese momento, recibes su mensaje y te dice que estaba ocupado preparándote una sorpresa. ¡No había nada por lo cual preocuparse! Sin embargo, tu mente te la jugó una vez más. Entonces, ¿cuál de todos esos pensamientos que se te pasaron por la cabeza es el verdadero? Ninguno, sólo son presunciones de tu mente. Por lo tanto, si tus pensamientos son como veletas, que cambian de opinión en cuestión de instantes, ¿por qué te fías tanto de ellos? Adopta el hábito de dudar de tu pensamiento, ya que la credibilidad en él es cuestionable: tus pensamientos no son verdades absolutas. De los sesenta mil pensamientos que tienes al día en promedio, tu mente sólo se enfoca en algunos, mientras que los que no le interesan son descartados. La mente no atiende a éstos conscientemente, porque no refutan la teoría que has construido sobre ti mismo; desde un punto de vista neuropsicológico, no encajan en los canales neuronales trazados previamente en el cerebro. A la mente le da igual si un pensamiento es verdadero o no. Lo que le importa es que sea familiar. Recuerda que, cuando surge un pensamiento, se realiza una asociación neuronal: o bien se crea un surco neuronal —si es una idea nueva—, o bien se recorre un surco neuronal ya formado en el cerebro —si es una idea similar o repetitiva—. Dado el ahorro energético, tu cerebro te engaña y te lleva por los mismos surcos neuronales una y otra vez. Es como si el cerebro tomara un atajo, lo familiar para él, porque le da pereza trabajar más de lo necesario. Es la razón por la que la mayoría de los pensamientos cotidianos son muy parecidos, o incluso iguales: vives en el día de la marmota continuo. A veces, tienes pensamientos que te dan miedo: son los favoritos para tu ego, ya que se distinguen del resto, generan una tensión tal que te obliga a enfocarte de modo consciente para que no pasen desapercibidos. En verdad, la mayoría de personas tienen pensamientos irracionales en algún momento, pero no todas se obsesionan con ellos. Sin embargo, la atención consciente a estos pensamientosprovoca una expansión de ellos, por lo que se pueden convertir en una adicción de tu mente, haciendo que los tránsitos neuronales se fortalezcan aún más. Son los elegidos por tu ego. Pero el poder de prestarles atención o no está en ti; es tu decisión consciente. La mente usa símbolos Los seres humanos suelen ser adictos al propio ego, lo que quiere decir que están habituados a su estructura neuronal y, por lo tanto, a la historia que se han creído sobre sí mismos. El cerebro funciona como un radar, como parte de un mecanismo de supervivencia, pues siempre está alerta analizando el terreno para detectar elementos que confirmen su teoría, y cuando los encuentra ahí se queda anclado. El enredo en tus pensamientos, en tu historia, se pone en acción y no para hasta que lo detienes activamente, pero, si no eres consciente de ello, tal vez esa historia mental sigue activada hasta el final de tus días. Tu mente es adicta a sus propios surcos neuronales y desesperadamente quiere llevarte por ellos. Utiliza símbolos que son la combinación perfecta que ha encontrado en el entorno para llevarte a que revivas la historia, confirmando así su neurosis. Así, tu mente te mantiene entretenido con alguna obsesión, fácil, familiar y trillada, mientras ella trabaja en el funcionamiento del resto del cuerpo. Es importante observar que, cuando te enfocas en algún símbolo, la realidad se distorsiona, porque sólo le prestas atención a las características simbólicas que refutan tu teoría, tu historia, tu adicción, y descartas lo que no encaja con tu versión, con tu neurosis. La realidad circundante es diferente al significado que le estás atribuyendo al símbolo, pero eso no lo puedes ver. Por ejemplo: si consideras que «los hombres o las mujeres son todos iguales, unos cabrones», te aseguro que tu mente hallará defectos donde no existen y acentuará el concepto negativo de ellos para ponerles la etiqueta de canallas, dejando ir a personas que son totalmente dignas. Se pueden encontrar símbolos que se externalizan de distintas formas, como en personas, en situaciones o incluso en gestos, factores que te reflejan a lo que eres adicto mentalmente. Imagina que tu adicción, tu historia identificativa de vida o tu herida tratan sobre el rechazo, entonces, verás señales de esta actitud por todos lados y la sentirás como una amenaza. Veamos algunos ejemplos de externalización de este símbolo en personas, gestos y situaciones: Personas. Te sientes atraído sólo por personas emocionalmente no disponibles, independientes, distantes, de manera que se valida tu historia de rechazo. Gestos. Te centras en un gesto, como una mirada, una mueca o un comentario. Si tu pareja sonríe a la persona que le atiende en un comercio, automáticamente piensas que se siente atraído sexualmente por ella y empiezas a crear narrativas de abandono, infidelidad o desinterés. Situación. Magnificas una situación. Si tu pareja deja el móvil bocabajo, las historias que se desencadenarán en tu cabeza serán de rechazo hacia ti: «No quiere que vea quién le escribe»; «Me oculta algo»; «Está ligando con otra persona». Tal apego al condicionamiento, a la historia que has aprendido de quien eres, la has elaborado a través de los ojos que los demás proyectan en ti —eres la media de las cinco personas con las que pasas más tiempo—. Te has contado una historia sobre ti mismo y lo peor es que te la has creído. Estás tan identificado con ella, que te sientes incómodo si no encajas en el yo que has creado. Es por eso que subconscientemente buscas argumentos para refutar la teoría, que es de donde proviene el autosabotaje. Con mis pacientes, prefiero explicar esta dinámica con la analogía del cajón de sastre en el que guardamos todas nuestras neurosis —temáticas favoritas del ego—. De acuerdo con las circunstancias del día, tomamos una de esas neurosis —días como en los que nuestro estado de ánimo está inestable o cuando caemos en la procrastinación— y filtramos todos los acontecimientos del día desde ella. Entonces, nuestro radar interno está predispuesto a encontrar estos símbolos en la realidad para reflejar nuestra neurosis. En estos días, la mente se encuentra más dispersa y el ego toma el control, así que, para cambiar este estado mental, es indispensable conducirlo a uno más neutral mediante alguna práctica para entrenar la mente, ya que, si te dejas llevar por los símbolos, terminarás saboteándote, a ti, e incluso arruinando relaciones interpersonales. 3. PERCEPCIÓN: TU FILTRO NO ES LA REALIDAD A la mente le gusta tener el control. Ella anticipa, organiza, ahorra energía cada vez que le sea posible; archiva toda información en cajas y les pone etiquetas. Esta gestión de información es bastante eficiente —equiparable al proceso de producción de una fábrica—, de modo que la mente se gana el apelativo de la empleada perfecta. Las cajas serían el filtro de la realidad y las etiquetas, el juicio que emites sobre ellas. Se trata de dos herramientas que incitan a tener un falso control, el cual te hace sentir relajado, pero por breves instantes, pues es cortoplacista, ya que no resulta como un encuadre de la realidad tridimensional, y por eso no es sostenible. Eres esclavo de este encuadre mental, porque te resistes a rendirte a la idea de que la incertidumbre es lo único que existe y que el cambio es una constante. Las cajas y etiquetas de la mente son producto de la dicotomía que establece que la realidad es blanca o negra, una de las fuentes del sufrimiento humano; incluso, cuando la mente es demasiado estricta, puede derivar en trastornos psicológicos más severos. Las cosas no son tan simples como para poder encasillarlas, y esas etiquetas — que te pueden traicionar en muchas ocasiones— limitan mucho la realidad, aunque la intención de este mecanismo biológico sea tu propio beneficio desde un punto de vista de supervivencia, la asociación puede ser muy primitiva y saboteadora. Tu mente te engaña, ofreciéndote una solución momentánea, con una aparente sensación de control. Pero lo que realmente te liberará será trascender la aceptación incondicional de que la realidad es gris, no blanca o negra, lo que te induciría eventualmente a sentirte cómodo con la incertidumbre. Cuando tu mente no tiene el control, se bloquea o se desborda, y por esta razón necesita del juicio, mecanismo de protección que la mente emplea por el miedo de salir de estas etiquetas mentales totalitarias de la realidad. Esto es lo que ocurre cuando eres víctima del overthinking: tendencia compulsiva a definir las cosas, a explicarte detalladamente lo que sucede en el mundo exterior para que el resultado encaje en tus esquemas internos y no sientas fricción o incomodidad. Esto provoca un desgaste energético al tratar de pasar todo suceso por el aro de la mente inquisidora, que juzga como bueno o malo, blanco o negro, bonito o feo. Sin embargo, éste es un mecanismo aprendido que se puede reducir si lo enfrentas con la incomodidad de no etiquetar, desaparecerá si aceptas la realidad como es: sin tratar de definirla mediante explicaciones que quepan en tu lógica mental o que la soporten internamente. Así pues, pregúntate esto: «¿Mi juicio es tirano, demasiado estricto e inquisitivo?». «¿Qué situaciones, temáticas o personas tiendo a juzgar más?» Lo anterior habla de tus mayores neurosis y miedos, por los cuales no eres libre. A menudo tu juicio se basa en tus experiencias de vida, pero también en lo que la sociedad y la historia han decretado que es correcto —lo cual se halla en el subconsciente colectivo—. Es viable reconocer que todos los puntos de vista existen y que sólo tienes la capacidad de ver la punta del iceberg de la conducta de una persona o de una situación. Por tanto, es importante asumir una actitud de mente abierta y de humildad para aceptar que existe la posibilidad de que tu paradigma sea erróneo, ya que a los individuos les es imposiblecaptar la totalidad de la realidad y que los juicios están influenciados por fenómenos psicológicos, como la percepción y la atención. Percepción psicológica ¿Qué ves en las siguientes imágenes? En la primera imagen, unos ven a una mujer joven y otros, a una mujer mayor. En la segunda imagen, unos ven un jarrón y otros, dos caras contrapuestas. Sin embargo, no hay una opción mejor que la otra, pues ambas serían correctas y existen en el plano real, pero quizás tu mente no esté preparada y por eso no te permite verlo: que no lo veas no significa que no exista. Ahora, ¿qué ves en la siguiente imagen? La mayoría de adultos ve una pareja desnuda abrazándose, pero, si le preguntamos a los niños, la respuesta es sorprendente: delfines —hay nueve en la imagen—. La mente de los niños aún no ha sido sexualizada, pues todavía no existe un condicionamiento asociado a la sexualidad, por lo tanto, ellos ven la única realidad que conocen hasta el momento: delfines. La realidad solo es una, pero cada persona tiene su propio filtro, y cada uno posee un condicionamiento único e individual. Sólo cuentas con tu propia percepción y punto de vista, que no es más que tu realidad filtrada. La realidad sin ese filtro es diferente: un objeto puede estar ahí, pero es tu conciencia de ese objeto lo que le otorga existencia. Sin conciencia, sin atención en el objeto, éste no existe para ti, aunque esté en ese plano. Cada ser experimenta el mundo a través de sí mismo, de su conciencia y de su presencia en la realidad. Dado que el mapa no es el territorio, tu filtro puede tener sesgos y no ver la realidad completa. Vives el mundo como eres, no como es. ¿Qué te sugiere la siguiente imagen? El mensaje que tienes que llevarte de las imágenes arriba expuestas es que existen tantas percepciones como personas en el planeta. Nadie tiene la posesión de la verdad absoluta. Aunque ésta te parezca muy real y la veas muy clara en un momento dado, deja siempre un umbral a la duda. Mantente flexible y abierto a cambiar de perspectiva, ya que a veces tu proceso de pensamiento falla, cuya consecuencia es que percibes la realidad de forma irreal, alteración conocida en psicología como distorsión cognitiva, definida por el psicoterapeuta estadounidense Albert Ellis. Existen diversas maneras en las que estas percepciones distorsionadas se manifiestan, entre las que se destacan las siguientes: Sobregeneralización. Consiste en elegir un caso aislado y extrapolar de él una conclusión general, por ejemplo: «Soy un fracasado en la vida», cuando sólo has suspendido un examen, mientras que el resto de notas tienen una media de notable o aprobado. Descalificar lo positivo. Se trata de ignorar constantemente los rasgos positivos, generalmente más abundantes, de la realidad para destacar únicamente los eventos negativos, por ejemplo: «Tengo un día de mierda», cuando tu día no ha parado de brindarte cosas buenas y simplemente te ha caído una gota de café en la ropa limpia. Magnificación / minimización. Se define como la actitud de infravalorar o sobreestimar situaciones, a otras personas o a nosotros mismos, por ejemplo: «Si pierdo el trabajo, tendré que ir a comer a un comedor social», lo cual podría convertirse en una consecuencia con pocas probabilidades de que ocurra. Sesgo confirmatorio. Es la tendencia a sesgar la realidad para que ésta encaje en ideas preconcebidas, por ejemplo: en una discusión, quedarte sólo con los datos que corroboran tu teoría e ignorar los que la ponen en duda. Como ejercicio práctico, si estas distorsiones te suenan familiares, puedes consultar tu registro de diario activo e identificar cuáles de esos pensamientos pertenecen a cada una de estas distorsiones cognitivas. Cómo minimizar los sesgos en la percepción Cuanto más preciso seas en la percepción, tanto más capaz serás de percibir las situaciones como son en realidad. Se trata de mantener el filtro mental lo más cristalino posible, pero ¿cómo haces esto? La percepción psicológica es la interpretación de tu cerebro sobre los estímulos que recibe a través de los sentidos. Esta impresión crea una representación inconsciente o consciente de la realidad, como una especie de imagen interna que tu cerebro produce para que puedas identificar la idea. Esta interpretación en tu cerebro no sólo se obtiene de la información que nos brinda el estímulo, sino que también se pone en acción un mecanismo subconsciente de todas tus experiencias pasadas asociadas al mismo para reconocer el objeto o la situación en cuestión. A veces, esa sabiduría, esa experiencia acumulada, juzga la información con base en el pasado, no en cuanto a lo que ese momento presente ofrece. La cuestión importante aquí es conocer en qué medida los sentidos están presentes, en qué medida tu vista no sólo ve, sino que además observa; o tu oído no sólo oye, sino que además escucha. Cuanto más conectado estés con tus sentidos, tanta mayor probabilidad hay de que esa representación en tu mente esté más próxima a la realidad. Ejercicio ¿Qué tan despiertos están tus sentidos? Te propongo un ejercicio en el que practicarás los paseos conscientes, una excelente manera de entrar en contacto con el momento presente y con tus sentidos. Paseo de los sentidos Es una práctica de tipo mindfulness en la que entrenarás la conexión con tus cinco sentidos (vista, olfato, gusto, oído y tacto) mediante una meditación activa. Consiste en caminar —si es posible, por un espacio natural— y vivir la experiencia con todos tus sentidos, tratando de no engancharte con tus pensamientos. Cada vez que descubras que tu mente vuela, intenta conectarte de nuevo con algún sentido —por ejemplo: huele una flor u observa detalladamente una nube que se mueve—. Así mismo, para poder llegar a un estado de conexión con los sentidos, es importante que te deshagas de la prisa y dejes tu móvil en modo avión, sin música ni ningún tipo de notificación activada. A esta cita sólo están invitados tú y tus sentidos. Tu presencia plena tiene mucho que contarte, así que te propongo lo siguiente: Camina sin rumbo, perdiéndote en tu propia ciudad. Trata de practicar la sorpresa: observa desde otro ángulo —desde otro nivel de consciencia— y asómbrate de lo que percibas. ¿Eso siempre estuvo ahí? «Nunca lo vi, nunca me di cuenta» —pero estaba—. Mira para arriba, al cielo: observa las formas de las nubes y la impermanencia de las mismas —vienen y van—. Aprecia la majestuosidad del árbol, de su corteza, y la sabiduría que alberga. El asfalto te sostiene, el mundo bajo tus pies —enraizado—. Ábrete a sonidos como el de ese pájaro que interrumpe sin avisarte, toca la brisa, caza el aire, y siente ese soplo de viento —en tu piel—. Huele la tierra mojada, el olor del jazmín de esa calle, y ese perfume con el que te cruzas, te hace recordar algo —que creías olvidado—. Siente la tensión en tus muslos, la contracción de tus rodillas, el vaivén de tus manos, al andar. Conecta tu paso con tu respiración, —inhala, exhala— Abre los sentidos para recibir, desde otra perspectiva. Piérdete en paseos conscientes, y esos caminos te llevarán a ti. —La dirección es hacia ti—. 4. EMPIEZA A DESENMASCARAR TU EGO Dentro de ti está tanto el ser que observa como tu ego — condicionamiento aprendido para sobrevivir—. Ambos coexisten, comparten el espacio dentro de ti. Como en un coliving, tu ego es un compañero de piso, de manera que tu misión consiste en llevarte bien con él para que la convivencia sea la mejor posible. Ahora, imagínate tu ego con propiedades humanas, como una voz interna que está diciéndote —quizás justo en este momento—: «Esto no sirve de nada»; «Nunca vas a ser capaz de sentirte feliz»; «Es muy complicado vivir en paz», bla, bla, bla... Pregúntate si tu ego te cae bien. Como hemos mencionado, si esa voz que tienes en tu cabeza fuera una persona, con seguridad te mantendrías bien alejado de ella.Es alguien que cambia de opinión cada treinta segundos y su discurso es inconsistente. Una voz bastante desquiciada que te dice cosas sin sentido, te juzga; es especialista en arruinar el momento, un aguafiestas. Con razón, le dirías: «Basta y ciao». Pero el problema es que esa voz vive dentro de ti y la llevas todo el día contigo. Eres víctima de bullying, pero ya tienes tu propio bully muy cerca de ti, tanto que, si no eres capaz de disociarte de esa voz acosadora, te vas a creer todo lo que te cuenta, de forma que el ego tomará el control de tu existencia, y tú eres el ser que asume las consecuencias, quien se siente enfadado, triste o ansioso cuando esa voz se pone más activa. Piensa en una radio cuando intentas sintonizar una frecuencia y sólo escuchas ruido entre emisoras, voces sobrepuestas: ¡es desquiciado! Imagínate vivir bajo este ruido: el resultado es que terminarás trastornado. Ahora reflexiona si ese símil se equipara en la relación que tienes con esta voz interna del ego: si te reconoces en ella, es hora de ponerle límites y empezar a tomar el control. Recuerda que tú eres el ser que posee la conciencia, que tu labor consiste en disminuir el ruido y establecer un espacio en tu mente para poder lograr mayor claridad. Ten presente que la relación ego-ser es vitalicia, debido a lo cual liberarte de tu ego no es una opción. Pero sí puedes reposicionarlo en tu mente y mejorar la relación con él; enseñarle cómo quieres ser tratado para llegar a un equilibrio saludable. Como en cualquier relación, tienes que dedicar tiempo a conocerlo, mirarlo a los ojos para vincularte íntimamente y tratar de entenderlo con el fin de mejorar la comunicación con él. Es un trabajo, y tienes que pasar necesariamente por ello para sanarte. No todas las personas afrontan la voz del ego de igual manera. El grado de bullying que ella puede ejercer depende de la distancia entre el ego y el ser consciente — es decir, el condicionamiento de patrones mentales limitantes—. Cuanto menos opuestos, menos chocarán entre sí, y la fricción e incomodidad interna será menor. Cada persona tiene una línea de salida, dependiendo de si has crecido con un ego más o menos saludable, que ha sido estructurado dependiendo del entorno en las edades tempranas, lo que determina tu equilibrio emocional, aunque no seas consciente de ello. Sistema de creencias Para poder desaprender lo que te limita y aprender lo que te potencia, es indispensable identificar lo que te está saboteando. Como hemos mencionado, tu ego se construye en tus edades tempranas y se programa en la parte subconsciente de tu mente, lo cual genera un piloto automático desde el que experimentas la vida. Entonces, si quieres desenmascarar tu ego, debes llegar al origen de las historias que te has contado, no sólo sobre ti mismo, sino también sobre el mundo externo, y así identificar tu sistema de creencias para desaprender lo que te limita. Figura 1.3. Alegoría de la caverna de Platón, dibujo de Markus Maurer. Recordemos la alegoría de la caverna de Platón, según la cual un grupo de prisioneros vive en una cueva desde que nacieron atados por sus pies y por sus cuellos de manera tal que sólo pueden mirar hacia una pared de la cueva. En esta pared se reflejan siluetas proyectadas por el fuego de una hoguera que se halla detrás de los prisioneros, quienes, al no poder mirar nada más, creen que esas proyecciones son objetos reales, en otras palabras: para ellos, desde que nacieron, ésa es la realidad. Un día, un prisionero es desatado y obligado repentinamente a ver la luz de la hoguera y luego los objetos reales, los cuales se le dificultaría distinguir al estar encandilado por el destello de la luz del fuego. Acto seguido, es forzado a salir de la cueva y, después de tener que acostumbrarse al resplandor de la luz natural, él descubre lo que es el mundo real: las estrellas, la luna, el sol mismo, pero son los objetos reales, no sus reflejos. El prisionero liberado vuelve a la caverna para contar al resto de sus compañeros los que descubrió, pero ellos no le creen, piensan que está loco y siguen con sus cadenas. Esta alegoría ilustra muy bien el impacto que en tu vida tiene el sistema de creencias, lo que has aprendido, lo programado de modo neuronal; y son la base de tu sentido de identidad, por tanto, el filtro que te hace percibir la realidad. Sin embargo, las creencias no son las realidades. El sistema de creencias es el origen subconsciente del que surgen tus pensamientos, pero a tu mente no le importa si tus pensamientos son o no racionales, porque ella no diferencia entre lo real y lo imaginario. Para que lo experimentes por ti mismo, te propongo el siguiente ejercicio: cierra tus ojos y concéntrate; imagínate chupando un limón durante veinte segundos; muérdelo, siéntelo en tu lengua, saboréalo. ¡Sorpresa! Verás como toda tu boca se llena de saliva. La idea de probar un limón hace que el cuerpo responda como si realmente lo estuvieras comiendo: una experiencia vivida o una experiencia imaginaria es lo mismo para la mente, por eso ella responde a tus pensamientos como si fueran verdaderos. Por esta razón, un sistema de creencias sin trauma y con una base equilibrada te ayudará a filtrar la realidad y vivir la vida de manera más positiva. En definitiva, la historia que nos contamos sobre nosotros mismos está basada en creencias que tienen muchas maneras de expresarse. En consecuencia, la práctica de la sanación personal busca detectarlas y reconocer su origen, cuyo método de acceso es la indagación consciente del ego a través de su voz: el diálogo interno. El diálogo interno No olvides que el citado compañero de piso que vive en tu cabeza tiene voz. Quizás nunca has puesto atención y te has percatado de su tono, de la ternura o agresividad con la que te habla. Definir estas características es importante para poderlo identificar cuando se presente. ¿Cómo es su personalidad? Si ese ente viviera fuera de tu cabeza, ¿serías su amigo?, ¿te caería bien? O, en cambio, ¿huirías de él porque es nocivo? Tal vez te envíe mensajes como «insignificante», «fracasado», «feo», «tonto», «inútil»; o tal vez sus mensajes se asocien con la compasión y el amor incondicional hacia tu propio ser: a tu belleza tanto interior como exterior, a tu perfección imperfecta, a tu amabilidad, a tu buena personalidad, a tu divertida actitud. Pregúntate con cuál de estas dos personalidades identificas más tu voz del ego. El poder de la palabra es incuestionable, pues ella tiene la capacidad de hacerte sentir bien o mal en cuestión de segundos. Imagínate que a alguien que quieres, o incluso a un desconocido, le dices que es un perdedor, un inútil, un marginado. ¿Tratarías a alguien así? Seguramente no, lo más probable es que lo trates con respeto. Entonces, ¿por qué te hablarías a ti mismo de esa forma? Las expresiones que comprende tu diálogo interno son una representación de tu sistema de creencias. Si analizas con detenimiento, notarás que la forma en que te hablas es una copia de la forma en que te hablaban cuando eras niño: aprendiste a hablarte así porque la comunicación es uno de los factores generacionales que se traspasan de padres a hijos cuando se vive en piloto automático. En otras palabras: tu diálogo interno ha sido construido en tus edades tempranas, de modo que conectarte con esos años y reconocer el lenguaje que tu entorno utilizaba contigo te permitirá familiarizarte con las creencias subconscientes. Por ejemplo: si creciste en un ambiente autoritario basado en el miedo y estricto contigo, es posible que tu diálogo interno vaya a estar determinado por ello, por tanto, tu lenguaje interno tendrá un estilo crítico y juicioso. Por el contrario, si creciste en un entorno definido por un lenguaje compasivo, desde el amor incondicional, probablemente tu comunicación interna sea más saludable, equilibrada, más libre de autosabotaje. Elpoder de la palabra es considerablemente categórico en tu estabilidad emocional y, para transformarlo, es imperativo primero conocerlo y luego ubicarte como el observador consciente de esa voz interna con el propósito de analizar cómo te habla. En síntesis: observa cómo te hablas a ti mismo; pregúntate si lo haces desde la compasión o desde la crítica; indaga cómo en tus edades tempranas te hablaba tu entorno. Pensamientos limitantes más comunes Si tu diálogo interno es crítico, entonces éste revela que tu patrón de pensamiento es limitante. Cuando esto ocurre, te autosaboteas. En pocas palabras: tu autosabotaje es la expresión de tu ego. El autosabotaje surge a través del diálogo interno, una conversación que se da en tu cabeza cuando te hablas mal y eres hiriente contigo mismo, pero esto es ir en tu propia contra. Si bien es cierto que en tu infancia este mecanismo subconsciente favoreció tu supervivencia y adaptación en tu intento de encajar con las demandas de tu entorno, ahora te está perjudicando, pues se ha integrado profundamente en tu discurso interno y ni siquiera eres consciente de que reaccionas desde ahí. Un ejemplo de ello es un niño que aprendió que es mejor pasar desapercibido porque, de lo contrario, corría el riesgo de ser criticado, entonces la reacción ahora que es adulto, por ejemplo, en una reunión de trabajo, es no dar su opinión y mantenerse callado. Cuando era pequeño, esta actitud le ayudó a sobrevivir, pero ahora va en su contra. Sin embargo, es una reacción aprendida y automática, es su piloto automático que se activa cuando aparecen estímulos similares a éste. Su pensamiento limitante dice: «Lo voy a hacer mal»; «A nadie le importa mi opinión»; «No tienes nada que aportar»; «Mejor cállate, que eres tonto». Su creencia se asocia a que es defectuoso. Todo autosabotaje se relaciona con las heridas emocionales no resueltas, de lo cual hablaremos más en detalle en el capítulo dedicado a las emociones. Como ser humano, sientes la necesidad de ser visto, escuchado, respetado y amado. De aquí nacen tus creencias irracionales y tus neurosis más comunes. De este modo, elabora un listado de tus creencias irracionales más típicas. Aunque puede ser un reto, trata de identificar sólo las cinco creencias que más tienen que ver contigo. Como se ha mencionado antes, las creencias-raíz no son muchas, por eso trata de seleccionar las que están más presentes en tu diálogo interno y en tu pensamiento limitante. En la tabla 2.1. te dejo una lista de algunas creencias más habituales de la terapia cognitiva conductual, las cuales te servirán de guía para que selecciones con las que más te identificas, pero un máximo de cinco o seis creencias, no más. Esto puede ser complicado, porque quizás te identificas con otras más, pero es importante que seas selectivo y centres tu atención en las más representativas y que tengan más presencia en tu vida. El sistema de creencias se representa en el tipo de voz de tu diálogo interno, a través del cual puedes identificar el pensamiento limitante para frenar el autosabotaje. Por eso, la herramienta del diario activo como registro de pensamiento ayuda a indagar las creencias subconscientes que se reflejan en tus pensamientos diarios. Te darás cuenta de que, al final, son parecidos y forman parte de una misma historia mental —es la historia de vida, de ti mismo, que has alimentado de manera subconsciente—. 5. AUTOSABOTAJE El autosabotaje es la batalla interna que se desata cuando vas en tu propia contra, o sea: tú mismo pones los obstáculos más difíciles y te conviertes en tu peor enemigo. El problema es que los patrones de autosabotaje están tan programados en tu subconsciente que no reparas en cómo los normalizas, hasta que ya es demasiado tarde. Por eso, es importante conocerte en lo profundo de tu ser para detectar esos patrones de lejos y ser consciente de sus maniobras de escapismo para poder adelantarte a ellas. A veces, cuando consideras que tu vida va por buen camino, en el fondo te da miedo, y entonces empiezas a crear obstáculos, porque crees que no mereces la buena fortuna, de manera que comienzas a dudar y a convertir la situación en un caos, lo cual te puede hacer perder ese momento en el que te estabas sintiendo bien. Entonces te preguntas: «¿Por qué he hecho eso? ¡Si no es lo que quiero!» Por ejemplo: te invitan a un evento que te apetece, pero cancelas la cita en el último momento, porque, de repente, sientes ansiedad en tu estómago. Supones que te da vergüenza porque no conoces a nadie en ese evento, y eso te hace sentir incómodo, inseguro, de modo que evitas la situación, pero, en realidad, es exactamente lo que quieres: conocer gente nueva. Al final, el autosabotaje es una actitud que juega en contra de lo que quieres; es dejarte guiar por la voz de tu ego hasta que él te venza. En la situación anterior, el desenlace debería ser ir al evento —incluso si sientes miedo o se refleja en sensaciones de ansiedad en tu cuerpo — y exponerte a ese miedo paulatinamente. Te darás cuenta de que la mayoría de ocasiones exageraste en tu reacción, pues normalmente el miedo es mucho mayor en tu cabeza que en su versión real. No obstante, de eso sólo te das cuenta cuando lo afrontas. El autosabotaje también se suele expresar con el síndrome del impostor, que consiste en no sentirte digno de merecimiento. Es un juego macabro de tu ego para hacerte sentir mal contigo mismo, aunque demuestres tus cualidades, obtengas tus logros y haya hechos que prueban lo contrario. Tú aún te sigues sintiendo como un fraude, lo cual conlleva que pierdas oportunidades de éxito, pero prefieres evitarlas para no sentir más esas emociones incómodas. Hazlo con miedo, pero hazlo, enfrentarte a él: es la única manera de superarlo. De nuevo, considera la siguiente pregunta: ¿Sabotearías de esta manera a alguien que quieres? La respuesta obvia sería «no». Entonces, ¿por qué te haces esto a ti mismo? Desde una visión neuropsicológica, existe un trauma a nivel cognitivo, este trauma se relaciona con todos los caminos neuronales que tienes grabados en tu cerebro que no te benefician, que fueron generados posiblemente por un estado de estrés postraumático o derivados del trauma emocional complejo vivido durante un tiempo sostenido. Sin embargo, son los canales que más utilizas diariamente. La batalla del trauma en los canales neuronales tiene lugar en el subconsciente y se expresa con la voz del ego, aquel roommate que nunca te abandona. Esos pensamientos recurrentes suelen ser negativos y se originan en situaciones traumáticas experimentadas en los primeros años de vida o de la adolescencia en forma de creencias limitantes instaladas por el entorno durante estos años. Se convierte en autosaboteo porque revives esos surcos neuronales y los caminos se fortalecen, se vuelven más familiares y cómodos, porque son bien conocidos por ti, aunque vayan en tu contra. Esos patrones que construimos desde pequeños nos vuelven adictos emocionales. Nos identificamos con ellos, dado que los vivimos con mayor intensidad en nuestras edades tempranas; son los que más conocemos, pues hemos crecido con ellos y, por tanto, nos brindan mayor comodidad. Aunque parezca contradictorio, podrías estar pensando: «¿Cómo voy a autosabotearme de esa manera?» Pero la pregunta debe ser la siguiente: «¿Sé quién soy sin mi ego y sin sus sensaciones asociadas como la ansiedad o mis altibajos emocionales?». El problema es que buscamos nuevas experiencias en nuestra vida para revivir esa emoción, con lo que ese camino neuronal cada vez se vuelve más transitado, lo cual se termina manifestando en nuestra realidad, pero lo que ha pasado es que lo has creado subconscientemente. Esta es la explicación a la afirmación que ya habrás escuchado: creas tu propia realidad. Por ejemplo: cuando de pequeño has tenido experiencias de rechazo y tu zona de confort se convierte en noesperar nada de nadie, entonces tu conducta de escapismo consistió en alejarte de las personas antes de que pudieran fallarte. Esto te hace sentir solo de adulto así como lo experimentaste cuando eras un niño: es esa sensación de soledad a la que eres adicto subconscientemente, así que creas subconscientemente situaciones para sentirte así. El cerebro es plástico, tiene la habilidad de reorganizarse y cambiar a través de nuevas conexiones sinápticas hacia nuevos estímulos. Esto significa que puede aprender nuevas asociaciones que te potencien y crear nuevos patrones sanos a través de su repetición, lo que implica, esfuerzo, constancia, compromiso, compasión y amor por ti mismo. Para enseñarte a ti mismo a sentir de una manera saludable, primero debes desaprender lo que es desadaptativo para ti, tanto a nivel emocional como cognitivo: debes borrar lo que te limita y sustituirlo por patrones que te beneficien. Por ejemplo, si te criticas a ti mismo continuamente en tu diálogo interno, la espiral de negatividad se volverá cada vez mayor y también con más frecuencia. Sin embargo, si te retas de manera conscientemente activa a cambiar la naturaleza de estos pensamientos perjudiciales por otros más amables, estos nuevos pensamientos se volverán más fuertes y cada vez será más fácil conectar con la emoción potenciadora que te brindan, lo que permitirá que tu cerebro sea capaz de salir de la espiral que le lleva a estados depresivos o ansiosos. No es un conjuro mágico, ¡es ciencia! Estos nuevos patrones que construyas deben liberarte de tus heridas emocionales, de tus experiencias pasadas, con el fin de poder crear una nueva realidad en la que no estés condicionado por tu subconsciente autosaboteador. No dejes que tu ego y tus experiencias traumáticas te ganen la batalla. Tú no eres eso, tú eres la conciencia que está por encima. 6. PASOS A SEGUIR PARA MEJORAR LA RELACIÓN CON TU EGO El camino de la sanación personal es un proceso de elevación de conciencia. Cuantas más capas vas desintegrando del ego, mayor capacidad de control tendrás sobre ti mismo y tu vida. Es un proceso sin retorno: cuando empiezas este camino, tu conciencia se eleva y ya no puedes volver al nivel anterior, ya no puedes ignorar lo de antes, porque ahora ya eres consciente de ello. Tu ego no tiene por qué ser tu enemigo, pero sí hay que reposicionarlo para que no te hiera. Por lo que sí es importante que te tomes tu tiempo para transitar el camino, así que no tengas prisa. Trata de estar presente en cada una de las etapas de tu proceso personal. El despertar: dedica tiempo a conocer tu ego Descubre las historias subconscientes a las que estás más apegado y el significado que les has asignado a cada una de ellas; los símbolos que utiliza tu ego para ir en bucle una y otra vez en torno a tu historia; las máscaras con las que te has identificado; y las heridas emocionales de las cuales todo ello proviene. Con esto, puedes definir su personalidad y entender la naturaleza de tu ego. Enfréntalo: acepta que el dolor forma parte del proceso Para desenmascararlo, deberás explorar tu interior y mirar de frente al miedo, lo que posiblemente te causará dolor. Sin embargo, tu ego se diseñó biológicamente en tus edades tempranas para que sobrevivieras y no sintieras dolor, de modo que surge una paradoja porque, cuanto más evitas enfrentarlo, tanto más acumulas y más sufres. Esta fricción se hace insostenible, de manera que, si no se enfrenta mediante un camino de sanación interna, sólo te queda la salida de la evitación, la cual se manifiesta con vías de escape que pueden derivar en adicciones, como el abuso de sustancias psicoactivas, el alcoholismo, la hipersexualidad, el shopping compulsivo o el workaholic. Estas vías de escape te desconectan de ti mismo durante el tiempo que duran sus efectos, ya que cuando no estás en contacto contigo mismo, no sientes dolor y son sustitutivas de la carencia que hay en tu interior que hace que te sientas bien momentáneamente. Esta desconexión evoluciona a otros niveles somáticos que pueden resultar en enfermedades más graves, puesto que, aunque pierdas la capacidad de sentir como si estuvieras anestesiado, el dolor aún sigue ahí, latente, y sigue aumentando su umbral, acumulándose internamente. Pero, por suerte, el camino de la conciencia se conforma como un remedio al sufrimiento, de manera tal que practicar el equilibrio psicológico tendría que ser como cepillarse los dientes: un mecanismo que esté integrado socialmente y que no sea un tabú. Déjalo ir: la muerte del viejo yo Una vez que has mirado a tu ego de frente y has deconstruido su estructura, tienes que dejar ir esas partes de ti que te limitan y te sabotean, como pensamientos, historias, significados y conductas. A mis pacientes les recomiendo un ejercicio que consiste en escribir una carta despidiéndose de esas partes de su ego, etapa conocida como el período de noche oscura del alma, un período de duelo en el que una parte de ti con la que estás identificado muere. Es una despedida de tu viejo yo para poder crear un espacio de transformación en una versión de ti que se encuentra en armonía con tu ser original. Toma el control: entrena tu mente Enfócate en detener la historia a tiempo para no engancharte al significado que le das a tus pensamientos. Esto te ayudará a ir desaprendiendo paulatinamente ese patrón, pues no dejarás que tu mente lo reviva constantemente. Que lleguen a tu mente pensamientos es inevitable, ¡pero que estés enganchado a la historia sí que es evitable! Ahora bien, la mente se puede entrenar con la práctica de la elevación de la conciencia mediante técnicas como el mindfulness, la creación de nuevos hábitos, practicas somáticas, entre otras. El objetivo de este entrenamiento implica reducir la distancia entre tu pensamiento y la identificación con él, con el fin de lograr mayor capacidad de elección sin tener que reaccionar al significado subconsciente tanto de tu historia como de sus emociones asociadas. Esta voz de tu ego es la voz interna de tu miedo más visceral, un condicionamiento de supervivencia que has aprendido y que está arraigado, por eso es importante que puedas dialogar con ella. Imagínate a tu miedo-ego delante de ti: éste te bloquea, quieres esquivarlo y desarrollas conductas evitativas. Ahora, imagínate el miedo-ego detrás de ti; éste te empuja, te acelera, te precipita a actuar de cierta manera cuando no estás listo o cuando no quieres. Por eso, al ego hay que tenerlo al lado, no perderlo de vista, y dialogar con él para que esa condición intimidante se transforme en una más saludable por medio de pactos y límites. Vívelo como un lifestyle: practica el alineamiento constante El camino de la consciencia no tiene final: es un estilo de vida. Cuando empiezas a darte cuenta de tu piloto automático y de tu programación subconsciente, la transformación se consigue casi mecánicamente: no verás tu mundo igual que antes. Es una forma de vida sin retorno. Por ejemplo: si integras que estás maltratando tu cuerpo al ingerir comida procesada, o si fumas en exceso, entiendes que con cada calada te estás destruyendo a ti mismo. Se hace más difícil que tu conducta siga en esa dirección, pero tienes que conocer el origen, en este caso, el motivo real por el que estás fumando —normalmente, son conductas de carácter emocional, no lógico—. El ego en su función de supervivencia forma parte integral de tu persona, por eso siempre estará contigo, pero puede mutar para dejar atrás los patrones que consideres limitantes y dañinos, por lo que tu misión es convertir a tu ego saboteador en uno más saludable y favorable. El ego es parte de ti, pero es importante que tengas el control sobre él y lo mantengas en tu campo de visión para que no te encamine hacia conductas de autosabotaje. Para esto es indispensable realizar un cambio de mentalidad en tu manera de vivir y practicarlo que denomino alineamiento consciente, que consiste en que si te pierdes, desde la compasión, vuelvas a ti, a tu centro, una y otra vez, es decir: lo que piensas, sientes, dices y haces debe dirigirse en la misma dirección y tener coherencia entre sí. Esta práctica minimiza la distancia entre tu ser original y tu ego; brinda un estado de ánimo sereno y positivo, porque vas a tu favor y no en tu propia contra. Esto es la base de una vida con amor propio. El camino de la sanación personal no es lineal, pues habrá momentos en que sientes que no avanzas, por eso tener una visión clara a largo plazo es clave para mantenerte en el camino del desarrollo personal. No hay remedios mágicos, sino una práctica continua para poder reprogramar tu mente, tus reacciones emocionales y tus sensaciones corporales. Higiene mental: entrena tu mente La salud mental no es un asunto del cual ocuparse sólo cuando asoma a la superficie mediante la somatización de un trastorno psicológico. Sino que hay que ir cultivándolo, ya que el estado mental de un individuo no es una propiedad estática, pues todas las personas en mayor o menor medida a lo largo de sus vidas deben procesar sucesos que impactan en su mundo psicológico, ya sea a causa de un evento inevitable como un duelo o una ruptura, que provocan emociones fuertes en el individuo. De esta manera, el estado de la mente no es inmutable, pues su naturaleza es oscilar, por eso es importante aprender a reestablecerlo en un eje equilibrado y traerlo de nuevo a un estado sano. La salud psicológica aún sigue siendo un cierto tabú en la sociedad, y esto provoca que no haya acceso a información ni educación al respecto. Somos reflejo de la era en la que vivimos, y las patologías emocionales y mentales más sufridas actualmente están alineadas a una filosofía social más conectada al ego que a la consciencia, en la que el estrés, la ansiedad y la depresión son casi inevitables. Esto es fruto de la desconexión aprendida por la cual hemos sido orientados a mirar a lo externo para arreglar nuestros problemas, en cambio, la mejor manera de solucionarlos consiste en mirar hacia adentro, para así procesar nuestro mundo interior, lo cual a veces conlleva enfrentar traumas emocionales no resueltos. La felicidad no la encuentras en el exterior, sino mediante tu filtro de realidad a través del cual ves el mundo. Nadie te explicó la importancia de la neuroplasticidad ni las consecuencias de quedarte enganchado a tus pensamientos, pero, si hubieras tenido acceso a las herramientas adecuadas, hubieras podido parar a tiempo la historia limitante que te has contado y disminuir así su impacto emocional. Sin embargo, si no te han enseñado sobre bienestar o equilibrio mental-emocional-fisiológico, no aprenderás por ciencia infusa, por eso debes realizar un cambio de paradigma en el cual la salud psicológica se integre a tus hábitos diarios, y sean tan normalizados como cepillarse los dientes. Esto te permitirá lograr una transición de una relación paliativa a una proactiva para crear una rutina de higiene mental. Vivir desde el presente significa no ser arrastrado por el piloto automático: cuando estás conectado al presente, dejas de vivir en modo reactivo y creas un espacio entre el estímulo y la reacción emocional-conductual, que es donde el proceso de sanación sucede y puedes dominar tu poder de decisión. Aprender a vivir desde el presente ya no es una utopía reservada sólo para yoguis: es una medicina que la sociedad necesita para equilibrarse y no vivir en neurosis colectiva. Entrenar la mente para que vuelva a tu centro interno es un seguro de vida en tu salud psicológica con un impacto positivo en tu vida. Una de las claves para sanarte a ti mismo consiste en desenmascarar tu ego a nivel cognitivo, mientras entrenas tu mente en el ejercicio de estar presente para facilitar la generación de un espacio de conciencia entre el estímulo y la reacción, y de este modo conseguir un estado de mente neutral. 1. ESTADO DE MENTE NEUTRAL El estado de mente neutral es un punto en el que tu mente se revela como neonata —se mantiene presente como la de un niño viviendo la existencia plenamente sin etiquetas de significado previas—, pero con la consciencia y sabiduría de los aprendizajes que te han brindado las experiencias vividas y la aceptación de la realidad cambiante de la vida. Es como una mente de anciano sabia dentro de una mente de niño fresca, pura y sin juicio dicotómico, pero no infantil, solo que se mantiene flexible a nuevos encuadres de la realidad; es una mente consciente que está presente y no reacciona desde el subconsciente, donde las experiencias pasadas han sido trascendidas e integradas; además, ha transformado todo ese aprendizaje en sabiduría y lo ha guardado en un archivo de consulta para tomar decisiones sin impulsividad. La mente neutral es una mente consciente que permanece despierta a la verdad, a la realidad del momento; pero no es ejecutada desde la programación de la mente subconsciente. Desde la mente neutral, eliges qué patrones de pensamiento quieres alimentar, pues tú tienes el poder de decisión, lo cual se diferencia considerablemente con vivir desde el piloto automático de la mente subconsciente. Este estado en el que eres observador de tus patrones de pensamiento es lo que llamamos en psicología metacognición. La gran ventaja en este estado es que no reaccionas desde el ego o la herida emocional, ya no te tomas las cosas de manera tan personal. No se trata de que reacciones de manera ingenua, sino que ahora tu mente cognitiva es intrínsecamente más objetiva, y no se deja arrastrar por la tormenta emocional. Ya no actúas como un pollo sin cabeza desde tu condicionamiento, ni eres controlado por esta programación subconsciente. Tu perspectiva de las situaciones es más elevada, pues puedes observar los hechos en el momento como solo data. Has interiorizado que cada experiencia es única y nueva, entonces, cuando te ocurre una situación determinada, ya no reaccionas según el canal neuronal trazado —que es el pasado—, sino desde la quietud que te brinda el gap de conciencia que has creado, en el que cognitivamente puedes percibir la realidad de manera más objetiva. Cuando se alcanza el estado de mente neutral, tu filtro mediante el cual interpretas la realidad es más próximo a la verdad, es más real: ves el mundo sin las gafas tan empañadas y ya no eres tan ignorante. Ahora vives más despierto y presente. Equilibrio entre tu mente negativa y positiva Los pensamientos pueden tender hacia lo positivo o hacia lo negativo. La mente negativa puede sonar a queja, crítica, pesimismo o victimización, al actuar como un mecanismo de defensa, ya que el origen de los pensamientos negativos usualmente es el miedo. Por el contrario, la mente positiva nos permite expandirnos e ilusionarnos, pero en este extremo también puede llegar a ser nociva, ya que un positivismo radical puede crear fantasías, expectativas surrealistas y poca practicidad. Estos dos tipos de mente están regidos por el ego: oscilan según el entorno externo y en sus extremos pueden hacer que te paralices o que actúes por impulso sin tener en cuenta la realidad de las circunstancias en las que te encuentras. Cuando eres controlado por ellas sin el arbitraje de la mente neutral, puedes perder contacto con la realidad, lo cual podría provocar desequilibrios en tu salud mental. Figura 1.4. Tipos de mente: negativa, neutral y positiva. La mente neutral, a diferencia de la mente positiva y la mente negativa, se encuentra a un nivel más elevado del espectro de conciencia que te permite tener un mejor panorama de ambas, pues, aunque las observa y escucha, no es dominada por ninguna de ellas. No existe una mente buena o mala, ya que, al desempeñar funciones biológicas, cada una crea un valor e influencia que te aportan. Ambas en un estado equilibrado del espectro son necesarias:si no tuvieras una mente crítica, serías demasiado inconsciente, con un exceso de positivismo e ingenuidad. Pero si sólo tienes la mente crítica, entonces estás atrapado en el papel de victimización que puede derivar en un estado de depresión, en el cual tu mente positiva se anula por completo y, por tanto, no eres capaz de detectar las situaciones buenas de tu vida. La clave es regar lo que tienes más seco para alcanzar una homeostasis equilibrada, por ejemplo: si eres pesimista tendrás que esforzarte en trabajar y expandir tu mente positiva. Cuando llegas a un estado de mente neutral, puedes contemplar claramente el espacio entre tu ser y tu ego, una posición de plena conciencia en la que tu mente permanece despierta y más próxima a la realidad del momento. El pensamiento neutral no tiene juicio, acepta la vida como es y no como tú quieras que sea, pues no la categoriza como buena o mala: la vida simplemente es. Este estado te da libertad mental y minimiza la fricción interna, porque no asumes una posición de lucha contra la vida, ni tampoco una actitud pasiva, sino que con claridad mental y quietud interna sientes que tomas mejores decisiones, es decir: actúas desde la objetividad. Ese estado de equilibrio es verdadera felicidad y bienestar, pero, como la mayoría de personas no somos monjes tibetanos, en el sentido de que no podemos vivir tan al margen de la sociedad , tenemos que practicar el estado de equilibrio dentro de las demandas de esta sociedad, y entrenar constantemente, forzándonos a volver a nuestro centro una y otra vez para nivelarnos internamente. Así pues, alcanzar este estado de mente neutral es vivir realmente en balance: notarás que las situaciones externas a ti ya no te afectan tanto como antes y que ya no es tan fácil alterar tu equilibrio interno, pues te has vuelto resiliente a tu mente. 2. EL PAPEL DE LA ATENCIÓN EN EL ENTRENAMIENTO MENTAL Lo que enfocas se expande, se reproduce. Éste es un efecto tanto de lo positivo como de lo negativo. Piensa en la atención que le prestas a tus actos cotidianos y plantéate la siguiente pregunta: «¿Cuál es mi mente dominante, la positiva o la negativa?». La atención funciona como la metáfora según la cual una manzana podrida echa a perder las manzanas restantes del cesto. Si tu pensamiento es nocivo, pronto contaminará tu estado de ánimo, tu actitud, tus decisiones, tu comportamiento, pero lo peor es que tu pensamiento nocivo autosaboteador hace que tu atención se expanda para considerar sólo lo negativo de tu realidad, por lo tanto, se convierte en una retroalimentación repetitiva de la que puede llegar a ser difícil salir. A consecuencia de tu atención, tus canales neuronales se amplían y el círculo vicioso destructivo crece. La buena noticia es que la flexibilidad cerebral funciona tanto para pensamientos negativos como para los positivos: ¿te imaginas si esa actitud de siembra y riego la hubieras tenido para pensamientos que te potencien? Entrena tu foco de atención No olvides que recibes millones de estímulos y gran cantidad de información a través de los sentidos. Pues bien, la atención es la capacidad que tienes de seleccionar y enfocarte sólo en algunos de estos estímulos: en concreto, los más relevantes para ti. La atención es un proceso cognitivo selectivo, por lo tanto, siempre se van a ignorar aspectos que percibes. La atención te prepara para dar respuestas al estímulo, actuando sobre ellos o inhibiéndolos, y sus circuitos se encuentran mayormente en el área prefrontal, el tálamo y el sistema reticular. La atención es un efecto psicológico que reitera tu historia interna personal, ya que te enfocas de manera subconsciente en los estímulos que refutan tu teoría o tu propia historia. Hay infinidad de realidades y posibilidades en el mundo externo, pero lo que proyectas hacia afuera es lo que existe dentro de ti: tu historia personal, tus juicios, tus neurosis, tus valores. Existe un nombre en psicología para este suceso: efecto Baader-Meinhof, que explica que lo que enfocas lo expandes porque es donde fijas tu atención. El sistema reticular del cerebro interfiere en este fenómeno como un circuito de neuronas que te pone en alerta y te predispone para detectar en el exterior tu mundo interno. Por ejemplo: cuando una mujer está embarazada, de repente sólo ve embarazadas por todos lados; o cuando alguien compra un modelo de coche, no puede dejar de ver el mismo coche donde quiera que vaya. No es que la realidad se haya transformado, pues eso siempre estuvo ahí, sino que ahora tu atención ha despertado, y tu mundo interno se reconoce en lo que te has enfocado. Cuando surge de tu mente subconsciente, este efecto es totalmente aleatorio, pero imagínate si puedes entrenarlo desde la mente consciente y dirigirlo hacia algo positivo para ti. Como una semilla que se planta y crece, un pensamiento, si lo enfocas lo expandes, y el factor temporal es imprescindible porque determina la fortaleza de los surcos neuronales. Cuanto mejor entrenes tu foco en lo que quieres, tanto más tu sistema reticular se alertará en detectarlo en lo que te rodea. Asegúrate de que eso en lo que enfocas te enriquece y te conecta con emociones que te hagan sentir bien. Este fenómeno suele ser conocido en entornos espirituales como la ley de la atracción; pero no es misticismo, es un sistema básico cerebral de supervivencia. Lo que manifiestas en tu vida es fruto de tu foco subconsciente —creencias, historia de vida o traumas—: si lo entrenas desde tu consciencia hacia lo que quieres, empezarás a reconocer esas posibilidades en el mundo exterior. Tú eres el creador consciente o inconsciente, y tu foco de atención tiene el poder de reproducir exteriormente lo que eres y con lo que te identificas en tu mundo interno. No es un acto de magia, sino que se trata de un entrenamiento hacia lo que quieres. Tu poder de creación es la atención, ya que donde la pones es hacia donde tu foco se expande, por eso, lo importante es entrenar ese foco. Éste es el efecto utilizado en la manipulación a la que estás expuesto en las redes sociales y los medios de comunicación: los algoritmos plantan semillas inconscientes, como cuando te aparecen anuncios o videos sugeridos, o como la publicidad subliminal en películas o televisión. Esto te va creando una necesidad o te pone ideas en tu mente subconsciente. Las marcas están utilizando ese efecto en ti porque saben que es poderoso: ahora ya sabes el potencial para poder utilizarlo en tu propio beneficio. Enfócate: practica el agradecimiento diario Seguramente, en algún momento de tu vida pasaste una época mala y sentías que no levantabas cabeza, de modo que te decías algo así como: «Parece que sólo atraigo problemas». Mi recomendación es que revises esos momentos y reflexiones sobre en qué estabas poniendo tu atención y resuelve si era en lo negativo o en lo positivo. Si descubres que te enfocaste en lo negativo, seguramente tu actitud ante la vida y tu pensamiento ha estado asociado a significados hostiles y tu tendencia habrá sido la de ver el vaso medio vacío. Es como la pescadilla que se muerde la cola: un ciclo adictivo del que es muy difícil salir si la dinámica no cambia desde la consciencia. Recuerda: lo que enfocas se expande. Entonces, ¡para!, y crea un giro en tu enfoque al construir una realidad que juegue a tu favor, no en tu contra. La felicidad no es cuestión de suerte, sino que se conforma como acción sostenida. Entrenar tu mente es posible: si la mente trabaja con patrones neuronales, crea un patrón que te haga más feliz. Desde un punto de vista del mecanismo de supervivencia, la atención está alerta para poder detectar un posible peligro, tendencia subyacente a sentir los miedos, por lo que la sociedad se aprovecha de esta debilidad del mecanismo. La sociedad consumista en la que vivimos, te induce a ser víctima porque así puedes ser manipulado másfácilmente, te adiestra en enfocarte en lo externo a ti para consumir más, para que quieras más y no llegues a sentirte completo, ya que siempre hay algo más que conseguir en la búsqueda de la perfección y el éxito canonizado por la sociedad. Esta inducción te influye para que veas todo lo que no eres, todo lo que no tienes, y te enfoca a la carencia; lo cual te hace sentir frustrado y engancharte a estados emocionales perjudiciales: envidia, frustración o tristeza. Pero tú no eres una víctima, eres un creador, de modo que tienes que entrenar tu mente para poder lograrlo, como en la alegoría de Platón: salir de la caverna. Sólo lo vas a lograr cuando eleves tu estado de conciencia. El agradecimiento entrena la mente para poner la atención en asuntos reales y positivos que ya existen en tu vida, y te ayuda a expandir la mente positiva saludable. Ya tienes cualidades en ti, ya eres suficiente siendo quien eres, ya tienes cosas buenas en tu vida, sólo necesitas poner el foco en ellas para poder verlas y ser consciente de ellas. Y voilà: desde ahí, tu sistema reticular se pondrá en acción en tu mente subconsciente para traer a la superficie un estado más abundante y positivo que no estará basado en la queja, ni en la carencia ni en la tensión que genera el necesito esto o aquello para ser feliz. Estarás entonado con sentirte agradecido por todo lo que ya tienes, y desde ese estado de calma, de ausencia de tensión interna, te pones a la acción hacia lo que quieres. Una manera muy diferente de vivir tu experiencia vital. Por ejemplo: en sociedades orientales, como en la isla indonesia de Bali, la cultura del agradecimiento y las ofrendas forman parte del ritual diario de vida. Las personas se reúnen en comunidad o en familia sólo para dar las gracias a sus dioses. Se dice que por eso Bali tiene una energía especial que acelera el karma, dado que hay muchas personas conectadas con la vibración de la emoción del agradecimiento, que se trata de una expresión del sentimiento de amor incondicional. No puedo asegurar que el karma se aceleré allí, pero sí que en general sus habitantes están en un estado emocional más calmado y contento. Sin embargo, en nuestra cultura occidental hemos sido educados más hacia la queja que hacia la gratitud; más hacia lo que nos falta que hacia lo que ya tenemos. Nuestra cultura está más basada en el miedo y la carencia. Mis pacientes tienen máximos bloqueos cuando comienzan a trabajar con esta práctica y se les hace complicado ver cosas positivas en su vida, en sí mismos o en su día a día. Este obstáculo en el camino se denominan resistencias de tu mente, que no son más que los viejos patrones mentales que intentan no ser modificados, en donde el sistema de alarma y supervivencia están totalmente enfocados en lo negativo y en el miedo. Siempre que empiezas a crear algo nuevo en tu vida, tendrás un período en el que habrá que luchar contra esas resistencias iniciales y sólo a través de la práctica constante podrán verse los efectos de esta siembra en tu mente. El agradecimiento no es milagroso, pero es un entrenamiento que sirve para que tu mente se enfoque en lo positivo, en la abundancia, en lo que te hace sentir bien. Poner atención consciente en las cosas buenas que ya tienes o que te pasan en tu día a día cambia automáticamente tu estado de ánimo hacia uno más positivo. Es un superpoder que realza tu vibración emocional, porque al final lo que queremos es sentirnos bien; para curar tu corazón, tienes que vibrar en emociones positivas; tienes que recordar cómo se siente cuando te sientes bien, por si lo habías olvidado. Aunque estés atravesando momentos oscuros, siempre existen pequeñas razones por las que dar las gracias; enfócate en ellas para que se expandan y te den fuerzas. Ejercicio Registra diariamente diez motivos por los que te sientas agradecido; una lista de eventos positivos que te hayan ocurrido durante el día. Enfócate en los detalles que pasan desapercibidos, pero que, si te los quitaran de tu vida, los echarías de menos. Por ejemplo: «Me siento agradecido por…»: «Ese abrazo de mi madre se ha sentido reconfortante»; «Esa sonrisa de un extraño me ha dado fe en la bondad de la humanidad»; «Mis pulmones purifican el aire que respiro y me mantienen vivo»; «Con esta conversación telefónica con mi amiga me he puesto al día»; «Este helado sugar free es delicioso y lo he saboreado muy felizmente»; «Mis piernas sanas me han sostenido y me han llevado por la ciudad hoy»; «Esta mirada cómplice de mi perro cuando quería salir a pasear»; «Tengo el dinero suficiente para poder asistir a mi entrenamiento diario que mantiene mi cuerpo fuerte»; «Este rayo de sol me ha brindado una sensación de calor y vitalidad»; «Me siento agradecido por haber tenido unos minutos para descansar sin hacer nada». 3. MINDFULNESS PARA ENTRENAR TU ESTADO DE MENTE NEUTRAL El mindfulness te permite entrenar tu atención y llegar al estado de mente neutral a través de su práctica. El gap de conciencia entre pensamiento y reacción se entrena como un músculo: cuanto más se trabaje tanto más fuerte y resistente se vuelve. El cerebro es flexible, de manera que en ti está la capacidad de transformarlo desde tu cuerpo, pues puedes influenciar la estructura neuronal mediante la acción sostenida a través del hábito. Sólo el entrenamiento recurrente puede llevarte a este estado que, si bien es cierto que supone un esfuerzo al principio sobre todo si nunca lo has practicado, tu estructura neuronal luchará contra este nuevo hábito en forma de resistencias. No obstante, no permitas que tu programación subconsciente te gane la batalla, y aunque es un proceso que toma tiempo, cada paso del camino te acerca más a tu sanación personal para alcanzar tu equilibrio interno: ¡empieza a entrenar tu mente desde ya! Mindfulness El mindfulness es una práctica que consiste en prestarle atención al momento presente intencionadamente, para darse cuenta de lo que ocurre en el pensamiento, las emociones y el cuerpo a modo de sensaciones; una práctica de la consciencia plena en la que decides volver al momento presente constantemente. El mindfulness es un término del inglés que se compone de dos palabras: mind, que significa ‘mente’ y fulness, ‘plenitud’. Esta técnica no es nueva, pues tiene más de dos mil quinientos años de antigüedad. Fue desarrollada por Siddhartha Gautama, también conocido como Buda. Sin embargo, el mindfulness, aunque ha sido occidentalizado al adaptarse a las necesidades de hoy en día, si se practica de manera autónoma no se vincula con ninguna religión, ya que es un entrenamiento de la mente para estar más presente. Uno de los primeros científicos en integrar esta práctica a la civilización occidental fue el profesor Jon Kabat Zinn en 1979, con su experimento de ocho semanas en la Universidad de Massachusetts para tratar a pacientes que no habían mejorado con las terapias convencionales, cuyas sintomatologías abarcaban desde depresión, ansiedad, fobias, adicciones, dolencias psicosomáticas y trastornos de personalidad. El experimento fue un éxito, pues produjo beneficios palpables en los pacientes a corto y a largo plazo. Desde ese momento, a esta técnica se conoce como reducción del estrés basada en la atención plena (MBSR, por sus siglas en inglés) convertida a día de hoy en una de las bases del mindfulness terapéutico en el ámbito clínico. A nivel fisiológico, se descubrió que esta terapia aumenta, el grosor del área prefrontal que está relacionada con la metacognición y el procesamiento de la información; además, influye en la ínsula cerebral que está implicada en la gestión emocional y la empatía. Con la práctica prolongada de la atención plena y la autoobservación, puedes ampliar el espacio entre el pensamiento y la reacción que tienes hacia él, es decir, tu respuesta emocional. De este modo, puedes desaprender viejos patrones de asociación neuronalpara crear una nueva respuesta desde un momento presente, pero no fruto de tus experiencias pasadas acumuladas. El mindfulness no sólo permite obtener mayor conciencia en términos cognitivos, sino que también te ayuda a gestionar las emociones desde una perspectiva más serena y equilibrada, no tan automática, en la que las ves venir y puedes ser más proactivo para gestionarlas más exitosamente. Aunque calmar la mente del mono —es decir: el fenómeno en el que vas de un pensamiento a otro— puede llegar a ser un desafío, en realidad se trata de desarrollar, por decisión propia, el autocuidado para obtener mayor bienestar mental, emocional y corporal: entrenar tu mente es una inversión en ti y en tu salud. Tu mente puede ser un lugar muy tóxico o absolutamente saludable, pero se trata del contenido que siembras en ella, o si la utilizas para escapar de la realidad al vivir en las nubes. Entonces, es tu responsabilidad volver al presente, porque es el único lugar en el que se puede crear la realidad. Si vives en tu cabeza, te pierdes la vida. Los beneficios de esta práctica son muy amplios: puedes reducir el estrés y la ansiedad; obtener claridad mental al poder observar tus pensamientos y así ser capaz de reparar en tus patrones y creencias; calmar tus emociones, pues te hace estar más presente y elevar tus niveles de serotonina. La práctica del mindfulness crea un escudo emocional y una distancia entre el pensamiento y la respuesta emocional, pues es la herramienta más efectiva para la elevación de conciencia. Una vez que logras llegar a los estados de serenidad interna durante la práctica, la sensación de calma se integra a tu sistema interno y se extrapola a la cotidianidad: descubres que de pronto ya no reaccionas como solías actuar, por ejemplo, ya no te desesperas cuando te encuentras tráfico por las mañanas o no gritas en una discusión, pues has cambiado. Antes de practicar mindfulness, es necesario adoptar disposiciones durante la práctica, a saber: 1. Desempeña un papel de observador sobre tu voz interna: deja fluir los pensamientos sin juzgarlos, pues ellos vienen y van; intenta no engancharte a ellos, ya que su naturaleza es impermanente, o sea: tienen un principio y un fin. 2. Dirige la atención al momento presente: sé consciente de dónde te encuentras y, si tu cabeza vuela, fuérzate a volver al presente. 3. Conéctate con tus sentidos, no sólo observes tu pensamiento, sino también tus emociones y las sensaciones de tu cuerpo. 4. Acepta, no luches proactivamente ni te resistas a los pensamientos o las tensiones corporales que aparezcan, posiblemente si te rindes a la experiencia y los dejas pasar sin juzgar, se irán de tu cabeza. Recuerda: lo que resistes persiste. 5. Suelta el control: no tengas actitud de un juez, por lo que deja el pensamiento dicotómico a un lado. Adopta una actitud neutral sin emitir veredictos, sin interpretar todo lo que se pasa por la cabeza o los hechos que ocurren, sin poner etiquetas y querer controlar la situación interna o externa: déjate llevar por la experiencia en sentido de sentir pero no pensar. 6. Ten paciencia y confía en el proceso. Date tiempo, sé compasivo contigo y no olvides que la práctica es lo que hace al maestro. Hay dos tipos de prácticas principales: formales e informales. La técnica de mindfulness, por excelencia, es la meditación, práctica llamada formal con la cual nos sentamos en una postura apropiada y meditamos entre veinte y cuarenta minutos. En cuanto a las técnicas informales, son prácticas centradas en promover la conexión con tus sentidos para que accedas a tu mundo interno. Este estilo de prácticas puede ser fácilmente integrado en tu día a día de manera sencilla, y puede aportarte un estilo de vida más consciente y presente. Se conocen más de cien técnicas informales, pero sólo compartiré a continuación las que considero que más han impactado la vida de mis pacientes. Están divididas en prácticas que implican movimiento y las que son estáticas. Práctica informal: mindfulness en movimiento Paseos mindfulness Se trata de un paseo en el que pones tu atención a tus sentidos. Mis pacientes saben que esta práctica es una de mis favoritas, ya que tiene muchos beneficios, no sólo en cuanto al mindfulness propiamente, sino también porque ejercitas tu cuerpo y te vinculas con la naturaleza o el entorno —como se ha explicado en detalle anteriormente en los paseos de los sentidos—. Si hace sol o llueve, ponte tus sneakers y sal a pasear. Tiempo estimado por sesión: 25-40 minutos. Comer de manera consciente Se trata de concentrar todos tus sentidos en disfrutar de lo que comes. Casi todos los mortales comemos sin realmente tomarnos el tiempo de saborear ni conectarnos con los alimentos que ingerimos. Comer es uno de los mayores placeres que podemos tener y, sin embargo, generalmente no vivimos la experiencia en todo su esplendor. Entonces, intenta comer de manera consciente siguiendo este ejercicio: primero, elige un alimento: una onza de chocolate, una manzana o una pasa. Luego, cómetela como lo haces habitualmente. Después, repite, pero sigue los próximos pasos para transformar esa experiencia en mindfulness: toma la onza de chocolate con los dedos; mira su forma como si fuera la primera vez que ves un trozo de chocolate, sus pliegues, el color, sus líneas; con la yema de los dedos, toca la superficie y siente la textura de la superficie; huele el chocolate; pon la onza en la boca y saborea con la lengua tomándote tu tiempo; muerde el chocolate y explora su sabor; mastica y siente cómo va cambiando la textura del alimento: trágatelo y siente cómo baja por tu garganta; siente y agradece los efectos posteriores en tu cuerpo: cómo te ha sentado, cómo lo ha recibido tu estómago, qué sabor te queda en la boca y qué textura tienes en la saliva posterior a la experiencia. La recomendación busca que integres en tu estilo de vida una manera más consciente de comer. El ejercicio que acabo de recomendar es muy detallado, pero verás el poco tiempo que requiere, ya que es prácticamente el mismo sin importar si comes o no conscientemente. Empezar a disfrutar de este placer terrenal es gratuito y te invito a que añadas más sabor a tus días. Ducha consciente Es otra experiencia que, vivida desde la conexión con los sentidos, te puede cambiar las sensaciones completamente. Recuerdo cuando lo hice por primera vez: no podía creer lo desconectada que estaba de mi cuerpo. Me di cuenta de hasta dónde llegaba mi piloto automático de mi incapacidad de disfrutar de las pequeñas cosas que regala la vida, como puede ser una simple ducha. ¡Es que el spa lo tienes en tu propio baño sólo con desconectar el pensamiento por un rato y estar presente en la experiencia! Te propongo un ejercicio para que te pongas en contacto con tu cuerpo y descubras el poder de tus sentidos, mientras pones atención aguda en tus sensaciones corporales. La próxima ducha que te des, hazla de manera consciente, no es nada raro. Te lo explico mediante los siguientes pasos: 1. Admira tu cuerpo: tu cuerpo es bello, recuerda que es tu templo. Mientras te desnudas frente al espejo, contempla y acepta tu cuerpo tal y como es. Intenta quererlo sin críticas. 2. Deja ir tus pensamientos. Una vez que entres en la ducha y regules la temperatura, intenta no pensar. Por ejemplo: intenta dejar fuera de la ducha todos las tareas pendientes que te envía tu jefe, la discusión que has tenido con tu pareja o tus complejos corporales. 3. Céntrate en las sensaciones: poner el foco de tu atención en las sensaciones es el punto clave; siente cómo el agua cae sobre tu cuerpo; concéntrate en la temperatura del agua; conéctate con el sonido de la ducha; cierra los ojos para percibir mejor las sensaciones corporales; siente cada parte de tu cuerpo en contacto con el agua; disfruta los olores de tu gel de ducha, el contacto de tu mano cuando te enjabonas; notacómo tu piel se vuelve más limpia y suave, cómo las toxinas de tu cuerpo van cayendo. Si te vienen pensamientos, déjalos pasar, no te aferres a ellos, y amablemente vuelve a enfocarte en las sensaciones corporales. 4. Trátate con cuidados: Al salir de la ducha, intenta seguir con tu concentración en las sensaciones. Seca con suavidad tu cuerpo con la toalla; hidrátate con alguna crema o aceite corporal; siente la textura suave de tu piel; y agradece ese momento. Para terminar, medita sobre la experiencia y pregúntate esto: «¿Cómo me he sentido?»; «¿Qué sensaciones me han sorprendido más?». Pero, sobre todo, proponte hacer este ejercicio más a menudo: si te duchas una vez al día, ¿por qué no hacerlo disfrutando de tus sentidos? Te sugiero que lo integres como hábito de bienestar. Actividades cotidianas mindfulness Intenta realizar tus actividades cotidianas desde un enfoque más presente y plantéatelas como un juego, eso contribuye a que tu implicación aumente. Por ejemplo: haz ejercicio físico mientras te centras en combinar el movimiento y la respiración; enfócate en el músculo que estás ejercitando y siente cómo se contrae y se libera la tensión mediante el estiramiento, de manera que tu mente se mantenga más despejada de pensamientos y entres en contacto con tu cuerpo de una manera más receptiva. Incluso, puedes adoptar esta actitud cuando haces la cama, tiendes la ropa o limpias el polvo: tomártelo como un juego con el que puedes practicar consciencia plena puede hacer que estas tareas sean más llevaderas y de paso vas entrenando tu mente a estar más presente y conectado con tu cuerpo en la actividad que llevas a cabo. Práctica informal: mindfulness estático Escaneo corporal Esta técnica consiste en tomar conciencia del estado de tu cuerpo para obtener efectos relajantes. Se puede emplear para calmarte o desconectarte cuando te sientes acelerado o emocionalmente agitado. Así pues, adopta una posición cómoda, ya sea acostado, ya sea sentado, por ejemplo: cuando necesites desconectarte por un momento y te encuentras en la oficina. Concentrado, recorre con atención cada centímetro de tu cuerpo desde la cabeza hasta tus pies. Cada vez que pongas el foco en cada una de las partes del cuerpo, tienes que vincularte con las sensaciones en esa zona. Para ser más precisos, por ejemplo, cuando estés en la zona del pecho, siente si hay tensiones en la zona, si los latidos están calmados, si tus pulmones se ensanchan suficientemente con cada respiración. Tiempo estimado por sesión: 5-10 minutos. Autochequeo Suelo incluir esta técnica como un ejercicio regular para mis pacientes en las sesiones y en la terapia, dado que los beneficios son muy palpables y relativamente rápidos. Esta táctica consiste en hacer autochequeos de tu estado cada una o dos horas, a través de programar un sistema de alarma en tú móvil. Cada vez que suene la alarma, en menos de veinte segundos tienes que conectar con tu estado interno y chequear tu estado corporal, mental y emocional, por ejemplo, mental: ¿qué estoy pensando en este justo momento?; emocional: ¿qué siento?, ¿estoy aburrido, tenso, enfadado?; corporal: ¿mi espalda está dolorida por mi postura?, ¿estoy apretando las mandíbulas?, ¿mi estómago está vacío y ruge? Registra los comentarios más destacados y al final del día tendrás mucha información de tu estado interno e imagina si esta técnica la haces más extendida en el tiempo. La alarma aparecerá de manera espontánea, sin estar preparado, y te forzará a poner atención en ti para que te obligues a contigo mismo. Relajaciones y visualizaciones guiadas Escuchar y seguir cualquier tipo de relajación o visualización es también una herramienta poderosa según tu objetivo, por ejemplo: enfocarlas en la compasión, emplearlas en la relajación del cuerpo o para generar sentimientos positivos. Identificación musical Esta técnica consiste en escuchar una canción e intentar detectar los instrumentos que suenan en la melodía: te enfocas en la música y le das a tu mente un respiro del overthinking rutinario. Es fácil y se puede llevar a cabo en cualquier lugar para despejar tu mente y entrenar estar presente. Práctica formal de mindfulness: meditación La meditación es una práctica milenaria de tipo yóguica, que recientemente se ha incluido en la terapia cognitiva basada en mindfulness. Es un entrenamiento de tu mente para elevar tu estado de conciencia, con el cual se aprende a observar el pensamiento sin identificarte con él. La iniciación a la meditación debe ser paulatina y constante, pero, cuando ya se ha obtenido cierta experiencia, se puede llegar a estados más elevados de conciencia y, por ende, adquirir un estado de onda cerebral que va desde el alpha hasta el theta, lo cual es proporcional a la profundidad del estado meditativo. El reto último de la práctica de meditación consiste en llegar al estado de samadhi, que algunos llaman estar iluminado. Como estado difícil de conseguir para la mayoría de los mortales, es el de mayor quietud posible que nuestra mente puede lograr; un estamento puro en el cual no hay pensamiento, ni juicio, ni ego, ni creencias, sólo hay luz y serenidad. Este nivel se adquiere tras años de práctica constante hasta que ya no te identifiques con tu mente egoica, sino que esté totalmente integrada la idea de que «el que piensa, no el pensamiento». Aunque no todos podamos llegar a ese nivel de consciencia de los monjes tibetanos, en los últimos años se ha demostrado científicamente que la práctica de la meditación tiene un impacto positivo en el cerebro, en el estado emocional y, en general, en el cuerpo. Algunos de estos estudios científicos se citan a continuación. El estudio entre la Universidad de Harvard, el Hospital General de Massachusetts y el Instituto Tecnológico de Massachusetts, liderado por la científica Sara Lazar llamado Mindfulness practice leads to increases in regional brain gray matter density, publicado en Psychiatry Research: Neuroimaging, 2011, fue el primer estudio significativo que demostró el impacto de la meditación en el cerebro humano. Con el uso de resonancia magnética nuclear, se estudió la sustancia gris en un grupo de dieciséis personas que meditaron en promedio veintisiete minutos por día, durante ocho semanas, comparándolo con otro grupo de control de no meditadores e hicieron resonancias previas al comienzo de la práctica y posteriores a ella. El estudio demostró que el mindfulness puede realmente cambiar la estructura del cerebro: cambios de tamaño en el hipocampo relacionados con el aprendizaje y la memoria; también se encontró menor densidad de materia gris en la amígdala, que alteraba su estructura, lo que influía en la regulación emocional del estrés y la ansiedad; e incrementos en el espesor de ciertas áreas de la corteza relacionadas con la percepción sensorial, auditiva y visual. El estudio del Instituto Max Planck de Ciencias Cognitivas y del Cerebro en Alemania, llamado Contemplative mental training reduces hair glucocorticoid levels in a randomized clinical trial, publicado en Psychosomatic Medicine, 2021, liderado por la científica Tania Singer, en el que utilizaron programas de entrenamiento en meditación enfocada en atención, gratitud y compasión, en una muestra de tres grupos de ochenta participantes cada uno durante nueve meses con una práctica de treinta minutos al día para medir los niveles de actividad eléctrica y sus concentraciones de los niveles de cortisol de los individuos a través del cabello. Se demostró que a los seis meses de la práctica de la meditación, la cantidad de cortisol se había reducido en una media de 25 %. Los investigadores revelaron que la práctica de meditación disminuye los niveles de cortisol, mejora las habilidades sociales y reduce los niveles de ansiedad y estrés. Así como cuando vas al gimnasio para ejercitar tu cuerpo, el entrenamiento de tu mente debería serun acto indispensable. Crear el hábito diario de darle un respiro a tu mente a través de la meditación te permitirá crear gradualmente el gap de conciencia que irá distanciándote de la identificación con tu pensamiento, de manera que seas capaz de contemplarlo sin que seas arrastrado por los pensamientos y emociones. Cada vez que meditas, formas una separación entre tu ego y tu ser consciente, tu entendimiento interno se expande, tu actitud ante la vida se vuelve menos reactiva y tomas control del piloto automático de de tus pensamientos para descartar los que no te sirven. Recuerda: tú no eres el pensamiento, eres el ser que piensa. Ahora bien: si eres principiante, comenzar con la meditación requiere de esfuerzo y disciplina. Para ello, empieza con una rutina de diez minutos al día y avanza en la medida en que vayas integrando la práctica. Unos treinta minutos al día de la práctica serán ideales para una persona que tiene un ritmo de vida normal, según lo establecido socialmente. Antes de empezar con la meditación, es recomendable tener en cuenta pequeños detalles que pueden ayudarte con la práctica, a saber: 1. Busca un lugar tranquilo en el que no haya mucho ruido, que induzca a la relajación y que reduzca las distracciones a poder ser. 2. Encuentra la postura correcta: siempre con la espalda recta y los hombros relajados, evitando tensiones corporales. Puedes optar por la postura típica de medio loto en el suelo —piernas cruzadas— o buscar otras alternativas: de rodillas, sentado en una silla, tumbado o usar cojines. Figura 1.5. Posturas para meditar 3. Elige un mudra —esto es: la manera en la que posicionamos las manos a la hora de meditar—. En yoga, se dice que los dedos tienen que cerrarse para que la energía que creas internamente durante el proceso de la meditación siga girando cíclicamente por tu cuerpo y que no se escape fuera de él, esta energía que fluye en ti es reparadora para tu sistema somático y serás más consciente de ella a medida que tu nivel de consciencia aumente. Mi recomendación es la siguiente. Figura 1. 6. Mudras para meditar Es común que durante la práctica te lleguen a la mente pensamientos relacionados con tu vida, como problemas personales o resistencias en forma de ideas como la incomodidad del momento. Esto es totalmente normal, pues existe una idea falsamente difundida sobre que la meditación es poner la mente en blanco. Pero en realidad, se trata de aceptar y observar los pensamientos, las emociones y las sensaciones sin juzgarlas ni bloquearlas; simplemente, hay que ser consciente de ellas sin engancharse a las mismas, sino dejarlas ir, sin olvidar volver cada vez al instante presente. De cualquier modo, si te descubres enganchado a un pensamiento o a una historia desencadenada por algún otro pensamiento, es mejor que primero lo aceptes sin juicios, para luego dejarlo ir. Después, focaliza tu atención en la respiración, en el tercer ojo —ubicado en la mitad de la frente, ligeramente por encima de las cejas— o en el objeto que usaste para tu meditación. Acepta los pensamientos que aparecen y sigue adelante. No te agobies: practicar la atención consciente y estar presente se aprende ejercitándose con paciencia y poco a poco. Para dejar ir los pensamientos e intentar no aferrarte a ellos, te recomiendo esta técnica de disociación con los ojos cerrados: visualiza y expulsa los pensamientos fuera de tu cabeza y proyéctalos como en una pantalla de cine externa a ti. Cada vez que te surja un pensamiento, ya no está en tu cabeza, sino fuera de ella, pues se refleja en la pantalla externa; estos pensamientos se mueven rápido según tu agitación mental, pasan de unos a otros a través de esa pantalla —como si fuera la letra de una canción en un karaoke—. Concéntrate en el movimiento de los pensamientos a través de la pantalla: no puede quedarse estática, al igual que tus pensamientos vienen y van, así que déjalos ir y no te aferres a ninguno de ellos. Existen innumerables técnicas de meditación que abarcan métodos como el control de la respiración, el desarrollo de la concentración mental o el entrenamiento en la visualización. Entre ellas, se destaca la meditación focalizada, una técnica que te permite mantener la atención fija en un punto interno de ti mismo, lo cual se logra mediante la respiración, con la concentración en alguna parte específica de tu cuerpo o con la repetición de un mantra; o en un punto externo, como puede ser un sonido, una imagen o el destello de una vela. De esta manera, tu mente estará concentrada en ese objeto de atención que la fuerza a estar en el momento presente, por lo que la mente se calma y el ruido interno se reduce, lo cual minimiza las probabilidades de que la cabeza vuele al pasado o al futuro. Cada vez que tu atención se disipe, retorna a ese punto de referencia interno o externo para retomar el foco de atención: éste sería tu faro en la práctica. A continuación, te comparto tres prácticas de meditación focalizada que suelo recomendar a mis pacientes. Meditación centrada en la respiración Con los ojos cerrados, fija tu atención en tu respiración, sin intentar controlarla, sólo poniendo el foco de atención en la inhalación y exhalación del aire. Puedes enfocarte en los orificios de la nariz, en sentir el aire entrar y salir de los mismos, en la presión del aire en tus membranas nasales o en las cosquillas que te generan. También puedes centrarte en cómo tu abdomen se llena y se vacía de oxígeno con cada respiración. Meditación centrada en un mantra Con los ojos cerrados, mantén tu concentración en la repetición de una secuencia, por ejemplo, contar números en orden ascendente o descendente. Lentamente, vas siguiendo la cuenta hasta que llegues a cero —en el caso del orden descendente—. Otra opción es repetir un mantra yóguico en sánscrito o una afirmación potenciadora que resuene contigo y te haga sentir bien. Meditación centrada en la llama de una vela Es una práctica yóguica denominada trataka, cuya traducción del sánscrito es algo así como ‘mirar fijamente’ o ‘contemplar’. Este tipo de meditación, a diferencia de las anteriores, se practica con los ojos abiertos: enciendes una vela, la colocas a un metro de distancia y enfocas tu atención en la llama. El reto de esta meditación es intentar no parpadear por el mayor tiempo posible. Si tus ojos empiezan a llorar y aparecen lágrimas, déjalas fluir. Pero si llegas a sentirte incómodo, descansa con los ojos cerrados por unos instantes y vuelve a abrirlos cuando estés listo para enfocarte de nuevo en la llama de la vela. Tercera parte Entiende tus emociones, tu ser emocional Gestiona tus emociones y sana tu niño interior Sentido biológico de las emociones En la primera parte del libro hemos visto cómo funciona la mente y el impacto que tiene en tu salud psicológica. La mente es importante, pero el problema radica en que la sociedad actual te adiestra para vivir exclusivamente desde un enfoque cognitivo y se centra en cribar todo lo que ocurre desde la mente. Estás demasiado acostumbrado a identificarte con ella, por lo que te has olvidado de otras partes también importantes de tu ser, lo cual juega en contra de tu propia naturaleza, porque tú eres mucho más que tu cerebro y tu pensamiento. Tu parte emocional ha sido constantemente olvidada, de manera que, cuando no estás en contacto con las otras dimensiones de tu ser, como la parte emocional o somática, no puedes llegar a integrar tu sentido de la existencia ni descubrir la causa de tu sufrimiento, porque no estás incluyendo en el puzle muchas de las piezas que necesitas para entender, liberar y sanar las fricciones que sientes a nivel interno, que se escapan del encasillamiento a nivel cognitivo. Tu ego siempre quiere etiquetar y juzgar tus emociones; quiere pasarlas por el filtro de la mente. En ciertas circunstancias de la vida, no se utiliza el lenguaje mental,como en los sentimientos, la intuición, las sensaciones corporales o la energía. Eres un ser humano, una mezcla entre mente, emociones y cuerpo que interactúa como un todo. ¿Te imaginas un mundo en el que desde que eres pequeño te enseñaran inteligencia emocional? Por lo general, has sido educado para reprimir las emociones y desconectarte de ellas, lo que ha generado daños colaterales en la sociedad, pues se proyecta en una gran neurosis colectiva que se ha normalizado. Nunca antes ha habido, como hoy en día, tantos problemas asociados a la salud mental: el ritmo frenético de las grandes ciudades, la adicción a las redes sociales, las relaciones tóxicas de amor en tiempos de Tinder, la soledad y otros muchos males con los que las personas se enfrentan a diario dejan mella y desequilibran el bienestar emocional. Estos problemas te generan vivir en reactividad somatizada, ansiedad constante en tu sistema interno, desconexión de ti mismo, emociones de ira no resueltas que se reflejan en una actitud de pelea con el mundo o estados de disociación que te mantienen sedado cuando utilizas escapismos como el alcohol, drogas o medicación excesiva, porque te sientes incapaz de poder manejar tu mundo interno. Aunque la medicación psiquiátrica es necesaria en casos concretos, pero si sólo te medicas sin trabajar en la raíz de tu sufrimiento, ese vacío interior no desaparecerá, sólo te mantendrá dormido. Aprendes a sacar la raíz cuadrada del número π o el alfabeto griego en el colegio, pero en una «educación estándar» no te enseñan a resolver conflictos, a regular las emociones, a calmar la mente o a desarrollar la creatividad. En definitiva: no te enseñan a ser humano y convivir con tu psicología interna. Lo que te diferencia de los robots es la capacidad de sentir, pero en este siglo estás cada vez más desconectado de tus emociones, pues incluso las películas de ciencia ficción son más realistas de lo que parecen. En muchos sentidos, vives como autómata: dormido, sedado; evitas tu propia naturaleza, huyes del dolor y utilizas vías de escape cortoplacistas que te generan mucho más sufrimiento a largo plazo. Tal vez la educación en inteligencia emocional salvaría al mundo y se ahorrarían muchas dificultades. No hay libertad si no hay conocimiento, porque actúas desde la única posibilidad que tienes, ya que es lo único que conoces. Cuando no hay armonía entre tu ser mental y tu ser emocional, se produce un conflicto interno que altera tu salud psicológica. La mente y la emoción son diferentes pero complementarias, entonces, el reto de la sanación personal implica que no haya fricción entre estas dos entidades. Este enfoque integrativo es indispensable si quieres vivir en bienestar. 1. FUNCIÓN BIOLÓGICA EMOCIONAL Las emociones son las reacciones neurofisiológicas detonadas por un estímulo que se procesa en el sistema límbico, que es la estructura cerebral encargada de regular las respuestas emocionales del ser humano. Todas las emociones desempeñan un sentido biológico, pues se activan para comunicar cuestiones internas, es decir: te advierten que algo está ocurriendo en la relación profunda entre tu mente y tu cuerpo, de lo que deberías ocuparte. Las emociones tienen finalidad: son el lenguaje para comunicarte con tu ser subconsciente y transmiten mucha información si aprendes a escucharlas. Las emociones son respuestas que se manifiestan en ti, al ser desencadenadas por el significado subconsciente que le has dado a un pensamiento. Además, son la clave para indagar dentro de ti, tirar del hilo y traer al plano consciente los significados subconscientes que crean desequilibrio interno y tienes programados en tu mente: creencias limitantes y pensamientos autosaboteadores. Las emociones son un sistema interno de comunicación que actúa a través de respuestas emocionales que se expresan en el cuerpo, gracias a las cuales adquieres consciencia de lo que está pasando dentro de ti. Las emociones son temporales, ya que trabajan como un mecanismo de aviso de entrada y salida. El ciclo natural orgánico de la emoción requiere que sea experimentada y liberada: si se queda retenida, te puede producir bloqueos que aumentan y se fortalecen. ¿Te ha pasado que a veces estallas o sobrerreaccionas? ¿O has sentido un bajón emocional repentinamente? A veces las emociones se apoderan de ti, y sientes que no tienes control sobre ellas. Esto pasa porque vives desconectado de ellas, no las escuchas, y al ignorarlas, las bloqueas. En suma: no le permites a tu sistema darle salida a esa emoción justo en el momento que se evidencia. Dado que forman parte del mecanismo homeostático corporal, todas y cada una de las emociones que experimentas tienen un mensaje para ti: te avisan sobre los asuntos profundos de los que te tienes que ocupar. Entonces, ¡no las ignores! En efecto, no puedes huir de ti mismo, porque tus emociones tarde o temprano te terminarán alcanzando. Pero con prestarles atención consciente ya consigues mucho si entras en contacto con lo que te están queriendo decir. Así pues, las emociones hay que sentirlas, no pensarlas. La intención de las emociones es advertir sobre lo que hay en tu interior, ya que se experimentan en el plano consciente de tu cuerpo, aunque se activen subconscientemente con el significado que le das al pensamiento. Pero a veces no te das cuenta de tus emociones, bien sea porque no las conoces y no puedes identificarlas, bien sea porque vives desconectado de tu cuerpo. 2. IDENTIFICACIÓN DE LAS EMOCIONES Las emociones aparecen en un plano consciente, es decir: se manifiestan y las experimentas, pero si no te han enseñado a identificarlas, y por tanto no sabes qué estás sintiendo, entonces el proceso biológico de advertencia para el que están diseñadas se daña y comienza a fallar. Las emociones son el nexo que te conecta con tu constitución mental y corporal, su naturaleza primaria es temporal, pero se vuelven permanentes si no las identificas: entran en tu sistema y se quedan en él, y éste es el problema: terminan atrapadas en tu estructura corporal en forma de tensión y energía somatizada. Si bien es cierto que las emociones deben experimentarse porque son respuestas que te ayudan a sanar, es necesario que sea de una manera responsable, consciente y regulada. La educación emocional te puede evitar mucho sufrimiento. El primer paso para poder llevarte bien con tus emociones consiste en aprender a identificarlas; el segundo, sentirlas, gestionarlas, liberarlas de tu sistema y utilizarlas como motor de sanación y evolución personal, o mejor: como elevación de la conciencia. ¿Sabes qué emoción estás sintiendo? Paul Ekman, psicólogo experto en la naturaleza y función de las emociones, estableció que existen emociones básicas, comunes, sin género y con expresiones faciales universales para los humanos, sin importar en qué parte del mundo hayas nacido o tu sexo biológico. Según el científico, estas emociones son seis, a saber: alegría, tristeza, asco, sorpresa, ira y miedo. Figura 1.7. Emociones Así mismo, cada una de estas emociones primarias se manifiestan en ti de diferentes maneras, conocidas como sentimientos, que son las autopercepciones de una determinada emoción. Cuanto más preciso seas con la identificación de la emoción y de los sentimientos que surgen de ella, tanto más sencillo resultará regularla. Aunque no hay necesidad de obsesionarse con encontrar el nombre exacto, la siguiente clasificación de sentimientos puede orientarte en definir con mayor certeza lo que estás sintiendo. Proceso de identificación emocional ¿Qué estás sintiendo? Lo primero que debes identificar es la emoción básica o primaria: ira, alegría, sorpresa, asco, tristeza o miedo. Acto seguido, reconoces los sentimientos —la anterior clasificación de los sentimientos te puede guiar— para que profundices un poco más y definas con más precisión la emoción. Este análisisemocional te puede brindar información considerable sobre lo que sientes para conectarte con el mensaje que esa emoción te quiere comunicar y de esta manera lograr un entendimiento más exacto de lo que hay debajo de ella. Una vez realizada la identificación, podrás darle un sentido consciente y tener mayor comprensión de la situación que estás experimentando en un momento dado. Figura 1.8. La rueda de los sentimientos Si te acostumbras a ser consciente de la emoción que percibes, podrás regularla y así crear un intervalo entre la emoción y la respuesta que le das. Con ello, te abrirás a la posibilidad de gestionar las emociones a partir de la consciencia, no de la reacción, pues es desde allí que eres controlado por la intensidad de la emoción, ya que ésta se activa de manera impulsiva, automática y subconsciente debido a todos los significados acumulados y almacenados en tu mente subconsciente con base en tu experiencia de vida. El camino a seguir es el siguiente: imagínate que has identificado la ira como la emoción que estabas experimentando después de reflexionar sobre los siguientes interrogantes: «¿Qué emoción estoy experimentando, es ira?», «¿por qué la estoy sintiendo?», «¿cómo se expresa esta ira en mí?». «¿Me siento enfadado, nervioso, tensionado, desolado?». «¿Es realmente enfado esta emoción, o quizás es tristeza o miedo lo que hay debajo?». Por ejemplo: imagínate que tus amigos cercanos han organizado un plan sin avisarte. Tan pronto descubres que no han contado contigo, sientes una ira terrible, te preguntas por qué te sientes así y te dices: «Soy invisible para mis amigos. Han hecho su plan por su cuenta, sin decirme nada». Te das cuenta de que tus pulsaciones se aceleran, tus músculos se tensan, que lo que sientes es más que enfado, pero, en realidad, te sientes triste, porque el comportamiento de tus amigos te ha decepcionado. Entonces, dejas reposar esta emoción, mientras analizas y procesas la situación, luego de lo cual hablas con ellos sinceramente y con una comunicación asertiva desde la neutralidad. De acuerdo con esto, tomas la decisión de cortar o no la relación con ellos. Sin embargo, si conscientemente no pasas por todo este reconocimiento emocional, el escenario podría ser diferente: cuando descubres que tus amigos no han contado contigo, te pones en contacto con ellos y reaccionas desde la ira: les dices palabras de las que quizás te arrepientas cuando tu emoción se calme, o no les das la oportunidad de que te expliquen sus motivos; quizás todo fue un malentendido o ellos contaron con razones coherentes que no tenían que ver contigo, o tal vez no contaron contigo porque efectivamente no te querían allí. Pero, al reaccionar enfurecido con ellos sin dar la posibilidad de saber sus motivos, la relación se deteriorará irremediablemente, sin haber considerado una comunicación calmada, que pudiera haber permitido gestionar la situación con mejores resultados. 3. DESREGULACIÓN EMOCIONAL Como se ha comentado anteriormente, el ciclo orgánico y natural de la emoción es de entrada y salida. Si una emoción no se procesa siguiendo esta ruta, el ciclo orgánico emocional se quedará abierto: la emoción entra, pero no sale. Entonces, esa emoción se torna disfuncional, porque no es liberada del sistema interno. Es a partir de esta dinámica que uso la expresión trauma emocional para aquella emoción que se ha quedado anclada, que no ha podido cerrar el ciclo y que produce una alteración en la homeostasis fisiológica, ya que no ha sido liberada fuera del organismo, sino que aún permanece latente y viva. Cuando esto ocurre, bloqueas el funcionamiento natural y biológico de tu cuerpo, ya que, al ir contra natura, no dejas que la emoción cumpla la función para la que está diseñada. Por lo tanto, si la emoción no es regulada adecuadamente en la medida en que va surgiendo, no puede ser liberada y se va acumulando en ti. Cuando una emoción no es procesada, se vuelve disfuncional, ya que, en vez de aportar al mantenimiento de la homeostasis y del equilibrio interno emocional y corporal —o sea: su función original—, se convierte en un problema generador de conflictos emocionales y psicosomáticos, y es bajo esta condición que las emociones toman el control de ti. A medida que estas emociones se van acumulando, se van tornando más poderosas y se expanden a lo largo de tu interior hasta que te someten. Si las emociones se apoderan de ti y pierdes el dominio sobre ti mismo, probablemente reaccionas de manera impulsiva y actúas para arrepentirte posteriormente. Recuerda que tú eres el ser superior que experimenta la emoción, que la posee y la gestiona. Tú no eres la emoción, aunque seas poseído temporalmente por ella cuando no eres conscientes de la misma. Cuando estás desconectado de las emociones, bloqueas el ciclo orgánico y natural de tu cuerpo. Por eso, vivir vinculado a tu sistema emocional es crucial para mantener una sana salud mental y física, lo cual es esencialmente supervivencia. Identificar una emoción determinada alimenta la capacidad de que actúes en consecuencia. Pero, si no sabes qué es lo que estás sintiendo, será difícil que reacciones con sentido y coherencia. Si no sabes qué es lo que se está moviendo internamente, tu manera de afrontar la emoción no irá alineada con la solución para liberarla. Primero, debes reconocer la emoción original, luego, actuar con coherencia para liberarla. ¿Qué pasa cuando no te permites experimentar una emoción o la rechazas? Cada vez que bloqueas el proceso de desarrollo de una emoción estás aumentando su umbral. Como en una mochila, vas amontonando emociones mal gestionadas, resistencias o sentimientos nocivos, que en algún momento harán que la mochila reviente si no aligeras el contenido. Entonces, no te sorprendas cuando esa fricción reprimida se despierte y estalle emocionalmente. No hay emociones buenas o malas —todas son necesarias—, sino emociones consideradas como negativas socialmente. Por ejemplo: la envidia puede hablarte de que necesitas cambiar algo en ti con lo que no estás cómodo o feliz, sin embargo, acumular y hacer una mala gestión emocional de ella tiene consecuencias negativas en tu equilibrio interno, en tu estado de ánimo y en tu cuerpo. La emoción original es la que te permite sanar y liberar ese sentimiento, sufrimiento o tensión, pero, si no sueltas ese sentimiento tóxico, se acumulará en ti y el nivel de sensibilidad aumentará: cada vez será más fácil que reacciones desde esa emoción enquistada. Ten presente que las emociones siempre salen de alguna manera, pues todas tienen un sentido y una finalidad. Veamos cómo se aplicaría esto con el caso de un paciente. Una paciente, llamémosla Rocío, sostuvo una relación casual con una persona durante un par de meses: hablaban y se veían dos veces por semana. Rocío sintió que su pareja empezó a distanciarse de ella, pues notaba que su trato era más frío que antes, hasta que un día no le devolvió un mensaje: desapareció totalmente. Él le había aplicado un ghosting absoluto, de modo que se preguntó a sí misma: «¿Por qué siempre me pasa lo mismo?». Rocío sentía cierto nerviosismo en el estómago, como un nudo; su respiración se quebraba y presentaba ansiedad generalizada en todo su cuerpo. Seguidamente, Rocío decidió hacer uso de una aplicación de citas en línea y compulsivamente buscaba lograr un match con nuevas personas, de manera que quedó con una de ellas, salió de fiesta, se emborrachó y terminó intimando esa noche. Rocío pone una sonrisa de todo va bien, pero por dentro se siente rota, lo que le provoca bajones repentinos en su estado de ánimo que, realmente, no son proporcionales a la situación que experimenta. Esta persona no actúa en virtud de lo que está sintiendo, así que estos síntomas quedarán latentes y la ansiedad se expandirá porque no ha gestionado el rechazo, sino que lo ha intentado cubrir con otra persona: estas accionesson de evitación de la emoción, más no de afrontamiento. En este caso, la emoción original de la paciente es la tristeza derivada del rechazo, pero las reacciones que ejecutó no estaban alineadas con la necesidad de liberar la tristeza, sino con la aparente solución de cubrirla, de bloquearla. Esto resultaría en un aumento de la intensidad de las emociones, lo cual se relacionará con la nueva pareja, lo que posiblemente la lleve a una situación similar a la anterior, porque el vínculo ha sido establecido desde la ansiedad que le provoca sentirse rechazada y no desde la conexión o el amor genuino. Habría entonces que preguntarse si estas situaciones se repiten en su vida; si este tipo de comportamientos son comunes al tipo de persona con la que se suele relacionar; si el modus operandi de huir del rechazo implica que trate a sus parejas bajo el dominio de la ansiedad y que esta conducta las empuje a alejarse de ella. El anterior es sólo un ejemplo, porque cada caso es único. Pero ¿tú qué harías en esa situación? Este tipo de reacciones indican que probablemente tengas una herida emocional sin resolver que esté relacionada con el rechazo o el abandono. Pero lo importante es poder llegar a la raíz del asunto y no poner simples parches que sólo ralentizan la solución y aumentan la sintomatología de la emoción no liberada. Este efecto suele derivar en una disfunción emocional que repites cíclicamente sin ser consciente de ella, aunque esté limitando tu vida y desequilibrando tu estado emocional cada vez con más intensidad. 4. EVITACIÓN EMOCIONAL Intenta evocar alguna situación reciente en la que te hayas sentido deprimido o con ansiedad, y dedícale unos minutos para contestar la siguiente pregunta: ¿Cómo actuaste? ¿Eres de los que ponen la lista de Spotify de canciones tristes, para cortarse las venas, durante días? ¿Te vas corriendo al gimnasio y te pasas horas allí para no pensar ni sentir para huir de la emoción? De tal manera, es imprescindible que interpretes tu manera de afrontar las emociones. Tan destructivo es que te quedes apegado a la emoción como que huyas de ella y quieras salir de ahí súbitamente. Esta huida puede presentarse en forma de conductas de evitación que te hacen sentir bien momentáneamente, y están asociadas a la comida, las drogas, el alcohol, el shopping, el tabaco, el ejercicio excesivo, la ocupación excesiva en planes de agenda, el workaholism, las conductas sexuales compulsivas o los famosos maratones de Netflix. Cuando procedes con conductas de evitación, no estás afrontando los acontecimientos de tu sistema emocional interno. Por lo tanto, si no eres coherente contigo mismo, estás actuando de manera desadaptativa frente al mecanismo de aviso emocional para el que estás programado, lo cual resultará en que la emoción original no se libere y se acumule en ti. Por eso las vías de escape no son una medida adecuada para las emociones, sino apenas un parche que funciona a medio plazo y posterga el afrontamiento, lo cual aumenta el umbral emocional y dificulta la liberación: la herida crece, se vuelve resiliente y más fuerte. Si la emoción no ha sido liberada en el momento correspondiente, se mantendrá latente, pero buscará una salida desesperada, ya que el sentido biológico de la emoción es de entrada y salida. La esencia original de la emoción es temporal, de advertencia y comunicación entre tu mente y tu cuerpo. Pero, cuando ella no fluye en el instante mismo en que la sientes, buscará opciones más bruscas, inapropiadas o incoherentes para salir de tu sistema, como cuando reaccionas de una manera impulsiva o fuera de control en la que no te reconoces a ti mismo. Entonces, esta emoción enquistada operará como una pulsión para liberar la fricción emocional interna retenida, lo cual se transforma en energía acumulada en el cuerpo, puesto que no ha seguido el ciclo natural entrada-salida: está atascada en tu cuerpo, pero tiene que escapar por algún lado. 5. CIERRE DEL CICLO DEL TRAUMA EMOCIONAL El trauma emocional es entendido como cualquier emoción que no se procesó de manera adecuada en el momento que surgió, ya sea porque no se crearon los recursos emocionales para poder gestionarlo, ya sea por no tener conciencia de ellas —desconexión o disociación del cuerpo —. Cuando no se procesa ni se libera la emoción en el momento que se sintió, se queda atrapada, de modo que cada vez que se presenta ese estímulo —o uno similar—, la emoción se vuelve más intensa, lo cual aumenta el umbral emocional y se experimenta el pico más alto de intensidad, acompañado normalmente de estrés fisiológico. Si la emoción no cierra su ciclo, permanece latente. El tiempo que posterguemos el enfrentamiento de una experiencia traumática es crucial en su impacto emocional porque determinará si se convertirá en trauma emocional complejo con el consecuente aumento de su intensidad. La intensidad reactiva aumenta buscando la liberación emocional. Si la evitas o suprimes, la emoción no se expulsa, lo que provoca no sólo que colateralmente se incremente, sino también que se arraigue en tu sistema mente-cuerpo, como un radar que rastrea situaciones para poder liberar esta fricción emocional contenida, a medida que aumenta tu respuesta somática en forma de estrés. Como ley fundamental de la homeostasis corporal, el cuerpo siempre tiende a querer expulsar lo que no le pertenece y causa desequilibrio interno, ya que este sistema de vuelta al balance homeostático es de una inteligencia suprema. Así, el cuerpo busca la sanación: como cuando te causas una herida y tu sistema sanguíneo produce automáticamente una costra. Figura 1.9. Proceso no adaptativo emocional Ahora bien: si conscientemente o subconscientemente obstruyes la evacuación de una emoción, ésta se somatiza. Existen enfermedades somatizadas en las que según las pruebas clínicas ordinarias «todo anda bien» y, aparentemente, no hay ningún problema fisiológico que las haya provocado. Por nombrar algunas: síndrome de fatiga crónica, fibromialgia, bruxismo, migraña, insomnio, trastornos dermatológicos —como la psoriasis— o síndrome del colon irritable, patologías que tienen probablemente un origen emocional. Así mismo, vivir reactivamente desde una actitud de miedo en estrés crónico, ansiedad generalizada, que genera tensiones musculares sostenidas en el tiempo, provocan desequilibrios en tu cuerpo que impactan, sobre todo, en tu sistema nervioso, respiratorio, digestivo, circulatorio, osteomuscular y autoinmune. La mente tiene mucho poder en la sensación de dolor. Por ejemplo: existe un fenómeno psicológico según el cual personas a las que les ha sido amputada alguna extremidad o parte de su cuerpo todavía sienten los miembros perdidos e incluso les causan dolor: se conoce como dolor del miembro fantasma. Con esto quiero ilustrar cómo el dolor comienza en el cerebro —creado, definido y asociado— y termina sintiéndose en el cuerpo. Tu mente y tu sistema emocional tienen un gran poder de influencia en tu experiencia fisiológica corporal. La somatización emocional es una forma de expresión de los desequilibrios emocionales a través de síntomas fisiólogicos. No obstante, estos síntomas se podrían evitar si establecieras contacto con la emoción y ésta fuera liberada justo en el instante en que aparece. El cuerpo susurra, pero, si no es escuchado, grita: éste es el mecanismo de comunicación que el cuerpo emplea para que te percates de que hay un problema, de modo que los síntomas físicos son los últimos eslabones en la ruta comunicativa mente-emoción-cuerpo. Pero el ciclo del trauma de la emoción somatizada se cierra creando no sólo una conciencia mediante el proceso cognitivo en el que aprendes a identificar y gestionar las emociones, sino también a través de la conexión con el cuerpo. De esto hablaremos más adelante en el capítulo sobre el cuerpo. La emoción inicial puede llegar a manifestarse en tu cuerpocomo una enfermedad porque no ha sido liberada y por el tiempo que lleva retenida. Muchas de las patologías que nos afligen hoy en día tienen un origen emocional. El estrés prolongado suele ser un factor común en muchas de ellas, pues es una fricción somatizada causada por la falta de coherencia en la liberación de la emoción inicial subyacente que se convierte en trauma complejo. Patrones como adicciones emocionales Cuando te anclas a una emoción, no sólo puede generarse una somatización, sino que también, psicológicamente y fisiológicamente, se desarrolla una adicción hacia esa emoción. Es un resultado complejo en el que se ponen en acción los circuitos neuronales más transitados que te llevan a las reacciones emocionales más conocidas y te generan un estado de repetición de tus sentimientos más comunes segregando determinados neuroquímicos, que pueden ser de naturaleza nociva como el cortisol en caso de que tus sentimientos te generen estrés o ansiedad. Cuando no regulas tus emociones de la manera correcta, éstas se hacen perjudiciales y absorben toda tu atención hasta invadir tu estado de ánimo; si las prolongas en el tiempo, pueden volverse parte de tu personalidad. ¡Te puedes quedar enganchado a la emoción de tristeza, un sentimiento de soledad o a un bajón del ánimo! ¿Has puesto atención alguna vez a las emociones más predominantes de tu día a día o qué patrones emocionales se repiten en tu estado de ánimo durante un período de tiempo de una o dos semanas? Cuando este bloqueo emocional procedente de la falta de liberación se extiende en el tiempo, te identificas con la emoción enquistada y la conviertes en parte de ti. Ahora estás apegado a ella, entonces se apodera de ti y te vuelves adicto a sentirte de esa manera. Pero, como te has acostumbrado a tal sensación, se te dificulta ser tú mismo sin esa emoción: la necesitas, la buscas y te quedas en ella. Cuando te vuelves adicto a ciertas emociones, utilizas símbolos externos con los cuales justificas sentirte de determinada manera. ¿Te ha pasado que experimentas una situación no muy problemática, pero te genera una emoción masiva o extrema? Entonces, tu intensidad emocional no es proporcional al grado de gravedad de la situación. A veces utilizas circunstancias, personas y emociones para conectarte con una emoción inicial más profunda con la que estás muy identificado, como cuando echas de menos sentirte de un modo específico o no crees reconocerte sin esa emoción. Por ejemplo: cuando acostumbras acudir a la ira —generalmente proveniente de una herida por rechazo o injusticia no resuelta—, cualquier mínimo desacuerdo puede resultar en una explosión de rabia fruto de la frustración interna acumulada; o también cuando buscas constante y subconscientemente enfrentarte o discutir con otras personas sin motivo real aparente, porque la causa primaria de la ira —y no tienen nada que ver con esa situación que te ocurre actualmente— no ha sido liberada, sino alimentada; se ha expandido, se ha potencializado. Entonces, te consideras una persona con carácter fuerte, has creído que tú mismo eres esa ira, que ésta hace parte de tu personalidad. Pero eres mucho más que eso, pues el problema sólo es una adicción emocional que posiblemente ha escalado a un nivel fisiológico, entonces, tu cuerpo tiene la necesidad de determinados neuroquímicos como niveles altos de cortisol. Los símbolos son simples excusas para vincularte con la emoción más profunda e identificada con tu ser, que es, a su vez, la que está más presente en tu historia. Ese radar que rastrea símbolos es un mecanismo subconsciente que te obliga a filtrar lo que percibes para que sientas la emoción con la que estás más identificado: ese estado de ánimo característico que define tu personalidad. La búsqueda incesante para validar tus traumas emocionales —emociones no liberadas— puede evolucionar en otro tipo de trastornos, como la depresión o la ansiedad generalizada, por las que tu estado de ánimo se vuelve crónico: estás atrapado en tu identificación emocional. Es necesario que reconozcas y definas el patrón emocional que te determina, ya que el conocimiento integral de tus emociones más habituales, los ritmos de tu estado de ánimo y los sentimientos que más se repiten en tu vida te permitirá transformarlos en unos más saludables, para lo cual debes explorar las heridas emocionales que están detrás de ellos. Por ejemplo: imagínate a tu estado de ánimo como una montaña rusa, en la que cada tres días te sientes melancólico sin razón aparente o te enfadas con alguien una vez cada semana —ya sea una persona cercana, ya sea el telefonista que responde a la petición en el banco o seguro, con el que descargas tu ira acumulada—. Quizás te definas como una persona melancólica, de manera que pudiste sentir mucha tristeza o soledad en tus edades tempranas; o como una persona de carácter fuerte que explota con facilidad, posiblemente porque sufriste mucha injusticia o violencia en tu niñez. Pero la conciencia en sí misma sana, junto con el desaprendizaje y la acción intencional para cambiar tus patrones emocionales perjudiciales. Como se ha dicho anteriormente, si estás identificado con alguna emoción, sueles integrarla como parte de ti, así que pregúntate quién serías sin esas identidades emocionales. En el ejemplo anterior, ¿quién serías sin sentirte melancólico cada cierto tiempo?; ¿quién serías sin estar enfadado con el mundo o disfrazarte de rebeldía?, ¿es eso lo que eres de verdad? Pero tú eres mucho más que tus emociones. Ejercicio Analiza cuáles son las emociones más predominantes en tu cotidianidad durante un periodo de dos semanas. Luego, registra cuáles son los patrones emocionales que se repiten, por ejemplo, sentirte bajo de ánimo un día a la semana, sentirte enfadado y discutir cada cuatro días, sentir miedo o sentir ansiedad con un ritmo de días alternados. IDENTIFICACIONES COGNITIVO-EMOCIONALES: LAS MÁSCARAS DE TU PERSONAJE CREADO Las identificaciones a las que eres adicto subconscientemente en su origen eran meras funciones adaptativas, cuyo propósito fue permitirte sobrevivir: con este rol, fuiste capaz de sobrellevar una situación o una emoción intensa del pasado. Estas identificaciones son máscaras que utiliza el personaje que has creado. El problema es que ahora tales identificaciones son desadaptativas y autosaboteadoras: van en tu propia contra, te distancian de ti y ya no aportan a tu supervivencia. Subconscientemente, necesitas sentirte así, por eso revives cíclicamente tu historia y el personaje que has creado, el cual encaja perfectamente en esa historia. Las máscaras en las que te reconoces te alejan de ti mismo, son partes tuyas que se mantienen en la sombra de tu conciencia, pero que de alguna manera te ofrecen beneficios. Así pues, para poder llegar a tu ser libre de condicionamientos es indispensable desenmascararlas una a una. Cada uno de estos personajes representados por las máscaras presentan un beneficio encubierto para tu ego. Por lo tanto, te preguntarás: «¿Cómo voy a querer sentirme triste o melancólico?»; «¿cómo voy a querer estar deprimido?». Vale, no quieres desde un punto de vista racional, pero este mecanismo no es racional; en cambio, es emocional y subconsciente: es una adicción a tus patrones emocionales y a tus historias de identificación del ego, lo que forma tu personalidad y tu carácter, que no es más que tu estado de ánimo continuado en el tiempo. Pero ser consciente de tus máscaras te da poder sobre ellas, y, si eres capaz de verlas venir, ellas no se apropiarán de ti. De tal manera, la adicción al rol y a cómo éste te hace sentir ya no es tan instantánea, porque has generado el gap de conciencia de la mente neutral del que hablamos anteriormente: una pausa de conciencia que interfiere para establecer un lapso gracias al cual tú no serás arrastrado por ese piloto automático ni por el personaje quehas creado. Las máscaras —roles que adquieres de manera subconsciente que se mantienen ocultas para tu conciencia — pueden llegar a ser infinitas e individuales, pero suelen tener una naturaleza subconsciente, por lo que la persona no advierte que está actuando bajo las identificaciones o adicciones emocionales del ego hasta que no efectúa un proceso de elevación de conciencia. Estos personajes, roles o máscaras son subconscientes y automáticos, y suelen estar en la sombra de la conciencia —esto sería lo que no vemos de nosotros mismos—. Las máscaras denotan síntomas de la problemática que está debajo de ellas. A continuación te comparto algunos estereotipos más comunes, por si resuenan contigo — puedes estar en cualquier punto del espectro, así que puedes identificarte en mayor o menor medida con ellos—1. Víctima. Esta máscara es quizás la más común. Cuando te identificas con el rol de víctima, no te responsabilizas de ti mismo ni de tu vida. Entre los comportamientos más destacables se encuentran el de la constante queja o el de traer al presente situaciones doloras del pasado, lo cual bien proyecta ese dolor en situaciones nuevas, bien las revives en tu cabeza sin soltarlas. Cuando adoptas este rol, vives desconectado del presente, lo que te impide comprometerte con tus responsabilidades y tomar decisiones, ya que en el fondo no quieres salir de la adicción emocional. Asumir una actitud de queja es mucho más cómodo que afrontar la situación, porque implica una posición pasiva: internamente, esperas que alguien te salve, que te brinde consuelo, pues no estás dispuesto a invertir ese esfuerzo por solucionar el problema ni comprometerte contigo mismo. La manera en la que esta máscara del ego se transciende y sana es aceptando que nadie lo va a salvar, sino él mismo, es decir: la única persona que puede aplicar una solución pasando a la acción eres tú mismo. Las emociones y sentimientos más comunes de este perfil son la tristeza, la melancolía, la negatividad, la desmotivación, el lamento, la indefensión y el miedo. Crítico. Este tipo de máscara adopta actitudes autoritarias, es exigente con los demás, actúa con rigidez mental —pues considera que su punto de vista es el único válido— y se encasilla en una mente dicotómica, según la cual la realidad es blanca o negra: no tiene matices. La actitud más característica de este perfil consiste en formar un juicio hacia otras personas, es decir: esta persona pretende juzgar a los demás de modo que siempre encuentra fallos tanto en los demás como en sus situaciones. Esta máscara nunca se siente satisfecha, ya que intenta corregir a los demás para su propio beneficio, y así calmar su fricción mental y encajarlos en sus acotados esquemas mentales. Presos de la rigidez, proyectan su vacío, su falta de amor propio y su sentimiento de imperfección en los demás, en quienes detectan solamente lo negativo. Al utilizar como defensa el ataque, actúan subconscientemente probando a otros, y no paran hasta que la persona objetivo actúa fuera de sus esquemas mentales, con lo cual corroboran su idea y actitud ante la vida de insatisfacción. Se resisten a aceptar sus errores, por eso se niegan a reconocer la aversión hacia sí mismos proyectándolo en los demás. Las emociones y sentimientos más recurrentes de este perfil se asocian a la ira, al asco, a la contradicción interna, la frustración, el disconformismo y a la tristeza profunda. Perfeccionista. Esta máscara es muy exigente consigo misma y se sabotea constantemente al proponerse expectativas inalcanzables, tanto sobre sí misma como sobre su papel en el mundo. El modus operandi de este rol consiste en trazarse objetivos imposibles, pues nunca los pueden lograr —siempre gira en un ciclo tóxico de sentirse incompleto, inacabado e insuficiente—. El perfeccionista necesita tener control sobre sí mismo y sostener la idea que ha creado sobre el deber ser — normalmente constituido subconscientemente desde edad temprana—, pues en el fondo tiene miedo al rechazo. Esta máscara del ego no te permite ser auténtico. Quizás han sido corregidos, juzgados o invalidados, por lo que consecuentemente sienten que no son suficientemente buenos siendo auténticamente ellos mismos. Al mantener una constante lucha interna, siempre van a enfocarse en lo que les queda o aún no han conseguido, lo cual les genera insatisfacción constante; si una meta se logra, van a sentir que el resultado podría haber sido mejor; si reciben un cumplido, no se permiten disfrutarlo y desconfían del emisor. Los perfeccionistas andan con prisa y viven bajo presión para superar sus propios estándares, lo cual les impide relajarse porque en el fondo huyen de sí mismos. No se aceptan, no se aman, en otras palabras: no se permiten ser ellos mismos, ¡y se castigan por eso! Necesitan demostrar su valor a los demás al controlar su propia personalidad, puesto que en su subconsciente creen que así recibirán el amor de los demás. Sin embargo, esta concepción es una utopía, dado que los perfeccionistas nunca podrán alcanzar sus expectativas ni superar sus propios estándares. Las emociones y sentimientos más habituales de este perfil son la tristeza, el ansia, la intranquilidad, el desasosiego y el desprecio o la rabia hacia sí mismos. Manipulador. Esta máscara trata de manejar los hilos para que otras personas hagan lo que él quiere y su motor de acción es el control. Además, actúa en su propio beneficio, aunque para ello se deba disfrazar del individuo que busca el bien común. Cree conocer perfectamente lo que es mejor para él y para el mundo que lo rodea, de manera que a menudo resulta involucrado en relaciones de poder. Hace uso de la estrategia de control generalmente mediante la instauración del miedo en los demás, consciente o subconscientemente, siguiendo una actitud de lobo con piel de cordero. Este tipo de máscara puede manifestar conductas narcisistas encubiertas y pasivo-agresivas, tales como el chantaje emocional, el enfado como ataque, el egoísmo, la amenaza o la inducción de sentimientos de culpa hacia los otros. Se establecen sobre un pedestal desde el cual observan a sus semejantes como transacciones, como objetos creados para su satisfacción personal, porque así calman su ansiedad de control. En el esquema mental de este rol subsiste una pulsión de posesión sobre el otro, razón por la cual les cuesta aceptar decisiones ajenas, pues en el fondo tienen desconfianza, no sólo de sí mismos, sino también de quienes lo rodean y, en general, de la vida: tienen miedo de lo desconocido, de enfrentar la incertidumbre. Este falso control les permite sentirse más seguros, porque creen que mantienen las situaciones bajo su dominio. Pero luchar contra el flujo impredecible de la vida es imposible, por lo que terminan embaucados en un ciclo de ansiedad de control sobre su entorno. Las emociones y sentimientos más frecuentes en este perfil son la rabia, la ansiedad, la desconfianza, la frialdad y el hermetismo. Pesimista. Esta máscara se reconoce por mostrar una actitud profunda de escasez hacia todo lo que le rodea, así como hacia él mismo y hacia sus semejantes, ya que su motor de acción es la carencia, lo que provoca una sensación de negativismo en su contexto inmediato. A menudo expresa su punto de vista, aunque no sea solicitado, actitud que se disfraza de un supuesto realismo, lo cual deriva en que sea percibido como el típico aguafiestas. Las personas con tendencia a esta máscara sólo se fijan en lo negativo, aunque se les demuestre con hechos las opciones positivas. Siempre le van a sacar punta al lápiz, van a pensar en las posibilidades que pueden salir mal; ven el vaso medio vacío, aunque esté rebosando. Les molesta que los demás tengan éxito, pues estimulan pensamientos como «si a mí me va mal, a ti también». Si perciben actitudes positivas o triunfos en otras personas, creen que algún trapicheo se traeráy emplean el lema piensa mal y acertarás. Dado que en el subconsciente los incentiva la envidia, la comparación dañosa y los celos, el negativismo de este rol de pesimistas es facialmente palpable por los demás, quienes huyen de ellos consciente o subconscientemente, pues los consideran vampiros energéticos. En efecto, al reparar en la actitud de huida de quienes no los soportan, estos personajes refuerzan su teoría de que «el mundo es un asco», de que «la vida es dura», de que «la gente es mala». Los pesimistas no creen en sí mismos, ni se sienten capaces de asumir responsabilidades en su vida, puesto que son oprimidos por un sentimiento profundo de cobardía; no pueden afrontar la situación, de manera que se sienten más seguros con la carencia con la que filtran la realidad. Pareciera que la negatividad estuviera preestablecida de modo divino, pues sienten que no pueden luchar para cambiarla por lo que no suelen tomar acción. Los que cargan este tipo de máscara del ego, no quieren sentirse bien, porque el cambio requiere de esfuerzo y les es más cómodo —consciente o subconscientemente— quedarse en ese apego a la carencia, a la negatividad. Al serles imposible disfrutar de la vida, no agradecen ni aprecian los pequeños detalles: «si llueve es porque llueve»; «si hace sol es porque hace sol». Ellos mismos se bloquean y evitan experimentar resultados beneficiosos, debido a que filtran la realidad desde la carencia y prefieren la oscuridad que la luz. Las emociones y sentimientos más recurrentes en este perfil se asocian a la desilusión, al desengaño, al descontento, a la sensación de injusticia, al resentimiento y a la inactividad. Melodramático. Esta máscara se destaca por el caos que se produce tanto en su personalidad como en su vida, ya que es su motor de acción más subconsciente. Se vincula con los demás mediante la tensión emocional y física, en el sentido de que, si no ha vivido algún drama que contar, no tiene nada qué compartir con el otro. Suele disimular esta actitud caótica de explosión emocional, ya que se considera a sí mismo como apasionado, pues vive su vida como la dinámica de tensión de un culebrón. Este tipo de máscara es representativo del desequilibrio que actúa en su mundo interno, lo cual termina manifestándose fulminantemente en su vida externa. En términos emocionales, esta máscara actúa como montaña rusa, pues se les dificulta mantener relaciones estables. Sin embargo, necesitan de la toxicidad en el trato con sus parejas y en sus relaciones con su entorno —amigos, familiares, compañeros de trabajo—, lo cual asocian con una sensación de vidilla al buscar pelea y generar conflictos, porque si están en calma se sienten vacíos: sin drama, su vida carece de sentido. Le temen a la estabilidad y a las relaciones sencillas, por lo que crean situaciones complicadas para tener un motivo con el cual distraerse. Este rol suele tener miedo a la intimidad, dado que se siente vulnerable. No acostumbran asumir la responsabilidad en una pelea y les suele costar aceptar puntos de vista diferentes a los propios, porque son personas de extremos que buscan la confrontación, tipo amor/odio, son sus relaciones preferentes, lo cual les hace creer que «si no hay tensión, no hay pasión». De modo subconsciente, buscan o crean problemas, ya que, si todo parece estable, terminan entrando en contacto con su vacío, por lo que optan por huir de sí mismos a través del drama. En contraste: la calma les produce más ansiedad, puesto que nunca han aprendido a relajarse, por tanto, rechazan esa sensación de estabilidad ya que les hace sentir incómodos: su sistema nervioso y nervio vago está desregulado. Las emociones y sentimientos más comunes en este perfil se asocian con episodios de éxtasis, agitación e impulsividad seguidos de sensaciones de desesperación, confusión, tristeza, rabia, obsesión y sobreactividad. Es por esto que la ansiedad vive con ellos. Héroe. Esta máscara manifiesta una pulsión constante de salvar a los demás, ya que necesita desesperadamente la validación social, la cual es su motor de acción subconsciente, de forma que depende de otros individuos para sentirse bien consigo mismo. El que adopta el rol de héroe cree poseer la verdad y se posiciona en un pedestal subconsciente para poder observar a otras personas debajo de él, que los considera débiles e indefensos. El juego de este tipo de máscara consiste en pretender que los demás necesiten de él. Para esto, es capaz de inducir la necesidad en el subconsciente del otro para crear situaciones —o, como se conoce, plantar semillas— hasta el punto de invalidarlo, ya que reduce la autonomía del otro al ocuparse de sus asuntos sin ni siquiera preguntarle, a pesar de que puede que la otra persona no le haya pedido ayuda. Esta máscara busca anular a quienes le prestan atención con el fin de rescatarlos. Sin embargo, este rol intenta en realidad ser salvador de sí mismo, porque la intención subconsciente es egocentrista: el motor que mueve sus acciones no es altruista. Por el contrario, desean sentirse útiles y queridos para poder sanar el sentimiento de culpa, el vacío interior y la inseguridad en sí mismos, puesto que sólo se enfocan en lo externo, lo que implica el ejercicio cómodo de no tener que mirar hacia adentro. Por consiguiente, ocuparse de los asuntos ajenos evita que se responsabilice de su sentimiento profundo de inferioridad, por eso prefieren mostrar externamente con perseverancia sus capacidades. Este rol utiliza a otras personas para llenar su vacío interno, ya que huyen de sí mismos, de modo que son atraídos por personas indefensas, víctimas y necesitadas. Sin embargo, en el fondo dudan y desconfían de aquellos a quienes supeditan, con quienes pretenden demostrar que ellos sí son capaces. Sí, salvan, pero en la sombra exigen a cambio un pago emocional; si no lo consiguen, proyectan esta fricción del fracaso en el otro, a quien responsabilizan y le crean resentimiento o reproche, si los planes no salen como se diseñaron previamente en su mente. Las emociones y sentimientos más habituales en este perfil se relacionan con la excitación excesiva, la impulsividad, la preocupación, el orgullo, la insistencia, la presión y la intensidad. Complaciente. El motor del actuar de quien porta esta máscara es el miedo por falta de apego, lo que le genera ser dependiente emocional. Como una adicción, vive identificado con el miedo a la soledad, al desamor, al rechazo, pero, sobre todo, al abandono. La persona con este rol es de las que más desconexión presenta consigo misma, pues ignora realmente quién es, ya que siempre se ha adaptado a otros, dejando su propia identidad a la deriva. Este tipo de rol es el resultado de las proyecciones que otras personas han realizado sobre ellos, por lo que manifiestan una gran falta de autenticidad. No saben establecer límites ni decir «no», y experimentan comportamientos de codependencia, de modo tal que otros se aprovechan de ellos y no los respetan. Suelen tener baja autoestima, un apego relacional de dependencia emocional con sus seres queridos que les involucra en vínculos de posesión y celos. Son incapaces de expresar su propia verdad porque ni siquiera la saben. Una característica destacable de esta máscara del ego es la duda, pues raramente se sienten seguros de sus decisiones, tanto así que requieren de otros para que les indiquen lo que deben hacer. Son sumisos, creen ser dignos de poco mérito y se sacrifican por los demás, porque lo consideran una demostración de amor. Evitan los conflictos y las discusiones, así que prefieren traicionarse a sí mismos antes que llevar la contraria, lo cual significa acumular sentimientos de resentimiento, no sólo hacia ellos mismos, sino también hacia los que los rodean. Cuando se está identificado con esta máscara se puede llegar a explotar emocionalmente y reclamar su posición, pero los demás le restancrédito a la reacción, no les respetan o se mantienen incrédulos, puesto que si el complaciente se empodera, el otro sabe que ya no obtienen beneficio de ellos. Acostumbran involucrarse en relaciones abusivas que se fundamentan en la necesidad, no en conexiones genuinas. Viven cotidianamente contra sí, saboteándose, por lo que requieren de un proceso de perdón hacia ellos mismos. Las emociones y sentimientos más frecuentes en este perfil se asocian con la ansiedad, el miedo a la soledad, la vergüenza, la inseguridad y la melancolía. Estas máscaras del ego tienen incontables matices, lo que hace imposible poder describirlos a todos. Menciono a continuación de manera breve algunos otros roles para tu propio análisis. Gracioso. Utiliza el humor para evitar mirar hacia adentro y huye de las emociones más incómodas y aparentemente negativas hasta bloquearlas. Pasota. El mundo externo le genera demasiado sufrimiento, por lo que esta máscara le ayuda para desconectarse de los demás. Parece que le da igual lo que piensen de él, pero, en realidad, el rechazo es su herida más profunda y, por ende, el motor de su acción de huida al tratar de pasar desapercibido. Rebelde. Va en contra de todo porque subconscientemente lo que más quiere es diferenciarse y llamar la atención. Tiene una gran necesidad de sentirse digno de amor por lo que realmente es. Tímido. Tiene miedo de ser visto y escuchado. Se denomina a sí mismo como introvertido, pero, en efecto, se pasa la vida escondido normalmente bajo la sombra del rechazo anticipatorio de los demás. Solitario. Está muy dañado por sus relaciones con los demás. Ha aprendido a no necesitar de nadie ni tener expectativas sobre nada, pero, sin duda, su motor a la acción y mayor vacío es justamente la necesidad de conexión con los demás. Llega a ser incapaz de exponerse y abrir su corazón, porque puede que alguna vez ya lo hizo y resultó herido. Tiene miedo a sentir, intimar y comprometerse para no sentir que defrauda al otro o que es defraudado por él, por lo que esa anticipación negativista hace que prefiera mantenerse al margen de vincularse en relaciones. Olvidadizo. Al permanecer desconcentrado, evita tener contacto con una realidad que no le gusta, e incluso le afecta a nivel emocional. Las pérdidas de memoria están relacionadas con un mecanismo de defensa de disociación de la mente, de manera que desconectar y vivir en las nubes de sus pensamientos es mucho más satisfactorio que mirar a la realidad que no aprueba; sin embargo, se pierden la vida. Vanidoso. Se identifica con las cosas materiales: «Eres lo que tienes»; se juzga a sí mismo y a los demás desde el filtro de la vanidad. Cultiva los bienes materiales y trata de llenar su vacío interno, pero esto no ocurrirá dado que su falta es interna emocional y no externa en el mundo físico. Confunde el placer con la felicidad y es propenso a conductas o sustancias adictivas. Ocupado. Se proponen muchos planes, así que siempre tienen algo que hacer. Su mayor enemigo son ellos mismos. Le da pánico estar a solas consigo mismo y no deja espacio para entrar en contacto con su ser interno y real. Tienen baja autoestima y poco amor propio. Popular. Ser el centro de atención es su modus operandi. Hace lo que haga falta para no perder su posición, aunque esto signifique abandonarse a sí mismo e ir contra sus propios valores por ser reconocido por los demás. Es adicto al poder, le gusta influir en los demás y permanece con miedo a perderse un plan, una conversación, un evento o una reunión. Normalmente, puedes identificarte con más de una máscara, aunque una de ellas sea la más destacable, protagonista y representativa en tu día a día. Pueden ir variando a lo largo de tu vida, pues unas pueden ser más activas que otras, de acuerdo con las circunstancias. Estos personajes, roles o máscaras son subconscientes y automáticos —están en la sombra de la conciencia—, fruto de tus creencias internas, tus experiencias personales acumuladas, tu patrón de pensamiento, tu filtro mental y tu adicción emocional fruto de tus heridas traumáticas no cerradas. Tienen una representación mental y emocional inclusive a nivel somático, ya que cada uno adquiere una postura corporal o una expresión facial determinada, en definitiva: un comportamiento no verbal característico. Por ejemplo, una persona con la máscara de complaciente tiene tendencia de encorvar su cuerpo, al contrario que el personaje del héroe, que es todo lo contrario: muy erguida. No eres libre hasta que no eres consciente de estas máscaras. Estos personajes limitan tu vida, te alejan de tu verdadera naturaleza, de tu autenticidad y de la necesidad primaria de tu ser ya que son representaciones de tu ego. Así pues, es fundamental que trabajes en identificarlos, luego de lo cual puedes mejorar la relación con ellos y sanar lo que hay debajo. También puedes practicar la autoobservación de tus comportamientos para poder identificar estas máscaras, sobre todo, siendo honesto contigo mismo, para lo cual puedes intentar responder las siguientes preguntas: ¿Qué personajes identificas en ti? ¿Cuál es el beneficio que obtienes de ellos? ¿Desde dónde te relacionas con el otro? ¿Le beneficia o, por lo contrario, le perjudica? ¿Es en tu propio provecho? ¿Cuál es tu motor hacia la acción? ¿Son tus inseguridades? ¿Tu intención de actuación te aleja de ti o te acerca a tu autenticidad? ¿Actúas desde el amor hacia ti o desde el miedo hacia las represalias externas? En mi consulta me encuentro con estas máscaras muy a menudo, por lo que es determinante para mis pacientes el momento en el que reconocen con cuáles roles se identifican, para así desprenderse de ellos y empezar a tomar responsabilidad más consciente de su actitud. Si no desarrollas la detección consciente de la máscara que usas, entonces llegas a creer que eres uno o varios de ellos, de modo que te dominarán. Estos personajes nunca te permitirán conseguir tus objetivos, porque actúas con personalidades que no son coherentes con tu ser auténtico, en especial si se activan subconscientemente, o sea, desde el patrón emocional de tu ego. Al ir desenmascarando estos personajes, te vas acercando a tu ser original: atraviesas la herida emocional y enfrentas el vacío interno que es común en cada uno de los personajes. El trabajo de sanación personal consiste en mirar hacia adentro para poder vivir libre del ego, sin adicción emocional. Hay un antes y un después palpable en tu vida cuando identificas tus máscaras para poder desprenderte de su autosaboteo. 1 Esta sección requiere un ejercicio de honestidad con uno mismo que puede herir sensibilidades, por lo que recomiendo tener aún más presente la autocompasión. Proceso emocional: aprender a sentir Vienes al mundo sin manual de instrucciones y haces lo que puedes con base en las cartas que te tocan: el entorno y las experiencias que vives. La mayoría de personas no ha tenido acceso a una educación emocional, por lo que no les han enseñado propiamente a sentir. Lo sorprendente es que, aunque todos tenemos las mismas emociones básicas, la educación, el contexto y la sociedad influyen en la capacidad de ocuparse de ellas. Por ejemplo: en ciertas culturas la expresión emocional es penalizada o en otras, por el contrario, la explosión emocional se disfraza de pasión. La educación social de género también tiene un impacto en la manera en la que se conciben las emociones. ¿Te has planteado, por ejemplo, por qué a los hombres les cuesta llorar? El estereotipo que se suele proyectar subconscientemente en los varones es que llorar es de débiles, que no es algo masculino, en consecuencia, muchos aprenden desde pequeños que estar tristes no es correcto y bloquean esta emoción básica. Obviamente, los varones sienten tristeza como las mujeres, pero en muchas ocasiones no se permiten expresarla, e incluso se resisten a ella. La emoción inicial de tristezapuede inducir a la ira como un método para liberarse. Pero el problema es que, cuando se quiere liberar la tristeza por medio de conductas de ira, enfado, discusión o rebeldía, la emoción inicial se acumula y los sentimientos de frustración aumentan por el fracaso en la liberación emocional. La tristeza sólo se puede liberar sintiendo tristeza, no a través de la ira u otra emoción diferente. De lo contrario, se genera un desequilibrio que sólo se puede romper mediante la conciencia de la emoción original, de su procesamiento y liberación. A las mujeres les pasa lo mismo, por ejemplo, con la emoción de la ira. Socialmente, no está tan aceptado que las mujeres sientan y manifiesten ira, mientras que llorar o ser sensible sí es más permitido. Este prejuicio se encuentra en el inconsciente colectivo e influye en los comportamientos de una manera sutil. Aunque no haya consciencia de ello, se han heredado roles que, aunque son socialmente aceptados, no son naturales al ser humano. 1. ENTRÉNATE EN RESPONDER, NO EN REACCIONAR Siempre que no tengas consciencia de las emociones que surgen en ti, no sólo estás identificado con ellas, sino que también te dominan, lo cual provoca una actitud reactiva ante la vida: estás a expensas del mundo externo para que sea éste el que defina cómo te sientes por dentro. Cuando dejas tu estado de ánimo en manos de las circunstancias, se presentan muchas papeletas para quedar desequilibrado emocionalmente, porque la vida está cambiando continuamente. De este modo, siempre vas a depender de las circunstancias y a proyectar tu fuero interno en ellas, lo que resulta en una sensación de descontrol, de caos emocional. En ese estado de vaivén emocional, siempre estás con una sensación de verlas venir y te sientes a la deriva, de acuerdo con lo que ocurre fuera de ti mismo para que defina si te sientes bien o mal. En este sentido, uno de los objetivos de la sanación personal consiste en aprender a responder a la situación, que no es lo mismo que reaccionar a la situación. Cuando reaccionas, no tienes el control de la situación, eres dependiente de lo externo a ti y no gestionas la emoción que surge, si no que eres arrastrado por ella. Pero cuando respondes, estableces una distancia prudencial entre la emoción y la respuesta, en la cual tu conciencia te ayuda a encontrar una solución oportuna y, por consiguiente, serás capaz de gestionar de una manera más equilibrada las emociones que en ese momento estás sintiendo: has recuperado el control interno porque tu estado de ánimo ya no depende tanto de lo que ocurra fuera de ti. Ten en cuenta que tu bienestar emocional y tu calma personal dependen de la prioridad que les des, así que la solución que plantees en la medida de lo posible debe estar encaminada a equilibrar tu mundo interno, pero no a encajar en el mundo externo. Figura 1.10. Fuero externo (desconexión de sí) frente a fuero interno (conexión consigo). Así pues, debes esforzarte en desarrollar la capacidad de sentirte bien y en calma como un estado de ánimo general en tu día a día, independiente de lo que ocurra fuera. No significa que no debas sentir nada, sino de no ser arrastrado por la emoción y no actuar en tu vida sin freno consciente. Detectas y entiendes que la emoción ha llegado a ti y no tomas decisiones desde la intensidad de esa emoción; sabes qué hacer para gestionarla y bajar sus niveles de intensidad para volver a un estado de homeostasis emocional. Esto conlleva que recuperes el control de tu fuero interno mediante una adecuada gestión emocional. Eres el ser superior que siente y experimenta la emoción, pero no eres la emoción misma. 2. DETONANTES EMOCIONALES Un detonante emocional es cualquier pensamiento, sensación, situación externa, palabra o comportamiento ajeno que altera tu estado emocional interno, induciéndote automáticamente —activación subconsciente— a experimentar emociones intensas, como miedo, enfado, tristeza, rabia o vergüenza. Este efecto activa tu sistema límbico y te pone en actitudes reactivas, impulsivas, defensivas o de bloqueo, lo cual provoca una respuesta de huida pelea, entumecimiento o apego. Esto te genera un cambio brusco en tu equilibrio emocional interno, por lo que tu estado de ánimo se alterará súbita y radicalmente, lo cual se manifesta en tu cuerpo para que lo identifiques como una emoción intensa que rompe tu estado neutral interno. De manera más simple: los detonantes emocionales son los estímulos que te hacen estallar emocionalmente de improviso. Los detonantes emocionales —también conocidos como triggers— son activaciones de emociones intensas causadas por traumas del pasado que, al no haberse curado a tiempo, se abren repentinamente y, como resultado, se manifiestan las emociones enquistadas que se han asociado a ese trauma. Sin embargo, los detonantes emocionales pueden servir como accesos para llegar a la emoción original y enquistada que necesita ser sanada, liberada; son las llaves que abren la puerta al interior. Esto quiere decir que, cuando experimentas un detonante emocional, no estás respondiendo a una situación concreta, sino que estás reaccionando a partir del trauma emocional que permanece latente desde el pasado. Por lo que hay que diferenciar entre responder y reaccionar. Respondes de acuerdo con una emoción nueva que se ha generado en el momento en el que se experimenta una circunstancia. Reaccionas de acuerdo con la emoción anclada desde un evento pasado que produjo un trauma emocional no cerrado, de modo que la emoción sigue latente en tu sistema. Lo importante es no actuar desde la activación del detonante emocional. Cada vez que se presenta un estímulo o te ocurre una situación que asocias —generalmente de manera subconsciente— con el trauma, vuelves a tocar la emoción original, acción que la fortalece y aumenta su activación, haciéndola más intensa. Este nivel de intensidad es un indicador de lo arraigada que la emoción está en tu sistema. Algunos ejemplos de detonantes emocionales son los siguientes: Te pones a la defensiva cuando crees que alguien te está dando instrucciones si te dice lo que tienes que hacer, incluso llegas a interpretar sugerencias como mandatos, aunque no fuera la intención ni el tono comunicativo de la otra persona, estos sucesos actuales detonan esa reacción porque puede que te hayas sentido controlado en el pasado. Pierdes la paciencia cuando piensas que alguien no te deja hablar o no te escucha, lo cual puede haber detonado un suceso en el que hayas sido ignorado, callado o rechazado cuando eras pequeño. Te bloqueas repentinamente cuando llega tu turno en una reunión, pues quizás desde que eras niño has sido formado con muchas exigencias, lo cual te hacía sentir que nunca eras lo suficientemente bueno. Sientes mucha ansiedad, desconfías y se te pasa por la cabeza la idea del peor escenario posible cuando tu pareja no te contesta inmediatamente, pues fuiste abandonado o traicionado en relaciones pasadas. No estás sintiendo eso por el hecho presente, sino porque no gestionaste la emoción original o no se cerró el ciclo emocional del trauma en el instante en que ocurrió en la situación pasada desencadenante. Esto es como una mochila emocional en la que acumulas emociones mal gestionadas, bloqueadas o evitadas. Cada una de estas emociones que no han sido gestionadas provoca que su umbral aumente, que cada vez te vuelvas más sensible a estas situaciones y que tu radar interno les preste más atención, lo cual implica que las rastree con mayor ímpetu, de modo que se tornan más presentes en tu cotidianidad. Ahora que has aprendido qué son los detonantes emocionales, te propongo que realices un reencuadre de lo que significan las emociones y las consideres como mensajes que te brindan información sobre tu subconsciente y a los detonantes emocionales, como las señales de estos mensajes. Las emociones son el mecanismo con el quepuedes explorar el origen de tu sufrimiento, tus fricciones, tus incomodidades, tus desequilibrios y tus problemas. Son las llaves que te dan la libertad, pero no basta con abrir la puerta y ser consciente de la causa de tu sufrimiento; también debes ser lo suficientemente valiente para sentir y abrazar la herida emocional hasta que sane, hasta que ya no duela. Pero si no sacas a la luz la raíz de tu sufrimiento, el trauma quedará latente: no asomará a la superficie hasta que te responsabilices de ello. Eres presa de tus heridas, ya que sólo se pueden sanar desde ellas mismas. Como afirmó el sabio espiritual Rumi: «La herida es por donde entra la luz». El cambio de perspectiva según la cual tu misión consiste en detectar tales señales —detonantes emocionales— te pone en una actitud activa y, en efecto, te da más poder. La emoción entendida como una señal indicativa es crucial para poder sanarte. Te preguntarás cómo, desde mi posición de psicóloga, hago esto. Bien, a mis pacientes les aconsejo que se lo tomen como un juego, cuyas reglas son simples: vive —no simplemente sobrevive— exponiéndote a la vida con conciencia; observa tus reacciones internas y externas a lo que experimentas en tu día a día. La vida te trae las situaciones que necesitarás para tu evolución y tus reacciones hablan de lo que es importante para ti, de tu historia de vida, de tus creencias subconscientes, de tus traumas no cerrados, de tus heridas emocionales, en definitiva: de tu ser interno herido, del cual estás distanciado. Imagínate qué pasaría si esa misma situación la experimentara otra persona, ¿reaccionaría y sentiría igual que tú? Seguramente no, lo que es detonante para ti no lo será para la otra persona, porque tiene otra perspectiva, otro significado de sus acontecimientos de acuerdo con su historia de vida. La próxima vez que te ocurra algo que detone emocionalmente y altere tu estado interno, en vez de caer directamente en la emoción, da un paso atrás y plantéate los siguientes interrogantes: «¿Qué es lo que estoy sintiendo, qué emoción es?». «¿Por qué me estoy sintiendo de esta manera?». «¿Cuál ha sido el detonante que me ha hecho sentir así?», «¿ha sido un pensamiento, una palabra o el comportamiento de otra persona?». «¿Desde dónde estoy sintiendo eso?», «¿desde el pasado?», «¿desde una historia que he creado o revivido en mi cabeza?». «¿Es necesario en este momento que me sienta así?». «¿Es un símbolo para sentir mi adicción emocional?». Un ejemplo de una paciente: María. Es viernes por la noche. María se engalana para salir y llega a un bar concurrido. Ninguno de sus amigos ha llegado aún. Está ahí parada y de repente advierte que dos personas están cuchicheando mientras la miran. Entonces, empieza a usar su móvil para disimular, porque se siente fuera de lugar, inadecuada y ridícula. Es como si, de repente, se sintiera juzgada. En ese momento, pasa por su cabeza todo tipo de pensamientos negativos: «Seguro que piensan que soy patética». Su estado emocional cambia radicalmente y su cuerpo empieza a tener signos de nerviosismo, sus manos sudan, su corazón se acelera. Pero la verdad es que ella no sabía de qué estaban hablando esas personas; la causa real de la reacción de María es que ella sufrió bullying y episodios de rechazo en su adolescencia. No obstante, después María se da cuenta de que las dos personas estaban mirando a alguien que estaba detrás de ella que más tarde saludaron, de modo que reconoce que tiene un problema, porque la emoción ligada al rechazo que había sentido era demasiado intensa, demasiado real. De acuerdo con el anterior ejemplo, la manera de afrontar la situación de detonante emocional para elevar la conciencia de lo que pasa en tu mundo interno sería: ¿Qué es lo que estás sintiendo?: «Me siento incómoda, observada, pequeñita, defectuosa». ¿Qué emoción estás sintiendo?: «Vergüenza, miedo, enfado». ¿Por qué te estás sintiendo de esa manera?: «Porque creo que me están observando y juzgando». ¿Cuál ha sido el detonante que te ha hecho sentir así?: «Estar sola ante los cuchicheos y las miradas que creía hacia mí». ¿Quizás ha sido un pensamiento, una palabra o un comportamiento de otra persona?: «Sus miradas hicieron que se dispararan en mi cabeza pensamientos de sentirme inadecuada: soy fea, soy rara». ¿Desde dónde estás sintiendo eso?, ¿es desde el pasado?, ¿desde una historia que te has creado o revivido en tu cabeza?: «Desde la herida de rechazo que arrastro desde que sufrí bullying cuando era adolescente». ¿Es necesario en este momento que te sientas así?: «No, da igual lo que otras personas desconocidas hagan. La única que sufre soy yo misma si me tomo las cosas tan personales. Además, más tarde me di cuenta de que no me estaban mirando a mí, sino a otra persona que estaba detrás de mí que más tarde saludaron». ¿Es quizás un símbolo para sentir tu adicción emocional?: «Sí. Fue un momento perfecto para que mi ego sintiera esa historia con la que está identificado y a la que es adicto: sentirme excluida y criticada porque la realidad es que no podía escuchar la conversación que tenían. Entonces, me pregunté por qué esas personas tendrían que estar hablando de mí y, si lo estuvieran haciendo, por qué tendrían que estar hablando mal y no bien». Si descubres y sanas la historia que te cuenta la emoción, pasarás a la siguiente matrioska de tu mundo interior: alcanzarás un nivel más elevado de conciencia. Tu detonante emocional ya no tendrá un efecto tan severo en ti, porque su umbral se sentirá en un menor nivel de sensibilidad: tu trigger emocional perderá poder de activación e intensidad. Con la práctica, el umbral se va reduciendo hasta que se vuelve neutral —siempre que sea desde la conciencia—: cuanto mayor exposición a esa situación concreta desde la conciencia y a la emoción que genera, tanto menor impacto emocional tiene. Los niveles de activación a la emoción son inversamente proporcionales al aumento de conciencia. 3. SOMOS ESPEJOS A medida que empieces a asumir responsabilidad sobre tus emociones, irás descubriendo que los demás son espejos que te reflejan lo que necesita ser sanado en ti. Desde mi punto de vista, a nivel emocional, es mucho más sencillo ser un monje que vive en un monasterio y no interactúa con nadie que ser una persona que se expone a la vida y se relaciona con otras personas, porque es aquí cuando estamos más expuestos a que salten nuestros detonantes emocionales. El grado de sanación personal no sólo se manifiesta cuando estás calmado y practicando meditación por tu cuenta, sino que es mayor reto mantener ese estado de calma cuando te relacionas con otras personas. El juego está perfectamente diseñado, porque los demás pueden mostrarte el camino por medio de conflictos, desacuerdos y sensaciones de asco, enfado, vergüenza, envidia o celos. ¡El auténtico monje zen es el que mantiene el estado de calma interna en un entorno social! Es el momento en el que dejas de proyectar tus heridas y de culpar al otro por lo mal que te sientes; es cuando tu conciencia se eleva y puedes empezar a cambiar tus sentimientos internos. A través de lo que la otra persona detona en ti, te has forzado a mirar dentro de ti y ocuparte de la herida emocional que estaba limitando tu existencia, aunque no te hubieras dado cuenta hasta que la persona te la reflejara: la herida ya estaba ahí desde antes que la otra persona llegara. Responsabilizarte de tus propias emociones debería ir seguido del paso siguiente de transcender esa experiencia y liberar los rencores asociados a esa persona, porque por esa persona se abrió ese melón, y te tocó ocuparte de tu herida emocional previa no resuelta. No es fácil, pero ¿alguna vez has mirado atrás y has dado gracias por una experiencia que te causó dolor y emociones intensas en ese momento, pero que realmente te preparó para una mejora en tu vida, por ejemplo: una infidelidad de pareja?El dolor de este hecho hizo que te dieras cuenta del perfil de las personas con las que te vinculabas en tus relaciones, de tu tipo de apego relacional disfuncional, lo que te llevo a sanar tus heridas emocionales y evolucionar, te preparó para tu siguiente relación, donde encontraste a alguien con una personalidad más leal, mucho más alineada a tu esencia y a tus valores porque aprendiste lo que no querías en una pareja pudiendo descartar a tiempo el tipo de persona que no te convenía emocionalmente. El reto consiste en que puedas ver y sentir esto en el momento que te sucede la situación detonante con la otra persona, para que disminuyas la intensidad de los niveles emocionales y así los liberes lo más rápido posible de tu sistema interno. La teoría del espejo del psicoanalista francés Jacques Lacan establece que lo que te desagrada del otro es lo que no te gusta de ti mismo, pues es el reflejo de tu personalidad. Yo añadiría que no sólo es lo que te desagrada del otro, sino también todo —ya sea de naturaleza agradable o desagradable— lo que el otro despierta en ti a través de su interacción contigo o de la idea que has construido de esa persona. En otras palabras: utilizas a las personas como símbolos para proyectar tu tensión interna no resuelta. Si algo para ti fuera neutral, no le pondrías atención ni lo relacionarías contigo; no tendrías ninguna tensión acumulada por liberar. Por eso, el problema no radica realmente en ellos, sino en ti mismo, pues, como estimaba Kant: «Vemos las cosas no como son, sino como somos nosotros». Algunos ejemplos de espejos de tu fricción interna serían los siguientes: si te molesta que una persona sea presumida, es porque quizás no te estás cuidando demasiado o no te estás ocupando de sanar tus complejos e inseguridades; si no soportas a alguien mandón, es porque quizás refleja tu incapacidad de poner límites, pues dejas que se aprovechen de ti, pero el enfado no es contra esa persona, sino contigo mismo, porque tú no estás sacando la cara por ti; si te irrita la típica persona que le gusta llamar la atención, quizás es porque tú estás cohibido o no te atreves a expresar tu verdad al mundo. La teoría del espejo es aplicable a cualquier tipo de relación: familiar, laboral, amistosa o romántica, e incluso a las interacciones mínimas y espontáneas. Esta teoría no sólo ilustra sobre las emociones más desfavorables del espectro, sino también sobre lo bueno que ves en los demás. Por ejemplo: admirar a alguien te indica que existen ciertas cualidades que te gustaría cultivar en ti, ya que, si resuenan contigo es que están dentro tuyo, pero quizás han sido reprimidas o bloqueadas. Lo cierto es que, si no tuvieras esas posibles cualidades en tu ser, para ti esa persona sería neutral y no la admirarías. Cuando filtras la realidad y vives alineado con la filosofía de la teoría del espejo, el juicio se reduce, lo cual minimiza tu fricción emocional. Dejas de proyectar y asumes la responsabilidad de tu sanación personal, de tu evolución y del rumbo de tu vida. Para el ser humano es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que en el suyo, porque está programado para reaccionar, pero la conciencia te da la capacidad de responder. Al final, los demás son guías que te muestran el camino hacia dentro, igual que tú lo eres para los demás: nos necesitamos unos a otros para sanar y evolucionar. Tu ser emocional: el niño interior Tu ser emocional subconsciente es controlado por tu niño interior, el cual se constituye como la extensión de tu ego a nivel emocional. Los patrones, las adicciones emocionales y las identidades cognitivo-emocionales son gobernados por tu niño interior, de acuerdo con su personalidad, creencias, heridas emocionales e historia de vida. Él está al mando como tu ser emocional subconsciente. Como se ha explicado anteriormente en la sección sobre el ego, nada más nacer, tu motor para relacionarte con el mundo se va construyendo para recibir amor incondicional. En la niñez, tu motivación principal y última, lo que nos arranca para la acción, es el amor, es decir, la aceptación incondicional, el cariño o cuidados de tus padres o cuidadores. En función de las relaciones de apego tempranas que experimentas en estas edades, vas creando tus propias ideas del mundo, de la vida y de ti mismo. Esta construcción de ideas del mundo es tu filtro de la realidad, del cual depende el niño interior que te indica cómo aprendes a relacionarte contigo mismo y con los demás. Durante tu infancia absorbes información como esponja, sin cuestionarte la naturaleza ética de esa información: simplemente la aprendes y la integras sin importar si es correcto o incorrecto, pero lo importante es que con ese comportamiento crees que recibes atención, cuidados y afecto, en definitiva: amor. Te adaptas al entorno y a las personas más cercanas para ser amado, para recibir amor incondicional como mecanismo de supervivencia. El ejemplo del bebé que llora y que es o no atendido por sus cuidadores, a grandes rasgos, marcaría dos escenarios diferentes que conducen a dos realidades diferentes: dos construcciones del ego distintas, pertenecientes a dos personalidades diferentes. El bebé que es atendido — cuando esta conducta es reiterada en su normalidad— integrará subconscientemente que sus necesidades son válidas, que él es digno de amor; pero el bebé que no es atendido integrará que sus necesidades no son válidas, de modo que se distanciará de sus necesidades por satisfacer a los cuidadores, o se mimetizará con las necesidades del entorno al olvidarse de las propias. Subconscientemente, este bebé construirá la creencia según la cual no merece ser amado por ser quien es. 1. NIÑO INTERIOR HERIDO: TRAUMA COMPLEJO EMOCIONAL A veces la necesidad básica de ser amado y la búsqueda de afecto se convierten en una fuente de estrés para el niño, lo que provoca la huida del afecto o de la conexión con los progenitores, porque le generan aversión, castigo o miedo cuando ellos son personas emocionalmente inestables y las dinámicas emocionales familiares se muestran desequilibradas. Los entornos disfuncionales no promueven la seguridad que un niño requiere para desarrollarse saludablemente, puesto que no cubren las necesidades fundamentales físicas o emocionales, así que el niño adoptará conductas desadaptativas y perjudiciales como normales cuando no lo son. Es esta etapa en la que se construye tu sistema de creencias, el cual se programa con un mayor impacto en tu subconsciente desde el nacimiento hasta alrededor de los siete años de vida. Es aquí cuando se forjan los entresijos del trauma emocional complejo. Un trauma que no es fruto de una única vivencia emocional estresante aguda como un accidente o una guerra, sino que el trauma complejo se forma por la exposición a una situación o condición de estrés continuada que incluso se ha podido llegar a normalizar. Esto crea heridas emocionales y sus respectivos bloqueos, que desencadenan conductas de saboteo que limitan vivir en plenitud y sentir felicidad, minan el sentido de valía y amor propio, que se refleja en las relaciones interpersonales. Por ejemplo: crecer con un padre de perfil autoritario y narcisista marcará el sentido de valía de ese niño. Quizás nunca ocurrió algo drástico, pero ese niño fue expuesto durante muchos años a la manipulación, al chantaje emocional, a la ansiedad de los progenitores proyectadas en él, a las altas exigencias o a las faltas de cariño. La búsqueda primaria del amor se convierte entonces en aversión, quizás en una huida del castigo o de la intimidad con los cuidadores. Estos entornos reactivos frutos del perfil de padres autoritarios y narcisistas en los que ese niño vivió pueden provocar que, siendo adulto, sienta un vacío interior, ya que aprendió desde pequeño a distanciarse de su autenticidad, porque era penalizado sólo por ser, y nunca se permitió subconscientementeser él mismo. Esto podría alimentar una disposición a la ansiedad por el estado de alerta constante, que tenga problemas de apego en relaciones o presente tendencias depresivas en su estado de ánimo. Es aquí cuando buscas ayuda profesional creyendo que tienes ansiedad por algo que te ocurrió en el trabajo o por tu relación de pareja, pero ése sólo es el síntoma, no la raíz del problema: es un reflejo de tu ego —sistema de creencias— y de tu niño interno herido —heridas emocionales—. Después de la primera década de vida, puedes construir nuevas creencias si pasas por situaciones traumáticas límite que provoquen estrés postraumático o tengan un impacto emocional alto, quizás en la adolescencia, pero casi siempre estás reviviendo las mismas creencias tempranas y asumiendo la realidad desde ellas, lo cual las fortalece. Los problemas que experimentas de adulto son cíclicos, se repiten y reflejan tus vivencias programadas en tu niño interior que aún sigue herido de la misma manera. Aunque la intención última de tu niño interior herido es protegerte para que no te hieran de nuevo, eso no está funcionando, muchos de los aprendizajes que asimilas de la infancia en la adultez ya no son reales, pues sólo le servían a tu niño, pero para tu persona actual ya no son beneficiosos. Es como si quisieras instalar un software de Windows 95 en un ordenador del 2021: está desfasado, desactualizado, no encaja en el sistema, es demasiado viejo y no funciona con los avances de los últimos años. Lo mismo pasa con tu sistema de creencias: mucho de lo que integraste de pequeño como real o normal ahora es obsoleto y no es funcional para tu vida. Sin embargo, tu mente sigue reforzando estos mensajes, aunque no sean buenos para ti, te hagan daño y te traten como tu peor enemigo. Estas creencias desadaptativas limitan tu yo adulto, pues son las responsables del autosabotaje, de tu batalla interna. Entonces, vives tu vida adulta desde tu niño interior herido. Tu niño interior puede ser saludable o estar herido. Esto depende de si tu ser emocional está equilibrado o no. Todos tenemos un niño interior dentro de nosotros, aunque tengamos ochenta años de vida, porque se refiere a la parte emocional que todo ser humano posee sin excepción. Si tu niño interior está sano, tu vida lo reflejará en el hecho de que gestionas exitosamente tus emociones y tienes una relación saludable contigo y los demás. En cambio, si tu niño interior está herido, albergarás creencias limitantes sobre ti, patrones disfuncionales autosaboteadores y heridas emocionales del pasado, ancladas en tu cuerpo somáticamente que se manifestarán en una mala relación de amor propio contigo mismo y con los demás. El trauma complejo no es tan fácil de identificar, porque no está basado en un evento único, sino que surge de tu historia de vida, por lo que sólo eres tú mismo quien puede descifrarlo y ajustar las piezas del puzle de tu psique. Durante este capítulo se verán diferentes formas por las que tu ser emocional puede estar herido y podrás ir descubriendo la raíz de tu trauma emocional complejo. 2. TU NIÑO INTERIOR LLEVA EL CONTROL ¿Dejarías que un niño de cinco años estuviera al volante de tu coche? Por muy adorable que sea, ¡seguramente no! Bien, eso es lo que está pasando en muchos aspectos de tu vida cuando no has desenmascarado esas creencias subconscientes ni has llegado a la raíz de tus heridas emocionales. Es tu ser emocional subconsciente, o niño interior, quien reacciona a las situaciones, incluso si te defines como una persona poco emocional: tu reacción es una estrategia de desconexión de tu niño interior para no ser dañado, lo cual se conoce como automatismo de supervivencia. Al final, la clave para vivir en un estado mental saludable es lograr un equilibrio, una coherencia, entre tu ser emocional y tu ser cognitivo. Tu ser cognitivo es tu parte más adulta. Está ubicado en el área prefrontal de tu cerebro y constituye tu facultad más analítica, racional y consciente, pues tiene la capacidad de tomar decisiones, de actuar consecuentemente para conseguir sus metas. Tu ser adulto está conectado al presente, arraigado a tu cuerpo y conectado con la realidad de su entorno. Tu ser emocional, por otro lado, está ubicado en la amígdala y forma parte del sistema límbico, constituye tu parte creativa, tus sentimientos, tus emociones y tus creencias subconscientes cimentadas en tu niñez. Es aquí, en tu ser emocional, donde habita tu niño interior, donde experimenta la realidad desde un filtro del pasado, el cual transporta al presente cada vez que experimenta una situación. Según si tu niño interior está herido o saludable, tu realidad manifestará esas creencias limitantes e irracionales o será reflejo de las heridas emocionales que no has sanado todavía. La realidad que vives actualmente es fruto de tus decisiones pasadas y la mayoría de éstas se generan desde tu parte emocional subconsciente o, lo que es lo mismo: tu niño interior. Cuando vives sin diferenciar conscientemente las dos figuras niño interior/adulto interior se produce un conflicto interno, a partir del cual se presenta el autosabotaje: en términos cognitivos, tus deseos son limitados por tus creencias subconscientes, pues van en contra de aquellos. Por ejemplo: quieres establecer una relación de pareja, pero sólo te sientes atraído por personas que emocionalmente no están disponibles o que no te convienen, entonces quizás tu creencia subconsciente te dicta que no eres digno de amor o que no eres suficiente para alguien, y por eso te autosaboteas al elegir personas que nunca podrán brindarte la relación de compromiso que estás buscando a nivel cognitivo. Primero, sería necesario sanar tu ser emocional para que sea coherente con tu ser cognitivo. Cuando tu niño interior está herido, dadas las experiencias traumáticas de tus edades tempranas que construyeron las creencias limitantes y nocivas de ti y del mundo, tu aproximación a la vida adulta puede generar actitudes reactivas, hipervigilantes, porque en lo profundo de tu ser no te sientes seguro ni a salvo. Subconscientemente, la vida se convierte en una amenaza, de manera que asumes una actitud de combate, vives protegiéndote desde el ego e interactúas desde tus detonantes emocionales. Esto, llamado trauma complejo emocional, ha sido construido lentamente y de manera silenciosa, cuya misión ha consistido en ir minando tu ser emocional, tu autoestima, tu sentido de valía y tu amor propio. Cuando reaccionas a partir de estos triggers sin ser consciente de ellos, puedes ser dominado totalmente por tu ser emocional, por tu niño interior herido. De esta forma, tu actividad en el área prefrontal del cerebro, responsable de tu ser cognitivo, se reduce y termina afectando negativamente tu lenguaje, tus habilidades de comunicación y tu capacidad tanto de tomar decisiones como de resolver problemas. Al mismo tiempo, tu sistema límbico se sobreactiva y genera altibajos en la producción de neuroquímicos, como la adrenalina, el cortisol o la dopamina, cuyas respuestas corporales pueden derivar en una hiperventilación o, todo lo contrario: puedes entrar en un estado de entumecimiento, parálisis o disociación. Esto te puede ocurrir cuando vives prolongadamente hipervigilante: a nivel límbico, surge una estimulación excesiva que no se coordina con tu parte prefrontal. Entonces, tu estado de ánimo se torna errático, cambiante e inestable, y pierde la capacidad de lograr la calma para que tus funciones cognitivas sean competentes, eficaces y alineadas con lo que demanda la situación de tu entorno. Así pues, tu misión no sólo es diferenciar estas dos entidades de tu ser, sino también buscar que cooperen entre sí como consejeros. Además, es primordial sanar tu niño interior herido para que no controle tu estado de ánimo ni los comportamientos que te arrastran bajo el mando de las emociones enquistadas no gestionadasen el pasado o de las heridas de infancia que aún siguen abiertas. El objetivo se logra siguiendo un proceso que se denomina reparenting, que en español se define como la estrategia terapéutica de convertirte en tu propio padre para reeducarte y responsabilizarte de las necesidades que no se cubrieron cuando eras niño. En otras palabras: el reparenting o reparentalización, consiste en aprender a amarte a ti mismo desde la profundidad de tu ser, a brindarte el amor que te faltó, mientras aceptas tu ser y te comprometes a sanarte a ti mismo con conciencia y compromiso, con la acción sostenida requerida para construir el cambio que quieres ver en ti y en tu realidad. Señales de que tienes un niño herido dentro de ti Los siguientes son sólo algunos de los comportamientos que indican que tienes un niño herido dentro de ti. No necesariamente debes coincidir con todos, pero puedes reconocerte desde uno o más. Revisa por si te sientes identificado. Ansiedad social. Sientes incomodidad de ser visto y escuchado cuando tienes que hablar en público o cuando estás invitado a un evento en el que no conoces a la gente; te atemoriza iniciar conversaciones o hablas desconectado como si tu boca no siguiera tus pensamientos —en tu cabeza están ordenados, pero no llegas a transmitir lo que realmente quieres decir—; tiendes a no continuar conversaciones o a dar contestaciones cortas. Problemas en relaciones de pareja. No has tenido parejas estables; acabas sumergido en relaciones abusivas; tienes muchas parejas con las que duras poco tiempo o enlazas unas con otras. Dificultad para poner límites. Eres incapaz de decir «no» a las propuestas de los demás o a los planes que no te apetecen; das muchas explicaciones por las decisiones que tomas; no expresas tu opinión por miedo a la reacción de otros. Hipervigilancia. Sientes nerviosismo en el cuerpo; tiendes a ir con prisa en tu día a día y sientes que no puedes relajarte; permaneces en un modo reactivo y no toleras la incertidumbre o sobrerreaccionas emocionalmente de manera desproporcionada a la situación. Querer agradar a todo el mundo. Te aterroriza lo que opinan de ti; temes que se puedan enfadar contigo o que seas mal comprendido por los demás; buscas ajustarte a los estados de ánimo de los demás sin considerar lo que sientes; anulas tus propias emociones para que se mimeticen con los demás o con lo que crees que esperan de ti; acostumbras sentirte culpable de las emociones de otros; crees que el mal humor o la tristeza de otros es responsabilidad tuya. Falta de espontaneidad. No estás presente en la comunicación con otros porque quieres impresionarlos o decir lo que ellos quieren escuchar; sueles acumular mensajes en stand by sin responder por miedo subconsciente al rechazo; sientes que los demás te contactan por compromiso y siempre quieres tener la respuesta ideal al contestar. Perfeccionismo. Te cuesta tolerar tus propios errores; eres demasiado exigente contigo mismo al buscar la perfección; si crees no llegar a tu idea de perfección, te sientes fracasado, lo que te provoca agotamiento, dadas tus altas expectativas sobre ti mismo. Dejadez. Muestras descuido físico, como falta de higiene personal o ingesta habitual de comida basura; o vives en el desorden, acumulas tareas o sufres procrastinación. Falta de autoestima. Careces de seguridad en ti mismo; tiendes a incomodarte cuando recibes retroalimentación, pero si ésta es positiva, no lo crees así, pues crees que otros están tratando de ser agradables contigo, pero no sabes cómo asimilarlo y te sientes avergonzado de ti; si la retroalimentación es negativa, te sensibilizas demasiado, hasta el punto de sentirte muy herido por las críticas; si la retroalimentación es neutral, no te fías, pues dudas de lo que otros piensan de ti. Inflexibilidad. Sólo consideras tu perspectiva, pues tiendes a juzgar a otros desde una posición de verdad absoluta; te molestas porque no te comprenden con facilidad —pero, en realidad, no has llegado a comunicar al otro lo que sientes o piensas— hasta el punto de actuar con resentimiento hacia ellos si no leen tu mente. Es importante que tengas claro que tu niño interior siempre intenta protegerte de los daños pasados, por eso aprende de las conductas con las que se siente seguro. Esto conlleva un falso control a corto plazo, pero, en realidad, se trata de un autosabotaje desadaptativo. Los automatismos o mecanismos de supervivencia del niño interior herido no te permiten vivir plenamente con tu auténtico ser, lo cual limita las conexiones auténticas y genuinas con otras personas. 3. ACTIVACIÓN DEL NIÑO INTERIOR Cuando surge un detonante emocional, tu sistema límbico lo interpreta como una amenaza. Entonces, se despliega un cóctel de neurotransmisores que activan tus mecanismos de supervivencia y de reacción, lo cual te hace oscilar de un espectro hiperactivo —estado más agresivo— a uno hipoactivo —estado más pasivo—. Cuando estás bajo la influencia de tus automatismos de protección, tu niño interior herido toma el control de tu respuesta, ya que la actividad cognitiva en la parte frontal del cerebro se reduce, así que se pierde el control consciente y quedas a merced de tu programación subconsciente. En síntesis: tan pronto emerge el detonante emocional, se activa el mecanismo de supervivencia, una estrategia que aprendió tu niño interior para adaptarse al entorno de la niñez. A continuación, te indico algunas maneras de expresión de esta reacción. Lucha. Enfrentas la situación detonante del modo más intenso de la emoción sin pensar en las consecuencias. Esta reacción se asocia a ataques de ira, agresividad, gritos, insultos, violencia y, en general, pérdida de control. Huida. Desapareces, escapas de la situación detonante lo antes posible pasando desapercibido. Esta actitud se suele expresar cuando, por ejemplo, evitas el conflicto con otras personas practicando el ghosting —es decir: no les contestas los mensajes, los dejas en visto o despareces súbitamente de su radar—, los ignoras o te excusas con maniobras de escapismo, como con el uso de alcohol, del tabaco o el shopping. Bloqueo. Sientes parálisis, confusión, dudas o estado de shock, porque no sabes cómo actuar. Aparentas pasividad, ya que no haces nada, pero ciertamente te encierras en ti mismo o te aíslas de la realidad y no la enfrentas. Sumisión. Actúas culpándote, te avergüenzas de ti mismo, asumes toda la responsabilidad de las situaciones y te sometes satisfaciendo a los demás. Tienes impulsos de ser complaciente con los demás, de manera que te niegas a tus propias necesidades, sentimientos y emociones para darle gusto a otros. Dependencia. Sientes impotencia e incapacidad al no poder afrontar la situación por ti mismo, tu primer mecanismo es llorar, sentirte desconsolado e indefenso o responder con sollozos como reacción a tu frustración; y buscas que alguien más se ocupe de tu problema. Ahora imagínate la siguiente situación: le presentas a tu jefe un reporte con unos datos y un trabajo detallado, el cual te ha tomado mucho tiempo elaborarlo, por lo que estás seguro de la excelencia en los datos que has presentado. Tu jefe es conocido por tener una actitud autoritaria, sin asertividad ni empatía con sus empleados y cuando le presentas el informe se queja de tu trabajo, de malas maneras, y considera que está todo mal, a pesar de que tú sabes que él no tiene la razón, pues los datos lo demuestran. Las diferentes reacciones a esta situación, según el mecanismo de supervivencia que se active, se presentan a continuación. Lucha. Tus niveles de ira aumentan, contraatacas enfrentando a tu jefe diciendo que los datos son correctos. Luego, le dices que estás cansado de que tu trabajo no sea valorado, pierdes la compostura e incluso le presentas tu renuncia (aunque eso no es lo que realmente quieres). Huida. Le dices a tu jefe que no te sientes bien y desaparecesunos días de la oficina. Dudas si volver o dejar el trabajo. Lo único que quieres es desaparecer de ahí, porque la situación es demasiado incómoda. Bloqueo. Te quedas paralizado, no dices nada; escuchas a tu jefe, vuelves a tu escritorio sin saber qué hacer, pero, finalmente, no haces nada al respecto. Te resguardas en una actitud de aparente pasividad. Sumisión. Te avergüenzas de ti mismo y le presentas excusas a tu jefe; admites que, efectivamente, eres un desastre y que tu trabajo no es de calidad. Le das la razón a tu jefe para que él no se sienta mal contigo. Dependencia. Te muestras muy sensible al feedback de tu trabajo y tus ojos se empañan, te invade un miedo intenso a que te despidan, así que vas al baño a llorar desconsoladamente y luego te desahogas con tu mejor compañero del trabajo. Lloras con la intención subconsciente de buscar ayuda, pues en el fondo quieres que alguien te dé la solución a tu problema. Estos mecanismos de supervivencia también se pueden presentar de manera mixta: lucha más sumisión; bloqueo más apego; huida más sumisión. La combinación depende de la situación, por ejemplo: en las relaciones de pareja, puedes activar el mecanismo de apego, pero en el trabajo, de huida, o viceversa. Todas las posibilidades pueden manifestarse. Lo importante es que seas consciente de cómo tu niño interior toma el control en estos escenarios y de tus patrones en los mecanismos que se ponen en marcha, pero, sobre todo, aprender de ellos para poder actuar de manera más emocionalmente efectiva la próxima vez. Entonces, pregúntate cuál es la reacción más adaptativa en una situación para lograr objetivos óptimos. En un ejemplo como el anterior, te podrías preguntar de qué manera equilibras los niveles de adrenalina —modo lucha— para expresar con calma lo que quieres decir; o de qué manera aumentas tu seguridad —modo sumisión— y demostrar la validez de tu trabajo con hechos. Tu ser emocional: mapea tu niño interior Tu ser adulto, lo que eres hoy en día, es un reflejo de las experiencias —sin importar si fueron o no traumáticas— que vivió tu ser niño. Los problemas que encuentras en tu día a día actual, están fielmente relacionados con tu historia de la infancia. Recuerda, que, como ya se mencionó, tu niño interior maneja tu vida moviendo los hilos a nivel emocional subconsciente. Entonces, tu adulto interior necesita hacerse consciente, despertar y entender por qué presentas comportamientos que te sabotean y las razones adaptativas por las que se programaron como mecanismo de reacción al entorno de tu niñez. Esta etapa del proceso de sanación implica el mapeo de tu niño interior y de tu ego para indagar en la fuente de tus heridas emocionales y creencias limitantes. Analízalo desde tu parte adulta, cognitiva, y pregúntate: «¿Cuál es la narrativa de mi infancia?». «¿Cuál es mi historia de vida?». «¿Qué me estoy contando ahora sobre lo que viví en el pasado? 1. ADUÉÑATE DE TU HISTORIA Para sanar tu niño interior, tienes que conocer, aceptar y abrazar tu historia, es decir: enfrentarla, no huir de ella, negarla ni esconderla. Es preciso que investigues sobre ese niño que fuiste y su historia, que te sumerjas en esa labor, sin importar si es arriesgado o incómodo, con honestidad y coraje, para llegar a la raíz de tu sufrimiento. Cuando arrojas luz sobre tu historia, la contemplas y la comprendes, te adueñas de ella para que puedas tomar el control de tu vida y ser el creador de una nueva historia, pero esta vez en armonía con quien eres y con lo que quieres. Siendo así, ya no será tan fácil que navegues a la deriva, porque serás consciente de los entresijos del discurso limitante de esa historia y de sus maniobras de autosabotaje. Así pues, identificar y definir tu niño interior herido es clave para poder sanarlo, cubrir las necesidades no gestionadas y darle el amor que necesitó en su momento desde la compasión, la comprensión, la amabilidad y el cariño, ya que el motor de acción de esta entidad de tu niño interior herido en última instancia consiste en intentar protegerte —aunque ahora sea desadaptativo— porque está asustado. Ejercicio Antes de empezar el reconocimiento de tu niño interior, podrías buscar fotos tuyas de cuando eras niño —desde el nacimiento hasta los siete años aproximadamente— y dejarlas durante todo el proceso en un lugar visible: de fondo de pantalla en el móvil o en el ordenador, en tu escritorio o en tu mesita de noche. Tener a tu niño interior presente cada día te ayudará a conectarte con él y ser más consciente de tu ser emocional. Para ello, debes transferirlo a tu plano físico y estimular el contacto con tus primeros años para que las memorias transiten de la mente subconsciente a la mente consciente. Durante el proceso del descubrimiento del niño interior, se trabaja con recuerdos del pasado, pero, aunque no es exclusivamente necesario, sí es más práctico, ya que el origen del sufrimiento también se puede trabajar mediante situaciones detonantes actuales, porque ellas se relacionan con la herida emocional que sigue abierta de una experiencia traumática pasada. Es común que tus recuerdos de la infancia estén casi olvidados o bloqueados en algún lugar de tu mente subconsciente. De esta manera, siempre que se empieza con el ejercicio del niño interior, algunos recuerdos vuelven al consciente y vas teniendo paulatinamente acceso a ellos. Por ejemplo: con la exposición a la foto de la niñez el sistema reticular cerebral se activa, la atención empieza a enfocarse y el trabajo de introspección aumenta las posibilidades de ir entrando en contacto con tus memorias olvidadas. Por eso, la intención de apertura y acogida al proceso es muy importante para poder sanar: mientras más apertura a la conciencia, tanto mejor es la sanación en tu sistema. 2. ENTRA EN UNA RELACIÓN CON TU NIÑO INTERIOR El objetivo de esa estrategia consiste en considerar tu parte adulta y tu niño interior como dos entidades diferentes. En este subapartado trabajarás la disociación de estas dos entidades a través de la observación, el diálogo y la comprensión, así: adopta a tu niño interior y reencuadra; identifica las creencias más profundas y observa; crea una rutina de diálogo y conversa. Adopta a tu niño interior: reencuadra Como ya se ha explicado, tu niño interior es tu ser emocional: una cualidad intrínseca a la especie humana que se halla dentro de cada uno. Pero el problema reside en que, al vivir identificado con tu ser emocional sin diferenciar entre el individuo adulto del niño interior, este último toma el control de tu vida. Para evitar este efecto, debes reencuadrar la manera en la que te relacionas con tu niño interior e intentar vivir disociado de él, contemplándolo objetivamente, o sea, como una entidad separada de ti. Cuando te asocias asiduamente a tu niño interior, te identificas con él hasta el punto de creer que él eres tú y, por tanto, él empieza a dominar tu estado de ánimo, tus reacciones y, en general, tu comportamiento, lo que te genera la sensación de no tener control sobre ellos. Sin embargo, cuando te lo imaginas fuera de tu cuerpo, esta posición te permite comprender qué le pasa, cómo se siente y qué le preocupa; puedes ver más fácilmente la historia que hay detrás de él y qué mecanismos está a punto de poner en marcha cuando es detonado emocionalmente. En consecuencia, al no identificarte con tu niño interior, ganarías mayor capacidad de controlar tu vida, es decir, tus reacciones, actitudes y decisiones. Ejercicio Te recomiendo llevar a cabo el siguiente ejercicio de visualización para adoptar a tu niño interior: toma una fotografía tuya de niño e imagínate que, a partir de ahora, ese niño que ves en la foto lo has adoptado. Ese niño es real, convive contigo y comparte el espacio y el tiempo de tu vida; y tú eres el responsable de cubrir sus necesidades, porque es un niño que depende de ti. ¡Sólo es un niño:necesita tu ayuda para poder desarrollarse! Identifica las creencias más profundas: observa En esta fase, debes ser consciente tanto del condicionamiento aprendido como de las creencias que te limitan a diario y que rigen la voluntad de tu niño interior con el que estás identificado en tu mente subconsciente. ¿Cómo vas a conseguir esto? 1. Retoma en esta fase las creencias que identificaste en el capítulo sobre el ego. Selecciona cinco creencias en las que mejor te reconoces y que más alimentan tu pensamiento limitante y conductas de autosabotaje. 2. Define qué significan para ti estas creencias seleccionadas, cómo se reflejan en tu vida y en qué circunstancias se manifiestan. 3. A modo de ejemplo, imagínate que una de las creencias sería algo así como «hay algo malo en mí». Los significados de esta creencia —que estarían directamente relacionados con tu historia de vida— para una persona podrían ser las siguientes: «No encajo en ningún lado»; «Me siento discriminado»; «Nadie me acepta o nadie me quiere como soy»; «Soy raro»; «Soy la oveja negra o el patito feo»; etc. Cada persona tendrá un significado particular para esa creencia conforme a su historia y surgen a la superficie cuando la persona tiene que salir de su zona de confort, ser visto y escuchado por el mundo, como en alguna de las siguientes situaciones: ir a en un evento en el que se desconocen a los invitados, en una entrevista de trabajo o en el primer día de clase. Estas situaciones te exponen a sentir rechazo de los demás o de ti mismo. 4. Llegarás a las necesidades de tu niño interno herido con la observación de tus detonantes emocionales, para lo cual debes identificar cómo se manifiesta el desencadenamiento pensamiento-emoción-sensación- conducta. Tu misión ahora consiste en convertirte en un detector de tus detonantes emocionales, como si fueras un arqueólogo de ti mismo. Sabes que hay algo en tus profundidades que debe ser liberado y para ello tienes que explorar tus detonantes emocionales. Ejercicio Durante diez a quince días, focaliza tu atención en cómo aparecen los detonantes emocionales en el transcurso de los días. Describe las situaciones y los momentos en los que surgen y observa el pensamiento-emoción-sensación-conducta que desencadenan. ¿Has sido influenciado por este detonante en todos estos niveles? Indica cuáles aparecen más en tu cotidianidad, para lo cual puedes utilizar el registro del diario activo, cuya primera columna corresponde a la situación detonante. Ve puntuando cuáles de ellas aparecen más a menudo en tu día a día. En el ejemplo anterior, el detonante para que se active la creencia subconsciente «hay algo malo en mí» y se desencadene toda su historia de significado puede ser una mirada juiciosa de un desconocido, un silencio incómodo después de algún comentario tuyo, entrar a una clase y notar que todos están en grupos, sin contar contigo, o que llegue tu turno para hablar en una reunión. La emoción que se te activa posiblemente es la vergüenza, tu sensación en el cuerpo es de hipervigilancia, lo que provoca que tu respiración hiperventile, tu corazón se acelere y tu sistema nervioso aumente su actividad, de manera que tu estómago se retuerce. Entonces, como mecanismo consciente o subconsciente de huida de la situación, decides ir al baño repentinamente para escapar. La huida no es una acción de afrontamiento, es una reacción de evitación de tus emociones, pero no de respuesta directa hacia ellas. Así que, en vez de ir al baño para escapar de la situación, la respuesta adaptativa sería identificar el significado que le das a la historia que te cuentas, es decir: «Ellos ven algo malo en mí, por eso me hacen el vacío», y cambiar ese significado de manera consciente, así: «Ellos no tienen ningún motivo para pensar mal de mí, no voy a dejar que mi niño interior herido vea discriminación donde no la hay por sus traumas del pasado. Estoy a salvo, sé que ese miedo no es real, así que no tengo por qué huir de algo que no existe». Luego, das una respuesta más funcional a la situación: tus emociones se vuelven más neutrales y tu reacción de alarma en el sistema nervioso pierde intensidad. Veamos este proceso con otro ejemplo. Crea una rutina de diálogo: conversa En el paso anterior te enfocaste en observar las creencias y las correspondientes necesidades de tu niño interior, así que ahora eres más consciente de los detonantes emocionales que lo activan. En esta fase del proceso, trata de entablar una conversación con tu niño interior, en la que le preguntarás por qué reacciona de esa manera, qué es lo que le pasa, qué es lo que siente. Habla con tu niño interior disociándote de él, como si fuera una segunda persona, pero recuerda considerar tu niño y tu adulto como dos entidades diferentes que dialogan entre sí; también puedes hablarle a tu foto de tu niño interior —de manera oral o si te parece raro, también lo puedes hacer mentalmente—. Háblale como él hubiera necesitado en ese momento del pasado: con tono dulce y compasivo, con las palabras que te hubiera gustado escuchar. Para estos ejercicios, es conveniente que estés en un ambiente tranquilo, relajado, que te brinde sensación de calidez y donde no haya interrupciones. Puedes añadir unos ejercicios breves de respiración o meditación; o simplemente podrías cerrar los ojos por unos minutos y enfocarte en el momento presente antes de empezar con el ejercicio. Es muy importante que intentes, en la medida de lo posible, conectar con un estado de calma interno antes de dialogar con tu niño interior, para crear el entorno cómodo e íntimo que este ejercicio necesita para que funcione bien y sea sanador, y para que el espacio que crees sea libre de juicio y deje a un lado la vergüenza de que hablar con tu niño es raro o de locos, para que no te bloquee la práctica. Recuerda que es por tu propio bien. Ejercicios Primer ejercicio. Entabla una conversación con tu niño interior y pregúntale sobre los detonantes emocionales que has registrado en el diario activo durante las últimas dos semanas. Te dejo algunas preguntas para que te sirvan de guía durante el diálogo con tu niño interno, —pero no olvides que lo más importante es dejarte llevar por tu intuición cuando hables con él—: ¿por qué estás asustado?, ¿qué es lo que realmente te ocurre?, ¿por qué has reaccionado de esa manera?, ¿de qué intentas protegerte?, ¿tienes esta reacción a menudo?, ¿en qué momentos reaccionas así y en qué tipo de situaciones?, ¿tal vez esta reacción se te quedó marcada por algo que viviste? Segundo ejercicio. Consta de dos partes: 1) cuenta tu historia, recuerda diez situaciones disfuncionales o eventos con un alto impacto emocional que te ocurrieron de pequeño y ordénalas de manera cronológica. Pueden ser momentos que se te hayan quedado marcados, eventos traumáticos que te provocaron estrés emocional o situaciones que viviste que no fueron normales para un niño de esa edad; 2) luego, es importante analizar cada una de estas situaciones desde tu parte adulta: ¿Cómo estas situaciones le harían sentir a un niño en ese margen de edad de tres a siete años? ¿Qué consecuencias tiene esa vivencia en ese niño? Veámos esto con el siguiente caso de un paciente: Esta paciente creció con un padre ausente y una madre con tendencia narcisista, que desaparecía a menudo de casa. Tenía recuerdos de cuando tenía alrededor de siete años y se encargaba de cuidarse a sí mismo y a sus hermanos pequeños, por ejemplo: en las mañanas, preparaba el desayuno si había comida en la despensa para él y sus hermanos, mientras su progenitor seguía dormido sin tomar responsabilidad de sus hijos. Su niño maduró muy rápido, pues asumió compromisos que no le correspondían; creía que era responsable del comportamiento de su madre; se sentía triste, pero a la vez se sentía válido cuando cuidaba a su madre, aunque ella no solía ser amorosa; lo que le hacía sentirseinseguro, desprotegido, solo. Las consecuencias de esas experiencias continuadas en su infancia se manifestaban en su vida adulta cuando actuaba como una persona complaciente, por lo que era incapaz de poner límites, en cuanto a asumir las responsabilidades de otros como propias, de buscar el perfeccionismo, de jugar a ser el superhéroe, de resistirse a recibir ayuda de los demás y de tender al caos emocional, al miedo de ser abandonado y a expresar problemas de apego que creaban inestabilidad en sus relaciones de pareja. Tercer ejercicio. Con cada una de tus situaciones identificadas en el ejercicio anterior, dialoga con tu É niño interior sobre ellas. Éstas son algunas preguntas que pueden servirte de guía: ¿Dónde estabas? ¿Qué llevabas puesto? ¿Qué veías? ¿Qué escuchabas? ¿Qué sentías en tu cuerpo? ¿Quién estaba allí contigo? ¿Cómo sentías el ambiente? ¿Qué pasó en ese momento? ¿Qué cambió después de que eso pasara? ¿Cuál fue tu reacción y la de tus cuidadores? ¿Recuerdas las palabras que ellos te dijeron? ¿Cómo te sentiste? ¿Te sentías a salvo o desprotegido? ¿Tenías miedo? ¿Alguien te ayudó? ¿Qué es lo que hubieras necesitado para sentirte mejor? Te recomiendo que grabes en un audio estas conversaciones con tu niño interior para que las puedas volver a escuchar en otro momento y puedas obtener nuevos insights. 3. LLEGA A LA RAÍZ: IDENTIFICA TUS HERIDAS EMOCIONALES Las creencias que antes has detectado seguramente serán muy parecidas entre sí, ya que suelen converger en un mismo punto, es decir: se basan en la misma herida emocional que forma tu trauma complejo emocional. Posiblemente se relacionan con la herida más latente en ti, pues construyen la raíz de tus creencias limitantes, desde donde actúas y vives tu vida. Si te fijas de cerca, te darás cuenta de que lo extrapolas a todos los ámbitos y desde ahí, creas tu filtro mediante el cual percibes e interpretas, sientes y reaccionas con la realidad: tus reacciones emocionales representan tus heridas no resueltas. Como ya se explicó, cuando tienes una herida emocional que no has curado y vives una experiencia similar, actúas de modo reactivo. Esto quiere decir que no estás respondiendo a la situación o a un estímulo, sino que estás reaccionando a ello. No te estás sintiendo así por un hecho en concreto del presente, sino porque no cerraste el ciclo del trauma emocional en el momento en que ocurrió. Cada experiencia fuerte de tipo emocional crea una herida, cuyo origen es la historia de tus edades tempranas. Entonces, ser consciente de la herida y desvelar la programación subconsciente emocional te permitirá vivir libre de tus propias experiencias. Ésta es la raíz de tu sufrimiento, de forma que, para sanarte, debes responsabilizarte de él; desprenderte de ese sentimiento, de esa tensión acumulada, hará que tu mochila emocional sea más ligera. Desde la perspectiva psicoterapéutica se han definido cinco heridas emocionales que son desarrolladas en la infancia, las cuales son determinantes para el equilibrio emocional en la edad adulta: abandono, rechazo, humillación, traición e injusticia. Desde mi experiencia, considero que hay solo dos heridas básicas: herida de abandono y herida de rechazo; y de esta última surgen la humillación, la traición y la injusticia, que son expresiones del rechazo hacia ti que te alejan de tu autenticidad, porque aprendes a negarte a ti mismo. Aun así, cada individuo es un ser único y complejo, lleno de matices, por eso te animo a que estas heridas sean sólo una guía y definas por ti mismo la herida original que mejor describa tu historia de vida. Te describo a continuación algunos rasgos de estas heridas según mi práctica, para que puedas orientar tu trabajo introspectivo de identificación2. Herida de abandono Suele presentarse cuando alguno de los cuidadores o progenitores ha estado ausente, bien por abandono voluntario o involuntario, como el fallecimiento. El abandono puede ser físico, pero también emocional, cuando el progenitor se encuentra emocionalmente no disponible, aunque esté presente en el núcleo familiar. Este progenitor es una figura pasiva, ya que no ofrece el soporte y la atención que el niño necesita para sentirse amado y desarrollarse emocionalmente de una manera sana. Por ejemplo: puede desarrollar adicciones, presentar algún trastorno psicológico o trabajar todo el día fuera del hogar. Los niños que crecen con esta herida, por lo general, sienten que no han sido vistos ni escuchados, o de alguna manera han sido ignorados, lo que se traduce en la edad adulta en desequilibrios para crear intimidad con los demás. Incluso, pueden llegar a sentirse muy incómodos con la proximidad. Estos adultos con este tipo de niño interior herido huyen de conectar de manera profunda con otros —por el miedo anticipatorio subconsciente de ser abandonados, lo que les provoca aislamiento y encerrarse en sí mismos— o todo lo contrario, se apegan de manera extrema a personas por el miedo a perderlos, mostrándose muy dependientes de sus parejas, amigos, familia. El problema subyacente de ambos extremos es el miedo al abandono y la conexión que se crea no es desde la naturalidad de la intimidad que surge genuinamente entre personas, sino desde el miedo y la ansiedad de la herida. Los adultos con este tipo de herida emocional no suelen gestionar adecuadamente la soledad, tienen pánico a la idea de abandono, temor a perder la pareja o al desamor, lo que los puede hacer muy dependientes de los demás o por el miedo que les provoca la incertidumbre de confiar en otras personas, deciden consciente o subconscientemente actuar de manera contraria, distanciándose prematuramente de los demás. Les abate un sentimiento profundo de sentirse solos, lo que hace que lo proyecten en sus relaciones de manera anticipatoria con el efecto colateral de que alejan a los demás, y de esta manera vuelven a revivir la historia programada en su sistema de sentirse solos. Tienden a permanecer en estado de hipervigilancia y ansiedad en su sistema nervioso, dado que se encuentran en búsqueda subconsciente de señales que indiquen abandono. Las creencias habituales de este perfil son las siguientes: «Estoy solo en el mundo», «Siempre me dejan tirado», «Mi destino es quedarme solo», «El amor duele», «Mis relaciones no duran» o «Nadie me quiere». La inestabilidad emocional que experimenta se expresan como tristeza, miedo, soledad, melancolía y síntomas de ansiedad. Herida de rechazo Se produce por el rechazo de alguno de los progenitores/cuidadores o por haber vivido algún tipo de exclusión, por ejemplo, entre hermanos, o por experiencias de bullying en la familia o en el colegio. Los niños que han crecido con esta herida se sienten castigados por ser quienes son, lo que se expresa en la edad adulta en desequilibrios en su sentimiento de autenticidad y de autoestima, y en la tendencia a tener crisis existenciales, porque no saben quiénes son, ya que su sentido del yo ha sido dañado. Aprendieron a anular su propia naturaleza y a negarse a sí mismos, a ir en contra de su autenticidad como supervivencia para recibir el amor y la atención de los progenitores. Al igual que la herida de abandono, también pueden sentirse incómodos con la intimidad, con tendencia a quedarse en un nivel superficial en sus conexiones por miedo a que si los demás descubren quiénes son, realmente los rechacen, porque no se sienten dignos de amor y proyectan esa falta de aceptación de sí mismos en los demás. Los adultos con esta herida tienen que entender que ese rechazo empieza en ellos mismos: son ellos los que se rechazan a sí mismos —porque es la conducta que aprendieron cuando eran niños—. Es común que los adultos que presentan este tipo de herida tienden a compensar el rechazo con actitudes de perfección, de modo que las personas no tengan motivos para rechazarlos. Es como un escudo de protección con el cual pretenden controlarla respuesta de los demás, pero, a la vez, se vuelven más inseguros, pues no suelen alcanzar las altas expectativas que se marcan, ya que suelen vivir con el fuero interno fuera de ellos, por y para los demás, aunque no sean conscientes de ello. Tienen un sentimiento profundo de que no encajan o de que son inadecuados, huyen de sí mismos porque intentan ser lo que creen que los demás esperan de ellos, lo cual les puede llegar a causar ansiedad social, pues se sienten juzgados, a pesar de que, en realidad, son sus propias expectativas lo que les perturba. La falta de autenticidad, la dificultad para expresar su verdad —no la conocen porque aprendieron a desconectarse de ella— o la obstinación por encajar en los esquemas de los demás los mantiene reactivos y con ansiedad constante. No puede vivir como el protagonista de su propia vida, sino como un actor secundario. En el fondo, no se sienten válidos ni merecedores de amor por el simple hecho de ser ellos mismos; se sienten escasos, dado el sentimiento de falta de merecimiento. Su diálogo interno es negativo, su ego, muy crítico, y son severos consigo mismos. Por lo general, no se sienten dignos de afecto; tienden a aislarse para prevenir su proyección de rechazo y suelen sufrir de crisis de ansiedad en situaciones concretas; suelen mostrarse inseguros y tímidos. Las creencias habituales de este perfil son las siguientes: «No encajo»; «Soy un outsider»; «No soy suficiente»; «Soy un desastre»; «El amor no es para mí»; «Hay algo malo en mí»; «No merezco nada bueno». La inestabilidad emocional que experimenta se expresan como frustración, rabia, amargura, tristeza y síntomas de ansiedad. La herida de rechazo se experimenta en el niño como una desaprobación hacia su propia identidad, y no apreciación de su valor intrínseco por ser quien es. Esencialmente la humillación, la traición y la injusticia son diferentes formas de expresión de esa aversión que crea rechazo hacia el niño. Herida de humillación Surge como base de la herida de rechazo y se manifiesta en personas que han sido tratadas como seres inferiores, han sido deshumanizados y considerados propiedad de los progenitores/cuidadores incluso al utilizar la opresión o la posición de poder privilegiada. Han sido expuestos a la crítica, a la comparación y a la vergüenza, por ejemplo: cuando son descalificados delante de otros adultos u otros niños; exponen sus problemas frente a los demás; los tratan sin respeto sólo por el hecho de ser un niño y les otorgan una valía inferior, siendo conscientes de que no pueden defenderse a sí mismos, porque son pequeños y vulnerables. El niño se siente atrapado, sentimiento que le acompañará durante su vida adulta. Pueden también haber sido víctimas de bullying por sus progenitores, familiares o compañeros en el colegio como proyección de las ansiedades de quienes los intimidan. Los adultos con esta herida sienten a menudo el síndrome del impostor, que es la incapacidad de reconocer sus logros o capacidades, por lo que se consideran un fraude o mentirosos, por ejemplo: son el jefe de un equipo y han trabajado duro para conseguir el puesto, los han elegido porque están capacitados y, sin embargo, sienten que no están preparados para desempeñar exitosamente esa posición. O puede ocurrir que se manifieste el otro extremo, si han sufrido bullying en la infancia, caben posibilidades de que puedan convertirse en el opresor o bully en el colegio, en la edad adolescente, o en el trabajo, en las edades adultas. Entonces, son ahora quienes humillan a los demás, lo cual causa un mecanismo de defensa en el que han aprendido a ser tiranos como escudo protector y a desquitarse de toda esa represión e ira que han guardado. Las creencias habituales de este perfil son los siguientes: «Soy invisible»; «No soy respetado»; «Me ignoran»; «Soy peor que ellos»; «No valgo»; «Estoy atrapado»; «Soy un fraude». La inestabilidad emocional que experimenta se expresa como ira, asco, frustración y vergüenza. Herida de traición También surge de esta herida básica de rechazo. Se presenta en individuos cuyos progenitores/cuidadores les han incumplido promesas o los han engañado de niños; también cuando les han guardado secretos de familia como tabú, los han manipulado o no les han brindado soporte en los momentos que más lo necesitaban. Por ejemplo: los progenitores/cuidadores nunca asistieron a las audiciones del colegio o les realizaron promesas que nunca llegaron sólo para manipularlos. Los adultos con esta herida presentan muchos problemas para confiar en los demás y sienten que en algún momento los traicionarán, por eso desarrollan un mecanismo de supervivencia-control al chequear las personas y buscar evidencias, por ejemplo: hacen preguntas para corroborar que la historia que le cuentan los demás es coherente. Son como un detector de mentiras andante, pues siempre encuentran algún punto flaco en el discurso del otro para no confiar en ellos y así sentirse defraudados, ya que se suelen tomarse la falsedad de otros de modo personal. La estrategia subconsciente para calmar su intranquilidad es que suelen querer controlar a las personas y las situaciones, tienen tendencia a ser herméticos y a veces carecen de humor, porque son muy literales, se toman todo muy en serio y tienden a ver las cosas como blancas o negras. La falta de control les genera mucha ansiedad. Suelen ser impacientes y proceder de manera inquisitorial en sus veredictos sobre los demás, dado que estiman que su verdad es la única. Las creencias habituales de este perfil son las siguientes: «No me fio»; «Ellos ocultan algo»; «Todo el mundo es infiel»; «La gente es mala»; «No se puede confiar en nadie»; «Si te abres a alguien, te dará una puñalada trapera»; «El amor es un cuento». La inestabilidad emocional que experimenta se expresa como ira, asco, rigidez, frustración y síntomas de ansiedad. Herida de injusticia Es una tercera herida con base en el rechazo, el adulto que experimenta esta herida emocional, posiblemente de niño no solía tener derechos ni capacidad para opinar o expresar sus gustos, pues crece con un gran sentimiento de impotencia y limitación. Por ejemplo, tal vez exhibe capacidades innatas para el dibujo, y de hecho es lo que le gusta. Sin embargo, es obligado a asistir a clases o prácticas que no le generan ningún interés, pero los progenitores/cuidadores suponen que es lo mejor para el niño. También puede ser víctima de algún tipo de abuso o ser penalizado aleatoriamente sin motivo aparente. Suele generarse en un entorno de crianza muy autoritario, crítico y severo, cuyo foco de atención recae más en las actitudes negativas que en las positivas del niño, por ejemplo: si ha sacado notable en un examen, en vez de felicitarlo o reforzarlo positivamente, lo tildan de mediocre, ya que «en esta casa no se acepta un mínimo de sobresaliente». Los adultos con este tipo de herida presentan muy baja autoestima, dadas las exigencias excesivas sobre ellos, aunque, en calidad de niños, entendieron que era normal cumplir con las altas expectativas: en el ejemplo anterior, algo así como «si no tienes todo sobresaliente, eres un inútil». Los adultos tienen que entender que fueron objeto de las proyecciones y frustraciones de sus propios progenitores/cuidadores y que esos estándares no eran normales, sanos ni posibles. Pueden sentirse victimizados, de manera tal que gastan mucha energía en demostrar que son válidos para los demás, pues para ellos «la vida implica un esfuerzo constante». Pueden tener problemas para tomar decisiones, porque son demasiado rígidos mentalmente, aunque se desconectan de sus propias emociones. Son severos con otros y consigo mismos, pero también pueden desarrollar el mecanismo de defensa subconsciente de rebeldía: un mecanismo para evadir la frustración acumulada al desempeñar el papel que sus padres o el entorno cercano querían de ellos. Las creenciashabituales de este perfil son los siguientes: «Soy un mediocre»; «La vida no es justa»; «No soy lo que se esperaba de mí»; «Siempre defraudo a la gente»; «Tengo que dar más de mí»; «Tengo que esforzarme más»; «Relajarse es malo». La inestabilidad emocional que experimenta se expresa como rabia contenida, ansia, impotencia, inseguridad y vergüenza de sí mismo. Base de la vergüenza de las heridas emocionales Todas estas heridas tienen en común una base de vergüenza en la que tu sentido de integridad de tu niño —y por tanto de tu adulto— queda minado. Vergüenza que te hace huir de ti mismo; vergüenza de tu auténtico ser, que bloquea tus relaciones, tu autoestima, tu autocompasión y tu autoaceptación. Esta vergüenza te la arrogas subconscientemente como mecanismo de defensa, pues la utilizas para obtener control sobre tu comportamiento y estado emocional. Quieres controlar la manera en la que eres visto, pero es un autosaboteo hacia ti mismo. Por ejemplo: te invitan a una fiesta. Tu primera sensación es positiva, pero luego te viene a la cabeza el pensamiento: «Mierda, ¿y ahora que hago?». Aquí está la primera contradicción: quieres ir, pero algo en ti dice: «¡Oh!, hay problemas». Esa mierda puede significar lo siguiente: «No les voy a gustar»; «Voy a estar solo ya que no conozco a nadie»; «La gente va a pensar que soy raro». ¡Qué vergüenza, por favor! Entonces, dices que no puedes asistir, y en efecto no vas. Entonces, has actuado a favor de la vergüenza, pero en contra de ti. Al final, has hecho lo que no quieres porque tu emoción te ha superado, ya que, de esa manera, no tienes que exponerte y, además, puedes intentar controlar el concepto que los demás tienen de ti. Ahora bien: quizás quien te invitó piensa que no vas porque eres una persona muy ocupada o porque tienes mejores planes, siendo que, en realidad, es tu miedo el que te hace sentir inseguro. La vergüenza te limita y te domina, porque tú le estás dando el poder; son la emoción y el sentimiento de vergüenza los que se manifiestan desde esos pensamientos negativos haciendo que tus inseguridades programadas desde niño ganen a lo que tu adulto realmente quiere. Entonces, puedes plantearte preguntas como éstas: «¿Y si la próxima vez que venga la vergüenza soy consciente de ella e intento llevarla a otro estado más adaptativo?». «¿Qué beneficio me está brindando ese ataque de vergüenza?». «¿Qué estoy evitando con esa vergüenza?». Entonces, sé compasivo contigo, pues tienes derecho a ser tú mismo, a brillar. Aprende a detectar estas expresiones de vergüenza antes de que te saboteen y tomen el control de tu respuesta. Ejercicios Te recomiendo llevar a cabo los ejercicios que describo a continuación, en el caso de que quieras ser más consciente de tus heridas emocionales. Primer ejercicio. Reflexiona sobre la herida emocional con la que te sientes más identificado e indaga dentro de ti sobre cuál es la historia que rige tu vida; a la que vuelves una y otra vez; cuál es la conclusión de esta; cuál es la situación en la que vives cíclicamente y cuál es el patrón que se repite en ellas ¿A qué conclusión llegas? Por ejemplo: si en tus relaciones de pareja nunca te llegas a comprometer con nadie, tal vez la herida más presente en tu vida sea el abandono. Lo importante es que lo identifiques, le pongas un nombre y seas consciente de ello. Segundo ejercicio. Haz un listado de diez cosas que te irritan, que literalmente te exasperan, que no puedes soportar. Situaciones simples como no tolerar a alguien que se cuele en la cola del supermercado, alguien que suela exagerar sus experiencias, alguien que es demasiado vanidoso o alguien que debate tu opinión ¿Qué cosas pequeñas eres incapaz de tolerar y te hacen perder la compostura? ¿Consideras esas situaciones que no toleras como reflejo de alguna de tus heridas emocionales? Tercer ejercicio. Cuenta las veces que la emoción de vergüenza te sabotea en el transcurso de una semana: ¿qué has hecho de diferente a lo que realmente querías o has evitado por culpa de la vergüenza? 4. IDENTIFICACIÓN DEL TIPO DE FAMILIA Cuando eres pequeño, sueles creer que tú eres la causa de todo lo que pasa en el mundo que te rodea. Así mismo, de niño te sientes como una extensión de tus padres, eres parte de ellos, y también del sistema. Cuando creces y descubres que eres un ser individual, que la identificación con el sistema familiar es parte del problema en el que te encuentras, entonces es común que trates con todas tus fuerzas de evitar ser como tus padres, pero esta resistencia te persigue. Proyectas a tus padres en las relaciones con los demás: con parejas, compañeros de trabajo o amistades que, paradójicamente, a través de su interacción contigo son quienes te hacen conscientes de las heridas que siguen abiertas para así buscar la posibilidad de poder sanarlas. Durante mi práctica profesional, es común encontrarme con pacientes que al principio de la terapia piensan que su infancia fue normal, porque no tienen un punto de referencia de lo que es sano o suelen estar disociados de esa época y evitan darles paso a muchos recuerdos. Normalmente, esta costumbre es un mecanismo de defensa, porque es muy difícil reconocer que tus padres fueron perjudiciales de alguna manera y las experiencias que viviste en tu entorno familiar son la causa de tus desequilibrios psicológicos actuales: es cruel, doloroso y puede herir sensibilidades. Por eso es importante reconocer los comportamientos insanos y desadaptativos en el núcleo familiar. Indicativos generales de disfuncionalidad en las relaciones familiares Si a día de hoy en la relación con tus progenitores o con tus familiares cercanos encuentras alguno o varios de los comportamientos que detallaré a continuación, es posible que te hayas formado dentro de un modelo de familia disfuncional y en casos abusiva durante tu infancia, lo que indicaría que tu niño interior sigue con heridas emocionales sin sanar. Falta de intimidad. La conexión con tus familiares se muestra superficial, pues sientes que son unos extraños, aunque tengan la misma sangre, por ejemplo: las conversaciones son forzadas, te sientes juzgado, no compartes tu vida con ellos y escondes cosas, surgen tabúes sobre asuntos que no se tratan, pero que todos saben que están ahí. Falta de límites. Dependencia emocional por la cual tus familiares se atribuyen el derecho a opinar sobre tus decisiones personales sin que lo hayas solicitado; quejas, críticas, cotilleos, controles, falta de respeto e intrusión en tus asuntos privados. Falta de cariño. Inconsistencia, distancia, desinterés y poco contacto. Falta de naturalidad y espontaneidad. Existe una cohibición en la comunicación, es decir: sientes que tienes que medir tus palabras, baja autenticidad, censura para expresar tus ideas y presión para desempeñar un papel o llevar una máscara. Cuando estás con tu familia, no te sientes presente en el momento ni relajado en tu cuerpo, sino que estás más enfocado en tus pensamientos. Manipulación. Surgen en ti culpabilidad y vergüenza inducidas por tus familiares, por ejemplo: te comparan con los hijos de sus amigos, niegan acontecimientos que influyeron en tu infancia, se presentan como víctimas para aprovecharse de ti o te utilizan para cubrir sus necesidades. Resistencia. Sientes ansiedad cuando piensas en ellos o compartes algún evento, por lo que intentas evitarlos o creas excusas para posponer encuentros. Idealización: Idealizas platónicamente la relación con ellos, pero la realidad no se siente igual o esperas que la relación mejore en el futuro sin hacer nada al respecto. Modelos de familias disfuncionales El modelo de familia del niño se desarrolla en función del entorno de crianza, ya sea que estuviera conformado por los progenitores, ya por los cuidadores adoptivos. Es importante aclarar que la combinación de parejas es independiente de la orientaciónsexual, siempre que, como pareja, desempeñen el rol de cuidadores. A continuación, expongo algunos de los modelos representativos de las familias disfuncionales más típicas que he encontrado durante la práctica profesional con mis pacientes. Cada persona es un universo, por eso las generalizaciones y estereotipos pueden dejar atrás muchos matices importantes. Puedes identificarte con más de uno de estos modelos o presentar solo algunos rasgos de varios modelos, pero lo más significativo es que tú mismo elabores tu modelo, pues éstos apenas sirven de guía3. Tradicional Todo por las apariencias. Los integrantes de este tipo de familia evitan las emociones y controlan la imagen del conjunto. Gastan energía en tapar los trapos sucios, en vez de dedicarse a solucionar los conflictos, pues presumen de que todo está bien. Existen secretos y tabúes, pues no se habla de la prima drogadicta o del tío esquizofrénico. Carecen de autenticidad, ya que pretenden exhibir perfección en sus vidas para que su entorno social piense que son una familia modelo, a pesar de que por dentro no es así. No existe una conexión real ni íntima entre sus integrantes, ya que no pueden ser genuinos: penalizan y corrigen a los niños según arquetipos autoritarios. Esta clase de familia suele darle importancia al estatus: los niños estudian en colegios de prestigio, los adultos estudian una carrera profesional tecnócrata, es decir, nada artístico o creativo porque, según ellos, no «tiene salida»; casarse con un buen partido y trabajar en una empresa reconocida, con un buen puesto y cerca de la familia. Los integrantes de esta familia no acostumbran expresar sus sentimientos ni toleran la debilidad humana, y suelen tener problemas con el afrontamiento de las emociones intensas como el llanto. Es un sistema muy rígido de educación, donde las expectativas académicas son muy altas y en el cual sólo importa la imagen exterior. Intentan tanto controlar al niño y dominar su destino y pueden llegar a hacerle sentir inútil ya que subconscientemente integra que lo que hace siendo él mismo es insuficiente, o que es incapaz y necesita revisión de sus progenitores. El adulto que crece en este modelo de familia —en el cual no se le ha permitido expresarse y desarrollarse auténticamente— suele ser hermético, además de presentar problemas con la espontaneidad y dificultad para divertirse, por eso tienen tendencia al uso de drogas y alcohol para conseguir satisfacción. De igual modo, suele manifestar crisis de identidad, ya que desde pequeño aprendió a reprimir su naturalidad y se volvió autoexigente, perfeccionista y falto de autoestima. Acostumbra proyectarse objetivos desmedidos para evadir sentir su vacío: creen que si logran esos objetivos serán felices, pero luego descubren que la satisfacción es inalcanzable y vuelven a engañarse con nuevos objetivos, lo cual deriva en estados de depresión y ansiedad. Este adulto tiene que admitir que creció en un ambiente muy condicionado, en el cual sus progenitores estaban enfocados en propósitos equivocados. La misión de este adulto será volver a su autenticidad y sustituir el condicionamiento que lo limita. Codependiente En este tipo de familia la dinámica es de dependencia entre el progenitor dominante y el progenitor sumiso. La vida en familia gira en torno al dominador, quien puede ser agresivo físicamente o emocionalmente, pues tiene tendencias narcisistas, sin importar si es consciente de ello o no. Los miembros de esta familia acomodan sus emociones con el estado de ánimo del dominador que se manifiesta en dinámicas de amor-odio. Si está nervioso o ansioso, ese día reinará el conflicto, ya que el dominador narcisista siempre encontrará motivos —normalmente la conducta del niño o del adulto sumiso— en los que proyectará sus emociones para canalizar sus turbulencias internas, para lo cual grita, pega, manipula o se pone la máscara de víctima. El niño que crece en esta familia permanece asustado, porque el entorno es impredecible y hostil; se siente frustrado cuando el progenitor narcisista lo agrede física o verbalmente de manera injusta o sin motivo. La soledad lo aborda porque nadie le ayuda; está atrapado, pues es ignorado por el progenitor sumiso, que no hace nada por salvarlo o protegerlo de esta situación. El niño de esta familia tiene altas probabilidades de percibir violencia doméstica entre los progenitores o, peor, de un progenitor hacia él. En esta familia gobierna un sistema opresor que no respeta los derechos del niño: por una parte, el niño sufre abuso verbal, emocional o físico de uno de los progenitores; y, por otra parte, no es protegido por el otro progenitor, ya que suele ser pasivo. El adulto que crece en este modelo familiar puede presentar grandes conflictos internos: no sólo lidia con el trauma causado por el progenitor agresor, sino también con el causado por el progenitor pasivo que no lo protegió. Esta persona suele vivir en constante vigilancia, en estado defensivo y con ansiedad constante generalizada, ya que de pequeño aprendió a que tenía que estar alerta para sobrevivir. Este adulto tiende a tener muchos problemas para confiar en los demás y a involucrarse en relaciones codependientes, tóxicas o abusivas, en las cuales proyecta su inseguridad por no haberse sentido protegido cuando era pequeño. Tiende a aislarse, a vivir en soledad y a sentir miedo a la intimidad, por lo que prefiere pasar desapercibido, estrategia que desarrolla para sobrevivir. Este adulto tiene que ejercitar mucho su aspecto psicosomático para volver a sentirse seguro y superar la ansiedad que habita en él. Deshumanizado En este tipo de familia, los padres no ofrecen consuelo al niño, no hay apoyo afectivo de su parte, pues se estima que cualquier expresión de amor es señal de debilidad. El ambiente es rudo: falta el cariño y la calidez. El niño aprende a buscarse la vida y a sacarse las castañas del fuego sin pedir ayuda, porque sabe que sus progenitores le negarán los recursos emocionales, intelectuales o físicos que necesita. Los progenitores podrían tener algún trastorno psicológico o síntomas de depresión, bipolaridad o adicción a las drogas. Los progenitores tratan al niño, consciente o subconscientemente, con desprecio, pues suelen estar desconectados de sus emociones e inciertos de sus sentimientos. Los padres se pueden sentir mal con su propia existencia y proyectan los efectos de esto en el niño, lo cual genera un ambiente muy reactivo e inseguro. El niño se siente solo, desvalido y avergonzado, de forma que tampoco busca ayuda fuera de casa porque teme el rechazo o la burla de los demás y archiva dentro de sí sus emociones. El adulto que crece en este modelo familiar suele ser muy sensible a las críticas. Puede ser una persona que vive bajo la codependencia y busca recibir de su pareja el amor que le faltó en su infancia; o, por el contrario, se cierra a una relación de pareja. Su creencia suele ser que no es válido, que está roto, que no es digno de amor. Puede confundir la amabilidad de la gente, ya que le cuesta aceptarla y confiar en la integridad de la misma; para él, el amor es traición, ya que pudo haber sido criado por un progenitor que le tenía hastío. Este tipo de adulto tiene que desarrollar considerablemente su capacidad de merecimiento y el derecho de ser amado; además, debe desaprender sus creencias limitantes relacionadas con el amor e integrar un nuevo significado que le permita recibir y dar amor incondicional. Caótico Es un prototipo de familia totalmente desestructurado e inestable. Los progenitores pueden estar juntos o separados, pero siempre en una dinámica inestable de idas y venidas. Puede haber infidelidades, peleas y conflictos delante de los niños sin que exista ningún filtro. En el caso de que los progenitores estén separados, las nuevas parejas tienden a entrar y salir de casa constantemente. Pueden serprogenitores jóvenes o inmaduros: personas con poco sentido de la responsabilidad o con algún trauma psicológico que proyectan en sus hijos. Dada su alta inestabilidad, las familias de esta categoría cambian de casa, de ciudad, de amigos y parejas; además, suelen tener tendencia a vivir en el caos, en desorden e incluso con poca higiene doméstica. Se manipula al niño con falsas promesas y mentiras convenientes. Es una familia que no suele estar centrada en los niños, sino que, más bien, los tratan como mascotas: les ofrecen techo y comida, y creen que con ello es suficiente. Por lo tanto, los niños buscan cubrir sus necesidades fuera de casa con los abuelos, los vecinos, los amigos y compañeros del colegio. Normalmente, estos niños maduran pronto, porque aprenden a responsabilizarse de sí mismos al no recibir el soporte familiar respectivo. El adulto que ha crecido en este entorno familiar suele ser autónomo, independiente y crítico, pero, asimismo, dependiente emocional de la pareja y de los amigos, quizás con tendencia a relaciones con muchos altibajos, porque busca cubrir esa inestabilidad emocional a la que estuvo expuesto cuando era niño e intenta llegar a las expectativas que otros se forman de él. Puede generar, como un mecanismo de supervivencia, un comportamiento de perfeccionismo y control, como excesivo orden y limpieza, porque la inestabilidad le produce incomodidad, pero también se puede mover al otro extremo: ser muy desorganizado. Este tipo de adulto tiende a la disociación, es decir, a desconectarse del presente y vivir sólo en su imaginación, ya que desarrolló esta estrategia para escapar de la realidad cuando era niño. Con frecuencia, sufre de ansiedad psicosomática y se le dificulta lograr estados de calma, porque su estado más normalizado cuando era un niño era el caos emocional y el estado de hipervigilancia de su sistema nervioso, lo cual integró como habitual. Este adulto tiene que aprender a relajarse desde su cuerpo; también le puede ayudar sentir que forma parte de una comunidad para crear el sentido de pertenencia del que careció en su niñez. Tiene que aprender a relacionarse desde el apego seguro, ya que es fácil que se involucre en relaciones disfuncionales y abusivas. Ausente Se trata de un tipo de familia cuyos progenitores están ausentes. Los niños frutos de este perfil familiar suelen ser criados por los abuelos, por otros familiares no nucleares o por niñeras; también pueden ser llevados a un internado. Es posible que uno de los progenitores trabajen en otra ciudad o viajen durante meses por negocios. La casa normalmente está vacía y los padres llevan vidas separadas. La desconexión y la falta de intimidad son frecuentes, pues los miembros de la familia parecen extraños y la comunicación suele ser superficial. Si hay hermanos, el soporte emocional del niño suele ser asumido por ellos, ya que los progenitores están centrados en sus propias necesidades sin pensar en el impacto emocional que el distanciamiento emocional causa en sus hijos. A pesar de que son una familia en términos de estructura, no se siente el calor ni el acogimiento de una familia emocionalmente saludable. El adulto que ha crecido en este contexto familiar suele desarrollar miedo a la intimidad, ya que no aprendió a crear conexiones auténticas e íntimas con otras personas; puede comunicarse desde la superficialidad, pues evita compartir en profundidad en sus relaciones interpersonales. Suele ser poco expresivo, inseguro y bloqueado emocionalmente, y sus relaciones de pareja y amistades son poco profundas. Pero también evade la introspección y conexión con su mundo interior, reflejo del miedo a la intimidad externa, lo cual retroalimenta su sensación de soledad. Entre sus creencias, se destaca que el amor les hace sentir incómodos y que no se puede esperar demasiado de nadie. Esta persona debe trabajar su mundo emocional, entrar en contacto con su ser interno para ser capaz de generar vínculos reales y profundos con otras personas y esforzarse por paliar la sensación psicosomática de soledad y abandono en su cuerpo. Divorcio insano El divorcio puede ser lo mejor que le pase a la familia y al niño si los progenitores se comportan con madurez. Sin embargo, se convierte en dañino cuando los progenitores utilizan al niño para proyectar sus resentimientos hacia la expareja. En este tipo de modelo familiar, el niño queda en el medio de los dos, para elegir eventualmente a uno, porque, normalmente, la relación con uno de los progenitores se deteriora. Los niños de este perfil familiar están expuestos a las críticas, al egoísmo y a la comparación malsana, ya que sus progenitores hablan mal del otro al niño y éste termina siendo manipulado al inducírsele lealtad dependiente hacia uno de los padres. Otro factor determinante son los padrastros con tendencias tóxicas, que compiten con el niño por el amor del progenitor o dan mayor valor a la nueva familia. El adulto que ha crecido en esta familia suele ser sensible al conflicto, pues detona alteraciones psicosomáticas intensas en él y tiende a tener dificultades para tomar decisiones. Le puede costar confiar en los demás, cree que el amor es inestable, traicionero y caótico, además de pensar que hay algo malo en él, pues se siente desprotegido e inseguro. Esta persona tiene que reencuadrar todo el conflicto de la infancia que fue proyectado en él, para liberarse. Es recomendable trabajar en la sensación de seguridad en su cuerpo con técnicas de mindfulness para que puedan vivir más presentes y conscientes de sus emociones y sensaciones internas. Padres solteros tóxicos o abusivos Una madre soltera o un padre soltero no tiene por qué ser perjudicial para el desarrollo de la personalidad del niño. Sólo cuando el progenitor es una persona desequilibrada e inmadura emocionalmente, entonces se convierte en un familiar nocivo que proyecta el trauma al niño. Es posible que el progenitor sea demasiado joven o inmaduro, lo que conlleva que no esté preparado para ser padre. En consecuencia, se crean dinámicas subconscientes en las que el niño actúa más como padre y protector del progenitor que al revés —lo adaptativo—. También puede surgir una codependencia en la que la relación progenitor- hijo suele ser muy absorbente y dependiente; quizás el padre trate al niño con la actitud y confianza de un adulto, hermano o amigo. La tendencia a que el progenitor le exija demasiado al niño y le endilgue responsabilidades que por su edad no son normales puede ser determinante. El niño de este perfil suele madurar muy pronto, aprende a ser autónomo desde pequeño, prácticamente se cría a sí mismo, ya que se le obliga a buscarse la vida y a tratar de resolver sus problemas por sí mismo, porque sabe que no puede encontrar recursos emocionales, psicológicos y físicos en casa. Esta clase de niños puede llegar a sentir que es una carga para el progenitor; subconscientemente se culpa de su propia existencia y se avergüenza de sí mismo, por eso intentan jugar al héroe con su progenitor y cubrir sus necesidades. Si hay hermanos, uno de ellos desempeña el papel de padre/madre. También existe un impacto en el niño si el progenitor tiene nuevas parejas inestables que entran y salen de su vida. Este adulto suele sentir la necesidad de cuidar a los demás y, dada su tendencia a la dependencia, fortalece la creencia que necesita dar mucho para ser digno de recibir algo de amor. Se puede exigir demasiado a sí mismo, pero le cuesta recibir ayuda. Aun siendo adulto, puede persistir en él la pulsión interna de demostrar a su progenitor que es suficientemente válido, pues se suele seguir sintiendo en deuda con él. Al considerarse el padre de su padre, se pueden producir conflictos con la pareja romántica, ya que surge una especie de competición progenitor-pareja. Puede que se muestre inseguro y tímido, de modo que el sentimiento de vergüenzaestá latente en su vida. Este adulto tiene que trabajar la dependencia emocional y su dificultad para recibir amor o soporte emocional. También tiene que aprender a soltar y dejar ir su sentido de culpa de su propia existencia y de la vergüenza de sí mismo para vivir sin esa carga emocional. Es recomendable que realice trabajos somáticos para liberar el miedo y la ansiedad anclados en su cuerpo. Múltiples familias abusivas El niño que ha crecido en múltiples familias de acogida o adopción, entre parientes o personas sin vínculo sanguíneo, pertenece a un modelo familiar complejo, ya que habría que analizar cada uno de los submodelos de estas familias de acogida y el impacto que han tenido en el niño. En el caso de que las múltiples familias de acogida hayan sido perjudiciales y abusivas, el adulto de esta categoría tiende a la disociación, por lo que se desconecta de sus emociones y de su cuerpo como mecanismo de supervivencia a la inestabilidad emocional y aprende a vivir desde su mente, pensando en el siguiente movimiento que va a ocurrir en su vida: cuánto va a durar esa nueva familia y qué va a hacer si se deshace. Vivir en sus fantasías le ayuda a sobrevivir, ya que así se siente a salvo, porque el mundo real le duele demasiado y le genera mucho estrés. Este adulto puede presentar adicción emocional al caos, dado que la estabilidad le produce incomodidad porque creció sin este referente. Suele ser autónomo y con un fuerte sentido de la responsabilidad, pero utiliza a menudo la máscara de la rebeldía, aunque en el fondo es dependiente y complaciente. Hay posibilidades de que este adulto desarrolle un apego desorganizado evitativo- temeroso en sus relaciones porque cuando era pequeño se le dificultó establecer real intimidad con su entorno familiar. La recomendación es que esta persona trabaje mucho a través de su cuerpo con técnicas somáticas para volver a sentirse en calma y que este aprenda a relajarse, ya que la adicción al caos acelera su sistema nervioso. Es recomendable practicar mindfulness para compensar la tendencia a la disociación y, desde un espacio más sereno, reflexionar sobre su trauma infantil, sus creencias autosaboteadoras y su posible miedo a conectar íntimamente con los demás. Ejercicios Identifícate en los modelos disfuncionales familiares anteriores y trabaja en sus proyecciones internas mediante lo siguiente: Primer ejercicio. Elabora una descripción de tu propia familia. Analízala desde fuera y ponle un nombre a esta historia como si fuera el título de una película. Describe los roles de cada uno de los personajes que formaban el núcleo familiar: padres o cuidadores y hermanos. Luego, describe tu propio rol de personaje en la familia. Segundo ejercicio. Reflexiona y responde las siguientes preguntas: ¿Te identificas con algún patrón de familia disfuncional?, ¿con cuál de ellos?, ¿es más de uno? ¿Qué situaciones y comportamientos de tus progenitores te parecen perjudiciales? ¿Qué situaciones de las que viviste no te parecen normales y no debería vivir un niño de esa edad? ¿Cuál de tus progenitores tuvo más impacto en ti?, ¿cuál era su rol? ¿Cuál de tus progenitores te generó más emociones negativas? ¿A cuál de tus progenitores intentas no parecerte bajo ninguna circunstancia? ¿Cuáles son los rasgos de ellos que quieres evitar en ti? ¿Qué puedes hacer por ti ahora que hubieras necesitado de tus padres? ¿Qué tipo de comportamientos necesitaba ese niño y qué tipo de palabras y conversaciones? ¿Cuál es la dinámica familiar en la que te hubiera gustado crecer? ¿Qué te hace detonar emocionalmente cuando piensas en ellos o estás con ellos? 5. IDENTIFICAR EL TIPO DE APEGO RELACIONAL El apego es el lazo afectivo que se crea con tus progenitores o cuidadores en edades tempranas: es tu idea de amar, lo cual es un reflejo en tu forma de relacionarte contigo mismo y con los demás. La manera en la que te relacionas con tus parejas es un espejo de la manera como te amas a ti mismo; es como aprendes a definir e integrar el amor en tu infancia. El estilo de apego que tengas es, en esencia, el modo en que te relacionas contigo mismo, lo cual se suele extrapolar a otras relaciones, no sólo de carácter romántico, sino también amistoso o laboral. ¡Es el patrón para relacionarte con el mundo! Cuando tu niño interior está herido, tu apego relacional no es seguro. Entonces, si estás en una relación o la buscas, lo más seguro es que termines en relaciones abusivas o de codependencia, porque una relación romántica sana sólo puede darse cuando los componentes de la relación son personas que oscilan en el apego seguro. Recuerda: no puedes ofrecer algo a otro que no tengas en ti, y no puedes exigir que el otro dé lo que no eres capaz de darte a ti mismo. Cuando te unes a una relación con tu niño interior herido, proyectas la falta de amor propio en el otro, lo que resulta en una lucha de poder subconsciente. En realidad, eres un niño herido que se relaciona con otros niños heridos, cada uno filtrando la realidad a través de su historia, de su herida emocional. Tu niño interior toma el control de tu relación, ya que la elección de pareja no es tan casual como parece, porque proviene de tu subconsciente. Cuando tus asuntos de pareja no estén yendo bien en tu vida, ya sea porque se te dificulta encontrar un compañero o mantener una relación, indica que posiblemente tu tipo de apego sea disfuncional y, por tanto, que tu niño interior está herido. Las relaciones románticas son una oportunidad para que tu niño interior se encuentre más reactivo y los detonantes emocionales estén a flor de piel, lo cual saca a flote tus miedos e inseguridades más profundas. Por consiguiente, las relaciones de pareja más bien podrían ayudarte a sanar y evolucionar, pero si las enfocas con la perspectiva del crecimiento. Las dinámicas que se crean en una pareja te señalan lo que aún no has curado en ti mismo, pues te reflejan las heridas y los traumas emocionales aún latentes, claro está, porque repites el viejo patrón aprendido en la infancia una y otra vez. Quieres un compañero, pero subconscientemente intentas resolver tus viejos traumas con tus padres a través de esa persona: eliges a tus parejas en función de la herida emocional que tienes abierta reflejo del progenitor que te la causó. ¿No te ha pasado que siempre resultas con el mismo perfil de pareja o experimentas el mismo patrón en la dinámica de la relación con ella? ¿O tal vez intentas cambiar a alguien para que se amolde a tu diseño de pareja perfecta? ¿O, por el contrario, intentas encajar en el molde que la otra persona ha diseñado para ti y pretendes ser lo que la otra persona quiere que seas? Un cuadrado nunca podrá ser un círculo, y está bien que sea así, dada la imposibilidad de hacer pasar ese cuadrado por el molde circular: no cabe, no encaja, no funciona. Esto indica que existe una confusión desadaptativa de lo que es el amor y has confundido amor con apego: la idea de que eres una media naranja y necesitas la otra mitad para estar completo y sentirte feliz ha causado mucho daño, porque incita al amor codependiente. Recuerda: eres una naranja completa y, si quieres, tendrás una relación con otra naranja completa. Cuando estás inmerso en relaciones abusivas o codependientes, eres totalmente dominado por tu niño interior herido. Esto obstaculiza el ser consciente de la situación real de la relación, de modo que es necesario esforzarte por conectarte con la parte adulta del ser: la cognitiva, para identificar tu tipo de apego, sanar tu idea de amor dependiente y transformarla en una sana. Si eres lo suficientemente valiente y maduro, primero debes sanar la relación de amor contigo mismo para luego poder compartir desde un lugar seguro, equilibrado y sano con otra persona. Las relaciones son una proyección de tu mundo interno, así que el primer paso es ocuparte de ti mismo. Estilos de apego enrelaciones románticas según tu trauma emocional complejo Existen dos razones por las cuales se encuadra el apego que experimentas: el nivel de ansiedad en la relación, manifestado en el miedo a la pérdida de la persona amada; y el nivel de evitación, expresado por la necesidad de escape de la relación que, por ejemplo, se manifiesta en el miedo al compromiso, a la intimidad y a la pérdida de la libertad. Esto sugiere dos extremos del espectro: uno es extremadamente dependiente mediante expresiones de ansiedad; y el otro extremadamente independiente mediante actitudes de huida y evitación. Figura 1.11. Estilos de apego relacional Puedes estar en uno de los apegos completamente o en algún lugar del espectro, por ejemplo, en algún punto entre dos apegos diferentes. También puedes haber estado en diferentes apegos a lo largo de tus relaciones sentimentales, ya que tu tipo de apego puede variar por las experiencias y por el compañero con el que comiences una relación, por ejemplo: una persona con apego de evitación suele volver inseguras y ansiosas a sus parejas. Pero hay esperanza: la evitación es un comportamiento que puede modificarse, eso sí sólo desde la parte adulta y consciente del ser. La ansiedad es una experiencia psicosomática que puede ser también reducida si trabajas emocionalmente con tu niño interior a la par que a nivel corporal, si regulas tu sistema nervioso. La solución empieza por entender profundamente tu tipo de apego y crear una acción sostenida con la intención consciente de sanarte, de amarte a ti mismo. Todo el mundo se merece tener una vida amorosa satisfactoria —si ésa es la decisión— y tener un compañero emocionalmente disponible que lo quiera sanamente. Apego seguro El apego seguro es el apego sano hacia el que se debe aspirar si quieres disfrutar de una relación saludable contigo mismo y con tu pareja, cuyo resultado será presentar bajos niveles de ansiedad y de evitación. Experimentar un apego seguro significa que cada miembro de la pareja se siente satisfecho de ser él mismo, se comunica con autenticidad y sin incomodidad, pues sabe que la relación es estable más allá de los problemas; acepta al otro como es, incluso sus debilidades y limitaciones. Dado que sabe que la perfección es una utopía, no trata de encajar lo imposible, ni proyecta sus inseguridades y frustraciones en el otro: las asume por sí mismo. Quienes gozan de un apego seguro manifiestan todo el espectro de emociones, tanto desagradables como agradables, y aceptan tanto la naturaleza como la volatilidad del ser humano. Esto no quiere decir que no haya discusiones entre la pareja, sino que aprenden a afrontarlas y a solucionarlas; se comunican asertivamente para resolver las dificultades en vez de renunciar a la relación a la primera señal de problemas. Comprenden a la perfección su propia naturaleza y la de sus emociones, de forma tal que pueden diferenciar las experiencias negativas de sí mismos o de su pareja, por ejemplo: si sienten ansiedad generada por algún desacuerdo, entienden que sólo es una emoción pasajera, son conscientes de que no son ellos ni tampoco su pareja, por lo que no la responsabilizan por ello, es sólo una sensación temporal. Se sienten cómodos con la intimidad y en su autonomía, pues consideran la relación como un espacio en el que están a salvo, la aprecian y la valoran como importante en sus vidas. Se encuentran disponibles y dispuestos a involucrarse, con muestras de contacto afectivo y físico. Establecen comunicación incluso si las circunstancias son adversas, sin olvidar la colaboración, la comprensión, la aceptación recíproca, el sentimiento de pertenencia, la honestidad, la compasión y la confianza con la pareja como bases de una relación con apego seguro. Los padres de la persona con un apego seguro —si no se ha conseguido este estado de apego sano a través de terapia o proceso de introspección— posiblemente estuvieron disponibles para el niño, cuyas necesidades durante la misma infancia fueron cubiertas de manera asertiva y afectuosa, ya que se desarrolló en un ambiente emocionalmente equilibrado. Le brindaron soporte para desarrollarse como individuo, expresarse libremente y ser él mismo, sin intentar cambiarlo o proyectar las propias frustraciones en él, porque los progenitores no buscaban satisfacer sus propias necesidades a través del niño. El niño se siente seguro en su cuerpo, se encuentra en calma, se considera válido para expresar su autenticidad y se siente merecedor de amor, además de saber diferenciar la toxicidad de una relación o un compañero inconveniente para él. Apego inseguro Hay tres tipos de apego inseguro que son diferentes expresiones de un niño interior herido e inestable emocionalmente y que han sido desarrollados con base en sus experiencias tempranas de relación con sus progenitores: apego ansioso-preocupado, apego evitativo- elusivo y apego evitativo-temeroso, también conocido como apego desorganizado4. Apego inseguro: ansioso-preocupado Este apego presenta los niveles de dependencia emocional más elevados, con un vínculo afectivo de alta ansiedad y baja huida. La historia limitante de las personas con este tipo de apego se basa en buscar intimar desesperadamente, pero ellas temen visceralmente ser rechazadas o abandonadas por el ser amado. Son personas que siempre tienen que estar en pareja para sentirse felices y se muestran muy dependientes de la misma. Pero, si andan sin pareja, se ponen en su búsqueda bajo actitudes de necesidad —conscientes o subconscientes —, porque les da pánico sentirse solos; o también puede ser que enlacen una relación con otra: no se trata tanto de quién es la pareja, sino simplemente de tener una pareja en sí. Suelen idealizar a la pareja, pues no invierten el tiempo necesario para conocerla bien: se enamoran de la idea de esa persona en su cabeza, mas no de la persona real — quien realmente es el otro—, ya que su necesidad de relación los suele cegar. La conexión nace de la necesidad de ser amados: no se aman a sí mismos, por eso utilizan al otro para sentirse mejor consigo mismos. Consideran al otro como un símbolo, lo deshumanizan o lo ponen en un pedestal como el protagonista de la relación. Optan por una posición sumisa, dependiente, y viven con miedo de que la pareja los pueda abandonar en cualquier momento. Crean entonces una relación de dependencia con la pareja, incluso de asedio, dado que dejan su propio valor — fuero interno— fuera de ellos. Sus vidas giran en torno a ella, pues es su máxima prioridad, hasta el punto de llegar a dejar amistades por el camino, abandonar el trabajo u olvidarse de sus aficiones. Este tipo de personas son los que más dan sin que el otro se lo pida, de hecho, dan de más; y tienen expectativas de recibir lo mismo del otro, pero, si no lo reciben, lo reprochan, por lo que no es altruista, lo cual implica que, por lo general, la pareja se agobie y se aleje. Tienen la necesidad de probar su valor continuamente para que la pareja no los abandone, por lo que piden o buscan confirmación constante que corrobore que ella se mantendrá en la relación o que aún siente amor, para lo cual hace uso de la manipulación, ya que no confían en ella y la mayoría del tiempo se sienten inseguros. Esta carencia de autoconfianza proyectada en la relación crea un círculo vicioso, porque estas personas en ocasiones ven problemas ficticios, lo que provoca que la pareja se estrese y se distancie. Si la pareja le confirma que la ama, la persona con apego ansioso-preocupado se calma por un tiempo, pero pronto retoma la actitud ansiosa, dada la programación en su sistema de creencias. Este ciclo enfermizo continúa aumentando y se vuelve cada vez peor, hasta que la relación eventualmente se deteriora o se destruye. La persona con este tipo de apego debería entender que es él quien estimula los efectos tóxicos y la descompensación de la relación, porno amarse a sí mismo y proyectarlo en el compañero. El desequilibrio por el cual conceden al ser amado todo el poder y valía, al enaltecerlo demasiado, arrastra a las personas con este apego ansioso a volverse sumisas; posicionan a la pareja en un pedestal y se sitúan automáticamente en un lugar de menos valor. No hay equidad y, por tanto, la relación de amor se ha convertido en una relación de poder, un efecto subconsciente de las relaciones en las que la persona dependiente carece de límites, de lo cual el ser amado se aprovecha. La dinámica de juegos de poder se ha activado: ya no es una relación de pareja entre iguales, sino un vínculo determinado por una herida emocional; una relación que actualmente se conoce coloquialmente como tóxica. Las personas dependientes tienen que incorporar en su ser que este comportamiento es fruto de su sistema de creencias, de la adicción a su máscara emocional a su propio personaje. La sensación corporal de ansiedad constante, de hipervigilancia y de incomodidad consigo mismos es su patrón adictivo de respuesta biológica de supervivencia aprendida en la niñez. La historia que la persona con este apego se cuenta a sí misma sobre su pareja es la siguiente: «No me valora»; «No me quiere»; «Me va a abandonar». Pero lo que realmente significa es esto: «No me valoro»; «No me quiero»; «Me he abandonado». La persona dependiente no se da valor ni se responsabiliza de sí misma, y proyecta todo eso en el otro. Entonces, ahora la pareja no sólo tiene que amarse a sí misma, sino que también debe responsabilizarse de ese afecto y amor propio del que carece el compañero, pues él no lo hace por sí mismo: la pareja se convierte en una carga y no en un compañero de relación. Nuestra generación ha sido muy mal influenciada por los cuentos de hadas que nos han contado las películas de Hollywood. Siento decir que es poco probable que el príncipe o la princesa vaya a venir a salvarte: ¡despierta! La persona con apego dependiente tiene que entender que nadie ajeno a ella misma puede llenar su vacío interior y que sólo ella debe trabajar por su sanación interna. Normalmente, si el otro miembro de la pareja tiene un apego seguro, la relación se tornará desgastante y sin equilibrio para él, pues siente que no se respetan los límites, de modo que la persona con apego seguro decidirá acabar con la relación a los primeros signos de dependencia emocional, porque se da cuenta de que no es sana. Es por esto que el individuo con apego ansioso- preocupado suele encajar bien con personas con el mismo tipo de apego, creando una relación conocida como codependiente, por lo que crean una relación absorbente sin individualidad donde dependen el uno del otro, o por el contrario, se vinculan con quienes tienen apego evitativo, elusivo o temeroso, cuyas relaciones suelen ser turbulentas y descompensadas: uno da mucho y el otro, poco, dos reflejos perfectos de las carencias y heridas respectivas de los miembros de la pareja. Se sienten atraídos desde la herida abierta y se vuelven adictos a la dinámica tóxica y caótica en la pareja, que les provoca ir detrás de ellos como estrategia subconsciente para no ocuparse del vacío que sienten en sí mismos. Las personas que desarrollan este tipo de apego en la edad adulta posiblemente fueron criados por cuidadores que estaban disponibles sólo ocasionalmente. Pudieron experimentar no sólo una separación física, sino también una ausencia emocional mediante cuidados, impredecibles e incoherentes. No hubo sincronía afectiva con las necesidades del niño, quizás dureza en el trato, exigencia o desaprobación, incluso con amenazas de abandono para controlar y manipular al niño, lo que causa toda esa fluctuación emocional. Apego inseguro: evitativo-elusivo Este tipo de apego causa evitación y tendencia a la huida de la relación como mecanismo de supervivencia defensiva. Las personas con este perfil son las más independientes del espectro y expresan en la relación afectiva bajos niveles de ansiedad contrastados con una constante evitación de la intimidad en la conexión. Es posible que deseen amor de una manera platónica y tener una pareja, pero en realidad no les dan mucho valor a las relaciones y consideran que están mejor solos. Suelen ser solitarios, y se encuentran bien en aislamiento voluntario, por lo que sienten que no necesitan a alguien en su vida. Se enfocan en su realización personal, aparentan ser seguros de sí mismos y por lo general son seductores, de manera que juegan frecuentemente a la conquista. Salen de una relación a otra —siempre superficial—, ya que no llegan a enamorarse, así que cambian de pareja con facilidad o sostienen relaciones simultáneas con diferentes personas. No les cautiva comprometerse y con tendencia a enfocarse en lo negativo de la pareja hasta convertirla en inaceptable, de manera que se convencen a sí mismos de que es una razón coherente y suficiente para dejarla. Al permanecer con una actitud de un pie dentro y un pie fuera de la relación, se mantienen alerta por si aparece alguien mejor, lo que subconscientemente suscita inseguridad hacia la pareja. Estas personas suelen tener bloqueado su sistema emocional. La independencia y el individualismo son en verdad máscaras de autoprotección, porque, al haber sido dañados posiblemente por la negligencia parental, ya no creen en el amor, entonces, se convencen a sí mismos —o sea: a su sistema de creencias— que no necesitan el cariño de nadie. Sin embargo, no son capaces de sentirse felices, porque, como todos los seres humanos, también necesitan afecto, aunque lo nieguen. Son muy informales con la conexión, tienen miedo al compromiso y pánico a la intimidad. Son distantes, pues les incomoda abrir su corazón, ya que no se sienten familiarizados con los sentimientos de amor. En realidad: huyen de las sensaciones corporales que se activan con la aproximación de la otra persona como respuesta aprendida a las emociones desadaptativas traumáticas contenidas desde edades tempranas. Se sienten más a salvo si la pareja se encuentra a distancia física o emocional, pero, si se vinculan, lo hacen superficialmente con personas con las que saben que no se van a enamorar. Cuando una pareja por la que abrigan sentimientos —aunque no lo reconozcan conscientemente— se aproxima física y emocionalmente, su cerebro lo interpreta como una amenaza: saben que esta persona tiene el potencial de hacerles sentir que pueden enamorarse y recibir amor. Se argumentan a sí mismos que la pareja es molesta e inconveniente, de modo que entran en pánico, sus mecanismos de autoprotección se activan y bloquean cualquier emoción para huir de la situación antes de que puedan sentir algo, autosaboteando la posibilidad de una relación romántica. La pareja es sólo un símbolo que detona los problemas y traumas no resueltos desde la infancia. Por esta razón, desconocen cómo manejar ese cóctel emocional; en vez de enfrentar su mundo interno, prefieren seguir bloqueándolo y buscan una nueva pareja que usan para evitar el dolor subconsciente y no entrar a su caos emocional. Este patrón se torna adictivo y puede derivar en una conducta con tendencia narcisista, porque conduce a las personas que lo expresan a usar a otras personas para escapar de sí mismos sin tener demasiado en cuenta los sentimientos o el impacto en la otra persona de la pareja, por lo que la relación puede convertirse en abusiva. Desde un punto de vista más profundo, las personas con apego evitativo-elusivo se pasan la vida huyendo de sí mismos y, por lo tanto, también de las relaciones íntimas y estables ya que reflejan su desconexión interna; viven como fugitivos, con una sensación interna que les ordena salir de ahí, correr sin destino al cual llegar. Se dicen a sí mismos que algún día encontrarán a la pareja ideal, pero es sólo una utopía con la que se engañan para seguir como en bucle en su patrón derivadodel trauma infantil y en su sistema de creencias subconscientes. Las expectativas de su pareja ideal son tan altas que ningún prototipo de persona en el planeta cumpliría con los requisitos de alguien con apego evitativo- elusivo. Seguramente, encontraría algo de esa persona que sería inaceptable, por ejemplo: que desafina cuando canta en la ducha o que no recicla. Pero ellos en el fondo saben que, simplemente, esa persona no existe, certeza que les ayuda a relajarse, aunque lo único que hacen es mentirse a sí mismos, postergar y ocultar su dolor, lo cual va aumentando su umbral a nivel emocional. El problema reside en ellos, no en la pareja, aunque proyecten la rabia interna y estimen que esa pareja no ha pasado su examen. Es posible que dejen ir el amor de su vida: si lo tienen delante de ellos, son capaces de no permitirse recibirlo, tienen que alejarse o alejarlo; no quieren necesitar ni ser dependientes de alguien, ya que aceptarlo implicaría destapar todo el trauma de la infancia que siempre han escondido bajo llave. Afrontarlo supondría revivir esas heridas dolorosas no cerradas que creen haber conseguido adiestrar y bloquear. Aprendieron a no esperar nada de nadie para sobrevivir: su niño interior se convenció de que no necesita del amor ni el afecto para ser feliz. Las únicas relaciones que pueden durar un poco más en personas con este perfil son aquellas con apego ansioso- preocupado, y empezarán un juego de gato y ratón, puesto que la persona ansiosa se quedará enredada, mientras que la evitativa-elusiva sentirá que su espacio, libertad e integridad están siendo invadidos, por lo que se alejará y nunca se llegará a comprometer. Por el contrario, las personas con apego seguro no se vincularán emocionalmente con este perfil porque verán las señales de alarma de lejos: percibirán que la relación no es ni sana ni viable, por lo que nunca comienza. Con personas evitativas, elusivas o temerosas, la relación en la primera etapa no suele ser sostenible, porque ambos presentan el mismo patrón reactivo afectivo. Las creencias profundas de los individuos con este tipo de apego es que no son dignos de recibir amor, por eso evitan cualquier manifestación de afecto estable. No creen en el amor porque fueron rechazados o sus necesidades fueron ignoradas por sus progenitores; se disociaron de sus emociones como un mecanismo de supervivencia, gracias al cual asimilaron no depender de sus progenitores, desarrollaron comportamientos de evitación, aprendieron a no mostrar afecto y a ser fríos con sus progenitores. Las personas con este tipo de apego no experimentan todo el espectro de emociones, como si tuvieran la batería emocional sin carga. Sólo si se sienten a salvo emocional y somáticamente, pueden abrirse a los sentimientos hacia otros, con lo que pueden llegar a recargar esa batería emocional e integrar sus emociones bloqueadas. No suelen aceptar la vulnerabilidad humana, ya que niegan la propia, de modo que huyen a la primera señal de problemas para no enfrentar su propio trauma con tendencia a aislarse. Su niño interior sabotea su vida, los obliga a ser independientes y autosuficientes para demostrar que no necesitan de otros y evitar sentirse rechazados o abandonados de nuevo. Son esclavos de probarse a sí mismos que son independientes, por lo que les ayudaría rendirse a esta lucha interna y aceptar que son humanos: vulnerables y con la necesidad básica de amor y conexión. La persona que desarrolla este tipo de apego en la edad adulta posiblemente tuvo unos padres o cuidadores con conductas de evitación hacia él, quienes ignoraron o minimizaron las necesidades del niño. Este tipo de progenitores pudieron tomar distancia emocional y olvidarse de los cuidados que el bebé/niño demandaba, quien se vería subconscientemente forzado a modificar sus sentimientos porque sus necesidades no fueron satisfechas: la negligencia se normalizó en el niño, por lo que aprendió a no necesitar, a no pedir demasiado. Es posible que los cuidadores trataran al niño con ansia, rechazo y hostilidad, quizás debido a tendencias narcisistas, a inmadurez para enfrentar la situación o a su falta de bienestar emocional o físico, por lo que quizás presentaban algún trastorno psicológico. Para este tipo de padres/cuidadores, el niño se consideraría consciente o subconscientemente una amenaza, una carga, que le refleja sus propios miedos o trauma, cuya respuesta conllevaría comportamientos evitativos sutiles o directos hacia él. Apego inseguro: evitativo-temeroso Esta clase de apego también es conocido como desorganizado. Es el más complejo de los tres, ya que presenta altos niveles de ansiedad y de evitación, lo que crea una mezcla explosiva en la dinámica de las relaciones. Las personas con este tipo de apego quieren una relación romántica, pero no toleran el amor, no se encuentran cómodos con la intimidad ni con la proximidad. Viven en una contradicción: desean intimar, pero desconfían de la pareja, por lo que evitan involucrarse sentimentalmente, a pesar de que en el fondo son muy dependientes del afecto emocional. Las relaciones amorosas de este perfil acostumbran a ser caóticas, como montañas rusas emocionales, y se acompañan de dinámicas tóxicas de amor-odio: «cuando lo tengo, no lo valoro, pero cuando lo pierdo, sí lo quiero». Se encuentran atrapados en este bucle del que les es difícil salir. Como le tienen pánico a una conexión profunda, si la relación comienza a ser más íntima, se activa en ellos un mecanismo de defensa de huida. Tienen dos miedos en su niño interior: miedo a la intimidad y miedo a ser abandonados, pero son opuestos, lo que genera desconcierto, caos y drama, tanto para el individuo como para la pareja. Las personas con este apego tienen mucha ansiedad por tener pareja o conectar con ella, pero, a la vez, por lo que implica la proximidad y la intimidad. Ellos quieren comprometerse, incluso idealizan casarse y formar una familia algún día, pero, cuando en el plano real la relación empieza a consolidarse, no saben gestionar lo que eso implica en su estado emocional interno. Se sienten a salvo e imaginan estar con esa persona, por ejemplo: la persona está a distancia física o durante los momentos de ruptura con la pareja no dejan de pensar en ella, la echan de menos, se dan cuenta de que la quieren, pero en el momento que esa conexión se vuelve real, se detonan sus mecanismos de supervivencia para salir de ahí: empiezan a criticar a la pareja, encuentran con su radar todos los defectos y razones por los que esa persona no es adecuada o la relación no va a funcionar, por lo que acaban descartándola. Crean caos con la pareja para mantenerse a distancia y sentirse a salvo mientras tanto en ese espacio de distanciamiento, lo que genera una oscilación contradictoria entre la búsqueda y la evitación del otro. Después, cuando ya se sienten a salvo, pueden volver a pensar y sentir con más claridad, entonces, se dan cuenta de que quieren a esa pareja y seguidamente se activa el miedo de ser abandonados y perder la relación, por lo que vuelven a empezar el patrón cíclico de acercarse a la pareja para posteriormente huir de ella. Ellos quieren estar en la relación, pero necesitan controlar los parámetros de seguridad mediante una alternancia entre sensaciones de tensión y conciliación — algo así como un tira y afloja— que resulta muy convincente, ya que siempre dan a la pareja una explicación lógica que cuadra aparentemente para su comportamiento distante —pero, en efecto, no es la explicación real, sino una excusa, pues tal vez ni siquiera ellos mismos son conscientes de ella—. Son personas inestables en las que es muy difícil confiar y sentirse seguro por parte de la pareja implicada, ya que esa persona siente duda continua sobre lo que realmente está pasando en la relación cuando la persona evitativa-temerosa está en esos episodios distantes, de enfado o deturbulencias internas. Estos perfiles causan muchas secuelas emocionales en la pareja: la desquician, minan su sentido de valía y destruyen su autoestima poco a poco, ya que, como no hay evidencias claras, siempre anda en un limbo relacional al ser tratada con esta actitud cálida-fría y termina pensando que es ella misma la culpable de ese comportamiento de su compañero evitativo-temeroso, por lo que puede convertirse en una relación abusiva y adictiva por el caos de la intermitencia de la conexión. Las personas con este apego evitativo-temeroso también sufren mucho internamente, debido a ese conflicto interior: en su sistema subconsciente de creencias no confían en el amor, dado que es una de las características base de su herida emocional y desde la cual el niño interior las sabotea. Sin embargo, simultáneamente no pueden o no quieren estar solos y quieren una relación de cuento de hadas, pues idealizan con expectativas irreales al igual que las personas con apego evitativo-elusivo. Estas personas están siempre en un mar de dudas, de confusión y de actitud cambiante, entonces sólo cuando las personas evitativo-temerosas están sobrias emocionalemente se conectan con su parte adulta, consciente y cognitiva, por lo que pueden manejar la situación y ver las cosas con claridad. En esos momentos de lucidez es cuando saben internamente que la pareja es lo que quieren o no. A diferencia del apego evitativo-elusivo, las personas evitativo-temerosas sí sienten emociones y con mucha intensidad, por eso necesitan enfocarse en regular la ansiedad y, sobre todo, en no identificarse con ella. También les puede ayudar aprender a ser conscientes de cuando su niño interior se activa y les sabotea, detectando que están en un episodio de pérdida de control emocional o están bajo una fuerte activación de sensaciones de ansiedad en el cuerpo. Esto puede inducirlos a no tomar decisiones o actuar desde un estado inestable emocional, ya que el patrón de estas personas consiste en liberarse de esos episodios de ansiedad por medio del conflicto o generar caos en la relación de pareja. Tienen reacciones psicosomáticas que no pueden soportar hasta que no huyen de esa situación; pueden romper la relación prematuramente y de manera abrupta, porque prácticamente esa ruptura prematura los protege de la frustración, de la ansiedad de lo desconocido y de la vulnerabilidad de abrirse al otro. Al igual que el apego evitativo-elusivo, el tipo de personas con el que se suelen vincular es ansioso-preocupado, y a veces con personas con el mismo apego evitativo-temeroso en el que se produce una dinámica tóxica con mucho conflicto entre ambos, ya que cuando uno está detrás el otro no quiere y viceversa. Las personas que desarrollan este tipo de apego en la edad adulta posiblemente tuvieron unos padres o cuidadores que tenían conductas muy incompetentes e inestables, totalmente impredecibles para el niño, negligencia que en muchos casos se presenta de manera violenta, física o emocionalmente. Estos cuidadores no suelen encontrarse en completa capacidad, diagnosticada o no, para criar a un niño. Pueden tener algún tipo de trauma latente o sufrir trastornos psicológicos, como depresión, ansiedad generalizada, trastorno narcisista, trastorno límite de la personalidad o bipolaridad, pero también es común que quizás sufran adicciones, como abuso de alcohol o de drogas. El modus operandi de su comportamiento consiste en que, cuando el niño se acerca para buscar amor y afecto, surge ansiedad en el cuidador; pero, si el niño se aleja, el progenitor se siente provocado, porque ve con esa actitud el reflejo de su negligencia de que no es un buen padre y responderá subconscientemente con rechazo, castigo, penalización y culpa al niño mediante comportamientos hostiles. 6. AMOR DESDE LA HERIDA EMOCIONAL Las relaciones de pareja son el espacio donde saltan chispas de tus heridas emocionales sin sanar, porque si no te amas a ti mismo saludablemente se hace difícil amar a otro; y amarse a uno mismo se complica si no te amaron incondicionalmente en tus edades tempranas, ya que no tienes un referente de lo que es amor sano y tu apego relacional probablemente será disfuncional. Entonces, tienes que aprender lo que es un amor sano consciente y desaprender lo que es un amor dañino. Y el tipo de amor al que estás acostumbrado a ver en las películas de Hollywood y en los medios en muchas ocasiones no ayuda, porque se basa en relaciones de codependencia o incluso se llega a romantizar dinámicas toxicas de amor-odio, como si te lavaran el cerebro poco a poco; por eso, es necesario más que nunca que te plantees lo que es realmente el amor romántico sano. Cuando tienes problemas de apego, te vinculas con tu pareja desde tu herida emocional, experimentando una conexión tan fuerte que sientes que te vuelve loco visceralmente, a menudo eso es una respuesta somática al trauma. Entonces, confundes esa excitación de tu reacción fisiológica de supervivencia del sistema nervioso con sensaciones de atracción y amor, pero el amor real es sentirte a salvo, no en peligro, por lo que cabe preguntarte lo siguiente: ¿Cuál es el perfil de pareja por el que te sientes atraído? ¿Qué tiene que ver con tu historia? ¿Lo que te proyecta ese prototipo de persona es algo similar a lo que te faltó de alguno de tus progenitores? Cuando te relacionas con una pareja sin ser consciente de tu historia de vida y sin haberla sanado, la relación es dirigida desde el piloto automático de tu modo subconsciente, pero sin duda sois dos niños heridos que se relacionan desde su propio trauma y herida emocional. Te sientes atraído por una persona que te proyecta al progenitor que no te amó incondicionalmente cuando eras pequeño, de forma que la eliges por razones que se activan de modo subconsciente, tanto a nivel mental por tu condicionamiento profundo autosaboteador de lo que es el amor; como a nivel emocional, pues detona tu herida abierta sin sanar a la que eres adicto; y sin olvidar, a nivel corporal, que de manera fisiológica, se prende tu reacción de supervivencia aprendida en tus edades tempranas.Y todo esto junto es un cóctel bastante explosivo. La dinámica relacional que se pone en juego entre los dos miembros de la pareja te resulta familiar, porque es la idea de amor que aprendiste, la manera en la que te relacionabas con tus progenitores en tus edades tempranas; estás cómodo porque te despierta la misma energía —olvidada de manera consciente, pero registrada en tu sistema interno subconscientemente—, aunque no sea bueno para ti, pues es lo que conoces y con lo que estás familiarizado somáticamente. Si, por ejemplo, la relación con tu madre era de amor-odio, te sentirás cómodo en relaciones caóticas e inconsistentes, porque subconscientemente eres arrastrado visceralmente a la energía que se forma en esa dinámica ya que activa tu huella tatuada de lo que crees que es el amor. Pero eso, es trauma, y estás conectatando con la otra persona desde ahí. Se genera una pulsión subconsciente de sanar tu herida emocional a través de tu pareja, de la persona que has elegido, representa para tu ser emocional —niño interior— el progenitor con el que sufriste carencia emocional, porque emocionalmente experimentas a través de esta persona, el mismo sentimiento que tuviste cuando eras niño hacia tu progenitor. Esta pareja te activa tu herida emocional y entonces subconscientemente crees que, si tienes una relación romántica y consigues que te quiera, sanarás esa falta de amor que arrastras desde tus edades tempranas y te liberarás, por fin, de ese sentimiento de vacío que sientes desde que se generó el trauma original. El problema surge cuando ese tipo de persona nunca te amará como tú quieres, al igual que pasó con tu progenitor —porque ambos son un patrón que proyecta una energía similar de personalidad—. Entonces se repite la historia cíclicamentede rechazo o abandono: el trauma y dolor emocional aumentan, te enganchan y te obsesionan más hacia esa persona específica. Por lo cual, cada vez estás más dañado emocionalmente y más difícil se hace salir del bucle, si no te haces consciente de tus patrones de apego y heridas emocionales. Por ejemplo: imagínate que tienes una herida de abandono como consecuencia de que tu padre estuvo ausente cuando eras pequeño y sentías que nunca estaba cuando lo necesitabas. Entonces, treinta años más tarde, te sientes atraído por una persona emocionalmente no disponible y que es muy independiente; te genera el mismo sentimiento y dolor emocional que con tu padre, aunque tú no eres consciente de esto: sientes el mismo vacío y soledad en tus entrañas ahora que cuando eras pequeño. Entonces, quieres desesperadamente que esa persona te quiera, subconscientemente eres atraído por la familiaridad y crees que ese vacío de carencia de amor se llenará con la validación de esta persona que se parece y comporta emocionalmente como el progenitor que te hirió, pero esa persona y su niño herido con el tipo de apego de evitación que presenta nunca podrá amarte de la manera que tú quieres, porque, al igual que tu padre, no es capaz de hacerlo: esa relación es una muerte anunciada, pero tu apego te ciega y no tienes capacidad de verlo venir. Esto se convierte en una relación de dependencia emocional porque te estás vinculando con la otra persona desde tu necesidad subconsciente de ser salvado. Es amor desde la herida emocional, por la cual se forma una relación basada en una necesidad egóica que provoca dependencia. Sólo tú mismo puedes salvarte, y sólo cuando eres consciente de tu herida emocional te comprometes en sanarla. Entonces cuando lo hagas, ya no tendrás la necesidad de proyectar tu necesidad en nadie y energéticamente ya no te sentirás atraído por ese tipo de perfil de apego evitativo, porque subconscientemente ya no lo necesitas: tú te has encargado de sanar tu herida y has cerrado el bucle del trauma que te pulsaba a vincularte con ese prototipo específico de personas en la búsqueda subconsciente de liberar la carencia de amor que sentiste con tus progenitores. ¡Ya la has cubierto por ti mismo! Entonces, desde ese nuevo espacio emocional, puedes conectarte con otro ser humano y formar un vínculo más puro y altruista, donde genuinamente puede surgir el amor real y consciente. Otra manera en la que se puede manifestar tu apego disfuncional es a través de la proyección en el otro por lo que reprimes en ti. Te sientes atraído por esa persona porque subconscientemente ves rasgos en ella que quieres para ti, y crees que es más fácil poseerla que desarrollarlos en ti. Eso te hace sentir bien, porque de esa manera te sentirás completo, pero esto es una falsa conexión basada de nuevo en algo egóico. El peligro está en que, si esa pareja se rompe, sientes que has perdido una parte de ti, vacío que vuelve a la superficie porque en realidad nunca tuviste esa completitud; por lo que es común que te sientas perdido, pues de nuevo era una relación basada en tu necesidad de que alguien te salvara de tu dolor interno. Entonces, cuando esa relación con el otro, que te hacía sentir completo, de un momento a otro, ya no está en tu vida: tu identidad sufre turbulencias porque nunca llegaste realmente a completar esa carencia por ti mismo. Así, la nueva situación, te fuerza a mirar de frente tu hueco emocional, lo que a nivel fisiológico puede llegar a causar ansiedad. Plantéate, si realmente amabas a la persona o eras dependiente de esa necesidad que ella te cubría, si ese vínculo te distraía subconscientemente de tu carencia; si es así, no era una conexión de amor altruista. Con esto no quiero decir que para empezar una relación estés totalmente sanado emocionalmente, solo que si lo haces, seas consciente de no usarla para huir de ti mismo, si no que conectes en la relación desde la genuinidad en sí misma, sin dejar de ocuparte de sanar tu vacío y seguir teniendo tu individualidad, enfocándote en ser tu mejor versión de ti mismo para evolucionar juntos. Imagínate que tienes un trabajo corporativo de una jornada laboral en el que pasas la mayoría de horas de tu día: una vida bastante rutinaria. Sin embargo, tu esencia es aventurera, pero siempre has reprimido esa parte de ti y no has sido lo suficientemente valiente como para cambiarlo. Conoces a una persona que trabaja libre de horarios y de localización; viaja constantemente, es creativa, ¡es un espíritu libre! —o eso es lo que te dice tu ego e idealizas sobre ella en tu cabeza—. Entonces, tienes un flechazo apasionado con esa persona, porque ella es la proyección de lo que tú quieres ser: te refleja lo que no te atreves a cambiar o lo que no te comprometes a potenciar en ti. Esto tiene que ver con la historia que te has contado de ti mismo y con tu trauma emocional, porque normalmente esa represión es lo que bloqueaste para adaptarte a tu entorno familiar y a tus progenitores. Tal vez aprendiste que, si haces lo correcto o lo que se esperaba de ti, conseguirás el amor de tu padre o de tu madre, pero, de repente, treinta años después estás viviendo una vida que no es la que quieres y crees que una relación con la persona específica podrá salvarte de esa situación, de tu sentimiento interno de vacío. La verdad es que el camino para encontrar una pareja romántica desde una conexión real es ocuparte de cubrir tus necesidades y convertirte en ese prototipo de persona que buscas, de esta manera, te liberas de la dependencia porque te sentirás completo por ti mismo. Y desde ese espacio emocionalmente equilibrado: no necesitas a nadie para ser feliz, sin embargo, quieres compartir con alguien tu felicidad. Confundes atracción con somatización del trauma Crees que estás enamorado, pero quizás lo que ocurre es que estás somatizando fisiológicamente. No es lo mismo amar desde la herida que amar desde un amor consciente: cuando te vinculas desde la herida emocional, utilizas y proyectas tus miedos, inseguridades y necesidades en el otro. Te sientes completo contigo mismo a través de esa unión, pues eso no tiene nada que ver con el amor: es dependencia emocional, donde a nivel cerebral se ponen en acción actitudes similares a una adicción, lo cual genera relaciones de poder y abusivas. El juego en el que uno persigue y el otro huye, propio de los apegos inseguros, produce tensión y energía adictivas. Imagínate que el que evita se queda o el que persigue huye: el juego se acabaría, la relación no sería sostenible, porque estaba basada en una tensión constante; entonces, la atracción entre los dos se apaga, porque en realidad no había algo sólido basado en una intimidad real, sino que era una dinámica que generaba una falsa conexión: cuando no te tengo, te quiero; cuando te tengo, no te quiero. Entonces, si de repente los dos quieren, faltaría entre los dos esa vidilla, que en el fondo es adicción al caos emocional, que no es más que subidones y bajones de neuroquímicos como dopamina y cortisol, que juegan con tus niveles de excitación y ansiedad cuando estás dentro del juego del tira y afloja en la relación. Si este juego neuroquímico se para, y la relación se vuelve estable, puede que ya no sientas nada y te deje de atraer tu pareja. Y el amor real es un sentimiento de sentirte a salvo, y está más relacionado a neuroquímicos, como la serotonina y oxitocina, que dan sensación de calma. Entonces, si estás involucrado en relaciones tóxicas, quizás tengas que reencuadrar tu idea del amor y aprender a tolerarlo fisiológicamente. De pequeño puede que se hiciera un refuerzo positivo de tus niveles de excitación en tu sistema hacia el amor tóxico, y se programó esa respuesta automática; por lo que, ahora, te tocaría desde tu adulto cambiar esa asociación: reforzando como algo positivo tu idea del amor, al asociarlo con una sensación fisiológica de equilibro.Normalmente, la atracción y las dinámicas de relación se forman entre personas con el mismo apego o con uno contrario a nivel emocional, en las cuales uno busca la conexión y el otro la evita, sin contar con las personas de apego seguro que sólo se vincularán en una relación saludable emocionalmente con posibilidades de éxito con otra persona con apego seguro. En algunos de los apegos inseguros se puede generar codependencia, lo que significa que ambos miembros de la pareja usan al otro, bien para recibir el amor que no se dan a sí mismos o bien para escapar su turbulento mundo interno, y así canalizar su ansiedad y dolor interno. En todos ellos, quien los dirige es su niño interior herido —que se trata del ser emocional—, y no el adulto equilibrado —es decir, su parte consciente—. Por eso, cuando sanas estos patrones de dependencia emocional eres capaz de decir «no» a las relaciones enfermizas y abusivas, porque ves las señales de alarma desde lejos y ya no estás interesado en ellas; ya no te seducen tanto como antes, porque ya no activan tu herida emocional y no vuelven loco a tu sistema nervioso al hacerte creer que es atracción. Cuando sanas tu herida emocional de rechazo o abandono, tu patrón de apego se convierte en seguro, abriendo más posibilidades de vincularte con otra persona con apego seguro en una relación de pareja sana. La mala noticia es que no puedes cambiar ni arreglar a nadie. Es muy importante que entiendas que los apegos sólo pueden ser cambiados por la persona misma, sin que sean forzados o reparados por la pareja. De este modo, tu misión consiste en salvarte a ti mismo, pues cada uno tiene su propio proceso y, afortunadamente, no es tu responsabilidad curar a nadie. Despertar estos patrones autosaboteadores y sanarlos, va ligado a la conciencia de cada persona, así que hay que aceptar, sin forzar, que cada uno tiene su propio camino y su tiempo: el maestro llega cuando el alumno está listo. Ejercicio Primer ejercicio. Establece con qué apego te identificas, cómo tus progenitores pudieron influenciar en esto y si reconoces tu tipo de apego en alguno de tus padres. Segundo ejercicio. Elabora un listado de las relaciones románticas que has tenido en tu vida. Es importante que realices el análisis de este ejercicio disociado como si estuvieras viendo una película. Etiqueta con un título a cada relación que has tenido como si fuera el nombre de esa película y describe a cada uno de los personajes: tu pareja y tú, con los roles que cada uno desempeñaba en la pareja. Identifica el apego de cada uno de estos personajes. Identifica las situaciones que se repiten en estas relaciones. Identifica los patrones de comportamiento y las características de personalidad en común de tus parejas. Identifica los patrones de comportamiento que tu repites en tus relaciones pasadas. Identifica la dinámica creada por los dos miembros en cada una de las relaciones, por ejemplo: ansioso-evitativo o ansioso-ansioso. ¿Se repite la dinámica entre las diferentes relaciones? Tercer ejercicio. Ahora que tienes una perspectiva más analítica de tus relaciones pasadas, pregúntate qué patrones son reiterativos en ellas, si son relaciones similares y si el prototipo de pareja es semejante. Cuarto ejercicio. Por último, sin pensar en ninguna pareja, pon tu atención en ti de la siguiente manera: ¿Cómo describirías la relación que tienes contigo mismo? ¿Con qué apego identificas la relación que tienes con tu ser interno? ¿Te quieres, huyes de ti mismo o hay un caótico amor-odio hacia ti? ¿Tienes ansiedad cuando estás a solas contigo mismo? 7. MAPEO DE TU NIÑO INTERIOR Y DE TU EGO Llegados a este punto del proceso de introspección y si has seguido las pautas indicadas del libro, es el momento clave del proceso de sanación. El propósito de esta práctica es que llegues a la raíz de tu ego y conozcas íntimamente a tu niño interior, para comprender su manera de expresarse y por qué piensa, siente y actúa de esa manera. Para ello es fundamental que hagas una recopilación de lo que ya eres consciente y los patrones que has ido descubriendo de ti mismo a lo largo de la lectura del libro. Elaborar el mapeo de tu ego y de tu niño interior producirá un giro de tuerca, y que has traído a la superficie la programación limitante y el condicionamiento autosaboteador subconsciente. Ahora, el poder de la consciencia toma el relevo en el proceso de sanación para abrirte la puerta a tu libertad. Es importante que conozcas y definas la personalidad de tu ego que se manifiesta en tu niño interior herido, para que puedas actuar cambiando esos patrones desde el equilibrio emocional de tu adulto consciente. Tanto más consciente seas de quien eres, tanta mayor capacidad tendrás de verlo venir y poder afrontarlo desde tu parte adulta y consciente: ya no será tan sencillo para los autosabotajes, pues tu programación subconsciente y tu condicionamiento perderán poder. Empezarás a ser el dueño de tu mundo interno y tu estado emocional se volverá más equilibrado, lo cual se reflejará en tu mundo exterior y la mejora satisfactoria en tus relaciones personales. Tu centro y tu mente neutral estarán más estables que nunca porque se ha desarrollado el gap de conciencia para no identificarte con tu ego de manera automática, lo cual impactará en tu bienestar a todos los niveles del ser, para que puedas vivir desde tu autenticidad sin ser arrastrado por tu vieja programación autosaboteadora. Analizar e identificar los siguientes patrones para encuadrarlos y traerlos a tu mente consciente te dará una visión más amplia de la historia de tu ego y, por tanto, tu expresión de tu niño interior. En el siguiente mapa de ego puedes ver un ejemplo de cómo sería esta identificación detallada. Este mapa del ego consiste en detectar: Heridas emocionales identificadas en tu niño interior que hablan de tu historia de vida. Creencias limitantes subconscientes más habituales que están presentes en tu día a día. Detonantes emocionales más comunes que hacen alterar tu estado emocional y reaccionar al entorno en vez de responder a él. Automatismos de autoprotección-supervivencia con los que estás más identificado: lucha, huida, bloqueo, sumisión o apego. Adicciones a patrones autosaboteadrores emocionales: emociones con las que estás identificado, las más comunes que sueles sentir en tu día a día o con más intensidad. Tipo de apego identificado a partir de tus relaciones y modelo de familia en la que creciste. Espejos o símbolos que tu mente utiliza para proyectar tu herida interna en la realidad externa. Somatizaciones fisiológicas más comunes ligadas a tus estados mente-emoción. Máscaras o identificaciones cognitivo-emocionales: los roles que usa tu ego y niño interior para manifestarse. Recomiendo que, una vez identificado y realizado el reencuadre de tu ego y de tu niño interior, lo pongas en un lugar visible para tenerlo presente en cada momento y te facilite la integración del mismo, lo puedes utilizar como la primera página de tu bitácora o diario emocional para que te guíe durante el proceso. De esta manera, tu sistema reticular será aún más consciente para cuando tu ego y tu niño interior se aproximen con sus maniobras desadaptativas y nocivas. ¡Esta vez estás preparado para verlo venir y poder responder a tiempo! 2 Esta sección requiere un ejercicio de honestidad con uno mismo que puede herir sensibilidades, por lo que recomiendo tener aún más presente la autocompasión. 3 Esta sección requiere un ejercicio de honestidad con uno mismo que puede herir sensibilidades, por lo que recomiendo tener aún más presente la autocompasión. 4 Esta sección requiere un ejercicio de honestidad con uno mismo que puede herir sensibilidades, por eso recomiendo tener aún más presente a la autocompasión, y con conciencia de que todos los apegos inseguros tienen su ser emocional herido, por lo que no se debe demonizar