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CÓMO VACIAR 
TU MOCHILA EMOCIONAL 
Recupérate del trauma 
en mente, emoción y cuerpo
Ana Criado
Cómo vaciar tu mochila emocional
© Ana Criado
www.soyanacriado.com
Instagram: @soyanacriado
Primera edición: agosto, 2022
ISBN papel: 978-84-09-43395-7
ISBN eBook: 978-84-09-43632-3
Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización por escrito de los titulares
del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o
procedimiento mecánico o electrónico —incluidas las fotocopias y la difusión a
través de Internet— y la distribución de ejemplares de este libro mediante
alquiler o préstamos públicos.
Para mi niña interna; para mis pacientes y todas las personas que
me enseñaron, a través del amor y el dolor, los aprendizajes que
plasmo en este libro.
Índice
Introducción
PRIMERA PARTE
Detecta tu trauma invisible para vaciar tu mochila emocional
El trauma complejo que se torna invisible
Recupera tu poder a través de la conciencia
SEGUNDA PARTE
Entiende tu mente, tu ser mental 
Desenreda tu ego y vuelve a la mente neutral
Conoce cómo funciona la mente en tu cerebro
Conoce cómo piensas
Desenreda tu ego
Higiene mental: entrena tu mente
TERCERA PARTE
Entiende tus emociones, tu ser emocional
Gestiona tus emociones y sana tu niño interior
Sentido biológico de las emociones
Patrones como adicciones emocionales
Proceso emocional: aprender a sentir
Tu ser emocional: el niño interior
Tu ser emocional: mapea tu niño interior
Tu ser emocional: reparentaliza tu niño interior
Regulación emocional
CUARTA PARTE
Entiende tu cuerpo, tu ser somático
Libera el estrés y equilibra tu sistema interno
Entiende la conexión cuerpo-mente
Crea una relación de escucha con tu cuerpo
Entrena tu cuerpo para que se relaje
Trata a tu cuerpo desde el amor incondicional
QUINTA PARTE
Crea un estilo de vida consciente
Pasa a la acción con hábitos y rutinas
El equilibrio implica acción sostenida
Valores
Hábitos y rutinas
Resiliencia
Epílogo
Bibliografía
Introducción
Era el primer día de vacaciones de verano. El sol brillaba
en todo su esplendor y brindaba un calor muy confortante.
Como es habitual en el norte de España en esta época del
año, la brisa que corría hacía que la temperatura fuese
ideal. Llegamos a la playa: una cala espectacular, que
además, no estaba muy concurrida. Me dije: «¡Por fin,
tranquilidad!». La foto era perfecta. Aún no sabía que ese
día marcaría un antes y un después en mi vida. Nada más
poner mis pies en la arena, sin verlo venir, un miedo súbito
invadió todo mi cuerpo; no podía respirar y mis
extremidades temblaban; ni siquiera podía mantenerme en
pie. Mi corazón palpitaba a un ritmo frenético. Mi
estómago se descompuso; todo se volvió disperso y lejano,
como si yo estuviera fuera de allí. Entonces, decidí tirarme
al suelo… Pensé que había llegado mi hora, que iba a morir
allí y en ese instante. Lo que sentía era tan intenso que sólo
quería escapar de esas sensaciones físicas. Esa fue la
primera vez que sentí un ataque de pánico.
Algo de mí murió ese día, pero para renacer con más
fuerza. Ese día aprendí una gran lección que se quedó
tatuada en mí: si no escuchas los susurros de tu cuerpo, él
te gritará hasta que lo escuches. Pues bien, mi cuerpo me
gritó de manera muy brusca: «¡Despierta!». Fue el
principio de mi proceso de sanación personal, de modo que,
por fin, tomé decisiones a mi favor, una de las cuales fue
terminar una relación tóxica en la que había estado durante
años. Emprendí un camino para descifrar las incógnitas
que surgían de mi interior y poner las piezas de mi historia
juntas.
Cada uno de nosotros es un engranaje complejo, fruto de
las experiencias tempranas, de las circunstancias en las
que ha crecido, del país de origen y de los momentos que lo
han marcado emocionalmente. Nuestro mundo interno es
un puzle formado por muchas piezas que están dentro de
una muñeca rusa: una matrioshka. Cuando destapamos esa
matrioshka y nos encontramos un puzle que hay que
resolver, nos damos cuenta de que hay otra muñeca rusa
dentro, y, a su vez, otro puzle esperando para ser resuelto.
Pero sólo podemos llegar a la última muñeca rusa si
destapamos una a una las muñecas previas. Esta alegoría
representa el proceso de sanación: cada una de las
matrioshkas corresponde a un nivel de conciencia, y los
puzles que nos encontramos dentro de cada una de ellas
simbolizan los desequilibrios de los que nos tenemos que
ocupar. Así pues, para poder llegar a la raíz del sufrimiento
—trauma original—, es necesario primero pasar por el
proceso e integrar cada una de las capas. 
Normalmente, se busca ayuda psicológica por causa de
un síntoma o una circunstancia que incomoda e influye en
el bienestar, en el estado de salud mental, pero raramente
ese síntoma o esa circunstancia es la raíz del problema. Por
esta razón, si se trata el síntoma sin llevar a cabo un
proceso profundo de entendimiento, la persona estará
continuamente viviendo en un bucle —como una rueda de
hámster— en el que no hay evolución y, eventualmente, se
volverá a encontrar ese síntoma, porque no ha sido
procesado de raíz, sino superficialmente.
Volviendo a la alegoría de las muñecas rusas, si la raíz del
síntoma se encuentra, digamos, en la tercera muñeca,
tienes que procesar dos muñecas previas para tener un
conocimiento concreto de lo que te ocurre. Incluso, si
decides ir a terapia, el terapeuta puede intuir la raíz del
problema, pero tú como paciente no puedes ser forzado a
entenderlo antes de que estés preparado para integrar la
realidad del desequilibrio, porque probablemente tu nivel
de conciencia todavía no está acorde con ese estadio. De
esta manera, no es posible llegar a la raíz sin pasar por el
proceso, pues la mente cognitiva todavía no está lista para
asimilarlo, por lo que el trauma original se mantendrá
invisible hasta que tu conciencia pueda verlo. 
Como ya te habrás dado cuenta, la protagonista de la
historia con la que he comenzado soy yo misma, mi yo de
hace unos años. Recuerdo que, cuando acudí al psicólogo
por primera vez —porque los psicólogos también
necesitamos de un psicólogo—, el motivo de la consulta
provenía de los problemas en mi relación de pareja de
aquel momento. A pesar de todo mi conocimiento adquirido
en mis estudios de psicología, me sorprendió cuando el
terapeuta me dijo que padecía de dependencia emocional y
me recomendó algunas referencias para consultar.
Después de atravesar la fase de negación, comprendí
claramente que ése era solo uno de mis problemas. Pero,
aunque podía reconocer de modo cognitivo que me
encontraba en una relación toxica y abusiva que estaba
acabando con mi autoestima hasta el punto de sentirme sin
ningún valor, todavía no tenía la situación integrada; no
podía ver su influencia en mi día a día ni cómo se extendía
a otras áreas de mi vida. Era incapaz de comprender
profundamente la situación, porque mi nivel de conciencia
no estaba preparado. La relación de pareja en la que me
encontraba era solo un reflejo de mi desequilibrio interior,
con escasez de amor propio y distante a mi autenticidad.
A menudo, las relaciones nos hacen de espejo para
darnos cuenta de lo que no hemos sanado en nosotros
mismos, entendí que esta situación sólo era la punta del
iceberg de mi desequilibrio, un detonante: de ningún modo
era la raíz del problema. El desequilibrio no provenía del
exterior, sino que estaba dentro de mí, y tenía que tomar
responsabilidad sin echar balones fuera: era yo quien no me
estaba tratando bien; era yo quien estaba decidiendo
quedarme en esa relación abusiva.
En ese momento, no conocía mi ego, ni a mi niño interior;
tampoco sabía que mi cuerpo se encontraba en modalidad
de supervivencia constante. En definitiva: no había llegado
a la raíz de mi sufrimiento y trataba de sanar mi
desequilibrio desde la superficialidad del síntoma, y esto
era sólo una tirita. Desde ese estadio en el que me hallaba,
no podíaevolucionar, por mucho que quisiera, porque mi
ego me estaba autosaboteando: ni siquiera sabía que él
vivía dentro de mí, que me controlaba totalmente. 
En la superficie apenas se veía que me sentía mal, pero lo
que había debajo de ese primer nivel de conciencia estaba
formado de ansiedad generalizada, estrés y burnout;
altibajos emocionales y falta de autoestima; con episodios
de ansiedad social, y un sentimiento profundo de soledad. A
través de estos síntomas, empecé a descifrar el puzle de mi
desequilibrio para llegar a su origen. Entonces, desperté
los entes de mi mundo interno: los patrones limitantes de
mi pensamiento, mis heridas emocionales, el piloto
automático de mi programación neuronal, las máscaras en
las que se refugiaba mi personalidad, mis adicciones
emocionales, mis patrones de apego relacional, mis
traumas somatizados, las anomalías de mi sistema nervioso
alimentado de estrés y caos... 
El siguiente libro es la hoja de ruta que yo hubiera
necesitado cuando acudí a terapia años atrás y no
encontré. Es una metodología diseñada para ayudarte a
identificar tu trauma invisible original y sanar los
desequilibrios de raíz, que, si bien apenas surgió como
iniciación a mi camino de autodescubrimiento, con el
tiempo ha ayudado a mis pacientes a sanarse a sí mismos
de manera práctica para que, finalmente, se liberen de su
trauma interno al vivir desde el ser y no desde el ego.
Si te reconoces en mi testimonio, quiero decirte que no
estás roto, sólo estás desconectado. Posiblemente no
comprendas completamente lo que te ocurre a nivel
profundo, lo que está pasando internamente en ti. La
relación cuerpo-mente es un sistema inteligente que se
autorregula, es decir, que trata de mantener la homeostasis
de tu organismo, de modo que los síntomas tienen que ser
entendidos como mensajes que aparecen en una capa
consciente y te comunican que existe un desequilibrio
interior, que es el causante real. Los síntomas que se
manifiestan en la capa consciente te avisan que es
momento de ocuparte de ti mismo, de sanar.
No corras,
ve despacio,
que el lugar a donde tienes que llegar
es a ti mismo.
J. R. JIMÉNEZ
Primera parte
Detecta tu trauma invisible para 
vaciar tu mochila emocional
El trauma complejo que se torna invisible
La mayoría de nosotros cargamos una mochila emocional,
fruto de las experiencias de la vida que nos han ocurrido.
En esta mochila se van acumulando subconscientemente
los procesos emocionales no procesados que causaron un
impacto fuerte en ti, lo que provoca que se registren
fisiológicamente en tu cuerpo en forma de somatización.
Cuando lo que guardas en tu mochila es de carácter
traumático, puede tornarse peligroso, porque, si no sacas
ese peso de ella, filtras la experiencia vital desde una
modalidad de supervivencia en tu organismo, que te
sabotea y que te lleva a actuar como autómata: basándote
en tu pasado, sin tener un papel totalmente activo en tu
propia vida. Esto no te permite gozar de la abundancia de
tu ser.
¿Te has preguntado alguna vez por qué siempre terminas
en situaciones adversas en tu vida de tipología similar,
aunque no quieres ir en esa dirección? Bien, cuando hay
fricciones emocionales abiertas las repetimos cíclicamente
y estamos destinados a vivir en bucle si no las aligeramos y
soltamos ese lastre de nuestro sistema interno. Lo que
ocurre es que esta mochila cada vez se vuelve más pesada
en función de la edad, porque vamos acumulando más en
ella, y lo peligroso es que, si no la vaciamos, y dependiendo
de la naturaleza de lo que carguemos en ella, puede
convertirse en otros trastornos más complejos.
En los últimos años, los trastornos psicológicos han
crecido considerablemente: según la Organización Mundial
de la Salud, hoy en día más del 10,7 % de la población
mundial sufre de algún trastorno psicológico, la ansiedad
es el de mayor prevalencia en las personas, seguido de la
depresión. Además, la generación en la que nos
encontramos no ayuda a esta problemática, pues vivimos
en la sociedad de lo inmediato, con poco contacto
interpersonal, distraída por la estimulación dopaminérgica
a la que estamos expuestos, como los medios o las redes
sociales, de modo que mantenerse en bienestar y salud
mental llega a ser todo un desafío.
La mayoría de mis pacientes acude a terapia por lo que
denomino el trauma invisible, pues ellos no saben que ése
es su sufrimiento raíz. Éste es el trastorno que me
encuentro en mayor medida, ya que, desgraciadamente,
una gran mayoría de las personas que me consultan lo
hacen por signos de ansiedad y por estados depresivos, dos
de los síntomas más recurrentes. La ansiedad se relaciona
por un exceso de proyección hacia el futuro y la depresión,
a su vez, por un exceso de apego al pasado: ambos estados
se distancian de vivir enraizado en el presente. Y esta es la
real epidemia, no saber procesar emocionalmente nuestro
mundo interior por no tener acceso a este conocimiento.
Si bien es cierto que este tipo de trauma no es catalogado
como un trastorno en los manuales diagnósticos, quienes lo
sufren tienen en común un sentimiento de vacío interno y
desconexión de sí mismos, en definitiva: no se sienten
felices, aunque aparentemente su vida no está tan mal.
La raíz de sus desequilibrios es que su identidad ha sido
dañada de alguna manera, y este desajuste se manifiesta
subconscientemente en que no se sienten a salvo en su
propio cuerpo, razón por la cual utilizan mecanismos de
confrontación para proyectar externamente esa
desregulación de su estado interno porque no saben cómo
procesar esa tensión incómoda a nivel interior; de manera
que las somatizan de diferentes formas como la ansiedad,
estados depresivos, conductas de autosaboteo, adicciones,
problemas de apego, tendencia a la dependencia
emocional, altibajos o reactividad emocional, etc.
El espectro de síntomas es muy amplío, y varía en función
de cada persona, ya que cada uno es un ser único e
individual según su particular historia de experiencias de
vida que difiere de la de otro ser humano. Tu historia es
única, como tu iris y tu ADN, por lo que tu trauma invisible
también lo es, y solo tú mismo tienes el poder de
descifrarlo.
Cuando sufres, quieres aliviar tu dolor en medio de ese
colapso emocional, así que, como es normal, buscas ayuda
psicológica —o incluso psiquiátrica— u optas por el
desarrollo personal, el coaching o la espiritualidad. Aunque
estos recursos ayudan, carecen de un enfoque integrativo:
unos se basan en datos científicos y empíricos; otros, en
teorías transpersonales y ancestrales. Conozco muy bien
esa búsqueda desesperante para querer sanarte a ti mismo,
de no saber qué hacer para liberarte del peso después de
haber probado diferentes enfoques porque vuelves a la
misma sensación dolorosa original: lo sé, porque yo he
estado ahí.
El asunto es que, aunque con aquellos recursos podamos
distraer o inhibir algunos síntomas, eventualmente el vacío
se vuelve a sentir, porque sigue faltando una pieza. Pero
eso se podría tratar con una estructura terapéutica que
trabaje integralmente la mente, la emoción y el cuerpo, y
que considere al ser humano como un sistema completo
que interacciona entre sí; un enfoque que, a diferencia de
las tradicionales, vaya a la raíz de las expresiones del
síntoma. Al tratar desde la raíz del problema, los síntomas
se disipan colateralmente y transcienden a diferentes
niveles: cognitivo, emocional y fisiológico. Pues bien, la
circunstancia dolorosa o los síntomas que experimentas en
tu vida hoy, no son accidentales, sino fruto de un trauma
complejo, silencioso e invisible, que se apodera de tu ser y
limita tu capacidad de ser feliz, de sentirte relajado, de
poder disfrutar de tu existencia.
Al día de hoy, la palabra trauma sigue siendo un tabú,
pues aún existe cierto miedo colectivo al mencionarse.
Cuando algunos de mis pacientes la escuchan, reaccionan
inmediatamente con un: «Yo no tengo ningúntrauma». En
términos populares, el trauma es entendido como la
consecuencia de haber sufrido alguna catástrofe repentina
de carácter abrupto a nivel emocional, física o psicológica
que desencadena una respuesta de estrés fuerte porque
supone un riesgo a la supervivencia de la persona que lo
experimenta, como una violación, un conflicto bélico, un
secuestro o un accidente trágico. Es una única experiencia
que marca un antes y un después en la vida, en la que la
mayoría de las veces la víctima es consciente del
acontecimiento.
Un trauma, normalmente, genera lo que es conocido en
psicología como el trastorno de estrés postraumático, en el
que la víctima empieza a presentar síntomas posteriores al
acontecimiento, como recuerdos intrusivos y recurrentes
del suceso, evitación de estímulos que rememoran el
trauma, desregulación emocional e hipersensibilidad del
estado reactivo de alerta en el sistema nervioso.
Los acontecimientos que provocan los traumas han sido
identificados y penalizados por la sociedad. Pero no ocurre
lo mismo con este tipo de trauma invisible, pues,
lamentablemente, los acontecimientos que lo desencadenan
son menos llamativos y están más camuflados en las
estructuras culturales y también en las generacionales,
puesto que incluso pueden formar parte de traumas
colectivos. Sin embargo, es terriblemente nocivo para la
persona que lo experimenta, porque no sólo lo sufre, sino
que puede que ni siquiera sepa que lo sufre, pues, según el
marco de referencia, eso es normal; incluso, esta
normalización del trauma puede impedir buscar ayuda o
querer sanarse a sí mismo.
Este trauma más invisible que vamos a desarrollar a lo
largo de este libro es conocido en psicología como trauma
complejo, para el cual no es necesario haber sido un
soldado de guerra, un refugiado o una víctima de violación.
La diferencia entre lo que es considerado popularmente
trauma versus el trauma complejo es que en la primera es a
nivel macro donde se experimenta un suceso trágico con un
gran impacto y se es consciente de ello. En cambio, el
trauma complejo, es experienciar continuidad de sucesos
disfuncionales —quizás de diferente naturaleza— durante
un largo período de tiempo, que sería a un nivel de
microexperiencias traumáticas continuadas, por lo que
pueden llegar a normalizarse para la persona que lo
experimenta alterando su autoconcepto, incluso sin que sea
consciente de ello. Por lo que el trauma también se puede
generar por haber estado expuesto a dinámicas
continuadas en tus edades tempranas, como un divorcio
tóxico de tus padres que duró años, lleno de rivalidades en
los que fuiste coaccionado a posicionarte; o expuesto a un
entorno cercano que te hacía el vacío, o donde se respetaba
tu autonomía y te veían como una extensión manipulable de
ellos, en la que se invalidaban tus propias emociones o te
hacían responsable de las de ellos mismos. Los escenarios
son casi infinitos.
Este tipo de trauma es forjado a fuego lento y de manera
silenciosa continuada durante los años de la niñez y
adolescencia, se desarrolla en entornos cercanos al niño,
por la vivencia de acontecimientos con múltiples estresores
que dejan secuela en el sentido de su identidad, estas
situaciones pueden ser de diferente naturaleza, desde un
término más sutil como experimentar microexperiencias
desadaptativas, por ejemplo, condicionamiento de
prejuicios o creencias limitantes fruto del
transgeneracional de esa familia, hasta otras más
extremas: 1) abandono por parte de los cuidadores, tanto
físico como que permanezcan emocionalmente ausentes; 2)
maltrato y negligencia física por ejemplo, el descuido
higiénico o la alimentación inapropiada 3) cualquier tipo de
negligencia afectiva en la que surgen microabusos
emocionales sostenidos donde no se cubren las necesidades
del niño. Por otra parte, también pueden afectar al
desarrollo de trauma complejo pasar por experiencias de
acoso y discriminación en otros entornos cercanos como en
situaciones de bullying en el colegio.
Estas conductas, entre otras, crean dinámicas afectivas
disfuncionales donde las necesidades del niño no son
cubiertas de manera adaptativa. Quizás, a simple vista, las
experiencias traumáticas pueden ser aparentemente más
leves y no tengan una consecuencia tan fuerte en los
niveles de estrés de la persona afectada mirado de una
manera aislada, pero, al ser una exposición continuada a
estresores, van minando y distorsionando su propio
autoconcepto que se expande a todos los niveles de su ser.
Este tipo de trauma complejo continuado se experimenta
en el entorno cercano, lugar en el cual la persona que los
padece integró esas experiencias estresoras, limitantes,
negligentes o abusivas como normales, pero que en
realidad no lo eran. Sin embargo, lo que se vivió no era
sano, sino desadaptativo, por lo que cuando eres adulto
acarreas este daño, incluso se puede hacer difícil la
detección del mismo, porque no se ha tenido un referente
de lo que es saludable emocionalmente, de modo que puede
derivar en la negación, en el bloqueo o en la disociación de
los eventos.
Los efectos perjudiciales del trauma complejo, que se
torna invisible, no sólo incluyen los propios del trastorno de
estrés postraumático, sino que van más allá, pues al
repercutir en el autoconcepto de la persona que lo
experimenta se refleja en efectos en su estructura
neuroplástica del cerebro, baja autoestima, conductas de
aislamiento y disociativas, falta de autenticidad en la
personalidad, desregulación emocional con dificultad para
gestionar la rabia o la tristeza, apego disfuncional con
problemas afectivos en relaciones interpersonales,
hiperactividad o hipoactividad como consecuencia del
desequilibrio en su sistema nervioso y neurotransmisores
necesarios para el bienestar —que aumenta los niveles de
cortisol y disminuyen los de serotonina—. Esto puede
generar un estado de colapso, en forma de agotamiento y
desgaste en el cuerpo que termina por reflejarse en
enfermedades de naturaleza autoinmune o
cardiovasculares, así como en trastornos psicológicos
asociados al déficit de atención e hiperactividad, depresión
o ansiedad generalizada.
El trauma complejo invisible se mueve en un espectro
cuyo daño es de mayor a menor intensidad proporcional a
las experiencias vividas en edades tempranas y al soporte
emocional recibido del entorno, donde a mayor intensidad
más minada esta la identidad del individuo que lo sufre. Y
depende de la naturaleza de la negligencia afectiva y/o el
tipo de abuso emocional o físico experimentado, donde los
cuidadores o el entorno cercano no se mostraron
disponibles emocionalmente con conductas tales como:
autoritarias, narcisistas, pasivas o todo lo contrario,
hiperprotectivas y codependientes con las que proyectan su
propio vacío y ansiedad en sus hijos, o incluso podrían
sufrir de algún trastorno psicológico aun sin haber llegado
a ser diagnosticados.
Este tipo de negligencia afectiva se presenta cuando no
se responde a las emociones del niño o se invalidan; por
ejemplo, se avergüenza al niño, se le insulta, se le humilla,
se le manipula, se le ignora, se le compara, cualquier
manera en la que el niño se sienta juzgado en su
autenticidad que marca una huella subconsciente en su
sistema de creencias, en su forma de procesar las
emociones y en su manera de sentirlas en el cuerpo. Esta
huella permanecerá en su sistema hasta que no se haga
consciente y se libere.
Cuando eras un niño no tenías recursos para afrontar a
nivel emocional estas situaciones, por lo que esa tensión no
fue procesada correctamente, lo que hace que a día de hoy
todavía se encuentre en ti, si no te has ocupado de sanarlo.
Tu trauma complejo invisible está registrado en tu cuerpo y
se quedó atrapado en él, alterando el equilibrio
homeostático de tu sistema nervioso. Por lo que, si no sacas
al consciente lo que hay en tu subconsciente, eres esclavo
de él; y vives tu vida desdeahí: reaccionando desde tu
desequilibrio que se manifiesta en tu pensamiento
autosaboteador, en tus heridas emocionales y en tu estado
de hipervigilancia del sistema nervioso, que te dificulta
sentir estados de felicidad continuados sino que más bien
estás familiarizado con un sentimiento de vacío en tu
interior.
A través de la vivencia de este tipo de experiencias se
integra subconscientemente que el amor y el afecto es algo
condicional, por lo que estos niños, que ahora se han
convertido en adultos, suelen tener tendencia a vivir la vida
filtrando la realidad como una amenaza. Entonces hay una
alteración en su sistema interno, donde ya no se vive
alineado a la autenticidad del ser, sino desde el miedo a
serlo; afectando su manera de pensar, sentir y somatizar en
su cuerpo, que se traslada en ansiedad, estrés, estados
depresivos, entre otros. Se encuentran anclados en su
modalidad de supervivencia, reaccionando y
defendiéndose, lo que provoca agotamiento en todo su
sistema interno: no viven sino sobreviven.
EXPRESIÓN DEL TRAUMA COMPLEJO: 
LOS TRES TRAUMAS
Desde mi perspectiva metodológica, cuando menciono la
palabra trauma en este libro me refiero a cualquier
situación que provocó un choque emocional con un impacto
intenso en ti, si esta tensión disfuncional no fue procesada,
digerida y cerrada en su momento, dejó una huella en tu
organismo a nivel integral: cognitiva y emocional, que se
somatizó fisiológicamente en tu cuerpo ya que ese suceso
rompió tu homeostasis interna. Así pues, dada esta
desregularización interna, los síntomas se consideran como
manifestaciones de un desequilibrio original y profundo. De
esta forma, tu situación actual o los síntomas que ahora
experimentas no son accidentales, sino fruto de un trauma
complejo. Pero el trauma no es el evento que viviste en sí
mismo, sino la manera como tu niño o adolescente lo
experimentó, como interpretó lo que pasó. Este libro te
ayudará a entenderte y a poner las piezas de tu ser juntas
para que puedas sanar tu trauma complejo de una manera
global en tu sistema. Así pues, la pregunta que te debes
hacer no es sobre lo que está mal en ti, sino sobre lo que te
pasó, sobre tu historia de vida.
El ser humano es demasiado complejo y particular como
para etiquetarlo con un simple diagnóstico, tú no estás
roto, sólo estás desconectado, o no eres todavía consciente
de los factores de tu ser que generan los desequilibrios en
forma de síntomas. De esta manera, el enfoque para que
sea efectivo liberar ese sufrimiento interno tiene que
considerar los tres traumas correspondientes a los tres
niveles del ser humano, y cada uno de ellos tiene una voz
de expresión diferente que apenas definiré a continuación,
pero que desarrollaré en detalle a lo largo del libro.
Trauma a nivel cognitivo. Está compuesto por la red de
canales neuronales creados por tu condicionamiento
limitante en edades tempranas hacia donde se dirige tu
atención subconsciente, en otras palabras, tu ego. Es tu
filtro mental desde donde juzgas tu entorno y lo que te
sucede basado en tu sistema de creencias, que te puede
generar actitudes de autosabotaje, pues juega en contra de
tu autenticidad, no te permite estar presente y limita tus
niveles de conciencia.
Trauma a nivel emocional. Adicciones a ciertos estados
emocionales que están intrínsicamente relacionados con
tus heridas emocionales que siguen latentes en tu ser
emocional porque no fueron procesadas, es decir: tienes un
niño interior herido. Esto se refleja en problemas de apego
y dependencia emocional, lo cual impacta negativamente
tus relaciones afectivas, tu amor propio y tu autoestima.
Trauma a nivel corporal somatizado. Es la desregulación
que sucede en tu nervio vago y tu sistema nervioso,
consecuente al estrés postraumático complejo, en la que tu
modalidad fisiológica de supervivencia del organismo se
mantiene en una respuesta reactiva hipervigilante
continuada. Este fenómeno se somatiza manifestándose en
desajustes de tus neurotransmisores que te producen
ansiedad y estrés permanente, lo cual, a su vez, puede
derivar en otros trastornos psicológicos o fisiológicos más
graves, como fatiga crónica o síndromes autoinmunes.
El trauma complejo invisible es una combinación de estos
tres traumas, y sus mecanismos de desregulación
emocional o desconexión de tu autenticidad son respuestas
aprendidas tatuadas en tu identidad en todos los niveles del
ser que se pusieron en marcha años atrás para ayudarte a
mimetizarte con el entorno, y así poder sobrevivir, por
ejemplo, disociándote de tus sentimientos, porque
descubriste que no dejarte sentir era lo que te permitía
continuar viviendo. Los síntomas que percibes, como
ansiedad, dependencia emocional, depresión, baja
autoestima, vincularte en relaciones abusivas o la fatiga
crónica son expresiones del trauma complejo que se
encuentra en la raíz de tu identidad. Este trauma
silencioso, antes de manifestarse en el plano más físico del
cuerpo, se pone en acción a nivel emocional y energético
somatizándose como es el caso que he citado al principio:
un ataque de pánico.
SISTEMA INTEGRATIVO: MENTE, EMOCIÓN Y
CUERPO
Para tratar los problemas mentales, tradicionalmente en un
enfoque clínico, los desequilibrios se presentan en el orden
cognitivo. Este enfoque es importante: racionalizar,
entender y trabajar cognitivamente lo que nos ocurre en la
mente puede aportarnos muchas ventajas cuando estamos
en un proceso de sanación. Pero sólo con este enfoque no
conseguiremos sanar íntegramente y el cambio no será
perdurable, porque nos estamos olvidando de los aspectos
del ser humano que van más allá del cerebro y la mente,
que, si no se incluyen en ese proceso, seguirán
permaneciendo dañados.
Por lo general, un enfoque de salud psicológica
tradicional trata el problema en el paciente, pero no
considera al individuo como un ser completo, en el cual la
mente y el cuerpo están interconectados. Según este
enfoque, a menudo, el problema es el síntoma, que es
aparente y exteriorizado, pero, si se trata únicamente esto,
la transformación no será duradera, porque el cambio será
apenas superficial, ya que el problema no es el síntoma,
sino la raíz que causa dicho síntoma; por lo que los
residuos del trauma siguen ahí, y vuelven a emerger
eventualmente, por lo que hay que procesar las memorias
que lo alimentan.
La razón por la que el síntoma aparece de nuevo en la
superficie, o vuelves una y otra vez al mismo punto inicial
sin mejorar, es el mecanismo de supervivencia en tu
cerebro que se conecta con tu cuerpo a través de tu
sistema nervioso. Este sistema de alarma no funciona con
el raciocinio: no lo puedes engañar, pues, aunque niegues
la realidad e intentes actuar como si nada pasara, tu
cuerpo lo sabe, incluso si lo entiendes cognitivamente. Si
no trabajas la somatización de ese trauma anclado en tu
cuerpo, éste vuelve a activarse a la más mínima señal de
peligro —es decir, de lo que tienes miedo— y te lleva a los
viejos patrones de pensamiento recorriendo los mismos
canales neuronales, lo cual segrega cantidades desmedidas
de cortisol que provocan desregulación emocional,
sensaciones físicas desagradables y conductas
descontroladas. Entonces, considerar sólo lo cognitivo no
es suficiente, porque este mecanismo que se detona en tu
organismo abarca aspectos más allá de la mente racional.
El método que vas a encontrar en el siguiente libro
comienza en el centro del problema para sanar el sistema
completo, a diferencia de los enfoques tradicionales que
tratan el síntoma sin llegar a la raíz. Aquí se trata la raíz,
que revela y transmuta el síntoma. Tus problemas son
pequeñas grietas: desconexiones, faltas de integración y de
conciencia de lo que está ocurriendo en tu interior. Estas
grietas están formadas por creencias profundas que se
reflejan en comportamientos —ya sean conscientes o
subconscientes— que has aprendido e integrado. Quizás,
las creenciaste funcionaron en algún momento de tu vida
para garantizar tu supervivencia, pero ahora te impiden
avanzar y estar alineado con tu vida, con quien realmente
eres. Llegar al origen de tus desequilibrios implica
identificar la historia que tu ego te ha contado sobre ti.
Esta historia se manifiesta en tus partes cognitiva,
emocional y fisiológica somatizada, pues en el cuerpo todo
está conectado, y sólo puede ser considerado desde este
enfoque global, que es mucho más complejo que la regular
etiqueta de enfermedad mental.
Este libro es una guía que emplea una perspectiva
integrativa para que, por una parte, entiendas lo que te
ocurre en términos de mente, emoción y cuerpo; y, por otro
lado, pases a la acción de modo práctico y así realmente
empieces a sentirte mejor como consecuencia de liberar el
trauma complejo que habita en ti. Lo que se comparte en
este libro se basa en avances científicos y empíricos
asociados a la neuroplasticidad, la neurobiología, la teoría
polivagal, la teoría del apego relacional, la inteligencia
emocional y la psicología transpersonal.
La metodología de la propuesta para el presente libro se
fundamenta en un procedimiento que consta de cuatro
aspectos que se trabajan simultáneamente durante el
proceso de liberación del trauma complejo: 1) aumentar tu
nivel de conciencia y realizar un mapeo sobre ti mismo
hasta llegar a la raíz, identificando y conociendo las heridas
emocionales, los patrones de pensamiento nocivos, las
historias limitantes a las que estás apegado y el trauma
emocional que has somatizado; 2) el mapeo se debe llevar a
cabo mientras trabajas internamente de manera cognitiva y
emocional, con el uso de herramientas que procesen lo que
has identificado para integrarlo y luego liberarlo; 3) entre
tanto, debes otorgarte espacios para relajarte y entrenar de
manera experiencial, somática y visceral, con el fin de
minimizar las reacciones de alarma; recalibrar tu sistema
nervioso para que este se sienta a salvo te ayudará a
digerir la posible aflicción generada por las verdades
incómodas que se van revelando en el proceso de
autodescubrimiento; 4) a la par, vas creando nuevos hábitos
de estilo de vida que cambian la manera en que el cerebro
organiza la información, actuando contradiciendo al viejo
patrón y que te van convirtiendo en la versión que quieres
ser de ti mismo, dejando atrás y desaprendiendo lo que te
limitaba hasta ahora.
Este proceso es paulatino y debe efectuarse
conjuntamente: mientras elevas tu conciencia, debes
trabajar en tu cuerpo y en tus emociones; cuanta mayor
sensación somática de calma adquieres, tanto más adentro
de tu herida emocional vas permitiendo ir para que tu
sistema no colapse. Lo uno permite la integración de lo
otro, para pasar al siguiente nivel de conciencia sobre ti
mismo hasta que seas capaz de llegar a adiestrar tu ego,
gestionar tus emociones y equilibrar tu sistema nervioso.
La mente, las emociones y el cuerpo no actúan por cuenta
propia, pues están conectados entre sí, es decir, forman
parte de un sistema cuyos componentes interactúan.
Además, como la relación mente-cuerpo es bidireccional, te
puede brindar la capacidad de influir sobre tu estilo de vida
y tus hábitos para sanar tu mente y tu cuerpo. Algunas de
las técnicas que se expondrán en el libro son milenarias, se
basan en la filosofía oriental y han trascendido a través de
los siglos por su sabiduría; y ahora la ciencia está
ofreciendo datos empíricos sobre los beneficios de estas
prácticas.
El vacío que posiblemente sientes es un sentimiento
profundo de soledad, no sólo porque no recibiste la
protección que necesitabas cuando eras pequeño o
adolescente, sino también porque de cierta manera te has
abandonado a ti mismo al no enfrentar tu pasado y realizar
lo que sea necesario para sanar, por ejemplo, cuando
actúas consciente o subconscientemente conforme a lo que
los demás quieren y no eres fiel a tu autenticidad, te
desconectas de ti, por lo que indirectamente te abandonas
a ti mismo.
Todos queremos ser felices, pero solo algunos están
dispuestos a trabajar como se requiere para conseguirlo.
Tu historia de vida fue la que fue y, lamentablemente, no
puedes cambiar el pasado. Pero quiero decirte que sí hay
solución, aunque no es mágica, pues debes recorrer un
proceso para salir de la espiral del trauma, aprender a
digerir la incomodidad y no huir de ella, pues si no lo
enfrentas, suele expandirse en tu sistema cognitivo,
emocional y fisiológico. Los acontecimientos de tu vida te
han hecho único: no huyas, abrázalo, porque ese es el
camino hacia la liberación del trauma y la consecuente
felicidad interna.
Esto se consigue mediante un compromiso contigo mismo
para enfrentar los miedos y la resistencia de tus viejos
hábitos durante tu evolución personal, para lo cual es
preciso recurrir a grandes dosis de paciencia durante el
recorrido, ya que la sanación no es lineal. Sin embargo, a
veces parece que das pasos hacia atrás, por eso necesitas
confiar en esta estrategia, aunque por momentos se te haga
cuesta arriba. No eres una máquina, ni un robot. Date
tiempo para integrar el proceso, sé compasivo con tu
vulnerabilidad y trata de disfrutar del viaje, pese a que de
vez en cuando te duela: la sanación sólo llega si se
atraviesa la herida, de modo que el dolor momentáneo es
inevitable para, finalmente, vivir libre de él.
Recupera tu poder a través de la
conciencia
Tu mayor enemigo no está muy lejos de ti, pues lo tienes
dentro: es ese crítico interno que suena en tu cabeza y que
quizás no le has prestado atención. Cuando vives sin
conciencia de esta voz en off saboteadora, estás atrapado
cíclicamente desde un piloto automático, supeditado a la
historia que él te cuenta. Aquí no eres tan libre como
parece, ya que desempeñas un papel pasivo que te lleva
subconscientemente por la dictadura que te impone: te
obliga a responder ante la vida desde el miedo, pero no
desde tu autenticidad. Y a veces eres también influenciado
por las creencias inducidas por el sistema generacional en
el que vivimos. Este enemigo interno se combate con
conciencia, pero, para empezar a vivir en bienestar
psicológico del ser, es imprescindible primero efectuar un
cambio de perspectiva de dos paradigmas que
inconscientemente suelen estar muy arraigados.
DESAPRENDE TU IDEA ERRÓNEA DE FELICIDAD
Nunca antes, como hasta ahora, ha habido tantas personas
que sufren de desequilibrios en su salud mental. El
problema radica en que la sociedad actual vive dominada
desde la mente y trata de limitar todo comportamiento al
cognitivismo, lo cual pasa por un filtro analítico que omite
otras dimensiones del ser humano igualmente influyentes
como la emocional, la sensitiva, la somática, la intuitiva, la
creativa y la energética.
La mente es un instrumento del cuerpo, pero ella ha
tomado el control, lo cual reduce nuestra percepción de la
realidad porque, aunque no hayamos sido entrenados en
estar en contacto con tales partes del ser, más allá de la
mente, no quiere decir que no existan ni que no nos estén
afectando en cada momento, sino que simplemente las
ignoramos, lo que crea desconexión. Vivimos en un cuerpo,
pero desconocemos lo que ocurre internamente; no
sabemos de lo que estamos hechos ni cómo nuestros
hábitos intervienen en nuestra salud mental.
En los colegios estándar no nos enseñan sobre
inteligencia emocional, ni a relacionarnos con nuestro
mundo interno o a manejar conflictos, ni en cómo relajar
nuestro cuerpo, conectar con la naturaleza o desarrollar la
creatividad, a pesar de que estas capacidades podrían
mejorar considerablemente nuestra calidad de vida. En
contraste, sí debemos aprender matemáticas, física,
idiomas, y es necesario capacitarse para «producir» el día
de mañana, pero me pregunto si no es aún más significativo
aprender a vivir equilibrados emocionalmente y con
estabilidad en nuestra salud mental: sería el eslabón
principal para poderconstruir desde ahí el resto de nuestra
vida futura. De esta manera, si el sistema social no nos ha
enseñado, tenemos que aprender por nosotros mismos.
Hemos visto recientemente cómo, con la pandemia de
COVID-19, el sistema se ha resentido al incrementarse
mundialmente los problemas de salud mental, ya que ha
sido un gran detonante del desequilibrio subyacente. Con
los acontecimientos relacionados con esta enfermedad,
hemos estado forzados a estar más tiempo solos, sin poder
distraernos tan fácilmente con lo externo; con el
aislamiento, hemos sido obligados a permanecer con
nosotros mismos sin posibilidad de escapar, así que, para
muchos, este mundo interno ha explotado como una patata
caliente. La pandemia ha destapado la real epidemia de la
sociedad: desconexión con nuestro mundo interno.
La sociedad nos educa para mirar hacia fuera; nos
distrae, nos aleja de nuestro fuero interno, nos planta
semillas subconscientes con el mediático bombardeo
subliminal para que confundamos felicidad con placer. En
esta dinámica, el placer va ligado a la consecución de cosas
externas; es cortoplacista y genera un fenómeno llamado
tolerancia, que provoca adicciones con el ciclo
dopaminérgico, que se pone en juego en el sistema interno.
En definitiva, cada vez necesitamos más de algo para
sentirnos bien: más followers, más ropa, más dinero, más
de todo. El problema con este efecto de tolerancia es que
nunca es suficiente: siempre hay más, lo que provoca que
nunca vamos a llegar a sentirnos felices bajo este
condicionamiento del ciclo dopaminérgico del placer. Y esto
es terrible: de esta manera, estamos destinados a sufrir,
porque ¡todos queremos ser felices! Y aquí es donde nacen
muchos de los desequilibrios en nuestra salud psicológica
formando parte de un trauma colectivo global a nivel social.
Pero hay salida. Este sufrimiento es evitable, aplicando
un cambio de paradigma en tu idea de felicidad, ya que
esta idea influenciada por la sociedad es una falacia
sembrada y cultivada en tu ser; no existe, ha sido inventada
para que seas conducido hacia el consumismo, lo que te
destina al ciclo del sufrimiento interno si no eres
consciente de ella. La felicidad no es placer, sino que se
trata de efectos diferentes provocados por
neurotransmisores diferentes que generan distintas
sensaciones y emociones.
Entonces, hay que desaprender esa asociación de la
felicidad con el placer y, más bien, aprender que la
auténtica felicidad es un estado de satisfacción, de
equilibrio interno generado principalmente por la
serotonina, la cual no se produce por conseguir cosas
externas, sino que tiene que ver con la estabilidad de tu
mundo interior. Dar más espacio para conocer tu psicología
y cultivar un estado de equilibrio interno es tu seguro de
vida para permanecer en bienestar con tu salud mental. La
evolución se presenta dentro de ti, pero produce una
revolución por fuera, para lo cual debes aprender a
conectarte con tu interior y, a partir de este estado de
conciencia, poder relacionarte con el mundo exterior.
DESENGÁNCHATE DE UNA ACTITUD ESTÁTICA
A veces, en la psiquiatría más tradicional, se ponen
etiquetas de ciertos trastornos mentales en consultas
breves donde el contexto de lo que pasa en la psique del
paciente puede estar sesgado, ya que el ser humano es
mucho más complejo que cumplir un número de síntomas
en un momento determinado, con posibilidad de que falten
matices en lo que el propio paciente comparte sobre sí
mismo, porque a menudo nuestro entendimiento de lo que
nos ocurre no es global, sino filtrado por nuestro propio
nivel de conciencia, entonces puede ocurrir que el
diagnóstico no sea exacto en su totalidad porque el
desequilibrio real es más integral. Por lo que puede que se
encasillen enfermedades como crónicas e incurables en las
que el paciente pierde poder de acción porque asume que
su destino es estar dañado y sólo se le da medicación para
tratar los síntomas, a menudo esta medida se queda a nivel
superficial, sin detectar la raíz del desequilibrio para poder
trabajar en sanarla simultáneamente.
Entonces, el paciente vive subconscientemente sedado,
dormido y, de alguna manera, sin dirección, sólo con
capacidad de sobrevivir, mas no de vivir. Y esto es peligroso
para la persona diagnosticada porque puede asumir
gradualmente —conscientemente o subconscientemente—
esa identidad de victimización, de enfermo, de aislado,
incluso pudiendo llegar a desarrollar aversión hacia a sí
mismo porque ha perdido totalmente la esperanza de un
cambio positivo y asume un papel pasivo en su propia vida,
sin haber realmente llegado a la raíz de su problema, ni
haber tenido la posibilidad de trabajar con herramientas
específicas para tratar su desequilibrio: ya que solo se ha
dormido el síntoma.
Esta perspectiva resta poder de cambio ya que destina a
esta condición, pues se quita posibilidad de curación,
cuando no se trata la raíz del problema —solo el síntoma—,
entonces aceptas que eres un enfermo. Pues bien, no se
trata que tu mal carácter o que tu difícil personalidad sea
algo innato en ti a lo que estés destinado, sino que estas
expresiones te hablan de tu trauma original que causa tu
desequilibrio psicológico. Para curarse hay que trabajar en
cambiar e ir a la fuente del problema mediante recursos
terapéuticos que incluyan todo el ser: mente, emoción y
cuerpo, y no sólo medicar el síntoma —aunque también se
necesita, según el caso—. Cuando asumes tu parte de las
circunstancias en las que te encuentras y te comprometes a
la acción sostenida hacia la dirección pertinente, entonces
puedes cambiar tu historia, aminorar tus síntomas desde la
raíz del desequilibrio, balancear tu salud integral y mejorar
tu psique.
No hay atajos: tu curación se da si te adueñas de tu
historia, te enfrentas a tu herida, cambias tu narrativa a
nivel global en tu sistema interno y pasas a la acción de
cambiarla. Para ello, eleva la conciencia, explora la causa
del desequilibrio o del trastorno, conoce las alternativas de
curación y aplica estas herramientas mientras estableces
hábitos coherentes a equilibrar tu salud psicológica en una
rutina continuada. Cuando amplías la conciencia del
problema, dejas de buscar pretextos y empiezas a
implicarte activamente: quizás eres tú mismo con tus
hábitos el que está influenciando esos desequilibrios.
Aunque antes no eras consciente de esto, ahora ya sabes
cómo tu comportamiento a nivel mente-emoción-cuerpo
interfiere e impacta en tu salud psicológica. La conciencia
te da la libertad de elegir sanarte, pero la responsabilidad y
el compromiso sostenido con tu proceso de curación hace
que apliques esa conciencia de manera práctica, que es lo
que te permite sanar.
La metodología que desarrolla este libro se centra en que
recorras tu propio camino de descubrimiento y que asumas
una actitud activa con trabajo interno y con la integración
del proceso mediante la experiencia. Desde esta
perspectiva, un terapeuta —dado el caso— podrá ayudarte
a acelerar el proceso, como una voz de la conciencia
externa, con visión de águila del problema con la que te irá
guiando. Sin embargo, eres tú el responsable de ejecutar el
trabajo de ir armando el puzle en cada una de las muñecas
rusas —que comprenderemos como conciencia—; tú eres el
único que puede sanarte, pues eres tu propio gurú: nadie
más puede hacerlo por ti. Es tu compromiso cambiar la
narrativa de indefensión que has creado a partir de tus
circunstancias, de la historia de tu ego, de suerte que
debes dejar de compadecerte de ti mismo y entender qué
tu piloto automático limitante se originó para ayudarte a
sobrevivir en tus edades tempranas, pero que ahora es
quizás obsoleto, así que es momento de resetearlo con un
nuevo contenido adaptativo y potenciador.
No estás loco, no estás desquiciado, no estás enfermo,
quizás sólo estás perdido, desconectado. Casi todos, en
algún momento de nuestra vida, hemos tenido alguna crisisen la que tocamos fondo y nos encontramos peleando con la
vida. Pero la crisis surge cuando la evolución está lista para
empezar a actuar, es su efecto colateral, porque la vieja
estructura que teníamos no funciona más, y tenemos que
readaptarnos a las nuevas circunstancias. En efecto, diría
que las crisis son necesarias y que forman parte intrínseca
de la existencia humana, porque la vida está hecha de
ciclos que nacen y mueren, y las crisis son las que conectan
esos ciclos. Por eso, es importante que, si te encuentras
sumergido en un momento de crisis, te fuerces a cambiar
de paradigma, a dejar la postura estática en tu propia vida.
Debes usar este momento para entonar con una actitud
activa, sanarte y resurgir más fuerte que antes; que
conviertas esa energía de quejumbre en acción y
empoderamiento.
Llegar hasta el origen de tu sufrimiento es posiblemente
uno de los retos más valientes que superes en tu vida. No
obstante, será mucho más fácil justificarte con excusas y
optar por una actitud pasiva que trabajar por cambiar; o
proyectar tus propios problemas en los demás. Pero, cuanto
más pospongas tu responsabilidad de asumir lo que no
quieres enfrentar, tanto más harás que la fricción y el dolor
crezcan, porque ya están en ti, sólo que los estás evitando.
El proceso de resetear tu trauma es exclusivamente apto
para personas valientes que deciden desempeñar un papel
activo para recorrer el proceso de desaprender lo que les
limita y aprender lo que les potencia. No eres un
espectador de tu vida, eres un creador: pasa de sobrevivir a
vivir de verdad.
¿Preparado para componer el puzle de ti mismo?
¡Empecemos el viaje de vuelta a ti!
Segunda parte
Entiende tu mente, tu ser mental 
Desenreda tu ego y vuelve 
a la mente neutral
Conoce cómo funciona la mente en tu
cerebro
Los seres humanos poseemos una mente con la que vivimos
hasta el final de nuestros días, pero no muchas personas se
toman el tiempo de entender cómo ésta funciona en su
propio cerebro. Comprender lo que pasa en tu interior —es
decir, los mecanismos mentales y neuropsicológicos que se
ponen en marcha— y aprender a ser consciente de tus
pensamientos tiene un impacto muy positivo en tu
bienestar integral. El cerebro aloja la mente y es el órgano
más poderoso de nuestro cuerpo; es el director de la
orquesta de los procesos y sistemas corporales. Tiene el
control sobre nosotros y nos domina sin darnos cuenta. Así
pues, crear una relación consciente con tu mente significa
que recuperes el control y que dejes de ser el esclavo del
piloto automático al que te ha sometido.
¿Te has preguntado, cuando conduces, qué movimientos
haces con los pies o con las manos? O, cuando comes,
¿piensas en cómo tus dientes mastican? No lo creo. Estos
procesos están tan automatizados en la mayoría de las
personas que podemos llevarlos a cabo sin necesidad de
pensar en ellos conscientemente —lo cual tiene una función
biológica de supervivencia—. Pero este mecanismo también
se activa en situaciones menos obvias como las de tipo
relacional, ya sea en tu manera de vincularte con otras
personas o el prototipo de persona que eliges para unirte
sentimentalmente. La mente desarrolla patrones, los cuales
se ponen en acción como un piloto automático. Crees que
controlas la situación, pero son tus patrones
subconscientes los que te dirigen sin que lo notes. Un
patrón de pensamiento desencadena las emociones,
reacciones y actitudes que adquieres ante la vida, incluido
tu estado de ánimo.
En este capítulo conocerás los mecanismos que la mente
utiliza, lo cual te permitirá ser consciente de los
autosabotajes que surgen en ciertas circunstancias y
podrás empezar a modificarlos para sanarte. ¡Saber es
poder y la consciencia es sanación!
1. NEUROPLASTICIDAD
Los seres humanos vemos el mundo externo a través de
nosotros mismos, en cuya percepción el cerebro es el filtro
de la realidad que cada uno experimenta. Sin embargo, una
misma realidad puede ser interpretada de formas muy
diferentes. Por ejemplo, cuando surge una discusión con tu
pareja o con algún familiar, puede haber dos puntos de
vista distintos, o incluso opuestos, de un mismo suceso, y
eso te impide estar de acuerdo, pues cada uno obtiene su
versión de la historia conforme a su filtro de la realidad.
Este filtro es desarrollado a fuego lento a través de las
experiencias vividas, el ambiente y la cultura a la que has
estado expuesto, influido también por la genética, de
manera que puede ser beneficioso o perjudicial según las
vivencias acumuladas. Si este filtro es nocivo y negativo,
serás su víctima, porque, si estás identificado con él, cabe
la posible consecuencia de no ser capaz de poder distinguir
entre la realidad o la ficción. Así pues, el camino de la
sanación personal consiste en aprender a reconocer este
filtro para disociarte de él y no vivir sometido. 
Entender cómo funciona tu mente es el primer paso para
poder liberarte de los puntos ciegos del filtro de tu propia
realidad. No puedes cambiar nada si no eres consciente de
lo que está pasando internamente ni de lo que provoca esa
realidad: los problemas no se arreglan en la superficie, hay
que llegar a la raíz de ellos para poder sanarlos y
transformarlos. Por lo tanto, saber qué pasa en el interior
de tu cerebro puede ayudarte a comprender
cognitivamente por qué tienes automatizados ciertos
pensamientos negativos o ciertas conductas de
autosabotaje, pero, sobre todo, puede ayudarte a encontrar
soluciones.
El cerebro es el órgano que dirige el funcionamiento del
cuerpo y cada microsegundo recibe cantidades masivas de
información. Es el órgano humano más complejo y, aunque
a hoy por hoy todavía se desconoce mucho de él, por lo
menos sí sabemos que la mente funciona con unos
mecanismos que se han desarrollado para la supervivencia
de la especie humana. Existen dos conceptos
fundamentales sobre el funcionamiento del cerebro que
pueden ayudarte a entender que lo que te ocurre no es
aleatorio ni por casualidad: los patrones neuronales y la
premisa de ahorro energético. Conocer estas dos realidades
del cerebro implicará un antes y un después a la hora de
relacionarte con él.
Canales neuronales
Nuestro cerebro transmite información a través de las
conexiones sinápticas que se dan entre las neuronas. Un
cerebro humano adulto tiene alrededor de cien mil millones
de neuronas, definidas como células nerviosas encargadas
de recibir y enviar mensajes entre el cerebro y el resto del
cuerpo. Las neuronas se comunican entre sí mediante
señales eléctricas y químicas con la ayuda de los
neurotransmisores —como la serotonina, el GABA (gamma-
aminobutyric acid) o la dopamina—, formando redes
nerviosas o canales neuronales. Cada vez que se crea una
nueva sinapsis neuronal, también se crea un nuevo canal
neuronal. Es a través de estos canales neuronales que el
cerebro organiza la información, por lo tanto, cada vez que
se recibe un estímulo, ya sea externo o interno, se
recorrerá un canal neuronal de acuerdo con este estímulo.
Imagínate que tienes un vecino con un pitbull —una de
las razas caninas más agresivas—. La primera vez que te lo
cruzas vas con cuidado, pero, cuando notas que el perro no
es peligroso y que es muy amigable contigo, te relajas ante
su presencia. Entonces, tu cerebro ha hecho una
asociación: cada vez que veas al pitbull, automáticamente
pensarás que es amigable y te sentirás relajado, sin tener
que repetir todo ese proceso asociativo. Podría decirse que
se crean atajos cerebrales para que la información se
transmita más rápido, lo cual nos ayuda a superar la
sobreestimulación a la que vivimos expuestos, ya que nos
volveríamos locos si tuviéramos que procesar nuevamente
todos los estímulos sensoriales que recibimos en cada
momento. En definitiva, el cerebro filtra y descarta el
noventa y nueve por ciento de los estímulos, y se queda
sólo con los que más le son familiares, lo que le permite
mantenersus reservas de energía para poder dedicarlos a
otras funciones y que podamos seguir vivos. 
Cuando naces, tu cerebro se encuentra en un estado
inmaduro, sin demasiadas conexiones neuronales ni
asociaciones. Para que te hagas una idea: digamos que la
estructura cerebral está casi en blanco, con muy pocas
conexiones sinápticas. Desde que eres bebé, a partir de tus
primeras experiencias vitales, vas creando maneras de
relacionarte con el mundo, lo que genera asociaciones
neuronales y, a su vez, canales neuronales, por donde
circula la información en tu cerebro, así que, cada vez que
aprendes algo nuevo se crea un nuevo canal neuronal. A
medida que creces, tu cerebro se va poblando de canales
neuronales, unos más dominantes y gruesos que otros, los
cuales son los más transitados y favoritos de tu cerebro, ya
que son los que más usa. El momento cúspide donde
existen más canales neuronales es sobre los seis y los siete
años de vida, como consecuencia de todo el aprendizaje
que se integra en estas edades, para su posterior
descendimiento, quedándose los canales neuronales con los
que más te identificas.
Figura 1.1. Desarrollo de los canales neuronales desde el nacimiento hasta la adolescencia. Fuente:
Iglesias, J. et al. (2005). Dinámica de la poda en redes neuronales estimulantes a gran escala
simuladas.
Entonces, cuando recibes un estímulo exterior, tu cerebro
está tan ocupado con una larga lista de actividades por
realizar, que primero va a intentar llevarte siempre a un
canal neuronal previamente existente para no tener que
crear una nueva asociación e invertir energía extra. Tu
cerebro elige los canales más transitados —en otras
palabras, más fuertes y gruesos—, para así invertir menos
energía en el proceso.  Normalmente, las experiencias
emocionales más intensas dejan huellas en el cerebro en
forma de surcos neuronales sinápticos más marcados.
Éstos serán los canales más dominantes y fuertes, es decir,
las creencias, historias y pensamientos que tienen más
presencia en tu vida, a partir de los cuales filtras la
realidad del mundo. Cuanto más gruesa es esa asociación
sináptica, tanto más automática se hace para tu cerebro, lo
que significa que tales pensamientos se vuelven más
persistentes y presentes. Desde pequeño vas moldeando tu
cerebro a partir de tus experiencias y tus conexiones
neuronales que estableces: una vez que hayas aprendido
algo lo integras al subconsciente, pero no prestas atención
consciente; si esos aprendizajes van acompañados de una
carga emocional, esa huella subconsciente es casi
imborrable. Por lo tanto, el desarrollo del cerebro de un
niño con experiencias traumáticas es diferente al de un
niño que crece en un entorno seguro y equilibrado.
El cerebro es el órgano que posibilita interpretar la
realidad con base en experiencias pasadas, aprendidas y
acumuladas. Por eso, a veces tu filtro de la realidad puede
llegar a distorsionarse y tu interpretación del mundo, o de
una situación específica, puede ser negativa, incluso
catastrofista. Por ejemplo, imagínate que una persona a la
que le han sido infiel en el pasado es probable que tenga
latente una herida de abandono o rechazo, que se
manifestará cuando tenga una nueva pareja, de manera
que generará pensamientos amenazantes cuando la nueva
pareja reciba mensajes en su móvil de un amigo o
compañero de trabajo. La asociación chatea con alguien-
está flirteando-me está engañando será tan fuerte que la
vivirá como real, aunque no lo sea.
El cerebro crea una asociación fija, y cada vez que
experimentes una situación aparentemente similar, tu
cerebro intenta conducirte por esa asociación, es decir, por
ese camino neuronal previamente fijado: habrás
desarrollado un patrón neuronal. Esa asociación es tan
fuerte que hay neuronas que se encargan de actuar como
un freno cuando recibes un estímulo similar al inicial que
desencadenó un aprendizaje concreto y bloquean cualquier
otra asociación sináptica, de tal manera que se vuelve a
transitar el camino neuronal trazado inicialmente, lo cual
no deja lugar a una nueva asociación. Es como si tu cerebro
dijera: «No sigas, por favor, que esto ya me lo sé»,
ignorando todas las innumerables señales en el entorno
que indican lo contrario. Entonces, el funcionamiento se
convierte en un ciclo vicioso: cuanto más insistes en ese
pensamiento, tanto mayor poder neuronal le das a esa
asociación y más te identificas con ello. De esta manera, se
torna más presente el pensamiento, volviéndose el
autosabotaje más automático, lo que causa que este filtro
de la realidad esté más activo en tu cerebro, y te dirige por
el mismo canal neuronal todo el tiempo: tu cerebro
permanece anclado a un trauma en los canales neuronales
que se refleja en tu patrón de pensamiento y en tus
reacciones emocionales.
Ahorro energético
Un segundo criterio para entender tu mente reside en el
hecho de que, por simple supervivencia, el cerebro actúa
bajo el mandato del ahorro energético, en otras palabras:
intenta invertir la menor energía posible en cada proceso
que lleva a cabo. Ésta es la razón por la cual pones en
marcha automatismos que se manifiestan de modo
subconsciente, como caminar o comer. El cerebro siempre
intentará trabajar lo menos posible al reducir al máximo la
inversión energética de cada proceso biológico, porque
tiene muchos otros de los que ocuparse.
El cerebro constituye el dos por ciento de nuestro peso
corporal, pero requiere alrededor del veinte por ciento del
oxígeno y de las calorías que consumes —por eso, lo que
comes también importa, pero esto lo consideraremos más
adelante—. Es el órgano que más necesita y, por lo tanto,
consume energía, ya que controla los inputs a los sistemas
internos. Entre las facultades más importantes, se
encuentran la de dirigir el sistema nervioso central y
regular los aspectos fisiológicos del cuerpo responsables de
los procesos voluntarios e involuntarios, como la
respiración, los latidos del corazón, los movimientos
peristálticos o el sueño.
Por lo tanto, el cerebro, al estar tan ocupado, intenta
minimizar su trabajo para lograr un funcionamiento óptimo
en todas sus tareas, así que aprendes a vivir en piloto
automático desde el estado subconsciente de tu mente
como mecanismo de supervivencia. En muchas ocasiones,
este piloto automático es positivo para la supervivencia con
funciones tan básicas como masticar, por ejemplo; pero te
complica la vida cuando lo que has aprendido te perjudica o
te sabotea, ya que no experimentas las situaciones en la
vida desde el presente, sino desde la acumulación de
aprendizajes pasados. 
Esto quiere decir que, en el esfuerzo del cerebro por
optimizar las funciones en tu organismo, tu mente puede
engañarte, ya que te conduce por los mismos canales
neuronales una y otra vez. Este atajo te impone vivir
continuamente en el día de la marmota, dado que esas
asociaciones neuronales se expresan en tus pensamientos
diarios, y la mayoría de ellos son muy parecidos, o incluso
iguales. Ahora bien, si elevas tu consciencia, notarás que la
mayoría de esos pensamientos que te surgen al día suelen
girar en torno a un asunto o a una historia que te has
creído de ti mismo, con la que te has identificado de
manera subconsciente. Entonces, si tus historias o
creencias subconscientes son de naturaleza limitante, te
sabotean en tu vida cotidiana, ya que denota que filtras la
realidad de esa manera, proyectando y viviendo una
realidad más negativa de la propia realidad en sí misma.
Así pues, para sanarte a ti mismo, es primordial
identificar ese piloto automático que te sabotea, para lo
cual es clave poder reconocer esas creencias, historias y
pensamientos que lo fundamentan, porque, aunque en tu
entorno existan oportunidades y hechos que demuestren lo
contrario, tu mente no es capaz de verlos, pues el cerebro
funciona así cuando está en modalidad de piloto
automático: descarta lo nuevo y elige lo familiar y conocido.La misión para sanarte a ti mismo empieza con la labor de
elevar tu conciencia para descubrir ese piloto automático,
desenredar cada una de las creencias perjudiciales y,
finalmente, poder borrarlas o sustituirlas por otras más
positivas.
Plasticidad cerebral
Hemos visto hasta ahora que tu cerebro crea asociaciones
a través de canales neuronales y que tu mente
subconsciente siempre intenta ahorrar energía dirigiéndote
por los canales más familiares y transitados. De esta
manera, vives en un estado de piloto automático, sin
capacidad de reaccionar en el presente, debido a patrones
que limitan tu realidad: percibes el exterior desde ese filtro
interno que has ido formando a lo largo de los años.
Entonces, ¿cómo se modifica ese piloto automático y se
acaba con el autosabotaje? La respuesta está en la
neuroplasticidad.
La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro de
modificar su estructura y adaptarse al cambio a través de
tus acciones y hábitos. En él se incluyen los pensamientos,
los patrones de gestión emocional e incluso lo que comes o
si ejercitas tu cuerpo. Esto quiere decir que tu cerebro
cambia internamente su estructura fisiológica si tú mismo
cambias desde fuera a través de un cambio de acción, o
sea, tienes la capacidad de influir en tu estructura
cerebral. Se ha demostrado científicamente que el cerebro
es flexible y adaptable; siendo así, tienes la capacidad de
alterar tus patrones neuronales mediante tu propia
conducta.
La plasticidad cerebral se evidencia a través del
entrenamiento cognitivo, el cual puede remodelar el
cerebro al influir en su estructura física y funcional a partir
de la generación de nuevas conexiones neuronales para
tratar trastornos psicológicos. El entrenamiento cognitivo-
conductual que planteo en este libro está constituido de
tres ejes clave para lograr el éxito, a saber: 1) elevación de
la conciencia para detectar las historias o creencias
subconscientes que configuran el piloto automático; 2)
creación de nuevos hábitos que se encarguen de
transformar el piloto automático saboteador mediante
acción constante, resiliencia y compromiso; y 3) integración
de un estilo de vida más consciente fuera de la matrix —el
condicionamiento perjudicial preestablecido por la
sociedad que no beneficia a los ciudadanos—. Estos dos
últimos ejes se desarrollarán en detalle en el capítulo sobre
los hábitos.
2. ELEVACIÓN DE LA CONSCIENCIA
Digamos que el cerebro opta por almacenar la información
que le llega en cajas y les pone etiquetas. Con tanta
información y estímulos que recibe al día, ésta es la manera
en la que el cerebro sobrevive: crea un control en la
manera en la que organiza la información. Imagina tu
mente como un ordenador al cual le han instalado un
programa externo —esto serían todos los aprendizajes
influenciados por terceros que has adquirido a lo largo de
tu vida y que has integrado como propios—. Con este
programa, filtras la realidad y vives en función de patrones
subconscientes, por lo que reaccionas a los eventos del
ahora en relación con lo aprendido en situaciones pasadas:
estás viviendo tu vida con un guion que otros te han dado y
tú te lo has aprendido tan bien que crees que es propio. El
noventa por ciento del tiempo del día operas desde el modo
subconsciente de tu mente.
Entonces, para la mente es más sencillo permanecer en
modo subconsciente, es decir, vivir en piloto automático, y
archivar experiencias previsibles, incluso si éstas te hacen
sentir incómodo y van en tu contra. Estás fastidiado,
sientes que hay fricción, pero lo sigues repitiendo una y
otra vez. El proceso a veces es como un bucle que, al
retroalimentarse, llega a generar la sensación de que
ciertas áreas en tu vida son caóticas, por lo que te sientes
sin ningún control sobre ellas. Las mismas situaciones se
repiten en tu vida una y otra vez, y quizás te hacen sentir
mal contigo mismo.
Es difícil salir de ese estado si no ocurre una elevación de
la conciencia y un entendimiento más profundo de lo que
genera esas incomodidades y fricciones. Cuando consigues
reaccionar al momento presente, tu mente funciona en su
modalidad más consciente; este estado es en el que estás
más despierto, pues puedes observar la realidad con más
claridad, para que puedas decidir por ti mismo el guion que
quieres seguir para tu vida. El reto consiste en conectarte
con tu mente consciente mediante la actitud de estar en el
presente.
Niveles de consciencia de la mente
La mente posee dos niveles de consciencia: el consciente y
el subconsciente. Si la comparas con un iceberg, la parte
visible que está en la superficie sería el nivel consciente, el
cual sólo representa un diez por ciento de la capacidad del
pensamiento; la parte oculta que está por debajo de la
superficie del mar sería el nivel subconsciente, el cual
abarca el noventa por ciento de toda la información que
acumula —que, aunque no la percibas, con seguridad existe
—. ¡Somos influenciados y regidos por el subconsciente en
nuestro día a día!
La mayoría de actividades que realizas y decisiones que
tomas están influenciadas por tus programaciones y
creencias almacenadas de manera subconsciente, lo que
quiere decir que vives en piloto automático. Como
mencionamos anteriormente, tan pronto has aprendido a
conducir, no piensas conscientemente en cómo se lleva a
cabo esta acción o, cuando masticas, tampoco reflexionas
en el acto de masticar, simplemente comes
mecánicamente. 
Figura 1.2. Niveles de conciencia según la metáfora del iceberg.
¿Pero, entonces, qué es la mente consciente y qué es la
subconsciente? La mente consciente es dominada por la
lógica y por el análisis, gracias a la cual tienes la capacidad
de elegir. Es lo que conoces de ti mismo, el estado
despierto y el control del pensamiento. Sólo la utilizas a
razón de un diez por ciento de tus procesos mentales
cotidianos. Por otra parte, la mente subconsciente es
sometida por las emociones y por la memoria, por la cual
no eres tan libre de elegir como en la parte consciente,
pues vives desde la reactividad del acto reflejo. Es este tipo
de conciencia de la mente la que gobierna la programación
de tu piloto automático, comprende los patrones de
conducta y las emociones que se encuentran en la sombra
de tu consciencia y que aún desconoces de ti mismo y crean
el hábito integrado de ser quien eres: la identificación con
É
tu idea profunda de quien has creído que eres. Éste es el
estado mental más habitual, ya que ocupa alrededor de un
noventa por ciento de los procesos mentales. 
El nivel subconsciente de la mente ha sido forjado desde
que viniste al mundo, ya que la mayor parte del aprendizaje
durante la vida se obtiene antes de los siete años. Cuando
llegas al mundo, tu cerebro está aún inmaduro, pero
comienza a formarse a través de las experiencias e
influencias cercanas. El cerebro en este proceso de
automatización crea ideas del mundo, pone etiquetas a los
objetos de la realidad, mete en cajas lo que percibe del
mundo exterior y forma asociaciones, que hemos llamado
canales neuronales. Los niños son esponjas que absorben
gran cantidad de información, la procesan y la almacenan
rápidamente para volver al presente de manera inmediata,
ya que su estado de onda cerebral más común durante la
vigilia es la modalidad theta —es decir, cuando están
despiertos—. Este estado de onda cambia cuando eres
adulto y sólo tienes acceso a él cuando estás en estados
profundos de relajación, similar al estado de hipnosis. Este
estado de onda es muy receptivo al aprendizaje y a la
integración de nueva información. ¿Te has fijado que los
niños no acumulan rencores por mucho tiempo o que sus
ideas sobre el futuro cambian todo el tiempo? Bien, los
niños viven en el ahora, sin aferrarse al pasado o al futuro,
porque su estado de onda cerebral mayoritario es el theta. 
De manera subconsciente, en esa etapa de tu vida
recolectas cada creencia, pensamiento y comportamientode tu entorno más cercano, que, en la mayoría de los casos,
está constituido por tus padres o criadores. Después, eres
influenciado por el colegio, la comunidad, tus amigos y
familiares, de manera que aprendes la realidad del mundo
y formas tu propia imagen de cómo debes ser. Alrededor de
los siete años, tu programa subconsciente está
prácticamente definido, luego de lo cual vivirás e
interactuarás la mayoría del tiempo en función del piloto
automático subconsciente construido previamente. El
estado de onda en la vigilia pasa del theta al beta —más
habitual en adultos—, cuya longitud de onda cerebral es
más lenta, estado propicio para la efectividad de los
procesos cognitivos, como la atención, el pensamiento, la
memoria o la resolución de problemas. 
En definitiva, es importante destacar que, cuando eres
adulto, sin darte cuenta actúas automáticamente bajo la
influencia de la programación subconsciente que formaste
cuando eras pequeño: la realidad que tu niño de cinco años
modeló del mundo es la que gobierna tu cotidianidad y tus
decisiones treinta o cuarenta años después. 
Elegir vivir más consciente
El ser humano recibe millones de estímulos durante su
vida, pero sólo les presta atención consciente a unos pocos.
No obstante, esto no quiere decir que los estímulos no se
registren de manera subconsciente y se acumulen en esta
parte de nuestra mente. El nivel subconsciente ejerce una
función biológica, ya que, en términos de supervivencia, se
encarga de almacenar información y procesar las ideas del
mundo externo. Ahora bien,  plantéate si esas ideas, esa
programación subconsciente, te están aportando o te están
saboteando. 
Cuando eras pequeño, estabas sometido a lo que te
ocurría en tu entorno, pero ahora de adulto sí tienes la
capacidad de controlar cómo vives internamente tus
experiencias: ya no hay nadie que haga esto por ti, pues es
responsabilidad de cada uno sanarse a sí mismo y
reescribir su propia historia. A menudo no te propones otra
posibilidad, porque desconoces que tienes la habilidad de
poder elegir y crear tu percepción del mundo, una más
alineada, con la persona que quieres ser, que es tu
auténtico ser interno. Pero, para esto es imperativo
identificar las creencias subconscientes automatizadas que
no te están ayudando y traerlas al nivel consciente de tu
mente. Si tu adulto de hoy se autosabotea, tiene relación
directa con lo desadaptativo y perjudicial que aprendiste de
niño. Pregúntate qué influencias tuviste en tu infancia, qué
situaciones te marcaron, qué modelos y figuras te
rodearon.
Lo más importante es comprender que tu transformación
sólo puede producirse de forma consciente, y la misión
principal de sanarte a ti mismo radica en descifrar
exitosamente tus programas subconscientes. La
transformación personal llegará cuando identifiques tus
patrones subconscientes nocivos y los desmontes capa por
capa bajo el poder de la consciencia, lo cual te permitirá
establecer un gap consciente de actuación para que no
reacciones desde el piloto automático y condicionamiento
programado en tu niño de cinco años. Se trata de que elijas
vivir de manera más consciente para desinstalar ese
programa limitante externo de autosabotaje, y así seas
capaz de construir tu vida conforme a tus propios términos.
Conoce cómo piensas
El siguiente capítulo está orientado a que entiendas tu
proceso de pensamiento. Regulado por el córtex cerebral,
el pensamiento es el procedimiento por el cual interpretas
cognitivamente la realidad exterior y te comunicas contigo
mismo. Es un mecanismo interno e individual —único, como
tu ADN— y, como hemos visto en el capítulo anterior, no es
una capacidad que surja de manera casual, sino que es
producto, en gran medida, del mecanismo de los canales
neuronales.  Del mismo modo que comprender cómo
funciona tu cerebro internamente, conocer cómo se forma
tu proceso de pensamiento te dará poder para tomar las
riendas en el caso en que tu pensamiento sea negativo o
que te sabotee, para intervenir en ese proceso para que no
te haga sentir mal.
1. PROCESO DE PENSAMIENTO
El cerebro humano genera un promedio de sesenta mil
pensamientos al día, unos más intensos que otros. Si se
analizan en detalle, la mayoría de los pensamientos diarios
suelen referirse a las mismas temáticas, las cuales, al ser
recurrentes, configuran e identifican tu yo: el apego a la
historia que te has contado sobre ti mismo. No son
pensamientos que pertenezcan al presente, sino a tu
acumulado histórico de vida, y hablan de tu adicción
mental-emocional. Estos pensmientos recurrentes sirven
para que tires del hilo y explores lo que se halla en tu
subconsciente para traerlo a un plano consciente.
¿En qué consiste el proceso mental?
Cuando percibes un estímulo, se generan pensamientos en
tu mente a los que, automáticamente, les otorgas un
significado. Es como si tu subconsciente creara una especie
de biblioteca de experiencias, sensaciones y asociaciones
que acumula durante el tiempo —el sueño es un ejemplo de
cómo tu mente crea fragmentos de esa biblioteca—.
Cuando recibes estímulos externos o internos, el
subconsciente los asocia con algún elemento de esa
biblioteca prestablecida, atribuyéndole un significado
acumulado que influye en tus emociones posteriores
experimentadas, las cuales se expresan como respuesta en
diferentes mecanismos corporales, como en el sistema
nervioso —por ejemplo, la reacción de lucha o huida— o en
los neurotransmisores —entre los que se destacan la
activación de la serotonina o la dopamina—. Estos
mecanismos corporales que se ponen en marcha terminan
afectando tu estado de ánimo, tus funciones fisiológicas —
signos de ansiedad, por ejemplo— e incluso tu sistema
inmunitario.
Has ido fabricando tales significados desde que eras
bebé; esa estructura de aprendizaje enquistado en el
subconsciente ha creado tu sistema de creencias y tu filtro
ante la vida. Al preguntarte por qué en una misma
situación existen puntos de vista diferentes, notarás que
cada persona percibe la realidad desde su propio
significado acumulado, es decir, desde su propia biblioteca
interna. Asocias un estímulo con significados o creencias
que archivas en el subconsciente, lo cual se pone en acción
de manera casi automática. Sólo siendo consciente podrás
obtener cada vez mayor control de tu proceso mental y,
sobre todo, del impacto emocional que éste produce en ti.
En conclusión, el proceso mental sigue la siguiente
disposición: 
estímulo → pensamiento → significado → emoción.
Es fundamental comprender que no son tus pensamientos
en sí mismos los que generan tus emociones ni las
consecuentes alteraciones fisiológicas de tu cuerpo, sino el
significado que tú le atribuyes a esos pensamientos. Por lo
tanto, éste es el terreno en el que tienes que trabajar: la
raíz del problema, tu biblioteca acumulada, tu
programación subconsciente, tu filtro de la realidad, tu
sistema de creencias. Debes darte cuenta de que el
significado de tus experiencias acumuladas desde que estás
en el mundo lo estás trayendo a tu presente, proyectándolo
en situaciones concretas. Entonces, tu modus operandi
consiste en que no reaccionas desde la realidad aislada de
las situaciones ni desde el momento presente, sino desde la
acumulación de significados subconscientes. 
Por ejemplo, imagínate que no has tenido tu mejor día en
el trabajo. En una reunión has intentado dar tu opinión,
pero uno de tus compañeros te ha interrumpido. Después,
cuando has conseguido intervenir y expresar tu opinión, ha
habido un silencio incómodo, y el resto de tus compañeros
ha cambiado abruptamente de tema. Entonces, tu
pensamiento te dice: «Nadie ha comentado nada» o «Me ha
interrumpido al hablar». Entonces, le das el siguiente
significado: «Soy invisible. Mi opinión no le importa a
nadie. No valgo nada». Llegas a casa luego de lo que
consideras un día infernal, esperando poder escapar de ese
sentimiento, entraspor la puerta y tu pareja está tan
ocupada en el ordenador que no te saluda. Cuando advierte
tu presencia, te dice: «Hola», y a ti te parece seco.
Te preguntas: «¿Soy invisible o qué?». Acto seguido,
notas que tu pareja no ha realizado su parte respectiva de
las tareas del hogar. Te repites la historia, cuyo significado
es «si no me ha recibido con entusiasmo, si no ha hecho su
parte en las labores del hogar, significa que no valgo nada,
que no le importo». Ves en el reloj que llevas dos minutos
en casa y ya sientes que hay mucha rabia acumulada —
quizás desproporcional a los hechos—. Le gritas a tu pareja
desde esa emoción, sin siquiera reflexionar en que puede
estar trabajando en algo importante y no le das la
oportunidad de dar explicaciones.
Tú eres el creador
Si siempre estás inmerso en los mismos problemas, con las
mismas dinámicas nocivas en tus relaciones y sintiendo que
tu realidad gira como una rueda de hámster en la que todo
se repite cíclicamente, tienes que darte cuenta de que el
factor común a esas situaciones eres tú mismo. Para ello, el
descubrimiento de la neuroplasticidad te permitirá lograr
una actitud activa, ya que el piloto automático del que has
sido esclavo hasta ahora te ha obligado a vivir desde una
posición sumisa. Aunque te parezca surrealista, tú mismo
has ido creando una estructura neuronal desde el nivel
subconsciente de tu mente cada vez que actuaste como
zombi. 
Sin embargo, del mismo modo que has aprendido, tú
mismo puedes desaprender lo que te hace mal. Muchas
personas suelen creer que carecen de influencia sobre sus
pensamientos, pero ésta es una creencia errada. Dado que
eres un ser humano, tus pensamientos no dejan de
producirse nunca, pero sí puedes disminuir su ruido. Una
vez que aprendes a no identificarte con ciertos
pensamientos, y por tanto creas distancia de ellos, les
quitas el poder que tienen sobre ti. Sin embargo, si te
quedas enganchado a un determinado pensamiento que te
lastima —por ejemplo, «Nadie me quiere», «La gente me
rechaza»—, terminas alimentando y estimulando los
canales neuronales asociados a ese pensamiento por tu
cerebro y lo proyectas en tu realidad.
Los pensamientos a los que dedicas más tiempo son
aquellos que tendrás más presentes durante tu vida, de
manera que la realidad que experimentarás se verá
reflejada en esa creencia. Pero esta manifestación no se
presenta en un sentido espiritual o místico, sino como un
hecho concreto real, pues tu mente va a seleccionar los
canales neuronales que están previamente trazados y, por
tanto, más trillados y recorridos, porque le resulta la acción
más fácil a realizar. No olvides que interactúas con el
mundo exterior primero que todo a través de tu mente, así
que tú mismo haces que ese patrón de pensamiento esté
más presente en tu vida, hasta que el respectivo canal
neuronal tenga tanto peso que la realidad entera va a ser
filtrada por ahí: tú creas tu propia realidad. Según el
ejemplo anterior, si el pensamiento constante es que nadie
te quiere, siempre encontrarás motivos por los que las
personas te rechazan y no advertirás las oportunidades en
las que ellas sí te aprecian.
Tal vez te preguntarás: «Si tengo la sensación de que
estos pensamientos me controlan, ¿cómo voy a ser yo quien
los provoque?», porque ha sido un proceso en el que te has
programado paulatinamente, expandiendo más y más ese
patrón de pensamiento concreto hasta que ocupa la
mayoría de tus pensamientos. Es posible que inicialmente
se haya determinado un pensamiento asociado a una
experiencia que te marcó —conocido como trauma, lo cual
genera una huella emocional— o incluso algo tan simple
como un pensamiento que te haya producido miedo y haya
surgido una reacción distintiva a los restantes sesenta mil
pensamientos que tienes al día.
¿Cómo puedes mejorar la relación con tus
pensamientos?
La solución consiste en entrenar tu mente de manera
proactiva, así como cuando vas al gimnasio para ejercitar
tu cuerpo. Tu salud mental te necesita, de modo que, para
ejercitarla, debes dedicarle tiempo y esfuerzo con el fin de
desaprender lo que te sabotea. Para lograr este objetivo,
debes seguir las siguientes recomendaciones:
Reconoce tu programación subconsciente para
suprimirla progresivamente identificando los
pensamientos. Un registro diario de pensamientos
extendido por un tiempo de mínimo de ocho
semanas te permitiría analizarlos y clasificarlos.
Como se ha dicho antes, de los sesenta mil
pensamientos de media que se ocasionan al día, son
muy pocos los que te causan fricción emocional, por
lo que detectarlos te permitiría examinar las
temáticas y profundizar en las historias de tu yo —
es decir, los significados que les atribuyes a tus
pensamientos— con las que estás identificado
subconscientemente.
Esfuérzate en crear un gap entre tu pensamiento y
tu reacción emocional, ampliando la conciencia de
la misma y estando más presente, para lo cual
puedes apoyarte en técnicas de mindfulness. 
Pregúntate si estos pensamientos te hacen sentir
sensaciones agradables o desagradables, e
identifica el lugar de tu cuerpo donde se manifiestan
esas sensaciones emocionales, ya que el significado
que le otorgas a cada pensamiento también se
expresa de forma somática. 
Si sigues estos pasos de manera sostenida en el tiempo,
comprobarás cómo la intensidad de tu respuesta a los
pensamientos va disminuyendo y cómo la carga emocional
se va reduciendo. Sentirás un mayor equilibrio y tus
pensamientos se empezarán a desapegar de la historia de
tu yo, por ejemplo, notarás que la furia desatada cuando te
encuentras en un tráfico pesado o discutes con alguien ya
no es tan intensa como antes. Aunque la situación te
desagrade, la intensidad con la que la vives será
gradualmente disminuida, porque estarás adquiriendo más
control consciente sobre tu estado interno.
2. DIARIO ACTIVO
El primer paso —y por tanto más importante— para un
proceso de sanación personal es ser consciente de tu piloto
automático, el cual se manifiesta en forma de
pensamientos, reacciones emocionales y sensaciones
corporales. Dada la desconexión aprendida entre tu cuerpo
y tu mente, la mayoría de los pensamientos y de los
procesos internos que ocurren en ti se presentan de
manera subconsciente, así que tu misión consiste en
prestar atención para comenzar a identificarlos y, con el
tiempo, dirigirlos a la parte consciente, que es donde se
transforman y se sanan.
¿Alguna vez te has sentido mal en tu estado de ánimo,
pero no sabías exactamente qué te ocurría o cuál era el
motivo concreto de esa sensación? Normalmente, los
desequilibrios emocionales son como pequeñas grietas que
hay que integrar para llegar a lo que te ocurre
internamente. De este modo, la herramienta del diario
activo se conforma como una gran ayuda para elevar los
niveles de conciencia interna e identificar en la oscuridad
del subconsciente tus patrones mentales para dar luz a las
heridas emocionales al trasladarlas al plano consciente, y
así, finalmente, concentrarte en sanarlas. Es necesario que
indagues en esa historia que te cuentas sobre ti mismo
para ir desenmascarando el piloto automático con el
análisis de tus pensamientos.
El diario activo es una herramienta práctica cotidiana
que consiste en registrar los pensamientos, las emociones y
las sensaciones corporales que son desencadenadas por un
estímulo o situación determinada. Cuando lleves a cabo
este registro durante un tiempo —al menos por dos
semanas—, comenzarás a distinguir en tu interior la
manera en la que piensas, en torno a qué temas giran tus
preocupaciones, cómo es tu diálogo interno, cuáles son tus
emociones más habituales y adictivas, y por último, tus
respuestas físicas en forma de somatizaciones en tu cuerpo.
Con el tiempo, irás adquiriendo suficiente información
para reconocer tus patrones subconscientes repetitivos y
analizarlos para poder llegar a la raíz de tu historia de
significado y atus heridas emocionales. Es el punto de
partida para tomar conciencia y emprender el viaje de
sanación hacia tu interior y de transformación en tu
exterior.
Cómo completar el diario activo
El diario activo es un registro de presencia mediante el
cual te haces consciente de tu pensamiento, tus emociones
y tus sensaciones corporales, con el cual descubrirás qué
es lo que te provoca el malestar. El objetivo consiste en
que, al hacerlo diariamente, podrás hallar el máximo
número tanto de pensamientos como de patrones
emocionales y corporales. Un modelo para desarrollar tu
registro puede adoptar el siguiente esquema:
Descripción de la situación detonante. Describe la
situación en la que estés cuando se detone el
pensamiento: qué estás haciendo en ese preciso
momento, con quién, dónde y cómo estás.
Pensamiento. Anota la mayor cantidad de pensamientos
que te surjan, sobre todo los que te generan malestar. En
otras palabras: tienes que cazar los pensamientos. Este
ejercicio te facilitará entrenar tu atención consciente, de
manera que puedas determinar el patrón subconsciente
para poder transformarlo.
Emoción. De acuerdo con el pensamiento que has
identificado, intenta invertir conciencia en la emoción
que te genera ese pensamiento. Pon mucha atención en
lo que te hace sentir y describe las emociones
resultantes.
Sensaciones corporales. Elabora un registro de las
sensaciones corporales que acompañan tus
pensamientos y emociones del momento. Este ejercicio
puede resultar difícil al principio si no estás
acostumbrado, pero progresivamente irás interpretando
las reacciones de tu cuerpo, pues en éste siempre se
produce una respuesta que exterioriza tus pensamientos
y emociones.
Por último, puntúa el grado de intensidad de los
pensamientos, las emociones y las sensaciones corporales
que hayas identificado en una escala que oscila entre 0 y 1,
en la cual 0 representa No siento nada 1, Siento algo, pero
no es intenso; 2, Es un poco intenso; 3, Es medianamente
intenso; 4, Es intenso y 5, Es muy intenso. Este modelo de
registro que se presenta en la Tabla 1.1. puede ayudarte
como referencia para completar tu propio diario activo.
Advertencia: El proceso de sanación por parte de la
persona que quiere transformarse debe tener un carácter
activo. Entonces, dado que, con esta herramienta pasas a la
acción, es con ella que recomiendo empezar a mis
pacientes; quienes al principio suelen presentar
resistencia, y por tanto, seguramente tú también la
experimentes, ya que estás añadiendo a tu vida un nuevo
hábito que cuesta esfuerzo y requiere constancia.
Recuerda: no puedes cambiar nada si sigues pensando,
sintiendo y actuando igual que antes. El coste de
convertirte en la versión de ti más sana y equilibrada
implica dejar ir lo que te sabotea y desequilibra. Si generas
decenas de miles de pensamientos al día, entonces «no se
me ocurre ninguno» es sólo una excusa. Esto ocurre por la
desconexión contigo mismo, que es justo el objetivo del
ejercicio: poner atención en lo que ocurre en tu interior.
Esfuérzate sobre todo al principio y con el pasar de los
días te adaptarás al proceso y el resultado llegará más
rápido. El tiempo que debes dedicar al ejercicio no es
demasiado, sino apenas unos minutos. Por ejemplo: puedes
activar alarmas en el móvil cada sesenta o treinta minutos
si al comienzo te cuesta mucho reconocer los
pensamientos, así te obligas a detenerte y preguntarte los
siguiente: «¿Qué estoy pensando?». «¿Qué emociones
siento?». «¿Qué sensaciones corporales estoy
experimentando justo en este instante?».
Desenreda tu ego
Lo que más te hace sufrir no es el pensamiento en sí ni el
significado que le das, sino tu apego al significado: es la
identificación con la historia que te has contado lo que te
provoca sufrimiento. Tus pensamientos no te hacen daño de
manera aislada, sino la historia que se desencadena en tu
mente, una historia que se enreda y salta de un
pensamiento a otro. Ese enganche a la historia es lo que
tienes que frenar. Normalmente, esa historia que te cuentas
te lleva a las mismas creencias subconscientes y a las
heridas emocionales enquistadas, un diálogo interno
negativo derivado no del pensamiento en sí mismo, sino del
enredo que creas con el significado que le atribuyes tanto
al pensamiento como a la emoción que te produce. 
1. EGO: IDENTIFICACIÓN CON TU PENSAMIENTO
Crees que controlas la situación, pero realmente son tus
viejos patrones instalados en el subconsciente los que te
gobiernan sin que te des cuenta. Es por esto que el patrón
de pensamiento que has desarrollado desencadena tu tipo
de reacciones, emociones y actitudes ante tu vida. Ese
apego a la historia y, en definitiva, a la definición de quien
eres, ha sido creado por ti con la influencia de tu entorno
cercano, del entorno cultural y de tus experiencias fuertes
emocionales: ese apego a la historia de quien te has creído
que eres es tu ego, es tu condicionamiento aprendido. En
tal sentido, cuando se menciona ego en este libro no se
refiere al egocentrismo —sentimiento exagerado de la
personalidad que le hace creer a alguien que es el centro
de atención—, sino que se refiere al condicionamiento que
te aleja de tu ser más auténtico.
A nivel cognitivo, tu ego constituye los patrones de
pensamiento expresados en la voz dentro de tu cabeza que
juzga, no sólo a ti mismo, sino también al exterior. A nivel
neuropsicológico, es el piloto automático programado en el
cerebro en forma de canal neuronal recurrente, lo cual es
consecuencia del ahorro energético que provoca respuestas
automáticas con las que no te identificas o pensamientos a
los que estás enganchado, que te hacen sentir mal y te
autosabotean. A nivel emocional, es el niño herido que
habita en ti. Hablaremos de esto extendidamente en el
capítulo sobre la emoción.
¿Qué es el ego?
Tu ego es lo que te distancia de tu verdadera naturaleza, de
tu esencia. Cuando naciste, eras libre y puro. Empezaste a
vivir, a acumular experiencias, y comenzaste a crear ideas
del mundo, las cuales constituyeron tu filtro de la realidad.
Al desempeñar una función biológica, ese condicionamiento
aprendido te permitió sobrevivir en tus edades tempranas a
tu entorno, cuando estabas construyendo tu personalidad.
Entre tanto, ibas construyendo capas alrededor de tu ser
original para ser aceptado y amado por los demás. De este
modo, cuando eras bebé, la fuerza que te movía era el
amor: aprendiste, en función de las personas más cercanas
a ti, lo necesario para ser amado y cuidado, para recibir
amor incondicional. Este mecanismo de condicionamiento
es totalmente subconsciente.
De acuerdo con tu contexto y con las influencias
emocionales que recibiste cuando eras un niño, se
construyó la relación entre dos entidades: tu ego y tu ser.
Tu personalidad se moldeó conforme a esta relación.
Imagínate dos escenarios diferentes en los que un bebé
llora y la manera en la que actúan sus criadores. En el
primer caso, la madre o el padre lo atiende
inmediatamente. El bebé aprende que si llora recibe amor;
aprende a sentirse a salvo al exponer sus necesidades,
porque son validadas por el entorno, entonces, se sentirá
cómodo siendo él mismo. En el segundo caso, nadie lo
atiende. El bebé aprende que si llora no recibe amor; si
expresa sus necesidades, éstas no serán atendidas, no
serán validadas, entonces empezará a moldear su
personalidad con base en las necesidades del entorno, no
de las propias.
De estos dos casos, es más probable que el bebé del
primero tenga un ego más saludable que el del segundo. El
ego del primer caso no se distanciará de su esencia y
tendrá más posibilidades de desarrollar seguridad en sí
mismo, de sentirse válido y suficiente, por el simple hecho
de ser en auténtica esencia, mientras que el del segundo
caso aprenderá desde pequeño a negarse a sí mismo. La
historia que crearán sobre sí mismos estas dos personas
serán muy diferentes.
Obviamente,el anterior es sólo un ejemplo aislado, pues
hay tantas influencias e interacciones a lo largo de la vida
que la construcción del ego es un proceso complejo.
Además, cabe considerar que la construcción del ego en
sus inicios depende no sólo de las experiencias del
individuo, sino también de cómo éstas son interpretadas
por él. En la mente de un niño de, por ejemplo, cinco años,
que no sabe si sus padres no lo atienden porque tienen
depresión o porque están trabajando muchas horas fuera
de casa para sacar la familia adelante, él sólo sentirá
ausencia y abandono, dado que los niños viven en el
momento presente y con un grado de conciencia en el que
no suelen cuestionarse más allá: simplemente, sienten en el
momento y lo integran a su subconsciente.
¿Te suena escuchar? «Estudia una carrera con futuro y
con salida laboral»; «Cásate antes de los treinta»; «Sé una
buena chica»; «Eres muy mayor para empezar de cero»;
«Aguanta en esa relación» (aunque no te haga feliz).
Creces bombardeado por todas las expectativas que tienen
de ti, empezando por tus padres y pasando por el colegio,
las normas de la sociedad o los cánones de belleza. El
condicionamiento aprendido que te aleja de quien
realmente eres es la causa de la fricción que sientes en tu
vida. Aprendiste a no ser tú, a negarte lo que querías, y
normalizar eso en el tiempo genera una contradicción
interna, porque no eres fiel a tus propias necesidades. En
parte, estas consecuencias son la fuente de tus problemas,
de tu inestabilidad, de tu desequilibrio.
Ahora bien: si estás identificado con tu ego, es posible
que te sientas perdido, que no sepas quién eres, pero la
buena noticia es que sólo estás desconectado, no roto. El
trabajo de sanación personal consiste en recordarte quién
eres, en conectarte con tu autenticidad y acercarte a tu
esencia original, la cual habita en ti, aunque no seas
consciente de ello. Eres un ser condicionado, por tanto, tu
ego es tu condicionamiento, lo cual te aleja de tu pureza
primaria y te acerca al miedo. Es aquella contradicción,
expresada como una lucha interna, en una especie de voz
en off que te boicotea.
En conclusión, tu ego ha sido construido para adaptarse
al entorno como mecanismo de supervivencia en forma de
pensamientos, personalidad y actitudes. Te distancia de tu
ser más auténtico, que es esa página en blanco —pura
esencia— con la que viniste al mundo antes de adaptarte a
lo que los demás esperaban de ti. Tu ego es necesario e
imprescindible; no es malo en sí, porque cumple su función
de supervivencia y protección, pero, cuando te controla y te
identificas con él, puede generar muchos problemas en tu
salud mental.  La relación con tu ego es la raíz de tu
sufrimiento: de manera que, aprender a desidentificarte de
él es clave para llevarte lo mejor posible con tu ego. Para
conseguir una relación saludable con tu ego, es imperativo
que aprendas a conocer la composición de ese
condicionamiento subconsciente aprendido y
desenmascararlo, con el fin de reconocerlo cuando
aparezca y no ser arrastrado por él.
Es cuestión de práctica, paciencia y resiliencia: cada
persona tiene su propio ritmo. Como seres humanos,
biológicamente estamos programados para tener un ego y
este no desaparecerá del todo de nuestra vida. El desafío
está en la consciencia que adquieras sobre cómo se
manifiesta en ti, para que seas tú quien empiece a
controlarlo y, por consiguiente, limitar su influencia en tu
vida y en tus decisiones.
2. REENCUADRA LA RELACIÓN CON TU EGO: 
TÚ NO ERES PENSAMIENTO
Pienso, luego existo: tú eres el ser pensante, no el
pensamiento. Los pensamientos no callan y pueden llegar a
ser muy ruidosos. Normalmente, el pensamiento es una voz
que habla dentro de tu cabeza: «Mejor me pongo un abrigo
porque hace frío»; «Quizás debería ponerme a dieta»;
«María no me ha contestado el mensaje. Será que le caigo
mal». El pensamiento es un mecanismo de tu cerebro que
te permite interpretar tanto el mundo externo como el
interno, y no para, va de una cosa a otra. El problema surge
cuando te identificas con él. En efecto, posiblemente si la
voz estuviera fuera de tu cabeza, o sea, que viniera de una
persona diferente de ti, la ignorarías, o le dirías algo así
como: «Mira, eres muy pesado. Mejor dejemos nuestra
amistad. No puedo escucharte más, me drenas la energía».
Pero, realmente, esa voz habita dentro de ti. 
Los pensamientos oscilan en tu cabeza, pues tú eres el
ser que los experimenta. Cuando crees que tú mismo eres
el pensamiento, corres el riesgo de ser esclavo de lo que él
te dice, por eso es importante que te sitúes como
observador para poder crear un gap de conciencia entre tú
y tu pensamiento. Si puedes reconocer tus pensamientos,
es prueba de que eres capaz de examinarlos y dominarlos,
pues eres el ser superior consciente. Si has llevado a cabo
el ejercicio del registro del diario activo, te darás cuenta de
que adoptas con la práctica una posición de perspectiva
encima de tu pensamiento. Convertirte en el observador te
da la facultad de tomar distancia entre los pensamientos y
tú, para brindarte más control. Tú no eres los
pensamientos, eres mucho más: eres el ser pensante.
Tus pensamientos no son verdades
absolutas
Imagínate que estás esperando un mensaje de tu pareja;
pasan un par de horas, y el mensaje no llega… Entonces, en
tu mente empieza a aparecer todo tipo de pensamientos
diferentes que pasan de unos a otros en microsegundos,
por ejemplo: «Creo que ya no le intereso tanto»; «A lo
mejor le ha pasado algo o ha tenido un accidente»; «Me
está siendo infiel, seguro»; «Puede que se haya quedado
trabajando hasta tarde»; «Me deja en visto»; «Me ignora»,
«Tal vez le han robado el móvil»; «Me va a dejar», etc.
Entonces, estás tan sumergido en estos pensamientos que
te los has creído, ya que tus emociones están identificadas
con ellos y los sientes como si fuesen verdad. En ese
momento, recibes su mensaje y te dice que estaba ocupado
preparándote una sorpresa. ¡No había nada por lo cual
preocuparse! Sin embargo, tu mente te la jugó una vez
más. Entonces, ¿cuál de todos esos pensamientos que se te
pasaron por la cabeza es el verdadero? Ninguno, sólo son
presunciones de tu mente. Por lo tanto, si tus pensamientos
son como veletas, que cambian de opinión en cuestión de
instantes, ¿por qué te fías tanto de ellos?
Adopta el hábito de dudar de tu pensamiento, ya que la
credibilidad en él es cuestionable: tus pensamientos no son
verdades absolutas. De los sesenta mil pensamientos que
tienes al día en promedio, tu mente sólo se enfoca en
algunos, mientras que los que no le interesan son
descartados. La mente no atiende a éstos conscientemente,
porque no refutan la teoría que has construido sobre ti
mismo; desde un punto de vista neuropsicológico, no
encajan en los canales neuronales trazados previamente en
el cerebro.
A la mente le da igual si un pensamiento es verdadero o
no. Lo que le importa es que sea familiar. Recuerda que,
cuando surge un pensamiento, se realiza una asociación
neuronal: o bien se crea un surco neuronal —si es una idea
nueva—, o bien se recorre un surco neuronal ya formado en
el cerebro —si es una idea similar o repetitiva—. Dado el
ahorro energético, tu cerebro te engaña y te lleva por los
mismos surcos neuronales una y otra vez. Es como si el
cerebro tomara un atajo, lo familiar para él, porque le da
pereza trabajar más de lo necesario. Es la razón por la que
la mayoría de los pensamientos cotidianos son muy
parecidos, o incluso iguales: vives en el día de la marmota
continuo.
A veces, tienes pensamientos que te dan miedo: son los
favoritos para tu ego, ya que se distinguen del resto,
generan una tensión tal que te obliga a enfocarte de modo
consciente para que no pasen desapercibidos. En verdad, la
mayoría de personas tienen pensamientos irracionales en
algún momento, pero no todas se obsesionan con ellos. Sin
embargo, la atención consciente a estos pensamientosprovoca una expansión de ellos, por lo que se pueden
convertir en una adicción de tu mente, haciendo que los
tránsitos neuronales se fortalezcan aún más. Son los
elegidos por tu ego. Pero el poder de prestarles atención o
no está en ti; es tu decisión consciente.
La mente usa símbolos 
Los seres humanos suelen ser adictos al propio ego, lo que
quiere decir que están habituados a su estructura neuronal
y, por lo tanto, a la historia que se han creído sobre sí
mismos. El cerebro funciona como un radar, como parte de
un mecanismo de supervivencia, pues siempre está alerta
analizando el terreno para detectar elementos que
confirmen su teoría, y cuando los encuentra ahí se queda
anclado. El enredo en tus pensamientos, en tu historia, se
pone en acción y no para hasta que lo detienes
activamente, pero, si no eres consciente de ello, tal vez esa
historia mental sigue activada hasta el final de tus días. Tu
mente es adicta a sus propios surcos neuronales y
desesperadamente quiere llevarte por ellos. Utiliza
símbolos que son la combinación perfecta que ha
encontrado en el entorno para llevarte a que revivas la
historia, confirmando así su neurosis. Así, tu mente te
mantiene entretenido con alguna obsesión, fácil, familiar y
trillada, mientras ella trabaja en el funcionamiento del
resto del cuerpo. 
Es importante observar que, cuando te enfocas en algún
símbolo, la realidad se distorsiona, porque sólo le prestas
atención a las características simbólicas que refutan tu
teoría, tu historia, tu adicción, y descartas lo que no encaja
con tu versión, con tu neurosis. La realidad circundante es
diferente al significado que le estás atribuyendo al símbolo,
pero eso no lo puedes ver. Por ejemplo: si consideras que
«los hombres o las mujeres son todos iguales, unos
cabrones», te aseguro que tu mente hallará defectos donde
no existen y acentuará el concepto negativo de ellos para
ponerles la etiqueta de canallas, dejando ir a personas que
son totalmente dignas.
Se pueden encontrar símbolos que se externalizan de
distintas formas, como en personas, en situaciones o
incluso en gestos, factores que te reflejan a lo que eres
adicto mentalmente. Imagina que tu adicción, tu historia
identificativa de vida o tu herida tratan sobre el rechazo,
entonces, verás señales de esta actitud por todos lados y la
sentirás como una amenaza. Veamos algunos ejemplos de
externalización de este símbolo en personas, gestos y
situaciones:
Personas. Te sientes atraído sólo por personas
emocionalmente no disponibles, independientes,
distantes, de manera que se valida tu historia de
rechazo.
Gestos. Te centras en un gesto, como una mirada, una
mueca o un comentario. Si tu pareja sonríe a la persona
que le atiende en un comercio, automáticamente piensas
que se siente atraído sexualmente por ella y empiezas a
crear narrativas de abandono, infidelidad o desinterés.
Situación. Magnificas una situación. Si tu pareja deja el
móvil bocabajo, las historias que se desencadenarán en
tu cabeza serán de rechazo hacia ti: «No quiere que vea
quién le escribe»; «Me oculta algo»; «Está ligando con
otra persona».
Tal apego al condicionamiento, a la historia que has
aprendido de quien eres, la has elaborado a través de los
ojos que los demás proyectan en ti —eres la media de las
cinco personas con las que pasas más tiempo—. Te has
contado una historia sobre ti mismo y lo peor es que te la
has creído. Estás tan identificado con ella, que te sientes
incómodo si no encajas en el yo que has creado. Es por eso
que subconscientemente buscas argumentos para refutar la
teoría, que es de donde proviene el autosabotaje.
Con mis pacientes, prefiero explicar esta dinámica con la
analogía del cajón de sastre en el que guardamos todas
nuestras neurosis —temáticas favoritas del ego—. De
acuerdo con las circunstancias del día, tomamos una de
esas neurosis —días como en los que nuestro estado de
ánimo está inestable o cuando caemos en la
procrastinación— y filtramos todos los acontecimientos del
día desde ella.  Entonces, nuestro radar interno está
predispuesto a encontrar estos símbolos en la realidad para
reflejar nuestra neurosis. En estos días, la mente se
encuentra más dispersa y el ego toma el control, así que,
para cambiar este estado mental, es indispensable
conducirlo a uno más neutral mediante alguna práctica
para entrenar la mente, ya que, si te dejas llevar por los
símbolos, terminarás saboteándote, a ti, e incluso
arruinando relaciones interpersonales.
3. PERCEPCIÓN: TU FILTRO NO ES LA REALIDAD
A la mente le gusta tener el control. Ella anticipa, organiza,
ahorra energía cada vez que le sea posible; archiva toda
información en cajas y les pone etiquetas. Esta gestión de
información es bastante eficiente —equiparable al proceso
de producción de una fábrica—, de modo que la mente se
gana el apelativo de la empleada perfecta. Las cajas serían
el filtro de la realidad y las etiquetas, el juicio que emites
sobre ellas. Se trata de dos herramientas que incitan a
tener un falso control, el cual te hace sentir relajado, pero
por breves instantes, pues es cortoplacista, ya que no
resulta como un encuadre de la realidad tridimensional, y
por eso no es sostenible. Eres esclavo de este encuadre
mental, porque te resistes a rendirte a la idea de que la
incertidumbre es lo único que existe y que el cambio es una
constante. 
Las cajas y etiquetas de la mente son producto de la
dicotomía que establece que la realidad es blanca o negra,
una de las fuentes del sufrimiento humano; incluso, cuando
la mente es demasiado estricta, puede derivar en
trastornos psicológicos más severos. Las cosas no son tan
simples como para poder encasillarlas, y esas etiquetas —
que te pueden traicionar en muchas ocasiones— limitan
mucho la realidad, aunque la intención de este mecanismo
biológico sea tu propio beneficio desde un punto de vista de
supervivencia, la asociación puede ser muy primitiva y
saboteadora. Tu mente te engaña, ofreciéndote una
solución momentánea, con una aparente sensación de
control. Pero lo que realmente te liberará será trascender
la aceptación incondicional de que la realidad es gris, no
blanca o negra, lo que te induciría eventualmente a sentirte
cómodo con la incertidumbre. 
Cuando tu mente no tiene el control, se bloquea o se
desborda, y por esta razón necesita del juicio, mecanismo
de protección que la mente emplea por el miedo de salir de
estas etiquetas mentales totalitarias de la realidad. Esto es
lo que ocurre cuando eres víctima del overthinking:
tendencia compulsiva a definir las cosas, a explicarte
detalladamente lo que sucede en el mundo exterior para
que el resultado encaje en tus esquemas internos y no
sientas fricción o incomodidad. Esto provoca un desgaste
energético al tratar de pasar todo suceso por el aro de la
mente inquisidora, que juzga como bueno o malo, blanco o
negro, bonito o feo. Sin embargo, éste es un mecanismo
aprendido que se puede reducir si lo enfrentas con la
incomodidad de no etiquetar, desaparecerá si aceptas la
realidad como es: sin tratar de definirla mediante
explicaciones que quepan en tu lógica mental o que la
soporten internamente.  Así pues, pregúntate esto: «¿Mi
juicio es tirano, demasiado estricto e inquisitivo?». «¿Qué
situaciones, temáticas o personas tiendo a juzgar más?»
Lo anterior habla de tus mayores neurosis y miedos, por
los cuales no eres libre. A menudo tu juicio se basa en tus
experiencias de vida, pero también en lo que la sociedad y
la historia han decretado que es correcto —lo cual se halla
en el subconsciente colectivo—. Es viable reconocer que
todos los puntos de vista existen y que sólo tienes la
capacidad de ver la punta del iceberg de la conducta de
una persona o de una situación. Por tanto, es importante
asumir una actitud de mente abierta y de humildad para
aceptar que existe la posibilidad de que tu paradigma sea
erróneo, ya que a los individuos les es imposiblecaptar la
totalidad de la realidad y que los juicios están influenciados
por fenómenos psicológicos, como la percepción y la
atención. 
Percepción psicológica
¿Qué ves en las siguientes imágenes?
En la primera imagen, unos ven a una mujer joven y otros,
a una mujer mayor. En la segunda imagen, unos ven un
jarrón y otros, dos caras contrapuestas. Sin embargo, no
hay una opción mejor que la otra, pues ambas serían
correctas y existen en el plano real, pero quizás tu mente
no esté preparada y por eso no te permite verlo: que no lo
veas no significa que no exista.
Ahora, ¿qué ves en la siguiente imagen?
La mayoría de adultos ve una pareja desnuda abrazándose,
pero, si le preguntamos a los niños, la respuesta es
sorprendente: delfines —hay nueve en la imagen—. La
mente de los niños aún no ha sido sexualizada, pues todavía
no existe un condicionamiento asociado a la sexualidad, por
lo tanto, ellos ven la única realidad que conocen hasta el
momento: delfines.
La realidad solo es una, pero cada persona tiene su
propio filtro, y cada uno posee un condicionamiento único e
individual. Sólo cuentas con tu propia percepción y punto
de vista, que no es más que tu realidad filtrada. La realidad
sin ese filtro es diferente: un objeto puede estar ahí, pero
es tu conciencia de ese objeto lo que le otorga existencia.
Sin conciencia, sin atención en el objeto, éste no existe
para ti, aunque esté en ese plano. Cada ser experimenta el
mundo a través de sí mismo, de su conciencia y de su
presencia en la realidad. Dado que el mapa no es el
territorio, tu filtro puede tener sesgos y no ver la realidad
completa. Vives el mundo como eres, no como es.
¿Qué te sugiere la siguiente imagen?
El mensaje que tienes que llevarte de las imágenes arriba
expuestas es que existen tantas percepciones como
personas en el planeta. Nadie tiene la posesión de la
verdad absoluta. Aunque ésta te parezca muy real y la veas
muy clara en un momento dado, deja siempre un umbral a
la duda. Mantente flexible y abierto a cambiar de
perspectiva, ya que a veces tu proceso de pensamiento
falla, cuya consecuencia es que percibes la realidad de
forma irreal, alteración conocida en psicología como
distorsión cognitiva, definida por el psicoterapeuta
estadounidense Albert Ellis. Existen diversas maneras en
las que estas percepciones distorsionadas se manifiestan,
entre las que se destacan las siguientes:
Sobregeneralización. Consiste en elegir un caso aislado y
extrapolar de él una conclusión general, por ejemplo:
«Soy un fracasado en la vida», cuando sólo has
suspendido un examen, mientras que el resto de notas
tienen una media de notable o aprobado.
Descalificar lo positivo. Se trata de ignorar
constantemente los rasgos positivos, generalmente más
abundantes, de la realidad para destacar únicamente los
eventos negativos, por ejemplo: «Tengo un día de
mierda», cuando tu día no ha parado de brindarte cosas
buenas y simplemente te ha caído una gota de café en la
ropa limpia.
Magnificación / minimización. Se define como la actitud
de infravalorar o sobreestimar situaciones, a otras
personas o a nosotros mismos, por ejemplo: «Si pierdo el
trabajo, tendré que ir a comer a un comedor social», lo
cual podría convertirse en una consecuencia con pocas
probabilidades de que ocurra. 
Sesgo confirmatorio. Es la tendencia a sesgar la realidad
para que ésta encaje en ideas preconcebidas, por
ejemplo: en una discusión, quedarte sólo con los datos
que corroboran tu teoría e ignorar los que la ponen en
duda. 
Como ejercicio práctico, si estas distorsiones te suenan
familiares, puedes consultar tu registro de diario activo e
identificar cuáles de esos pensamientos pertenecen a cada
una de estas distorsiones cognitivas. 
Cómo minimizar los sesgos en la
percepción
Cuanto más preciso seas en la percepción, tanto más capaz
serás de percibir las situaciones como son en realidad. Se
trata de mantener el filtro mental lo más cristalino posible,
pero ¿cómo haces esto? La percepción psicológica es la
interpretación de tu cerebro sobre los estímulos que recibe
a través de los sentidos. Esta impresión crea una
representación inconsciente o consciente de la realidad,
como una especie de imagen interna que tu cerebro
produce para que puedas identificar la idea. Esta
interpretación en tu cerebro no sólo se obtiene de la
información que nos brinda el estímulo, sino que también
se pone en acción un mecanismo subconsciente de todas
tus experiencias pasadas asociadas al mismo para
reconocer el objeto o la situación en cuestión. A veces, esa
sabiduría, esa experiencia acumulada, juzga la información
con base en el pasado, no en cuanto a lo que ese momento
presente ofrece.
La cuestión importante aquí es conocer en qué medida
los sentidos están presentes, en qué medida tu vista no sólo
ve, sino que además observa; o tu oído no sólo oye, sino
que además escucha. Cuanto más conectado estés con tus
sentidos, tanta mayor probabilidad hay de que esa
representación en tu mente esté más próxima a la realidad.
Ejercicio
¿Qué tan despiertos están tus sentidos? Te propongo
un ejercicio en el que practicarás los paseos
conscientes, una excelente manera de entrar en
contacto con el momento presente y con tus
sentidos. 
Paseo de los sentidos
Es una práctica de tipo mindfulness en la que entrenarás la
conexión con tus cinco sentidos (vista, olfato, gusto, oído y
tacto) mediante una meditación activa. Consiste en caminar
—si es posible, por un espacio natural— y vivir la
experiencia con todos tus sentidos, tratando de no
engancharte con tus pensamientos. Cada vez que
descubras que tu mente vuela, intenta conectarte de nuevo
con algún sentido —por ejemplo: huele una flor u observa
detalladamente una nube que se mueve—. Así mismo, para
poder llegar a un estado de conexión con los sentidos, es
importante que te deshagas de la prisa y dejes tu móvil en
modo avión, sin música ni ningún tipo de notificación
activada. A esta cita sólo están invitados tú y tus sentidos.
Tu presencia plena tiene mucho que contarte, así que te
propongo lo siguiente:
Camina sin rumbo,
perdiéndote en tu propia ciudad.
Trata de practicar la sorpresa:
observa desde otro ángulo
—desde otro nivel de consciencia—
y asómbrate de lo que percibas.
¿Eso siempre estuvo ahí?
«Nunca lo vi, nunca me di cuenta»
—pero estaba—.
Mira para arriba, al cielo:
observa las formas de las nubes
y la impermanencia de las mismas
—vienen y van—.
Aprecia la majestuosidad del árbol,
de su corteza, y la sabiduría que alberga.
El asfalto te sostiene,
el mundo bajo tus pies
—enraizado—.
Ábrete a sonidos
como el de ese pájaro que interrumpe sin avisarte,
toca la brisa, caza el aire,
y siente ese soplo de viento
—en tu piel—.
Huele la tierra mojada,
el olor del jazmín de esa calle,
y ese perfume con el que te cruzas,
te hace recordar algo
—que creías olvidado—.
Siente la tensión en tus muslos,
la contracción de tus rodillas,
el vaivén de tus manos, al andar.
Conecta tu paso con tu respiración,
—inhala, exhala—
Abre los sentidos para recibir,
desde otra perspectiva.
Piérdete en paseos conscientes,
y esos caminos te llevarán a ti.
—La dirección es hacia ti—.
4. EMPIEZA A DESENMASCARAR TU EGO
Dentro de ti está tanto el ser que observa como tu ego —
condicionamiento aprendido para sobrevivir—. Ambos
coexisten, comparten el espacio dentro de ti. Como en un
coliving, tu ego es un compañero de piso, de manera que tu
misión consiste en llevarte bien con él para que la
convivencia sea la mejor posible. Ahora, imagínate tu ego
con propiedades humanas, como una voz interna que está
diciéndote —quizás justo en este momento—: «Esto no sirve
de nada»; «Nunca vas a ser capaz de sentirte feliz»; «Es
muy complicado vivir en paz», bla, bla, bla...
Pregúntate si tu ego te cae bien. Como hemos
mencionado, si esa voz que tienes en tu cabeza fuera una
persona, con seguridad te mantendrías bien alejado de ella.Es alguien que cambia de opinión cada treinta segundos y
su discurso es inconsistente. Una voz bastante desquiciada
que te dice cosas sin sentido, te juzga; es especialista en
arruinar el momento, un aguafiestas. Con razón, le dirías:
«Basta y ciao». Pero el problema es que esa voz vive dentro
de ti y la llevas todo el día contigo. Eres víctima de bullying,
pero ya tienes tu propio bully muy cerca de ti, tanto que, si
no eres capaz de disociarte de esa voz acosadora, te vas a
creer todo lo que te cuenta, de forma que el ego tomará el
control de tu existencia, y tú eres el ser que asume las
consecuencias, quien se siente enfadado, triste o ansioso
cuando esa voz se pone más activa.
Piensa en una radio cuando intentas sintonizar una
frecuencia y sólo escuchas ruido entre emisoras, voces
sobrepuestas: ¡es desquiciado! Imagínate vivir bajo este
ruido: el resultado es que terminarás trastornado. Ahora
reflexiona si ese símil se equipara en la relación que tienes
con esta voz interna del ego: si te reconoces en ella, es
hora de ponerle límites y empezar a tomar el control.
Recuerda que tú eres el ser que posee la conciencia, que tu
labor consiste en disminuir el ruido y establecer un espacio
en tu mente para poder lograr mayor claridad. 
Ten presente que la relación ego-ser es vitalicia, debido a
lo cual liberarte de tu ego no es una opción. Pero sí puedes
reposicionarlo en tu mente y mejorar la relación con él;
enseñarle cómo quieres ser tratado para llegar a un
equilibrio saludable. Como en cualquier relación, tienes
que dedicar tiempo a conocerlo, mirarlo a los ojos para
vincularte íntimamente y tratar de entenderlo con el fin de
mejorar la comunicación con él. Es un trabajo, y tienes que
pasar necesariamente por ello para sanarte.
No todas las personas afrontan la voz del ego de igual
manera. El grado de bullying que ella puede ejercer
depende de la distancia entre el ego y el ser consciente —
es decir, el condicionamiento de patrones mentales
limitantes—. Cuanto menos opuestos, menos chocarán
entre sí, y la fricción e incomodidad interna será menor.
Cada persona tiene una línea de salida, dependiendo de si
has crecido con un ego más o menos saludable, que ha sido
estructurado dependiendo del entorno en las edades
tempranas, lo que determina tu equilibrio emocional,
aunque no seas consciente de ello. 
Sistema de creencias
Para poder desaprender lo que te limita y aprender lo que
te potencia, es indispensable identificar lo que te está
saboteando. Como hemos mencionado, tu ego se construye
en tus edades tempranas y se programa en la parte
subconsciente de tu mente, lo cual genera un piloto
automático desde el que experimentas la vida. Entonces, si
quieres desenmascarar tu ego, debes llegar al origen de las
historias que te has contado, no sólo sobre ti mismo, sino
también sobre el mundo externo, y así identificar tu sistema
de creencias para desaprender lo que te limita. 
Figura 1.3. Alegoría de la caverna de Platón, dibujo de Markus Maurer.
Recordemos la alegoría de la caverna de Platón, según la
cual un grupo de prisioneros vive en una cueva desde que
nacieron atados por sus pies y por sus cuellos de manera
tal que sólo pueden mirar hacia una pared de la cueva. En
esta pared se reflejan siluetas proyectadas por el fuego de
una hoguera que se halla detrás de los prisioneros,
quienes, al no poder mirar nada más, creen que esas
proyecciones son objetos reales, en otras palabras: para
ellos, desde que nacieron, ésa es la realidad. Un día, un
prisionero es desatado y obligado repentinamente a ver la
luz de la hoguera y luego los objetos reales, los cuales se le
dificultaría distinguir al estar encandilado por el destello de
la luz del fuego. Acto seguido, es forzado a salir de la cueva
y, después de tener que acostumbrarse al resplandor de la
luz natural, él descubre lo que es el mundo real: las
estrellas, la luna, el sol mismo, pero son los objetos reales,
no sus reflejos. El prisionero liberado vuelve a la caverna
para contar al resto de sus compañeros los que descubrió,
pero ellos no le creen, piensan que está loco y siguen con
sus cadenas. 
Esta alegoría ilustra muy bien el impacto que en tu vida
tiene el sistema de creencias, lo que has aprendido, lo
programado de modo neuronal; y son la base de tu sentido
de identidad, por tanto, el filtro que te hace percibir la
realidad. Sin embargo, las creencias no son las realidades.
El sistema de creencias es el origen subconsciente del
que surgen tus pensamientos, pero a tu mente no le
importa si tus pensamientos son o no racionales, porque
ella no diferencia entre lo real y lo imaginario. Para que lo
experimentes por ti mismo, te propongo el siguiente
ejercicio: cierra tus ojos y concéntrate; imagínate chupando
un limón durante veinte segundos; muérdelo, siéntelo en tu
lengua, saboréalo. ¡Sorpresa! Verás como toda tu boca se
llena de saliva.
La idea de probar un limón hace que el cuerpo responda
como si realmente lo estuvieras comiendo: una experiencia
vivida o una experiencia imaginaria es lo mismo para la
mente, por eso ella responde a tus pensamientos como si
fueran verdaderos. Por esta razón, un sistema de creencias
sin trauma y con una base equilibrada te ayudará a filtrar
la realidad y vivir la vida de manera más positiva.  En
definitiva, la historia que nos contamos sobre nosotros
mismos está basada en creencias que tienen muchas
maneras de expresarse. En consecuencia, la práctica de la
sanación personal busca detectarlas y reconocer su origen,
cuyo método de acceso es la indagación consciente del ego
a través de su voz: el diálogo interno.
El diálogo interno
No olvides que el citado compañero de piso que vive en tu
cabeza tiene voz. Quizás nunca has puesto atención y te
has percatado de su tono, de la ternura o agresividad con la
que te habla. Definir estas características es importante
para poderlo identificar cuando se presente.  ¿Cómo es su
personalidad? Si ese ente viviera fuera de tu cabeza,
¿serías su amigo?, ¿te caería bien? O, en cambio, ¿huirías
de él porque es nocivo? Tal vez te envíe mensajes como
«insignificante», «fracasado», «feo», «tonto», «inútil»; o tal
vez sus mensajes se asocien con la compasión y el amor
incondicional hacia tu propio ser: a tu belleza tanto interior
como exterior, a tu perfección imperfecta, a tu amabilidad,
a tu buena personalidad, a tu divertida actitud. Pregúntate
con cuál de estas dos personalidades identificas más tu voz
del ego.
El poder de la palabra es incuestionable, pues ella tiene
la capacidad de hacerte sentir bien o mal en cuestión de
segundos. Imagínate que a alguien que quieres, o incluso a
un desconocido, le dices que es un perdedor, un inútil, un
marginado. ¿Tratarías a alguien así? Seguramente no, lo
más probable es que lo trates con respeto. Entonces, ¿por
qué te hablarías a ti mismo de esa forma?
Las expresiones que comprende tu diálogo interno son
una representación de tu sistema de creencias. Si analizas
con detenimiento, notarás que la forma en que te hablas es
una copia de la forma en que te hablaban cuando eras niño:
aprendiste a hablarte así porque la comunicación es uno de
los factores generacionales que se traspasan de padres a
hijos cuando se vive en piloto automático. En otras
palabras: tu diálogo interno ha sido construido en tus
edades tempranas, de modo que conectarte con esos años y
reconocer el lenguaje que tu entorno utilizaba contigo te
permitirá familiarizarte con las creencias subconscientes.
Por ejemplo: si creciste en un ambiente autoritario
basado en el miedo y estricto contigo, es posible que tu
diálogo interno vaya a estar determinado por ello, por
tanto, tu lenguaje interno tendrá un estilo crítico y juicioso.
Por el contrario, si creciste en un entorno definido por un
lenguaje compasivo, desde el amor incondicional,
probablemente tu comunicación interna sea más saludable,
equilibrada, más libre de autosabotaje. Elpoder de la
palabra es considerablemente categórico en tu estabilidad
emocional y, para transformarlo, es imperativo primero
conocerlo y luego ubicarte como el observador consciente
de esa voz interna con el propósito de analizar cómo te
habla. En síntesis: observa cómo te hablas a ti mismo;
pregúntate si lo haces desde la compasión o desde la
crítica; indaga cómo en tus edades tempranas te hablaba tu
entorno.
Pensamientos limitantes más comunes
Si tu diálogo interno es crítico, entonces éste revela que tu
patrón de pensamiento es limitante. Cuando esto ocurre, te
autosaboteas. En pocas palabras: tu autosabotaje es la
expresión de tu ego. El autosabotaje surge a través del
diálogo interno, una conversación que se da en tu cabeza
cuando te hablas mal y eres hiriente contigo mismo, pero
esto es ir en tu propia contra. Si bien es cierto que en tu
infancia este mecanismo subconsciente favoreció tu
supervivencia y adaptación en tu intento de encajar con las
demandas de tu entorno, ahora te está perjudicando, pues
se ha integrado profundamente en tu discurso interno y ni
siquiera eres consciente de que reaccionas desde ahí.
Un ejemplo de ello es un niño que aprendió que es mejor
pasar desapercibido porque, de lo contrario, corría el
riesgo de ser criticado, entonces la reacción ahora que es
adulto, por ejemplo, en una reunión de trabajo, es no dar su
opinión y mantenerse callado. Cuando era pequeño, esta
actitud le ayudó a sobrevivir, pero ahora va en su contra.
Sin embargo, es una reacción aprendida y automática, es
su piloto automático que se activa cuando aparecen
estímulos similares a éste. Su pensamiento limitante dice:
«Lo voy a hacer mal»; «A nadie le importa mi opinión»; «No
tienes nada que aportar»; «Mejor cállate, que eres tonto».
Su creencia se asocia a que es defectuoso. Todo
autosabotaje se relaciona con las heridas emocionales no
resueltas, de lo cual hablaremos más en detalle en el
capítulo dedicado a las emociones.
Como ser humano, sientes la necesidad de ser visto,
escuchado, respetado y amado. De aquí nacen tus creencias
irracionales y tus neurosis más comunes. De este modo,
elabora un listado de tus creencias irracionales más típicas.
Aunque puede ser un reto, trata de identificar sólo las cinco
creencias que más tienen que ver contigo. Como se ha
mencionado antes, las creencias-raíz no son muchas, por
eso trata de seleccionar las que están más presentes en tu
diálogo interno y en tu pensamiento limitante. En la tabla
2.1. te dejo una lista de algunas creencias más habituales
de la terapia cognitiva conductual, las cuales te servirán de
guía para que selecciones con las que más te identificas,
pero un máximo de cinco o seis creencias, no más.  Esto
puede ser complicado, porque quizás te identificas con
otras más, pero es importante que seas selectivo y centres
tu atención en las más representativas y que tengan más
presencia en tu vida.
El sistema de creencias se representa en el tipo de voz de
tu diálogo interno, a través del cual puedes identificar el
pensamiento limitante para frenar el autosabotaje. Por eso,
la herramienta del diario activo como registro de
pensamiento ayuda a indagar las creencias subconscientes
que se reflejan en tus pensamientos diarios. Te darás
cuenta de que, al final, son parecidos y forman parte de una
misma historia mental —es la historia de vida, de ti mismo,
que has alimentado de manera subconsciente—. 
5. AUTOSABOTAJE
El autosabotaje es la batalla interna que se desata cuando
vas en tu propia contra, o sea: tú mismo pones los
obstáculos más difíciles y te conviertes en tu peor enemigo.
El problema es que los patrones de autosabotaje están tan
programados en tu subconsciente que no reparas en cómo
los normalizas, hasta que ya es demasiado tarde. Por eso,
es importante conocerte en lo profundo de tu ser para
detectar esos patrones de lejos y ser consciente de sus
maniobras de escapismo para poder adelantarte a ellas. 
A veces, cuando consideras que tu vida va por buen
camino, en el fondo te da miedo, y entonces empiezas a
crear obstáculos, porque crees que no mereces la buena
fortuna, de manera que comienzas a dudar y a convertir la
situación en un caos, lo cual te puede hacer perder ese
momento en el que te estabas sintiendo bien. Entonces te
preguntas: «¿Por qué he hecho eso? ¡Si no es lo que
quiero!» Por ejemplo: te invitan a un evento que te apetece,
pero cancelas la cita en el último momento, porque, de
repente, sientes ansiedad en tu estómago. Supones que te
da vergüenza porque no conoces a nadie en ese evento, y
eso te hace sentir incómodo, inseguro, de modo que evitas
la situación, pero, en realidad, es exactamente lo que
quieres: conocer gente nueva.
Al final, el autosabotaje es una actitud que juega en
contra de lo que quieres; es dejarte guiar por la voz de tu
ego hasta que él te venza. En la situación anterior, el
desenlace debería ser ir al evento —incluso si sientes
miedo o se refleja en sensaciones de ansiedad en tu cuerpo
— y exponerte a ese miedo paulatinamente. Te darás
cuenta de que la mayoría de ocasiones exageraste en tu
reacción, pues normalmente el miedo es mucho mayor en
tu cabeza que en su versión real. No obstante, de eso sólo
te das cuenta cuando lo afrontas.
El autosabotaje también se suele expresar con el
síndrome del impostor, que consiste en no sentirte digno de
merecimiento. Es un juego macabro de tu ego para hacerte
sentir mal contigo mismo, aunque demuestres tus
cualidades, obtengas tus logros y haya hechos que prueban
lo contrario. Tú aún te sigues sintiendo como un fraude, lo
cual conlleva que pierdas oportunidades de éxito, pero
prefieres evitarlas para no sentir más esas emociones
incómodas. Hazlo con miedo, pero hazlo, enfrentarte a él:
es la única manera de superarlo. De nuevo, considera la
siguiente pregunta: ¿Sabotearías de esta manera a alguien
que quieres? La respuesta obvia sería «no». Entonces, ¿por
qué te haces esto a ti mismo?
Desde una visión neuropsicológica, existe un trauma a
nivel cognitivo, este trauma se relaciona con todos los
caminos neuronales que tienes grabados en tu cerebro que
no te benefician, que fueron generados posiblemente por
un estado de estrés postraumático o derivados del trauma
emocional complejo vivido durante un tiempo sostenido.
Sin embargo, son los canales que más utilizas diariamente.
La batalla del trauma en los canales neuronales tiene lugar
en el subconsciente y se expresa con la voz del ego, aquel
roommate que nunca te abandona. Esos pensamientos
recurrentes suelen ser negativos y se originan en
situaciones traumáticas experimentadas en los primeros
años de vida o de la adolescencia en forma de creencias
limitantes instaladas por el entorno durante estos años. Se
convierte en autosaboteo porque revives esos surcos
neuronales y los caminos se fortalecen, se vuelven más
familiares y cómodos, porque son bien conocidos por ti,
aunque vayan en tu contra.
Esos patrones que construimos desde pequeños nos
vuelven adictos emocionales. Nos identificamos con ellos,
dado que los vivimos con mayor intensidad en nuestras
edades tempranas; son los que más conocemos, pues
hemos crecido con ellos y, por tanto, nos brindan mayor
comodidad. Aunque parezca contradictorio, podrías estar
pensando: «¿Cómo voy a autosabotearme de esa manera?»
Pero la pregunta debe ser la siguiente: «¿Sé quién soy sin
mi ego y sin sus sensaciones asociadas como la ansiedad o
mis altibajos emocionales?».
El problema es que buscamos nuevas experiencias en
nuestra vida para revivir esa emoción, con lo que ese
camino neuronal cada vez se vuelve más transitado, lo cual
se termina manifestando en nuestra realidad, pero lo que
ha pasado es que lo has creado subconscientemente. Esta
es la explicación a la afirmación que ya habrás escuchado:
creas tu propia realidad. Por ejemplo: cuando de pequeño
has tenido experiencias de rechazo y tu zona de confort se
convierte en noesperar nada de nadie, entonces tu
conducta de escapismo consistió en alejarte de las personas
antes de que pudieran fallarte. Esto te hace sentir solo de
adulto así como lo experimentaste cuando eras un niño: es
esa sensación de soledad a la que eres adicto
subconscientemente, así que creas subconscientemente
situaciones para sentirte así.
El cerebro es plástico, tiene la habilidad de reorganizarse
y cambiar a través de nuevas conexiones sinápticas hacia
nuevos estímulos. Esto significa que puede aprender
nuevas asociaciones que te potencien y crear nuevos
patrones sanos a través de su repetición, lo que implica,
esfuerzo, constancia, compromiso, compasión y amor por ti
mismo. Para enseñarte a ti mismo a sentir de una manera
saludable, primero debes desaprender lo que es
desadaptativo para ti, tanto a nivel emocional como
cognitivo: debes borrar lo que te limita y sustituirlo por
patrones que te beneficien. Por ejemplo, si te criticas a ti
mismo continuamente en tu diálogo interno, la espiral de
negatividad se volverá cada vez mayor y también con más
frecuencia. Sin embargo, si te retas de manera
conscientemente activa a cambiar la naturaleza de estos
pensamientos perjudiciales por otros más amables, estos
nuevos pensamientos se volverán más fuertes y cada vez
será más fácil conectar con la emoción potenciadora que te
brindan, lo que permitirá que tu cerebro sea capaz de salir
de la espiral que le lleva a estados depresivos o ansiosos.
No es un conjuro mágico, ¡es ciencia! Estos nuevos
patrones que construyas deben liberarte de tus heridas
emocionales, de tus experiencias pasadas, con el fin de
poder crear una nueva realidad en la que no estés
condicionado por tu subconsciente autosaboteador. No
dejes que tu ego y tus experiencias traumáticas te ganen la
batalla. Tú no eres eso, tú eres la conciencia que está por
encima.
6. PASOS A SEGUIR PARA MEJORAR LA 
RELACIÓN CON TU EGO
El camino de la sanación personal es un proceso de
elevación de conciencia. Cuantas más capas vas
desintegrando del ego, mayor capacidad de control tendrás
sobre ti mismo y tu vida. Es un proceso sin retorno: cuando
empiezas este camino, tu conciencia se eleva y ya no
puedes volver al nivel anterior, ya no puedes ignorar lo de
antes, porque ahora ya eres consciente de ello. Tu ego no
tiene por qué ser tu enemigo, pero sí hay que
reposicionarlo para que no te hiera. Por lo que sí es
importante que te tomes tu tiempo para transitar el
camino, así que no tengas prisa. Trata de estar presente en
cada una de las etapas de tu proceso personal.
El despertar: dedica tiempo a conocer tu
ego
Descubre las historias subconscientes a las que estás más
apegado y el significado que les has asignado a cada una de
ellas; los símbolos que utiliza tu ego para ir en bucle una y
otra vez en torno a tu historia; las máscaras con las que te
has identificado; y las heridas emocionales de las cuales
todo ello proviene. Con esto, puedes definir su personalidad
y entender la naturaleza de tu ego.
Enfréntalo: acepta que el dolor forma
parte del proceso
Para desenmascararlo, deberás explorar tu interior y mirar
de frente al miedo, lo que posiblemente te causará dolor.
Sin embargo, tu ego se diseñó biológicamente en tus
edades tempranas para que sobrevivieras y no sintieras
dolor, de modo que surge una paradoja porque, cuanto más
evitas enfrentarlo, tanto más acumulas y más sufres. Esta
fricción se hace insostenible, de manera que, si no se
enfrenta mediante un camino de sanación interna, sólo te
queda la salida de la evitación, la cual se manifiesta con
vías de escape que pueden derivar en adicciones, como el
abuso de sustancias psicoactivas, el alcoholismo, la
hipersexualidad, el shopping compulsivo o el workaholic.
Estas vías de escape te desconectan de ti mismo durante
el tiempo que duran sus efectos, ya que cuando no estás en
contacto contigo mismo, no sientes dolor y son sustitutivas
de la carencia que hay en tu interior que hace que te
sientas bien momentáneamente. Esta desconexión
evoluciona a otros niveles somáticos que pueden resultar
en enfermedades más graves, puesto que, aunque pierdas
la capacidad de sentir como si estuvieras anestesiado, el
dolor aún sigue ahí, latente, y sigue aumentando su umbral,
acumulándose internamente. Pero, por suerte, el camino de
la conciencia se conforma como un remedio al sufrimiento,
de manera tal que practicar el equilibrio psicológico
tendría que ser como cepillarse los dientes: un mecanismo
que esté integrado socialmente y que no sea un tabú.  
Déjalo ir: la muerte del viejo yo 
Una vez que has mirado a tu ego de frente y has
deconstruido su estructura, tienes que dejar ir esas partes
de ti que te limitan y te sabotean, como pensamientos,
historias, significados y conductas. A mis pacientes les
recomiendo un ejercicio que consiste en escribir una carta
despidiéndose de esas partes de su ego, etapa conocida
como el período de noche oscura del alma, un período de
duelo en el que una parte de ti con la que estás identificado
muere. Es una despedida de tu viejo yo para poder crear un
espacio de transformación en una versión de ti que se
encuentra en armonía con tu ser original.
Toma el control: entrena tu mente 
Enfócate en detener la historia a tiempo para no
engancharte al significado que le das a tus pensamientos.
Esto te ayudará a ir desaprendiendo paulatinamente ese
patrón, pues no dejarás que tu mente lo reviva
constantemente. Que lleguen a tu mente pensamientos es
inevitable, ¡pero que estés enganchado a la historia sí que
es evitable! 
Ahora bien, la mente se puede entrenar con la práctica
de la elevación de la conciencia mediante técnicas como el
mindfulness, la creación de nuevos hábitos, practicas
somáticas, entre otras. El objetivo de este entrenamiento
implica reducir la distancia entre tu pensamiento y la
identificación con él, con el fin de lograr mayor capacidad
de elección sin tener que reaccionar al significado
subconsciente tanto de tu historia como de sus emociones
asociadas.
Esta voz de tu ego es la voz interna de tu miedo más
visceral, un condicionamiento de supervivencia que has
aprendido y que está arraigado, por eso es importante que
puedas dialogar con ella. Imagínate a tu miedo-ego delante
de ti: éste te bloquea, quieres esquivarlo y desarrollas
conductas evitativas. Ahora, imagínate el miedo-ego detrás
de ti; éste te empuja, te acelera, te precipita a actuar de
cierta manera cuando no estás listo o cuando no quieres.
Por eso, al ego hay que tenerlo al lado, no perderlo de vista,
y dialogar con él para que esa condición intimidante se
transforme en una más saludable por medio de pactos y
límites.
Vívelo como un lifestyle: practica el
alineamiento constante
El camino de la consciencia no tiene final: es un estilo de
vida. Cuando empiezas a darte cuenta de tu piloto
automático y de tu programación subconsciente, la
transformación se consigue casi mecánicamente: no verás
tu mundo igual que antes. Es una forma de vida sin retorno.
Por ejemplo: si integras que estás maltratando tu cuerpo al
ingerir comida procesada, o si fumas en exceso, entiendes
que con cada calada te estás destruyendo a ti mismo. Se
hace más difícil que tu conducta siga en esa dirección, pero
tienes que conocer el origen, en este caso, el motivo real
por el que estás fumando —normalmente, son conductas de
carácter emocional, no lógico—.
El ego en su función de supervivencia forma parte
integral de tu persona, por eso siempre estará contigo,
pero puede mutar para dejar atrás los patrones que
consideres limitantes y dañinos, por lo que tu misión es
convertir a tu ego saboteador en uno más saludable y
favorable. El ego es parte de ti, pero es importante que
tengas el control sobre él y lo mantengas en tu campo de
visión para que no te encamine hacia conductas de
autosabotaje. Para esto es indispensable realizar un cambio
de mentalidad en tu manera de vivir y practicarlo que
denomino alineamiento consciente, que consiste en que si
te pierdes, desde la compasión, vuelvas a ti, a tu centro,
una y otra vez, es decir: lo que piensas, sientes, dices y
haces debe dirigirse en la misma dirección y tener
coherencia entre sí. Esta práctica minimiza la distancia
entre tu ser original y tu ego; brinda un estado de ánimo
sereno y positivo, porque vas a tu favor y no en tu propia
contra. Esto es la base de una vida con amor propio.
El camino de la sanación personal no es lineal, pues
habrá momentos en que sientes que no avanzas, por eso
tener una visión clara a largo plazo es clave para
mantenerte en el camino del desarrollo personal. No hay
remedios mágicos, sino una práctica continua para poder
reprogramar tu mente, tus reacciones emocionales y tus
sensaciones corporales.
Higiene mental: entrena tu mente
La salud mental no es un asunto del cual ocuparse sólo
cuando asoma a la superficie mediante la somatización de
un trastorno psicológico. Sino que hay que ir cultivándolo,
ya que el estado mental de un individuo no es una
propiedad estática, pues todas las personas en mayor o
menor medida a lo largo de sus vidas deben procesar
sucesos que impactan en su mundo psicológico, ya sea a
causa de un evento inevitable como un duelo o una ruptura,
que provocan emociones fuertes en el individuo. De esta
manera, el estado de la mente no es inmutable, pues su
naturaleza es oscilar, por eso es importante aprender a
reestablecerlo en un eje equilibrado y traerlo de nuevo a un
estado sano. 
La salud psicológica aún sigue siendo un cierto tabú en la
sociedad, y esto provoca que no haya acceso a información
ni educación al respecto. Somos reflejo de la era en la que
vivimos, y las patologías emocionales y mentales más
sufridas actualmente están alineadas a una filosofía social
más conectada al ego que a la consciencia, en la que el
estrés, la ansiedad y la depresión son casi inevitables. Esto
es fruto de la desconexión aprendida por la cual hemos sido
orientados a mirar a lo externo para arreglar nuestros
problemas, en cambio, la mejor manera de solucionarlos
consiste en mirar hacia adentro, para así procesar nuestro
mundo interior, lo cual a veces conlleva enfrentar traumas
emocionales no resueltos. La felicidad no la encuentras en
el exterior, sino mediante tu filtro de realidad a través del
cual ves el mundo. 
Nadie te explicó la importancia de la neuroplasticidad ni
las consecuencias de quedarte enganchado a tus
pensamientos, pero, si hubieras tenido acceso a las
herramientas adecuadas, hubieras podido parar a tiempo la
historia limitante que te has contado y disminuir así su
impacto emocional. Sin embargo, si no te han enseñado
sobre bienestar o equilibrio mental-emocional-fisiológico,
no aprenderás por ciencia infusa, por eso debes realizar un
cambio de paradigma en el cual la salud psicológica se
integre a tus hábitos diarios, y sean tan normalizados como
cepillarse los dientes. Esto te permitirá lograr una
transición de una relación paliativa a una proactiva para
crear una rutina de higiene mental.
Vivir desde el presente significa no ser arrastrado por el
piloto automático: cuando estás conectado al presente,
dejas de vivir en modo reactivo y creas un espacio entre el
estímulo y la reacción emocional-conductual, que es donde
el proceso de sanación sucede y puedes dominar tu poder
de decisión. Aprender a vivir desde el presente ya no es
una utopía reservada sólo para yoguis: es una medicina que
la sociedad necesita para equilibrarse y no vivir en neurosis
colectiva. Entrenar la mente para que vuelva a tu centro
interno es un seguro de vida en tu salud psicológica con un
impacto positivo en tu vida.
Una de las claves para sanarte a ti mismo consiste en
desenmascarar tu ego a nivel cognitivo, mientras entrenas
tu mente en el ejercicio de estar presente para facilitar la
generación de un espacio de conciencia entre el estímulo y
la reacción, y de este modo conseguir un estado de mente
neutral.
1. ESTADO DE MENTE NEUTRAL
El estado de mente neutral es un punto en el que tu mente
se revela como neonata —se mantiene presente como la de
un niño viviendo la existencia plenamente sin etiquetas de
significado previas—, pero con la consciencia y sabiduría de
los aprendizajes que te han brindado las experiencias
vividas y la aceptación de la realidad cambiante de la vida.
Es como una mente de anciano sabia dentro de una mente
de niño fresca, pura y sin juicio dicotómico, pero no
infantil, solo que se mantiene flexible a nuevos encuadres
de la realidad; es una mente consciente que está presente y
no reacciona desde el subconsciente, donde las
experiencias pasadas han sido trascendidas e integradas;
además, ha transformado todo ese aprendizaje en sabiduría
y lo ha guardado en un archivo de consulta para tomar
decisiones sin impulsividad.
La mente neutral es una mente consciente que
permanece despierta a la verdad, a la realidad del
momento; pero no es ejecutada desde la programación de
la mente subconsciente. Desde la mente neutral, eliges qué
patrones de pensamiento quieres alimentar, pues tú tienes
el poder de decisión, lo cual se diferencia
considerablemente con vivir desde el piloto automático de
la mente subconsciente. Este estado en el que eres
observador de tus patrones de pensamiento es lo que
llamamos en psicología metacognición.
La gran ventaja en este estado es que no reaccionas
desde el ego o la herida emocional, ya no te tomas las cosas
de manera tan personal. No se trata de que reacciones de
manera ingenua, sino que ahora tu mente cognitiva es
intrínsecamente más objetiva, y no se deja arrastrar por la
tormenta emocional. Ya no actúas como un pollo sin cabeza
desde tu condicionamiento, ni eres controlado por esta
programación subconsciente. Tu perspectiva de las
situaciones es más elevada, pues puedes observar los
hechos en el momento como solo data. Has interiorizado
que cada experiencia es única y nueva, entonces, cuando te
ocurre una situación determinada, ya no reaccionas según
el canal neuronal trazado —que es el pasado—, sino desde
la quietud que te brinda el gap de conciencia que has
creado, en el que cognitivamente puedes percibir la
realidad de manera más objetiva. Cuando se alcanza el
estado de mente neutral, tu filtro mediante el cual
interpretas la realidad es más próximo a la verdad, es más
real: ves el mundo sin las gafas tan empañadas y ya no eres
tan ignorante. Ahora vives más despierto y presente. 
Equilibrio entre tu mente negativa y
positiva
Los pensamientos pueden tender hacia lo positivo o hacia
lo negativo. La mente negativa puede sonar a queja, crítica,
pesimismo o victimización, al actuar como un mecanismo
de defensa, ya que el origen de los pensamientos negativos
usualmente es el miedo. Por el contrario, la mente positiva
nos permite expandirnos e ilusionarnos, pero en este
extremo también puede llegar a ser nociva, ya que un
positivismo radical puede crear fantasías, expectativas
surrealistas y poca practicidad. Estos dos tipos de mente
están regidos por el ego: oscilan según el entorno externo y
en sus extremos pueden hacer que te paralices o que
actúes por impulso sin tener en cuenta la realidad de las
circunstancias en las que te encuentras. Cuando eres
controlado por ellas sin el arbitraje de la mente neutral,
puedes perder contacto con la realidad, lo cual podría
provocar desequilibrios en tu salud mental.
Figura 1.4. Tipos de mente: negativa, neutral y positiva.
La mente neutral, a diferencia de la mente positiva y la
mente negativa, se encuentra a un nivel más elevado del
espectro de conciencia que te permite tener un mejor
panorama de ambas, pues, aunque las observa y escucha,
no es dominada por ninguna de ellas. No existe una mente
buena o mala, ya que, al desempeñar funciones biológicas,
cada una crea un valor e influencia que te aportan. Ambas
en un estado equilibrado del espectro son necesarias:si no
tuvieras una mente crítica, serías demasiado inconsciente,
con un exceso de positivismo e ingenuidad. Pero si sólo
tienes la mente crítica, entonces estás atrapado en el papel
de victimización que puede derivar en un estado de
depresión, en el cual tu mente positiva se anula por
completo y, por tanto, no eres capaz de detectar las
situaciones buenas de tu vida. La clave es regar lo que
tienes más seco para alcanzar una homeostasis equilibrada,
por ejemplo: si eres pesimista tendrás que esforzarte en
trabajar y expandir tu mente positiva. 
Cuando llegas a un estado de mente neutral, puedes
contemplar claramente el espacio entre tu ser y tu ego, una
posición de plena conciencia en la que tu mente permanece
despierta y más próxima a la realidad del momento. El
pensamiento neutral no tiene juicio, acepta la vida como es
y no como tú quieras que sea, pues no la categoriza como
buena o mala: la vida simplemente es. Este estado te da
libertad mental y minimiza la fricción interna, porque no
asumes una posición de lucha contra la vida, ni tampoco
una actitud pasiva, sino que con claridad mental y quietud
interna sientes que tomas mejores decisiones, es decir:
actúas desde la objetividad. 
Ese estado de equilibrio es verdadera felicidad y
bienestar, pero, como la mayoría de personas no somos
monjes tibetanos, en el sentido de que no podemos vivir tan
al margen de la sociedad , tenemos que practicar el estado
de equilibrio dentro de las demandas de esta sociedad, y
entrenar constantemente, forzándonos a volver a nuestro
centro una y otra vez para nivelarnos internamente. Así
pues, alcanzar este estado de mente neutral es vivir
realmente en balance: notarás que las situaciones externas
a ti ya no te afectan tanto como antes y que ya no es tan
fácil alterar tu equilibrio interno, pues te has vuelto
resiliente a tu mente. 
2. EL PAPEL DE LA ATENCIÓN 
EN EL ENTRENAMIENTO MENTAL
Lo que enfocas se expande, se reproduce. Éste es un efecto
tanto de lo positivo como de lo negativo. Piensa en la
atención que le prestas a tus actos cotidianos y plantéate la
siguiente pregunta: «¿Cuál es mi mente dominante, la
positiva o la negativa?».
La atención funciona como la metáfora según la cual una
manzana podrida echa a perder las manzanas restantes del
cesto. Si tu pensamiento es nocivo, pronto contaminará tu
estado de ánimo, tu actitud, tus decisiones, tu
comportamiento, pero lo peor es que tu pensamiento nocivo
autosaboteador hace que tu atención se expanda para
considerar sólo lo negativo de tu realidad, por lo tanto, se
convierte en una retroalimentación repetitiva de la que
puede llegar a ser difícil salir. A consecuencia de tu
atención, tus canales neuronales se amplían y el círculo
vicioso destructivo crece. La buena noticia es que la
flexibilidad cerebral funciona tanto para pensamientos
negativos como para los positivos: ¿te imaginas si esa
actitud de siembra y riego la hubieras tenido para
pensamientos que te potencien? 
Entrena tu foco de atención
No olvides que recibes millones de estímulos y gran
cantidad de información a través de los sentidos. Pues bien,
la atención es la capacidad que tienes de seleccionar y
enfocarte sólo en algunos de estos estímulos: en concreto,
los más relevantes para ti. La atención es un proceso
cognitivo selectivo, por lo tanto, siempre se van a ignorar
aspectos que percibes. La atención te prepara para dar
respuestas al estímulo, actuando sobre ellos o
inhibiéndolos, y sus circuitos se encuentran mayormente en
el área prefrontal, el tálamo y el sistema reticular.
La atención es un efecto psicológico que reitera tu
historia interna personal, ya que te enfocas de manera
subconsciente en los estímulos que refutan tu teoría o tu
propia historia. Hay infinidad de realidades y posibilidades
en el mundo externo, pero lo que proyectas hacia afuera es
lo que existe dentro de ti: tu historia personal, tus juicios,
tus neurosis, tus valores. Existe un nombre en psicología
para este suceso: efecto Baader-Meinhof, que explica que lo
que enfocas lo expandes porque es donde fijas tu atención.
El sistema reticular del cerebro interfiere en este fenómeno
como un circuito de neuronas que te pone en alerta y te
predispone para detectar en el exterior tu mundo interno.
Por ejemplo: cuando una mujer está embarazada, de
repente sólo ve embarazadas por todos lados; o cuando
alguien compra un modelo de coche, no puede dejar de ver
el mismo coche donde quiera que vaya. No es que la
realidad se haya transformado, pues eso siempre estuvo
ahí, sino que ahora tu atención ha despertado, y tu mundo
interno se reconoce en lo que te has enfocado. Cuando
surge de tu mente subconsciente, este efecto es totalmente
aleatorio, pero imagínate si puedes entrenarlo desde la
mente consciente y dirigirlo hacia algo positivo para ti.
Como una semilla que se planta y crece, un pensamiento,
si lo enfocas lo expandes, y el factor temporal es
imprescindible porque determina la fortaleza de los surcos
neuronales. Cuanto mejor entrenes tu foco en lo que
quieres, tanto más tu sistema reticular se alertará en
detectarlo en lo que te rodea. Asegúrate de que eso en lo
que enfocas te enriquece y te conecta con emociones que te
hagan sentir bien. Este fenómeno suele ser conocido en
entornos espirituales como la ley de la atracción; pero no es
misticismo, es un sistema básico cerebral de supervivencia.
Lo que manifiestas en tu vida es fruto de tu foco
subconsciente —creencias, historia de vida o traumas—: si
lo entrenas desde tu consciencia hacia lo que quieres,
empezarás a reconocer esas posibilidades en el mundo
exterior. Tú eres el creador consciente o inconsciente, y tu
foco de atención tiene el poder de reproducir exteriormente
lo que eres y con lo que te identificas en tu mundo interno.
No es un acto de magia, sino que se trata de un
entrenamiento hacia lo que quieres. Tu poder de creación
es la atención, ya que  donde la pones es hacia donde tu
foco se expande, por eso, lo importante es entrenar ese
foco. 
Éste es el efecto utilizado en la manipulación a la que
estás expuesto en las redes sociales y los medios de
comunicación: los algoritmos plantan semillas
inconscientes, como cuando te aparecen anuncios o videos
sugeridos, o como la publicidad subliminal en películas o
televisión. Esto te va creando una necesidad o te pone
ideas en tu mente subconsciente. Las marcas están
utilizando ese efecto en ti porque saben que es poderoso:
ahora ya sabes el potencial para poder utilizarlo en tu
propio beneficio.
Enfócate: practica el agradecimiento
diario
Seguramente, en algún momento de tu vida pasaste una
época mala y sentías que no levantabas cabeza, de modo
que te decías algo así como: «Parece que sólo atraigo
problemas». Mi recomendación es que revises esos
momentos y reflexiones sobre en qué estabas poniendo tu
atención y resuelve si era en lo negativo o en lo positivo.
Si descubres que te enfocaste en lo negativo,
seguramente tu actitud ante la vida y tu pensamiento ha
estado asociado a significados hostiles y tu tendencia habrá
sido la de ver el vaso medio vacío. Es como la pescadilla
que se muerde la cola: un ciclo adictivo del que es muy
difícil salir si la dinámica no cambia desde la
consciencia.  Recuerda: lo que enfocas se expande.
Entonces, ¡para!, y crea un giro en tu enfoque al construir
una realidad que juegue a tu favor, no en tu contra. La
felicidad no es cuestión de suerte, sino que se conforma
como acción sostenida. Entrenar tu mente es posible: si la
mente trabaja con patrones neuronales, crea un patrón que
te haga más feliz. 
Desde un punto de vista del mecanismo de supervivencia,
la atención está alerta para poder detectar un posible
peligro, tendencia subyacente a sentir los miedos, por lo
que la sociedad se aprovecha de esta debilidad del
mecanismo. La sociedad consumista en la que vivimos, te
induce a ser víctima porque así puedes ser manipulado másfácilmente, te adiestra en enfocarte en lo externo a ti para
consumir más, para que quieras más y no llegues a sentirte
completo, ya que siempre hay algo más que conseguir en la
búsqueda de la perfección y el éxito canonizado por la
sociedad. Esta inducción te influye para que veas todo lo
que no eres, todo lo que no tienes, y te enfoca a la carencia;
lo cual te hace sentir frustrado y engancharte a estados
emocionales perjudiciales: envidia, frustración o tristeza.
Pero tú no eres una víctima, eres un creador, de modo
que tienes que entrenar tu mente para poder lograrlo,
como en la alegoría de Platón: salir de la caverna. Sólo lo
vas a lograr cuando eleves tu estado de conciencia. El
agradecimiento entrena la mente para poner la atención en
asuntos reales y positivos que ya existen en tu vida, y te
ayuda a expandir la mente positiva saludable. Ya tienes
cualidades en ti, ya eres suficiente siendo quien eres, ya
tienes cosas buenas en tu vida, sólo necesitas poner el foco
en ellas para poder verlas y ser consciente de ellas. Y voilà:
desde ahí, tu sistema reticular se pondrá en acción en tu
mente subconsciente para traer a la superficie un estado
más abundante y positivo que no estará basado en la queja,
ni en la carencia ni en la tensión que genera el necesito
esto o aquello para ser feliz. Estarás entonado con sentirte
agradecido por todo lo que ya tienes, y desde ese estado de
calma, de ausencia de tensión interna, te pones a la acción
hacia lo que quieres. Una manera muy diferente de vivir tu
experiencia vital.
Por ejemplo: en sociedades orientales, como en la isla
indonesia de Bali, la cultura del agradecimiento y las
ofrendas forman parte del ritual diario de vida. Las
personas se reúnen en comunidad o en familia sólo para
dar las gracias a sus dioses. Se dice que por eso Bali tiene
una energía especial que acelera el karma, dado que hay
muchas personas conectadas con la vibración de la
emoción del agradecimiento, que se trata de una expresión
del sentimiento de amor incondicional. No puedo asegurar
que el karma se aceleré allí, pero sí que en general sus
habitantes están en un estado emocional más calmado y
contento. Sin embargo, en nuestra cultura occidental
hemos sido educados más hacia la queja que hacia la
gratitud; más hacia lo que nos falta que hacia lo que ya
tenemos. Nuestra cultura está más basada en el miedo y la
carencia.
Mis pacientes tienen máximos bloqueos cuando
comienzan a trabajar con esta práctica y se les hace
complicado ver cosas positivas en su vida, en sí mismos o
en su día a día. Este obstáculo en el camino se denominan
resistencias de tu mente, que no son más que los viejos
patrones mentales que intentan no ser modificados, en
donde el sistema de alarma y supervivencia están
totalmente enfocados en lo negativo y en el miedo. Siempre
que empiezas a crear algo nuevo en tu vida, tendrás un
período en el que habrá que luchar contra esas resistencias
iniciales y sólo a través de la práctica constante podrán
verse los efectos de esta siembra en tu mente. 
El agradecimiento no es milagroso, pero es un
entrenamiento que sirve para que tu mente se enfoque en
lo positivo, en la abundancia, en lo que te hace sentir bien.
Poner atención consciente en las cosas buenas que ya
tienes o que te pasan en tu día a día cambia
automáticamente tu estado de ánimo hacia uno más
positivo. Es un superpoder que realza tu vibración
emocional, porque al final lo que queremos es sentirnos
bien; para curar tu corazón, tienes que vibrar en emociones
positivas; tienes que recordar cómo se siente cuando te
sientes bien, por si lo habías olvidado. Aunque estés
atravesando momentos oscuros, siempre existen pequeñas
razones por las que dar las gracias; enfócate en ellas para
que se expandan y te den fuerzas.
Ejercicio
Registra diariamente diez motivos por los que te
sientas agradecido; una lista de eventos positivos que
te hayan ocurrido durante el día. Enfócate en los
detalles que pasan desapercibidos, pero que, si te los
quitaran de tu vida, los echarías de menos. Por
ejemplo: «Me siento agradecido por…»: «Ese abrazo
de mi madre se ha sentido reconfortante»; «Esa
sonrisa de un extraño me ha dado fe en la bondad de
la humanidad»; «Mis pulmones purifican el aire que
respiro y me mantienen vivo»; «Con esta
conversación telefónica con mi amiga me he puesto
al día»; «Este helado sugar free es delicioso y lo he
saboreado muy felizmente»; «Mis piernas sanas me
han sostenido y me han llevado por la ciudad hoy»;
«Esta mirada cómplice de mi perro cuando quería
salir a pasear»; «Tengo el dinero suficiente para
poder asistir a mi entrenamiento diario que mantiene
mi cuerpo fuerte»; «Este rayo de sol me ha brindado
una sensación de calor y vitalidad»; «Me siento
agradecido por haber tenido unos minutos para
descansar sin hacer nada».
3. MINDFULNESS PARA ENTRENAR TU 
ESTADO DE MENTE NEUTRAL
El mindfulness te permite entrenar tu atención y llegar al
estado de mente neutral a través de su práctica. El gap de
conciencia entre pensamiento y reacción se entrena como
un músculo: cuanto más se trabaje tanto más fuerte y
resistente se vuelve. El cerebro es flexible, de manera que
en ti está la capacidad de transformarlo desde tu cuerpo,
pues puedes influenciar la estructura neuronal mediante la
acción sostenida a través del hábito. Sólo el entrenamiento
recurrente puede llevarte a este estado que, si bien es
cierto que supone un esfuerzo al principio sobre todo si
nunca lo has practicado, tu estructura neuronal luchará
contra este nuevo hábito en forma de resistencias. No
obstante, no permitas que tu programación subconsciente
te gane la batalla, y aunque es un proceso que toma
tiempo, cada paso del camino te acerca más a tu sanación
personal para alcanzar tu equilibrio interno: ¡empieza a
entrenar tu mente desde ya!
Mindfulness 
El mindfulness es una práctica que consiste en prestarle
atención al momento presente intencionadamente, para
darse cuenta de lo que ocurre en el pensamiento, las
emociones y el cuerpo a modo de sensaciones; una práctica
de la consciencia plena en la que decides volver al
momento presente constantemente. El mindfulness es un
término del inglés que se compone de dos palabras: mind,
que significa ‘mente’ y fulness, ‘plenitud’. Esta técnica no
es nueva, pues tiene más de dos mil quinientos años de
antigüedad. Fue desarrollada por Siddhartha Gautama,
también conocido como Buda. Sin embargo, el mindfulness,
aunque ha sido occidentalizado al adaptarse a las
necesidades de hoy en día, si se practica de manera
autónoma no se vincula con ninguna religión, ya que es un
entrenamiento de la mente para estar más presente.
Uno de los primeros científicos en integrar esta práctica
a la civilización occidental fue el profesor Jon Kabat Zinn en
1979, con su experimento de ocho semanas en la
Universidad de Massachusetts para tratar a pacientes que
no habían mejorado con las terapias convencionales, cuyas
sintomatologías abarcaban desde depresión, ansiedad,
fobias, adicciones, dolencias psicosomáticas y trastornos de
personalidad. El experimento fue un éxito, pues produjo
beneficios palpables en los pacientes a corto y a largo
plazo. Desde ese momento, a esta técnica se conoce como
reducción del estrés basada en la atención plena (MBSR,
por sus siglas en inglés) convertida a día de hoy en una de
las bases del mindfulness terapéutico en el ámbito clínico.
A nivel fisiológico, se descubrió que esta terapia
aumenta, el grosor del área prefrontal que está relacionada
con la metacognición y el procesamiento de la información;
además, influye en la ínsula cerebral que está implicada en
la gestión emocional y la empatía. Con la práctica
prolongada de la atención plena y la autoobservación,
puedes ampliar el espacio entre el pensamiento y la
reacción que tienes hacia él, es decir, tu respuesta
emocional. De este modo, puedes desaprender viejos
patrones de asociación neuronalpara crear una nueva
respuesta desde un momento presente, pero no fruto de tus
experiencias pasadas acumuladas. El mindfulness no sólo
permite obtener mayor conciencia en términos cognitivos,
sino que también te ayuda a gestionar las emociones desde
una perspectiva más serena y equilibrada, no tan
automática, en la que las ves venir y puedes ser más
proactivo para gestionarlas más exitosamente. Aunque
calmar la mente del mono —es decir: el fenómeno en el que
vas de un pensamiento a otro— puede llegar a ser un
desafío, en realidad se trata de desarrollar, por decisión
propia, el autocuidado para obtener mayor bienestar
mental, emocional y corporal: entrenar tu mente es una
inversión en ti y en tu salud. Tu mente puede ser un lugar
muy tóxico o absolutamente saludable, pero se trata del
contenido que siembras en ella, o si la utilizas para escapar
de la realidad al vivir en las nubes. Entonces, es tu
responsabilidad volver al presente, porque es el único lugar
en el que se puede crear la realidad. Si vives en tu cabeza,
te pierdes la vida.
Los beneficios de esta práctica son muy amplios: puedes
reducir el estrés y la ansiedad; obtener claridad mental al
poder observar tus pensamientos y así ser capaz de reparar
en tus patrones y creencias; calmar tus emociones, pues te
hace estar más presente y elevar tus niveles de serotonina.
La práctica del mindfulness crea un escudo emocional y
una distancia entre el pensamiento y la respuesta
emocional, pues es la herramienta más efectiva para la
elevación de conciencia. Una vez que logras llegar a los
estados de serenidad interna durante la práctica, la
sensación de calma se integra a tu sistema interno y se
extrapola a la cotidianidad: descubres que de pronto ya no
reaccionas como solías actuar, por ejemplo, ya no te
desesperas cuando te encuentras tráfico por las mañanas o
no gritas en una discusión, pues has cambiado. 
Antes de practicar mindfulness, es necesario adoptar
disposiciones durante la práctica, a saber: 
1. Desempeña un papel de observador sobre tu voz
interna: deja fluir los pensamientos sin juzgarlos,
pues ellos vienen y van; intenta no engancharte a
ellos, ya que su naturaleza es impermanente, o sea:
tienen un principio y un fin.
2. Dirige la atención al momento presente: sé
consciente de dónde te encuentras y, si tu cabeza
vuela, fuérzate a volver al presente.
3. Conéctate con tus sentidos, no sólo observes tu
pensamiento, sino también tus emociones y las
sensaciones de tu cuerpo.
4. Acepta, no luches proactivamente ni te resistas a los
pensamientos o las tensiones corporales que
aparezcan, posiblemente si te rindes a la
experiencia y los dejas pasar sin juzgar, se irán de tu
cabeza. Recuerda: lo que resistes persiste.
5. Suelta el control: no tengas actitud de un juez, por
lo que deja el pensamiento dicotómico a un lado.
Adopta una actitud neutral sin emitir veredictos, sin
interpretar todo lo que se pasa por la cabeza o los
hechos que ocurren, sin poner etiquetas y querer
controlar la situación interna o externa: déjate
llevar por la experiencia en sentido de sentir pero
no pensar.
6. Ten paciencia y confía en el proceso. Date tiempo,
sé compasivo contigo y no olvides que la práctica es
lo que hace al maestro.
Hay dos tipos de prácticas principales: formales e
informales. La técnica de mindfulness, por excelencia, es la
meditación, práctica llamada formal con la cual nos
sentamos en una postura apropiada y meditamos entre
veinte y cuarenta minutos. En cuanto a las técnicas
informales, son prácticas centradas en promover la
conexión con tus sentidos para que accedas a tu mundo
interno. Este estilo de prácticas puede ser fácilmente
integrado en tu día a día de manera sencilla, y puede
aportarte un estilo de vida más consciente y presente. Se
conocen más de cien técnicas informales, pero sólo
compartiré a continuación las que considero que más han
impactado la vida de mis pacientes. Están divididas en
prácticas que implican movimiento y las que son estáticas.
Práctica informal: mindfulness en
movimiento
Paseos mindfulness
Se trata de un paseo en el que pones tu atención a tus
sentidos. Mis pacientes saben que esta práctica es una de
mis favoritas, ya que tiene muchos beneficios, no sólo en
cuanto al mindfulness propiamente, sino también porque
ejercitas tu cuerpo y te vinculas con la naturaleza o el
entorno —como se ha explicado en detalle anteriormente
en los paseos de los sentidos—. Si hace sol o llueve, ponte
tus sneakers y sal a pasear. Tiempo estimado por sesión:
25-40 minutos.
Comer de manera consciente
Se trata de concentrar todos tus sentidos en disfrutar de lo
que comes. Casi todos los mortales comemos sin realmente
tomarnos el tiempo de saborear ni conectarnos con los
alimentos que ingerimos. Comer es uno de los mayores
placeres que podemos tener y, sin embargo, generalmente
no vivimos la experiencia en todo su esplendor.
Entonces, intenta comer de manera consciente siguiendo
este ejercicio: primero, elige un alimento: una onza de
chocolate, una manzana o una pasa. Luego, cómetela como
lo haces habitualmente. Después, repite, pero sigue los
próximos pasos para transformar esa experiencia en
mindfulness: toma la onza de chocolate con los dedos; mira
su forma como si fuera la primera vez que ves un trozo de
chocolate, sus pliegues, el color, sus líneas; con la yema de
los dedos, toca la superficie y siente la textura de la
superficie; huele el chocolate; pon la onza en la boca y
saborea con la lengua tomándote tu tiempo; muerde el
chocolate y explora su sabor; mastica y siente cómo va
cambiando la textura del alimento: trágatelo y siente cómo
baja por tu garganta; siente y agradece los efectos
posteriores en tu cuerpo: cómo te ha sentado, cómo lo ha
recibido tu estómago, qué sabor te queda en la boca y qué
textura tienes en la saliva posterior a la experiencia.
La recomendación busca que integres en tu estilo de vida
una manera más consciente de comer. El ejercicio que
acabo de recomendar es muy detallado, pero verás el poco
tiempo que requiere, ya que es prácticamente el mismo sin
importar si comes o no conscientemente. Empezar a
disfrutar de este placer terrenal es gratuito y te invito a
que añadas más sabor a tus días.
Ducha consciente
Es otra experiencia que, vivida desde la conexión con los
sentidos, te puede cambiar las sensaciones completamente.
Recuerdo cuando lo hice por primera vez: no podía creer lo
desconectada que estaba de mi cuerpo. Me di cuenta de
hasta dónde llegaba mi piloto automático de mi incapacidad
de disfrutar de las pequeñas cosas que regala la vida, como
puede ser una simple ducha. ¡Es que el spa lo tienes en tu
propio baño sólo con desconectar el pensamiento por un
rato y estar presente en la experiencia! Te propongo un
ejercicio para que te pongas en contacto con tu cuerpo y
descubras el poder de tus sentidos, mientras pones
atención aguda en tus sensaciones corporales. La próxima
ducha que te des, hazla de manera consciente, no es nada
raro. Te lo explico mediante los siguientes pasos:
1. Admira tu cuerpo: tu cuerpo es bello, recuerda que es
tu templo. Mientras te desnudas frente al espejo,
contempla y acepta tu cuerpo tal y como es. Intenta
quererlo sin críticas.
2. Deja ir tus pensamientos. Una vez que entres en la
ducha y regules la temperatura, intenta no pensar. Por
ejemplo: intenta dejar fuera de la ducha todos las
tareas pendientes que te envía tu jefe, la discusión
que has tenido con tu pareja o tus complejos
corporales.
3. Céntrate en las sensaciones: poner el foco de tu
atención en las sensaciones es el punto clave; siente
cómo el agua cae sobre tu cuerpo; concéntrate en la
temperatura del agua; conéctate con el sonido de la
ducha; cierra los ojos para percibir mejor las
sensaciones corporales; siente cada parte de tu
cuerpo en contacto con el agua; disfruta los olores de
tu gel de ducha, el contacto de tu mano cuando te
enjabonas; notacómo tu piel se vuelve más limpia y
suave, cómo las toxinas de tu cuerpo van cayendo. Si
te vienen pensamientos, déjalos pasar, no te aferres a
ellos, y amablemente vuelve a enfocarte en las
sensaciones corporales.
4. Trátate con cuidados: Al salir de la ducha, intenta
seguir con tu concentración en las sensaciones. Seca
con suavidad tu cuerpo con la toalla; hidrátate con
alguna crema o aceite corporal; siente la textura
suave de tu piel; y agradece ese momento. Para
terminar, medita sobre la experiencia y pregúntate
esto: «¿Cómo me he sentido?»; «¿Qué sensaciones me
han sorprendido más?». Pero, sobre todo, proponte
hacer este ejercicio más a menudo: si te duchas una
vez al día, ¿por qué no hacerlo disfrutando de tus
sentidos? Te sugiero que lo integres como hábito de
bienestar.
Actividades cotidianas mindfulness
Intenta realizar tus actividades cotidianas desde un
enfoque más presente y plantéatelas como un juego, eso
contribuye a que tu implicación aumente. Por ejemplo: haz
ejercicio físico mientras te centras en combinar el
movimiento y la respiración; enfócate en el músculo que
estás ejercitando y siente cómo se contrae y se libera la
tensión mediante el estiramiento, de manera que tu mente
se mantenga más despejada de pensamientos y entres en
contacto con tu cuerpo de una manera más receptiva.
Incluso, puedes adoptar esta actitud cuando haces la cama,
tiendes la ropa o limpias el polvo: tomártelo como un juego
con el que puedes practicar consciencia plena puede hacer
que estas tareas sean más llevaderas y de paso vas
entrenando tu mente a estar más presente y conectado con
tu cuerpo en la actividad que llevas a cabo.
Práctica informal: mindfulness estático
Escaneo corporal
Esta técnica consiste en tomar conciencia del estado de tu
cuerpo para obtener efectos relajantes. Se puede emplear
para calmarte o desconectarte cuando te sientes acelerado
o emocionalmente agitado.  Así pues, adopta una posición
cómoda, ya sea acostado, ya sea sentado, por ejemplo:
cuando necesites desconectarte por un momento y te
encuentras en la oficina. Concentrado, recorre con atención
cada centímetro de tu cuerpo desde la cabeza hasta tus
pies. Cada vez que pongas el foco en cada una de las partes
del cuerpo, tienes que vincularte con las sensaciones en
esa zona. Para ser más precisos, por ejemplo, cuando estés
en la zona del pecho, siente si hay tensiones en la zona, si
los latidos están calmados, si tus pulmones se ensanchan
suficientemente con cada respiración. Tiempo estimado por
sesión: 5-10 minutos.
Autochequeo
Suelo incluir esta técnica como un ejercicio regular para
mis pacientes en las sesiones y en la terapia, dado que los
beneficios son muy palpables y relativamente rápidos. Esta
táctica consiste en hacer autochequeos de tu estado cada
una o dos horas, a través de programar un sistema de
alarma en tú móvil. Cada vez que suene la alarma, en
menos de veinte segundos tienes que conectar con tu
estado interno y chequear tu estado corporal, mental y
emocional, por ejemplo, mental: ¿qué estoy pensando en
este justo momento?;  emocional: ¿qué siento?, ¿estoy
aburrido, tenso, enfadado?; corporal: ¿mi espalda está
dolorida por mi postura?, ¿estoy apretando las
mandíbulas?, ¿mi estómago está vacío y ruge? Registra los
comentarios más destacados y al final del día tendrás
mucha información de tu estado interno e imagina si esta
técnica la haces más extendida en el tiempo. La alarma
aparecerá de manera espontánea, sin estar preparado, y te
forzará a poner atención en ti para que te obligues a
contigo mismo.
Relajaciones y visualizaciones guiadas
Escuchar y seguir cualquier tipo de relajación o
visualización es también una herramienta poderosa según
tu objetivo, por ejemplo: enfocarlas en la compasión,
emplearlas en la relajación del cuerpo o para generar
sentimientos positivos.
Identificación musical
Esta técnica consiste en escuchar una canción e intentar
detectar los instrumentos que suenan en la melodía: te
enfocas en la música y le das a tu mente un respiro del
overthinking rutinario. Es fácil y se puede llevar a cabo en
cualquier lugar para despejar tu mente y entrenar estar
presente.
Práctica formal de mindfulness:
meditación
La meditación es una práctica milenaria de tipo yóguica,
que recientemente se ha incluido en la terapia cognitiva
basada en mindfulness. Es un entrenamiento de tu mente
para elevar tu estado de conciencia, con el cual se aprende
a observar el pensamiento sin identificarte con él. La
iniciación a la meditación debe ser paulatina y constante,
pero, cuando ya se ha obtenido cierta experiencia, se puede
llegar a estados más elevados de conciencia y, por ende,
adquirir un estado de onda cerebral que va desde el alpha
hasta el theta, lo cual es proporcional a la profundidad del
estado meditativo. 
El reto último de la práctica de meditación consiste en
llegar al estado de samadhi, que algunos llaman estar
iluminado. Como estado difícil de conseguir para la mayoría
de los mortales, es el de mayor quietud posible que nuestra
mente puede lograr; un estamento puro en el cual no hay
pensamiento, ni juicio, ni ego, ni creencias, sólo hay luz y
serenidad. Este nivel se adquiere tras años de práctica
constante hasta que ya no te identifiques con tu mente
egoica, sino que esté totalmente integrada la idea de que
«el que piensa, no el pensamiento». Aunque no todos
podamos llegar a ese nivel de consciencia de los monjes
tibetanos, en los últimos años se ha demostrado
científicamente que la práctica de la meditación tiene un
impacto positivo en el cerebro, en el estado emocional y, en
general, en el cuerpo. Algunos de estos estudios científicos
se citan a continuación.
El estudio entre la Universidad de Harvard, el Hospital
General de Massachusetts y el Instituto Tecnológico de
Massachusetts, liderado por la científica Sara Lazar
llamado Mindfulness practice leads to increases in regional
brain gray matter density, publicado en Psychiatry
Research: Neuroimaging, 2011, fue el primer estudio
significativo que demostró el impacto de la meditación en
el cerebro humano. Con el uso de resonancia magnética
nuclear, se estudió la sustancia gris en un grupo de
dieciséis personas que meditaron en promedio veintisiete
minutos por día, durante ocho semanas, comparándolo con
otro grupo de control de no meditadores e hicieron
resonancias previas al comienzo de la práctica y
posteriores a ella. El estudio demostró que el mindfulness
puede realmente cambiar la estructura del cerebro:
cambios de tamaño en el hipocampo relacionados con el
aprendizaje y la memoria; también se encontró menor
densidad de materia gris en la amígdala, que alteraba su
estructura, lo que influía en la regulación emocional del
estrés y la ansiedad; e incrementos en el espesor de ciertas
áreas de la corteza relacionadas con la percepción
sensorial, auditiva y visual.
El estudio del Instituto Max Planck de Ciencias
Cognitivas y del Cerebro en Alemania, llamado
Contemplative mental training reduces hair glucocorticoid
levels in a randomized clinical trial, publicado en
Psychosomatic Medicine, 2021, liderado por la científica
Tania Singer, en el que utilizaron programas de
entrenamiento en meditación enfocada en atención,
gratitud y compasión, en una muestra de tres grupos de
ochenta participantes cada uno durante nueve meses con
una práctica de treinta minutos al día para medir los
niveles de actividad eléctrica y sus concentraciones de los
niveles de cortisol de los individuos a través del cabello. Se
demostró que a los seis meses de la práctica de la
meditación, la cantidad de cortisol se había reducido en
una media de 25 %. Los investigadores revelaron que la
práctica de meditación disminuye los niveles de cortisol,
mejora las habilidades sociales y reduce los niveles de
ansiedad y estrés.
Así como cuando vas al gimnasio para ejercitar tu cuerpo,
el entrenamiento de tu mente debería serun acto
indispensable. Crear el hábito diario de darle un respiro a
tu mente a través de la meditación te permitirá crear
gradualmente el gap de conciencia que irá distanciándote
de la identificación con tu pensamiento, de manera que
seas capaz de contemplarlo sin que seas arrastrado por los
pensamientos y emociones. Cada vez que meditas, formas
una separación entre tu ego y tu ser consciente, tu
entendimiento interno se expande, tu actitud ante la vida
se vuelve menos reactiva y tomas control del piloto
automático de de tus pensamientos para descartar los que
no te sirven. Recuerda: tú no eres el pensamiento, eres el
ser que piensa. 
Ahora bien: si eres principiante, comenzar con la
meditación requiere de esfuerzo y disciplina. Para ello,
empieza con una rutina de diez minutos al día y avanza en
la medida en que vayas integrando la práctica. Unos treinta
minutos al día de la práctica serán ideales para una
persona que tiene un ritmo de vida normal, según lo
establecido socialmente.  Antes de empezar con la
meditación, es recomendable tener en cuenta pequeños
detalles que pueden ayudarte con la práctica, a saber:
1. Busca un lugar tranquilo en el que no haya mucho
ruido, que induzca a la relajación y que reduzca las
distracciones a poder ser.
2. Encuentra la postura correcta: siempre con la
espalda recta y los hombros relajados, evitando
tensiones corporales. Puedes optar por la postura
típica de medio loto en el suelo —piernas cruzadas—
o buscar otras alternativas: de rodillas, sentado en
una silla, tumbado o usar cojines. 
Figura 1.5. Posturas para meditar
3. Elige un mudra —esto es: la manera en la que
posicionamos las manos a la hora de meditar—. En
yoga, se dice que los dedos tienen que cerrarse para
que la energía que creas internamente durante el
proceso de la meditación siga girando cíclicamente
por tu cuerpo y que no se escape fuera de él, esta
energía que fluye en ti es reparadora para tu
sistema somático y serás más consciente de ella a
medida que tu nivel de consciencia aumente. Mi
recomendación es la siguiente.
Figura 1. 6. Mudras para meditar
Es común que durante la práctica te lleguen a la mente
pensamientos relacionados con tu vida, como problemas
personales o resistencias en forma de ideas como la
incomodidad del momento. Esto es totalmente normal, pues
existe una idea falsamente difundida sobre que la
meditación es poner la mente en blanco. Pero en realidad,
se trata de aceptar y observar los pensamientos, las
emociones y las sensaciones sin juzgarlas ni bloquearlas;
simplemente, hay que ser consciente de ellas sin
engancharse a las mismas, sino dejarlas ir, sin olvidar
volver cada vez al instante presente. De cualquier modo, si
te descubres enganchado a un pensamiento o a una historia
desencadenada por algún otro pensamiento, es mejor que
primero lo aceptes sin juicios, para luego dejarlo ir.
Después, focaliza tu atención en la respiración, en el tercer
ojo —ubicado en la mitad de la frente, ligeramente por
encima de las cejas— o en el objeto que usaste para tu
meditación. Acepta los pensamientos que aparecen y sigue
adelante. No te agobies: practicar la atención consciente y
estar presente se aprende ejercitándose con paciencia y
poco a poco. 
Para dejar ir los pensamientos e intentar no aferrarte a
ellos, te recomiendo esta técnica de disociación con los ojos
cerrados: visualiza y expulsa los pensamientos fuera de tu
cabeza y proyéctalos como en una pantalla de cine externa
a ti. Cada vez que te surja un pensamiento, ya no está en tu
cabeza, sino fuera de ella, pues se refleja en la pantalla
externa; estos pensamientos se mueven rápido según tu
agitación mental, pasan de unos a otros a través de esa
pantalla —como si fuera la letra de una canción en un
karaoke—. Concéntrate en el movimiento de los
pensamientos a través de la pantalla: no puede quedarse
estática, al igual que tus pensamientos vienen y van, así
que déjalos ir y no te aferres a ninguno de ellos. 
Existen innumerables técnicas de meditación que
abarcan métodos como el control de la respiración, el
desarrollo de la concentración mental o el entrenamiento
en la visualización. Entre ellas, se destaca la meditación
focalizada, una técnica que te permite mantener la atención
fija en un punto interno de ti mismo, lo cual se logra
mediante la respiración, con la concentración en alguna
parte específica de tu cuerpo o con la repetición de un
mantra; o en un punto externo, como puede ser un sonido,
una imagen o el destello de una vela. De esta manera, tu
mente estará concentrada en ese objeto de atención que la
fuerza a estar en el momento presente, por lo que la mente
se calma y el ruido interno se reduce, lo cual minimiza las
probabilidades de que la cabeza vuele al pasado o al futuro.
Cada vez que tu atención se disipe, retorna a ese punto de
referencia interno o externo para retomar el foco de
atención: éste sería tu faro en la práctica.  A
continuación,  te comparto tres prácticas de meditación
focalizada que suelo recomendar a mis pacientes.
Meditación centrada en la respiración
Con los ojos cerrados, fija tu atención en tu respiración, sin
intentar controlarla, sólo poniendo el foco de atención en la
inhalación y exhalación del aire. Puedes enfocarte en los
orificios de la nariz, en sentir el aire entrar y salir de los
mismos, en la presión del aire en tus membranas nasales o
en las cosquillas que te generan. También puedes centrarte
en cómo tu abdomen se llena y se vacía de oxígeno con
cada respiración.
Meditación centrada en un mantra
Con los ojos cerrados, mantén tu concentración en la
repetición de una secuencia, por ejemplo, contar números
en orden ascendente o descendente. Lentamente, vas
siguiendo la cuenta hasta que llegues a cero —en el caso
del orden descendente—. Otra opción es repetir un mantra
yóguico en sánscrito o una afirmación potenciadora que
resuene contigo y te haga sentir bien.
Meditación centrada en la llama de una vela
Es una práctica yóguica denominada trataka, cuya
traducción del sánscrito es algo así como ‘mirar fijamente’
o ‘contemplar’. Este tipo de meditación, a diferencia de las
anteriores, se practica con los ojos abiertos: enciendes una
vela, la colocas a un metro de distancia y enfocas tu
atención en la llama. El reto de esta meditación es intentar
no parpadear por el mayor tiempo posible. Si tus ojos
empiezan a llorar y aparecen lágrimas, déjalas fluir. Pero si
llegas a sentirte incómodo, descansa con los ojos cerrados
por unos instantes y vuelve a abrirlos cuando estés listo
para enfocarte de nuevo en la llama de la vela.
Tercera parte
Entiende tus emociones, tu ser emocional
Gestiona tus emociones y sana tu niño
interior
Sentido biológico de las emociones
En la primera parte del libro hemos visto cómo funciona la
mente y el impacto que tiene en tu salud psicológica. La
mente es importante, pero el problema radica en que la
sociedad actual te adiestra para vivir exclusivamente desde
un enfoque cognitivo y se centra en cribar todo lo que
ocurre desde la mente. Estás demasiado acostumbrado a
identificarte con ella, por lo que te has olvidado de otras
partes también importantes de tu ser, lo cual juega en
contra de tu propia naturaleza, porque tú eres mucho más
que tu cerebro y tu pensamiento.
Tu parte emocional ha sido constantemente olvidada, de
manera que, cuando no estás en contacto con las otras
dimensiones de tu ser, como la parte emocional o somática,
no puedes llegar a integrar tu sentido de la existencia ni
descubrir la causa de tu sufrimiento, porque no estás
incluyendo en el puzle muchas de las piezas que necesitas
para entender, liberar y sanar las fricciones que sientes a
nivel interno, que se escapan del encasillamiento a nivel
cognitivo. 
Tu ego siempre quiere etiquetar y juzgar tus emociones;
quiere pasarlas por el filtro de la mente. En ciertas
circunstancias de la vida, no se utiliza el lenguaje mental,como en los sentimientos, la intuición, las sensaciones
corporales o la energía. Eres un ser humano, una mezcla
entre mente, emociones y cuerpo que interactúa como un
todo. ¿Te imaginas un mundo en el que desde que eres
pequeño te enseñaran inteligencia emocional?
Por lo general, has sido educado para reprimir las
emociones y desconectarte de ellas, lo que ha generado
daños colaterales en la sociedad, pues se proyecta en una
gran neurosis colectiva que se ha normalizado. Nunca
antes ha habido, como hoy en día, tantos problemas
asociados a la salud mental: el ritmo frenético de las
grandes ciudades, la adicción a las redes sociales, las
relaciones tóxicas de amor en tiempos de Tinder, la soledad
y otros muchos males con los que las personas se enfrentan
a diario dejan mella y desequilibran el bienestar emocional.
Estos problemas te generan vivir en reactividad
somatizada, ansiedad constante en tu sistema interno,
desconexión de ti mismo, emociones de ira no resueltas que
se reflejan en una actitud de pelea con el mundo o estados
de disociación que te mantienen sedado cuando utilizas
escapismos como el alcohol, drogas o medicación excesiva,
porque te sientes incapaz de poder manejar tu mundo
interno. Aunque la medicación psiquiátrica es necesaria en
casos concretos, pero si sólo te medicas sin trabajar en la
raíz de tu sufrimiento, ese vacío interior no desaparecerá,
sólo te mantendrá dormido.
Aprendes a sacar la raíz cuadrada del número π o el
alfabeto griego en el colegio, pero en una «educación
estándar» no te enseñan a resolver conflictos, a regular las
emociones, a calmar la mente o a desarrollar la creatividad.
En definitiva: no te enseñan a ser humano y convivir con tu
psicología interna. Lo que te diferencia de los robots es la
capacidad de sentir, pero en este siglo estás cada vez más
desconectado de tus emociones, pues incluso las películas
de ciencia ficción son más realistas de lo que parecen. En
muchos sentidos, vives como autómata: dormido, sedado;
evitas tu propia naturaleza, huyes del dolor y utilizas vías
de escape cortoplacistas que te generan mucho más
sufrimiento a largo plazo.  Tal vez la educación en
inteligencia emocional salvaría al mundo y se ahorrarían
muchas dificultades.
No hay libertad si no hay conocimiento, porque actúas
desde la única posibilidad que tienes, ya que es lo único
que conoces. Cuando no hay armonía entre tu ser mental y
tu ser emocional, se produce un conflicto interno que altera
tu salud psicológica. La mente y la emoción son diferentes
pero complementarias, entonces, el reto de la sanación
personal implica que no haya fricción entre estas dos
entidades. Este enfoque integrativo es indispensable si
quieres vivir en bienestar.  
1. FUNCIÓN BIOLÓGICA EMOCIONAL
Las emociones son las reacciones neurofisiológicas
detonadas por un estímulo que se procesa en el sistema
límbico, que es la estructura cerebral encargada de regular
las respuestas emocionales del ser humano. Todas las
emociones desempeñan un sentido biológico, pues se
activan para comunicar cuestiones internas, es decir: te
advierten que algo está ocurriendo en la relación profunda
entre tu mente y tu cuerpo, de lo que deberías ocuparte.
Las emociones tienen finalidad: son el lenguaje para
comunicarte con tu ser subconsciente y transmiten mucha
información si aprendes a escucharlas. Las emociones son
respuestas que se manifiestan en ti, al ser desencadenadas
por el significado subconsciente que le has dado a un
pensamiento. Además, son la clave para indagar dentro de
ti, tirar del hilo y traer al plano consciente los significados
subconscientes que crean desequilibrio interno y tienes
programados en tu mente: creencias limitantes y
pensamientos autosaboteadores.
Las emociones son un sistema interno de comunicación
que actúa a través de respuestas emocionales que se
expresan en el cuerpo, gracias a las cuales adquieres
consciencia de lo que está pasando dentro de ti. Las
emociones son temporales, ya que trabajan como un
mecanismo de aviso de entrada y salida. El ciclo natural
orgánico de la emoción requiere que sea experimentada y
liberada: si se queda retenida, te puede producir bloqueos
que aumentan y se fortalecen. ¿Te ha pasado que a veces
estallas o sobrerreaccionas? ¿O has sentido un bajón
emocional repentinamente?
A veces las emociones se apoderan de ti, y sientes que no
tienes control sobre ellas. Esto pasa porque vives
desconectado de ellas, no las escuchas, y al ignorarlas, las
bloqueas. En suma: no le permites a tu sistema darle salida
a esa emoción justo en el momento que se evidencia. Dado
que forman parte del mecanismo homeostático corporal,
todas y cada una de las emociones que experimentas tienen
un mensaje para ti: te avisan sobre los asuntos profundos
de los que te tienes que ocupar. Entonces, ¡no las ignores!
En efecto, no puedes huir de ti mismo, porque tus
emociones tarde o temprano te terminarán alcanzando.
Pero con prestarles atención consciente ya consigues
mucho si entras en contacto con lo que te están queriendo
decir. Así pues, las emociones hay que sentirlas, no
pensarlas. 
La intención de las emociones es advertir sobre lo que
hay en tu interior, ya que se experimentan en el plano
consciente de tu cuerpo, aunque se activen
subconscientemente con el significado que le das al
pensamiento. Pero a veces no te das cuenta de tus
emociones, bien sea porque no las conoces y no puedes
identificarlas, bien sea porque vives desconectado de tu
cuerpo.
2. IDENTIFICACIÓN DE LAS EMOCIONES
Las emociones aparecen en un plano consciente, es decir:
se manifiestan y las experimentas, pero si no te han
enseñado a identificarlas, y por tanto no sabes qué estás
sintiendo, entonces el proceso biológico de advertencia
para el que están diseñadas se daña y comienza a fallar.
Las emociones son el nexo que te conecta con tu
constitución mental y corporal, su naturaleza primaria es
temporal, pero se vuelven permanentes si no las identificas:
entran en tu sistema y se quedan en él, y éste es el
problema: terminan atrapadas en tu estructura corporal en
forma de tensión y energía somatizada. Si bien es cierto
que las emociones deben experimentarse porque son
respuestas que te ayudan a sanar, es necesario que sea de
una manera responsable, consciente y regulada. La
educación emocional te puede evitar mucho sufrimiento. El
primer paso para poder llevarte bien con tus emociones
consiste en aprender a identificarlas; el segundo, sentirlas,
gestionarlas, liberarlas de tu sistema y utilizarlas como
motor de sanación y evolución personal, o mejor: como
elevación de la conciencia.
¿Sabes qué emoción estás sintiendo?
Paul Ekman, psicólogo experto en la naturaleza y función
de las emociones, estableció que existen emociones
básicas, comunes, sin género y con expresiones faciales
universales para los humanos, sin importar en qué parte
del mundo hayas nacido o tu sexo biológico.  Según el
científico, estas emociones son seis, a saber: alegría,
tristeza, asco, sorpresa, ira y miedo.
Figura 1.7. Emociones
Así mismo, cada una de estas emociones primarias se
manifiestan en ti de diferentes maneras, conocidas como
sentimientos, que son las autopercepciones de una
determinada emoción. Cuanto más preciso seas con la
identificación de la emoción y de los sentimientos que
surgen de ella, tanto más sencillo resultará regularla.
Aunque no hay necesidad de obsesionarse con encontrar el
nombre exacto, la siguiente clasificación de sentimientos
puede orientarte en definir con mayor certeza lo que estás
sintiendo.
Proceso de identificación emocional
¿Qué estás sintiendo? Lo primero que debes identificar es
la emoción básica o primaria: ira, alegría, sorpresa, asco,
tristeza o miedo. Acto seguido, reconoces los sentimientos
—la anterior clasificación de los sentimientos te puede
guiar— para que profundices un poco más y definas con
más precisión la emoción. Este análisisemocional te puede
brindar información considerable sobre lo que sientes para
conectarte con el mensaje que esa emoción te quiere
comunicar y de esta manera lograr un entendimiento más
exacto de lo que hay debajo de ella. Una vez realizada la
identificación, podrás darle un sentido consciente y tener
mayor comprensión de la situación que estás
experimentando en un momento dado.
Figura 1.8. La rueda de los sentimientos
Si te acostumbras a ser consciente de la emoción que
percibes, podrás regularla y así crear un intervalo entre la
emoción y la respuesta que le das. Con ello, te abrirás a la
posibilidad de gestionar las emociones a partir de la
consciencia, no de la reacción, pues es desde allí que eres
controlado por la intensidad de la emoción, ya que ésta se
activa de manera impulsiva, automática y subconsciente
debido a todos los significados acumulados y almacenados
en tu mente subconsciente con base en tu experiencia de
vida.
El camino a seguir es el siguiente: imagínate que has
identificado la ira como la emoción que estabas
experimentando después de reflexionar sobre los siguientes
interrogantes: «¿Qué emoción estoy experimentando, es
ira?», «¿por qué la estoy sintiendo?», «¿cómo se expresa
esta ira en mí?». «¿Me siento enfadado, nervioso,
tensionado, desolado?». «¿Es realmente enfado esta
emoción, o quizás es tristeza o miedo lo que hay debajo?».
Por ejemplo: imagínate que tus amigos cercanos han
organizado un plan sin avisarte. Tan pronto descubres que
no han contado contigo, sientes una ira terrible, te
preguntas por qué te sientes así y te dices: «Soy invisible
para mis amigos. Han hecho su plan por su cuenta, sin
decirme nada». Te das cuenta de que tus pulsaciones se
aceleran, tus músculos se tensan, que lo que sientes es más
que enfado, pero, en realidad, te sientes triste, porque el
comportamiento de tus amigos te ha decepcionado.
Entonces, dejas reposar esta emoción, mientras analizas y
procesas la situación, luego de lo cual hablas con ellos
sinceramente y con una comunicación asertiva desde la
neutralidad. De acuerdo con esto, tomas la decisión de
cortar o no la relación con ellos.
Sin embargo, si conscientemente no pasas por todo este
reconocimiento emocional, el escenario podría ser
diferente: cuando descubres que tus amigos no han
contado contigo, te pones en contacto con ellos y
reaccionas desde la ira: les dices palabras de las que quizás
te arrepientas cuando tu emoción se calme, o no les das la
oportunidad de que te expliquen sus motivos; quizás todo
fue un malentendido o ellos contaron con razones
coherentes que no tenían que ver contigo, o tal vez no
contaron contigo porque efectivamente no te querían allí.
Pero, al reaccionar enfurecido con ellos sin dar la
posibilidad de saber sus motivos, la relación se deteriorará
irremediablemente, sin haber considerado una
comunicación calmada, que pudiera haber permitido
gestionar la situación con mejores resultados.
3. DESREGULACIÓN EMOCIONAL
Como se ha comentado anteriormente, el ciclo orgánico y
natural de la emoción es de entrada y salida. Si una
emoción no se procesa siguiendo esta ruta, el ciclo
orgánico emocional se quedará abierto: la emoción entra,
pero no sale. Entonces, esa emoción se torna disfuncional,
porque no es liberada del sistema interno. Es a partir de
esta dinámica que uso la expresión trauma emocional para
aquella emoción que se ha quedado anclada, que no ha
podido cerrar el ciclo y que produce una alteración en la
homeostasis fisiológica, ya que no ha sido liberada fuera
del organismo, sino que aún permanece latente y viva.
Cuando esto ocurre, bloqueas el funcionamiento natural y
biológico de tu cuerpo, ya que, al ir contra natura, no dejas
que la emoción cumpla la función para la que está
diseñada. Por lo tanto, si la emoción no es regulada
adecuadamente en la medida en que va surgiendo, no
puede ser liberada y se va acumulando en ti. Cuando una
emoción no es procesada, se vuelve disfuncional, ya que, en
vez de aportar al mantenimiento de la homeostasis y del
equilibrio interno emocional y corporal —o sea: su función
original—, se convierte en un problema generador de
conflictos emocionales y psicosomáticos, y es bajo esta
condición que las emociones toman el control de ti. 
A medida que estas emociones se van acumulando, se van
tornando más poderosas y se expanden a lo largo de tu
interior hasta que te someten. Si las emociones se
apoderan de ti y pierdes el dominio sobre ti mismo,
probablemente reaccionas de manera impulsiva y actúas
para arrepentirte posteriormente. Recuerda que tú eres el
ser superior que experimenta la emoción, que la posee y la
gestiona. Tú no eres la emoción, aunque seas poseído
temporalmente por ella cuando no eres conscientes de la
misma.
Cuando estás desconectado de las emociones, bloqueas el
ciclo orgánico y natural de tu cuerpo. Por eso, vivir
vinculado a tu sistema emocional es crucial para mantener
una sana salud mental y física, lo cual es esencialmente
supervivencia. Identificar una emoción determinada
alimenta la capacidad de que actúes en consecuencia. Pero,
si no sabes qué es lo que estás sintiendo, será difícil que
reacciones con sentido y coherencia. Si no sabes qué es lo
que se está moviendo internamente, tu manera de afrontar
la emoción no irá alineada con la solución para liberarla.
Primero, debes reconocer la emoción original, luego,
actuar con coherencia para liberarla. ¿Qué pasa cuando no
te permites experimentar una emoción o la rechazas? Cada
vez que bloqueas el proceso de desarrollo de una emoción
estás aumentando su umbral. Como en una mochila, vas
amontonando emociones mal gestionadas, resistencias o
sentimientos nocivos, que en algún momento harán que la
mochila reviente si no aligeras el contenido. Entonces, no
te sorprendas cuando esa fricción reprimida se despierte y
estalle emocionalmente. No hay emociones buenas o malas
—todas son necesarias—, sino emociones consideradas
como negativas socialmente. Por ejemplo: la envidia puede
hablarte de que necesitas cambiar algo en ti con lo que no
estás cómodo o feliz, sin embargo, acumular y hacer una
mala gestión emocional de ella tiene consecuencias
negativas en tu equilibrio interno, en tu estado de ánimo y
en tu cuerpo. La emoción original es la que te permite
sanar y liberar ese sentimiento, sufrimiento o tensión, pero,
si no sueltas ese sentimiento tóxico, se acumulará en ti y el
nivel de sensibilidad aumentará: cada vez será más fácil
que reacciones desde esa emoción enquistada. Ten
presente que las emociones siempre salen de alguna
manera, pues todas tienen un sentido y una finalidad.
Veamos cómo se aplicaría esto con el caso de un paciente.
Una paciente, llamémosla Rocío, sostuvo una relación
casual con una persona durante un par de meses: hablaban
y se veían dos veces por semana. Rocío sintió que su pareja
empezó a distanciarse de ella, pues notaba que su trato era
más frío que antes, hasta que un día no le devolvió un
mensaje: desapareció totalmente. Él le había aplicado un
ghosting absoluto, de modo que se preguntó a sí misma:
«¿Por qué siempre me pasa lo mismo?». Rocío sentía cierto
nerviosismo en el estómago, como un nudo; su respiración
se quebraba y presentaba ansiedad generalizada en todo su
cuerpo.
Seguidamente, Rocío decidió hacer uso de una aplicación
de citas en línea y compulsivamente buscaba lograr un
match con nuevas personas, de manera que quedó con una
de ellas, salió de fiesta, se emborrachó y terminó intimando
esa noche. Rocío pone una sonrisa de todo va bien, pero
por dentro se siente rota, lo que le provoca bajones
repentinos en su estado de ánimo que, realmente, no son
proporcionales a la situación que experimenta. Esta
persona no actúa en virtud de lo que está sintiendo, así que
estos síntomas quedarán latentes y la ansiedad se
expandirá porque no ha gestionado el rechazo, sino que lo
ha intentado cubrir con otra persona: estas accionesson de
evitación de la emoción, más no de afrontamiento.
En este caso, la emoción original de la paciente es la
tristeza derivada del rechazo, pero las reacciones que
ejecutó no estaban alineadas con la necesidad de liberar la
tristeza, sino con la aparente solución de cubrirla, de
bloquearla. Esto resultaría en un aumento de la intensidad
de las emociones, lo cual se relacionará con la nueva
pareja, lo que posiblemente la lleve a una situación similar
a la anterior, porque el vínculo ha sido establecido desde la
ansiedad que le provoca sentirse rechazada y no desde la
conexión o el amor genuino. Habría entonces que
preguntarse si estas situaciones se repiten en su vida; si
este tipo de comportamientos son comunes al tipo de
persona con la que se suele relacionar; si el modus
operandi de huir del rechazo implica que trate a sus parejas
bajo el dominio de la ansiedad y que esta conducta las
empuje a alejarse de ella. El anterior es sólo un ejemplo,
porque cada caso es único. Pero ¿tú qué harías en esa
situación? 
Este tipo de reacciones indican que probablemente
tengas una herida emocional sin resolver que esté
relacionada con el rechazo o el abandono. Pero lo
importante es poder llegar a la raíz del asunto y no poner
simples parches que sólo ralentizan la solución y aumentan
la sintomatología de la emoción no liberada. Este efecto
suele derivar en una disfunción emocional que repites
cíclicamente sin ser consciente de ella, aunque esté
limitando tu vida y desequilibrando tu estado emocional
cada vez con más intensidad.
4. EVITACIÓN EMOCIONAL
Intenta evocar alguna situación reciente en la que te hayas
sentido deprimido o con ansiedad, y dedícale unos minutos
para contestar la siguiente pregunta: ¿Cómo actuaste?
¿Eres de los que ponen la lista de Spotify de canciones
tristes, para cortarse las venas, durante días? ¿Te vas
corriendo al gimnasio y te pasas horas allí para no pensar
ni sentir para huir de la emoción?  De tal manera, es
imprescindible que interpretes tu manera de afrontar las
emociones. Tan destructivo es que te quedes apegado a la
emoción como que huyas de ella y quieras salir de ahí
súbitamente. Esta huida puede presentarse en forma de
conductas de evitación que te hacen sentir bien
momentáneamente, y están asociadas a la comida, las
drogas, el alcohol, el shopping, el tabaco, el ejercicio
excesivo, la ocupación excesiva en planes de agenda, el
workaholism, las conductas sexuales compulsivas o los
famosos maratones de Netflix.
Cuando procedes con conductas de evitación, no estás
afrontando los acontecimientos de tu sistema emocional
interno. Por lo tanto, si no eres coherente contigo mismo,
estás actuando de manera desadaptativa frente al
mecanismo de aviso emocional para el que estás
programado, lo cual resultará en que la emoción original no
se libere y se acumule en ti. Por eso las vías de escape no
son una medida adecuada para las emociones, sino apenas
un parche que funciona a medio plazo y posterga el
afrontamiento, lo cual aumenta el umbral emocional y
dificulta la liberación: la herida crece, se vuelve resiliente y
más fuerte.
Si la emoción no ha sido liberada en el momento
correspondiente, se mantendrá latente, pero buscará una
salida desesperada, ya que el sentido biológico de la
emoción es de entrada y salida. La esencia original de la
emoción es temporal, de advertencia y comunicación entre
tu mente y tu cuerpo. Pero, cuando ella no fluye en el
instante mismo en que la sientes, buscará opciones más
bruscas, inapropiadas o incoherentes para salir de tu
sistema, como cuando reaccionas de una manera impulsiva
o fuera de control en la que no te reconoces a ti mismo.
Entonces, esta emoción enquistada operará como una
pulsión para liberar la fricción emocional interna retenida,
lo cual se transforma en energía acumulada en el cuerpo,
puesto que no ha seguido el ciclo natural entrada-salida:
está atascada en tu cuerpo, pero tiene que escapar por
algún lado.
5. CIERRE DEL CICLO DEL TRAUMA EMOCIONAL
El trauma emocional es entendido como cualquier emoción
que no se procesó de manera adecuada en el momento que
surgió, ya sea porque no se crearon los recursos
emocionales para poder gestionarlo, ya sea por no tener
conciencia de ellas —desconexión o disociación del cuerpo
—.
Cuando no se procesa ni se libera la emoción en el
momento que se sintió, se queda atrapada, de modo que
cada vez que se presenta ese estímulo —o uno similar—, la
emoción se vuelve más intensa, lo cual aumenta el umbral
emocional y se experimenta el pico más alto de intensidad,
acompañado normalmente de estrés fisiológico.
Si la emoción no cierra su ciclo, permanece latente. El
tiempo que posterguemos el enfrentamiento de una
experiencia traumática es crucial en su impacto emocional
porque determinará si se convertirá en trauma emocional
complejo con el consecuente aumento de su intensidad. La
intensidad reactiva aumenta buscando la liberación
emocional. Si la evitas o suprimes, la emoción no se
expulsa, lo que provoca no sólo que colateralmente se
incremente, sino también que se arraigue en tu sistema
mente-cuerpo, como un radar que rastrea situaciones para
poder liberar esta fricción emocional contenida, a medida
que aumenta tu respuesta somática en forma de estrés.
Como ley fundamental de la homeostasis corporal, el
cuerpo siempre tiende a querer expulsar lo que no le
pertenece y causa desequilibrio interno, ya que este
sistema de vuelta al balance homeostático es de una
inteligencia suprema. Así, el cuerpo busca la sanación:
como cuando te causas una herida y tu sistema sanguíneo
produce automáticamente una costra.
Figura 1.9. Proceso no adaptativo emocional
Ahora bien: si conscientemente o subconscientemente
obstruyes la evacuación de una emoción, ésta se somatiza.
Existen enfermedades somatizadas en las que según las
pruebas clínicas ordinarias «todo anda bien» y,
aparentemente, no hay ningún problema fisiológico que las
haya provocado. Por nombrar algunas: síndrome de fatiga
crónica, fibromialgia, bruxismo, migraña, insomnio,
trastornos dermatológicos —como la psoriasis— o síndrome
del colon irritable, patologías que tienen probablemente un
origen emocional. Así mismo, vivir reactivamente desde
una actitud de miedo en estrés crónico, ansiedad
generalizada, que genera tensiones musculares sostenidas
en el tiempo, provocan desequilibrios en tu cuerpo que
impactan, sobre todo, en tu sistema nervioso, respiratorio,
digestivo, circulatorio, osteomuscular y autoinmune.
La mente tiene mucho poder en la sensación de dolor. Por
ejemplo: existe un fenómeno psicológico según el cual
personas a las que les ha sido amputada alguna extremidad
o parte de su cuerpo todavía sienten los miembros perdidos
e incluso les causan dolor: se conoce como dolor del
miembro fantasma. Con esto quiero ilustrar cómo el dolor
comienza en el cerebro —creado, definido y asociado— y
termina sintiéndose en el cuerpo. Tu mente y tu sistema
emocional tienen un gran poder de influencia en tu
experiencia fisiológica corporal.
La somatización emocional es una forma de expresión de
los desequilibrios emocionales a través de síntomas
fisiólogicos. No obstante, estos síntomas se podrían evitar
si establecieras contacto con la emoción y ésta fuera
liberada justo en el instante en que aparece. El cuerpo
susurra, pero, si no es escuchado, grita: éste es el
mecanismo de comunicación que el cuerpo emplea para
que te percates de que hay un problema, de modo que los
síntomas físicos son los últimos eslabones en la ruta
comunicativa mente-emoción-cuerpo. Pero el ciclo del
trauma de la emoción somatizada se cierra creando no sólo
una conciencia mediante el proceso cognitivo en el que
aprendes a identificar y gestionar las emociones, sino
también a través de la conexión con el cuerpo. De esto
hablaremos más adelante en el capítulo sobre el cuerpo.
La emoción inicial puede llegar a manifestarse en tu
cuerpocomo una enfermedad porque no ha sido liberada y
por el tiempo que lleva retenida. Muchas de las patologías
que nos afligen hoy en día tienen un origen emocional. El
estrés prolongado suele ser un factor común en muchas de
ellas, pues es una fricción somatizada causada por la falta
de coherencia en la liberación de la emoción inicial
subyacente que se convierte en trauma complejo.
Patrones como adicciones emocionales
Cuando te anclas a una emoción, no sólo puede generarse
una somatización, sino que también, psicológicamente y
fisiológicamente, se desarrolla una adicción hacia esa
emoción. Es un resultado complejo en el que se ponen en
acción los circuitos neuronales más transitados que te
llevan a las reacciones emocionales más conocidas y te
generan un estado de repetición de tus sentimientos más
comunes segregando determinados neuroquímicos, que
pueden ser de naturaleza nociva como el cortisol en caso
de que tus sentimientos te generen estrés o ansiedad.
Cuando no regulas tus emociones de la manera correcta,
éstas se hacen perjudiciales y absorben toda tu atención
hasta invadir tu estado de ánimo; si las prolongas en el
tiempo, pueden volverse parte de tu personalidad. ¡Te
puedes quedar enganchado a la emoción de tristeza, un
sentimiento de soledad o a un bajón del ánimo! ¿Has puesto
atención alguna vez a las emociones más predominantes de
tu día a día o qué patrones emocionales se repiten en tu
estado de ánimo durante un período de tiempo de una o dos
semanas?
Cuando este bloqueo emocional procedente de la falta de
liberación se extiende en el tiempo, te identificas con la
emoción enquistada y la conviertes en parte de ti. Ahora
estás apegado a ella, entonces se apodera de ti y te vuelves
adicto a sentirte de esa manera. Pero, como te has
acostumbrado a tal sensación, se te dificulta ser tú mismo
sin esa emoción: la necesitas, la buscas y te quedas en ella.
Cuando te vuelves adicto a ciertas emociones, utilizas
símbolos externos con los cuales justificas sentirte de
determinada manera. ¿Te ha pasado que experimentas una
situación no muy problemática, pero te genera una emoción
masiva o extrema? Entonces, tu intensidad emocional no es
proporcional al grado de gravedad de la situación.
A veces utilizas circunstancias, personas y emociones
para conectarte con una emoción inicial más profunda con
la que estás muy identificado, como cuando echas de
menos sentirte de un modo específico o no crees
reconocerte sin esa emoción. Por ejemplo: cuando
acostumbras acudir a la ira —generalmente proveniente de
una herida por rechazo o injusticia no resuelta—, cualquier
mínimo desacuerdo puede resultar en una explosión de
rabia fruto de la frustración interna acumulada; o también
cuando buscas constante y subconscientemente enfrentarte
o discutir con otras personas sin motivo real aparente,
porque la causa primaria de la ira —y no tienen nada que
ver con esa situación que te ocurre actualmente— no ha
sido liberada, sino alimentada; se ha expandido, se ha
potencializado. Entonces, te consideras una persona con
carácter fuerte, has creído que tú mismo eres esa ira, que
ésta hace parte de tu personalidad. Pero eres mucho más
que eso, pues el problema sólo es una adicción emocional
que posiblemente ha escalado a un nivel fisiológico,
entonces, tu cuerpo tiene la necesidad de determinados
neuroquímicos como niveles altos de cortisol.
Los símbolos son simples excusas para vincularte con la
emoción más profunda e identificada con tu ser, que es, a
su vez, la que está más presente en tu historia. Ese radar
que rastrea símbolos es un mecanismo subconsciente que
te obliga a filtrar lo que percibes para que sientas la
emoción con la que estás más identificado: ese estado de
ánimo característico que define tu personalidad. La
búsqueda incesante para validar tus traumas emocionales
—emociones no liberadas— puede evolucionar en otro tipo
de trastornos, como la depresión o la ansiedad
generalizada, por las que tu estado de ánimo se vuelve
crónico: estás atrapado en tu identificación emocional.
Es necesario que reconozcas y definas el patrón
emocional que te determina, ya que el conocimiento
integral de tus emociones más habituales, los ritmos de tu
estado de ánimo y los sentimientos que más se repiten en
tu vida te permitirá transformarlos en unos más saludables,
para lo cual debes explorar las heridas emocionales que
están detrás de ellos. Por ejemplo: imagínate a tu estado de
ánimo como una montaña rusa, en la que cada tres días te
sientes melancólico sin razón aparente o te enfadas con
alguien una vez cada semana —ya sea una persona
cercana, ya sea el telefonista que responde a la petición en
el banco o seguro, con el que descargas tu ira acumulada—.
Quizás te definas como una persona melancólica, de
manera que pudiste sentir mucha tristeza o soledad en tus
edades tempranas; o como una persona de carácter fuerte
que explota con facilidad, posiblemente porque sufriste
mucha injusticia o violencia en tu niñez.
Pero la conciencia en sí misma sana, junto con el
desaprendizaje y la acción intencional para cambiar tus
patrones emocionales perjudiciales. Como se ha dicho
anteriormente, si estás identificado con alguna emoción,
sueles integrarla como parte de ti, así que pregúntate
quién serías sin esas identidades emocionales. En el
ejemplo anterior, ¿quién serías sin sentirte melancólico
cada cierto tiempo?; ¿quién serías sin estar enfadado con el
mundo o disfrazarte de rebeldía?, ¿es eso lo que eres de
verdad? Pero tú eres mucho más que tus emociones.
Ejercicio
Analiza cuáles son las emociones más predominantes
en tu cotidianidad durante un periodo de dos
semanas. Luego, registra cuáles son los patrones
emocionales que se repiten, por ejemplo, sentirte
bajo de ánimo un día a la semana, sentirte enfadado y
discutir cada cuatro días, sentir miedo o sentir
ansiedad con un ritmo de días alternados.
IDENTIFICACIONES COGNITIVO-EMOCIONALES: 
LAS MÁSCARAS DE TU PERSONAJE CREADO
Las identificaciones a las que eres adicto
subconscientemente en su origen eran meras funciones
adaptativas, cuyo propósito fue permitirte sobrevivir: con
este rol, fuiste capaz de sobrellevar una situación o una
emoción intensa del pasado. Estas identificaciones son
máscaras que utiliza el personaje que has creado. El
problema es que ahora tales identificaciones son
desadaptativas y autosaboteadoras: van en tu propia
contra, te distancian de ti y ya no aportan a tu
supervivencia. Subconscientemente, necesitas sentirte así,
por eso revives cíclicamente tu historia y el personaje que
has creado, el cual encaja perfectamente en esa historia.
Las máscaras en las que te reconoces te alejan de ti mismo,
son partes tuyas que se mantienen en la sombra de tu
conciencia, pero que de alguna manera te ofrecen
beneficios. Así pues, para poder llegar a tu ser libre de
condicionamientos es indispensable desenmascararlas una
a una.
Cada uno de estos personajes representados por las
máscaras presentan un beneficio encubierto para tu ego.
Por lo tanto, te preguntarás: «¿Cómo voy a querer sentirme
triste o melancólico?»; «¿cómo voy a querer estar
deprimido?». Vale, no quieres desde un punto de vista
racional, pero este mecanismo no es racional; en cambio, es
emocional y subconsciente: es una adicción a tus patrones
emocionales y a tus historias de identificación del ego, lo
que forma tu personalidad y tu carácter, que no es más que
tu estado de ánimo continuado en el tiempo.
Pero ser consciente de tus máscaras te da poder sobre
ellas, y, si eres capaz de verlas venir, ellas no se apropiarán
de ti. De tal manera, la adicción al rol y a cómo éste te hace
sentir ya no es tan instantánea, porque has generado el gap
de conciencia de la mente neutral del que hablamos
anteriormente: una pausa de conciencia que interfiere para
establecer un lapso gracias al cual tú no serás arrastrado
por ese piloto automático ni por el personaje quehas
creado. Las máscaras —roles que adquieres de manera
subconsciente que se mantienen ocultas para tu conciencia
— pueden llegar a ser infinitas e individuales, pero suelen
tener una naturaleza subconsciente, por lo que la persona
no advierte que está actuando bajo las identificaciones o
adicciones emocionales del ego hasta que no efectúa un
proceso de elevación de conciencia.
Estos personajes, roles o máscaras son subconscientes y
automáticos, y suelen estar en la sombra de la conciencia
—esto sería lo que no vemos de nosotros mismos—. Las
máscaras denotan síntomas de la problemática que está
debajo de ellas. A continuación te comparto algunos
estereotipos más comunes, por si resuenan contigo —
puedes estar en cualquier punto del espectro, así que
puedes identificarte en mayor o menor medida con ellos—1.
Víctima. Esta máscara es quizás la más común. Cuando
te identificas con el rol de víctima, no te responsabilizas
de ti mismo ni de tu vida. Entre los comportamientos
más destacables se encuentran el de la constante queja
o el de traer al presente situaciones doloras del pasado,
lo cual bien proyecta ese dolor en situaciones nuevas,
bien las revives en tu cabeza sin soltarlas. Cuando
adoptas este rol, vives desconectado del presente, lo que
te impide comprometerte con tus responsabilidades y
tomar decisiones, ya que en el fondo no quieres salir de
la adicción emocional.
Asumir una actitud de queja es mucho más cómodo
que afrontar la situación, porque implica una posición
pasiva: internamente, esperas que alguien te salve, que
te brinde consuelo, pues no estás dispuesto a invertir
ese esfuerzo por solucionar el problema ni
comprometerte contigo mismo. La manera en la que esta
máscara del ego se transciende y sana es aceptando que
nadie lo va a salvar, sino él mismo, es decir: la única
persona que puede aplicar una solución pasando a la
acción eres tú mismo. Las emociones y sentimientos más
comunes de este perfil son la tristeza, la melancolía, la
negatividad, la desmotivación, el lamento, la indefensión
y el miedo.
Crítico. Este tipo de máscara adopta actitudes
autoritarias, es exigente con los demás, actúa con
rigidez mental —pues considera que su punto de vista es
el único válido— y se encasilla en una mente dicotómica,
según la cual la realidad es blanca o negra: no tiene
matices. La actitud más característica de este perfil
consiste en formar un juicio hacia otras personas, es
decir: esta persona pretende juzgar a los demás de modo
que siempre encuentra fallos tanto en los demás como
en sus situaciones.
Esta máscara nunca se siente satisfecha, ya que
intenta corregir a los demás para su propio beneficio, y
así calmar su fricción mental y encajarlos en sus
acotados esquemas mentales. Presos de la rigidez,
proyectan su vacío, su falta de amor propio y su
sentimiento de imperfección en los demás, en quienes
detectan solamente lo negativo. Al utilizar como defensa
el ataque, actúan subconscientemente probando a otros,
y no paran hasta que la persona objetivo actúa fuera de
sus esquemas mentales, con lo cual corroboran su idea y
actitud ante la vida de insatisfacción. Se resisten a
aceptar sus errores, por eso se niegan a reconocer la
aversión hacia sí mismos proyectándolo en los demás.
Las emociones y sentimientos más recurrentes de este
perfil se asocian a la ira, al asco, a la contradicción
interna, la frustración, el disconformismo y a la tristeza
profunda.
Perfeccionista. Esta máscara es muy exigente consigo
misma y se sabotea constantemente al proponerse
expectativas inalcanzables, tanto sobre sí misma como
sobre su papel en el mundo. El modus operandi de este
rol consiste en trazarse objetivos imposibles, pues nunca
los pueden lograr —siempre gira en un ciclo tóxico de
sentirse incompleto, inacabado e insuficiente—. El
perfeccionista necesita tener control sobre sí mismo y
sostener la idea que ha creado sobre el deber ser —
normalmente constituido subconscientemente desde
edad temprana—, pues en el fondo tiene miedo al
rechazo.
Esta máscara del ego no te permite ser auténtico.
Quizás han sido corregidos, juzgados o invalidados, por
lo que consecuentemente sienten que no son
suficientemente buenos siendo auténticamente ellos
mismos. Al mantener una constante lucha interna,
siempre van a enfocarse en lo que les queda o aún no
han conseguido, lo cual les genera insatisfacción
constante; si una meta se logra, van a sentir que el
resultado podría haber sido mejor; si reciben un
cumplido, no se permiten disfrutarlo y desconfían del
emisor.
Los perfeccionistas andan con prisa y viven bajo
presión para superar sus propios estándares, lo cual les
impide relajarse porque en el fondo huyen de sí mismos.
No se aceptan, no se aman, en otras palabras: no se
permiten ser ellos mismos, ¡y se castigan por eso!
Necesitan demostrar su valor a los demás al controlar su
propia personalidad, puesto que en su subconsciente
creen que así recibirán el amor de los demás. Sin
embargo, esta concepción es una utopía, dado que los
perfeccionistas nunca podrán alcanzar sus expectativas
ni superar sus propios estándares. Las emociones y
sentimientos más habituales de este perfil son la
tristeza, el ansia, la intranquilidad, el desasosiego y el
desprecio o la rabia hacia sí mismos.
Manipulador. Esta máscara trata de manejar los hilos
para que otras personas hagan lo que él quiere y su
motor de acción es el control. Además, actúa en su
propio beneficio, aunque para ello se deba disfrazar del
individuo que busca el bien común. Cree conocer
perfectamente lo que es mejor para él y para el mundo
que lo rodea, de manera que a menudo resulta
involucrado en relaciones de poder. Hace uso de la
estrategia de control generalmente mediante la
instauración del miedo en los demás, consciente o
subconscientemente, siguiendo una actitud de lobo con
piel de cordero. Este tipo de máscara puede manifestar
conductas narcisistas encubiertas y pasivo-agresivas,
tales como el chantaje emocional, el enfado como
ataque, el egoísmo, la amenaza o la inducción de
sentimientos de culpa hacia los otros. Se establecen
sobre un pedestal desde el cual observan a sus
semejantes como transacciones, como objetos creados
para su satisfacción personal, porque así calman su
ansiedad de control.
En el esquema mental de este rol subsiste una pulsión
de posesión sobre el otro, razón por la cual les cuesta
aceptar decisiones ajenas, pues en el fondo tienen
desconfianza, no sólo de sí mismos, sino también de
quienes lo rodean y, en general, de la vida: tienen miedo
de lo desconocido, de enfrentar la incertidumbre. Este
falso control les permite sentirse más seguros, porque
creen que mantienen las situaciones bajo su dominio.
Pero luchar contra el flujo impredecible de la vida es
imposible, por lo que terminan embaucados en un ciclo
de ansiedad de control sobre su entorno. Las emociones
y sentimientos más frecuentes en este perfil son la rabia,
la ansiedad, la desconfianza, la frialdad y el hermetismo.
Pesimista. Esta máscara se reconoce por mostrar una
actitud profunda de escasez hacia todo lo que le rodea,
así como hacia él mismo y hacia sus semejantes, ya que
su motor de acción es la carencia, lo que provoca una
sensación de negativismo en su contexto inmediato. A
menudo expresa su punto de vista, aunque no sea
solicitado, actitud que se disfraza de un supuesto
realismo, lo cual deriva en que sea percibido como el
típico aguafiestas. Las personas con tendencia a esta
máscara sólo se fijan en lo negativo, aunque se les
demuestre con hechos las opciones positivas. Siempre le
van a sacar punta al lápiz, van a pensar en las
posibilidades que pueden salir mal; ven el vaso medio
vacío, aunque esté rebosando. Les molesta que los
demás tengan éxito, pues estimulan pensamientos como
«si a mí me va mal, a ti también». Si perciben actitudes
positivas o triunfos en otras personas, creen que algún
trapicheo se traeráy emplean el lema piensa mal y
acertarás.
Dado que en el subconsciente los incentiva la envidia,
la comparación dañosa y los celos, el negativismo de
este rol de pesimistas es facialmente palpable por los
demás, quienes huyen de ellos consciente o
subconscientemente, pues los consideran vampiros
energéticos. En efecto, al reparar en la actitud de huida
de quienes no los soportan, estos personajes refuerzan
su teoría de que «el mundo es un asco», de que «la vida
es dura», de que «la gente es mala».
Los pesimistas no creen en sí mismos, ni se sienten
capaces de asumir responsabilidades en su vida, puesto
que son oprimidos por un sentimiento profundo de
cobardía; no pueden afrontar la situación, de manera
que se sienten más seguros con la carencia con la que
filtran la realidad. Pareciera que la negatividad estuviera
preestablecida de modo divino, pues sienten que no
pueden luchar para cambiarla por lo que no suelen
tomar acción. Los que cargan este tipo de máscara del
ego, no quieren sentirse bien, porque el cambio requiere
de esfuerzo y les es más cómodo —consciente o
subconscientemente— quedarse en ese apego a la
carencia, a la negatividad.
Al serles imposible disfrutar de la vida, no agradecen
ni aprecian los pequeños detalles: «si llueve es porque
llueve»; «si hace sol es porque hace sol». Ellos mismos
se bloquean y evitan experimentar resultados
beneficiosos, debido a que filtran la realidad desde la
carencia y prefieren la oscuridad que la luz. Las
emociones y sentimientos más recurrentes en este perfil
se asocian a la desilusión, al desengaño, al descontento,
a la sensación de injusticia, al resentimiento y a la
inactividad.
Melodramático. Esta máscara se destaca por el caos que
se produce tanto en su personalidad como en su vida, ya
que es su motor de acción más subconsciente. Se vincula
con los demás mediante la tensión emocional y física, en
el sentido de que, si no ha vivido algún drama que
contar, no tiene nada qué compartir con el otro. Suele
disimular esta actitud caótica de explosión emocional, ya
que se considera a sí mismo como apasionado, pues vive
su vida como la dinámica de tensión de un culebrón.
Este tipo de máscara es representativo del desequilibrio
que actúa en su mundo interno, lo cual termina
manifestándose fulminantemente en su vida externa.
En términos emocionales, esta máscara actúa como
montaña rusa, pues se les dificulta mantener relaciones
estables. Sin embargo, necesitan de la toxicidad en el
trato con sus parejas y en sus relaciones con su entorno
—amigos, familiares, compañeros de trabajo—, lo cual
asocian con una sensación de vidilla al buscar pelea y
generar conflictos, porque si están en calma se sienten
vacíos: sin drama, su vida carece de sentido. Le temen a
la estabilidad y a las relaciones sencillas, por lo que
crean situaciones complicadas para tener un motivo con
el cual distraerse.
Este rol suele tener miedo a la intimidad, dado que se
siente vulnerable. No acostumbran asumir la
responsabilidad en una pelea y les suele costar aceptar
puntos de vista diferentes a los propios, porque son
personas de extremos que buscan la confrontación, tipo
amor/odio, son sus relaciones preferentes, lo cual les
hace creer que «si no hay tensión, no hay pasión». De
modo subconsciente, buscan o crean problemas, ya que,
si todo parece estable, terminan entrando en contacto
con su vacío, por lo que optan por huir de sí mismos a
través del drama.
En contraste: la calma les produce más ansiedad,
puesto que nunca han aprendido a relajarse, por tanto,
rechazan esa sensación de estabilidad ya que les hace
sentir incómodos: su sistema nervioso y nervio vago está
desregulado. Las emociones y sentimientos más
comunes en este perfil se asocian con episodios de
éxtasis, agitación e impulsividad seguidos de
sensaciones de desesperación, confusión, tristeza, rabia,
obsesión y sobreactividad. Es por esto que la ansiedad
vive con ellos.
Héroe. Esta máscara manifiesta una pulsión constante de
salvar a los demás, ya que necesita desesperadamente la
validación social, la cual es su motor de acción
subconsciente, de forma que depende de otros
individuos para sentirse bien consigo mismo. El que
adopta el rol de héroe cree poseer la verdad y se
posiciona en un pedestal subconsciente para poder
observar a otras personas debajo de él, que los
considera débiles e indefensos. El juego de este tipo de
máscara consiste en pretender que los demás necesiten
de él. Para esto, es capaz de inducir la necesidad en el
subconsciente del otro para crear situaciones —o, como
se conoce, plantar semillas— hasta el punto de
invalidarlo, ya que reduce la autonomía del otro al
ocuparse de sus asuntos sin ni siquiera preguntarle, a
pesar de que puede que la otra persona no le haya
pedido ayuda.
Esta máscara busca anular a quienes le prestan
atención con el fin de rescatarlos. Sin embargo, este rol
intenta en realidad ser salvador de sí mismo, porque la
intención subconsciente es egocentrista: el motor que
mueve sus acciones no es altruista. Por el contrario,
desean sentirse útiles y queridos para poder sanar el
sentimiento de culpa, el vacío interior y la inseguridad
en sí mismos, puesto que sólo se enfocan en lo externo,
lo que implica el ejercicio cómodo de no tener que mirar
hacia adentro. Por consiguiente, ocuparse de los asuntos
ajenos evita que se responsabilice de su sentimiento
profundo de inferioridad, por eso prefieren mostrar
externamente con perseverancia sus capacidades.
Este rol utiliza a otras personas para llenar su vacío
interno, ya que huyen de sí mismos, de modo que son
atraídos por personas indefensas, víctimas y
necesitadas. Sin embargo, en el fondo dudan y
desconfían de aquellos a quienes supeditan, con quienes
pretenden demostrar que ellos sí son capaces. Sí, salvan,
pero en la sombra exigen a cambio un pago emocional; si
no lo consiguen, proyectan esta fricción del fracaso en el
otro, a quien responsabilizan y le crean resentimiento o
reproche, si los planes no salen como se diseñaron
previamente en su mente. Las emociones y sentimientos
más habituales en este perfil se relacionan con la
excitación excesiva, la impulsividad, la preocupación, el
orgullo, la insistencia, la presión y la intensidad.
Complaciente. El motor del actuar de quien porta esta
máscara es el miedo por falta de apego, lo que le genera
ser dependiente emocional. Como una adicción, vive
identificado con el miedo a la soledad, al desamor, al
rechazo, pero, sobre todo, al abandono. La persona con
este rol es de las que más desconexión presenta consigo
misma, pues ignora realmente quién es, ya que siempre
se ha adaptado a otros, dejando su propia identidad a la
deriva. Este tipo de rol es el resultado de las
proyecciones que otras personas han realizado sobre
ellos, por lo que manifiestan una gran falta de
autenticidad. No saben establecer límites ni decir «no»,
y experimentan comportamientos de codependencia, de
modo tal que otros se aprovechan de ellos y no los
respetan. Suelen tener baja autoestima, un apego
relacional de dependencia emocional con sus seres
queridos que les involucra en vínculos de posesión y
celos.
Son incapaces de expresar su propia verdad porque ni
siquiera la saben. Una característica destacable de esta
máscara del ego es la duda, pues raramente se sienten
seguros de sus decisiones, tanto así que requieren de
otros para que les indiquen lo que deben hacer. Son
sumisos, creen ser dignos de poco mérito y se sacrifican
por los demás, porque lo consideran una demostración
de amor. Evitan los conflictos y las discusiones, así que
prefieren traicionarse a sí mismos antes que llevar la
contraria, lo cual significa acumular sentimientos de
resentimiento, no sólo hacia ellos mismos, sino también
hacia los que los rodean.
Cuando se está identificado con esta máscara se puede
llegar a explotar emocionalmente y reclamar su posición,
pero los demás le restancrédito a la reacción, no les
respetan o se mantienen incrédulos, puesto que si el
complaciente se empodera, el otro sabe que ya no
obtienen beneficio de ellos. Acostumbran involucrarse en
relaciones abusivas que se fundamentan en la necesidad,
no en conexiones genuinas. Viven cotidianamente contra
sí, saboteándose, por lo que requieren de un proceso de
perdón hacia ellos mismos. Las emociones y
sentimientos más frecuentes en este perfil se asocian
con la ansiedad, el miedo a la soledad, la vergüenza, la
inseguridad y la melancolía.
Estas máscaras del ego tienen incontables matices, lo que
hace imposible poder describirlos a todos. Menciono a
continuación de manera breve algunos otros roles para tu
propio análisis.
Gracioso. Utiliza el humor para evitar mirar hacia
adentro y huye de las emociones más incómodas y
aparentemente negativas hasta bloquearlas.
Pasota. El mundo externo le genera demasiado
sufrimiento, por lo que esta máscara le ayuda para
desconectarse de los demás. Parece que le da igual lo
que piensen de él, pero, en realidad, el rechazo es su
herida más profunda y, por ende, el motor de su acción
de huida al tratar de pasar desapercibido.
Rebelde. Va en contra de todo porque
subconscientemente lo que más quiere es diferenciarse y
llamar la atención. Tiene una gran necesidad de sentirse
digno de amor por lo que realmente es.
Tímido. Tiene miedo de ser visto y escuchado. Se
denomina a sí mismo como introvertido, pero, en efecto,
se pasa la vida escondido normalmente bajo la sombra
del rechazo anticipatorio de los demás.
Solitario. Está muy dañado por sus relaciones con los
demás. Ha aprendido a no necesitar de nadie ni tener
expectativas sobre nada, pero, sin duda, su motor a la
acción y mayor vacío es justamente la necesidad de
conexión con los demás. Llega a ser incapaz de
exponerse y abrir su corazón, porque puede que alguna
vez ya lo hizo y resultó herido. Tiene miedo a sentir,
intimar y comprometerse para no sentir que defrauda al
otro o que es defraudado por él, por lo que esa
anticipación negativista hace que prefiera mantenerse al
margen de vincularse en relaciones.
Olvidadizo. Al permanecer desconcentrado, evita tener
contacto con una realidad que no le gusta, e incluso le
afecta a nivel emocional. Las pérdidas de memoria están
relacionadas con un mecanismo de defensa de
disociación de la mente, de manera que desconectar y
vivir en las nubes de sus pensamientos es mucho más
satisfactorio que mirar a la realidad que no aprueba; sin
embargo, se pierden la vida.
Vanidoso. Se identifica con las cosas materiales: «Eres lo
que tienes»; se juzga a sí mismo y a los demás desde el
filtro de la vanidad. Cultiva los bienes materiales y trata
de llenar su vacío interno, pero esto no ocurrirá dado
que su falta es interna emocional y no externa en el
mundo físico. Confunde el placer con la felicidad y es
propenso a conductas o sustancias adictivas.
Ocupado. Se proponen muchos planes, así que siempre
tienen algo que hacer. Su mayor enemigo son ellos
mismos. Le da pánico estar a solas consigo mismo y no
deja espacio para entrar en contacto con su ser interno y
real. Tienen baja autoestima y poco amor propio.
Popular. Ser el centro de atención es su modus operandi.
Hace lo que haga falta para no perder su posición,
aunque esto signifique abandonarse a sí mismo e ir
contra sus propios valores por ser reconocido por los
demás. Es adicto al poder, le gusta influir en los demás y
permanece con miedo a perderse un plan, una
conversación, un evento o una reunión.
Normalmente, puedes identificarte con más de una
máscara, aunque una de ellas sea la más destacable,
protagonista y representativa en tu día a día. Pueden ir
variando a lo largo de tu vida, pues unas pueden ser más
activas que otras, de acuerdo con las circunstancias. Estos
personajes, roles o máscaras son subconscientes y
automáticos —están en la sombra de la conciencia—, fruto
de tus creencias internas, tus experiencias personales
acumuladas, tu patrón de pensamiento, tu filtro mental y tu
adicción emocional fruto de tus heridas traumáticas no
cerradas. Tienen una representación mental y emocional
inclusive a nivel somático, ya que cada uno adquiere una
postura corporal o una expresión facial determinada, en
definitiva: un comportamiento no verbal característico. Por
ejemplo, una persona con la máscara de complaciente tiene
tendencia de encorvar su cuerpo, al contrario que el
personaje del héroe, que es todo lo contrario: muy erguida.
No eres libre hasta que no eres consciente de estas
máscaras. Estos personajes limitan tu vida, te alejan de tu
verdadera naturaleza, de tu autenticidad y de la necesidad
primaria de tu ser ya que son representaciones de tu ego.
Así pues, es fundamental que trabajes en identificarlos,
luego de lo cual puedes mejorar la relación con ellos y
sanar lo que hay debajo. También puedes practicar la
autoobservación de tus comportamientos para poder
identificar estas máscaras, sobre todo, siendo honesto
contigo mismo, para lo cual puedes intentar responder las
siguientes preguntas:
¿Qué personajes identificas en ti? ¿Cuál es el
beneficio que obtienes de ellos? ¿Desde dónde te
relacionas con el otro? ¿Le beneficia o, por lo
contrario, le perjudica? ¿Es en tu propio provecho?
¿Cuál es tu motor hacia la acción? ¿Son tus
inseguridades? ¿Tu intención de actuación te aleja de
ti o te acerca a tu autenticidad? ¿Actúas desde el
amor hacia ti o desde el miedo hacia las represalias
externas?
En mi consulta me encuentro con estas máscaras muy a
menudo, por lo que es determinante para mis pacientes el
momento en el que reconocen con cuáles roles se
identifican, para así desprenderse de ellos y empezar a
tomar responsabilidad más consciente de su actitud. Si no
desarrollas la detección consciente de la máscara que usas,
entonces llegas a creer que eres uno o varios de ellos, de
modo que te dominarán. Estos personajes nunca te
permitirán conseguir tus objetivos, porque actúas con
personalidades que no son coherentes con tu ser auténtico,
en especial si se activan subconscientemente, o sea, desde
el patrón emocional de tu ego. Al ir desenmascarando estos
personajes, te vas acercando a tu ser original: atraviesas la
herida emocional y enfrentas el vacío interno que es común
en cada uno de los personajes. El trabajo de sanación
personal consiste en mirar hacia adentro para poder vivir
libre del ego, sin adicción emocional. Hay un antes y un
después palpable en tu vida cuando identificas tus
máscaras para poder desprenderte de su autosaboteo.
1 Esta sección requiere un ejercicio de honestidad con uno mismo que puede herir sensibilidades, por
lo que recomiendo tener aún más presente la autocompasión.
Proceso emocional: aprender a sentir
Vienes al mundo sin manual de instrucciones y haces lo que
puedes con base en las cartas que te tocan: el entorno y las
experiencias que vives. La mayoría de personas no ha
tenido acceso a una educación emocional, por lo que no les
han enseñado propiamente a sentir. Lo sorprendente es
que, aunque todos tenemos las mismas emociones básicas,
la educación, el contexto y la sociedad influyen en la
capacidad de ocuparse de ellas. Por ejemplo: en ciertas
culturas la expresión emocional es penalizada o en otras,
por el contrario, la explosión emocional se disfraza de
pasión. 
La educación social de género también tiene un impacto
en la manera en la que se conciben las emociones. ¿Te has
planteado, por ejemplo, por qué a los hombres les cuesta
llorar? El estereotipo que se suele proyectar
subconscientemente en los varones es que llorar es de
débiles, que no es algo masculino, en consecuencia,
muchos aprenden desde pequeños que estar tristes no es
correcto y bloquean esta emoción básica. Obviamente, los
varones sienten tristeza como las mujeres, pero en muchas
ocasiones no se permiten expresarla, e incluso se resisten a
ella.
La emoción inicial de tristezapuede inducir a la ira como
un método para liberarse. Pero el problema es que, cuando
se quiere liberar la tristeza por medio de conductas de ira,
enfado, discusión o rebeldía, la emoción inicial se acumula
y los sentimientos de frustración aumentan por el fracaso
en la liberación emocional. La tristeza sólo se puede liberar
sintiendo tristeza, no a través de la ira u otra emoción
diferente. De lo contrario, se genera un desequilibrio que
sólo se puede romper mediante la conciencia de la emoción
original, de su procesamiento y liberación. A las mujeres
les pasa lo mismo, por ejemplo, con la emoción de la ira.
Socialmente, no está tan aceptado que las mujeres sientan
y manifiesten ira, mientras que llorar o ser sensible sí es
más permitido. Este prejuicio se encuentra en el
inconsciente colectivo e influye en los comportamientos de
una manera sutil. Aunque no haya consciencia de ello, se
han heredado roles que, aunque son socialmente
aceptados, no son naturales al ser humano.
1. ENTRÉNATE EN RESPONDER, NO EN REACCIONAR
Siempre que no tengas consciencia de las emociones que
surgen en ti, no sólo estás identificado con ellas, sino que
también te dominan, lo cual provoca una actitud reactiva
ante la vida: estás a expensas del mundo externo para que
sea éste el que defina cómo te sientes por dentro. Cuando
dejas tu estado de ánimo en manos de las circunstancias, se
presentan muchas papeletas para quedar desequilibrado
emocionalmente, porque la vida está cambiando
continuamente. De este modo, siempre vas a depender de
las circunstancias y a proyectar tu fuero interno en ellas, lo
que resulta en una sensación de descontrol, de caos
emocional. En ese estado de vaivén emocional, siempre
estás con una sensación de verlas venir y te sientes a la
deriva, de acuerdo con lo que ocurre fuera de ti mismo
para que defina si te sientes bien o mal. En este sentido,
uno de los objetivos de la sanación personal consiste en
aprender a responder a la situación, que no es lo mismo
que reaccionar a la situación. 
Cuando reaccionas, no tienes el control de la situación,
eres dependiente de lo externo a ti y no gestionas la
emoción que surge, si no que eres arrastrado por ella. Pero
cuando respondes, estableces una distancia prudencial
entre la emoción y la respuesta, en la cual tu conciencia te
ayuda a encontrar una solución oportuna y, por
consiguiente, serás capaz de gestionar de una manera más
equilibrada las emociones que en ese momento estás
sintiendo: has recuperado el control interno porque tu
estado de ánimo ya no depende tanto de lo que ocurra
fuera de ti. Ten en cuenta que tu bienestar emocional y tu
calma personal dependen de la prioridad que les des, así
que la solución que plantees en la medida de lo posible
debe estar encaminada a equilibrar tu mundo interno, pero
no a encajar en el mundo externo.
Figura 1.10. Fuero externo (desconexión de sí) frente a fuero interno (conexión consigo).
Así pues, debes esforzarte en desarrollar la capacidad de
sentirte bien y en calma como un estado de ánimo general
en tu día a día, independiente de lo que ocurra fuera. No
significa que no debas sentir nada, sino de no ser
arrastrado por la emoción y no actuar en tu vida sin freno
consciente. Detectas y entiendes que la emoción ha llegado
a ti y no tomas decisiones desde la intensidad de esa
emoción; sabes qué hacer para gestionarla y bajar sus
niveles de intensidad para volver a un estado de
homeostasis emocional. Esto conlleva que recuperes el
control de tu fuero interno mediante una adecuada gestión
emocional. Eres el ser superior que siente y experimenta la
emoción, pero no eres la emoción misma.
2. DETONANTES EMOCIONALES
Un detonante emocional es cualquier pensamiento,
sensación, situación externa, palabra o comportamiento
ajeno que altera tu estado emocional interno, induciéndote
automáticamente —activación subconsciente— a
experimentar emociones intensas, como miedo, enfado,
tristeza, rabia o vergüenza. Este efecto activa tu sistema
límbico y te pone en actitudes reactivas, impulsivas,
defensivas o de bloqueo, lo cual provoca una respuesta de
huida pelea, entumecimiento o apego. Esto te genera un
cambio brusco en tu equilibrio emocional interno, por lo
que tu estado de ánimo se alterará súbita y radicalmente, lo
cual se manifesta en tu cuerpo para que lo identifiques
como una emoción intensa que rompe tu estado neutral
interno. De manera más simple: los detonantes emocionales
son los estímulos que te hacen estallar emocionalmente de
improviso.
Los detonantes emocionales —también conocidos como
triggers— son activaciones de emociones intensas causadas
por traumas del pasado que, al no haberse curado a
tiempo, se abren repentinamente y, como resultado, se
manifiestan las emociones enquistadas que se han asociado
a ese trauma. Sin embargo, los detonantes emocionales
pueden servir como accesos para llegar a la emoción
original y enquistada que necesita ser sanada, liberada; son
las llaves que abren la puerta al interior. Esto quiere decir
que, cuando experimentas un detonante emocional, no
estás respondiendo a una situación concreta, sino que estás
reaccionando a partir del trauma emocional que permanece
latente desde el pasado. Por lo que hay que diferenciar
entre responder y reaccionar. Respondes de acuerdo con
una emoción nueva que se ha generado en el momento en
el que se experimenta una circunstancia. Reaccionas de
acuerdo con la emoción anclada desde un evento pasado
que produjo un trauma emocional no cerrado, de modo que
la emoción sigue latente en tu sistema. Lo importante es no
actuar desde la activación del detonante emocional.
Cada vez que se presenta un estímulo o te ocurre una
situación que asocias —generalmente de manera
subconsciente— con el trauma, vuelves a tocar la emoción
original, acción que la fortalece y aumenta su activación,
haciéndola más intensa. Este nivel de intensidad es un
indicador de lo arraigada que la emoción está en tu
sistema. Algunos ejemplos de detonantes emocionales son
los siguientes:
Te pones a la defensiva cuando crees que alguien te
está dando instrucciones si te dice lo que tienes que
hacer, incluso llegas a interpretar sugerencias como
mandatos, aunque no fuera la intención ni el tono
comunicativo de la otra persona, estos sucesos
actuales detonan esa reacción porque puede que te
hayas sentido controlado en el pasado.
Pierdes la paciencia cuando piensas que alguien no
te deja hablar o no te escucha, lo cual puede haber
detonado un suceso en el que hayas sido ignorado,
callado o rechazado cuando eras pequeño.
Te bloqueas repentinamente cuando llega tu turno
en una reunión, pues quizás desde que eras niño has
sido formado con muchas exigencias, lo cual te
hacía sentir que nunca eras lo suficientemente
bueno.
Sientes mucha ansiedad, desconfías y se te pasa por
la cabeza la idea del peor escenario posible cuando
tu pareja no te contesta inmediatamente, pues fuiste
abandonado o traicionado en relaciones pasadas. 
No estás sintiendo eso por el hecho presente, sino porque
no gestionaste la emoción original o no se cerró el ciclo
emocional del trauma en el instante en que ocurrió en la
situación pasada desencadenante. Esto es como una
mochila emocional en la que acumulas emociones mal
gestionadas, bloqueadas o evitadas. Cada una de estas
emociones que no han sido gestionadas provoca que su
umbral aumente, que cada vez te vuelvas más sensible a
estas situaciones y que tu radar interno les preste más
atención, lo cual implica que las rastree con mayor ímpetu,
de modo que se tornan más presentes en tu cotidianidad. 
Ahora que has aprendido qué son los detonantes
emocionales, te propongo que realices un reencuadre de lo
que significan las emociones y las consideres como
mensajes que te brindan información sobre tu
subconsciente y a los detonantes emocionales, como las
señales de estos mensajes. Las emociones son el
mecanismo con el quepuedes explorar el origen de tu
sufrimiento, tus fricciones, tus incomodidades, tus
desequilibrios y tus problemas. Son las llaves que te dan la
libertad, pero no basta con abrir la puerta y ser consciente
de la causa de tu sufrimiento; también debes ser lo
suficientemente valiente para sentir y abrazar la herida
emocional hasta que sane, hasta que ya no duela. Pero si no
sacas a la luz la raíz de tu sufrimiento, el trauma quedará
latente: no asomará a la superficie hasta que te
responsabilices de ello. Eres presa de tus heridas, ya que
sólo se pueden sanar desde ellas mismas. Como afirmó el
sabio espiritual Rumi: «La herida es por donde entra la
luz».
El cambio de perspectiva según la cual tu misión consiste
en detectar tales señales —detonantes emocionales— te
pone en una actitud activa y, en efecto, te da más poder. La
emoción entendida como una señal indicativa es crucial
para poder sanarte. Te preguntarás cómo, desde mi
posición de psicóloga, hago esto. Bien, a mis pacientes les
aconsejo que se lo tomen como un juego, cuyas reglas son
simples: vive —no simplemente sobrevive— exponiéndote a
la vida con conciencia; observa tus reacciones internas y
externas a lo que experimentas en tu día a día. La vida te
trae las situaciones que necesitarás para tu evolución y tus
reacciones hablan de lo que es importante para ti, de tu
historia de vida, de tus creencias subconscientes, de tus
traumas no cerrados, de tus heridas emocionales, en
definitiva: de tu ser interno herido, del cual estás
distanciado. Imagínate qué pasaría si esa misma situación
la experimentara otra persona, ¿reaccionaría y sentiría
igual que tú? Seguramente no, lo que es detonante para ti
no lo será para la otra persona, porque tiene otra
perspectiva, otro significado de sus acontecimientos de
acuerdo con su historia de vida.
La próxima vez que te ocurra algo que detone
emocionalmente y altere tu estado interno, en vez de caer
directamente en la emoción, da un paso atrás y plantéate
los siguientes interrogantes: «¿Qué es lo que estoy
sintiendo, qué emoción es?». «¿Por qué me estoy sintiendo
de esta manera?». «¿Cuál ha sido el detonante que me ha
hecho sentir así?», «¿ha sido un pensamiento, una palabra
o el comportamiento de otra persona?». «¿Desde dónde
estoy sintiendo eso?», «¿desde el pasado?», «¿desde una
historia que he creado o revivido en mi cabeza?». «¿Es
necesario en este momento que me sienta así?». «¿Es un
símbolo para sentir mi adicción emocional?». 
Un ejemplo de una paciente: María. Es viernes por la
noche. María se engalana para salir y llega a un bar
concurrido. Ninguno de sus amigos ha llegado aún. Está ahí
parada y de repente advierte que dos personas están
cuchicheando mientras la miran. Entonces, empieza a usar
su móvil para disimular, porque se siente fuera de lugar,
inadecuada y ridícula. Es como si, de repente, se sintiera
juzgada. En ese momento, pasa por su cabeza todo tipo de
pensamientos negativos: «Seguro que piensan que soy
patética». Su estado emocional cambia radicalmente y su
cuerpo empieza a tener signos de nerviosismo, sus manos
sudan, su corazón se acelera. Pero la verdad es que ella no
sabía de qué estaban hablando esas personas; la causa real
de la reacción de María es que ella sufrió bullying y
episodios de rechazo en su adolescencia. No obstante,
después María se da cuenta de que las dos personas
estaban mirando a alguien que estaba detrás de ella que
más tarde saludaron, de modo que reconoce que tiene un
problema, porque la emoción ligada al rechazo que había
sentido era demasiado intensa, demasiado real.
De acuerdo con el anterior ejemplo, la manera de
afrontar la situación de detonante emocional para elevar la
conciencia de lo que pasa en tu mundo interno sería:
¿Qué es lo que estás sintiendo?: «Me siento
incómoda, observada, pequeñita, defectuosa».
¿Qué emoción estás sintiendo?: «Vergüenza, miedo,
enfado».
¿Por qué te estás sintiendo de esa manera?: «Porque
creo que me están observando y juzgando».
¿Cuál ha sido el detonante que te ha hecho sentir
así?: «Estar sola ante los cuchicheos y las miradas
que creía hacia mí».
¿Quizás ha sido un pensamiento, una palabra o un
comportamiento de otra persona?: «Sus miradas
hicieron que se dispararan en mi cabeza
pensamientos de sentirme inadecuada: soy fea, soy
rara».
¿Desde dónde estás sintiendo eso?, ¿es desde el
pasado?, ¿desde una historia que te has creado o
revivido en tu cabeza?: «Desde la herida de rechazo
que arrastro desde que sufrí bullying cuando era
adolescente».
¿Es necesario en este momento que te sientas así?:
«No, da igual lo que otras personas desconocidas
hagan. La única que sufre soy yo misma si me tomo
las cosas tan personales. Además, más tarde me di
cuenta de que no me estaban mirando a mí, sino a
otra persona que estaba detrás de mí que más tarde
saludaron».
¿Es quizás un símbolo para sentir tu adicción
emocional?: «Sí. Fue un momento perfecto para que
mi ego sintiera esa historia con la que está
identificado y a la que es adicto: sentirme excluida y
criticada porque la realidad es que no podía escuchar
la conversación que tenían. Entonces, me pregunté
por qué esas personas tendrían que estar hablando
de mí y, si lo estuvieran haciendo, por qué tendrían
que estar hablando mal y no bien».
Si descubres y sanas la historia que te cuenta la emoción,
pasarás a la siguiente matrioska de tu mundo interior:
alcanzarás un nivel más elevado de conciencia. Tu
detonante emocional ya no tendrá un efecto tan severo en
ti, porque su umbral se sentirá en un menor nivel de
sensibilidad: tu trigger emocional perderá poder de
activación e intensidad. Con la práctica, el umbral se va
reduciendo hasta que se vuelve neutral —siempre que sea
desde la conciencia—: cuanto mayor exposición a esa
situación concreta desde la conciencia y a la emoción que
genera, tanto menor impacto emocional tiene. Los niveles
de activación a la emoción son inversamente
proporcionales al aumento de conciencia.
3. SOMOS ESPEJOS
A medida que empieces a asumir responsabilidad sobre tus
emociones, irás descubriendo que los demás son espejos
que te reflejan lo que necesita ser sanado en ti. Desde mi
punto de vista, a nivel emocional, es mucho más sencillo
ser un monje que vive en un monasterio y no interactúa con
nadie que ser una persona que se expone a la vida y se
relaciona con otras personas, porque es aquí cuando
estamos más expuestos a que salten nuestros detonantes
emocionales. El grado de sanación personal no sólo se
manifiesta cuando estás calmado y practicando meditación
por tu cuenta, sino que es mayor reto mantener ese estado
de calma cuando te relacionas con otras personas. El juego
está perfectamente diseñado, porque los demás pueden
mostrarte el camino por medio de conflictos, desacuerdos y
sensaciones de asco, enfado, vergüenza, envidia o celos. ¡El
auténtico monje zen es el que mantiene el estado de calma
interna en un entorno social! 
Es el momento en el que dejas de proyectar tus heridas y
de culpar al otro por lo mal que te sientes; es cuando tu
conciencia se eleva y puedes empezar a cambiar tus
sentimientos internos. A través de lo que la otra persona
detona en ti, te has forzado a mirar dentro de ti y ocuparte
de la herida emocional que estaba limitando tu existencia,
aunque no te hubieras dado cuenta hasta que la persona te
la reflejara: la herida ya estaba ahí desde antes que la otra
persona llegara. 
Responsabilizarte de tus propias emociones debería ir
seguido del paso siguiente de transcender esa experiencia
y liberar los rencores asociados a esa persona, porque por
esa persona se abrió ese melón, y te tocó ocuparte de tu
herida emocional previa no resuelta. No es fácil, pero
¿alguna vez has mirado atrás y has dado gracias por una
experiencia que te causó dolor y emociones intensas en ese
momento, pero que realmente te preparó para una mejora
en tu vida, por ejemplo: una infidelidad de pareja?El dolor
de este hecho hizo que te dieras cuenta del perfil de las
personas con las que te vinculabas en tus relaciones, de tu
tipo de apego relacional disfuncional, lo que te llevo a
sanar tus heridas emocionales y evolucionar, te preparó
para tu siguiente relación, donde encontraste a alguien con
una personalidad más leal, mucho más alineada a tu
esencia y a tus valores porque aprendiste lo que no querías
en una pareja pudiendo descartar a tiempo el tipo de
persona que no te convenía emocionalmente. El reto
consiste en que puedas ver y sentir esto en el momento que
te sucede la situación detonante con la otra persona, para
que disminuyas la intensidad de los niveles emocionales y
así los liberes lo más rápido posible de tu sistema interno.
La teoría del espejo del psicoanalista francés Jacques
Lacan establece que lo que te desagrada del otro es lo que
no te gusta de ti mismo, pues es el reflejo de tu
personalidad. Yo añadiría que no sólo es lo que te
desagrada del otro, sino también todo —ya sea de
naturaleza agradable o desagradable— lo que el otro
despierta en ti a través de su interacción contigo o de la
idea que has construido de esa persona. En otras palabras:
utilizas a las personas como símbolos para proyectar tu
tensión interna no resuelta. Si algo para ti fuera neutral, no
le pondrías atención ni lo relacionarías contigo; no tendrías
ninguna tensión acumulada por liberar. Por eso, el
problema no radica realmente en ellos, sino en ti mismo,
pues, como estimaba Kant: «Vemos las cosas no como son,
sino como somos nosotros».
Algunos ejemplos de espejos de tu fricción interna serían
los siguientes: si te molesta que una persona sea
presumida, es porque quizás no te estás cuidando
demasiado o no te estás ocupando de sanar tus complejos e
inseguridades; si no soportas a alguien mandón, es porque
quizás refleja tu incapacidad de poner límites, pues dejas
que se aprovechen de ti, pero el enfado no es contra esa
persona, sino contigo mismo, porque tú no estás sacando la
cara por ti; si te irrita la típica persona que le gusta llamar
la atención, quizás es porque tú estás cohibido o no te
atreves a expresar tu verdad al mundo.
La teoría del espejo es aplicable a cualquier tipo de
relación: familiar, laboral, amistosa o romántica, e incluso a
las interacciones mínimas y espontáneas. Esta teoría no
sólo ilustra sobre las emociones más desfavorables del
espectro, sino también sobre lo bueno que ves en los
demás. Por ejemplo: admirar a alguien te indica que existen
ciertas cualidades que te gustaría cultivar en ti, ya que, si
resuenan contigo es que están dentro tuyo, pero quizás han
sido reprimidas o bloqueadas. Lo cierto es que, si no
tuvieras esas posibles cualidades en tu ser, para ti esa
persona sería neutral y no la admirarías.
Cuando filtras la realidad y vives alineado con la filosofía
de la teoría del espejo, el juicio se reduce, lo cual minimiza
tu fricción emocional. Dejas de proyectar y asumes la
responsabilidad de tu sanación personal, de tu evolución y
del rumbo de tu vida. Para el ser humano es más fácil ver la
paja en el ojo ajeno que en el suyo, porque está
programado para reaccionar, pero la conciencia te da la
capacidad de responder. Al final, los demás son guías que
te muestran el camino hacia dentro, igual que tú lo eres
para los demás: nos necesitamos unos a otros para sanar y
evolucionar. 
Tu ser emocional: el niño interior
Tu ser emocional subconsciente es controlado por tu niño
interior, el cual se constituye como la extensión de tu ego a
nivel emocional.  Los patrones, las adicciones emocionales
y las identidades cognitivo-emocionales son gobernados por
tu niño interior, de acuerdo con su personalidad, creencias,
heridas emocionales e historia de vida. Él está al mando
como tu ser emocional subconsciente.  Como se ha
explicado anteriormente en la sección sobre el ego, nada
más nacer, tu motor para relacionarte con el mundo se va
construyendo para recibir amor incondicional. En la niñez,
tu motivación principal y última, lo que nos arranca para la
acción, es el amor, es decir, la aceptación incondicional, el
cariño o cuidados de tus padres o cuidadores.
En función de las relaciones de apego tempranas que
experimentas en estas edades, vas creando tus propias
ideas del mundo, de la vida y de ti mismo. Esta
construcción de ideas del mundo es tu filtro de la realidad,
del cual depende el niño interior que te indica cómo
aprendes a relacionarte contigo mismo y con los demás.
Durante tu infancia absorbes información como esponja, sin
cuestionarte la naturaleza ética de esa información:
simplemente la aprendes y la integras sin importar si es
correcto o incorrecto, pero lo importante es que con ese
comportamiento crees que recibes atención, cuidados y
afecto, en definitiva: amor. Te adaptas al entorno y a las
personas más cercanas para ser amado, para recibir amor
incondicional como mecanismo de supervivencia. 
El ejemplo del bebé que llora y que es o no atendido por
sus cuidadores, a grandes rasgos, marcaría dos escenarios
diferentes que conducen a dos realidades diferentes: dos
construcciones del ego distintas, pertenecientes a dos
personalidades diferentes. El bebé que es atendido —
cuando esta conducta es reiterada en su normalidad—
integrará subconscientemente que sus necesidades son
válidas, que él es digno de amor; pero el bebé que no es
atendido integrará que sus necesidades no son válidas, de
modo que se distanciará de sus necesidades por satisfacer
a los cuidadores, o se mimetizará con las necesidades del
entorno al olvidarse de las propias. Subconscientemente,
este bebé construirá la creencia según la cual no merece
ser amado por ser quien es. 
1. NIÑO INTERIOR HERIDO: 
TRAUMA COMPLEJO EMOCIONAL
A veces la necesidad básica de ser amado y la búsqueda de
afecto se convierten en una fuente de estrés para el niño, lo
que provoca la huida del afecto o de la conexión con los
progenitores, porque le generan aversión, castigo o miedo
cuando ellos son personas emocionalmente inestables y las
dinámicas emocionales familiares se muestran
desequilibradas. Los entornos disfuncionales no promueven
la seguridad que un niño requiere para desarrollarse
saludablemente, puesto que no cubren las necesidades
fundamentales físicas o emocionales, así que el niño
adoptará conductas desadaptativas y perjudiciales como
normales cuando no lo son. Es esta etapa en la que se
construye tu sistema de creencias, el cual se programa con
un mayor impacto en tu subconsciente desde el nacimiento
hasta alrededor de los siete años de vida.
Es aquí cuando se forjan los entresijos del trauma
emocional complejo. Un trauma que no es fruto de una
única vivencia emocional estresante aguda como un
accidente o una guerra, sino que el trauma complejo se
forma por la exposición a una situación o condición de
estrés continuada que incluso se ha podido llegar a
normalizar. Esto crea heridas emocionales y sus respectivos
bloqueos, que desencadenan conductas de saboteo que
limitan vivir en plenitud y sentir felicidad, minan el sentido
de valía y amor propio, que se refleja en las relaciones
interpersonales.
Por ejemplo: crecer con un padre de perfil autoritario y
narcisista marcará el sentido de valía de ese niño. Quizás
nunca ocurrió algo drástico, pero ese niño fue expuesto
durante muchos años a la manipulación, al chantaje
emocional, a la ansiedad de los progenitores proyectadas
en él, a las altas exigencias o a las faltas de cariño. La
búsqueda primaria del amor se convierte entonces en
aversión, quizás en una huida del castigo o de la intimidad
con los cuidadores. Estos entornos reactivos frutos del
perfil de padres autoritarios y narcisistas en los que ese
niño vivió pueden provocar que, siendo adulto, sienta un
vacío interior, ya que aprendió desde pequeño a
distanciarse de su autenticidad, porque era penalizado sólo
por ser, y nunca se permitió subconscientementeser él
mismo. Esto podría alimentar una disposición a la ansiedad
por el estado de alerta constante, que tenga problemas de
apego en relaciones o presente tendencias depresivas en su
estado de ánimo.
Es aquí cuando buscas ayuda profesional creyendo que
tienes ansiedad por algo que te ocurrió en el trabajo o por
tu relación de pareja, pero ése sólo es el síntoma, no la raíz
del problema: es un reflejo de tu ego —sistema de
creencias— y de tu niño interno herido —heridas
emocionales—. Después de la primera década de vida,
puedes construir nuevas creencias si pasas por situaciones
traumáticas límite que provoquen estrés postraumático o
tengan un impacto emocional alto, quizás en la
adolescencia, pero casi siempre estás reviviendo las
mismas creencias tempranas y asumiendo la realidad desde
ellas, lo cual las fortalece. Los problemas que experimentas
de adulto son cíclicos, se repiten y reflejan tus vivencias
programadas en tu niño interior que aún sigue herido de la
misma manera.
Aunque la intención última de tu niño interior herido es
protegerte para que no te hieran de nuevo, eso no está
funcionando, muchos de los aprendizajes que asimilas de la
infancia en la adultez ya no son reales, pues sólo le servían
a tu niño, pero para tu persona actual ya no son
beneficiosos. Es como si quisieras instalar un software de
Windows 95 en un ordenador del 2021: está desfasado,
desactualizado, no encaja en el sistema, es demasiado viejo
y no funciona con los avances de los últimos años. Lo
mismo pasa con tu sistema de creencias: mucho de lo que
integraste de pequeño como real o normal ahora es
obsoleto y no es funcional para tu vida. Sin embargo, tu
mente sigue reforzando estos mensajes, aunque no sean
buenos para ti, te hagan daño y te traten como tu peor
enemigo. Estas creencias desadaptativas limitan tu yo
adulto, pues son las responsables del autosabotaje, de tu
batalla interna. Entonces, vives tu vida adulta desde tu niño
interior herido.
Tu niño interior puede ser saludable o estar herido. Esto
depende de si tu ser emocional está equilibrado o no. Todos
tenemos un niño interior dentro de nosotros, aunque
tengamos ochenta años de vida, porque se refiere a la parte
emocional que todo ser humano posee sin excepción. Si tu
niño interior está sano, tu vida lo reflejará en el hecho de
que gestionas exitosamente tus emociones y tienes una
relación saludable contigo y los demás. En cambio, si tu
niño interior está herido, albergarás creencias limitantes
sobre ti, patrones disfuncionales autosaboteadores y
heridas emocionales del pasado, ancladas en tu cuerpo
somáticamente que se manifestarán en una mala relación
de amor propio contigo mismo y con los demás.
El trauma complejo no es tan fácil de identificar, porque
no está basado en un evento único, sino que surge de tu
historia de vida, por lo que sólo eres tú mismo quien puede
descifrarlo y ajustar las piezas del puzle de tu psique.
Durante este capítulo se verán diferentes formas por las
que tu ser emocional puede estar herido y podrás ir
descubriendo la raíz de tu trauma emocional complejo.
2. TU NIÑO INTERIOR LLEVA EL CONTROL
¿Dejarías que un niño de cinco años estuviera al volante de
tu coche? Por muy adorable que sea, ¡seguramente no!
Bien, eso es lo que está pasando en muchos aspectos de tu
vida cuando no has desenmascarado esas creencias
subconscientes ni has llegado a la raíz de tus heridas
emocionales. Es tu ser emocional subconsciente, o niño
interior, quien reacciona a las situaciones, incluso si te
defines como una persona poco emocional: tu reacción es
una estrategia de desconexión de tu niño interior para no
ser dañado, lo cual se conoce como automatismo de
supervivencia. Al final, la clave para vivir en un estado
mental saludable es lograr un equilibrio, una coherencia,
entre tu ser emocional y tu ser cognitivo.
Tu ser cognitivo es tu parte más adulta. Está ubicado en
el área prefrontal de tu cerebro y constituye tu facultad
más analítica, racional y consciente, pues tiene la
capacidad de tomar decisiones, de actuar
consecuentemente para conseguir sus metas. Tu ser adulto
está conectado al presente, arraigado a tu cuerpo y
conectado con la realidad de su entorno. Tu ser emocional,
por otro lado, está ubicado en la amígdala y forma parte del
sistema límbico, constituye tu parte creativa, tus
sentimientos, tus emociones y tus creencias subconscientes
cimentadas en tu niñez. Es aquí, en tu ser emocional,
donde habita tu niño interior, donde experimenta la
realidad desde un filtro del pasado, el cual transporta al
presente cada vez que experimenta una situación. Según si
tu niño interior está herido o saludable, tu realidad
manifestará esas creencias limitantes e irracionales o será
reflejo de las heridas emocionales que no has sanado
todavía. La realidad que vives actualmente es fruto de tus
decisiones pasadas y la mayoría de éstas se generan desde
tu parte emocional subconsciente o, lo que es lo mismo: tu
niño interior.
Cuando vives sin diferenciar conscientemente las dos
figuras niño interior/adulto interior se produce un conflicto
interno, a partir del cual se presenta el autosabotaje: en
términos cognitivos, tus deseos son limitados por tus
creencias subconscientes, pues van en contra de aquellos.
Por ejemplo: quieres establecer una relación de pareja,
pero sólo te sientes atraído por personas que
emocionalmente no están disponibles o que no te
convienen, entonces quizás tu creencia subconsciente te
dicta que no eres digno de amor o que no eres suficiente
para alguien, y por eso te autosaboteas al elegir personas
que nunca podrán brindarte la relación de compromiso que
estás buscando a nivel cognitivo. Primero, sería necesario
sanar tu ser emocional para que sea coherente con tu ser
cognitivo. 
Cuando tu niño interior está herido, dadas las
experiencias traumáticas de tus edades tempranas que
construyeron las creencias limitantes y nocivas de ti y del
mundo, tu aproximación a la vida adulta puede generar
actitudes reactivas, hipervigilantes, porque en lo profundo
de tu ser no te sientes seguro ni a salvo.
Subconscientemente, la vida se convierte en una amenaza,
de manera que asumes una actitud de combate, vives
protegiéndote desde el ego e interactúas desde tus
detonantes emocionales. Esto, llamado trauma complejo
emocional, ha sido construido lentamente y de manera
silenciosa, cuya misión ha consistido en ir minando tu ser
emocional, tu autoestima, tu sentido de valía y tu amor
propio.
Cuando reaccionas a partir de estos triggers sin ser
consciente de ellos, puedes ser dominado totalmente por tu
ser emocional, por tu niño interior herido. De esta forma, tu
actividad en el área prefrontal del cerebro, responsable de
tu ser cognitivo, se reduce y termina afectando
negativamente tu lenguaje, tus habilidades de
comunicación y tu capacidad tanto de tomar decisiones
como de resolver problemas. Al mismo tiempo, tu sistema
límbico se sobreactiva y genera altibajos en la producción
de neuroquímicos, como la adrenalina, el cortisol o la
dopamina, cuyas respuestas corporales pueden derivar en
una hiperventilación o, todo lo contrario: puedes entrar en
un estado de entumecimiento, parálisis o disociación.
Esto te puede ocurrir cuando vives prolongadamente
hipervigilante: a nivel límbico, surge una estimulación
excesiva que no se coordina con tu parte prefrontal.
Entonces, tu estado de ánimo se torna errático, cambiante
e inestable, y pierde la capacidad de lograr la calma para
que tus funciones cognitivas sean competentes, eficaces y
alineadas con lo que demanda la situación de tu entorno.
Así pues, tu misión no sólo es diferenciar estas dos
entidades de tu ser, sino también buscar que cooperen
entre sí como consejeros. Además, es primordial sanar tu
niño interior herido para que no controle tu estado de
ánimo ni los comportamientos que te arrastran bajo el
mando de las emociones enquistadas no gestionadasen el
pasado o de las heridas de infancia que aún siguen
abiertas. El objetivo se logra siguiendo un proceso que se
denomina reparenting, que en español se define como la
estrategia terapéutica de convertirte en tu propio padre
para reeducarte y responsabilizarte de las necesidades que
no se cubrieron cuando eras niño. En otras palabras: el
reparenting o reparentalización, consiste en aprender a
amarte a ti mismo desde la profundidad de tu ser, a
brindarte el amor que te faltó, mientras aceptas tu ser y te
comprometes a sanarte a ti mismo con conciencia y
compromiso, con la acción sostenida requerida para
construir el cambio que quieres ver en ti y en tu realidad.
Señales de que tienes un niño herido
dentro de ti
Los siguientes son sólo algunos de los comportamientos
que indican que tienes un niño herido dentro de ti. No
necesariamente debes coincidir con todos, pero puedes
reconocerte desde uno o más. Revisa por si te sientes
identificado.
Ansiedad social. Sientes incomodidad de ser visto y
escuchado cuando tienes que hablar en público o cuando
estás invitado a un evento en el que no conoces a la
gente; te atemoriza iniciar conversaciones o hablas
desconectado como si tu boca no siguiera tus
pensamientos —en tu cabeza están ordenados, pero no
llegas a transmitir lo que realmente quieres decir—;
tiendes a no continuar conversaciones o a dar
contestaciones cortas.
Problemas en relaciones de pareja. No has tenido parejas
estables; acabas sumergido en relaciones abusivas;
tienes muchas parejas con las que duras poco tiempo o
enlazas unas con otras.
Dificultad para poner límites. Eres incapaz de decir «no»
a las propuestas de los demás o a los planes que no te
apetecen; das muchas explicaciones por las decisiones
que tomas; no expresas tu opinión por miedo a la
reacción de otros.
Hipervigilancia. Sientes nerviosismo en el cuerpo;
tiendes a ir con prisa en tu día a día y sientes que no
puedes relajarte; permaneces en un modo reactivo y no
toleras la incertidumbre o sobrerreaccionas
emocionalmente de manera desproporcionada a la
situación.
Querer agradar a todo el mundo. Te aterroriza lo que
opinan de ti; temes que se puedan enfadar contigo o que
seas mal comprendido por los demás; buscas ajustarte a
los estados de ánimo de los demás sin considerar lo que
sientes; anulas tus propias emociones para que se
mimeticen con los demás o con lo que crees que esperan
de ti; acostumbras sentirte culpable de las emociones de
otros; crees que el mal humor o la tristeza de otros es
responsabilidad tuya.
Falta de espontaneidad. No estás presente en la
comunicación con otros porque quieres impresionarlos o
decir lo que ellos quieren escuchar; sueles acumular
mensajes en stand by sin responder por miedo
subconsciente al rechazo; sientes que los demás te
contactan por compromiso y siempre quieres tener la
respuesta ideal al contestar.
Perfeccionismo. Te cuesta tolerar tus propios errores;
eres demasiado exigente contigo mismo al buscar la
perfección; si crees no llegar a tu idea de perfección, te
sientes fracasado, lo que te provoca agotamiento, dadas
tus altas expectativas sobre ti mismo.  
Dejadez. Muestras descuido físico, como falta de higiene
personal o ingesta habitual de comida basura; o vives en
el desorden, acumulas tareas o sufres procrastinación.
Falta de autoestima. Careces de seguridad en ti mismo;
tiendes a incomodarte cuando recibes retroalimentación,
pero si ésta es positiva, no lo crees así, pues crees que
otros están tratando de ser agradables contigo, pero no
sabes cómo asimilarlo y te sientes avergonzado de ti; si
la retroalimentación es negativa, te sensibilizas
demasiado, hasta el punto de sentirte muy herido por las
críticas; si la retroalimentación es neutral, no te fías,
pues dudas de lo que otros piensan de ti.
Inflexibilidad. Sólo consideras tu perspectiva, pues
tiendes a juzgar a otros desde una posición de verdad
absoluta; te molestas porque no te comprenden con
facilidad —pero, en realidad, no has llegado a comunicar
al otro lo que sientes o piensas— hasta el punto de
actuar con resentimiento hacia ellos si no leen tu mente.
Es importante que tengas claro que tu niño interior
siempre intenta protegerte de los daños pasados, por eso
aprende de las conductas con las que se siente seguro. Esto
conlleva un falso control a corto plazo, pero, en realidad, se
trata de un autosabotaje desadaptativo. Los automatismos
o mecanismos de supervivencia del niño interior herido no
te permiten vivir plenamente con tu auténtico ser, lo cual
limita las conexiones auténticas y genuinas con otras
personas.
3. ACTIVACIÓN DEL NIÑO INTERIOR
Cuando surge un detonante emocional, tu sistema límbico
lo interpreta como una amenaza. Entonces, se despliega un
cóctel de neurotransmisores que activan tus mecanismos
de supervivencia y de reacción, lo cual te hace oscilar de
un espectro hiperactivo —estado más agresivo— a uno
hipoactivo —estado más pasivo—. Cuando estás bajo la
influencia de tus automatismos de protección, tu niño
interior herido toma el control de tu respuesta, ya que la
actividad cognitiva en la parte frontal del cerebro se
reduce, así que se pierde el control consciente y quedas a
merced de tu programación subconsciente. En síntesis: tan
pronto emerge el detonante emocional, se activa el
mecanismo de supervivencia, una estrategia que aprendió
tu niño interior para adaptarse al entorno de la niñez. A
continuación, te indico algunas maneras de expresión de
esta reacción.
Lucha. Enfrentas la situación detonante del modo más
intenso de la emoción sin pensar en las consecuencias.
Esta reacción se asocia a ataques de ira, agresividad,
gritos, insultos, violencia y, en general, pérdida de
control. 
Huida. Desapareces, escapas de la situación detonante lo
antes posible pasando desapercibido. Esta actitud se
suele expresar cuando, por ejemplo, evitas el conflicto
con otras personas practicando el ghosting —es decir: no
les contestas los mensajes, los dejas en visto o
despareces súbitamente de su radar—, los ignoras o te
excusas con maniobras de escapismo, como con el uso
de alcohol, del tabaco o el shopping.
Bloqueo. Sientes parálisis, confusión, dudas o estado de
shock, porque no sabes cómo actuar. Aparentas
pasividad, ya que no haces nada, pero ciertamente te
encierras en ti mismo o te aíslas de la realidad y no la
enfrentas.
Sumisión. Actúas culpándote, te avergüenzas de ti
mismo, asumes toda la responsabilidad de las
situaciones y te sometes satisfaciendo a los demás.
Tienes impulsos de ser complaciente con los demás, de
manera que te niegas a tus propias necesidades,
sentimientos y emociones para darle gusto a otros.
Dependencia. Sientes impotencia e incapacidad al no
poder afrontar la situación por ti mismo, tu primer
mecanismo es llorar, sentirte desconsolado e indefenso o
responder con sollozos como reacción a tu frustración; y
buscas que alguien más se ocupe de tu problema. 
Ahora imagínate la siguiente situación: le presentas a tu
jefe un reporte con unos datos y un trabajo detallado, el
cual te ha tomado mucho tiempo elaborarlo, por lo que
estás seguro de la excelencia en los datos que has
presentado. Tu jefe es conocido por tener una actitud
autoritaria, sin asertividad ni empatía con sus empleados y
cuando le presentas el informe se queja de tu trabajo, de
malas maneras, y considera que está todo mal, a pesar de
que tú sabes que él no tiene la razón, pues los datos lo
demuestran. Las diferentes reacciones a esta situación,
según el mecanismo de supervivencia que se active, se
presentan a continuación.
Lucha. Tus niveles de ira aumentan, contraatacas
enfrentando a tu jefe diciendo que los datos son
correctos. Luego, le dices que estás cansado de que tu
trabajo no sea valorado, pierdes la compostura e incluso
le presentas tu renuncia (aunque eso no es lo que
realmente quieres).
Huida. Le dices a tu jefe que no te sientes bien y
desaparecesunos días de la oficina. Dudas si volver o
dejar el trabajo. Lo único que quieres es desaparecer de
ahí, porque la situación es demasiado incómoda.
Bloqueo. Te quedas paralizado, no dices nada; escuchas
a tu jefe, vuelves a tu escritorio sin saber qué hacer,
pero, finalmente, no haces nada al respecto. Te
resguardas en una actitud de aparente pasividad.
Sumisión. Te avergüenzas de ti mismo y le presentas
excusas a tu jefe; admites que, efectivamente, eres un
desastre y que tu trabajo no es de calidad. Le das la
razón a tu jefe para que él no se sienta mal contigo. 
Dependencia. Te muestras muy sensible al feedback de
tu trabajo y tus ojos se empañan, te invade un miedo
intenso a que te despidan, así que vas al baño a llorar
desconsoladamente y luego te desahogas con tu mejor
compañero del trabajo. Lloras con la intención
subconsciente de buscar ayuda, pues en el fondo quieres
que alguien te dé la solución a tu problema.
Estos mecanismos de supervivencia también se pueden
presentar de manera mixta: lucha más sumisión; bloqueo
más apego; huida más sumisión. La combinación depende
de la situación, por ejemplo: en las relaciones de pareja,
puedes activar el mecanismo de apego, pero en el trabajo,
de huida, o viceversa. Todas las posibilidades pueden
manifestarse. Lo importante es que seas consciente de
cómo tu niño interior toma el control en estos escenarios y
de tus patrones en los mecanismos que se ponen en
marcha, pero, sobre todo, aprender de ellos para poder
actuar de manera más emocionalmente efectiva la próxima
vez. Entonces, pregúntate cuál es la reacción más
adaptativa en una situación para lograr objetivos óptimos.
En un ejemplo como el anterior, te podrías preguntar de
qué manera equilibras los niveles de adrenalina —modo
lucha— para expresar con calma lo que quieres decir; o de
qué manera aumentas tu seguridad —modo sumisión— y
demostrar la validez de tu trabajo con hechos.
Tu ser emocional: mapea tu niño interior
Tu ser adulto, lo que eres hoy en día, es un reflejo de las
experiencias —sin importar si fueron o no traumáticas—
que vivió tu ser niño. Los problemas que encuentras en tu
día a día actual, están fielmente relacionados con tu
historia de la infancia. Recuerda, que, como ya se
mencionó, tu niño interior maneja tu vida moviendo los
hilos a nivel emocional subconsciente. Entonces, tu adulto
interior necesita hacerse consciente, despertar y entender
por qué presentas comportamientos que te sabotean y las
razones adaptativas por las que se programaron como
mecanismo de reacción al entorno de tu niñez. Esta etapa
del proceso de sanación implica el mapeo de tu niño
interior y de tu ego para indagar en la fuente de tus heridas
emocionales y creencias limitantes. Analízalo desde tu
parte adulta, cognitiva, y pregúntate: «¿Cuál es la narrativa
de mi infancia?». «¿Cuál es mi historia de vida?». «¿Qué me
estoy contando ahora sobre lo que viví en el pasado?
1. ADUÉÑATE DE TU HISTORIA
Para sanar tu niño interior, tienes que conocer, aceptar y
abrazar tu historia, es decir: enfrentarla, no huir de ella,
negarla ni esconderla. Es preciso que investigues sobre ese
niño que fuiste y su historia, que te sumerjas en esa labor,
sin importar si es arriesgado o incómodo, con honestidad y
coraje, para llegar a la raíz de tu sufrimiento. Cuando
arrojas luz sobre tu historia, la contemplas y la
comprendes, te adueñas de ella para que puedas tomar el
control de tu vida y ser el creador de una nueva historia,
pero esta vez en armonía con quien eres y con lo que
quieres. Siendo así, ya no será tan fácil que navegues a la
deriva, porque serás consciente de los entresijos del
discurso limitante de esa historia y de sus maniobras de
autosabotaje. Así pues, identificar y definir tu niño interior
herido es clave para poder sanarlo, cubrir las necesidades
no gestionadas y darle el amor que necesitó en su momento
desde la compasión, la comprensión, la amabilidad y el
cariño, ya que el motor de acción de esta entidad de tu niño
interior herido en última instancia consiste en intentar
protegerte —aunque ahora sea desadaptativo— porque está
asustado.
Ejercicio
Antes de empezar el reconocimiento de tu niño
interior, podrías buscar fotos tuyas de cuando eras
niño —desde el nacimiento hasta los siete años
aproximadamente— y dejarlas durante todo el
proceso en un lugar visible: de fondo de pantalla en el
móvil o en el ordenador, en tu escritorio o en tu
mesita de noche.
Tener a tu niño interior presente cada día te ayudará a
conectarte con él y ser más consciente de tu ser emocional.
Para ello, debes transferirlo a tu plano físico y estimular el
contacto con tus primeros años para que las memorias
transiten de la mente subconsciente a la mente consciente.
Durante el proceso del descubrimiento del niño interior, se
trabaja con recuerdos del pasado, pero, aunque no es
exclusivamente necesario, sí es más práctico, ya que el
origen del sufrimiento también se puede trabajar mediante
situaciones detonantes actuales, porque ellas se relacionan
con la herida emocional que sigue abierta de una
experiencia traumática pasada.
Es común que tus recuerdos de la infancia estén casi
olvidados o bloqueados en algún lugar de tu mente
subconsciente. De esta manera, siempre que se empieza
con el ejercicio del niño interior, algunos recuerdos vuelven
al consciente y vas teniendo paulatinamente acceso a ellos.
Por ejemplo: con la exposición a la foto de la niñez el
sistema reticular cerebral se activa, la atención empieza a
enfocarse y el trabajo de introspección aumenta las
posibilidades de ir entrando en contacto con tus memorias
olvidadas. Por eso, la intención de apertura y acogida al
proceso es muy importante para poder sanar: mientras más
apertura a la conciencia, tanto mejor es la sanación en tu
sistema.
2. ENTRA EN UNA RELACIÓN CON TU NIÑO
INTERIOR
El objetivo de esa estrategia consiste en considerar tu
parte adulta y tu niño interior como dos entidades
diferentes. En este subapartado trabajarás la disociación de
estas dos entidades a través de la observación, el diálogo y
la comprensión, así: adopta a tu niño interior y reencuadra;
identifica las creencias más profundas y observa; crea una
rutina de diálogo y conversa.
Adopta a tu niño interior: reencuadra
Como ya se ha explicado, tu niño interior es tu ser
emocional: una cualidad intrínseca a la especie humana
que se halla dentro de cada uno. Pero el problema reside en
que, al vivir identificado con tu ser emocional sin
diferenciar entre el individuo adulto del niño interior, este
último toma el control de tu vida. Para evitar este efecto,
debes reencuadrar la manera en la que te relacionas con tu
niño interior e intentar vivir disociado de él,
contemplándolo objetivamente, o sea, como una entidad
separada de ti.
Cuando te asocias asiduamente a tu niño interior, te
identificas con él hasta el punto de creer que él eres tú y,
por tanto, él empieza a dominar tu estado de ánimo, tus
reacciones y, en general, tu comportamiento, lo que te
genera la sensación de no tener control sobre ellos. Sin
embargo, cuando te lo imaginas fuera de tu cuerpo, esta
posición te permite comprender qué le pasa, cómo se siente
y qué le preocupa; puedes ver más fácilmente la historia
que hay detrás de él y qué mecanismos está a punto de
poner en marcha cuando es detonado emocionalmente. En
consecuencia, al no identificarte con tu niño interior,
ganarías mayor capacidad de controlar tu vida, es decir, tus
reacciones, actitudes y decisiones.
Ejercicio
Te recomiendo llevar a cabo el siguiente ejercicio de
visualización para adoptar a tu niño interior: toma
una fotografía tuya de niño e imagínate que, a partir
de ahora, ese niño que ves en la foto lo has adoptado.
Ese niño es real, convive contigo y comparte el
espacio y el tiempo de tu vida; y tú eres el
responsable de cubrir sus necesidades, porque es un
niño que depende de ti. ¡Sólo es un niño:necesita tu
ayuda para poder desarrollarse!
Identifica las creencias más profundas:
observa
En esta fase, debes ser consciente tanto del
condicionamiento aprendido como de las creencias que te
limitan a diario y que rigen la voluntad de tu niño interior
con el que estás identificado en tu mente
subconsciente. ¿Cómo vas a conseguir esto?
1. Retoma en esta fase las creencias que identificaste
en el capítulo sobre el ego. Selecciona cinco
creencias en las que mejor te reconoces y que más
alimentan tu pensamiento limitante y conductas de
autosabotaje.
2. Define qué significan para ti estas creencias
seleccionadas, cómo se reflejan en tu vida y en qué
circunstancias se manifiestan. 
3. A modo de ejemplo, imagínate que una de las
creencias sería algo así como «hay algo malo en mí».
Los significados de esta creencia —que estarían
directamente relacionados con tu historia de vida—
para una persona podrían ser las siguientes: «No
encajo en ningún lado»; «Me siento discriminado»;
«Nadie me acepta o nadie me quiere como soy»;
«Soy raro»; «Soy la oveja negra o el patito feo»; etc.
Cada persona tendrá un significado particular para
esa creencia conforme a su historia y surgen a la
superficie cuando la persona tiene que salir de su
zona de confort, ser visto y escuchado por el mundo,
como en alguna de las siguientes situaciones: ir a en
un evento en el que se desconocen a los invitados, en
una entrevista de trabajo o en el primer día de clase.
Estas situaciones te exponen a sentir rechazo de los
demás o de ti mismo.
4. Llegarás a las necesidades de tu niño interno herido
con la observación de tus detonantes emocionales,
para lo cual debes identificar cómo se manifiesta el
desencadenamiento pensamiento-emoción-sensación-
conducta. Tu misión ahora consiste en convertirte en
un detector de tus detonantes emocionales, como si
fueras un arqueólogo de ti mismo. Sabes que hay
algo en tus profundidades que debe ser liberado y
para ello tienes que explorar tus detonantes
emocionales.
Ejercicio
Durante diez a quince días, focaliza tu atención en
cómo aparecen los detonantes emocionales en el
transcurso de los días. Describe las situaciones y los
momentos en los que surgen y observa el
pensamiento-emoción-sensación-conducta que
desencadenan. ¿Has sido influenciado por este
detonante en todos estos niveles?  Indica cuáles
aparecen más en tu cotidianidad, para lo cual puedes
utilizar el registro del diario activo, cuya primera
columna corresponde a la situación detonante. Ve
puntuando cuáles de ellas aparecen más a menudo en
tu día a día.
En el ejemplo anterior, el detonante para que se active la
creencia subconsciente «hay algo malo en mí» y se
desencadene toda su historia de significado puede ser una
mirada juiciosa de un desconocido, un silencio incómodo
después de algún comentario tuyo, entrar a una clase y
notar que todos están en grupos, sin contar contigo, o que
llegue tu turno para hablar en una reunión. La emoción que
se te activa posiblemente es la vergüenza, tu sensación en
el cuerpo es de hipervigilancia, lo que provoca que tu
respiración hiperventile, tu corazón se acelere y tu sistema
nervioso aumente su actividad, de manera que tu estómago
se retuerce. Entonces, como mecanismo consciente o
subconsciente de huida de la situación, decides ir al baño
repentinamente para escapar.
La huida no es una acción de afrontamiento, es una
reacción de evitación de tus emociones, pero no de
respuesta directa hacia ellas. Así que, en vez de ir al baño
para escapar de la situación, la respuesta adaptativa sería
identificar el significado que le das a la historia que te
cuentas, es decir: «Ellos ven algo malo en mí, por eso me
hacen el vacío», y cambiar ese significado de manera
consciente, así: «Ellos no tienen ningún motivo para pensar
mal de mí, no voy a dejar que mi niño interior herido vea
discriminación donde no la hay por sus traumas del pasado.
Estoy a salvo, sé que ese miedo no es real, así que no tengo
por qué huir de algo que no existe». Luego, das una
respuesta más funcional a la situación: tus emociones se
vuelven más neutrales y tu reacción de alarma en el
sistema nervioso pierde intensidad. Veamos este proceso
con otro ejemplo.
Crea una rutina de diálogo: conversa
En el paso anterior te enfocaste en observar las creencias y
las correspondientes necesidades de tu niño interior, así
que ahora eres más consciente de los detonantes
emocionales que lo activan. En esta fase del proceso, trata
de entablar una conversación con tu niño interior, en la que
le preguntarás por qué reacciona de esa manera, qué es lo
que le pasa, qué es lo que siente. Habla con tu niño interior
disociándote de él, como si fuera una segunda persona,
pero recuerda considerar tu niño y tu adulto como dos
entidades diferentes que dialogan entre sí; también puedes
hablarle a tu foto de tu niño interior —de manera oral o si
te parece raro, también lo puedes hacer mentalmente—.
Háblale como él hubiera necesitado en ese momento del
pasado: con tono dulce y compasivo, con las palabras que
te hubiera gustado escuchar. 
Para estos ejercicios, es conveniente que estés en un
ambiente tranquilo, relajado, que te brinde sensación de
calidez y donde no haya interrupciones. Puedes añadir unos
ejercicios breves de respiración o meditación; o
simplemente podrías cerrar los ojos por unos minutos y
enfocarte en el momento presente antes de empezar con el
ejercicio. Es muy importante que intentes, en la medida de
lo posible, conectar con un estado de calma interno antes
de dialogar con tu niño interior, para crear el entorno
cómodo e íntimo que este ejercicio necesita para que
funcione bien y sea sanador, y para que el espacio que
crees sea libre de juicio y deje a un lado la vergüenza de
que hablar con tu niño es raro o de locos, para que no te
bloquee la práctica. Recuerda que es por tu propio bien.
Ejercicios
Primer ejercicio. Entabla una conversación con tu niño
interior y pregúntale sobre los detonantes emocionales
que has registrado en el diario activo durante las
últimas dos semanas. Te dejo algunas preguntas para
que te sirvan de guía durante el diálogo con tu niño
interno, —pero no olvides que lo más importante es
dejarte llevar por tu intuición cuando hables con él—:
¿por qué estás asustado?, ¿qué es lo que realmente te
ocurre?, ¿por qué has reaccionado de esa manera?, ¿de
qué intentas protegerte?, ¿tienes esta reacción a
menudo?, ¿en qué momentos reaccionas así y en qué
tipo de situaciones?, ¿tal vez esta reacción se te quedó
marcada por algo que viviste?
Segundo ejercicio. Consta de dos partes: 1) cuenta tu
historia, recuerda diez situaciones disfuncionales o
eventos con un alto impacto emocional que te
ocurrieron de pequeño y ordénalas de manera
cronológica. Pueden ser momentos que se te hayan
quedado marcados, eventos traumáticos que te
provocaron estrés emocional o situaciones que viviste
que no fueron normales para un niño de esa edad; 2)
luego, es importante analizar cada una de estas
situaciones desde tu parte adulta: ¿Cómo estas
situaciones le harían sentir a un niño en ese margen de
edad de tres a siete años? ¿Qué consecuencias tiene
esa vivencia en ese niño?
Veámos esto con el siguiente caso de un paciente:
Esta paciente creció con un padre ausente y una madre
con tendencia narcisista, que desaparecía a menudo de
casa. Tenía recuerdos de cuando tenía alrededor de
siete años y se encargaba de cuidarse a sí mismo y a
sus hermanos pequeños, por ejemplo: en las mañanas,
preparaba el desayuno si había comida en la despensa
para él y sus hermanos, mientras su progenitor seguía
dormido sin tomar responsabilidad de sus hijos. Su niño
maduró muy rápido, pues asumió compromisos que no
le correspondían; creía que era responsable del
comportamiento de su madre; se sentía triste, pero a la
vez se sentía válido cuando cuidaba a su madre, aunque
ella no solía ser amorosa; lo que le hacía sentirseinseguro, desprotegido, solo. Las consecuencias de esas
experiencias continuadas en su infancia se
manifestaban en su vida adulta cuando actuaba como
una persona complaciente, por lo que era incapaz de
poner límites, en cuanto a asumir las responsabilidades
de otros como propias, de buscar el perfeccionismo, de
jugar a ser el superhéroe, de resistirse a recibir ayuda
de los demás y de tender al caos emocional, al miedo de
ser abandonado y a expresar problemas de apego que
creaban inestabilidad en sus relaciones de pareja.
Tercer ejercicio. Con cada una de tus situaciones
identificadas en el ejercicio anterior, dialoga con tu
É
niño interior sobre ellas. Éstas son algunas preguntas
que pueden servirte de guía:
¿Dónde estabas? ¿Qué llevabas puesto? ¿Qué veías?
¿Qué escuchabas? ¿Qué sentías en tu cuerpo? ¿Quién
estaba allí contigo? ¿Cómo sentías el ambiente? ¿Qué
pasó en ese momento? ¿Qué cambió después de que
eso pasara? ¿Cuál fue tu reacción y la de tus
cuidadores? ¿Recuerdas las palabras que ellos te
dijeron? ¿Cómo te sentiste? ¿Te sentías a salvo o
desprotegido? ¿Tenías miedo? ¿Alguien te ayudó? ¿Qué
es lo que hubieras necesitado para sentirte mejor?  Te
recomiendo que grabes en un audio estas
conversaciones con tu niño interior para que las puedas
volver a escuchar en otro momento y puedas obtener
nuevos insights.
3. LLEGA A LA RAÍZ: IDENTIFICA 
TUS HERIDAS EMOCIONALES
Las creencias que antes has detectado seguramente serán
muy parecidas entre sí, ya que suelen converger en un
mismo punto, es decir: se basan en la misma herida
emocional que forma tu trauma complejo emocional.
Posiblemente se relacionan con la herida más latente en ti,
pues construyen la raíz de tus creencias limitantes, desde
donde actúas y vives tu vida. Si te fijas de cerca, te darás
cuenta de que lo extrapolas a todos los ámbitos y desde ahí,
creas tu filtro mediante el cual percibes e interpretas,
sientes y reaccionas con la realidad: tus reacciones
emocionales representan tus heridas no resueltas.
Como ya se explicó, cuando tienes una herida emocional
que no has curado y vives una experiencia similar, actúas
de modo reactivo. Esto quiere decir que no estás
respondiendo a la situación o a un estímulo, sino que estás
reaccionando a ello. No te estás sintiendo así por un hecho
en concreto del presente, sino porque no cerraste el ciclo
del trauma emocional en el momento en que ocurrió. Cada
experiencia fuerte de tipo emocional crea una herida, cuyo
origen es la historia de tus edades tempranas. Entonces,
ser consciente de la herida y desvelar la programación
subconsciente emocional te permitirá vivir libre de tus
propias experiencias. Ésta es la raíz de tu sufrimiento, de
forma que, para sanarte, debes responsabilizarte de él;
desprenderte de ese sentimiento, de esa tensión
acumulada, hará que tu mochila emocional sea más ligera. 
Desde la perspectiva psicoterapéutica se han definido
cinco heridas emocionales que son desarrolladas en la
infancia, las cuales son determinantes para el equilibrio
emocional en la edad adulta: abandono, rechazo,
humillación, traición e injusticia. Desde mi experiencia,
considero que hay solo dos heridas básicas: herida de
abandono y herida de rechazo; y de esta última surgen la
humillación, la traición y la injusticia, que son expresiones
del rechazo hacia ti que te alejan de tu autenticidad,
porque aprendes a negarte a ti mismo. Aun así, cada
individuo es un ser único y complejo, lleno de matices, por
eso te animo a que estas heridas sean sólo una guía y
definas por ti mismo la herida original que mejor describa
tu historia de vida. Te describo a continuación algunos
rasgos de estas heridas según mi práctica, para que puedas
orientar tu trabajo introspectivo de identificación2.
Herida de abandono
Suele presentarse cuando alguno de los cuidadores o
progenitores ha estado ausente, bien por abandono
voluntario o involuntario, como el fallecimiento. El
abandono puede ser físico, pero también emocional, cuando
el progenitor se encuentra emocionalmente no disponible,
aunque esté presente en el núcleo familiar. Este progenitor
es una figura pasiva, ya que no ofrece el soporte y la
atención que el niño necesita para sentirse amado y
desarrollarse emocionalmente de una manera sana. Por
ejemplo: puede desarrollar adicciones, presentar algún
trastorno psicológico o trabajar todo el día fuera del hogar.
Los niños que crecen con esta herida, por lo general,
sienten que no han sido vistos ni escuchados, o de alguna
manera han sido ignorados, lo que se traduce en la edad
adulta en desequilibrios para crear intimidad con los
demás. Incluso, pueden llegar a sentirse muy incómodos
con la proximidad. Estos adultos con este tipo de niño
interior herido huyen de conectar de manera profunda con
otros —por el miedo anticipatorio subconsciente de ser
abandonados, lo que les provoca aislamiento y encerrarse
en sí mismos— o todo lo contrario, se apegan de manera
extrema a personas por el miedo a perderlos, mostrándose
muy dependientes de sus parejas, amigos, familia. El
problema subyacente de ambos extremos es el miedo al
abandono y la conexión que se crea no es desde la
naturalidad de la intimidad que surge genuinamente entre
personas, sino desde el miedo y la ansiedad de la herida.
Los adultos con este tipo de herida emocional no suelen
gestionar adecuadamente la soledad, tienen pánico a la
idea de abandono, temor a perder la pareja o al desamor, lo
que los puede hacer muy dependientes de los demás o por
el miedo que les provoca la incertidumbre de confiar en
otras personas, deciden consciente o subconscientemente
actuar de manera contraria, distanciándose
prematuramente de los demás. Les abate un sentimiento
profundo de sentirse solos, lo que hace que lo proyecten en
sus relaciones de manera anticipatoria con el efecto
colateral de que alejan a los demás, y de esta manera
vuelven a revivir la historia programada en su sistema de
sentirse solos. Tienden a permanecer en estado de
hipervigilancia y ansiedad en su sistema nervioso, dado que
se encuentran en búsqueda subconsciente de señales que
indiquen abandono. Las creencias habituales de este perfil
son las siguientes: «Estoy solo en el mundo», «Siempre me
dejan tirado», «Mi destino es quedarme solo», «El amor
duele», «Mis relaciones no duran» o «Nadie me quiere». La
inestabilidad emocional que experimenta se expresan como
tristeza, miedo, soledad, melancolía y síntomas de
ansiedad.
Herida de rechazo
Se produce por el rechazo de alguno de los
progenitores/cuidadores o por haber vivido algún tipo de
exclusión, por ejemplo, entre hermanos, o por experiencias
de bullying en la familia o en el colegio. Los niños que han
crecido con esta herida se sienten castigados por ser
quienes son, lo que se expresa en la edad adulta en
desequilibrios en su sentimiento de autenticidad y de
autoestima, y en la tendencia a tener crisis existenciales,
porque no saben quiénes son, ya que su sentido del yo ha
sido dañado. Aprendieron a anular su propia naturaleza y a
negarse a sí mismos, a ir en contra de su autenticidad como
supervivencia para recibir el amor y la atención de los
progenitores. Al igual que la herida de abandono, también
pueden sentirse incómodos con la intimidad, con tendencia
a quedarse en un nivel superficial en sus conexiones por
miedo a que si los demás descubren quiénes son, realmente
los rechacen, porque no se sienten dignos de amor y
proyectan esa falta de aceptación de sí mismos en los
demás. Los adultos con esta herida tienen que entender
que ese rechazo empieza en ellos mismos: son ellos los que
se rechazan a sí mismos —porque es la conducta que
aprendieron cuando eran niños—.
Es común que los adultos que presentan este tipo de
herida tienden a compensar el rechazo con actitudes de
perfección, de modo que las personas no tengan motivos
para rechazarlos. Es como un escudo de protección con el
cual pretenden controlarla respuesta de los demás, pero, a
la vez, se vuelven más inseguros, pues no suelen alcanzar
las altas expectativas que se marcan, ya que suelen vivir
con el fuero interno fuera de ellos, por y para los demás,
aunque no sean conscientes de ello. Tienen un sentimiento
profundo de que no encajan o de que son inadecuados,
huyen de sí mismos porque intentan ser lo que creen que
los demás esperan de ellos, lo cual les puede llegar a
causar ansiedad social, pues se sienten juzgados, a pesar
de que, en realidad, son sus propias expectativas lo que les
perturba.
La falta de autenticidad, la dificultad para expresar su
verdad —no la conocen porque aprendieron a
desconectarse de ella— o la obstinación por encajar en los
esquemas de los demás los mantiene reactivos y con
ansiedad constante. No puede vivir como el protagonista de
su propia vida, sino como un actor secundario. En el fondo,
no se sienten válidos ni merecedores de amor por el simple
hecho de ser ellos mismos; se sienten escasos, dado el
sentimiento de falta de merecimiento.
Su diálogo interno es negativo, su ego, muy crítico, y son
severos consigo mismos. Por lo general, no se sienten
dignos de afecto; tienden a aislarse para prevenir su
proyección de rechazo y suelen sufrir de crisis de ansiedad
en situaciones concretas; suelen mostrarse inseguros y
tímidos. Las creencias habituales de este perfil son las
siguientes: «No encajo»; «Soy un outsider»; «No soy
suficiente»; «Soy un desastre»; «El amor no es para mí»;
«Hay algo malo en mí»; «No merezco nada bueno». La
inestabilidad emocional que experimenta se expresan como
frustración, rabia, amargura, tristeza y síntomas de
ansiedad.
La herida de rechazo se experimenta en el niño como una
desaprobación hacia su propia identidad, y no apreciación
de su valor intrínseco por ser quien es. Esencialmente la
humillación, la traición y la injusticia son diferentes formas
de expresión de esa aversión que crea rechazo hacia el
niño.
Herida de humillación
Surge como base de la herida de rechazo y se manifiesta en
personas que han sido tratadas como seres inferiores, han
sido deshumanizados y considerados propiedad de los
progenitores/cuidadores incluso al utilizar la opresión o la
posición de poder privilegiada. Han sido expuestos a la
crítica, a la comparación y a la vergüenza, por ejemplo:
cuando son descalificados delante de otros adultos u otros
niños; exponen sus problemas frente a los demás; los tratan
sin respeto sólo por el hecho de ser un niño y les otorgan
una valía inferior, siendo conscientes de que no pueden
defenderse a sí mismos, porque son pequeños y
vulnerables. El niño se siente atrapado, sentimiento que le
acompañará durante su vida adulta. Pueden también haber
sido víctimas de bullying por sus progenitores, familiares o
compañeros en el colegio como proyección de las
ansiedades de quienes los intimidan.
Los adultos con esta herida sienten a menudo el síndrome
del impostor, que es la incapacidad de reconocer sus logros
o capacidades, por lo que se consideran un fraude o
mentirosos, por ejemplo: son el jefe de un equipo y han
trabajado duro para conseguir el puesto, los han elegido
porque están capacitados y, sin embargo, sienten que no
están preparados para desempeñar exitosamente esa
posición. O puede ocurrir que se manifieste el otro
extremo, si han sufrido bullying en la infancia, caben
posibilidades de que puedan convertirse en el opresor o
bully en el colegio, en la edad adolescente, o en el trabajo,
en las edades adultas. Entonces, son ahora quienes
humillan a los demás, lo cual causa un mecanismo de
defensa en el que han aprendido a ser tiranos como escudo
protector y a desquitarse de toda esa represión e ira que
han guardado. Las creencias habituales de este perfil son
los siguientes: «Soy invisible»; «No soy respetado»; «Me
ignoran»; «Soy peor que ellos»; «No valgo»; «Estoy
atrapado»; «Soy un fraude». La inestabilidad emocional
que experimenta se expresa como ira, asco, frustración y
vergüenza.
Herida de traición
También surge de esta herida básica de rechazo. Se
presenta en individuos cuyos progenitores/cuidadores les
han incumplido promesas o los han engañado de niños;
también cuando les han guardado secretos de familia como
tabú, los han manipulado o no les han brindado soporte en
los momentos que más lo necesitaban. Por ejemplo: los
progenitores/cuidadores nunca asistieron a las audiciones
del colegio o les realizaron promesas que nunca llegaron
sólo para manipularlos.
Los adultos con esta herida presentan muchos problemas
para confiar en los demás y sienten que en algún momento
los traicionarán, por eso desarrollan un mecanismo de
supervivencia-control al chequear las personas y buscar
evidencias, por ejemplo: hacen preguntas para corroborar
que la historia que le cuentan los demás es coherente. Son
como un detector de mentiras andante, pues siempre
encuentran algún punto flaco en el discurso del otro para
no confiar en ellos y así sentirse defraudados, ya que se
suelen tomarse la falsedad de otros de modo personal. La
estrategia subconsciente para calmar su intranquilidad es
que suelen querer controlar a las personas y las
situaciones, tienen tendencia a ser herméticos y a veces
carecen de humor, porque son muy literales, se toman todo
muy en serio y tienden a ver las cosas como blancas o
negras.
La falta de control les genera mucha ansiedad. Suelen ser
impacientes y proceder de manera inquisitorial en sus
veredictos sobre los demás, dado que estiman que su
verdad es la única. Las creencias habituales de este perfil
son las siguientes: «No me fio»; «Ellos ocultan algo»; «Todo
el mundo es infiel»; «La gente es mala»; «No se puede
confiar en nadie»; «Si te abres a alguien, te dará una
puñalada trapera»; «El amor es un cuento». La
inestabilidad emocional que experimenta se expresa como
ira, asco, rigidez, frustración y síntomas de ansiedad.
Herida de injusticia
Es una tercera herida con base en el rechazo, el adulto que
experimenta esta herida emocional, posiblemente de niño
no solía tener derechos ni capacidad para opinar o expresar
sus gustos, pues crece con un gran sentimiento de
impotencia y limitación. Por ejemplo, tal vez exhibe
capacidades innatas para el dibujo, y de hecho es lo que le
gusta. Sin embargo, es obligado a asistir a clases o
prácticas que no le generan ningún interés, pero los
progenitores/cuidadores suponen que es lo mejor para el
niño. También puede ser víctima de algún tipo de abuso o
ser penalizado aleatoriamente sin motivo aparente. Suele
generarse en un entorno de crianza muy autoritario, crítico
y severo, cuyo foco de atención recae más en las actitudes
negativas que en las positivas del niño, por ejemplo: si ha
sacado notable en un examen, en vez de felicitarlo o
reforzarlo positivamente, lo tildan de mediocre, ya que «en
esta casa no se acepta un mínimo de sobresaliente». 
Los adultos con este tipo de herida presentan muy baja
autoestima, dadas las exigencias excesivas sobre ellos,
aunque, en calidad de niños, entendieron que era normal
cumplir con las altas expectativas: en el ejemplo anterior,
algo así como «si no tienes todo sobresaliente, eres un
inútil». Los adultos tienen que entender que fueron objeto
de las proyecciones y frustraciones de sus propios
progenitores/cuidadores y que esos estándares no eran
normales, sanos ni posibles. Pueden sentirse victimizados,
de manera tal que gastan mucha energía en demostrar que
son válidos para los demás, pues para ellos «la vida implica
un esfuerzo constante».
Pueden tener problemas para tomar decisiones, porque
son demasiado rígidos mentalmente, aunque se
desconectan de sus propias emociones. Son severos con
otros y consigo mismos, pero también pueden desarrollar el
mecanismo de defensa subconsciente de rebeldía: un
mecanismo para evadir la frustración acumulada al
desempeñar el papel que sus padres o el entorno cercano
querían de ellos. Las creenciashabituales de este perfil son
los siguientes: «Soy un mediocre»; «La vida no es justa»;
«No soy lo que se esperaba de mí»; «Siempre defraudo a la
gente»; «Tengo que dar más de mí»; «Tengo que
esforzarme más»; «Relajarse es malo». La inestabilidad
emocional que experimenta se expresa como rabia
contenida, ansia, impotencia, inseguridad y vergüenza de sí
mismo.
Base de la vergüenza de las heridas
emocionales
Todas estas heridas tienen en común una base de
vergüenza en la que tu sentido de integridad de tu niño —y
por tanto de tu adulto— queda minado. Vergüenza que te
hace huir de ti mismo; vergüenza de tu auténtico ser, que
bloquea tus relaciones, tu autoestima, tu autocompasión y
tu autoaceptación. Esta vergüenza te la arrogas
subconscientemente como mecanismo de defensa, pues la
utilizas para obtener control sobre tu comportamiento y
estado emocional. Quieres controlar la manera en la que
eres visto, pero es un autosaboteo hacia ti mismo. Por
ejemplo: te invitan a una fiesta. Tu primera sensación es
positiva, pero luego te viene a la cabeza el pensamiento:
«Mierda, ¿y ahora que hago?». Aquí está la primera
contradicción: quieres ir, pero algo en ti dice: «¡Oh!, hay
problemas». Esa mierda puede significar lo siguiente: «No
les voy a gustar»; «Voy a estar solo ya que no conozco a
nadie»; «La gente va a pensar que soy raro». ¡Qué
vergüenza, por favor! Entonces, dices que no puedes
asistir, y en efecto no vas. 
Entonces, has actuado a favor de la vergüenza, pero en
contra de ti. Al final, has hecho lo que no quieres porque tu
emoción te ha superado, ya que, de esa manera, no tienes
que exponerte y, además, puedes intentar controlar el
concepto que los demás tienen de ti. Ahora bien: quizás
quien te invitó piensa que no vas porque eres una persona
muy ocupada o porque tienes mejores planes, siendo que,
en realidad, es tu miedo el que te hace sentir inseguro. La
vergüenza te limita y te domina, porque tú le estás dando el
poder; son la emoción y el sentimiento de vergüenza los
que se manifiestan desde esos pensamientos negativos
haciendo que tus inseguridades programadas desde niño
ganen a lo que tu adulto realmente quiere.
Entonces, puedes plantearte preguntas como éstas:  «¿Y
si la próxima vez que venga la vergüenza soy consciente de
ella e intento llevarla a otro estado más
adaptativo?».  «¿Qué beneficio me está brindando ese
ataque de vergüenza?». «¿Qué estoy evitando con esa
vergüenza?». Entonces, sé compasivo contigo, pues tienes
derecho a ser tú mismo, a brillar. Aprende a detectar estas
expresiones de vergüenza antes de que te saboteen y
tomen el control de tu respuesta.
Ejercicios
Te recomiendo llevar a cabo los ejercicios que describo a
continuación, en el caso de que quieras ser más consciente
de tus heridas emocionales.
Primer ejercicio. Reflexiona sobre la herida emocional
con la que te sientes más identificado e indaga dentro
de ti sobre cuál es la historia que rige tu vida; a la
que vuelves una y otra vez; cuál es la conclusión de
esta; cuál es la situación en la que vives cíclicamente
y cuál es el patrón que se repite en ellas ¿A qué
conclusión llegas? Por ejemplo: si en tus relaciones
de pareja nunca te llegas a comprometer con nadie,
tal vez la herida más presente en tu vida sea el
abandono. Lo importante es que lo identifiques, le
pongas un nombre y seas consciente de ello.
Segundo ejercicio. Haz un listado de diez cosas que te
irritan, que literalmente te exasperan, que no puedes
soportar. Situaciones simples como no tolerar a
alguien que se cuele en la cola del supermercado,
alguien que suela exagerar sus experiencias, alguien
que es demasiado vanidoso o alguien que debate tu
opinión ¿Qué cosas pequeñas eres incapaz de tolerar
y te hacen perder la compostura? ¿Consideras esas
situaciones que no toleras como reflejo de alguna de
tus heridas emocionales? 
Tercer ejercicio. Cuenta las veces que la emoción de
vergüenza te sabotea en el transcurso de una
semana: ¿qué has hecho de diferente a lo que
realmente querías o has evitado por culpa de la
vergüenza?
4. IDENTIFICACIÓN DEL TIPO DE FAMILIA
Cuando eres pequeño, sueles creer que tú eres la causa de
todo lo que pasa en el mundo que te rodea. Así mismo, de
niño te sientes como una extensión de tus padres, eres
parte de ellos, y también del sistema. Cuando creces y
descubres que eres un ser individual, que la identificación
con el sistema familiar es parte del problema en el que te
encuentras, entonces es común que trates con todas tus
fuerzas de evitar ser como tus padres, pero esta resistencia
te persigue. Proyectas a tus padres en las relaciones con
los demás: con parejas, compañeros de trabajo o amistades
que, paradójicamente, a través de su interacción contigo
son quienes te hacen conscientes de las heridas que siguen
abiertas para así buscar la posibilidad de poder sanarlas. 
Durante mi práctica profesional, es común encontrarme
con pacientes que al principio de la terapia piensan que su
infancia fue normal, porque no tienen un punto de
referencia de lo que es sano o suelen estar disociados de
esa época y evitan darles paso a muchos recuerdos.
Normalmente, esta costumbre es un mecanismo de
defensa, porque es muy difícil reconocer que tus padres
fueron perjudiciales de alguna manera y las experiencias
que viviste en tu entorno familiar son la causa de tus
desequilibrios psicológicos actuales: es cruel, doloroso y
puede herir sensibilidades. Por eso es importante
reconocer los comportamientos insanos y desadaptativos en
el núcleo familiar.
Indicativos generales de disfuncionalidad 
en las relaciones familiares 
Si a día de hoy en la relación con tus progenitores o con tus
familiares cercanos encuentras alguno o varios de los
comportamientos que detallaré a continuación, es posible
que te hayas formado dentro de un modelo de familia
disfuncional y en casos abusiva durante tu infancia, lo que
indicaría que tu niño interior sigue con heridas
emocionales sin sanar.
Falta de intimidad. La conexión con tus familiares se
muestra superficial, pues sientes que son unos extraños,
aunque tengan la misma sangre, por ejemplo: las
conversaciones son forzadas, te sientes juzgado, no
compartes tu vida con ellos y escondes cosas, surgen
tabúes sobre asuntos que no se tratan, pero que todos
saben que están ahí. 
Falta de límites. Dependencia emocional por la cual tus
familiares se atribuyen el derecho a opinar sobre tus
decisiones personales sin que lo hayas solicitado; quejas,
críticas, cotilleos, controles, falta de respeto e intrusión
en tus asuntos privados. 
Falta de cariño. Inconsistencia, distancia, desinterés y
poco contacto.
Falta de naturalidad y espontaneidad. Existe una
cohibición en la comunicación, es decir: sientes que
tienes que medir tus palabras, baja autenticidad,
censura para expresar tus ideas y presión para
desempeñar un papel o llevar una máscara. Cuando
estás con tu familia, no te sientes presente en el
momento ni relajado en tu cuerpo, sino que estás más
enfocado en tus pensamientos.
Manipulación. Surgen en ti culpabilidad y vergüenza
inducidas por tus familiares, por ejemplo: te comparan
con los hijos de sus amigos, niegan acontecimientos que
influyeron en tu infancia, se presentan como víctimas
para aprovecharse de ti o te utilizan para cubrir sus
necesidades.
Resistencia. Sientes ansiedad cuando piensas en ellos o
compartes algún evento, por lo que intentas evitarlos o
creas excusas para posponer encuentros.
Idealización: Idealizas platónicamente la relación con
ellos, pero la realidad no se siente igual o esperas que la
relación mejore en el futuro sin hacer nada al respecto.
Modelos de familias disfuncionales
El modelo de familia del niño se desarrolla en función del
entorno de crianza, ya sea que estuviera conformado por
los progenitores, ya por los cuidadores adoptivos. Es
importante aclarar que la combinación de parejas es
independiente de la orientaciónsexual, siempre que, como
pareja, desempeñen el rol de cuidadores. A continuación,
expongo algunos de los modelos representativos de las
familias disfuncionales más típicas que he encontrado
durante la práctica profesional con mis pacientes. Cada
persona es un universo, por eso las generalizaciones y
estereotipos pueden dejar atrás muchos matices
importantes. Puedes identificarte con más de uno de estos
modelos o presentar solo algunos rasgos de varios modelos,
pero lo más significativo es que tú mismo elabores tu
modelo, pues éstos apenas sirven de guía3. 
Tradicional
Todo por las apariencias. Los integrantes de este tipo de
familia evitan las emociones y controlan la imagen del
conjunto. Gastan energía en tapar los trapos sucios, en vez
de dedicarse a solucionar los conflictos, pues presumen de
que todo está bien. Existen secretos y tabúes, pues no se
habla de la prima drogadicta o del tío esquizofrénico.
Carecen de autenticidad, ya que pretenden exhibir
perfección en sus vidas para que su entorno social piense
que son una familia modelo, a pesar de que por dentro no
es así. No existe una conexión real ni íntima entre sus
integrantes, ya que no pueden ser genuinos: penalizan y
corrigen a los niños según arquetipos autoritarios.
Esta clase de familia suele darle importancia al estatus:
los niños estudian en colegios de prestigio, los adultos
estudian una carrera profesional tecnócrata, es decir, nada
artístico o creativo porque, según ellos, no «tiene salida»;
casarse con un buen partido y trabajar en una empresa
reconocida, con un buen puesto y cerca de la familia. Los
integrantes de esta familia no acostumbran expresar sus
sentimientos ni toleran la debilidad humana, y suelen tener
problemas con el afrontamiento de las emociones intensas
como el llanto. Es un sistema muy rígido de educación,
donde las expectativas académicas son muy altas y en el
cual sólo importa la imagen exterior. Intentan tanto
controlar al niño y dominar su destino y pueden llegar a
hacerle sentir inútil ya que subconscientemente integra
que lo que hace siendo él mismo es insuficiente, o que es
incapaz y necesita revisión de sus progenitores.
El adulto que crece en este modelo de familia —en el cual
no se le ha permitido expresarse y desarrollarse
auténticamente— suele ser hermético, además de
presentar problemas con la espontaneidad y dificultad para
divertirse, por eso tienen tendencia al uso de drogas y
alcohol para conseguir satisfacción. De igual modo, suele
manifestar crisis de identidad, ya que desde pequeño
aprendió a reprimir su naturalidad y se volvió autoexigente,
perfeccionista y falto de autoestima.
Acostumbra proyectarse objetivos desmedidos para
evadir sentir su vacío: creen que si logran esos objetivos
serán felices, pero luego descubren que la satisfacción es
inalcanzable y vuelven a engañarse con nuevos objetivos, lo
cual deriva en estados de depresión y ansiedad. Este adulto
tiene que admitir que creció en un ambiente muy
condicionado, en el cual sus progenitores estaban
enfocados en propósitos equivocados. La misión de este
adulto será volver a su autenticidad y sustituir el
condicionamiento que lo limita.
Codependiente
En este tipo de familia la dinámica es de dependencia entre
el progenitor dominante y el progenitor sumiso. La vida en
familia gira en torno al dominador, quien puede ser
agresivo físicamente o emocionalmente, pues tiene
tendencias narcisistas, sin importar si es consciente de ello
o no. Los miembros de esta familia acomodan sus
emociones con el estado de ánimo del dominador que se
manifiesta en dinámicas de amor-odio. Si está nervioso o
ansioso, ese día reinará el conflicto, ya que el dominador
narcisista siempre encontrará motivos —normalmente la
conducta del niño o del adulto sumiso— en los que
proyectará sus emociones para canalizar sus turbulencias
internas, para lo cual grita, pega, manipula o se pone la
máscara de víctima.
El niño que crece en esta familia permanece asustado,
porque el entorno es impredecible y hostil; se siente
frustrado cuando el progenitor narcisista lo agrede física o
verbalmente de manera injusta o sin motivo. La soledad lo
aborda porque nadie le ayuda; está atrapado, pues es
ignorado por el progenitor sumiso, que no hace nada por
salvarlo o protegerlo de esta situación. El niño de esta
familia tiene altas probabilidades de percibir violencia
doméstica entre los progenitores o, peor, de un progenitor
hacia él. En esta familia gobierna un sistema opresor que
no respeta los derechos del niño: por una parte, el niño
sufre abuso verbal, emocional o físico de uno de los
progenitores; y, por otra parte, no es protegido por el otro
progenitor, ya que suele ser pasivo.
El adulto que crece en este modelo familiar puede
presentar grandes conflictos internos: no sólo lidia con el
trauma causado por el progenitor agresor, sino también con
el causado por el progenitor pasivo que no lo protegió. Esta
persona suele vivir en constante vigilancia, en estado
defensivo y con ansiedad constante generalizada, ya que de
pequeño aprendió a que tenía que estar alerta para
sobrevivir. Este adulto tiende a tener muchos problemas
para confiar en los demás y a involucrarse en relaciones
codependientes, tóxicas o abusivas, en las cuales proyecta
su inseguridad por no haberse sentido protegido cuando
era pequeño. Tiende a aislarse, a vivir en soledad y a sentir
miedo a la intimidad, por lo que prefiere pasar
desapercibido, estrategia que desarrolla para sobrevivir.
Este adulto tiene que ejercitar mucho su aspecto
psicosomático para volver a sentirse seguro y superar la
ansiedad que habita en él.
Deshumanizado
En este tipo de familia, los padres no ofrecen consuelo al
niño, no hay apoyo afectivo de su parte, pues se estima que
cualquier expresión de amor es señal de debilidad. El
ambiente es rudo: falta el cariño y la calidez. El niño
aprende a buscarse la vida y a sacarse las castañas del
fuego sin pedir ayuda, porque sabe que sus progenitores le
negarán los recursos emocionales, intelectuales o físicos
que necesita. Los progenitores podrían tener algún
trastorno psicológico o síntomas de depresión, bipolaridad
o adicción a las drogas. Los progenitores tratan al niño,
consciente o subconscientemente, con desprecio, pues
suelen estar desconectados de sus emociones e inciertos de
sus sentimientos. Los padres se pueden sentir mal con su
propia existencia y proyectan los efectos de esto en el niño,
lo cual genera un ambiente muy reactivo e inseguro. El
niño se siente solo, desvalido y avergonzado, de forma que
tampoco busca ayuda fuera de casa porque teme el rechazo
o la burla de los demás y archiva dentro de sí sus
emociones.
El adulto que crece en este modelo familiar suele ser muy
sensible a las críticas. Puede ser una persona que vive bajo
la codependencia y busca recibir de su pareja el amor que
le faltó en su infancia; o, por el contrario, se cierra a una
relación de pareja. Su creencia suele ser que no es válido,
que está roto, que no es digno de amor. Puede confundir la
amabilidad de la gente, ya que le cuesta aceptarla y confiar
en la integridad de la misma; para él, el amor es traición, ya
que pudo haber sido criado por un progenitor que le tenía
hastío. Este tipo de adulto tiene que desarrollar
considerablemente su capacidad de merecimiento y el
derecho de ser amado; además, debe desaprender sus
creencias limitantes relacionadas con el amor e integrar un
nuevo significado que le permita recibir y dar amor
incondicional.
Caótico
Es un prototipo de familia totalmente desestructurado e
inestable. Los progenitores pueden estar juntos o
separados, pero siempre en una dinámica inestable de idas
y venidas. Puede haber infidelidades, peleas y conflictos
delante de los niños sin que exista ningún filtro. En el caso
de que los progenitores estén separados, las nuevas parejas
tienden a entrar y salir de casa constantemente. Pueden
serprogenitores jóvenes o inmaduros: personas con poco
sentido de la responsabilidad o con algún trauma
psicológico que proyectan en sus hijos. Dada su alta
inestabilidad, las familias de esta categoría cambian de
casa, de ciudad, de amigos y parejas; además, suelen tener
tendencia a vivir en el caos, en desorden e incluso con poca
higiene doméstica.
Se manipula al niño con falsas promesas y mentiras
convenientes. Es una familia que no suele estar centrada en
los niños, sino que, más bien, los tratan como mascotas: les
ofrecen techo y comida, y creen que con ello es suficiente.
Por lo tanto, los niños buscan cubrir sus necesidades fuera
de casa con los abuelos, los vecinos, los amigos y
compañeros del colegio. Normalmente, estos niños
maduran pronto, porque aprenden a responsabilizarse de sí
mismos al no recibir el soporte familiar respectivo.
El adulto que ha crecido en este entorno familiar suele
ser autónomo, independiente y crítico, pero, asimismo,
dependiente emocional de la pareja y de los amigos, quizás
con tendencia a relaciones con muchos altibajos, porque
busca cubrir esa inestabilidad emocional a la que estuvo
expuesto cuando era niño e intenta llegar a las expectativas
que otros se forman de él. Puede generar, como un
mecanismo de supervivencia, un comportamiento de
perfeccionismo y control, como excesivo orden y limpieza,
porque la inestabilidad le produce incomodidad, pero
también se puede mover al otro extremo: ser muy
desorganizado.
Este tipo de adulto tiende a la disociación, es decir, a
desconectarse del presente y vivir sólo en su imaginación,
ya que desarrolló esta estrategia para escapar de la
realidad cuando era niño. Con frecuencia, sufre de
ansiedad psicosomática y se le dificulta lograr estados de
calma, porque su estado más normalizado cuando era un
niño era el caos emocional y el estado de hipervigilancia de
su sistema nervioso, lo cual integró como habitual. Este
adulto tiene que aprender a relajarse desde su cuerpo;
también le puede ayudar sentir que forma parte de una
comunidad para crear el sentido de pertenencia del que
careció en su niñez. Tiene que aprender a relacionarse
desde el apego seguro, ya que es fácil que se involucre en
relaciones disfuncionales y abusivas.
Ausente
Se trata de un tipo de familia cuyos progenitores están
ausentes. Los niños frutos de este perfil familiar suelen ser
criados por los abuelos, por otros familiares no nucleares o
por niñeras; también pueden ser llevados a un internado.
Es posible que uno de los progenitores trabajen en otra
ciudad o viajen durante meses por negocios. La casa
normalmente está vacía y los padres llevan vidas
separadas. La desconexión y la falta de intimidad son
frecuentes, pues los miembros de la familia parecen
extraños y la comunicación suele ser superficial. Si hay
hermanos, el soporte emocional del niño suele ser asumido
por ellos, ya que los progenitores están centrados en sus
propias necesidades sin pensar en el impacto emocional
que el distanciamiento emocional causa en sus hijos. A
pesar de que son una familia en términos de estructura, no
se siente el calor ni el acogimiento de una familia
emocionalmente saludable.
El adulto que ha crecido en este contexto familiar suele
desarrollar miedo a la intimidad, ya que no aprendió a
crear conexiones auténticas e íntimas con otras personas;
puede comunicarse desde la superficialidad, pues evita
compartir en profundidad en sus relaciones
interpersonales. Suele ser poco expresivo, inseguro y
bloqueado emocionalmente, y sus relaciones de pareja y
amistades son poco profundas. Pero también evade la
introspección y conexión con su mundo interior, reflejo del
miedo a la intimidad externa, lo cual retroalimenta su
sensación de soledad. Entre sus creencias, se destaca que
el amor les hace sentir incómodos y que no se puede
esperar demasiado de nadie. Esta persona debe trabajar su
mundo emocional, entrar en contacto con su ser interno
para ser capaz de generar vínculos reales y profundos con
otras personas y esforzarse por paliar la sensación
psicosomática de soledad y abandono en su cuerpo.   
Divorcio insano
El divorcio puede ser lo mejor que le pase a la familia y al
niño si los progenitores se comportan con madurez. Sin
embargo, se convierte en dañino cuando los progenitores
utilizan al niño para proyectar sus resentimientos hacia la
expareja. En este tipo de modelo familiar, el niño queda en
el medio de los dos, para elegir eventualmente a uno,
porque, normalmente, la relación con uno de los
progenitores se deteriora. Los niños de este perfil familiar
están expuestos a las críticas, al egoísmo y a la
comparación malsana, ya que sus progenitores hablan mal
del otro al niño y éste termina siendo manipulado al
inducírsele lealtad dependiente hacia uno de los padres.
Otro factor determinante son los padrastros con tendencias
tóxicas, que compiten con el niño por el amor del
progenitor o dan mayor valor a la nueva familia. 
El adulto que ha crecido en esta familia suele ser sensible
al conflicto, pues detona alteraciones psicosomáticas
intensas en él y tiende a tener dificultades para tomar
decisiones. Le puede costar confiar en los demás, cree que
el amor es inestable, traicionero y caótico, además de
pensar que hay algo malo en él, pues se siente
desprotegido e inseguro. Esta persona tiene que
reencuadrar todo el conflicto de la infancia que fue
proyectado en él, para liberarse. Es recomendable trabajar
en la sensación de seguridad en su cuerpo con técnicas de
mindfulness para que puedan vivir más presentes y
conscientes de sus emociones y sensaciones internas.
Padres solteros tóxicos o abusivos
Una madre soltera o un padre soltero no tiene por qué ser
perjudicial para el desarrollo de la personalidad del niño.
Sólo cuando el progenitor es una persona desequilibrada e
inmadura emocionalmente, entonces se convierte en un
familiar nocivo que proyecta el trauma al niño. Es posible
que el progenitor sea demasiado joven o inmaduro, lo que
conlleva que no esté preparado para ser padre. En
consecuencia, se crean dinámicas subconscientes en las
que el niño actúa más como padre y protector del
progenitor que al revés —lo adaptativo—.  También puede
surgir una codependencia en la que la relación progenitor-
hijo suele ser muy absorbente y dependiente; quizás el
padre trate al niño con la actitud y confianza de un adulto,
hermano o amigo.
La tendencia a que el progenitor le exija demasiado al
niño y le endilgue responsabilidades que por su edad no
son normales puede ser determinante. El niño de este perfil
suele madurar muy pronto, aprende a ser autónomo desde
pequeño, prácticamente se cría a sí mismo, ya que se le
obliga a buscarse la vida y a tratar de resolver sus
problemas por sí mismo, porque sabe que no puede
encontrar recursos emocionales, psicológicos y físicos en
casa. Esta clase de niños puede llegar a sentir que es una
carga para el progenitor; subconscientemente se culpa de
su propia existencia y se avergüenza de sí mismo, por eso
intentan jugar al héroe con su progenitor y cubrir sus
necesidades. Si hay hermanos, uno de ellos desempeña el
papel de padre/madre. También existe un impacto en el
niño si el progenitor tiene nuevas parejas inestables que
entran y salen de su vida.
Este adulto suele sentir la necesidad de cuidar a los
demás y, dada su tendencia a la dependencia, fortalece la
creencia que necesita dar mucho para ser digno de recibir
algo de amor. Se puede exigir demasiado a sí mismo, pero
le cuesta recibir ayuda. Aun siendo adulto, puede persistir
en él la pulsión interna de demostrar a su progenitor que es
suficientemente válido, pues se suele seguir sintiendo en
deuda con él. Al considerarse el padre de su padre, se
pueden producir conflictos con la pareja romántica, ya que
surge una especie de competición progenitor-pareja. Puede
que se muestre inseguro y tímido, de modo que el
sentimiento de vergüenzaestá latente en su vida. Este
adulto tiene que trabajar la dependencia emocional y su
dificultad para recibir amor o soporte emocional. También
tiene que aprender a soltar y dejar ir su sentido de culpa de
su propia existencia y de la vergüenza de sí mismo para
vivir sin esa carga emocional. Es recomendable que realice
trabajos somáticos para liberar el miedo y la ansiedad
anclados en su cuerpo.
Múltiples familias abusivas
El niño que ha crecido en múltiples familias de acogida o
adopción, entre parientes o personas sin vínculo sanguíneo,
pertenece a un modelo familiar complejo, ya que habría
que analizar cada uno de los submodelos de estas familias
de acogida y el impacto que han tenido en el niño. En el
caso de que las múltiples familias de acogida hayan sido
perjudiciales y abusivas, el adulto de esta categoría tiende
a la disociación, por lo que se desconecta de sus emociones
y de su cuerpo como mecanismo de supervivencia a la
inestabilidad emocional y aprende a vivir desde su mente,
pensando en el siguiente movimiento que va a ocurrir en su
vida: cuánto va a durar esa nueva familia y qué va a hacer
si se deshace. Vivir en sus fantasías le ayuda a sobrevivir,
ya que así se siente a salvo, porque el mundo real le duele
demasiado y le genera mucho estrés.
Este adulto puede presentar adicción emocional al caos,
dado que la estabilidad le produce incomodidad porque
creció sin este referente. Suele ser autónomo y con un
fuerte sentido de la responsabilidad, pero utiliza a menudo
la máscara de la rebeldía, aunque en el fondo es
dependiente y complaciente. Hay posibilidades de que este
adulto desarrolle un apego desorganizado evitativo-
temeroso en sus relaciones porque cuando era pequeño se
le dificultó establecer real intimidad con su entorno
familiar. La recomendación es que esta persona trabaje
mucho a través de su cuerpo con técnicas somáticas para
volver a sentirse en calma y que este aprenda a relajarse,
ya que la adicción al caos acelera su sistema nervioso. Es
recomendable practicar mindfulness para compensar la
tendencia a la disociación y, desde un espacio más sereno,
reflexionar sobre su trauma infantil, sus creencias
autosaboteadoras y su posible miedo a conectar
íntimamente con los demás. 
Ejercicios
Identifícate en los modelos disfuncionales familiares
anteriores y trabaja en sus proyecciones internas
mediante lo siguiente:
Primer ejercicio. Elabora una descripción de tu propia
familia. Analízala desde fuera y ponle un nombre a esta
historia como si fuera el título de una película.
Describe los roles de cada uno de los personajes que
formaban el núcleo familiar: padres o cuidadores y
hermanos. Luego, describe tu propio rol de personaje
en la familia. 
Segundo ejercicio. Reflexiona y responde las siguientes
preguntas: ¿Te identificas con algún patrón de familia
disfuncional?, ¿con cuál de ellos?, ¿es más de uno?
¿Qué situaciones y comportamientos de tus
progenitores te parecen perjudiciales? ¿Qué situaciones
de las que viviste no te parecen normales y no debería
vivir un niño de esa edad? ¿Cuál de tus progenitores
tuvo más impacto en ti?, ¿cuál era su rol? ¿Cuál de tus
progenitores te generó más emociones negativas? ¿A
cuál de tus progenitores intentas no parecerte bajo
ninguna circunstancia? ¿Cuáles son los rasgos de ellos
que quieres evitar en ti? ¿Qué puedes hacer por ti
ahora que hubieras necesitado de tus padres? ¿Qué
tipo de comportamientos necesitaba ese niño y qué
tipo de palabras y conversaciones? ¿Cuál es la
dinámica familiar en la que te hubiera gustado crecer?
¿Qué te hace detonar emocionalmente cuando piensas
en ellos o estás con ellos?
5. IDENTIFICAR EL TIPO DE APEGO RELACIONAL   
El apego es el lazo afectivo que se crea con tus
progenitores o cuidadores en edades tempranas: es tu idea
de amar, lo cual es un reflejo en tu forma de relacionarte
contigo mismo y con los demás. La manera en la que te
relacionas con tus parejas es un espejo de la manera como
te amas a ti mismo; es como aprendes a definir e integrar el
amor en tu infancia. El estilo de apego que tengas es, en
esencia, el modo en que te relacionas contigo mismo, lo
cual se suele extrapolar a otras relaciones, no sólo de
carácter romántico, sino también amistoso o laboral. ¡Es el
patrón para relacionarte con el mundo!
Cuando tu niño interior está herido, tu apego relacional
no es seguro. Entonces, si estás en una relación o la
buscas, lo más seguro es que termines en relaciones
abusivas o de codependencia, porque una relación
romántica sana sólo puede darse cuando los componentes
de la relación son personas que oscilan en el apego seguro.
Recuerda: no puedes ofrecer algo a otro que no tengas en
ti, y no puedes exigir que el otro dé lo que no eres capaz de
darte a ti mismo. Cuando te unes a una relación con tu niño
interior herido, proyectas la falta de amor propio en el otro,
lo que resulta en una lucha de poder subconsciente. En
realidad, eres un niño herido que se relaciona con otros
niños heridos, cada uno filtrando la realidad a través de su
historia, de su herida emocional. 
Tu niño interior toma el control de tu relación, ya que la
elección de pareja no es tan casual como parece, porque
proviene de tu subconsciente. Cuando tus asuntos de
pareja no estén yendo bien en tu vida, ya sea porque se te
dificulta encontrar un compañero o mantener una relación,
indica que posiblemente tu tipo de apego sea disfuncional y,
por tanto, que tu niño interior está herido. Las relaciones
románticas son una oportunidad para que tu niño interior
se encuentre más reactivo y los detonantes emocionales
estén a flor de piel, lo cual saca a flote tus miedos e
inseguridades más profundas.
Por consiguiente, las relaciones de pareja más bien
podrían ayudarte a sanar y evolucionar, pero si las enfocas
con la perspectiva del crecimiento. Las dinámicas que se
crean en una pareja te señalan lo que aún no has curado en
ti mismo, pues te reflejan las heridas y los traumas
emocionales aún latentes, claro está, porque repites el viejo
patrón aprendido en la infancia una y otra vez. Quieres un
compañero, pero subconscientemente intentas resolver tus
viejos traumas con tus padres a través de esa persona:
eliges a tus parejas en función de la herida emocional que
tienes abierta reflejo del progenitor que te la causó.
¿No te ha pasado que siempre resultas con el mismo
perfil de pareja o experimentas el mismo patrón en la
dinámica de la relación con ella? ¿O tal vez intentas
cambiar a alguien para que se amolde a tu diseño de pareja
perfecta? ¿O, por el contrario, intentas encajar en el molde
que la otra persona ha diseñado para ti y pretendes ser lo
que la otra persona quiere que seas? Un cuadrado nunca
podrá ser un círculo, y está bien que sea así, dada la
imposibilidad de hacer pasar ese cuadrado por el molde
circular: no cabe, no encaja, no funciona. Esto indica que
existe una confusión desadaptativa de lo que es el amor y
has confundido amor con apego: la idea de que eres una
media naranja y necesitas la otra mitad para estar
completo y sentirte feliz ha causado mucho daño, porque
incita al amor codependiente. Recuerda: eres una naranja
completa y, si quieres, tendrás una relación con otra
naranja completa.
Cuando estás inmerso en relaciones abusivas o
codependientes, eres totalmente dominado por tu niño
interior herido. Esto obstaculiza el ser consciente de la
situación real de la relación, de modo que es necesario
esforzarte por conectarte con la parte adulta del ser: la
cognitiva, para identificar tu tipo de apego, sanar tu idea de
amor dependiente y transformarla en una sana. Si eres lo
suficientemente valiente y maduro, primero debes sanar la
relación de amor contigo mismo para luego poder
compartir desde un lugar seguro, equilibrado y sano con
otra persona. Las relaciones son una proyección de tu
mundo interno, así que el primer paso es ocuparte de ti
mismo. 
Estilos de apego enrelaciones románticas
según 
tu trauma emocional complejo
Existen dos razones por las cuales se encuadra el apego
que experimentas: el nivel de ansiedad en la relación,
manifestado en el miedo a la pérdida de la persona amada;
y el nivel de evitación, expresado por la necesidad de
escape de la relación que, por ejemplo, se manifiesta en el
miedo al compromiso, a la intimidad y a la pérdida de la
libertad.  Esto sugiere dos extremos del espectro: uno es
extremadamente dependiente mediante expresiones de
ansiedad; y el otro extremadamente independiente
mediante actitudes de huida y evitación.
Figura 1.11. Estilos de apego relacional
Puedes estar en uno de los apegos completamente o en
algún lugar del espectro, por ejemplo, en algún punto entre
dos apegos diferentes. También puedes haber estado en
diferentes apegos a lo largo de tus relaciones
sentimentales, ya que tu tipo de apego puede variar por las
experiencias y por el compañero con el que comiences una
relación, por ejemplo: una persona con apego de evitación
suele volver inseguras y ansiosas a sus parejas. Pero hay
esperanza: la evitación es un comportamiento que puede
modificarse, eso sí sólo desde la parte adulta y consciente
del ser. La ansiedad es una experiencia psicosomática que
puede ser también reducida si trabajas emocionalmente
con tu niño interior a la par que a nivel corporal, si regulas
tu sistema nervioso. La solución empieza por entender
profundamente tu tipo de apego y crear una acción
sostenida con la intención consciente de sanarte, de amarte
a ti mismo. Todo el mundo se merece tener una vida
amorosa satisfactoria —si ésa es la decisión— y tener un
compañero emocionalmente disponible que lo quiera
sanamente.
Apego seguro
El apego seguro es el apego sano hacia el que se debe
aspirar si quieres disfrutar de una relación saludable
contigo mismo y con tu pareja, cuyo resultado será
presentar bajos niveles de ansiedad y de evitación.
Experimentar un apego seguro significa que cada miembro
de la pareja se siente satisfecho de ser él mismo, se
comunica con autenticidad y sin incomodidad, pues sabe
que la relación es estable más allá de los problemas; acepta
al otro como es, incluso sus debilidades y limitaciones.
Dado que sabe que la perfección es una utopía, no trata de
encajar lo imposible, ni proyecta sus inseguridades y
frustraciones en el otro: las asume por sí mismo.
Quienes gozan de un apego seguro manifiestan todo el
espectro de emociones, tanto desagradables como
agradables, y aceptan tanto la naturaleza como la
volatilidad del ser humano. Esto no quiere decir que no
haya discusiones entre la pareja, sino que aprenden a
afrontarlas y a solucionarlas; se comunican asertivamente
para resolver las dificultades en vez de renunciar a la
relación a la primera señal de problemas. Comprenden a la
perfección su propia naturaleza y la de sus emociones, de
forma tal que pueden diferenciar las experiencias negativas
de sí mismos o de su pareja, por ejemplo: si sienten
ansiedad generada por algún desacuerdo, entienden que
sólo es una emoción pasajera, son conscientes de que no
son ellos ni tampoco su pareja, por lo que no la
responsabilizan por ello, es sólo una sensación temporal.
Se sienten cómodos con la intimidad y en su autonomía,
pues consideran la relación como un espacio en el que
están a salvo, la aprecian y la valoran como importante en
sus vidas. Se encuentran disponibles y dispuestos a
involucrarse, con muestras de contacto afectivo y físico.
Establecen comunicación incluso si las circunstancias son
adversas, sin olvidar la colaboración, la comprensión, la
aceptación recíproca, el sentimiento de pertenencia, la
honestidad, la compasión y la confianza con la pareja como
bases de una relación con apego seguro. 
Los padres de la persona con un apego seguro —si no se
ha conseguido este estado de apego sano a través de
terapia o proceso de introspección— posiblemente
estuvieron disponibles para el niño, cuyas necesidades
durante la misma infancia fueron cubiertas de manera
asertiva y afectuosa, ya que se desarrolló en un ambiente
emocionalmente equilibrado. Le brindaron soporte para
desarrollarse como individuo, expresarse libremente y ser
él mismo, sin intentar cambiarlo o proyectar las propias
frustraciones en él, porque los progenitores no buscaban
satisfacer sus propias necesidades a través del niño. El niño
se siente seguro en su cuerpo, se encuentra en calma, se
considera válido para expresar su autenticidad y se siente
merecedor de amor, además de saber diferenciar la
toxicidad de una relación o un compañero inconveniente
para él. 
Apego inseguro 
Hay tres tipos de apego inseguro que son diferentes
expresiones de un niño interior herido e inestable
emocionalmente y que han sido desarrollados con base en
sus experiencias tempranas de relación con sus
progenitores: apego ansioso-preocupado, apego evitativo-
elusivo y apego evitativo-temeroso, también conocido como
apego desorganizado4.
Apego inseguro: ansioso-preocupado
Este apego presenta los niveles de dependencia emocional
más elevados, con un vínculo afectivo de alta ansiedad y
baja huida. La historia limitante de las personas con este
tipo de apego se basa en buscar intimar desesperadamente,
pero ellas temen visceralmente ser rechazadas o
abandonadas por el ser amado.
Son personas que siempre tienen que estar en pareja
para sentirse felices y se muestran muy dependientes de la
misma. Pero, si andan sin pareja, se ponen en su búsqueda
bajo actitudes de necesidad —conscientes o subconscientes
—, porque les da pánico sentirse solos; o también puede ser
que enlacen una relación con otra: no se trata tanto de
quién es la pareja, sino simplemente de tener una pareja en
sí. Suelen idealizar a la pareja, pues no invierten el tiempo
necesario para conocerla bien: se enamoran de la idea de
esa persona en su cabeza, mas no de la persona real —
quien realmente es el otro—, ya que su necesidad de
relación los suele cegar. La conexión nace de la necesidad
de ser amados: no se aman a sí mismos, por eso utilizan al
otro para sentirse mejor consigo mismos. Consideran al
otro como un símbolo, lo deshumanizan o lo ponen en un
pedestal como el protagonista de la relación. Optan por una
posición sumisa, dependiente, y viven con miedo de que la
pareja los pueda abandonar en cualquier momento.
Crean entonces una relación de dependencia con la
pareja, incluso de asedio, dado que dejan su propio valor —
fuero interno— fuera de ellos. Sus vidas giran en torno a
ella, pues es su máxima prioridad, hasta el punto de llegar
a dejar amistades por el camino, abandonar el trabajo u
olvidarse de sus aficiones. Este tipo de personas son los
que más dan sin que el otro se lo pida, de hecho, dan de
más; y tienen expectativas de recibir lo mismo del otro,
pero, si no lo reciben, lo reprochan, por lo que no es
altruista, lo cual implica que, por lo general, la pareja se
agobie y se aleje. Tienen la necesidad de probar su valor
continuamente para que la pareja no los abandone, por lo
que piden o buscan confirmación constante que corrobore
que ella se mantendrá en la relación o que aún siente amor,
para lo cual hace uso de la manipulación, ya que no confían
en ella y la mayoría del tiempo se sienten inseguros. 
Esta carencia de autoconfianza proyectada en la relación
crea un círculo vicioso, porque estas personas en ocasiones
ven problemas ficticios, lo que provoca que la pareja se
estrese y se distancie. Si la pareja le confirma que la ama,
la persona con apego ansioso-preocupado se calma por un
tiempo, pero pronto retoma la actitud ansiosa, dada la
programación en su sistema de creencias. Este ciclo
enfermizo continúa aumentando y se vuelve cada vez peor,
hasta que la relación eventualmente se deteriora o se
destruye. La persona con este tipo de apego debería
entender que es él quien estimula los efectos tóxicos y la
descompensación de la relación, porno amarse a sí mismo
y proyectarlo en el compañero.
El desequilibrio por el cual conceden al ser amado todo el
poder y valía, al enaltecerlo demasiado, arrastra a las
personas con este apego ansioso a volverse sumisas;
posicionan a la pareja en un pedestal y se sitúan
automáticamente en un lugar de menos valor. No hay
equidad y, por tanto, la relación de amor se ha convertido
en una relación de poder, un efecto subconsciente de las
relaciones en las que la persona dependiente carece de
límites, de lo cual el ser amado se aprovecha. La dinámica
de juegos de poder se ha activado: ya no es una relación de
pareja entre iguales, sino un vínculo determinado por una
herida emocional; una relación que actualmente se conoce
coloquialmente como tóxica. Las personas dependientes
tienen que incorporar en su ser que este comportamiento
es fruto de su sistema de creencias, de la adicción a su
máscara emocional a su propio personaje. La
sensación  corporal de ansiedad constante, de
hipervigilancia y de incomodidad consigo mismos es su
patrón adictivo de respuesta biológica de supervivencia
aprendida en la niñez. 
La historia que la persona con este apego se cuenta a sí
misma sobre su pareja es la siguiente: «No me valora»; «No
me quiere»; «Me va a abandonar». Pero lo que realmente
significa es esto: «No me valoro»; «No me quiero»; «Me he
abandonado». La persona dependiente no se da valor ni se
responsabiliza de sí misma, y proyecta todo eso en el otro.
Entonces, ahora la pareja no sólo tiene que amarse a sí
misma, sino que también debe responsabilizarse de ese
afecto y amor propio del que carece el compañero, pues él
no lo hace por sí mismo: la pareja se convierte en una
carga y no en un compañero de relación. Nuestra
generación ha sido muy mal influenciada por los cuentos de
hadas que nos han contado las películas de Hollywood.
Siento decir que es poco probable que el príncipe o la
princesa vaya a venir a salvarte: ¡despierta! La persona con
apego dependiente tiene que entender que nadie ajeno a
ella misma puede llenar su vacío interior y que sólo ella
debe trabajar por su sanación interna.
Normalmente, si el otro miembro de la pareja tiene un
apego seguro, la relación se tornará desgastante y sin
equilibrio para él, pues siente que no se respetan los
límites, de modo que la persona con apego seguro decidirá
acabar con la relación a los primeros signos de
dependencia emocional, porque se da cuenta de que no es
sana. Es por esto que el individuo con apego ansioso-
preocupado suele encajar bien con personas con el mismo
tipo de apego, creando una relación conocida como
codependiente, por lo que crean una relación absorbente
sin individualidad donde dependen el uno del otro, o por el
contrario, se vinculan con quienes tienen apego evitativo,
elusivo o temeroso, cuyas relaciones suelen ser turbulentas
y descompensadas: uno da mucho y el otro, poco, dos
reflejos perfectos de las carencias y heridas respectivas de
los miembros de la pareja. Se sienten atraídos desde la
herida abierta y se vuelven adictos a la dinámica tóxica y
caótica en la pareja, que les provoca ir detrás de ellos como
estrategia subconsciente para no ocuparse del vacío que
sienten en sí mismos.
Las personas que desarrollan este tipo de apego en la
edad adulta posiblemente fueron criados por cuidadores
que estaban disponibles sólo ocasionalmente. Pudieron
experimentar no sólo una separación física, sino también
una ausencia emocional mediante cuidados, impredecibles
e incoherentes. No hubo sincronía afectiva con las
necesidades del niño, quizás dureza en el trato, exigencia o
desaprobación, incluso con amenazas de abandono para
controlar y manipular al niño, lo que causa toda esa
fluctuación emocional. 
Apego inseguro: evitativo-elusivo  
Este tipo de apego causa evitación y tendencia a la huida
de la relación como mecanismo de supervivencia defensiva.
Las personas con este perfil son las más independientes del
espectro y expresan en la relación afectiva bajos niveles de
ansiedad contrastados con una constante evitación de la
intimidad en la conexión. Es posible que deseen amor de
una manera platónica y tener una pareja, pero en realidad
no les dan mucho valor a las relaciones y consideran que
están mejor solos. 
Suelen ser solitarios, y se encuentran bien en aislamiento
voluntario, por lo que sienten que no necesitan a alguien en
su vida. Se enfocan en su realización personal, aparentan
ser seguros de sí mismos y por lo general son seductores,
de manera que juegan frecuentemente a la conquista.
Salen de una relación a otra —siempre superficial—, ya que
no llegan a enamorarse, así que cambian de pareja con
facilidad o sostienen relaciones simultáneas con diferentes
personas. No les cautiva comprometerse y con tendencia a
enfocarse en lo negativo de la pareja hasta convertirla en
inaceptable, de manera que se convencen a sí mismos de
que es una razón coherente y suficiente para dejarla. Al
permanecer con una actitud de un pie dentro y un pie fuera
de la relación, se mantienen alerta por si aparece alguien
mejor, lo que subconscientemente suscita inseguridad
hacia la pareja.
Estas personas suelen tener bloqueado su sistema
emocional. La independencia y el individualismo son en
verdad máscaras de autoprotección, porque, al haber sido
dañados posiblemente por la negligencia parental, ya no
creen en el amor, entonces, se convencen a sí mismos —o
sea: a su sistema de creencias— que no necesitan el cariño
de nadie. Sin embargo, no son capaces de sentirse felices,
porque, como todos los seres humanos, también necesitan
afecto, aunque lo nieguen. Son muy informales con la
conexión, tienen miedo al compromiso y pánico a la
intimidad. Son distantes, pues les incomoda abrir su
corazón, ya que no se sienten familiarizados con los
sentimientos de amor. En realidad: huyen de las
sensaciones corporales que se activan con la aproximación
de la otra persona como respuesta aprendida a las
emociones desadaptativas traumáticas contenidas desde
edades tempranas.
Se sienten más a salvo si la pareja se encuentra a
distancia física o emocional, pero, si se vinculan, lo hacen
superficialmente con personas con las que saben que no se
van a enamorar. Cuando una pareja por la que abrigan
sentimientos —aunque no lo reconozcan conscientemente—
se aproxima física y emocionalmente, su cerebro lo
interpreta como una amenaza: saben que esta persona
tiene el potencial de hacerles sentir que pueden
enamorarse y recibir amor. Se argumentan a sí mismos que
la pareja es molesta e inconveniente, de modo que entran
en pánico, sus mecanismos de autoprotección se activan y
bloquean cualquier emoción para huir de la situación antes
de que puedan sentir algo, autosaboteando la posibilidad
de una relación romántica.
La pareja es sólo un símbolo que detona los problemas y
traumas no resueltos desde la infancia. Por esta razón,
desconocen cómo manejar ese cóctel emocional; en vez de
enfrentar su mundo interno, prefieren seguir bloqueándolo
y buscan una nueva pareja que usan para evitar el dolor
subconsciente y no entrar a su caos emocional. Este patrón
se torna adictivo y puede derivar en una conducta con
tendencia narcisista, porque conduce a las personas que lo
expresan a usar a otras personas para escapar de sí
mismos sin tener demasiado en cuenta los sentimientos o el
impacto en la otra persona de la pareja, por lo que la
relación puede convertirse en abusiva.
Desde un punto de vista más profundo, las personas con
apego evitativo-elusivo se pasan la vida huyendo de sí
mismos y, por lo tanto, también de las relaciones íntimas y
estables ya que reflejan su desconexión interna; viven como
fugitivos, con una sensación interna que les ordena salir de
ahí, correr sin destino al cual llegar.
Se dicen a sí mismos que algún día encontrarán a la
pareja ideal, pero es sólo una utopía con la que se engañan
para seguir como en bucle en su patrón derivadodel
trauma infantil y en su sistema de creencias
subconscientes. Las expectativas de su pareja ideal son tan
altas que ningún prototipo de persona en el planeta
cumpliría con los requisitos de alguien con apego evitativo-
elusivo. Seguramente, encontraría algo de esa persona que
sería inaceptable, por ejemplo: que desafina cuando canta
en la ducha o que no recicla. Pero ellos en el fondo saben
que, simplemente, esa persona no existe, certeza que les
ayuda a relajarse, aunque lo único que hacen es mentirse a
sí mismos, postergar y ocultar su dolor, lo cual va
aumentando su umbral a nivel emocional.
El problema reside en ellos, no en la pareja, aunque
proyecten la rabia interna y estimen que esa pareja no ha
pasado su examen. Es posible que dejen ir el amor de su
vida: si lo tienen delante de ellos, son capaces de no
permitirse recibirlo, tienen que alejarse o alejarlo; no
quieren necesitar ni ser dependientes de alguien, ya que
aceptarlo implicaría destapar todo el trauma de la infancia
que siempre han escondido bajo llave. Afrontarlo supondría
revivir esas heridas dolorosas no cerradas que creen haber
conseguido adiestrar y bloquear. Aprendieron a no esperar
nada de nadie para sobrevivir: su niño interior se convenció
de que no necesita del amor ni el afecto para ser feliz.
Las únicas relaciones que pueden durar un poco más en
personas con este perfil son aquellas con apego ansioso-
preocupado, y empezarán un juego de gato y ratón, puesto
que la persona ansiosa se quedará enredada, mientras que
la evitativa-elusiva sentirá que su espacio, libertad e
integridad están siendo invadidos, por lo que se alejará y
nunca se llegará a comprometer. Por el contrario, las
personas con apego seguro no se vincularán
emocionalmente con este perfil porque verán las señales de
alarma de lejos: percibirán que la relación no es ni sana ni
viable, por lo que nunca comienza. Con personas evitativas,
elusivas o temerosas, la relación en la primera etapa no
suele ser sostenible, porque ambos presentan el mismo
patrón reactivo afectivo.
Las creencias profundas de los individuos con este tipo
de apego es que no son dignos de recibir amor, por eso
evitan cualquier manifestación de afecto estable. No creen
en el amor porque fueron rechazados o sus necesidades
fueron ignoradas por sus progenitores; se disociaron de sus
emociones como un mecanismo de supervivencia, gracias al
cual asimilaron no depender de sus progenitores,
desarrollaron comportamientos de evitación, aprendieron a
no mostrar afecto y a ser fríos con sus progenitores. Las
personas con este tipo de apego no experimentan todo el
espectro de emociones, como si tuvieran la batería
emocional sin carga. Sólo si se sienten a salvo emocional y
somáticamente, pueden abrirse a los sentimientos hacia
otros, con lo que pueden llegar a recargar esa batería
emocional e integrar sus emociones bloqueadas. No suelen
aceptar la vulnerabilidad humana, ya que niegan la propia,
de modo que huyen a la primera señal de problemas para
no enfrentar su propio trauma con tendencia a aislarse. Su
niño interior sabotea su vida, los obliga a ser
independientes y autosuficientes para demostrar que no
necesitan de otros y evitar sentirse rechazados o
abandonados de nuevo. Son esclavos de probarse a sí
mismos que son independientes, por lo que les ayudaría
rendirse a esta lucha interna y aceptar que son humanos:
vulnerables y con la necesidad básica de amor y conexión.  
La persona que desarrolla este tipo de apego en la edad
adulta posiblemente tuvo unos padres o cuidadores con
conductas de evitación hacia él, quienes ignoraron o
minimizaron las necesidades del niño. Este tipo de
progenitores pudieron tomar distancia emocional y
olvidarse de los cuidados que el bebé/niño demandaba,
quien se vería subconscientemente forzado a modificar sus
sentimientos porque sus necesidades no fueron satisfechas:
la negligencia se normalizó en el niño, por lo que aprendió
a no necesitar, a no pedir demasiado. Es posible que los
cuidadores trataran al niño con ansia, rechazo y hostilidad,
quizás debido a tendencias narcisistas, a inmadurez para
enfrentar la situación o a su falta de bienestar emocional o
físico, por lo que quizás presentaban algún trastorno
psicológico. Para este tipo de padres/cuidadores, el niño se
consideraría consciente o subconscientemente una
amenaza, una carga, que le refleja sus propios miedos o
trauma, cuya respuesta conllevaría comportamientos
evitativos sutiles o directos hacia él.
Apego inseguro: evitativo-temeroso
Esta clase de apego también es conocido como
desorganizado. Es el más complejo de los tres, ya que
presenta altos niveles de ansiedad y de evitación, lo que
crea una mezcla explosiva en la dinámica de las relaciones.
Las personas con este tipo de apego quieren una relación
romántica, pero no toleran el amor, no se encuentran
cómodos con la intimidad ni con la proximidad. Viven en
una contradicción: desean intimar, pero desconfían de la
pareja, por lo que evitan involucrarse sentimentalmente, a
pesar de que en el fondo son muy dependientes del afecto
emocional. 
Las relaciones amorosas de este perfil acostumbran a ser
caóticas, como montañas rusas emocionales, y se
acompañan de dinámicas tóxicas de amor-odio: «cuando lo
tengo, no lo valoro, pero cuando lo pierdo, sí lo quiero». Se
encuentran atrapados en este bucle del que les es difícil
salir. Como le tienen pánico a una conexión profunda, si la
relación comienza a ser más íntima, se activa en ellos un
mecanismo de defensa de huida. Tienen dos miedos en su
niño interior: miedo a la intimidad y miedo a ser
abandonados, pero son opuestos, lo que genera
desconcierto, caos y drama, tanto para el individuo como
para la pareja. Las personas con este apego tienen mucha
ansiedad por tener pareja o conectar con ella, pero, a la
vez, por lo que implica la proximidad y la intimidad. Ellos
quieren comprometerse, incluso idealizan casarse y formar
una familia algún día, pero, cuando en el plano real la
relación empieza a consolidarse, no saben gestionar lo que
eso implica en su estado emocional interno. 
Se sienten a salvo e imaginan estar con esa persona, por
ejemplo: la persona está a distancia física o durante los
momentos de ruptura con la pareja no dejan de pensar en
ella, la echan de menos, se dan cuenta de que la quieren,
pero en el momento que esa conexión se vuelve real, se
detonan sus mecanismos de supervivencia para salir de ahí:
empiezan a criticar a la pareja, encuentran con su radar
todos los defectos y razones por los que esa persona no es
adecuada o la relación no va a funcionar, por lo que acaban
descartándola. Crean caos con la pareja para mantenerse a
distancia y sentirse a salvo mientras tanto en ese espacio
de distanciamiento, lo que genera una oscilación
contradictoria entre la búsqueda y la evitación del otro.
Después, cuando ya se sienten a salvo, pueden volver a
pensar y sentir con más claridad, entonces, se dan cuenta
de que quieren a esa pareja y seguidamente se activa el
miedo de ser abandonados y perder la relación, por lo que
vuelven a empezar el patrón cíclico de acercarse a la pareja
para posteriormente huir de ella. 
Ellos quieren estar en la relación, pero necesitan
controlar los parámetros de seguridad mediante una
alternancia entre sensaciones de tensión y conciliación —
algo así como un tira y afloja— que resulta muy
convincente, ya que siempre dan a la pareja una
explicación lógica que cuadra aparentemente para su
comportamiento distante —pero, en efecto, no es la
explicación real, sino una excusa, pues tal vez ni siquiera
ellos mismos son conscientes de ella—. Son personas
inestables en las que es muy difícil confiar y sentirse
seguro por parte de la pareja implicada, ya que esa persona
siente duda continua sobre lo que realmente está pasando
en la relación cuando la persona evitativa-temerosa está en
esos episodios distantes, de enfado o deturbulencias
internas. Estos perfiles causan muchas secuelas
emocionales en la pareja: la desquician, minan su sentido
de valía y destruyen su autoestima poco a poco, ya que,
como no hay evidencias claras, siempre anda en un limbo
relacional al ser tratada con esta actitud cálida-fría y
termina pensando que es ella misma la culpable de ese
comportamiento de su compañero evitativo-temeroso, por
lo que puede convertirse en una relación abusiva y adictiva
por el caos de la intermitencia de la conexión.
Las personas con este apego evitativo-temeroso también
sufren mucho internamente, debido a ese conflicto interior:
en su sistema subconsciente de creencias no confían en el
amor, dado que es una de las características base de su
herida emocional y desde la cual el niño interior las
sabotea. Sin embargo, simultáneamente no pueden o no
quieren estar solos y quieren una relación de cuento de
hadas, pues idealizan con expectativas irreales al igual que
las personas con apego evitativo-elusivo. Estas personas
están siempre en un mar de dudas, de confusión y de
actitud cambiante, entonces sólo cuando las personas
evitativo-temerosas están sobrias emocionalemente se
conectan con su parte adulta, consciente y cognitiva, por lo
que pueden manejar la situación y ver las cosas con
claridad. En esos momentos de lucidez es cuando saben
internamente que la pareja es lo que quieren o no.
A diferencia del apego evitativo-elusivo, las personas
evitativo-temerosas sí sienten emociones y con mucha
intensidad, por eso necesitan enfocarse en regular la
ansiedad y, sobre todo, en no identificarse con ella.
También les puede ayudar aprender a ser conscientes de
cuando su niño interior se activa y les sabotea, detectando
que están en un episodio de pérdida de control emocional o
están bajo una fuerte activación de sensaciones de
ansiedad en el cuerpo. Esto puede inducirlos a no tomar
decisiones o actuar desde un estado inestable emocional,
ya que el patrón de estas personas consiste en liberarse de
esos episodios de ansiedad por medio del conflicto o
generar caos en la relación de pareja.
Tienen reacciones psicosomáticas que no pueden
soportar hasta que no huyen de esa situación; pueden
romper la relación prematuramente y de manera abrupta,
porque prácticamente esa ruptura prematura los protege
de la frustración, de la ansiedad de lo desconocido y de la
vulnerabilidad de abrirse al otro. Al igual que el apego
evitativo-elusivo, el tipo de personas con el que se suelen
vincular es ansioso-preocupado, y a veces con personas con
el mismo apego evitativo-temeroso en el que se produce
una dinámica tóxica con mucho conflicto entre ambos, ya
que cuando uno está detrás el otro no quiere y viceversa.
Las personas que desarrollan este tipo de apego en la
edad adulta posiblemente tuvieron unos padres o
cuidadores que tenían conductas muy incompetentes e
inestables, totalmente impredecibles para el niño,
negligencia que en muchos casos se presenta de manera
violenta, física o emocionalmente. Estos cuidadores no
suelen encontrarse en completa capacidad, diagnosticada o
no, para criar a un niño. Pueden tener algún tipo de trauma
latente o sufrir trastornos psicológicos, como depresión,
ansiedad generalizada, trastorno narcisista, trastorno
límite de la personalidad o bipolaridad, pero también es
común que quizás sufran adicciones, como abuso de alcohol
o de drogas. El modus operandi de su comportamiento
consiste en que, cuando el niño se acerca para buscar amor
y afecto, surge ansiedad en el cuidador; pero, si el niño se
aleja, el progenitor se siente provocado, porque ve con esa
actitud el reflejo de su negligencia de que no es un buen
padre y responderá subconscientemente con rechazo,
castigo, penalización y culpa al niño mediante
comportamientos hostiles.  
6. AMOR DESDE LA HERIDA EMOCIONAL 
Las relaciones de pareja son el espacio donde saltan
chispas de tus heridas emocionales sin sanar, porque si no
te amas a ti mismo saludablemente se hace difícil amar a
otro; y amarse a uno mismo se complica si no te amaron
incondicionalmente en tus edades tempranas, ya que no
tienes un referente de lo que es amor sano y tu apego
relacional probablemente será disfuncional. Entonces,
tienes que aprender lo que es un amor sano consciente y
desaprender lo que es un amor dañino. Y el tipo de amor al
que estás acostumbrado a ver en las películas de
Hollywood y en los medios en muchas ocasiones no ayuda,
porque se basa en relaciones de codependencia o incluso se
llega a romantizar dinámicas toxicas de amor-odio, como si
te lavaran el cerebro poco a poco; por eso, es necesario
más que nunca que te plantees lo que es realmente el amor
romántico sano. Cuando tienes problemas de apego, te
vinculas con tu pareja desde tu herida emocional,
experimentando una conexión tan fuerte que sientes que te
vuelve loco visceralmente, a menudo eso es una respuesta
somática al trauma.
Entonces, confundes esa excitación de tu reacción
fisiológica de supervivencia del sistema nervioso con
sensaciones de atracción y amor, pero el amor real es
sentirte a salvo, no en peligro, por lo que cabe preguntarte
lo siguiente: ¿Cuál es el perfil de pareja por el que te
sientes atraído? ¿Qué tiene que ver con tu historia? ¿Lo que
te proyecta ese prototipo de persona es algo similar a lo
que te faltó de alguno de tus progenitores?
Cuando te relacionas con una pareja sin ser consciente
de tu historia de vida y sin haberla sanado, la relación es
dirigida desde el piloto automático de tu modo
subconsciente, pero sin duda sois dos niños heridos que se
relacionan desde su propio trauma y herida emocional. Te
sientes atraído por una persona que te proyecta al
progenitor que no te amó incondicionalmente cuando eras
pequeño, de forma que la eliges por razones que se activan
de modo subconsciente, tanto a nivel mental por tu
condicionamiento profundo autosaboteador de lo que es el
amor; como a nivel emocional, pues detona tu herida
abierta sin sanar a la que eres adicto; y sin olvidar, a nivel
corporal, que de manera fisiológica, se prende tu reacción
de supervivencia aprendida en tus edades tempranas.Y
todo esto junto es un cóctel bastante explosivo.
La dinámica relacional que se pone en juego entre los dos
miembros de la pareja te resulta familiar, porque es la idea
de amor que aprendiste, la manera en la que te
relacionabas con tus progenitores en tus edades
tempranas; estás cómodo porque te despierta la misma
energía —olvidada de manera consciente, pero registrada
en tu sistema interno subconscientemente—, aunque no sea
bueno para ti, pues es lo que conoces y con lo que estás
familiarizado somáticamente. Si, por ejemplo, la relación
con tu madre era de amor-odio, te sentirás cómodo en
relaciones caóticas e inconsistentes, porque
subconscientemente eres arrastrado visceralmente a la
energía que se forma en esa dinámica ya que activa tu
huella tatuada de lo que crees que es el amor. Pero eso, es
trauma, y estás conectatando con la otra persona desde
ahí.
Se genera una pulsión subconsciente de sanar tu herida
emocional a través de tu pareja, de la persona que  has
elegido, representa para tu ser emocional —niño interior—
el progenitor con el que sufriste carencia emocional,
porque emocionalmente experimentas a través de esta
persona, el mismo sentimiento que tuviste cuando eras niño
hacia tu progenitor. Esta pareja te activa tu herida
emocional y entonces subconscientemente crees que, si
tienes una relación romántica y consigues que te quiera,
sanarás esa falta de amor que arrastras desde tus edades
tempranas y te liberarás, por fin, de ese sentimiento de
vacío que sientes desde que se generó el trauma original.
El problema surge cuando ese tipo de persona nunca te
amará como tú quieres, al igual que pasó con tu progenitor
—porque ambos son un patrón que proyecta una energía
similar de personalidad—. Entonces se repite la historia
cíclicamentede rechazo o abandono: el trauma y dolor
emocional aumentan, te enganchan y te obsesionan más
hacia esa persona específica. Por lo cual, cada vez estás
más dañado emocionalmente y más difícil se hace salir del
bucle, si no te haces consciente de tus patrones de apego y
heridas emocionales.
Por ejemplo: imagínate que tienes una herida de
abandono como consecuencia de que tu padre estuvo
ausente cuando eras pequeño y sentías que nunca estaba
cuando lo necesitabas. Entonces, treinta años más tarde, te
sientes atraído por una persona emocionalmente no
disponible y que es muy independiente; te genera el mismo
sentimiento y dolor emocional que con tu padre, aunque tú
no eres consciente de esto: sientes el mismo vacío y
soledad en tus entrañas ahora que cuando eras pequeño.
Entonces, quieres desesperadamente que esa persona te
quiera, subconscientemente eres atraído por la familiaridad
y crees que ese vacío de carencia de amor se llenará con la
validación de esta persona que se parece y comporta
emocionalmente como el progenitor que te hirió, pero esa
persona y su niño herido con el tipo de apego de evitación
que presenta nunca podrá amarte de la manera que tú
quieres, porque, al igual que tu padre, no es capaz de
hacerlo: esa relación es una muerte anunciada, pero tu
apego te ciega y no tienes capacidad de verlo venir.
Esto se convierte en una relación de dependencia
emocional porque te estás vinculando con la otra persona
desde tu necesidad subconsciente de ser salvado. Es amor
desde la herida emocional, por la cual se forma una
relación basada en una necesidad egóica que provoca
dependencia. Sólo tú mismo puedes salvarte, y sólo cuando
eres consciente de tu herida emocional te comprometes en
sanarla. Entonces cuando lo hagas, ya no tendrás la
necesidad de proyectar tu necesidad en nadie y
energéticamente ya no te sentirás atraído por ese tipo de
perfil de apego evitativo, porque subconscientemente ya no
lo necesitas: tú te has encargado de sanar tu herida y has
cerrado el bucle del trauma que te pulsaba a vincularte con
ese prototipo específico de personas en la búsqueda
subconsciente de liberar la carencia de amor que sentiste
con tus progenitores. ¡Ya la has cubierto por ti mismo!
Entonces, desde ese nuevo espacio emocional, puedes
conectarte con otro ser humano y formar un vínculo más
puro y altruista, donde genuinamente puede surgir el amor
real y consciente.
Otra manera en la que se puede manifestar tu apego
disfuncional es a través de la proyección en el otro por lo
que reprimes en ti. Te sientes atraído por esa persona
porque subconscientemente ves rasgos en ella que quieres
para ti, y crees que es más fácil poseerla que desarrollarlos
en ti. Eso te hace sentir bien, porque de esa manera te
sentirás completo, pero esto es una falsa conexión basada
de nuevo en algo egóico. El peligro está en que, si esa
pareja se rompe, sientes que has perdido una parte de ti,
vacío que vuelve a la superficie porque en realidad nunca
tuviste esa completitud; por lo que es común que te sientas
perdido, pues de nuevo era una relación basada en tu
necesidad de que alguien te salvara de tu dolor interno.
Entonces, cuando esa relación con el otro, que te hacía
sentir completo, de un momento a otro, ya no está en tu
vida: tu identidad sufre turbulencias porque nunca llegaste
realmente a completar esa carencia por ti mismo. Así, la
nueva situación, te fuerza a mirar de frente tu hueco
emocional, lo que a nivel fisiológico puede llegar a causar
ansiedad. Plantéate, si realmente amabas a la persona o
eras dependiente de esa necesidad que ella te cubría, si ese
vínculo te distraía subconscientemente de tu carencia; si es
así, no era una conexión de amor altruista. Con esto no
quiero decir que para empezar una relación estés
totalmente sanado emocionalmente, solo que si lo haces,
seas consciente de no usarla para huir de ti mismo, si no
que conectes en la relación desde la genuinidad en sí
misma, sin dejar de ocuparte de sanar tu vacío y seguir
teniendo tu individualidad, enfocándote en ser tu mejor
versión de ti mismo para evolucionar juntos.
Imagínate que tienes un trabajo corporativo de una
jornada laboral en el que pasas la mayoría de horas de tu
día: una vida bastante rutinaria. Sin embargo, tu esencia es
aventurera, pero siempre has reprimido esa parte de ti y no
has sido lo suficientemente valiente como para cambiarlo.
Conoces a una persona que trabaja libre de horarios y de
localización; viaja constantemente, es creativa, ¡es un
espíritu libre! —o eso es lo que te dice tu ego e idealizas
sobre ella en tu cabeza—. Entonces, tienes un flechazo
apasionado con esa persona, porque ella es la proyección
de lo que tú quieres ser: te refleja lo que no te atreves a
cambiar o lo que no te comprometes a potenciar en ti.
Esto tiene que ver con la historia que te has contado de ti
mismo y con tu trauma emocional, porque normalmente esa
represión es lo que bloqueaste para adaptarte a tu entorno
familiar y a tus progenitores. Tal vez aprendiste que, si
haces lo correcto o lo que se esperaba de ti, conseguirás el
amor de tu padre o de tu madre, pero, de repente, treinta
años después estás viviendo una vida que no es la que
quieres y crees que una relación con la persona específica
podrá salvarte de esa situación, de tu sentimiento interno
de vacío. La verdad es que el camino para encontrar una
pareja romántica desde una conexión real es ocuparte de
cubrir tus necesidades y convertirte en ese prototipo de
persona que buscas, de esta manera, te liberas de la
dependencia porque te sentirás completo por ti mismo. Y
desde ese espacio emocionalmente equilibrado: no
necesitas a nadie para ser feliz, sin embargo, quieres
compartir con alguien tu felicidad.
Confundes atracción con somatización del
trauma
Crees que estás enamorado, pero quizás lo que ocurre es
que estás somatizando fisiológicamente. No es lo mismo
amar desde la herida que amar desde un amor consciente:
cuando te vinculas desde la herida emocional, utilizas y
proyectas tus miedos, inseguridades y necesidades en el
otro. Te sientes completo contigo mismo a través de esa
unión, pues eso no tiene nada que ver con el amor: es
dependencia emocional, donde a nivel cerebral se ponen en
acción actitudes similares a una adicción, lo cual genera
relaciones de poder y abusivas. El juego en el que uno
persigue y el otro huye, propio de los apegos inseguros,
produce tensión y energía adictivas. Imagínate que el que
evita se queda o el que persigue huye: el juego se acabaría,
la relación no sería sostenible, porque estaba basada en
una tensión constante; entonces, la atracción entre los dos
se apaga, porque en realidad no había algo sólido basado
en una intimidad real, sino que era una dinámica que
generaba una falsa conexión: cuando no te tengo, te quiero;
cuando te tengo, no te quiero. Entonces, si de repente los
dos quieren, faltaría entre los dos esa vidilla, que en el
fondo es adicción al caos emocional, que no es más que
subidones y bajones de neuroquímicos como dopamina y
cortisol, que juegan con tus niveles de excitación y
ansiedad cuando estás dentro del juego del tira y afloja en
la relación. Si este juego neuroquímico se para, y la
relación se vuelve estable, puede que ya no sientas nada y
te deje de atraer tu pareja. Y el amor real es un sentimiento
de sentirte a salvo, y está más relacionado a
neuroquímicos, como la serotonina y oxitocina, que dan
sensación de calma. Entonces, si estás involucrado en
relaciones tóxicas, quizás tengas que reencuadrar tu idea
del amor y aprender a tolerarlo fisiológicamente. De
pequeño puede que se hiciera un refuerzo positivo de tus
niveles de excitación en tu sistema hacia el amor tóxico, y
se programó esa respuesta automática; por lo que, ahora,
te tocaría desde tu adulto cambiar esa asociación:
reforzando como algo positivo tu idea del amor, al asociarlo
con una sensación fisiológica de equilibro.Normalmente, la atracción y las dinámicas de relación se
forman entre personas con el mismo apego o con uno
contrario a nivel emocional, en las cuales uno busca la
conexión y el otro la evita, sin contar con las personas de
apego seguro que sólo se vincularán en una relación
saludable emocionalmente con posibilidades de éxito con
otra persona con apego seguro. En algunos de los apegos
inseguros se puede generar codependencia, lo que significa
que ambos miembros de la pareja usan al otro, bien para
recibir el amor que no se dan a sí mismos o bien para
escapar su turbulento mundo interno, y así canalizar su
ansiedad y dolor interno. En todos ellos, quien los dirige es
su niño interior herido —que se trata del ser emocional—, y
no el adulto equilibrado —es decir, su parte consciente—.
Por eso, cuando sanas estos patrones de dependencia
emocional eres capaz de decir «no» a las relaciones
enfermizas y abusivas, porque ves las señales de alarma
desde lejos y ya no estás interesado en ellas; ya no te
seducen tanto como antes, porque ya no activan tu herida
emocional y no vuelven loco a tu sistema nervioso al
hacerte creer que es atracción. Cuando sanas tu herida
emocional de rechazo o abandono, tu patrón de apego se
convierte en seguro, abriendo más posibilidades de
vincularte con otra persona con apego seguro en una
relación de pareja sana.
La mala noticia es que no puedes cambiar ni arreglar a
nadie. Es muy importante que entiendas que los apegos
sólo pueden ser cambiados por la persona misma, sin que
sean forzados o reparados por la pareja. De este modo, tu
misión consiste en salvarte a ti mismo, pues cada uno tiene
su propio proceso y, afortunadamente, no es tu
responsabilidad curar a nadie. Despertar estos patrones
autosaboteadores y sanarlos, va ligado a la conciencia de
cada persona, así que hay que aceptar, sin forzar, que cada
uno tiene su propio camino y su tiempo: el maestro llega
cuando el alumno está listo.
Ejercicio
Primer ejercicio. Establece con qué apego te identificas,
cómo tus progenitores pudieron influenciar en esto y si
reconoces tu tipo de apego en alguno de tus padres.
Segundo ejercicio. Elabora un listado de las relaciones
románticas que has tenido en tu vida. Es importante
que realices el análisis de este ejercicio disociado
como si estuvieras viendo una película. Etiqueta con
un título a cada relación que has tenido como si fuera
el nombre de esa película y describe a cada uno de los
personajes: tu pareja y tú, con los roles que cada uno
desempeñaba en la pareja. 
Identifica el apego de cada uno de estos
personajes.
Identifica las situaciones que se repiten en estas
relaciones.
Identifica los patrones de comportamiento y las
características de personalidad en común de tus
parejas.
Identifica los patrones de comportamiento que tu
repites en tus relaciones pasadas.
Identifica la dinámica creada por los dos
miembros en cada una de las relaciones, por
ejemplo: ansioso-evitativo o ansioso-ansioso. ¿Se
repite la dinámica entre las diferentes
relaciones?
Tercer ejercicio. Ahora que tienes una perspectiva más
analítica de tus relaciones pasadas, pregúntate qué
patrones son reiterativos en ellas, si son relaciones
similares y si el prototipo de pareja es semejante.
Cuarto ejercicio. Por último, sin pensar en ninguna
pareja, pon tu atención en ti de la siguiente manera:
¿Cómo describirías la relación que tienes contigo
mismo? ¿Con qué apego identificas la relación que
tienes con tu ser interno? ¿Te quieres, huyes de ti
mismo o hay un caótico amor-odio hacia ti? ¿Tienes
ansiedad cuando estás a solas contigo mismo? 
7. MAPEO DE TU NIÑO INTERIOR Y DE TU EGO
Llegados a este punto del proceso de introspección y si has
seguido las pautas indicadas del libro, es el momento clave
del proceso de sanación. El propósito de esta práctica es
que llegues a la raíz de tu ego y conozcas íntimamente a tu
niño interior, para comprender su manera de expresarse y
por qué piensa, siente y actúa de esa manera. Para ello es
fundamental que hagas una recopilación de lo que ya eres
consciente y los patrones que has ido descubriendo de ti
mismo a lo largo de la lectura del libro. Elaborar el mapeo
de tu ego y de tu niño interior producirá un giro de tuerca,
y que has traído a la superficie la programación limitante y
el condicionamiento autosaboteador subconsciente. Ahora,
el poder de la consciencia toma el relevo en el proceso de
sanación para abrirte la puerta a tu libertad. 
Es importante que conozcas y definas la personalidad de
tu ego que se manifiesta en tu niño interior herido, para
que puedas actuar cambiando esos patrones desde el
equilibrio emocional de tu adulto consciente. Tanto más
consciente seas de quien eres, tanta mayor capacidad
tendrás de verlo venir y poder afrontarlo desde tu parte
adulta y consciente: ya no será tan sencillo para los
autosabotajes, pues tu programación subconsciente y tu
condicionamiento perderán poder. Empezarás a ser el
dueño de tu mundo interno y tu estado emocional se
volverá más equilibrado, lo cual se reflejará en tu mundo
exterior y la mejora satisfactoria en tus relaciones
personales. Tu centro y tu mente neutral estarán más
estables que nunca porque se ha desarrollado el gap de
conciencia para no identificarte con tu ego de manera
automática, lo cual impactará en tu bienestar a todos los
niveles del ser, para que puedas vivir desde tu autenticidad
sin ser arrastrado por tu vieja programación
autosaboteadora.
Analizar e identificar los siguientes patrones para
encuadrarlos y traerlos a tu mente consciente te dará una
visión más amplia de la historia de tu ego y, por tanto, tu
expresión de tu niño interior. En el siguiente mapa de ego
puedes ver un ejemplo de cómo sería esta identificación
detallada.
Este mapa del ego consiste en detectar:
Heridas emocionales identificadas en tu niño
interior que hablan de tu historia de vida.
Creencias limitantes subconscientes más habituales
que están presentes en tu día a día.
Detonantes emocionales más comunes que hacen
alterar tu estado emocional y reaccionar al entorno
en vez de responder a él.
Automatismos de autoprotección-supervivencia con
los que estás más identificado: lucha, huida,
bloqueo, sumisión o apego.
Adicciones a patrones autosaboteadrores
emocionales: emociones con las que estás
identificado, las más comunes que sueles sentir en
tu día a día o con más intensidad.
Tipo de apego identificado a partir de tus relaciones
y modelo de familia en la que creciste.
Espejos o símbolos que tu mente utiliza para
proyectar tu herida interna en la realidad externa.
Somatizaciones fisiológicas más comunes ligadas a
tus estados mente-emoción.
Máscaras o identificaciones cognitivo-emocionales:
los roles que usa tu ego y niño interior para
manifestarse.
Recomiendo que, una vez identificado y realizado el
reencuadre de tu ego y de tu niño interior, lo pongas en un
lugar visible para tenerlo presente en cada momento y te
facilite la integración del mismo, lo puedes utilizar como la
primera página de tu bitácora o diario emocional para que
te guíe durante el proceso. De esta manera, tu sistema
reticular será aún más consciente para cuando tu ego y tu
niño interior se aproximen con sus maniobras
desadaptativas y nocivas. ¡Esta vez estás preparado para
verlo venir y poder responder a tiempo!
2 Esta sección requiere un ejercicio de honestidad con uno mismo que puede herir sensibilidades, por
lo que recomiendo tener aún más presente la autocompasión.
3 Esta sección requiere un ejercicio de honestidad con uno mismo que puede herir sensibilidades, por
lo que recomiendo tener aún más presente la autocompasión.
4 Esta sección requiere un ejercicio de honestidad con uno mismo que puede herir sensibilidades, por
eso recomiendo tener aún más presente a la autocompasión, y con conciencia de que todos los
apegos inseguros tienen su ser emocional herido, por lo que no se debe demonizar