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FORO 2 PROCESOS CIVILES Y COMERCIALES NG🍀NG🍀NG🍀NG🍀 A. Las cargas dinámicas probatorias se han ido modificando el criterio del proceso civil para dar flexibilidad a la carga de la prueba en función de determinar sobre quien pesan los esfuerzos de probar en función de las posibilidades reales de producir la prueba de que se trate. Debemos tener en cuenta que uno de los fundamentos esenciales para la aplicación de la doctrina radica en la necesidad de salvaguardar la igualdad de aquellos que no se encuentran en una situación de paridad de armas de pleito, en lo que se refiere, en este caso a su faz probatoria. Con respecto al tema Osteiza sostiene que frente a una situación de desventaja de una de las partes con respecto a la capacidad de probar la ocurrencia de una determinada hipótesis sobre los hechos y la reticencia de la parte contraria a acreditar aquello que está en su dominio llevar al convencimiento del órgano jurisdiccional, quebrantando el principio de colaboración, es posible atribuirle a esta última las consecuencias negativas del estado de incertidumbre que pueda generarse. El principio al que se refiere impide a uno de los litigantes obtener beneficio como producto de la dificultad probatoria de su contrincante. Y, prosigue el autor señalado que, por caminos distintos llega a respuestas similares que las planteadas por Peyrano, quién consideró que las reglas sobre la carga de la prueba deben ser examinadas en su faz dinámica, en tanto la práctica judicial demuestra que no se atan preceptos "rígidos". En lo que respecta de las cargas probatorias dinámicas, en un artículo muy interesante Arazi intercambia ideas. Arazi señala que el juez debe priorizar la aplicación de los principios básicos del proceso y, entre ellos, tiene especial importancia el de igualdad que, como todos aquellos, tiene base constitucional (artículo 16 de la Constitución Nacional). Ello sentado, dice Arazi, que la denominada carga probatoria dinámica permite atribuir esa carga a una u a otra de las partes en el proceso, según las particularidades de cada caso, en vez de ceñirse a reglas estáticas, preestablecidas y aplicables de manera uniforme en todos los supuestos sin distinguir quien estaba en mejor posición para aportar la prueba del hecho controvertido; su finalidad es igualar a quien se halla en inferioridad de condiciones frente a su adversario. La legislación debe contemplar el derecho de la parte más débil en un sistema de protección, a fin de no incurrir en la que Ferrajoli denomina "indiferencia por las diferencias", quedando las partes libradas a una pura relación de fuerzas. Por lo expuesto se llega a la conclusión de que la carga dinámica de las pruebas afecta el principio de igualdad procesal, provocando la igualdad de oportunidades para ambas partes, poniendo al juez en un papel más comprometido para con la búsqueda de esclarecer la verdad, involucrándose para impedir que el más fuerte o el que está en la posición más ventajosa, tanto en la relación sustancial o procesal, saque provecho de ello en el proceso, en detrimento del más débil. B. A través de la ley provincial 1055 que reforma los artículos 199, 200 y 201 del Código Procesal Civil y Comercial de la provincia de Córdoba se incrementaron los poderes del juez de primera instancia sobre las pruebas: ahora puede precalificarlas. Es decir su tarea es no dar trámite a las que sean claramente irrelevantes. Antes de la reforma, regía para los procedimientos declarativos, el principio de libertad probatoria, que estaba dado por la posibilidad de las partes de introducir prueba sobre todo lo que creyeren conveniente, mediante los medios que fuera menester utilizar. Los únicos límites estaban dados por cuestiones estrictamente formales de admisibilidad (plazo, legalidad de la prueba y demás requisitos formales establecidos en la ley). El juez recién en la sentencia podía pronunciarse sobre la pertinencia, utilidad y conducencia de la prueba. Con posterioridad a la reforma efectuada en el marco de la regulación del proceso por audiencias, el principio general ha sido modificado. En la actualidad rige el principio de precalificación de la prueba, que se traduce en el poder-deber del juez, de inadmitir aquella prueba que resulte manifiestamente improcedente, inconducente, meramente dilatoria, o se encuentre prohibida por la ley (esto última aclaración es una obviedad). Puede (y debe) pronunciarse el tribunal asimismo respecto de la pertinencia y conducencia de la prueba ofrecida por las partes.Reza el art. 9 de la ley 1055: Sustitúyese el artículo 199 de la Ley Nº 8465 y sus modificatorias -Código Procesal Civil y Comercial de la Provincia de Córdoba-, por el siguiente: "Artículo 199.- Pronunciamiento sobre pertinencia. Serán inadmisibles las pruebas que sean manifie stamente improcedentes, inconducentes, meramente dilatorias o estuvieren prohibidas por la ley. El tribunal podrá pronunciarse sobre la pertinencia y conducencia de la prueba ofrecida por las partes." A partir de esto vemos que previo a esta ley, el Código era excesivamente amplio con respecto a las pruebas lo que facilitaba el abuso de las partes y conspiraba contra la celeridad del proceso.El juez, salvo casos puntuales debía permitir cualquier prueba ofrecida en tiempo y forma, aunque su irrelevancia fuera clara. Esto era basado en la no restricción de la defensa en juicio, permitiendo entonces que la prueba se haga, y después definiendo si era o no importante. Con las mencionadas reformas la ponderación de los intereses en juego ahora es distinta. Se asigna así más peso a los principios y valores de economía de tiempo y esfuerzo, eficacia y duración razonable del proceso. En mi opinión es un avance positivo, que acelera los tiempos, y le da al juez un papel más comprometido, teniendo que dar valor real a las pruebas para no incurrir dilataciones y trabajo innecesario que no sume a la hora de la búsqueda del fin primordial del proceso que es la búsqueda de la verdad. Bibliografía: Ferreyra de la Rúa, A. y González de la Vega de Opl, C. (2003). Teoría General del Proceso. Tomo 1 y 2. Advocatus. Ferreyra de la Rúa, A. y Rodríguez Juárez, M. (2009). Manual de Derecho Procesal Civil. Tomo 1 y 2. Alveroni. FORO 3 PROCESOS CIVILES Y COMERCIALES A. Tomando a referencia la pregunta debemos tener en cuenta principalmente los jueces son los encargados de resolver con imparcialidad las causas, basándose en la consonancia con el derecho, los hechos sin ningún tipo de influencia y restricciones, amenazas, presiones o entorpecimientos entre tantas. Sean directa o indirectamente de cualquier sector o motivo. En base a esta definición podemos decir que el MAGISTRADO NO PUEDE NEGARSE A RESOLVER LA CAUSA BAJO ESTE ARGUMENTO. Por esa razón La objetividad es una Actitud crítica imparcial que se apoya en datos y situaciones reales, despojada de prejuicios y apartada de intereses, para concluir sobre hechos o conductas. Debiendo realizar esta labor adecuándose a la voluntad normativa y prescindiendo de cualquier tipo de fin o interés subjetivo. B. Se produce la extinción del proceso debido a que la parte litigante no insta su prosecución dentro de los plazos que establece la ley y al transcurrir el tiempo se produce la caducidad o perención de instancia cabe no olvidar que en materia civil, parte de la base de que es a las partes es a quien les corresponde el impulso procesal. Si usamos como referencia nuestro C.P.C.C manifiesta en su art. 339 determinando “que la perención de instancia sólo puede ser declarada a petición de parte, y se producirá cuando no se instare su curso dentro de los siguientes plazos: un año en primera o única instancia y seis meses en los procedimientos incidentales y en segunda o ulterior instancia. En el que se opere la prescripción del derecho si fuere menor a los indicados precedentemente: de un mes, en el incidente de perención de instancia. La instancia se abre con la promoción de la demanda, aunque no hubiere sido notificada la resolución que la dispone. En Cambioy a diferencia del C.P.C.C el Código Procesal Civil y Comercial de la Nación en el art. 310 manifiesta que: “Se producirá la caducidad de instancia cuando no se instare su curso dentro de los siguientes plazos: de seis meses, en primera o única instancia; y de tres meses, en segunda o tercera instancia y en cualquiera de las instancias en el juicio sumarísimo, en el juicio ejecutivo, en las ejecuciones especiales y en los incidentes. En el que se opere la prescripción de la acción, si fuere menor a los indicados precedentemente: de un mes, en el incidente de caducidad de instancia. La instancia se abre con la promoción de la demanda, aunque no hubiere sido notificada la resolución que dispone su traslado y termina con el dictado de la sentencia. Bibliografía: Ferreyra de la Rúa, A. y González de la Vega de Opl, C. (2003). Teoría General del Proceso. Tomo 1 y 2. Advocatus. Ferreyra de la Rúa, A. y Rodríguez Juárez, M. (2009). Manual de Derecho Procesal Civil. Tomo 1 y 2. Alveroni.