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LOS DONES DEL ESPÍRITU

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© 2015 Kerry Wood
ISBN: 978-1-940359-21-2
Número de Control de la Biblioteca del Congreso: 2015945008 Impreso en
Estados Unidos
Published in the United States of America
Reservados todos los derechos. Ninguna porción o parte de esta obra se
puede reproducir, ni guardar en un sistema de almacenamiento de
información, ni transmitir en ninguna forma por ningún medio (electrónico,
mecánico, fotocopias, grabaciones, etc.) sin el permiso previo de la autora y
el editor.
Texto Bíblico tomado de la Santa Biblia, Nueva Versión Internacional
(NVI). © 1999 por la Sociedad Bíblica Internacional.
Texto Bíblico tomado de la Santa Biblia, Reina Valera Contemporánea
(RVC). Copyright © 2009, 2011 by Sociedades Bíblicas Unidas.
Texto Bíblico tomado de la Santa Biblia, Nueva Biblia Latinoamericana de
Hoy (NBLH) © 2005 by The Lockman Foundation, La Habra, California.
Texto Bíblico tomado de la Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente (NTV)
La Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, © Tyndale House Foundation,
2010. Todos los derechos reservados.
Texto Bíblico tomado de la Santa Biblia, La Palabra (Hispanoamérica)
(BLPH). La Palabra, (versión hispanoamericana) © 2010 Texto y Edición,
Sociedad Bíblica de España.
Traducido por: Chiqui Polo-Wood con aportes de Adriana Saavedra y Yiyuk
Alatorre
Diseño de Portada: Ivethe Zambrano-Fernández wwwdesignbytwo.com
Imagen de la portada: freepik.com
www.burkhartbooks.com Bedford, Texas
Recomendaciones
Un mal común en nuestra civilización es enfocarnos más en el hacer que en
el ser y eso ha afectado profundamente al cristianismo. La redención fue
diseñada para restaurar la imagen y semejanza que se rompió en el jardín del
Edén, en otras palabras, para que se restaure nuestra identidad y nuestra
relación con nuestro Padre celestial. Qué agradable encontrar este libro,
enfocado en el ser, con la profundidad y sencillez que caracteriza al Dr.
Wood.
El gran protagonista de esta época de la iglesia es el Espíritu Santo, pero más
allá del conocimiento teológico o de la experiencia extática; ¿tenemos una
verdadera relación con Él?
El ministerio y la vida del Dr. Wood nos han retado a avanzar en una
relación con el Espíritu Santo, en un constante caminar en lo sobrenatural y
en sobreponernos a la orfandad espiritual a la que la iglesia se ve abocada.
La relación con el Espíritu Santo es el plan de Dios para todos, no solo para
algunos privilegiados como nos han hecho creer, y está basada en el ser, no
en el hacer.
Este libro es para aquellos que quieren empezar a “ser” para saber qué
“hacer”.
—Andrés Vargas Pastor, El Río, Iglesia Cristiana Bogotá, Colombia
La búsqueda apasionada de las obras de Dios, por Su Espíritu, no puede ser
otra cosa que la búsqueda de Dios mismo. Nuestro Dios es una fuente
continua de compasión que se desborda de tal forma que algunos la
confunden con una fuente de poder. Esta llenura de compasión, dada en
forma de dones que establecen Sus propósitos divinos en el mundo, no se
encuentra en lugares exóticos y nuevos. Los dones son lo que siempre han
sido: “En ti se hallan todos mis orígenes” (Salmo 87:7). “Un abismo llama a
otro abismo en el rugir de tus cascadas” (Salmo 42:7). Pero estos tienen que
ser redescubiertos por cada generación.
Los Dones del Espíritu para una Nueva Generación no es un llamado a
sumergir el alma humana en un cristianismo místico, sino un enfoque
práctico para el cumplimiento de Su telos (propósito) sobre la vida de una
generación que necesita ver la demostración del poder del Espíritu como
pocas generaciones la han visto. Estamos viviendo en tiempos críticos.
C. S. Lewis observó la tentación humana de intelectualizar la vanidad y el
vacío que resulta de cualquier ejercicio mental que no va acompañado por el
cuidado del espíritu. De varias formas describió acertadamente a esta nueva
generación como “personas sin pechos, cuyos corazones se han atrofiado”.
Nuestra cultura, dentro y fuera de la iglesia, es una cultura que se percibe
como avanzada tecnológicamente, aun mientras sigue secándose
internamente por falta de sustancia espiritual. Estos no son días en los cuales
la Iglesia puede darse el lujo de minimizar la conversación ni dejar de lado la
vida en el Espíritu.
Afortunadamente Kerry Wood, un pastor con experiencia, estudiante y
amigo, no le teme a tratar las necesidades del Espíritu con un buen
fundamento bíblico y en formas apasionadamente espirituales y
abundantemente prácticas. Me da gusto recomendárselo.
—Jack Hayford Pastor, Autor, Fundador, The Church on the Way (Van Nuys,
CA) Fundador y Canciller, The King’s University
Por varios años mi hijo, quien fue alumno de Kerry, me decía
frecuentemente: “Papá, ¡no te imaginas lo que nos enseñó Kerry Wood!” Y
siempre era interesante y relevante. Por lo tanto, leí este libro con grandes
expectativas, y no me defraudó.
Este libro tiene grandes paradojas:
Es un libro práctico, mas no es un manual de instrucciones. Kerry no nos
dice cómo usar una manguera, sino más bien cómo zambullirnos en el
arroyo.
Este libro no está escrito por un gritón que insiste en volver a hacer las cosas
como se hacían antes, sino por un hombre maravillado que nos invita a vivir
en un nuevo día, en el cual los dones están fluyendo. Tal vez no estén
fluyendo en algunas grandes denominaciones, pero están fluyendo en el
arroyo de la compasión de Dios.
Kerry escribe con la claridad de un profesor; sin embargo, como profeta, nos
invita a un lugar más allá del entendimiento.
Finalmente, este libro nos anima a buscar los dones; pero más aún, a buscar
al Dios de amor que los da.
Este libro es imprescindible para una generación que está harta de los
predicadores que manipulan los dones del Espíritu haciendo alarde de ellos.
¡Cuán refrescante es ver a Kerry con sus ojos bien abiertos, maravillándose
con lo que ve!
El moverse en los dones no es algo raro ni religioso; sino algo que inspira
temor, maravilla y asombro.
—Pastor Andrés McMillan Comunidad Cristiana de Fe, Medellin, Colombia
Este es el primer libro que publica Kerry, pero estoy seguro de que no será el
último. Kerry, como escritor de esta nueva generación, es alguien que ha
luchado por entender las cosas que marcaron la diferencia para las
generaciones de los cincuentas y sesentas y más allá. El mover del Espíritu
es lo que tomó a una humanidad frágil, le dio poder y cambió la cara del
cristianismo. Kerry vive lo que escribe y tiene pasión por ver a esta nueva
generación viviendo en el poder del Espíritu para llevar a cabo los propósitos
de Dios sobre la tierra y para que Su Reino sea establecido. Le invito a
caminar con este hombre en sus altibajos, a compartir su anhelo y a
descubrir su dependencia total en el Espíritu Santo, que es la única forma
que Dios nos ha dado para alcanzar a esta generación perdida. Lea y sea
inspirado a buscar que un nuevo día amanezca para quienes dicen ser Sus
discípulos.
—Norman Barnes Fundador, Ministerio Links International
Los Dones del Espíritu es como un paseo con un marinero maestro que ha
ido al mar y que ahora le invita a acompañarlo. La vida en el Espíritu es un
concepto vívido que necesita ser revitalizado para la vida futura de la iglesia
y del mundo. El Dr. Kerry Wood comparte la pasión de su propia
transformación para incitar a una nueva generación a tomar el viento que
llena nuestras velas con el fin de embarcarnos en una aventura con el Dios
viviente. Esto se vive mediante los dones de un Dios lleno de gracia que
quiere bendecir al mundo a través de siervos dispuestos y conectados. ¡Icen
sus velas y empiecen a navegar!
—Marty Folsom, PhD Autor, serie Face to Face Director Ejecutivo,
Asociación de Estudios Teológicos del Pacífico
Eugene Peterson dice: “Este mundo es enemigo de la gracia”. Nos movemos
por los logros, por el reconocimiento del talento más que del carácter,
haciendo íconos de las celebridades, centrados en nosotros mismos.
Tenemos una necesidad de estar en control.
La obra del Espíritu se trata de la Gracia. Los dones no pueden ser ganados,
pero pueden ser buscados y verdaderamentedeseados.
Kerry Wood es un hombre del Espíritu. Por lo tanto, es esencialmente un
hombre de la Palabra. Él entiende, no solo desde un punto de vista
académico, sino como una necesidad de su estilo de vida, que es solo por
gracia que recibimos los dones fragantes de Dios.
Felicito a Kerry como adorador, alguien que “se para en la presencia del
Señor”. Estos escritos provienen de esa experiencia ante el Trono.
—Rev Canon Chris Bowater OSL Fundador, Academia Internacional de
Adoración Pastor Principal, Ministerio New Life, Sleaford, Inglaterra
Me da mucho gusto tener el privilegio de recomendar a Kerry Wood y su
nuevo libro, Los Dones del Espíritu para una Nueva Generación. He tenido
muchas ocasiones en que me he sentado con Kerry y el Espíritu lo ha usado
para decirme verdades profundas del corazón de Dios. Es tal su deseo de ver
a las personas caminando íntimamente como hijos de nuestro Padre, Dios,
que uno no puede terminar la conversación sin terminar con una sed más
profunda por los dones del Espíritu en su propia vida. Lo que él conoce
acerca de los dones del Espíritu le va a animar y a desafiar a correr aún más
hacia el corazón de Dios. Disfrute este viaje a través de Los Dones del
Espíritu y no volverá a ser igual.
—Tony Shupp Pastor Principal, Iglesia CityLife, Bedford, Texas
Dedicatoria
Este libro está dedicado a mis padres Max and Mary Wood,
quienes fiel y constantemente tomaron decisiones difíciles para que sus hijos
crecieran en una iglesia que le daba prioridad a la presencia y la realidad del
Espíritu.
Y a mi abuela, Flora Massey,
quien tal vez no hubiera podido hablar elocuentemente acerca de los dones
del Espíritu,
pero que vivió en la llenura sobreabundante de ellos, presentándole al
“Consolador” a todos sus conocidos hasta sus últimos días, poco antes de
cumplir 106 años.
Reconocimientos
Como mantengo una perspectiva hebrea de lo que significa ser persona – que
una persona es la culminación de su árbol familiar y de aquellos que han
tenido un impacto directo en su vida – escribir reconocimientos no es una
tarea fácil. Aun Dios se refiere a Sí mismo en relación a otras personas (“el
Dios de Abraham, Isaac y Jacob”). Entonces, ¿cómo puede uno reconocer
adecuadamente a quienes han contribuido a una obra como esta, que es el
resultado de lo que su autor es?
Estoy consciente de que no alcanzo a incluir a todas las personas que han
impactado mi vida y me han hecho lo que soy hoy en día, pero estoy
agradecido por la habilidad maestra del Señor para entretejer mi vida y por
cada persona que Él ha usado para animarme y para sembrar en mí. Pero hay
ciertas personas que deben ser reconocidas de manera especial.
Primero, mi brillante y hermosa esposa, Chiqui, que me ha acompañado en
todo el camino del proceso creativo, sacando a relucir ideas, haciendo
preguntas y aun cuestionándome en algunos de los conceptos que había
expresado. Es así como trabajamos juntos y nos encanta hacerlo. Además de
todo eso, ella es la responsable por la mayor parte de la traducción de este
libro al español.
Estoy agradecido con mis padres, Max y Mary Wood, por criarme en un
hogar que siempre le dio prioridad a descubrir y hacer la voluntad de Dios -
fuera lo que fuera – y a buscar la presencia de Dios a toda costa. Espero que
en estas páginas se refleje la herencia tan rica que me han dado y el aprecio
tan grande que les tengo.
Hay demasiados mentores espirituales para mencionar, pero Jack Hayford ha
tenido un impacto muy profundo en mi vida. Gracias, pastor Jack.
Le agradezco también a Tod Williams de la editorial Zadok, por su amistad y
por creer en este proyecto y a Doug Kingsriter por su compromiso con la
versión en español. Gracias también a Tim Taylor, de la editorial Burkhart
Books por su experiencia, su sabiduría y sus consejos.
Me siento bendecido y estoy agradecido por el gran tesoro de amigos que
tengo en tantas partes del mundo.
Contenido
Recomendaciones 3 
Dedicatoria 7 
Reconocimientos 9
PRÓLOGO
Un llamado a una nueva generación espiritual xv
PARTE I - FUNDAMENTOS
La importancia de los dones del Espíritu 21 
Los dones del Espíritu y la compasión de Dios 31 
Los dones de la Trinidad 47
PARTE II – LOS DONES DE MANIFESTACIÓN Reseña de los dones de
manifestación 57 
Dones de revelación 61 
Dones de poder 75 
Dones de palabra 87 
Cuidado pastoral 99
PARTE III – EL DESARROLLO DE LOS DONES Obstáculos que impiden
la operación de los dones 105 
Obstáculos externos/culturales 107 
Obstáculos internos/personales 117 
Claves para cultivar los dones, parte 1 129
Claves para cultivar los dones, parte 2 153
PARTE IV – PENSAMIENTOS FINALES
La prioridad es la presencia 169 
Que se llene mi casa 181
APÉNDICES
Preguntas de la nueva generación 193 
Recursos recomendados 217
Referencias 219 Acerca del autor
PRÓLOGO Un llamado a una
nueva generación espiritual
El Nuevo Testamento está lleno de evidencias de que Dios nunca tuvo la
intención de limitar el derramamiento del Espíritu a un día en la historia.
—B.H. Clendennen
Tal vez usted solo quiera leer un libro acerca de los dones del Espíritu escrito
por un poderoso hombre de milagros: alguien conocido por llenar estadios y
centros de convenciones. Tal vez usted solo quiera leer un libro acerca de los
dones escrito por alguien que tenga historias personales de los nueve dones
del Espíritu – alguien que haya luchado tanto con ángeles como con
demonios y que le pueda decir su nombre, dirección y teléfono en un
instante por medio de una palabra de sabiduría. Eso es entendible. Sin
embargo, si ese es su caso, entonces probablemente usted no quiera seguir
leyendo. Yo no uso capa, ni tengo una camisa azul con una “S” roja en el
pecho. He visto milagros y sanidades durante toda mi vida y no me cuesta
decir que me siento cómodo cuando Dios se mueve de formas que a otros les
parecen raras; pero yo soy como usted. Tengo buenos días y malos días. Es
más, ¡he tenido buenos años y malos años!
Varias décadas de ministerio como pastor y unos cuantos años como
profesor universitario me han enseñado que estamos todos juntos en este
proceso de vida. Nadie tiene todas las respuestas – pero debemos seguir
aprendiendo siempre. Una de las cosas que he aprendido es que todos
tenemos una gran sed de experimentar más que lo que hemos hecho hasta
ahora, aun cuando esa sed se vea opacada por las distracciones o las pasiones
de nuestra cultura. Somos seres espirituales, creados para vivir una aventura
espiritual. Algo más que he aprendido es que generaciones enteras, tanto
naturales como espirituales, pueden perder el encanto, sentirse marginados o
simplemente desconectados de las cosas del Espíritu y pasan sus vidas
- xv buscando alguna causa por la cual luchar – incluso la causa de no creer
en otras causas. El propósito de este libro es despertar la sed: de un viajero a
otro; es de un estudiante que quiere compartir sus experiencias para
despertar a otros estudiantes a que tengan las suyas. Dicho simplemente:
creo que hay una íntima correlación entre la ineficacia de la Iglesia y su
falta de atención a los dones que el Padre, el Hijo y el Espíritu le han dado
para cumplir con su misión.
Este es un llamado de una generación a otra. Vale la pena aclarar que cuando
hablamos de generación como un movimiento espiritual o del estado actual
de la Iglesia, no podemos pensar solamente en términos de generaciones
cronológicas o biológicas. Cuando hablo de un “llamado a una nueva
generación” no me refiero solamente a la “generación silenciosa” (1925-
1945); ni a los “Baby Boomers” (1946-1964), ni a las generaciones “X”,
“Y”, “net” o cualquier denominación social que venga en un futuro. Aunque
esto sea aplicable un grupo de edad en especial, tenemos que tener en cuenta
que la Iglesia está en diferentes niveles de madurez espiritual de acuerdo con
el continente o aun el movimiento al que uno se refiera. La mayoría de mis
experiencias han sido en la Iglesia de los Estados Unidos y aun así definir
una generación espiritual en este entorno es complicado. Las
generalizacionesson simplemente eso y nunca son completamente acertadas.
Sin embargo, cada nueva generación debe atender al llamado a los dones que
están fluyendo continuamente de nuestro Dios – infinito, sobreabundante y
centrado en el otro. ¿Quién le ofrecerá estos dones – estos ríos de palabra,
revelación y poder – como manifestaciones de la compasión de Dios a un
mundo herido?
Peter Krause ha dicho que ser padre consiste en guiar a la siguiente
generación y perdonar a la anterior. Tengo temor de que la siguiente
generación de líderes espirituales, si llegan a encontrar la compasión de Dios
que se manifiesta con los dones del Espíritu, va a tener mucho qué perdonar
a mi generación.
Mi objetivo no es apuntar el dedo, excepto para sacar a relucir algunos
problemas que necesitan resolución. Mi generación (y aquí estoy
generalizando) ha fracasado en modelar una herencia rica y poderosa en las
cosas del Espíritu para las generaciones venideras. No habría entendido esto
tan claramente de no ser
- xvi por el tiempo y conversaciones que he compartido con la nueva
generación como pastor y profesor. En mi servicio como profesor de
seminario estos últimos años – un seminario lleno de jóvenes llenos de
pasión por servir al Señor – me vine a dar cuenta de la brecha tan grande que
existe entre mis experiencias de infancia en la iglesia y las de ellos. Cuando
he mencionado los “gigantes de la fe” que han impactado mi vida
profundamente – líderes como Smith Wigglesworth, John G. Lake, F.F.
Bosworth, Aimee Semple McPherson, Kathryn Kuhlman, T.L. Osborn u
Oral Roberts – me miran con caras de confusión. Para mi gran sorpresa, la
mayoría de estos jóvenes nunca habían oído mencionar a estos pioneros de la
fe.
Al indagar más profundamente me di cuenta de que muchos de ellos no
habían oído hablar de la importancia de orar en su lenguaje espiritual (las
lenguas del Espíritu como un lenguaje de oración personal) como una
disciplina diaria. ¡Y muchos ni siquiera han recibido el bautismo en el
Espíritu Santo!
La generación de las aplicaciones
Hay algo que es a la misma vez glorioso y mortal acerca de la oleada de
avances tecnológicos que han presenciado mi generación y la de mis padres.
Sería divertido hacer un recuento de los tantos cambios que se han visto en
los últimos veinte o treinta años, pero hay quienes están más calificados que
yo para hacerlo y mucha de esa información se puede encontrar fácilmente
en el internet.
Una gran diferencia entre mi generación y la de mis hijos es que para ellos el
mundo siempre ha tenido computadoras, iPods, iPhones y el internet. Mi
generación vive abrumada con el paso acelerado con el que salen nuevos
modelos de estos aparatos. Las redes sociales en internet han cambiado
permanentemente los patrones de relaciones interpersonales. No es aceptable
ser el último en adoptar el nuevo modelo o la más reciente aplicación que
haya salido al mercado. Piense en la presión social con la que se vive para
mantenerse al día con todos los cambios. ¡Es enorme! Recientemente vi un
comercial de carros que anuncia
- xvii que aun la abuela puede ser “chévere” si tiene un blog.
¿Por qué es importante esto? ¿Qué tiene de malo esa forma de pensar de que
es ahí a donde nos dirigimos? Se escucha a menudo en los lugares de
trabajo: “Si no se mantiene al tanto con la tecnología, nadie lo va a
contratar”. “Todo está cambiando para ser digitalizado”. “Dentro de cinco
años ya no vamos a estar haciendo las cosas de esta manera”.
¿Será que la iglesia por internet va a reemplazar a la iglesia local? ¿Será que
vamos a llegar a un punto en que la gente no vaya a la iglesia, sino que la
van a descargar por internet? Y entonces, ¿qué va a pasar con el ministerio
de los unos a los otros? ¿Será que la aplicación de la iglesia va a reemplazar
la necesidad o la experiencia de reunirse a orar, de imponer manos sobre los
enfermos o de ser ungidos con aceite? ¿Qué impacto va a tener esto sobre las
admoniciones bíblicas de no dejar de congregarnos o de llamar a los
ancianos de la iglesia para que oren por los enfermos y los unjan con aceite o
de abundar en la comunión del Espíritu Santo? ¿Cómo se van a manifestar
los dones para la edificación, exhortación y consuelo del Cuerpo de Cristo si
no nos reunimos? Sí, uno puede enviar una profecía por correo electrónico,
pero ¿cómo se puede realmente “reconocer a los que trabajan entre ustedes”
de forma que haya cobertura y protección espiritual? Y ¿qué haría que una
persona – bien sea llamada, preparada y reconocida o no – no se auto-
denominara como pastor o profeta para establecer una iglesia por internet sin
tener que rendir cuentas a nadie?
No hago estas preguntas para desanimarlo, sino para iniciar un diálogo con
Dios acerca de hacia dónde nos dirigimos y cuál es el impacto en Su Reino
en el cual los heridos son vendados, los ciegos recobran la vista y los
cautivos son puestos en libertad.
- xviii
PARTE I - FUNDAMENTOS
INTRODUCCIÓN
La importancia de los dones del
Espíritu
En una vida de participación en el Reino de Dios no nos corresponde hacer
que las cosas sucedan, sino solo estar sinceramente dispuestos y deseosos de
ser capacitados.
—Dallas Willard
Vinson Synan, un investigador y estudioso de las tendencias dentro de los
movimientos cristianos (especialmente los pentecostales y carismáticos)
designó al siglo XX como “el siglo del Espíritu Santo”. El siglo comenzó
con un derramamiento explosivo del Espíritu Santo por todo el mundo – tal
vez el más notorio sea el Aviamiento de la Calle Azusa, en Los Ángeles –
que no disminuyó durante la década de los 1900. Cuanto más nos
acercábamos al final de ese siglo, parecía que los avivamientos de cada
década superaban a los de la década anterior. En América del Norte, los
avivamientos de sanidad en carpas de los cuarentas y cincuentas dieron paso
al movimiento profético de la “Lluvia Tardía”, que fue superado por el
movimiento de la Palabra de Fe, que a su vez fue superado por el despertar
Carismático que trajo un nuevo aire de adoración que cubrió muchos países
y que parecía culminar en un movimiento de gozo en los noventas. Parecía
que los dolores de parto del Espíritu se acercaban más y más – hablando
figurativamente – y que la culminación y fin de la Era de la Iglesia era
inminente. Y entonces, algo extraño empezó a suceder.
Juntamente con los avivamientos espirituales hubo un crecimiento de
humanismo secular y explosiones tecnológicas. No soy sociólogo y por lo
tanto no estoy calificado para discutir las conexiones y los paralelos entre las
dinámicas espirituales y sociales. Además no es el propósito de este libo.
Pero no tiene uno que ser un genio para ver la conexión entre la dependencia
de la Iglesia en la tecnología (lo mejor que el ser humano puede producir) y
la falta de dependencia en el Espíritu Santo para el ministerio sobrenatural.
Tal vez sea una conjetura demasiado exagerada para algunos, pero esto me
lleva al propósito de este libro.
La primera razón por la que me siento movido a ofrecer esta pequeña obra es
que parece que los dones del Espíritu se han relegado a un segundo plano en
el siglo XXI. Entiendo que para muchas personas que no crecieron en la
iglesia y para muchas otras que crecieron en iglesias donde no se hablaba del
Espíritu Santo (y mucho menos de Sus dones), esta afirmación puede no
tener mucho sentido. Para aquellos que están apenas entrando en los caminos
del Espíritu, todas las cosas les parecen maravillosamente nuevas. Para ellos
las cosas del Espíritu están en su apogeo, y la idea de que la Iglesia esté
retrocediendo les parece un absurdo. Pero la realidad es que, especialmente
en el occidente, aun donde se ha aceptado el bautismo en el Espíritu Santo
en el pasado, ahora se ha convertido en una doctrina tradicional, pero sin una
expresión verdadera. Tal vez se hable de ello; pero no se practica con
frecuencia. Al comienzo del siglo XXI las estadísticas de la denominación
pentecostal más grande del mundo revelaron que menos del cincuenta por
ciento de sus miembros ha tenido una experienciapersonal del bautismo en
el Espíritu Santo y un número aún menor ha tenido experiencias con las
manifestaciones de los dones del Espíritu en sus reuniones de iglesia. Hace
dos o tres décadas eso nos habría llevado a rasgarnos las vestiduras.
Parecería que aquellos que lucharon tan arduamente para convencer a la
Iglesia de la necesidad de los dones del Espíritu ahora viven como si no
fueran necesarios. Por eso debemos hacernos preguntas acerca de este
trágico patrón.
La segunda razón por la cual escribo este libro es que los dones del Espíritu
no se han visto a la luz de la compasión de Dios – como un fluir infinito de
Su naturaleza y Su forma de ser. Yo crecí en una iglesia pentecostal con una
herencia casi directa que me conecta (indirectamente) con el avivamiento de
la Calle Azusa. Las Asambleas de Dios y otros movimientos pentecostales se
convirtieron en los voceros de la experiencia del bautismo en el Espíritu
Santo y la operación regular de Sus dones. Durante la época en que los
pentecostales estaban marginados por las grandes denominaciones y las
experiencias con el Espíritu estaban relegadas a los pobres sin educación, la
teología del exilio fue de gran ayuda (aunque en esos tiempos no le
habríamos dado ese nombre). La teología del exilio se fundamenta en una
identificación con los esclavos que han salido de Egipto y están
continuamente deambulando por el desierto, pero que jamás llegan a la
Tierra Prometida. Piénselo. Si uno es pobre y es de un estrato socio-
económico o religioso bajo, se siente impotente. ¿Qué necesita la gente
impotente? Una forma de escape u otra forma de poder. Para un grupo de
personas que crecía rápidamente en todo el mundo, Pentecostés (la
experiencia y la teología) les dio acceso al poder sobrenatural de Dios a
través de los dones del Espíritu mientras esperaban su vehículo de escape: el
rapto de la Iglesia. Y, por supuesto, Jesús mismo fue quien le prometió a la
iglesia que ellos recibirían poder (Hechos 1:8).
De ninguna manera estoy tratando de negar que los dones del Espíritu ni
cualquier forma de cooperación con el Espíritu Santo sea un gran avance de
poder, tanto en la autoridad (exousia) con que se lleva a cabo, como en la
mera fuerza (dunamis ) que está a la disposición de las personas que
cooperan con Dios. Pero no se ha hablado mucho acerca de los dones del
Espíritu como un derramamiento del amor y la compasión infinita de un
Dios que siempre vela por el bienestar de los demás. No se ha hablado de los
dones de la Trinidad (los dones del Padre [Romanos 12], los dones del Hijo
[Efesios 4], o los dones del Espíritu [1 Corintios 12]) como una expresión
natural de quien Dios es en su esencia. Esta distinción teológica es
extremadamente significativa. Si los dones no son dados como un capricho
en una ocasión particular, sino que son una expresión de Su naturaleza y Su
naturaleza nunca cambia, entonces ¡Él no puede dejar de dar dones! Cuando
no tenemos este fundamento teológico nos metemos en debates insulsos
acerca de que si los dones “han pasado”. Permítame repetirlo: Si los dones
son el resultado momentáneo de una sensación benévola, entonces son
esporádicos, limitados a una época particular y opcionales. Y si son
ocasionales y opcionales, entonces los cristianos tienen una excusa para su
impotencia diciendo: “Puede ser que Dios le haya dado dones a otros, pero
no a mí”. Pero si los dones de Dios son el resultado de Su naturaleza
inmutable, entonces siempre los está dando, y son para todo aquel que esté
dispuesto a recibirlos.
Estoy convencido de que la Iglesia necesita ver a los dones del Espíritu
como una expresión del amor de Dios hacia todo el mundo, dado a través de
la Iglesia, en un sentir de compasión que anhela dar vista a los ciegos, sanar
a los heridos y liberar a los cautivos. Jesús, quien es la imagen perfecta y la
representación exacta del Padre, nos dio un modelo a seguir diciendo que el
Espíritu del Señor estaba sobre Él, ungiéndolo para hacer eso justamente
(Isaías 61:1; Lucas 4:18). Lucas nos dice Dios ungió a Jesús con el Espíritu
Santo y con poder para desatar Su compasión. Considere esta idea: poder
para desatar compasión . Jesús, lleno del Espíritu Santo, andaba haciendo el
bien y sanando a todos los que estaban oprimidos por el diablo, porque Dios
estaba con Él (Hechos 10:38). La iglesia se ha enfocado en el poder; pero tal
vez la compasión del Padre sea la fuerza que lo motiva (porque esa es Su
naturaleza). El poder es simplemente el vehículo. Creo que es hora de que la
Iglesia tome nuevamente su lugar como la dispensadora de compasión, con
poder.
La tercera motivación es que creo que este libro es importante porque los
dones del Espíritu Santo siguen siendo ignorados. Pablo dijo: “En cuanto a
los dones espirituales, hermanos, quiero que entiendan bien este asunto ” (1
Corintios 12:1). La versión
Reina Valera dice: “No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones
espirituales”. Ser ignorante no es la falta de educación, sino el ignorar la
información disponible. Para muchos en la Iglesia, la ignorancia se debe
simplemente a que no han estado expuestos a la verdad. Y muchos no han
estado expuestos porque los líderes de la Iglesia han ignorado las
herramientas sobrenaturales que están a su disposición. Esto es realmente
trágico cuando uno se da cuenta de que estamos viviendo después de grandes
derramamientos del Espíritu – no antes que ellos – y que tenemos a nuestra
disposición mucha información al respecto. Hoy en día no hay excusa para
la ignorancia.
Ed Stetzer dice: “la iglesia evangélica norteamericana debe a aprender a
involucrarse con la cultura desde el borde y no desde el centro”. Tiene
mucho de verdad; pero la realidad es que para involucrarse desde el borde
uno debe estar conectado al centro. Así es como Dios hace lo que hace. Es
como Él es quien es. Él es el centro de todas las cosas y de Él fluye todo lo
que Él es en pro del bienestar de los demás. Y al mismo tiempo Él está
ensanchando los bordes de todo lo que existe, como el universo que Él ha
creado. Lo cierto es que la Iglesia tiene que involucrarse con los bordes
desde el Centro. Eso es lo que la Iglesia hizo, por el Espíritu Santo, en el
avivamiento de la Calle Azusa, en el movimiento carismático y en otros
moveres del Espíritu Santo. Pero nuestro pensamiento de huérfanos no nos
permitía entender el poder que teníamos.
Solo sé que en tiempos de dificultad el espíritu de orfandad siempre busca su
comodidad. El mal de la cultura occidental, tanto en la Iglesia como fuera de
ella, sigue siendo el consumismo y la comodidad. Y aunque ni el
consumismo ni la comodidad son malas en sí, cuando se aplican a nuestro
estado espiritual, no son buenas. La idea consumista de que cuanto más
grande, mejor, hace que la meta sea el ser más grande. Cuando se usa la
tecnología como la herramienta para lograr ese objetivo, podemos estar
engañados creyendo que hemos logrado una atmósfera espiritual (una forma
artificial de sentir “la presencia de Dios”) que minimiza la necesidad de los
dones del Espíritu en la vida de la Iglesia.1 A fin de cuentas, aunque
podamos crear en la Iglesia experiencias con excelente sonido y luces, con
música y con entusiasmo (y así imitar la gloria de Dios), no podemos sanar a
los heridos, ni dar vista a los ciegos, ni liberar a los cautivos por medio de la
tecnología. Y aunque no conozco a nadie que sugiera que esto sea posible,
no estoy seguro de que la siguiente generación va a ser capaz de distinguir la
diferencia, a menos de que vean lo genuino.
Finalmente, estoy escribiendo este libro porque hay una nueva generación
que está buscando lo auténtico y la nueva generación está abandonando la
Iglesia porque han visto una versión del cristianismo comercializada,
higienizada y anémica que es cómoda pero que no exige compromiso.
Mire esta carta escrita por una persona de la generación “net” que trata de
explicar por qué muchos de ellos se están apartando de la Iglesia.2
Siempre he estado en la iglesia. Nunca me he salido, aunque he estadoal
borde de hacerlo varias veces. Me habría apartado en la secundaria si
hubiera tenido la opción de hacerlo, pero en mi casa no se admitía la idea
de no asistir a nuestra MacCongregación “chévere”, moderna, de
adoración contemporánea, glorificante de los jóvenes, predicadora de
moralismos, ignoradora de la teología.
Entonces fui. Canté mil veces las mismas canciones. Asistí a todas las
ceremonias de “El Amor Verdadero Espera”. Asistí a todos los estudios
bíblicos dispensacionalistas que nos preparaban para el rapto. Escuché
todos los sermones de cómo hacer de mí mismo una persona buena, moral,
de buen comportamiento, para no enfadar a Dios y traer condenación a mi
país.
Pero nunca sentí que pertenecía. Siempre escéptico. Siempre dudando.
Siempre el de afuera.
La verdad sea dicha, mi relación con usted siempre ha sido de amor
mezclado con odio.
Amo la teología, pero odio las expectativas de la falsa piedad.
Amo el evangelio, odio la moralidad patriótica.
Amo la Biblia, odio cómo se usa.
Amo a Jesús, pero odio lo que hemos hecho de Él.
Amo la adoración, pero odio el entretenimiento “santificado”.
Y esos otros jóvenes con quienes fui a la iglesia; ahora me entero de que
ellos también sentían que no pertenecían, que eran escépticos y que también
tenían dudas. Algunos de ellos todavía asisten, pero muchos han dejado de
ir.
Algunos se fueron porque no tenían deseos de conformarse a unas normas
culturales anticuadas que exigen que mantengamos las apariencias
“calentando banca” en la iglesia cada domingo.
Ellos no creían ni pensaban que había necesidad de aparentarlo.
Otros se han ido porque se dieron cuenta de las tácticas engañosas y
manipulativas. Se fueron porque no se sentían parte y estaban cansados de
fingir. Se fueron porque el Jesús que se predicaba desde el púlpito no tenía
parecido con Jesús de Nazaret. Se fueron porque todos los adornos,
enganches y estrategias de mercadeo estaban vacíos.
Es fácil darse cuenta qué tan desilusionado suena este representante de la
generación “net”. Suena cínico. Pero, ¿notó usted que no se mencionan para
nada ni los dones del Espíritu ni lo sobrenatural? Una de sus frases dice, que
“el Jesús que se predicaba desde el púlpito no tenía parecido con Jesús de
Nazaret”, pero se refiere principalmente al evangelio de amor e inclusión
contra el juicio y la intolerancia. Pero el evangelio de Jesús – el evangelio de
poder (sanidades y milagros) que era el vehículo del amor de Jesús para
restaurar lo que ha sido quebrantado – no se menciona. Se ha dejado a un
lado como un extra opcional.
El Espíritu Santo está obrando en esta nueva generación para rechazar el
evangelio de juicio, de conformidad o político. El Espíritu está obrando para
amar y aceptar a todas las personas, sin importar su raza, sus creencias o su
orientación sexual. Pero el amor de Dios no dice solamente: “que les vaya
bien; abríguense y coman hasta saciarse”, ni “siéntanse cómodos con su
condición actual”. Estudie nuevamente la vida de Jesús en los evangelios. El
amor de Dios se comunica con el poder del Reino que dice: “Te amo
demasiado para dejarte en esta condición deplorable”. Él toca a las personas
con poder para arreglar lo que está dañado; para sanar lo que está
quebrantado. Estoy convencido de que esta nueva generación tiene la
postura adecuada – social y teológicamente – para encontrar el punto de
equilibrio. Las Buenas Nuevas no son solamente que Dios le ama; sino que
el amor de Dios lo lleva a la sanidad. Dios, en Su amor y compasión infinita,
quiere que usted esté sano en todo sentido.
Soy un viajero, como usted. Puedo ver más claramente hacia atrás que hacia
adelante. Ahora que estoy más entrado en años tengo mucho más trayecto
pasado para reflexionar. Espero poder ayudar a una generación más joven
que tal vez no ha visto lo que yo he visto. Me siento movido a tocar la
trompeta para que la escuche la Iglesia, diciendo que los dones del Espíritu
son la forma primordial que usa Dios para derramar Su compasión a los
quebrantados. Me siento obligado a decir que este no es el momento para
limitar la obra del Espíritu Santo entre los hombres. Los dones del Espíritu
Santo no pueden quedar relegados ahora, cuando tenemos una generación
que ve que las promesas de la ciencia han fallado y que tiene sed por lo
sobrenatural. Y me siento obligado a decir que todavía hay mucho que una
nueva generación (y la vieja también) tiene que aprender acerca de cómo
Dios quiere sanar a los enfermos, vendar a los heridos y liberar a los
cautivos. Y Él está buscando quiénes colaboren con Él.
Preguntas para considerar
1. ¿Por qué cree el autor que la naturaleza de Dios que se centra en el otro es
tan importante en cuanto a los dones del Espíritu?
2. ¿Qué es lo que más le impacta acerca del artículo escrito por una persona
de la generación “net”? ¿Está de acuerdo con él?
3. ¿Cuáles son sus expectativas, qué espera recibir o qué inquietudes tiene
acerca de este libro?
CAPÍTULO UNO
Los dones del Espíritu y la
compasión de Dios
La imagen que presentan los evangelios del Hijo amado de Abba es el de un
hombre exquisitamente sintonizado con sus emociones y sin inhibiciones
para expresarlas.
—Brennan Manning
Crecí en una iglesia Pentecostal escuchando muchos mensajes acerca de la
importancia del Espíritu Santo y de los dones del Espíritu. Para mí no era
extraño ver diferentes manifestaciones del Espíritu. Nosotros esperábamos
que Él se manifestara cada vez que nos reuníamos. Orábamos con fervor
antes de cada servicio pidiéndole a Dios que se moviera entre nosotros. En
esa época no teníamos nombre, pero hoy en día se diría que era un ministerio
movido por la presencia. Así era en efecto la iglesia a la que asistí con mi
familia durante mi infancia y ahora estoy agradecido por eso. Escuché un
sinnúmero de sermones acerca de Moisés, cuando le imploraba a Dios: “—O
vas con todos nosotros —replicó Moisés— o mejor no nos hagas salir de
aquí ” (Éxodo 33:15).
Pero también escuchamos muchos mensajes acerca de “vivir correctamente”,
de “agradar a Dios” y de sentir convicción de nuestros pecados. Estos dos
temas estaban íntimamente ligados: (1) el Espíritu Santo ha venido a
convencernos de nuestro pecado y (2) Él nos da poder para testificar y hacer
cosas poderosas en Su nombre. En esa época no podía concebir que en el
futuro esta combinación llevaría a la Iglesia a perder poder en lugar de
aumentarlo. No sabía que iba a estar mucho más enfocado en mi pecado y
mi naturaleza pecaminosa que en Sus dones y la gracia que Dios ha
derramado por Su pura compasión por los quebrantadores y los
quebrantados, los violentos y los violentados.
Tal vez ahora usted quiera saltarse este capítulo y avanzar al siguiente para
leer la parte “principal”. Usted seguramente quiere saber más acerca de los
dones, de los obstáculos a los dones y de cómo cultivarlos. Pero le pido que
me acompañe.
¿Recuerda la Nochebuena y lo ansiosos que están los niños por abrir los
regalos? Mi papá estableció una tradición familiar que yo mantuve con mis
hijos y espero que ellos la sigan con los suyos. Mi papá tenía la costumbre
de hacernos sentar alrededor del árbol de Navidad y abrir su Biblia en Lucas
2. Por supuesto que nosotros queríamos saltarnos esta parte para abrir los
regalos. Pero también sabíamos que mi papá no iba a ceder. Mi papá siempre
nos leía la historia del nacimiento de Jesús para recordarnos, año tras año,
por qué estábamos recibiendo regalos. Lo importante de la Navidad no eran
los regalos, sino la celebración de una Persona y del inmenso amor del Padre
que nos había dado a Su único Hijo.
Lo mismo pasa con estos dones. Si nos enfocamos en los dones e ignoramos
a Aquel que los da y Su motivación al darlos, nos perdemos de lo más
importante. Entonces debemos comenzar estableciendo quién es Dios.
Permítame explicarle, porque esto impacta todo acerca del por qué y el cómo
de los dones del Espíritu. Lo que uno cree acerca de Dios define lo que uno
cree acerca de todo lo demás – literalmente todo, incluyendo los dones del
Espíritu. Déjemedarle algunos ejemplos. Por supuesto que estas no son las
únicas alternativas y cada una de ellas puede presentar variaciones, entonces
le pido que me permita usarlas como ejemplos y no como aseveraciones
rígidas. Las estoy usando para ilustrar cómo nuestra perspectiva de Dios
afecta nuestra perspectiva acerca de los dones espirituales para mostrar por
qué considero importante comenzar este estudio acerca de los dones con una
sección acerca de quién es Dios.
Dios, el Juez
Si uno cree que Dios es un juez estricto cuya intención es seguir las reglas
al pie de la letra , entonces uno también cree que lo que a Él más le interesa
es nuestra conducta – creer y hacer todo correctamente; que la conducta
correcta es más importante aún que las relaciones sanas. Entonces uno cree
que lo más importante es el perdón de los pecados porque (razonamos) Dios
no soporta estar en la presencia del pecado. Creemos que Dios evita el
pecado como si fuera una plaga y por lo tanto no puede soportar a los
pecadores. Esto también afecta lo que uno piensa acerca de la santidad. Los
teólogos se refieren a esta perspectiva como “la satisfacción judicial de la
expiación” y desde este punto de vista, la santidad consiste en mantenerse
apartado de cualquier cosa que sea pecaminosa o impura. Por lo tanto,
explicamos, tenemos que guardar distancia porque el pecado es poderoso y
nos puede contaminar fácilmente. Entonces la salvación consiste en que
Jesús nos cubre con Su sangre para que el Padre nos pueda recibir a pesar de
nuestra inmundicia. Bajo esta imagen de Dios, el propósito principal de la
venida de Jesús a la Tierra fue guardarnos de la ira de Dios.
Siga leyendo, porque esto le va a ayudar a cambiar algunos paradigmas. No
estoy diciendo que no hay distinción entre lo correcto y lo incorrecto. Sí la
hay. No estoy diciendo que no necesitamos perdón por nuestros pecados. Lo
necesitamos y estoy eternamente agradecido por el don de la salvación. Pero
si nuestra perspectiva de Dios es la del Dios iracundo del Antiguo
Testamento – el juez que está sentado en Su trono listo para castigarnos cada
vez que hacemos algo malo – entonces tenemos una predisposición con
respecto al propósito de los dones el Espíritu.
Si lo más importante para Dios es estar en lo correcto, y si la santidad
consiste en hacer todas las cosas correctamente y la venida de Jesús fue para
apaciguar la ira de Dios – para evitar que nos aniquilara – entonces el papel
principal del Espíritu Santo es convencernos (sacar a relucir) de nuestro
pecado. Ahora recae sobre nosotros la responsabilidad de tomar las
decisiones correctas y apartarnos del pecado. Ahora que tenemos la Biblia,
lo que nos resta hacer es sacar principios de causa y efecto y vivir de
acuerdo con ellos. La función de la Iglesia es establecer un código de ética y
moral que agrade a Dios. Con esta imagen, los dones del Espíritu le fueron
dados a la Iglesia primitiva sólo hasta cuando se completó el nuevo libro de
normas (el Nuevo Testamento). Ahora que tenemos la Biblia (Antiguo y
Nuevo Testamento), los dones ya no son necesarios.
Pero fíjese que cuando Jesús caminó sobre esta Tierra declaró que toda
autoridad le había sido dada. Él tenía toda autoridad para juzgar a la
humanidad, pero no lo hizo. Por el contrario, Él dijo: “no vine a juzgar al
mundo sino a salvarlo ” (Juan 12:47). Jesús demostró el amor
sobreabundante del Padre cuando, pudiendo habernos juzgado, no lo hizo.
Entonces me pregunto por qué insistimos en seguir viendo a Dios como un
juez severo, cuando Jesús claramente nos reveló algo diferente.
Por el contrario, si Dios no es un Dios que está buscando castigarnos cada
vez que quebrantamos la Ley, entonces tal vez la salvación es más que un
“boleto al cielo”, un escape de las llamas del infierno o un rescate de un
mundo contaminado. Tal vez la misión del Padre sea la renovación de todas
las cosas, llevada a cabo a través de una fuente inagotable de perdón,
sanidad, prosperidad, liberación, seguridad, rescate, conservación, paz, gozo
y un bienestar general llamado Shalom . Estos son sinónimos de la palabra
griega sozo , que se traduce comúnmente como “salvación”. Si esto es así,
entonces los dones del Espíritu juegan un papel diferente que veremos más
adelante.
Dios, el Supremo Controlador
Otra perspectiva de Dios que afecta nuestra perspectiva de todo lo demás es
la de Dios como el supremo controlador . Con frecuencia se usa la
expresión de la “soberanía de Dios”, pero muchas veces la interpretamos
para explicar lo que no entendemos, diciendo “Dios está en control”, como
queriendo decir que todo lo que pasa está predeterminado por Dios – que
todo lo que pasa es por Su elección y entonces realmente no importa si
nosotros participamos o no en Su plan. En esta postura todo lo que pasa es
porque Dios lo hace, (o lo permite) y si algo no se hace es porque
seguramente no es Su voluntad. Nosotros somos solamente las piezas del
tablero de ajedrez, movidas por la mano divina del Soberano.
Con esta perspectiva no estamos seguros de por qué Él quiere que oremos –
supuestamente es para que creamos que tenemos un papel que jugar, pero ya
todo ha sido dispuesto. Si Él quiere que yo sea salvo, voy a ser salvo. Si
quiere llenarme con Su Espíritu, Él lo va a hacer. Si Él quiere sanarme, lo va
a hacer. Si quiere darme dones y usarme, lo va a hacer; pero si no tengo
dones, debe ser que esa no es Su voluntad. Bajo esta postura Dios le da
dones a algunos, pero igualmente puede decidir removerlos. Esta es la
perspectiva de Dios como un actor unilateral para quien las relaciones no son
necesarias. Minimiza Su deseo de cooperación humana. En este caso, ¿por
qué le diría Pablo a la Iglesia que “ambicionen los dones espirituales ” (1
Corintios 14:1)?
Por supuesto que Dios es soberano, pero ¿qué significa? Ser soberano
significa poder actuar libremente sin restricción de un poder superior o
fuerza de control. Entonces, si Dios tiene libertad para actuar, ¿cómo
podemos saber qué quiere hacer? Algunos dirían que es imposible saberlo.
Decimos: “Dios obra de formas misteriosas”. Pero Él nos hace promesas y
espera que nosotros confiemos plenamente en que Él hará conforme a Su
palabra. Pero en nuestra perspectiva mecánica le hemos dado vuelta al
asunto, convirtiendo la Palabra de Dios en un contrato o una constitución
que ejerce poder legal sobre Dios mismo. He oído predicadores que dicen
que “Dios está obligado a obedecer Su palabra”. Pero no es así. Debemos
preguntarnos, ¿de dónde vienen Sus palabras? ¿Qué define las palabras que
Dios dice? Su naturaleza. Su naturaleza nunca cambia. Su naturaleza es
amor. Esa es la fuerza controladora de Su soberanía. Eso quiere decir que Él
es libre, en Su amor, para amar libre y eternamente. En este caso, en Su
soberanía, Dios ha elegido asociarse con el hombre y lo hace dando dones
continua y libremente como una expresión de Su compasión y poder.
Dios, el Galardonador
Exploremos una tercera imagen de Dios – la de un Dios galardonador , que
recompensa el buen comportamiento. Él reserva Su bendición para los
obedientes. He escuchado a alguien decir: “la gracia es gratuita, pero el favor
es merecido”. Si esto es así, entonces la salvación y la madurez espiritual se
convierten en mi responsabilidad, obedeciendo a Dios. Sí, por supuesto que
tenemos responsabilidad, pero debemos entender que esto es
primordialmente la habilidad de responder; es nuestra respuesta a lo que
Dios inicia en nosotros por el Espíritu Santo (ver Filipenses 2:13). Pero
desde la perspectiva de Dios como el galardonador, creemos que Dios sólo
busca la santidad y nos da dones como premios a nuestra obediencia, como
la zanahoria que se le pone enfrente a un burro para que camine. El triste
resultado es un enfoque en el desempeño que hace de los dones una forma
más de demostrar superioridad espiritual. Este era el problema de los
Corintios, que pensaban que si alguien se movía en los dones del Espíritu
Santo, entonces ese era más espiritual o más santo que los demás.
Pero esta postura presenta variosproblemas. Primero, los dones del Espíritu
no son una recompensa de espiritualidad. Pablo le dice a los Corintios que le
gustaría poder tratarlos como a espirituales, pero que, por el contrario,
estaban actuando como carnales, siendo guiados por sus sentidos y sus
emociones (1 Corintios 3:1). En lugar de vivir centrados en los otros,
amándose y cuidándose mutuamente, estaban ensimismados, reclamando sus
derechos y buscando su propio placer.
Les di leche porque no podían asimilar alimento sólido, ni pueden todavía,
pues aún son inmaduros. Mientras haya entre ustedes celos y contiendas,
¿no serán inmaduros? ¿Acaso no se están comportando según criterios
meramente humanos? (1 Corintios 3:2).
Es claro que los Corintios, a quienes “no les faltaba ningún don espiritual”
sino que tenían abundancia de manifestaciones del Espíritu, no lo hacían
porque fueran espirituales, maduros ni de buen comportamiento. Parece ser
que los Corintios, antes que ser motivados por compasión, eran egoístas.
Segundo, pensar que Dios da dones como recompensa se basa en la idea de
que los dones le pertenecen a ciertas personas. Pero los dones de
manifestación del Espíritu (1 Corintios 12) no son la posesión privada de
ningún individuo. Le pertenecen al Espíritu Santo, y Él los da, no al
administrador del don, sino a cualquier persona (o personas) que lo necesite
en ese momento. Los dones le son dados a la Iglesia (a través de cualquier
persona que esté dispuesta a cooperar con Él), según el Espíritu determine,
como manifestaciones temporales (phanerosis ) que exhiben pequeñas
facetas de la infinita sabiduría, el poder y la presencia de Dios, motivada por
compasión.
Dios es amor y compasión perfecta
y sobreabundante
Sobra decir que cada una de las posturas anteriores tiene algo de verdad. Y
reconozco que las he descrito como casos extremos para ilustrar el punto. En
realidad existen un sinnúmero de posiciones entre los polos opuestos del
juez severo y el galardonador. Pero mi objetivo es demostrar cómo nuestra
imagen de Dios afecta nuestra postura con respecto a los dones espirituales.
Vale la pena, entonces, hacernos la pregunta: ¿Hay una postura de Dios que
sea más precisa? ¿Qué nos muestra Jesús, con Sus palabras y acciones,
acerca del Padre? ¿Podemos conocer el corazón de Dios? ¿Podemos conocer
Su voluntad? Si Dios es más que el juez dador de la Ley, el soberano
controlador del universo o el galardonador, entonces, ¿cómo es? ¿quién es?
¿De dónde podemos tomar una perspectiva correcta de Dios? Lea
cuidadosamente estos versículos y deje que la Biblia misma se lo responda:
A Dios nadie lo ha visto nunca; el Hijo unigénito, que es Dios y que vive en
unión íntima con el Padre, nos lo ha dado a conocer (Juan 1:18).
El que me ha visto a mí, ha visto al Padre (Juan 14:9).
Él [Jesús] es la imagen del Dios invisible (Colosenses 1:15).
El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que él es
(Hebreos 1:3).
Me gusta decirlo así: “Jesús es la teología perfecta”. Si uno quiere ver como
es el Padre, no tiene que ir al Antiguo Testamento ni al Apocalipsis (lleno de
simbología). Mire a Jesús – Dios hecho hombre. Lo que Jesús hizo, tanto en
palabra como en acción, es exactamente lo que hace el Padre en esa misma
situación o en esas mismas condiciones.
Jesús nos revela a Dios como la perfección de tres personas, una esencia de
amor y compasión sobreabundante y centrada en el otro. Él no tiene un
motivo oculto para dar de Su amor. Él es el todo-suficiente a quien no le
falta nada; pero Su amor es tal que no se puede contener. Esa es la esencia de
Su ser (2 Corintios 12:9; Salmo 50:7-12). Él está llenando al universo
consigo mismo, sosteniendo todas las cosas y llenando a plenitud a todo
aquel que esté dispuesto a recibirlo (Efesios 1:23; 3:10, 19; Hebreos 1:3).
En nuestro quebrantamiento hemos interpretado a Dios como una
proyección mejorada de la mejor versión de nosotros mismos. Decimos que
Él ha creado al hombre (y todo lo demás), entonces tenemos que alabarlo,
como si Él necesitara de nuestra alabanza. Pero Él no la necesita:
No necesito becerros de tu establo
ni machos cabríos de tus apriscos,
pues míos son los animales del bosque, y mío también el ganado de los
cerros.
Conozco a las aves de las alturas;
todas las bestias del campo son mías.
Si yo tuviera hambre, no te lo diría,
pues mío es el mundo y todo lo que contiene.
¿Acaso me alimento con carne de toros, o con sangre de machos cabríos?
¡Ofrece a Dios tu gratitud,
cumple tus promesas al Altísimo!
Invócame en el día de la angustia;
yo te libraré y tú me honrarás. (Salmo 50:9-15).
¿Será que Dios necesita de nuestra honra para suplir algo que le falta? No. Él
es tan seguro de sí mismo que puede entregarse completamente, y no
necesita controlarlo todo. De hecho, Él protege nuestro libre albedrío y nos
permite elegir lo que es contrario a Su voluntad. Dios está restaurando a toda
la creación a su plan original, que es una sanidad relacional que le permite
amar y llenar a todo el universo libremente con Su ser. Dios es amor y
compasión perfecta y sobreabundante.
Cuando aplicamos esto a los dones del Espíritu, vale la pena recordar que
Jesús “anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que estaban
oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él ” (Hechos 10:38). En
esta descripción vemos claramente que Dios es un Dios que valora las
relaciones y que se mueve con compasión. Ahora fíjese en estos versículos:
Al ver a las multitudes, tuvo compasión de ellas… (Mateo 9:36).
Cuando Jesús desembarcó y vio a tanta gente, tuvo compasión de ellos y
sanó a los que estaban enfermos (Mateo 14:14).
Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
—Siento compasión de esta gente porque ya llevan tres días conmigo y no
tienen nada que comer (Mateo 15:32).
Jesús se compadeció de ellos y les tocó los ojos… (Mateo 20:34).
Cuando Jesús desembarcó y vio tanta gente, tuvo compasión de ellos,
porque eran como ovejas sin pastor. Así que comenzó a enseñarles muchas
cosas (Marcos 6:34).
¿Ve algo en común en estos pasajes? ¿Por qué hizo milagros Jesús? ¿Sólo
para convencernos de nuestro pecado? ¿Sólo para confirmar Su ministerio?
¿Reservó Sus milagros sólo para quienes eran merecedores de ellos? No.
¡Jesús hizo milagros porque tenía compasión!
El padre en la parábola del hijo pródigo
Parece ser que había personas en los tiempos de Jesús que, al igual que hoy,
no estaban captando la conexión entre las acciones de Jesús y la naturaleza
amorosa del padre. Lo veían hacer milagros, sanar a los enfermos y restaurar
a los heridos, pero sus ideas preconcebidas eran tan religiosas que solamente
estaban buscando evidencias de que Él era el Mesías que los iba a librar de
la opresión romana. Entonces Jesús les contaba historias – parábolas – sobre
todo acerca de Su Padre, para ayudarlos a ver claramente. Ese es el punto
principal de la parábola del hijo pródigo. Usted seguramente la conoce. El
hijo exige su herencia (buscando su propio bien aunque le costara a su
familia) y la malgasta. Entonces recapacita y regresa a la casa de su padre.
Aquí es donde la historia da un vuelco sorprendente para quienes lo oían.
Escúchela usted con oídos nuevos; léala con ojos nuevos:
Todavía estaba lejos cuando su padre lo vio y se compadeció de él; salió
corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo besó [y le dio dones] (Lucas 15:20).
¿Qué hizo que el padre pidiera la ropa, el anillo y las sandalias? ¿Qué hizo
que el padre hiciera una fiesta? Su compasión. La compasión es la
motivación principal para todos los dones de Dios, incluyendo los dones
espirituales. Por supuesto que hay una parte de la misión de restauración de
Dios que busca cooperar con Sus hijos para llevarla a cabo. La cooperación
es importante para un Dios que es esencialmente relacional. Sí, hay una
dimensión de la gloria de Dios que se ve reflejada en estos diminutos
destellos de la omnipotencia, omnisciencia y omnipresencia de Dios cuando
Él derrama ríos de poder, de revelación y de palabra a través de conductos
humanos. Y todoeso es importante. Pero la compasión es el motor principal
del Amor.
¿Qué es compasión?
La palabra compasión (del Griego Splanchnizomai), es un desgarre de las
emociones o de las entrañas. Desde el punto de vista bíblico es mucho más
que una simple emoción. La palabra se usa para describir el dolor que siente
una mujer cuando está dando a luz. En los seres humanos, es una
compulsión interna inspirada por el Espíritu, una impresión del Espíritu
Santo que lleva a alguien a identificarse con el dolor ajeno de forma que no
puede ser ignorado. Es un mover interno que no se puede fabricar.
Ahora piense en la compasión como el motor de los dones del Espíritu. Es
una obra del Espíritu Santo en una persona, dada por el Espíritu, conforme
Él lo dispone. La compasión hace que uno se detenga a decir: “¡Tenemos
que hacer algo!” El Espíritu le da poder para moverse, para hacer algo. Esto
sucede cuando nos disponemos y le decimos a Dios que puede usarnos como
Él quiera en cualquier situación en que nos encontremos.
¿Cómo hemos malinterpretado los dones?
Hemos dicho que la naturaleza de Dios es amor y la motivación de Sus
acciones es la compasión. Pero hemos malinterpretado la gloria de Dios en
medio de una mentalidad de huérfanos necesitados. Sentimos la necesidad
de obtener posición, poder, posesiones o de satisfacer nuestras pasiones para
suplir lo que nos falta. Nos movemos por nuestra deficiencia. Nos han
vendido la idea de que somos unos débiles necesitados y que el poder del
Evangelio se manifiesta cuando recalcamos la gran necesidad que tenemos.
Entonces predicamos mensajes que nos mueven emocionalmente,
recordándonos que si bien ya salimos de Egipto, estamos en el desierto,
queriendo aun llegar a la Tierra Prometida. Por un lado oímos hablar de la
autoridad y el poder que tenemos en el nombre de Jesús, pero cada servicio
termina con un gran llamado al altar donde sacamos a relucir todo lo que nos
falta. La idea es que lo normal, para el creyente, es estar continuamente
necesitado y que tenemos que ir a la iglesia los domingos para poder
sobrevivir en el curso de la semana. Entonces en la Iglesia del siglo XXI
interpretamos los dones del Espíritu con el mismo lente que tenían los de la
iglesia primitiva (se oye hablar acerca de lo inmaduros que eran los
Corintios, lo cual es, en sí bastante carnal de nuestra parte).
Lo más triste es que el pueblo de Dios tiene sed de ver a Dios moverse en
nuestra generación. Estamos hastiados de oír acerca de Su poder sin verlo.
Entonces nos animamos a orar, a buscar de Dios, aun a ayunar (¡así sabemos
que es serio el asunto!). Entonces llega el “avivamiento” que tanto
anhelamos. Vemos la manifestación de Sus dones, pero asumimos que son el
resultado de nuestra ardua labor de buscarlo a Él. Nuestro corazón de
huérfanos atribuye las manifestaciones a lo que suponemos es nuestro nuevo
nivel de espiritualidad y nos llenamos de orgullo, haciendo alarde de todo lo
que Dios nos ha dado. Estas actitudes arrogantes se hacen repelentes a la
siguiente generación, que observa desde los costados y los lleva a repudiar
cualquier cosa que tenga que ver con los dones. Y así se repite el ciclo.
Por supuesto que la solución a este círculo vicioso no es un nuevo
avivamiento, sino una revelación del corazón del Padre mediante el espíritu
de adopción. Los hijos se sienten a gusto en su lugar con Dios, entonces no
lo ven como algo a qué aferrarse (Filipenses 2:6). Los hijos no tienen que
aferrarse a lo que les pertenece. Los hijos saben de dónde han venido,
conocen la autoridad que tienen y saben hacia dónde se dirigen, entonces
tienen libertad de servir a los demás (Juan 13:1-3). Los hijos tienen el poder
de vivir centrados en los demás y de moverse con compasión por los
afligidos, porque nada les falta.
Los dones son diferentes
Los dones del Espíritu no son simplemente una doctrina que unos creen y
otros no. No son las herramientas de los súperespirituales para demostrar su
estatus privilegiado. Los dones no son una señal de que unas iglesias son
mejores que otras. Los dones del Espíritu son una pequeña parte del
continuo desbordamiento del amor de Dios que da de sí mismo para invadir
la creación que ha sido dañada por el pecado y así restaurarla. Las
manifestaciones del Espíritu son las obras continuas de sanidad y
restauración de Jesús, por Su Espíritu, dadas a través de Su Iglesia para sanar
lo que ha sido quebrantado, para vendar a los heridos y para dar libertad a
los cautivos. Son un fluir constante de la naturaleza misma de Dios.
Si esto es así, entonces no tenemos que preocuparnos demasiado con
cometer errores en “ser usados en los dones” o en “manifestar los dones”.
Los dones del Espíritu no son una prueba de nuestra capacidad o
espiritualidad. Dios está buscando a cualquier vasija que esté dispuesta a ser
un canal de Su compasión. Es por eso que a veces usa vasijas bastante
imperfectas. Es por eso que a veces usa personas que son raras o excéntricas.
Como dijo un predicador hablando de una pizza: “el empaque no es lo que
hace que la pizza sea valiosa; es la pizza lo que da valor al empaque. Dios
está buscando un empaque limpio y vacío que quiera ser llenado”. Y aun si
usted se equivoca en el desempeño, los demás pueden ver la compasión de
Dios que les está siendo ofrecida. Pablo dice que debemos usar los dones
para “edificar, animar y consolar ” (1 Corintios 14:3). Siempre y cuando que
usted ministre con un corazón de compasión que busque sanar, restaurar y
bendecir, no se puede equivocar.
Oración
Padre, perdóname si te he visto solamente como el Juez dador de la Ley, el
supremo controlador o el galardonador. Te adoro como el “Yo Soy” todo
suficiente de amor y compasión. Dame un corazón compasivo que vea las
necesidades de los demás antes que las mías. Muéveme con compasión para
ser un canal de Tu amor, para que aun si no digo o hago las cosas
perfectamente, los demás puedan sentir Tu amor y Tu compasión obrando a
través de mí. Yo ambiciono los mejores dones – aquellos que ayudan a las
personas a mi alrededor, cualquiera que sea su necesidad, para que te
conozcan como el Dios sanador que eres. En el nombre de Jesús te lo pido.
Preguntas para considerar
1. De acuerdo con el autor, ¿cuál es el peligro de enfocarse en los dones del
Espíritu?
2. De las perspectivas de Dios, ¿cuál es la más parecida a su concepto
principal acerca de Él? ¿Se le ocurre alguna perspectiva que no se mencione
en el libro?
3. ¿Hay alguna diferencia entre ver los dones como un resultado de la
compasión de Dios y verlos como poder?
4. ¿Qué aprendió usted de este capítulo que le ayude a afinar su perspectiva
acerca de los dones del Espíritu?
CAPÍTULO DOS
Los dones de la Trinidad
El Espíritu es el primer poder que experimentamos en la práctica, pero el
último que llegamos a entender. —Oswald Chambers
Nuestra naturaleza humana, en su quebrantamiento, aun busca comer del
fruto del árbol equivocado. Queremos conocimiento para poder controlar las
cosas. Pero jamás vamos a poder comprender plenamente cómo obra el
Espíritu y nunca lo podremos controlar. Pero deberíamos estudiar
cuidadosamente cómo Él ha obrado, tanto en la vida de Jesús como en la de
otras personas. Él es predecible sólo en el sentido de que Su naturaleza no
cambia. En cuanto a la información, esto es importante.
Cuando hablamos de los dones espirituales, debemos tener cuidado de
distinguir a cuáles dones nos referimos. Hay muchos autores que combinan
todos los dones mencionados en el Nuevo Testamento sin hacer una
distinción de cuál miembro de la Trinidad los da o por qué y además
añadiendo otro tipo de “dones” (por ejemplo el celibato, la hospitalidad, la
habilidad artística, etc.) que indudablemente requieren de gracia (el poder de
Dios actuando en nuestra debilidad), pero que no son propiamente una
manifestación sobrenatural de la naturaleza de Dios. Los dones espirituales
fluyen a través de nosotros para bendecir a los demás, especialmente
(aunque no exclusivamente) en el contexto de la iglesia local. Por eso es
imprescindibleconocer bien la naturaleza de Dios. Si no la entendemos,
caemos en tres errores: (1) nos perdemos de la importancia de la naturaleza
relacional de Dios como el fundamento de Su deseo de cooperar con
nosotros; (2) no nos damos cuenta que ese amor que fluye continuamente
hacia el otro es la fuerza motivadora de los dones y (3) reemplazamos lo
sobrenatural con lo natural. Es importante mantener la perspectiva de la
naturaleza de Dios como la fuente de los dones y tener en claro que estos no
se deben confundir con talentos o habilidades (aunque no niego que en cierta
forma esos también son dones de Dios).
¿Tenemos que minimizar los dones naturales para sacar a relucir los dones
espirituales? No. Reconocemos que atletas sobresalientes como Lionel
Messi, por ejemplo, tienen un talento especial, que es un regalo de Dios. Con
mucha dedicación y práctica, ese talento se ha convertido en una habilidad
especial que entretiene a millones de amantes de los deportes. Mozart tenía
un talento musical que se convirtió en una habilidad artística que aun ahora,
siglos después de su muerte, sigue llenando las salas de conciertos más
grandes del mundo. Sin duda alguna estos son dones de Dios, pero no los
debemos confundir con los dones espirituales. Si queremos tener un
fundamento bíblico, debemos mantener las distinciones del apóstol Pablo.
Tres tipos de dones
Para entender los dones del Espíritu, debemos comenzar estableciendo el
contexto de la Trinidad – el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo – como un
Dios de amor infinito, sobreabundante, enfocado en los demás. Fíjese cómo
Pablo describe los dones de manifestación en el contexto de la Trinidad en 1
Corintios 12:4-6:
Ahora bien, hay diversos dones, pero un mismo Espíritu. Hay diversas
maneras de servir, pero un mismo Señor. Hay diversas funciones, pero es un
mismo Dios el que hace todas las cosas en todos.
Pablo entiende que los dones del Espíritu son un fluir sobreabundante de la
vida infinita del Dios que es Tres en Uno. Los dones fluyen del mismo
Espíritu, el mismo Señor y el mismo Dios. Cuando entendemos el concepto
de Dios como la fuente de todo y que todo lo que existe ha sido creado por
Su naturaleza de amor incontenible, entonces entendemos que toda la vida es
un don de Dios. Pero la Biblia muestra claramente que hay ciertos dones que
provienen específicamente de cada miembro de la Trinidad.
Los dones del Padre (dones de motivación)
El Padre, como Creador, les da dones a los hombres en la motivación
intrínseca que Dios le da a cada persona. Los encontramos en Romanos
12:6-8 y se les llaman dones de motivación porque son como el motor que
mueve a las personas.
Tenemos dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado. Si el don de
alguien es el de profecía, que lo use en proporción con su fe; si es el de
prestar un servicio, que lo preste; si es el de enseñar, que enseñe; si es el de
animar a otros, que los anime; si es el de socorrer a los necesitados, que dé
con generosidad; si es el de dirigir, que dirija con esmero; si es el de
mostrar compasión, que lo haga con alegría.
Estos dones de motivación son de por vida. Funcionan como el filtro o ADN
espiritual de cada creyente, como portadores de la imagen de Dios. Estos
dones son el “modus operandi”, la manera en la cual el creyente percibe y
enfrenta sus responsabilidades en la vida y en el ministerio.
Los dones del Hijo (dones de ministerio)
El Hijo, como Cabeza de la Iglesia, le da dones de liderazgo para edificarla,
para llevar a cabo el ministerio de Cristo. Estos se encuentran en Efesios
4:11-12:
Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros,
evangelistas; y a otros, pastores y maestros, a fin de capacitar al pueblo de
Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo.
Los dones de ministerio son personas que le han sido dadas a la Iglesia, con
un “llamado” para la obra y con un equipamiento sobrenatural para llevarla a
cabo. El llamado puede cambiar o desarrollarse como la mezcla de varios
dones (ejemplo: un pastor puede desarrollar un ministerio profético o
apostólico en algún momento, etc.); pero el propósito no cambia – la función
de estas personas es equipar a la Iglesia para que los creyentes lleven a cabo
la obra del ministerio. Se le podría prestar mucha atención a la restauración
de estos dones en la Iglesia. Muchas personas han abandonado la Iglesia,
frustrados, pero sin poder identificar la causa de su frustración. Sólo sienten
que no están escuchando nada que sea relevante a la pasión de su corazón.
Estoy convencido de que parte de esta frustración se debe a que hemos
hecho que los cinco dones de ministerio funcionen bajo los parámetros de
dos de ellos: pastor y maestro. Este tema tendrá que ser tratado más a fondo
en otro libro.
Los dones del Espíritu (dones de manifestación)
El Espíritu, siendo la vida de la Iglesia, viene a llevarla a la madurez
espiritual para cumplir con su propósito. Estos dones de manifestación se
encuentran en 1 Corintios 12:7-11 y son el tema central de este estudio:
A cada uno se le da una manifestación especial del Espíritu para el bien de
los demás. A unos Dios les da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otros,
por el mismo Espíritu, palabra de conocimiento; a otros, fe por medio del
mismo Espíritu; a otros y por ese mismo Espíritu, dones para sanar
enfermos; a otros, poderes milagrosos; a otros, profecía; a otros, el
discernir espíritus; a otros, el hablar en diversas lenguas; y a otros, el
interpretar lenguas. Todo esto lo hace un mismo y único Espíritu, quien
reparte a cada uno según él lo determina.
Los dones de manifestación no son una posesión del creyente, sino más bien
una habilidad ocasional (phanerosis) para dispensar la compasión de Dios,
mediante el poder del Espíritu, a una necesidad específica. Los dones de
manifestación no están a la disposición de las personas, sino que el Espíritu
los distribuye según Él mismo lo determina. Él los da para suplir una
necesidad particular y Él mismo decide cual don dar en cada ocasión.
La mentalidad del mundo occidental ha interpretado estos dones de dos
formas: como operaciones mecánicas de Dios o como una descarga primitiva
que ahora es obsoleta. En realidad, estos dones son el resultado del continuo
fluir de la naturaleza de Dios, lo que implica que los tres miembros de la
Trinidad están dando dones continuamente para que la Iglesia y el mundo
lleguen al cumplimiento del plan y el propósito del Padre.
El Dr. C. Peter Wagner dice que “un don espiritual es un atributo especial
(habilidad) dado por el Espíritu Santo a todo miembro del cuerpo de Cristo
de acuerdo con la gracia de Dios para ser usada en el contexto del ‘cuerpo”
.
El Dr. Lester Sumrall define un don espiritual como “espiritual, no del
alma; una habilidad extraordinaria que es dada a una persona por el poder
infinito del Espíritu Santo” .
El Dr. Jack Hayford define un don espiritual como “un don gratuito, una
habilidad espiritual, una facultad milagrosa” .
Es importante reconocer que los dones del Espíritu son exactamente eso:
espirituales. No son habilidades humanas super-desarrolladas. Los dones
espirituales no son una ayuda para que el hombre sea lo mejor que puede ser
a un nivel humano, sino habilidades sobrenaturales que le permiten al
hombre ser mejor de lo que humanamente pudiera ser. Todos estos tienen un
elemento sobrenatural que no se puede alcanzar por medio del esfuerzo
humano. Eso se puede ver claramente en las palabras que usa Pablo para
describir los dones.
Las dos palabras primordiales usadas para referirse a los “dones espirituales”
en el lenguaje original son “charisma” y “pneumatikos ”. La raíz de la
palabra “charisma” es “charis”, que significa gracia. La gracia comúnmente
se define como “el favor inmerecido de Dios” – y ciertamente lo es. La
gracia es un regalo gratuito de Dios a la humanidad, que surge de Su
naturaleza de amor incontenible. Pero si no aplicamos la definición que le da
Jesús, nos perdemos de muchos aspectos de la magnitud de la gracia.
Jesúsdefine la gracia cuando está respondiendo a la petición de Pablo en
cuanto a la opresión demoníaca que le traía problemas constantes en su
ministerio. Tres veces le pidió al Señor que lo librara. Fíjese en lo que le dice
Jesús: “Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad
[al punto de tu necesidad]” (2 Corintios 12:9). Jesús define la gracia como
“el poder de Dios en el lugar de nuestra necesidad”. La gracia se manifiesta
cuando Dios hace por nosotros lo que nosotros no podemos hacer por
nuestra propia cuenta. Somos salvos por gracia – es decir, Dios hizo por
nosotros lo que nosotros no podíamos hacer por nosotros mismos y Él nos da
la salvación gratuitamente. No nos la podemos ganar; no nos la podemos
merecer. Eso es gracia.
Ahora apliquemos esa definición a las “gracias espirituales” (pneumatikos
charis ). Ahora tiene sentido entender que los dones espirituales son
“atributos especiales” o “habilidades extraordinarias” que responden
directamente a una necesidad. La raíz de la palabra “pneumatikos” es
“pneuma” , que significa “espíritu”. Se puede referir al espíritu de una
persona o al Espíritu Santo, aunque en la mayoría de las veces, en el griego,
al referirse al Espíritu Santo se usa la combinación Hagios Pneuma . De
cualquier manera, “pneumatikos” nos indica que estos dones (poderes,
habilidades), no tienen una naturaleza u origen físico, natural, del alma o
emocional; sino que son espirituales y operan a través del espíritu del
hombre, pero provienen del Espíritu Santo. Son dados por el Espíritu, como
un fluir de la naturaleza compasiva de Dios para suplir la necesidad humana.
Esto parecería no ser una distinción importante, pero lo es. Quienes tratan de
enseñar acerca de los dones espirituales sin tener experiencia en el mover del
Espíritu, casi invariablemente enseñan la aplicación de los dones como
habilidades naturales (por ejemplo “profetizar no es más que predicar” o “la
palabra de ciencia viene con la educación avanzada”, etc.). Sin embargo, el
predicar puede ser aprendido y practicado intelectualmente, sin la ayuda del
Espíritu Santo o la función del espíritu humano. Todos hemos oído este tipo
de predicación en algún momento. Entonces, alguna enseñanza inspirada por
el Espíritu puede ser profética, pero la profecía no es la predicación. Le
aconsejo que tenga cuidado con recibir enseñanzas acerca de los dones
espirituales de parte de personas que nunca han estado expuestas a la
operación de los dones en la Iglesia. Puedo darle una analogía del fútbol. Yo
puedo sentarme en mi sillón a ver un partido en la televisión, pero eso no
quiere decir que yo me haya parado en la portería para detener un tiro libre.
La experiencia y la observación desde afuera son dos cosas muy diferentes.
Y voy más allá, aun si hubiera tenido la oportunidad de pararme en una
cancha de fútbol, con uniforme y todo, no quiere decir que sepa cobrar un
tiro de esquina y mucho menos meter un gol. Eso requiere la combinación de
instrucción, práctica y experiencia.
Por lo tanto, mi definición es la siguiente:
“Un don espiritual es una habilidad sobrenatural del Espíritu Santo a través
del espíritu humano recreado, para traer la presencia y el poder de Dios al
punto de la necesidad humana”.
Preguntas para considerar
1. A la luz de los dones de la Trinidad, ¿por qué es tan importante entender
la naturaleza de Dios?
2. De acuerdo con el autor, ¿cuáles son las tres consecuencias de
malentender la naturaleza del amor de Dios como el motor de los dones?
3. ¿Por qué es importante la definición de Jesús de lo que es la “gracia” para
entender los dones del Espíritu?
PARTE II – LOS DONES DE
MANIFESTACIÓN
CAPÍTULO TRES
Reseña de los dones de
manifestación
Le recuerdo que cuando hablo de los dones del Espíritu, me estoy refiriendo
a los dones de manifestación mencionados en 1 Corintios 12:7-11:
A cada uno se le da una manifestación especial del Espíritu para el bien de
los demás. A unos Dios les da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otros,
por el mismo Espíritu, palabra de conocimiento; a otros, fe por medio del
mismo Espíritu; a otros y por ese mismo Espíritu, dones para sanar
enfermos; a otros, poderes milagrosos; a otros, profecía; a otros, el
discernir espíritus; a otros, el hablar en diversas lenguas; y a otros, el
interpretar lenguas. Todo esto lo hace un mismo y único Espíritu, quien
reparte a cada uno según él lo determina.
Pablo menciona nueve manifestaciones del Espíritu para traer edificación,
exhortación y consuelo a la Iglesia y estos se pueden agrupar en tres
categorías:
1. Dones de revelación (palabra de sabiduría, palabra de conocimiento,
discernimiento de espíritus).
2. Dones de poder (fe especial, dones para sanar enfermos, poderes
milagrosos).
3. Dones de palabra (profecía, hablar en diversas lenguas, interpretar
lenguas).
Diversidad de dones
Para ayudarnos a entender estos dones, primero tenemos que verlos en su
contexto literario: 1 Corintios 12:4-6:
Ahora bien, hay diversos dones, pero un mismo Espíritu. Hay diversas
maneras de servir, pero un mismo Señor. Hay diversas funciones, pero es un
mismo Dios el que hace todas las cosas en todos.
Diversas maneras de servir (diakonia ): La manifestación se puede
presentar de diversas formas, a través de diferentes personas. Los dones van
a “verse” diferentes porque se manifiestan a través de las personalidades
diversas de las personas, además de su nivel de conocimiento, el contexto de
la congregación, los dones de motivación, etc. Es parte de la gloria de un
Dios que elige trabajar en cooperación con los hombres; Él elige obrar y
hablar a través del prisma de la complejidad humana. Lo que es importante
destacar es que quienes sirven al Cuerpo de Cristo mediante estos dones no
deben ser tratados como celebridades sino como siervos – como meseros que
traen la comida a la mesa, de la cocina de Dios a la mesa de las vidas
hambrientas y quebrantadas.
Diversas funciones (energema ): La intensidad (energía), alcance y enfoque
de los dones también puede variar. Por cuanto los dones se manifiestan a
través de un agente humano, están sujetos a las limitaciones de la persona
(personalidad, conocimiento, denuedo, fe, etc.). Pablo dice en 1 Corintios
14:32 que “el don de profecía está bajo el control de los profetas”.
Aquí parecería haber un conflicto. Es claro bíblicamente Dones del Espíritu
para una nueva generación
que los dones se dan conforme el Espíritu dispone, o sea que no pueden ser
usados a nuestra voluntad o discreción; pero también estoy diciendo que los
dones están sujetos a la persona que los administra. Ambas afirmaciones son
ciertas; no es una paradoja, sino una estructura de cooperación. Como dice
Jean Darnall:
Si el Espíritu Santo lo usa a uno frecuentemente en un don particular, puede
ser reconocido como un ministerio y uno puede desarrollarlo o
administrarlo. Es más correcto decir que dicha persona tiene un ministerio
de… en lugar de decir que tiene un don de… Los dones no son para quien
los administra, sino que son dados a través de dicha persona para la
persona que los necesita. La eficacia de los dones se puede aumentar con
experiencia, frecuencia y madurez.3
Entonces, el Espíritu Santo está buscando a quienes estén dispuestos a ser
usados. Pero es importante reconocer que la motivación (amor vs. orgullo)
tiene un impacto directo sobre lo que es impartido y el resultado del mismo.
En los próximos capítulos vamos a explorar más a fondo estas funciones de
bendición que vienen del Espíritu Santo para fortalecer a la Iglesia.
Preguntas para considerar
1. ¿Cuál es la diferencia entre las diversas maneras de servir (diakonia) y las
diversas funciones (energema)?
2. ¿Puede pensar en un ejemplo de un don que se vea muy diferente cuando
opera a través de diferentes personas?
3. ¿Por qué es importante entender que hay lugar para diferentes tipos de
operaciones e “intensidades”?
CAPÍTULO CUATRO
Dones de revelación
Palabra de sabiduría
Cuando estaba pastoreando una iglesia en Houston, Texas, una parejavino al
servicio del miércoles y se sentó en la última fila. Nunca antes los había
visto, pero el Espíritu Santo empezó a poner en mi corazón una palabra de
dirección para ellos. Cuando terminé de enseñar tenía la certeza de que debía
compartirla con ellos. Me dirigí adonde ellos y me presenté. Les pregunté si
podía orar por ellos y ellos accedieron. A medida que oraba por ellos, el
Señor me empezó a hablar acerca del futuro de este hombre. No sabía si
ellos tenían conocimiento acerca de los dones del Espíritu, pero también
sabía que las personas no suelen ir por primera vez a una iglesia un a menos
que estén buscando algo. Además, estoy convencido de que las personas son
mucho más receptivas al mover del Espíritu de lo que uno se imagina.
Somos seres espirituales, diseñados para lo sobrenatural. Le dije al hombre:
“El Señor te ha dado una visión y un diseño, pero hay muchos obstáculos.
Pero si sigues adelante y perseveras, vas a tener los recursos que necesitas y
vas a terminar la obra que Dios puso en tu corazón”.
Aun cuando uno ha sido un canal para la obra de Dios muchas veces,
siempre queda una sombra de duda: “¿Qué tal que esté completamente
equivocado?” Yo no tenía idea de si esta palabra tenía algún significado para
este hombre, pero más adelante me enteré que él estaba construyendo una
comunidad para jubilados enorme con muchos apartamentos y un centro
médico con consultorios médicos y centros de terapia. Los médicos que se
habían comprometido a invertir en el proyecto se habían puesto nerviosos y
muchos lo habían abandonado, retirando su inversión monetaria su dinero.
Desafortunadamente el edificio ya estaba en construcción y ahora la obra
estaba estancada. Este señor estaba al borde de un colapso nervioso. Había
venido a la iglesia pidiéndole a Dios que le hablara. Sin saber nada acerca de
él ni de la situación, Dios me dio lo suficiente para animarlo y para guiarlo.
Él volvió a reunirse con sus inversionistas, esta vez con un espíritu de
valentía, y ellos recapacitaron y siguieron adelante con el plan (y muchos
empezaron a venir a la iglesia).
Lo que yo no sabía en ese entonces es que esta comunidad para jubilados se
estaba construyendo a menos de tres cuadras de nuestra iglesia. Es más, hoy
en día uno puede sentarse en la oficina del pastor de esa iglesia, mirar por la
ventana y ver el edificio de cinco pisos. Sobra decir que hubo muchos
momentos después de esa noche en que, cuando yo estaba necesitando un
poco de aliento o inspiración, abría las persianas de mi oficina, miraba por la
ventana y veía el testimonio de la compasión de Dios manifestada a través
de los dones del Espíritu.
Se puede definir la palabra de sabiduría como una revelación de una parte o
fracción – equivalente a una frase en un párrafo o un libro – de la mente de
Dios en lo referente a una persona, lugar o cosas, con relación al futuro, para
ayudar a entender los propósitos de Dios y cómo cooperar con dichos
propósitos. Jesús nos dijo que el Espíritu Santo nos guiaría a toda verdad y
nos anunciaría las cosas por venir (Juan 16:13).
El don de la palabra de sabiduría tiene poco que ver con sabiduría natural, un
intelecto bien desarrollado o años de experiencia. Es una manifestación
transitoria sobrenatural, para una situación o época específica y puede ser
dada, pero no necesariamente es, para ser compartida con otras personas. Es
decir, este don puede funcionar junto con el de profecía cuando es
compartido con otros, pero puede ser dado a una persona para ayudarla a
colaborar o interceder con los planes de Dios. Es diferente a la palabra de
conocimiento por cuanto esta tiene que ver con el desarrollo de planes
futuros y de los propósitos de Dios (en lugar de un conocimiento de eventos
del pasado o el presente) y generalmente tiene que ver con el papel que
puede jugar la persona en su cumplimiento. Puede venir en forma de
imágenes, palabras o frases, sueños o visiones, etc.
En la historia que compartí anteriormente, el don era una palabra de
sabiduría porque reveló los planes futuros de Dios, no solo para este hombre,
sino para las personas que habrían de ser bendecidas en comunidad para
jubilados. De la manera en la cual Dios me movió a compartirla con él,
funcionó como una combinación de palabra de sabiduría y profecía. Pero a
veces Dios da una palabra de sabiduría – algo concerniente a los planes de
Dios para el futuro – que no es para compartir de forma profética. Muchas
veces Dios necesita de alguien que coopere con Él en oración para que algo
sea hecho realidad y a veces eso requiere de la disciplina de quedarse callado
acerca de ciertas cosas que aún no han “madurado” en el Espíritu.
Cuando estaba pastoreando una iglesia en Azle, Texas, alrededor de 1987, el
Señor estaba bendiciéndonos con un crecimiento rápido. Empecé a buscar
una propiedad sobre la autopista, que fuera más visible y de más fácil acceso
para los miembros de la iglesia. Un día, mientras manejaba en la autopista
que va de Fort Worth a Azle, un lote captó mi atención. Era un lote vacío, en
una colina al costado de la autopista. Supe algo en mi “conocedor” (mi
espíritu) que me dijo: “esta es tu propiedad”. Averigüé quién era el dueño del
lote y lo llamé. Se imaginará la desilusión que me llevé cuando me dijo que
no tenía planes de venderlo.
He aprendido que moverse en los dones del Espíritu requiere de fe,
tenacidad y la habilidad de distinguir entre las emociones y el espíritu. He
tenido muy pocas ocasiones en las que mis emociones no han sido probadas
(tal vez con temor, duda, desilusión o frustración) por algo que Dios me dio
para decir o hacer. Caminar en el Espíritu implica desarrollar un nivel de
confianza de lo que uno sabe en su “conocedor”, aun cuando las
circunstancias demuestren lo contrario.
Me sentí confundido y desilusionado por la actitud del dueño de la
propiedad. ¡Ni siquiera estaba dispuesto a considerar la posibilidad! Pero
hice lo que sabía que debía hacer: fui a la propiedad y la recorrí caminando y
orando en el Espíritu. Llamé al dueño otra vez, pero él seguía negándose a
vender la propiedad. No le comenté nada de esto a nadie más porque no
quería ilusionarlos prematuramente.
Nuestra congregación estaba urgida de una nueva propiedad, entonces
empezamos a considerar otras opciones. Para este mismo tiempo había otra
iglesia en el área que había pasado por unos problemas, se le habían agotado
los recursos y se vio en la necesidad de vender su propiedad.
Desafortunadamente, era en el otro extremo de la ciudad, en una calle
destapada que no tenía nada que ver con lo que mi mente visionaria estaba
buscando. Pero me encontré en la misma situación que el dueño de la otra
propiedad – recibiendo llamadas de personas interesadas en vender cuando
yo no estaba interesado en comprar. Mi equipo de liderazgo me pidió que me
reuniera con la junta directiva de la iglesia y, para resumir, solo es necesario
decir que terminamos comprando la propiedad – un terreno grande con
varios edificios
–accediendo a encargarnos de los pagos restantes de su hipoteca. ¡Fue un
precio irrisorio! Y no tuvimos que dar nada como cuota inicial. Fue un
milagro financiero que nos sorprendió a todos; pero en el fondo de mi
corazón me seguía preguntando cómo me había equivocado en cuanto al otro
terreno.
Ahora adelantemos la historia unos veinte años. La iglesia estaba bajo el
liderazgo de uno de mis discípulos y él me había invitado a predicar en la
celebración del aniversario de la iglesia. Paul, el pastor, me dijo: “Kerry,
quiero llevarte a ver la propiedad que acabamos de comprar para la iglesia”.
Me sentí feliz por ellos, pues habían estado en esa otra propiedad durante
mucho tiempo. Mientras nos dirigíamos a ver el terreno, estuvimos hablando
y agradeciendo a Dios por todas las cosas buenas que había hecho con ellos.
Cuando estacionó su carro en el lote vacío, estoy seguro de que notó que yo
quedé boquiabierto. Me preguntó: “¿Qué te pasa?” Le dije: “¡Tienes que
estar bromeando! Paul, ¿sabes que este es el terreno que yo vi hace veinte
añosy del que el Señor me habló diciendo: ‘Esta es tu propiedad’? Yo
caminé sobre este terreno, orando, pero el dueño no nos los quiso vender”.
Hay otra parte de esa historia que tiene que ver con los derechos del
subsuelo que todavía se está resolviendo; pero que el Señor me mostró fue el
motivo por el cual Él no nos había dado el terreno en la década de los
ochentas. Paul y Perrianne siguen pastoreando esa iglesia y están disfrutando
de la bendición de Dios.
Evidentemente hay ciertas cosas acerca de los dones y de nuestra
cooperación con Dios que tienen algo de misterio – y aun si no entendemos
todo lo que el Señor esté haciendo, Él quiere que formemos parte de Su obra.
A nosotros nos corresponde hacer nuestra pequeña parte, que en este caso
era orar, recibir en el espíritu y no decir demasiado antes de tiempo. El don
de la palabra de sabiduría, como todos los dones, puede tomar muchas
formas y funciones.
Ejemplos Bíblicos:
Piense en el ejemplo tan poderoso que vemos en Hechos 27:23-25, en el que
Pablo recibió una palabra de sabiduría cuando el barco estaba a punto de
naufragar. Dios le dijo que todos iban a sobrevivir y que él iba a comparecer
ante el emperador. La palabra no solamente les dio esperanza a los marineros
(y a los prisioneros), sino que además confirmó los planes y propósitos de
Dios para con Pablo – que él iba a dar testimonio de Jesucristo en la ciudad
más importante del mundo en ese momento. En ese instante, la palabra
efectivamente elevó a Pablo a la posición de capitán del barco, permitiéndole
dar instrucciones de qué debían hacer y cuál iba a ser el resultado. La
palabra de sabiduría tiene que ver con los planes y propósitos de Dios en el
futuro.
Otros ejemplos:
• Dios revela Sus planes y propósitos a Noé acerca del diluvio (Génesis
6:12-13).
• David revela, a través de los salmos, como el Mesías habría de venir y
morir (Salmo 2, Salmo 22).
• Salomón da instrucciones de dividir el bebé, sabiendo que la Salomón da
instrucciones de dividir el bebé, sabiendo que la 28).
• Jesús habla de la destrucción del templo y las señales de Su regreso (Mateo
24, Lucas 21).
• Jesús le dice a Sus discípulos donde debían buscar el asno para Su entrada
a Jerusalén (Marcos 11:1-2).
• Ananías recibe instrucciones de ministrarle a Saulo de Tarso y cuáles serían
los resultados (Hechos 9:11-16).
Palabra de conocimiento
Estaba almorzando en un restaurante en Azle, Texas, pensando en mis
asuntos, cuando empecé a notar un hombre que estaba sentado en una mesa
cercana. Por su uniforme pude deducir que estaba comiendo con sus
compañeros de trabajo. Como no podía dejar de fijar mi atención en él, me
di cuenta que el Espíritu Santo me quería mostrar algo. Escuché por un
momento y sentí que Dios me estaba diciendo: “él está huyendo de un
llamado”. Supe lo que quería decir. Aunque no recibí palabras específicas
para decirle, sabía en mi espíritu que ese hombre había sido llamado al
ministerio desde niño, pero estaba huyendo de ese llamado.
Le pregunté al Señor: “¿Qué quieres que haga con esto?” Solo sentí el
mismo pensamiento, pero no podía deshacerme de él: “Está huyendo de un
llamado”. Cuando estaba por terminar mi almuerzo le dije: “Señor, si quieres
que le diga algo, vas a tener que acomodar las circunstancias para que yo
hable con él. No quiero avergonzarlo delante de sus compañeros de trabajo.
Si Tú dispones las cosas para que yo pueda hablar con él en privado, lo
haré”.
Terminé de comer y pasé al mostrador a pagar, como de costumbre. Mientras
esperaba que la cajera sacara las cuentas, me di vuelta y vi que el hombre
estaba haciendo fila justo detrás de mí. Aunque un poco titubeante, me di
vuelta y le dije: “Necesito hablar con usted un minuto. ¿Podemos vernos
afuera?” Me miró un poco perplejo, pero asintió.
Lo esperé afuera del restaurante, me presenté y lo llamé por su nombre.
(Esta no fue una palabra de conocimiento; tenía un rótulo con su nombre en
el bolsillo de su camisa). Entonces le dije simplemente: “Mientras estaba
comiendo sentí que el Señor me habló acerca de usted”. Estaba seguro de
que si él en efecto estaba huyendo de un llamado, sabía lo suficiente acerca
de Dios y estas palabras no le iban a sonar extrañas. Continué diciendo:
“Usted conoce al Señor, pero ha estado huyendo de su llamado al
ministerio”. Apenas le dije esto, inclinó su rostro y se le llenaron los ojos de
lágrimas. “Lo sé”, me contestó: “pero ¿cómo lo supo?” “Evidentemente el
Señor lo ama mucho y lo está llamando a terminar la obra que Él empezó en
usted. Usted sabe que los llamados y los dones de Dios son irrevocables”.
Eso fue todo. No hubo centellas, ni hicimos un llamado al altar en la calle. Él
me dio las gracias y cada uno se fue por su lado.
A nosotros no nos corresponde hacer que algo suceda en ese momento.
Nosotros somos solamente los mensajeros, compartiendo el amor de Dios a
alguien que tal vez se ha creído una mentira del enemigo de que Dios no lo
ama o está enojado con él. Hay muchas personas como ese hombre que
necesitan saber que Dios todavía los ama. No sé cuál fue el resultado de ese
encuentro, pero sí sé que Dios lo ama tanto que envió a un extraño a
recordarle algo que Él le había dicho años atrás. Es una muestra más de la
compasión de Dios.
Se puede definir el don de la palabra de conocimiento como una palabra que
revela un hecho o fracción del conocimiento de Dios con respecto a una
persona o situación en el pasado o presente. Puede incluir el diagnóstico de
un problema, la identificación de una enfermedad, o cualquier hecho
desconocido para la persona que recibe la palabra como un don para el
receptor. No se debe confundir con educación o intelecto; no se logra por
medios naturales de estudio, lectura, observación o experiencia. Es
conocimiento (algo que existe o existió, está sucediendo o sucedió) que es
revelado por el Espíritu Santo al espíritu del hombre. Es una manifestación
transitoria sobrenatural, para una situación o época específica y puede ser
dada, pero no necesariamente, para ser compartida con otras personas. Al
igual que la palabra de sabiduría, puede venir en forma de imágenes,
palabras o frases, sueños o visiones o simplemente una impresión. Puede ser
una toma de conciencia acerca de una situación, de una persona que necesite
que alguien interceda por ella, de un cambio de decisión o un plan pendiente.
Cuando mi papá, Max, tenía veintiún años y estaba cursando su primer
semestre de universidad en Chicago, el Señor le habló diciéndole: “Tienes
que volver a tu casa, ¡ahora!” Eso no tenía ningún sentido y en esos días no
era nada sencillo. Implicaba perder muchos días de clases, gastos
imprevistos y la incomodidad de viajar de Chicago a Texas en bus. Pero
obedeció, compró su pasaje, llamó al supermercado (el único teléfono que
había en el pueblo) y le mandó decir a sus padres que lo esperaran en tres
días en la estación de bus.
Cuando llegó, sus padres le preguntaron: “¿Qué haces aquí? ¿Por qué te
viniste antes de terminar el semestre?” “No sé”, respondió Max, “solo sé que
tengo que estar aquí”. Al siguiente día, un domingo, fueron todos a la iglesia
juntos. El lunes desayunaron juntos y su papá se fue al trabajo. Media hora
más tarde llegó un señor a la casa diciendo: “Su papá está muy enfermo.
¡Vengan rápido!” Mi abuelo había tenido un ataque al corazón y murió
camino al hospital.
Uno podría especular que Dios le había pedido a mi papá que fuera a su casa
para interceder y evitar la situación o aun para levantar a su padre de los
muertos. Es posible. Pero lo que sabemos de la historia es que mi abuela no
tuvo que pasar por esa crisis sola. Piense en la compasión de Dios. En el
momento más duro de duelo, la compasión de Dios movió a su hijo para que
estuviera acompañándola en ese proceso. Max se quedó cuidándola. Esto me
lleva a preguntarme cuántas veces Dios, en Su compasión, nos da una
palabra con el fin de proteger, cuidar o acompañar a alguien, pero no hemos
reconocido Su voz o la ignoramos y la otra persona lo interpretó como la
ausencia de Dios. Pero Dios siempreestá hablando y dando dones, aun
cuando nosotros no los reconozcamos.
Ejemplos Bíblicos:
¿Recuerda cuando Elías venció a los profetas de Baal, pero se asustó con las
amenazas de Jezabel? En medio de su depresión él necesitaba ser animado y
Dios le dio una palabra de conocimiento: “Yo preservaré a siete mil israelitas
que no se han arrodillado ante Baal ni lo han besado” (1 Reyes 19:18). Esa
palabra le dio a Elías una nueva perspectiva acerca de su situación.
Otros ejemplos:
• Eliseo recibe información sobrenatural acerca de cómo su siervo ha
aceptado los regalos (2 Reyes 5:20-27).
• Jesús le declara a la mujer Samaritana: “Es cierto que ha Jesús le declara a
la mujer Samaritana: “Es cierto que ha 19).
• Pedro recibe una visión y una palabra: “Mira, Simón, tres hombres le
buscan. Date prisa, baja y no dudes en ir con ellos, porque yo los he
enviado”. (Hechos 10:19-20).
Discernimiento de espíritus
Sólo he visto demonios una vez y como fue un encuentro corto mientras
oraba en silencio en la iglesia que estaba pastoreando, no es el mejor
ejemplo de este don. No fue un encuentro caraa-cara, aunque sí he tenido
muchas oportunidades de ministrar liberación a personas que estaban bajo
opresión de demonios.
¿Alguna vez ha visto usted un ángel? Había un vaquero llamado Cotton, que
no iba a la iglesia, pero cuya esposa oraba fervientemente y tenía a toda la
iglesia intercediendo por él. Un sábado por la noche, cuando se estaba
durmiendo, se sorprendió por alguien que entró en su habitación y lo tomó
del tobillo. “Es tiempo. Mañana vas a la iglesia”, le dijo.
Fue un sacudón tan grande para este hombre fornido y valiente que tuvo que
levantarse. Se sirvió una taza de café y se sentó a pensar en lo que había
pasado. Finalmente se tranquilizó lo suficiente para regresar a su cama y se
durmió.
Cuando se levantó a la mañana siguiente concluyó que sólo había sido un
sueño y emprendió su rutina de costumbre. Se disponía a trabajar en su
granero, así que mientras su esposa se iba a la iglesia, él tomó una escalera,
la puso contra el granero y empezó a subir al techo. De repente una mano
grande lo tomó nuevamente del tobillo y él casi se cae de la escalera. El
mismo ángel de la noche anterior estaba ahí, diciéndole seriamente: “Ahora.
Es tiempo”. Después el ángel desapareció.
Sobra decir que este hombre saltó de la escalera, corrió a la casa, se alistó lo
más rápido posible y llegó a la iglesia cuando el servicio ya había
comenzado. Pero no se esperó a que el pastor predicara, sino que se fue
directamente al frente y se arrodilló en el altar. “¡Quiero entregarle mi
corazón a Jesús y lo tengo que hacer ahora mismo!” Ese fue el comienzo de
su nueva vida en Cristo.
Este don consiste en ver el ámbito espiritual. Es una habilidad ocasional para
ver ángeles, demonios o inclusive al Señor. Se trata de distinguir, percibir o
diferenciar la identidad (personalidad, intención y condición) de los espíritus
que están causando diferentes manifestaciones o situaciones.
No es clarividencia ni brujería (que es por la operación de demonios),
percepción extrasensorial o telepatía mental. No es el don de sospecha o
especulación, ni consiste en encontrar la culpa o falla o de juzgar o discernir
el carácter de un individuo. Cuando es dado, no necesariamente es para ser
compartido con otras personas. Esta percepción del ámbito espiritual
generalmente revela la causa de la mentalidad o el pensamiento de una
persona o un grupo.
Ejemplos Bíblicos:
Una demostración muy clara de este don se ve cuando una joven con espíritu
de adivinación seguía a Pablo y sus acompañantes:
Una vez, cuando íbamos al lugar de oración, nos salió al encuentro una
joven esclava que tenía un espíritu de adivinación. Con sus poderes ganaba
mucho dinero para sus amos. Nos seguía a Pablo y a nosotros, gritando:
—Estos hombres son siervos del Dios Altísimo y les anuncian a ustedes el
camino de salvación.
Así continuó durante muchos días. Por fin Pablo se molestó tanto que se
volvió y reprendió al espíritu:
—¡En el nombre de Jesucristo, te ordeno que salgas de ella!
Y en aquel mismo momento el espíritu la dejó.
¿Por qué cree que Pablo la había dejado seguirlos y gritar durante muchos
días? Es obvio que él no querría que la gente asociara a una persona poseída
por un demonio con su ministerio. Jesús siempre les ordenaba a los
demonios que se callaran. ¿Será que se le agotó la paciencia? ¿O será que
estaba esperando a que el Espíritu Santo le mostrara exactamente con qué
estaba lidiando? Fíjese que Pablo no le habló a la joven, sino al espíritu que
la estaba manipulando. Pablo sabía que los dones del Espíritu no operan de
acuerdo con la disposición humana, sino conforme a la voluntad del Espíritu.
Él tenía cuidado de no caer en obras de iniquidad, obrando en el ministerio
por su propia iniciativa y sin autorización (Mateo 7:23). Nosotros debemos
hacer lo mismo. No podemos hacer que los dones funcionen cuando nosotros
queramos, pero podemos aprender a ministrar más eficazmente cooperando
con nuestro Dios de compasión.
Otros ejemplos:
• Jesús identifica el espíritu de enfermedad y libera a una mujer (Lucas
13:16).
• Jesús echa fuera demonios con una palabra (Mateo 8:16-17).
• Jesús tiene una conversación directa con Satanás en el desierto (Lucas 4:1-
12).
• Simón el mago quiere el poder de impartir el bautizo en el Espíritu Santo
pero Pedro discierne que es otro espíritu el que está obrando (Hechos 8:20-
23).
Preguntas para considerar
1. ¿Cuál es la diferencia entre el don de palabra de sabiduría y el de palabra
de conocimiento?
2. ¿Ha tenido usted alguna experiencia en cuanto a dar o recibir alguno de
los dones de revelación?
3. ¿Cómo se refleja la compasión de Dios en el don de discernimiento de
espíritus? ¿Puede usted pensar en un ejemplo bíblico?
CAPÍTULO CINCO
Dones de poder
Fe especial
El don de manifestación de fe especial es un mover especial de fe ilimitada,
dada al espíritu del hombre por el Espíritu Santo, que logra hacer
sobrenaturalmente lo que sería imposible hacer a través de un instrumento
humano. Aunque no he tenido mucha experiencia personal con este don,
parece ser que la operación de este don suspende toda duda e incredulidad en
el corazón de quien está cooperando con Dios en beneficio de los demás.
Este don no se debe confundir con la fe salvadora o la medida de fe que les
es dada a todas las personas (Romanos 12:3, Hechos 16:30-31). Tampoco se
debe confundir con la fe que viene por el oír la Palabra de Dios (Romanos
10:17). Todo cristiano tiene fe, pero el don de fe especial se manifiesta según
la voluntad del Espíritu Santo (1 Corintios 12:9, 11). La fe especial no tiene
nada que ver con la habilidad o capacidad de la persona de creer (fe fuerte
vs. fe débil), sino que es un mover sobrenatural para una ocasión
determinada y generalmente opera conjuntamente con el don de milagros
(por ejemplo, fe para que un muerto recobre la vida).
Una historia clásica de Smith Wigglesworth es un ejemplo perfecto del don
de fe especial. Él cuenta la historia en su sermón llamado, “El poder de la
resurrección de Cristo”.
Una mañana a eso de las once de la mañana visité a una mujer que sufría
con un tumor. No le daban más de un día de vida. Una niñita ciega me llevó
a los pies de su cama. El sentido de compasión me sobrecogió. Quería que
la mujer viviera, por el bien de esta pequeña. Le dije a la mujer: “¿Quiere
vivir?” Ella no podía hablar. Tan sólo movió su dedo. La ungí con aceite y
dije: “En el nombre de Jesús”. En seguida sentimos a la muerte descender
sobre la mujer y el pastor me miró y me dijo: “Se nos fue”.
Cuando Dios derrama Su compasión, tiene poder de resurrección. Levanté
el cuerpo de la mujer, lo puse de pie contra el armario y la sostuve allí. Dije:
“En el nombre de Jesús, ¡Muerte, sal de ahí!” Y en un instante su cuerpo se
empezó a estremecer como una hoja. “En el nombre de Jesús, ¡Camine!”
Ella lo hizo y se volvió a acostar.4
El don de fe se manifiesta cuando uno sabe qué hacer y no tiene duda alguna
de que Diosestá haciendo la obra. Uno no para a una difunta contra un
armario y le ordena volver a vivir, si está solo tratando de hacer que algo
pase. Tener dudas en nuestro espíritu no es pecado; pero si tiene dudas,
seguramente no está obrando en un don de fe especial. Pero quiero que se dé
cuenta de qué fue lo que impulsó el don de fe en esta ocasión
– fue la compasión sobreabundante de Dios que sobrecogió el alma de un
plomero sin educación y lo convirtió en el portador del precioso don de la
vida para esta madre y su hija.
Ejemplos Bíblicos:
Esteban ve el cielo abierto y perdona en medio de su martirio (Hechos 7:54-
60). Este fue un mover de fe especial que obró juntamente con el
discernimiento de espíritus. En este caso Esteban vio a Cristo resucitado, a la
diestra del Padre, aplaudiendo a Esteban.
Otros ejemplos:
• Elías fue sustentado en el desierto, alimentado por los cuervos (1 Reyes
17).
• Daniel fue sostenido por una fe especial en el foso de los leones (Daniel
6:16-22).
• Los jóvenes hebreos entraron confiadamente al horno en llamas (Daniel 3:
19-20).
• Pedro tuvo fe especial para salir de la barca y caminar sobre el agua (Mateo
14:22-23).
• Eliseo tiró un palo en el agua y la cabeza del hacha flotó (2 Reyes 6:5-6).
• Jesús caminó sobre el agua (Marcos 4:45-48).
• • 44).
Se habrá dado cuenta que estoy incluyendo ejemplos bíblicos tanto del
Antiguo como del Nuevo Testamento. Vale la pena hacer una aclaración
acerca de los milagros que se ven en el Antiguo Testamento, donde el
Espíritu Santo descendía sobre los profetas de vez en cuando y las
experiencias del Nuevo Testamento, donde el Espíritu Santo reside en los
creyentes permanentemente. Por esta distinción algunos creyentes asumen
que en el Nuevo Testamento uno se puede “mover en los dones” cuando uno
quiera; pero aun en esta nueva dispensación (usando este término
libremente), las manifestaciones del Espíritu funcionan de forma semejante
al Antiguo Testamento
– es decir, que estos dones de manifestación no le pertenecen
permanentemente al creyente, sino una dotación temporal para una situación
particular. Esto no quiere decir que el Espíritu Santo no quiera repartir los
dones todo el tiempo a todo el mundo; pero quiere decir que sólo Él sabe
cuándo una persona está lista para recibir y cómo administrar esos dones de
manera que tengan el máximo impacto en el reino.
Si los dones de manifestación le pertenecieran los creyentes para ser usados
a nuestra discreción, entonces seríamos criminales al no usar los dones
inmediatamente para ir a sanar a todos los enfermos del hospital más
cercano. Pero estos funcionan según el Espíritu lo dispone.
Poderes milagrosos
Uno de los grandes milagros de hoy en día ocurrió en el sótano de una
iglesia. Un hombre había muerto a causa de un accidente automovilístico y
llevaba tres días en el ataúd. Su esposa se negaba a enterrarlo, pero insistía
que lo llevaran a la iglesia donde Reinhard Bonnke estaba predicando. Los
asistentes no la dejaron entrar el ataúd al auditorio, pero sacaron el cuerpo
del ataúd y lo llevaron al sótano. Mientras Bonnke estaba predicando (sin
saber del hombre muerto que estaba debajo del auditorio), el hombre
comenzó a respirar de nuevo y después de algún tiempo saltó de la mesa
sobre la cual había sido colocado. Este milagro y otros están bien
documentados y pueden ser buscados en el internet (buscar “Bonnke
resurrección”). ¿Por qué es más fácil para nosotros creer que podía suceder
hace 2.000 años, pero no hoy?
El don de poderes milagrosos tiene que ver con una superación de las leyes
naturales. Nosotros las llamamos “leyes de la naturaleza” aunque, por
supuesto, son leyes que Dios instituyó para el universo físico. Este don es
una delegación momentánea de autoridad sobre el curso natural de eventos o
la suspensión temporal de las leyes de la naturaleza que permite el ejercicio
de la energía Divina más allá de la capacidad humana. Esto puede incluir
sanidades creativas en el cuerpo humano. Los milagros son descargas del
poder de Dios (energema) que producen un resultado o fenómeno
extraordinario para el ser humano, pero normal para Dios. Este don
generalmente se ve en operación junto con el don de fe especial o el don de
sanidades o los dones para sanar enfermos. Por ejemplo, si alguien es ciego
o paralítico, puede ser que las partes físicas estén presentes; pero si nunca
han sido usadas (por ejemplo el nervio óptico o los músculos de las piernas),
entonces la sanidad requiere de un milagro que va más allá de la sanidad en
sí. Por eso estos son dones de poder, porque hacen algo sobrenatural. Este
don generalmente requiere que el intermediario sea una persona que ha
conquistado ciertas barreras de temor a las personas o de tratar de complacer
a los demás (Hebreos 6:4-8).
El propósito principal, por supuesto, es comunicar el amor y la compasión de
Dios; pero también está conectado con la predicación del evangelio, para
confirmar el mensaje de Dios a los incrédulos (Hechos 2:22). Es un don
necesario en el desempeño del llamado del evangelista o el apóstol (1
Corintios 12:27-28) y como tal, puede ser un don que acompaña el
ministerio y que puede ser desarrollado con el uso. Pero no se limita
solamente a los líderes de la iglesia. Aunque algunos milagros no requieren
de intervención humana (como la burra de Balaán de Números 22), los
poderes milagrosos son, generalmente, una manifestación del poder de Dios,
por el Espíritu, a través de un agente humano.
Es importante rodearse de personas de fe. Si uno quiere cooperar con Dios
para expresar Su compasión es importante establecer un patrón de vida de fe
y de milagros.
Cuando estaba en la escuela primaria asistía con mi familia a la iglesia de las
Asambleas de Dios en Odessa, Texas, cuyos pastores eran Cecil y Daisy
Gillock. Daisy era la hermana del evangelista misionero T.L. Osborn. En ese
entorno crecí oyendo historias de los milagros que T.L. Osborn estaba
presenciando en sus cruzadas por todo el mundo. Pero el milagro que más
me impactó de niño fue el de Ronnie Coyne.
Cuando Ronnie era niño tuvo un accidente que le hirió su ojo derecho. Un
vecino estaba jugando con un alambre y chuzó a Ronnie en el ojo. De ahí se
desarrolló una infección tan severa que le tuvieron que sacar el ojo y ponerle
una prótesis de plástico en su lugar.
Un tiempo después mi pastora, Daisy Gillock, estaba predicando en una
cruzada en Oklahoma y Ronnie pasó al frente para que oraran por él, no por
su ojo, sino por una inflamación de amígdalas. Ella oró por las amígdalas,
pero luego notó que el ojo “no se veía normal”. Ronnie le dijo que era tuerto,
pero antes de que le pudiera decir que esa era una prótesis, ella le puso sus
manos a ambos lados de la cabeza, con sus pulgares sobre los ojos y mandó
a los ojos a que recobraran la vista. Lo que sucedió a continuación es uno de
los milagros perpetuos más maravillosos de nuestra era. Se escribieron
muchos artículos de primera plana en los periódicos de Oklahoma entre
1950 y 1951 y uno puede buscar en internet “Ronnie Coyne” y encontrar su
historia. Uno de esos artículos dice:
Una mujer evangelista oró por Ronnie Coyne sin saber que tenía un ojo de
plástico. La evangelista oró para que él recobrara la vista en el nombre de
Jesús y se hizo un milagro. A partir de ese momento, Ronnie pudo ver a
través de su cavidad ocular aun con su “buen ojo” tapado de todas las
formas posibles.
Como mi pastora era esa “mujer evangelista”, Ronnie, siendo ya adulto
cuando yo lo conocí, venía a nuestra iglesia todos los años a predicar y a
demostrar este milagro continuo. Mi papá era uno de los encargados de
taparle el ojo bueno. Usaban pañuelos y mucha cinta para cubrirlo, hasta que
parecía un soldado herido en la guerra, lleno de vendajes por toda la cara.
Ronnie entonces les pedía a las personas que trajeran cualquier cosa con
palabras, con la letra más menuda que pudieran encontrar. Se sacaba el ojo
plástico y abría los párpados (mostrando el orificio vacío) y podía leer
milagrosamente hasta las palabras más chiquitasde los lápices, tarjetas o
postales que la gente le traía. Levantaba su mano derecha haciendo un gesto
como de una letra “c” y decía: “Esto es como poder ver con la palma de su
mano. Dios lo puede hacer como Él quiera”. Y después predicaba acerca del
poder de Dios para hacer milagros y muchos se convertían y otros tantos
eran sanados en cada servicio.
Se podrán imaginar el impacto que ver este milagro año tras año tenía sobre
un estudiante de primaria. ¿Por qué habría de ser extraño para mí creer que
Dios podría hacer lo mismo a través de mí o de cualquier persona que se
disponga a cooperar con Él para mostrar Su compasión hacia las personas?
Cuando estaba estudiando en la universidad, preparándome para ser pastor y
tomando muy en serio todo lo concerniente a la fe, trabajaba como asistente
de estacionamiento en un restaurante de lujo. Uno de los problemas que
tiene ese trabajo es que la mayoría de los clientes llegan y salen al mismo
tiempo. Una noche en particular, ya habían llegado la mayoría de las
personas y habían dejado sus carros a nuestro cuidado, cuando vimos que se
avecinaba una gran tormenta. Sabíamos que más o menos en una hora iban a
empezar a salir. Nuestros ingresos dependían de las propinas que nos daban
por nuestro servicio, entonces poder mover los carros rápidamente era
esencial para tener una buena noche, financieramente hablando.
Vimos que se había desatado un aguacero y que ya estaba acercándose al
restaurante. Sabíamos que eso iba a arruinar nuestro negocio. Si las personas
salían al tiempo a pedir sus carros con lluvia, se iban a impacientar y a pedir
sus llaves para ir por sus propios carros (yo sé que no tiene sentido, pero así
es la gente). Si iban por sus propios carros, perderíamos nuestras propinas.
Le dije a mi amigo: “Hablémosle a la tormenta y ordenémosle que no venga
sobre este lugar”. Apenas empezábamos a aprender a movernos por fe, pero
yo había crecido viendo a Dios hacer grandes milagros. Caminamos hasta el
borde del estacionamiento, apuntamos nuestros dedos hacia la tormenta y le
dijimos: “En el nombre de Jesús le ordenamos que se aparte de este lugar. Ni
una gota de lluvia puede caer sobre este restaurante hasta que hayamos
terminado nuestro trabajo”. Lo dijimos con la voz más poderosa que
podíamos emitir. Jerry Vaughn (ahora un misionero a las naciones)
retrocedió unos pasos y vio cómo la pared de lluvia se acercaba al
restaurante.
De repente, en el instante en que la lluvia iba a alcanzar la propiedad, es
como si una cortina se hubiera abierto. Las nubes se separaron. Vimos cómo
la lluvia se dividió en dos y cayó a ambos lados del restaurante. Una hora
más tarde, nuestro estacionamiento todavía permanecía seco mientras que
sus alrededores estaban empapados. Pudimos entregarles los carros a todos
nuestros clientes sin problema alguno y ganamos lo que necesitábamos esa
noche para nuestro presupuesto de estudiantes. Pero lo más importante es
que vimos el poder milagroso de Dios obrando a través de dos universitarios
y nos ayudó a establecer un récord de fe para el futuro.
Sí, éramos jóvenes y seguramente lo que hicimos le habría parecido loco o
insensato a las personas más maduras; pero vi un milagro con mis propios
ojos y eso me ayudó a adquirir confianza en mi caminar con Dios por fe. He
recordado ese evento en muchas ocasiones de mi vida junto con otros
milagros, como ver huesos partidos ser instantáneamente sanados, cuando he
tenido oportunidades de cooperar con el Espíritu de Dios. Y Dios no cambia;
Él quiere hacer lo mismo a través de esta nueva generación.
Ejemplos Bíblicos:
La Biblia tiene muchos ejemplos de milagros, aunque en el Antiguo
Testamento la mayoría fueron hechos por un grupo especial – los profetas –
porque el Espíritu Santo aún no había sido “derramado sobre todo el género
humano” (Joel 2:28).
• Moisés y Aarón hicieron muchos milagros frente al Faraón y
Moisés usó su vara para abrir el Mar Rojo (Éxodo 7-11).
• Elías con su manto, dividió las aguas para que él y Eliseo
pudieran pasar (2 Reyes 2:8).
• Sansón mató a 1.000 hombres con la quijada de un asno
(Jueces 15:14-15).
• Jesús convirtió el agua en vino (Juan 2:1-11).
• Jesús multiplicó los panes y los peces para dar de comer a
miles (Mateo 14:13-21).
• Los “milagros especiales” (poder, dunamis ) del apóstol Pablo,
parecerían trabajar conjuntamente con los dones para sanar
enfermos (Hechos 19:11-12). Esto le ayudó a confirmar su posición como
apóstol y su ministerio de evangelización para establecer iglesias en
territorios nuevos.
Dones para sanar enfermos
La experiencia con unos dones también edifica la fe para la administración
de otros. En una ocasión estuve enseñando y predicando acerca de los dones
del Espíritu y de la sanidad en Tiblisi, Georgia (al sur de Rusia). Mientras
enseñaba, un señor se puso de pie y pasó al frente cargando a su hijo que
parecía tener ocho o nueve años. Yo no había hecho un llamado al altar, pero
él vino y se paró al frente. Le pregunté a mi intérprete: “¿Qué quiere? ¿Qué
le pasa al niño?” Él me respondió: “El niño nació ciego. Todos en la iglesia
saben que él es ciego”. Lo primero que pensé fue: “Esto se va a poner
interesante. Las cosas van a salir o muy bien o muy mal”. Los pastores y los
demás asistentes habían estado escuchando las enseñanzas acerca de los
dones y de la sanidad y tenían grandes expectativas de fe. Lo segundo que
pensé fue en Ronnie Coyne y sentí que mi fe se fortaleció.
Puse mis manos a los lados de la cabeza del niño, con mis pulgares sobre sus
ojos, tal como lo había hecho mi pastora años antes con Ronnie. Ordené a
los ojos que fueran sanados y que el niño obtuviera la vista. Inmediatamente
abrió sus ojos, miró hacia arriba, por toda la iglesia y empezó a señalar todas
las lámparas que colgaban del techo. En su lengua natal empezó a gritar:
“¡Luces! ¡Luces! ¡Luces!” apuntando a las lámparas. No tuve tiempo de
entrevistar al padre o al niño. Se desató un mover de fe incontrolable. Todo
el mundo empezó a pasar al frente a pedir que oraran por ellos. Llamé a los
pastores a que vinieran a ministrar y muchos fueron sanados esa noche.
Todavía conservo ese recuerdo como una de las mejores experiencias que he
tenido en varias décadas de maravillosa aventura en el ministerio. Fue un
ejemplo muy claro, según lo entiendo, de una combinación de don de fe
especial (yo no tenía duda de que Dios iba a sanarlo) y de dones para sanar
enfermos.
Los dones para sanar enfermos pueden definirse como una asignación
sobrenatural y ocasional para sanar todo tipo de enfermedades – a veces
limitado a algún tipo específico y a veces en masas, pero con una mayor
intensidad que lo que la fe normal podría lograr y generalmente sin importar
la fe de la persona enferma. Los dones para sanar enfermos se pueden
comparar en su funcionamiento como lo que sucedía de vez en cuando en el
estanque de Betzatá (Juan 5:2-4).
No se debe confundir con la sanidad que viene por fe en la Palabra de Dios,
ni se debe confundir con la práctica de medicina, aunque Dios, en Su
compasión infinita, también usa a los médicos. Este don no se refiere al tipo
de sanidad que unos creyentes deben administrar a otros a través de la fe en
el nombre de Jesús (Marcos 16:17-18). Este don puede obrar a través de la
voz de mando (Mateo 8:16-17), a través de materiales tangibles como
pañuelos o delantales (Hechos 19:12) o por la imposición de manos (Hechos
9:17-18). Note que hay ocasiones en que Jesús dijo “tu fe le ha sanado” y
otras en las que Él sanó a todos, aunque ellos no tuviesen fe.
Ejemplos Bíblicos:
• Moisés fue sanado de lepra como una señal (Éxodo 4:6-7).
• Naamán, un sirio incircunciso, fue sanado de lepra zambulléndose siete
veces en un río sucio (2 Reyes 5:14).
• • 17; 12:15; Lucas 6:19).
• Pablo sanó a todos los enfermos en la isla de Malta (Hechos 28:9).
• Pablo levantó a Eutico de los muertos (Hechos 20:9).
Preguntas para considerar
1. ¿Cuál es la diferencia del don de fe y la medida de fe que tienen todas las
personas?
2. ¿Cuál es la diferencia entre losmilagros y las sanidades?
3. Comparta una historia personal relacionada con alguno de los dones de
poder.
CAPÍTULO SEIS
Dones de palabra
Profecía
Mi esposa y yo estábamos ministrando en el altar al finalizar un servicio
cuando una pareja joven pasó al frente. Aun después de orar por ellos la
mujer parecía seguir atribulada. Entonces vi una imagen y sabía que debía
compartirla con ella. Le describí lo que había visto: una niñita vestida de
blanco, con una coronita de flores, riendo, girando y danzando libremente.
La mujer comenzó a llorar con suspiros profundos y me preguntó: “¿Cómo
supo eso?” Entonces me explicó que por un tiempo le había estado pidiendo
a Dios que le mostrara como Él la ve y frecuentemente se le venía una visión
a la mente, pero ella la descartaba pensando que era fruto de su imaginación.
Pero cuando le describí lo que yo había visto y que era lo mismo que ella
había visto, fue para ella una confirmación de que así es como Dios la veía y
que Él la amaba tanto que estaba dispuesto a usar a un extraño para
confirmárselo mediante una palabra profética. Ahí tuvo un cambio radical y
salió del servicio animada, consolada y con un nuevo concepto de su
identidad y del amor de Dios hacia ella.
El don de profecía es una palabra sobrenatural, en lengua conocida (para
quien la da y quienes la reciben), no concebida por el intelecto o la razón
humana, sino hablada por la inspiración de Dios para edificar, animar,
fortalecer y consolar a la iglesia. La profecía (y los dones de palabra en
general), a diferencia de las otras manifestaciones del Espíritu, le es dada
primordialmente a la Iglesia, para edificar y fortalecer al Cuerpo de Cristo.
Los parámetros son “edificar, animar y consolar” (1 Corintios 14:3).
Como hay muchos errores en cuanto a la profecía en el Nuevo Testamento,
es importante mencionar lo que no es la profecía. No es predicación (que se
puede hacer con habilidad humana). La profecía de inspiración no es para
para guiar, dar dirección o predecir el futuro (aunque la palabra de ánimo
puede apuntar al futuro); es más de confirmación que de revelación. No es
para hacer juicio o redargüir públicamente. Es una manifestación
sobrenatural para la Iglesia, para levantar su perspectiva, conducta y fe. Más
adelante voy a hacer la distinción entre la profecía de inspiración y la
profecía de revelación. Aunque ambas son manifestaciones del Espíritu
Santo, se dan en diferentes niveles y por razones diferentes.
En la operación de todos los dones de palabra, el agente humano puede ser
una barrera para su eficacia, claridad o certeza. Puede ser personal (dirigida
a una persona), pero no debe ser dada en privado (toda palabra debe ser
juzgada). La profecía consiste en declarar la mente o el consejo de Dios,
pero solo parcialmente (“profetizamos de manera imperfecta” 1 Corintios
13:9). De hecho, todos los dones de palabra están sujetos a o bajo el control
de quien habla (1 Corintios 14:32). No podemos ignorar nuestra
responsabilidad diciendo: “Yo solo estoy diciendo lo que Dios me dijo que
dijera”. No. Usted es responsable de cada palabra que dice al profetizar y sus
palabras deben ser observadas, evaluadas y afirmadas por otros líderes de la
iglesia (si son de edificación e inspiración). Si alguien se le acerca y le dice
que quiere darle una “palabra”, pero no está dispuesto a hacerlo frente a
otras personas, dígale: “Gracias, pero mejor no”.
Desafortunadamente hay quienes, queriendo vivir entre los límites de un
cristianismo seguro, predecible y no sobrenatural, han descartado la profecía
como un extremo egoísta. Pero Pablo dice claramente que los dones
espirituales son una de las formas en que Dios derrama Su amor sobre la
Iglesia. Además Pablo dice que entre todas las manifestaciones del Espíritu,
nuestra prioridad debería ser profetizar: “Empéñense en seguir el amor y
ambicionen los dones espirituales, sobre todo el de profecía”
(1 Corintios 14:1). El amor de Dios es el motor de los dones del Espíritu.
Si usted fue criado en medio de personas que menosprecian la profecía, debe
saber que Pablo toma mucho tiempo instruyendo a la iglesia de Corinto
acerca de la prioridad de la profecía para animar y fortalecer a los creyentes.
En el capítulo 14 de 1 Corintios Pablo contrasta los beneficios del lenguaje
de oración personal y la función de las lenguas y la interpretación de lenguas
como equivalentes a la profecía con el fin de fortalecer a la Iglesia en amor.
A diferencia de lo que muchos comentaristas y pastores dicen acerca de este
capítulo, Pablo nunca sugiere que la profecía (ni las lenguas) deben ser
prohibidas. Por el contrario, termina el capítulo recalcando su importancia
una vez más: “Así que, hermanos míos, ambicionen el don de profetizar y no
prohíban que se hable en lenguas” (1 Corintios 14:39).
Pablo dice: “Yo quisiera que todos ustedes hablaran en lenguas, pero mucho
más que profetizaran. El que profetiza aventaja al que habla en lenguas, a
menos que éste también interprete, para que la iglesia reciba edificación” (1
Corintios 14:5). Aquel que habla en lenguas se edifica a sí mismo, pero el
que profetiza edifica a la Iglesia. Aquel que profetiza les habla a los demás
para edificarlos, animarlos y consolarlos.
También es importante notar que la Biblia dice que “todos pueden
profetizar” (1 Corintios 14:31), que debemos “ambicionar el don de
profetizar” (1 Corintios 14:39) y que no debemos “despreciar las profecías”
(1 Tesalonicenses 5:20). Cuando las diversas lenguas van acompañadas del
don de interpretar lenguas, el resultado es equivalente a la profecía (1
Corintios 14:5).
Ejemplos Bíblicos:
• Cuando los creyentes fueron llenos del Espíritu Santo, hablaban en lenguas
y profetizaban (Hechos 19:6).
• No sabemos exactamente cómo le habló el Espíritu Santo a los ancianos de
Antioquía, pero lo más probable es que haya sido una palabra profética,
porque los profetas estaban presentes (Hechos 13:2-3).
• En la Iglesia primitiva no era tan raro como lo es ahora. Lo normal era que
todos acudieran a las reuniones listos a participar una lengua, una revelación
o una interpretación (1 Corintios 14:26).
Una distinción necesaria:
Uno de los problemas que le ha creado mala fama al don de profecía es la
falta de distinción entre la profecía de inspiración y la profecía de
revelación. La profecía de inspiración es lo que todos los creyentes pueden
hacer – “todos pueden profetizar” (1 Corintios 14:31) y ese tipo de profecía
debe ser positiva y de aliento. Hay otro tipo de profecía que puede incluir
corrección, juicio y puede tener elementos de revelación acerca de eventos
futuros. Este tipo de profecía corresponde a la operación del ministerio del
profeta, como líder de la Iglesia (Efesios 4:11-12). Requiere un llamado y un
nivel de unción especial y acarrea una responsabilidad mayor que la de los
creyentes en general.
Cuando los creyentes se salen de sus parámetros de profetizar dentro de los
límites de palabras de edificación, ánimo y consuelo, y tratan de moverse en
profecía de revelación concerniente a eventos futuros, puede causar daño. Es
muy importante que los líderes pastorales conozcan la diferencia entre la
profecía de inspiración y la profecía de revelación. Si a la iglesia no se le
enseña la diferencia, entonces la única forma de evitar los problemas que
pueden surgir por esa falta de entendimiento, es prohibiendo la profecía de
toda índole. Por lo contrario, cuando los líderes están bien enterados del
mover del Espíritu y le enseñan bien a su gente, entonces la Iglesia puede
florecer en su cooperación con el Espíritu Santo.
Fíjese en esta historia bíblica el contraste interesante entre la manifestación
de profecía de inspiración y el don del profeta que se mueve en profecía de
revelación:
Al día siguiente salimos y llegamos a Cesarea y nos hospedamos en casa de
Felipe el evangelista, que era uno de los siete; éste tenía cuatro hijas
solteras que profetizaban.
Llevábamos allí varios días, cuando bajó de Judea un profeta llamado
Ágabo. Éste vino a vernos y, tomandoel cinturón de Pablo, se ató con él de
pies y manos y dijo:
—Así dice el Espíritu Santo: “De esta manera atarán los judíos de
Jerusalén al dueño de este cinturón y lo entregarán en manos de los
gentiles” (Hechos 21:8-11).
Fíjese que las cuatro hijas de Felipe eran conocidas porque se movían en el
don de profecía de inspiración. Tal vez había una iglesia que se reunía en la
casa de Felipe (haciendo de él el líder natural) y las hijas eran reconocidas
por su función dentro de esta iglesia casera. Pero cuando llegó el profeta
Ágabo de Jerusalén, él se movía en otro nivel, en el ministerio del profeta y
las hijas permanecieron calladas. La profecía de Ágabo no se limitaba a
edificación, ánimo y consuelo, sino que él habló acerca del futuro,
prediciendo el sufrimiento que le esperaba a Pablo. La distinción es
importante, pero no debería intimidar a los creyentes en cuanto a moverse en
el don de profecía de inspiración. La compasión del Espíritu nos mueve a
cooperar con el Él para edificar, animar y consolar.
Hablar en diversas lenguas
Mi padre, Max Wood, creció en un hogar cristiano con sólidas bases
bíblicas. Creció en relación con el Padre y con Jesús, pero no sabía casi nada
acerca del Espíritu Santo – y por supuesto no sabía nada acerca de Sus
dones. Es más, su maestro de Biblia le había dicho explícitamente que todos
los eventos del libro de Hechos habían sido exclusivos del primer siglo de la
era cristiana. Sin embargo, conoció a Mary Massey (quien terminó siendo su
esposa por más de 60 años). Max dice que Mary era la mujer más hermosa
que él jamás había visto y estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para
ganarse su afecto. Cuando Mary lo invitó a comer a su casa aun antes de
ennoviarse, él no se imaginaba que la ocasión iba a ser una entrevista con los
padres de la joven. A Mary no le permitían salir con muchachos que no
fueran llenos del Espíritu Santo (y mucho menos si no eran “salvos”).
Durante el almuerzo, Flora, la madre de Mary, le preguntó a Max si él
conocía a Jesús. “Sí”, respondió. Entonces le preguntó: “¿Y conoces al
Consolador?” (Esta era su forma favorita de referirse al Espíritu Santo). Max
dijo que no (y más adelante confesó que ni siquiera sabía de qué estaban
hablando). Entonces Flora le dijo: “Es muy probable que Mary te invite a ir
a la iglesia con ella”. Max aceptó, ¡por supuesto!
Era una pequeña iglesia Pentecostal en Levelland, Texas. Aunque era
diferente a lo que Max estaba acostumbrado, estaba dispuesto a hacer lo que
fuera por ella. Pero a Mary le preocupaba que el estilo tan diferente iba a ser
demasiado para Max. Durante el servicio, una anciana se puso de pie y
empezó a dar un mensaje en una lengua desconocida. Mary, angustiada, puso
su mano sobre el brazo de Max para calmarlo. Max no se movió. Cuando
iban de regreso a la casa, Mary le preguntó a Max qué pensaba acerca del
servicio y en especial acerca del mensaje en lenguas. “¿Te pareció raro?” le
preguntó. “De ninguna manera”, dijo Max. “Nunca antes había
experimentado algo así, pero cuando esa señora empezó a hablar en ese
lenguaje, Dios me empezó a hablar a mí. Me dijo: ‘Quiero que me conozcas
mejor, más profundamente’ ”.
Cuando Max cuenta esta historia siempre explica que este fue el punto en
que su vida dio un vuelco crucial y en el que él empezó realmente a querer
acercarse a Dios. Aún ahora, a los 84 años de edad, se le llenan los ojos de
lágrimas al recordar esa invitación de Dios. En el curso de su vida mi padre
le ha dado a su familia un ejemplo maravilloso de lo que es caminar en la
llenura del Espíritu Santo – y también nos debería llevar a cuestionarnos por
qué muchas personas piensan que un mensaje en lenguas es algo asustador.
Recibí el bautismo en el Espíritu Santo cuando tenía nueve años y vino
acompañado con un débil lenguaje de oración. Al comienzo no sonaba bien;
de hecho se podría describir mejor con las palabras de Pablo, refiriéndose a
Isaías 28:11 como “lenguas extrañas”. Pero no era algo extraño ni nuevo
para mí – escuchaba a diferentes personas hablar en lenguas casi todas las
semanas en la iglesia y no me parecía raro, sino que nos daba un sentir de
certeza de la presencia del Espíritu en medio nuestro. Unos años más tarde,
mientras cantaba un “especial” (así le llamábamos a la canción que se
cantaba entre los himnos y el sermón), empecé a notar algo diferente. Sentí
que mi corazón latía más fuertemente que de costumbre. Se me vinieron a la
mente pensamientos que iban más allá de la letra de la canción y con ellos
un sentir de que debía decir algo al terminar la canción. Era definitivamente
un sentir de que había algo de inspiración que estaba por venir.
Al terminar la canción empecé a hablar en lenguas con un denuedo inusual
en mí. No recuerdo cuál fue la interpretación, pero sí recuerdo la emoción
tan grande de la congregación y cómo me animaban con gritos de alegría y
palabras de entusiasmo. Experimenté un nivel de cooperación con Dios que
nunca antes había sentido. Aunque no era extraño para mí orar en lenguas,
este mensaje vino con mucho más poder.
Cada vez que hablamos de la manifestación de diversas lenguas, es
importante hacer una distinción entre las lenguas como lenguaje privado de
oración y las lenguas como una manifestación para animar a la Iglesia.
La manifestación de diversidad de lenguas es una palabra sobrenatural
proclamando la mente del Espíritu a una congregación en un lenguaje
desconocido para quien habla y debe ser ejercitado juntamente con el don de
interpretación de lenguas al lenguaje conocido de la congregación. Es una
manifestación sobrenatural pero temporal que no tiene nada que ver con un
lenguaje aprendido, la habilidad para aprender otros idiomas o el trabajo de
un lingüista. Es decir, no es una habilidad mental. Es igual en esencia y
funcionamiento al lenguaje espiritual de oración del creyente, pero es
diferente en su propósito y uso – el lenguaje de oración va dirigido a Dios (1
Corintios 14:2), mientras que la manifestación, cuando va acompañada de
interpretación, es para los hombres con el fin de animarlos (14:3).
Esta manifestación del Espíritu a veces es llamada un “mensaje en lenguas”
y no debe ser confundida con la evidencia física inicial del bautismo en el
Espíritu Santo. El don del Espíritu Santo es mucho más que las lenguas.
Cuando Dios nos da un regalo, lo envuelve en una persona. Muchos
creyentes sinceros tienen problemas con el bautismo en el Espíritu Santo
porque piensan que el objetivo es recibir un lenguaje, cuando en realidad
consiste en recibir a una Persona de manera sobreabundante.
La manifestación de diversas lenguas se puede dar de dos formas. El término
glossolalia se refiere a un lenguaje “extraño” que no se ha aprendido, sino
que la persona puede hablar por medio del Espíritu Santo. Pablo dice en 1
Corintios 13:1 que hay “lenguas humanas y angelicales”. Xenoglossy
(dialeipo ) es la inspiración del Espíritu Santo para hablar un lenguaje
(dialecto) humano, pero que es desconocido para quien lo habla (Hechos
2:5-6). Es decir, alguien que escucha el mensaje puede entenderlo, aunque la
persona que lo está dando no lo entiende. Eso es lo que vemos el día de
Pentecostés (Hechos 2:8-12).
Parece ser que el lenguaje personal de oración es la iniciación para las demás
manifestaciones del Espíritu. A medida que nos acostumbramos a cooperar
con el Espíritu en oración privada, las expresiones públicas se hacen más
fáciles. Por lo tanto, sería muy improbable que una persona fuera usada en
este don sin tener primero la evidencia física inicial del bautismo en el
Espíritu Santo (lenguas de oración privada), pero no es imposible.
Referencias bíblicas:
• 1 Corintios 14 es un manual de instrucciones del manejo adecuado del don
de lenguas e interpretación a manera de profecía, para que el cuerpo sea
edificado y los incrédulos sean convencidos.
• Pablo menciona Isaías 28:11-12 como referente al don de diversidad de
lenguas.
• Otras referencias a las lenguas (en oración o canto) en el Nuevo
Testamento se refieren al lenguaje espiritualde oración del creyente (Efesios
5:19, 6:18, Colosenses 3:16, Judas 20, 1 Corintios 14:14-15).
Interpretar lenguas
El don de manifestación de interpretar lenguas es un proceso sobrenatural de
expresar en el idioma de la comunidad el sentir y el contenido del mensaje
dado a un grupo o congregación en una lengua desconocida para que la
iglesia pueda ser animada y consolada. La idea básica de la obra del Espíritu
es hacer que un mensaje incomprensible pueda ser entendido. No es una
traducción literal del mensaje en lenguas, sino la interpretación del sentir o
la dirección del mensaje del Espíritu. El intérprete no entiende la lengua
desconocida que está interpretando; por lo tanto no es lo mismo que la
interpretación de idiomas humanos. Una vez que alguien comparte un
mensaje en lenguas, la interpretación requiere una medida de fe.
Generalmente al principio el Espíritu solo le da al intérprete lo mínimo
suficiente para que tome el paso de fe de interpretar todo el mensaje. Puede
venir como una imagen, una palabra, una serie de pensamientos o un tema
en general. A veces el Espíritu Santo puede sacar a relucir un pensamiento
que le había dado en otra ocasión, como en el devocional o el tiempo de
alabanza y adoración.
Es difícil saber con certeza cuales eran los problemas con los que estaba
tratando Pablo en la carta a los Corintios. Entonces cometemos un error al
tratar de aplicar su respuesta a un problema temporal como normas generales
para toda ocasión (por ejemplo: “Si se habla en lenguas, que hablen dos—o
cuando mucho tres—, cada uno por turno y que alguien interprete” (1
Corintios 14:27). La mayoría de las iglesias en el mundo occidental no
tienen los mismos problemas de la iglesia de Corinto. Por ejemplo, Pablo le
dice a los Corintios: “…cada uno puede tener un himno, una enseñanza, una
revelación, un mensaje en lenguas o una interpretación…” (1 Corintios
14:26). Es decir: “cuando ustedes vienen a la iglesia, vienen llenos de dones
para ministrarse los unos a los otros”. Pero ese no es el caso en la iglesia del
siglo XXI. Hay muchas personas que han asistido a la iglesia por años y
jamás han traído un mensaje en lenguas o una profecía o una revelación. Y,
por supuesto, Pablo le dice a los Corintios que “todos pueden profetizar por
turno” (14:31). Entonces, en lugar de aplicar una solución universal para
cada problema ocasional, sacamos el principio más sobresaliente y lo
aplicamos a nuestros problemas en cuanto son semejantes. El principio más
sobresaliente en cuanto al funcionamiento de los dones es el amor –
especialmente el amor que se manifiesta en edificación, ánimo y consuelo de
la Iglesia para que todos puedan crecer hacia la madurez en Cristo.
Referencias bíblicas:
La Biblia no tiene ejemplos específicos de los mensajes en lenguas con
interpretación. Tenemos ejemplos de palabras proféticas, pero no está claro
si esas fueron dadas como profecías directamente o como lenguas con
interpretación y el autor de la Biblia solamente nos comparte el resultado
final de la manifestación. Sin embargo, dado que Pablo dice que “Si se
habla en lenguas, que hablen dos—o cuando mucho tres—, cada uno por
turno; y que alguien interprete” (1 Corintios 14:27), es claro que esta era
una práctica común en las reuniones de la Iglesia primitiva.
Preguntas para considerar
1. ¿Por qué Pablo nos da instrucciones de profetizar con edificación, ánimo y
consuelo y cómo revela esto la naturaleza de Dios?
2. ¿Cuál es la diferencia entre la profecía de revelación y la de inspiración?
3. Si la combinación de un mensaje en lenguas e interpretación es
equivalente a la profecía, ¿por qué necesitamos mensajes en lenguas con
interpretación?
CAPÍTULO SIETE
Cuidado pastoral
Durante varias décadas de ministerio como pastor principal, desarrollé un
“sentido pastoral” que me enseñó a estar atento para discernir el tema del
Espíritu Santo en cada servicio. A veces este tema puede ser establecido de
antemano en oración, cuando se está planeando el servicio, de manera tal
que haya una continuidad entre la adoración y el sermón. Estoy convencido
de que un equipo de líderes, cuando son guiados por el Espíritu Santo,
pueden cooperar con Él para entretejer un tema que presenta un mensaje
unificado a la congregación. También he aprendido que muchas veces el
Espíritu puede añadir una dimensión espontánea a un tema que estaba
preparado como una respuesta del amor de Dios a una necesidad particular
del servicio. El moverse al ritmo de Aquel que “sopla por donde quiere” es
siempre una aventura.
Digo todo eso para tocar un punto de cuidado pastoral en cuanto a la
interpretación de lenguas. 1 Corintios 12:27-28 indica que los dones de
ministerio (Efesios 4:11-12) vienen acompañados de ciertos dones de
manifestación – como herramientas del líder. El apóstol y el evangelista, por
ejemplo, necesitan del poder para hacer milagros y dones para sanar a los
enfermos como confirmación de la palabra que predican para establecer
nuevas iglesias. Los profetas, por supuesto, deben poder moverse en niveles
desarrollados de los dones de revelación y de palabra. Los pastores y
maestros necesitan dones de administración para gobernar, pero también los
dones de lenguas e interpretación de lenguas. Esto es por cuestión práctica
del amor. El amor insiste en tener un lugar seguro y sano donde los
discípulos puedan crecer y experimentar en su cooperación con Dios.
Dr. Kerry Wood
Si Pablo dice que “todos pueden profetizar por turno” (1 Corintios 14:31) y
que las lenguas con interpretación equivalen a la profecía (1 Corintios 14:5),
entonces las personas deben poder ejercitar esos dones para crecer en
madurez. Y la mayoría de las personas no van a tener la valentía de correr
riesgos a no ser que sepan que están en un ambiente seguro. El pastor debe
proveer un lugar seguro para que la gente crezca y aprenda a moverse con el
Espíritu Santo para la edificación de la Iglesia sin temor a la vergüenza o la
humillación. ¿Cómo puede un pastor proveer este ambiente?
Primero, el pastor (o líder) debe estar al tanto del mover del Espíritu
personalmente de manera que pueda percibir lo que el Espíritu está haciendo
en la congregación. Segundo, el líder pastoral debe estar listo a participar en
los dones de palabra, especialmente en la interpretación de lenguas. Para los
creyentes es importante saber que hay alguien presente que puede interpretar
(1 Corintios 14:28) y así pueden sentirse en libertad para dar pasos de fe.
Finalmente, los pastores pueden minimizar el impacto de los errores. Cuando
uno aprende algo nuevo, va a cometer errores. Pero el amor los cubre. Han
habido muchas ocasiones en mi experiencia como pastor en que alguna
persona ha dado un mensaje en lenguas y no ha habido nadie que las
interprete. Si yo, como líder en esa reunión, no hiciera nada al respecto,
entonces la persona que dio ese paso de fe se va a desanimar y no va a seguir
intentando. Entonces yo procuro mantenerme sensible a lo que el Espíritu
está haciendo y puedo interpretar el mensaje. Yo quiero que otras personas
en la congregación desarrollen ese sentir de cooperación, pero si no lo hacen,
entonces mi responsabilidad como pastor es cubrirlos.
Esa ecuación también tiene un lado negativo. Supongamos que hay alguien
que visita la iglesia, pero que es desconocido por la congregación y por los
líderes. Y supongamos que esa persona trata de compartir una palabra
profética o un mensaje en lenguas; entonces yo, como pastor, tengo que
proteger al rebaño impidiendo que la persona hable. Si no los conocemos, no
tienen autoridad para hablar a la congregación. 1 Tesalonicenses Dones del
Espíritu para una nueva generación
5:12 dice que debemos reconocer a quienes trabajan en medio nuestro y yo
uso esa exhortación como una norma general. Creo que el Señor dota a los
líderes pastorales con las herramientas necesarias para cumplir con su
ministerio en amor y bendición.
Recuerde que los intérpretes (a quienes el Espíritu usa) deben ser conocidos
por la iglesia (1 Corintios 14:28) y que losdones son inspirados por el
Espíritu, pero administrados por la Iglesia (1 Corintios 14:26-27).
PARTE III – EL DESARROLLO
DE LOS DONES
CAPÍTULO OCHO
Obstáculos que impiden la
operación de los dones
Los dones espirituales son tan opcionales como la vista; uno puede caminar
sin ojos, ¡pero no puede ver sin ellos! —Harold Horton
En el curso de los años he tenido muchas conversaciones con pastores de
diferentes denominaciones y trasfondos teológicos. Muchos pastores tienen
una hambre y sed genuina y preguntas honestas acerca de un mundo del cual
admiten saber poco. Otros sienten que tienen el deber de proteger la posición
o la doctrina de su denominación cuando sienten que esta se ve amenazada
por la mención del Espíritu Santo. Un pastor asumía que la ausencia de los
dones del Espíritu y de las sanidades en su iglesia era una evidencia clara de
que la era de los milagros había terminado. “Si los dones están en operación
hoy en día, ¿por qué no los vemos en mi iglesia?”, me preguntó. Es una
pregunta válida que amerita una buena respuesta. De entrada sugiero que si
no le estamos enseñando a nuestras congregaciones que el Espíritu Santo
sigue dando dones, entonces los miembros no van a estar esperándolos ni
buscándolos. ¡Qué triste es esto frente a la exhortación de Pablo de
“ambicionar los mejores dones”!
En este capítulo menciono varios obstáculos que impiden la operación de los
dones del Espíritu. Por supuesto, mi perspectiva está limitada por mi
experiencia – que es primordialmente la de la Iglesia de los Estados Unidos
– y cuyas condiciones no son necesariamente iguales a las de otros países y
culturas. De antemano reconozco que hay otros obstáculos que pudieran
estar impidiendo el fluir de los dones, pero en mi experiencia estos son los
principales (por lo menos en mi contexto). Los primeros cinco son
obstáculos culturales externos (los efectos de nuestra cultura y sociedad) y
los siguientes siete son obstáculos personales internos (nuestras creencias y
pensamientos).
CAPÍTULO NUEVE
Obstáculos externos/ culturales
1. Punto de vista anti-sobrenatural
A veces ni siquiera nos damos cuenta, pero si crecimos en el mundo
occidental, tenemos un punto de vista fuertemente influenciado por la
ilustración y el enciclopedismo que conlleva una predisposición
subconsciente contra la realidad del mundo espiritual.
Los físicos están invirtiendo millones de dólares para construir super-
colisionadores atómicos esperando descubrir un universo paralelo (el mundo
espiritual), cuya existencia solo están dispuestos a aceptar si la pueden
comprobar científicamente. El hombre se ha vuelto demasiado inteligente
para Dios y está empeñado en construir su torre para llegar a los cielos. Me
recuerda de la historia de la expedición científica en la cual los más altos
intelectuales escalaron las cumbres del conocimiento humano. Con mucho
esfuerzo lograron cruzar el último precipicio y por fin, entre las nubes
vislumbraron la cima y allí encontraron a un grupo de teólogos sentados
alrededor de una fogata hablando con Dios. La ciencia honesta
eventualmente llega a confirmar la Verdad que está revelada en las
Escrituras, pero actualmente no toda la ciencia es honesta; hay agendas de
por medio.
Desafortunadamente esta línea de pensamiento que se basa en la realidad
empírica, ha influenciado a la Iglesia. La teología sistemática moderna, con
todo su alto criticismo, ha seguido los pasos de la ciencia para exigir pruebas
científicas de lo que no está, no puede estar y nunca estará sujeto a las
ciencias que se limitan al estudio del mundo físico y natural de Dios. El
universo de Dios es un universo entero compuesto de dimensiones que el
hombre natural, en su estado caído, no puede ver ni estudiar:
Los que no tienen el Espíritu de Dios no aceptan las enseñanzas
espirituales, pues las consideran una tontería. Y tampoco pueden
entenderlas, porque no tienen el Espíritu de Dios (1 Corintios 2:14).
Para el creyente moderno o post-moderno – especialmente la nueva
generación de creyentes – es importante entender que si uno ha crecido en el
mundo occidental es como un pez que solo conoce las aguas de la adoración
a la ciencia. Ni siquiera nos damos cuenta qué tanto nuestras
predisposiciones están condicionadas en contra de lo sobrenatural. En los
Estados Unidos hay muchos programas de televisión (y películas de
Hollywood) que se encargan de des-espiritualizar la realidad. Lo que
comienza como un misterio espiritual eventualmente es resuelto y se
descubre que la causa no es más que una conglomeración de coincidencias
naturales. Pero aun así, el anhelo espiritual interno de los seres humanos
persiste.
¿No cree que es el tiempo propicio para que la nueva generación comience a
vivir más allá de las limitaciones de las barreras naturales de la ciencia? ¿No
cree que el postmodernismo está listo para descubrir un mundo que va más
allá de lo natural? ¿Quién le llevará la antorcha a esta generación para poner
al descubierto el mundo invisible como la creación maravillosa de un Dios
que quiere ser conocido como el amor infinito que es? Quizás si hubiera
personas que comenzaran a moverse en los dones del Espíritu, el mundo
podría desconectarse de las cadenas que lo han tenido inmovilizado, para
permitir que Dios nos llame al universo paralelo que es el Reino de Dios.
2. Enseñanza deficiente
Muchos creyentes han crecido sin enseñanza, con enseñanza deficiente o con
enseñanza en contra del mover del Espíritu. Esta deficiencia en Iglesia
presenta un gran obstáculo. La herejía de mayor influencia en nuestros días
es la enseñanza de que los dones del Espíritu se acabaron o que no son
necesarios para la iglesia organizada de hoy.
Carroll Thompson,5 un pastor y evangelista misionero cuenta su historia y
cómo llegó a reconocer su necesidad de una vida que acepta la llenura del
Espíritu Santo y Sus dones. Carroll comenzó a predicar a los 19 años y a
pastorear poco tiempo después. Estudió en un seminario reconocido de una
denominación que enseña que los “dones del Espíritu” le fueron dados a la
Iglesia para establecerla, pero que no son necesarios en la actualidad.
Cuando se graduó del seminario, Carroll se fue a Brasil como misionero,
desconociendo la realidad del mundo espiritual que le esperaba. Nunca había
visto manifestaciones de demonios, ni la batalla espiritual transparente de
América Latina. Como no se veía ese tipo de actividad en los Estados
Unidos, era fácil ignorarla. Comenzó su ministerio en Brasil lleno de
entusiasmo, poniendo en práctica todo lo que había aprendido en el
seminario y enseñando lo que sus maestros le habían inculcado
– es decir, que los dones del Espíritu habían terminado – hasta que tuvo una
confrontación con espíritus malignos. Carroll se dio cuenta que todo su
entrenamiento y su conocimiento de la Biblia no era suficiente para ganar
esta batalla. Cuando cayó gravemente enfermo, postrado en su cama, clamó
al Señor: “¡No puedo con esto! ¡Necesito Tu ayuda!” Dios le respondió con
una visita sobrenatural y Jesús lo bautizó en el Espíritu Santo y lo sanó. Esa
experiencia desató un nuevo nivel de ministerio para Carroll lleno de las
manifestaciones de los dones del Espíritu. Cuando su denominación se
enteró de lo que estaba pasando en sus iglesias, lo despidieron. Pero Carroll,
lleno del Espíritu Santo, ha seguido ministrando sobrenaturalmente por más
de sesenta años.
La historia de Carroll Thompson no es única. Esta misma realidad se ha
visto tantas veces en los últimos treinta o cuarenta años, que la Iglesia
Bautista del Sur (E.E.U.U.) anunció la semana en que estoy escribiendo esto,
que ha cambiado su posición con respecto al bautismo en el Espíritu Santo
para sus misioneros.6 Aun así hay quienes no pueden reconocer que la
realidad espiritual del reino de las tinieblas y el Reino de Luz es igual en
todos los países y culturas.
3. Ignorar al Espíritu Santo
La falta de enseñanza acerca del Espíritu Santo ha dado como resultado una
ignorancia general en cuanto al Espíritu Santo y Su deseo de sanar, restaurary bendecir a través de la Iglesia. Un gran obstáculo para el funcionamiento
de los dones del Espíritu consiste en simplemente ignorarlos como Aquel
que está dispuesto y que inicia la obra sobrenatural de Dios. Las ciencias
sociales y las humanidades han adoptado un vocabulario psicológico
mezclado con las ideas norteamericanas del éxito, lo que ha llevado a la
iglesia a enfocarse y promover las necesidades de los creyentes y las ideas
de auto-superación en lugar de proclamar la sanidad que Dios está
derramando. Al mismo tiempo, la prosperidad que disfrutamos hace que sea
más fácil acudir a un médico que a Dios. Para quienes necesitan dirección,
cuentan con la ayuda de un “coach” y para quienes sufren de depresión están
los psiquiatras con un sinnúmero de medicinas a su disposición. Donde no
hay acceso a estas opciones, las personas están más dispuestas a clamar a
Dios y esperar Su respuesta.
Mi abuela, Flora Massey, creció en medio de una gran pobreza y vivió con
muy pocos recursos toda su vida. Desde muy niña aprendió que Dios era la
única opción para suplir la mayoría de las necesidades de su vida. Por esto
mismo, aprendió a orar, a ayunar y a creerle a Dios por su sanidad y otra
índole de necesidades. Nunca se le ocurrió ir a un hospital, aun cuando
estaba muy enferma. En más de una ocasión me contó que si alguna vez se
enfermaba, tomaba un vaso de agua caliente con limón y si eso no era
suficiente, se encerraba en el baño a orar y ayunar hasta que Dios la sanara.
Vivía confiando plenamente en Dios. Cuando tenía casi 100 años los vecinos
la encontraron en el suelo. Se había partido la cadera y estaba orando para
que Dios la sanara. Pero los vecinos llamaron una ambulancia y se la
llevaron al hospital sin preguntarle qué quería ella. (¡Sobra decir que no
estaba muy contenta con sus vecinos!) Cuando la operaron fue reconocida
como la persona más vieja que había tenido un reemplazo de cadera. Un par
de semanas más tarde los médicos y enfermeras seguían asombrados al verla
hacer ejercicio en la bicicleta estática del área de terapia física, cantando
himnos con todo el volumen que su voz anciana le permitía. Vivió hasta casi
los 106 años y finalmente murió, sentada, orando en el Espíritu, como era su
costumbre.
¿Tenemos que ser pobres para confiar en el Espíritu Santo? No. Podemos
aprender a darle prioridad en nuestras vidas al Espíritu, sin importar cuantas
comodidades, conveniencias o innovaciones médicas estén a nuestro
alcance. Sí, Dios también usa la medicina para sanar – y por esto estamos
agradecidos
– pero nuestra confianza en el Espíritu Santo nunca debe ser reemplazada
por recursos naturales. Él quiere que el mundo pueda ver la bondad y la
fidelidad del Padre.
Durante el siglo pasado la Iglesia en general dio pasos agigantados para
reconocer al Espíritu Santo. Vinson Synan declaró al siglo XX como el
“Siglo del Espíritu Santo”. Pero en un gran sector del mundo occidental, Él
sigue siendo un “algo” misterioso y desconocido, como el tío loco que se
aparece en las reuniones familiares sin ser invitado. Hay quienes lo han
llamado “el miembro olvidado de la Trinidad” o “el Dios que nunca
conocí”.7 No hay duda de que algunos excesos dentro del movimiento
Pentecostal (sobre todo en sus inicios), hicieron que las grandes
denominaciones guardaran sus distancias y aun rotularan a los pentecostales
como herejes. Pero el movimiento Carismático de los 1970s y 1980s le
ayudó a gran parte de la iglesia occidental a vislumbrar lo que Dios estaba
haciendo en otras partes del mundo, llevándola a abrir su compás teológico.
Ese es motivo de agradecimiento; pero aun así hay todavía mucho trayecto
que recorrer para que el mundo conozca al Espíritu Santo como el Dios que
está con nosotros y a favor de nosotros.
4. Falta de liderazgo
Cuando no hay alguien que modele la operación de los dones del Espíritu, la
iglesia no puede estar bien capacitada para la obra de servicio (Efesios 4:10-
11). Mi objetivo no es criticar a los líderes de las iglesias. Yo soy uno de
ellos y lo he sido por muchos años, de manera que yo también soy
responsable por el estado actual de la Iglesia en cuanto a su entendimiento y
su fruto (o la falta de ellos). El hecho es que todos aprendemos mejor cuando
vemos a alguien hacer lo que nosotros no sabemos hacer. Esto se aplica tanto
a niños como a adultos. Lo que los líderes de la iglesia hagan (más que lo
que digan), es lo que da la indicación más clara de qué es lo que ellos
consideran importante. Si la oración es importante, no solamente va a haber
un llamado frecuente para que los miembros de la iglesia se reúnan a orar,
sino que van a aprender a orar viendo a sus pastores hacerlo. El doctor Paul
(David) Yonggi Cho, pastor de la iglesia más grande del mundo al final del
siglo XX, decía que las iglesias que oran son aquellas cuyos pastores dirigen
las reuniones de oración.
De la misma forma, si no hay quien modele los dones del Espíritu a la
congregación, ¿cómo van a aprender los creyentes que esto es normal e
importante? Lo que se considera “normal” es lo que los líderes hacen; y lo
que es “anormal” (raro) es lo que los líderes no hacen. Esto se llama
influencia y en eso consiste el liderazgo.
En la sección de Reseña de los Dones conté mi historia, de cómo fui criado
viendo el mover del Espíritu. Este ha sido el factor más importante que me
ha ayudado en el curso de mi vida para saber cómo cooperar con Él. Esto no
quiere decir que ya haya logrado hacer todas las cosas bien y que no tenga
más que aprender. La iglesia a la que asistía con mi familia era una iglesia
comprometida con la vida en el Espíritu. Fui criado en iglesias donde la
oración era primordial. Crecí oyendo historias y viendo milagros y
sanidades, sabiendo que estos fenómenos no están exclusivamente en las
historias de la Biblia.
Mi primera experiencia con el ministerio de Kathryn Kuhlman y el milagro
perpetuo de Ronnie Coyne, sumados a las sanidades que veíamos y los
testimonios que oíamos en nuestra iglesia casi semanalmente, me arraigaron
en un sistema de creencias de que los días de sanidades, milagros y demás
dones del Espíritu Santo no han terminado. Aun a los once años de edad
aprendí acerca de los milagros por medio de mi maestro de escuela
dominical, J. C. Evans, quien nos contaba historias todos los domingos de
cómo Dios lo había librado de un accidente en el campo petrolero o cómo le
había ministrado a sus compañeros de trabajo. Le faltaban dos o tres dedos,
pero nos contaba sus historias, con lágrimas en sus ojos y captaba la atención
de sus estudiantes. Recuerdo preguntarme cada semana: “¿Qué historia nos
contará el hermano Evans?” Desde ese entonces estaba yo siendo formado
en medio de una vida sedienta del mover de Dios; y es exactamente por esas
experiencias con lo sobrenatural que años más tarde me sentía frustrado
viendo una Iglesia sin poder a la que le encanta cantar acerca de los milagros
de Dios pero no le importa no verlos en primera persona. Y esas
experiencias me han llevado a acercarme a quienes están dispuestos a tomar
riesgos de fe. Me pregunto qué se necesitará para despertar a una nueva
generación al ámbito de Dios.
5. Falta de sed
La falta de sed por lo sobrenatural en la Iglesia da a luz a generaciones que
no conocen ni su herencia espiritual ni el poder de Dios. La Iglesia se ha
vuelto más y más dependiente de la tecnología y la ambición de mantenerse
a la vanguardia ha traído consigo ciertos obstáculos como los límites
impuestos por la producción para televisión (por ejemplo, la duración del
servicio que tiene que coincidir con el espacio televisivo). Cuando en la
práctica lo más importante es el profesionalismo y la eficiencia no hay lugar
para la espontaneidad. Entiendo perfectamente que hay muchas cosas del
Espíritu que no se ven bien en televisión (o en videos de YouTube). Lo que
puede parecer perfectamente natural y espontaneo en vivo se puede ver
completamente raro y fanático a través de una cámara. Y ¡cuántos críticos
hay a quienes les encanta editar videos para quelas cosas parezcan absurdas!
He descubierto que despertar la sed espiritual toma tiempo. La oración y el
ayuno no se encuentran en el menú de servicio a domicilio y no pueden ser
bajados a velocidad 4G, 5G o lo que venga después de 6G. La sed espiritual
es contraria al paso cultural de esta generación y Dios no le abre los secretos
de Su corazón a quienes lo toman a la ligera. Él anhela la intimidad y la
intimidad toma tiempo.
El Señor me enseñó esta verdad cuando estaba pastoreando mi primera
iglesia. Teníamos unos servicios especiales y le estaba pidiendo al Señor que
hiciera algo significativo en nuestra iglesia. Pero muchos de nuestra
congregación eran granjeros y yo sabía que se tenían que levantar antes del
amanecer para cumplir con todos sus quehaceres. La primera noche, el
servicio se extendió mucho más de lo planeado y yo me empecé a estresar
“por ellos”. Cuando el predicador invitado finalmente hizo una invitación
para recibir ministración personal, era tan tarde que yo estaba seguro de que
nadie iba a querer pasar al frente y me sentí ofuscado.
Pensé que habíamos fallado; pero, para mi sorpresa, el noventa por ciento de
las personas respondieron a la invitación y pasaron para recibir más de Dios.
¡No lo podía creer! Entonces escuché al Señor decirme: “Kerry, ese es tu
problema. No me das la oportunidad de obrar en las personas. Estás
demasiado apurado”.
No fue una lección grata; pero el Señor me recordó lo que yo debería haber
sabido: que la sed espiritual toma tiempo. Él quiere obrar en nosotros, pero
eso toma tiempo. Él desea tener intimidad con nosotros; pero la intimidad
toma tiempo. Cuando pienso en mi infancia me doy cuenta de que mi sed
espiritual se desarrolló en etapas de una búsqueda profunda de Dios.
Pasábamos mucho tiempo en el altar orando, escuchando, cantando y
esperando.
Mi padre cuenta la historia de cuando él estaba tan sediento de recibir la
llenura del Espíritu Santo que le dijo a Dios: “No voy a volver a comer
mientras no reciba TODO lo que tienes para mí”. Esa semana recibió el
bautismo en el Espíritu Santo. Y tal vez haya usted escuchado acerca del
avivamiento de las Islas Hébridas. Dos ancianas de ochenta-y-pico de años
decidieron orar por un avivamiento en su pueblo. Oraron de rodillas, de diez
de la noche a tres o cuatro de la mañana, dos veces a la semana, por más de
un mes. Dios escuchó su clamor y cuenta la historia que el mover de Dios
fue tan poderoso que trajo un avivamiento a todas esas islas de Escocia que
duró más de tres años.
¿Por qué será que Dios insiste en que lo esperemos, que tengamos sed de Él
y que le clamemos? ¿Será que Él tiene alguna carencia y necesita que lo
necesitemos? ¡De ninguna manera! A Él no le hace falta nada. Pero quiere
que sepamos sin duda alguna que sólo Él es la fuente de vida y de amor. El
conocimiento del árbol no nos puede llenar. Ni las posiciones, ni las
posesiones ni el poder no nos pueden llenar. Él es la única fuente y nos ha
hecho de forma que solo podamos ser llenados por Su amor.
Me gusta mucho una canción que cantamos ahora que dice: “Te estamos
esperando…” Mientras más nos disponemos a buscar de Dios, más sed
espiritual vamos a tener. Acércate a Dios y Él se acercará a ti.
Preguntas para considerar
1. ¿Cuáles de los obstáculos externos están teniendo el mayor impacto en la
Iglesia en su cultura?
2. Si vivimos en un mundo afluente con mentalidad antisobrenatural, ¿cómo
podemos cultivar sed de Dios? 3. ¿Qué le está diciendo el Señor mediante
esta sección? 
CAPÍTULO DIEZ
Obstáculos internos/ personales
6. Sentirse incompetente
Los dones del Espíritu son la forma principal en que el Espíritu Santo nos
invita a cooperar en la vida y misión de Dios. Es el mismo Espíritu Santo
quien nos da el poder para hacer lo que nunca podríamos hacer por nuestros
propios medios. Pero aun así, muchas personas viven tan paralizadas en su
sentir de incompetencia que hace que las cosas del Espíritu parezcan un
cuento de hadas. Podemos creer que Dios da dones de sanidades a través de
grandes hombres y mujeres de fe, pero el enemigo se asegura de
rápidamente llevarnos a pensar: “Pero, ¿quién soy yo para que Dios me use
de forma sobrenatural?”
Hace dos semanas estuve con alguien que había asistido a una clase que yo
había dictado esa mañana en la iglesia. En la clase yo había explicado que
Dios nos había hecho a Su imagen y semejanza, y Él deseaba que
cooperáramos con Él en Su misión para que disfrutáramos la vida en
plenitud – como lo hace Él. Este amigo me compartió la conversación que
había tenido con alguien que había venido a la clase por primera vez.
Cuando le preguntó qué pensaba de la clase, el visitante respondió: “Me
gustó mucho, pero, ¿cree que lo que dijo el maestro es verdad? ¿Cree que de
verdad podamos conocer así a Dios y hacer cosas con Él?”
Me asombra ver que haya tantas personas en la iglesia hoy en día que se
sienten tan distantes de una vida auténtica con Dios. Parece que no supieran
que podemos imponer nuestras manos sobre los enfermos para que sean
sanados. Parece que no supieran que el Espíritu Santo mora en nosotros y
quiere hablarnos diariamente acerca de lo que el Padre y Jesús están
diciendo y haciendo. Parece que no se hubieran dado cuenta de que el Cielo
no es un lugar distante al que algún día vamos a ir, sino que nosotros
podemos establecer el Cielo en el aquí y el ahora, como un anticipo de lo
que está por venir. ¿Cómo puede ser que la Iglesia, con tantos maestros,
tantas Biblias y tanta tecnología, no haya captado el significado que el ser
hijos de Dios tiene para nuestro planeta? ¿Y cómo racionalizamos tener el
Espíritu creativo de Dios en nosotros y sin embargo no tomar de la
profundidad de Sus recursos, orando en el Espíritu para tener la ventaja
sobrenatural en cualquier situación? Quiero repetirlo como una afirmación:
captar lo que significa ser hijo de Dios y reconocer que el Espíritu Santo que
mora en nosotros nos da todos los recursos que necesitamos, nos da una
ventaja sobrenatural en cualquier situación.
7. Temor
Con esto me refiero a los pensamientos que llenan nuestras mentes
preguntándose: “¿Qué tal…?” ¿Qué tal que no pase nada? ¿Qué tal que les
dé una palabra y no tenga significado para ellos? ¿Qué tal que me
equivoque? Al diablo le encanta llevarnos a la parálisis del análisis. Por el
contrario, el Espíritu Santo nos da confianza y valentía para hacer lo que el
Padre nos llama a hacer. Pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez,
sino de poder, de amor y de dominio propio (2 Timoteo 1:7). El antídoto
para el espíritu de temor y timidez es el orar en el Espíritu y meditar en las
palabras de Dios; así podemos tomar riesgos de fe para llevar los dones del
Padre a un mundo quebrantado que los necesita.
¿Qué pasa si fracasamos?
Es posible tener “fracasos de fe” aunque no nos guste hablar de ellos. Pero, a
diferencia de lo que piensan algunos, aun cuando fracasamos, Dios no nos va
a apuntar el dedo diciendo: “¡Qué vergüenza! Yo esperaba más de ti. Ahora
veo que no puedo confiar en ti”. Aun cuando usted haya escuchado algo así
de sus padres cuando era niño, no lo va a escuchar de parte de Abba . El
Señor siempre nos anima, aun cuando cometemos errores. Es por esto que Él
nos ha dado parámetros e instrucciones en cuanto al funcionamiento de los
dones del Espíritu.
Pablo le dice a los Corintios que tengan un sentido del orden en la operación
de los dones y que los profetas-ancianos juzguen. Este “juicio” no consiste
en castigar públicamente a una persona que sinceramente dice algo
equivocado, sino lo contrario. Los líderes pastorales que son sabios nunca
humillan ni menosprecian a las personas de su rebaño delante de la
congregación, sino que les hablan en privado para aconsejarlos, instruirlos y
animarlos.
Pablo les dice a los Corintios que “todos pueden profetizar”, pero que este
tipo de profecía de inspiración debe ser dada para “edificar, animar y
consolar” (1 Corintios 14:3). ¿Por qué esos parámetros? Porque si una
persona se asocia con el Espíritu Santo conel ánimo de bendecir a las
personas, edificarlos y consolarlos, seguramente sus palabras van a tener
esos resultados, aun si lo que se haya dicho no fuera completamente
acertado. Por eso tenemos que ver a los dones del Espíritu como lo que son:
un fluir sobreabundante del amor y la compasión infinita de Dios – no un
ejercicio de la perfección.
He llegado a la conclusión de que muchos pastores no permiten la operación
de los dones en sus congregaciones porque (1) no tienen mucha experiencia
personal con los dones y no saben cómo pastorear las manifestaciones, (2) su
falta de experiencia en cuanto a los dones crea cierto nivel de inseguridad en
ellos y (3) lo que más les preocupa a los líderes inseguros es lo que la gente
vaya a pensar acerca de su liderazgo si alguien se equivoca en el área de los
dones del Espíritu. Entonces es mejor no correr el riesgo del fracaso.
Mi esposa cuenta una historia de cuando estaba aprendiendo a tomar riesgos
en cuanto a cooperar con el Espíritu y cómo se enfrentó al temor al fracaso.
Ella dice:
En una etapa de mi vida me iba en bus todos los días a la oficina. Dejaba mi
carro estacionado en un centro comercial y de ahí tomaba un bus al centro
de negocios Galleria, de Houston, donde trabajaba. Este bus hacía unas
cuantas paradas en los edificios principales de la zona y me evitaba el estrés
de la manejada en la congestión de tráfico de Houston – y además me daba
un tiempo tranquilo para orar y leer mi Biblia. Un día en particular estaba
leyendo un libro que me motivaba a moverme más en los dones del Espíritu.
Aunque había visto muchos milagros y sabía acerca de los dones, no tenía
mucha experiencia en esta área. Pero tenía sed de ver a Dios moverse
sobrenaturalmente a través de mí.
Le estaba diciendo a Dios que me diera oportunidades de ministrar a otros y
que yo iba a hacer cualquier cosa que Él me indicara. En medio de esa
conversación levanté la vista y me di cuenta que en la ventana opuesta de mi
silla había una señora con un cuello ortopédico. Sentí que el Espíritu Santo
me decía: “Ve y minístrale sanidad”. Ahí comenzó mi lucha interna.
“¿Ahora mismo? ¡Pero está leyendo un libro!” La mujer cerró su libro. El
Espíritu Santo me dijo: “Sí; ahora”. Pero la lucha continuaba: “Pero el bus
se está moviendo. No es prudente. ¿Qué tal que no pase nada? ¿Qué tal
que…?” “¿No me estabas pidiendo que te usara?”, me dijo el Espíritu.
“¿No me dijiste que si te daba una oportunidad lo ibas a hacer?” “Sí,
pero…” (Cuando tenemos temor al fracaso es fácil encontrar excusas para
no hacer lo que Dios nos está invitando a hacer).
Finalmente, en el paradero anterior al mío, tuve la valentía de ir a hablar
con ella. Me levanté de mi silla y me senté directamente detrás de ella, le
puse la mano en el hombro y le dije: “¿Le importaría decirme qué problema
tiene en el cuello?” Me explicó que tenía una degeneración de las vértebras
cervicales y que usaba el cuello ortopédico para tratar de retrasar la
progresión de la enfermedad. Le dije que creía que Dios quería hacer algo
en su vida y le pregunté si podía orar por ella. Inmediatamente se le
escurrieron las lágrimas y me dijo que sí. Oré. Declaré sanidad. Esperaba
ver una manifestación inmediata – uno de esos milagros como los que
estaba leyendo en que las personas sienten un calor intenso, se quitan sus
aparatos ortopédicos y salen corriendo y gritando ¡Aleluya! Pero no pasó
nada de eso. El bus llegó a mi paradero y me bajé, sintiéndome como un
fracaso. Y le hablé al Señor al respecto, pues sentía que Él me había llevado
al fracaso. ¿Por qué me había pedido que hiciera algo así? Me sentía
ridícula. Lo peor del caso es que ella se bajó en el mismo paradero. Ese día
me enteré que trabajaba en el edificio de al lado del mío.
Durante los siguientes tres o cuatro días hice lo imposible para no coincidir
con ella en el bus. Por las tardes, antes de salir al paradero miraba y si ella
estaba esperando el bus, yo me devolvía a mi oficina y esperaba veinte
minutos más hasta el siguiente. No quería tener que hacerle frente a mi
fracaso.
Llegó el viernes, salí a esperar el bus y ella no estaba. Me senté en el banco
y de repente, ¿quién cree usted salió a mi encuentro? La mujer. Se me vino
corriendo y me dice: “¡Qué bueno verla! Quería decirle…” Pero todavía
tenía el cuello ortopédico. ¿Qué sería lo que era tan importante que tenía
para decirme? Pero ya no podía esconderme y mucho menos ignorarla, así
que tragué fuerte para recibir lo que fuera. Entonces me contó su historia:
“Crecí en la iglesia”, me dijo, “y siempre he tenido una relación con Jesús.
Pero los últimos meses han sido muy difíciles y la semana pasada se murió
mi gato y fue la gota que rebosó la copa. Caí en una gran depresión. Estaba
pensando que Dios se había olvidado de mí. Y usted vino y me dijo que Dios
le había hablado de mí y que quería orar por mí. Y en ese momento supe que
Dios no me había olvidado y que me amaba. Entonces quiero agradecerle
por haber hecho eso”.
Ahora era yo quien tenía lágrimas. Lo que yo había visto como un fracaso
había sido un encuentro significativo para Carol (ese día me enteré que así
se llamaba). No había visto lo que yo esperaba ver, pero Dios estaba
obrando y ella sintió Su compasión a través de mí.
Si lo que esperamos en el ministerio de los dones del Espíritu es que Dios
siempre obre de una forma determinada, como sanar instantáneamente a las
personas, siempre vamos a fracasar (para nosotros mismos). Pero si al
hacerlo compartimos la compasión de Dios, entonces no podemos fracasar.
Tal vez tengamos nuestras expectativas de lo que consideraríamos un éxito;
pero si dejamos que Él se encargue de los detalles, sabemos que Él sabe lo
que hace. A nosotros no nos corresponde la carga del resultado. Si estamos
dispuestos a cooperar con Dios, a alcanzar a los demás y compartirles Su
amor, Él es fiel para confirmar ese mensaje. Él quiere restaurar a un mundo
que está herido y lo ha llamado a usted – y a mí – para sobreabundar como
conductos de Sus dones para que pueda experimentar el gozo del trabajo
conjunto con Él. El único fracaso real en cuanto a los dones consiste en
rehusarse a obedecer, a no querer compartir con los demás o ministrar los
dones sin manifestar la compasión de Dios.
8. Ideas equivocadas del “ministerio”
Otra razón por la cual no buscamos los dones del Espíritu es que asumimos
que Dios ha elegido a los “ministros” (pastores, predicadores, maestros) para
hacer las obras milagrosas, en lugar de darnos cuenta que esos “dones del
ministerio” de Cristo, mencionados en Efesios 4:11-12, tienen como función
capacitar al pueblo de Dios para que el pueblo haga la obra de servicio. Estas
obras de servicio no son ni más ni menos que aquellas que mencionó Jesús
en Juan 14:12-14: “…las obras que yo hago también [el que cree en mí] las
hará y aun las hará mayores…” Claro que Jesús les da dones a quienes llama
para ser líderes de la Iglesia, pero esto no releva a los santos de su
responsabilidad de cooperar con el Espíritu administrando Sus dones a la
Iglesia. Los llamados a ser líderes de la Iglesia son dones que Jesús le da a
ella para capacitarla para hacer las obras; no para que los santos se sienten
como espectadores, viendo a los líderes hacerlas.
Me pregunto si podríamos cambiar la mentalidad de la Iglesia capacitando y
tratando a todas las personas como ministros del Evangelio. ¿Cómo sería la
iglesia si esto fuera una realidad? Me pregunto si podríamos cambiar
nuestras propias ideas dando la misma capacitación a los miembros que se
les da a los pastores de las iglesias. Sea cual sea el método, nunca debemos
regresar a la idea del Antiguo Testamento de que hay un sacerdocio cuya
responsabilidad es hacer las obras del ministerio como representante del
pueblo. Él nos ha hecho a todos reyes y sacerdotes.
9. Falta de cultivo
La vida en el Espíritu necesita ser cultivada en la vida de cada persona. Hay
muchas personas que no han cultivado un estilo de vida de llenura espiritual
y por lo tanto el ámbito espiritual y las cosas deDios parecen lejanas. La
Biblia nos dice que debemos fijar nuestra mente en los deseos del Espíritu
(Romanos 8:5). Esta es más que una sugerencia de que tengamos buena
conducta o vivamos con buena moral. Fijar nuestra mente en los deseos del
Espíritu significa vivir desde nuestro espíritu (pneuma ), edificarnos en la fe
(Judas 20) y vivir como ciudadanos de la dimensión espiritual mediante el
Espíritu Santo en que la batalla espiritual en contra de la cosecha de almas es
constante.
En la práctica hemos minimizado la espiritualidad a leer la Biblia por cinco
minutos cada mañana y asistir a la iglesia tres o cuatro veces al mes; pero
nadie puede sobrevivir con un sorbito de agua por la mañana y un bocadillo
en el fin de semana. Alguien dijo: “El cristiano norteamericano es el único
mamífero del planeta que no aprende a alimentarse por sí mismo en su
primer año de vida” . Tal vez eso suene duro, pero el resultado es que
muchos creyentes ni siquiera piensan en Dios o en la “vida en el Espíritu”
excepto cuando están teniendo su devocional cada mañana o en la iglesia
cada domingo.
Pablo dice: “Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas más que todos
ustedes” (1 Corintios 14:18). ¿Por qué diría algo así? ¿Será arrogancia o
espiritualidad falsa? Especialmente en el contexto de los Corintios con sus
abusos en cuanto al uso de las lenguas en las reuniones de iglesia, ¿por qué
diría semejante cosa? No creo que su motivación haya sido ignorancia, ni
mucho menos orgullo. Él está haciendo la conexión entre el poder del
Espíritu Santo que viene con el ejercicio del lenguaje espiritual (1 Corintios
14:2-4) y su habilidad para soportar todas las pruebas que estaba enfrentando
en su ministerio. Pero esto no es solo para los profesionales. Todos hemos
sido llamados a formar parte en la lucha, entonces todos debemos armarnos
para la batalla espiritual que es el llamado de la Iglesia. Cada uno debe
ponerse la armadura de Dios, orando en el Espíritu Santo (Efesios 6:18).
Sobra decir que el hecho de que usted esté leyendo este libro sobre los dones
del Espíritu indica que usted no es de los cristianos adormecidos
espiritualmente. Es evidente que usted está invirtiendo su tiempo y su
energía para cultivar la vida en el Espíritu y tendrá grandes beneficios –
especialmente para aquellos que necesitan recibir lo que usted tiene.
10. Falta de intencionalidad
Es importante ser intencionales – e incluso luchar por las cosas del Espíritu.
Para muchos creyentes el principal obstáculo contra los dones del Espíritu es
la falta de intencionalidad; que carecen de una meta, un objetivo claro o un
sentido de misión. Pablo dijo: “Ambicionen [sinceramente deseen y
busquen], los mejores dones” (1 Corintios 14:1). Muchas veces nos
enfocamos en la parte que dice “los mejores dones” y perdemos de vista el
hecho de que Pablo nos llama a todos y cada uno de nosotros a mantener un
fuerte deseo, incluso ambicionando cooperar con el Espíritu Santo. Quizás
los otros obstáculos nos han cegado al hecho de que el Espíritu Santo quiere
asociarse con nosotros para llevar a cabo los propósitos del Padre. Tal vez
nos hemos ido a uno de dos extremos – “tenemos que hacer algo” por un
lado o “nada más es necesario” por el otro. Pero Jesús dijo claramente que
nos iba a enviar al Espíritu Santo y que a través de Él, “…las obras que yo
hago también [el que cree en mí] las hará y aun as hará mayores” (Juan
14:12). Es importante reconocer que Jesús hizo lo que hizo en la llenura y
con el poder del Espíritu Santo (Hechos 10:38) y Él nos ha enviado al mismo
Espíritu Santo para que nosotros podamos hacer las mismas obras –
multiplicadas por los millones de creyentes que cooperan con el Espíritu en
todo el mundo.
11. Conciencia de pecado
Un factor importante en las mentes de aquellos que podrían ser campeones
en la obra de Dios es una conciencia que se enfoque en sus pecados del
pasado y su falta de poder en el presente. Esto ha cambiado bastante en los
últimos cuarenta o cincuenta años gracias a las enseñanzas de nuestra
identidad en Cristo, la justicia de Dios y la autoridad del creyente. Le Iglesia
está mejor capacitada que antes para usar el nombre de Jesús y aferrarse a
Sus promesas que antes. Sin embargo, aun así persiste una mentalidad de
deficiencia en la Iglesia – personas que están más enfocadas en de dónde han
salido que hacia dónde se dirigen. Esta es la estrategia del enemigo, por
supuesto. Si él puede hacer que un creyente esté continuamente pensando en
su pecado y que nunca va a lograr ser libre de sus andanzas pasadas y sus
hábitos pecaminosos, entonces va a seguir sujeto a la opresión de la
culpabilidad y la insuficiencia. La culpabilidad les roba la valentía a los
creyentes.
Por el contrario, cuando una persona se mantiene llena del Espíritu, unos de
los efectos de esa llenura son el poder y la valentía. Jesús dijo: “cuando
venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder” (Hechos 1:8). Más
adelante Lucas recuenta cómo se cumplió esa promesa: “…todos fueron
llenos del Espíritu Santo y proclamaban la palabra de Dios sin temor
alguno” (Hechos 4:31). Una de las obras internas del Espíritu Santo para
preparar a los creyentes para el funcionamiento de los dones es librarlos del
dominio del pecado dándoles autoridad contra él (Romanos 6:14).
12. Pecado no confesado
Finalmente, es importante recalcar que el pecado no confesado es el mayor
obstáculo contra la operación de los dones del Espíritu. Esto no quiere decir
que una persona que está viviendo en pecado no pueda experimentar al
Espíritu Santo o incluso que el Espíritu lo use de vez en cuando. Tal vez
preferiríamos que el Espíritu no usara a alguien que está viviendo en pecado
– pero la realidad es que Él obra a través de las personas conforme Él
dispone (no de acuerdo con nuestros deseos) y de vez en cuando usa
personas que consideraríamos poco agradables. Sé que muchos recordarán
historias de algún predicador que ha aprendido a cooperar con el Espíritu y
que se convierte en un charlatán que se aprovecha de los demás. No puedo
decir que sé con certeza por qué el Espíritu Santo sigue obrando a través de
esas personas, pero la evidencia parece indicar que Su compasión es tan
grande y Su deseo de bendecir y sanar a las personas es tal, que por el bien
de las personas que necesitan Sus dones, puede darlos aún a través de una
vasija dañada. Pero Sansón es un ejemplo de que eso no perdura para
siempre. El Espíritu Santo no puede ser burlado.
Mi recomendación es lo mismo que le dijo Pedro a Simón el mago: “este
poder no se puede comprar con dinero; más vale que se arrepienta”
(Hechos 8:20-23, parafraseado). Dios no necesita de publicidad falsa; Él
puede encontrar suficientes corazones puros que estén dispuestos a unirse
con Él en Su obra. Sus ojos recorren toda la tierra y está listo para ayudar a
quienes le son fieles (2 Crónicas 16:9).
Oración
Si usted está luchando con alguno de estos obstáculos, lo invito a que haga
una pausa y le pregunte al Padre qué le quiere decir al respecto. O pregúntele
si hay alguno de estos doce acerca de los cuales Él le quiera hablar. Guarde
silencio y escúchelo hablar mientras repasa lo que ha leído.
Gracias, Padre. Gracias por el Espíritu Santo que mora en mí, quien me
fortalece y me capacita para que Tu nombre sea glorificado y para que los
heridos sean sanados. Gracias te doy porque sé que por el Espíritu Santo no
me falta ningún don espiritual, sino que me has llenado de toda riqueza,
tanto en palabra como en conocimiento y tengo todo lo que se necesita para
ayudar y bendecir a los demás (1 Corintios 1:5-7).
Preguntas para considerar
1. ¿Cuál de los obstáculos internos es el que más le cuesta vencer?
2. ¿Cómo podríamos preparar mejor a la Iglesia para llevar a cabo la obra
del ministerio como dadores de dones?
3. ¿Se le ocurren otros obstáculos que no hayan sido mencionados en esta
sección?
CAPÍTULO ONCE
Claves para cultivar los dones,
parte 1
Nunca me levanto de la cama sin haber tenido comunión con Dios en el
Espíritu. 
—Smith WigglesworthEjercita el don que recibiste mediante profecía, cuando los ancianos te
impusieron las manos (1 Timoteo 4:14).
Por eso te recomiendo que avives la llama del don de Dios que recibiste
cuando te impuse las manos (2 Timoteo 1:6).
Por eso ustedes, ya que tanto ambicionan dones espirituales, procuren que
éstos abunden para la edificación de la iglesia (1 Corintios 14:12).
Pablo termina su admonición a los Corintios acerca de los dones en 1
Corintios 14:39-40 diciendo: “Así que, hermanos míos, ambicionen el don
de profetizar y no prohíban que se hable en lenguas. Pero todo debe hacerse
de una manera apropiada y con orden”. Hemos enfatizado el hacer todo “de
manera apropiada y con orden” pero hemos descartado el “todo” que debe
hacerse, es decir, profetizar y hablar en lenguas.
Si usted no creció viendo las manifestaciones del Espíritu, va a descubrir que
hay una gran brecha entre la forma en que fue criado y lo que desea en
cuanto a una vida sobrenatural en Dios. Soy el primero en admitir que, a
diferencia de muchos cristianos de mi época, tengo el privilegio de haber
crecido junto a personas que se sentían cómodas con el mover del Espíritu
Santo. Crecí en Iglesias de la denominación Pentecostal más grande de los
Estados Unidos. En esos días muchas de esas iglesias tenían pasión por la
“presencia manifestada de Dios”. Algunas mantienen ese fervor, mientras
que otras se han enfocado en otras cosas. Sin embargo por donde quiera que
voy me encuentro con personas que admiten tener un fuerte deseo de ser
usadas por Dios en ministerio sobrenatural mediante los dones del Espíritu
Santo.
Lo cierto es que somos seres espirituales, hechos para vivir espiritualmente
con ministerio sobrenatural. Hemos leído las historias del poder de Dios para
sanar, rescatar y restaurar a las personas. La mayoría de los creyentes pueden
contar las historias de las sanidades y demás Milagros de Jesús – y en su
interior anhelan poder participar en ellos. “…las obras que yo hago también
[el que cree en mí] las hará y aun as hará mayores” (Juan 14:12). Aunque
muchos cristianos luchan con la dicotomía entre la vida extraordinariamente
sobrenatural de Jesús y la de ellos mismos, tienen dentro de sí el anhelo de
poder experimentar la realidad de la Iglesia primitiva.
Como una rutina de ejercicio o la primera línea de un escrito, parece que lo
más difícil en cuanto a moverse en los dones del Espíritu es saber cómo
comenzar. Tal vez por eso es que Pablo le recordó a Timoteo que debía
ejercitar y avivar la llama del don de Dios y a los Corintios les dijo que
debían ambicionar los dones espirituales. Pero, ¿cómo se hace? Quisiera
compartirle algunos pasos iniciales.
1. Ambicionar los dones
El primer paso en su búsqueda de cooperar con Dios es simplemente
empezar a pedirle a Dios que lo use sobrenaturalmente (1 Corintios 12:31).
Ambicione, busque fervorosamente los mejores dones. Varias versiones de 1
Corintios 12:31 dicen: “ambicionen los mejores dones” (NVI), “ustedes
deben procurar los mejores dones” (RVC), “deseen ardientemente los
mejores dones” (NBLH), “ustedes deberían desear encarecidamente los
dones que son de más ayuda” (NTV) y “aspiren ustedes a los más valiosos
entre todos estos dones” (BLPH). Esto nos parece raro porque a los dones
del Espíritu se les ha dado mala fama. Como explicamos anteriormente, si
malinterpretamos la naturaleza de Dios, vamos a malinterpretar el propósito
y el funcionamiento de los dones; y, por supuesto, creemos que ambicionar
los dones sería arrogante de nuestra parte. Pero cuando entendemos que los
dones son los instrumentos de Dios para restaurar a los heridos, entonces
podemos ambicionar los dones con el fin de repartirlos a quienes los
necesiten, cooperando con Dios para que el mundo conozca Su compasión.
Si un creyente vive con un espíritu de orfandad, los dones se convierten en
una herramienta para tratar de demostrar que uno vale – para validar su
espiritualidad. Muchos creyentes sinceros que aún viven con un espíritu de
orfandad, tratan de aferrarse a cualquier cosa que les dé un sentido de
identidad y propósito y por esto usan los dones del Espíritu para demostrar
su valor, abusando tanto los dones como a las personas. Usan los dones para
la auto-exaltación en lugar de compartirlos como un fluir de la
sobreabundancia de bendición que emana del Padre.
Lo cierto es que uno no puede elegir el cómo saber que uno es valioso ante
Dios. Esta es una obra progresiva del Espíritu Santo en el corazón de cada
creyente y tiene que ver más con una transformación del corazón que de la
mente. Uno puede creer que es hijo de Dios y sin embargo tener una
grabación mental que repite continuamente que uno es un fracaso, que se
siente alejado de Dios y que hay algo más que obtener. Muchos cristianos
han oído sermones y enseñanzas acerca de su identidad en Cristo, pero
generalmente no es suficiente para desarraigar las mentiras que han creído
acerca de sí mismos. Esto se debe a que el espíritu de orfandad no se echa
fuera con la enseñanza o la predicación, sino por revelación – y esto es obra
del Espíritu Santo, quien convence a cada creyente de su posición como hijo
de Dios (Romanos 8:18). El Espíritu Santo ha sido enviado a convencernos
de la realidad de que somos hijos de Dios (Juan 16:8; Gálatas 4:1-4). El tema
del espíritu de orfandad y el espíritu de adopción es demasiado amplio para
tratarlo a profundidad en este libro; pero es importante recalcar que juega un
papel crítico en la confianza que uno puede tener para cooperar con el
Espíritu Santo en la administración de Sus dones.
Los dones del Espíritu son el resultado del continuo fluir de la naturaleza de
amor y compasión de Dios. Por Su llenura, Él da continuamente de sí mismo
y toda manifestación del Espíritu (1 Corintios 12), todo don de motivación
(Romanos 12) y todo don de liderazgo (Efesios 4) tiene el propósito de
sanar, fortalecer y restaurar a las personas que viven en un mundo caído. ¿Es
eso lo que su corazón desea? ¿Quiere ver los propósitos de Dios hechos
realidad en su vida? ¿Quiere poder contar los testimonios de las maravillosas
obras de Dios a sus hijos y nietos? Entonces empiece a pedirle a Dios que lo
use. Cada día dígale: “Padre, me dispongo ante Ti. Quiero cooperar contigo.
Háblame; dame un don para dar a alguien más. Deseo tener los dones que
sean de más ayuda para ser de bendición a quienes me rodean”.
La búsqueda ferviente de una vida de poder en Dios comienza con una
insatisfacción santa con el status quo . Requiere que uno se resista a
quedarse en la comodidad de lo conocido – de lo que “siempre ha sido así”.
Dé un paso hacia la incomodidad de la transformación. Comience a pedirle a
Dios que lo use, sabiendo que la sangre del Cordero lo ha hecho merecedor y
que Dios desea su cooperación. “Clama a mí y te responderé y te daré a
conocer cosas grandes y ocultas que tú no sabes” (Jeremías 33:3).
2. La disciplina de orar en el espíritu
¿Quiere escuchar lo que es popular o quiere oír la verdad?
La verdad es que, aunque muchos de los dones del Espíritu no requieren un
lenguaje espiritual,8 orar en el Espíritu tiene inmensos beneficios personales
para quienes quieren cooperar con el Espíritu.
Primero, la disciplina de orar en el Espíritu es la mejor forma de
acostumbrarse a trabajar en sociedad con el Espíritu Santo. Cuando uno
ora en una lengua desconocida, su espíritu ora juntamente con el Espíritu
Santo (1 Corintios 14:2-4). Mientras uno más ora en el Espíritu, haciendo de
esto una práctica cotidiana, más va a ver los dones del Espíritu como algo
normal y a la vida como naturalmente sobrenatural.
Segundo, el moverse en los dones del Espíritu requiere fe y orar en el
Espíritu lo edifica en la fe (Judas 20). ¿Cómo se reconoce una persona que
es fuerte en la fe? Es una persona que dice: “¡Todo es posible! No tenemos
problema alguno; estoy convencido de que Dios lo puede hacer”. Piense en
Pedro, después de ser llenado con el Espíritu Santo en Hechos 2. No solo
dejó de regresar a su pasado pensando en irse a pescar, sinoque fue el
primero en ponerse de pie a proclamar el evangelio del Cristo resucitado.
Después lo vemos moverse con tal confianza y poder, que las personas eran
sanadas en las calles solo con su sombra (Hechos 5:15). Contraste eso con la
persona que había negado su relación con Jesús tres veces en unas pocas
horas. Ahora, lleno del Espíritu Santo, cuando le traen a los enfermos, su fe
dice: “¡Todo es posible!”
Si usted va a asociarse con Dios para administrar Sus dones a los necesitados
– dones de sanidades, de sabiduría, de revelación y de transformación – va a
tener que ver las cosas desde la perspectiva de Dios, con un espíritu de fe. Y
el Espíritu Santo que mora en usted es quien lo hace. Orar en el Espíritu es
una de las formas en que desatamos al Espíritu y le damos cabida a moverse
en nuestras vidas.
Otro beneficio poderoso del lenguaje espiritual es que hace que uno esté
consciente de que Dios está presente y está hablando. Esto nos lleva a estar
más conscientes de que Él está obrando continuamente, día y noche. Esta
consciencia de la presencia de Dios reconoce la voz del Espíritu. El velo
entre lo espiritual y lo natural se hace cada vez más delgado. Así uno
entiende que la realidad de Dios no se divide entre lo natural y lo espiritual,
lo temporal y lo eterno. Para Dios es toda una misma realidad. El lenguaje
espiritual se puede volver algo tan común para el creyente lleno del Espíritu
Santo como su idioma natural y esto hace que el ser usado por el Espíritu sea
algo normal.
Un cuarto beneficio es que el lenguaje espiritual pone a la persona al tanto
de la mente de Dios con respecto a los demás. ¿Qué es lo que hace el
Espíritu Santo en un creyente? Entre muchos otros beneficios, el Espíritu
Santo llena nuestros corazones con el amor de Dios hacia los demás. Pablo
le dice a los Romanos: “Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por
el Espíritu santo que nos ha dado” (Romanos 5:5). Todos los creyentes
saben que Dios derrama Su amor en nuestros corazones. Sabemos que el
Espíritu Santo viene a morar en las personas en el momento en que aceptan
el don de salvación (y nacen de nuevo). Pero a veces no captamos que ese
“derramamiento” expresa la llenura sobreabundante de la naturaleza de
nuestro Dios infinito. Por lo tanto, Jesús desea que nosotros vivamos en tal
llenura que haya ríos de agua viva fluyendo de nuestro interior para ser de
bendición a los demás. Jesús lo dijo así: “De aquel que cree en mí, como
dice la Escritura, brotarán ríos de agua viva” (Juan 7:38) y Juan nos hace la
aclaración, en el versículo 39, de que esto se refiere al derramamiento del
Espíritu Santo que se ve efectuado en Hechos 2.
Se le puede llamar de varias formas: “ejercitar el Espíritu”, “fluir en el
Espíritu” o “activar el Espíritu” (que son demasiado limitantes para el mover
de un Dios infinito a través de nosotros), pero con estas nos referimos a
nuestra disponibilidad para cooperar con lo que el Espíritu Santo nos quiere
dar de parte de Dios y lo que quiere dar a través de nosotros a los demás.
Esta cooperación la vemos en nuestras limitaciones en la oración. El Espíritu
Santo, que sabe por qué orar y cómo orar conforme a la perfecta voluntad de
Dios, nos ayuda en nuestra debilidad. Cuando oramos en el Espíritu,
permitiendo que el Espíritu ore a través de nosotros en lenguaje espiritual, la
dimensión de Su amor infinito hacia los demás fluye a través de nosotros:
“No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con
gemidos que no pueden expresarse con palabras… conforme a la voluntad
de Dios” (Romanos 8:26-27).
El orar en el Espíritu con regularidad no debería ser extraño. Pablo le dice a
la iglesia de Éfeso y a las demás iglesias que leerían esta carta circular:
“Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos.
Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos” (Efesios
6:18). Mientras más usemos nuestro lenguaje espiritual, más nos vamos a
sentir a gusto cooperando con el Espíritu. Además este ejercicio edifica
nuestra fe para ver las cosas como Dios las ve, nos hace conscientes de Su
presencia y Su voz y nos mueve a interceder por los demás conforme a Su
voluntad. Orar en el Espíritu diariamente juega un papel muy importante
para cultivar los dones.
Quiero explicarle esta disciplina en forma práctica:
Recibí el bautismo en el Espíritu Santo cuando tenía nueve años; entonces,
durante mi adolescencia, sabía acerca de orar en el Espíritu; pero no me
habían enseñado que era algo que podía hacer a diario. Yo esperaba, como lo
hacían muchos, a los servicios especiales (una o dos veces al año), en que el
Espíritu “descendía” y nos llenaba una vez más. No sabía que el Espíritu ya
había sido derramado sobre la Tierra y que no teníamos que seguir
esperando a que fuera derramado específicamente sobre nosotros (a veces
nuestra terminología nos lleva a vivir como si estuviéramos en el Antiguo
Testamento). Tampoco me habían enseñado que “el don de profecía está
bajo el control de los profetas” (1 Corintios 14:32) o que cuando Pablo les
decía a los Corintios que hablara cada uno por turno (14:29) era un indicio
de que los creyentes tienen control sobre lo que dicen. Nadie me había
enseñado lo que Pablo quería decir cuando dijo: “¿Qué debo hacer
entonces? Pues orar con el espíritu, pero también con el entendimiento;
cantar con el espíritu, pero también con el entendimiento” (14:15). Pero
todo eso cambió cuando un misionero de África predicó en mi iglesia y
habló de la “disciplina de orar en el Espíritu”. Ese día aprendí algo que
cambió mi vida para siempre.
Aprendí que no tenía que esperar a que llegara el evangelista o al
campamento anual. Aprendí que el Espíritu Santo siempre está “encendido”
y que soy yo quien a veces está “apagado”. Aprendí que puedo orar en el
Espíritu en todo momento, de acuerdo con mi voluntad. Aprendí que mi
lenguaje de oración es diferente al don de hablar en diversas lenguas porque
puedo orar en el Espíritu cuando yo lo determine (“¿Qué debo hacer
entonces? Pues orar con el espíritu . . . y cantar con el espíritu” [1 Corintios
14:15]), mientras que la manifestación de los dones, para el bien de la
congregación, es según el Espíritu lo determina (1 Corintios 12:11). Lo
cierto es que aún nuestra cooperación en el funcionamiento de los dones está
sujeta a nuestra voluntad; de otra forma Pablo no tendría que decir que “todo
debe hacerse de una manera apropiada y en orden” (1 Corintios 14:31). Si
no tuviéramos la responsabilidad de administrar los dones en orden o si el
Espíritu Santo se moviera en nosotros, haciéndonos hacer cosas fuera de
nuestro control, entonces la instrucción de Pablo no sería necesaria. Orar en
el Espíritu diariamente nos prepara para las ocasiones en las que el Espíritu
dispone obrar a través de nosotros. Es un trabajo conjunto.
Entonces aprendí a orar en el Espíritu a diario, entre una cosa y otra. Uso el
ejemplo del cemento entre los ladrillos; parecería ser algo insignificante,
pero es lo que le da estabilidad a un muro. La disciplina de orar en el
Espíritu diariamente consiste en orar entre una cosa y otra: desde la cama
hasta el baño, de la casa a la oficina, de la oficina al supermercado. Aprendí
a llenar los espacios de mis días con oración espiritual – no gritando ni
haciendo alarde, sino en voz baja, pero audible. Aprendí que esta es la clave
para “vivir por el Espíritu” y “fijar la mente en los deseos del Espíritu”
(Romanos 8:4-5). Descubrí que orar en el Espíritu unos minutos antes de
acostarme a dormir afecta mis pensamientos al despertarme. Descubrí que
puedo invitar al Espíritu Santo a “aconsejarme y enseñar mi conciencia en
las noches” (Salmo 16:7). Aprendí que orando en el Espíritu entre una cosa y
otra, vivo más pendiente de Su voz para escuchar cualquier instrucción que
me quiera dar acerca de hablarle a alguien o ministrarle a alguien alguno de
Sus dones.
Mi esposa y yo estábamos viajando a Inglaterra a predicar. Yo estaba sentado
en el pasillo y ella en el asiento del medio, al lado de unaanciana que estaba
en la ventanilla. En la fila anterior y al otro lado del pasillo había una joven
supremamente atractiva. Durante el vuelo sentí que el Señor me estaba
dando una palabra para la joven, pero no estaba seguro si realmente era de
Dios o si era mi propia carne que se sentía atraída a ella. Pero la palabra era
cada vez más clara y persistente. Entonces le dije al Señor: “Si esto
realmente es tuyo y no mi carne, entonces dame una palabra para la anciana
que está en la ventanilla, al lado de mi esposa”. Inmediatamente me dio para
ella una palabra de conocimiento acerca de su nieta que estaba apartada de
Dios y por quien ella estaba consternada. Le conté a mi esposa lo que estaba
pasando y la lucha interna que tenía. Ella estuvo de acuerdo con que le
compartiera la palabra a la anciana.
Me presenté a ella y le empecé a compartir lo que sentía acerca de su nieta y
ella empezó a llorar. Entonces nos contó algunos detalles de la historia y esa
fue la confirmación de lo que había sentido, no solamente para la anciana,
sino también para la joven. Pero el avión estaba a punto de aterrizar.
Nosotros también somos responsables en cuanto a los tiempos en la
distribución de los dones.
Me incliné a la joven y le dije: “Mi esposa y yo quisiéramos compartirle
algo. ¿Podemos hablar en cuanto salgamos del avión?” Asintió. Entonces al
aterrizar salimos a la sala de espera, nos presentamos y le compartí que la
había visto sentada en la cabecera de una mesa larga en una sala de juntas;
que Dios la estaba ascendiendo y que no tuviera temor porque Dios la amaba
y que la iba a usar. Esto nos dio una oportunidad de orar con ella también.
No volví a ver ni a saber nada más acerca de esa joven; pero sé que fue
bendecida sabiendo que Dios la ama y que tiene un plan para ella. También
sé que no habría sabido cómo discernir la voz del Espíritu Santo en esa
situación si no hubiera estado orando en el Espíritu como una disciplina
diaria, preparando mis oídos para estar atentos a Su voz.
3. Desarrollar una vida devocional dinámica
La idea de tener una vida devocional dinámica puede sonar extraña o difícil.
Cuando digo “dinámica” me refiero a una conversación activa en la que dos
personas intercambian lo que tienen para compartir la una con la otra. Una
vida devocional dinámica es más que simplemente leer la Biblia o un
devocional durante cinco o quince minutos al día. Dios quiere tener una
conversación con nosotros como la tenía con Adán y Eva , caminando con
ellos diariamente en el jardín. Tener una conversación no es leer una carta de
un amigo (por muy buena que sea). Tener una conversación implica hacer
preguntas y escuchar las respuestas. Significa hablar de lo bueno y lo malo
de la vida, escuchando la perspectiva de su amigo, pero más importante aún,
escuchando Su apoyo y amor en toda situación.
¿Ha aprendido a leer la Biblia poniéndose a sí mismo en las historias que
está leyendo y luego convirtiendo eso en un diálogo? Por ejemplo, puede
decir: “Padre, veo cómo Sansón usó mal el poder que le habías dado y
descuidó las instrucciones que le habías dado. ¿Hay algo de eso en mí?”
Otro ejemplo sería: “Abba , veo cómo Jesús confiaba plenamente en Ti y
que solo hacía lo que te veía hacer. ¿Estoy confiando en Ti de esa manera?
Muéstrame cómo puedo confiar en Ti más plenamente”. Si nuestros
devocionales no son conversaciones reales en las que hablamos, escuchamos
y nos damos a conocer (mutuamente), no van a tener vida. ¡Con razón que
para muchos el devocional se ha convertido en una rutina religiosa!
Cuando Dios le habla, Sus palabras traen vida. Jesús dijo que Sus mandatos
son vida y que el Padre obra mediante las palabras que Él dice. “Las
palabras que yo les comunico, no las hablo como cosa mía, sino que es el
Padre, que está en mí, el que realiza sus obras” (Juan 14:10). “Y sé muy
bien que su mandato es vida eterna. Así que todo lo que digo es lo que el
Padre me ha ordenado decir” (Juan 12:50). Básicamente Jesús está
diciendo: “Cuando hago lo que el Padre me dice, trae vida, sanidad y
restauración; entonces solo digo lo que el Padre me dice”. No está hablando
de mandatos como “no harás esto o aquello”, sino de lo que escucha que el
Padre le dice en oración. Él recibe las instrucciones del Padre – palabras
proféticas, palabras de sabiduría o de conocimiento, discernimiento de
espíritus, dones de sanidades – y entonces sale y empieza a repartirlas.
Muchos creyentes piensan que Jesús hacía lo que hacía, sabía lo que sabía y
decía lo que decía por ser Dios. Pero Jesús voluntariamente dejó de lado la
habilidad de obrar unilateralmente con Dios y eligió asociarse con el Espíritu
Santo – depender de que el Espíritu Santo le diera las cosas que el Padre
quería que Él dijera e hiciera. Mire Hechos 10:38: “Me refiero a Jesús de
Nazaret: cómo lo ungió Dios con el Espíritu Santo y con poder y cómo
anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que estaban oprimidos por el
diablo, porque Dios estaba con él”. Jesús lo hizo, entre otras cosas, para
demostrar lo que el Hijo del Hombre puede hacer en cooperación con Dios.
Lo hizo para que usted y yo pudiéramos ver cómo vivir asociados con el
Espíritu de Dios para que se cumpla lo que dijo Jesús: “el que cree en mí
las obras que yo hago también él las hará y aun las hará mayores, porque
yo vuelvo al Padre” (Juan 14:12).
Muchos creyentes luchan en cuanto a pasar tiempo con Dios porque
subconscientemente creen que es solamente un requisito religioso para
demostrar su compromiso con Dios o para mantenerse “alineados” con
algunos versículos día a día. Muchos creyentes siguen fielmente su rutina del
“devocional”, pero no esperan realmente escuchar a Dios; ni siquiera tienen
papel y lápiz a la mano porque no están esperando recibir nada que valga la
pena.
Cuando yo era más joven odiaba los hábitos y la rutina. Hacía lo que fuera
necesario para cambiar las cosas – mover los muebles, comprar ropa nueva,
manejar por una ruta diferente al trabajo, etc. Esto afectaba mi devocional.
Es más, no tenía una vida devocional consistente y luchaba internamente con
vergüenza y desilusión por lo inestable que era mi tiempo con Dios. Por un
par de semanas me “ajuiciaba” y después sucumbía a mis hábitos. Pero a
medida que me he ido envejeciendo, estoy aprendiendo a disfrutar de la
rutina, y más aún cuando veo los beneficios de ciertas cosas que hago a
diario. He descubierto que mi tiempo con el Señor es un tiempo vivificante,
enriquecedor, generalmente de intimidad, en el que no estoy solamente
leyendo unos pasajes de la Biblia, sino entablando una conversación con
Dios con base en lo que estoy leyendo – hablando con Él y escuchando.
Pongo música de adoración y le canto; y con frecuencia, se me escurren las
lágrimas cuando le estoy abriendo mi corazón, orando en el Espíritu y
pidiéndole por mi familia, por mis amigos y por las necesidades del mundo.
Es ahí cuando experimento la intimidad que Jesús tenía con Su Padre,
llamándolo “Abba” (Papito) y descubriendo vez tras vez lo que hay en Su
corazón.
Algo que puedo decir con certeza es que el denuedo viene al pasar tiempo
con Dios oyendo Su voz. Cuando Dios me dice una palabra, me trae un
pensamiento a la mente, me habla de algo o alguien, y especialmente cuando
lo oigo decirme cuánto me ama, ese día es diferente a los demás. Ese día lo
vivo con un sentido de propósito, con valentía para hablarle a las personas y
para decir o hacer cosas que no podría hacer sin haber hablado con Él. Uno
no tiene que ser super-espiritual y no tiene que tener un buen tiempo
devocional todos los días para que Dios lo use en los dones; pero
ciertamente esta disciplina hace que uno camine con una sed más intensa de
Dios, con sentido de misión y con el denuedo de saber que uno es portador
de algo que va a ser de beneficio para los demás.9
4. Meditar en la palabra diariamente
En el cristianismo occidental consideramos la meditación como algo
correspondiente a las religiones orientales (Hinduismo, Budismo, Taoísmo,
etc.) Cuando pensamos en meditación, pensamosen yoga o la meditación
trascendental. Pero lo cierto es que la meditación es una práctica cristiana (y
de hecho, el cristianismo se originó en el oriente). La diferencia entre la
meditación cristiana y la de las demás religiones es tan grande como la
diferencia entre el espíritu (pneuma) y el alma (psuche). La meditación
cristiana es una práctica del espíritu, mientras que la meditación de los
cultos orientales es una práctica del alma (o la mente). Quienes no han
nacido de nuevo en su espíritu no pueden meditar como lo hacemos los
cristianos – cuando el Espíritu Santo hace que la Palabra de Dios cobre vida
en el espíritu humano.
Por otro lado tampoco podemos confundir la meditación de la Palabra con la
simple lectura de la Biblia, con memorizar la Biblia o con otro ejercicio
mental. Meditar las Escrituras consiste en considerar profundamente las
verdades de la Biblia (o lo que Dios le está hablando por otros medios),
personalizarlas y declararlas repetidamente. La palabra hebrea hagah
literalmente quiere decir masticar, rumiar y hablar continuamente. Eso aclara
la instrucción que Moisés le dio a Josué: “Recita siempre el libro de la ley y
medita en él de día y de noche…” (Josué 1:8). Al meditar en las Escrituras,
la verdad se desplaza unos treinta centímetros, del corazón a la cabeza. Es
decir, lo que hemos sabido en nuestro espíritu (nuestro “conocedor”) por el
Espíritu Santo, pero que es básicamente desconocido en nuestra mente
(nuestro “pensador”), se vuelve una realidad consciente en nuestras mentes.
La meditación de las Escrituras es el proceso que reemplaza la información
con revelación – pensamiento análogo con conocimiento digital.
Mi pastor siempre decía: “Hay tres tipos de personas en la iglesia: los que
viven conscientes de sí mismos, los que viven conscientes de Dios y los
inconscientes”. Por supuesto que todos nos reíamos. Casi todos comenzamos
siendo conscientes de nosotros mismos, dándonos cuenta de nuestras propias
circunstancias. A medida que crecemos espiritualmente nos volvemos más
conscientes de Dios, discerniendo Su presencia y Su voz. Mi voluntad tiene
la responsabilidad de escoger cual “conciencia” va a gobernar mi vida.
Pero esto va más allá de simplemente conocer las Escrituras. Jesús le dijo a
los fariseos – los más estudiosos de la Ley en Sus días: “Ustedes estudian
con diligencia las Escrituras porque piensan que en ellas hallan la vida
eterna. ¡Y son ellas las que dan testimonio en mi favor! Sin embargo,
ustedes no quieren venir a mí para tener esa vida” (Juan 5:39-40). Ellos
conocían las Escrituras, pero no lo conocían a Él, el Príncipe de la Vida.
Mediante la meditación uno reconoce la fragilidad del conocimiento bíblico
y la necesidad de la iluminación del Espíritu Santo. Mediante la meditación
uno somete su mente, su voluntad y sus emociones a Dios.
¿Qué pasa cuando meditamos en la Palabra? Básicamente, las palabras de
Dios no son solamente información ni sugerencias. Sus palabras son vida;
sostienen a toda la creación (Hebreos 1:3) y crean realidad en nosotros.
Cuando Dios le dice a usted: “Paz”, no le está sugiriendo que deje de
preocuparse, sino que le está impartiendo Su paz a su espíritu y a su alma.
Sus palabras crean. La Palabra de Dios, en manos del Espíritu Santo, va más
allá de la palabra escrita (graphe ) y se transforma en nuestro espíritu en la
Palabra Viva (logos ), luego en una realidad transformadora personal y
finalmente en una palabra hablada (rhema ) que trae vida. Vea cómo se
explica esta transformación en la Biblia:
¡El corazón me ardía en el pecho! Al meditar en esto, el fuego se inflamó y
tuve que decir (Salmo 39:3).
…su palabra en mi interior
se vuelve un fuego ardiente
que me cala hasta los huesos.
He hecho todo lo posible por contenerla, pero ya no puedo más (Jeremías
20:9). Se decían el uno al otro—¿No ardía nuestro corazón mientras
conversaba con nosotros en el camino y nos explicaba las Escrituras?
(Lucas 24:32).
El fuego efectúa un proceso de transformación que convierte un sólido en
líquido o un líquido en gas. El fuego consume un palo de madera (sólido) y
lo convierte en cenizas y humo (gas); o transforma el hielo (sólido) en agua
(líquido) y el agua en vapor (gas). La obra del Espíritu Santo es un
“bautismo de fuego” – un proceso de transformación. Sus palabras arden en
nuestro interior, cobran vida y se convierten en nuestro ser. Cuando
meditamos en la Palabra de Dios algo pasa en nuestro espíritu que moldea
nuestro corazón, hace que nuestra voluntad sea maleable y así crecemos y
cambiamos interiormente. Smith Wigglesworth decía: “Soy mil veces más
grande por dentro que por fuera”. Cuando fijamos nuestros ojos en Jesús,
somos transformados de gloria en gloria: “Así, todos nosotros, que con el
rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos
transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor,
que es el Espíritu” (2 Corintios 3:18).
En mis varias décadas de ministerio pastoral he llegado a la conclusión de
que hay dos ejercicios principales del ser espiritual (pneuma): orar en el
espíritu y meditar en la Palabra de Dios. Estos dos son ejercicios dinámicos
de cooperación entre el espíritu humano y el Espíritu Santo que mora en
nosotros. Quienes desean crecer espiritualmente pero no meditan en la
Palabra, le ponen un límite a las herramientas que el Espíritu Santo puede
usar para ministrar a los demás a través de ellos. Quienes no meditan las
Escrituras se estancan en su crecimiento espiritual, confundiendo el
conocimiento intelectual con la madurez espiritual. No hay ningún
derramamiento de unción que pueda suplir esta falta de transformación
interna. La transformación se lleva a cabo por la combinación de la
meditación de la Palabra y la oración en el espíritu.
Lo que he aprendido
Por algún motivo escuchamos muy poco acerca de la meditación de la
Palabra y menos aún la vemos demostrada. Aun siendo yo alguien que
todavía está en el proceso de aprendizaje, ¿me permite compartirle algo de lo
que he aprendido?
Yo medito principalmente acerca de las palabras de Jesús en los evangelios y
de la revelación que Jesús le dio al apóstol Pablo. Casi todos los días (con
algunas excepciones), comienzo mi día con adoración, oración y lectura
bíblica. La mayoría de las noches me acuesto anticipando el tiempo que voy
a tener con el Señor a la mañana siguiente, porque sé que Él me va a hablar.
No siempre fue así. En épocas anteriores, me costaba trabajo disciplinarme a
tener un tiempo consistente con Dios; pero vienen las crisis, las tragedias, los
cambios de amistades… y con ello las prioridades cambian.
Al leer la Biblia, generalmente hay un pasaje o un versículo que me llama la
atención, que cobra vida en mí. Cuando eso sucede, escribo el versículo en
una tarjeta o en una hoja pequeña. Durante los siguientes diez o quince
minutos lo leo varias veces, pensando en lo que dice y repitiéndolo una y
otra vez. Le pregunto al Señor qué me quiere decir al respecto. Personalizo
el texto, poniéndolo en primera persona, para leerlo con referencia a mí. Es
decir, me meto en el texto. Así como Jesús “encontró el lugar donde estaba
escrito acerca de Él” (Lucas 4:17-18), así me pongo yo en el lugar de lo
escrito. Cuando Pablo dice: “He sido crucificado con Cristo y ya no vivo yo
sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe
en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí” (Gálatas 2:20), yo
declaro lo mismo acerca de mí mismo. Si es cierto acerca de Pablo porque él
está en Cristo, entonces es cierto acerca de mí porque yo también estoy en
Cristo.
Después de escribir el versículo, a mano en una tarjeta, y de tomarme un
tiempo para pensar en él, decirlo, declararlo y personalizarlo, lo pongo en la
cubierta de mi Biblia junto con los otros versículos en los que estoy
meditando. Siempre llevo conmigo más o menos doce versículos y en el
curso del día saco las tarjetas y las sigo meditando. Estos son los versículos
que tengo en mi Biblia en este momento:
Ciertamenteles aseguro que ya viene la hora y ha llegado ya, en que los
muertos oirán la voz del Hijo de Dios y los que la oigan vivirán (Juan 5:25).
Así como me envió el Padre viviente y yo vivo por el Padre, también el que
come de mí, vivirá por mí (Juan 6:57).
—Mi enseñanza no es mía — replicó Jesús — sino del que me envió (Juan
7:16).
—Aunque yo sea mi propio testigo — repuso Jesús —, mi testimonio es
válido, porque sé de dónde he venido y a dónde voy. Pero ustedes no saben
de dónde vengo ni a dónde voy (Juan 8:14).
—Ustedes son de aquí abajo — continuó Jesús —; yo soy de allá arriba.
Ustedes son de este mundo; yo no soy de este mundo (Juan 8:23).
Yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió me ordenó
qué decir y cómo decirlo. 50 Y sé muy bien que su mandato es vida eterna.
Así que todo lo que bien que su mandato es vida eterna. Así que todo lo que
50).
¿Acaso no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las
palabras que yo les comunico, no las hablo como cosa mía, sino que es el
Padre, que está en mí, el que realiza sus obras (Juan 14:10).
Y predicaba el reino de Dios y enseñaba acerca del Señor Jesucristo sin
impedimento y sin temor alguno (Hechos 28:31).
Siempre doy gracias a Dios por ustedes, pues él, en Cristo Jesús, les ha
dado su gracia. Unidos a Cristo ustedes se han llenado de toda riqueza,
tanto en palabra como en conocimiento. Así se ha confirmado en ustedes
nuestro testimonio acerca de Cristo, de modo que no les falta ningún don
espiritual mientras esperan con ansias que se manifieste nuestro Señor
Jesucristo (1 Corintios 1:4-7).
Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido
en las regiones celestiales con toda bendición espiritual en Cristo (Efesios
1:3).
De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del
Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura
de Cristo (Efesios 4:13).
Tal vez parezca que estos versículos no son dignos de meditar, pero como
soy maestro de la Palabra, para mí es importante meditar sobre el espíritu de
revelación y entendimiento, sobre la autoridad que me ha sido dada para
proclamar el Reino de Dios y para saber lo que el Padre está diciendo y decir
solamente eso. Medito mucho sobre mi identificación con Cristo en Su
muerte y resurrección, y sobre mi lugar ante el trono del Padre. Me veo a mí
mismo continuamente entrando confiadamente ante el trono celestial en
Jesús, nuestro sumo sacerdote.
La misma Biblia nos dice sobre qué debemos meditar:
• Sobre la persona y el ser de Dios:
En mi lecho me acuerdo de ti; pienso en ti toda la noche (Salmo 63:6).
Se hablará del esplendor de tu gloria y majestad y yo meditaré en tus obras
maravillosas (Salmo 145:5). 
• Sobre Sus palabras, estatutos y preceptos:
Dichoso el hombre . . . que en la ley del SEÑOR se deleita y día y noche
medita en ella (Salmo 1:1-2; cf. 119:15, 23, 47, 148).
• Sobre Sus caminos y Sus obras:
Meditaré en todas tus proezas; evocaré tus obras poderosas (Salmo 77:12).
…pues amo tus mandamientos y en ellos me regocijo (Salmo 119:47). 
• Sobre Su nombre:
Entonces se escribió en su presencia un libro de memorias de aquellos que
temen al SEÑOR y honran su nombre (Malaquías 3:16).
• Sobre nuestra identificación con Cristo:
Sé diligente [presta suma atención] en estos asuntos; entrégate de lleno a
ellos, de modo que todos puedan ver que estás progresando (1 Timoteo
4:15).
Supongo que ya para este momento debe ser obvio para usted que el por qué
esto es tan crítico para quienes quieren cooperar activamente con el Espíritu
Santo. Las cosas sobre las cuales meditamos son las que cobran vida en
nuestro interior. Si no meditamos en la Palabra de Dios, no va a haber nada
vivo en nosotros. Un principio simple es este: Todo cambio radical en la
vida comienza con un cambio radical de revelación. La revelación no es una
realidad mental sino espiritual. Podemos reunir unos apuntes de un sermón o
descargar información del internet, pero la información en sí no tiene poder.
Quienes escriben canciones las pueden llenar de refranes trillados de
adoración, pero esas no les dan vida a las congregaciones que las cantan.
Pero cuando uno medita en la Palabra, es como un fuego que arde en el
interior y entonces de ahí uno puede hablar (o escribir). El mover profético
se mantiene activado con la meditación y el Espíritu Santo tiene a Su
disposición un arsenal multifacético con el cual puede hablar a través de
nosotros. Medite en la Palabra día y noche. Llene su aljaba con flechas para
que el Espíritu Santo tenga recursos disponibles para usar a través de su
espíritu y su entendimiento.
5. Practicar la compasión intencional
Muchas personas quieren ser usadas por Dios, pero simplemente no saben
cómo comenzar. Si tiene familiares, amigos o conocidos, tiene un punto de
partida. Comience con sus hijos, sus padres o sus hermanos. Escriba los
nombres de dos o tres personas y ore por ellos, pidiéndole al Espíritu Santo
que le dé una palabra propicia para ellos: “Señor, ¿qué te gustaría decirle a
[fulano] que sea de bendición y le recuerde que estás pensando en él?”
Escriba lo que siente que Dios está diciendo
– versículos o palabras proféticas – para darle a alguien. Si ha estado
meditando en las Escrituras, esas palabras van a estar vivas en su interior.
Cuando declara lo que está vivo en usted, va a darle vida a quienes lo
reciban. Ore también por sus líderes y pídale a Dios que lo use para
bendecirlos.
Hace unos años Chiqui y yo asistimos al servicio de Año Nuevo en nuestra
iglesia. Nos habían invitado a varias fiestas de fin de año, pero al final del
servicio sentimos el deseo de irnos a nuestra casa y celebrar juntos,
tranquilos. Cuando llegamos a la casa nos sentimos movidos a orar. (Cuando
pienso en mi vida recuerdo muchos fines de año que he pasado en oración,
dándole gracias a Dios por lo que había hecho el año que terminaba y
pidiéndole que me hablara acerca del año que estaba por comenzar).
Entonces Chiqui y yo nos sentamos en la sala y comenzamos a orar. Hicimos
una lista de diez parejas significativas – o líderes sobre nosotros o personas a
quienes estamos liderando. Comenzamos a orar por separado por cada una
de ellas, e inmediatamente el Espíritu Santo nos empezó a dar palabras
proféticas para ellas. Cada uno de nosotros escribió lo que estaba oyendo.
Después de una hora, más o menos, sentimos que ya habíamos terminado.
Empezamos a comparar nuestros apuntes y vimos la confirmación de que
Dios quería usarnos para bendecir a estos amigos. Al siguiente día tomamos
unas horas para combinar lo que Dios nos había dicho proféticamente tanto a
Chiqui como a mí y se las enviamos a las respectivas parejas por correo
electrónico. Fue un gozo recibir sus respuestas agradeciéndonos por haberlos
animado con las palabras de Dios para ellos para el nuevo año. Se imaginará
lo poderoso que fue para nosotros comenzar el año así.
Si quiere que Dios lo use, sea intencional en practicar la compasión. Tómese
un tiempo para pedirle a Dios por otras personas, esperando recibir algo de
Él para compartir con ellas. Escriba lo que escuche. Decida que va a orar por
alguien antes de ir a la iglesia esta semana. Vaya a la iglesia con palabras que
ha recibido de Dios para distribuir a otros. Cuando salude a alguien,
compártale una palabra de bendición o de confirmación. Siéntese y escriba
una carta de agradecimiento o de ánimo para un colega o un conocido que
esté pasando por un mal momento. Pídale a Dios que le dé una imagen, una
palabra o un versículo que sea de bendición para ellos. No tiene que decir:
“Así dice el Señor…” ni “Dios me dio esto para usted…” Simplemente
bendígalos y deje que Dios obre. Recuerde siempre compartir palabras de
edificación, ánimo y consuelo – palabras que animen y levanten.
Una de las formas en que practico la compasión es discipulando jóvenes.
Esto requiere apartar tiempos para sentarme a hablar con ellos, a escucharlos
y a enfocarme en el otro y no en mí mismo y dar de lo que tengo paraedificarlos. Generalmente cuando estoy manejando para ir a encontrarme
con ellos voy orando y pidiéndole a Dios que me dé una palabra de sabiduría
o de conocimiento o una palabra o pregunta profética para ellos. Hoy, por
ejemplo, antes de escribir esta sección, tuve una reunión con un joven que se
siente estancado. Está en un momento de transición entre un trabajo y otro, y
su esposa está cansada de su trabajo y ansiosa. Él describió cómo ella se
siente cargada y como están sintiendo que quieren ayunar la televisión y
otras distracciones. Todo sonaba bien y aun correcto, pero mientras me
contaba esto, escuché una voz interna que decía: “Si no equilibran el ayuno
con un espíritu de generosidad se van a ensimismar más y más y se van a
deprimir”. Entonces oí: “¿No es este el ayuno que he escogido?” y supe que
era de Isaías 58:
»El ayuno que he escogido,
¿no es más bien romper las cadenas de injusticia y desatar las correas del
yugo,
poner en libertad a los oprimidos
y romper toda atadura?
¿No es acaso el ayuno compartir tu pan con el hambriento y dar refugio a
los pobres sin techo,
vestir al desnudo
y no dejar de lado a tus semejantes?
Si así procedes, tu luz despuntará como la aurora, y al instante llegará tu
sanidad;
tu justicia te abrirá el camino,
y la gloria del Señor te seguirá. (Isaías 58:6-8).
Sabía que el Señor me estaba dando una palabra profética – una palabra
rhema para esta pareja. Al enemigo le encanta usar nuestros temores para
llevarnos a auto-protegernos, encerrarnos en nosotros mismos y retener las
cosas. Es lo opuesto a lo que debemos ser: intencionalmente compasivos.
Hay algo acerca del dar a otros que abre las compuertas de la provisión de
Dios y nos desestanca. A medida que le compartía lo que había oído, él sabía
que Dios le estaba dando la clave que necesitaban. Se emocionó mucho y no
veía la hora de ir a su casa a compartirle a su esposa lo que Dios le había
hablado. Pero, ¿quién cree que salió de esa cita más animado, energizado y
alimentado – el joven que recibió la palabra o el hombre a través de quien
Dios habló? Estoy seguro de que fui yo. Ser intencionalmente compasivos
siempre nos pone en el lugar adecuado para ser usados por Dios.
Preguntas para considerar
1. ¿Por qué dice el autor que orar en el Espíritu como una disciplina diaria es
la mejor forma de acostumbrarse a cooperar con el Espíritu Santo?
2. ¿Cómo se puede cultivar una consciencia diaria de la presencia del
Espíritu?
3. Comparta algunas formas en las cuales nuestro tiempo devocional con el
Señor puede ser catalizador para el funcionamiento de los dones para
bendecir a los demás.
CAPÍTULO DOCE
Claves para cultivar los dones,
parte 2
6. Practicar la imposición de manos
La imposición de manos no es solamente una doctrina de la Iglesia (Hebreos
6:2); es una doctrina porque es un principio espiritual a través del cual Dios
obra en las personas. Jesús dice que los enfermos sanarán mediante la
imposición de manos (Marcos 16:17-18); la imposición de manos se usa
para impartir dones (1 Timoteo 4:14) y para la ordenación al ministerio (1
Timoteo 5:22). Estas pueden convertirse en acciones mecánicas a menos que
entendamos que Dios es un Dios de relaciones, de interconexión personal.
Dios da de Su Espíritu sobreabundante a través de otros porque quiere que
estemos conectados y que vivamos en un reino de relaciones. No nos
debería sorprender que haya muchos aspectos del ministerio que se hacen
por medio del toque. Representa la encarnación de Dios en el mundo que ha
hecho.
Por experiencia personal he descubierto, sin poder explicarlo
adecuadamente, que muchas veces los dones del Espíritu no empiezan a fluir
a través mío hasta cuando impongo manos para ministrarles. Hay momentos
en los que el Señor me da un don de palabra de conocimiento o una palabra
de sabiduría o una palabra profética para alguien antes de verlo. Como
pastor durante varias décadas ha habido varias ocasiones en que Dios me ha
dado “una palabra” para alguien en el curso de la semana antes de empezar
el servicio en la iglesia. Pero es mucho más frecuente que me empiece a
hablar algo para compartirle a alguien en el instante en que le impongo
manos.
Si desea ver a los dones del Espíritu fluir en su vida, debe saber que hay
veces en que un toque físico (de forma apropiada) puede ser lo que desata
los dones a través suyo. Siempre debemos tomar precauciones cuando
estamos ministrando a otras personas, especialmente si son del sexo opuesto.
Hay personas que han sido abusadas física o sexualmente y se sienten
incómodas con cualquier tipo de toque de alguien a quien no conocen bien.
A veces podemos tocar a las personas de forma inapropiada (para ellos o
para nosotros) y el toque se convierte en una distracción. Pero Jesús tocaba a
las personas que, de acuerdo con las normas culturales, no debían ser
tocadas; entonces, no debemos dejar que el enemigo nos paralice y nos
impida ministrarle a las personas. Podemos hacerlo tomando ciertas
precauciones para honrar la dignidad y la sensibilidad de las personas a
quienes ministramos. Les sugiero algunos parámetros:
• Primero, pregúntele a la persona su nombre (si no lo conoce). Hay dignidad
en conocerse el uno al otro. El ministerio personal no consiste en formar una
línea de ensamblaje mecánica para ver a cuantas personas se les puede
ministrar, sino que consiste en una conexión personal de un creyente a otro
en la bendición de Dios.
• Pregúntele a la persona si le puede poner la mano en su hombro para orar.
Si titubean, no lo haga.
• No le imponga manos a nadie en la cabeza a no ser que tenga autoridad
confirmada sobre ellos (como pastor, anciano, etc.). Hay algo acerca de la
cabeza que representa autoridad en las cosas espirituales. Yo me cuido
mucho en cuanto a quienes les permito imponer manos sobre mi cabeza. Es
evidente que tanto cosas buenas como malas pueden ser transmitidas por la
imposición de manos (1 Timoteo 5:22), entonces es importante conocer bien
a quienes imponen manos sobre su cabeza.
• Al ministrar, mantenga los ojos abiertos para observar cualquier reacción
física o expresión facial que le puede indicar qué tan receptivos son a lo que
Dios está haciendo.
• Cuando esté ministrando sanidad, no le pida a Dios que haga algo. Más
bien háblele a la condición, el órgano o el sistema del cuerpo. Usted tiene
suficiente autoridad en el nombre de Cristo (Marcos 16:17-18). Ordene que
la enfermedad se vaya y que la sanidad empiece a fluir. Muchos creyentes
tratan de ministrar sanidad hablándole a Dios en lugar de hablarle a la
enfermedad o condición. Tome autoridad sobre ese “nombre” (cualquiera
que sea la enfermedad) o esa condición, en el nombre de Cristo, ordenándole
salir.
• No acaricie a la persona. Esto es una distracción, sobre todo si no conoce
bien a la persona y más aún si es del sexo opuesto.
• Guíe a la persona a que escuche la voz de Dios por sí mismo: “Padre, ¿qué
más le quieres decir a [fulano] de lo que piensas acerca de él?” Luego guarde
silencio y dele un tiempo para que el Padre le hable.
Estas son las mínimas sugerencias. Siempre debemos estar evaluando
nuestra motivación para ministrarle a otra persona. Cada uno es responsable
de mantener un corazón humilde y transparente delante de Dios, sin importar
cuanta experiencia tenga en el ministerio. El toque físico es una de las
formas en que las motivaciones inapropiadas se pueden manifestar más
fácilmente. Entonces debemos estar alertas, pero confiados.
En el ministerio de todos los dones no busco tener todas las respuestas o ser
es chamán local a quien las personas pueden acudir cada vez que quieran
una palabra o una sanidad. Simplemente quiero mantenerme lleno de Dios y
repartirlo, según el Espíritu disponga, donde quiera que haya una necesidad.
Pero es conforme a la voluntad del Espíritu, no la mía. Habiendo dicho esto
y con todas las precauciones del caso, sepa que Dios le ha dado poder para
ser una bendición a los demás, para que Dios se haga famoso por Su bondad
incondicional. Tiene que enfocarse más en lafe de que Dios va a hacer las
cosas bien, en lugar de enfocarse en el riesgo de hacer algo mal. Entonces
puede vivir con la confianza de compartir la compasión de Dios con los
demás.
7. Pasar tiempo con quienes se mueven en los
dones
Este tal vez sea el punto de mayor sentido común, pero es importante porque
si una persona no ha visto el mover del Espíritu, esto puede ser un gran
obstáculo. En cualquier ámbito educativo se entiende que los mejores
resultados se obtienen cuando hay un proceso de enseñanza práctica. El
proceso empieza con el “experto” modelando al aprendiz cómo hacer algo.
La segunda etapa es hacer las cosas juntos (con el maestro corrigiendo e
instruyendo al aprendiz). La tercera etapa es cuando el experto deja que su
pupilo haga las cosas por sí mismo y se limita a observar, animar y dar
consejos a medida que el aprendiz combina el conocimiento con la
habilidad. Pero por algún motivo, en lo que concierne a las cosas del Espíritu
pensamos que este proceso puede ser obviado.
La forma más rápida de crecer en la confianza en el funcionamiento de los
dones del Espíritu es rodearse de personas que tengan experiencia en
cooperar con el Espíritu, ministrando Sus dones desinteresadamente y sin
hacer alarde de ello. Tal vez se pregunte: “¿Qué hago si no conozco a nadie
que se mueva en los dones así?” Si no conoce a nadie que tenga experiencia
con los dones, pídale al Señor que lo conecte con alguien. La conexión
puede darse de diferentes formas. Puede ser asistiendo a una iglesia (con
regularidad o por un período de instrucción específico) que capacite a los
miembros en esta área. Puede ser tan simple como escuchar grabaciones de
enseñanzas o leer libros escritos por quienes tienen experiencia y han sido
aprobados por muchas voces confirmadoras.
Si no creció viendo el mover del Espíritu, tal vez va a tener que ensanchar su
círculo de relaciones. Tal vez tenga que leer libros o escuchar grabaciones de
personas nuevas para usted. Algunas iglesias, algunas denominaciones e
incluso algunas naciones y generaciones se han movido en los dones más
que otras. Lea libros por Smith Wigglesworth, John G. Lake, Lester Sumrall,
Kenneth Hagin, Aimee Semple McPherson, Jack Hayford, Bill Johnson,
John Wimber, Oral Roberts, Reinhard Bonnke, etc. Lea el libro de Hechos y
los evangelios una y otra vez, y pídale al Señor que lo guíe a encontrarse con
personas que se mueven en el ministerio de Jesús centrados en el Espíritu,
con fundamento bíblico.
A fin de cuentas lo que quiero decir es que para poder ver la operación de los
dones como algo natural en su vida, debe pasar tiempo (en persona,
mediante libros o grabaciones) con las personas que ven la operación de los
dones como algo “normal”.
8. Practicar la obediencia inmediata
Nuestra mente siempre va a tratar de impedir que obedezcamos a Dios. Pero
mientras más obedecemos, más vamos a poder discernir la voz del
Espíritu. El peor enemigo de la obediencia inmediata es nuestra mente
analítica. Muchas veces no recibimos una palabra de parte de Dios si no la
podemos entender en nuestra mente – insistiendo que Dios nos hable al nivel
de nuestras mentes.
Piense en el momento en que Gabriel se le apareció a María para anunciarle
las noticias increíbles del Hijo que iba a tener. Gabriel dice:
El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su
sombra. Así que al santo niño que va a nacer lo llamarán Hijo de Dios.
También tu parienta Elisabet va a tener un hijo en su vejez; de hecho, la que
decían que era estéril ya está en el sexto mes de embarazo. Porque para
Dios no hay nada imposible (Lucas 1:35-37).
Básicamente Gabriel está diciendo: “Ninguna palabra de Dios carece de
poder, sino que lleva en sí misma el poder para llevar a cabo lo que declara”.
El espíritu de obediencia inmediata dice: “Dios, aún si no lo entiendo,
háblame y te voy a obedecer”. Nosotros miramos a nuestro alrededor y nos
preguntamos quién es la persona más inteligente para ver qué hace y así lo
seguimos. Pero Dios pregunta: “¿Quién hay aquí que no le tenga temor a
parecer necio? ¿Quién está dispuesto a hacer lo que yo le pida?”
El Señor le dice a Josué que le diga al pueblo de Israel (que no se distinguía
por su habilidad de controlar su lengua), que marchen alrededor de Jericó en
silencio durante seis días y siete veces en el séptimo día. El ángel del Señor
le dice a Gedeón que recorte su ejército a 300 y que enciendan antorchas,
que rompan cántaros y que toquen trompetas. El profeta le dice a un jefe del
ejército de Siria que se zambulla siete veces en un río sucio para ser sanado
de lepra. Un profeta le dice a una mujer pobre que pida prestadas cuantas
vasijas pueda y otro le pide a otra viuda que le haga un pan con el poquito de
harina que tiene. Jesús le pide a Pedro que eche el anzuelo, saque un pez y le
saque de la boca la moneda para pagar los impuestos. ¡Los caminos de Dios
son una locura para la mente natural!
Fue el Espíritu Santo quien le dijo a Jesús que le tocara la lengua con saliva
al sordomudo. Y fue el Espíritu Santo quien le dijo a Jesús que escupiera en
el suelo, hiciera barro con la saliva y se la untara en los ojos al ciego. Fue el
Espíritu Santo quien le dijo a Jesús que detuviera la procesión funeraria y le
ordenara al niño volver a vivir. Fue el Espíritu Santo quien le dijo a Jesús
que pusiera Sus manos sobre la cabeza contagiosa del leproso. No pensamos
que eso requirió fe de parte de Jesús, pero por supuesto que sí. Jesús hizo
todos Sus prodigios de la misma forma que los hacemos nosotros: por la
obediencia de la fe. Jesús también aprendió la obediencia inmediata como
parte de las cosas que aprendió mediante el sufrimiento. La fe requiere de
cierta cantidad de angustia mental y sufrimiento porque requiere hacer a un
lado nuestra mente analítica y sacrificarla en el altar de la obediencia.
Hay muchos creyentes que quieren que Dios obre a través de ellos, pero
cuando Dios les pide que hagan algo dicen: “Solamente lo voy a hacer si no
es algo ridículo”. Y el Señor dice: “¡Lo que te voy a pedir es completamente
ridículo! ¡A tu mente natural le va a parecer que es una locura!” Y nuestra
mente analítica, comprimida por nuestra cultura nos grita: “¡Estás loco!
¿Qué van a pensar los demás? ¿Qué tal que no funcione?” Tome el riesgo.
Cuando escuche a Dios decir algo: ¡obedezca!
A los pastores y a los directores de los institutos bíblicos no les gusta que
uno anime a las personas a tomar este tipo de riesgos porque saben que algún
joven lleno de entusiasmo lo va a intentar. Cuando estaba en la universidad
bíblica oí una historia que había pasado hacía ya varias décadas. Era de un
estudiante que no tenía dinero, pero estaba a punto de pasarse del límite del
largo del cabello que era permitido por la universidad (esto le podrá indicar
hace cuánto sucedió esta historia). No sabía qué hacer, entonces oró y sintió
que Dios le decía que fuera al barbero sin dinero y que todo iba a estar bien.
Este estudiante estaba aprendiendo a vivir por fe, entonces fue. Mientras
esperaba su turno, se libraba una batalla en su mente: “¿Qué va a pasar
cuando me corte el pelo y luego le diga que no tengo dinero? ¿Qué tal si
esto? ¿Qué tal si lo otro?” Llegó su turno y un poco titubeante se sentó en la
silla del barbero. Mientras le cortaban su cabello un desconocido entró en el
lugar y le puso el dinero en la mano.
Años más tarde ese joven se había convertido en un predicador y maestro
exitoso y estaba de regreso en esa universidad hablándoles a los nuevos
alumnos. El decano le pidió que no fuera a contar esa historia y cuando le
preguntó por qué, el decano respondió: “Porque tenemos muchos estudiantes
muy ingenuos que van a sentirse animados a hacer alguna necedad”. Sobra
decir que sí la contó.
Los pastores medimos lo que decimos porque tenemos temor de que alguien
intente algo, fracase y que alguien quede mal y entonces a los pastores nos
toca ir a “recoger el desorden” o a “apagar el fuego”. Pero yo preferiría pasar
mis días recogiendo desórdenes defe antes que tener una iglesia llena de
mentes analíticas que nunca obedezcan la voz del Espíritu y por consiguiente
nunca vean las obras maravillosas de Dios.
Hay dos tipos de fracasos. Uno es el resultado de la falta de experiencia; el
otro es el resultado de la desobediencia o la rebeldía. El profeta Samuel le
dijo a Saúl que destruyera a los Amalecitas hasta acabar con ellos. Pero Saúl
desobedeció. Cuando Samuel se lo reclamó, Saúl le echó la culpa al pueblo:
“los soldados tomaron ovejas y vacas con el propósito de ofrecerlas en
Guilgal al Señor tu Dios” (1 Samuel 15:10-15). Esta desobediencia de Saúl
le costó el trono.
El profeta le dijo al rey Joás que golpeara el suelo con las flechas antes de
morir. Joás lo golpeó tres veces; pero el profeta se disgustó porque era una
señal de las victorias que iban a tener sobre los sirios: “Debiste haber
golpeado el suelo cinco o seis veces; entonces habrías derrotado a los sirios
hasta acabar con ellos” (2 Reyes 13:15-19).
A veces la obediencia inmediata es crítica porque lo va a salvar de la trampa
de la incredulidad, de un espíritu de desobediencia o de un espíritu de
rebeldía. A veces es crítica porque el Señor ha decidido que su victoria se va
a medir conforme a su obediencia.
Leonard Sweet aporta otro ángulo de las cosas que le parecen necedad a la
mente natural:
El caos es una mejor estrategia de supervivencia que el orden. No es que el
orden pueda surgir del caos o que uno solo pueda percibir el caos con
relación a la percepción del orden. La ciencia emergente de la complejidad,
la ciencia generadora del post-modernismo, dice que el caos es esencial
para el surgimiento del orden. El caos y el orden coexisten y surgen el uno
del otro.10
¿Qué quiere decir? Que aún desde un punto de vista científico (para quienes
insisten en algún tipo de proceso analítico), lo que su mente llama orden
puede no ser orden y lo que Dios llama orden le puede parecer un caos a la
mente natural. Piense en la experiencia del aposento alto descrita en Hechos
2. El gran final del ministerio de Jesús, después de Su muerte y resurrección
no es una escena como las de las películas de acción en las que el héroe
marcha victoriosamente ante las tropas llamándolas a la batalla. Al contrario,
Jesús les dice que se vayan a Jerusalén y esperen. ¡Que esperen! Entonces
ahí, después de esperar diez días, de repente vino un gran ruido que llenó la
casa donde estaban reunidos y se aparecieron unas lenguas como de fuego
que se posaron sobre cada uno de ellos. Y comenzaron a hablar en idiomas
que no habían aprendido. El caos y el orden pueden coexistir y surgir el uno
del otro; pero solamente Dios puede decidir cual viene primero.
La Iglesia no se originó en una reunión de un comité que buscaba descubrir
las estrategias más seguras y sensatas para llevar el Evangelio a todo el
mundo. Tampoco tenemos un récord que diga que les consultaron a los
abogados de su época para saber qué podían y qué no podían decir para no
ofender las normas culturales. El orden de Dios muchas veces se da de una
forma que nos parece desordenada; y quienes obedecen más rápidamente son
quienes tienen la mayor probabilidad de cooperar con el Espíritu Santo para
repartir Sus dones a quienes los necesitan. Y tal vez tengamos que esperar
hasta llegar al cielo para poder ver el efecto de nuestros pasos de obediencia
inmediata. ¡No se apresure a juzgar!
9. Tomar riesgos pequeños
Alguien ha dicho que la vida de fe no se puede dar el lujo de no tomar
riesgos. La idea anterior de la obediencia inmediata abre la idea de dar pasos
de fe que requieren tomar riesgos. Para aprender a cooperar con el Espíritu
Santo es necesario entender que Él comienza en el lugar donde usted se
encuentra y se desarrolla mediante un proceso de entrenamiento.
Generalmente queremos ver milagros, señales y prodigios de entrada. Pero el
mismo deseo es un indicio de que probablemente no estamos listos. Nuestra
prioridad debe ser querer ser usados por Él para bendecir a otros, para
restaurar a los quebrantados y para traer paz donde hay confusión y
oscuridad. La motivación es importante y el Espíritu Santo sabe cómo
llevarnos del punto A al punto B y al punto C, sacando el mejor provecho
para el Reino y minimizando los pormenores. Él comienza a usarnos donde
estamos y nos pide tomar pequeños riesgos.
El estudiante del que les conté anteriormente que fue al barbero sin tener
dinero estaba tomando un riesgo pequeño, aunque a él le pareciera enorme
en ese momento. Solo estaba arriesgando un par de dólares y algo de
vergüenza. Pero fue un buen paso inicial que empezó a crear un récord de fe
en Dios.
Habrá quienes estén en desacuerdo conmigo, pero si uno mira el primer
milagro que hizo Jesús, el riesgo fue mínimo. Estaba convirtiendo agua en
vino, pero en medio de personas que ya habían bebido demasiado. No estoy
diciendo que Jesús estaba “ensayando” Sus poderes milagrosos para ver si
iban a funcionar. Pero evidentemente Él no estaba seguro de que ese fuera el
momento propicio para iniciar Su ministerio de milagros. Le dijo con
franqueza a Su madre: “Todavía no ha llegado mi hora”. Pero llamó a los
siervos y les ordenó que llenaran seis tinajas con agua y de ellas sacaron
vino – el mejor vino al final de la fiesta. Tal vez Jesús quería que no fuera
tan evidente; que tal vez no fuera tan importante.
Piense en otros milagros que hizo Jesús. Les pidió a Sus discípulos que
hicieran que una multitud hambrienta se sentara en grupos de cincuenta.
Parecería fácil. Nada sobrenatural. Contar hasta cincuenta, hacer que se
sienten. Contar hasta cincuenta, hacer que se sienten. Entonces Jesús elevó el
pan y los peces y los bendijo; y se los dio y les dijo que los repartieran.
Todavía no parecería ser algo tan difícil. Era algo que cualquiera podía
hacer. Pero mientras hacían lo natural, algo sobrenatural empezó a pasar.
Mientras más repartían, más había en sus manos. Me imagino que al
comienzo estaban repartiendo porciones muy pequeñas, pero cuando se
dieron cuenta lo que estaba sucediendo, empezaron a ser más generosos,
repartiendo porciones cada vez más grandes. Sabemos que algo así pasó
porque todos comieron hasta saciarse y después recogieron doce canastos de
sobrados. (¡Solo espero que hayan regresado a darle más a los primeros a
quienes les repartieron, pidiéndoles perdón por su falta de fe inicial!) Lo
mismo pasa con nosotros. Comenzamos con pequeños riesgos de fe y
crecemos para poder enfrentar desafíos más grandes.
Tal vez sea por eso que el don de hablar en diversas lenguas (como un
mensaje a la congregación), junto con la interpretación de lenguas, es uno de
los mejores puntos de partida para moverse en los dones del Espíritu Santo.
Primero que todo, es un hecho que los creyentes que son llenos del Espíritu
deben tener experiencia personal orando en lenguas. Entonces dar un
mensaje en lenguas a la congregación no es muy diferente, excepto que
requiere la cooperación de otro creyente que esté dispuesto a ser usado en la
interpretación. Pero el riesgo es mínimo. Si nadie interpreta, no se pierde
nada, excepto un poco de orgullo. Pero aun así, ¿quién debe avergonzarse
más, la persona que compartió el mensaje o la persona que tenía la
interpretación y no la dio? Nadie puede saberlo; pero parece que uno de los
beneficios de un mensaje en “diversas lenguas” con “interpretación” en lugar
de una profecía directa es que es una forma sencilla, de bajo riesgo, como
uno puede aprender a moverse en los dones del Espíritu. Mientras más
pequeño el grupo, menor es el riesgo.
Esté atento a que el Espíritu Santo le dé pasos pequeños para dar junto con
Él. A medida que desarrolla su fe, Él lo va a invitar más y más a cooperar en
lo sobrenatural.
10. Vivir con intencionalidad por el reino
Antes de concluir esta sección quiero volver a tocar el tema de la
intencionalidad y recalcar su importancia. Nunca vamos a poder comenzar
a cooperar con el Espíritu Santo para repartir Sus dones sin vivir
intencionalmente en los propósitos del Reino de Dios. No solo esnecesario
pedirle diariamente al Espíritu Santo que nos use; no solo es importante
tener conversaciones con Dios acerca de lo que Él quiere que hagamos en Su
nombre; sino que debemos pensar en algunas estrategias para ser
intencionales en cuanto a Su Reino. No estoy sugiriendo que uno se fije
metas y luche por cumplirlas para “dar la talla” de la madurez espiritual. El
ser usado por Dios para sanar a diez personas no le hace más espiritual que
ser usado para sanar a tres. Lo que estoy sugiriendo es que uno puede vivir
consciente de Dios desea derramar Su compasión sobre un mundo
quebrantado y que quiere hacerlo en cooperación son Sus hijos. Lo
importante no es cómo se haga, sino el buscar oportunidades para ser un
canal de la bendición de Dios.
Estaba almorzando con un amigo y lo vi hacer algo que me demostró lo que
es ser intencional en cuanto al Reino y me cambió. La mesera se nos acercó,
nos dijo su nombre y nos dio las cartas diciendo: “Voy a regresar en unos
minutos a tomar su pedido”. Antes de que se fuera mi amigo le dijo:
“Gracias. Por cierto, cuando nos traiga la comida vamos a orar por los
alimentos. Y ya que vamos a estar orando quería saber si tiene algún motivo
por el cual podamos orar por usted. Puede pensarlo mientras decidimos qué
vamos a pedir”. Cuando la mesera regresó nos tomó el pedido y mi amigo le
recordó: “¿Tiene alguna petición de oración?” Ya no recuerdo cual fue su
petición, pero sí recuerdo que nos compartió algo y que oramos por ella.
Desde ese entonces he hecho lo mismo muchas veces. Siempre hay algo –
exámenes finales o alguna enfermedad o algún pariente que está pasando por
un problema… Siempre hay algo y nos da una oportunidad de bendecir a
otras personas.
Hay muchas otras formas de ser intencionales para abrir puertas y distribuir
dones. Escriba lo que escucha en su tiempo devocional y pídale al Señor que
en el curso del día le muestre para quien es esa palabra. Comparta un
versículo que ministre paz, bendición, consuelo o que hable del amor de
Dios hacia nosotros. Le puede preguntar a alguien: “¿Le puedo compartir
algo que lo va a ayudar?” Sin esperar una respuesta, compártale el versículo
junto con una palabra de bendición.
Mi pastor, Robert Morris, cuenta que él tenía la costumbre de llevar siempre
un billete de cincuenta dólares en su bolsillo para sorprender a algún mesero
con una propina maravillosa. Con ese espíritu de generosidad, él le da una
grata sorpresa a un mesero cuando Dios se lo indica. Generalmente lo hace
en algún restaurante que suele frecuentar, entonces casi siempre le abre las
puertas para tener una conversación. La sola generosidad siempre abre una
puerta para compartir de la naturaleza y la sobreabundancia de amor de Dios
(o puede uno dejar que la generosidad hable por sí misma).
Bien sea con una propina generosa o preguntando por la familia, pregúntele
a las personas si hay algo por lo que usted pueda orar por ellos: “Yo creo en
la oración y creo que Dios lo ama mucho. Y creo que Él nos oye cuando
oramos. ¿Tiene usted algo por lo que yo pueda orar?” Esa es una forma de
bendecir a las personas sin intimidarlas, ya que es usted quien hace todo el
trabajo y la oración. Es como Jesús, que les pregunta a Sus discípulos qué
tienen de comer; Él lo toma, lo levanta, lo bendice y luego les da la parte
más fácil a ellos.
¿No cree que este mundo sería diferente si los creyentes anduvieran
buscando formas de poner el Reino de Dios al alcance de los demás? Sé que
lo cree y sé que el Señor ya le está dando ideas de cómo hacerlo.
Preguntas para considerar
1. ¿Cuál de las formas de cultivar los dones le parece la más importante?
¿Por qué?
2. ¿Cuál de ellas es de la que menos se habla? ¿Por qué cree que es así?
3. ¿Cuál de estas sería la más simple de comenzar a practicarla en su vida?
4. ¿Qué le está diciendo el Señor mediante esta sección?
PARTE IV – PENSAMIENTOS
FINALES
CAPÍTULO TRECE
La prioridad es la presencia
Comencé la última sección, las “claves para cultivar los dones”, con la
exhortación de Pablo de ambicionar los dones. Pero es importante aclarar
que la forma adecuada de ambicionar o buscar encarecidamente los dones no
es buscando los dones en sí, sino anhelando la presencia de Aquel que da los
dones. Jesús no prometió que el Padre iba a enviar dones; pero sí prometió
que iba a enviar a una Persona – el Espíritu Santo – y que a través de Él,
recibimos dones. Cuando la Iglesia entiende que los dones del Espíritu son
ríos de la infinita sobreabundancia de amor del Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo, entonces podemos ver que anhelar los dones como si fueran
mercancía es un resultado fallido de una espiritualidad mecánica. Dios da
dones porque Él es completo – no le falta nada – y existe en un continuo
fluir de Su abundancia. La clave para cooperar con el Espíritu Santo como
repartidor de dones es vivir llenos de Él – llenos de toda la plenitud de Dios
(Efesios 3:19). Si un creyente no vive en esa llenura, se va a aprovechar de
los dones para suplir su propia necesidad, usándolos para su propio beneficio
(para hacerse famoso o verse admirado por otros). Pero la llenura verdadera
es el resultado de una búsqueda encarecida, no de los dones, sino de Dios
mismo.
Este concepto es tan importante que merece elaboración. Miremos tres
ejemplos bíblicos: Samuel, el arcángel Gabriel y el apóstol Juan.
Samuel
Cuando uno piensa en la necesidad de cultivar una vida, no hay mejor
historia que represente lo que significa entregarse por completo a Dios que la
historia de un joven llamado Samuel. Fue dedicado desde su infancia por
una madre que sabía cómo buscar encarecidamente un don de Dios. Ana
había sentido la necesidad de buscar a Dios para ser librada de una vida de
tormentos culturales por su esterilidad. Cuando el Señor le otorgó su
petición, Ana cumplió con su voto y dedicó a su pequeño hijo al servicio del
Señor.
No pase por alto el contraste que vemos al comienzo de esta historia. Los
líderes espirituales se habían corrompido. Elí, l sacerdote, no le había
prestado suficiente atención a criar a sus hijos en el temor de Dios. Los hijos,
por lo tanto, habían crecido rechazando los caminos del Señor. “Los hijos de
Elí eran unos perversos que no tomaban en cuenta al Señor” (1 Samuel
2:12). A fin de cuentas su abuso de las ofrendas del templo era tal, que el
pueblo se había desilusionado y habían dejado de traer sus diezmos.
Podríamos decir que no eran los mejores tiempos de la “iglesia”. (Usar el
término “iglesia” para el Israel del Antiguo Testamento es un atrevimiento).
Pero al leer esta historia vemos que si bien en lo exterior todo estaba
corrompido, en el interior del templo Samuel le estaba ministrando a Dios.
“Durante ese tiempo, Samuel crecía en la presencia del Señor” (1 Samuel
2:21).
Tal vez usted no haya crecido en la presencia de Dios. Tal vez usted haya
visto corrupción dentro del liderazgo que lo ha llevado a perder su confianza
en “el sistema”. Tal vez, como el pueblo de Israel de aquel entonces, usted
ha dejado de lado los caminos del Señor por los abusos o la falta de atención
que ha visto. Pero la historia de Samuel nos muestra que aun cuando estas
cosas puedan estar pasando a nuestro alrededor, existe un lugar secreto. Hay
una forma de ministrar al Señor y crecer en Su presencia cuando todo lo que
lo rodea está sumido en otras prioridades. Cuando los “hermanos mayores”
están aprovechándose del sistema y aparentemente saliéndose con la suya,
hay un lugar en la presencia de Dios que marca la diferencia. En
retrospectiva podemos ver que años después de la muerte de los hijos de Elí,
Samuel estaba ungiendo reyes y mediando la salvación para Israel. Había
aprendido desde su niñez a mantenerse lleno aún en un ámbito de sequía
espiritual; y llegó un día en que su propia llenura dio pie para un fluir de
profecía acertada y de distribución de dones y de unción que literalmente
llevaron al pueblo de Dios a la siguiente etapa de promesa.
No podemos usar la historia de Samuel para enseñar que tenemos que
comenzar sirviendoa Dios desde que somos niños o si no, es demasiado
tarde. Las vidas de Pablo, Moisés, Abraham y el ladrón en la cruz al lado de
Jesús dan testimonio de lo contrario. Lo que la historia de Samuel sí enseña
es que sin importar cómo hayamos sido criados o cuál sea nuestro entorno,
podemos encontrar nuestro lugar en la presencia de Dios que marca la
diferencia. Podemos aprender a cultivar un hábito de la alabanza y un ámbito
de adoración – especialmente con los avances tecnológicos que tenemos a
nuestro alcance que nos permiten establecer nuestro ambiente por medio de
los audífonos. Podemos elegir la presencia de Dios, la alabanza de Dios y al
pueblo de Dios y descubrir que la llenura es la clave de la sobreabundancia y
que la sobreabundancia es como cooperamos con el Espíritu Santo para
distribuir Sus dones a quienes los necesitan.
El arcángel Gabriel
Consideremos ahora la experiencia que tuvo Daniel con un arcángel que fue
tan abrumadora y maravillosa que Daniel se sintió totalmente desvalido y
cayó de cara al suelo. Cuando describe a este ser tan increíble de otra
dimensión dice:
…levanté los ojos y vi ante mí a un hombre vestido de lino, con un cinturón
del oro más refinado. Su cuerpo brillaba como el topacio y su rostro
resplandecía como el relámpago; sus ojos eran dos antorchas encendidas y
sus brazos y piernas parecían de bronce bruñido; su voz resonaba como el
eco de una multitud (Daniel 10:5-6).
Su apariencia era poderosa y abrumadora.
Aunque Gabriel no se identifica por su nombre en este pasaje, los
académicos, basándose en su educación, hacen una suposición educada de la
identidad de este arcángel porque dice que el único que le ayuda en la batalla
cósmica contra el príncipe de Persia es el arcángel Miguel (Daniel 10:13) y
después de darle el mensaje a Daniel tiene que regresar a la batalla porque el
príncipe (espiritual) de Grecia está por unirse a ella (Daniel 10:20). Con
semejante aparición es sorprendente que el arcángel no revele su nombre;
pero su interés no es promoverse a sí mismo. Tanto Gabriel como Miguel
saben muy bien qué pasa con el enaltecimiento. Lucifer, otro arcángel, fue
echado del cielo por su orgullo. Entonces la humildad de Gabriel no nos
debería sorprender. La siguiente vez que vemos a Gabriel, sí se identifica,
pero de forma tal que vale la pena prestarle atención.
Zacarías, quien iba a ser el padre de Juan el Bautista, estaba haciendo su
rotación sacerdotal en el templo:
…le tocó en suerte, según la costumbre del sacerdocio, entrar en el
santuario del Señor para quemar incienso. Cuando llegó la hora de ofrecer
el incienso, la multitud reunida afuera estaba orando. En esto un ángel del
Señor se le apareció a Zacarías a la derecha del altar del incienso. Al verlo,
Zacarías se asustó y el temor se apoderó de él. El ángel le dijo:
—No tengas miedo, Zacarías, pues ha sido escuchada tu oración. Tu esposa
Elisabet te dará un hijo y le pondrás por nombre Juan (Lucas 1:9-13).
Zacarías no podía creer lo que estaba oyendo, entonces le preguntó al ángel:
“¿Y cómo voy a saber que esto será así? ¡Yo estoy ya muy viejo y mi esposa
es de edad avanzada!” Gabriel, con majestuosa humildad le respondió: “Yo
soy Gabriel y estoy en presencia de Dios” (Lucas 1:19, RVC).
Yo soy Gabriel y estoy en presencia de Dios.
¡Qué identidad! Habría podido decir, como a muchos de nosotros nos
gustaría decir: “Soy el poderoso arcángel guerrero que lucha contra
principados y potestades celestiales”. Podría haber dicho: “Soy aquel cuyos
ojos arden como fuego y que se mueve a la velocidad de la luz por las
galaxias”. Podría haber dicho: “Soy aquel que vio cuando Lucifer fue echado
del cielo con un tercio de las huestes angelicales”. Pero Gabriel encuentra su
sentido de identidad en vivir en la presencia de Dios, ante el trono celestial,
entonces dice: “Yo soy Gabriel y estoy en presencia de Dios”. En esta corta
frase podemos ver algo de los pensamientos de este ser celestial que según
las Escrituras tiene solo dos tareas – luchar contra principados y dar
mensajes de parte de Dios para los hombres. Y vemos en sus palabras que su
único deseo es pararse ante Dios para recibir cualquier instrucción que el
Padre le dé. Como dice Zacarías 4:6: “No será por la fuerza, no por ningún
poder, sino por mi Espíritu—dice el Señor”. 
Gabriel entiende perfectamente lo que esto significa. Todo emana del Dios
que es tres en uno, infinito, sobreabundante, centrado en el otro. Todos los
mensajes, dones, poderes y bendiciones provienen de la presencia de Dios.
Este es el centro del universo, la fuente de energía. Toda buena dádiva y la
fuerza de la luz y de la vida misma emanan de Dios. ¿Qué mejor sitio para
estar que la presencia de Dios?
Yo quiero que mi vida sea tal, que en mi tumba se pueda escribir: “Este
hombre vivió en la presencia de Dios”. Este es el secreto de la cooperación
con Dios. Es la clave que culmina, el crescendo de enfoque que nos pone en
posición de recibir regalos del cielo para dar libremente a quienes los
necesitan. Este es el poder de la cooperación que no se compara con las
emociones de los deportes extremos o las aventuras humanas. Y la gran
noticia es que no tenemos que estar fuera de los atrios del templo, mientras
que el sacerdote ofrece incienso. Ahora, por la ofrenda sin mancha de Jesús
mismo, somos bienvenidos frente al Trono de Dios en el seno del Hijo,
viviendo día y noche en la presencia del Señor.
Si estuviéramos en un servicio en la iglesia o en un salón de clases, ahora
mismo le pediría que se comprometiera a vivir en la presencia de Dios. Le
pediría que hiciera una declaración en voz alta. Entonces, lo invito a que lea
esto en voz alta, diciéndoselo al Señor y a usted mismo con un sentir de
compromiso renovado:
Mi nombre es _______________ y vivo en presencia de Dios.
El apóstol Juan
Las circunstancias de Juan no eran nada buenas. Era de edad avanzada y
había sido desterrado en la isla de Patmos. La vida de aventura que había
llevado ahora parecía terminar mal. Recuerde que él era uno de los “hijos del
trueno” que estaba listo para hacer descender fuego del cielo. Es el mismo
Juan que en la última cena había reposado su cabeza sobre el pecho de Jesús,
que había sido testigo de los milagros de Jesús y que le había ganado a Pedro
cuando corrieron a la tumba vacía. Es el mismo Juan que estaba con Pedro
cuando le dijeron al mendigo lisiado de la puerta llamada Hermosa: “No
tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy”.
Cabe decir que esta escena en la puerta llamada Hermosa (Hechos 3:1-8) es
uno de los mejores ejemplos para mostrar los dones como compasión (es
decir, un fluir del amor de Dios). Pedro y Juan no necesitaban un don de
sanidad para ellos mismos; sino lo necesitaban por el bien de otra persona y
lo recibieron para poderlo repartir. Fíjese que la Biblia dice que esto sucedió
a las tres de la tarde (la hora novena), que era cuando se dirigían a orar, no
cuando regresaban después de haber orado. Las reuniones de oración son
buenas cuando uno sale tan lleno que puede levantar a alguien de su silla de
ruedas; pero esto es aún mejor. Estos hombres habían aprendido a vivir en la
presencia de Dios para mantenerse llenos. ¡Estaban ministrando dones de
sanidad camino a la reunión de oración!
Ahora pongamos esto en la perspectiva correcta. Piense en el afán tan
tremendo en la mañana, al vestir a los hijos, darles un desayuno rápido y
salir corriendo para la iglesia. ¿Se nos cruza por la mente que podríamos orar
por algún enfermo en el camino? ¿Qué tal si viviéramos así? ¿Qué tal si esa
fuera nuestra costumbre al ir a la iglesia (o a cualquier sitio) – llenos y
distribuyendo dones sobrenaturales? ¡Tal vez por lo menos podríamos
empezar a pedirle al Padre que nos dé esas aventuras!
Décadas más tarde nos volvemos a encontrar con Juan, físicamente en la isla
de Patmos, pero espiritualmente “en el Espíritu”. Todos vivimos en una
realidad doble. Bueno, doble para nosotros, pero es una sola realidad para
Dios. Juan explica lo que es estar “en el Espíritu” diciendo “vino sobremí el
Espíritu” o “quedé bajo el poder del Espíritu”. Quiere decir que está en la
presencia del Señor de una forma especial, en que estaba más consciente del
mundo espiritual que del físico. Es más, es posible que no haya estado
consciente en absoluto del mundo físico. Cuando llegó este “día del Señor”,
Juan ya tenía años de experiencia viviendo en la presencia de Dios y por lo
tanto, ver cosas de otro mundo – aunque únicas en cuanto a magnitud – no le
habrían sido inusuales.
El libro del Apocalipsis es la máxima de las visiones; pero en cuanto a los
dones del Espíritu es una combinación de dos de los dones de revelación de
1 Corintios 12: el don de palabra de sabiduría (viendo parte de los planes y
propósitos futuros de Dios) y el discernimiento de espíritus (la habilidad de
ver el mundo espiritual). Juan vio el mundo espiritual de los ángeles y el
esclarecimiento del propósito cósmico de Dios para la tierra y los cielos
como nadie más, exceptuando tal vez al apóstol Pablo, quien dijo haber visto
revelaciones indecibles que “a los humanos no se nos permite expresar” (1
Corintios 12:4).
Podríamos decir: “Por supuesto que Juan podía ver esas cosas porque era un
apóstol”. Pero ni las visiones espirituales ni las revelaciones vienen porque
tengamos una posición en la iglesia o porque tengamos autoridad espiritual.
Podemos ver las cosas de Dios cuando tenemos hambre y sed por la
presencia de Dios y aprendemos a cultivarla. Jesús dijo: “Dichosos los de
corazón limpio [los que tienen su atención puesta en la intimidad con Dios],
porque ellos verán a Dios (Mateo 5:8).
La prioridad para esta generación
Le he compartido tres historias representativas de la prioridad de la
presencia de Dios. Samuel creció en la presencia de Dios. Gabriel vive
continuamente en la presencia de Dios y Juan se encuentra “en el Espíritu”
en el día del Señor. Si hacemos un estudio objetivo de las Escrituras,
veremos que la Biblia es la recopilación de muchas historias de hombres y
mujeres que tenían sed de Dios y que respondieron al anhelo del Padre de
conocer y darse a conocer. Moisés dijo: “Déjame verte en todo tu
esplendor” (Éxodo 33:18) y “El que habita al abrigo del Altísimo se acoge
a la sombra del Todopoderoso” (Salmo 91:1). David dio testimonio de la
prioridad de la presencia: “…prefiero cuidar la entrada de la casa de mi
Dios que habitar entre los impíos” (Salmo 84:10) y “¡Cuán hermosas son
tus moradas, SEÑOR Todopoderoso!” (Salmo 84:1). María escogió sentarse
a los pies de Jesús para escucharlo y Él dijo que ella “ha escogido la mejor
[cosa] y nadie se la quitará” (Lucas 10:42). La profetisa Ana, hasta los
ochenta y cuatro años “Nunca salía del templo, sino que día y noche
adoraba a Dios con ayunos y oraciones” (Lucas 2:37). La Iglesia nació en
un aposento alto con santos hambrientos y sedientos que no se dieron por
vencidos hasta experimentar la llenura de Dios (Hechos 2:1-5). Y desde ese
entonces, millones de creyentes han elegido la presencia de Dios por sobre
todos los placeres pasajeros que el mundo ofrece.
Vivo agradecido de haber sido criado en dos iglesias que le daban prioridad
a la presencia manifestada de Dios. Recuerdo claramente cuando estaba en la
escuela primaria que llegábamos a la iglesia una hora antes de cualquier
servicio para ir al cuarto de oración a orar. Teníamos “servicios en el altar”
que generalmente duraban más de una hora después de finalizar cada
servicio. Puedo decir confiadamente que fui criado en la presencia del Señor.
En uno de esos servicios, cuando tenía nueve años, recibí el bautismo en el
Espíritu Santo; y en otro de esos servicios, a los once años, fui llamado al
ministerio (aunque en ese entonces no entendía la totalidad del llamado, pero
lo sabía en mi “conocedor”). Cuando era adolescente, nos reuníamos en la
iglesia los viernes por la noche para orar apasionadamente un par de horas
antes de ir a un parque a compartir el evangelio con todo tipo de gente. Mi
espíritu fue marcado con los planes y propósitos de Dios en esos tiempos de
oración. Aprendí a escuchar la voz de Dios en esos tiempos de oración y
también aprendí a escucharlo en la quietud y el silencio. Para quienes
teníamos sed de la presencia de Dios, el ayuno era algo común. Y mis
primeras experiencias de cooperación con el Espíritu Santo en Sus dones –
especialmente las diversas lenguas y la interpretación de lenguas – se dieron
también en esos tiempos de oración.
Para esto no hay atajos. Los dones del Espíritu no son el resultado de una
fórmula, de tener un buen “ambiente”, ni la personalidad apropiada, sino el
resultado de una búsqueda apasionada de aquellos que están dispuestos a
librar la batalla en sus vidas, dejando a lado la comodidad o los placeres con
tal de estar en la presencia de Dios. Y esta generación no es diferente.
Tenemos una generación que recibe premios (o trofeos) solo con participar
en un evento deportivo (sea que gane o no), pero creo que va a llegar tal
punto de insatisfacción santa, que van a descubrir que hay ciertas cosas por
las cuales vale la pena jugarse la vida.
Hoy en día hay jóvenes que se están uniendo a movimientos como las
guerrillas, aún sin saber por qué están luchando. Pero están sedientos de
tener un propósito, un significado; de que sus vidas cuenten para algo. Al
mismo tiempo, esta nueva generación se preocupa más por las necesidades
del planeta y por la responsabilidad que los humanos tenemos de cuidar y
administrar bien los recursos del medio ambiente. También reconocen la
necesidad de ser personas compasivas hacia los marginados y los heridos.
Esta generación de guerreros de Jesús está divinamente preparada para ser
un conducto de los dones del Espíritu Santo como una expresión de la
compasión de Dios.
Los dones del Espíritu son la forma en que Dios toca las heridas y la
oscuridad de las personas con una fuente sobrenatural inagotable. El diseño
de Dios es hacer de la Iglesia una comunidad de compasión que abrace y
ame a los marginados tal y como son – no como deberían ser. La intención
de los dones del Espíritu nunca ha sido que sean desperdiciados en los
huérfanos espirituales egocéntricos y santurrones que buscan ser validados
por sus propios ministerios.
¿Quién será el valiente que cultive los dones? ¿Será usted quien busque la
presencia de Dios, cueste lo que cueste? ¿Está dispuesto a llenar su espíritu
con la Palabra de Dios, orar en el Espíritu y luego dar de su llenura? ¿Será
usted alguien que diga como Gabriel: “vivo en presencia de Dios”? El
Espíritu de Dios está haciendo un llamado santo para todos y cada uno de
nosotros, pero que solo puede ser escuchado por aquellos con hambre y sed.
Estoy convencido de que el Espíritu Santo le está hablando a usted en su
corazón ahora mismo – sin importar su edad o su historia. ¡Cultive los
dones! Y comience haciendo la siguiente oración.
Oración
Padre, gracias por darme a Jesús. Gracias por enviar al Espíritu Santo a mi
corazón y por llenarme como lo prometiste. Quiero que mi vida tenga valor
eterno. Quiero que me uses – aún si mi mente dice que es arrogante pedir ser
usado por Ti. Quiero todo lo que tienes para mí.
Padre, no fui criado en medio de personas que supieran moverse en los
dones del Espíritu. Pero quiero aprender. Enséñame, Espíritu Santo. Pon
personas en mi camino que te conozcan mejor que yo y que me puedan
mostrar cómo cooperar contigo. Toma todos los eventos de mi vida – los
buenos y los malos – y úsalos para tu gloria. Quiero tu presencia más que
cualquier otra cosa y quiero que los demás también puedan conocer tu
presencia.
Me entrego a Ti, Padre, en el nombre de Jesús y en el poder del Espíritu
Santo que mora en mí. Amén.
Preguntas para considerar
1. ¿Qué podemos aprender de la vida de Samuel en cuanto a vivir
comprometidos con la presencia de Dios?
2. ¿Qué es algo que la Biblia NO enseña mediante la historia de la infancia
de Samuel?
3. ¿Cuál es la importancia del sentido de identidad que vemos en el arcángel
Gabriel?
4. ¿Cuál es la importancia de la historia del apóstol Juan cuandoestuvo “en
el Espíritu” en el día del Señor?
CAPÍTULO CATORCE
Que se llene mi casa
Tratar de hacer las obras de Dios por nuestras propias fuerzas es el trabajo
más confuso, desgastador y tedioso. Pero cuando uno vive lleno del Espíritu
Santo, el ministerio de Jesús fluye naturalmente.
—Corrie Ten Boom
Es apropiado terminar un libro acerca de los dones de Dios con la idea de un
banquete. Los dones de los que hemos estado hablando vienen del Dios que
nos hace una invitación:
¡Vengan a las aguas
todos los que tengan sed!
¡Vengan a comprar y a comer
los que no tengan dinero!
Vengan, compren vino y leche
sin pago alguno.
¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan,
y su salario en lo que no satisface?
Escúchenme bien y comerán lo que es bueno, y se deleitarán con manjares
deliciosos (Isaías 55:1-2).
Si uno ha asistido a la iglesia o ha leído la Biblia, seguramente conoce la
historia que contó Jesús del hombre bondadoso que quería hacer una gran
fiesta para sus amigos, pero todos tenían excusas para no ir. Espero que
pueda usted apreciar esta historia con ojos nuevos, para ver el gran deseo de
Dios de dar dones a los quebrantados y necesitados a través de una Iglesia
llena y sobreabundante.
Cierto hombre preparó un gran banquete e invitó a muchas personas. A la
hora del banquete mandó a su siervo a decirles a los invitados: “Vengan,
porque ya todo está listo”. Pero todos, sin excepción, comenzaron a
disculparse.
El primero le dijo: “Acabo de comprar un terreno y tengo que ir a verlo. Te
ruego que me disculpes”. Otro adujo: “Acabo de comprar cinco yuntas de
bueyes y voy a probarlas. Te ruego que me disculpes”. Otro alegó: “Acabo
de casarme y por eso no puedo ir”.
El siervo regresó y le informó de esto a su señor. Entonces el dueño de la
casa se enojó y le mandó a su siervo: “Sal de prisa por las plazas y los
callejones del pueblo y trae acá a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a
los ciegos”.
“Señor —le dijo luego el siervo—, ya hice lo que usted me mandó, pero
todavía hay lugar”. Entonces el señor le respondió: “Ve por los caminos y
las veredas y oblígalos a entrar para que se llene mi casa. Les digo que
ninguno de aquellos invitados disfrutará de mi banquete” (Lucas 14:12-24).
Jesús no explica por qué los invitados estaban buscando excusas. ¿Será que
había algo que les disgustaba del anfitrión? ¿Será que había pleitos entre
algunos de ellos y no querían estar en el mismo lugar con los otros? ¿Será
que estaban cansados de los banquetes y no valoraban la relación con el
anfitrión? Jesús no nos lo aclara, lo que me indica que los detalles no eran
necesarios para comprender el punto de la parábola. El objetivo de las
parábolas de Jesús era revelar el amor del Padre y como sería el Reino de
Dios si viviéramos enteramente en ese amor. Hay varios aspectos de esta
historia que recalcan el tema de este libro. En general, Dios quiere disfrutar
Su existencia con amigos a quienes ama y está enviando al Espíritu Santo a
invitarlos.
Primero, vemos que esta es una de varias historias en que Jesús describe a
Dios como alguien que disfruta la vida y hace fiestas. Evidentemente a Dios
le gusta divertirse – y esto en sí es una gran revelación para muchas
personas. Jesús está reinterpretando los conceptos judíos de Dios como un
Dios justiciero, dador de la Ley, enfocado en las normas, o aguafiestas; y
está mostrando, por el contrario, que Dios no carece de nada, es apacible,
gozoso, simpático y risueño. ¿Recuerda la fiesta del padre lleno de gozo
cuando su hijo pródigo regresó a la casa? Y no olvide que el primer milagro
de Jesús, la inauguración de Su ministerio, fue en una fiesta de bodas. Más
aún, Jesús cuenta esta historia en una fiesta en la casa de un fariseo. El
universo de Dios está lleno y rebosante de amor. En Sus atrios hay risa:
“Nuestra boca se llenó de risas; nuestra lengua, de canciones jubilosas”
(Salmo 126:2). Él danza sobre nosotros como expresión de ese amor infinito
que no se puede contener (Sofonías 3:17). Tal vez esta perspectiva de un
Dios alegre podría y debería impactar cómo le servimos.
Segundo, la historia de Jesús revela una mesa llena de comida. Es la idea de
abundancia, de bendición y de generosidad. Nuevamente, Jesús está
redefiniendo las ideas religiosas distorsionadas acerca de Dios. En esta mesa
está todo lo que pudiéramos imaginarnos para satisfacer los deseos que Dios
ha puesto en nuestro interior – las diferentes formas de hambre humana.
¿Por qué buscamos en otros lugares para ser satisfechos? ¿Qué podríamos
desear sanamente que Dios no pueda llenar?
Pero la mesa representa más que comida – representa amistad, relaciones y
lo más importante para la mentalidad hebrea: vida compartida. La
mentalidad romana dice que “el amor es una decisión” y la mentalidad
griega dice que “el amor es una emoción”, mientras que el mundo hebreo
entendía al amor como una vida compartida de dar y recibir mutuamente.
Esto apunta nuevamente al Dios Trino que está continuamente llenándose el
uno al otro, dando de Sí mismo en amor abundante e incontenible. El
concepto de llenura y de ser llenos es supremamente importante en la Biblia
– especialmente en el Nuevo Testamento – representado en la dinámica de la
palabra “comunión” (koinonia ). ¿Se ha dado cuenta que Dios estableció
siete fiestas anuales, festivales, celebraciones o fiestas santas en que las
personas se reunían para disfrutar la comunión? Lo vemos en esta historia,
pero no captamos la totalidad de su sentido en nuestra mentalidad occidental
moderna y postmoderna.
Lo que puede ser más sorprendente para algunos es que el anfitrión
metafórico de Jesús, está profundamente apasionado con el deseo de celebrar
con Sus amigos. Cuando el siervo (un tipo del Espíritu Santo que sale a
invitar a las personas a venir y comer) le trae el reporte al anfitrión de que
todos están dando excusas, el anfitrión se enoja – de hecho, ¡se pone
iracundo! El significado de Jesús no pasó desapercibido entre Su audiencia.
Los fariseos entendían que Jesús estaba diciendo que los judíos estaban
dando excusas de por qué no iban a participar en la fiesta de Dios, entonces
Él estaba enviando al Espíritu Santo a los gentiles (los descarriados, los
miserables, los indeseables). Y viendo que aún hay lugar en la mesa, el
anfitrión envía al siervo a las partes más remotas: “Ve por los caminos y las
veredas y oblígalos a entrar para que se llene mi casa. Les digo que ninguno
de aquellos invitados disfrutará de mi banquete” (Lucas 14:12-24).
Tan intenso era el anhelo del anfitrión de que asistieran a su fiesta, que
acerca de quienes la rechazaron dice: “ninguno de ellos disfrutará de mi
banquete”. Pero no podemos confundir esta reacción con la voluntad del
anfitrión. Él había planeado una velada de gozo, de risa y de llenura. Esa es
la visión que tiene hacia el evento glorioso para el cual ha estado
preparando, cocinando e invitando. Pero Sus amigos eligieron no participar.
Déjeme decirlo de esta forma: hemos confundido la tenacidad de Dios de
llenar Su casa para que lo podamos disfrutar eternamente con una
intransigencia que dice: “¡O lo hacen a mi manera o no les voy a dar nada!”
Pero aquí vemos el punto de la historia de Jesús y lo que revela del corazón
del Padre. Es el clímax: “¡Quiero que mi casa esté llena!” Escuche la alegría
del corazón de Dios al decir “¡Quiero que mi casa esté llena!” No debemos
confundir esto con la idea norteamericana de “llenar los estadios” o que el
éxito se mide con la asistencia o la participación en el mercado. Este es un
Dios infinitamente sobreabundante que existe en amor incontenible.
Las madres que están amamantando entienden bien la necesidad de dar su
leche a sus bebés y los problemas fisiológicos que resultan cuando la
alimentación se retrasa. Las mujeres usan la expresión de que les está
“bajando la leche” y saben que si no alimentan a su bebé van a sentir mucho
dolor. Ahora imagínese, con esa débil analogía de lo espiritual, que la leche
de Dios siempre le está bajando y Él desea alimentarnos. Dios se revelaa Sí
mismo como El Shaddai, el amplio proveedor, que literalmente significa, “el
de muchos pechos”. No tenemos que convencerlo de que nos bendiga. Como
dice el Pastor Jack Hayford: “La oración no consiste en vencer la renuencia
de que Dios nos bendiga. La oración consiste en alinearnos con lo que Dios
quiere hacer”.11 Es simplemente creer y recibir – creer en quien Él es y
recibir lo que Él tiene para nosotros. “Ésta es la obra de Dios: que crean en
aquel a quien él envío” (Juan 6:29).
Ahora veamos esta frase: “que se llene mi casa” de dos formas. No estoy
tratando de usar el texto a la ligera, sino de oírlo a la luz de la llenura de la
naturaleza de El Shaddai . Podemos oír al Padre decir: “Quiero que se llene
mi casa. Quiero que vengan todos mis amigos. Quiero que todos los asientos
alrededor de la mesa estén ocupados. Llenemos la casa”. Ese sería el sentido
más simple del texto de Lucas 14. Pero conociendo Su naturaleza – que Él
está llenándolo todo consigo mismo (Efesios 1:23), escuche a Jesús
revelando al Padre como aquel que dice: “Quiero que se llene mi casa.
Quiero que todos los que vengan coman tanto que estén completamente
satisfechos con mi abundancia; ¡que vengan y coman hasta saciarse!” Toda
madre entiende esa sensación. Toda madre quiere poner suficiente comida en
la mesa para que todos en la casa queden satisfechos. ¿Cree que el deseo de
Dios sería inferior?
Ahora bien, ¿por qué quiere Dios que estemos llenos? Porque no podemos
dar de lo que no tenemos y es poco probable que demos de lo que no
tenemos en abundancia. Recuerde que recibir y ser llenos son conceptos
importantes en el Nuevo Testamento. Lo importante es la compasión, no el
poder ni las posesiones.
¿Todavía estamos hablando de los dones?
Sin duda usted ya ha atado los cabos de lo que estoy diciendo con esta
historia. ¿Cómo se relaciona la historia del “gran banquete” de Lucas 14 con
los dones del Espíritu?
Primero, los dones del Espíritu nunca fueron diseñados para ser emblemas
de nuestros logros, como un marcador espiritual que dice: “Me puedo sentar
a la mesa porque tengo un don”. Los dones no son señales de superioridad
espiritual. Tampoco podemos concebir a los dones como la carga explosiva
que da inicio a la Iglesia del primer siglo y después desaparece de la historia.
Los dones del Espíritu no son una decisión mecánica que Dios toma cada
tantos siglos en la historia de la Iglesia para despertarla y sacarla de crisis.
Los dones tampoco deben ser consumidos por aquellos que son portadores
de los dones – como meseros glotones que se comen la comida en la cocina
antes de llevarla a la mesa.
Los dones del Espíritu son la fuente de bendición constante que fluye de un
Dios infinitamente feliz, distribuidos mediante una Iglesia que recibe
diariamente gracia sobre gracia (Juan 1:16).
A algunos no les entusiasma ir
La historia también nos muestra que hay quienes han perdido el gozo de la
invitación. Tal vez hubo un momento en el cual no paraban de hablar de la
invitación a un banquete donde iban a ser alimentados y llenados con la
mejor comida; pero ahora habían perdido el interés. Tal vez algunos de los
invitados anteriores hicieron algo que los avergonzó o les molestó que
algunos hubieran asistido al evento especial y ellos no. Tal vez se
disgustaron porque otros tenían anécdotas para contar y ellos no. Entonces
ahora les era más fácil decir: “Acabo de comprar un terreno y tengo que ir a
verlo. Te ruego que me disculpes”. “Acabo de comprar cinco yuntas de
bueyes y voy a probarlas. Te ruego que me disculpes”. “Acabo de casarme y
por eso no puedo ir” (Lucas 14:19-20).
Dios sigue llamando
Creo que el Espíritu Santo, el gran siervo de la casa del Padre, se sigue
moviendo por toda la Tierra, llamando a “los descarriados, los miserables y
los indeseables”. El Espíritu Santo está siendo enviado a los caminos y las
veredas para alcanzar a una nueva generación que no vaya a consumir los
dones para su propio beneficio, sino que se vea como portadores de la
presencia y de los dones de Dios.
Esta es una generación que quiere ver a toda la humanidad como iguales,
como Dios los hizo; quieren tomar a las personas como son, aceptándolas
como son y no como deberían ser. Quieren vivir sin rótulos y sin muros. El
corazón del Padre se goza enviando a un ejército de personas que
simplemente amen a los demás y se quieran relacionar con ellos. Pero las
últimas palabras que Jesús les dijo a Sus discípulos todavía son relevantes
para esta generación, bien sea una generación espiritual o demográfica: “No
se alejen de Jerusalén, sino esperen la promesa del Padre . . . y recibirán
poder y serán mis testigos” (Hechos 1:4, 8).
El evangelio social de pacifismo y tolerancia no puede echar fuera demonios
ni sanar los cánceres que son reales y están destruyendo a las personas que
están buscando ayuda. Jesús resumió los mandamientos: “Ama al Señor tu
Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu
mente . . . y ama a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:27), pero también
dijo a través de Pablo: “sean llenos del Espíritu” (Efesios 5:18) y
“ambicionen los mejores dones” (1 Corintios 12:31; 14:1). La operación de
los dones sobrenaturales del Espíritu es lo que puede irrumpir en el mundo
privado de las personas para darles el mensaje: “Dios lo ama con amor
eterno, tal y como es, no como debería ser. Pero lo ama demasiado como
para dejarlo en su estado actual”.
No puede ser mejor dicho que como dijo Pablo, inspirado por el Espíritu
Santo: “Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión
del Espíritu Santo sean con todos ustedes” (2 Corintios 13:14) mientras son
llenos y dan de sí mismos con gozo, descubriendo en el proceso que en Su
llenura nunca van a tener menos, sino que mientras más dan, más llenos van
a estar.
Preguntas para considerar
1. En la historia del gran banquete, ¿qué le está tratando de describir Jesús a
Su audiencia?
2. ¿Por qué cree que esta parábola era tan importante para Jesús?
3. ¿Qué nos dice esta historia acerca del Abba de Jesús? 4. ¿Qué nos dice
esta historia acerca de los dones del Espíritu?
APÉNDICES
APÉNDICE UNO
Preguntas de la nueva generación
Lucas 72:54-56 habla acerca de conocer o discernir las señales de los
tiempos. Jesús parecía estar genuinamente asombrado que Sus seguidores
pudieran ser tan expertos en las cosas de este mundo y no pudieran ver las
cosas del Espíritu. En mi preocupación de que esta nueva generación no
haya sido expuesta a los dones del Espíritu, le pedí a un grupo de jóvenes
que me hicieran algunas preguntas que ellos (o sus amigos) tuvieran acerca
de los dones del Espíritu. Estas no son las únicas preguntas, ni las únicas
respuestas – y tal vez ni siquiera las mejores respuestas. Pero son preguntas
genuinas de esta nueva generación. Espero que sirvan como un punto de
partida para iniciar el diálogo y que despierten más sed de Dios en nuestras
vidas cotidianas.
Crecí en la iglesia y mi vida está bien sin el Espíritu Santo. ¿Por qué lo
necesito?
Esta sería una buena pregunta para hacerle al Señor. Después, guarde
silencio y espere. Le sugiero preguntarle: “Señor, tu primo Juan (el Bautista)
anunció que nos bautizarías con el Espíritu Santo y fuego. ¿Qué quiso decir
y por qué es importante?” “Señor, ¿por qué dijiste que tus discípulos
deberían esperar en Jerusalén hasta que fueran llenos del Espírito Santo,
cuando ya habías soplado sobre ellos para que recibieran el Espíritu? ¿Por
qué es importante? Señor, ¿me falta algo?” Estoy seguro que si le pregunta
al Señor sinceramente y escucha, Él empezará a hablarle acerca de esto.
Muchas personas responderían en forma de preguntas: ¿Cómo define una
buena vida? ¿Qué quiere decir cuando dice que su vida está bien? ¿Quiere
decir que tiene una vida sin problemas serios? ¿Quiere decir que tiene
suficientes ingresos para solucionar cualquier problema que surja? ¿Quiere
decir que está enfocado en realizar sus sueños y no quiere que nada se lo
impida?
En cuanto a mí, también quiero responderlehaciendo otra serie de preguntas
como por ejemplo: ¿Está consciente de que su propósito es re-presentar a
Jesús en Su gloria como salvador, sanador y bautizador? ¿Está usted
viviendo para impactar a quienes le rodean con la vida de resurrección de
Jesús? ¿Ha tenido alguna vez la experiencia de orar por un enfermo y verlo
sanado? ¿Vive en llenura tan abundante que su vida es una aventura en la
que está dando de su tiempo, sus recursos y su conocimiento? ¿Puede decir
que está viviendo en una competencia de generosidad? ¿Ha experimentado
lo que significa que al dar de sí mismo no queda vacío sino lleno?
Sin duda alguna Dios le ha dado a todo creyente un “manantial de salvación”
del que brota vida eterna (Juan 4:14); pero Él también ofrece cambiar ese
manantial por ríos de palabra, poder y revelación mediante el bautismo en
el Espíritu Santo (Juan 7:37-39). ¿Cuál es la diferencia entre un manantial y
ríos? Movimiento y poder dinámico. El potencial de cambio. Él nos ha dado
al Espíritu Santo en medida sobreabundante porque tenemos una tarea que
requiere poder. El manantial de vida es suficiente para ir al cielo; pero los
ríos de agua viva le ayudarán a llevar a otros con usted y a establecer un
poco del cielo sobre la Tierra. Se trata de dar mucho fruto y fruto que
permanezca. Mi oración es que esta nueva generación le pueda redefinir la
“vida” a una generación que no está segura si vale la pena vivirla.
¿Cómo afecta el Espíritu Santo mi vida cotidiana? ¿Es importante? ¿Por
qué?
Escucho a muchos creyentes jóvenes hacer esta pregunta: “¿Qué importa?”
Me ha llevado a comprender que hay una generación en la Iglesia que no ha
conocido lo auténtico – por eso tengo la motivación en escribir este libro.
Uno no extraña lo que desconoce. Quienes han sido criados en los grupos
juveniles de la Iglesia en los últimos veinte años tienen más conocimiento
acerca del fútbol y la pizza que del poder de Dios y la vida en el Espíritu. El
problema tiene que ver más con el liderazgo que con la edad. Creíamos que
las cosas del Espíritu eran demasiado profundas para los jóvenes y que
hablar de cosas espirituales los alejarían. En realidad, hay una generación
que está surgiendo que es muy vulnerable, susceptible al Islam radical o a
cualquier cosa que requiera un sacrificio total con la ilusión de hacerlos
héroes. Pero solo el Espíritu Santo puede hacer de usted un verdadero héroe.
Si se junta con el Espíritu Santo, Él hará que usted parezca un genio. Si se
junta con el Espíritu Santo, Él llenará los vacíos de su alma y le dará una
confianza que los hará lucir mejor que los protagonistas de las películas de
acción. Usted fue creado por Dios y Él sabe cuál es su destino. Tratar de ser
alguien más solo lo hace ver como falso y ridículo. Alguien dijo: “Usted es
un maravilloso ‘usted mismo’; pero un desastre tratando de ser alguien más”.
Y el Espíritu Santo es Él único que puede hacer de usted la persona que
realmente es.
Cuando examinamos la vida de Jesús, encontramos a un joven que estaba
completamente comprometido a vivir Su vida con el Espíritu Santo. No hizo
nada sin el poder, dirección y confianza del Espíritu Santo (Hechos 10:38).
Lo que he tratado en inculcar en este libro es que podemos cultivar una vida
en el Espíritu que nos da la capacidad de hacer las mismas obras que Jesús –
y por cuanto ahora hay millones de creyentes en el planeta, hacer mayores
obras que las que Él hizo.
Si nos está yendo tan bien (como iglesia) sin los dones del Espíritu, ¿por
qué los necesitamos? Parece que prestaron su función en otro tiempo y en
otro lugar.
Jesús dijo muchas cosas que parecían buenas para otro tiempo y lugar, pero
debemos entender que para Dios el mundo es una eternidad que abarca todo
lo que ha hecho: el mundo visible y el invisible, lo temporal y lo eterno.
Usted y yo también fuimos hechos para otro tiempo y lugar. Sin embargo,
nuestro punto de vista es muy limitado, especialmente cuando somos
jóvenes. ¿Ha escuchado decir acerca de los ancianos que “están enfrentado
su eternidad”? Eso significa que para la mayoría de nosotros llega un punto
en la vida en que hemos vivido más del tiempo que nos queda por vivir. Tal
vez hayamos vivido sesenta años de vida y de no haber tragedia o
enfermedad, nos quedan entre veinte y treinta años. Empezamos a ver las
cosas muy diferentes, sabemos que el tiempo es corto y cómo lo utilizamos
toma otro significado. Empezamos a vivir más inteligentemente, no más
arduamente.
Ahora piense en Jesús, que viniendo de la eternidad a lo temporal se dio
cuenta cuán significante es cada día. Santiago dice: “Ustedes son como la
niebla, que aparece por un momento y luego se desvanece ” (Santiago 4:14).
Con esta perspectiva eterna Jesús dice algo que nos cuesta trabajo
comprender: “El que se apega a su vida la pierde; en cambio, el que aborrece
su vida en este mundo, la conserva para la vida eterna” (Juan 12:25).
¿Qué? ¿Debo odiar mi vida? Nos han enseñado justamente lo opuesto: que la
vida es para vivirla plenamente; que debe serie digna de publicación en las
redes sociales; que consiste en tener experiencias memorables. Pero si la
comparamos con lo que nos espera en la eternidad, esta vida no tiene valor
excepto en cuanto al impacto eterno. Lo único que nos podremos llevar con
nosotros son almas. Las riquezas verdaderas, en cuanto a Dios concierne,
son las almas de los hombres, no las experiencias gratificantes y ni siquiera
los grandes amigos, aunque estos tienen valor humano (Lucas 16:10-11). Sé
que le suena duro y hasta completamente equivocado a nuestros oídos
egocéntricos limitados a lo temporal.
Ahora sí podemos tratar con la pregunta: “Si nos está yendo tan bien (como
Iglesia) sin los dones del Espíritu, ¿por qué los necesitamos?
Debo decir claramente que no nos está yendo tan bien como Iglesia sin los
dones del Espíritu. Si medimos el éxito por la cantidad de personas que
logramos reunir durante una o dos horas por semana, ni siquiera en eso nos
está yendo bien. En realidad, estamos perdiendo la participación en el
mercado (o mejor dicho, el porcentaje de aquellos a quienes debemos
alcanzar) durante los últimos cincuenta años. Eso ya debería alarmar a la
Iglesia. Cada año el número de iglesias que estamos abriendo es igual al de
iglesias que estamos cerrando. Algunas iglesias están creciendo, pero a
expensas de las que se están cerrando. Pero la misión no es en llenar unos
cuantos edificios cada fin de semana; la misión es discipular a las naciones –
predicar por todo el mundo las buenas nuevas de que el Reino de Dios ha
llegado con poder (y que está a nuestro alcance).
En otras palabras, tenemos el enfoque equivocado. La meta no es reunir a
unas cuantas personas y tratar de cuidarlas dentro de nuestro edificio, sino de
llenarlos completamente con la compasión de Dios y enviarlos con el poder
del cielo. Y la razón por la cual no estamos enviando a más con la
compasión del cielo es porque hemos dejado al Espíritu Santo de lado en
nuestras reuniones. La meta de la Iglesia nunca ha sido ayudar a la gente a
ser más feliz aquí y ahora, a que aprendan a soportar sus problemas o que
encuentren un grupo agradable, aun cuando estas son añadiduras de la vida
en el Reino de Dios. La meta desde el principio ha sido llenar de tal manera
a la gente con el cielo, que lo único que puedan hacer sea regalarlo. Esto es
lo que sucedió en Hechos 2 y lo que significa “quedarse en la ciudad hasta
ser revestidos del poder de lo alto” (Lucas 24:49). Esto implica descubrir
que esta vida se debe “odiar” en comparación a la vida venidera. La única
manera en que la Iglesia cumpla su misión es con el poder del Espíritu Santo
– y una de las maneras primordiales en que el Espíritu Santo nos llena
suficientemente del cielo para regalarlo, es a través de la capacitación
sobrenatural del Espíritu Santo – es decir, Sus dones de manifestación.
¿Por qué debería desear al Espíritu en mi vida, cuando he visto a tantos
pastores o eventos raros en la iglesia en que “el Espíritu” supuestamente
estaba obrando?
Permítamever a esa pregunta tal y cómo está formulada. Sé que solamente
encuesté a jóvenes cristianos, pero esta pregunta no parece provenir de un
cristiano. “¿Por qué debería desear al Espíritu en mi vida?” Por supuesto que
sabemos que uno no puede hacerse cristiano con solamente hacer una
oración a un ser invisible para obtener un boleto al cielo. Es necesario nacer
de nuevo y Jesús dijo que nacer de nuevo es nacer del Espíritu. No se puede
ser cristiano sin tener al Espíritu Santo morando en uno.
Pero, dejando a un lado la ridícula noción de que uno podría ser cristiano sin
tener el Espíritu Santo, es interesante notar que en esta pregunta la presencia
del Espíritu Santo está asociada con lo raro – con pastores raros o eventos
extraños. Sé muy bien que hay gente que hace cosas raras en nombre del
Espíritu Santo. Pero me pregunto si hubiéramos considerado que el
ministerio de Jesús era demasiado raro como para tomarlo en serio. Por
ejemplo, pensamos que tal vez escupir en la lengua de un hombre o hacer
lodo con saliva y untarlo en los ojos de un hombre no era algo raro en los
días de Jesús. Pero sí lo era; es más, aún resucitar a los muertos no era algo
común y corriente.
Entonces, ¿bajo qué circunstancias, podríamos ver los milagros y sanidades
como aceptables y no como raros? ¿Podemos aceptar los milagros solamente
si han sido certificadas por los médicos (quienes por lo general no creen en
milagros ni en sanidades como una obra de Dios)? ¿Vamos a aceptar los
“movimientos de Dios” solamente si se llevan a cabo en una manera estoica
y clínica? ¿Quién tiene derecho a decidir qué es raro y qué no lo es?
Reconozco que las personas que hacen las cosas de forma distinta a la mía
me parecen “raros”. Y aun me lo digo a mismo en voz alta: “¡Qué raro!”
Hay muchos estilos de moda actual que me parecen raros y creía que ponerle
un huevo frito a una hamburguesa era raro hasta que la probé. Cuando fui a
Rusia y vi que los hombres se besaban en la mejilla me pareció raro. En
África los hombres se toman de las manos al caminar juntos, no porque sean
homosexuales, sino como expresión de amistad heterosexual; pero a mí me
parecía raro. El punto es que lo que se define como “raro” es relativo.
A fin de cuentas solo Dios puede decidir qué es extraño y qué no. Yo he
decido dejar que Él me use como él quiera – y si me da la opción (y
generalmente lo hace), lo puedo obedecer de forma que no sea rara. Pero
pregúntele a Ezequiel si acostarse sobre el lado izquierdo por 390 días y
luego sobre el derecho era raro (Ezequiel 4). Seguramente diría que fue más
que raro, pero que indudablemente fue obra de Dios. No debemos ser tan
rápidos para juzgar. Si tenemos suficiente sed, nuestras definiciones se
vuelven más flexibles; y posiblemente el problema sea cuestión de señorío.
¿Podemos tener todos los dones o solamente uno?
Para poder contestar esta pregunta claramente y con cuidado, debemos hacer
una distinción entre los dones del Padre (dones de motivación, Romanos
12), los dones del Hijo (dones de ministerio o liderazgo para la iglesia,
Efesios 4:11-12) y los dones del Espíritu (manifestaciones para el bien
común según el Espíritu lo determina, 1 Corintios 12). Es una distinción
importante porque la mayor parte de los inventarios de dones ponen a todos
los dones juntos, sin distinción y eso da la idea de que los dones le
pertenecen (permanentemente) a cada creyente. Los dones del Padre se
pueden describir como una posesión permanente del creyente porque forman
parte del diseño de Dios y le son dados a las personas mientras son formadas
en el vientre de su madre. Los dones del Hijo son permanentes en el sentido
de que representan un llamado a servir como líderes o edificadores de la
Iglesia y estos dones y llamados son irrevocables (Romanos 11:29).
Entonces podemos decir, “tengo tal don” y “tengo tal llamado”. Pero los
dones de la manifestación son distintos en cuanto a que van y vienen de
acuerdo con la necesidad. Todos podemos orar para ser usados para repartir
el mejor para cada ocasión. Pablo les dice a los Corintios: “Todo esto lo hace
un mismo y único Espíritu, quien reparte a cada uno según él lo determina”
(1 Corintios 12:11) y “Ustedes, por su parte, ambicionen los mejores
dones…” (1 Corintios 12:31).
Ahora bien, habiendo hecho la diferenciación entre los dones que son
posesión permanente del creyente y los que son manifestaciones temporales
y ocasionales, podremos decir que cada creyente que desea cultivar un
compañerismo con el Espíritu Santo con confianza y en obediencia sumisa,
puede ser utilizado para distribuir cualquiera de los dones manifestantes del
Espíritu (1 Corintios 12) según el Espíritu lo considere necesario en el
momento. Es cierto que ser usado por Dios tiene un elemento de fe y de
cooperación por parte del creyente, pero eso también es cierto en cuanto a
cualquier cosa que hagamos para cumplir con nuestra comisión y llamado en
el Reino. Deberíamos ambicionar, anhelar o encarecidamente desear ser
portadores y distribuidores de la compasión sobreabundante de Dios para
suplir las necesidades de la gente.
Recuerde que los dones no son la posesión del creyente a través del cual son
entregados. Al contrario, son dados según el Espíritu lo determina (1
Corintios 12:11), para el beneficio de los que necesitan ser bendecidos. Si
uno poseyera el don profecía, podría profetizar en cualquier momento. Pero
no funciona así. El Espíritu Santo es quien da el don y lo reparte a la persona
que necesita una profecía a través de cualquier persona que esté dispuesta a
cooperar con Él en ese momento. Entonces, dispóngase a cooperar con el
Espíritu Santo. Él puede repartir cualquiera de los dones a través de usted, de
acuerdo con la necesidad presente. Pablo nos dice: “ambicionen los mejores
dones” (1 Corintios 12:31). ¿Cuáles son los mejores dones? Los que van a
satisfacer la necesidad. Si hay una persona enferma, no necesita una palabra
de profecía, sino una sanidad. Pero si está tratando de tomar una decisión
crítica, un don de palabra de sabiduría es mejor que el de hacer milagros.
He orado por sanidad por varias personas pero no han sido sanadas. ¿Por
qué falló el don de sanar enfermos?
Recuerde, que los dones del Espíritu se manifiestan según el Espíritu lo
determina y no de acuerdo con nuestro deseo, aun cuando uno tiene
responsabilidad de administrarlos de forma apropiada. Esto no quiere decir
que Dios desea que algunos permanezcan enfermos y que otros sean
sanados. ¡No! Él pago el mismo el precio por la sanidad de cada persona que
por la salvación de cada persona (Isaías 53:3-5). Las buenas nuevas es que
hay muchas formas diferentes por medio de las cuales las personas pueden
recibir sanidad. La manifestación de los dones para sanar enfermos es solo
una de ellas. Él nos ha dado la orden, entre otras cosas, de imponer manos
sobre los enfermos para que recobren la salud (Marcos 16:18) o de llamar a
los ancianos de la iglesia para que oren por el enfermo, ungiéndolo con
aceite en el nombre del Señor (Santiago 5:12-15), orar la oración de fe
(Marcos 11:24) o creer y recibir la palabra de sanidad cuando sea dicha
(Mateo 8:16). No siempre que oro por los enfermos estoy obrando con un
don de sanidad, sino que estoy obedeciendo lo que Jesús nos mandó a hacer.
En estos casos, tanto mi fe como la de la otra persona juegan un papel y Dios
decide cómo y cuándo llegará la sanidad. Pero cuando está en operación la
manifestación del don de sanidad, la fe del enfermo no es indispensable sino
que la sanidad viene como un don gratuito de la compasión sobreabundante
de Dios, a través del Hijo, por medio del Espíritu Santo.
Entonces la pregunta es: ¿por qué no todos son sanados? Ese es un tema
amplio y muchos han escrito al respecto. Por ahora es suficiente decir que
vivimos en una era intermedia en el reino de Dios – en un ahora pero no
todavía. El reino ha venido (fue inaugurado con la resurrección de Cristo y el
derramamiento del Espíritu como garantía), pero no ha llegado
completamente en la consumación (la eliminacióntotal del pecado, la
enfermedad o el quebrantamiento). En esta época intermedia, todavía vemos
de manera indirecta y velada y el Reino se manifiesta, pero no
perfectamente. Pero tenemos lo suficiente del cielo para dar y comprobar
que el cielo es real y hacer que las personas deseen más de él. Es importante
dejar los “por qué” a Dios y enfocarnos en el “quien” y en el “cómo”: ¿quién
necesita lo que tengo? y ¿cómo puedo darlo de tal forma que lo puedan
recibir?
Cuando tenía diecisiete años, durante las vacaciones escolares, viajé con un
grupo llamado The Living Letters (Las Epístolas Vivientes). Para un joven de
Midland, Texas, el viajar de Dallas a Des Moines, a San Francisco y luego a
Los Ángeles, por Alburquerque a Jacksonville y de regreso a Dallas fue una
experiencia maravillosa. Terminamos la gira dirigiendo la alabanza para la
conferencia anual de la Fraternidad de Hombres de Negocios en el hotel
Spotter Hilton con Kathryn Kuhlman y Jerry B. Walker como los ministros
principales. En ese entonces yo era bastante cínico en cuanto a las cosas
mentecatas que se hacían pasar por ministerios sobrenaturales. Luego
comencé a ver a personas levantarse de camillas y sillas de ruedas, dejar a un
lado las muletas y quitarse los aparatos ortopédicos. Yo creía que había visto
muchas sanidades y dones del Espíritu, pero en esta ocasión vi más
sanidades y milagros que nunca antes. Empecé a tener más sed de cooperar
con Dios como fuera que Él quisiera usarme.
Un poco de tiempo después, Kathryn Kuhlman estuvo de invitada en el
programa de televisión de Johnny Carson – un programa nocturno de
variedad. Usualmente no me era permitido ver los programas nocturnos,
pero como era para ver a una evangelista conocida por los milagros, esta fue
una excepción. Johnny Carson le preguntó por qué en sus reuniones había
tanta gente que recibía sanidad y luego volvía a enfermarse. Le hizo la
pregunta para exponerla, pero jamás olvidare su respuesta. Ella dijo: “Estos
son dones de Dios que no requieren fe de parte de la gente. Son mi fe y mis
oraciones los que hacen que estos dones estén disponibles para ellos. Pero
como ellos no han desarrollado su propia fe para recibir sanidad, muchos no
tienen fe para conservarla. Y cerca del ochenta por ciento la pierde en el
curso de seis meses”.
No sé si Johnny Carson la seguía escuchando, pero yo sí. Los dones de
sanidad son distintos a la oración de fe, la sanidad por imposición de manos
o el creer lo que la Palabra de Dios dice acerca de ella. Los dones de sanidad
son exactamente eso – regalos gratuitos – y nosotros no podemos pretender
saber exactamente cómo o a quién el Espíritu Santo le va a dar estos dones.
Nuestro objetivo no es comprenderlo todo y tener respuestas para cada
pregunta, sino estar disponibles y dispuestos.
¿Por qué parece que hay más sanidades, milagros o dones en otros países?
Tengo una idea acerca de esto, que he desarrollado durante muchos años de
observación en cuanto a la fe. Pienso que el área en que más nos cuesta
creerle a Dios es el área de nuestra mayor habilidad. Si somos expertos en
cualquier materia, quiere decir que hemos adquirido conocimiento humano y
en esa área no vemos la necesidad de la ayuda de Dios. Pedro y algunos de
los discípulos eran pescadores profesionales y por lo tanto eran renuentes a
seguir las instrucciones de un rabino que les decía a qué lado debían echar
sus redes. Ellos eran los expertos. Los fariseos no querían escuchar a Jesús
interpretando las Escrituras. Ellos eran los expertos. Los oradores del
Areópago no quisieron escuchar al apóstol Pablo y se burlaron cuando lo
oyeron hablar de la resurrección porque habían estudiado a Platón, Sócrates
y Aristóteles.
En el mundo occidental nos hemos vuelto demasiado sabiondos para
necesitar a Dios. Sabemos cómo se comportan los gérmenes y qué
medicamentos tienen efecto sobre cuáles enfermedades. Nuestra primera
respuesta suele ser acudir a los remedios naturales o a la medicina en lugar
de acudir a Dios. Es difícil tener una fe sencilla acerca de aquellas áreas en
que hemos trabajado arduamente para llenarnos la cabeza con la educación
humana. Nos cuesta trabajo creerle a Dios en el área de nuestro
conocimiento. Esto no quiere decir que más vale ser ignorante, sino que es
mejor tener conocimiento espiritual que conocimiento intelectual. Cada uno
tiene su lugar.
Cuando he tenido oportunidad de ministrar en naciones subdesarrolladas
adonde hay mucha pobreza y escasos recursos médicos, la gente no tiene los
mismos tropiezos. Como no tienen otros recursos, necesitan que Dios los
sane. Los milagros y las sanidades se dan fácilmente en esas condiciones,
sobre todo en los países subdesarrollados que tienen un trasfondo católico,
porque las personas creen en Dios y en Jesús como el Hijo de Dios, pero
usualmente no lo han visto hacer lo que han escuchado que Él hace.
Entonces cuando uno les dice: “Él está aquí para sanarle” están listos para
recibir.
Cuando estábamos ministrando en la isla de Samar en las Filipinas, una
multitud llenó la plaza central. Había alrededor de 50.000 personas y otro
tanto más escuchando por radio. Predicamos un evangelio sencillo acerca de
la compasión de Dios expresada a través de Jesucristo. Noche tras noche le
hicimos una invitación a la gente que necesitaba sanidad y cada noche se
formaba una línea sin fin. A medida que alguien daba su testimonio, la línea
se alargaba más. Al fin de la semana hubo doctores y farmacéuticos del área
que nos demandaron porque se les había acabado su clientela. La gente
simplemente le creyó a Dios y Dios les dio dones.
Nuevamente le recuerdo que no estoy sugiriendo que la ignorancia es mejor
que la educación. Estoy diciendo que le debemos enseñar a la gente
sofisticada y educada la diferencia entre el conocimiento primario
(conocimiento espiritual) y el conocimiento secundario (concomimiento
intelectual). Debemos enseñar a los creyentes la diferencia entre el
“conocedor” (el espíritu del hombre) y el “pensador” (la mente humana).
Dios es espíritu (Juan 4:24), Sus palabras son espíritu y vida (Juan 6:33) y
solamente podemos conocerlo en nuestro espíritu (1 Corintios 2:4-14).
¿Qué porcentaje de sanidades cree que es genuino?
La respuesta sencilla es que considero que todas las sanidades son genuinas.
Si la gente es sanada, la sanidad es genuina – bien sea que haya sido por
medio de una palabra, imposición de manos con oración, lodo en los ojos,
bañándose siete veces en un rio sucio, medicinas o la recuperación del
proceso propio del cuerpo humano. Todas estas vienen de Dios.
Pero sospecho que este estudiante estaba preguntando acerca de los
ministerios de sanidad dentro de la iglesia y en particular los que se
autodenominan “sanadores de fe”. ¿Alcanza a percibir el escepticismo y
cinismo de la pregunta? En realidad lo aprecio. Cuando joven también me
cuestioné muchas cosas. Aprecio la autenticidad de la pregunta en busca de
una respuesta.
Piense acerca de esto: esta generación joven ha disfrutado los avances de la
tecnología desde nacimiento – más que cualquier otra generación. La
desventaja es que han sido criados como “objetivos de la mercadotecnia”.
Estos jóvenes saben que todas las personas y voces que les llegan a través de
la tecnología tienen un ángulo: una agenda escondida. Esta generación ha
visto más comerciales que cualquier otra. Es por eso que la nueva
generación cultural valora tanto la autenticidad y a la vez es tan suspicaz.
Por eso también valoran más las relaciones cercanas – los padres y madres –
que cualquier otra relación. Las encuestas nos dicen que aún si los padres
son delincuentes o malhechores, los jóvenes los ven como los de mayor
influencia en sus vidas. ¿Qué nos dice esto acerca de cómo alcanzar a esta
generación?
En mi respuesta a una pregunta anterior mencioné que Kathryn Kuhlman,
una evangelista reconocida por los milagros y sanidades de sus cruzadas dijo
públicamente que solamente el veinte por ciento de las personas que recibían
sanidad en sus reuniones habían sido realmentesanadas. Ella justificaba esto
explicando que a muchos les faltaba madurez en la fe para combatir al
enemigo y retener la sanidad que habían recibido. Jesús nos dice cómo los
pájaros vienen a robarse la semilla que ha sido sembrada en el corazón
(Marcos 4). Entonces para responder al preguntar, que cantidad de las
sanidades son genuinas significa que nosotros debemos entender todas las
maneras en que viene la sanidad. Esto significa que debemos comprender
que Dios puede usar alguien que no sea perfecto
– y aún que no esté sirviendo a Dios. Él utilizó a Balaán para profetizar
bendiciones sobre Israel (Números 22:38; 31:16; 2 Pedro 2:15). Utilizó a dos
hombres que rehusaron ir a la reunión de Moisés para profetizar (Números
11:27-28). Utilizó al rey Ciro, un líder gentil, para Sus propósitos en la
reconstrucción de Jerusalén (Esdras 6:3) y profetizó por medio de un
sacerdote corrupto llamado Caifás durante el juicio de Jesús (Juan 11:51). Si
tengo sed de Dios, no me importa si Él tiene que hablarme por medio de un
asno, ¡y tal vez aún lo pueda escuchar en la iglesia!
Nuestra prioridad tiende a estar en querer estar “en lo correcto” en lugar de
tener relaciones sanas y eso es lo que nos lleva a pensamientos de juicio.
Nos lleva a hacer preguntas como “¿cuántos son genuinamente sanados?”
Espero que haya captado mi corazón en estas páginas – que si usted ministra
como una expresión de la compasión sobreabundante de Dios, aún si se
equivoca o si alguien lo hace mal, Dios puede obrar. Si le ministramos a las
personas porque deseamos lo mejor para ellas como un fluir del amor de
Dios a través de nosotros, no tenemos que preocuparnos por semejantes
preguntas. No estoy diciendo que podemos descuidar nuestras vidas
personales o nuestro carácter y de todos modos nos va a ir bien.
Eventualmente sufrimos las consecuencias de nuestras acciones. Pero no
deje que los charlatanes o impostores le impidan buscar más de Dios, de
mantenerse lleno de Él y de ponerse a Su disposición. En lugar de estar
juzgando a los demás, enfóquese en cooperar con Dios.
¿Recuerda cuando Pedro le preguntó a Jesús acerca de lo que le iba a
suceder a Juan? Jesús le dijo: “Si quiero que él permanezca vivo hasta que
yo vuelva, ¿a ti qué? Tú sígueme no más” (Juan 21: 21-22). En otras
palabras, de nada vale preocuparse por cómo Dios va a perfeccionar Su obra
en las vidas de los demás. Dios es quien “puede guardarlos para que no
caigan” (Judas 24).
¿Cómo puedo saber cuáles manifestaciones del Espíritu son genuinas y
cuáles no?
Aquí nos encontramos nuevamente con la palabra “genuino”. Juan responde
esta pregunta claramente diciendo: “Queridos hermanos, no crean a
cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu, sino sométanlo a
prueba para ver si es de Dios” (1 Juan 4:1). Y Pablo también dice que “Por
eso les advierto que nadie que esté hablando por el Espíritu de Dios puede
maldecir a Jesús; ni nadie puede decir: «Jesús es el Señor» sino por el
Espíritu Santo” (1 Corintios 12:3). Una buena forma de probar si las
manifestaciones son genuinas es ver si apuntan a Jesús como Señor y si
atraen a la gente al corazón del Padre. Aun cuando nos parezcan “extrañas”,
debemos saber que Espíritu Santo está más interesado en que la gente sea
reconciliada con Dios que nosotros mismos.
Hay muchas personas que han recibido palabras proféticas negativas o
pesimistas. ¿Por qué Dios hace eso?
Anteriormente hablé de la diferencia entre la profecía de inspiración y la de
revelación. Todos los creyentes pueden profetizar siempre y cuando que la
profecía sea para edificación, ánimo o consuelo (1 Corintios 14:3). Quienes
tienen el llamado al ministerio del profeta pueden ser usados por Dios para
hacer declaraciones sobre naciones, ciudades o iglesias y estas pueden
acarrear corrección; pero en general la profecía del Nuevo Testamento es
muy diferente a la del Antiguo Testamento. Jesús cargó con todo el juicio en
la cruz y ahora ministra compasión a través de Su Iglesia. Aun cuando haya
un elemento de advertencia o de corrección, la persona que profetiza tiene la
responsabilidad de darla en tal forma que edifique, anime y consuele.
Si ha escuchado palabras proféticas negativas y pesimistas, lo siento.
Seguramente fueron dadas por personas que no han sido bien instruidas en
las cosas del Espíritu. Seguramente estaban haciendo lo que habían visto a
otros hacer y pensaban que en eso consiste la profecía. A veces oímos malos
predicadores que no han sido bien instruidos y que usan versículos fuera de
contexto; pero no por esto deducimos que toda la predicación es falsa.
Tampoco podemos deducir que los dones son ilegítimos porque hemos visto
que algunos los usan mal. Simplemente no han tenido buena enseñanza o
buenos modelos a seguir.
¿Tengo que poder escuchar a Dios antes de moverme en los dones? ¿Tiene
que ser un impulso del Espíritu Santo? ¿Cómo puedo distinguir ese
impulso?
No le puedo dar una respuesta amplia a esta pregunta, porque solo sé cómo
me usa a mí el Espíritu Santo. Es evidente que Él obra de diversas formas en
diferentes personas (diversidad de dones, funciones y maneras de servir – 1
Corintios 12:4-6). Si entendemos que los dones de manifestación son una
forma de cooperar con el Espíritu Santo en Su ministerio, entonces podemos
asumir que el portador debe tener algo de entendimiento de que está
repartiendo un don.
Para mí generalmente comienza con una palabra de conocimiento. El
Espíritu me indica que alguien tiene una necesidad particular y que debo
ayudarle. A veces en la iglesia he tenido un “sentir” de que Dios quiere sanar
alguna enfermedad y a veces he sentido los síntomas de la enfermedad en mi
propio cuerpo. Al comienzo esto me era muy confuso porque sentía dolores
o sensaciones extrañas y, como muy rara vez me enfermo, era difícil de
discernir. Pero a través de la oración intercesora he aprendido que estos son
síntomas empáticos y que el Espíritu Santo los usa para indicarme lo que Él
quiere hacer. Entendí que lo que yo sentía era lo que alguien en mi
congregación estaba sintiendo. Como pastor, cuando esto me ha pasado, he
mencionado la enfermedad (o los síntomas) invitando a las personas a recibir
la sanidad que Dios tiene para ellos. He descubierto que cuando uno declara
o anuncia el don que Dios está ofreciendo, la fe de las personas aumenta. Es
como si Jesús estuviera presente físicamente diciendo: “Estoy aquí; ¿qué
quieres que haga por ti?” (Marcos 10:51).
En otras ocasiones he tenido un sentir en mi “conocedor” (mi espíritu) de lo
que Dios quiere hacer en el servicio que está a punto de empezar. Jesús dijo
que el Espíritu Santo nos guiará a toda la verdad y nos anunciará las cosas
que están por venir (Juan 16:13). Esto incluye el darnos a saber las cosas
antes de que pasen. Como pastor aprendí a orar en el Espíritu antes de cada
servicio y muchas veces Él me ha mostrado lo que iba a llevarse a cabo en el
servicio. A veces me muestra cómo debo hacer el cierre del servicio y a
veces me muestra cosas específicas que quiere que ministre durante el
servicio.
Mi esposa y yo íbamos a ministrar en San Juan, Argentina, hace unos años.
Habíamos viajado toda la noche en bus desde Buenos Aires, sobra decir que
no habíamos dormido mucho y llegamos a San Juan un par de horas antes
del servicio. Solo tuvimos tiempo para bañarnos y vestirnos para ir a la
iglesia. Estaba cansado y le pedí al Señor que me diera fuerza sobrenatural y
algo especial para la gente que nos estaba esperando con ansias. Cuando
llegamos a la iglesia encontré un lugar callado y me puse a orar en el
Espíritu y a escuchar. Entonces Él me dijo: “Esto va a ser fácil”. Y cuando lo
oí decir eso, vi lo que iba a pasar en el servicio. Me vi a mí mismo
predicando y que mientras predicaba había diferentes personas que a medida
que recibían un don de sanidad se ponían de pie a manera de agradecimiento.
Vi a muchas personas que se ponían de pie y se volvían a sentar, no por un
llamado al altar, sino porque estaban recibiendo dones durante el sermón.
Con esa palabra enmi espíritu sentí que mis fuerzas eran renovadas. Yo
sabía que sabía que iba a ser fácil (desde un punto de vista natural). Tomé
asiento al lado de mi esposa y disfrutamos de la alabanza y la adoración de
esa iglesia. Cuando nos presentaron a la congregación (era la primera vez
que íbamos allá) simplemente les compartí lo que había visto. Entonces
empecé a predicar y tal como lo había visto, durante todo el sermón
diferentes personas estuvieron recibiendo sanidad, poniéndose de pie y
volviéndose a sentar. Sí, fue fácil. Es uno de los días más fáciles que he
tenido en el ministerio. El Espíritu Santo mostró Su poder en mi debilidad.
Su yugo es fácil. En cuanto a las cosas del Espíritu no hay que luchar.
Salimos de ese servicio y estuvimos ministrando en otras ciudades antes de
regresar el miércoles siguiente a la iglesia de San Juan. ¿Cree que fue
alguien al servicio? ¡Por supuesto! La iglesia estaba repleta de gente – tanto
que algunos estaban parados en los pasillos y en el atrio. Donde está el
Espíritu del Señor, ahí hay libertad (2 Corintios 3:17).
¿Qué efecto tiene mi vida (y mi pecado) sobre los dones?
En mi humanidad me gustaría poder decirle que Dios no lo va a usar a
menos que esté andando en perfecta rectitud. Sería más fácil para nosotros
discernir lo bueno y lo malo en cuanto al ministerio si Dios revocara los
dones y los llamados cuando alguien está andando en pecado. Pero la
realidad es que Dios no es tan severo como nosotros. No estoy diciendo que
Él bendiga una vida pecaminosa. Es cierto que algún día vamos a rendir
cuentas de todas las obras que hemos hecho en la tierra (Mateo 12:36). Pero
la compasión de Dios por quienes necesitan Sus dones es más grande que la
molestia que siente al tener que darlos a través de vasijas imperfectas. Como
lo expliqué en una pregunta anterior, Él usa personas muy imperfectas
(como Balaán, Ciro, David, Salomón, Pedro, Pablo, etc.).
Podría nombrar varios ejemplos famosos de predicadores que siendo usados
poderosamente por Dios en sanidad y liberación se creyeron la mentira de
que como Dios los seguía usando cuando habían caído, seguramente era un
indicio de que Dios les estaba dando licencia para seguir por mal camino.
Este es el engaño más grande de Satanás: “Mira cuánto tiempo llevas
sirviendo a Dios y mira cuánto te está usando. ¡Te mereces algo de
tratamiento especial!”
Todo creyente debe estar atento a dos cosas en cuanto a la cooperación con
el Espíritu en el ministerio: (1) uno es más susceptible a la tentación cuando
está cansado física y mentalmente y (2) cuando uno se mueve en las cosas de
Dios va a estar expuesto a emociones muy poderosas – de hecho la
adulación y el poder pueden ser adictivos. Sansón se engañó pensando que
siempre iba a tener el poder de Dios a su disposición hiciera lo que hiciera.
El Espíritu de Dios siempre descendía sobre él para hacer hazañas
milagrosas aun cuando estaba violando su voto nazareo. Unas de las palabras
más trágicas de la Biblia se refieren a Sansón: “Pero no sabía que el Señor
lo había abandonado” (Jueces 16:20).
Hay un nivel en el que el Espíritu de Dios ministra a través de uno a pesar de
uno mismo. Y eso puede ser engañoso. Por otro lado uno puede ocuparse
tanto de hacer las obras de Dios que se olvida de la relación con el Dios de la
obra y empieza a ignorar Su voz. Su voz se vuelve un murmullo débil y nos
hacemos susceptibles a los espíritus familiares. Llega un punto en que
deseamos o necesitamos dirección espiritual tan desesperadamente (o
buscamos algún don de palabra porque las personas lo esperan de nosotros)
que estamos dispuestos a recibirlo de donde venga. La única respuesta es la
humildad, el quebrantamiento y la dependencia constante del Señor, lo que
debe ser cultivado diariamente pasando tiempo con Él. Sí, nuestra vida
personal puede tener un impacto directo, para bien o para mal, en cuanto a la
operación de los dones del Espíritu a través nuestro.
¿Qué puedo hacer en cuanto a los dones del Espíritu si mi iglesia los
rechaza?
Iniciar un cambio de abajo hacia arriba generalmente no es efectivo. Si usted
tiene sed de ver los dones del Espíritu en su vida pero su iglesia no los
reconoce y no enseña acerca del ministerio de Jesús a través de los dones de
la sobreabundancia de Dios, entonces tiene tres opciones básicas.
Primero, acuda a sus pastores y dígales que está interesado en que Dios los
use de esta manera y pídales sus sugerencias y su guía. Este es un acto de
humildad como alguien que honra a sus líderes y puede ser una forma en que
Dios les hable.
Segundo, pídale a Dios que lo use de forma personal para bendecir a otros
sin necesidad de hacer alarde o publicidad – pero teniendo en cuenta que las
palabras proféticas deben ser juzgadas por quienes dan cobertura espiritual.
Uno siempre debe rendir cuentas en cuanto a los dones del Espíritu; pero no
necesita de una plataforma ni de reconocimiento público.
Finalmente, tal vez necesite encontrar una iglesia que apoye, enseñe y anime
a las personas a moverse en los dones del Espíritu para que pueda crecer y
florecer con supervisión adecuada. Pero, haga lo que haga, no asuma que
Dios lo está usando para efectuar un cambio en la dirección o la doctrina de
su iglesia si usted no está en posición de liderazgo. Eso siempre lleva a
discordia y división y nunca termina bien. Dios no es autor de confusión.
¿No es cierto que a Dios le interesa más nuestro carácter que nuestros
dones o carisma?
Hay una noción popular que se ha diseminado durante muchos años y es
buen material para un sermón: que el carácter y el carisma son opciones
mutuamente excluyentes. De hecho esta pregunta no tiene sentido porque el
carácter no es algo que podemos desarrollar por nuestros propios medios
sino que es el resultado de la obra interna del Espíritu Santo. De otra forma
el fruto no es Suyo. Lo cierto es que tanto el fruto como los dones del
Espíritu provienen de la misma fuente: son la obra del Espíritu en nuestras
vidas. Es una perspectiva mecánica del cristianismo la que sugiere que lo
uno es más importante que lo otro. Por esto tenemos que entender bien que
los dones del Espíritu son un fluir de la naturaleza de amor y compasión
infinita de Dios y que Su naturaleza nunca cambia.
Hay líderes muy bien intencionados que quieren que los cristianos crezcan
en madurez espiritual. Todos los pastores quieren que los miembros de su
rebaño tengan el carácter de Cristo, que sean transformados a Su imagen
para que puedan tomar decisiones sabias, para que amen a Dios y para que
amen más a su prójimo que a sí mismos. Pero muchas veces esta prioridad
en la virtud cristiana y la ética se promueve contrastando el carácter con los
dones. Generalmente se hace una pregunta así: “¿Qué preferiría, que una
persona tenga el carácter de Cristo o los dones del Espíritu?” A veces se dice
de esta forma: “¿Preferiría tener el fruto del Espíritu o los dones del
Espíritu?” La pregunta parece tener perfecto sentido y lleva a las personas a
cuestionar sus prioridades. La mayoría de los creyentes han crecido
pensando que tanto el carácter (el fruto) como los dones son deseables.
Entonces, ¿por qué tenemos que escoger lo uno o lo otro? Es posible (y
deseable) tener tanto el carácter como los dones.
¿Por qué tenemos que escoger lo uno o lo otro? Si los dones son el fluir de la
de la naturaleza de amor y compasión infinita de Dios que nunca cambia,
entonces ¿por qué tendríamos que prescindir de ellos para tener buen
carácter? Lo cierto es que tanto los dones como el carácter – los dones del
Espíritu y el fruto del Espíritu – son el resultado de la obra del Espíritu en el
interior de la persona. Ambos provienen del Espíritu Santo y ambos son el
resultado de una llenura de Dios que nos permite ser canales de Su amor, Su
perdón y Su bendición.
¿Por qué decimos que es lo uno o lo otro? Una razón por la que pensamos
que estas dos obras del Espíritu son mutualmente excluyentes es porque no
reconocemos realmente que el fruto del Espíritu es algo que Él hace en
nosotros, sino quecreemos que es lo que nosotros hacemos en obediencia a
los mandamientos de Jesús. Hemos hecho de la vida cristiana una serie de
decisiones (al estilo romano) en lugar de una llenura sobreabundante de la
Persona de Jesús, quien es “la plenitud de la divinidad”. La oración de Pablo
denota su deseo de que los creyentes “vivan de manera digna del Señor,
agradándole en todo … [y dando] fruto en toda buena obra” (Colosenses
1:10). Esto suena como algo que me corresponde hacer a mí: tomar
decisiones sabias para hacer las cosas debidas y abstenerme de hacer las
indebidas.
Lo que no vemos en esa ecuación es que antes de esta parte de la oración,
Pablo hace énfasis en lo que Dios hace y no en lo que nosotros hacemos.
Antes de decir que desea que vivamos de manera digna, ora para que “Dios
les haga conocer plenamente su voluntad”. La palabra griega pleroma que
se traduce como “plenamente” indica una llenura copiosa, sobreabundante,
desbordante. Pablo siempre habla de ser llenos de Dios antes de hacer
cualquier cosa. Ser es más importante que hacer – y el ser llenos es por
iniciativa de Dios, no nuestra.
Francamente, otra razón por la cual se presentan el carácter y los dones
como antagonistas es porque muchas personas solamente han oído las
“historias de terror” de los sanadores de fe y charlatanes que abusan al
Cuerpo de Cristo. Si nuestro único concepto de los dones del Espíritu es por
medio de quienes los abusan egoístamente, entonces es fácil ver por qué se
hace énfasis en el carácter por sobre los dones. Pero no es necesario
contraponerlos ni elevar lo uno por sobre lo otro, como si lo uno fuera más
importante o más espiritual que lo otro.
En los Estados Unidos hay un comercial de cerveza cuyo protagonista es “el
hombre más interesante del mundo”. Al cierre de cada comercial dice: “Siga
sediento, amigo”. ¿Qué quiere decir con esto? Siga buscando más aventuras
porque esta vida es todo lo que hay. Pero yo le digo: “Viva lleno, amigo”.
Ame a Dios, ame a los demás y manténgase lleno hasta rebosar – tanto de
los dones como del carácter de Cristo. Lo invito a beber de aquel que es la
fuente de todo lo eterno. En Su llenura no hay escasez. Mientras más dé, más
va a tener.
APÉNDICE DOS
Recursos recomendados
Desafortunadamente no conozco los recursos que están disponibles en
español para poder recomendárselos. Pero espero que estos recursos en
inglés le sean de ayuda:
Baker, Heidi. Birthing the Miraculous: The Power of Personal Encounters
with God to Change Your Life. Lake Mary, FL: Charisma House, 2014.
Bell, James S. and Stephen R. Clark. Christian Miracles: Amazing Stories of
God’s Helping Hand. Avon, MA: F+W Publishing, 2005.
Bennett, Dennis and Rita. The Holy Spirit and You. Alachua, FL: Bridge-
Logos, 1998.
Bonnke, Reinhard. Taking Action: Receiving and Operating in the Gifts and
Power of the Holy Spirit. Charisma House: Lake Mary, FL. 2012.
Clark, Randy. The Essential Guide to the Power of the Holy Spirit: God’s
Miraculous Gifts at Work Today. Shippensburg, PA: Destiny Image, 2015.
Cook, Graham. Developing your Prophetic Gifting. Grand Rapids: Chosen
Books, 2003.
Drain, Wayne and Tom Lane. He Still Speaks: Embracing the Prophetic
Today. Southlake, TX: Gateway Create, 2012.
Hayford, Jack. The Beauty of Spiritual Language. Nashville: Thomas
Nelson, 1996.
___________. The Finger of God. DVD. www.jackhayford.org.
Hayford, Jack, ed. The Hayford Bible Handbook. Nashville: Thomas Nelson,
1995.
Hagin, Kenneth E. The Holy Spirit and His Gifts Study Course. Tulsa, OK:
Rhema Bible Church, 1991.
___________. The Gifts of the Spirit: Unlocking the Mystery of Spiritual
Gifts. Tulsa, OK: Rhema Bible Church, 2013.
Horton, Harold. The Gifts of the Spirit. The Revival Library: www. revival-
library.org, public domain.
Ireland, David. Activating the Gifts of the Spirit. New Kensington, PA:
Whitaker House, 1997.
Keener, Craig S. Gift and Giver: The Holy Spirit for Today. Grand Rapids:
Baker Book House. 2001.
Liardon, Roberts, ed. Smith Wigglesworth: The Complete Collection of His
Life and Teaching. Tulsa: Albury Publishing, 1996.
__________. Smith Wigglesworth on the Power of Scripture. New
Kensington, PA: Whitaker house, 1998.
__________. Compiled by Copeland Ministries. John G. Lake: His Life, His
Sermons, His Boldness of Faith. Ft Worth: Kenneth Copeland Ministries,
1994.
McNutt, Francis. The Power to Heal. Notre Dame: Ave Maria Press, 1997.
__________. Healing. Notre Dame: Ave Maria Press, 1994.
Prince, Derek. Gifts of the Spirit: Understanding and Receiving God’s
Supernatural Power for Your Life. New Kensington, PA: Whitaker House,
2007.
Sanford, Agnes. The Healing Gifts of the Spirit. New York: HarperCollins
Publishers, 1966.
Sumrall, Lester. The Gifts and Ministries of the Holy Spirit. New
Kensington, PA: Whitaker House, 2005.
Referencias
1 ¿Estamos satisfechos con medir cantidad de personas, de dinero o de
edificios? ¿Hemos dejado a un lado la idea de hacer discípulos porque
pensamos que es imposible medir la transformación espiritual? Cuando
estaba de pastor principal en una iglesia en Houston, desarrollé los “Reportes
del Reino”. Los miembros de la iglesia traían reportes de cómo habían
participado en el ministerio en el curso de la semana – salvaciones,
bautismos, sanidades, orando por otros, etc. Teníamos un recuadro en el
boletín dominical donde publicábamos cómo estábamos participando en el
Reino de Dios durante la semana. Si lo que se dice en el mundo de los
negocios es cierto – que lo que se mide es lo que se obtiene – entonces yo
quería medir las cosas que tienen valor real. Era una forma de medir la
transformación espiritual de las personas que Dios había puesto a mi
cuidado. Esta es solo una; pero hay diferentes formas de ayudar a las
personas a tomar nota de su cooperación en el ministerio en sus vidas
cotidianas.
2 La carta original (en inglés) se encuentra en http://www.theologyinworship.
com/2015/05/13/dear-church-an-open-letter-from-one-of-thosemillennials-
you-cant-figure-out/#more-1050.
3 Anotaciones de la clase sobre “El Ministerio del Reino de Dios” dictada
por Jean Darnall en el seminario del “Ministerio de Sanidad” en The King’s
University, Van Nuys, California, Febrero 27, 2008.
4 Roberts Liardon, ed. Smith Wigglesworth: the Complete Collection of His
Life and Teaching (Tulsa: Albury Publishing, 1996), 815-6.
5 Carroll Thompson ha trabajado como profesor en Cristo para las Naciones
(Dallas, TX) por más de 35 años. Escribió varios cursos, incluyendo Poseed
la Tierra , que tiene que ver con la guerra espiritual y la liberación.
http://www.carrollthompson.org/.
6 La Conferencia Bautista levanta la prohibición de hablar en lenguas –
http:// www.joy105.com/southern-baptist-convention-lifts-ban-on-speaking-
intongues/.
7 Este es el título que usa el Pastor Robert Morris en su libro acerca del
bautismo en el Espíritu Santo.
8 El lenguaje spiritual es una experiencia que resulta del Bautismo en el
Espíritu Santo. Aunque muchos lo llaman “don de lenguas”, esta
terminología es confusa porque no hace distinción entre glossolalia como el
don de manifestación de hablar en diversas lenguas (conforme el Espíritu
dispone) y glossolalia como un lenguaje de oración personal (conforme el
creyente dispone).
9 Tengo una serie de enseñanzas en inglés acerca de este tema.
10 Leonard Sweet, Soul Tsunami: Sink or Swim in the New Millennium
Culture. 1999.
11 He estudiado bajo el ministerio del Pastor Jack Hayford durante más de treinta años. Esta cita, que
se le atribuye a Martín Lutero, puede estar en el libro del Pastor Hayford llamado “La Oración es la
Invasión de lo Imposible”. Lutero dijo: “La oración no es vencer la renuencia de Dios. Es asir Su
voluntad”.
Acerca del autor
Kerry Wood tiene pasión por el cristianismo auténtico que se vive en el
poder del Espíritu Santo. Lleva más de treinta años de ministerio
enfocándose en el liderazgo de la iglesia local, en movimientos de oración y
en iniciativas de transformación comunitaria. Ha participado en la fundación
de varias iglesias en losE.E.U.U. y Europa, y ha dictado conferencias para
líderes en más de veinte países. También ha escrito artículos y muchos
materiales de ministerio y de estudio bíblico, y ha producido materiales de
enseñanza audiovisual.
Como pastor de iglesia, profesor de seminario y miembro de la Sociedad de
Estudios Pentecostales de los Estados Unidos, Kerry hace énfasis en la
cooperación con el Espíritu Santo, la oración intercesora, el estudio de la
Biblia, la capacitación de los líderes de la iglesia conforme a Efesios 4 y la
obra misionera. A Kerry le encanta guiar a las personas a recibir el bautismo
en el Espíritu y cultivar la cooperación con el Espíritu Santo mediante los
dones. Su filosofía de vida y ministerio se basa en “ser” antes de “hacer” y
en la llenura de Dios como la fuente de toda actividad.
Kerry tiene un Doctorado en Ministerio y una Maestría en Divinidades de
The King’s University (Los Ángeles), una Maestría en Literatura Bíblica del
seminario Assemblies of God Theological Seminary y un grado en
Ministerio Cristiano de la universidad Southwestern Assemblies of God
University.
Kerry vive con su esposa, la doctora Ana (Chiqui) Wood y tiene cuatro hijos
adultos: Robert, Geoffrey, Audrea y Lauren.
DrKerryWood.com &
TableOfFriends.com
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