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Chloe Saint - Captive Beauty

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Emma James

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Contenido 
Contenido ......................................................................................... 3 
Sinopsis ............................................................................................ 4 
Uno ................................................................................................... 5 
Dos ................................................................................................. 10 
Tres ................................................................................................ 26 
Cuatro ............................................................................................ 35 
Cinco .............................................................................................. 44 
Seis ................................................................................................. 51 
Siete ................................................................................................ 56 
Ocho ............................................................................................... 62 
Nueve .............................................................................................. 71 
Diez ................................................................................................ 75 
Once ............................................................................................... 82 
Doce................................................................................................ 85 
Trece ............................................................................................... 92 
Catorce ........................................................................................... 97 
Quince .......................................................................................... 100 
Dieciséis ........................................................................................ 103 
 
 
 
Sinopsis 
na inocente cautiva. Cuatro hombres con venganza en sus 
mentes. 
Vinieron por mí en una helada noche de invierno. 
Me robaron mientras dormía. 
Ahora estoy atrapada en su guarida, tan indefensa como un pájaro con 
las alas rotas. 
Y yo soy de ellos, en cuerpo y alma. 
Me reclamarán, marcarán y poseerán. 
Detrás de sus oscuros deseos hay un secreto que necesito aprender si 
alguna vez voy a escapar. 
Pero… ¿y si no quiero? 
Este es un romance oscuro de Harem inverso, y contiene temas maduros 
que harán que tu pulso se acelere… ¡es solo para lectores maduros! 
 
U 
 
Uno 
oces. 
Pasos. 
Peligro. 
Algo me erizó los vellos de la nuca. 
Me desperté en medio de la noche, con la boca como si estuviera llena 
de bolas de algodón, y mis ojos casi se niegan a abrirse. 
Al principio, estaba confundida por mi estado al despertar. Por lo 
general tenía el sueño profundo. Entonces mis ojos se adaptaron a la luz, y 
vi a mi hermana Lenny frente a mí, luchando en los brazos de un gigante 
con una máscara. Ella jadeó por aire y luchó por gritar, pero él le tapó la 
boca con un trapo y ella se dejó caer inconsciente. 
Abrí la boca para gritar, pero mi voz fue amortiguada rápidamente por 
una mano grande y enguantada casi del tamaño de mi rostro. 
—No lo haría si te importa la seguridad de tu hermana —susurró una 
voz oscura en mi oído. Mis ojos se movieron frenéticamente, tratando de 
encontrar algo, cualquier cosa, para luchar contra él. Como si sintiera mis 
intenciones, se rio entre dientes, un sonido que hizo que los vellos de mis 
brazos se erizaran de miedo. 
—La gatita tiene garras —murmuró él, y me arrastró por el cabello, 
metiéndome un trapo en la boca para que no pudiera pedir ayuda. Luego 
me empujó boca abajo sobre la cama, sosteniéndome allí por el cuello. Podía 
sentir la fuerza en sus manos. Probablemente podría romperme el cuello sin 
esforzarse mucho. Me sentía como un pequeño conejo en las fauces de un 
león. 
—¿Es ella? —gruñó otra voz. Mi corazón se revolvió en mi pecho como 
un animal salvaje cuando apareció un segundo par de pies embotados. 
V 
 
Para mi horror, su mano ahuecó mi trasero y lo apretó, moviéndose 
para frotar la raja de mi trasero de manera sugerente. Jadeé a través de la 
mordaza, tratando de alejarme del contacto, pero la mano que me sostenía 
era fuerte como una barra de acero. 
—Nada de eso ahora —dijo la voz que reconocí como mi primer captor. 
Parecía divertido, el bastardo—. Tendremos tiempo suficiente cuando 
estemos en casa. 
—¿Estamos seguros de que es ella? —gruñó el segundo hombre—. No 
queremos regresar a casa con la equivocada. 
—Lo comprobé —dijo el primero con impaciencia—. Y ella tiene espíritu, 
de todos modos. 
—Me gusta tomarme mi tiempo para romper nuevas potrillas —dijo el 
segundo hombre, y movió su mano entre mis piernas. Las cerré de golpe, 
atrapando su mano entre ellas y se echó a reír, encantado. Eso llevó miedo 
a mi corazón como nunca nada lo había hecho. 
¿Quiénes son estos psicópatas? Pensé, ¿y dónde estaba papá? Habían 
noqueado a Lenny, por alguna razón, y por la forma en que hablaban, 
parecía que solo tenían la intención de llevarme. 
¿Era este el plan de papá? No lo pondría por debajo de él. Pensé en 
todos los demás visitantes nocturnos que me forzó a tener a lo largo de los 
años. Pensé que, al menos en este pueblo en la mitad de la nada, lejos de 
sus socios comerciales, al menos me ahorraría eso. Pero estaba claramente 
equivocada. 
—Entiendo a qué te refieres —dijo el segundo hombre, sonando 
satisfecho incluso cuando encontró mi entrada con la mano atrapada y pasó 
un dedo cruel por la tela de mi camisón. Luché y jadeé contra la mordaza, 
el movimiento lo suficiente como para liberarme de su mano. 
Me dio una palmada en el trasero y dijo: 
—Haré todo lo posible para que sea más… cooperativa. 
—No hasta que le hayamos explicado las cosas, Killian —dijo el primer 
hombre, quien, aunque parecía un bruto, al menos no me había maltratado 
así… todavía. Me estremecí y dejé que mi cuerpo yaciera sin fuerzas. Tenía 
una vaga y débil esperanza de que, si era callada y complaciente, me 
dejarían ir. 
—¿La encontraste? —Llegó una tercera voz aburrida—: Buscamos en 
el resto de la casa, más les vale que esta valga la pena. 
 
Eso hizo que mi piel se erizara de miedo. Era tan frío y distante. No 
brutal, como el segundo hombre, ni impersonal como el primero. El tercer 
hombre ni siquiera parecía pensar en mí como humana, más bien como una 
bestia para ser capturada y domesticada. 
Escuché sus pasos acercándose a la cama. 
—Ah —dijo, y pasó su mano sobre la parte posterior de mi cuerpo, ligera 
como una pluma. No era como la caricia de un amante. No, era más como 
el toque de un hombre que quería ver las proporciones de su caballo antes 
de decidirse a comprarlo—. Muy bonita. —Hizo una mueca de desprecio—. 
Pero nada como la recuerdo. Se ha vuelto demasiado suave para mi gusto. 
La partiría en dos. 
—Ella es la que queremos —dijo la voz del segundo hombre 
obstinadamente—. Todos estuvimos de acuerdo. 
La voz del tercer hombre fue áspera para mis oídos cuando dijo: 
—Supongo que pronto descubriremos si ella vale la pena. 
Su mano subió por mis omóplatos y fue a la base de mi cabeza, pasando 
dedos inteligentes sobre mi cuero cabelludo antes de empuñar mi cabello y 
levantarme la cabeza con una fuerza que me hizo jadear a través de la 
mordaza. Mi cabeza se arqueó hacia atrás y se encontró con su máscara 
negrainescrutable, idéntica a las que usaban los otros dos hombres. 
—Hola, Belle —dijo, y vi el vicioso brillo blanco de sus dientes a la luz 
que entraba por la ventana—. No pareces muy feliz de vernos —dijo antes 
de inclinarse y capturar mi boca en un beso abrasador y violento. 
Usó sus dientes y su boca ardía como fuego, metiendo su lengua en mi 
boca indefensa, mordiendo mis labios con una ferocidad que los dejó 
hormigueando. Yo estaba gimiendo, en parte por el dolor de él tirando mi 
cabello y en parte por la fuerza del beso. Me dejó ir abruptamente y mi 
cabeza cayó hacia adelante, flácida. Estaba aturdida, exprimida como un 
trapo usado. 
Por un momento, el único sonido en la habitación fue mi fuerte y 
conmocionada respiración. 
—No más —dijo el primer hombre, su tono era de advertencia—. Aún 
no. No queremos que la hermana despierte. 
—¿Qué hay del querido papá? —dijo burlándose la voz del segundo 
hombre. 
 
Mi corazón latía más rápido. ¿Qué le habían hecho a papá? ¿Dónde 
había estado el tercer hombre todo este tiempo? 
Él estaba metido en todo esto, todavía estaba segura de ello. Pero, ¿por 
qué organizar esta visita de medianoche con Lenny aquí? Y todo en estos 
hombres decía que estaban familiarizados con la violencia. Me sentí mal al 
pensar que podrían haberle hecho algo mientras me buscaban. 
—Escondiéndose en su baño —dijo el hombre de voz fría con un 
resoplido—. Me dijo que podíamos tomar lo que quisiéramos siempre que lo 
dejáramos ir. No le dije que aún no teníamos intención de lastimarlo. 
—¿Te reconoció? —preguntó el primer hombre con un toque de 
curiosidad. 
—No. No dejé que me viera la cara, y de todos modos han pasado diez 
años. No creo que él haya notado mucho de mí entonces. Demasiado 
ocupado centrándose en los posibles inversores. 
—Qué cobarde —dijo el segundo hombre con desprecio—. Bueno, 
llevemos esta belleza con nosotros. Ya estoy duro como una roca. 
Luché y lloriqueé patéticamente como una cabra llevada al matadero 
cuando las manos familiares del primer hombre me levantaron y me 
arrojaron sobre su hombro como un saco de papas. 
Sus músculos se movieron debajo de mí mientras dirigía a los tres 
hombres fuera de mi pequeña habitación, bajando las escaleras y fuera de 
la casa. Fueron sorprendentemente silenciosos para ser hombres tan 
grandes y pesados. 
Mi mente se tambaleó por la conversación que escuché sobre papá. 
¿Entonces no estaban aquí originalmente para un robo? Parecía que 
conocían a papá desde hace mucho tiempo, pero ¿cómo? Sonaban como si 
lo odiaran. Quizás me estaban tomando por venganza. 
Me pude haber reído. No sabían que para papá, yo valía menos que sus 
mocasines italianos. Él habría besado sus pies por aceptar quitarme de sus 
manos ahora que había superado mi utilidad. 
Otras cosas que los hombres habían dicho me asustaron. Y pensé en 
la forma en que el tercer hombre había saqueado mi boca, y en la audaz 
forma en que el segundo había explorado entre mis piernas, y me estremecí 
de nuevo. 
¿Qué me iban a hacer? Me pregunté impotente. Mi mente voló a través 
de escenarios, cada uno peor que el anterior. Cada uno hacía que la muerte 
pareciera la opción más atractiva. 
 
Cuando salimos de la casa, el aire frío me golpeó como una tonelada de 
ladrillos, y estaba temblando violentamente en segundos. 
—¡Killian, se está congelando, tonto! —llamó una cuarta voz. Esta era 
diferente… gruñona, más profunda. 
Sonaba como si fuera el mayor de todos ellos. Y el único considerado, 
pensé agradecida cuando me arrojaron una manta y me levantaron 
momentáneamente mientras me envolvían como un burrito de manta. 
—¿El resto de la casa? —preguntó el cuarto hombre. Todavía 
estábamos en movimiento, pero ahora podía escuchar el ronroneo del motor 
de un vehículo. Supuse que era su transporte y la forma en que planeaban 
llevarme con ellos. 
Di una última y desesperada mirada a la casa. Lenny todavía estaba 
allí, pensé con dolor de corazón, y ni siquiera pude despedirme de Bridgette, 
que probablemente ahora estaba profundamente dormida en la casa de su 
amiga. 
Las lágrimas rodaron por mi rostro cuando me metieron en un Jeep. 
No sabía qué hacer, pero esperaba que al menos papá pudiera mantener a 
salvo a Lenny y Bridgette. Me tomé un momento para agradecer que solo me 
hubieran llevado a mí. 
Podrían haberse vuelto codiciosos y tomar a Lenny también, pero se 
habían contenido. Solo por eso, estaba agradecida. Incluso si me iban a 
hacer pasar por un infierno en los próximos días, y estaba segura de que lo 
harían, al menos no tomaron a mi hermana. 
—Bueno, Belle —dijo el primer hombre, Killian—. Debes tener algunas 
preguntas para nosotros. 
Hice un sonido apagado de confirmación a través de la mordaza. Un 
par de hombres se rieron entre dientes. 
—Entenderás todo muy pronto —dijo, pasando sus manos por la caída 
de mi cabello oscuro, antes de inclinar mi cabeza hacia atrás para que 
pudiera ver mi rostro mejor—. Pero por ahora, duerme. 
Me presionó un trapo en la nariz y vi que era el mismo que había usado 
con Lenny. Olía agrio y acre, y mi cabeza comenzó a girar de inmediato. 
Ni siquiera luché. Agradecí la oscuridad la inconsciencia. Inhalé el olor 
acre, sentí que hacía que mis músculos se aflojaran y mi mente se hundiera 
en un sueño bendecido. 
 
Dos 
uando desperté, me encontré acostada en la cama más suave en 
la que había dormido. 
Se sentía como si estuviera acostada en una nube 
esponjosa. Sentí las sábanas de seda debajo de mis dedos y pasé mis manos 
sobre ellas distraídamente, bien descansadas y contentas mientras mi 
mente se reconstruía lentamente. 
Espera un minuto, me di cuenta cuando mi cabeza se levantó que ¡esto 
no se parecía en nada a mi cama en casa! Mi cama era una gemela humilde 
con sábanas de algodón ásperas. 
Me puse de pie y miré a mi alrededor, mientras mis recuerdos volvían 
lentamente a mí. 
Finalmente recordé la noche anterior, y los hombres enmascarados, y 
que había sido secuestrada. 
El horror frío me llenó, y me metí el puño en la boca para no llorar. 
Realmente lo habían hecho. Entraron a mi casa y me sacaron de la cama 
tan fácilmente como un niño podría arrancarle las alas a una mariposa. 
Esperaba encontrarme atrapada en una mazmorra o una celda 
húmeda, pero esto no era nada de eso. 
Era una habitación enorme y luminosa con un costoso papel tapiz y 
estaba acostada en la enorme cama con dosel en el centro. Había una 
cómoda y un espejo azul claro, y un enorme vestidor en la esquina. En el 
centro de la pared de ventanas a un lado había un asiento con ventanal, 
enmarcado con cortinas blancas tenues que ondeaban con la brisa ligera. 
Era una habitación para una princesa. 
Pero también para una prisionera. 
En mi caso, eran uno y lo mismo. 
C 
 
Levanté las piernas de la cama y me puse de pie lentamente. Todavía 
estaba atontada, probablemente por el veneno que usaron para dormirme 
ayer. 
Pero, aunque no podía pensar con claridad, todavía tenía un objetivo 
claro en mente: escapar de este lugar lo antes posible. 
Me tropecé hacia la puerta, esperando que alguien entrara en cualquier 
momento. Estaba débil como un gatito, y no podría pelear contra ninguno 
de ellos, menos con los cuatro. 
Cuando giré el pomo de la puerta, contuve la respiración, esperando 
que estuviera bloqueada. 
Para mi sorpresa, giró suave y silenciosamente. En lugar de sentir 
alivio, me sentí helada. Deben haberse sentido realmente seguros de su 
capacidad para evitar que escape, si estaban tan relajados con su seguridad. 
Bueno, iba a demostrar que estaban equivocados. Ni siquiera encontrarán 
un rastro de mí, juré. 
Abrí la puerta y escuché en busca de otras señales de vida. No hubo 
ninguna. 
Cuando salí, sentí la brisa fresca rozar mis piernas desnudas y miré 
hacia abajo por primera vez. 
Todavía estaba en el camisón de la noche anterior, noté, y mis mejillas 
se calentaron. Era el mismoque había usado durante años, y las repetidas 
lavadas lo habían hecho básicamente transparente. Estaba muy 
transparentoso en todos los lugares equivocados. 
Cuando miré hacia abajo pude ver mis pezones asomando a través del 
material, duros y hechos guijarros por el aire frío. Ciertamente no puedo 
escapar con esta ropa. Tendría que robar algo. Estábamos en pleno invierno, 
y me congelaría afuera en cuestión de minutos sin ropa gruesa y abrigada. 
Pero mi corazón se hundió ante el pensamiento. Solo salir de aquí iba 
a tomar todo mi ingenio. ¿Pero ahora se suponía que también debía robar 
ropa? Esto iba a ser casi imposible. 
Tendría que enfrentar ese obstáculo cuando llegara ahí. 
Salí de mi habitación, conteniendo la respiración, pero aun así no pasó 
nada. 
El rellano conducía a una escalera, y me dirigí hacia abajo sabiendo 
que era mi única oportunidad de salir de esta casa. 
Podía escuchar voces. 
 
Voces de hombres. 
El sonido de su charla y risas me llegó desde la habitación de al lado. 
Con el corazón latiendo como el de un conejo, me quedé en la escalera. 
Estaba tratando de decidir si seguir descendiendo. En mi corazón, sabía que 
no volvería a tener una oportunidad como esta. Si lo intentara una vez y 
llego a fallar, nunca más me dejarían salir de mi habitación. 
Bajé las escaleras, una por una. 
En el penúltimo paso, me puse arrogante. 
Pisé el escalón inferior sin probarlo primero, y el crujido que hizo me 
llenara de conmoción y miedo. Me estremecí sorprendida, perdí el equilibrio 
y caí. 
Sentí que sucedía en cámara lenta. Me incliné hacia adelante, mis 
brazos se movían desesperadamente, y caí. La alfombra era gruesa y 
exuberante, así que no me lastimé. Pero derribé una gran urna con mi brazo 
rebelde que cayó con el peso y la majestad del Titanic. Incluso la alfombra 
no pudo contener el fuerte sonido metálico que resonó en la casa. 
Me tumbé en el suelo, jadeando de miedo. 
¿Lo habían escuchado? Debieron hacerlo. Cualquiera en la casa que no 
estuviera sordo lo habría escuchado. Fue lo suficientemente ruidoso como 
para despertar a los muertos. 
Pero no escuché gritos de sorpresa o sorpresa. No escuché nada. 
Me puse de pie temblorosamente. Mi cuerpo sentía como si el miedo 
frío corriera por mis venas, pero no podía dejar de moverme. Pude ver la 
puerta de entrada frente a mí, enorme y negra, a solo seis metros de 
distancia. 
Tropecé hacia ella, mis pies se hundieron en la alfombra y alcancé el 
pomo de la puerta con dedos temblorosos. 
Esto fue todo. 
Toqué el frío metal. No pasó nada. No recibí una descarga eléctrica, no 
se dispararon alarmas. Solté una respiración que había estado conteniendo 
y lo giré. 
Por algún milagro, giró fácilmente. Sinceramente, no esperaba que lo 
hiciera. 
La puerta se abrió suave y silenciosamente sin un crujido, y cuando 
abrí la puerta, escuché el aullido del fuerte viento y el golpe de aire frío. Se 
 
me puso la piel de gallina de inmediato, mientras miraba con consternación 
el mundo completamente blanco que yacía afuera. 
—No es lo que esperabas, ¿eh? —dijo una voz divertida detrás de mí. 
Me di la vuelta, con el corazón en el pecho, y vi a dos hombres 
esperando detrás de mí con los brazos cruzados. 
Eran enormes y musculosos. Sin embargo, incluso con su tamaño, 
habían logrado acercarse sigilosamente a mí. 
—¿C-cómo supieron que estaba aquí? —tartamudeé, cubriendo mi 
pecho los brazos cruzados. No había olvidado cómo uno de ellos me había 
tocado anoche, como si le perteneciera. No quería darles ideas. 
—Hay sensores de movimiento en tu habitación —dijo el más cercano 
a mí como si nada. Reconocí su voz… él era mi secuestrador #1. El que había 
llevado a cabo todo esto de manera tan impersonal y eficiente—. Supimos 
cuándo despertaste y cuándo bajaste las escaleras. Y cuándo derribaste esa 
urna. Es posible que quieras intentar hacer un escape sigiloso un poco 
mejor la próxima vez. 
Ignoré la burla. 
—Entonces, ¿por qué me dejaron llegar tan lejos? —pregunté—. ¿Solo 
querían darme una falsa esperanza de que podía escapar? Eso es cruel. 
—Queríamos que descubrieras por ti misma cómo es nuestra seguridad 
—dijo—. Y darte una mejor comprensión de lo que estás enfrentando. Puede 
que tengas la tentación de intentar escapar. Pero estamos la parte más dura 
del invierno y no tienes suministros para mantenerte con vida. Tres 
palabras: no lo hagas. 
—¿Por qué están haciendo esto? —pregunté, respirando con miedo 
mientras se acercaban. 
—Porque tu padre nos debe —dijo el segundo, mirándome hambriento, 
como si yo fuera un delicioso conejo gordo y él un lobo hambriento—. Y tú 
vas a pagar su deuda. 
—¿Qué me van a hacer? —pregunté, temblando cuando el primero me 
tomó del codo. Su toque se sintió como fuego en mi piel. Era un muro de 
masculinidad de metro ochenta y dos. Quería huir de él, y quería fundirme 
con él al mismo tiempo. 
—Todo —dijo el segundo, con los dientes bien descubiertos como un 
tigre a punto de atacar. 
 
Me llevaron a la cocina como si fuera una prisionera con grilletes. El 
segundo caminó frente a mí, y el primero mantuvo su agarre de hierro en 
mi brazo. No podría sacudírmelo de encima incluso si quisiera, y sabía que 
no volvería a intentarlo, al menos por ahora. 
Sacaron la pelea de mí y estaba cansada y asustada. Anhelaba mi cama 
y el alegre calor de mis hermanas. ¿Cómo cubriría mi padre mi 
desaparición? Sentí mis puños levantarse de ira al recordar cómo 
básicamente él les había dicho que eran bienvenidos a tenerme a cambio de 
su propia seguridad. 
Había otros dos en la cocina, igualmente altos y ásperos. Estaban 
vestidos con camisetas manchadas y jeans, como hombres que trabajaban 
con sus manos para ganarse la vida. 
—¿Llegaste lejos? —preguntó el mayor. Reconocí su voz. Él fue el único 
que se molestó en arrojar una manta sobre mi cuerpo helado anoche. 
—No —admití en voz baja. La sangre se levantó en mis mejillas. Nadie 
esperaba que tuviera éxito, aparentemente. 
—Como esperaba —dijo el tercero, sonando despectivo. 
—¿Qué esperan sacar de esto? —pregunté, consciente de sus miradas 
sobre mí. Ni siquiera podía cubrir mi pecho con mis brazos, ya que estaban 
sujetos a mis lados por el severo primer hombre—. Mi familia no tiene dinero 
para pagar un rescate. 
—Tenemos tiempo suficiente para hablar de eso más tarde —dijo el 
hombre mayor. Había patas de gallo en las comisuras de sus ojos, y el 
cabello de sus sienes comenzaba a ponerse gris. Creo que no podía tener 
más de treinta años, pero parecía que trabajaba al aire libre. 
—Primero debes limpiarte y comer algo. 
—¿Qué? —pregunté aturdida—. ¿No me van a matar? ¿O mantenerme 
prisionera? 
El segundo soltó una carcajada. 
—¿Por qué te mataríamos cuando tenemos tantos otros planes para ti, 
cariño? —dijo. 
—Perdona a Killian —dijo el mayor—. Siempre es así. Aprenderás a 
ignorarlo lo suficientemente pronto. Mi nombre es Derrick. 
—¿Por qué están siendo tan amable conmigo? No me hará confiar en 
ustedes —dije desafiante. Suspiró y se frotó el puente de la nariz. 
 
—Aprenderás a confiar en nosotros, Belle —dijo, mirándome 
directamente a los ojos—. Y aprenderás otras cosas también. Obediencia, 
cumplimiento, placer… te enseñaremos todo. 
—¿Y si no aprendo? 
Derrick sonrió y sentí un presagio nada bueno. 
—Créeme —dijo suavemente—. Podemos ser muy persuasivos si es 
necesario. 
Y de alguna manera, estaba inclinada a creerle. 
—Hora de comer —gruñó Killian, aparentemente decidiendo que la 
conversación había terminado. Me puse de pie con las manos a mi lado 
incluso cuando el primer hombre me dejó ir y me senté a la mesa del 
desayuno también. 
—No te quedes ahí, Belle —reprendió Derrick—. Ven a comer. Debes 
estar hambrienta. 
—No lo estoy —dije automáticamente. 
—No seas terca —dijo Derrick, y había una advertencia en su tono que 
no estaba allí antes—. Gunner —agregó, diciendo el nombre con el 
significadode toda una vida. 
—Sí. Vamos —dijo el primer hombre bruscamente, arrastrándome a la 
rústica mesa del desayuno sin decir una palabra más. 
Entonces se llamaba Gunner. Eso significaba que sabía los nombres de 
tres de los cuatro hasta ahora. 
Tenía un presentimiento ominoso de que me estaban dejando saber sus 
nombres porque tenían absoluta e inquebrantable confianza de que nunca 
escaparía para contarle a la policía sobre mi secuestro. Miré al espacio, 
entumecida y asustada mientras se acomodaban para comer a mi alrededor. 
El aire estaba lleno del olor a tocino chisporroteante, que me sacó 
bruscamente de mi trance. 
—Aquí tienes —dijo Derrick, dejando algunas salchichas y tocino en mi 
plato—. Debes tener hambre. 
—No tengo hambre —dije automáticamente. Justo entonces, mi 
estómago decidió que era el momento adecuado para gruñir, fuerte y 
largamente. Me sonrojé, maldiciendo su sincronización. 
 
—Deberías comer —dijo Gunner, dándome una mirada dura e 
inflexible—. Estás demasiado delgada. 
Su expresión era neutra, pero podía sentir un gran mar de emociones 
sin nombre agitándose bajo su máscara de indiferencia. 
Si no supiera mejor, casi habría dicho que a él le importaba cuánto 
comía. 
Resoplé por sus palabras, olvidando mi miedo por una fracción de 
segundo. 
—No, no lo estoy —murmuré. 
Pero mi boca estaba salivando de todos modos cuando miré el lugar. 
Estos hombres comían bien. Y claramente conseguían su comida de algún 
pueblo cercano. No tenía idea de dónde estábamos ahora, pero si pudiera 
persuadirlos para que me llevaran con ellos en un viaje a la civilización, tal 
vez realmente podría escapar. 
Animada por los inicios de un plan, comí sin culpa. Podía olvidar el 
problema en el que estaba metida mientras me tragaba el tocino crujiente y 
salado y comía el plato de gachas cremosas salpicadas de arándanos y 
nueces. 
Cuando levanté la vista de mi plato, finalmente saciada, descubrí que 
los cuatro hombres habían terminado de comer también. Peor aún, me 
estaban mirando con expresiones divertidas y sabias. 
Aparté mi plato con culpa. Me mordí el labio para evitar soltar un 
“gracias”. 
No les agradecería. 
No podía. 
—Te daremos carne —dijo Derrick con aprobación, agarrando mi plato 
para enjuagarlo. 
—Yo puedo… —ofrecí, medio levantándome de mi asiento. 
—Quédate ahí —dijo Gunner, levantando una mano—. Necesitamos 
hablar. 
—Sí, necesitamos hacerlo —dije, y me senté de nuevo. 
La comida me había dado coraje, me sentí más capaz de enfrentarme a 
las cuatro figuras enormes y corpulentas que controlaban mi destino. 
»¿Por qué me secuestraron? 
 
—Te lo dije —dijo Gunner—. Tu padre nos debía una deuda. Así que 
decidimos tomar lo único que tenía de valor: tú. 
—No te creo —dije con voz ronca—. Él nunca se mezclaría con gente 
como tú. 
—Dime entonces Belle, ¿realmente crees que estoy mintiendo? Sabes 
el tipo de persona que es tu padre. 
Tenía tantas ganas de no creerle. Pero había una pequeña espina de 
verdad me pinchó la mente, y me dijo que lo que estaba diciendo era 
completamente posible. 
A mi padre le gustaban las cosas buenas de la vida, y le gustaba que lo 
vieran alrededor de los ricos y famosos. Pero podía creer con demasiada 
facilidad que él se asociaría con matones peligrosos por suficiente dinero… 
especialmente en los últimos dos años, cuando estaba gastando dinero como 
el agua y se metía en escandalosas deudas que nunca podría esperar pagar. 
Mi padre no me quería. Tampoco le gustaba ninguna de mis hermanas. 
Siempre decía que tener tres niñas era la forma que Dios encontró para 
compensar el éxito que había tenido en todas las demás áreas de su vida. 
Por supuesto, cuando perdió todo, las mismas niñas a las que consideraba 
una maldición fueron las que cuidaron de él, pero eso no parecía importar. 
—Bien —gruñí—. Estoy pagando su deuda. ¿Qué piensan hacer 
conmigo? 
—¿No lo sabes? —preguntó Killian, sonriéndome. Me estremecí 
inconscientemente. 
—No haré nada de eso —advertí con voz vacilante—. Tendrán que 
pensar en algún otro pago. 
—Pronto estarás cantando una melodía diferente —dijo Killian, 
ignorando mis débiles protestas—. Pero voy a disfrutar romperte. 
—Hablando de eso —dijo Derrick, aclarándose la garganta—. ¿No 
estuvimos de acuerdo en que yo iría primero? Sé mejor que ustedes cómo 
apaciguar a una potra asustada, y está el asunto de esta mañana. 
Me pregunto qué pasará esta mañana, pero mi línea de pensamiento 
se rompió cuando él se agachó a mi lado y se levantó en un instante conmigo 
en sus brazos. El aliento dejó mis pulmones por sorpresa. Lo había hecho 
tan rápido que ni siquiera tuve la oportunidad de reaccionar. 
 
—¡Bájame! —exigí, golpeando su hombro, pero fue inútil. Era cada 
centímetro tan grande como sus hermanos, y mis golpes tuvieron tan poco 
efecto como las patas de un gatito en una roca. 
Me llevó arriba, a una habitación diferente a la que había despertado. 
Estaba escasamente amueblada, con una pared de ventanas y una cama 
grande en el centro de la habitación. 
—Quítate la ropa —dijo con calma, después de que me dejó. 
—¿Q-qué? —exclamé, calentándome hasta el cuello. Siguió el camino 
de mi rubor y arqueó la esquina de su boca. 
—Me escuchaste, Belle —dijo con seriedad—. Quítate la ropa, o tendré 
que quitártela. Pero no seré gentil. No quieres que ese bonito camisón tuyo 
se convierta en harapos, ¿verdad? 
—¡No lo harías! —dije, retrocediendo. Estaba pensando en lo que había 
dicho. Sin querer, la imagen de mí caminando completamente desnuda 
entró en mi cabeza, y cuando pensé en cómo Killian reaccionaría, sentí un 
rizo caliente de algo entre vergüenza y miedo. 
—No me pondría a prueba si fuera tú, Belle. Odio pensar en ti 
distrayendo a Killian con toda esa piel desnuda —dijo a sabiendas, como si 
hubiera leído mi mente. 
Por un momento, nos miramos el uno al otro en un concurso de 
voluntades. Cuando me di cuenta de que él definitivamente no cedería, dejé 
caer mis hombros en derrota. 
Me desabroché el camisón un botón a la vez, con la mirada fija en el 
rostro de Derrick. No estaba segura de qué esperar, pero su expresión de 
deseo apenas disimulado fue inesperadamente… agradable. 
Dejé que el material delgado se encharcara alrededor de mis tobillos y 
salí completamente desnuda. No podía cubrir mi mata triangular de rizos 
cuidadosamente cortados y mis senos al mismo tiempo, así que decidí 
cubrirme la entrepierna con las manos. 
—Nunca te escondas de mí —dijo Derrick, reprendiendo. Se acercó, 
paso a paso, y retrocedí a la vez como si fuera un baile. Pero tenía la boca 
seca y me picaba el cuello. Nada de esto era alegre como un baile. 
Cuando la parte de atrás de mis rodillas golpeó el borde de la cama, me 
mordí el labio. Estaba acorralada y Derrick lo sabía. 
Él tomó mi muñeca y la alejó sin esfuerzo, sujetándola a mi lado. Llevo 
su mirada que parecía ver a través de mi piel hasta mi núcleo. 
 
—Hermosa —dijo suavemente, y colocó un mechón de cabello oscuro 
detrás de mi oreja—. Pero estoy seguro de que has escuchado eso antes. 
—No —susurré. 
De hecho, nadie me había mirado como él lo hacía ahora, como si yo 
fuera algo puro y hermoso que iba a contaminar con su toque. Su rostro se 
tensó. De alguna manera lo había hecho enojar. 
—Entonces es una lástima que yo sea el primero en decirlo —dijo en 
voz baja—. ¿Eres virgen, Belle? 
—Sí —susurré, temblando. Había sido tocada antes, por manos 
codiciosas y descuidadas, pero no me habían desflorado. Sabía lo que venía, 
y no había nada que pudiera hacer para detenerlo. 
—No llores, Belle —dijo, y atrapó la lágrima solitaria que escapó de mis 
ojos en el borde de su dedo. Mientras lo veía chuparla en la boca como si 
fuera el mejor caviar, descubrí que estaba experimentando algo inesperado: 
excitación. 
—Puede que no lo entiendas ahora, pero algún día me lo agradecerás. 
—No lo creo —susurré, y parpadeé para contener más lágrimas.No 
podía decirle cómo mi cuerpo hormigueó cuando me tocó el rostro, cómo su 
cercanía me encendió—. Tu hermano dijo que me iban a romper. 
—Sí —dijo, y mi corazón se desplomó—. Te vamos a romper, Belle. Pero 
también te volveremos a juntar. 
Sin otra palabra, capturó mi boca en un beso abrasador. Mi corazón 
latía como una mariposa en mi pecho, y sentí el constante latido del miedo 
paralizante… pero fue reemplazado lenta y constantemente por indicios de 
placer. 
No, pensé para mí misma frenéticamente, ¡no podría estar disfrutando 
esto! Este bruto descomunal que me había secuestrado en contra de mi 
voluntad. ¿Qué me pasaba? ¿Qué era esta hambre que este hombre había 
despertado, que amenazaba con consumirme a menos que tocara cada parte 
secreta de mí? 
Él se rio entre dientes y rompió el beso, pero se mantuvo cerca. Había 
apenas un par de centímetros de espacio entre nosotros, mis pezones 
desnudos se frotaron contra el material áspero de su camisa mientras 
luchaba por respirar. 
—No hay vergüenza en disfrutarlo —dijo, y sacudí la cabeza 
frenéticamente. 
 
—¡No lo disfruté! —dije, mintiendo entre mis dientes. 
Pasó una mano áspera y callosa por mis suaves curvas, hasta que su 
mano se cernió sobre el nido de rizos en mi núcleo. Cuando presionó un 
dedo contra mí, gemí suavemente. Estaba vergonzosamente mojada y 
resbaladiza, mi agujero esperando que su gruesa longitud se hundiera y me 
reclamara. 
—Tu cuerpo me dice lo contrario —dijo, riéndose—. ¿Qué crees que 
mereces por mentirme, Belle? 
Me sentí como dos centímetros de alto. Él estaba tan serio y 
decepcionado de mí por mentir. Me sonrojé de culpa. Estaba a la altura de 
su pecho, las crestas de sus pectorales duros eran claramente visibles. 
Levanté la mirada pasando por su rastrojo grisáceo y me encontré con 
sus ojos, que estaban arrugados en las esquinas. No dio señales de estar 
enojado, pero no pude evitar notar su tamaño y la evidente fuerza de sus 
brazos. Estaban casi saliéndose de su delgada camisa a cuadros. Si él 
quisiera, podría partirme en dos sin ningún esfuerzo. 
—Merezco… ser castigada —dije, lamiéndome los labios. Tenía la boca 
seca de excitación reacia. No sabía lo que me iba a hacer… estaba 
completamente a su merced. Había renunciado a cualquier esperanza de 
control hace mucho tiempo. 
—Me alegra que lo hayas admitido —dijo Derrick, y se sentó en la cama 
con las piernas abiertas. Intenté no mirar el bulto obvio en sus jeans. 
—Ven y siéntate en mi regazo —dijo. 
—¿Qué? —pregunté, con la voz alta con incredulidad—. Estás loco, ¡no 
voy a actuar como tu mascota! 
—Eres terca y testaruda —suspiró Derrick, pero no parecía demasiado 
molesto—. Supongo que será mucho más dulce romperte. 
Se levantó de la cama, rápido como un gato y se abalanzó antes de que 
yo pudiera respirar para gritar. En una fracción de segundo, me hizo cruzar 
a su regazo, con el trasero en el aire y sosteniéndome en su lugar. Sus brazos 
eran como una jaula, inmune a mis chillidos y luchas. 
—No pienses en gritar —dijo con severidad—. No te hará ningún bien. 
Además, ¿no quieres ser buena y hacerme sentir orgulloso? 
Un no estaba en la punta de mi lengua, pero para mi sorpresa y 
vergüenza, murmuré sí débilmente y acaricié el material áspero de sus 
 
jeans. Olía a detergente para ropa y aceite de motor. Era un aroma 
extrañamente reconfortante. 
—Buena chica —dijo suavemente, y acarició la suave piel de mi 
trasero—. Esto solo dolerá al principio. 
Sin ninguna otra advertencia, bajó la mano con un golpe fuerte y 
punzante en mi trasero redondo. Grité en estado de shock, pero antes de 
que pudiera recuperarme, él atezó dos golpes más. Gemí y me retorcí, 
tratando de salir de su alcance, pero me sostuvo con firmeza. 
Cuando no se detuvo, comencé a sollozar, dejando que las lágrimas 
corrieran por mis mejillas. No dejé de luchar, a pesar de que el dolor se 
transmutó lentamente en un dolor sordo y bajo en mi clítoris, y envió 
pequeñas líneas de ardiente placer y dolor mezclados a través de mi cuerpo. 
—¿Tratarás de escapar de nuevo? —gruñó, sonando un poco sin 
aliento, incluso mientras continuaba golpeando una mejilla y luego la otra. 
Podía sentir que la piel se calentaba, y sabía que ya debía estar roja por sus 
nalgadas. 
—No —dije débilmente, bajando la cabeza. Debería haber sabido que 
no me saldría con la mía con algo así. 
—¿Me desobedecerás a mí o a mis hermanos otra vez? 
—¡No! —Lloré y él emitió un sonido de aprobación, dándome tres 
nalgadas más antes de darme la vuelta. 
—Eso no fue tan malo, ¿verdad? —preguntó bruscamente, acariciando 
mi cabello y dejando que mi sollozo se amortiguara en la curva de su 
hombro—. No me hagas castigarte de nuevo, Belle. 
—No lo haré, Derrick —dije, con la voz rompiéndose con los últimos 
sollozos. Sabía que mi rostro debía haberse puesto rojo y feo por el llanto, y 
mi trasero todavía sentía las secuelas de las nalgadas, pero extrañamente 
no estaba molesta. 
Me sentí… limpiada, como si el castigo que me dio Derrick se hubiera 
librado de algo feo en mí. 
Estaba tan ocupada tratando de comprender el cambio que había 
provocado en mí, que casi no me di cuenta de sus dedos inteligentes 
acariciando la hendidura de mis mejillas hasta que frotó la punta de su 
pulgar sobre mi agujero fruncido. 
 
—¿Qué estás…? Oh —dije, retorciéndome contra él mientras se frotaba 
más fuerte. Mi agujero chupó su pulgar, pero no dejó que su dedo pasara el 
anillo muscular. Él era demasiado grande. 
—Tan apretada —dijo, la voz sonaba tensa. 
—Nunca lo he hecho, no me gusta —dije, moviendo mis caderas e 
intentando que su dedo saliera. Él solo empujó más adentro, y emití un 
sonido inarticulado de protesta contra la intrusión. 
»Detente —susurré, con mis mejillas calentándose. Nadie me había 
tocado allí antes… el único novio de la secundaria que tuve nunca estuvo 
inclinado hacia lo anal. 
—Pronto te enseñaremos cuánto placer se puede obtener de este 
pequeño agujero de aquí —gruñó Derrick—. Pero primero, veamos qué tan 
húmedo está tu coño. 
Estaba empapada, lo sabía muy bien. Y estaba frotando mi montículo 
insistentemente contra el material áspero de sus jeans. Debería haberme 
avergonzado más allá de lo creíble, estar casi follándolo en seco como una 
perra en celo, pero de alguna manera no fue así. 
Lo dejé pasar un dedo por mis pliegues. Mi jadeo tranquilo y ahogado 
y el sonido obsceno de piel resbaladiza contra piel eran las únicas cosas que 
podía escuchar. 
—Buena chica —dijo Derrick mientras acariciaba mi carne cada vez 
más fuerte. Me dolía el clítoris por la necesidad de que me tocara, y traté de 
abrir más las piernas, a horcajadas sobre sus caderas mientras intentaba 
frotar mi centro en sus evasivos dedos. 
—Derrick, por favor —rogué y persuadí cuando él se negó a tocar ese 
punto que enviaría una descarga de placer a mi núcleo. 
—¿Qué harás por mí si te hago venir, Belle? —dijo, dejando que su 
mano acunara mi montículo. 
—C-cualquier cosa —dije, dejando caer mi cabeza. 
—Entonces llámame papi —dijo—, y suplícame. 
—¡No! Yo… no puedo —dije, gimiendo en protesta cuando sus manos 
me dejaron. 
—Belle —dijo con reprensión. 
—Es demasiado sucio —susurré, y aparté la vista. 
 
—Nada de lo que hagas para mí podría ser sucio, Belle —dijo con 
firmeza, luciendo serio. 
Odiaba decepcionarlo. Bajé la cabeza. 
—Sí —dije simplemente. 
—¿Sí qué, Belle? 
—Papi —dije, y mi boca se abrió cuando finalmente frotó su pulgar 
sobre mi clítoris. Traté de montar su mano, pero él no me dejó. Me sostuvo 
en el lugar por las caderas mientras sus dedos revoloteaban sobre mi 
clítoris. Toques de placer ligeros como una pluma me atravesaron, pero se 
negaron a unirse en algo satisfactorio. 
»¡Por favor, papi! —dije, arqueándome en su toque—. ¡Por favor, papi, 
seré buena, lo prometo! 
Él soltó un profundo rugido de aprobación, y gemí cuando me tocó, 
correctamente, ahora, frotandosu pulgar en mi clítoris con una dureza casi 
castigadora. Nada de esto era gentil o amoroso, pero de todos modos me 
encontré en una neblina, equilibrada perfectamente en el límite entre el 
placer y el dolor. 
Estaba mojada, goteando, y podía sentir la mancha húmeda que estaba 
dejando en la parte delantera de sus jeans. 
—Aquí —dijo, y empujó su dedo a la costura de mi boca, húmedo y 
brillante con mis jugos—. Pruébate a ti misma. 
Llevé su dedo a mi boca, chupando y lamiendo los jugos. Todavía había 
una parte de mí que miraba con horror cómo me estaba degradando, pero 
otra que solo quería la intoxicación que venía con el toque de Derrick… de 
papi. 
Estaba borracha y flexible como un conejo sostenido entre las fauces 
de un lobo. 
Cuando se desabrochó los jeans, me moví y miré hacia abajo al ver su 
polla. Estaba de un rojo furioso, venosa y palpitante con evidente necesidad. 
Lo más importante, era enorme. 
Se me escapó un gemido antes de que pudiera retenerlo, y cuando 
sonrió, tuvo un filo de conocimiento. 
—No te preocupes, Belle —dijo, tomando su larga longitud en su 
palma—. Me tomarás dulcemente con tu coño virgen, te lo prometo. 
 
—No —dije en voz baja, y aparté la mirada de su polla, que estaba 
perlada en la cabeza, blanco y brillante. Tuve la respuesta más extraña: mi 
boca comenzó a salivar, y pensé en cómo se sentiría en mi boca, tener su 
enorme longitud gorda dentro de mí, empujándose en mí hasta 
atragantarme, un peso pesado y caliente… 
—Veo tu deseo, mi dulzura —dijo con aprobación—. No, no te alejes. 
Disfruto ver tu confusión. Estás tan mojada por mí y estás salivando por mi 
polla. No hay vergüenza en eso. 
—Pero eres tan… grande —dije con los ojos muy abiertos—. Nunca 
podré… 
—¿Estás asustada? —preguntó, y se bombeó, los ojos fijos en mí 
mientras yo tragaba y asentía insegura—. No lo estés —dijo, y se colocó en 
mi entrada. 
Tragué saliva y arañé sus hombros, sin duda dejando largas líneas 
rojas de desesperación allí cuando él se empujó en mí, contundente y 
grueso. Escuché un jadeo ahogado cuando empujó a través de una barrera 
dentro de mí, y me di cuenta de que era yo. Algo se rasgó dentro de mí, y 
luego él fue capaz de empujarse sin más resistencia. 
Después del brote inicial de dolor, comenzó a sentirse bien, me di 
cuenta con sorpresa y horror. Derrick estaba siendo cuidadoso al bombear 
dentro y fuera de mí, pero el arrastre de su longitud en mí era suficiente 
para provocar ese pulso de necesidad y placer que me hizo perder la razón. 
—Por favor —jadeé en su cuello mientras se tomaba su tiempo, 
empujando dentro y fuera con ruidos obscenos y lánguidos, golpeando piel 
contra piel—. Por favor papi, hazme sentir bien. 
—Te haré sentir tan bien, nena —dijo con un tono de algo en su voz 
que era extrañamente como ternura. Sentí que se acumulaba en mí, rápido 
y ardiente como un incendio forestal. Esta era mi primera vez, y sabía que 
no duraría mucho. Era demasiado y demasiado rápido. 
Cada nervio en mi cuerpo estaba gritando por su liberación. Miré hacia 
el lugar donde la longitud enorme y gruesa de Derrick desaparecía en mi 
nido de rizos y me sentí mareada. Estaba siendo follada por un hombre, 
pensé con cierta incredulidad. 
Su rostro estaba enterrado en mis senos, y estaba provocando mis 
pezones con chupadas y lamidas. No me di cuenta de que era tan sensible 
allí, y me arqueé con esa sensación de electricidad chisporroteando a través 
de mí con cada succión. Era demasiado bueno, y demasiado vergonzoso 
para disfrutar. 
 
Era una sucia, cantaba para mí misma, era una sucia y retorcida por 
gustarme esto. 
—Córrete para mí, Belle —gruñó Derrick, metiendo un dedo junto a su 
polla en mi agujero, y lo hice. Mi cuerpo dio espasmos y vi estrellas por un 
momento. Cuando volví a mí misma, encontré a Derrick todavía gruñendo y 
empujándose en mí. 
—Danos un apretón, amor —dijo. Apreté mis muslos 
experimentalmente, y eso fue suficiente para hacer que se corriera, 
derramando su semilla caliente y espesa en mí. Me quedé pasiva mientras 
él me tomaba en sus brazos y me acostaba en una cama en una habitación 
diferente, susurrando palabras dulces en mi oído. 
Mientras lo escuchaba decirme que era una buena niña, y cuán buena 
yegua de cría sería para sus bebés, me sentí calmada y tranquila y de alguna 
manera me quedé dormida. 
 
Tres 
uando me desperté a la mañana siguiente, gemí por lo dolorida 
que estaba. Recordé que Derrick me había llevado a la 
habitación de princesa, aunque estaba demasiado estrujada y 
saciada para darle las gracias. Mi coño palpitaba, y cuando apreté mis 
piernas juntas pude sentir el dolor de tomar la enorme polla de Derrick 
mientras él golpeaba dentro de mí, rasgando mi barrera como si fuera un 
pañuelo. 
Me sonrojé cuando la imagen de él pasó por mi mente, mirándome con 
cariño mientras usaba mi coño, tocaba mi cuerpo como un violín. Había 
respondido a todo como si lo quisiera… y, sin embargo, me había forzado, 
¿verdad? Me obligó a desnudarme, me azotó sin piedad y luego me hizo venir 
varias veces. 
Entonces, ¿por qué me sentía tan relajada? 
Olí el aroma cálido y delicioso de la comida cocinándose, y mi estómago 
gruñó justo a tiempo. El reloj de la mesita de noche a mi lado marcaba las 
07:27 en números rojos acusadores. Puse mi mano sobre él y miré al techo. 
Había dormido dieciocho horas. ¿Qué me pasaba? Nunca me habían 
permitido dormir durante más de seis horas seguidas en casa. Papá siempre 
había tenido el sueño ligero, y quería un desayuno caliente esperándolo 
después de su carrera, y ese deber siempre había estado en mí. 
No podía enfrentar a los brutos nuevamente, insistí para mí misma. 
Después de que Derrick me había violado ayer, nunca seré capaz de estar 
cerca de ellos de nuevo. 
Pero… tenía mucha hambre. 
Tal vez podría robar algo de comida, envolverla en un pañuelo y traerla 
de vuelta a esta habitación, pensé rápidamente. 
Hablando de envolver cosas… parecía que mi camisón no había 
regresado. Debo haberlo dejado en la habitación de Derrick. Actualmente 
C 
 
estaba muy desnuda, y ciertamente no era el estado en el que quería que 
me vieran. 
No iba a someterme a las miradas de Killian o las miradas codiciosas 
de excitación de los otros hombres. Dejaron en claro que tenían… 
pensamientos carnales sobre mí, y no quería alentar eso. 
Me envolví una sábana como si fuera una toga, pero cuando me miré 
en el espejo que colgaba sobre la mesa de la cómoda, me di cuenta de que 
la delgada sábana se aferraba a cada curva. Mis pezones sobresalían 
claramente, y cuando me moví, abrazó el contorno de mi montículo. 
Pero tendría que funcionar. 
Escuché murmullos bajos mientras bajaba las escaleras. Esta vez no 
me molesté en intentar ser sigilosa, pero no detuvieron su charla. 
—Ella necesita ser entrenada. —Escuché decir a Gunner con su voz 
característicamente plana—. Ayer debió convertirse en la línea de base. 
—Lo hizo bien. —Escuché decir a Derrick, y me hinché de orgullo antes 
de detenerme. 
Debieron haber estado hablando sobre mi “actuación” ayer, cuando 
Derrick me obligó a hacer esas cosas depravadas… pero parecía que 
planeaban seguir usándome para su placer. Mi consternación aumentó. ¡No 
iba a ser su juguete, sin importar lo que pensaran! 
Y, sin embargo, el rincón más oscuro de mi mente se preguntaba cómo 
sería tenerlos a todos a la vez, llenando todos mis agujeros, amoratándome 
con su fuerza y sujetándome como un animal atrapado… 
Aparté ese pensamiento con severidad. No podía dejar que me lavaran 
el cerebro. 
Entré en la cocina, la sábana crujió en anuncio de mi presencia. 
De inmediato, su charla cesó. 
—¿Dormiste bien? —preguntó Killian, y me guiñó un ojo. Me sonroje. 
—Bien, gracias —dije fríamente, y me senté a la mesa. 
—Me gustaría sacarte el desafío a folladas —dijo Killian 
soñadoramente—, lanzarte sobre mi polla y hacer que grites mi nombre 
hastaque quedes ronca. 
 
—Tomó mi la polla con tanta dulzura que no creo que siquiera haya 
dado pelea —dijo Derrick, y me guiñó un ojo. Sentí que me ardían las 
mejillas y aparté la vista. No me importaba esta conversación. 
—¿Querías que mi polla se ponga dura como el hierro? —me preguntó 
Killian conversacionalmente, ignorando mi obvio lenguaje corporal que 
gritaba “¡Deja de hablar de esto!”—. Porque déjame decirte eso es lo que 
sucede cuando te pones eso. De hecho —agregó, levantándose y caminando 
a mi lado—, usar esto para vestir no fue el mejor movimiento. Le da ideas a 
un hombre. 
Y extendió la mano y tiró del débil nudo que sostenía la sábana sobre 
mis senos. Chillé y luché por sostenerla para cubrirme, pero sabía que todos 
se habían dado gusto al ver mis senos llenos y desnudos y una gran 
extensión de muslo cremoso. 
—Killian —tosió Derrick, moviéndose inquieto en su silla—. 
Compórtate. 
—Pero portarme mal es mucho más divertido —dijo Killian 
malvadamente, y palmeó uno de mis senos. Cuando movió un dedo, fuerte 
y seguro, sobre mi pezón, saltó ante la atención de inmediato. Su otra mano 
me mantuvo en mi lugar por el hombro. Solo podía sentarme allí mientras 
acariciaba mi pecho y olía mi cabello. 
—Su piel se siente como la seda —dijo, suspirando profundamente 
mientras me dejaba ir. Ajustándose los pantalones para que su erección 
visible fuera más cómoda, regresó a su lugar en la mesa como si nada 
hubiera pasado. 
—¿Así que supongo que ahora es toca tu turno? —preguntó Gunner 
fríamente, como si no estuviera completamente afectado. 
—¡No! —dije, al mismo tiempo que Killian asentía perezosamente, con 
una sonrisa en sus labios. 
»Absolutamente no —repetí. 
—No hiciste un muy buen trabajo —le dijo el cuarto hermano, cuyo 
nombre aún no sabía, a Derrick con frialdad. 
—Belle necesitará más instrucciones, Rohan. —Derrick suspiró. Sentí 
una punzada de culpa por decepcionarlo, pero lo aparté. Esto no se trataba 
de él. Simplemente no iba a dejar que Killian me usara, y eso fue todo. 
Pero ahora sabía el nombre del último hermano: Rohan. 
 
Me provocó el más mínimo destello de reconocimiento, como si hubiera 
conocido a alguien con ese nombre en algún momento hace mucho tiempo, 
pero desapareció tan pronto como llegó. Probablemente no fue nada. Y no 
podía imaginar ninguna circunstancia que me hubiera llevado a entrar en 
contacto con estas… estas bestias. 
Parecían haber terminado de discutir por mí por el momento, así que 
pude comer en paz. Derrick, que parecía ser el cocinero designado, hizo 
panqueques e insistió en llenar mi plato con una cucharada de crema batida 
y jarabe. 
—Estamos en invierno —dijo con severidad cuando intenté alejar el 
plato—. Necesitas toda la carne que puedas obtener. 
Una vez que terminaron, enjuagaron los platos y los guardaron. 
Simplemente me quedé allí, sintiéndome inútil, cuando Rohan se giró hacia 
mí. 
—Vamos a salir —dijo cortante—. No intentes escapar de nuevo. 
El “o cosas malas sucederán” estaba implícito. Tragué saliva y asentí. 
—¿A dónde van? —pregunté para todos, vacilante bajo la fría mirada 
de Rohan. Me preguntaba si había sobrepasado cuando vi la piel alrededor 
de sus ojos tensarse. ¿Tenían una celda en la que me arrojarían por mala 
conducta? Me pregunté con el corazón en la garganta mientras esperaba que 
me castigara. 
Gunner se pasó la mano por el rostro como si estuviera cansado y dijo: 
—Mejor que no lo sepas. 
—¿Es ilegal? —solté. 
—Mejor que no lo sepas —repitió, y su voz era inflexible. Recibí el 
mensaje. No podría sacar nada útil de él. 
—Deberías aprender a hacerte útil por aquí —me dijo Rohan sin rodeos, 
vistiéndose con una gruesa chaqueta de alpinista. Todo su equipo era 
pesado, ya que parecíamos estar las montañas en medio de una tormenta 
de nieve, por lo que capté a través de mi breve visión del mundo exterior. 
—Rohan —dijo Derrick con reprensión, y miró hacia otro lado. 
Para mi sorpresa, Derrick capturó mi boca en un beso persistente y 
posesivo antes de salir. Con la boca aún hormigueante, casi no siento la 
mano de Killian que ahuecando la parte inferior de mi trasero. 
 
—Mantén este agujero caliente para mí, belleza —dijo, y el aliento me 
hizo cosquillas en la oreja—. Volveré para reclamarlo pronto, no te 
preocupes. 
Chillé de sorpresa cuando metió un dedo entre mis nalgas, el material 
delgado de mi sábana no hizo nada para evitar su violación. Me dejó ir con 
una risa, marchando hacia los demás. 
No podía creer que realmente me dejaron sola aquí, incluso cuando 
escuché que la puerta principal se cerró de golpe. 
Pensé que su partida me llenaría de alivio. 
En cambio, me sentí sola. 
En mi casa, el lugar siempre había estado llena con los sonidos de las 
actividades de mis hermanas. 
Después de que la participación de papá en un escándalo de 
malversación de fondos apareciera en las noticias nacionales, nos mudamos 
a un apartamento mucho más pequeño hace cuatro años. De alguna manera 
él escapó de una sentencia de prisión, pero perdió todos sus bienes. 
Lenny, Bridgette y yo terminamos compartiendo una de las dos 
habitaciones, lo que significaba que nunca me permitieron la privacidad de 
un momento. 
Pero aquí, en esta mansión en medio de la nada, obtendría toda la 
privacidad que pudiera desear… al menos, cuando esos cuatro hombres no 
estuvieran cerca. 
Rohan me había dicho que me “hiciera útil”, lo que sea que eso 
significara. Estaba segura de que, si volvían a encontrarme durmiendo una 
siesta en el sofá y viendo televisión basura, no estarían muy contentos. 
Tal vez si limpiaba y mantenía la casa para ellos, pensarían en mí como 
una criada y no como un juguete de placer, reflexioné. Ahora que lo pensaba, 
la casa estaba extrañamente inmaculada para un lugar que albergaba a 
cuatro hombres de aspecto rudo que parecían trabajar con sus manos. 
Abrí la puerta principal, medio esperando que estuviera cerrada desde 
el exterior, pero giró al instante. Como esperaba, fui recibida por vientos 
estremecedores y frío congeltante que me cubrió la punta de la nariz y me 
hizo rechinar los dientes. 
Suspirando, la cerré. 
 
Tenían razón al confiar en que no trataría de escapar. Incluso con este 
clima, no iba a ir por un camino que tuviera un noventa por ciento de 
probabilidades de que me matara. 
Llámenme pragmática, o incluso egoísta. Yo era el tipo de persona que 
se aferraba a la vida con uñas y dientes, incluso si eso significaba ser 
utilizada como un juguete y compartida por esos cuatro. 
Decidí explorar la casa a fondo. Incluso si no podía escapar de 
inmediato, podría haber más oportunidades más adelante, y tenía la 
intención de estar preparada. Aunque me estremecí ante la idea de 
quedarme por tanto tiempo, la nieve seguramente se derretiría en la 
primavera y podría sobrevivir en el mundo exterior. 
Incluso mientras pensaba eso, el extraño tirón en mi pecho que me 
hacía querer a los cuatro hombres se movió en protesta. 
No iba a apegarme, me dije con firmeza. Y traté de no pensar en el bajo 
gruñido de Killian cuando me llamó “belleza”, y el ronroneo en la voz de 
Derrick cuando me dijo que era una buena chica. 
No necesitaba su aprobación o afecto. 
Caminé por la casa de arriba abajo. 
La cocina era moderna, como algo salido de una revista brillante. Había 
un cajón lleno de cuchillos que brillaban perversamente, pero no me atreví 
a tomar nada tan obvio o conspicuo. No quería probar hasta qué punto 
tolerarían mis acciones antes de que decidieran que mantenerme encerrada 
en una pequeña habitación oscura era más fácil para ellos. 
Sus despensas estaban bien abastecidas, y me di el gusto de lujos como 
chocolate negro y trocitos de coco seco mientras paseaba por el resto de las 
habitaciones. 
Todas las habitaciones eran grandes y estaban decoradas de manera 
impersonal, con líneas frías y alfombras blancas sobre madera oscura. 
Indudablemente era costoso,pero prefería las coloridas alfombras anudadas 
y las cálidas lámparas de mi habitación. Y nuestro apartamento, aunque 
pequeño, era acogedor, principalmente gracias a mis hermanas. 
Pero esta casa era como una tumba. No iba a disfrutar estar sola allí, 
lo sabía. El único lugar que parecía un poco acogedor era la cocina. 
Y no había teléfonos ni computadoras portátiles, que era lo más 
importante. No había forma de comunicarse con el mundo exterior. Me 
preguntaba si la noticia de mi desaparición ya había sido noticia. No quería 
 
volver a encender la televisión y ver a la gente especulando sobre dónde 
estaba cuando no había forma de llegar a ellos. 
Aunque la casa tenía calefacción, los pisos en algunas habitaciones 
estaban fríos como el hielo, así que rápidamente encontré el lavadero y me 
puse una de las camisas a cuadros de los hombres que caían hasta la mitad 
del muslo y gruesos calcetines de lana que parecían un cielo cálido y áspero 
en mis pies. Eso está mejor, pensé, meneando los dedos de los pies con 
satisfacción. Ahora podría volver a sentir mis pies. 
Recordando el consejo de Rohan de “hacerme útil”, recorrí las 
habitaciones, preguntándome qué podría haber querido decir con eso. Todo 
parecía impecable y ni una sola fibra de alfombra estaba fuera de lugar. 
Todos los hombres parecían autosuficientes, aparte de tener que ir a 
comprar comida ya que no podían cultivar nada en el invierno. 
Y luego, en una habitación de esquina escondida en el sótano, encontré 
montones y montones de papeles. 
La habitación estaba tan bien escondida que nunca la habría 
encontrado si no fuera por los interruptores. Había cuatro de esos, pero solo 
tres luces en la habitación principal del sótano parpadearon cuando 
presioné los cuatro. 
Perpleja, encendí y apagué el último. Nada. 
Lo hice otras tres veces, y todavía nada. 
Pero en el cuarto intento, noté algo extraño. 
Vi el parpadeo más leve por el rabillo del ojo. Había apagado el resto de 
las luces, así que estaba de pie en la oscuridad total. No me gustaba la 
oscuridad, pero quería asegurarme de que no me había perdido una luz 
nocturna o algo pequeño e imperceptible. 
Si no hubiera hecho eso, nunca habría notado el débil parpadeo en el 
suelo. 
Agachándome, puse una mano en la pared sobre la luz. Se sentía como 
cualquier otra parte de la pared. Moví mi mano y me detuve cuando sentí el 
más pequeño bulto en la superficie lisa. Era increíblemente leve y casi 
indetectable, pero definitivamente estaba allí. 
Lo presioné y respiré cuando la puerta se abrió. De ahí venía la luz, 
pensé, al ver lo que había al otro lado. 
Era una habitación pequeña, del tamaño de un armario. Pero su 
contenido era extraño y aterrador para mí. Había papeles por todas partes, 
 
clavados en las paredes, en el piso y apilados en los estantes en el medio del 
piso. Apenas había espacio para mí, y me preguntaba cómo podría haber 
suficiente para acomodar a cuatro hombres fornidos de casi dos metros. 
Cuando entré, las luces parpadearon. Salté, pero me di cuenta de que 
debían estar usando algún tipo de tecnología de detección de movimiento. 
Espeluznante, pero efectivo. La mayoría de los papeles estaban llenos de 
garabatos densos y gráficos y figuras que no podía descifrar, así que los dejé 
rápidamente. 
Pero en el medio de la pared opuesta había una impresión de una 
fotografía en blanco y negro que me llamó la atención de inmediato. 
Era papá. 
Estrechaba la mano de alguien en la foto y le sonreía al hombre que le 
devolvía la sonrisa. No parecía que ninguno de los dos supiera que se estaba 
tomando la foto. En todo caso, parecía una de esas fotos casi borrosas 
tomadas por paparazzi de celebridades, usando cámaras de enfoque de largo 
alcance para que no fueran vistos. 
¿Pero por qué tenían esta foto? 
Supuse que había llegado a algún tipo de negocio. Esa era la única vez 
que papá parecía feliz o contento. 
Así que en lo que sea que estuvieran involucrados mis secuestradores, 
tenía algo que ver con papá. 
¿Cuánto tiempo habían estado planeando esto? Me pregunté, sintiendo 
frío. Me froté los brazos para deshacerme del frío que de repente me invadió. 
Me estaban usando para llegar a papá. 
No había nada que indicara de dónde era la foto o por qué fue tomada. 
Si había tenido algún tipo de texto, los hombres lo habían cortado, así que 
me quedaba la imagen de los rostros sonrientes de los dos hombres. ¿Dónde 
estaba el otro hombre ahora? ¿Por qué me parecía tan familiar?, me 
pregunté mientras revisaba el resto de sus papeles. 
Sabía que no era seguro. Sabía que me estaba arriesgando y que mis 
secuestradores podrían volver y encontrarme aquí en cualquier momento. 
Pero tenía que intentarlo, en caso de que nunca tuviera la oportunidad de 
regresar a la habitación secreta de nuevo. Desafortunadamente, todo 
parecía estar escrito en algún tipo de lenguaje de código, con pequeñas 
líneas y garabatos que no pude entender. 
 
Suspirando de frustración, volví a colocar los papeles exactamente 
donde los encontré y salí de puntillas de la habitación de nuevo. Con suerte, 
nadie encontraría nada fuera de lugar y no sospecharían de mí. Sabía que 
había sido cuidadosa. 
Al presionar el botón casi invisible en la pared, la puerta se cerró de 
nuevo y me quedé contemplando ese tramo de concreto falso en blanco. 
Se habían tomado muchas molestias para construir esa habitación 
secreta, pensé, mordiéndome el labio. En una búsqueda casual nunca la 
hubiese encontrado. Casi la paso por alto, de hecho, casi lo hago si no fuera 
por ese pequeño destello de luz que noté. 
Regresé arriba a la sala de estar bien iluminada, y forzando mi mente 
a quedarse en blanco, comencé a pasar los canales en la pantalla plana 
gigante. Me decidí por algo ruidoso con actores atractivos y muchas 
explosiones, pero no pude evitar que mis párpados se volvieran cada vez 
más pesados. Aún estaba cansada. Tenía miedo de dejarme dormir a la 
intemperie de esta manera. ¿Y si esos hombres me encontraran durmiendo 
y…? 
Me despertaría antes de que regresaran, me dije firmemente, antes de 
rendirme al dulce abrazo del sueño. 
 
Cuatro 
No me desperté antes de que regresaran. 
n lugar de eso, sus voces me despertaron. Podía escucharlas 
retumbar junto con el tintineo metálico de la llave entrando en 
la cerradura de la puerta principal, y en ese momento mis ojos 
se abrieron de golpe. 
No tenía el lujo de estirarme o volver a dormir. La adrenalina llenó mi 
cuerpo y probé su acidez en mi boca. Mi cuerpo me decía que escapara. 
Así que lo hice. 
Me levanté del sofá, como si alguien encendiera un fuego debajo de mi 
trasero, y corrí al pie de la escalera. Mi habitación tenía el seguro por dentro, 
me dije ansiosamente. Bueno, en realidad no había visto la cerradura, 
pero… tenía que estar allí. 
Al pie de las escaleras, me di vuelta. No quise hacerlo, sabía que solo 
me estaba ralentizando, pero mi cuerpo simplemente se movía 
independientemente de mi mente. Vislumbré un pie embotado entrando y 
escapé escaleras arriba. 
—¡Conejita! —llamó una voz burlonamente. Pensé que era Killian. 
Ninguno de los otros tenía ese tono de crueldad en sus voces. 
Estaba perturbada porque ya sentía que los conocía bien. 
Encontré mi camino a mi habitación y cerré la puerta, mi corazón latía 
exactamente como el de un conejo, pequeño y rápido. Cuando abrí la 
cerradura del pomo de la puerta, sí, allí estaba, noté algo grisáceo en mi 
ropa. 
Maldije. Estaba dispuesta a apostar a que los hombres definitivamente 
notarían que mi ropa estaba cubierta de telarañas. 
Peor aún, podrían comenzar a preguntarse a dónde me había metido. 
E 
 
Entré en el baño y me desnudé rápidamente, tirando mi ropa sucia en 
el cesto. Iba a lavarlas justo después de ducharme. 
Consciente de mi desnudez y de lo peligroso que era desnudarse en 
esta casa en particular, me metí en la ducha y me quedé bajo el chorrode 
agua hirviendo. 
Era fuerte en mis oídos, amortiguando todos los demás sonidos, por lo 
que no escuché a Killian entrar al baño detrás de mí y desvestirse. No lo 
noté hasta que abrió la puerta y me tomó por las caderas, con una amplia 
sonrisa en su rostro. 
—¡Ah! —grité, empujando una mano jabonosa en su pecho para 
mantenerlo alejado. Pero fue como tratar de empujar una pared de roca. Sus 
músculos saltaron debajo de mi mano mientras se reía. No pude evitar notar 
cómo su pecho estaba veteado de sudor y suciedad, y cómo eso no me 
disgustaba, aunque debería. 
—¿Tratando de escapar de nosotros, conejita? —bromeó él, mostrando 
sus dientes mientras acariciaba la piel de mi costado. Bajó a la curva de mi 
trasero y se hundió en la carne de ahí con el menor indicio de sus uñas. 
Jadeé. 
—De-detente —dije, e intenté empujarlo de nuevo, sin éxito. 
—No hay sonrojo esta vez —reflexionó, su otra mano vino a tomar mi 
pecho—. ¿Aprendiendo tu lugar? 
—Aprendiendo a vivir con salvajes —respondí imprudentemente. 
Su agarre en mi pecho se apretó dolorosamente. Su pulgar rodeó mi 
pezón y pude sentir cómo se apretaban por excitación. La combinación de 
agua resbaladiza y jabonosa en mi piel y su toque, aunque desagradable, 
estaba haciendo que mi cuerpo reaccionara como un fusible encendido. 
Podía sentir mi piel ponerse rosa y enrojecida, y no fue solo por el calor. 
—Todavía bocona —dijo él, con algo como un gruñido en sus palabras—
. Pronto lo arreglaremos. 
Grité cuando me empujó contra la pared sin avisar. Seguía usando su 
camisa, aunque estaba desabrochada, y podía sentir la tela mojada de ella 
contra mi espalda mientras agarraba la pared mojada y rezaba. 
¿Rezar para qué? Bueno, no estaba muy segura. 
—¿Así lo quieres? —preguntó él cruelmente, dejando que la mano que 
no me sujetaba se deslizara hacia la hendidura entre mis mejillas. 
 
—¡No! —dije, tratando de alejarme mientras acariciaba la piel de mi 
hendidura y rodeaba el pequeño agujero arrugado. 
Sentí algo duro presionando contra mi trasero y me congelé. Él se rio 
de mi reacción. 
—Podría ser más grande de lo que estás acostumbrada —dijo y frotó su 
gruesa longitud contra mi trasero desnudo. Gemí, en parte por el miedo y 
en parte por el latido que se había desarrollado en mi clítoris. 
—Pero sabes qué hacer con eso. —Me encontré diciendo. 
Me di cuenta justo después de que las palabras salieron de mi boca que 
eso fue monumentalmente estúpido. Aquí estaba mi secuestrador, enorme, 
musculoso y más poderoso que yo en todos los sentidos… y lo estaba 
antagonizando a propósito. 
Era una idiota. 
—Eso sonó como una invitación —respiró él, sonando ansioso. Su 
mano se levantó para forzar mi cabeza hacia un lado y encontré tres dedos 
entrando en mi boca fuertemente. 
—Chupa. 
Obedecí impotente. La única otra opción era ahogarme con esos dedos 
que me dejaron sin aliento. Una vez que sus dedos estaban descuidados y 
resbaladizos con mi saliva, los retiró. 
Tenía una leve esperanza de que eso fuera todo. Que él quería entrar y 
asustarme, demostrar que tenía poder sobre mí. Y ahora que lo había hecho, 
se iría. 
Pero cuando sentí que algo me empujaba en el trasero y amenazaba 
con romper el anillo protector de músculo allí, supe que estaba muy, muy 
equivocada. 
—¡No! —chillé cuando su dedo entró en mí. Se sintió como una 
intrusión, algo extraño y mal. Él gruñó cuando estaba profundamente 
dentro de mí, ignorando mis súplicas. Luego, un segundo dedo me empujó, 
uniéndose al primero. 
¡No podría estar planeando meter su polla allí! El agujero era demasiado 
pequeño, demasiado apretado. No podía imaginar que una cantidad de 
lubricante o estiramiento fuera suficiente para hacerme acomodar su polla 
gigante. 
Él comenzó a empujar sus dedos dentro y fuera de mí, y sentí una 
sensación extraña y agitada cuando tocó un punto en lo profundo de mi 
 
interior. No estaba exactamente en mi clítoris, pero se estaba construyendo 
más lentamente a medida que me acostumbraba a la intrusión no deseada. 
Luego metió un tercer dedo, y pensé que estaba estirada tanto como 
podía. Su otra mano que me estaba sujetando en su lugar se movió al frente 
de mi entrepierna, provocando los labios de mi coño y acariciando mi clítoris 
para que se hinchara y despertara. 
Fue demasiado. Apenas podía tomar un tercer dedo, y no podía pensar 
con claridad; toda la sangre en mi cuerpo se alejaba rápidamente de mi 
cerebro. Solo los dedos que tocaban mi coño y los que entraban y salían de 
mi agujero trasero parecían importar. 
Cuando sacó sus gruesos dedos, casi gruñí de decepción. Casi de 
inmediato, algo más estaba presionando contra la entrada de mi agujero 
estirado. Algo contundente y cruel, y mucho, mucho más grande que 
cualquier cosa que me haya encontrado antes. 
Me tensé cuando él gruñó y empujó dentro, pero no fue suave. Una 
parte de mí sabía que lo quería, que sería mejor que cualquier cosa que 
hubiera sentido hasta ahora, pero el resto de mí que estaba asustada 
insistió en tensarse y hacer que a Killian le resultara más difícil entrar en 
mí. 
—Vamos —dijo bruscamente, moviendo mi clítoris y frotando su 
pulgar, aplastándolo para que el dolor aumentara en placer. El orificio de 
mi coño palpitaba por el vacío cuando me corrí, jadeando en el azulejo de la 
pared del baño. 
»Eso está mejor —dijo, sonando satisfecho—. Agradable y suelta ahora. 
—Eres demasiado grande —dije, pero no importó. Él estaba 
deslizándose dentro de mí, y de alguna manera me estaba expandiendo, 
estirándome poco a poco para poder recibirlo. Jadeé cuando finalmente 
entró completamente en mí, con las bolas tan profundas y grandes que 
pensé que podía ver el bulto en mi vientre con el contorno de su polla. 
Luego salió y volvió a entrar, repitiendo el movimiento hasta que mi 
cuerpo lo aceptó. Me dejé usar, todavía flácida por el orgasmo, pero podía 
sentir otro construyéndose en mí mientras mi agujero revoloteaba y se 
cerraba a su alrededor. Se estaba moviendo más rápido ahora, y podía 
escuchar su respiración cada vez más entrecortada. Estaba demasiado 
apretada, demasiado caliente a su alrededor, y eso lo estaba llevando al 
límite rápidamente. No pude evitar sentir satisfacción al pensarlo. Sabía que 
él nunca había tenido a nadie cuyo agujero caliente y apretado se sintiera 
tan bien en su longitud como el mío. 
 
Grité cuando sentí su liberación llenándome. 
—La próxima vez —jadeó él en mi oído—, procrearé en ti. Para eso eres 
buena, para criar. Te gusta eso, ¿no? 
Gemí y me estremecí en mi segunda liberación, lo que me evitó 
responderle. 
La verdad era que me gustaba. Me gustaba la idea de estar indefensa 
debajo de sus cuerpos, dejar que me usaran y llenarme con su semilla. 
Despertaba algo primitivo en mí, un deseo de someterme, arrodillarme frente 
a ellos y chuparlos y dejar que llenaran cada agujero en mí. 
Apenas recordaba las manos sorprendentemente suaves de Killian 
secándome con una toalla, o él peinándome el cabello largo y desenredando 
los nudos, o ser envuelta en una bata esponjosa y ser llevada a la cama. 
Todo lo que recordaba era la fuerza y el calor de sus brazos rodeándome 
como una trampa de la que no quería escapar justo antes de volver a 
quedarme dormida. 
Pero cuando desperté, me di cuenta de que solo habían pasado unas 
horas. Miré mi alrededor de inmediato con el corazón en la boca, esperando 
que Killian estuviera allí. Despierto y mirándome. Quizás preparándose para 
volver a usarme. Mi pecho se apretó con esa extraña mezcla de miedo y 
deseo de nuevo. 
Pero al otro lado de la cama solo había sábanas desordenadas y un olor 
persistente a pino y humo. 
Volví a bajar las escaleras y noté lentamente los nuevos dolores en mis 
regiones que Killian había creado en mi cuerpo. 
Estaba, por supuesto, mi trasero, que palpitaba con cada paso que 
daba. No era un dolor agudo, sino más como un dolor sordo como cuando 
presionasun moretón. Me hizo recordar lo que se siente estar llena de la 
polla de Killian, inmovilizada como una mariposa luchando mientras entra 
profundamente en mí. No sabía cómo aún estaba en una pieza. Realmente 
pensé que me había roto con lo grande y grueso que era. 
La luz de las ventanas me decía que ya era de tarde. Mi estómago 
retumbó, recordándome que no había comido nada desde la mañana. 
Me reí amargamente, pensando en los últimos días. Me habían 
reducido a una existencia animal, revoloteando entre dormir y comer. Solo 
estaba pensando en sobrevivir, y de alguna manera la idea de cosas como 
escapar, y cómo estaba mi familia en el mundo exterior parecía muy lejana. 
 
Ninguno de ellos estaba aquí. No podía escuchar ninguna de las 
bulliciosas charlas o risas que llegué a asociar con su presencia. Eso me dio 
un poco de coraje y me arrastré hasta la cocina. Robé un poco de queso de 
cabra y algunas nueces, y me las comí rápidamente con las manos, como 
una rata que espera que aparezca el dueño de la casa en cualquier momento 
y se las lleve. 
Alguien apareció un momento después, lo que confirmó mi sospecha 
de que estaban prestando mucha atención a mis movimientos, pero solo era 
Derrick, con su rastrojo y sus ojos color chocolate. 
Sabía que no podía confiar en ninguno de ellos. Los había visto en 
acción cuando me sacaron de mi casa. Pero Derrick fue el más gentil de 
todos, aunque eso no era mucho decir. 
Incluso cuando me tomó por la fuerza, fue paciente. 
Muy lejos del manejo brusco de Killian antes. Entonces, ¿por qué mis 
pezones se tensaron al recordar sus manos en mi cuerpo mojado y 
resbaladizo? 
—Yo solo… 
Derrick levantó una mano y me quedé en silencio de inmediato. Su 
expresión era grave, lo que me puso ansiosa. 
—Killian y el resto pueden encontrar tu terquedad atractiva ahora, pero 
no lo harán para siempre —advirtió él, y sacudió la cabeza cuando abrí la 
boca para hablar—. Piénsalo, Belle. No estamos pidiendo mucho. Solo 
obediencia. Pero si piensan que eres demasiado obstinada para cambiar… 
no irá bien. No solo para ti, sino para cualquiera de nosotros. Tenemos 
mucho sobre ti, Belle. Ponemos nuestra fe en ti. Por favor, no nos pagues 
con ira y mentiras. 
—¿De qué estás hablando? —pregunté, sintiendo el calor de la ira y la 
vergüenza en mi estómago. Y, lo peor de todo, el sabor agrio de la culpa en 
mi boca. 
Derrick tenía razón; me estaban tratando bien, aparte de los momentos 
en que me usaban para su placer. 
E incluso eso… 
—Ustedes me secuestraron, ¿recuerdas? —dije con fuerza. Ellos 
estaban equivocados, ¡él y sus hermanos! Yo era la víctima aquí. 
 
—¿Entonces que vas a hacer? —preguntó él, con la boca bajando 
tristemente en las esquinas—. ¿Nos alejarás, no nos darás nada, hasta que 
nos veamos obligados a dejarte ir? 
Mi corazón saltó ante esas palabras. Ni siquiera dieron una pista de 
que dejarme ir estaba en sus mentes. 
—¿Lo harán? —pregunté, sin molestarme en ocultar lo ansiosa que 
estaba ante la perspectiva. 
—No —dijo, y suspiró. Tenía los hombros inclinados, como si tuvieran 
un gran peso—. Nunca te dejaremos ir, Belle. 
—¿Por qué no? —supliqué—. Nunca le diré a nadie lo que hicieron, ¡lo 
prometo! ¡Incluso voy a fingir que no recuerdo nada de eso! 
—Eso nunca sería suficiente —dijo él suavemente, limpiando las 
lágrimas de mi rostro. Miró las gotas de cristal en la punta de su dedo y la 
sostuvo entre mis labios. Sin necesidad de que me dijera qué hacer, chupé 
su dedo en mi boca y probé la sal. Tragué saliva, manteniendo su mirada 
todo el tiempo. 
—Y sabes que no podemos dejarte ir, Belle —dijo, mirándome fijamente 
a la cara—. Porque eres tan perfecta para nosotros. 
—Desearía no serlo —respondí temblorosamente. 
—Nunca nos mientas, Belle —gruñó, un destello de ira revoloteando 
por su rostro—. Siempre lo sabremos. 
—Lo siento —dije. La culpa me inundó, aunque no pude ubicar el 
motivo hasta que repetí nuestra conversación en mi cabeza. 
Dije que no quería ser lo que ellos querían y necesitaban… pero eso era 
una mentira, tenía que admitirlo ahora, ya que Derrick había visto a través 
de mí. 
Su atención, su constante necesidad de tenerme, me embriagaba. Tal 
vez era la forma fácil y posesiva en que me tocaban y sostenían, como si 
fuera algo frágil y precioso, y, sin embargo, no se contenían al tomar placer 
o darlo. 
Incluso enjaulada en los brazos de Killian más temprano, inflexible 
como barras de hierro a mi alrededor, no me sentí atrapada. Me sentí… 
apreciada. 
Y eso me asustó muchísimo. 
 
—Todavía no lo has aceptado por completo —dijo Derrick, y ahora 
parecía un poco más comprensivo, en lugar de enojado. Me alegré. Quería 
su aprobación. Quería su ternura y la aprobación en su mirada que me 
bañaba como la cálida luz del sol—. Pero lo harás. Ahora ven —dijo, y había 
algo sombrío en sus ojos—. Tenemos que hablar. 
Lo seguí a la sala de estar, con el corazón hundido. Intenté preguntarle 
qué estaba mal, pero no respondió. 
El resto de los hombres estaban en la sala de estar. Intenté sentarme 
en el espacio al lado de Rohan, quien no parecía demasiado acogedor, pero 
era el único espacio que quedaba, cuando Killian me agarró por la cintura y 
puso mi cuerpo en su regazo. 
—¿Qué…? —dije, todavía confundida, cuando vi a Rohan y Gunner 
mirando a Killian—. No debería —dije tímidamente, sintiendo que algo 
andaba mal, y traté de moverme de su regazo. Pero mi trasero frotando la 
entrepierna de sus jeans no estaba ayudando. Pronto sentí que algo duro y 
familiar se clavaba en mí, y me congelé. 
—¿Lista de nuevo tan pronto? —dijo Killian arrastrando las palabras, 
pero parecía ansioso. 
—Killian —dijo Derrick, sonando exasperado—. Deja de pensar con tu 
polla. Tenemos cosas importantes para discutir. Además, es el turno de 
Rohan con Belle. 
—Él puede tenerla —dijo Rohan despectivamente. Tenía sus ojos fríos 
y enojados sobre mí, como si fuera suciedad su costoso zapato de cuero. No 
sabía qué había hecho para que me odiara tanto, pero claramente lo sabía—
. No sé qué esperas que haga con… eso. 
—No soy una cosa —dije en voz baja. El agarre de Killian sobre mí se 
aflojó un poco, tal vez por sorpresa. 
—No, eres peor —dijo Rohan, torciendo la boca. Era una expresión fea 
en alguien tan guapo. Sentí la necesidad de pasar mi dedo por su boca, 
suavizar su expresión para que su rostro se viera bonito otra vez, pero alejé 
eso. Probablemente me mordería el dedo si lo intentara, de todos modos—. 
Solo eres la hija de un… 
—Suficiente, Rohan —interrumpió Gunner. Parecía exasperado, como 
si la reunión no fuera según el plan—. Ella no sabe nada de eso, ¿recuerdas? 
Ni siquiera entiende por qué la odias. 
—Es cierto —dije, aclarándome la garganta. Curiosamente, verlos 
discutir entre ellos me hizo sentir menos intimidada. Una parte de mí 
 
esperaba que me usaran para cualquier propósito pervertido que quisieran, 
y luego me mataran. 
En cambio, lentamente comencé a darme cuenta de que no tenían 
intención de hacer eso. Me iban a mantener. 
Y no sabía cómo me sentía al respecto. 
 
Cinco 
olo digámosle y terminemos con esto —espetó Rohan, 
cruzando los brazos y mirando hacia otro lado. Su 
cuerpo irradiaba ira oscura. Me sorprendió que mi piel 
no se ampollara por el calor que emanaba como un horno—. Y recuerda, 
esta fue tu idea, no mía. Voté por lo otro. 
—No vamos a discutir eso ahora —dijo Derrick, con un toque de 
advertencia en su voz. 
Pude ver los hilos de una jerarquía formándose entre los hermanos. 
Derrick era el mayor, y dejaban que él los mantuviera a todos en línea, 
aunque ninguno de ellos lo admitiría. 
Killian era el imprudente, lleno de violencia y deseos malvados. Él era 
el que los demás tenían que mantener al final, pero lo consentían de la 
manera que yo esperaba que los hermanos mayores hacían con sus 
hermanos menores. 
Gunner era el líder. Hablaba con autoridad, y el resto deellos lo 
obedecían, a pesar de que de vez en cuando se mostraban reacios. De alguna 
manera, sabía que él fue quien hizo el plan para secuestrarme. Miré su 
rostro, con su fuerte mandíbula y ojos verdes con un toque de oro, e intenté 
sentir odio hacia él por ponerme en esta posición, pero no pude. 
Parecía alguien que debería liderar un pelotón de hombres a la batalla. 
Había algo en la línea confiada y suelta de su cuerpo que me hizo querer… 
confiar en él. 
Pero la confianza era algo peligroso para darle a alguien, como lo sabía 
muy bien. Papá me había enseñado eso. 
Tenía una leve cicatriz en el rostro, la noté por primera vez. No había 
tenido el lujo de absorber sus rasgos antes, pero ahora resaltaron cosas 
nuevas, como las callosidades en sus dedos que frotaba distraídamente, y 
el ligero rastrojo en su barbilla que no se molestó en afeitarse. Era del color 
de whiskey oscuro con vetas rojas, al igual que su cabello. 
—S 
 
Rohan era el alborotador. El hermano que a menudo era malhumorado 
y hosco, propenso a ataques de ira impredecibles. Lo noté por la forma 
practicada en que Derrick y Gunner intentaron calmarlo. Mi piel se erizó. 
No quería estar cerca de él cuando estuviera realmente enojado. Lo sabía 
con seguridad. 
¿Y qué hay de él “tomando su turno” conmigo? No, no, no. Derrick y 
Killian eran conocidos para mí ahora… no pude encontrar en mí tener miedo 
de ellos, aunque tal vez debería tenerlo. Pero Rohan… no iba a acercarme a 
él hasta que lo conociera mejor. 
Como si tuviera alguna opción en el asunto. 
Todos se vestían de manera similar, como si estuvieran decididos a 
diferenciarse lo menos posible. Todos llevaban camisas a cuadros, jeans y 
botas gruesas. Pero, aunque la ropa podría estar sucia o desgastada por el 
clima, no era la ropa normal y áspera que esperarías que usara un grupo de 
hombres ermitaños. Reconocí algunas de las etiquetas que lucían, y la ropa 
de estos hombres costaba más que el alquiler de la casa en la que vivíamos 
con papá. 
En otras palabras, parecía que estarían como en casa en una tienda de 
moda con temática de leñadores. 
—Debes tener muchas preguntas —dijo Gunner. Aparté mi mente de 
mi análisis y lo miré. Mi expresión debe haber estado bastante en blanco, 
porque él explicó—: Acerca de por qué estás aquí y… otras cosas. 
—Sí —dije de inmediato—. Obviamente, tengo preguntas. 
—Entonces pregunta —dijo simplemente. 
Alcé las cejas con incredulidad. 
—¿Entonces puedo preguntar y responderán, así como así? 
—¿Es tan difícil de creer? 
—¡Sí! —exclamé—. Primero me secuestran en medio de la noche, luego 
tus hermanos me usan como un juguete, ¿y ahora esperan que crea que 
responderán mis preguntas? ¿Por qué ahora? 
—Bueno —dijo Derrick, sosteniendo una camisa de aspecto familiar—, 
pensamos aclararte algunas cosas. 
Era la camisa que llevaba cuando fui a su habitación secreta en el 
sótano. Estaba cubierta de telarañas, lo cual inevitablemente me delataba 
de haber ido a su habitación secreta. Me quedé fría por todas partes. 
 
—Yo… no quise hacerlo —dije, abrazándome a mí misma, tratando de 
hacerme pequeña e inofensiva. Era un reflejo que se quedó conmigo desde 
que era niña. Si me convertía en una pequeña bola, papá no me golpearía. 
Eso nunca funcionó, por supuesto, pero era el mecanismo de defensa que 
decidí usar contra toda lógica. 
»Lo siento —continué, esnifando—. ¡No entendí nada eso de todos 
modos! Pero tienen la fotografía de mi papá allí —agregué. 
—Belle —dijo Derrick con voz gruesa, mirándome con intensamente. 
No se había perdido la forma en que me estaba abrazando, como para evitar 
golpes—. No vamos a lastimarte. Lo crees, ¿no? 
—Sí —dije. Creía que al menos no me iban a matar. Pero “lastimar” era 
otra cosa completamente distinta. Las personas podrían lastimarse 
mutuamente de muchas maneras y ni siquiera saberlo. Incluso podría creer 
que Derrick no me haría daño intencionalmente. Era un gigante gentil. ¿Pero 
los otros hermanos, y especialmente Rohan? Bueno, no creía que la promesa 
se extendiera a él. 
—No nos importa que hayas entrado en la Sala de Guerra —dijo 
Gunner—. Pero es hora de que entiendas lo que estamos haciendo. 
—¿Qué sabes de tu padre, Belle? —preguntó Derrick. 
—Él es solo… papá —dije, confundido por la pregunta—. Nos mudamos 
al pueblo cercano hace unos meses porque a su negocio no le iba tan bien, 
pero él dice que se recuperará. Estaba entusiasmado con una oportunidad 
de negocio de la que su amigo le habló… pero no entiendo qué más quieren 
saber. 
—Belle —dijo Derrick en voz alta—. Tu padre no es solo un hombre de 
negocios normal. Es una persona despiadada y un asesino. 
—Yo solo… no entiendo cómo eso podría ser posible —tartamudeé, pero 
me sentía fría. ¿Qué sabían ellos? Creía ser la única persona que 
sospechaba… 
—Oh, ¿en serio, princesa? —dijo Rohan, arrastrando las palabras 
amargamente—. ¿Nunca te preguntaste de dónde vino todo el dinero de 
papi? ¿Cómo compró un yate o una casa en una de las ciudades más 
costosas del mundo? 
—Él… su negocio estaba yendo bien —tartamudeé débilmente—. A la 
gente le gustaba trabajar con él. 
 
—¿De verdad? —preguntó Gunner intensamente, inclinándose hacia 
adelante—. ¿O simplemente les gustaba la dulce bonificación que tu papá 
les dejaba a cambio de asociarse con él? 
Lo miré y luego a Rohan y Derrick. Sus rostros estaban planos y en 
blanco, pero pude ver algo en el de Derrick. Era demasiado abierto. Delataba 
su simpatía y piedad. 
—Lo que creas que sabes —dije—, están equivocados. 
—No nos equivocamos —dijo Killian detrás de mí. No había rastro de 
sonrisas en su voz, y sus manos en mi cintura me hicieron darme cuenta 
de que estaba temblando violentamente. 
—Lo sabemos, Belle —dijo Derrick, aclarándose la garganta—. Lo 
sabemos todo. 
—Él nunca… quiero decir, ellos nunca… —dije incoherentemente—. 
Era virgen cuando ustedes me tomaron. 
—Pero enviaba hombres a tu habitación por las noches —dijo Gunner 
llevándome sin piedad a mis recuerdos de largas noches en una habitación 
oscura y hostil, con enormes manos deslizándose por mi muslo mientras 
otra metía dedos en mi boca para no dejarme gritar… 
—Aun así te tocaron de formas que nunca quisiste. 
—Basta —dije, tapándome los oídos con las manos—. ¡No tengo que 
escuchar esto! 
—Puede que te interese saber que tu precioso padre —escupió 
Gunner—, decidió que dieciocho años era edad suficiente para que tu 
virginidad finalmente se vendiera. Obtuvo un muy buen trato por eso, o eso 
me alardeó en un bar la semana pasada. 
—¿Ustedes me compraron? —susurré. 
Pero algo no estaba bien. Si me compraron… ¿por qué me 
secuestraron? Papá los habría dejado tenerme en bandeja de plata. 
—No compramos personas —dijo Rohan secamente—. No somos 
monstruos, a diferencia de tu familia. Deberías estar agradeciéndonos. 
Nosotros te salvamos. 
—¿Por qué lo hicieron? —dije desafiante. Parecía sorprendido por la 
chispa de ira en mi tono—. ¿Por qué les importa mi familia o por algo que 
tenga que ver con nosotros? 
 
—Porque hace seis años —dijo fríamente Rohan—, tu padre mató a 
nuestros padres. 
Hubo un silencio helado en la habitación, en el que traté de entender 
cómo podía ser posible. 
—Papá no lo haría —dije, pero mi corazón no estaba en eso. 
Papá solía enviar a sus asociados a mi habitación por la noche para 
“divertirse” conmigo… eso me decía que no había mucho que él no haría. 
—¿Recuerdas a la familia Emery? —preguntó Derrick en voz baja. 
Parpadeé hacia él. El nombre sacó algo de mi memoria: un hombre 
mayor y sonriente, una mujer hermosa con un vestido rojo y un grupo de 
niños. Todos vestidos con trajes costosos, incluso los niños que eran tan 
jóvenes que parecían estar jugando a los disfraces. 
Atrajeron cada par de ojos en el brillante salón de baile… incluido los 
míos. 
—Los vi en una gala benéfica —dije, frunciendo el ceño mientras 
intentaba recordar—. Hace años. Yoestaba en primaria. Uno de los niños 
robó un gancho de mi cabello. 
—Ese fui yo —dijo Killian, con una sonrisa perversa entrelazando su 
tono—. Pero Rohan era tu favorito en ese entonces. Yo estaba tan celoso. 
Miré a Rohan, sorprendida. Se negó a encontrar mi mirada, pero un 
leve rubor cubrió sus mejillas. Pude ver el rostro de su versión más joven 
flotando en mi mente, dulce y amable. Sus ojos brillaron con risa. 
Gunner era demasiado viejo para jugar conmigo, y como era estudiante 
de secundaria me intimidó. Derrick estaba en segundo año en la 
universidad, por lo que no iba a jugar con una niña tonta. Pero Killian tenía 
razón. Rohan y él habían sido mis compañeros de juego esa noche. 
Jugué a las escondidas con ellos, les confesé todos mis secretos. A su 
vez, prometieron protegerme mientras viviera, si aceptaba ser compartida 
con los cuatro hermanos. 
Y lo hice, simple e inocentemente, sin saber que vendrían por mí diez 
años después y cumplirían cada centímetro de esa promesa. 
—¿Qué les sucedió? —susurré, con el corazón roto cuando me di 
cuenta de que tenía que saber la verdad… y que les creería. Si decían que 
papá había asesinado a sus padres, no tenía más remedio que creerles. 
 
Toda mi vida hasta ahora había sido una mentira, pero no podía 
continuar. Papá estaba retorcido y equivocado, pero pensé que solo yo había 
visto ese lado de él. Tuve mucho cuidado de proteger a mis hermanas de ser 
utilizadas para “endulzar” sus negocios. Pero resultó que tal vez él estaba 
haciendo todo tipo de otras cosas que eran demasiado malvadas como para 
pensar. 
Derrick comenzó a contar la historia, y aunque los eventos que 
mencionó fueron demasiado crueles para comprender, me encontré 
relajándome en los brazos de Killian. Sus palabras se apoderaron de mí y 
pintaron un cuadro en mi cabeza de traición y una familia rota sin remedio… 
—Tu padre y nuestros padres se conocieron la noche de la gala, hace 
diez años. Se llevaron bien de inmediato. Nuestros padres pensaron que las 
tres chicas eran tan encantadoras y felices… y, por supuesto, su madre 
estaba muerta, por lo que pensaron que tu padre era un buen hombre al 
cuidar de ustedes solo. Ciertamente lo hizo sonar como si mereciera una 
medalla por ello. Unas semanas más tarde, decidieron hacer una empresa 
conjunta, algo en bienes raíces. Tu padre dijo que tenía todo su dinero en 
inversiones, por lo que nuestros padres tendrían que pagar la factura, lo 
cual estaban muy felices de hacer. Heredaron una buena suma de sus 
padres y pensaron que estaban ayudando a un amigo. 
»No hicieron que un abogado revisara los contratos, o habrían 
entendido que tu padre hizo: que todas las ganancias del negocio fueran 
solo para él. Pero firmaron, y tal vez eso todavía hubiera estado bien. 
Nuestros padres fueron listos. Incluso si perdieran todo su dinero, habrían 
vuelto a ganar diez veces más tarde. No había peligro de que vivieran en la 
pobreza. 
»Pero, por supuesto, eso no fue todo. Tu padre no podía dejar que ellos 
le dijeran a sus amigos ricos e influyentes que les había robado todo su 
dinero. 
Él se detuvo allí y respiró hondo. Incluso este recuento parecía estar 
lastimándolo. Había líneas alrededor de su boca que no estaban allí antes. 
—¿Qué pasó? —susurré. 
—Solo escuché sobre eso después de que recuperaron los cuerpos y los 
identificaron —dijo con voz pesada—. Recibí una llamada de la estación de 
policía, la noche antes de mi examen final de bioquímica. Son graciosas las 
cosas que recuerdas. Nunca hice ese examen. Me dijeron que mis padres se 
habían salido de la carretera en una curva cerrada y que su auto se había 
estrellado contra la ladera de una montaña. 
 
—No —dije involuntariamente. 
—Yo tampoco podía creerlo —dijo Derrick sombríamente—. Dijeron que 
mi papá tenía diez veces la cantidad legal de alcohol en su sangre. Y fue 
entonces cuando supe que la policía estaba mintiendo. 
—¿Qué? 
—Papá nunca bebía —dijo Rohan sombríamente. Estaba mirando sus 
manos—. Decía que no le gustaba el olor a alcohol. Mamá lo hacía, pero ella 
no era la que conducía esa noche. 
—Los chicos vinieron a quedarse conmigo, y no tuve que decirles nada. 
Las primeras palabras que salieron de sus bocas fueron “alguien los mató” 
—dijo Derrick con evidente orgullo—. Hice recuperar el auto del depósito de 
chatarra sin que la policía lo supiera, y mi amigo mecánico lo examinó. 
Nunca adivinarás lo que encontró. 
—Los frenos fueron cortados —susurré. 
Ahora tenía su atención. 
»De la misma manera que murió mi madre —expliqué, aclarándome la 
garganta—. Los frenos estaban desgastados. De algún modo. Pero el auto 
tenía solo unos pocos meses de haberse comprado. Papá amenazó con 
demandar a los fabricantes, pero de alguna manera nunca lo hizo. 
Para mi sorpresa, Gunner asintió. 
—Tu madre heredó bastante de su abuelo, ¿verdad? Eso tiene sentido. 
¿Cuánto tiempo has sospechado de tu padre de esto? 
—Nunca se lo dije a nadie —dije, y dejé que mi cabello cubriera mi 
rostro como una cortina. Todo lo que pude ver fue el rostro de mamá, 
moteada de morado y amarillo con moretones, una sábana blanca cubriendo 
el resto de su cuerpo. No había rastro del perfume floral que le gustaba usar, 
solo el olor antiséptico a hospital, y ese resultó ser una morgue. 
»Ni yo me lo creía. No podía. Pero era la única que sabía, que ellos 
habían estado peleando por dinero. Simplemente no entiendo por qué… ¿por 
qué querría el dinero de sus padres si ya tenía el de mamá? 
—A veces, la gente es tan avariciosa que no pueden ser aplacados con 
nada —dijo Gunner simplemente, su rostro ensombrecido—. Pero en este 
caso, él ni siquiera recibió el dinero de su madre. Porque ella lo dejó… para 
ti. 
 
Seis 
o miré boquiabierta. 
—Yo… no tengo nada —protesté—. Nada. Se los juro, si 
papá creía que tenía algo que heredar, no habría intentado 
venderme a nadie… 
—Lo obtendrás cuando tengas veintiún años o estuvieras casada. Él no 
tenía derecho a reclamarlo de ninguna manera, algo que sabía bien. 
Entonces, ¿por qué dejarte crecer, dejar la casa y ser independiente, cuando 
él podría sacarte algo? Te vendió a cambio de un anticipo del dinero. Tu 
“dueño” obtiene la herencia, los ochenta y tres millones, y tu padre recibe 
una maleta de cinco millones… en efectivo. 
—¿Cómo saben eso? —exigí. Apreté mis manos con tanta fuerza que 
mis uñas dejaron marcas en forma de media luna en mi piel—. ¿Esto es 
venganza? ¿Me encarcelarán aquí por lo que hizo mi padre? 
—Déjame terminar —dijo Derrick. Cerré la boca y tragué más 
acusaciones de enojo. No hubiera confiado en nadie más. 
Pero Derrick… recordé el gentil dominio que me mostró esa noche. 
Estaba temblando, temblando como un potro recién nacido, y él me tomó de 
la mano. De alguna manera sabía exactamente lo que necesitaba… una 
mano firme y un castigo por la desobediencia. 
Era retorcido, lo sabía, pero esa era la única forma en que podía 
funcionar. 
—Así que allí estaba, con tres adolescentes y sin esperanza de terminar 
la universidad. Afortunadamente, tuvimos abuelos que nos acogieron. 
Vivimos con ellos durante unos años, tratando de superar el dolor de saber 
que nuestros padres estaban muertos y que habían sido asesinados. 
»Y después de que nuestros abuelos murieron, solo nos tuvimos el uno 
al otro. No confiamos en otras personas. Fuimos antisociales e incómodos 
con otras personas. Al principio, solo quería que los cuatro sobreviviéramos. 
L 
 
Conseguir trabajo, sentar cabeza con familias. Aprender a finalmente estar 
cerca de otras personas. Pero Gunner… no estuvo de acuerdo. 
—Yo estaba trabajando con detectives privados. —Gunner sonrió—. 
Usé mi parte del dinero del seguro para reconstruir lo que sucedió. No se 
necesitó un genio para darse cuenta de que tu padre lo hizo todo. Nos ha 
llevado casi una década, pero vamos a ver su imperio convertirse en cenizas. 
—Ya no tiene dinero —señalé—.Los cuatro vivimos en una casa de dos 
habitaciones en medio de la nada. Apenas podemos pagar por los 
comestibles. Hubo un escándalo, hace unos meses. Debieron haberlo visto. 
—¿Visto? —repitió Rohan con desprecio—. Nosotros lo expusimos, 
obviamente. Nadie más lo iba a hacer. Pero cada vez que destruimos uno de 
sus planes, a él se le ocurre algo más. Es como una cucaracha. Y tiene 
amigos en lugares altos. Estaba seguro de que él terminaría en prisión 
después de que el último escándalo llegara a los periódicos. 
Desafortunadamente, jugó al golf con un cierto senador que le hizo un favor. 
Por eso la reubicación repentina. 
—Pero esta vez —dijo Derrick sombríamente—, estará terminado para 
siempre. Su reputación caerá a pedazos. Estará en prisión por mucho 
tiempo. Te tomamos noche para alejarte del monstruo al que te vendió. 
—No nos hagas sonar desinteresados —dijo Killian inquieto—. La 
tomamos porque queríamos. 
—Nunca te olvidaron —explicó Derrick—. Killian, Rohan y Gunner. 
Recordaron a la niña de cabello oscuro que quería jugar a las escondidas y 
prometió casarse con todos ellos. 
Me sonrojé al recordar lo joven y tonta que era. 
—Era una niña —protesté—, no lo dije en serio. 
—Sí, lo hiciste —gruñó Killian en mi oído. Su aliento estaba caliente, e 
hizo que mi corazón se acelerara—. No finjas que no lo sabes, fuiste hecha 
para nosotros, Belle. 
—No puedes hacerme cumplir una promesa que hice cuando tenía ocho 
años —dije, y chillé cuando él separó mis muslos. 
—Déjame mostrarte —dijo con vehemencia, y tiró de la bata alrededor 
de mis caderas. Mis piernas estaban extendidas en el aire, y jadeé cuando 
él presionó un dedo en mí. Mi clítoris palpitó. 
 
Sí, estaba mojada. Sí, disfrutaba ver las miradas hambrientas en todos 
sus rostros, girándose hacia mí, su atención fija en mí, lamiéndose los labios 
como si quisieran devorarme… 
—Te mostraremos lo perfecta que eres para nosotros —dijo Killian 
arrastrando las palabras, lamiendo y mordiendo la concha de mi oreja. Se 
movió hacia la delicada piel de mi cuello, mordiendo el lugar donde me latía 
la sangre, rápido y caliente. 
—No puedo. ¡No aquí, delante de todos…! —protesté, mientras él 
insertaba un segundo dedo. No fue tan cuidadoso como Derrick había sido 
esa primera noche, pero aun así… me gustó. 
Después del conocimiento de la traición de papá que había sido 
arrojado a mi cerebro, ¿no me había estado traicionando toda mi vida? Mi 
mente estaba tambaleándose. Necesitaba algo que me raspara, raspara mis 
bordes afilados a algo liso y soportable. 
—Puedes, lo harás —dijo Killian burlonamente, sacudiendo mi clítoris 
con su dedo descuidado. Fue tan duro que me dolió, pero a mi cuerpo no 
parecía importarle. En lugar de eso, me arqueé en su toque. A través de mi 
neblina de excitación, noté que los tres hombres que miraban tenían 
enormes carpas en sus jeans. 
—Gunner —dije de repente, mirándolo. Sus ojos se clavaron en mi 
rostro. Estaba tratando de no tocar el bulto en sus pantalones, aunque pude 
ver que casi estaba temblando por el esfuerzo que le tomó. También podría 
decir que era grande… realmente grande. Él sería quien podría llenarme, 
hasta que no pudiera sentir nada más que él, tan apretada alrededor de él 
que vería estrellas. 
—No es una buena idea —gruñó, pero sus manos se apretaron sobre 
sus muslos. Dejé que mis ojos se cerraran y gemí cuando Killian fue más 
profundo. No era falso, era calculado. Cuando lo miré de nuevo, pude verlo 
apretando los dientes con frustración. 
—Tal vez no puedas tomar a Gunner —dijo Derrick, levantando una 
ceja. No se estaba conteniendo, y tenía el puño alrededor de su gruesa 
longitud, bombeándola hacia arriba y hacia abajo mientras veía a Killian 
follarme con el dedo hasta el olvido. 
—Quiero hacerlo —dije tercamente, y contuve un grito cuando Killian 
me pellizcó el clítoris sin previo aviso—. Usaré mi boca. 
—Compórtate —regañó Derrick a Killian. Sentí su sonrisa en mi 
cabello. 
 
—¿Gunner? —dijo Derrick. 
—Sí —respondió Gunner finalmente. No dije nada, pero liberé el aliento 
que había estado conteniendo inconscientemente. Él dijo que sí. 
Se acercó a mí lentamente, con intención. No apartó sus ojos de mí por 
un segundo, y en su lugar asimiló la imagen al verme retorciéndome en el 
regazo de Killian mientras jugaba con mi clítoris y mi coño. Contuve el 
aliento mientras lentamente desabrochaba sus jeans y sacaba su polla. 
Tragué. 
Era enorme. La más grande que había visto hasta ahora, y estaba dura. 
Gruesa y pulsante en la mano de Gunner, se retorció cuando me lamí los 
labios inconscientemente. Parecía que Gunner estaba tan ansioso como yo. 
Él se movió frente a mí, puso su polla justo al nivel de mi rostro. Antes 
de que él pudiera iniciar algo, comencé a lamerlo y chuparlo. Por la forma 
en que gruñó en respuesta, supuse que estaba haciendo algo bien después 
de todo. 
Era la primera vez que hacía una mamada, y sabía que debía parecer 
descuidada e inexperta. La idea me hizo sonrojar de vergüenza, pero Gunner 
tenía sus manos en mi cabello, sosteniéndome en su lugar y susurrando 
que era una “buena chica”, y eso me dio confianza. 
Primero tomé su cabeza en mi boca y la chupé, ahuecando mis mejillas. 
Eso hizo que su agarre en mi cabello se tensara, así que continué lamiendo 
y chupando la punta. No podía tomarlo todo en mi boca, era demasiado 
grande, así que, en lugar de eso, comencé a bombear su eje con mi mano y 
jugueteé con sus bolas. 
Soltó un suspiro de satisfacción, lo que me hizo más audaz. Descubrí 
que podía tomarlo más en mi boca y seguir chupando. Se estaba poniendo 
inquieto ahora, y podía sentir que se estaba acercando. Podía sentir la 
erección de Killian meciéndose en mi muslo con insistencia, pero no dejó de 
masajear mi clítoris y mis labios internos. 
Casi estaba montando sus dedos ahora y centrándome en mi propio 
placer. Gunner no necesitó ninguna indicación para comenzar a empujar 
dentro y fuera de mi boca, lenta y cuidadosamente. Cada empuje hacia 
adentro traía su longitud más adentro de mí, y cuando la presión en mi coño 
se fundió en un clímax, tomé casi toda su polla en mi boca, tocando la base 
de mi garganta. 
—Tomando mi polla tan bien, nena, tragándome tan bien, caliente y 
apretada —murmuró cuando se corrió, salpicando caliente y salado en mi 
 
garganta. Me ahogué brevemente, pero logré tragar, y me recosté contra 
Killian, sin peso y saciada. 
 
Siete 
ronto podrás tomarnos a todos a la vez —dijo Derrick, 
acariciando mi cabello. Mi piel estaba sudorosa, lo que 
hizo que se pegara a mi piel, pero a él no parecía 
importarle que fuera asqueroso. 
—Nunca podría —murmuré. Estaba demasiado floja y relajada para 
sentir sorpresa por sus palabras. Me sentí un poco perpleja. 
¿Todos a la vez? No, eso era imposible, mi cerebro me lo decía. No se 
podía hacer. 
—Te sorprenderías —dijo, riéndose. 
Gunner me levantó en sus brazos, sus brazos sólidos e inflexibles 
debajo de mí. 
—Puedo caminar —protesté ineficazmente. 
—Todavía estás débil —dijo secamente—. No estás en forma para 
caminar. Nunca deberías haber… 
Se mordió el labio sin terminar su oración. 
—Nunca debí haberte pedido que me follaras la boca, ¿a eso te refieres? 
—dije, dejando que mi cabeza retrocediera contra la extraña y cómoda 
dureza de su pecho—. Pero sabía que no podías hacerme daño. 
—Podría lastimarte —replicó, pero no parecía feliz por eso—. Podría 
lastimarte de muchas maneras que ni siquiera entiendes. 
—Pero ¿y qué si pudieras? Mientras no lo hagas en realidad… 
Me llevó arriba, a una habitación desconocida. Era una que no me 
había tomado la molestia de mirar, ya que era solo una en una línea de 
habitaciones de huéspedes, estéril e impersonal. 
—Pensé que no había nada aquí —dije con curiosidad. 
—P 
 
—Echaste un buen vistazo, ¿verdad? —dijo él secamente, y me sonrojé 
al recordar cómo todos sus hermanos me habían atrapadohusmeando. Me 
dejó caer sobre la cama suavemente, y me giré de lado para ver lo que estaba 
haciendo. 
Abrió el gran armario con vestidor y salió con un montón de ropa. 
—¿Qué es…? —Comencé a preguntar, y grité cuando él arrojó todo 
sobre mí—. ¡Qué demonios! —dije, saliendo del montón, mirándolo. Mi 
molestia se desvaneció cuando vi las arrugas alrededor de sus ojos, una 
señal reveladora de que se estaba riendo por dentro. 
—Lo siento —dijo solemnemente. 
—No, no lo sientes —dije quejándome. 
—Tal vez no —concordó, y me arrojó algo. 
Lo sacudí y lo miré. 
Era un vestido. Un vestido tipo suéter muy bonito y muy costoso. Era 
perfecto para usar en un día de invierno. 
—¿Esto es para mí? 
—No, es para la otra chica que secuestramos en medio de la noche y 
que trajimos a nuestra casa en las montañas —dijo Gunner—. Así que 
devuélvelo. 
—Es para mí —dije, mirándolo. El material era delicioso, suave y cálido 
como la mantequilla y luz del sol. Nunca había tenido algo tan costoso en 
mi vida. Miré el resto de ropa dispersa. Todo era de diseñador, elegante pero 
también práctico. Noté jeans y pantalones cortos, camisetas sin mangas y 
blusas, faldas y vestidos. 
Mi mente estaba tambaleándose. 
—¿Ustedes… ustedes cuatro fueron de compras para mí? —dije 
incrédula. 
—Es sorprendente lo que te consigue un presupuesto ilimitado y un 
comprador personal que está ansioso por complacer a sus mejores clientes 
—dijo, aclarándose la garganta. Su tono era indiferente, pero había un sutil 
placer en su rostro. 
Lo hice feliz al aceptar la ropa ridículamente extravagante que me había 
comprado. Bueno, podría haber cosas peores. 
 
—No podemos permitir que deambules por la casa con solo una camisa 
o una bata de baño —explicó, sin apartar la mirada mientras me desataba 
la bata de baño y quitaba la prenda de mi cuerpo desnudo—. Killian te 
hubiera preferido sin ropa por completo, pero incluso él entiende que debes 
estar abrigada. 
—Gracias —dije, mirando la forma en que el vestido suave abrazaba mi 
cuerpo—. Es perfecto. 
—No me des las gracias, Belle —dijo, con los ojos nublados con algo. 
Pudo haber sido tristeza o desespero. Todo lo que sabía era que no podía 
tocarlo al estar allí… todavía—. Nunca me lo agradezcas. 
—Pero quiero hacerlo —dije tercamente—. Si no lo hubieran hecho, 
sería esclava de alguien peor que incluso mi papá. Después de recibir el 
dinero que mi madre me dejó, ¿qué crees que habría hecho conmigo? 
Me miró en silencio, pero sabía que nuestros pensamientos iban en la 
misma dirección. El monstruo que me compró se aseguraría de que tuviera 
un “trágico accidente”, tal vez cortar los frenos del auto en el que estuviera, 
por ejemplo. 
—¿Quieres ver algo de televisión? —pregunté, agarrando el control 
remoto de la mesita de noche—. Estoy de humor para algo estúpido y 
basura. 
—Tengo que ir a comprobar las cosas —dijo, para mi decepción. 
Había algo todavía lejos en Gunner. Conocía la sensación de ser llenada 
con su polla y arrastrada al borde del placer con su toque. Y, sin embargo, 
todavía había muchas cosas que no sabía sobre él. 
Me mordí el labio cuando se fue, pasando entre canales inquietamente. 
No había nada interesante para ver. 
Programa de juegos. Espectáculo de renovación de viviendas. Mujeres 
con rostros naranjas gritando y arrojándose vino entre sí. Telenovela. Papá 
hablando con un periodista. Policía. 
Espera, ¿qué? 
Frenéticamente regresé y lo encontré de nuevo. De verdad era papá, y 
estaba hablando con algún periodista. Me di cuenta de que se trataba de un 
canal de noticias local, pero a papá le dieron un primer plano, y también 
había subtítulos para lo que estaba diciendo. 
Noté que se veía bien. Papá siempre tenía el aspecto limpio de un 
político nato. De hecho, se postuló para alcalde dos veces cuando yo era una 
 
bebé, hasta que se dio cuenta de que entrar en negocios era un uso mucho 
mejor de su talento para coquetear y estrechar la mano de otros hombres 
de negocios viscosos. 
Me preguntaba cuánto tiempo le había llevado darse cuenta de que 
tenía un recurso valioso para aprovechar, específicamente, el cuerpo de su 
hija pequeña. Me gustaba pensar que solo lo pensó después de la muerte de 
mamá, pero quién podría saberlo. 
Subí un poco el volumen, mi corazón apretándose al ver que mi foto se 
mostraba en la esquina superior derecha. Era mi foto del anuario de la 
secundaria. Aparentemente no habían podido encontrar nada más reciente. 
Lucía fresca y joven. 
Dios, me veía tan joven. Incluso entonces, tenía una inclinación hacia 
abajo en la esquina de mis labios. Mis ojos miraban a alguna parte a lo lejos. 
Me daba cuenta ahora de que parecía un fantasma. Era fue antes de nuestra 
mudanza, por supuesto, así que todavía recibía mis visitas nocturnas, en 
mi habitación escondida en la esquina del piso superior, donde nadie podía 
oírme llorar. 
—…se unió a un grupo de terroristas domésticos extremadamente 
peligrosos —decía papá—. Estamos desconsolados por esto, Belle, si estás 
ahí afuera, todo lo que tenemos que decir es: ¡Ven a casa, por favor! Todo 
está perdonado. No dejaré que te pase nada. Tus hermanas… —Y sus 
palabras se cortaron tan convincentemente que incluso yo lo admiraba—. 
¡Tus hermanas te extrañan tanto! 
Y continuó una y otra vez. Luego la imagen cambió, a una transmisión 
en vivo de nuestra pequeña casa en boondocks. Mostraron un clip de más 
temprano esta mañana, de Lenny entrando a la casa con una bolsa de 
comestibles en la mano. Parecía que había estado llorando. 
Observé aturdida, tomando los fragmentos de lo que decían los 
periodistas. Vi los informes por lo que parecieron horas. 
El canal realmente había eliminado todas las pausas comerciales, y no 
escatimó en costos. Hubo una toma aérea de nuestra pequeña casa, 
probablemente tomada desde un helicóptero. Mostraron entrevistas de 
todos nuestros vecinos que aceptaron hablar con ellos. Todos parecían 
emocionados de estar en televisión. 
Todos dijeron diferentes versiones de: 
—¡Sabíamos que ella era malas noticias desde el principio! 
La gente diría cualquier cosa por sus quince segundos de fama. 
 
Había especulaciones interminables sobre mí y mi paradero, al igual 
que de los hombres que me habían llevado. No tenían nada sólido, gracias 
a Dios. 
Pero, ¿cuánto tiempo les tomaría seguir las huellas de un enorme jeep 
hasta una cabaña de troncos en las montañas? 
Y mientras tanto, papá había hecho un excelente trabajo engañando a 
todos. 
Parecía que la mañana después de que los hermanos Emery me 
llevaran, Lenny finalmente recuperó el conocimiento, gracias a Bridgette que 
la encontró. Le contaron a papá lo que había sucedido, creyendo, con toda 
inocencia, que él no tenía idea de lo que había sucedido. 
Le contaron sobre los hombres vestidos de negro que le dieron 
cloroformo a Lenny y me agarraron. 
Pobres Lenny y Brigette, pensé con creciente horror. Lo habían hecho 
porque me amaban y estaban aterrorizados por mí. Poco sabían que habían 
hecho lo peor posible y que se habían metido directamente en las manos de 
papá. 
Él fue inmediatamente a la policía y todo se salió de control desde allí. 
Parecía que alguien del departamento de policía (o más probablemente 
nuestro propio papá) filtró la historia a las noticias locales, que saltaron 
sobre ella como pirañas en carne fresca. 
Papá me hizo parecer delirante, mentirosa, compulsiva y una persona 
profundamente perturbada que no aceptaría la ayuda de su familia. Él dio 
a entender, pero no dijo directamente, que tenía arrebatos violentos para 
asustar a mi familia para que me diera lo que quisiera y que mis hermanas 
temían que les hiciera daño. 
Esta versión falsa de mí que era un violenta desviada que 
aparentemente escapó con un grupo de matones, y nadie sabía lo que 
estábamos planeando hacer a continuación. 
—Sabemos que Belle ha cometido algunos errores terribles —dijo papá, 
con lavoz temblorosa tan convincente que incluso yo sentía cierta 
admiración por él—, ¡pero no merece ir a la cárcel por una mala decisión! 
—Sus hijas más jóvenes deben estar tan aliviadas de finalmente tener 
la verdad al descubierto —dijo el periodista con simpatía. Aparentemente se 
había tragado la historia de papá—. Al menos ahora no están en peligro de 
ser heridas por su perturbada hermana mayor. 
 
—¡Belle nunca las lastimaría intencionalmente! —dijo papá 
enfáticamente. Me sorprendió por un minuto, pero mientras él continuaba 
hablando, mi corazón se hundió nuevamente—. A veces ella simplemente 
perdía el control y se convertía en otra persona. Podías verlo en sus ojos, 
incluso cuando rompía cosas y amenazaba con matarme, siempre supe que 
mi dulce niña todavía estaba en algún lugar… 
Apagué el televisor y me miré las manos. 
Me pregunté qué pensaban Lenny y Bridgette sobre todo esto. 
Obviamente deben haber visto a través de la mierda de papá. Tal vez estaban 
tratando de correr la voz incluso ahora. ¿Pero quién les creería? Solo eran 
chicas adolescentes. La gente simplemente se compadecería de ellas y dirían 
que yo les había lavado el cerebro para que creyeran que era un alma 
tranquila y gentil. 
Mis uñas mordieron la carne de mis palmas. No podía evitar que todo 
mi cuerpo temblara como una hoja, incluso con mis brazos envueltos 
alrededor de mí. 
Cerré los ojos, todavía acurrucada en posición fetal. Pero no dejé caer 
ninguna lágrima. Me negué a llorar, me negué a dejar que papá me hiciera 
llorar. 
El hecho de que fuera un hombre cruel y retorcido no significaba que 
no pudiera ser detenido. 
 
Ocho 
lguien me acariciaba el cabello suavemente. 
Sus dedos acariciaron mi cabello con infinita paciencia, 
desenredando los nudos y tocando la piel de mi cuello con 
caricias ligeras como plumas. 
—Mmm —murmuré soñolienta, y levanté la cabeza. 
Era Derrick, sentado a mi lado en la cama. Todavía estábamos 
rodeados por los resultados de su aventura de compras. 
—Estás despierta —dijo, medio en pregunta. 
—Sí —dije, y bostecé enormemente—. ¿Por qué sigo durmiendo? Antes 
no solía dormir tanto. 
Estaba a punto de decir “En mi casa”, pero eso no estaba bien. En 
ningún momento de mi imaginación podría realmente llamar hogar donde 
vivía con papá. El único afecto que aún sentía en mi corazón era por mis 
hermanas. 
Derrick frunció el ceño, pero no a mí. Era una expresión pensativa, de 
alguien tratando de encontrar las palabras correctas para decir. 
—En mi experiencia, las personas que han experimentado un trauma 
severo pueden estar casi catatónicas cuando llegan a un lugar seguro. 
Seguridad relativa —corrigió, con la boca torcida en la esquina. 
—Huh —dije. 
—Estás en un período de recuperación —agregó, y alejó, poniéndose de 
pie—. ¿Sabes que los animales que hibernan tienen un período después de 
despertarse donde lo único que hacen es comer, dormir y follar? 
—¿Estás diciendo que soy como un animal que tuvo un… período de 
hibernación mental? 
Él asintió lentamente. 
A 
 
—Creo que ese es probablemente el caso. 
—De todos modos, ¿cómo sabes tanto sobre estas cosas? —pregunté 
con curiosidad. 
Me paré a su lado y me estiré, largo y lento. Mis articulaciones tronaron 
audiblemente, castigándome por dormir toda acurrucada y hecha una bola. 
—Estaba estudiando para ser médico antes de todo esto —explicó 
Derrick, guiándome escaleras abajo—. Estaba tomando todos los cursos de 
premedicina cuando recibí la noticia sobre el accidente de mis padres. No 
terminé, obviamente, pero aún recuerdo la mayor parte. 
—Hubieras sido un gran médico —dije—. Tratado bien a los pacientes. 
—¿Creías eso incluso cuando te estaba azotando? —preguntó Derrick, 
sonando divertido. Me sonrojé ante el recuerdo de retorcerme y llorar, las 
lágrimas humedecían mi rostro mientras mi trasero desnudo se calentaba y 
enrojecía bajo la fuerza de sus azotes. 
—No sé lo que pensé —admití—. Bueno, sí lo sé, en realidad. Pensé que 
eras un monstruo. 
No se perdió el verbo. Dije que “pensé” que era un monstruo, no 
“pienso”. Sabía lo que iba a preguntar incluso antes de abrir la boca. 
—¿Y ahora? —preguntó. Los músculos de sus hombros se apretaron, 
parecía tenso. 
Lo miré a los ojos, buscando una señal que me ayudara a responderle 
de manera convincente. 
¿Estaba cooperando para que ellos no encontraran ninguna razón para 
castigarme? Sabía que podrían lastimarme si no los complacía. ¿Fue por eso 
que gemía bajo sus caricias, gritaba cuando me hacían venir y me 
amordazaban con sus pollas? 
Sabía que podían lastimarme. 
Pero no estaba segura de creer que realmente no lo harían de nuevo. 
Esto se estaba volviendo peligroso. No debería haberme dejado 
confundirme tanto por ellos emocionalmente. Solo porque papá los lastimó, 
al igual que me lastimó a mí, eso no los hacía mis amigos. Yo no les debía 
nada. No la verdad, no mis verdaderos sentimientos, nada. 
Me pondría una máscara y les sonreiría, sería la muñeca viva perfecta 
para ellos. Tan convincente que nunca sospecharían cómo me sentía 
realmente. 
 
Lo cual era bueno, porque ni siquiera yo sabía cómo me sentía. 
—Y ahora… creo que estás haciendo tu mejor esfuerzo —dije, mirando 
involuntariamente mis pies. 
—¿De verdad? —dijo Derrick, sonando sorprendido—. Una parte de mí 
pensaba que estabas fingiendo obedecer para que no te lastimáramos. 
—No creo que puedan lastimarme —dije honestamente. 
Eso, al menos, era cierto. Derrick me azotaría, me castigaría, incluso 
podría follarme bruscamente. Pero sabía que había algo en él que nunca 
permitiría que realmente me lastimara. 
—Pero quieres ser lastimada —dijo, sorprendiéndome al adivinar mis 
sentimientos más íntimos. 
—No, no lo hago —dije poco convincente. Todavía no lo miraba a los 
ojos, pero él no se lo creía. Levantó mi barbilla y me miró con gravedad. 
—No hay vergüenza en querer ser lastimada… bajo las circunstancias 
correctas, por la persona adecuada —susurró—. Es comprensible que 
quieras eso. 
—No, no lo es —susurré—. Y no quiero hablar más de esto. 
Inmediatamente después de decir eso, me congelé y lancé mis ojos 
hacia él, conteniendo la respiración. ¿Esta contradicción flagrante me iba a 
meter en problemas? ¿Había dejado que un momento de honestidad 
impulsiva arruinara mis posibilidades de ser tratada bien? 
Derrick solo suspiró, asintió y continuó bajando las escaleras. 
Lo seguí confundida, pero el temor de cruzar una línea invisible me dejó 
lentamente. Aparentemente todavía estaba a salvo. 
Noté que ya no había nieve cayendo contra las ventanas. El mundo 
exterior no era solo una hoja en blanco de prístino y opaco blanco. 
En algún momento de las últimas horas había dejado de nevar. 
—Me alegra ver que finalmente estés despierta, princesa —dijo una voz 
familiar pero indeseada. 
Tragué saliva bruscamente cuando Rohan apareció a la vista. Llevaba 
ropa de exterior y una expresión de desprecio impaciente. Mi irritación 
creció. ¿Por qué estaba tan resentido de que yo estuviera aquí? No entendía 
su hostilidad. Sus hermanos dijeron que todos me querían aquí, entonces, 
¿por qué él era diferente? Mi cerebro simplemente no podía entender a los 
 
hermanos Emery. Ellos eran calor y frío, a veces durante la misma 
conversación. 
—Sí, dormí bien, gracias por preguntar —dije en un tono falso y 
optimista. 
Su ojo se crispó con molestia, mientras que Derrick se rio suavemente. 
—Claro, has aprendido a no dejar que Rohan te afecte —dijo con 
aprobación, y agregó algo que me congeló la sangre—. Ya que él te va a sacar 
hoy, eso probablemente sea igual de bueno. 
—¿Qué? —protesté Recordé en el último momento bajar la voz, así que 
sonó como una exclamación en lugar de un grito de horror—. ¿Pero por qué? 
—Porque eso fue lo que decidimos —dijo Rohan fríamente, 
fulminándome con la mirada—. ¿Eso es un problema? 
Casi dije “¡Sí! ¡Por supuesto que sí!” Antes de recordar conquién estaba 
hablando. Tranquila, obediente y mansa… la versión de mí que nunca diría 
una palabra de protesta. Iría a donde Rohan le dijera que fuera, saltaría 
cuando él lo dijera y le chuparía la polla si lo exigía. 
Ignoré la forma en que mi cuerpo reaccionó con interés ante la idea de 
tener la polla de Rohan en mi boca. Ya dejó muy claro que no quería tocarme 
ni con un palo de diez metros. 
—Vas a tener que cambiarte —dijo Rohan secamente, señalando a 
Derrick, quien lo tomó como permiso para irse. Reprimí el impulso de rogarle 
que se quedara. Podría sobrevivir una mañana con Rohan, especialmente si 
eso significaba que podría salir de la casa. 
En lo que respecta a las casas, esta no era una mala de ninguna 
manera. Era prácticamente un palacio comparada con la casa en la que vivía 
con papá y las chicas. Pero había estado encerrada por los últimos tres 
días… ¿tres? ¿Cuatro? El tiempo se movía de manera diferente aquí, y no 
podía esperar para estirar las piernas. 
Por supuesto, tampoco estaba descartando el potencial de que fuera un 
lugar de descanso. Estaba decidida a encantar a Rohan hasta que ya no 
fuera hostil, aunque eso parecía imposible de lograr. 
La verdad era que no tenía grandes esperanzas para mi plan. No sabía 
dónde estábamos, ni en qué dirección ir para el pueblo más cercano. Incluso 
la idea de dejar la relativa seguridad y el calor de la casa Emery hizo que mi 
pecho se apretara de ansiedad, pero tenía que hacerlo. 
 
A pesar de que había una pequeña voz malvada en un pequeño rincón 
oscuro de mi corazón que me dijo que correr sería el peor error que cometa. 
Caminé lentamente escaleras arriba, de regreso a la habitación en la 
que me quedé dormida hasta hace unos minutos. Miré con nostalgia a la 
cama, con las sábanas todavía arrugadas y cálidas por mi cuerpo, pero 
encontré la fuerza para buscar entre la ropa. 
Había varios suéteres para elegir, así que fui con el más simple de color 
blanco y tomé una camisa de manga larga para ponerme debajo, con la 
esperanza de que eso compensara la falta de sujetador, ya que la ropa 
interior que encontré era de encaje y delgada, nada práctico para salir en 
invierno. 
Me quejé cuando me puse las bragas de tanga sobre las caderas. 
Apenas podía caminar sin ropa interior, pero odiaba la sensación de la tela 
entre mis nalgas, incluso si era seda elegante y encaje italianos. Y seguía 
frotándose contra la carne hinchada y tierna alrededor de mi agujero 
arrugado de una manera muy molesta. 
Me sonrojé mientras cruzaba las piernas. No, eso solo intensificó la 
sensación. 
—¿Qué te está tomando tanto tiempo? —gruñó Rohan, apareciendo 
fuera de la habitación. Aparentemente estaba cansado de esperar, aunque 
solo me había ido por unos minutos. 
Se detuvo en seco al ver mi estado de desnudez. Todavía solo llevaba la 
camisa delgada y las bragas de encaje apretadas. Sus ojos se oscurecieron 
mientras recorría mi cuerpo con una mirada tan ardiente que pensé que me 
derretiría la ropa escasa con una sola mirada. 
—Lo siento, estoy casi lista —tartamudeé, nerviosa por el obvio deseo 
en sus ojos. Me di vuelta y me puse el suéter y un par de leggins, 
afortunadamente gruesos. 
Él me dirigió en silencio hacia abajo, donde encontré un par de botas 
gruesas y resistentes de mi talla, junto con calcetines de invierno. La 
consideración detrás de los artículos me dejó alucinado. Cuando me puse 
las botas, me quedaron como un guante cálido y ceñido. 
—Estas están ge… —Empecé a decir, pero me interrumpí cuando 
Rohan me puso un grueso gorro de invierno sobre la cabeza y me puso un 
par de guantes en las manos. 
»Esto parece una exageración —murmuré en voz baja, pero 
mansamente lo seguí al frío. 
 
Como la tormenta había desaparecido, parecía un paraíso invernal. 
Todo era blanco puro y la gruesa capa de nieve virgen estaba intacta. 
—Vamos a dejar algunas cosas claras antes de partir —espetó Rohan 
mientras todavía estaba asimilando todo—. Vamos a ir a un lugar que no es 
seguro. No estarás a salvo. Cuanto antes lo entiendas, mejor, porque si te 
metes en problemas, nadie te salvará. Bueno, mis hermanos sentimentales 
pueden que lo hagan, pero confía en mí cuando digo que no me importa 
mucho. 
Terminó eso con una sonrisa hostil. 
Asentí, bajando la cabeza y pateando ligeramente la nieve ahora a 
mitad de pantorrilla mientras él continuaba. Tenía mil preguntas, pero era 
lo suficientemente sensata como para saber que, si las hacía, me morderían 
la cabeza. 
—Escucharás todo lo que digo. Incluso, y especialmente, respecto a 
cualquier cosa que no tenga sentido para ti. Supongamos que yo sé más que 
tú, porque lo sé. Ah, ¿y por último? No tolero desobediencia —agregó, su voz 
sonó fea por la ira—. Mis hermanos pueden encontrarlo entretenido, como 
ver a un hámster enseñando los dientes, pero no soy tan estúpidamente de 
corazón blando. Y no dudaré en dejarte atrás en pleno invierno. ¿Entendido? 
—S-sí —dije, aclarándome la garganta. 
Él asintió, satisfecho de haberme asustado con éxito. Se acercó a lo que 
yo pensaba que era solo un banco de nieve de metro ochenta de altura, y 
comenzó a romperlo con su pico. Me quedé allí, temblé, y no ofrecí ayuda. 
No es que fuera necesario, y Rohan definitivamente no habría apreciado 
la oferta de todos modos. Pero fue mi pequeña rebelión. Era prisionera, pero 
no iba a levantar un dedo si no me obligaban. 
Lentamente, avanzó por el hielo y se abrió paso para revelar una lona 
de color barro que también estaba casi completamente congelada. Pero eso 
también fue eliminado, para revelar un vehículo todo terreno. 
El vehículo era enorme, construido como un tanque y era una de las 
pocas cosas que podían moverse en este tipo de clima. De hecho, esta espesa 
nieve no era nada en comparación con lo que fue eso fue construido para 
soportar. 
El interior, aunque estaba helado, estaba libre de hielo y nieve, y me 
subí al asiento del pasajero con facilidad. Rohan deliberadamente no se 
ofreció a ayudarme. 
 
El motor saltó cuando Rohan giró la llave y rugió a la vida. Nos movimos 
a través de la nieve como si fuera mantequilla, tan rápido que los árboles 
eran un borrón. Comencé a reír cuando el viento azotó mi rostro. 
En unos momentos estaría roja e irritada, como una langosta poco 
atractiva, pero no me importaba. Me encantaba el aroma a pino y nieve 
fresca. 
Sabía que Rohan me estaba mirando. Sentí que se volvía para 
observarme de vez en cuando, como si él fuera una brújula y yo estuviera al 
norte. 
O como si fuera un carcelero, y yo fuera el prisionero que le asignaron 
vigilar. 
Ese pensamiento me trajo rápidamente de vuelta a la tierra. 
La sonrisa se borró de mi rostro. Ahora me encorvé, me envolví el cuello 
en la chaqueta y miré los árboles volar indiferentemente. 
—¿No vas a preguntar a dónde vamos? —dijo Rohan, rompiendo el 
silencio. 
Lo miré, pero él no me miró, todavía concentrado en la nieve que tenía 
por delante. No estábamos en ningún camino, y tenía una sospecha de que 
era porque cualquiera que mirara el camino podría ver las huellas de 
nuestro vehículo, pero sería poco probable que revisaran el bosque. 
Me encogí de hombros. No podía librarme de la repentina pesadez que 
sentía. Salir solo resaltaba lo atrapada que estaba. Me quedó claro al 
instante que nunca podría escapar y sobrevivir al simplemente correr 
cuando me dieran la espalda. Moriría en horas, tal vez antes. 
Me mudé de una casa a otra como prisionero trasladado. Los hermanos 
Emery solo me querían porque arruinaba los planes de papá. 
Quizás cuando fuera completamente inútil como peón, en algún 
momento en el futuro lejano, sería libre de tomar mis propias decisiones. 
Cuánto deseaba que fuera inútil en este momento. 
—Es una instalación de fabricación —dijo Rohan, aclarándose la 
garganta. Parecía un poco confundido por mi falta de interés. Bien, pensé 
rencorosamente. 
—Mm —dije, y miré aun lado. 
Hizo un sonido de exasperación. 
 
—No intentes convencerme de que no tienes curiosidad —dijo él, 
sonando frustrado. 
Pero había algo que me interesaba: el chico petulante con el que jugué 
a las escondidas en la gala hace muchos años. 
—No me digas que no quieres conocer mi mejor escondite. —Había 
dicho él petulantemente con brazos delgados cruzados sobre su pecho. Su 
cabello caía sobre su frente, y se veía adorablemente serio en su traje. 
Yo había perdido en el juego de las escondidas dos veces, así que muy 
maduramente decidí darle a Rohan el tratamiento silencioso como 
venganza. No recordaba cómo había terminado, o cómo nos arreglamos, 
pero tenía un leve recuerdo de Rohan dándome un pastelito de postre 
tímidamente para disculparse por haber ganado. 
Curiosamente, eso hizo que mi boca se torciera. 
—¿Qué? —preguntó Rohan, notando mi reacción. 
—Recordando… las escondidas —dije en voz baja. Él se quedó quieto. 
—¿Recuerdas eso? —preguntó él con voz áspera. 
—Simplemente volvió a mí —dije con sinceridad. 
Él chasqueó su lengua y miró hacia otro lado. 
—Ya casi llegamos —dijo, mientras subíamos lo que yo pensaba que 
era una colina sin rasgos distintivos. Me quedé sin aliento ante la vista que 
reveló. Estábamos posicionados en la cresta, y me di cuenta de que no era 
una colina, sino la cima de un acantilado. 
El otro lado era un fuerte descenso que conducía a un valle plano. A 
diferencia del resto de la tierra por aquí, mostraba signos de ocupación 
humana. Había máquinas enormes que arrojaban humo y estructuras de 
viviendas prefabricadas. Podía ver las pequeñas figuras humanas 
moviéndose aquí y allá, gritando órdenes y trabajando las máquinas. 
En el centro de todo, había un agujero gigante en el suelo, protegido 
por cercas e incluso hombres vestidos de negro que portaban armas como 
si supieran cómo usarlas. 
—¿Que es todo esto? —pregunté. De alguna manera, la vista me 
aterrorizó más que cualquier otra cosa en mi vida, incluido el secuestro. 
El solo tamaño de esto me dejó sin aliento. Esta era una operación 
fluida y bien financiada, y parecían estar cuidando de ser extremadamente 
seguros. Estábamos lo suficientemente alto como para poder ver dentro del 
 
área cerrada y la actividad dentro de ella, pero cuando veía autos llegar a la 
puerta de unos doce metros de altura, bordeada por cercas igualmente altas 
que se erizaban con bordes afilados y que probablemente estaban cableadas 
para electrocutar a cualquiera que intentara cruzarla, me di cuenta de que 
seguramente todo era ilegal. 
Todos los trabajadores estaban vestidos con trajes idénticos de color 
verde oscuro, y ni ellos ni los camiones y otros vehículos tenían ningún 
nombre para indicar para quién trabajaban. ¿Por qué pasar por tantos 
problemas para cubrir tus huellas a menos que tengas algo que ocultar? 
—Esto —dijo él sombríamente—, es lo que tu padre está haciendo con 
su parte del dinero. 
 
Nueve 
ondujimos de regreso en silencio mientras trataba de asimilar 
esa información. 
No me molesté en convencerme de que estaba mintiendo. 
El secretismo, la planificación… ambos eran exactamente el estilo de papá. 
Lo que sea que estaba buscando, no quería que nadie lo supiera en caso de 
que trataran de atacar su territorio. 
—¿Para qué están cavando? —pregunté por fin—. Debe ser valioso. 
—Es valioso más allá de lo creíble. Es un tipo de petróleo 
completamente nuevo que solo requiere una fracción del procesamiento del 
petróleo crudo, y tu padre encontró una bolsa que puede contener suficiente 
para abastecernos durante el próximo siglo. 
—Eso es una locura —dije—. ¡Algo así lo haría el hombre más rico del 
país! 
—Y probablemente el mundo. Y solo Dios sabe cuántas personas ha 
asesinado, usado y abusado para llegar a este punto. Piénsalo, ¿alguien que 
tuviera esta información él la dejaría usarla voluntariamente? 
—Entonces crees que… 
—Creo que tiene una larga lista de crímenes por los cuales responder. 
—Fue todo lo que dijo Rohan, pero podía llenar los espacios en blanco. Unos 
minutos después llegamos a la casa. Me di cuenta de que ya no podía sentir 
mi rostro y que ahora estaba nevando. Algunos copos de nieve cayeron sobre 
mi rostro y comenzaron a derretirse. 
»Entra —ordenó Rohan, saltando del vehículo—. Esta vez va a caer 
mucha nieve. 
—¿Cómo lo sabes? —pregunté, pero fue a buscar la lona para cubrir el 
todo terreno y no escuchó mi pregunta. 
C 
 
Suspiré y regresé a la casa. Afortunadamente, la puerta principal 
estaba abierta, probablemente porque el resto de los hermanos todavía 
estaba allí, y tan pronto como entré en el vestíbulo me recibió una ráfaga de 
aire caliente. 
—Oh, dulce madre —dije, gimiendo de gratitud mientras dejaba que la 
calidez me descongelara. Mi nariz comenzó a picar, una señal segura de que 
mi sangre comenzaba a circular nuevamente. Mis oídos se sentían como 
carámbanos, pero al menos había tenido las aletas del sombrero esponjoso 
protegiéndolos. 
Me quité las botas, me froté los pies y me quedé sentada en el vestíbulo 
hasta que dejaron de sentirse como bloques de hielo. Pensé en ducharme 
con agua maravillosamente tibia, pero algo me detuvo. 
Era Rohan. Tuve que enfrentarlo y tal vez pedirle algo que ambos 
temíamos. 
Pero no quería hacerlo allí mismo o en la sala de estar. Parecía 
demasiado voyerista. Algo extraño a tener en cuenta cuando Killian y 
Gunner me habían follado con los dedos, me habían comido y corrido en 
mis pechos en la misma sala de estar y en el mismo sofá, con sus hermanos 
mirando. 
Subí las escaleras hasta la habitación que me di cuenta de que debía 
ser de Rohan. Estaba limpia y desnuda, al igual que las demás. 
Me preguntaba qué harían en su tiempo libre, aparte del complot para 
terminar con los planes de mi papá. ¿Tenían algún pasatiempo? No parecían 
que lo tuvieran. Al parecer la venganza era lo único en sus mentes. 
El rostro de Rohan se tensó cuando me vio en su habitación. 
—¿Qué quieres? —preguntó entrando. Sin prestar más atención a mi 
presencia, comenzó a desnudarse. 
Distraída por los músculos ondulantes de su espalda, abrí la boca para 
responder. 
—Quiero entender por qué me odias. 
Me lanzó una mirada ilegible sobre su hombro. 
—No es por eso que estás aquí —dijo, y comenzó a desabrocharse el 
cinturón. 
—Sí, lo es —dije, negándome a dejar que mis ojos se movieran por 
debajo de su cintura—. Quiero hablar sobre eso, por eso vine… 
 
Se quitó los jeans, me sostuvo la mirada y me retó a mirar. 
Y lo hice. 
Mis ojos se dirigieron a su bulto como si estuvieran magnetizado. Sus 
calzoncillos eran delgados, abrazando sus muslos musculosos como una 
caricia. Su polla… mi pulso se aceleró en respuesta a la vista de su contorno, 
largo, grueso y obsceno, la cabeza presionaba contra el frente de sus 
calzoncillos como una mirada lasciva. Estaba medio duro, así que había 
gotas de humedad empapando el material gris. 
Él era grande. Tan grande como Gunner. Quizás eso explicaba cómo se 
me hacía agua la boca. Tragué saliva y arrastré mi mirada de regreso a su 
rostro. 
—Sé por qué estás aquí —dijo, y se acercó a mí, solo en esos calzoncillos 
que no ocultaban nada—. Estás pensando en lo que hizo tu padre a lo largo 
de los años. Lo que dejó que la gente te hiciera. Te sientes sucia. Sabes que 
puedo ayudarte. Quieres saber hasta dónde puedo llevarte y si puedes 
soportarlo. 
Me quedé allí como un ratón hipnotizado por la mirada de una 
serpiente. 
—Detente —susurré. 
Tocó el material suave en el cuello de mi suéter. 
—Viniste aquí, ¿recuerdas? —dijo con una sonrisa lobuna—. Te pusiste 
a mi disposición. Puedo hacer lo que quiera —agregó, y tiró del cuello de mi 
suéter hacia abajo hasta que el material cedió como una nube rasgándose. 
Lo hizo parecer sin esfuerzo con sus manos fornidas, e ignoró mis protestas 
inarticuladas, usando ambas manos para rasgar todo el frente de mi ropa, 
hastaque colgó como trapos suaves, exponiendo mi vientre y el valle entre 
mis senos. 
La apartó a un lado hasta que colgó de mis hombros y mi piel se erizó 
por el frío. Bebió con avidez mi carne desnuda. 
—He esperado tanto tiempo por esto —murmuró, más para sí mismo 
que para mí. 
Sin previo aviso, me pellizcó el pezón izquierdo con tanta fuerza que 
dolió. Lloré, pero él no se detuvo, alternando pellizcos y golpes fuertes hasta 
que las terminaciones nerviosas de mis senos enviaban arcos de electricidad 
palpitante directamente a mi clítoris. 
 
—Detente —dije débilmente, e intenté cubrirme. Esto no era lo que 
tenía en mente cuando vine aquí. 
Tomó mi antebrazo en el suyo y lo forzó a un lado. 
—Nunca —dijo deliberadamente—, me detendrás de tenerte de la forma 
que yo elija. ¿Entiendes? 
Su agarre iba a dejar moretones. Lo miré a los ojos en busca de indicios 
de que pudiera mostrar misericordia, pero no encontré ninguno. 
—Entiendo —dije suavemente, mordiéndome el labio cuando me soltó 
el brazo. 
—Bien —dijo, satisfecho—. Ahora desvístete y sube a la cama, 
acomódate sobre tus manos y rodillas. 
Obedecí en silencio, dejando mis leggins en el suelo. Pero dejé las 
bragas. Esto se estaba convirtiendo rápidamente en mi peor pesadilla. No 
vine aquí para soportar las torturas de Rohan. Vine aquí para… ¿qué? 
¿Encontrar al chico dulce y cariñoso que jugó a las escondidas conmigo hace 
una década? Acéptalo, me dije, entraste de lleno a esto. 
—Bien —dijo él con aprobación. Escuché sus pasos cada vez más 
débiles, y el crujido de una puerta abriéndose. Estaba sacando algo del 
armario, supuse, cuando escuché el tintineo del metal y el suave silencio de 
tela rozándose contra tela—. Algo me dice que nadie te ha explicado lo que 
puedes esperar ahora que estás aquí. 
—Así es —dije, con la voz ronca. Asustada—. Nadie lo hizo —agregué, 
tratando de parecer confiada y despreocupada. 
—Bien —repitió—. Te lo diré ahora: no estás preparada para esto. Va a 
doler un poco más de lo que alguna vez imaginaste. Y te va a gustar. 
 
Diez 
e quedé callada. 
—¿No hay respuesta? —dijo, sonando perezosamente 
divertido—. No importa, pronto usarás tu bonita boca. 
Sus pasos se acercaron a mí, y desde mi posición en 
cuatro pude distinguir algo en su mano que se balanceaba de un lado a otro. 
Lo acarició como si fuera su gato favorito. Tragué saliva, mirando la 
reluciente cosa negra. 
Era un látigo. 
—¿Nunca has sentido uno de estos, mi dulce Belle? —dijo 
sedosamente—. Tu piel es como la crema más pura. Sin marcas, sin ningún 
defecto o mancha. Vamos a cambiar eso. 
—Por favor —dije con voz ronca y temblando. Pronto mis manos no 
iban a poder sostenerme—. Por favor no. 
—¿No te dije que aprenderías a amarlo? —dijo regañando suavemente. 
Pasó el látigo sobre mis muslos y me acarició la piel como un tierno amante. 
Pero mi sangre se enfrió al pensar en lo que podría hacerme—. Conozco tu 
cuerpo mejor de lo que podrías saberlo, Belle. Y puedo leer la necesidad en 
tus grandes ojos de ciervo, el deseo que crees que es demasiado sucio para 
admitirlo en voz alta. 
—Estás loco —susurré, cuando el látigo llegó a la parte baja de mi 
espalda, y notó el trozo de material que preservaba lo poco de mi modestia. 
—¿Qué es esto? —preguntó, cualquier rastro de diversión desapareció 
de su tono—. Pensé haberte dicho que te desnudaras. 
—Lo siento —dije mansamente—. Me las quitaré ahora. 
—No —dijo con severidad—. Descubrirás lo que sucede si me 
desobedeces. Recuerda eso. 
M 
 
El látigo frío y serpenteante abandonó mi piel, para mi inmenso alivio. 
Fue reemplazado por su mano, que siguió el mismo camino hasta la parte 
posterior de mis muslos y ahuecó mis labios externos con fuerza. Gemí 
mientras él masajeaba la carne allí, no con ternura sino con un toque 
clínico, como para evaluar mi respuesta. 
Ya estaba resbaladiza y mojada, la tela de mis bragas completamente 
empapada con mi excitación. Si pudiera avergonzarme, ya me habría estado 
quemando. 
—¿Ves, Belle? —dijo, moviéndose a la parte baja de mi espalda, donde 
estaba la banda de mis bragas—. Tu cuerpo no me miente, pero tú sí. 
Tomó la banda con fuerza y tiró. No lo suficientemente fuerte como para 
rasgar la tela, pero lo suficientemente fuerte como para que se convirtiera 
en una cuerda tensa que, ¡oh!, frotó la raja de mi trasero. 
—¡Ah! —gemí, mientras el material áspero se frotaba y rozaba contra 
mi agujero. Debe haber sabido que ya estaba dolorida. Estaba haciendo esto 
a propósito. 
—Lo estás sintiendo ahora, ¿verdad? —murmuró y dejó que se aflojara. 
Apenas tuve un momento para recuperar el aliento antes de que él volviera 
a tirar del material, esta vez más fuerte, hasta que sentí que iba a frotar la 
tierna piel arrugada absolutamente en carne viva. 
Todo lo que podía pensar era en la fricción cuando la polla gigante de 
Killian entró en el agujero que era demasiado pequeño para recibirlo, cómo 
había gritado y retorcido y finalmente había llegado a aceptarlo con placer. 
Sentí que mi agujero se cerraba, abría y cerraba, buscando la intrusión que 
no llegaba. 
Esta vez, él no dejó de tirar hasta que la delicada seda y encaje 
cedieron. Sentí que el aire frío me rozaba el trasero mientras él retiraba los 
trapos con desprecio. Este chico realmente tenía algo en contra de dejar mi 
ropa intacta. 
Mi coño finalmente estaba desnudo, pero no estaba preparado para que 
él empujara el mango del látigo contra mi agujero. 
—¿Te gustaría ser follada así? —reflexionó, empujándolo para que 
provocara mi entrada. Temblé, pero no respondí—. Mejorando en obedecer 
—dijo, sonando complacido—. No te voy a follar así. Porque tengo mejores 
usos para esta belleza de aquí. 
Oh no… eso no significaba… 
 
Y cuando bajó el látigo sobre la carne de mi espalda, me dejé gritar. Se 
sentía como si una línea de fuego me estuviera quemando la espalda. Pero 
no se detuvo allí. 
Hubo otro latigazo que me sacó un sonido que ni siquiera sabía que 
podía hacer. Me sorprendió que no me dividiera en dos. El dolor fue 
increíble, más allá de todo lo que nunca había experimentado. 
Me preguntaba si habría sangre. 
Mi piel se sentía caliente y tensa, como si fuera a estallar. Mis pezones 
estaban hinchados y doloridos, anhelando los fuertes pinchazos y golpes de 
Rohan. Mi clítoris latía largo y lento, pulsando con necesidad a cada golpe 
del látigo. ¿Qué estaba mal conmigo? 
Otro golpe, otra línea de fuego líquido en mi espalda, y me estaba 
desmoronando. Era un desastre lloroso y retorcido. 
Seguía diciendo “Por favor”, pero ni siquiera sabía qué estaba rogando. 
Él era listo. No me dejó notar un ritmo o habría comenzado a tensarme 
antes de cada latigazo. Esperó hasta que la tensión escapó de mi cuerpo, 
hasta que físicamente no pude mantener mis músculos contraídos, y era 
entonces cuando golpeaba. 
—No puedo. —Le seguía diciendo, las sábanas apretadas en mis dedos, 
el sudor cayendo de mi cuerpo tembloroso como la lluvia. 
Pero podía. Lo hice. 
Y, lo más vergonzoso de todo, fue que lo disfruté. 
Mi coño montaba oleada tras oleada de placer retorcido, y traté de frotar 
mis muslos para obtener algo de fricción en mi clítoris para que finalmente 
pudiera venir. 
—¿Te dije que podías tocarte? —espetó Rohan, y de repente hubo un 
latigazo que se curvó debajo de mi muslo y la punta de la misma acarició 
mis labios exteriores. Grité de nuevo, más por la conmoción que por el dolor, 
y comencé a correrme. 
Rohan controló el látigo con tanta precisión que este latigazo en 
particular fue menos doloroso que los demás. Pero también estaba dirigido 
a un área más sensible y suave, por lo que en el momento en que algo tocó 
mi coño, candente y despiadado, me llevó al borde. 
Con un último grito destrozado, me desplomé en la cama. Escuché 
débilmente a Rohan soltar el látigo. Se arrastró en la cama junto a mí y me 
tomó en sus brazos. 
 
—Estuviste increíble—susurró Rohan, limpiando las lágrimas de mi 
rostro con ternura. Sollocé en su cuello, sin importarme que estuviera 
buscando su toque—. Eres tan hermosa, Belle —continuó hablando y 
acariciando mi cabello. Siguió acariciándome, desde mis senos hasta mis 
muslos, alabándome y diciéndome lo hermosa que era. 
Me aferré a él como si fuera mi salvavidas, lo único que me impedía ir 
a la deriva. No entendía este sentimiento, como si el dolor del látigo que 
marcaba mi espalda se hubiera transformado en riachuelos de oro líquido. 
Me sentía completamente limpia, como si hubiera caminado a través 
del fuego y de alguna manera hubiese quemado la cosa fea que se había 
pegado a mi alma y la había contaminado. 
Estaba agradecido con Rohan. No lo entendí por completo, pero al 
menos ya no parecía extraño. 
—Sabía que serías perfecta. —Estaba susurrando él, ahora todo gentil 
y con suaves susurros—. Eres tan hermosa, mi preciosa Belle. 
—¿Podrías hacerlo por favor? 
—¿Qué? ¿Follarte? —dijo él, y me rozó el labio inferior con los dientes. 
Me hizo temblar, como una gallina sostenida entre las fauces de un 
zorro. Pero asentí temblorosamente. Esto… esto era lo que necesitaba. De 
mala gana, sacó la admisión de mí al usar esa delgada tira de cuero como 
una marca. 
—¿Dejará marcas? —susurré, mientras él me movía a una posición 
más cómoda en su regazo. Ahora mis muslos delgados se entrelazaron con 
los suyos, enormes, musculosos e imponentes, rociados con vello oscuro. 
Tragué saliva mientras observaba el bulto duro como una roca que rozaba 
mi montículo cada vez que me movía. Envió rizos de conciencia en mi coño, 
y aunque me corrí una vez, estaba más que lista para hacerlo de nuevo. 
Cuatro días con estos hombres me habían convertido en una zorra 
hambrienta de pollas. 
—¿De mi látigo? —preguntó, y se rio entre dientes, un retumbar que 
sentí en mis manos mientras las descansaba en su amplio y corpulento 
pecho para evitar caerme—. No, dulzura. Eso fue solo un gusto. Habrá más 
después, y eso podría dejar una marca en tu piel perfecta. 
—¿De verdad? 
—¿Quieres que haya marcas, dulzura? ¿Cicatrices que te marquen 
como nuestra? —dijo calientemente, mordiéndome la oreja. 
 
—Yo… ah, no sé. 
—Creo que lo sabes. 
—Yo… las quiero —admití. 
—Entonces las tendrás. Tal vez no esta vez, sino la próxima —dijo, y 
acarició mi tierna espalda, aunque lloriqueé y luché. Realmente dolía, como 
cortes de fuego abiertos a través de la piel—. Silencio —dijo con severidad—
, quiero admirar mi trabajo. 
Me sometí dócilmente mientras él presionaba las líneas y las 
acariciaba, con la suavidad suficiente para que no volviera a llorar. 
Aunque él no quisiera admitirlo, se dio cuenta de que algo era 
demasiado para mí y tuvo cuidado de permanecer al otro lado de la línea. 
Yo estaba sonriendo cuando él finalmente se apartó y empujó sus 
calzoncillos por las caderas. Su polla se alzó, su cabeza venosa, enojada y 
púrpura, de la que ya salían gotas de líquido preseminal. Era más gruesa 
que mi muñeca. Me obligué a quedarme quieta. 
Contuve el aliento cuando él se colocó en mi entrada, y gemí mientras 
me estiraba y se empujaba más profundo de lo que nunca creí posible. 
Fue húmedo, caliente y sucio. 
Golpeó dentro de mí como un martillo, entrando cada vez más profundo 
mientras me apretaba a su alrededor. Estaba tan mojada, tal vez demasiado 
mojada. No nos daba suficiente fricción, así que froté mis muslos contra sus 
caderas, una súplica silenciosa para que él hiciera algo. 
Pero continuó empujando en mí, sonriendo todo el tiempo, como si 
estuviera disfrutando de mi frustración. Otra forma de tortura, solo que un 
poco más sutil que los látigos y las cadenas. 
Finalmente, se dignó a poner una mano entre mis piernas y acarició 
mis labios exteriores, suaves como una pluma, incluso cuando su polla 
entraba y salía de mí. Un contraste, como seda y acero. 
Tocó mi clítoris, enviando chispas de placer a ese brote increíblemente 
sensible. Presionó, movió su dedo hasta que no sabía si este tipo de dolor 
debería sentirse tan bien. Pero mi coño palpitaba, y ola tras ola de placer 
me atravesaban. 
Me corrí con un gemido, arañando su espalda. 
Él parecía estar tan bajo control todo este tiempo, pero el fuerte apretón 
de mi coño mientras montando las olas de placer fue demasiado incluso 
 
para él. Él gruñó en mi hombro y derramó su semilla en mí, soltándola 
caliente y húmeda en mi agujero, llenándome. 
Me recosté, jadeando como si hubiera corrido una maratón. 
De alguna manera, este me había agotado más que los otros. 
Pero los hermanos Emery tenían un arreglo extraño y tácito propio 
cuando se trataba de cómo me iban a compartir. 
Derrick fue el primero en tomar su turno conmigo. Y el más gentil. 
Nunca podría romperme, y su toque gentil pero firme me hizo doblegar como 
un potro que estaba listo para ser dominado. 
Todo tenía sentido. Por supuesto, Derrick fue el único que pudo 
manejarme esa primera mañana, cuando estaba confundida, desorientada 
y enojada, lista para huir, lista para pelear. 
Luego fue Killian, para recordarme su lado más oscuro y los peligros 
de este lugar que no podía olvidar. Y, sin embargo, me preguntaba si querían 
que me sorprendiera, que exigiera irme a casa de inmediato, que finalmente 
cruzara una línea de la que no se podía retroceder. 
Pero no lo hice. 
Tal vez me han estado probando todo este tiempo. Para ver si esta cosa 
entre nosotros, esta obsesión retorcida y embriagadora era real. 
Me quedé y les dejé mirar mientras Killian me usaba, le rogué a Gunner 
que me hiciera venir mientras los otros dos se masturbaban ante la vista. Y 
lo peor de todo, yo lo había disfrutado. 
Todas las grietas en mí, las muchas formas en las que estaba rota, me 
hicieron perfecta para ellos. 
Y había llegado a aceptar mi lugar con ellos. Era retorcido y malo, al 
menos, eso era lo que cualquiera en el exterior diría de inmediato. 
Tal vez incluso mis hermanas me mirarían de manera diferente. 
Pero no, si ellas todavía pensaran en mí como la hermana mayor que 
amaban y confiaban incluso después de todas las mentiras de papá, no me 
rechazarían por algo como esto. 
Me volví hacia Rohan, que yacía a mi lado, con una mano descansando 
posesivamente sobre mi cadera. Estaba justo sobre el borde de la marca roja 
llameante que hizo la base del látigo, y estaba segura de que no era una 
coincidencia. 
 
Era la marca que él había hecho en mi piel, y quería seguir tocándola 
para recordarse que realmente estaba allí. 
—Quiero saber qué puedo hacer —dije—, para que papá caiga de una 
vez por todas. 
 
Once 
ohan no respondió, pero se levantó de la cama y se puso de pie. 
No estaba avergonzado de su desnudez y de cómo el sudor de 
nuestro sexo brillaba en sus músculos. Traté de no mirar su 
polla, que ahora estaba flácida pero aún era impresionante. 
Me sentí exprimida como un trapo, emocional y físicamente. Nada me 
hubiera gustado más que pasar la mañana en la gran y cómoda cama, 
durmiendo todo el día. 
Pero sabía que las cosas se estaban poniendo más serias que nunca. 
Papá estaba en las noticias, diciéndole al mundo que yo era mentirosa, 
peligrosa y que estaba conspirando sobre Dios sabe qué con un grupo de 
matones… y el mundo le creyó. Mientras tanto, planeaba beneficiarse de 
una nueva fuente de energía que podría beneficiar a miles de millones de 
personas si se usa adecuadamente. 
Algo me dijo que papá se aseguraría de vender su petróleo milagroso 
solo a aquellos que pudieran pagar sus precios altísimos. Tal vez incluso 
estaba planeando mantener su descubrimiento en secreto hasta la próxima 
crisis de energía, cuando la gente estuviera demasiado desesperada como 
para discutir sobre el aumento de precios. 
Necesitaba detenerlo de alguna manera. 
Simplemente no tenía idea de cómo. 
Rohan, mientras tanto, salió de la ducha, y parecía que solo se echó 
enjuague rápido. Con culpa,me di cuenta de que también debía oler 
bastante raro. 
—Únete a nosotros abajo —dijo en breve—. Solo asegúrate de estar 
lista. 
Esas palabras me detuvieron. 
R 
 
¿Estaba lista? Pensé en papá, su rostro siempre sonriente, la forma en 
que hacía el papel del padre devoto mientras acosaba a su hija todas las 
noches. 
Y pensé en mis hermanas, que aún vivían con él. Tenía demasiada 
atención en él ahora de los canales de noticias, gracias a sus propias 
acciones. Si quisiera intentar vender los cuerpos de mis hermanas, no sería 
tan tonto como para hacerlo mientras todos miraban. Esperaría hasta que 
todo pasara. 
Tenía que asegurarme de que nunca lo hiciera. 
—Estoy lista —dije con resolución. 
Rohan simplemente asintió, pero sentí orgullo en su mirada. 
Unos minutos más tarde, fui a la sala de estar recién duchada para 
encontrar a los cuatro hombres sentados y sin hablar. 
—¿Qué sucede? —pregunté, inmediatamente nervioso. 
Todos irradiaban tensión. Ninguno de ellos se miraba a los ojos. 
Esto estaba mal. 
En los pocos días que había pasado con ellos, ya había notado lo 
cercanos que eran. Nunca parecían ir más allá de pequeñas disputas. 
Tenían su propia jerarquía interna. Si realmente estaban peleando, tenía 
que ser importante. 
—Estamos teniendo un pequeño desacuerdo —dijo Derrick finalmente, 
después de unos segundos de silencio. 
—¿Qué sucede? —repetí, instalándome en el sofá de dos plazas vacío. 
—Algunos de nosotros estamos teniendo dudas sobre el plan —dijo 
Gunner, con los labios presionados en una línea apretada. 
—Teniendo en cuenta que a ti y Gunner se les ocurrió en el transcurso 
de treinta minutos, no estoy seguro de que eso no sea justificado —señaló 
Rohan fríamente. 
—Chicos, no se preocupen por mí —interrumpí. Me encontré con cada 
una de sus miradas de lleno—. He visto las noticias. Sé que se está volviendo 
peligroso para todos nosotros. 
—Belle, puede que no te guste lo que vamos a decir —dijo Derrick 
suavemente. 
Sacudí mi cabeza. 
 
—Creo que ya lo sé. ¿Quieres que regrese, ¿no? 
—No —dijeron Killian y Rohan al mismo tiempo. Derrick guardó 
silencio. Solo Gunner me miró con una sombría determinación en sus ojos. 
Pude ver que se sentía en conflicto. Enviarme lejos de aquí era peligroso. A 
menos que tengamos un plan muy sólido. 
—Sí —dijo él. 
Asentí. No estaba lista para enfrentar el mundo ahora que papá me 
había pintado como una sociópata mentirosa y violenta. 
Pero papá estaba acostumbrado a la versión tímida e indefensa de mí. 
La que no se atrevía a mostrarle al mundo su verdadero rostro. 
Y yo era diferente ahora. E iba a derribar todo lo que papá había amado 
y ver cómo el mundo lo rechazaba. Justo como se lo merecía. 
 
Doce 
os días después, en las primeras horas de la mañana, asusté 
una familia que regresaba de un viaje de fin de semana a las 
montañas tropezando en la carretera y justo frente a su 
automóvil. 
No había nadie más en el camino, y caí al suelo justo cuando la madre 
pisaba los frenos. Sabía que no me veía bien, con mi ropa desgarrada, pies 
descalzos y rostro ensangrentado. Los escuché correr a mi lado, llenándome 
de preguntas. 
Su pequeña hija le preguntó a su padre con curiosidad si la señorita 
estaba muerta. Su padre la hizo callar, pero no me importó. 
También estaba débil por el hambre en ese momento, así que en 
realidad no tenía que fingir estar apenas consciente. Ambos padres 
terminaron llevándome al auto, y sentí una oleada de gratitud hacia ellos. 
Desearía haber podido disculparme por arruinar los recuerdos de sus 
vacaciones juntos. Y por derramar sangre en sus asientos. 
No recordaba lo que dije en respuesta a sus preguntas asustadas, pero 
terminaron llevándome al hospital más cercano, donde me trataron 
rápidamente por deshidratación. 
Todavía estaba comiendo una bandeja llena de la mejor gelatina del 
hospital cuando la puerta se abrió para revelar a papá, seguido de cerca por 
mis dos hermanas. 
—Señor, no podemos permitirle que moleste a nuestra paciente, está 
en estado de shock —comenzó la enfermera de aspecto exaltado. Tenía una 
vista de la entrada del hospital desde la ventana de mi habitación en lo alto 
del piso doce, por lo que sabía que la seguridad del hospital tenía sus manos 
ocupadas con furgonetas de noticias y reporteros agresivos. 
Solo me atreví a empujar las persianas una fracción de centímetro, en 
caso de que alguien levantara la vista. Afortunadamente, no lo hicieron. Y 
D 
 
resultó que estaba mirando a través de la brecha justo en el momento en 
que tres figuras salieron de un SUV negro. 
Inmediatamente, las bombillas comenzaron a parpadear y una 
multitud comenzó a formarse. Vi a las tres figuras entrar al hospital y supe 
que debía ser mi familia. 
Alguien finalmente debe haberles avisado. O tal vez se enteraron a 
través de las noticias como todos los demás. 
Esperaba que así haya sido como se enteró mi papá. Esperaba que 
recurriera a su canal de noticias favorito esperando ver una repetición de su 
antigua entrevista hablando de lo loca y peligrosa que era yo… solo para 
descubrir que aparecí misteriosamente en un hospital local a pocos 
kilómetros de mi casa. 
Donde debe haber pensado que probablemente ya estaba hablando con 
enfermeras y médicos sobre Dios sabía qué. 
En cierto modo, pensé que entendía a papá. Haría cualquier cosa para 
controlar la situación como le pareciera. Solo podía imaginar lo rápido que 
se movió para llegar aquí con mis dos hermanas a cuestas. 
Mi humor se oscureció cuando las vi, ambas siguiendo su sombra como 
espectros. Se veían tan delgadas y sus ojos estaban rojos e hinchados por el 
llanto. Estaba segura de que todo era calculado, que él sabía que sería 
bueno tener a las dos hermanas en duelo ante la cámara. Pero mi corazón 
se rompió al verlas, aferrándose a la otra como dos plumas en una tormenta. 
¿Él siquiera se había molestado en comprobar que estaban comiendo 
en los últimos días? No lo creo, a juzgar por cómo sus ropas se balanceaban 
flojamente alrededor de sus figuras. 
Pero papá se veía bien, que era todo lo que era importante para él. Su 
piel brillaba con la suavidad bronceada y plástica que todo empresario 
parecía tener, y el traje que llevaba lucía costoso y probablemente estaba 
hecho a medida. 
Mi ira aumentó cuando pensé en el adelanto que obtuvo de mi “venta” 
probablemente había ido al comprarse esos pequeños lujos que tanto 
amaba. 
—¡Belle! —dijo él, finalmente empujando a la enfermera y corriendo 
hacia mi cama. 
Los destellos de luz se volvieron frenéticos, lo que me hizo darme cuenta 
de que había traído a su propio camarógrafo y fotógrafo, probablemente para 
 
asegurarse de que se capturara el emotivo momento de la reunión. Se vería 
bien en las noticias de esta noche, después de todo. 
—Señor, no podemos permitirle que moleste a la paciente —dijo la 
enfermera, apareciendo justo detrás de él, poniendo una mano sobre su 
codo. Admiré su tenacidad. A diferencia de la mayoría de las personas, ella 
no parecía impresionada por su dramatismo. 
—Señora, por favor muévase. Estás bloqueando mi toma —decía un 
fotógrafo condescendiente. 
—Michael, asegúrate de obtener el mejor ángulo o te mataré —espetó 
papá al camarógrafo, quien le disparó con el pulgar hacia arriba. 
—¿Papi? —susurré, mi voz ronca por el desuso. 
—¡Alguien saque a todas estas personas de esta habitación 
inmediatamente antes de que le causen angustia emocional! —dijo la 
enfermera en tono enojado. Me aclaré la garganta. 
—¿Papi? —dije de nuevo. 
Esta vez al menos llamé la atención de la habitación. 
—¡Está despierta! —dijo papá, como si fuera un milagro. 
—Ha estado despierta todo el tiempo —dijo la enfermera, pero fue 
ignorada. Prometí enviarle el paquete de enfermera más costoso de la 
historia. 
—¿Cómo estás cariño? —dijo él, tomando mi mano en la suya. 
Su rostro se tensó en una expresión que lo hizo parecer consternado.Me tomó un momento darme cuenta de que estaba tratando de forzarse a 
soltar lágrimas. Lo miré a los ojos, a su mirada ignorante… y luché contra 
el impulso de reír. 
—Yo… no puedo recordar nada, papi —dije, lo suficientemente fuerte 
como para que el resto de la habitación pudiera oír—. ¿Qué me pasó? 
El alivio pasó por sus ojos, como esperaba. Solo podía imaginarme el 
golpe de suerte que él pensaba que estaba recibiendo. Un regalo de los 
propios dioses: no se podía esperar que una hija con amnesia respondiera 
preguntas inconvenientes, ya que no recordaría nada de lo que sus 
secuestradores le dijeron sobre los negocios turbios de su padre. 
Él estaba a salvo. 
 
—Algunos hombres malos te llevaron, cariño —dijo, y me envolvió en 
un abrazo que olía a cigarrillos y whiskey. Arrugué la nariz. 
»Pero estás bien ahora, ¿no? —preguntó él ansioso, tomando mi rostro 
en sus manos y girándolo hacia un lado—. No te hicieron daño, ¿verdad? 
—Yo… no sé —dije, mirando a la enfermera, que sacudió la cabeza con 
desaprobación. 
—Ciertamente no voy a discutir información médica confidencial en 
una sala llena de camarógrafos y equipos de grabación —anunció ella. 
El rostro de papá se puso feo por un momento brillante, antes de volver 
a su expresión de pena cubierta de felicidad. Oh, eso fue bueno. 
Hizo que preguntara si podría lograr esto. Estaba en presencia de un 
maestro, un mentiroso y manipulador nato. ¿Cómo podría vencerlo en su 
propio juego? Mis posibilidades de éxito eran más que escasas. 
Pero pensé en los hermanos Emery y en la fe que depositaron en mí. 
No solo estaba haciendo esto por mí, recordé. Estaba haciendo esto por 
cuatro niños que perdieron a sus padres a causa de papá, para que mis 
hermanas nunca sintieran el miedo de los visitantes que llegaban por la 
noche con manos codiciosas. 
—¿Por qué hay tanta gente aquí? —pregunté, parpadeando 
confundida—. Esas luces me lastiman la cabeza. 
Hubo una pausa incómoda mientras la enfermera se cruzaba de brazos 
y miraba a papá. Me frunció el ceño por una fracción de segundo, pero le 
dijo al camarógrafo y al fotógrafo que se fueran. 
—De todos modos obtuvimos los pedazos más jugosos —dijo el 
fotógrafo, que se metió un chicle en la boca desagradablemente. Él me guiñó 
un ojo—. La bata blanca de hospital, vendajes en el rostro, muy inteligente. 
—¿Van a poner fotos mías en internet luciendo así? —pregunté 
angustiada. 
—Mira, ahora la has molestado —espetó la enfermera—. El horario de 
visita es de cuatro a seis de la tarde todos los días, señor. Me temo que voy 
a pedirle que se vaya por tercera vez. 
—Muy bien, bueno —dijo papá, y arrojó un ramo de flores marchitas 
sobre la cama—. Estas eran para ti —dijo con indiferencia—. Quería que 
aparecieran en cámara, pero está bien. Tomaron algunas buenas fotos de 
todos modos. 
 
—¿Todo va a estar bien, papi? —pregunté, mirando a Lenny y Bridgette, 
quienes intentaron sonreírme con labios temblorosos—. ¿Esos hombres 
vendrán por mí otra vez? 
Eso eliminó lo último de su sospecha. 
Si había algo en el mundo que papá odiara más que la emoción 
honesta, el amor o el desinterés, era la vulnerabilidad. Nunca se le ocurriría 
usar eso como un escudo para arrojar sospechas. 
—Si saben lo que es bueno para ellos, se habrán ido a la mierda para 
siempre —dijo con impaciencia—. Ahora, ¿cuándo puedes salir de aquí? 
Hemos programado una conferencia de prensa para esta noche, y debes leer 
lo que vas a decir. Siempre fuiste un poco lenta, tomará un poco de trabajo 
decir tus líneas, pero nos las arreglaremos. —Me fulminó con la mirada, 
como si fuera mi culpa ser víctima de secuestro. 
—Sí, papi —dije, lo que lo aplacó. Su rostro volvió a su expresión suave 
habitual. Siempre parecía un político tratando de conseguir votos, incluso 
aquí en una habitación de hospital solo con su familia. 
»Estoy muy cansada —dije, cubriéndome la boca mientras bostezaba—
. Quiero dormir ahora. 
—¿Que está pasando aquí? —preguntó mi médico cuando entró en la 
habitación. Era un buen hombre con cabello de sal y pimienta—. La 
enfermera Cardin me llamó. 
—Estábamos a punto de irnos —dijo papá, todo sonrisas. Se presentó 
al médico, mientras Lenny y Bridgette se acercaban para tener una 
conversación susurrada conmigo. 
—¿Qué está sucediendo, Belle? ¿De verdad no recuerdas nada? —
preguntó Lenny, con el rostro tenso de miedo. Pude ver las venas debajo de 
sus ojos. Parecía positivamente desnutrida. Sentí una punzada de ira hacia 
papá por descuidarlos—. Yo solo… esa noche… había voces y una mano en 
mi boca, y cuando desperté, ¡te habías ido! 
—Lo sé, Len —dije, agarrando su mano lo suficientemente fuerte como 
para dejar moretones—. Lo recuerdo todo. 
Sus ojos se abrieron. 
—Pero dijiste… 
—No hay tiempo para explicar —dije con urgencia. No tenía mucho 
tiempo antes de que notaran a las dos chicas y las alejaran—. Solo confíen 
en mí, las dos. 
 
—Estás tratando de derrumbar a papá, ¿verdad? —preguntó Bridgette, 
inclinando su cabeza hacia mí con curiosidad. 
La miré boquiabierta. 
—¿Cómo…? 
—Sabía lo que papá estaba haciendo —admitió, bajando la cabeza. Rojo 
bañó sus mejillas. Estaba avergonzada y se sentía culpable—. Le dije a mi 
maestra una vez, en la escuela, pero ella me llamó mentirosa y me dijo que 
nadie creería que papá haría algo así. 
Me estaba desmoronado internamente. 
—Bridge —dije suavemente—. Nunca trató de usarte, ¿verdad? 
—¡No! —dijo de inmediato, y la sensación de hundimiento en mi pecho 
desapareció—. Pero por eso comencé a dormir en las casas de mis amigas e 
iba a los campamentos de actuación. 
—Chicas, tenemos que irnos —dijo papá con una voz enfermiza y dulce 
entre dientes apretados. Detrás de él estaba el médico y la enfermera, como 
un guardia de honor desaprobatorios. Parecía que él se había librado de 
cualquier castigo grave… otra vez. 
—Les hablaré más tarde y explicaré todo —murmuré—. Simplemente 
no le digan nada a nadie. 
—No lo haremos —dijo Lenny temblorosamente, y Bridgette asintió 
también. 
Las había subestimado. Pensaba en ellas como mis hermanitas, pero 
guardaban secretos que las estaban destrozando. Y pude ver en sus ojos 
que no creían ni una palabra de lo que papá decía a los canales de noticias. 
Al menos no pensaban que era peligrosa o una criminal. 
Suspiré con alivio cuando se fueron. El dolor de cabeza que fingí tener 
realmente estaba llegando ahora, y mientras recostaba la cabeza sobre la 
almohada, ansiaba el toque de los hombres que todos consideraban mis 
secuestradores malvados. 
Anhelaba la mano de Derrick acariciando mi cabello, los dedos de 
Rohan en mi cuerpo y las amables sonrisas de Gunner. Incluso extrañaba 
la bulliciosa energía de Killian. Fue extraño que lograran convertirse 
inexplicablemente en una parte de mi vida en tan poco tiempo. 
 
Pronto, me dije, mientras mis ojos se cerraban e iba a la deriva. Justo 
después de quemar la reputación de papá y pisotear sus cenizas con mis 
zapatos. 
Entonces sería libre. 
Debería haber sabido que no sería tan fácil. 
 
Trece 
ealmente tengo permitido irme? ¿Así como 
así? —dije sorprendida. 
—No me gusta esto —resopló la 
enfermera Cardin—. Pero el doctor 
Chakraborty cree que puede ser dada de 
alta, aunque no es aconsejable. 
—Si no es aconsejable, ¿por qué me dan de alta? 
—Tu padre amenazó con tomar acciones legales —dijo ella con un toque 
de ira—. Él tiene un poder notario sobre tus decisiones médicas, y ya que 
tú no estás en condiciones de tomarlas por ti misma, con la pérdida de 
memoria y otras… cosas. 
Se fue apagando delicadamente, pero sabía que estaba hablando de las 
marcas de mis azotes. Causó un pequeño revuelo cuando los médicos 
dijeron que tenía marcas que eran consistentes con las de un látigo de cuero. 
Me las arreglé para lucir inocentemente y con el corazón roto por el anuncio, 
y papá no perdió tiempo en filtrarlo a la prensa. 
Tuvieron un díade campo con eso. Lenny me coló su teléfono y leí 
artículos con titulares como «¡Adolescente secuestrada lleva marcas de 
tortura!» Y «La chica fue mantenida en una mazmorra y azotada, dicen las 
fuentes», antes de cerrar la pestaña. Me sentí un poco enferma. 
No anticipé que eso se supiera. Se veía mal. Realmente tenía que 
aclararlo más tarde, o la prensa pasaría por alto los crímenes de papá a 
favor de todos los detalles espeluznantes de mi secuestro sobre los que 
tuvieron que especular. 
—¿Estás lista, Belle? —preguntó papá, apareciendo en la puerta y 
ajustándose los gemelos. Se veía pulido, guapo y distinguido. La enfermera 
Cardin me dijo de mala gana que las otras enfermeras en el piso estaban 
enamoradas de él. Aprecié que ella pudiera ver a través de él, aunque ella 
no supiera el alcance de sus crímenes. 
—¿R 
 
—Estoy lista —dije, y alejé su mano extendida. Tuve que soportar su 
abrazo o habría lucido sospechoso, pero ciertamente no iba a dejar que me 
tocara más de lo absolutamente necesario. 
—No necesito una silla de ruedas —dije, mirando el objeto que papá 
trajo consigo—. ¿Verdad? —pregunté a la enfermera Cardin. 
—Estás notablemente saludable por lo que has pasado —admitió ella—
. Puedes caminar si quieres. 
—Ella se sentará en esto si sabe lo que es bueno para ella —dijo papá 
con dientes apretados. Hace unos años tuvo que reemplazar el esmalte en 
sus molares por lo mucho que rechinaba los dientes. No sabía por qué sonreí 
ante la idea, pero lo hice. 
—¿Se verá bien para las fotos? —pregunté inocentemente. La 
enfermera Cardin me lanzó una mirada aguda y se giró, ocultando una 
sonrisa. 
—¿A qué te refieres, Belle? —preguntó papá, todo sonrisas y dientes 
afilados—. No has perdido el sentido del humor, eso es una buena señal, 
¿no es así, enfermera? 
—Muy buena. —La asintió enfermera, rodando los ojos cuando no 
estaba mirando. 
Me senté mansamente en la silla de ruedas y me dejé empujar por los 
pasillos. La gente se giró para mirarme. Aquí era famosa por ser la chica que 
de alguna manera escapó de sus secuestradores y no tenía el más mínimo 
recuerdo de todo su secuestro. Todos me conocían de vista. 
Los médicos habían venido a mirarme. Esa parte me puso nerviosa. 
Podría engañar a todos los demás, pero estas personas fueron entrenadas 
para buscar ciertos signos de pérdida de memoria genuina que era casi 
imposible de falsificar. Afortunadamente, una vez que papá se dio cuenta de 
que de todos modos no había una cura mágica para la pérdida de memoria, 
tuvo tanta prisa por llevarme a casa que aceptó a regañadientes darme de 
alta. 
Tan pronto como las puertas automáticas se abrieron frente a nosotros, 
casi me cegaron los destellos de luz. Papá se hizo cargo de inmediato, 
caminando hacia el frente y hablando con todos suavemente. No estaba 
segura de si ensayó su discurso o si solo era un artista nato, pero la multitud 
se silenció de inmediato, ansiosos por escuchar lo que él tenía que decir. 
—Estoy muy agradecido de tener a mi hija de regreso —dijo, dejando 
que su respiración se detuviera como si apenas se estuviera manteniendo 
 
unido—. Y por eso solicito que mi familia tenga privacidad en este momento 
difícil, ya que Belle se está recuperando de su terrible experiencia. 
—Pero ¿no es cierto que programó una conferencia de prensa más tarde 
esta noche? —preguntó una mujer al frente de la multitud con escepticismo. 
—¡Todo se explicará esta noche, señorita! —dijo papá de con fuerza. El 
rostro de ella se arrugó al ser llamada “señorita”—. Ahora, por favor, 
háganse a un lado para que pueda llevar a mi pobre hija a casa. 
Ante la palabra “hija”, todos sus ojos se posaron en mí como aves 
rapaces hambrientas. Reprimí un suspiro e intenté lucir lo más débil y 
patética posible. Creo que lo logré. 
Cuando estábamos a salvo en el auto y conduciendo a casa, papá 
inmediatamente dejó caer su expresión amable y alegre. 
—Papi, sobre esta noche… —comencé tímidamente. 
—Repasaremos eso cuando estemos en casa, Belle, ¿cuántas veces 
tengo que decirte? —espetó—. ¿No recuerdas una sola maldita cosa, niña? 
—Lo siento, papi —dije en voz baja. 
—Cierra tu jodida boca hasta que lleguemos a casa —dijo quejándose, 
y encendió la radio. 
Llegamos a “casa”, o, mejor dicho, al lugar donde me vi obligada a vivir 
con papá, una hora más tarde. Lenny y Bridgette se asomaban por la 
ventana de la habitación del segundo piso. 
Justo cuando llegamos a la puerta, ellas se precipitaron hacia mí, 
chillando de felicidad. 
Papá las apartó, sus los ojos vigilantes para ver si alguien acechaba e 
intentaba tomar fotos. Entonces recordé que se suponía que yo era la 
hermana “peligrosa” y “violenta” de la que las otros dos tenían miedo. No se 
vería bien para la narrativa si no parecieran aterrorizadas por mis posibles 
arrebatos violentos. 
—Niñas, entren —dijo él brevemente. 
Una vez que estuvimos en la casa, desapareció sin decir una palabra 
más. Tenía una habitación al otro lado de la casa que yo llamaba su cuarto 
para beber, pero él lo llamaba su estudio. No había muchos libros allí, pero 
había una colección extraordinariamente buena de whiskey, en su mayoría 
regalos de antiguos asociados. 
 
Las tres esperamos hasta que sus pasos en el piso de madera se 
desvanecieron. Luego, ambas me abrazaron y me apretaron con tanta fuerza 
que pensé que mis costillas se romperían. 
—¡Te extrañamos! —murmuró Bridgette en mi suéter, sus ojos llenos 
de lágrimas. 
—Yo también las extrañé —dije, y sentí mis ojos picar—. ¿Ninguna de 
ustedes recordó comer mientras yo no estaba? —regañé suavemente, 
mientras me llevaban a la cocina cuidadosamente de la mano como si 
pensaran que estaba hecha de vidrio. 
Nos acomodamos en el largo asiento junto a la ventana que daba al 
patio delantero. No era pintoresco, pero era tranquilo y soleado, así que era 
nuestro lugar favorito para sentarnos y hablar. 
—Estábamos demasiado preocupadas por ti —admitió Lenny—. Papá 
no nos dijo nada sobre lo que te pasó —dijo en un susurro. Sus ojos se 
dirigieron hacia la puerta de la cocina nerviosamente, como si pensara que 
podríamos ser escuchadas. 
—Y luego comenzó a decirle a todos esas mentiras sobre ti, ¡y no 
sabíamos qué hacer! —agregó Bridgette. 
—Entiendo —dije con dulzura—. ¿Intentaron decirle a alguien que papá 
estaba mintiendo? 
—Él dijo que si lo hacíamos, los hombres que te secuestraron te 
matarían —explicó Lenny—. No sabíamos si creerle o no. Pero incluso si 
hubiera una posibilidad de que pudieran hacerlo… no queríamos 
arriesgarnos. 
—Hicieron lo correcto —dije, acariciando el cabello de Lenny como solía 
hacerlo cuando era una niña. Se relajó al tacto y se apoyó en mi hombro. 
—¿Realmente te habrían matado? —preguntó Bridgette desde mi otro 
lado. 
—No —dije, mi respiración se ralentizó al recordar mi tiempo con ellos. 
Mis mejillas se pusieron calientes cuando me di cuenta de que nunca, jamás 
podría contarles a mis hermanas la mayoría de lo que sucedió en esa 
cabaña—. No… no me hicieron daño. De hecho, son mis amigos. 
—¡Pero te llevaron cuando no querías ir! —dijo Lenny indignada. No 
parecía que estuviera lista para recibirlos con los brazos abiertos. 
—Lo entenderán algún día. Y les diré a ambas algo que tienen que 
prometerme que no contarán a nadie más. 
 
Ambas lo prometieron con ojos muy abiertos, tal como esperaba. 
»¿Esos hombres que me secuestraron? Bueno, yo era su amiga hace 
mucho tiempo, cuando éramos niños. Papá mató a sus padres. Por eso me 
llevaron, porque sabían que los ayudaría a vengarse de papá. 
Esa no era toda la verdad. De hecho, estaba cambiando la realidad en 
algo más agradable para mis hermanas, pero no lo lamentaba. Les contaría 
todo el asunto algún día. 
Lentamente, con muchas interrupciones, les conté toda la historia. Al 
principio, pude ver que no me creían completamente. Pero cuando el horror 
de lo que papá hizo finalmente cayósobre ellas, se quedaron en silencio. 
—¿Que hacemos ahora? —dijo Bridgette finalmente. 
—No puedo creerlo —dijo Lenny con voz apagada—. ¿Crees que mamá 
lo sabía? 
—No —dije con firmeza—. Mamá nunca lo haría, por eso la mató. 
Escuchen, tengo un plan, pero necesito que mantengan a papá distraído en 
la conferencia de prensa de esta noche. 
—¡Yo lo haré! —declaró Bridgette—. Haré cualquier cosa para 
detenerlo. Sé que antes pude ayudarte, Belle, pero esta vez sí puedo. 
—Ambas van a venir y quedarse conmigo y los hermanos Emery una 
vez que todo esto terminé —dije, besándolas a ambas en las mejillas. 
—¡Belle! —gritó papá desde algún lugar al otro lado de la casa—. 
¿Dónde demonios estás? ¡Tienes que aprender tu maldito discurso, niña 
estúpida! 
Su voz arrastraba las palabras, como si sintiera los efectos del whiskey 
que bebió. Hice una mueca a las chicas, que parecían asustadas. 
—No se preocupen —les aseguré—. Todo estará bien. 
Pero no estaba tan segura de eso. 
 
Catorce 
starás al aire dentro de tres minutos, después del 
alcalde —me dijo una amigable chica con gafas. Ella 
sostenía un portapapeles en su mano, y parecía estar 
ejecutando cosas detrás de escena de manera muy eficiente. 
—Gracias —dije con gratitud. 
—¿Es esa tu bolso? —preguntó ella, viéndolo en el piso y levantándolo. 
Ella sacudió un poco de tierra y me lo devolvió cuando asentí—. No deberías 
dejarlo por ahí, alguien podría robarlo. 
Asentí, pero en privado me pregunté qué había para robar. ¿Mis tubos 
de chapstick? ¿Mis moñas para el cabello de emergencia? Ni siquiera tenía 
un teléfono. Yo era un mal blanco para un ladrón potencial. 
Escuché aplausos desde la otra habitación y supe que el alcalde debía 
haber subido al escenario. Mi secuestro y regreso fue un gran asunto para 
este pequeño pueblo. Solo tienen emoción como esta una vez por década. Yo 
era lo más cercano que tenían a una celebridad. 
Y estaba nerviosa. No, estaba aterrorizada. 
Sabía muy bien la cantidad de cosas que podrían salir mal con este 
plan. En retrospectiva, parecía loco e imprudente. Pero esta era la única 
forma. 
Estaba esperando en la habitación detrás del podio, sentada en la 
pequeña silla destartalada que alguien me ofreció amablemente y 
sosteniendo una taza hirviendo de un líquido gris que la amigable chica me 
aseguró que era café. 
Bridgette como prometió, logró distraer a papá y mantenerlo alejado de 
mí. Sabía que, si pasaba tiempo cerca de él, mi resolución y confianza en el 
plan se desvanecería. Es posible que no pudiera seguir adelante. Así que él 
necesitaba mantenerse lejos, muy lejos de mí. 
—E 
 
Apreté los puños y los presioné contra mis muslos. Estaba sentada tan 
quieta como una muñeca de porcelana, ya que el maquillador que me dio la 
apariencia de maquillaje “sin maquillaje” me dijo que las arrugas en la ropa 
se verían terribles en la cámara. 
Estaba usando la única ropa bonita que poseía. Mirando la falda tipo 
lápiz y la blusa, cuidadosamente planchada por Lenny y tendida en mi 
pequeña cama, inmediatamente me trajo recuerdos del armario gigante que 
tenía en la cabaña. Durante mi cautiverio, como la gente lo llamaba. 
Tuve cuidado de no decirle a nadie que durante cinco días había comido 
mejor que en mi casa, vestido ropa de diseñador y tenido el mejor sexo de 
mi vida. No era lo que querían escuchar. 
Peor aún, podrían pensar que tuve un daño cerebral real más allá de 
la supuesta pérdida de memoria. 
En ese momento, algo sonó en mi bolso y fruncí el ceño. 
Ni siquiera tenía un teléfono, ¿de dónde podría provenir eso? 
Rebusqué en el bolso y encontré un simple teléfono negro. Me balanceé 
hacia atrás, aturdida. 
Esto no estaba allí cuando lo traje de casa esta mañana, lo sabía con 
certeza. 
Con manos temblorosas, desbloqueé la pantalla para ver que había un 
nuevo mensaje. 
Rómpete una pierna, era todo lo que decía. 
¿Quién es? Respondí. 
Somos nosotros, conejita, fue la respuesta. 
No pude evitar sonreír hacia la pequeña pantalla como un idiota. Eran 
ellos. Deben estar cerca, tal vez viendo la conferencia de prensa en un bar. 
O tal vez se atrevieron a venir a este edificio. Eso sería terriblemente 
arriesgado, pero no pude evitar desear que estuvieran cerca. 
¿Metieron el teléfono en mi bolso? 
La chica del portapapeles lo hizo. 
¡Pensé que ella trabajaba aquí! 
Lo hace. 
 
Alguien más me estaba señalando con urgencia, y me di cuenta de que 
era hora de que subiera al escenario. 
Es hora, respondí un mensaje de texto, sintiéndome un poco histérica. 
Estaremos esperando al otro lado, llegó la respuesta. Parecía algo que 
diría Gunner. Me preguntaba si eso era una confirmación de que realmente 
estaban aquí. 
Aparté el teléfono y me puse de pie. Mis piernas amenazaban con 
doblarse debajo de mí, pero agarré el respaldo de la silla para estabilizarme. 
Podía escuchar la voz del alcalde resonando a través del micrófono mientras 
me acercaba a la entrada del escenario. 
—La valiente chica que ha pasado por horrores y sobrevivió, nuestra 
propia heroína del pueblo, ¡por favor, denle la bienvenida a la señorita Belle 
Hanaway! 
 
Quince 
e —siseó un hombre con un micrófono en el oído, y 
casi me empujó al escenario. 
Los aplausos y los vítores se intensificaron 
cuando la multitud me vio. Fui cegada por las deslumbrantes luces, pero ya 
casi estaba acostumbrada a eso. Algunas personas gritaban, agitaban 
pancartas, y algunas incluso parecían proponer matrimonio. Eso fue 
halagador. 
Solo pude ver las dos primeras filas de personas. El resto de la multitud 
era solo una masa negra, y no pude distinguir si alguno de los hermanos 
estaba realmente aquí. 
Estreché la mano del alcalde, pegajosa, y él de mala gana me dejó subir 
al podio. Me aclaré la garganta dos veces para hacer que el ruido se 
detuviera. Podía sentirme sudando, en parte debido a las luces brillantes, 
principalmente porque estaba tan nerviosa que no podía respirar. 
—La mayoría de ustedes —comencé, tratando de sonar clara y 
confiada—, vino aquí esperando que hiciera una declaración sobre mi 
cautiverio. Pensaron que les diría que no recuerdo nada, que confío en que 
la policía encontrará a los hombres que me llevaron. Pero no es por eso que 
estoy aquí hoy. 
Hubo susurros de confusión. Podía sentir la incertidumbre de la 
multitud. 
»En realidad, hoy estoy aquí para hablar sobre algo llamado New Oil. 
¿Han oído hablar de eso? No lo creo. No mucha gente lo sabe. 
Hubo una pequeña riña a la derecha. Alguien intentaba subir al 
escenario. Vislumbré su traje azul oscuro por el rabillo del ojo y supe que 
era papá. Finalmente entendió lo que estaba haciendo. Pero era demasiado 
tarde. 
—V 
 
—Quizás se estén preguntando qué tiene eso que ver con mi secuestro. 
Estoy llegando a eso, confíen en mí. Pero resulta que New Oil es la respuesta 
a todos nuestros problemas de energía: es tan puro que se puede verter casi 
directamente en los tanques de nuestros automóviles, hay suficiente para 
durar un siglo o más. Lo mejor de todo es que la fuente más grande está a 
solo ciento sesenta kilómetros de distancia. 
—¿De qué estás hablando? —gritó un hombre desde atrás. 
—Todo es verdad —dije con calma. Lenny se movió entre la multitud, 
distribuyendo copias de panfletos de todas las pruebas de documentación 
que pudimos tener en nuestras manos—. Recibirán panfletos de 
información de parte de mi hermana que lo explica todo. Hay mapas 
satelitales, registros internos de perforación —Cortesía de los Emery, por 
supuesto—, y registros que muestran que el sitio fue comprado por una 
corporación fantasma que no se puede rastrear hasta mi padre. Por favor, 
no permitan que él salga del edificio —agregué, cuando lo vi tratando de 
empujar a los guardias de seguridad en la puerta. 
Parecía que sabía que no podía evitar que revelara sus secretos, y lo 
único que podía hacer ahora era escapar. Sonó un disparo y la gente gritó.Papá le disparó al guardia en el brazo y pasó corriendo cuando el hombre 
cayó aturdido. 
Pero en ese momento regresó cojeando, frente a un hombre grande con 
capucha que lo tenía en una llave que parecía dolorosa. Fue seguido por 
otros tres, vestidos de manera similar. Su altura, su volumen y la manera 
en que caminaban… los habría reconocido en cualquier lugar. 
—¿Es esto cierto? —le gritó una mujer a papá, mientras lo llevaban al 
frente de la habitación—. ¿Como puedes explicar esto? 
No estaba lleno de su confianza habitual, y la lucha con los hermanos 
dejó su traje arrugado, con los botones rasgados. También sudaba 
profusamente. 
No la miró ni reconoció su pregunta. En cambio, me miró directamente. 
—Estúpida —dijo él con furia asesina en los ojos—. Debería haberte 
puesto una almohada en la cara cuando dejaste de ser útil. 
Algunas personas jadearon, y la habitación quedó en silencio. Nadie 
podía creer lo que él acababa de soltar. Nadie excepto yo. 
Sabía que todo lo que le tomó a papá para derrumbarse fue hacerle 
creer que había perdido el control de la situación. Socavaba su confianza y 
hacía una gran grieta en todo lo que creía sobre su mundo. 
 
Y lo único que yo podía atacar fue su actividad comercial ilegal. 
No pude probar ninguna de las cosas que me había hecho. Sabía muy 
bien cómo sonaría si anunciaba que mi propio padre permitía que sus socios 
comerciales me acosaran. Habría un alboroto en la conferencia de prensa, 
podrían tomarme lo suficientemente en serio como para arrestarlo al 
principio, pero sin evidencias, él sería liberado unas semanas más tarde. 
Y sería etiquetada como la mentirosa delirante que intentó manchar la 
reputación de un buen hombre. Nadie me creería después de eso. Lo peor 
de todo, papá se iría sin castigo. Y eso era inaceptable. 
Vi aturdida como finalmente lo llevaron esposado. Estaba escupiendo 
y maldiciendo a todos a la vista. Todos podían ver su verdadera fealdad 
ahora. 
Las luces estaban dirigidas a él, esperando sin aliento cualquier cosa 
que pudieran usar en las noticias nocturnas. 
Las luces brillantes en el escenario se apagaron y todo a mi alrededor 
se oscureció. Me di cuenta de que mis quince minutos habían terminado, 
aunque nadie podría haber predicho que terminaría así. 
El alcalde seguía allí en las alas, rodeado por un grupo de sus 
asistentes. Parecía que frenéticamente intentaban idear estrategias sobre 
cómo lidiar con las preguntas que se formularían en la oficina del alcalde. 
No me importaba. Ese era su problema. 
Y una vez que el furor se calmó, cuando recordaron hacer preguntas 
nuevamente sobre quién me secuestró, bueno, para entonces todos 
estaríamos lejos y seguros. 
Encontré a Bridgette y Lenny, siguiendo la salida de papá con ojos de 
piedra. Ahora sabía que aceptarían quedarse conmigo, con nosotros, en la 
cabaña. Tuvimos que resolver algo para que pudieran terminar la escuela, 
pero estaba segura de que podría hacerse. 
Mis ojos se dirigieron al rincón más oscuro de la habitación. En el que 
estaban cuatro hombres con los brazos cruzados y sin hablar. Se 
encargaron de ocultar sus rostros, pero conocía sus rasgos de memoria. 
Podría haberlos dibujado a todos mientras dormía. 
A medida que avanzaban, se giraron hacia mí y sentí el delicioso 
estremecimiento de miedo y placer mezclados bajo el peso de su mirada. 
Las comisuras de mi boca se alzaron. 
—Ya voy —murmuré. 
 
Dieciséis 
ilencio —dijo Derrick suavemente, y deslizó algo 
alrededor de mis ojos. Estaba hecho de seda, oscuro 
como la noche y me cegó al instante. 
Estuve obedientemente callada. Eso fue algo que aprendí bien después 
de mi tiempo con ellos. Cuándo ser obediente y cuándo rebelarse. No dolía 
que la rebelión trajera consigo los castigos más deliciosos. 
Manos recorrían mi cuerpo con avidez. Era nuestra primera vez juntos 
después de todo, y me sentía como una planta moribunda, marchitándose 
sin el toque de ellos. Por primera vez desde que los dejé hace semanas, me 
sentía como yo misma. 
Me arqueé ante el toque de ellos, me estremecí con los callos que me 
frotaban la piel con fuerza, y gemí cuando uno de ellos me sacudió un pezón 
o metió una mano entre mis muslos. 
Fui yo quien insistió en que los quería a todos esta vez. Juntos. El 
pensamiento me asustó y me excitó en igual medida. Era atrevido, tal vez 
incluso estúpido. 
Pero estuvieron de acuerdo, tal como yo sabía que lo harían. Todos 
tenían hambre de hundir sus pollas en mi dulce calor, y sabía que ninguno 
de ellos quería esperar. Y yo tampoco quería elegir. 
Dos manos masajearon mis senos, enviando lamidas de placer a mi 
clítoris. Una boca envolvió mi pezón y comenzó a chupar con fuerza. 
—¡Ah! —chillé, temblando, pero no me permitieron mucho movimiento. 
Estaba completamente a su merced, y a ellos les encantaba. 
No sabía de quién eran las manos y la boca, y realmente no importaba. 
Me perdí en el océano de sensaciones, de piel sobre piel, y la estimulación 
que me estaba volviendo loca. 
—S 
 
Cada centímetro de mí estaba siendo explorado. No intenté resistirme 
cuando una mano se extendió entre mis nalgas o entre mis piernas. 
—Apretada. —Escuché a alguien gruñir con desaprobación, mientras 
presionaba un dedo en mi agujero. Sí, estaba apretada. No me había tocado 
ni usado ningún juguete en todo este tiempo. Quería estar tan perfecta para 
ellos. 
—¿No te cuidaste, conejita? —Rohan respiró en mi oído, antes de 
chuparlo en su boca lascivamente. 
—N-no —tartamudeé. Apenas me mantenía unida cuando dos dedos 
me penetraron sin piedad y golpearon dentro y fuera. Estaba empapada, 
pero mi agujero bien podría ser virginal. 
—Buena conejita —dijo él, sonando satisfecho. Mi corazón se aceleró. 
Había hecho algo bien. 
Las dos manos masajeando mis senos y frotando mis pezones ahora 
los unieron, frotándolos y jugando con ambos. Gemí cuando algo grande y 
grueso se deslizó a través del estrecho pasaje en el medio. 
—Te gustará que me corra en tus tetas, ¿verdad, niña bonita? —dijo 
una voz, entrando y saliendo, largo y lento. Sentí la piel de su polla 
arrastrarse contra la suavidad de mis senos y asentí. Tenía que admitirlo, 
lo quería, quería sentir su corrida sobre mí, cintas blancas contra mi piel 
pálida, tal vez luego lamerla de mi barbilla como un gato satisfecho. 
Killian estaba jugando con mi trasero. Siempre estaba obsesionado con 
ese lugar. Esa primera vez en la ducha fue solo el comienzo. De alguna 
manera, mi agujero no se había aflojado incluso con él llenándolo. Esta vez, 
se estaba tomando su tiempo para estirarme, y apreté su dedo que estaba 
frío con lubricante. 
—¡Ah! —chillé al sentir una intrusión húmeda en mi agujero arrugado. 
Había algo resbaladizo y húmedo que succionaba descuidadamente el borde 
de mi agujero. Era su boca, lamiendo y chupando hambrientamente. 
»De-detente —dije, tratando de alejar mis caderas, pero él tenía sus 
manos sobre mí y me agarró con fuerza. 
—Aprenderás a querer esto —gruñó él, y me obligué a no resistirme 
mientras volvía a relajarme para su polla, un centímetro a la vez. No fue 
fácil, pero pareció deleitarse con el desafío, lamiéndome hasta que me puse 
a llorar. Comenzó a follarme con la lengua, entrando y saliendo hasta que 
mi pasaje estaba resbaladizo con su saliva. 
 
Por un momento todo se detuvo, y pude sentir el aire fresco de la 
habitación en mi agujero, pero luego sentí algo enorme y duro presionando 
contra la entrada. Jadeé cuando Killian entró en mí, todo en un empuje 
profundo e impaciente como lo hizo la última vez. Me acomodé a su 
alrededor como si fuera un guante para su polla, caliente y apretada. 
—Te sientes tan bien —gruñó en mi oído, y le enseñé el cuello para que 
mordisqueara y mordiera mientras entraba y salía de mí. 
—Gunner nunca tuvo su turno. —Llegó la voz de Derrick, sonando sin 
aliento. Me di cuenta de que él debía ser el que montaba mis pechos. 
—Así es —dijoGunner pensativamente. Supuse que él era el que 
acariciaba el interior de mi muslo, mientras enviaba hormigueos ligeros y 
me follaba lentamente con dos dedos. De alguna manera, sin hablar, él y 
Killian alcanzaron un ritmo con sus embestidas, y cada uno me estaba 
enviando a nuevas y vertiginosas alturas—. Supongo que eventualmente 
teníamos que averiguar si ella podría tomarme. 
¿Qué significaba eso? Me pregunté, pero antes de que pudiera 
preguntar, escuché la voz ronca de Rohan. 
—Voy a tomar su boca —dijo, e inclinó mi barbilla hacia atrás para un 
mejor acceso. Abrí mi boca de par en par, ahogándome un poco mientras él 
se hundía en mí. Era enorme, y aunque sentí que tomé mucho, 
probablemente apenas había pasado la cabeza. Pero me aseguré de que su 
longitud estuviera húmeda mientras se empujaba lentamente hasta tocar 
mi garganta. Por suerte, no tuve un reflejo nauseoso. 
Sabía salado y almizclado, un poco alfa y muy peligroso. Me gustó 
mucho. 
Una vez que me acostumbré al peso sólido y grosor de él, comenzó a 
entrar y salir de mi boca, sosteniendo mi cabeza en sus manos para que no 
me moviera. Hizo sonidos de aprobación, acariciando mis mejillas y mi 
cabello, y yo hice ruidos de afirmación. Estaba disfrutando esto, a pesar de 
que esto rozaba el borde de ser demasiado. 
Killian todavía estaba enterrado hasta las bolas en mi trasero, pero 
Derrick estaba acelerando sus golpes. Escuché su respiración agitarse, y él 
apretó mis pezones por última vez antes de correrse en mis senos. 
—Es bálsamo para ojos doloridos —dijo, y sentí su mano esparciendo 
su sobre mi pecho, como si me estuviera marcando como suya. 
 
Cosa que lo era. Toda de ellos. Era un pensamiento que debería 
haberme asustado, pero estaba demasiado ida para registrar cualquier cosa 
menos felicidad embriagadora. 
Por eso me tomó un momento registrar una nueva intrusión, una que 
era más grande que las otras que había asimilado. Estaba presionando 
contra mi coño cuando Gunner me hizo consciente de su intención. No sabía 
si podría manejar físicamente a Killian en mi trasero y a Gunner en mi coño 
al mismo tiempo, pero sabía que quería intentarlo. 
Manos me acariciaron y me calmaron para distraerme del dolor 
mientras Gunner se introducía lenta y minuciosamente dentro de mí. Se 
tomó más tiempo que los demás porque era grande. Mi coño, que ya estaba 
apretado, solo se había estirado un poco por los dedos de Gunner. Su polla 
era algo completamente diferente, algo para lo que no estaba preparada de 
ninguna manera. 
Mi boca se abrió sin palabras alrededor de la polla de Rohan sin soltar 
aire, pero me quedé completamente quieta cuando sentí que los tres me 
llenaban. Solo había una membrana delgada que separaba a Killian y 
Gunner, podía sentirlos presionándose el uno al otro mientras se 
empujaban dentro, y fue demasiado para mí. 
Mi placer aumentó, y grité cuando me corrí en oleadas, pulsando 
erráticamente mientras me estremecía a través de las réplicas. Alguien me 
estaba reteniendo, diciendo palabras sin sentido para consolarme. Fue un 
clímax como nunca antes lo había sentido, como si fuera a quemarme, mi 
cuerpo se derritió por el calor. 
Gunner aceleró sus empujes, más fácil ahora que mis jugos se 
deslizaban en el camino. Killian gruñó en mi hombro y se corrió con un 
movimiento de mis caderas. Se sentía como si los temblores en mi cuerpo 
hubieran sujetado su polla y lo hubieran llevado al límite. 
Gunner fue más paciente, dejándome aprender a estirarme a su 
alrededor para que no pareciera que me rompería a la mitad, y él esperó 
hasta que estuviera lista para continuar. Pero el hombre era un tanque. 
Dejé que Rohan se metiera en mi boca, chupando y lamiendo su 
longitud hasta que la succión fue demasiado y sostuvo mi cabello lo 
suficientemente fuerte como para picar. Abrí aún más la boca, aunque mi 
mandíbula ya estaba adolorida, y pasé mis dientes ligeramente sobre la 
tierna piel de su polla. Maldijo en voz alta y se corrió a chorros en mi boca. 
Tenía la sensación de que el dolor lo llevaría al límite, y así fue. Se retiró de 
mí con un pop húmedo, y tragué su semilla salada con entusiasmo. 
 
Ahora que Gunner tenía toda mi atención, pude ver que no se estaba 
hundiendo lo suficiente dentro de mí como para cubrir toda su longitud. 
—Más —dije sin aliento, provocándolo a ir más profundamente al 
mover mis caderas. 
—Tomándome tan bien, dulce Belle —dijo, y su cálida aprobación me 
llenó de burbujas de champán. Manos me acariciaron por todas partes, y 
me sometí a ellos con entusiasmo. Aquí era donde estaba destinada a estar. 
Con un espasmo final de mis caderas, tuve su polla tan profundo como 
podía. Sabía de alguna manera que ya no podría tomarlo más, pero Gunner 
sonaba complacido cuando dijo: 
—Buena chica. —Y me acarició el cabello. Me arqueé hacia el tacto, 
jadeando por aire cuando él salió y entró tan profundo en mí que vi estrellas. 
Él gruñó mientras se derramaba dentro de mí, caliente y profundo, 
llenándome con su semilla. Sabía que procrearía para ellos, tendría hijos, y 
mis hermanas ayudarían a criarlos. Seríamos muy felices. 
—Te amamos, Belle —susurraron, capturando mi boca en un beso uno 
por uno. 
—Yo los amo a todos —dije, mi visión borrosa de satisfacción. 
Estaba finalmente en casa. 
Fin 
 
 
 
 
 
 
 
 
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