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DIANA MENDOZA

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Pruebas clínicas para patología 
ósea, articular y muscular
Exploraciones, signos y síntomas
Pruebas clínicas para patología 
ósea, articular y muscular
Exploraciones, signos y síntomas
Klaus Buckup
Johannes Buckup
Con la colaboración de Hans H. Pässler
5.ª edición revisada y ampliada
600 imágenes
Edición en español de la 5.ª edición de la obra original en alemán
Klinische Tests an Knochen, Gelenken und Muskeln
Copyright © 2012 Georg Thieme Verlag KG
Revisión científica:
Dr. Mariano Núñez-Samper Pizarroso
Doctor en Medicina y Cirugía
Especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología
© 2014 Elsevier España, S.L.
Travessera de Gràcia, 17-21. 08021 Barcelona, España
Fotocopiar es un delito. (Art. 270 C.P.)
Para que existan libros es necesario el trabajo de un importante colectivo (autores, 
traductores, dibujantes, correctores, impresores, editores…). El principal beneficiario de ese 
esfuerzo es el lector que aprovecha su contenido.
Quien fotocopia un libro, en las circunstancias previstas por la ley, delinque y contribuye 
a la «no» existencia de nuevas ediciones. Además, a corto plazo, encarece el precio de las ya 
existentes.
Este libro está legalmente protegido por los derechos de propiedad intelectual. Cualquier 
uso, fuera de los límites establecidos por la legislación vigente, sin el consentimiento del editor, 
es ilegal. Esto se aplica en particular a la reproducción, fotocopia, traducción, grabación o 
cualquier otro sistema de recuperación de almacenaje de información.
ISBN edición original: 978-3-13-100995-1
ISBN edición española impresa: 978-84-458-2521-1
ISBN edición española electrónica: 978-84-458-2592-1
Depósito legal edición impresa: B. 23877-2013
Depósito legal edición electrónica: B. 23876-2013
Servicios editoriales: DRK Edición
Advertencia
La medicina es un área en constante evolución. Aunque deben seguirse unas precauciones 
de seguridad estándar, a medida que aumenten nuestros conocimientos gracias a la 
investigación básica y clínica habrá que introducir cambios en los tratamientos y en los 
fármacos. En consecuencia, se recomienda a los lectores que analicen los últimos datos 
aportados por los fabricantes sobre cada fármaco para comprobar la dosis recomendada, la 
vía y duración de la administración y las contraindicaciones. Es responsabilidad ineludible 
del médico determinar la dosis y el tratamiento más indicado para cada paciente en 
función de su experiencia y del conocimiento de cada caso concreto. Ni los editores ni los 
directores asumen responsabilidad alguna por los daños que pudieran generarse a personas 
o propiedades como consecuencia del contenido de esta obra.
El editor
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Prefacio a la quinta edición
La cirugía ortopédica y traumatológica ha experimentado un rápido desarrollo 
en estos últimos años. El gran número de técnicas útiles disponibles, sobre todo 
de tipo radiológico (radiografías digitales, ecografía, tomografía computarizada y 
resonancia magnética), hace que con frecuencia se olvide la importancia de una 
buena exploración física, la mayoría de las veces en perjuicio del paciente.
Sin embargo, tampoco resulta posible una adecuada valoración de la exploración 
funcional sin disponer de los resultados de las pruebas correspondientes. A pesar 
de ello, los hallazgos de la exploración clínica son fundamentales para un diagnós-
tico rápido y seguro. Prueba de la realidad de esta afirmación es la popularidad 
que han tenido las ediciones previas de esta obra y el gran número de lenguas a 
las que ha sido traducida.
La cuarta edición en alemán de esta obra recibió el premio Carl Rabl en 2010.
Los principales criterios que se exigen a una prueba diagnóstica son la precisión, 
la fiabilidad y la reproducibilidad. La probabilidad de que los hallazgos de una prue-
ba diagnóstica concreta sean exactos y correctos viene condicionada por factores 
inherentes a esta (p. ej., sensibilidad y especificidad) y también por la situación 
clínica en la que se usa. Dado que múltiples artículos de investigación han valorado 
la utilidad de prácticamente todas las pruebas, en esta obra se ha renunciado a 
describir de forma detallada la fiabilidad y validez de cada una de ellas.
En esta obra se incluyen capítulos sobre las distintas pruebas empleadas para 
la valoración de las alteraciones funcionales del aparato locomotor, la trombosis 
venosa, la hemorragia de origen arterial y los trastornos del sistema nervioso 
central. Se describen los pasos de cada una de estas pruebas de forma detallada, 
partiendo de la colocación del paciente. Además, se recogen los posibles diagnós-
ticos que pueden plantearse a partir de los resultados. En cada una de las pruebas 
se describen los distintos pasos más relevantes.
Muchas de las pruebas que se realizan para un cuadro patológico se diferencian 
de forma poco llamativa, pero se llevan a cabo porque orientan la elección de 
otras pruebas diagnósticas más típicas del proceso. Cada una de ellas debería ser 
contemplada como una parte integral de la exploración global.
Todos los capítulos de este libro se han revisado y actualizado. Se han introduci-
do nuevas pruebas y se han tenido en consideración los comentarios de los lectores.
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Prefacio a la quinta edición
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Los capítulos están organizados por regiones corporales. Cada capítulo co-
mienza con una introducción sobre la utilidad y realización de la prueba y luego 
sigue con un diagrama de flujo que la resume y permite una primera orientación.
Este libro plantea una exploración dirigida de los pacientes, lo que permite un 
diagnóstico más rápido.
Deseo agradecer la colaboración de la editorial Thieme, especialmente de las 
señoras Antje-Karen Richter, Silvia Haller y Elke Plach y del profesor Hans Pässler, 
que han participado en todas las fases de elaboración de esta nueva edición.
Mi padre, Klaus Buckup, creador original de este trabajo, falleció durante la ela-
boración de esta edición. Siempre estaré agradecido a su confianza, amor y apoyo.
Johannes Buckup
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Fundamentos
Principios de la exploración
1. La exploración se debe realizar de forma sistemática.
2. Cuando el paciente entre en la sala de exploración, fíjese en su marcha, pos­
tura, etc.
3. Empiece preguntando: ¿cuál es el motivo de su consulta?
4. Las cuatro preguntas clave:
j	 ¿Cuándo comenzó el dolor y cómo lo describiría? (de forma espontánea, tras 
un traumatismo, gradual, urente, punzante, etc.)
j	 ¿Dónde se localiza el dolor? (local, irradiado → prolapso del disco interverte­
bral, en relación con una articulación o músculo, etc.)
j	 ¿Cuándo percibe el dolor? (por la mañana, por la noche → depósitos de calcio 
en el hombro, por la tarde)
j	 ¿En qué situación aparece el dolor? (tras el esfuerzo, en reposo, en determi­
nadas posturas, etc.)
5. Consiga la confianza del paciente explicándole qué va a buscar, por qué y de 
qué modo.
 Evite provocar de forma innecesaria y prolongada el dolor. El paciente se lo 
agradecerá.
6. Inspección:
 No toque al paciente; anote antes lo que ve. William Osler.
j	 Postura:
– Posición de los hombros.
– Posición de las caderas.
– Diferencias en la longitud de las piernas.
– Marcha (normal, individual, patológica).
– Cojera (dolor, acortamiento, parálisis, hacia el interior o el exterior).
j	 Deformidades (axiales, contracturas de las extremidades o de la columna 
vertebral).
j	 Perfil (edema, depresiones, atrofia).
j	 Piel (pigmentación, queratosis).
j	 Anomalías.
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Fundamentos
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7. Palpación:
j	 Puntos dolorosos.
j	 Piel (temperatura, sudoración).
j	 Tumefacciones.
j	 Derrame (intraarticular/extraarticular).
j	 Protrusión (dura, tensa­elástica).
j	 Crepitación (retropatelar → signo de artrosis).
8. Exploración articular:
j	 Explore en primer lugar el lado sano (no afectado). De este modo se podrá 
valorar la movilidad articular del individuo. El paciente ademásexperimenta 
cómo es la exploración y adquiere confianza.
j	 Explore inicialmente el movimiento activo, luego el pasivo y por último la 
movilidad contra resistencia (documentación según el método neutro 0).
j	 Explore la movilidad contra resistencia en una posición neutra de la articu­
lación o en una posición corporal relajada.
j	 Explore la movilidad varias veces para poder distinguir mejor el dolor.
j	 Explore los movimientos activos (individuales) y observe cuándo y en rela­
ción a qué movimientos se produce el dolor. Por ejemplo, si el dolor durante 
la abducción del hombro aparece entre 60° y 120° de movilidad, se deberá 
sospechar un pinzamiento subacromial.
j	 Explore los movimientos pasivos (anatómicos). En general, éstos son algo 
mayores que los movimientos activos. Compare las diferencias entre ambos 
lados: hipomovilidad, hipermovilidad (laxitud), estable/inestable.
Registre la sensación al final de los movimientos:
– Ósea: limitaciones vinculadas con la presencia de osteofitos (p. ej., mo­
vilidad del codo o rotación de la columna cervical).
– Elástica: sinovial, edematosa, atrapamiento del menisco.
– Capsular (p. ej., hombro congelado).
– Espástica (espasticidad refleja tras una lesión).
j	 Explore la sensibilidad, la función motora, los reflejos propioceptivos y 
nociceptivos y los pulsos arteriales periféricos.
j	 La exploración de los movimientos activos y pasivos debería permitirle va­
lorar la potencia muscular para descartar posibles deficiencias neurológicas. 
Esta exploración muscular permite valorar la potencia motora de todos los 
músculos sometidos a inervación voluntaria de una extremidad de forma 
gradual.
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Fundamentos
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Escala del rendimiento muscular activo
Grado Valoración Porcentaje de 
potencia muscular (%)
Hallazgos clínico-neurológicos
5 Normal 100 Amplitud de movimiento completa 
frente a resistencia intensa
4 Buena 75 Amplitud de movimiento completa 
frente a resistencia débil
3 Débil 50 Amplitud de movimiento completa 
frente a la gravedad
2 Bastante débil 25 Amplitud de movimiento completa 
sin el efecto de la gravedad
1 Insuficiente 10 Amplitud de movimiento incompleta 
durante la actividad visual o palpable
0 Nula 0 Parálisis completa, ausencia completa 
de contracción
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Fundamentos
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Del dolor al diagnóstico.
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© 2014. Elsevier España, S.L. Reservados todos los derechos 1
1 Columna vertebral
Los síndromes dolorosos de la columna vertebral resultan difíciles de clasificar 
dada la gran variabilidad de diagnósticos diferenciales posibles.
La descripción como síndrome de la columna cervical o lumbar es imprecisa y 
no aporta información sobre el lugar ni el tipo de alteración.
Una vez obtenida la anamnesis, y antes de proceder a la exploración de la 
columna vertebral, hay que realizar una exploración corporal general para valorar 
la presencia de alteraciones externas que pueden influir sobre la propia columna. 
Dicha exploración se inicia con la inspección. Además de observar la posición 
global del cuerpo, se debe valorar la posición de los hombros y la pelvis (altura de 
los hombros, comparación de las dos escápulas, altura de las crestas ilíacas, in-
clinación de las mismas en ambos lados) y también la silueta de la espalda (plana, 
encorvada, hundida).
A la palpación se pueden definir las alteraciones del tono muscular, como las 
contracturas y las zonas de tensión muscular, y también se pueden identificar los 
puntos cuya presión provoca dolor. También se tiene que valorar la movilidad de 
la columna de forma global y segmentaria, tanto de un modo activo como pasivo.
Cuando se aborda un síndrome vertebral, en primer lugar se debe determinar 
la localización y el tipo de alteración. Los procesos destructivos, inflamatorios 
o degenerativos extensos se asocian a un cuadro clínico evidente con las con-
siguientes alteraciones radiológicas o de laboratorio. Los estudios radiológicos, 
junto con otras pruebas complementarias, permitirán establecer un diagnóstico 
de sospecha. La selección de las distintas pruebas complementarias dependerá de 
la duda diagnóstica. Por ejemplo, si se sospecha una alteración ósea será mejor 
elegir una tomografía computarizada que una resonancia magnética, dado que la 
primera tiene una buena capacidad de resolución por contraste entre el hueso y 
los tejidos blandos y la segunda define mejor los tejidos blandos. La clasificación 
clínica de los síndromes de la columna provocados por alteraciones musculares o 
ligamentosas resulta muy difícil.
Dado que resulta complicado que los estudios radiológicos y de laboratorio 
sean capaces de diagnosticar el proceso patológico en este tipo de alteraciones de 
la columna, el diagnóstico manual terapéutico de orientación funcional adquiere 
una tremenda importancia.
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Columna vertebral
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Se deben valorar las alteraciones cutáneas (hiperalgesia, pliegue cutáneo de 
Kibler), la tensión muscular, las alteraciones en la movilidad con fallo en la am-
plitud articular, las alteraciones funcionales con movilidad reducida por dolor y 
el dolor radicular.
La exploración se realiza siguiendo las distintas zonas y segmentos de la columna.
Las dos vértebras vecinas se encuentran unidas por numerosos ligamentos, 
de forma que la amplitud de movimiento de las articulaciones intervertebrales 
es muy escasa.
La suma total de estos movimientos en todas las articulaciones de la columna 
se traduce en una notable movilidad de la columna, aunque muy cambiante indi-
vidualmente (fig. 1.1), y del tronco. Los principales movimientos de la columna son 
la flexión y la extensión en el plano mediano, la inclinación lateral o flexión lateral 
(en el plano frontal) y la rotación (en el eje longitudinal). La columna cervical es la 
que más amplitud de movimientos tiene. Es la más móvil, pero también la que más 
riesgo tiene de sufrir alteraciones de la columna vertebral. Aproximadamente un 
50% de la flexión y la extensión tiene lugar entre el occipucio y C1; el 50% restante 
se reparte de forma más o menos regular entre los demás segmentos cervicales, 
sobre todo entre C5 y C6.
Aproximadamente un 50% de la rotación tiene lugar entre C1 (atlas) y C2 (axis); 
el 50% restante se reparte por igual entre las otras cinco vértebras cervicales.
La rotación y la flexión lateral de la columna torácica tienen lugar principalmente 
en la parte distal de la misma, es decir, en la columna toracolumbar. A nivel de la 
columna lumbar las apófisis articulares tienen una orientación principalmente sa-
gital, de forma que predominan la extensión y la flexión (anteflexión y retroflexión), 
junto con la flexión lateral. La capacidad de rotación a este nivel está muy limitada.
La exploración neurológica permite identificar puntos sensibles y paresias en 
las extremidades inferiores. Dentro de ella se incluye también la exploración de 
los reflejos musculares para valorar posibles signos de lesión nerviosa por tracción.
Cuando se explore la columna vertebral, siempre se debe recordar que pueden 
existir algunas enfermedades extravertebrales que se manifiesten como dolor 
vertebral.
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Columna vertebral
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Amplitud de movimientos de la columna 
vertebral (método neutro 0)
Fig. 1.1 a-h 
a Flexión/extensión.
b Inclinación lateral.
c Rotación en posición media 80°/0°/80°, en flexión 45°/0°/45° (entre C0 y C1), 
en extensión 60°/0°/60°.
d-e Extensión de la columna: en bipedestación (d), en decúbito prono (e).
f Inclinación lateral de la columna vertebral.
g Rotación del tronco.
h Movimiento global de la columna en flexión: AC = flexión de la articulación 
de la cadera; T = amplitud total de movimiento; DDS: distanciadedos-suelo.
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Columna vertebral
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Fig. 1.2 Dolores vertebrales.
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Columna vertebral
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Columna vertebral
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Prueba de distancia dedos-suelo (DDS)
Mide la movilidad de la columna en su conjunto durante la flexión (DDS en cm).
▶Procedimiento. Paciente en bipedestación o sentado en el lugar de exploración. 
Con las rodillas extendidas debe inclinarse y aproximar los brazos/manos extendidos 
hacia los pies de forma simétrica. Se mide la distancia entre las puntas de los dedos 
y el suelo o se describe hasta qué altura llegan los dedos (rodilla, parte media de 
la tibia) (fig. 1.1h).
▶Valoración. En esta prueba se valora un movimiento combinado en el que par-
ticipa la columna y las articulaciones del tronco. Un buen movimiento del tronco 
puede compensar parcialmente una rigidez de la columna. Además de la distancia, 
se debe valorar el perfil de la columna en flexión (cifosis armónica, cifosis fija).
Si se encuentra un aumento de la distancia entre las puntas de los dedos y el 
suelo, el dato será inespecífico y dependerá de:
1. La movilidad de la columna lumbar.
2. El acortamiento de la musculatura isquiocrural.
3. La existencia de un signo de Lasègue.
4. La función del tronco.
La distancia dedos-suelo tiene importancia en una exploración clínica bien rea-
lizada y para controlar los efectos de un tratamiento.
Signo de Ott
Mide la flexibilidad de la columna torácica.
▶Procedimiento. Paciente en bipedestación. Se marca la apófisis espinosa de C7 
y un punto 30 cm caudal a ella. En flexión, la distancia aumenta 2-4 cm, mientras 
que en extensión máxima (reclinación) se reduce 1-2 cm.
▶Valoración. Las alteraciones degenerativas inflamatorias de la columna limitan 
la movilidad de la misma y reducen la flexibilidad de las apófisis espinosas.
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Columna vertebral
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Signo de Schober
Mide la flexibilidad de la columna lumbar.
▶Procedimiento. Paciente en bipedestación. Se realizan dos marcas sobre la piel, 
una a nivel de la apófisis espinosa de S1 y otra 10 cm craneal a la anterior. En 
flexión, la distancia entre estas dos marcas aumenta hasta unos 15 cm, mientras 
que en extensión máxima se reduce hasta 7-9 cm.
▶Valoración. Las alteraciones degenerativas inflamatorias de la columna limitan 
la movilidad de la misma y reducen la flexibilidad de las apófisis espinosas.
Prueba del pliegue cutáneo de Kibler
Exploración inespecífica de la espalda.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito prono con los brazos paralelos al tronco. 
El explorador coge un pliegue de piel entre los dedos índice y pulgar y lo «hace 
rodar» a lo largo de la espalda o de las extremidades en dirección transversal a 
los dermatomas.
Fig. 1.3 a-c Signo de Ott-Schober (ejemplo).
a Posición erguida.
b Flexión.
c Extensión.
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Columna vertebral
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▶Valoración. En esta prueba se valora cualquier diferencia regional en el estira-
miento de la piel, además de la consistencia de los pliegues (edematosos, rígidos) 
y posibles zonas en las que no se puede desplazar la piel. La palpación permite 
valorar rigidices musculares superficiales o profundas y también disfunciones 
vegetativas (aumento de la temperatura, mayor producción de sudor). Los lugares 
que presentan una hiperalgesia muestran unos pliegues duros, que no pueden 
pellizcarse y que no se desplazan. El paciente referirá dolor. La identificación de 
zonas de hiperalgesia, rigidez muscular y disfunción vegetativa indica que existen 
alteraciones en las pequeñas articulaciones de la columna o en las articulaciones 
intercostales.
Pruebas torácicas
Prueba de compresión del esternón
Identificación de una fractura costal.
▶Procedimiento. Decúbito pronto. El explorador comprime con las dos manos 
el esternón.
▶Valoración. La aparición de un dolor localizado en la región anterior del tórax 
puede deberse a una fractura costal.
Un dolor a nivel esternal y vertebral sugiere un bloqueo costal o vertebral.
Fig. 1.4 Prueba del pliegue 
cutáneo de Kibler.
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Prueba de compresión de las costillas
Identificación de un bloqueo a nivel de las costillas/vértebras o las costillas/es-
ternón o de una fractura costal.
▶Procedimiento. Paciente sentado. El explorador se coloca detrás del paciente 
y le rodea el tórax con los brazos aplicando compresión en dirección sagital y 
horizontal.
▶Valoración. Al presionar las costillas se refuerza el movimiento de las articula-
ciones esternocostales y costotransversales o costovertebrales. Cuando existe un 
bloqueo articular o alguna otra irritación de estas articulaciones, esta maniobra 
provoca un dolor localizado.
El dolor localizado a nivel de una costilla o en el espacio intercostal indica una 
fractura costal o una neuralgia del nervio intercostal.
Prueba del perímetro torácico
Se mide el perímetro del tórax en inspiración y espiración profunda.
▶Procedimiento. Paciente sentado o en bipedestación con los brazos paralelos al 
tronco. Se mide la diferencia del perímetro del tórax en inspiración y espiración 
máxima; por encima de las mamas en las mujeres y por debajo de las mamilas 
en los varones.
El valor de esta diferencia entre la inspiración y la espiración máxima debe 
oscilar entre 3,5 y 6 cm.
Fig. 1.6 Prueba de compresión 
de las costillas.
Fig. 1.5 Prueba de compresión 
del esternón.
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▶Valoración. En la enfermedad de Bechterew se produce una limitación de la 
amplitud torácica (en general las alteraciones de la inspiración/espiración son 
indoloras). Si además de limitación de la amplitud torácica se produce una ins-
piración o espiración limitada y dolorosa, se debe sospechar un bloqueo costal o 
vertebral, procesos pleurales de tipo inflamatorio o tumoral o una pericarditis. En 
el asma bronquial y el enfisema se producen limitaciones indoloras en la espiración.
Prueba de Schepelmann
Diferenciación entre los dolores torácicos.
▶Procedimiento. Paciente sentado. Se pide al paciente que incline la columna 
primero hacia un lado y luego hacia el otro.
▶Valoración. La aparición de dolor en el lado cóncavo sugiere una neuralgia 
intercostal, mientras que la afectación del lado convexo indica una pleuritis. Las 
fracturas costales duelen con ambos movimientos vertebrales.
Fig. 1.8 Prueba 
de Schepelmann.
Fig. 1.7 a y b Prueba del perímetro torácico.
a En espiración máxima.
b En inspiración máxima.
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Pruebas para la columna cervical (CC)
Los procesos patológicos de la columna cervical suelen guardar relación sobre 
todo con alteraciones degenerativas de los ligamentos y, en consecuencia, de las 
articulaciones vertebrales (espondilosis, espondiloartrosis, artrosis uncovertebral). 
Los fenómenos de irritación y compresión mecánica afectan a las estructuras vas-
culares y neurógenas vecinas y se traducen en cefaleas cervicales y en síndromes 
cervicales radiculares. La arteria vertebral puede verse también afectada como 
consecuencia de los trastornos degenerativos crónicos de la columna cervical. La 
rotación de la cabeza provoca en estos casos una compresión de la arteria vertebral. 
Entre los signostípicos de la irritación (estenosis, angulación) de la arteria verte-
bral del mismo lado (signo de Barré-Liéou) se incluyen vértigo, náuseas, alteracio-
nes visuales, síncope y nistagmo. Los pacientes con signo de Barré-Liéou positivo 
no deben someterse a maniobras de manipulación de la columna cervical.
Fig. 1.9 Vista lateral de la cabeza 
y la columna cervical.
Fig. 1.10 Vista anterior de la 
columna cervical. Representación 
de la salida de las raíces nerviosas y del 
trayecto de la arteria vertebral.
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Columna vertebral
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Cribado de la rotación de la CC
La movilidad conjunta de la columna cervical es la suma del movimiento entre la 
cabeza y el cuerpo de la primera vértebra cervical y los demás segmentos de 
la columna vertebral cervical. Muchos factores influyen en dicha movilidad: la 
flexibilidad de los ligamentos, la posición de las apófisis articulares de las articu-
laciones facetarias y la tensión del aparato ligamentoso de la CC y de las cápsulas 
articulares. En flexión, el radio de movimiento de la CC es mayor en las mujeres que 
en los varones. La movilidad de la CC depende de la edad. El grado de rotación entre 
C1 y C2 aumenta con la edad en comparación con lo que sucede en otros segmentos 
vertebrales cervicales. La movilidad pasiva de la CC es mayor en decúbito prono 
que la movilidad activa o pasiva en bipedestación. Esto se explica porque, al es-
tar sentado, el peso de la cabeza y la tensión muscular aumentan. La movilidad 
pasiva al aplicar presión en los extremos del movimiento sólo se debe valorar en 
paralelo con el movimiento activo. Si la movilización masiva con presión es normal 
e indolora, se podrá también explorar la movilidad de la CC en los extremos del 
movimiento en flexión, extensión e inclinación lateral, además de en rotación. 
Estos movimientos en distintas direcciones permiten valorar las estructuras 
ligamentosas y musculares anteriores, posteriores y laterales, incluida la función 
de la arteria vertebral. La presión aumentada en los extremos del movimiento 
puede ocasionar distintos síntomas:
j	 Irritación nerviosa (síntomas radiculares).
j	 Irritación de las articulaciones intervertebrales (dolor localizado).
j	 Afectación de la arteria vertebral (mareos, náuseas).
Tabla 1.1 Pasos en el diagnóstico de los síndromes irritativos radiculares de la región 
cervical.
Flexión de la CC C1-C2 (plexo cervical)
Flexión lateral de la CC C1 (plexo cervical)
Elevación del hombro C5-C7 (nervio torácico largo)
Abducción del hombro C4-C6 (nervio circunflejo)
Flexión de la articulación del codo y/o extensión de la articulación de la mano C5-C6 
(nervio musculocutáneo, nervio radial)
Extensión de la articulación del codo y/o flexión de la articulación de la mano C7-C8 
(nervio radial)
Extensión de la muñeca y/o desviación cubital C6-C8 (nervio radial, ramo profundo)
Abducción y/o aducción de los músculos intrínsecos de la mano C8-T1 (nervio cubital, 
ramo profundo)
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Fig. 1.11 a y b Cribado 
de la rotación de la CC.
a En rotación máxima 
a la derecha.
b En rotación máxima 
a la izquierda.
▶Procedimiento. Paciente sentado erguido. El explorador coloca las dos manos 
en la región parietal de la cabeza del paciente y la extiende (estira) con suavidad 
desde la posición neutra y la rota hacia los dos lados de forma alternante.
▶Valoración. Se debe comparar la amplitud de movimiento de ambos lados. En 
las personas normales se aprecia cierta elasticidad al final del movimiento, que 
se sustituye por un endurecimiento en los pacientes con alteraciones funcionales.
Las limitaciones de la movilidad con dolor indican una disfunción segmentaria 
(artrosis, bloqueo, inflamación, acortamiento muscular). Cuando aparece una 
limitación de la rotación con interrupción brusca del movimiento y dolor dentro 
de la amplitud de movimiento, se debe sospechar una alteración degenerativa, 
principalmente en el tercio medio de la columna cervical (espondilosis, espondi-
loartrosis, uncartrosis).
Una interrupción suave del movimiento se puede relacionar con un acorta-
miento de los músculos extensores largos del cuello o del músculo largo del cuello.
Prueba de rotación de la cabeza en extensión máxima
Valoración de la función de la parte inferior de la columna cervical.
▶Procedimiento. Paciente sentado. El explorador sujeta la cabeza del paciente 
colocando una mano en la nuca y la otra en la barbilla y la extiende de forma pasiva 
(la inclina hacia atrás) y la rota hacia los lados. El movimiento se acompaña de una 
ligera inclinación lateral de las vértebras cervicales.
▶Valoración. En la extensión máxima se queda bloqueada la articulación de la 
cabeza y la rotación ocurre principalmente a nivel de los segmentos inferiores de 
la columna cervical y de la unión cervicotorácica. La aparición de una limitación 
del movimiento con dolor indica una disfunción segmentaria, cuyas causas 
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pueden ser alteraciones degenerativas de la CC media o inferior (espondilosis, 
espondiloartrosis, uncartrosis). Si este movimiento provoca vértigo se debería 
sospechar una alteración del riego sanguíneo relacionada con alteraciones en la 
arteria vertebral.
Prueba de rotación de la cabeza en flexión máxima
Valoración de la función de la parte superior de la columna cervical.
▶Procedimiento. Paciente sentado. El explorador sujeta la cabeza del paciente 
colocando una mano en la nuca y la otra en la barbilla y la flexiona de forma pasiva 
(la inclina hacia delante) y la rota hacia los lados. El movimiento se acompaña de 
una ligera inclinación lateral de las vértebras cervicales.
▶Valoración. Cuando la flexión es máxima, los segmentos distales a C2 que-
dan rígidos y la rotación ocurre principalmente a nivel de las articulaciones 
atlantooccipital y atlantoaxial. La aparición de limitaciones de la movilidad 
con dolor indica una disfunción segmentaria, sobre todo secundaria a causas 
Fig. 1.12 a-c Prueba de rotación 
de la cabeza en extensión máxima.
a Extensión.
b Rotación a la derecha.
c Rotación a la izquierda.
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degenerativas, inestabilidad o alteraciones inflamatorias. Si aparecieran además 
síntomas vegetativos, especialmente cuadros de vértigo, se deberían realizar 
pruebas complementarias.
Prueba de función segmentaria de la columna cervical
▶Procedimiento/valoración. Para poder explorar de forma directa la función seg-
mentaria de la columna cervical, el explorador debe colocarse al lado del paciente. 
Con una mano debe rodear la cabeza del paciente, de forma que su codo quede 
a la vista del paciente, y debe colocar la superficie cubital del índice de la misma 
mano sobre el arco de la vértebra superior de la articulación cuyo movimiento se 
desee explorar. El dedo que realiza la palpación de la mano contralateral valorará 
la movilidad segmentaria. Realizando una tracción suave con la mano superior se 
pueden explorar los desplazamientos segmentarios dorsales y laterales. Con la 
misma postura se puede controlar también la rotación segmentaria.
Fig. 1.13 a-c Prueba de rotación 
de la cabeza en flexión máxima.
a Flexión.
b Rotación a la derecha.
c Rotación a la izquierda.
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Para el diagnóstico segmentario de la región cervicotorácica en flexión y exten-
sión, se fija con una mano la cabeza y con los dedos de la otra se palpan las tres 
apófisis espinosas vecinas. Realizando un movimiento de flexión y extensión pasiva 
se puede valorarla amplitud de movimientos de los segmentos correspondientes 
mediante la estimación de la movilidad de las apófisis espinosas.
Prueba de Soto-Hall
Prueba de función inespecífica para la columna cervical.
▶Procedimiento. El paciente en decúbito prono debe elevar la cabeza de forma 
activa tratando de acercar lo máximo posible la barbilla al tórax. Después, el 
explorador realiza una flexión pasiva de la cabeza y al mismo tiempo realiza una 
ligera presión sobre el esternón con la otra mano.
▶Valoración. La aparición de dolor en la nuca al presionar con suavidad el es-
ternón durante la elevación pasiva de la cabeza indica una enfermedad ósea o 
ligamentosa de la columna cervical. La aparición de dolor por tracción durante 
la elevación activa de la cabeza sugiere en primer lugar un acortamiento de la 
musculatura cervical.
Fig. 1.14 Prueba de función 
segmentaria de la CC.
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Prueba de percusión
▶Procedimiento. El explorador percute suavemente sobre las apófisis espinosas 
de todas las vértebras manteniendo una ligera flexión de la columna cervical.
▶Valoración. La aparición de un dolor localizado no radicular indica una fractura o 
alteración de la función muscular o ligamentosa. Los síntomas radiculares sugieren 
una lesión de los ligamentos con irritación de las raíces nerviosas.
Prueba de O’Donoghues
Distinción entre los dolores cervicales de origen ligamentoso y muscular.
▶Procedimiento. En primer lugar se inclina la cabeza del paciente (sentado) hacia 
los dos lados. A continuación se indica al paciente que incline la cabeza hacia cada 
uno de los lados contra la resistencia que ejerce la mano del explorador, que debe 
estar colocada sobre la sien y la mandíbula.
▶Valoración. La aparición de dolor durante este movimiento activo de la cabeza 
con una tensión isométrica de los músculos paravertebrales, sobre todo ipsilate-
rales, aunque también contralaterales, sugiere una disfunción muscular. El dolor 
que aparece durante la inclinación lateral pasiva de la CC sugiere una alteración 
ligamentosa o degenerativa articular.
Fig. 1.15 Prueba de Soto-Hall. Fig. 1.16 Prueba de percusión.
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Maniobra de Valsalva
▶Procedimiento. El paciente (sentado) trata de sacar el pulgar de la boca so-
plando.
▶Valoración. Esta maniobra aumenta la presión intramedular, lo que pone de 
manifiesto los procesos ocupantes de espacio a este nivel, como el prolapso del 
disco, los tumores, las estenosis secundarias a osteofitos y la tumefacción de los 
tejidos blandos. La sintomatología será de tipo radicular y se localizará en el 
dermatoma afectado. Esta maniobra debe realizarse con mucho cuidado, porque 
pueden producirse alteraciones de la consciencia tanto durante la realización de 
la misma como después. Durante esta maniobra se puede producir una alteración 
en el riego cerebral.
Fig. 1.17 a-d Prueba de O’Donoghues.
a-b Movimiento pasivo.
c-d Movimiento activo contra resistencia.
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Prueba de Spurling
Valoración del dolor en la articulación facetaria y la irritación de las raíces ner-
viosas.
▶Procedimiento. Paciente sentado. Primero inclina y rota la cabeza lateralmente 
en dirección al lado no afectado y luego al afectado. El explorador se coloca detrás 
del paciente y coloca la mano encima de la cabeza de éste, al tiempo que con la 
otra mano golpea con suavidad sobre la mano que se apoya en la cabeza. Cuando el 
paciente tolera este primer paso de la exploración, se repite la prueba extendiendo 
más la columna cervical.
▶Valoración. El resultado de la prueba se considera positivo cuando aparece un 
dolor irradiado en el brazo del paciente desde la columna cervical. La extensión 
simultánea de la CC estenosa los agujeros intervertebrales un 20-30%. Cuando el 
paciente presenta una estenosis cervical, espondilosis, osteofitos, atrofia de las 
articulaciones facetarias o protrusión del disco vertebral, los agujeros ya serán 
más estrechos de lo normal.
Se considera que la prueba es negativa cuando no se produce dolor cervical ni 
tampoco dolor irradiado en el hombro y el brazo. Los dolores que se irradian hacia 
el brazo siguiendo los dermatomas sugieren una irritación de las raíces nerviosas. 
Este movimiento agrava los dolores radiculares previos.
Fig. 1.18 Prueba de Valsalva. Fig. 1.19 Prueba de Spurling.
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Las mialgias y los cuadros secundarios a un traumatismo con distorsión de la 
CC pueden asociarse a dolor en el lado contralateral. Este dato se describe como 
signo de Spurling inverso y se relaciona con la aparición de dolor en el lado de la 
musculatura que se estira en relación con la tracción o alteración funcional por 
acortamiento de los músculos.
▶Observación. Los dolores que aparecen en el lado cóncavo sugieren una irritación 
de la raíz nerviosa o una patología facetaria (signo de Spurling).
Los dolores que aparecen en el lado convexo indican un dolor por tracción mus-
cular (signo de Spurling inverso).
La prueba de Spurling es una prueba de compresión cervical agresiva. Los 
pacientes deben ser avisados antes de cada paso de la exploración. No se debe 
realizar esta prueba en pacientes con fracturas vertebrales, luxaciones o ines-
tabilidad de la CC.
Prueba de distracción de la CC
Orientada a distinguir los dolores cervicales/de hombro/de brazo de origen radi-
cular y ligamentoso/muscular.
▶Procedimiento. Paciente sentado. El explorador sujeta la cabeza del paciente 
por debajo de la mandíbula y el occipucio y realiza una tracción axial en sentido 
craneal.
Fig. 1.20 a y b Prueba de distracción de la CC.
a Posición neutra.
b Rotación.
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▶Valoración. Esta tracción sobre la columna cervical descarga de forma es-
calonada o segmentaria los ligamentos y las raíces nerviosas cuando se producen 
movimientos de deslizamiento simultáneos de las articulaciones vertebrales. 
La disminución de las molestias radiculares, incluso durante los movimientos 
de rotación pasivos, en relación con la tracción indica una irritación provocada 
por los ligamentos de las raíces nerviosas. Cuando el dolor aumenta cuando se 
aplica la tracción y el movimiento de rotación, se debe plantear una alteración 
funcional de origen muscular/ligamentoso o articular/degenerativo de la co-
lumna cervical.
Prueba de Elvey (prueba de estrés sobre la extremidad 
superior)
Los cambios de la posición de las articulaciones del codo, el hombro o la mano 
provocan tensión sobre los nervios responsables de la inervación de las extremi-
dades superiores.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. En todas estas pruebas se deben 
fijar los hombros con la mano que realiza la exploración en sentido proximal-
ventral; la otra mano se usa para colocar el brazo en una serie de posiciones 
determinadas. Las pruebas de Elvey son equivalentes a la prueba de Lasègue para 
la extremidad inferior. Fueron descritas por el autor que les da nombre y se pueden 
dividir en cuatro maniobras exploratorias.
▶Prueba 1. Se abduce el hombro a 110°, se extiende el codo, se supina el antebrazo 
y se extienden las articulaciones de la muñeca, los dedos y la mano. Estructuras 
nerviosas afectadas: nervios mediano e interóseo anterior, C5, C6, C7.
▶Prueba 2. Se abduce el hombro a 10°, se extiende el codo, se supina el antebrazoy se extienden las articulaciones de la muñeca, los dedos y la mano. A partir de 
esta posición se realiza una rotación externa del hombro. Estructuras nerviosas 
afectadas: nervios mediano, musculocutáneo y circunflejo
▶Prueba 3. Se abduce el hombro a 10°, se extiende el codo, se prona el ante-
brazo, se flexiona la mano y se abduce en dirección cubital y se flexionan los 
dedos y la muñeca. Se rota el brazo hacia dentro. Estructura nerviosa afectada: 
nervio radial.
▶Prueba 4. Se va realizando una abducción progresiva de 10° a 90° y se gira la 
mano hacia la oreja, de forma que el codo quede en flexión máxima y el antebrazo 
en supinación. La articulación de la mano se extiende y se abduce en sentido radial 
y los dedos y la muñeca se extienden. El hombro se somete a una rotación externa. 
Estructuras afectadas: nervio cubital, C8 y T1.
▶Valoración. Estas maniobras provocan un estrechamiento de los agujeros in-
tervertebrales, lo que agrava todavía más los dolores radiculares ya existentes. 
La aparición de dolor local en la CC sin síntomas radiculares indica una irritación 
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facetaria. Los dolores en la vertiente convexa de la CC indican una disfunción mus-
cular (del músculo esternocleidomastoideo, por ejemplo).
▶Observación. La prueba no sólo orienta sobre la causa del dolor, sino que también 
indica si el tratamiento puede tener éxito (medidas de fisioterapia manual).
Prueba de estrés sobre el plexo braquial
Modificación de la prueba de Elvey para valorar las alteraciones motoras y de la 
sensibilidad por compresión del plexo braquial.
▶Procedimiento. El paciente permanece sentado y abduce y realiza rotación 
externa de ambos brazos, hasta que siente dolor o no puede proseguir. En ese 
momento baja los dos brazos, hasta que desaparezcan los síntomas. El explorador, 
situado detrás del paciente, fija ambos brazos en esta posición y pide al paciente 
que realice una flexión lenta de la articulación del codo y trate de colocar las 
manos en la nuca.
▶Valoración. Cuando los síntomas se reproducen cuando se flexiona el codo, la 
prueba se considera positiva. En esta exploración se valoran principalmente el 
nervio cubital y las raíces nerviosas C8 y T1. Cuando aumenta la flexión (flexión 
de la cabeza), aumentan los síntomas.
Fig. 1.21 a-d 
Prueba de Elvey 
(prueba de estrés 
sobre la extremidad 
superior).
a Prueba 1.
b Prueba 2.
c Prueba 3.
d Prueba 4.
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▶Observación. En una variante de la prueba el paciente abduce el brazo a 90° con 
la articulación del codo en flexión completa. A continuación extiende el codo. Un 
resultado positivo de la prueba con síntomas radiculares indica posible lesión del 
plexo braquial (signo de Bikele).
Prueba de caudalización del hombro
▶Procedimiento. El paciente permanece sentado y en esta posición se presiona 
sobre los hombros en dirección caudal y se realiza una flexión lateral de la columna 
cervical hacia el lado opuesto. Siempre se debe realizar la prueba bilateral.
Fig. 1.22 a-d Prueba de estrés sobre el plexo braquial.
a Abducción y rotación externa.
b Flexión del codo y colocación de las manos en la nuca.
c Signo de Bikele: abducción del brazo a 90° manteniendo el codo en flexión completa.
d Signo de Bikele: extensión de la articulación del codo.
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▶Valoración. La aparición de síntomas radiculares indica una adherencia en el saco 
dural y/o las raíces nerviosas. Si el dolor se intensifica durante la realización de la 
prueba, se deberá sospechar una compresión de las raíces nerviosas, una estenosis 
de los agujeros por osteofitos, alteraciones en el saco dural o una contractura de 
la cápsula articular vertebral en el lado que se está explorando. Un dolor poco 
definido en el lado de la musculatura distendida indica un aumento del tono en 
los músculos esternocleidomastoideo o trapecio. La reducción del dolor muscular 
en el lado contrario al explorado indica una distensión o un trastorno funcional 
secundario al acortamiento de los músculos.
Prueba de abducción del hombro (prueba de Bakody)
Demostración de irritación de la raíz nerviosa C4 o C5.
▶Procedimiento. Paciente sentado o en decúbito supino. El explorador (o el propio 
paciente) abduce los hombros, flexiona la articulación del codo y apoya la cara 
interna de la mano sobre la parte central de la cabeza.
▶Valoración. El resultado se considera positivo cuando los signos de irritación de 
las raíces nerviosas mejoran o desaparecen. Para identificar qué raíces nerviosas se 
afectan, se deberán valorar otros hallazgos clínicos (distribución por dermatomas). 
Esta prueba explora exclusivamente las raíces nerviosas C4 a C6.
Fig. 1.23 a y b Prueba de caudalización del hombro.
a Flexión lateral.
b Flexión lateral forzada.
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Esta prueba se conoce también como signo de Bakody. La abducción del brazo 
relaja las raíces nerviosas. Cuando durante la realización de la prueba se observa 
una intensificación de la irritación de las raíces nerviosas, se deberá sospechar un 
síndrome del estrecho torácico (cambios en los músculos escalenos y las costillas 
cervicales).
Los pacientes con síntomas radiculares moderados o graves no se pueden 
colocar directamente en la posición de Bakody, por lo que deben adoptar una 
postura en la que consigan un alivio de las molestias.
Prueba de compresión de Jackson
▶Procedimiento. Paciente sentado. El explorador se coloca de pie detrás del 
paciente, coloca las manos sobre su cabeza y la mueve de forma pasiva hacia los 
dos lados. Cuando la cabeza se encuentra en la posición de inclinación lateral 
máxima, el explorador realiza una presión axial sobre la cabeza en dirección a la 
columna con ambas manos.
▶Valoración. La compresión axial aumenta la presión y sobrecarga los cartílagos 
intervertebrales y las salidas de los nervios, además de las articulaciones faceta-
rias. Cuando se ejerce presión sobre los agujeros intervertebrales, se produce un 
dolor periférico de distribución no totalmente segmentaria como consecuencia 
de los cambios en las pequeñas articulaciones vertebrales. Cuando existe una 
irritación en una raíz nerviosa, se produce un síndrome de dolor radicular. Un 
dolor local limitado sugiere una distensión de los músculos cervicales con-
tralaterales.
Fig. 1.24 Prueba de abducción del hombro 
(prueba de Bakody). 1
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Prueba de compresión de los agujeros intervertebrales
▶Procedimiento. Se realiza un movimiento en sentido axial/caudal de la columna 
cervical partiendo de la posición neutra 0.
▶Valoración. La presión sobre los cartílagos intervertebrales y el origen de las 
raíces nerviosas, las articulaciones vertebrales pequeñas y/o los agujeros interver-
tebrales refuerza los síntomas radiculares segmentarios. La aparición de síntomas 
difusos no segmentarios se considera sugestiva de una alteración funcional liga-
mentosa o articular (articulaciones vertebrales pequeñas).
Prueba de compresión en flexión
▶Procedimiento. Paciente sentado. El explorador se coloca detrás del paciente y 
flexiona la cabeza y la columna cervical. A continuación, desde la región occipital, 
realiza un movimiento de la columna cervical en sentido axial caudal.
▶Valoración. Se trata de una prueba adecuada para valorar la integridad de los 
cartílagos intervertebrales. Cuando existe un prolapso posterolateral de un disco, la 
flexión lo desplaza hacia posterior y esto aumenta la compresión de la raíz nerviosa.Fig. 1.25 a y b Prueba de compresión de Jackson.
a Inclinación lateral hacia la derecha.
b Inclinación lateral hacia la izquierda.
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El aumento de los síntomas radiculares se considera indicio de una lesión de los 
cartílagos posterolaterales.
La flexión de la cabeza reduce sobre todo la sobrecarga de las articulaciones 
facetarias y puede mejorar un dolor, sobre todo de origen degenerativo. La apa-
rición de más dolor se puede deber a una lesión de las estructuras ligamentosas 
dorsales.
Prueba de compresión en extensión
▶Procedimiento. Paciente sentado. El explorador se coloca detrás del paciente. Se 
inclina la cabeza y la columna cervical unos 30° en sentido dorsal. En ese momento 
el explorador ejerce sobre la cabeza una presión axial en dirección caudal.
▶Valoración. Esta prueba valora la integridad de los cartílagos. Si existe un pro-
lapso posterolateral de los cartílagos con anillo fibroso intacto, las molestias 
disminuirán porque la presión se ejercerá sobre todo a nivel ventral. Si el dolor 
aumenta sin síntomas radiculares, generalmente se tratará de una irritación de las 
articulaciones intervertebrales como consecuencia de la ausencia de movimientos 
de deslizamiento debido a cambios degenerativos.
Fig. 1.26 Prueba 
de compresión de los 
agujeros intervertebrales.
Fig. 1.27 Prueba 
de compresión en 
flexión.
Fig. 1.28 Prueba 
de compresión en 
extensión.
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Signo de Lehrmitte
Distingue las lesiones por irritación de las raíces nerviosas periféricas y el daño 
medular.
▶Procedimiento. El paciente se sienta sobre la camilla de exploración con las 
piernas extendidas encima de ella. El explorador coge un pie del paciente con 
una mano y apoya la otra sobre la nuca del mismo. A un tiempo levanta la pierna 
extendida cogiéndola por el tobillo y flexiona la columna cervical con la mano.
▶Valoración. La prueba se interpreta como positiva cuando aparece un dolor 
intenso, que se irradia hacia la extremidad superior o inferior. La aparición de este 
dolor indica una irritación dural o meníngea a nivel medular (irritación radicular) 
y en algunas circunstancias también sugiere una mielopatía cervical.
Cuando el paciente flexiona de forma activa la cabeza en dirección al tórax, se 
habla de la denominada prueba de Soto-Hall. La flexión máxima de las vértebras 
cervicales provoca una gran tensión sobre la médula espinal.
▶Observación. Un signo de Lerhmitte positivo sugiere una estenosis del conducto 
vertebral cervical. El paciente describe un dolor súbito generalizado como una 
descarga en los brazos y la espalda, sobre todo al inclinar la cabeza.
La estenosis del conducto cervical aparece principalmente por una espondilosis 
o espondiloartrosis secundaria a una degeneración de los discos intervertebrales. 
Los síntomas aparecen de forma indolente. Entre los síntomas precoces se incluyen 
alteraciones sensitivas en las manos, trastornos de la marcha y falta de habilidad 
en las manos (alteraciones en la capacidad motora fina, la escritura o la prensión).
Otros síntomas son unos reflejos musculares espásticos y exagerados y signos 
piramidales.
El diagnóstico diferencial incluye los siguientes procesos patológicos:
j	 Lesión del plexo braquial.
j	 Síndrome de irritación radicular cervical.
j	 Esclerosis múltiple.
j	 Tumor intravertebral.
j	 Esclerosis lateral amiotrófica.
Fig. 1.29 Signo de Lehrmitte.
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Pruebas para la columna torácica (CT)
Los dolores localizados en la columna torácica (segmentarios-vertebrales) pueden 
ser causados por trastornos vertebrales, pero también se pueden relacionar con 
estructuras situadas dentro del tórax (p. ej., perforación gástrica). Las lesiones 
degenerativas, inflamatorias, tumorales y traumáticas cursan con molestias en la 
columna torácica, que con frecuencia se asocian a alteraciones en las estructuras 
nerviosas. Los síndromes radiculares secundarios a un prolapso del disco interver-
tebral son menos frecuentes. La estenosis del conducto vertebral torácico provoca 
una disfunción sensitiva bilateral, que también puede comprometer la función 
motora (paresia, paraespasticidad).
Signo de Adam
Valoración de una escoliosis funcional o estructural.
▶Procedimiento. Paciente en bipedestación o sedestación. El explorador se sitúa 
de pie detrás del paciente y le pide que se incline hacia delante.
▶Valoración. Esta prueba se puede realizar en pacientes con una escoliosis evi-
dente de causa desconocida o en pacientes que tienen antecedentes familiares de 
este proceso como parte de una exploración profiláctica. Si la profilaxis reduce 
o corrige la inclinación escoliótica, la escoliosis se considerará funcional. Si la 
deformidad escoliótica persiste con aparición de un abombamiento en el tórax o 
la zona lumbar, la alteración será estructural.
Fig. 1.30 a y b Signo de Adam.
a Bipedestación.
b Inclinación hacia delante.
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Columna vertebral
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Prueba del deslizamiento
▶Procedimiento. Se pide al paciente que se arrodille y que se incline hacia el suelo 
con los brazos en la máxima extensión posible.
▶Valoración. Cuando existe una deformidad cifótica de la columna torácica, este 
movimiento la corrige. Si persiste la cifosis, se tratará de una deformidad fija.
Pruebas de función segmentarias de la columna torácica 
en extensión/flexión
▶Procedimiento. Paciente sentado. Se le pide que ponga las manos detrás de la 
nuca. El explorador le sujeta con una mano los brazos flexionados hacia delante.
▶Valoración. El explorador puede palpar cada uno de los segmentos de movi-
miento y valorar las alteraciones funcionales segmentarias en los movimientos de 
inclinación lateral, flexión, extensión y rotación pasiva. Esta misma técnica permite 
la exploración segmentaria de la columna lumbar.
Fig. 1.31 Prueba del deslizamiento.
Fig. 1.32 a y b Pruebas de función segmentaria de la CT.
a Flexión.
b Extensión.
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Pruebas para la columna lumbar (CL)
Las enfermedades de la columna lumbar, con las correspondientes alteraciones 
neurológicas asociadas, suelen deberse en la mayor parte de los casos a alteracio-
nes degenerativas de los tejidos de los discos intervertebrales con cambios reactivos 
secundarios en las articulaciones vertebrales y en los platillos vertebrales superior 
e inferior de los cuerpos vertebrales. Con menos frecuencia las molestias de la 
columna se deben a lesiones traumáticas directas o indirectas de la médula espinal.
El síndrome radicular lumbar se suele deber a una protrusión o herniación 
del disco intervertebral con irritación de los nervios raquídeos. Estas lesiones 
suelen afectar a los niveles vertebrales L4/L5 (raíz L5 y, con menos frecuencia, 
L4) y L5/S1 (raíz S1).
Los procesos degenerativos evolucionados conducen con la edad a una estenosis 
del conducto vertebral por afectación osteoligamentosa delimitada. Desde un 
punto de vista clínico aparecen dolores lumbares y síntomas dependientes de la 
sobrecarga en las piernas (claudicación).
En general, el paciente desarrolla durante muchos años dolores lumbares pro-
gresivos que se irradian hacia las extremidades inferiores y ocasionan síntomas 
inespecíficos, como sensación de pesadez o fatiga. Cuando el proceso evoluciona, 
aparecen deficiencias neurológicas como hipoestesiaso paresias y al final se 
desarrollan síntomas permanentes, que pueden culminar en el síndrome de la 
cola de caballo. Se limita la capacidad de caminar del paciente. Las molestias 
pueden mejorar en posiciones que reducen la hiperlordosis porque el cuerpo se 
inclina, como montar en bicicleta o empujar un carro de la compra. A diferencia 
de lo que sucede en las enfermedades secundarias a oclusión arterial, detener la 
Fig. 1.33 Referencias óseas de la columna 
lumbar y la región de la pelvis.
1 Apófisis espinosa.
2 Cresta sacra.
3 Cóccix.
4 Tuberosidad isquiática.
5 Articulación facetaria.
6 Apófisis transversa.
7 Línea interespinosa-espacio del disco L4/L5.
8 Cresta ilíaca.
9 Espina ilíaca anterosuperior.
10 Espina ilíaca posterosuperior.
11 Articulación de la cadera.
12 Trocánter mayor.
13 Fémur.
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marcha no alivia los síntomas y los pacientes tienen que sentarse. Pueden montar 
en bicicleta durante mucho tiempo. Se deben valorar los pulsos periféricos para 
el diagnóstico diferencial entre la claudicación de origen vascular y neurogénico. 
En la claudicación de origen vascular el paciente no puede montar en bicicleta de 
forma ilimitada. Cuando camina, el paciente no tiene que sentarse, le basta con 
pararse y luego retomar la marcha («enfermedad de los escaparates»).
Prueba de relajación
Diferenciación entre dolor de origen lumbar y sacroilíaco.
▶Procedimiento. Decúbito prono. El explorador flexiona la rodilla del paciente y 
trata de acercar el talón lo más posible al glúteo. Primero el paciente debe permitir 
de forma pasiva el movimiento de la rodilla, pero luego debe tratar de extender la 
pierna contra la resistencia ejercida por la mano del explorador.
▶Valoración. Durante la realización de la prueba en primer lugar se produce 
tensión sobre la articulación sacroilíaca, luego a nivel lumbosacro y por último en 
la columna lumbar. Esta prueba se debe realizar ante la sospecha de lesiones en los 
ligamentos de la pelvis y los discos intervertebrales. La aparición de dolor en la 
articulación sacroilíaca o la región lumbar o lumbosacra sin irradiación radicular 
del mismo sugiere cambios degenerativos y/o insuficiencia ligamentosa, mientras 
que la aparición de dolor radicular sugiere una lesión del disco intervertebral.
Si aparece un dolor radicular ipsilateral en la columna lumbar, la región glútea o 
la cara posterior del muslo, se sospechará una lesión radicular en los nervios L2/L3.
Durante esta exploración se produce tensión sobre el nervio femoral. Cuando 
aparece dolor o alteraciones en la cara lateral del muslo, se deberá sospechar un 
acortamiento o lesión del cuádriceps o una irritación del nervio femoral.
Prueba de percusión sobre las apófisis espinosas
Valoración de un síndrome medular lumbar.
▶Procedimiento. El paciente está sentado ligeramente inclinado hacia delante. Con 
el martillo de exploración de los reflejos, el explorador percute sobre las apófisis 
espinosas lumbares y la musculatura paravertebral.
▶Valoración. El dolor localizado indica irritación del correspondiente segmento 
medular como consecuencia de alteraciones inflamatorias degenerativas, mientras 
que un dolor radicular sugiere una lesión de los discos intervertebrales.
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Signo del psoas
Aclara el origen de un dolor lumbar.
▶Procedimiento. El paciente se encuentra en decúbito supino y eleva la pierna 
extendida. El explorador aplica una presión súbita sobre la cara anterior del muslo.
▶Valoración. Esta presión súbita y rápida ejercida sobre el tercio distal del mus-
lo produce una contracción refleja del músculo iliopsoas con tracción sobre las 
apófisis transversas de la columna lumbar. Aparece dolor en las enfermedades 
de la columna lumbar (espondiloartrosis, espondilitis, hernia de disco) o de la 
articulación sacroilíaca.
Fig. 1.34 Prueba de relajación. Fig. 1.35 Prueba de percusión sobre 
las apófisis espinosas.
Fig. 1.36 Signo del psoas.
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Prueba de caída de la pierna de Lasègue
Clasificación del dolor lumbar.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador realiza la prueba 
igual que si fuera a explorar el signo de Lasègue en el lado afectado. Eleva la pierna 
del paciente hasta que éste siente dolor. En ese momento quita las manos y «deja 
caer la pierna».
▶Valoración. La súbita e inesperada liberación de la pierna produce una con-
tracción refleja de los músculos de la espalda y el glúteo. En primer lugar se produce 
una tensión sobre el músculo iliopsoas, que tracciona de las apófisis transversas 
de la CL. Aparecerá dolor cuando existe una enfermedad vertebral lumbar (es-
pondiloartrosis, espondilitis, hernia de disco) o de la articulación sacroilíaca 
(compárese con el signo del psoas).
Se debe establecer un diagnóstico diferencial con los dolores viscerales, cau-
sados, por ejemplo, por una apendicitis, porque estos dolores se pueden agravar 
mucho al realizar esta prueba.
Prueba del resorte I
Localización de las alteraciones funcionales en la columna lumbar.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito prono. El explorador palpa con los dedos 
índice y medio las apófisis espinosas y las láminas de los cuerpos vertebrales 
correspondientes. Con la superficie cubital de la otra mano, que se debe colocar 
perpendicular encima de los dedos que realizan la palpación, se dan golpes des-
lizantes en sentido dorsoventral que se transmiten a las apófisis espinosas o las 
láminas de los cuerpos vertebrales explorados a través de los dedos.
Fig. 1.37 Prueba de caída de la pierna 
de Lasègue.
Fig. 1.38 Prueba del resorte I.
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▶Valoración. Cuando la función articular está conservada, las apófisis espinosas 
o las láminas ceden con suavidad.
Cuando se observa ausencia de elasticidad o ésta es demasiado importante 
se deberá sospechar una alteración segmentaria de la movilidad, que puede ser 
un bloqueo o una hipermovilidad. En otras ocasiones se trata de una prueba de 
provocación, sobre todo del ligamento longitudinal posterior, con la que se produce 
un dolor intenso, profundo, sordo y mal localizado típico de esta estructura.
Prueba de hiperextensión
Indicación de un síndrome lumbar.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito prono. El explorador le sujeta las dos 
piernas y le pide que trate de levantar la parte superior del cuerpo.
En la segunda fase de la exploración, el explorador realiza una extensión pa-
siva de la columna y añade un movimiento de rotación. La otra mano debe estar 
colocada sobre la columna lumbar y trata de determinar, además de la movilidad 
de la columna lumbar, la altura del punto doloroso.
Fig. 1.39 a y b Prueba 
de hiperextensión.
a Hiperextensión activa.
b Hiperextensión pasiva 
y movimiento de 
rotación.
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▶Valoración. Cuando existe una disfunción segmentaria de la columna cervical, 
la extensión activa de la columna lumbar condiciona la aparición o intensificación 
del dolor. Mediante la extensión pasiva con rotación adicional de la columna, el 
explorador consigue valorar las limitaciones del movimiento segmentarias y/o 
regionales. Si se produce una interrupción brusca del movimiento, se deberán 
sospechar alteraciones degenerativas, mientras que si la detención es más suave 
se deberá considerar un acortamiento del músculo longísimo torácico o iliocostal 
lumbar.
Prueba de carga sobre una pierna (prueba de la cigüeña, 
prueba de extensión lumbar)
Valoración de las disfuncionesde las articulaciones vertebrales.
▶Procedimiento. El paciente extiende la columna lumbar apoyándose sobre una 
pierna. La prueba se hace flexionando la otra pierna.
▶Valoración. Cuando aparece dolor en la espalda, la prueba se considera positiva. 
Estas molestias se pueden deber a una fractura de estrés intraarticular (espondi-
lolistesis). Cuando la fractura es unilateral, la prueba genera más dolor en el lado 
afectado. Si se asocia el movimiento de extensión con otro de rotación, la causa 
del dolor será una irritación de la carilla articular (artrosis de las articulaciones 
facetarias) en el lado hacia el que se produce el giro de la rotación.
Fig. 1.40 Prueba de carga sobre una pierna.
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Prueba de inclinación anterior asistida (prueba del cinturón)
Diferenciación entre los dolores lumbares y sacroilíacos.
▶Procedimiento. Paciente en bipedestación. El explorador se coloca detrás del 
paciente y le pide que se incline hacia delante, hasta el punto en que sienta dolor 
lumbosacro. El paciente vuelve a enderezarse y se le pide de nuevo que se incline 
hacia delante, pero esta vez el explorador apoya la pelvis contra su muslo y dirige 
el movimiento, cogiendo al paciente por la cintura.
▶Valoración. Para la inclinación se necesita una articulación sacroilíaca y lumbosa-
cra normal a nivel funcional y también se deben mover todos los segmentos lum-
bares. Cuando aparece dolor durante el movimiento espontáneo de la articulación, 
se deberá sospechar un síndrome de la articulación sacroilíaca, que desaparece o 
mejora cuando se deja fija la pelvis.
Cuando existen cambios en la región lumbar, el dolor se produce tanto con el 
movimiento libre como con el asistido.
Fig. 1.41 a y b Prueba de inclinación anterior asistida.
a Movimiento de inclinación libre.
b Movimiento de inclinación asistida.
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Síndrome por compresión de las raíces nerviosas
El prolapso de los discos intervertebrales produce principalmente los denominados 
síndromes de compresión nerviosa con dolores radiculares. Los dolores pélvicos o 
de las piernas se suelen acentuar al toser, estornudar o hacer fuerza con el abdomen 
e incluso al caminar. La movilidad de la columna se ve limitada principalmente por 
el dolor y los músculos lumbares aparecen distendidos. Es frecuente que aparezcan 
lesiones motoras y sensitivas.
Con frecuencia se puede localizar la raíz nerviosa afectada mediante la des-
cripción de la localización de las parestesias y la zona a la que se irradia el dolor 
según los dermatomas.
Los prolapsos o hernias de los discos intervertebrales son frecuentes en L4 y 
L5, más raros en L3 y muy poco frecuentes en L1 y L2.
El signo de Lasègue suele ser positivo (ya a partir de 20-30°) en los pacientes 
con compresión de las raíces nerviosas L5 y S1 (ciatalgia típica). En estos casos no 
es raro que la elevación pasiva de la pierna sana provoque o acentúe dolores en la 
pelvis y la pierna afectada (Lasègue cruzado). Cuando se produce una compresión 
radicular entre L1 y L4 con afectación del nervio femoral, el signo de Lasègue no 
suele ser tan positivo.
En pacientes con irritación del nervio femoral se suele encontrar el signo de 
Lasègue invertido o el dolor por tensión del nervio femoral.
Es preciso distinguir el dolor seudorradicular del verdadero dolor radicular, 
o ciatalgia. Los dolores seudorradiculares suelen estar peor delimitados que los 
radiculares. El síndrome facetario (artrosis de la columna), el síndrome de la 
articulación sacroilíaca, las espondilolistesis dolorosas, la estenosis del conducto 
vertebral y el denominado síndrome posdiscotomía (situación que se produce 
tras la intervención sobre un disco) suelen asociarse a dolores seudorradiculares.
En las pruebas neurodinámicas se valora la extensibilidad mecánica y/o la com-
presión de estructuras neuronales de la columna lumbar. Dentro de este grupo 
se incluyen la prueba de la flexión, la prueba de Lasègue (elevación de la pierna 
extendida), el signo de Lasègue invertido y la prueba de estrés femoral.
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Fig. 1.42 Inervación segmentaria de la piel (según Hansen-Schliack).
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Tabla 1.2 Signos de la patología radicular.
Raíz Dermatoma Músculos 
con paresia
Reflejos
Dolor Alteraciones de 
la sensibilidad
L2
L1/L2
Extraforaminal: 
L2/L3
Unión entre 
CT y CL
ASI
Pelvis
Ingle
Parte proximal 
medial del 
muslo
Ingle
Parte proximal 
ventral y medial 
del muslo
Paresia del 
músculo iliopsoas
Músculo 
cuádriceps 
femoral
Aductores (leve)
Debilidad 
del reflejo 
cremastérico 
y del reflejo 
rotuliano (RR)
L3
L2/L3
Extraforaminal: 
L3/L4
Parte superior 
de la CL
Parte proximal 
ventral del 
muslo
Desde la cara 
ventral a la 
interna del 
muslo hasta 
alcanzar la 
rodilla en 
sentido distal
Paresia del 
músculo iliopsoas
Músculo 
cuádriceps 
femoral
Aductores (leve)
Ausencia 
del RR (o 
debilidad)
L4
L2/L3
Extraforaminal: 
L3/L4
CL
Parte ventral 
y lateral del 
muslo
Cadera
Desde la cara 
externa del 
muslo hasta la 
cara interna de 
la pierna y el 
dorso del pie
Paresia del 
músculo 
cuádriceps femoral
Músculo tibial 
anterior (difícil 
caminar grandes 
distancias)
Debilidad 
del RR
L5
L4/L5
Extraforaminal: 
L5/S1
CL
Parte dorsal 
del muslo
Parte lateral 
de la pierna 
y cara medial 
del pie
Ingle
Cadera
Desde la parte 
lateral de la 
pierna hasta 
la cara medial 
del pie (dedo 
gordo)
Paresia de 
los músculos 
extensores largo 
y corto del dedo 
gordo
Músculo extensor 
corto y largo de 
los dedos (difícil 
caminar grandes 
distancias)
Reducción de 
los reflejos del 
tibial posterior 
(sólo se puede 
considerar 
significativo 
cuando se 
provoca bien 
en el lado 
contrario)
S1
L5/S1
CL
Parte dorsal 
del muslo
Parte lateral y 
posterior de la 
pierna
Cara lateral del 
dorso del pie y 
la planta
Ingle
Cadera
Coxis
Parte posterior 
del muslo y la 
pierna
Cara lateral del 
dorso del pie y 
la planta (dedo 
meñique)
Paresia de 
los músculos 
peroneos y 
tríceps sural 
(difícil caminar de 
puntillas, giro del 
pie hacia fuera)
Debilidad o 
desaparición 
del reflejo de 
Aquiles
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Prueba de la inclinación (prueba de Slump)
▶Procedimiento. El paciente se sienta recto en una camilla de exploración y deja 
las piernas colgando. En el primer paso de esta prueba se le pide que «deje caer» 
la columna torácica y lumbar (inclinación). En esta posición el explorador coloca la 
cabeza del paciente en posición neutra y con el antebrazo derecho empuja los 
hombros del paciente para aumentar la flexión de la columna torácica y lumbar, 
al tiempo que pide al paciente que flexione lo máximo que pueda la cabeza y la CC. 
El explorador fuerza la presión en los tres segmentos de la columna y al tiempo 
realiza una flexión dorsal máxima del pie del paciente con la otra mano. Al mismo 
tiempo se indica al paciente que extienda la rodilla todo lo que pueda.
Fig. 1.43 a-c Prueba de la 
inclinación (prueba de Slump).
a Posición de partida.
b Flexión de la CC.
c Flexión dorsal del pie y extensión 
de la articulación de la rodilla.
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A continuación se repite la prueba con la otra pierna y,si es posible, de forma 
simultánea con las dos piernas.
▶Valoración. La prueba puede provocar un pinzamiento/irritación de la dura y/o 
las raíces nerviosas con aparición de un dolor irradiado (en el territorio del nervio 
ciático, por ejemplo).
Si el paciente no puede extender la rodilla debido al dolor, el explorador deberá 
reducir la presión sobre la CC y pedir al paciente que trate de extender la cabeza 
lentamente. Si con esta maniobra el paciente es ya capaz de extender la rodilla sin 
dolor o con menos dolor, se dice que el resultado de la prueba es positivo y existe 
afectación de estructuras neurales.
Durante la prueba pueden aparecer dolores que plantean un diagnóstico dife-
rencial estrecho, en el que se incluyen dolores por artrosis de las articulaciones 
facetarias, acortamiento de los músculos isquiocrurales y limitaciones de la mo-
vilidad en la articulación de la rodilla.
Signo de Lasègue (prueba de elevación 
de la pierna extendida)
Demostración de una irritación de las raíces nerviosas.
▶Procedimiento. El explorador eleva la pierna del paciente con la rodilla extendida 
lentamente hasta el punto en el que el paciente siente dolor.
▶Valoración. La aparición de dolor en la cadera y la rodilla indica irritación 
nerviosa (prolapso del disco intervertebral, tumor). Sin embargo, sólo se puede 
considerar que el signo de Lasègue es auténticamente positivo cuando el dolor se 
transmite hacia la pierna siguiendo el territorio de inervación sensitiva/motora 
de la raíz nerviosa afectada.
El paciente con frecuencia trata de aliviar el dolor elevando la pierna del lado 
explorado.
Se debe realizar una valoración del grado de elevación que alcanza la pierna para 
estimar la gravedad de la irritación de las raíces nerviosas (un Lasègue verdadero 
de 60° o menos).
También se puede producir un dolor ciático si se aduce y se rota internamente 
la rodilla con la pierna flexionada. Esta maniobra se conoce como signo de Bonnet 
o del piriforme (la aducción y la rotación interna de la pierna traccionan del nervio 
cuando atraviesa el músculo piriforme).
El dolor ciático que aumenta cuando se eleva la cabeza (signo de Kernig) y/o 
se realiza una flexión dorsal pasiva del dedo gordo del pie (signo de Turyn) se 
considera indicio de clara irritación del ciático (dx dif.: meningitis, hemorragia 
subaracnoidea, meningitis carcinomatosa).
Un dolor que aumenta lentamente cuando se eleva la pierna en la región sacra 
o de la columna lumbar o un dolor que se irradia hacia la cara dorsal del muslo 
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se suelen considerar indicio de artrosis de la articulación (síndrome facetario), de 
irritación de los ligamentos de la cadera (tendinosis) o de aumento de la tensión 
(acortamiento) de los músculos isquiocrurales (si la interrupción del movimiento 
es suave, se debe sospechar afectación del lado contralateral). Este dolor que se 
denomina seudorradicular (seudosigno de Lasègue) debe ser diferenciado de una 
ciatalgia clara (signo de Lasègue).
En general la pierna extendida se puede elevar entre 15° y 30° en relación 
con la articulación coxofemoral antes de que aparezca tracción sobre las raíces 
nerviosas en los agujeros intervertebrales. Cuando el dolor aparece a partir 
de 60°, se puede sospechar un dolor de origen articular vertebral (articulaciones 
facetarias) o sacroilíaco.
Es importante diferenciar si el dolor se origina en las articulaciones, los tejidos 
blandos o las raíces nerviosas.
Cuando el dolor al elevar la pierna aparece en el lado contralateral, se deberá 
sospechar un prolapso del disco o un tumor. Este signo se describe como signo 
cruzado y suele aparecer en prolapsos de los discos grandes de localización 
medial-central.
El signo de Lasègue y el signo cruzado indican el grado de afectación del 
disco intervertebral. Muchos pacientes con prolapso central amplio del disco 
son candidatos a cirugía, sobre todo cuando tienen alteraciones a nivel vesical 
o intestinal.
En los pacientes que no pueden permanecer tumbados en decúbito supino, se 
puede realizar la exploración en decúbito lateral. El paciente se tumba sobre el 
Fig. 1.44 Signo 
de Lasègue.
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lado sano y se le flexiona la pierna hasta 90° en las articulaciones de la rodilla y 
coxofemoral. La columna puede estar extendida o ligeramente flexionada, según 
la susceptibilidad del paciente. El explorador extiende lentamente la articulación 
de la rodilla del paciente en el lado afectado. La aparición de dolor o resistencia 
al movimiento durante la extensión de la articulación de la rodilla se interpreta 
como un resultado positivo de la prueba.
También puede resultar imposible elevar la pierna desde la cadera cuando el 
paciente trata de forma voluntaria de empujar la pierna hacia abajo contra la resis-
tencia del explorador. Esta conducta se da en pacientes que ya tienen experiencia 
con esta exploración médica (v. prueba de Lasègue en sedestación).
Signo de Lasègue invertido (prueba de estrés femoral)
Valoración de una irritación de las raíces nerviosas.
▶Procedimiento. Decúbito prono. El explorador eleva la pierna flexionada a nivel 
de la rodilla respecto de la camilla de exploración.
▶Valoración. La hiperextensión de la cadera con la rodilla flexionada provoca 
una tracción sobre el nervio femoral y la aparición de un dolor radicular 
unilateral o bilateral a nivel renal o en la cara anterior del muslo (con menos 
frecuencia también de la pantorrilla) se considera indicativa de una irritación 
de las raíces nerviosas (p. ej., prolapso del disco intervertebral) del segmento 
vertebral L3/L4. Se debe distinguir de los trastornos en los que se produce un 
acortamiento del músculo recto femoral o del músculo psoas por artrosis de 
cadera.
La prueba de Lasègue invertida o prueba de estrés femoral también se puede 
realizar en decúbito lateral. El paciente se tumba sobre el lado no afectado. 
El explorador flexiona suavemente las articulaciones de la rodilla y coxofemoral 
del lado afectado y fija con una mano la pelvis y con la otra sujeta la rodilla del 
paciente y aumenta la extensión de la cadera al tiempo que aumenta la flexión de 
la rodilla.
La aparición de un dolor radicular en la superficie anterior del muslo indica 
irritación de la raíz nerviosa.
Igual que sucede con el signo de Lasègue, los síntomas pueden afectar al lado 
contralateral. Si esto ocurre, se dice que existe un signo de estrés femoral cruzado.
Los dolores que se localizan en la superficie medial del muslo y en la región de 
la cadera/ingle sugieren un origen en L3, mientras que los dolores que afectan a la 
superficie anterior de la pierna indican un origen en L4.
Esta prueba se parece a la prueba de Ober para valoración de un acortamiento/
contracción de la cintilla iliotibial. Cuando existe un acortamiento/contracción de 
esta estructura no se puede realizar una aducción potente de la pierna y a menudo 
no existe dolor. Si existe dolor, se localizará con frecuencia en el trocánter mayor 
y distal por encima del cóndilo lateral.
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Los dolores del nervio femoral suelen tener una anamnesis distinta y general-
mente son más extensos y se distribuyen siguiendo un dermatoma.
▶Observación. El prolapso del disco intervertebral L3-L4 se asocia a debilidad del 
músculo cuádriceps con ausencia o disminución del reflejo rotuliano.
Fig. 1.45 a y b Signo 
de Lasègue invertido.
a Posición de partida.
b Hiperextensión 
de la cadera.
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Columna vertebral46
Signo de Bonnet (signo del piriforme)
▶Procedimiento. Decúbito supino. El explorador aduce y rota en sentido interno 
la pierna con flexión de las articulaciones de la rodilla y coxofemoral.
▶Valoración. El signo de Lasègue aparece antes cuando el explorador realiza esta 
maniobra. El nervio se estira todavía más mientras atraviesa el músculo piriforme 
y esto hace que se intensifique el dolor.
Signo de Lasègue-Moutaud-Martin (Lasègue cruzado)
Valoración de una irritación de las raíces nerviosas.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador eleva la pierna no 
dolorosa con la rodilla extendida.
▶Valoración. Cuando existe un prolapso del disco intervertebral con irritación de 
las raíces nerviosas, aunque se eleve la pierna sana, la realización de este movi-
miento hace que se produzca dolor de tipo ciático en la pierna afectada porque se 
mueve el segmento afectado de la columna.
Signo de Bragard
Valoración de un síndrome de compresión radicular; diagnóstico diferencial entre 
el Lasègue verdadero y el seudo-Lasègue.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador sujeta con una mano 
el talón y con la otra coge la rodilla desde ventral. En esta posición eleva lentamente 
Fig. 1.46 Signo de Bonnet. Fig. 1.47 Signo de Lasègue-Moutaud-Martin.
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la pierna con la rodilla extendida. Cuando aparece un dolor de tipo Lasègue, se 
deja caer la pierna hasta que no se perciba dolor y en esa posición se realiza una 
flexión dorsal enérgica del pie, que suele volver a desencadenar el dolor ciático.
▶Valoración. Si el signo de Bragard se considera positivo, se deberá sospechar una 
compresión radicular localizada entre L4 y L5.
Un dolor inespecífico más sordo localizado en la cara posterior del muslo y que 
se irradia hacia la articulación de la rodilla indica una irritación por distensión de 
los músculos isquiocrurales y no se debe considerar un signo de Lasègue positivo.
La sensación de tensión en la pantorrilla se puede deber a tromboflebitis, 
trombosis o contractura del músculo gastrocnemio.
El signo de Bragard permite demostrar si el paciente es un simulador. Cuando 
es así, este signo suele ser negativo.
Fig. 1.48 a y b Signo 
de Bragard.
a Posición de partida.
b Flexión dorsal del pie.
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Columna vertebral
48
Diagnóstico diferencial según Lasègue
Diagnóstico diferencial entre la ciatalgia y las lesiones de la cadera.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador sujeta con una mano 
el talón y con la otra coge la rodilla desde ventral. Se eleva lentamente la pierna 
del paciente con la rodilla extendida hasta el punto en el que el paciente sienta 
dolor. Se registra la localización y el tipo de dolor. Se estima el ángulo que forma 
la pierna elevada antes de aparecer dolor.
Se repite la prueba y cuando se alcanza el umbral de dolor se procede a flexionar 
la articulación de la rodilla.
▶Valoración. En los pacientes con irritación del nervio ciático, la flexión de la rodi-
lla consigue una reducción importante de las molestias o su desaparición completa. 
Cuando existe una lesión en la articulación coxofemoral, el dolor persiste e incluso 
se agrava porque este movimiento incrementa la flexión de esta articulación.
Fig. 1.49 a y b Diagnóstico 
diferencial según Lasègue.
a Posición de partida.
b Flexión de la rodilla.
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▶Observación. El dolor asociado a los trastornos de la articulación coxofemoral 
suele aparecer en la región de la ingle y sólo de forma excepcional lo hace en la re-
gión dorsolateral de la cadera. El diagnóstico diferencial entre los dolores asociados 
a la irritación de las raíces nerviosas y los trastornos de la articulación coxofemoral 
sólo se puede establecer cuando el dolor se localiza a nivel dorsolateral.
Signo de Duchenne
Valoración de las lesiones de las raíces nerviosas.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador coge el talón del 
paciente con una mano y con un dedo de la otra ejerce presión sobre la cabeza 
del primer metatarsiano en dirección dorsal. En esta posición se pide al paciente 
que flexione el pie en dirección plantar.
▶Valoración. Cuando existe una lesión de los discos intervertebrales con daño de 
la raíz nerviosa S1, el paciente no puede oponer ninguna resistencia a la presión 
del dedo. La paresia de los músculos peroneos produce una supinación del pie (por 
encima del músculo tibial posterior/anterior).
Fig. 1.50 a-c Signo de Duchenne.
a Posición de partida.
b Normal.
c Patológica.
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Columna vertebral
50
Prueba de Kernig-Brudzinski
Indica una irritación nerviosa meníngea o dural.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. Se le pide que flexione la rodilla 
y la cadera. Durante la primera fase de la prueba, el explorador trata de extender 
de forma pasiva la rodilla del paciente y, en la segunda, se le pide que extienda la 
rodilla de forma activa.
▶Valoración. Cuando la extensión activa o pasiva de la rodilla provoca dolor en la 
región vertebral o dolor radicular en la pierna, se deberá sospechar una irritación 
de una raíz nerviosa, relacionada con el prolapso de un disco intervertebral o con 
un proceso inflamatorio o tumoral vertebral.
Cuando este signo es negativo en un paciente con sospecha de irritación de la 
raíz nerviosa, el explorador puede aumentar la tensión sobre las raíces nerviosas y 
la dura mediante la flexión pasiva de la CC del paciente. Esta maniobra se denomina 
prueba de Brudzinski.
Fig. 1.51 a-c Prueba de Kernig-Brudzinski.
a Posición de partida.
b Extensión de la rodilla.
c Signo de Brudzinski.
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Prueba de la marcha sobre talones y de puntillas
Diagnóstico y clasificación de las lesiones de las raíces nerviosas en la CL.
▶Procedimiento. Se pide al paciente que se apoye primero sobre los talones y 
luego sobre los dedos y que en esa posición dé unos pasos, si puede.
▶Valoración. La incapacidad o dificultad para permanecer apoyado sobre los dedos 
o caminar de puntillas indica una lesión de la raíz S1, mientras que la incapacidad 
para apoyarse o caminar sobre los talones indica una lesión de L5/L4.
▶Observación. El diagnóstico diferencial incluye la rotura del tendón de Aquiles. 
En este caso será imposible apoyarse sobre los dedos, especialmente en los de la 
pierna afectada.
Fig. 1.52 a y b Prueba de la marcha sobre talones y de puntillas.
a Marcha sobre talones.
b Marcha de puntillas.
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Columna vertebral
52
Prueba de Lasègue en sedestación (prueba de reclinación)
Identificación de una irritación de la raíz nerviosa.
▶Procedimiento. El paciente se sienta en el borde de la camilla de exploración y 
se le pide que flexione la cadera con la pierna extendida.
▶Valoración. Esta prueba se corresponde con el signo de Lasègue. Cuando existe 
una irritación de la raíz nerviosa, el paciente sufre dolor, que le obliga a inclinarse 
hacia atrás y apoyarse sobre los brazos. Esta prueba permite también identificar 
a los simuladores. Cuando el paciente flexiona sin problemas la cadera y no se 
tiene que tumbar hacia atrás, se deberá pensar en un signo de Lasègue positivo 
previo. Esta prueba también la puede realizar el explorador, igual que sucede con 
el signo de Lasègue; para ello flexiona la articulación coxofemoral manteniendo 
la rodilla extendida.Fig. 1.53 a y b Prueba de Lasègue en sedestación.
a Inicio de la flexión de la cadera.
b Flexión progresiva de la cadera.
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Prueba de Hoover
Valoración de la simulación de los trastornos de la CL.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador sujeta con una mano 
un talón y luego el otro. Se pide al paciente que eleve la pierna afectada en exten-
sión desde la camilla.
▶Valoración. Cuando el paciente no puede elevar la pierna o el explorador no 
percibe presión alguna en el talón contralateral, se debe sospechar que el paciente 
en realidad no está tratando de elevar la pierna o está simulando que no puede 
hacerlo.
Cuando una pierna tiene realmente debilidad, la presión en el talón de la pierna 
contralateral aumentará porque el paciente trata de compensar la falta de presión 
en la pierna que le duele y/o está debilitada. Con frecuencia, el paciente no consigue 
elevar la pierna. Se deben explorar las dos piernas para comparar.
Fig. 1.54 Signo de Hoover.
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Columna vertebral
54
Articulación sacroilíaca (ASI)
La base de la columna la conforman los dos huesos ilíacos articulados en el sa-
cro. La unión entre estos huesos se denomina articulación sacroilíaca (ASI). Desde 
el punto de vista anatómico se trata de articulaciones verdaderas y, desde el punto 
de vista funcional, se consideran anfiartrosis, dado que los ligamentos gruesos y 
los huesos en forma de asta y las superficies articulares irregulares sólo permiten 
una amplitud de movimientos limitada. Sin embargo, como consecuencia de los 
movimientos de deslizamiento entre la columna y la pelvis se pueden producir 
importantes alteraciones de esta articulación, que pueden repercutir sobre el eje 
corporal y las extremidades.
El bloqueo y la inestabilidad de la articulación sacroilíaca pueden ser con-
secuencia de un accidente, de una luxación o de una fractura de la pelvis, pero 
también se pueden asociar a una carga asimétrica sobre la pelvis o a otros motivos. 
Se puede producir dolor con el movimiento a nivel sacroilíaco, glúteo, inguinal o 
en la región trocantérea, que se suele irradiar hacia la cara posterior desde S1 a la 
rodilla, aunque también puede cursar como un dolor ciático. Es frecuente que se 
asocie también a dolor en la parte baja del abdomen y la ingle por tensión sobre 
el músculo iliopsoas. Las molestias sacroilíacas se proyectan principalmente a 
nivel paravertebral en la zona sacra e ilíaca. En general se asocian a una sensación 
de presión y palpitación en la zona. Existen diversas pruebas para valorar las 
alteraciones funcionales de la articulación sacroilíaca, que se pueden realizar en 
decúbito prono o supino.
Pruebas funcionales y de provocación para la articulación sacroilíaca:
1. Signo de Mennell.
2. Prueba del resorte «cum femore».
3. Prueba de la sacudida.
4. Fenómeno de anticipación en bipedestación/decúbito.
5. Longitud variable de las piernas.
6. Prueba de las espinas ilíacas.
7. Cuatro signos de Patrick (Fabere).
8. Prueba en tres pasos.
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Prueba para los ligamentos
Valoración funcional de los ligamentos de la pelvis.
▶Procedimiento. Decúbito supino.
1. Para la valoración de los ligamentos iliolumbares, la pierna se flexiona en 
las articulaciones coxofemoral y de la rodilla y se aduce hacia la articulación 
coxofemoral contralateral. Mientras se realiza este movimiento, se ejerce una 
presión axial sobre la articulación de la rodilla en sentido longitudinal respecto 
al muslo.
2. Para explorar los ligamentos sacroespinosos y sacroilíacos se realiza una flexión 
máxima de las articulaciones coxofemoral y de la rodilla y se aducen hacia el 
hombro contralateral. Mientras se realiza este movimiento, se ejerce una presión 
axial sobre la articulación de la rodilla en sentido longitudinal respecto al muslo.
3. Para explorar los ligamentos sacrotuberosos se realiza una flexión máxima de 
las articulaciones coxofemoral y de la rodilla hacia el hombro ipsilateral.
Fig. 1.55 a y b Ligamentos de la pelvis.
a Vista anterior.
b Vista posterior.
1, 2 Ligamentos iliolumbares.
3 Ligamento sacroespinoso.
4 Ligamento sacrotuberoso.
5 Ligamentos sacroilíacos dorsales.
6 Ligamentos sacroilíacos ventrales.
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Columna vertebral
56
▶Valoración. La aparición en pocos segundos de un dolor por distensión sugiere 
un acortamiento funcional con sobrecarga de los ligamentos, aunque este dolor 
puede aparecer también en los bloqueos o la hipermovilidad de las articulaciones 
sacroilíacas.
El dolor por distensión de los ligamentos iliolumbares se proyecta hacia la 
región inguinal (dx dif. con las enfermedades de las articulaciones coxofemorales); 
el de los ligamentos sacroespinosos o sacroilíacos se propaga al dermatoma S1 
(superficie laterodorsal de la cadera hasta la rodilla), y el de los ligamentos sa-
crotuberosos se irradia a la cara dorsal del muslo.
Fig. 1.56 a-c Pruebas para los ligamentos.
a Ligamento iliolumbar.
b Ligamento sacroespinoso.
c Ligamento sacrotuberoso.
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Prueba del resorte II
Valoración de la hipermovilidad de la ASI.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito prono. Se coloca el índice de una mano 
sucesivamente sobre el polo superior a inferior de la ASI (S1/S3) de forma que 
la yema del dedo quede situada sobre el sacro y la cara lateral se apoye sobre el 
margen medial del ilion.
La otra mano se apoya sobre el dedo índice y se va ejerciendo lentamente una 
presión en sentido ventral, que se transmite al sacro a través del dedo responsable 
de la palpación.
▶Valoración. Cuando no existen alteraciones en la ASI, ésta cede al apretar y se 
produce un incremento de la distancia entre el margen posterior del ilion y el sacro, 
algo que no se encuentra en los casos de bloqueo de la ASI. Cuando el deslizamiento 
al realizar un movimiento relativamente lento es más difícil se deberá sospechar 
una hipermovilidad de la articulación sacroilíaca. La aparición de dolor al realizar 
los movimientos deberá plantear una articulación bloqueada o una articulación 
hipermóvil sobrecargada (hipermovilidad dolorosa).
Fig. 1.57 Prueba del resorte II.
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Columna vertebral
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Prueba de Patrick (Fabere) o de los cuatro signos
Diferenciación entre las enfermedades de las articulaciones coxofemoral y sa-
croilíaca (valoración del estado de tensión de los músculos aductores).
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino, con la pierna extendida y la rodilla 
contralateral flexionada. El maléolo externo de la pierna flexionada se coloca por 
encima del límite superior de la rodilla de la pierna contralateral.
La prueba se puede realizar también colocando el pie de la pierna flexionada en 
la parte interna de la rodilla de la otra pierna. Se deja caer la pierna flexionada hacia 
fuera y, a partir de esta posición, el explorador aumenta la rotación externa, 
para lo cual presiona sobre la rodilla con la mano para acercarla a la camilla de 
exploración. Es preciso fijar la pierna extendida a nivel de la pelvis para evitar un 
movimiento conjunto.
▶Valoración. Normalmente, la rodilla que se encuentra colocada de este modo casi 
alcanza la camilla. Se debe medir la distancia entre la rodilla y la camilla en ambos 
lados. Cuando aparece una diferencia de movilidad entre los dos lados con una 
limitaciónpor dolor de la hiperaducción en pacientes que no tienen alteraciones 
en la cadera ni en los aductores, se deberá sospechar un trastorno funcional de 
la articulación sacroilíaca ipsilateral. Se puede diferenciar de los trastornos de la 
articulación coxofemoral mediante la comprobación del movimiento de la misma 
(sobre todo de la rotación) con palpación de la cápsula articular en la profundidad 
de la ingle.
Fig. 1.58 a y b Prueba de Patrick.
a Posición de partida.
b Aumento de la presión.
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Prueba de las tres fases (prueba de hiperextensión 
en tres pasos)
▶Procedimiento. Paciente en decúbito prono. El explorador sujeta con una mano la 
pierna extendida y en la primera fase la eleva, mientras coloca la otra mano en 
la pelvis, en hiperextensión.
En la segunda fase fija con la misma mano el sacro paralelo a la articulación 
sacroilíaca y coloca la pierna en hiperextensión. En la tercera fase fija con una 
mano el cuerpo vertebral de L5 y con la otra eleva la pierna en hiperextensión. 
El desplazamiento del punto de fijación con la mano en sentido craneal permite 
valorar también los correspondientes segmentos superiores de la CL.
Fig. 1.59 a-c Prueba de las tres fases 
(prueba de hiperextensión en tres 
pasos).
a Fijación del ilion.
b Fijación del sacro.
c Fijación de la CL.
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▶Valoración. En condiciones normales, el movimiento es indoloro en todas las 
fases. Es posible hiperextender la articulación coxofemoral hasta 10-20°. La ar-
ticulación sacroilíaca tiene una movilidad escasa (juego articular) y la CL se deja 
hiperextender en la unión lumbosacra de forma elástica (hiperlordosis).
La aparición de dolor cuando se fija el ilion (fase 1) sugiere una alteración de 
la articulación coxofemoral o un acortamiento de los músculos (recto femoral y/o 
psoas); el dolor asociado a la fijación del sacro indica un bloqueo de la articulación 
sacroilíaca y otras enfermedades de esta articulación (p. ej., enfermedad de Bech-
terew) (fase 2: signo de Mennell); y la aparición de dolor cuando se fija la columna 
cervical hace sospechar una alteración de la unión lumbosacra (bloqueo vertebral, 
protrusión discal o prolapso del disco intervertebral) (fase 3).
▶Observación. Signo de Mennell: este signo se produce durante la realización de 
la segunda de las tres fases de la prueba.
Prueba de las espinas ilíacas
Valoración de la función de la articulación sacroilíaca.
▶Procedimiento. El explorador se pone de pie detrás del paciente (en bipedes-
tación) y con los pulgares trata de localizar las espinas ilíacas posterosuperiores y 
a la misma altura la cresta sacra mediana (apófisis espinosa de la vértebra sacra). 
Se pide al paciente que levante la pierna ipsilateral y que flexione la rodilla hacia 
delante lo máximo posible.
▶Valoración. En condiciones normales, cuando la articulación sacroilíaca no está 
bloqueada, se produce un descenso del ilion del lado explorado. La espina ilíaca 
posterosuperior se desplaza durante el movimiento entre 0,5 y 2 cm como máximo 
en sentido caudal. En presencia de un bloqueo de la articulación sacroilíaca, se 
invierte este descenso y la espina ilíaca posterosuperior se desplaza en sentido 
craneal como consecuencia del bloqueo (vuelco de la pelvis).
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Fig. 1.60 a-c Prueba de las espinas 
ilíacas.
a Posición de partida.
b ASI libre.
c ASI bloqueada.
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Columna vertebral
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Fenómeno de anticipación (prueba de flexión 
en bipedestación)
Valoración de la función de la articulación sacroilíaca.
▶Procedimiento. El paciente se coloca en bipedestación dando la espalda al ex-
plorador. Éste palpa con los pulgares de forma simultánea las dos espinas ilíacas 
posterosuperiores. Se pide al paciente que se flexione lentamente hacia delante 
con los pies apoyados en el suelo y las rodillas extendidas. Se debe valorar el 
movimiento de las dos espinas ilíacas cuando el paciente inclina hacia delante la 
mitad superior del cuerpo. Posteriormente se debe compensar cualquier diferencia 
en la posición de la pelvis por discordancia en la longitud de las piernas colocando 
una tablilla debajo de la pierna más corta.
▶Valoración. El sacro gira alrededor de un eje horizontal en relación con los ilíacos 
en la articulación sacroilíaca. Este movimiento de desplazamiento del sacro se 
denomina nutación.
Cuando el paciente está normal con movimientos libres de la articulación sa-
croilíaca, las dos espinas ilíacas se encuentran a la misma altura al principio y al 
final del movimiento de inclinación de la espalda.
Cuando no se produce el movimiento de nutación de la articulación sacroilíaca 
de un lado, la espina ilíaca posterosuperior de dicho lado se desplazará con el sacro 
en sentido craneal en comparación con la contralateral.
Cuando se conserva el movimiento de nutación y se puede demostrar un fenó-
meno de anticipación, se deberá sospechar como primera alternativa un bloqueo 
de la articulación sacroilíaca ipsilateral. El fenómeno de anticipación bilateral se 
puede deber a un acortamiento bilateral de los músculos isquiocrurales.
▶Observación. Al valorar el fenómeno de anticipación, se debe prestar atención 
a las asimetrías de la pelvis y la articulación coxofemoral. Cualquier diferencia de 
inclinación de la pelvis secundaria a una diferencia en la longitud de las piernas se 
debería compensar mediante la colocación de una tabla debajo de la pierna más 
corta. El fenómeno de anticipación se puede valorar también en decúbito prono 
(longitud variable de las piernas).
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Columna vertebral
63
Prueba del resorte de la articulación sacroilíaca 
«cum femore»
▶Procedimiento. Para valorar de forma directa el juego de la articulación sa-
croilíaca se realiza una flexión en decúbito supino de la rodilla y la articulación 
coxofemoral y una aducción hacia el explorador, hasta que la pelvis empiece a 
acompañar este movimiento (la pierna contralateral deberá permanecer extendi-
da). En el siguiente paso, el explorador sujeta la rodilla del lado sometido a aducción 
y, mediante la palpación de la articulación sacroilíaca, ejerce con la otra mano una 
presión axial en dirección a la rodilla.
▶Valoración. Con esta maniobra normalmente se observa un movimiento de 
deslizamiento de la articulación sacroilíaca, que se puede percibir como un des-
plazamiento de las espinas ilíacas posterosuperiores y del sacro. Cuando existe 
una alteración funcional, será típica la falta de juego articular en la exploración. 
La base de esta prueba es que, cuando la articulación está intacta, incluso en 
posiciones extremas, al ejercer presión se puede aumentar suavemente el grado 
de deslizamiento. Esta maniobra permite básicamente diagnosticar una alteración 
Fig. 1.61 a y b Fenómeno de anticipación.
a Posición de partida.
b ASI bloqueada en el lado derecho.
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funcional en las distintas articulaciones de forma manual. Siempre es importante 
realizar esta maniobra en una articulación sometida a tensión. Esta maniobra es 
un complemento de la prueba del resorte realizada en decúbito prono.
Prueba de movilización de la articulación sacroilíaca 
(prueba de la sacudida, prueba de la elevación)
Valoración de la función de la articulación sacroilíaca.
▶Procedimiento. Decúbitoprono. El explorador coloca los dedos de una mano 
sobre las articulaciones sacroilíacas a nivel de los ligamentos sacros posteriores (no 
es posible palpar de forma directa la propia articulación sacroilíaca por su posición 
anatómica). Con la otra mano coge la pelvis desde ventral y realiza pequeños 
movimientos de elevación a modo de sacudidas en sentido dorsal (movimiento 
dorsal del ilion contra el sacro).
▶Valoración. En general, los dedos colocados sobre las articulaciones sacroilíacas 
perciben la suave elasticidad de la articulación o bien la limitación dolorosa de 
esta elasticidad cuando existe bloqueo.
Fig. 1.62 Prueba del resorte de la articulación sacroilíaca «cum femore».
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Signo de Derbolowsky
Valoración de una diferencia variable en la longitud de las piernas: fenómeno de 
anticipación en decúbito.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador coge ambas piernas, 
palpa con los pulgares los maléolos internos y valora en función de la posición de 
los pulgares la relación de altura y la rotación de los maléolos internos. Se pide 
al paciente que se siente, con la ayuda del explorador o por sí solo apoyándose 
en las manos. Para evitar dificultades se deben levantar las piernas de la camilla. 
A continuación se vuelve a comprobar la altura y la rotación de los maléolos. Por 
último, se pide al paciente que incline la espalda todo lo posible hacia delante 
y que acerque todo lo que pueda las rodillas extendidas. Para evitar resultados 
falsos positivos por tensión muscular, esta prueba se debería repetir varias veces.
▶Valoración. La anticipación en decúbito indica que las piernas están torcidas. 
Cuando existe un bloqueo de la articulación sacroilíaca con una reducción del 
juego articular entre el sacro y el ilion, la pierna del lado bloqueado será más larga 
al levantarse y en decúbito será igual de larga que la otra o manifiestamente más 
corta (diferencia relativa en la longitud de las piernas).
Dentro del diagnóstico diferencial se debe determinar si esta diferencia de 
longitud variable de las piernas se puede deber a alguna causa distinta al bloqueo 
sacroilíaco, como un acortamiento de los músculos isquiocrurales o un acortamien-
to o alargamiento de uno de los miembros por verdaderos motivos anatómicos. La 
aparición de dolor durante la realización de la prueba puede indicar un bloqueo del 
sacro, un acortamiento muscular o un dolor neurálgico por protrusión o prolapso 
de los discos intervertebrales.
Fig. 1.63 Prueba de movilización 
de la articulación sacroilíaca. 1
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▶Observación. La prueba se debe considerar definitiva cuando la diferencia de 
longitud entre las piernas alcanza como mínimo 1-2 cm. Cuando las diferencias 
son más importantes y se asocian a dolor miálgico, se debería sospechar un acor-
tamiento de los músculos isquiocrurales. Cuando la diferencia es superior a 5 cm 
y aparece un dolor radicular con rotación de la pelvis y flexión refleja de la rodilla, 
se deberá considerar un problema de disco intervertebral.
Prueba de Gaenslen (segundo signo de Mennell)
Valoración de la función de la articulación sacroilíaca.
▶Procedimiento. Decúbito supino. El paciente se tumba acercando todo lo posible 
el lado doloroso al explorador. Para fijar la CL y estabilizar la posición se pide al 
paciente que flexione lo máximo posible las articulaciones de la rodilla y coxofe-
moral contralaterales sobre el tronco (maniobra de Thomas). El explorador realiza 
una extensión de la pierna que no apoya.
La prueba se puede realizar también en decúbito lateral. El paciente debe 
tumbarse sobre el lado sano flexionando la rodilla y la articulación coxofemoral. 
En esta posición se realiza la hiperextensión de la pierna que está extendida 
alejándola de la camilla.
▶Valoración. Cuando existe una disfunción de la articulación sacroilíaca, la hiper-
extensión de la pierna provoca un desplazamiento de la articulación sacroilíaca 
con aparición de dolor o agravamiento del mismo si ya existía.
Fig. 1.64 a y b Signo de Derbolowsky.
a ASI libre.
b ASI bloqueada en el lado derecho (la pierna se elonga al levantarse).
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Prueba de presión sobre el ilion
Demostración de procesos patológicos de la articulación sacroilíaca.
▶Procedimiento. Decúbito lateral. El explorador coloca las dos manos sobre la 
articulación de la cadera en el lado afectado y ejerce presión axial sobre la pelvis.
▶Valoración. Cuando aparece o aumenta el dolor en la zona de la articulación 
sacroilíaca cercana a las manos, se deberá sospechar una disfunción articular 
(bloqueo, inflamación).
Fig. 1.65 a y b Prueba de Gaenslen.
a Decúbito supino.
b Decúbito lateral.
Fig. 1.66 Prueba de presión 
sobre el ilion.
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Signo de Mennell
Valoración de la disfunción de la articulación sacroilíaca.
▶Procedimiento. Decúbito prono. Para valorar la articulación sacroilíaca izquierda, 
el explorador debe fijar con la mano izquierda la cadera del paciente y con la dere-
cha coger la pierna izquierda extendida y llevarla hacia atrás sometiendo la cadera 
a una hiperflexión.
La exploración también se puede realizar en decúbito lateral. El paciente se 
tumba sobre el lado derecho y se le fija la rodilla derecha flexionada con la pierna 
flexionada sobre la articulación coxofemoral con las dos manos. El explorador 
se coloca de pie detrás del paciente, sujeta con la mano derecha la pelvis y con 
la izquierda lleva hacia atrás el muslo izquierdo forzando la hiperextensión de la 
cadera.
▶Valoración. La aparición de dolor en la articulación sacroilíaca sugiere una dis-
función articular (bloqueo, inflamación).
Prueba de Yeoman
Valoración del dolor sacroilíaco.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito prono. El explorador levanta la pierna 
de la camilla con la rodilla flexionada a 90° (hiperextensión de la articulación 
coxofemoral).
▶Valoración. En la primera parte de la prueba se sobrecargan las estructuras pos-
teriores de la articulación sacroilíaca, pero al final también se afectan las anteriores, 
con participación de los ligamentos sacroilíacos anteriores. Si aparece dolor en la 
región de la CL, se deberá sospechar una patología localizada a este nivel.
Fig. 1.67 Signo de Mennell.
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Prueba de Laguerre
Distinción entre el dolor originado en la articulación coxofemoral y el sacroilíaco.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador flexiona la cadera y la 
rodilla hasta 90°. Posteriormente realiza la abducción y rotación externa enérgica 
de la pierna sobre la articulación coxofemoral.
▶Valoración. Esta maniobra provoca un desplazamiento de la cabeza de fémur 
hacia la parte anterior de la cápsula articular. La aparición de dolor en la articula-
ción coxofemoral sugiere artrosis o displasia de cadera, aunque también se puede 
encontrar en las contracturas del músculo iliopsoas. La aparición de dolor dorsal 
en la articulación sacroilíaca sugiere un proceso patológico localizado a este nivel.
Fig. 1.68 Prueba de Yeoman.
Fig. 1.69 Prueba 
de Laguerre.
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Prueba de distensión sacroilíaca
Demostración de la participación de los ligamentos sacroilíacos anteriores en un 
síndrome de ASI.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino.El explorador realiza presión en 
sentido ventral con ambas manos sobre los huesos ilíacos. Al cruzar las manos, 
aparecerá un vector de fuerza adicional dirigido hacia fuera. La fuerza ejercida des-
de delante hacia atrás sobre la pelvis sobrecarga la parte posterior de la articulación 
sacroilíaca, mientras que el componente dirigido en sentido lateral sobrecarga la 
porción de los ligamentos sacroilíacos anteriores.
▶Valoración. Un dolor profundo indica distensión de los ligamentos sacroilíacos 
anteriores en el lado del dolor (ligamentos sacroespinosos y sacrotuberosos). 
El dolor en las nalgas se puede deber a la presión ejercida por la camilla o a la 
irritación de la parte posterior de la articulación sacroilíaca. La localización exacta 
del dolor nos orienta sobre su origen.
Fig. 1.70 Prueba de distensión 
sacroilíaca.
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Prueba de sobrecarga en abducción
Demostración de un síndrome de ASI.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito lateral. La pierna que se apoya sobre la 
camilla se mantiene ligeramente flexionada, mientras que la pierna más alejada 
debe abducirse contra la resistencia del explorador. Esta prueba se suele emplear 
para demostrar la insuficiencia de los músculos glúteos medio y menor.
▶Valoración. La intensificación del dolor en la articulación sacroilíaca afectada 
sugiere una disfunción de la misma. El paciente con trastornos de la articulación 
sacroilíaca puede notar más dolor al realizar esta prueba. La localización exacta 
del dolor nos orienta sobre su origen. Cuando no es posible abducir la pierna 
sin dolor o con poco dolor, se deberá sospechar una insuficiencia del músculo 
glúteo medio.
Fig. 1.71 Prueba de sobrecarga 
en abducción.
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© 2014. Elsevier España, S.L. Reservados todos los derechos72
2 Articulación del hombro
La compleja anatomía y biomecánica de la articulación del hombro le permite 
una gran amplitud de movimientos en comparación con otras articulaciones del 
cuerpo humano, pero también explica una gran cantidad de procesos patológicos 
y lesiones.
Las molestias de la articulación del hombro representan un problema frecuente. 
Algunas de las causas de estas molestias tienen un origen demográfico, como los 
procesos degenerativos asociados al creciente envejecimiento de la sociedad y 
las lesiones accidentales (que evolucionan a la cronicidad) producidas durante 
actividades deportivas y de ocio. Los trabajos que exigen movimientos por encima 
de la cabeza con los brazos durante muchos años o este tipo de movimientos 
durante el tiempo libre o en las tareas domésticas también son origen de sobrecarga 
y desequilibrios musculares, así como los trabajos que implican largos períodos de 
sedestación en la misma posición en condiciones poco ergonómicas.
El diagnóstico clínico del hombro se debe realizar a través de un esquema de 
trabajo estructurado diseñado de forma individual por parte del explorador. Igual 
que en todas las exploraciones clínicas, se debe obtener primero una anamnesis del 
paciente. Las múltiples enfermedades que pueden afectar al hombro pueden ser 
secundarias a un traumatismo agudo, a procesos locales como las lesiones crónicas 
por sobrecarga, a trastornos degenerativos vinculados con el envejecimiento o 
a enfermedades sistémicas. En los adolescentes y adultos jóvenes predominan 
las lesiones traumáticas o las malformaciones anatómicas del desarrollo como 
principal causa de los trastornos del hombro. En este grupo, las alteraciones 
más frecuentes de esta articulación son las luxaciones y subluxaciones, con la 
consiguiente inestabilidad. En edades más avanzadas predominan los trastornos 
degenerativos y, dentro de ellos, cabe destacar el síndrome de pinzamiento, las 
roturas del manguito de los rotadores y los trastornos degenerativos de la articu­
lación acromioclavicular (AC).
Las preguntas acerca de la sobrecarga laboral y la actividad deportiva aportan 
una importante información. Los trabajos que implican colocar los brazos por 
encima de la cabeza durante largos períodos de tiempo (pintores) y los depor­
tes que también exigen este tipo de postura (baloncesto, tenis, natación, volei­
bol, balonmano) suelen provocar con frecuencia lesiones precoces en la región 
subacromial y a nivel intraarticular. En general se tratará de lesiones degenerativas 
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de la articulación AC. Para poder obtener una anamnesis precisa en los deportistas 
es importante conocer los movimientos específicos del deporte que practican, ya 
que sólo así se podrá identificar el patrón de lesiones típico del mismo.
No siempre existe una clara correlación entre los mecanismos lesionales secun­
darios a un traumatismo y los síntomas agudos que ocasionan. Así, cuando existe 
un trastorno degenerativo previo de los tendones, una lesión irrelevante puede 
provocar una rotura del manguito de los rotadores.
Además de una serie de preguntas dirigidas, que se centran principalmente en 
las enfermedades de la cintura escapular, se debe preguntar también al paciente 
por las enfermedades de otros órganos. No es infrecuente que el dolor de la angina 
de pecho se irradie hacia el hombro y el brazo y no siempre en el lado izquierdo. 
Además, las enfermedades de la vesícula biliar o el hígado también pueden provocar 
dolor en el hombro derecho. La primera manifestación de una poliartritis reumática 
o una hiperuricemia puede ser un dolor articular en el hombro. Los pacientes con 
diabetes mellitus muestran una frecuencia mayor de alteraciones en la cintura 
escapular con tendencia a limitar el movimiento de la articulación del hombro.
El explorador se debe crear una primera impresión mediante la inspección. Se 
debe observar la marcha y la oscilación de las extremidades superiores. El paciente 
con un «hombro congelado» evita los movimientos de rotación interna y externa y 
también los que suben por encima de la horizontal. Los pacientes con una rotura 
del manguito de los rotadores suelen solicitar ayuda para desvestirse porque no 
tienen fuerza para abducir el brazo. Para valorar las asimetrías y sobre todo las 
atrofias musculares se debe comparar un lado con el contralateral. Al inspeccionar 
la articulación AC de ambos lados se debe valorar la presencia de edema o de un 
escalón como consecuencia de una luxación AC. Si se identifica una distalización 
del vientre muscular del bíceps braquial, se debe sospechar una rotura del tendón 
largo del bíceps. Una asimetría del perfil del hombro hacia el lado contralateral 
puede indicar un desequilibrio escapulotorácico.
Tras la inspección se debe realizar una exploración neurológica. Para descartar 
que el dolor está asociado a un trastorno vertebral (como un síndrome por com­
presión nerviosa o radicular), se debe comenzar el estudio de cualquier trastorno 
del hombro con una exploración orientada de la columna cervical. Si se sospecha 
una alteración de este tipo, se deberá realizar una exploración neurológica com­
pleta. Para descartar fenómenos de compresión neurovascular será precisa la 
realización de algunas maniobras de provocación específicas (prueba de Adson, 
pág. 344; prueba de hiperabducción, pág. 339).
En la palpación se debe valorar si se produce dolor al palpar las articulacio­
nes esternoclavicular o acromioclavicular, la clavícula, la apófisis coracoides, la 
corredera bicipital, el troquíter o el troquín. Posteriormente se debe explorar 
la movilidad activa y pasiva de ambos lados siguiendo el método neutro 0 para la 
flexión/extensión, la aducción/abduccióny la rotación interna/externa con una 
abducción de 0° y 90°.
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Sólo después de realizar una exploración clínica completa se podrán indicar con 
criterio los correspondientes estudios radiológicos o la infiltración articular 
con fines diagnósticos.
Las radiografías anteroposteriores y axiales del hombro, además de algunas 
proyecciones especiales para esta región, deben ser un complemento a la ex­
ploración clínica para tratar de diferenciar los trastornos óseos de los asociados 
a los tejidos blandos. La ecografía, la RM y la TC permiten aclarar todavía más el 
origen de las molestias de esta región.
Fig. 2.1 Las cinco regiones 
de la articulación del hombro.
 1 Articulación escapulohumeral 
o glenohumeral
 2 Articulación subacromial (espacio 
entre la articulación coracoacromial 
por arriba y la cabeza del húmero 
limitado entre el troquíter y el troquín, 
bolsa subacromial)
 3 Articulación acromioclavicular
 4 Articulación esternoclavicular
 5 Articulación deslizante escapulotorácica 
(deslizamiento de la escápula sobre 
la parte posterior del tórax)
 6 Clavícula
 7 Apófisis coracoides
 8 Troquíter
 9 Cabeza del húmero
 10 Húmero
 11 Escápula
 12 Acromion
Fig. 2.2 Proyección de los dolores que se irradian hacia el hombro desde otras 
articulaciones y órganos.
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Amplitud de movimientos de la articulación 
del hombro (método neutro 0)
Fig. 2.3 a-i 
a Elevación en dirección ventral/dorsal (anteversión/retroversión/flexión/extensión dorsal).
b Desplazamiento lateral/superior (abducción/aducción).
c La abducción por encima de 90° exige la rotación externa del brazo a nivel 
de la articulación del hombro y el giro de la escápula.
d Flexión/extensión horizontal (el brazo en 90° de abducción se lleva en sentido 
horizontal hacia la parte anterior del tórax o hacia la espalda).
e-f Rotación externa/interna: con el brazo colgando (e) hasta 90° de abducción (f).
g Movimiento hacia delante/atrás del hombro.
h-i Elevación/descenso de la escápula (h), rotación de la escápula sobre el tórax (i).
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Fig. 2.4 Dolores en la articulación del hombro.
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Pruebas de orientación
Prueba rápida de combinación de movimientos 
(prueba de Apley)
▶Procedimiento. Para valorar de forma rápida la movilidad de la articulación del 
hombro se pide al paciente que se toque el margen superior de la escápula con­
tralateral pasando la mano por detrás de la cabeza. En una segunda fase se pide 
al paciente que toque el margen inferior de la escápula contralateral pasando la 
mano por detrás de la espalda.
▶Valoración. Las limitaciones de la movilidad indican una enfermedad de los hom­
bros, que se podrá diagnosticar mediante pruebas dirigidas adicionales. Aparecerá 
dolor en la región del hombro, generalmente debido a una tendinitis de alguno de 
los tendones del manguito de los rotadores, habitualmente del tendón del músculo 
supraespinoso, o a una capsulitis/bursitis adhesiva subacromial.
Fig. 2.5 a y b Prueba rápida de combinación 
de movimientos.
a Maniobra para alcanzarse la nuca.
b Maniobra para alcanzarse la escápula (maniobra 
para abrocharse un delantal).
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Signo de Codman
Demostración de la movilidad pasiva de la articulación del hombro.
▶Procedimiento. El explorador se coloca detrás del paciente y le pone la mano so­
bre el hombro. Con el pulgar fija la escápula, justo por debajo de la espina escapular, 
y coloca el dedo índice por encima del margen ventral del acromion en dirección a 
la apófisis coracoides. Los demás dedos agarran el margen anterior del acromion.
Con la otra mano se realizan todos los movimientos posibles con el brazo del 
paciente.
▶Valoración. Se pueden percibir crepitantes en la articulación glenohumeral, 
fenómenos de atrapamiento (p. ej., luxaciones del tendón largo del bíceps) o 
limitaciones del movimiento.
Mediante palpación se valorarán los puntos de presión óseos más importantes, 
como el troquíter, el troquín, la apófisis coracoides y las articulaciones esternocla­
vicular y acromioclavicular; además, se valorará la estabilidad de las articulaciones 
y la aparición de dolor en el trayecto de los tendones del manguito de los rotadores.
Se estimará la amplitud de movimiento según el método neutro 0.
Se deberá registrar la amplitud de los movimientos activos y pasivos del hombro 
y el momento o lugar en el que aparecen las molestias.
Cuando existe una limitación de la movilidad activa o pasiva en todos los planos, 
se habla de hombro congelado.
En las fases precoces de la rotura del manguito de los rotadores sólo se produce 
limitación del movimiento activo, conservándose el pasivo; cuando las roturas son 
antiguas o existe un síndrome de pinzamiento evolucionado se pueden encontrar 
limitaciones de la movilidad, que llegan incluso al hombro congelado.
Fig. 2.6 Signo de Codman.
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Articulación del hombro
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Signo de la palma y de los dedos
El dolor típico del hombro se manifiesta en la articulación del hombro y se irradia 
hacia el brazo. El paciente lo suele describir en los dos brazos. En los dolores de 
origen glenohumeral o subacromial, es típico el signo de la palma. El paciente se 
señala con la palma del brazo sano directamente por debajo del acromion.
En los dolores de la articulación acromioclavicular es típico el signo de los dedos. 
El paciente se señala con el índice de la otra mano directamente la articulación 
acromioclavicular afectada.
Fig. 2.7 a y b Signo de la palma y de los dedos.
a Signo de la palma.
b Signo de los dedos.
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Pruebas para la bursitis
Bolsas (bolsas sinoviales)
En la región del hombro existen una serie de bolsas sinoviales que están parcialmente 
comunicadas entre ellas. La bolsa subacromial y la cercana bolsa subdeltoidea son las 
más importantes; ambas en conjunto constituyen la «paraarticulación subacromial». 
Esta estructura se encarga de garantizar un «movimiento flexible» entre el manguito 
de los rotadores y el acromion y la articulación acromioclavicular situados por 
encima. En los procesos patológicos del hombro se produce edema en las paredes de 
las bolsas articulares, lo que reduce el espacio subacromial y puede provocar dolor.
Signo de la bursitis
Definición de los dolores del hombro poco claros.
▶Procedimiento. Con los dedos índice y medio se palpa de forma dirigida la zona 
subacromial desde la región lateroventral.
(Se puede ampliar el espacio subacromial mediante la extensión o ligera hipe­
rextensión del brazo con la mano que no se emplea para la exploración, al tiempo 
que el pulgar de la mano que explora presiona la cabeza del húmero desde la parte 
posterior. Además, se puede palpar la porción craneal del manguito de los rotadores 
y su inserción en el troquíter.)
▶Valoración. El dolor localizado a la presión en el espacio subacromial indica 
una irritación de la bolsa subacromial, aunque también se puede encontrar en las 
enfermedades del manguitode los rotadores.
Fig. 2.8 Signo de la bursitis subacromial.
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Articulación del hombro
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Prueba de Dawbarn
Signo de una bursitis subacromial.
▶Procedimiento. Mientras el explorador aumenta con la mano la abducción del 
brazo del paciente desde una posición de abducción media del mismo, con la otra 
palpa el espacio subacromial desde ventrolateral.
Durante la abducción pasiva del brazo hasta 90°, el explorador ejerce una 
presión puntual adicional sobre el espacio subacromial.
▶Valoración. El dolor subacromial que mejora durante la abducción sugiere una 
bursitis.
Cuando se realiza una abducción, el músculo deltoides queda sobre el margen 
superior de la bolsa subacromial, lo que alivia el dolor.
Fig. 2.9 Prueba de Dawbarn.
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Discinesia escapulotorácica
Las alteraciones de la amplitud de movimientos escapulotorácica suelen ser conse­
cuencia de desequilibrios musculares que se asocian a patología de las articulacio­
nes glenohumeral y acromioclavicular. Puede tratarse de una disfunción refleja al 
dolor como consecuencia de distintas patologías del hombro o de una insuficiencia 
de la función de control excéntrica de los músculos que estabilizan la escápula 
(músculos trapecios, romboides, serrato anterior y elevador de la escápula).
Estos trastornos del movimiento de la escápula se reconocen principalmente 
cuando se baja el brazo que estaba elevado y en rotación interna, ya que este mo­
vimiento provoca un aumento de la tensión de los músculos excéntricos (prueba 
de provocación de la escápula).
Según Kibler se pueden distinguir tres tipos:
j	 Tipo I: prominencia del ángulo inferior de la escápula.
j	 Tipo II: prominencia del reborde medial con inclinación dorsal.
j	 Tipo III: prominencia del ángulo superior.
Prueba de asistencia escapular
El paciente con discinesia escapulotorácica suele tener dolor entre 60° y 120°, 
como en el síndrome de pinzamiento clásico. La prueba de asistencia escapular 
permite descartar que el pinzamiento se deba a una irritación o aprisionamiento 
a nivel del espacio subacromial.
Fig. 2.10 Prueba de asistencia escapular.
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Articulación del hombro
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▶Procedimiento. El explorador se coloca de pie detrás del paciente y le pide que 
eleve de forma activa el brazo, al tiempo que estabiliza con una mano el margen 
medial de la escápula (ángulo superior) y trata de rotar en sentido superolateral 
con la otra mano el ángulo inferior.
▶Valoración. La prueba se interpreta como positiva cuando esta maniobra reduce 
el dolor en el arco de movimiento doloroso y se consigue aumentar la amplitud 
de movimiento.
Manguito de los rotadores
Entre los principales síntomas asociados a la lesión del manguito de los rotadores 
se incluyen dolor y una debilidad funcional más o menos llamativa.
En la fase dolorosa aguda con frecuencia resulta difícil obtener información 
mediante la exploración que permita distinguir si el dolor en el hombro se debe 
a calcificación, tendinitis, síndrome subescapular o rotura del manguito de los 
rotadores.
Todavía más difícil resulta distinguir la rotura del manguito de los rotadores de 
una alteración degenerativa, sin llegar a la rotura, en los tendones.
La clasificación clínica de los dolores y la debilidad muscular en el hombro se 
debe hacer cuando haya cedido el dolor de la fase aguda.
En las roturas del músculo supraespinoso se reduce la movilidad activa 
en conjunto, principalmente en las lesiones de la parte anterosuperior y aún 
más en las lesiones de la parte posterior o las roturas completas. La amplitud 
de movimientos no permite determinar el tipo de lesión existente y sólo es 
orientativa.
En el diagnóstico diferencial del denominado hombro congelado se incluye 
la seudoanquilosis del hombro, que suele asociarse a una artritis evolucio­
nada en la articulación esternoclavicular, que produce un dolor de menor 
intensidad.
Si no se tienen en consideración estas alteraciones, es posible que se piense 
que la limitación del movimiento guarda relación con cambios en la articulación 
glenohumeral.
La exploración de la elevación del hombro (al encogerse de hombros) es una 
buena prueba para el diagnóstico diferencial, ya que sólo se podrá interpretar 
que la causa de las limitaciones del movimiento es la articulación glenohumeral 
cuando esta elevación de los hombros sea normal. En cualquier caso se debe 
descartar también la patología escapulotorácica. Menos importancia tiene 
la aparición de crepitación en el hombro por una protrusión ósea, como una 
exóstosis en la escápula o en las costillas, dado que la escápula puede fijarse en 
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una depresión del tórax posterior, como sucede, por ejemplo, tras una toraco­
plastia o en las fracturas costales. También es importante descartar una dis­
función de los músculos del hombro, tanto de los escapulotorácicos como de 
los glenohumerales. Se debe descartar una parálisis del músculo serrato; para 
ello se debe observar si la escápula se eleva cuando se empuja hacia delante el 
músculo hiperextendido. También hay que descartar una parálisis del músculo 
trapecio, que produce una limitación de la movilidad del hombro porque no se 
puede fijar la escápula.
La capacidad de elevar el hombro (encogerse de hombros) excluye esta 
parálisis.
En condiciones normales existe poco espacio para las estructuras situadas 
por debajo del hombro, pero este espacio se reduce todavía más cuando el 
troquíter se introduce por debajo del techo del hombro durante la elevación 
del brazo.
El músculo supraespinoso tiene una especial limitación de espacio. Su espacio 
de movilidad está limitado por el acromion en la parte anterior, el ligamento 
coracoacromial, la articulación acromioclavicular y la apófisis coracoides en el 
resto de lados (estrecho del supraespinoso).
El síndrome de pinzamiento es una alteración funcional del hombro que 
cursa con dolor y que se debe a que los tendones del manguito de los rotadores 
chocan con el margen anterior del techo del hombro y/o la articulación acromio­
clavicular.
Cuando se eleva el hombro, el manguito de los rotadores y las bolsas sinoviales 
se comprimen contra el borde anterior del acromion, mientras que en la rotación 
interna lo hacen contra la apófisis coracoides. Esto puede producir el síndrome por 
pinzamiento subacromial o subcoracoideo.
Las lesiones por pinzamiento pueden deberse a otras estructuras además del 
manguito de los rotadores, entre las cuales se encuentran el tendón largo del bíceps 
o la bolsa subacromial.
Neer distingue un síndrome de pinzamiento primario (pinzamiento en el 
estrecho) y otro secundario (fuera del estrecho). En el primero se produce una 
irritación del supraespinoso como consecuencia de una reducción física del 
espacio (síndrome del estrecho del supraespinoso) por alteraciones congénitas 
en la forma del acromion, por la formación de osteofitos en el borde anterior 
del acromion o en la parte caudal de la articulación acromioclavicular y en las 
seudoartrosis postraumáticas de la apófisis coracoides, el acromion o el troquí­
ter. En la forma secundaria (síndrome subacromial) se produce una reducción 
relativa del espacio subacromial por aumento del volumen de las estructuras 
situadas por debajo del techo del hombro. Las causas más frecuentes de este 
síndrome son el engrosamiento del manguito de los rotadores y las bolsas 
sinoviales (depósitos de calcio, bursitis crónica) y la elevación postraumática 
del troquíter.
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Según Keyl la principal causa de pinzamiento secundario es la insuficiencia 
de los depresores de la cabeza por rotura del manguito de los rotadores o del 
tendón largo del bíceps. Los defectos del manguito de los rotadores hacen que 
sea imposible compensar el vector de fuerza en sentido craneal del músculo 
deltoides, lo que hace que durante la elevación del brazo se produzca una 
posición más alta de la cabeza del hombro, con el consiguiente pinzamiento. 
Este mecanismo se observa también en la inestabilidad del hombro, en la que, 
tras la aparición de luxaciones multidireccionales, la cabeza queda comprimida 
con más fuerza contra el acetábulo y aparece un síndrome de pinzamiento. 
También se puede producir un estrechamiento funcional cuando la escápula 
deja de participar en la elevación del brazo en presencia de una debilidad o 
parálisis de los músculos o cuando desaparece su inserción en el contexto de una 
rotura de la articulación acromioclavicular. No menos importancia patogénica 
tiene la degeneración de la cápsula dorsal. Cuando no es posible deslizar la 
cabeza del húmero hacia atrás lo suficiente durante la flexión, aumenta el grado 
de compresión de la misma contra el borde anterior del acromion y aparece 
también un pinzamiento.
En la forma crónica del síndrome de pinzamiento se puede producir la 
atrofia de los músculos deltoides, supraespinoso e infraespinoso. Aparece en 
estos casos dolor a la presión de los tendones a nivel del troquíter o el troquín 
y se observa una limitación de la movilidad de la articulación glenohumeral 
en los grados extremos del movimiento. La elevación activa causa más dolor 
que la pasiva.
Cuando el paciente consigue abducir el brazo contra resistencia a pesar del dolor, 
se deberá sospechar que el tendón no está roto, sino que presenta alteraciones 
degenerativas patológicas.
Fig. 2.11 Funciones musculares del hombro.
1 Aductores (m. pectoral mayor, m. dorsal 
ancho, m. redondo mayor, m. redondo 
menor).
2 Abductores (m. deltoides, m. supraespinoso).
3 Rotadores externos (m. infraespinoso, 
m. redondo menor).
4 Rotadores internos (m. subescapular, 
m. pectoral mayor, m. dorsal ancho, 
m. redondo mayor).
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La prueba de inyección de Neer para el pinzamiento permite diferenciar clíni­
camente de forma exacta la debilidad de la abducción secundaria a una rotura o 
al dolor.
Cuando existe una rotura de los tendones, cabe esperar que persista la debilidad 
para la abducción del brazo a pesar de que la infiltración del espacio subacromial 
mejore el dolor.
En el proceso denominado «seudoparálisis» el paciente no consigue elevar el bra­
zo afectado. Este signo global indica una lesión del manguito de los rotadores. Para 
poder definir de forma más exacta cuál de los tendones está afectado, será preciso 
realizar más pruebas. En ese sentido pueden resultar muy útiles las pruebas de 
provocación, en las que se valoran los movimientos de rotación interna y externa en 
distintas posiciones de la articulación del hombro contra resistencia. La debilidad 
sugiere una deficiencia funcional (p. ej., por rotura) del tendón, mientras que el 
dolor indica un componente inflamatorio a nivel tendinoso o de las bolsas próximas.
Prueba de abducción a 0° (prueba del comienzo)
▶Procedimiento. El explorador se sienta delante del paciente, que permanece en 
bipedestación con los brazos colgando paralelos al cuerpo. El explorador coge los 
brazos a nivel del tercio distal del antebrazo. El paciente trata de abducirlos frente 
a la resistencia del explorador.
▶Valoración. La abducción del brazo la inician los músculos supraespinoso y 
deltoides. La aparición de dolor y sobre todo de debilidad en abducción sostenida 
del brazo sugiere una rotura del manguito de los rotadores.
Fig. 2.12 Prueba de abducción a 0°.
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El mal centrado de la cabeza del húmero (denominada posición alta de la cabeza 
humeral) en la rotura del manguito de los rotadores provoca una insuficiencia 
relativa de los músculos externos del hombro. Las roturas pequeñas que se pueden 
compensar a nivel funcional ocasionan una pérdida funcional escasa para el grado 
de dolor. Las roturas más importantes se caracterizan en todos los casos por 
debilidad y pérdida de función.
Prueba del músculo supraespinoso de Jobe 
(prueba del envase vacío)
▶Procedimiento. Esta prueba se puede realizar en pacientes en bipedestación o 
sedestación. Manteniendo el codo extendido, se coloca el brazo del paciente en 
90° de abducción, 30° de flexión horizontal y rotación interna o externa. Mien­
tras realiza el movimiento de abducción y flexión horizontal, el explorador ejerce 
presión desde arriba sobre el antebrazo. Si se realizan estudios de EMG, se podrá 
valorar de forma aislada la función del músculo supraespinoso. Es importante 
aplicar presión suavemente al principio y luego ir incrementándola si no aparece 
dolor durante el desarrollo de la prueba.
▶Valoración. Cuando la prueba provoca un dolor más o menos intenso y el paciente 
no es capaz de llevar el brazo a 90° de abducción y sostenerlo, se dice que el 
paciente tiene un «signo del brazo caído» positivo.
Cuando se realiza la rotación interna (con los pulgares hacia abajo, como se hace 
para verter una bebida en un vaso, de ahí el nombre de prueba del envase vacío) 
se valoran especialmente las porciones craneales del manguito de los rotadores 
(músculo supraespinoso), mientras que en la rotación externa (con los pulgares 
hacia arriba; envase lleno) se valoran sobre todo las porciones ventrales.
Para diferenciar todavía más los procesos se puede repetir la exploración con 
45° de abducción. Cuando el componente de pinzamiento es un elemento impor­
tante como causa del trastorno, en esta exploración se producirá un dolor menos 
importante y se conservará más la potencia muscular, siempre que los tendones 
mantengan intacta su continuidad. Se puede obtener un resultado falso positivo de 
esta prueba cuando existen alteraciones patológicas en el tendón largo del bíceps.
Cuando la prueba provoca dolor y el paciente no consigue abducir el brazo a 90° 
y sostenerlo, se deberá sospechar una lesión del tendón (muscular) del supraes­
pinoso o una lesión del nervio supraescapular.
La potencia del músculo supraespinoso desaparece por completo cuando existen 
defectos en más de dos terceras partes del tendón.
Los estudios sobre administración de anestesia en el nervio supraescapular y 
axilar demuestran que los músculos supraespinoso y deltoides son los responsables 
de la abducción del brazo. El músculo supraespinoso comprime junto con los demás 
músculos del manguito de los rotadores la cabeza del húmero contra el acetábulo y 
contribuye a la abducción del hombro en los 20° iniciales. Posteriormente entra en 
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juego el músculo deltoides. Es posible conservar una buena movilidad del hombro 
aunque el tendón del supraespinoso esté totalmente roto, ya que sólo existiría una 
deficiencia funcional al inicio de la abducción y posteriormente a partir de 90°. Las 
pruebas de EMG no indican diferencias en los valores EMG cuando se mantiene 
el brazo en la posición de máxima rotación interna (clásica posición del «envase 
vacío» de Jobe) con los pulgares paralelos a los pies y cuando se rota en posición 
de rotación externa máxima (posición del «envase lleno»).
También se puede explorar la potencia del músculo supraespinoso con el codo 
flexionado. Esta posiciónresulta menos estresante para el paciente y le exige menos 
potencia mantenerla, por lo que también es menos dolorosa.
Fig. 2.13 a y b Prueba del músculo supraespinoso de Jobe.
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Prueba del músculo subescapular
▶Procedimiento. Esta prueba es la opuesta a la de rotación externa a 0° (pág. 95). 
El paciente coloca el codo no totalmente paralelo al cuerpo y se compara la capa­
cidad de realizar una rotación externa pasiva en ambos lados y se comprueba la 
rotación interna activa de la articulación del hombro contra resistencia.
▶Valoración. Cuando se encuentra un aumento de la rotación externa pasiva sin 
aparición de dolor en comparación con el lado contralateral y una debilidad de 
la rotación interna activa, se deberá sospechar un desgarro aislado del tendón 
del músculo subescapular. Esta lesión se traduce en una pérdida de la potencia 
muscular para la rotación interna con aparición de dolor. Cuando la reducción 
de la fuerza se asocia a un dolor menos intenso, se sigue planteando una posible 
rotura; sin embargo, si el dolor es más intenso, resulta difícil distinguir una rotura 
de una tendinopatía.
Fig. 2.14 a y b Prueba del músculo subescapular.
a Rotación externa pasiva.
b Rotación interna activa por detrás de la espalda.
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Signo del retraso en la rotación interna
▶Procedimiento. El paciente se coloca en bipedestación dando la espalda al 
explorador. Se coloca el brazo de forma pasiva en extensión y rotación interna 
submáxima por detrás de la espalda del paciente. Se debe evitar la rotación inter­
na máxima para evitar la retracción elástica de la cápsula. En esta posición se pide 
al paciente que mantenga la rotación interna conseguida de forma pasiva.
▶Valoración. Cuando existe una rotura del tendón del músculo subescapular, el 
paciente no consigue mantener de forma activa la posición de rotación interna 
submáxima del brazo que colocó el explorador. El brazo se debilita y se pega a 
la espalda. Esta prueba clínica permite explorar principalmente los segmentos 
craneales del tendón.
Prueba de la elevación de Gerber
▶Procedimiento. Se pide al paciente que con el brazo en rotación interna coloque 
el dorso de la mano sobre la espalda y la desplace por ella. Posteriormente se le pide 
que, manteniendo esta posición del brazo, aleje la mano de la espalda. Si el paciente 
consigue realizar estos movimientos, el explorador ejerce una presión progresiva 
contra la mano del paciente para valorar la potencia del músculo subescapular.
▶Valoración. Cuando existe una rotura del tendón o insuficiencia muscular, el 
paciente no consigue elevar el dorso de la mano de forma activa o contra la resis­
tencia del explorador. Si el paciente no consigue una rotación interna máxima del 
brazo porque esta posición le produce dolor, se recomienda realizar la prueba de 
presión abdominal.
Fig. 2.15 a y b Signo del retraso en la rotación interna.
a Brazo en rotación interna submáxima.
b Descenso del brazo en una lesión del músculo subescapular.
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Articulación del hombro
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Dado que muchos pacientes con subluxación del tendón del bíceps presentan 
también una rotura parcial o completa del tendón del subescapular, cuando la 
prueba del alejamiento es positiva también se debe sospechar una lesión en el 
tendón del bíceps.
Prueba de presión abdominal
▶Procedimiento. La exploración se realiza con el paciente en bipedestación. El 
explorador empuja el antebrazo del paciente hacia su abdomen con el codo en 
flexión y la máxima rotación interna del brazo (a). En ese momento se pide al 
paciente que se apriete el abdomen y que mantenga el codo hacia delante.
▶Valoración. Cuando existe una rotura del músculo subescapular, el paciente no 
consigue mantener la mano apoyada sobre el abdomen, porque se cae (b). El codo 
se desplaza en sentido dorsal por acción de los músculos dorsal ancho y redondo 
mayor. Además, se observa una flexión de la mano.
Fig. 2.17 a y b Prueba 
de presión abdominal.
a Se coloca el antebrazo sobre 
el abdomen con el codo 
en flexión.
b El brazo se desplaza 
con el codo lateralmente 
y hacia dorsal y la mano 
se flexiona.
Fig. 2.16 Prueba de la elevación.
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Signo de separación del abdomen
▶Procedimiento. En esta prueba, el explorador coloca de forma pasiva el brazo del 
paciente con la articulación de la mano extendida y en flexión extrema y rotación 
interna sobre su abdomen y se le pide que lo mantenga así.
▶Valoración. Si el paciente no consigue mantener esta posición y la mano se aleja 
del abdomen, se dice que este signo de separación del abdomen es positivo. Esta 
prueba resulta positiva sobre todo en las roturas parciales aisladas del subes­
capular como consecuencia del predominio de las fuerzas responsables de la 
rotación externa.
Prueba del abrazo de oso
▶Procedimiento. El paciente coloca la palma de la mano del lado afectado 
sobre el hombro contralateral con los dedos extendidos y el codo dirigido 
hacia delante. Mientras el paciente intenta mantener esta posición mediante 
una rotación interna activa, el explorador coge la articulación de la mano del 
paciente y trata de separarla del hombro mediante rotación externa y llevarla 
hacia el antebrazo.
▶Valoración. Cuando existe una rotura del tendón del músculo subescapular, 
sobre todo en su parte superior, el paciente no consigue mantener la mano 
apoyada sobre su hombro contralateral. La aparición de dolor y la debilidad mus­
cular en comparación con el lado contralateral también sugieren una enfermedad 
muscular.
Fig. 2.18 Signo de separación del abdomen.
a Se coloca el brazo en flexión extrema y rotación interna.
b El paciente no es capaz de mantener la mano sobre el abdomen de forma activa.
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Articulación del hombro
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Signo de Napoleón
▶Procedimiento. Se pide al paciente que presione con fuerza la mano contra el 
abdomen, manteniendo los dos antebrazos en flexión y las articulaciones de la 
mano extendidas, y que luego lleve hacia delante los codos y los mantenga así.
▶Valoración. Normalmente, al realizar este movimiento se produce una distensión 
de los músculos subescapulares y el codo se desplaza hacia ventral. En los pacientes 
con una rotura del tendón del subescapular no cambia la posición del antebrazo, 
aunque en algunos casos se produce un descenso por rotación externa aumentada 
pasiva. Además, se produce la flexión de la mano. Es posible valorar esta prueba 
según el grado de flexión (Burkhart y Thereny). Cuando la flexión de la mano es 
de 90° («resultado positivo») se deberá sospechar una rotura completa del tendón 
del subescapular, mientras que en grados de flexión entre 30° y 60° («resultado 
intermedio») se deberá plantear que la lesión afecta a los 2/3 superiores del tendón.
Fig. 2.19 a y b Prueba del abrazo de oso.
a Se lleva la mano del lado afectado hacia el contralateral.
b El paciente no consigue mantener la posición contra la fuerza de rotación externa 
ejercida por el explorador.
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Prueba de rotación externa a 0° (prueba del músculo 
infraespinoso)
▶Procedimiento. La prueba se puede realizar con el paciente en bipedestación o 
sedestación.
Si es posible, se debería realizar en los dos lados para comparar. El paciente 
dejalos brazos paralelos al cuerpo, flexionando el codo 90°, y los aleja del tronco. 
El explorador apoya la superficie interna de la mano sobre el dorso de la mano del 
paciente y le pide que rote el antebrazo hacia fuera contra la resistencia de aquél.
▶Valoración. La aparición de dolor o debilidad cuando se realiza la rotación 
externa indica una enfermedad del músculo infraespinoso (rotador externo). 
Dado que la mayor parte de las roturas del músculo infraespinoso no producen 
dolor, la aparición de debilidad sugiere con gran probabilidad este diagnóstico. 
Para evitar la participación del músculo deltoides en la rotación externa, se puede 
realizar la prueba con una abducción de 90° y una flexión de 30° (v. prueba de 
Patte, pág. 97).
La causa más frecuente de atrofia del músculo infraespinoso es la rotura del 
tendón o una lesión de la porción del nervio supraescapular responsable de la 
inervación de este músculo por compresión (quistes, exóstosis) o estiramiento 
(en deportes que implican mantener el brazo por encima de la cabeza, como el 
voleibol).
Fig. 2.20 Signo de Napoleón (positivo 
en el lado derecho).
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Articulación del hombro
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Signo del retraso en la rotación externa
▶Procedimiento. El paciente se sienta de espaldas al explorador. Éste coloca de 
forma pasiva el brazo en rotación externa submáxima con el codo flexionado 90° y 
con 20° de abducción (no se debe colocar en rotación externa máxima para evitar 
la retracción elástica de la cápsula). Se pide al paciente que mantenga esta posición.
Esta prueba se puede repetir con 90° de abducción. En este caso se exploran de 
forma específica los músculos infraespinoso y redondo menor.
▶Valoración. Cuando el paciente no puede mantener la posición de rotación 
externa submáxima en ligera abducción colocada de forma pasiva por el explorador 
y el brazo vuelve a quedar en rotación interna, se debe sospechar una lesión del 
tendón del supraespinoso. Cuando no es posible mantener la posición con una 
abducción de 90°, la prueba se considera muy sensible y específica de una lesión 
en el músculo redondo menor.
Fig. 2.21 Prueba de rotación externa a 0°.
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Prueba de rotación externa en abducción (prueba de Patte)
▶Procedimiento. Se abduce el brazo a 90° con 30° de flexión. De este modo se 
puede evitar la participación del músculo deltoides en la rotación externa. El 
paciente debe tratar de rotar el brazo todavía más hacia fuera contra la resistencia 
del explorador.
▶Valoración. La incapacidad de realizar una rotación externa activa en abducción del 
brazo indica una rotura con repercusión clínica del tendón del músculo infraespinoso.
Cuando se realiza una rotación externa de más de 45° se valora principalmente 
la función del músculo redondo menor.
Fig. 2.22 a y b Signo del retraso en la rotación externa.
a Se coloca el hombro en 20° (o 90°) de abducción y rotación externa submáxima.
b Cuando se libera el hombro en esta posición, el brazo realiza una rotación interna.
Fig. 2.23 Prueba de rotación externa 
en abducción.
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Articulación del hombro
98
Prueba inespecífica del músculo supraespinoso
▶Procedimiento. El paciente en sedestación debe abducir todavía más el brazo 
abducido a 90°, contra la resistencia de la mano del explorador apoyada en el 
antebrazo.
▶Valoración. La debilidad para aumentar la abducción y/o la aparición de dolor 
indican una lesión del tendón del músculo supraespinoso.
▶Observación. En ocasiones, al aumentar la abducción aparece dolor en la arti­
culación acromioclavicular.
Signo del brazo caído
▶Procedimiento. Se realiza con el paciente en sedestación. Consiste en abducir el 
brazo extendido a 90° de forma pasiva. Se pide al paciente que mantenga el brazo 
en esta posición sin apoyo y que luego lo vaya bajando lentamente.
▶Valoración. La debilidad para mantener el brazo en esta posición (asociada o no a 
dolor) o la caída súbita del brazo indican una lesión del manguito de los rotadores, 
que suele relacionarse con una lesión del músculo supraespinoso. En presencia de 
la denominada seudoparálisis, el paciente es incapaz de elevar el brazo afectado. 
Este signo global indica una lesión completa del manguito de los rotadores.
El signo del brazo caído también puede aparecer en procesos de origen neuroló­
gico. Por eso, se deberá someter al paciente con resultado positivo en esta prueba 
a más estudios (lesiones del nervio subescapular).
En las lesiones del músculo supraespinoso secundarias a procesos degenerativos 
crónicos, el signo del brazo caído puede ser negativo debido a la compensación 
muscular que realizan otros músculos, sobre todo el deltoides.
Fig. 2.24 Prueba inespecífica del músculo 
supraespinoso.
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Articulación del hombro
99
Fig. 2.25 Signo del brazo caído.
Fig. 2.26 Trayecto y territorio inervado 
por el nervio supraescapular.
1 Nervio supraescapular.
2 Ligamento transverso superior de la escápula.
3 Ligamento transverso inferior de la escápula 
(ligamento espinoglenoideo).
4 Músculo supraespinoso.
5 Músculo infraespinoso.
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Articulación del hombro
100
Signo del trompetín de Walch
▶Procedimiento. Se pide al paciente que lleve la mano del brazo afectado hacia 
la boca.
▶Valoración. Cuando existe una insuficiencia completa de ambos rotadores ex­
ternos (el infraespinoso y el redondo menor), el brazo queda en rotación interna 
y el paciente debe elevar el codo más alto que la mano.
Para poder llegar a tocarse la boca con la mano, el paciente debe abducir primero 
el brazo hasta 90°. Desde esta posición, el brazo queda en posición de rotación 
interna y se consigue alcanzar la boca con la mano.
Prueba del rascado de Apley
▶Procedimiento. El paciente debe tratar de alcanzar el margen medial proximal 
de la escápula contralateral con el índice.
▶Valoración. La aparición de dolor en la zona del manguito de los rotadores y la 
incapacidad de alcanzar la escápula como consecuencia de una limitación de la ro­
tación externa/abducción sugieren una alteración del manguito de los rotadores 
(sobre todo del músculo supraespinoso) (dx dif. con la artrosis de la articulación 
del hombro, fibrosis de la cápsula articular).
Fig. 2.27 Signo del trompetín 
de Walch.
Fig. 2.28 Prueba del rascado 
de Apley.
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Articulación del hombro
101
Arco doloroso I
▶Procedimiento. Con el brazo en posición anatómica se realiza una abducción 
activa y pasiva del brazo.
▶Valoración. Los dolores que aparecen con una abducción entre 60° y 120° 
(fig. 2.9b) sugieren una lesión del tendón del músculo supraespinoso, que en 
esta fase encuentra una estenosis entre el troquíter y el acromion (pinzamiento 
subacromial). Cuando se superan los 120°, desaparece el dolor. Por el contrario, 
las alteraciones de la articulación acromioclavicular provocan dolor cuando la 
abducción alcanza 140­180° (pág. 107).
Durante la valoración del arco de movilidad activo y pasivo con frecuencia se 
puede evitar el dolor si se realiza una rotación externa al mismo tiempo que la 
abducción, ya que esta maniobra aumenta el espacio entre el acromion y la porción 
del tendón del manguito de los rotadores afectada y se evita el pinzamiento entre 
60° y 120°.
Además de las roturas completas o incompletas del manguito de los rotadores, 
el edema y la inflamación asociadosa bursitis, discinesia escapulotorácica, altera­
ciones del acromion y, en ocasiones, artrosis de la articulación acromioclavicular 
pueden ocasionar un dolor por pinzamiento, que aparece durante el arco de 
movilidad.
Fig. 2.29 a y b Arco doloroso I.
a Posición de partida.
b Movimiento doloroso entre 60° 
y 120°.
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Articulación del hombro
102
Prueba del pinzamiento de Neer
▶Procedimiento. El explorador fija con una mano la escápula mientras con la otra 
eleva el brazo del paciente desde detrás hacia delante en sentido medial en el plano 
de aducción/escapular por encima de la horizontal.
▶Valoración. Se dice que el signo del pinzamiento es positivo cuando este movi­
miento produce dolor por estenosis subacromial o por atrapamiento de la zona 
afectada contra el margen anteroinferior del reborde acromial.
La prueba no es específica. Un gran número de enfermedades pueden asociarse 
a un resultado positivo de la misma (bursitis, enfermedades con limitación de 
la movilidad de la articulación del hombro, inestabilidad anterior del hombro, 
depósitos de calcio, tumores óseos, rotura del manguito de los rotadores).
Cuando esta prueba es positiva en rotación externa del brazo, se puede deber 
a una enfermedad de la articulación AC.
Fig. 2.30 a y b Prueba del pinzamiento de Neer.
a Posición de partida.
b Movimiento de aducción-elevación anterior forzada con el brazo 
extendido.
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Articulación del hombro
103
Prueba de fuerza contra resistencia a la rotación interna
Cuando el resultado de la prueba del pinzamiento es positivo, en primer lugar 
se debe realizar el diagnóstico diferencial entre el pinzamiento en el estrecho en 
sentido clásico y el pinzamiento no asociado al estrecho, que suele ser consecuencia 
de una patología intraarticular.
▶Procedimiento. El explorador se coloca de pie detrás del paciente. El paciente 
coloca el brazo en 90° de abducción y 80° de rotación externa con el codo flexiona­
do. En esta posición se le pide que haga una rotación enérgica contra la resistencia 
del explorador, primero externa y luego interna.
▶Valoración. Cuando la prueba del pinzamiento es positiva y el paciente muestra 
una notable reducción de la fuerza durante la rotación interna comparada con 
la externa, se dice que esta prueba es positiva y se sospecha un pinzamiento no 
asociado al estrecho. Por el contrario, la debilidad que se produce con la rotación 
externa indica un síndrome de pinzamiento del estrecho clásico.
▶Observación. El síndrome de pinzamiento clásico (pinzamiento primario) se 
define por un estrechamiento por formación de osteofitos subacromiales o hiper­
trofia por artrosis de la articulación AC.
Cuando el paciente tiene un pinzamiento no asociado al estrecho (pinzamiento 
secundario) se produce una estenosis funcional relacionada con un aumento del vo­
lumen de las estructuras subacromiales, que suele ser inflamatorio o postraumático.
Fig. 2.31 Prueba de fuerza contra 
resistencia a la rotación interna.
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Articulación del hombro
104
Prueba del pinzamiento de Hawkins y Kennedy
▶Procedimiento. Se flexiona el brazo 90° y se flexiona el codo. En esta posición se 
realiza una rotación interna pasiva forzada.
▶Valoración. La aparición de dolor con este movimiento indica una tendinitis o 
un depósito de calcio en el tendón del músculo supraespinoso o un pinzamiento 
secundario (p. ej., alteraciones en el margen anterior del acromion).
En pacientes con síndrome de pinzamiento se produce un dolor intenso durante 
el movimiento por el choque del troquíter o por el atrapamiento del tendón del 
supraespinoso debajo del ligamento coracoacromial. Se produce un pinzamiento 
coracoideo cuando una aducción adicional del brazo comprime todavía más el 
tendón del supraespinoso contra la apófisis coracoides.
Una variante de la prueba de pinzamiento es la descrita por Jobe. Se realiza 
una abducción en rotación interna del brazo y así se valora fundamentalmente 
la porción dorsal del tendón del supraespinoso, que queda comprimida contra el 
techo del hombro.
Fig. 2.32 Prueba del pinzamiento de Hawkins 
y Kennedy.
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Articulación del hombro
105
Prueba de inyección-pinzamiento de Neer
▶Procedimiento. En condiciones estériles se inyecta un anestésico, en ocasiones 
con un corticoide, por debajo del cuello acromial anterior o en el espacio suba­
cromial, si es posible dentro de la bolsa.
Para ampliar el espacio subacromial se pide al paciente que deje colgar el brazo 
relajado. El peso del brazo amplía el espacio subacromial sólo cuando el paciente 
está lo bastante relajado. Tras la inyección se vuelve a medir la movilidad activa y 
se repite la prueba de provocación del dolor.
▶Observación. Después de la inyección se debe vigilar al paciente durante un 
tiempo determinado para poder identificar y tratar las reacciones cardiovas­
culares medicamentosas de forma inmediata. Se debe comentar al paciente que 
el hombro puede doler tras la inyección y que pueden aparecer limitaciones de 
la movilidad secundarias al dolor. Tras la inyección, sobre todo con un corticoide, 
también pueden producirse alteraciones inflamatorias no bacterianas a nivel del 
hombro.
Fig. 2.33 Prueba de inyección- 
pinzamiento de Neer.
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Articulación del hombro
106
Articulación acromioclavicular
El extremo acromial de la clavícula se articula con el acromion. La cápsula articular 
de esta articulación se refuerza por el ligamento acromioclavicular. Entre la es­
cápula y la clavícula existe otro ligamento potente, el ligamento coracoclavicular. 
Este ligamento se origina en la apófisis coracoides y se ancla en la parte inferior 
de la clavícula.
Para poder valorar una enfermedad de la articulación del hombro es importante 
comparar asimetrías entre ambos lados. Las causas de estas posibles asimetrías 
son: artritis asintomáticas, artrosis, situación posterior a un traumatismo, tumor, 
infección, quistes sinoviales. Las alteraciones por artrosis de la articulación acro­
mioclavicular pueden provocar dolor y también una estenosis del espacio suba­
cromial. Además del dolor durante el movimiento y la sensibilidad a la presión de 
la articulación del hombro, en ocasiones se puede palpar un engrosamiento óseo 
a nivel del reborde articular. En la artrosis AC pueden no existir síntomas y no 
sería preciso tratamiento.
En la artrosis de la articulación AC pueden aparecer síntomas que con frecuencia 
plantean otro diagnóstico, como un síndrome cervical que se irradie hacia la región 
del hombro por encima del trapecio o una lesión por desgarro del manguito de 
los rotadores.
Las lesiones de los tendones­cápsula acromioclavicular son frecuentes y, según 
Rockwood, se pueden clasificar en 6 grados:
j	 Grado 1: distensión de la articulación AC.
j	 Grado 2: rotura parcial del ligamento acromioclavicular y coracoclavicular con 
subluxación AC.
j	 Grado 3: rotura completa del ligamento acromioclavicular y coracoclavicular 
con luxación AC.
j	 Grado 4: luxación de la articulación AC; la clavícula se desplaza en sentido 
posterior hacia el músculo trapecio.
j	 Grado 5: luxación de la articulación AC; la clavícula se encuentra desplazada 
hacia arriba al menos el doble de su anchura.
j	 Grado 6: luxación de la articulación AC; la clavícula se encuentra desplazada 
hacia abajo por debajo de la apófisis coracoides.
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Articulación del hombro
107
Arco doloroso II
j	 Procedimiento Con el brazo en posición anatómica se realiza una abducción 
activa y pasiva del brazo.
j	 Valoración Aparece dolor entre 140° y 180° de abducción a nivel de la articu­
lación acromioclavicular.
j	 Al aumentar la abducción se produce un aumento de la presión con efecto de 
torque en la articulación.
j	 Cuando existe un síndrome de pinzamiento o una rotura del manguito de los 
rotadores aparece dolor con una abducción entre 70° y 120°.
Fig. 2.34 a y b Arco doloroso II.
a Posición de partida.
b Dolor entre 140° y 180° 
(sugestivo de artrosis 
en la articulación del hombro).
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Articulación del hombro
108
Prueba de aducción forzada con el brazo colgando
▶Procedimiento. El explorador coge la parte superior del brazo afectado con una 
mano y apoya la otra sobre el hombro contralateral fijando la cintura escapular. A 
continuación realiza un movimiento de aducción activa del brazo afectado hacia 
la espalda contra la resistencia del paciente con el brazo colgando.
▶Valoración. La aparición de dolor en la parte ventral del hombro indica una 
alteración de la articulación acromioclavicular o un pinzamiento subacromial (la 
inyección de un anestésico en la articulación acromioclavicular con desaparición 
o mejoría de las molestias indica que el origen del dolor es dicha articulación).
Prueba de desplazamiento horizontal de la clavícula lateral
▶Procedimiento. Se coge el extremo lateral de la clavícula entre dos dedos y se 
desplaza en todas las direcciones.
▶Valoración. Un aumento de la movilidad de la clavícula lateral asociado o no a 
dolor indica una inestabilidad de la articulación acromioclavicular. Cuando exis­
te exclusivamente artrosis de la articulación, se observa sólo dolor delimitado 
a la presión o con el movimiento. En la luxación de la articulación del hombro 
(articulación acromioclavicular) con desgarro de los ligamentos coracoclaviculares 
se produce el denominado fenómeno de la tecla del piano. El extremo lateral libre 
luxado (subluxado) de la clavícula se desplaza por presión de los músculos cer­
vicales en sentido proximal y la resistencia elástica hace que se desplace también 
en sentido caudal.
Fig. 2.35 Prueba 
de aducción 
forzada 
con el brazo 
colgando.
Fig. 2.36 Prueba de desplazamiento 
horizontal de la clavícula lateral.
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Articulación del hombro
109
Prueba de aducción cruzada
▶Procedimiento. El paciente puede realizar esta prueba sentado o en bipedes­
tación. Consiste en llevar el brazo del lado afectado en 90° de flexión hacia el 
hombro contralateral.
▶Valoración. La aparición de dolor en la articulación acromioclavicular indica 
una enfermedad articular (artrosis, inestabilidad). Se debe establecer un diagnós­
tico diferencial con el síndrome de pinzamiento subacromial anterior dada la 
proximidad topográfica.
Prueba de aducción horizontal forzada 
(acción corporal cruzada)
▶Procedimiento. Se lleva el brazo afectado con 90° de flexión hacia el lado sano 
en posición horizontal (aducción forzada).
▶Valoración. La aparición de dolor en la articulación acromioclavicular indica una 
alteración articular, un pinzamiento anterior o un síndrome del nervio supraescapular.
(La desaparición del dolor tras la instilación de un anestésico en la articulación 
acromioclavicular sugiere una enfermedad a nivel de la misma.)
▶Observación. La aparición de un dolor profundo sordo en el margen superior de 
la escápula a nivel de la fosa supraespinosa y posterolateral en la escápula, que se 
irradia hacia la parte superior del brazo, puede indicar una compresión del nervio 
supraescapular por debajo del ligamento transverso de la escápula secundario a una 
distalización de la escápula (prueba de flexión horizontal de Thompson y Kopell).
Fig. 2.37 
Prueba 
de aducción 
cruzada.
Fig. 2.38 
Prueba 
de aducción 
horizontal 
forzada.
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Articulación del hombro
110
Prueba de inyección acromioclavicular
▶Procedimiento. Se infiltra un anestésico, en ocasiones con corticoide, desde 
proximal en la articulación del hombro. La inyección se debe realizar en condi­
ciones asépticas. Esta inyección en el estrecho espacio articular del hombro no 
resulta posible en pacientes que tienen osteofitos grandes, artrosis articular o un 
defecto del disco.
▶Valoración. Cuando tras la inyección desaparecen las molestias articulares 
(al menos en gran medida), se deberá sospechar una enfermedad de la propia 
articulación. Para confirmar este diagnóstico es preciso realizar una exploración 
de la articulación mediante pruebas clínicas especiales mientras persiste el efecto 
del anestésico (prueba de aducción horizontal forzada, prueba del arco doloroso).
Tendón largo del bíceps
La rotura del tendón largo del bíceps se caracteriza por la aparición de unos 
engrosamientos en el vientre muscular, que suelen tener una localización distal 
en el trayecto del músculo. El estrecho espacio anatómico que tiene la porción 
intraarticular del tendón hasta llegar al fórnix humeral hace que se vea afectado 
por los trastornos degenerativos del espacio subacromial. La rotura del manguito 
de los rotadores se asocia con frecuencia a una rotura del tendón largo del bíceps.
La inflamación aislada del tendón largo del bíceps (tenosinovitis bicipital) es 
poco frecuente. En los pacientes jóvenes puede aparecer por la realización de 
deportes, como el tenis, que exigen saques o lanzamientos con el brazo. Mien­
tras que la subluxación del tendón largo del bíceps en la corredera bicipital suele 
ser difícil de diagnosticar, existe una serie de pruebas específicas que permiten 
diagnosticar las lesiones del mismo. En este caso no es típica la aparición de un 
vientre muscular engrosado en la parte distal, sino una contracción incompleta 
y/o un «tendón en muelle».
Prueba inespecífica para el bíceps
▶Procedimiento. El paciente mantiene el brazo en abducción en una posición de 
rotación media con el codo flexionado en ángulo recto. El explorador fija con una 
mano el codo del paciente y coloca la palma de la otra mano sobre la parte distal 
del antebrazo. Se pide al paciente que haga una rotación externa del brazo contra 
la resistencia que ejerce el explorador sobre su antebrazo.
▶Valoración. La aparición de dolor en la corredera bicipital o en el vientre mus­
cular indica una enfermedad del tendón.
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Articulación del hombro
111
La aparición de dolor en la cara ventrolateral de la articulación del hombro 
sugiere una enfermedad del manguito de los rotadores, especialmente del tendón 
del músculo infraespinoso.
Prueba de Abott-Saunders
Demostración de la subluxación del tendón largo del bíceps en la corredera bi­
cipital.
▶Procedimiento. Se baja lentamente el brazo en 120° de abducción y rotación 
externa, al tiempo que se aumenta la rotación interna. El explorador acompaña con 
una mano el movimiento del brazo y mantiene la otra colocada sobre el hombro 
y palpa con los dedos índice y medio la corredera bicipital.
▶Valoración. La aparición de dolor en la región de la corredera bicipital o de un 
chasquido palpable o audible indica una lesión del tendón bicipital (signo de su­
bluxación). El chasquido también se puede deber a una inflamación de las bolsas 
sinoviales (bolsa subcoracoidea, subescapular o subacromial).
Fig. 2.39 Prueba inespecífica 
para el bíceps.
Fig. 2.40 Prueba de Abott-Saunders.
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Articulación del hombro
112
Prueba de Speed/palm-up▶Procedimiento. El paciente trata de mantener o abducir más el brazo extendido 
en 90° de abducción y 30° de flexión horizontal con la palma hacia arriba contra 
la resistencia que ejerce desde craneal a caudal el explorador sobre el antebrazo 
en supino.
▶Valoración. Una potencia de abducción distinta entre los dos lados con dolor 
en la región de la corredera bicipital indica una enfermedad del tendón largo del 
bíceps (tenosinovitis, fenómeno de subluxación).
Prueba del chasquido
Valoración de la subluxación del tendón largo del bíceps.
▶Procedimiento. Se palpa la corredera bicipital con los dedos índice y medio de 
una mano, al tiempo que se fuerza la abducción de la mano a 80­90°, con el codo 
flexionado en ángulo recto y en esta posición se realiza un movimiento de rotación 
pasiva alternante de la articulación del hombro.
▶Valoración. Cuando existe una subluxación del tendón largo del bíceps en la 
corredera bicipital se podrá palpar un chasquido causado por el tendón.
Fig. 2.41 Prueba de las palmas hacia arriba.
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Articulación del hombro
113
Prueba de Yergason
Valoración de la función del tendón largo del bíceps.
▶Procedimiento. El paciente coloca el brazo en posición anatómica y flexiona el 
codo a 90°. El explorador estabiliza el codo con una mano y con la otra coge el ante­
brazo del paciente como si fuera a saludarle. El paciente deberá supinar el antebrazo 
contra la resistencia ejercida por la mano del explorador. De este modo se produce 
una tensión aislada sobre el tendón largo del bíceps.
▶Valoración. La aparición de dolor en la corredera bicipital indica una lesión del 
tendón largo del bíceps, de la vaina sinovial o de la inserción ligamentosa a través 
del ligamento transverso. Este dolor típico puede agravarse si se presiona sobre el 
tendón en la corredera bicipital.
Fig. 2.42 a y b 
Prueba del 
chasquido.
a Rotación 
externa.
b Rotación 
interna.
Fig. 2.43 Prueba de Yergason.
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Articulación del hombro
114
Signo de Hueter
▶Procedimiento. El paciente permanece sentado con el codo extendido y el ante­
brazo supinado. El explorador coge con su mano la cara extensora del antebrazo del 
paciente y pide a éste que flexione la articulación del codo contra su resistencia.
▶Valoración. Cuando existe una rotura del tendón largo del bíceps, se podrá 
reconocer la «bola» que forma el vientre muscular desplazado en sentido distal 
cuando se contrae la musculatura del brazo en la región proximal al codo.
Prueba del ligamento transverso del húmero
▶Procedimiento. Paciente en sedestación. Se abduce el brazo a 90° en rotación 
interna y con el codo extendido. Desde esta posición se realiza una rotación externa 
del brazo al tiempo que se palpa la corredera bicipital para valorar si el tendón del 
bíceps salta o muestra un chasquido.
▶Valoración. Cuando existe una insuficiencia de los ligamentos, este movimiento 
provoca una luxación espontánea del tendón de la corredera bicipital. La aparición 
de dolor sin luxación sugiere una tendinitis del tendón bicipital.
Fig. 2.44 Signo de Hueter.
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Articulación del hombro
115
Signo de Ludington
▶Procedimiento. El paciente permanece en sedestación o bipedestación. Se le pide 
que cruce las dos manos por detrás de la cabeza. En esta posición los dos brazos 
quedan relajados. Se pide al paciente que contraiga y relaje de forma alternante el 
músculo bíceps. Al mismo tiempo el explorador palpa el tendón largo del bíceps.
▶Valoración. Cuando, al comparar los dos lados, el explorador palpa una zona de 
dolor o un «salto» en el tendón, se deberá sospechar una inestabilidad del mismo, 
una tendinitis o un defecto del ligamento transverso.
Fig. 2.45 a y b Prueba del ligamento transverso del húmero.
a Posición de partida.
b Palpación del tendón del bíceps en rotación interna.
Fig. 2.46 Signo de Ludington.
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Articulación del hombro
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Prueba de Lippman
▶Procedimiento. Paciente en sedestación o bipedestación. El explorador coge el 
brazo del paciente y lo flexiona hasta 90°. En esta posición, el explorador palpa 
el tendón del bíceps a la altura de la corredera bicipital y lo sigue hasta 9 cm distal 
a la articulación glenohumeral y trata de movilizarlo.
▶Valoración. La prueba se considera positiva cuando aparece dolor durante la 
exploración en el trayecto del tendón.
Lesión anteroposterior del rodete superior (APRS)
El rodete es un anillo de cartílago fibroso que aumenta la superficie articular y 
hace más profundo el acetábulo, igual que el menisco. La porción intraarticular 
del tendón largo del bíceps se localiza en estrecha relación con el rodete glenoideo 
superior. Se puede producir una lesión APRS tras un golpe sobre el brazo estirado, 
ligeramente flexionado y abducido, tras un traumatismo en rotación externa y 
abducción y tras microtraumatismos (movimientos de lanzamiento repetidos).
Se suele asociar a otras lesiones acompañantes (roturas del manguito de los 
rotadores, lesión de Bankart):
La clasificación de las lesiones APRS según Snyder comprende 4 tipos:
j	 Tipo I: cambios degenerativos de la región del rodete anterior sin afectación de 
la inserción del bíceps ni del rodete (11%).
j	 Tipo II: rotura de la inserción del tendón del bíceps en la tuberosidad supra­
glenoidea (41%).
j	 Tipo III: rotura del asta del rodete superior sin afectación de la inserción del 
tendón del bíceps (33%).
j	 Tipo IV: rotura del asta del rodete superior con afectación de la inserción del 
tendón del bíceps (15%).
Fig. 2.47 Prueba de Lipmann.
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Prueba de compresión activa de O’Brien
Valoración de una lesión APRS.
▶Procedimiento. El paciente en bipedestación extiende el codo y realiza con el 
brazo una flexión de 90°, una aducción de 10° y una rotación interna máxima (los 
pulgares hacia abajo).
El explorador trata de empujar hacia abajo el brazo del paciente contra resis­
tencia (la misma prueba se puede realizar en rotación externa máxima).
▶Valoración. La prueba es positiva cuando aparece dolor durante la primera 
parte de su realización, que con la supinación (rotación externa máxima) mejora 
o desaparece. Es importante la localización del dolor porque la prueba de O’Brien 
también puede ser positiva en las enfermedades de la articulación AC. Si el paciente 
refiere dolor en la superficie interna del hombro, se deberá sospechar una lesión 
APRS. Por el contrario, el dolor localizado en la superficie de la articulación AC 
sugiere una artrosis de dicha articulación.
Fig. 2.48 a y b Prueba de compresión activa de O’Brien.
a Codo extendido, brazo con 10° de aducción, 90° de flexión y rotación interna máxima.
b Con el codo extendido y 90° de flexión se realiza una rotación externa máxima del brazo 
en 10° de aducción.
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Articulación del hombro
118
Prueba de flexión
▶Procedimiento/valoración. La retroflexión pasiva del hombro, la extensión del 
codo y la pronación del antebrazo o el intento por parte del paciente de supinar de 
forma activa el antebrazo, flexionar el codo o anteflexionar el hombro desde esta 
posición provocan dolor en la región del margen anterior del músculo deltoides 
en el trayecto del tendón del bíceps.
Prueba de carga sobre el bíceps I
Valoración de una lesión del rodete superior en pacientes con inestabilidad anterior 
del hombro, unida a unalesión de Bankart.
▶Procedimiento. El paciente se coloca en decúbito supino con el brazo abducido 
90°. La articulación del codo se flexiona 90° y el brazo se coloca en posición de 
rotación media. A partir de esta posición se realiza una maniobra de aprensión 
anterior con el antebrazo supinado (rotación externa del brazo).
Si aparece dolor en la parte anterior del hombro y una sensación de ines­
tabilidad, se detiene la rotación externa y se pide al paciente que flexione aún 
más el codo contra la resistencia ejercida por la mano del explorador y que trate 
de tocarse la cara con la mano.
Durante esta maniobra se pregunta al paciente si siente que mejora la ines­
tabilidad, si ésta se mantiene igual o si empeora.
▶Valoración. Si el dolor y la sensación de inestabilidad mejoran, no existe ninguna 
lesión APRS, algo que sí sucede cuando el dolor no cambia o empeora. El explorador 
debe vigilar que el antebrazo permanezca supinado durante la realización de la 
prueba y que él se encuentra situado a la altura del paciente, incluso llegando a 
sentarse durante la misma.
Fig. 2.49 Prueba de flexión.
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Prueba de carga sobre el bíceps II
Valoración de una lesión superior aislada del rodete sin inestabilidad del hombro.
▶Procedimiento. El paciente permanece en decúbito supino. Se flexiona el brazo 
120° y se realiza una rotación externa máxima con 90° de flexión del codo y el 
antebrazo supinado. Se pide al paciente que aumente la flexión del codo contra la 
resistencia del explorador y que trate de tocarse la cabeza con la mano.
▶Valoración. La aparición de dolor en la parte profunda de la articulación o en la 
línea articular debe hacer sospechar una lesión APRS.
Fig. 2.50 Prueba de carga sobre 
el bíceps I.
Fig. 2.51 Prueba de carga sobre 
el bíceps II.
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Articulación del hombro
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Prueba de resistencia a la flexión en supino de Habermeyer
Valoración de una patología en la región del complejo rodete superior­tendón del 
bíceps.
▶Procedimiento. El paciente permanece en decúbito supino y coloca los brazos en 
máxima extensión por encima de la cabeza, con las palmas orientadas hacia arriba. 
Se le pide que eleve los brazos contra la resistencia del explorador, alejándolos de 
la camilla de exploración. Durante la prueba el explorador permanece de pie al 
lado del paciente en el lado del hombro explorado y mantiene el brazo del paciente 
por debajo del codo.
▶Valoración. Cuando el paciente refiere dolor con la contracción (movimiento 
de flexión/lanzamiento) en la parte profunda de la articulación del hombro o a lo 
largo de la línea articular, se debe sospechar una lesión APRS.
Fig. 2.52 Prueba de resistencia a la flexión en supino 
de Habermeyer.
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Articulación del hombro
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Inestabilidad del hombro
La cápsula de la articulación del hombro puede estar distendida y provocar una 
inestabilidad del mismo. Con frecuencia se trata de una laxitud congénita de todos 
los ligamentos (hiperlaxitud) con una inestabilidad multidireccional simétrica 
aumentada. El hombro inestable también puede ser el origen de dolores de larga 
evolución en dicha región.
La subluxación es un cuadro que el propio paciente suele describir de forma 
bastante imprecisa y que suele plantear grandes dificultades diagnósticas.
Según Neer, en la anamnesis de los pacientes con inestabilidad se debe buscar el 
período de mayor carga sobre el hombro (deportistas profesionales), episodios con 
pequeños traumatismos repetidos (trabajos que exigen mantener los brazos por en­
cima de la cabeza) o la existencia de una laxitud generalizada de los ligamentos. Los 
atletas jóvenes se afectan igual que los varones y mujeres no deportistas. El límite 
entre una subluxación y una luxación de hombro no está claro. No existe ningún 
punto a partir del cual se pueda dejar de hablar de subluxación para considerar el 
cuadro una luxación establecida. Se deben distinguir los pacientes que tienen una 
inestabilidad voluntaria.
El diagnóstico diferencial se establece con el síndrome de pinzamiento, la rotura 
del manguito de los rotadores, la artrosis acromioclavicular y el síndrome de la 
columna cervical. En casos dudosos se puede infiltrar un anestésico local en el 
lugar de máxima intensidad del dolor.
Se debe sospechar una laxitud de los ligamentos generalizada cuando las demás 
articulaciones muestran una movilidad exagerada, sobre todo en pacientes con 
capacidad de hiperextender el codo o realizar una retroflexión de la articulación 
del pulgar con el antebrazo extendido.
Será más sencillo establecer un diagnóstico con la ayuda de distintas pruebas 
específicas.
En los pacientes con sospecha de inestabilidad del hombro es decisivo ex­
plorar el arco de movilidad. La rotación debe alcanzar 90° tanto en aducción 
como en abducción. En los pacientes con una inestabilidad anterior, uno de los 
primeros signos de la misma es una limitación de la rotación externa que aparece 
en abducción y aducción. Normalmente no se afecta la flexión ni la abducción en 
la región escapular.
La prueba del cajón anterior y posterior permite valorar el grado de inestabilidad 
(desplazamiento). La clasificación del desplazamiento según Hawkins comprende 
cuatro grados (fig. 2.53):
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Articulación del hombro
122
Clasificación de la inestabilidad del hombro según Hawkins (1977):
j	 Grado 0: ausencia de desplazamiento de la cabeza.
j	 Grado I: desplazamiento de la cabeza hacia la cavidad glenoidea.
j	 Grado II: desplazamiento de la cabeza por fuera de la cavidad glenoidea, pero 
recolocación espontánea.
j	 Grado III: desplazamiento con luxación completa que no se recoloca de forma 
espontánea.
j	 En todas las pruebas de laxitud se deben hacer dos preguntas importantes al 
paciente:
1. ¿Nota usted el aumento del desplazamiento?
2. ¿Lo percibe en su vida diaria (durante el trabajo, los deportes)?
La clasificación de Gerber es mejor para la práctica clínica diaria. En este caso se reco­
nocen seis formas de inestabilidad del hombro. Una ampliación de esta clasificación 
Fig. 2.53 Clasificación 
de Hawkins.
Tipo Descripción
I Luxación crónica
II Inestabilidad unidireccional sin hiperlaxitud
III Inestabilidad unidireccional con hiperlaxitud multidireccional
IV Inestabilidad multidireccional con hiperlaxitud
V Inestabilidad multidireccional con hiperlaxitud multidireccional
VI Luxación voluntaria unidireccional o multidireccional
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Articulación del hombro
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desarrollada por Gerber y Nyfeller distingue además entre las formas estáticas (clase A) 
y dinámicas (clase B) de inestabilidad, además de las luxaciones voluntarias.
La exploración debe ser bilateral para determinar si el paciente tiene una ines­
tabilidad con síntomas clínicos o sólo una hiperlaxitud fisiológica individual que 
no tiene repercusión clínica.
Prueba de compresión
▶Procedimiento/valoración. La elevación pasiva del brazo hasta su máxima posi­
ción y la presión sobre el mismo en sentido dorsal provoca dolor entre el acromion 
y la cabeza del húmero por compresión del tendón del bíceps.
En pacientes con sospecha de inestabilidad del hombro es importante explorar 
el arco de movilidad. La rotación debería alcanzar 90° tanto en abducción como 
en aducción. Los pacientes con una inestabilidad anterior suelen tener como uno 
de los primeros indiciosde inestabilidad una limitación de la rotación externa en 
abducción y aducción. La flexión y la abducción de la región escapular no suelen 
verse alteradas.
Fig. 2.54 Prueba de compresión.
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Articulación del hombro
124
Prueba de aprensión anterior (prueba de Crank)
Prueba para valorar la estabilidad del hombro.
▶Procedimiento. Esta exploración comienza con el paciente en sedestación. El 
explorador palpa con una mano la cabeza del húmero del paciente a través de los 
tejidos blandos, al tiempo que con la otra le mueve el brazo. Se lleva a cabo una 
abducción pasiva del hombro con el codo flexionado y en ese momento se realiza 
una rotación externa máxima, tras la cual se mantiene el brazo en posición de 
partida. Para valorar el ligamento glenohumeral superior, medial e inferior se rea­
liza esta misma prueba con 60°, 90° y 120° de abducción. A continuación, la mano 
que sujeta la cabeza del húmero la empuja en dirección anteroinferior.
Esta prueba se puede realizar también en decúbito con un mejor grado de 
relajación muscular. La articulación del hombro se apoya en el borde de la camilla 
de exploración, que sirve como punto de apoyo. En esta posición se pueden valorar 
los signos de aprensión en distintos grados de rotación externa y abducción. El 
hombro sano sirve como control para comparar.
▶Valoración. La aparición de dolor en la cara anterior del hombro con contracción 
refleja de los músculos indica un síndrome de inestabilidad anterior. El paciente 
tiene aprensión (temor) a que el hombro se luxe. Tratará de evitar el movimiento 
que realiza el explorador porque le produce dolor.
Sin embargo, incluso en ausencia de dolor, la contracción aislada de los mús­
culos de la región anterior del hombro (músculo pectoral) sugiere un síndrome 
de inestabilidad.
En el paciente en decúbito resulta generalmente más sencillo especificar la 
prueba de aprensión. En la posición de aprensión se presiona sobre la cabeza del 
húmero en dirección dorsal y esto produce un alivio rápido del dolor con temor 
a una luxación (la cabeza se recoloca y la rotación externa aumenta; prueba de 
recolocación de Jobe).
En la siguiente fase de la prueba de aprensión, cuando se deja de ejercer presión 
en sentido posterior, se produce un aumento súbito del dolor con fenómeno de 
aprensión (prueba de liberación).
▶Observación. Cuando, al realizar la prueba de aprensión anterior, el paciente 
refiere un dolor de aparición súbita con debilidad simultánea o posterior en la 
extremidad afectada, se habla del «signo del brazo muerto». Este fenómeno se 
explica por la presión de corta duración de la cabeza del húmero subluxada sobre 
el plexo.
Es importante recordar que con una abducción de 45° se pueden explorar los 
ligamentos glenohumeral medial y subescapular. Cuando la abducción es de 90° 
desaparece la función estabilizadora del músculo subescapular, de forma que se 
valora sobre todo el ligamento glenohumeral inferior.
Esta prueba se debe realizar lentamente y con cuidado para evitar el riesgo de 
luxación del hombro secundario a la misma.
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Fig. 2.55 a-d Prueba de aprensión anterior.
a Posición de partida.
b Posición de prueba.
c En decúbito, con presión sobre la cabeza del húmero en sentido dorsal (alivio del dolor), 
prueba de recolocación.
d Tras dejar de ejercer presión en sentido dorsal (aumento del dolor), prueba 
de la liberación.
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Articulación del hombro
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Prueba del fulcro
▶Procedimiento. Paciente en decúbito. El brazo se encuentra en abducción y 
rotación externa, con el codo flexionado. El explorador ejerce presión desde detrás 
sobre la cabeza del húmero tratando de desplazarla hacia anterior.
Se debe explorar la estabilidad con 60°, 90° y 120° de abducción.
▶Valoración. El paciente que tiene inestabilidad anterior espera sentir dolor, 
más cuanto más anterior se desplaza la cabeza del húmero hasta poder sufrir una 
luxación por fuera del rodete. Por eso reacciona con un movimiento de huida.
Prueba del lanzador
▶Procedimiento/valoración. En la prueba del lanzador, el paciente realiza un 
movimiento activo hacia atrás como si fuera a lanzar un objeto contra la resis­
tencia del explorador. Durante este movimiento se puede poner de manifiesto 
una subluxación ventral.
Fig. 2.56 Prueba del fulcro.
Fig. 2.57 Prueba del lanzador.
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Prueba de Leffert
▶Procedimiento/valoración. La prueba de Leffert permite medir el cajón de forma 
cuantitativa. El explorador mira al paciente sentado desde craneal y observa 
la ventralización de la cabeza del húmero. Se puede medir el desplazamiento de la 
cabeza del húmero midiendo la ventralización del dedo índice en comparación 
con el medio.
Prueba de carga y desviación (prueba del cajón)
▶Procedimiento. Paciente en sedestación. El explorador permanece de pie de­
trás de él. Para explorar el hombro derecho, el explorador lo sujeta con la mano 
izquierda para estabilizar la clavícula y la parte superior del reborde escapular, 
mientras con la mano derecha mueve el hombro y la cabeza del húmero en sentido 
ventral y dorsal.
▶Valoración. La existencia de una diferencia importante en la movilidad en sentido 
dorsal o ventral de la cabeza del húmero sugiere una inestabilidad, independien­
temente de la aparición de dolor.
Fig. 2.58 a y b Prueba 
de Leffert.
a Posición de partida
b Ventralización del dedo índice.
Fig. 2.59 Prueba de carga y desviación.
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Articulación del hombro
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Prueba de aprensión posterior (prueba de carga y desviación 
posterior)
▶Procedimiento. El explorador coloca una mano por debajo de la escápula y con 
la otra sujeta el brazo a nivel del codo. El explorador trata de producir una su­
bluxación de la cabeza del húmero en sentido dorsal aplicando presión en sentido 
axial y dorsal a nivel del antebrazo con el brazo abducido, en flexión horizontal y 
rotación interna.
▶Valoración. Cuando existe una laxitud de la cápsula o los ligamentos, se produce 
una subluxación dorsal de la cabeza del húmero con aparición de dolor.
Para poder mantener la presión axial sobre la cabeza del húmero, se abduce 
todavía más el brazo y se dirige hacia atrás. Esta maniobra permite recolocar la 
cabeza del húmero que se había subluxado (luxado) previamente con un chas­
quido fácil de palpar y escuchar (cuidado: ¡con esta prueba existe riesgo de luxar 
la articulación!).
Fig. 2.60 a y b: Prueba de aprensión posterior.
a Maniobra de luxación.
b Maniobra de recolocación.
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Prueba del cajón anterior de Gerber-Ganz
▶Procedimiento. El paciente se coloca en decúbito de forma que el hombro que 
se desea explorar quede lo máximo posible por encima del borde de la camilla. Se 
debe mantener la articulación del hombro afectada en 80­120° de abducción, 
0­20° de flexión y 0­30° de rotación externa sin que aparezca dolor. Para explorar 
el hombro izquierdo, el explorador fija con la mano izquierda la escápula (coloca 
los dedos índice y medio sobre la espina de la escápula y el pulgar sobre la apófisis 
coracoides) y con la mano derecha coge la parte proximal del brazo y tira de ella 
en sentido ventral, igual que se hace en la prueba de Lachman para valorar la ines­
tabilidad anterior de la rodilla.
▶Valoración. El movimiento relativoentre la escápula fija y el húmero ventralizado 
es una medida de la inestabilidad anterior y se puede clasificar en grados.
La aparición de un chasquido audible asociado o no a dolor indica un defecto 
del rodete anterior.
Fig. 2.61 a y b Prueba del cajón anterior de Gerber-Ganz.
a Posición de partida.
b Maniobra de luxación.
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Articulación del hombro
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Prueba del cajón posterior de Gerber-Ganz
▶Procedimiento. La exploración se realiza con el paciente en decúbito. El ex­
plorador sujeta con una mano el brazo en 90° de flexión (anteversión) y 20­30° 
de extensión horizontal, al tiempo que con la otra moviliza la cabeza del húmero 
(pulgar, parte ventral de la cabeza del húmero; dedo medio, espina de la escápula 
y porción dorsal de la cabeza o, en ocasiones, espina de la escápula y apófisis 
glenoidea posterior).
Con el pulgar se ejerce presión sobre la parte ventral de la cabeza del húmero al 
tiempo que se realiza una flexión horizontal y compresión del brazo hacia dorsal 
en dirección axial con una ligera rotación interna del mismo.
▶Valoración. Cuando existe una laxitud de la cápsula/ligamentos se produce un 
cajón posterior (subluxación/luxación de la cabeza del húmero). (Mediante una 
extensión horizontal con ligera rotación externa del brazo y una presión adicional 
con los dedos sobre la parte posterior de la cabeza del húmero ejercida desde dorsal 
a ventral es posible recolocar la cabeza del húmero. Es preciso distinguir el chas­
quido que aparece durante la recolocación del chasquido asociado a la subluxación 
ventral.) Es importante valorar el movimiento relativo de la cabeza del húmero 
respecto al acetábulo; para ello, el índice se coloca dorsal a la apófisis glenoidea y 
con el pulgar se empuja la cabeza del húmero de ventral hacia dorsal.
Fig. 2.62 a y b Prueba del cajón posterior de Gerber-Ganz.
a Posición de partida.
b Maniobra de luxación.
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Esta exploración también se puede realizar con el paciente en sedestación. Con 
los brazos del paciente en posición anatómica relajada, con una ligera flexión hacia 
delante, el explorador coloca los pulgares sobre la espina de la escápula o la parte 
posterior de la apófisis glenoidea y coge con el dedo medio la cabeza del húmero 
desde la parte ventral. Mediante un movimiento de presión­relajación de la mano 
a nivel del dedo medio se puede conseguir que la cabeza se luxe en sentido dorsal 
cuando exista una laxitud de la cápsula/ligamentos.
En los pacientes con una inestabilidad dorsal existe una luxación de la cabeza 
del húmero que afecta hasta al 50% de su diámetro en dirección dorsal.
Prueba de la sacudida
▶Procedimiento. Paciente en sedestación o bipedestación. Se realiza una abduc­
ción de 90° de la articulación del hombro del brazo afectado y se flexiona el codo 
90°. Con la otra mano se estabiliza la cintura escapular desde atrás. A partir de esta 
posición, el explorador trata de provocar un cajón posterior o subluxación mediante 
la progresiva rotación interna y aducción al tiempo que se ejerce presión axial.
▶Valoración. Cuando existe una inestabilidad posterior, al ejercer una presión en 
sentido posterior a lo largo del eje mayor del húmero, al tiempo que se aumenta 
lentamente la aducción, se acaba provocando una subluxación posterior de la 
articulación glenohumeral. Una abducción horizontal de 20­30° en el mismo 
plano horizontal consigue recolocar la cabeza del húmero en el acetábulo con un 
chasquido perceptible («sacudida»).
Fig. 2.63 Prueba 
de la sacudida.
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Articulación del hombro
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Prueba de Fukuda
▶Procedimiento/valoración. En la prueba de Fukuda se provoca un cajón pos­
terior de forma pasiva. El paciente permanece sentado y el explorador coge con 
los pulgares las dos espinas de las escápulas. El dedo medio se coloca ventral a la 
cabeza del húmero y consigue provocar un cajón posterior mediante una presión 
dorsal. Esta prueba se debe realizar si es posible comparando de forma simultánea 
los dos hombros.
Signo de la corredera, cajón inferior
Prueba de inestabilidad multidireccional.
▶Procedimiento. La exploración se puede realizar con el paciente en sedestación 
o bipedestación. Con una mano se estabiliza el hombro no afectado, mientras 
con la otra se tira del brazo relajado en sentido distal, si es posible desde el codo 
manteniendo una ligera flexión del mismo.
▶Valoración. Una inestabilidad con hundimiento de la cabeza del húmero permite 
observar por debajo del acromion una depresión claramente visible (signo de la 
corredera).
La clasificación clínica de los grados del signo de la corredera se realiza en 
milímetros. Existe una amplia variabilidad en el grado de inestabilidad inferior 
(individual/fisiológica). La aparición de un grado mayor del signo de la corredera 
(grados II/III) sugiere una inestabilidad multidireccional. Para estimar el grado 
del signo de la corredera se debe medir la distancia desde el margen inferior del 
acromion al margen superior de la cabeza del húmero. Un grado II/III se corres­
ponde con 2­3 cm.
Fig. 2.64 Prueba de Fukuda.
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Articulación del hombro
133
La prueba también se puede realizar de forma que el explorador mantenga el 
brazo en abducción de 90° y, desde esta posición, provoque una subluxación en 
sentido distal de la cabeza del húmero ejerciendo presión desde arriba sobre el 
tercio proximal del brazo cuando existe una inestabilidad inferior. En este caso 
puede llegar a aparecer un verdadero «escalón» por debajo del acromion.
Además de valorar el signo de la corredera en posición neutra, se recomienda 
realizar esta prueba también en rotación externa e interna del brazo. Cuando 
aumenta el desplazamiento inferior en rotación externa se debe sospechar una 
elongación de los rotadores. Si el signo de la corredera es positivo en rotación 
interna del brazo, se deberá sospechar una laxitud de las estructuras posteriores 
de la cápsula articular.
Fig. 2.65 a y b Signo de la corredera.
a Posición de partida.
b Signo de la corredera por distracción del brazo en sentido distal.
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Articulación del hombro
134
Prueba de hiperabducción de Gagey (prueba de Gagey)
Hiperlaxitud de la cápsula inferior.
▶Procedimiento. El explorador permanece de pie detrás del paciente, que está 
sentado. Con una mano estabiliza la escápula del paciente y con la otra realiza una 
abducción pasiva de la articulación glenohumeral en el plano escapular.
▶Valoración. Cuando la articulación glenohumeral del brazo se puede abducir más 
de 105° en comparación con 90° en el lado contralateral, se deberá considerar una 
hiperlaxitud sobre todo del ligamento glenohumeral inferior.
Fig. 2.66 a y b Prueba 
de hiperabducción de Gagey. 
Aumento de la abducción pasiva 
en presencia de hiperlaxitud (b).
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Articulación del hombro
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Prueba de Rowe
▶Procedimiento. El paciente en bipedestación se inclina ligeramente hacia delante 
con los brazos relajados. Durante la exploración del hombro derecho, el explorador 
sujeta el hombro con la mano izquierda y con la mano derecha mueve el brazo 
del paciente en dirección anteroinferior y tira suavemente del mismo en sentido 
distal de forma simultánea.
▶Valoración. En esta posición, el explorador puede conseguir un suave desplaza­
miento anteroinferior y valorar la estabilidaddel hombro.
Para valorar la inestabilidad anterior, el explorador presiona con los pulgares 
en sentido ventral sobre la cabeza del hombro mientras realiza una extensión 
del brazo de 20­30°. Para valorar la luxación posterior de la cabeza del húmero, 
el paciente ejerce presión en sentido dorsal con los dedos índice y medio sobre el 
brazo en 20­30° de flexión.
Para valorar una inestabilidad inferior, el explorador tira con fuerza (movimien­
to de tracción) en sentido distal (signo de la corredera).
Fig. 2.67 Prueba de Rowe.
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© 2014. Elsevier España, S.L. Reservados todos los derechos136
3 Articulación del codo
El dolor en la articulación del codo se puede deber a diversas causas. El diagnós-
tico se puede establecer mediante una exploración clínica exacta, acompañada 
de una serie de pruebas funcionales. Especial importancia tiene la visualización 
del eje del brazo en extensión. En adultos el eje que se forma entre el húmero y el 
cúbito tiene una ligera posición en valgo (en mujeres 10-15° y en varones 5-10°). 
Cuando el ángulo supera los 15°, se dice que existe un cúbito valgo, y cuando es 
inferior a 5°, se habla de cúbito varo (fig. 3.1). En presencia de derrame articular, 
hiperplasia sinovial o artrosis se observa una ligera contractura en flexión. La hiper-
plasia sinovial, el derrame articular y la bursitis olecraniana se pueden reconocer 
y palpar principalmente en la apófisis olecraniana.
La artrosis produce unos ruidos por rozamiento palpable y audible. La presencia 
de cuerpos libres intraarticulares hace que el paciente refiera una sensación de 
bloqueo articular.
La estabilidad del codo la garantizan los ligamentos laterales externo e interno. 
Es fácil detectar la inestabilidad con las correspondientes técnicas de exploración. 
Fig. 3.1 Cúbito varo/valgo.
a Posición fisiológica en valgo (en mujeres corresponde a 10-15° y en varones, a 5-10°).
b Cúbito valgo extremo.
c Cúbito varo.
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Articulación del codo
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La tumefacción, las contracturas y las limitaciones dolorosas de la movilidad 
pueden asociarse a distintas causas. Entre las enfermedades frecuentes destacan 
la osteocondrosis, la inflamación (artritis reumatoide, gota), la condrocalcinosis, 
los tumores, las tendinitis y la artrosis; también el denominado síndrome del des-
filadero (o síndrome del surco cubital) puede originarse en la articulación del codo 
(estrechamiento por la presencia de osteofitos del surco del nervio cubital). Las 
lesiones del ligamento lateral interno en adultos (antebrazo; v. prueba de estrés en 
valgo) se corresponden con las lesiones de las apófisis en los jóvenes. En ocasiones el 
síndrome de la columna cervical puede cursar con un dolor irradiado hacia el codo.
Una de las molestias más frecuentes en la región del codo es la epicondilitis 
humeral (codo de tenista). Este codo de tenista se puede relacionar con muchas 
otras causas de sobrecarga, que producen una activación repetida de los músculos 
extensores de la mano. Las molestias localizadas en la epitróclea, incluidas en un 
cuadro denominado epitrocleítis humeral (codo del lanzador o del golfista), son 
menos frecuentes.
Además del dolor a la presión local se describen dolores locales mal definidos 
cuando se activan de forma pasiva los músculos extensores de la mano (codo de 
tenista) o los flexores (codo de golfista); también es un signo típico la aparición 
de dolor con la tensión muscular. En algunos casos los dolores de localización la-
teral se relacionan con la enfermedad de Panner (necrosis del cóndilo del húmero) 
o con una artrosis de la articulación humerorradial o una compresión del nervio 
interóseo posterior.
Algunas pruebas especiales ayudan a distinguir si las molestias del paciente se 
deben a una epicondilopatía o a otros procesos patológicos.
Amplitud de movimiento de la articulación 
del codo (método neutro 0)
Fig. 3.2 a y b 
a Flexión/extensión.
b Pronación/supinación del antebrazo.
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Articulación del codo
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Fig. 3.3 Dolores de la articulación del codo. Lesiones nerviosas.
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Articulación del codo
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Pruebas funcionales
Existe una serie de pruebas funcionales que orientan sobre la presencia de de-
terminadas lesiones en la región del codo. Las más orientativas se deben realizar 
de forma secuencial. Según las estructuras anatómicas que valoran se pueden 
clasificar en cuatro grupos:
1. Pruebas de orientación.
2. Pruebas de estabilidad.
3. Pruebas para la epicondilitis.
4. Pruebas para el síndrome del desfiladero.
Pruebas de orientación
Prueba de hiperflexión
Demostración de una enfermedad de la articulación del codo.
▶Procedimiento. Paciente en sedestación. El explorador coge la mano del paciente 
a nivel de la articulación y realiza una flexión máxima del codo. Durante esta 
maniobra se debe vigilar cualquier limitación de la movilidad y la localización 
del dolor.
▶Valoración. Un aumento o limitación de la movilidad articular junto con la apari-
ción de dolor indica una lesión articular, una contractura muscular, una tendinitis 
o una distensión ligamentosa. El máximo volumen de la cápsula se observa con 
70° de flexión. El edema (tumefacción) se reconoce principalmente en el fondo de 
saco lateral entre el olécranon y la cabeza del radio.
Prueba de estrés en supinación
Definición de las enfermedades del codo.
▶Procedimiento. Paciente en sedestación. El explorador sujeta con una mano el 
antebrazo del paciente y con la otra sostiene el codo desde la parte medial. Desde 
esta posición realiza un movimiento abrupto y potente de supinación.
▶Valoración. Con esta prueba se puede valorar la integridad de la articulación 
del codo, tanto a nivel ligamentoso como a nivel óseo. La aparición de dolor o la 
limitación de la movilidad indican una disfunción de la articulación, que debería 
ser explorada con mayor detalle.
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Pruebas de estabilidad
Prueba de estrés en varo
Demostración de la inestabilidad de los ligamentos.
▶Procedimiento. Paciente en sedestación. Se flexiona ligeramente el codo. Con 
una mano el explorador estabiliza el antebrazo desde la parte medial y con la 
otra realiza una aducción del antebrazo (estrés en varo) contra el brazo a nivel 
del codo.
▶Valoración. Esta prueba permite valorar la estabilidad de los ligamentos laterales 
externos de la articulación del codo. Se debe vigilar la aparición de dolor y también 
medir el movimiento fuera de la normalidad en comparación con el otro lado 
(v. prueba del pivote-desplazamiento lateral).
Fig. 3.4 Prueba de hiperflexión. Fig. 3.5 Prueba de estrés en supinación.
Fig. 3.6 Prueba de estrés en varo.
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Articulación del codo
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Prueba de estrés en valgo
Demostración de la inestabilidad de los ligamentos.
▶Procedimiento. Paciente en sedestación. Se flexiona ligeramente la articulación 
del codo. El explorador estabiliza con una mano el antebrazo desde lateral y con la 
otra realiza una abducción del antebrazo (estrés en valgo) contra el brazo a nivel 
del codo.
▶Valoración. Esta prueba permite valorar la estabilidad de los ligamentos laterales 
internos del codo. Se debe vigilar la aparición de dolor y también medir el movi-
miento fuera de la normalidad en comparación con el otro lado.
La inestabilidad envalgo puede ser postraumática (lesión del ligamento colateral 
interno, fractura de la cabeza del radio) o asociarse a una sobrecarga crónica del 
aparato cápsulo-ligamentoso medial (brazo del lanzador). Son frecuentes las 
lesiones del ligamento lateral interno en los lanzadores (jugadores de balonmano, 
lanzadores de jabalina, etc.). El movimiento orientado al lanzamiento provoca 
una carga en extensión y valgo. Esta sobrecarga puede ser origen de una artrosis 
y también de una neuritis del nervio cubital y una tendinosis de los músculos 
pronador redondo y palmar mayor.
Fig. 3.7 Prueba de estrés en valgo.
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Articulación del codo
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Prueba de estrés en valgo en movimiento
Valoración de la inestabilidad cápsulo-ligamentosa medial.
▶Procedimiento. El paciente está de pie y mantiene el hombro con una abducción 
de 90°. El explorador realiza una flexión máxima del codo con una presión en 
valgo moderada hasta que el hombro alcance la máxima rotación externa posible. 
Realizando una presión en valgo constante se extiende el codo de forma pasiva 
hasta unos 30°.
▶Valoración. Cuando esta maniobra desencadena la misma sintomatología dolo-
rosa medial que aparece durante la actividad corporal y el paciente manifiesta el 
máximo dolor en la denominada «zona dolorosa», situada entre 120° y 70° durante 
la extensión del codo, se debe sospechar con un alto grado de sensibilidad una 
inestabilidad cápsulo-ligamentosa medial.
Fig. 3.8 Prueba de estrés 
en valgo en movimiento: realizando 
una presión en valgo constante se lleva 
el brazo desde una flexión máxima 
hasta una extensión de unos 30°.
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Articulación del codo
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Prueba del pivote-desplazamiento lateral 
(prueba de aprensión posterolateral)
La inestabilidad en varo del codo puede aparecer de forma aguda por la rotura del 
ligamento lateral externo como consecuencia de una luxación del codo o por la 
inestabilidad asociada a una mala cicatrización de una lesión del ligamento lateral 
externo. En menos ocasiones, la inestabilidad se produce como consecuencia de la 
necesidad mantenida de apoyo para la marcha o de forma secundaria a una cirugía 
por una epicondilitis radial o por una fractura de la cabeza del radio. La ines-
tabilidad posterolateral aparece en las roturas del ligamento lateral externo. Dado 
que el brazo tiene una posición y una mayor carga en valgo por sus características 
anatómicas, la mayor parte de estas inestabilidades leves no tienen repercusión 
clínica. Por el contrario, las inestabilidades en valgo de poca importancia (v. prueba 
de estrés en valgo) tienen una repercusión clínica inmediata.
▶Procedimiento. El paciente se coloca en decúbito supino. El explorador se coloca 
a la cabecera del paciente y sujeta con una mano la articulación de la mano del 
paciente y con la otra el codo en ligera flexión. El antebrazo está supinado, lo que 
provoca un estrés en valgo leve. A partir de esta posición del brazo se realiza una 
flexión mayor del codo y se ejerce presión axial sobre la articulación del codo.
▶Valoración. Cuando existe una inestabilidad posterolateral, al alcanzar 20-30° 
de flexión se produce una subluxación posterolateral del codo con dolor y un 
movimiento de alejamiento por parte del paciente. Cuando se alcanza una flexión 
de 40-70° en el codo, la articulación se recoloca, lo que genera un «chasquido» 
audible y palpable.
Fig. 3.9 a y b Prueba del pivote-desplazamiento lateral.
a Maniobra de subluxación: flexión del codo hasta 20-30°.
b Maniobra de recolocación: se aumenta la flexión del codo hasta 40-70°.
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Articulación del codo
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Pruebas para la epicondilitis
Prueba de la silla
Demostración de una epicondilitis.
▶Procedimiento. Se pide al paciente que levante una silla colocando el brazo en 
extensión y el antebrazo en pronación.
▶Valoración. La aparición o aumento de las molestias en la región del epicóndilo 
con irradiación hacia los músculos extensores del antebrazo indica una epicondilitis.
Prueba de Bowden
Valoración del codo de tenista (epicondilitis).
▶Procedimiento. Se pide al paciente que comprima un manguito de presión 
arterial previamente insuflado hasta unos 4 kPa (30 mmHg) y, al alcanzar una 
presión determinada, que el explorador determina, se le pide que la mantenga 
en ese nivel.
▶Valoración. La aparición o aumento de las molestias en la región del epicóndilo 
con irradiación hacia los músculos extensores del antebrazo indica una epicon-
dilitis.
Fig. 3.10 Prueba de la silla. Fig. 3.11 Prueba de Bowden.
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Articulación del codo
146
Prueba de Thomson (signo del codo de tenista)
Valoración de una epicondilitis.
▶Procedimiento. Se pide al paciente que cierre el puño con la mano en una ligera 
extensión dorsal y que extienda el codo. Una mano del explorador fija desde el 
lado extensor la articulación de la mano; con la otra coge el puño del paciente. 
El paciente debe extender el puño contra la resistencia del explorador o bien el 
explorador trata de presionar el puño cerrado en ligera extensión dorsal hacia la 
flexión contra la resistencia del paciente.
▶Valoración. La aparición de dolor intenso en el epicóndilo y los músculos exten-
sores de la vertiente radial sugiere una epicondilitis.
Prueba de Mill
Valoración de una epicondilitis.
▶Procedimiento. Paciente en bipedestación. El paciente tiene el brazo ligeramente 
pronado, con extensión dorsal de la mano y flexión del codo. Con una mano el 
explorador sujeta el codo y coloca la otra en la parte lateral del tercio distal del 
antebrazo o lo rodea. Se pide al paciente que supine el antebrazo contra la resis-
tencia de la mano del explorador.
▶Valoración. La aparición de dolor en el epicóndilo humeral y/o en los músculos 
extensores laterales indica una epicondilitis.
Fig. 3.12 Prueba de Thomson. Fig. 3.13 Prueba de Mill.
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Articulación del codo
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Prueba de estrés con el movimiento
Valoración de una epicondilitis.
▶Procedimiento. Paciente en sedestación. El explorador palpa el epicóndilo mien-
tras el paciente realiza un movimiento fluido de flexión de la mano y el codo, prona 
el antebrazo y, por último, vuelve a extender el codo.
▶Valoración. La pronación y la flexión de la mano producen una mayor sobrecarga 
sobre los tendones de los músculos extensores del antebrazo insertados en el 
epicóndilo. La aparición de dolor con estos movimientos en la zona del epicóndilo 
y/o los músculos extensores de la vertiente radial indica una epicondilitis. También 
pueden aparecer parestesias y dolor como consecuencia de un pinzamiento del 
nervio mediano, dado que durante la realización de esta maniobra se puede 
producir presión sobre este nervio en su trayecto a través de los pronadores.
Fig. 3.14 a y b Prueba de estrés con el movimiento.
a Posición de partida.
b Movimiento de extensión/pronación.
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Articulación del codo
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Prueba de Cozen
Valoración de una epicondilitis.
▶Procedimiento. Paciente en sedestación. El explorador fija con una mano el codo, 
al tiempo que apoya la otra sobre el puño del paciente localizado en extensión 
dorsal. Se pide al paciente que realice una extensión dorsal del puño contra la resis-
tencia de la mano del explorador o bien el explorador trata de realizar una flexión 
del puño fijado en extensión dorsal contra la resistencia del paciente.
▶Valoración.La aparición de dolor localizado en el epicóndilo o de un dolor que 
se irradia hacia los extensores situados en la vertiente radial del antebrazo sugiere 
una epicondilitis.
Prueba de Cozen cruzada
Valoración de una epitrocleítis.
▶Procedimiento. Paciente en sedestación. El explorador palpa con una mano la 
epitróclea y apoya la otra en la articulación de la mano del paciente con el ante-
brazo supinado. El paciente debe tratar de flexionar la mano extendida contra la 
resistencia ejercida por la mano del explorador.
▶Valoración. Los flexores del antebrazo y la mano y el músculo pronador redondo 
se insertan en la epitróclea. La aparición de un dolor agudo y lancinante en la 
epitróclea indica una epitrocleítis.
En esta prueba tiene especial importancia estabilizar el codo, ya que en caso 
de no hacerlo un movimiento de pronación/desviación forzada podría agravar un 
síndrome del desfiladero (o estenosis) en la región de los músculos pronadores 
(síndrome de los pronadores).
Fig. 3.15 Prueba de Cozen.
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Articulación del codo
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Signo del codo de golfista
Valoración de una epitrocleítis.
▶Procedimiento. El paciente flexiona el codo y también la mano en dirección pal-
mar. El explorador sujeta la mano del paciente y con la otra fija el brazo. El paciente 
trata en este momento de extender el codo contra la resistencia del explorador.
▶Valoración. La aparición de dolor en la epitróclea indica una patología a este 
nivel (codo de golfista).
Fig. 3.16 a y b Prueba de Cozen cruzada.
a Posición de partida.
b Flexión de la articulación de la mano contra la resistencia de la mano del explorador.
Fig. 3.17 Signo del codo de golfista.
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Articulación del codo
150
Prueba de extensión del antebrazo
Valoración de una epitrocleítis.
▶Procedimiento. El explorador coge la parte distal del antebrazo. El paciente trata 
de extender el codo contra la resistencia de la mano del explorador.
▶Valoración. La aparición de dolor en la epitróclea y la irradiación del mismo a los 
músculos flexores del antebrazo indican una patología de la epitróclea.
Pruebas para el síndrome del desfiladero
Prueba de Tinel
Valoración de un síndrome del surco cubital.
▶Procedimiento. Paciente en sedestación. El explorador coge el brazo del pa-
ciente y percute con cuidado con el martillo de reflejos sobre el surco del nervio 
cubital.
▶Valoración. El nervio cubital circula por un surco óseo situado por detrás de la 
epitróclea. Dado que está localizado bastante superficial, en esta región el nervio 
puede sufrir con facilidad lesiones por compresión. Las causas más frecuentes de 
lesiones del nervio cubital son las cicatrices en el tejido, la formación de callos o 
exóstosis tras una fractura pericondílea o supracondílea del húmero, un cuadro 
de irritación crónica en pacientes con una artritis reumatoide o una epicondilitis 
y las lesiones mecánicas crónicas (apoyo mantenido del codo sobre una superficie 
dura). El síndrome del nervio cubital se puede deber en ocasiones a una displasia 
congénita del conducto óseo por el que circula el nervio. Si al percutir con cuidado 
sobre el surco del nervio cubital aparece dolor y parestesias en el antebrazo, se 
deberá sospechar una lesión compresiva crónica.
Fig. 3.18 Prueba de extensión del antebrazo.
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Articulación del codo
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Durante la realización de esta prueba se debe tener especial cuidado de no tirar 
con demasiada fuerza del nervio, ya que esta maniobra ocasionaría dolor incluso 
en un nervio sano. Además, percutir de forma repetida sobre el nervio también 
puede ser origen de lesiones.
Prueba de flexión del codo
Valoración de un síndrome del surco cubital.
▶Procedimiento. El paciente, en sedestación, realiza una flexión enérgica del 
codo, flexionando la mano. El paciente debe mantener esta posición durante 
5 minutos.
▶Valoración. El nervio cubital circula por el túnel cubital, que se forma entre el 
ligamento lateral interno y el músculo cubital anterior. En la posición descrita 
arriba se consigue la máxima tensión sobre el nervio cubital.
La aparición de parestesias en el trayecto del nervio indica una lesión por com-
presión del mismo. Cuando el resultado de la prueba es positivo, se debe confirmar 
el diagnóstico mediante una electromiografía o una determinación de la velocidad 
de conducción nerviosa.
Fig. 3.19 Prueba de Tinel. Fig. 3.20 Prueba de flexión del codo.
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Articulación del codo
152
Prueba de compresión de los supinadores
Valoración del síndrome de los supinadores (síndrome de Frohse) con lesión del 
ramo profundo del nervio radial.
▶Procedimiento. Paciente en bipedestación. El explorador palpa con una mano el 
margen radial del músculo primer radial externo distal al epicóndilo y con la otra 
fuerza una pronación y supinación activa.
▶Valoración. La aparición de un dolor constante a la presión en el margen del mús-
culo o en la parte proximal radial del antebrazo, que se intensifica con la pronación 
y la supinación, indica una compresión del ramo profundo del nervio radial en los 
músculos supinadores (el nervio radial se divide por encima de la cabeza del radio 
en sus dos ramos terminales. El ramo motor profundo pasa a la cara posterior del 
antebrazo tras perforar el músculo supinador en el pliegue del codo).
El punto que presenta dolor a la presión está más ventral que el punto doloroso 
de la epicondilitis típica. La alteración por compresión del nervio puede deberse a 
la presencia de tejido conjuntivo en el seno del músculo, fracturas de la cabeza del 
radio o presencia de un tumor de partes blandas. Las lesiones nerviosas también 
pueden ser iatrogénicas como consecuencia de una inyección intramuscular en 
una epitrocleítis. Cuando existe una debilidad o una extensión con elevación del 
dedo medio a nivel de la articulación metacarpofalángica, se debe sospechar una 
parálisis del músculo extensor de los dedos, inervado por el ramo profundo del 
nervio radial.
Fig. 3.21 Prueba de compresión 
de los supinadores.
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4 Articulación de la muñeca, mano y dedos
Las lesiones y heridas de la mano tienen gran importancia en la vida diaria y tam-
bién en la actividad deportiva. La exploración de la mano exige un conocimiento 
adecuado de la anatomía funcional y comienza con una inspección de posibles 
defectos y anomalías de la posición. Cuando la articulación de la mano se encuentra 
en reposo, ocupa una posición intermedia entre la flexión y la extensión y los dedos 
están en una ligera flexión (los flexores de los dedos tienen una potencia cuatro 
veces superior a los extensores).
La inflamación de las articulaciones provoca una tumefacción delimitada a la zo-
na de la articulación, mientras que las alteraciones inflamatorias de los tendones se 
caracterizan por tumefacción y enrojecimiento de la piel en el trayecto de los mis-
mos. En las mujeres posmenopáusicas es frecuente encontrar una tumefacción de 
las articulaciones de los dedos con una contractura en flexión dolorosa (nódulos 
de Heberden por artrosis). La articulación interfalángica distal suele ser la primera 
que se afecta en las enfermedades inflamatorias crónicas (artritis reumatoide).
Algunas tumefacciones pueden guardar relación con gangliones, originados en 
los tendones, los tejidos blandos asociados a ellos o las articulaciones con las que se 
relacionan. Las parálisis producen contracturas. Así, la consecuencia de una paráli-
sis del nervio radial es la manocaída. Cuando la parálisis afecta al nervio mediano, 
se produce la denominada mano de simio, y en la parálisis del nervio cubital se 
habla de mano en garra o mano del predicador (falange proximal extendida con 
flexión de las falanges media y distal).
La palpación permite valorar la afectación de la piel, los músculos y los ten-
dones, determinar si existen procesos inflamatorios, tumefacciones o tumores y 
delimitar la localización exacta de los dolores.
La valoración de la movilidad pasiva permite detectar limitaciones de la movi-
lidad (artrosis) y la presencia de inestabilidades. Cuando existe una enfermedad 
que cursa con dolor tendinoso se podrán encontrar crepitantes en el trayecto del 
tendón durante el movimiento tanto activo como pasivo.
Las alteraciones neurológicas (p. ej., atrofia muscular) se asocian al denominado 
síndrome del estrecho o desfiladero o síndrome del túnel carpiano o del canal de 
Guyon y provocan limitaciones funcionales concretas, que deben ser valoradas 
mediante pruebas funcionales.
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Articulación de la muñeca, mano y dedos
154
Amplitud de movimiento de la mano 
(método neutro 0) 
Fig. 4.1 a-s 
a Flexión/extensión de la articulación de la mano, incluidas las intercarpianas.
b Abducción radial/cubital de la mano.
c-d Descripción de las articulaciones de los dedos (c) y el pulgar (d):
IFD = articulación interfalángica distal.
IFP = articulación interfalángica proximal.
MCF = articulación metacarpofalángica.
IF = articulación interfalángica del pulgar.
CMC = articulación carpometacarpiana.
MCF = articulación metacarpofalángica del pulgar.
e-f Abducción y aducción del pulgar en relación con el plano palmar.
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g-h Abducción/aducción palmar del pulgar vertical al plano palmar.
i-k Circunducción del pulgar extendido.
l-m Flexión de las articulaciones de los dedos: en las articulaciones IFD e IFP (l), 
en la articulación MCF (m).
n Extensión de la articulación MCF.
o-p Flexión de las articulaciones del pulgar: en la articulación MCF (o), 
en la articulación IF (p).
q-s Movimiento de oposición del pulgar: posición de partida (q), durante 
el movimiento (r), posición de oposición (s).
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Fig. 4.2 Dolor/dificultad funcional en las articulaciones de la mano, el carpo y los dedos.
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Pruebas funcionales 
Pruebas de los tendones flexores de la mano
Músculo flexor común profundo de los dedos de la mano
▶Procedimiento. El explorador coloca dos dedos de su mano (índice y medio) en la 
parte flexora del dedo afectado del paciente, de forma que quede fijo en extensión 
a nivel de la articulación interfalángica proximal. Se pide al paciente que realice una 
flexión aislada de la articulación interfalángica distal del dedo. Esta exploración se 
debe repetir por separado para cada dedo.
▶Valoración. El músculo flexor común profundo de los dedos de la mano se 
localiza en la capa profunda de músculos flexores del antebrazo. La inserción del 
tendón se encuentra situada en la cara palmar de la articulación interfalángica 
distal de los dedos 2-5.
Cuando no se puede flexionar la articulación interfalángica distal, se deberá sos-
pechar una lesión del tendón (rotura); si la flexión produce dolor, se deberá pensar 
en una tenosinovitis.
El diagnóstico diferencial se establece con la artrosis de las articulaciones dis-
tales (nódulos de Heberden), que suelen asociarse sobre todo a una contractura 
dolorosa en flexión.
Músculo flexor común superficial de los dedos de la mano
▶Procedimiento. Se pide al paciente que flexione la articulación interfalángica 
proximal del dedo afectado, al tiempo que el explorador mantiene los dedos que 
no se desea explorar en extensión para evitar la función del tendón del músculo 
Fig. 4.3 Anatomía de la mano vista 
desde la cara volar.
1 Hueso metacarpiano 1.
2 Hueso trapecio.
3 Hueso trapezoide.
4 Hueso escafoides.
5 Hueso semilunar.
6 Radio.
7 Hueso grande.
8 Hueso ganchoso.
9 Hueso piramidal.
10 Hueso pisiforme.
11 Disco articular.
12 Cúbito.
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flexor común profundo de los dedos de la mano. Dado que el tendón profundo de 
los tres dedos cubitales comparte un vientre muscular común, la flexión libre 
de uno de los dedos mientras se mantienen los demás en extensión fija indica una 
función intacta del músculo flexor común superficial de los dedos. Esta exploración 
se debe realizar por separado para cada uno de los dedos.
▶Valoración. El músculo flexor común superficial de los dedos de la mano es 
un músculo potente y extenso cuyo tendón se inserta en la cara lateral de las 
segundas falanges.
Cuando el paciente conserva la capacidad de flexionar la articulación interfa-
lángica proximal, el tendón de este músculo estará intacto. En los pacientes con 
una lesión tendinosa, será imposible la flexión, mientras que la aparición de dolor 
sugiere más una tenosinovitis.
Músculos flexor largo y extensor largo del pulgar
▶Procedimiento. El explorador coge el pulgar del paciente y lo fija en la articula-
ción metacarpofalángica. Posteriormente se pide al paciente que flexione y extienda 
el pulgar. El flexor largo del pulgar, uno de los flexores profundos, y el extensor 
largo, uno de los extensores profundos, se insertan en la falange distal del pulgar.
▶Valoración. La limitación para la extensión o la flexión en la articulación distal 
del pulgar sugiere una lesión (desgarro tendinoso) o enfermedad (tenosinovitis) del 
tendón correspondiente.
Fig. 4.4 a-c Pruebas de los tendones flexores de la mano.
a Músculo flexor común profundo de los dedos.
b Músculo flexor común superficial de los dedos.
c Músculos flexor largo del pulgar y extensor largo del pulgar.
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Articulación de la muñeca, mano y dedos
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Prueba de Muckard
Diagnóstico de una tenosinovitis aguda o crónica del tendón de los músculos 
abductor largo del pulgar y extensor corto del pulgar (enfermedad de De Quervain).
▶Procedimiento. El paciente desplaza la articulación de la muñeca hacia cubital, 
con los dedos extendidos y el pulgar en aducción.
▶Valoración. La aparición de un dolor intenso en la apófisis estiloides del radio que 
se irradia hacia el pulgar y el antebrazo indica una tenosinovitis de los tendones 
de los músculos abductor largo y extensor corto del pulgar.
Además, aparece tumefacción y dolor a la presión en el territorio del primer 
tendón extensor. La abducción del pulgar contra resistencia también se asocia a 
dolor.
La tenosinovitis se puede asociar a inflamación de los tejidos circundantes 
y se suele deber a una distensión o a enfermedades inflamatorias/reumáticas. 
No obstante, estos cuadros se pueden desencadenar también por traumatismos 
romos.
Dentro del diagnostico diferencial se deben incluir la artrosis de la articulación 
trapezometacarpiana (rizartrosis) y la estiloiditis radial.
Prueba de Finkelstein
Valoración de la tenovaginitis estenosante de De Quervain.
▶Procedimiento. Se coge el dedo medio de la mano con el puño cerrado sobre el 
pulgar y se desplaza la articulación de la muñeca hacia cubital, de forma activa o 
pasiva porparte del explorador.
▶Valoración. La aparición de dolor o crepitación en la apófisis estiloides del 
radio indica una tenosinovitis inespecífica de los músculos abductor largo 
del pulgar y extensor corto del pulgar (v. etiología en el epígrafe sobre la prueba 
de Muckard).
Es importante diferenciar la tenosinovitis de De Quervain de la artrosis de la 
articulación trapezometacarpiana. El diagnóstico se puede aclarar con rapidez 
mediante una exploración dirigida de dicha articulación y estudios radiológicos.
Esta prueba siempre se debe comparar con la contralateral.
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Articulación de la muñeca, mano y dedos
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Prueba de Grind
Valoración de la artrosis de la articulación trapezometacarpiana (rizartrosis).
▶Procedimiento. El explorador coge el pulgar doloroso y comprime el eje mayor 
del mismo al tiempo que realiza movimientos circulares.
▶Valoración. Cuando el paciente refiere dolor en la articulación trapezometa-
carpiana del pulgar, generalmente se deberá sospechar una artrosis de la misma 
(diagnóstico diferencial con las fracturas de Bennett y Rolando). La aparición 
además de dolor a la presión e inestabilidad dolorosa en la articulación son signos 
adicionales de desgaste. El paciente también refiere dolor en la articulación cuando 
tiene que oponer el pulgar contra la resistencia ejercida por la mano del explorador.
Fig. 4.6 Prueba de Finkelstein.
Fig. 4.7 Prueba de Grind.
Fig. 4.5 Prueba de Muckard.
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Articulación de la muñeca, mano y dedos
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Prueba de Linburg
Valoración de una malformación congénita de los tendones de las manos (músculo 
flexor largo del pulgar/músculo flexor común profundo de los dedos, a 10-15°).
▶Procedimiento. Se pide al paciente que, manteniendo los demás dedos exten-
didos, coloque el pulgar sobre la palma de la mano mediante una combinación de 
flexión y aducción.
▶Valoración. Cuando existe una unión ligamentosa congénita entre los tendones 
de los músculos flexor largo del pulgar y flexor común profundo de los dedos de 
la mano (índice), al realizar este movimiento combinado del pulgar se observará 
una flexión de la articulación interfalángica distal del índice.
Fig. 4.8 a y b Prueba de Linburg.
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Articulación de la muñeca, mano y dedos
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Prueba de Bunnell-Littler
Valoración de una contractura de origen isquémico de los músculos internos de 
la mano.
▶Procedimiento. El paciente mantiene la mano en extensión. Durante la primera 
parte de la exploración, el explorador valora la flexión activa y pasiva en las tres 
articulaciones del dedo. En la segunda parte, el explorador fija la articulación 
metacarpofalángica en extensión y vuelve a explorar la flexión de las articulaciones 
interfalángicas proximal y distal.
▶Valoración. Cuando existe una contractura isquémica de los músculos internos 
de la mano, no se podrán flexionar las articulaciones interfalángicas proximal o 
distal de forma activa ni pasiva manteniendo extendida la articulación metacar-
pofalángica. La causa es un acortamiento de los músculos interóseos. Si se flexiona 
de forma activa o pasiva la articulación de la muñeca, será posible flexionar de 
forma activa las articulaciones interfalángicas proximal y distal. En general, la 
contractura afecta a varios dedos. La prueba permite distinguir una contractura 
isquémica de otros tipos de lesiones articulares, como rigidez, desgaste tendinoso 
e inflamación del tendón.
El aumento de la presión en el espacio fascial de la mano produce una ligera 
flexión de la articulación metacarpofalángica de un dedo con extensión de las 
articulaciones interfalángicas proximal y distal, con aumento del hueco de la 
mano y posición en aducción del pulgar extendido (posición intrínseca plus 
patológica).
Fig. 4.9 a-c Prueba funcional de Bunnell.
a Se puede realizar la flexión activa y pasiva de todas las articulaciones de los dedos 
(primera parte).
b Fijación de la primera articulación en extensión. La flexión de la segunda y la tercera 
articulación no es posible (segunda parte).
c Posición intrínseca plus.
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Articulación de la muñeca, mano y dedos
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Prueba de Watson (prueba de desplazamiento del escafoides)
Prueba de estabilidad del carpo.
▶Procedimiento. Esta prueba se realiza con el paciente sentado y con los codos 
colgando. El explorador fija entre sus dedos pulgar e índice el hueso escafoides en 
abducción cubital máxima de la articulación de la muñeca, para lo cual aprieta 
con el pulgar sobre el tubérculo del escafoides (polo distal) manteniendo de este 
modo el hueso en extensión. Se abduce la mano hacia radial, movimiento que 
normalmente se asocia a una flexión del escafoides. Sin embargo, esta flexión queda 
impedida por la presión ejercida por el pulgar del explorador.
▶Valoración. La prueba se interpreta como positiva cuando el polo proximal 
del escafoides se subluxa hacia la zona dorsal de la fosa escafoidea, donde choca 
contra el dedo índice. Este desplazamiento se asocia a dolor e indica una lesión 
del aparato ligamentoso escafosemilunar, aunque no permite estimar de ningún 
modo la gravedad de la misma.
Fig. 4.10 a y b Prueba de Watson (prueba de desplazamiento del escafoides).
a En abducción cubital se mantiene el hueso escafoides en extensión.
b Abducción radial de la articulación de la mano.
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Articulación de la muñeca, mano y dedos
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Prueba del peloteo escafosemilunar
Prueba de estabilidad del carpo.
▶Procedimiento. El explorador sujeta con firmeza los huesos semilunar y es-
cafoides entre los dedos pulgar e índice de las dos manos y los desplaza en dirección 
dorsal.
▶Valoración. Cuando el aparato ligamentoso escafosemilunar tiene menos resis-
tencia frente a este movimiento de cizallamiento, existe una inestabilidad del mis-
mo. La aparición de dolor con este movimiento indica una lesión de los ligamentos. 
La inestabilidad escafosemilunar aparece con frecuencia como consecuencia de una 
caída sobre el pulgar con el antebrazo pronado y la muñeca en abducción cubital 
o como consecuencia de un choque en un deporte de balón. Estos traumatismos 
pueden provocar un desgarro del aparato ligamentoso que existe entre los huesos 
semilunar y escafoides. La inestabilidad crónica de esta articulación puede produ-
cirse también sin un traumatismo previo (p. ej., tras la extirpación de un ganglión 
o en relación con alteraciones degenerativas). El paciente refiere un intenso dolor 
a la presión y con el movimiento en la articulación carporradial proximal, sobre 
todo al apoyarse; también puede aparecer pérdida de fuerza y, en ocasiones, un 
chasquido durante la abducción cubital de la articulación de la muñeca.
Fig. 4.11 Prueba 
del peloteo 
escafosemilunar.
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Articulación de la muñeca, mano y dedos
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Prueba de extensión de los dedos (prueba de Shuck)
▶Procedimiento. El explorador fija la articulación de la muñeca del paciente 
(sentado) en posición de flexión y le pide que extienda los dedos contra la resis-
tencia de su otra mano. Esta maniobra produce un movimiento de estrés en las 
articulaciones carporradial e intercarpiana.
▶Valoración. La aparición de dolor en el carpo indica una inestabilidad carpo-
rradial, intercarpiana y/o escafoidea o bien una necrosis del hueso semilunar 
(enfermedad de Kienböck).
Prueba del desplazamiento dorsal del hueso grande 
(pruebade aprensión)
Prueba de estabilidad del carpo.
▶Procedimiento. El explorador sujeta con una mano el antebrazo del paciente y 
con el pulgar de la otra mano palpa el hueso grande, al tiempo que con los demás 
dedos fija los dedos del paciente en una posición neutra.
A continuación, el explorador ejerce presión con el pulgar sobre el hueso grande 
en dirección posterior (hacia atrás).
▶Valoración. Si el paciente refiere dolor o suelta la mano del explorador, existirá 
una inestabilidad del hueso grande o una artrosis de las articulaciones intercarpia-
na o escafocarpiana. Si la inestabilidad es importante, se podrá palpar y escuchar 
un chasquido.
Fig. 4.12 Prueba de extensión 
de los dedos.
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Articulación de la muñeca, mano y dedos
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Prueba de Reagen (prueba de peloteo semilunar-piramidal)
Prueba de estabilidad del carpo.
▶Procedimiento. El explorador sujeta el hueso semilunar entre los dedos índice 
y pulgar de una mano y el piramidal entre los dedos de la otra. Manteniendo 
fijo el hueso piramidal, el explorador desplaza el semilunar en dirección dor-
sopalmar.
▶Valoración. La prueba se considera positiva cuando este movimiento produce 
dolor, incluso aunque no se pueda demostrar una inestabilidad.
La inestabilidad semilunar-piramidal puede ser consecuencia de un traumatis-
mo en hiperpronación o hiperextensión. El paciente refiere dolor en la muñeca. En 
esta maniobra aparece dolor a la presión de la articulación semilunar-piramidal y 
también con su movimiento, pero la pronación y la supinación no producen dolor 
alguno. Esta lesión no se asocia a pérdida de fuerza y el paciente suele describir la 
inestabilidad como un chasquido que nota al mover la muñeca.
Fig. 4.14 Prueba 
de Reagen 
(prueba del peloteo 
semilunar-piramidal).
Fig. 4.13 Prueba del 
desplazamiento dorsal del hueso 
grande (prueba de aprensión).
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Articulación de la muñeca, mano y dedos
168
Prueba de estabilidad en la rotura del ligamento lateral 
interno en la articulación metacarpofalángica del pulgar
▶Procedimiento. El paciente flexiona la articulación metacarpofalángica del pulgar 
afectado hasta 20-30°. Desde esta posición el explorador realiza una abducción 
radial del pulgar.
▶Valoración. Si resulta posible abducir el pulgar, se deberá sospechar una rotura 
del ligamento cubital. Esta lesión, que se conoce como pulgar del esquiador y que 
con frecuencia se debe a una lesión del ligamento lateral interno a nivel de la arti-
culación metacarpofalángica del pulgar, se produce por una aducción radial forzada 
del pulgar extendido con apoyo sobre la mano. La valoración de la estabilidad se 
realiza con una flexión de 20-30° del pulgar, ya que si no se hace así un ligamento 
lateral accesorio intacto puede distenderse en extensión y enmascarar una rotura 
del ligamento lateral. Cuando durante la extensión aparece un chasquido articular, 
se debe considerar una lesión compleja de la cápsula y los ligamentos.
Fig. 4.15 Prueba de estabilidad en la rotura del ligamento lateral interno 
en la articulación metacarpofalángica del pulgar.
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Articulación de la muñeca, mano y dedos
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Prueba de elevación en supinación
Valoración de una enfermedad del disco articular.
▶Procedimiento. El paciente se sienta con el codo flexionado a 90° y el antebrazo 
supinado. El explorador coloca las palmas sobre las del paciente y le pide que ejerza 
presión contra su resistencia.
▶Valoración. La aparición de dolor en la cara cubital de la muñeca y la falta de 
fuerza del carpo sugieren una lesión del disco articular.
La articulación proximal del carpo es una verdadera articulación; está cons-
tituida, por una parte, por el radio y el disco articular y, por otra, por la primera 
fila de huesos del carpo.
Fig. 4.16 Prueba 
de elevación en supinación.
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Articulación de la muñeca, mano y dedos
170
Síndromes por compresión de los nervios 
del brazo
En el brazo se puede producir una serie de alteraciones de los nervios, que se 
pueden diferenciar con diversas pruebas clínicas.
Síndrome del conducto de los pronadores
En la región del codo, el nervio mediano pasa por debajo de la aponeurosis del 
tendón del bíceps y puede quedar comprimido en el conducto de los pronadores 
(entre el fascículo epitrócleo y el fascículo olecraniano del pronador redondo).
Se pueden plantear diversas causas para el síndrome del conducto de los pro-
nadores: la presión ejercida desde fuera sobre el antebrazo, la hipertrofia mus-
cular secundaria a entrenamiento del pronador redondo, un traumatismo directo 
o una lesión por presión secundaria a un tumor. Entre los hallazgos típicos se 
incluyen dolor, ardor y alteraciones de la sensibilidad de la mano y debilidad para 
la oposición del pulgar y la flexión de los dedos I-III (mano del juramento). Estas 
molestias se intensifican con la pronación contra resistencia.
Síndrome por compresión en el canal de Guyon
En el canal de Guyon (constituido por el retináculo flexor, el ligamento pisiunci-
forme y la aponeurosis palmar) se encuentran la arteria cubital, la vena cubital y 
el nervio cubital.
Entre las causas de la compresión del nervio cubital se incluyen movimientos 
que se asocian a una extensión dorsal persistente y prolongada de la muñeca 
(parálisis del ciclista), el desarrollo de un ganglión o lipoma, las fracturas del hueso 
pisiforme o la apófisis unciforme del ganchoso y las secuelas de otras lesiones.
Este síndrome compresivo se caracteriza por alteraciones de la sensibilidad en 
la vertiente cubital de los dedos anular y meñique y alteraciones motoras (mús-
culos hipotenares).
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Articulación de la muñeca, mano y dedos
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Síndrome del túnel carpiano (STC)
La compresión del nervio mediano puede ocurrir a nivel del túnel del carpo. El túnel 
del carpo es atravesado por todos los tendones flexores de los dedos y el nervio 
mediano (este túnel está constituido por los huesos carpianos y el retináculo de 
los músculos flexores y el ligamento transverso del carpo). Entre las causas del 
STC con estrechamiento del mismo (aumento de la presión en el túnel) se incluyen 
procesos inflamatorios (p. ej., artritis reumatoide con fractura antigua de la base del 
radio o los huesos del carpo), tenovaginitis de los tendones de los flexores largos y 
sobrecargas mecánicas de origen laboral o deportivo. Otras causas posibles de STC 
(por tumefacción del túnel del carpo) son trastornos metabólicos (gota, diabetes 
mellitus, amiloidosis) y cambios hormonales (embarazo).
Entre los signos típicos de la compresión se incluyen parestesias y braquialgias 
nocturnas (el paciente se despierta a mitad de la noche tras unas horas de sueño), 
rigidez matutina y alteraciones sensitivas y motoras persistentes en estadios avan-
zados (atrofia de los músculos laterales de la eminencia tenar con la consiguiente 
pérdida de fuerza al apretar el puño) en el territorio del nervio mediano.
El diagnóstico diferencial incluye lesiones de la médula cervical y el plexo 
braquial, el síndrome del conducto de los pronadores, el síndrome por com-
presión en el canal de Guyon, el síndrome del desfiladero o estrecho torácico y 
la rizartrosis.
Los estudios EMG y la valoración de la velocidad de conducción nerviosa (elec-
troneurografía) aportan información clave para el diagnóstico del STC.
Fig. 4.17 Anatomía del canalde Guyon.
1 Nervio cubital.
2 Hueso pisiforme.
3 Ligamento pisiunciforme.
4 Hueso ganchoso (apófisis 
unciforme).
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Articulación de la muñeca, mano y dedos
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Síndrome por compresión en el surco cubital
El nervio cubital circula por un surco óseo situado por detrás de la epitróclea. 
Como esta localización es relativamente superficial, son frecuentes las lesiones 
por compresión del nervio. Entre las causas más frecuentes de lesión del nervio 
cubital destacan los traumatismos, la sobredistensión, la inflamación, las cicatrices 
y las lesiones crónicas por presión.
En este tipo de trastorno es habitual encontrar una alteración sensitiva (in-
sensibilidad del meñique) y motora del territorio inervado por el nervio cubital.
La EMG y la neurografía sensitiva permiten localizar la lesión por presión.
Pruebas de función motora de las manos
Valoración de las alteraciones motoras y sensitivas en las lesiones nerviosas.
Comprobación del movimiento de pinza
▶Procedimiento. Se pide al paciente que coja un objeto pequeño con las yemas 
de los dedos pulgar e índice.
▶Valoración. Para poder realizar con éxito este movimiento es necesaria una 
sensibilidad intacta; se debería repetir la prueba pidiendo al paciente que cierre 
los ojos. A nivel motor es necesaria una capacidad funcional totalmente conservada 
de los músculos lumbricales e interóseos de la mano. En los estadios tardíos de un 
síndrome del túnel del carpo o en la artrosis de la articulación metacarpofalángica 
del pulgar, este movimiento de pinza queda gravemente debilitado o resulta com-
pletamente imposible.
Comprobación del movimiento de llave
▶Procedimiento. Se pide al paciente que coja una llave entre el pulgar y la cara 
lateral del dedo índice.
▶Valoración. Este movimiento resulta imposible en pacientes con alteraciones 
sensitivas en la cara medial del índice, como sucede en las lesiones del nervio 
radial, y en pacientes con artrosis de la articulación metacarpofalángica del 
pulgar.
Comprobación del movimiento de prensión fuerte
▶Procedimiento. Se pide al paciente que sostenga un lapicero entre los dedos 
pulgar y medio al tiempo que el explorador trata de quitárselo tirando.
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Cuando la flexión de los dedos está limitada, se debería repetir la prueba usando 
un objeto de mayor diámetro.
▶Valoración. Cuando existe una lesión de los nervios mediano o cubital, resulta 
imposible flexionar por completo los dedos y la fuerza queda limitada, de manera 
que el resultado de la prueba es positivo.
Comprobación del movimiento de cierre del puño
▶Procedimiento. Se valora la capacidad que tiene el paciente de cerrar el puño; 
para ello se le da una bola pequeña y se le pide que la sostenga con la mano.
▶Valoración. Comprobación de la fuerza de aducción del pulgar y la capacidad 
de flexión de los dedos, lo que permite explorar los nervios mediano y cubital.
Comprobación de la fuerza de la prensión
▶Procedimiento. El explorador hincha un manguito de presión arterial hasta 
200 mmHg y le pide al paciente que siga apretando lo más fuerte que pueda.
▶Valoración. Cuando la función de la mano es normal es posible alcanzar una 
presión de 200 mmHg o más, aunque se deben tener en consideración diferencias 
entre los sexos y entre adultos y niños. Se debe comparar el resultado de esta 
prueba en los dos lados.
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Fig. 4.18 a-e Pruebas de función 
motora de las manos.
a Movimiento de pinza.
b Movimiento de llave.
c Movimiento de prensión fuerte.
d Movimiento de cierre del puño.
e Comprobación de la fuerza 
de la prensión.
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Prueba rápida del radial
Método de cribado para valorar una parálisis del radial.
▶Procedimiento. Se pide al paciente que extienda la articulación de la muñeca 
con el codo en 90° de flexión.
▶Valoración. Cuando existe una parálisis del nervio radial con afectación de los 
extensores de la muñeca, no será posible extenderla. La mano quedará caída como 
«muerta». Esta posición se suele describir también como mano caída. En el segundo 
paso de la prueba se pide al paciente que abduzca el pulgar. En los pacientes con 
una parálisis del radial, la paresia del músculo abductor largo del pulgar (mús-
culo extensor corto del pulgar) impide este movimiento de abducción del pulgar.
Las lesiones del nervio radial suelen asociarse a una fractura de la diáfisis del 
húmero; otras causas son la paresia por quedarse dormido (parálisis del sábado 
noche) y la debilidad del banco del parque (mejor pronóstico).
Fig. 4.19 a-d Prueba rápida 
del radial.
a Extensión de la mano.
b Mano caída.
c Abducción del pulgar.
d Parálisis.
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Prueba de extensión del pulgar
Valoración de una lesión del nervio radial.
▶Procedimiento. Paciente en sedestación. El explorador sujeta con una mano el 
antebrazo a nivel de la muñeca y con la otra coloca el pulgar en aducción. Pos-
teriormente se pide al paciente que extienda y abduzca el pulgar a nivel de la 
articulación metacarpofalángica e interfalángica.
▶Valoración. Esta prueba valora si el nervio radial está intacto. Cuando existen 
lesiones, se reconoce una debilidad o incapacidad para extender el pulgar, lo que 
se debe a una paresia de los músculos extensores largo y corto del pulgar. En los 
pacientes con artrosis o poliartritis crónica de las articulaciones del pulgar, al 
realizar esta prueba se observa dolor además de debilidad. Cuando existe una 
parálisis simple, sin cambios degenerativos, no aparecen molestias articulares.
Prueba de supinación
Valoración del síndrome compresivo del ramo profundo del radial.
▶Procedimiento. Paciente en sedestación. Se mantiene el codo en ligera flexión y 
el antebrazo pronado. Se apoya el codo sobre el cuerpo para evitar movimientos a 
nivel de la articulación del hombro. A continuación se pide al paciente que supine 
el antebrazo, primero libremente y luego contra la resistencia ejercida por la mano 
del explorador.
▶Valoración. La debilidad o incapacidad para supinar el antebrazo indica una 
paresia de los músculos supinadores. Estos músculos están inervados por el ramo 
profundo del nervio radial.
Cuando se realiza esta prueba, hay que procurar no flexionar con demasiada 
energía el codo, ya que, cuando se flexiona de forma demasiado enérgica, el mús-
culo bíceps braquial también participa en la supinación. Evidentemente, si ambos 
músculos participan en el movimiento de supinación, se podría obtener un resulta-
do falso negativo de la prueba, ya que, en condiciones de flexión extrema del codo 
Fig. 4.20 a-c Prueba de extensión del pulgar.
a Posición de partida.
b Función normal.
c Patológica con debilidad para la extensión del pulgar.
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durante la extensión, el músculo más implicado en la supinación del antebrazo 
será el bíceps braquial, en lugar del supinador.
Entre las causas del síndrome del supinador se incluyen el aumento de la 
consistencia de los tejidos blandos, las secuelas de traumatismos (luxaciones de 
la cabeza del radio, fractura de Monteggia) y, con menos frecuencia, una secuela 
de una inyección intramuscular.
Signo de Tinel-Hoffmann
Valoración de una lesión delnervio mediano.
▶Procedimiento. Se realiza una ligera dorsiflexión de la mano, que debe estar 
apoyada sobre la mesa con un soporte. En esta posición se percute con el marti-
llo de reflejos o con el índice el nervio mediano a la altura de los pliegues de la 
articulación de la muñeca.
Fig. 4.22 Signo de Tinel-Hoffmann.
Fig. 4.21 a-c Prueba de supinación.
a Posición de partida.
b Supinación libre.
c Supinación contra resistencia.
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▶Valoración. La aparición de parestesias y dolor en la mano, que se irradian 
parcialmente hacia el antebrazo, indica una compresión del nervio mediano (sín-
drome del túnel del carpo). Las alteraciones sensitivas y las parestesias se localizan 
en la región distal al punto de compresión del nervio. La prueba se puede también 
emplear como referencia para la valoración de una lesión nerviosa. Se obtiene 
un resultado falso negativo en la prueba cuando la compresión nerviosa lleva 
mucho tiempo de evolución y la capacidad de transmisión del nervio se encuentra 
ya reducida de forma importante.
Prueba rápida del mediano
Método para el cribado cuando se sospecha una paresia del nervio mediano.
▶Procedimiento. Se pide al paciente que aproxime las yemas de los dedos pulgar 
e índice. En el siguiente paso se le pide que cierre el puño. Por último, y con los 
dedos extendidos, se le pide que flexione la mano ligeramente hacia palmar.
▶Valoración. La alteración del nervio oponente del pulgar impide aproximar las 
yemas del pulgar y el índice.
La debilidad para la oposición del pulgar y para la flexión de los dedos I-III 
impide también cerrar el puño por completo y sólo los dedos IV y V contribuyen al 
movimiento que trata de hacerlo, mientras que los demás permanecen extendidos. 
Se produce así la llamada mano del juramento.
Cuando se alteran los músculos oponente, abductor corto del pulgar y flexor 
corto del pulgar y predomina el músculo aductor del pulgar, el pulgar queda 
en el mismo plano de los demás dedos y la uña del pulgar queda situada en el 
plano de la uña del dedo medio y no se puede oponer (la denominada mano 
de simio).
Fig. 4.23 a y b Prueba rápida 
del mediano.
a Posición normal.
b Posición de «mano simiesca».
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Prueba de Ochsner
Demostración de una parálisis del nervio mediano.
▶Procedimiento. Se pide al paciente que coloque las manos como si fuera a rezar.
▶Valoración. Cuando existe una parálisis del nervio mediano, no es posible fle-
xionar los dedos II y III (parálisis parcial del músculo flexor común profundo de 
los dedos de la mano, cabeza radial).
Signo del túnel del carpo
Demostración de una lesión del nervio mediano.
▶Procedimiento. Se pide al paciente que mantenga la muñeca en flexión completa 
durante 1-2 minutos.
▶Valoración. Se deberá sospechar un síndrome del túnel del carpo cuando apare-
cen parestesias en el territorio del nervio mediano o se agravan las ya existentes.
Fig. 4.25 Signo del túnel del carpo.
Fig. 4.24 a y b Prueba de Ochsner.
a Posición normal.
b Extensión de los dedos segundo y tercero como consecuencia de una debilidad 
para la flexión.
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Articulación de la muñeca, mano y dedos
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Prueba de Phalen
Demostración de una lesión del nervio mediano.
▶Procedimiento. Se valora el denominado signo de la flexión de la muñeca; para 
ello se pide al paciente que coloque las manos en flexión palmar y mantenga esta 
posición durante 1-2 minutos. Al colocar los dorsos de las manos enfrentados se 
incrementa la presión en el túnel del carpo.
▶Valoración. Cuando se colocan los dorsos de las manos enfrentados se producen 
parestesias en el territorio del nervio mediano no sólo en presencia de un síndrome 
del túnel del carpo, sino también en personas sanas. Cuando existe un síndrome del 
túnel del carpo, los síntomas empeoran al realizar esta prueba. Puede obtenerse 
un resultado falso negativo cuando la duración de la enfermedad es prolongada, 
igual que se ha descrito en el signo de Tinel-Hoffmann.
Signo del círculo (signo de la uña)
Demostración de una parálisis del nervio mediano.
▶Procedimiento. Se pide al paciente que se toque la yema del meñique con el 
pulgar.
▶Valoración. En presencia de una parálisis del nervio mediano, se produce una 
falta de función del músculo oponente del pulgar. Esto impide oponer los pulgares, 
que sólo se pueden mover en círculos, porque persiste el movimiento de aducción 
como para cerrar el puño.
Fig. 4.26 Prueba de Phalen.
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Prueba de la botella de Lüthy
Demostración de una parálisis del nervio mediano.
▶Procedimiento. Se pide al paciente que coja una botella entre los dedos pulgar 
e índice.
▶Valoración. Cuando existe una parálisis del músculo abductor corto del pulgar, 
el pliegue cutáneo entre el pulgar y el índice no se adapta a la botella y resulta 
imposible sujetarla con firmeza.
Fig. 4.28 a y b 
Prueba de la 
botella de Lüthy.
a Normal.
b Patológica.
Fig. 4.27 a y b Signo del círculo.
a Normal.
b Patológico con debilidad 
para la oposición del pulgar.
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Prueba de Phalen invertida
Valoración de un síndrome del túnel del carpo (nervio mediano).
▶Procedimiento. Paciente en sedestación. Se le pide que extienda ambas muñecas 
hacia dorsal al máximo y que mantenga esta posición durante un minuto.
▶Valoración. Esta posición aumenta la presión a nivel del túnel del carpo. La 
aparición de parestesias en el territorio del nervio mediano indica un síndrome 
del túnel del carpo. La prueba de Phalen invertida resulta menos fiable que la 
prueba de Phalen.
Prueba de pronación
Valoración de una alteración de los músculos pronadores redondo y cuadrado.
▶Procedimiento. Paciente en sedestación. El paciente coloca las manos y los 
antebrazos en supinación sobre la mesa y se le pide que realice una pronación de 
los antebrazos, primero sin oposición y después contra la resistencia ejercida por 
las manos del explorador.
▶Valoración. La debilidad para la pronación activa contra resistencia de uno de 
los antebrazos en comparación con el contralateral indica una lesión del nervio 
mediano, que se suele localizar a la altura del codo. Cuando la lesión del mediano 
se encuentra situada distal al codo, el paciente será capaz de realizar la pronación 
del antebrazo contra resistencia, ya que el músculo pronador redondo conservará 
todavía cierta capacidad funcional.
Fig. 4.29 Prueba de Phalen invertida.
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Signo de Froment
Demostración de un síndrome del surco cubital.
▶Procedimiento. Se pide al paciente que coja una hoja de papel entre los dedos 
pulgar e índice (movimiento de pinza) sosteniéndola contra la tracción ejercida 
por su otra mano o por el explorador. El músculo responsable de esta acción es el 
músculo aductor del pulgar, inervado por el nervio cubital.
▶Valoración. Cuando existe debilidad o deterioro funcional (parálisis) de este mús-
culo, la articulación interfalángica del pulgar quedará en flexión (por contracción 
del músculo flexor corto del pulgar, inervado por el nervio mediano). Además, 
puede aparecer una debilidad o paresia de los músculos interóseos y lumbrica-
les III y IV, con la típica manoen garra. En ocasiones pueden aparecer hipoestesias 
palmares en la cara cubital de los dedos meñique y anular.
Fig. 4.31 a y b Signo de Froment.
a Normal.
b Patológico.
Fig. 4.30 a y b Prueba 
de pronación.
a Posición de partida.
b Debilidad para la pronación 
del brazo derecho.
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Prueba rápida del cubital
Demostración de una parálisis del nervio cubital.
▶Procedimiento. Se pide al paciente que cierre el puño.
▶Valoración. Si los dedos cuarto y quinto se quedan extendidos y no es posible 
flexionar su articulación metacarpofalángica ni interfalángica proximal, se deberá 
sospechar una parálisis de los músculos interóseos. Cuando la causa es una paresia 
del cubital de larga evolución, aparecerá una atrofia muscular entre los dedos 4 y 
5 y 1 y 2 de la mano.
Prueba intrínseca
Valoración de un síndrome por compresión del nervio cubital.
▶Procedimiento. Se pide al paciente que coja con firmeza una hoja de papel entre 
los dedos anular y meñique. El explorador deberá tratar de quitarle la hoja.
▶Valoración. Cuando existe una alteración del nervio cubital, se reduce la potencia 
de aducción del dedo meñique. El paciente no será capaz de sostener con suficiente 
firmeza la hoja de papel. Se debe realizar la prueba en ambos lados para comparar. 
El nervio cubital se puede lesionar por compresión a nivel del túnel del carpo, en el 
codo o en el canal de Guyon de la articulación de la muñeca. Otros signos de com-
presión adicionales son el signo de Tinel-Hoffmann positivo y las parestesias en los 
dedos anular y meñique. Cuando existe una parálisis completa del nervio cubital, 
se atrofia la musculatura intrínseca de la mano. Además, habrá una hiperextensión 
de la articulación metacarpofalángica de los dedos con flexión simultánea de las 
articulaciones interfalángicas proximal y distal.
Fig. 4.32 a y b Prueba rápida 
del cubital.
a Normal.
b Patológica con pérdida de la flexión 
de los dedos cuarto y quinto.
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Articulación de la muñeca, mano y dedos
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Prueba de la O (signo del pellizco)
▶Procedimiento. El movimiento de pinza es un movimiento combinado en 
el que participan varios músculos. Normalmente, la posición entre los dedos 
pulgar e índice en este movimiento genera la forma de una O. Cuando los mús-
culos responsables de este movimiento funcionan bien, el explorador no será 
capaz de modificar esta forma de O aunque realice una presión intensa con su 
dedo índice.
▶Valoración. En el síndrome del nervio interóseo anterior, en el que se observa 
una parálisis de los músculos flexor común profundo de los dedos de las manos 
y flexor largo del pulgar, la articulación interfalángica distal de los dedos índice y 
pulgar permanecerá extendida y no se forma la O característica.
Fig. 4.34 a y b Prueba de la O.
a Normal.
b Patológica en la parálisis del músculo flexor común profundo de los dedos/músculo 
flexor largo del pulgar.
Fig. 4.33 Prueba intrínseca.
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Articulación de la muñeca, mano y dedos
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Prueba de flexión de la articulación de la muñeca
Valoración de una lesión nerviosa periférica en el antebrazo.
▶Procedimiento. El paciente está en sedestación con los dos antebrazos supinados. 
Se le pide que flexione las muñecas, primero sin oposición y luego contra la resis-
tencia ejercida por las manos del explorador.
▶Valoración. La debilidad para el movimiento de flexión activa contra resistencia 
indica una paresia o parálisis de los músculos flexores del antebrazo, especialmente 
del músculo palmar mayor. La debilidad durante el movimiento sin resistencia 
indica una paresia completa. La debilidad para el movimiento activo contra resis-
tencia indica un problema del nervio mediano a la altura del codo o incluso más 
proximal. La incapacidad completa para flexionar la muñeca contra resistencia 
podría indicar una lesión del nervio mediano y el nervio cubital.
Fig. 4.35 a y b Prueba de flexión de la articulación de la muñeca.
a Normal.
b Patológica con debilidad de la capacidad de flexión activa del antebrazo izquierdo.
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5 Articulación de la cadera
Los dolores de la articulación coxofemoral pueden tener múltiples causas. En 
niños y jóvenes suelen ser indicio de una enfermedad grave, por lo que los pri-
meros síntomas deben ser valorados convenientemente. Suelen localizarse en la 
ingle o a nivel retrotrocantéreo, con irradiación hacia la cara interna del muslo 
hasta la rodilla. Esto hace que en ocasiones una enfermedad de la cadera pueda 
confundirse con una enfermedad de la rodilla, sobre todo en niños. El diagnós-
tico diferencial se establece con las tendinopatías del territorio de los aductores, 
con la patología de la columna lumbar y, sobre todo, con las enfermedades de la 
articulación sacroilíaca.
Muchos de los procesos que provocan dolor muestran una clara preferencia por 
una determinada edad. Así, en los niños destacan la luxación congénita de cadera 
y la enfermedad de Perthes; en los jóvenes, la epifisiólisis de la cabeza del fémur, y 
en los adultos, la coxartrosis y la displasia de cadera.
Una luxación congénita de cadera no tratada con persistencia de la displasia 
en el acetábulo y deformidad de la cabeza femoral es una de las causas más 
frecuentes de degeneración tardía de la articulación (coxartrosis secundaria a 
displasia). La aparición de un dolor asociado a la carga, que el paciente suele 
referir a nivel de la ingle, indica con frecuencia la existencia de una de estas 
patologías.
Esta articulación se rodea de un grupo de potentes músculos. La inspección 
por sí sola aporta pocos datos sobre el estado de la articulación. Es raro que 
se diagnostique el derrame articular si no se asocia a otras alteraciones. Para 
valorar la posición de la pelvis es importante mirar la posición de las piernas 
(contractura en flexión, fallos en la rotación, acortamiento de las piernas) y 
determinar posibles alteraciones en la postura de la columna (escoliosis, lordosis). 
En ocasiones, estas alteraciones de la pelvis o la columna se deben a un cuadro 
patológico de la cadera, de forma que permiten extraer conclusiones sobre la 
situación de la misma.
La pelvis se encuentra normalmente inclinada hacia delante, lo que genera 
una lordosis lumbar. La contractura de la cadera se asocia a una posición patoló-
gica de las piernas, la pelvis y la espalda, que se aprecia mejor en bipedestación 
que en decúbito. Una contractura en flexión de la cadera puede provocar una 
acentuación de la lordosis lumbar, que se relaciona con una mayor inclinación 
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Articulación de la cadera
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hacia delante de la pelvis con refuerzo de la lordosis. Un acortamiento verda-
dero y visible de las piernas influye sobre su posición y condiciona la marcha. 
Cuando la exploración de la longitud de las piernas revela un acortamiento 
o alargamiento evidente se debe sospechar una contractura en abducción o 
aducción.
En la contractura en abducción de las piernas a nivel de la articulación de la 
cadera, el paciente sólo podrá poner las piernas paralelas si inclina la pelvis. Esto 
hace que la cadera sana descienda, de forma que la pierna sana parecerá más 
corta. La contractura en aducción se asocia a la misma consecuencia, aunque 
en este caso afectará a la pierna enferma, que parecerá acortada. Si el paciente 
no camina de puntillas para compensar el acortamiento, tendrá que flexionar 
la rodilla del lado afectado, y este movimiento se acompaña de una flexión de la 
cadera que el paciente puede tratar de compensar con una inclinación hacia 
delante de la pelvis.
Las anomalías en la posiciónde la pelvis secundarias a enfermedades de la 
cadera se asocian generalmente a alteraciones de la columna, como una es-
coliosis lumbar o una torsión o una desviación compensadora del segmento 
lumbodorsal.
La valoración de la marcha del paciente permite distinguir los trastornos y 
limitaciones de la marcha de origen articular (artrosis, inflamación) y/o muscular. 
En la cojera asociada a dolor (cojera de Duchenne), el paciente trata de reducir la 
sobrecarga responsable del dolor sobre la articulación de la cadera. En la cojera 
por insuficiencia (cojera de Trendelenburg), durante la fase de apoyo de la mar-
cha se observa un descenso de la pelvis hacia el lado sano como consecuencia de 
la insuficiencia de los abductores de la cadera y de los músculos glúteos mediano 
y menor. En la cojera por acortamiento se observa durante la fase de apoyo de la 
marcha una ligera elongación de la mitad superior del cuerpo sobre la pierna que 
apoya, aunque este tipo de marcha resulta relativamente armónica. En la cojera 
secundaria a rigidez en relación con una artrodesis de la articulación de la cadera 
no se observa una auténtica cojera porque la pelvis se inclina durante la fase de 
apoyo de la marcha. Esta alteración se observa mucho más durante la fase de os-
cilación de la pierna en la que la anteversión del muslo se asocia a una marcada 
inclinación de la pelvis en el plano sagital con la consiguiente hiperlordosis y 
cifosis lumbar.
Las pruebas funcionales ayudan a clasificar mejor las enfermedades de la 
articulación de la cadera e incluso a determinar la causa (diagnóstico).
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Articulación de la cadera
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Amplitud de movimientos de la articulación 
de la cadera (método neutro 0)
Fig. 5.1 a-f 
a Extensión/flexión de la articulación de la cadera; en decúbito supino (hiperextensión 10°).
b-c Rotación interna/externa de la articulación de la cadera: extensión de la articulación 
de la cadera en decúbito prono (b), flexión de la articulación de la cadera en decúbito 
supino (c).
d Abducción/aducción de la articulación de la cadera.
e-f Abducción/aducción de la articulación de la cadera.
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Articulación de la cadera
190
 
Fig. 5.2 Dolores de la articulación de la cadera.
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Articulación de la cadera
192
Pruebas funcionales
Prueba de las puntas de los dedos
Valoración de una contractura de los músculos isquiocrurales.
▶Procedimiento. Paciente en sedestación. El paciente flexiona la pierna a nivel de 
la cadera y la rodilla y con el brazo del mismo lado la acerca hacia la parte superior 
del cuerpo. La otra pierna debe permanecer extendida. Se pide al paciente que con 
el brazo que no tiene ocupado se toque los dedos del pie de la pierna extendida 
con las puntas de los dedos de la mano. Se debe repetir la prueba en el lado con-
tralateral.
▶Valoración. Cuando existe una contractura de los músculos isquiocrurales, el 
paciente sólo consigue acercarse al pie con las puntas de los dedos y refiere un 
dolor «tirante» en la cara posterior del muslo.
La prueba se interpreta como positiva cuando se encuentra una diferencia en 
las molestias entre los dos lados. La causa es con frecuencia un acortamiento com-
parativo e indoloro de la musculatura isquiocrural. La capacidad de movimiento 
del paciente puede verse limitada de forma secundaria por una enfermedad de la 
columna o una coxartrosis.
▶Observación. Se pueden descartar las alteraciones de las raíces nerviosas con 
otras pruebas. El acortamiento de los músculos isquiocrurales aumenta la presión 
retropatelar y puede ser responsable de molestias en esta región.
Fig. 5.3 Anatomía de la articulación 
de la cadera.
1 Ilion.
2 Ligamento redondo del fémur.
3 Ligamento transverso del acetábulo.
4 Fémur.
5 Cápsula articular con ligamentos 
iliofemorales e isquiofemorales.
6 Rodete acetabular.
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Articulación de la cadera
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Prueba para la contractura del músculo recto femoral
Valoración de una contractura del músculo recto femoral.
▶Procedimiento. El paciente se coloca en decúbito supino y deja colgando las 
piernas por el extremo de la camilla. Se pide al paciente que se agarre una de 
las rodillas y la lleve hacia el tórax. Se debe medir el ángulo que forma la pierna 
que sigue colgando. Se debe repetir la maniobra en el lado contralateral.
▶Valoración. Cuando existe una contractura del músculo recto femoral, conforme 
se acerca la rodilla al tórax se producirá una flexión progresiva de la pierna que 
seguía apoyada en la camilla, mayor cuanto más grave sea la contractura del 
músculo recto femoral. La prueba se considera positiva cuando existe una con-
tractura en flexión de la cadera en relación con una alteración de la articulación 
de la cadera, una irritación del psoas (absceso en este músculo), un trastorno de 
la CL con acentuación de la lordosis y alteraciones en la inclinación de la pelvis.
▶Observación. Un músculo cuádriceps contracturado que no puede distenderse 
aumenta la presión retropatelar y puede ser responsable de las molestias en esta 
región.
Fig. 5.4 a y b Prueba de las puntas de los dedos.
a Normal.
b Patológica por contractura de los músculos isquiocrurales.
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Articulación de la cadera
194
Prueba de distensión del músculo recto femoral (prueba de Ely)
▶Procedimiento. El paciente se coloca en decúbito prono. El explorador valora la 
flexión pasiva de la articulación de la rodilla de forma bilateral.
▶Valoración. Un aumento de la distancia entre el talón y la musculatura glútea 
o la flexión espontánea de la articulación de la cadera del mismo lado indican un 
acortamiento funcional del músculo recto femoral.
Fig. 5.5 a y b Prueba 
para la contractura del músculo 
recto femoral.
a Extensión libre (cadera izquierda).
b Patológica en presencia 
de una contractura en flexión 
(cadera derecha).
Fig. 5.6 Prueba de distensión del músculo 
recto femoral (prueba de Ely).
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Articulación de la cadera
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Prueba de extensión de la articulación de la cadera
Valoración de una contractura en flexión de la cadera.
▶Procedimiento. El paciente se coloca en decúbito prono con las caderas fle-
xionadas sobre el borde de la camilla de exploración. La pierna que no se desea 
explorar se sujeta entre las piernas del explorador, se apoya sobre una silla o se 
deja colgando.
El explorador fija la pelvis con una mano y con la otra extiende lentamente 
la pierna que se desea explorar a nivel de la cadera. La lordosis lumbar queda 
totalmente compensada por la posición en prono.
▶Valoración. El punto en el que la pelvis comienza a desplazarse o la CL sufre un 
movimiento hacia la lordosis señala el final de la capacidad de extensión de la 
cadera. El ángulo formado entre el eje del muslo y el plano horizontal (mesa de 
exploración) indica la contractura en flexión de la cadera. Esta prueba permite 
valorar bien la contractura en flexión, sobre todo si es bilateral (espástica).
Maniobra de Thomas
Valoración de una contractura en flexión de la cadera.
▶Procedimiento. Decúbito supino. Se realiza una flexión de la articulación de la ca-
dera de la pierna no afectada, quese eleva hasta la lordosis lumbar. Esta movilización 
se controla colocando la mano entre la columna lumbar y la mesa de exploración. 
En esta posición se fija la pelvis en su posición normal. La pelvis muestra una in-
clinación hacia delante de unos 12°. A partir de aquí se inicia la lordosis lumbar. 
Una mayor contractura en flexión de la cadera se puede compensar aumentando la 
lordosis lumbar, que permite mantener al paciente una postura en apariencia normal.
Fig. 5.7 Prueba de extensión 
de la articulación de la cadera.
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Articulación de la cadera
196
▶Valoración. Sólo es posible la extensión hasta una posición neutra a 0° mante-
niendo el muslo apoyado sobre la camilla. Al aumentar la flexión, la pelvis se debe 
reorientar. Si la pierna explorada sigue apoyada sobre la camilla, el ángulo que 
adopta la pelvis tras reorientarse se corresponde con la capacidad de extensión 
máxima de la articulación de la cadera.
Cuando el paciente tiene una contractura en flexión, la cadera que se desea 
explorar no se puede mantener extendida sobre la camilla y se producirá una 
flexión progresiva de la cadera y de la pelvis. La contractura en flexión se puede 
estimar midiendo el ángulo que se forma entre la pierna afectada en flexión y 
la camilla.
Se producen contracturas en flexión en la artrosis, en los procesos inflamatorios 
y en las malposiciones de la articulación de la cadera, y pueden ser causa de 
alteraciones secundarias de la columna vertebral.
Fig. 5.8 a-c Maniobra 
de Thomas.
a Posición de partida.
b Normal.
c Contractura en flexión 
de la cadera izquierda.
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Articulación de la cadera
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Prueba de compresión de Noble
Valoración de una contractura del músculo tensor de la fascia lata.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador coloca la pierna del 
paciente con 90° de flexión de la rodilla y aproximadamente 50° de flexión de la 
articulación de la cadera. Se ejerce una ligera presión sobre el cóndilo femoral 
lateral con el dedo medio de la mano izquierda, que está apoyada sobre el mus-
lo. Se procede a realizar una extensión progresiva y principalmente pasiva de 
la articulación de la rodilla mientras se mantiene la posición flexionada de la 
cadera y se sigue ejerciendo presión sobre el cóndilo femoral lateral. Cuando se 
alcanza aproximadamente una flexión de 40° de la rodilla, se pide al paciente que 
extienda totalmente la rodilla lentamente.
▶Valoración. El músculo tensor de la fascia lata se origina en el margen ven-
trolateral del hueso ilíaco (espina ilíaca anterosuperior). Se corresponde con una 
división ventral del músculo glúteo medio. Su tendón se dirige hacia delante a 
través de un refuerzo de la fascia lata del muslo, la cintilla iliotibial.
Por encima de la cintilla iliotibial, el músculo tensor de la fascia lata se inserta 
en la tuberosidad de la cintilla iliotibial (tuberosidad de Gerdy). En su tramo distal 
se extiende por encima del epicóndilo lateral. La cintilla iliotibial experimenta 
una tensión máxima cuando la rodilla se extiende por completo partiendo de una 
flexión de 30°.
Fig. 5.9 a y b Prueba de compresión de Noble.
a Posición de partida.
b Posición en extensión.
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Articulación de la cadera
198
La aparición de dolor en el trayecto de la cintilla iliotibial en la parte proximal 
y distal indica una contractura del músculo o de la propia cintilla. Cuando al 
aumentar la extensión aparece dolor en la parte posterior del muslo, se deberá sos-
pechar una contractura de los músculos isquiocrurales, que no se debe confundir 
con una contractura del músculo tensor de la fascia lata.
Esta prueba tiene a menudo un resultado positivo en el denominado síndrome 
por rozamiento de la cintilla iliotibial al correr.
Prueba de Ober
Cuando el músculo cuádriceps está contracturado y no puede distenderse y los 
músculos isquiocrurales están acortados, se produce un incremento de la presión 
retropatelar. El acortamiento de la cintilla iliotibial puede provocar dolor crónico 
en la cara lateral del muslo y, cuando se producen alteraciones en la inserción en 
el retináculo lateral, también alteraciones funcionales de la articulación femoro-
rrotuliana.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito lateral. Se coloca la pierna que se desea 
explorar con una ligera aducción e hiperextensión de la articulación de la cadera. 
Si existe un importante acortamiento de la cintilla iliotibial, será prácticamente 
imposible la aducción de la pierna.
El explorador coloca una mano sobre la parte distal de la cintilla y valora así el 
estado del tono basal de la misma. Con el antebrazo se perciben movimientos de 
la pelvis, al tiempo que con la otra mano se fija la pierna. Para tensar la cintilla, se 
ejerce presión sobre la pierna del paciente hacia el suelo y se explora la articulación 
de la rodilla con diversos grados de flexión.
▶Valoración. El aumento del tono es fácil de detectar cuando la rodilla se encuen-
tra en una posición próxima a la extensión. Por el contrario, cuando se flexiona la 
rodilla, se reduce el estado de tensión de la cintilla iliotibial, porque en esta posición 
el origen y la inserción se acercan entre ellos.
Una palpación cuidadosa permite detectar fluctuaciones en la zona de inserción 
de la cintilla, que aparecen en el síndrome de rozamiento de la cintilla iliotibial 
o en las bursitis.
El paciente suele referir de forma espontánea que el tipo de dolor que percibe 
es igual que el que siente, por ejemplo, cuando corre (v. prueba de compresión 
de Noble).
Cuando existe un acortamiento marcado de la cintilla iliotibial o del tensor de 
la fascia lata, aparecerá dolor cuando la rodilla se flexiona entre 30° y 60°.
▶Observación. En pacientes con una lateralización de la rótula con hiperpresión 
lateral, la pérdida de tensión de la cintilla iliotibial suele producir un alivio.
Como con la rodilla en extensión la tensión sobre la cintilla iliotibial es elevada, 
Ober describió la prueba con la rodilla flexionada. Incluso con la rodilla flexionada, 
durante la realización de esta prueba se puede producir una elongación del nervio 
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Articulación de la cadera
199
femoral. Cuando aparezcan síntomas neurológicos, como parestesias y/o dolor 
irradiado, se deberá sospechar una irritación de la raíz nerviosa L3/L4.
La aparición de dolor en el trocánter mayor indica una tendinopatía a nivel del 
trocánter o una bursitis trocantérea.
Signo de Drehmann
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador coge la pierna del 
paciente a nivel del pie y a la altura de la rodilla y la flexiona. Cuando al flexionar 
la rodilla se produce un aumento de la rotación externa de la cadera, se deberá 
sospechar una enfermedad de la articulación de la cadera. Este movimiento puede 
ser indoloro, pero en ocasiones provoca dolor.
▶Valoración. En pacientes jóvenes, el signo de Drehmann es positivo cuando 
existe una epifisiólisis de la cabeza del fémur. Como consecuencia de dicha 
epifisiólisis, al flexionar la articulación de la cadera se produce una rotación 
externa progresiva.
Esta prueba también puede tener resultado positivo en las infecciones de la 
articulación de la cadera, en las primeras fases de la coxartrosis o en algunos 
tumores.
Fig. 5.10 a y b Prueba de Ober.
a Posición de partida.
b Se tira hacia atrás de la pierna.
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Articulación de la cadera
200
Prueba de rotación pasiva (prueba del giro)
▶Procedimiento. Mientras el paciente se encuentra en decúbito supino, el ex-
plorador realizamovimientos de rotación externa e interna suaves (movimientos 
de giro) de la articulación de la cadera colocando una mano en el muslo y la otra 
en el tobillo. Durante este movimiento se desplaza la superficie articular de la 
cabeza del fémur dentro del acetábulo sin activación de estructuras nerviosas ni 
miotendinosas.
▶Valoración. La aparición de dolor o limitaciones para la movilidad en uno de los 
dos lados indica una patología intraarticular de la cadera.
Fig. 5.11 a y b Signo de Drehmann.
a Flexión de la rodilla y la cadera.
b Movimiento de rotación externa de la cadera.
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Articulación de la cadera
201
Prueba de Anvil
▶Procedimiento. El paciente se encuentra en decúbito supino con las piernas 
extendidas. El explorador eleva ligeramente con una mano la pierna extendida y 
con la otra mano golpea con el puño el talón en dirección axial.
▶Valoración. La potencia del golpe se transporta hasta la articulación de la cadera. 
La aparición de dolor en la ingle o en la zona del muslo próxima a la cadera indica 
una lesión en la cadera (p. ej., coxartrosis, coxitis, fractura del cuello del fémur); en 
los pacientes portadores de una prótesis de cadera este signo indica un aflojamiento 
de la prótesis (la aparición de dolor en la ingle sugiere un aflojamiento del cotilo, 
mientras que el dolor en la cara lateral sugiere más un aflojamiento del vástago).
Aparecerán molestias en la columna lumbar en pacientes con enfermedades de 
los discos intervertebrales o trastornos vertebrales de origen reumático.
Fig. 5.12 a y b Prueba de rotación pasiva (prueba del giro).
a Rotación interna.
b Rotación externa.
Fig. 5.13 Prueba 
de Anvil.
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Articulación de la cadera
202
Dolor a la sacudida axial de la pierna
▶Procedimiento. El paciente se coloca en decúbito supino, con una pierna exten-
dida y la otra flexionada a nivel de la rodilla y en rotación externa en la cadera. El 
paciente debe colocar el maléolo externo de la pierna flexionada por encima de 
la rodilla contralateral. El explorador coge con las dos manos la parte distal del 
muslo y lo sacude en dirección axial.
▶Valoración. Este movimiento provoca una sacudida en la articulación de la cadera 
y la parte de la pelvis afectada.
La aparición de dolor en la ingle indica una enfermedad articular en la cadera 
(p. ej., una coxartrosis); la aparición de dolor tras la implantación de una prótesis 
de cadera sugiere un aflojamiento de la misma.
Aparecerá dolor en la región de la columna lumbar en pacientes con trastornos 
del disco intervertebral o trastornos reumatológicos vertebrales.
Prueba del piriforme
Valoración de una contractura del músculo piriforme.
▶Procedimiento. El paciente se tumba sobre el lado sano. Se flexiona la pierna 
afectada 60° a nivel de las articulaciones de la rodilla y la cadera. El explorador 
estabiliza la pelvis con una mano y con la otra ejerce presión dirigida hacia el suelo 
sobre la articulación de la rodilla.
▶Valoración. La aparición de dolor en el músculo piriforme sugiere una contrac-
tura muscular. La aparición de dolores que se irradian con síntomas neurológicos 
sugiere una irritación del nervio ciático.
Fig. 5.14 Dolor a la sacudida 
axial de la pierna.
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Articulación de la cadera
203
Aproximadamente en un 15% de las personas el músculo piriforme se divide en 
varias partes por el nervio ciático u otros ramos del plexo sacro. Estos pacientes 
presentan con mayor frecuencia el, por lo demás poco habitual, síndrome del 
piriforme.
La limitación de la rotación interna de la articulación de la cadera se puede 
deber también a un acortamiento patológico y doloroso del músculo piriforme.
Signo de Trendelenburg-Duchenne
Valoración funcional de los músculos pelvicotrocantéreos.
▶Procedimiento. El explorador se coloca detrás del paciente, que está en bipedes-
tación erguido. Se pide al paciente que eleve la pierna flexionada a nivel de la 
rodilla y la cadera.
▶Valoración. Cuando el paciente permanece de pie apoyado en una sola pierna, 
se produce una contracción de los músculos pelvianos y trocantéreos (músculos 
glúteos medio y menor) del lado que se apoya y se eleva la pelvis del lado que no 
se apoya, manteniéndose la posición horizontal.
Esta posición permite una marcha armónica. Cuando existe una lesión de los 
músculos glúteos (debilidad muscular secundaria a luxación de la cadera, parálisis, 
estado tras varias cirugías en la articulación de la cadera), con la consiguiente 
pérdida de función, el paciente no tiene ya capacidad para mantener la pelvis del 
lado que apoya. La pelvis se inclinará hacia el lado sano, que no carga (signo de 
Trendelenburg positivo). Durante la deambulación se encontrará la típica marcha 
basculante o de pato, sobre todo cuando existe una alteración degenerativa bilateral 
(luxación de ambas caderas).
La inclinación de la pelvis hacia el lado sano, con el consiguiente desplazamiento 
del centro de gravedad del cuerpo, se puede compensar generalmente mediante 
una lateralización de la mitad superior del cuerpo hacia el lado de apoyo (signo 
de Duchenne).
Fig. 5.15 Prueba del piriforme.
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Articulación de la cadera
204
Entre los motivos de una insuficiencia de los músculos pelvicotrocantéreos se 
incluyen:
j	 «Debilidad» verdadera (paresia-parálisis).
j	 Reducción de la distancia entre el origen y la inserción (luxación de la cadera, 
elevación del trocánter, osteotomía en varo, enfermedad de Perthes).
j	 Alteraciones en la relación de palanca (acortamiento del cuello del fémur, 
aumento de la antetorsión).
j	 Dolores.
Tabla 5.1 Grados en que se clasifica el signo de Trendelenburg (según Hoppenfeld, 1982).
Negativo Se puede elevar la pelvis del lado que no se apoya con fuerza normal.
Débilmente positivo Se puede mantener la pelvis del lado que no se apoya, pero no se 
puede elevar.
Positivo La pelvis del lado que no se apoya desciende.
Fig. 5.16 a-c Signo de Trendelenburg-Duchenne.
a Situación normal con elevación de la pelvis por contracción de los músculos 
pelvicotrocantéreos en el lado que se apoya.
b En casos de insuficiencia de los músculos pelvicotrocantéreos, la pelvis desciende 
hacia el lado sano, que no sufre sobrecarga (signo de Trendelenburg positivo).
c La insuficiencia de los músculos pelvicotrocantéreos se puede compensar parcialmente 
desplazando el centro de gravedad del cuerpo hacia la pierna que se apoya (signo 
de Duchenne).
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Articulación de la cadera
205
Signo de Patrick (signo de Fabere-Patrick)
Valoración de la enfermedad de Perthes.
▶Procedimiento. Se coloca al niño en decúbito supino, con una pierna extendida 
y la otra flexionada a nivel de la rodilla. Se coloca el maléolo externo de la pierna 
flexionada por encima de la rodilla de la otra pierna. La prueba se puede realizar 
apoyando el pie de la pierna flexionada sobre la parte interna de la rodilla de la 
otra pierna. Posteriormente se deja caer o se presiona la pierna flexionada hacia 
fuera.
▶Valoración. Generalmente, la rodilla de la pierna abducida prácticamente con-
tacta con la camilla. Se debe medir la distancia que queda entre la rodilla y la 
camilla y comparar ambos lados. El signo de Patrick se considera positivo cuando 
este movimiento queda limitado. Los aductores están tensos y el niño refiere 
dolor cuando trata de abducir todavía más una pierna que tienedificultades para 
realizar este movimiento. La aparición de dolor en la región inguinal sugiere una 
enfermedad de Perthes en fases iniciales.
La enfermedad de Perthes se corresponde con una necrosis aséptica isquémica 
de la cabeza femoral. Es la forma de necrosis aséptica ósea más frecuente y suele 
Fig. 5.17 a y b Signo 
de Fabere-Patrick.
a Normal.
b Patológico, abducción dolorosa 
y limitada.
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Articulación de la cadera
206
aparecer entre los 3 y los 12 años de edad, aunque la mayor parte de los casos se 
describen entre los 4 y los 8 años. Cuando se manifiesta la enfermedad, el niño 
se empieza a cansar con facilidad y muestra una ligera cojera. Refiere, además, 
dolor leve en la cadera, aunque en ocasiones sólo refiere dolor a nivel de la rodilla.
▶Observación. En los adultos la aparición de un signo positivo en presencia de una 
limitación de la movilidad y puntos dolorosos a la presión sugiere una enfermedad 
de la cadera o una contractura del músculo iliopsoas. El diagnóstico diferencial de 
un resultado positivo de la prueba de Patrick incluye una alteración funcional de la 
articulación sacroilíaca de ese lado.
Signo del telescopio
Valoración de una luxación congénita de la cadera.
▶Procedimiento. El explorador sujeta la pierna afectada con una mano y la coloca 
en flexión de la rodilla y la cadera. Coloca la otra mano dorsolateral a la cadera 
y palpa con el pulgar el trocánter y con el índice el movimiento de la cabeza del 
fémur. La mano que mueve la pierna empuja el fémur en la misma dirección de su 
eje longitudinal ejerciendo tracción y presión variables.
▶Valoración. Cuando existe una luxación de la cadera, se tiene la sensación de 
que la pierna parece más corta o más larga. La mano sigue el movimiento de la 
cabeza femoral o del trocánter mayor, tanto cuando se luxa como cuando se vuelve 
a colocar.
Fig. 5.18 a y b Signo del telescopio.
a Presión axial dirigida en sentido dorsal: acortamiento aparente de las piernas.
b Tracción longitudinal sobre la pierna: elongación aparente.
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Articulación de la cadera
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Prueba de Roser-Ortolani-Barlow
Valoración de la inestabilidad de la articulación de la cadera (en lactantes).
▶Procedimiento. El niño se coloca en decúbito supino y con una mano se realiza 
una flexión intensa de la cadera y se fija en esa posición la pelvis. Con la otra mano 
se coge la rodilla y el muslo del lado que se desea explorar, colocando los dedos 
sobre el trocánter y el pulgar por debajo del pliegue inguinal.
Tras una aducción intensa del muslo, se realiza una presión axial cuidadosa 
al tiempo que con el pulgar se tira de la cara interna del muslo hacia fuera. Esta 
presión hacia fuera genera resistencia contra los dedos, que se puede valorar en 
caso de inestabilidad de la articulación por el cambio en la dirección de la misma, 
que se percibe con el pulgar por un lado y el dedo medio por el otro (prueba de 
luxación de Barlow).
En la segunda fase de la exploración se realiza una abducción lenta del mus-
lo manteniendo una presión axial constante. Si la cabeza del fémur se había 
salido del centro del acetábulo durante la primera fase, se podrá ahora recolocar 
ejerciendo presión con los dedos contra el trocánter mayor al tiempo que se va 
aumentando la abducción, fenómeno que se percibe como un chasquido cuando 
la cabeza vuelve a entrar en el cotilo (recolocación; fenómeno del chasquido de 
Ortolani).
Esta exploración se debe realizar por separado en cada lado.
▶Valoración. La exploración permite valorar la inestabilidad de la articulación 
de la cadera y también ofrece la ocasión de medir de forma precisa el grado de 
inestabilidad. Tönnis distingue cuatro grados:
j	 I: ligera inestabilidad de la articulación de la cadera sin chasquido de la cadera.
j	 II: subluxación de la cadera. Se puede reducir por completo mediante la abduc-
ción (chasquido audible).
j	 III: cadera luxada, que se puede reducir.
j	 IV: cadera luxada, que ya no se puede reducir. El cotilo aparece vacío y la cabeza 
se palpa dorsal al mismo. Se encuentra una clara limitación de la abducción y 
no es posible reducirla.
▶Atención. En los primeros días de vida se suele observar un chasquido seco sin 
luxación, que posteriormente desaparece.
La prueba de Roser-Ortolani-Barlow tiene especial utilidad durante las 
2-3 primeras semanas de vida a nivel práctico. En niños de mayor edad, existe 
una prueba alternativa llamada prueba de Ludloff-Hohmann. Cuando se abduce 
y se flexiona la articulación de la cadera, en condiciones normales se observa una 
flexión espontánea de la rodilla por la tensión fisiológica de tipo mecánico de los 
músculos isquiocrurales. Cuando, en presencia de este movimiento de abducción 
y flexión de la cadera, la rodilla está totalmente extendida, se deberá sospechar 
una inestabilidad de la articulación de la cadera.
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Articulación de la cadera
208
Fig. 5.19 a-c Prueba de Roser- 
Ortolani-Barlow (articulación 
de la cadera derecha).
a Posición de partida.
b Ligera abducción.
c Recolocación tras la abducción.
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Articulación de la cadera
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Prueba de Galeazzi (prueba de Allis)
Valoración de una diferencia de longitud entre las piernas.
▶Procedimiento. Decúbito supino con flexión en ángulo recto de las rodillas y pies 
apoyados planos sobre la camilla. El explorador deberá comparar desde el extremo 
de la camilla y desde los laterales la posición de ambas rodillas.
▶Valoración. En condiciones normales, ambas rodillas deben estar a la misma 
altura. Si una queda más alta que la otra, la tibia de esa extremidad será más larga 
o bien la contralateral más corta. Cuando una rodilla queda anterior a la otra, el 
fémur de esa extremidad será más largo o el de la contralateral más corto. Existe 
una prueba complementaria en la que se valora la longitud de los muslos que sirve 
para el estudio de la luxación de la cadera. En este caso se ve que la longitud de los 
muslos es idéntica a pesar de la aparente diferencia de longitud que se encuentra 
en la luxación de cadera, porque parece que uno de los muslos es más corto que 
el contralateral.
Es importante recordar que en la luxación bilateral la prueba de Galeazzi puede 
ofrecer un resultado falso negativo.
Fig. 5.20 a y b Prueba 
de Galeazzi-Allis.
a Pierna acortada.
b Muslo acortado, pierna acortada.
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Articulación de la cadera
210
Prueba de antetorsión (prueba de Craig)
▶Procedimiento. La exploración se realiza en decúbito prono. Con una mano el 
explorador rota la pierna (con la articulación de la rodilla flexionada) y con la 
otra palpa el trocánter mayor y percibe la rotación, que es máxima en la parte 
lateral.
▶Valoración. Cuando se produce la máxima lateralización del trocánter mayor, 
será posible valorar de forma directa la antetorsión midiendo el grado de des-
viación de la pierna respecto de la vertical. En esta posición, el cuello del fémur se 
localiza en un plano horizontal y los cóndilos de la rodilla y la pierna muestran el 
ángulo de antetorsión.
La precisión de esta medida es similar a la obtenida con estudios radiológicos 
cuando la realiza una persona experta. La antetorsión al nacer es de unos 40°, 
aunque con la edad se corrige hasta ser de 8-15°. La existencia de un aumento de 
la antetorsión hace que la marcha del paciente sea en rotación interna con una 
orientación medial de las rodillas.
Fig. 5.21 a y b Prueba de antetorsión.
a Flexión de la rodilla a 90°.
b La pierna se desvía del ángulo recto (medida del ángulo).5
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Articulación de la cadera
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Prueba de la diferencia de longitud entre las piernas
Valoración de las diferencias reales y funcionales en la longitud de las piernas.
▶Procedimiento. La medición de una diferencia real en la longitud de las piernas 
se realiza en bipedestación mediante la colocación de alzas de madera de espesor 
variable (0,5, 1 y 2 cm) debajo de la pierna más corta hasta que se consigue equili-
brar la posición de la pelvis.
▶Valoración. La comparación entre la posición de las dos hemipelvis se realiza 
con facilidad, sobre todo cuando el paciente se inclina hacia delante en bipedes-
tación. Cuando la pelvis está horizontal, la diferencia en la longitud de las piernas 
se corresponde con la altura de las alzas colocadas. La estimación de la diferencia 
en la longitud de las piernas mediante la palpación de las dos crestas ilíacas desde 
la parte dorsal suele resultar imprecisa, ya que éstas pueden estar situadas a dis-
tintas alturas incluso en presencia de unas extremidades de la misma longitud y 
una columna vertical recta en los estudios radiológicos.
Existen asimetrías en la posición de la pelvis, especialmente en la displasia de 
cadera. En general, la pelvis es más pequeña en el lado afectado por la displasia 
y con frecuencia el estudio radiológico panorámico en el que se visualiza el sacro y 
la parte distal de la columna lumbar permite medir con absoluta exactitud la 
localización y la magnitud de la diferencia de longitud entre las piernas.
Cuando no es posible compensar el desequilibrio de la pelvis colocando alzas, 
se deberá sospechar una malformación fija en una o más articulaciones o una es-
coliosis fija y se deberá considerar que la diferencia de longitud entre las piernas 
es de origen funcional. Este fenómeno se produce por una contractura en flexión 
o aducción de la cadera. La pelvis se inclina hacia el lado sano y la pierna sana 
parecerá más larga y la enferma, más corta.
La contractura en abducción de la articulación de la cadera provoca una elonga-
ción funcional de la pierna, ya que la pelvis se inclina hacia el lado afectado y esto 
hace que la pierna sana parezca más corta y la enferma más larga. La diferencia 
real en la longitud de las piernas se reconoce mejor en bipedestación, mientras 
que la diferencia funcional se valora y se mide mejor en decúbito.
▶Observación. También es posible realizar una medición directa de la longitud 
de las piernas para valorar una posible diferencia de la misma. En este caso se 
utiliza una cinta métrica para medir la distancia entre la espina ilíaca anterosu-
perior y el maléolo medial.
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Articulación de la cadera
212
Fig. 5.22 a-f Prueba de la diferencia de longitud entre las piernas.
a-b Acortamiento real: las piernas parecen de la misma longitud en bipedestación. 
El acortamiento del lado izquierdo se compensa con una inclinación de la pelvis 
y posición escoliótica (a). Si se colocan unas alzas de distintas alturas, se consigue 
compensar la inclinación de la pelvis y la escoliosis (b).
c-d Elongación funcional de la pierna: contractura en abducción del lado derecho (c). 
Inclinación de la pelvis hacia el lado enfermo. La pierna sana parece más corta 
y la enferma, más larga (d).
e-f Acortamiento funcional de la pierna: contractura en aducción del lado derecho (e). 
La pierna enferma parece más corta y la sana, más larga (f).
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Articulación de la cadera
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Signo de extensión de la cadera
Valoración de enfermedades de la médula espinal y lesiones de los discos inter-
vertebrales en niños.
▶Procedimiento. Se coloca al niño en decúbito supino y el explorador le eleva las 
dos piernas extendidas.
▶Valoración. Si la elevación de las dos piernas se acompaña de una extensión re-
fleja de la articulación de la cadera, se deberá considerar un signo de lesión medular 
(p. ej., tumor), una estenosis del conducto medular (p. ej., espondilolistesis) o una 
compresión radicular por un prolapso del disco intervertebral.
Fig. 5.23 a y b Signo de extensión de la cadera.
a Posición de partida.
b Patológico.
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214
Signo de irritación del trocánter (prueba de la bicicleta)
Prueba para la valoración funcional de los abductores, indicativa de displasia de 
la cadera.
▶Procedimiento. El paciente se tumba sobre el lado sano. En decúbito lateral 
realiza movimientos como si pedaleara una bicicleta con una abducción ligera.
▶Valoración. Cuando el paciente percibe dolor en el trocánter y los músculos 
glúteos, se deberá sospechar una sobrecarga de los músculos abductores, que 
podría indicar una displasia de cadera. Esta prueba sólo se debe realizar cuando la 
anamnesis del paciente revele dolores por sobrecarga de los abductores. Además 
del dolor a la presión en el trocánter mayor, la debilidad de los músculos abduc-
tores puede ser causa de un signo de Trendelenburg positivo y provocar cojera 
por sobrecarga de la cadera. La aparición ocasional de un chasquido asintomático 
o doloroso en la cadera se puede deber a una lesión del rodete acetabular o del 
tendón del psoas, que se produce por el desplazamiento anterior de la cabeza 
del fémur.
Fig. 5.24 Signo de irritación 
del trocánter.
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Articulación de la cadera
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Prueba de la región dorsal
Valoración de una lesión en la parte dorsal del rodete acetabular de la articulación 
de la cadera.
▶Procedimiento. El paciente se coloca en decúbito supino y primero lleva la cadera 
a una flexión, abducción y rotación externa forzada. A continuación procede a 
realizar una extensión en aducción y rotación interna.
▶Valoración. Esta maniobra hace que la cabeza del fémur contacte con el complejo 
cápsula dorsal-rodete acetabular por el estrés de la presión y el cizallamiento. 
Cuando el paciente refiere molestias en la región dorsolateral de la articula-
ción de la cadera, se deberá sospechar una lesión de la cápsula dorsal-rodete 
acetabular.
El diagnóstico diferencial entre el dolor de origen intraarticular y extraarticular 
se puede realizar con una prueba de infiltración diagnóstica (10 ml de xilocaína 
al 1% en inyección intraarticular). Cuando el paciente tiene una lesión del rodete 
acetabular debería presentar una limitación de la movilidad en flexión y rotación 
y la prueba de provocación para el rodete positiva debería mejorar mucho o ser 
normal poco tiempo después de la infiltración.
Fig. 5.25 a y b Prueba 
de la región dorsal.
a Flexión/abducción/rotación 
externa forzadas de la pierna 
a nivel de la articulación 
de la cadera.
b Extensión/aducción/rotación 
interna forzadas de la pierna 
a nivel de la articulación 
de la cadera.
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Articulación de la cadera
216
Pruebas para la displasia de cadera de Kalchschmidt
Valoración de las molestias asociadas a una displasia de cadera.
La mayor parte de los pacientes que refieren molestias por una displasia de 
cadera describen dolor asociado a la carga y lo refieren en la ingle, aunque en 
ocasiones lo localizan más en la región del trocánter mayor o en ambas zonas.
Sin embargo, también hay pacientes que no pueden localizar bien el dolor en 
una región anatómica y lo refieren en el muslo, la región glútea o a nivel lumbar.
Las siguientes pruebas ayudan a aclarar una sospecha clínica y radiológica de 
displasia dolorosa:
▶Prueba 1. El pacientese apoya sobre la pierna dolorosa. Se coloca el cuerpo 
del paciente de forma que la articulación de la cadera quede en rotación externa 
máxima modificando la posición de los hombros. Si se inclina hacia atrás la parte 
superior del cuerpo, se produce además una hiperextensión de la cadera.
Cuando existen molestias asociadas a una displasia de cadera aparecerá dolor 
en la ingle. Cuando el paciente se inclina hacia delante y se coloca la cadera en 
una ligera rotación interna modificando la posición de los hombros, estas moles-
tias desaparecen.
▶Prueba 2. Paciente en decúbito prono (se puede colocar una bolsa de arena 
debajo de la rodilla). Se coloca la pierna flexionada en ángulo recto y, ejerciendo 
presión sobre la región glútea, se realiza una rotación externa lenta y progresiva 
de la cadera.
Cuando existen molestias asociadas a una displasia de cadera, aparecerá dolor 
en la región de la ingle. Esta prueba es sencilla de realizar y concluyente (se com-
paran los dos lados).
▶Prueba 3. Paciente en decúbito supino. En primer lugar, el explorador palpa por 
debajo de la espina ilíaca inferior de la cadera. Usando el dedo índice del brazo 
extendido ejerce una presión progresiva sobre la cabeza del fémur.
Cuando existe una displasia de cadera, el paciente referirá dolor. Esta prueba es 
concluyente, sobre todo si se comparan los dos lados. No es raro observar durante 
su realización que una cabeza del fémur descentrada hacia delante se puede volver 
a introducir presionando sobre ella en la articulación.
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Articulación de la cadera
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Fig. 5.26 a-d Pruebas para la displasia de cadera de Kalchschmidt.
a-b Prueba 1.
c Prueba 2.
d Prueba 3.
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Articulación de la cadera
218
Prueba del pinzamiento fémoro-acetabular
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador coge la pierna afec-
tada por el talón y la rodilla y flexiona las articulaciones de la rodilla y la cadera. 
Posteriormente fuerza la flexión de la cadera y la combina con un movimiento de 
rotación interna y aducción.
▶Valoración. La aparición de dolor en la ingle con limitación para la flexión y 
la rotación interna se interpreta como un resultado positivo de la prueba. Los 
movimientos de flexión, aducción y rotación interna forzados hacen que el cuello 
del fémur entre en contacto con el margen ventrolateral del acetábulo. La exis-
tencia de crecimientos óseos en la unión entre el cuello y la cabeza del fémur 
(pinzamiento de tipo cam) y/o en el margen anterior del acetábulo y cuando el 
acetábulo es más profundo (protrusión) (pinzamiento de tipo pincer) produce un 
contacto precoz entre el cuello del fémur y el rodete acetabular anterior, lo que 
provoca lesiones en el rodete y el cartílago articular. Estas lesiones suelen afectar 
a personas jóvenes y deportistas (p. ej., jugadores de fútbol) (clínicamente cursa 
con dolor en la ingle al sentarse y realizar actividades deportivas).
Cuando se realiza una flexión y rotación externa se produce una reducción 
o desaparición total de las molestias. Cuando se realizan estos movimientos, 
se produce un alejamiento lateral del cuello del fémur respecto del rodete 
anterior, sin que se observe pinzamiento. Existe una limitación de la rotación 
interna y la flexión en otras muchas enfermedades, que son parte del diagnós-
tico diferencial de este proceso (enfermedad de Perthes, epifisiólisis, reducción 
de la antetorsión).
▶Observación. Una hiperextensión/rotación externa pasiva forzada puede pro-
vocar una subluxación ventral de la cabeza del fémur, con aparición de dolor. En 
este caso, la cabeza del fémur protruye a través de una rotura o desgarro del rodete 
acetabular (en la displasia de cadera). Los dolores articulares profundos indican 
un pinzamiento dorsocaudal.
Tanto la reducción del espacio articular femoral (pinzamiento de tipo cam) 
como el aumento de la cobertura del rodete acetabular pueden ocasionar cambios 
estructurales en la articulación de la cadera con desarrollo posterior de una 
coxartrosis.
La combinación de movimientos de flexión, abducción y rotación interna forza-
dos en la cadera produce un contacto entre el cuello femoral y la parte anterolateral 
del cotilo y esto provoca dolor en los pacientes con una lesión del rodete acetabular 
(prueba del pinzamiento).
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Articulación de la cadera
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Fig. 5.27 Prueba del pinzamiento 
fémoro-acetabular.
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© 2014. Elsevier España, S.L. Reservados todos los derechos220
6 Articulación de la rodilla
Los recientes conocimientos de anatomía, biomecánica y fisiopatología han mejo­
rado nuestra comprensión y tratamiento de las enfermedades de la articulación de 
la rodilla (sobre todo en relación con la actividad deportiva), que en este momento 
son el centro de interés.
Algunas pruebas no invasivas, como la ecografía, la tomografía computarizada o 
la resonancia magnética, permiten realizar en la actualidad una valoración exacta 
de las estructuras articulares de la rodilla lesionada; la artroscopia, además de 
diagnóstica, es un procedimiento de elección para el tratamiento quirúrgico.
A la hora de realizar una valoración diagnóstica de las alteraciones de la rodilla 
se debe comenzar por la anamnesis y la exploración física. Se debe obtener una 
radiografía de la rodilla anteroposterior y lateral, así como una proyección axial de 
la rótula con posición lateral del fémur, para reconocer las distintas alteraciones 
óseas.
Tiene gran importancia conocer la localización y el tipo de dolor, su duración 
y el momento temporal en que apareció (dolor por sobrecarga, bloqueo articu­
lar, etc.). La inspección debe valorar la desviación del eje normal (genu valgo, varo, 
flexionado y recurvatum). La presencia de derrame articular y la atrofia muscu lar 
nos orientan sobre las causas de las molestias articulares; la palpación permite, por 
último, localizar de forma dirigida las estructuras articulares enfermas y valorarlas. 
Las pruebas clínicas estáticas y dinámicas, así como el estudio de los movimientos 
complejos articulares, contribuyen también a establecer el diagnóstico. En las 
lesiones de la articulación de la rodilla es importante conocer la evolución del 
daño. El tipo y la magnitud de las lesiones dependen de la orientación, duración 
y potencia de la agresión, así como de la posición en la que estaba situada la 
articulación cuando se produjo.
En los niños y adultos jóvenes predominan las lesiones deportivas o las mal­
formaciones congénitas (desaxación de los ejes, malformaciones de la rótula, etc.) 
como causa de las molestias articulares en la rodilla. Cuando un paciente joven 
refiere, por ejemplo, dolor en la zona de la tuberosidad tibial cuando practica dis­
ciplinas de salto en el colegio, se deberá sospechar una enfermedad de Schlatter; 
si se trata de un joven de mayor edad cabe considerar un síndrome de la punta 
de la rótula (rodilla del saltador). Las lesiones degenerativas del menisco pueden 
aparecer en adultos jóvenes de forma abrupta con síntomas meniscales y síntomas 
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Articulación de la rodilla
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por bloqueo. En los ancianos predominan los trastornos degenerativos iniciales o 
evolucionados de la articulación asociados al envejecimiento como causa de las 
molestias en la rodilla, aunque también pueden ser consecuencia tardía de un 
estadio avanzado de una lesión,alteraciones secundarias al trabajo realizado o 
malposiciones articulares adquiridas. Un dolor difuso de la rodilla sin un trau­
matismo concreto en ancianos indica casi siempre una degeneración del menisco 
o de la articulación. En general, en estos pacientes se encuentra edema articular 
y calor local. El paciente con una artrosis retropatelar suele referir dolor al subir 
escaleras o caminar cuesta abajo, que en ocasiones se asocia a una sensación de 
inestabilidad. Los dolores en la cara posterior de la rodilla aparecen en pacientes 
con artrosis (quistes de Baker).
Además de estas descripciones típicas del dolor, se debe interrogar con cuidado 
al paciente para aclarar los dolores que no sean característicos. Es especialmente 
importante establecer el diagnóstico diferencial con trastornos de las articulaciones 
vecinas. No es raro que los pacientes con coxartrosis refieran un dolor irradiado por 
el muslo que alcanza la articulación de la rodilla. Otras posibles causas de molestias 
en la rodilla son trastornos de la articulación sacroilíaca y de la columna lumbar 
y algunas malformaciones de la articulación de la cadera, el acortamiento de una 
pierna o los trastornos del eje del miembro.
Es también importante valorar trastornos de la irrigación y de la sensibilidad 
y enfermedades de otros sistemas orgánicos. En la poliartritis crónica se describe 
afectación de la rodilla en más del 60% de los casos. En algunos casos de monoar­
tritis se pueden plantear procesos como la borreliosis. La anamnesis exacta y las 
pruebas de diagnóstico orientadas ayudan a aclarar el diagnóstico diferencial en 
estos casos.
Pruebas para la articulación de la rodilla
 
Fig. 6.1 Flexión/extensión. Rotación interna/externa: se eleva la pierna en extensión. 
Con 90° de flexión de la rodilla y dejando la pierna colgando, se puede realizar una rotación 
interna de 10° y una rotación externa de hasta 25°.
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Fig. 6.2 Dolores en la articulación de la rodilla.
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Pruebas de distensión muscular
Además de valorar la movilidad, se debe analizar la situación de los músculos. 
En este sentido se debe definir la situación de los grupos musculares aislados y 
determinar el estado de acortamiento o contractura de los músculos de la pierna 
y el muslo.
Prueba de distensión del cuádriceps (prueba de rigidez)
▶Procedimiento. El paciente se tumba en decúbito prono y el explorador trata de 
llevar de forma pasiva los talones hacia el glúteo flexionando la rodilla.
▶Valoración. Normalmente se puede alcanzar el glúteo con los talones en ambos 
lados. Un acortamiento de los músculos cuádriceps aumenta la distancia entre el 
talón y el glúteo.
Prueba de distensión del músculo recto
▶Procedimiento. La valoración de los músculos rectos del paciente se realiza en 
decúbito supino. El paciente debe mantener la pierna no afectada en posición de 
flexión máxima. Cuando se deja colgando la pierna, se flexiona la rodilla del lado 
afectado.
▶Valoración. En condiciones normales, la rodilla se flexiona un poco más de 90° 
en extensión de la cadera. Cuando existe un acortamiento de los músculos rectos 
femorales, esta flexión es inferior a 90°.
Fig. 6.3 a y b Prueba de distensión del cuádriceps (prueba de rigidez).
a Se lleva el talón hasta las nalgas.
b Limitación de la movilidad por acortamiento del cuádriceps.
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Prueba de distensión de la pantorrilla (musculatura 
isquiocrural)
▶Procedimiento. La valoración de los músculos isquiocrurales se realiza en decú­
bito supino. El explorador eleva la pierna extendida del paciente y mide la máxima 
flexión que se puede conseguir en la cadera manteniendo la lordosis lumbar.
▶Valoración. Se consideran patológicos ángulos inferiores a 90°. Cuando los 
músculos isquiocrurales están acortados, la flexión sólo se puede obtener si se 
flexiona la rodilla.
Fig. 6.5 a y b Prueba de distensión de la pantorrilla (musculatura isquiocrural).
a Limitación de la flexión de la cadera por acortamiento de los músculos isquiocrurales.
b Flexión de 90° de la cadera con flexión simultánea de la rodilla.
Fig. 6.4 a y b Prueba de distensión del músculo recto.
a Flexión de 90° de la rodilla con extensión de la articulación de la cadera.
b Limitación de la flexión de la rodilla por acortamiento del músculo recto femoral.
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Articulación de la rodilla
226
Tumefacción de la rodilla
Para valorar la tumefacción de la rodilla, el explorador deberá determinar el tipo 
de tumefacción y su perímetro. Es preciso distinguir entre el derrame articular 
y la tumefacción sinovial. En la articulación de la rodilla existen en condiciones 
normales unos 2 ml de líquido sinovial. Un derrame articular hemático (hemartros) 
suele tener un origen traumático y se debe a una fractura, una lesión ligamentosa 
(sobre todo el ligamento cruzado anterior) o un desgarro cerca de la base del 
menisco. El hemartros suele aparecer con mucha rapidez (en general en 1­2 horas). 
La palpación muestra una tumefacción dolorosa y tensa y la piel está caliente.
El derrame articular, que no se produce por un traumatismo sino por enferme­
dades articulares crónicas, suele aparecer en horas o incluso días. El explorador 
palpa un derrame articular fluctuante y la piel está algo aumentada de temperatura. 
El derrame articular sinovial se suele deber a una sobrecarga de la articulación de 
la rodilla y suele desaparecer por sí solo.
En las infecciones articulares, el derrame aparece de forma algo más tardía. 
La piel a nivel de la articulación estará muy enrojecida y caliente. La palpación 
revela un derrame articular a tensión y muy doloroso. También se encuentra una 
limitación de la movilidad por el dolor.
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Tabla 6.1 Edema de la rodilla: exploraciones para el diagnóstico diferencial.
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Articulación de la rodilla
228
Prueba de Brush
Valoración de un derrame articular pequeño.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador palpa con una mano 
la zona medial de distal a proximal y con la otra la parte lateral de proximal a distal 
en el fondo de saco superior.
▶Valoración. Incluso con un derrame articular pequeño esta maniobra permite 
detectar la «oleada de líquido» en la porción mediodistal de la articulación.
Prueba de la «rótula bailarina»
Valoración de un derrame articular en la rodilla.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino o bipedestación. Con una mano se 
palpa el fondo de saco suprapatelar desde craneal y con la otra se presiona la rótula 
contra el fémur o se desplaza con una suave presión la rótula hacia medial y lateral.
▶Valoración. Una resistencia elástica (rótula bailarina) es patológica e indica un 
derrame articular.
Fig. 6.6 Prueba de Brush.
a De distal a proximal.
b De proximal a distal.
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Rótula
Los pacientes suelen describir el dolor femororrotuliano como una sensación difusa 
situada en la parte anterior de la articulación. En este contexto se suele hablar de 
síndrome de dolor anterior de la rodilla o peripatelar. En general, el dolor aumenta 
cuando se sobrecarga la articulación (p. ej., al bajar escaleras);permanecer sentado 
mucho tiempo también intensifica los dolores. Los dolores que empeoran con 
la tensión sugieren una lesión cartilaginosa, mientras que los que inicialmente 
mejoran con la actividad, aunque luego empeoren, sugieren más un problema 
muscular o tendinoso (tendinopatía de los tendones rotulianos del músculo cuá­
driceps o la cintilla iliotibial).
La «claudicación» es un síndrome típico que puede aparecer de forma refleja 
en los dolores retropatelares.
Se deben diferenciar las enfermedades del menisco y de los ligamentos cruza­
dos, así como la subluxación y la luxación rotuliana.
Un roce retropatelar es sugestivo de una artrosis retropatelar en fase precoz y 
con frecuencia se asocia a un ligero derrame en la articulación de la rodilla.
Fig. 6.7 a y b Prueba de la «rótula bailarina».
a En decúbito.
b En bipedestación.
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Articulación de la rodilla
230
Los derrames articulares de mayor volumen suelen asociarse a luxaciones con 
rotura del retináculo medial.
La exploración clínica se debe iniciar con una valoración detenida de los ejes 
de las extremidades para valorar un genu valgo o varo, la torsión de la tibia o el 
fémur y la pronación del pie. También se debe valorar la posición de la rótula, que 
puede interpretarse como una rótula alta, baja o lateralizada.
Una pronación excesiva del pie se asocia a rotación interna de la tibia, lo que 
genera un mayor estrés sobre los tejidos blandos peripatelares y produce dolor en 
la parte anterior de la rodilla.
A continuación se deberá valorar la movilidad rotuliana. Normalmente, durante 
la extensión de la rodilla, la rótula adopta una posición algo lateralizada, y al 
flexionar la rodilla, se produce una progresiva medialización hasta contactar con la 
tróclea. Cuando el paciente tiene una rótula inestable o una rótula alta, es precisa 
una flexión más intensa para que la rótula se apoye sobre la tróclea.
La sobrecarga sobre la articulación femororrotuliana cuando el aparato extensor 
está mal orientado (malposición) provoca dolor anterior y peripatelar en la rodilla 
con una tendinopatía y alteraciones en los cartílagos retropatelares.
Una mala posición de los ejes de las piernas (mala alineación) se acompaña 
de un incremento del ángulo Q, que puede ser utilizado como medida de las 
enfermedades femororrotulianas.
Ángulo Q
El ángulo Q se define como el ángulo formado entre el músculo cuádriceps (sobre 
todo el recto femoral) y el tendón rotuliano. Por tanto, se corresponde con el ángulo 
fisiológico en valgo de la diáfisis femoral. Se genera de este modo una fuerza 
lateral que desplaza la rótula en esa dirección. Esta tendencia tiene importancia 
en la luxación de la rótula y en el síndrome rotuliano (dolor en la parte anterior 
de la rodilla).
▶Procedimiento. Se dibuja una línea entre la espina ilíaca anterosuperior y el 
centro de la rótula (orientación con la que tracciona el cuádriceps) manteniendo 
el pie y la articulación de la cadera en una posición neutra. Una rotación interna 
intensa de la pierna y la pronación del pie modifican el ángulo Q.
▶Valoración. En condiciones normales, el ángulo Q mide 13° en varones y 18° en 
mujeres con la articulación de la rodilla en extensión. Un ángulo inferior a 13° se 
asocia a una disfunción femororrotuliana o una rótula alta, mientras que un ángulo 
superior a 18° indica una subluxación de la rótula o un aumento de la antetorsión 
femoral, un genu valgo o un incremento de la torsión lateral de la tibia.
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Articulación de la rodilla
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Prueba de deslizamiento de la rótula
▶Procedimiento. El paciente se coloca en decúbito supino; el explorador perma­
nece de pie a la altura de la articulación de la rodilla y coge con los dedos pulgar e 
índice de ambas manos la porción craneal y caudal de la rótula. Cuando se realiza 
un deslizamiento lateral de la rótula, los dos pulgares desplazan la rótula sobre 
el cóndilo femoral lateral hacia los dedos índices situados a nivel del mismo. Por el 
contrario, al realizar un deslizamiento medial, los dos dedos índices desplazan la 
rótula en sentido inverso. Además, es posible palpar con los dedos índice y pulgar 
la superficie posterior que hace protrusión. Cuando se sospecha un aumento de la 
capacidad de deslizamiento lateral, se deberá repetir la prueba en situación de 
tensión del músculo cuádriceps femoral para valorar la estabilidad. Para ello se pide 
al paciente que levante los pies de la camilla de exploración y el explorador registra 
el movimiento que se produce en la rótula. El desplazamiento lateral y medial de 
Fig. 6.8 a-c Ángulo Q.
a Eje de las piernas recto.
b Genu valgo con aumento del ángulo Q en la pierna izquierda.
c Definición del ángulo Q:
1 Espina ilíaca anterosuperior
 2 Centro de la rótula
 3 Tuberosidad tibial
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Articulación de la rodilla
232
la rótula permite valorar la situación de tensión o bloqueo del retináculo medial 
o lateral. La exploración se realiza siempre comparando los dos lados.
La misma posición de las manos permite realizar una tracción sobre la rótula 
tirando de los cóndilos.
▶Valoración. En condiciones fisiológicas, la rótula se desplaza de forma similar 
en ambos lados sin dolor, crepitación o tendencia a la luxación. El aumento de la 
capacidad de desplazamiento lateral o medial sugiere un aumento de la laxitud del 
aparato ligamentoso y explica la tendencia a la subluxación o luxación de la rótula.
Si se divide la rótula en cuatro cuadrantes, se podría definir una rótula hipomóvil 
como aquella que no se puede desplazar hacia medial o lateral en los primeros 
cuadrantes. La rótula se interpreta como hipermóvil cuando se puede desplazar 
en dos cuadrantes o la mitad hacia lateral o medial.
La crepitación (roce retropatelar) cuando se desplaza la rótula indica una con­
dropatía o artrosis retropatelar.
▶Observación. Es posible ampliar la prueba sin modificar la posición de las manos, 
para lo cual se desplaza la rótula en sentido caudal. Una reducción de este des­
plazamiento caudal de la rótula indica un acortamiento del músculo recto femoral 
o una rótula alta.
Fig. 6.9 a y b Prueba de deslizamiento de la rótula.
a Capacidad de deslizamiento medial/lateral de la rótula.
b División de la rótula en cuatro cuadrantes.
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Articulación de la rodilla
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Signo de Zohlen
▶Procedimiento. El paciente se coloca en decúbito supino y el explorador com­
prime con los pulgares las rótulas hacia donde él se encuentra situado de proximal 
medial y lateral con las piernas en extensión. En esta posición pide al paciente que 
extienda todavía más las piernas para tensar el cuádriceps. Durante la segunda 
fase de esta prueba, el explorador presiona la rótula directamente sobre la tróclea 
al tiempo que el paciente tensa el cuádriceps. Esta parte de la prueba se denomina 
signo de Clarke o prueba del roce rotuliano.
▶Valoración. El músculo cuádriceps tira de la rótula en sentido craneal y la empuja 
hacia la tróclea femoral. Si existe una lesión del cartílago retropatelar, aparecerá 
un dolor retropatelar y/o parapatelar.
▶Observación. Dado que esta prueba es con frecuencia positiva en pacientes 
sanos, la exploración se debe repetir aplicando cada vez más presión sobre la 
rótula y se deben comparar los resultados en ambos lados. Para localizar la lesión 
retropatelar, se debería realizar la prueba en extensión de la rodilla y también con 
30°, 60° y 90° de flexión.
Fig. 6.10 Signo de Zohlen.
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Articulación de la rodilla
234
Prueba de dolor ala presión facetaria
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. Con la rodilla en extensión se des­
liza la rótula de lateral a medial con los dos pulgares desde la parte medial y luego 
con los dedos índices desde la parte lateral y se valora también la aparición de 
dolor cuando se presiona con los índices o los pulgares sobre las facetas laterales 
o mediales. El desplazamiento de la rótula permite palpar la región retropatelar 
(p. ej., para descartar una condromalacia). La aparición de dolor en el polo distal de 
la rótula puede indicar un síndrome de la punta de la rótula (rodilla del saltador).
▶Valoración. Cuando el paciente tiene una artrosis retropatelar, una tendinopatía 
a nivel de la inserción o una sinovitis, referirá dolor en esta prueba, sobre todo 
durante la palpación de la faceta articular medial.
Fig. 6.11 Prueba 
de dolor a la presión 
facetaria.
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Articulación de la rodilla
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Prueba de crepitación («prueba del crujido»)
▶Procedimiento. El explorador se sitúa de rodillas delante del paciente y le pide 
que se ponga en cuclillas o flexione la rodilla. Durante esta maniobra, el explorador 
trata de escuchar posibles crujidos por detrás de la rótula.
▶Valoración. La aparición de una crepitación (similar a la que hace una bola de 
nieve) indica una condromalacia de alto grado (grados II y III). Los ruidos que 
se producen habitualmente durante la primera y la segunda flexión, en general 
no asociados a dolor, no tienen ningún significado. Por eso, antes de realizar la 
prueba se pide al paciente que flexione la rodilla un par de veces, con la intención 
de reducir la intensidad de estos ruidos que no tienen importancia. Cuando no se 
escucha ningún ruido a nivel retropatelar, se podrá descartar con mayor seguridad 
una lesión profunda del cartílago retropatelar. Esta prueba no permite obtener otras 
consecuencias terapéuticas, ya que sólo aporta información acerca de la situación 
del cartílago retropatelar. Esta prueba tiene resultados positivos en una serie de 
pacientes que no tienen lesiones en la rodilla.
Fig. 6.12 Prueba de crepitación 
(«prueba del crujido»).
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Articulación de la rodilla
236
Prueba de aprensión de Fairbank (prueba de Smilie)
▶Procedimiento. El paciente se coloca en decúbito supino con las rodillas en 
extensión y la musculatura del muslo relajada y el explorador trata de provocar 
una luxación igual que en la prueba de aprensión para valorar la inestabilidad del 
cajón anterior. La maniobra consiste en empujar la rótula hacia lateral con los dos 
pulgares. A continuación se pide al paciente que flexione la rodilla.
▶Valoración. Cuando se produce la luxación de la rótula, el paciente sufre un 
intenso dolor y desarrolla un gran temor a que se vuelva a luxar la rodilla en 
extensión; luego también aparece este temor en flexión.
Prueba de McConnell
▶Procedimiento. El paciente se sienta sobre la camilla, dejando las piernas col­
gando por el borde de la misma. Esta prueba trata de provocar dolor femoro­
rrotuliano mediante la contracción isométrica del músculo cuádriceps. Para ello 
Fig. 6.13 a y b Prueba 
de aprensión de Fairbank.
a Posición de partida 
con lateralización pasiva 
de la rótula.
b El paciente flexiona 
la rodilla de forma 
progresiva.
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Articulación de la rodilla
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se va colocando la articulación de la rodilla en distintos grados de flexión (0°, 30°, 
60° y 120°). En todas estas posiciones el explorador fija la posición de la pierna y 
pide al paciente que extienda la pierna contra su resistencia (se produce la con­
tracción del cuádriceps).
▶Valoración. Cuando aparece dolor o una sensación subjetiva de «atrapa­
miento», el explorador medializa la posición de la rótula con los pulgares. Esta 
maniobra produce una reducción del dolor cuando la prueba se interpreta como 
positiva. Siempre se deben comparar los dos lados. La mejoría del dolor cuando 
la rótula se coloca medial se considera un criterio diagnóstico de que el dolor 
es retropatelar.
▶Observación. Cuando la prueba de McConnell se considera positiva, en muchas 
ocasiones es posible disminuir el dolor estabilizando la rótula con un esparadrapo 
hacia medial. El denominado esparadrapo de McConnell tira de lateral a medial 
para desplazar la rótula en dicha dirección. Cuando se trata de corregir una in­
clinación lateral de la rótula, se podrá emplear un esparadrapo más pequeño que 
se pega en el centro de la rótula hacia medial. Si fuera necesario colocar la rótula 
en posición neutra, se podría utilizar un esparadrapo denominado de rotación 
(situado medial en la punta de la rótula y luego lateral). En fisioterapia se debería 
fortalecer el músculo vasto medial y distender el músculo recto femoral y la 
cintilla iliotibial.
Fig. 6.14 Prueba de McConnell.
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Articulación de la rodilla
238
Prueba de supresión de la subluxación
Valoración de una subluxación medial o lateral de la rótula.
Prueba de supresión de la subluxación lateral
▶Procedimiento/valoración. Para demostrar una subluxación lateral, el explo­
rador coloca los pulgares en la mitad proximal de la faceta rotuliana lateral. Se 
pide entonces al paciente que flexione la articulación de la rodilla. Durante este 
movimiento, los pulgares impiden la subluxación lateral de la rótula y el explorador 
percibe cómo ésta se desplaza lateralmente. La flexión de la rodilla sin que se limite 
la subluxación produce una subluxación lateral de la rótula.
Prueba de supresión de la subluxación medial
▶Procedimiento/valoración. Para valorar una subluxación medial, el explorador 
coloca los dedos índices en la mitad proximal de la faceta rotuliana medial. Se pide 
entonces al paciente que flexione la rodilla. Durante este movimiento se observa 
una ausencia de subluxación medial, que se debe a los dedos del explorador. La 
flexión de la articulación de la rodilla sin este obstáculo a la subluxación provoca 
una subluxación medial de la rótula (que no suele ser extrema).
Fig. 6.15 a y b Prueba de supresión de la subluxación.
a Prueba de subluxación lateral.
b Prueba de subluxación medial.
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Prueba de inclinación
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador mueve la rótula hacia 
lateral manualmente. Durante esta lateralización se debe observar el comporta­
miento de la rótula.
▶Valoración. Cuando el retináculo lateral está tenso y contraído, las facetas late­
rales del fémur se aproximan entre ellas (prueba de la inclinación negativa «pato­
lógica»). Cuando el retináculo lateral tiene un tono normal, la rótula se mantiene 
a la misma altura (prueba de inclinación neutra), y cuando el retináculo lateral 
está flojo, como sucede en la laxitud ligamentosa, el reborde lateral de la rótula se 
saldrá de la tróclea femoral (prueba de la inclinación positiva).
▶Observación. La prueba de inclinación permite principalmente valorar el es­
tado de tensión del retináculo lateral. Cuando el resultado es positivo o neutro, 
la liberación del retináculo lateral para descompresión de la articulación femoro­
rrotuliana apenas consigue mejorar las molestias. Por el contrario, en pacientes con 
un resultado negativo de la prueba de inclinación, cabe esperar que la liberación 
mejore los síntomas. Peores resultados tras la liberación exclusiva del retináculo 
lateral muestranlos pacientes con un resultado positivo en la prueba de inclinación 
>5° y los que tienen un desplazamiento medial y lateral de la rótula. En la dis­
plasia de la tróclea femoral, los resultados de la prueba de inclinación también 
pueden ser atípicos. La prueba de inclinación siempre se debe valorar de forma 
comparativa en los dos lados.
Fig. 6.16 a y b Prueba de inclinación.
a Lateralización de la rótula por parte del explorador.
b Posición de partida (1), resultado negativo «patológico» (2), neutro (3) y positivo (4) 
de la prueba de inclinación.
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Articulación de la rodilla
240
Prueba de Dreyer
Valoración de un desgarro del tendón del cuádriceps en el polo superior de la rótula.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. Se le pide que levante la pierna 
extendida. Cuando le resulta imposible, el explorador estabiliza con las dos manos 
el tendón del cuádriceps proximal a la rótula y permite al paciente de nuevo que 
levante la pierna.
▶Valoración. Cuando el paciente consigue levantar la pierna la segunda vez, se 
deberá sospechar un desgarro en el tendón del cuádriceps a nivel rotuliano (en su 
caso también una fractura antigua de la rótula).
Prueba del pliegue mediopatelar
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador le flexiona la rodilla 
afectada hasta 30°.
▶Valoración. Cuando el explorador presiona de forma pasiva la rótula hacia medial, 
en el síndrome del pliegue de la rodilla aparecen dolores típicos (anteromediales).
En esta prueba, el pliegue queda atrapado medialmente entre las facetas rotu­
lianas y el cóndilo medial del fémur.
Fig. 6.17 a y b Prueba de Dreyer.
a Patológica con incapacidad para elevar la pierna.
b Estabilización de la rótula por parte del explorador.
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Articulación de la rodilla
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Prueba del pliegue de Hughston
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador coge con una mano 
la articulación de la rodilla desde ventrolateral y presiona simultáneamente 
sobre la rótula en sentido medial. Con el dedo medio palpa el cóndilo medial. La 
otra mano sujeta el talón de la pierna en rotación interna y realiza movimientos 
de flexión y extensión de la rodilla.
▶Valoración. La aparición de un «salto» doloroso palpable con los dedos o audible 
en el ligamento sugiere un síndrome del ligamento adiposo de la rodilla.
Fig. 6.18 Prueba del pliegue 
mediopatelar.
Fig. 6.19 Prueba del pliegue 
de Hughston.
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Articulación de la rodilla
242
Menisco
Los meniscos son importantes para la estabilidad y orientación de la articulación; 
además posibilitan una adecuada transmisión de las presiones y reparto de las 
mismas entre el fémur y la tibia. Las lesiones del menisco corresponden a des­
garros o luxaciones de los cartílagos. Por razones anatómicas, el menisco interno 
se lesiona con una frecuencia muy superior al menisco externo.
Las lesiones del menisco pueden ser de origen degenerativo o traumático. Las 
lesiones de origen degenerativo del menisco suelen cursar como un dolor pro­
gresivo dependiente de la carga. Un traumatismo banal suele ser el desencadenante 
de un desgarro en un menisco dañado. Cuando se produce una lesión traumática de 
la rodilla, se debe sospechar siempre la existencia de lesiones combinadas, con 
aparición de daños en los ligamentos laterales y cruzados. Todas las lesiones 
ligamentosas mal tratadas con inestabilidad secundaria de la rodilla pueden ser 
origen de lesiones tardías del menisco. Los principales síntomas de estos daños 
tardíos son dolores por sobrecarga y ocasionales manifestaciones secundarias al 
bloqueo o derrame articular.
Hay una serie de datos diagnósticos que llevan a sospechar una lesión del 
menisco (v. tabla 6.1).
Las pruebas funcionales se basan en la provocación de dolor mediante presión, 
tracción o cizallamiento sobre el menisco.
Es raro que una prueba funcional aislada permita clasificar la lesión del menisco. 
Generalmente son necesarias diversas maniobras para confirmar el diagnóstico.
Fig. 6.20 Proyección anterior 
de la articulación de la rodilla en flexión.
1 Ligamento cruzado anterior.
2 Ligamento lateral externo.
3 Ligamento poplíteo.
4 Menisco lateral.
5 Superficie rotuliana (tróclea).
6 Ligamento cruzado posterior.
7 Ligamento lateral interno.
8 Menisco medial.
9 Tuberosidad de la tibia.
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Articulación de la rodilla
243
Tabla 6.2 Síntomas y signos de una lesión meniscal.
Síntomas y signos de una lesión meniscal
Dolor en la hendidura articular
Prueba del menisco positiva
Pérdida de la flexión y la extensión
Edema
Crepitación
Prueba de distracción y compresión de Apley
▶Procedimiento. El paciente se coloca en decúbito prono con 90° de flexión de la 
rodilla afectada. El explorador fija el muslo con su propia rodilla al tiempo que rota 
la rodilla del paciente ejerciendo unas veces presión y otras tracción.
▶Valoración. La aparición de dolor en la rodilla flexionada cuando se rota la pierna 
ejerciendo tracción sugiere una lesión de los ligamentos o la cápsula (prueba de 
distracción positiva), mientras que la aparición de dolor cuando se ejerce presión 
indica más una lesión del menisco (prueba de compresión positiva).
Cuando existen roturas o quistes en los meniscos, podrán encontrarse fenóme­
nos de chasquido. La aparición de dolor con la rotación interna sugiere una lesión 
del menisco externo o del aparato cápsulo­ligamentoso lateral, mientras que el 
dolor asociado a la rotación externa indica una lesión del menisco interno o del 
aparato cápsulo­ligamentoso medial.
No se consigue provocar este signo cuando existe una rigidez del aparato 
cápsulo­ligamentoso, ni tampoco en las lesiones del asta posterior del menisco 
externo.
Wirth describió una modificación de la prueba de compresión. En ella se ex­
tiende la rodilla en una posición de rotación fija de la pierna. Este autor consiguió 
demostrar una lesión del menisco en más del 85% de los casos con esta modificación 
de la prueba de Apley.
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Articulación de la rodilla
244
Fig. 6.21 a-d Prueba de distracción y compresión de Apley.
a Distracción en rotación externa.
b Distracción en rotación interna.
c Compresión en rotación externa.
d Compresión en rotación interna.
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Articulación de la rodilla
245
«Prueba de Thessaly»
▶Procedimiento. El paciente se pone de pie primero apoyado descalzo sobre la 
pierna sana. El explorador lo sujeta cogiendo sus brazos extendidos. Se pide al 
paciente que realice una flexión activa de 5° de la rodilla y que rote el cuerpo tres 
veces hacia dentro y hacia fuera. Posteriormente se repite la exploración con 20° 
de flexión.
Luego se vuelve a realizar la prueba con la pierna enferma.
▶Valoración. La aparición de dolor en la hendidura articular sugiere una lesión 
del menisco ipsilateral. También se puede encontrar un chasquido o bloqueo del 
menisco, que también se interpretan como signos de lesión. La realización de esta 
prueba con 20° de flexión consigue una elevada precisión diagnóstica.
Fig. 6.22 a y b «Prueba de Thessaly».
a Imagen frontal en posición neutra.
b Rotación interna y externa con 20° de flexión.
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Articulación de la rodilla
246
Prueba de McMurray (signo de Fouche)
▶Procedimiento. El paciente se coloca en decúbito supino, flexionando de forma 
considerable la rodilla y la cadera dela pierna afectada. El explorador coge con una 
mano la rodilla del paciente y con la otra el pie. El explorador realiza una rotación 
externa o interna importante de la pierna y luego un movimiento de extensión y 
flexión hasta 90°.
▶Valoración. La aparición de dolor durante la extensión de la rodilla en rotación 
externa y abducción de la pierna sugiere una lesión del menisco interno; si dicho 
dolor se produce durante la rotación interna se deberá sospechar una lesión del 
menisco externo. La aparición de un chasquido durante la flexión importante 
indica la existencia de una «lengüeta de menisco» en el asta posterior. Si el chas­
quido se produce en la posición de ángulo recto, se deberá considerar una lesión 
de la parte central del menisco.
Los chasquidos se acentúan mediante los movimientos de giro de toda la pierna 
(prueba de McMurray modificada).
▶Observación. Si se lleva el movimiento de extensión hacia la posición nula, la 
prueba se corresponderá con la prueba de Bragard. La prueba que se realiza en 
rotación externa con una extensión lenta de la articulación de la rodilla para valorar 
el menisco interno se denomina signo de Fouche. Un 30% de los niños sanos tienen 
un resultado positivo en la prueba de McMurray de la rodilla. En la población 
normal, esta prueba puede ser positiva en un 1% de los casos.
Fig. 6.23 a y b Prueba de McMurray.
a En flexión máxima.
b Con 90° de flexión.
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Prueba de Bragard
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador coge con una mano 
la rodilla flexionada a 90°. Con los dedos índice y pulgar palpa la hendidura 
articular lateral y medial y con la otra mano sujeta el pie y realiza una rotación 
de la pierna.
▶Valoración. La aparición de dolor a nivel de la hendidura articular indica una 
lesión del menisco. En las lesiones del menisco interno se refuerza el dolor en 
la parte medial de la hendidura articular durante los movimientos de rotación 
externa y extensión de la rodilla partiendo de la posición de flexión.
Cuando se realiza una rotación interna con flexión progresiva de la rodilla, el 
menisco se vuelve a introducir en el interior de la articulación, alejándose del dedo 
del explorador, y se reduce el dolor.
Cuando se sospecha una lesión del menisco externo, se palpa éste al tiempo que 
se realiza una rotación interna de la rodilla y una extensión desde una posición 
inicial de flexión máxima. La aparición de dolor en la parte lateral de la hendidura 
articular indica una lesión del menisco externo. Cuando se realiza una rotación 
externa con flexión progresiva, el menisco se vuelve a introducir en la articulación y 
se aleja del dedo del explorador. Además, se reduce el dolor. El diagnóstico se 
confirma por el desplazamiento del dolor a la presión con el movimiento articular. 
La rotación interna empuja el menisco hacia delante y la externa hacia atrás, lo 
que se traduce en un cambio de la posición del dolor.
Fig. 6.24 a y b Prueba de Bragard.
a Flexión-extensión-rotación externa (lesiones del menisco interno).
b Flexión-extensión-rotación interna (lesiones del menisco externo).
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Articulación de la rodilla
248
Signo de Payr
▶Procedimiento. El paciente se sienta con las piernas cruzadas y el explorador 
ejerce una presión intermitente sobre la rodilla afectada, que se coloca en flexión 
y rotación externa.
▶Valoración. La aparición de dolor en la hendidura articular medial indica una 
lesión del menisco (especialmente del asta posterior). En ocasiones, el propio 
paciente puede provocar un chasquido. Con un movimiento basculante de la rodilla 
desplaza el fragmento defectuoso del menisco dentro de la articulación y con un 
chasquido recupera la posición dentro de la hendidura articular.
Fig. 6.25 Signo de Payr.6
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Articulación de la rodilla
249
Prueba de Payr
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador fija con la mano 
izquierda la rodilla, para lo cual pone los dedos índice y pulgar en la parte externa e 
interna de la hendidura articular. Con la otra mano, coge la articulación del tobillo. 
Se realiza la máxima rotación externa posible de la pierna con la rodilla en flexión 
máxima y luego, bajo una aducción ligera (estrés en varo), se procede a flexionar 
la rodilla hacia la cadera ipsilateral.
▶Valoración. La aparición de dolor en la parte dorsal e interna de la hendidura 
articular indica una lesión del menisco interno (sobre todo del asta posterior, que 
se comprime en esta maniobra). El movimiento de rotación interna y abducción (es­
trés en valgo) de la pierna permite explorar el asta posterior del menisco externo.
Fig. 6.26 a y b Prueba de Payr.
a Rotación externa.
b Rotación interna.
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Articulación de la rodilla
250
Signo de Steinmann I
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador le fija la rodilla flexio­
nada con una mano y con la otra coge la pierna y realiza movimientos de rotación 
forzada de la misma al tiempo que va modificando el grado de flexión de la rodilla.
▶Valoración. La aparición de dolor en la hendidura articular medial cuando se 
realiza una rotación externa forzada indica una lesión del menisco interno, mien­
tras que la aparición de dolor en la parte lateral de la hendidura articular cuando 
se realiza una rotación interna sugiere una lesión del menisco externo. Para valorar 
las distintas localizaciones posibles de un desgarro, la prueba de Steinmann I se 
realiza en distintos grados de flexión de la rodilla.
Fig. 6.27 a y b Signo 
de Steinmann I.
a Rotación interna de la tibia.
b Rotación externa de la tibia.
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Articulación de la rodilla
251
Signo de Steinmann II
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador coge con la mano iz­
quierda la rodilla, al tiempo que palpa la hendidura articular. Con la mano derecha 
sujeta la pierna un poco por encima del tobillo. Manteniendo el muslo fijo en ro­
tación interna o externa, el explorador realiza movimientos de flexión y extensión 
de la pierna en dirección axial.
Fig. 6.28 a-d Signo 
de Steinmann II.
a Posición de partida, 
pierna en rotación 
externa.
b Flexión.
c Posición de partida, 
pierna en rotación 
interna.
d Flexión.
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Articulación de la rodilla
252
▶Valoración. La aparición de dolor en la hendidura articular medial o lateral 
indica una lesión del menisco. El dolor a la presión de la hendidura articular 
cambia en función del grado de compresión y cizallamiento sobre el menisco, de 
forma que en flexión de la rodilla se percibe en la parte dorsal y en extensión, en 
la parte ventral.
▶Observación. Aunque esta prueba se puede emplear para el diagnóstico de 
lesiones del menisco externo, principalmente se emplea para las del menisco 
interno. El diagnóstico diferencial incluye la artrosis y las lesiones del ligamento 
medial y/o capsulares.
Prueba de Böhler-Krömer
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. Con una mano el explorador es­
tabiliza el fémur desde lateral y con la otra sujeta el maléolo interno. A continuación 
realiza una flexión y extensión de la rodilla con estrés en valgo (abducción) de la 
pierna.
Las manos sujetan el maléolo externo y el fémur desde la parte medial y fle­
xionan y extienden la articulación de la rodilla con estrés en varo (aducción) de 
la pierna.
Fig. 6.29 ay b Prueba de Böhler-Krömer.
a Abducción de la pierna (valgo).
b Aducción de la pierna (varo).
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Articulación de la rodilla
253
▶Valoración. Los movimientos de flexión y extensión (Krömer) de la rodilla con 
la pierna en abducción o aducción aumentan la presión sobre el menisco interno 
o externo. Cuando se ejerce presión sobre la hendidura articular, se comprime 
el menisco contralateral. Así, la presión medial (estrés en valgo) sirve para valorar el 
menisco externo, mientras que la presión lateral (estrés en varo) permite valorar 
el menisco interno.
▶Observación. En la prueba para el menisco de Böhler en el plano frontal (exten­
sión de la rodilla) se puede explorar de forma simultánea la movilidad del lado 
explorado y el aparato ligamentoso articular.
Prueba de Merke
▶Procedimiento. El paciente se apoya sobre la pierna afectada. La rodilla deberá 
estar ligeramente flexionada y el explorador fijará el pie.
El paciente levanta ligeramente la pierna contralateral y trata de realizar una 
abducción y aducción de la pierna.
Igual que en la prueba de Steinmann I, se realizan movimientos de rotación 
de la pierna.
▶Valoración. El aumento de la compresión axial secundario al peso del cuerpo 
aumenta mucho los síntomas de dolor en la prueba de Merke. Si se produce dolor 
en la hendidura articular medial cuando se mueve la pierna hacia medial (que se 
corresponde con la abducción de la pierna), existirá una lesión del menisco interno.
Si el dolor aparece al realizar la abducción del muslo (rotación interna de la 
pierna), se deberá sospechar una lesión del menisco externo.
En ocasiones, la prueba de Merke es positiva también en las lesiones de los 
ligamentos laterales.
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Articulación de la rodilla
254
Fig. 6.30 a-c Prueba de Merke.
a Posición de partida.
b Giro hacia la derecha.
c Giro hacia la izquierda.
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Articulación de la rodilla
255
Prueba de Cabot
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. Se cruza la pierna afectada (con 
la rodilla flexionada) por encima de la parte proximal de la pierna contralateral. 
El explorador coge con la mano izquierda la rodilla del paciente y palpa con el 
pulgar la hendidura articular lateral. Con la mano libre, coge la pierna proximal 
a la articulación del tobillo. Se pide al paciente que extienda la rodilla contra la 
resistencia del explorador.
▶Valoración. Cuando existe una lesión del asta posterior del menisco externo 
se produce dolor. Con frecuencia y dependiendo de la intensidad del dolor, el 
paciente no es capaz de extender la rodilla. El punto doloroso se localiza en la 
zona laterodorsal de la hendidura articular y generalmente se puede palpar con 
el pulgar. En ocasiones, el paciente refiere un dolor que se irradia hacia el hueco 
poplíteo y la pantorrilla.
▶Observación. La prueba de Cabot se suele describir en la bibliografía como signo 
del poplíteo.
Fig. 6.31 a y b Prueba de Cabot.
a Posición de partida.
b Movimiento de extensión.
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Articulación de la rodilla
256
Signo de Finoschietto (signo del salto)
Valoración simultánea de las lesiones del ligamento cruzado anterior y el menisco.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. Valoración del cajón anterior con 
90° de flexión de la rodilla.
▶Valoración. La realización del cajón anterior con 90° de flexión en pacientes 
que tienen una rotura simultánea del ligamento cruzado anterior provoca un des­
plazamiento ventral de la tibia. La pérdida de las inserciones ligamentosas hace que, 
cuando se produce el estrés del cajón anterior, el cóndilo femoral protruya hacia el 
asta posterior del menisco interno. Cuando la prueba de Finoschietto es positiva, 
se escuchará un chasquido y/o se palpará un salto (de ahí el nombre de la prueba). 
Si se ejerce presión en sentido dorsal sobre la tibia, el cóndilo femoral volverá a su 
posición respecto del menisco interno. En ocasiones es preciso recolocar el menisco 
luxado tras un resultado positivo del signo de Finoschietto; en estos casos se deberá 
sospechar un desprendimiento del menisco interno en la parte posterior y/o una 
rotura longitudinal o en asa de cubo en la parte posterior.
▶Observación. Las lesiones del asta posterior del menisco interno o de sus in­
serciones capsulares, junto con una insuficiencia del ligamento cruzado ante­
rior, producen una rotura del ligamento cruzado por pérdida del mecanismo de 
giro­deslizamiento, que a su vez produce un cizallamiento en la región del asta 
posterior del menisco interno.
Fig. 6.32 a y b Signo 
de Finoschietto.
a Cajón anterior.
b Recolocación.
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Articulación de la rodilla
257
Signo de Childress
▶Procedimiento. El paciente se coloca en cuclillas tratando de juntar lo máximo 
posible los glúteos con los tobillos. En esta posición se pide al paciente que trate 
de realizar la denominada marcha de pato.
▶Valoración. En los pacientes con una lesión del asta posterior, poco después de 
alcanzar la flexión máxima o en la fase precoz del movimiento de extensión se 
produce un chasquido o roce doloroso que se debe al atrapamiento del menisco 
lesionado. Si el paciente tiene un dolor intenso, generalmente no consigue adoptar 
siquiera la postura de cuclillas necesaria.
Fig. 6.33 Signo de Childress.
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Articulación de la rodilla
258
Signo de Turner
En 1931, Turner describió un signo de menisco que se debe a la irritación crónica 
del ramo infrapatelar del nervio safeno. En los pacientes con una lesión del menis­
co interno es frecuente encontrar una zona de unos 4­5 cm de diámetro bien 
delimitada de hiperestesia que se localiza a la altura de la hendidura articular 
medial o algo más proximal a ella o bien en el territorio del nervio infrapatelar. La 
valoración de esta hipersensibilidad local se puede realizar mediante estímulos 
térmicos o mecánicos (percusión). Según Zippel, este síntoma es fácil de demostrar 
cuando se realiza una buena técnica de exploración. No se ha descrito un síntoma 
parecido en las lesiones del menisco externo.
Prueba de compresión medial y lateral de Anderson
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador sujeta la pierna 
fijando el pie entre el antebrazo y la cintura. Con la mano libre, el explorador palpa 
la hendidura articular anterior y realiza un estrés en valgo mientras flexiona la 
rodilla hasta 45° y un estrés en varo mientras extiende la rodilla. Esto genera un 
movimiento circular en la rodilla.
▶Valoración. La rotura longitudinal del menisco o el desgarro de un lóbulo del 
mismo provoca dolor y/o un rozamiento a nivel de la hendidura articular. En las 
roturas complejas se encuentra un rozamiento mantenido, pero se puede encon­
trar también en una artrosis o tras un desprendimiento previo del menisco. Como 
durante la realización de esta prueba cuando se aproxima a la extensión o se realiza 
una flexión de grado medio se ejerce presión sobre la articulación de la rodilla, en 
pacientes con una insuficiencia del ligamento cruzado anterior se puede encon­
trar en ocasiones una subluxación cercana a la extensión, similar a un resultado 
positivo en la prueba del desplazamiento pivotante.
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Articulaciónde la rodilla
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Fig. 6.34 a-d Prueba de compresión medial y lateral de Anderson.
a Posición de partida.
b Estrés en valgo durante la flexión de la rodilla a 45°.
c Recolocación de la flexión.
d Estrés en varo durante el movimiento de extensión.
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Articulación de la rodilla
260
Prueba de compresión en rotación de Pässler
▶Procedimiento. Para realizar esta prueba, el paciente permanece sentado. El 
explorador fija el pie de la pierna que desea explorar entre sus propias piernas 
algo proximal a la articulación de la rodilla. Cuando se desee explorar el menisco 
interno, se colocarán los dos pulgares sobre la hendidura articular medial y se 
realizarán movimientos circulares de rotación interna y externa. Esta maniobra 
se realizará con diversos grados de flexión de la rodilla. Al mismo tiempo se aplica 
un estrés en varo o en valgo.
▶Valoración. La prueba se interpreta como positiva cuando el movimiento circular 
de la articulación provoca dolor. También se considera positiva cuando el simple 
movimiento circular de la articulación provoca dolor en la hendidura articular 
medial (sospecha de una lesión del menisco interno) o lateral (sospecha de una 
lesión del menisco externo).
Fig. 6.35 a y b Prueba 
de compresión 
en rotación de Pässler.
a Posición de partida, pulgar 
colocado sobre la hendidura 
articular medial.
b Movimiento de rotación 
de la articulación de la rodilla.
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Articulación de la rodilla
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Signo de Tschaklin
En las lesiones antiguas del menisco es frecuente encontrar una atrofia del 
músculo cuádriceps. En las lesiones del menisco medial se produce una atrofia 
del músculo vasto medial con un frecuente aumento del tono en el músculo 
sartorio, algo que se denomina signo de Tschaklin.
Prueba de Wilson
Valoración de una osteocondritis disecante.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador coge con una de 
sus manos la rodilla por encima de la rótula al tiempo que palpa la zona de la 
hendidura articular medial. El explorador flexiona la rodilla del paciente hasta 90° 
y a continuación pide al paciente que, manteniendo la rotación interna, proceda 
a extender de forma progresiva la rodilla y le avise cuando aparezca dolor. En ese 
momento se pide al paciente que realice una rotación externa de la pierna.
▶Valoración. Cuando el paciente presenta una osteocondritis disecante, aparece­
rán molestias articulares entre los 20° y los 30° de flexión articular y por la presión 
ejercida por el dedo que realiza la palpación articular; no obstante, es habitual que 
estas molestias se reduzcan cuando se procede a la rotación externa de la pierna. 
La prueba se interpreta como positiva cuando aparece dolor durante la rotación 
interna y desaparece durante la rotación externa. La osteocondritis disecante y 
la proyección de los dolores suelen producirse hacia el cóndilo medial del fémur 
cerca de la región intercondílea.
Fig. 6.36 a y b Prueba de Wilson.
a Movimiento de rotación interna.
b Movimiento de rotación externa.
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Articulación de la rodilla
262
▶Observación. La osteocondritis disecante es una necrosis aséptica que afecta fun­
damentalmente a segmentos óseos subcondrales cerca de la superficie articular con 
alteración secundaria de los cartílagos que la recubren. En estadios avanzados se 
produce la liberación de un trozo de hueso y cartílago, lo que da lugar a la formación 
del llamado ratón articular (o cuerpo libre articular). La región de la articula­
ción de la que procede el fragmento de hueso y cartílago roto se denomina lecho 
del ratón. Siempre se debe plantear una osteocondritis disecante en pacientes 
jóvenes con derrame articular y dolor en la rodilla.
Pruebas de estabilidad de los ligamentos 
rotulianos
La estabilidad de la articulación de la rodilla se consigue mediante ligamentos, 
meniscos y músculos y también depende de la morfología y congruencia de las 
superficies articulares. La congruencia funcional se consigue gracias a los ligamen­
tos, que regulan y limitan la relación entre el fémur y la tibia. Las lesiones de los 
ligamentos provocan una limitación funcional de la articulación de la rodilla con 
inestabilidad de la misma. Las pruebas de estabilidad de los ligamentos rotulianos 
permiten valorar estas inestabilidades y determinar su origen.
Es posible clasificar la orientación del movimiento patológico en tres ámbitos:
1. Inestabilidad directa en un plano determinado.
2. Inestabilidad rotatoria.
3. Inestabilidad rotatoria combinada.
La inestabilidad clínica se clasifica en tres grados, de forma que una limitación 
de la movilidad o un cajón de hasta 5 mm se considera grado 1+ (+), entre 5 y 
10 mm se clasifica como grado 2+ (++) y mayor de 10 mm se incluye dentro del 
grado 3+ (+++).
Prueba de abducción-aducción (prueba de valgo-varo)
Valoración de la inestabilidad medial y lateral de la rodilla.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador sujeta con las dos 
manos la articulación de la rodilla a nivel de la cabeza de la tibia al tiempo que 
palpa la hendidura articular. Además, fija la pierna distal entre el antebrazo y la 
cintura y después realiza un estrés en valgo y varo de la rodilla. Los dedos que se 
apoyan sobre la hendidura articular pueden percibir un chasquido en la hendidura 
articular.
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▶Valoración. La estabilidad lateral se valora con 20° de flexión y extensión com­
pleta. Cuando la pierna se encuentra en extensión completa, se evita el chasquido 
lateral siempre que la cápsula posterior y el ligamento cruzado posterior estén 
intactos, incluso cuando el ligamento lateral interno esté roto. Cuando se valora 
la prueba con 20° de flexión, se relaja la cápsula posterior y el estrés en valgo que 
se genera en esta posición permitirá valorar el ligamento lateral interno como 
principal estabilizador de la articulación. De este modo se puede distinguir una 
lesión en la región posteromedial del aparato cápsulo­ligamentoso.
La interpretación de la prueba durante el estrés en varo (aducción) es la con­
traria. Cuando la rodilla está flexionada 20°, el principal responsable de estabilizar 
la rodilla lateralmente será el ligamento lateral externo y de forma secundaria 
intervendrán el ligamento cruzado anterior y el tendón del músculo poplíteo.
Cuando se valora la estabilidad lateral, se debe medir el grado de movilidad y 
la calidad del tope final.
Fig. 6.37 a y b Prueba 
de abducción-aducción.
a Prueba de estrés 
en valgo/varo próximo 
a la extensión.
b Prueba de estrés 
en valgo/varo en flexión 
de la rodilla.
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Articulación de la rodilla
264
Pruebas de función del ligamento cruzado 
anterior
Prueba de Lachman (prueba del cajón en extensión)/prueba 
de Noulis
▶Procedimiento. El explorador mantiene la pierna del paciente con una flexión 
entre 15° y 30°, ya que incluso en esta posición la función estabilizadora del 
ligamento cruzado anterior sigue siendo clave para los cambios de orientación 
y los movimientos de frenado. En esta posición de la articulación próxima a la 
extensión se puede también poner de manifiesto una insuficiencia del ligamento 
cruzado anterior en forma de una subluxación lateral de la tibia proximal (pivotaje).
Se debe realizar una ligera rotación externa de la pierna. Se procede a la re­
alización de un movimiento de cajón anterior en la parte posteromedial de la 
articulación de la rodilla.
▶Valoración. Se deberá sospechar una lesión del ligamento cruzado cuando la tibiase desplace de forma evidente en relación al fémur. El final del movimiento debe 
ser suave y sin oposición, es decir, sin resistencias. Cualquier resistencia indica 
cierta estabilidad del ligamento cruzado anterior. Cuando dicha resistencia se 
produce a los 3 mm, la estabilidad será completa; si aparece a los 5 mm o más, 
se deberá plantear una estabilidad relativa con probable distensión prematura del 
ligamento cruzado anterior.
Las lesiones del ligamento cruzado se deben sospechar cuando la resistencia 
es escasa o nula. Cuando el movimiento del cajón supera los 5 mm, resulta clave 
comparar los dos lados, porque en ocasiones es preciso descartar una hiperlaxitud 
de los ligamentos articulares.
La prueba de Lachman positiva indica con seguridad una insuficiencia del 
ligamento cruzado anterior. Cabe esperar un resultado falso negativo de esta prueba 
cuando el fémur no está lo bastante estabilizado, como se observa, por ejemplo, en 
las lesiones de menisco o en pacientes con artrosis y alteraciones por osteofitos 
en la eminencia tibial. En estos casos se produce un bloqueo del desplazamiento. 
Un motivo de resultado falso negativo en esta prueba es la falta de rotación externa 
de la pierna.
▶Observación. El médico griego George Noulis describió ya en 1875 cómo se 
pueden valorar los ligamentos cruzados en una posición cercana a la extensión 
como parte de su trabajo de tesis. Esta descripción se corresponde con la prueba 
que actualmente se conoce como prueba de Lachman y que fue descrita por vez 
primera con este nombre en 1976.
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Prueba de Lachman en decúbito prono
▶Procedimiento. Paciente en decúbito prono. El explorador sujeta la parte pro­
ximal de la tibia desde el lateral al tiempo que fija la parte distal de la pierna con 
la axila. Con la otra mano el explorador sujeta el tercio distal del fémur justo por 
encima de la rótula y fija el muslo. En esta posición desplaza la tibia en sentido 
ventral sobre el fémur.
▶Valoración. Se sospechará la existencia de una lesión del ligamento cruzado 
cuando se demuestre deslizamiento de la tibia sobre el fémur. El final de es­
te movimiento debería ser suave y f luido, sin ningún tipo de golpe fuerte. 
Todos los golpes percibidos nos orientan sobre el grado de estabilidad del 
ligamento cruzado anterior. Cuando aparece uno a los 3 mm aproximadamente, 
la estabilidad será completa; si lo hace a los 5 mm o más se deberá plantear 
una estabilidad relativa del ligamento cruzado anterior, pero con una probable 
sobredistensión previa.
Se debe sospechar una lesión de los ligamentos cruzados cuando los golpes son 
débiles o faltan por completo. Cuando el cajón supera los 5 mm, será útil comparar 
un lado con el contralateral para descartar una laxitud ligamentosa congénita.
Fig. 6.38 a y b Prueba de Lachman.
a Posición de partida.
b Cajón anterior.
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Articulación de la rodilla
266
El resultado positivo de la prueba de Lachman confirma con seguridad una 
insuficiencia del ligamento cruzado anterior.
▶Observación. El paciente está relajado en la posición de decúbito prono, pero 
para el explorador no siempre resulta sencillo valorar la intensidad de los golpes 
que se producen.
Golpe seco y hemartros: sospecha de una rotura parcial reciente. Golpe seco 
sin hemartros: rotura parcial antigua o elongación; hiperlaxitud.
Golpe suave y hemartros: rotura completa. Golpe suave sin hemartros: rotura 
completa antigua.
Cuando existe un golpe seco, se deberá descartar una lesión del ligamento 
cruzado posterior mediante la realización de un cajón posterior y pruebas 
activas.
Fig. 6.39 Prueba de Lachman en decúbito prono.
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Articulación de la rodilla
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Prueba de Lachman estable
Variación de la prueba de Lachman clásica.
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador coloca el muslo 
del paciente sobre su propio muslo. Se mantiene así una flexión constante para 
cada exploración que el paciente no puede modificar. El explorador mantiene con 
una mano el muslo del paciente fijo sobre el suyo al tiempo que con la mano más 
alejada tira de la tibia hacia ventral.
▶Valoración. Igual que la prueba de Lachman clásica.
▶Observación. La prueba de Lachman clásica plantea problemas no sólo a los 
exploradores con una mano pequeña. En los pacientes obesos o que tienen mu­
cho desarrollo muscular, la fijación simultánea del muslo y la pierna plantea 
dificultades. En estos casos, el propio muslo, que sirve como banco para que 
se apoye la rodilla que se desea explorar, sirve como una herramienta sencilla 
de gran utilidad. De este modo se puede explorar con facilidad a los pacientes 
obesos o musculosos. Resulta, además, más sencillo valorar el carácter del tope 
final (golpe seco o suave).
Fig. 6.40 Prueba de Lachman estable.
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Articulación de la rodilla
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Prueba de Lachman sin contacto
▶Procedimiento. El paciente se coloca en decúbito prono y se coge con las dos 
manos el muslo de la pierna afectada cerca de la rodilla, flexionando ésta ligera­
mente. A continuación, el explorador le pide que, manteniendo la flexión de la 
rodilla, levante la pierna de la camilla; durante este movimiento, el explorador 
deberá observar la posición de la tuberosidad de la tibia.
▶Valoración. Cuando los ligamentos están intactos, no se debería observar ningún 
cambio del contorno o éste debería ser mínimo, para lo cual se produce un ligero 
desplazamiento hacia ventral de la tuberosidad tibial. En pacientes con una lesión 
reciente de la cápsula o los ligamentos con afectación del ligamento cruzado 
anterior y de las estructuras ligamentosas mediales, se observará un marcado 
desplazamiento ventral de la tuberosidad (subluxación de la articulación).
▶Observación. Esta prueba permite diagnosticar lesiones complejas sin tocar al 
paciente.
Fig. 6.41 Prueba de Lachman 
sin contacto.
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Articulación de la rodilla
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Prueba de Lachman activa
▶Procedimiento. Se pide al paciente, colocado en decúbito supino, que extienda 
la pierna, para lo cual deberá levantar el pie de la camilla. El explorador se coloca 
de forma que sus ojos queden a la altura de la articulación de la rodilla para poder 
ver mejor el contorno de la tuberosidad tibial y los ligamentos rotulianos. Llegado 
un momento se alcanza una ligera flexión de la rodilla, que permite al explorador 
introducir el antebrazo por debajo del muslo del paciente hasta alcanzar la rodilla 
contralateral. Para poder valorar la potencia de contracción del cuádriceps, el 
explorador fijará el pie sobre la camilla.
▶Valoración. Cuando el ligamento cruzado anterior está intacto, cabe esperar un 
ligero desplazamiento ventral de la cabeza de la tibia. En los casos de rotura se 
identifica un desplazamiento evidente en sentido ventral en comparación con el 
lado contralateral, dado que el desplazamiento provocado por la contracción del 
bíceps no se encuentra la oposición del ligamento cruzado anterior.
▶Observación. El cajón activo fisiológico próximo a la extensión tiene un valor 
medio de 2­3 mm. Sin embargo, en los pacientes con rotura del ligamento cruzado 
anterior dicho desplazamiento alcanza 3­6 mm. Esta prueba se debe realizar una 
vez descartada una lesión del ligamento cruzado posterior, en la que la tibia se des­
plaza de forma espontánea hacia dorsal. Enlas contracturas del cuádriceps se 
produce también un desplazamiento anterior de la tibia evidente, lo que determina 
un falso positivo en el cajón anterior activo.
Cuando, además de la insuficiencia de las estructuras ligamentosas mediales 
y el ligamento cruzado anterior, existe una lesión dorsal del menisco interno, la 
contracción del cuádriceps puede provocar también el bloqueo del menisco.
Fig. 6.42 Prueba 
de Lachman activa.
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Articulación de la rodilla
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La prueba de Lachman activa permite, a diferencia de la prueba de Lachman 
clásica, fijar la pierna en distintos grados de rotación y así valorar el efecto es­
tabilizador de las estructuras cápsulo­ligamentosas mediales y laterales. En 
pacientes con una inestabilidad anterior global (ligamento cruzado anterior, 
cápsula medial­dorsomedial­lateral y dorsolateral), se demostrará un marcado 
desplazamiento anterior activo de la tibia en rotación interna y neutra, pero 
también en rotación externa.
Prueba del cajón anterior con 90° de flexión de la rodilla
Prueba del cajón anterior pasiva para valorar la estabilidad del ligamento cruzado 
anterior.
▶Procedimiento. El paciente se coloca en decúbito supino, con una flexión de 
45° de la cadera y de 90° de la rodilla. El explorador se sienta sobre el pie del 
paciente para fijarlo en la posición de rotación deseada. El explorador coge la 
pierna del paciente a nivel del hueco poplíteo con las dos manos y tira de la rodi­
lla hacia ventral con la musculatura flexora del paciente relajada. Esta prueba 
se realiza en posición neutra y luego con 15° de rotación externa del pie para 
valorar una inestabilidad anteromedial y con 30° de rotación interna del pie 
para valorar una inestabilidad anterolateral.
▶Valoración. En la insuficiencia crónica del ligamento cruzado anterior se encuen­
tra un cajón anterior, que corresponde a un desplazamiento anterior de la tibia con 
aparición de un golpe suave que se puede palpar.
En las lesiones recientes es frecuente que el cajón anterior con 90° de flexión 
tenga un resultado negativo, porque con este grado de flexión el paciente no 
consigue evitar el dolor y se contrae de forma refleja para evitarlo. Cuando existe 
una combinación de rotura completa y parcial de los ligamentos, la prueba del cajón 
provoca la distensión de las estructuras mediales y laterales que están parcialmente 
rotas y esto produce un dolor que hace que la prueba del cajón anterior parezca 
negativa con aparente estabilidad.
En las lesiones recientes tiene especial importancia realizar esta prueba con 
una ligera flexión (prueba de Lachman). Cuando existe una lesión crónica de los 
ligamentos, la sensación de inestabilidad es la principal molestia, de forma que 
se podrá realizar el cajón anterior en 90° sin sensación de dolor y obtener un 
resultado concluyente.
▶Observación. En general, el cajón anterior se debería explorar con una rotación 
neutra. De este modo se podrá valorar la máxima intensidad del desplazamiento. 
Cuando se rota la pierna, la tibia queda forzada en una posición determinada; es­
to aumenta la tensión sobre las estructuras ligamentosas y capsulares periféricas 
y puede bloquear la capacidad de desplazamiento en la prueba del cajón. A la 
hora de valorar la estabilidad durante la rotación, se debería valorar también 
la estabilidad lateral en flexión y extensión para determinar la complejidad 
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de las lesiones ligamentosas y la estabilidad de los factores estabilizadores 
secundarios.
No se debe interpretar que la prueba del cajón anterior indica de forma directa 
una rotura del ligamento cruzado anterior. Tampoco se debe asumir que un re­
sultado negativo de esta prueba permite diagnosticar que el ligamento cruzado 
anterior se encuentra intacto. En la prueba del cajón se empuja la parte proximal 
de la tibia hacia ventral o se presiona sobre ella hacia dorsal. Es difícil conseguir 
una posición de partida precisa (posición neutra) a partir de la cual demostrar un 
cajón anterior al ejercer una fuerza en sentido anterior. Cuando existe una lesión 
del ligamento cruzado posterior con un desplazamiento hacia atrás de la cabeza 
de la tibia (cajón posterior espontáneo) y el explorador realiza la maniobra para 
generar el estrés del cajón, podría parecer que existe un verdadero cajón anterior, 
pero lo que sucede realmente es que la tibia regresa a la posición neutra ventral por 
la tracción porque estaba desplazada hacia atrás en el contexto de un desgarro del 
ligamento cruzado posterior. El ligamento cruzado anterior se tensará y limitará 
el desplazamiento anterior adicional de la tibia.
Advertencia. El cajón anterior sólo se debe considerar como tal cuando se ha 
demostrado la ausencia de un cajón posterior.
Fig. 6.43 a y b Prueba del cajón anterior 
con 90° de flexión de la rodilla.
a Tracción de la tibia hacia delante.
b Proyección craneal de la articulación 
de la rodilla.
1 Fémur
2 Tibia
3 Peroné
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Articulación de la rodilla
272
Prueba del cajón máximo de Jakob
▶Procedimiento. El paciente se coloca en decúbito supino, con 50­60° de flexión 
de la rodilla. El explorador subluxa de forma máxima la cabeza de la tibia hacia 
anterior con su antebrazo (con la mano coge la rodilla contralateral). Con la 
mano libre, el explorador sujeta de forma simultánea la cabeza de la tibia y 
palpa el grado de desplazamiento de la hendidura articular medial y lateral 
hacia anterior. Durante esta prueba no se fija la pierna, de forma que la rotación 
se mantiene libre y se puede desencadenar el mayor grado de desplazamiento 
anterior posible.
▶Valoración. Véase prueba del cajón anterior con 90° de flexión.
Fig. 6.44 a y b Prueba del cajón máximo de Jakob.
a Posición de partida.
b Tracción anterior máxima de la tibia.
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Articulación de la rodilla
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Prueba del desplazamiento pivotante (prueba de Galway)
▶Procedimiento. Paciente en decúbito supino. El explorador coge y fija con una 
mano el cóndilo femoral lateral y con los pulgares palpa la tibia proximal o el 
peroné. Con la otra mano sujeta la pierna en rotación interna y abducción (estrés 
en valgo). Desde esta posición de partida, realiza movimientos de extensión a 
flexión de la rodilla.
▶Valoración. Cuando existe un desgarro del ligamento cruzado anterior, la tibia se 
desplaza hacia anterior bajo la presión en valgo durante la extensión. El bloqueo 
de la articulación de la rodilla durante la subluxación anterior depende de la 
intensidad de la presión en valgo (en ocasiones resulta más sencillo provocar 
este signo cuando el explorador fija la pierna del paciente entre su antebrazo y su 
cintura, al tiempo que ejerce una ligera presión en dirección axial). La progresiva 
flexión de la rodilla al tiempo que se mantiene la rotación interna y la abducción 
de la pierna consigue que se recoloque la cabeza de la tibia subluxada en sentido 
posterior al alcanzar unos 20­40° de flexión. La prueba del desplazamiento pivo­
tante es característica sobre todo para la inestabilidad anterolateral. La cintilla 
iliotibial, que en la posición de extensión se encuentra ventral al epicóndilo 
lateral y se va deslizando hacia atrás siguiendo el eje de flexión al flexionar la 
pierna, tira de la cabeza tibial hacia dorsal. Así pues, el resultado positivo en esta 
prueba indica siempre que la cintilla iliotibial se conserva intacta. El grado de 
flexión/recolocación depende de la magnitud de la subluxación anterior. Cuando 
la intensidad del deslizamiento