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La democracia_Robert Dahl

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Ariadna Cuni

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La democracia – Robert A. Dahl 
Robert Dahl y la teoría de la democracia 
El concepto de democracia guarda en sí mismo dos dimensiones. La primera (la dimensión empírica) es que las 
democracias son sistemas políticos que tienen una plasmación “real” – no se puede saber que es la democracia 
sin estudiar cómo es o ha sido en sus diferentes manifestaciones históricas. Según la dimensión normativa, la 
democracia es un ideal caracterizado por valores como justicia, igualdad, seguridad, decencia. Esta segunda 
dimensión permite que no nos contentamos con cualquiera de sus diferentes manifestaciones y permite la crítica 
de la realidad política. 
I. ¿Necesitamos realmente una guía? 
Hace aproximadamente veinticinco siglos que existe la democracia, pero el término “democracia” ha tenido un 
significante distinto para gente diferente en diversas épocas y lugares. Ya que la democracia de Antigua Grecia y 
Roma, de los Estados Unidos de Lincoln y la actual difieren en muchos aspectos. Por ejemplo, actualmente 
presuponemos que la democracia debe garantizar el derecho de voto a prácticamente cualquier ciudadano 
adulto. Pero a finales de la Primera Guerra Mundial, el número de los votantes no llegaba aún al número total 
de todos los ciudadanos adultos, ya que las mujeres estaban excluidas de este “derecho”. 
I. ¿Dónde y cómo se inició el desarrollo de la democracia? 
Los sistemas de gobierno que permiten la participación popular o los sistemas democráticos aparecieron 
aproximadamente el año 500 a.C. en la Grecia y Roma clásicas. 
Grecia 
La Grecia clásica estaba formada por ciudades-estado (polis). En el 507 a.C. en la ciudad-estado de Atenas 
apareció un sistema de gobierno popular que existió durante dos siglos. Los griegos también acuñaron el 
concepto demokratia que significa “gobierno del pueblo” (demos – pueblo y kratos – gobierno). 
En el núcleo del gobierno ateniense había una asamblea en la que podían participar todos los ciudadanos. La 
asamblea elegía pocos cargos, por ejemplo, los generales. Sin embargo, había otro método de selección de los 
ciudadanos que era el sorteo, al que los ciudadanos elegibles se sometían para ser seleccionados en régimen de 
igualdad. 
No obstante, aun y ser el primer sistema político representativo, la democracia representativa griega influenció 
poco las ideas y prácticas democráticas posteriores, al igual que su método de selección de los representantes a 
través del sorteo. 
Roma 
El sistema de gobierno popular en Roma recibió otro nombre distinto a la demokratia griega. Su sistema se 
llamaba república (res – cosa y publicus – público) 
Sin embargo, a diferencia de los griegos, su sistema democrático quedaba restringido en un principio sólo a los 
patricios o los aristócratas. No obstante, más tarde, después de luchas y revueltas, los plebeyos o ciudadanos 
corrientes también se integraron en la República romana. 
La República romana tuvo un problema de gestión y es que, al expandirse y dotar a los extranjeros de la 
ciudadanía romana, continuaba existiendo sólo un lugar dónde todos los ciudadanos debían ir con el fin de 
votar y era la ciudad de Roma. 
La República romana aún y durar un largo período de tiempo, empezó a entrar en decadencia en el 130 a.C. y este 
sistema fue sustituido por la figura del emperador. 
Italia 
El gobierno popular resurgió en varias ciudades del norte de Italia hacia el siglo XI, en forma de repúblicas urbanas. Al 
principio, el poder estuvo en manos de nobles y grandes propietarios, pero con el crecimiento del comercio y de las 
ciudades, nuevos grupos —mercaderes, banqueros y artesanos organizados en gremios— comenzaron a reclamar 
 
participación política. 
Estos sectores, más numerosos y mejor organizados, lograron incorporarse progresivamente a los órganos de 
gobierno. Se crearon nuevas magistraturas y consejos que ampliaron la base política, aunque sin establecer una 
democracia en sentido pleno. Estas repúblicas urbanas prosperaron durante más de dos siglos y se convirtieron en 
centros de extraordinario desarrollo económico, cultural y artístico. 
Con el tiempo muchas cayeron en manos de élites dominantes o fueron absorbidas por Estados más grandes, lo que 
puso fin a esta etapa de gobierno popular. 
I. ¿Qué queda por delante? 
 
 
La democracia tiene dos dimensiones, puede ser un juicio de valor cuando se trata de la democracia como un 
ideal o juicio empírico cuando se habla de la plasmación real de la democracia. 
¿Qué instituciones políticas son necesarias para satisfacer los estándares ideales de la mejor manera posible? 
Las instituciones políticas consideradas democráticas han sido diferentes en distintas épocas y lugares. Las 
instituciones democráticas han sido adaptadas a las diferencias en el tamaño de las unidades políticas – en 
población, territorio o ambos-. Las instituciones adecuadas para una pequeña ciudad como la polis de Grecia 
clásica son inadecuadas para un estado como el actual Japón. 
A veces, el juicio moral y el empírico coexisten en la evaluación de la democracia. Por ejemplo, al decidir 
qué instituciones políticas requiere la democracia, necesitamos juicios empíricos. Pero antes de esto, 
también tenemos juicios previos – juicios morales – acerca del significado y el valor de la democracia. 
I. ¿Qué es la democracia? 
Un sistema político para denominarse democrático debe cumplir con cuatro criterios: 
- Participación efectiva: todos los miembros deben tener oportunidades iguales y efectivas para hacer 
que sus perspectivas sobre cómo haya de ser la política sean conocidos por los otros miembros. 
- Igualdad de voto: todo miembro debe tener una igual y efectiva oportunidad de votar, y todos los 
votos deben contarse como iguales 
- Comprensión ilustrada: todo miembro debe tener oportunidades iguales y efectivas para instruirse 
sobre las políticas alternativas relevantes y sus consecuencias posibles 
- Control de la agenda: los miembros deben tener la oportunidad de decidir cómo y qué asuntos 
deben ser incorporados a la agenda. De esta manera, el proceso democrático exigido por los tres 
criterios procedentes no se cierra nunca. 
- Inclusión de los adultos: todos o, al menos, la mayoría de los adultos que son residentes 
permanentes deben tener derechos de la ciudadanía que están implícitos en los cuatro criterios 
anteriores. 
¿Por qué estos criterios? 
Todos los criterios mencionados son necesarios si los miembros de una comunidad han de ser iguales 
políticamente a la hora de determinar unas políticas determinadas. Es decir, desde el momento en que se 
incumple cualquiera de estos requisitos, los miembros no serán iguales políticamente. 
Estos criterios además son útiles, aún y ser ideales, ya que ofrecen una medida a partir de la cual podemos 
evaluar las actuaciones de diferentes asociaciones reales democráticas. 
I. ¿Por qué la democracia? 
La democracia es considerada la mejor forma de gobierno porque aporta las siguientes diez ventajas: 
1. La democracia ayuda a evitar un gobierno de autócratas crueles y depravados 
Los gobiernos autocráticos explotan las capacidades del Estado para la coerción y la violencia con el 
objetivo de ponerlas al servicio de sus propios fines. 
Sin embargo, los estados democráticos también actuaron con crueldad hacía los extranjeros en algunos 
periodos de tiempo. Como, por ejemplo, durante el colonialismo, el tratamiento que recibieron algunas 
colonias por parte de las metrópolis supuestamente democráticas. 
Pero, aunque hasta las actuales democracias puedan perjudicar en cierta manera a minorías. Un gobierno no 
se considera democrático en tal que satisface todas las necesidades de sus ciudadanos y no perjudica a 
nadie – cosa que es imposible – sino que en tal que sus decisiones a largo plazo producen menos daños a 
los ciudadanos que las alternativas no democráticas. 
 
 
2. La democracia garantiza a sus ciudadanos una cantidad de derechos fundamentales que los 
gobiernos no democráticos no garantizanni pueden garantizar 
La democracia es intrínsecamente un sistema de derechos. Es decir, los derechos son esenciales de un 
proceso de gobierno democrático y son elementos necesarios de las instituciones políticas democráticas. 
Ya que ningún sistema no democrático otorga a sus ciudadanos un amplio elenco de derechos políticos. 
Sin embargo, con definir los derechos no es suficiente. Para satisfacer las exigencias de la democracia, los 
derechos que le son inherentes deben estar a disposición de sus ciudadanos en la práctica. Por lo tanto, las 
instituciones que otorgan y protegen los derechos y oportunidades democráticos son necesarias para el 
sistema democrático: no simplemente como una condición lógicamente necesaria, sino como una 
condición empíricamente necesaria para que exista la democracia. 
3. La democracia asegura a sus ciudadanos un mayor ámbito de libertad personal que cualquier 
alternativa factible a la misma 
La democracia es, ante todo, un sistema de derechos (creado para defender esos derechos). Libertades como la de 
expresión, asociación y participación política son condiciones necesarias para que exista. Sin ellas, no hay verdadero 
gobierno democrático. 
Los regímenes no democráticos no pueden asegurar estos derechos de forma estable, porque limitarían su propio 
poder. Además, en democracia los derechos no solo se reconocen en teoría, sino que deben poder ejercerse en la 
práctica mediante instituciones que los protejan. 
Por ello, la democracia ofrece un ámbito de libertad personal más amplio que cualquier alternativa no democrática. 
4. La democracia ayuda a las personas a proteger sus propios intereses fundamentales 
La mayoría de las personas desean ejercitar algún control sobre los factores que condicionan, de forma 
parcial o completa, la satisfacción de sus deseos – libertad de elección, oportunidad de conformar su vida de 
acuerdo a sus propios fines, preferencias, gustos, valores, compromiso, creencias -. La democracia protege 
esta libertad mejor que ningún otro sistema político alternativo que haya existido jamás. 
5. Sólo un gobierno democrático puede proporcionar una oportunidad máxima para que las personas 
ejerciten la libertad de autodeterminarse, es decir, que vivan bajo las leyes de su propia elección 
Vivir en comunidad con otras personas tiene un precio: no siempre se puede hacer lo que uno desea. Ya que 
a veces aquello que uno desea entra en conflicto con lo que otros quieren hacer. Consecuentemente, si uno 
no puede imponer sus deseos por la fuerza, deberá encontrar una manera de resolver sus diferencias 
pacíficamente. 
Si no podemos confiar sensatamente en vivir en armonía con todos los miembros de nuestra sociedad, 
podemos intentar crear un proceso para acceder a decisiones sobre reglas y leyes que pudieran satisfacer 
ciertos criterios razonables. 
- El proceso aseguraría que, antes de que la ley fuera promulgada, todos los ciudadanos tuvieran una 
oportunidad de que sus puntos de vista fueran conocidos. 
- Se garantizarían oportunidades para la discusión, deliberación, negociación y compromiso que, en 
las mejores condiciones, pudieran conducir a una ley que todos considerasen satisfactoria. 
- Ante el supuesto más probable de que la unanimidad no pudiera ser alcanzada, se promulgará 
aquella ley que cuente con el mayor número de apoyos 
6. Solamente un gobierno democrático puede proporcionar una oportunidad máxima para ejercitar la 
responsabilidad moral 
La responsabilidad moral significa que se adoptan los principios morales y sólo se toman decisiones en 
función de estos principios después de haber entrado en un proceso de reflexión, deliberación, análisis y 
consideración de las posibles alternativas y de sus consecuencias. Sin embargo, si no podemos influir en la 
conducta de los cargos del gobierno, aun así, podemos responsabilizarnos de sus actos si estamos sujetos a 
 
 
decisiones colectivas y si el proceso democrático maximiza nuestra oportunidad de vivir bajo las leyes que 
sean producto de nuestra propia elección, entonces tenemos la facultad para actuar como personas 
moralmente responsables. 
 
 
 
 
 
7. La democracia promueve el desarrollo humano más plenamente que cualquier alternativa factible 
Se considera que una persona adulta debe poseer las capacidades de valerse por sí misma, de actuar en defensa 
de sus intereses sin tener que contar con otros para hacerlo. Los adultos deben actuar responsablemente, 
considerando las consecuencias y teniendo en cuenta los derechos y obligaciones de otros a parte de los suyos. Y 
deberían de tener la habilidad de discutir libremente y abiertamente con otros sobre los problemas que 
necesitan afrontar conjuntamente. 
Según Dahl, estas capacidades son innatas para la mayoría de los seres humanos. Sin embargo, el hecho que las 
desarrollen y cómo lo hagan depende de muchas circunstancias, entre las cuales se encuentra la naturaleza del 
sistema político en el que vivan. 
8. Sólo un gobierno democrático puede fomentar un grado relativamente alto de igualdad política 
El gobierno democrático puede conseguir la igualdad política entre ciudadanos en una medida superior que 
cualquier alternativa factible. 
9. Las democracias representativas modernas no se hacen la guerra entre sí. 
De treinta y cuatro guerras internacionales entre 1945 y 1989, ninguna tuvo lugar entre países democráticos. 
Tampoco ha habido una expectativa o preparación para la guerra entre ellos. Lo que, es más, desde el siglo XIX, 
países con gobiernos representativos y otras instituciones democráticas, en los que gran parte de la población 
masculina disponía del derecho al sufragio, no se hicieron la guerra entre sí. 
Sino que los gobiernos democráticos modernos hicieron la guerra a países no democráticos (Primera y Segunda 
Guerras Mundiales). 
Esto pasa porque los ciudadanos y líderes democráticos aprenden las artes del compromiso. También ven a otras 
personas de estados democráticos como menos amenazadoras y más dignas de confianza. Finalmente, la práctica 
de pacíficas negociaciones, tratados, alianzas y defensa común frente a enemigos no democráticos refuerzan la 
predisposición a buscar la paz más que a hacer la guerra. Por lo cual, según Dahl, un mundo más democrático 
puede ser también un mundo más pacífico. 
10. Los países con gobiernos democráticos tienden a ser más prósperos que los países con gobiernos no 
democráticos. 
Los acontecimientos de los siglos XIX y XX demostraron que las democracias eran prósperas y los países no 
democráticos, generalmente pobres. 
Esto pasa, porque se establece una relación entre la democracia representativa y una economía de mercado en 
la que los mercados no están altamente regulados, los trabajadores son libres de moverse de un lugar o trabajo 
a otro, las empresas de propiedad privada compiten por ventas y recursos, y los consumidores pueden elegir 
entre bienes y servicios ofrecidos por los proveedores en competencia. 
Si bien, una economía de mercado no necesariamente lleva hacia la democratización, ya que, en el siglo XX, no 
todos los países con economías de mercado eran democráticos, todos los países con sistemas políticos 
democráticos tenían también economías de mercado. 
En los dos últimos siglos, una economía de mercado ha producido mayor prosperidad que las otras alternativas 
económicas. Y dado que los países democráticos modernos tienen economías de mercado, y un país con 
economía de mercado tiende a prosperar, es probable que un país democrático moderno sea también un país 
rico. 
Además, los sistemas democráticos promueven la educación de sus ciudadanos, y una fuerza de trabajo 
instruida contribuye a la innovación y al crecimiento económico; se implanta el respeto a la ley; los tribunales 
son más independientes; los derechos de propiedad gozan de mayor protección; los acuerdos contractuales se 
hacen respetar más eficazmente, y es menos probable la intervención arbitraria en la vida económica por 
 
parte de losgobiernos. Finalmente, las democracias promueven la disminución de las barreras a la 
comunicación, lo que favorece las economías modernas que dependen de la comunicación. 
No obstante, no todo son ventajas. No se puede ignorar el coste importante que tiene la economía de 
mercado sobre la democracia. Y es que al crear desigualdades la economía de mercado puede disminuir las 
posibilidades de alcanzar una igualdad política plena entre los ciudadanos de un país democrático. 
I. ¿Por qué la igualdad política? 
Igualdad intrínseca: un juicio moral 
Cuando algunas veces hablamos de igualdad (igualdad política) no hacemos referencia o expresamos juicio 
de hecho. No intentamos describir lo que creemos que es o será cierto, sino que pretendemos expresar un 
juicio moral sobre los seres humanos; pretendemos decir algo sobre lo que pensamos que debe ser. 
¿Por qué hemos de adoptar el principio? 
Primero, para un gran número de personas, el principio de la igualdad intrínseca es consistente con sus 
creencias y principios éticos más fundamentales, por ejemplo, los principios religiosos. 
La mayoría de los razonamientos morales, la mayoría de los sistemas de ética, explícita o implícitamente 
aceptan tal principio. 
En segundo lugar, con el objetivo de gobernar el Estado muchos de nosotros consideramos cualquier 
alternativa al principio de la igualdad intrínseca como no plausible y no convincente. 
Aunque los seres humanos tienden a preocuparse por sus propios intereses y los de las personas que les son 
más próximas, no quieren aceptar la superioridad intrínseca de otros. Durante toda la historia de la 
humanidad hubo figuras que abusaron del poder, ejerciendo violencia sobre los otros, con el objetivo de 
satisfacer sus propios intereses. Por lo cual para cualquiera que no forma un grupo privilegiado es 
preferible poder rechazar sin riesgo su pretensión a la superioridad intrínseca y aceptar la igualdad. 
Prudencia 
Dado que el gobierno de un Estado no sólo proporciona beneficios, sino que también puede provocar 
importantes daños, la prudencia dicta una preocupación por la forma en la que sus capacidades vayan a 
ser utilizadas. Un proceso gubernamental que privilegia un interés propio sobre los de los otros, puede ser 
atrayente si tuviéramos la seguridad de que nosotros o nuestro grupo siempre acabara prevaleciendo. Pero 
para muchas personas este resultado es tan improbable que es más seguro insistir en la idea de que nuestros 
intereses tendrán igual consideración que los de los demás. 
Aceptabilidad 
Un principio que se considere prudente aceptar, será aceptado también por otros. Un proceso que garantice 
una igual consideración para todos será más capaz de asegurar el consentimiento de todos aquellos cuya 
cooperación necesitamos para conseguir nuestros fines. 
(puede ser que falten?) 
I. ¿Por qué la igualdad política? Competencia cívica 
El contraargumento de la tutela 
Algunos defensores de la democracia, defienden que no todos los ciudadanos son capaces de gobernarse a 
sí mismos. Por lo cual son necesarios unos expertos que tengan el conocimiento y la preocupación por el 
bien y los intereses de los otros que decidan por ellos. De esta manera procuraran el bienestar para todos de 
manera más efectiva a causa de estar dotados de unos conocimientos superiores a la resta en la materia. 
Sin embargo, 
Delegar en expertos algunas decisiones secundarias no equivale a ceder el control final sobre las decisiones 
 
 
fundamentales. 
 
 
 
 
 
Los expertos pueden tener un conocimiento más amplio acerca de un tema que nosotros. Pero la última 
palabra siempre última palabra siempre tiene que pertenecer al individuo que se beneficie de este saber. 
Es decir, la decisión última de seguir o no las recomendaciones de los expertos. Por eso, una cosa es que los 
cargos públicos busquen la ayuda de los expertos, pero otra es que una élite política posea el poder de 
decidir sobre las leyes y las políticas que estaremos obligados a obedecer. 
Las decisiones políticas hechas por individuos no son equivalentes a las decisiones adoptadas y hechas 
efectivas por parte del gobierno de un Estado. 
La cuestión es quién o qué grupo debe tener la última palabra en las decisiones hechas por el gobierno de un 
Estado. 
 
Para gobernar bien un Estado se requiere mucho más que un conocimiento estrictamente científico 
La acción de gobierno no es una ciencia en un sentido estricto. Prácticamente todas las decisiones 
importantes sobre políticas, ya sean personales o gubernamentales, exigen juicios éticos. Adoptar una 
decisión sobre los fines que las políticas del gobierno deben intentar alcanzar (justicia, equidad, bienestar, 
igualdad, etc.) significa aplicar un juicio ético. Y los juicios éticos no son juicios científicos en el sentido 
habitual. 
Además, estos juicios entran a menudo en conflicto unos con otros, y los recursos son limitados, 
Consecuentemente, las decisiones sobre políticas requieren juicios sobre transacciones alternativas, la 
ponderación de fines distintos (costes y beneficios). Los juicios sobre transacciones alternativas entre fines 
diferentes no son científicos. La evidencia empírica es necesaria pero no suficiente. 
Hay una razón a por qué las decisiones sobre políticas exigen juicios que no son estrictamente “científicos”. 
Y es que incluso cuando los fines de las decisiones sobre políticas pudieran contar con un asentimiento 
general, casi siempre nos encontramos con incertidumbre y conflicto sobre los medios: sobre cómo puedan 
ser alcanzados mejor los objetivos, la conveniencia, viabilidad, aceptabilidad y consecuencias posibles de los 
medios alternativos. 
Para gobernar bien un Estado hace falta algo más que conocimiento 
A parte del conocimiento es necesaria también la incorruptibilidad, una firme resistencia a todas las 
tentaciones del poder, una continua e inflexible dedicación al bien público más que a los beneficios para uno 
mismo o para el propio grupo. 
De esa manera, por muy sabios que sean los miembros de una élite gobernante dotada del poder de 
gobernar el Estado cuando acceden a él por primera vez, es posible que en un determinado tiempo acaben 
abusando de él. 
Finalmente, diseñar una utopía es una cosa, y otra bien distinta es realizarla 
Los defensores del régimen tutelar deben enfrentarse a diversos dilemas como para poner en practica de 
forma democrática un gobierno tutelar. Por la cual cosa el funcionamiento efectivo de un régimen tutelar 
sigue siendo un ideal. 
La competencia de los ciudadanos para gobernar 
“Entre adultos ninguna persona está tan definidamente mejor cualificada que otras para gobernar como 
para dotar a cualquiera de ellas de autoridad completa y final sobre el gobierno del Estado” 
Excepto algunos casos, toda persona adulta debe poder decidir lo que sea mejor para su propio bien e interés. 
Excepto las personas adultas a los que se considere carentes de una capacidad normal para ocuparse de sí 
mismos, todos los adultos deben ser dotados del derecho de tomar decisiones personales sobre aquello que 
corresponda a su mejor interés. 
 
 
 
Las ventajas de la democracia de otorgar a los individuos unos derechos y libertades fundamentales no deben 
restringirse a unas personas y no las otras. Si un gobierno debe otorgar igual consideración al bien de cada 
persona, entonces todos los adultos deberían tener el derecho de participar en la decisión sobre qué leyes y 
políticas permitirían alcanzar mejor los fines que buscan, tanto si sus fines se restringen a su propio bien como si 
incluyen el bienestar de todos. 
Por lo tanto, se puede llegar a la siguiente conclusión: “todo adulto, protegido por el derecho, que éste sometido 
a las leyes del estado, debe ser considerado lo suficientemente bien cualificado como para participar en el 
proceso democrático del gobierno del Estado.” 
Un quinto criterio democrático: la inclusión 
Si se priva a los seres humanos de una voz igual en el gobierno de un Estado,a distintas escalas 
¿Los criterios democráticos sólo pueden ser satisfechos cuando estamos en presencia de todo el conjunto de 
las instituciones políticas de la democracia poliárquica? No necesariamente 
- Las instituciones de la democracia poliárquica son necesarias para democratizar el gobierno de un 
Estado en un sistema a gran escala, en un país. Pero pueden ser innecesarias o inadecuadas para la 
democracia en unidades a escala menor (o mayor), o en asociaciones menores que son 
independientes del Estado y contribuyen a sostener la sociedad civil. 
- Los países democráticos pueden variar de forma importante en sus instituciones políticas específicas: 
arreglos electorales, sistemas de partidos, etc. 
- El que las instituciones de la democracia poliárquica sean necesarias no significa que sean 
suficientes para la democracia. 
Democracia griega frente a la democracia moderna 
La principal diferencia entre el sistema democrático griego y el actual es que los griegos crearon un sistema 
directo que podemos nombrar como democracia primaria, democracia de asamblea o una democracia de 
consejo abierto. En cambio, en la actualidad tenemos una democracia representativa: la elección de 
representantes con la capacidad de dictar leyes. 
El gobierno representativo, pero, no se originó como una práctica democrática, sino más bien como un 
instrumento a través del cual gobiernos no democráticos (monárquicos) podían hacerse con ingresos y otros 
recursos que deseaban, particularmente para hacer la guerra. En sus orígenes, la representación no fue, por 
tanto, democrática; fue una institución no democrática que después de injertaría en la teoría y las prácticas 
democráticas. 
Otra posible crítica a la democracia representativa es que, en una unidad política pequeña, como una ciudad, 
la democracia de asamblea permite que los ciudadanos puedan gozar de oportunidades para incorporarse al 
proceso de gobierno, algo que la democracia representativa en una unidad amplia simplemente no es capaz 
de proporcionar. Por lo tanto, en lo que se refiere a las oportunidades para participar efectivamente en las 
decisiones, la asamblea popular permite por ejemplo, que en una pequeña unidad gobernada por sus 
ciudadanos reunidos en la asamblea, los participantes pueden discutir y debatir las cuestiones que 
consideran importantes; después de escuchar las posiciones a favor y en contra, pueden llegar a una opinión 
propia; pueden votar directamente sobre los asuntos que tienen ante ellos; y, como consecuencia de ello, no 
tienen que delegar las decisiones cruciales en representantes, que bien pueden estar influidos por sus 
propios intereses más que por aquellos de sus representados 
 
 
 
Así, vistas las ventajas, ¿por qué se prefirió incluir la representación en los sistemas democráticos modernos? 
Los defensores de la democracia representativa creyeron que al ampliar la base electoral, el parlamento o la 
legislatura podía convertirse en un cuerpo más auténticamente representativo que habría de servir a fines 
democráticos. En el siglo XVIII, el pensador francés Destutt de Tracy sostuvo que “la democracia representativa… 
es democracia que se hace practicable durante un gran espacio de tiempo y sobre un territorio de gran 
extensión”. 
Así, al transformar este mecanismo no democrático de la Edad Media, en un instrumento propio de la 
democracia, vieron que aun y sus desventajas era útil para la unidad política que querían democratizar que era 
demasiado extensa para la democracia de asamblea. 
Tamaño y democracia 
Tanto el número de personas en una unidad política como la extensión de su territorio tienen consecuencias 
para la forma de democracia. 
Con relación a esto, la democracia de asamblea tiene algunas limitaciones: 
- Las oportunidades de participación disminuyen rápidamente con el tamaño del cuerpo de ciudadanos. 
- Aunque muchos más pueden participar escuchando a los intervinientes, el número máximo de 
participantes en una única reunión que podrían ser capaces de expresarse tomando la palabra es muy 
pequeño, probablemente bastante menos de un centenar. 
- Estos miembros plenamente participativos llegan a convertirse en representantes de los otros, excepto 
en las votaciones. 
- Así, incluso en una unidad gobernada por democracia de asamblea, es posible que exista un sistema 
representativo de facto 
- Pero nada asegura que los miembros plenamente representativos sean representantes del resto 
- Para instituir un satisfactorio sistema de selección de representantes, los ciudadanos pueden preferir 
elegir a sus representantes en elecciones libres e imparciales. 
De todo esto se extrae la siguiente conclusión: 
“La ley del tiempo y el número: cuantos más ciudadanos contenga una unidad democrática, tanto menos 
podrán participar los ciudadanos directamente en las decisiones políticas y tanto más tendrán que delegar su 
autoridad sobre otros.” 
Un dilema democrático fundamental 
Aparece un dilema democrático fundamental en relación con estas dos formas de democracia. Si el objetivo 
consiste en establecer un sistema democrático que proporcione un máximo de oportunidades para que los 
ciudadanos participen en las decisiones políticas, la ventaja está en la democracia de asamblea de un sistema 
político a pequeña escala. Pero si el fin es establecer un sistema de gobierno democrático que proporcione el 
margen más amplio para abordar del modo más efectivo los problemas de los ciudadanos, la ventaja residirá 
en una unidad tan amplia que será necesario establecer en ella un sistema representativo. Éste es el dilema 
entre participación ciudadana frente a eficacia del sistema. La conclusión a la cual se podría llegar es: 
“Cuanto menor sea una unidad democrática, tanto mayor será el potencial de la participación ciudadana y 
tanto menor la necesidad de que los ciudadanos deleguen las decisiones políticas en representantes. Cuanto 
mayor sea la unidad, tanto mayor será la capacidad de éstos para lidiar con los problemas importantes de sus 
ciudadanos y tanto mayor será la necesidad de que los ciudadanos deleguen decisiones en sus representantes.” 
 
 
La asamblea tiene muchas ventajas como, por ejemplo, las discusiones de la asamblea no están dominadas 
por quienes tienen dinero e instrucción. Y las creencias fuertes y la determinación para hacerse oír no están 
en manera alguna monopolizadas por un único grupo económico. Sin embargo, tiene muchas limitaciones en 
cuestiones militares, asuntos económicos, tráfico, transportes, comunicaciones, movimientos de personas y 
bienes, salud, planificación familiar, agricultura, alimentación, delincuencia, educación, derechos humanos, 
civiles y políticos, etc. Además, un mundo constituido de unidades pequeñas y completamente 
independientes sería inestable. Bastaría que algunas de estas unidades se unieran, agredieran militarmente a 
otras, conquistaran una pequeña unidad tras otro, y crearan así un sistema demasiado grande para el 
gobierno de asamblea 
El lado oscuro: el regateo entre élites 
Bajo un gobierno representativo, los ciudadanos delegan muchas veces una autoridad discrecional en 
decisiones de importancia. Delegan la autoridad no sólo en sus representantes electos, sino también, 
indirectamente en administradores, burócratas, funcionarios, jueces y organizaciones internacionales. Junto 
a las instituciones de la democracia poliárquica que ayudan a los ciudadanos a influir en la conducta y las 
decisiones del gobierno se da un proceso no democrático: el regateo entre élites políticas. 
La negociación de las élites tiene lugar dentro de los límites establecidos por instituciones y procesos 
democráticos. Sin embargo, la participación y el control popular no son siempre fuertes, y las élites políticas 
y burocráticas poseen gran discrecionalidad. No obstante, a pesar de los límites sobre el control popular, las 
élites políticas en los estados democráticos no son despóticas, no están fuera de control, ya que las 
eleccionesperiódicas las obligan a tener en cuenta la opinión popular. 
¿Pueden ser democráticas las organizaciones internacionales? 
Según Dahl, incluso en los países en los que las instituciones y prácticas democráticas han existido desde 
hace tiempo y están bien establecidas, es difícil para sus ciudadanos ejercitar un control efectivo sobre 
muchas decisiones importantes en asuntos internacionales. Por lo cual, sería mucho más complicado que 
lo puedan hacer en las organizaciones internacionales. 
La Unión Europea es un ejemplo. En ella se dan estructuras nominalmente democráticas, como elecciones 
populares y un parlamento. Pero en la práctica, tiene un déficit democrático. Las decisiones más importantes 
se adoptan principalmente a través de las negociaciones entre élites políticas y burocráticas. Y los límites no 
se establecen por procesos democráticos, sino por lo que los negociadores son capaces de conseguir que 
otros acepten y por el análisis de las posibles consecuencias de cada decisión en los mercados nacional e 
internacional. Así pues, los procesos democráticos apenas tienen un rol excepto para ratificar los 
resultados. 
Para conseguir un nivel de control popular aproximado al que existe en los estados democráticos, las 
instituciones internacionales deberían ser capaces de resolver algunos problemas tan eficazmente como 
los países democráticos. Los líderes políticos habrían de crear instituciones que dotasen a los ciudadanos 
de oportunidades para participar en la política, la influencia y el control. Para aprovechar estas 
oportunidades, los ciudadanos deberían estar tan preocupados e informados sobre las decisiones políticas 
de las organizaciones internacionales como lo están respecto de las decisiones públicas de sus estados. 
Para ello, las élites políticas deberían debatir y discutir públicamente sobre las alternativas de modo que 
pudieran captar el interés del público. Para asegurar este debate público, se tendría que crear un equivalente 
internacional a la competición política nacional mediante partidos e individuos que aspiraran a los cargos. 
Finalmente, representantes electos deberían ejercer control sobre determinantes élites internacionales con 
la misma eficacia que el de los legislativos y los ejecutivos en los países democráticos. 
 
Sociedad pluralista dentro de los países democráticos 
Todo país democrático está formado por unidades más pequeñas. Incluso los más pequeños países 
democráticos requieren de gobiernos municipales. Países más grandes pueden disponer de distritos, 
 
 
condados, estados federados, provincias, regiones, etc. Con independencia de lo pequeño que sea un país a 
escala mundial, exigirá una variedad de asociaciones y organizaciones independientes, es decir, una sociedad 
civil pluralista. 
Cómo gobernar mejor las asociaciones menores del Estado y la sociedad – sindicatos, empresas, grupos de 
interés especializados, organizaciones educativas, etc. – no admite una solución única. Ya que el gobierno 
democrático puede no estar justificado en todas las asociaciones; diferencias en su competencia pueden 
poner límites legítimos a la extensión en la que hayan de ser satisfechos los criterios democráticos. E incluso 
cuando la democracia esté justificada, ninguna forma específica es mejor. 
Sin embargo, los principios democráticos suponen algunas cuestiones que se pueden aplicar al gobierno de 
cualquier asociación. 
- En la toma de decisiones, ¿asegura el gobierno de la asociación igual trato a los intereses de 
cualquier persona vinculada por tales decisiones? 
- ¿Están algunos de los miembros de la asociación tan preparados para gobernar que se les haya de 
dotar de una autoridad definitiva y total para el gobierno de la asociación? De no ser así, ¿debemos 
en el gobierno de la asociación tratar a cada uno de sus miembros como políticamente iguales? 
- Si los miembros son políticamente iguales, el gobierno de la asociación ¿no debería satisfacer los 
criterios democráticos? Si es así, ¿en qué medida la asociación proporciona oportunidades a sus 
miembros para la participación efectiva, la igualdad de voto, la capacidad de obtener una 
comprensión ilustrada y el ejercicio de un control final sobre la agenda? 
III. Constituciones 
Variaciones constitucionales 
¿Escritas o no escritas? En algunos países algunas instituciones y prácticas establecidas constituyen el 
sistema constitucional, aunque no estén prescritas en ningún documento adoptado como la constitución del 
país. Entre las democracias más antiguas, una constitución no escrita es el producto de circunstancias 
históricas singulares. Son ejemplos de este de democracia sin constitución “escrita” Gran Bretaña, Israel y 
Nueva Zelanda. Las constituciones escritas, pero se han convertido en la práctica habitual. 
¿Declaraciones de derechos? Una explícita declaración constitucional de derechos es actualmente una 
práctica común, aunque no todas las democracias antiguas disponen de ella. Al igual que en primer caso, por 
razones históricas y por la ausencia de una constitución escrita, Gran Bretaña es un ejemplo entre las 
excepciones. 
¿Derechos sociales y económicos? Las democracias más antiguas por lo general se refieren poco de forma 
explícita sobre derechos sociales y económicos, en cambio, las constituciones surgidas después de la 
Segunda Guerra Mundial habitualmente los incluyen. Sin embargo, a veces, los derechos económicos y 
sociales que se establecen, en muchos casos con gran detalle, son simbólicos. 
¿Federal o unitaria? En un sistema federal, el gobierno de unidades territoriales más pequeñas – provincias, 
regiones – tiene garantizados si permanencia y ámbito de autoridad; en sistemas unitarios, su existencia y 
autoridad depende de las decisiones del gobierno nacional. Seis de los veintidós países democráticos más 
antiguos son federales (Alemania, Australia, Austria, Canadá, Estados Unidos y Suiza). El federalismo en estos 
países es el producto de circunstancias históricas específicas. 
¿Legislatura unicameral o bicameral? La existencia de una o de dos cameras. La mayoría de los países 
democráticos tienden a disponer de dos cameras, pero existen estados como Israel, países escandinavos, 
Finlandia y Nueva Zelanda que sólo tienen una cámara. 
¿Revisión constitucional? La capacidad de un tribunal supremo o constitucional de declarar 
inconstitucionales leyes dictadas por su legislatura nacional siguiendo unos procedimientos ordinarios. 
Está práctica conocida como revisión constitucional es un rasgo típico de los estados federales, en los que se 
 
 
considera necesaria para que la constitución nacional prevalezca sobre la legislación emanada por los estados, 
provincias o cantones. Pero lo más relevante es si un tribunal puede declarar inconstitucional una ley dictada por 
el parlamento nacional. Suiza, por ejemplo, limita el poder de revisión constitucional por parte de los tribunales a 
la legislación cantonal. Sin embargo, de la resta de estados que son sistemas unitarios sólo la mitad tienen alguna 
forma de revisión constitucional. E incluso entre los países en los que existe revisión constitucional, la extensión 
en la que los tribunales pueden ejercitar este poder varía. Canadá, por ejemplo, posee un Tribunal Supremo 
dotado de autoridad para declarar inconstitucionales tanto las leyes federales como las provinciales. Sin embargo, 
las legislaturas provinciales y el parlamento federal pueden invalidar la decisión del tribunal al votar una segunda 
vez la aprobación de la ley en cuestión. No obstante, en otros países, el poder judicial es altamente respetuoso 
con las decisiones del parlamento. 
¿Cargo vitalicio de los jueces o por un período limitado? En los Estados Unidos, el poder judicial posee un cargo 
vitalicio. El cargo vitalicio puede ser útil ya que asegura a los jueces una mayor independencia frente a las 
presiones políticas. Pero si también se dotan de poder de la revisión judicial, su juicio puede reflejar la influencia 
de unaideología anterior que ya no es defendida por las mayorías populares y legislativas y pueden usar la 
revisión judicial para impedir reformas, como es el caso de las reformas de Roosevelt entre 1933 y 1937. Por eso, 
algunos países democráticos rechazaron los cargos vitalicios y optaron por mandatos extensos, pero limitados, 
como es el caso de Alemania, Italia y Japón. 
¿Referendos? Hay dos extremos: Suiza y Estados Unidos. Por un extremo, Suiza no sólo autoriza referendos sobre 
cuestiones nacionales, sino que los obliga para reformas constitucionales y frecuentes. En el otro extremo, 
Estados Unidos, no establece ninguna disposición para referendos (y no se ha celebrado nunca ningún 
referéndum nacional). Sin embargo, en más de la mitad de las democracias más antiguas se ha celebrado algún 
referéndum al menos una vez. 
¿Parlamentario o presidencialista? En un sistema presidencialista, el jefe del poder ejecutivo se elige con 
independencia del legislativo y está dotado por la constitución de poderes significativos. En un sistema 
parlamentario, el ejecutivo se elige y puede ser destituido En un sistema parlamentario, el ejecutivo se elige y 
puede ser destituido por el parlamento. Un ejemplo del sistema presidencialista son los Estados Unidos, y del 
parlamentario, Gran Bretaña. 
Cabe destacar que el gobierno presidencialista surgió de la Convención Constitucional Americana en 1787 y 
estaba inspirado en la separación estricta de poderes de la constitución británica de aquella época. Sin embargo, 
el sistema británico del siglo británico del siglo XVIII evoluciono hasta convertirse en un sistema parlamentario en 
la actualidad, que se instauró en Gran Bretaña en torno a 1810 y, que es además el sistema más generalizado. 
Actualmente, la mayoría de los países democráticos más antiguos acabaron aceptando arreglos constitucionales 
que eran variantes del gobierno parlamentario. 
¿Sistema electoral? La precisión con la que se distribuyen los escaños en el parlamento nacional en proporción a 
las preferencias de los votantes en las elecciones. A pesar que el sistema electoral no se especifica en la 
“constitución” en un sentido estricto, es útil considerarlo como parte del sistema constitucional, dada la forma en 
la que los sistemas electorales se relacionan con otras partes de la constitución. 
Cómo influyen las constituciones 
Estabilidad: una constitución debe proporcionar estabilidad a las instituciones políticas democráticas básicas. 
Debe establecer un marco democrático de gobierno y asegurar todos los derechos y garantías necesarios que 
requieren las instituciones políticas básicas. 
Derechos fundamentales: debe proteger los derechos de las mayorías y minorías. 
 
Neutralidad: debe mantener la neutralidad entre los ciudadanos del país. Los arreglos constitucionales 
pueden asegurar que el proceso de creación de la ley no se destina a favorecer ni a penalizar las perspectivas 
i los legítimos intereses de ningún ciudadano o grupo de ciudadano. 
 
Responsabilidad: la constitución debe diseñarse para dotar los ciudadanos de la capacidad de exigir 
responsabilidad a los líderes políticos por sus decisiones, acciones y conductas dentro de un intervalo de 
tiempo “razonable” 
 
Consenso informado: contribuir a que los ciudadanos y los líderes políticos desarrollen un consenso 
informado sobre las leyes y las políticas. Para alcanzarlo deben crearse oportunidades e incentivos para que 
los líderes entren en negociaciones, compromisos y acuerdos de coaliciones que faciliten la conciliación de 
los diversos intereses. 
 
 
Gobierno eficaz: por eficacia se entiende la capacidad de los gobiernos para actuar siguiendo lo que sus 
ciudadanos piensan que son los asuntos y problemas principales que les afectan y respecto de los que creen 
que es necesaria la acción del gobierno. El gobierno eficaz es importante tanto en tiempos conflictivos 
provocados por guerras, amenaza de guerras, tensiones internacionales, crisis económicas, etc.; pero 
también es necesario en tiempos normales, cuando los asuntos principales dictan la agenda de los 
ciudadanos y los líderes. 
Decisiones competentes: la constitución debe facilitar la acción decidida y resolutoria, pero a la vez también 
el acceso del gobierno al mejor conocimiento disponible para resolver los problemas urgentes en la agenda 
del país. 
Transparencia y comprensibilidad: las operaciones del gobierno deben estar suficientemente abiertas al 
escrutinio público y son lo suficientemente simples como para que sus características esenciales puedan ser 
comprensibles para los ciudadanos en lo relativo a qué es lo que se hace y cómo. 
Flexibilidad: un sistema constitucional no debe estar tan rígidamente construido o establecido en el texto o 
la tradición como para no poder adaptarse a las nuevas circunstancias. 
Legitimidad: en algún país concreto, algunos arreglos constitucionales pueden ser más compatibles que 
otros con respecto de normas de legitimidad tradicionales más generalizadas. Por ejemplo, en la mayoría de 
los países democráticos un intento de introducir un rey como jefe del Estado choca con los valores 
republicanos generalizados, no obstante, en otros países democráticos el rey como jefe de Estado es una 
figura totalmente legitima. 
¿Cuánta diferencia se debe a las diferencias? 
Las diferencias entre diferentes constituciones no son significativas para que un Estado se considere más 
democrático que otro. Sino que según Dahl, son importantes unas condiciones de fondo. 
Por lo tanto, ciertas condiciones de fondo que son altamente favorables para la estabilidad de las 
instituciones democráticas básicas permiten la estabilidad de un sistema democrático y, en cambio, 
variaciones constitucionales no tienen efecto importante sobre la estabilidad de la democracia. 
Por el contrario, allí donde las condiciones de fondo son desfavorables, es improbable que pueda ser 
preservada la democracia cualquiera que sea su diseño constitucional. 
Sin embargo, hay una tercera posibilidad: en un país en el que las condiciones no son ni altamente 
favorables ni desfavorables, sino mixtas, de manera que la democracia es insegura, pero de ninguna 
manera imposible, la elección del diseño constitucional puede tener importancia. Así, una constitución 
bien diseñada puede ayudar a la supervivencia de las instituciones democráticas, mientras que una mal 
diseñada puede contribuir a la quiebra de las instituciones democráticas. 
Sin embargo, los arreglos constitucionales pueden tener importantes consecuencias en países con 
condiciones favorables. Por ejemplo, conformando las instituciones políticas específicas de los países 
democráticos: ejecutivos, legislativos, sistemas de partidos, gobiernos locales, etc. La formación de estas 
 
 
instituciones puede tener efectos significativos sobre la equidad de la representación en el legislativo, o 
sobre la eficacia del gobierno y pueden incluso afectar su legitimidad. 
 
Partits i sistemes electorals 
*No hi ha sistema electoral perfecte; tots impliquen compensacions. 
El text explica que el sistema electoral i el sistema de partits són elements fonamentals en qualsevol democràcia i que 
existeixen grans diferències entre països. 
 
Aquestes diferències poden fer que un ciutadà d’un sistema bipartidista vegi el multipartidisme com un caos, mentre 
que algú d’un sistema multipartidista pot considerar limitador haver de triar només entre dos partits. L’autor assenyala 
que no existeix cap sistema electoral perfecte, perquè tots impliquen compensacions entre valors com l’equitat, 
l’eficàcia i l’estabilitat. 
Es comparen dos grans models: 
La Representació Proporcional (RP): busca que el percentatge d’escons reflecteixi el percentatge de vots. Afavoreix una 
representació més justa i permet la presència de diversos partits, incloses minories. No obstant això, pot generar 
parlaments fragmentats i governs de coalició. 
El sistema First-Past-The-Post (FPTP) funciona per circumscripcionsuninominals, on guanya el candidat més votat. 
Aquest sistema pot provocar grans diferències entre vots i escons i tendeix a afavorir el partit majoritari. Normalment 
genera sistemes bipartidistes i facilita governs amb majories clares, cosa que pot afavorir l’estabilitat i l’eficàcia, però pot 
ser menys equitatiu en la representació. El debat entre bipartidisme i multipartidisme reflecteix aquesta tensió: el 
primer simplifica l’elecció i pot facilitar governs forts; el segon amplia la representació i la llibertat d’elecció. El text 
també analitza diferents combinacions constitucionals: 
- Parlamentarisme + RP (model europeu més habitual) 
- Parlamentarisme + FPTP (model britànic) 
- Presidencialisme + FPTP (model dels EUA) 
- Presidencialisme + RP (freqüent a Amèrica Llatina) 
- Sistemes mixtos (França, Alemanya, Suïssa) L’autor destaca que cap combinació garanteix l’èxit democràtic i 
que el context històric i social és fonamental. Alguns sistemes, com el presidencialisme amb RP, han estat 
associats a inestabilitat en certs països. 
En conclusió, no hi ha cap constitució ni sistema electoral ideal. Tots impliquen triar entre valors diferents, i el disseny 
constitucional només pot ajudar si les condicions socials i polítiques del país són favorables. Per això, les democràcies 
haurien de revisar periòdicament les seves institucions a la llum de l’experiència pròpia i comparada 
 
 
I. ¿Què condicions de fons afavoreixen la democràcia? 
La democràcia no apareix per casualitat. Necessita certes condicions de fons perquè es consolidi. Dahl 
identifica factors que expliquen per què alguns països aconsegueixen consolidar democràcia: 
- Control dels mitjans de violència: La policia i l’exèrcit han d’estar sota control civil. 
- Cultura política democràtica: Els ciutadans i líders han de creure en el diàleg i la tolerància. 
- Economia de mercat: La democràcia sovint coexisteix amb el capitalisme, tot i que aquest pot 
generar desigualtats que dificulten la igualtat política. 
- Baixa fragmentació subcultural: És més fàcil establir democràcia en societats que no estan 
profundament dividides per ètnia o religió, o que saben gestionar aquestes diferències per consens. 
Exemple: La democràcia a Suècia i Noruega s’ha consolidat gràcies a consensos socials i baixa fragmentació 
ètnica significativa. 
La democràcia requereix condicions socials i institucionals favorables; no pot sostenir-se només amb 
eleccions. 
¿Per què el capitalisme de mercat afavoreix a la democràcia? 
Democràcia i capitalisme tenen una relació històrica molt estreta. El text explica la relació complexa entre la 
 
 
democràcia i el capitalisme de mercat, comparant-la amb un “matrimoni tempestuós” que es manté perquè 
ambdós es necessiten. Tot i les tensions, històricament han estat estretament vinculats. 
La primera idea principal és que la democràcia poliàrquica moderna només ha sobreviscut en països amb 
economia de mercat capitalista, i mai de manera estable en països amb economies no basades en el 
mercat. 
La segona idea és que aquesta relació existeix perquè el capitalisme de mercat té característiques que 
afavoreixen la democràcia: 
- L’economia és descentralitzada: les decisions les prenen individus i empreses, no l’Estat. 
- El mercat coordina les activitats econòmiques sense necessitat d’un control central. 
- El capitalisme ha generat creixement econòmic, que redueix la pobresa i els conflictes socials. 
- El creixement permet l’educació i la formació d’una ciutadania més preparada. 
- Es crea una àmplia classe mitjana, que sol defensar drets, llibertats i participació política. 
- En descentralitzar el poder econòmic, es limita la concentració de poder polític en mans de l’Estat. 
En canvi, en una economia planificada (no de mercat), l’Estat controla tots els recursos. Això concentra un 
enorme poder en el govern, facilita l’autoritarisme i històricament s’ha associat amb règims no 
democràtics. El problema principal no és només la ineficiència econòmica, sinó la concentració de poder 
polític. 
El text també introdueix matisos importants: 
- El creixement econòmic no és exclusiu de les democràcies. 
- El capitalisme pot existir sota règims autoritaris (com va passar a Taiwan o Corea del Sud), però a 
llarg termini sovint genera una classe mitjana que impulsa la democratització. 
- El capitalisme no ha de ser necessàriament industrial; també pot ser agrari, com als Estats Units del 
segle XIX, on una economia descentralitzada basada en petits propietaris va afavorir la democràcia. 
 
Només en situacions excepcionals, com en temps de guerra, s’ha aplicat una planificació central en països 
democràtics, però de manera temporal i amb objectius molt concrets. 
En conclusió, la democràcia moderna ha estat històricament vinculada a economies de mercat 
descentralitzades perquè aquestes limiten el poder de l’Estat i fomenten una ciutadania independent. Tot i 
això, el capitalisme també té conseqüències negatives que s’analitzaran posteriorment. 
 
 ¿Per què el capitalisme de mercat danya a la democràcia? 
El capitalisme afavoreix la democràcia… però també la debilita. Genera desigualtat econòmica 
 Problema: La desigualtat econòmica es converteix en desigualtat política. 
Qui té més diners → més influència. 
Necessita regulació estatal 
Els mercats no regulats generen: 
- Monopolis 
- Contaminació 
- Explotació 
La democràcia ha de corregir aquests efectes. 
 
El viatge inacabat 
La democràcia no està garantida. El futur dependrà de com afronti nous reptes. 
El segle XX va ser una època d’expansió i consolidació de la democràcia, tot i que molts pensaven que 
fracassaria. Ara bé, el futur és incert: la democràcia podria continuar expandint-se, debilitar-se o convertir-se 
en una forma més superficial i menys profunda. 
 
 
La qualitat futura de la democràcia dependrà de la capacitat dels ciutadans i dels líders per afrontar quatre 
grans desafiaments: 
1.L’ordre econòmic 
L’economia de mercat probablement continuarà sent el sistema dominant, ja que no hi ha alternatives 
viables compatibles amb democràcia i eficiència. 
 Però el capitalisme genera desigualtats econòmiques que es tradueixen en desigualtats polítiques. Això crea 
una tensió permanent entre democràcia i mercat que continuarà en el futur. 
*La desigualtat pot debilitar la igualtat política. Tensió permanent entre mercat i democràcia. 
2. Internacionalització 
Cada cop més decisions importants es prenen a escala internacional, cosa que redueix el control directe dels 
ciutadans. 
El repte és garantir mecanismes de control democràtic i rendició de comptes en aquests nivells 
supranacionals. 
*Moltes decisions es prenen a nivell supranacional. Problema: Menys control directe dels ciutadans. 
3. Diversitat cultural 
La diversitat ha augmentat per: 
- Moviments d’identitat (minories, dones, col·lectius LGTBI, etc.) 
- Immigració creixent. 
El gran repte és gestionar aquesta diversitat de manera compatible amb els valors democràtics, sense trencar 
la cohesió social. 
*Més immigració i moviments identitaris. Repte: Mantenir cohesió sense perdre valors democràtics. 
4. Educació cívica 
La democràcia exigeix ciutadans informats i capaços de comprendre les decisions polítiques. 
Tot i que l’educació, els partits i els mitjans han ajudat fins ara, el futur presenta problemes: 
- Decisions més globals. 
- Major complexitat política. 
- Excés d’informació que no sempre millora la comprensió. 
*La democràcia necessita ciutadans informats. Problemes actuals: 
- Excés d’informació 
- Complexitat política 
- Desinformació 
Caldrà reforçar l’educació cívica i crear noves formes de participació adaptades al segle XXI. 
 
IDEA FINAL 
La democràcia no està garantida. Si no s’afronten aquests reptes, pot deteriorar-se. Però l’experiència del 
segle XX demostra que les democràcies poden adaptar-se i resistir. 
El futur dependrà de com es gestionin aquestsdesafiaments. 
 
 
	 
	La democracia – Robert A. Dahl 
	Robert Dahl y la teoría de la democracia 
	I.​¿Necesitamos realmente una guía? 
	I.​¿Dónde y cómo se inició el desarrollo de la democracia? 
	I.​¿Qué queda por delante? 
	I.​¿Qué es la democracia? 
	I.​¿Por qué la democracia? 
	I.​¿Por qué la igualdad política? 
	I.​¿Por qué la igualdad política? Competencia cívica 
	I.​¿Qué instituciones democráticas requiere una democracia a gran escala? 
	II.​Democracia a distintas escalas 
	III.​Constitucionesdesafiaments. 
 
 
	 
	La democracia – Robert A. Dahl 
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	I.​¿Dónde y cómo se inició el desarrollo de la democracia? 
	I.​¿Qué queda por delante? 
	I.​¿Qué es la democracia? 
	I.​¿Por qué la democracia? 
	I.​¿Por qué la igualdad política? 
	I.​¿Por qué la igualdad política? Competencia cívica 
	I.​¿Qué instituciones democráticas requiere una democracia a gran escala? 
	II.​Democracia a distintas escalas 
	III.​Constituciones