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GERMAN J. BIDART CAMPOS COMPENDIO DE DERECHO CONSTITUCIONAL Capítulo I NOCIONES PRELIMINARES El derecho de la constitución 1. — El nombre de nuestra disciplina es “derecho constitucional”, al modo como, similarmente, se usan las expresiones “derecho civil”, “derecho penal”, “derecho laboral”, etc. O sea que nos estamos refiriendo a un sector, un ámbito, o un casillero, del mundo jurídico. A lo mejor la terminología “derecho constitucional” no nos tiene acostumbrados a pensar en profundidad lo que acá significa el sustantivo “derecho”, seguido del adjetivo “constitucional", por lo que vale la pena dedicarle un párrafo. Hablar de “derecho constitucional” es tanto como hablar de “derecho de la constitución”, con lo que aludimos a que la constitución tiene naturaleza jurídica. O que es “derecho”. Y decir que es “derecho” equivale a afirmar que la constitución manda, prohíbe, permite, obliga, vincula, tiene eso que se da en llamar fuerza normativa, o vigor normativo. No son consejos, no son directivas. Son normas jurídicas que describen lo que hay que hacer, lo que no se ha de hacer, lo que se puede hacer. 2. — En síntesis, en el “derecho de la constitución” hallamos derechos de las personas, de los grupos, de los sujetos colectivos, y deberes, tanto individuales como colectivos y, fundamentalmente, del propio estado o, si se prefiere, de los órganos que ejercen el poder del estado. 3. — Vayamos ahora a otro vocabulario. Hemos mencionado el mundo jurídico, que es una realidad humana, social, política y jurídica. ¿Qué hay en ella? Hay normas (las de la constitución formal son normas escritas, pero hay otras normas que no están escritas, como las del derecho consuetudinario); hay conductas humanas interrelacionadas de unos sujetos con otros; y hay valores. Las normas, las conductas y los valores son jurídicos, y componen las tres dimensiones del mundo jurídico: el orden normativo, el orden sociológico. y el orden axiológico (o dikelógico, sí damos por cierto que dikelogía es ciencia de la justicia). 4. — Conviene destacar que la juridicidad a la que estamos refiriéndonos proviene de la relación necesaria que existe en el mundo jurídico entre éste y la justicia como valor, el mundo jurídico no es neutro al valor: siempre es justo o injusto, más justo o menos justo, según su proximidad o distancia con el valor justicia. 5. — Hay otros conceptos que hemos de tener presentes. Cuando hablamos de derecho positivo, hemos de entender que hablamos de un derecho que está vigente, que funciona, que tiene efectividad; diríamos: tiene vigencia sociológica en y por las conductas humanas. Cuando hablamos de constitución formal aludimos a la que está escrita, a la que está codificada en su normativa escrita: y cuando hablamos de constitución material o real, nos referimos a la que funciona y se aplica, tanto con normas escritas como con normas no escritas; o sea, a la que podemos encontrar o describir en la dimensión sociológica del mundo jurídico constitucional. 6. — La materia o el contenido del derecho constitucional se desdobla así: a) un ámbito que se refiere al modo o manera como se sitúan políticamente los hombres en el estado, tanto en la relación del hombre con el estado como en las relaciones con los demás hombres; b) un ámbito referido al poder, a sus órganos, sus funciones, sus competencias, y las relaciones de órganos y funciones. Al primer ámbito se le suele apodar parte dogmática de la constitución. y al otro se lo denomina parte orgánica. Hay que tener muy presente que no son dos sectores incomunicados, sino muy entramados entre sí, sin fronteras rígidas ni separaciones tajantes. 7. — A la constitución escrita se la considera una “ley": ley suprema, o superley. Está reunida en un solo cuerpo de normas escritas, y se afirma que proviene en su origen de un poder constituyente. La constitución escrita que no logra o que pierde su efectividad aplicativa y, por ende, no tiene (en todo o en parte} vigencia sociológica, lleva a reconocer que ha perdido su supremacía, y que en su lugar funciona una constitución material distinta u opuesta (en todo o en parte). Las fuentes 8.— Las fuentes del derecho constitucional argentino se clasifican así: a) Fuentes formales: a’) normas codificadas en el texto de 1853-1860 con sus reformas de 1866, 1898, 1957 y 1994; a’‘) normas escritas que se hallan fuera del texto codificado, como son las leyes a las que por su materia o contenido cabe calificar como leyes “constitucionales”; por ej.: la ley de partidos políticos, de ministerios, de ciudadanía, de habeas corpus, de amparo, etc. a’”) tratados internacionales, algunos con jerarquía igual a la de la constitución, y otros solamente superiores a las leyes; por ej., los que enumera el art. 75 inc. 22 de la constitución; el Acuerdo (o concordato) con la Santa Sede, de 1966; la Convención de Viena sobre derecho de los tratados, etc. b) Fuentes materiales (que dan origen a contenidos en la dimensión sociológica del derecho constitucional, o sea: en la constitución material); b’) el derecho consuetudinario (costumbre); por ej., la que muestra que el congreso cumple todas sus competencias dictando leyes (o sea. con forma de ley); b”) el derecho espontáneo, que surge rápidamente de conductas que quedan propuestas como “modelo” para ser imitadas por otras similares en casos análogos y en poco tiempo; la diferencia con el derecho consuetudinario radica en el lapso que se requiere para crear el producto: el derecho consuetudinario necesita largo tiempo y muchas conductas similares; el derecho espontáneo no, y ello porque siempre hay una interconexión con el poder que acelera el surgimiento del producto; por ej., tiene origen el derecho espontáneo la mala praxis que desde la reforma de 1994 ha llevado a un abuso en el dictado de decretos de necesidad y urgencia, en violación al excepcional supuesto que habilita el art. 99 inc. 3º de la constitución; b’”) el derecho judicial, o jurisprudencia, que generaliza espontáneamente a las sentencias más allá del caso en el que se dictan, principalmente cuando esas sentencias provienen de la Corte Suprema; por ej., la creación del amparo desde 1957 hasta la legislación de I966 y 1967; la formulación de los contenidos del derecho de propiedad, o de la categoría de sentencias arbitrarías; b”") el derecho internacional consuetudinario o derecho de gentes, que a veces da origen, después, a su formulación por escrito en tratados internacionales. c) Fuentes históricas, que se dividen así: c’) fuentes doctrinarias o ideológicas, que son todas las que se relacionan con el complejo cultural de la constitución; c”) fuentes normativas, que son los textos o normas que funcionan como antecedente del articulado de la constitución; c’") fuentes instrumentales, que se resumen en el proceso político jurídico que funciona como génesis de la constitución. Clasificación de las constituciones 9.— La clasificación de las constituciones abre un arco de numerosas categorías. Ejemplificando, podemos citar: a) constitución escrita o codificada en un texto único; b) constitución dispersa, que puede constar de algunas normas escritas dispersas y otras no escritas; o bien ser totalmente no escrita, o totalmente formada por normas escritas dispersas; c) constitución rígida, que para su reforma exige un procedimiento diferente al de la legislación común; d) constitución flexible, que puede reformarse por el mismo procedimiento de la legislación común; e) constitución pétrea, es la constitución codificada que no puede reformarse, sea en algunos de sus contenidos, o en la totalidad de su normativa; f) constitución pactada, cuando surge de un acuerdo o convenio; g) constitución otorgada, cuando un órgano de poder la establece unilateralmente. Las categorías de constitución formal y material ya fueron mencionadas anteriormente. La tipologíalibrado para su interpretación y aplicación a los tribunales locales (art. 75 inc. 12), y prevalece sobre el derecho provincial. Tal lo que se desprende del art. 31. Otro rubro del derecho federal merece el nombre de derecho “intra-federal” y se compone de las relaciones de las provincias con el estado federal, y de las relaciones interprovinciales -por ej., los tratados interprovinciales-. Las relaciones federales 7. — Hay tres relaciones típicas en la estructura federal, que son: a) la relación de subordinación, en virtud de la cual los ordenamientos locales han de ajustarse al ordenamiento federal; de esta relación dan testimonio los arts. 5º, 31, 123, 75 incs. 22 y 24, y 128; b) la participación, en virtud de la cual se da cierto espacio a la colaboración de las provincias en las decisiones del gobierno federal; en nuestra constitución, se institucionaliza en la cámara de senadores, que en representación de las provincias integra el congreso federal; c) la coordinación, por su lado, delimita las competencias federales y provinciales mediante una distribución o un reparto, que merece un denso desarrollo explicativo. El reparto de competencias 8. — Hay que empezar por el art. 121, según el cual las provincias conservan todo el poder no delegado por la constitución al gobierno federal, y el que expresamente se hayan reservado por pactos especiales al tiempo de su incorporación. En primer lugar, la delegación ha sido efectuada por las provincias a través de la constitución; o sea, mediante la constitución. En segundo lugar, la norma esclarece que el poder de las provincias preexistió al del gobierno federal, que ha recibido el suyo por delegación que ellas le hicieron a través de la constitución. De tal modo, el poder provincial fue y es el poder originario. En tercer lugar, el reparto de competencias arroja este resultado: a) competencias exclusivas del estado federal; b) competencias exclusivas de las provincias; c) competencias concurrentes; d) competencias excepcionales del estado federal y de las provincias; e) competencias compartidas por el estado federal y las provincias. Las prohibidas a las provincias constan en los arts. 126 y 127. 9. — Vamos a algunos ejemplos. Son competencias exclusivas del gobierno federal: la intervención federal; el estado de sitio; las relaciones internacionales; dictar los códigos de fondo, etc. Son competencias exclusivas de las provincias: dictar la constitución provincial, las leyes procesales, las que establecen impuestos directos; lo referente a asegurar el régimen de autonomía de sus municipios y la educación primaria. Conviene remitir a los arts. 121, 122, 123 y 124. Entre las competencias concurrentes se hallan los impuestos indirectos internos, y las que surgen del art. 125 concordado con el 75 inc. 18, más las de los arts. 41 y 75 inc. 17. Como facultades excepcionales del estado federal cabe citar la de establecer impuestos directos en el marco severo del art. 75 inc. 2º y solamente por tiempo determinado. Las competencias excepcionales de las provincias ofrecen poco margen de ejemplos; así, dictar los códigos de fondo mientras no los dicta o haya dictado el congreso. Para esto, remitimos al art. 126. 10. — Las competencias compartidas integran una categoría que no ha sido habitual explicar. No deben confundirse con las concurrentes, pues las concurrentes son las que tanto pueden ejercer el estado federal como las provincias, mientras que las compartidas requieren una doble decisión integratoria –por ej., cuando debe intervenir el estado federal y una o más provincias participantes en la fijación de la capital federal (art. 3º), o en la creación de nuevas provincias (art. 13)-. 11. —-Así como las competencias exclusivas del estado federal se suponen prohibidas a las provincias, las exclusivas de las provincias se reputan prohibidas del estado federal. 12. — Se ha de tener muy presente que las competencias exclusivas del estado federal no exigen hallarse taxativamente enumeradas en la constitución, porque las hay implícitas en los tres órganos de poder: legislativo, ejecutivo, y judicial. Para el congreso, el art. 75 inc. 32 las contempla. 13. — La observación de la praxis constitucional pone en claro que ha habido una marcada inflación de las competencias federales, a veces en desmedro del reparto que efectúa la constitución formal. Se trata de una mutación que, cuando viola la constitución, es inconstitucional. Las provincias 14. — Las provincias son las unidades políticas que, con calidad de estados, integran nuestra federación. No son soberanas pero si son autónomas (para ambas cosas remitimos a los arts. 5º, 31, 122 y 123). Históricamente, son preexistentes al estado federal, aunque solamente las catorce que existían al ejercerse en 1853-1860 el poder constituyente originario. Al estar prevista en la constitución la incorporación y creación de nuevas provincias (ver los arts. 13, 75 inc. 15 y 121) hemos de afirmar que adquieren idéntico status que las preexistentes. Las catorce provincias preexisten no pueden suprimirse ni fusionarse, porque su realidad e identidad cuentan con raíz histórica, de modo que el federalismo en cuanto contenido pétreo impide su desaparición. 15. — Los límites interprovinciales son fijados por el congreso (art. 75 inc. 15). En tal delimitación, respecto de las provincias históricamente preexistentes, dejamos aclarado que el congreso no dispone de discrecionalidad como para ignorar o alterar la dimensión que a cada una de aquellas provincias le corresponde por sus antecedentes históricos. Los conflictos entre provincias están previstos en el art. 127, que prohíbe la guerra entre ellas y que deriva a la competencia de la Corle Suprema “dirimir" las “quejas” entre provincias. (El fallo de la Corte de 1987 en el litigio entre La Pampa y Mendoza por la interprovincialidad del río Atuel es ejemplo de un caso relevante en el tema). Según el art. 7º los actos públicos y procedimientos judiciales de una provincia gozan de entera fe en las demás. La jurisprudencia de la Corte añade que se les debe asignar el mismo efecto que son capaces de producir en la provincia de origen. El art. 8º prescribe que los “ciudadanos" de cada provincia gozan de los derechos, privilegios e inmunidades inherentes a ese título de ciudadano en las demás. Asimismo, la extradición de criminales es obligación recíproca de todas las provincias. 16. — La unidad territorial implica que el territorio del estado federal es uno solo, no obstante la pluralidad de provincias. Entendemos que el gobierno federal no puede alterar el elemento territorial de las provincias sin consentimiento de sus legislaturas (por aplicación de los arts. 3º y 13). 17. — La integridad de las provincias conduce al siguiente desglose: a) el dominio de sus bienes no ha sido delegado al estado federal; actualmente, el art. 124 les reconoce el dominio originario de los recursos naturales existentes en sus territorios; b) deslindar cuáles de esos bienes son de dominio público y de dominio privado de las provincias es competencia del congreso, porque se trata de una cuestión propia del código civil; c) es competencia provincial la legislación sobre el uso y goce de esos bienes; d) dominio y jurisdicción no coinciden (por ej., los ríos de las provincias son de dominio provincial en las aguas que corren por sus territorios, pero la jurisdicción es federal a efectos de la navegación y el comercio interprovincial). Un listado de cuanto entra en el dominio y la jurisdicción provinciales puede ser esto: recursos naturales, subsuelo, mar territorial, plataforma submarina, espacio aéreo, ríos, lagos y aguas, caminos, islas (cuando el álveo es provincial), playas marinas, riberas interiores de los ríos, etc. Las leyes opuestas a estos principios son, a juicio nuestro, inconstitucionales. Los municipios 18. — Hemos ya recordadoque el viejo art. 5º de la constitución obligaba -y sigue obligando- a las provincias a asegurar su régimen municipal. Siempre descubrimos allí, implícitamente, la autonomía municipal, pero la jurisprudencia de la Corte sostuvo -hasta 1989- que sólo eran descentralizaciones administrativas con cualidad de autarquía. El cambio de ese criterio en el citado año 1989, y el constitucionalismo provincial entre 1957 y 1985 hasta hoy, nos convencen de que en nuestra estructura federal hay una trinidad: provincias, municipios, estado federal. Desde 1994, la reforma constitucional especificó la autonomía municipal en los términos del art. 123, y añadió un nuevo sujeto de la relación federal con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (art. 129). La regionalización 19. — La misma reforma de 1994 formalizó el reconocimiento de la regionalización. El art. 124 atribuye a las provincias (como facultad que para nosotros es exclusiva de ellas) la posibilidad de crear regiones para el desarrollo económico y social, y para establecer órganos con facultades destinadas al cumplimiento de sus fines. Entendemos que las regiones no se convierten en una nueva estructura política y que viene a intercalarse en la estructura federal, por lo que tampoco los recién citados órganos regionales son niveles de decisión política. Como síntesis diremos: a) sólo las provincias pueden crear regiones; b) el estado federal no tiene esa facultad pero: b’) puede participar en tratados entre él y las provincias con fines de regionalización; c) el congreso debe promover políticas diferenciadas para equilibrar el desigual desarrollo relativo de provincias y regiones, según la letra del art. 75 inc. 19 segundo párrafo; aun así, tal política de promoción regional no importa, una atribución para crear regiones; más bien, equivale a una especie de demarcación territorializada para superar el desequilibrio y la desigualdad entre provincias y regiones. La ciudad de Buenos Aires 20. — La reforma de 1994 trazó un lineamiento mínimo para la autonomía de la ciudad de Buenos Aires, previniendo la acumulación de tal status con su actual calidad de capital federal. El art. 129 alude a un régimen de gobierno autónomo, con facultades propias de legislación y jurisdicción, y a la elección popular directa del jefe de gobierno. Asimismo, previó que una ley garantizaría los intereses del estado federal mientras la ciudad fuera capital de la república. Por fin, dio curso para que el congreso convocara a los habitantes de la ciudad para elegir a los integrantes de un cuerpo destinado a dictar el Estatuto Organizativo de las instituciones locales. 21. — Conforme a este diseño, nuestra interpretación es la siguiente: a) el territorio de la ciudad ya no está totalmente federalizado sino sujeto a jurisdicción federal parcialmente, sólo en lo que se refiere a los intereses que en dicho territorio inviste el estado federal, en razón de residir allí el gobierno federal y de estar situada la capital federal: b) tal jurisdicción federal parcial tiene sentido institucional y competencial, pero no territorial, porque el lugar no está federalizado; c) la ciudad de Buenos Aires no alcanza la categoría de provincia, pero su autonomía es más amplia que la de los municipios; d) como nuevo sujeto de la relación federal, cabe atribuirle -según sólidas opiniones- la categoría de municipio “federado", similar a lo que se suele entender por “ciudad- estado”. Los lugares de jurisdicción federal 22. — El art. 75 inc. 30 ha atribuido al congreso la facultad de ejercer una legislación exclusiva en el territorio de la capital, y dictar la necesaria para cumplir con los fines específicos de los establecimientos de utilidad nacional en el territorio de la república. Y añade que las autoridades provinciales y municipales conservarán los poderes de policía e imposición sobre tales establecimientos, en tanto no interfieran en el cumplimiento de los fines antes señalados. 23. — En cuanto a la legislación en la capital federal, hay que advertir que: a) mientras la capital esté ubicada en la ciudad autónoma de Buenos Aires, tal legislación no es “exclusiva", porque el art. 129 le confiere a dicha ciudad facultades de legislación, y la cláusula transitoria 15ª reservó la legislación exclusiva sólo hasta que se constituyeran los poderes locales propios de la autonomía; b) a partir de tal momento, la competencia legislativa del congreso se limita a garantizar los intereses federales en la ciudad, siempre mientras ella sea capital federal. 24. — En cuanto a lo que, respecto de los establecimientos de utilidad nacional, podemos llamar “enclaves” en territorio de las provincias, la competencia legislativa del congreso viene calificada por la constitución como aquella que es necesaria y circunscripta a los fines de las mencionados establecimientos. De este modo, se superó en mucho lo que la letra del viejo inc. 27 del que fue art. 67 consignaba, y lo que en una mala interpretación judicial había sostenido la Corte entre 1968 y 1976, cuando juzgó que tales “enclaves” eran lugares de jurisdicción federal amplia y exclusiva. Los territorios nacionales 25. — El inc. 15 del art. 75 sigue previendo la competencia del congreso para legislar en materia de organización, administración y gobierno en los territorios nacionales que queden fuera de los límites asignados a las provincias. Actualmente, no existen territorios nacionales -antes llamados gobernaciones-, porque el territorio argentino se compone ahora solamente de provincias, más el de la ciudad de Buenos Aires con su régimen autonómico. El último territorio nacional fue provincializado con el nombre de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, y en 1991, como nueva provincia, dictó su constitución local. El sector antártico argentino es un territorio sometido internacionalmente al Tratado Antártico, del que Argentina es parte. 26. — La cláusula transitoria 1ª de la constitución reformada en 1994 reivindica la territorialidad argentina de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, más los espacios marítimos e insulares correspondientes. La intervención federal 27. — Nuestra constitución prevé la garantía federal. Ella significa que el estado federal asegura, protege y vigila la integridad, la autonomía y la subsistencia de las provincias dentro de la unidad coherente de la federación a la que pertenecen. La propia intervención federal es el recurso extremo y el remedio tal vez más duro que se depara como garantía federal. Esta garantía federal queda condicionada al cumplimiento de las pautas que las provincias tienen obligación de respetar y cumplir, dentro de la relación de subordinación que es típica de los estados federales. Tipología, causas y fines en las distintas clases de intervención 28. — La intervención federal procura conservar, defender o restaurar -según el caso- la integración autonómica de las provincias, cuando hay dislocamientos o peligros que la perturban o amenazan. El art. 6º habla de intervenir “en” el territorio de las provincias, y no de intervenir “a” las provincias. Ello permite pensar que la constitución no impone necesaria ni claramente que la intervención haga caducar, sustituir o desplazar a las autoridades provinciales. No obstante, el actual art. 75 inc. 31 establece entre las competencias del congreso, la de “disponer la intervención ‘a’ una provincia o a la ciudad de Buenos Aires”. 29. — Vamos a desdoblar la intervención que puede disponer el gobierno federal; a) por sí sólo, “para” garantizar la forma republicana de gobierno, o repeler invasiones exteriores; b) a requisición de las autoridades constituidas, "para” sostenerlas o restablecerlas si han sido depuestas por sedición o por invasión de otra provincia. A tenor de esta dualidad, las causas de la intervención federal se resumen así: a) sin pedido de la provincia “para” a ) garantizarla forma republicana alterada, a”) repeler invasiones exteriores; b) con pedido de las autoridades provinciales “para" b’) sostenerlas b”) restablecerlas cuando hay sedición o invasión de otra provincia. 30. — Según cada situación, la intervención que dispone el gobierno federal por su propia iniciativa puede ser, a la vez, una facultad y una obligación, así como también puede operar como sancionatoria o como restauradora. También resulta viable que a una causal de intervención por iniciativa del gobierno federal se le sume otra causal para intervenir a requisición de las autoridades provinciales. Pero en cualesquiera de los supuestos posibles, es menester recordar que, como el art. 6º fija las condiciones y causales para la intervención, el gobierno federal no puede ni debe actuar discrecionalmente. Si se evade el marco del citado art. 6º es fácil sostener que se incurre en inconstitucionalidad. 31. — La práctica abusiva y frecuente de las intervenciones federales, en numerosos casos sin causa ni sujeción a la constitución, lleva a dar por cierto que es uno de los ejemplos (en forma similar a la declaración del estado de sitio) más elocuentes de una mutación constitucional transgresora de la constitución formal. 32. — El art. 6º no individualiza cuál es el órgano del gobierno federal que tiene competencia para intervenir. El actual art. 75 inc. 31 especifica que es competencia del congreso, en tanto el art. 99 inc. 20 establece que si el congreso está en receso puede intervenir el presidente de la república, quien simultáneamente debe convocarlo; finalmente, la norma del art. 75 inc. 31 dice que el congreso puede aprobar o revocar la intervención que durante su receso decretó el poder ejecutivo. 33. — La intervención federal es un acto de naturaleza política, pero ello no significa que escape al control judicial de constitucionalidad. Por ende, no le reconocemos la calidad de cuestión política “no judiciable”, aun cuando ya en 1893 la Corte la definió así en el caso “Cullen c/ Llerena". 34. — La designación del interventor federal es siempre y en todos los casos una facultad del poder ejecutivo (art. 99 inc. 7º). El interventor es un funcionario federal que representa al gobierno federal. Sus atribuciones dependen, en cada caso, del acto concreto de intervención, de la finalidad y el alcance que se le ha asignado al disponerla, y de las instrucciones precisas que se le imparten al interventor por el poder ejecutivo. 35. — La intervención no extingue la personalidad jurídica de la provincia ni suprime su autonomía. Ergo, el interventor debe respetar la constitución y el derecho local, apartándose sólo y excepcionalmente si tiene que dar prioridad al derecho federal de la intervención, y ello debido a la supremacía, de la constitución federal. 36. — En la medida en que caducan autoridades provinciales, el interventor opera como sustituto y asume sus funciones, con excepción de las judiciales, porque aun si la intervención alcanza al poder judicial provincial, las facultades del interventor se limitan a reorganizar la administración de justicia, a remover jueces y a designar reemplazantes. La dinámica del federalismo argentino 37. — Habíamos adelantado que la dinámica de nuestro federalismo dejaba lugar para detectar una mutación constitucional, muchas veces violatoria de la constitución formal. En ese espacio se suele hablar de desfederalización, así como de factores proclives a la centralización. Una lista ejemplificativa de algunos de tales factores lleva a mencionar los siguientes: a) el abuso de las intervenciones federales y del estado de sitio; b) las épocas de facto; c) las crisis económicas; d) la concentración del régimen impositivo en las competencias federales; e) la centralización federal de servicios que son susceptibles de división territorial; f las políticas económicas centrales; g) las políticas y los comportamientos de los partidos políticos “nacionales”; h) la transferencia de organismos de la seguridad social de las provincias a la administración federal. El federalismo concertado 38. — Si de contrapesos cupiera hablar acá, habríamos de apelar a lo que se ha dado en denominar, por Pedro J. Frías en el ámbito de la dinámica federal, el “federalismo concertado”. Lo difícil de su definición se suple con una noción simple; se trata de concertar o arreglar interjurisdiccionalmente aquellas cuestiones que, sin vulnerar la constitución, hallan sitio para resolverse contractualmente. Tal cooperación -recíproca entre estado federal y provincias- halla un buen instrumento en el principio de lealtad federal o buena fe federal, que preste atención a los intereses del conjunto federativo. El federalismo en la reforma de 1994 39. — La reforma de 1994 ha dado lugar, en el mundo de la doctrina, a dos enfoques divergentes; uno cree que ha habido un fortalecimiento del federalismo, en tanto otro valora que en algunos aspectos el federalismo se ha esfumado. Sin entrar a detalles y a citas del articulado, proponemos que para la revisión del tema se acuda al siguiente paisaje: a) la reforma esboza un federalismo de concertación y participación (por ej., en el art. 75 inc. 2º); b) se introduce como novedad que el senado debe ser cámara de origen para ciertos proyectos relacionados con el federalismo (art. 75 incs. 2º y 19); c) la vieja cláusula del progreso (ex art. 67 inc. 16) ha recibido una añadidura en el inc. 19 del art. 75, que fija un parámetro en el desarrollo con equilibrio provincial y regional, o sea, toma en cuenta al pluralismo territorial de situación; como sumatoria, de acá se infiere un lineamiento de solidaridad y lealtad federales; d) las particularidades provinciales y locales son atendidas en materia educativa (art. 75 inc. 19); e) se retiene el poder de policía y de imposición de provincias y municipios en los establecimientos de utilidad nacional previstos en el art. 75 inc. 30); f) se reconoce a las provincias el dominio originario de los recursos naturales que existen en sus territorios (art. 124); g) se les reconoce “conservar” organismos locales de seguridad social para los empleados públicos y profesionales; h) se reconoce la autonomía de los municipios provinciales (art. 123); i) se especifican explícitamente algunas competencias concurrentes entre estado federal y provincias, así como la facultad de las provincias para crear regiones y concertar acuerdos internacionales en forma limitada (ver art. 75 inc. 2º; art. 41; art. 75 inc. 17; art. 125; art. 124); j) hay competencias concurrentes en jurisdicción de las provincias en relación con la cláusula sobre los pueblos indígenas (art. 75 inc. 17). Capítulo VI EL SISTEMA DE DERECHOS La parte dogmática de la constitución en el desarrollo del constitucionalismo 1. — A la parte dogmática de la constitución la titulamos derecho constitucional de la libertad porque allí se centraliza un núcleo que coincide con la forma de estado democrático, al instalar a la persona humana de acuerdo con su dignidad, su libertad y sus derechos. Para ello, une -por un lado- la defensa y promoción de los derechos, con -por el otro- la limitación del estado y del poder en pro de la seguridad de las personas. De ahí que la parte dogmática y la parte orgánica se hallen intercomunicadas. 2. — En la primera etapa del constitucionalismo moderno, el sujeto pasivo que quedaba obligado a omitir violaciones a los derechos era el estado. Esos derechos eran los llamados derechos públicos subjetivos del hombre "frente” o “contra" el estado. Paulatinamente, el desarrollo del constitucionalismo logró ampliaciones: a) los particulares también han llegado a ser sujetos pasivos que, junto con el estado, deben respetar los derechos; b) a la obligación de omitir violaciones se añaden, según los casos, obligaciones de dar o de hacer. Del constitucionalismo liberal se pasa alconstitucionalismo social, y de la democracia liberal a la democracia social. A los derechos, además de protegerlos, hay que promoverlos, para lo cual muchas constituciones actuales obligan al estado a remover los obstáculos que impiden a muchos seres humanos acceder al disfrute y ejercicio pleno de sus derechos. A su vez, a los clásicos derechos civiles y políticos se agregan los derechos económicos, sociales y culturales. Un atractivo perfil del estado lo ofrece la calificación que, tomada de la constitución española, lo define como estado social y democrático de derecho. 3. — En este marco, el lenguaje actual ha introducido la denominación “derechos humanos” para abarcar a las distintas categorías de derechos que deben recibir recepción en la constitución. Cuando ésta los positiviza, se suele echar mano de otra expresión, que es la de derechos fundamentales. 4. — Cuando se hace un recorrido histórico en la génesis de las declaraciones de derechos y se arranca de la constitución de Filadelfia en los Estadas Unidos, hay que advertir que su texto originario de 1787 no contenía una declaración de derechos, y no porque se los menospreciara o ignorara sino, a la inversa, porque se hallaban tan arraigados en la tradición cultural de la sociedad que se consideraba innecesario, o hasta superabundante, consignarlos en las normas escritas. Poco después, las diez y catorce primeras enmiendas norteamericanas se añadieron a la constitución, haciendo las veces de una declaración de derechos. 5. — Que los derechos se “declaran” equivale a decir que la constitución a cuyo texto se incorpora tal declaración, los reconoce, con todos los efectos que según cada momento histórico se adjudica al reconocimiento; originariamente, era suficiente no violarlos; después, y ahora, es menester promoverlos. Siempre -además- protegerlos. 6. — La fuente que podemos calificar como “ideológica" de la declaración de derechos tiene, históricamente, el sentido de valorar positivamente a la persona humana. La fuente que se define como “formal” halló su lugar en el constitucionalismo de los Estados Unidos, y no en el francés que, entre otras cosas, es cronológicamente posterior. 7. — Cuando se escruta el fundamento de los derechos se roza a la filosofía política y jurídica. Al retomar lo ya dicho acerca de que la declaración constitucional de derechos implica reconocerlos, se añade que tal reconocimiento no equivale a una dádiva ni a un otorgamiento que el estado le hace a las personas. El estado que reconoce los derechos no los “constituye” como tales, Por ende, los derechos no son “lo que” el estado dice que son, ni son “los que” el estado define como siendo derechos. La diversidad de enfoques que se apartan del voluntarismo estatal abre una pluralidad de fundamentos; el derecho natural, el sistema objetivo de valores, la naturaleza humana, la idea racional del derecho justo, las necesidades humanas en cada situación concreta, la tradición histórica de cada sociedad, la cultura social, la ética o moral, etc. 8. — Que haya normas declarativas de derechos no significa que cuando faltan normas haya ausencia de derechos. Las cláusulas de los derechos no enumerados que muchas constituciones contienen, da prueba de que hay derechos implícitos. O sea, que en un estado democrático el sistema de derechos debe operar tanto con normas como sin normas. 9. — Al despuntar el nuevo siglo y el nuevo milenio reiteramos una fuerte convicción: un sistema de derechos en un marco constitucional democrático necesita abastecerse con dos fuentes: la propia interna, encabezada por la constitución, y la internacional (derecho internacional de los derechos humanos). Tal lo que exige el sistema de derechos para ser completo. Los derechos en nuestro constitucionalismo actual 10. — El sistema de derechos en nuestro constitucionalismo argentino ha transcurrido por tres fechas: 1853-1860, que es la de la constitución histórica; 1957, que es la de la reforma que en el art. 14 bis incorporó un eje de constitucionalismo social; la de 1994, que teniendo prohibido introducir enmiendas a los 35 primeros artículos, dio acogimiento a la fuente internacional en el art. 75 inc. 22 e inc. 24, a más de conferir la misma jerarquía de la constitución a varios instrumentos internacionales de derechos humanos, y de acentuar fuertemente en la parte orgánica de la constitución, la valoración del orden institucional, de la democracia, del pluralismo, de la igualdad de oportunidades, de la participación, etc. Es imprescindible que, al día de hoy, cuando se confecciona el listado de derechos, se interconecten en el articulado las normas de los arts. 14, 20, 14 bis, 15, 16, 9 a 12, 26, 17, 7º, 8º, 19, 28, 33, 36, 37, 38, 39, 40, 41, 42, 75 (incs. 17, 19, 22, 23, 24), 43, 18, 125. Una lectura a fondo de tal normativa proporciona un catálogo denso de derechos, valores y principios en la constitución actual. 11. — Alcanzada tal visión integral, y comprobado que entre la parte dogmática (arts. 1º a 43) y la parte orgánica, con más el preámbulo y las disposiciones transitorias, hay ahora una muy fuerte realimentación, vale agregar que es posible atribuir raigambre constitucional a algunos principios de muy útil aplicación, entre los que, sintéticamente, citamos tres: a) el principio “pro homine” (a favor de la persona), conforme al cual una vez que se utiliza la fuente interna y la fuente internacional, siempre hay que elegir en cada caso concretó la fuente y la norma que proveen la solución más favorable para la persona y para el sistema de derechos institucionalmente considerado; b) el principio “pro actione” (a favor de la acción), que con enfoque garantista le señala a los jueces el deber de brindar al justiciable en cada proceso la vía que mejor favorezca su derecho a la tutela judicial efectiva; c) el principio del “favor debilis”, para que en cada situación en que aparecen derechos controvertidos se tome muy en cuenta la inferioridad de condiciones de la parte más débil. Pautas de caracterización de los derechos 12. — Las pautas fundamentales son las siguientes: a) hay derechos enumerados y derechos no enumerados (implícitos); todo derecho fundamental o primario debe considerarse incluido en la constitución; a’) en el bloque de constitucionalidad, fuera del texto de la constitución, hay derechos que fluyen de instrumentos internacionales -algunos con jerarquía constitucional, y otros supralegales- (todo ello en virtud de los arts. 14, 33, 75 inc. 22, más los enlaces mencionados en el parágrafo 10); b) los derechos referidos en el párrafo anterior pertenecen tanto a nacionales o ciudadanos como a extranjeros (arts. 14, 20 y 75 inc. 22); c) tales derechos obligan, como sujeto pasivo, tanto al estado federal como a las provincias; i d) los derechos no son absolutos sino relativos; ello significa que son susceptibles de reglamentación razonable, la cual reglamentación deja de serlo si los altera e incurre en arbitrariedad (art. 28); e) la interpretación de los derechos ha de hacerse, en cada caso, a tenor de principios como los que explicamos en el parágrafo 11; e’) si bien es posible distinguir algunos derechos “más valiosos” que otros, o con mayor jerarquía, no hay que olvidar que en cada caso en el que hay conflicto o controversia entre sujetos que disputan entre sí diversos derechos, hay que preferir el que “según las circunstancias de ese caso concreto” resulte más valioso de acuerdo a ellas; f) el titular de los derechos puede o no ejercerlos, porque como principio le resultan disponibles, en cambio, el sujeto pasivo debe cumplir su prestación (de omisión, de dar o de hacer), por lo que, en cuanto a él, los derechos ajenos le son indisponibles; g) conforme a la jurisprudencia de la Corte, nadie puede sustraer al poder judicial la facultad y el deber de hacer respetar la constitución y los derechos, razón por la cual seproduce agravio a la garantía de la defensa en juicio cuando una cuestión justiciable queda excluida compulsivamente de la decisión de los jueces; h) los bienes jurídicos que quedan comprendidos y amparados por la declaración de derechos no imponen necesariamente la obligación de que la política criminal del congreso les depare tutela penal por incriminación y sanción de la lesión que se infiera a tales bienes, salvo cuando es la propia constitución la que tipifica una conducta como delito (que es el supuesto de los delitos constitucionales), o cuando algo semejante surge de tratados internacionales. El sujeto activo y el sujeto pasivo 13. — De mucho de lo hasta acá expuesto se desprende que el sujeto activo o titular de los derechos es la persona humana que, en el marco de la constitución, tanto es un nacional como un extranjero con calidad de habitantes. Asimismo, hay derechos susceptibles de quedar titularizados por entidades colectivas que revisten calidad de sujeto de derecho (así, por ej. el art. 14 bis alude a los “gremios”, y el art. 42 a asociaciones de consumidores y usuarios, en tanto el 43 trae también referencias de equivalente sentido); es importante recordar que el art. 75 inc. 17 depara personería jurídica a las comunidades indígenas. El sujeto activo cobra relieve cuando se piensa que, de acuerdo a la jurisprudencia de la Corte, es él quien puede provocar en su favor el control judicial de constitucionalidad. 14. — El estado no es titular de derechos (salvo, analógicamente, en supuestos como el de su participación en un proceso judicial para que se le resguarde la defensa y el debido proceso). 15. — Quienes ni son habitantes ni se hallan en territorio argentino pueden excepcionalmente titularizar derechos relacionados con un punto de conexión objetivo y suficiente que tengan con nuestra jurisdicción (por ej., un extranjero residente en Francia que tenga un inmueble en Córdoba, podrá alegar en su favor el derecho de propiedad de nuestros arts. 14 y 17). 16. — El sujeto pasivo es doble: a) el estado (federal y provincial); b) los demás particulares. Cualquier actividad -por acción u omisión- proveniente de uno o más sujetos pasivos que lesiona derechos es inconstitucional, las garantías se deparan para proteger derechos tanto cuando la violación proviene de actividad estatal como de actividad privada. 17. — Las obligaciones del sujeto pasivo -sean de omitir daño, sean de dar o de hacer- son obligaciones de naturaleza constitucional, y así como se pone énfasis a favor de los derechos, también hay que tener muy en claro que, por la correspondencia entre derechos y obligaciones, las obligaciones que son recíprocas de derechos revisten igual valor que éstos. 18. — Si acaso todavía encontramos ciertas situaciones jurídicas subjetivas a las que no se les otorga la naturaleza de derechos, conviene registrarlas para depararles las garantías necesarias. Por ej., si a ciertos intereses de los clásicamente apodados como difusos o colectivos no se los incluye en la categoría de "derechos de incidencia colectiva" aludidos en el art. 43. La fuente internacional 19. — El derecho internacional de los derechos humanos ha adquirido una presencia vigorosa en el derecho constitucional, sobre todo a partir de la reforma de 1994. Los tratados de derechos humanos ostentan como característica diferencial con los tratados clásicos, la de obligar a los estados que se hacen parte en ellos a cumplirlos y darles efectividad en sus jurisdicciones internas, además de adjudicar directamente a las personas físicas la titularidad de los derechos que cada tratado contiene. Por todo ello hemos de afirmar que: a) la persona humana es ahora un sujeto investido de personalidad internacional; b) la cuestión de los derechos humanos ya no se recluye en la jurisdicción exclusiva o reservada del estado, porque sin haberle sido sustraída pertenece a una jurisdicción concurrente o compartida entre el estado y la jurisdicción internacional; c) nuestro art. 75 inc. 22 ha asimilado lo que surge de los anteriores incisos a) y b). 20. — El estado asume responsabilidad internacional por las obligaciones que los tratados de derechos humanos le irrogan. No solamente tiene que no violarlos y que conferirles efectividad, sino que tiene que impedir, prevenir, vigilar, sancionar y reparar las violaciones que los particulares puedan inferir a los derechos. 21. — Los tratados de derechos humanos que forman parte de nuestro derecho interno también obligan a las provincias, como desde siempre lo tuvo establecido el art. 31 de la constitución. El derecho provincial 22. — El derecho provincial debe dar acogimiento al sistema de derechos, según lo prescribe el art. 5º. A la vez, estamos convencidos de que en esta materia el derecho federal es un piso, por lo que el derecho provincial puede incrementar los derechos, así como en el área del garantismo puede mejorar y ampliar las vías procesales (amparo, habeas data, habeas corpus, control constitucional). 23. — En materia vinculada a la tutela del ambiente, y a los pueblos indígenas -que, sin duda, integra el orbe del sistema de derechos— la constitución habilita competencias concurrentes o complementarias a favor de las provincias. Los derechos y la legitimación 24. — La legitimación procesal -o sea, la capacidad para articular en un proceso judicial una pretensión alusiva a derechos- viene a ser como la “llave” con la que se entra a ese proceso. De ahí que es importante en cada caso determinar quién puede actuar como parte actora (legitimación activa) y frente a quién puede actuar como parte demandada (legitimación pasiva), de modo que ello configura un tema trascendente que pertenece al derecho constitucional de los derechos humanos. Desconocer, negar o estrangular la legitimación procesal, privando de aquella "llave” a quien quiere y precisa formular pretensiones en un proceso que le atañe, para hacer valer un derecho que cree titularizar, es inconstitucional. El principio de legalidad 25. — Cuando se echa mano del aforismo “gobierno de la ley en vez de gobierno de los hombres” se está apelando al principio de legalidad: lo que se manda y lo que se prohíbe necesita ley que prescriba lo que tenemos que hacer y lo que tenemos que omitir. O sea, no se descarta a los gobernantes, pero se los somete a la ley. Nuestro art. 19 lo ha expresado así: nadie puede ser obligado a hacer lo que la ley no manda ni privado de lo que ella no prohíbe. La dualidad del principio de legalidad es afianzar la seguridad individual y damos previsibilidad anticipada de lo que han de ser nuestras conductas. Se pretende, así, evitar las decisiones sorpresivas. Como aclaratoria, hay que dejar establecido que no sólo la ley obliga y prohíhe: toda otra fuente distinta de la ley, o inferior a ella, también dispone de competencia, en la medida que provenga de un órgano habilitado por la constitución. Asimismo, fuentes no estatales -como los contratos- tienen capacidad de generar obligaciones. 26. — Se llama “zona de reserva” de la ley el ámbito donde la regulación de una materia es de competencia legislativa del congreso. 27. — El principio de legalidad guarda nexo con la esfera de libertad jurídica según la cual, para la persona humana, lo que no le está prohibido le está permitido. El principio de razonabilidad 28. — Ahora bien, cuando la ley manda o prohíbe, nuestro sentido de justicia agrega que esa ley tiene que ser justa, o -con lenguaje de nuestro derecho constitucional- “razonable" en lo que manda y en lo que prohíbe. Tal es el principio de razonabilidad, que hace de complemento imprescindible al de legalidad. Lo opuesto a la razonabilidad es la arbitrariedad. Para una comprensión sencilla y plena, podemos reformular unidos ambos principios: el de legalidad y el de razonabilidad, diciendo: nadie puede ser obligado a hacer lo que la ley “justa”(razonable) no manda, ni privado de lo que la ley "justa" (razonable) no prohíbe. Nuestro art. 28 condensa la regla de razonabilidad cuando enuncia que los principios, derechos y garantías no podrán ser “alterados” por las leyes que reglamenten su ejercicio. Esa “alteración” equivale a irrazonabilidad o arbitrariedad y, por ende, a inconstitucionalidad. 29. — Se suele decir que el principio de razonabilidad equivale a la garantía del debido proceso sustantivo. Su finalidad es preservar el valor justicia en el contenido de todos los actos del poder, y también de los particulares. 30. — La arbitrariedad ha sido muy elaborada por la jurisprudencia de la Corte en su categoría de sentencias arbitrarias. Capítulo VII LA LIBERTAD Y LA IGUALDAD JURIDICAS La libertad como derecho, y sus contenidos 1. — Toda democracia personalista contiene un espacio suficiente de libertad jurídicamente relevante, en disponibilidad para la persona humana. Por eso se habla de libertad jurídica, o de la libertad como derecho de la persona. Sus aspectos fundamentales son éstos: a) Un status personal que le confiere al ser humano la calidad de persona jurídica con capacidad de derecho; su negación total es la esclavitud como incapacidad total de derecho. A su modo, el art. 15 da albergue a tal status de libertad, en cuanto suprime la esclavitud. b) Un poder de disposición que, en uso y ejercicio de la libertad, sea susceptible de producir efectos jurídicamente relevantes (así, si en uso de mi libertad decido casarme, mi casamiento se compadece con la libertad únicamente cuando el estado me reconoce el estado civil de casado). c) Un área de intimidad o privacidad que se sustrae a toda interferencia arbitraria del estado. La fórmula viene dada por el art. 19 cuando resguarda las acciones privadas que no ofenden al orden, a la moral pública, ni perjudica a terceros. d) Un principio a favor de la persona humana, por el que todo lo que no le está prohibido le está permitido. 2. — Todo cuanto el hombre hace u omite en su espacio de libertad está dentro, y no fuera, del mundo jurídico. No es a-jurídico ni extra-jurídico, sino que se sitúa en un ámbito de licitud. 3. — El principio de libertad está expresado en el preámbulo, cuando propone asegurar los beneficios de la libertad. Hay normas de tratados de derechos humanos con jerarquía constitucional que, a su modo, reconocen el derecho a la libertad. 4. — Cuando a la libertad la calificamos como “física" estamos pensando en que nadie puede ser arrestado (privado de su libertad) sin justa causa y sin forma legal. Apareja, además, la libertad de locomoción y circulación. Los arts. 14, 17 y 18 protegen estos contenidos. La garantía constitucional a favor de la libertad corporal o física es el habeas corpus (art. 43). Acá también hay tratados internacionales convergentes con nuestra constitución. 5. — Cuando el léxico constitucional apela a la vida privada, a lo que los ingleses llaman “right of privacy”, o a lo que por nuestro art. 19 denominamos intimidad o privacidad, está dando hospitalidad a las conductas “auto-referentes”, que por “referirse" al autor de esa conducta no proyectan incidencia dañina para el orden, la moral pública, o los derechos ajenos. Conductas autorreferentes no son solamente las que tienen como autor a una sola persona (lo son también, por ej., las de una pareja en relación con la intimidad de su convivencia, o las propias de un paciente con su médico); tampoco lo son solamente las que se recluyen en la interioridad sin que terceros tengan noticia de ellas (lo son también, por ej., las de quien se viste o se peina a su gusto, de forma que los demás pueden verlo). 6. — Un listado de conductas autorreferentes como contenidos de la libertad de intimidad sirve para que muchas de ellas se liguen con derechos implícitos. Valga citar, ejemplificativamente: a) la elección del proyecto personal de vida; b) la objeción de conciencia por razones morales o religiosas; c) la preservación de la propia imagen; d) el derecho a la identidad personal y a ser diferente; e) la negativa de personas con discernimiento para someterse a terapias o tratamientos. 7. — El derecho a la identidad y a la diferencia enriquece mucho la convivencia societaria cuando traslada su aplicación a grupos y minorías del más variado tipo -por ej., los pueblos indígenas de nuestro art. 75 inc. 17-. Las prohibiciones sobre discriminación racial, étnica, religiosa, nacional, económica, etc, -muchas de las cuales constan en tratados de jerarquía constitucional- tienden a amparar la identidad y la diferencia, personal y grupal. Subyace acá el derecho a ser "uno mismo”, es decir, la mismidad personal. 8. — Muchos de los aspectos propios de la privacidad encuentran carril procesal de protección en el habeas data (art. 43). La igualdad y sus proyecciones 9. — En alguna medida, de la libertad se desprende la igualdad. Si a toda persona debe reconocérsele el derecho a la libertad con los contenidos ya explicados, hay que admitir que todos también participan de una igualdad elemental de status en cuanto personas jurídicas. Si tal enfoque atañe a la igualdad civil, es fácil deducir que elimina las discriminaciones arbitrarias entre las personas. Pero la igualdad no es lo mismo que el igualitarismo, porque hay diferencias justas y razonables que no deben arrasarse, Por algo, hemos aludido antes -en reciprocidad- al derecho a la identidad y al derecho a la diferencia. 10. — Conviene advertir que: a) el estado debe remover los obstáculos de tipo social, cultural, político y económico que limitan "de hecho” la libertad y la igualdad de todos los hombres; b) mediante tal remoción el estado ha de hacer viable un orden socioeconómico justo que iguale las posibilidades de todos los hombres; c) se ha de promover con políticas adecuadas el acceso efectivo al goce de los derechos personales de las tres generaciones, para todos los hombres de todos los sectores sociales. 11. — a) Un primer aspecto de la igualdad se satisface con el reconocimiento de la libertad jurídica a todas las personas, y con la abolición de la esclavitud. b) A renglón seguido, los derechos civiles de los arts. 14 y 20 quedan titularizados por todos los habitantes, sin distinción de nacionalidad o extranjería. c) Finalmente, la igualdad es la base del impuesta y de las cargas públicas; la admisibilidad en los empleos no requiere otra condición que la idoneidad; y están suprimidos tanto los títulos de nobleza, así como los fueros personales y las prerrogativas de sangre y nacimiento. No obstante, los derechos políticos quedan, como principio, reseñados a los nacionales. (Personalmente, propiciamos reconocerlos a los extranjeros que, por su residencia, tienen calidad de habitantes.) 12. — La reforma de 1994 ha especificado otros aspectos de la igualdad. Así: a) el congreso debe legislar y promover medidas de acción positiva que garanticen la igualdad real de oportunidades y de trato; b) ello se ha de enderezar al pleno goce y ejercicio de los derechos; c) lo enunciado en los anteriores incisos a) y b) se debe particularizar respecto de los niños, las mujeres, los ancianos y las personas con discapacidad; d) se reconoce y garantiza la identidad y la diferencia de los pueblos indígenas argentinos; e) las leyes de organización y de base de la educación tienen que asegurar la igualdad de oportunidades y posibilidades sin discriminación alguna. 13. — Si todo lo mencionado fluye del art. 75 en sus incs. 23, 17 y 19, hemos de añadir: a) las cláusulas sobre la igualdad, las minorías y la no discriminación en varios tratados de derechos humanos con jerarquía constitucional (art. 75 inc. 22); b) la igualdad real de oportunidades entre varones y mujeres para acceder a cargos electivos y partidarios (art. 37), que se ha de asegurar por acciones positivas en la regulaciónde los partidos políticos y del régimen electoral; c) la disposición transitoria primera reconoce el respeto al modo de vida de los habitantes de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur. 14. — El recorrido que acabamos de hacer conduce a dos afirmaciones: a) en primer lugar, no existe ámbito alguno en el que la igualdad quede descartada o relegada o exenta de cumplimiento; pero b) no obstante tal amplitud en la cobertura igualitaria, la constitución ha recalcado algunas cuestiones a las que coloca bajo expresas directrices igualitarias -por ej., en orden al desarrollo de provincias y regiones, a los pueblos indígenas, a la cultural en sus múltiples aspectos, a la educación, a la materia impositiva, a la integración en organizaciones supraestatales, al pluralismo en los partidos políticos, etc.-. Hay que sumar las discriminaciones expresamente prohibidas, y la llamada discriminación "inversa" (en virtud de la que resulta constitucional favorecer a ciertas personas o a ciertos grupos sociales en mayor proporción que a otros, cuando esa “discriminación” procura compensar, equilibrar y superar la marginación o el relegamiento desigualitario que recaen sobre aquéllos a quienes la discriminación inversa beneficia). 15. — El repertorio de pautas sobre la igualdad en la jurisprudencia de la Corte se condensa así: a) hay que tratar de igual modo a quienes se hallan en iguales situaciones; b) es posible crear categorías o grupos a los que se de trato diferente, a condición de que el criterio utilizado para discriminar responda a razones objetivas suficientes (sea razonable y no arbitrario); c) las desigualdades arbitrarias son inconstitucionales. 16. — Para dar algunos ejemplos en los que personalmente tenemos opinión muy personal hemos de añadir: a) al día de hoy sería arbitrariamente desigualitario dividir a los hijos en matrimoniales y extramatrimoniales a los efectos de cuantos derechos y situaciones personales derivan de la filiación; b) es contraria a la igualdad la jurisprudencia contradictoria (o sea, la existencia de sentencias que en aplicación de la misma normativa en situaciones similares, interpretan de distinta manera dicha normativa); c) es igualitarismo lesivo del pluralismo democrático el que surge de establecer una forma única de matrimonio (por ej., la civil) con la que sea posible emplazar el estado de familia (porque no deja opción razonable para que cada pareja pueda elegir la forma matrimonial según su preferencia religiosa o moral); d) es desigualitario que la mujer casada que ha tenido un hijo extramatrimonial no pueda remover judicialmente (por falta de legitimación) la paternidad que la ley le adjudica al marido respecto a aquel hijo que biológicamente no es de él; la discriminación proviene, entre otras razones, de que la ley sí depara legitimación para tal fin a otras personas. 17. — Hemos de proseguir con algunos lineamientos adicionales. Así: a) La igualdad ante el estado se triplica en igualdad ante: a’) la ley: a”) la administración; a”') la jurisdicción; b) La igualdad ante y entre particulares debe protegerse en la medida de lo posible (por ej., si un empleador discrimina entre personas morenas y rubias para seleccionar a sus empleados); b’) un ejemplo lo propone el art. 14 bis cuando, en la relación de empleo privado, impone la pauta de igual salario por igual trabajo; c) La igualdad ante la jurisdicción tiene como base la unidad de jurisdicción (jueces naturales) para todas las personas; no hay fueros especiales en sentido personal, aunque hay jurisdicciones especiales (por ej. la administrativa y la militar), pero de lo que en éstas se decide debe quedar siempre expedita la vía de ulterior revisión judicial; c’) ya dijimos que, a nuestro criterio, la Igualdad sufre violación por la jurisprudencia contradictoria. Capítulo VIII LA LIBERTAD RELIGIOSA Aspectos, contenidos y aplicaciones 1. — En materia de libertad religiosa la constitución argentina acoge la confesionalidad del estado que, dentro de la categoría por nosotros definida como “secularidad”, implica asumir, desde la realidad religiosa de la sociedad, un reconocimiento institucional a tenor con la fisonomía del fenómeno espiritual. Dada la mayoría numérica y la influencia cultural del catolicismo, la iglesia Católica Apostólica Romana cuenta, constitucionalmente, con el status de persona jurídica de derecho público "no-estatal”, en tanto las demás iglesias, confesiones o cultos no se hallan en pie de igualdad de status. 2. — Más allá de las réplicas de que pueda ser objeto nuestro punto de vista, reiteramos lo que tenemos dicho desde siempre: a) la “letra” del art. 2º cuando habla de “sostener” el culto católico por parte del gobierno federal no equivale a un sostenimiento económico obligatorio, sino a la diferente naturaleza en la relación de tal culto con el -citado gobierno, cuando a esa relación se la compara con la mantenida con los otros cultos; b) el catolicismo no es “religión de estado” ni “religión oficial”; c) el art. 2º de la constitución, junto con el art. 33 del código civil, dan curso a la noción que, entre las personas jurídicas, confiere a la Iglesia Católica la condición de ser de “existencia necesaria"'; d) el “sostenimiento” aludido en el art. 2º define la unión “moral ” entre el estado y la Iglesia Católica. 3. — En 1966 la República Argentina celebró un “Acuerdo" con la Santa Sede, que tuvo naturaleza de concordato mínimo. Implicó el “arreglo” del patronato a que entonces aludía el texto de la constitución antes de su reforma de 1994. En 1994, mantenido el art. 2º, fueron eliminados del texto constitucional todos los anteriores artículos con referencias confesionales -entre éstos, el que confería al congreso el deber de promover la conversión de los indios al catolicismo-. 4. — Las constituciones provinciales que no se compadecen con el principio de confesionalidad que damos por existente y subsistente en la constitución federal son inconstitucionales. 5. — El Concilio Vaticano II ha definido a la libertad religiosa como un derecho civil de todos los hombres en el estado que, tal como lo diseña en su Declaración “Dignitatis Humanae”, deja inmunes de coerción a las personas tanto por parte de particulares como de grupos sociales y de cualquier potestad humana. Que no se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se impida actuar conforme a ella, en privado y en público, solo o asociado, pero siempre dentro de los límites debidos. Esta libertad religiosa como derecho frente al estado y a los demás, que tiene titularidad no sólo en la persona individual sino a la vez en asociaciones y comunidades religiosas, no exime a la conciencia personal ante Dios del deber de buscar la verdad. Y no hay que olvidar que la Iglesia incluye en su haber dogmático a la revelación divina. 6. — Los múltiples aspectos que se hilvanan en la libertad religiosa hallan ejemplificación en: a) la libertad de conciencia; b) la libertad de culto; c) el derecho de los padres de decidir la orientación espiritual y religiosa de sus hijos menores hasta que éstos alcanzan la edad del discernimiento; d) todos los derechos que han de titularizar las iglesias y comunidades para cumplir sus fines; e) el derecho personal a no ser obligado a participar en actos o ceremonias de culto en contra de la propia conciencia, o en actos o ceremonias con sentido religioso; f) el derecho personal a no soportar compulsión para prestar un juramento que la conciencia rechaza; g) el derecho personal a disponer de tiempo suficiente para asistir a las prácticas religiosas en los días de culto, y a no ser obligado a trabajar violando las reglas de conciencia; h) el derecho a no sufrir discriminaciones por razones religiosas; i) el derecho a contraer matrimonio de acuerdo con la propia religión; j) el derecho personal a no ser obligado a recibiruna enseñanza opuesta a su propia religión; k) el derecho de las iglesias y confesiones a prestar asistencia religiosa a sus fieles en cualquier parte, incluidos hospitales, cárceles, cuarteles, etc.; l) el derecho de las iglesias y confesiones a formar ministros de su culto, y a comunicarse con sus autoridades dentro y fuera del país. 7. — Hemos de resaltar que, tal como se desprende del listado precedente, la objeción de conciencia se encastra en la libertad religiosa. Nuestra Corte, en el caso “Portillo” del año 1989, admitió la objeción de conciencia alegada por un católico que, al impugnar el deber militar del art. 21 de la constitución, fue eximido de emplear armas en el servicio militar. 8. — Desde nuestro personal concepto, una única forma de matrimonio impuesta por el estado para adquirir el estado civil de familia derivado, de las nupcias, es violatoria de la libertad religiosa, porque el derecho de casarse conforme a su culto requiere que quien contrae un matrimonio religioso a su elección obtenga el reconocimiento de sus efectos civiles, una vez que ese matrimonio se inscribe en el registro público correspondiente. 9. — El reconocimiento de iglesias, confesiones y comunidades religiosas admite una razonable reglamentación que establece la registración correspondiente, pero satisfecho tal recaudo el estado no debe imponer el requisito formalista de que las instituciones religiosas se revistan ficticiamente de la máscara de asociaciones civiles. 10. — Como ocurre con todos los derechos, el de libertad religiosa exige que, constitucionalmente, se computen las normativas que la reconocen y la prevén en los tratados de derechos humanos, especialmente los que de acuerdo al art. 75 inc. 22 tienen jerarquía constitucional. Capítulo IX LA LIBERTAD DE EXPRESION Su encuadre constitucional evolutivo y sus contenidos 1. — La libertad de expresión es una exteriorización de la libertad de pensamiento. El pensamiento en cuanto tal no aparece externamente como libertad jurídicamente relevante porque escapa a toda posible relación de alteridad con otro sujeto distinto al que piensa. El derecho y la libertad jurídica aparecen recién cuando el pensamiento se exterioriza; o sea, cuando se expresa. 2. — Actualmente, no sólo por los avances de la ciencia y la tecnología sino, asimismo, por el derecho internacional de los derechos humanos, cuando en el texto de nuestra constitución “leemos”' en los arts. 14 y 32 las menciones a la “prensa” y la “imprenta", debemos expandir en mucho los contenidos de la libertad de expresión, en un doble sentido: a) para incorporar todos los medios de los que hoy disponemos para expresarnos; b) para hacer puente con el derecho a buscar, recibir, transmitir y difundir información, de modo que desemboquemos en la comunicación social como un bien jurídico de naturaleza colectiva. Oportunamente haremos mención de un importantísimo contenido, cual es el derecho de rectificación y respuesta (o derecho de réplica). 3. — Con la reforma de 1994 se agregan parámetros de convergencia con la expresión y la comunicación. Por ejemplo, cuando en el art. 75 se alude a la investigación y al desarrollo científico y tecnológico, a su difusión y aprovechamiento; a la identidad y pluralidad cultural: a la libre creación y circulación de las obras del autor: al patrimonio artístico y los espacios culturales y audiovisuales (inc. 19); y al derecho a una educación intercultural para los pueblos indígenas (inc. 17). Por su lado, el art. 38 garantiza a los partidos políticos el acceso a la información pública y la difusión pública de sus ideas. La información y educación ambientales (art. 41) y la educación para el consumo (art, 42) presuponen la necesaria y convergente libertad de expresión. 4. — La interpretación dinámica de la constitución, y la integración de sus vacíos normativos, tiene -por ende- que acompañar al seguimiento evolutivo de la libre expresión en todos sus contenidos y manifestaciones. 5. — Con anterioridad a 1984-1986, que fueron las fechas de ratificación del Pacto de San José de Costa Rica y del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, era lógico entender que cuando se extendía a los medios de expresión distintos de la “prensa” una tutela “análoga” -pero no igual- a la conferida por el art. 14 a la libertad de prensa, tenía asidero razonable computar semejanzas y diferencias. Pero a partir de 1984-1986 hasta la reforma de 1994, hubo de aplicarse a todas las formas y los medios de expresión las mismas prohibiciones emergentes de la constitución en relación con la censura previa. Con mayor razón, la jerarquía constitucional de dichos tratados desde la reforma de 1994 vino a afianzar la equiparación de todos los medios y formas de expresión para eximirlos de censura previa. 6. — La libertad de expresión presenta, por lo menos, tres caras: a) una, como derecho personal; b) otra, como proyección social e institucional a través de los medios de comunicación masiva contemporáneos (prensa escrita, radio, televisión, publicaciones de toda índole, medios informáticos, etc.); c) finalmente, la naturaleza empresario y lucrativa de la actividad que desarrollan los referidos medios. * 7. — Noticias, ideas, consensos, disensos, críticas, imágenes, opiniones públicas, entran en circulación y componen un espectro de libertad, en el que no debemos dejar de incluir: a) el derecho a no expresarse, o derecho “al silencio”; b) la cláusula de conciencia de los periodistas; c) el secreto profesional; d) la reserva de las fuentes de información; e) la libertad de creación artística; f) la expresión cinematográfica; g) la expresión por radio y televisión; h) los contenidos humorísticos, cómicos, de entretenimiento que se vierten a través de los distintos medios; i) la publicidad comercial (o propaganda comercial); j) el derecho de rectificación y respuesta; k) la llamada expresión “simbólica”, o lenguaje simbólico a través de gestos, conductas, etc.; l) la expresión oral; m) la expresión teatral; n) todo cuanto surge de los añadidos incorporados por la reforma constitucional de 1994 que mencionamos en el parágrafo 3. Varios de los aspectos citados en la lista cuentan con expresa mención en la jurisprudencia de la Corte. El derecho de “réplica” (rectificación y respuesta) 8. — El llamado derecho de réplica reclama una breve explicación. Tenemos ya la noción de que la expresión que circula a través de la comunicación social hace ingresar sus productos al circuito informativo. Cuando lo que ingresa es -según vocabulario del Pacto de San José de Costa Rica en su art. 14- un informe agraviante o inexacto respecto de una persona determinada, hay que dar oportunidad a ésta para que responda o rectifique a través del mismo medio. De no ser así, el público que recibió el informe inexacto o agraviante oye una sola campana, y su información queda incompleta al faltarle la respuesta de la persona afectada. Por ende, es la misma integralidad de la expresión y la comunicación social la que exige dar recepción al derecho de réplica, no para contestar ideas o doctrinas, sino para responder o rectificar un informe agraviante o inexacto. 9. — En 1992, la Corte dictó una sentencia referida a la réplica en el caso “Ekmekdjian c/Sofovich”. Desde 1994, la jerarquía constitucional deparada al Pacto de San José de Costa Rica por la reforma de ese año ha colocado al derecho de rectificación y respuesta en un mismo nivel respecto de la libertad de expresión. La censura 10. — El art. 14 de la constitución prohíbe la censura previa. También la prohíbe el Pacto de San José de Costa Rica. Entendemos que, según lo dijimos en el parágrafo 5, los tratados de derechos humanos incorporados en 1984 y 1986 equipararon todos los medios de expresión, de forma que a partir de allí no se pudo diferenciar a la prensa o imprenta de los arts.14 y 32 de la constitución respecto de la expresión vertida a través de otros medios. Por eso, todos ellos quedan cubiertos en pie de igualdad con la prohibición de censura previa. Dicho de otra manera: queda prohibida toda censura previa en cualquier caso, ante cualquier situación, respecto de toda clase de material o contenido que puede ser objeto de expresión o información. Esta prohibición va dirigida a todos los órganos de poder, incluidos los jueces. 11. — El Pacto de San José de Costa Rica en su art. 13,4 hace un mal empleo de la palabra “censura” cuando dice que los espectáculos públicos pueden ser sometidos por ley o “censura previa” con el exclusivo objeto de regular el acceso a ellos para la protección moral de la infancia y adolescencia. Esto no es censura, sino una forma razonable de control para impedir, por motivos de moralidad pública, que tengan acceso a tales espectáculos los menores de edad. 12. — La prohibición de censura previa deja a salvo cuantas responsabilidades ulteriores de índole penal o civil pueden caber por las expresiones vertidas a través de cualquier medio. Tal responsabilidad reparatoria no existe si el medio de comunicación ante el cual una persona se siente afectada ha citado la fuente de la cual tomo la noticia o el informe difundido, o si ha omitido individualizar el nombre o la identidad de dicha persona, o si ha utilizado un tiempo de verbo potencial. Tal lo que, con muy buen criterio, dejó sentado el fallo de la Corte en el caso “Campillay Julio c/La Razón y otros”, de 1986. La doctrina de la real malicia 13. — La doctrina de la denominada “real malicia”, que nuestra jurisprudencia ha tomado de la Corte de Estados Unidos, establece que cuando se trata de funcionarios públicos o personas públicas que se sienten afectados a través de la prensa y reclaman civil o penalmente, esas personas deben probar que la publicación o la crónica fue realizada con “real malicia”, es decir, con conocimiento de que lo que se difundía era falso, o con desinterés temerario por averiguar si la información era falsa o no. Esta doctrina no puede darse por estabilizada en la jurisprudencia de la Corte. En 1996 se la aplicó en un caso que, más allá de lo que suele denominarse “periodismo” versaba sobre una narración incluida en un libro (caso “Morales Solá, Joaquín"). El artículo 14 14. —Cuando el art. 14 de la constitución reconoce el derecho de publicar las ideas por la prensa sin censura previa se nos hace muy cierto que presupone dos cosas: que "hay” prensa, y que "debe haber” prensa. Todo para que se haga viable publicar las ideas a través de esa misma prensa. 15. — El desglose del derecho de publicar ideas por la prensa puede ser el siguiente: a) Para el autor: a’) frente al estado: inmunidad de censura; a”) frente al periódico: la pretensión de publicación, sin que el diario quede obligado a publicar; a’”) si el periódico decide publicar: inmunidad de alteración en lo que publique, o sea que si el periódico no tiene obligación de publicar pero publica, debe atenerse a reproducir el texto del autor; b) Para el periódico (en la persona de su propietario o editor): b’) frente al estado: la misma inmunidad de censura que tiene el autor; b”) frente al autor, libertad para publicar o no publicar, pero si publica, obligación de mantener la fidelidad del texto. 16. — La única obligación de publicar es la que impone el derecho de rectificación y respuesta para que el afectado por un informe inexacto o agraviante rectifique o responda a través del mismo medio periodístico. En este caso, el medio periodístico tiene el deber de incluir la rectificación o la respuesta que el afectado tiene derecho a publicar. 17. — La jurisprudencia de la Corte considera que la libertad de prensa es una de las que poseen mayor entidad constitucional, así como sostiene que la prohibición de censura previa no exime de las responsabilidades ulteriores ni significa impunidad. Asimismo, ha distinguido: el derecho “individual” de información a través de la palabra impresa, el sonido y la imagen; el derecho “social" a la información; y el derecho “de la industria o comercio” de la prensa, el cine, la radio y la televisión (caso “Ponzetti de Balbín”, fallado en 1984). Los tratados con jerarquía constitucional 18. — El Pacto de San José de Costa Rica depara amplia cobertura a la libertad de expresión, de información y de comunicación a través de todos los medios y, además de prohibir en ellos la censura previa, también los exime de restricciones por vías o medios indirectos que cohíben la circulación de ideas y opiniones. Dijimos ya que consagra el derecho de rectificación y respuesta (réplica). El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos contiene normas que, más escuetas que las del tratado recién citado, también protegen ampliamente la libertad de expresión. Interesa destacar que obliga a prohibir mediante ley toda propaganda a favor de la guerra y toda apología del odio nacional, racial o religioso que constituya incitación a la discriminación, la hostilidad y la violencia. Asimismo la Convención sobre los Derechos del Niño y la Convención sobre Discriminación Racial incluyen cláusulas favorables a la libertad de expresión. La última obliga a declarar punible conforme a la ley toda difusión de ideas basadas en la superioridad o el odio racial. Vale insistir en que las normas internacionales en materia de libertad de expresión, información y comunicación -sobre todo las de instrumentos que tienen jerarquía constitucional— han de tomarse muy en cuenta para completar la fuente de nuestro derecho interno. 19. — El art. 32 de la constitución consigna que el congreso federal no puede dictar leyes que restrinjan la libertad de imprenta ni que establezcan sobre ella la jurisdicción federal. La prohibición dirigida a la legislación restrictiva divide las opiniones, porque mientras con una interpretación extrema (que consideramos equivocada) parte de la doctrina entiende que la norma le impide al congreso legislar sobre prensa, otro sector asevera que lo prohibido es únicamente la restricción, pero no la reglamentación legal razonable. 20. — Enrolados personalmente en la línea que admite la legislación razonable en materia de prensa (o imprenta), hemos de añadir: a) que el congreso puede incluir en el código penal incriminaciones y sanciones para las conductas que defina como delitos que sean susceptibles de cometerse por medio de la prensa; b) que el art. 32 con su referencia exclusiva dirigida a la “imprenta" deja claramente habilitada la legislación del congreso en cuantos aspectos o cuestiones de naturaleza federal atañen a la expresión por medio de la radio, la televisión, la cinematografía. etc. 21. — La segunda parte del art. 32 referida a la jurisdicción federal hace pensar que la legislación sobre imprenta (prohibida al congreso) no puede ser aplicada por tribunales federales, ni siquiera si se trata de delitos cometidos por medio de la prensa. Tal lo que hasta el año 1932 fue jurisprudencia firme, con la sola excepción del caso “Calvete” que en 1864 falló la Corte, y en el que aceptó la jurisdicción de los tribunales federales para juzgar injurias contra un senador, porque interpretó que estaban en juego inmunidades parlamentarias. 22. — En 1932 la jurisprudencia sufre un cambio importante, porque admite la jurisdicción de los tribunales federales con carácter excepcional en el caso de delitos comunes cometidos por medio de la prensa cuando afectan al estado federal, al gobierno federal, a su seguridad, a sus integrantes y, en general, cada vez que está en juego un bien jurídico de naturaleza federal, tutelado en la incriminación. 23. — En 1970 la Corte falla el caso “Batalla, Eduardo J.”, e imprime un giro total a su jurisprudencia centenaria. El nuevo criterio puede resumirse de la siguiente manera: a) el art. 32 fue incluidoen la constitución en 1860 para evitar que la libertad de imprenta fuera totalmente regida por leyes federales y, como consecuencia, quedara sometida a la jurisdicción de los tribunales federales; b) el congreso en ejercicio de su competencia para dictar el código penal puede legislar sobre delitos comunes con independencia del medio empleado para cometerlos (por ende, también cuando se cometen por medio de la prensa), y el juzgamiento corresponde a los jueces federales o locales según la jurisdicción que en cada caso es procedente. 24. — De las explicaciones anteriores, conformamos nuestra opinión de la siguiente manera: el congreso está habilitado para dictar leyes que “reglamenten” razonablemente la libertad de prensa (arts. 14 y 28), y para crear delitos que se pueden cometer por medio de la prensa, incluyéndolos en la legislación penal uniforme para todo el país (art. 7º inc. 12). Las provincias no. Capítulo X LA EDUCACION Y LA CULTURA Derechos y deberes en relación con “enseñar y aprender” 1. — El art. 14 reconoce el derecho de enseñar y aprender. En torno de esta norma no se duda de que tiene el alcance de habilitar a toda persona o a toda asociación para impartir enseñanza, y a todo habitante para recibirla. Lo que importa es el efecto jurídicamente relevante que surte tal enseñanza, de modo que, el estado reconozca los títulos, certificados, diplomas o constancias de los estudios cursados. De todo ello se infiere que, en la actualidad, esta fórmula de “enseñar y aprender” cubre contenidos mucho más amplios que los que el vocabulario insinúa. Por algo se apela al derecho a la educación y al derecho a la cultura, al derecho a informarse e investigar en todos los campos del saber humano, y al derecho a difundir conocimientos, informaciones o investigaciones. 2. — La reforma de 1994 ha sido profusa en la materia, no sólo cuando en el art. 75 inc. 19 alude a la investigación y al desarrolla científico y tecnológico, sino cuando, además, especifica una serie de aspectos puntuales a tomar en cuenta para la sanción de las leyes de organización y de base de la educación. Por su lado, el inc. 17 hace referencia a la educación bilingüe e intercultural para los pueblos indígenas argentinos. 3. — Tanto un análisis de cuanto explícitamente consigna el citado inc. 19 del art. 75 como de lo que fluye implícitamente de las pautas fundamentales de la libertad de enseñanza, conducen a reconocer que los padres tienen derecho a elegir el tipo de educación que prefieren para sus hijos, sin inhibir a los hijos menores adultos para que por sí mismos escojan la orientación que gustan, si discrepan con la elegida por sus padres, El estado no puede coartar la iniciativa privada para crear y hacer funcionar establecimientos de enseñanza, ni negarles el reconocimiento, ni imponer un único tipo de enseñanza obligatoria -ni religiosa ni laica-, ni crear privilegios lesivos de la igualdad a favor de los establecimientos oficiales. 4. — Las áreas de libertad así encaradas, se deben compaginar con la facultad estatal de diseñar el lineamiento de los planes de enseñanza y estudio con carácter obligatorio; asimismo, el estado debe controlar que no se viole la moral, el orden y la seguridad públicas, y que se respeten los valores democráticos. La educación pública a cargo del estado tiene que acoger los principios de gratuidad y equidad. En cuanto al pluralismo educativo, el estado debe subsidiar o subvenir a la enseñanza que se imparte en establecimientos privados mediante un reparto proporcional de los fondos destinados a la educación. 5. — El ya citado inc. 19 del art. 75 asume como eje muchas de las pautas que acabamos de ejemplificar, y combina una triada importante cuando remarca la responsabilidad indelegable del estado, la participación de la familia y la sociedad, y el respeto de las particularidades provinciales y locales. El derecho “a” la educación 6. — Habíamos adelantado que la expresión “derecho de enseñar y aprender" expande contenidos muy amplios. Uno es el sugerido por la expresión -hoy muy usada- “derecho ‘a’ la educación”. El derecho elemental a educarse tiene un mínimo y un máximo que están dados por factores diversos: la propia capacidad, la propia pretensión, los medios individuales y sociales disponibles, y las políticas estatales. Todo en y con igualdad de oportunidades. Para dar curso viable al acceso de todos a este derecho a educarse, es obvio que el estado y los particulares deben abstenerse de cuanto signifique impedimentos porque, a la inversa, hay que facilitar y promover aquel acceso en el ámbito de un pluralismo educativo, dentro del cual el estado tiene que crear establecimientos oficiales gratuitos. Conviene, asimismo, no marginar las responsabilidades que gravan a los padres, tutores y guardadores respecto de los menores a su cargo, así como las propias de los empleadores que en la relación laboral tienen a sus órdenes a analfabetos. La libertad de enseñanza 7. — La libertad de enseñanza se exhibe también como un derecho, consistente en la opción posible por un tipo de enseñanza preferido, por su orientación ideológica o espiritual, por un establecimiento determinado, con más -finalmente- el reconocimiento de esa enseñanza por parte del estado. Como principio, los establecimientos particulares disponen de margen razonable para seleccionar a quienes aspiran a ingresar a ellos. La objeción de conciencia debe respetarse para no obligar ni a docentes ni a estudiantes a participar en actos u ceremonias que su conciencia religiosa o moral reprueba, ni a prestar juramentos de tal naturaleza, ni a exteriorizar actitudes o sentimientos que no comparten, etc. La libertad de cátedra 8. — La libertad de cátedra significa que el derecho a impartir y a recibir la enseñanza no ha de quedar sujeto a directivas que impongan un contenido ideológico determinado, o una orientación obligatoria, que lesionen la libre investigación científica y el juicio personal de quien enseña y de quien aprende. El mínimo de enseñanza que el estado tiene competencia para imponer, así como los planes y contenidos dé estudio, tienen que dejar margen para que la libertad de cátedra quede exenta de orientaciones oficiales o políticas. Los profesores y alumnos que se incorporan voluntariamente a un establesimiento de enseñanza que tiene asumida una orientación o ideología determinada no pueden invocar la libertad de cátedra para lesionar dicha orientación. La reforma de 1994 9. — La reforma constitucional de 1994 que, como dijimos antes, dio desarrollo al derecho de enseñar y aprender del art. 14, así como a la vieja atribución del congreso para dictar planes de instrucción general y universitaria (ex inc. 16 del art. 67, que subsiste en el actual inc. 18 del art. 75), nos deriva al siguiente resumen: a) Una ley -marco -o varias- de organización y de base que en materia educativa; a’) consoliden la "unidad nacional”; a”) respeten las particularidades provinciales y locales: y que b) aseguren la responsabilidad indelegable del estado, la participación de la familia y de la sociedad, la promoción de los valores democráticos, y la igualdad de oportunidades y posibilidades sin discriminación alguna; y que c) respecto de la enseñanza pública estatal garanticen la gratuidad y la equidad, y la autonomía y autarquía de las universidades nacionales. 10. — Conforme al inc. 17 del art. 75, se ha de tener presente el ligamen que a las leyes federales de educación las obliga a garantizar a favor de los pueblos indígenas el respeto a su identidad, y una educación bilingüe e intercultural. 11. — Como añadiduras parciales, recordamos que el art. 41, cuando consagra el derecho al ambiente sano, obliga a las autoridades a proveer a la información y la educación ambientales, lo que apunta a un rol educativo en la materia. De modo similar, el art. 42, cuando reconoce elde la constitución argentina 10.— Un somero examen de la tipología de la constitución argentina arroja el siguiente resultado: a) El texto originario, histórico y fundacional data de 1853, como producto de la Convención Constituyente que ejerció el poder constituyente originario: b) ese texto se completó en 1860, cuando también en ejercicio del mismo poder constituyente originario se integró la provincia de Buenos Aires a las otras provincias preexistentes; c) la codificación articulada en la constitución de 1853-1860 planificó el régimen político con pretensión de continuidad futura, y volcó a su contenido todo cuanto hacían aconsejable los antecedentes que, al menos desde 1810 fueron perfilando el estilo cultural de nuestra sociedad; esta génesis permite afirmar que la constitución de 1853- 1860 participa, en ese sentido, del tipo tradicional - historicista, en cuanto plasmó y legitimó los caracteres fundamentales que se habían venido alineando en la comunidad social preexistente; d) hay suficiente base para sostener que, no por mera afición racionalista, sino por la mencionada tradición histórica, la constitución hizo suyos cuatro contenidos que cabe calificar como pétreos, en el sentido de que en tanto no se modifique la estructura social subyacente que les dio apoyo, no deben suprimirse, aunque pueden modificarse sin alterar su esencia; esos cuatro contenidos pétreos son: d’) la democracia como forma estatal basada en la dignidad de la persona humana, y en el reconocimiento de su libertad y sus derechos; d’‘) el federalismo como forma estatal de descentralización territorial del poder; d’”) la república como forma de gobierno opuesta a la monárquica; d”") la confesionalidad del estado como reconocimiento de la Iglesia Católica en cuanto persona de derecho público, 11. — La reforma constitucional de 1994, no obstante las numerosas enmiendas introducidas al texto, ha mantenido fidelidad y congruencia con la constitución originaria en su contenido esencial. Por ende, consideramos que subsiste, aunque ampliado a tenor de nuevas valoraciones y pretensiones sociales, el eje vertebral del primitivo sistema axiológico con sus principios, creencias, valores y derechos. Al ritmo del tiempo histórico, hay derechos nuevos y contenidos nuevos en derechos viejos, y hay un techo ideológico con añadiduras y actualizaciones que dan fisonomía a un régimen de constitucionalismo social o, si se prefiere, a un estilo de estado social y democrático de derecho. 12.— En la constitución hay normas operativas que son autosuficientes y autoaplicativas; y hay normas programáticas, que obligan a que se les dé desarrollo a través de otras normas y políticas que deben completarlas para que funcionen plenamente. Cuando los órganos de poder que tienen a su cargo ese deber de desarrollar las normas programáticas no lo cumplen, incurren en violación de la constitución por omisión, o sea, en omisión inconstitucional. En la medida de lo posible, los jueces deben dar aplicación a las normas programáticas en los procesos judiciales que tienen a su cargo, para suplir en sus sentencias aquellas omisiones que son obstáculo para el desarrollo de la programaticidad. De ese modo se recupera la supremacía de la constitución. Las mutaciones constitucionales 13.— Las mutaciones constitucionales son cambios y transformaciones reales que se producen en la constitución material sin que el texto de la constitución escrita o formal se reforme o modifique. Cuando una de tales mutaciones implica deformación u oposición respecto de las normas de la constitución formal, la tal mutación es violatoria de la cons- titución y, por ende, inconstitucional. El preámbulo 14. — El preámbulo de la constitución contiene y condensa las decisiones políticas fundamentales. En él se comprimen las pautas del régimen, los fines y objetivos, los valores y principios propugnados, el plan o programa del constituyente. El preámbulo comparte la juridicidad y la fuerza normativa de la constitución. Por eso, hay que conferirle aplicación. Podemos desglosarlo así: - a) Cuando alude a los "representantes del pueblo”, da a entender que el pueblo o la sociedad es el titular del poder constituyente originario: - b) cuando añade “por voluntad y elección de las provincias…” reconoce la preexistencia histórica de las provincias que en 1853 y 1860 dieron origen a la constitución; c) cuando se refiere al “cumplimiento de pactos preexistentes”, deja en claro que el poder constituyente ejercido por el pueblo de las provincias en 1853 y 1860 ha tenido base contractual o consensual en los instrumentos que fueron preparando, como antecedentes, la formación y el nacimiento del estado federal argentino: d) cuando enuncia seis fines que, a la vez, aparecen como bienes y valores, traza el lineamiento del proyecto político; esos seis fines son: _ constituir la unión nacional; _ afianzar la justicia: _ consolidar la paz interior; _ proveer a la defensa común; _ promover el bienestar general; _ asegurar los beneficios de la libertad, 15.— Todo lo que inicialmente había de hacerse de conformidad con los verbos y los fines recién citados, persiste y se mantiene actualizado como propuesta que, día a día, necesita y exige las respuestas que la circunstancia de cada tiempo y lugar hacen necesarias para que el preámbulo se cumpla. La interpretación y la integración constitucionales 16.— Cuando tenemos una constitución con normas escritas, interpretar esas normas es buscarles el sentido, o sea, lo que quieren significar. Pero, además, hay que interpretar las normas que están por debajo de la constitución para averiguar, al compararlas con la constitución, lo que quieren decir y el sentido que hay que darles. Cuando se interpretan las normas de la constitución en su propio plano, hablamos de interpretación “de” la constitución. Cuando se interpretan las normas que están por debajo de la constitución y se las compara con la constitución, hablamos de interpretación “desde" la constitución. 17. — La interpretación puede tener un fin de puro conocimiento por ej., cuando se estudia derecho constitucional, o un fin aplicativo práctico por ej., cuando los jueces han de resolver un caso dictando una sentencia en virtud de normas de la constitución. 18. — Cuando se hace interpretación, nunca se puede ir en contra de la voluntad histórica del autor de la constitución, pero se puede y se debe efectuar una interpretación dinámica que, sin descartar aquella voluntad, vaya buscando con criterio finalista un sentido actualizado para cada momento y cada circunstancia. 19. — Cuando falta una norma en la constitución o en los planos que se sitúan por debajo de ella, hay que cubrir ese vacío, que suele apodarse laguna. Hay una carencia o ausencia de norma, y para salvar la omisión de norma hay que hacer una operación de relleno o cobertura, que se llama integración. En tanto la interpretación presupone que hay una norma a la cual se interpreta, la integración da por cierto que falta una norma y que, para solucionar un caso determinado, hay que integrar el vacío elaborando, para ese caso, una norma. 20. — Aun así, la integración siempre exige también respetar la constitución, de modo que para elaborar la norma faltante y dar solución a un caso, esa norma que se fabrica como cobertura de la norma ausente, debe ser compatible con la constitución. Esto implica que hay que -a la vez- interpretar la constitución para ver si la norma fabricada como supletoria de la que falta está o no de acuerdo con la constitución. De no respetarse la constitución, la norma sustitutiva de la norma que falta haría incurrir en inconstitucionalidad a la decisión que para el caso se adoptara mediante integración. 21.— Tanto la interpretación como la integración son mecanismos que cobran un papel trascendente cuando los jueces ejercen el control de constitucionalidad. Laderecho de los consumidores y usuarios de bienes y servicios, asigna a las autoridades un análogo deber para proveer a la educación para el consumo. 12. — La autonomía y autarquía que la constitución depara a las universidades nacionales reviste el sentido de reconocerlas como personas jurídicas de derecho público "no estatales”. 13. — Es fácil admitir que las pautas generales que el inc. 19 del art. 75 fija para las leyes de organización y de base de la educación obligan a las provincias en todo cuanto les compete en materia de enseñanza. El derecho a la cultura 14. — Una vez que el derecho de enseñar y aprender, la libertad de enseñanza, el derecho a la educación, y todo cuanto les es afín ya no se recluyen en la categoría de los clásicos derechos ‘'individuales'’, sino que se explayan hacia los derechos sociales, aparece la conexión con el derecho “a la cultura”, de muy vastos contenidos. Para limitamos al texto de la constitución, digamos que el art. 75 inc. 19 los individualiza así en su párrafo cuarto: a) la identidad y pluralidad cultural; b) la libre creación y circulación de las obras de autor; c) el patrimonio artístico y los espacios culturales y audiovisuales. De nuevo la pluralidad cultural reenvía a la cultura de los pueblos indígenas que, en el inc. 17, alude a la interculturalidad. Y en cuanto al patrimonio artístico -comprensivo del histórico, cultural, arqueológico, etc.- bien podemos ligarlo con el ambiente, porque integra el entorno, muchas veces inmaterial, que sirve de emplazamiento de la vida humana y social, recordando que la normativa del art. 41 sobre el ambiente hace mención del patrimonio natural y cultural, al que las autoridades deben proteger, y a cuya protección tienen derecho los habitantes. Los tratados internacionales 15. — Numerosas cláusulas de tratados internacionales de derechas humanos con jerarquía constitucional deparan reconocimiento y tutela a derechos tales como los vinculados a la educación; a la libertad de los padres para escoger la orientación en la educación de sus hijos; al derecho a que éstos reciban educación religiosa y moral conforme a sus convicciones; a elegir escuelas distintas de las oficiales; a participar en la vida cultural; a la libertad de investigar; a la actividad creadora; a la igualdad de derechos de la mujer respecto del varón; a la educación de la mujer rural, etc. De tal normativa internacional se desprende, asimismo, que los derechos que hemos estado desglosando encuentran sitio en el espacio de los derechos sociales. Capítulo XI EL DERECHO DE ASOCIARSE La libertad de asociación y sus contenidos 1. — El art. 14 reconoce el derecho de libre asociación con la fórmula de “asociarse con fines útiles”, listo concepto de "utilidad” debe interpretarse como referido a un fin que no sea dañino para el bien común, o sea, neutro o inofensivo. Tiene dos aspectos: a) Como derecho “individual", implica que toda persona dispone de libertad para: a') formar una asociación: a”) ingresar a una asociación ya existente: a”') no ingresar a una asociación determinada, y no ingresar a ninguna; a””) dejar de pertenecer a una asociación de la que se es miembro. En síntesis, acá se aloja la libertad de asociarse y de no asociarse. b) En cuanto derecho “de la” asociación, implica reconocerle a esta un status jurídico y una zona de libertad jurídicamente relevante que quede exenta de interferencias arbitrarias del estado. 2. — El reconocimiento estatal puede ir desde el otorgamiento formal de la personalidad jurídica, si la asociación lo solicita, hasta la simple consideración de la asociación como sujeto del derecho sin personalidad jurídica. Las decisiones administrativas que otorgan o niegan reconocimiento a una asociación deben quedar sujetas a posible revisión judicial. 3. — Nuestro ordenamiento conoce: a) las personas jurídicas de derecho público, que pueden ser estatales y no estatales; b) las asociaciones profesionales o sindicales con personalidad gremial; c) la extraterritorialidad de personas jurídicas extranjeras reconocidas en nuestro país en su calidad de sujetos de derecho, o para realizar actos aislados. 4. — Con la reforma constitucional de 1994, el texto del articulado incluye también: a) a los partidos políticos (art. 38); b) a las asociaciones de consumidores y usuarios (art. 42); c) a las asociaciones que propenden a los fines que el art. 43 protege mediante la viabilidad del amparo; d) a los pueblos indígenas que, conforme al art. 75 inc. 17, deben ser reconocidos en su personería jurídica. 5. — Así como para la persona física todo lo que no le está prohibido le queda permitido, para las asociaciones rige la regla de la especialidad, según la cual tienen capacidad para todo cuanto se halla comprendido en sus fines propios. Tal lo que surge del código civil, bien que por encima de él tal principio deriva implícitamente de la constitución. 6. — La asociación como sujeto activo de la libertad jurídica que titulariza dispone de: a) un status jurídico que le depara cierta capacidad de derecho, aun cuando no tenga personalidad jurídica; b) un poder de disposición para realizar actos jurídicamente relevantes para el fin propio; c) un área de libertad jurídica inofensiva para regir con autonomía su propia órbita; d) un espacio en el que lo que no le está prohibido dentro del siempre mencionado fin propio, le está permitido a tenor de la regla de la especialidad; e) un poder disciplinario sobre sus miembros o afiliados. La libertad de asociación sindical 7. — El derecho de libre asociación nos conduce ahora al tema de la libertad sindical, que encuentra definición en el art. 14 bis cuando alude a la “organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial”. La norma citada impone claramente el pluralismo sindical y descarta el unicato, así como permite inferir que es inconstitucional obligar a afiliarse a un sindicato, aunque acaso se deje opción para elegir a cuál entre varios. O sea, acá también rige el derecho de “no” asociarse. Como corolario, es inconstitucional toda norma que obligue a los trabajadores no agremiados a pagar una cuota sindical. 8. — Nuestra legislación ha bifurcado habitualmente a las asociaciones sindicales: a) las meramente inscriptas; b) las reconocidas con personería gremial. 9. —Para dejar sentada brevemente nuestra postura constitucional, diremos que: a) no reprobamos como inconstitucional la existencia de entidades con personería gremial, a condición de que no titularicen en forma monopólica la totalidad de los derechos gremiales; b) es inconstitucional todo sistema legal que no deja espacio suficiente al pluralismo sindical, porque en realidad implica convertir a las asociaciones meramente inscriptas en entidades sin ningún protagonismo propio de las entidades gremiales. 10. — Mientras en lo estrictamente propio de la agremiación la Corte dictó una muy acertada sentencia en 1967 en el caso “Outón, Carlos J. y otros” rechazando la sindicación coactiva como lesiva del derecho de afiliarse, de no afiliarse y de desafiliarse, cuando hubo de decidir el tema de la llamada “colegiación obligatoria” de los profesionales a una entidad pública (o colegio) interpretó, en el caso “Ferrari, Alejandro J. c/Estado Nacional” de 1986, que el Colegio Público de Abogados de la ciudad de Buenos Aires no era una “asociación” integrada por la adhesión espontánea de cada componente, por lo cual tampoco quedaba violado el derecho a no ser compelido a ingresar a una asociación. En el eje del problema hubo de tenerse en cuenta que el Colegio Público tiene a su cargo la matriculación profesional encomendada por el estado mediante la ley, o sea, el control de una actividad con proyecciones publicas -incluso en lo disciplinario y ético-. Llevada la impugnación a la jurisdicción supraestatal, la ComisiónInteramericana de Derechos Humanos consideró -en 1988- que la libre asociación no resultaba lesionada por la colegiación obligatoria de los abogados. 11. —Las normas internacionales de tratados con jerarquía constitucional prestan reconocimiento y cobertura a la libertad de asociación respecto de diversas clases de entidades y para múltiples fines. Capítulo XII LA LIBERTAD DE CONTRATAR El contrato y la autonomía de la voluntad: espacios y límites 1. — La libertad de contratar ha de darse por comprendida entre los derechos implícitos. Sus aspectos lineales son: a) el derecho de decidir si se va a contratar o no: es decir que acá aparece el derecho de “no contratar”; b) si se decide contratar, el derecho de elegir con quién: c) el derecho de regular el contenido del contrato: o sea que éste viene a ser el ámbito de la llamada autonomía de la voluntad. 2. — Algunas excepciones razonables a ciertos aspectos de la libertad de contratación pueden ser éstos: el deber de contratar un seguro individual o colectivo en la relación de empleo, en las empresas de transporte, etc.; o de contratar a personas discapacitadas o lisiados de guerra en el empleo privado, etc. 3. — La autonomía de la voluntad nos muestra en el contrato una fuente no estatal de producción jurídica. Sin embargo, según cuál sea el ámbito en el cual o sobre el cual se contrata, la presencia reglamentaria del estado se vuelve razonable: tal -por ej.-lo que acontece cuando entre las partes contratantes hay asimetrías o disparidades, o cuando se trata de contratos standard con cláusulas de adhesión, o en la relación de trabajo para el contrato individual y colectivo, etc. Asimismo, ha de admitirse toda limitación razonable impuesta por el orden público, la moral pública, los derechos de terceros, la seguridad pública, o las relaciones propias del derecho de familia. 4. — Conforme a la jurisprudencia de la Corte, una pauta trascendental señala que los derechos y obligaciones emergentes de tos contratos integran uno de los contenidos del derecho constitucional de propiedad. 5. — La intervención del estado en los contratos se mueve en dos esferas: a) con carácter permanente y anticipado, poniendo cienos marcos a la autonomía de la voluntad; b) con carácter excepcional y transitorio, en situaciones de emergencia con un doble efecto; b’) sobre contratos celebrados antes que se hallan en curso de ejecución; b”) sobre los contratos que se van a celebrar en adelante mientras dure la emergencia. Por supuesto que la regla de razonabilidad marca los límites de ambas intervenciones. 6. — Para los contratos en curso de cumplimiento, una ley posterior peca de retroactividad inconstitucional si afecta los efectos del contrato, a menos que se trate de una real emergencia, y que la ley que captura contratos anteriores no disminuya prestaciones debidas (por ej., monto del alquiler, tasa de interés, etc.) sino que, transitoriamente, se limite a prorrogar plazos o congelar precios, 7. — La jurisprudencia do la Corte nos lleva a registrar fallos como los siguientes: a) en 1960, respecto de la ley que obligó a incluir “números vivos" durante los espectáculos cinematográficos, la Corte reputó constitucional la medida aun cuando las salas de cine debían contratar (compulsivamente) a quienes iban a llevar a escena el “número vivo”, de forma que se les imponía una actividad no elegida; y, además, muchas salas debieron incurrir en gastos para adecuar los escenarios; b) en 1968, al pronunciarse sobre la ley 16.507 que obligó a reincorporar personal cesante en entidades bancadas y similares, declaró inconstitucional la imposición de obligaciones que no existían a la fecha de la cesantía. 8. — Cuando se rastrea desde la década de 1920 a hoy la jurisprudencia de la Corte en épocas de emergencia, es fácil corroborar que las objeciones de inconstitucionalidad - salvo excepciones- no han tenido éxito. Una síntesis actualizada al año 1990 surge de la sentencia en el caso “Peralta”, que admitió un decreto de necesidad y urgencia por cuya aplicación se convirtieron los depósitos a plazo fijo en títulos públicos. Sin embargo, en 2002 y 2003 la Corte rescató el derecho de propiedad frente a la normativa que transformó a pesos los créditos contraídos en dólares estadounidenses. 9. — Cuando en 1991 la ley de convertibilidad prohibió toda indexación futura hubimos de reafirmar nuestra tesis de que, no obstante, toda pérdida en el valor real de la moneda hace procedente -para salvaguardar el derecho de propiedad- la actualización o el reajuste dinerario. 10. — No ha de olvidarse que, al margen del problema que suscita toda ley que recae sobre el curso de cumplimiento de contratos celebrados con anterioridad, la teoría de la imprevisión admite que íes jueces revisen los contratos cuando se producen cambios sustanciales en las condiciones que las parles tuvieron en cuenta al momento de contratar. Se llama teoría de la imprevisión porque el acontecimiento que altera el cumplimiento del contrato ha de ser de tal entidad que no pudo ser "previsto" verosímilmente por adelantado. Capítulo XIII UN PLEXO DE DERECHOS ENUMERADOS E IMPLICITOS El derecho de reunión 1. — No obstante la importancia institucional del derecho de reunión, y los enfoques que siempre ha suscitado en la doctrina y la jurisprudencia, hay que recordar que nuestra constitución no lo integró al catálogo de los derechos enumerados, Pero nadie duda de que forma parte de los implícitos. Ahora bien, cuando el art 22 incrimina a toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuye los derechos del pueblo y peticiona a su nombre, deja espacio para interpretar que la reunión pacífica queda reconocida. 2. — Si las reuniones se dividen en públicas y privadas, creemos que el criterio para distinguir una clase de la otra es éste; pública resulta toda reunión que queda abierta indiscriminadamente al público, o sea, a cualquiera; privada es la que no goza de esa apertura. La diferencia interesa porque las reuniones públicas quedan sometidas a la jurisdicción del estado en grado variable, según el fin que se proponen y el lugar donde se llevan a cabo; de ahí que si se realizan en lugares públicos (calles, plazas, etc.) suscitan un control razonable más intenso por razones de policía, y hasta a veces precisan el permiso previo. Las reuniones en los templos, bien que son públicas, se sustraen en principio a la intervención estatal. 3. — El sujeto activo del derecho de reunión se clasifica así; a) la persona o una asociación: b) las personas tienen un derecho “propio”, ejercido colectivamente, de participar en la reunión: c) hay un aspecto negativo, que es el derecho a no asistir. El sujeto pasivo es, fundamentalmente, el estado, pero también los particulares en cuanto se tienen que abstener de impedir o alterar la reunión, o de interferir en ella obstaculizándola. 4. — La jurisprudencia de la Corte ha dejado en claro que una reunión no puede prohibirse a causa de las ideas, opiniones o doctrinas de sus promotores, sino únicamente en razón de sus fines (en caso de ser éstos contrarios a la constitución, las leyes o la moral pública, o de resultar la reunión peligrosa para el orden y la tranquilidad pública en una situación u oportunidad determinadas). 5. — La reglamentación del derecho de reunión queda sujeta, según nuestra particular opinión, a la legislación del congreso (para todo el país) como todos los otros derechos; pero en otra interpretación muy difundida prevalece la noción de que, por su relación con el llamado “poder de policía” (local), son las provincias y la ciudad de Buenos Aires las que pueden reglamentar -cada una en su jurisdicción-el ejercicio del derecho de reunión. 6. — Las normas de tratados de derechos humanos de jerarquía constitucional concuerdan, en su lineamiento básico, con lo que es propio de nuestro derecho interno. El derecho de petición7. — El art. 14 cita el derecho de peticionar a las autoridades. Pero “toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de éste, comete delito de sedición” conforme al art. 22. 8. — El sujeto activo del derecho de petición es la persona humana y las asociaciones, por lo que puede ejercerse individualmente o en grupo. El sujeto pasivo es siempre el estado a través de sus órganos gubernamentales. 9. —Cuando el órgano al que se peticiona es un tribunal judicial, hay que encarar el tema como derecho a la jurisdicción, o derecho de acceder a la justicia para que resuelva lo que se le peticiona como pretensión. 10. — Damos por verdad que el derecho de peticionar obliga al órgano requerido a dar una respuesta en tiempo razonable; o sea, a contestar sobre lo que se le pide. Pero no implica un derecho a obtener lo peticionado. 11. — Si bien estamos analizando la petición que se dirige a una “autoridad”, no ha de omitirse la idea de que también hay derecho de “peticionar” a un sujeto (individual o colectivo -por ej.: una asociación, un banco, un registro de datos-) que no es “autoridad”; por ej.: para recabarle una información. El derecho de circular 12. — El art. 14 menciona el derecho de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio, que es equivalente a la libertad de locomoción o circulación o movimiento, y que deriva de la libertad corporal o física, en cuanto ésta apareja el desplazamiento y traslado de la persona, así como su residencia, radicación o domicilio en el lugar que elige. 13. — El derecho a obtener pasaporte es parte esencial de estos derechos. Así lo sostuvo la Corte en 1985, en el caso “O. A, c/Estado Nacional”. 14. — Si los derechos mencionados pertenecen al habitante, cabe preguntarse cómo quien no lo es porque no ha ingresado al país, puede invocar su titularidad para entrar. La respuesta es obvia: potencialmente, su pretensión de entrar lo habilita como habitante futuro. De todos modos, el derecho de entrar queda sujeto a reglamentación razonable en torno del acceso y admisión de personas. 15. — A partir del ingreso, surge el derecho de permanecer, también con diferentes calidades a tenor de reglamentaciones razonables: como residente permanente, o en forma transitoria, o como simple turista ocasional. La permanencia, con cualesquiera de tales condiciones, permite decir que la persona forma parte, en ese momento, de la población del estado (acaso de la que se considera “flotante” u ocasional) y queda sometida a su jurisdicción. La permanencia confiere el derecho de transitar y circular. 16. — El derecho de salir abarca el de hacerlo con intención definitiva o solamente transitoria. Según nuestro punto de vista, la extranjería no confiere al estado la facultad de ordenar la salida compulsiva o de expulsar. Puede, en cambio, obligar a salir a quien ingresó ilegalmente, siempre que entre ese ingreso y la expulsión no haya transcurrido un plazo que, por su duración y condiciones, haya convertido en “habitante” a la persona que accedió sin cumplir las reglamentaciones aplicables. 17. —En su art. 25 la constitución prohíbe someter a gravamen o impuestos el ingreso de extranjeros. 18. — Aun cuando los derechos de entrar, permanecer, transitar y salir pertenecen a las personas físicas, es posible argumentar que, analógicamente, las personas jurídicas o asociaciones extranjeras tienen derecho a establecerse en el país o a actuar en él como sujetos de derecho. 19. — La “ley de tránsito” abre sitio al debate. Podemos afirmar que el congreso tiene competencia para dictarla en cuanto abarca el tránsito interjurisdiccional, ya que: a) por un lado, se le hace aplicable analógicamente la cláusula comercial del art. 75 inc. 13; b) por el otro, estamos ante un derecho que figura en el art. 14 y que puede ser reglamentado. De todas maneras, la ley del congreso no puede ir más allá de lo conveniente y necesario para proteger y asegurar el tránsito interjurisdiccional, dejando a las entidades locales todo lo no abarcado por ése objetivo. 20. — Los instrumentos internacionales de derechos humanos con jerarquía constitucional dan cobertura a derechos similares a los que surgen de nuestro art. 14, y admiten la expulsión de extranjeros con base en decisiones conforme a la ley, pero rechazan la de nacionales. Un extranjero no puede ser expulsado o devuelto a otro país, sea o no de origen, si su derecho a la vida o a la libertad personal corre riesgo de ser violado a causa de raza, nacionalidad, religión, condición social u opiniones políticas. La expulsión colectiva de extranjeros se halla prohibida. Tales normas surgen fundamentalmente del Pacto de San José de Costa Rica. El derecho de casarse 21. — El art. 20 incluye entre los derechos reconocidos a los extranjeros el de casarse conforme a los leyes. Dada la igualdad entre extranjeros y nacionales, cabe decir que estamos ante un derecho de todos los habitantes. El sujeto activo es la persona humana. El sujeto pasivo es, fundamentalmente el estado, pero a la vez los demás hombres en cuanto no pueden impedir que una persona se case, ni obligarla a hacerlo. Este derecho a casarse no da pie para afirmar que las uniones de hecho son ilícitas o ilegales, sí se trata de personas hábiles para contraer matrimonio que eligen convivir sin casarse entre sí. El matrimonio 22. — La regulación estatal del matrimonio da lugar a las siguientes pautas: a) hay una libertad jurídica para casarse y para que, de ese modo, quede emplazado el estado civil de familia; ello implica que la unión que contraen ha de ser reconocida por el estado en sus efectos civiles; b) por ende, el estado ha de habilitar y deparar alguna forma legal para obtener el resultado expuesto en el inc. a); c) asimismo, es menester reglamentar un régimen pluralista de múltiples formas matrimoniales para que los contrayentes elijan la de su preferencia, también con los efectos del inc. a); d) no basta -por ej., - que el estado reconozca libertad para contraer un matrimonio religioso, porque si el único matrimonio con efectos civiles es el matrimonio civil (obligatorio para emplazar el estado de familia), la libertad jurídica de casarse de acuerdo a la propia opción resulta innecesariamente lesionada; e) establecido el sistema pluralista ya indicado, el estado puede condicionar el reconocimiento de los matrimonios religiosos a que se los inscriba en un registro público. 23. — El matrimonio religioso sin matrimonio civil fue reconocido por la Corte en 1957 para otorgar derecho a pensión a la viuda que estuvo unida al causante sólo mediante nupcias religiosas, siendo ambos solteros. 24. — Pese a su carácter contractual, el matrimonio recibe numerosas limitaciones a la voluntad de los contrayentes en razón de la naturaleza de orden público de las normas que lo regulan. Hay -por ej.- una única pauta legal en materia de monogamia y de disolución del vínculo. 25. — En el caso “Sejean" fallado en 1986, la Corte declaró, por mayoría que la indisolubilidad del matrimonio-vigente a esa fecha en nuestro derecho civil de familia- era inconstitucional. Poco después, la ley introdujo el divorcio vincular. 26. — En cuanto al divorcio (vincular o no) por mutuo acuerdo, se trata de un régimen que deja librada a los esposos una vía y una forma procesales para resguardar el secreto y la intimidad de las causales del divorcio. Y aun cuando la sentencia no puede, entonces, dar razón de los hechos que motivan la decisión judicial (porque no queda constancia de ellos), creemos que no concurre causal para tildarla de arbitraria, porque el sistema del acuerdo mutuo exhibe, en el marco del derecho de familia, razonabilidad suficiente. La familia 27. — Cuando se encaran las normas sobre la familia, hay que ponerse de acuerdo en definir qué es “familia". Familia no es una entidad diferente de las personas físicas que formanparte de ella, sino la denominación acordada al conjunto de quienes tienen un vínculo parental. Por ende, la familia no es un sujeto de derecho ni una persona jurídica, de lo que se desprende que cuando se habla de “derechos de la familia” ha de entenderse que se alude a “derechos de las personas físicas en sus relaciones de familia”. 28. —Tales derechos no se limitan a los reconocidos entre parientes (o sea, dentro de la familia) sino también a los que, en virtud de una relación de familia, se reconocen a sus miembros en relación con terceros ajenos a la familia (por ej. frente a un empleador para que pague un salario familiar, o conceda una licencia por maternidad). 29. — El art. 14 bis en su parte final dispone que la ley establecerá “la protección integral de la familia, la defensa del bien de familia, la compensación económica familiar y el acceso a una vivienda digna". 30. — Ha de dejarse en claro que “familia" no es solamente la que está fundada en el matrimonio. Los hijos nacidos fuera del matrimonio componen la familia y, para determinadas prestaciones sociales, las uniones de hecho confieren derecho a los integrantes de la pareja conviviente. 31. — La reforma constitucional de 1994 ha incluido en el inc. 23. párrafo segundo, del art. 75 una referencia al niño y a la madre en materia de seguridad social. El inc. 19 prevé la participación de la familia en la educación. 32. — El Pacto de San José de Costa Rica, de jerarquía constitucional, obliga a igualar las filiaciones. Cláusulas sobre el matrimonio, la familia, la filiación, la mujer, el -niño, más un plexo de derechos y deberes conexos, aparecen en normas de los tratados de derechos humanos con jerarquía constitucional. 33. — De cuanto hasta acá traemos explicado, deducimos que: a) queda asegurada la igualdad entre varón y mujer en las relaciones de familia, y entre las distintas filiaciones biológicas; b) no se puede discriminar a los homosexuales con el argumento (falso) de que carecen de inclinación o aptitud para formar una familia mediante el matrimonio; c) la abstención sexual asumida voluntariamente ha de ser respetada, porque no pugna con la norma constitucional de protección a la familia. La libertad de comercio e industria 34. — La correlación de los arts. 14 y 20 permite agrupar en un rubro común a los derechos de comerciar, navegar, ejercer industria lícita, trabajar y ejercer profesión. 35. — En tanto el derecho de trabajar será analizado al tratar el constitucionalismo social, el resto del plexo recién propuesto merece atención desde la normativa que en la constitución ha recibido algunas añadiduras con la reforma de 1994. El esbozo puede ser éste: a) el congreso es competente para “reglar” el comercio marítimo, terrestre y aéreo con otros estados, y el de las provincias entre sí; tal la cláusula “comercial” del art. 75 inc. 13; b) lo es también para dictar el código de comercio para todo el país (art, 75 inc. 12); c) asimismo, para reglamentar la libre navegación de los ríos interiores y habilitar puertos (art. 75 inc. 10) conforme al principio de libre navegación (art. 26); d) por igual, para proveer a la promoción de la industria (a tenor del art. 75 inc. 18), en concurrencia con las provincias (art, 125); e) ni el congreso ni las provincias pueden afectar la libre circulación territorial de bienes, productos, vehículos, buques, etc., (arts. 9 a 12); f) el poder impositivo del congreso y de las provincias puede incidir, de acuerdo al reparto constitucional de competencias, en la actividad comercial e industrial; g) similar incidencia deriva de la competencia del congreso para regular el trabajo (arts. 14, 14 bis, y 75, inc., 12); h) por igual, a raíz del llamado poder de policía en razón de higiene, seguridad y moralidad públicas, también a tenor de la distribución competencial entre el estado federal y las provincias; i) las reglamentaciones locales de la actividad comercial e industrial “intraprovincial” no pueden violar normas emanadas del congreso sobre comercio e industria, tanto si son leyes federales cuanto si lo son de derecho común (por ej., el código de comercio); j) ha de tomarse en cuenta la relación que liga a la libertad comercial e industrial con los derechos que a consumidores y usuarios reconoce el art. 42 en el mercado de consumo y uso de bienes y servicios; k) otro nexo a analizar es el que tiende puente hacia el derecho de contratar y el derecho de propiedad. 36. — Con referencia exclusiva a la reforma de 1994, guardan dirección hacia la libertad económica, el comercio, la industria, etc., una serie de pautas obligatorias para la legislación y las políticas de estado. Así, proveer: a) al desarrollo humano; b) al progreso económico con justicia social; c) a la productividad de la economía nacional; d) a la generación de empleo. e) al crecimiento armónico de todo el territorio; f) promover políticas diferenciadas que tiendan a equilibrar el desigual desarrollo relativo de provincias y regiones; Todo este plexo surge del art, 75 incs., 19 y 23, Es importante tomar en consideración, asimismo, que al regular la coparticipación federal en el reparto impositivo, el art. 75 inc. 2° párrafo tercero suministra parámetros imperativos para llevar a cabo esa distribución; dice que; a) será equitativa, solidaria, y b) dará prioridad al logro de un grado equivalente de desarrollo, calidad de vida e igualdad de oportunidades en todo el territorio. 37. — La alusión a la libertad económica no puede eludirse. Se trata de la libertad de los particulares en el ámbito de la economía. La constitución no define expresamente un determinado sistema económico, pero contiene un principio mínimo de libertad (asegurar sus beneficios, según el preámbulo) que resulta aplicable para abrir un espacio suficiente de libertad, cuyas medidas ordenadoras por parte del estado han de hallar cauce para lograr el bienestar general (también preambular). Seguramente, el principio de justicia y progreso económico con justicia social (art. 75 inc. 19) da ingreso al principio de subsidiaridad, según el cual el estado no ha de hacer lo que con eficacia pueden hacer los particulares, a quienes ha de ayudar sin sustituir, absorber o destruir. En síntesis, hace falta una presencia estatal razonable para la gestoría de la política y de la actividad económica en el marco del estado de democracia social o estado social de derecho, así diseñado por la reforma de 1994. 38. — En sumatoria, hay que acudir a la igualdad de oportunidades (art. 75 inc. 23) y a la distribución razonablemente igualitaria de la libertad, que es un principio implícito, de forma que el mercado no se tome irrestricto ni la competencia se absolutice. Asimismo, muchas “des-regulaciones" aceleradas a partir de 1989 han reñido con la reforma constitucional de 1994. 39. — En líneas generales, podemos decir que la jurisprudencia de la Corte, desde una vieja sentencia de L887 en el caso de los Saladeros de Barracas (“Podestá, Santiago José y Jerónimo y otros c/Provincia de Buenos Aires”) dejó sentado el criterio de que La actividad industrial y comercial no puede comprometer con su nocividad bienes colectivos como - por ej.,- la salud pública. En otras palabras la salubridad, la moralidad, el orden público, y los misinos intereses económicos legitiman la intervención reglamentaria del estado, aun cuando -a la inversa- no puede prohibir determinados negocios por considerarlos ruinosos, ni imponer otros que repule de conveniencia pública. En 1967, el caso “Empresa Mate Larangéira Méndez S,A. y otros” dio lugar a que la Corte declarara que la prohibición para cosechar la yerba mate para el año 1966 según lo estableció un decreto, cuando ya la cosecha se había realizado y había originado gastos y obligaciones, vulneraba el derecho de trabajar y de gozar de la propiedad adquirida. CAPITULO XIV LOS NUEVOS DERECHOS DE LOS ARTICULOS 41Y42 El derecho ambiental 1. — Una lectura atenta del nuevo art. 41 en materia ambiental nos autoriza a sostener que: a) La referencia al “derecho de todos los habitantes” a un ambiente sano y con todas las calificaciones que utiliza la norma, personaliza a este derecho en cada uno, al modo como lo hace el texto del art. 14, pero: a’) ha de tomarse en cuenta que la alusión del art. 43 a los derechos “de incidencia colectiva" (cuando depara la vía del amparo para proteger al ambiente) asume además la dimensión colectiva y grupal que reviste el derecho al ambiente; b) Se ha de advertir la relación con el derecho de los recursos naturales -por ej., en lo que atañe al agua, la flora, la fauna, los bosques, el suelo, la tierra, etc.- y la titularidad que el art. 124 asigna a las provincias sobre el dominio originario de los recursos naturales existentes en su territorio; c) El ambiente queda propuesto como sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para las actividades productivas que satisfagan las necesidades humanas; d) Cuando se agrega en el art. 41 que ello no ha de comprometer las necesidades de las generaciones futuras, se echa mano de la expresión “desarrollo sustentable”, con la que se configura un tipo o modelo de desarrollo duradero para hacer posible la vida de los seres humanos en el marco de un entorno que cumpla las veces de hábitat; o sea, las políticas ambientales han de tomar en cuenta el futuro con un claro sesgo de solidaridad social: e) El vocablo “ambiente” merece a nuestro juicio un contenido plúrimo y amplio que no se agota en el entorno físico y sus elementos naturales (agua, atmósfera, biosfera, tierra, subsuelo), sino que abarca todo cuanto atañe a la vida, subsistencia y desarrollo de los seres vivos (ecosistema y ecología) y, además, el patrimonio histórico, cultural, artístico, natural, etc., que goza de menciones en el inc. 19 del art. 75. Obligaciones que diversifican tutelas 2. — Hay una serie de obligaciones constitucionales respecto del ambiente. Veamos en quiénes recaen y en qué consisten. a) Después de enunciar el art. 41 que todos los habitantes tienen derecho a un ambiente sano, agrega que tienen el deber de preservarlo. Como mínimo, preservar equivale acá a no dañar ni deteriorar. También a cuidar. b) La norma grava a las “autoridades”. Latamente, al estado, tanto federal como provincial y municipal en los tres departamentos de gobierno, cada uno según sus competencias. Asimismo, al defensor del pueblo, al ministerio público, y a lodos los organismos y reparticiones estatales. Pero, ¿cuál es la obligación? El art. 41 la resume afirmando que proveerán a la protección de “este derecho” (del que tienen todos los habitantes a un ambiente sano, etc.). Desdoblando el deber, cabe afirmar que tanto es de omisión -para no dañarlo- como de prestaciones positivas con el fin de preservarlo, de evitar que otros lo alteren o destruyan, de recomponerlo, etc., así como comprende el deber de exigir a los particulares cada obligación concreta en cada circunstancia en que el ambiente queda comprometido o perturbado. c) En conexidad, el art. 41 imputa a las autoridades antes citadas la obligación de proveer a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural y cultural (que es parte del ambiente, según lo dijimos antes) y de la diversidad biológica; además, el estado debe proveer a la información y la educación ambientales. d) Cuando el siempre citado art. 41 consigna que el daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer según lo establezca la ley, hay que aclarar que tal recomposición prioritaria no elimina ni reemplaza a la reparación. Asimismo, hay situaciones en que lo qué se “des-compuso” no puede ser “re-compuesto”. En suma, cuando tas cosas son susceptibles de volver a su estado anterior, la obligación prioritaria es recomponer. 3. — El art. 41 ha de presumirse operativo, y aplicable aun a falla de ley, lo que no significa que resulte innecesario el desarrollo legislativo; pero los jueces -como “autoridades” que son- no pueden abstenerse de tutelar el ambiente porque falte la ley o porque la que hay sea insuficiente. 4. — "Los derechos que protegen al ambiente” cuentan, según el art. 43 con la vía del amparo para esa protección. Puede, por ende, llamarse amparo ambiental o amparo ecológico. 5. — La información y educación ambientales se ligan muy estrechamente a la libertad de expresión e información, a la comunicación social y a la enseñanza. La obligación estatal en tal sentido abarca una vía indirecta, cual es la de prestar ayuda a las asociaciones y entidades que tienen como finalidad la tutela ambiental en todos los contenidos que hacen parte del ambiente. Las competencias federales y provinciales 6. —La parte final del art. 41 establece que al estado federal le incumbe dictar las "normas de presupuestos mínimos”, y a las provincias las normas “necesarias para complementarlas". Se trata de una categoría especial de competencias concurrentes, porque las normas mínimas escapan a la competencia provincial, y las complementarias de competencia local son una añadidura para maximizar lo mínimo. Seguramente, equivale a una versión del federalismo concertado. 7. — En cuanto a los daños ambientales susceptibles de incriminarse como delitos, la competencia es exclusiva del congreso por tratarse de materia penal. 8. — Cuando un problema ambiental es jurisdiccionalmente divisible y sobre él recae la respectiva legislación provincial, ésta debe, aún así, respetar la protección surgida de la ley de presupuestos mínimos. 9. —En cuanto a la ejecución y aplicación de la legislación del congreso, el art. 41 adopta la solución clásica del art. 75 inc. 12 al disponer que dicha legislación no altera las jurisdicciones locales. No obstante, creemos que: a) algunos delitos ambientales admiten ser calificados como de naturaleza federal y provocar, por ende, la jurisdicción de tribunales federales; b) fuera del ámbito penal, es razonable suponer que en determinadas políticas ambientales y medidas protectoras del ambiente el estado federal las invista excepcionalmente de judiciabilidad por tribunales federales. 10. — No hay duda de que, al margen del reparto competencial en el derecho interno, nuestro estado está habilitado para afrontar cuestiones ambientales mediante tratados internacionales. Dada la supralegalidad de éstos, y su prelación también sobre el derecho provincial, creemos que los tratados en materia ambiental pueden superar lo que, en el derecho interno, es propio de la ley de presupuestos mínimos. 11. —Dentro de las competencias provinciales los convenios de regionalización del art. 124 pueden prever la protección del ambiente que se vincula con el desarrollo económico y social. Asimismo los tradicionales “tratados” interprovinciales del art. 125, y los convenios internacionales de las provincias en el área del citado art. 125. Consumidores y usuarios: derechos, protecciones y deberes 12. —El nuevo art. 42 traza un marco elástico, pero de parámetros inesquivables, para el mercado de consuma y usa de bienes y servicios. No hay duda de que en aquel marco aparece un eje direccional hacia el sistema económico que es propio de la democracia social. Las alusiones a la competencia, al control de los monopolios, al consumo, etc., presuponen la existencia del mercado, pero ello no equivale a sostener que el estado retraiga su presencia razonable en el área de la libertad y de la competencia. En suma, el art. 42 no da pie para alentar una postura abstencionista del estado. 13. —Partamos de la mención que la norma hace al “derecho de los consumidores y usuarios" para eslabonarlo con las puntualizaciones que el art. 42 efectúa en los párrafos segundo y tercero y de allí en más, comprender que el ya citado sistema democrático con su plexo de derechos apuntala la presencia estatal para evitardesigualdades injustas y para mantener -o recuperar cuando haga falta- el equilibrio en las relaciones de consumidores y usuarios. Todo con una finalidad muy ciara: incluir la atención de las necesidades primarias y fundamentales que, por un interés jurídico relevante -de naturaleza colectiva— han de ser satisfechas por el consumo, los bienes y los servicios. 14. —La lealtad comercial, la propaganda competitiva, el deber de veracidad, el espíritu de lucro, La tendencia al consumismo en muchos estratos sociales, y ante todo la dignidad de la persona y los derechos que le son propios, obligan a que en el orbe del consumo y los servicios se procure equilibrar la protección de la persona con el mercado, la competencia y la oferta-demanda. 15. —En el "derecho de consumo" hay que ordenar cuanto, conforme al art. 42, gira en torno de los "derechos” de consumidores y usuarios, tanto cuando tienen perfil de derechos personales (o individuales) como si ofrecen el de derechos de incidencia colectiva o de intereses de pertenencia difusa. 16. —En la letra del art. 42 según su párrafo primero aparecen: a) el derecho a la protección de la salud (que incluye el derecho a la vida y a la integridad); b) el derecho a la protección de la seguridad personal, en cuanto se halla en juego por la índole y calidad de bienes y servicios; c) el derecho a la protección de los intereses económicos del usuario y consumidor, d) el derecho a la información veraz y adecuada en la oferta y provisión de bienes y servicios; e) el derecho a la libertad de elección, f) el derecho a condiciones de trato equitativo y digno. 17. —El segundo párrafo destaca la defensa del consumidor y del usuario por parte del estado, al decir -de modo análogo al art. 41 en materia ambiental- que “las autoridades proveerán a la protección de esos derechos” (los enunciados en el primer párrafo). Y a renglón seguido la norma extiende igual obligación de proveer a; a) la educación para el consumo, b) la defensa de la competencia en el mercado; c) el control de los monopolios; d) el control de la calidad y eficiencia de los servicios públicos; e) la formación y participación de asociaciones de consumidores y usuarios. 18. —Si de cuanto surge de la letra de la constitución nos explayamos razonablemente a una serie de derechos implícitos, podemos incluir; a) el derecho de acceder al consumo: b) el derecho a un trato no discriminatorio, sino en igualdad de oportunidades; c) el derecho a la lealtad comercial. Y como bisagra con el plexo de valores, reaparecen: a) el valor solidaridad b) el valor cooperación; c) el valor seguridad, d) el valor participación: e) el valor igualdad: f) el valor justicia. 19. —En síntesis a cada uno de los aspectos a cuya protección deben proveer las autoridades, corresponde en reciprocidad la serie de derechos correlativos del consumidor y del usuario. Hay que indagar bien en caso “ante quién” –como sujeto pasivo— existen o se hacen valer esos derechos. No hay duda de que el estado es sujeto obligado pero a la vez hay upa ambivalencia de los derechos cuando son oponibles a quien provee los bienes y servicios, Así -por ej. — el derecho a la calidad y eficiencia, y a que el mercado no se distorsione en desmedro de la competencia. En el párrafo primero del art. 42 hay también supuestos de similar ambivalencia que muestran como sujetos pasivos obligados tanto al estado (las autoridades) como a los proveedores de bienes y servicios. 20. —No ha de perderse de vista que muchos de los derechos en el orbe del consumo y uso de bienes y servicios guardan conexidad con los del art. 41 sobre el ambiente. Así los prestadores de servicios de agua han de cuidar que el agua no se polucione; las industrias que procesan productos para la alimentación y la bebida no deben contaminar el ambiente: los proveedores de carnes y vegetales no han de incurrir en depredación, ni los cultivos han de arrasar el suelo volviéndolo improductivo a cierto plazo, etc. 21. —El párrafo final del art. 42 remite a la legislación para que establezca procedimientos eficaces en orden aprevenir y solucionar conflictos en la triple relación de “consumidores y usuarios-prestadores de bienes y servicios-estado”. La ley ha de discernir también los marcos regulatorios de los servicios públicos de competencia “nacional”. Para lodo ello la ley tiene que prever la participación necesaria (en los organismos de control) de las asociaciones de consumidores y usuarios y de las provincias interesadas. 22. —Es bueno insistir en que: a) del art. 42 surge una específica órbita del derecho de libre asociación en el espacio de los consumidores y usuarios, con el deber del estado de proveer a la protección de dicho derecho; a) tales asociaciones han de participar en los organismos de control: b) tanto el estado como las citadas asociaciones deben promover la educación para el consumo, lo que equivale a difundir información y predisponer a las gentes para que sepan discernir y elegir libremente lo que puede o debe consumirse, de modo que consumidores y usuarios estén en aptitud suficiente para ejercer y defender sus derechos a tenor del art. 42. 23. —No obstante el deber estatal de legislar en la materia, decimos que si no lo hace queda a cargo de los jueces conferir aplicabilidad operativa a la norma bajo análisis porque, no en vano, él art. 43 prevé directamente la acción do amparo en orden a tos derechos relativos a la competencia, al usuario y al consumidor. El perfil de los nuevos derechos 24. —La recapitulación global de los “nuevos derechos” emergentes de los arts. 41 y 42 incita a insistir en: a) la dimensión colectiva y transindividual que se suma a lo que de personal e individual tienen; b) la estrecha intersección con muchísimos otros derechos (libertad de expresión; de comercio e industria; de contratar; de asociación, etc.; derecho al desarrollo: a la calidad de vida: a la igualdad de oportunidades; a la reparación del daño; a la propiedad; al tráfico negocial, etc.). Todo ello queda atravesado por un eje de constitucionalismo social y por el contenido del sistema axiológico de la constitución. CAPITULO XV LOS DERECHOS IMPLICITOS Una radiografía de encuadre 1. —Cuando con un enfoque muy personal, que no elude algún nexo con las perspectivas iusfilosóficas que se filtran al derecho constitucional, decimos que hay derechos “con" normas y "sin" normas, pisamos un primer umbral hacia el tema de los derechos no enumerados o derechos implícitos. Convergen a admitirlo: a) el valor justicia y los restantes valores del plexo axiológico; b) la ideología de la constitución; c) el art. 33: d) los tratados internacionales sobre derechos humanos, tengan o no jerarquía constitucional: e) el aporte de las valoraciones sociales progresivas. 2. —Todo esto da razón al axioma de que, a la hora de interpretar la constitución y de cubrir sus silencios e implicitudes, hay que echar mano de la categoría de derechos implícitos, que se halla permanentemente abierta en su listado maximizador, siempre a tono con otra pauta muy cara, como es la de que hay derechos nuevos y contenidas nuevos en derechos viejos. 3. —Hay, por ende, una doble implicitud: a) una es la que añade derechos “nuevos” -por ej., el derecho al desarrollo (en cuanto la letra de la constitución reformada menciona el desarrollo, a veces sin adjetivo, y otras calificándolo como humano, o como socioeconómico)-; b) otra deriva de proponer que los derechos que tienen fuente internacional y no figuran entre los constitucionalmente enumerados, se han de dar por alojados en la cláusula de los derechos implícitos de nuestro art. 33. 4. —Algunos ejemplos ilustran el tema. Así: a) hay un enjambre profuso de derechos parentales, o sea, derechos que provienen del parentesco: por ej.: los emergentes de la patria potestad: el derecho de mantener y proteger los vínculos paternales; el derecho de “seradoptado" cuando concurre la situación razonablemente prevista en el ordenamiento jurídico: el derecho a la procreación responsable: b) de la garantía del habeas data (innominada en el art. 43 que la incluye como una modalidad del amparo) se Infiere el derecho a los datos personales, para preservarlos, rectificarlos, controlar su uso y difusión, etc.; también el derecho de peticionar a los bancos de datos; c) el derecho a la verdad, que implica varios aspectos: a conocer y saber la verdad: a indagarla y buscarla; a recibir información para acceder a la verdad: a que se la averigüe en los procesos judiciales (por ej., para descubrir la verdadera filiación -biológica-: para investigar un delito, su autoría, etc., todo a tenor de la pauta jurisprudencial que indica a los jueces el deber de priorizar la verdad material u objetiva sobre la verdad formal). Un listado abierto 5. —Cuando rastreamos lo que al día de hoy puede y debe incorporarse a la nómina de derechos implícitos, todo con base en lo que decimos en los parágrafos antecedentes, hemos además de citar; a) el derecho a la propia dignidad personal, b) el derecho a la vida; c) el derecho a la salud, (ahora lo menciona el art. 42 en el ámbito específico de consumidores y usuarios de bienes y servicios); d) el derecho a la intimidad, e) el derecho a la identidad y a la diferencia, (incluido el derecho a la propia identidad sexual); f) el derecho a la reparación o al resarcimiento del daño; g) el derecho al honor, h) el derecho a la integridad física, síquica y moral; i) el derecho a tener una nacionalidad, j) el derecho a elegir el proyecto personal de vida k) el derecho a la objeción de conciencia que es inofensiva para terceros; l) el derecho a la información y la comunicación. ll) el derecho a indagar, conocer y emplazar la propia filiación, m) el derecho de reunión; n) el derecho a la tutela judicial efectiva; ñ) el derecho de contratar, o) el derecho a la imagen propia y a la voz personal; p) el derecho a la cultura q) el derecho a la paz, r) el derecho a la legitimación procesal; s) el derecho a la calidad de vida y el nivel de vida dignos; t) el derecho de rectificación y respuesta (réplica); u) el derecho a la libertad jurídica y a la seguridad jurídica, v) el derecho al desarrollo; w) el derecho de huelga a favor de sujetos que no son “gremios”; x) todo cuanto haya cabida en los denominados intereses difusos o colectivos, o de incidencia colectiva, o de pertenencia difusa. 6. —Desde el caso “Sejean” -resuelto por la Corle en 1986- cabe añadir que de acuerdo a su jurisprudencia, ha de reputarse como derecho implícito el de recuperar la aptitud nupcial mediante divorcio vincular, y el de contraer nuevo matrimonio. 7. —En varios tratados de derechos humanos con jerarquía constitucional hay cláusulas que tienen que entenderse como reenviando a derechos implícitos -por ej., cuando establecen que los derechos del tratado no limitan el goce y ejercicio de otros que surgen de distinta fuente (intenta o internacional). CAPITULO XVI EL DERECHO DE PROPIEDAD Su encuadre 1. —El derecho de propiedad ha sido uno de los derechos “individuales” que con más intensidad protegió el constitucionalismo moderno, para luego tener adjudicada una función social con la irrupción del constitucionalismo social en la primera mitad del siglo XX (la propiedad "obliga”, secón la constitución alemana de Weimarde 1919). 2. —El derecho “a tener propiedad” se concreta en un derecho “de” propiedad sobre un bien determinado cuando el derecho positivo confiere a un sujeto el título respectivo (de propiedad) según un acto jurídico reconocido como adquisitivo de propiedad. De ahí que la propiedad aludida en los arts. 14 y 17 de nuestra constitución enfoquen el derecho respectivo en su aspecto de propiedad "adquirida”. 3. —El sujeto activo abarca a la persona física y a toda entidad o persona de existencia ideal o colectiva (persona jurídica, asociación con calidad de sujeto de derecho). Ello sin distinción de nacionalidad o extranjería. El sujeto pasivo es ambivalente: por un lado el estado, al que fundamentalmente se dirige la prohibición de violar la propiedad privada: por el otro, los particulares que no deben perturbar el uso y ejercicio del derecho que ostenta el sujeto activo. Ambos sujetos pasivos están obligados a no impedir que alguien adquiera propiedad cuando pretende adquirirla legítimamente. 4. —Por su obligación de promover los derechos, el estado debe estructurar un orden socioeconómico justo, que haga viable el acceso de las personas a la propiedad de los bienes necesarios para poder vivir, ejercitando su iniciativa privada, conforme a la dignidad del ser humano. Acá hacen presencia las políticas generales de bienestar y desarrollo. 5. —La reforma de 1994 reconoció a los pueblos indígenas argentinos la posesión y propiedad comunitaria de las tierras que tradicionalmente ocupan. Los contenidos 6. — La amplitud abarcativa de lo que es propiedad en sentido constitucional fue estereotipada en la pauta que, conformé a la jurisprudencia de la Corte Suprema, incorpora al contenido de la propiedad todos los intereses apreciables que el hombre puede poseer fuera de sí mismo, de su vida y de su libertad. Por ende, todos los bienes susceptibles de valor económico, o apreciables en dinero, alcanzan nivel de derechos patrimoniales rotulados unitariamente como derecho constitucional de propiedad. No hay duda de que le corresponde, entonces, el calificativo de derecho o libertad “preferidos” dentro del plexo de los derechos personales. 7. —Conforme al mencionado derecho judicial de la Corte, cabe hacer el siguiente listado de contenidos de la propiedad: a) El derecho de dominio y sus desmembraciones, conforme a la legislación común: b) Las concesiones de uso sobre bienes del dominio público, y las que tienen como causa una delegación del estado a favor de particulares (como empresas de transportes, de electricidad, de teléfonos, etc.); c) Los derechos y obligaciones emergentes de los contratos; d) Los actos de disposición y uso de la propiedad; e) Los derechos “adquiridos" e ingresados al patrimonio (sea por virtud de ley, contrato, acto administrativo, sentencia firme, etc.); f) La sentencia pasada en autoridad de cosa juzgada (en tanto esa sentencia no sea nula o írrita, como ocurre si en el proceso ha habido doto o estafa procesales); g) Cada acto válidamente cumplido durante un proceso judicial; h) El derecho a que la sentencia se dicte de acuerdo a la ley de fondo que estaba vigente al momento de trabarse la litis (salvo que con posterioridad una ley de orden público estipule expresamente que se debe aplicar a los procesos en trámite); i) En materia de seguridad social -jubilaciones y pensiones- hay que distinguir: i’) mientras la persona se halla en actividad, sólo tiene un derecho “en expectativa” a su jubilación futura, por lo que la ley lo puede modificar y variar, pero: i”) cuando cesa en su actividad, se vuelve inviable que la ley vigente en ese momento deje de regir para su derecho a jubilarse; i’”) una vez que la jubilación es otorgada, el status personal de jubilado implica un derecho irrevocable, pero: i””) el monto o haber jubilatorio no es intangible, y puede disminuirse, a condición de qué la merma no sea confiscatoria por su cantidad; i'””) para el haber jubilatorio, el art. 14 bis impone la pauta de la movilidad, a tenor del principio según el cual la Corte ha señalado que debe existir proporcionalidad entre el monto de la jubilación (tanto el originario como el que luego se va reajustando por la movilidad) y lo que esa persona ganaba cuando estaba en actividad; j) El llamado efecto liberatorio del pago implica que e! deudor que paga su deuda conforme a la ley vigente al tiempo de efectuar ese pago adquiere -como derecho de propiedad- el derecho a no ser obligado a ninguna clase de pago suplementario;k) Los derechos que se adquieren por causa de muerte (derecho hereditario) integran la propiedad (el derecho de testar está reconocido en el art. 20); I) Sí bien la irretroactividad de las leyes sólo está prohibida en la constitución en materia penal, también lo está cada vez que la aplicación de una ley nueva -en cualquier materia- conduce a privar a un sujeto de un derecho ya incorporado a su patrimonio: II) La propiedad intelectual, industrial y comercial cuenta con norma de reconocimiento en el art. 17; m) La norma que en el art. 42 se refiere al derecho de consumidores y usuarios en el mercado de consumo y uso de bienes y servicios traba en numerosos aspectos una relación con el derecho de propiedad; n) Cuando la reforma de 1994 contempla en su art. 75 inc. 19 la investigación y el desarrollo científico y tecnológico, así como la libre creación y circulación de las obras de autor, traza un puente hacia el art. 17, especialmente citado en el precedente inc. II) de esta lista. La depreciación monetaria 8. —Un arduo problema para el derecho de propiedad se suscita cuando en períodos de inflación se produce una depreciación monetaria que implica la pérdida o disminución de su real valor adquisitivo. Se habla, entonces, de indexar, o re valuar, o actualizar una deuda,, tanto si ésta fue originariamente contraída en dinero -por ej., un alquiler, o un seguro- como si se trata de una deuda de valor -por ej., La indemnización de un daño, o por una expropiación-. Con ley que lo prevea, sin ley y hasta contra una ley que sea prohibitiva, estamos ciertos de que cuando hay depreciación monetaria toda deuda tiene que ser objeto de indexación para conservar o recomponer el valor intrínseco del crédito, salvo voluntad en contrario del acreedor o de ambas panes. Sin embargo, el fallo de la Corte de 1992 en el caso “Yacimientos Petrolíferos Fiscales c/Provincia de Corrientes” no prestó acogida a dicho criterio, y estimó que la prohibición de la indexación en la ley 23.928-de 1991- no era inconstitucional. Inviolabilidad 9. —Cuando el art. 17 dispone que la propiedad es inviolable no quiere decir que sea absoluta o que carezca de una función social, sino que debe ser garantizada, para lo cual la constitución establece que; a) a nadie se puede privar de su propiedad sino mediante sentencia fundada en ley: b) la confiscación de bienes queda borrada para siempre del código penal (y si es así en cuanto pena, con igual o mayor razón la prohibición de confiscar rige para situaciones que se hallan al margen del derecho penal); c) ningún cuerpo armado puede hacer requisiciones o exigir auxilios de ninguna especie. 10. —Al combinar estas pautas con la que exige indemnización previa en caso de expropiación, se proyecta un principio constitucional general según el cual cada vez que un derecho patrimonial cede por razón de interés público o social frente al estado, o sufre daño por actividad estatal o de los particulares, el daño debe ser indemnizado. Y ello tanto si la actividad que produce ese daño es ilícita o ilegítima como si es lícita o legítima. Limitaciones 11. —Dejando de lado las limitaciones a la propiedad en interés privado, o las de interés público -como restricciones administrativas, servidumbres administrativas, ocupación temporánea-conviene tener presente que con la reforma de 1994 en la constitución se reconocen limitaciones "sociales " en diversos ámbitos, tales como: a) en el derecho al ambiente sano (art. 41); b) en el derecho de consumidores y usuarios (art. 42); c) en lo que viene diagramado como orden social y económico justo. Y ya con antelación a 1994, hemos de mencionar las limitaciones referidas a derechos que se relacionan con el trabajo y la seguridad social (art. 14 bis). Los tratados internacionales 12. —El derecho de propiedad no es de los que más abundan en el derecho internacional de los derechos humanos. El Pacto de San José de Costa Rica le dedica su art. 21, en tanto el Pacto de Derechos Civiles y Políticos no lo menciona. Sí lo hacen la Convención sobre Discriminación Racial y La Convención sobre Discriminación contra la Mujer. Es fácil coincidir, entonces, en que la propiedad no exhibe acá el perfil de una libertad "preferida”. CAPITULO XVII LA EXPROPIACION Encuadre: requisitos y etapas 1. —En cuanto limitación al derecho de propiedad en el tiempo, la expropiación es un acto unilateral del estado por el cual éste priva de la propiedad de un bien al titular del derecho sobre el mismo, con fines de utilidad pública. Hace falta calificación por ley de esa utilidad, e indemnización previa e integral del valor del bien. 2. —El fundamento de la expropiación no radica en un supuesto “dominio eminente" del estado como atribulo de su "soberanía" sino en: a) el bien común público, o la realización del valor justicia como fin del estado; b) la naturaleza relativa de la propiedad privada con función social. En la constitución tiene base en el art. 17. Es un instituto de derecho público en toda su integridad, aun cuando doctrinas ya superadas le dieron a veces el carácter mixto que derivaban de aplicar el derecho privado en todo lo referente al derecho indemnizatorio del expropiado. En el ámbito provincial las expropiaciones locales se rigen por las constituciones y leyes provinciales, sin perjuicio de su necesario ajuste a las pautas de la constitución federal. 3. —No hay que confundir la "ley” de expropiación (federal o local) que reglamenta el instituto de la expropiación, con “cada una" de las leyes que sobre esa base es dictada para proceder a realizar “una" expropiación concreta y actual. 4. —La calificación que la ley debe hacer de la utilidad pública lleva a afirmar que: a) el congreso tiene espacio para decidir en forma discrecional -pero no arbitraria- la oportunidad, el alcance y la conveniencia de la expropiación, estableciendo la utilidad pública de los bienes sometidos a ella: b) tal exigencia de la utilidad pública funciona como una garantía para el derecho de propiedad de los particulares; c) la naturaleza o esencia de lo que es "utilidad pública” divide las interpretaciones doctrinarías, porque algunas entienden que implica la necesaria transferencia del bien que se expropia al dominio público, mientras otras -a las que adherimos-consideran que el calificativo ‘‘pública" alude a “social" o “general" en cuanto, de esa manera, se satisface un beneficio del “público", es decir, de la comunidad, aunque el bien no pase al dominio público. 5. —La calificación de utilidad pública no requiere especificar individualizadamente los bienes, pero sí exige que sean determinables. 6. —La calificación de la utilidad pública es indispensable para encuadrar el caso en la categoría de la expropiación; ningún caso cabe en esa categoría si falla la ley que declara la utilidad pública de un bien. Pero esto no niega que, por analogía, se pueda o deba acudir al instituto expropiatorio cuando, no habiendo expropiación, hay que evaluar el resarcimiento por perjuicio a derechos patrimoniales. 7. —A nuestro criterio, la calificación de utilidad pública debe quedar sujeta a control judicial de constitucionalidad. No compartimos la jurisprudencia según la cual tal calificación es un acto político no judiciable. (Por excepción, la Corte ha dejado a salvo la revisión en casos de manifiesta arbitrariedad en la calificación.) Nuestra formulación sería ésta: la calificación de utilidad pública por ley siempre es "judicialmente controlable”(o revisable), pero sólo es "descalificable judicialmente” cuando resulta arbitraria. 8. —Entre las condiciones que ha de satisfacer la indemnización, a más de ser previa, podemos mencionar: a) debe ser justa e integral: no debe empobrecer ni enriquecer al expropiado, sino dejarlo en igual situación económica; aunque se paga en dinero, la deuda no es de dinero sino de valor, ello ayuda a entender que ha de restituir al propietario elmismo valor económico de que se lo priva; b) la sentencia que fija la indemnización tiene que tomar en cuenta lo que el bien vale a la fecha de ser dictada, porque se supone que es en ese momento cuando se transfiere el dominio, lo que equivale a dar por cierto que la indemnización ha de cubrir el valor “actual” del bien y que debe pagarse antes de que se transfiera la propiedad expropiada; e) la indemnización tiene que pagarse en dinero, salvo acuerdo de partes que escoja vías sustitutivas o compensaciones no dinerarias. 9. —Hay que distinguir dos circunstancias diferentes: a) una es la desposesión o el desapoderamiento material del bien calificado de utilidad pública y determinado con una individualización precisa; b) otra la transferencia de la propiedad. Con la desposesión, el expropiante toma posesión del bien. Con la transferencia, se extingue la propiedad del expropiado. En situaciones razonablemente urgentes y necesarias, la ley puede prever la desposesión; lo que nunca puede es autorizar que la propiedad se transfiera con un pago a cuenta o provisorio de la indemnización, porque dicho pago (integral) debe ser previo a la perdida de la propiedad (aunque no a la desposesión). 10. —Asimismo, hemos de considerar otros aspectos, a) La valuación o tasación del bien se realiza en un momento determinado; pero: b) esa valuación se puede remitir a una fecha anterior (por ej., la valuación realizada en el año 1989 puede tomar en cuenta lo que el bien valía en 1983 cuando se produjo la desposesión). No obstante, desde 1967, la jurisprudencia que la Corte sentó en el caso “Nicchi” ha dejado establecido que si entre el momento en que se hace la tasación y la fecha anterior a la que la tasación reenvía se ha operado un proceso de depreciación monetaria, hay que actualizar la valuación hasta el momento en que se abone la indemnización. 11. —Cuando se califica a la indemnización como integral, tal afirmación se ha de completar con otra que dice así: la compensación ha de ofrecerle al expropiado un equivalente económico que le permita, de ser viable, adquirir otro bien similar al que pierde por causa de la expropiación. En otras palabras, ya dijimos que la expropiación no debe empobrecer, pero tampoco enriquecer al expropiado. Dé esto se infiere que la suma dineraria no admite deducciones ni puede gravarse con impuestos. 12. —Asimismo, debe abonarse intereses respecto de la suma dineraria indemnizatoria, correspondiendo liquidarlos por el lapso que ha corrido entre la desposesión del bien y el pago (por lo que, si no hubo desposesión ni ocupación del bien por el expropiante, no procede pagar intereses). Los sujetos expropiantes 13. —En el rubro de los sujetos expropiantes hay que mencionar como sujeto activo "directa ” y “originario " al estado federal, a cada provincia, y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ello quiere decir que tales sujetos tienen competencia para decidir la expropiación que se traduce en una ley declarativa de la utilidad pública de un bien. 14. —La expropiación “indirecta” es una expropiación por delegación: quiere decir que hay algunos sujetos activos de expropiación a los cuales un sujeto directo y originario les delega la facultad expropiatoria. Pero para que un sujeto activo expropie por delegación es imprescindible que previamente, el sujeto directo delegante (estado federal, provincia, ciudad de Buenos Aires) dicte una ley declarativa de la utilidad pública, en mérito a la cual el sujeto indirecto lleve a cabo después la expropiación. Son sujetos activos de esta expropiación indirecta los municipios., las entidades autárquicas y empresas del estado, y los particulares a quienes habilita la ley 21.409. Los bienes expropiables 15. -—Una referencia a los bienes expropiables lleva a adelantar como principio general el que nos dice que todo lo que es propiedad puede ser objeto de expropiación. Esto implica que todo bien de naturaleza patrimonial y valor económico es susceptible de expropiación. (No obstante, al recorrer los rubros que antes mencionamos como incluidos en lo que se considera propiedad en sentido constitucional, encontramos alguna excepción; así, parece que no puede expropiarse la cosa juzgada, o los actos válidamente cumplidos en un proceso judicial, lo que conduce a comprender que hay casos de improcedencia de la expropiación, o en otros términos que hay contenidos del derecho de propiedad que no son expropiables.) 16. —Sí son expropiables, a título de ejemplos: los bienes Inmuebles, muebles y semovientes; las universalidades (una empresa, una biblioteca, la maquinaría de una fábrica); los lugares históricos; el espacio aéreo; el subsuelo (sólido o fluido); los bienes inmateriales (derechos de autor, energía hidráulica); las iglesias; los bienes de una embajada extranjera; las unidades de un inmueble dividido en propiedad horizontal. No es expropiable el dinero, aunque si el dinero extranjero. Se discute si los cadáveres de seres humanos son expropiables. En cuanto a bienes del dominio público provincial (que parte de la doctrina reputa susceptibles de expropiación) creemos personalmente que la expropiación por el estado federal requiere el consentimiento de la provincia. No así si los bienes son de dominio privado provincial. El procedimiento expropiatorio 17. —El procedimiento expropiatorio ofrece dos vías posibles: a) una es la del acuerdo entre expropiante y expropiado (que se llama avenimiento); b) otra es la judicial. Cuando no hay avenimiento, el estado que pretende consumar la expropiación debe promover el juicio correspondiente contra el propietario con quien no hubo arreglo. Cuando la jurisprudencia retrae el control judicial del acto declarativo de utilidad pública (porque lo reputa una cuestión política irrevisable), la causa de utilidad pública no hace parte del objeto del proceso expropiatorio. Lo más común, entonces, es que tal objeto se limite al monto de la indemnización y, acaso, a la determinación administrativa del bien. 18. —El juicio expropiatorio se suele conocer con el nombre de "contencioso expropiatorio”. La sentencia tiene carácter "constitutivo”, porque es ella la que consuma la transferencia de la propiedad. La expropiación inversa 19. —Una forma especial de expropiación es la expropiación "inversa", a la que algunos apodan expropiación "indirecta” o "irregular”. El adjetivo que califica a una expropiación como "inversa” significa que el procedimiento expropiatorio opera al revés: es el expropiado quien demanda al estado en cuanto expropiante cuando concurren las situaciones siguientes: a) hay ley declarativa de utilidad pública respecto del bien, pero b) el expropiante no inicia la acción judicial expropiatoria, y c) hay conductas del mismo expropiante que implican desposeer al expropiado, u ocupar el bien, o impedir el libre ejercicio y la disponibilidad plena por parte del propietario sobre el bien sujeto a la expropiación que no se efectiviza. Todo ello revela que ese propietario padece cierta dosis de indisponibilidad en el goce de su derecho. 20. —La expropiación inversa tiene por objeto, entonces, obligar al expropiante a consumar la expropiación y a pagar la indemnización, lo que vuelve a dejar en claro que el adjetivo “inversa" alude a la parte que promueve el juicio expropiatorio: acá es el expropiado, y no el expropiante. La retrocesión 21. —Hay otro instituto que en el ámbito de la expropiación tiende a hacer efectivos los requisitos que la constitución tiene establecidos para su procedencia. Es la retrocesión, cuyo diseño lineal exige que: a) La ley declarativa de utilidad pública de un bien haya dado lugar a la consumación de la expropiación mediante la transferencia de la propiedad y el pago de la indemnización; pero b) “después" de esa etapa no se ha destinado el bien expropiado al fin para el cual se lo había declarado afectado a la utilidad pública, o se ha destinado a otro fin parael cual no se había dictado la ley calificatoria de la utilidad pública. Es lógico que el expropiado que demanda al expropiante por retrocesión tiene que reintegrar el monto de la indemnización que cobró. 22. —La misma palabra “retrocesión” enuncia que todo vuelve para atrás, o sea que se retrocede. Ello porque si la causa de utilidad pública no se ha cumplido, la expropiación debe quedar sin efecto. La retrocesión surge implícitamente de la constitución, de forma que aun si no estuviera prevista y regulada en la ley, habría de recibir operatividad y aplicación por parte de los jueces. El abandono 23. —Queda todavía otro instituto, que es el abandono de la expropiación. Se parece a la retrocesión, pero tiene diferencias. Veamos. El abandono se configura cuando, después de dictada la ley que califica a un bien o a varios como afectados a la utilidad pública, el expropiante deja transcurrir cierto tiempo durante el cual permanece inactivo. O sea, no lleva a cabo la expropiación. Vencido este plazo, la potestad ex propietaria incumplida se extingue. 24. —La aparente semejanza con la retrocesión se visualiza porque también en el abandono la expropiación queda sin efecto. Pero la diferencia radica en que para la retrocesión hace falta que la expropiación se haya consumado en todas sus etapas sin que, posteriormente, se haya cumplido con la utilidad pública del bien que se expropió; en tanto en el abandono lo único que hubo fue la ley declarativa de la utilidad pública, a la que siguió la inercia del expropiante. 25. —También la comparación con la expropiación inversa nos recuerda que en ésta ha debido haber algún acto turbatorio del expropiante respecto de la propiedad declarada de utilidad pública, cosa que está ausente en el supuesto del abandono. 26. —Asimismo, una cosa es el abandono en que incurre el expropiante inerte, y otra el desistimiento del mismo en el juicio expropiatorio, ya que en el abandono ni siquiera se ha iniciado dicho juicio. 27. —Si consumado al abandono el expropiante quisiera expropiar el bien, debería dictar una nueva ley declaratoria de su utilidad pública. 28. —Si abandonada la expropiación el expropiante ocupara el bien, el expropiado no podría demandar la expropiación inversa porque la potestad expropiatoria quedó cancelada, y habría entonces que echar mano de las acciones de derecho común. Capítulo XVIII LA TRIBUTACION La actividad financiera del estado y el poder tributario 1. —La llamada actividad financiera del estado -o pública- que se exterioriza en la obtención de recursos y en la realización de gastos, apareja, recíprocamente, la recaudación fiscal y la afectación de erogaciones. Esta actividad financiera queda engarzada en la constitución, y lejos de independizarse del ordenamiento jurídico, tiene respecto de él carácter instrumental, Vale, entonces, afirmar que los fines de esa actividad financiera apuntan a hacer viable el funcionamiento integral del estado democrático en todas sus instituciones y en la efectividad de los derechos. 2. —En esa línea, la política del estado debe guiar su actividad financiera a tenor de pautas como: a) el desarrollo humano: el desarrollo económico-social: el equilibrio en el desigual desarrollo de provincias y regiones: b) la solidaridad: c) la igualdad de oportunidades y de trato; d) el progreso económico con justicia social; e) la generación de empleo; f) la productividad de la economía; g) la defensa del valor de la moneda: h) el pleno goce de los derechos, con la consideración especial de los niños, las mujeres, los ancianos y las personas con discapacidad. Tal repertorio surge del art. 75 de la constitución en diversos incisos (2º, 17, 19,23), y de los arts. 41,124 y 125. 3. —Por supuesto que estas mismas pautas deben tomarse en cuenta para la ley de coparticipación federal, para el presupuesto, y para la cuenta de inversión. En suma, todo lo que además consigna el art. 4º sobre el “tesoro nacional” debe subsumirse en ese marco. 4. —La tributación fiscal acusa muchas conexiones. Así, con el derecho de propiedad, con la política social, con la política económica, con la igualdad, con la razonabilidad, con los ingresos públicos, con el presupuesto, etc. En sentido amplio la tribulación fiscal abarca el sistema de impuestos, tasas y contribuciones, y se apoya en lo que comúnmente se llama “poder impositivo” (o tributario, o fiscal) del estado federal y de las provincias. 5. — Hay “cargas” que no son ni impuestos, ni tasas, ni contribuciones (como por ej., los aportes a un régimen jubilatorio), por lo que suele denominárselas contribuciones para fiscales”. 6. — El poder tributario del estado apunta a la posibilidad jurídica (competencia) de crear y exigir tributos con relación a personas o bienes que se hallan en la respectiva jurisdicción. El tríbulo es, entonces, la detracción que se hace de una porción de riqueza del contribuyente a favor del estado, e integra el rubro dé los “ingresos públicos” a) El impuesto es la prestación patrimonial, generalmente en dinero, que el contribuyente debe al estado sin contraprestación especial, para satisfacer necesidades colectivas y atender con su recaudación a gastos generales. Quien lo paga, entonces, no recibe beneficio concreto y directo. b) La contribución -especial o de mejoras- es el tributo debido al estado por quien obtiene un beneficio o un aumento de valor en un bien de su propiedad, en razón de una obra pública o una actividad estatal. c) La tasa es la prestación que se paga por un servicio público aprovechado; hay, como en la contribución, un beneficio recibido por el contribuyente, pero no se da relación alguna con un enriquecimiento proveniente de actividad estatal. La tasa se cobra para cubrir el gasto del servicio. Se diferencia del canon porque éste se paga por el uso de un bien del dominio público; y del precio porque este se paga por servicios que son de utilización facultativa y no obligatoria (como lo es la tasa por alumbrado público o por Limpieza). Tarifa no es sinónimo de tasa ni de precio. Tarifa es la lista de tasas y precios. 7. — El carácter obligatorio de los impuestos, las contribuciones y las tasas debe cumplir determinados recaudos constitucionales, como el principio de legalidad, el de igualdad fiscal, el de no confiscatoriedad, y el de finalidad. 8. — Por el principio de legalidad, todo tributo tiene que ser establecido por ley: nullum tributum sine lege. Esa ley debe comenzar su tratamiento en la cámara de diputados, en tanto la de coparticipación federal ha de tener inicio en el senado (arts. 52 y 75 inc. 2º). Asimismo, el principio de legalidad viene expresado en el art. 17 cuando dice que sólo el congreso impone las contribuciones que menciona el art. 4º al referirse al tesoro nacional. También hace falla ley para establecer exenciones fiscales. La competencia excepcional que el art. 99 discierne al poder ejecutivo tiene prohibido recaer en materia tributaria (inc. 3°). Tampoco puede incluirse en la iniciativa popular (art. 39). La ley a que estamos aludiendo debe prever: el hecho imponible, los sujetos obligados al pago, el sistema o la base para determinar el hecho imponible, la fecha de pago, las exenciones, las infracciones y sanciones, el órgano competente para recibir el pago, etc. 9. — El principio de igualdad fiscal está expresado en el art. 16 cuando dice que la igualdad es la base del impuesto, en tanto el art. 4º habla de “contribuciones que equitativa y proporcionalmente a la población imponga el congreso", y el art. 75 inc. 2° (limitado a las contribuciones directas de competencia excepcional del congreso) las califica de “proporcionalmente iguales”. Es menester también tomar en cuenta la igualdad real de oportunidades y de trato a que alude genéricamente el art. 75 inc. 23. La proporción está referida a la riqueza que se grava. La discriminación está prohibida si el criterio queinterpretación y, en su caso, la integración, han de llevarse a cabo en el referido control no sólo cuando se va a declarar inconstitucional una norma, sino también cuando se desemboca en una declaración que reconoce a una norma como compatible con la constitución. 22. — Conviene dejar bien aclarado que los principios generales de la constitución -o los simples principios- y también los valores, son aplicables no solamente cuando por integración hay que cubrir un vacío normativo, sino a la vez, y mucho, cuando hay normas a las que dar interpretación. Es así porque principios y valores del sistema axiológico de la constitución dan luz para entender y saber cuál es el sentido de las normas existentes. Capítulo II LA SUPREMACIA DE LA CONSTITUCION Su formulación y sus alcances 1. — Decir que la constitución tiene supremacía alcanza dos significados posibles: a) con uno queremos afirmar que la constitución material es la base o el fundamento que da efectividad y funcionamiento al orden jurídico político de un estado; b) con otro, adosado a la tipología de la constitución formal, se señala que por estar revestida de superlegalidad y supremacía, la constitución impone como “deber-ser" que todo el mundo jurídico inferior a ella le sea congruente y compatible, y no la viole ni le reste efectividad funcional y aplicativa. 2. — Desde la supremacía de la constitución, el orden jurídico se escalona en planos de gradación jerárquica: los hay subordinantes y subordinados, de modo que cuando se disloca esa gradación se produce una inconstitucionalidad en los planos inferiores que no compatibilizan con los superiores. 3. — La supremacía de la constitución se liga con la distinción entre el poder constituyente que le da origen, y el poder constituido que, por serle infraconstitucional, no debe vulnerar a la constitución y debe darle cumplimiento. 4. — Para defensa de la constitución suprema, hace falta que exista y funcione algún sistema de control. El control constitucional sirve de garantía para declarar que las normas y los actos violatorios de la constitución son inconstitucionales. El efecto de tal declaración, según cómo sea el sistema de control, puede limitarse a desaplicar la norma o el acto inconstitucionales en el caso donde así se declara y dispone, o adquirir un efecto general que llegue hasta derogar la norma o el acto inconstitucionales. 5. — A la fecha, la doctrina de la supremacía de la constitución necesita asimilar algunos reajustes que, sin renegar de la superlegalidad, la coordinan con el derecho internacional y con el derecho de la integración supraestatal o comunitaria, Son aggiornamientos necesarios a la hora de interconectar armoniosamente el derecho internacional y el derecho interno, especialmente en el tema y la materia de los derechos humanos. 6. — La reforma constitucional de 1994 ha conferido la misma jerarquía de la constitución a algunos instrumentos internacionales de derechos humanos (declaraciones, y tratados o pactos) en el art 75 inc. 22, y a los que no quedan dotados de jerarquía constitucional los ha definido como superiores a las leyes. Con tal supralegalidad queda investido el derecho de la integración y el derecho comunitario derivado. La supremacía y los instrumentos internacionales con jerarquía constitucional 7. — Hemos de coordinar la supremacía de la constitución con la jerarquía constitucional de los instrumentos internacionales de derechos humanos previstos en el recién citado art. 75 inc. 22. El texto respectivo que los menciona dice, a continuación, que "no derogan artículo alguno de la primera parte de esta constitución y deben entenderse complementarios de los derechos y garantías por ella reconocidos”. ¿Qué quiere decir esto? A nuestro criterio interpretativo quiere decir lo siguiente: a) si ningún artículo de la primera parte de la constitución queda derogado por normas de uno o más instrumentos internacionales aludidos en el art. 75 inc. 22, conviene añadir que ninguna norma de tales instrumentos es inaplicable o queda descartada por algún artículo de la primera parte de la constitución; sencillamente, unas normas y otras se suman, sin que, entre sí, alguna sufra derogación o inaplicación por causa de otra; b) según la Corte Suprema, lo que al respecto expresa el art. 75 inc. 22 implica que el constituyente hizo un juicio de comparación y corroboración, que le dio como resultado la afirmación de que las normas internacionales son compatibles con las de la primera parte de la constitución; c) si luego se agrega que han de entenderse como complementarias, hemos de dar por cierto que son y deben ser aplicables y aplicadas porque, de no ser así, la complementariedad que la constitución les adjudica no funcionaría ni tendría sentido alguno. 8. — Pero más allá del arduo debate interpretativo que este párrafo tan inocuo ha provocado, la referencia a la primera parte de la constitución no nos impide, personalmente, aseverar que: a) los instrumentos internacionales de derechos humanos con jerarquía constitucional no forman parte del texto de la constitución; pero b) se sitúan a su mismo nivel, y en común con la constitución encabezan el vértice del ordenamiento jurídico argentino; c) esto significa que, también en paridad con la constitución, forman parte de lo que cabe denominar el “bloque de constitucionalidad federal”, 9. — Como síntesis, olvidemos toda, alusión a la primera parte de la constitución, y demos por verdad que todas las “partes” de la constitución (primera y segunda) más los citados instrumentos internacionales de derechos humanos con jerarquía "constitucional, se integran y articulan en un sistema normativo conjunto y común, que tiene supremacía sobre todo el ordenamiento infraconstitucional. El control constitucional 10. — Cuando indagamos qué es lo que dentro del funcionamiento operativo del control de constitucionalidad queda sometido a él, surge un listado de materias en el que se incluye: a) las constituciones provinciales y la de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; b) las leyes; c) los tratados internacionales que no tienen jerarquía constitucional; d) los decretos, reglamentos y actos administrativos de contenido general; e) los actos administrativos individuales; f) las sentencias; g) la actividad de los particulares. 11. — El control no funciona respecto de lo que se llama "cuestiones políticas no judiciables” (por ej., los actos políticos y de gobierno). Como principio, tampoco se controla si una reforma de la constitución es constitucional o inconstitucional (por excepción, y en una situación muy particular, la Corte ejerció control sobre una enmienda introducida al texto en 1994 que fijaba el cese de los jueces en sus cargos al cumplir 75 años: lo hizo en el caso "Fayt”, fallado el 19 de agosto de 1999). 12. — El control de las omisiones inconstitucionales que, como sabemos, se configuran cuando no se hace algo que la constitución manda hacer, no funciona plenamente en nuestro sistema; cuando ha operado positivamente en forma excepcional no alcanzamos a considerar que tal modalidad de control se haya convertido en la regla asumida por la jurisprudencia de la Corte. Los sistemas y modalidades del control constitucional 13. — Un esquema de los sistemas de control ofrece los siguientes agrupamientos: a) En cuanto al órgano, hay: a’) control político, a cargo de un órgano político; a’') control jurisdiccional, a cargo del poder judicial, que puede ser: concentrado, si hay un órgano jurisdiccional único (por ej., un tribunal o corte constitucional); difuso, sí todos los jueces y cualquiera tienen competencia para ejercerlo (por ej., en Argentina y Estados Unidos); mixto, cuando tanto un tribunal constitucional como los jueces comunes son competentes, cada cual según determinadas vías procesales. b) En cuanto a las vías procesales, hay: b’) vía directa, de acciónestablece diferentes categorías de contribuyentes es arbitrario, pero no si es razonable. La igualdad no impide la progresividad del impuesto, pero prohíbe que el congreso establezca tributos territorialmente diferentes. Cuando un tributo corresponde a la jurisdicción provincial, la igualdad no queda violada si una provincia lo establece y otra no. 10. — E) principio de no confiscatoriedad apunta directamente al derecho de propiedad, porque manda mantener dentro de límites razonables el quantum (monto) que el tributo loma como parte del patrimonio o la riqueza del contribuyente. La jurisprudencia de la Corte repula que es confiscatorio el gravamen que absorbe más del 33% de la materia imponible -cuando es de capital y no de renta-. En materia de tasas, la no confiscatoriedad indica que la recaudación total de la tasa tiene que guardar proporción razonable con el costo también total del servicio público efectivamente prestado. Cuando la superposición o acumulación de varias contribuciones fiscales que soporta un mismo contribuyente supera el límite por encima del cual se considera que un tributo es inconstitucional, es viable impugnar globalmente a aquella carga tributaría en su conjunto, imputándole confiscatoriedad a la sumatoria de lodos los tributos. 11. — El principio de finalidad exige que todo tributo tenga un fin de interés general. La tributación no tiene como objetivo enriquecer al estado, sino lograr un beneficio colectivo, común o público. En el impuesto, el contribuyente no recibe directamente beneficio alguno; en la tasa, hay una prestación estatal que beneficia al contribuyente; en la contribución especial o de mejoras el contribuyente retribuye un beneficio o plusvalía que ha obtenido en una propiedad a causa de una obra pública o actividad estatal. 12. — Los principios mencionados (legalidad, igualdad, no confiscatoriedad y finalidad) se relacionan con el de razonabilidad: la ley, tributaria debe ser razonable, las discriminaciones también, al igual que el monto de las cargas y la finalidad de cada una de ellas. Además, en orden a la política fiscal ha de existir una proporcionalidad adecuada y razonable entre la recaudación de la carga impositiva total y los beneficios que por ella recibe la comunidad. 13. — Lo que no luce como constitucional es gravar a un sector o grupo social (parcialidad) en beneficio de otro sector o grupo (parcialidad), porque cuando se afirma que los tributos deben ser generales y uniformes se está señalando que la ley que los establece, o que exime de ellos, no puede hacer discriminaciones arbitrarias o irrazonables cuando determina quiénes son los sujetos obligados a pagarlos o eximidos de hacerlo, ni al fijar de antemano el destino específico, o los beneficiarios de la recaudación. La relación y la obligación tributarias 14. —Se llanta relación fiscal o tributaria al vinculo jurídico entre el estado (o el ente autorizado a exigir el tributo) y el sujeto afectado por el tributo. La obligación fiscal o tributaria es la que pesa sobre dicho sujeto obligado a pagar el tributo. Esta obligación de dar (generalmente dinero) se completa con otras (por ej.. presentar declaraciones juradas). La obligación de pagar se denomina “deuda tributaria". El sujeto activo en la relación fiscal es el estado-fisco. El sujeto pasivo es el contribuyente (o el agente de retención a quien la ley obliga a pagar el tributo que debe el contribuyente). 15. — El hecho imponible es el hecho o conjunto de hechos de significación económica, que la ley describe como tal y establece como origen de la obligación fiscal. Hay hechos imponibles que se materializan o perfeccionan en un solo momento (por ej., en los impuestos aduaneros de importación, el hecho imponible es el “despacho a plaza” del artículo importado); y hay hechos imponibles “de ejercido", que abarcan una serie de hechos o situaciones durante el lapso que la ley determina (por ej.. en el impuesto a la renta o las ganancias, que computa las sumas obtenidas durante un periodo, que puede ser anual). 16. — Personalmente decimos con mucha convicción que es inconstitucional convertir en hecho imponible -y por ende, gravarlo- a las manifestaciones de riqueza que se exteriorizan fuera del territorio de nuestro estado, lo que ocurre al imponer tributos a bienes situados en el extranjero, o a ganancias que se obtienen en el extranjero. Ello significa que la jurisdicción fiscal del estado se agota en su territorio, y que el hecho imponible debe radicarse dentro de él y no fuera de sus límites. 17. — La determinación tributaria es el acto de la administración en el que ésta manifiesta y formaliza su pretensión fiscal contra un contribuyente o responsable, estableciendo el monto e intimando el pago. 18. — El juzgamiento de los ilícitos fiscales de naturaleza penal necesita que, previamente al juicio, un acto administrativo con todos los recaudos constitucionalmente exigibles haya predeterminado la obligación fiscal. 19. — La llamada libertad fiscal nos lleva a inclinarnos personalmente a favor de un criterio interpretativo favorable al contribuyente; o sea. a apoyamos en el principio ‘’in dubio contra fiscum". 20. — Las leyes que crean o modifican tributos no pueden ser retroactivas, por la sencilla razón de que la ley tributaria debe ser previa o anterior al hecho imponible. Si un hecho no es imponible porque no hay ley fiscal vigente al tiempo de producirse, hemos de admitir que hay derecho “adquirido" a quedar libre de obligación fiscal respecto de ese mismo hecho. Cuando el hecho imponible es de ejercicio (por ej.. impuesto a la renta o a las ganancias) la ley debe ser anterior a la fecha en que se cierra el ejercicio (por ej.. el 31 de diciembre) pero no necesariamente ha de ser anterior a la iniciación del período, pudiendo dictarse durante su transcurso. 21. — El pago de un tributo conforme a la ley vigente al tiempo de efectuarlo surte efecto liberatorio a favor del contribuyente. El control constitucional 22. — La creación y aplicación de tributos queda sometida, como todos los actos estatales, a control judicial de constitucionalidad. Tal control puede recaer en: a) la imposición de contribuciones por el congreso; b) la recaudación de las mismas. Por ende, el poder judicial se halla habilitado para pronunciarse sobre la validez de los gravámenes cuando son impugnados por inconstitucionalidad: en cambio, no revisa el criterio, la oportunidad, la conveniencia o el acierto con que el legislador ha manejado su política fiscal, ni los efectos sociales, económicos, fiscales o políticos. El juicio de amparo es viable en materia fiscal. Los gravámenes provinciales sólo caen bajo control del poder judicial federal si, directa o indirectamente, se oponen a la constitución federal. 23. — El principio conocido como “solve et repete” establece que para alegar judicialmente la inconstitucionalidad de un tríbulo hay que cumplir previamente con la obligación de pagarlo. La aplicación rígida y severa del “solve et repete” llega a ser inconstitucional por privación de justicia cuando el monto de lo que debe pagarse para poder iniciar el juicio excede la capacidad del contribuyente y le impide acceder a la justicia. Tampoco debe aplicarse con fuerte rigorismo el principio del pago bajo protesta, según el cual para demandar judicialmente el reintegro de un tributo se lo ha de haber oblado “bajo protesta”. 24. — Hay doctrina que a la luz del Pacto de San José de Costa Rica, que desde 1994 tiene jerarquía constitucional sostiene que el “solve et repete” está derogado o se ha vuelto improcedente, porque dicho Pacto consagra el derecho a un proceso razonablemente rápido para determinar derechos y obligaciones del justiciable incluidos los de índole fiscal. 25. — La Corte Suprema abandonó en 1977 un principio que había establecido entre 1973 y 1976 conforma al cual la acción judicial por reintegro de impuestosnecesitaba que quien los había pagado acreditara que, a causa de ello, había sufrido un empobrecimiento. La tributación en nuestra estructura federal 26. — A causa de nuestro federalismo, el poder tributario se halla repartido entre el estado federal y las provincias. Además, después de la reforma de 1994, hay que entender que los municipios de provincia tienen reconocido un ámbito de autonomía en el que cada constitución provincial debe reglar el alcance y contenido de dicha autonomía en el orden económico y financiero lo que implica admitir el poder tributario municipal (no por delegación provincial, sino de carácter originario). No hay que olvidar, asimismo, que el régimen autónomo de la ciudad de Buenos Aires también lo presupone. 27. — La constitución siempre previo en su art. 4º cuáles son los fondos del tesoro nacional, y citó entre ellos a los derechos de importación y exportación (impuestos aduaneros) y las demás contribuciones que imponga el congreso. 28. — Aunque doctrinariamente sea discutible y opinable, nuestro constitucionalismo se ha manejado siempre con dos categorías de impuestos: los directos y los indirectos. Se dice que en los directos el contribuyente está señalado “de iure”, mientras en los indirectos el que es contribuyente “de iure" transfiere la carga fiscal a terceros como contribuyentes “de facto”. La referida dualidad se describe así: A) Impuestos directos Como principio, son de competencia provincial. Por excepción los puede establecer el congreso por tiempo determinado, y siempre que la defensa, seguridad común y bien general del estado lo exijan. B) impuestos indirectos Externos (aduaneros), son de competencia exclusiva del estado federal. Internos, son de competencia concurrente del estado federal y las provincias. La coparticipación 29. — La reforma de 1994 ha previsto explícitamente en el art. 75 inc. 2 la denominada coparticipación federal más la ley-convenio basada en acuerdos entre el estado federal y las provincias; y la distribución de las contribuciones coparticipables. Desde antes de 1994, la constitución material ya conocía el régimen de coparticipación mediante leyes-contrato (que ahora el art. 75 llama ley-convenio). Los impuestos indirectos externos (aduaneros) no entran en la coparticipación, en tanto son coparticipables los indirectos internos, y los directos (pero estos últimos mantienen los requisitos que a la ley del congreso ya vimos que les impone el inc. 2º del art. 75: por tiempo limitado, y cuando la defensa, la seguridad común y el bien general lo exijan). 30. — La ley-convenio tiene al senado como cámara de origen. Asimismo la constitución Garantiza la automaticidad de los fondos derivados de la coparticipación, y en materia de su distribución prescribe que se hará en relación directa a las competencias, servicios y funciones del estado federal, de las provincias y de la ciudad de Buenos Aires, con los siguientes parámetros: debe ser equitativa, solidaria, y dar prioridad al logro de un grado equivalente de desarrollo, calidad de vida e igualdad de oportunidades en todo el territorio. La ley-convenio no puede ser modificada unilateralmente, como tampoco reglamentada, y será aprobada por las provincias. Personalmente, interpretamos que la coparticipación prevista en el inc. 2º del art. 75 no es facultativa sino obligatoria, de modo que no depende de la voluntad del congreso establecerla o no. Según el inc. 3º, pueden quedar fuera de la coparticipación las contribuciones a las que el congreso les establezca asignaciones específicas por tiempo determinado (para ello, no se ha previsto que sea necesario el acuerdo con las provincias, pese a que tales afectaciones especiales detraen fondos a la coparticipación). En el inc. 2º se adjudica a un organismo, fiscal federal el control y la fiscalización de lo que dicho inciso establece. La ley que lo organice habrá de asegurar la representación de todas las provincias y de la ciudad de Buenos Aires en su composición. En las cláusulas transitorias se había fijado un plazo hasta la finalización del año 1996 para cumplir con el inc. 2º del art. 75, pero el congreso no lo hizo y quedó incurso en inconstitucionalidad por omisión. (Ver disposición transitoria sexta.) La cláusula comercial 31. — Todo cuanto explicamos en desarrollo del poder impositivo, no ha de confundir dicho poder con la competencia del congreso para reglar el comercio interprovincial e internacional (art. 15 inc. 13). Vimos que el poder impositivo cuenta con su propia normativa, conforme a la cual no todas las competencias son federales, como sí lo es la llamada cláusula comercial recién citada. Sin entrar a detalles, la distinción conduce a afirmar que a las provincias les queda prohibido reglar el comercio interprovincial e internacional, pero no necesariamente les está inhibido el poder impositivo local que grava actividades relacionadas con dicho comercio. (Por ej. las provincias no pueden convertir en “hecho imponible” a la actividad comercial interjurisdiccional, pero sí el ingreso o la ganancia que ella reporta.) El régimen aduanero y la circulación “territorial” 32. — Surge de las explicaciones que acabamos de hacer en torno del poder impositivo que la constitución ha federalizado las aduanas. Desde el art. 9° al 12, con más el art. 75 inc. 1º e inc. 10. y el art. 4°, hay sobrada normativa para admitir dos cosas: a) que toda alusión a las aduanas “nacionales'' se refiere a aduanas exteriores, quedando prohibidas las aduanas “interiores"(tanto para el estado federal como para las provincias); b) que la competencia federal en las aduanas exteriores es exclusiva. El adjetivo ‘'exteriores" no tiene sentido geográfico o territorial, porque aduanas exteriores son las referidas al tráfico internacional, así como las "interiores” (prohibidas) son las referidas al tráfico interno. 33. - Todo esto se interconecta con la circulación “territorial” que, por estar prohibidas las aduanas interiores, implica libertad de circulación y de transito por todo el territorio, para las personas, los bienes, los buques, los medios de transporte, etc. Está en juego la libertad de comercio, de navegación, y hasta de trabajar, de forma que no se puede convertir en hecho imponible todo lo que queda exento en virtud de los ya citados art. 9 a 12, más el 26 sobre libre navegación de los ríos interiores, que es materia de reglamentación por el congreso según el art. 75 inc. 10. 34. — Pero hay que diferenciar muy bien la circulación territorial de la circulación económica. Esta última no goza de la exoneración impositiva que tiene la primera, porque según la jurisprudencia de la Corte la circulación territorial no impide que las provincias graven mercaderías no producidas en ellas una vez que han entrado en la circulación económica local, o que se han incorporado a la riqueza provincial. No obstante, hay que computar ciertas prohibiciones. Así, las provincias no pueden imponer gravámenes más fuertes a las ventas locales de productos importados o ingresados desde otra provincia. 35. — El peaje que debe pagar el usuario de una obra pública vial (camino, puente, ruta) no vulnera la circulación territorial libre mientras no sea un tributo por el mero paso, sino por estar vinculado a servicios o prestaciones a favor del usuario, como es el caso de la construcción y el mantenimiento de una vía de tránsito. Cuando, conforme a cierta doctrina, el peaje es considerado una tasa, se advierte que el monto ha de guardar proporción razonable con el costo, el uso y la conservación de la obra, y ser uniforme para todos los usuarios que se hallen en las mismas condiciones. CAPITULO XIX LOS DERECHOS SOCIALES Y EL TRABAJO El constitucionalismo social 1. — Desde la primera postguerra del siglo XX cobró nacimiento y auge progresivo el llamado constitucionalismo social, que ofrece una pluralidadde lineamientos. Así: a) incluye en las constituciones escritas una declaración de derechos sociales y económicos, abarcando la educación, la cultura, la familia, el trabajo, la asociación profesional o sindical, la propiedad, la economía, la minoridad, la ancianidad, la seguridad social, etc.; b) asume regulaciones de la “cuestión social” que atiende a la relación entre capital y trabajo, los factores de producción, los sindicatos y el estado, la situación del hombre en función del trabajo, etc.; c) acusa una tendencia a remarcar la función social de los derechos; d) se preocupa por estructurar un orden social y económico en el que se remuevan los obstáculos que impiden acceder a una igualdad de oportunidades y a un ejercicio efectivo de las libertades y los derechos. 2. — Actualmente, damos curso a la denominación de estado social y democrático de derecho -que utiliza la constitución española de 1978- para diseñar a la organización político-jurídica propia del constitucionalismo social en las postrimerías del siglo XX y en el comienzo del siglo XXI. 3. — Para satisfacer sus fines, tal estado despliega políticas sociales activas y queda gravado con prestaciones positivas -de dar y de hacer- que se enmarcan en la solidaridad social, en la liberación, y en el desarrollo tanto humano como socioeconómico. Aunque ya no está de moda, hemos de recordar que expresiones como “estado de bienestar” (o estado de la procura existencial) han significado que el clásico bien común público, o bienestar general de nuestro preámbulo, tiene y precisa contenidos que superan el simple “libre goce” de los derechos, y que acogen como pauta una distribución razonablemente igualitaria de la libertad„ con numerosos equilibrios de añadidura para lo que pudo ser el estado liberal en los inicios del constitucionalismo moderno. El derecho de trabajar 4. — Nuestra constitución histórica no omitió consignar en el catálogo de derechos, a favor de habitantes y extranjeros, el derecho de trabajar (arts. 14 y 20). El trabajo humano se basa en la dignidad de la persona y, lejos de ser una mercancía, es una conducta humana valiosa, en la que se comprometen la vida, la salud, la energía, la subsistencia y la seguridad de la persona que trabaja. Por todo ello, el trabajo no debe esclavizar, denigrar, expoliar ni enajenar a la persona. 5. — El derecho de trabajar implica, en primer lugar, la disponibilidad individual de elegir libremente una actividad. Si tal actividad se desarrolla de forma independiente y por cuenta propia (o sea, sin depender de un empleador), aparece entonces el derecho de cumplir la actividad elegida. Si la actividad se desarrolla en relación de dependencia, aparece el vínculo, la relación o el contrato de empleo o de trabajo. Con las modalidades propias de cada uno en ambos casos, la actividad laboral ha de permitir a la persona el disfrute de su rendimiento económico. Por supuesto que las políticas sociales del estado han de tender al ofrecimiento de un mercado ocupacional suficiente y amplio, donde el juego de la competencia se equilibre con la presencia y la rectoría del propio estado. El art. 75 inc. 19 primer párrafo señala ejemplificativamente una serie de parámetros que es bueno releer. 6. — El sujeto activo del derecho de trabajares el hombre. Pero asociaciones, empresas, personas jurídicas (o sea, entes que no son hombres) pueden desarrollar también una actividad comercial, industrial, etc., equivalente al trabajo. En y con ese sentido, cabe decir que son también titulares del derecho de trabajar. El extranjero que pretende como habitante titularizar y ejercer el derecho de trabajar debe hallarse legalmente radicado en el país para colocarse en pie de igualdad y sin discriminación alguna, con los nacionales. Si cuenta con radicación temporaria, cabe limitarle su actividad al ámbito ocupacional y por el lapso para el cual se lo haya autorizado. Si se halla en tránsito, parece necesario que el desarrollo de una actividad remunerada o lucrativa tenga autorización especial. El sujeto pasivo es doble; el estado, y los demás hombres. La obligación de estos sujetos pasivos no es igual ni la misma en todos los casos; así, en tanto siempre deben respetar la elección que el sujeto activo ha hecho de determinada actividad, la situación cambia cuando en la relación de empleo -público o privado- el que es empleador tiene obligaciones específicas e individualizadas para con cada trabajador que se desempeña a sus órdenes (pago de salario justo, tiempos de descanso, etc.) 7. — Cuando el vocabulario usa, y la doctrina postula, un supuesto derecho “al trabajo”, se piensa en el derecho a conseguir ocupación. Pero ¿frente a quién -como sujeto pasivo obligado- alguien puede pretender o exigir que ese sujeto pasivo le provea un empleo en cuanto sujeto activo de un derecho “al trabajo”? La única respuesta que juzgamos posible y razonable es ésta: a) el estado debe, de cara a toda la comunidad y no a cada persona individualmente, desplegar políticas que establezcan un orden social y económico que active y haga accesibles las fuentes de trabajo para todos en el mercado ocupacional; b) además de tales políticas activas y medidas de acción positiva, el estado debe arbitrar prestaciones de desempleo dentro del régimen de la seguridad social, para prevenir y cubrir el riesgo de desocupación, desempleo, o paro forzoso. El derecho judicial 8. — Un somero esquema de la jurisprudencia de la Corte ha dado las siguientes pautas: a) En el contrato de trabajo es requisito esencial de la justicia la igual libertad de las partes contratantes: b) cuando la libertad de contratar entra en conflicto con la libertad contra la opresión del empleado u obrero, ha de prevalecer esta última porque así lo requiere la serie de principios de un orden social justo: c) el empleador debe respetar la personalidad del trabajador, de modo que al ejercer sus atribuciones de dirección en la relación laboral no le origine a aquél ningún perjuicio material o moral; d) los créditos salariales tienen naturaleza alimentaría, y se relacionan con el derecho de propiedad y el de la retribución justa, por lo cual, si hay inflación, es menester indexar o actualizar su monto; e) el derecho a la remuneración se extiende a los honorarios de los profesionales, dentro de las modalidades propias de la relación del profesional con su cliente. El artículo 14 bis 9. — El art. 14 bis, añadido por la reforma constitucional de 1957, deja el siguiente resumen; a) el trabajo tiene y debe tener tutela; b) esta tutela surge directa y operativamente de la constitución, y debe depararla la ley; c) la ley debe “asegurar” todo lo que el citado artículo enumera; d) la competencia que para ello posee el congreso es de ejercicio obligatorio; e) el poder ejecutivo no puede asumirla ni interferiría, salvo en su zona de potestad reglamentaria de la legislación: f) el deber de legislar que tiene el congreso es inmediato, o sea, no deja opción para elegir en qué momento se legisla; g) la demora o la omisión son inconstitucionales, y los jueces deben remediarla en cada causa judicial que es de su competencia. Aunque el deber primario que surge del art. 14 bis se dirige al congreso, la Corte ha entendido que también, y a su modo, alcanza a todos los otros órganos del gobierno federal que, en la órbita de competencia de cada uno, han de dar prioridad al espíritu protector de la normativa en juego. Igual deber se extiende a las provincias, conforme al art. 5°. El plexo de derechos 10. — Los derechos emergentes del art. 14 bis pueden agruparse así: a) Condiciones de trabajo, definidas como dignas y equitativas: b) Remuneración justa, comprensiva del salario mínimo vital y móvil; de igual remuneración por igual tarea, y de participación en las ganancias de la empresa (este aspecto juega -por un lado- frente al empleador que debe satisfacer todo lo acá involucrado, y frente alestado que debe protegerlo y hacerlo operativo mediante leyes); c) Duración del trabajo, diversificada en la jomada diaria, el descanso y las vacaciones pagados, y la protección contra el despido arbitrario: d) Control de la producción y colaboración en la dirección de la empresa. La estabilidad 11. — El empleo público cuenta en el art. 14 bis con una norma diferencial respecto del empleo privado. Es la que atañe a la estabilidad. Vimos que en el lineamiento recién sintetizado figura la protección contra el despido arbitrario. En cambio, para el empleo público la ley debe asegurar la estabilidad del empleado. ¿Qué alcance tiene la aludida diferencia? Para comentarlo, hay que recordar que la doctrina divide la estabilidad en dos clases o formas: la propia o absoluta, y la impropia o relativa: la primera apareja prohibición para el empleador de despedir (sin justa causa), y obligación de reincorporar si despide, mientras la segunda no prohíbe el despido, pero cuando se dispone sin justa causa hay deber de indemnizar. Trasladada la cuestión al art. 14 bis, parece que para el empleado privado la ley no está obligada a establecer la estabilidad propia, pero tampoco impedida de acogerla razonablemente para determinados tipos, clases o casos de empleo privado. Para el empleo público, advertimos que en lugar de figurar en el art. 14 bis el vocablo “protección contra...”, se consigna la palabra “estabilidad", lo que lleva a suponer con suficiente certeza que acá se la utiliza como equivalente a estabilidad propia; o sea, para que no se pueda disponer el cese sin justa causa, y para que si se lo hace haya que reintegrarle su empleo al cesante, de modo que estaríamos ante un “derecho a no ser privado del empleo (público)". 12. — La Corte registra jurisprudencia en la que; a) ha reputado que, como principio, la ley no puede establecer la estabilidad propia en el empleo privado; b) el art. 14 bis no consagra la estabilidad propia en el empleo público. 13. — La estabilidad del empleado público aludida en el art. 14 bis obliga a las provincias a asegurarla a favor de quienes integran la planta de su personal. El desarrollo infraconstitucional 14. — Para el desarrollo del art. 14 bis hay que tener presente, entre otras cosas, que el congreso tiene competencia para dictar el código de trabajo y segundad social en el ámbito de lo que se califica como derecho "común”, y puede hacerlo en forma codificada o mediante legislación dispersa (esta competencia no cancela la propia de las provincias para sus empleados públicos, tanto en la órbita laboral como en la de la seguridad social). 15. — La legislación que desarrolla el contenido esencial de los derechos surgidos del art. 14 bis tiene carácter de orden público, por lo que la voluntad de las partes puede mejorarla pero no disminuirla ni descartarla. Tampoco el contrato colectivo puede rebajarla. 16. — Si los convenios colectivos se subordinan a la legislación laboral de orden público en cuanto ésta les significa un piso que, como mínimo es indisponible (susceptible de ser elevado contractual mente), los contratos individuales de trabajo no pueden disminuir lo que, como piso, proviene de la ley o de la contratación colectiva. La fuente internacional 17. — En varios tratados de derechos humanos con jerarquía constitucional hay cláusulas que versan sobre temas y aspectos vinculados con el trabajo: cabe citar, especialmente, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Aunque sin jerarquía constitucional, nuestro derecho del trabajo se halla vinculado asimismo por los convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que para un sector de la doctrina, sobre todo después de la reforma de 1994 (art. 75 inc. 22), tienen naturaleza de tratados internacionales. Las competencias en el reparto federal 18. — La divisoria entre las competencias federales y provinciales en cuestiones vinculadas al derecho del trabajo muestra variaciones. a) Cuando la normativa incipiente en maten a laboral se consideró como una especie de prolongación de las que, en el código civil, eran aplicables a la locación de servicios, la Corte estimó en 1929 que siendo el salario algo equivalente al precio del servicio o trabajo convenido, la legislación provincial sobre salarios mínimos resultaba inconstitucional. b) Cuando surge el "nuevo derecho del trabajo" y se lo reguló en una legislación dispersa por el congreso, la unidad legislativa en la materia cobró refuerzo y puso fuera de duda que las provincias carecían de competencia. Por ende, en 1957 la Corte pudo declarar inconstitucional una ley santafesina que disminuía el horario laboral en el empleo privado cuando la remuneración se hallaba lijada en función del tiempo de trabajo; todo ello porque la duración de la jornada es un elemento que forma parte del contrato de trabajo, para cuya regulación el congreso posee competencia exclusiva. c) En orden a la denominada policía del trabajo, cuyo ámbito es muy vasto (porque abarca el control en la aplicación de las leyes laborales, el cuidarlo de la salud, la higiene y la seguridad de los trabajadores, la prevención de accidentes y enfermedades, etc.) hay un principio genérico que reconoce la facultad provincial de legislar en esa materia, pero aun así no todos los deslindes entre lo provincial y lo federal son nítidos en todos los casos. Los hay en zonas grises. d) La jurisprudencia de la Corte confiere competencia a las provincias para regular la retribución razonable de las profesiones liberales. La “flexibilización” laboral 19. — El derecho constitucional debe estar alerta ante todo lo que desde la llamada ‘'globalización” de la economía proyecta "‘flexibilizaciones” laborales que riñen con todo cuanto la constitución ordena en el ámbito del derecho del trabajo. Capítulo XX LOS DERECHOS GREMIALES Los “gremios” y el pluralismo sindical 1. — El art. 14 bis en su segunda parte está destinado a los “gremios”. Comienza diciendo que “queda garantizado a los gremios” todo cuanto luego enuncia la norma. Pero antes, al cierre del párrafo primero, hay que recordar que en la referencia a las leyes que “asegurarán al trabajador” una serie de derechos allí mencionados, aparece el principio de “organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial". 2. — Indagar qué son los gremios en este vocabulario que emplea el art. 14 bis no resulta sencillo, porque tanto cabe entender que “gremio" puede ser una pluralidad o un conjunto de trabajadores de una misma actividad (por ej., el gremio de los portuarios, de los bancarios, etc.) como una asociación de trabajadores (por ej., un sindicato). Pues bien, si optamos por lo último, los gremios a los que alude la fórmula constitucional de “organización sindical libre y democrática” encuadran en el pluralismo sindical. Sin embargo, se hizo común en nuestro derecho colectivo del trabajo implantar asociaciones con “personería gremial", adjudicándoles la representación de los intereses gremiales de una categoría de trabajadores. Entonces, cuando no todas las organizaciones de trabajadores tienen tal personalidad gremial, nos preguntamos: ¿se compadece este sistema con la organización “libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registró especial"? 3. — La respuesta breve que condensa nuestro punto de vista es ésta: la ley que reglamenta la organización sindical puede deparar a una sola entidad gremial por categoría de trabajadores la aludida personalidad gremial, con la que le confiere la representación de esa categoría, pero a condición de que la titularidad de los derechos gremiales no quede monopolizada con exclusividad total por la entidad con personalidad gremial; o sea que otras asociaciones sin personalidad gremial han de quedar habilitadas para ejercer algunos derechos gremiales. 4. — Así, dada la modalidad que revisten losconvenios colectivos de trabajo, parece necesario que para poder darles la proyección obligatoria que abarca a todos los trabajadores de una determinada actividad, ha de haber “unidad de representación” de ellos por parte de una única asociación: la que posee personalidad gremial. En cambio, sin perjuicio de que las asociaciones con personalidad gremial titularicen el derecho de huelga, creemos que también tal derecho puede ser ejercido por una entidad sin personalidad gremial en el ámbito de un sector de trabajadores en relación con uno o más empleadores. 5. — En nuestra constitución material, la casi totalidad de los regímenes legales exhibe discrepancias con el art. 14 bis, y lejos de institucionalizar la democracia sindical pluralista ha consolidado posiciones jurídicas excluyentes o dominantes y, para peor, hasta con fuerte presencia político-partidaria de las asociaciones con personalidad gremial. Los derechos gremiales en el art. 14 bis 6. — El párrafo segundo del art. 14 bis que venimos comentando enumera tres derechos reconocidos a los gremios: a) la huelga, b) la concentración de convenios colectivos de trabajo, c) el recurso a la conciliación y al arbitraje. La huelga 7. — La huelga no puede entenderse como el derecho “individual” de no trabajar porque el sentido con que la constitución lo consagra es el de una abstención colectiva de trabajo, o sea un “no trabajar" plural. 8. — Cuando hay que referirse a los sujetos de la huelga, debemos hacer un desdoblamiento: por un lado, el sujeto que declara la huelga, o que dispone hacer huelga; por otro lado, los sujetos que participan en la huelga. Cuando al sujeto activo que declara y conduce la huelga se lo identifica con una asociación sindical con personalidad gremial, hay que aclarar que, además, al menos por aplicación de los derechos implícitos del art. 33, hemos de reconocerle el derecho de huelga a un grupo de trabajadores, y a una asociación sin personalidad gremial. Si así era y fue cuando, antes de la reforma de 1957, no había norma alguna de la constitución sobre la huelga, tenemos que admitir que ahora que esa norma existe en el art. 14 bis no podemos estar peor o más restringidos. El otro sujeto activo -que no declara ni conduce la huelga- sino que participa en ella, es cada persona (trabajador) que se adhiere. El derecho de participar en una huelga implica también el de respetar la libertad personal de no hacer huelga. La nómina a incluir en el rubro del sujeto pasivo de la huelga es ésta: el estado, el empleador y los particulares ajenos al conflicto; la obligación común a todos ellos consiste en respetar la decisión del sujeto activo que declaró la huelga, y la de cada trabajador que participa en ella. Ahora bien, hay que agregar como sujeto pasivo a los trabajadores que, sean o no huelguistas, deben abstenerse de lesionar entre sí la libertad de los que adhieren a la huelga y de los que no adhieren. 9. — La norma constitucional que reconoce el derecho de huelga es operativa según la Corte, por lo cual no es imprescindible que haya reglamentación legal. Cuando se lo reglamenta, las restricciones que se le imponen tienen que ser razonables (así, puede haber limitaciones severas en el área del empleo público, de los servicios públicos básicos, etc.). 10. — Cuando hay huelga, la autoridad administrativa puede calificaría para determinar si es o no es legal, pero esto lo hace desde el punto de vista sindical para encauzarla. De ahí, en más, la repercusión de esa huelga en los contratos individuales de trabajo (cuando, por ej., el empleador suspende o despide a los huelguistas) suele dar lugar a procesos judiciales, en los que la Corte tiene establecido que la calificación administrativa que se hizo de esa huelga puede y debe en cada juicio ser revisada judicialmente, y en esa revisión el juez está obligado a hacer su propia calificación, de modo que no está obligado a reproducir la calificación administrativa; y si no hubo calificación administrativa, igualmente el juez tiene que hacer la suya. La sentencia que omite calificar la huelga -según lo ha dicho la Corte- está viciada de arbitrariedad. 11. — Los efectos de la huelga en cada contrato individual de trabajo son los siguientes: a) La huelga no produce automáticamente la ruptura del contrato laboral, sino que lo suspende; b) cuando la huelga es declarada ilegal administrativamente, el empleador puede intimar a los huelguistas a volver al trabajo, y si no vuelven puede despedirlos con justa causa; c) mientras la relación laboral está suspendida por la huelga, el empleador no se halla obligado a pagar el salario (porque no hay contraprestación del trabajador); tal es el principio general, que deja espacio a numerosos pormenores; d) el derecho de huelga no convierte en lícitas a cualesquiera conductas de acción directa, pudiéndose sancionar las que incurren en excesos, y las que implican comisión de delitos. 12. — Cuando la huelga queda definida como el abandono colectivo y temporal del trabajo y del lugar de trabajo, se abre el debate doctrinario acerca de si el derecho de huelga comprende también algunas medidas de fuerza que, como el trabajo a desgano, o el paro de brazos caídos, son cumplidas por los trabajadores sin dejar su lugar de trabajo. Personalmente creemos que quien puede lo más puede lo menos, por lo que medidas de fuerza que, dentro del marco razonable de legalidad y de licitud, no encuadran en el molde típico de lo que es huelga, se han de dar por incluidas en el derecho constitucional de huelga. La contratación colectiva 13. — Los convenios colectivos de trabajo permiten con facilidad reconocer que el art. 14 bis da recepción al llamado "poder normativo" de las asociaciones profesionales. Tal poder normativo significa que mediante la contratación colectiva se crean normas de carácter general y obligatorio. En efecto, los convenios colectivos tienen como sujetos a una entidad sindical y a un empleador o grupo de empleadores (o, en caso de existir, a una asociación patronal similar a las sindicales). Para ser típicamente tal, el convenio colectivo requiere la homologación por la autoridad administrativa del estado y, a partir de allí, su aplicación se extiende no solo a las partes contratantes que han intervenido en su celebración sino a todos los trabajadores y empleadores de la actividad, categoría o zona comprendidas en el convenio; tal es el efecto “erga omnes”, o la generalidad normativa. 14. — La esencia o naturaleza del convenio colectivo es contractual y su producción jurídica ha de ser considerada una fuente "no estatal” que no pierde ese carácter por el hecho formal -ya aludido- de la homologación estatal. Pero no se debe decir que es una “ley” aunque más no sea porque no emana de ningún órgano gubernamental del poder del estado. 15. — Reiteramos que el conceder a una sola entidad sindical (con personalidad gremial) la titularidad del derecho a concertar convenios colectivos no ha de monopolizar en esa entidad la totalidad de los demás derechos gremiales. 16. — El convenio colectivo no debe menoscabar derechos más favorables para el trabajador que surgen de leyes laborales de orden público, o de los contratos individuales de trabajo. Desde nuestro punto de vista, tampoco puede obligar a trabajadores no afiliados a contribuir a un sindicato con cuotas u obligaciones pecuniarias, porque si eso ocurre se les viola a dichos trabajadores su derecho de no asociarse. 17. — Mientras el plazo de vigencia de un convenio colectivo se halla en curso, una ley posterior a su celebración no puede cercenar o suprimir beneficios anteriores. (La jurisprudencia de la Corte registra fallos en discrepancia con este criterio.) En cambio, un nuevo convenio colectivo que sucede y reemplaza al anterior puede modificar y suprimir beneficios concedidos por este último, porque siempre juega el principio de que todo beneficio cuya fuente es un conveniocolectivo subsiste mientras dura el plazo de vigencia del convenio. 18. — Los topes constitucionales que es fácil inferir del art. 14 bis y del principio protectorio mínimo del trabajador no toleran ser dejados de lado o rebasados por ninguna política de la llamada “flexibilización" laboral, como tampoco admiten la preponderancia unilateral de la voluntad patronal. 19. — Lo que se denomina “encuadramiento sindical” es el mecanismo que se dirige a determinar cuál es la asociación sindical que representa al personal que trabaja en una empresa, en un establecimiento, o en un sector de actividad. Tal encuadramiento, de no solucionarse por acuerdo de partes, está a cargo de la autoridad administrativa del estado. Aun cuando el encuadramiento sindical no limita sus efectos a la contratación colectiva, sirve para señalar el ámbito en que el personal se halla incluido a los fines de saber cuál es la asociación gremial y cuál el convenio colectivo correspondientes a dicho personal. La conciliación y el arbitraje 20. — Una clasificación de los conflictos o controversias entre trabajadores y empleadores los divide en individuales y colectivos, según que estén en juego intereses concretos de uno o varios trabajadores, o intereses abstractos de una categoría profesional. También hay conflictos de derecho y de intereses, según que se refieran a interpretar o aplicar el derecho vigente, o que tiendan a modificarlo o reemplazarlo por otro. Cuando el art. 14 bis enuncia entre los derechos gremiales el de recurrir a la conciliación y al arbitraje, nos está dando a entender que queda “permitido” dirimir conflictos colectivos fuera de la órbita del poder judicial mediante procedimientos conciliatorios y arbitrales. Si bien estamos ante un "derecho", hay situaciones extremas en las que una ley reglamentaria puede imponer la obligatoriedad de tratativas conciliatorias o del arbitraje, cuando el conflicto colectivo tiene capacidad de alterar la paz social. La Corte lo ha reconocido. La representación sindical 21. — El art. 14 bis dispensa, además, garantías necesarias a los trabajadores que son representantes legales, para que puedan cumplir su gestión sindical. Tales garantías se extienden a la estabilidad en sus empleos. Es una tutela al trabajador en mérito a la función gremial que desempeña. Los sujetos protegidos son siempre trabajadores que invisten alguna representación gremial, sea por ocupar cargos electivos o representativos en asociaciones sindicales o en organismos que requieren representación gremial, sea por actuar como delegados del personal, o por ser miembros de comisiones internas, o por ocupar cargos similares de naturaleza gremial. La estabilidad en el empleo dura el tiempo de la gestión sindical, o un breve plazo razonable posterior, y para nuestro punto de vista equivale a la estabilidad "propia” que, en caso de despido, obliga al empleador a reincorporar. 22. — La ley tiene que ser moderada y razonable en el alcance y los efectos que asigna a la estabilidad sindical. Por un lado, ha de tomar en cuenta que el marco completo de la garantía sindical tiene no sólo carácter subjetivo o personal para el trabajador representante, sino además carácter sindical, por el cual su violación incurre en lo que se reputa "'práctica desleal”. Pero no es constitucionalmente razonable que en caso de tener que promoverse un proceso penal al representante gremial haya que tramitarse una especie de “ante juicio” ante un organismo administrativo. Capítulo XXI LA SEGURIDAD SOCIAL Su encuadre constitucional 1. — La tercera parte del art. 14 bis está dedicada a la seguridad social. La expresión “seguridad social”, muy en boga en el vocabulario jurídico, tiene varias acepciones. Una, demasiado elástica, la hace coincidir con el bienestar general de la sociedad y hay que descartarla; las otras dos apuntan a riesgos, contingencias o necesidades de: a) todas las personas, porque son comunes a cualesquiera y al conjunto, como la protección y cobertura de las enfermedades, el desempleo, la vejez, la muerte, el accidente; b) esa misma protección y cobertura con respecto a los trabajadores. Además, si prioritariamente se ha tomado en cuenta lo que es riesgo o infortunio, enfoques más amplios incorporan eventos (como la maternidad y las cargas de familia) y situaciones que provocan necesidades (como los gastos de vacaciones o de estudios). 2. — En todas estas dimensiones hace presencia el valor solidaridad social, que se exterioriza en prestaciones y beneficios a favor de los sujetos a los que incluye un sistema de seguridad social. Lo normal para el caso de que abarque a los trabajadores es que éstos deben contribuir o aportar al fondo con el que se financian las prestaciones, en tanto cuando la cobertura se extiende a todas las personas y su campo incluye la llamada asistencia social, el sistema suele ser gratuito (o sea, los beneficiarios no deben efectuar aporte alguno, porque los fondos tienen otras fuentes). 3. — La tendencia actual es la de no poner a cargo del empleador las prestaciones que cubren necesidades de los trabajadores, sino la de trasladarlas a organismos de la seguridad social que cuenten con fondos propios para financiar y otorgar los beneficios. 4. — Conforme al art. 75 inc. 12 de la constitución, la legislación que da desarrollo a la seguridad social del art. 14 bis integra el llamado derecho común: o sea, no es derecho federal. 5. — La seguridad social absorbe lo que se denomina derecho de la previsión social o derecho provisional, clásicamente estructurado sobre la base de las jubilaciones y pensiones. 6. — El citado art. 14 bis consigna que el estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá carácter integral e irrenunciable y luego añade que la ley establecerá el seguro social obligatorio, las jubilaciones y pensiones móviles, la protección integral de la familia, la defensa del bien de familia, la compensación económica familiar (que es el llamado salario familiar), y el acceso a una vivienda digna. 7. — Para el seguro social, la norma estipula que ha de estar a cargo de entidades nacionales o provinciales con autonomía económica y financiera. En cambio, para lo que latamente se engloba en la expresión “beneficios de la seguridad social”, consigna que el estado los “otorgará". Esto último suscita la duda de sí siempre es el estado el que debe hacerse cargo de la cobertura y del pago. Según la jurisprudencia, ciertas prestaciones pueden estar a cargo del empleador. Asimismo, implantados regímenes jubilatorios surgidos de la privatización del sistema, "afirmamos que su existencia no es inconstitucional en la medida en que subsista también un régimen estatal: pero, además, aun para el sistema privado, el estado no puede abdicar de su rol de protección y garantía. En suma, “otorgar" los beneficios de la seguridad social no significa, literalmente, que es el estado el que siempre y en todos los casos tiene que concederlos, sino que el estado debe organizar y controlar el sistema, y en parte puede dejar que entidades no estatales tengan a su cargo la concesión y el pago de los beneficios. Las jubilaciones y pensiones 8. — En la realidad de nuestro sistema constitucional, el núcleo básico de la seguridad social está compuesto por las jubilaciones y pensiones, a las que el art. 14 bis obliga a ser móviles. Es la única norma expresa sobre el tema. Pero la doctrina y la jurisprudencia le han dado, en cambio, un desarrollo muy vasto y pormenorizado. 9. — El derecho a la jubilación se bifurca en: a) derecho “a" la jubilación futura, o derecho “en expectativa", mientras la persona se halla trabajando; b) derecho jubilatorio “adquirido” mediante el acto otorgante del beneficio. El beneficio jubilatorio concedido consta, a su vez, de dos aspectos: a) el status de jubilado que titulariza quien ha obtenido el beneficio; este status integra el derecho constitucionalde propiedad; b) el goce, del beneficio, que consiste en el cobro de una suma dinerada, normalmente periódica; tal suma o monto no es intangible, y puede variar incluso en menos, a condición de que la reducción que se le imponga no resulte confiscatoria. 10. —Los vericuetos del tema jubilatorio no concluyen acá. Hay que analizar varios aspectos del monto de la jubilación, que llevan al siguiente deslinde: a) cuando al otorgarse el beneficio se fija cuál es su monto, tal cantidad debe guardar cierta proporción razonable con el salario que la persona ganaba mientras estaba en actividad; de esa manera se satisface el principio de la naturaleza sustitutiva que es propia de la jubilación, en cuanto a la necesaria proporcionalidad entre el haber de actividad y el haber de pasividad que lo reemplaza; b) este primer aspecto a la época de concederse la jubilación cuenta con adaptaciones posteriores, todas las cuales vienen presididas por la única pauta constitucional explícita, cual es la de la movilidad, durante el lapso de goce o disfrute del beneficio, su monto tiene que aumentar pero no disminuir, y cuando el art. 14 bis no establece ningún sistema específico de movilidad, la jurisprudencia tiene exigido que al irse aumentando el monto móvil, cada cantidad tiene que guardar a su vez cierta proporción razonable con lo que ganaría el jubilado si hubiera seguido trabajando; c) Las sucesivas variaciones del sistema de movilidad que procuran mantener el nivel de vida a que estaba habituado el jubilado, hallan dos excepciones; c’) el congelamiento del haber jubilatorio por plazo incierto ha sido declarado inconstitucional por la Corte, de modo que si en situaciones de emergencia el haber no se moviliza, tal congelamiento exige ser de duración transitoria breve; c”) la rebaja del haber jubilatorio que, por supuesto, vendría a configurar una movilidad al revés -o sea para atrás en vez de para adelante- requiere también causa de grave emergencia y, además, que la disminución no sea confiscatoria. 11. — Muchas de las pautas expuestas son útiles en su aplicación durante épocas de inflación. Personalmente estamos seguros de que las prohibiciones legales de la indexación no pueden prevalecer sobre cuanto la jurisprudencia de La Corte tiene elaborado en tomo del monto móvil y reajustable de las jubilaciones. 12. — Cuando el art. 14 bis prescribe que no puede existir superposición de aportes, hemos de entender -según la Corte- que la prohibición se dirige a impedir que por una misma actividad laboral la persona deba contribuir a dos o más sistemas de seguridad social; pero nada obsta que quien cumple más de una actividad pague aportes jubilatorios a cada uno y por cada uno de los regímenes correspondientes a tales actividades diferentes. O sea que lo vedado es la “superposición” pero no la “multiplicidad” de aportes. 13. — Asimismo, la ley que obliga a contribuir a un sistema de seguridad social ha de tomar en cuenta que las personas que deben cotizar han de tener una razonable relación con aquel sistema. Por eso, se reputó inconstitucional que el sector de comerciantes e industriales que vendía instrumental usado por los profesionales del arte de curar tuviera que aportar a la caja de previsión que, afiliaba a dichos profesionales. 14. — Las provincias tienen competencia para dictar su propia legislación local en materia de seguridad social para sus empleados públicos y para los que ejercen actividades profesionales en su jurisdicción. Por ende, pueden crear los organismos o cajas otorgantes de los beneficios jubilatorios. La circunstancia de que el art. 125 de la constitución reformada en 1994 haya consignado que las provincias y la ciudad de Buenos Aires pueden “conservar” organismos de seguridad social para los profesionales y los empleados públicos parece indicar que pueden “mantener” los existentes pero no crear otros, lo cual conduce a una interpretación equivocada, desde que las provincias “conservan” todo el poder no delegado al gobierno federal y, por ende, también “conservan" (con igual sentido competencial) el que siempre se les ha reconocido en la indicada área de la seguridad social Local. El estado y la seguridad social 15. — El art. 14 bis a la luz del sistema axiológico de la constitución nos suministra la conclusión de que se impone al estado el deber de asumir una presencia reglamentaria, reguladora y controladora en materia de seguridad social. Tal deber queda reforzado por el art. 75 inc. 23, que obliga a legislar y promover medidas de acción positiva, que garanticen la igualdad real de oportunidades y de trato, y el pleno goce y ejercicio de los derechos, todo ello -en particular-respecto de los niños, las mujeres, los ancianos, y las personas con discapacidad. El mismo inc. 23 obliga a dictar un régimen de seguridad social especial e integral en protección del niño en situación de desamparo y de su madre, desde el embarazo, durante la lactancia, y hasta finalizar el período de enseñanza elemental. No hay que dejar de lado cuanto, en conexidad, emerge de tratados internacionales con jerarquía constitucional. 16. — Vale reiterar que cuando globalmente apelamos a obligaciones de “el estado”, o cuando las competencias se asignan expresamente al congreso para que legisle, la jurisprudencia de la Corte, sin saltear la división de poderes, tiene señalado que el art. 14 bis vincula a todos los órganos gubernamentales, cada uno en el área de sus competencias propias, como asimismo a las provincias cuando en sus jurisdicciones existen regímenes locales. 17. — Si de la exégesis de la normativa constitucional emigramos a la constitución material, los datos de la realidad dejan lamentable testimonio de que la seguridad social exhibe múltiples insuficiencias, tanto por acción como por omisión, y que muchas de esas insuficiencias se han convertido en inconstitucionales. Es señero el voto del juez Fayt en el fallo dictado por la Corte en el caso "Chocobar", del año 1996. CAPITULO XXII LOS DERECHOS POLITICOS El régimen electoral y los derechos políticos 1. — Derechos políticos y régimen electoral componen un temario que pertenece, a su vez, a la parte dogmática y a la parte orgánica de la constitución. En efecto, cuando a los partidos políticos y al sistema electoral los relacionamos con derechos de las personas (a asociarse, a votar, a ser elegido, etc.) enfrentamos a la parte dogmática. Cuando el vínculo se traba con el funcionamiento del poder y con los órganos gubernamentales, más la dinámica política, nos ubicamos en la parte orgánica. 2. — Nuestro punto de vista no califica como derechos políticos a los derechos que son susceptibles de ejercerse con fines políticos. Reduciendo la categoría, entendemos que los derechos políticos son tales únicamente, cuando: a) los sujetos que los titularizan son ciudadanos (o extranjeros habilitados) o son entidades políticas reconocidas como tales (por ej., los partidos): y b) no tienen ni pueden tener otra finalidad qué la política. 3. — La mejor ubicación actual de los derechos políticos y del régimen electoral la brinda la democracia participativa. La participación convoca al protagonismo activo de personas y agrupaciones, que dinamiza al sistema democrático desde su base popular. Tal participación no se reduce a los actos electorales, sino que alcanza a vías informales que dan presencia a múltiples intereses a través del ejercicio de derechos que no son políticos pero que pueden revestir finalidad política (petición, reunión, expresión, asociación, etc.). De esta manera se logra, entre otras cosas, que la sociedad conozca y controle las ofertas y los programas electorales. 4. — Por su lado, el derecho electoral no se limita al acto de votar porque, además del sufragio, abarca al proceso electoral en toda su secuela y desarrollo para exigirle e imprimirle legitimidad. 5. — La participación, el derecho a voto, el derecho a serelegido, y el sistema electoral democrático cuentan con normas de reconocimiento en tratados de jerarquía constitucional. 6. — En suma, todo converge a hacer efectiva la legitimidad de origen, como dependiente de la forma y manera en que los gobernantes acceden al poder de acuerdo a la ley, y no por la fuerza. El actual art. 36 de la constitución, tiene mucho que ver con el tema, en concurrencia con el art. 22. El artículo 37 y sus proyecciones 7. — El art. 37 encara los derechos políticos y el sufragio, así como la igualdad real de oportunidades entre varones y mujeres para acceder a cargos electivos y partidarios. Cuando alude -con efecto operativo y directo- a la garantía de los derechos políticos, hay que recordar que además del sufragio, el texto de la constitución contiene ahora dos formas semidirectas en los arts. 39 y 40 sobre iniciativa legislativa y consulta popular. El sufragio queda calificado como universal, igual, secreto y obligatorio. Todos estos parámetros, propios de la parte dogmática de la constitución, hacen parte de su sistema de derechos y, por ende, obligan también a las provincias, de modo que el derecho local debe deparar iguales garantías, y hacer aplicable este art. 37 para el acceso a cargos electivos y partidarios de índole local. 8. — La expresión “derecho electoral” cuenta con dos sentidos: a) objetivamente, alude a la regulación de la actividad electoral en cuanto a sus sujetos, a su objeto, a los sistemas, etc.; b) subjetivamente, designa la capacidad de determinados sujetos para votar o para ser elegidos. El vocablo “electorado" es equivalente a cuerpo electoral, a electorado activo y electorado pasivo. El derecho de elegir configura subjetivamente el derecho electoral activo, el derecho de ser elegido configura el derecho electoral pasivo. En el marco del cuerpo electoral y del electorado activo no cabe incluir a los órganos de poder que por diferentes normas de la constitución, tienen competencia para designar a portadores o integrantes de dichos órganos. 9. — El cuerpo electoral no tiene más entidad que la propia de la pluralidad o suma de electores. No es un órgano del estado sino, cuando más, un sujeto auxiliar del estado o del poder. Para integrar el cuerpo electoral hace falta tener la aptitud calificada como ciudadanía. Cuando el art. 20 de la constitución afirma que los extranjeros gozan de los mismos derechos “civiles" de los ciudadanos está diciendo que no necesariamente han de gozar de los mismos derechos políticos, aunque creemos que no prohíbe que la ley los confiera. 10. — Nuestra perspectiva nos lleva a sugerir que los extranjeros no naturalizados argentinos que cuentan con un tiempo suficiente de residencia en el país deben merecer la titularidad del derecho a votar, porque en la medida que forman parte estable de nuestra sociedad poseen interés en cuanto se refiere al gobierno del estado. A la inversa, los ciudadanos que no son habitantes de nuestro estado porque no viven acá, no deben ser electores de autoridades argentinas, y ello por la muy simple razón de que si la constitución afirma en su art. 45 que son elegidas por el “pueblo”, hay que formar parte de ese pueblo, y no de la población de otro estado. Discrepamos, por eso, con la solución que en 1991 adoptó la ley 24.007. 11. — El electorado pasivo es el conjunto de personas que tienen capacidad-política para ser designados: tal capacidad equivale a derecho electoral pasivo. Nuestra constitución carece de una norma uniforme, porque formula normas propias para los distintos órganos de poder. Como principio general, decimos que cuando la constitución establece las condiciones de elegibilidad para un cargo o función, esas condiciones no pueden ser ampliadas, ni disminuidas por la ley. 12. — Habíamos dicho que desde el enfoque subjetivo, el derecho electoral implica la función del sufragio. El sufragio es, para nosotros, una “función " política de naturaleza electoral y de carácter individual. Por ende, no es una función “estatal” o del poder, todo lo que traducimos calificándola como función pública no estatal, que da origen a derechos y obligaciones, y que opera como una técnica que se utiliza para que las personas expresen su voluntad política a efectos de la nominación de los titulares de poder. También para la adopción de decisiones que no se relacionan con la designación de gobernantes, lo que ocurre en las formas semidirectas (referéndum, iniciativa, consulta popular, etc.). 13. — Conviene recalcar que el requisito de idoneidad que impone el art. 16 como única condición para el acceso a los empleos alcanza también a los cargos públicos electivos. En el caso, esta idoneidad se bifurca en idoneidad ética e idoneidad técnica (o sea, la exigida para la función específica). 14. — Aunque un candidato a cargo electivo sólo posee un derecho “en expectativa” (que recién se convierte en “adquirido” una vez que la elección y la admisión a la función se han operado), hay que dar por cierto que las proscripciones y discriminaciones arbitrarias son inconstitucionales porque bloquean la postulación y el acceso al cargo. El Pacto de San José de Costa Rica, en su art. 23, 2 respalda esta afirmación. 15. — Incumbe a los partidos que hacen oferta de candidaturas asumir el deber de efectuar una buena selección con base en la idoneidad a que recién hicimos referencia. 16. — Las prohibiciones y restricciones constitucionales a la reelección de gobernantes no implican proscripción ni impedimento violatorios de la constitución y del Pacto de San José de Costa Rica. Los nuevos derechos políticos en la reforma de 1994 17. — La novedad que ahora citaremos atiende a los arts. 39 y 40 que incorpora dos formas semidirectas de participación política en materia de derechos políticos: la iniciativa legislativa popular y la consulta popular. Con anterioridad a la reforma de 1994, hubo doctrina que reputaba inconstitucionales a la Formas semidirectas, por entender que entraban en colisión con el art. 22. Nada más lejos de nuestra opinión, como lo dijimos en ocasión de la “consulta popular” que se llevó a cabo en 1984 para que el cuerpo electoral votara voluntariamente por “sí” o por “no acerca del arreglo del diferendo austral con Chile. 18. — A la fecha, el art. 39 concede derecho para que “los ciudadanos” presenten proyectos de ley en la cámara de diputados, a los que el congreso tiene que darles tratamiento expreso dentro de los doce meses. Quedan fuera los proyectos sobre reforma constitucional, tratados internacionales, tributos, presupuesto, y materia penal. El congreso debe dictar la correspondiente ley reglamentaria de la iniciativa popular, lo que hizo en 1996 mediante la nº 24.747. Entendemos que esta iniciativa ha de ser “formulada", o sea, el proyecto de ley que se propone debe estar articulado o redactado. 19. — Por su lado, el art. 40 regula la consulta popular, estableciendo que a iniciativa de la cámara de diputados el congreso podrá someter a consulta un proyecto de ley; la ley de convocatoria no puede ser vetada, y si el voto popular es afirmativo, el proyecto queda convertido en ley y su promulgación será automática. Se arbitra una dualidad: la consulta vinculante, y la no vinculante, para la cual el voto no es obligatorio; la consulta no vinculante puede ser convocada por el congreso o por el presidente de la república dentro de las competencias de cada uno. El art. 40 discierne al congreso el deber de dictar una ley reglamentando las materias, los procedimientos y la oportunidad de la consulta popular. Tiene lógica, a nuestro criterio, suponer que aunque el art. 40 no menciona materias sustraídas a la consulta, le alcanzan las mismas prohibiciones que para la iniciativa popular consigna el art. 39. La reglamentación se hizo en 2001 por ley 25.432. 20. — Si partimos del principio de que los derechos políticos hacen parte de los derechos humanos, hay que enfocarla legitimación procesal para su tutela por los jueces. Esta legitimación ha de depararse, como mínimo a dos sujetos: a) los ciudadanos que titularizan derechos políticos: b) los partidos políticos. Damos por entendido que para que tales sujetos accedan a un tribunal postulando su legitimación y sus derechos políticos, hay que aceptar como presupuesto que, con amplitud, los temas que se enlazan a los derechos políticos, al derecho electoral y a los partidos se definan como cuestiones judiciables, y no como cuestiones “políticas" que evaden la judiciabilidad. Asimismo, la ya aludida legitimación procesal debe ser amplia y elástica, para no estrangular el derecho de acceso a la justicia. 21. — Coadyuvan a reforzar nuestra propuesta: a) en el derecho interno, la existencia en jurisdicción federal de tribunales con competencia electoral (juzgados de 1º instancia, y Cámara Nacional Electoral); asimismo, la dosis de cuestión constitucional en la mayoría de los casos que involucran aspectos electorales, de derechos políticos, y de partidos; b) en el orden internacional, muchos instrumentos de derechos humanos que se hallan integrados a nuestro ordenamiento y que tienen jerarquía igual a la de la constitución integran a los derechos políticos en el rubro de los derechos humanos, y les disciernen judiciabilidad mediante el reconocimiento de vías de acceso a la justicia. 22. — En el historial de nuestra jurisprudencia, nos limitamos a recordar un mal antecedente en la sentencia de la Corte recaída en el caso “Gascón Cotti, Alfredo y otros", de 1990, en el que se impugnaban aspectos relacionados con la reforma a la constitución de la provincia de Buenos Aires, no obstante lo cual a los actores, que eran ciudadanos convocados a votar en un acto electoral de consulta popular vinculante sobre dicha enmienda, se les negó la legitimación procesal activa para formular sus planteos. En síntesis, podemos aventurar el juicio de que hasta la actualidad el derecho judicial no nos suministra un parámetro seguro y estable en la materia. CAPITULO XXIII LOS PARTIDOS POLITICOS Su encuadre 1. — La reforma constitucional de 1994 incorporó por primera vez al texto un articulo -el 38- sobre los partidos políticos. En La constitución material existieron desde mucho antes, y la jurisprudencia de la Corte había dado base en el art. 1º a la existencia y pluralidad de los partidos. 2. — El partido político es para nosotros, un sujeto auxiliar del estado (o del poder) que posee naturaleza de persona jurídica de derecho público "no estatal “. En la estructura del partido hay un conjunto de personas con calidad de afiliados; una ideología política que plasma en el programa y la plataforma partidarias; un fin político genérico que consiste en gravitar políticamente conforme al proyecto recién mencionado, y que de modo inmediato se endereza, muchas veces, a la conquista o retención del poder. 3. — En la dinámica de los partidos y del poder, las relaciones de los partidos con órganos gubernamentales componen la categoría de relaciones “extraórganos", que podemos dividir así: a) relaciones en la formación de los órganos de poder, que se advierte en la oferta de candidaturas para cargos de origen electivo; b) relaciones en el ejercicio del poder, que aparece en la composición partidaria de dichos órganos, en las presiones que ejercen sobre el poder y viceversa (las del poder sobre los partidos), etc. 4. — El derecho judicial emergente de la Corte abunda en reconocimientos, descripciones, ubicación constitucional y garantías de los partidos como propios del sistema democrático. 5. — La reglamentación legal y el control de los partidos en un marco de razonabilidad constitucional puede llegar, excepcionalmente, en situaciones de peligro real y actual para el sistema democrático, a negar el reconocimiento de uno o más partidos reñidos con tal sistema, o a cancelar el que se les había deparado, todo lo cual presupone que el estado asume un control “cualitativo" (o doctrinario) de los partidos. No en vano la doctrina califica como partido “anti-sistema” al que, mimetizándose con el sistema democrático, tiende a su destrucción mediante lo que Duverger llama lucha “contra" o “sobre” el régimen (cuando la democracia exige que la “lucha" política se desarrolle “dentro” del régimen). 6. —Los partidos, de modo análogo a la que acontece en las demás asociaciones, tienen poder disciplinario sobre sus afiliados, con cuyo ejercicio razonable pueden aplicar sanciones y hasta disponer la expulsión, medidas éstas que siempre han de quedar sujetas a eventual revisión y control judiciales. 7. — En cuanto al repertorio de pautas que sobre los partidos registra el ya mencionado derecho judicial de la Corte Suprema, hemos de afirmar que en el diseño doctrinario con que describimos la naturaleza y la función de los partidos nos inspiramos fundamentalmente en su bagaje, para así delinear la intermediación que, en cuanto auxiliares del estado, cumplen entre gobernantes y gobernados. El artículo 38 8. — Mucho de, lo recién dicho ha encontrado asilo normativo en el art. 38 de la constitución, que define a los partidos como instituciones fundamentales del sistema democrático y, desde tal plataforma, añade que: a) su creación y el ejercicio de sus actividades son libres. b) se les garantiza la organización y funcionamiento democrático, la representación de las minorías, la competencia para postular candidatos a cargos públicos electivos, el acceso a la información pública y la difusión de sus ideas; c) el estado contribuye al sostenimiento económico y a la capacitación de sus dirigentes: d) los partidos deben hacer público el origen y destino de sus fondos y patrimonio. Todo dentro del marco de respeto a la constitución, lo que según nuestro punto de vista obliga a los partidos a sustentar una ideología democrática en subordinación a las instituciones de la constitución y a su sistema axiológico integral 9. — De la letra del art. 38 se desprenden derechos como el de libre expresión, información y comunicación social; el de las minorías que dan presencia al pluralismo intrapartidario en la estructura interna; y el de participación electoral. En cuanto a ésta hemos de señalar con mucha convicción personal lo siguiente: a) el art. 38 asigna literalmente a los partidos “la competencia” para postular candidatos, lo que les reconoce un fuerte nexo con el régimen electoral; pero b) la duda y la discrepancia aparecen cuando la mentada alusión a la “competencia'' se interpreta de modo diferente: b’) para algunos, significa que los partidos monopolizan esa competencia, de modo que por fuera de ellos se hace inviable ofrecer candidaturas: b") nosotros no encontramos en el art. 38 nada que equivalga a conferir tal exclusividad monopólica a los partidos, por lo que, en definitiva, creemos que; c) además de las candidaturas partidarias, el pluralismo democrático deja espacio razonable para que la ley adicione la posibilidad de otras candidaturas no auspiciadas por un partido. 10. —Antes de la reforma de 1994, el fallo de la Corte en el caso “Ríos Antonio J.” del año 1987, sostuvo que no era inconstitucional el sistema legal que otorgaba a los partidos en forma exclusiva la nominación de candidaturas para cargos públicos electivos. 11. —Hay que dejar aclarado que, además de las interpretaciones en tomo de la nominación de candidatos aludida en el art. 38, el art. 54 consagra expresamente que para la composición del senado con tres senadores por cada provincia y tres por la ciudad de Buenos Aires, dos bancas corresponden al partido que obtiene mayor número de votos y la restante al que le sigue en número de votos. De esta forma, para la formación del senado parece claro que la constitución depara a los partidos el monopolio de las candidaturas. 12. — Otros artículos de la constitución obligan a que haya determinada presencia partidaria enlas estructuras gubernamentales. Así: a) el art. 85 al diseñar la Auditoría General de la Nación. b) el art. 99 inc. 3º al referirse a la Comisión Bicameral Permanente: c) en el régimen de ballotage para la elección directa del presidente y vicepresidente de la república. 13. — Del panorama expuesto se desprende, con carácter de principio constitucional, que debe haber partidos, y que es la sociedad la que depara el ámbito de su creación y funcionamiento libre y democrático. CAPITULO XXIV LAS GARANTIAS La seguridad 1. —Hay que recordar que el constitucionalismo moderno o clásico procuró desde su inicio organizar al estado en defensa de las libertades y los derechos del hombre, lo que equivale a decir que ha tendido a asegurar al hombre frente al estado. Todo el andamiaje constitucional se armó para proporcionar seguridad y garantías, tal como lo testimonian las dos partes tradicionales en que se divide la constitución: la parte dogmática con su declaración de derechos, y la parte orgánica con la llamada división de poderes. El baluarte último de la seguridad jurídica es, sin duda, el poder judicial. 2. —Si bien en sentido amplio todo el ordenamiento jurídico garantiza las libertades y los derechos, la acepción más restringida de lo que es “garantía” apunta a la disponibilidad que tiene la persona para movilizar al estado en protección suya, tanto para evitar ataques como para restablecer la situación anterior al ataque, o para compensarle el daño sufrido, sin dejar de lado la sanción al transgresor. El derecho de la jurisdicción 3. Nuestra Corte elaboró el derecho a la jurisdicción como lo que ahora se denomina derecho de acceso a la justicia; es decir, el derecho de acudir a un tribunal en procura de justicia. Este derecho de la persona calificada como “justiciable” es recíproco de la función del poder que consiste en administrar justicia, y que está a cargo de los órganos del poder judicial. Lo que en rigor se busca es que mediante ese primer paso de acceso a un tribunal seguido por el desarrollo del proceso judicial (debido proceso), el justiciable disponga de tutela judicial electiva. 4. —Queda claro que acudir u un tribunal es pisar el umbral; hay que recorrer en seguida las etapas del proceso, para culminar en la sentencia que resuelva con justicia la pretensión del justiciable. 5. —La Corte tiene dicho en su jurisprudencia que todo justiciable tiene derecho a que no se excluya compulsivamente la intervención suficiente de un órgano del poder judicial, 6. —La defensa en juicio exige, entonces, una instancia judicial como mínimo cuando se trata de resolver controversias entre particulares. En el proceso penal, esa instancia ha de ser doble, porque así lo exigen tratados de derechos humanos con jerarquía constitucional; esto significa que ha de existir recurso ante un juez o tribunal superior. 7. —Los llamados “métodos alternativos’’ para dirimir conflictos no pueden imponerse obligatoriamente; por ende, es inconstitucional la intervención forzosa de árbitros o amigables componedores. La mediación pre judicial obligatoria demanda, a nuestro juicio, que no demore demasiado la promoción del proceso judicial (sí acaso la mediación fracasa), y que la instancia de mediación y el mediador no pertenezcan ni dependan del poder ejecutivo, lo que implica que su organización y funcionamiento se han de radicar en la esfera misma del poder judicial. 8. —Para satisfacer el derecho a la jurisdicción como correlativo del deber estatal de administrar justicia el estado debe: a) establecer los órganos (tribunales) del poder judicial; b) asignarles jurisdicción y competencia, c) dictar las normas de procedimiento. Tales órganos deben ser los “jueces naturales” del art. 18 de la constitución los cuales, de no existir normas procesales para tramitar un proceso, han de ingeniarse para cubrir la carencia normativa, como lo hizo ejemplarmente la Corte cuando en 1957 y 1958 dio curso a la acción de amparo contra actos de autoridad y de particulares sin que entonces hubiera norma alguna en la constitución y en la legislación. 9. —El derecho a la jurisdicción exige que la persona que, con suficiente razonabilidad, pretende acceder a una vía procesal para el reconocimiento y la tutela de sus derechos, disponga de lo que se denomina legitimación procesal activa, como capacidad para provocar y tramitar el proceso, y/o para intervenir en él con eficacia. 10. —El plexo de derechos relacionados con el acceso a la justicia cuenta con reconocimiento en varios tratados de derechos humanos de jerarquía constitucional. Los “jueces naturales” 11. —La garantía de los " jueces naturales’' tiene el siguiente significado: para cada causa o proceso judicial “su” juez natural es el tribunal judicial cuya creación, jurisdicción y competencia provienen de una ley anterior al “hecho” que da origen a aquella causa (o proceso). El art. 18 dice que nadie puede ser juzgado por comisiones especiales, ni “sacado” de los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa. La garantía del juez natural rige no sólo para el proceso penal, sino para toda clase de procesos. 12. —Nuestro derecho constitucional consagra: a) la unidad de jurisdicción, que radica exclusivamente en el poder judicial, con las solas, excepciones de los fueros reales y las jurisdicciones especiales (para cuyo caso siempre debe quedar expedita una última vía de acceso a un tribunal judicial; b) la igualdad de todos ante la jurisdicción, lo que elimina a los jueces especiales, tanto a título de privilegio como de castigo, 13. — Con la garantía de los jueces naturales se conecta: a) la prohibición del art. 109 dirigida al poder ejecutivo, a tono con la similar que para el estado de sitio establece el art. 23; b) la prohibición del art. 29; c) el principio de división de poderes, que veda toda clase de delegación de la función judicial por parte de sus órganos a otros extraños; d) una serie de pautas sentadas por la jurisprudencia de la Corte, conforme a las cuales no se puede excluir compulsivamente la intervención de un tribunal judicial para solucionar controversias individuales de naturaleza jurídica. 14. —La garantía del juez natural obliga también a las provincias en su organización judiciaria, y beneficia a los justiciables que intervienen en procesos ante los tribunales locales. 15. —El Pacto de San José de Costa Rica y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos contienen cláusulas afines con la garantía del juez natural. La sustracción prohibida 16. — Cuando el art. 18 prohíbe “sacar” a un justiciable de sus jueces naturales (“designados por la ley antes del hecho de la causa") hemos de entender que: a) “después” del “hecho” que va a dar lugar (en el futuro) a una causa judicial, o que b) ya ha dado lugar a una causa (iniciada o pendiente), c) no se puede cambiar o alterar la competencia del tribunal (juez natural) al que le fue otorgada por ley anterior a aquel “hecho” para transferirla a otro tribunal que recibe esa competencia “después” del hecho. 17. —Si este es el alcance que atribuimos a la prohibición de “sacar”, resta añadir que la prohibición de someter a alguien a enjuiciamiento por comisiones especiales implica impedir que se creen organismos ad-hoc o ex-post facto (después del hecho) o especiales para juzgar determinados hechos o a determinadas personas, sin la generalidad y permanencia que son propias de los tribunales judiciales. 18. —La jurisprudencia de la Corte, más benigna que nosotros en su interpretación en torno del alcance que reviste la prohibición de “sacar”, tiene establecido que no es indispensable que un tribunal, para satisfacer el requisito de “juez natural” de una causa, haya recibido jurisdicción y competencia por ley anterior al “hecho” que da origen al proceso. Pero, de todos modos, hay un “momento” procesal después del cual ya no es viable sustraer el proceso alo de demanda, cuando el proceso judicial se promueve para impugnar la presunta inconstitucionalidad de una norma o un acto; b”) vía indirecta, incidental o de excepción, cuando la cuestión de constitucionalidad se incluye en un proceso judicial cuyo objeto principal no es el control, sino otro diferente (por ej., un cobro de pesos, o un desalojo, y allí hay que plantear la cuestión constitucional); b’") la elevación del caso constitucional que efectúa un juez que tiene a su cargo un proceso, derivando la cuestión constitucional que surge en tal proceso al órgano especializado y único (de jurisdicción concentrada) para que resuelva dicha cuestión y, una vez resuelta, le devuelva el proceso al juez de origen que debe sentenciar la causa. c) Cuando preguntamos quién (o qué sujeto) puede promover el control constitucional, encaramos un problema de legitimación procesal, ¿Quién inviste o titulariza tal legitimación, como facultad de promover el control de la cuestión constitucional? Las respuestas son éstas: c’) si en el sistema existe la acción popular, cualquier persona está legitimada; c”) al margen de la acción popular, pueden estar legitimados: el ministerio público; el defensor del pueblo; determinados órganos de poder a los que un sistema hace competentes; determinadas asociaciones cuyo fin consiste en defender derechos e intereses de personas o grupos; el propio juez de un proceso cuando por el sistema debe elevar la causa a un tribunal de jurisdicción concentrada: y finalmente c"’) el justiciable que invoca la titularidad de un derecho o un interés porque alega que sufren agravio a causa de una ley o un acto; c””) un tercero que, sin investir un derecho o interés personales, se halla obligado a cumplir una norma o un acto que causan perjuicio a personas relacionadas con él (por ej., si el empleador tiene que retener una cuota sindical a un trabajador suyo que no es afiliado al sindicato para el que debe retener la cuota). d) Los efectos del control se agrupan en dos grandes rubros: d’) cuando la sentencia declarativa de inconstitucionalidad implica no aplicar la norma al caso en que se dicta, el efecto se limita a las partes intervinientes en ese proceso; o sea, es un efecto restringido o inter-partes, que mantiene (fuera del caso) la vigencia general de la norma declarada inconstitucional; d") cuando la sentencia invalida con alcance general la norma declarada inconstitucional, el efecto se extiende más allá del caso; o sea, es amplio, extra-partes, o erga-omnes; tal resultado admite producirse de dos maneras: o por derogación directa y automática; o porque la sentencia obligue al órgano emisor de la norma inconstitucional a derogarla. El sistema argentino de control constitucional 14. — Un esbozo lineal del sistema de control en el orden federal argentino arroja el siguiente resultado: a) El texto de la constitución no define ni articula al sistema: tan solo a partir de la reforma de 1994 podemos encontrar, aisladamente, una norma en el art. 43 (dedicada al amparo) que en su párrafo primero dice: “en el caso, el juez podrá declarar la inconstitucionalidad de la norma en que se funde el acto u omisión lesiva”: b) En cuanto al órgano de control, el derecho federal argentino ha seguido el modelo norteamericano de control jurisdiccional difuso, con posibilidad de acceso final a la Corte Suprema por vía del recurso extraordinario; c) La vía procesal habitual es la indirecta o incidental pero, tomando en cuenta la jurisprudencia de la Corte, tal vía no es la única, pues en torno del año 1985 la Corte comenzó progresivamente a afirmar que también hay acciones directas de inconstitucionalidad, como el amparo, el habeas corpus, la acción declarativa de certeza del art. 322 del código procesal civil y comercial; c’) no obstante, nuestro sistema federal no contiene la acción declarativa de inconstitucionalidad pura; d) El sujeto legitimado de primera categoría es el titular actual de un derecho o un interés legítimo pero, fundamentalmente a partir de la reforma de 1994, hay situaciones (por ej., en materia de derechos de incidencia colectiva) que confieren legitimación al “afectado”, al defensor del pueblo, y a las asociaciones que propenden a fines conexos con los derechos cuya protección se demanda; no hay que olvidar que, para cumplir las funciones que el art. 120 adjudica al ministerio público, a éste se le debe reconocer también legitimación, aun cuando explícitamente la constitución nada dice al respecto; e) El efecto de las sentencias declarativas de inconstitucionalidad se limita al caso, o sea es inter-partes, pero: e’) cuando la jurisprudencia de la Corte sienta pautas en la materia, el resultado de sus sentencias suele generalizarse por reiteración, o por aplicación que de ellas hacen los demás tribunales en casos similares (es el viejo adagio: la constitución es lo que la Corte dice que es); e") a la fecha registramos unas pocas sentencias a las que la Corte les ha asignado un alcance aplicativo a personas que, sin haber sido parte en el proceso donde se dictaron, se encuentran en la misma situación. (En este sentido resolvió que todas las personas privadas de su libertad sin condena tienen derecho a votar en el establecimiento penitenciario de detención; lo hizo en un proceso de amparo colectivo promovido por el Centro de Estudios Legales y Sociales al que le reconoció legitimación para articular la pretensión.) 15. — La mirada que puede recorrer el vasto campo del derecho público provincial, así como de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, encuentra marcadas diferencias con el orden federal, ya que hay normas locales que acogen acciones de inconstitucionalidad (para el caso, con jurisdicción concentrada en el superior tribunal), así como el efecto erga-omnes de las sentencias declarativas de inconstitucionalidad. El marco de condicionamiento del control 16. — ¿Qué hace falta para que un tribunal judicial se halle en condiciones de ejercer el control constitucional? a) En primer lugar, hace falta que haya una causa o proceso en el que se sitúe la cuestión constitucional a decidir. Los jueces no actúan de oficio (o sea, por sí mismos), porque su jurisdicción debe ser provocada a efectos de configurar la causa judiciable. b) En segundo lugar, es menester que un sujeto con legitimación procesal alegue o articule la cuestión constitucional (pero en la actualidad la Corte ha dado un sesgo favorable al control sin necesidad de que haya petitorio expreso de parte interesada). c) Los jueces no juzgan la oportunidad, el acierto, la conveniencia o la eficacia de la ley. d) Tampoco resuelven cuestiones que, conforme a la jurisprudencia, se enrolan en la categoría de las cuestiones políticas no judiciables. e) A la inversa, la razonabilidad o arbitrariedad de una norma o un acto caen bajo la mirada del tribunal que tiene a su cargo el control de constitucionalidad. f) La declaración de inconstitucionalidad ha de reservarse para los casos en que sea imposible compatibilizar una norma o un acto con la constitución; por eso, se dice que tal declaración es la “última ratio” del orden jurídico. g) Los jueces no pueden desaplicar una norma vigente si, para hacerlo, no declaran su inconstitucionalidad. h) Como principio, el control no recae sobre el modo o procedimiento formal que se ha seguido para sancionar una ley, a menos que la transgresión sea muy grave y ostensible. 17. — A criterio nuestro: a) por ley es posible -y deseable- que se confiera efecto “erga-omnes” o "extra-partes” (es decir, general) a las sentencias de la Corte que declaran la inconstitucionalidad de normas generales; b) son inconstitucionales las normas de cualquier tipo que, cualquiera sea el motivo que invoquen, prohíben o inhiben en alguna clase de procesos el control constitucional. 18. — A la fecha hay que recordar que cuando se alega violación a derechos, libertades y garantíastribunal que está conociendo de él; ese “momento” es la traba de la litis (para el proceso no penal); para el proceso penal podría ser -como equivalente- la acusación. Asimismo, no es posible retrotraer el proceso a etapas procesales válidas ya cumplidas para privarlas del efecto producido. 19. —Para los tribunales de alzada rige el mismo principio: han de ser creados con jurisdicción y competencia por ley anterior al “hecho” que dio origen al proceso en la instancia inferior. (Por excepción, admitimos que por ley posterior se añada una instancia de alzada que antes no existía, porque así se mejora la justiciabilidad.) 20. — Los denominados fueros reales, de materia o de causa, no son inconstitucionales ni vulneran la garantía del juez natural. El más importante de tales fueros es la jurisdicción militar, para cuya constitucionalidad la Corte exige que sus sentencias sean susceptibles de revisión por un tribunal judicial. La inmunidad de declaración 21. —El art.18 consigna que nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo. Según la Corte, esta garantía rige solamente en materia penal, pero -discrepando con tal interpretación- nosotros afirmamos que el art. 18 no contiene tal limitación y que, por ende, la prohibición debe extenderse a todo tipo de causas, aunque no con el mismo rigor. Por eso creemos que en el proceso no penal se puede pedir la absolución de posiciones (prueba confesional) a la contraparte, pero no puede tenérselas por absueltas en rebeldía. Por supuesto que la no autoinculpación significa también destituir de valor probatorio a la declaración prestada bajo coacción, apremios, uso de drogas para indagar la conciencia, etc. Protege asimismo la relación confidencial entre el cliente y el profesional, 22. —La exención de declarar contra sí mismo da base para deparar al periodista o comunicador social la garantía del secreto de las fuentes de información. 23. —En posición muy solitaria, sostenemos que no se puede obligar a nadie a prestar el propio cuerpo para obtener una prueba (por ej., la extracción compulsiva de sangre). La inmunidad de arresto 24. —Nadie puede ser arrestado sino en virtud de orden escrita de autoridad competente. Esta cláusula del art. 18 no define cuál es la autoridad competente, pero se interpreta que, como principio, solamente lo es la autoridad judicial, y únicamente -por excepción- la que no lo es. Nuestra Corte tiene dicho que las dos únicas figuras que en la constitución dan base a la privación de libertad son el proceso penal y el estado de sitio (ver, para ése. el art. 23). En jurisprudencia reciente, la Corte ha negado que las cámaras del congreso y las legislaturas locales impongan arrestos a terceros invocando ofensa o lesión a privilegios parlamentarios. 25. —Entendemos que mediante ley razonable se puede atribuir a la autoridad policial la facultad excepcional de detener personas en casos muy especiales de urgencia (delitos infraganti, indicio vehemente de delito) con la obligación de ponerlas de inmediato a disposición de juez competente. Los organismos de la administración carecen de facultad jurisdiccional para imponer sanciones privativas de libertad que, por su duración, equivalen a penas y que carecen de posible revisión judicial. Desde el fallo de la Corte del año 1957 en el caso “Mouviet”, los edictos policiales no pueden establecer sanciones privativas de libertad. 26. —Varios tratados de derechos humanos con jerarquía constitucional contienen normas equivalentes a ésta que comentamos de nuestro art. 18. El debido proceso 27. —El punto de arranque se halla, nuevamente, en el art.18: es inviolable la defensa en juicio de la persona y de los derechos. En su brevedad, esta frase condensa el núcleo y contenido esencial del debido proceso, que es un aspecto del derecho a la jurisdicción y a la tutela judicial efectiva. 28. —El esquema seria éste: a) todo justiciable tiene derecho a un procedimiento que no es cualquiera, sino el “debido”; b) si no hay ley razonable que lo tenga establecido, el juez de la causa debe arbitrarlo; c) en la tramitación del proceso, el justiciable ha de disponer de oportunidad para su participación útil y suficiente: d) cuando hay disputa entre partes que controvierten sus pretensiones o derechos, el debido proceso exige la bilateralidad o contradicción, para que cada una de aquellas partes tenga derecho de defensa y de control de los actos procesales propios y ajenos; e) el principio de congruencia prescribe que la sentencia no se puede apartar, en lo que resuelve, de las pretensiones articuladas por las partes, ni para excederse ni para omitir algo respecto del material que es objeto del proceso. En materia no penal, el proceso puede sustanciarse en rebeldía del demandado, siempre que se hayan cumplido las formas legales de la notificación de la demanda; en cambio, en el proceso penal la rebeldía obsta a la tramitación. 29. —La duración del proceso tiene que ser razonable a tenor de cuál sea la naturaleza de la pretensión que, como siempre, requiere gozar de tutela judicial eficaz; en consonancia, la sentencia se ha de dictar en tiempo también oportuno para que sea capaz de rendir utilidad y eficacia al justiciable. Como resumen, queda bien visible el derecho del justiciable a lograr una decisión judicial (sentencia) rápida y eficaz. Tal derecho se viola cuando los tribunales dilatan sin término la decisión de cuestiones planteadas ante ellos. 30. —La “formalidad” (o “formas”) del proceso no ha de incurrir, por exceso, en lo que la Corte descalifica como exceso ritual manifiesto. Ello porque la verdad material u objetiva tiene que prevalecer sobre la verdad formal. 31. —Las formas regulares y básicas del debido proceso son condición indispensable para que la sentencia que pone fin al proceso goce de la inmutabilidad y del efecto de la cosa juzgada, que se convierte así en un contenido del derecho de propiedad inviolable. 32. —Para dictar La sentencia, los jueces tienen obligación de suplir el derecho que las partes no le invocan o que le invocan mal; ello porque así lo establece el principio del “iura novit curia”. En cambio, en cuanto a los hechos, el juez debe atenerse a los alegados y probados por las partes, con miras a conocer la verdad material u objetiva. 33. —El debido proceso se extiende asimismo a la segunda instancia, cuando la hay. Se considera segunda instancia la etapa procesal que, a continuación de la primera, se propone revisar lo resuelto en ella; si la ley abre una tercera instancia, hay que involucrarla latamente en lo que llamamos la instancia múltiple. En el proceso no penal, no es inconstitucional la instancia única; en el proceso penal, hay tratados con jerarquía constitucional que obligan a que haya doble instancia. Asimismo, cuando hay actividad jurisdiccional a cargo de organismos o tribunales administrativos, al igual que a cargo de tribunales militares, es indispensable que de lo que en esas instancias se resuelve haya una alzada judicial de revisión. Cuando la doble instancia no es exigible, pero está establecida en la ley, resulta inconstitucional impedir el acceso a ella. Este argumento concurre para decir que el "per saltum” o salto de instancias para llegar de esa manera hasta la Corte Suprema es inconstitucional, a menos que este previsto y reglamentado legalmente con suficiente razonabilidad excepcional. 34. —Aunque los derechos y garantías están conferidos a los particulares frente al estado, hay que tener muy en claro que cuando el estada litiga en un proceso como un justiciable equiparable a cualquier otro, se le ha de respetar y garantizar el debido proceso y la defensa enjuicio. La irretroactividad de la ley 35. —La retroactividad de la ley suscita problemas constitucionales, y aun cuando la constitución no contiene -salvo en materia penal- norma alguna que resuelva expresamente cuándo la retroactividad queda prohibida, contamoscon una pauta en la jurisprudencia de la Corte, conforme a la cual el principio de que las leyes no son retroactivas sólo emana de la ley, pero adquiere rango constitucional cuando una ley nueva viene a privar a alguien de un derecho ya incorporado a su patrimonio, porque en ese caso transgrede la garantía de inviolabilidad de la propiedad del art. 17. Este standard resguarda actos administrativos pasados en autoridad de cosa juzgada administrativa: actos procesales válidamente cumplidos en un juicio conforme a la ley en vigor al tiempo de llevarse a cabo; y los derechos y obligaciones emergentes de contratos válidamente celebrados entre particulares (salvo la excepción ante legislaciones de emergencia), así como de los derivados de convenios colectivos de trabajo. El derecho procesal constitucional 36. —Actualmente, ha cobrado auge el llamado derecho procesal constitucional. ¿O más bien derecho constitucional procesal? Con una u otra denominación, se trata de encarar desde el derecho constitucional todo cuanto precisan los derechos para encarrillarse procesalmente ante los tribunales de justicia: vías, formas, procedimientos, garantías que den curso a los derechos para su defensa y su tutela. 37. —Puede llamarse jurisdicción constitucional a la administración de justicia que, mediante procesos y recursos, presta cobertura a la constitución y a los derechos en el sistema garantista. 38. —Ya dijimos que para su efectividad, este sistema exige que quien pretende la tutela judicial de sus derechos disponga de legitimación procesal para hacerlos valer. 39. —La jurisdicción constitucional cuenta hoy con un último espacio en la jurisdicción supraestatal cuando hay organismos y tribunales internacionales a los cuales acudir después de agotar las vías internas. En el sistema interamericano existe lo Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Interamericana de Derechos Humanos. CAPITULO XXV LAS GARANTIAS PENALES Ley y juicio previos 1. —La garantía penal específica del art. 18 reza así: ningún habitante de la nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso. Sintetizado, quiere decir que "no hay delito ni pena sin ley penal anterior”. El desglose de la norma es éste: a) debe existir ley del congreso antes del “hecho”; a) en materia penal la competencia legislativa es exclusiva del congreso (art. 75 inc. 12) y prohibida a las provincias (art. 126); a”) la ley debe describir el tipo delictivo (ilícito penal) y contener la pena (sanción); a’”) el poder ejecutivo no puede dictar decretos de necesidad y urgencia en materia penal, ni el congreso delegarle facultades legislativas en ese ámbito, como tampoco es viable que mediante el derecho de iniciativa legislativa popular se dicten leyes en materia penal (ver arts. 99 inc. 3º, 76 y 39); b) la ley aludida en el inc. a) debe ser previa “al hecho del proceso”, entendiéndose que tal “hecho” es la conducía humana que coincide con la figura legal de la incriminación; o sea, aquí se consagra la irretroactividad de la ley penal; c) es menester, todavía, el juicio previo a la condena; en tal juicio, el debido proceso exige cuatro etapas: acusación, defensa, prueba, y sentencia; d) la sentencia tiene que estar fundada en ley; tal ley es la que hemos referido en los incs. a) y b). 2. —Hasta que se dicta sentencia y ésta queda firme, toda persona tiene derecho a la presunción de inocencia. Es éste un derecho implícito en la constitución, que Consta en algunos tratados de derechos humanos con jerarquía constitucional. El indulto dispuesto mientras pende el proceso penal es inconstitucional, a menos que el procesado lo consienta o lo solicite. 3. —Los delitos del derecho internacional que se denominan “de lesa humanidad" o “contra el derecho de gentes” plantean el requisito de la ley previa de la siguiente manera: a) si el tratado describe claramente una conducta típica como delictuosa, la “ley previa" queda satisfecha; b) como el tratado no establece la sanción penal, hace falta la ley interna también previa al hecho, que fije la pena; c) el estado queda obligado a dictar tal ley sancionatoria para dar efectividad al tratado. El proceso penal 4. —El proceso penal no tiene que ser entendido como instrumento para penar, sino “para conocer si se debe penar o no". Es necesario que el ministerio fiscal ejerza la acción penal con la que delimite el objeto del proceso. En los delitos de acción pública (que titulariza el ministerio público) se debe reconocer a la víctima la legitimación procesal para querellar. El principio de bilateralidad, contradicción o congruencia requiere que en el proceso penal se legitime al imputado como autor del delito; que no se excluya la ineludible intervención del fiscal, y que se dé cobertura al debido proceso y a la defensa en juicio. 5. —La privación de libertad durante el proceso solamente es constitucionalmente viable para asegurar, como medida cautelar, que el imputado no obstruya el proceso ni eluda su comparecencia, todo lo que -conforme a tratados de jerarquía constitucional- significa que la privación precautoria de la libertad sólo debe motivarse en suficientes razones preventivas que guarden relación con el fin del proceso penal y el descubrimiento de la verdad. En todos los casos en que proceda, la duración de la privación de libertad ha de ser razonablemente breve. La índole del delito, su gravedad, y la pena que la ley le asigna, no son por sí solos un motivo razonable de detención preventiva. 6. —La jurisprudencia de la Corte Suprema tiene sentada la pauta de que, en orden a la duración razonable, del proceso penal, la garantía de la defensa en juicio incluye el derecho de todo imputado a obtener un pronunciamiento que, definiendo su posición frente a la ley y a la sociedad, ponga término del modo más breve posible a la situación de incertidumbre y de restricción de la libertad que comporta el enjuiciamiento penal. O sea que existe un derecho a librarse del estado “de sospecha” que, no obstante la presunción de inocencia, deriva de la acusación de haberse cometido un delito. 7. —El juicio penal en plazo razonable cuenta con normas en tratados de jerarquía constitucional. 8. —Respecto de la pena, vale agregar que: a) no hay pena sin culpabilidad, lo que implica que la responsabilidad penal presupone como condición que el sujeto condenado haya ejecutado culpablemente un acto prohibido; b) la pena es personal, o sea que no se transmite a terceros (ver art. 119). 9. —El error judicial cuenta con disposiciones en tratados de jerarquía constitucional para reparar el daño sufrido por quien fue mal condenado, o fue ilegalmente detenido o preso. Pero nuestra Corte tiene dicho que la responsabilidad del estado por error judicial sólo es viable una vez que el acto judicial originante del daño es declarado ilegitimo y dejado sin efecto, porque hasta ese momento subsiste la autoridad de la cosa juzgada. El artículo 118 10. —El art. 118 dispone que los juicios criminales ordinarios se terminarán por “jurados", luego que se establezca en I a república esta institución. Hacen también alusión al juicio por jurados los arts. 24 y 75 inc. 12. La forma en que está redactada la frase citada del art. 118 nos lleva a pensar que la constitución ha concedido al congreso un espacio temporal amplio y elástico para decidir en qué momento considera oportuno y conveniente implantar el juicio por jurados, lo que de ser así no permitiría afirmar que la inexistencia del jurado equivale a una omisión inconstitucional. Pero, evidentemente, queda la duda de hasta cuándo es razonable suponer que se prolonga el plazo indeterminado a favor del congreso, porque en algún momento se habría de reputar extinguido y, por ende, configurada la inconstitucionalidad por omisión. 11. —El mismo art. 118 establece que el juicio penal se ha de sustanciar en la misma provincia donde se cometióel delito. Tal regla se conoce como “forum delicti commissi", o sea: competencia territorial de los tribunales penales determinada por el lugar donde el delito fue perpetrado. La regla requiero una interpretación clástica que, sin desvirtuar el recaudo de inmediatez geográfica, permita distribuir razonablemente la competencia territorial. Y ello tanto para los tribunales provinciales como para los federales. En relación con estos últimos, sería inconstitucional un tribunal penal con competencia territorial en todo el país. 12. —Finalmente, el art. 118 prescribe que si el delito se comete fuera del territorio argentino "contra el derecho de gentes", el congreso debe determinar por ley especial el lugar en que se ha de seguir el juicio. Por una razón de sentido común tenemos dicho, a la inversa, que analógicamente debe aceptarse que si el delito contra el derecho de gentes se comete en territorio argentino, puede existir jurisdicción a favor de un tribunal extranjero. Por ende, en ambos supuestos no rige el principio de territorialidad para los delitos contra el derecho de gentes, equiparables a los de lesa humanidad. Una serie de pautas y principios 13. —En el proceso penal no puede existir la instancia única. Al contrario, tal como tratados con jerarquía constitucional lo ordenan, se ha de poder recurrir el fallo ante juez o tribunal superior. De ello se desprende que en el proceso penal ha de existir instancia doble (o múltiple: más de una). La jurisprudencia de la Corte posterior a 1988 ha dejado aclarado que la instancia recursiva debe existir al margen del recurso extraordinario, lo que significa que si del fallo penal sólo se pudiera acudir a la instancia extraordinaria de la Corte, el recaudo de la instancia doble no estaría satisfecho. Parece lógico inferir que este derecho de acudir a una instancia de revisión está deparado a favor del inculpado, y no del ministerio fiscal, lo que implica que a este último la ley puede conferirle el derecho de recurrir, pero que de no ser así no existe violación constitucional. 14. —En el proceso penal rige asimismo el principio que prohíbe la llamada “reformatio in pejus” (o reforma en perjuicio), y se enuncia así: el tribunal de segunda instancia (o de alzada) al que recurre solamente el inculpado para que se mejore su situación penal, no puede empeorar o agravar su situación; esto último sólo es viable si concurre recurso acusatorio del fiscal. 15. —Una de las más patentes lesiones a las garantías propias del proceso penal se consuma cuando se condena por un hecho diferente del que ha sido objeto de acusación y prueba. 16. —Si en vez de delitos se trata de faltas y contravenciones, y el juzgamiento se halla a cargo de organismos administrativos con competencia jurisdiccional, es imprescindible que exista una vía de posible revisión judicial respecto de la sanción impuesta. 17. —El principio de la ley penal más benigna, que la Corte consideraba de rango solamente legal (art. 2º del código penal), tiene desde 1994 jerarquía constitucional por emanar de tratados que por el art. 75 inc. 22 se hallan a ese nivel. Las dos caras del principio son: a) la '‘nueva” ley penal más benigna es retroactiva, b) la ley "anterior” más benigna es ultraactiva. 18. —El principio del “non bis in idem” también es tomado en cuenta por tratados con jerarquía constitucional, aunque con distinto alcance; en efecto, según el Pacto de San José de Costa Rica el inculpado “absuelto” no puede ser procesado nuevamente por el mismo hecho, mientras el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos impide el posterior juicio tanto si el inculpado fue absuelto como si ya fue condenado. En el traslado a nuestro derecho constitucional, opinamos que el “non bis in idem” abarca la doble hipótesis de una anterior absolución y una anterior condena. 19. —En materia de política criminal, a menos que se trate de delitos que están previstos y tipificados en la constitución, o que tienen fuente internacional, es el congreso el que escoge razonablemente cuáles son los bienes jurídicos a los que va a dar cobertura penal mediante la incriminación y sanción de conductas que los lesionan. Incriminar o no incriminar es, pues, una competencia del congreso. Ahora bien, en esa selección hay que dejar bien admitido que el congreso puede incurrir en inconstitucionalidad, lo que acontece en cualquiera de los dos campos: el del tipo penal, y el de la sanción penal. En el primero, ello ocurre cuando incrimina conductas que pertenecen al ámbito de la intimidad o privacidad (lo que se da, a nuestro juicio, convirtiendo en delito la tenencia y el consumo personales de drogas en dosis mínimas); y en el segundo cuando la pena no guarda proporción razonable con la conducta delictuosa. 20. —La pena de muerte siempre es inconstitucional en, nuestro derecho. Hay tratados de jerarquía constitucional que prohíben restablecerla en los estados que la han abolido, o que impiden extenderla a delitos a los que la ley interna no les adjudica actualmente tal sanción. 21. —La ejecución de la pena no es un mero problema de política criminal, porque la condena guarda nexo con múltiples derechos y garantías, y excede el marco de una mera cuestión penitenciaria. Por ende, el tribunal que aplica la pena, u otro competente, ha de asumir o retener el control judicial necesario, tanto a los fines de una eficaz defensa social y de la seguridad, como a los de tutelar la dignidad y los derechos del condenado, y vigilar las condiciones de vida en su encarcelamiento. 22. —En tratados de jerarquía constitucional se alude a la finalidad de reforma y readaptación social de los penados, a la vez que se obliga a separar a los procesados de los condenados. Las Prohibiciones constitucionales 23. — Ha de tenerse en cuenta la serie de prohibiciones que contiene la constitución en materia penal. Así: a) están abolidos los tormentos y los azotes (art. 18); b) está abolida la pena de muerte por causas políticas (ídem); c) está abolida la confiscación de bienes (art. 17); d) las cárceles serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo (art. 18), 24. —Hay tratados de jerarquía constitucional que prohíben la tortura, y las penas o los tratos crueles, inhumanos o degradantes. Los delitos constitucionales 25. —La constitución trae cinco normas que tipifican conductas delictuosas, pero no establecen la sanción penal. Son los arts. 75, 22, 29, 36 y 119. El más llamativo es el art. 29, que tiene una fuerte raíz histórica en cuanto incrimina conductas que fueron propias del período correspondiente a la tiranía de Rosas. Así como dijimos que la política criminal del congreso es la que decide qué bienes jurídicos van a recibir tutela penal, hemos de reafirmar que cuando la constitución contiene delitos, la ley está obligada a adjudicarles la pena correspondiente. Asimismo, la ley penal no puede alterar la descripción típica de las conductas que la constitución incrimina en los artículos antes citados. CAPITULO XXVI LAS LIMITACIONES EN EL SISTEMA DE DERECHOS Las limitaciones permanentes y las excepcionales 1. —Es un axioma constitucional el que asevera que los derechos no son absolutos sino relativos, lo que presupone que; a) tienen límites porque son oncológicamente “limitados”, y b) son “limitables” por las normas que, a tenor del art. 14, reglamentan su ejercicio. Todo ello es consecuencia natural de un dato real; sociológicamente, hay derechos porque hay convivencia societaria entre las personas que titularizan entre sí esos derechos. 2. —Las limitaciones a los derechos son de dos clases; algunas son permanentes, y otras son excepcionales y transitorias. Mientras a los derechos se los debe interpretar siempre con criterio amplio, a las limitaciones se las tiene que interpretar de manera restrictiva. 3. —En el derecho constitucional se ha acuñado la expresión “poder de policía” (police power enel derecho norteamericano) para aludir a la competencia limitativa de los derechos, y se lo divide según dos conceptos; a) el concepto amplio, propio del “broad and plenary” de Estados Unidos, incluye en el ámbito del poder de policía a todas las limitaciones de que son susceptibles los derechos; b) el concepto restringido, en cambio, sólo incluye las limitaciones que, con un objetivo bien específico, tienden a proteger la salubridad, la moralidad y la seguridad públicas. 4. —Si se adopta el concepto amplio, creemos que estamos ante el poder del estado a secas, por lo que no vale darle un nombre especial con la expresión “poder de policía". Si se adopta el concepto restringido, tiene sentido usar una denominación específica, porque nos hallamos ante una porción o un segmento del poder estatal. 5. —El poder de policía estricto no consiste únicamente en la facultad de dictar normas, sino que añade todo acto de autoridad que sea conducente al fin de proteger la salubridad, la moralidad y la seguridad públicas. 6. —Cuando se adopta la tesis amplia y, por ende, poder de policía significa toda clase de limitación a los derechos por cualquier objetivo de bienestar, parece que, como principio, la competencia es propia del estado federal en virtud de los arts. 14 y 28. Cuando se toma partido por la tesis restringida, la salubridad, moralidad y seguridad públicas incumben, en principio, y primariamente, a las jurisdicciones locales. En convergencia, y como tesis personal favorable al criterio estricto, hemos de decir que si bien la competencia es en principio local, el estado federal la puede asumir excepcionalmente cada vez que la salubridad, moralidad y seguridad públicas guardan relación con el bien común de toda la población y repercuten en él. 7. —En situaciones de emergencia, la pauta limitativa de los derechos se ajusta a lo que tiene señalado la jurisprudencia de la Corte: la emergencia no autoriza el ejercicio de poderes que la constitución no acuerda a los órganos gubernamentales, pero proporciona ocasión para que los concedidos se empleen con un ejercicio pleno y a menudo distinto del ordinario. 8. —En los tratados de derechos humanos con jerarquía constitucional existen previsiones limitativas de los derechos. Como ejemplo, recordemos que el Pacto de San José de Costa Rica contiene una cláusula genérica en el art. 32, donde se enuncia que los derechos están limitados por los derechos de los demás, por la seguridad de todos y por las justas exigencias del bien común en una sociedad democrática. Las restricciones que autoriza el Pacto no pueden aplicarse sino conforme a las leyes que se dicten por motivos de interés general y con el propósito para el que han sido establecidas (art. 30). Las situaciones de emergencia 9. —Es difícil describir en un concepto genérico y común lo que son las emergencias como situaciones de excepción, o anormales, o críticas. Lo que resulta más sencillo es desdoblar el tema para abordar: a) las emergencias como acontecimientos reales (por ej. la guerra, los desórdenes domésticos, las crisis económicas, etc.); b) los institutos de emergencia que se ponen en vigor para conjurar y superar á las emergencias (por ej., el estado de guerra, el estado de sitio, la ley marcial, la suspensión de garantías, los remedios innominados, etc.). 10. —Al trasladar este breve esquema a nuestro derecho constitucional, encontramos en la constitución formal la mención de dos emergencias; a) la guerra (ataque exterior) y la conmoción interna: y b) un instituto de emergencia común a ambas, que es el estado de sitio. El “estado de guerra” como instituto habilitado para una emergencia bélica no consta expresamente ni tiene denominación, pero surge implícitamente de las competencias previstas para el caso en los arts. 75 inc. 25 y 99 inc. 15. 11. —Fuera de la constitución formal, conocemos las emergencias o crisis económicas, para las que se adoptan medidas de diversa clase. 12. —Con la reforma de 1994 hay que recordar que el art. 76 emplea la locución “emergencia pública" para calificar una situación excepcional en materia de delegación legislativa a favor del poder ejecutivo; asimismo, el art. 99 inc. 3º prevé las circunstancias también excepcionales que permiten al poder ejecutivo dictar decretos de ‘'necesidad y urgencia". 13. —El efecto global que cabe atribuir a los institutos de emergencia se bifurca así; a) acrecientan ciertas competencias del poder, reforzando las de un órgano o de varios; b) originan limitaciones más severas que las habituales para los derechos, libertades y garantías. 14. —Desde nuestro punto de vista, ha de funcionar ampliamente el control judicial de constitucionalidad, tanto para verificar si realmente hay emergencia -o no-; si el instituto de emergencia que se halla en vigor se corresponde con las normas existentes en la constitución -o no-; y si las medidas adoptadas en consecuencia responden a los parámetros de razonabilidad y limitación que las justifican -o no-. 15. —Hay, según la Corte, condiciones mínimas para la validez constitucional de los institutos y las medidas de emergencia; a) una situación real de emergencia, declarada o comprobada; b) un fin real de interés social y público; c) transitoriedad en la regulación excepcional: d) razonabilidad del medio elegido, o sea, proporción y adecuación entre la medida dispuesta, el fin buscado, y los motivos y causas que han dado origen a la medida de emergencia. La guerra y la paz 16. —Respecto de la guerra, podemos afirmar sintéticamente que los arts. 6º y 23 en sus alusiones al ataque o la invasión exterior limitan el marco constitucional de la guerra a la que tiene carácter defensivo. Es la única que parece quedar legitimada. La guerra “civil" está prohibida en el art. 127. 17. —Como contracara, cuando el preámbulo obliga a “consolidar la paz interior” y “constituir la unión nacional" se nos hace fácil, en coordinación con lo recién dicho acerca de la guerra, detectar en la constitución como derecho implícito el derecho “a la paz ". A su vez, el deber de “proveer a la defensa común” nos lleva a pensar que hay que “defender la paz”. Todo sin olvidar que el art. 27 obliga al gobierno federal a afianzar sus relaciones de paz con las potencias extranjeras. 18. —Si avanzamos al derecho internacional de nuestros días, acaso tenga asidero coincidir con quienes sostienen que la guerra es un crimen de lesa humanidad. 19. —En un retorno a la guerra y la paz en el derecho constitucional argentino no omitimos postular que la llamada ley marcial con sujeción de los civiles a la justicia militar no solamente carece de encuadre en la constitución, sino que la viola. El estado de sitio 20. —El estado de sitio es el instituto de emergencia que la constitución tiene arbitrado para dos situaciones; a) ataque exterior, b) conmoción interior. El art. 23 cuida muy bien el diseño de los casos, que quedan condicionados dentro de un marco reglado a tenor de las siguientes pautas: a) cada una de las dos situaciones recién citadas debe poner en peligro el ejercicio de la constitución y de las autoridades creadas por ella: y b) debe producir perturbación del orden. 0 sea que no es suficiente que haya ataque exterior o conmoción interna, porque además han de concurrir los requisitos que acabamos de enunciar. 21. —De ellos se desprende que no estamos ante una competencia de ejercicio discrecional si no todo lo contrario: el órgano que va a disponer la declaración del estado de sitio se encuentra ceñido al encuadre que para su procedencia consigna la constitución. Por ende, aunque es innegable la naturaleza “política" del acto declarativo, y aunque por ello se postule su no judiciabilidad, nosotros afirmamos que: a) no obstante la jurisprudencia en contrario de la Corte, el acto declarativo debe caer bajo control judicial de constitucionalidad para verificar si concurren los presupuestos habilitantes;además: a’) coincidimos con la Corte cuando considera revisables judicialmente los requisitos de competencia y de forma que prescribe la constitución; más a") la exigencia de fijación del plazo de vigencia del estado de sitio y del tugar donde ha de regir; b) son judiciables las medidas concretas que se adoptan en ejecución del estado de sitio, a electos de controlar su razonabilidad; c) la duración o subsistencia del estado de sitio no ha de evadir el control judicial, porque si bien debe tener plazo fijado, puede ocurrir que antes de su vencimiento hayan desaparecido las causas y razones que en su momento hicieron viable la puesta en vigor del estado de sitio. 22. —Cuando la causal radica en el ataque exterior, el estado de sitio tiene que ser declarado por el poder ejecutivo con acuerdo del senado (art. 99 inc. 16) (si el congreso está en receso, debe ser convocado); cuando la causa consiste en la conmoción interna, el estado de sitio tiene que ser declarado por el congreso (art. 75 inc. 29 y 99 inc. 16); (si el congreso está en receso, la facultad puede ejercerla el poder ejecutivo -art. 99 inc. 16, correspondiendo al congreso aprobarlo o suspenderlo -art. 75 inc. 29-; pero además pensamos que cuando el congreso está en receso, el ejecutivo que declara el estado de sitio debe convocarlo inmediatamente), 23. —Surge, entonces, que: a) el estado de sitio es una situación de excepción, con causales y condicionamientos bien definidos; b) por ende, es transitorio, c) debe tener fijado plazo de duración y lugar determinado; d) es competencia exclusiva del gobierno federal. 24. —En la constitución material, es uno de los institutos que en sus aplicaciones sucesivas ha acusado mayor apartamiento, y hasta violación, de la constitución. 25. —En tratados con jerarquía constitucional están previstas las emergencias y sus posibles institutos, con suspensión de algunas garantías. La limitación de los derechos durante el estado de sitio 26. —Nuestra constitución es sobria en su referencia a la limitación de los derechos durante la vigencia del estado de sitio. Hay una pauta global, según la cual quedan suspensas las garantías constitucionales en la provincia o el territorio donde hay perturbación del orden. Y hay una pauta específica que prohíbe al presidente de la república condenar por sí o aplicar penas, limitando su poder a arrestar o trasladar personas de un punto a otro, si ellas no prefieren salir del territorio argentino. 27. —La fórmula “suspensión de garantías” ha recibido diversas interpretaciones, desde la muy amplia que las abarca a todas (a veces añadiendo control judicial de razonabilidad respecto de cada medida limitativa), hasta la muy estricta que sólo admite la restricción de la libertad corporal mediante arresto o traslado. Entre medio, la tesis más acertada es, a nuestro criterio, la que en cada situación concreta va a afectar limitativamente sólo a aquellos derechos cuyo ejercicio resulte incompatible con los fines que en aquella misma situación concreta busca el estado de sitio; y ello, más el control judicial de razonabilidad cada vez que la persona afectada impugna judicialmente la medida que le ha sido aplicada. 28. —El derecho judicial emanado de la Corte Suprema registra un repertorio de fallos que, en la actualidad, permite rescatar -aunque con modalidades y alcances no uniformes- un ámbito de posible control judicial de razonabilidad, bien que limitado a supuestos de arbitrariedad en las medidas restrictivas. 29. —Aunque las medidas que limitan la libertad corporal y los derechos sean consideradas propias del poder ejecutivo, creemos que el congreso podría reglamentar por ley el estado de sitio, pero con parámetros globales y muy flexibles, ya que cada estado de sitio tiene una fisonomía muy concreta que es difícil captar anticipadamente y de modo global hacia el futuro. En la competencia del congreso para declarar el estado de sitio, podría (para ese caso particular) establecerse qué derechos quedarían afectados; pero en ningún caso el congreso puede inhibir o limitar la facultad privativa del presidente para arrestar o trasladar personas, ni retacear o interferir el control judicial de razonabilidad. 30. —Hemos de comprender que las limitaciones a la libertad corporal y a los derechos tienen naturaleza de medidas de seguridad y jamás de penas, por lo que si acaso un arresto o un traslado revisten duración exagerada equiparable a la de una pena, han de ser descalificados judicialmente y dejados sin efecto. Además, para satisfacer la razonabilidad, toda medida restrictiva de un derecho ha de circunscribirse al caso concreto en que el ejercicio del derecho limitado o impedido es capaz de originar un peligro real y actual para el fin específico que ese estado de sitio tiene en vista. 31. —Cuando la medida restrictiva recae en la libertad corporal, la vía judicial de impugnación es el habeas corpus. 32. —El arresto o traslado se vuelven inconstitucionales, más allá de la razonabilidad en su causa, cuando son dispuestos por funcionarios distintos al presidente de la república, que es el único habilitado por la constitución, sin facultad para transferir el ejercicio de su competencia. 33. —Además, estamos seguros de que la facultad de arresto o traslado no es Susceptible de reglamentación alguna, así como tampoco lo es el derecho de la persona arrestada o trasladada para optar por salir del país. 34. —En líneas generales hay que reivindicarla responsabilidad del estado por el daño causado a una persona a causa de la ausencia de razonabilidad en una o más medidas que la afectaron en su libertad o sus derechos durante el estado de sitio. De ser así, surge el deber indemnizatorio del estado. CAPITULO XXVII EL AMPARO La etapa anterior a la reforma constitucional de 1994 1. —Ha sido común conceptuar al amparo como la acción destinada a tutelar los derechos: y libertades que, por ser diferentes de la libertad corporal o física, escapan a la protección judicial por vía del habeas corpus. El amparo en cuanto garantía reviste la naturaleza de una acción de inconstitucionalidad y de un proceso constitucional. 2. —Hasta la reforma constitucional de 1994 el amparo carecía de norma en el texto de la constitución. La reforma lo incorporó en el art. 43. El ingreso del amparo a nuestro derecho constitucional se produjo no sólo sin norma constitucional alguna, sino además sin norma legal. La fuente que le dio recepción fue la jurisprudencia de la Corte Suprema en 1957 y 1958. Hasta estas fechas, se entendió que el amparo no era viable porque faltaba la ley que previera y reglamentara el procedimiento judicial a seguir. 3. —En 1957, el leading-case “Siri” acogió un amparo contra un acto de autoridad pública. A la Corte le bastó afirmar que las garantías existen y protegen a los individuos por el solo hecho de estar consagradas en la constitución, independientemente de las leyes reglamentarias. Esta aseveración no significó que la garantía del amparo constaba como tal en la constitución, sino que, aun sin mención ni, denominación, surgía como vía defensiva de los derechos cuando era menester arbitrarla por su rapidez y eficacia en un caso concreto. O sea que el garantismo constitucional lo daba por implícitamente incluido. 4. —En 1958, el leading-case “Kot" dio curso a un amparo contra actos de particulares, y explayó más el fundamento que un año antes había expuesto en el caso “Siri". Así dijo: siempre que aparezca de modo claro y manifiesto la ilegitimidad de una restricción cualquiera a uno de los derechos esenciales de las personas, así como el daño grave e irreparable que se causaría remitiendo la cuestión a los procedimientos ordinarios (administrativos o judiciales), les corresponderá a los jueces restablecer de inmediato el derecho restringido por la rápida vía del recurso de amparo. 5. —A partir de allí; en 1966 se dictó la ley 16.986 sobreamparo contra actos estatales, y en 1968 se incorporó al código procesal civil y comercial (ley 17.454) el amparo contra actos de particulares, regulándoselo como proceso sumarísimo. 6.— En esta etapa brevemente descripta se entendió que el amparo debía funcionar contra actos individuales (de autoridad o de particulares) pero no contra normas generales (leyes) que directa o indirectamente vulneraban derechos. No obstante tal exclusión, tanto en el caso “Outón”, fallado en 1967, como en el caso “Peralta", fallado en 1990 (para no citar otros) la Corte admitió la procedencia del amparo para controlar judicialmente si una supuesta lesión a un derecho por aplicación de una ley significaba que esa ley causante de tal lesión era contraria a la constitución -o no-. El amparo después de 1994 7. —El actual art. 43 vino a disipar numerosos problemas y dudas. Según el texto, toda persona puede interponer acción expedita y rápida de amparo (en rigor, los calificativos de “expedito" y “rápido" corresponden más bien al proceso de amparo que a la acción) cuando no exista otro medio judicial más idóneo, contra todo acto u omisión de autoridad pública o de particulares, que en forma actual o inminente lesione, restrinja, altere o amenace con arbitrariedad o ilegalidad manifiesta, derechos y garantías reconocidos en la constitución, un tratado o una ley; el juez podrá declarar la inconstitucionalidad de la norma en que se funde el acto u omisión lesivos. Tal la letra del párrafo primero, que alude al amparo común, o amparo clásico. 8. —En seguida aparece un segundo párrafo, que se suele considerar como propio del amparo “colectivo". Allí se añade que la acción de amparo se podrá interponer contra cualquier forma de discriminación, y en lo relativo a derechos que protegen al ambiente, a la competencia, al usuario y al consumidor, así como a derechos de incidencia colectiva en general. En estos supuestos, están legitimados para promover el amparo el sujeto que resulta afectado, así como el defensor del pueblo y las asociaciones que propendan a esos fines. (Cabe entender que, aun sin estar mencionado, hay casos en los que también este tipo de amparo puede ser interpuesto por el ministerio público.) 9. —En el amparo clásico del primer párrafo se esboza un lineamiento amplio, del que se infiere que para interponer la acción no es menester agotar ninguna vía previa. Asimismo, si el acto lesivo tiene apoyo en una norma general -por ej., una ley- el juez está habilitado para declarar la inconstitucionalidad de esa norma. Si la lesión deriva directamente de una ley autoaplicativa que no es intermediada por un acto concreto, creemos que también procede el amparo y la declaración de inconstitucionalidad. En lo que, en cambio, hay duda es en la viabilidad del amparo contra decisiones judiciales que, por ser actos estatales, pueden reputarse comprendidas en la mención que de ellos hace la norma cuando describe los supuestos de la acción: personalmente no nos merece objeción la respuesta afirmativa, a condición de que tal tipo de amparo no funcione como un medio de sustraer causas judiciales del curso regular de un proceso y del tribunal que, como juez natural, está interviniendo en él. 10. —La franja de mayor debate se abre en torno de la locución que se inserta en el art. 43 cuando alude a la interposición del amparo “siempre que no exista otro medio judicial más idóneo”. No ha de llegarse al extremo de proponer que siempre y en cualquier caso el amparo se vuelve una vía procesal sustitutiva de todas las demás, y que cada persona se halla en condición de elegir la de su preferencia. A la inversa tampoco cabe imaginar que el amparo queda descartado por el mero hecho de que haya cualquiera otra vía procesal disponible. En un punto medio de equilibrio, y atendiendo a cada caso y a la naturaleza de la pretensión que se articula judicialmente, la solución más prudente y objetiva viene a ser ésta: si una vía procesal, o todas las posibles, no resultan “más idóneas”, hay que admitir el amparo en reemplazo de cualquiera otra vía “menos idónea”. En suma, la mayor idoneidad juega muy conectada a la eficacia que un determinado proceso es capaz de rendir para tutelar el derecho que se supone agredido por un acto arbitrario o manifiestamente ilegal; y la circunstancia de que sea necesario aportar y producir prueba, o, que la cuestión merezca mayor amplitud de debate no revisten -hoy— entidad suficiente para rechazar a priorí la procedencia del amparo. 11. —Lo que sí es indispensable resguardar en el amparo es la bilateralidad o contradicción en el proceso, para que quien es imputado como autor del acto lesivo disponga de oportunidad participativa suficiente. 12. —En nuestra perspectiva personal damos por incluido en el amparo el caso en que la lesión proviene de una omisión inconstitucional', o sea, de “no hacer” lo que la constitución "manda que se haga" (por e., omitir el dictado de, una ley o un decreto cuya ausencia bloquea la efectividad de una norma superior y proyecta lesión a uno o más derechos que, debido a esa ausencia normativa, quedan indisponibles). 13. —Cuando ingresamos al párrafo segundo del art. 43 que, según dijimos, describe al amparo “colectivo”, ya no se alude a que “toda persona" puede interponer la acción, sino que se menciona una triple legitimación a favor de: “el afectado”, el defensor del pueblo, y “las asociaciones...”. De inmediato, circunscribe los bienes y derechos protegidos de la siguiente manera; a) contra toda forma de discriminación: b) en lo relativo a derechos que protegen al ambiente, a la competencia, al usuario y al consumidor, c) en lo relativo a “derechos de incidencia colectiva en general". 14. —No es dudoso, que aquí han hallado recepción expresa los intereses difusos o colectivos, y que la “afectación” personal no requiere que el daño o perjuicio recaiga solamente en “el afectado”, porque también si es común a muchos (afectación grupal o colectiva) hay que admitir que en ella queda comprendido e individualizado cada uno de esos “varios” o “muchos”. Por ende rechazamos toda interpretación que, añadiendo a la norma algo que la norma no dice, sostenga que para deducir este amparo el sujeto promotor haya de ser afectado “personal y directo”. 15. —Cuando la norma triplica la legitimación del modo ya explicado, hay que entender que ninguno de los tres legitimados tiene el monopolio de la acción. 16. —También en este amparo del párrafo segundo hemos de dar por cierto que procede el control de constitucionalidad: que los bienes, derechos e intereses protegidos tanto pueden derivar de la constitución como de un tratado o de una ley; y que es menester la existencia de arbitrariedad o ilegalidad manifiesta en el acto lesivo, que bien puede consumarse a través de una amenaza. 17. —El art. 43 en sus dos primeros párrafos hasta aquí explicados es directamente operativo, por lo que aun en ausencia de ley reglamentaria tiene que ser aplicado por los jueces. Y por ser una norma federal obliga a las provincias, que no pueden disminuir o negar la garantía amparista, pero la pueden mejorar y ampliar, porque la norma del art. 43 funciona como un piso mínimo. 18. —Aunque sin perfilar los rasgos típicos del amparo que es propio del derecho interno, hay tratados internacionales de rango Constitucional que albergan innominadamente un proceso judicial que da cabida y encuadre a nuestro amparo. CAPITULO XXVIII EL HABEAS DATA Encuadre, tipologías y alcances 1. —En el temario que el congreso derivó a la convención constituyente cuando declaró la necesidad de la reforma constitucional no figuraba mencionado el habeas data con este nombre. Por eso, la reforma lo incluyó innominadamente en el ámbito normativo del amparo. Es así como este habeas data innominado quedó regulado en el párrafo tercero del art. 43. Antes de 1994, el constitucionalismo provincial —además del comparado- yalo habían acogido. 2. —“Esta acción” (a tenor de lo que dice el art. 43) podrá interponerse por “toda persona" con el objeto de: a) conocer los datos a ella referidos y la finalidad de su almacenamiento; b) exigir la supresión, rectificación, confidencialidad o actualización de esos datos que c) consten en registros o bancos de datos públicos, o privados si éstos están destinados a proveer informes. La norma añade que no podrá afectarse el secreto de las fuentes de información periodística. 3. —A nuestro criterio, aun cuando los registros privados sólo pueden ser materia de habeas data si están destinados a proveer datos, creemos que sí no poseen esa finalidad pero suministran información a terceros, han de considerarse abarcados en la viabilidad del habeas data. 4. —El vocabulario actual alude a derechos informáticos constitucionales cuando toma en cuenta que la tutela mediante el habeas data cubre los servicios informáticos, computarizados o no, con toda clase de utilización, aunque no sea automatizada, si el soporte material de los datos es susceptible de tratamiento automatizado. Todo ello obedece al actual desarrollo tecnológico, al tratamiento electrónico de la información, al flujo cibernético, etc., que han hecho necesario resguardar la privacidad personal en la circulación de la información. De ahí que al encararse el bien jurídico protegido por el habeas data sea frecuente, en torno de la intimidad, aludir a la reserva de bienes personales como los vinculados con el honor, la dignidad, la información “sensible”, la verdad, la igualdad, la autodeterminación informativa, la privacidad, etc. 5. —La variedad de fisonomías que ofrece el habeas data arroja el siguiente resumen: a) Hay un habeas data informativo para solicitar: a’) qué datos personales están registrados; a") con qué finalidad se han obtenido y registrado; a’”) de qué fuente se han obtenido (salvo que se trate de fuentes periodísticas u otras resguardadas por secreto profesional); b) Hay un habeas data rectificador para: b’) corregir datos que son falsos o inexactos; b”) actualizar o adicionar datos atrasados o incompletos; c) Hay un habeas data de preservación para: c’) excluir dalos archivados que contienen información personal llamada “sensible” (por ej.. los referidos a orientación sexual, identidad étnica o racial, religión, ciertas enfermedades, ideas políticas, etc.); c”) reservar en la confidencialidad ciertos datos archivados que han sido legalmente acumulados, pero resultan innecesarios y sustraídos para el acceso de terceros, o son susceptibles de causar daño a la persona si son conocidos por terceros; d) Puede haber un habeas data mixto, que tiende a más de una de las finalidades expuestas en los anteriores incisos. 6. —En la enumeración de ámbitos que no quedan resguardados por el habeas data podemos citar, ejemplificativamente, algunos datos que razonablemente admiten reputarse de interés público o general. Así: a) la información en registros o ficheros referidos a la actividad comercial, empresarial o financiera de las personas, cuando su conocimiento parece de acceso necesario a terceros que se hallan en la red de actividades similares; b) La documentación histórica destinada a consulta e información de investigadores, estudiosos, científicos y personas en general, con fines vinculados a lo que cabe denominar como cultura social; c) La defensa y seguridad del estado, cuando en un caso concreto deba facilitarse excepcionalmente el acceso a ciertos datos personales registrados. 7. —Conviene hacer otro breve repertorio con ciertas características. Así: a) como principio, la legitimación para promover el habeas data debe reservarse al titular de los datos, tanto si es una persona física como si se trata de una entidad colectiva, una asociación, etc.; b) al igual que en el supuesto de los dos primeros párrafos del art. 43, éste referido al habeas data reviste carácter de norma operativa, que debe funcionar aunque no haya ley reglamentaria, y obliga a las provincias; c) es viable el control judicial de constitucionalidad de normas generales que puedan estar en juego; d) no hace falta arbitrariedad o ilegalidad manifiesta cuando el habeas data tiene por objeto conocer los datos personales archivados, o se promueve para rectificarlos, cancelarlos, actualizarlos, etc. 8. —El secreto periodístico al que alude la parte final de este tercer párrafo del art. 43 tiene el siguiente alcance: a) impide usar el habeas data para averiguar qué datos personales figuran registrados periodísticamente: b) impide conocer de dónde fueron obtenidos; c) incita a considerar como fuente periodística a la que es propia de todos los medios audiovisuales y escritos de comunicación social, comprendidos los informatizados. 9. —Los tratados de jerarquía constitucional no se refieren expresamente al habeas data, pero es fácil comprender que lo abarcan cuando aluden al recurso sencillo y rápido que debe dispensársele al justiciable cuando le resulta necesario. CAPITULO XXIX EL HABEAS CORPUS Lo clásico y lo nuevo en sus tipologías 1. —El habeas corpus es la garantía tradicional que, como acción, tutela la libertad física o corporal o de locomoción, a través de un procedimiento judicial sumario que se tramita en forma de juicio. Al decir que el habeas corpus protege la libertad física damos a entender que es la garantía deparada contra actos que privan de esa libertad, o que la restringen sin causa o sin formas legales, o con arbitrariedad (detenciones, arrestos, traslados, prohibiciones de deambular, etc.). Al día de hoy hemos de añadir que quien se encuentra legítima o legal mente privado de su libertad (por prisión preventiva, condena penal, etc.) también puede deducir un habeas corpus cuando se agravan las condiciones de su privación de libertad de manera ilegal o arbitraria; en tal caso, el habeas corpus no intenta la recuperación de la Libertad sino el cese de las restricciones que han agravado su privación. 2. —Antes de la reforma de 1994, una buena base del habeas corpus se hallaba en la norma del art. 18 según la cual nadie puede ser arrestado sino en virtud de orden escrita de autoridad competente. En 1984, la ley 23,098 dio desarrollo reglamentario al habeas corpus. Ahora, el párrafo cuarto y final del art. 43 lo contempla específicamente. 3. —Las distintas categorías de habeas corpus son éstas; a) el habeas corpus clásico para rehabilitar la libertad física frente a actos u omisiones que la restringen o impiden sin orden legal de autoridad competente; b) el habeas corpus preventivo para frenar amenazas ciertas e inminentes para la libertad física: c) el habeas corpus correctivo contra toda forma ilegítima que agrava la condición de una persona legalmente privada de su libertad: d) el habeas corpus restringido contra molestias que perturban la libertad de locomoción sin llegar a la privación de libertad (seguimientos, vigilancias, etc.) e) el art. 43 ha incorporado como novedad el supuesto de procedencia en el caso de la desaparición forzada de personas. 4. —La legitimación procesal para interponer un habeas corpus no se limita a la persona que acusa restricción en su libertad, sino que se extiende a cualquier otra, aun sin estar apoderada por ella. Y a la vez, la ley 23.098 ha previsto el habeas corpus “de oficio” que confiere al juez la habilitación cuando toma conocimiento por sí mismo de la afectación grave de libertad padecida por una persona, con riesgo de sufrir perjuicio irreparable o de ser trasladad a fuera del ámbito de la jurisdicción del tribunal. 5. —La ley citada contiene otros dos aspectos interesantes: a) cuando la restricción a la libertad se produce durante el estado de sitio, el juez del habeas corpus tiene competencia para controlar, en el caso concreto a decidir, la legitimidad del acto declarativo del estado de sitio (pese a que, según dijimos, la jurisprudencia dela Corte ha considerado que se trata de una cuestión política no judiciable): b) cuando la limitación a la libertad se basa en una orden de autoridad que actúa aplicando una norma legal contraria a la constitución, el juez del habeas corpus está habilitado a declarar inconstitucional dicha norma “de oficio” (o sea, sin petición departe). 6. —En el proceso de habeas corpus hay que respetar el principio de contradicción que asegura la bilateralidad, a linde que pueda participar el autor del acto lesivo. 7. —El llamado “auto” de habeas corpus es la orden que emite el juez de la causa requiriendo a la autoridad presuntamente autora del acto lesivo que informe acerca del mismo, conminándola-incluso- a presentar a la persona detenida. Queda claro, entonces, que el “auto" de habeas corpus no es la sentencia final que se dicta en el proceso. Si tal sentencia hace lugar al habeas corpus y es recurrida, el recurso no tiene efecto suspensivo: o sea que mientras se tramita el recurso el beneficiario del habeas corpus mantiene recuperada su libertad. 8. —La ley 23.042 habilitó excepcionalmente el uso del habeas Corpus para revisar sentencias firmes de condena aplicadas a civiles por tribunales militares. 9. —Aunque la ley 23.098 no previó, en el ámbito federal, el habeas corpus contra actos de particulares, consideramos que tampoco niega su procedencia, de forma que si en tal supuesto un juez recibe una acción de habeas corpus, debe imprimirle trámite sumario (al modo como lo hizo la Corte en 1957-1958 en materia de amparo a falta de ley que lo reglara). 10. —En caso de sanciones privativas de libertad que son impuestas por organismos no judiciales que disponen de esa competencia, es sabido que debe quedar expedita una vía judicial de revisión ulterior “suficiente”. Si acaso tal control no abastece en un caso determinado ese recaudo de “suficiencia", debe reputarse viable el uso del habeas corpus. 11. —De toda la serie de situaciones que hemos venido exponiendo hay que derivar una conclusión, que es ésta: todo lo que no se halla expresamente previsto en el art. 43 último párrafo, pero era tenido como procedente en la etapa anterior a la reforma de 1994, induce a afirmar que siguen vigentes cuantas amplitudes son útiles y convenientes para colmar omisiones o silencios normativos. 12. —Asimismo, el art. 43 último párrafo es operativo, y obliga a las provincias como piso mínimo. 13. —En tratados de derechos humanos con jerarquía constitucional hay normas que, sin usar la denominación del habeas corpus, prevén la procedencia de acciones de naturaleza análoga para resguardar la libertad corporal. CAPITULO XXX LOS TRATADOS INTERNACIONALES Su panorama internacional y constitucional 1. —En virtud de las dos Convenciones de Viena sobre derecho de los tratados, de 1969 y 1986, ambas incorporadas al derecho argentino, se consideran tratados todos los acuerdos entre “sujetos de derecho internacional”, aunque acaso no sean estados sino - por ej., organizaciones internacionales. Un criterio objetivo para distinguir un tratado de cualquier otro convenio o contrato internacional es el que propone excluir de la categoría de los tratados a los convenios que quedan sometidos al derecho intento de un estado para regirse por sus disposiciones (por ej., los convenios internacionales que, según el art. 124 de nuestra constitución, pueden celebrar las provincias). 2. —El itinerario normal de un tratado transita por cuatro etapas: a) negociación, a cargo del poder ejecutivo: b) firma, a cargo del poder ejecutivo; c) aprobación, a cargo del congreso (su opuesto es el rechazo): d) notificación, a cargo del poder ejecutivo. Salvo estipulación en contrario, una etapa no obliga a cumplir la siguiente. 3. —Otras modalidades son las siguientes: a) el estado puede “adherir” a un tratado sin haberlo negociado ni firmado: b) hay tratados que prevén su vigencia y obligatoriedad solamente con su firma, sin ratificación. 4. —En nuestro sistema, el acto de celebración de un tratado es un acto complejo porque requiere la concurrencia de voluntades de dos órganos: el presidente y el congreso. 5. —El repertorio de normas constitucionales aplicables es éste: a) por el art. 99 inc. 11 el presidente concluye y firma tratados, concordatos y otras negociaciones con estados extranjeros y organismos internacionales; b) por el art. 27, el gobierno federal “está obligado" a afianzar sus relaciones de paz y comercio con las potencias extranjeras por medio de tratados “que estén en conformidad con los principios de derecho público establecidos en la constitución”; c) según el art. 75 inc. 22 el congreso aprueba o desecha los tratados; si los aprueba, el poder ejecutivo tiene competencia para ratificarlos. 6. —El congreso aprueba los tratados dictando una ley, pese a que el acto de aprobación es de naturaleza política y no legislativa. La "ley” aprobatoria no incorpora el tratado a nuestro derecho interno, porque como principio tal incorporación recién se produce con la ratificación en sede internacional a cargo del poder ejecutivo. 7. —Desde nuestro punto de vista, cuando nuestro estado se hace parte en un tratado que con su "sola firma" implica obligarse a cumplirlo, el congreso debe aprobarlo antes de que el ejecutivo lo firme. Análogamente, es menester la aprobación del congreso cuando nuestro estado “adhiere” a un tratado que no ha sido objeto de firma. 8. —Si el congreso, en vez de aprobar un tratado, autoriza al ejecutivo a ratificarlo, entendemos que está dando por implícita la aprobación. 9. —Adhiriendo al monismo, afirmamos que la ratificación de un tratado le confiere ingreso y recepción en el derecho interno. El dualismo, al contrario, diría que después de la ratificación sería indispensable la fuente interna (ley del congreso) para que aquel ingreso se produjera (con lo que el congreso, entonces, intervendría dos veces; una para aprobar el tratado, y otra para incorporarlo después de la ratificación por el poder ejecutivo). 10. —Si las normas de un tratado no son autoaplicativas o self- executing y precisan que, una vez integrado ese tratado al derecho interno, el estado dicte la normativa para darle desarrollo, la ley que así lo hace no produce la "incorporación” del tratado (que ya está incorporado por la ratificación) sino que permite su funcionamiento (porque el tratado, por sí solo es incompleto) (por ej.. la norma del Pacto de San José de Costa Rica según la cual la “ley” “debe igualar” las filiaciones, no produce por sí mismo tal igualdad, sino que “obliga” al derecho interno a hacerla electiva). 11. — Los tratados ya ratificados deben ser objeto de publicación en el Boletín Oficial. En tal sentido cabe citar la ley 24.080 del año 1992. 12. —Cuando el art. 75 inc. 22 prevé que el congreso puede otorgar jerarquía constitucional a tratados de derechos humanos, hemos de desdoblar la hipótesis ; a) si el tratado ya forma parte de nuestro derecho interno y recibe jerarquía constitucional del congreso, logra ese nivel directa e inmediatamente: b) si el tratado todavía no está incorporado a nuestro derecho interno y recibe jerarquía constitucional antes de ser ratificado por el ejecutivo, la decisión del congreso no le da recepción, por lo que la jerarquía constitucional se posterga hasta que se lo ratifique. 13. —Los llamados acuerdos ejecutivos de tramitación simplificada omiten la aprobación por el congreso y, por ende cuando de acuerdo al derecho internacional revisten verdadera naturaleza de tratados, implican violación de nuestra constitución. 14. —Cuando el congreso rechaza un tratado, lo lógico es dar por cierto que el ejecutivo no puede ratificarlo: y si pretende renegociarlo debe retroceder a la etapa inicial de celebración. 15. —En materia de reservas a los tratados (que se hallan internacionalmente previstas) y de denuncia de los tratados (también prevista), se multiplica laserie de situaciones posibles en cuanto a la intervención del ejecutivo y del congreso. La constitución enfoca expresamente en su art. 75 inc. 22 la denuncia de tratados de derechos humanos con jerarquía constitucional dando participación a los dos órganos. Los de integración supraestatal también requieren aprobación del congreso para ser denunciados por el ejecutivo. 16. —Como punto de vista personal, damos por cierto que cuando un tratado de derechos humanos con jerarquía constitucional es denunciado y extingue su vigencia de acuerdo con el derecho internacional, se debe considerar que los derechos emergentes de ese tratado mantienen su vigencia en nuestro derecho interno. Ello por el principio de irreversibilidad, conforme al cual una vez que uno o más derechos ingresan a nuestro ordenamiento, no es posible darlos por inexistentes o derogados, aunque la fuente que les dio origen haya desaparecido. 17. —Tampoco puede el congreso derogar la ley por la que con anterioridad dio aprobación a un tratado que luego ratificó el poder ejecutivo y que, por ende, entró a formar parte del derecho interno. La reforma de 1994 18. —La reforma de 1994 aborda el tema de los tratados en el art. 75 inc. 22 e inc. 24. El inc. 22 enumera once instrumentos de derechos humanos a los que asigna jerarquía constitucional, y prevé la facultad del congreso para añadir posteriormente otros. Asimismo, a los tratados sin rango constitucional los define como supralegales. El inc. 24 se refiere a los tratados de integración supraestatal. La lectura de estas cláusulas deja entrever con mucha claridad el enlace entrañable que actualmente cobra el régimen de los tratados con la parte dogmática y con el sistema axiológico de la constitución. No en vano el viejo art. 27, ya citado antes, pertenece a la primera parte del texto de 1853. 19. —Aun cuando al explicar la supremacía constitucional (cap. II) ya hicimos alguna glosa en torno de los tratados, no es redundante ahora reiterar ciertos lineamientos. Los instrumentos internacionales de jerarquía constitucional no están incorporados a la constitución, pero se ubican a su mismo nivel en el bloque de constitucionalidad federal. Asimismo, cuando el inc. 22 los erige con jerarquía constitucional, alude a “las condiciones de su vigencia”, lo que tiene el siguiente significado. “Condiciones de su vigencia" quiere decir: a) condiciones que, a la fecha de la reforma de 1994, surgían del previo reconocimiento o ratificación que a dichos instrumentos les había conferido nuestro país; b) condiciones en que se hallaban vigentes internacionalmente en el momento de la reforma constitucional; c) condiciones en que subsisten en el ámbito del derecho internacional, para lo cual hay que tomar muy en cuenta cuál es la interpretación que a los mencionados instrumentos les otorga la jurisprudencia internacional. 20. —Cuando en la misma cláusula se consigna que estos instrumentos no derogan articulo alguno de la primera parte de la constitución y que son complementarios, hemos de dar por seguro que: a) se articulan en el sistema de derechos sin que ni aquellos instrumentos ni la constitución cancelen normas entre sí; y ello porque b) la complementariedad que al sistema de derechos contenido en la constitución se le añade a causa de los instrumentos internacionales que tienen su misma jerarquía, exige que los derechos de la constitución y los derechos de los instrumentos internacionales se sumen y se realimenten recíprocamente. 21. —En síntesis, nuestro sistema de derechos cuenta con dos fuentes: la interna y la internacional. 22. —Es interesante aclarar que en el supuesto de tratados a los que después de la reforma de 1994 el congreso les otorga jerarquía constitucional, hay que dar por cierto que aun tratado que solo parcialmente contiene normas sobre derechos humanos es posible conferirle, en ese segmento o sector, la mentada jerarquía constitucional. O sea, no es necesario que todo el tratado verse sobre derechos humanos. Los tratados y el derecho interno 23. —El derecho internacional, desde la Convención de Viena de 1969, contiene dos principios axiales: a) uno da prioridad a los tratados sobre el derecho interno; b) otro establece que el estado no puede alegar que el tratado se suscribió o ratificó en violación al derecho interno (a menos que tal violación sea manifiesta y resulte objetivamente evidente para cualquier estado según la práctica usual y la buena fe). Cuando un tratado ingresa a nuestro derecho interno y está en pugna con una ley anterior, hay que afirmar que esta ley queda incursa en inconstitucionalidad sobreviniente. 24. —Cuando un tratado supralegal entra en colisión con la constitución, nuestro sistema habilita el control y la declaración de inconstitucionalidad de la norma internacional contraria. Pero ello implica una incoherencia de nuestro derecho interno, porque el estado que consiente hacerse parte en un tratado debe, antes de que ello ocurra, cerciorarse de que no hay incompatibilidad con la constitución. Además, ya vimos que el derecho internacional no admite quedar postergado o descartado a causa de su eventual oposición a la constitución. 25. — Respecto de los instrumentos internacionales de derechos humanos con jerarquía constitucional es obvio que, por situarse al mismo nivel de la constitución, no toleran que se los acuse de ser contrarios o violatorios por ende, se sujetan a control judicial de constitucionalidad. 26. — Conviene recordar que el llamado "ius cogens” como núcleo del derecho internacional que no admite derogación ni disponibilidad por normas opuestas o distintas de, un tratado, cuenta dentro de su contenido con todo lo que en el actual derecho internacional de los derechos humanos se refiere a la protección de esos derechos. 27. — A la fecha, hay que ponderar como valiosa la jurisprudencia de nuestra Corte Suprema en cuanto, finalmente, ha reconocido la naturaleza federal de los tratados, tanto orgánicamente por su forma, como materialmente por su contenido. Ello significa que un tratado cuya materia tiene naturaleza de derecho común en nuestro derecho interno (por ej. si versa sobre temas de derecho civil) es, no obstante, parte de nuestro derecho federal. Se trata de una cuestión que, más allá de su interés doctrinario, surte efectos en materia de recurso extraordinario. 28. — La interpretación de los tratados y del derecho internacional no escrito en el derecho interno muestra algunos perfiles que, en añadidura a todo cuanto hemos sintetizado en tomo de la interpretación e integración constitucionales (cap. I), aconseja computar parámetros adicionales. Así: a) Debe tenerse en cuenta los principios generales, que se dividen en: a´) principios generales del propio derecho internacional (por ej. el de protección de los derechos humanos); y a”) principios generales del derecho que se suelen reputar de aplicación supletoria, y que tienen origen en el derecho interno pero, además, son reconocidos y aceptados por las llamadas "naciones civilizadas”. Los principios generales del derecho internacional mencionados en el inc. a) son normas fundamentales del “derecho de gentes” y acusan origen consuetudinario. b) Cuando tales principios tienen que ser aplicados por nuestros tribunales, corresponde que éstos tomen en consideración la jurisprudencia de los tribunales internacionales, muy especialmente: b’) cuando se trata de un organismo o un tribunal cuya jurisdicción ha sido consentida y aceptada por nuestro estado, como ocurre en el sistema interamericano con la Comisión Interamericana y la Corte Interamericana de Derechos Humanos. c) La interpretación e integración constitucionales han de sintonizar y armonizar a la constitución con el derecho internacional; sobre todo en materia de derechas humanos: c) los tratados que forman parte de nuestro derecho interno (aunque sólo sean supra legales) y el derecho degentes han de merecer una interpretación aplicativa que, en coordinación con la constitución, acentúe la tendencia a la maximización y progresividad del plexo de derechos, y c") confiere hospedaje en la cláusula constitucional de los derechos implícitos (art. 33) a los derechos que emanan de fuente internacional o de fuente interna, a tono con las reglas del art; 29 del Pacto de San José de Costa Rica. 29.— Todo incumplimiento y toda violación de un tratado, sea por acción o por omisión, compromete la responsabilidad internacional del estado. Para tenerlo bien claro, de cara al derecho internacional, vale repetir insistentemente que el estado que Incumple o viola un tratado, o que descarta su aplicación por contrariar a la constitución, no queda excusado ni exculpado si alega que su derecho interno le impide priorizar al tratado. Ello en virtud de que según ya dijimos antes, en el ámbito del derecho internacional éste tiene primacía respecto del derecho interno de los estados. También sobre su constitución. 30.— También hay que traer a colación otro recordatorio: el derecho internacional humanitario, destinado a aplicarse en los conflictos bélicos para proteger personas y bienes, y el derecho internacional de los refugiados que tutela a las personas que con esa calidad, forman parte de nuestro ordenamiento interno. La integración supraestatal 31. — La integración supraestatal, y el llamado derecho comunitario como derivación de ella, cuentan desde la reforma de 1994 con el ya citado inc. 24 del art. 75. Según la letra de esta norma, nuestro estado está habilitado para “delegar competencias y jurisdicción” a organizaciones supraestatales mediante tratados de integración, hilo en condiciones de reciprocidad e igualdad, y con respeto al orden democrático y los derechos humanos. 32. — Hay que distinguir el “tratado-marco” de integración, que suele reputarse derecho comunitario “primario”, y el derecho comunitario “secundario” o “derivado”, que se compone de las normas que emanan de los órganos de la comunidad supraestatal creada por el tratado-marco de integración. Según nuestro inc. 24, que alude a “normas dictadas en su consecuencia” (en consecuencia de la transferencia competencial efectuada por el tratado de integración a favor de organizaciones supraestatales), el dere- cho comunitario secundario o derivado tiene, al igual que el tratado de integración, jerarquía superior a las leyes. 33. — Es fácil coincidir en que las normas del mencionado derecho comunitario derivado se incorporan directamente a nuestro derecho interno, sin intervención de ningún órgano de poder interno. 34.— Además, hay que tomar en cuenta todo lo que la constitución tiene señalado respecto de los mecanismos de celebración y denuncia de los tratados de integración. Los tratados provinciales 35. — Finalmente, el art. 124 -como propio de un estado federal- ha venido a prever competencias provinciales en materia de “tratados”, al modo como lo hacía el ex art. 107, que hoy es el 125, respecto de los llamados '‘tratados interprovinciales" (o tratados “internos”). A su vez, el art. 121 habilita otra clase innominada de tratados a los que alude con la expresión “pactos especiales” de una provincia al tiempo de incorporarse a la federación. Al abarcar globalmente toda esta tipología, hay que repetir que ninguno de estos ''tratados", “convenios", “pactos", etc., tiene la naturaleza de los tratados internacionales a tenor de las convenciones de Viena. En nuestro derecho interno los hemos ubicado en la categoría del derecho intra-federal. 36. — El art. 124 habilita a las provincias a celebrar “convenios internacionales" que no sean incompatibles con la política exterior del estado y que no afecten las facultades delegadas al gobierno federal o al crédito público. Ello “con conocimiento'” del congreso. La ley 24.588 habilitó a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a concertar el tipo de convenios mencionados en el art, 124, Y la constitución de la ciudad ha dado desarrollo a dicha competencia en su art- 104 inc. 3°. 37. — Tales convenios internacionales celebrados por las provincias pueden versar sobre materias de competencia provincial o de competencia concurrente con el estado federal. 38. — Si bien decimos que acá no se trata de tratados internacionales, creemos que a los tratados previstos en los arts. 124 y 125 les son aplicables supletoriamente las disposiciones del derecho internacional de los tratados cuando hace falta integrar alguna laguna normativa en nuestro derecho interno, o interpretar al tratado provincial en su naturaleza de tal. CAPITULO XXXI LA PARTE ORGANICA DE LA CONSTITUCION El poder 1 — La aparte orgánica de la constitución, a la que asignamos el nombre de “derecho constitucional del poder"', es la que ordena al poder del estado. Hay que estructurar y componer los órganos y funciones, y hay que organizar todo el aparato orgánico-funcional que, en sentido lato, llamamos gobierno. El poder del estado es un poder sobre hombres, un mando de uno o pocos individuos sobre muchos individuos, que distingue al grupo gobernante de la comunidad gobernada, en la irreductible realidad dicotómica del mando y la obediencia. 2. — El derecho constitucional del poder no es ni debe considerarse un compartimiento estanco. Por un lado, el ejercicio del poder no se recluye ni clausura dentro de la estructura gubernamental que lo pone en ejercicio, porque se expande y proyecta hacia la sociedad; por otro lado, la parte dogmática de la constitución no se incomunica sino que guarda relación recíproca con la organización del poder. Por esta tangente, el sistema axiológico integrado por valores, principios y derechos obliga y limita al poder que, en consecuencia, es un poder limitado, repartido y controlado. Latamente, se trata de la reciprocidad entre “derechos de la persona” y “división de poderes”. 3. — el poder del estado se ejerce por hombres. A los hombres que asumen esa tarea se les llama órganos, y su conjunto compone el gobierno. En los órganos estatales se acepta un doble enfoque: a) el “órgano-Individuo”, que es la persona física (una o varias) que realiza la función o actividad del poder: b) el “órgano-institución”, como repartición con una determinada esfera de competencia. Así, el “congreso", el “poder ejecutivo” y el "poder judicial" son órganos-institución, que el orden de normas configura y describe, en tanto los diputados y senadores son los órganos-individuo del congreso: el presidente de la república es el órgano-individuo del poder ejecutivo; y los jueces son los órganos-individuo del poder judicial. 4. — El poder del estado como capacidad o energía para cumplir su fin es "uno" solo, con “pluralidad” de funciones y actividades. Lo que se divide no es el poder, sino las funciones y los órganos que las cumplen. Cuando el derecho constitucional habla de “poderes” -en plural- quiere mentar los “órganos institución” con sus respectivas competencias. 5. — El órgano-institución tiene un área de competencia y un conjunto de atribuciones y facultades. La competencia es la asignación de “su" función a un órgano-institución. El uso del poder “fuera” de la competencia provoca exceso o abuso de poder; y el uso del poder “dentro” de la competencia, pero con un “fin” distinto, la desviación de poder. En el derecho constitucional del poder, la incompetencia es la regla y la competencia la excepción. 6. — la competencia condiciona la validez del acto, de modo que el emitido fuera de ella se considera afectado de nulidad. Los órganos extrapoderes 7.— La teoría clásica de Montesquieu ha elaborado una triada o trinidad de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial, y ha incluido en esa tríada a todos los órganos y todas las funciones del poder. No obstante, aparecen, a veces, otros órganos que no encajan en ninguno de los tres poderes citados. Eldel Pacto de San José de Costa Rica, es viable que después de agotar las instancias judiciales en nuestra jurisdicción interna se lleve la queja o denuncia a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la que a su vez puede, luego, valorar si el caso ha de ser elevado -o no- a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Esto es así porque la República Argentina ha acatado la jurisdicción supraestatal al momento de ratificar, en 1984, el Pacto de Costa Rica. Capítulo III EL PODER CONSTITUYENTE El poder constituyente originario y derivado 1. — Cuando a la palabra "poder" le atribuimos el significado de competencia, capacidad o energía para cumplir un fin, y al adjetivo "constituyente" le damos el sentido de constituir algo, tenemos bastante bien descripto al "poder constituyente: es el poder que constituye o que da constitución al estado. 2. — Sus dos grandes divisiones apuntan a un poder constituyente originario y a un poder constituyente derivado. El originario es el que se ejerce en la etapa fundacional que -precisamente- da origen al estado en su nacimiento y su estructura organizativa; el derivado es el que se ejerce "para introducir reformas o enmiendas a la constitución. Del poder constituyente originario se suele decir que tiene como titular natural al pueblo o a la sociedad, y ello porque al no estar predeterminada una forma política concreta para la comunidad que se va a erigir en estado, es esa comunidad la que debe elegir la de su preferencia. Ello a efectos de conferir legitimidad en el ejercicio del poder constituyente originario. Por supuesto que el pueblo como titular del poder constituyente originario no lo ejerce en forma directa ni por sí mismo, sino indirectamente a través de la habilitación que, mediante diversos mecanismos posibles, otorga a determinados sujetos que se hallan en condiciones de adoptar con eficacia una constitución dotada de suficiente consenso social. 3. — Cuando se califica al poder constituyente originario como ilimitado es menester, al día de hoy, escudriñar qué significa ese “no tener límites”. En primer lugar, quiere decir que no tiene límites provenientes de una instancia de derecho positivo superior. En segundo lugar, no significa desconocer la suprapositividad del valor justicia (o derecho natural), ni los límites que colateralmente derivan del derecho internacional público -por ej., tratados, derecho de gentes, etc.; finalmente, hay que tomar en cuenta los condicionamientos que, según el lugar, el momento, y la cultura social, provienen de la realidad con todos sus ingredientes concretos; y ello para no caer en los extravíos de un método racionalista que prescinda de cuanto esa misma realidad aconseja o exige para lograr la eficacia del producto constitucional. 4. — El poder constituyente derivado tiene límites, por dos razones como mínimo: a) porque para su reforma, la constitución señala quién tiene competencia para introducir modificaciones y qué procedimiento debe seguirse; b) porque si hay tratados internacionales incorporados al ordenamiento interno con anterioridad a la reforma, dichos tratados a veces impiden que posteriormente el derecho interno incluya ciertos contenidos incompatibles (por ej., establecer la pena de muerte). 5. — El constitucionalismo moderno ha difundido el concepto de que el poder constituyente es superior al poder constituido (del estado), con lo que se aporta, un elemento a la teoría de la supremacía de la constitución. Ahora bien, hemos de aclarar que si una constitución erige al derecho internacional como superior a ella, o como investido de su misma jerarquía, el poder constituyente del que ha surgido esa constitución suprema no la priva a ésta de la calidad de fuente primaria y básica. Ello por cuanto ha sido ese poder constituyente el que, en esa constitución, ha optado por conferir prelación al derecho internacional, o por instalarlo al mismo nivel suyo. El poder constituyente en el derecho constitucional argentino 6. — Un somero recorrido histórico en tomo de nuestro proceso constituyente admite situarlo en una fecha cierta: el año 1810, en que la emancipación del Virreynato del Río de la Plata da inicio genético a la futura formación territorial y política de la República Argentina, que culmina con la constitución de 1853. En mirada también histórica, decimos que, como en 1853 quedó segregada la provincia de Buenos Aires, la predisposición geográfica y cultural que exigía la integración en un solo estado de todas las provincias preexistentes a la federación, da base para sostener que el ciclo de nuestro poder constituyente originario iniciado en 1853 quedó abierto hasta la incorporación de Buenos Aires en 1860, año en el que la llamada “reforma" constitucional no fue ejercicio de poder constituyente derivado sino de poder constituyente originario. Por ende, la prohibición del texto de 1853 que impedía su “reforma” hasta transcurridos diez años no ha de ser aplicada para tildar de inconstitucional a los agregados y enmiendas de 1860. 7. — Mucho más tarde, a raíz de la reforma de 1994, y aunque la "letra” del art. 30 no fue modificada ni alterada, surgieron dudas acerca de la rigidez de nuestra constitución. Fundamentalmente, la afirmación de que esa rigidez se ha atenuado no ha de llegar, a nuestro criterio, a aseverar que se ha trocado en flexibilidad. Para mitigar -no para suprimir— la rigidez, cabe tomar en cuenta algunas cosas: a) la reforma de 1994 incluyó varias cláusulas muy “abiertas” o incompletas que deben ser "cerradas” mediante leyes del congreso (lo que alcanza para decir -según algunas interpretaciones- que el congreso ahora "comparte” una dosis de poder constituyente con el que ejerció la convención de 1994); b) los instrumentos internacionales de derechos humanos que conforme al nuevo art. 75 inc. 22 tienen la misma jerarquía de la constitución y que dan amplitud al plexo axiológico de derechos no forman parte de la constitución ni están “dentro” de su articulado, sino que componen, al mismo nivel del vértice constitucional, lo que se denomina el bloque de constitucionalidad federal. Etapas, límites y reformas efectuadas 8. — El art. 30 consagra la rigidez a través de varias pautas. a) En cuanto al procedimiento o mecanismo que debe seguirse para modificar el texto constitucional, hay que distinguir dos etapas: a’) en la primera, es el congreso el que toma la iniciativa para declarar que la reforma es necesaria y, según sólida doctrina que ha de reputarse como convertida en fuente de derecho espontáneo, debe puntualizar qué temas, cuestiones o normas de la constitución incluye en el listado de reforma; a”) en la segunda etapa, es una convención convocada al efecto la que tiene a su cargo decidir si, dentro del marco del listado antedicho, hace o no hace enmiendas en las materias y los contenidos para las cuales se ha reunido; por derecho espontáneo, la convención reformadora surge de la elección popular, aunque la letra del art. 30 no lo especifica. a') La declaración de la necesidad de reforma toma forma de ley, pero no es un acto materialmente legislativo, sino pre-constituyente. a”) La convención reformadora no puede introducir enmiendas fuera del temario concreto que ha fijado el congreso; todo exceso reformador queda incurso en inconstitucionalidad. Si el congreso le ha dado plazo a la convención, ésta no puede hacer reformas válidas después de vencido; si al declarar la necesidad de reforma no ha establecido plazo, el congreso no lo puede fijar después. b) En cuanto a la materia, damos por seguro -aunque nuestra opinión tiene suscitados varios disensos y réplicas- que la constitución posee contenidos pétreos que, si bien se pueden reformar, no se pueden abolir, suprimir ni sustituir por otros opuestos. Tal petreidad o petrificación surge del carácter parcialmente tradicional-historicista de nuestra constitución de 1853-1860, o sea, dederecho constitucional del poder los coloca, entonces, al margen o fuera de ellos, aunque en relación con los mismos. Por estar al margen o fuera, se les da el mencionado nombre de órganos “extrapoderes’’. Los “sujetos auxiliares” 8.- Encontramos también fuera de los tres poderes clásicos, pero sin tener calidad de órganos, una serie de sujetos auxiliares del poder. A estos sujetos los reputamos también “extrapoderes" porque no forman parte de ninguno de los poderes de la tríada, pero no los involucramos entre los “órganos” extrapoderes porque carecen de la naturaleza de órganos estatales. Así, serían sujetos auxiliares del estado: La Iglesia Católica, el cuerpo electoral, los partidos políticos, los sindicatos, etc. Tales sujetos pueden ser, en su caso, personas públicas o entes “paraestatales" que, como auxiliares del estado están “al lado” de el, pero en ese caso hay que decir que tienen naturaleza de personas de derecho público “no estatales”. Un ejemplo claro de estas últimas son las universidades nacionales, a las que el art, 75 inc.19 párrafo tercero les reconoce autonomía y autarquía. Las relaciones en los órganos del poder 9. — La actividad de Los órganos del poder implica relaciones de muy variada especie, sea dentro del mismo órgano, sea de éste en relación con otro, sea en relación con los gobernados. Llamamos: a) relaciones interórganos, a las que se dan '‘entre ” dos o más órganos; b) relaciones intraórganos a las que se dan "dentro” de un órgano colegiado o complejo (si el órgano es complejo, o sea, formado por más de un órgano, las relaciones intraórganos pueden ser simultáneamente relaciones “entre” los órganos que componen al órgano complejo); por fin, c) relaciones extraórganos son las que vinculan a los llamados sujetos auxiliares del estado con órganos del poder o con órganos extrapoderes. Algunos ejemplos pueden ser los siguientes: a) En las relaciones interórganos, las que se dan: a’) entre el poder ejecutivo y los ministros; a”) entre el poder ejecutivo y el congreso; a’’’) entre los ministros y el congreso; a’’’’) entre el poder judicial y otros órganos del poder b) En las relaciones intraórganos, las que se dan: b') entre las dos cámaras del congreso: b’’) entre órganos de i poder judicial: b’’’) para quienes consideran que nuestro poder ejecutivo no es unipersonal (porque incluyen dentro de él al ministerio), entre el presidente de la república y sus ministros. c) en las relaciones extraórganos, las que se dan: c') entre un Órgano de poder, por ej., congreso o poder ejecutivo) y un sujeto auxiliar de poder (que no es órgano de poder, por ej., los partidos, el cuerpo electoral. los sindicatos, etc.); c”) entre un órgano extrapoderes (que es órgano, por ej., e] ministerio y un sujeto auxiliar del poder. La división de poderes y su finalidad 10. — Nuestra constitución formal ha acogido el sistema clásico de la llamada división de poderes, consistente en el reparto de órganos y funciones dentro de la tríada que la constitución formal compone con las denominaciones de “poder legislativo" - “poder ejecutivo” - “poder judicial”. Esto no quita que reconozcamos la existencia de órganos creados por la propia constitución, a los que colocamos fuera de la triada y definimos como extrapoderes. 11. — La división de poderes responde a la ideología de seguridad y control que organiza toda una estructura de contención del poder para proteger a los hombres en su libertad y sus derechos. Es importante reconocer que la estructura divisoria debe interpretarse en tomo de la finalidad básica que persigue: evitar la concentración que degenera en tiranía (o autoritarismo), y resguardar la libertad de las personas. 12. — De este breve repertorio de pautas deducimos un eje inalterable que resumimos así: a) la independencia de cada uno de los “poderes” con respecto a los otros; b) La limitación de todos y cada uno, dada por: b’) la esfera propia de competencia adjudicada: b”) la esfera de competencia ajena: b”’) los derechos de los habitantes; b’’’’) el sistema total y coherente de la constitución en sus dos partes -dogmática y orgánica- que deben interpretarse de manera armónica y compatible entre sí con el contexto integral: c) el control de constitucionalidad a cargo de los jueces. No como superioridad acordada a estos por sobre los otros poderes, sino como defensa de la constitución en sí misma cada vez que padece transgresiones. 13. — En tomo de la división de poderes el derecho judicial derivado de la Corte Suprema ha sentado numerosos principios; así: a) la doctrina de la limitación de los poderes es de la esencia de ese sistema de gobierno que impone la supremacía de la constitución y excluye la posibilidad de la omnipotencia legislativa; b). ningún departamento del gobierno puede ejercer Lícitamente otras facultades que las que le han sido acordadas expresamente o que deben considerarse conferidas por necesaria implicancia de aquéllas; c) es una regla elemental de nuestro derecho público que cada uno de los tres altos poderes que forman el gobierno de la nación aplica e interpreta la constitución por sí mismo cuando ejercita las facultades que ella les confiere respectivamente; d) para poner en ejercicio un poder conferido por la constitución a cualquiera de los órganos del gobierno nacional es indispensable admitir que éste se encuentra autorizado a elegir los medios que a su juicio fuesen los más conducentes para el mejor desempeño de aquéllos, siempre que no fuesen incompatibles con alguna de las limitaciones impuestas por la misma constitución. 14.— La clásica expresión “división de poderes”-como acabamos de ver- ha sido usada habitualmente para aludir al reparto y a la distribución de órganos y funciones dentro del gobierno. No obstante, es importante que tracemos otros lineamientos de “separación” adicionales. a) Recurriendo a Maurice Hauriou, cabe hablar de tres separaciones ineludibles respecto del poder del estado, que son: a’’) el poder religiosa -o espiritual- propio de las iglesias; a’’) el poder militar, propio de las fuerzas armadas; a’’’) el poder económico, que tiene su sitio en la sociedad. Ninguno de-estos tres poderes ha de fusionarse, ni confundirse, ni entrar en maridaje con el poder estatal, como tampoco éste debe asumirlos para sí. No obstante, el poder militar tiene que subordinarse al poder del estado en el estado democrático, y el poder del estado tiene que ejercer rectoría y control respecto del poder económico-respetando razonablemente el ámbito de libertad que corresponde al último dentro de la soeiedad. b) Glosando a Pedro j. Frías decimos también que hay otra separación o división entre poder y sociedad porque el estado democrático deja fuera de su poder todo el espacio de libertad necesaria a favor de la sociedad, sin intrusiones arbitrarias, para que quede a salvo el sistema de derechos de la persona y de las asociaciones. e) Alberto A. Spota, por su parte, habla de tres divisiones: e’) una primera, entre poder constituyente y poder constituido; c’’) una segunda, entre enfado federal y provincial, a la que personalmente agregamos, sobre todo después de la reforma de 1994, los municipios de provincia y la Ciudad Autónomo de Buenos Aires; c’’’) la tercera que es la clásica división de poderes dentro del gobierno federal y de los gobiernos locales. d) Los añadidos que hemos incorporado en el inc. C.") del anterior inc. c) dan lugar a una cuarta división entre: d‘) poder provincial y poder municipal. La clasificación de las funciones del poder y la competencia de los órganos 15. — Cuando se toma rígidamente la sencilla trilogía de "congreso (o parlamento) - poder ejecutivo - poder judicial se anexa a cada uno de los respectivos órganos su propia función, que por consiguiente también se triplica: ‘'función legislativa - función administrativa - administración de justicia (o jurisdicción)".todo lo que hace parte de su contenido porque proviene, con suficiente legitimidad, de nuestro proceso entre 1810 y 1853-1860. Esos contenidos mantienen su naturaleza pétrea mientras la estructura social subyacente en la que hicieron base conserve su fisonomía. Contamos cuatro: a) la forma federal del estado; b) la forma republicana del gobierno; c) la democracia como forma de estado; d) la confesionalidad del estado. Lo prohibido sería: reemplazar el federalismo por el unitarismo, la república por la monarquía, la democracia por el totalitarismo, la confesionalidad por la laicidad. Al día de hoy, el eje troncal de los contenidos pétreos sigue apoyado en la fisonomía global de la sociedad argentina, de modo que a criterio nuestro ninguno de ellos toleraría su eliminación y sustitución por los opuestos. 9. — Haciendo entonces una retrospección, decimos que los limites de nuestro poder constituyente derivado son varios: a) los contenidos pétreos que no se pueden abolir; b) los que impiden reformas sin que el congreso haya declarado su necesidad; c) los que surgen del temario que el congreso le propone a la convención constituyente para que introduzca -o no- modificaciones; d) el quorum, que precisa el congreso para declarar la necesidad de la reforma; c) el plazo para que trabaje la convención, si es que el congreso lo ha estipulado al declarar necesaria la reforma. 10. — Estos límites derivan de la propia constitución, pero hay además límites heterónomos, o sea, que vienen desde fuera de ella. Son los propios del derecho internacional -por ej., tratados- cuando preexisten a la reforma. Así, desde que el Pacto de San José de Costa Rica forma parte de nuestro ordenamiento a raíz de su ratificación en 1984,su prohibición para que los estados que al tiempo de hacerse parte en el tratado no tenían la pena de muerte queden impedidos de adoptarla después, configura un límite: ninguna reforma constitucional podría incluir la pena de muerte en la constitución, ni establecer el deber del congreso de implantarla para determinados delitos. 11. — La jurisprudencia de la Corte ha perseverado en su axioma de que la reforma constitucional tipifica una cuestión política no judiciable, o sea, que no puede ser objeto de revisión o control judicial. Sin embargo, después de la reforma de 1994, un caso muy especial llevó a la Corte a declarar que era inconstitucional la nueva norma que a los jueces designados antes con inamovilidad vitalicia les fijaba plazo de desempeño solamente hasta cumplir 75 años (sentencia en el caso ‘”Fayt” del año 1999). Esta sentencia viene a ser un aval a lo que significa un punto de vista personal, conforme al cual todo aquél que de acuerdo a normas en vigor anteriores a una reforma adquirió un derecho (por ej., a desempeñar una función para la que se lo designó por nueve años), no puede ser privado de ese derecho ni alterado en su goce por una reforma constitucional ulterior. 12. — La reforma de 1994 y la previa declaración de su necesidad por el congreso suscitó un amplio debate, acerca del cual diremos muy brevemente que: a) cuando se declara necesaria una reforma, el congreso que fija el temario puede señalar cuál es la finalidad o el objetivo que toma en consideración para cada punto o artículo, y la convención queda vinculada por tal finalidad; o sea, puede no hacer reforma, pero si la hace no puede cambiar esa finalidad; b) es posible que asimismo el congreso consigne que se habilita la reforma de tal punto o artículo, a condición de que a la vez se modifique tal otro con el que tiene relación la finalidad perseguida; c) no es posible -y deviene inconstitucional- que el congreso que establece el temario sometido a reforma le derive a la convención una enmienda preelaborada o cerrada, »o una normativa ya redactada en su formulación. 13. — Una vez que la llamada “reforma" de 1860 es reputada como ejercicio del poder constituyente originario que, en ciclo abierto, tuvo inicio en 1853, las reformas habidas fueron las de 1866. 1898, 1957 y 1994. La de 1949 dejo un producto que quedó sin efecto después de la Revolución Libertadora del año 1955 contra el régimen peronista. La de 1972, en una época de facto, se autoatribuyó transitoriedad y rigió solamente hasta el golpe de estado de 1970. La de 1957 tuvo un vicio de origen, porque se efectuó en un período de facto y, por ende, no hubo declaración del congreso (disuelto) sobre la necesidad de la reforma, la que fue sustituida por el poder ejecutivo de facto. La de 1994 tuvo prohibida por la ley declarativa de la necesidad de reforma toda modificación en los 35 primeros artículos de la constitución, cuyo texto hubo de mantenerse sin variantes, de manera que las numerosas enmiendas que se introdujeron en 1994 quedaron ceñidas a: a) los nuevos derechos y garantías que se numeraron desde el art. 36 al art. 43; b) la parte orgánica de la constitución. El poder constituyente de las provincias 14. — Las provincias son estados componentes de nuestra federación, y disponen de poder constituyente para organizarse, dentro de los límites que impone la constitución federal. El art. 5º es muy claro en este sentido: “cada provincia dictará para sí una constitución…” “de acuerdo...", y “que asegure...”. Quiere decir que el poder constituyente provincial, tanto el que se reputa originario como el derivado, ofrece la curiosidad de subordinarse a una instancia superior que lo condiciona, y que es la constitución federal -como ya lo acabamos de recordar-. Este límite no es heterónomo porque no proviene de afuera: no es colateral ni externo. Sus pautas quedan esbozadas así: a) las constituciones provinciales han de adecuarse al sistema representativo republicano y a los principios, declaraciones y garantías de la constitución federal; b) deben asegurar el régimen municipal, la administración de justicia y la educación primaria, con más la obligación explícita (en virtud del actual art. 123) de que los municipios sean autónomos en el orden institucional, político, administrativo, económico y financiero; c) tienen prohibido invadir el área de las competencias federales. 15. — A partir del año 1985, sin que se hubiera reformado la constitución federal, tomó curso un ciclo de novísimo constitucionalismo provincial, cuya iniciativa tuvo origen en las propias provincias. Después de reformada en 1994 la constitución federal, muchas provincias también han realizado las suyas. 16. — También a raíz de que la reforma de 1994 introdujo una nueva categoría de autonomía local para la ciudad de Buenos Aires, se reunió en ésta un cuerpo con calidad de “Estatuyente”, que dictó el llamado “Estatuto Organizativo”, al que muchos confieren la naturaleza de una constitución. Capítulo IV EL ENCUADRE CONSTITUCIONAL DEL ESTADO ARGENTINO Los nombres del estado 1. — Nuestro estado surgió en 1853-1860 como estado nuevo, constituido por las provincias históricamente preexistentes que se organizaron en federación en cumplimiento de pactos también preexistentes, según reza el preámbulo. El art. 35 de la constitución consigna una diversidad de denominaciones o nombres, entre los que el más atractivo y de mejor ancestro histórico es el de “Provincias Unidas del Río de la Plata”. Sin embargo, del listado contenido en ese art. 35 el uso actual ha dado curso a dos: Nación Argentina y República Argentina. Los elementos del estado 2. — Los elementos que componen a nuestro estado son cuatro: a) La población, como conjunto de personas que, en convivencia, componen nuestra sociedad, formada por nacionales y por extranjeros: es posible distinguir: a’) la población integrada por “habitantes” con permanencia habitual y estable, a la que cabe llamar “pueblo”; a”) la población integrada por residentes sin habitualidad permanente; a”’) la población formada por transeúntes, que, no obstante, mientras se hallan en territorio argentino titularizan derechosy obligaciones de acuerdo con la constitución. 3. — El vocablo “pueblo" se usa asimismo para denominar a la parte de la población con derechos políticos; más concretamente, “pueblo" es acá el cuerpo electoral. Rechazamos la supuesta sinonimia de pueblo y nación. 4. — La nación como comunidad de personas que, en sentido sociológico, tienen una misma nacionalidad (que no necesariamente coincide con la nacionalidad “política” que adjudica el derecho positivo), no se organiza ni se transforma en estado. En nuestra opinión, la nación no recibe organización política ni deviene estado. En el vocabulario usado por el derecho constitucional argentino, y con base en el art. 35, “Nación Argentina” es uno de los nombres oficiales del estado. Asimismo, se emplea el término “Nación" como alusivo a la entidad política formada por las provincias, para así denotar la dualidad federal de "estado federal” y “provincias”. 5. — En nuestra vocabulario personal, en vez de “Nación Argentina”' debe decirse República Argentina o Estado Argentino; y en vez de “Nación” como unidad compuesta por provincias debe decirse “Estado federal”. 6. — b) El segundo elemento del estado es el territorio como base física o espacio geográfico, que se compone de: b’) el suelo o superficie; b”) el subsuelo; b”’) el espacio aéreo; b””) un espacio marítimo a partir del litoral marítimo. Según la constitución, el estado federal es el que “arregla” los límites internacionales y el que “fija” los interprovinciales. 7. — Respecto del territorio, ha de distinguirse lo que es dominio y lo que es jurisdicción, porque -por ejemplo- las provincias costeras poseen el dominio del espacio marítimo como parte integrante de su territorio, pero el estado federal tiene jurisdicción parcial en él para fines determinados por la constitución (así, para el comercio interprovincial e internacional, para la defensa y seguridad del estado, para los juicios que según la norma del art. 116 son de competencia de los tribunales federales). 8. — c) El poder es el tercer elemento del estado, con el que la mayor parte de la doctrina cierra la trilogía porque, a diferencia de nosotros, no agrega como cuarto elemento al gobierno. El poder -que es poder político porque es del estado- entraña una capacidad o potencia disponible para desarrollar la actividad conducente al fin estatal de bien común público. Por eso, el poder en cuanto potencia necesita ser puesto “en acto’’, o sea, tiene que ser impulsado y ejercido. De ahí que haya que añadir como cuarto elemento al gobierno, porque el poder sin gobierno es como un motor al que le falta quien lo accione. 9. — d) El gobierno -que, valga repetir, no es lo mismo que el poder y no se confunde con él- es el conjunto de personas que, como titulares del poder, y con calidad de gobernantes, ejercen el poder del estado. Se los llama también operadores constitucionales, y vienen diagramados como órganos que despliegan funciones. La actividad del gobierno se imputa al estado en cuanto persona jurídica a la que los órganos gubernamentales representan. 10. — Cuando se habla de “división de poderes” hay que tener en claro que el poder es uno solo y que no se divide. Lo que se divide son las funciones y los órganos que, clásicamente, forman una tríada: poder ejecutivo, poder legislativo, poder judicial. 11. — En el nexo que vincula al gobierno con el poder se habla de una legitimidad “de origen” y una legitimidad "de ejercicio", con la legitimidad de origen se alude al título del gobernante, según haya accedido al poder de acuerdo a las normas o reglas constitucionales o legales; por eso, a los gobernantes de facto (de hecho) que no han llegado al poder según las vías o los procedimientos preestablecidos, se les niega legitimidad de origen. La legitimidad de ejercicio se refiere al modo como se ejerce el poder, o sea, que tal legitimidad existe cuando el poder es ejercido para el bien común público, y se pierde cuando hay apartamiento o violación de ese fin. 12. — El art. 36 de la constitución descalifica e incrimina la interrupción por actos de fuerza del orden institucional y del sistema democrático, así como la usurpación que en consecuencia se haga de las funciones gubernamentales. Acá juega la ausencia de legitimidad de origen. En el mismo art. 36 está previsto el derecho de resistencia contra quienes ejercen los actos de fuerza a que acabamos de referimos. 13. — El poder que al organizarse jurídicamente no deriva la validez de su normación positiva de una instancia más alta en cuanto orden superior, posee una cualidad que se llama soberanía. La soberanía, entonces, es una cualidad del poder que, según dijimos, carece de subordinación o dependencia para organizarse jurídicamente. La soberanía no tiene titular, ni reside en el pueblo (lo que reside en el pueblo es el poder constituyente originario). El estado es o no es soberano según que su poder posea o no la aludida cualidad de soberanía. Formas de estado y de gobierno 14. — Cuando atendemos a normas de la constitución como las de sus arts. 1º, 22, 39 y 40, encontramos formas de estado, formas de gobierno, y formas que se apodan como semidirectas. El federalismo es una forma de estado, y no de gobierno. La república es una forma de gobierno. La democracia, que no viene definida en la letra de la constitución, pero que integra su contenido, es una forma de estado. Las dos formas semidirectas que introdujo la reforma de 1994 son la iniciativa legislativa popular y la consulta popular. Sobre el federalismo omitiremos ahora todo desarrollo, porque será objeto del capítulo V. 15. — La república es una forma organizativa del gobierno, a la que se tipifica con los siguientes caracteres: a) división de poderes (o sea. de órganos y funciones); b) elección popular de los gobernantes; c) temporalidad del ejercicio del poder (o sea, renovación periódica de los gobernantes); d) publicidad de los actos del gobierno; e) responsabilidad de los gobernantes; f) igualdad ante la ley. 16. — La forma representativa, mencionada y definida en el art. 22 de acuerdo al adagio de que “el pueblo se gobierna a sí mismo por medio de sus representantes", no tiene ni puede tener, a juicio nuestro, existencia y funcionamiento, sencillamente porqué una pluralidad tan heterogénea de personas y grupos como es la sociedad (el pueblo) carece de la mínima unidad indispensable, tanto en su composición como en sus fines parciales, para hacer viable fácticamente su representación en cuanto totalidad. 17. — La democracia es una forma de estado porque, como toda forma de estado, implica relación entre el poder y otro elemento (que puede ser el territorio en el federalismo, o el pueblo en la democracia) y que, por ser el pueblo, sitúa a las personas que forman parte de él en un régimen de libertad, con respeto a su dignidad, y con efectiva vigencia de los derechos. Habíamos anticipado que tal concepto no aparece descripto en la constitución, no obstante que hay alusiones a la democracia en numerosos calificativos adjudicados al sistema político (por ej., en los arts. 14 bis, 36, 38, 75 incs. 19 y 24). 18. — Federalismo y democracia, en cuanto formas de estado, integran los contenidos pétreos de nuestra constitución. 19. — En la estructura que ésta delinea dentro del segmento dedicado a la organización del poder (derecho constitucional del poder), la letra de la constitución divide lo que ella llama “Autoridades de la Nación” (o sea, autoridades del estado) en “gobierno federal” y “gobiernos de provincia” (con inclusión, desde la reforma de 1994, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires). La población: nacionalidad, ciudadanía y extranjería 20. — El rubro constitucional dedicado a la población en cuanto elemento humano del estado obliga a analizar lo que es la nacionalidad, la ciudadanía y la extranjería. Nacionales, ciudadanos, extranjeros, son sereshumanos que conviven socialmente. 21. — Ya dijimos que la nacionalidad a la que se refiere la constitución no es la nacionalidad en sentido sociológico (o sea, el vínculo espontáneo y natural que a una persona la hace pertenecer a una nación); la nacionalidad regulada por el derecho constitucional es la nacionalidad “política” que, huelga repetir, depende de lo que las normas jurídicas disponen. Esta nacionalidad política se define como la situación jurídica con que una persona es investida por el derecho positivo en relación al estado, según el criterio que ese derecho positivo adopta (por ej., el lugar de nacimiento, la nacionalidad paterna, la naturalización, el domicilio, etc.). Si reducimos las categorías a las de “ius soli” y “ius sanguinis”, decimos que nuestra constitución ha elegido el “ius soli”. 22. — La ciudadanía, tomada científicamente desde el punto de vista doctrinario, es también una situación jurídica que depende del derecho positivo, y que ostentan las personas que titularizan el ejercicio de los derechos políticos. En nuestra constitución, la ciudadanía está identificada con la nacionalidad, de modo que todos los nacionales son ciudadanos, y viceversa; ello se infiere del art. 20, cuando dice que los extranjeros gozan en el territorio argentino de los mismos derechos civiles del "ciudadano”, o sea, de quien por haber nacido acá no es extranjero sino “nacional”. Además, el mismo art. 20 aclara que los extranjeros no están obligados a admitir la ciudadanía, o sea, la nacionalidad por naturalización. 23. — Deslindemos, entonces, lo que a la fecha creemos que deriva tanto de la constitución (incluso después de su reforma en 1994) como de la ley 346. Hay: a) nacionalidad por nacimiento, llamada asimismo nativa, natural, o de origen, que surge de aplicar, el “ius soli”, y que es igual a ciudadanía (también natural); b) nacionalidad por opción, a favor de quienes son hijos de argentinos nativos que nacen en el extranjero y que “optan” por la nacionalidad paterna o materna argentina; c) nacionalidad por naturalización, que se confiere al extranjero que la solicita y que reúne las condiciones fijadas en la constitución y en la ley. 24. — La nacionalidad por opción y por naturalización son voluntarias y quedan sujetas a eventual pérdida, si concurre una causal razonable. En cambio, estamos cienrtos de que la nacionalidad nativa no admite pérdida y si acaso una ley establece lo contrario, hay que decir que esa ley es inconstitucional; ello porque la nacionalidad nativa está automática y directamente atribuida por la constitución a quienes nacen en territorio argentino. 25. — Por la identidad entre nacionalidad y ciudadanía, si la nacionalidad nativa no tolera pérdida, su equivalente ciudadanía natural tampoco. A la inversa, cuando se pierde la nacionalidad por opción o por naturalización se pierden las equivalentes ciudadanías. 26. — Nuestro derecho constitucional acoge la unidad de la nacionalidad; o sea que, salvo la excepción de doble o múltiple nacionalidad (derivada habitualmente de tratados internacionales), cada persona solamente tiene una nacionalidad. La nacionalidad, además, es una sola para todo el país y lo que es consecuencia de ello: no hay nacionalidad ni ciudadanía provinciales. El art. 8º da a entender que las provincias no pueden modificar la condición de ciudadano en perjuicio de los ciudadanos de otra provincia, ni en beneficio de los ciudadanos propios, porque de dicho artículo se desprende el principio que consagra la igualdad de todos los ciudadanos en todas las provincias. 27. — No sería constitucional imponer (coactivamente) a la mujer casada con un argentino la nacionalidad de éste, aunque no sería inconstitucional que la ley previera en caso de matrimonio el derecho de elegir (voluntariamente) la nacionalidad argentina del cónyuge. Esto último porque el actual art. 75 inc. 12 prevé la “opción” en beneficio de la nacionalidad argentina. 28. — Con la reforma de 1994, hay tratados de jerarquía constitucional que contienen normas en materia de nacionalidad. Una de ellas, en el Pacto de San José de Costa Rica, consigna que toda persona tiene derecho a una nacionalidad. El Pacto de Derechos Civiles y Políticos, y la Convención sobre Derechos del Niño, contienen normas similares. La na- cionalidad está prevista, asimismo, en la Convención sobre la Eliminación de todas Las Formas de Discriminación Racial y de Discriminación contra la Mujer. El derecho constitucional de los extranjeros 29. — Nacionales y extranjeros titularizan los mismos derechos civiles, según los arts. 14 y 20. Actualmente, tal igualdad debe considerarse abarcativa también de los derechos sociales. Por otro lado, son muchas las cláusulas de tratados de derechos humanos con jerarquía constitucional que, entre las discriminaciones que por ser arbitrarias se prohíben, incluyen la que se sustenta en el origen racial o nacional o étnico. 30. — Es importante reconocer que, además de la igualdad de los extranjeros que se hallan en nuestro territorio, debe darse por cierto que toda persona, sea o no habitante, se halle o no en territorio argentino, queda sometida a jurisdicción argentina y al amparo de nuestra constitución por los actos que realiza en el país desde el exterior (por ej., adquirir un bien inmueble, que implica reconocerle su derecho de propiedad a tenor del art. 14 y del art. 17). Tal protección, por ende, cubre bienes y capitales que extranjeros tienen en Argentina. Las personas colectivas o jurídicas -es decir, no físicas- gozan de análoga cobertura. 31. — Cuando repasamos el derecho constitucional de los extranjeros, comenzamos con su ingreso y admisión. Esta dualidad significa que hay un derecho “a entrar" al territorio argentino (que el art. 14 atribuye a los habitantes), que deriva no sólo de la igualdad de derechos entre nacionales y extranjeros, sino de la convocatoria que hace el preámbulo a todos los que quieran habitar en el país. Esta “entrada” no es un acceso puramente físico porque, además de “entrar”, hace falta que quien ingresa cumpla ciertas condiciones razonables de control y admisibilidad, a efectos de alcanzar una permanencia legal. La admisión de extranjeros guarda cierta relación con el asilo político y con la protección que el derecho internacional dispensa a los refugiados (que son personas que han abandonado su país de origen por temor a persecuciones a causa de su raza, religión, opiniones políticas, nacionalidad, etc.). 32. — En el tema del ingreso y la admisión de extranjeros hace fuerte presencia la obligación que el art. 25 impone al gobierno federal para fomentar la inmigración (la norma la califica como “europea”, debido a que a la época de dictarse la constitución era casi la única posible para cumplir con los fines útiles que la misma norma señala: labrar la tierra, mejorar las industrias, etc.). Una interpretación históricamente actualizada nos lleva a dar por cierto que ahora la promoción inmigratoria no se recluye en favor de personas de origen europeo, sino de todas cuantas cumplan las condiciones que prevé el art. 25. Asimismo, las pautas sobre inmigración no se limitan a la que es plural o masiva, sino que alcanzan también al ingreso individual de extranjeros. 33. — El art. 14 alude al derecho de permanecer, una vez que mencionó el derecho de entrar. Hay que ver, entonces, un mínimo de tres supuestos, que son: a) el de los residentes “ilegales”, que ingresaron eludiendo o no sometiéndose al control y a las condiciones razonables, o que habiendo entrado legalmente por tiempo determinado, permanecen una vez vencida la autorización para permanecer; b) los residentes “temporarios", que son quienes permanecen durante el lapso autorizado, a cuyo término deben salir, o renovar su residencia; c) finalmente, los residentes “permanentes ", que son habitantes de permanencia regular. 34. — El extranjeroque se naturaliza argentino deja de ser extranjero. 35. —Todo extranjero que, cualquiera sea su calidad de residencia, está en territorio argentino, titulariza determinados derechos que a ninguna persona le pueden ser negados (a la vida, a la salud, al debido proceso, etc.). Hay, al contrario, otros derechos que no pueden ser ejercidos por quienes, según su calidad de residencia o permanencia, quedan razonablemente excluidos (por ej., para trabajar es menester revestir una cierta situación de residencia que, con suficiente razonabilidad. esté exigida por la ley). 36. — La expulsión de extranjeros -lisa y llana- es para nosotros inconstitucional, porque los argentinos no son pasibles de ella, de modo que la igualdad de derechos civiles que consagra el art. 20 para ambos hace arbitraria la discriminación. La expulsión inconstitucional es La que se consuma en desmedro de extranjeros que, por su situación legal o fáctica, tienen un derecho “a permanecer” que el art. 14 reconoce a todos los habitantes. Tal derecho no se pierde ni aun cuando el extranjero delinca. No es expulsión (y por ende, no es inconstitucional) la salida, incluso compulsiva, de extranjeros que ingresan ilegalmente (siempre que tal salida sea relativamente inmediata, pero no si recién es compelida cuando ha transcurrido largo tiempo desde la entrada ilegal, pues en tal caso bien cabe alegar que el extranjero “ilegal” se ha transformado en habitante). Tampoco es expulsión la salida, incluso compulsiva, de extranjeros con residencia temporaria o transitoria que se quedan en el país una vez vencido el plazo autorizado para permanecer. En jurisprudencia a nuestro criterio equivocada, la Corte considero que la expulsión (para nosotros inadmisible) no es contraria a la constitución. 37. — Las denegatorias de permanencia o de radicación que no satisfacen razonabilidad de causa y fundamento son inconstitucionales. 38. — Los tratados internacionales que forman parte del derecho argentino, tengan o no jerarquía constitucional, y que habilitan la expulsión de extranjeros, no deben aplicarse, porque el propio derecho internacional hace prevalecer en tal supuesto la aplicación de normas -internas o internacionales- que son más favorables para la persona. Y ya dijimos que, conforme a nuestra interpretación, la constitución impide la expulsión de extranjeros. 39. — Es útil también recordar que "salir” del país es un derecho y no una obligación, lo que vale para respaldar la noción de que en los casos que a juicio nuestro configuran expulsiones inconstitucionales, el estado se arroga la competencia de convertir el “derecho” a salir en el “deber” de irse. Las obligaciones constitucionales 40. — Conviene que el panorama descriptivo del encuadre constitucional de nuestro estado incluya, aunque sea someramente, una referencia a lo que damos en llamar obligaciones constitucionales. Obligación es acá sinónimo de deber, y permite trasladar al tema la tríada que el derecho privado compone con: a) obligaciones de dar, b) obligaciones de hacer; c) obligaciones de omitir. Así como hay derechos implícitos, hay también obligaciones implícitas. Las obligaciones constitucionales pueden recaer: a) en el estado (federal, provincial, municipal, y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires); b) en todos los habitantes, sea en relaciones entre particulares, sea en relación con el estado; c) en los ciudadanos (si se toma la ciudadanía en sentido restringido, como por ej., para armarse en defensa de la patria y la constitución -art. 20-; para votar -art. 37-). 41. — La constitución emplea en su texto una serie de palabras que, sea con una expresión o con otra, no dejan duda de que se está refiriendo a obligaciones o deberes del estado, del gobierno, de los órganos de poder, y a competencias cuyo ejercicio viene impuesto también imperativamente, o sujeto a condiciones que implican la obligación de atenerse a ellas aunque, acaso, la competencia no sea en sí misma de ejercicio obligatorio. 42. — Para el sistema constitucional de derechos humanos es muy importante tomar en cuenta la reciprocidad de derechos y obligaciones, para señalar cuáles son las obligaciones que el estado y los particulares -en cuanto sujetos pasivos- deben cumplir en relación con las personas que titularizan derechos como sujeto activo. Tales obligaciones pueden ser de omisión o abstención, de dar y de hacer (estas dos implican prestaciones positivas -por ej., pagar el salario, otorgar horarios de descanso laboral, brindar atención médica paga o gratuita, etc.). Capítulo V EL FEDERALISMO ARGENTINO Fisonomía y origen 1. — Nuestra constitución adopta la forma federal de estado. Ella importa una relación del poder con el territorio: el poder se descentraliza políticamente con base física, geográfica o territorial. Federalismo es lo opuesto a unitarismo. Además, combina una fuerza centrífuga en cuanto descentraliza al poder, con una fuerza centrípeta en cuanto la pluralidad y autonomía de varios estados se integra en la unidad de uno solo: el estado federal. Con la reforma de 1994 hay que completar el cuadro: en las provincias hay, y debe haber, municipios con autonomía conforme a los arts. 5º y 123; y a las provincias se suma un nuevo sujeto de la relación federal, que es la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 2. — La federación argentina surge como estado nuevo con la constitución de 1853. La provincia disidente de Buenos Aires se incorpora en 1860, y deja clausurado en esa fecha el ciclo de poder constituyente originario. Pero ha de recordarse que el federalismo no ha sido una improvisación ni una creación repentina, sino que ha estado precedido por un proceso que fue gestando su realidad sociológica y política. 3. — En apretado resumen, retrocediendo a la etapa anterior a 1810, hay que mencionar a las ciudades que la colonización española fue fundando en las corrientes del norte, del oeste y del Río de la Plata, y que extendieron sus zonas de influencia preparando las futuras regiones territoriales. Por otro lado, los órganos de gobiernos locales -sobre todo los cabildos- proporcionaron al federalismo futuro una base municipal o comunal. Ideológicamente, desde la revolución de Mayo, se perfilaron dos sectores: el unitario y el federal que, un poco ligeramente, lleva a recordar que el unitarismo fue preponderantemente monárquico, liberal, centralista, y de fuerte influencia porteña, en tanto el federalismo aglutinaba a la masa popular e inorgánica de tendencia republicana y federalista. Sin que esto signifique una coincidencia perfecta, cabe situar al principal núcleo representativo de la corriente unitaria en la capital, y al pueblo federal en la campaña. 4. — La cronología histórica del federalismo argentino reconoce tres fuerzas de integración, que son otros tantos factores de predisposición: a) una fuerza proveniente del medio físico-natural (fuerza mesológica), donde la situación capitalina de Buenos Aires jugó como polo de atracción de las provincias, y conformó el diseño de un ámbito territorial preexistente a 1853-1860; b) una fuerza ideológica, que es la doctrina federal, cuya mejor expresión sistematizada fue el pensamiento oriental con base en Artigas; c) una fuerza instrumentadora, que fue aportada por los pactos interprovinciales. 5. — De todo este proceso genético inferimos que el federalismo que el constituyente organizó en 1853-1860 es un contenido pétreo de la constitución, que se puede reformar pero no se puede suprimir. El derecho “federal” 6- — Nuestra estructura federal ha dado curso a la expresión “derecho federal”. En sentido amplio, esta denominación alude al derecho emanado del estado federal a través del gobierno federal. No obstante, en nuestro derecho constitucional hay que hacer un desglose dentro del sentido amplío del derecho federal para dar lugar al llamado “derecho común". El derecho común queda