Logo Passei Direto
Material
¡Estudia con miles de materiales!

Vista previa del material en texto

El "Buey Mudo" que hizo temblar al mundo 
Tomás nació en Roccasecca, cerca de Nápoles, Italia, alrededor de 1225, en el seno de 
una familia noble que tenía grandes planes políticos para él. Sin embargo, mientras 
estudiaba en Nápoles, conoció a los dominicos, una orden mendicante recién fundada 
que se dedicaba al estudio y a la predicación itinerante. 
A su familia le horrorizó la idea de que Tomás fuera un monje "pobre" y llegaron al extremo 
de secuestrarlo y encerrarlo en un castillo durante más de un año para hacerlo cambiar 
de opinión. Incluso le enviaron una cortesana a su celda para tentarlo, pero Tomás la 
ahuyentó con un tizón ardiente. Al ver su determinación, su familia finalmente cedió. 
Debido a su físico robusto, su timidez y su carácter silencioso, sus compañeros de estudio 
en París y Colonia lo apodaron el "Buey Mudo". Su maestro, San Alberto Magno, viendo el 
genio oculto de su alumno, pronunció una frase profética: 
"Lo llamamos buey mudo, pero sus mugidos resonarán un día en el mundo entero". 
La gran hazaña: Casar la fe con la razón 
En el siglo XIII, las obras del filósofo griego Aristóteles volvieron a entrar a Europa a través 
de traducciones árabes. Esto causó un terremoto intelectual: muchos teólogos cristianos 
veían con miedo la filosofía pagana, creyendo que amenazaba la fe. 
La gran revolución de Tomás de Aquino fue demostrar que la fe y la razón no se 
contradicen, sino que se complementan. Para Tomás, ambas provienen de Dios: la razón 
nos ayuda a entender el mundo natural, y la fe nos revela verdades divinas que van más 
allá de lo que nuestra mente puede alcanzar por sí sola. 
Usó la lógica estricta de Aristóteles para estructurar, defender y explicar toda la teología 
cristiana. 
Su obra cumbre y las "Cinco Vías" 
Tomás escribió una cantidad monumental de libros, pero el más famoso es la Summa 
Theologiae (Suma Teológica), una especie de enciclopedia donde responde a cientos de 
preguntas sobre Dios, el ser humano y la moral mediante un método riguroso: planteaba 
una duda, exponía los argumentos en contra, luego su propia respuesta y, finalmente, 
refutaba uno a uno los argumentos iniciales. 
Dentro de esta obra se encuentran sus famosas Cinco Vías, que son cinco argumentos 
lógicos para demostrar la existencia de Dios partiendo de la observación del mundo real (y 
no de la fe): 
1. El movimiento: Todo lo que se mueve es movido por otro. Debe existir un Primer 
Motor Inmóvil que inicie todo, al que llamamos Dios. 
2. La causa eficiente: Nada puede ser causa de sí mismo. Debe haber una Primera 
Causa no causada. 
3. La contingencia: Las cosas en la naturaleza nacen y mueren, podrían no existir. 
Debe existir un Ser Necesario que no dependa de nada para existir. 
4. Los grados de perfección: Vemos cosas más o menos buenas, nobles o 
verdaderas. Esto exige un modelo de Perfección Absoluta. 
5. El orden del universo: El mundo sigue leyes y un orden inteligente (el diseño de la 
naturaleza). Debe existir una Inteligencia Suprema que dirija ese orden. 
El silencio final y su legado 
Hacia el final de su vida, el 6 de diciembre de 1273, mientras celebraba la misa en 
Nápoles, Tomás tuvo una profunda experiencia mística. Después de ese momento, dejó de 
escribir por completo. Cuando su secretario le rogó que continuara la Suma Teológica, 
Tomás le respondió: 
"No puedo hacer más. Todo lo que he escrito me parece paja en comparación con lo que 
he visto y se me ha revelado". 
Murió unos meses después, en 1274, a los 49 años. Fue canonizado en 1323 y declarado 
Doctor de la Iglesia en 1567 (conocido como el Doctor Angélico). Su pensamiento, 
llamado tomismo, sigue siendo la columna vertebral de la filosofía católica y un pilar 
fundamental del pensamiento occidental.