Vista previa del material en texto
MANUAL DE TERAPIAS CONDUCTUALES CONTEXTUALES U�� ���������� ������� ����������� Juan José Ruiz Sánchez MANUAL DE TERAPIAS CONDUCTUALES CONTEXTUALES U�� ���������� ������� ����������� Juan José Ruiz Sánchez Título:MANUAL DE TERAPIAS CONDUCTUALES CONTEXTUALES Una exposición crítica descriptiva Primera edición: 2021 ISBN: 978-84-123118-2-2 ISBN ebook978-84-123118-4-6 Depósito legal: CO/18-2021 © del texto: Autor: Juan José Ruiz Sánchez © 2021 Ediciones Psara. Ediciones Psara forma parte del proyecto formativo de Itaca Formación. www.psaraediciones.es info@psaraediciones.es Impreso en España – Printed in Spain Quedan prohibidos, dentro de los lı́mites establecidos en la ley y bajo los apercibimientos legalmente previstos, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, el alquiler o cualquier otra forma de cesión de la obra sin la autorización previa y por escrito de los titulares del copyright. Dirı́jase a editorial@psaraediciones.es si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. Índice Prólogo 11 Introducción 13 Parte I Fundamentos de las terapias conductuales contextuales Capítulo 1 Fundamentos �losó�cos: conductismo radical y contextualismo funcional 19 Capítulo 2 Fundamentos basados en los principios del aprendizaje: aprendizaje respondiente, aprendizaje operante y aprendizaje relacional 41 Capítulo 3 Fundamentos clínicos: análisis funcional de la conducta. El análisis funcional de la conducta verbal 67 Capítulo 4 Controversias internas en las terapias conductuales contextuales y sus repercusiones en el trabajo clínico 93 Parte II Aspectos básicos de los principales enfoques de terapias conductuales contextuales Capítulo 5 Terapia de aceptación y compromiso 115 Capítulo 6 Psicoterapia analítica funcional 147 Capítulo 7 Terapia de activación conductual 183 Capítulo 8 Terapia dialéctica conductual 205 Capítulo 9 Terapias de pareja de tercera generación 231 Capítulo 10 Terapia de interacción padres-hijos 255 Capítulo 11 Terapias contextuales de inspiración cognitiva, mindfulness y compasión 273 Capítulo 12 Hacia la integración de las terapias conductuales contextuales 327 Capítulo 13 Terapias conductuales contextuales adaptadas a contextos públicos y masi�cados. Herramientas básicas 359 Capítulo 14 Terapias conductuales contextuales de grupos 393 Capítulo 15 Terapias conductuales sin olas 463 Capítulo 16 La supervisión y la formación clínica en terapias conductuales contextuales 497 Prólogo Cuando en pleno con�inamiento decidimos realizar “una cabriola más” y editar nuestro propio manual para el alumnado que participa en nuestras formaciones, aparecı́a muy difı́cil lograrlo en unos pocos meses encargando capı́tulos a diversos autores. Al tiempo eso hubiera producido, probablemente, una visión difı́cil de conjuntar, un discurso que si bien hubiese tenido momentos brillantes es posible que hubiese carecido de solidez. Recurrir a mi admirado y buen amigo Juan José Ruiz fue, sin duda, la mejor solución posible. Es difı́cil encontrar en el mundo de la terapia psicológica, independientemente de etiquetas, alguien con los conocimientos de Juanjo y con su capacidad de trabajo. Lo que aquı́ tenéis es fruto no solo del conocimiento sino también de su amistad, donde los reforzadores son tan abundantes que producen nuevas ideas y creaciones. Un recorrido desde las raı́ces de las terapias contextuales hasta las posiciones actuales donde a menudo aparecen disputas intelectuales que consideramos son positivas. Como todo lo relativamente reciente existen desajustes y el autor no ha querido obviarlos. No ha dicho las últimas palabras sobre ningún tema y lo sabemos, ası́ que os invitamos a que cada una de vosotras y de vosotros dudéis, os pronunciéis en tantas vı́as como os sea posible, incluyendo esas redes sociales y todas los formatos que colabororán a continuar haciendo al modelo conductual-contextual, la psicologı́a más viva del siglo XXI. Gracias Juanjo. Miguel Valenzuela Director Ítaca Formación Córdoba, enero de 2021 Introducción Las terapias conductuales contextuales suponen una variedad de procedimientos de intervención psicológica asentada �ilosó�icamente en el conductismo radical de Skinner y en los desarrollos postskinnerianos del contextualismo funcional. Estas terapias parten de una concepción holista de los seres humanos como sujetos en interacción continua con su medio ambiente natural y social mediante su conducta operante, de modo que el mundo actúa sobre estos mediante las cosas que le pasan e in�luyen involuntariamente (condicionamiento clásico) y este actúa voluntariamente sobre el mundo de su vida transformándolo por el efecto de las consecuencias de esas acciones (condicionamiento operante). También los seres humanos aprenden a relacionar mediante el desarrollo de su lenguaje en contextos sociales a partir de aproximadamente el segundo año de vida a relacionar estı́mulos de su entorno de manera arbitraria sin relación directa con los hechos fı́sicos que viven. Este aprendizaje relacional es un tipo de operante verbal especial que posibilita, por un lado, la capacidad de anticipar, recordar, proyectar, imaginar y resolver múltiples problemas mediante lo que se llama tradicionalmente «inteligencia» o «cognición» sin necesidad de tener que contactar con las condiciones directas del mundo fı́sico. Igualmente, este aprendizaje relacional verbal-cognitivo tiene una cara más amarga en forma de in�lexibilidad psicológica que subyace a la mayorı́a de los llamados problemas psicológicos. Muchas de las terapias conductuales contextuales —en especial la ACT y la FAP— se valen del análisis de estos repertorios verbales-cognitivos para promover el cambio psicológico. Los psicólogos conductuales contextuales usan el análisis continuo de las relaciones entre la persona y su entorno mediante el llamado análisis funcional de la conducta, que sitúa a estas en sus contextos de vida, y no en mundos mentales inferidos, buscando las variables antecedentes y consecuentes que mantienen sus di�icultades donde son clave las discrepancias entre las conductas regidas por las contingencias directas de sus experiencias de cómo les va la vida en relación con sus actos y circunstancias y las conductas regidas por reglas; o sea, el control verbal-lingüı́stico del entorno social que les dice e indica cómo hay que actuar, cómo dice que es la vida y qué les espera en ella. En este análisis funcional de la persona en situación de su vida, en contexto, es pertinente desde esta perspectiva que se hable de cómo le va al cliente en sus circunstancias de su vida fuera de la consulta, qué hace ante ellas y a dónde le conducen esas acciones, e igualmente se busquen las equivalencias funcionales entre esas conductas relatadas de fuera y las que presenta aquı́ y ahora en las mismas sesiones de terapia ante el clı́nico (conductas clı́nicamente relevantes) de modo que, mediante el intercambio verbal y otros procedimientos en vivo o experienciales se refuercen, castiguen, extingan, bloqueen y se relacionen directa o metafóricamente con aspectos valiosos de estas personas/clientes, de modo que lo aprendido en consulta se trans�iera a sus vidas fuera de esta y sin la presencia directa del terapeuta. Para realizar el trabajo anterior se han desarrollado seis enfoques terapéuticos: la terapia de aceptación y compromiso-ACT (centrada en la promoción de la �lexibilidad psicológica); la psicoterapia analı́tica funcional-FAP (centrada en la creación de relaciones ı́ntimas y satisfactorias); la terapia de activación conductual-AC (centrada en el contacto con fuentes de grati�icación antidepresivas); la terapia dialéctica conductual-DBT (centrada en el desarrollo de diversos repertorios de conductas funcionales en personas con di�icultades para manejar o regular sus emociones y conductas impulsivas); la terapiaintegral de pareja-TIP (centrada en buscar un equilibrio entre la resolución de problemas y la aceptación del cónyuge en las relaciones con�lictivas de pareja) y la terapia de interacción padres-hijos (centrada en el manejo de las di�icultades de conducta de niños de corta edad mediante una combinación de procedimientos operantes, guı́a de valores familiares y terapia de juego). Estos seis enfoques se basan en el conductismo skinneriano y postskinneriano. Igualmente, se han desarrollado combinaciones de los enfoques anteriores aplicados a diversas poblaciones y en diferentes formatos de manera individual, en pareja, en grupos y en intervenciones comunitarias. Paralelamente, in�luido e in�luyente en los anteriores enfoques, las llamadas terapias cognitivas conductuales han evolucionado hacia enfoques más contextuales —en el sentido de no luchar contra el sı́ntoma, sino de ampliar el horizonte valorativo de la persona— y se han acercado plenamente a las prácticas del mindfulness de tradición budista milenaria desde una perspectiva conductista metodológica (que no radical), apareciendo las llamadas terapias cognitivas basadas en el mindfulness, la compasión y en diversos constructos neuro�isiológicos. El hecho es que ambos desarrollos, el conductista radical skinneriano/postskinneriano y el conductista metodológico entran en colisión paradigmática o en intentos de componendas y convivencia como una pareja con sus momentos peores y mejores, siendo asunto central de las grandes polémicas internas entre los psicólogos conductistas contextuales actuales. Otro asunto en juego candente y en debate es si las distintas terapias contextuales deben articularse en un solo modelo con diferentes aplicaciones, ya sea regido por la teorı́a del marco relacional como paraguas conceptual uni�icador, el análisis clı́nico de la conducta, los llamados procesos básicos (a la postre, los principios básicos del aprendizaje) o en la lı́nea de la colección variopinta de los llamados procesos psicológicos. Aquı́ entran en juego no solo diferencias epistemológicas, sino a veces también intereses puramente mercantiles y económicos en juegos de poder e in�luencia personales e institucionales. También hay que considerar como asunto esencial que las terapias conductuales de inspiración skinneriana, sobre todo en Brasil, y en Estados Unidos con el trabajo de Julie S. Vargas (hija de Skinner), ha continuado su desarrollo al margen de las terapias conductuales contextuales de tercera generación y son una poderosa alternativa a estas. En otro orden de cosas, esta obra también aborda cómo supervisar y en qué habilidades formar a los terapeutas contextuales para que se las puedan ver con diversos problemas y dramas humanos y qué modelos de supervisión y formación son los más usados y pertinentes al respecto. Juan José Ruiz Sánchez U� beda, 19-08-2020 PARTE I FUNDAMENTOS DE LAS TERAPIAS CONDUCTUALES CONTEXTUALES Capítulo 1 Fundamentos �losó�cos: conductismo radical y contextualismo funcional 1.1. Importancia de la �losofía En nuestra época la �ilosofı́a es un saber menospreciado frente al referente hegemónico de la ciencia, y aún más de la tecnologı́a. En esto tiene que ver cómo nuestras sociedades occidentales valoran la tecnologı́a como producto cientı́�ico, a pesar de que la ciencia no se reduzca a la tecnologı́a. Las aplicaciones tecnológicas suelen venderse y promocionarse publicitariamente como productos de consumo de aparatos y aparatajes que se asocian culturalmente a unos mensajes incisivos y repetitivos que buscan relacionar la felicidad con la comodidad del uso de diferentes dispositivos tecnológicos, sin apreciar su lado oscuro de frecuentes enganches y constricción de las vidas de las personas en muchos aspectos esenciales. Las psicoterapias como tecnologı́as aplicadas de la ciencia psicológica tienen muchos aspectos de�initorios de los rasgos tecnológicos anteriores. Se suelen promocionar como productos de consumo encaminados a aumentar la felicidad o, al menos, para eliminar o controlar los obstáculos emocionales que impiden el acceso al bienestar, la tranquilidad y la paz mental. La psicologı́a está de moda y muchos estudiantes la escogen, aún en época de crisis económica. Sin embargo, las ciencias y la psicologı́a como ciencia, o las psicologı́as en plural, pues no es una ciencia uni�icada, necesitan del saber �ilosó�ico. Lo necesitan como ciencia (mediante la llamada �ilosofı́a de la ciencia) y lo necesitan como �ilosofı́a, ya que sus presupuestos o axiomas, los de la ciencia y los de la psicologı́a como ciencia, son �ilosó�icos y, además, el discurrir cientı́�ico genera nuevas �ilosofı́as. Evidentemente, se puede hacer psicologı́a y tecnologı́a psicoterapéutica sin el menor interés y conocimiento de la �ilosofı́a. El problema al proceder ası́ es que el clı́nico o el psicólogo que sea un mero técnico aplicado operará sin ser consciente de los presupuestos �ilosó�icos que guı́an sus acciones, estando a merced de modas psicológicas espontáneas del momento sin que le permita discernir el fondo y calado de muchas cuestiones por quedarse enganchado a la vistosidad de los aparatajes terapéuticos y sin posibilidad real de hacer ciencia basada en la �ilosofı́a, ya que no hay otra manera de hacerla. De manera escueta, la �ilosofı́a es importante para los psicólogos y otros estudiosos de la conducta humana al menos por o para lo siguiente (Pérez A� lvarez, 2004, 2006, 2015, 2018): – Cualquier corriente psicológica y psicoterapéutica se basa en presupuestos �ilosó�icos que es mejor conocer que desconocer para evitar modas y vaivenes interesados y desinformados. – Es fundamental que los cientı́�icos sepan de �ilosofı́a para dar fundamento a sus planteamientos y las implicaciones que se derivan de ellos, que en el caso de la psicoterapia son implicaciones importantes. – Para replantear crı́ticamente las posiciones de la psicologı́a basadas en presupuestos mentalistas-dualistas y/o cerebro- centristas. – Para reivindicar al conductismo radical y al contextualismo funcionalista como bases más adecuadas para hacer una psicologı́a cientı́�ica cabalmente informada �ilosó�icamente. – Para discernir y captar las a�inidades �ilosó�icas entre el conductismo radical y otras perspectivas de la psicologı́a que redunden en un enriquecimiento mutuo. Este es el caso de las a�inidades del conductismo radical con (1) el pragmatismo, que plantea que en vez de buscar una verdad universal busquemos una verdad practica que, según qué circunstancias, nos sirva o nos funcione para alcanzar unos objetivos; (2) la fenomenología europea, que plantea cómo la intencionalidad está ya incorporada a la conducta; (3) el materialismo �ilosó�ico, que plantea la interacción de tres esferas del mundo material, la del mundo de la experiencia exterior, la de la experiencia interior y la de los objetos abstractos; (4) el materialismo cultural, de inspiración marxista, que cuestiona la infraestructura del consumismo económico en los discursos superestructurales subjetivistas y mentalistas que di�icultan operar sobre los asuntos del mundo; (5) la �iloso�ía de la ciencia como estrategia construccionista, que plantea la actividad y el trabajo cientı́�ico como actividad conductual por sı́ misma sujeta a las mismas leyes del aprendizaje que toda conducta humana y (6) el raciovitalismo de Ortega y Gasset, que sitúa el yo/persona en sus circunstancias y horizonte de su vida concreta (Pérez A� lvarez, 2004). – Para identi�icar las a�inidades entre las terapias conductistas/contextualistas con otros enfoques psicológicos y prácticas terapéuticas, especialmente con (1) la psicología ecológica (la percepción como conducta operante); (2) la psicología cultural (los fenómenos psicológicos son históricos-culturales); (3) la psicología y la psicoterapia existencial (afrontamiento de condiciones de la vida muchas veces adversas y dolorosas) (Pérez A� lvarez, 2018) y(4) la psicología adleriana (la persona como sujeto holista que opera en el mundo de su vida para unos �ines o funciones) (Pérez A� lvarez, 2004; Ruiz Sánchez, 2016). 1.2. La �losofía del conductismo radical El conductismo como tal es formulado por J. B. Watson (1878-1958) en su obra paradigmática de 1913 titulada La psicología tal como la ve el conductista. Básicamente, su propuesta es hacer objetiva a la psicologı́a como una ciencia natural con relación al estudio de la conducta humana. Para ello, propone que se considere irrelevante el estudio de las llamadas operaciones mentales por la alta cantidad de especulación que conlleva estudiarlas y que, aun considerando que efectivamente esa actividad existe —de hecho, Watson siempre admiró el trabajo de Freud— es mejor no tenerla en cuenta para un estudio cientı́�ico de la psicologı́a. Su propuesta es considerar que esos procesos mentales son básicamente habla interna relacionada con pequeños movimientos corporales de las cuerdas vocales casi imperceptibles, y que en todo caso lo mejor es estudiar solo la conducta que sea visible al público en general, qué es lo que la gente hace, dice y reacciona con su cuerpo ante diversas situaciones o estı́mulos. Por ello, se suele representar a este conductismo con la fórmula E-R (estı́mulo- respuesta). En realidad, la propuesta de Watson viene a formular, paradójicamente, sin pretenderlo, el llamado conductismo metodológico, que es bien distinto al conductismo radical. El conductismo metodológico es el antecedente de las ciencias cognitivas y las neurociencias, ya que lo que propone es precisamente un método de investigación para que la psicologı́a sea ciencia experimental a partir de lo que podemos observar en lo que la gente hace, dice y las reacciones de su cuerpo, y que en función de esas conductas visibles podemos representar los mecanismos mentales o neuro�isiológicos internos que suceden en las cabezas de los individuos y que serı́an las verdaderas causas de sus conductas visibles. Evidentemente, este no era el programa de Watson, que buscaba realmente relacionar las conductas de las personas con las vicisitudes del ambiente donde vivı́an. Pero el hecho de dejar al margen la actividad o conducta interna o reducirla a biologı́a —movimientos del cuerpo o resultado de redes neuroquı́micas— supuso la aparición de los neoconductismos y posteriormente las ciencias cognitivas y neurociencias con su fórmula E-O-R (estı́mulo, organismo, respuesta), donde «E» representa los inputs sensoriales del ambiente interno o externo, «O» representa el organismo, bien como un «aparato mental» inferido y representado como conjunto de esquemas, creencias, actitudes, constructos, rasgos, etc., bien como resultado de procesos cerebrales, todos ellos inferidos a través de las conductas de la gente (outputs) visibles, y la «R» se re�iere a las respuestas que, por acuerdo de los investigadores, son dignas de estudiar. Ası́, lo relevante son los procesos internos, de la cabeza, sus variantes, sus averı́as y disfunciones —en la cabeza, en la mente o el cerebro— que solo son visibles directamente en la conducta de la gente. Por tanto, lo «invisible e inferido» solo se constata en lo «visible y observable públicamente», aunque esto sea en la mayorı́a de los casos un argumento circular. El conductismo radical da la vuelta por completo al anterior planteamiento. Tanto la actividad interna (mental, cerebral) como la externa y visible son precisamente eso, actividades, conductas que operan (tienen su efecto y reobra) en el mundo en que vivimos. No hay dos mundos, uno inmaterial o mental y otro material o fı́sico —como propone el dualismo �ilosó�ico—. Las neurociencias presentan un «materialismo monista y reduccionista» donde toda la conducta humana, desde el amor a los llamados problemas mentales, son asuntos del cerebro, ya que propone que la actividad mental, en realidad, es actividad cerebral (monismo materialista) y que, además, aquı́ están todas las causas de la conducta humana (reduccionismo). Efectivamente, hay actividad también del cerebro humano, este tiene un papel mediador como soporte biológico para la conducta, pero no hace «brotar la conducta» de su interior, ya que forma parte de un cuerpo —en este caso, humano— que interactúa u opera como un todo conjunto con el mundo de la vida. Ası́, las causas de la conducta humana no están en el interior de la mente ni en las funciones del cerebro, salvo en caso de lesiones o trastornos neurológicos constatados que limitan la interacción con el mundo, sino precisamente en esa interacción sujeto-mundo, que en el conductismo radical recibe el nombre de conducta operante y que otros conductistas llaman «interconducta». La conducta operante es la interacción entre un organismo y su ambiente, entre un sujeto y su mundo de la vida. Operar signi�ica vérselas con las circunstancias de la vida, actuar/comportarse (interna y externamente en conjunto) en ellas y tener unas consecuencias de ese actuar. Lo que hace, signi�ica y da sentido a lo «radical» del conductismo radical son cuatro sentidos o direcciones de este (Pérez A� lvarez, 2006): a. Es radical por su sentido temático: el tema de la psicologı́a es la conducta por derecho propio, y no como estrategia metodológica para estudiar supuestos contenidos mentales o cerebrales. b.Es radical por su sentido total: se hace cargo de todos los hechos psicológicos, sean subjetivos o públicos; y lo hace desde una ciencia de la conducta como de�initoria de lo que es la psicologı́a. c. Es radical por su sentido pragmático-funcional: la conducta está en función (análisis funcional de la conducta) de su para qué práctico en el mundo de la vida, ya sea con relación a temas teóricos, �ilosó�icos o de investigación como a asuntos y problemas cotidianos de cada cual. d.Es radical por su sentido original: busca el origen donde radica la conducta, su raı́z. Estos orı́genes están en cómo nos las apañamos con el mundo de la vida e ı́ntimamente relacionado con aspectos socioculturales. 1.3. La �losofía del contextualismo funcional El contextualismo se nutre sobre todo de la �ilosofı́a pragmatista, y es un desarrollo de esta en el campo de la psicologı́a. En general, se distinguen dos tipos de contextualismo, el descriptivo y el funcional (Hayes, 1993): – Contextualismo descriptivo: busca comprender la totalidad de un acontecimiento desde la apreciación subjetiva de la persona que lo vive, de modo que el conocimiento que se extrae de este evento es descriptivo y limitado a las circunstancias históricas desde las que son narradas por estas personas. Para muchos �ilósofos, son formas de contextualismo descriptivo: (1) la hermenéutica —tarea de interpretar textos sagrados, �ilosó�icos o literarios desde el contexto sociocultural desde el que se construyeron—; (2) el construccionismo social —perspectiva psicosocial que mantiene que los seres humanos son el resultado de los procesos sociales que lo constituyen en cada momento histórico-cultural—; (3) la dramaturgia —conjunto de actividades artı́sticas literarias encaminadas a representar una historia en un escenario— y (4) los enfoques narrativos —contar historias desde la conversación y diálogo en los implicados en estas—. – Contextualismo funcional: busca predecir e in�luir en los acontecimientos estableciendo conceptos y leyes empı́ricas que puedan ser aplicadas a muchos eventos y lugares. Sin embargo, hay que recordar que su criterio de aplicabilidad a diferentes problemas no está orientado por un criterio de verdad objetiva y universal, sino por un criterio pragmático para la resolución de ciertos problemas y la consecución de ciertos objetivos en determinadas situaciones o contextos. De hecho, las llamadas terapias de tercera generación se nutren en su mayor parte de esta perspectiva �ilosó�ica y de su fuente original, el pragmatismo norteamericano. El pragmatismo es una corriente �ilosó�ica de origen estadounidense que seorigina a �inales del siglo XIX. Sus tres exponentes principales son el astrónomo y matemático Charles Sanders Peirce (1839-1914), el �ilósofo, psicólogo y pedagogo John Dewey (1859-1952) y el �ilósofo y psicólogo William James (1842-1910). También son relevantes el fı́sico y �ilósofo checo Ernst Mach (1838-1916), con su posicionamiento del empiriocriticismo; y, en tiempos más actuales, el neopragmatismo del estadounidense Richard Rorty (1931-2007). El planteamiento básico del pragmatismo es que la discusión �ilosó�ica o cientı́�ica sobre el posicionamiento más verdadero o adecuado hay que comprobarlo no en función de sus presupuestos, sino en función de sus consecuencias y/o utilidad para unos �ines (Ruiz Sánchez, 2018). Un planteamiento es más verdadero (criterio de verdad) cuanto más útil, por sus consecuencias, sea para resolver problemas de la vida. Esto en el conductismo está directamente relacionado con la función de la conducta (su �inalidad, su para qué) en cuanto esta sirve a unos propósitos para unos objetivos. Incluso en las terapias conductuales de tercera generación, cuando se plantea a sus usuarios «¿esto qué hace usted le acerca o le aleja de lo que a usted le importa y de lo que valora a largo plazo?», se está haciendo una pregunta pragmática. El planteamiento de Peirce es aclarar las confusiones en torno a los signi�icados de los conceptos, por ejemplo: «¿Es más igualitaria o produce mayor felicidad una sociedad que viva bajo los principios de X o de Y?». Para contestar a esta pregunta hay que mirar a las consecuencias prácticas de cada planteamiento a nivel general, y no particular. Es decir, no se trata de ver si la consecuencia bene�icia a un particular, sino al mayor número de personas o casos. Su planteamiento es el de la experimentación conceptual. Una de las mayores aportaciones de Dewey se dio en la educación. Su planteamiento es que esta debe basarse en la experiencia y en la experimentación más que en la transmisión de una autoridad que imparte conocimientos. «Experimentar las cosas», más que conocerlas por transmisión verbal, es clave. Los métodos educativos prediseñados que no se adaptan a las circunstancias son menos prácticos y útiles para vérselas con los problemas de la vida. Para James, es fundamental que los conceptos sean veri�icables. Lo verdadero es lo útil en el sentido de que aporta un bene�icio para la vida. El valor de una idea debe ser comprobada por su utilidad o e�icacia para lidiar con un problema dado. Uno de los mayores aportes para la psicologı́a conductual de Ernst Mach es el concepto de «relación funcional». Desde el campo de la fı́sica, propone que, para explicar un fenómeno, no es la mejor vı́a centrarse en de�inir en qué consiste su esencia, sino ponerlo en relación con otros fenómenos que pertenezcan al mismo campo o nivel de esos fenómenos. Esa es, además, una relación empı́rica que hay que comprobar por la experiencia. Este planteamiento in�luyó sobre el conductismo radical de Skinner y su análisis funcional de la conducta. Esto, por ejemplo, quiere decir que para explicar «en qué consiste la depresión de alguien», es mejor relacionar las conductas depresivas con la situación de la vida que vive la persona —cómo actúa en ellas y qué consecuencias tiene para su vida— que de�inir lo que es la depresión, pongamos por caso, como enfermedad del cerebro, o de�inir su listado de sı́ntomas. El planteamiento de Rorty cuestiona la metafı́sica y aun la �ilosofı́a clásica en su totalidad, porque al hacerse grandes preguntas sobre la verdad de las cosas termina divorciándose de las cuestiones prácticas de la vida y creando un lenguaje prácticamente literario. El problema para Rorty es que los humanos usamos «juegos del lenguaje» —en esto Rorty sigue al �ilósofo analı́tico Wittgenstein—, es decir, solo podemos hablar y conocer lo que nuestro lenguaje concreto, en un determinado momento sociohistórico con sus prácticas culturales, nos permite. Preguntarse más allá de estos lı́mites es absurdo, o un producto más de estos juegos del lenguaje: el lenguaje supone la expresión de prácticas culturales concretas que dan forma y lı́mite a lo que podemos potencialmente explicar y constituyen una narrativa de la realidad, que no es sino la versión de la realidad que esas prácticas culturales con su lenguaje crean en favor de determinados intereses socioeconómicos. La cuestión del lenguaje y la cognición es central en la perspectiva conductual actual y todas sus variantes, precisamente desde la perspectiva pragmática funcional. 1.4. Similitudes y diferencias entre conductismo radical y contextualismo funcional La teorı́a del marco relacional (RFT por sus siglas en inglés, Relational Frame Theory) es una teorı́a conductista postskinneriana que plantea la relación conducta-conducta, en concreto la relación entre las conductas o actividades cognitivas-verbales (del lenguaje) y la conducta en general. Lo hace desde una perspectiva radicalmente conductista, sin recurrir a constructos mentales o mecanismos cerebrales inferidos, usando la relación funcional entre los procesos observables de tipo conductual, es decir, de variables que están en el mundo sociocultural y en las acciones de las personas. Su principal exponente es el estadounidense Steven Hayes, a su vez creador de la terapia de aceptación y compromiso (ACT), una de las principales terapias psicológicas conductistas (contextuales funcionales) de las llamadas terapias psicológicas de tercera generación. La ACT, a su vez, se basa en gran parte en la RFT. Esta teorı́a pone el acento en cómo la conducta verbal (cognitivo- verbal) se hace progresivamente con el control de las actividades humanas, para bien o para mal. Gracias a la actividad operante de pensar, imaginar, recordar, anticipar, además de hablar, nos relacionamos no solo con el mundo fı́sico y los otros, sino que también podemos relacionarnos con eventos o situaciones no presentes, venideras, pasadas, y prácticamente con cualquier acontecimiento imaginable. Esta actividad relacional u operante relacional del lenguaje humano, puede terminar alterando o afectando a nuestra experiencia directa con las cosas de la vida y hacernos especialmente sensibles o insensibles a ellas. Es decir, la actividad lingüística puede alterar y transformar cómo nos afectan las cosas que nos pasan y el efecto de lo que nos pasa mediante varios procesos derivados de esta actividad misma del lenguaje, y muchas veces ni tan siquiera con la necesidad de haber experimentado o aprendido directamente esas cosas. Por ejemplo, podemos enredarnos y volvernos en nuestros actos muy in�lexibles y repetitivos… (1) Usando el lenguaje de manera muy literal (literalidad del lenguaje), tomando las palabras, imágenes, pensamientos o sea los llamados contenidos mentales como si fueran realmente la experiencia real («no vales para nada», «eres muy tı́mido») con el efecto de que nuestra conducta se guı́a por esos contenidos verbales sin atender a las experiencias de cómo funcionan las cosas realmente. (2) También por esas relaciones de la actividad cognitiva-verbal podemos relacionar los estı́mulos o eventos de la vida formando categorı́as o clases arbitrarias, rı́gidas y estáticas, que llevan a hacer comparaciones y evaluaciones generalizadas desconectando con la experiencia particular concreta. Ejemplo de esto son los prejuicios y las etiquetas que asignamos a las cosas y personas que no suelen tener en cuenta los casos que no van en su lı́nea (formación de clases o categorías rígidas). (3) Un tercer caso de cómo el control verbal-cognitivo que puede generar problemas en la vida es la necesidad de dar razones y sentido coherente, reforzado socialmente, a las cosas que hacemos o dejamos de hacer (necesidad de dar razones y sentido coherente), con el efecto de debates apasionados, a veces hasta agresivos por llevar la razón o aplicar acciones, porque «es lo correcto y lo que hay que hacer»,a pesar de que a la larga no funcionen para lo que nos importa. (4) Otro caso de control verbal-cognitivo con efectos de in�lexibilidad en nuestra vida es la insistencia cultural repetida hasta la saciedad, tanto en medios publicitarios como en medios sanitarios, de que para llevar una vida feliz y adecuada, primero hay que librarse de los pensamientos, sensaciones internas, o al menos controlarlos o reducirlos, ya sea usando medicación, intervenciones psicológicas o cualquier otra actividad que nos aleje de ellos. Todo esto puede enredarnos en una lucha continua y frecuente por evitar estas experiencias (evitación experiencial, se le llama en ACT) que nos puede alejar de dedicar nuestras vidas a aquello que realmente es importante y valioso en nuestras vidas, y llevándonos a hacer la vida en torno a despejar malestares más que a construir una vida con signi�icado y propósito (de estos aspectos se encarga la terapia ACT). Todo el desarrollo de la RFT ha dado lugar a la llamada ciencia contextual de la conducta (CBS por sus siglas en inglés, de Contextual Behavioral Science). Este campo surge —según expone Hayes (2016)— para dar una respuesta no mentalista desde el conductismo al papel del lenguaje- cognición en la conducta humana. Esta perspectiva de la CBS se interesa por considerar funcionalmente las experiencias privadas y abiertas relacionadas con la cognición y el lenguaje. Aquı́, «funcional» se entiende como la relación entre las cosas de la vida, la cognición- lenguaje y sus efectos en la vida de las personas sin recurrir a constructos mentales que están en un nivel distinto a ellos. Habitualmente, desde los enfoques mentalistas se plantea que la cognición-lenguaje es la variable independiente o causa de las acciones y emociones de las personas (efectos o variables dependientes), es decir, lo que ocurre en el interior de las cabezas es la causa de lo que hacemos y sentimos. Para no caer en este mentalismo, la RFT y la CBS ponen ambas actividades (cognitiva-lingüı́stica) y conducta en general, en relación con el contexto. De ahı́ surge el llamado contextualismo funcional. El problema y la alternativa que introducen la RFT, la CBS y el contextualismo funcional, siguiendo a Hayes (2016), es que su propuesta es diferente a la del conductismo radical skinneriano, llevándolos a un conductismo radical postskinneriano, y separándolos —dolorosamente, dice Hayes— del análisis experimental del comportamiento de raı́z skinneriana. El hecho es que en la �ilosofı́a conductista radical ambas posturas persisten y generan sus propias aplicaciones, por ejemplo, en las llamadas terapias de tercera generación, in�luyéndose mutuamente — por ejemplo, la llamada psicoterapia analı́tica funcional, más relacionada con el conductismo skinneriano, y la terapia de aceptación y compromiso-ACT con la RFT postskinneriana—. El efecto llamativo no solo es que conviven, sino que se tratan y se in�luyen la una a la otra, mal que les pese a los partidarios a ultranza de ambas perspectivas. Y lo mismo ocurre con otras perspectivas conductistas vigentes como la teorı́a de la conducta de Ribes Iñesta; quizás porque haya más elementos de unión esenciales entre estos «primos hermanos conductistas» que diferencias y porque el diálogo entre ellos sea realmente enriquecedor para todos con el efecto de continuar esos contactos. Sin embargo, este diálogo puede derivar en cuestiones diferenciales y hasta con�lictivas importantes entre ambas perspectivas y es pertinente hacernos las siguientes preguntas: ¿en qué se diferencian y asemejan los planteamientos del conductismo radical y los del contextualismo funcional? y ¿qué implican estas diferencias para la intervención psicológica? Una diferencia importante es que para algunos conductistas radicales los fenómenos de relaciones entre estı́mulos que explica la teorı́a del marco relacional pueden ser explicados mediante condicionamiento respondiente y operante sin recurrir a esta teorı́a que para ellos es innecesaria, ya que introduce una excesiva teorización para explicar y predecir las conductas verbales más complejas (Tonneau, 2002, 2004). Esto genera un debate interno entre conductistas radicales y conductistas contextualistas (Hayes y Quiñones, 2005; Guzmán y Cisneros, 2019). Una consecuencia directa de esta diferencia a nivel de trabajo con intervenciones terapéuticas es el uso directo de procedimientos especı́�icos de refuerzo y castigo como moldeamiento diferencial de tipo operante y respondiente en las interacciones terapéuticas contingentes a determinados tipos de verbalizaciones especı́�icas (Kohlenberg y Tsai, 1991/2008; Froxán Parga et al., 2011) frente al uso de procedimientos más generales basados en constructos de nivel intermedio, como es frecuente en la terapia de aceptación y compromiso (Hayes et al., 2015), con conceptos como aceptación, defusión, �lexibilidad psicológica, etc.; que para los conductistas radicales engloban a varios procedimientos de moldeamiento diferencial; y para los contextuales, siendo cierto que conllevan esos procedimientos de moldeamiento, suponen, además, nuevas relaciones o derivaciones entre los estı́mulos y el desarrollo de una perspectiva personal más �lexible, según la teorı́a del marco relacional. De hecho, los propios psicólogos contextualistas funcionales se consideran a sı́ mismos conductistas radicales, renovados y actualizados desde la teorı́a del marco relacional, o sea, postskinnerianos o prohayesianos. Como vemos, en el núcleo del debate está considerar o no la aportación de la teorı́a del marco relacional como operante relacional con aspectos distintivos de otras operantes no verbales (Barnes- Holmes et al., 2001) como un desarrollo muy relevante para entender el lenguaje y la cognición humana. La anterior polémica, además, no solo tiene una vertiente basada en la pregunta de qué procesos de aprendizaje explican y predicen el comportamiento verbal humano complejo (lo que se ha llamado cognición, lenguaje, inteligencia…), sino también un trasfondo �ilosó�ico entre dos concepciones de la ciencia, la de los conductistas radicales y la de los conductistas metodológicos. La incorporación de las terapias cognitivas basadas en el mindfulness y la autocompasión como desarrollos más actuales de formas de conductismo metodológico —al usar constructos inferidos de tipo mentalista y neurobiológicos— introduce, además, un nuevo elemento de importante discordia que se añade a los anteriores, vı́a tradición budista y mindfulness. Los conductistas radicales consideran que el mindfulness y la autocompasión introducen elementos mentalistas innecesarios que pueden explicarse mediante los procesos o principios básicos del aprendizaje en términos de conductas y sus funciones contingenciales; y que, en cierto modo, las llamadas terapias de tercera generación (ACT, FAP, DBT, AC, etc.) están tentadas en rei�icar de manera nominalista sus conceptos (por ejemplo, yo contexto u observador, �lexibilidad psicológica) como entidades que, al �in y al cabo, son relaciones funcionales entre el organismo y su ambiente. Los conductistas contextuales son partidarios de usar estos conceptos intermedios de manera pragmática para alcanzar unos objetivos en las terapias y, aunque reconocen que en realidad son relaciones funcionales entre los humanos y su medio ambiente —por ello son conductistas radicales a su manera—, pero que esas relaciones son complejas y que es más práctico y efectivo hacerlo mediante estos conceptos, incluso hablando a veces de «procesos mentales» de manera metafórica y en el plano de la investigación más formal mediante la teorı́a del marco relacional. Igualmente, consideran que las terapias cognitivas basadas en el mindfulness y la autocompasión son igualmente acercamientos pragmáticos, aunque usen un lenguaje mentalista. Una revisión reciente sobre las aportaciones de B. F. Skinner desde el conductismo radical (como �ilosofı́a de la psicologı́a)y el análisis experimental de la conducta (la ciencia de la psicologı́a basada en esa �ilosofı́a) a la psicologı́a treinta años después de su muerte (Pérez A� lvarez, 2020), son las siguientes (Skinner, 1938, 1953, 1957, 1968, 1969, 1974): 1. El objeto de la psicologı́a es el estudio de la conducta. 2. Aun cuando utilice constructos en psicologı́a, siempre han de referirse a la conducta, ya que esos constructos, al �in y al cabo, se re�ieren a relaciones entre las personas y su medio, a relaciones que son conductas. Que esos constructos sean más o menos pertinentes según el pragmatismo al uso es un asunto tanto de investigación como de teorización para unos objetivos; que determinarán que si los constructos —incluyendo teorı́as como la del marco relacional como conjunto de constructos referidos a la conducta— o la no utilización de los mismos, según la famosa navaja de Occam, son más adecuados en cada caso. El propio Skinner fue partidario del uso de las teorı́as conductuales en términos funcionales y no mentalistas como paso intermedio y provisional a la búsqueda de explicaciones más conductuales especı́�icas. 3. Muchas teorı́as actuales de la psicologı́a usan conocimientos conductuales revestidos de otras terminologı́as mentalistas y neurocognitiva sin conocimiento cabal de sus fundamentos skinnerianos, desde los planteamientos psicosociales de problemas asociados al consumo de tecnologı́as al funcionamiento social como una gran caja de Skinner, el estudio de la cognición y el lenguaje, el control ambiental de la conducta humana, partes importantes de la llamada economı́a conductual hasta la cognición corpórea. 4. El mayor descubrimiento de Skinner y su conductismo radical es el moldeamiento de la conducta mediante la selección de sus consecuencias como principio causal, que es la base del condicionamiento operante. 5. La mayor aportación de Skinner desde el conductismo radical y el análisis experimental de la conducta es la noción de conducta operante como relación funcional entre la situación presente y las consecuencias futuras que fundamenta el análisis funcional. 6. La concepción conductista radical de Skinner de la conducta operante (voluntaria) implica a nivel teórico y �ilosó�ico que la conducta es inherentemente intencional, que opera desde las circunstancias presentes cambiando el mundo con la consecuencia de moldear y reforzar la propia conducta y abriéndose al futuro desde el presente; o sea, haciéndola más o menos probable en circunstancias funcionalmente similares. Paralela y complementariamente, el contextualismo funcional de Hayes, entroncado en el propio conductismo radical de Skinner, pero con sus propias aportaciones postskinnerianas, añadirı́a lo siguiente (Pérez A� lvarez, 2014; Valdivia y Páez, 2019): 1. Especi�icación del origen del sufrimiento psicológico como cuestión central para cualquier perspectiva de la psicoterapia, ya que abre la puerta al resto de las cuestiones relevantes, como los objetivos, los procedimientos y los criterios de éxito terapéutico. Todo ello, a su vez, relacionado con la concepción antropológica y �ilosó�ica de cómo se concibe al ser humano. En este aspecto, las condiciones socioculturales especı́�icas, el funcionamiento relacional del lenguaje y la conciencia del yo, según la perspectiva conductual contextual, van a ser clave para entender y abordar el sufrimiento psicológico. 2. La conceptualización del desarrollo de las terapias de conducta en tres generaciones que conviven, en realidad, ya que ninguna sustituye a la anterior, especi�icadas en la primera generación basada en el conductismo radical de Skinner como análisis experimental de comportamiento y la terapia de conducta (Wolpe, Lazarus…); en la segunda, como terapias cognitivas conductuales basadas en un hı́brido entre principios del aprendizaje y conceptos cognitivos y, la tercera, las propias terapias conductuales contextuales basadas en la promoción de la �lexibilidad psicológica, la autorregulación de la conducta y la mejora de la conexión social (según su versión, en este caso, ACT, DBT, FAP), ayuda al terapeuta a usar herramientas de las tres, pero desde una perspectiva pragmática y funcional, donde la «aceptación» es clave. 3. El énfasis �ilosó�ico de las seis diferencias con el resto de enfoques psicológicos, incluyendo el cognitivo-conductual de segunda generación: (1) Es contextualista frente al mecanicismo (importancia del acto en contexto frente al acto como producto de un mecanismo interno averiado). (2) Es funcionalista frente al estructuralismo (énfasis en las funciones del para qué de la conducta frente a que estructura le da soporte). (3) Es no mentalista frente al mentalismo (las causas están en el contexto o ambiente natural y socioverbal, y no en eventos mentales privados). (4) Es monista frente al dualismo (los eventos privados son también conductas, y no resultados de procesos mentales de otro nivel). (5) Usa el método ideográ�ico, y no el nomotético (usa la conducta concreta del caso concreto, y no el promedio o concepto diagnóstico o de rasgo como unidad de análisis). (6) Es no reduccionista frente al reduccionismo (la conducta puede explicarse en varios niveles de relación ambiente-conducta). 4. Desarrollo de la teorı́a del marco relacional para explicar, predecir y modi�icar la conducta humana más compleja del lenguaje y la cognición (ver capı́tulo 2). 5. Una noción de persona (Pérez A� lvarez, 2014) que (1) hace del cuerpo la base de la identidad personal como organismo cambiado y cambiante en función de la historia personal a lo largo de la vida y medio de contacto con el mundo, (2) presentándose como un sı́ mismo como otro (es decir, como una persona concreta) a través de la creación de historias o narrativas personales, (3) y de manera muchas veces excéntrica (dado que se tiene un cuerpo con el que no siempre se coincide en su vivencia fenomenológica o subjetiva). Esta es una aportación especı́�ica de Pérez A� lvarez al contextualismo funcional para explicar, dar sentido y articular el dar alternativas a muchas experiencias humanas, conjugando contextualismo funcional y análisis e intervención fenomenológica. Un cuadro resumen de las a�inidades y diferencias entre estas tres perspectivas de terapias conductuales contextuales es el siguiente: CONDUCTISMO RADICAL Filosofı́a (1) CONTEXTUALISMO FUNCIONAL Filosofı́a (2) MENTALISMO Y BIOLOGICISMO BUDISTA. CONDUCTISMO METODOLO� GICO Filosofı́a (3) Criterio de verdad: pragmática según qué situación y propósito y empirista inductiva Criterio de verdad: pragmática según qué situación y propósito Criterio de verdad: racioempirista de adecuación y correspondencia entre el constructo y sus predicciones correlacionales como representación de una realidad externa universal. Forma de proceder en terapia: Uso del AFC y de las contingencias observables subjetiva y abiertamente. Menor uso de constructos intermedios (por ejemplo, experiencia del yo) Forma de proceder en terapia: Uso del AFC y de las contingencias observables subjetiva y abiertamente y uso, además, de constructos de nivel intermedio (�lexibilidad psicológica) Forma de proceder en terapia: Menor uso del AFC y más guı́as por criterios diagnósticos clı́nicos Ejemplo actual: psicoterapia analı́tica funcional y toda la tradición del análisis clı́nico de la conducta Ejemplo actual: terapia de aceptación y compromiso Ejemplo actual: terapia cognitiva basada en mindfulness, terapia de compasión y parte de la terapia dialéctica conductual Posición ante �ilosofı́a (2) y (3): traducción de sus conceptos a términos operantes y respondientes, rechazo de constructos donde se inserta la teorı́a del marco relacional Posición ante �ilosofı́a (2) y (3): uso pragmático y funcional de sus aportes para determinados �ines en determinados contextos. Colaboración táctica para desarrollar sus intereses (Hayes y Hofmann, 2019) Posición ante �ilosofı́a(2) y (3): como construcciones teóricas útiles si predicen fenómenos conductuales como expresión de un aparato mental, que es su foco de interés Bibliografía del capítulo 1 Barnes-Holmes, D., Hayes, S. C. y Roche, B. (2001). The (not so) strange death of stimulus equivalence. European Journal of Behavior Analysis, 2(1), 35-41. Froxán Parga, M. X., Montaño, M., Calero, A. y Ruiz, E. (2011). Aproximación al estudio funcional de la interacción verbal entre terapeuta y cliente durante el proceso terapéutico. Clínica y Salud, 22(1), 69-85. Guzmán, G. y Cisneros, J. (2019). Falla en la equivalencia funcional: problema conceptual más que metodológico. Boletín Cientí�ico de la Escuela Superior de Atotonilco de Tula (12), 17-20. Hayes, S. C. y Hayes, L. (1993). Varieties of Scienti�ic Contextualism. Context Press. Hayes, S. C. y Quiñones, R. M. (2005). Caracterı́sticas de las operantes relacionales. Revista Latinoamericana de Psicología, 37(2), 277-289. Hayes, S. C., Strosahl, K. y Wilson, K. (2015). Terapia de aceptación y compromiso: proceso y práctica del cambio consciente (mindfulness). Bilbao: Desclée de Brouwer. Hayes, S. C. (2016). Why Contextual Behavioral Science Exist: An Introduction to Part 1. En: Zettle, R., Hayes, S. C., Barnes-Holmes, D. y Biglan A. The Wiley Handbook of Contextual Bahavioral Science. Oxford: Wiley Blackwell. Hayes, S. C. y Hofmann, S. G. (2018). Process Based CBT. The Science and Core Clinical Competencies of Cognitive Behavioral Therapy. Harbinger Publications, Inc. Kohlenberg, R. J. y Tsai, M. (2008) [1991]. FAP, psicoterapia analítica funcional. Creación de relaciones terapéuticas intensas y curativas. Málaga: Ciencia Biomédica, Universidad de Málaga. Pérez A� lvarez, M. (2004). Contingencia y drama. La psicología según el conductismo. Madrid: Minerva Ediciones. Pérez A� lvarez, M. (2006). Las cuatro causas de la conducta (una visión dramatúrgica del conductismo). Recuperado de: http://www.infocop.es/view_article.asp?id=1053&cat=38. Pérez A� lvarez, M. (2014). Las terapias de tercera generación como terapias contextuales. Madrid: Editorial Sı́ntesis. Pérez A� lvarez, M. (2015). Por un conductismo radicalmente humano. Acta Comportamentalia, 23(1), 17-23. Pérez A� lvarez, M. (2018). Para pensar la psicologı́a más allá de la mente y el cerebro: Un enfoque transdiagnóstico. Papeles del Psicólogo, 39(1), 161-173. Pérez A� lvarez, M. (en prensa). ¿Qué nos aporta Skinner, treinta años después? Papeles del Psicólogo. Ruiz Sánchez, J. J. (2016). Psicoterapia conductual adleriana. Lulú. Ruiz Sánchez, J. J. (coord.) (2018). Conductismo. La psicología del verbo. Lulú. Skinner, B. F. (1975) [1938]. La conducta de los organismos. Fontanella. Skinner, B. F. (1974) [1953]. Ciencia y conducta humana. Fontanella. Skinner, B. F. (1981) [1957]. Conducta verbal. Trillas. Skinner, B. F. (1970) [1968]. Tecnología de la enseñanza. Nueva colección Labor. Skinner, B. F. (1979) [1969]. Contingencias de reforzamiento: análisis teórico. Trillas. http://www.infocop.es/view_article.asp?id=1053&cat=38 Skinner, B. F. (1987) [1974]. Sobre el conductismo. Martı́nez Roca. Tonneau, F. (2002).Who can understand relational frame theory? A reply to Barnes-Holmes and Hayes. European Journal of Behavior Analysis, 3, 95-102. Tonneau, F. (2004). Book review «Relational frame theory: A post-Skinnerian account of human language and cognition». British Journal of Psychology, 95, 265-268. Valdivia, S. y Páez, M. (2019). Aceptación psicológica. Que es y por qué se fomenta en terapia. Pirámide. Capítulo 2 Fundamentos basados en los principios del aprendizaje: aprendizaje respondiente, aprendizaje operante y aprendizaje relacional 2.1. Importancia de los principios del aprendizaje Dos preguntas fundamentales son «¿por qué la gente cambia en terapia?» (Froxán Parga et al., 2006) y «¿por qué funcionan los tratamientos psicológicos?» (Froxán Parga, 2011). No se trata ya solo de comprobar si una intervención terapéutica es e�icaz, sino de los procesos especı́�icos que explican esos cambios que hacen a esa intervención e�icaz. Para responder a esta cuestión nos tenemos que remitir necesariamente a los procesos o principios de aprendizaje implicados en la relación terapéutica, que es sobre todo verbal. Los procesos de aprendizaje operan a través de la relación terapéutica donde ambos participantes se dicen y se hacen cosas mutuamente, y donde el papel de terapeuta implica hacer algo con lo que el cliente le comparte para producir cambios (con unos objetivos de ayuda), ya sean estos conceptualizados en las terapias cognitivas conductuales como intervenciones basadas en la reestructuración cognitiva, la exposición, el mindfulness, la aceptación, la defusión, la �lexibilidad psicológica, la autocompasión, etc.; e incluso en otros tipos de terapias psicológicas no cognitiva-conductuales, como confrontación, asociación libre, prescripción del sı́ntoma, trabajo con excepciones, integrar la experiencia, etc. En todos los cambios psicológicos operan los procesos o principios del aprendizaje, ya que en realidad esos cambios son cambios de conducta; y la conducta está regida por las leyes del aprendizaje, tanto en la vida cotidiana como en la terapia en un consultorio o institución. Estos principios o procesos son los del condicionamiento clásico o respondiente asociativo, los operantes por moldeamiento de la conducta verbal y no verbal y, para los contextualistas funcionales, se añaden también los operantes relacionales verbales. El grupo liderado por la española Marı́a Xesús Froxán Parga viene realizando una importante investigación sobre los principios de aprendizaje implicados en los cambios en terapia mediante las interacciones conductuales de tipo verbal en la relación terapéutica desde una perspectiva conductista radical, que resumimos escuetamente a continuación: – Estudio de lo que sucede en las sesiones de terapia para explicar el cambio de conducta, categorizando las conductas de estudio de los clientes y las acciones de los terapeutas al respecto como aplicación de contingencias especı́�icas asociativas y operantes, con un énfasis especial en el análisis funcional del lenguaje en esas relaciones mediante el condicionamiento pavloviano (Froxán Parga et al., 2008; Froxán Parga, Montaño et al., 2010; Froxán Parga et al., 2011; Froxán Parga, Ruiz et al., 2011; Froxán Parga, 2011; Montaño et al., 2011; Ruiz et al., 2013; Froxán Parga et al., 2013; Virués Ortega y Froxán Parga, 2014; Ruiz et al., 2015; Froxán Parga et al., 2018; Lee et al., 2019; Froxán Parga, 2020). – Detección de los principios de aprendizaje implicados en la relación terapéutica cuando se hace reestructuración cognitiva de segunda generación que son tanto operantes de moldeamiento verbal como asociativos de condicionamiento clásico (Froxán Parga et al., 2006; Froxán Parga, Vargas et al., 2010; Froxán Parga y Calero, 2011; Calero et al., 2011; Froxán Parga et al., 2017). – Estudios de cómo se aplica en la relación terapéutica el uso de reglas verbales operantes y los efectos de las mismas (Froxán Parga et al., 2011; Vargas et al., 2016; Vargas et al., 2018). Igualmente, desde España el grupo de Mari Carmen Luciano Soriano y Francisco Javier Ruiz lideran la investigación y la aplicación de las terapias contextuales (en especial la ACT) poniendo énfasis en el aprendizaje operante relacional desde la teorı́a del marco relacional (RFT) aplicada a problemas psicológicos, centrados igualmente en los intercambios verbales entre clientes y terapeutas. Reseñaremos solo algunos de estos estudios desde la RFT: – Implicaciones de la RFT para entender los problemas psicológicos y hacer psicoterapia (Gómez et al., 2006). – Aplicación a casos de autismo mediante el entrenamiento en comportamiento relacional derivado (Ruiz et al., 2012; Ruiz y Luciano, 2012; Feder et al., 2015). – Aplicación al trabajo con niños pequeñosaumentado el potencial terapéutico de la terapia ACT desde la RFT (Ruiz y Perete, 2014). – Cómo aumentar el poder motivador de cambio (augmental) usando las metáforas en la terapia (Sierra et al., 2016). – Aprendizaje y aplicación de la RFT a múltiples problemas clı́nicos (Törneke, 2016). – Aplicación de la RFT a las conversaciones clı́nicas para maximizar su poder de cambio (Villatte et al., 2016). – Estudio e implicaciones del enmarque relacional con funciones de coherencia y jerarquı́a como punto clave desde donde la persona puede responder a su propio comportamiento con mayor �lexibilidad psicológica (Luciano, 2017). Tanto la perspectiva conductista radical skinneriana como la postskinneriana mantienen que los humanos aprendemos nuestra conducta por condicionamiento. Aquı́ «condicionamiento» se re�iere a las relaciones entre la conducta con el medio ambiente natural y social en el caso de los humanos (llamadas «relaciones de contingencia»). Este ambiente también puede ser interno al propio cuerpo de la persona. Se entiende que la conducta es la variable dependiente objeto de estudio y el ambiente antecedente (elicitador involuntario en el aprendizaje respondiente o clásico, interno o externo, fı́sico o verbal; y evocador probabilı́stico en el aprendizaje operante, interno o externo, fı́sico o verbal) y las consecuencias de las conductas operantes (también internas y externas directas o simbólicas-verbales) son las variables independientes de la conducta. Las acciones y reacciones de las otras personas a nuestra propia conducta pueden tener estas funciones antecedentes y consecuentes para nosotros y, viceversa, para ellos. Esto es clave en las relaciones humanas y en las relaciones de la terapia psicológica. 2.2. Aprendizaje respondiente (clásico) y terapia psicológica El aprendizaje respondiente se basa en el condicionamiento clásico o respondiente y se relaciona con las cosas que nos pasan de modo involuntario en la vida y nos in�luyen. El modo en que nos in�luye conlleva que reaccionemos a estos eventos involuntarios con respuestas también involuntarias en forma de reacciones �isiológicas, sensaciones, emociones, pensamientos o acciones re�lejas. En general, nuestras reacciones involuntarias de todo tipo están bajo el control de estı́mulos antecedentes que relacionamos involuntaria y automáticamente por asociación o contigüidad temporal. Los estudios sobre condicionamiento clásico o respondiente se originan en la investigación del �isiólogo ruso Iván Pávlov (1849-1936) sobre los re�lejos en animales como forma de estudiar el funcionamiento de sus cerebros. Este observó que los animales pueden presentar re�lejos innatos o incondicionados con respuestas involuntarias (RI) de tipo �isiológico (por ejemplo, salivar en presencia de comida en un animal privado de esta), denominadas respuestas incondicionadas, que se producen de manera reactiva e involuntaria a determinados estı́mulos que se denominan estímulos incondicionados (EI), como la presencia de la comida a la vista u olfato del animal, y también, mediante el aprendizaje por asociación de esos re�lejos innatos a estı́mulos del ambiente previamente neutros, producir respuestas condicionadas (por ejemplo, salivación) al presentar poco antes de la comida una campanilla o sonido que se convierte en estı́mulo condicionado. Es decir, el estı́mulo previamente neutro y sin efecto sobre la respuesta involuntaria por asociación, termina teniendo un efecto similar al convertirse en estı́mulo condicionado. Todo ello dará lugar a los re�lejos condicionados o aprendidos. Siguiendo a Pérez et al. (2010), los procedimientos básicos implicados en el condicionamiento y aprendizaje clásico son los siguientes: – De adquisición àEs el incremento de la respuesta condicionada (RC) debido a la presentación repetida de los estı́mulos incondicionados (EI) y condicionados (EC) emparejados entre sı́ – De extinción à Decremento de la RC debido a una presentación repetida del EC sin el EI. – Olvido respondiente: decremento de la RC debido solo al paso del tiempo sin que se haya presentado el EC (con o sin el EI). – Recuperación espontánea: tras un tiempo en que el sujeto no ha sido expuesto al EC, su presentación evoca una RC de intensidad superior a la que habı́a tras la extinción. – Tipo de estimulación usada (EI y EC) que afecta al tipo de RI y RC producidas. – Relaciones de contingencia entre los estı́mulos EI y EC. Se re�iere a la predictibilidad de la ocurrencia del EC sobre el EI, que puede ser positiva —el EC predice que aparece el EI—, en el llamado «condicionamiento excitatorio», negativa —el EC predice que no aparece el EI—, que se conoce como «condicionamiento inhibitorio». Cuando no hay asociación ninguna entre ambos, estamos ante un caso de acontingencia. – De la relación entre el EC y el EI se derivan cuatro tipos de condicionamiento clásico o respondiente: excitatorio apetitivo, excitatorio aversivo, inhibitorio apetitivo e inhibitorio aversivo. TIPO DE ESTÍMULOS Y CONTINGENCIAS RESPONDIENTES EXCITATORIO INHIBITORIO APETITIVO El EC (por ejemplo, una luz verde) predice la aparición de un EI apetitivo (por ejemplo, comida en un animal privado de ella) El EC (por ejemplo, una luz roja) predice la no aparición de un estı́mulo apetitivo (por ejemplo, comida en un animal privado de ella) AVERSIVO El EC (por ejemplo, una luz blanca) predice la aparición de un EI El EC (por ejemplo, una luz azul) predice la no aparición de un EI aversivo (por ejemplo, descarga eléctrica) aversivo (por ejemplo, descarga eléctrica) Para el tratamiento psicológico y para entender muchas cosas involuntarias que nos pasan en la vida, el condicionamiento a aprendizaje asociativo o respondiente es muy importante para entender cómo funcionan nuestras emociones y cogniciones (involuntarias). En el siguiente cuadro se presenta resumidamente su papel sobre estas emociones y cogniciones involuntarias TIPO DE ESTI�MULOS Y CONTINGENCIAS RESPONDIENTES EXCITATORIO INHIBITORIO APETITIVO Alegría/esperanza. Un EC (por ejemplo, ver a la pareja con la que tenemos buena relación) predice la aparición de un EI apetitivo (por ejemplo, las sensaciones de besarse). Decepción/frustración/ira. Un EC (que anteriormente predecı́a un EI apetitivo) predice ahora la no aparición del EI apetitivo, por ejemplo, ver a la pareja y no producirse ese besarse. AVERSIVO Ansiedad/Miedo Un EC (por ejemplo, andar por una calle oscura) predice con ansiedad la aparición de un EI de miedo (asalto con lesión fı́sica anterior). Alivio Un EC (que anteriormente predecı́a un EI aversivo) predice ahora la no aparición del EI aversivo; por ejemplo, andar por un callejón oscuro donde fuimos dañados y robados y no producirse ese efecto. Es importante poner de relieve que las respuestas emocionales condicionadas respondientes pueden afectar a la conducta operante. En general, las respuestas emocionales percibidas como positivas (alegrı́a/esperanza y alivio, del cuadro anterior) funcionan incrementado las respuestas operantes reforzadas positivamente y disminuyendo las reforzadas negativamente. Igualmente, las respuestas emocionales percibidas como negativas (ansiedad/miedo y decepción/frustración/ira, del cuadro anterior) funcionan incrementando las respuestas operantes reforzadas negativamente y disminuyendo las reforzadas positivamente. Una concepción alternativa a la skinneriana y pavloviana sobre la función de los estı́mulos contingentes es la de Staats (1979, 1997), que integra el condicionamiento clásico y el operante, y que explica de modo alternativo la conducta verbal compleja tanto a la formulación skinneriana-pavloviana como a la teorı́a del marco relacional de Hayes. Es, sin duda, un autor injustamente relegado que aporta aspectos importantes a los procesos de aprendizaje implicados en la conducta humana y a los tratamientos psicológicos (Virués Ortega, 2004). Seguidores relevantes de esta concepción conductista radicalson la psicóloga española Rocı́o Fernández Ballesteros (Fernández Ballesteros, 1989; Angera, 1993) y el psicólogo peruano William Montgomery Urday (Montgomery, 2018; Quispe y Torres, 2019). La «teorı́a del aprendizaje de las tres funciones» de Staats (1979, 1997) se mantiene �iel al conductismo radical al no inferir procesos diferentes a los conductuales. Se fundamenta en varios presupuestos basados en la investigación: – Un estı́mulo contingente puede tener tres funciones paralelas A-R- D al mismo tiempo: «actitudinal» (A), como estı́mulo EI/EC de tipo emocional; «reforzante» (R), como estı́mulo consecuente que cambia o mantiene una conducta en determinadas situaciones o contextos; y «discriminativo» (D), como estı́mulo discriminativo que indica o señala la probabilidad de que una respuesta será reforzada en una situación concreta. – Un estı́mulo condicionado (EC) con control aprendido mediante condicionamiento clásico puede funcionar posteriormente como un estı́mulo reforzante (Er positivo o negativo) sobre una conducta operante y como estı́mulo discriminativo (transferencia de control). – Un estı́mulo reforzante (Er positivo y negativo) puede funcionar como un estı́mulo condicionado (EC) y como un estı́mulo discriminativo (ED) (transferencia de control). – Igualmente un estı́mulo discriminativo (ED) puede funcionar como estı́mulo reforzante (Er positivo y negativo) y como estı́mulo condicionado (EC) (transferencia de control). – La «personalidad» es el resultado de un aprendizaje acumulativo jerárquico tipo A-R-D conformada por repertorios conductuales que a su vez son efectos de las contingencias antecedentes y consecuentes (relación ambiente-conducta) y a la vez causa de otras conductas (relación conducta-conducta) 2.3. Aprendizaje operante y terapia psicológica El aprendizaje operante se basa en el condicionamiento operante y se relaciona con las consecuencias de nuestras acciones voluntarias en determinadas situaciones de la vida. Estas acciones voluntarias son conductas que pueden presentarse como respuestas �isiológicas, emociones, pensamientos, habla o acciones concretas. Estas acciones voluntarias (privadas y públicas) están bajo el control antecedente de estı́mulos/situaciones que las hacen más probables, pero no las determinan (los llamados estı́mulos discriminativos) y bajo el control de sus consecuencias o efectos (contingencias de reforzamiento). La relación entre los antecedentes discriminativos, la conducta en cuestión y sus consecuencias concretas reciben el nombre de relación de triple contingencia (A-B-C; donde A es el estı́mulo o situación discriminativa, B la conducta y C las contingencias de refuerzo). Desde esa triple contingencia, Skinner estableció la llamada «ley empı́rica del efecto», que reformula en términos objetivos la ley del efecto de Thorndike, evitando los términos mentalistas de la satisfacción: Si una respuesta ejecutada en presencia de un estı́mulo va seguida de un hecho satisfactorio, la asociación entre el estı́mulo y la respuesta se fortalece. Si la respuesta va seguida de un hecho molesto, la asociación se debilita. La fórmula empı́rica de la ley del efecto queda ası́: La ocurrencia aproximadamente simultánea de una respuesta y ciertos eventos ambientales comúnmente generados por ella cambian al organismo que responde e incrementa la probabilidad de que ocurran de nuevo respuestas del mismo tipo (Skinner, 1969) La principal caracterı́stica de�initoria de la conducta operante es que las consecuencias de las mismas las determinan en el futuro, seleccionando qué se hace o no se hace en determinadas situaciones (R-Er). Esas consecuencias constituyen las contingencias de reforzamiento positivas y negativas (Er + y Er −). Estos aspectos constituyen las llamadas relaciones funcionales entre la conducta y sus para qué o propósitos, sean advertidos (conscientes) o inadvertidos (inconscientes) por el organismo humano o no humano que las presenta. La función (su para qué en relaciones R-Er) determina la conducta operante. Todas las conductas operantes (voluntarias) nuevas que adquieren los organismos (y los humanos) sujetos a procedimientos experimentales o intervención psicológica —aunque sea de manera inconsistente— lo hacen mediante el llamado procedimiento de moldeamiento por aproximaciones sucesivas que conllevan el reforzamiento contingente y por pasos o etapas de una cadena de conductas reforzadas diferencialmente —aproximaciones graduales «correctas» que se refuerzan e incorrectas que se castigan o extinguen — que se aproximan cada vez más a la conducta �inal deseada que aprender. Según la relación de contingencia entre la conducta y sus consecuencias (R-Er), tenemos cuatro casos: TIPO DE CONTINGENCIA Er + Er − CONTINGENCIA POSITIVA (PRESENTACIO� N DEL Er) Reforzamiento positivo Efecto: aumento de la conducta Castigo positivo Efecto: disminución de la conducta CONTINGENCIA NEGATIVA (RETIRADA DEL Er) Castigo negativo Efecto: disminución de la conducta Reforzamiento negativo (Escape/evitación) Efecto: aumento de la conducta Cuando no hay relación de contingencia entre la conducta operante y sus consecuencias (acontingencia), de modo que estas disminuyen, hablamos de extinción operante. También se denomina estı́mulo discriminativo positivo (Ed +) a aquellos eventos que indican que la conducta tiene altas probabilidades de ser reforzada; y estı́mulo discriminativo negativo (Ed −) a aquellos eventos que indican que la conducta tiene bajas probabilidades de ser reforzada. El aprendizaje o condicionamiento operante cuenta con dos grandes tipos de procedimientos para aumentar o disminuir las conductas, derivados de la relación de contingencias presentadas en el cuadro previo: A) Procedimientos para aumentar las conductas: - Reforzamiento positivo: solo se presenta un Er + apetitivo si el sujeto presenta la conducta operante con el efecto de aumentar esa conducta. - Reforzamiento negativo: solo se retira o no aparece el Er − aversivo si el sujeto presenta la conducta operante con el efecto de aumentar esa conducta. B) Procedimientos para disminuir las conductas: - Castigo positivo: solo se presenta el Er – aversivo si el sujeto presenta la conducta operante con el efecto de su disminución. - Castigo negativo: solo se retira el Er + apetitivo si el sujeto presenta la conducta operante con el efecto de su disminución. Otros aspectos relevantes del condicionamiento operante son los siguientes: C) Caracterı́sticas de las respuestas operantes (Pérez et al., 2010): - La respuesta operante es adquirida por las consecuencias que le siguen. - Tanto las respuestas estereotipadas como las respuestas nuevas (variabilidad de las respuestas) se pueden aprender, mantener e incrementar mediante condicionamiento operante. - Las respuestas operantes no se de�inen por su forma fı́sica o estructura (su topogra�ía), sino por sus efectos funcionales en el ambiente; por su función. - Al estudiar las funciones de las respuestas operantes (el análisis funcional de la conducta) se puede hacer desde análisis más moleculares (respuestas operantes más concretas y de�inidas) hasta desde análisis más molares o generales como clases de respuestas amplias y variadas en su topografı́a, pero con funciones o efectos similares (por ejemplo, en la llamada «evitación experiencial» de la terapia de «aceptación y compromiso»). D) Conductas regidas por reglas y conductas regidas por contingencias (Trillo, 2017): La conducta gobernada por reglas y la conducta moldeada por contingencias se distinguen en su modo más elemental por la particularidad de exposición directa a las contingencias versus el control de la conducta ejercida por especi�icaciones en el lenguaje. Una contingencia, como ya se ha descrito anteriormente, es una relación de tres situaciones: un estı́mulo discriminativo, la conducta y su consecuencia. Ası́, las conductas son moldeadas por contingencias cuando se aprende a discriminar eventos y a respondero no en ciertas circunstancias dependiendo de sus consecuencias. Las reglas, en cambio, son estı́mulos verbales que especi�ican y describen las contingencias (Labrador, 1998) o bien descripciones verbales de contingencias conductuales (Malott, 1989). Esto quiere decir que las conductas que son gobernadas por reglas, han sido mediadas y moduladas a través de las descripciones verbales que especi�ican las contingencias. Ası́, un sujeto puede emitir o no conductas sin tener contacto directo con las consecuencias descritas en la contingencia enunciada. Entonces, una conducta por reglas será mirar la calle a ambos lados antes de cruzar para prevenir una consecuencia fatal mientras que una conducta moldeada por las contingencias será aquella en la que la propia información de la conducta que realice será la que determine mi conducta (Ruiz Sánchez y Trillo Padilla, 2017). La antropologı́a cultural expuesta por Malott (1988) se centra en las prácticas culturales que se disponen como seguimiento de reglas que son reforzadas socialmente. Una regla en este contexto es una descripción verbal de una contingencia conductual. Las reglas indican verbalmente las ocasiones en que es probable (A) en que una conducta determinada (B) tendrá unas consecuencias concretas (C). Las conductas mantenidas por reglas tienen un papel central en el desarrollo y el mantenimiento de los patrones culturales. Es más probable que una práctica cultural se mantenga si ayuda a la supervivencia de un grupo, produciendo bienes materiales esenciales o de otros medios para obtener esos bienes (Ruiz Sánchez, 2017). En cuanto a las reglas, se han identi�icado tres clases (Hayes et al., 2001): 1. Pliance. En este tipo de reglas las consecuencias se consiguen por el hecho de cumplirlas y las consecuencias las aplica la persona que generó la regla. Por ejemplo, un padre dice: «Si no comes, te castigo». Si el niño no sigue la regla y no come y quien enuncia la regla (el padre) lo detecta, tendrá las consecuencias predichas: un castigo, que el niño evitará si la sigue y come. Las consecuencias de la regla no dependen de si el niño tenı́a hambre o de si la comida le gustaba. 2. Tracking. Son reglas que se asocian directamente a las consecuencias que se obtienen de la conducta. Por ejemplo: «Si comes, se te quitará el hambre y te sentirás mejor». En este caso, las consecuencias dependen de las caracterı́sticas de la comida y son independientes de quién ha enunciado la regla. 3. Augmenting. Es una regla verbal que cambia las propiedades reforzantes de un estı́mulo, que funciona como consecuencia, es decir, aumenta o disminuye la probabilidad de que ese estı́mulo como consecuencia in�luya en la conducta. Por ejemplo, pasando al lado de una máquina de refrescos alguien dice: «¡Qué bien nos vendrı́a una limonada frı́a!». Cuando oı́mos o leemos esta frase, sentimos hasta cierto punto el sabor y el frescor de la limonada, lo que hace que aumente la probabilidad de consumirla. El resultado de haberla pronunciado es que la propiedad reforzante de la limonada es mayor en ese momento. Existen dos tipos de augmenting. Uno es el motivacional, con las caracterı́sticas del ejemplo que se ha mencionado. Otro se da cuando es la primera vez que estamos ante un estı́mulo y alguien lo valora. Por ejemplo, «prueba este plato, está muy bueno» aumenta la probabilidad de probar el plato si no lo hemos probado antes. La importancia del augmenting reside en que nos permite seguir reglas a largo plazo. Por ejemplo, es difı́cil dejar el tabaco por sus propiedades adictivas y porque las consecuencias de consumirlo solamente se ven a muy largo plazo. Las reglas que se ponen en las cajetillas como «Fumar es perjudicial para la salud» pueden servirnos para dejar el tabaco, dependiendo de la importancia que tenga para nosotros la salud. En efecto, la fuerza motivacional de este augmenting no es igual para quien ha sufrido un amago de infarto que para quien goza de una salud excelente. Las reglas son mantenidas por contingencias conductuales que se pueden agrupar en dos tipos: (a) las de acción directa, que implican resultados inmediatos, como refuerzos o castigos, y (b) las de acción no directa, que implican resultados demorados, menos probables o pequeños, pero que pueden tener efectos acumulativos sobre la conducta gobernada por reglas. Hay reglas que son inefectivas para controlar la conducta (Malott, 1988) debido a que es difı́cil de seguir por las consecuencias que implica o bien porque esa regla no describe bien la inefectividad de la contingencia, o sea, no informa bien de que eso no dará resultado. Las reglas que están implicadas en las prácticas culturales no solo funcionan como estı́mulos discriminativos antecedentes para crear ocasiones en que una conducta será reforzada, sino que también pueden generar o funcionar como operaciones de establecimiento que llevan a estados disposicionales que tienen valor de refuerzo y facilitan la conducta reforzada por la regla. Estas reglas que actúan como operaciones de establecimiento son motivantes por haber sido asociadas previamente a condiciones que refuerzan el seguimiento de la regla y castigan su no seguimiento o complacencia. En el planteamiento de Mallot (1988), hacer cambios culturales en las reglas que se relacionan con prácticas culturales implica hacer a las personas conscientes, es decir, que discriminan y notan las diferencias de las contingencias materialistas en el sentido que pueden tactar (describir) los efectos de esas contingencias. 2.4. Aprendizaje relacional y terapia psicológica El aspecto central del aprendizaje relacional es que permite entender e in�luir en las conductas verbales-cognitivas humanas más complejas entendidas no de manera mentalista, sino como un tipo de operante especial a partir del aprendizaje de relacionar estímulos entre sı́ y derivar (hacer aparecer) nuevas respuestas sin contingencias directas. Este tipo de operante (llamada operante relacional verbal) permite a los humanos, aproximadamente a partir del segundo año de vida (Hayes, 2020), a partir de aprendizajes respondientes y operantes previos (ver apartados anteriores) relacionar estı́mulos de su medio ambiente de manera arbitraria sin la presencia de contingencias directas o asociativas, de modo que de esas relaciones arbitrarias se «derivan nuevas respuestas» y que también transforman el valor de los estı́mulos antecedentes (clásicos o discriminativos) y consecuentes (reforzadores y castigos) con el resultante de aparecer nuevos reforzadores llamados simbólicos que se relacionan con experiencias personales complejas como es el caso de los valores, la concepción de propio concepto o yo personal y los temores y angustias más idiosincráticos y personales. La teorı́a del marco relacional (Barnes-Holmes et al., 2001) tiene su antecedente precursor en los estudios de Sidman iniciados en la década de los años sesenta, que culmina en 1971 con su formulación de la «equivalencia de estı́mulos» (Valero y Luciano, 1992). Básicamente, la equivalencia de estı́mulos se relaciona con un procedimiento de aprendizaje donde, a partir de un entrenamiento con diversos ensayos reforzando relaciones entre diversos estı́mulos, aparecen nuevas relaciones entre ellos sin tener que reforzar cada una de las relaciones posibles entre ellos, según un estudio realizado inicialmente con una persona con retraso mental. En este momento comienzan toda una serie de experimentos de relacionar estı́mulos entre sı́ y se habla de que para que exista una relación de equivalencia entre estı́mulos se tienen que dar tres relaciones condicionales entre ellos: (1) re�lexiva (un estı́mulo controla a otro idéntico), (2) simétrica (si un estı́mulo controla una respuesta sobre otro estı́mulo, este último controla una respuesta sobre el primero) y (3) transitiva (si un primer estı́mulo controla una respuesta sobre un segundo estı́mulo, y el segundo controla una respuesta sobre un tercer estı́mulo, el primerestı́mulo controla también la respuesta sobre el tercer estı́mulo). En este punto, a inicios de los años 90 comienza a formularse la teorı́a del marco relacional (RFT) a partir de los estudios de Hayes, donde ya en 1991 (Valero y Luciano, 1992) considera que el fenómeno de relación de estı́mulos es un tipo de respuesta de orden superior donde las respuestas se relacionan arbitrariamente en función de la historia personal de cada sujeto humano. En 1992, Valero y Luciano consideran aún el planteamiento de Hayes meramente descriptivo, pues hay que responder empı́ricamente a la pregunta «¿qué variables determinan la relación transitiva?» planteada por Sidman; aspecto conductual que solo se da en humanos. Nueve años después aparece una respuesta a esa y otras cuestiones sobre la capacidad de los humanos de relacionar estı́mulos entre sı́, precisamente una respuesta liderada por Hayes y colaboradores (Barnes-Holmes et al., 2001) en una teorı́a elaborada al respecto llamada teorı́a del marco relacional (RFT, Relational Frame Theory) y en el contexto inicial de niños con retardos o dé�icits que estaban siendo entrenados en repertorios lingüı́sticos verbales. La teorı́a del marco relacional establece que relacionar estı́mulos arbitrariamente es un tipo de conducta operante especial, caracterizado por dos aspectos: – Que puede expandirse y hacer aparecer (derivar) nuevas respuestas sin entrenamiento directo. – Que puede alterar las funciones (relaciones de contingencias) de otras conductas del sujeto. Los estı́mulos relacionados forman parte de un marco relacional si conllevan al menos tres propiedades esenciales (son las esenciales, puede haber muchas más): (1) Implicación mutua: al relacionar A con B, automáticamente se deriva la relación B con A. En el caso de las experiencias privadas emocionales, una emoción puede presentar una relación mutua si esa emoción aparece relacionada con otros estı́mulos, como son su descripción, su evocación verbal u otros estı́mulos; de modo que después, por ejemplo, en una conversación de la vida cotidiana o en la terapia se pide hablar de una experiencia relacionada con ellas y se provoca esa emoción, aunque solo exista en ese momento esa descripción sin los disparadores directos de esa experiencia. (2) Implicación combinatoria: Si A está relacionado con B, y B con C, entonces A y C se relacionan automáticamente, de modo que se deriva la relación A-C y C-A. En el ejemplo emocional, si la palabra ansiedad se relaciona con la experiencia de ansiedad vivida, de modo que hablar de esa experiencia con allegados evoca esa reacción emocional (A-B) y, a su vez, esa experiencia emocional o la palabra «ansiedad», con escuchar noticias o leer un artı́culo periodı́stico sobre determinados temas (B-C), hablar o conversar sobre esos temas de las noticias o artı́culos periodı́sticos, generará ansiedad (A-C). (3) Transformación de funciones. Se re�iere a que la función de uno de los componentes de la relación estimular se trans�iere a los demás componentes en una nueva situación o contexto. En el ejemplo anterior de la experiencia emocional de la ansiedad, si el terapeuta le pide al cliente hablar de su ansiedad o describir cómo se presenta en su vida cotidiana, qué hace, qué resulta, etc., intentando recabar, por ejemplo, datos para un análisis funcional, puede generar automáticamente en la consulta reacciones de ansiedad, de modo que ahora aparece en una situación nueva una respuesta también nueva, sin que se haya presentado la situación aversiva directa en ella; y probablemente desee dejar de hablar de esto, etc. Existen otros tipos de relaciones potenciales entre estı́mulos, identi�icadas por la RFT, que pueden relacionarse arbitrariamente; donde lo arbitrario está en el sentido de que no se relacionan por las propiedades fı́sicas de los estı́mulos en cuestión, sino por claves contextuales de tipo socioverbal. Es decir, los estı́mulos se relacionan entre sı́ según nos han enseñado socialmente a relacionarlos; y desde ese aprendizaje previo insertado en la historia personal de cada uno y las claves contextuales actuales (análisis funcional) se producen nuevas relaciones automáticas derivadas (nuevas respuestas) no previamente enseñadas socialmente. Los principales tipos de relaciones que forman parte de un marco relacional, con sus potenciales derivaciones de nuevas respuestas que pueden usarse (incrementarse o debilitarse) en el entrenamiento verbal de personas con retrasos del desarrollo a partir de cierta edad y repertorios previos, e igualmente en los tratamientos psicológicos, son las que se enumerarán a continuación (Törneke, 2016). En estas nuevas respuestas, el sujeto extrae sus claves o reglas verbales autogeneradas en esos marcos de relación de estı́mulos. - Relaciones de igualdad, semejanza o coordinación: se suelen formular con claves estimulares verbales como «es igual, semejante a, aparece junto con…», de modo que las funciones aversivas o de aproximación se pueden transferir a nuevas situaciones (por ejemplo, igualar depresión a incapacidad o igualar componentes de una metáfora a activarse hacia los valores, etc.). Los prejuicios personales/sociales suelen estar en este tipo de relación. - Relaciones de oposición: se formulan contraponiendo verbalmente unos estı́mulos-objetos a otros, de modo que en esa contraposición se pueden transferir las funciones relacionadas con ellos a otras nuevas situaciones. En el ejemplo anterior, contraponer depresión- incapacidad a fortaleza, de modo que todo lo relacionado con fortaleza (por ejemplo, con�ianza en uno mismo, seguridad personal, etc.) queda relacionado con que la depresión conlleva todo lo opuesto, o sea, falta de con�ianza en uno mismo, inseguridad personal, etc. - Relaciones de comparación: suelen formularse con «más-menos que, peor-mejor que…». - Relaciones espacio-temporales: suelen formularse con «allı́ y entonces, aquı́ y ahora, antes-después, etc.». Son relevantes en las relaciones causales y en la resolución de problemas; ası́ como en el desarrollo de las perspectivas personales. - Relaciones jerárquicas: se habla de relación jerárquica entre A y B cuando A forma parte de B, por ejemplo, A (tristeza intensa) forma parte de B (depresión) y B (depresión) forma parte de C (trastorno mental). Las relaciones derivadas cuando opera la relación jerárquica serı́an que la tristeza intensa está incluida como enfermedad mental a través de la relación arbitraria socialmente establecida con la depresión. De ahı́ que las relaciones jerárquicas incluyan abstracciones, es decir, derivar aspectos comunes a los elementos incluidos en la misma categorı́a. Por ejemplo, ¿qué caracterı́sticas comunes tienen las enfermedades mentales? - Relaciones condicionales o causales: se establece a partir de casos reales vividos o por convención social o reglas sociales que un evento causa a otro o por convención social o reglas sociales sin que en la nueva situación existan referentes no arbitrarios para ellos (por ejemplo, sin que existan contigüidad asociativa clásica ni consecuencia operante evidente) como, por ejemplo, cuando desde diferentes modelos se establece que si una persona está baja de ánimo es porque antes pensó negativamente, de modo que, en vez de ver que ambos fenómenos (bajo de ánimo y pensamiento negativo) forman parte de la misma reacción, se atribuye uno al otro, ası́ que el sujeto en cuestión buscará cuando esté deprimido qué pensamientos negativos aparecieron antes de ello para modi�icarlos o controlarlos, por ejemplo. - Relaciones deícticas: las describiremos con las palabras textuales de López Rı́os: Son las relaciones entre estı́mulos necesarias para comprender las experiencias del yo. Las relaciones deı́cticas son las relaciones necesarias para comprender la experiencia del yo, es decir, para con�igurar la identidad. Cuando se pregunta a un niño pequeño «¿quién ha venido?» ante la entrada de su padreen la sala, dirá «papá». Si él ha pintado en un papel y se le pregunta «¿quién ha pintado aquı́?», el niño empezará por nombrar su nombre y posteriormente aprenderá a decir «yo» al referirse a su propio comportamiento y será reforzado por ello. Cuando decimos yo, lo hacemos diferenciándolo de tú (nosotros, ellos, ellas…), es decir, yo se relaciona con tú en un contexto de diferencia. Otra relación importante es la relación espacial aquı́/allı́. Siempre que me re�iero a mı́ misma, siempre lo hago desde aquı́. Es decir, yo, mi persona, solo puedo tener experiencia desde aquı́, desde mi lugar. Otra relación importante en la experiencia del yo es la relación temporal, ahora/entonces. Mi experiencia se produce en este momento (ahora) y en este lugar (aquı́). Al parecer, este tipo de relaciones resultan básicas para entender la experiencia del yo, ası́ como la continuidad de la propia experiencia (el yo como proceso), yo continuamente yo, siempre tengo mi propia experiencia desde mı́ misma. Esto implica que tú tienes tu propia experiencia continua desde ti, desde tu lugar y en ese momento, y yo la observo desde mi perspectiva. La con�iguración de este tipo de relaciones permite derivar relaciones de yo trascendente o yo contexto, y yo como proceso (López Rı́os, 2018). Establecer estas relaciones deı́cticas respecto a los contenidos de la propia experiencia suele ser un objetivo relacionado con varias terapias conductuales contextuales, en especial la ACT (terapia de aceptación y compromiso). En resumen, el aprendizaje relacional establece que los humanos desarrollamos repertorios verbales-cognitivos de complejidad creciente a partir de experiencias directas previas de aprendizaje en condiciones naturales y socioverbales mediadas por otras personas sujetas a contingencias directas y que, una vez adquiridos esos repertorios, podemos generar nuevas respuestas sin la presencia de esas contingencias directas a partir de relacionar estı́mulos o eventos de nuestra vida entre sı́, lo que no suprime que esas nuevas respuestas tengan sus consecuencias operantes en el mundo en que vivimos. De hecho, las terapias conductuales contextuales establecen que la mayor parte del sufrimiento emocional humano deriva de estas nuevas respuestas operantes de relaciones arbitrarias en contextos socioverbales-culturales. Ası́, la conducta humana está sujeta a leyes o procesos de aprendizaje asociativo de las cosas que nos suceden (aprendizaje respondiente o clásico), de las consecuencias selectivas de nuestras acciones en el mundo (condicionamiento operante) y de las relaciones que establecemos arbitrariamente a partir de experiencias directas, reglas o criterios sociales de los eventos vividos en nuestra vida. Bibliografía del capítulo 2 Angera, M. T. (1993). La crisis en evaluación conductual, ¿llega a su �in? Comentario al texto de Rocı́o Fernández-Ballesteros y Arthur W. Staats. Clínica y Salud, 4(2), 139-143. Barnes-Holmes, D., Hayes, S. C. y Roche, B. (2001). The (not so) strange death of stimulus equivalence. European Journal of Behavior Analysis, 2(1), 35-41. Calero, E., Froxán Parga, M. X. y Montaño, M. (2011). Investigación de resultados y de procesos sobre la técnica de reestructuración cognitiva. Apuntes de Psicología, 29(3), 359-377. Feder, J., Luciano, M. C. y Ruiz, L. J. (2015). Entrenamiento en múltiples ejemplos (MET) en la formación de la conducta de oyente generalizada en el Trastorno del Espectro Autista (TEA). Un estudio de caso. European Journal of Child Development, Education and Psychopathology 3(2), 43-54. Fernández Ballesteros, R. (1989). Comentario al texto de Arthur W. Staats. Psicothema, 1(1-2), 33- 39. Froxán Parga, M. X. (2011). ¿Por qué funcionan los tratamientos psicológicos? Clínica y Salud, 22(3), 201-204. Froxán Parga, M. X. y Calero, A. (2011). Guı́a para el uso de la reestructuración cognitiva como un procedimiento de moldeamiento. Behavioral Psychology / Psicología Conductual, 19(3), 659- 682. Froxán Parga, M. X., Calero, A. y Montaño. M. (2006). Procesos de aprendizaje en las técnicas de reestructuración semántica. Análisis y Modi�icación de Conducta, 32(143), 287-306. Froxán Parga, M. X., Calero, A., Montaño, M., Garcı́a, A., Garzón, A. y Ruiz, E. (2008). Sistema de categorización de la conducta verbal del terapeuta. Psicothema, 20(4), 603-609. Froxán Parga, M. X., Galván, N., Izquierdo, I., Ruiz, E. y Marchena, C. (2013). Análisis de las verbalizaciones desadaptativas del cliente y su relación con las verbalizaciones punitivas del terapeuta: un estudio de caso. Análisis y Modi�icación de Conducta, 39(159-160), 25-38. Froxán Parga, M. X., Montaño, M. y Calero, A. (2006). ¿Por qué la gente cambia en terapia? Un estudio preliminar. Psicothema, 18 (4), 797-803. Froxán Parga, M. X., Montaño. M. y Calero, A. (2010). Therapists’ Verbal Behavior Analysis: A Descriptive Approach to the Psychotherapeutic Phenomenon. The Spanish Journal of Psychology, 13(2), 914-926. Froxán Parga, M. X., Montaño, M., Calero, A. y Ruiz, E. (2011). Aproximación al estudio funcional de la interacción verbal entre terapeuta y cliente durante el proceso terapéutico. Clínica y Salud, 22(1), 69-85. Froxán Parga, M. X., Núñez de Prado, M. y De Pascual Verdú, R. (2017). Cognitive techniques and language: A return to behavioral origins. Psicothema, 29(3), 352-357. Froxán Parga, M. X., Pardo, R., Vargas, I., Linares, F. (2011). Análisis de las reglas en el contexto clı́nico. eduPsykhé, 10(1), 135-154. Froxán Parga, M. X., Ruiz, E., Montaño, M., Calero, A. y Alpañés, M. (2011). Estudio comparativo de la conducta verbal del terapeuta según su experiencia durante la evaluación clı́nica. Anales de Psicología, 27(2), 311-331. Froxán Parga, M. X., Vargas, I., Calero, A. y Ruiz, E. (2010). Categorización de la conducta verbal del cliente durante la reestructuración cognitiva. Análisis y Modi�icación de Conducta, 36(153-154), 105-114. Froxán Parga, M. X., Vega, A., Trujillo, C. y Estal, V. (2018). E�iciencia de las terapias: ¿un paso más allá de la e�icacia? Análisis crı́tico del modelo cognitivo-conductual. Apuntes de Psicología Colegio O�icial de Psicología de Andalucía Occidental, 36(1-2), 55-62. Galván, N., Vega, J. y Froxán Parga, M. X. (2020). Verbal aversive control in clinical interaction verbal aversive control in clinical interaction. Psicothema, 32(2), 182-188. Gómez Martı́n, F., López Rı́os, F. y Mesa Manjón, H. (2007). Teorı́a de los marcos relacionales: algunas implicaciones para la psicopatologı́a y la psicoterapia. International Journal of Clinical and Health Psychology, 7(2), 491-507 Labrador, F. J. (2008). Técnicas de modi�icación de conducta. Madrid: Pirámide. Lee, G., Ricote, A., De Pascual. R. y Froxán Parga, M. X. (2019). Los procesos de condicionamiento clásico en la interacción verbal terapéutica. Revista Mexicana de Análisis de la Conducta, 45(1), 90-110. López Rı́os, F. (2018). Conducta verbal y teorı́a del marco relacional: el lenguaje como la actividad de relacionar cosas. En: Ruiz Sánchez et al. Conductismo. La psicología del verbo. Lulú. Luciano, M. C. (2017). The Self and Responding to the Own’s Behavior. Implications of Coherence and Hierarchical Framing. International Journal of Psychology and Psychological Therapy, 17(3), 267-275. Luciano, M. C., Ruiz, F. J., Luciano, B. y Ruiz, L. J. (2016). Di�icultades y barreras del terapeuta en el aprendizaje de la terapia de aceptación y compromiso (ACT). International Journal of Psychology and Psychological Therapy, 16(3), 357-373. Malott, R. W. (1988). Rule-governed behavior and behavioural anthropology. The Behavioral Analyst, 11(2), 181-203. Montaño, M., Froxán Parga, M. X., Ruiz, E. M. y Virués Ortega, F. J. (2011). El proceso terapéutico «momento a momento» desde una perspectiva analı́tica funcional. Clínica y Salud, 22(2), 101- 119. Montgomery, W. (2018) Conductismo: un análisis paradigmático. Cuestiones teóricas, �ilosó�icasy profesionales. Ed. Saxo.com Perú S.A.C. Pérez, V., Gutiérrez, M. T., Garcı́a, A. y Gómez, J. (2010). Procesos psicológicos básicos. Un análisis funcional. Madrid: UNED Quispe Núñez, L. V. y Torres-Marruffo, D. (en prensa). William Montgomery: el desa�ío de la integración de los conductismos. Ruiz Sancho, E., Froxán Parga, M. X. y Calero, A. (2013). Análisis de la conducta verbal del cliente durante el proceso terapéutico. Anales de Psicología, 29(3), 779-790. Ruiz, F. J. y López, J. C. (2012). Tratamiento de un caso de autismo a través del entrenamiento en comportamiento relacional derivado. En: Quevedo-Blasco, R. y Quevedo-Blasco, V. J. (Eds.), Avances en psicología clínica. Granada: Asociación Española de Psicologı́a Conductual (AEPC). Ruiz, F. J. y Luciano, M. C. (2012). Sobre la relevancia de la analogı́a y la teorı́a del marco relacional en la comprensión de la cognición humana. Respuesta al comentario de E. Z. Tourinho. Acta Comportamentalia, 20, monográ�ico, 44-45. Ruiz, F. J. y Perete, L. (2015). Application of a relational frame theory account of psychological �lexibility in young children. Psicothema, 27(2), 114-119. Ruiz Sánchez, J. J. R. y Trillo Padilla, F. (2017). Terapia de aceptación y compromiso de grupo: experiencia en un servicio público de salud mental. Revista de Investigación en Psicología, 20(1), 7-28. Ruiz Sánchez, J. J. (Coord.) (2017). Terapia de aceptación y compromiso de grupo. Basada en la teoría del marco relacional y el socioconductismo. Lulú Ediciones. Ruiz Sancho, E., Froxán Parga, M. X. y Galván, N. (2015). Verbal interaction patterns in the clinical context: A model of how people change in therapy. Psicothema, 27(2), 99-107. Staats, A. W. (1979). Conductismo social. México: Editorial Manual Moderno. Staats, A. W. (1997). Conducta y personalidad. Conductismo psicológico. Bilbao: Desclée de Brouwer. Sierra, M. A., Ruiz, F. J., Floréz, C. L., Riaño, D. y Luciano, M. C. (2016). The role common physical properties and augmental functions in metaphor effect. International Journal of Psychology and Psychologycal Therapy, 16(3), 265-279. Törneke, N. (2016). Aprendiendo TMR. Una introducción a la teoría del marco relacional y sus aplicaciones clínicas. U� beda, Jaén: Editorial Didacbook. Trillo, F. (2018). Condicionamiento operante: Cómo nos va en la vida. La importancia de las consecuencias de los actos. En: Ruiz Sánchez, J. J. et al. Conductismo, la psicología del verbo. Lulú. Trillo Padilla, F. (25 de febrero de 2007). Con�ianza ciega en nuestros jóvenes deportistas. [Mensaje en un blog]. Recuperado de http://www.eldeportedejaen.com/2017/02/con�ianza- ciega-en-nuestros-jovenes-deportistas/ Valero, L. y Luciano, M. C. (1992). Relaciones de equivalencia: una sı́ntesis teórica y los datos empı́ricos a nivel básico y aplicado. Psicothema, 4(2), 413-428. Valdivia, S. y Páez, M. (2019). Aceptación psicológica. Qué es y por qué se fomenta en terapia. Pirámide. Vargas, I., Pardo, R., Martı́nez, H. y Froxán Parga, M. X. (2017). Las verbalizaciones tipo reglas del terapeuta a lo largo del proceso clı́nico. Universitas Psychologica, 16(1). Vargas, I., Pardo, R., Martı́nez, H. y Froxán Parga, M. X. (2018). Una extensión del concepto de regla y su aplicación a la terapia psicológica. Clínica y Salud, 29(2), 63-70. Villatte, M., Villatte, J. L y Hayes, S. C. (2015). Mastering the clinical conversation: Language as Intervention. Nueva York: The Guilford Press. Virués Ortega, J. (2004). Distinciones entre conductismo psicológico y radical con referencia al comportamiento verbal: una entrevista con Arthur W. Staats. Acta Comportamentalia, 12(1), 75-89. Virués Ortega, J. y Froxán Parga, M. X. (2015). A translational approach to the functional analysis of language in psychotherapy. International Journal of Clinical and Health Psychology 15(1), 69- 75. http://www.eldeportedejaen.com/2017/02/confianza-ciega-en-nuestros-jovenes-deportistas/ Capítulo 3 Fundamentos clínicos: análisis funcional de la conducta. El análisis funcional de la conducta verbal 3.1. Qué es, cómo y para qué se hace el análisis funcional de la conducta ¿En qué consiste lo esencial del AFC (análisis funcional de la conducta)? El AFC considera que los problemas psicológicos son problemas de la vida que se convierten en di�icultades emocionales cuando la persona se ve atascada o en con�licto ante determinados asuntos de su vida. Busca relacionar y conectar las di�icultades de la persona con el mundo en que esta vive y sus circunstancias y no con un mundo mental o cerebral hipotético ajeno a este. ¿Para qué se utiliza el AFC? - Para establecer relaciones funcionales, es decir, relacionar los problemas con sus causas. Estas relaciones son especı́�icas para cada persona y momento de su vida y conocerlas es de utilidad para diseñar un plan de tratamiento o cambio. - Para buscar bene�icios para el cliente al cambiar las causas de sus di�icultades. - Se centra en las causas o variables controlables y que se pueden modi�icar o cambiar o, en el caso de que se trate de hechos pasados traumáticos, al menos aliviar las secuelas o consecuencias de estos. - Son ajustados a cada persona y no deriva de un paquete de tratamiento prediseñado basado en un diagnóstico. - Puede ser aplicado a múltiples formas de tratamiento y contextos; no solo a las terapias contextuales-funcionales, aunque en estas alcanza su máxima potencia. - Se aplica a múltiples tipos de problemas humanos, desde los clı́nicos —problemas relacionados con la ansiedad, la depresión, las psicosis, problemas emocionales y conductuales de los niños, etc.— a formatos de terapia de pareja, terapia familiar, de grupo; e incluso al análisis institucional y social en términos de «macrocontingencias» —causas generalizadas que controlan en general amplios comportamientos sociales—. ¿Qué preguntamos y observamos al hacer un AFC? Cuando queremos comprender que causas o variables controlan una serie de conductas que son problemáticas para una persona es clave conocer los contextos de la misma. Esto lleva a conocer en qué situaciones o en qué momentos ocurre esto y qué consecuencias tiene. La mayorı́a de las personas y muchos clı́nicos suelen comenzar y quedarse con frecuencia solo en este primer momento, el de hacer un listado descriptivo de los comportamientos problemáticos sin atender al contexto y la función que tienen (sus causas y efectos). Si decimos que una persona «se obsesiona», «discute» o «limita su alimentación» y si, además, a esas clases de conductas la etiquetamos, por ejemplo, como «trastorno obsesivo», «problemas del control de los impulsos» o «anorexia», parece que hemos explicado algo, haciendo brotar esas conductas de los supuestos trastornos etiquetados (ver capı́tulo 1). En realidad, solo estaremos describiendo y clasi�icando esas conductas. A esto en el análisis funcional de la conducta se lo llama «análisis topográ�ico», porque describe la forma de la conducta que se presenta como problemática —al igual que describirı́amos un terreno que estamos viendo, su topografı́a—. De hecho, el modelo médico de las enfermedades se basa en los signos visibles y en los sı́ntomas, su categorización, su diferenciación y su clasi�icación en relación con distintas enfermedades (la nosologı́a, en términos médicos). Esto en problemas médicos, sin duda, es muy útil, pero bastante ine�icaz y problemático a la hora de actuar con problemas psicológicos (de la conducta de pensar, sentir, hacer). El análisis topográ�ico sı́ es útil para listar los problemas y para hacernos una idea de qué objetivos de cambio queremos con ellos. Es habitual que en el AFC esos listados de problemas sean categorizados como excesos o dé�icits conductuales. Se considera dé�icits a las carencias en habilidades en los repertorios de conductas necesarios para una función o �inalidad (por ejemplo, a la falta de contacto ocular en una conversación). Como excesos conductuales se consideraa las conductas que se dan con una frecuencia o intensidad excesivas que inter�ieren en una función o �inalidad (por ejemplo, elevar el tono de voz y gesticular en exceso cuando mantenemos una conversación). Es importante recordarnos que la clasi�icación topográ�ica en términos de excesos y dé�icits conductuales no es algo absoluto, sino que está en función de los objetivos que nos marquemos en cada caso, y que no solo incluye a las conductas visibles para otros, sino también a las conductas subjetivas y privadas de tipo cognitivo —pensar, imaginar, percibir, etcétera—, emocional (sentir) y �isiológica (sensaciones y reacciones del cuerpo). Pero el AFC no se queda en este punto inicial, porque busca comprender a la persona en sus situaciones de la vida, como actúa ante ellas y con qué consecuencias. De nuevo recordamos que actuar aquı́ es pensar, sentir, hacer, hablar; o sea, cualquier actividad o conducta humana que pueda ser descrita con un verbo (el AFC es una psicologı́a del verbo, no del nombre o clasi�icación). En resumen, hacer un AFC es conocer la conexión entre la conducta de la persona y el mundo en que vive esta, su contexto de vida. Realizar un AFC de una persona concreta que presenta uno o varios problemas conlleva realizar un despliegue del llamado ABC funcional o análisis de la triple contingencia. Explicar el ABC de la conducta de una persona es comprender los motivos de por qué (o para qué) una persona hace lo que hace o deja de hacer algo. ¿Y en qué consiste eso de desplegar el ABC funcional de la triple contingencia? 1. Comenzaremos por B (B de behavior, ‘conducta’ en inglés. La conducta problemática, una o varias) y el análisis topográ�ico antes comentado. Aquı́ la pregunta y/o la observación clave para nosotros es: «¿Qué hace la persona que es un problema para ella u otros? o ¿qué hago yo que es un problema para mı́ u otros?». Este es el punto B del ABC. Por ahı́ comenzamos. 2. Seguiremos con A (antecedente). Aquı́ una pregunta y/o observación clave es: «¿Cuándo hace eso esa persona? ¿Cuándo hago yo eso?». Aquı́ buscamos la circunstancia espacio-temporal en que se da la conducta problemática (lugar, personas, momento temporal…). Y otras preguntas clave se relacionan con detectar los acontecimientos concretos externos e internos que preceden (van antes) de manera inmediata a esa conducta problemática. Preguntas relacionadas con estos antecedentes podrı́an ser: «¿Qué ocurrió inmediatamente antes en esa ocasión de hacer o reaccionar ası́?». «¿Dónde estaba en ese momento y, si habı́a otras personas, qué dijeron o hicieron momentos antes?». «¿Qué pensaba sentı́a poco antes de esa reacción?». Recuerde que los antecedentes pueden ser externos de su ambiente social o fı́sico o internos (sensaciones, pensamientos, emociones). Recuerde también que los antecedentes no son las causas de las conductas problemáticas salvo cuando se trate de respuestas condicionadas o incondicionadas e involuntarias (capı́tulo 2), como es el caso de muchas sensaciones, emociones y pensamientos involuntarios. En el caso de las conductas voluntarias, los antecedentes tienen la llamada función discriminativa —y no evocativa del condicionamiento respondiente—, que se relaciona con «indicar o señalar» en qué momentos una conducta tiene más probabilidades de producir ciertos efectos. Tanto el propio pensar, sentir o emocionarse de una persona puede tener esta función discriminativa como los consejos e instrucciones de otras personas que nos hablan. Incluso, y esto es muy importante, nos formamos reglas mentales para conducirnos como repertorios de conducta (capı́tulo 2) que funcionan como antecedentes discriminativos. El hecho de que alguien y nosotros mismos sigamos en mayor o menor grado los consejos, prescripciones médicas y reglas propias y ajenas dependerá en parte del poder del control de esos momentos, como antecedentes contextuales o de estı́mulo discriminativo, de la historia personal de experiencias y, sobre todo, del grado en que esas instrucciones, consejos o indicaciones hayan producido determinadas consecuencias en el pasado. 3. Y terminaremos con C (las consecuencias). En este punto la pregunta y/o observación clave es: «¿Qué sucede inmediatamente después de la conducta problemática o de cambio que queremos fomentar?». En determinados casos, puede ser importante valorar las consecuencias a largo plazo (por ejemplo, al hablar de valores de la persona), pero, en general, se busca detectar las consecuencias inmediatas que tienen control sobre la conducta de la persona (las relacionadas con la evitación son muy frecuentes en muchos problemas psicológicos). De nuevo, las consecuencias, igual que los antecedentes, pueden ser externas o internas a la persona. Entre las consecuencias externas tienen un papel central las reacciones inmediatas de otras personas a las conductas problemáticas —a las que se suele aludir al hablar del efecto de las relaciones—, es decir, qué hacen o dicen cuando esta ocurre. Y respecto a las consecuencias internas, de nuevo estas abarcan lo que las personas se dicen a sı́ mismas, al pensar, tras presentar la conducta problema —u objetivo— o cómo se sienten tras esas acciones. El análisis de las consecuencias de la conducta operante (voluntaria) es lo que tiene más peso en el corazón del AFC (sin excluir los antecedentes y la conducta). Ese análisis conlleva valorar las funciones o efectos de esas consecuencias, que básicamente, recordemos, son (1) el reforzamiento positivo —cuando la presentación de determinadas consecuencias apetitivas o deseables hace más probable esa conducta en el futuro—, (2) el reforzamiento negativo —cuando la retirada o evitación de una consecuencia aversiva o no deseada hace más probable esa conducta en el futuro—, (3) el castigo positivo —cuando la presentación de una consecuencia o estı́mulo aversivo o no deseado hace menos probable esa conducta en el futuro—, (4) el castigo negativo —cuando la retirada de una consecuencia o estı́mulo apetitivo o deseable hace menos probable esa conducta en el futuro—, (5) la extinción —cuando una conducta no es seguida de sus consecuencias apetitivas o aversivas habituales y termina por desaparecer en un intervalo de tiempo— y (6) la recuperación espontánea —reaparición de la conducta extinguida previamente cuando se introducen de nuevo los antecedentes y consecuencias con ella previamente relacionados—. Respecto a las consecuencias, otra pregunta clave es: «¿Para qué hace eso, a qué propósito sirve?», y eso independientemente de que la persona sea o no consciente o se percate de ello, ya que las consecuencias hacen su efecto sin depender de esto. El esquema del AFC del ABC quedarı́a de la siguiente forma (se puede usar como autorregistro si observamos nuestra propia conducta): A-Antecedente B-Conducta C-Consecuencia ¿En presencia de qué? ¿Qué hace? ¿Qué sucede inmediatamente después? Incluso el/la terapeuta puede observar estas secuencias funcionales en la misma consulta. Por ejemplo: cuando pregunta por ciertos temas «delicados» (A), el paciente suele evitar contestar cambiando de tema, despistándose de la conversación (B), produciendo la consecuencia (C) de que se pare de hablar de eso, con un alivio momentáneo del paciente, de modo que en el futuro se repita esa consecuencia — reforzamiento negativo, en este caso—. Esto puede servir al terapeuta o al cliente para cambiar la secuencia que mantiene esa evitación, por ejemplo, reiterando el tema (A) y señalando al cliente cómo intenta de nuevo escapar, cambiar de tema, etc., impidiendo que escape a esto y al mismo tiempo reforzando positivamente que contacte con estas cosas. Claro que todo ello ha de ser comprobado observando de nuevo qué sucede tras introducir estos cambios. Aquı́ es fundamental «moldear la conducta por aproximaciones sucesivas» y, en cierto modo, cualquier intervención psicológica o educativa consiste en esto; solo que aquı́ se parte explı́citamentey de modo consciente de ello. Derivar funciones y transformar funciones desde el lenguaje y las acciones en las conversaciones terapéuticas en las relaciones consejeros-terapeutas y clientes se relaciona con esto. Aunque suene aversivo para muchos consejeros y terapeutas, cuando hacemos un AFC es para controlar funciones de su conducta o ayudar al cliente a que controle de modo alternativo y para su bene�icio su conducta. No puede haber terapia o consejo sin control, o sea, sin in�luencia, se «vista» como se quiera al asunto. Claro que al mismo tiempo el tema ético es central, si se hace realmente para el bene�icio del cliente o para el de la institución. En el caso del AFC en ACT se hace sobre los valores del propio cliente. Otra cuestión con esto es que muchos clientes no tendrán nada claros sus valores, por lo que nos costará trabajar con ellos. Una advertencia también es que la linealidad con la que se presenta en este apartado los ABC dista, y mucho, de la complejidad que se da en muchas circunstancias de la vida de modo continuo e ininterrumpido. Aquı́ buscamos secuencias útiles para modi�icar conductas, no esquemas para encerrar o encasillar de manera cristalizada a las personas. ¿Cómo suele hacer el AFC que se utiliza en ACT y en otras terapias contextuales-funcionales? En las primeras entrevistas con el/los clientes se suele seguir un guion �lexible, y no siempre de la misma forma, que recoge tres aspectos: (1) El motivo de la consulta (los B del ABC): aquı́ no es tan importante recoger el listado de quejas, sino determinar cuál sería la condición del alta. Lo que se quiere conseguir con la consulta es lo que buscaremos sobre todo. Para ello haremos preguntas y observaciones encaminadas a usar verbos que describan acciones de pensar, sentir, hacer; o de dejar de pensar, sentir, hacer sobre eventos observables o privados-subjetivos. Esto se relaciona con el análisis topográ�ico descrito antes. «¿Qué desea conseguir viniendo a terapia o pidiendo consejo?» —recordar en esto también la tı́pica agenda de los clientes de eliminar y saber las causas de su malestar —. (2) Los antecedentes (Los A del ABC): nos interesan más los acontecimientos inmediatos a la conducta objetivo o las conductas problemas que los acontecimientos históricos o alejados en el tiempo (aunque escucharemos estos si nos los relatan); y, en el caso de relato de eventos pasados, preguntaremos por su presentación actual como antecedentes («¿Cuándo y cómo recuerda eso en la actualidad?»). Recordemos de nuevo que los antecedentes pueden ser externos o internos y se re�ieren a cualquier evento que se presente de manera inmediata y previa a la conducta objeto de evaluación y que pueden provenir de uno/a mismo o el ambiente externo (incluyendo acciones de otros). Una secuencia global de estos antecedentes podrı́a ser: «Me siento muy triste (B) cuando estoy en casa solo sobre las seis-siete de la tarde, después de llegar del trabajo, pensando en lo desgraciado que soy, con sensaciones de ansiedad y tensión interna y con impulsos de hacerme daño (A)». (3) Las conductas problemáticas (los B del ABC): en ACT el foco está centrado en las experiencias internas de malestar que el/la cliente experimenta y no quiere tener, es decir, la evitación experiencial, más que en la conducta externa, aunque muchas veces también eso es importante cuando los problemas que el cliente re�iere se presentan en la misma consulta —las llamadas conductas clínicamente relevantes— y el terapeuta aprovecha para actuar sobre ellas para que el cambio conseguido en consulta se extienda, si es posible, a la vida diaria del cliente. En el caso especı́�ico de la ACT —sin perjuicio de las conductas clı́nicamente relevantes—, esas conductas consisten en pensamientos, sensaciones y emociones que la persona no acepta y quiere eliminar de su vida, como es el caso de «quitarme la tristeza», «quitarme la ansiedad», «abandonar el pensamiento de que quiero quitarme la vida», «las preocupaciones por que pueda pasar algo malo», «el miedo a perder el control y hacerme daño» o «dejar de oı́r las voces que me dicen que me haga daño» y un largo etcétera. Todas esas conductas (B) suelen estar relacionadas con un fuerte control aversivo y de evitación por reforzamiento negativo (funciones A y C). Aquı́ preguntas y observaciones (oı́r y ver) tı́picas son: «¿Y qué quiere usted dejar de pensar o sentir?», o «escucho que usted quiere dejar de pensar o sentir [tal cosa u otra]» u «observo que cuando hablamos de [X] usted parece evitar que ocurra tal» —aquı́ se relaciona con las conductas clı́nicamente relevantes si eso ocurre también en la vida diaria del cliente, lo que suele ser un caso muy habitual—. (4) Las propias conductas o respuestas del sujeto como consecuencias que conllevan evitaciones (Los C del ABC): es lo que hace el cliente justamente después de experimentar aquello que no desea. En la mayorı́a de los casos, es mantenida por evitación con función de reforzamiento negativo a corto o medio plazo. Ası́, por ejemplo, beber alcohol o tomar ansiolı́ticos puede tener un efecto de alivio temporal sobre las experiencias no deseadas y pasar a tener un papel central o exagerado en la vida de los clientes. Tanto es ese papel de la evitación que puede llevar a la persona a desconectar y perder el rumbo de aquello que es valioso en su vida, hasta el punto de que pueden vivir para no tener determinadas experiencias más que para construir una vida valiosa, e incluso estando confusos o con poca claridad sobre aquello que quieren para sus vidas que les merece la pena, más allá de controlar o reducir el malestar. Las preguntas y observaciones tı́picas en este punto son del estilo: «¿Y qué haces cuando no quieres notar o tener eso?», «¿y hacer eso te funciona durante mucho tiempo?», «¿y qué vida te gustarı́a llevar sobre lo que a ti te importa?», «¿y qué impedimentos ves para encaminarte hacia eso?». El AFC no se acaba en la primera consulta, ya que es un proceso continuo que se mantiene a lo largo de la terapia o el consejo y nos sirve de referencia para saber cómo está llevando el/la cliente su vida con relación a lo que evita y valora y lo lejos o cerca que se encuentra de lo que desea en la terapia o consejo. 3.2. Análisis funcional de la conducta verbal desde la perspectiva skinneriana Las relaciones humanas, y con ellas las terapéuticas, se mantienen mediante conversaciones que implican intercambio verbal. Por ello, tener en cuenta las posibles funciones del lenguaje ayuda al terapeuta a identi�icar las variables que mantienen las a�irmaciones del cliente (Valero y Ferro, 2018). Las funciones de la conducta verbal fueron delimitadas por Skinner en su libro Conducta verbal (Skinner, 1957/1981), que ha servido en diversos campos de las aplicaciones psicológicas como la enseñanza de repertorios verbales en niños pequeños, con retraso y autismo. Sin embargo, su aplicación a otras áreas y problemas en personas adultas quedó relegada en parte por la moda cognitiva-conductual, al menos en Estados Unidos y Europa —en Brasil, desde los años 70 no fue el caso, debido a la fuerte tradición skinneriana allı́— hasta �inales de los años 80, donde se recupera por las terapias conductuales funcionales de tercera generación; en especial, por la psicoterapia analı́tica funcional (Kohlenberg y Tsai, 1991/2008). La contribución skinneriana al análisis funcional de la conducta verbal se centra en identi�icar las funciones especı́�icas de la conducta verbal del cliente en sesión, es decir, cuándo y para qué dice el cliente lo que dice en presencia del terapeuta. Para ello, establece una clasi�icación de tipos de conducta verbal según su funcionalidad relacional; siendo las principales las siguientes (Valero y Ferro, 2018): 1. Conducta ecoica en la terapia: Es aquella clase de conducta verbal donde la estimulación antecedente y la respuesta tienen una similitud formal que es reforzada por la persona que presenta el modelo o bien poresa propia similitud como reforzador condicionado. En la consulta se puede dar el caso de que el cliente se limite a repetir o asentir lo que dice o aconseja el terapeuta, incluso usando la propia jerga técnica de este, sin que necesariamente implique cambios reales en sus conductas. Lo que el terapeuta debe reforzar es que el cliente verbalice en su propio lenguaje y términos las contingencias (refuerzos) que mantienen sus conductas de aproximación hacia sus objetivos o de alejamiento de estos; y que, haciendo esto, se empieza a motivar a dar pasos de cambio graduales en sus conductas. 2. Tactos como descripciones: Es aquella clase de conducta verbal donde la respuesta verbal corresponde con la descripción de la estimulación presente —sea esta estimulación externa o interna al sujeto— y cuyo reforzamiento corresponde al ajuste a esa correspondencia. En el caso de tactos con correspondencia a estimulación privada — necesidades fı́sicas o emocionales, estados emocionales, recuerdos, incluso la percepción de sı́ mismo como un yo agente de la conducta —, la variedad de experiencias previas y actuales de reforzamiento de esas correspondencias pueden ser muy diversas e incluso desajustadas, que pueden generar problemas importantes en el sujeto que en la psicoterapia analı́tica se relacionan con los problemas del yo o trastornos de la personalidad. En las sesiones, al realizar el análisis funcional como actividad continua sesión a sesión, es importante observar en la conversación terapéutica si la persona, cuando se describe a sı́ misma, presenta di�icultades para saber quién es, qué desea, qué quiere o qué opina sobre diversos aspectos de su vida; y si incluso en ese tactarse a sı́ mismo está bajo el mayor o menor control de la presencia o las acciones de otras personas. A lo largo de la terapia, si hay di�icultades con este aspecto, reforzar natural y adecuadamente que se identi�ique como persona, que exprese sus deseos y opiniones, lo que piensa y siente, puede ser clave en esos casos; y que se refuerce en pasos progresivos (moldeamiento), que actúe en esa dirección (que en el caso de ACT incluye los llamados valores personales). 3. Mandos que tienen una �inalidad diferente: Son clases de conducta verbal a las que sigue una consecuencia directa que puede ser mediada por otra persona, y que consiste en obtener algo o cambiar algo. En lenguaje cotidiano serı́a «pedir algo». Se llaman «mandos disfrazados» a las peticiones indirectas de los clientes con apariencia de tactos («tactos impuros» para Skinner); parece que describen algo, pero conllevan la consecuencia de obtener un objetivo en la interacción. Un ejemplo podrı́a ser el caso de un cliente que cuenta al psicólogo que otros terapeutas que le atienden —por ejemplo, un psiquiatra— no atiende sus demandas de que se le vea con más urgencia, lo que podrı́a ser el caso de hacer la misma petición al psicólogo de manera indirecta. Muy habitual en terapia es que los clientes relaten como tactos ser vı́ctimas de acontecimientos, enfermedades o circunstancias en las que se sienten indefensos y que esperen que el/la terapeuta desempeñe un papel de rescate o responsabilidad delegadas en ellos y ser contraproducente para que sean agentes de sus propios cambios vitales. 4. Intraverbales de preguntas y respuestas: Son aquellas clases de conductas verbales controladas por otras conductas verbales del interlocutor con el que se conversa y que también este refuerza. La secuencia habitual de las intraverbales es que uno pregunta y el otro contesta y suele ser la base de las conversaciones cotidianas habituales y de las preguntas realizadas al hacer el mismo análisis funcional —¿qué, cómo, cuándo, para qué?…— si este es en forma de entrevista —además de los datos observacionales en vivo—. Igualmente, al intervenir en las intraverbales, ya que no es lo mismo, por ejemplo, preguntar sobre qué sintió la persona en un momento fuera de la terapia y hacer girar toda la conversación en un análisis funcional de lo que sucedió allı́ y entonces que, por ejemplo, completarlo o no con preguntas de qué experimenta aquı́ y ahora en la sesión sobre lo que le decimos, etc. Esto, por ejemplo, es clave en la psicoterapia analı́tica funcional, al buscar las «equivalencias funcionales» entre la vida diaria y la sesión. 5. Autoclı́ticas y la autocorrección del lenguaje: Son las clases de conducta verbal que conllevan el refuerzo de corregir, matizar o perfeccionar la propia conducta verbal. Son, por lo tanto, respuestas autorreferidas al propio sujeto que las presenta. En terapia, tanto en el análisis funcional como en la intervención (aunque hacer análisis funcional ya es intervenir; y en este caso el autor de estas lı́neas ya hace su propia conducta autoclı́tica) son muy importantes cuando el cliente expresa sus intenciones de poder hacer algo concreto o de haber hecho algo concreto para mejorar su situación personal, comprobando si esa declaración de intenciones aumenta la probabilidad o no de acciones consecuentes con ellas; siendo adecuado reforzarlas si van en la dirección deseada. Hay otros aspectos de las autoclı́ticas muy importantes al hacer el análisis funcional, como es el caso de las expresiones verbales del tipo «pero», que disminuyen la probabilidad de las conductas referidas en esa objeción. Por ejemplo, «me gustarı́a abrirme a esta experiencia como me propones, pero no tengo ganas de hacerlo»; decir con frecuencia en la conversación terapéutica «tú sabes», «no lo sé», que buscan probablemente que el terapeuta le dé seguridad (refuerzo de este) o sea este quien tenga que manejar el problema (refuerzo negativo delegando responsabilidades, etc.). 6. Seguimiento de instrucciones: Las personas aprendemos por contingencias directas o bien a través de reglas verbales mediante instrucciones o información que nos proporcionan otras personas. Gran parte de la educación se basa en reglas sobre cómo es el mundo, cómo funcionan las cosas, cómo debemos comportarnos en determinadas situaciones, cómo resolver ciertos problemas, etc. En las llamadas terapias de primera generación (modi�icación de conducta— y de segunda generación —terapia cognitiva-conductual de reestructuración cognitiva y entrenamiento en nuevas habilidades— es frecuente que los terapeutas usen reglas dando instrucciones de cómo actuar ante determinados eventos de la vida. El problema con esto es que la investigación parece demostrar que el seguimiento de reglas precisa de la presencia de quien las emite —el terapeuta, otras personas— y si en esa terapia no se han generado autoinstrucciones para que el cliente las «asimile», su efecto a la larga suele desaparecer (Valero y Ferro, 2018). Sin embargo, también es cierto que los clientes suelen generar sus propias «autorreglas», que hay que observar en las conversaciones con estos, o incluso evocarlas —ver apartado siguiente del análisis funcional desde la teorı́a del marco relacional—, autorreglas que pueden tener funciones motivadoras —de acercamiento, haciendo cosas para ello— o de interferencia para sus propias metas u objetivos deseados. En resumen, cuando hacemos un análisis funcional en el contexto clı́nico es clave considerar los dos aspectos siguientes: 1.- En muchos textos académicos y de terapia psicológica aparece el análisis funcional como una fase previa a la intervención en terapia, sobre todo en los de orientación cognitiva-conductual más clásicas. Sin embargo, es más útil y se acerca más a la realidad cotidiana y clı́nica considerar este como un proceso continuo conversacional y observacional sesión a sesión, donde observamos lo que nos relata el cliente de su vida diaria, en qué circunstancias aparece esto y lo que está sucediendo en el aquı́ y ahora de la relación con nosotros como terapeutas sobre las conductas que consideramos clı́nicamente relevantes y si nuestras respuestas a estas hace que se refuercen, disminuyan o se trans�ieran o no a accionesa sus vidas diarias. 2.- Siempre que hagamos un análisis funcional es esencial que nos preguntemos con frecuencia al servicio de que �inalidad o función está la conducta analizada en determinados contextos, observando tanto lo que relatan fuera como lo que sucede aquı́ en la relación con el cliente en cuestión (Kohlenberg y Tsai, 1991/2008; López y Costa, 2011; Rammnero y Törneke, 2012; Ruiz Sánchez et al., 2018) 3.- El análisis funcional de la conducta es la principal herramienta para seleccionar intervenciones terapéuticas a la medida de cada caso concreto seleccionando tanto las intervenciones o terapias especı́�icas potencialmente más adecuadas como las intervenciones más adecuadas para los objetivos deseados dentro de cada sesión concreta (Segura et al., 1995; Haynes et al., 2011). 3.3. Análisis funcional de la conducta verbal desde la perspectiva postskinneriana de la teoría del marco relacional ¿Y todo esto del AFC cómo hacerlo de manera vivencial y próxima al cliente y no solo como algo que parece demasiado técnico? Recientemente la familia Villatte y el mismo Steven Hayes (Villatte et al., 2015) creador de la ACT, valiéndose de la teorı́a de los marcos relacionales (RFT), propone cómo usar las conversaciones en los encuentros de consejeros/terapeutas y clientes para que el uso que hacen los primeros del lenguaje sea de ayuda para los segundos. Respecto a cómo usar las conversaciones para la evaluación de las di�icultades de los clientes y que estas sean cercanas y posibilitadoras de cambios propone que el/la terapeuta haga un uso del lenguaje en esos encuentros, lo que conlleva que como terapeutas/consejeros usemos tres conjuntos de habilidades con las que nos empoderamos como terapeutas/consejeros y a nuestros clientes, ya que al conectar los problemas de los clientes con las condiciones de su vida se abren posibilidades de hacer cambios en esas condiciones vitales. Sobre este punto, hay que decir que las condiciones o contextos antecedentes (A) y consecuentes (C) de las conductas del cliente (B) se rigen o controlan tanto por las condiciones naturales de su vida como por la mediación verbal de otros mediante el seguimiento de reglas que el cliente puede tener aprendidas en sus repertorios de conducta y que pueden reducir la �lexibilidad en su vida, de modo que el control de esta es tomado por reglas relacionadas y acciones encaminadas a reducir y controlar el malestar a toda costa —la agenda tı́pica de los clientes— que lo alejan de una vida valiosa alternativa para él mismo. Detectar esas condiciones, acciones y reglas que restringen su vida se vuelve esencial en las terapias contextuales-funcionales de tercera generación. Cuando en el listado de habilidades que se apuntan a continuación aparece el término derivado de la RFT con el nombre de «encuadre tal» —también se le llama enmarcar— se re�iere a las relaciones arbitrarias que podemos establecer entre diferentes estı́mulos-contextos mediante el lenguaje, en este caso, para explorar qué situaciones, consecuencias directas y verbales en formas de reglas están controlando y reduciendo las posibilidades de cambios del cliente y el rango o espacio de �lexibilidad presente en ese caso. 3.4. Habilidades 3.4.1 Habilidad de crear un contexto experiencial para la evaluación de nuestro cliente: centrándonos en la experiencia del cliente y ayudándole a conectar el proceso terapéutico de la sesión con su vida cotidiana. ¿Cómo nos centramos en la experiencia del cliente? – Por un lado animándolo a que haga sus propias observaciones y descripciones de lo que está experimentando aquı́ ahora en la consulta al relatarnos sus di�icultades y progresos. Para ello (1) usaremos varias preguntas que evoquen descripciones y observaciones, por ejemplo, «¿cómo se sentı́a en ese momento?»; «¿cómo respondió a esa situación?»; «¿qué te apetece hacer ahora?»; (2) a continuación, le devolveremos nuestras propias reformulaciones como terapeutas de las observaciones y descripciones que ha hecho el cliente, por ejemplo, «por lo tanto, usted está diciendo que… ¿Es eso cierto?»; (3) y también permanecerá claramente abierto a la experiencia del cliente, compartiendo sus propias observaciones como terapeuta, por ejemplo, «estoy viendo mucha ansiedad en este momento, ¿es lo que está experimentando?»; «me doy cuenta de que nunca habla de su esposa, y me pregunto si se trata de un tema que preferirı́a evitar, ¿es el caso?». — Por otro, fomentando la comprensión mutua con nuestro cliente. Para ello, nos valdremos de dos recursos: (1) hacer re�lexiones tentativas en voz alta ante el cliente —por ejemplo, «parece que lo que está diciendo es… ¿es eso lo que quiere decir?» o «me gustarı́a estar seguro de entender lo que está diciendo. ¿Puedo resumirle lo que acaba de decir?»— y (2) utilizar la toma de perspectivas —por ejemplo, «si yo estuviera en tu lugar, me sentirı́a bastante ansioso, ¿es ası́ como se siente?», ası́ como «me gustarı́a ver esta situación desde su perspectiva, ¿me puede ayudar a imaginar lo que es para usted?»—. ¿Cómo ayudamos al cliente a conectar lo que sucede aquí y ahora en el despacho de la consulta con su vida cotidiana? — Utilizando el llamado encuadre de coordinación para llamar la atención sobre experiencias similares —por ejemplo, «¿lo que está sintiendo ahora es similar a lo que experimentó en la situación que se ha descrito anteriormente?»; «me di cuenta de que cambió el tema de nuestra conversación un par de veces, ¿es eso lo también hace cuando habla con sus amigos acerca de su vida personal?»—. — Utilizando el encuadre analógico para llamar la atención sobre funciones similares —por ejemplo, «por lo tanto, si evita mirarme, entonces está menos preocupado por lo yo que podrı́a pensar. ¿Podrı́a ser que el consumo de alcohol tiene un efecto similar en su preocupación por el trabajo?»—. — Utilizando la toma de perspectiva para traer diferentes situaciones de la sala de terapia usando los siguientes encuadres: aquı́ se entiende que los encuadres o marcos deı́cticos son preguntas o indicaciones verbales que ayudan a los clientes a ampliar sus perspectivas o puntos de vista. • Encuadre deíctico interpersonal —por ejemplo, «imagine que soy su pareja y tenemos una charla informal. ¿Cómo serı́a el tono de su voz?, ¿cómo ahora? ¿Me lo puede usted mostrar?» • Encuadre deíctico espacial —por ejemplo, «imagı́nese que usted está solo en su apartamento ahora mismo. ¿Cómo se siente ahora?»—. • Encuadre deíctico temporal —por ejemplo, «imagine que viaja en el tiempo y está hace dos horas antes de llegar aquı́. ¿Qué pensamientos están en su mente ahora?»—. 3.4.2 Habilidad de evaluar la sensibilidad del cliente al contexto o condiciones de su vida: evaluando su sensibilidad a los antecedentes y las consecuencias ¿Cómo evaluamos la sensibilidad de nuestro cliente a los antecedentes? — Utilizando el encuadre temporal para identi�icar lo que sucede antes de una respuesta —por ejemplo, «¿qué ocurrió justo antes de empezar a sentirse de esta manera?», «¿qué notó en su cuerpo antes de salir de la habitación?», «¿cuándo tiende a tener estas reacciones?»—. — Utilizando el encuadre espacial para identi�icar situaciones —por ejemplo, «¿dónde tiene este tipo de impulsos?»; «¿en qué lugares tiende a sentirse de esta manera?»—. — Utilizando el encuadre condicional para identi�icar los factores desencadenantes de una respuesta, como, por ejemplo, «¿qué sientes si alguien te crı́tica?», «¿cómo responde usted a su esposa si ella dice que no le ama?»—. ¿Cómo evaluamos la sensibilidad de nuestro cliente a las consecuencias? — Utilizando el encuadre temporal para identi�icar lo que sucede después de una respuesta —por ejemplo, «y entonces, ¿qué pasó?», «¿qué notó después de hacer eso?»—. — Utilizando el encuadre condicional para identi�icar las consecuencias de una respuesta —por ejemplo, «¿qué ocurre como resultado de evitar hablar de recuerdos dolorosos?», «¿qué impacto tuvo cancelarese evento en esa fecha?»—. — Utilizando la distinción o encuadre de comparación para identi�icar los cambios que resultan de acciones —por ejemplo, «¿qué es diferente después de beber alcohol?»; «¿se siente más o menos deprimido después de ver la televisión?»—. — Utilizando el encuadre temporal para explorar consecuencias a corto plazo ya largo plazo —por ejemplo, «y entonces, ¿qué pasó?», «¿qué pasa a largo plazo?»—. — Utilizando el encuadre temporal para explorar la variabilidad de las consecuencias —por ejemplo, «¿con qué frecuencia tiene ese resultado al hacer eso?», «¿usted dirı́a que lo que sucede después de hacer esto sucede… siempre, a menudo, o de vez en cuando?»—. — Utilizando el encuadre espacial para explorar consecuencias en diferentes dominios —por ejemplo, «por lo tanto, no con�iar en otras personas le impide ser herido en el trabajo, ¿qué pasa en sus relaciones ı́ntimas?»; «¿usted está diciendo que hacer estos rituales disminuye su ansiedad cuando está en casa?, ¿lo hace cuando está en el trabajo?»—. 3.4.3. Habilidad de evaluar la coherencia del cliente: evaluar los repertorios de �exibilidad- �uidez del cliente en su contexto de vida, su repertorio para tomar diferentes perspectivas —los llamados marcos deícticos— y el papel-función de reglas y cómo las sigue ¿Cómo evaluamos sus repertorios de �lexibilidad y �luidez? (es decir, de cambiar sus acciones según las circunstancias que vive) — Evaluando el encuadre de coordinación —por ejemplo, «¿qué más está ocurriendo en este momento?»; «¿podrı́an estas dos cosas juntas?»; «¿ve alguna semejanza entre lo que se siente aquı́ y lo que se siente cuando está con extraños?»—. — Evaluando el encuadre distinción —por ejemplo, «¿notas alguna diferencia?», «¿qué no está ahı́?», «¿cómo sabes cuándo no estás feliz?»—. — Evaluando el encuadre de oposición —por ejemplo, «¿qué es lo contrario de ser aburrido para usted?», «¿qué podrı́a hacer en vez de salir?»—. — Evaluando el encuadre de comparación —por ejemplo, «¿hay momentos en los que tienen menos con�ianza?», «¿se siente más o menos ansioso ahora?»—. — Evaluando el encuadre temporal y espacial —por ejemplo, «¿dónde siente esa sensación?», «¿cuándo tiene estos impulsos?»—. — Evaluando el encuadre condicional —por ejemplo, «¿qué pasarı́a si permite pasar tiempo con sus amigos?», «¿qué harı́a usted si tuviera todo el tiempo del mundo?»—. — Evaluando el encuadre deı́ctico —por ejemplo, «si fueras yo, ¿cómo responderı́as a esta pregunta?», «¿si pasaran diez años a partir de ahora, cómo serı́a su vida?»—. — Evaluando el encuadre jerárquico —por ejemplo, «¿hay algo más grande que incluya este objetivo?», «¿qué parte de sı́ mismo dice eso?»—. — Evaluando el encuadre analógico —por ejemplo, «¿si este trabajo conllevara hacer un viaje, desearı́a viajar solo o con un compañero?», «parece que están en una encrucijada, ¿qué dirección quieres tomar?»; «¿hay una imagen que podrı́a representar cómo se siente ahora?»—. ¿Cómo evaluar las reglas que sigue nuestro cliente y reducen su �lexibilidad psicológica? — Primero exploraremos esas reglas: las reglas pueden funcionar como antecedentes o consecuentes (A y C). • Preguntando lo que el cliente está pensando antes / durante / después de un comportamiento —por ejemplo, «¿qué es lo que tiene en mente cuando estás a punto de salir de la habitación?», «¿qué estás pensando ahora?»; «¿qué pensamientos vienen a su mente a medida que re�lexionar sobre lo que hiciste?»—. • Preguntando cómo el cliente explica o justi�ica un comportamiento —por ejemplo, «¿por qué quieres que ella sepa cómo te sientes?», «¿por qué decidió quedarse en la cama en vez de ir a trabajar?»; «tengo curiosidad por saber más acerca de lo que te llevó a hacer eso»—. — Explorando la presencia y control de las reglas pliances en la conducta del cliente que pueden reducir su �lexibilidad psicológica: • Usaremos la distinción entramado/oposición para eliminar la in�luencia social —por ejemplo, «si a nadie le importara lo que hicieras, ¿aún tomarı́as esta decisión?»—. • Usaremos el encuadre coordinación para hacer in�luencia no contingente social —por ejemplo, «si sus padres estuvieran felices, sin importarles lo que hicieras con tu vida, ¿todavı́a crees que deberı́as ir a la universidad?»—. • Usaremos la toma de perspectiva para explorar los contextos con menor in�luencia social mediante: • El encuadre deı́ctico interpersonal —por ejemplo, «si fueras alguien que no se preocupa por lo que la gente piensa, ¿todavı́a crees que esto es lo que hay que hacer?»—. • El encuadre espacial deı́ctico —por ejemplo, «si estuvieras en una comunidad donde la gente no te juzgara, ¿todavı́a querrı́as hacer eso?»—. • El encuadre deı́ctico temporal —por ejemplo, «imagina que han pasado 60 años. No eres un adolescente que escucha a sus padres, pero sı́ un abuelo que escucha a sus hijos. ¿Qué se siente es en este momento?»—. — Explorando la viabilidad de seguir las reglas: • Usaremos el encuadre condicional para evaluar la viabilidad de seguir la regla —por ejemplo, «si esto es correcto, entonces, ¿qué debe hacer a continuación?»; «¿y se puede realmente hacer eso?», «¿ha tratado de hacer eso?»—. • Usaremos el encuadre deı́ctico interpersonal para distinguir las reglas que otros pueden seguir a partir de reglas que el cliente puede seguir —por ejemplo, «¿esto es algo que debe hacer o algo que los demás deben hacer?»; «¿por lo tanto, si fueras ella, manejarı́a esta situación de otra manera?, ¿qué desea hacer a continuación?»—. — Explorar el seguimiento incorrecto de reglas: • Usaremos el encuadre condicional para identi�icar las consecuencias de seguir la regla —por ejemplo, «¿y cuando se utiliza esta estrategia, qué experimenta como consecuencia?», «¿funciona seguir esta regla?»—. • Usaremos el encuadre temporal para identi�icar las consecuencias de seguir la regla en el tiempo —por ejemplo, «ası́ que cuando se sigue esta estrategia, parece que funciona en el momento. ¿Qué hay a largo plazo?»—. • Usaremos el encuadre temporal para explorar consecuencias variables de acuerdo con la regla —por ejemplo, «¿hay momentos en los que esta estrategia no funciona?»—. • Usaremos el encuadre espacial para explorar las consecuencias de seguir la regla a través de distintas situaciones —por ejemplo, «por lo tanto, experimenta que compartir su opinión con sus colegas no es valorado. ¿Qué pasa con sus amigos?»—. — Usaremos la toma de perspectiva de cambiar el contexto de la regla mediante: • El encuadre deı́ctico interpersonal —por ejemplo, «¿aconsejarı́a a su mejor amigo seguir la misma estrategia?»—. • El encuadre deı́ctico temporal —por ejemplo, «si para tomar decisiones en su vida parte de esta creencia, ¿cree que en diez años, va a mirar hacia atrás y decir que tenı́a razón?»—. 3.4.4. Explorar reglas cuyo seguimiento conduce a picos o momentos adaptativos — Usaremos el encuadre espacial y temporal para explorar el costo de seguir la regla a través de situaciones y el tiempo —por ejemplo, «¿hay áreas de su vida en las que sufre por vivir de esta manera?»; «por lo tanto, el uso de drogas ayuda a realizar mejor su trabajo. ¿Qué impacto tendrá sobre su salud a largo plazo?»—. — Usaremos el encuadre coordinación para explorar otras fuentes de satisfacción olvidadas siguiendo la regla —por ejemplo, «¿hay otras cosas que pudiera hacer que le proporcionarı́an satisfacción en su vida sin vivir de esta manera?»—. — Usaremos el encuadre de comparación para explorar mayores fuentes de satisfacción olvidadas siguiendo la regla —por ejemplo, «¿es solo un sueño, o desea que su vida fuera más emocionante?»—. Bibliografía del capítulo 3 Haynes, S., Godoy, A. y Gavino, A. (2011). Cómo elegir el mejor tratamiento psicológico. Formulación de casos clínicos en terapia del comportamiento. Pirámide. Kohlenberg, R. J. y Tsai, M. (2008) [1991]. FAP. Psicoterapia analítica funcional. Creación de relaciones terapéuticasintensas y curativas. Málaga: Ciencia Biomédica. Universidad de Málaga. López, E. y Costa, M. (2012). Manual de consejo psicológico. Madrid: Editorial Sı́ntesis. Rammnero, J. y Törneke N. (2011). The ABCs of Human Behavior: Behavioral Principles for the Practicing Clinician. New Harbinger Publications, Inc. Ruiz Sánchez, J. J. (2018). Análisis funcional de la conducta: entender a las personas en sus acciones, efectos, historia personal y circunstancias de la vida. En: Ruiz Sánchez et al. (2018). Conductismo: la psicología del verbo. Lulú. Segura, M., Sánchez, P. y Barbado, P. (1995). Análisis funcional de la conducta. Un modelo explicativo. Universidad de Granada. Skinner. B. F. (1981) [1957]. Conducta verbal. Trillas. Valero. L. y Ferro, R. (2018). Tratando con psicoterapia analítica funcional. Pirámide. Villatte, M., Villatte, J. L. y Hayes, S. C. (2015). Mastering the clinical conversation: Language as Intervention. Nueva York: The Guilford Press. https://www.amazon.es/ABCs-Human-Behavior-Behavioral-Principles/dp/1608824349/ref=sr_1_2?dchild=1&qid=1598331963&refinements=p_27%3ANiklas+Torneke&s=books&sr=1-2 Capítulo 4 Controversias internas en las terapias conductuales contextuales y sus repercusiones en el trabajo clínico 4.1. La controversia sobre los fundamentos �losó�cos: conductismo radical vs. conductismo metodológico. ¿Flexibilidad psicológica, mindfulness y autocompasión? Repercusiones en el trabajo clínico La mayorı́a de las polémicas actuales internas entre conductistas giran en torno al fondo �ilosó�ico al que se adscriben unos y otros, siendo muy relevante la diferencia entre conductistas radicales y conductistas metodológicos; aunque a veces la cuestión no es tan simple como parece. En el capı́tulo 1 ya expusimos la diferencia entre ambas formas de entender el conductismo. En la mayorı́a de la psicologı́a académica y aplicada actual predomina el conductismo metodológico o sus herederos, en especial las neurociencias, las psicologı́as cognitivas diversas y las terapias cognitivas-conductuales. Este predominio llega incluso al terreno de las terapias conductuales funcionales, donde el mindfulness, de inspiración budista, como enseñanza novedosa, aunque matizada terapéuticamente y avalada empı́ricamente (Miró y Simón, 2012; Hervás et al., 2016; Germer et al., 2017), penetra con fuerza desde los trabajos pioneros de Kabat-Zinn (1990, 2009) con su programa grupal de reducción del estrés de ocho sesiones llamado MBRS (Mindfulness Based Stress Reduction) y pasando por las intervenciones terapéuticas de corte cognitivo-conductual basadas en mindfulness aplicada a la depresión (Mindfulness-based Cognitive Therapy, MBCT; Segal et al., 2012) hasta llegar en los últimos años a emparentarse con la terapia focalizada en la compasión, CFT por sus siglas en inglés (Gilbert, 2020; 2012; Gilbert y Choden, 2013; Araya y Moncada, 2016; Kolts, 2016), siendo una seña distintiva de las llamadas intervenciones basadas en el mindfulness o IBM (Hervás et al., 2016). A nivel de evidencias se plantea que el mindfulness es aplicable a multitud de problemas o trastornos mentales no como resultado de una moda, sino del trabajo con procesos transdiagnósticos comunes a diversos problemas de la salud mental. De esta manera, las intervenciones basadas en el mindfulness (IBM) como las reseñadas previamente se han demostrado efectivas para la reducción del estrés; siendo, además, un ingrediente activo de terapias como la ACT y la DBT, efectivo para disminuir la sintomatologı́a ansiosa-depresiva y ayudando a reducir el consumo de alcohol y tóxicos; está en estudio en la psicosis, aunque puede ser de ayuda para responder de manera alternativa a la experiencia psicótica (véase el caso de la ACT en psicosis); es de posible ayuda en el manejo del dolor crónico y la �ibromialgia, y sin duda lo es en la depresión asociada a diversos cánceres (Hervás et al., 2016). Respecto a las evidencias de la terapia focalizada a la compasión, se demuestra e�icaz y como alternativa a los problemas asociados a la autoestima y el estrés, ası́ como a problemas similares donde es efectivo el mindfulness, ya que ambos procedimientos suelen asociarse en la práctica clı́nica (Araya y Moncada, 2016). ¿Y si ambos parecen tener una evidencia y utilidad clínica de moderada a alta? ¿Cuál es entonces el problema con esto? A pesar de las evidencias para el mindfulness y la autocompasión y las controversias en torno a ellas, el problema de fondo sigue siendo este: ¿Qué procesos dan cuenta de esos cambios? ¿Si son procesos distintos a los del aprendizaje, son campo de estudio de la psicologı́a? ¿Esos procesos distintos a los conductuales son inferencias o construcciones que se realizan a partir de cambios en las conductas de las personas al usar estos procedimientos? ¿Aportan un aval cientı́�ico claro y práctico? ¿Hacer mindfulness y compasión no es en realidad practicar repertorios de conductas reforzados? Según el posicionamiento e historia personal del lector, este sacará unas u otras conclusiones. Consideramos que todas estas terapias cognitivas-conductuales de «tercera generación» que tienen por reseña y enseña al mindfulness y la compasión son herederas del conductismo metodológico por los siguientes aspectos: 1. No suelen utilizar el análisis funcional de la conducta y, por lo tanto, no parten de la relación operante sujeto-medio ambiente sociocultural/natural (La CFT usa una conceptualización de los casos ajena al AFC, como, por ejemplo, aparece en el libro de Kolts, 2016). 2. Usan conceptos mentalistas y neurobiológicos para explicar el cambio de conducta, o sea, esos cambios derivan en última instancia de los cambios en esos procesos mentales o neurobiológicos que son explicados en un nivel distinto a la relación operante sujeto- medio ambiente. Por ejemplo, es frecuente que utilicen explicaciones como «mecanismos de cambio» como en el caso del mindfulness atribuidos a la interacción de tres de esos mecanismos que interactúan entre sı́: (1) la mejora del control atencional, (2) la mayor capacidad de regulación emocional y (3) una transformación de la consciencia con menor procesamiento autorrefencial con mayor conciencia del cuerpo y mayor ecuanimidad, todo ello con correlatos de cambios biológicos cerebrales y mejora en diversos procesos cognitivos de memoria, atención, etc. (Hervás et al., 2016). En el caso de la terapia focalizada en la compasión, se habla de la necesidad de equilibrar tres sistemas de regulación emocional — detección de amenazas, de logro y de a�iliación—, siendo el último y su relación con el apego y la liberación de endor�inas los mecanismos últimos responsables de la compasión ejercida mediante la disminución de la autocrı́tica y la rumiación. 3. Su metodologı́a de investigación suele ser hipotético-deductiva desde constructos inferidos distintos a los conductuales, usando correlaciones, aunque a la postre tienen siempre que basarse en los cambios de conducta para comprobar el efecto de los cambios en esos constructos. 4. Su aplicación clı́nica frecuente a problemas psicológicos de�inidos desde el modelo médico como trastornos mentales más que clases de conductas con funcionalidad analizadas desde el propio análisis funcional. Sin embargo, las prácticas de mindfulness son frecuentes en multitud de terapias conductuales-funcionales; no solo cognitiva-conductuales como las reseñadas antes (herederas del conductismo metodológico) y aparece en la ACT, la FAP, la DBT, etc.; e incluso importantes obras de estas terapias llevan un subtı́tulo de «proceso y práctica del cambio consciente» (Hayes et al., 2014), pero enfocadas desde procesos de aprendizaje operantes-relacionales y desde el análisis funcional más que desde constructos mentalistas o neurobiológicos. De hecho, la mayorı́a de los conductistas funcionales o contextualistas se consideran conductistas radicales postskinnerianos. Relacionadocon el mindfulness, que, usado por terapeutas conductuales de tercera ola, entrenados, pretenden lograr con su práctica una mayor «defusión», «aceptación» y «�lexibilidad psicológica» en sus clientes, aparece un abanico de conceptos alejados de la terminologı́a conductual tradicional de los procesos de aprendizaje clásicos y operantes. Esto genera un debate entre los detractores y defensores de estas prácticas y conceptos en las terapias conductuales contextuales. Los detractores suelen ser investigadores y terapeutas ligados habitualmente al análisis experimental de la conducta (AEC) y al análisis clı́nico de la conducta (ACC), herederos de la tradición más skinneriana del conductismo radical, que denuncian la proliferación de estas prácticas y conceptos, que consideran innecesarios y oscurantistas y siempre explicables por procesos de aprendizaje más básicos ya estudiados durante décadas desde el condicionamiento clásico/respondiente (Tonneau, 2012) o desde el condicionamiento operante (Guilhardi, 2012). Los defensores del uso de estos conceptos («defusión», «aceptación», «yo contexto», «apertura», «valores», «acciones comprometidas», «�lexibilidad psicológica», «evitación experiencial», «Hexa�lex», etc.) son conscientes de que son «conceptos de nivel intermedio» que sirven a los clı́nicos para entender y operar en sus actuaciones en temas complejos que conllevan múltiples relaciones de aprendizaje operante relacional, operante y respondiente, y que serı́an muy difı́ciles de transmitir usando solo el lenguaje del marco relacional (ver capı́tulo 2); aunque en los últimos años hay una tendencia a usar de manera más directa la teorı́a del marco relacional en la práctica clı́nica de las terapias conductuales contextuales (Luciano, 2016). Pero también hay crı́ticas desde las propias �ilas conductuales funcionales a algunas prácticas y �ilosofı́as de fondo que introducen las llamadas terapias de tercera generación, que en este caso relacionamos con el mindfulness como ejemplo relevante (Pérez A� lvarez, 2014): El mindfulness tiene sentido y utilidad clı́nica, pero genera varios problemas que reclaman una serie de alternativas más auténticamente conductistas funcionales: — Su excesivo interés en la experiencia presente puede socavar el actuar hacia valores de manera comprometida si no se vincula a este aspecto como se hace en muchas terapias contextuales. — Presenta unas connotaciones más allá de su presentación técnica, basada en la religión y cosmovisión budista ajenas al conductismo. — La abundancia de cursos, talleres y promoción del mindfulness más que un remedio puede ser un sı́ntoma de los tiempos que corren como negocio y marketing comercial que pretende cambiar el rumbo de las vidas de las personas. — Su doble vinculación al mecanicismo neurobiológico y la espiritualidad con su marchamo de trascendentalismo norteamericano (Emerson, Thoreau, Whitman), propio de la cultura estadounidense que ahora se exporta a Occidente, tiene mucho de ideologı́a neoliberal. — Parece cumplir un papel de sustituto de las religiones, proporcionando un marco espiritual para aquellos que renunciaron a otras religiones o�iciales, incluyendo sus criterios éticos provenientes del budismo. — Vuelta al subjetivismo (plegamiento a uno mismo) y al individualismo con realce de la consciencia del presente que puede conllevar el abandono del trabajo para cambiar las condiciones de la vida de las personas, o sea, sus ambientes mediante conductas operantes; y alejamiento de las acciones comunitarias y solidarias donde las religiones tradicionales suelen ser más potentes. Además, potencia una especie de disolución del yo frente a una concepción transformadora y activa del yo como sujeto operante de cambios. En resumen, la introducción del mindfulness en las terapias contextuales supone una serie de importantes problemas que pueden ser solventados de manera alternativa fomentando el concepto de aceptación como distinto a este que le hace innecesario; rechazando su �ilosofı́a de fondo espiritual y panpsı́quica (p. e., reencarnación) por una �ilosofı́a netamente materialista más afı́n al conductismo y el contextualismo; rechazando al subjetivismo que promulga en un mundo ya de por sı́ individualista, más necesitado de acciones solidarias y comunitarias comprometidas. Otro aspecto importante es el «desmantelamiento» del mindfulness en procesos conductuales más básicos (Martı́n Orgilés y Sevilla, 2013), que conlleva exposición a pensamientos y sensaciones �isiológicas interoceptivas con sus procesos de base de descondicionamiento y habituación clásica y extinción operante, junto a otras habilidades cognitivas y conductuales (autocontrol, relajación, etc.). 4.2. La controversia sobre los principios del aprendizaje. ¿Es una novedad justi�cada experimentalmente la teoría del marco relacional? Repercusiones sobre el trabajo clínico El debate en torno a la necesidad o no de la teorı́a del marco relacional (RFT) como un nuevo desarrollo para explicar las conductas más complejas cognitivo-verbales es otro de los aspectos candentes de las polémicas actuales entre conductistas de diverso pelaje. Por un lado están los que cuestionan la RFT por suponer un salto inferencial a explicaciones innecesarias para explicar la relación entre estı́mulos como base de esos procesos cognitivos verbales y para la aplicación clı́nica, proponiendo como alternativa a los mismos investigaciones y aplicaciones basadas en su mayor parte —aunque también con el operante— en el condicionamiento asociativo clásico o respondiente (Tonneau y Sokolosky, 1997; Tonneau, 2004a, 2004b; Lee et al., 2019; Galván et al., 2020). El planteamiento de Tonneau (1997; 2004a; 2004b) es que los procesos conductuales por los cuales las personas responden adecuadamente a las descripciones verbales siguen siendo poco conocidos, y que lo que se conoce de esto es que los procesos en la base de estos intercambios verbales en las conversaciones son procesos de aprendizaje respondiente, clásico o pavloviano. La explicación operante skinneriana, añade este autor, es incompleta por centrarse más en la conducta verbal del hablante que en la del oyente, donde se dilucida su comprensión verbal; y que igualar el concepto de regla a seguir instrucciones de otros añade poco al tema de la comprensión verbal, ya que se rige por respuestas y consecuencias directas e inmediatas, pero no explica las respuestas «derivadas» que aparecen sin refuerzo directo, como cuando a alguien se le dice que no se acerque a ese rı́o, que es peligroso, sin que esa persona lo haya experimentado directamente. Aquı́, según Tonneau, «rı́o» y «peligroso» responden a asociaciones pavlovianas que permiten hacer esas derivaciones sin refuerzo directo; y ası́ con otros casos en terapia donde se asocian verbalizaciones del cliente con verbalizaciones apetitivas o aversivas del terapeuta, tanto por procedimientos operantes como clásicos (Galván et al., 2020). Para estos autores, la RFT es una metáfora en sı́ misma, liosa, difı́cil de entender y que reúne un montón de explicaciones que son meros constructos de datos experimentales que pueden ser explicados más parsimoniosamente por procesos o procedimientos mayormente pavlovianos (Tonneau, 2004a, 2004b). Por otro lado, también existe un cuestionamiento tanto a la RFT como a todas las terapias contextuales rechazando que sea una propuesta realmente novedosa que aporte algo importante y distinto a la tradición conductista radical operante de Skinner (Guilhardi, 2012). En este punto se expone que la RFT y las terapias de tercera generación son una creación norteamericana que traiciona y desvirtúa el legado skinneriano, y que desde otros paı́ses (por ejemplo, Brasil) esa in�luencia y expansión ha sido mucho menor. Las principales crı́ticas tanto a la RFT como a las terapias contextuales desde la perspectiva skinneriana brasileña son las siguientes (Guilhardi, 2012):— La tercera ola introduce nuevos conceptos ajenos a los conductuales y a una tradición acumulativa de conocimientos, de modo que, en realidad, más que de tercera ola habrı́a que hablar de otras terapias nuevas no conductuales en el sentido estricto. — La RFT no es una continuidad adecuada a la investigación de las operantes verbales al introducir nuevos elementos ajenos a la búsqueda de regularidades, semejanzas y leyes universales, y no incidiendo, como hace, en diferencias con procesos de aprendizaje previos. — La presentación en tres olas del progreso de las terapias conductuales, mezclándolas y comparándolas con las terapias cognitivas-conductuales, no hace justicia ni re�leja todo el desarrollo histórico real de las terapias de conductas, que en sentido estricto nunca tuvo ninguna fase cognitiva en medio. — Es una contradicción y hasta un despropósito que se a�irme en muchos textos contextuales que es posible realizar estas terapias sin conocimientos de los principios de aprendizaje, incluidos los de su propia propuesta de la RFT. Esto rompe toda la tradición conductual y la hace altamente aleatoria, perdiendo cienti�icidad. — La comparación de resultados de las distintas terapias contextuales y de estas con otros enfoques de terapia usando terminologı́a estadı́stica correlacional y mezclando procedimientos y conceptos de diferentes procedencias se aleja del todo del uso de un lenguaje y metodologı́a común basada en los términos conductuales, los principios básicos del aprendizaje y el análisis funcional de casos concretos individuales. — Las terapias contextuales están llenas de diferentes constructos, cada una los suyos, que proponen metodologı́as de investigación y aplicación diferentes, que deberı́an poner el acento en la búsqueda de semejanzas en vez de diferencias, como ocurre en estos enfoques, algo, nuevamente, alejado de la tradición conductual. — RFT no incluye principios ni procedimientos probados del análisis aplicado de la conducta (ABA) y «construye su propia terminologı́a». Otro dato más en contra de la continuidad conductual acumulativa. También existe un cuestionamiento a la RFT y a las terapias contextuales desde su insu�iciencia para dar cuenta de fenómenos sociales que explican la conexión socioverbal y que en estas terapias están vagamente de�inidos, incidiendo más en un verbalismo hueco de contenido social especı́�ico; ya que, aunque se habla de contextos socioverbales en plan genérico, raramente se mencionan los contextos sociales y culturales especı́�icos, que son consustanciales al sistema de producción capitalista en mayor parte (Guerin, 2015, 2016, 2017), y ni siquiera se mencionan los contextos institucionales u organizacionales donde los psicólogos desarrollan su trabajo, siendo muy inhabitual que se describa el contexto de trabajo laboral donde los terapeutas conductuales contextuales hacen sus intervenciones, como si eso no fuera relevante (Ruiz Sánchez, 2018). Los mismos proponentes de la RFT y las terapias contextuales han salido al paso de estas crı́ticas, en especial a aquellas que atacan el corazón de su propuesta con la RFT (Hayes y Quiñones, 2005). Su respuesta inicial a este tipo de crı́ticas se resume en este mismo artı́culo referido: La teorı́a de los marcos relacionales considera tipos especı́�icos de respuestas relacionales aplicables arbitrariamente como operantes relacionales. Lo cual no requiere suponer nuevos procesos, pero sı́ pensar las respuestas operantes en términos funcionales (Hayes y Quiñones, 2005). Lo curioso es que, trece años después, Hayes y Hofmann (2018) introducen una nueva propuesta que se desdice de lo dicho en 2005, como veremos a continuación. La valoración de ese cambio de perspectiva lo dejamos a la consideración del lector de este texto para que saque sus propias conclusiones. 4.3. La controversia sobre la integración con otras terapias cognitivas- conductuales. La cuestión de los llamados procesos, ¿terapia de aceptación y compromiso con esquemas cognitivos? Repercusiones sobre el trabajo clínico Un libro publicado por Hayes y Hofmann en 2018 ha desatado ciertas tormentas entre conductistas contextualistas con nuevos posicionamientos a favor y en contra. El libro en cuestión lleva el tı́tulo traducido al español como Procesos a la base de la CBT. La ciencia y el corazón de las competencias clínicas de la terapia cognitiva conductual, y está escrito por el más conocido y famoso terapeuta contextual en la actualidad, Steven Hayes, y un destacado representante de las terapias cognitivas-conductuales en la lı́nea de la reestructuración cognitiva, Stefan Hofmann. Ambos dirigen la obra, en la que colaboran diversos especialistas del campo a lo largo de 29 capı́tulos. El libro pretende, como indica su tı́tulo, de�inir los procesos subyacentes que operan en el cambio terapéutico de las terapias cognitivas conductuales, sean de la generación que sean, e incluso de cualquier perspectiva de la psicoterapia y en los que habrı́a que entrenar a los terapeutas cognitivos conductuales —de primera, segunda y tercera generación—. Si leemos el libro, se hace un listado de 21 procesos subyacentes al cambio en las terapias cognitivas conductuales, sean del tipo que sean. Ese listado incluye: - Una perspectiva funcional de las cogniciones. - Regulación emocional. - Procesos desde las neurociencias. - Principios de psicologı́a evolucionista. - Manejo de contingencias. - Control de estı́mulos. - Moldeamiento de la conducta. - Autocontrol. - Reducción del arousal. - Regulación del afrontamiento (coping) y la emoción. - Resolución de problemas. - Estrategias de exposición. - Activación conductual. - Habilidades interpersonales. - Reevaluación cognitiva. - Modi�icación de creencias centrales. - Cultivar la aceptación psicológica. - Escoger y clari�icar valores. - Práctica del mindfulness. - Mejorar la motivación. - Manejo conductual de las crisis suicidas. Si comparamos estos 21 procesos con los tres procesos básicos de aprendizaje enunciados en el capı́tulo dos —clásico, operante, y operante relacional—, la diferencia en la conceptualización de procesos en la base del mantenimiento y el cambio de la conducta es abismal. ¿Qué supone entonces todo esto? Podemos pensar en varias posibilidades, una de ellas, que esta es solo una cuestión estratégica del mismo Hayes para integrar las terapias contextuales en otras perspectivas de la psicologı́a, dado que el contextualismo, como vimos en el capı́tulo 1, se basa en el pragmatismo, y desde esta perspectiva la estrategia de penetración en otras perspectivas parece legı́tima. Pero la propuesta de estos dos autores y sus colaboradores va más allá del solo interés estratégico y supone toda una concepción del término «proceso» (Hayes y Hofmann, 2018a, 2018b; y Hofmann, 2018): Los procesos terapéuticos son los mecanismos de cambio subyacentes que conducen al logro de un objetivo de tratamiento deseable. De�inimos proceso terapéutico como un conjunto de teorı́as, dinámicas, cambios progresivos y multinivel que ocurren en secuencias previsibles establecidas empı́ricamente (Hofmann, 2018). Nuestro argumento es que la TCC basada en procesos (PB-TCC) se está convirtiendo rápidamente en el núcleo vital de la propia TCC. La CBT moderna pone mucho menos enfoque en los protocolos para sı́ndromes, y más enfoque en procesos basados en evidencia vinculados a procedimientos basados en evidencia (Klepac et al., 2012; Hayes y Hofmann, 2018). CBT contiene procesos principales de clientes y procedimientos de tratamiento que son comunes a muchos enfoques especı́�icos. Los ejemplos incluyen manejo de contingencias, control de estı́mulos, con�iguración, autogestión, reducción de la excitación o gestión, �lexibilidad de atención, afrontamiento y regulación de las emociones, resolución de problemas, estrategias de exposición, activación del comportamiento interpersonal, habilidades, �lexibilidad cognitivay reevaluación, modi�icando o abordando creencias fundamentales, defusión/distanciamiento, aceptación psicológica, valores, atención plena y estrategias motivacionales, y gestión de crisis, entre otros (Hayes y Hofmann, 2018). Los procesos pueden ser subsumidos unos por otros. Por ejemplo, puede ser que la reevaluación/modi�icación de las creencias centrales se puede subsumir en una categorı́a más amplia de �lexibilidad cognitiva. Especulaciones como estas esperan el tipo de apoyo empı́rico que requiere investigación para moverse en una dirección basada en el proceso. A medida que estos datos se acumulan, nuevos y más avanzados modelos de tratamiento pueden apuntar a nuevos enlaces y nuevos procesos. […] Estos procesos basados en TCC pueden expandirse por procesos estudiados en tradiciones fuera de la TCC como el apego, la autonomı́a o la mentalización. Esta expansión de visión y participación parece presagiar una transición aún más profunda. El mayor énfasis en los procesos de cambio y su in�luencia del comportamiento biológico se está incrementando por cambios en la �inanciación de la investigación (Insel et al., 2010), que a su vez está impactando la atención basada en la evidencia en todos los ámbitos, no solo en CBT. La ascendencia de los modelos transdiagnósticos y uni�icados (Barlow et al., 2004) y un mayor enfoque en los moderadores y mediadores del cambio se aplica a todos los métodos de intervención. […] La propia TCC se está convirtiendo en un vehı́culo para estos cambios, ya que ahora está más abierta a la estudios de una gama más amplia de enfoques desde existenciales, analı́ticos, humanı́sticos, sistémicos y tradiciones espirituales Un enfoque centrado en el proceso promete la eliminación gradual de escuelas amuralladas en protocolos de intervención de pensamiento y marca registrada dentro de la ciencia de intervención, a favor de una gran enfoque que puede reunir diferentes tradiciones en una búsqueda basada en la evidencia (Hofmann y Hayes, 2018) La anterior propuesta, que ha tenido una rápida acogida entre diversos terapeutas y másteres contextuales, a nuestro criterio, con poco interés crı́tico y bastante interés comercial, tiene varios aspectos bastante cuestionables tanto a nivel �ilosó�ico/epistemológico/conceptual como aplicado. La iniciativa de la propuesta de Hayes y Hofmann ha ido acompañada de todo un remake de «veda abierta» para la caza de nuevas propuestas hı́bridas cognitivas-conductuales que mezclan procedimientos y conceptos de diferentes terapias, como es el caso de la mezcolanza de la terapia de esquemas con la terapia de aceptación y compromiso, sin ningún tipo de pudor por sus proponentes, mezclando conceptos mentalistas y conductuales sin ningún problema a favor de la mayor e�iciencia aplicada a casos clı́nicos y sin importar un ápice las contradicciones �ilosó�icas y aplicadas en que incurren estas propuestas en una especie de eclecticismo pragmatista. Ası́, abierta esta veda, no es extraño encontrarnos con publicaciones como Terapia de aceptación y compromiso para parejas, de Lev y McKay (2018), que, en su resumen, a�irma esto: Esta obra integra acertadamente dos de las tendencias más innovadoras de las terapias de tercera generación: la terapia de esquemas y la terapia de aceptación y compromiso. Las relaciones de pareja suponen un considerable reto para muchos clientes que, muchas veces, los lleva a un profundo sufrimiento emocional. Cada vez más datos apuntan a que las causas de los desacuerdos interpersonales radican en los esquemas —historias que los clientes generan sobre sı́ mismos y sus relaciones y que desencadenan expectativas negativas—. Entonces, ¿de qué manera puede la terapia de aceptación y compromiso (ACT) ayudar a las parejas a superar sus esquemas disfuncionales y alcanzar soluciones que re�lejen las necesidades y valores de ambos miembros de la pareja? En este innovador recurso clı́nico, los autores identi�ican los diez esquemas más frecuentes en las relaciones y ofrecen un enfoque basado en la terapia ACT para superar los sentimientos de dependencia, abandono y descon�ianza. Aquı́ encontrarás una guı́a de conductas para abordar esquemas disfuncionales, estrategias para ayudar a las parejas a identi�icar sus valores y habilidades para ayudarles a superar sus barreras cognitivas y emocionales. Utilizando el innovador protocolo en ocho pasos que se ofrece, podrás ayudar a tus clientes a desarrollar una relación más fuerte (Lev y McKay, 2018). O la obra de Roediger, Eckhard y Brockman (2018), Contextual Schema Therapy: An Integrative Approach to Personality Disorders, Emotional Dysregulation, and Interpersonal Functioning, donde se a�irma lo siguiente: En este libro pionero, tres psicólogos reconocidos internacionalmente presentan una guı́a paso a paso que describe las innovaciones más actualizadas en la terapia de esquemas (ST). Este importante libro ofrece una hoja de ruta clara y práctica para poner en práctica el modelo del modo de esquema, mejorar el funcionamiento interpersonal de los clientes e integra los últimos avances en psicologı́a conductual contextual. ST es un modelo de tratamiento poderoso e integrador que combina aspectos de terapias cognitivas, conductuales y psicodinámicas. Ha demostrado ser muy e�icaz en el tratamiento de una serie de problemas de salud mental, incluidos los trastornos de personalidad difı́ciles de tratar. La premisa principal de ST es que los problemas de salud mental surgen como resultado de necesidades emocionales insatisfechas en la infancia, lo que lleva al desarrollo de esquemas de mala adaptación tempranos (EMS). Pero, cada vez más, ST se ha alejado de EMS para centrarse en el contenido del esquema, es decir, cambiar la forma en que los clientes se relacionan con sus experiencias y con los demás. Este libro incorpora los últimos descubrimientos en la ciencia del comportamiento contextual con un enfoque en los estilos de afrontamiento de los clientes (o modos de esquema) y en la mejora del funcionamiento interpersonal. El libro incluye ejercicios de terapias centradas en la compasión, terapia de aceptación y compromiso (ACT) e incluso psicoterapia analı́tica funcional (FAP) para ayudar a sus clientes a ser más conscientes de sus propios patrones y conductas de afrontamiento poco saludables. También descubrirá una variedad de técnicas experimentales y centradas en las emociones para usar en la terapia con su cliente (Roediger et al., 2018). El autor de este texto llega a sus propias re�lexiones al respecto de todo lo anterior: 1.º Más que de�inir procesos (que pareciera el objetivo del libro de Hayes y Hofmann), se hace un listado de conceptos variopintos desde diferentes ángulos (regulación, emocional, conductual, https://libgen.lc/item/index.php?md5=A1428AD1D625FF691A117FF8D8DF5612 cognitivo, neurológico…) bastante «inconexos» teórica y prácticamente entre sı́. 2.º Se plantea que las tres o cuatro perspectivas que presenta el libro —neurológica, conductual, cognitiva-emocional— son puntos de vista diferentes que parten de distintas �ilosofı́as de la ciencia y que pueden ser complementarias. Eso de por sı́ es una obviedad —lo de las diferentes perspectivas—. Lo que no se ve claro es cómo articular todo eso de manera práctica y útil para la clı́nica más allá de un «batiburrillo». No se ve nada claro cómo articular �ilosofı́as materialistas monistas (neurológica), dualistas (cognitivas) y materialistas interactivas (conductuales), si es que eso tiene una articulación posible y útil. 3.º Quizás el mejor capı́tulo de la obra sea el introductorio, donde, entre otras cosas, se a�irma que existen grandes diferencias entre los dos autores principales (Hayes y Hofmann). 4.º No parecen derivarse de la obra grandes (ni pequeños) aportes para la práctica clı́nica del psicólogo, aunque sı́ que puede aumentar la jerga de sus conceptos explicativos, hablando de redes neuronales, relaciones deestı́mulos, contingencias y esquemas cognitivos. 5.º ¿Qué añade todo estos supuestos procesos a los superconocidos y superestudiados —y que se siguen estudiando— principios del aprendizaje operante, clásico y operante-relacional? ¿La defusión, evitación experiencial, reestructuración cognitiva, etc.; son realmente procesos? Parecen más bien conceptos, constructos y procedimientos, aunque útiles a veces, siguen siendo eso…, constructos… No son principios del aprendizaje —para mi criterio conductista radical, los verdaderos procesos—. 6.º También es curioso cómo en ese texto no aparece, al menos yo no lo vi, nada de la FAP, ¿será porque es conductista radical y no usa esos constructos? En resumen, dudo de la novedad de la propuesta, me sigue pareciendo más a los factores comunes de Frank que a otra cosa, y me parece un alejamiento del conductismo radical excesivo. Por ver está en qué contribuye a la clı́nica o al análisis y cambio psicosocial. 7.º La aparición de textos novedosos que combinan aspectos de terapias de tercera generación con otros enfoques �ilosó�icamente incompatibles parece obedecer más a un pragmatismo comercial regido por las leyes del mercado y el marketing que a un desarrollo cientı́�ico sólido basado en los procesos del aprendizaje de base experimental, que es el santo y seña de las terapias conductuales y deberı́a serlo también de las conductuales contextuales. Bibliografía del capítulo 4 Araya, C. y Moncada, L. (2016). Autocompasión: Origen, concepto y evidencias preliminares. Revista Argentina de Clínica Psicológica, XXV(1), 67-78. Galván, N., Vega, J. A. y Froxán Parga, M. X. (2020). Verbal aversive control in clinical interaction. Psicothema, 32(2), 182-188. Germer, C. K., Siegel, R. D. y Fulton, P. R. (2017). Mindfulness y psicoterapia. Bilbao: Desclée de Brouwer. Gilbert, P. (2010). Compassion focused therapy: Distinctive features. Londres: Routledge. Gilbert, P. (2012). Compassion focused therapy. En: W. Dryden (Ed.), Cognitive behaviour therapy (140-165). Londres: Sage. Gilbert, P. y Choden (2013). Mindful Compassion. Londres: Robinson. Guerin, B. (2015). How to Rethink Psychology. New metaphors for understanding people and their behavior. Routledge. Guerin, B. (2016) How to Rethink Human Behavior: A Practical Guide to Social Contextual Analysis. Routledge. Guerin, B. (2017). How to Rethink Mental Illness: The Human Contexts Behind the Labels. Routledge. Guilhardi, H. J. (2012). Considerações conceituais e históricas sobre a terceira onda o Brasil. Trabalho apresentado no XXI Encontro da ABPMC. Hayes, S. C. y Hofmann, S. G. (2018a). Process Based CBT. Oakland: New Harbinger. Hayes, S. C. y Hofmann, S. G. (2018b). Focusing on the Corret Level of Analysis in Process-Based Therapy. Clinical Psychology Science 7(2). Hayes, S. C. y Quiñones, R. M. Caracterı́sticas de las operantes relacionales Revista Latinoamericana de Psicología, 37(2), 277- 289. Hayes, S. C., Strosahl, K. y Wilson, K. (2015). Terapia de aceptación y compromiso: proceso y práctica del cambio consciente (mindfulness). Bilbao: Desclée de Brouwer. Hervás, G., Cebolla, A. y Soler, J. (2016). Intervenciones psicológicas basadas en mindfulness y sus bene�icios: estado actual de la cuestión. Clínica y Salud, 27, 115-124. Hofmann, S. G. y Hayes, S. C. (2018). The Future of Intervention Science: Process-Based Therapy. Clinical Psychological Science 7(1). Kabat-Zinn, J. (1990). Full catastrophe living. Nueva York: Delta Books. Kabat-Zinn, J. (2009). Full catastrophe living. Nueva York: Bantam Dell. Kolts, R. (2016). CFT made simple. A Clinician’s Guide to Practicing Compassion-Focused Therapy. New Harbinger Publications, Inc. Lee, G., Ricote, A., De Pascual, R. y Froxán Parga, M. X. (2019). Los procesos de condicionamiento clásico en la interacción verbal terapéutica. Revista Mexicana de Análisis de la Conducta, 45(1), 90-110. Lev, A. y Mckay, M. (2017). Acceptance and Commitment Therapy for Couples: A Clinician’s Guide to Using Mindfulness, Values, and Schema Awareness to Rebuild Relationships. Contex Press. https://libgen.lc/item/index.php?md5=499EA94899E397239D28526AE18E42BD Luciano, M. C. (2016). Evolución de ACT. Análisis y Modi�icación de Conducta, 42(165-166), 3-14. Martin Orgilés, M. L. y Sevilla, J. (2013). ¿Por qué no soy un terapeuta mindfulness? Información Psicológica, 106, 59-69. Miró, M. T. y Simón, V. (2012). Mindfulness en la práctica clínica. Bilbao: Desclée de Brouwer. Pérez, M. (2014). Las terapias de tercera generación como terapias contextuales. Madrid: Editorial Sı́ntesis. Roediger, E., Stevens, B. A. y Brockman, R. (2018). Contextual Schema Therapy: An Integrative Approach to Personality Disorders, Emotional Dysregulation, and Interpersonal Functioning. Contex Press. Ruiz Sánchez, J. J. (2018). Terapia conductual de III generación. Adaptaciones al contexto de la salud mental pública. Lulú. Segal, Z. V., Williams, J. M. G. y Teasdale, J. D. (2012). Mindfulness-based cognitive therapy for depression. Nueva York: The Guilford Press. Tonneau, F. (2002). Who Can Understand Relational Frame Theory? A Reply to Barnes-Holmes and Hayes. European Journal of Behavior Analysis, 3, 95-102. Tonneau, F. (en prensa). Review of the book Theory of the relational framework: a post- Skinnerian explanation of the language and the human cognition. British Journal of Psychology. Tonneau, F. y González, C. (2004a). Function transfer in human operant experiments: the role of stimulus pairings. J Exp Anal Behav. 81(3), 239-255. Tonneau, F., Kim Abreu, N. y Cabrera, F. (2004b). Sitting on the word «chair»: Behavioral support, contextual cues, and the literal use of symbols. Learning and Motivation, 35, 262-273. Tonneau, F. y Sokolowski, M. B. C. (1997). Standard principles, nonstandard data, and unsolved issues. Journal of the Experimental Analysis of Behavior, 68(2), 266-270. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1284983/ PARTE II ASPECTOS BÁSICOS DE LOS PRINCIPALES ENFOQUES DE TERAPIAS CONDUCTUALES CONTEXTUALES Capítulo 5 Terapia de aceptación y compromiso 5.1. Orígenes y desarrollo histórico de la ACT La primera publicación o�icial de la terapia de aceptación y compromiso (ACT) aparece en una obra colectiva de terapias cognitivas-conductuales coordinada por Neil Jacobson de 1987 y bajo el tı́tulo inicial de Aproximación contextual al cambio terapéutico, sin la sigla de ACT en ese momento (Hayes, 1987). En esta publicación inicial se presenta como una aplicación del conductismo radical a problemas clı́nicos en adultos, donde operar sobre el control verbal cognitivo de las reglas verbales disfuncionales desde el «distanciamiento comprehensivo» a través de la relación terapéutica es clave. La propia creación de la ACT se vincula en parte a la propia experiencia de Steven Hayes con cómo trataba de manejar su trastorno de pánico personal inicialmente con métodos de la terapia cognitiva- conductual de segunda generación, sin mucho éxito; y de sus investigaciones sobre conducta verbal que después dará lugar a la teorı́a del marco relacional (Hayes, 2020). Un análisis más detallado de la evolución de ACT se encuentra en Luciano (2016). Para Luciano, la ACT ha transitado por varios momentos de escenarios temporales en función de la progresiva necesidad de mejorar la comprensión y la aplicación del modelo y de la investigación acumulada y creciente en lenguaje desde la teorı́a del marco relacional. Para ello, se parte de que la ACT es una terapia contextual funcional que se basa en una consideración de los seres humanos como personas que aprenden a seguir y generar (derivar) reglas verbales que les hacen responder de manera concreta a sus propios pensamientos y emociones en determinadas circunstancias y contextos para obtener unos �ines, propósitos o funciones; y que en función de cómo deriven esas reglas sus vidas estarán más acotadas o limitadas por la lucha frecuente por controlar o evitarciertas experiencias o bien más implicada en acciones comprometidas en la dirección de sus propios valores personales. 5.1.1. ACT en sus primeros años (1987-2002) La primera aparición de ACT fue con el nombre de «terapia contextual» centrada en el distanciamiento comprehensivo de reglas verbales disfuncionales (Hayes, 1987). No es hasta doce años después cuando aparece la primera obra donde se usa el término ACT, en concreto en el trabajo de Hayes, Strolsahl y Wilson (1999). En esta primera obra se elabora un procedimiento terapéutico donde se presenta el abordaje de diversos casos clı́nicos desde la perspectiva funcional común de enmarcarlos en la categorı́a transdiagnóstica llamada trastornos de evitación experiencial (TEE) o evitación emocional destructiva (EED) (Hayes et al., 1996; 1999; Wilson y Luciano, 2002). El trastorno de evitación experiencial se asocia a la llamada «agenda del paciente cuando pide ayuda», que se suele regir por el seguimiento de una regla del tipo «tengo que evitar sentir o pensar ciertas cosas que me desagradan» que le lleva a reaccionar de manera fusionada a ella —bajo el control de esa regla—, que le proporciona alivio y sensación de coherencia de hacer lo que tiene que hacer para evitar ese malestar. A la larga, la repetición de este patrón derivado de esta regla empobrece la vida de la persona y le aparta de grati�icaciones valiosas en su vida al quedarse atrapado en una lucha continua por eliminar los sı́ntomas de malestar experimentados. En estos años se plantea que el objetivo de ACT es alterar el patrón de evitación experiencial por otro de activación hacia acciones valiosas; de modo que, aun en contacto y en presencia de la experiencia evitada, se pudiera actuar de manera valiosa mediante diferentes procedimientos, siendo el más habitual, al menos en las fases iniciales de la terapia, el generar la llamada desesperanza creativa, consistente en intercambios verbales con el cliente dirigidos por el análisis funcional del caso y consistentes en pedirle reiteradamente si sus intentos de control y evitación de las experiencias deseadas a largo plazo las elimina realmente y, desde ese punto, abrirse a la experiencia evitada en la dirección vital deseada e importante, por un lado, contactando con las experiencias personales evitadas mediante la desliteralización, defusión y diferenciación del yo y, por otro, de modo paralelo en presencia incluso de esas experiencias llevando a cabo acciones comprometidas en relación con los valores del cliente 5.1.2. ACT en años de proliferación de nuevos términos, datos y libros (2003-2011) Luciano (2016) llama a esta fase «etapa de la juventud de la ACT», que viene caracterizada por la proliferación de aplicaciones ACT a diferentes problemáticas y por el desarrollo y la aplicación de dos nuevos conceptos, el de �lexibilidad psicológica y el de Hexa�lex, que engloban de manera más amplia la evitación experiencial y la activación en direcciones valiosas previas. Se concibe que la �lexibilidad psicológica como patrón más o menos estable de regulación verbal de las conductas de las personas a largo plazo en función de si están más dirigidas por funciones aversivas o apetitivas (valores), englobando en ellos a una serie de procesos de relación verbal interrelacionados entre sı́ que se presentan en el hexágono de seis vértices del Hexa�lex —aceptación/apertura a la experiencia, defusión, conexión con el presente/mindfulness, yo contexto, claridad de valores y acciones comprometidas—, y su contraparte de in�lexibilidad psicológica como patrón más o menos crónico representado en el Hexa�lex —evitación experiencial, fusión cognitiva, desconexión del presente, yo contenido, no claridad de valores y acciones no comprometidas en forma de pasividad, acciones impulsivas o evitativas—. Aunque los seis vértices del Hexa�lex no se propusieron para referirse a seis procesos distintos de aprendizaje relacional, sino a un mismo proceso con aspectos interrelacionados (Hayes et al., 2004), el hecho fue que se iniciaron una serie de investigaciones e intervenciones relacionadas con el Hexa�lex desde diferentes ángulos, ya fuera entendiéndolo como tres procesos básicos que engloban a los seis anteriores —abierto, consciente e implicado (Strolsahl et al., 2014)—, como dos componentes que engloban igualmente a los seis anteriores —valores y defusión (Luciano et al., 2004)— o como una representación de dos ejes entrecruzados con tres discriminaciones centrales —mundo mental/verbal vs. experiencial, evitaciones por intentos de evitación/control experiencial vs. acciones comprometidas dirigidas por valores y el darse cuenta de los dos procesos anteriores como yo observador que permite regular la conducta a largo plazo (Polk y Schoendorff, 2014; Polk y Schoendorff, 2016)—. En estos años también se multiplican los estudios basados en la evidencia sobre la ACT y paralelamente un cúmulo de mayor de evidencias de la RFT que son resumidas en textos relevantes como el de Törneke (2015) ya en la fase de desarrollo siguiente. 5.1.3. ACT en los últimos años Nos detendremos ahora en ACT reconsiderada y revisada desde una mayor conexión directa a la investigación del lenguaje y la cognición desde la teorı́a del marco relacional, etapa que en sus primeros años se solapa con la anterior (2012-actualidad). Se considera que los seis términos del Hexa�lex y el mismo concepto de �lexibilidad psicológica son términos de nivel intermedio para explicar procesos de aprendizaje relacional más complejos, que son los verdaderos agentes de mantenimiento de los problemas conductuales, y a los que en última instancia debe dirigirse la ACT. De esta manera, aparecen textos que usan la RFT (teorı́a del marco relacional) de manera más directa (Villate et al., 2015; Törneke et al., 2015; Valdivia y Páez, 2019) y no solo relacionado con la ACT, sino con las intervenciones conductuales contextuales en su conjunto. Esto conlleva rede�inir la �lexibilidad psicológica desde la RFT. En términos no técnicos, la �lexibilidad psicológica es la habilidad de observar y reaccionar a la propia experiencia y la conducta, dando la oportunidad de actuar en direcciones valiosas. En términos técnicos, es una clase funcional operante que consiste en responder a la propia conducta en un marco de jerarquı́a con la perspectiva deı́ctica-yo permitiendo pasar de un enmarque relacional de tipo coordinación, donde la conducta no se distingue de uno mismo, a otro enmarque jerárquico donde se da la oportunidad de que aparezcan funciones de motivación (augmental) para actuar de modo coordinado en direcciones valiosas (Luciano, 2016). Sin embargo, advertimos al lector que, a pesar de presentar esta historia tal como la cuenta Luciano (2016), el hecho es que el mismo Hayes, en su texto más reciente y en otros anteriores (Hayes et al., 2014; Hayes, 2020) sigue presentando como esencial el modelo Hexa�lex, aunque en otros lo hace más centrado en la RFT (Villatte et al., 2015), llevando a muchos clı́nicos a regirse por el Hexa�lex —junto a un somero y breve análisis funcional muchas veces en formato Matrix de Polk—, con menor contacto y guı́a de la RFT; sobre todo, en contextos de trabajo masi�icados con poco tiempo para las consultas, como en el caso de la salud mental pública, donde, además, se desarrollan protocolos grupales de ACT aplicados a múltiples problemas (Ruiz Sánchez, 2019). Esto da lugar a un hecho curioso que raramente se menciona: por un lado, muchos clı́nicos siguen haciendo ACT de primera o segunda época (incluido su propio creador, al menos en algunos de sus últimos libros) con menor uso de la RFT y, por otro, algunos clı́nicos e investigadores más punteros hacen una ACT más directamente relacionada con la RFT (teorı́a del marco relacional). Está por comprobar si ambas formas de hacer ACT tiene efectos o evidencias diferentes a favor, como se supone, de la guiada directamente por laRFT, al tener el terapeuta un conocimiento preciso del aprendizaje relacional y cómo usarlo en las sesiones. El futuro de ACT ha de vincularse más directamente con sus fundamentos cientı́�icos de la RFT y su propuesta del aprendizaje operante verbal relacional si quiere ser un tipo de intervención psicológica de base experimental, y no solo una aplicación basada en saberes clı́nicos. Sin embargo, la ACT, como otras terapias conductuales contextuales, no está exenta de problemas (capı́tulo 4) como los apuntados de la crı́tica a la RFT, la postulación del término «proceso» como algo distinto o no a los principios del aprendizaje, etc. 5.2. Objetivos fundamentales de la ACT Desde la perspectiva de la RFT, el objetivo de la ACT es lograr la �lexibilidad psicológica mediante tres estrategias que buscan transformar la función de la conducta desde el enmarque jerárquico (Luciano, 2016): 1. Ayudar al cliente a que contacte con los resultados del patrón problemático que deriva de actuar desde el enmarque de coordinación. Esto se hace experimentando en vivo en las sesiones los pensamientos/reglas/emociones, lo que se hace o no se hace y lo que se consigue con ello a largo plazo, de modo que se hace el análisis funcional en vivo experimentando el problema en el aquı́ y ahora como antesala de abrirse a posibles soluciones. 2. Ayudar al cliente a estar presente a las funciones de un contexto de jerarquı́a desde lo que tiene sentido y valor personal también desde el aquı́ y ahora de la sesión de lo que siente, piensa y siente. 3. Ayudar al cliente a diferenciar su sı́ mismo de sus conductas privadas o públicas y ejercer acciones desde sus valores desde un contexto jerárquico. Desde una perspectiva más clı́nica, pero también conectada a la RFT (Páez y Montesinos, 2016) hacer ACT implica dos objetivos principales: - Esclarecimiento de valores: los valores implican abrirnos a lo que tiene sentido en nuestra vida diferenciándolos de las metas y acciones. Sentirse bien o experimentar determinados sentimientos no son valores; y si el cliente insiste en ellos, se le pregunta al servicio de qué valores estarı́a experimentar tales estados que se pueden conseguir o no; o qué tipo de persona serı́a en determinados ámbitos si consiguiera eso o eliminara el estado o sı́ntoma displacentero —por ejemplo que tipo de pareja, padre, amigo, etc., serı́a con o sin eso—. Los valores son acciones concretas con sentido, no creencias o sentimientos y, a menudo, aparecen ligados a fuertes emociones de dolor o pérdida, donde hay que buscarlos. Las acciones comprometidas con ellos generan patrones alternativos vinculados con los valores. - Defusión y diferenciación de las dimensiones del yo: los pacientes o clientes a menudo están atrapados en barreras verbales que les impiden avanzar en direcciones valiosas. Para ello, observamos los procesos de fusión cognitiva que los dejan atrapados. La defusión conlleva experimentar los pensamientos como tales sin responder a la literalidad de sus contenidos; de modo que se empiezan a ver los pensamientos y el lenguaje como un proceso relacional que �luye, junto a la historia personal desde un contexto presente y no literal. Se refuerza o promueve, además, la separación del sı́ mismo como yo contexto u observador de los contenidos mentales asociados a la conducta privada o abierta, diferenciando las dimensiones del yo (como contenido, proceso y contexto/observador). También es pertinente la formulación de Kevin Polk (2009), sobre todo en ACT de grupo, sobre los objetivos que trabajar por los terapeutas en las sesiones y cómo hacerlo en concreto (usando o no la Matrix). - Diferenciar los contenidos verbales/mentales de las experiencias directas de los cinco sentidos mediante una serie de metáforas, ejercicios experienciales y estı́mulos de apoyo (p. e., uso de un simple bolı́grafo u otros objetos presentes) - Diferenciar si las acciones que se llevan a cabo están al servicio de la vida deseada y valorada o nos alejan de esta, usando preguntas funcionales con frecuencia: «¿Esto que nos comparte, te acerca a o te aleja de lo que tiene sentido o valor en tu vida?». - Preguntando y moldeando gradualmente el yo observador a partir de los dos aspectos anteriores, usando preguntas del estilo: «¿Quién se da cuenta de esas diferencias?». En realidad, las tres perspectivas de objetivos tienen elementos equivalentes, ya que parten de la RFT, aunque la primera sea técnicamente más precisa. 5.3. Elementos esenciales de la ACT — La in�lexibilidad psicológica es el resultado del seguimiento de ciertas reglas socioverbales que conllevan insensibilidad a las experiencias directas mediante el efecto de tres procesos (Hayes, 2020) derivados del aprendizaje relacional: (1) la con�irmación de las reglas, que consiste en que el seguimiento de esas reglas nos hace distorsionar las experiencias que vivimos desde ellas y nos hace intentar soluciones derivadas desde ellas; (2) la coherencia con las reglas, que nos lleva a generar explicaciones, razones y creación de historias personales de nosotros mismos que encajan con estas reglas; y (3) la conformidad con las reglas para obtener aprobación social de quienes nos han dado esas reglas. Desde ACT se trabaja para disminuir el dominio de estas reglas rı́gidas e in�lexibles y abrir el horizonte de vida de la persona en una dirección valiosa. — La �lexibilidad psicológica: es la habilidad psicológica (aprendida) de estar presente en el aquı́ y ahora, adaptándose a las situaciones que se presentan en el entorno desde la atención y la consciencia plena abriéndose a todo tipo de experiencia en curso — pensamientos, sensaciones, sentimientos, recuerdos, etcétera—, encaminado a actuar en direcciones valiosas personales. En otros términos: «La capacidad de elegir lo que funciona para moverse hacia lo que es importante para ti, incluso en presencia de obstáculos» (Polk et al., 2016). — Los seis procesos de �lexibilidad psicológica: son un conjunto de habilidades relacionadas entre sı́ (y que se representan por el Hexa�lex) que tienen por objetivo desarrollar la �lexibilidad psicológica disminuyendo el control socioverbal de ciertas reglas y aumentando la motivación hacia acciones comprometidas y valiosas desde el contacto presente de cómo funcionan las reglas y las experiencias directas. Estos seis procesos son: 1.- Defusión psicológica (versus fusión psicológica): busca usar nuestra mente (repertorios verbales-cognitivos) de modo más abierto, consciente y basado en valores, de modo que no discutamos con nuestros pensamientos para cambiarlos, sino que lo mantengamos a raya. Es importante que como terapeutas entendamos que la fusión cognitiva deriva de la coherencia con las reglas socioverbales, que nos llevan a buscar soluciones y enviarnos mensajes mentales de llevar la razón o buscar razones que encajen con esas reglas cuando nos encontramos en momentos de incertidumbre. El primer paso para la defusión es tomar conciencia de nuestros pensamientos automáticos, ya sea poniéndolos por escrito o experimentándolos en el aquı́ y ahora; y, una vez hecho esto, adoptando una postura observadora de estos dejando que �luyan a su manera sin hacer nada más que eso, en diversos ensayos (Hayes, 2020). ACT cuenta con métodos para evaluar la fusión cognitiva con diversos cuestionarios (por ejemplo, el cuestionario de fusión cognitiva, CFQ, de Gillanders et al., 2014); y diversos métodos o ejercicios para entrenarla: desobedecer deliberadamente; poner nombre a la mente; agradecer lo que hace por nosotros; cantar los pensamientos; repetir un pensamiento al revés; mirar los pensamientos como si fueran objetos; decir el pensamiento problemático con otra voz; escribir el pensamiento automático en la mano y alejarla y acercarla al rostro notando qué se percibe del entorno; llevar encima notas de los pensamientos problemáticos y mirarlos de vez en cuando mientras hacemos cosas que nos importan; usar la imaginacióncomo si viajásemos atrás y nos encontráramos con nosotros mismos como niño pequeño diciendo en voz alta ese pensamiento problemático y dándole de nuestro yo actual apoyo y compasión; y poner por escrito o revelar los propios pensamientos y temores problemáticos a los demás abiertamente en fases más avanzadas, con el �irme propósito de seguir lo que valoramos, aún en presencia de estos (Hayes, 2020). 2.- Aceptación/apertura a la experiencia (versus evitación experiencial): La �inalidad de la aceptación es aprender del dolor frente a la evitación emocional que nos aleja de aprender de los peligros de la vida y de lo que nos proporciona alegrı́a y plenitud (Hayes, 2020). La evitación experiencial suele aparecer cuando las emociones superan nuestra zona de confort, apareciendo reglas que nos incitan a hacer cosas para alejar el malestar y hacernos sentir bien. La aceptación supone recibir un regalo de nuestra experiencia (con el dolor incluido) desde el presente; regalo que se vincula a descubrir nada más ni nada menos que el propósito o valor de nuestra vida, dejando de lado el control de las experiencias emocionales desde reglas aprendidas (Hayes, 2020). Igualmente, ACT cuenta con cuestionarios para evaluar la evitación experiencial (por ejemplo, el AAQ-II de Bond et al., 2011) y ejercicios para desarrollar estas habilidades de aceptación: decir que sı́ mientras se �ija en objetos del entorno que despiertan sensaciones y pensamientos de desagrado; ejercicio del afecto, comenzando por experiencias que le cuesta aceptar desde niveles más pequeños y usando metáforas de apoyo; usar una visión más amplia de la experiencia dolorosa desde diferentes perspectivas de personas y momentos temporales y, en niveles más avanzados, usar la práctica de opuestos cuando descubre a su mente diciendo que no ha de pensar o hacer algo relacionado con actividades de exposición en vivo (Hayes, 2020). 3.- Contacto con el momento presente/mindfulness (versus desconexión con el momento presente): las di�icultades de vivir en el presente reducen enormemente la cantidad de información disponible para la persona (Hayes, 2020), ya que le desconecta de aprender a regular su conducta mediante el contacto con las contingencias directas de a lo que le llevan sus acciones por el efecto de coherencia con las reglas, los pensamientos, nuestro sentido del yo contenido y los sentimientos relacionados con estos. Practicar mindfulness siempre que no sea una forma re�inada de evitación o de búsqueda de coherencia con el yo contenido ayuda a regular nuestra conducta en direcciones valiosas. Hacer mindfulness desde ACT supone orientarnos hacia algo, y ese algo es la dirección de nuestros valores. ACT dispone de una serie de cuestionarios (por ejemplo, el Mindful Awareness Scale-MAAS de Brown y Ryan, 2003) y ejercicios para practicar esta habilidad desde niveles más iniciales: devolver la mente a la respiración; programar en el móvil dos minutos de meditación; escuchar música cambiando el foco dentro y fuera de uno mismo; practicar meditación enfocando en objetos y espacios externos y, en niveles más avanzados, estar presente en eventos pasados desde el yo observador; estar meditando dentro/fuera mientras realiza tareas cotidianas (Hayes, 2020). 4.- Yo observador/yo contexto (versus yo contenido): nuestra experiencia de sentirnos signi�icativos o importantes para otras personas y grupos sociales es un objetivo importante en nuestra vida. El problema es cuando nuestra mente (repertorio verbal- cognitivo) opera para satisfacerlo de manera inadecuada para la vida que deseamos y valoramos, ya sea poniéndolo en relación con la llamada autoestima y sus peligros potenciales, aspectos que suelen relacionarse con nuestro yo contenido, o sea, cómo creemos que somos y qué reglas debemos seguir al respecto para mantener la coherencia con esas autode�iniciones. El yo observador o yo contexto supone conectar con el sentido de nuestro yo trascendente desde una sensación más profunda desde nuestra conciencia personal (Hayes, 2020). Practicar esta conciencia del yo trascendente, observador o contexto nos ayuda a liberarnos de los lı́mites de nuestro yo concepto y las trampas de la autoestima ligadas a nuestra historia personal. ACT igualmente cuenta con escalas para valorar aspectos del yo, en común con la terapia FAP (ver capı́tulo 6), como, por ejemplo, la Experience Of Self Scale de Kanter et al. (2001) y unos ejercicios para practicar las habilidades del yo observador que parten de un conjunto de habilidades iniciales para empezar: ejercicio de soy/no soy soltando los contenidos; reescribir la propia historia personal dejando los hechos, pero cambiando los contenidos; conversar con uno mismo y después con los demás detectando la tendencia a mentir para mantener una imagen coherente; atrapar la conciencia de sı́ mismo preguntándose varias veces a lo largo del dı́a quién se ha dado cuenta de eso. Asimismo, hay ejercicios posteriores más avanzados: diferenciar la conciencia del contenido de la conciencia con pequeño ejercicio de meditación; ejercicio de la próxima reunión imaginada con amigos o compañeros de trabajo y desarrollando la empatı́a con ellos; y practicar la toma de perspectiva con la aceptación conectando con un momento difı́cil y doloroso, viéndose desde fuera y en un tiempo futuro con un consejo valioso (Hayes, 2020). 5.- Claridad de valores (versus no claridad de valores): uno de las mayores motivaciones del ser humano es elegir y emprender su propio rumbo a lo largo de la vida, dando sentido y dirección a la misma (Hayes, 2020). Cuando hemos aprendido determinadas reglas socioverbales relacionadas con nuestro yo contenido, la búsqueda de estima sobre la base de logros o metas o la búsqueda de aprobación o evitación del desprecio o crı́tica de otros, o a evitar experiencias desagradables con eventos pasados en nuestra vida, los valores personales pueden ser difı́ciles de detectar para uno mismo, ya que nuestra vida estará enfocada a logros y aprobaciones/desaprobaciones ajenas a nosotros mismos. ACT cuenta con escalas para evaluar los valores (por ejemplo, el cuestionario de valores de Wilson y Luciano, 2002) y habilidades para promocionar la clari�icación de valores, desde aquellos iniciales —poner por escrito los valores en determinadas áreas de la vida; extraer lo bueno y valioso de experiencias vividas signi�icativas; transformar el dolor en propósito a partir de experiencias dolorosas vividas…— a otros más avanzados — escribir la propia historia personal desde un momento clave en la vida; llevar en secreto un valor y practicarlo sin decirlo a otros…— (Hayes, 2020). 6.- Acciones comprometidas (versus acciones no comprometidas): se trata de construir hábitos de acción basados en valores, consolidando todas las habilidades previas de la �lexibilidad psicológica (Hayes, 2020). Una vez que nos comprometemos en esas acciones es importante que no lo hagamos desde el seguimiento de reglas para complacer o impresionar a otros y que practiquemos una actitud compasiva con las inevitables di�icultades y retrocesos en ese camino. ACT dispone de cuestionarios (por ejemplo, el cuestionario de aceptación y acción relacionado con el trabajo, WAAQ, de Bond et al., 2013) y sus propias habilidades para llevar a cabo acciones comprometidas, además de todas las habilidades, técnicas y estrategias de las terapias cognitivas conductuales previas que se usan en esta lı́nea. Como habilidades propias de ACT y como ejercicios para empezar estarı́an, por ejemplo, hacer pequeños pasos y cambios; ir incluyendo hábitos nuevos en rutinas previas ya consolidadas. Otros más avanzados podrı́an ser: poner en marcha hábitos opuestos a los que la mente nos empuja a hacer; llevar a cabo acciones «porque sı́», sin dejarnos llevar por lo que diga la mente evaluadora y comprometernos a hacer algo por las demás personas que nos importan, e incluso por desconocidas (Hayes, 2020). Por lo quese re�iere al enmarque jerárquico desde el aprendizaje relacional (Gil Luciano et al., 2017): para promocionar la �lexibilidad psicológica en las interacciones con los clientes mediante el uso de metáforas y ejercicios experienciales han de contener una serie de claves precisas (derivadas de la investigación en aprendizaje relacional de la RFT) desde el enmarque jerárquico de conducta y las claves de regulación del enmarque deı́ctico en estos ejercicios. Esto implica que cuando trabajamos con clientes desde ACT y relacionamos experiencias de su vida diaria, del «allı́ y entonces», evocando qué sentı́an y experimentaban en aquel momento, y la relacionamos con experiencias equivalentes en la misma sesión de lo que experimentan y sienten «aquı́ y ahora», practicando, por ejemplo, un ejercicio de defusión, la tarea tendrá más efecto si la relacionamos con qué preguntas dirigidas a que experimente que es él/ella quien se da cuenta de esta experiencia (¿quién nota esta diferencia?) desde su yo observador; y aún más efecto si lo relacionamos con sus valores como motivadores para la acción (¿por qué valdrı́a para ti la pena hacer esto aquı́ y ahora, y allı́ y entonces en los próximos dı́as?). 5.4. El análisis funcional de la conducta en la ACT Advertimos al lector de nuevo que el análisis funcional de la conducta conlleva tanto un trabajo de evaluación de las funciones y progresos como de discriminación en vivo de esas funciones con relación a la vida que desea y valora el cliente, sesión a sesión, y no como una fase que se hace solo en las etapas iniciales de la terapia, como aparece habitualmente en muchos textos de terapia cognitiva-conductual. El AFC es un trabajo continuo desde la primera a la última sesión; y es la principal herramienta de evaluación e intervención para el terapeuta. 5.4.1. Análisis funcional general El formato de recogida y conceptualización del AFC en ACT suele adoptar una secuencia del siguiente estilo: Situación y experiencias personales internas relacionadas desagradables Qué hace ante esas experiencias personales Qué consecuencias inmediatas tiene. Resultados a corto plazo Qué consecuencias y costes tiene a la larga. Resultados a largo plazo (¿Me acerca a la vida que me importa y valoro?) Al hacer el AFC se recaban también aspectos generales de la vida actual de esta persona (situación, satisfacción y problemas a nivel sociolaboral, familiar, pareja, trabajo, etc.), ası́ como aspectos relevantes de su historia pasada. 5.4.2. Análisis funcional enriquecido con el aprendizaje relacional de la RFT Se suele centrar tanto en eventos actuales como pasados de la historia del paciente si se consideran relevantes en el caso (Valdivia y Páez, 2019). Situación o momento de mi vida Contenidos que se derivan: qué dice mi mente que yo soy y qué sensaciones me produce eso Reglas globales que deriva y lo que ha aprendido a hacer: qué dice mi mente que tengo que hacer y qué me espera en la vida Consecuencias inmediatas de lo que hace: qué hago ante esto y a qué me lleva de inmediato Consecuencias a largo plazo en el tiempo: qué pasa a la larga con mi vida y qué dice mi mente de eso sobre lo que yo soy y me espera en la vida 5.4.3. Escalas complementarias. La Matrix La ACT cuenta con una serie de escalas para evaluar diferentes aspectos de la �lexibilidad psicológica del cliente, estando entre las más conocidas y aplicadas las siguientes: — Multidimensional Psychological Flexibility Inventory, MPFI (Rolffs et al., 2016): consta de dos subescalas que recogen los seis procesos de la �lexibilidad psicológica y los seis procesos de la in�lexibilidad psicológica, de modo que cada aspecto reúne cinco ı́tems, dando un total de treinta ı́tems para la �lexibilidad psicológica y otros treinta para la in�lexibilidad psicológica, puntuando cada ı́tem en una escala de frecuencia tipo Likert de seis frecuencias. — ACT Advisor, de David Chantry o Hexa�lex (Chantry, 2014): consta de un dibujo del hexágono del Hexa�lex y un solo ı́tem para cada uno de los seis procesos del Hexa�lex de la �lexibilidad psicológica, que es evaluada en una escala Likert de 0 a 10 con un extremo en la �lexibilidad y otro en la in�lexibilidad. Esta escala y derivadas de la misma son muy usadas en servicios públicos masi�icados donde se dispone de poco tiempo para tratar con pacientes. — Open and Engaged State Questionnaire, OESQ (Benoy et al., 2019): otro cuestionario reciente para medir la �lexibilidad psicológica en sus seis aspectos. — Cuestionario de fusión cognitiva, CFQ (Gillanders et al., 2014): cuestionario de siete ı́tems destinado a evaluar la fusión cognitiva con una escala Likert de frecuencia de 1 a 7 desde «nunca es verdad» a «siempre es verdad». — AAQ-II (Bond et al., 2011): cuestionario de siete ı́tems destinado a evaluar la evitación experiencial con una escala Likert de frecuencia de 1 a 7 desde «nunca es verdad» a «siempre es verdad». — Mindful Awareness Scale, MAAS (Brown y Ryan, 2003): escala de 14 ı́tems destinada a evaluar la conexión al presente o atención plena con una escala Likert de 1 a 6 entre «casi siempre» y «casi nunca». — Experience Of Self Scale (Kanter et al., 2001): escala de 37 ı́tems con una escala Likert de 1 a 7 entre «nunca» y «siempre», que evalúa diferentes aspectos de la experiencia del yo a solas y en presencia de otras personas. — Cuestionario de valores (Wilson y Luciano, 2002): cuestionario con dos subescalas de 10 ı́tems que recoge la importancia y la consistencia con los valores personales evaluados mediante una escala Likert entre 1 y 10 de «nada importante» a «extremadamente importante» en la primera subescala y entre «nada consistente» y «extremadamente consistente» en la segunda. — Cuestionario de aceptación y acción relacionado con el trabajo, WAAQ (Bond et al., 2013): cuestionario de siete ı́tems destinado a evaluar la implicación en acciones comprometidas en el trabajo con una escala Likert de frecuencia de 1 a 7 desde «nunca es verdad» a «siempre es verdad». —Generalized Pliance Questionnaire, GPQ (Ruiz et al., 2018): cuestionario con dos versiones, una más larga, de 18 ítems, y otra más corta, de 9 ítems, con escala Likert de 1 a 7 entre «nunca es verdad» y «siempre es verdad», que evalúa la presencia y control de reglas tipo pliance o complacencia con otros. Kevin Polk y sus colaboradores. (Polk et al., 2014, 2016) han desarrollado una forma de trabajar el AFC y al mismo tiempo intervenir desde ACT usando un grá�ico (llamado Matrix) de dos lı́neas que se entrecruza desde las discriminaciones entre lo mental vs. la experiencia directa, lo que nos aproxima a lo que nos importa vs. lo que nos aleja de esto y, a partir de esos dos aspectos, nosotros como yoes observadores de esas experiencias. En el siguiente grá�ico presentamos nuestra adaptación de la Matrix: 5.5. Cómo se suele proceder en las sesiones de ACT En general, como en otras terapias contextuales, se parte de la idea de que la ACT no debe de estar protocolizada de antemano y que se debe de trabajar con un análisis funcional continuo y con la promoción de la �lexibilidad/in�lexibilidad psicológica que se va evaluando momento a momento en cada sesión experimentando los patrones de �lexibilidad/in�lexibilidad en vivo junto al terapeuta (Strosahl et al., 2014), de modo que en vez de «hablar de ACT» en las sesiones «se haga ACT en vivo en las sesiones». Hacer ACT en vivo en las sesiones conlleva una secuencia habitual que consiste en: El paciente/cliente llega con una pretensión (la agenda del cliente) centrada en la demanda de desear eliminar o controlar su malestar o sı́ntomas ya desde la sesión inicial y repitiendo en las sesiones cómo le ha ido durante la semana o el intervalo entre sesiones con esto. El/la terapeuta ACT, sesión a sesión, procede moldeando la agenda del cliente desde el foco del patrón de evitación experiencial hacia el de activación comprometida con sus valores personales, valiéndose de unanálisis funcional continuo de lo que relata el paciente que le ocurre «allı́ y entonces» en su vida diaria, del cuándo/dónde, qué experimenta, qué hace con lo que experimenta y a qué le lleva (a corto y largo plazo) y experimentando «en el aquı́ y ahora de la sesión» tanto el patrón de evitación experiencial —qué está ocurriendo aquı́ y ahora, qué experimenta, qué hace o se ve impulsado a hacer, y a qué le está llevando— como el de aproximación valiosa —qué hay de valor en el aquı́ y ahora, a qué le podrı́a comprometer y llevar a cabo— y qué observa de todo esto, qué experimenta desde su yo contexto/observador; valiéndose de metáforas, ejercicios experienciales para evocar en el aquı́ y ahora las diferencias y la observación de ambos patrones. Con �ines didácticos, se ha planteado la intervención de ACT en una serie de fases (Barraca, 2007) que en este capı́tulo son enmarcadas desde la evolución de ACT (Luciano, 2016) como más propias de cómo se entendı́a la ACT en su evolución en su primera y segunda época, pero que en la práctica clı́nica sigue siendo útil para muchos terapeutas. 1.º Fase I de desesperanza creativa: en esta fase se confronta la agenda de cambio del paciente centrada en el control y eliminación del malestar o los sı́ntomas y se busca que abandone la lucha contra este malestar os esos sı́ntomas. Se comienza informando al paciente de los tratamientos disponibles, de los riesgos y bene�icios de estos y si desea mediante consentimiento informado participar en la terapia. Para ello, primero comprobamos si los problemas que presenta derivan de situaciones de peso para ese malestar — pérdida de seres queridos, situación de pérdida laboral, divorcio, etcétera— y/o si, además, está implicada la lucha del paciente por el control de sus sı́ntomas. Se continúa pidiendo al paciente qué quiere conseguir de la terapia, detectando y recogiendo sus metas y distinguiendo en estas las metas �inales (p. e., ir a trabajar) que son posibles de las de proceso («tener menos ansiedad») que se relacionan con la agenda de control del paciente y que no son posibles a la larga. El siguiente paso es conversar con el paciente preguntándole con frecuencia cómo ha intentado alcanzar su meta de proceso de control del malestar o los sı́ntomas, conviniendo con este que, efectivamente, son razonables, pero comprobando que a la larga, recabando y detallando todos sus intentos de control, no han funcionado; y que quizás esos intentos de control son parte del problema. En esta fase, a continuación se procede a continuar con lo que solo la experiencia le diga al paciente que realmente funciona, aunque su mente le diga que haga esto y lo otro, y se usan metáforas y ejercicios experienciales en esa lı́nea (por ejemplo, metáfora de los hoyos con cavar con una pala), incidiendo de nuevo en la diferencia entre lo que dice su mente frente a su experiencia, hasta que concluye esta fase cuando el paciente se da cuenta de que una y otra vez vuelve a hacer lo mismo, pero no funciona y se siente confundido por ello. 2.º Fase II del control como problema, no como solución: se centra en que el paciente discrimine o diferencie que las reglas del mundo interno verbal no son las de mundo externo experiencial (diferencia entre conductas regidas por reglas vs. contingencias) y que el control deliberado de los pensamientos y sentimientos es el verdadero problema, usando una serie de nuevo de metáforas (por ejemplo, polı́grafo, dolor limpio vs. sucio, etc.) y ejercicios experienciales, hasta que el paciente re�iera que siente su experiencia y reacciona a ella de manera distinta. 3.º Fase III de conseguir la aceptación por medio de la desliteralización: trabajamos principalmente con la defusión de contenidos mentales del paciente (por ejemplo, metáfora del autobús, de la radio siempre encendida, etc.) que se experimentan en la misma sesión incidiendo en a dónde le llevan esos pasajeros/emisoras, si es la dirección que él/ella valora, etc.; y cómo trabajarlas (por ejemplo, sacar la mente a pasear mientras se hacen cosas valiosas). La fase termina cuando el paciente re�iere que hace cosas valiosas, aunque su mente le insista con razones en hacer otras cosas. 4.º Fase IV de descubrir el yo como aliado: se le plantea que su yo puede ser su aliado en todo el cambio de la terapia y que desde el mismo se pueden observar todos los cambios que se están produciendo como un lugar seguro. Para ello, se le enseña a discriminar el yo observador del yo contenido (metáfora del tablero de ajedrez, por ejemplo, y otras). La fase termina cuando el paciente a�irma que es capaz de mirar sus experiencias sin estar atrapado en estas y es capaz de reı́rse con humor de la seriedad que le daba a esos contenidos mentales. 5.º Fase V de descubrir el trabajo con los valores: en esta fase se busca con el paciente la importancia de que lleve en su vida una dirección valiosa y digna para este y se procede tratando de clari�icar sus principales valores personales distinguiéndolos de las metas o estados, usando para ello metáforas diversas (por ejemplo, la del funeral, el epita�io, etc.) y cuestionarios de valores; observando que aparecen barreras en este proceso por su agenda de control y planteando llevar a cabo pequeños pasos para ponerlos en práctica. Esta fase termina cuando el paciente re�iere la intención de actuar en esa dirección. 6.º Fase VI de la aceptación y el compromiso: se relaciona con la fase anterior y consiste en la activación conductual comprometida con los valores personales. En según qué casos, puede conllevar ejercicios de exposición o entrenamiento en habilidades especı́�icas para poner en marcha esas acciones. Se suelen usar determinadas metáforas para motivar las acciones (por ejemplo, la del invitado grosero a la �iesta) y se plantean y diseñan intervenciones conductuales concretas para llevar a cabo, teniendo en cuenta de nuevo las barreras de agenda de control/evitación que pueden aparecer —y que se incorporan a la realización de esas acciones en su detección y respuestas alternativas a las mismas—. La fase y la terapia ACT terminan cuando el paciente está implicado en compromisos valiosos más que en la agenda de control. Hay que advertir que trabajar con estas fases y en ese orden no es una regla �ija, sino solo orientativa, ya que el análisis funcional continuo de cada caso nos informa de dónde hay que ir trabajando sesión a sesión. De hecho, hay casos donde se puede empezar directamente por la clari�icación de valores y las acciones comprometidas, invirtiendo o alterando la secuencia anterior. Como se ha dicho, las nuevas versiones avanzadas de la ACT se centran aún más de manera directa en experienciar en vivo tanto los patrones de evitación control como los potencialmente valiosos referidos en la vida diaria en las mismas sesiones (de manera similar a como se plantea en la psicoterapia analı́tica funcional-FAP, ver capı́tulo 6 y para la ACT + FAP-FACT, ver capı́tulo 13) desde la perspectiva del yo observador; haciendo la experiencia de �lexibilidad más directa y potencialmente más potente. A pesar de que muchos autores contextuales re�ieren que se trata de trabajar y promover nuevas funciones sin tener un protocolo concreto de la terapia, es bien cierto y evidente que en servicios públicos y en formato grupal existen protocolos prediseñados que se han mostrado efectivos en multitud de problemas, como, por ejemplo, en el caso de la terapia grupal ACT de la psicosis (O’Donoghue et al., 2018). 5.6. Aplicaciones y evidencias de la ACT La ACT es potencialmente aplicable a cualquier problema clı́nico donde esté implicada la evitación experiencial o la in�lexibilidad psicológica como elemento transdiagnóstico, lo que engloba prácticamente todo el espectro de la psicopatologı́a humana, abarcando en las aplicaciones directas de la RFT a niños y adultos con retraso del desarrollo o problemas de tipo autismo y relacionados con estos.Además, se aplica a la orientación a padres y familiares con niños y jóvenes con múltiples problemas emocionales, experiencias psicóticas y otras di�icultades. También se ha empleado con intervenciones comunitarias, en el entrenamiento de deportistas; en el tratamiento de problemas emocionales asociados a enfermedades como el cáncer, el dolor crónico y otras; en el manejo de prejuicios sociales, ası́ como en intervenciones en formato de grupo, familiar y de parejas. Una muestra amplia de estas múltiples aplicaciones se encuentra en la obra de Páez y Gutiérrez (2012), precisamente llamada Múltiples aplicaciones de la terapia de aceptación y compromiso. Respecto a sus evidencias, hay una revisión de Luciano y Valdivia (2006) comparando la ACT con otras terapias cognitivas conductuales, como la CBT, en múltiples problemas, como ansiedad-depresión, experiencias psicóticas, problemas emocionales asociados a enfermedades crónicas, intervención con padres de niños con problemas emocionales, terapias de grupo con problemas ansiosos depresivos o problemas psicóticos; etc., y se mostró tan e�icaz como la CBT al �inalizar los tratamientos, pero mucho más e�icaz que esta a largo plazo en los seguimientos postratamiento. La revisión de Francisco José Ruiz (2010) aporta resultados similares, destacando que los procesos de cambio son los expuestos desde la RFT, aunque incidiendo en la necesidad de más investigación al respecto, ya que muchos estudios están limitados metodológicamente. También Francisco José Ruiz (2012) presenta una revisión sistemática y de metaanálisis de la ACT en comparación con la terapia cognitiva conductual tradicional (CBT), concluyendo que los efectos favorecen signi�icativamente a la ACT sobre CBT. Una revisión sistemática más reciente centrada en el caso de las psicosis es la realizada por Wake�ield, Roebuck y Boyden (2018), concluyendo que la ACT es efectiva en psicosis mejorando la calidad de vida de estas personas y reduciendo las rehospitalizaciones, siendo el formato grupal en servicios públicos la intervención más contrastada, aunque se necesitan mejoras para ciertos sesgos metodológicos en estos estudios. En la actualidad, existen al menos cuatro grupos de estudios de metaanálisis que demuestran la efectividad de la ACT en diferentes problemas (Ost, 2009; Powers et al., 2009; Ruiz, 2012 y A-Tjak et al., 2014). El estudio más actual de los cuatro (A-Tjak et al., 2014) demostró que la ACT es e�icaz con problemas de ansiedad y depresión, adicciones, otros trastornos mentales, problemas de salud somáticos con repercusiones emocionales; y que es más efectiva que el tratamiento placebo y tanto como otras terapias bien establecidas como la CBT (terapia cognitiva-conductual). Otra lı́nea de investigación y terapia novedosa es la aplicación de la ACT en psicosis por niveles de deterioro funcional, llamada terapia de aceptación y compromiso y remediación-ART (Dı́az-Garrido et al., 2020) y que supone toda una revolución en el tratamiento de las psicosis. El planteamiento de la ART es adaptar las intervenciones desde una perspectiva interdisciplinar —no solo del personal sanitario de los servicios de salud mental y atención primaria, sino también de otros agentes sociales y familiares de la comunidad—, multidimensional — terapia individual, grupal y de orientación familiar— y transdiagnóstica —centradas en la �lexibilidad psicológica, y no en etiquetas estigmatizantes— en función del nivel de deterioro cognitivo de cada paciente, combinando principios de ACT y de rehabilitación cognitiva e incorporando aspectos de otros modelos, como los métodos dialógicos de la pospsiquiatrı́a y la zona de contacto proximal de Vigotsky. Bibliografía del capítulo 5 A-Tjak, J. G. L., Davis, M. L., Morina, N., Powers, M. B., Smits, J. A., Emmelkamp, P. M. (2014). A Meta- Analysis of the Ef�icacy of Acceptance and Commitment Therapy for Clinically Relevant Mental and Physical Health Problems. Psychother Psychosom., 84(1), 30-6. Benoy, C., Knitter, B., Knellwolf, L., Doering, S., Klostche, J. y Gloster, A. T. (2019). Assessing psychological �lexibility: Validation of the Open and Engaged State Questionnaire. Journal of Contextual Behavioral Science, 12, 253-260. Bond, F. W., Hayes, S. C., Baer, R. A., Carpenter, K. M., Orcutt, H. K., Waltz, T., et al. (2011). Preliminary psychometric properties of the Acceptance and Action Questionnaire - II: A revised measure of psychological in�lexibility and experiential avoidance. Behavior Therapy, 42, 676- 688. Bond, F. W., Lloyd, J. y Guenole, N. (2013). The Work-related Acceptance and Action Questionnaire (WAAQ): Initial psychometric �indings and their implications for measuring psychological �lexibility in speci�ic contexts. Journal of Occupational and Organizational Psychology, 86(3), 331-347. Brown, K. W. y Ryan, R. M. (2003). The bene�its of being present: Mindfulness and its role in psychological well-being. Journal of Personality and Social Psychology, 84(4), 822-848. Dı́az-Garrido, Laf�ite, Zúñiga (en prensa). Terapia de aceptación y compromiso por niveles en psicosis / ART. Gillanders, D. T., Bolderston, H., Bond, F. W., Dempster, M., Flaxman, P. E., Campbell, L. y Remington, B. (2014). The development and initial validation of the Cognitive Fusion Questionnaire. Behavior Therapy, 45(1), 83-101. Gil Luciano, B., Ruiz, F. J., Valdivia, S. y Suárez, J. F. (2017). Promoting Psychological Flexibility on Tolerance Tasks: Framing Behavior Through Deictic/Hierarchical Relations and Specifying Augmental Functions. Psychol Rec, 67(1), 1-9. Hayes, S. C. (1987). A contextual approach to therapeutic change. En: N. S. Jacobson (Ed.). Psychotherapists in clinical practice: Cognitive and behavioral perspectives (327-387). Guilford Press. Hayes, S. C. (2020). Una mente liberada: la guía esencial de la terapia de aceptación y compromiso (ACT). Paidós. Hayes, S. C., Strosahl, K. D., Bunting, K., Towhig, M. y Wilson, K. (2004). What is Acceptance and Commitment Therapy? En: S. C. Hayes y K. D. Strosahl (Eds.), A practical guide to ACT. Nueva York: Springer. Hayes, S. C., Strosahl, K. D. y Wilson, K. G. (1999). Acceptance and Commitment therapy. An experiential approach to behavior change. Nueva York: Guilford Press. Hayes, S. C., Strolsahl, K. y Wilson, K. (2014). Terapia de aceptación y compromiso: proceso y práctica del cambio consciente (mindfulness). Bilbao: Desclée de Brouwer. Hayes, S. C., Wilson, K. G., Gifford, E. V., Follette, V. M. y Strosahl, K. D. (1996). Experiential avoidance and behavioral disorders: A functional dimensional approach to diagnosis and treatment. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 64(6), 1152-1168. https://www.sciencedirect.com/science/journal/22121447 Kanter, J. W., Parker, C. R. y Kohlenberg, R. J. (2001). Finding the self: A behavioral measure and its clinical implications. Psychotherapy, 38(2), 198-211. Luciano, M. C. (2016). Evolución de ACT. Análisis y Modi�icación de Conducta, 2016, Vol. 42, Nº 165-166, 3-14 Luciano, M. C., Rodrı́guez-Valverde, M. y Gutiérrez-Martı́nez, O. (2004). A proposal for synthesizing verbal contexts in Experiential Avoidance Disorder and Acceptance and Commitment Therapy. International Journal of Psychology and Psychological Therapy, 4(2), 377-394. Luciano, M. C. y Valdivia, M. S. (2006). La terapia de aceptación y compromiso (ACT). Fundamentos caracterı́sticas y evidencia. Papeles del Psicólogo, 27(2), 79-91. O’Donoghue, E., Morris, E., Oliver, J. y Johns, D. (2018). ACT for Psychosis Recovery: A Practical Manual for Group Based Interventions Using Acceptance and Commitment Therapy. Contex Press. Ost, L. G. (2008). Ef�icacy of the third wave of behavioral therapies: a systematic review and meta-analysis. Behav Res Ther., 46(3), 296-321. Paéz, M. y Gutiérrez, O. (2012). Múltiples aplicaciones de la terapia de aceptación y compromiso. Pirámide. Polk, K. L. (en prensa). The Polk & Hambright GroupACT Protocol. Polk, K. L. y Schoendorff, B. (Eds.) (2014). The ACT Matrix: A new approach to building psychological �lexibility across settings and populations. Reno, NV: Context Press. Polk, K. L., Schoendorff, B., Webster, M. y Olaz, F. (2016). The Essential Guide to the ACT Matrix: A Step-by-Step Approach to Using the ACT Matrix Model in Clinical Practice. New Harbinger Publications, Inc. Powers, M. B., Zum Vorde Sive Vording, M. B. y Emmelkamp, P. M. (2009). Acceptance and commitment therapy: a meta-analytic review. Psychother Psychosom., 78(2), 73-80. Rolf, J. L., Rogge, R. D. y Wilson, K. G. (2016). Disentangling Components of Flexibility via the Hexa�lex Model: Development and Validation of the Multidimensional Psychological Flexibility Inventory (MPFI). Assessment, 25(4), 458-482. Ruiz, F. J. (2010). Review of Acceptance and Commitment Therapy (ACT) Empirical Evidence: Correlational, Experimental Psychopathology, Component and Outcome Studies. International Journal of Psychology and Psychological Therapy, 10(1), 125-162. Ruiz, F, J. (2012). Acceptance and Commitment Therapy versus Traditional Cognitive Behavioral Therapy: A Systematic Review and Meta-analysis of Current Empirical Evidence. International Journal of Psychology and Psychological Therapy, 12(3), 333-357. Ruiz, F. J., Suárez Falcón, J. C., Barbero Rubio, A. y Flórez, C. L. (2019). Development and initial validation of the Generalized Pliance Questionnaire. Journal of Contextual Behavioral Science, 12, 189-198. Ruiz Sánchez, J. J. (2019). Terapia conductual de III generación. Adaptación al contexto de la salud mental pública. Lulú. Strosahl, K., Robinson, P. y Gustavsson, T. (2014). Brief Interventions for Radical Change. Oakland, CA: New Harbinger Inc. Törneke, N. (2015). Aprendiendo TMR: una introducción a la teoría del marco relacional y sus aplicaciones clínicas. Trads. M. A� . Barbero y E. Moreno Fuentes. Jaén: MICPSY. https://www.amazon.es/Essential-Guide-Matrix-Step-Step-ebook/dp/B0197SJPWO/ref=sr_1_1?dchild=1&qid=1598623919&refinements=p_27%3AKevin+Polk&s=books&sr=1-1 Törneke, N., Luciano, C., Barnes-Holmes, Y. y Bond, F. (2015). Relational Frame Theory and three core strategies in understanding and treating human suffering). En: R. D. Zettle, S. C. Hayes, D. Barnes-Holmes y A. Biglan (Eds.), The Wiley Handbook of Contextual Behavioral Science (254- 272). Wiley Blackwell. Valdivia, S. y Páez, M. (2019). Aceptación psicológica. Qué es y por qué se fomenta. Pirámide. Villatte, M., Villate, J. y Hayes, S. C. (2016). Mastering the Clinical Conversation: Language as Intervention. The Guilford Press. Wake�ield, S., Roebuck, S. y Boyden, P. (2018). The evidence base of Acceptance and Commitment Therapy (ACT) in psychosis: A systematic review. Journal of Contextual Behavioral Science, 10, 1-13. Wilson, K., y Luciano, C. (2002). Terapia de aceptación y compromiso. Madrid: Pirámide. https://www.sciencedirect.com/science/journal/22121447 https://www.sciencedirect.com/science/journal/22121447/10/supp/C Capítulo 6 Psicoterapia analítica funcional 6.1. Orígenes y desarrollo histórico de la FAP La psicoterapia analı́tica funcional (FAP, por sus siglas en inglés), junto a la terapia de activación conductual (AC), son los dos tipos de intervenciones psicológicas más asentadas en el conductismo radical de Skinner dentro de las terapias conductuales contextuales o terapias de tercera ola. Al mismo tiempo, la FAP es la terapia conductista más cercana a otras terapias psicodinámicas que ponen el acento en la relación terapéutica como vı́a de cambio psicológico principal. Esta vinculación proviene del interés y el contacto inicial de la pareja Kohlenberg y Tsai con diversos psicoanalistas, manteniendo un diálogo e intercambio con ellos y adaptando sus procederes a lenguaje skinneriano. La primera aparición de un texto de FAP en la literatura clı́nica data de 1987 (Kohlenberg y Tsai, 1987). Desde esa fecha hasta el momento actual, las bases fundamentales de la FAP siguen siendo las mismas, pero con la incorporación de diferentes aspectos que reseñamos a continuación. Las principales bases de la FAP que han permanecido a lo largo de los años son las siguientes: 1. Se basa en el conductismo radical de Skinner, en especial en el análisis funcional de la conducta verbal (ver capı́tulo 2). La terapia es mayormente conversación o conducta verbal con sus funciones/efectos para los implicados en ella. 2. Enfatiza las contingencias operantes que ocurren durante la sesión terapéutica, en especial a través de las conversaciones entre el cliente y el terapeuta como conductas verbales operantes sujetas a funciones o efectos mutuos para ambos. 3. Destaca la equivalencia funcional entre el ambiente natural del cliente y el de la sesión de terapia. Los problemas y progresos del paciente en su vida diaria se ven re�lejados en la consulta con las mismas funciones, �ines o efectos/consecuencias. 4. Conceptualiza la equivalencia funcional desde las conductas clı́nicamente relevantes. Las conductas clı́nicamente relevantes que aparecen en la consulta de modo verbal y no verbal son los problemas del cliente aquı́ y ahora, en persona, en la sesión (CCR1), los progresos del cliente en sesiones más avanzadas que igualmente aparecen en las sesiones (CCR2) y las explicaciones cognitivas- verbales del cliente sobre lo que le pasa, a qué se debe y qué hay que hacer para solucionar esto (CCR3). 5. Usa los principios del análisis funcional de la conducta del caso ideográ�ico concreto. Cada persona presenta clases operantes sujetas a contingencias especı́�icas según su historia personal y la interacción que tenga en la actualidad con su ambiente, en especial con la relación con otras personas signi�icativas de su vida, siendo esa forma funcional de relacionarse la que aparece en consulta y hay que analizar desde el AFC. 6. Como vı́a de cambio de la conducta, son esenciales el reforzamiento natural y el moldeamiento progresivo. Dado que nos interesa que el ambiente de la consulta sea lo más parecido al de su vida diaria, usamos el reforzamiento natural y el moldeamiento progresivo de sus avances/progresos en la sesión para que se trans�ieran o generalicen a su vida diaria. 7. Se orienta por una serie de cinco reglas �lexibles para intervenir y modi�icar las conductas clı́nicamente relevantes. El/la terapeuta cuenta con una guı́a general de cómo intervenir de manera potencialmente efectiva en las conductas clı́nicamente relevantes para que la sesión sea una oportunidad de cambio. 8. La FAP presenta una conceptualización para intervenir en los casos más complejos, relacionados tradicionalmente con los trastornos de personalidad, y que en la FAP se denominan «problemas del yo», siendo importante en ellos evaluar el grado de control privado o público de determinadas conductas con sus experiencias subjetivas paralelas. Como novedades que han ido apareciendo en la evolución de FAP a lo largo de los años, son destacables las siguientes (Ferro et al., 2007): 9. Integración de la FAP con otras terapias conductuales y no conductuales, como el caso de las terapias cognitivas-conductuales, modi�icando cómo se explican los cambios de manera distinta a la relación pensamiento-conducta (que solo es una posibilidad junto a otras) e introduciendo en ellas el trabajo en vivo mediante la relación terapéutica. Una integración especial y relevante es con la terapia de aceptación y compromiso en la llamada FACT (ver capı́tulo 13). 10. Introducción de modelos de supervisión para la mejora de las habilidades clı́nicas de los terapeutas, donde el trabajo con las propias conductas de estos en las relaciones de terapia —en especial, de aquellas vinculadas a sus propios sentimientos— es central, desarrollando paralelamente escalas y sistemas de evolución de estas habilidades. 11. Aplicación de la FAP a nuevos problemas clı́nicos. Se ha aplicado en personas con depresión, en personas con celos, en personasque evitan las relaciones ı́ntimas, en personas con ansiedad, en terapia de pareja, en terapia de grupo para diversos problemas asociados a la ansiedad-depresión, en enfermedades crónicas e invalidantes con problemas emocionales asociados, en personas con problemas sexuales, en personas con trastorno de personalidad lı́mite y otros trastornos de personalidad, al estrés postraumático, a personas con dolor crónico, a personas con obsesiones y a personas con experiencias psicóticas. 12. Más investigación sobre la e�icacia de la FAP. Se han centrado hasta el momento en la mejora de la terapia cognitiva estándar (CBT) en problemas depresivos al añadir FAP a esta, recabando datos según los cuales mejora sus resultados al combinarla con FAP. 13. Desarrollo del modelo «conciencia, valor y amor» —ACL en inglés, por Awareness, Courage, and Love— (Maitland et al., 2017). Es un modelo estandarizado que se adjunta al ideográ�ico de las conductas clı́nicamente relevantes para entender múltiples problemas en las relaciones interpersonales entre humanos y que es utilizado tanto en terapia como en talleres para la mejora y prevención de estas di�icultades a lo largo de distintos puntos del planeta, dirigidos inicialmente por Mavis Tsai (https://www.livewithacl.org/). 14. En años recientes, la formulación de un modelo transdiagnóstico desde la propia FAP desarrollado en torno a concebirlos como problemas del yo que se considera un concepto aprendido de tipo socioverbal (Ferro y Valero, 2017). El grado de control público frente al privado de las experiencias del yo estarı́a en la base de numerosos problemas psicológicos y psicopatológicos. Actualmente, la actividad y la expansión de FAP se concentra principalmente en Estados Unidos, Brasil y España. 6.2. Objetivos fundamentales de la FAP Considerando el desarrollo histórico de la FAP, podemos decir que sus objetivos generales son dos: a) Mejorar la calidad de las relaciones íntimas interpersonales mediante cadenas operantes en esos intercambios relacionales (Reyes Ortega y Kanter, 2017) con (1) mayor consciencia y expresión de las necesidades propias y ajenas en esas relaciones; (2) mayor valor para mostrar las vulnerabilidades personales en esas relaciones y (3) mayor y mejores expresiones reforzantes amorosas (afectivas, validantes, empáticas) hacia las personas en esas relaciones. Todo ello asentado en el modelo ACL (conciencia, valor y amor) de la FAP. https://www.livewithacl.org/ b) Tener mayor control personal de la propia experiencia privada (necesidades, deseos, opiniones) respecto a otras personas; de modo que la experiencia del yo, de uno mismo, nos pertenezca de manera más auténtica. Esto, asentado en el modelo de los problemas del yo desde la FAP (Ferro y Valero, 2017). Y, además, hay tres objetivos especí�icos para el/la terapeuta en las sesiones clı́nicas con su cliente: (1) Disminuir las conductas clínicamente relevantes problemáticas que se re�lejan de manera equivalente en las di�icultades del cliente en las sesiones. Son las conductas clı́nicamente relevantes tipo 1 (CCR1), que suelen estar bajo control aversivo tipo funcional por reforzamiento negativo. Para ello, nos valdremos principalmente de evocarlas, bloquear sus funciones de escape/evitación y extinguirlas, ya que potencialmente el castigo verbal no se suele o no se debe usar para no invalidar al cliente y empeorar la relación con este («audiencia no punitiva de Skinner»). (2) Incrementar las conductas clínicamente relevantes que suponen las mejorías y progresos del cliente y que se relacionan con los objetivos de la terapia dentro/fuera de la sesión. Son las conductas clı́nicamente relevantes tipo 2 (CCR2). Para ello, nos valemos principalmente de la evocación de las mismas y principalmente del reforzamiento natural mediante el moldeamiento progresivo, ampli�icando verbalmente los progresos desde los niveles iniciales más pequeños hasta ir avanzando en ellos gradualmente. Al principio de la terapia son menos frecuentes. (3) Ajustar de manera funcional las propias explicaciones del paciente de sus problemas y progresos moldeando las mismas verbal y gradualmente hacia explicaciones más funcionales (AFC) que le permitan discriminar y transferir los cambios logrados en las sesiones a su vida diaria. 6.3. Elementos esenciales de la FAP 6.3.1. Los tres tipos de conductas clínicamente relevantes del paciente/cliente según el AFC del caso El comportamiento del cliente en sesión, sea privado o público, siempre está relacionado con los antecedentes (por ejemplo, la situación de estar en la sesión donde se le propone hablar de un tema relevante) y de sus consecuencias (los resultados en esa relación de compartir esas cuestiones). Las conductas del cliente que son objetivos de trabajo de la intervención de las sesiones en terapia FAP se denominan conductas clı́nicamente relevantes (CCR), y a ellos se le aplican las contingencias oportunas para cambiarlas mayormente mediante las propias conductas del terapeuta a las mismas (TR), que obran como contingencias sobre las primeras (de refuerzo, castigo, extinción…) (Kohlenberg y Tsai, 1991; Valero y Ferro, 2015, 2017; Reyes Ortega y Kanter, 2017). Hay que advertir que las CCR son idiosincráticas y personales de cada persona, historia personal y circunstancias, y que lo que en un caso o momento de la terapia puede ser un tipo funcional de CCR, en otro puede ser de otro tipo. Por ejemplo, acudir a terapia pidiendo ayuda cuando una persona se veı́a invulnerable y fuerte, pero ahora reconoce sus debilidades, puede ser una potencial CCR2, y en las fases �inales de la terapia plantear, tras haber progresado, que por sı́ mismo se ve incapaz de seguir adelante, pudiendo ser en este nuevo escenario una potencial CCR1. Se distinguen tres tipos de CCR: — Las CCR1, que son todas las conductas problemáticas que aparecen en las mismas sesiones y que tienen consecuencias de sufrimiento para el cliente y este desea cambiarlas. Suelen estar bajo control de contingencias de reforzamientos negativos, es decir, suelen ser conductas de evitación o escape a situaciones vividas como desagradables. El objetivo del terapeuta con las CCR1 es disminuirlas a lo largo de las sesiones. Son las más frecuentes en las sesiones iniciales, donde las quejas del paciente sobre su vida diaria (que pueden considerarse un subtipo de CCR1) se hacen presentes también en la misma sesión. Por ejemplo, a un cliente que se queja de ansiedad en situaciones sociales y en consulta le tiembla la voz al hablar, esquiva la mirada directa y mueve las piernas; otros re�ieren que no saben cómo afrontar sus problemas por sı́ mismos y piden consejos directos al terapeuta, etc. Es importante que el/la terapeuta FAP busque no el parecido formal entre lo que el cliente re�iere de su vida diaria y lo que hace o comenta verbalmente en la sesión, sino que la equivalencia funciona, es decir, que aunque tengan incluso formas o topografı́as distintas, tengan funciones similares, como en el caso anterior de pedir consejos directos y decir que en su vida diaria no sabe cómo afrontar el problema y qué decidir al respecto de un asunto importante. — Las CCR2 son aquellas conductas que suponen algún tipo de progreso, mejorı́a y acercamiento a los objetivos legı́timos del paciente de cambiar según el tipo de problema tratado de su vida, re�iriendo el cliente sus progresos en la vida diaria y que aparecen en la misma sesión. Son menos frecuentes en las sesiones iniciales, y son las contrarias, funcionalmente hablando, a las CCR1; es decir, tienen consecuencias en las relaciones del paciente con otras personas, y para él mismo, que se acercan a los cambios deseados. El trabajo fundamental del terapeuta con ellas es moldearlas y reforzarlas gradualmente en sus progresos, tanto los referidos fuera de la sesión como, y aún más, los visibles en las mismas sesiones. Por ejemplo, en la persona que comentaba ansiedad social con evitación del contactovisual con el terapeuta que re�iera que en su vida diaria, aunque se sigue poniendo nervioso, puede mirar a la cara más tiempo a otras personas y lo hace con más frecuencia, aquı́ y ahora, mirando al terapeuta más tiempo; o en aquella que referı́a no saber qué hacer ante un problemas de su vida diaria y necesitar consejos de otros, y ha tomado una serie de decisiones por sı́ mismo, a pesar del riesgo a errar, y en consulta dice al terapeuta que tiene más claro qué decide formulando su propuesta al respecto. Los progresos referidos en la vida diaria (un subtipo de CCR2) y los observados directamente en las sesiones son las CCR2. — Las CCR3 son aquellas conductas verbales del cliente que re�ieren relaciones funcionales de su propia conducta, expresadas por este usando su propio lenguaje y explicaciones. Es decir, son aquellas que se re�ieren a las causas que percibe el paciente de sus problemas dentro/fuera de la sesión (sus CCR1) y sus progresos dentro/fuera de la sesión (sus CCR2). El terapeuta refuerza gradualmente desde el lenguaje mentalista e interiorista inicial del cliente para que se acerque cada vez más a explicaciones del AFC «sin tecnicismos» y respetando su lenguaje, ayudándole a que las exprese en términos de la triple contingencia ABC; es decir, «cuando sucede tal cosa aquı́ contigo en la sesión y en mi vida diaria (A), yo hago o digo tal cosa» (B) para conseguir o evitar tal cosa, con el resultado a corto/largo plazo de tal otra cosa» (C). El objetivo de trabajar con las CCR3 es que el cliente desarrolle autorreglas que le ayuden mejor a desenvolverse con sus problemas en su vida diaria. 6.3.2 Los tres tipos de conducta clínicamente relevantes del terapeuta según la relación funcional con las CCR del cliente Las conductas del terapeuta (TR) más importantes son las que afectan contingentemente a las CCR del cliente (Reyes Ortega y Kanter, 2017). Básicamente, son clases de conductas diferentes en su forma o topografı́a, pero con funciones o efecto similares: — Las TR1 son las clases de conductas inadecuadas del terapeuta que refuerzan las CCR1 o son insu�icientes o contraproducentes para reforzar las CCR2 o CCR3 funcionalmente ajustadas. De manera similar a las CCR1, se producen con más frecuencia en momentos o situaciones de las sesiones más difı́ciles o aversivos para el terapeuta, y tienen funciones para este de evitación experiencial (ver capı́tulo 5 de ACT). Por ejemplo, si en la propia historia del terapeuta es aversivo hablar de muertes de seres queridos y el paciente está abriéndose a relatar algo al respecto cuando antes no lo hacı́a (una potencial CCR2) y el terapeuta desvı́a la conversación a otro tema con rapidez. — Las TR2 son las clases de conductas adecuadas del terapeuta que extinguen las CCR1, refuerzan los progresos de las CCR2 y ajustan las explicaciones funcionales de las CCR3 (y que suponen la aplicación adecuada de las cinco reglas de orientación terapéutica de la FAP). 6.3.3. La equivalencia funcional de las CCR del cliente entre la vida diaria y su relación en la sesión con el terapeuta (y del terapeuta con el cliente) La equivalencia funcional se basa en el control antecedente y consecuente con funciones similares de las CCR del cliente en la consulta y en su vida diaria y entre su historia personal y contexto de vida actual (incluida la relación con el/la terapeuta); es decir, que lo que nos re�iere el cliente en las sesiones tiene las mismas funciones o efectos en su vida diaria, para bien (CCR2) o para mal (CCR1). La equivalencia funcional está relacionada con la historia de aprendizaje funcional del paciente —para qué hacı́a o respondı́a «allı́ y entonces» en aquel momento de su vida y qué conseguı́a o evitaba con eso ante esas personas y situaciones— y qué consigue o evita en consulta haciendo eso aquı́ con el terapeuta; y también con las relaciones fuera/dentro de la sesión actuales —para qué hace o dice eso allı́ fuera en su vida diaria ante esa persona en esas situaciones y para qué hace o dice esto aquı́ y ahora en esta sesión ante el terapeuta —. Es decir, podemos considerar una equivalencia funcional (1) histórica/actual y otra (2) fuera/dentro de la sesión, aunque todas ellas con funciones o consecuencias similares, que es lo que precisamente de�ine la equivalencia funcional de clases de conductas operantes. Tradicionalmente, aunque con otras referencias y conceptualizaciones diferentes, se relaciona con la transferencia/contratransferencia psicoanalı́tica. Al considerar la equivalencia funcional, es importante que el terapeuta como interlocutor del paciente observe el efecto sobre sı́ mismo a nivel emocional y cómo responde al cliente y las consecuencias de ello (esto se recoge en especial en la Regla IV de la FAP), y si con ello su propia clase de conducta es una TR1 o una TR2. 6.3.4. Las cinco reglas terapéuticas como orientación general del proceder del terapeuta y una secuencia de estas habitual en sesión Son un conjunto de orientaciones o recomendaciones técnicas para que al aplicar la FAP se consigan resultados terapéuticos (Kohlenberg y Tsai, 1991). Estas recomendaciones técnicas se formulan en cinco reglas: – Regla 1, Busque las CCR (Kohlenberg y Tsai, 1991). Estar atento o consciente a las CCR (Reyes Ortega y Kanter, 2017; siguiendo el modelo ACL). Es la principal regla en la que se basa todo el trabajo de la FAP; observando las CCR1 (bloqueando sus consecuencias y no reforzándolas), las CCR2 (reforzando gradualmente y ampli�icándolas) y las CCR3 (moldeando mejor las explicaciones funcionales del paciente). Trabajar con ellas hace aumentar la conexión emocional reforzante entre terapeuta y cliente y es el núcleo de la terapia FAP. – Regla 2. Evoque CCR (Kohlenberg y Tsai, 1991). Actuar valientemente (Reyes Ortega y Kanter, 2017; siguiendo el modelo ACL). El terapeuta debe crear el ambiente adecuado para que aparezcan en sesión y/o evocarlas con preguntas o intervenciones especı́�icas usando diversas técnicas de FAP u otras terapias, o incluso provocando el problema y sus alternativas en las mismas sesiones, por ejemplo, trayendo una preocupación obsesiva que le aparta de otros y moldeando una intervención mindfulness que le conecte a la respiración y al mismo terapeuta, si eso es pertinente en el caso; aunque la mayorı́a de los terapeutas FAP son menos partidarios de usar entrenamientos en habilidades especı́�icas y más partidarios de usar el reforzamiento natural directo. Las técnicas, cuando se usan, se hacen más desde la perspectiva «experimente con esto y note qué conclusiones o experiencias saca usted mismo» que de la de «haga esto si quiere conseguir esto otro» para no reforzar reglas de complacencia o pliance con otros y sı́ reforzar que generen sus propias autorreglas. – Regla 3. Refuerce las CCR2 (Kohlenberg y Tsai, 1991). Reforzar naturalmente las CCR2 dando amor (Reyes Ortega y Kanter, 2017). Es importante que el terapeuta refuerce los progresos del cliente desde los niveles más pequeños iniciales a los progresos mayores (moldeamiento) intentando no usar elogios verbales arti�iciales, que son arbitrarios, y sı́ expresando con franqueza cómo se siente con esos progresos del cliente, haciéndolo con clases de conductas amplias más que con respuestas especı́�icas, ajustando las expectativas de cambio a progresos realistas graduales, ampli�icando con franqueza la propia expresión de sentimientos positivos ante los avances, pero sin exagerar arti�icialmente los mismos, re�iriendo en qué bene�icia al paciente, evitando en todo lo posible el castigo y, sobre todo, observando cómo responde el cliente a lo que le dice sobre sus progresos, si los recibe con agrado/desagrado y si afecta a esos progresos para mantenerlos o ampliarlos. – Regla 4. Observe los efectos potencialmente reforzantes de la conducta del terapeuta en relación con las CCR del cliente (Kohlenberg y Tsai, 1991). Veri�icar el efecto reforzador siendo consciente del propio impacto (ReyesOrtega y Kanter, 2017). Se trata de observar el efecto de la TR del terapeuta sobre las CCR del paciente. Para ello, lo podemos hacer de dos maneras: (1) observando si las TR aumentan la frecuencia o intensidad de las CCR2 y disminuyen la frecuencia o intensidad de las CCR1 y (2) hacerlo a partir de la conversación con el cliente preguntándole directamente sobre cómo le in�luye lo que le dice o hace el terapeuta y también comprobando cómo le está afectando esto que comparte en su vida diaria con otras personas. 6.3.5. El modelo ACL de Tsai y Kanter y su relevancia en la consulta clínica El modelo ACL, que en inglés se corresponde con las siglas de Awareness (conciencia), Courage (valor) y Love (amor), aparece por primera vez en un manual FAP de 2009 (Tsai et al., 2009) para describir cómo una serie de repertorios operantes relevantes en la promoción de relaciones ı́ntimas interpersonales y que sirvan tanto en el campo clı́nico aplicado como en talleres para personas de toda condición, y no solamente casos clı́nicos para promocionar este tipo de relaciones que en la clı́nica son los últimos objetivos en forma de CCR2 en las relaciones interpersonales, de modo que en ellas seamos más conscientes de nuestras propias necesidades y las ajenas, respondiendo adecuadamente a las mismas, seamos capaces de mostrarnos auténticos ante otras personas en relaciones ı́ntimas mostrando o abriéndonos nuestras vulnerabilidades o debilidades personales y reforzando adecuadamente todo lo anterior en nosotros mismos y nuestros acompañantes en esa relaciones de modo validante, afectivo, empático y amoroso como una cadena operante que conllevan las relaciones ı́ntimas. El modelo ACL puede igualmente servir para conceptualizar los casos como CCR e intervenir en ellos. Se puede usar, por ejemplo, desde la regla IV de la FAP evocando o preguntando al cliente sobre lo que más necesita, él o quienes le importan, cómo responde a ello y con qué consecuencias, a qué se atreve (o le gustarı́a atreverse) a abrirse con valor, qué le cuesta y cómo expresa afecto a sı́ mismo y a otros cuando hace lo anterior, a qué le lleva eso (es decir, el AFC en la conversación sobre el ACL); y conversarlo tanto sobre su vida diaria como en relación con nosotros como terapeutas. 6.3.6. Los problemas del yo. Cómo se conceptualizan y se interviene en ellos Se considera que el yo es un repertorio de unidades funcionales (clases de conductas o repertorios de conductas con funciones o �ines contingentes similares) aprendidas desde la infancia bajo el control verbal de la expresión «yo tal», que se ponen en mayor o menor grado bajo control propio o ajeno. Cuando la persona ha aprendido a usar sus expresiones verbales «yo tal» (yo quiero, yo necesito, yo opino, yo pienso, etc.) cuando está en presencia de otros (para evitar su desaprobación, obtener su aprobación, etc.), se hace más vulnerable al seguimiento arbitrario de las reglas o intereses ajenos y son «menos ellos mismos auténticos», generando problemas del yo que son más graves cuantos más aspectos o áreas de su vida estén afectados por el control público del «yo tal», dando lugar a trastornos de personalidad o problemas del yo de tipo más leve a más graves. Una presentación pormenorizada del yo desde la FAP y los trastornos del yo se encuentra en Kohlenberg y Tsai (2001). En general, en la intervención de FAP en problemas del yo se recomienda usar el siguiente procedimiento: (1) Evaluar estos problemas desde el AFC sesión a sesión desde los problemas que presentan en sus vidas diarias y las CCR en consulta, con el uso adicional de ciertas escalas FAP para evaluar los problemas del yo (por ejemplo, la escala EOSS, traducida y validada en español por Valero et al., 2014). (2) Ajustar las intervenciones al nivel de control privado del paciente en cuestión, siendo lo recomendable en general, de acuerdo con Valero y Ferro (2015): — Reforzar el hablar en ausencia de claves externas especí�icas: gradualmente se pasa desde las sesiones iniciales, con un formato más directivo, a las siguientes, con un formato menos directivo, dejando más iniciativa al paciente sobre lo que desea conversar, qué podrı́a llevar a cabo de lo compartido en la sesión que decida que le parezca adecuado, qué experimenta en ciertos momentos de la sesión, etc.; reforzando sus expresiones «yo X». — Ajustar las tareas terapéuticas al nivel de control privado del repertorio del cliente: son tareas parecidas a las de la asociación libre, y formatos derivados de esta, como el cine de la mente, donde se le propone mirar una pantalla viéndose en la misma sala de la sesión aquı́ y ahora, viajando hacia atrás viniendo a consulta, antes de salir de casa… y después rebobinar a toda velocidad viendo solo rayas en la pantalla, hasta que la pelı́cula para de golpe y pidiendo qué le viene, etc. — Reforzar tantas expresiones «yo X» como sea posible: compartir en las conversaciones que el paciente exprese sus gustos, a�iciones, las cosas que le agradan y le desagradan de su vida diaria y de las mismas sesiones, como conversaciones relevantes para reforzar sus «yo X». — Usar técnicas que promocionen el mindfulness: se combinan técnicas diversas de mindfulness sencillas en la sesión muy centradas en el yo observador (ver capı́tulo 5 de ACT) y combinadas con evocar que exprese los «yo X» que le suponen estas experiencias, que son reforzados por el interés del terapeuta mediante refuerzo natural. 6.4. El análisis funcional de la conducta en la FAP 6.4.1. Las conversaciones en las sesiones como tipos funcionales de conductas verbales relevantes Ya adelantamos en el capı́tulo 2 un resumen de la concepción funcional skinneriana de la conducta verbal y su importancia en las relaciones de terapia. Aquı́ resumimos de nuevo qué tipo de conductas verbales, de�inidas funcionalmente no por su forma o topografı́a, sino por sus efectos en las sesiones sobre ambos (terapeuta y cliente) son importantes observar en la consulta para realizar un AFC continuo a lo largo de las sesiones FAP. Es clave que el terapeuta las detecte como CCR. 1.- Conducta ecoica o imitativa: conducta verbal reforzada por el ajuste formal a la conducta verba del modelo que se oye. 2.- Tactos o descripciones: conducta verbal reforzada por el ajuste entre la descripción mediante una palabra de un estı́mulo interno o externo y un criterio externo o referente. 3.- Mandos disfrazados o peticiones indirectas: conducta verbal reforzada por la respuesta de otra persona de la que se obtiene algo mediante una descripción. 4.- Intraverbales de preguntas y respuestas: conducta verbal reforzada por otras conductas verbales de otra persona y el mantenimiento de la relación entre ellos. 5.- Autoclíticas o de autocorrección del habla: conducta verbal del hablante reforzada por el autoperfeccionamiento de su propia conducta verbal y la evitación o consecución de determinados objetivos (ver capı́tulo 2). 6.- Seguimiento de reglas o instrucciones: conducta verbal que se relaciona con la descripción total o parcial de una relación de triple contingencia que conduce a unas consecuencias unas veces mediadas por terceros (pliances o reglas de complacencia; por ejemplo, cuando se siguen normas de otros); por la resolución de ciertos problemas (los tracking, por ejemplo, seguir instrucciones de un manual para montar un mueble o resolver un problema que puede ser más o menos ajustado al resultado �inal) o como operación de establecimiento motivante para llevar a cabo determinadas acciones (aumenting, o reglas motivadoras como, por ejemplo, en los llamados valores, descritos en ACT). También las propias personas pueden derivar o autogenerar sus propias «autorreglas» a partir de sus propias experiencias. En FAP se fomenta que se generen autorreglas que sean motivantes (motivantes) y ajustadas a las situaciones vividas como trackings; más si fomentan las operantes descritas en modelo ACL en las relaciones socialesmás cercanas e ı́ntimas. Clase funcional de conducta verbal como CCR Qué efecto o consecuencias tiene en la sesión de terapia Cómo es deseable intervenir con ellas Ecoica Adoptar los términos técnicos del No reforzar las repeticiones técnicas y sı́ que terapeuta para obtener su aprobación o aparentar que funciona la terapia. el paciente use su propio lenguaje y expresiones. Tactos Descripciones del paciente sobre sus experiencias privadas y públicas que son reforzadas por el ajuste a las descripciones de terceros. Reforzar que contacte con sus propias necesidades y deseos y las exprese. Reforzar que describa ABC funcionales con su lenguaje personal. Mandos disfrazados Descripciones que tienen funciones indirectas de pedir algo al terapeuta. Reforzar que haga peticiones directas en momentos adecuados y no reforzar las peticiones indirectas en momentos inadecuados (por ejemplo, al �inalizar las sesiones). Intraverbales Habla conversacional que se refuerza por el seguimiento de esa conversación/relación de los implicados en ella. Reforzarla desde cómo experimenta al terapeuta y la sesión. Autoclı́ticas Autocorrecciones del propio lenguaje del paciente que hace más o menos probable que este hable de ciertos temas. Detectarlas y evocar aquellas que aumenten la motivación del paciente para implicarse en cambios en su vida. Seguimiento de reglas o instrucciones Orientarse ante situaciones o problemas concretos para obtener refuerzo de diferentes tipos. Provocar que el cliente genere sus propias autorreglas como CCR3 más que reglas de terceros. 6.4.2. Cómo se conceptualizan funcionalmente los problemas del cliente en su vida diaria/sesión En la fase inicial, el terapeuta empieza a conceptualizar funcionalmente el caso en función de distintos aspectos para poder intervenir lo más adecuadamente en el mismo, conceptualización que se puede cambiar según avance la relación con el paciente desde el trabajo con las CCR. Los principales seis aspectos que recoge la conceptualización de un caso en FAP son los siguientes (Tsai et al., 2009; Ferro y Valero, 2009): 1. Los problemas de la vida diaria: resumen de problemas que el cliente describe en la conversación con el terapeuta que tienen lugar en su vida diaria desde las consultas iniciales y sucesivas. 2. La historia relevante: resumen de problemas personales del cliente de larga duración y sus contextos históricos, sus intentos de solución y resultados previos. 3. Los problemas en la sesión CCR1: los problemas de su vida diaria fuera de la consulta que, además, se presentan de manera equivalente en la relación verbal y no verbal con el terapeuta, o que este evoca para que aparezcan en la sesión. 4. Los componentes cognitivos: cogniciones del cliente en forma de expectativas, creencias, pensamientos automáticos y atribuciones del cliente que pueden afectar a sus CCR1 tanto en su vida diaria como en sesión; que pueden ser en sı́ mismo aspectos de las CCR1. 5. Los objetivos en la vida diaria: objetivos o cambios deseados por el paciente para llevar a cabo en su vida diaria a partir de la terapia. 6. Los objetivos en la sesión CCR2 y CCR3: los progresos de su vida diaria fuera de la consulta que, además, se presentan de manera equivalente en la relación verbal y no verbal con el terapeuta, o que este evoca y refuerza progresivamente para que aparezcan en la sesión (CCR2) y el moldeamiento gradual de las descripciones funcionales como tactos del paciente en sus propio lenguaje, incluyendo las autorreglas que le sirven y son útiles para hacer cambios relevantes en su vida diaria (CCR3). 6.4.3. Escalas, cuestionarios y autorregistros usados en la FAP Las principales escalas, cuestionarios y autorregistros usados en la FAP son los siguientes (Valero y Ferro, 2017): — FIAT-Q (esquema y cuestionario de evaluación ideográ�ica y funcional; Callaghan, 2006). Tiene 117 ı́tems que se contestan sı́/no y evalúa cinco factores, (1) la clase A, a�irmaciones sobre identi�icación de necesidades, opiniones, deseos, personales; (2) la clase B, comunicación bidireccional en la forma de dar y recibir feedback de otros; (3) la clase C, con�lictos como interacciones excesivas de desacuerdos, pasividad o alejamiento; (4) la clase D, cercanía interpersonal con di�icultades para realizar revelaciones interpersonales, cercanı́a emocional, empatı́a, etc., y (5) la clase E, expresión emocional para sentir y expresar experiencias emocionales. Es un cuestionario que lleva tiempo rellenar y se suele emplear con clientes con problemas en las relaciones sociales. — EOSS (escala de experiencia del yo; Valero et al., 2014 en su adaptación al español): Consta de 37 ı́tems agrupados en cuatro sesiones que se contestan en una escala Likert 1-7 según se tengan determinadas experiencias a solas o en presencia de terceros. Se suele usar en personas donde se presentan trastornos del yo para valorar su grado de control personal o de terceros de sus experiencias «Yo x». — Escala de intimidad de Leonard et al. (2014). Tiene 14 ı́tems que se contestan en una escala 0-6 según el acuerdo con las a�irmaciones. Valora el grado de intimidad en las relaciones interpersonales del cliente. — Escala de relaciones auténticas de López y Rice (2006). Valora la disposición a tomar riesgos en las relaciones a través de 37 ı́tems que se valoran en una escala Likert de 1 a 9. — Escala de autenticidad de Kernis y Goldman (2006). Valora la autenticidad en las relaciones por cuatro factores, (1) la consciencia sobre la verdad de uno mismo, (2) la aceptación de las propias fortalezas y debilidades, (3) la orientación por valores de apertura; y (4) la autenticidad y verdad en las relaciones; todo ello valorado por 45 ı́tems mediante una escala Likert 1-5. — Instantánea vital de Tsai et al. (2009). Se puede utilizar a lo largo de todas las sesiones de la FAP para evaluar el progreso del cliente. Consta de 25 ı́tems que valoran mediante una escala Likert 1-10 la satisfacción de la persona en diferentes áreas de su vida en el momento de cada evaluación actual. — Cuestionarios de inicio, desarrollo y �inalización de la terapia de Bruckner-Gordon, Gangi y Wallman (1988). Son tres cuestionarios con preguntas abiertas que valoran distintos aspectos de la terapia según el momento de la misma. — Cuestionario sobre experiencias de cercanı́a en la relación terapéutica de Tsai et al. (2009). Recaba 19 ı́tems que recoge el grado de intimidad, confort y apertura hacia el terapeuta. — Informe de la relación terapeuta-cliente durante la sesión de Tsai et al. (2009). Consta de nueve preguntas para que las conteste el mismo terapeuta sobre sus experiencias con el cliente a lo largo del proceso de terapia y que le sirva para re�lexionar sobre la interacción en curso. — Autorregistros como llevar un diario o plani�icación para su vida: la FAP puede usar cualquier registro de otras terapias o los suyos propios siempre que se orienten sobre las CCR. Dos comunes usado en la FAP es que el cliente lleve un diario sobre sus progresos y problemas en las relaciones sociales desde la intimidad y modelo ACL; e igualmente, que anote la plani�icación de objetivos y progresos que desea en su vida diaria en las relaciones interpersonales. El autor de esta obra ha creado en esta lı́nea un cuestionario (ver capı́tulo 15) que recaba el funcionamiento relacional de las personas en terapia de grupo contextual dentro y fuera de la sesión. — Actividades escritas diversas: en la FAP se pueden generar tareas especı́�icas para evocar CCR1 o CCR2, como escribir la historia personal, hacer una tarea de tres minutos de escribir a diario todo lo que se venga a la mente sin censura, usar el correo electrónico si se precisa, etc. Lo esencial de la tarea es observar qué tipo de CCR genera y trabajar con el moldeamiento y el reforzamiento diferencial de estas conductas. 6.5. Cómo se suele proceder en las sesiones de FAP 6.5.1. Las tres fases habituales en la FAP yqué se suele trabajar en cada una de ellas A) La fase inicial de la FAP La fase inicial se centra en el AFC (la evaluación del análisis funcional de la conducta) de los problemas del cliente y sus objetivos en la vida diaria y cómo mediante la equivalencia funcional se presentan esos problemas (CCR1) en las mismas sesiones, sus interpretaciones de qué le sucede (CCR3) y, al principio con menos frecuencia e intensidad habitualmente, progresos o excepciones a los problemas en las sesiones (CCR2), aunque se pueden observar ya de inicio en algunos casos. El AFC procede de manera habitual (ver capı́tulo 3) preguntando por las di�icultades, dónde/cuándo aparecen y qué consecuencias tienen para esta persona y sus relaciones (análisis ABC), recabando otros aspectos de su vida (pareja, trabajo, familia, salud, etc.) y antecedentes personales, si tiene problemas de larga data, todo ello siguiendo un esquema similar al de una historia clı́nica tradicional, pero en este caso, además, con el análisis funcional. Este proceso de evaluación inicial puede llevar varias sesiones, según las circunstancias y el tiempo disponibles, aunque algunas evaluaciones se pueden hacer como tareas para casa (y ver cómo funcionan como potenciales CCR). Junto al AFC de los problemas y objetivos en la vida diaria, el terapeuta va atendiendo progresivamente a lo que sucede en el aquı́ y ahora de las sesiones con el paciente en las conversaciones con este, atendiendo en especial a la potencial clase funcional de sus conductas verbales (ecoicas, tactos, mandos disfrazados, intraverbales, autoclı́ticos, reglas verbales…) como hipótesis que contrastar en el efecto funcional que tiene en la relación —si esas CCR verbales/ y no verbales permanecen, aumentan, decrecen, etc.—. Aunque el AFC es un proceso continuo, en las primeras sesiones ya nos vamos haciendo una conceptualización funcional de los problemas y CCR del caso. Para ello, además de la entrevista cara a cara y las CCR que observamos en estas, que con frecuencia son CCR1 y CCR3, de las explicaciones sobre lo que le sucede, todo ello expresado mediante sus conductas verbales en sesión —y sus conductas no verbales, como la postura, gestos, entonaciones, etcétera—, que vamos valorando en su funcionalidad y equivalencia dentro/fuera de las sesiones. Complementariamente, podemos usar escalas y cuestionarios como los reseñados en el apartado anterior y otros diversos que consideremos oportunos en el caso —escalas de ansiedad, depresión, trastornos de personalidad, etc.; que siempre «leeremos desde una perspectiva conductual» como potenciales CCR, y no como rasgos o estados internos inferidos—. Con todos estos datos del AFC, las entrevistas y los cuestionarios, el terapeuta se hace una primera conceptualización del caso (ver apartado previo) de sus CCR (CCR1, CCR2 y CCR3) y si es pertinente o no trabajarlo con FAP; y los objetivos dentro/fuera de la sesión como CCR2. Si se considera la FAP como una terapia viable y adecuada para el caso en cuestión, se procede a explicar al cliente la racionalidad y los objetivos de la FAP con una explicación clara y sencilla, que se puede, además, entregar al cliente por escrito o en audio/vı́deo, según el caso y los medios disponibles. Esa explicación de la FAP básicamente debe recabar que en la relación entre ambos antes o después se van a presentar los problemas y progresos que vaya haciendo a lo largo de la terapia y que el terapeuta le compartirá con honestidad y con el objetivo de ayudarle en cómo le hará sentir y hacer lo que el cliente le va compartiendo y cómo usar esto para ayudarle. Se le pedirá consentimiento informado de este proceder. En resumen, los objetivos de la fase inicial son: - Tener una conceptualización del caso a través de la historia clı́nica, cuestionarios, observaciones y, sobre todo, del AFC de los problemas/objetivos en la vida diaria y sus CCR verbales/no verbales en las sesiones. - Explicar la FAP y obtener consentimiento informado para proceder con ella. B) La fase intermedia de la FAP El mayor peso se centra en la dinámica frecuente de observar, evocar y reducir las CCR1, reforzar las CCR2 y ajustar las explicaciones funcionales CCR3 del cliente, sesión a sesión, guiado por las cinco reglas de orientación terapéutica: (1) observar las CCR, (2) evocar las CCR, disminuyendo la frecuencia/intensidad de las CCR1; (3) reforzar las CCR2; (4) comprobar el poder reforzante en curso en varios momentos de la relación en marcha entre ambos, y (5) ofrecer interpretaciones funcionales para ajustar las CCR3 que le puedan ayudar al cliente a generar autorreglas fuera de la sesión para mejorar la calidad de su vida. Es importante comprobar que el incremento en CCR2 es seguido de cambios en su vida diaria en las direcciones u objetivos deseados por el paciente. Para ayudar en este proceso, si es posible, es deseable grabar las sesiones, o algunas de ellas, al menos en audio, para valorarlas con más detenimiento; y en caso de supervisión, si es posible con consentimiento informado, además, en vı́deo. En resumen, los objetivos de la fase intermedia son: - Disminuir las CCR1 mediante el bloqueo de evitaciones (p. e., volviendo a sacar un tema evitado que es importante abordar para progresar, impidiendo que se evite); ignorando o no reforzando peticiones indirectas inadecuadas (p. e., sacar temas a últimas hora cuando ya no hay tiempo, etc.). - Aumentar las CCR2 reforzándolas de manera natural, ampli�icando verbalmente los pasos o progresos, preguntando al paciente cómo le hace sentir ese progreso y a qué le acerca, etc. - Ajustar las CCR3 pidiendo en su propio lenguaje la secuencia funcional ABC y que le permita darse cuenta y cambiar en sesión y en su vida diaria, etc. (en este punto, se pueden usar otros métodos contextuales, como la Matrix de Kevin Polk; ver capı́tulo 5). - Comprobar que las CCR2 se trans�ieren a la vida diaria del paciente, en especial en la dirección de relaciones con otras personas de mejor calidad (modelo ACL de la FAP). C) La fase �inal de la FAP Supone la terminación de la terapia, fase que puede evocar CCR relevantes tras una relación intensa entre terapeuta y paciente, donde las equivalencias funcionales con la propia historia de pérdidas del paciente pueden presentarse con recaı́das espontáneas como potenciales CCR1 para alargar el tiempo de terapia o posibles CCR2 para ir compartiendo terminaciones o temores a la soledad o duelos complicados. En este periodo es importante recordar lo aprendido y los recursos con los que ya cuenta el paciente. Puede ser de ayuda instaurar ciertos rituales de despedidas y recordatorios, como cartas de despedida, de agradecimiento mutuo, etc. También puede ser de ayuda ir espaciando en el tiempo las sesiones �inales. 6.5.2. Ejercicios experienciales usados en FAP Se utiliza cualquier ejercicio de cualquier terapia que pueda evocar CCR1, CCR2 y CCR3 adecuadas para el caso con el que se trabaja. Algunos de los más usados son los siguientes (Valero y Ferro, 2016): — Escritura con la mano no dominante durante unos minutos escribiendo lo que más se desea, teme, etc.; y qué le evoca como CCR. — Compartir emociones en relación con eventos recientes que ha vivido el paciente y cómo le hacı́a sentir allı́ y entonces, y aquı́ y ahora, en la sesión; o en relación con otras personas y problemas con ellas en su vida actual o pasada y su equivalencia con la relación de aquı́ y ahora con el terapeuta (al estilo psicodinámico, pero con perspectiva conductual). Puede ser de ayuda en algunos casos que el propio terapeuta use la autorrevelación personal de asuntos difı́ciles para este, siempre buscando el bene�icio del paciente. — Compartir aprecios, desde relatos en su vida diaria donde lo ha hecho hasta mutuos en la sesión, re�iriendo ambos qué aprecian o valoran del otro. — Uso de la silla vacı́a de la terapia Gestalt simulando relaciones problemáticas con personas de su pasado o actualesy evocando CCR. — Uso de algunas metáforas y ejercicios de la ACT, como el del epita�io o lápida que resume su vida y lo que le gustarı́a que pusiera, etc., como forma de evocar CCR. — Ejercicios de mindfulness encaminados a evocar CCR1 evitando sus funciones de escape o evitación. 6.6. Aplicaciones y evidencias de la FAP 6.6.1. Aplicaciones basadas en la evidencia En el siguiente cuadro presentamos un resumen de problemáticas donde se ha aplicado la FAP con evidencias de sus resultados (Ferro et al., 2016): TIPO DE PROBLEMA EVIDENCIA POSITIVA 1. Problemas depresivos Kohlenberg y Tsai (1994); Ferro et al. (2000); López et al. (2010); Sousa (2003); Perguer y Colombini (2010); Ferro et al. (2012) 2. Trastornos de personalidad Kohlenberg y Tsai (2000); Callaghan et al. (2003); Olivencia y Cangas (2005); Manduchi y Shoendorff (2012); McClafferty (2012) 3. Estrés postraumático y problemas diversos Kohlenberg y Tsai (1998); Wagner (2005); Prins y Callaghan (2002) 4. Dolor crónico Vandenberghe et al. (2003); Vandenberghe, Ferro et al. (2003); Vandenberghe y Ferro (2005) 5. Problemas de tipo sexual Paul et al. (1999); Nasser y Vandenberghe (2005); Vandenberghe et al. (2010) 6. Mejora de los efectos de la CBT (terapia cognitiva-conductual de segunda generación) Kanter et al. (2006) y Busch et al. (2009) en trastornos de personalidad al añadir FAP 7. Mejora de los efectos de la CBT en problemas de pareja al añadir FAP Weeks (2013) 8. Mejora de los efectos de la CBT en problemas de relaciones y habilidades sociales al añadir FAP Landes et al. (2013) 9. Trastornos alimentarios Martı́n-Murcia et al. (2011) 10. Clientes con problemas de relaciones sociales, agresividad verbal y verborrea Oshiro et al. (2012) 11. Mejora de los efectos de la CBT en terapia de grupo al añadir FAP Gaynor y Lawrence (2002) 12. Mejora en la terapia interpersonal al añadir FAP Maitland y Gainor (2012) 13. Mejora de la terapia cognitiva de Beck al añadir FAP Kohlenberg et al. (2002) 14. Tabaquismo Gifford et al. (2011) 15. Personas institucionalizadas con trastornos mentales graves Holmes et al. (2003); Dykstra et al. (2010) 16. Niños con trastornos negativista-desa�iantes Gosch y Vandenberghe (2004); Vandenberghe y Basso, (2004) 17. Adolescentes con problemas de habilidades sociales de tratamiento en grupo Cattivelli et al. (2012); Padilla (2013) 6.6.2. Combinación con otros enfoques de terapia basados en la evidencia Las dos combinaciones más estudiadas de la FAP con otras terapias basadas a su vez en la evidencia han sido las llevadas a cabo con la terapia cognitiva conductual de segunda generación, en especial la terapia cognitiva de Beck, en lo que se ha llamado «Enhanced Cognitive Therapy», y con la terapia de aceptación y compromiso, llamada FACT, con mejoras en los resultados de ambas terapias previas, como aparecen referenciadas en el cuadro anterior de evidencias de la FAP, donde algunas de las intervenciones son en realidad combinaciones de ACT y FAP, tanto en formato individual, de pareja y grupos (ver capı́tulo 15). Bibliografía del capítulo 6 Bruckner-Gordon, F., Gangi, B. K. y Wallman, G. U. (1988). Making therapy work: Your guide to choosing, using and ending therapy. Nueva York: Harper Collins. Busch, A. M., Kanter, J. W., Callaghan, G. M., Baruch, D. E., Weeks, C. E. y Berlin, K. S. (2009). A micro- process analysis of Functional Analytic Psychotherapy’s mechanism of change. Behavior Therapy, 40(3), 280-290. Callaghan, G. M. (2006). The functional idiographic assesment template (FIAT) system for use with interpersonally bases interventions including Functional Analytic Psychotherapy and FAP- enhanced treatment. The Behavior Analyst Today, 7(3), 357-398. Callaghan, G. M., Summers, C. J. y Weidman, M. (2003). The treatment of histrionic and narcissistic personality disorder behavior: A single-subjetc demostration of clinical improvement using Functional Analytic Psychotherapy. Journal of Contemporary Psychotherapy, 33, 321-339. Cattivelli, R., Tirelli, V., Berardo, F. y Perini, S. (2012). Promoting appropriate behavior in daily life context using Functional Analytic Psychotherapy in early-adolescent children. International Journal of Behavioral Consultation and Therapy, 7, 25-32. Dystra, T. A., Shontz, K. A., Indovina, C. V., y Moran, D. J. (2010). The application of FAP to persons with serious mental illness. En: J. W. Kanter, M. Tsai y R. J. Kolenberg (Eds.), The practice of Functional Analytic Psychotherapy (205-224). Nueva York: Springer. Ferro-Garcı́a, R., López-Bermúdez, M. A., y Valero-Aguayo, L. (2012) Treatment of a disorder of self through Functional Analytic Psychotherapy. International Journal of Behavioral Consultation and Therapy, 7, 45-51. Ferro, R. y Valero, L. (2009). La conceptualización de casos clı́nicos desde la psicoterapia analı́tica funcional. Papeles del Psicólogo, 30(3), 255-264. Ferro, R. y Valero, L. (2017). Hipótesis transdiagnóstica desde la psicoterapia analı́tica funcional: la formación del Yo y sus problemas. Revista Brasileira de Terapia Comportamental e Cognitiva, XIX(3), 145-165. Ferro, R., Valero, L. y López, M. A. (2007). Novedades y aportaciones desde la psicoterapia analı́tica funcional. Psicothema, 19(3), 452-458. Ferro-Garcı́a, R., Valero-Aguayo, L. y Vives Montero, M. C. (2000). Aplicación de la psicoterapia analı́tica funcional: un análisis clı́nico de un trastorno depresivo. Análisis y Modi�icación de Conducta, 26, 291-317. Gaynor, S. T. y Lawrence, P. S. (2002). Complementing CBT for depressed adolescents with learning through in vivo experience (LIVE): Conceptual Analysis, Treatment description, and feasibility study. Behavioral and Cognitive Psychotherapy, 30, 79-101. Gifford, E. V., Kohlenberg, B. S., Hayes, S. C., Pierson, H. M., Piaseki, M. P., Antonnucio, D. O. y Palm, K. M. (2011). Does acceptance and relationship focused behaviour therapy contribute to bupropion outcomes? A randomized controlled trial of functional analytic psychotherapy and acceptance commitment therapy for smoking cessation. Behavior Therapy, 42, 700-715. Gosch, C. S. y Vandenberghe, L. (2004). Behavior analysis and the therapist-child relationship in the treatment of an aggressive-de�iant pattern. Revista Brasileira de Terapia Comportamental e Cognitiva, 6, 173-182. Holmes, E. P., Dykstra, T. A., Williams, P., Diwan, S. y River, L. P. (2003). Functional Analytic Rehabilitation: A contextual behavioral approach to chronic distress. The Behavior Analyst Today, 4, 34-46. Kanter, J. W., Landes, S. J., Busch, A. M., Rusch, L. C., Brown, K. R., Baruch, D. E. y Holman, G. (2006). The effect of contingent reinforcement on target variables in outpatient psychotherapy for depression: A successful and unsuccessful case using Functional Analytic Psychotherapy. Journal of Applied Behavior Analysis, 39, 463-467. Kernis, M. H. y Godman, B. M. (2006). A multicomponent conceptualization of authenticity. Theory and research. Advances in Experimental Social Psychology, 38, 283-357. Kohlenberg, R. J. y Tsai, M. (1987). Functional analytic psychotherapy. En: Jacobson (Ed.), Psychotherapists in clinical practice: Cognitive and behavioral perspectives (388-443). Nueva York: Guilford Press. Kohlenberg, R. J. y Tsai, M. (1994). Improving cognitive therapy for depression with Functional Analytic Psychotherapy: Theory and case study. The Behavior Analyst, 17, 305-319. Kohlenberg, R. J. y Tsai, M. (1998). Healing interpersonal trauma with the intimacy of the relationship. En: V. M. Follette, J. I. Ruzeg y F. R. Abueg (Eds.), Cognitive-Behavioral Therapies for trauma. (305-320). Nueva York: Guilford. Kohlenberg, R. J. y Tsai, M. (2000). Radical behavioral help for Katrina. Cognitive and Behavioral Practice, 7, 500-505. Kohlenberg, R. J. y Tsai, M. (2001). Hablo, luego existo: una aproximación conductual para entender los problemas del yo. Escritos de Psicología, 5, 58-62. Kohlenberg, R. J. y Tsai, M. (2008). FAP. Psicoterapia analíticafuncional. Creación de relaciones terapéuticas intensas y curativas. Universidad de Málaga. [Traducción del original de 1991]. Kohlenberg, R. J., Kanter, J. W., Bolling, M. Y., Parker, C. R. y Tsai, M. (2002). Enhancing cognitive therapy for depression with Functional Analytic Psychotherapy: Treatment guidelines and empirical �indings. Cognitive and Behavioral Practice, 9, 213-229. Landes, S. J., Kanter, J. W., Weeks, C. E. y Busch, A. M. (2013). The impact of the active components of Functional Analytic Psychotherapy on idiographic target behaviors. Journal of Contextual Behavioral Science, 2, 49-57. Leonard, R.C., Knott, L. E., Lee, E. B., Singth, S., Smith, A. H., Kanter, J., Norton, P. J. y Wetterneck, C. T. (2014). The development of the Functional Analytic Psychotherapy Intimancy Scale. Psychological Record, 64, 647-657. López, F. G. y Rice, K. G. (2006). Preliminary development and validation of a measurement of relationship authenticity. Journal of Counseling Psychology, 53(3), 362-371. López-Bermúdez, M. A.,, Ferro-Garcı́a, R. y Valero-Aguayo, L. (2010). Intervención en un trastorno depresivo mediante la psicoterapia analı́tica funcional. Psicothema, 22, 92-98. Maitland, D. W. M. y Gaynor, S. T. (2012). Promoting ef�icacy research on Functional Analytic Psychotherapy. International Journal of Behavioral Consultation and Therapy, 7, 63-71. Maitland, D., Kanter, J., Manbeck, K. y Kuczynski, A. (2017). Relationship science informed clinically relevant behaviors in Functional Analytic Psychotherapy: The Awareness, Courage, and Love Model. Journal of Contextual Behavioral Science, 6(4), 347-359. Manduchi, K. y Schoendorff, B. (2012). First steps in FAP: Experiences of beginning Functional Analytic Psychotherapy therapist with an obsessive-compulsive personality disorder client. International Journal of Behavioral Consultation and Therapy, 7, 72-77. https://www.sciencedirect.com/science/journal/22121447 Martı́n-Murcia, F., Cangas-Dı́az, A. J. y Pardo González, L. (2011). A case study of anorexia nervosa and obsessive personality disorder using Third-Generation Behavioral Therapies. Clinical Case Studies, 10, 198-209. McClafferty, C. (2012). Expanding the cognitive behavioural therapy traditions: An application of Functional Analytic Psychotherapy treatment in a case study of depression. International Journal of Behavioral Consultation and Therapy, 7, 90-102. Nasser, O. y Vandenberghe, L. (2005). Anorgasmia e esquiva experiencial um studo de caso. Psicologia Clinica, 17,162-176. Oshiro, B., Kanter, J. y Meyer, S. (2012). A single-case experimental demonstration of Functional Analytic Psychotherapy with two clients with severe interpersonal problems. International Journal of Behavioral Consultation and Therapy, 7, 111-117. Padilla, D. (2013). Análisis retrospectivo de un protocolo asistencial cognitivo-conductual contextual grupal breve en adolescentes atendidos en un centro de salud mental público. (Tesis doctoral no publicada). Universidad Autónoma, Madrid. Paul, R. H., Marx, B. P. y Orsillo, S. M. (1999). Acceptance-based psychotherapy in the treatment of an adjudicated exhibitionist: a case example. Behavior Therapy, 30, 149-162. Pergher, N. K. y Colombini, F. A. (2010). Client’s revelations in therapy sessions. Acta Comportamentalia, 18, 361-380. Prins, A. y Callaghan, G. M. (2002). Functional Analytic Psychotherapy on an adjunctive treatment for a client meeting criteria for PSTD. [Póster presentado en el 36 Annual Meeting of the Association for the Advancement of Behavior Therapy, Reno]. Reyes Ortega, M. y Kanter, M. A. (2017). Psicoterapia analítica funcional. Una guía clínica para usar la interacción como mecanismo de cambio. Editorial Brujas. Sousa, A. C. A. (2003). Transtorno de personalidade borderline sob uma perspectiva analı́tico- funcional. Revista Brasileira de Terapia Comportamental e Cognitiva, 5, 121-137. Tsai, M., Kohlenberg, R., Kanter, J. W., Kohlenberg, R., Follette, W. y Callaghan, G. M. (2009). A Guide to functional Analytic Psychotherapy. Awareness, Courage, Love and Behaviorism. Nueva York: Springer. Tsai, M. https://www.livewithacl.org/ (Activo en 2020) Valero, L., Ferro, R., López, M. A. y Selva López de Huralde, M. A. (2014). Psychometric properties of the Spanish version of the Experiencing of Self Scale (EOSS) for assessment in Functional Analytic Psychotherapy. Psicothema, 26(3), 415-422. Valero, L. y Ferro, R. (2015). Psicoterapia analítica funcional. El análisis funcional en la sesión clínica. Madrid: Editorial Sı́ntesis. Valero, L. y Ferro, R. (2017). Tratando con… Psicoterapia analítica funcional. Pirámide. Vandenberghe, L. y Basso, C. (2004). Informal construction of contingencies in family based intervention for oppositional de�iant behavior. The Behavior Analyst Today, 5, 151-157. Vandenberghe, L., Cruz, A. C. y Ferro, C. B. L. (2003). Terapia de grupo para pacientes com dor cronica orofacial. Revista Brasileira de Terapia Comportamental e Cognitiva, 5, 31-40. Vandenberghe, L. y Ferro, C. L. B. (2005). Functional Analytic Psychotherapy enhanced group therapy as therapeutic approach for chronic pain: possibilities and perspectives. Psicologia: Teoria e Prática, 7, 137-151. Vandenberghe, L., Nasser, D. O. y Silva, D. P. (2010). Couples therapy, female orgasmic disorder and the therapist-client relationship: Two case studies in functional anaytic psychotherapy. Counseling Psychology Quarterly, 23, 45-53. https://www.livewithacl.org/ https://dialnet.unirioja.es/servlet/revista?codigo=2263 Wagner, A. W. (2005). A behavior al approach to the case of Ms. S. Journal of Psychotherapy Integration, 15, 101-114. Weeks, C. E. (2013). An analogue study of the mechanism of change in Functional Analytic Psychotherapy. (Tesis no publicada). Universidad de Wilconsin, Milwaukee. Capítulo 7 Terapia de activación conductual 7.1. Orígenes y desarrollo histórico de la AC La terapia de activación conductual tiene un triple origen histórico, como se desarrolla a continuación. A. Las primeras formulaciones conductistas radicales sobre la depresión de Fester (1965; 1973) y Lewinshon (1974): — El enfoque teórico de Fester (1965, 1973) sobre la depresión es un modelo asentado plenamente en el conductismo radical skinneriano. Formula que la depresión es el resultado de la pérdida de reforzamiento ambiental importante que puede derivar de cuatro procesos, ya sea de manera independiente o en interacción. (1) Puede derivarse de cambios súbitos, inesperados y rápidos en el medio ambiente de la persona que supongan para esta pérdidas importantes de refuerzos o de estı́mulos discriminativos importantes que orienten su conducta —por ejemplo, pérdida de la pareja con la que se realizaban múltiples actividades grati�icantes y que ahora, al faltar, desorienta sobre cómo seguir la vida sin ella—. (2) Programas de refuerzo que suponen un gran coste de actividad frecuente y continuada —por ejemplo, un opositor que dedica muchas horas al estudio con resultado de suspenso, con la desmotivación y desgana posterior, tanto para los estudios como para otras actividades—. (3) Repertorios de discriminación inadecuados para búsqueda de actividades reforzantes —por ejemplo, un emigrante que desconoce el nuevo ambiente y cómo interactuar para obtener grati�icaciones y «malinterpreta su nueva realidad social»—. (4) Baja ausencia de refuerzos que conllevan evitación conductual posterior —por ejemplo, los reiterados intentos de encontrar pareja no tienen éxito y el hecho de buscar pareja a posteriori se convierte en desagradable e incluso se evita, con lo que, a la larga, cada vez más tiene menos refuerzos, salvo el alivio de no esforzarse por ello por evitación—. La consecuencia de todo esto para la terapia conductista de la depresión —salvo que derivara de un fallo orgánico contrastado— es la elaboración y ejecución de un plan progresivo de acciones reforzantes en la vida de la persona, que es la primera formulación conductualpreterapia de activación conductual para la depresión. — El enfoque de Lewinshon (1974) comparte con el de Fester que el elemento clave que produce los estados depresivos es la pérdida o la falta de refuerzos positivos contingentes para la conducta, es decir, lo que hacemos ya no se acompaña de grati�icaciones en la vida. Esto se puede deber a varios factores, como (1) la ausencia de un ambiente reforzante, (2) falta de habilidades para obtener refuerzos y (3) incapacidad para contactar con la satisfacción de esos refuerzos debido a los estados emocionales relacionados con la baja tasa de refuerzos. Este último aspecto de los estados emocionales se puede ver intensi�icado por un alto nivel de autoconciencia de esos estados, que se rumian e inter�ieren con el contacto grati�icante. Ya Lewinshon se adelanta con mucha antelación a las teorı́as de la rumia depresivas posteriores. Añade, además, que en el mantenimiento de la depresión, además de la autoconciencia intensi�icada (una forma de rumia) asociada a la falta de reforzadores contingentes, se añade el posible reforzamiento social del entorno a las conductas depresivas mediante expresiones de apoyo, simpatı́a o afecto. B. El desmantelamiento de los componentes activos de la terapia cognitiva de Beck de la depresión de Jacobson (Jacobson et al., 1996; Gortner et al., 1998): La terapia cognitiva de Beck de la depresión cuenta con numerosas investigaciones que demuestran que es una terapia efectiva en el tratamiento de la depresión. Sin embargo, es un paquete de tratamiento que consta al menos con dos componentes esenciales, los de identi�icación y cambio de cogniciones, y el de programación jerarquizada de actividades (Beck, 1979), con lo que cabe preguntarse cuál de estos dos componentes es el más efectivo en el tratamiento de la depresión, aspecto investigado por el grupo de Jacobson antes reseñado. Los resultados de esta investigación arrojaron que el componente o ingrediente activo del cambio de las conductas depresivas a no depresivas fue el de la programación progresiva y jerarquizada de actividades de di�icultad creciente, y no tanto el de la restructuración cognitiva; e igualmente de efectiva que todo el paquete completo. C. Las dos lı́neas de protocolos sobre una terapia conductual contextual de la depresión: La propuesta de Jacobson (Jacobson et al., 2001; Martell et al., 2001) que se denomina «activación conductual» (2001); y la otra propuesta de Lejuez (Lejuez et al., 2001; Lejuez, Hopko et al., 2001) que se denomina «terapia de activación conductual para la depresión» (2001): — El protocolo del grupo de Jacobson de la activación conductual (AC) se centra fundamentalmente en interrumpir las conductas de evitación depresivas mantenidas por reforzamiento negativo (Barraca, 2009). — El protocolo del grupo de Lejuez de la terapia de activación conductual para la depresión (TACD) está más centrada en el reforzamiento positivo de las conductas depresivas y con sustento en la ley de la igualación conductual de Hernstein (1970), que propone que una clase de conducta es más probable si los bene�icios que se obtienen por ella superan a los inconvenientes. Aplicado a las conductas depresivas, están se mantendrán si los bene�icios para la misma son mayores que sus inconvenientes. Ambos enfoques comparten plenamente la importancia de la activación conductual para salir de la situación depresiva, y consideran que la depresión no es una enfermedad, sino una situación en la que el sujeto se mete —o le meten— en la vida mediante el efecto de las contingencias ambientales sobre su conducta (Pérez A� lvarez, 2007). En este texto se presentan los aspectos integrados de ambos protocolos (Barraca, 2016). 7.2. Objetivos fundamentales de la AC La meta u objetivo básico de la AC es ayudar al cliente a tener contacto con las fuentes de reforzamiento que ha perdido por diferentes causas, de modo que a través de ese contacto reforzante salga de la situación depresiva (Barraca, 2016). Para lograr este objetivo central, se interviene en cada caso de manera concreta mediante tres vı́as centrales (conjugando la AC y la TACD): (1) La activación o puesta en marcha de determinadas actividades que van relacionadas con consecuencias reforzantes positivas para la persona que las realiza. (2) La extinción o desaparición de actividades que van relacionadas con reforzamiento negativo (alivio pasajero) por evitación o escape de diversas situaciones que se viven como difı́ciles de realizar. (3) La relación de las fuentes reforzantes con los valores y dirección vital valiosa para la persona con la que se trabaja la activación conductual. 7.3. Elementos esenciales de la AC Según Barraca (2016), la AC se caracteriza por cinco técnicas fundamentales jerarquizadas, a su vez, por su preferencia general y su peso en la terapia, que de mayor a menor son: 1. La programación de actividades que pueden ser jerarquizadas desde menor a mayor grado de di�icultad con sus pasos concretos. 2. La extinción de las conductas de evitación usando métodos de resolución de problemas, en caso de que no desaparezcan con la técnica anterior. 3. El uso del reforzamiento positivo directo que puede ser aplicado por la misma persona (autorreforzamiento) o por otras (heterorreforzamiento) en forma de contratos conductuales estructurados iniciales y continuados por la retirada de estos y el paso al reforzamiento natural en su medio cotidiano. 4. El uso de entrenamiento en habilidades sociales o técnicas desvanecimiento (ayuda externa que después se va retirando cuando el cliente consigue ejecutar las conductas objetivos) en caso de problemas de dé�icit de habilidades sociales que tengan consecuencias de reforzamiento positivo. 5. Trabajo con la rumiación depresiva que puede interferir el contacto de la persona con las fuentes reforzantes, usando con frecuencia procedimientos basados en el mindfulness y otros (p. e., clari�icación de valores y acciones comprometidas graduales con ellos). Junto a estas cinco técnicas fundamentales de la AC, Martell et al. (2010) especi�ican que es recomendable que el terapeuta AC se guı́e por un decálogo de principios en las intervenciones de AC: 1. La clave para ayudar a cambiar lo que siente la persona con depresión es cambiar lo que esta hace. 2. Los cambios vitales y lo que hace la persona ante los mismos puede provocar y perpetuar el estado depresivo. 3. La pista que ayuda a identi�icar lo que es antidepresivo desde la AC es el análisis funcional de los antecedentes (lo que precede a las conductas depresivas) y las consecuencias de esta (lo que sigue a estas conductas). 4. Es necesario estructurar un plan de programación de actividades y no guiarse por el estado de ánimo. 5. Los cambios son graduales empezando paso a paso desde los niveles más fáciles. 6. Deben ser prioritarias en la programación de actividades aquellas que sean reforzadas de manera natural en el medio ambiente del cliente. 7. El terapeuta asume un papel de entrenador de programación de actividades. 8. Se orienta la intervención de manera empı́rica resolviendo los problemas que vayan apareciendo y por pasos graduales en di�icultad. 9. Es mejor actuar que hablar en las sesiones y fuera de ellas. 10. Enfocarse como terapeuta en las barreras y di�icultades que vayan surgiendo durante el plan de activación conductual. 7.4. El análisis funcional de la conducta en la AC Aunque la AC sea una terapia plani�icada y hasta protocolizada en muchos aspectos, cada caso debe ser abordado individualmente y las intervenciones realizadas en función de las variables antecedentes y consecuentes que se identi�iquen de las conductas depresivas. El análisis funcional de la AC debe cubrir los siguientes aspectos (Barraca y Pérez, 2015): – ¿Qué habilidades son necesarias para recuperar los reforzadores? – ¿A qué demandas o problemas vitales debe responder esta persona? – ¿Qué papel desempeñan las personas que se relacionancon el cliente en las conductas depresivas y cuáles podrı́an tener en las antidepresivas? – ¿Qué estrategias conductuales deben implantarse para prevenir que aparezcan conductas evitativas? – ¿Cómo haremos el seguimiento de las actividades para recuperar los reforzadores y su relación con los cambios anı́micos del cliente? El proceso de AFC suele seguir una secuencia del siguiente estilo: 1. Se realizan entrevistas con el cliente (y sus allegados, si vienen a consulta) de manera colaboradora recabando aspectos de lo que le ha sucedido al cliente en su vida para llegar a la depresión, la duración y cambios habidos en esta, sus «sı́ntomas», las áreas vitales afectadas (pareja, trabajo, amistades, etc.); qué actividades se abandonaron, ası́ como un análisis del entorno social en cuanto a apoyos o acciones que refuerzan el estado depresivo de las personas allegadas al cliente (familiares, amigos…). 2. Se explica al cliente y a sus allegados que es muy importante recabar información de lo que hace este diariamente desde que se levanta hasta que se acuesta (B), o sea, las clases de conductas depresivas; de lo que precede y sucede inmediatamente a estas (A) y de lo que sigue y sucede inmediatamente a las mismas (C), o sea, un análisis de la triple contingencia funcional ABC. Además de entrevistar en estos aspectos, ya se propone el autorregistro continuado de las actividades y su relación con el estado de ánimo, explicando la racionalidad del tratamiento («recuperar el sentido de su vida haciendo cosas gradualmente que le satisfagan»). Las planillas o autorregistros más habituales en AC se utilizan para comprobar la relación funcional ABC sobre el estado de ánimo de manera continuada que se mantienen a lo largo de toda la intervención; y es el material básico del AFC, por lo que se insiste al cliente en que lo use durante toda la terapia (se le comenta cómo y para qué). Suelen tener un formato similar al siguiente: HORA LUNES MARTES MIE� RCOLES JUEVES VIERNES SA� BADO DOMINGO 6:00 7:00 8:00 9:00 10:00 11:00 12:00 13:00 14:00 15:00 16:00 17:00 18:00 19:00 20:00 21:00 22:00 23:00 00:00 De 01 a 05:00 Apunte la actividad con una palabra y el estado de ánimo asociado a esa actividad con A =, donde 1 = totalmente deprimido y 10 = totalmente animado. También puede anotar el placer de esa actividad con P =, donde 1 = ningún placer y 10 = mucho placer; y el dominio con D =, donde D = 1 muy difı́cil hacerla y D = 10 muy fácil hacerla. Las áreas de contenido del registro se pueden modi�icar según las necesidades de cada caso, siendo las esenciales las anotadas anteriormente. Igualmente, se utilizan una serie de cuestionarios complementarios que se utilizan en espacios temporales más largos para ver los progresos, por ejemplo, cada sesión, cada número determinado de sesiones, etc. Los más usados son los siguientes: — BDI-II (Beck Depression Inventory-II, de Beck et al., 1996): el inventario de depresión de Beck-II es un autoinforme de lápiz y papel compuesto por 21 ı́tems de tipo Likert que recoge los principales sı́ntomas de la depresión. Se establecen cuatro grupos en función de la puntuación total: 0-13, mı́nima depresión; 14-19, depresión leve; 20-28, depresión moderada y 29-63, depresión grave. — EROS (Environmental Reward Observation Scale, de Armento y Hopko, 2007): es un cuestionario de 10 ı́tems que se evalúan según el grado de acuerdo con sus a�irmaciones de 1 a 4 (totalmente en desacuerdo a totalmente de acuerdo). Busca detectar la percepción del resultado del contacto reforzante con las actividades, por lo que es una escala derivada de la concepción de la activación conductual. — BADS (Behavioral Activation for Depression Scale, de Kanter et al., 2007): es una escala de 25 ı́tems que recaban varios aspectos de la activación conductual: (1) subescala de activación, (2) subescala de evitación/rumia; (3) subescala de afectación en el trabajo/ocupación, (4) subescala de afectación en la vida social. Se puntúan los ı́tems con una escala de 0 a 10 según la certeza de las a�irmaciones. — RPI (Reward Probability Index, de Carvalho et al., 2011): es una escala de 20 ı́tems que se responden de 1 a 4 según el grado de acuerdo con ellos. Recaba varios aspectos del contacto reforzante con varias áreas de la vida y las habilidades para ello, durante los últimos seis meses. — ACTION: es un acrónimo del inglés, de Assess (evalúa), Choose (elige), Try (prueba), Integrate (integra), Observe (observa) y Never give up (nunca te rindas), que se entrega al cliente como forma de solución de problemas relacionados con posibles conductas de evitación depresivas. Viene en forma de preguntas con una planilla de registro: (1) (evalúa), «¿esta conducta para qué te sirve, es activante y te lleva a tus metas valiosas o es depresiva y te aparta de ellas?»; (2) (elige), «¿qué acción eliges?», (3) (prueba), «recoge con detalle tu plan de llevar a cabo la acción elegida antes», (4) (integra), «integra la acción a tus hábitos anteriores, más si es algo nuevo antidepresivo, ¿cómo harás esto?», (5) (observa), «observa los resultados de tu acción, cómo te hace sentir, si te acerca a tus metas valiosas», (6) (nunca te rindas), «repite los pasos anteriores hasta que lo hagas de manera automática como acciones antidepresivas». — Contratos conductuales: consiste en una planilla que se �irma por el cliente, allegados y terapeuta como una serie de compromisos de acciones para llevar a cabo en un periodo temporal determinado. Conlleva una fecha, un listado de actividades que se harán o dejarán de hacerse, el nombre de la persona que ayudará, la manera en que esa persona ayudará y la �irma �inal de todos los implicados. Se suele utilizar en casos donde el reforzamiento natural inicial es menos probable, y después se va retirando cuando este aumenta. 7.5. Cómo se suele proceder en las sesiones de AC En general, el proceso de intervención de la AC tiene tres fases (Barraca y Pérez, 2015; Barraca, 2016): 1.º Fase de evaluación El objetivo es realizar un AFC de las conductas depresivas y de los recursos disponibles para aplicar la AC, como se vio en el apartado anterior. En esta fase se explica la racionalidad del tratamiento y cómo afecta a la depresión desde la creencia popular de que para hacer cosas grati�icantes antes hay que tener ganas o ánimos a justamente al revés, que haciendo cosas grati�icantes el ánimo se irá haciendo mejor. En cada sesión se establece al principio de las mismas una agenda de trabajo, que se organiza al inicio de las sesiones en colaboración con el cliente. Esta agenda se enfoca hacia el trabajo con la planilla principal de autorregistro de actividades/cambios anı́micos (y otros indicadores, si son relevantes en el caso), la revisión de las mismas y las conclusiones funcionales que se extraen de ellas. Se insiste una y otra vez en la importancia capital de trabajar estas planillas. Cada cierto tiempo en el seguimiento, además de las planillas de autorregistro esenciales se utilizan cuestionarios complementarios (por ejemplo, el BDI-II y el EROS, para obtener otros indicadores de la evolución); y se va reactualizando el AFC con todos estos datos por si hubiera que hacer modi�icaciones sobre la marcha del plan de activación conductual. 2.º Fase de establecimiento de objetivos Con todo el AFC continuo se van estableciendo y aclarando cada vez más las conductas que incrementar por su valor de reforzamiento natural en el ambiente del cliente, aquellas que han de disminuirse por su función de evitación (junto a la rumia, si es el caso); las metas deseadas y el uso de elementos adicionales para motivar al cliente, por ejemplo, clari�icando sus metas y valores a largo plazo. Como es bastante probable que el cliente se queje de nuevo de que desea librarse de su malestar depresivo, su tristeza, su desgana, su desesperación y sus pensamientos negativos encontrándose mejor, se ledevuelve que justo el camino para conseguir sentirse mejor es activarse gradualmente hacia actividades valiosas o grati�icantes para este. Se puede dar el caso de que se presenten clientes en las consultas que están muy ocupados y activos, pero sin embargo se encuentran anı́micamente deprimidos. En estos casos hay que comprobar mediante la conversación con estos, usando preguntas y registros, por ejemplo, el ACTION, orientadas desde el AFC y si todas esas actividades tienen funciones de evitación; y reencaminar la actividad hacia sus valores y metas grati�icantes que den sentido a su vida y no le entretengan para vivir automáticamente. Se le recuerda que dejar de venir y seguir el plan de activación puede incrementar la depresión, y que, aunque haya dı́as que no tenga ganas de venir a la consulta, es esencial que acuda a ella, dado que cada vez que lo hace se crean oportunidades para dar pasitos para ir saliendo de la depresión. Si las metas o valores a largo plazo para establecer el plan de activación no parecen claras, se puede recurrir a los procedimientos de la ACT (capı́tulo 5) para clari�icar estos valores y jerarquizar las actividades de compromisos antidepresivos mediante acciones concretas. En esta fase se utilizan durante todas las sesiones las planillas de autorregistro de actividades del cliente y nivel del estado de ánimo, ya que serán la principal fuente de información que nos digan, a la postre, qué conductas aumentar y cuáles reducir. En resumen, en esta fase se establecen los objetivos, que se comparten con el cliente, con las actividades que se han de incrementar y las que se han de reducir para ir saliendo de la depresión. 3.º Fase de intervención incorporando las técnicas de la AC Las consultas, una vez establecidos los objetivos que aumentar y reducir en forma de acciones concretas, suelen ser al principio de dos por semana, y al ir consiguiendo los objetivos se pueden ir espaciando en el tiempo. En esta fase se siguen usando las planillas de autorregistro de actividades y nivel del estado de ánimo; pero ahora es el terapeuta quien anota las actividades que hay que llevar a cabo, jerarquizándolas por niveles de di�icultad y viabilidad en la vida del cliente, comenzando por aquellas que lleven poco tiempo y obtengan un reforzamiento más directo, y eligiendo para empezar aquellas que impliquen movilidad fı́sica, como caminar, salir de casa a la compra andando, etc., dado el efecto antidepresivo de estas actividades fı́sicas. Posteriormente se pueden ir incorporando actividades básicas en distintas áreas de su vida, como acostarse y levantarse a determinadas horas deseables, hacer varias comidas al dı́a, asearse y vestirse con ropa limpia, salir a caminar al menos una hora, etc. Lo habitual es que el terapeuta incorpore a cada planilla de la semana de una a tres actividades nuevas para llevar a cabo por el cliente. Se sigue pidiendo al cliente que traiga a cada sesión las planillas de autorregistro de actividades programadas y nivel de estado de ánimo y se comprueba si cumple con esta tarea y cómo le afecta anı́micamente, con el AFC continuado a través de esta tarea básica y esencial. Si no se realizan las tareas o —lo más habitual— se realizan de manera incompleta las actividades y la anotación del grado de ánimo asociadas a ellas, e incluso no se trae el registro de estas, se emplea una actitud por parte del terapeuta de solución de problemas, buscando las di�icultades y generando respuesta a estas, junto con el cliente, de manera colaboradora y no aversiva ni crı́tica, reforzando las aproximaciones a las mismas (el terapeuta debe apreciar y validar el esfuerzo realizado por el cliente) y buscando alternativas ante las pegas u obstáculos que han aparecido, concluyendo la sesión con nuevos registros desde estas alternativas de actividades anotadas y nivel anı́mico. Si existe una alta di�icultad para llevar a cabo las tareas de registro, podemos establecer durante un tiempo contratos conductuales haciendo participar a allegados o familiares del cliente especi�icando, según el AFC continuado, qué acciones incrementar y hacer decrecer, de modo que se refuercen las conductas antidepresivas y no las depresivas. También se deben revisar en estos casos las metas/valores del cliente en su vida y el ajuste de las tareas y su pertinencia a la vida de esta persona, siguiendo la misma estrategia de solución de problemas. Otras di�icultades que pueden interferir en el contacto con las actividades reforzantes que han de tratarse son las indiferencias: (1) «¿Las actividades que hemos elegido siguen siendo para ti las más importantes para que tu vida tenga sentido?». Hay que preguntar con frecuencia por esto por si hay que cambiarlas. (2) «¿Tienes di�icultades para saber cómo llevar a cabo estas actividades?». Valorar la necesidad de implementar habilidades de tipo social, de manejo de la ansiedad, etc. (3) «¿Tienes pensamientos repetitivos o autocrı́ticos que te di�icultan disfrutar de estas actividades elegidas?». Si es el caso, usar procedimientos derivados del mindfulness o la ACT para defusionarse de esos pensamientos, abrirse a sentimientos difı́ciles y activarse aclarando valores. Otros problemas que pueden aparecer son los siguientes (Barraca, 2016): - Incumplimiento de las tareas de registro de la planilla de actividades y afectación al estado de ánimo, placer o dominio: de nuevo la actitud terapéutica adecuada es la de solución de problemas, generando alternativas que son incorporadas a las planillas de autorregistro, evitando a toda costa castigar verbalmente al cliente. - Cuando el cliente re�iere que a pesar de hacer las tareas no se encuentra mejor: seguir manteniendo el plan, dado que los cambios a veces tardan, averiguar las interferencias (ver preguntas previas) y plantear de nuevo alternativas desde la solución de problemas y la presencia de interferencias y alternativas a las mismas. - El cliente dice que necesita desahogarse, no solo hacer actividades: se establece la agenda con el cliente para que tenga un espacio/tiempo de escucha, pero se mantiene la centralidad de la programación de actividades y se vuelve a explicar la racionalidad de la AC. - Autocrı́ticas o crı́ticas del terapeuta al incumplimiento de tareas: es importante en estos casos evitarlas, promocionar actitudes de compasión y autocompasión mediante, por ejemplo, la meditación o la incorporación de actividades de ACT/mindfulness. De nuevo, la solución de problemas es la alternativa más usada. - Atribuciones a causas internas cuando no se hacen las tareas: hay que evitarlas, ya que solo fomentan un modelo médico interiorista que a la larga no ayuda a la AC. - Recaı́das: de nuevo, solución de problemas y alternativas. - Actitud previsora: programar actividades en concordancia con la situación de vida del cliente. Por ejemplo, no programar largos tiempos de actividades de ocio en tiempos de oposiciones, sino, por ejemplo, incrementos graduales de tiempo de estudio y descansos de ocio contingente y proporcionado en función de las metas y valores del cliente. - Presencia de rumia: actividades similares a las apuntadas en las autocrı́ticas, destacando la defusión cognitiva y los ejercicios de mindfulness de manera complementaria a los autorregistros de la planilla de actividades y nivel de ánimo. 7.6. Aplicaciones y evidencias de la AC La AC, ya sea en formato individual o grupal, se ha mostrado e�icaz en los siguientes ámbitos problemáticos (Barraca, 2016): 1. Problemas depresivos con o sin ansiedad asociada (Hopko et al., 2004; Barraca, 2010). 2. Problemas de ansiedad diversos, probablemente al compartir con muchas depresiones el elemento de las conductas de evitación, como apuntan Turner y Leach (2010). Estos autores desarrollan un programa AC para los problemas de ansiedad que es e�icaz sin la necesidad de usar otros procedimientos, como los de exposición o reestructuración cognitiva. 3. Trastorno por estrés postraumático(TEP), posiblemente porque su mantenimiento va asociado también a clases de conductas con función de evitación conductual (Jakupack et al., 2006; Jakupack et al., 2010; Mulick y Naugle, 2010; Gros, 2012; Plagge et al., 2013). 4. Enfermos oncológicos con depresión asociada (Armento y Hopko, 2009; Hopko et al., 2011; Ryba et al., 2014; Hopko et al., 2015). 5. Aplicaciones a otros ámbitos, aunque con menos datos de evidencia por el momento: (1) personas con trastorno lı́mite de personalidad (Hopko et al., 2003); (2) pacientes con sı́ntomas psicóticos (Romero Gamero et al., 2011); (3) consumo de drogas ilegales (Daugthers et al., 2008); (4) obesidad (Pagoto, 2008; Busch et al., 2013); (5) fumadores con depresión moderada (McPherson et al., 2010); (6) clientes de diferentes niveles intelectuales, ámbitos culturales y diferentes tramos de edad (Barraca y Pérez A� lvarez, 2015) y (7) apoyo a los orientadores y trabajadores sociales con clientes que buscan empleo (Puspitasari et al., 2013). En los últimos años, además, se le viene prestando aún más atención al manejo de la rumia depresiva. En un estudio reciente de metaanálisis, Pesterelo-Pérez et al. (2017) identi�icaron 11 estudios donde se aplica intervenciones basadas en el mindfulness en comparación con el tratamiento habitual para las rumiaciones (terapia cognitiva conductual-CBT de segunda generación y/o medicación), mostrando una reducción signi�icativa y moderada de pensamientos rumiativos a favor de las intervenciones basadas en el mindfulness, que básicamente eran de aplicación de procedimientos de aceptación y de atención plena, con independencia de los episodios depresivos, de su intensidad o del tipo de rumiación. Otros autores destacan la importancia de aplicar el análisis funcional a las rumiaciones depresivas consideradas como conductas de evitación aprendidas que tienen unas funciones especı́�icas (un para qué); y que interviniendo en las contingencias antecedentes (A) y consecuentes (C) se pueden cambiar estas conductas de rumiación (B) mediante actividades de implicación y activación conductual en áreas valoradas de la vida, la práctica de la compasión y la prevención de recaı́das rumiativas, en un enfoque denominado RFCBT (Rumination Focused Cognitive-Behavioral Therapy for Depressión) (Watkins, 2016). Bibliografía capítulo 7 Armento, M. E. A. y Hopko, D. R. (2007). The Environmental Reward Observation Scale (EROS): Development, validity, and reliability. Behavior Therapy, 38, 107-119. Armento, M. E. A. y Hopko, D. R. (2009). Behavioral Activation of a breast cancer patient with coexistent major depression and generalized anxiety disorder. Clinical Case Studies, 8, 25-37. Barraca, J. (2009). La activación conductual (AC) y la terapia de activación conductual para la depresión (TACD). Dos protocolos de tratamiento desde el modelo de la activación conductual. eduPsykhé, 8(1), 23-50. Barraca, J. (2010). Aplicación de la activación conductual en un paciente con sintomatologı́a depresiva. Clínica y Salud, 21, 183-197. Barraca, J. (2016). La activación conductual en la práctica: técnicas, organización de la intervención, di�icultades y variantes. Análisis y Modi�icación de Conducta, 42(165-166), 15-33. Barraca, J. y Pérez A� lvarez, M. (2015). Activación conductual para el tratamiento de la depresión. Madrid: Editorial Sı́ntesis. Beck, A. T.; Rush, A. J.; Shaw, B. F. y Emery, G. (1979). Cognitive therapy of depression. Nueva York: Guilford. Beck, A. T.; Steer, R. A.; y Brown, G. K. (1996). Manual for the Beck Depression Inventory-II. San Antonio, TX: Psychological Corporation. Busch, A. M.; Whited, M. C.; Appelhans, B. M.; Schneider, K. L.; Waring, M. E.; DeBiasse, M. A. … Pagoto, S. L. (2013). Reliable change in depression during behavioral weight loss treatment among women with major depression. Obesity, 21, E211-8. Carvalho, J. P.; Gawrysiak, M. J.; Hellmuth, J. C.; McNulty, J. K.; Magidson, J. F.; Lejuez, C. W. y Hopko, D. R. (2011). The Reward Probability Index: Design and validation of a scale measuring access to environmental reward. Behavior Therapy, 42, 249-262. Daughters, S. B.; Braun, A. R.; Sargeant, M. N.; Reynolds, E. K.; Hopko, D. R.; Blanco, C. y Lejuez, C. (2008). Effectiveness of a brief behavioral treatment for inner-city illicit drug users with elevated depressive symptoms: The Life Enhancement Treatment for Substance Use (LETS Act!). Journal of Clinical Psychiatry, 69(1), 122-129. Fester, C. B. (1965). Classi�ication of behavior pathology. En: U. Krasner (ed.), Research in behavior modi�ication. Nueva York: Holt, Rinehart y Winston. Ferster, C. B. (1973). A functional analysis of depression. American Psychologist, 28, 850- 870. Gortner, E. T.; Gollan, J. K.; Dobson, K. S.; y Jacobson, N. S. (1998). Cognitive-behavioral treatment for depression: Relapse prevention. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 66, 377-384. Gros, D. F.; Price, M.; Strachan, M.; Yuen, E. K.; Milanak, M. E. y Acierno, R. (2012). Behavioral activation and therapeutic exposure: An investigation of relative symptom changes in PTSD and depression during the course of integrated behavioral activation, situational exposure, and imaginal exposure techniques. Behavior Modi�ication, 36, 580-599. Hernstein, R. J. (1970). On the law of effect. Journal of Experimental Analysis of Behavior, 13, 243- 266. Hopko, D.; Sánchez, L.; Hopko, S.; Dvir, S. y Lejuez, C. (2003). Behavioral activation and the prevention of suicidal behaviors in patients with borderline personality disorder. Journal of Personality Disorders, 17, 460-478. Hopko, D. R.; Lejuez, C. y Hopko, S. D. (2004). Behavioral activation as an intervention for coexistent depressive and anxiety symptoms. Clinical Case Studies, 3, 37-48. Hopko, D. R.; Armento, M. E. A.; Robertson, S.; Ryba, M. M.; Carvalho, J. P.; Colman, L. K. … Lejuez, C. W. (2011). Brief behavioral activation and problem-solving therapy for depressed breast cancer patients: Randomized trial. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 79, 834-849. Hopko, D. R.; Cannity, K.; McIndoo, C. C.; File, A. A.; Ryba, M. M.; Clark, C. G. y Bell, J. L. (2015). Behavior therapy for depressed breast cancer patients: Predictors of treatment outcome. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 83, 225-231. Jakupcak, M.; Roberts, L. J.; Martell, C.; Mulick, P.; Michael, S.; Reed, R., … McFall, M. (2006). A pilot study of behavioral activation for veterans with posttraumatic stress disorder. Journal of Traumatic Stress, 19, 387-391. Jakupcak, M.; Wagner, A.; Paulson, A.; Varra, A. y McFall, M. (2010). Behavioral activation as a primary care-based treatment for PTSD and depression among returning veterans. Journal of Traumatic Stress, 23, 491-495. Jacobson, N. S.; Dobson, K. S. Truax, P. A.; Addis, M. E.; Koerner, K.; Gollan, J. K., … Prince, S. E. (1996). A component analysis of cognitive behavioral treatment for depression. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 64, 295-304. Jacobson, N. S.; Martell, C. R. y Dimidjian, S. (2001). Behavioral activation treatment for depression: Returning to contextual roots. Clinical Psychology: Science and Practice, 8, 255-270. Kanter, J. W.; Mulick, P. S.; Busch, A. M.; Berlin, K. S. y Martell, C. R. (2007). The Behavioral Activation for Depression Scale (BADS): Psychometric properties and factor structure. Journal of Psychopathology and Behavior Assessment, 29, 191-202. Lejuez, C. W.; Hopko, D. R. y Hopko, S. D. (2001). A brief Behavioral Activation Treatment for Depression: Treatment manual. Behavior Modi�ication, 25, 225-286. Lejuez, C. W.; Hopko, D. R.; LePage, J.; Hopko, S. D. y McNeil, D. W. (2001). A brief Behavioral Activation Treatment for Depression. Cognitive and Behavioral Practice, 8, 164-175. Lewinsohn, P. M. (1974). A behavioral approach to depression. En: R. M. Friedman y M. M. Katz (Eds.), The psychology of depression: Contemporary theory and research (157-185). Nueva York: John Wiley. Martell,C. R.; Addis, M. E. y Jacobson, N. S. (2001). Depression in context: Strategies for guided action. Nueva York: W. W. Norton. Martell, C. R.; Dimidjian, S. y Herman-Dunn, R. (2010). Behavioral Activation for Depression: A Clinician’s Guide. Nueva York: Guilford. MacPherson, L.; Tull, M. T.; Matusiewicz, A. K.; Rodman, S.; Strong, D. R.; Kahler, C. W. y Lejuez, C. W. (2010). Randomized controlled trial of behavioral activation smoking cessation treatment for smokers with elevated depressive symptoms. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 78, 55-61. Pagoto, S.; Bodenlos, J. S.; Schneider, K. L.; Olendzki, B.; Spates, C. R. y Ma, Y. (2008). Initial investigation of behavioral activation therapy for co-morbid major depressive disorder and obesity. Psychotherapy: Theory, Research, Practice, Training, 45, 410-415. Plagge, J. M.; Lu, M. W.; Lovejoy, T. I.; Karl, A. I. y Dobscha, S. K. (2013). Treatment of comorbid pain and PTSD in returning veterans: A collaborative approach utilizing behavioral activation. Pain Medicine, 14, 1164-1172. Pérez A� lvarez, M. (2007). La activación conductual y la desmedicalización de la depresión. Papeles del Psicólogo, 28(2), 97-110. Pesterelo-Pérez, L.; Barraca, J.; Peñate, W.; Rivero-Santana, A. y A� lvarez-Pérez, Y. (2017). Mindfulness-based interventions for the treatment of depressive rumination: Systematic review and meta-analysis. International Journal of Clinical and Health Psychology, 17, 282-295. Puspitasari, A.; Kanter, J.; Koerner, K.; Murphy, J. y Crowe, A. (2013). Developing an online, modular, active learning training program for Behavioral Activation. Psychotherapy, 50, 256- 265. Romero Gamero, R.; Poves Oñate, S. y Vucı́novich, N. (2011). Terapia de activación conductual para la depresión aplicación a un paciente con esquizofrenia paranoide. Análisis y Modi�icación de Conducta, 37, 65-75. Ryba, M. M.; Lejuez, C. W. y Hopko, D. R. (2014). Behavioral activation for depressed breast cancer patients: The impact of therapeutic compliance and quantity of activities completed on symptom reduction. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 82, 325-335. Turner, J. S. y Leach, D. J. (2010). Experimental evaluation of behavioral activation treatment of anxiety (BATA) in three older adults. International Journal of Behavioral Consultation and Therapy, 6, 373-394. Watkins, E. R. (2016). Rumination Focused Cognitive-Behavioral Therapy for Depressión. Nueva York-Londres: Guilford Press. Capítulo 8 Terapia dialéctica conductual 8.1. Orígenes y desarrollo histórico de la DBT La terapia dialéctica conductual (DBT en inglés, de Dialectical Behavior Therapy) en realidad no es una terapia que se pueda agrupar como terapia conductual contextual estrictamente hablando. Se encuentra más bien a medio camino en su vinculación a las terapias cognitivas conductuales de segunda generación (CBT en inglés o TCC en español) y las terapias conductuales contextuales. De hecho, utiliza tanto constructos derivados de la tradición del conductismo metodológico (vulnerabilidades de tipo biológico, constructo de regulación emocional, etc.) como el análisis funcional derivado del conductismo radical. Para su propia creadora, Marsha Linehan (Hofmann y Admunson, 2008) es un tipo de terapia cognitiva conductual especial, que incluye aceptación, validación y mindfulness, pero no una terapia contextual. Esta terapia está focalizada al manejo de problemas relacionados con la desregulación emocional, que abarca una amplia gama de topografı́as o diagnósticos como los intentos suicidas, las conductas de autolesiones, las conductas impulsivas en general, las conductas del trastorno lı́mite de personalidad, estados disociativos y/o traumáticos con elementos de impulsividad, trastornos de alimentación con conductas restrictivas o impulsivas, problemas de pareja con intercambios violentos e impulsivos, trastornos de impulsividad asociados al trastorno bipolar, etc. Su creación deriva tanto de la propia experiencia personal de Linehan como paciente diagnosticada de trastorno lı́mite de personalidad (TLP) como de sus investigaciones, ya como psicóloga clı́nica, con pacientes con TLP a �inales de los años 70. Es en estos años de �inales de los años 70 cuando Linehan empieza a desarrollar la DBT, siendo la primera terapia TCC en incorporar el mindfulness formalmente. Al tratar mujeres con intentos suicidas, autolesiones y diagnóstico de TLP con la TCC tradicional observa tres efectos negativos: (1) las pacientes, al ser cuestionadas por sus creencias y pensamientos negativos, a pesar de hacerlo en forma de empirismo colaborativo, se sentı́an invalidadas en el relato de sus experiencias personales; (2) las mismas pacientes reforzaban las conductas inadecuadas de sus terapeutas e ignoraban las adecuadas, y (3) la gran cantidad de problemas, su gravedad y frecuentes urgencias di�icultaban enormemente la aplicación de la TCC (CBT) tradicional (Teti et al., 2019). Todo ello hizo re�lexionar a Linehan y proponer como alternativa la sı́ntesis de estrategias de aceptación con las de cambio, inspirándose en la �ilosofı́a budista de la dialéctica de opuestos. En la década de los años 90 del siglo XX aparecen los primeros manuales de DBT o�iciales bajo la dirección de Linehan (Linehan et al., 1991; Linehan, 1993a, 1993b; Linehan, Heard et al., 1993b y Linehan, Schmidt et al., 1999a). 8.2. Objetivos fundamentales de la DBT En general, el principal objetivo de la DBT es que la persona con problemas de conducta asociadas a desregulación emocional logre tener una vida «que merezca la pena ser vivida», de modo que para cada persona esto adquiere un signi�icado personal. Para lograr ese objetivo general se necesita un tratamiento muy estructurado que trabaje por fases o etapas con unos objetivos concretos para el manejo de la desregulación emocional, aunque se puede volver a las etapas previas según las necesidades y evolución de cada caso. Estas cuatro fases con sus objetivos concretos son las que se enumeran a continuación. Fase I. Pasar de tener conductas fuera de control a estar controladas Conlleva cuatro subobjetivos: - Objetivo 1: reducir los comportamientos letales, como son los intentos de suicidio, las intenciones/cogniciones suicidas y las autolesiones. - Objetivo 2: reducir las clases de conductas que inter�ieren con el tratamiento y «desgastan» o «queman» a los terapeutas que tratan de ayudar, como son las faltas de asistencia, falta de colaboración en las tareas asignadas, rehospitalizaciones frecuentes, etc. - Objetivo 3: reducir las conductas que afectan a la calidad de vida, como son los problemas depresivos, fóbicos, inasistencias al trabajo o al centro de estudio, falta de higiene, no seguimiento de la dieta e indicaciones médicas, etc. Igualmente, incrementar las clases de conductas que aumenten la calidad de vida (manejar los estados depresivos-ansiosos, mejorar las condiciones de trabajo, vivienda, amistades, etc.). - Objetivo 4: aprender una serie de habilidades que conllevan, (1) aprender a centrarse más en el presente, y no tanto en preocupaciones futuras o recuerdos negativos pasados; (2) aprender a crear relaciones sociales grati�icantes y apartar aquellas problemáticas; (3) aprender a manejar las propias emociones sin ser desbordados por ellas; (4) tolerar el dolor y la frustración emocional sin recurrir a conductas autolesivas y autodestructivas suicidas. Fase II. Pasar de evitar o disociarse por las propias emociones a experimentarlas plenamente Se trabaja con las emociones para abrirse, aceptarlas, expresarlas e integrarlas en la propia experiencia personal, y no evitarlas en forma de trastorno por estrés postraumático. Fase III. Construir una vida normal, resolviendo problemas de la vida cotidiana Se trabaja para resolver problemas cotidianos, como resolución de con�lictos de pareja, búsqueda de empleo o amistades. Fase IV. Pasar de la sensación de que la vida no tenga sentido a que estatenga sentido y plenitud Se trata de abordar problemas existenciales de los pacientes desde sus valores personales y cómo desea ponerlos en práctica (esto es similar a gran parte de la ACT. Ver capı́tulo 5). Otra forma de conceptualizar los objetivos de la DBT supone los siguientes objetivos: (a) Que los pacientes adquieran una serie de habilidades, siendo las principales: (1) regular sus emociones, (2) tolerar el malestar, (3) manejar los con�lictos interpersonales y (4) prestar atención a la experiencia presente; todas ellas entrenadas en formato de terapia grupal. (b) Que los pacientes apliquen a su vida cotidiana el manejo de sus crisis tratadas mediante el seguimiento telefónico y las consultas individuales de terapia. (c) Aumentar la motivación de los pacientes para que lleven una vida valiosa que valga la pena y se impliquen menos en clases de conductas disfuncionales (de nuevo, similar a la terapia de aceptación y compromiso ACT en este punto). (d) Reestructurar el ambiente de vida de los pacientes organizando sus acciones y plani�icándolas para obtener mayores tasas de refuerzo natural (un objetivo similar a la terapia de activación conductual AC). (e) Mantener y aumentar la motivación del equipo de terapeutas mediante reuniones semanales compartiendo las di�icultades presentadas y posibles alternativas en su manejo. 8.3. Elementos esenciales de la DBT 8.3.1. Terapia estructurada con tres tipos de intervenciones paralelas La DBT es una terapia realizada por un equipo de al menos dos terapeutas distintos que se coordinan entre sı́, al menos una vez por semana, en reuniones de equipo, y que tienen sesiones semanales de terapia en grupo y en terapia individual con los pacientes. Está especializada en el manejo de clases de conductas relacionadas con la desregulación emocional. — Uno se centra en la terapia individual y la atención telefónica del manejo de crisis y urgencias relacionadas con las autolesiones y los intentos suicidas. También asesora y orienta a la familia del paciente en el manejo de estos problemas. — El otro se centra en la terapia grupal focalizada al entrenamiento en habilidades de (1) regulación emocional, (2) tolerancia al malestar, (3) manejo de con�lictos de relación con otras personas y (4) mindfulness con atención plena al presente. Ambos terapeutas buscarán una sı́ntesis adecuada de las funciones de los ciclos dialécticos disfuncionales del paciente con problemas de regulación emocional. Reparto de tareas habituales del equipo de trabajo de los terapeutas DBT TERAPEUTA INDIVIDUAL TERAPEUTA GRUPAL — Atención en sesiones de terapia individual. — Atención a llamadas telefónicas y de urgencias por autolesiones e intentos suicidas. — Orientación a familiares. — Búsqueda de alternativas a las reacciones disociativas y de estrés postraumático. — Fomentar autorrespeto y logros del paciente. — Ayudar al paciente a encontrar sentido a su vida. — Uso continuo del AFC en forma de análisis en cadena. — Entrenamiento en sesiones de terapia de grupo de DBT en las siguientes habilidades: Regulación de emociones. Tolerancia al malestar. Manejo de con�lictos interpersonales. Atención plena o mindfulness. — Uso continuo del AFC en forma de análisis en cadena. 8.3.2. Los ciclos dialécticos de la desregulación emocional La DBT está orientada por la dialéctica de orientación budista más que por la de tradición hegeliana-marxista (Dimeff y Koerner, 2007). Esta orientación dialéctica apunta a que la conducta humana funciona como un todo mediante partes interrelacionadas y que para entender el comportamiento de una persona, en este caso de los clientes o pacientes, hay que atender tanto a sus conductas como a las de las personas de su medio ambiente que pueden reforzar y/o (in)validar sus conductas. Las conductas del paciente, siguiendo la tradición conductista, tiene una función o un para qué, al manejarse con las situaciones que vive, muchas veces estresantes, y es su forma de afrontarlas y solucionar sus problemas, aunque adquieran forma o topografı́a impulsiva, autolesivas o autodestructiva. Además, las conductas de los pacientes con problemas de regulación emocional suelen estar atrapadas en funciones de polaridades extremas como fuerzas que se oponen entre sı́ (tesis y antı́tesis) y con evoluciones de integración (sı́ntesis) más o menos viables en las circunstancias vividas. Las personas con desregulación emocional presentan clases de conductas extremas pasando de acciones impulsivas y autodestructivas más o menos explosivas a estados de disociación o depresión extremos, como un péndulo; incapaces de integrar o sintetizar ambos polos de manera adecuada, de modo que cada sı́ntesis inadecuada da de nuevo lugar a un nuevo ciclo de tesis y antı́tesis (Linehan, 1993a). Para salir de ese bucle dialéctico disfuncional de la desregulación emocional, DBT propone la sı́ntesis más funcional de las estrategias de aceptación, validación y mindfulness, por un lado, en sı́ntesis con las estrategias de cambio conductual, por otro (Koerner, 2012). 8.3.3. La desregulación emocional desde la perspectiva de una teoría biosocial ¿Qué es la desregulación emocional?: es una di�icultad para controlar la propia conducta (entendida como pensamientos, emociones y acciones), que se caracteriza por una hiperreactividad emocional —se experimenta cómo surgen fuertes emociones que son difı́ciles de controlar—, teniendo di�icultad para regresar a un estado de calma previo, y que suele ir asociada a conductas impulsivas, autolesivas o suicidas, en algunos casos. En las topografı́as de los llamados trastornos lı́mites de personalidad y otros problemas del control de los impulsos suelen aparecer como sensación de vacı́o ante la vida, con di�icultades para relacionarse con otras personas adecuadamente —se idealizan o se desvirtúan de un extremo a otro y rápidamente—, se enfadan o lloran con mucha facilidad, presentan conductas autolesivas/autodestructivas o de atracones de comida y pueden abusar de sustancias adictivas como el alcohol o los opiáceos. Desde la teorı́a biosocial formulada por Linehan (Linehan, 1993a; Crowell et al., 2009), estas di�icultades o aparecen como dé�icits conductuales para regular las emociones que derivan de una predisposición biológica —que pueden ser tanto heredadas como aprendidas por la experiencia— o como factores ambientales estresantes durante la infancia y adolescencia, caracterizados por la invalidación emocional, que di�icultan la regulación de las propias emociones. La vulnerabilidad biológica que interacciona con el ambiente invalidante a lo largo del tiempo y diversas circunstancias en las vidas de estas personas se caracteriza por una alta sensibilidad a los estı́mulos que generan emociones, con reacciones emocionales muy intensas, con di�icultad y lentitud para volver a estados emocionales de calma, afectando tanto al razonamiento cognitivo como a la toma de decisiones y actividades de la persona. Por el lado del ambiente invalidante que interactúa con la vulnerabilidad biológica, tanto en el ambiente infantil, juvenil o actual de la persona, los otros reaccionan ante la expresión o comunicación de sentimientos, deseos, opiniones de esta persona con muestras de ignorancia, castigo verbal o rechazo mani�iesto de estas expresiones, cali�icándolas como irracionales, inadecuadas o trastornadas (Dimeff y Koerner, 2007). A la persona, ante este tipo de situaciones relacionales, solo le queda la salida de sus reacciones extremas, o bien explota impulsivamente con autolesiones o autoagresiones o bien se repliega con disociación y/o depresión. 8.3.4. Aceptación y validación Validar las conductas del paciente no implica estar de acuerdo con lo que este hace o ha hecho. Un paciente puede expresar que se ha autolesionado como forma de lidiar con un estado emocional vivido como aversivo, intenso y que le ha desbordado y el terapeuta tratar de comprender esta reacción sin descali�icarlapreguntado sobre qué le ha podido llevar a esto, escuchando sus razones y emociones sin descali�icarlas, expresando que entiende que en esas circunstancias, y desde su historia personal previa, tiene sentido que haya llegado a este punto, y buscar alternativas a la misma después de aceptar la escucha activa de estas experiencias. Ası́, validar es comunicar al paciente (y a otras personas) que sus experiencias personales (pensamientos, emociones, opiniones, etc.) tienen sentido, son entendibles en el contexto actual e histórico de su vida. En DBT se describe seis niveles distintos de validación (Bohart y Greenberg, 1997; Manning, 2011): Nivel 1: estar atento a lo que el paciente nos comunica de su experiencia. Nivel 2: el terapeuta re�leja con precisión la experiencia del paciente en palabras similares a las de este, sin evaluar esas experiencias. Nivel 3: el terapeuta devuelve al paciente la experiencia que observa en este y que este aún no dijo o expresó abiertamente en palabras como hipótesis posible de lo que está sintiendo, y no como aseveración o interpretación tajante. Nivel 4: el terapeuta valida la experiencia del paciente en relación con la historia personal de este y expresa que son entendibles y comprensibles desde esta. Nivel 5: el terapeuta valida la experiencia del paciente en relación con el contexto o situación presente y expresa que son entendibles y comprensibles desde este. Nivel 6: el terapeuta utiliza la validación radical comunicando al paciente que lo considera un compañero más (y no un mero paciente) y que cree en sus capacidades y potencial de cambio, motivándole al mismo. La validación es el componente central de la parte de la dialéctica en sı́ntesis de la aceptación (la tesis); la otra parte (la antı́tesis) que sintetizar son las estrategias de cambio conductual, incluidas las del entrenamiento en habilidades. 8.3.5. Entrenamiento en habilidades El entrenamiento en habilidades es una tarea que recae en el terapeuta del equipo que lleva a cabo la terapia DBT de grupo. Su principal objetivo es capacitar en cuatro tipos de habilidades a los pacientes del grupo que tienen dé�icits o carencias en esos aspectos, y se recomienda que sigan la secuencia siguiente (Linehan, 2003): 1. Habilidades de conciencia plena o mindfulness Son las primeras habilidades en enseñarse. Parten de distinguir entre la «mente racional» —se centra en la resolución de problemas con la mente frı́a—; la «mente emocional» —se centra en el estado emocional actual y los pensamientos son calientes y evaluativos— y la «mente sabia» —combina las dos anteriores y extrae conocimiento intuitivo no disponibles para las dos mentes anteriores—. Con la práctica del mindfulness o atención plena se busca fomentar la mente sabia. Para fomentar la mente sabia con el mindfulness se practican dos tipos de habilidades: — Las habilidades de conciencia «que» se basan en meditaciones encaminadas a observar las experiencias presentes en curso — observar la respiración, observar las sensaciones corporales, observar los pensamientos, observar las emociones—, seguidas de otras donde se ponen palabras a estas experiencias subjetivas —«me doy cuenta de que mi mente ahora siente y piensa tal»— sin dejarse llevar por ese �lujo experiencial; y, por último, en meditaciones en movimientos activos como comer o andar con conciencia plena. — Las habilidades de conciencia «cómo», donde se desarrolla una actitud no juiciosa o evaluativa, centrándose en una sola cosa en cada momento y hacer lo que funciona según la experiencia — contacto con las contingencias directas desde el conductismo—. Suelen enseñarse empezando por practicar la meditación de observar cómo enjuiciamos y evaluamos las cosas, los acontecimientos y las personas, seguidas de meditaciones de centrarnos plenamente en una tarea mientras la realizamos y seguidas, por último, de meditaciones que distinguen lo supuestamente correcto de lo que realmente nos funciona. Al igual que con el resto del entrenamiento en habilidades, se explican los objetivos de las mismas, se debate en el grupo cómo la usan en su vida diaria —o se repasan las hojas de trabajo previas con ellas—, se entrenan en imaginación o en vivo y se plantean tareas para casa relacionada con estas. 2. Habilidades interpersonales de manejo de con�lictos interpersonales Buscan que los pacientes de grupo puedan expresar emociones positivas y negativas a quienes se relacionan con ellos maximizando el refuerzo positivo en esas interacciones sociales. Para el manejo de con�lictos con otras personas se entrena en habilidades sociales de asertividad a las personas del grupo, diferenciando el estilo asertivo del pasivo o el agresivo. Básicamente, los contenidos de esta área son expuestos siguiendo una secuencia estructurada en el grupo, donde se explica por qué son importantes —para mantener las relaciones y evitar que se acaben o estallen en con�lictos—. Se abre a continuación un debate en el grupo sobre cómo se manejan con las relaciones con las personas que les importan, se sigue de una práctica imaginada de la habilidad social objetivo, seguida de otra en vivo dramatizada y moldeada progresivamente; y, por último, se entrega una �icha de trabajo o autorregistro relacionada para los miembros del grupo para trabajar entre semana, �icha que se irá revisando en las sesiones posteriores. 3. Habilidades de regulación emocional Reúne una serie de habilidades a entrenar progresivamente. – Identi�icar y etiquetar las emociones: aprender a analizar la secuencia evento-interpretaciones del evento-experiencia emocional que se identi�ica y etiqueta-como afecta a la conducta y sus consecuencias. – Identi�icar obstáculos para el cambio de emociones: identi�icar las funciones para qué de las emociones en las relaciones con otros, cómo mediante estas intentamos in�luir y controlar la conducta de otros y cómo también tiene una segunda función, que apunta a validar nuestro propio punto de vista de las cosas y eventos. – Reducir la vulnerabilidad de la mente emocional: implica cuidar de las propias necesidades, desde las nutricionales hasta la higiene del sueño, además de activarse con acciones valiosas personales diarias. – Incrementar la frecuencia de acontecimientos emocionales positivos: implica la activación conductual programada y escalonada en di�icultad creciente de actividades reforzantes. – Incrementar la conciencia ante las emociones del momento: se trata de experimentar las emociones sin juzgarlas mediante la práctica del yo observador de la meditación. – Llevar a cabo la acción opuesta: se trata de llevar a cabo acciones opuestas a las que impulsan o activan las emociones intensas y desproporcionadas y expresar las emociones que la acompañan. – Aplicar técnicas de tolerancia al malestar: empieza ya a conectar con el último grupo de habilidades que entrenar en la secuencia propuesta por Linehan (2003)1. Al igual que los módulos previos, sigue la secuencia grupal de explicación breve del para qué de la habilidad, debate grupal, repaso de la tarea, entrenamiento en vivo o mental y nueva tarea con registro por llevar a cabo. 4. Habilidades de tolerancia al malestar Básicamente, son similares a las tareas de apertura y aceptación emocional propuesta por otros enfoques contextuales como la ACT (capı́tulo 5) en vez de la evitación emocional o experiencial. Se fomentan tareas donde se recuerdan o evocan eventos que causan gran malestar, que conllevan conductas de evitación que suelen incluir las autolesiones, las conductas impulsivas de consumo o agresión o las autodestructivas, de modo que se exponen a estos eventos, aprendiendo gradualmente a observar cómo se forma rápida o gradualmente la emoción, sin responder a esta; y sı́ a responder desde los valores o metas deseadas. Sigue la secuencia habitual de explicación breve, repaso de tareas previas, debate grupal, ensayo de la tarea y nueva tarea entre sesiones. 8.3.6. Uso deotras técnicas TCC (manejo de contingencias, exposición y modi�cación cognitiva funcional, no de contenidos) Otra tarea para el terapeuta individual o grupal, según se decida en cada caso, es el manejo de contingencias por parte del terapeuta usando el refuerzo diferencial de extinción o bloqueo de las conductas disfuncionales y el refuerzo positivo de las conductas funcionales alternativas. El uso de exposiciones a eventos emocionales forma parte de las estrategias de tolerancia al malestar, como se expuso antes, y se usa en el entrenamiento de esas habilidades. El manejo de creencias o pensamientos disfuncionales no se dirige a la comprobación empı́rica o debate de sus contenidos, sino a su funcionalidad con preguntas encaminadas a comprobar si esos planteamientos le acercan o no a la vida que desean y les importa. 8.3.7. Terapia basada en la evidencia empírica La propuesta de Linehan es que la DBT sea una terapia validada en su aplicación a múltiples problemas donde están implicadas las di�icultades de desregulación emocional (ver apartado 8.6). 8.3.8. Terapia que usa análisis funcional de las conductas de los pacientes En la DBT es muy importante que las estrategias de cambio conductual, y aun las de aceptación y validación, estén basadas en la comprensión funcional de las conductas del paciente, usando el análisis funcional de la conducta (AFC), que en DBT recibe el nombre de «análisis en cadena de las conductas del paciente» (ver apartado 8.4). 8.4. El análisis funcional de la conducta en la dbt 8.4.1. El análisis de las conductas problemas desde el AFC en cadena En DBT el AFC se focaliza especialmente en experiencias cargadas de eventos con fuerte implicación emocional, tanto dentro de las sesiones individuales como de las grupales de los pacientes que están ocurriendo en esa misma sesión (al estilo de las CCR de la FAP, ver capı́tulo 6) como de reacciones o conductas fuera de la sesión (Swales y Hearg, 2009). Grá�icamente, el AFC en cadena queda ası́: Conducta problema en su topografı́a → vulnerabilidades personales → antecedentes → disparador → consecuencias a corto plazo → consecuencias a medio plazo – Conducta problema/topografı́a: se re�iere a la forma, intensidad o frecuencia de una clase de conducta relevante disfuncional. Por ejemplo, preguntamos cuántas veces ha intentado quitarse la vida, qué ha hecho en esta última ocasión, qué medios usó, etc. – Vulnerabilidades personales: se relaciona con las operaciones de establecimiento del análisis de conducta, como la privación o saciedad de reforzadores que afectan a que una conducta sea más o menos probable. En este ejemplo podemos preguntar si la persona tiene algún problema afectivo con otra persona que le está afectando, qué echa de menos en esa relación, qué desea, etc. – Antecedentes: se pregunta por la situación inmediata que precede a la conducta problema, en el ejemplo de este intento suicida, tanto por la situación externa —qué pasó inmediatamente antes, si habı́a otras personas, qué dijeron o hicieron inmediatamente antes, dónde estaba y qué habı́a hecho justo antes— como por la situación interna precedente anterior personal —qué sentı́a justo antes, qué pensaba justo antes y qué hizo justo antes, en este caso, de la conducta suicida—. – Disparador: se rastrea históricamente la primera vez que se hizo este tipo de conducta y qué pasaba en su vida entonces, y qué similitudes tiene con el acontecimiento reciente de la conducta problema, buscando la equivalencia funcional mediante la que el paciente trata de regular a su manera un estado emocional vivido como aversivo y desbordante. – Consecuencias a corto plazo: se le pregunta qué pasa o pasó inmediatamente después de la conducta problema, tanto externamente, sobre cómo reaccionaron otros, o qué cambió en la situación, como internamente, preguntando cómo le hizo pensar, sentir y actuar justo después de la conducta problema, en este caso, el intento suicida. – Consecuencias a mediano plazo: se pregunta al paciente a qué conduce todo esto a la larga en su vida, si le acerca o aleja a la vida que desea y le importa, y el coste personal de todo ello (de nuevo, similar a la ACT, capı́tulo 5); en este caso, de la conducta de intento suicida. 8.4.2. El análisis de las soluciones Tras el análisis funcional en cadena para entender la función del para qué de esas conductas, se evalúan varias áreas (si no se hizo previamente), las habilidades o dé�icits del paciente para llevar una vida signi�icativa. Se evalúan las habilidades para (1) regular sus emociones, (2) tolerar el malestar, (3) manejar los con�lictos interpersonales, (4) usar la conciencia plena o mindfulness para regular su conducta, (5) las circunstancias de su entorno que refuerzan conductas funcionales o disfuncionales, (6) la presencia de respuestas emocionales condicionadas que bloquean respuestas operantes más hábiles y (7) la presencia de creencias o supuestos personales que inhiben respuestas más efectivas (al estilo de la CBT tradicional). Como se comprueba en este caso, la DBT añade al AFC de la conducta de tipo radical una serie de constructos cognitivos-conductuales derivados del conductismo metodológico, como se expuso al inicio de este capı́tulo. En la valoración de todas estas habilidades y constructos se utilizan varias escalas provenientes de la tradición CBT y de la DBT propiamente dicha. Algunas de estas escalas son las siguientes: 1.- Mindfulness Attention Awareness Scale, MAAS (Brown y Ryan, 2003): es una escala de 15 ı́tems que se valoran en puntuaciones tipo Likert entre 1 (casi siempre) y 6 (casi nunca). Cuanta mayor puntación, mayor habilidad para la atención plena y consciente. 2.- Inventario de asertividad de Gambrill y Richey, AI (Gambrill y Richey, 1975): esta escala mide el grado de malestar que provocan en el sujeto ciertas situaciones sociales, la probabilidad de que esa persona mani�ieste conductas asertivas, ası́ como las situaciones en las que le gustarı́a ser más asertiva. Consta de 40 ı́tems, para cada uno de los cuales hay dos columnas. Por un lado, se encuentra la columna «grado de ansiedad» a la izquierda, en la que la persona debe indicar el grado de malestar o ansiedad social respecto a responder asertivamente, en una escala tipo Likert de 1 (en absoluto) a 5 (muchı́simo). Por otro lado, se encuentra la columna de «probabilidad de respuesta» a la derecha, donde debe indicar la probabilidad de emitir respuestas asertivas en una escala tipo Likert donde también 1 = siempre lo hago, y 5 = nunca. 3.- Escala de di�icultades en la regulación emocional (DERS, Dif�iculties in Emotion Regulation Scale) (Gratz y Roemer, 2004): es una escala de 36 ı́tems que se responde usando una graduación tipo Likert entre 1 (casi nunca) y 5 (casi siempre). Recaba la siguiente información: di�icultades en el control de impulsos (6 ı́tems), acceso limitado a estrategias de regulación (8 ı́tems), falta de aceptación emocional (6 ı́tems), interferencia en conductas dirigidas a metas (5 ı́tems), falta de conciencia emocional (6 ı́tems) y falta de claridad emocional (5 ı́tems). 4.- Distress Tolerance Scale, DTS (Simons y Gaher, 2005): mide la tolerancia al estrés como capacidad que tiene el individuo para soportar los estados psicológicos negativos. Es una escala de 15 ı́tems con una graduación tipo Likert entre 1 (muy de acuerdo) y 5 (muy en desacuerdo). 8.5. Cómo se suele proceder en las sesiones de DBT 8.5.1. Contar con un equipo de dos o más terapeutas coordinados con cuatro componentes de trabajo esenciales El punto de partida necesario para realizar una terapia DBT es contar con un equipo de terapeutas coordinados. Al menos debe tener dos terapeutas, uno que se dedica a las sesiones individuales con los pacientes y la atención telefónica al manejo de las crisis de estos, y el otro al entrenamiento en habilidades en formato grupal. Ambos se reúnen al menos una vez por semana para compartirla evolución de los casos, la aparición de problemas y para coordinar sus intervenciones. Ası́, los cuatro componentes esenciales son: - Terapia individual. - Atención telefónica. - Entrenamiento en habilidades en formato de terapia grupal. - Reunión de equipo. 8.5.2. Primera etapa de pretratamiento En esta etapa se empieza a evaluar el caso del paciente y se acuerda con este los objetivos del tratamiento y su modalidad, compartiendo con él que la intervención durará varios meses y que requerirá intervenciones individuales, llamadas telefónicas de seguimiento y de atención a urgencias, terapia grupal para entrenamiento en habilidades y reuniones del equipo de terapeutas, que coordinarán sus intervenciones. Se establece un compromiso con el paciente para que participe en dicho programa estructurado. 8.5.3. Etapa I de disminución de conductas suicidas, de interferencia en la terapia y de interferencia en la calidad de vida. Aumento de habilidades conductuales Se trabaja con cuatro objetivos secuenciales y en este orden: (1) disminuir las conductas suicidas, (2) disminuir las conductas que inter�ieren en la terapia, (3) disminuir las conductas que inter�ieren en la calidad de vida y (4) incrementar las habilidades conductuales. Los tres primeros objetivos recaen en la intervención individual y el último en la grupal. En las intervenciones individuales se utiliza con profusión el AFC en cadena para entender las funciones de las conductas del paciente (suicidas, de interferencia en la terapia, de baja calidad de vida…) y se validan estas funciones, ofreciendo alternativas de resolución de problemas, manejo de contingencias e intervenciones cognitivas funcionales (no de debate o comprobación de contenidos cognitivos). Igualmente, se atienden las crisis y las urgencias del paciente con los mismos procedimientos anteriores. Las conductas de tipo suicida, las autolesiones y las conductas impulsivas son abordadas por el terapeuta del equipo dedicado a la terapia individual y las llamadas telefónicas de las crisis del paciente. El entrenamiento en habilidades corresponde al terapeuta grupal y la terapia de grupo, trabajo que requerirá de varios meses de trabajo con sesiones semanales de terapia grupal. 8.5.4. Etapa II de reducción de las conductas relacionadas con el estrés postraumático Es una tarea propia del terapeuta individual del equipo de trabajo. Aquı́ básicamente se utilizan intervenciones basadas en la exposición a recuerdos y vivencias evitadas. 8.5.5. Etapa III, incremento del autorrespeto y logro de objetivos personales También es objetivo del terapeuta individual del equipo de trabajo. Se trabaja mucho con el autorrespeto en forma de intervenciones basadas en el mindfulness-compasión y el establecimiento de metas personales por pasos graduales como acciones comprometidas. 8.5.6. Etapa IV de búsqueda de sentido a la vida personal Es otro objetivo del terapeuta individual del equipo de trabajo. En este punto se trabaja de una manera más abierta, planteando los valores, la vida deseada por el paciente y las carencias habidas en su historia personal para que su vida tenga sentido, compartiendo con este su crecimiento personal2. 8.6. Aplicaciones y evidencias de la DBT Respecto al tratamiento del trastorno lı́mite de personalidad (TLP) con DBT, hay varios estudios de metaanálisis controlados que demuestran su efectividad en estos casos (Linehan et al., 1991; Safer y Joyce, 2011; Vickers, 2016; McMain et al., 2017). En TLP con adolescentes hay estudios que demuestran que la DBT mejora la calidad de vida de estas personas (Swales et al., 2016). La DBT también se muestra efectiva en el manejo de los intentos suicidas y conductas de autolesiones (Linehan et al., 1991; Linehan, Heard et al., Armstrong, 1993b; Verheul et al., 2003; Van den Bosch et al., 2005; Linehan et al., 2006; Linehan et al., 2008). Igualmente, es efectiva en el abuso de sustancias (Linehan et al., 1999a; Linehan et al., 2002); bulimia (Safer et al., 2001; Telch et al., 2001) y depresión en ancianos (Lynch et al., 2003); mejora de la regulación emocional y sı́ntomas afectivos en personas con trastorno bipolar (Eisner et al., 2017); reduce la sintomatologı́a en depresiones graves y croni�icadas a niveles más leves de depresión (Urbano Blackford y Love, 2011); aumento de la calidad de vida, autocontrol y reducción de la dependencia a los servicios de salud mental en personas con trastornos de personalidad del cluster B (histriónico, narcisista, lı́mite y antisocial) y sı́ntomas afectivos relacionados (Conrad, 2017); mejora de la depresión postparto en adolescentes, la reducción del estrés en estas y la mejora de la relación con el bebé (Kleiber et al., 2013); mejora de los atracones en bulimia (Hill et al., 2011); mejora del estado de ánimo y conductas en adolescentes con conductas negativistas desa�iantes (Nelson-Gray et al., 2006); mejora en la atención, ánimo y conductas en estudiantes universitarios con TDAH (Fleming et al., 2015); mejora en la regulación emocional en familiares de pacientes con trastornos de conducta, aunque no en sus niveles de ansiedad y depresión, usando DBT grupal con estos (Wilks et al., 2016); mejora en la regulación emocional y en la capacidad de crianza en madre mediante DBT grupal (Martin et al., 2016) y entrenamiento en DBT a enfermeras en el cuidado de paciente psiquiátricos, aumentando la calidad del manejo de estos casos, la reducción del burnout y el estigma hacia pacientes con TLP (Haynos et al., 2016). Dado que la DBT es un paquete de intervenciones, se han estudiado comparativamente sus componentes terapéuticos (Linehan et al., 2015) comparando tres modalidades de DBT: (1) la DBT estándar con la intervención individual, seguimiento telefónico, entrenamiento grupal en habilidades y reunión de equipo; (2) la DBT solo con intervención individual y de grupo en habilidades; y (3) la DBT solo individual con apoyo a actividades, pero sin entrenamiento grupal en habilidades. Los resultados fueron los siguientes: todos los tipos de tratamiento llevaron a mejorı́as similares en la frecuencia y gravedad de las tentativas suicidas, ideación suicida, uso de servicios de urgencia debido a ideación suicida y razones para vivir. Las intervenciones que incluyeron entrenamiento en habilidades resultaron en una mayor mejorı́a en la frecuencia de autolesiones y depresión durante el año de tratamiento. La ansiedad mejoró en el año de tratamiento con DBT estándar y con DBT solo con intervención individual y con entrenamiento grupal en habilidades, pero no con DBT individual solo. La conclusión esencial es que todas las intervenciones resultaron efectivas, pero que las más efectivas incluyeron el entrenamiento en habilidades. 1 En centros preparados, como hospitales de dı́a, la terapia de grupo DBT puede ser diaria y secuenciada durante varios meses. Por ejemplo, en el hospital de dı́a de Linares (Jaén, España) se trabaja con este enfoque grupal en periodos de seis a nueve meses anuales con sesiones diarias de lunes a viernes, lo que incrementa su potencia y e�icacia. 2 La mayorı́a de las intervenciones DBT publicadas y realizadas en medios públicos de salud mental (donde suelen ser más habituales) suelen girar solo en torno a la fase I. Bibliografía del capítulo 8 Bohart A. y Greenberg L. (1997). Emphaty Reconsidered: New Directions in Psychotherapy. Washington: Association AP, editor. Brown K. y Ryan R. (2003). The Bene�its of Being Present: Mindfulness and Its Role in Psychological Well-Being. J Pers Soc Psychol.,84, 822-848. Conrad, A. M., Sankaranarayanan, A., Lewin, T. y Dunbar, A. (2017). Effectiveness of a 10-week group program based on Dialectical Behaviour Therapy skills among patients with personality and mood disorders: �indings from a pilot study. Australasian Psychiatry: Bulletin of Royal Australian and New Zealand College of Psychiatrists, 25(5), 466-470. Crowell S. E., Beauchaine, T. P. y Linehan,M. M. (2009). A biosocial developmental model of borderline personality: Elaborating and extending Linehan’s theory. Psychol Bull., 135(3), 495- 510. Dimeff, L. y Koerner, K. (2007). Dialectical Behavior Therapy in Clinical Practice. Nueva York: Press TG. Eisner L., Eddie, D., Harley, R., Jacobo, M., Andrew A Nierenberg, A. A. y Deckersbach, T. (2017). Dialectical Behavior Therapy Group Skills Training for Bipolar Disorder. Behavior Therapy, 48 (4), 557-566. Fleming, A. P., McMahon, R. J., Moran, L. R., Peterson, A. P. y Dreessen A. (2015). Pilot Randomized Controlled Trial of Dialectical Behavior Therapy Group Skills Training for ADHD Among College Students. Journal of Attention Disorders, 19(3), 260-271. Haynos, A. F., Fruzzetti, A. E., Anderson, C., Briggs, D. y Walenta, J. (2016). Effects of dialectical behavior therapy skills training on outcomes for mental health staff in a child and adolescent residential setting. Journal of Hospital Administration,5(2), 55-61. Hill, D. M., Craighead, L. W. y Safer, D. L. (2011). Appetite-focused dialectical behavior therapy for the treatment of binge eating with purging: A preliminary trial. International Journal of Eating Disorders, 44, 249-261. Hofmann, S. G. y Asmundson, G. J. (2008). Acceptance and mindfulness based therapy: new wave or old hat? Clin Psychol Rev., 28(1), 1-16. Kleiber, B., Felder, J. y Stafford, B. (2013) Feasibility of a dialectical behavioral therapy skills group for adolescentes with postpartum depression. Archives of Women’s Mental Health,16, S63. Koerner, K. (2012). Doing Dialectical Behavior Therapy: A Practical Guide. Nueva York: Press TG. Lynch, T. R., Morse, J. Q., Mendelson, T. y Robins, C. J. (2003). Dialectical behavior therapy for depressed older adults: a randomized pilot study. Am J Geriatr Psychiatry, 11(1), 33- 45. Linehan, M. M. (1993a). Cognitive-Behavioral Treatment of Borderline Personality Disorder. Nueva York-Londres: Press TG. Linehan, M. M. (1993b). Skills Training Manual for Treating Borderline Personality Disorder. Nueva York: Press TG. Linehan, M. M. (2003). Manual de tratamiento de los trastornos de personalidad límite. Barcelona: Paidós. Linehan, M. M., Armstrong, H. E., Suárez, A., Allmon, D., Heard, H. L. (1991). Cognitive-behavioral treatment of chronically parasuicidal borderline patients. Arch Gen Psychiatry, 48(12), 1060-4. Linehan, M. M., Comtois, K. A., Murray, A. M., Brown, M. Z., Gallop, R. J., Heard, H. L., Korslund, K. E., Tutek, D. A., Reynolds, S. K. y Lindenboim, N. (2006). Two-year randomized controlled trial and follow-up of dialectical behavior therapy vs therapy by experts for suicidal behaviors and borderline personality disorder. Arch Gen Psychiatry, 63(7), 757-766. Linehan, M. M., Dimeff, L. A., Reynolds, S. K., Comtois, K. A., Welch, S. S., Heagerty P. y Kivlahan, D. R. (2002). Dialectical behavior therapy versus comprehensive validation therapy plus 12-step for the treatment of opioid dependent women meeting criteria for borderline personality disorder. Drug Alcohol Depend., 67(1), 13-26. Linehan, M. M., Heard, H. L., Armstrong, H. E. (1993a). Naturalistic follow-up of a behavioral treatment for chronically parasuicidal borderline patients. Arch Gen Psychiatry, 50(12), 971-4. Linehan, M. M., Heard, H. L., Armstrong, H. E. (1993b) Naturalistic follow-up of a behavioral treatment for chronically parasuicidal borderline patients. Arch Gen Psychiatry, 50(12), 971-4. Linehan, M. M., Korslund, K. E., Harned, M. S., Gallop, R. J., Lungu, A., Neacsiu, A. D., McDavid, J., Comtois, K. A. y Murray-Gregory, A. M. (2015). Dialectical Behavior Therapy for High Suicide Risk in Individuals With Borderline Personality Disorder: A Randomized Clinical Trial and Component Analysis. JAMA Psychiatry, 72(5), 475-82. Linehan, M. M., McDavid, J. D., Brown, M. Z., Sayrs, J. H. y Gallop, R. J. (2008). Olanzapine plus dialectical behavior therapy for women with high irritability who meet criteria for borderline personality disorder: a double-blind, placebo-controlled pilot study. J Clin Psychiatry, 69(6), 999-1005. Linehan, M. M., Schmidt, H. 3rd, Dimeff, L. A., Craft, J. C., Kanter, J. y Comtois, K. A. (1999a). Dialectical behavior therapy for patients with borderline personality disorder and drug- dependence. Am J Addict, 8(4), 279-292. Linehan, M. M., Schmidt, H. 3rd, Dimeff, L. A., Craft, J. C., Kanter, J. y Comtois, K. A. (1999b) Dialectical behavior therapy for patients with borderline personality disorder and drug- dependence. Am J Addict, 8(4), 279-292. Manning, S. (2011). Loving someone with borderline personality disorder: how you keep out-of- control emotions from destroying your relationship. Nueva York: Press TG. Martin, C. G., Roos, L. E., Zalewski M. y Cummins N. (2016). A Dialectical Behavior Therapy Skills Group Case Study on Mothers With Severe Emotion Dysregulation Authors. Cognitive and Behavioral Practice. McMain, S. F., Guimond, T., Barnhart, R. y Habinski, L. (2017). A randomized trial of brief dialectical behaviour therapy skills training in suicidal patients suffering from borderline disorder. Acta Psychiatrica, 135 (2), 138-148. Nelson-Gray, R. O., Keane, S. P., Hurst, R. M., Mitchell, J. T., Warburton, J. B., Chok, J. T. y Cobb, A. R. (2006). A modi�ied DBT skills training program for oppositional de�iant adolescents: promising preliminary �indings. Behaviour Research and Therapy, 44, 1181-1820. Safer, D. L. y Joyce, E. E. (2011). Does rapid response to two group psychotherapies for binge eating disorder predict abstinence? Behav Res Ther, 49(5), 339-345. Safer, D. L., Telch, C. F. y Agras W. S. (2001). Dialectical behavior therapy for bulimia nervosa. Am J Psychiatry,158(4), 632-4. Swales, M. y Hearg, H. (2009). Dialectical behavior therapy: distinctive features. Nueva York: Routledge. Swales, M., Hibbs, R. A. B., Bryning, L. y Hastings, R. P. (2016). Health related quality of life for young people receiving dialectical behaviour therapy (DBT): a routine outcome-monitoring pilot. Springer Plus. Telch, C. F., Agras W. S. y Linehan, M. M. (2001). Dialectical behavior therapy for binge eating disorder. J Consult Clin Psychol., 69(6), 1061-5. Teti, G. L., Boggiano, J. P. y Gagliesi, P. (2019). Terapia dialéctico conductual (DBT): un tratamiento posible para pacientes con trastornos severos. Recuperado de http://catc.com.ar/terapia- dialectico-conductual-dbt.html Urbano Blackford, J. y Love, R. (2011). Dialectical Behavior Therapy Group Skills Training in a Community Mental Health Setting: A Pilot Study. Int J Group Psychother, 61(4), 645-657. Van den Bosch, L. M., Koeter, M. W., Stijnen, T., Verheul, R. y Van den Brink, W. (2005). Sustained ef�icacy of dialectical behaviour therapy for borderline personality disorder. Behav Res Ther., 43(9), 1231-41. Verheul, R., Van den Bosch, L. M., Koeter, M. W., De Ridder, M. A., Stijnen, T, y Van den Brink, W. (2003). Dialectical behaviour therapy for women with borderline personality disorder: 12- month, randomised clinical trial in The Netherlands. Br J Psychiatry,182, 135-40. Vickers, J. (2016). Assessing a six-month dialectical behaviour therapy skills-only group: Results from a study of the effectiveness of a stand-alone treatment for people with borderline personality disorder and other serious mental illnesses. Mental Health Practice, 19, 26-30. Wilks, C. R., Valenstein-Mah, H., Tran, H., King, A. M. M., Lungu, A. y Linehan, M. M. (2016). Dialectical Behavior Therapy Skills for Families of Individuals with Behavioral Disorders: Initial Feasibility and Outcomes. Cognitive and Behavioral Practice, 24(3), 288-295. http://catc.com.ar/terapia-dialectico-conductual-dbt.html Capítulo 9 Terapias de pareja de tercera generación Un aspecto común a todos los modelos conductuales y cognitivos- conductuales de terapia de pareja es que destacan la importancia de evaluar las causas o variables que dan origen y mantienen en la actualidad los problemas de una pareja concreta. Esto se denomina análisisfuncional de la conducta, y se suele representar con la secuencia A-B-C; donde A representa los antecedentes pasados e históricos de esas conductas problemáticas en estudio y también los antecedentes actuales e inmediatos a esas conductas en forma de situaciones contextuales y acontecimientos inmediatos que la preceden. La B representa la conducta o clase de conducta en estudio tanto pública (lo que hace y dice) como privada (lo que siente y piensa) y la C las consecuencias, efectos o resultados inmediatos de esas acciones o clases de conducta que suelen mantener a lo largo del tiempo (reforzamiento positivo o negativo), disminuir su frecuencia (castigo positivo o negativo) o hacerlas desaparecer, aunque se puedan reactivar posteriormente (extinción). En resumen, la conducta especı́�ica o las clases de conductas o repertorios de conducta (B) son el resultado de las variables, causas o contingencias antecedentes y consecuentes (A y C). Las personas están inmersas en el mundo e interactúan con este. El A-B-C de los modelos de segunda generación, sin embargo, es distinto al de primera y tercera generación, ya que su anclaje en las denominadas terapias cognitivas-conductuales supone la defensa de un dualismo mental-conductual, donde el A-B-C se conceptualiza de manera distinta: A siguen siendo los antecedentes pasados y actuales; B son el sistema de creencias, constructos, esquemas cognitivos mediante los que las personas subjetivamente organizan, construyen e interpretan su realidad; y C el resultado y consecuencias de B en formas de acciones, verbalizaciones, pensamientos concretos y sentimientos. Se admite, sin embargo, una relación e interacción entre A-B-C, pero B es el aspecto central que evaluar y el principal foco de trabajo. Las personas están inmersas en el mundo e interactúan con este, pero siempre a través de sus construcciones cognitivas subjetivas. Para los modelos de primera y tercera generación, esas construcciones que de�ienden los modelos de segunda generación son también formas de conductas sujetas a las interacciones con el mundo, y no un mundo paralelo y subjetivo ajeno a aquel. Lo cierto es todos estos modelos contribuyen a generar distintas terapias y tecnologı́a de intervención e investigación sobre los problemas humanos y su resolución. En la actualidad, parece existir una mayor convergencia entre los defensores de las distintas corrientes conductuales y cognitivas conductuales (Hayes y Hofmann, 2018) que de�ienden «la investigación en procesos»; aunque dicha convergencia es percibida por otros autores conductuales como un pastiche confuso (Froxán Parga et al., 2018) que no aporta un avance cientı́�ico considerable y sı́ mucha confusión, ya que no de�ine los verdaderos procesos conductuales que dan lugar a los cambios y mezcla procesos observables con otros inferidos y de difı́cil veri�icación. En realidad, a esta polémica subyace la de�inición propia de la psicologı́a bien entendida, como lo hace el conductismo radical, como psicologı́a del verbo o interacciones conductuales (Ruiz et al., 2018) o bien como lo hace el conductismo metodológico en forma de modelos cognitivos conductuales donde se mezcla lo mental-conductual- neurobiológico. Hacerlo de una manera u otra varı́a la forma de entender e intervenir en los problemas humanos más allá del debate conceptual. De ahı́ que la forma de entender el A-B-C del análisis funcional es fundamental cuando trabajamos en terapia individual, familiar, grupal o en parejas. 9.1. Planteamiento conductual de primera generación. El modelo de la triple contingencia A-B-C donde lo verbal es secundario El modelo de conductual de primera generación sobre los problemas de pareja se resume en la siguiente �igura. 9.2. Planteamiento cognitivo-conductual de segunda generación. Importancia de lo verbal como serie de constructos mentales inventados El modelo de cognitivo-conductual de segunda generación sobre los problemas de pareja se resume en la siguiente �igura. 9.3. Planteamientos conductuales de tercera generación. La TIP, la DBT y la ACT de pareja. El modelo de la triple contingencia A-B-C donde lo verbal observable es central El modelo de la TIP sobre los problemas de pareja se resume en la siguiente �igura. Las primeras aportaciones de la terapia de conducta al campo de los problemas de pareja se inician a �inales de los años 60 y principios de la década de los años 70 (Stuart, 1969; Weiss, 1973). En estos trabajos ya se destacan aspectos centrales de intervenir con parejas que serán continuados con posterioridad, como: – El aumento de intercambios de refuerzos positivos. – La disminución de los intercambios negativos o aversivos. – Mejoras de las habilidades de comunicación. – Resolución de problemas. A �inales de los años 70 aparece una obra que se constituye como manual de referencia para los terapeutas de conducta en el tratamiento de los problemas de pareja, Marital Therapy. Strategies based on social learning and behavior Exchange principles, de Jacobson y Margolin, publicado en 1979 (Labrador, 2015). A lo largo de los años 80 se realiza una investigación sistemática de la e�icacia de la terapia conductual de pareja (TCP). Se pone de mani�iesto que el 60 % de las parejas tratadas mejoran con la TCP; aunque también no todas las parejas satisfechas con esta terapia mantienen estos resultados a lo largo del tiempo, y casi el 37 % de estas acaban divorciándose. Esto trató de ser corregido por las terapias de segunda generación, introduciendo los componentes cognitivos en la terapia de pareja, sumados a los conductuales previos, detectando las creencias, las atribuciones, los pensamientos y las expectativas disfuncionales en las relaciones problemáticas de pareja, que en esos años empieza a denominarse terapia cognitiva-conductual de pareja (TCCP), que busca detectar y modi�icar esos aspectos cognitivos —siguiendo los debates y comprobaciones al estilo de las terapias cognitivas de Ellis y Beck—. Los resultados no fueron los esperados, tanto la TCP como la TCCP obtuvieron resultados similares (Labrador, 2015). O sea, sumar los aspectos cognitivos, a la manera de la segunda generación, no produjo ningún incremento de la e�icacia de la terapia de pareja. Todos estos hechos llevan a los principales exponentes de la TCP, Jacobson y Christensen (1998) y Christensen y Jacobson (2000) a cuestionar que tanto la TCP como la TCCP no han sido terapias conductuales radicales y coherentes con un análisis funcional adecuado y continuado y se han excedido en suponer determinados dé�icits generalizados en intercambio de refuerzos, habilidades de comunicación, de resolución de problemas y distorsiones cognitivas, a pesar de la utilidad de estos aspectos en determinados casos y momentos de la terapia de pareja. De su revisión y cuestionamiento de estos modelos previos surge su nueva propuesta de terapia de pareja, denominada terapia conductual integral de pareja (TCIP) que tiene como aportaciones fundamentales, tres aspectos (Barraca, 2016; Barraca y Olid, 2019): — Centrarse en los motivos o temas de pareja que suponen problemas en la relación de pareja más que en conductas concretas. Esto equivale al aspecto A del ABC del análisis funcional de la conducta. — Centrarse en promover en la relación de pareja repertorios de aceptación y tolerancia (junto a los de cambio) hacia clases de conducta diferentes de la pareja más que en la permanente insistencia de la pareja y los terapeutas en su cambio o modi�icación. Esto equivale al B del modelo ABC del análisis funcional. — Centrarse en buscar cambios más duraderos y profundos en las clases de conducta de las parejas usando estrategias de intervención centradas en el manejo de las contingencias directas experienciales y menos en las basadas en las instrucciones de las conductas basadas en el control por reglas verbales. Esto supone un trabajo con los aspectos A y C del modelo ABC del análisis funcional, sesión a sesión,de manera continua. Los problemas de pareja desde la TIP (Barraca y Olid, 2019) suelen presentarse con los siguientes aspectos: – Existirı́a un problema de pareja como resultado de cómo esta maneja sus incompatibilidades inevitables. – Desglosado funcionalmente, este manejo disfuncional conlleva la aparición de una serie de temas que disparan la secuencia problemática que son clases de conductas, más que conductas especı́�icas, que tienen la función discriminativa (A del ABC funcional) de evocar respuestas problemáticas, ya sean discusiones o distanciamientos. – Ejemplos de estos temas son las discusiones en torno a la distancia vs. intimidad (uno pide más intimidad y otro más espacio para sus actividades) o el de control vs. responsabilidad (uno espera que el otro cumpla una serie de supuestas responsabilidades y el otro se queja de la insistencia de este de que se hagan las cosas de ese modo). – En respuesta a esos temas, cada miembro de la pareja pone en marcha estrategias de polarización (el componente funcional B del ABC), que principalmente son vilipendios (insultos, reproches, etc.) y coerción (p. e., amenazas) que pretenden terminar o evitar esas discusiones desagradables para ambos que conllevan tanto aspectos observables como subjetivos. – El resultado de la combinación de esos temas y esas polarizaciones es provocar que la pareja presente una trampa mutua (el componente funcional C del ABC), donde experimentan las consecuencias de sentirse cansados, hartos, resentidos y desesperados ante estas situaciones de su convivencia. También cabe que otros resultados sean la in�idelidad y/o el maltrato. La secuencia habitual de intervención en TIP (Barraca y Olid, 2019) es la siguiente: 1.- Evaluación Se realiza una primera consulta conjunta con la pareja, posteriormente una individual con cada miembro de esta y después se vuelve a continuar con las consultas conjuntas, devolviéndoles la información recabada. En caso de in�idelidad, se plantea en las consultas individuales —que pueden ser de una a tres-cuatro— que, si desean seguir con la terapia, deben decidir si dan por terminada la relación de in�idelidad y si están dispuestos a expresar esto a su pareja; si no acceden, no se continúa la terapia de pareja. En caso de maltrato, tampoco es viable la terapia de pareja y se orienta a intervenciones sociales o jurı́dicas pertinentes. En la evaluación (que no solo es en una fase �ija, ya que se continúa a lo largo de toda la terapia, pero sı́ se recaba inicialmente para empezar a trabajar con esta pareja) se recaban aspectos del tema, la polarización y la trampa mutua, es decir, del análisis funcional de la conducta. 2.- Sesión de feedback conjunto tras la evaluación individual por separado Se les presenta una explicación funcional (ABC) de sus problemas y las variables que lo mantienen (A y C), destacando cómo cada miembro de la pareja reacciona al tema y el resultado o consecuencia de esto para ambos y la relación. También se añade información de cómo se va a actuar en la intervención con ellos, proporcionando material para la pareja por escrito también de todo esto. Esto, a veces sin iniciar la intervención, puede ya cambiar a mejor la relación de esta pareja. 3.- Intervención mediante aceptación, tolerancia y cambio En muchas de las sesiones el terapeuta pregunta y provoca que los temas problemáticos aparezcan en las consultas, de modo que se puedan trabajar en vivo y en el presente de estas consultas conjuntas con la pareja. Para ello usa, según qué casos y momentos una de las siguientes tres estrategias: A. Estrategias de aceptación, que a su vez consta de dos estrategias: A.1. La unión empática: se busca que cada miembro de la pareja sea más empático y comprensivo al ponerse en la piel del otro a, haciéndole relatar y escuchar aspectos de su historias personales de aprendizaje que pueden explicar muchas de sus conductas actuales. A.2. La separación uni�icada: se busca que los miembros de la pareja cambien la función extremadamente aversiva que tienen de la percepción de las diferencias con su pareja, tomando distancia (defusión cognitiva) con estas y que trabajen en equipo para afrontarlos. Se suele usar la externalización del problema como algo que la pareja tiene que afrontar conjuntamente («Estas diferencias suponen para ambos tal cosa, haciendo que os sintáis de tal manera y os aleja de esto que valoráis, ¿podemos buscar la forma de dar la cara a esto para que ambos ganéis como pareja?»). B. Estrategias de tolerancia: se usan cuatro, (1) destacar los aspectos positivos de las conductas negativas del otro, (2) fomentar el autocuidado, (3) practicar conductas negativas en sesión y (4) �ingir conductas problemáticas en casa. C. Estrategias de cambio: se usan sobre todo (1) intercambio de conductas reforzantes y (2) entrenamiento en comunicación y solución de problemas, ya propuestas por la TCP tradicional. Estos autores re�ieren que la e�icacia acumulada de la TCIP es del 70 % frente al 61 % de la TCP, y menor ı́ndice de recaı́das o divorcios posteriores; aunque para otros autores las diferencias aportadas no son signi�icativas entre ambos modelos conductuales. Ası́, las recomendaciones de la APA (Asociación Americana de Psicologı́a de Estados Unidos) respecto a qué terapia de pareja elegir destaca que la elección basada en la e�icacia es usar la TCP (o sus versiones TCCP o TCIP), y con menor evidencia, pero también relevantes, la humanista experiencial de la terapia focalizada en las emociones y algunas intervenciones psicodinámicas de pareja (Labrador, 2015). De manera más reciente, con apenas un par de publicaciones por el momento, surgen dos nuevas terapias contextuales aplicadas a los problemas de pareja, la terapia dialéctica conductual de pareja (DBTP, por sus siglas en inglés) de Fruzzeti (2015) y la terapia de aceptación y compromiso de pareja (ACTP, por sus siglas en inglés), de Lev y Mckay (2018), que describiremos a continuación. 9. 4. El modelo de la DBT de pareja La DBTP de Fruzzetti (2015) plantea que la principal causa de los problemas en pareja con altos ı́ndices de con�lictividad (agresiones verbales y/o fı́sicas) está en una desregulación emocional aprendida en personas con una vulnerabilidad biogenética a respuestas emocionales intensas, en combinación con experiencias emocionales previas de invalidación o maltrato que se origina en ambientes sociofamiliares disfuncionales siguiendo el modelo de la terapia dialéctico conductual de Marta Linehan aplicado originalmente al trastorno lı́mite de personalidad. La DBTP plantea que con estas parejas el trabajo terapéutico consiste en que aprendan una serie de habilidades para manejar esas emociones desreguladas que afectan a los patrones de interacción disfuncionales (evitación recı́proca o implicación destructiva). Estas habilidades que se trabajan con la pareja de manera resumida son las siguientes: 1. Módulo de identi�icar los patrones de desregulación emocional y acciones disfuncionales Primero se identi�ican los patrones de desregulación emocional y de interacción disfuncional (evitador, destructivo o su combinación) por sus relatos u observaciones en vivo en las sesiones de la relación de pareja. Se les devuelve esta información conceptualizada y se les propone un plan de entrenamiento en habilidades. En caso de agresiones extremas, se recomienda usar recursos sociales y legales y proceder a la separación de la pareja. 2. Módulo de aceptación de sí mismo y de la pareja Se continúa con que la pareja aprenda habilidades de aceptación de sı́ mismo y de la pareja que pasa por ejercicios de mindfulness basados en la observación de la experiencia personal sin emitir juicios y la del compañero, que se hace de manera escalonada comenzando por actividades cotidianas donde se practica la meditación de la respiración (mientras se ducha, come, etc.). Después se etiquetan los juicios, volviendo a observar la respiración,y se continúa con la observación de la pareja haciendo sus actividades cotidianas, diferenciando los juicios que pasan por la cabeza de las actividades que esta realiza. 3. Módulo de parar las secuencias de escaladas del malestar Otro módulo de entrenamiento que suele seguir al anterior consiste en parar las secuencias que empeoran la relación. Se empieza por hablar y autorregistrar las consecuencias a largo plazo de las discusiones o evitaciones para la vida de pareja y las justi�icaciones personales para atacar (que empeoran la relación a la larga); se continúa con apartarse de la pelea no como una derrota, sino como actos valientes no de rendición. Para ello, se hace un listado al �inal de detonadores de las peleas-evitaciones y se ensayan estrategias de nuevas respuestas emocionales, desde la distracción con otras actividades (relajación, dar un paseo, rezar, escuchar música según sean reforzantes o valiosas para la pareja en cuestión); ensayar cómo acabar los con�lictos dignamente (revelar las emociones primarias sin acusaciones, y expresando las necesidades personales) y manejar los impulsos autodestructivos (con ejercicios de visualización de consecuencias negativas de seguirlo y positivas de ni seguirlo, meditación, defusión, etc.). 4. Módulo de estar juntos y reactivar la relación Usar el recondicionamiento de lugares y actividades que aumenten la probabilidad de evocar emociones positivas en pareja. Se puede usar crear una caja, un álbum o un libro de relación donde cada uno va aportando y añadiendo experiencias pasadas donde lo pasaron bien juntos en forma de fotos y recuerdos tangibles (anillo, colgante, postales, libros, etc.). A esta actividad se dedica unos minutos diarios, junto al módulo de observar a la pareja sin juicio. Es deseable hacer esto en el lugar y momento más tranquilo de la casa o del dı́a. Se continua con que cada uno haga un listado de cosas que hacen para relajarse cada uno por su cuenta y si de esto se abusa o se apartan de la relación y se vuelve de nuevo al módulo de aceptación sin juicio observando a la pareja cerca de uno, en distintos momentos del dı́a (cuando cocinan, comen, se acuestan, etc.). Se puede continuar con intercambio de actividades o refuerzos positivos. 5. Módulo de expresión emocional y verbal precisa Se comienza por entrenar el darse cuenta de los enfados, etiquetar los juicios peyorativos de manera defusionada y expresar las necesidades personales de manera directa sin atacar. Tomar nota de lo que se quiere de la pareja y como plantearlo en el momento y de la forma adecuada modulando la entonación, gestos, etc. 6. Módulo de validación de la pareja Se hace para comunicar comprensión y aceptación de la pareja. Se empieza reconociendo que la experiencia de la pareja, tal cual sea, es real para ella y reconociéndola a esta, aunque no se esté de acuerdo con ella. Se pueden recordar o evocar momentos especı́�icos de la relación para entrenar esta habilidad, validando mediante rol-playing o esceni�icando emociones, deseos, necesidades de la pareja (por ejemplo, «me doy cuenta de que deseas, o necesitas tal cosa en este momento»). 7. Módulo de resolución de problemas Se emplean las técnicas conductuales tı́picas de identi�icación de problemas concretos, generar alternativas, ponerlas a prueba, revisar resultados y buscar o revisar nuevos bucles de los pasos anteriores si las soluciones no fueron las deseadas. 9. 5. El modelo ACT sobre los problemas de pareja Resulta cuanto menos curioso que el único texto que hay de ACT de pareja por el momento sea una combinación de elementos de la terapia cognitiva-conductual de segunda generación (en concreto, de la terapia de esquemas de Young) con la propia ACT (Lev y Mckay, 2018). Por otro lado, tampoco debemos llamarnos a extrañeza dada la insistencia de los máximos exponentes de ambas versiones en aunar esfuerzos en intervenciones o en detección de procesos de cambio comunes a ellas (Hayes y Hofmann, 2018). Por nuestra parte, somos de la opinión de que tales ejercicios de mezcolanza son a la larga más improductivos que alentadores para formar un cuerpo sólido de psicologı́a cientı́�ica, ya que al mezclar teorı́as y concepciones �ilosó�icas bastante incompatibles entre sı́ producen inconsistencias graves en el desarrollo de la disciplina, como es el dualismo de fondo pertinaz que se reproduce con estas propuestas. Nosotros somos partidarios claros en este aspecto del conductismo radical, aunque no desdeñamos las aportaciones de otros enfoques, eso sı́, siendo muy crı́ticos con estas combinaciones referidas (Ruiz, 2018). Hecha esta aclaración, exponemos la terapia de aceptación de pareja desde esta perspectiva de esquemas cognitivos (Lev y Mckay, 2018) para presentar a lo largo del resto del libro nuestra propia propuesta de ACT de grupo centrada en la �lexibilidad psicológica que en algunos aspectos es coincidente con esta de los esquemas + act, la TCPI y la DBTP y, en otros, distinta de aquellas. Creemos que si la propuesta de los esquemas hubiese sido realizada desde el aprendizaje de repertorios o clases de conducta hubiera sido más consistente con un modelo conductual ya basado en investigaciones de peso, sin necesidad de introducir constructos mentales inventados. Véase el ejemplo conductual de la importancia de los repertorios de conducta que conforman la personalidad de cada sujeto en la propuesta de Staats (1975, 1979, 1996, 1997). Hay que reconocer, sin embargo, su originalidad para combinar aspectos de la personalidad (aquı́ los esquemas) y la ACT. ¿Cómo se producen los problemas de pareja según la terapia ACT de pareja basada en esquemas? La exposición de Lev y Mckay (2018) parte de que los esquemas cognitivos son comunes a todas las personas y consisten en argumentos sobre uno mismos y las relaciones que son aprendidos en la temprana edad y que muchas veces operan fuera de la conciencia del sujeto. Todo el mundo tendrı́a esquemas especı́�icos desde donde interpretan y sienten las cosas que pasan. Cuando hay discrepancias, amenazas o estresores en la vida de la pareja, se activan sus esquemas cognitivos. Esta activación produce a su vez expectativas negativas sobre uno mismo y la pareja y les lleva a tratar de evitarlos (por el malestar que le genera) produciendo respuestas de afrontamiento disfuncionales. Se identi�ican unos diez tipos de esquemas en las relaciones de pareja que pueden llegar a activarse y generar problemas: 1.- Esquema de abandono/inestabilidad: las personas con este esquema esperan que los otros no estén disponibles cuando lo necesiten y presentaran descon�ianza hacia estos. Se pueden sentir atraı́das por parejas frı́as y distantes y que tengan a su vez esquemas de subyugación o con esquemas de sentirse especiales con derechos/grandiosidad. 2.- Esquema de descon�ianza/abuso: las personas con este esquema creen que otros terminarán dañándola o lastimarán intencionadamente, descon�iando de ellos y creyendo que les engañan o mienten con frecuencia. Se sienten atraı́das por personas que les parecen poco con�iables buscando su aprobación. Estas parejas, a su vez, pueden presentar esquemas de especiales derechos/grandiosidad (narcisistas) o bien esquemas de fallo, defecto, sacri�icio o subyugación. 3.- Esquema de privación emocional: experimentan y esperan que otros nunca podrán satisfacer sus necesidades emocionales y experimentan que siempre les falta algo en su relación de pareja, sintiéndose solos y desconectados de estas y al mismo tiempo con di�icultad para permitir que les cuiden. Se sienten atraı́das por parejas con esquemas que conllevan la frialdad y la distancia (obsesivos) o con especiales derechos/grandiosidad (narcisistas), defecto/vergüenza o subyugación. 4.- Esquema de defecto/vergüenza: estas personas experimentan sentimientos de inferioridad respecto a otros, y sienten que de alguna manera son defectuosos o inadecuados y tienen la creencia de que algo malo les sucede