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ÍNDICE Editorial | El amparo en Argentina. Evolución, rasgos y características especiales / The Amparo in Argentina. Its Evolution, Traits and Special Characteristics Patricio Alejandro Maraniello | 7 La acción de amparo constitucional en el “estado de transición constitucional” boliviano / The Amparo Constitutional in the “State Constitutional Transition” in Bolivia Boris Wilson Arias López | 37 El recurso de protección chileno al banquillo / On the Stand; Chile’s Petition for Protection Andrés Bordalí Salamanca | 56 La acción de tutela en Colombia / The Action of Guardianship in Colombia Liliana Carrera Silva | 72 Del amparo a la acción de protección jurisdiccional / From a Writ of Amparo to the Jurisdictional Protection of the Law Ramiro Ávila Santamaría | 95 El amparo en El Salvador: fi nalidad y derechos protegibles / The Amparo in El Salvador: its Aims and Rights Protected Manuel Montecino Giralt | 126 El amparo constitucional en Guatemala / Constitutional Amparo in Guatemala Mauro Roderico Chacón Corado | 145 El juicio de amparo: historia y futuro de la protección constitucional en México / The Trial of Amparo: its History and the Future of this Constitutional Protection in Mexico [A Constitutional Protection Peculiar to Mexico] Vicente Fernández Fernández Nitza Samaniego Behar | 173 El recurso de amparo en el ordenamiento nicaragüense / The Writ of Amparo in the Nicaraguan Legal System Omar A. García Palacios | 201 El amparo en Panamá / The Writ of Amparo in Panama Salvador Sánchez G. | 216 El amparo en la República Oriental del Uruguay / The Writ of Amparo in the Eastern Republic of Uruguay Rubén Flores Dapkevicius | 235 harloock Rectángulo El amparo constitucional en Venezuela / The Constitutional Protection through a Writ of Amparo in Venezuela Allan R. Brewer-Carías | 251 >> DEBATE El 2012 y la encrucijada de México The 2012 and the Crossroads of Mexico La crisis del PAN, el regreso del PRI y el síndrome Gorbachov / The Crisis of the PAN, PRI’s Return and the Gorbachev Syndrome Carlos Ramírez | 279 >> México a la deriva. Luces y sombras de nuestro tránsito tardío a la democracia / México Adrift. Lights and Shadows of Our Late Transit to Democracy César Cansino | 285 >> ACTUALIDAD LATINOAMERICANA Primavera constituyente entre viejos demonios: un nuevo despertar para América Latina / Spring Constituent between Old Demons: A New Awakening for Latin America Martha Loyda Zaldívar Abad | 295 >> 4 RESEÑA La revuelta silenciosa. Democracia, espacio público y ciudadanía en América Latina / Silent Revolt. Democracy, Public Space and Citizenship in Latin America Omar Eduardo Mayorga Gallardo | 305 >> S E C C I O N E S 7 A R T I C U L O * Recibido: 20 de febrero de 2011. Aceptado: 25 de abril de 2011. ** Profesor de grado y posgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, Argentina (pmaraniello@fi bertel.com.ar). RESUMEN El amparo en Argentina si bien tuvo su origen en la jurisprudencia y legislación, con la refor- ma constitucional de 1994 se ha incorporado a la Constitución Nacional en el artículo 43, desarrollando sus clases más típicas, es decir, la individual y la colectiva. Actualmente existe una proliferación de amparos tales como el sindical, impositivo, por mora, aduanero y previsional, haciendo de este modo un amparo que abarca demasiado y cuya efectividad se pone en duda. Sin embargo, uno de los tabúes más importante es el amparo sobre las decisiones judiciales y el amparo contra el amparo, que siguen teniendo serias difi cultades en su implementación, aun- que el verdadero problema es la “ordinarización del amparo” por la gran cantidad de amparos que se tramitan en la justicia, que requiere una nueva revisión de amparo. PALABRAS CLAVE: Amparo, regulación legisla- tiva y jurisprudencial, amparo sindical, tributa- rio, aduanero, por mora, electoral, contra toda discriminación y previsional, amparo contra de- cisiones judiciales. ABSTRACT The Amparo in Argentina although it had its origin in case law and legislation with the cons- titutional reform of 1994 has been incorporated into the National Constitution in article 43, de- veloping individual and collective cases. Then it expanded and now we can see that in Argentina there is an abundance of amparo writs such as union, tax, late payment, customs and social security, thereby making a very comprehensive and whose effectiveness is now under questio- ned. However, one of the most important tabo- os is the protection of judicial decisions, and the injunction against the amparo, which still has serious diffi culties in its implementation, but the real problem is the “arrangement of defen- se” for the great number of protections that is pending in the justice system, which requires a review of the amparo as we know it. KEY WORDS: Amparo, legislative regulation and jurisprudence, classes or types of protec- tion, under union, tax, customs, by default, electoral, against discrimination and pension, the protection against court decisions. El amparo en Argentina. Evolución, rasgos y características especiales* The Amparo in Argentina. Its Evolution, Traits and Special Characteristics Patricio Alejandro Maraniello** R E V I S T A D E L I N S T I T U T O D E C I E N C I A S J U R Í D I C A S D E P U E B L A , A Ñ O V , N O . 2 7 E N E R O - J U N I O D E 2 0 1 1 , P P . 7 - 3 6 IUS 8 P A T R I C I O A L E J A N D R O M A R A N I E L L O Sumario 1. Introducción 2. Génesis del amparo Origen en el derecho argentino 3. Derechos tutelados 4. Subtipos o clases de amparo A) El amparo de los derechos de incidencia colectiva B) El amparo colectivo contra toda forma de discriminación C) El amparo ambiental D) El amparo del usuario y del consumidor E) Amparo electoral F) Amparo sindical G) Amparo impositivo, Ley 11683 (T. O. 1978 Ley 21.858) H) Amparo por mora de la administración. Régimen nacional de procedimientos administrativos, Ley 19.549 I) Amparo aduanero. Código Aduanero, Ley 22.415 J) Amparo previsional. Ley de Solidaridad Previsional – Ley 24.655 5. El amparo como un procedimiento interdictal 6. Los plazos de caducidad del amparo A) Distintas posturas B) Nuestra posición 7. El amparo contra actos del Poder Judicial 8. A modo de conclusión 1. Introducción Dentro de la primera parte de la Constitución Nacional argentina tenemos las declaraciones, los derechos y libertades, los principios y las garantías. Conside- ramos a estas últimas como la herramienta o el móvil para proteger todos los anteriores citados, si tenemos en cuenta que sin las garantías los derechos po- drían no ser cumplidos porque no tendrían una herramienta para su protección ante los tribunales de justicia.1 En las garantías tenemos la garantía de las garantías y ésta es el amparo que protege un sinnúmero de derechos del individuo (excepto la libertad física pues ella está protegida por el hábeas corpus). 1 CARNOTA-MARANIELLO. Derecho constitucional, La Ley, 2008, p. 239. 9 E L A M P A R O E N A R G E N T I N A . E V O L U C I Ó N , R A S G O S Y C A R A C T E R Í S T I C A S E S P E C I A L E S Para BIDART CAMPOS, el amparo es “la pretensión formal que se interpone con- tra el Estado (o cualquier particular) para que por sus órganos jurisdiccionales se depare tutela a una pretensión material mediante vía sumaria y expeditiva”.2 Podemos considerar dicha acción un instrumento o medio en virtud del cual se pone en ejercicio la garantía de protección judicial de los derechos básicos previstos implícita o explícitamente en las Constituciones liberales. Pero si consideramos al amparo como un derecho constitucional en sí mismo, presenta, entonces, una doble característica siendo un derecho fundamental constitucional y a su vez una acción al servicio de otros derechos y garantías fundamentales.3 Cuando se reconoce al amparo como un derecho constitucional goza como tal de las mismas garantíasy califi caciones que los demás derechos. Y como tal, si el amparo es y se reconoce como un derecho en sí mismo, tiene autonomía sin necesidad de vincularlo a otros derechos y garantías. A su vez goza como derecho de idénticas calidades y condiciones que el “acceso a la jurisdicción”. Para conocerlo más profundamente será necesario indagar en sus orígenes, sus elementos característicos y su situación actual y futuro en el mundo jurídico. 2. Génesis del amparo El amparo tuvo su origen en México, si bien en la Constitución de México de 1824 no lo menciona expresamente, en el artículo 137 autoriza a reclamar di- rectamente a la Corte Suprema de Justicia por las sanciones a la ley suprema. El constitucionalismo norteamericano, tanto de manera directa como indirec- ta –a través de la obra de Alexis de Tocqueville De la démocratie en Amerique–,4 inspiró al jurista y político mexicano Manuel Crescencio Rejón5 y a la Consti- tución para Yucatán de 1841, y posteriormente lo fue del Acta de Reformas de 1847, inspirada por Manuel Otero, la Constitución del 5 de febrero de 1857 y la ley sobre la materia del 30 de enero de 1869. Posteriormente es recogido en los artículos 103 y 107 de la Constitución de 1917 de México y luego pasó a diversas legislaciones del centro y sur de América como: Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, 2 BIDART CAMPOS, GERMÁN. Derecho de amparo, Ediar, Buenos Aires, 1961, p. 34. 3 EKMEKJIAN, MIGUEL ÁNGEL. Manual de derecho constitucional, Ediar, 1991, p. 65. 4 Cuyos dos primeros volúmenes vieron la luz en 1835. 5 Nacido en novohispano, fue el creador del juicio de amparo, impulsado por él en las regiones de Yucatán, ahora Bolonchén de Rejón, Campeche. Hijo de Manuel García Rejón y doña Bernarda de Alcalá, el primero vallisoletuno y la segunda de ascendencia canaria. 10 P A T R I C I O A L E J A N D R O M A R A N I E L L O Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay y Venezuela. Del mismo modo en Brasil pero con la denominación de “mandado de segurança”. También tuvo su regulación en las Constituciones españolas de 1931 y de 1978. Origen en el derecho argentino a. Regulación en el derecho público provincial • Santa Fe. Esta provincia tiene el honor de haber sido la primera en incor- porar el amparo en su Constitución de 1921. En su artículo 17 y en la vigente de 1962, artículo 17, estableció el que se denomino “un recurso jurisdiccional de amparo”. Más tarde este instituto fue ampliado por la Ley 2494 del año 1935 abarcando los derechos y garantías establecidos en la Constitución. • Entre Ríos. La Constitución de Entre Ríos de 1933, todavía vigente, esta- bleció en el artículo 26: […] Siempre que una ley u ordenanza imponga a un funcionario o corporación pú- blica de carácter administrativo un deber expresamente determinado, todo aquel en cuyo interés deba ejecutarse el acto o que sufriere perjuicio material, moral o político, por la falta de cumplimiento del deber, puede demandar ante los tribunales su eje- cución inmediata y el tribunal, previa comprobación sumaria de la obligación legal y del derecho del reclamante, dirigirá al funcionario o corporación un mandamiento de ejecución. En su artículo 27: “[...] Si un funcionario o corporación pública de carácter administrativo, ejecutase actos que le fueran expresamente prohi- bidos por las leyes u ordenanzas, el perjudicado podrá requerir de los tri- bunales, por procedimiento sumario, un mandamiento prohibitivo dirigido al funcionario o corporación [...]”. • Santiago del Estero. Por extensión del habeas corpus el artículo 22 de la Constitución de 1939 aludía a la protección de algunos derechos indivi- duales establecidos en la Constitución Nacional o provincial. • Mendoza. La Constitución de Mendoza de 1949 regulo el recurso de am- paro en el artículo 33 para ciertos derechos como son: políticos, de prensa, trabajar, enseñar, permanecer, transitar o salir del territorio provincial. 11 E L A M P A R O E N A R G E N T I N A . E V O L U C I Ó N , R A S G O S Y C A R A C T E R Í S T I C A S E S P E C I A L E S • Chaco. El amparo aparece en la Constitución de 1957 legislado juntamen- te con el habeas corpus, el artículo 19 dispuso un amparo especial para trabajadores y el artículo 22 los mandamientos de ejecución y prohibición. • Provincia de Buenos Aires. El Poder Ejecutivo provincial realizó un proyecto de ley en 1964 con sus modifi caciones en 1965, que se convirtió en la Ley 7166, fuente de la Ley nacional 16.986. Actualmente el amparo se encuentra regulado en el inciso 2 del artículo 20 de la Constitución Provincial: La garantía de Amparo podrá ser ejercida por el Estado en sentido lato o por particu- lares, cuando por cualquier acto, hecho, decisión u omisión, proveniente de autoridad pública o de persona privada, se lesione o amenace, en forma actual o inminente con arbitrariedad o ilegalidad manifi esta el ejercicio de los derechos constitucionales individual y colectiva. El Amparo procederá ante cualquier juez siempre que no pudieren utilizarse, por la naturaleza del caso, los remedios ordinarios sin daño grave o irreparable y no pro- cediese la garantía de Habeas Corpus. No procederá contra leyes o contra actos jurisdiccionales emanados del Poder Judicial. La ley regulará el Amparo estableciendo un procedimiento breve y de pronta re- solución para el ejercicio de esta garantía sin, perjuicio de la facultad del juez para acelerar su trámite mediante formas más sencillas que se adapten a la naturaleza de la cuestión planteada. En el caso, el juez podrá declarar la inconstitucionalidad de la norma en que se funde el acto u omisión lesivos […]. • Ciudad de Buenos Aires. Con una regulación muy de avanzada se encuentra reglamentado en su Constitución, en el artículo 14. Toda persona puede ejercer acción expedita, rápida y gratuita de amparo, siempre que no exista otro medio judicial más idóneo, contra todo acto u omisión de autori- dades públicas o de particulares que en forma actual o inminente, lesione, restrinja, altere o amenace con arbitrariedad o ilegalidad manifi esta, derechos y garantías reconocidos por la Constitución Nacional, los tratados internacionales, las leyes de la Nación, la presente Constitución, las leyes dictadas en su consecuencia y los tratados interjurisdiccionales en los que la Ciudad sea parte. Están legitimados para interponerla cualquier habitante y las personas jurídicas defensoras de derechos o intereses colectivos, cuando la acción se ejerza contra alguna forma de discriminación, o en los casos en que se vean afectados derechos o intereses colectivos, como la protección del ambiente, del trabajo y la seguridad 12 P A T R I C I O A L E J A N D R O M A R A N I E L L O social, del patrimonio cultural e histórico de la Ciudad, de la competencia del usuario o del consumidor. El agotamiento de la vía administrativa no es requisito para su procedencia. El procedimiento está desprovisto de formalidades procesales que afecten su ope- ratividad. Todos los plazos son breves y perentorios. Salvo temeridad o malicia, el accionante está exento de costas. Los jueces pueden declarar de ofi cio la inconstitucionalidad de la norma en que se funda el acto u omisión lesiva […]. b. Regulación nacional. Etapas A nivel nacional la regulación del amparo se dividen en 3 claras etapas: 1) etapa pretoriana desde 1957-1958 hasta 1966; 2) etapa del amparo reglamentado legislativamente, desde 1966 hasta 1994, y 3) etapa del amparo constituciona- lizado desde 1994 hasta la actualidad.6 i. Etapa pretoriana (1957-1958 hasta 1966) Como es sabido, la acción de amparo surge entre nosotros como “creación pre- toriana” o de derecho judicial, primero con el caso “Ángel Siri”7 del año 1957, en el cual se estableció que “basta la comprobación inmediata de que una garantía constitucional se halla restringida para que surja la necesidad de que aquella sea restablecida por los jueces en su integridad,aun en ausencia de una ley que la reglamente”. Luego con el precedente “Samuel Kot”,8 de 1958, ambos de la Corte Supre- ma de Justicia de la Nación, donde sienta un principio en virtud del cual no es relevante distinguir si la restricción ilegitima provine de una autoridad pública o de actos de particulares para la procedencia de la acción de amparo. A dichos casos los sucedieron otros tantos de manera que surgió entre los doctrinarios el debate por la necesidad de reglamentación del amparo. ii. Etapa del amparo reglamentado legislativamente (1966 hasta 1994) La Ley 16.986 consagró la acción de amparo contra actos de autoridad pública en 1966, para que dos años más tarde el Código Procesal Civil y Comercial de la Nación (Ley 17.544) incluyera al amparo contra otros particulares. 6 CARNOTA-MARANIELLO. op. cit., p. 415. 7 Revista La Ley, 89-531, fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, t. 239, p. 459. 8 Revista La Ley, 92-632, fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, t. 241, p. 291. 13 E L A M P A R O E N A R G E N T I N A . E V O L U C I Ó N , R A S G O S Y C A R A C T E R Í S T I C A S E S P E C I A L E S — Artículo 1o. de la Ley 16.986: La acción de amparo será admisible contra todo acto u omisión de autoridad pública que, en forma actual o inminente, lesione, restrinja altere o amenace, con arbitrariedad o ilegalidad manifi esta, los derechos o garantías explícita o implícitamente reconocidas por la Constitución Nacional, con excepción de la libertad individual tutelada por el “hábeas corpus”. — El artículo 321 del CPCCN regula el amparo contra particulares o proceso sumarísimo: Será aplicable el procedimiento establecido en el artículo 498: 1) A los procesos de conocimiento en los que el valor cuestionado no exceda de la suma de cinco mil pesos ($5000). 2) Cuando se reclamase [...] contra un acto u omisión de un particular que, en forma actual o inminente, lesione, restrinja, altere o amenace con arbitrariedad o ilegalidad manifi esta algún derecho o garantía explícita o implícitamente reconocidos por la Constitución Na- cional, un tratado o una ley, siempre que fuere necesaria la reparación urgente del perjuicio o la cesación inmediata de los efectos del acto, y la cuestión, por su natu- raleza, no deba sustanciarse por alguno de los procesos establecidos por este Código u otras leyes, que le brinden la tutela inmediata y efectiva a que está destinada esta vía acelerada de protección […]. — Artículo 498, trámite: En los casos en que se promoviese juicio sumarísimo, presentada la demanda, el juez, teniendo en cuenta la naturaleza de la cuestión y la prueba ofrecida, resolverá de ofi cio y como primera providencia si correspondiese que la contro- versia se sustancie por esta clase de proceso. Si así lo decidiese, el trámite se ajus- tará a lo establecido por el procedimiento ordinario, con estas modifi caciones: 1) Con la demanda y la contestación se ofrecerá la prueba y se agregará la documental. 2) No serán admisibles excepciones de previo y especial pronunciamiento, ni reconvención. 3) Todos los plazos serán de tres días, con excepción del plazo de contestación de demanda, y el otorgado para fundar la apelación y contestar el traslado del memorial, que será de 5 días. 14 P A T R I C I O A L E J A N D R O M A R A N I E L L O 4) Contestada la demanda se procederá conforme al artículo 359. La audien- cia prevista en el artículo 360 deberá ser señalada dentro de los diez días de contestada la demanda o de vencido el plazo para hacerlo. 5) No procederá la presentación de alegatos. 6) Sólo serán apelables la sentencia defi nitiva y las providencias que decreten o denieguen medidas precautorias. La apelación se concederá en relación, en efecto devolutivo, salvo cuando el cumplimiento de la sentencia pu- diese ocasionar un perjuicio irreparable en cuyo caso se otorgará en efecto suspensivo. A pesar de existir posiciones encontradas respecto a la reglamentación de la acción, la misma fue incorporada con la Ley 16.986 de 1966. Dicha Ley fue altamente cuestionada tanto desde el punto de vista procesal como por sus contenidos de fondo. En lo que respecta al primer aspecto, la crítica se basó en el polémico origen de la Ley, ya que surgió de un gobierno de facto. De todas maneras está de más aclarar que dicha Ley rige en la actualidad. En referencia a las críticas presentadas respecto de su articulado, no consideramos relevante para el tema que impulsa esta monografía el análisis exhaustivo de cada una de ellas. Si cabe aclarar la existencia de un sector doctrinario que considera innece- sario reglamentar la acción, especialmente a partir de su incorporación a nuestra Constitución.9 iii. Etapa del amparo constitucionalizado Los constituyentes de 1994 consagraron de modo expreso en el artículo 43 del nuevo texto constitucional lo que hasta entonces era la garantía implícita del am- paro, es decir, viene a cubrir un vacío legal en nuestro ordenamiento jurídico, que había nacido por vía jurisprudencial en los años 1957, con el caso Sirí10 y en 1958, con el caso Kot11 y posteriormente fue legislado por una ley de facto. Artículo 43. [...] Toda persona puede interponer acción expedita y rápida de amparo, siempre que no exista otro medio judicial más idóneo, contra todo acto u omisión de autoridades públicas o de particulares, que en forma actual o inminente lesione, res- trinja, altere o amenace, con arbitrariedad o ilegalidad manifi esta, derechos y garan- tías reconocidos por esta Constitución, un tratado o una ley. En el caso, el juez podrá declarar la inconstitucionalidad de la norma en que se funde el acto u omisión lesiva. 9 VALLEFIN, CARLOS. “Nota sobre el amparo”, Jurisprudencia Argentina, t. 1997-II, p. 1063. 10 Fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, t. 239, p. 459. 11 Fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, t. 241, p 291. 15 E L A M P A R O E N A R G E N T I N A . E V O L U C I Ó N , R A S G O S Y C A R A C T E R Í S T I C A S E S P E C I A L E S Podría interponer esta acción contra cualquier forma de discriminación y en lo relativo a los derechos que protegen al ambiente, a la competencia, al usuario y al consumidor, así como a los derechos de incidencia colectiva en general, el afectado, el defensor del pueblo y las asociaciones que propendan a esos fi nes, registradas conforme a la ley, la que determinará los requisitos y formas de su organización [...]. iv. Análisis del artículo 43 a) Expedita y rápida. La característica fundamental del amparo es su rapidez. Se trata de un proceso comprimido, destinado a brindar una respuesta judicial inmediata ante la infracción de un derecho constitucional, legal o emergente de un tratado. Cuando la norma dice que es “expedita y rápida” se abre una duda ¿qué si estas palabras son sinónimos? La respuesta afi rmativa surge a primera vista, pero en el análisis ontológico de estas palabras se llega a descubrir diferencias. La dis- tinción de ambas palabras se basa en que una acción expedita se está afi rmando que la misma se encuentra abierta, sin obstáculos procesales. En cuanto se habla de acción rápida se determina que debe ser un trámite útil, sin dilataciones. b) Rol supletorio del amparo. Según el artículo 2o., inciso a, de la Ley 16.986, éste no es admisible cuando: “existen recursos o remedios judiciales o administrativos que permitan obtener la protección del derecho o garantía constitucional de que se trate”. La reforma constitucional modifi có sustancialmente esta normativa al deter- minar que el amparo sólo procederá cuando “no exista otro medio judicial más idóneo [...]”; es de gran importancia este precepto porque se diferencia con la Ley 16.986, la cual permite iniciar la acción sin antes haber agotado los recur- sos administrativos. Los jueces en tales hipótesis deben extremar ponderación y prudencia, a fi n de no decidir, por sumarísimo procedimiento de esta garantía constitucional,cuestiones susceptibles de mayor debate y que corresponda re- solver de acuerdo con los procedimientos ordinarios. Dicho de otro modo, el promotor del amparo debe cubrir, cuando la inter- pone, un presupuesto de admisibilidad: demostrar, siquiera a prima facie, que no tiene otros procedimientos útiles para proteger su derecho constitucional. El amparo cumple entonces un papel supletorio, subsidiario o residual: no opera si hay otras rutas procesales idóneas para atacar la lesión o amenaza. c) Procedencia del acto lesivo. Puede provenir de actos u omisiones de los particulares o de las autoridades públicas. 16 P A T R I C I O A L E J A N D R O M A R A N I E L L O El problema que se plantea ante la interpretación de este fragmento es, para algunos autores como H. QUIROGA LAVIÉ12 y, conforme, BIDART CAMPOS,13 hasta don- de alcanza la expresión de autoridades públicas. Hay un antiguo axioma aplicable a la interpretación del derecho según el cual “cuan- do la ley no distingue el intérprete no debe hacerlo”. De ser aplicable este criterio de interpretación a la norma que acabamos de transcribir, resulta que todas las autori- dades públicas y cualquier particular son los destinatarios del apercibimiento consti- tucional. De tal modo, tanto el Poder Ejecutivo y todo el despliegue organizacional de la Administración del Estado, el Congreso y las dependencias administrativas que están a su cargo y el Poder Judicial en sus diversos niveles, deben ser entendidos como “autoridades públicas” frente a cuyas determinaciones lesivas de derechos cabe la tutela del amparo. Lo expuesto alcanza a los tres niveles de la descentralización territorial del poder público: el nacional, el provincial y el municipal; el amparo como garantía constitucional al igual que los derechos consagrados en la Constitución, vale a favor de todos los habitantes del país sin importar la jurisdicción territorial en la cual se encuentra. En cambio, para otros autores, como N. P. SAGÜÉS, el amparo puede proceder ante actos provenientes de los poderes Ejecutivo y Legislativo, salvo que se trate de “cuestiones políticas no justiciables”. En el análisis de estas cuestiones políticas hay que diferenciar sus aspectos de derecho que serían justiciables (competencia, trámite, razonabilidad), de los ac- tos propiamente políticos (por ejemplo examen de la oportunidad y conveniencia del acto adoptado), que no son justiciables. En rigor de la verdad, cualquier cuestión política tiene una dirección norma- tiva-constitucional, de tal modo que es constitucional o inconstitucional, según se respete o no dicho orden. Ello es, por cierto, justiciable. También lo es si lo decidido respeta el mínimo de justicia y razonabilidad que la Constitución exige para que sea constitucional. Planteado un confl icto judicial concreto, en el cual (ante un derecho cons- titucional violado) sea necesario evaluar la dimensión jurídica de una cuestión política, dicho examen, practicado por la judicatura, resulta una tarea obligada, que “deben extremar la ponderación y la prudencia” del caso, partiendo de la presunción jurídica de legitimidad del comportamiento estatal. Cabe aclarar que ni la Ley 16.986, artículo 2o., inciso b, ni el Poder Judicial admite el amparo ante las sentencias. 12 QUIROGA LAVIÉ, HUMBERTO. Constitución de la Nación Argentina —comentada—, Zavalia, Buenos Aires, 2007, p. 56. 13 BIDART CAMPOS, GERMÁN. Manual de la Constitución reformada, Ediar, Argentina, p. 78. 17 E L A M P A R O E N A R G E N T I N A . E V O L U C I Ó N , R A S G O S Y C A R A C T E R Í S T I C A S E S P E C I A L E S d) El amparo por omisiones. Otra importante incorporación en el artículo 43 de la Constitución Nacional es la introducción del amparo ante las “omisiones de autoridad pública”; continua la norma con este fragmento: “En el caso, el juez podrá declarar la inconstitucionalidad de la norma que se funde un el acto u omisión lesiva”. De la interpretación resulta evidente que las omisiones del Poder Legislativo y Ejecutivo pueden ser declaradas constitucionales por los tribunales de nuestro país y sustituido por algún acto que remedie la lesión actual o futura, pero que- dando claro que tan sólo es para el caso en concreto debido a nuestro sistema de control descentralizado. En nuestro derecho no implica una innovación, el sistema judicial lo viene realizando con anterioridad. Un claro ejemplo lo encontramos en el caso Ek- mekdejián c/ Sofovich, donde la CSJN le otorga el derecho a réplica, que no se encontraba legislado en nuestro derecho, basándose en un tratado internacional: el Pacto de San José de Costa Rica, en el cual se encontraba consagrado. De esta forma el tribunal de justicia interviniente sustituyó la omisión legis- lativa, para dar una solución justa al caso concreto. Este nuevo derecho viene siendo reclamado hace tiempo por la doctrina nacional y en especial por BIDART CAMPOS (otros: SAGÜÉS, QUIROGA LAVIÉ, etcétera).14 e) Lesión actual o futura. Derechos tutelados. El artículo 43 reza así “...que en forma actual o inminente lesione, restrinja, altere o amenace, con arbitrarie- dad o ilegalidad manifi esta...”. Los constituyentes no han hecho otra cosa que dar rango constitucional a la tradición del amparo argentino. Para el análisis del fragmento del artículo vamos a desglosar para comprender el alcance de las diferentes tipos de lesiones: Lesión: todo daño o perjuicio del derecho que se tutela; se encuentra le- sionado un derecho cuando: no se puede ejercer, cuando el acto de su titular fuera positivo u omisivo, cuando no se puede cumplir con severa limitación a la libertad del hombre. Restricción: es una reducción, disminución o limitación de la posibilidad de ejercicio de la acción material del respectivo derecho. Alteración: de un derecho implica cambio o modifi cación de la propia ma- teria. Amenazar: en este concepto se amplía la acción de amparo a los fi nes de la operabilidad de la tutela. La amenaza tiene que ser contra actos en un futuro próximo y no en un futuro remoto. 14 SAGÜÉS, PEDRO. Elementos de derecho constitucional, Astrea, 1995, p. 97. 18 P A T R I C I O A L E J A N D R O M A R A N I E L L O En todos estos conceptos deben tratarse de un acto, omisión o amenaza con “arbitrariedad o legalidad manifi esta, es decir, tiene que resultar evidentemente material o groseramente inconstitucional o ilegal”. 3. Derechos tutelados La enumeración de los derechos protegidos por el amparo se ven desplazados a lo largo de toda la primera parte de la Constitución (artículos 14, 14 bis, 16, 17 y 18, entre otros), mientras que los implícitos se deducen del artículo 33 de dicha Constitución, que señala: “las declaraciones, derechos y garantías que enumera la Constitución, no serán entendidos como negación de otros derechos y garan- tías no enumerados, pero que nacen del principio de la soberanía del pueblo y de la forma republicana de gobierno”.15 En virtud de dichas disposiciones surgen varias posturas doctrinarias respecto a la delimitación del área de derechos protegidos. La tesis restrictiva16 exceptúa del amparo a los derechos patrimoniales, los cuales ve sufi cientemente protegidos por la legislación ordinaria. Considera en- tonces que el proceso de amparo procedería únicamente respecto de derechos constitucionales relativos a la libertad. Posteriormente, se constató una apertura con relación a la tesis restrictiva que constituye una postura intermedia, la cual permite el amparo para proteger todos los derechos constitucionales, pero lo inhabilita para la protección de los derechos mediata o indirectamente constitucionales. Finalmente los autores extienden la protección a otros derechos además de los específi camente constitucionales. Se entiende que no hay derecho que no tenga su fundamento mediato en la Constitución a pesar de encontrarse direc- tamente regido por el derecho común. De esta manera surge la tesis amplia ya que cualquier trasgresióna una ley es reprobable en algún punto por la Consti- tución.17 En concordancia con esta línea de pensamiento, BIDART CAMPOS sostiene la aplicación de la acción incluso para aquellos casos en los cuales el derecho invocado no derive directamente de la Constitución Nacional, inclusive en aque- llas circunstancias en que la lentitud pueda frustrar la idoneidad de la sentencia. Este criterio haría del amparo una suerte de medio de defensa de la legalidad en un sentido general.18 15 CARNOTA-MARANIELLO. op. cit., p. 418. 16 SÁNCHEZ VIAMONTE. Manual de derecho constitucional, 4a. ed., Kapeluz, 1959, p. 93. 17 CARRIO, GENARO. Algunos aspectos del recurso de amparo, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1959, p. 231. 18 BIDART CAMPOS, GERMÁN. Derecho de amparo, cit., p. 132. 19 E L A M P A R O E N A R G E N T I N A . E V O L U C I Ó N , R A S G O S Y C A R A C T E R Í S T I C A S E S P E C I A L E S Por lo tanto, la acción de amparo tiene por propósito proteger todos los derechos constitucionales implícitos o explícitos (entre estos últimos, por ejem- plo, honor, salud, vida) —salvo el de libertad corporal, protegido por el hábeas corpus— así como también los derechos patrimoniales. El artículo 43 ha ampliado el alcance del amparo, al cubrir los derechos y ga- rantías emergentes de la Constitución, un tratado o una ley. Esto signifi ca seguir el concepto clásico de HAURIOU: los derechos de la Constitución son principios enunciados en conceptos mínimos de contenido indeterminado, por lo que es el legislador quien los integra y desenvuelve. Toda fuente de derechos humanos o constitucionales merece la protección de la acción de amparo. Es la tesis de la doctrina generalizada.19 La duda se presenta con los derechos que nacen específi camente de un decre- to, resolución ministerial, ordenanza municipal, etcétera. En tren de resolverla, podría sostenerse que si hay un derecho proveniente de un decreto, resolución u ordenanza que pueda guardar una vinculación razonable con un derecho in- sertado en la Constitución, en una ley o en un tratado, entonces sí se encuentra bajo el radio de acción de amparo. 4. Subtipos o clases de amparo A) El amparo de los derechos de incidencia colectiva Una de las reformas propuestas por la Convención revisora de la provincia de Buenos Aires de 1860 —tomando como base a la Constitución de Estados Unidos de América— fue la incorporación de una cláusula que contempla los derechos implícitos (artículo 33 de la CN).20 Más allá de las apreciaciones que realizan SARMIENTO y VÉLEZ SARSFIELD acerca de la naturaleza iusnaturalista de la norma propuesta,21 es la polémica ESTÉVEZ SEGUÍ-BARTOLOMÉ MITRE (acerca de la conveniencia de la incorporación del artícu- lo de los derechos implícitos) la que realiza un gran aporte a la existencia his- tórica de los derechos colectivos. BARTOLOMÉ MITRE le responde a ESTÉVEZ SEGUÍ (quien se oponía a la incorpora- ción de la cláusula constitucional sosteniendo que la fórmula del artículo 19 de 19 CARNOTA-MARANIELLO. op. cit., p. 419. 20 Este artículo fue incorporado en el año 1860 y tuvo como fuente la enmienda IX de la Constitución de los Estados Unidos de América. CARNOTA, WALTER F. “Los derechos implícitos y las tradiciones jurídicas (a propósito del bicentenario del “Bill of Rights” norteamericano)”, en J.A., 30 de mayo de 1990, pp. 1 y ss. 21 Véase el análisis de FARBER, DANIEL. Retained by the People (The “Silent” Ninth Amendment and the Constitutional Rights Americans don´t Know they Have), Basic Books, Nueva York, 2007, pp. 21 y ss. 20 P A T R I C I O A L E J A N D R O M A R A N I E L L O la CN abarcaba a todos los derechos que pueden asistir a los habitantes de la Con- federación) y pronuncia las siguientes palabras: “[...] Así es que pido Sr. Diputado se fi je en esta distinción fundamental: esto no es para los individuos, para las acciones aisladas, ni para los derechos del ciudadano, sino para los derechos del pueblo, para ese ser colectivo que se llama humanidad [...]”. A la luz de los antecedentes expuestos la extensión del enunciado normativo incluye dentro de los derechos implícitos a los derechos colectivos y a la respec- tiva garantía que los resguarde en los supuestos de conculcación.22 Luego con la reforma constitucional de 1994, se plasmó expresamente en el artículo 43, párrafo segundo, de la Constitución Nacional, las dos clases de amparo colectivo, los de incidencia colectiva en particular específi ca y los gene- rales implícitos. Entre los primeros tenemos: a) el derecho a la no discriminación, b) medio ambiente, c) libre competencia, d) salud, e) usuarios y consumidores. Por otro lado, los generales implícitos, que son los que no están enunciados aunque son múltiples manifestaciones de los derechos sectoriales de los grupos sociales que integran la sociedad, que no han encontrado hasta la reforma pro- tección jurisdiccional, con la simple excusa por parte de los tribunales de justicia de que si no está sufi cientemente probada la lesión de un derecho individual, ningún particular o asociación representativa puede estar en juicio en defensa de los derechos públicos o colectivos que tienen la sociedad o los grupos o sectores que lo integran. La nueva norma constitucional viene a hacer explícito lo que los conven- cionales de 1860 pensaron y que bastaba dejar implícito, dentro del amplio estándar de los derechos que nacen de “la soberanía del pueblo y de la forma republicana de gobierno”. El quid de la cuestión estaba en determinar, de un modo sufi cientemente explícito, lo relativo a la legitimación procesal para estar en juicio en defensa de los derechos públicos de la sociedad, aun a despecho de que no existiera un daño preciso para un particular afectado. La mayoría de las Constituciones provinciales no regulan en forma precisa la legitimación para estar en juicio ante los tribunales en defensa de los derechos colectivos de la sociedad porque aún los textos que tiene alguna regulación en tal sentido resultan notablemente insufi cientes. En la provincia de Santa Fe, por ejemplo, ha tenido que ser la puerta de ac- ceso a la justicia en reparación a los derechos públicos, frente al silencio consti- tucional. Ha sido la Ley 10.000 la que ha permitido actualizar la ya insufi ciente Constitución provincial. 22 MARANIELLO, PATRICIO ALEJANDRO. “Génesis y actualidad del amparo colectivo en la República Argentina”, en Revista Jurídica del Perú, Lima, octubre de 2003, p. 14. 21 E L A M P A R O E N A R G E N T I N A . E V O L U C I Ó N , R A S G O S Y C A R A C T E R Í S T I C A S E S P E C I A L E S Siendo las garantías constitucionales contenidas en la Constitución Nacional (artículo 31),23 no puede discutirse que las mismas no sean de aplicación direc- ta en todo el territorio de la nación, sin que cada autonomía provincial pueda invocarse como potestad no delegada y que no deba ceder frente a la superior y mejor protección de la Constitución federativa. La regulación del amparo co- lectivo en la nueva Constitución Nacional mejora sustancialmente en aras de la mayor protección de los derechos públicos subjetivos de la sociedad, un régimen de tutela ya consagrado en el derecho público provincial. B) El amparo colectivo contra toda forma de discriminación El derecho a la no discriminación, si bien se encuentra regulado en el artículo 43, párrafo segundo, de la Constitución Nacional, como una forma de amparo de incidencia colectiva específi co, las clases o tipos de discriminación protegida no las encontramos enunciadas en la Constitución sino en el Pacto de San José de Costa Rica, cuyo artículo 1o. establece la obligatoriedad de los Estados de respetar los derechos y libertades reconocidas en el Pacto “sin discriminación alguna con motivo de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición social”. Además, se incluyen todasformas de discri- minación racial o contra la mujer. Por lo tanto, el amparo contra la discriminación encuentra su regulación en el artículo 43, párrafo segundo, y las diferentes manifestaciones discrimi- natorias las encontramos detalladas en el artículo 1o. del Pacto de San José de Costa, cumpliendo de este modo lo dispuesto por el artículo 75, inciso 22, de la Constitución Nacional, que le da a dicho instrumento internacional la jerarquía constitucional con alcances complementarios de la propia Constitución. C) El amparo ambiental En el amparo ambiental existen particularidades especifi cadas tales como: el derecho protegido, la legitimación activa y también pasiva para accionar a la justicia en protección del derecho conculcado y los efectos de su sentencia. Estamos frente a un amparo muy específi co que no pueden estar dentro de un amparo individual sino en un amparo con características y regulaciones propias, 23 CARNOTA-MARANIELLO. Constitución Nacional de la República Argentina, Grün, 2007, p. 13. 22 P A T R I C I O A L E J A N D R O M A R A N I E L L O es por ello que consideramos que existe un amparo general llamado “amparo de incidencia colectiva” y dentro de éste se encuentra el “amparo ambiental”. El amparo ambiental si bien tiene como matriz el amparo de incidencia colectiva, reviste características muy particulares que hacen su regulación es- pecífi ca. Entre éstas debemos destacar lo regulado en la Constitución Nacional y en la Ley General del Ambiente 25675, sancionada en el año 2002, donde entre sus muchas y variadas temáticas tiene algunas cuyo peculiaridades nos lleva a fundamentar su especifi cidad procesal y sustantiva. El artículo 41 del nuevo texto constitucional dispone que “todos los habi- tantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desa- rrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer la de las generaciones futuras y tienen el deber de preservarlas”. El artículo 32 de la Ley citada nos indica que “[...] el acceso a la jurisdicción por cuestiones ambientales no admitirá restricciones de ningún tipo o especie […]”. Aquí la aplicación del pro actione no sólo es un principio más de derecho, sino es el principio rector de toda acción ambiental, empalmándose con la noción de acceso a la justicia, sin que los jueces puedan rechazar in limine por defectos formales en aras de protección al libre e irrestricto acceso a la justicia y la bús- queda de la verdad material. Continúa el artículo diciendo [...] el juez podrá disponer todas las medidas necesarias para ordenar, conducir o probar los hechos dañosos en el proceso, a fi n de proteger efectivamente el interés general. En cualquier estado del proceso, aún con carácter de medida preparatoria, podrá solicitarse medidas urgentes, aún sin audiencia de la parte contraria, prestando debida caución por los daños y perjuicios que pudiera producirse [...]. Este punto está diseñado a los fi nes que el juez interviniente salga de su rol neutral, pasivo, legalista y espectador del proceso para convertirse en parte del proceso con un mayor compromiso social y de protección integral de los dere- chos en juego, para nuestras generaciones y las futuras. Como dice MORELLO24 el proceso colectivo exige un aggiornamiento de técnicas jurídicas diferenciadas, fl exibles, menos formalistas y más teleológica, o a lo que el mismo autor llama proceso vivo.25 24 MORELLO, AUGUSTO. Del proceso individual al proceso colectivo, 1999, pp. 37 y ss. 25 MORELLO, AUGUSTO M. y CAFFERATTA, NÉSTOR. Visión procesal de cuestiones ambientales, Buenos Aires, 2004, p. 199. 23 E L A M P A R O E N A R G E N T I N A . E V O L U C I Ó N , R A S G O S Y C A R A C T E R Í S T I C A S E S P E C I A L E S D) El amparo del usuario y del consumidor Este derecho se encuentra regulado en el artículo 42 de la Constitución Nacional, donde dice que “los consumidores y usuarios de bienes y servicios tienen dere- cho, en relación de consumo, a la protección de la salud, seguridad, e intereses económicos, para una información adecuada y veraz, la libertad de elección, y a condiciones de trato equitativo y digno”. E) Amparo electoral El artículo 10 del Código Electoral Nacional (en adelante CEN) instrumentó un amparo ante cualquier juez electoral, magistrado próximo o cualquier funcio- nario provincial o nacional, a favor del elector privado de sus inmunidades, su libertad o seguridad, o a quien se niega el ejercicio del sufragio. El artículo 11 idea otro amparo, también a favor del elector, para que le sea entregado su documento cívico retenido indebidamente por un tercero. En este caso sólo interviene el juez electoral. Artículo 11 del CEN: Retención indebida de documento cívico. El elector tam- bién puede pedir amparo al juez electoral para que le sea entregado su docu- mento cívico retenido indebidamente por un tercero. Artículo 129 del CEN: Negativa o demora en la acción de amparo. Se impondrá prisión de tres meses a dos años al funcionario que no diere trámite a la acción de amparo prevista en los artículos 10 y 11 o no la resolviera dentro de las cua- renta y ocho horas de interpuesta e igual pena al que desobedeciere las órdenes impartidas al respecto por dicho funcionario. Artículo 147 del CEN: Al efecto de sustanciará las acciones de amparo a que se refi eren los artículos 10 y 11 de esta Ley, los funcionarios y magistrados mencionados en los mismos resolverán inmediatamente en forma verbal. Sus decisiones se cumplirán sin más trámite por intermedio de la fuerza pública, si fuere necesario, y en su caso serán comunicadas de inmediato al juez electoral que corresponda. La jurisdicción de los magistrados provinciales ser concurrente, no excluyente, de la de sus pares nacionales. A este fi n los jueces federales o nacionales de primera instancia y los de paz mantendrán abiertas sus ofi cinas durante el transcurso del acto electoral. Los jueces electorales podrán asimismo destacar el día de elección, dentro de su distrito, funcionarios del juzgado, o designados ad hoc, para transmitir las órdenes que dicten y velar por su cumplimiento. 24 P A T R I C I O A L E J A N D R O M A R A N I E L L O Los jueces electorales a ese fi n deberán preferir a los jueces federales de sec- ción, magistrados provinciales y funcionarios de la justicia federal y provincial. F) Amparo sindical Creado por la Ley 23.551, tiene dos manifestaciones. Una es el amparo-tutela, en pro de todo trabajador o asociación sindical impedido u obstaculizado en el ejercicio regular de los derechos de la libertad sindical (artículo 47), y la otra, el amparo-exclusión, que tiene por fi n privar a ciertos trabajadores (delegados de personal, dirigentes o representantes de determinadas asociaciones) de la estabilidad especial que les otorga la ley, a fi n de que la empleadora pueda sus- pender o despedir, o modifi que sus condiciones de trabajo (artículo 52). Ambos se regulan por el trámite del proceso sumarísimo del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación. La multiplicidad de esos subtipos de amparo sugiere la necesidad de agrupar- los sistemáticamente en un código de derecho procesal constitucional, al estilo de la Ley 7.135 de Costa Rica o la Ley 8.369 de la provincia de Entre Ríos. G) Amparo impositivo, Ley 11683 (T. O. 1978 Ley 21.858) El artículo 164 de la Ley 11683 establece que: “La persona individual o colectiva perjudicada en el normal ejercicio de un derecho o actividad por demora excesiva de los empleados administrativos en realizar un trámite o diligencia a cargo de la D.G.I., o de la Administración General de Aduanas, podrá ocurrir ante el Tribunal Fiscal mediante recurso de amparo de sus derechos”. Artículo 165. El Tribunal, si lo juzgare procedente en atención a la naturaleza del caso requerirá del funcionario a cargo de la D.G.I. o de la Administración Ge- neral de Aduanas que dentro de breve plazo informesobre la causa de la demora imputada y forma de hacerla cesar. Contestado el requerimiento o vencido el plazo para hacerlo, podrá el Tribu- nal resolver lo que corresponda para garantizar el ejercicio del derecho del afec- tado, ordenando en su caso la realización del trámite administrativo o liberando de él al particular mediante el requerimiento de la garantía que estime sufi ciente. El vocal Instructor deberá sustanciar los trámites previstos en la primera parte del presente artículo dentro de los tres (3) días de recibidos los autos, debiendo el Secretario dejar constancia de su recepción y dando cuenta inmediata a aquél. Cumplimentados los mismos, elevará inmediatamente los autos a la sala, la que procederá al dictado de las medidas para mejor proveer que estime oportu- 25 E L A M P A R O E N A R G E N T I N A . E V O L U C I Ó N , R A S G O S Y C A R A C T E R Í S T I C A S E S P E C I A L E S nas dentro de las cuarenta y ocho (48) horas de la elevatoria, que se notifi cará a las partes. Las resoluciones sobre la cuestión serán dictadas prescindiendo del llama- miento de autos y dentro de los cinco (5) días de haber sido elevados los autos por el Vocal Instructor o de que la causa haya quedado en estado, en su caso. H) Amparo por mora de la administración. Régimen nacional de procedimientos administrativos, Ley 19.549 El artículo 28 de la Ley 19.549 establece que: “El que fuere parte en un expe- diente administrativo, podrá solicitar judicialmente se libre orden de pronto des- pacho”. Dicha orden será procedente cuando la autoridad administrativa hubiere dejado vencer los plazos fi jado y en caso de no existir éstos, si hubiere transcu- rrido un plazo que excediere lo razonable si emitir el dictamen o la resolución de mero trámite o de fondo que requiera el interesado. Presentado el petitorio, el juez se expedirá sobre su procedencia, teniendo en cuenta las circunstancias del caso, y si lo estimare pertinente requerirá a la autoridad administrativa in- terviniente quien en el plazo que le fi je, informe sobre las causas de la demora aducida. La decisión del juez será inapelable. Contestado el requerimiento o vencido el plazo sin que lo hubiere evacuado, se resolverá lo pertinente acerca de la mora, librando la orden si correspondiere para que la autoridad administrativa responsable despache las actuaciones en el plazo prudencial que se establezca según la naturaleza y complejidad del dictamen o trámites pendientes. I) Amparo aduanero. Código Aduanero, Ley 22.415 Se encuentra regulado en el artículo 1160, donde establece: “La persona indi- vidual o colectiva perjudicada en el normal ejercicio de un derecho o actividad por demora excesiva de los empleados administrativos en realizar un trámite o diligencia a cargo del servicio aduanero podrá ocurrir ante el Tribunal Fiscal mediante recurso de amparo de sus derechos”. El Tribunal Fiscal, si lo juzgare procedente en atención a la naturaleza del caso requerirá del administrador nacional de Aduanas que dentro de breve plazo informa sobre la causa de la demora imputada y forma de hacerla cesar (artículo 1161 del Código Aduanero). Contestado el requerimiento o vencido el plazo para hacerlo podrá el Tribunal Fiscal resolver lo que corresponda para garantizar el ejercicio del derecho afecta- 26 P A T R I C I O A L E J A N D R O M A R A N I E L L O do ordenando en su caso la realización del trámite administrativo o liberando de él al particular mediante el requerimiento de la garantía que estimare sufi ciente. J) Amparo previsional. Ley de Solidaridad Previsional – Ley 24.655 El artículo 2o. de la Ley de Solidaridad Previsional establece: “Los juzgados crea- dos por la presente serán competentes en (Justicia Federal de Primera Instancia de la Seguridad Social): [...] Inc. d) El amparo por mora previsto en el artículo 28 de la ley 19.549, modi- fi cada por la ley 21.686, en materia de Seguridad Social”. 5. El amparo como un procedimiento interdictal El problema parte de la caracterización formal que corresponde y que no admite un proceso controvertido sino un procedimiento “interdictal” y justamente es eso lo que señalan los votos en disidencia en el caso “Kot”, que fi rman Aráoz de Lamadrid y Oyhanarte (considerando 11), cuando dicen: “Por su naturaleza y sus fi nes es una especie de interdicto sumarísimo que el juzgador debería instituir y tramitar, sin audiencia de la contraparte, en reemplazo de los procedimientos ordenados por la ley”.26 Pero de esta disidencia muy bien fundada, aunque minoritaria, surgen dos puntos fundamentales: que se trata de un “interdicto”, esto es, casi una “pro- videncia cautelar” (CALAMANDREI) y que no debe haber controversia (contraparte) porque no hay en juego derechos subjetivos sino que el fi n del arbitrio es el restablecimiento del orden jurídico alterado por el acto o hecho lesivo. Ésta es la tesis que surge del artículo 8o. de la Ley 16.896, pues en él se dispone sólo que debe requerirse al autor del acto o hecho lesivo (según sea ofi cial o particular) un “informe”; no convocarlo como “parte”, o sea, con todos los derechos subjetivo-formales que corresponden a los sujetos de la litis en un proceso contencioso. Es decir que, en defi nitiva, se trata de un proceso unilateral como lo menciona José Luis LAZZARINI en la 2a. edición de su obra El juicio de amparo.27 Pero hoy vemos que no sólo es un proceso netamente contencioso, donde el informe circunstanciado que deberá presentar la contraparte (según el artículo 26 http://www.semanariojuridico.info/nbibliografi ca/ver/1/1/6. 27 LAZZARINI, JOSÉ LUIS. El juicio de amparo, 2a. ed., La Ley, Buenos Aires, 1987, p. 280, 2o. párrafo. 27 E L A M P A R O E N A R G E N T I N A . E V O L U C I Ó N , R A S G O S Y C A R A C T E R Í S T I C A S E S P E C I A L E S 8o. de la Ley 16.986) son verdaderas contestaciones de demanda, con amplias peticiones de producción probatorias, sino que además el amparo se ha ordi- narizado, transformándose en un verdadera acción ordinaria de conocimiento, donde existen casos cuya sentencia se obtiene luego de 5 o 6 años, o incluso más, de trámite, lejos está el plazo de 10 (juez de primera instancia) o 15 (Cá- mara de Apelaciones) días del artículo 34, inciso 3.d, del CPCCN, o los tres días del artículo 11 de la Ley 16.986. Para solucionar este grave deterioro del instituto debemos volver a sus oríge- nes donde el amparo era considerado interdictal sumarísimo, rápido y expedito, dejando todo lo que no se pueda resolver, de un modo urgente, a otro tipo de acción. 6. Los plazos de caducidad del amparo El artículo 2o. inciso e, de la Ley 16.986 dispone que el amparo no es admisible cuando “[...] la demanda no hubiese sido presentada dentro de los 15 días há- biles a partir de la fecha en que el acto fue ejecutado o debió producirse [...]”.28 La Ley 16.986 ha establecido un plazo de caducidad de 15 días hábiles a los efectos de otorgar estabilidad a los actos estatales, lo que exige que su im- pugnación sobrevenga en cierto tiempo, presuponiéndose que su transcurso los consolida, lo que equivale a resguardar el valor seguridad jurídica. Se ha justifi cado la restricción que emplaza el inciso en estudio, con la invo- cación del valor “seguridad jurídica”, la existencia de una especie de consenti- miento tácito del afectado, la concepción del amparo con carácter excepcional, y el respeto del principio de división de poderes. El plazo de caducidad pone en cabeza del amparista la exigencia de obrar con diligencia y celeridad para interponer la acción.29 El plazo de caducidad de 15 días, corre la suerte de sanción para el legitima- do en la pretensión de amparo por su negligencia en demorar la interposición de la acción de amparo y no acudir rápidamente a la justicia para velar por sus derechos lesionados. La improcedencia del amparo interpuesto fuera del plazo establecido en el inciso e del artículo 2o. de la Ley 16.986 provocó en doctrinay jurisprudencia variadas consideraciones y críticas que intentaremos esbozar a continuación. 28 En sentido similar, aunque con mayor precisión ampliando a 30 días el plazo, legisla el artículo 6o. del ordena- miento bonaerense. 29 Es dable recordar aquí la doctrina del caso “Saguier” de la Cámara Nacional Civil Sala D, 19/4/68 ED. 23-427. 28 P A T R I C I O A L E J A N D R O M A R A N I E L L O A) Distintas posturas En este punto podemos abordar el análisis desde dos posturas bien diferenciadas en doctrina. a. Posición a favor del plazo de caducidad Una primera postura sería la que se desprende del voto mayoritario del fallo Plenario30 de la Cámara Nacional Civil y Comercial Federal, en autos “Capizzano v. IOS”, que se expresa a través del voto del doctor DE LAS CARRERAS. Posición ésta que parte de la nota de expeditividad y de rapidez del amparo, pero concluye que precisamente por tal fi sonomía procesal, fi jar un plazo para que el interesado lo promueva, so pena de caducidad de la acción, es perfectamente lógico (de lo contrario, resultaría que si el afectado se toma un largo tiempo para introducir el amparo, ello signifi ca que no estaba urgido para plantearlo, y que por ende precisaba de una acción expedita y rápida, según la dibuja el mentado artículo 43 de la Constitución Nacional. Podría ir, como se infi ere de su propia conducta pausada, a las vías ordinarias).31 Se sostiene también que estamos frente a un derecho excepcional que sólo procede en situaciones de imprescindible necesidad y que la reforma constitucio- nal se limita a ampliar el alcance de los derechos y garantías protegidos, a inno- var en materia de legitimación y a prever la eventual posibilidad de declaración de inconstitucionalidad de la norma en la base del acto lesivo. Como también la necesidad de que exista un procedimiento que la reforma a la Constitución no aporta. Que la ley general posterior no deroga la ley anterior especial, salvo que existiere incompatibilidad entre ellas. Que debe existir un plazo para el ejercicio de la acción ya que el mismo no puede quedar librado a la discrecionalidad de los jueces y que por lo tanto, al no estar vedado en la Constitución, en la especie debe aplicarse el plazo de caducidad que contempla la Ley 16.986 en su artículo 2o., inciso e.32 A su turno SAGÜÉS33 considera que no cabe considerar que la reforma cons- titucional haya instrumentado un régimen normativo autosufi ciente, alérgico a 30 Camara Nacional Federal Civil y Comercial en los autos caratulados: “CAPIZZANO DE GALDI, Concepción c/ Instituto de Obras Sociales” del 6 de marzo de 1999. 31 Según SAGÜÉS, NÉSTOR P. El plazo de caducidad de la Ley de Amparo ante la reforma constitucional, Buenos Aires, No. 6188, 5 de abril de 2000, p. 21. 32 SABSAY, DANIEL A. y ONAINDIA, JOSÉ MIGUEL. La Constitución Nacional –comentada y anotada–, Errepar, 1999, p. 30. 33 SAGÜÉS, NÉSTOR P. op. cit., p. 21. 29 E L A M P A R O E N A R G E N T I N A . E V O L U C I Ó N , R A S G O S Y C A R A C T E R Í S T I C A S E S P E C I A L E S reglamentaciones razonables y que el artículo 43 sea operativo no determina que éste fuera hermético. Este autor considera atractiva la posición del voto mayoritario considerando que no parece absurdo sino coherente con el com- primido y urgente proceso de amparo fi jar el referido plazo. Precisando que si el afectado dilata la articulación del amparo signifi ca que no estaba apurado para plantearlo. También se ha entendido, en el XVIII Congreso Nacional de Derecho Procesal, que la Ley 16.986 debía seguir aplicándose, en cuanto no se opusiera al artículo 43 de la Constitución.34 Siendo esta postura la que admite la subsistencia actual del artículo 2o., in- ciso e, la habitualmente mayoritaria en la experiencia jurisprudencial.35 b. Posición contraria Siguiendo la clasifi cación que a los fi nes explicativos he adoptado, la postura opuesta es sostenida por el voto minoritario, en disidencia por el señor juez Pérez Delgado, de quien haremos transcripción del resumen que hace RIVAS36 en su comentario al fallo: El voto minoritario expresó resumidamente: a) que la Ley 16.986 contiene dispositivos relativos a los presupuestos de admisión de la acción y otro de tipo procedimental, b) que el plazo de caducidad está comprendido entre los primeros y no entre los segundos, c) que atento el sentido de la reforma constitucional es jurídicamente razonable echar mano de los aspectos procedimentales de la Ley 16.986 pero no ocurre lo mismo con los de admisión. d) que debe considerarse que el amparo consagra una protección expeditiva y rápida, e) que el texto constitucional se basta a sí mismo y proporciona un soporte del que hace a la Ley 16.986 de modo que es ajeno a la cuestión considerada, establecer si es posible legislar fi jándose un plazo similar al contenido por la ley derogada, f) que la inexistencia de un plazo de caducidad expresamente fajado por la ley no signifi ca que el amparo pueda ejercerse en cualquier tiempo pues para ello, el remedio está previsto como expedito y rápido, precisamente para enfrentar lesiones actuales o inminentes. 34 Cfr. SPOTA, ALBERTO A. “Análisis de la acción de amparo en los términos del artículo 43”, en ED, 163-767, p. 17. 35 GOZAÍNI, OSVALDO A. El derecho de amparo, Depalma, 1998, p. 73. 36 RIVAS, ADOLFO A. “El plazo de caducidad en el amparo”, La Ley, t. 2000-C, p. 347. 30 P A T R I C I O A L E J A N D R O M A R A N I E L L O El voto en disidencia de Pérez Delgado parte del supuesto de que el artículo 43 de la Constitución Nacional es autosufi ciente y por ende auto-operativo: regula los requisitos de admisibilidad y procedencia de la acción y quiénes se hallan legitimados para actuar en ella, por tanto “se basta a sí mismo” y no tolera agregado de otros requisitos que tengan como presupuesto un diferente régimen constitucional. A los fundamentos esgrimidos por Pérez Delgado se ha adherido QUIROGA LAVIÉ.37 Por su parte, RIVAS sostiene que el artículo 43 de la Constitución Nacional, cuando normativiza la acción de amparo, puede no ser incompatible con una legislación reglamentaria complementaria de la ley suprema, pero entiende que el plazo de caducidad contemplado en el artículo 2o., inciso e, Ley 16.986, pasa a ser inconstitucional al colisionar con la idea de un amparo expedito y rápido, efectivo custodio de los derechos constitucionales. Desde esta perspectiva avizoramos que el referido inciso implicaría hoy una reglamentación irrazonable38 del artículo 43 constitucional. También este autor reputa que los condicionamientos de la Ley 16.986, en la que en alguna oportunidad ingeniosamente la hubiera llamado “ley contra natura”, debe ser de interpretación restrictiva y que con el nuevo artículo 43 del que no cabe discusión sobre su operatividad, corresponde sostener que ha caído todo lo que pueda obstar a su vigencia plena, inclusive si estuviese en el campo meramente procedimental. Como expresara: la Corte Suprema de Justicia de la Nación, al consagrar jurisprudencialmente en Siri y Kot a la acción de amparo, no estableció un plazo de caducidad. La imagen histórica del amparo que alimenta la realidad normativa recogida por la Convención Constituyente de 1994 nos muestra un proceso constitucional, que promueve la plena vigencia de derechos y garantías constitucionales, exento de plazos de caducidad.39 Lo que realmente importa para analizar la procedencia de la acción de am- paro, es “[...] verifi car si al momento de su interposición existe o no una lesión 37 QUIROGA LAVIÉ, HUMBERTO. “La violación por tracto sucesivo de los derechos constitucionales y la operatividad del artículo 43 CN”, en LL 1996-C-507, y “Actualidad en la jurisprudencia del amparo”, LL 1996-E-1061. 38 Así el artículo 28 de la Constitución Nacional consagra la operatividad de los derechos reconocidos en la carta magna, como regla general, sin que sea necesaria una legislación reglamentaria. Tambiénel artículo 33 cuando se refi ere a las garantías emanadas por la Constitución, cabe incluir entre ellas al amparo por ser un instrumento efi caz para concertar con celeridad y el restablecimiento de las libertades constitucionales. Por último, nos remitimos al artículo 19, todos dentro de la Constitución Nacional, del cual se desprende que si aceptáramos que solamente son normas jurídicas válidas las que están de acuerdo con la Constitución, todos aquellos actos que no se basaron sobre esas normas no podrían perturbar las libertades constitucionales y si así lo hiciesen como podrían restablecer la plena vigencia de la Constitución Nacional declarando la nulidad de tales actos y sus efectos. 39 SABSAY, DANIEL. Colección de análisis jurisprudencial. Derecho constitucional, La Ley, Buenos Aires, 2002, p. 521. 31 E L A M P A R O E N A R G E N T I N A . E V O L U C I Ó N , R A S G O S Y C A R A C T E R Í S T I C A S E S P E C I A L E S constitucional de un derecho fundamental o una garantía institucional, y si a la vez, se cumplen los requisitos formales y sustanciales de su núcleo esencial [...]”.40 El artículo 43 no prevé un plazo de caducidad de la acción de amparo, tam- poco se prevé en los tratados internacionales que a partir de la reforma constitu- cional de 1994 conforman el “bloque de constitucionalidad argentino”, repárese en la inexistencia de este tipo de plazo en la acción de hábeas corpus y hábeas data respectivamente. Como tampoco el texto constitucional habilita el arbitrio jurisdiccional para la fi jación de límite temporal alguno. En este caso debe con- siderarse con criterio absolutamente restrictivo la aplicación de la Ley 16.986 subsistente por ser un régimen normativo procesal especial anterior a la norma constitucional general ulterior; recordando que en materia de amparo, en los antecedentes Siri y Kot nos demuestran que no se precisa regulación positiva para hacer operar la protección de los derechos individuales. La Ley 16.986 estableció en su artículo 2o. amplias restricciones a la acción de amparo, ordenando en su artículo 3o., que el juez deba realizar, ab initio del proceso, “un juicio de admisibilidad”, debiendo éste tener en cuenta las limita- ciones establecidas por imperio de los artículos 1o. y 2o. de la norma referida. B) Nuestra posición Es lógico considerar que no hay nadie más interesado en la celeridad de la inter- posición de la pretensión amparística que el propio titular de derecho que fuera vulnerado, siendo éste quien vive en carne propia el grado de urgencia que os- tenta la pretensión procesal en la satisfacción jurisdiccional de tutela. En efecto, nadie duda que el tiempo jurídico debe administrarse con razona- bilidad y responsabilidad, del cual no escapa el tiempo referido a la interposición del amparo por su sincronismo con el “principio de actualidad”, siendo éste un requisito para su admisibilidad. En el escenario que se encuentra el legitimado a pretender amparo, a tenor de la importancia, la jerarquía de derechos (en el sentido de su mayor o menor res- tringibilidad) que se debaten en el amparo, concebido como un instrumento de socorro al sistema procesal; nadie mejor que el afectado para sentir la infl uencia del tiempo, que como bien señala COUTURE “el tiempo en el proceso es más caro que el oro, en la justicia”. Con todo ello queremos decir que la acción de amparo no puede ser inter- puesta en cualquier momento, sino que siempre deben respetarse sus presu- 40 Idem. 32 P A T R I C I O A L E J A N D R O M A R A N I E L L O puestos formales para velar por la seguridad jurídica porque nadie se podría considerar seguro de un derecho, que puede ser cuestionado a través de algún amparo. Pero no estamos a favor de los 15 días establecidos en el artículo 2o., inciso e, de la Ley de Amparo, sino de 30 días, teniendo posibilidad de que el juez ac- túe fuera del plazo cuando el derecho o la libertad alterada sea de tal magnitud que requiera una solución inmediata y que no haya otra forma de solucionarla, aplicando de este modo la operatividad temporal excepcional del amparo. Con ello estamos ayudando al amparo, para que vuelva a ser una vía excep- cional, expedita y rápida, y no lo que es hoy un amparo, un juicio ordinario de conocimiento. 7. El amparo contra actos del Poder Judicial Consideramos importante, para comenzar el desarrollo del tema, partir de un marco legal, el cual está dado por el artículo 2o., inciso b, de la Ley de Amparo, que establece la no procedencia de la acción cuando “[...] el acto impugnado emanara de un órgano del Poder Judicial [...]”. Debido a la vaguedad de las palabras utilizadas la pregunta se centra si están incluidos no solamente los actos judiciales de decisión como las sentencias y resoluciones, sino también los actos judiciales de comunicación, que informan sobre las decisiones adoptadas, los actos judiciales de ejecución que procuran el cumplimiento de dichos pronunciamientos y los actos administrativos en su carácter de un poder del Estado. Por otra parte al hablar el artículo de “órgano” en general, no se realiza nin- guna distinción de instancias o funciones. Es muy probable que la intención del legislador haya sido la de incluir todos aquellos actos de cualquier miembro del Poder Judicial que desempeñe funciones jurisdiccionales. A pesar de la existencia de dicho inciso, se da una gran controversia especial- mente desde el ámbito doctrinario, acerca de la procedencia del amparo contra actos judiciales. Surgen así tesis totalmente restrictivas que prohíben terminante- mente la acción para este caso, y otras más fl exibles que admiten contra ciertos actos judiciales o incluso contra todos ellos. La ley es clara en su artículo 2o., inciso B, cuando establece que no se admi- tirá el amparo cuando el acto cuestionado provenga de un “órgano del Poder Judicial”. La expresión utilizada por el legislador es excesivamente amplia ya que no hace referencia a la naturaleza de los actos que se pretenden excluir. Directamente se descartan todos los actos emanados de cualquier órgano del 33 E L A M P A R O E N A R G E N T I N A . E V O L U C I Ó N , R A S G O S Y C A R A C T E R Í S T I C A S E S P E C I A L E S Poder Judicial, incluso cuando no realizare funciones de carácter jurisdiccional. No se tienen en cuenta las distintas clases de actos judiciales, los cuales poseen características propias a la hora de ser impugnados. De esta manera la prohibi- ción alcanzaría tanto a las decisiones de los Tribunales como a las conductas del Poder Judicial actuando en ejercicio de la función administrativa, sin que en este último caso existan razones de peso para impedir la procedencia del ampa- ro. Esta amplitud es la principal crítica que nosotros encontramos en la norma. La problemática de la admisión de la acción del amparo contra actos ema- nados del Poder Judicial no posee en la doctrina de nuestro país una solución única. Como ya hemos desarrollado a lo largo de este trabajo, existen distintas posturas frente a este problema que van desde la negación absoluta hasta la admisión explícita dentro de determinadas condiciones. Sin embargo, nosotros creemos que deberá realizarse una diferenciación entre los actos del Poder Judicial de carácter jurisdiccional y aquéllos emitidos en el ejercicio de funciones administrativas. Para estos últimos se considera proceden- te el cuestionamiento por medio del amparo por ser la vía judicial una revisión de la propia arbitrariedad administrativa del órgano judicial y no ya como órgano jurisdiccional que pudiere alterar la seguridad jurídica. 8. A modo de conclusión Hemos realizado una pequeña introducción en las principales características de la acción de amparo, realizando un lineamiento de sus requisitos de procedencia, su evolución histórico-jurisprudencial y su recepción legislativa y constitucional con sus consecuentes problemáticas. Es así que a modo de recapitulación señalamos lossiguientes puntos de im- portancia: 1) La admisibilidad del amparo no requiere agotar la vía administrativa. 2) La existencia de otros medios judiciales descarta la acción de amparo cuan- do este causaré un daño grave e irreparable y cuando la existencia y empleo de remedios judiciales impliquen demoras o inefi cacias que neutralicen la garantía. En el caso “Video Club Dreams”41 se evaluó la relación entre la dimensión del agravio y la efi cacia de otros medios procesales disponibles es materia de decisión judicial en el caso concreto. El actor debe invocar y demostrar la inefi ciencia de los otros medios judiciales, la urgencia y que 41 Fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, t. 318, p. 1154. 34 P A T R I C I O A L E J A N D R O M A R A N I E L L O el amparo evitará el daño grave e irreparable si se siguieran las otras vías judiciales, y el demandado que la vía del amparo no es apta porque se necesita un mayor debate o prueba. 3) Desde la institucionalización de la República democrática el amparo no es instrumento de control de políticas macro pero sí lo es para las micros decisiones que afecten derechos sustantivos. 4) En el caso, el juez podrá declarar la inconstitucionalidad de la norma en que se funde el acto u omisión lesiva. Aquí se produce una importante innovación en el artículo 43 de la CN, respecto de lo dispuesto en la Ley 16.986 siguiendo el criterio que la Corte había ya sentado en el caso Outon, aunque o se aclara si abarca la declaración de ofi cio de inconsti- tucionalidad. 5) La legitimación del accionante en la acción individual de amparo corres- ponde a toda persona de existencia visible o de existencia ideal, sea o no habitante del país. 6) Se crea el amparo colectivo. Podrán interponer esta acción contra cualquier forma de discriminación y en lo relativo a los derechos que protegen al ambiente, a la competencia, al usuario y al consumidor, así como a los derechos de incidencia colectiva en general, el afectado, el defensor del pueblo y las asociaciones que propendan a esos fi nes, registradas conforme a la ley, la que determinará los requisitos y formas de su organización. 7) En las acciones que protegen derechos subjetivos o intereses legítimos de incidencia colectiva o difusa están legitimados: el afectado (que se agregó al dictamen de la Comisión en el debate de la Convención), el defensor del pueblo y las asociaciones de defensa de aquellos fi nes. También lo tiene el Ministerio Público (artículo 120 de la Constitución). No abarca el interés simple. No se reconoce, en principio, legitimación activa a los legisladores, como representante del pueblo. 8) El afectado es quien sufre lesión en sus derechos subjetivos y quien es tocado, interesado, concernido y vinculado por los efectos del acto u omi- sión lesivos, como señalan los precedentes de los casos Kattan, Alberto42 y Ekmekdjian c. Sofovich.43 9) No se trata, sin embargo, de una acción popular. Ha servido para solucionar problemas de micro políticas cuando el Estado no cumple con sus deberes y se afectan derechos a la vida, a la salud, a los menores, la familia, pero no 42 Publicado en la revista de El Derecho, t. 105, 1983, p. 245. 43 Fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, t. 315, 1992, p. 1492. 35 E L A M P A R O E N A R G E N T I N A . E V O L U C I Ó N , R A S G O S Y C A R A C T E R Í S T I C A S E S P E C I A L E S para frenar un proyecto de ley, pero si fuera sancionado y es lesivo puede dar lugar a un amparo. 10) Se admitió que la asociación no esté registrada por no haber ley reglamen- taria como resolvió en el caso Mignone.44 11) Se trata, en principio, de un proceso unilateral, y la malversación del insti- tuto lo ha llevado a ordinarizarlo transformándolo en un proceso bilateral lento y sin la respuesta expedita y rápida que requiere el instituto. 12) Se hace necesario una reglamentación a través de un Código de Garantías Constitucionales como el de Tucumán y el que en su momento proyecta- mos para el orden nacional y la provincia de Córdoba, con algunas reservas en ambos códigos. 13) Que el amparo no tenga plazo para su iniciación no ayuda al instituto sino por el contrario: lo altera y lo generaliza. Aunque compartimos la idea de considerar exiguo el plazo de 15 días dado por la ley, por lo que resultaría más acercado a la realidad duplicar ese plazo, es decir, 30 días hábiles. 14) La demanda de amparo no puede establecerse contra decisiones del Poder Judicial, pues no autoriza a sustituir a los jueces propios de la causa en las decisiones que les incumben, ni a reiterar cuestiones resultantes defi - nitivamente por ellos.45 15) Nuestra posición se inclina por considerar la posibilidad de iniciar un am- paro tan solo en cuestiones en que el Poder Judicial actúa en funciones administrativas. Como podemos observar, nuestra jurisprudencia es reacia a conceder el recurso de amparo contra decisiones judiciales, sólo lo ha- cen en contadas ocasiones y por ejemplo, en el primero de los casos se concede el recurso, debido a que el Superior Tribunal de Jujuy actuó en función jurisdiccional, emitiendo sanciones disciplinarias; y en este caso la jurisprudencia y la mayoría de la doctrina coinciden en que es viable la acción de amparo para recurrir tales actos. 16) Entonces, como dijimos anteriormente, tanto la mayoría de la doctrina como la jurisprudencia concuerdan en que el amparo es un medio excep- cional, que sólo procede en limitados casos y en determinadas circunstan- cias. Es por ello que son contados los fallos donde los jueces hacen lugar al amparo intentado contra decisiones judiciales. 17) Al haber diferentes tipos de amparos: sindical, tributario, aduanero, previ- sional, etcétera, el amparo se ha ramifi cado de un modo tal de lo que era, 44 Fallo de la Cámara Nacional Electoral, No. 2807, de 2000. 45 Fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en los autos caratulados: “Reginaldo Manubens Calvet”, del 1o. de noviembre de 2008. 36 P A T R I C I O A L E J A N D R O M A R A N I E L L O exclusivo y excepcional, y se ha transformado en general y común; si bien los temas son delicados pero no todos ellos lo son, se ha transformado en lo que se llama “la ordinarización del amparo”, que requerirá de una esfuerzo de la justicia para seguir seleccionando el verdadero amparo de otros que no llegan a serlo, para volver a revalorizar al amparo como una verdadera medida urgente y extraordinaria. 37 A R T I C U L O * Recibido: 10 de marzo de 2011. Aceptado: 5 de mayo de 2011. ** Coordinador de la Maestría en Derecho constitucional en la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz, Bolivia (borisito55@hotmail.com). RESUMEN La reforma constitucional de 2009 en Bolivia implicó el cambio de muchos paradigmas; sin embargo, la confi guración constitucional del amparo constitucional en esencia no se vio grandemente afectada porque su diseño prove- nía del derecho internacional, en especial de los tratados internacionales de derechos humanos que en Bolivia integran el denominado “blo- que de constitucionalidad”; en este contexto, el presente trabajo aborda algunas de las ra- tifi caciones, modulaciones y cambios de líneas jurisprudenciales efectuados por el Tribunal Constitucional respecto a la procedencia del amparo constitucional durante la gestión 2010. PALABRAS CLAVE: Bolivia, Constitución Políti- ca del Estado de 2009, jurisprudencia, amparo constitucional. ABSTRACT The constitutional reform in Bolivia in 2009 in- volved the change of many paradigms, howe- ver, the constitutional confi guration of amparo in essence was not greatly affected because the design came from international law, especially international treaties on human rights Bolivia up the “constitutional block” in this context, this paper refers to some of the ratifi cations, modulations and jurisprudential line changes made by the Constitutional Court regarding the merits of the constitutionalprotection for management 2010. KEY WORDS: Bolivia, State Constitution of 2009, cases, constitutional amparo. La acción de amparo constitucional en el “estado de transición constitucional” boliviano* The Amparo Constitutional in the “State Constitutional Transition” in Bolivia Boris Wilson Arias López** R E V I S T A D E L I N S T I T U T O D E C I E N C I A S J U R Í D I C A S D E P U E B L A , A Ñ O V , N O . 2 7 E N E R O - J U N I O D E 2 0 1 1 , P P . 3 7 - 5 5 IUS 38 B O R I S W I L S O N A R I A S L Ó P E Z Sumario 1. El “estado de transición constitucional” y la situación de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional anterior 2. Conceptualización de la acción de amparo constitucional en la Constitución Política del Estado vigente 3. Algunos supuestos de procedencia e improcedencia de la acción de amparo constitucional 4. Nuevas líneas jurisprudenciales del Tribunal Constitucional boliviano en relación con el amparo constitucional A) Las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos integran el “bloque de constitucionalidad” B) Cómputo del plazo de seis meses de la inmediatez en el amparo constitucional C) La seguridad jurídica en el marco de la Constitución Política del Estado vigente, al ser un principio no es tutelable por el amparo constitucional 5. Posición especialmente crítica a algunos fallos del Tribunal Constitucional A) Pluralidad de argumentos excluyentes en resoluciones de amparo constitucional B) Los incidentes de nulidad como recurso efectivo para denunciar la vulneración a derechos fundamentales y garantías constitucionales frente a resoluciones judiciales que han adquirido la calidad de cosa juzgada 6. Conclusiones 1. El “estado de transición constitucional” y la situación de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional anterior El denominado estado de transición constitucional1 boliviano se refi ere al lapso de tiempo en el cual la nueva Constitución Política del Estado tiene efecto nor- mativo inmediato, pero a la vez resulta posible que la Constitución Política del Estado abrogada de 1967, la normativa y jurisprudencia elaborada en su vigencia puedan tener efecto ultractivo,2 implicando entonces la adecuación de las leyes y normas infra-constitucionales al nuevo texto constitucional, el paulatino cambio de autoridades estatales y la liquidación de causas pendientes planteadas bajo 1 La SC 0158/2010-R sostuvo que: “…«estado» de transición constitucional” en el marco del cual se liquidarán las causas pendientes de resolución […] los tratados internacionales referentes a derechos humanos estuvieron en plena vigencia en el momento de iniciarse las causas pendientes de resolución y permanecen actuales en la etapa de transición constitucional […] En consecuencia, en la especie, corresponde aplicar el bloque de constitucionalidad conformado por la Constitución vigente, los tratados internacionales referentes a derechos humanos y principios y valores de rango constitucional […]”. 2 Piénsese en la permanencia de autoridades elegidas conforme a la Constitución Política del Estado abrogada que se mantendrán hasta la posesión de las nuevas autoridades y que por ende hasta entonces su legitimidad se funda- menta por los efectos ultractivos de la referida Constitución. 39 L A A C C I Ó N D E A M P A R O C O N S T I T U C I O N A L . . . el anterior régimen constitucional y que se tienen que resolver con el nuevo régimen constitucional. En este contexto, a partir de la distinción entre parte orgánica y dogmática de la Constitución Política del Estado, el Tribunal Constitucional concluyó que debe inhibirse de resolver acciones constitucionales planteadas bajo el régimen constitucional anterior que hagan parte del denominado control constitu- cional normativo, es decir, que se refi eran al control de constitucionalidad sobre normas genéricas, impersonales y abstractas no vinculadas a un caso concreto;3 en cambio, se concluyó que sí debía conocer y resolver las acciones constitucionales planteadas bajo el anterior régimen constitucional cuando se refi eran al denominado control constitucional tutelar, es decir a la protección de derechos y garantías (amparo constitucional, hábeas corpus —ahora acción de libertad—, hábeas data —ahora acción de protección de privacidad—), en cuyo caso debe ingresarse al fondo de la problemática porque su confi guración esencial no fue modifi cada, sino más bien ampliada, en el texto constitucional vigente, y porque tanto en la anterior como en la Constitución Política del Es- tado boliviana vigente se encontraban amparados en el denominado “bloque de constitucionalidad”. En coherencia con lo anterior, la misma distinción resulta elemento pertinen- te para diferenciar los fallos constitucionales emitidos por el anterior Tribunal Constitucional que continúan siendo vinculantes, de los fallos que dejaron de serlo; es decir que, a priori, para todo órgano jurisdiccional se tiene que: — Los fallos constitucionales que inciden en la parte orgánica, donde se han producido grandes cambios en el nuevo texto constitucional relativos a la creación del Órgano Electoral como cuarto órgano de poder del Estado, de la Procuraduría General del Estado, del Control Social, la reestructuración de los órganos de poder existentes o la desaparición de fi guras como las superintendencias, entre otros, la jurisprudencia existente se ha transfor- mado en obiter dicta o jurisprudencia indicativa. — En cambio, la jurisprudencia del anterior Tribunal Constitucional emitida en vigencia de la Constitución Política del Estado abrogada y que incide en la parte dogmática de la Constitución mantiene su vinculatoriedad en su ratio decidendi, siempre y cuando los supuestos fácticos en el caso en el que se pretende aplicar sean semejantes, por lo que todo apartamiento de dicha jurisprudencia requiere de fundamentación adicional. 3 Cfr. Tribunal Constitucional, auto constitucional No. AC 0034/2010-CA-BIS del 26 de marzo de 2010. 40 B O R I S W I L S O N A R I A S L Ó P E Z 2. Conceptualización de la acción de amparo constitucional en la Constitución Política del Estado vigente La Constitución de 1967, que introdujo la fi gura del amparo constitucional en Bolivia, en su artículo 19, párrafo I, sostenía que: “[…] se establece el recurso de amparo [...]”, pero el término “recurso” de amparo constitucional fue rechazado alegándose en su generalidad que un recurso se plantea siempre al interior de un proceso; mientras que el amparo constitucional no buscaba corregir malos procedimientos o realizar una correcta interpretación de las normas vigentes dentro de un proceso o litis, sino que buscaba proteger los derechos y garantías fundamentales de las personas. Asimismo, para fortalecer esta posición se sos- tuvo que los recursos sólo proceden contra autoridades, mientras que el amparo constitucional procedía también contra particulares. La Corte Interamericana de Derechos Humanos, en la Opinión Consultiva 8/87, sostuvo que: “[…] es una disposición de carácter general que recoge la institución procesal del amparo, entendido como el procedimiento judicial sen- cillo y breve que tiene por objeto la tutela de todos los derechos reconocidos por las Constituciones y leyes de los Estados partes y por la Convención [...]”, cuya existencia no sólo debe ser formal (en el texto escrito), sino que debe resultar idóneo para proteger los derechos humanos (en la práctica). El anterior Tribunal Constitucional boliviano, referente al amparo constitucio- nal, sostuvo en su oportunidad, en su sentencia constitucional No. 1082/2003-R, que: En nuestro país, el legislador constituyente ha instituido el recurso de amparo como un medio de tutela para la efi caz salvaguarda de estos derechos; los cuales, desde un punto de vista moral y político, se consideran básicos para la convivencia humana, creando a su fragua las condiciones necesarias para asegurar el desarrollo de la vida delhombre en libertad, en circunstancias compatibles con la dignidad humana, legi- timando y limitando el poder estatal, creando así un marco de convivencia propicio para el desarrollo libre de la personalidad. El nuevo texto constitucional establece la creación de la “acción de amparo” para afrontar “[...] actos u omisiones ilegales o indebidos de los servidores pú- blicos, o de persona individual o colectiva, que restrinjan, supriman o amenacen restringir o suprimir los derechos reconocidos por la Constitución y la ley”, con- fi gurándose por ende como una facultad que tiene el ciudadano para acudir al órgano jurisdiccional en resguardo de sus derechos fundamentales o garantías 41 L A A C C I Ó N D E A M P A R O C O N S T I T U C I O N A L . . . constitucionales, cuyo respaldo normativo se encuentra en los artículos 8o. de la Declaración Universal de Derechos Humanos; 2.3.a) del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos; XVIII de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre; 25.1 de la Convención Americana sobre Derechos Huma- nos; 128 y 129 de la Constitución Política del Estado, y 73 a 80 de la Ley del Tribunal Constitucional Plurinacional. 3. Algunos supuestos de procedencia e improcedencia de la acción de amparo constitucional A continuación corresponde referir los supuestos de procedencia e improceden- cia más importantes de la acción de amparo constitucional en el marco de la jurisprudencia constitucional del Tribunal Constitucional durante la vigencia de la Constitución Política del Estado de febrero de 2009; así tenemos: — Conforme al artículo 129 de la Constitución Política del Estado vigente, para la procedencia del amparo deben existir actos ilegales u omisiones indebidas que restrinjan, supriman o amenacen suprimir o restringir los derechos y garantías, amenacen los derechos constitucionales y de las leyes, por lo que no procede para proteger principios constitucionales,4 de- rechos hipotéticos, vagos5 o expectaticios,6 aparentes derechos emergentes de actos ilegales,7 entre otros. — Debe existir una ilegalidad manifi esta respecto a los actos u omisiones denunciados, lo que implica que la parte accionante debe ser capaz de demostrar los extremos alegados en su demanda sin mayor actividad probatoria,8 de forma que al no contar la acción de amparo constitucional con una etapa probatoria amplia para demostrar la existencia de un derecho, cuando se requiera la producción de prueba adicional debe remi- tirse a los antecedentes en la jurisdicción ordinaria para su correspondiente determinación.9 — Deben agotarse los recursos, medios o vías idóneos previstos por el le- gislador ordinario en uso de su libertad confi guradora para la defensa de los derechos y garantías previamente al planteamiento del amparo 4 Cfr. Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0323/2010-R del 15 de junio de 2010. 5 Cfr. Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0769/2003-R del 6 de junio de 2003. 6 Cfr. Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0779/2006-R del 9 de agosto de 2010. 7 Cfr. Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 1347/2003-R del 20 de septiembre de 2010. 8 Cfr. Tribunal Constitucional, auto constitucional No. 0033/2010-RCA del 3 de mayo de 2010. 9 Cfr. Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 2584/2010-R del 6 de diciembre de 2010. 42 B O R I S W I L S O N A R I A S L Ó P E Z constitucional (principio de subsidiariedad), salvo excepciones estableci- das en la jurisprudencia, por ejemplo cuando se trate de una solicitud de complementación y enmienda, puesto que la misma no tiene la aptitud ni idoneidad para modifi car el fondo de una resolución;10 el proceso conten- cioso-administrativo contra una resolución que en el ámbito administrati- vo resuelve un recurso jerárquico, porque nadie está obligado a iniciar dos procesos para el resguardo de sus derechos;11 un proceso penal, porque su fi nalidad de prevención general y especial es diferente a la del amparo constitucional, que busca proteger derechos y garantías,12 entre otros. — Asimismo, no resulta necesario el agotamiento de instancias previas al planteamiento de un amparo constitucional cuando el acto o la omisión denunciada requiera mayor actividad probatoria y a la vez se amenace de forma grave e inminente un derecho cuya consumación pueda devenir en irreparable (principio de inmediatez), correspondiendo en dicho caso la tu- tela inmediata del amparo constitucional, aspecto que sucede, por ejem- plo, en los casos en los que están gravemente comprometidos los derechos de niños;13 ante el despido injustifi cado de una mujer embarazada,14 o ante la presencia de medidas o vías de hecho referidas a actos u omisiones pal- mariamente ilegales, y que no cuentan con ningún tipo de respaldo legal,15 realizadas por particulares, por ejemplo mediante avasallamientos a la propiedad privada16 o mediante la privación de servicios básicos por parte de un propietario respecto a sus inquilinos por el no pago de alquileres,17 o incluso realizado por autoridades públicas como cuando se procede a la clausura de puestos de venta a personas que tenían autorización municipal sin previo proceso, el avasallamiento por parte de funcionarios municipales sobre una propiedad en litigio con un particular,18 el ingreso a un domicilio para la apertura de una avenida por parte de funcionarios públicos sin agotar el proceso expropiatorio,19 o la demolición de un inmueble porque supuestamente incumplió normativa urbanística sin proceso previo que demuestre dicho extremo.20 10 Tribunal Constitucional, auto constitucional No. 0004/2010-ECA del 29 de marzo de 2010. 11 Tribunal Constitucional, auto constitucional No. 0002/2010-RCA del 13 de abril de 2010. 12 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 1570/2010-R del 11 de octubre de 2010. 13 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0294/2010-R del 7 de junio de 2010. 14 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0530/2010-R del 12 de julio de 2010. 15 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0211/2010-R del 24 de mayo de 2010. 16 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0155/2010-R del 17 de mayo de 2010. 17 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0131/2010-R del 17 de mayo de 2010. 18 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0386/2010-R del 22 de junio de 2010. 19 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0205/2010-R del 24 de mayo de 2010. 20 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0448/2010-R del 28 de junio de 2010. 43 L A A C C I Ó N D E A M P A R O C O N S T I T U C I O N A L . . . — Por otra parte, con base en el principio de inmediatez también es posi- ble otorgarse la tutela provisional del amparo constitucional cuando no pueda acreditarse de manera indubitable la existencia de un derecho constitucional, pero sea evidente el peligro de que puede consumarse un daño irreparable, en cuyo caso deberá otorgarse la tutela mientras los re- cursos o mecanismos ordinarios sean agotados, lo que sucede por ejemplo ante la concurrencia de vías o medidas de hecho mientras dure un proceso ordinario que determine el derecho propietario,21 entre otros. — El planteamiento de la demanda de amparo constitucional debe efectuarse en el término de seis meses desde la “[…] comisión de la vulneración ale- gada o de notifi cada la última decisión administrativa o judicial”,22 cóm- puto que debe efectuarse desde actos inclusive extraofi ciales o fuera de la instancia que demuestren el conocimiento del acto o la omisión por la parte presuntamente afectada en sus derechos y garantías,23 y se computa desde que el accionante reconoce con cualquier documento o memorial el conocimiento del acto u omisión impugnada;24 sin embargo, el agota- miento de recursos notoriamente inidóneos no interrumpe o suspende el cómputo del término de seis meses; por ejemplo, sicontra un auto de vista que resuelve una apelación incidental se plantea casación que resulta im- procedente por disposición del Código de Procedimiento Penal provocando que se sobrepase el término de seis meses, el cómputo debe efectuarse desde la notifi cación con el auto de vista.25 — Resulta improcedente la acción de amparo constitucional cuando concu- rren actos libremente consentidos, porque se entiende que: “[…] el con- sentimiento libre y expreso supone la acción voluntaria de la persona de someterse al acto considerado lesivo, sin objetarlo, tomando una actitud pasiva frente al mismo, o en su caso realizando acciones que no tienden a restablecer el acto considerado lesivo […]”;26 es decir que en estos casos el titular del derecho o de la garantía, de forma expresa o tácita, llega a convalidar el acto o la omisión que luego demanda, debiendo entenderse sin embargo que: “[…] la manifestación de la voluntad debe demostrar, de manera indubitable, el consentimiento a la amenaza o lesión a algún dere- cho fundamental […]”; de forma que la manifestación de la voluntad debe 21 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 1129/2010-R del 27 de agosto de 2010. 22 Constitución Política del Estado, artículo 129-II. 23 Tribunal Constitucional, auto constitucional No. 0020/2010-RCA del 19 de abril de 2010. 24 Tribunal Constitucional, auto constitucional No. 0027/2010-RCA del 3 de mayo de 2010. 25 Tribunal Constitucional, auto constitucional No. 0024/2010-RCA del 26 de abril de 2010. 26 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 1928/2004-R del 25 de octubre de 2010. 44 B O R I S W I L S O N A R I A S L Ó P E Z ser inequívoca y no el resultado de meras suposiciones o presunciones. Se presentan actos libremente consentidos cuando por ejemplo en un proceso judicial o administrativo se presenta un memorial pidiendo el cumplimiento de una resolución,27 cuando se cumple una sanción y se la impugna luego de haberla cumplido,28 cuando se hace una propuesta de pago de una obli- gación que luego se impugna29 o cuando se participa en una convocatoria luego observada mediante el amparo constitucional.30 — También resulta inviable una demanda de amparo constitucional cuando los supuestos actos u omisiones ilegales o indebidos cesaron antes de no- tifi carse a la parte accionada con la demanda de amparo constitucional, en cuyo caso: [...] la cesación del acto ilegal en el sentido del citado precepto radica básicamente en el hecho de que la resolución o acto de la autoridad o particular denunciado de ilegal, por su voluntad o por mandato de otra autoridad superior, hubiere quedado sin efecto antes de la notifi cación con el amparo al que hubiere dado lugar, vale decir, que si bien se produjo la lesión, ésta se reparó de motu proprio del legitimado pasivo [...].31 — En Bolivia el amparo constitucional procede contra resoluciones judiciales que incluso hayan alcanzado la aparente calidad de cosa juzgada. Así, se sostuvo y se sostiene por parte del órgano de control de constituciona- lidad desde el inicio de sus actividades que: “[…] cuando una resolución ilegal y arbitraria afecta al contenido normal de un derecho fundamental, no se puede sustentar su ilegalidad bajo una supuesta «cosa juzgada»; en cuyo caso inexcusablemente se abre el ámbito de protección del amparo constitucional”;32 pero de ninguna manera puede pretenderse que el am- paro constitucional se convierta en una tercera instancia33 que considere aspectos de fondo como la valoración de la prueba,34 la determinación de derechos,35 el cumplimiento de contratos o se busque revisar de nuevo la revisión de la interpretación de la legalidad,36 pues en los referidos casos 27 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 1350/2010-R del 20 de septiembre de 2010. 28 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0148/2010-R del 17 de mayo de 2010. 29 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0113/2010-R del 10 de mayo de 2010. 30 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0367/2010-R del 22 de junio de 2010. 31 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0998/2003-R del 15 de julio de 2003. 32 Tribunal Constitucional, auto constitucional No. 111/99-R del 6 de septiembre de 1999. 33 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0404/2010-R del 28 de junio de 2010. 34 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0343/2010-R del 15 de junio de 2010. 35 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0429/2010-R del 28 de junio de 2010. 36 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0209/2010-R del 24 de mayo de 2010. 45 L A A C C I Ó N D E A M P A R O C O N S T I T U C I O N A L . . . únicamente deberá circunscribirse al análisis de la vulneración de dere- chos y garantías supuestamente afectados durante la tramitación de los procesos judiciales. — Mediante el amparo constitucional no es posible pretender el juzgamiento de normas genéricas, abstractas e impersonales en razón de su constitu- cionalidad o inconstitucionalidad, por la naturaleza subsidiaria del amparo constitucional y al existir acciones específi cas con características y proce- dimientos propios (acción concreta e incidental de inconstitucionalidad), aunque excepcionalmente en una acción de amparo constitucional se puede establecer la errónea aplicación de una norma. — Respecto a los errores de procedimiento en procesos judiciales o adminis- trativos únicamente pueden impugnarse ante la jurisdicción constitucional cuando los mismos “[...] provocan una disminución material de las posibi- lidades de las partes para que hagan valer sus pretensiones [...]”,37 para lo cual es necesario que: a) el error o defecto procedimental provoque una lesión al derecho al debido proceso en alguno de sus elementos; b) los errores o defectos procedimentales ocasionen una indefensión material, impidiendo que alguna de las partes haga valer sus pretensiones, alegan- do, contrastando o probando, y c) dichas lesiones deben tener relevancia constitucional, de forma que la infracción procedimental dé lugar a que la decisión impugnada tenga diferente resultado al que se hubiera dado de no haberse incurrido en los errores o defectos denunciados.38 — Tampoco es posible solicitar el cumplimiento de una sentencia consti- tucional mediante una acción de amparo constitucional, pues implicaría desconocer la efectividad de la cosa juzgada constitucional referida por el artículo 203 de la Constitución Política del Estado, que establece que “las decisiones y sentencias del Tribunal Constitucional Plurinacional son de carácter vinculante y de cumplimiento obligatorio, y contra ellas no cabe recurso ordinario ulterior alguno”. — Finalmente, no procede el planteamiento de dos demandas de amparo constitucional con identidad de sujetos (partes procesales), de causa, en relación con el motivo (acto o resolución) que origina el amparo constitu- cional, y de objeto, referido al propósito que buscan ambas demandas de amparo constitucional.39 37 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0325/2007-R del 15 de junio de 2010. 38 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 1262/2004-R del 10 de agosto de 2004. 39 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 115/2003-R del 28 de enero de 2003. 46 B O R I S W I L S O N A R I A S L Ó P E Z 4. Nuevas líneas jurisprudenciales del Tribunal Constitucional boliviano en relación con el amparo constitucional A) Las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos integran el “bloque de constitucionalidad” En la sentencia constitucional 0110/2010-R,40 el accionante del amparo constitu- cional sostuvo que se negó en su caso la aplicación de la sentencia constitucio- nal 101/2004 y su auto constitucional 79/2004-ECA41 que establecen parámetros objetivos para demostrar que en la tramitación del proceso penal en su contra se vulneró la garantía a ser juzgado en un plazo razonable.El Tribunal Constitu- cional denegó la tutela bajo el argumento de que dicho enjuiciamiento emergía de un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso Trujillo Oroza contra Bolivia,42 y que: […] se colige que inequívocamente las sentencias emanadas de la CIDH, por su na- turaleza y efectos, no se encuentran por debajo ni de la Constitución Política del Estado, tampoco de las normas jurídicas infra-constitucionales, sino por el contrario, forman parte del bloque de constitucionalidad y a partir del alcance del principio de supremacía constitucional que alcanza a las normas que integran este bloque, son fundamentadoras e informadoras de todo el orden jurídico interno, debiendo el mismo adecuarse plenamente a su contenido para consagrar así la vigencia plena del “Estado constitucional” enmarcado en la operatividad del sistema interamericano de protección a derechos humanos.43 Considero que si bien esta innovadora sentencia constitucional es plenamente plausible en su ratio decidendi, al integrar al “bloque de constitucionalidad” las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, no resuelve el fondo del asunto, pues la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha esta- blecido la obligación del Estado boliviano a una investigación seria, pero que a la vez respete los derechos humanos de los procesados; por lo que en el proceso penal de referencia, al menos debió exhortarse a los órganos jurisdiccionales y de persecución penal a dar la celeridad debida del caso bajo advertencia de incurrir 40 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 110/2010-R del 10 de mayo de 2010. 41 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 101/2004 del 14 de enero de 2004. 42 Cfr. Corte Interamericana de Derechos Humanos, Caso Trujillo Oroza vs. Bolivia, fondo, sentencia del 26 de enero de 2000. 43 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 110/2010-R del 10 de mayo de 2010. 47 L A A C C I Ó N D E A M P A R O C O N S T I T U C I O N A L . . . en responsabilidad.44 Al respecto, la Corte Constitucional de Colombia desarrolló el “bloque de constitucionalidad” a partir de la integración normativa45 y de la integración interpretativa;46 en Bolivia podría desarrollarse la integración de las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, no vía normativa (artículo 410-II o 256, primera parte, de la Constitución Política del Estado), sino vía interpretativa, es decir por el artículo 13-IV de la Constitución Política del Estado, que establece que: “Los derechos y deberes consagrados en esta Constitución se interpretarán de conformidad con los tratados internacionales de derechos humanos ratifi cados por Bolivia”, concordante con el artículo 256, segunda parte, de la misma norma fundamental, de forma que se entienda que si bien los derechos fundamentales se interpretan conforme los tratados de de- rechos humanos, éstos se interpretan conforme las cortes, tribunales y comités de derechos humanos establecen. B) Cómputo del plazo de seis meses de la inmediatez en el amparo constitucional En la sentencia constitucional 0347/2010-R,47 la mayoría de los magistrados del Tribunal Constitucional (Dr. Juan Lanchipa Ponce, Dra. Ligia Mónica Velásquez Castaños y Dr. Ernesto Félix Mur) sostuvieron que el cómputo del plazo de seis meses a efectos de la inmediatez del amparo constitucional debe efectuarse con la notifi cación mediante cédula que se realiza en Secretaría de Cámara de la Corte Suprema de Justicia —ahora Tribunal Supremo de Justicia— en la ciudad de Sucre, Bolivia, y no desde que las partes son notifi cadas con el decreto de “cúmplase” que dicta el juez de instancia una vez que la causa es radicada nuevamente en su despacho, porque las partes que tienen pendiente un recurso de impugnación tienen el deber procesal de hacer el correspondien- te seguimiento. Por su parte, el magistrado Abigael Burgoa Ordóñez sostuvo en voto disidente que la notifi cación que se debe tomar en cuenta para el cómputo del plazo de seis meses de inmediatez es la del decreto de “cúmplase”, al ser una notifi cación ofi cial, y porque dicha interpretación es la más favorable al derecho de acceso a la justicia. 44 El proceso penal de referencia tiene una duración de más de 10 años. 45 Corte Constitucional de Colombia, sentencia C-1022 de 1999. 46 Corte Constitucional de Colombia, sentencia C-067 de 2003. 47 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0347/2010-R del 15 de junio de 2010. 48 B O R I S W I L S O N A R I A S L Ó P E Z Finalmente, el magistrado Marco Antonio Baldivieso Jinés sostuvo en voto disidente que dicho cómputo debe efectuarse desde que se demostró que el accionante tuvo conocimiento efectivo de la resolución impugnada; es decir, si solicita fotocopias del expediente a pesar de no existir una notifi cación ofi cial puede presumirse que se conoció el fallo impugnado, o si en un documento o declaración —incluso extrajudicial— se hace referencia a que se conoció dicho fa- llo, desde ese momento o del referido en la declaración debe computarse el plazo de los seis meses, posición que personalmente considero más adecuada para la realidad nacional, donde, por la distancia y la demora en la remisión de antece- dentes desde la Corte Suprema de Justicia —ahora Tribunal Supremo de Justi- cia—, con sede en la ciudad de Sucre, a los diferentes departamentos, fácilmente hace que se sobrepase el término de seis meses, impidiendo el planteamiento del amparo constitucional dentro del plazo, salvo que el Tribunal Constitucional hubiera ordenado que la Corte Suprema de Justicia —ahora Tribunal Supremo de Justicia— tome las medidas administrativas necesarias para el correspondiente acceso a dichos fallos desde los diferentes departamentos, sobre todo en pueblos del país donde no exista internet. C) La seguridad jurídica en el marco de la Constitución Política del Estado vigente, al ser un principio no es tutelable por el amparo constitucional La mayoría de magistrados del Tribunal Constitucional respecto a la seguridad jurídica sostuvo que: Sobre la seguridad jurídica, invocada en su momento por la accionante, como “dere- cho fundamental”, cabe señalar que […] al presente, y en vigencia de la Constitución Política del Estado […] la seguridad jurídica no se encuentra consagrada como dere- cho fundamental, sino como un principio que sustenta la potestad de impartir justi- cia emanada del pueblo (artículo 178 de la CPE); y por otro lado, como un principio articulador de la economía plural en el modelo económico boliviano (artículo 306.III de la CPE) […] se debe tener claramente establecido que “la seguridad jurídica” al ser un principio, no puede ser tutelado por el recurso o acción de amparo constitucional que tiene por fi nalidad proteger derechos fundamentales —no principios— recono- cidos por la Constitución, las normas internacionales de derechos humanos reconoci- dos y/o ratifi cados por el país (que conforman el bloque de constitucionalidad) y las leyes; sin embargo, por su reconocimiento constitucional, no puede ser inobservado por las autoridades jurisdiccionales y/o administrativas, a momento de conocer y 49 L A A C C I Ó N D E A M P A R O C O N S T I T U C I O N A L . . . resolver un caso concreto sometido a su competencia, por tanto es de inexcusable cumplimiento.48 Este razonamiento es aplicable a los casos planteados bajo la Constitución Política del Estado abrogada y la jurisprudencia del anterior Tribunal Constitu- cional que se revisaron por el actual Tribunal Constitucional. Por su parte, el magistrado Marco Antonio Baldivieso Jinés emitió voto disi- dente a la sentencia constitucional 0096/2010-R, manifestando que en el texto constitucional boliviano uno de los fi nes y funciones del Estado es la seguridad, que incluye a la seguridad jurídica (artículo 9.2 de la CPE), de ahí que en su cri- terio: “[…] la seguridad jurídica es una garantía para el ejercicio de losderechos; pues sólo en tanto y en cuanto se cumpla con la dimensión objetiva y subjetiva de la seguridad jurídica, estarán dadas las condiciones necesarias para el pleno goce y disfrute de los derechos” y al existir la facultad de las personas de “exi- gir al Estado el cumplimiento de su fi nes y funciones, entre ellas, garantizar la seguridad jurídica […] [se confi gura] entonces la seguridad jurídica como un verdadero derecho de la persona frente al Estado”; de forma que la seguridad jurídica —en su criterio— está contenida en la cláusula abierta de la Constitución Política del Estado (artículo 13-II), y “[…] puede ser considerada como valor, garantía, derecho, y principio, y por lo mismo puede encontrar protección a través de la acción de amparo constitucional”, cuestionándose además que si la demanda se efectuó en vigencia de la anterior Constitución Política del Estado y cuando la jurisprudencia uniforme lo reconocía como derecho, en la revisión del actual Tribunal Constitucional no podía desconocerse esta calidad con una interpretación desfavorable al justiciable. En un criterio personal, el razonamiento del Pleno del Tribunal Constitu- cional es admisible en la medida en la que, como se sostuvo en la sentencia constitucional 0375/2010-R, si bien la seguridad jurídica no es tutelable por el amparo constitucional, lo puede ser “[…] a partir de la protección de los derechos y garantías invocados por el recurrente […]”,49 aunque el Tribunal Constitucio- nal no llegó a establecer parámetros objetivos y claros para hacer revisiones e incluso concesiones excepcionales como sucedió en la sentencia constitucional 107/2010-R,50 donde excepcionalmente se concedió la tutela por la vulneración del derecho a la seguridad jurídica pese a la existencia de la referida línea juris- prudencial. 48 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0096/2010-R del 4 de mayo de 2010. 49 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0375/2010-R del 22 de junio de 2010. 50 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 107/2010-R del 10 de mayo de 2010. 50 B O R I S W I L S O N A R I A S L Ó P E Z 5. Posición especialmente crítica a algunos fallos del Tribunal Constitucional A) Pluralidad de argumentos excluyentes en resoluciones de amparo constitucional — En la sentencia constitucional 0924/2010-R,51 la parte accionante manifes- tó que fue notifi cada en Secretaría de Cámara con un auto de vista, cuan- do debió ser notifi cada en su domicilio procesal, pero se denegó la tutela sin entrar a considerarse el fondo de la problemática, sosteniéndose que el propio accionante señaló como domicilio procesal la Secretaría de Cámara (argumento de fondo), además de que no se acudió al propio tribunal para reclamar esa situación (subsidiariedad). — En la sentencia constitucional 0636/2010-R,52 dentro de un amparo cons- titucional se denegó la tutela sosteniéndose que la accionante, durante la tramitación de un juicio penal, interpuso incidente de nulidad alegando actividad procesal defectuosa por la incorrecta notifi cación de una querella en su contra, sosteniéndose por parte del órgano de control de constitu- cionalidad que: “[…] de los antecedentes presentados se verifi ca que (la accionante) se apersonó ante el juez demandado, señalando en forma expresa que se daba por legalmente notifi cada y, lo que es más, presen- tó prueba de descargo, lo que signifi ca que la notifi cación cuestionada cumplió su fi nalidad […]” (argumento de fondo), pero a la vez, respecto a la actuación de los vocales que rechazaron ingresar al fondo de la proble- mática se sostuvo que: “[…] los vocales codemandados no podían entrar a considerar la apelación incidental, interpuesta dentro del juicio, dado que dicha impugnación sólo es admisible considerarla en apelación restringida, previa reserva de hacerlo […]” (subsidiariedad). — En la sentencia constitucional 1331/2010-R,53 la accionante manifestó que era funcionaria de carrera del Servicio Nacional de Caminos en liquidación (SNC en liquidación) y al ser destituida de su cargo no impugnó su memo- rándum de despido, puesto que el día de su destitución fue contratada a prueba por la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC) en el mismo cargo que cumplía en el Servicio Nacional de Caminos en liquidación, pero luego fue destituida por memorándum que sí impugnó mediante recurso 51 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0924/2010-R del 17 de agosto de 2010. 52 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0636/2010-R del 19 de julio de 2010. 53 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 1331/2010-R del 20 de septiembre de 2010. 51 L A A C C I Ó N D E A M P A R O C O N S T I T U C I O N A L . . . de revocatoria y jerárquico, alegando gozar de inamobilidad funcionaria por ser servidora pública de carrera, sin embargo la decisión de desvincula- ción laboral fue confi rmada. Posteriormente, la accionante planteó amparo constitucional contra la última resolución, denegándose la tutela con el argumento de que conociendo el primer memorándum, debió agotar los recursos de revocatoria y jerárquico en contra del mismo (subsidiariedad), y que desde dicho memorándum dejó transcurrir más de seis meses (in- mediatez). — En la sentencia constitucional 0347/2010-R,54 los actores del amparo cons- titucional manifestaron que los vocales demandados dictaron un auto vis- ta en un proceso penal revalorizando la prueba que sólo podía efectuarse por el tribunal a quo, aspecto no subsanado por los ministros de la Corte Suprema de Justicia demandados; sin embargo, se denegó la tutela porque desde la notifi cación con el auto supremo mediante cédula en Secretaría de Cámara de la Corte Suprema de Justicia habían transcurrido más de seis meses (inmediatez), y que: “[…] si los accionantes hubiesen actuado diligentemente, demostrando la responsabilidad y lealtad exigida, en su momento hubiesen interpuesto un incidente de nulidad de notifi cación, donde se habría dado respuesta a la duda respecto a la notifi cación […]” (subsidiariedad). La invocación de un argumento de fondo en una sentencia constitucional que deniega la tutela impide volver a plantear el amparo constitucional, pero resultaría contradictorio que en los mismos fallos se invoque el incumplimiento al principio de subsidiariedad que en ciertos casos —como sucedió en las sen- tencias constitucionales 0924/2010-R y 0636/2010-R— posibilitaría que una vez agotadas las instancias pueda volverse a plantear una nueva demanda de amparo constitucional, puesto que la consideración de las causales de improcedencia y de inadmisibilidad son previos a la consideración del fondo de la problemática, conforme se resaltó en autos constitucionales 0081/2010-RCA y 0037/2010-RCA, donde se sostuvo por parte de la Comisión de Admisión que en la etapa de ad- misibilidad no era posible el rechazo a una demanda de amparo constitucional con argumentos de fondo. Por otra parte, puede extraerse que las causales de subsidiariedad e inme- diatez no deberían citarse conjuntamente —como sucedió en las sentencias constitucionales 1331/2010-R y 0347/2010-R—, pues el plazo de seis meses de inmediatez corre desde agotadas las instancias legales idóneas; es decir, de 54 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0347/2010-R del 15 de junio de 2010. 52 B O R I S W I L S O N A R I A S L Ó P E Z cumplido el requisito de subsidiariedad, como se sostuvo por ejemplo en la sen- tencia constitucional 0761/2010-R, que estableció: “[…] aclarando al accionante que el inicio del cómputo de dicho plazo, es en consideración y armonía con el principio de subsidiariedad, que es el agotamiento de los medios y recursos idóneos, y desde la notifi cación con la resolución judicial o administrativa que se considera lesiva a los derechos fundamentales, es desde ahí que se computa el plazo […]”.55 Finalmente, referir que este problema de argumentación—que no sólo acoge al Tribunal Constitucional boliviano sino a casi todos los órganos de control de constitucionalidad en el mundo— impide que los fallos tengan una ratio deci- dendi clara, entorpece la labor de pedagogía constitucional y crea incertidumbre al momento de aplicar el precedente obligatorio. B) Los incidentes de nulidad como recurso efectivo para denunciar la vulneración a derechos fundamentales y garantías constitucionales frente a resoluciones judiciales que han adquirido la calidad de cosa juzgada Para determinar la idoneidad del incidente de nulidad a efectos de que un juez deje sin efecto sus propias resoluciones, pienso que deben considerarse al menos las siguientes sentencias constitucionales: — En la sentencia constitucional 1014/2010-R,56 la parte accionante mani- festó haber sido notifi cada con un auto de vista en Secretaría de Cámara ignorándose la jurisprudencia constitucional que establecía que ante el tribunal de apelación permanece el domicilio procesal señalado en primera instancia a efectos de las correspondientes notifi caciones, denegándose la tutela por parte del Tribunal Constitucional con el argumento de que una vez devuelto el expediente al juzgado de origen, el accionante planteó un incidente de nulidad que fue rechazado y que apeló, encontrándose pendiente de resolución, lo que evidencia que con la activación del am- paro constitucional se habían activado dos vías paralelas para impugnar el mismo acto. — En la sentencia constitucional 0521/2010-R,57 dentro de un amparo cons- titucional, la parte accionante denunció que los vocales demandados no 55 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0761/2010-R del 2 de agosto de 2010. 56 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 1014/2010-R del 23 de agosto de 2010. 57 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0521/2010-R del 5 de julio de 2010. 53 L A A C C I Ó N D E A M P A R O C O N S T I T U C I O N A L . . . hicieron una fundamentación propia al momento de confi rmar el fallo del juez a quo que había impugnado; sin embargo se denegó la tutela, pues con dicho auto de vista se notifi có el 18 de agosto de 2006 y hasta la fecha del planteamiento de la demanda de amparo constitucional, el 11 de diciembre de 2006, habían transcurrido más de seis meses que hacen referencia al plazo de inmediatez. El Tribunal Constitucional no consideró a efectos de dicho cómputo la reposición bajo alternativa de apelación y la nulidad del auto de vista solicitada por el accionante en la “vía incidental”, por “[…] tratarse de recursos inidóneos para revertir el supuesto acto ilegal denunciado […]”. — Por su parte, en la sentencia constitucional 0924/2010-R,58 dentro de un amparo constitucional, la parte accionante sostuvo que con un auto de vista fue notifi cado indebidamente en Secretaría de Cámara y no en su domicilio procesal, denegándosele la tutela sin ingresarse al fondo de la problemática por parte del órgano de control de constitucionalidad por no haberse acudido al tribunal demandado para reclamar la supuesta vulne- ración al debido proceso. Respecto a la idoneidad de los incidentes de nulidad para que un juez deje sin efectos sus propias resoluciones, incluso si las mismas han adquirido la aparente calidad de cosa juzgada, la sentencia constitucional 0495/2005-R sostuvo que: […] es necesario dejar establecido que es perfectamente posible el planteamiento del incidente de nulidad en ejecución de sentencia buscando la reparación de un proce- so ilegal por vulneración de derechos y garantías, y de ningún modo ello puede ser considerado como una situación en la que el juez esté revisando su propia actuación, pues como lo reconoce la doctrina, los actos procesales desarrollados en vulneración de derechos y garantías se reputan como inexistentes […].59 A partir de lo referido, el agotamiento del incidente de nulidad en materia penal mediante la actividad procesal defectuosa, absoluta o relativa (senten- cia constitucional 1346/2010-R), en procesos coactivos (sentencia constitu- cional 0648/2010-R) y en procesos ejecutivos civiles (sentencia constitucional 0133/2010-R) se ha vuelto imperativo previamente al planteamiento de un am- paro constitucional; sin embargo, considero que la jurisprudencia constitucional debió efectuar las siguientes precisiones: 58 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0924/2010-R del 17 de agosto de 2010. 59 Tribunal Constitucional, sentencia constitucional No. 0495/2005-R del 5 de julio de 2010. 54 B O R I S W I L S O N A R I A S L Ó P E Z a) Mediante los incidentes de nulidad únicamente pueden cuestionarse y controvertirse aspectos meramente procesales, fundamentalmente refe- ridos a defectuosas notifi caciones o a la inexistencia de las mismas, que provoquen indefensión absoluta, pero no puede pretenderse cuestionar as- pectos de fondo referidos al derecho sustantivo con la fi nalidad de reabrir la instancia procesal —conforme parece sugerirse en la sentencia consti- tucional 0521/2010-R referida—, por operar en dichos casos los principios de convalidación y preclusión —sentencia constitucional 0731/2010-R—. b) Asimismo, si bien la posibilidad de plantear un incidente de nulidad no tie- ne un plazo establecido, inclusive por su propia naturaleza, la posibilidad de su planteamiento no debería permanecer indefi nidamente abierta, por- que de lo contrario se afectaría la seguridad jurídica, se comprometería el derecho de terceros de buena fe y se afectaría al correcto funcionamiento del aparato jurisdiccional, de forma que debería establecerse que: — Es posible el planteamiento de incidentes de nulidad antes de emitirse la resolución o sentencia que resuelva el fondo de la problemática. — En los casos en los que se alegue indefensión absoluta, el incidentista, desde que puede evidenciarse que conoció de la resolución impugnada, debería contar con el mismo lapso que tiene para plantear excepciones en el proceso en cuestión. c) Por otra parte, la sentencia constitucional 1014/2010-R, referida anterior- mente, estableció por parte del órgano de control de constitucionalidad que devuelto un expediente al juez a quo la parte accionante invocó una notifi cación defectuosa realizada en el tribunal de apelación por lo que planteó incidente de nulidad, que tras rechazarse provocó plantee apela- ción y paralelamente amparo constitucional, incumpliéndose el principio de subsidiariedad. Dicha decisión, si bien es formalmente correcta por la mala fe de la parte accionante al aperturar de forma paralela dos vías im- pugnativas con la misma fi nalidad, debió establecer que dicho incidente de nulidad se tenía que plantear ante la propia sala que habría inobservado la correspondiente notifi cación —conforme puede extraerse de la sentencia constitucional 0924/2010-R—, puesto que un juez a quo no puede dejar sin efecto la decisión de un tribunal superior, y conforme a la sentencia constitucional 0698/2006-R, un tribunal ordinario tampoco puede dejar sin efecto las decisiones de otro órgano jurisdiccional de igual jerarquía, salvo que actúe como juez o tribunal tutelar, aspecto que no se presenta en el planteamiento de incidentes de nulidad. 55 L A A C C I Ó N D E A M P A R O C O N S T I T U C I O N A L . . . 6. Conclusiones A partir de su introducción en la legislación constitucional boliviana en 1967, la acción de amparo constitucional (antes recurso de amparo constitucional) vino a constituirse junto a la acción de libertad (antes hábeas corpus) como una de las acciones más efectivas y a la vez más utilizadas para la tutela de los derechos fundamentales y garantías constitucionales de los ciudadanos en nuestro país; sin embargo, su efi cacia depende principalmente de los operadores jurídicos y, más específi camente: — Del tipo de jueces constitucionales que lo conozcan (de su preparación teórica-práctica, probidad, independencia, etcétera). — De la buenavoluntad de las autoridades públicas para acatar y hacer cum- plir los fallos constitucionales. — De la buena fe de los interesados y sus abogados, quienes a menudo hacen uso indebido de este recurso al pretender sustituir, a través del amparo, las vías previstas en la normativa jurídica nacional, o utilizarlo como una tercera instancia, lo que en defi nitiva es inaceptable y amenaza con co- lapsar el trabajo del Tribunal Constitucional; por lo que ante cualquier interposición de un amparo notoria o manifi estamente improcedente, se debe entender que tal acto es una práctica dilatoria y abusiva repudiada por la normativa jurídica, que consecuentemente debe originar sanciones tanto al accionante como a su patrocinante. Por otra parte, más allá de los encomiables fallos del Tribunal Constitucional, el cumplimiento de la promesa constitucional depende del control de constitu- cionalidad y, en Bolivia, del amparo constitucional, por ser la acción constitucio- nal más utilizada por los ciudadanos, de tal manera que deberían implementarse mecanismos de control previo a la emisión de fallos para su adecuada funda- mentación, y para que éstos no resulten contradictorios no sólo por preservar los principios de seguridad jurídica e igualdad entre los ciudadanos, sino también para preservar la credibilidad y el buen nombre del órgano de control de consti- tucionalidad ante la opinión ciudadana. 56 I U S 2 4 | I N V I E R N O 2 0 0 9 R E V I S T A D E L I N S T I T U T O D E C I E N C I A S J U R Í D I C A S D E P U E B L A * Recibido: 15 de abril de 2011. Aprobado: 30 de mayo 2011. ** Profesor titular de Derecho procesal, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Universidad Austral de Chile (abordali@uach.cl). RESUMEN El presente trabajo analiza el contexto históri- co y político del recurso de protección chileno, que es el equivalente, en este país, al amparo constitucional de derechos fundamentales que existe en la mayoría de los países de tradición jurídica continental. Asimismo, el trabajo aborda los efectos que para el sistema jurídico chileno en su conjunto ha comportado la introducción de un mecanismo jurisdiccional que permite una tutela urgente de derechos fundamentales, permitiendo una aplicación directa por los tribu- nales ordinarios de justicia de preceptos consti- tucionales referidos a derechos fundamentales. PALABRAS CLAVE: Amparo, recurso de protec- ción, tutela de urgencia, derechos fundamen- tales, justicia constitucional, seguridad jurídica, Constitución chilena. ABSTRACT This paper examines the historical and political context of the petition for protection in Chile, which is equivalent to the constitutional gua- rantees trial of amparo fundamental rights in this country that exists in most countries of continental legal tradition. Furthermore, this study addresses the effect that the Chilean le- gal system has achieve as a whole allowing the introduction of a jurisdictional mechanism that enables an emergency guardianship of funda- mental rights, permitting a direct application by the courts of law of constitutional precepts concerning fundamental rights. KEY WORDS: Amparo, petition for protec- tion, emergency guardianship of fundamental rights, constitutional law, legal security, Chi- lean Constitution. El recurso de protección chileno al banquillo* On the Stand; Chile’s Petition for Protection Andrés Bordalí Salamanca** R E V I S T A D E L I N S T I T U T O D E C I E N C I A S J U R Í D I C A S D E P U E B L A , A Ñ O V , N O . 2 7 E N E R O - J U N I O D E 2 0 1 1 , P P . 5 6 - 7 1 IUS 57 E L R E C U R S O D E P R O T E C C I Ó N C H I L E N O A L B A N Q U I L L O Sumario 1. Introducción 2. Problemas para el ordenamiento jurídico sustantivo que ha generado el recurso de protección 3. Problemas para el ordenamiento jurídico procesal que ha generado el recurso de protección 4. Contexto histórico y político del nacimiento del recurso de protección 5. El recurso de protección como tutela de urgencia A) Urgencia y seguridad jurídica en la tutela jurisdiccional de derechos fundamentales B) Derechos fundamentales y seguridad jurídica 1. Introducción Los derechos fundamentales que reconoce la Constitución Política de la Repú- blica chilena de 1980 (en adelante CPR), o la mayoría de ellos, reciben oportuno amparo o protección mediante el mecanismo jurisdiccional conocido como re- curso de protección. Esta institución tiene reconocimiento constitucional en el artículo 20 de la CPR. Sobre el recurso de protección se debe señalar que quizá no hay instrumento jurídico que haya calado tan hondo en la sociedad chilena. Cualquier ciudadano que por alguna situación es perjudicado en el ejercicio de sus derechos, no duda en recurrir a protección. En asuntos no penales, y donde no se persiga una in- demnización de perjuicios, los ciudadanos chilenos recurren a protección antes que a los procesos ordinarios de la judicatura ordinaria. Es el gran contencioso chileno, en materias constitucionales, civiles y administrativas. ¿Cómo se explica esta situación? Ello se debe al menos a cuatro razones fundamentales. En el procedimiento de protección no se exige comparecer con abogado; tiene una tramitación mucho más rápida que cualquier otro proceso judicial; permite obtener medidas cautelares que pueden coincidir con la pre- tensión y, fi nalmente, permite pedir tutela a todo tipo de situaciones jurídicas imaginables, aunque no sean verdaderos derechos fundamentales, pero que pue- den caber en un derecho fundamental a la igualdad ante la ley o en el derecho de propiedad sobre cosas corporales o incorporales. El recurso de protección se comporta como la vía de tutela judicial para todo tipo de situaciones jurídicas subjetivas de las personas. Si las personas utilizan con mucha frecuencia este instrumento, obteniendo la mayoría de las veces la requerida tutela judicial para sus derechos, no cabe duda 58 A N D R É S B O R D A L Í S A L A M A N C A que la valoración del mismo debe ser positiva, en general, la sociedad chilena y el medio jurídico nacional valoran muy positivamente al recurso de protección. En estas páginas no quiero sumarme con nuevas loas al recurso de protección chileno, sino que quiero realizar una valoración crítica del mismo, la cual puede comprender aspectos sustanciales y procesales. El recurso de protección, en una mirada general y a largo plazo, ha traído graves problemas para el derecho chileno; se ha producido con los años cierta desformalización del derecho, producto de la solución urgente de confl ictos donde aparecen involucrados derechos fundamentales y de una excesiva aplica- ción directa de la Constitución por los tribunales de justicia. Por otra parte, el sis- tema judicial y procesal chileno se ha visto muy afectado con esta competencia atribuida tanto en primera como en segunda instancia a los tribunales superiores de justicia. Esta afectación consiste en un gran retardo en el conocimiento de los demás recursos procesales que deben conocer los tribunales superiores de justicia y, de otra parte, se ha afectado la calidad de esas respuestas que estos tribunales dan a los recursos que interponen los ciudadanos. De acuerdo a esta situación crítica, cabe preguntarse por qué y cómo se ha llegado a ella. Una de la hipótesis que sostendré en este trabajo expresa que el recurso de protección fue creado como instrumento de lucha política, se trata de una propuesta política que quería robustecer el papel de los tribunales su- periores de justicia frente a los poderes democráticos “progresistas” (Legislativo y Administrativo) de un momento determinado de nuestra historia nacional, que correspondió al gobierno socialista del presidente Salvador Allende Gossens (1970-1973). Pero sostendré dos hipótesis más, las cuales son, en lo esencial, jurídicas, pero están claramente infl uenciadas por el problema político señalado en la primera hipótesis.La primera de estas hipótesis jurídicas señala que la alteración del or- den jurídico con el recurso de protección se debió a que intentó sustituir tanto a la legislación procesal civil como a la procesal administrativa en materia de tutela jurisdiccional urgente de derechos. La segunda de estas hipótesis jurídicas sustenta que con el recurso de protección no se pensó en un instrumento que contribuyera a conformar la dogmática constitucional de los derechos funda- mentales, asegurando a su vez el valor seguridad jurídica, sino que sólo se buscó urgencia de la respuesta jurisdiccional como alternativa a la autotutela. Todo ello, como veremos, se obtuvo pagando un enorme costo en términos del fun- cionamiento global del sistema jurídico chileno. La maduración de nuestro Estado de derecho debe llevar a encomendar a los tribunales ordinarios de base la tutela de los derechos fundamentales. El Tribunal Constitucional debe encargarse de unifi car los criterios jurisprudenciales en ma- 59 E L R E C U R S O D E P R O T E C C I Ó N C H I L E N O A L B A N Q U I L L O teria de derechos fundamentales. El recurso de protección, tal como se encuentra regulado y funciona al día de hoy, ya no se justifi ca. En las páginas siguientes intentaré justifi car esas hipótesis, para lo cual me referiré, primeramente, a los problemas sustantivos que se han producido con el recurso de protección, para posteriormente analizar aquéllos de carácter pro- cesal. A continuación abordaré el contexto histórico y político del nacimiento del recurso de protección. Para fi nalizar, estudiaré si las denominadas tutelas de urgencia son trasladables al campo del proceso constitucional de las libertades y cómo se compatibilizan con la seguridad jurídica. 2. Problemas para el ordenamiento jurídico sustantivo que ha generado el recurso de protección Desde el punto de vista sustantivo, hay que decir que el recurso de protección ha sido una vía para la vulgarización de nuestro derecho, producto de la escasa densidad normativa que tienen los derechos fundamentales, ya que ni la Cons- titución ni la ley han colmado su contenido, y los tribunales de justicia han ter- minado por confi gurarlos normativamente. Se ha procedido así a desformalizar nuestro derecho, construyendo una jurisprudencia en la materia basada en la pura equidad para el caso concreto y no siempre en derecho. A lo anterior se suma el problema de la “propietarización” de los derechos, que ha abierto el recurso prácticamente a todos los derechos fundamentales reconocidos en la Constitución, y no a los que expresamente el constituyente consideró dentro de esta tutela privilegiada (artículo 20 de la CPR). En otros casos, la “propietarización” de los derechos ha permitido dar tutela urgente a posiciones jurídicas subjetivas que poco o nada tienen que ver con auténticos derechos fundamentales. Casos como el término de un contrato de arriendo o el pago de una prestación de salud, objeto de un contrato de salud privado, llegan a conocerse vía protección, aduciendo por el recurrente que se ha vulnerado la “propiedad” que tiene sobre los derechos que emanan de esos contratos. Por otra parte, las decisiones judiciales de protección han impedido formar una dogmática constitucional consistente, afectando con ello la seguridad ju- rídica en materia de derechos fundamentales. Una tutela urgente y provisional de los derechos fundamentales, que es la que otorga el recurso de protección, se mostraría incapaz de contribuir a consolidar una dogmática constitucional en nuestro país. 60 A N D R É S B O R D A L Í S A L A M A N C A 3. Problemas para el ordenamiento jurídico procesal que ha generado el recurso de protección Procesalmente, este recurso ha signifi cado una alteración a toda la organización jurisdiccional chilena. En primer lugar, ha subvertido el principio fundamental en materia judicial, que señala que el ciudadano tiene la posibilidad de recu- rrir en primera instancia al tribunal más cercano posible, idealmente ubicado próximo a su vecindario, pueblo o ciudad. Y si se trata de la tutela de derechos fundamentales, los bienes jurídicos más preciados por nuestra sociedad, con mayor razón, ese ciudadano debería pedir tutela al tribunal que le sea más cer- cano territorialmente. No parece justifi cable haber encomendado a una Corte de Apelaciones la competencia, en primera instancia, del recurso de protección, estas cortes se encuentran lejos del ciudadano común; en las grandes ciudades se encuentran situadas lejos de los barrios, y en los pueblos y zonas rurales signifi cará que el afectado o su abogado tengan que trasladarse a otra ciudad, difi cultando y encareciendo de este modo el acceso a la justicia. Por otra parte, encomendarle a las cortes de apelaciones la competencia, en primera instancia, de estos procedimientos es distraerlas de su competencia natural, la cual es fallar dentro de un plazo razonable los recursos de apelación. La experiencia en nuestro país indica que las cortes dedican mucho tiempo a las protecciones, descuidando el conocimiento oportuno y adecuado de las apelaciones. Pero hay más. Tenemos a nuestra Corte Suprema fallando una enorme canti- dad de apelaciones en materia de protección, dejando de lado su tarea principal, que es fi jar la correcta interpretación de la ley mediante el recurso de casación. Y si tenemos una Corte de Casación que no conoce oportuna ni adecuadamente los recursos de casación, no está cumpliendo entonces adecuadamente con su cometido esencial. Más aún, las cortes de apelaciones y la Corte Suprema han rivalizado en oca- siones con el Tribunal Constitucional en la interpretación confi gurativa de los derechos fundamentales, lo que claramente afecta la seguridad jurídica dentro de un Estado de derecho. A todo lo anterior podemos agregar que la regulación del recurso de pro- tección mediante un auto acordado viola el principio de legalidad en materia procesal. Por otra parte, ese auto acordado desconoce el derecho fundamental a un debido proceso de los justiciables, al no reconocer el derecho de defensa de los recurridos. A continuación examinaré las causas y la manera en que nace en el derecho chileno el recurso de protección. 61 E L R E C U R S O D E P R O T E C C I Ó N C H I L E N O A L B A N Q U I L L O 4. Contexto histórico y político del nacimiento del recurso de protección Los instrumentos jurídicos responden a necesidades políticas, morales, sociales y económicas de un momento determinado. El recuso de protección se inscribe en esa dinámica.1 Sin la experiencia del gobierno socialista de Salvador Allende lo más probable es que hasta el día de hoy no habríamos conocido nada similar a este procedimiento. El recurso de protección nace en el contexto de la vía chi- lena hacia el socialismo, impulsada por el gobierno de la Unidad Popular entre 1970 y 1973.2 Frente a un proceso político de socialización de los medios de producción impulsado por Allende desde 1970, un grupo de parlamentarios de derecha3 co- mienza a discutir sobre la necesidad de frenar urgentemente a la administración del Estado ante los tribunales de justicia. La realidad es que el recurso de protección no fue ideado para dar tutela a todos los derechos fundamentales de los ciudadanos, sino que se pensaba fun- damentalmente en tutelar urgentemente la propiedad privada,4 pero tampoco se ideó contra toda persona que vulnerara ese derecho de propiedad, sino sólo contra la administración del Estado.5 Las primeras ideas sobre este recurso están muy ligadas a la necesidad de contar con un contencioso-administrativo urgente 1 Un sector de nuestra doctrina constitucional coincide en señalar que el recurso de protección nace de una deter- minada crisis política, como lo fue la del gobierno de la Unidad Popular. Véase, últimamente, PFEFFER, E. “La acción constitucional de protección y su regulación: situación actual y prospectiva”, en Estudios Constitucionales, Univer-sidad de Talca, año 2, No. 1, 2004, p. 160. 2 En el constitucionalismo chileno del siglo XIX también se hablaba de la protección de los derechos fundamentales, por lo que en rigor el amparo o protección de derechos fundamentales nace antes del confl icto político de 1970. Sin embargo, en cuanto al ámbito de los derechos fundamentales objeto de protección, tribunales competentes, tipo de procedimiento y efectos de la sentencia, el recuso de protección no tiene antecedentes directos en nuestro derecho patrio. Para una análisis histórico de la protección de los derechos fundamentales en Chile remito al trabajo de ZÚÑIGA, F. “Recurso de protección: algunas notas sobre sus antecedentes históricos en el siglo XIX”, en Gaceta Jurídica, No. 198, diciembre de 1996, passim. 3 Me refi ero al proyecto de reforma constitucional de 1972 de los diputados Diez y Arnello, repuesto un año más tarde por los senadores Diez y Jarpa. 4 Los empresarios, comerciantes y agricultores durante el periodo 1970-1973 tuvieron que luchar contra tres tipos de actividades de la administración que afectaban sus propiedades: expropiaciones, intervenciones y requisiciones. Sobre el particular véase MILLAR, J. “Alcance del control de legalidad. Su evolución a propósito de los actos adminis- trativos requisitorios, durante 1970-1973”, en Revista de Derecho, Universidad Austral de Chile, vol. XI, diciembre de 2000, pp. 82-94. 5 Al menos así fi guraba en la primera propuesta elaborada por el Departamento de Derecho Público de la Universidad de Chile. En la propuesta posterior de los profesores Jaime NAVARRETE y Eduardo SOTO KLOSS, el recurso de protección asume una perspectiva mucho más amplia, ya que se podía interponer no sólo contra la administración del Estado, sino también contra particulares, Poder Judicial, Congreso Nacional, etcétera. En defi nitiva, contra “quienquiera” que fuera el que vulnerara un derecho fundamental, por lo que asume una dimensión más amplia que el de un contencioso-administrativo. 62 A N D R É S B O R D A L Í S A L A M A N C A para dar tutela a la propiedad, un instrumento para frenar a la administración socialista de Allende. También se pensó que se podría utilizar para derechos sensibles políticamen- te, sobre todo en esa época, como lo son el derecho de reunión y de opinión, derechos cuyo ejercicio efectivo resultaba esencial para la oposición política y que podían ser amagados por esa misma administración. Con el tiempo se am- plió su uso, siendo útil para resolver los confl ictos no sólo entre los privados y la administración del Estado, sino entre los propios privados. Hasta antes de los años setenta del siglo pasado no había habido mucha necesidad de contar con un contencioso-administrativo para hacer frente al poder abusivo de la administración del Estado, no sólo no se tenía un proceso administrativo de carácter urgente, sino que ni siquiera existían vías conten- cioso-administrativas ordinarias. Bajo la Constitución de 1925 jamás se crearon los tribunales de lo contencioso-administrativo como anunciaba el artículo 87 de esa carta. Así, ante esa inexistencia de los tribunales de lo contencioso- administrativo, para algunos no existía simplemente la posibilidad de controlar a la administración del Estado ante los tribunales de justicia, para otros, a falta de los tribunales de lo contencioso-administrativo, eran los tribunales ordinarios los llamados a dar esa tutela.6 Como sea, la experiencia política chilena indica que hasta antes de 1970 la administración del Estado no había representado un verdadero peligro para los derechos de los ciudadanos, específi camente para la propiedad de los medios de producción, sin embargo, aun si pensamos que los jueces ordinarios eran com- petentes bajo la carta de 1925 para conocer del contencioso-administrativo, es deber indicar que el Código de Procedimiento Civil (en adelante CPC) no contenía ninguna vía procesal adecuada para hacer frente, con cierta urgencia, a una violación de derechos, sino que únicamente existían los interdictos posesorios o juicios sumarios, que tutelaban exclusivamente el hecho de la posesión de bienes inmuebles. La alternativa habría sido utilizar el juicio ordinario y quizá intentar, dentro de él, una medida cautelar innominada que autoriza el artículo 298 del CPC, sin embargo, tanto en el pasado como hasta hoy, esas medidas cautelares innominadas se han utilizado mínimamente, debido a una reticencia tanto de los abogados como de los jueces.7 6 Véase SOTO KLOSS, E. “Lo contencioso administrativo y los tribunales ordinarios de justicia”, en Revista de Derecho Público, No. 21-22, 1977, pp. 233-249. 7 Juan Carlos MARÍN atribuye la escasa utilización en Chile de las medidas cautelares innominadas a su prácticamente nula regulación legal, al escaso tratamiento doctrinal y a la falta total de una jurisprudencia confi guradora de la institución. Cfr. MARÍN, J. C. Las medidas cautelares en el proceso civil chileno. Doctrina, jurisprudencia y derecho comparado, Editorial Jurídica de Chile, Santiago, 2004, pp. 465 y 466. 63 E L R E C U R S O D E P R O T E C C I Ó N C H I L E N O A L B A N Q U I L L O Por otra parte, utilizar las vías ordinarias habría signifi cado solicitar la tutela a un juez de letras, con posibilidad de apelar ante una Corte de Apelaciones, y sólo vía casación llegar ante la Corte Suprema. Con la regulación que fi nalmente se le dio al recurso de protección en el acta constitucional No. 2 de 1976 se atribuyó esa competencia a los tribunales superiores de justicia. La explicación para enco- mendar en defi nitiva a esos tribunales el conocimiento del recurso de protección, y no a los jueces de base, era que se necesitaba de un tribunal de mayor cate- goría y conocimiento jurídico, puesto que ese órgano contaría con facultades muy amplias para otorgar el amparo requerido.8 Un juez de letras signifi caba un tribunal unipersonal y con poca experiencia en el ejercicio jurisdiccional, por lo que no era adecuado para ejercer tan amplias facultades. Más allá de ser absolutamente cuestionable esta explicación técnica sobre el sentido de alterar radicalmente el cuadro de competencias de nuestros tribunales de justicia, creo que hay una justifi cación política en esta decisión. En efecto, como se trataba de hacer frente a una administración del Estado activa (el go- bierno socialista de Salvador Allende), que intentaba profundizar en un proceso de socialización de los medios de producción, ya sea mediante expropiaciones, intervenciones, requisiciones o tomas materiales de bienes, es plausible suponer que era más apropiado que fueran los tribunales superiores de justicia los encar- gados de controlar la actividad administrativa. Era especialmente relevante que la Corte Suprema controlara los actos de la administración por medio de un recurso ordinario, como lo es la apelación, y no mediante un recurso extraordinario y de derecho estricto como lo es el recurso de casación en el fondo, que le daba poco margen de maniobra y la imposibilidad de conocer de cuestiones fácticas. La Corte Suprema debía tener la última palabra en la tutela de los derechos fun- damentales, con la posibilidad de conocer además ampliamente de la cuestión debatida, en este sentido, era conveniente que fi gurara como tribunal de ape- lación (tribunal de hechos y de derecho) y no de casación (tribunal de derecho). Era muy relevante encargar a la Corte Suprema la tutela de los derechos fun- damentales vía apelación, porque ésta, en los primeros años de la década de los setenta, se había manifestado en un par de ocasiones contrariando al gobierno socialista.9 Para la oposición política conservadora era importante contar con el 8 Así lo manifestó en Comisionado Ortúzar en la Comisión de Estudio de una Nueva Constitución. Véase este punto en SOTO KLOSS, E. El recurso de protección. Orígenes, doctrina y jurisprudencia, Editorial Jurídica de Chile, Santiago, 1982, p. 45. 9 Véase, amodo de ejemplo, el Acuerdo de la Corte Suprema del 12 de abril de 1973, bajo la presidencia de don En- rique Urrutia Manzano enviado al presidente de la República. En ese acuerdo el Pleno de la Corte Suprema representa duramente al presidente de la República la actitud asumida por el intendente de Santiago, al no despachar la fuerza pública para desocupar una propiedad agroindustrial, como lo había ordenado un tribunal de justicia. 64 A N D R É S B O R D A L Í S A L A M A N C A apoyo de la Corte Suprema en la defensa de la propiedad de las empresas y otros derechos. La atribución de la competencia para conocer de las pretensiones de pro- tección a tribunales superiores de justicia y, por otra parte, el hecho de no dar espacio a un contradictorio en él denotan una impronta elitista y autoritaria en la institución que ampara los derechos de los personas en el derecho chileno. La catalogamos de elitista en el sentido que arrancó la competencia del juez que debía ser naturalmente competente –el juez de letras– para dárselo a los tribu- nales superiores de justicia, que son aquellos que se encuentran territorialmente más alejados de las necesidades y el sentir del ciudadano común. ¿Cómo se justifi ca que un ciudadano de Punta Arenas, la zona más austral de país, tenga que apelar ante un tribunal de Santiago (a 2000 kilómetros de distancia) una decisión de un tribunal de justicia que no ha dado tutela a sus derechos fun- damentales? Eso se acerca bastante a la denegación de justicia. Está claro que sólo pueden apelar y sustentar adecuadamente su defensa ante la Corte Suprema quienes tengan los medios económicos para hacerlo, para el resto, el acceso a la justicia sólo es un fl atus vocis.10 Es autoritario porque el diálogo procesal fue desterrado casi absolutamente de él, haciendo de las cortes de apelaciones un juez inquisidor con amplios po- deres para llevar adelante el proceso y encontrar por sí toda la verdad. Especial gravedad reviste el hecho que este tribunal elitista y autoritario, como lo es el de protección, haya desplazado a los jueces civiles de base en el conocimiento y fallo de las disputas entre particulares, asimismo, se ha consti- tuido en el tribunal administrativo por antonomasia. En defi nitiva, podemos concluir que el recurso de protección nació bajo de- terminadas coordenadas políticas (de guerra fría en el plano local), hoy en día completamente diferentes. Si ello es así, ¿no será aconsejable normalizar nuestra tutela jurisdiccional de urgencia de los derechos fundamentales encomendando tal misión a los jueces civiles y a los jueces que controlan ordinariamente a la administración del Estado? Los procesos civiles y los administrativos, si cuentan con adecuadas medidas cautelares, podrían dar una mejor tutela a los derechos fundamentales que la que están otorgando hoy en día en Chile los tribunales superiores de justicia vía recurso de protección. 10 Se podrá decir que en los países que tienen un amparo de derechos fundamentales ante el Tribunal Constitucional (Alemania, España, etcétera) sucede lo mismo que en Chile. Sin embargo, hay una gran diferencia, ya que en los países que tienen el amparo constitucional de derechos fundamentales, éste funciona subsidiariamente a las vías ordinarias, por lo que el ciudadano habrá podido obtener previamente tutela del tribunal de base, con la posibilidad de apelar de su decisión ante la Corte de alzada respectiva, es decir, se trata de dos instancias ante tribunales que le son a ese ciudadano territorial y económicamente accesibles. Luego le queda la vía más lejana de la casación y al fi nal la vía ante el Tribunal Constitucional. 65 E L R E C U R S O D E P R O T E C C I Ó N C H I L E N O A L B A N Q U I L L O 5. El recurso de protección como tutela de urgencia En materia de tutela jurisdiccional de los derechos fundamentales, la doctrina nacional y comparada adopta por lo menos tres tipos de actitudes en relación con la procedencia de medidas de urgencia, la más común en el medio jurídico chileno es la que sostiene que, tratándose de derechos fundamentales, dicha tutela debe darse por medio de un proceso constitucional urgente de tipo caute- lar.11 El amparo de derechos fundamentales ante las cortes de apelaciones viene a ser prácticamente la única posibilidad efi caz de dar tutela jurisdiccional al titular del derecho fundamental vulnerado. Otro sector de la doctrina chilena señala que no es posible dar tutela ade- cuada a los derechos fundamentales mediante un proceso urgente como lo es el recurso de protección.12 Una tercera posición proviene del derecho comparado, se trata de una po- sición intermedia. Podemos incluir en ésta la tesis del profesor español Ignacio DÍEZ-PICAZO, quien sostiene que la tutela jurisdiccional de derechos fundamenta- les puede otorgarse vía proceso de urgencia, como un proceso de tipo sumario, pero nada impide que el proceso ordinario dé una adecuada tutela a tales dere- chos. Lo esencial en este último caso será que se dicten dentro de esa vía ordi- naria las medidas cautelares que aseguren la efectividad de la eventual sentencia estimatoria, de tal modo, los derechos fundamentales pueden pero no deben, necesariamente, tutelarse vía tutelas de urgencia.13 Lo que debe ser analizado con más detalle es si una tutela de urgencia como el recurso de protección permite asentar jurisprudencia sobre derechos funda- mentales. A eso me referiré a continuación. A) Urgencia y seguridad jurídica en la tutela jurisdiccional de derechos fundamentales Gastón GÓMEZ, en Chile, ha planteado que los derechos fundamentales que reci- ben tutela por medio del recurso de protección no son meros derechos subjeti- vos, como los que habitualmente tutela la jurisdicción común u ordinaria, sino 11 Por todos véase CEA, J. L. El sistema constitucional de Chile. Síntesis crítica, Universidad Austral de Chile, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Valdivia, 1999, pp. 41 y 42; 162 y 165. 12 Véase GÓMEZ, G. Derechos fundamentales y recurso de protección, Ediciones Universidad Diego Portales-Facultad de Derecho, Santiago de Chile, 2005, pp. 19 y ss. 13 Cfr. DÍEZ-PICAZO, I. “El artículo 53.2 de la Constitución: interpretación y alternativas de desarrollo”, en OLIVA DE LA, A. y DÍEZ-PICAZO, I. Tribunal Constitucional, jurisdicción ordinaria y derechos fundamentales, McGraw-Hill, Madrid, 1996, pp. 132 y ss. 66 A N D R É S B O R D A L Í S A L A M A N C A que corresponden a derechos públicos subjetivos, lo que signifi ca que tienen una dimensión pública, se trata de posiciones jurídicas que corresponden a todo ciudadano, así, la tutela jurisdiccional de este tipo de derechos no puede tener sólo un alcance o valor individual para quien recurre. “Ello sería lesionar la fi - nalidad pública y racional —es decir, igualitaria y discernible— que subyace a la Constitución”.14 Y agrega que “tal vez debemos invertir la manera de pensar el problema y decir: se ampara o tutela en el Recurso de Protección a un individuo lesionado en una posición consagrada por un enunciado constitucional que confi ere un derecho fundamental”.15 Todo ello se traduciría en que las decisiones judiciales sobre derechos fundamentales no pueden tener una naturaleza caute- lar provisional, puesto que se desvanece la dimensión pública e institucional de los derechos fundamentales. Por el contrario, a juicio de GÓMEZ, estas decisiones judiciales han de gozar de grados signifi cativos de invariabilidad en el tiempo. Desde luego la sentencia dictada a tales efectos debe producir efectos de cosa juzgada material, de lo contrario sería imposible construir una dogmática constitucional. Agrega que si se trata de tutelar urgentemente los derechos fundamentales, para ello están las vías ante la jurisdicción común, que en el fondo eso es lo que ha estado haciendo el recurso de protección, se ha comportado relativa- mente bien, como una vía ordinaria o común más, por lo tanto, si se trata detutelar derechos fundamentales es necesario —agrega GÓMEZ— crear otro tipo de procedimiento jurisdiccional que permita efectivamente crear una dogmática constitucional de los derechos fundamentales. Dicho procedimiento debería proceder contra todos los poderes públicos, incluido el Poder Judicial, siendo el Tribunal Constitucional16 el órgano natural para conocer de un procedimiento de este tipo. Las violaciones a derechos de las que se ha hecho cargo el recurso de pro- tección en estos últimos casi treinta años, a juicio de GÓMEZ, deben tener una respuesta expedita por parte de los tribunales de justicia comunes, para ello —propone— deberían mejorarse las medidas precautorias, o crearse una especie de référé francés o acciones de tipo Injunctions del derecho inglés, en tanto que para las cuestiones administrativas, agrega, deberían crearse tribunales adminis- trativos con competencia para conocer de ellas.17 En esta parte, agrega Gastón GÓMEZ, el recurso de protección fue mal dise- ñado, puesto que al día de hoy no ha logrado clarifi car si es un sustituto de la 14 GÓMEZ, G. Derechos fundamentales y recurso de protección, cit., p. 21. 15 Idem. 16 Ibidem, p. 235. 17 Ibidem, p. 57. 67 E L R E C U R S O D E P R O T E C C I Ó N C H I L E N O A L B A N Q U I L L O jurisdicción común o es derechamente una acción constitucional para la tutela de derechos fundamentales.18 Se puede concluir, de lo expuesto por GÓMEZ, que la tutela de derechos fun- damentales no puede realizarse vía procesos de urgencia, sin embargo, el autor no expresa qué tipo de procedimiento debería ser creado por el legislador para que el Tribunal Constitucional otorgue una verdadera tutela a los derechos fun- damentales de los ciudadanos. Por otra parte, Eduardo Aldunate propone una visión diferente del signifi cado del recurso de protección, que es la de un procedimiento urgente cautelar. Su tesis19 sostiene que en la práctica este recurso constitucional no se ha compor- tado como un procedimiento cautelar, sino que resuelve en la mayoría de los casos el fondo del asunto debatido con un carácter defi nitivo. De este modo, señalaba años atrás el mismo autor, la judicatura ordinaria termina en muchos casos por formular una norma constitucional secundaria que se incorpora al orden jurídico,20 y como es fácil de comprender, poco o nada tiene que ver todo aquello con la tutela cautelar. Agrega que aunque esto no fuera así, es decir, reconociendo que en algunos casos haya podido actuar como un mecanismo cautelar,21 especialmente en los confl ictos entre particulares, entonces dicho recurso actúa violando dos pilares fundamentales del Estado de derecho, como son el debido proceso y el principio de responsabilidad. La violación del debido proceso, a su juicio, se explica porque en los con- fl ictos entre particulares el asunto debatido en el recurso de protección se trata de una acción u omisión de un particular que, supuestamente, ha perturbado, amenazado o privado a otro sujeto del legítimo ejercicio de sus derechos, en otras palabras, ello se puede explicar señalando que el ejercicio de la libertad de un particular produce los efectos que se pretenden enervar mediante el recurso, y si la Corte de Apelaciones acoge la pretensión de protección, el tribunal dis- pondrá una medida que se dirigirá contra la libertad del recurrido, por lo que esa libertad será amagada sin contradictorio, sin término probatorio y, en defi nitiva, sin un periodo de discusión que permita una adecuada defensa de las libertades y derechos del recurrido que la Corte de Apelaciones ha califi cado de arbitrarias 18 Ibidem, p. 43. 19 Cfr. ALDUNATE, E. “La protección al acecho: las consecuencias del abandono de las reglas de interpretación consti- tucional en el ámbito del recurso de protección”, en Revista de Derecho, Universidad Católica de Valparaíso, vol. XX, 1999, pp. 239 y ss. 20 Cfr. ALDUNATE, E. “Interpretación constitucional y decisión política”, en Revista de Derecho, Universidad Católica de Valparaíso, vol. XV, 1993-1994, p. 59. 21 No voy a discutir en esta sede si el recurso de protección tiene o no naturaleza cautelar. Negando la naturaleza cautelar me he pronunciado en varios trabajos anteriores. Por todos véase mi trabajo: “El recurso de protección como proceso de urgencia”, en Revista Chilena de Derecho, vol. 31, No. 2, 2004, pp. 285-287. 68 A N D R É S B O R D A L Í S A L A M A N C A o ilegales,22 lo cual viola tanto el derecho al debido proceso del recurrido, cuyo ejercicio de su libertad ha sido cuestionada, como —a juicio de este autor— el principio de responsabilidad, puesto que el recurso transgrede la lógica tradicio- nal del Estado de derecho, que consiste en atribuir a los ciudadanos, en principio, una libertad ilimitada, que sólo encuentra sus límites cuando expresamente los ha previsto el ordenamiento jurídico, que en este caso los articula como respon- sabilidad emergente para el infractor de una disposición. Las Cortes de Apelaciones, en cuanto al recurso de protección, a juicio del profesor de Valparaíso, funcionan contra este principio de responsabilidad, ya que se encargan, en muchos casos, de prevenir el mal uso de la libertad, restrin- giéndola, por lo que en muchos casos funciona en la lógica del Estado de policía antes que un Estado de derecho.23 Para hacer compatible el recurso de protección con el respeto del debido proceso y el principio de responsabilidad, ALDUNATE propone una particular com- prensión de la función cautelar del recurso, se trata de que asuma la función que cumple el hábeas corpus, donde el tribunal no hace “un examen de fondo sobre la vigencia fi nal del derecho amagado, sino de la forma en que se produce una perturbación, privación o amenaza del mismo, y la situación en la que debe que- dar el titular del mismo para defenderlo”.24 Por tanto, se trata de darle a la Corte de Apelaciones el poder para mantener un status quo, de decidir —expresa— un “atrás sin golpes” del boxeo, para que los involucrados en una controversia pue- dan solucionarla luego por los medios jurídicamente idóneos.25 De lo señalado por ALDUNATE, podemos deducir que no es necesario realizar los cambios que propone Gastón GÓMEZ. No sería necesario crear procedimientos de urgencia ante los jueces comunes, así como tampoco un procedimiento es- pecial que permita construir una dogmática de los derechos fundamentales, sino que la urgencia cautelar la darían las cortes de apelaciones con los recursos de protección y la seguridad jurídica, lo que se lograría por medio de las decisiones judiciales de los jueces comunes de base con los procedimientos ordinarios o los que el legislador disponga. Respecto a estas propuestas, hay que señalar que el recurso de protección chileno no nació para dar una tutela a los derechos fundamentales de los ciuda- danos en el marco del valor seguridad jurídica, sino que lo hizo, fundamental- mente, para dar tutela urgente a un derecho patrimonial como lo es el derecho de propiedad, cuya caracterización estaba y sigue estando más o menos bien de- 22 Véase ALDUNATE, E. “La protección al acecho: las consecuencias del abandono de las reglas de interpretación cons- titucional en el ámbito del recurso de protección”, op. cit., p. 239. 23 Ibidem, p. 240. 24 Ibidem, p. 238. 25 Idem. 69 E L R E C U R S O D E P R O T E C C I Ó N C H I L E N O A L B A N Q U I L L O fi nida por nuestro derecho, así como por la cultura jurídica chilena y comparada. Con el tiempo, y alejándose del fi n político por el cual fue inicialmente diseñado, comenzó a ser utilizado para dar tutela a otros derechos fundamentales cuyos contornos no están precisados por el ordenamiento jurídico ni por la cultura jurídica,26 y fue a partir de ese momento que la utilización de este instrumento comienza a generar problemas en nuestro sistema jurídico, ya que son los jueces, en muchas situaciones, los que confi guran particularmente, bajo un procedi- miento deurgencia muy breve, el contenido de esos derechos fundamentales. El recuso de protección, tal como se encuentra regulado al día de hoy, sólo se muestra parcialmente apropiado a la hora de tutelar derechos patrimoniales como el de propiedad,27 sin embargo, no resulta propicio como vía general de tutela de derechos fundamentales. A mi modo de ver, para que los derechos fundamentales puedan tutelarse correctamente es indispensable una doble mediación. En primer lugar, se re- quiere que el legislador especifi que o colme el ámbito material de los derechos fundamentales, esa función, dentro de un Estado constitucional de derecho, debe ser realizada por el legislador democrático y no por los jueces, como suce- de actualmente con el recurso de protección.28 Como ejemplo de esto podemos ver lo que ha sucedido en materia del derecho fundamental a vivir en un medio ambiente libre de contaminación (19 No. 8 de la CPR). Desde los primeros años de vigencia de la Constitución de 1980 eran los jueces de protección quienes defi nían lo que había de entenderse por medio ambiente y su contaminación. Después de 1994, fecha de promulgación de la Ley de Bases del Medio Ambien- te, comienzan a darse conceptos normativos (legales y reglamentarios) acerca de estos temas, que son los que, en defi nitiva, confi guran el derecho fundamental en cuestión. A mi juicio, desde 1994 en adelante hay más posibilidades de dar protección jurisdiccional a este derecho fundamental en el marco de un Estado constitucional de derecho, con respeto del valor seguridad jurídica. En segundo lugar, se requiere una mediación en el sentido de que el legisla- dor entregue a los jueces comunes de base la competencia para conocer de las solicitudes de tutela de los derechos fundamentales, la cual puede realizarse por las vías ordinarias existentes o las ordinarias que predisponga el legislador a tal efecto. Ahora bien, si realmente concurren los presupuestos del fumus boni iuris 26 Andrés JANA señala que en los derechos fundamentales el núcleo relativo al interés protegido por el derecho es muy difuso, especialmente cuando esos derechos inciden sobre relaciones entre particulares. Cfr. JANA, A. “La efi cacia horizontal de los derechos fundamentales”, op. cit., p. 66. 27 No voy a cuestionar en esta sede si el derecho de propiedad es un verdadero derecho fundamental, cuestión a la que ya me referido en otras oportunidades. Véase mi libro Temas de derecho procesal constitucional, Editorial Fallos del Mes, Santiago de Chile, 2003, pp. 84 y 85. 28 Véase JANA, A. “La efi cacia horizontal de los derechos fundamentales”, op. cit., p. 69. 70 A N D R É S B O R D A L Í S A L A M A N C A y periculum in mora, deberán crearse instrumentos cautelares específi cos o un poder cautelar general en manos de los jueces que permita conservar el derecho, mantener el status quo o incluso anticipar la decisión acerca del fondo. Todo ello supone introducir reformas tanto a la Constitución como a determinados cuerpos legales. Esa modifi cación constitucional y legal signifi ca suprimir la competencia de las cortes de apelaciones para conocer del recurso de protec- ción (artículo 20 de la CPR), traspasando esa competencia a los jueces de letras y a los tribunales que conozcan del contencioso-administrativo, atribuyéndoles específi cos instrumentos de tutela de urgencia, cautelar o no cautelar. Ésa es la propuesta que a mi modo de ver normaliza de mejor modo el sistema de tutela jurisdiccional de derechos fundamentales en el derecho chileno. Tiene, claro está, el inconveniente de la irrealidad política que supone modifi car la Constitución. Si atendemos al criterio del realismo político, hay posibilidades de cambiar el funcionamiento del recurso de protección, las cuales no implican modifi ca- ciones constitucionales ni legales. Eso pasaría por asumir una posición cautelar más restringida del recurso, que lo visualiza sólo como un instrumento capaz de mantener un status quo. En este caso, el Recurso de Protección jamás se pro- nunciaría sobre cuestiones de fondo sobre del derecho fundamental amagado, sino sólo un pronunciamiento formal, como alternativa a la autotutela, acerca de cómo se ha producido una vulneración del derecho, se trata del “atrás sin golpes” que propone Aldunate. Como no hay pronunciamiento respecto al fon- do, si el interesado quiere obtener una respuesta jurisdiccional, en ese sentido, deberá recurrir a las vías que el ordenamiento jurídico disponga, que, a falta de otras, será hoy en día el procedimiento ordinario del Código de Procedimiento Civil (artículo 3o.). Esta interpretación, si bien no permite solucionar el problema de la alteración de competencias que supone hacer de las Cortes de Apelaciones tribunales de primera instancia y de la Corte Suprema un tribunal de apelación, sí puede solu- cionar los otros problemas que se han denunciado en este trabajo. No obstante, la seguridad jurídica reclama otras medidas. Hará falta una mayor coordinación entre los tribunales de justicia con competencias para tutelar los derechos fun- damentales. B) Derechos fundamentales y seguridad jurídica Cualquiera que sea la solución que se adopte, según el análisis efectuado prece- dentemente, hace falta, adicionalmente, un instrumento que permita construir una dogmática clara sobre los derechos fundamentales. A mi juicio, las decisio- 71 E L R E C U R S O D E P R O T E C C I Ó N C H I L E N O A L B A N Q U I L L O nes sobre el contenido de los derechos fundamentales deberían ser unifi cadas bajo la dirección del Tribunal Constitucional, esta tarea de unifi cación de la ju- risprudencia en materia de derechos fundamentales debería ser hoy en día tarea del Tribunal Constitucional y no de la Corte Suprema,29 porque se necesita crear un proceso ante el Tribunal Constitucional tipo amparo constitucional, que es la vía utilizada en países como España para “asegurar el sometimiento de los jue- ces y los tribunales ordinarios a la jurisprudencia del Tribunal Constitucional”.30 Hablamos de algo similar a una casación constitucional.31 Se podría idear no una casación por violación de la Constitución, que daría lugar a miles de recursos al año y, por tanto, sobrecargaríamos innecesariamente al Tribunal, sino, en esta materia, un recurso de casación en caso de violación de la doctrina del Tribunal Constitucional; un “recurso de casación para la uni- fi cación de la doctrina constitucional”. En este caso, el Tribunal Constitucional estaría facultado para anular las sentencias de la judicatura ordinaria (de la Corte Suprema fundamentalmente) que violen su doctrina en materia de derechos fundamentales, sólo así estaremos en condiciones de construir una verdadera dogmática constitucional de los derechos fundamentales. Son estas las propuestas que permitirían dar tutela urgente a los derechos fundamentales pero valorando la seguridad jurídica. 29 En este sentido, esta propuesta coincide parcialmente con lo sostenido por Eduardo SOTO KLOSS en cuanto a que en materia de amparo de derechos fundamentales se hace indispensable unifi car las decisiones de los tribunales de justicia. Este autor plantea que dicha labor le corresponde a la Corte Suprema, la que debe fi gurar como Supremo Tribunal de Justicia de la República y no como un mero tribunal de instancia. Sin embargo, sostengo que hoy en día la unifi cación jurisprudencial y, por ende, la seguridad jurídica, se garantizan de mejor modo si la unifi cación juris- prudencial se le encomienda al Tribunal Constitucional y no a la Corte Suprema. En materia de justicia constitucional, el Supremo Tribunal de Justicia de la República debe ser el Tribunal Constitucional. Para la tesis de Eduardo SOTO KLOSS remito a su libro El recurso de protección…, cit., p. 302. 30 ARAGÓN, M. “Problemas del recurso de amparo”, La reforma del recurso de amparo, en PÉREZ TREMPS, P. (coord.), Instituto de Derecho Público Comparado-Universidad Carlos III de Madrid-Tirantlo Blanch, Valencia, 2004, p. 160. 31 En la doctrina española se discute si el amparo constitucional funciona con una lógica casacional. Manuel ARAGÓN participa de esa posición, ya que ve en el Tribunal Constitucional al máximo intérprete de los derechos fundamen- tales, con facultades para casar y revisar las sentencias de la jurisdicción ordinaria. Cfr. ARAGÓN, M. “Problemas del recurso de amparo”, op. cit., pp. 148 y ss. Otros autores no concuerdan con esta caracterización. Carles VIVER I PI-SUNYER señala que el amparo no está actuando en el derecho español como un recurso de casación o de revisión universal, con duplicación de actividades judiciales sino que sólo funciona parcialmente con ese carácter tratándose del de- recho a la tutela judicial efectiva (24.1 Constitución española), pero no respecto de los demás derechos. Cfr. VIVER I PI-SUNYER, C. “Diagnóstico para una reforma”, en PÉREZ TREMPS, P. (coord.), La reforma al recurso de amparo, Instituto de Derecho Público Comparado-Universidad Carlos III de Madrid-Tirant lo Blanch, Valencia, 2004, pp. 31 y ss. Francisco RUBIO Y LLORENTE señala que el amparo no tiene como razón de ser la fi jación de la doctrina constitucional, aunque efectivamente también es instrumento para ello. Su objeto principal es la protección de los derechos fundamenta- les restableciendo en su ejercicio a aquel que se vio privado de él. Por ello, la lógica de la anulación y la posterior retroacción puede ser útil en algunos casos para dar tutela al derecho amagado, pero en otros supuestos no lo será. Cuando se trate de dar tutela a derechos fundamentales sustantivos por regla general el reenvío al juez ordinario no se muestra como una medida adecuada para restablecer al amparado en su derecho. Cfr. RUBIO LLORENTE F. “El recuso de amparo constitucional”, en VARIOS AUTORES, La jurisdicción constitucional en España. La Ley Orgánica del Tribunal Constitucional: 1979-1994, Tribunal Constitucional-Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1995, p. 166. 72 I U S 2 4 | I N V I E R N O 2 0 0 9 R E V I S T A D E L I N S T I T U T O D E C I E N C I A S J U R Í D I C A S D E P U E B L A * Recibido: 20 de febrero de 2011. Aceptado: 25 de abril de 2011. ** Consultora en Latinoamérica de la Fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales. (carreraliliana@hotmail.com). RESUMEN La acción de tutela consagrada en la Consti- tución colombiana de 1991 es, sin duda, uno de los dispositivos jurídicos más revolucionarios dentro la trayectoria del llamado “nuevo cons- titucionalismo latinoamericano”. Este artículo, además de reparar en el avance democrático que ha supuesto esta garantía constitucional en Colombia —al materializar la efi cacia de los derechos constitucionales en el día a día de los ciudadanos—, se detiene en su marco jurídico y hace una breve descripción de algunas de sus características procesales.. PALABRAS CLAVE: Acción de tutela, garantía constitucional, marco legal, características, le- gitimación procesal. ABSTRACT Guardianship action embodied in the Constitu- tion of Colombia in 1991 is undoubtedly one of the most revolutionary legal devices in the path of the “New Latin American constitutio- nalism.” This article, in addition to recognizing the democratic progress that has brought this constitutional guarantee in Colombia, to reali- ze the effectiveness of the constitutional rights of everyday citizens, stopping in its legal fra- mework to give a brief description of some of its procedural features. KEY WORDS: Action of guardianship, consti- tutional guarantee, legal framework, charac- teristics, procedural legitimacy [locus standi]. La acción de tutela en Colombia* The Action of Guardianship in Colombia Liliana Carrera Silva** R E V I S T A D E L I N S T I T U T O D E C I E N C I A S J U R Í D I C A S D E P U E B L A , A Ñ O V , N O . 2 7 E N E R O - J U N I O D E 2 0 1 1 , P P . 7 2 - 9 4 IUS 73 L A A C C I Ó N D E T U T E L A E N C O L O M B I A Sumario 1. Introducción 2. Origen y repercusiones de la acción de tutela en Colombia 3. Régimen constitucional y legal de la acción de tutela colombiana A) Consagración constitucional B) Régimen del Decreto Extraordinario o de facultades extraordinarias No. 2591 del 19 de noviembre de 1991 4. Características de la acción de tutela A) Subsidiaria B) Especifi cifi dad de la acción de tutela y derechos objeto de tutela C) Características de preferente, sumaria y efi caz de la acción de tutela 5. Legitimación activa y pasiva A) Legitimación activa B) Legitimación pasiva y actos impugnables mediante acción de tutela 6. A manera de conclusión 1. Introducción Aunque el objeto de este escrito fundamentalmente va dirigido a realizar una descripción puramente jurídica de la llamada acción de tutela consagrada en la Constitución colombiana de 1991, nos resulta especialmente propicio —dentro del actual marco constitucional latinoamericano— contextualizar más profun- damente la carta constitucional colombiana en la que viene enmarcada, justifi - cando tal vez así su fuerza transformadora en este país. A nuestro juicio, la Constitución colombiana de 1991 hace parte de un fe- nómeno más amplio al que se le viene identifi cando doctrinariamente como el “nuevo constitucionalismo latinoamericano”,1 el cual suele ser defi nido como un proceso-“trayectoria”, que desde la década de los noventa fue adquiriendo identidad propia en esta parte del continente y que supone un cambio de pa- radigma constitucional impregnado —de forma especialmente novedosa— de la legitimidad que le imprimieron las asambleas constituyentes que les dieron vida. El nuevo constitucionalismo latinoamericano describe así el derrumbe del tradicional Estado de derecho para dar paso al surgimiento de un Estado cons- titucional o, en otras palabras, la sustitución del “principio de legalidad” por la 1 MARTÍNEZ DALMAU, RUBÉN. “El proyecto de Constitución de Ecuador como último ejemplo del nuevo constitucionalismo latinoamericano”, en Entre voces, No. 15, agosto-septiembre de 2008, pp. 67-71. 74 L I L I A N A C A R R E R A S I L V A prevalencia del “principio de constitucionalidad”, lo que supone a su vez aceptar la activación, esta vez fortalecida, de todos los derechos que la Constitución consagra, su redefi nición y la de sus garantías. Estamos pues hablando de un escenario donde la Constitución, sus principios, derechos y las garantías, lo “in- vaden” todo,2 arrogándose ahora el poder de exigir que toda expresión política, social, jurídica, pública o privada, se amolden necesariamente a ellos.3 Hace parte de esta transformación constitucional latinoamericana la incor- poración de dispositivos jurídicos que garanticen el total sometimiento de las expresiones de poder —cualquiera que sea su origen, público o privado—, a la Constitución y puntualmente a los derechos en ellas incorporados. La acción de tutela consagrada en la Constitución colombiana de 1991 es un ejemplo claro de dichos dispositivos. Por otra parte, y partiendo de que cuando hablamos del nuevo constitucio- nalismo latinoamericano damos por descontado que los cambios conceptuales vienen acompañados igualmente de transformaciones institucionales,4 la con- sagración de la acción de tutela como garantía procesal de los derechos funda- mentales vino acompañada de la creación de la Corte Constitucional colombiana como un organismo constitucional adscrito a la rama judicial del poder público y encargado de asegurar la integridad y la supremacía de la Constitución. Su creación fue considerada necesaria por la Asamblea Nacional Constituyente, entre otras razones, porque un nuevo Estado constitucional exige la existencia de un juez especializado en la interpretación y garantía de la efectividad de los derechos constitucionales y, en general, de sus cláusulas. Una vez realizada dicha precisión, pasemos a describir la estructura que va a seguir este escrito. Después de hacer una brevereferencia al origen histórico y las repercusiones de la acción de tutela en Colombia, nos adentraremos ya en su texto constitucional con el fi n de analizar su consagración en el artículo 86 de la carta. Desde el análisis de su Decreto reglamentario, nos detendremos en las características de la acción de tutela. A partir de ellas, desarrollaremos algunos aspectos sobre su procedencia (subsidiariedad) y sobre los derechos objeto de la misma (especifi cidad). Para fi nalizar, analizaremos la legitimación activa y pasiva de la acción, legitimación esta última desde la cual daremos un breve repaso a los actos impugnables a través de la misma. 2 GUASTINI, RICCARDO. Estudios de teoría constitucional, Fontamara, México, 1999. 3 MARTÍNEZ DALMAU, RUBÉN. “Los nuevos paradigmas constitucionales de Ecuador y Bolivia”, en Tendencia, No. 9, marzo- abril de 2009, p. 37. 4 GARGARELLA, ROBERTO. “El nuevo constitucionalismo latinoamericano: promesas e interrogantes”, en Revista Todavía, No. 21, mayo de 2009. 75 L A A C C I Ó N D E T U T E L A E N C O L O M B I A 2. Origen y repercusiones de la acción de tutela en Colombia Tal vez el antecedente político más próximo a la promulgación de la Constitu- ción colombiana de 1991 que da vida a la acción de tutela fue la fallida reforma constitucional en 1988 y el consiguiente surgimiento de un movimiento estu- diantil que cambió el rumbo constitucional del país casi inesperadamente. La negativa a dicha reforma constitucional tiró por tierra la incorporación de la de- mocracia participativa al texto constitucional de 1886 (entre otras cosas), lo que llevó al movimiento estudiantil universitario a proponer la convocatoria de una asamblea constituyente que renovara el consenso constitucional. El mecanismo utilizado fue la inclusión de la denominada “séptima papeleta”5 en las eleccio- nes de 1990. Aunque la iniciativa no fue aceptada ofi cialmente por el Consejo Electoral colombiano, a la postre se contabilizó extraofi cialmente dicha votación reconociendo fi nalmente la Corte Suprema de Justicia su validez, ante la clarí- sima mayoría que apoyó la convocatoria. Así, en diciembre de 1990 se eligieron democráticamente a los representantes de la Asamblea Nacional Constituyente, la cual promulgó la nueva Constitución en 1991. Esta Constitución vino a remplazar a la carta fundamental de 1886. Aun- que dicha texto fue objeto de varias reformas en su proceso de adaptación a las nuevas realidades económicas, políticas y sociales del país, lo cierto es que durante sus más de 100 años de vigencia —y desde una perspectiva comparada del derecho procesal y constitucional relativa a los derechos humanos— no se produjo en Colombia ningún acercamiento o aproximación real a las institucio- nes del derecho de amparo hasta 1991. Esto resulta especialmente contrastante si se compara con el desarrollo que dichas instituciones tuvieron en países como México, Venezuela, Brasil o Argentina, en donde la justicia constitucional y las instituciones de amparo —puntualmente con efectos interpartes— resultaban para aquel entonces ya un hecho.6 Hasta 1991 este incomprensible apego al formalismo jurídico tradicional y reaccionario colombiano, impregnó sistemáticamente de sospecha cualquier intento de reconocimiento de instrumentos procesales autónomos, específi cos y directos de protección de los derechos constitucionales. Sin duda, desde su instauración en la Constitución de 1991 (y no obstante sus detractores, la resis- tencia política e incluso judicial a la misma), la acción de tutela se ha convertido 5 Se denominó de esta manera porque era un voto (papeleta) adicional a las 6 existentes ofi cialmente para aquellas elecciones: Senado, Cámara de Representantes, Asamblea Departamental, gobernador, Consejo Municipal y alcaldes. 6 ORTIZ GUTIÉRREZ, JULIO CÉSAR. “La acción de tutela en la Carta Política de 1991”, en Revista Jurisdictio, Bogotá, D.C., No. 1, año 1, segundo semestre de 2006. 76 L I L I A N A C A R R E R A S I L V A en la más importante institución procesal de rango constitucional en la historia colombiana; ha supuesto una verdadera revolución judicial que ha traído apa- rejada el avance democrático más tangible en el país al materializar la efi cacia de los derechos constitucionales en el día a día, en la cotidianidad más evidente de los colombianos. Ha permitido el desmontaje de privilegios, la promoción de una cultura democrática fundada en la persona y sus derechos, en los valores del Estado social al adoptar el camino de la fundamentalización de algunas manifestaciones de los derechos sociales y económicos y aun de otros derechos colectivos, bajo las reglas de su conexidad con los derechos fundamentales y las del mínimo vital que se han proyectado en materia de protección de los derechos a la salud, a la seguridad social y a la remuneración mínima, vital y móvil. Ha ahondado en el abandono de la idea de subordinación del ciudadano al poder per se, ya sea público o privado. Después de casi 20 años de vida de la Constitu- ción colombiana, la acción de tutela ha sido, sin duda, el mecanismo más impor- tante consagrado por ella en materia de defensa de los derechos fundamentales y el más cercano a los ciudadanos tal y como puede extraerse de las estadísticas que en el 2010 dio a conocer el Consejo Superior de la Judicatura, mismas que señalan que desde la entrada en vigencia de la Constitución, cuatro millones de acciones de tutelas han sido instauradas en los distintos despachos judiciales del país, convirtiéndose así en la acción más utilizada por los colombianos. Tutelas sobre temas muy disímiles: situación de presos, homosexualismo, quejas de es- tudiantes, tragedia de los desplazados, peticiones de pensión y salud, derechos de los trabajadores, alcance de la libertad de información, etcétera, representan el día a día del ejercicio de este instrumento de amparo. No obstante, el reconocer la importancia jurídica, social o histórica de la acción de tutela en Colombia no puede signifi car abstraerse tercamente de al- gunas de las duras realidades que su instauración ha supuesto en la práctica. La tutela, al ser intuida por los ciudadanos como una garantía efi caz, expedita y desprovista de formalidades, ha relegado e incluso deslegitimado el sistema de acciones ordinarias ya sean civiles o administrativas, por su lentitud, complejidad e inefi cacia. A la congestión que esto ha supuesto, muchos le achacan también una preocupante desarticulación institucional y una grave inseguridad jurídica. Sin embargo, lo cierto es que, sin desmentir la realidad “traumática” en cierta medida que ha supuesto la instauración de la tutela y las competencias del Tribunal Constitucional, resultaría totalmente incierto culpabilizar a la tutela, sin reconocer que más bien ella se ha constituido en la a veces problemática solución a un sistema de justicia inefi caz. 77 L A A C C I Ó N D E T U T E L A E N C O L O M B I A 3. Régimen constitucional y legal de la acción de tutela colombiana A) Consagración constitucional La acción de tutela se encuentra consagrada en el artículo 86 de la Constitución colombiana de 1991. Artículo 86. Toda persona tendrá acción de tutela para reclamar ante los jueces, en todo momento y lugar, mediante un procedimiento preferente y sumario, por sí mis- ma o por quien actúe a su nombre, la protección inmediata de sus derechos constitu- cionales fundamentales, cuando quiera que éstos resulten vulnerados o amenazados por la acción o la omisión de cualquier autoridad pública. La protección consistirá en una orden para que aquel respecto de quien se solicita la tutela, actúe o se abstenga de hacerlo. El fallo, que será de inmediato cumplimien- to, podrá impugnarse ante el juez competente y, en todo caso, éste lo remitirá a la Corte Constitucional para su eventual revisión. Esta acción solo procederá cuando el afectado no disponga de otro medio de defensa judicial, salvo que aquella se utilicecomo mecanismo transitorio para evitar un perjuicio irremediable. En ningún caso podrán transcurrir más de diez días entre la solicitud de tutela y su resolución. La ley establecerá los casos en los que la acción de tutela procede contra parti- culares encargados de la prestación de un servicio público o cuya conducta afecte grave y directamente el interés colectivo, o respecto de quienes el solicitante se halle en estado de subordinación o indefensión. Partiendo del contenido de este artículo, podemos defi nir la acción de tutela como una “acción judicial subsidiaria, residual y autónoma, dirigida a permitir el control constitucional de las acciones u omisiones de todas las autoridades públicas y excepcionalmente de los particulares”, pudiendo ser interpuesta “por cualquier persona para la defensa pronta y efectiva de los derechos fundamen- tales cuando ello resulte urgente para evitar un perjuicio irremediable o cuando no exista otro medio de defensa judicial que sirva para tales efectos”.7 La misma Corte Constitucional ha señalado que la acción de tutela es una institución procesal prevista para proteger los derechos fundamentales de las personas cuando sean o puedan ser vulnerados por parte de una autoridad pú- blica y excepcionalmente, ciñéndose a ciertos supuestos, podrá también inter- 7 BOTERO MARINO, CATALINA. La acción de tutela en el ordenamiento constitucional colombiano, Escuela Judicial Rodrigo Lara Bonilla-Consejo Superior de la Judicatura, Bogotá, D.C., 2006, pp. 11 y 12. 78 L I L I A N A C A R R E R A S I L V A ponerse contra personas privadas (oponibilidad de los derechos fundamentales frente a particulares). Igualmente, queda claro que el juez constitucional debe en estos casos ad- ministrar justicia de manera expedita en todo momento y lugar, mediante un procedimiento preferente y sumario, dictando las órdenes que considere perti- nentes para salvaguardar y proteger los derechos fundamentales de las personas. Respecto a la competencia para conocer de la acción de tutela, el artículo 241, numeral 9, de la Constitución, señala que: A la Corte Constitucional se le confía la guarda de la integridad y supremacía de la Constitución en los estrictos y precisos términos de este artículo. Con tal fi n, cumplirá las siguientes funciones: 9o. Revisar, en la forma que determine la ley, las decisiones judiciales relacionadas con la acción de tutela de los derechos constitucionales. B) Régimen del Decreto Extraordinario o de facultades extraordinarias No. 2591 del 19 de noviembre de 1991 Este Decreto representa, en sentido material, la regulación del trámite de la acción de tutela. Hay varios temas relevantes que podrían mencionarse de for- ma extensa en este escrito, pero dadas las características y máxima extensión permitida para el mismo, resulta imposible hacerlo. Valga la pena, en todo caso, reseñar a grandes rasgos sólo algunos: sus principios y objeto; los derechos objeto de tutela; las reglas de interpretación de los derechos objeto de tutela; cuándo procede la acción y cuáles son sus causales generales de improcedencia; las reglas generales en materia de competencia y las condiciones de procedencia de la acción para activar su oponibilidad frente a particulares. Por otra parte y específi camente en el penúltimo artículo del Decreto, el 54, se ordena a las instituciones educativas el estudio de la acción de tutela, lo cual resulta es- pecialmente importante, no sólo porque con ello se cumple directamente una disposición también constitucional (artículo 41), sino también porque la tutela así cumple su función de generación de cultura democrática. Ampliando brevemente algunos de los contenidos del Decreto, podemos decir respecto al objeto, por ejemplo, que éste, siguiendo lo establecido por el artículo 86 de la Constitución, es desarrollado en el artículo 1o. señalando que “toda per- sona tendrá derecho a la acción de tutela para reclamar ante los jueces en todo momento y lugar”, agregando a lo ya dispuesto constitucionalmente, que para interponerla “todos los días y horas son hábiles”. El mismo artículo 1o. agrega 79 L A A C C I Ó N D E T U T E L A E N C O L O M B I A un dato importante, más si se coloca en el contexto histórico político colom- biano: “La acción de tutela procederá aún bajo estados de excepción”. En este sentido, el mismo artículo aclara que “Cuando la medida excepcional se refi era a derechos, la tutela se podrá ejercer por los menos para defender su contenido esencial, sin perjuicio de las limitaciones que la Constitución autorice y de lo que establezca la correspondiente ley estatutaria de los estados de excepción” (las cursivas son nuestras). Los artículos 2o. y 4o. del Decreto refi eren a los derechos objeto de tutela y su interpretación, los cuales serán desarrollados de forma independiente y más ampliamente en el numeral 3.B de este escrito. En cuanto a los principios a los que se debe ceñir el trámite de la acción de tutela, éstos vienen refl ejados en el artículo 3o. del Reglamento en cuestión. Éste (el trámite), por tanto, “se desarrollará con arreglo a los principios de publicidad, prevalencia del derecho sustancial, economía, celeridad y efi cacia”. En lo que se refi ere a las causales generales de improcedencia, resultan una suerte de desarrollo de la característica de subsidiariedad de la misma. Se trata pues, según el artículo 6o. del Decreto, de concretar la exigencia de supeditación del ejercicio de la acción a la inexistencia de otro medio de defensa judicial, regla o principio éste que encuentra sólo una excepción: que la acción busque evitar la consumación de un perjuicio irremediable. Además de las 5 causales señaladas en este artículo, existe otra indicada en el artículo 38, que viene a decretar el rechazo de la acción “Cuando, sin motivo expresamente justifi cado, la misma acción de tutela sea presentada por la misma persona o su representante ante varios jueces o tribunales”. Las reglas generales de competencia vienen señaladas en el artículo 37 del Decreto 2591. En él se señala que conocerán de la acción de tutela, a prevención y en primera instancia, los jueces con jurisdicción en el lugar donde ocurre la violación o amenaza del derecho fundamental. Como esta regla abrió la posibilidad de existencia de varios jueces competen- tes simultáneos en un solo lugar, se expidió el Decreto Reglamentario 306 de 1992, modifi cado luego por el Decreto 1382 de 2000, “mediante los cuales se establecen reglas para el reparto de la acción de tutela”, con el que se regulan las competencias de los jueces para recibir y tramitar las demandas de tutela. Así pues, la Constitución —y los decretos reglamentarios que desarrollan el tema competencial de la acción— asignan a todos los jueces de la República8 la competencia para conocer acciones de tutela y asigna a la Corte Constitucional colombiana, en aras de garantizar la igualdad y seguridad jurídica, la función 8 Sólo se exceptúan los jueces penales militares, la jurisdicción especial indígena y los jueces de paz. 80 L I L I A N A C A R R E R A S I L V A de unifi car la jurisprudencia constitucional. Esto enmarca a la acción de tutela dentro de un sistema de control constitucional mixto, ciertamente complejo y algo abigarrado, pero que permite un amplio acceso a la justicia por parte de todos los ciudadanos en busca de garantizar los derechos constitucionales. 4. Características de la acción de tutela Como antes señalamos, la acción de tutela posee ciertas características cuya descripción nos permitirá simultáneamente analizar sus aspectos procesales. La acción de tutela colombiana es subsidiaria o residual, específi ca, inmediata, sencilla o informal, efi caz, preferente y sumaria. A) Subsidiaria La subsidiariedad, además de ser una característica de la acción, constituye una causal de improcedencia de radical importancia. Desde esta perspectiva, se con- fi rma que la fi nalidad de la acción de tutelano es la de sustituir medios judiciales existentes, sino por el contrario, garantizar su agotamiento. Por tanto, si el juez llegase a identifi car la existencia de algún medio judicial pertinente para la pro- tección del derecho, debe declarar la improcedibilidad de la acción de tutela. No obstante, se ha previsto una excepción a dicha regla que coloca en cabeza del juez competente el deber de analizar, caso por caso, no sólo la existencia o no de medios judiciales alternativos, sino además, su idoneidad y efi cacia para proteger el derecho amenazado o vulnerado. Teniendo en cuenta que de lo que se trata es de proteger efectivamente los derechos fundamentales, si dicha idoneidad9 y efi cacia quedan en entredicho, se activaría la excepción, siempre y cuando se cumpla otra condición: que el perjuicio sea irremediable. Si se cumpliesen estas dos premisas, el amparo constitucional resultaría procedente. En síntesis, podría- mos decir que aun existiendo otro medio judicial alternativo, la acción de tutela puede utilizarse como mecanismo transitorio (artículo 8o. del Decreto 2591/91), siempre que aquél no resulte idóneo y efi caz para evitar un perjuicio califi cado de irremediable. Esta irremediabilidad, según la jurisprudencia de la Corte Cons- titucional colombiana, sólo puede darse por existente cuando el perjuicio sea inminente, urgente, grave e impostergable.10 9 Según jurisprudencia de la Corte Constitucional Colombiana, se entiendo por idóneos, los recursos ordinarios y extraordinarios de defensa judicial. Sentencias C-543/93; T-327/94; T-054/03. 10 En efecto, la Corte Constitucional, a través de su jurisprudencia, ha señalado que por perjuicio irremediable se en- 81 L A A C C I Ó N D E T U T E L A E N C O L O M B I A Valga la pena aclarar también, que cuando esta utilización excepcional de la acción de tutela es procedente —como mecanismo transitorio— y la solicitud de protección hecha por el demandante prospera, por una parte nace la obligación a cargo del mismo de instaurar dentro de los cuatro meses siguientes al fallo de tutela, la acción judicial ordinaria respectiva, de lo cual se deduce por otra, que el fallo del juez de tutela permanecerá vigente “sólo durante el término que la autoridad judicial competente utilice para decidir de fondo sobre la acción instaurada por el afectado”.11 B) Especifi cifi dad de la acción de tutela y derechos objeto de tutela De la misma forma que desde la descripción de la subsidiariedad como caracte- rística de la acción de tutela fue posible analizar algunas causales de improce- dencia del trámite que la sustancia, de la descripción de la especifi cidad como característica de la misma, podremos analizar los derechos objeto de este amparo constitucional. Así pues, del hecho de que la acción de tutela sólo se oriente a la protección de una clase particular de derechos, se deduce su carácter específi co. La primera aproximación posible para conocer cuáles son los derechos “es- pecífi cos” cuya protección persigue la acción de tutela, la encontramos nueva- mente en lo establecido en la Constitución colombiana. En su artículo 86, puntualmente en su inciso 1, indica que “Toda persona tendrá acción de tutela para reclamar ante los jueces […], la protección inmediata de sus derechos constitucionales fundamentales […]” (las cursivas son nuestras). Por su parte, en el artículo 85 se establecen cuáles son los derechos funda- mentales que son de aplicación inmediata, remitiendo a los artículos 11 (derecho a la vida); 12 (integridad personal); 13 (derecho a la igualdad); 14 (reconoci- miento de la personalidad jurídica); 15 (derecho a su intimidad personal y fami- liar y a su buen nombre, habeas data); 16 (al libre desarrollo de la personalidad); tiende aquel que es inminente, urgente, grave e impostergable. Inminente es aquel “que amenaza o está por suceder prontamente”. El perjuicio adquiere la calidad de urgente cuando por su naturaleza obliga al juez a dar una “respuesta proporcionada a la prontitud”. Respecto a la gravedad del perjuicio, ésta se refi ere a la “gran intensidad del daño o menoscabo material o moral en el haber jurídico de la persona”. Finalmente, el perjuicio es impostergable cuando exige del juez dar una “respuesta adecuada, oportuna y efi caz para restablecer el derecho”. Corte Constitucional, sentencias T-225/93; T-202/94; T-640/96; SU-039/97; T-173/97; T-269/97; T-504/00; T-859/03; T-222/04; T-401/04; T-827/04. Por su parte, el Decreto 2591 de 1991, en su artículo 6o., numeral 1, inciso fi nal, defi nía el perjuicio irremediable como aquel que sólo podía ser reparado mediante indemnización. Dicha disposición fue declarada inconstitucional por parte de la Corte Constitucional. 11 CIFUENTES MUÑOZ, EDUARDO. “La acción de tutela en Colombia”, en Ius et Praxis, año 3, Universidad de Talca, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Talca, Chile, 1997, pp. 165-174. Véase también en este sentido sentencias de la Corte Constitucional C-543/93; T-327/94; T-054/03. 82 L I L I A N A C A R R E R A S I L V A 17 (derecho a la libertad en todas sus formas); 18 (a la libertad de conciencia); 19 (a la libertad de cultos); 20 (derecho de expresión y de información); 21 (a la honra y al buen nombre); 23 (derecho de petición); 24 (de libre circulación); 26 (a la libertad de escoger profesión y ofi cio); 27 (libertad de enseñanza, aprendi- zaje investigación y cátedra); 28 (derecho de libertad salvo mandamiento escrito de autoridad judicial competente); 29 (al debido proceso); 30 (habeas corpus); 31 (a apelación o consulta de las sentencias judiciales); 33 (a no declarar contra sí mismo o contra su cónyuge, compañero permanente o parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad, segundo de afi nidad o primero civil); 34 (a no ser sometido a las sanciones de destierro, prisión perpetua o confi scación); 37 (a las libertades de reunión y manifestación) y 40 (derechos políticos). La Constitución igualmente hace referencia a los derechos objeto de tutela en su artículo 94. En él se establece que “La enunciación de los derechos y garantías contenidos en la Constitución y en los convenios internacionales vigentes no debe entenderse como negación de otros que, siendo inherentes a la persona humana, no fi guren expresamente en ellos” (las cursivas son nuestras). Se trata aquí de los llamados derechos fundamentales innominados, los cuales analiza- remos más adelante. Pasando al reglamento de la acción de tutela, el Decreto 2591 de 1991, en su artículo 2o., disponía que “La acción de tutela garantiza los derechos constitu- cionales fundamentales. Cuando una decisión de tutela se refi era a un derecho no señalado expresamente por la Constitución como fundamental, pero cuya naturaleza permita su tutela para casos concretos, la Corte Constitucional le dará prelación en la revisión de esta decisión”. Sin embargo, dicho artículo, al igual que los numerales 1, 2 y 9 del artículo 42 de este Decreto (que señalaban expresamente los derechos constitucionales que podían reclamarse por vía de tutela contra las actuaciones de los particulares) fueron declarados inexequibles por parte de la Corte Constitución mediante las sentencias C-018/93 y C-134-94. En defi nitiva, puede afi rmarse que a diferencia de otras Constituciones lati- noamericanas como la venezolana (artículo 27), la ecuatoriana (artículo 88) y la boliviana (artículo 128) —también enmarcadas dentro del nuevo constituciona- lismo latinoamericano— y que hacen objeto de sus instituciones de amparo la totalidad de los derecho constitucionales, la Constitución colombiana no resulta tan explícita respecto a cuáles son los derechos objeto de acción de tutela. En buena medida la labor de defi nir la fundamentalidad de los derechos para que puedan considerarse objeto de la tutela constitucional, le ha correspondido a la Corte Constitucional. 83 L A A C C I Ó N D E T U T E L A E N C O L O M B I A Remitiéndonos a una de las sentenciasmás emblemáticas de la Corte en este sentido, esta institución [...] no ha dado una respuesta inequívoca sobre el concepto de derechos fundamen- tales. Su postura ha oscilado entre la idea de que se trata de derechos subjetivos de aplicación inmediata y la esencialidad e inalienabilidad del derecho para la persona. Entre estos dos extremos se han presentado varias posturas teóricas. De la línea dog- mática de la Corte Constitucional no es posible establecer un concepto claro y preciso de derecho fundamental. Ello no quiere decir que esta línea deba ser abandonada, sino que exige su sistematización, pues la Constitución no defi ne qué se entiende como derechos fundamentales y, por otro lado, autoriza reconocer como tales, dere- chos no positivizados. A partir de dicho análisis es posible recoger la jurisprudencia de la Corte Constitucional sobre el concepto de derechos fundamentales, teniendo como eje central la dignidad humana, en tanto que valor central del sistema y principio de principios. Será fundamental todo derecho constitucional que funcionalmente esté dirigido a lograr la dignidad humana y sea traducible en un derecho subjetivo. Es decir, en la medida en que resulte necesario para lograr la libertad de elección de un plan de vida concreto y la posibilidad de funcionar en sociedad y desarrollar un papel activo en ella. Tal necesidad no está determinada de manera apriorística, sino que se defi ne a partir de los consensos (dogmática del derecho constitucional) exis- tentes sobre la naturaleza funcionalmente necesaria de cierta prestación o abstención (traducibilidad en derecho subjetivo), así como de las circunstancias particulares de cada caso (tópica).12 Partiendo, pues, de una interpretación histórica, sistemática y axiológica, la Corte Constitucional colombiana ha adoptado el criterio según el cual la carta constitucional colombiana estableció una suerte de “catálogo abierto de dere- chos fundamentales”13 en contraposición a un listado taxativo de derechos, el cual restringiría el ámbito de protección del amparo constitucional a los derechos contemplados expresamente en el capítulo 1 del título II que lleva por título De los derechos fundamentales, lo cual resultaría imposible al menos por 2 razones: a) Por una parte, dicho capítulo contempla derechos que no obstante estar ubicados en él, dada su naturaleza, contenido y estructura, o no pue- den califi carse como “fundamentales” en el sentido de su judiciabilidad 12 Sentencia T-227/2003. Magistrado ponente: Eduardo Montealegre. Véanse también sentencias T-002/92; T-406/92. Asimismo, consultar CHINCHILLA HERRERA, TULIO ELÍ. ¿Qué son y cuáles son los derechos fundamentales?, Temis, Bogotá, 1999, pp. 55 y 92. 13 Sobre la diversas posturas constitucionales en cuanto a los catálogos de derechos fundamentales contemplados en ellas, véase ROLLA, GIANCARLO. Derechos fundamentales. Estado democrático y justicia constitucional, UNAM, Instituto de Investigaciones Jurídicas, México, 2002. 84 L I L I A N A C A R R E R A S I L V A a través de la tutela, o no pueden ser protegidos sin desarrollo normativo previo. Puntualmente, los artículos 22 (paz), 25 (trabajo), 32 (derecho de aprehender a un delincuente en situación de fl agrancia), 35 (prohibición de extradición por delitos políticos o por hechos preconstitucionales), 36 (asilo), 38 (asociación) y 39 (sindicación), del capítulo 1 del título II (De los derechos fundamentales) no son de aplicación inmediata y por tanto aunque están dentro del capítulo de los derechos fundamentales no son automáticamente objeto de la acción de tutela. El caso más ejemplifi cante lo encontramos en el derecho a la paz consagrado en el artículo 22 de la Carta. Respecto a este derecho, la Corte, sin menospreciar la trascenden- talidad de mismo dentro del ordenamiento constitucional colombiano, re- conoce que al ser imposible individualizar su ejercicio o derivar del mismo derecho o deberes específi cos por parte del juez de tutela “no se trata de un derecho fundamental, por lo cual no tiene reserva de ley estatutaria”.14 b) La segunda razón fundamental que confi rma que la Constitución colom- biana establece un catalogo abierto de derechos tutelables y no un listado cerrado y restringido a los derechos recogidos en el capítulo 1 del título II, es que en el mismo texto constitucional —pero fuera del capítulo 1 del título II— se fundamentalizan otros derechos. Es el caso de los derechos consagrados en el artículo 44, colocados en cabeza específi camente de los niños y que sólo son fundamentales en la medida en que protegen a los mismos por expreso mandato constitucional. Así, se consideran fundamen- tales, por ejemplo, el derecho a “tener una familia y no ser separados de ella”, al “cuidado” y al “amor”. A raíz de esto, nos parece pertinente, dadas las características de síntesis que exige este escrito, la selección que Catalina BOTERO MARINO realiza en su libro de 6 criterios de fundamentalidad de los derechos a partir del análisis de la juris- prudencia de la Corte Constitucional.15 Sin pretender involucrar en ellos todos los criterios posibles o la mixtura que proponen algunos derechos, respecto de los mismos la escritora propone los siguientes: 1) Derechos de aplicación inmediata, que son aquellos enunciados expresa- mente en el artículo 85 de la carta. 2) Derechos subjetivos contenidos en el capítulo 1 del título II de la carta, siempre y cuando su estructura y contenido permitan la aplicación de su 14 Corte Constitucional, sentencias T-008/92, C-055/95 y C-339/98. 15 BOTERO MERINO, CATALINA. op. cit., pp. 15 y ss. 85 L A A C C I Ó N D E T U T E L A E N C O L O M B I A inmediatez judicial (se exceptúa el derecho a la paz, como ya se dijo) o su contenido haya sido desarrollado de forma independiente a través de una ley destinada a ello (derecho de asilo, por ejemplo). 3) Derechos fundamentales por expreso mandato constitucional (es el caso de los derechos fundamentales de los niños). 4) Derechos que integran el bloque de constitucionalidad (strictu sensu). 5) Derechos innominados. 6) Derechos fundamentales por conexidad. Como ya hemos dejado referenciados los tres primeros sólo haremos referen- cia al 4o., 5o. y 6o. tipos de derechos fundamentales. a. Los derechos fundamentales que integran el bloque de constitucionalidad (strictu sensu) Las referencias al bloque de constitucionalidad, ya fuera en sentido estricto o amplio, no aparecen en la jurisprudencia de la Corte Constitucional hasta 1995. Fue sólo hasta entonces que la Corte empezó a legitimar ciertas normas y principios supranacionales (referidos a la aplicación del derecho internacional de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario) que por encontrarse incorporados en la carta de forma tácita o expresa servían como parámetros de control constitucional. Así, a partir de la interpretación de los artículos 9o., 53, 93, 94 y 214 de la Constitución,16 la Corte Constitucional empezó a construir dicho bloque, consolidándose fi nalmente en 1998 en la sentencia C-191/98. El bloque de constitucionalidad en sentido estricto se refi ere a aquellas nor- mas y principios que aparezcan o no directamente en la Constitución, poseen 16 El artículo 9o. reconoce que las relaciones exteriores del Estado se fundamentan en la soberanía nacional, en el respeto por la autodeterminación de los pueblos y en el reconocimiento de los principios del derecho internacional aceptados por Colombia. El artículo 53 declara que “los convenios internacionales del trabajo debidamente ratifi ca- dos, hacen parte de la legislación interna”. El artículo 93, en su inciso primero, contiene el bloque de constituciona- lidad en sentido estricto, dando prevalencia cuando se declaran estados de excepción, a “Los tratados y convenios internacionales ratifi cados por el Congreso, que reconocen los derechos humanos y que prohíben su limitación” en el orden interno. En la segunda parte de dichoartículo, se deja expresado el bloque amplio constitucional cuando se señala que “Los derechos y deberes consagrados en esta Carta se interpretarán de conformidad con los tratados internacionales sobre derechos humanos ratifi cados por Colombia”. El artículo 94 por su parte, establece que “La enunciación de los derechos y garantías contenidos en la Constitución y en los convenios internacionales vigentes, no debe entenderse como negación de otros que, siendo inherentes a la persona humana, no fi guren expresamente en ellos”. Finalmente, el artículo 214, que al regular los estados de excepción dice en su numeral 2: “No podrán sus- penderse los derechos humanos ni las libertades fundamentales. En todo caso se respetarán las reglas del derecho internacional humanitario”. 86 L I L I A N A C A R R E R A S I L V A su misma fuerza vinculante.17 Está compuesto entonces por los principios direc- tamente establecidos en el texto constitucional, por las normas que consagran derechos que hacen parte de tratados internacionales de derechos humanos ra- tifi cados por Colombia, que no pueden ser suspendidos en estados de excepción y las normas del derecho internacional humanitario. El bloque de constitucionalidad lato sensu se refi ere a normas de diversa jerarquía que por lo general no son susceptibles de amparo constitucional. Su utilidad viene dada por su labor interpretativa meramente instrumental para el análisis de disposiciones constitucionales y para desarrollar el control de consti- tucionalidad de las leyes. Al ser de jerarquía diversa no discuten la efi cacia de las normas de rango constitucional ni consagran derechos fundamentales tutelables en principio. Un ejemplo claro de esta clase de normas son los tratados de límites fronterizos (CP, artículo 101) o las leyes orgánicas y estatutarias. b. Derechos fundamentales innominados En virtud del artículo 94 de la Constitución, la enunciación de los derechos con- tenidos en la Constitución y en los tratados internacionales no debe entenderse como negación de otros que, “siendo inherentes a la persona”, no se encuentren expresamente contemplados. Por su parte, el artículo 2o. del decreto 2591, ordena a la Corte Constitucional dar prelación a la revisión de sentencias de tutela referidas a derechos no seña- lados expresamente en la Constitución como fundamentales. Se trata de derechos como la dignidad humana,18 el mínimo vital,19 la seguri- dad personal frente a riesgos extraordinarios20 y la estabilidad laboral reforzada de sujetos de especial protección constitucional,21 todos ellos reconocidos por la Corte Constitucional en ejercicio de su función de intérprete supremo de la Constitución. 17 Arango Olaya, Mónica. “El bloque de constitucionalidad en la jurisprudencia de la Corte Constitucional Colombiana”, Precedente, Anuario Jurídico 2004, Centro de Investigaciones Sociojurídicas, Universidad Icesi, Calí, Colombia, 2008. 18 Corte Constitucional, sentencias T-881/02; T-881/02; T-881/02. 19 La Corte ha defi nido en sentencia T-011/98 el mínimo vital como “los requerimientos básicos indispensables para asegurar la digna subsistencia de la persona y su familia, no solamente en lo relativo a alimentación y vestuario sino en lo referente a salud, educación, vivienda, seguridad social y medio ambiente, en cuanto factores insustituibles para la preservación de una calidad de vida que, no obstante su modestia, corresponde a las necesidades más ele- mentales del ser humano”. También véanse sentencias: T-426/92; T-263/97; T-1103/00; T-005/95; T-500/96; T-289/98; T-426/92; T-011/98. 20 Corte Constitucional, sentencia T-719/03. 21 Corte Constitucional, sentencias C-470/97; T-576/98; T-689/04; C-470/97; T-1328/01; T-203/04; T-792/04; T-519/03; T-689/04; T-530/05; C-470/97; T-925/04; T-519/03; T-469/04; T-934/05. 87 L A A C C I Ó N D E T U T E L A E N C O L O M B I A Estaríamos pues frente a derechos básicos e interdependientes, necesarios para garantizar las mínimas condiciones de respeto del derecho a la vida y como tales, “inherentes a la persona humana”. Así, según la Corte, dicha naturaleza, junto a su relación con el derecho internacional de los derechos humanos, per- mite su amparo preferente. c. Derechos fundamentales por conexidad Nuevamente encontramos sustento para la viabilidad de la acción de tutela res- pecto a estos derechos, en los artículos 94 de la carta constitucional y 2o. del decreto 2591 de 1991. La Corte Constitucional colombiana, con base en ellos, ha considerado que la acción de tutela también opera o es procedente –aunque de manera excepcio- nal– para la protección de derechos constitucionales o legales que no ostenten el rango de fundamentales, siempre y cuando guarden una especial relación de conexidad y una dependencia directa con otro(s) de carácter fundamental. Así, aunque un derecho no ostente en sí mismo el carácter de fundamental, si de su vulneración un auténtico derecho fundamental se pudiera ver afectado, la oponibilidad de la tutela se activa. Esto supone alcances realmente trascendentes para algunos derechos tradi- cionalmente vistos y catalogados como no judicializables. Los derechos econó- micos, sociales y culturales previstos en el capítulo 2 del título II de la carta, o los derechos colectivos consagrados en el capítulo 3 del título II de la Constitución (cuyo contenido prestacional no exige en principio del Estado, más que ser desa- rrollados de manera progresiva), empiezan a ser objeto de tutela constitucional, siempre y cuando se demuestre que su vulneración se encuentra en estrecha relación con la de un derecho fundamental.22 Puede decirse entonces, como lo señala Julio César ORTIZ,23 que en Colombia se ha dado un proceso de fundamentalización de los derechos sociales en el que la Corte Constitucional a través de su jurisprudencia ha protegido derechos sociales de rango constitucional, fundamentándose en su conexidad con los derechos fundamentales —sobre todo derechos innominados como la dignidad 22 “Los derechos fundamentales por conexidad son aquellos que no siendo denominados como tales en el texto constitucional, sin embargo, les es comunicada esta califi cación en virtud de la íntima e inescindible relación con otros derechos fundamentales, de forma que si no fueron protegidos en forma inmediata los primeros se ocasionaría la vulneración o amenaza de los segundos”. Corte Constitucional, sentencia T-571/92. 23 ORTIZ GuTIÉRREZ, JULIO CÉSAR. “Los derechos fundamentales en el ordenamiento constitucional de Colombia. Una aproximación a la jurisprudencia de la corte constitucional”, en Derecho constitucional para el siglo XXI. Actas del VIII Congreso Iberoamericano de Derecho Constitucional, Aranzadi, España, 2006, p. 50. 88 L I L I A N A C A R R E R A S I L V A humana o el mínimo vital—, protegiendo a la postre de esta forma el contenido básico de algunos derechos económicos y sociales y creando un medio idóneo para el logro de la igualdad sustancial o “real y efectiva derechos”. Derechos como la salud,24 la seguridad social o la remuneración mínima, vital y móvil y la efectividad de otros derechos fundamentales, como las libertades civiles y polí- ticas, dan buena muestra de ello. De igual forma, y siguiendo también las reglas de la conexidad, la Corte Constitucional también ha extendido por vía jurisprudencial los alcances de la acción de tutela a otros derechos constitucionales como los colectivos y del ambiente.25 d. Derechos más invocados a través de la acción de tutela Según estudios de la Defensoría del Pueblo colombiana, para 2003 los derechos de petición, salud y vida, individualmente, registraron entre 51,000 y 53,000 tutelas presentadas. Esta tendencia fue variando a lo largo de los años subsi- guientes convirtiéndose el derecho a la salud en el más invocado (superando a los de petición y a la vida). Para 2006 —por sí solo— la protección del derecho a la salud supuso la presentación de 99,229 acciones de tutela,cifra que se con- solidó en 2007 y 2008, superando en 30,000 tutelas al de derecho de petición, lo que supone un incremento de 275% entre los años 2003 y 2008. También los derechos al debido proceso y la defensa han experimentado un aumento signifi cativo como objeto de acción de tutela, pasando de 23,920 en 2003, a 44,364 en 2008. Por su parte, los derechos económicos, sociales y cul- turales presentan igual tendencia al alza, pasando de 19,239 tutelas presentadas para su defensa en 2003, a 77,268 en 2008.26 C) Características de preferente, sumaria y efi caz de la acción de tutela Hasta aquí hemos hablado de dos características de la acción de tutela, que a su vez nos han permitido desarrollar su procedibilidad (la acción de tutela es subsi- diaria) y los derechos objeto de la misma (cuando hablamos de su especifi cidad). Ahora bien, la acción de tutela además de subsidiaria y específi ca es preferen- 24 Corte Constitucional, sentencias T-344/99; T-457/01. 25 Corte Constitucional, sentencias SU-1116/01; T-771/01; T-123/99; SU-442/97; T-028/94; T-226/95; SU-1116/01. 26 POVEDA, XIMENA y RAMÍREZ, NÉSTOR. Principales derechos invocados en las acciones de tutela en Colombia: 2003- 2008, Corporación Excelencia en la Justicia. Disponible en: http://www.cej.org.co/justiciometros/2189-principales- derechos-invocados-en-las-acciones-de-tutela-en-colombia-2003-2008. 89 L A A C C I Ó N D E T U T E L A E N C O L O M B I A te, sumaria y efi caz. Preferente porque el juez debe tramitarla con prelación a cualquier otro asunto de su competencia y dentro de unos plazos perentorios e improrrogables. La excepción a esta regla sólo la encuentra el juez de tutela en la tramitación de la acción de habeas corpus. Es sumaria por la brevedad exigida en su procedimiento, y es efi caz porque indefectiblemente exige del juez un pronunciamiento de fondo, esto es, concediendo o denegando el amparo del derecho reclamado. La regulación constitucional de estas características se localiza nuevamente en el artículo 86 de la Constitución colombiana, incisos 1 y 3. Inciso 1: “Toda persona tendrá acción de tutela para reclamar ante los jueces, en todo momen- to y lugar, mediante un procedimiento preferente y sumario”, e inciso 3: “En ningún caso podrán transcurrir más de diez días entre la solicitud de tutela y su resolución”. Por su parte, el Decreto 2591 de 1991 en su artículo 1o. refl eja esta preferen- cia y sumariedad agregando en su artículo 3o. “el trámite de la acción de tutela se desarrollará con arreglo a los principios de economía, celeridad y efi cacia”. Ahora bien, aunque el trámite deba ser breve, sumario e informal, esto no puede suponer para el juez —desde ningún punto de vista— la posibilidad de fallar sin recaudar primero material probatorio sobre el cual sostener su fallo. Si bien el artículo 22 del Decreto 2591 de 1991 prevé que tan pronto el juez “llegue al convencimiento respecto de la situación litigiosa, podrá proferir el fallo sin necesidad de practicar las pruebas solicitadas”, no se puede colegir de allí que se pueda “conceder o negar la protección pedida sin que medie prueba, por lo menos sumaria, de los hechos alegados o de aquellos que sean relevantes para fundar el fallo”.27 5. Legitimación activa y pasiva A) Legitimación activa El artículo 86 de la Constitución señala que “Toda persona tendrá acción de tutela para reclamar ante los jueces […] la protección inmediata de sus derechos constitucionales fundamentales […]” (las cursivas son nuestras). A tenor de lo anterior, la acción de tutela da una legitimidad activa amplia refl ejada a su vez en el Decreto 2591 de 1991en su artículo 10, aunque de forma más matizada. 27 Corte Constitucional, auto 060/96. 90 L I L I A N A C A R R E R A S I L V A Según este Decreto, la acción de tutela puede ser ejercida “por cualquier persona vulnerada o amenazada en uno de sus derechos fundamentales, quien actuará por sí misma o a través de representante”, agregando que en este even- to específi co “los poderes se presumirán auténticos”. A continuación, el mismo artículo 10 indica que “También se pueden agenciar derechos ajenos cuando el titular de los mismos no esté en condiciones de promover su propia defensa”, para terminar señalando que cuando esta circunstancia ocurra deberá manifes- tarse así en la solicitud. Igualmente, en dicho artículo se les otorga legitimidad activa al defensor del pueblo y los personeros municipales (representantes de la Defensoría a nivel local). En síntesis, la acción de tutela colombiana puede ser interpuesta por: a) Cualquier persona natural ante la vulneración o amenaza de sus derechos fundamentales. Se trata pues del ejercicio directo de la acción que no depende del cumplimiento de ninguna condición subjetiva (edad,28 forma- ción, nacionalidad,29 origen raza).30 b) Personas jurídicas a través de representante legal.31 c) Abogado titulado en calidad de apoderado judicial (en tal caso debe ad- juntar el poder correspondiente).32 d) Agente ofi cioso que actúe en nombre de una persona determinada que no esté en condiciones de promover su propia defensa, circunstancia que debe manifestarse en la solicitud y acreditarse procesalmente.33 e) Defensor del pueblo (como parte del Ministerio público colombiano) o los personeros municipales,34 en nombre de cualquier persona que se lo solici- te, o en nombre de la persona que según su juicio se halle en condiciones de desamparo o de indefensión, sin perjuicio del derecho que le asiste a los interesados. En este último caso, el defensor es, junto con el agraviado, la parte procesal de la demanda. El defensor tiene adicionalmente el deber de representar a los colombianos que residan en el exterior y cuyos derechos constitucionales fun- damentales estén siendo violados o amenazadas por una autoridad pública de la República para interponer acción de tutela. El defensor del pueblo puede delegar 28 Corte Constitucional, sentencias T-079/94 T-090/94; T-378/94. 29 Corte Constitucional, sentencias T-380/98, T-269/08. 30 Corte Constitucional, sentencia T-459/92. 31 Corte Constitucional, sentencias T-445/94; T-573/94; T-133/95; T-142/96; T-201/96; T-238/96; T-462/97. 32 Corte Constitucional, sentencias T-550/93, T-572/93, A. 025/94, T-066/94, T-293/94, T-314/95. 33 Corte Constitucional, sentencias T-419/01, T-271/06, T-679/07 T-647/08. 34 Corte Constitucional, sentencia T-420/97. 91 L A A C C I Ó N D E T U T E L A E N C O L O M B I A expresamente en los personeros municipales (nivel local) la facultad de interpo- ner las acciones de tutela pertinentes, o hacerse representar en dichas causas. B) Legitimación pasiva y actos impugnables mediante acción de tutela El artículo 86 de la Constitución y su Decreto reglamentario (artículo 5o.), seña- lan con total claridad que toda persona que vea afectados sus derechos funda- mentales —o de similar naturaleza— por la acción o la omisión de una autoridad pública35 o —en determinadas condiciones—, por la conducta de un particular o de una organización privada, podrá utilizar la acción de tutela. Por tanto, son las autoridades públicas y los particulares —excepcionalmente— los sujetos pasivos del amparo constitucional contemplado en la Constitución colombiana. a. Autoridades públicas La acción de tutela se concibe en la Constitución colombiana como el medio judicial por excelencia para proteger a los ciudadanos del uso arbitrario del poder público cuando dicho uso afecte sus derechos fundamentales. Como ya señalamos, se puede dar por acciones del poder público o por omi- siones del mismo. En el primer caso, la “orden” judicial de la que habla el artículo 86 será la de abstención, mientras que en el segundo se exigirá una actuación por parte de la autoridad correspondiente. Igualmente y como ya lo indicamos, la acción de tutela no sólo opera ante una efectiva vulneración del derecho por parte de las autoridades públicas, sino que basta que las mismas generen unasituación que confi gure una amenaza para el derecho.36 El Decreto 2591 de 1991 advierte también que la acción de tutela procede contra actos de carácter particular, personal y concreto de las autoridades pú- blicas y no contra disposiciones de orden general, impersonal y abstracto como las leyes (artículo 6o., numeral 5), ni contra los reglamentos administrativos de carácter general, pues contra ellos proceden las acciones de constitucionalidad y de nulidad. Tampoco procede la acción de tutela contra acciones u omisiones 35 Corte Constitucional, sentencia T-449/08. 36 “Para que se confi gure la hipótesis jurídica de una amenaza a los derechos fundamentales se requiere la confl uen- cia de elementos subjetivos –convicción íntima de la existencia de un riesgo o peligro– como objetivos –condiciones fácticas que razonablemente permitan inferir la existencia de un riesgo o peligro–”. Corte Constitucional, sentencia T-308/93. En este sentido, véanse también sentencias: T-349/93, T-096/94, T-125/94, T-403/94, T-460/96, T-1206/01. 92 L I L I A N A C A R R E R A S I L V A que hayan producido hechos o daños consumados37 y respecto de las cuales, la acción de tutela no pueda generar sus efectos inmediatos, cautelares y pre- ventivos. La acción de tutela, en conclusión, no tiene naturaleza reparatoria, restaurativa o indemnizatoria.38 Es importante resaltar que no es necesario que acción u omisión vulneratoria del derecho y proveniente de la autoridad pública se haya manifestado en un acto jurídico de carácter escrito. Puede tratarse de manifestaciones u omisiones informales al no tener que venir revestidas de formalidad alguna.39 Igualmente —aunque de manera excepcional— el amparo procede contra providencias judiciales por vías de hecho de los funcionarios judiciales. La Corte reiteradamente lo ha señalado así, extendiendo las garantías del amparo cons- titucional a las vulneraciones que dichas providencias puedan generar sobre los derechos fundamentales de todas las personas cuando el juez o el tribunal y la Alta Corte correspondiente actúen por fuera de sus competencias o desconozcan el contenido sustancial de las disposiciones constitucionales relacionadas con los derechos fundamentales.40 b. Particulares El artículo 86 de la Constitución colombiana y su Decreto reglamentario (artículo 42) dan procedencia también a la acción de tutela (aunque de forma excepcio- nal) contra las acciones u omisiones ilegítimas de los particulares encargados de la prestación de un servicio público o cuya conducta afecte grave y directamente el interés colectivo41 o respecto de quien el accionante se encuentre en situación de subordinación o indefensión. 37 Corte Constitucional, sentencias T-449/08, T-449/08, T-612/08, T-170/09. 38 CIFUENTES MUÑOZ, EDUARDO. op. cit., pp. 166-169. 39 “La acción de tutela puede ser intentada por cualquier persona, con prescindencia de su edad, origen, raza, nivel económico, social o profesional y, por supuesto, sin que para tramitarla y decidirla sean indispensables los requisitos formales ni las fórmulas exactas y ni siquiera un escrito, por cuanto puede ser verbal”. Corte Constitucional, sentencia T-501/92. En este sentido, véanse también sentencias T-523/92; T-548/92; T-603/92; T-605/92; T-609/92; A. 012/93; A. 013/93; A. 014/93; T-091/93; T-232/93; T-349/93; A. 011/94; A. 025/94; T-143/94; A. 003/95; T-049/95; T-080/95; T-383/95; A. 010/96; T-131/96; T-162/97; A. 029/98; A. 030/98; A. 031/98; A. 062/98; T-409/98; S.V. SU. 429/98; A. 058/99; T-544/00; T-815/00; A. 206/01; T-529/01; T-1170/01; A. 003/02; A. 082/02; T-961/02; T-1043/02; T-924/03; T-1020/03; A. 130/04; A. 018/05; T-379/05; A. 099/06; A. 251/06; A. 279/07; T-317/09. 40 En Colombia esta posibilidad no operó sino hasta 1993. Hasta entonces, la acción de tutela no procedería contra decisiones judiciales. Fue en seguimiento de la teoría de las vías de hecho que la jurisprudencia terminó aceptando la posibilidad de controvertir los pronunciamientos de los jueces vertidos en sentencias o en actos intermedios. Corte Constitucional, sentencias A. 010/93, A. 011/93, T-424/93, T-432/93, T-442/93, T-450/93, T-553/93, T-139/94, T-245/94, T-258/94, T-435/94, T-536/94, T-572/94, T-048/95, T-049/95, T-057/95, T-118/95, T-197/95, T-285/95, T-297A/95, T-386/95, T-416/95, T-494/95, T-086/97, T-1069/03, T-684/04. 41 Corte Constitucional, sentencia T-1095/97; T-411/99. 93 L A A C C I Ó N D E T U T E L A E N C O L O M B I A La procedencia de la acción de tutela contra particulares representa uno de los avances más signifi cativos de la Carta de 1991. La Corte Constitucional, en Sentencia T-251 de 1993 ya resaltó esta realidad concretando su sentido y razón de ser: controlar el ejercicio del poder privado a fi n de prevenir que las suprema- cías privadas no se utilicen con el objeto de socavar los derechos fundamentales de las personas.42 Siguiendo la jurisprudencia de la Corte podemos decir que los casos en los que procede la acción de tutela contra particulares son:43 1) Cuando aquél contra quien se hubiere hecho la solicitud esté encargado de la prestación de cualquier servicio público.44 2) Cuando la acción se dirija contra una organización privada, contra quien la controle efectivamente o fuere el benefi ciario real de la situación que motivó la acción, siempre y cuando el solicitante tenga una relación de subordinación o indefensión con tal organización. 3) Cuando aquél contra quien se entabla la acción viole o amenace violar la prohibición a la esclavitud, la servidumbre y la trata de seres humanos. 4) Cuando la entidad privada sea aquélla contra la cual infructuosamente se hubiere hecho la solicitud en ejercicio del hábeas data. 5) Cuando se trate de un medio de comunicación al que se pida la rectifi ca- ción de informaciones inexactas o erróneas no rectifi cadas o rectifi cadas de manera indebida. 6) Cuando el particular actúe en ejercicio de funciones públicas. 7) Cuando la solicitud sea para tutelar a quien se encuentre en situación de subordinación o indefensión respecto del particular contra el cual se inter- puso la acción.45 La indefensión del menor se presume. 42 “Las relaciones entre los particulares discurren, por regla general, en un plano de igualdad y de coordinación. La actividad privada que afecte grave y directamente el interés colectivo, adquiere una connotación patológica que le resta toda legitimación, máxime en un Estado social de derecho fundado en el principio de solidaridad y de preva- lencia del interés general. De otro lado, la equidistancia entre los particulares se suspende o se quebranta cuando a algunos de ellos se los encarga de la prestación de un servicio público, o el poder social que, por otras causas, alcan- zan a detentar puede virtualmente colocar a los demás en estado de subordinación o indefensión. En estos eventos, tiene lógica que la ley establezca la procedencia de la acción de tutela contra los particulares que prevalecidos de su relativa superioridad u olvidando la fi nalidad social de sus funciones, vulneren los derechos fundamentales de los restantes miembros de la comunidad (C.P., artículo 86). La idea que inspira la tutela, que no es otra que el control al abuso del poder, se predica de los particulares que lo ejercen de manera arbitraria”. 43 Corte Constitucional, sentencias T-009/92; T-013/92; T-015/92; T-412/92; T-418/92; T-450/92; T-488/92; T-492/92; T-493/92; T-547/92; T-593/92; T-604/92; T-605/92; T-609/92; T-110/93; T-130/93; T-161/93; T-179/93; T-251/93; T-303/93; T-304/93; T-365/93; T-507/93; T-003/94; T-028/94; T-082/94; T-126A/94; C-134/94; T-162/94; T-296/94; T-534/94; T-003/95; T-024/95; T-139/95; T-226/95; T-261/95; S.V. T-333/95; T-172/97; T-202/97; T-433/98; T-277/99; T-418/99; T-524/00; T-745/02; T-482/04. 44 Corte Constitucional, SU.157/99; SU.167/99; T-1592/00; T-578/01. 45 Corte Constitucional, sentencia T-473/0. 94 L I L I A N A C A R R E R A S I L V A 6. A manera de conclusiónLa carta constitucional colombiana de 1991 y la consagración que la misma hiciera de la acción de tutela son referentes claros del nuevo constitucionalismo latinoamericano. A raíz de su expedición y de la aplicación de su amparo consti- tucional, se ha desarrollado en Colombia una doctrina y una práctica judicial que por primera vez en la historia de este país priorizan los derechos constitucionales con efectos directos y subjetivos. En efecto, y gracias al importantísimo papel que ha jugado la Corte Constitucional colombiana, se ha dando paso a una ver- dadera teoría sobre los derechos constitucionales (sus tipos, clases y categorías), así como a una doctrina jurídica que propone directrices claras (sustanciales y procesales) que han hecho de la Constitución Política y de su acción de tutela, ejemplo seguido por varias naciones en esta materia. Sin duda, la acción de tutela es el mecanismo más importante consagrado por la Constitución de 1991 en materia de defensa de los derechos fundamentales. Esto resulta evidenciado al observar que, por ejemplo, desde su instauración se han interpuesto cuatro millones tutelas en los despachos judiciales del país. De la misma forma, se observa que dicha acción ha constituido entre un 20% y 25% de los ingresos totales de procesos durante los últimos años. Sin embargo, también hay que aceptar que, como suele ocurrir con todo cambio de paradig- ma fundamental en un sistema jurídico (el colombiano no es la excepción), esta transformación no ha sido pacífi ca, pero estos aspectos sería propicio desarro- llarlos a fondo en otro documento destinado a exclusivamente a ello. 95 A R T I C U L O * Recibido: 28 de febrero 2011. Aceptado: 4 de abril 2011. ** Universidad Andina Simón Bolívar y Pontifi cia Universidad Católica del Ecuador (ravila67@gmail.com). RESUMEN La Constitución del Ecuador de 2008 reconoce varios mecanismos para la garantía jurisdic- cional de los derechos. Las garantías pretenden prevenir potenciales violaciones a los derechos y reparar aquellas que ya han ocurrido. En- tre las garantías preventivas encontramos las normativas, las políticas públicas y las medi- das cautelares. Entre las garantías reparado- ras encontramos a la acción de protección de derechos. Este panorama “garantista” es com- pletamente nuevo en el sistema jurídico ecua- toriano y, me atrevería a afi rmar, al menos en términos constitucionales, en el derecho com- parado. El presente artículo hace un estudio de estas instituciones. PALABRAS CLAVE: Recurso de amparo, justicia constitucional, Constitución de Ecuador. ABSTRACT The 2008 Constitution of Ecuador recognizes various mechanisms in order to guarantee the jurisdictional protection of the law. These guarantees attempt to prevent potential in- fringement of people’s rights and restore those that have already occurred. Within preventive measures we fi nd regulative norms, public poli- cies and precautionary measures. Among the remedial actions of the law we also fi nd the protective action of their rights. This view as a “guarantor” is new to the Ecuadorian legal sys- tem, I would dare say at least in constitutional terms, and in comparative law. This article is a study of these institutions. KEY WORDS: Appeal of amparo in Ecuador, constitutional law of Ecuador. Del amparo a la acción de protección jurisdiccional* From a Writ of Amparo to the Jurisdictional Protection of the Law Ramiro Ávila Santamaría** R E V I S T A D E L I N S T I T U T O D E C I E N C I A S J U R Í D I C A S D E P U E B L A , A Ñ O V , N O . 2 7 E N E R O - J U N I O D E 2 0 1 1 , P P . 9 5 - 1 2 5 IUS 96 R A M I R O Á V I L A S A N T A M A R Í A Sumario 1. Introducción 2. Legitimación activa 3. Legitimación pasiva 4. El ámbito material del amparo 5. Argumentación jurídica 6. Reparación 7. Cumplimiento 8. La competencia material de los jueces y juezas que resuelven el fondo de las violaciones a derechos humanos 9. El papel del juzgador 10. Conclusiones 1. Introducción La Constitución ecuatoriana establece mecanismos que comprenden a todos los poderes públicos y privados y a todos los derechos humanos. A las garantías de primer nivel se les llama normativas, y consisten en el deber que tienen todos los órganos con competencias regulatorias, en particular el Parlamento, para ade- cuar el sistema normativo a los derechos; a las garantías de segundo nivel se les denomina políticas, por las que todo órgano público, con capacidad de disponer de recursos públicos, tiene la obligación de desarrollar y promover el ejercicio de los derechos constitucionales; fi nalmente, las garantías jurisdiccionales, que son las que interesan en este breve ensayo, son aquellas que descansan en la intervención jurisdiccional cuando las políticas o las normas no cumplen con sus objetivos o violan derechos. La Constitución ecuatoriana ha reconocido múltiples garantías jurisdiccionales (hábeas data, hábeas corpus, acción de protección, me- didas cautelares, acceso a la información pública, extraordinarias de protección), que no describiré por razones de espacio, sino solamente me referiré a la acción de protección, que es la acción más abarcativa de todas y la más novedosa. Una breve nota introductoria sobre el diseño normativo y la práctica de las garantías, que tiene mucho que ver con el modelo de Estado. Un Estado liberal se sustenta en garantías que protegen con particular énfasis los derechos in- dividuales de los propietarios y los derechos derivados de los contratos, en los que las personas tienen igualdad de condiciones; en este Estado, las garantías de los otros derechos, como los sociales o del buen vivir, son protegidos sólo cuando hay daños graves e inminentes. En cambio, en un Estado constitucional de derechos y justicia, las garantías protegen con particular énfasis los derechos 97 D E L A M P A R O A L A A C C I Ó N D E P R O T E C C I Ó N J U R I S D I C C I O N A L de las personas más débiles de la sociedad, que se encuentran en situación de opresión, vulneración, subordinación, sumisión o discriminación. En este Estado se amplían tanto los derechos como las personas o grupos protegidos. La Constitución ecuatoriana de 1998 instituyó el amparo, que era una garan- tía jurisdiccional de naturaleza cautelar que tenía como objetivo prevenir, cesar y restaurar las violaciones de derechos provenientes de acciones u omisiones de autoridad pública o de particulares que prestaban servicios públicos.1 La Consti- tución de 2008 amplió las posibilidades de la garantía jurisdiccional e introdujo la fi gura de la acción de protección, que es una acción de conocimiento que tiene como objetivo reparar integralmente la violación de derechos proveniente de autoridad púbica o particulares (sin importar si prestan servicios públicos). El cambio normativo, entonces, no fue sólo de nombre.2 Existen muchas diferencias en el diseño normativo entre el amparo y la acción de protección, las cuales serán analizadas en este trabajo.3 Pero si se trata de semejanzas, una de ellas es que los mismos operadores de justicia que resolvían el amparo ahora están resolviendo la acción de protección, y muy posiblemente con los mismos criterios y la misma actitud con los que resolvían el amparo. El amparo es una garantía que tiene eco y resonancia en todo el derecho constitucional de la región, por ello conviene contrastar a esta institución con la recientemente creada acción de protección consagrada por la Constitución de 2008, que considero es un avance notable en el constitucionalismo contemporáneo. Aún es prematuro hacer un balance de la práctica judicial de las garantías establecidas en la Constitución de 2008. Sin embargo, se puede presumir que el mero cambio normativo no ha signifi cado una transformación de la práctica judicial en la resolución de las acciones constitucionales de protección. Por ello, puede ser útil revisar y recordar cuál ha sido la práctica del amparo parano reiterar los errores cometidos y para fortalecer los aciertos, si los hubiere. Este artículo, además, puede servir para encontrar justifi caciones al cambio de mo- 1 Constitución de 1998, artículo 95. A lo largo de este trabajo se analizarán con un poco más de detenimiento los elementos del amparo. 2 El amparo constitucional no equivale a la acción de protección y se parece más bien a las medidas cautelares de la vigente Constitución (artículo 87). 3 Véase SILVA PORTERO, CAROLINA. “Las garantías de los derechos ¿invención o reconstrucción?”, en ÁVILA SANTAMARÍA, RAMIRO (ed.). Neoconstitucionalismo y sociedad, V&M Gráfi cas, Quito, 2009, Serie Justicia y Derechos Humanos, t. 1; ÁVILA SANTAMARÍA, RAMIRO, “Las garantías: herramientas imprescindibles para el cumplimiento de derechos. Avances conceptuales en la Constitución del 2008”, en ÁVILA, RAMIRO et al. Desafíos constitucionales. La Constitución ecua- toriana del 2008 en perspectiva, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, V&M Gráfi cas, 2008, Serie Justicia y Derechos Humanos, t. 2; “Los retos de la exigibilidad de los derechos del buen vivir en el derecho ecuatoriano”, en ÁVILA SANTAMARÍA, RAMIRO y COURTIS, CHRISTIAN. La protección judicial de los derechos sociales, V&M Gráfi cas, 2009, Serie Justicia y Derechos Humanos No. 12. 98 R A M I R O Á V I L A S A N T A M A R Í A delo constitucional en cuanto a la garantía jurisdiccional y para evidenciar las diferencias entre el diseño normativo de 1998 y el de 2008. Nos hemos puesto como objetivo analizar el diseño y la práctica judicial del amparo y demostrar que, en el marco de la Constitución de 1998, funcionó para proteger los derechos de las personas propietarias, y que la apuesta para la reso- lución defi nitiva sobre violación de derechos humanos en el sistema normativo ordinario fue inadecuado para proteger los derechos fundamentales de la gran mayoría de personas. El trabajo, en consecuencia, comenta y critica la realidad del sistema jurídico ecuatoriano y su funcionamiento en materia de protección de derechos. Aunque estudia una fi gura derogada por la Constitución vigente, sin duda muchas afi rmaciones y hallazgos valen para la actual garantía juris- diccional. Para hacer este trabajo he recurrido a varias fuentes. En primer lugar, tomé dos registros de jurisprudencia constitucional ofi ciales. De un lado, la Gaceta Constitucional No. 1, de octubre de 2000, y de otro la Gaceta Constitucional No. 18, de marzo de 2005 (última publicada al momento de escribir este traba- jo). El objetivo de tomar la primera y la última publicación ofi cial fue apreciar si se había producido algún cambio en las resoluciones del Tribunal Constitu- cional (ahora denominado Corte Constitucional). En segundo lugar, recurrí a la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia y a las estadísticas del Consejo Nacional de la Judicatura para determinar si la justicia ordinaria había receptado la competencia constitucional de forma adecuada. En un tercer y último lugar, hice entrevistas de percepción a operadores judiciales para tratar de conseguir datos de los que no existen registros, tales como el nivel de cumplimiento de las resoluciones de amparo o la cantidad de derechos sociales resueltos por jueces y juezas ordinarios. Para analizar la efi cacia del amparo constitucional y contrastarlo con la acción de protección de derechos tomé en cuenta algunos parámetros: 1) la titularidad del derecho para accionar, que se conoce en derecho procesal como la legitima- ción activa; 2) la legitimación pasiva, es decir, a quién se puede demandar; 3) el ámbito material del amparo y de la acción de protección; 4) la argumentación jurídica y fáctica; 5) la reparación; 6) el cumplimiento; 7) la competencia ma- terial de los jueces y juezas que conocen el amparo y la acción de protección, y 8) el rol de los juzgadores al conocer el amparo. 2. Legitimación activa Si la legitimación activa es cerrada, es decir, admite sólo al titular del derecho (derecho subjetivo), estamos ante una acción propia de un Estado liberal-indivi- 99 D E L A M P A R O A L A A C C I Ó N D E P R O T E C C I Ó N J U R I S D I C C I O N A L dual. Si la legitimación activa es abierta, actio popularis, lo que se refl ejaría en la interposición por terceros o por cualquier persona, entonces estamos en un régimen garantista. La Constitución de 1998 establece que “cualquier persona, por sus propios derechos o como representante legitimado de una colectividad, podrá proponer una acción de amparo [...]”.4 Esta Constitución optó por una legitimación activa cerrada, por exigir al titular del derecho y la formalidad de un representante que demuestre ser tal en los colectivos, y si bien vía interpretación progresiva podían haberse ampliado las posibilidades procesales, la práctica judicial confi rmó una interpretación literal de la Constitución. CUADRO 1.5 LEGITIMACIÓN ACTIVA EN AMPAROS Gaceta No. 1 (2000) Gaceta No. 18 (2005) Legitimación cerrada 13 10 Legitimación abierta 1 1 Total 14 11 Las cifras revelan que, después de cinco años, el peso del derecho subjetivo en la legitimación activa y el uso de la acción con carácter individual no varió. Parecería que, en este análisis comparativo, no hubo cambios en este aspecto, a pesar de que la Constitución de 1998 permitía la legitimación abierta en los derechos colectivos y difusos. En contraste con esta visión restringida, que sólo permite presentar la acción al titular del derecho individual, el sistema interamericano de protección de derechos, y ahora la Constitución de 2008, establecen un modelo abierto, bajo la premisa de que las violaciones a los derechos humanos no pueden ser tole- radas por la colectividad ni tampoco se puede esperar niveles de conocimiento de las víctimas para interponer el recurso. Más aún cuando en nuestro país las violaciones son masivas y no necesariamente vinculadas a grupos con identida- des históricas, como los indígenas. Piénsese, por ejemplo, en el problema de la mortalidad infantil y la desnutrición crónica. Por ello, la Constitución determina que “cualquier persona, grupo de perso- nas, comunidad, pueblo o nacionalidad podrá presentar las acciones previstas en la Constitución”.6 No se requiere, entonces, desde la lectura del texto constitu- 4 Constitución de 1998, artículo 95. 5 Todos los cuadros han sido elaborados por el autor. 6 Constitución de 2008, artículo 86 (1). 100 R A M I R O Á V I L A S A N T A M A R Í A cional, el ser titular del derecho o el comparecer con poder o representación. Sin embargo, la Ley Orgánica de Garantías Jurisdiccionales y Control Constitucional, contraviniendo una norma expresa de la Constitución que determina que la ley no puede exigir más condiciones o requisitos para ejercer los derechos y las garantías,7 determina que cualquier persona, comunidad, pueblo o nacionalidad podrá interponer las acciones de protección siempre que actúe por sí mismo o a través de representante o apoderado y por el Defensor del Pueblo.8 Es decir, el actio popularis que reconoció la Constitución se redujo a la concepción clásica del derecho subjetivo. 3. Legitimación pasiva Dentro de la teoría de los derechos humanos correspondiente a un Estado clásico liberal, el único responsable de la violación de derechos humanos es el Estado y, excepcionalmente, por delegación o concesión, los particulares cuando pres- tan servicios públicos. En un régimen garantista, la protección constitucional es contra cualquier acto de poder, no importa si éste proviene del Estado o de un particular (que puede ejercer poder económico, político o físico). Cuando los particulares están en relación de igualdad, la vía adecuada debe ser la acción ordinaria. La Constitución de 1998 determinó que los legitimados pasivos son dos: las autoridades públicas y los particulares. Estos últimos sólo en dos circunstancias: a) por personas que presten servicios públicos o actúen por delegación o conce-sión de una autoridad pública, y b) cuando la conducta de los particulares afecte grave y directamente un interés comunitario, colectivo o un derecho difuso.9 Como se puede apreciar, la Constitución avanzó hacia una apertura tímida a la responsabilización de los particulares como violadores de derechos humanos. CUADRO 2. LEGITIMACIÓN PASIVA EN AMPAROS Gaceta No. 1 (2000) Gaceta No. 18 (2005) Amparos contra el Estado 13 10 Amparos contra particulares 1 1 Total 14 11 7 Constitución, artículo 11 (3). 8 Ley Orgánica de Garantías Jurisdiccionales y Control Constitucional, artículo 9o. (a) y (b). 9 Constitución de 1998, artículo 95. 101 D E L A M P A R O A L A A C C I Ó N D E P R O T E C C I Ó N J U R I S D I C C I O N A L Las cifras revelan que, pese al paso de cinco años, siguió predominando la teoría clásica. El caso del año 2000 fue contra una petrolera por parte de una co- munidad indígena y corresponde a derechos colectivos. El caso del 2005 negó el amparo por falta de legitimación activa (no abordó siquiera el tema de la legiti- mación pasiva). Llama la atención este dato en un país como Ecuador, donde las violaciones a los derechos humanos contra grupos humanos es evidente y más cuando existen movimientos sociales que las reivindican en sus luchas políticas. La Constitución de 2008 avanza en la concepción garantista al determinar que la acción de protección se puede presentar contra cualquier acto u omisión de autoridad pública, que incluye las sentencias ejecutoriadas o autos que ponen fi n a los procesos judiciales, e inclusive contra particulares en situaciones de in- defensión, discriminación y subordinación. En este sentido, la Constitución de 2008 es más garantista que la de 1998. La Constitución determina que: La acción de protección [...] podrá interponerse por actos y omisiones de cualquier autoridad pública no judicial —porque cabe la acción extraordinaria de protección—; contra políticas públicas cuando supongan la privación del goce o ejercicio de los derechos constitucionales; y cuando la violación procede de una persona particular, si la violación del derecho provoca daño grave, si presta servicios públicos impropios, si actúa por delegación o concesión, o si la persona afectada se encuentra en estado de subordinación, indefensión o discriminación.10 4. El ámbito material del amparo El profesor Luigi FERRAJOLI distingue entre derechos fundamentales y patrimonia- les.11 Los primeros tienen que ver con derechos reconocidos en la Constitución, que no pueden ser limitados, sino excepcionalmente, ni pueden ser transigidos. Estos derechos son primarios. Los derechos patrimoniales, en cambio, son de- rechos que por su naturaleza son limitables y transigibles; por ello FERRAJOLI los llama secundarios. A los derechos fundamentales o primarios les corresponden procedimientos constitucionales, y a los derechos patrimoniales, en cambio, pro- cedimientos ordinarios. 10 Constitución de 2008, artículo 88. 11 Los derechos fundamentales son derechos “contra poder”, que funcionan como límites y vínculos a los derechos secundarios, no se pueden transigir, disminuir y son universales; en cambio, los derechos patrimoniales son dere- chos “poder”, que tienen que ser limitados y vinculados porque de lo contrario se acumulan al punto de violar los derechos de los más débiles; estos derechos son transigibles y particulares. Entre estos últimos, FERRAJOLI menciona a los derechos patrimoniales, a las libertades de comercio y los derechos de ciudadanía. Véase FERRAJOLI, LUIGI. “Derechos fundamentales y patrimoniales”, en Los fundamentos de los derechos fundamentales, Trotta, Madrid, 2001, pp. 29-35. 102 R A M I R O Á V I L A S A N T A M A R Í A La Constitución de 1998 determina que se puede invocar el amparo por “cualquier derecho consagrado en la Constitución o en un tratado o convenio internacional vigente”,12 y excluía, expresamente, a las decisiones judiciales.13 Esto quiere decir que, normativamente, todos los derechos reconocidos (civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y colectivos) podrían ser invocados por el amparo. Entre los derechos reconocidos encontramos aquellos que FERRAJOLI denomina patrimoniales, y desde una perspectiva meramente formal, su distin- ción se torna irrelevante. Sin embargo, no sería razonable pensar que todos los confl ictos normativos deban ser constitucionalizados, por dos razones. La pri- mera es que la administración de justicia constitucional colapsaría, y la segunda es que los derechos patrimoniales tienen su protección en la vía ordinaria. De este modo, los derechos primarios, que no tienen vía ordinaria y cuyos titulares son los más vulnerables de la sociedad, deberían ser los usuarios y destinatarios de la acción. Luego, tiene ya sentido la distinción de FERRAJOLI y contribuiría a aclarar el uso del amparo. En esta lógica, el Tribunal Constitucional debió —si es que se adscribía al análisis doctrinal realizado— conocer exclusivamente los confl ictos relacionados con derechos fundamentales primarios, mientras que la justicia ordinaria debió conocer todos los confl ictos patrimoniales. Esta afi rmación se sustenta en el principio de subsidiariedad, desarrollado por el sistema de protección inter- nacional de derechos humanos, según el cual los recursos judiciales deben ser adecuados y efi caces y, en su defecto, cabe la protección especial de derechos humanos. En este sentido, los derechos patrimoniales regulados por los códigos civiles tienen su vía adjetiva desarrollada por los códigos de procedimientos ci- viles, y los derechos fundamentales no tienen vía ordinaria sino constitucional, que vendría a ser el amparo. Para efectos prácticos, consideremos como derechos patrimoniales todos aquellos relacionados con la propiedad y con la autonomía de la voluntad, que son, primordialmente, los casos relacionados con comercio y contratación (inclu- so en materia laboral).14 El resto de derechos, tales como los sociales y colectivos, serán considerados como fundamentales. 12 Constitución de 1998, artículo 95. El artículo 88 de la Constitución vigente tiene una disposición semejante. 13 Resulta curioso que si el amparo es contra todo poder público, se excluya una de las manifestaciones de aquél. La Constitución de 2008 corrige este defecto e incorpora la fi gura de la acción extraordinaria de protección (artículo 94). 14 Si bien los derechos laborales se consideran como intangibles y no renunciables, los entendemos como dere- chos secundarios por tener una vía administrativa y jurisdiccional diseñada para su protección y por reducir las pretensiones a cuantifi caciones económicas o patrimoniales (remuneración, indemnización, multa). Esto no obsta para considerar, en otras circunstancias, que el derecho al trabajo pueda tener dimensiones de derechos primarios, en casos tales como la discriminación laboral, la esclavitud, el trabajo forzado, el despido sin debido proceso y, en general, cuando las pretensiones fuesen no patrimoniales. 103 D E L A M P A R O A L A A C C I Ó N D E P R O T E C C I Ó N J U R I S D I C C I O N A L CUADRO 3. AMPAROS SEGÚN DERECHOS INVOCADOS Año Derechos patrimoniales Derechos fundamentales Total 2000 11 3 14 2005 9 2 11 En 2000 el Tribunal Constitucional (en adelante TC) resolvió catorce casos de amparo. De ellos, hemos considerado once casos como de carácter patrimonial y tres como fundamentales. De los once casos patrimoniales, siete correspondían a confl ictos laborales que tenían pretensión patrimonial, uno versó sobre con- tratación pública (empresa que impugnaba licitación), uno sobre propiedad inte- lectual, y dos sobre debido proceso. Podría pensarse que estos últimos deberían ser considerados fundamentales; sin embargo, uno de los casos fue interpuesto por una empresa en razón de no estar conforme con una resolución adminis- trativa que consideraba que la afectaba, y el otro fue interpuesto por un comité de trabajadores deuna telefónica que no estaba conforme con una resolución que asimismo les afectaba; en ambos casos se trataba de problemas de carácter patrimonial. En general se alega una violación del debido proceso mediante amparo en lugar de impugnar la resolución a través de las vías ordinarias exis- tentes; es decir que la única razón por la que, en el fondo, se invoca el debido proceso corresponde a una inconformidad con la resolución administrativa (la vía adecuada, en estos casos, debería ser la contenciosa o administrativa). En 2005, el TC resolvió once casos de amparo. De ellos, nueve casos fueron patrimoniales y dos fundamentales. De los nueve casos patrimoniales, dos eran de comercio, dos correspondieron a relaciones laborales individuales y cinco invocaron el debido proceso, por las razones ya mencionadas. De los dos casos de derechos fundamentales, uno era del derecho a la salud y el otro del derecho a un medio ambiente sano. Predomina, entonces, la litigación ordinaria en sede constitucional. Los abo- gados y abogadas prefi eren llevar sus casos vía el amparo por ser un medio rápido, preferente y sumario, en lugar de seguir los juicios por las vías ordinarias adecuadas. Desde la lógica de la parte interesada, esta utilización no es más que una estrategia para lograr satisfacer su interés en un confl icto jurídico. Lo que re- sulta inaceptable es que los jueces y juezas no hagan la distinción y permitan la litigación de derechos patrimoniales, que tienen sus propios mecanismos, por la vía de los derechos primarios o fundamentales. La Constitución de 2008 tiene una disposición semejante a la de 1998, en el sentido de que puede interponerse por la violación de cualquier derecho: “La 104 R A M I R O Á V I L A S A N T A M A R Í A acción de protección tendrá por objeto el amparo directo y efi caz de los dere- chos reconocidos en la Constitución, y podrá interponerse cuando exista una vulneración de derechos constitucionales [...]”.15 Para evitar cualquier discusión doctrinaria, se afi rma que todo derecho es igualmente justiciable y que tienen igual jerarquía.16 Para evitar el uso inadecuado de la acción de protección, la ley secundaria, denominada Ley de Garantías Jurisdiccionales y Control Constitucional, estable- ció el principio de subsidiariedad, por el cual todo derecho que ya tenía antes de la Constitución una vía procesal, no podría usar la vía constitucional. Uno de los argumentos que más he escuchado para restringir las acciones constitucionales de protección de derechos es el abuso de los litigantes. Siempre me ha costado entender cómo se puede abusar de una acción si hay perso- nas encargadas precisamente de evitar que eso suceda. Si se la invoca cuando hay violación de derechos, proceda de donde proceda, simplemente tiene que funcionar. Es más o menos como que se diga que los adolescentes abusan del alcohol o de las películas restringidas para su edad porque se les vende alcohol y se les permite entrar al cine. La culpa no es del adolescente, sino del expendedor de licores y de la persona que vende boletos en las salas de cine. No por esa fal- ta de control se puede decir que ya no se comercialicen licores o se suspendan las funciones de cine para adultos. Igual sucede con las acciones de protección: todos los litigantes tienen derecho a presentar demandas por violación de de- rechos, cosa distinta es que las juezas y los jueces las admitan sin distinción. El problema está en que los jueces no lo hacen y se acaban resolviendo, por la vía constitucional, asuntos que no deberían. Parecería, entonces, que hay que desarrollar la regulación para que los vendedores de licores y de entradas de cine cumplan su labor adecuadamente. Esto, en lo que nos concierne, se reguló por medio del principio de subsidiariedad. La subsidiariedad de la acción la encontramos en el capítulo de medidas cautelares y en el de la protección de derechos. En el primero se establece que no se pueden solicitar las medidas cuando: a) existen vías administrativas y or- dinarias, y b) se interponga en la acción extraordinaria de derechos (ésta no es propiamente subsidiaria, sino una simple causal de improcedencia).17 En cuanto a la acción de protección de derechos, es subsidiaria cuando: a) el acto administrativo pueda ser impugnado en la vía judicial, salvo que se demuestre que la vía no fue adecuada ni efi caz;18 b) se trate de derechos patri- 15 Constitución de 2008, artículo 88. 16 Constitución de 2008, artículo 11 (3), último inciso. 17 Ley Orgánica de Garantías Jurisdiccionales y Control Constitucional, artículo 27. 18 Ibidem, artículo 42 (4). 105 D E L A M P A R O A L A A C C I Ó N D E P R O T E C C I Ó N J U R I S D I C C I O N A L moniales y contractuales y no existan vías ordinarias adecuadas y efi caces,19 y c) la pretensión fuere la declaración de un derecho.20 Hay, sin duda, un ánimo exagerado en evitar la confusión derecho ordinario- derecho constitucional. Bastaba con establecer una norma genérica que señalara que cuando existieren vías ordinarias efi caces y adecuadas no cabrá la acción de protección. Lo subsidiario signifi ca que procede la acción constitucional de protección sólo cuando no hay protección ordinaria o, existiendo ésta, no fuere adecuada ni efi caz. Veamos someramente los casos contemplados en la ley. 1) Los actos administrativos tienen procedimientos y tribunales propios, no conviene entonces constitucionalizar violaciones a derechos que tienen vía especial, de este modo se evita que la Corte Constitucional y la justicia constitucional resuelvan problemas que tienen base legal administrativa y no directa ni exclusivamente constitucional, como los problemas laborales entre la administración pública y los servidores públicos. 2) Los contratos y los derechos patrimoniales, que están minuciosa y deta- lladamente regulados en el Código de Procedimiento Civil y en el Código Civil, deben ser tramitados por la vía expresamente creada para estos fi - nes; la salvedad sería de confl ictos que tienen que ver con la propiedad colectiva de un pueblo indígena o con los contratos en los que se puedan ver afectados derechos a la salud; piénsese, por ejemplo, en un contrato en el que se haya establecido la exclusividad de una medicina que, de no convertirse en genérica, cause miles de muertes en el país. En este último caso la discusión ya no es del derecho a la propiedad sino del derecho a la salud y a la vida y, por tanto, la vía sería la constitucional. 3) En la vía constitucional jamás se podría litigar para declarar la existencia de un derecho, puesto que la titularidad no se prueba ni se reconoce ju- dicialmente, sino que se debe acudir a la vía ordinaria. 5. Argumentación jurídica En el diseño del amparo de 1998, el juez o jueza, después de oír a las partes, de- bía resolver. No se preveía la posibilidad de prueba y se ha sostenido que no era necesaria. Sin embargo, como en cualquier otro procedimiento judicial, probar 19 Ibidem, artículo 42 (5). 20 Ibidem, artículo 42 (6). 106 R A M I R O Á V I L A S A N T A M A R Í A los hechos es una actividad imprescindible. La práctica judicial y la doctrina se encaminaron hacia una aplicación normativa meramente formal. La administración de justicia formal se caracteriza por un razonamiento co- múnmente llamado “subsunción”, que consiste en la aplicación mecánica de un silogismo jurídico compuesto por tres premisas: una premisa mayor, que es el precepto normativo; una premisa media, que es el hecho, y una premisa conclusiva, a través de la cual el hecho de la premisa media se subsume en la hipótesis normativa de la premisa mayor. La conclusión corresponde a la decisión de la sentencia. Las premisas suelen ser supuestas y no demostradas de forma adecuada en el razonamiento judicial. En otras palabras, no hay argumentación jurídica ni fáctica. Este razonamiento simple da lugar a una gran arbitrariedad por parte de los jueces y juezas. Cuando ello sucede,se suele denominar a esta omisión como un “salto argumental”. En cambio, en una administración de justicia más técnica, las premisas del silogismo deben ser sometidas a verifi cabilidad (en el caso de la premisa mayor) y a verifi cación (en el caso de la premisa media o hechos). La verifi cabilidad y la verifi cación implican que el derecho y los hechos pueden ser sometidos a demos- tración y refutación.21 La premisa normativa requiere interpretación y la premisa fáctica requiere prueba. En este razonamiento judicial, que es propio de sistemas que exigen de los jueces y juezas motivación en sus resoluciones, encontramos argumentación jurídica y fáctica previa a la subsunción. En la justicia constitucional el problema de la argumentación es más com- plicado por el tipo de normas que se debe aplicar. La justicia ordinaria suele aplicar normas que se denominan “hipotéticas” o simplemente “reglas”, que son aquellas dadas por el legislador y que prevén en su estructura una hipótesis de hecho y una obligación como consecuencia. La justicia constitucional, en cam- bio, suele aplicar normas que la doctrina denomina “téticas”22 o principios que, en su estructura, carecen de hipótesis de hecho y de consecuencia; tal como se enuncian, por ejemplo, los derechos humanos.23 En las reglas, el juez o la jueza simplemente debe subsumir, y en los principios debe, previo a aplicar la norma, construir una regla o una norma hipotética. Para arrivar a la creación de una regla a partir de un principio, la jueza o el juez debe valerse de múltiples fuentes normativas, tales como los instrumentos internacionales de derechos humanos, 21 Véase FERRAJOLI, LUIGI. “Cognotivismo o decisionismo”, en Derecho y razón. Teoría del garantismo penal, 7a. ed., Trotta, Madrid, 2005, pp. 33-70. 22 FERRAJOLI, LUIGI. Los fundamentos de los derechos fundamentales, cit., p. 34. 23 Véase, por ejemplo, el derecho al hábitat, artículo 30 de la Constitución vigente: “las personas tienen derecho a un hábitat seguro y saludable”. 107 D E L A M P A R O A L A A C C I Ó N D E P R O T E C C I Ó N J U R I S D I C C I O N A L la jurisprudencia nacional e internacional, y la doctrina. De ahí que se diga que en la justicia constitucional los jueces deben ser activos y creativos. Para apreciar la diferencia entre un razonamiento formal simple y un ra- zonamiento complejo, como exige la justicia constitucional, utilizaremos un parámetro sencillo (aunque harto incompleto), que es la invocación de fuentes, bajo la consideración de que la construcción de normas a partir de principios no se puede realizar sin el manejo de múltiples fuentes distintas a la ley. Si los jueces y juezas no recurren a múltiples fuentes presumiremos que siguen siendo pasivos; en estos casos, si la casilla del cuadro 4 corresponde a la palabra “no”, denota no uso o no invocación a las fuentes. En cambio, si encontramos en las sentencias que los jueces y juezas recurren a múltiples fuentes, presumiremos que muy posiblemente el juez o jueza argumentó o intentó argumentar (y consta en la casilla “sí”). CUADRO 4. ARGUMENTACIÓN JURÍDICA Criterio general Criterio específi co 2000 2005 Sí No Sí No Construcción de normas a partir de fuentes del derecho Aplicación de doctrina 1 13 0 11 Aplicación de jurisprudencia Nacional 0 14 0 11 Internacional 0 14 0 11 Aplicación de propios precedentes 0 14 0 11 Aplicación de principios 1 13 0 11 Aplicación de normas constitucionales 0 14 0 11 Los resultados del cuadro 4 son muy claros: el TC no argumenta y aplica las normas sobre derechos humanos como si fueran normas hipotéticas o reglas. El juez constitucional no está creando derecho y está renunciando a su poder de controlar y defi nir el alcance de los derechos en casos concretos. 108 R A M I R O Á V I L A S A N T A M A R Í A La Constitución vigente, en cambio, explicita la multiplicidad de fuentes normativas que deben ser utilizadas por los jueces y juezas y, por otro lado, abre la posibilidad, de forma explícita, para la práctica de pruebas en procedimientos constitucionales de protección de derechos. En cuanto a las fuentes, la Constitución determina que puede ser aplicada directamente sin necesidad de regulación secundaria. De este modo, los princi- pios, cuando fuere necesario, pueden ser aplicados por los jueces.24 Los instru- mentos internacionales de derechos humanos, que incluye convenciones y soft law, forman parte de la Constitución y pueden ser invocados para la protección e interpretación de derechos;25 la Corte Constitucional expide fallos que son vin- culantes y que constituyen precedentes obligatorios.26 Como puede apreciarse, la Constitución hace una invitación a recurrir a varias fuentes del derecho y a interrelacionarlas en los casos concretos. En relación con la posibilidad de practicar prueba en los procedimientos constitucionales, hay que tener en cuenta que la acción es de conocimiento y no cuatelar. El juez o la jueza, al tener que declarar la existencia de una violación de derecho a través de una sentencia, requiere tener información procesal que demuestre los hechos que se alegan violatorios de derechos constitucionales. La Constitución determina que, de ser necesario, en cualquier momento puede el juez o la jueza ordenar la práctica de pruebas y que, incluso, puede disponer la formación de comisiones para recabarlas.27 La prueba, entonces, debe entenderse que es informal y que tiene como objetivo el que el juez o la jueza se forme criterio. En consecuencia, los hechos, al igual que el derecho, deben ser fáctica y jurídicamente argumentados. 6. Reparación En materia de derechos humanos, cuando se constata una violación de derechos, la forma de enmendarla es a través de lo que se denomina reparación integral. Este concepto es mucho más amplio que el concepto civilista de enmienda de un daño, que se restringe al lucro cesante y al daño emergente. La reparación debe considerar el restitutio in integrum, la garantía de no repetición, la satisfacción, la indemnización y la rehabilitación.28 En caso de que el juez o jueza no repare 24 Constitución, artículo 11 (3). 25 Constitución, artículo 11 (8). 26 Constitución, artículo 436 (1) y (6). 27 Constitución, artículo 86 (3). 28 Doctrina y práctica sobre la novísima institución de la reparación en caso de violación de derechos humanos 109 D E L A M P A R O A L A A C C I Ó N D E P R O T E C C I Ó N J U R I S D I C C I O N A L integralmente o simplemente no disponga medida alguna para afrontar la vio- lación de derechos, éste o ésta asumiría el rol de “juez boca de ley” propio de la justicia ordinaria, y cuando repare integralmente será un juez o jueza garantista que toma medidas positivas para atender cada caso en su particularidad. La Constitución de 1998 determinó que, constatando una violación de dere- chos, la jueza o juez debe adoptar “medidas urgentes destinadas a cesar, evitar la comisión o remediar inmediatamente las consecuencias de un acto u omisión ilegítimos”.29 La Constitución no especifi ca las medidas y utiliza el concepto de remediar. Sin embargo, la Constitución determina que son medidas urgentes y, por lo mismo, no defi nitivas. Por tanto, no estaba claro que se podía reparar integralmente a través de una resolución que no declara violación de derechos. De los amparos, en 2000 hubo seis aceptados y ocho negados. En 2005 hubo cinco amparos aceptados y seis negados. De los aceptados, nos interesa saber si la resolución simplemente reiteró la fórmula “confi rma la resolución del juez [...] y concede el recurso planteado”,30 o si dispuso las medidas adecuadas para reparar el daño ocasionado por la vio- lación de derechos. CUADRO 5. MEDIDAS DE REPARACIÓN Año No toma medidas de reparación Toma medidas de reparación 2000 6 0 2005 5 0 Como muestra el cuadro 6, el TC adoptó la fórmula tradicional de aceptar el amparo sin extraer las consecuencias de esa aceptación en materia de reparación de derechos.Tuvimos dudas en un caso. En 2005, el TC ordenó tomar medidas: “RESUELVE: 1. Confi rmar la resolución del Tribunal de Instancia que transcrita tex- tualmente dice: se adopten de inmediato, las medidas conducentes a remediar los daños irrogados e impedir que sigan causándose [...] los ministerios deman- dados [...] ejecutarán las providencias tutelares y de reparación necesarias [...]”.31 La pregunta es si este tipo de resolución es de las que ordenan medidas posi- tivas. En defi nitiva, creemos que no. El juzgador constitucional no ha dispuesto véase en MARTÍN BERINSTAIN, CARLOS. Diálogos sobre la reparación. Qué reparar en los casos de violaciones de derechos humanos, V&M Gráfi cas, 2009, Serie Justicia y Derechos Humanos No. 10. 29 Constitución de 1998, artículo 95. 30 Gaceta Constitucional, No. 1, octubre de 2000, p. 65. 31 Gaceta Constitucional, No. 18, marzo de 2005, p. 114. 110 R A M I R O Á V I L A S A N T A M A R Í A medida alguna de reparación y existe una especie de remisión a las entidades que han violado los derechos por omisión para que, discrecionalmente, tomen las medidas que crean convenientes. Conviene aclarar, aunque en la muestra no se manifestó otra forma de repara- ción, que el TC más de una vez ordenó el reintegro del servidor público (incluidos militares y policías) a su puesto de trabajo. Ésta quizá es la excepción a la regla de la aceptación mera y simple del amparo. De todos modos, las otras formas de reparación, como la de tomar medidas para evitar que el caso se repita o las disculpas públicas, no han sido tomadas en cuenta. En consecuencia, debe concluirse que el TC no reparó adecuadamente me- diante sus resoluciones la violación de derechos. Para evitar cualquier duda, la Constitución de 2008 recoge la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en relación con la reparación integral: La jueza o juez resolverá la causa mediante sentencia, y en caso de constatarse la vulneración de derechos, deberá declararla, ordenar la reparación integral, material e inmaterial, y especifi car e individualizar las obligaciones, positivas y negativas, a cargo del destinatario de la decisión judicial, y las circunstancias en que deban cumplirse.32 El desarrollo normativo de este precepto, con más claridad, recoge la doctrina desarrollada por el sistema interamericano de protección de derechos: En caso de declararse la vulneración de derechos se ordenará la reparación integral por el daño material e inmaterial. La reparación integral procurará que la persona o personas titulares del derecho violado gocen y disfruten el derecho de la manera más adecuada posible y que se restablezca a la situación anterior a la violación. La repa- ración podrá incluir, entre otras formas, la restitución del derecho, la compensación económica o patrimonial, la rehabilitación, la satisfacción, las garantías de que el hecho no se repita, la obligación de remitir a la autoridad competente para investi- gar y sancionar, las medidas de reconocimiento, las disculpas públicas, prestación de servicios públicos, atención de la salud. La reparación por el daño material comprenderá la compensación por la pérdida o detrimento de los ingresos de las personas afectadas, los gastos efectuados con motivo de los hechos y las consecuencias de carácter pecuniario que tengan un nexo causal con los hechos del caso. La reparación por el daño inmaterial comprenderá la compensación, mediante el pago de una cantidad de dinero o la entrega de bienes 32 Constitución, artículo 86 (3). 111 D E L A M P A R O A L A A C C I Ó N D E P R O T E C C I Ó N J U R I S D I C C I O N A L o servicios apreciables en dinero, por los sufrimientos y las afl icciones causados a la persona afectada directa y a sus allegados, el menoscabo de valores muy signifi cativos para las personas, así como las alteraciones, de carácter no pecuniario, en las condi- ciones de existencia del afectado o su familia. La reparación se realizará en función del tipo de violación, las circunstancias del caso, las consecuencias de los hechos y la afectación al proyecto de vida. En la sentencia o acuerdo reparatorio deberá constar expresa mención de las obligaciones individualizadas, positivas y negativas, a cargo del destinatario de la de- cisión judicial y las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que deben cumplirse, salvo la reparación económica, que debe tramitarse de conformidad con el artículo siguiente. La persona titular o titulares del derecho violado deberán ser necesariamente escu- chadas para determinar la reparación, de ser posible en la misma audiencia. Si la jueza o juez considera pertinente podrá convocar a nueva audiencia para tratar exclusiva- mente sobre la reparación, que deberá realizarse dentro del término de ocho días.33 Sin duda, el sistema jurídico ecuatoriano está a la cabeza en adecuación normativa en cuanto a los estándares normativos del derecho internacional de los derechos humanos y a la superación de concepciones restrictivas en cuanto a la enmienda del daño. Se ha superado, al menos en cuanto al diseño formal, la concepción restrictiva de la reparación a la cuantifi cación monetaria y, además, al concepto de daños y perjuicios y al lucro cesante, instituciones propias del derecho civil. 7. Cumplimiento Una vez que el TC resuelve un caso de amparo, como sucede con cualquier otro órgano jurisdiccional, lo decidido debe ejecutarse. Todo juez o jueza tiene me- canismos contemplados en la ley para que pueda cumplirse lo que la sentencia ordena. Si no fuese así, la garantía no tendría sentido. La Constitución de 1998 incluía, en su texto, un amplio abanico de potesta- des para garantizar el cumplimiento de la resolución: la orden de ser ejecutada de inmediato; permitía la inclusión legal de sanciones de carácter normativo y administrativo; la adopción de cualquier medida que se considere pertinente, incluso el uso de la fuerza pública.34 No existen estadísticas, registro o alguna forma de control para saber cuántas resoluciones de amparo fueron cumplidas. Por esta razón hicimos una encuesta 33 Ley Orgánica de Garantías Jurisdiccionales y Control Constitucional, artículo 18. 34 Constitución de 1998, artículo 95, último inciso. 112 R A M I R O Á V I L A S A N T A M A R Í A de percepción entre los asesores del TC, dado que ellos habían permanecido en tal función de forma estable, a pesar de que los integrantes de algunos tribu- nales constitucionales fueron cesados. De otro lado, creemos que los asesores son quienes más conocimiento tienen sobre los amparos que resuelve el TC. Diez asesores del TC fueron entrevistados. Las preguntas fueron las siguientes: 1. ¿Cuáles son las normas legales y constitucionales que regulan el cumpli- miento de las resoluciones? 2. ¿De qué forma garantizan el cumplimiento de las resoluciones? 3. Según su percepción, ¿cuántas resoluciones del total de aceptadas (en el amparo) se han cumplido? 4. ¿Qué solución propone? Acerca de las normas legales y constitucionales que regulan el cumplimiento de las resoluciones, tres de los asesores consideran que no hay normas y que el cumplimiento puede ser impuesto mediante lo regulado para el desacato (medio indirecto); otros siete dijeron que la norma que regula el amparo es sufi ciente. La normativa determinaba que para ejecutar el amparo se puede utilizar cualquier medio disponible. Tres de los asesores sostuvieron que no existe garantía del cumplimiento de las resoluciones. Seis manifestaron que el tema compete a los jueces de primera instancia, y uno sostuvo que la norma que reconoce el amparo es sufi ciente y que el cumplimiento sólo depende del juez. En cuanto al cumplimiento efectivo de los amparos aceptados, cinco asesores dijeron que no podían saber nada al respecto porque el asunto está fuera del al- cance del TC. Los otros cinco arriesgaron porcentajes que fueron mayores al 60%. En torno a las razones para explicar el incumplimiento delamparo, ocho de los asesores manifestaron razones diversas: la Ley de Control Constitucional no faculta al TC a tomar medida alguna para el cumplimiento; la falta de compe- tencia profesional de los abogados y abogadas; la ley no establece sanciones claras, tales como la destitución; los jueces no se involucran con el sentido de garantía del amparo; los jueces tienen una percepción equivocada del amparo, y el juez no tiene conocimiento constitucional sobre el tema. Otros dos asesores admitieron no saber por qué no se cumplen las resoluciones. Uno de los entrevistados sostuvo que deberían restringirse los derechos res- pecto de los cuales se podría interponer el amparo, y ofreció un ejemplo: si bien un narcotrafi cante tiene derecho a salir en libertad en razón de la caducidad de la prisión preventiva, él no le dejaría salir porque su hijo está intoxicándose y eso 113 D E L A M P A R O A L A A C C I Ó N D E P R O T E C C I Ó N J U R I S D I C C I O N A L choca con sus creencias íntimas; concluyó sosteniendo que el único derecho por el que podría interponerse un amparo es el derecho a comer y no la libertad. En esta opinión encontramos un criterio lleno de prejuicios y, peor aún, de mani- fi esta resistencia a cumplir la Constitución. No parece razonable tener un asesor en amparos cuando duda de la imperatividad de las normas constitucionales. La Constitución de 2008 y la ley secundaria que la regula recogen dos cate- gorías importantes para garantizar el cumplimiento de las resoluciones del juez o jueza. La primera tiene relación con la toma de medidas contra las personas renuentes a ejecutar el fallo cuando tienen la obligación de hacerlo y, la segun- da, con el control jurisdiccional hasta el efectivo cumplimiento de la sentencia. En efecto, la Constitución determina que “si la sentencia o resolución no se cumple por parte de servidoras o servidores públicos, la jueza o juez ordenará su destitución del cargo o empleo [...]”,35 bajo la premisa de que quien no respeta los derechos no tiene calidad para ejercer un cargo público. Es de entender, de una lectura de las normas de la acción de protección, que la jueza o juez tienen la facultad de tomar cualquier medida que fuere necesaria, incluso el uso de la fuerza pública, para garantizar el cumplimiento de una sentencia. Por otro lado, en la ley, además de reiterar la posibilidad de los jueces y juezas de tomar cualquier medida, se explicita que el caso no se cierra o archiva con la expedición de la sentencia ejecutoriada, sino que se debe cerrar el caso sólo cuando éste se ha cumplido a cabalidad. La jueza o juez deberá emplear todos los medios que sean adecuados y pertinentes para que se ejecute la sentencia o el acuerdo reparatorio, incluso podrá disponer la intervención de la policía nacional. Durante esta fase de cumplimiento, la jueza o juez podrá expedir autos para eje- cutar integralmente la sentencia e incluso podrá evaluar el impacto de las medidas de reparación en las víctimas y sus familiares; de ser necesario, podrá modifi car las medidas. La jueza o juez podrá delegar el seguimiento del cumplimiento de la sentencia o acuerdo reparatorio a la Defensoría del Pueblo o a otra instancia estatal, nacional o local, de protección de derechos. Éstos podrán deducir las acciones que sean ne- cesarias para cumplir la delegación. La Defensoría del Pueblo o la instancia estatal delegada deberá informar periódicamente a la jueza o juez sobre el cumplimiento de la sentencia o acuerdo reparatorio. El caso se archivará sólo cuando se haya ejecutado integralmente la sentencia o el acuerdo reparatorio.36 35 Constitución de 2008, artículo 86 (4). 36 Ley Orgánica de Garantías Jurisdiccionales y Control Constitucional, artículo 21. 114 R A M I R O Á V I L A S A N T A M A R Í A 8. La competencia material de los jueces y juezas que resuelven el fondo de las violaciones a derechos humanos En el diseño constitucional de la carta de 1998, el amparo es una acción de na- turaleza cautelar, esto es, resuelve el daño grave e inminente proveniente de una acción u omisión de los poderes públicos que violan o podrían violar un derecho humano. La medida cuatelar se manifestaba además por la naturaleza de la de- cisión, que era meramente resolutiva. Si el amparo es cautelar, esto signifi ca que hay una remisión a los mecanismos ordinarios de resolución de confl ictos para resolver el fondo de la violación del derecho humano, que incluye la emisión de una sentencia que declare la violación de un derecho, la determinación de la responsabilidad estatal y la reparación del daño causado. La pregunta que se debe hacer es si los procedimientos ordinarios son ade- cuados para resolver violaciones de derechos humanos. Para responder a esta pregunta acudimos a dos fuentes de información: la ley y la jurisprudencia. La primera consistió en revisar la competencia material que las leyes ecuatorianas dan a los jueces y juezas de la justicia ordinaria. La segunda fue revisar, aleato- riamente en un año, el tipo de resoluciones que ha conocido la Corte Suprema de Justicia. Por estas dos vías llegamos a la conclusión de que la justicia ordi- naria no está diseñada para resolver derechos humanos reconocidos en la Cons- titución, dado que en la práctica los jueces conocen exclusivamente derechos secundarios o patrimoniales. Los jueces ordinarios normalmente tienen un ámbito de competencia defi ni- do en la ley.37 Cada juez o jueza tiene competencia directamente asociada con su denominación. Los derechos humanos no son materia de competencia explícita de los jueces, salvo cuando ejercen control constitucional en materia de ampa- ro, que, recordemos, es cautelar. En defi nitiva, no existe juez alguno que tenga competencia para resolver los asuntos de fondo relativos a derechos humanos.38 37 Judicatura penal, Código de Procedimiento Penal, Registro Ofi cial Suplemento No. 360, 13 de enero de 2000, artículo 16; judicatura civil, Código de Procedimiento Civil, Codifi cación No. 11, Registro Ofi cial Suplemento No. 58, 12 de julio de 2005, artículo 59; judicatura de inquilinato, Ley de Inquilinato, Resolución Legislativa, Registro Ofi cial No. 196, 1o. de noviembre de 2000, artículo 42; judicatura laboral, Código del Trabajo, Codifi cación No. 17, Registro Ofi cial Suplemento No. 167, 16 de diciembre de 2005, artículo 568; judicatura de tránsito, Ley de Tránsito y Transporte Terrestre, Ley s/n, Registro Ofi cial No. 1002, 2 de agosto de 1996, artículo 92; judicatura tributaria, Código Tributario, Codifi cación No. 9, Registro Ofi cial Suplemento No. 38, 14 de junio de 2005; judicatura de niñez y ado- lescencia, Código de la Niñez y Adolescencia, Ley No. 100, Registro Ofi cial No. 737, 3 de enero de 2003, artículo 255; judicatura contencioso administrativa, Ley de la Jurisdicción Contencioso Administrativa, Ley 35, Registro Ofi cial No. 338, 18 de marzo de 1968, artículo 8o. 38 De ahí la necesidad de superar la noción de acción cautelar para pasar a una de conocimiento, como en efecto sucedió en 2008, cuando se determinó que en el juicio de protección se prueba y se declara la violación de derechos en sentencia: artículo 86 (3). 115 D E L A M P A R O A L A A C C I Ó N D E P R O T E C C I Ó N J U R I S D I C C I O N A L La gran conclusión es que las vías civiles fueron diseñadas y están siendo utilizadas en el Ecuador para reclamar derechos relacionados con la propiedad y la autonomía de la voluntad. Por tanto, no son vías adecuadas para reparar los demás derechos humanos. La Constitución de 2008 establece, para evitar estos problemas, una acción de conocimiento, que no hace remisión a la justicia ordinaria, y entonces el juez o jueza tiene la facultad de dictar sentencia, en la que declara la violación del derecho, la responsabilidad del Estado y las reparaciones.39 9. El papel del juzgador En términos formales, todos los jueces y juezas, sin distinción, tienen com- petencia en Ecuador pararesolver sobre derechos humanos en los casos que conocen,40 y algunos, en particular, resuelven casos específi cos de violación de derechos.41 Desde esta perspectiva, tendríamos un aparato judicial garantista. Para comprobar si lo estipulado en la norma se cumple en la práctica, con- viene revisar algunos datos estadísticos e intentar responder a la pregunta: ¿la administración de justicia es una garantía ordinaria o constitucional? Desde la Constitución de 1998, que provocó un cambio teórico inmenso en la administración de justicia al introducir una acción apta para conocer todas las violaciones de derechos, había que esperar una modifi cación de la estructura de la administración de justicia. Partimos del supuesto de que, antes de la Consti- tución de 1998, la garantía era exclusivamente liberal y que, después de 1998, la garantía es progresivamente social. Por lo tanto, esperábamos ver un antes y un después de 1998. Para verifi car si se produjo algún cambio en la administración de justicia, se tomó una muestra delimitada territorialmente a los jueces y tribunales de Pichin- cha y que temporalmente comparó tres momentos: 1) 1997, antes de que los jueces tuvieran el control difuso de la Constitución; 2) 1999, después de que la Constitución de 1998 entrara en vigencia, y 3) 2004-2007, cinco y diez años después de la entrada en vigor de la Constitución. Las variables de comparación fueron: el número de jueces y juezas, para determinar si al añadir una compe- tencia más, ello signifi có un aumento en los servidores judiciales, y el número de causas, para determinar si los casos de amparo “competían” realmente con las causas ordinarias. 39 Constitución de 2008, artículo 86. 40 Constitución de 1998, artículo 272. 41 Constitución de 1998, artículo 95. 116 R A M I R O Á V I L A S A N T A M A R Í A CUADRO 642 JUZGADOS (PICHINCHA) 1997 1999 2004 2006 2007 Penal 19 19 20 20 20 Civil 24 24 25 25 25 Trabajo 5 5 5 5 5 Inquilinato 5 5 3 3 3 Tránsito 7 7 7 7 7 Fiscal 1 1 1 1 1 Niñez y adolescencia 4 5 5 CORTE SUPERIOR DE PICHINCHA43 1997 1999 2004 2006 200744 Salas 6 6 8 8 8 Tribunal distrital fi scal 3 3 3 3 3 T. contencioso-adm. 2 2 2 2 2 Tribunal penal 5 5 5 5 5 CORTE SUPREMA DE JUSTICIA Salas 1998 1999 2004 2006 Presidencia De lo Penal 2 2 2 3 De lo Civil y Mercantil 3 3 3 3 De lo Laboral y Social 3 3 3 2 De lo Contencioso Administrativo 1 1 1 1 De lo Fiscal 1 1 1 1 42 Los datos de 1997, 1998, 1999 y 2006 fueron obtenidos a través del Consejo Nacional de la Judicatura, Dirección Nacional de Personal, del documento Distributivo de sueldos 1997. No existe un registro ni estadística sobre el número de jueces y su distribución nacional. 43 Véase: http://www.funcionjudicial-pichincha.gov.ec/corte/pichincha.php [visita: julio de 2007]. 44 Consejo Nacional de la Judicatura, Dirección Nacional de Personal, Reporte de juzgados y tribunales, abril de 2007, obtenido mediante petición de acceso a la información. 117 D E L A M P A R O A L A A C C I Ó N D E P R O T E C C I Ó N J U R I S D I C C I O N A L Como se puede apreciar, desde 1997, en el nivel de los juzgados de primera instancia se incrementó un juez de lo civil y uno de lo penal; se redujeron dos jueces de inquilinato. En la justicia ordinaria el número de jueces no cambió. En cuanto a niñez y adolescencia, por la expedición del Código de la Niñez y Adolescencia, se crearon cinco juzgados entre 2004 y 2007. En la Corte Superior, desde 2004, se incorporaron dos salas. En la Corte Suprema de Justicia se redujo una sala de lo laboral y se aumentó una sala penal. Se hubiera podido suponer, en razón de la carga de trabajo que implicaba la incorporación del amparo, que la función judicial debería haber crecido sustan- cialmente, pero esto, en Pichincha, no sucedió. Analicemos las cifras desde otra perspectiva cuantitativa. De todos los jueces que existen a nivel nacional, apreciemos cuántos de éstos tienen competen- cia exclusiva para resolver violaciones de derechos humanos vía amparo. Si la mayoría resuelve cuestiones ordinarias, no sería una administración de justicia garantista. A nivel nacional, en 200445 existían 678 dependencias judiciales (incluidas salas, juzgados y ofi cinas auxiliares). Tres años después, en 2007, la cifra era la misma.46 La justicia constitucional estaba inserta en los juzgados civiles y los tribunales distritales de lo contencioso administrativo, que contaban con 254 jueces y tribunales. A primera vista, la justicia ordinaria predomina. CUADRO 7. NÚMERO DE JUECES SEGÚN TIPOS DE JUSTICIA Justicia exclusivamente ordinaria47 Justicia ordinaria compartida con la constitucional Total de jueces 424 254 678 62% 37,4% 100% Algo más de la tercera parte de los jueces ordinarios (37,4%) ejercía compe- tencia constitucional, combinando sus tareas con la competencia ordinaria. La justicia constitucional, dentro del esquema ordinario, no tiene jueces de apela- 45 Consejo Nacional de la Judicatura, Estructura de la función judicial, 2004. 46 Véase Consejo Nacional de la Judicatura, Dirección Nacional de Personal, Reporte de juzgados y tribunales, abril de 2007, obtenido mediante petición de acceso a la información, y en http://www.funcionjudicial-pichincha.gov.ec/ corte/pichincha.php [visita: julio de 2007]. 47 En el diseño constitucional de 1998, las cortes superiores y supremas no tenían competencia para conocer causas de amparo; la apelación la conocía exclusivamente el Tribunal Constitucional. En cambio, en la Constitución de 2008, las cortes provinciales conocen las causas de protección por apelación y la Corte Constitucional discrecionalmente decide qué causas conocer. 118 R A M I R O Á V I L A S A N T A M A R Í A ción ni jueces en la Corte Suprema, puesto que es el Tribunal Constitucional el que conoce en apelación. Preguntémonos, en términos también numéricos, cuál es el peso de la justi- cia constitucional dentro de la tarea de esos jueces ordinarios que representan 37,4% del total de jueces. La pregunta vendría a ser: ¿es el amparo un recurso excepcional en la judicatura ordinaria? Para responderla presentamos en el cua- dro 8 el número de amparos conocidos por los juzgados de lo civil de Quito, dentro del total de causas correspondientes a 2006. CUADRO 8. CAUSAS ORDINARIAS Y AMPAROS CONOCIDOS POR JUZGADOS CIVILES DE QUITO, 2006 Juzgados Total de causas48 Amparos49 % Primero 1284 36 2,8 Segundo 1278 35 2,7 Tercero 1282 36 2,8 Cuarto 1282 35 2,7 Quinto 1274 34 2,6 Sexto 1272 30 2,3 Séptimo 1271 34 2,6 Octavo 1272 36 2,8 Noveno 1272 29 2,2 Décimo 1278 37 2,8 Décimo primero 1276 36 2,8 Duodécimo 1285 35 2,7 Décimo tercero 1272 40 3,1 Vigésimo 1283 38 2,9 Vigésimo primero 1282 34 2,6 Vigésimo tercero 1268 37 2,9 Vigésimo cuarto 1262 37 2,9 Vigésimo quinto 1237 34 2,7 Total 22.930 633 2,76 48 Ofi cina de Sorteos y Casilleros Judiciales, Palacio de Justicia, lista de causas ingresadas por cada judicatura, del 2 de enero de 2006 hasta el 31 de diciembre de 2006. Información obtenida mediante petición de acceso a la información. 49 Departamento de Informática del Consejo Nacional de la Judicatura, ofi cio No. DI-CNJ-DDP-2007-R151, del 17 de abril de 2007. 119 D E L A M P A R O A L A A C C I Ó N D E P R O T E C C I Ó N J U R I S D I C C I O N A L De cada cien causas que conocen los juzgados civiles en Pichincha, algo menos de tres son constitucionales. De 22,930 casos, 22,297 se refi rieron a pro- blemas de carácter civil-patrimonial y apenas 633 casos eran causas relacionadas con derechos humanos. Se pueden formular, entre otras, dos hipótesis: no se violan los derechos humanos en el Ecuador, o el sistema de amparos no funcio- na. La primera es improbable, y para demostrarlo basta ver las cifras de pobreza que refl ejan violaciones sistemáticas y generalizadas de los derechos sociales. La otra hipótesis es la que confi rman las cifras. En los siete juzgados correspondientes a otros cantones dePichincha, en 2006, aparecieron 114 amparos entre 4,143 causas, lo que arrojó el mismo por- centaje que en Quito: 2,76%. Si comparamos el juez que más ha conocido amparos (cuadro 8, Juzgado Décimo Tercero), éste lo ha hecho en un 3,1%, y el que menos en 2,2% (Juzgado Noveno). Las cifras evidencian que la competencia constitucional de los jueces civiles es apenas ejercida. Los jueces civiles se encargan, sobre todo, de aquellos asun- tos que han conocido tradicionalmente y no de los confl ictos sobre derechos constitucionales. La situación se hace algo más dramática si consideramos los casos en que los abogados y abogadas utilizan el amparo para agilizar o entorpecer causas propias de la jurisdicción ordinaria; es decir, que las acciones de amparo no responden a violaciones de derechos primarios. Otro ribete dramático proviene de aquellos casos en que los jueces se han negado a admitir causas atinentes a derechos constitucionales por defectos de forma, y que ni siquiera constan en los registros del Consejo Nacional de la Judicatura. Si a esto sumamos los am- paros rechazados, el número total de acciones de amparo que han cumplido su fi nalidad de proteger derechos disminuiría considerablemente. A los datos cuantitativos acerca del limitado impacto del amparo, podemos sumar las percepciones de los jueces acerca de estas acciones: ¿cómo perciben los jueces su competencia constitucional al resolver las acciones de amparo? En busca de las percepciones de los 15 jueces entrevistados50 que resolvieron ese 2,76% de las causas que ingresan, se les preguntó sobre el número de causas, el tiempo en el que resuelven, el número de casos que deniegan y el número de casos que aceptan, los relacionados con derechos sociales, cómo se sentían frente a los amparos y si tenían capacidad para resolver amparos. Los jueces tienen percepciones distintas en cuanto al número de causas in- gresadas. Tres jueces tenían una percepción correcta sobre el número de casos 50 Entrevistas a quince de los dieciocho jueces de lo civil en el cantón Quito, entre mayo y julio de 2007. 120 R A M I R O Á V I L A S A N T A M A R Í A que conocen; nueve jueces afi rmaron conocer tres veces más amparos de los que constan en el registro, y otros tres no tenían idea al respecto. La percepción sobredimensionada de las causas parecería refl ejar una visión del amparo como carga de trabajo. En cuanto al tiempo que utilizan semanalmente para resolver y tramitar las causas de amparo, cinco jueces consideraron que de cinco días útiles, uno lo dedican a resolver amparos; ocho jueces dijeron que dejan de un lado todo y a veces resolver un caso les toma una semana entera; dos jueces dijeron que depende de los casos y que no podrían precisar. Los jueces que afi rmaron que dedican al amparo la quinta parte de su tiem- po, reconocen que el amparo es marginal, percepción que corresponde con el pequeño número de causas que conocen. Parecería que, en cambio, la mayoría de los jueces intentaron demostrar que para ellos el amparo era prioritario. De los otros dos jueces, podría pensarse que el tiempo que dedican a los amparos es tan corto que no les representa nada. Preguntamos a los jueces su percepción en relación con los amparos concedi- dos y negados. Dos jueces dijeron desconocer el número de unos y otros. Un juez consideró que se admite la mitad de los amparos. Otro entrevistado consideró que 85% de los casos corresponde a aceptaciones del amparo. Pero once jueces sostuvieron que la mayoría de amparos son negados.51 Dado que el amparo implica la responsabilidad de controlar el ejercicio del poder del Estado, acaso sea más fácil y menos comprometedor negar amparos. Llama la atención que tres jueces sostuvieran que aceptan entre 1% y 2% de los amparos. Dado que la Constitución de 1998 protege mediante el amparo todos los derechos humanos reconocidos nacional e internacionalmente, tanto los dere- chos civiles como los sociales, interesaba saber en qué cantidad llegaban a los jueces civiles casos sobre derechos sociales. De los quince jueces entrevistados, seis dijeron no recibir ni un caso de éstos; cuatro dieron datos inferiores a 3%; uno afi rmó que 80% de los amparos tiene que ver con derechos laborales; otros dos dijeron que muy pocos, y tres jueces dijeron no saber. Preguntamos a los jueces si consideraban la competencia constitucional como un reto, una carga, una función social, si les era indiferente, si se veían en ella como garantes de los derechos humanos o si la consideraban una atribución impertinente por la materia en que son especialistas. 51 La proporción de estos jueces fue aceptado/negado, respectivamente: 20/80, 25/75, 2/98, 1/99, 10/90, 10/90, 30/70, 10/90, 20/80, 1/99, 10/90. 121 D E L A M P A R O A L A A C C I Ó N D E P R O T E C C I Ó N J U R I S D I C C I O N A L CUADRO 9. EL AMPARO VISTO POR LOS JUECES ¿Qué es para usted el amparo? Número de jueces Carga 4 Reto 1 Indiferente frente al amparo 1 Función social 0 Garante de la Constitución y derechos humanos 9 Impertinencia por la materia 2 Las respuestas fueron matizadas y algunos jueces escogieron más de una op- ción (de ahí la variedad de resultados). Si bien la mayoría se ve como garante, a muchos les parece inconveniente este encargo. No les parece que deben conocer los amparos por ser una materia muy especializada, por tener mucho trabajo en su competencia ordinaria y porque deben resolver los amparos en tiempos muy breves. Seis de los quince jueces no se veían como garantes ni de la Constitución ni de los derechos humanos. Estos seis jueces son los mismos que dijeron recha- zar los amparos en un 99%; son jueces que simplemente no están cumpliendo con su función y, en términos jurídicos, probablemente están prevaricando al incumplir normas constitucionales. Puede afi rmarse, en pocas palabras, que una parte de los jueces de lo civil trabaja “de mala gana” al resolver las acciones de amparo. Finalmente, se preguntó a los jueces si estaban capacitados para resolver amparos y si habían recibido capacitación. Diez jueces sostuvieron que están capacitados, y que su especialidad para conocer asuntos civiles es sufi ciente para resolver amparos. Cuatro jueces contestaron que no se consideran adecuadamente capacitados, y un juez contestó que no podría responder. Algunos jueces reco- nocieron que la competencia constitucional es distinta a la civil, que requieren conocimientos especializados y que podrían equivocarse. Otros jueces, a pesar de reconocer haber sido capacitados, dijeron no tener idea alguna sobre ciertos temas constitucionales, como los derechos difusos. Otros afi rmaron que ya tienen experiencia y que el tiempo les ha dado la técnica para resolver amparos, recono- ciendo que un juez civil que se inicia tendría serias difi cultades. Un juez consideró “que se ha prostituido la acción de amparo porque interponen por todo”. Otro juez afi rmó que del derecho civil se derivan todas las ramas del derecho: “el de- recho civil es derecho común del cual nacen las otras ramas del derecho, y si no se sabe derecho civil no se sabe nada”. 122 R A M I R O Á V I L A S A N T A M A R Í A Ocho jueces afi rmaron haber recibido capacitación y siete que no la recibie- ron. La capacitación, según los jueces, correspondió en gran parte a una iniciati- va particular y, en pocos casos, a iniciativa del Consejo Nacional de la Judicatura. En la Asamblea Constituyente se discutió si, ante la realidad de jueces y juezas ordinarios que no asumieron la competencia constitucional de forma adecuada, convenía la creación de una jurisdicción especial constitucional. Por un lado se argumentaba que si los jueces y juezas no han resuelto ni los confl ic- tos privados y contractuales de forma adecuada, peor lo harían si se le añade la competencia constitucional. También se dijo que tenían una excesiva carga de trabajo y que lo único que se hacía era aumentar el número de causas a resolver. Porotro lado, como la experiencia colombiana demostraba, la función judicial podía asumir un rol de protector de derechos y acercarse más a la confl ictividad cotidiana de la gente al ser víctima de violaciones a sus derechos en todos los ámbitos de la vida. Pesaba, por último, un argumento práctico: presupuesto y distribución territorial. Conseguir jueces y juezas especializados signifi caba una erogación presupuestaria difícil de conseguir y, aún consiguiéndola, se hubiesen tenido jueces y juezas constitucionales sólo en los lugares más poblados; en cambio, si se les daba a los jueces y juezas la competencia constitucional se te- nía ya una capacidad operativa instalada. Sin duda, la apuesta fue mala a corto plazo, pero a largo plazo, con adecuados programas de capacitación, se apostó por constitucionalizar la función judicial y darles la oportunidad de aplicar la Constitución en los confl ictos jurídicos con relevancia constitucional. La Constitución de 2008, entonces, reforzó la idea de que todo juez o jueza puede ser competente para conocer las acciones de protección: “será competen- te la jueza o juez del lugar en el que se origina el acto o la omisión o donde se producen sus efectos [...]”.52 10. Conclusiones 1) El amparo de 1998 tenía defi ciencias normativas en el diseño constitucio- nal que no eran graves y que podían ser corregidas jurisprudencialmente, tales como la legitimación activa, sustentada en el concepto de derecho subjetivo, y la legitimación pasiva, concentrada en el Estado, que son for- malmente corregidas por la Constitución de 2008. 2) La práctica jurisprudencial ecuatoriana no ha estado a la altura de los desarrollos doctrinarios para hacer que la acción de amparo cumpla con 52 Constitución de 2008, artículo 86 (2). 123 D E L A M P A R O A L A A C C I Ó N D E P R O T E C C I Ó N J U R I S D I C C I O N A L el objetivo de proteger derechos constitucionalmente reconocidos y que nunca antes tuvieron mecanismos judiciales. Actualmente, la Corte Cons- titucional, que sólo conoce las acciones de protección mediante selección y ya no por apelación, no ha desarrollado aún la jurisprudencia para de- terminar si están cumpliendo con los mandatos de garantía de derechos. 3) El amparo ha sido utilizado como un mecanismo para exigir derechos patrimoniales y contractuales. Por ello, la normativa desarrollada después de la Constitución de 2008 pretende corregir esa práctica al establecer el principio de subsidiariedad: los derechos que han tenido tradicionalmente vías ordinarias no podrán utilizar vías constitucionales. 4) La legitimación activa del amparo “por sus propios derechos” no es adecua- da para reclamar derechos de personas que no tienen conocimiento de que están siendo violados sus derechos y fomenta sociedades no solidarias. La legitimación que trae la Constitución de 2008, actio popularis, es la más adecuada para corregir las prácticas y los actos violatorios de los derechos. 5) La legitimación pasiva del amparo de 1998 está asociada directamente con violaciones producidas por el Estado o por quien éste ha autorizado a prestar servicios públicos. Ésta es una forma restringida de considerar la protección de derechos, que no considera que los derechos humanos pueden ser vulnerados por cualquier actor con poder económico, político o físico, aun si no es servidor o servidora público. La legitimación activa de la Constitución de 2008, en cambio, vincula a los derechos tanto a los particulares como a los funcionarios de Estado. Todo poder, político, eco- nómico o social, cuando viola derechos, puede ser objeto de una acción de protección de derechos. 6) La garantía debe funcionar para dar protección a las personas o grupos hu- manos que se encuentran en situación de violación de derechos. Conviene distinguir las acciones que tienen vías procesales ordinarias de aquellas que no la tienen, y que se conocen como derechos primarios o derechos contra poder, como hace la legislación desarrollada a partir de la Consti- tución de 2008. 7) Los jueces y juezas no argumentan fáctica ni jurídicamente sus resolucio- nes, lo que es una grave violación al principio de motivación. Los hechos deben ser probados y los derechos interpretados. La Constitución de 2008 y la ley que la desarrolla establecen parámetros para evitar la discreciona- lidad y la arbitrariedad de los jueces y juezas. 8) La violación de un derecho genera la obligación de reparación. La repara- ción ha sido entendida de forma harto restrictiva. Los jueces y juezas no han establecido las medidas de reparación, y cuando lo han hecho se han 124 R A M I R O Á V I L A S A N T A M A R Í A limitado a la comprensión de los efectos patrimoniales de la violación. La Constitución de 2008 establece la concepción de reparación integral, de igual modo como ha sido desarrollada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. 9) No se puede establecer la efi cacia del amparo y no se tiene conocimiento ofi cial sobre el cumplimiento de las resoluciones de amparo. La Constitu- ción de 2008 establece que un caso no se cierra con la expedición de la sentencia sino con la reparación cabal de la violación de derechos. 10) Los jueces y juezas tienen una formación civilista y formal, lo que hace que no valoren la importancia de las garantías de derechos y que, cuando las conocen, las resuelvan con los criterios propios del derecho privado. 11) La capacitación de los jueces y juezas resulta un imperativo en materias tales como teoría general de derechos humanos, interpretación constitu- cional y argumentación jurídica. 12) El amparo no ha cumplido con la fi nalidad fundamental de proteger todos los derechos y de todas las personas. Su uso y aplicación se ha restringido a los derechos patrimoniales y de personas privilegiadas. Esta distorsión debe ser corregida. La Constitución de 2008 tiene normas más explícitas, claras y amplias para proteger derechos, pero no deja de ser una norma que depende para su cumplimiento de los operadores de justicia y también de una ciudadanía activa. 13) El registro de ingreso de causas, procedimientos, resoluciones y cumpli- miento no es unifi cado y es harto incompleto. Urgen, para poder apreciar el funcionamiento de la garantía jurisdiccional, sistemas de registros com- pletos y accesibles al público. 14) Parecería que la reforma normativa es un elemento, y no el más impor- tante, para resolver las acciones constitucionales. Es curioso constatar que la diferencia entre la Corte Constitucional de Colombia y el Tribunal Constitucional de Ecuador, en relación con la calidad de la jurisprudencia, teniendo diseños normativos similares, es enorme. ¿Qué es lo que hace que una Constitución o una acción de garantía sea efectiva en un lugar y no en otro? Sin duda, una de las respuestas la encontramos en la cultura jurídica. Nuestra cultura jurídica, basada en una educación formal-memorística, difundida por todas las universidades del país, lo único que hace es per- petuar una administración de justicia que tramita expedientes de forma burocrática y no resuelve confl ictos sociales.53 53 Sobre este tema véase ÁVILA SANTAMARÍA, RAMIRO. “Cultura jurídica, facultades de derecho y función judicial”, en AN- DRADE, SANTIAGO y ÁVILA, LUIS. La transformación de la justicia, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, V&M Gráfi cas, 2009, Serie Justicia y Derechos Humanos, t. 8. 125 Volver al Índice >> D E L A M P A R O A L A A C C I Ó N D E P R O T E C C I Ó N J U R I S D I C C I O N A L Los funcionarios de Estado, y entre éstos en particular los jueces cuando ejercen competencias constitucionales, deben tener una “disposición política a materializar el proyecto de Estado social de derecho y de defensa de los de- rechos fundamentales”.54 El Estado constitucional de derechos y justicia exige jueces que ejerzan el control constitucional, que sean activistas y creativos. Sin éstos, cualquier reforma normativa está condenadaal fracaso, y la promesa de los derechos es una ilusión. 54 LÓPEZ MEDINA, DIEGO EDUARDO. Teoría impura del derecho, la transformación de la cultura jurídica latinoamericana, Universidad de los Andes-Universidad Nacional de Colombia, Legis, Bogotá, 2004, p. 449. 126 I U S 2 4 | I N V I E R N O 2 0 0 9 R E V I S T A D E L I N S T I T U T O D E C I E N C I A S J U R Í D I C A S D E P U E B L A * Recibido: 2 de marzo de 2011. Aceptado: 15 de abril de 2011. ** Director General de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Relaciones Exteriores (meme_montecino@hotmail.com). RESUMEN El presente artículo aborda la temática de la fi - nalidad del amparo, con el objeto de esclarecer que además de la tradicional dimensión subje- tiva, existe otra de tipo objetivo que se carac- teriza por trascender al caso concreto, pues los criterios que emanan de la interpretación de las disposiciones constitucionales que sirven para resolver éste, se convierten en criterio cierto que orienta la interpretación y aplicación de los de- rechos fundamentales por parte de los órganos del Estado. Asimismo, hace una aproximación a uno de los temas inacabados en materia de amparo: el relativo a los derechos protegibles por el mismo, lo cual es consecuencia de la am- plia formulación contenida en el artículo 247 de la Constitución, que incluye a “los derechos que otorga la presente Constitución”. En razón de eso, la Sala de lo Constitucional se ha visto en la necesidad de perfi lar los contornos de di- cha expresión y sistematizar el contenido de los derechos que han sido interpretados por ella. PALABRAS CLAVE: Recurso de amparo en El Salvador, justicia constitucional, dimensiones del amparo. ABSTRACT The aim of this article is to address in the fi rst place the purpose of the Amparo, in order to clarify, that in addition to the traditional subjec- tive dimension it pertains there is another object type, characterized by going beyond the particu- lar case, due to the criteria that arises from the interpretation of the constitutional provisions which serve to overcome this, it has become a criterion that guides the interpretation and application of the fundamental rights by other state bodies. And, secondly, it is an approxima- tion to one of the unfi nished terms of Ampa- ro, as it is related to the rights concerning the protected rights, which is a consequence of the broad formulation establish in Article 247 of the Constitution, which includes “the rights granted by this Constitution.” Because of that, the Cons- titutional Chamber has been in the need to gra- dually shape the contours of the constitutional expression and systematize its content of rights that have been interpreted by it. KEY WORDS: The amparo in El Salvador, cons- titutional justice, dimensions of amparo. El amparo en El Salvador: fi nalidad y derechos protegibles* The Amparo in El Salvador: its Aims and Rights Protected Manuel Montecino Giralt** R E V I S T A D E L I N S T I T U T O D E C I E N C I A S J U R Í D I C A S D E P U E B L A , A Ñ O V , N O . 2 7 E N E R O - J U N I O D E 2 0 1 1 , P P . 1 2 6 - 1 4 4 IUS 127 E L A M P A R O E N E L S A L V A D O R : F I N A L I D A D Y D E R E C H O S P R O T E G I B L E S Sumario 1. Finalidad del amparo A) Dimensión subjetiva del amparo B) Dimensión objetiva del amparo C) Conexión entre la dimensión subjetiva y la objetiva del amparo 2. Derechos protegibles por el amparo Ámbito protegido por el amparo según la jurisprudencia de la Sala de lo Constitucional 1. Finalidad del amparo A) Dimensión subjetiva del amparo La Constitución, en su artículo 247, y la Ley de Procedimientos Constitucionales, en los artículos 3o. y 12, establecen expresamente la fi nalidad del amparo al señalar que puede ser promovido por la “violación de los derechos que otorga la presente Constitución”.1 De igual manera, las distintas Constituciones que lo han previsto y las leyes que han regulado el amparo han sido constantes en defi nir- lo como un mecanismo que tiene la fi nalidad antes apuntada,2 la cual ha sido reiteradamente sostenida por la jurisprudencia de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia y por la de los distintos tribunales que han sido competentes para conocer del amparo,3 al declarar que: [...] el amparo es un mecanismo procesal constitucional [...] que tiene por objeto dar una protección reforzada de los derechos u otras categorías jurídicas subjetivas protegibles de rango constitucional consagrados a favor de los gobernados frente a los actos u omisiones de autoridades públicas o particulares que los violen, restrinjan u obstaculicen su ejercicio.4 1 En idéntico sentido, el considerando III de la Ley de Procedimientos Constitucionales, el cual, en relación con la fi nalidad del amparo, señala que “la acción de amparo constitucional, la cual tiene más de setenta años de proteger los derechos individuales en El Salvador, precisa ser mejorada [...] y pueda dar una mayor protección a los derechos que la Constitución otorga a la persona”. 2 Para tal efecto, véanse los artículos 37, 57, 37, 222, y 221 de las Constituciones de 1886, 1939, 1945, 1950, y 1962, respectivamente, y el artículo 2o. en las Leyes de Amparo de 1886, 1939 y 1950. 3 Encontramos muchos ejemplos en la jurisprudencia de amparo de todos los tiempos, para tal efecto véanse, entre otras, las de 1908, 1941, 1947, 1952 y 1974 en CRIOLLO, JOSÉ ERNESTO y GIAMMATTEI, JORGE ANTONIO. Justicia Constitucional, Publicaciones Especiales de la Corte Suprema de Justicia, San Salvador, No. 15, 1993, pp. 232, 344, 370, 416 y 607, respectivamente. 4 Inadmisibilidad pronunciada en el amparo 114-2001, el 18 de abril de 2001. En igual sentido, entre otras, la impro- cedencia emitida en el amparo 500-98, el 23 de noviembre de 1998; la dictada en el amparo 81-99, el 1o. de febrero de 1999, y la proferida en el amparo 107-2000, el 28 de febrero de 2000. 128 M A N U E L M O N T E C I N O G I R A L T Se trata, por tanto, de un mecanismo de protección con una evidente fi na- lidad —o dimensión— subjetiva, dirigida a la protección de los derechos de la persona, que se proyecta, en el caso concreto, en la alegación por parte del actor de que un acto de autoridad o particular, según el caso, le genera un agravio que vulnera sus derechos o categorías jurídicas protegibles por el amparo,5 y no en la conservación de la pureza y correcta aplicación del sistema normativo.6 La incorporación de esta dimensión subjetiva en el diseño del amparo salva- doreño ha producido importantes consecuencias, especialmente al momento en el que el tribunal ha defi nido, vía jurisprudencia, los supuestos de procedencia de este mecanismo de protección. En una primera dirección encontramos que la existencia de un agravio cons- tituye uno de los elementos que determina la procedencia del amparo, pues, tal como lo expone el tribunal, “el amparo es un proceso que ha sido estructurado para la protección reforzada de los derechos constitucionalmente reconocidos, cuya promoción exige la existencia de un agravio”,7 el cual debe ser actual o futuro inminente, no remoto, pues el amparo no protege “hechos inciertos, eventuales, y cuya producción —si llegara a ocurrir— caería dentro del área de lo incierto y sus efectos serían totalmente aproximados, ya que no posee ningún tipo de conexión íntima, ni sólida con el presente”.8 5 Cfr. NÚÑEZ RIVERO, CAYETANO y MONTECINO, MANUEL. “El amparo en la República de El Salvador”, en Teoría y Realidad Constitucional, Universidad Nacional de Educación a Distancia-Editorial Centro de Estudios Ramón Areces, Madrid, No. 7, 2001, p. 239. En similar sentido, BUSTOS GISBERT, RAFAEL. “¿Está agotado el modelo de recurso de amparo en la Constitución Española?, en Teoría y Realidad Constitucional, Universidad Nacional de Educación a Distancia- Editorial Centro de Estudios Ramón Areces, Madrid, No. 7, 2001, p. 275; ESTEBAN, JORGE DE y GONZÁLEZ-TREVIJANO,PEDRO JOSÉ. Curso de derecho constitucional español II, Servicio de Publicaciones Facultad de Derecho-Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 1992, p. 385; CANO MATA, ANTONIO. Comentarios a la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, Editorial Revista de Derecho Privado-Editoriales de Derecho Reunidas, Madrid, 1986, p. 228; ALONSO MAS, MARÍA JOSÉ. “La extensión subjetiva de las sentencias estimatorias del recurso de amparo”, en Cuadernos de Derecho Público, Instituto Nacional de Administración Pública-Ministerio de Administraciones Públicas, Madrid, No. 6, 1999, p. 89, y ALBERTÍ ROVIRA, ENOCH. “El recurso de amparo a revisión”, en VARIOS AUTORES, La democracia constitucional. Estudios en homenaje al profesor Francisco Rubio Llorente, Congreso de los Diputados-Tribunal Constitucional-Universidad Complutense de Madrid-Fundación Ortega y Gasset-Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 2002, vol. II, pp. 1811-1813. 6 Cfr. DÍEZ-PICAZO, LUIS MARÍA. “Difi cultades prácticas y signifi cado constitucional del recurso de amparo”, en Revista Española de Derecho Constitucional, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, No. 40, 1994, p. 30. En similar sentido, PÉREZ TREMPS, PABLO. “Tribunal Constitucional, juez ordinario y una deuda pendiente del legislador”, en VARIOS AUTORES, La democracia constitucional. Estudios en homenaje al profesor Francisco Rubio Llorente, Congreso de los Diputados-Tribunal Constitucional-Universidad Complutense de Madrid-Fundación Ortega y Gasset-Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 2002, vol. II, p. 1654, y GÓMEZ AMIGO, LUIS. La sentencia estimatoria del recurso de amparo, Aranzadi, Pamplona, 1998, pp. 63 y 64. 7 Improcedencia pronunciada en el amparo 858-99, el 1o. de diciembre de 1999. En igual sentido, entre otras, la improcedencia proveída en el amparo 321-99, el 18 de octubre de 2000. 8 Improcedencia pronunciada en el amparo 560-2000, el 20 de noviembre de 2000. En igual sentido, entre otras, la improcedencia proveída en el amparo 819-99, el 14 de febrero de 2000. En semejante dirección, PÉREZ TREMPS, PABLO. “Comentario al artículo 41 de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional”, en Comentarios a la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, Tribunal Constitucional-Boletín Ofi cial del Estado, Madrid, 2001, pp. 652 y 653. 129 E L A M P A R O E N E L S A L V A D O R : F I N A L I D A D Y D E R E C H O S P R O T E G I B L E S En esta misma dirección, la Ley de Procedimientos Constitucionales, en el inciso 3o. del artículo 12, y la jurisprudencia constitucional han expresado cons- tantemente que el amparo es un mecanismo de tutela que no pretende sustituir al proceso ordinario, que es una “vía supletoria o subsidiaria en la reclamación de un derecho [...] ante la imposibilidad de remediar o recomponer una situación por las vías ordinarias”,9 es decir, “cuando fallan los mecanismos ordinarios de protección —jurisdiccionales o administrativos—, esto es, cuando éstos no cum- plen con la fi nalidad de preservar los derechos o categorías reseñadas”.10 En una segunda dirección, al sustentarse el amparo exclusivamente en la alegación por parte de una persona a la que se le ha vulnerado uno de los dere- chos o categorías protegibles mediante el mismo, queda excluido el denominado contra-amparo; es decir, aquel amparo promovido por quien invoque “que se ha reconocido el derecho que no se contiene en la norma”,11 sin alegar un agravio o que se ha producido la afectación a sus derechos o categorías.12 Y es que al ser el elemento subjetivo esencial en el amparo, el actor sólo puede atacar, median- te el mismo, un acto que le ocasione un agravio constitucionalmente relevante, que afecte algún derecho o categoría protegida por este proceso constitucional; se trata, por tanto, de una alegación compleja que no puede ir dirigida única- mente a lograr que el tribunal determine el contenido de un derecho o categoría tutelable por el amparo, sino que se vuelve indispensable la conexión de éste con un acto concreto —de autoridad o particulares, cuando proceda— que haya producido una afectación sobre el mismo. Ello es así, porque el Tribunal Constitucional no tiene, a través del proceso de amparo, el monopolio de la interpretación de los derechos fundamentales, pues el recurso de amparo no puede 9 Improcedencia pronunciada en el amparo 706-99, el 29 de octubre de 1999. En igual sentido, entre otras, la improcedencia proveída en el amparo 253-2000, el 26 de junio de 2000. 10 Improcedencia pronunciada en el amparo 108-2001, el 19 de abril de 2001. En igual sentido, entre otras, la im- procedencia proveída en el amparo 433-2000, el 9 de octubre de 2000. 11 CRUZ VILLALÓN, PEDRO. “Sobre el amparo”, en Revista Española de Derecho Constitucional, Centro de Estudios Cons- titucionales, Madrid, No. 41, 1994, p.14. 12 Cfr. CAAMAÑO DOMÍNGUEZ, FRANCISCO. “El recurso de amparo y la reforma peyorativa de derechos fundamentales: el denominado «contra amparo»”, en Revista Española de Derecho Constitucional, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, No. 47, 1996, pp. 130 y 131. Sobre la prohibición del contra-amparo o exceso de amparo, véase, también, DÍEZ-PICAZO GIMÉNEZ, IGNACIO. “Refl exiones sobre el contenido y efectos de las sentencias dictadas por el Tribunal Cons- titucional en el recurso de amparo”, en Cuadernos y Debates 63, La sentencia de amparo constitucional (Actas de las I Jornadas de la Asociación de Letrados del Tribunal Constitucional), Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1996, p. 20; PÉREZ TREMPS, PABLO. “La Constitución como motivo de casación y la inexistencia de casación por infracción de la Constitución”, en Cuadernos de Derecho Público, Instituto Nacional de Administración Pública-Ministerio de Administraciones Públicas, Madrid, No. 7, 1999, p. 149, y PÉREZ TREMPS, PABLO. “Comentario al artículo 41 de la Ley...”, cit., pp. 653 y 654. 130 M A N U E L M O N T E C I N O G I R A L T operar como un recurso “en interés del derecho de los derechos fundamentales” (contra-amparo). Antes bien, al Tribunal sólo corresponde [...] el “monopolio de la vulneración”. Donde no hay violación de derechos no hay acción de amparo y, por ello mismo, cuando un derecho fundamental es incorrectamente interpretado pero no lesionado, el único “Tribunal Supremo” es el propio Tribunal Supremo mediante el recurso de casación [...]. La “supremacía” del Tribunal Constitucional en la juris- dicción de los derechos fundamentales queda constitucionalmente circunscrita al “monopolio declarativo de su vulneración.13 Por tanto, para que proceda el amparo en estos supuestos se vuelve indis- pensable, en primer lugar, la existencia de un acto o resolución que realice una lectura “extensiva” del contenido constitucional”14 de uno de los derechos o categorías tutelables por este cauce procesal, y, en segundo lugar, que dicho acto o resolución vulnere alguno de tales derechos o categorías a la contraparte. Precisamente, con la concurrencia de estos elementos se completa el binomio acto-lesión de derecho o categoría, indispensables para la procedencia del am- paro. B) Dimensión objetiva del amparo Es evidente que los efectos de la decisión adoptada en un amparo no se res- tringen únicamente al ámbito subjetivo, es decir, a procurar la tutela de los derechos o categorías jurídicas protegibles que en el caso concreto se alegan como vulnerados, sino que el pronunciamiento trasciende al ámbito objetivo, particularmente porque para la realización de su dimensión subjetiva se vuelve necesaria la interpretación de los preceptos constitucionales relacionados con el caso planteado, específi camente aquéllos en los que se regula el derecho o categoría jurídica protegible que se alega vulnerada, la cual se convierte en “criterio cierto para orientar la interpretación y aplicación de los derechos fun- damentales por parte de los demás órganos estatales y, particularmente, de los órganos judiciales”.1513 CAAMAÑO DOMÍNGUEZ, FRANCISCO. “El recurso de amparo...”, cit., p. 147. 14 Ibidem, p. 146. En similar sentido, PÉREZ TREMPS, PABLO. “Recurso de amparo”, en AGUIAR DE LUQUE, LUIS y PÉREZ TREMPS, PABLO. Veinte años de jurisdicción constitucional en España, Tirant lo Blanch, Valencia, 2002, p. 59. 15 CARRASCO DURÁN, MANUEL. “El concepto constitucional de recurso de amparo: examen de posibilidades para una re- forma de la regulación y práctica del recurso de amparo”, en Revista Española de Derecho Constitucional, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, No. 63, 2001, p. 95. En similar sentido, GARCÍA PELAYO, MANUEL. “El status del Tribunal Constitucional”, en Revista Española de Derecho Constitucional, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, No. 1, p. 33, nota 39; TOMÁS y VALIENTE, FRANCISCO. “Escritos sobre y desde el...”, cit., p. 2132; PÉREZ TREMPS. “El 131 E L A M P A R O E N E L S A L V A D O R : F I N A L I D A D Y D E R E C H O S P R O T E G I B L E S Se trata de una dimensión que determina y clarifi ca el contenido de las dispo- siciones constitucionales que utiliza la Sala para resolver el caso concreto, el cual servirá no sólo a los tribunales, sino también a las autoridades y funcionarios de los otros órganos del Estado para resolver los supuestos similares que se le planteen.16 Por lo anterior es que se afi rma que la dimensión objetiva “trasciende a la simple vulneración de un derecho fundamental, o permite perfi lar más la correcta interpretación de la norma constitucional que reconoce el derecho en cuestión”.17 La perspectiva objetiva no se encuentra expresamente consignada en las Constituciones y leyes que han regulado el amparo en El Salvador, sino que ha sido la propia jurisprudencia constitucional la que ha destacado que “junto a este designio [refi riéndose a la dimensión subjetiva] aparece también el de la defensa objetiva de la Constitución”.18 Dicha dimensión objetiva se ha ido defi niendo, además, a través de las dis- tintas resoluciones de la Sala de lo Constitucional. recurso de amparo constitucional. II. Aspectos procesales”, en Cuadernos y Debates 41, Los procesos constitucionales, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1992, p. 124, y ALBERTÍ ROVIRA, ENOCH. “El recurso de amparo...”, en VARIOS AUTORES, cit., pp. 1812 y 1813. Xiol RÍOS señala que la dimensión objetiva es “una consecuencia indirecta de su alcance subjetivo”. XIOL RÍOS, JUAN ANTONIO. “Algunas refl exiones al hilo de la ponencia de Ignacio Díez-Picazo «Refl exiones sobre el contenido y efecto de las sentencias dictadas en procesos constitucionales de amparo»”, en Cuadernos y Debates 63, La sentencia de amparo constitucional (Actas de las I Jornadas de la Asociación de Letrados del Tribunal Cons- titucional), Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1996, p. 85. 16 “Gracias a este mecanismo de recurso de amparo individual, la Corte está en capacidad de orientar la acción de los poderes Judicial, Ejecutivo y Legislativo sobre toda cuestión concerniente a los derechos fundamentales”. LÓPEZ GUERRA, LUIS, citado por CASCAJO CASTRO, JOSÉ LUIS. “Los derechos invocables en el recurso de amparo”, en Congreso Internacional de Derecho Público, Filosofía y Sociología Jurídicas: perspectivas para el próximo milenio, Universidad Externado de Colombia-Consejo Superior de la Judicatura, Bogotá, 1996, p. 299, o LÓPEZ GUERRA, LUIS, citado por CASCAJO CASTRO, JOSÉ LUIS. “Los derechos invocables en el recurso de amparo”, en GARCÍA HERRERA, MIGUEL ÁNGEL (coord.), El constitucionalismo en la crisis del Estado social, Servicio Editorial Universidad del País Vasco, Bilbao, 1997, p. 54. 17 LÓPEZ PIETSCH, PABLO. “Objetivar el recurso de amparo: las recomendaciones de la Comisión Benda y el debate espa- ñol”, en Revista Española de Derecho Constitucional, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, No. 53, 1998, p. 142. Señala CASCAJO que “la denominada jurisdicción constitucional de las libertades se nutre de una serie de principios y criterios que surgen más allá de los intereses singulares de los que traen causa, al ejercer con los efectos pertinentes la función de integración y aplicación de los derechos fundamentales”. CASCAJO CASTRO, JOSÉ LUIS. “Los derechos invo- cables...”, cit., p. 299, o CASCAJO CASTRO, JOSÉ LUIS. “Los derechos invocables...”, en GARCÍA HERRERA, MIGUEL ÁNGEL (coord.), cit., p. 54. Sobre la dimensión objetiva del amparo véase NÚÑEZ RIVERO, CAYETANO y MONTECINO, MANUEL. “El amparo en la...”, cit., p. 240; BUSTOS GISBERT, RAFAEL. “¿Está agotado el modelo de...”, cit. p. 275; CANO MATA, ANTONIO. “Comentarios a la Ley...”, cit., p. 228; REVENGA SÁNCHEZ, MIGUEL. “Las paradojas del recurso de amparo tras la primera década de jurisprudencias constitucional (1981-1991)”, en Revista Española de Derecho Constitucional, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, No. 41, 1994, pp. 30-32, y ARAGÓN REYES, MANUEL. “Artículo 161. Competencias del Tribunal Constitucional”, en ALZAGA VILLAAMIL, OSCAR (dir.), Comentarios a la Constitución española de 1978, Cortes Generales-Editoriales de Derecho Reunidas, Madrid, 1999, vol. XII, p. 210. 18 Sentencia defi nitiva pronunciada en el amparo 22-A-94 ac. 27-M-94, el 5 de febrero de 1996. 132 M A N U E L M O N T E C I N O G I R A L T En primer lugar, la jurisprudencia ha catalogado a la Sala de lo Constitucional como “intérprete supremo”,19 “guardián” 20 y “garante”21 de la Constitución, es decir, que su función va más allá de la protección de los derechos o categorías que se discuten en el caso concreto, “trasciende de lo singular”.22 En segundo lugar, la jurisprudencia ha hecho énfasis en el papel del Tribunal como “bastión fundamental en la defensa de la constitucionalidad, sirviendo a los jueces que también representan un papel como defensores de la Constitu- ción, como herramienta para la interpretación de las normas”.23 Y, en tercer lugar, para determinar la responsabilidad directa de los funcio- narios, cuyos actos son lesivos de los derechos o categorías protegidos por el amparo, [...] deberá procederse con más rigor cuando se trate de situaciones comunes o resueltas con anterioridad, pues siendo este Tribunal el que de modo defi nitivo de- sarrolla, amplía y llena el contenido de las disposiciones constitucionales, ninguna autoridad puede dar una interpretación diferente a la que da esta Sala, pues hacerlo violaría la Constitución.24 Asimismo, de la estructura de nuestro sistema de protección de derechos se puede desprender también el ámbito objetivo del amparo, pues a pesar de que todos los jueces y magistrados están vinculados a la Constitución,25 y que además pueden inaplicar las disposiciones de los otros órganos del Estado que consi- deren inconstitucionales,26 existe un tribunal ubicado en la cúspide del órgano Judicial que tiene la “última palabra” en lo relativo a la interpretación de las 19 Sentencia defi nitiva pronunciada en el amparo 787-99, el 11 de julio de 2000. En igual sentido, entre otras, la sen- tencia defi nitiva proveída en el amparo 4-N-93, el 24 de noviembre de 1995. Sobre la función de intérprete supremo del tribunal a través del amparo, véase ARAGÓN REYES, MANUEL. “Algunas consideraciones sobre el recurso de amparo”, en VARIOS AUTORES, La democracia constitucional. Estudios en homenaje al profesor Francisco Rubio Llorente, Congreso de los Diputados-Tribunal Constitucional-Universidad Complutense de Madrid-Fundación Ortega y Gasset-Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 2002, vol. II, p. 1824. 20 Improcedencia pronunciada en el amparo 264-2000, el 4 de julio de 2000. En igual sentido, entre otros, el sobre- seimiento proveído en el amparo 451-97, el 10 de agosto de 1998. Sobre el papel de “guardián de la Constitución” de la jurisdicción constitucional, véase VEGA GARCÍA, PEDRO DE. “Jurisdicción constitucional y crisis de la Constitución”, en Revista de Estudios Políticos, Universidad Nacional de Educacióna Distancia, Madrid, No. 7, 1979, pp. 108-111. 21 Sentencia defi nitiva pronunciada en el amparo 240-97, el 29 de mayo de 1998. En igual sentido, entre otros, el sobreseimiento proveído en el amparo 18-A-93, el 11 de enero de 1995. 22 Sentencia defi nitiva pronunciada en el amparo 22-A-94 y acumulado 27-M-94, el 5 de febrero de 1996. En igual sentido, entre otras, la sentencia defi nitiva proveída en el amparo 4-N-93, el 24 de noviembre de 1995. 23 Sentencia defi nitiva pronunciada en el hábeas corpus 546-97 y acum., el 9 de marzo de 1998. 24 Sentencia defi nitiva pronunciada en el amparo 366-99, el 3 de abril de 2001. En igual sentido, entre otras, la sentencia defi nitiva proveída en el amparo 250-97, el 23 de julio de 1998. 25 Artículo 172, inciso 3o., de la Constitución. 26 Artículo 185 de la Constitución. 133 E L A M P A R O E N E L S A L V A D O R : F I N A L I D A D Y D E R E C H O S P R O T E G I B L E S normas constitucionales, las que constituyen el fundamento normativo de las decisiones pronunciadas por el mismo.27 No se trata, por tanto, de una condición singular del amparo, sino que es consecuencia de la posición superior de la Sala de lo Constitucional en el sistema salvadoreño de protección de los derechos, que de igual forma se puede apreciar en la “doctrina fi jada en todos los recursos que operan como última y defi nitiva instancia en cualquier materia del ordenamiento jurídico, como es el caso, seña- ladamente, del recurso de casación”.28 Sin embargo, es innegable la superioridad del amparo respecto de los proce- sos que se tramitan ante los tribunales ordinarios, lo cual se evidencia mediante dos mecanismos específi cos que constituyen la síntesis de la dimensión objetiva del amparo, como lo son la efi cacia correctora y efi cacia persuasiva de la juris- prudencia constitucional. La efi cacia correctora del amparo se pone de manifi esto a través del denomi- nado efecto restitutorio de la sentencia estimatoria, la cual, en los casos en que es posible, además de nulifi car el acto reclamado, y los que son su consecuencia, obliga a la autoridad demandada a dictar un nuevo acto conforme al contenido del derecho declarado en la sentencia.29 La efi cacia persuasiva, por su lado, deriva de la auctoritas que confi era a la jurisprudencia de la Sala de lo Constitucional su condición de máximo órgano ju- risdiccional en materia de interpretación de la Constitución, y, en particular, en lo relativo a garantías constitucionales o derechos fundamentales.30 La confl uencia de estos dos mecanismos produce, en la práctica, una ten- dencia al seguimiento, por todas las autoridades del Estado, de la jurisprudencia de la Sala de lo Constitucional,31 a pesar de que en el ordenamiento jurídico 27 “En nuestro país, dicho ente jurisdiccional encargado de pronunciar la “última palabra” [respecto de las preten- siones constitucionales deducidas ante los tribunales inferiores] es la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, y de ese modo garantiza dos principios superiores de orden constitucional, los cuales son la igualdad ante la jurisdicción y la seguridad jurídica. Sentencia defi nitiva pronunciada en el hábeas corpus 7-Q-96, el 20 de septiembre de 1996. CASCAJO Y GIMENO califi can al Tribunal Constitucional, como “intérprete defi nitivo de los dere- chos fundamentales, porque [...] irradia además una jurisprudencia que va delimitando los perfi les concretos de los derechos fundamentales y libertades públicas”. CASCAJO CASTRO, JOSÉ LUIS y GIMENO SENDRA, VICENTE. El recurso de amparo, Tecnos, Madrid, 1984, p. 58. 28 CARRASCO DURÁN, MANUEL. “El concepto constitucional...”, cit., p. 112. En igual sentido, XIOL RÍOS, JUAN ANTONIO. “Algunas refl exiones al hilo de la ponencia de...”, cit., p. 87. 29 Ejemplo de la efi cacia correctora del amparo es la sentencia defi nitiva pronunciada en el amparo 139-2001, el 19 de abril de 2002, en la que la Sala de lo Constitucional, en la parte del efecto restitutorio de la sentencia, ordenó “invalidar la resolución dictada por la Cámara [...], debiendo entonces la Cámara mencionada emitir la resolución correspondiente, partiendo de las consideraciones realizadas en esta sentencia, para efectos de no menoscabar los derechos constitucionales de propiedad y seguridad jurídica del impetrante”. Sobre el tema, véase CARRASCO DURÁN, MANUEL. “El concepto constitucional...”, cit., p. 105. 30 Cfr. CARRASCO DURÁN, MANUEL. “El concepto constitucional...”, cit., p. 105. 31 Ibidem, p. 105. 134 M A N U E L M O N T E C I N O G I R A L T salvadoreño no hay disposición constitucional o legal expresa que establezca la vinculatoriedad de la jurisprudencia constitucional, y donde la misma Sala se ha encargado de señalar el efecto vinculante de su labor interpretativa32 o “nomoté- tico de las sentencias [...] o el valor objetivo de la jurisprudencia constitucional”.33 Sin embargo, se vuelve indispensable fortalecer este aspecto de la dimensión objetiva del amparo en El Salvador, ya que si bien las decisiones del Tribunal –y en general su jurisprudencia- son acatadas, existen todavía círculos en los que hay alguna reticencia al respecto, fundadas especialmente en la falta de impar- cialidad de la Sala frente a cuestiones vinculadas con aspectos de índole política. C) Conexión entre la dimensión subjetiva y la objetiva del amparo Encontramos así en el amparo dos dimensiones perfectamente distinguibles; por un lado, una dimensión restringida, que se reduce a dar protección jurisdiccional reforzada de los derechos o categorías, y cuyos efectos se limitan a las partes concretas que intervienen en el amparo, y, por otro, una amplia, derivada de la labor interpretativa de los preceptos constitucionales que realiza el tribunal, que trasciende a aquellos que no han intervenido en el amparo, y vincula a todos los órganos del Estado. Es innegable la conexión que existe entre la dimensión subjetiva y objetiva del amparo, pues el “hecho de que puedan diferenciarse dos funciones [...] en el recurso de amparo, no signifi ca que se traten de dos realidades absolutamente separadas, desconectadas entre sí y, menos aún, contrapuestas”.34 Son dos dimensiones que coexisten sin que sea posible su separación, en la que cada una aporta notas que lo singularizan respecto a los procesos que se tramitan ante los tribunales ordinarios. Justamente, no es posible hablar de la dimensión subjetiva del amparo sin tener presente que para su realización se vuelve indispensable interpretar, escla- recer, actualizar el contenido de las disposiciones constitucionales que reconocen 32 Sentencia defi nitiva pronunciada en el amparo 22-A-94 y acum., el 5 de febrero de 1996. Alguna doctrina califi ca a la labor interpretativa de la jurisprudencia constitucional como “pedagógica”; véase, para tal efecto, REQUEJO PAGÉS, JUAN LUIS. “Tribunal Constitucional, jurisdicción ordinaria y derechos fundamentales”, en Revista Española de Derecho Constitucional, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, No. 50, 1997, p. 251; otra, en similar sentido, la califi ca como “educadora” y legitimadora. Cfr. ARAGÓN REYES, MANUEL. “Algunas consideraciones sobre...”, cit. p. 1824. 33 Sentencia defi nitiva pronunciada en el hábeas corpus 7-Q-96, el 20 de septiembre de 1996. Sobre el tema, véase CARRASCO DURÁN, MANUEL. “El concepto constitucional...”, cit., p. 105. 34 PÉREZ TREMPS, PABLO. “La naturaleza del recurso de amparo y su confi guración procesal”, en Revista Vasca de Ad- ministraciones Públicas, Instituto Vasco de Estudios de Administración Pública, Oñate, No. 39, 1994, p. 94. En igual sentido, PÉREZ TREMPS, PABLO. “Comentario al artículo 41 de la Ley...”, cit., pp. 654 y 655, y PÉREZ TREMPS, PABLO. “Tribunal Constitucional, juez ordinario y...”, en VARIOS AUTORES, cit., p. 1654. 135 E L A M P A R O E N E L S A L V A D O R : F I N A L I D A D Y D E R E C H O S P R O T E G I B L E S los derechos o categorías objeto de tutela,lo cual sin duda alguna incide positi- vamente en la efi cacia del sistema de protección de derechos en el ordenamiento jurídico en general, ya que el contenido de las disposiciones que han sido objeto de interpretación constituyen criterios de actuación no sólo de los tribunales ordinarios, sino del resto de poderes públicos. De igual forma, la defensa de la Constitución sólo es concebible a partir de la defensa de los derechos reconocidos en la misma, es decir, frente a la posibilidad de reaccionar ante la vulneración de uno de los derechos o categorías protegidos por el amparo. Y es que, es la [...] realidad, siempre casuística y más rica que la mejor construcción doctrinal, la que permite defender y actualizar la interpretación de la Constitución. Confi ar en que la defensa objetiva se consigue mediante legitimaciones meramente objetivas es elevar el derecho casi a Ética; el “deber ser” que encarna la Constitución no puede defi nirse si no es a partir del “ser”.35 Esta conexión se vuelve indispensable en un amparo como el salvadoreño, donde mediante la solución del caso concreto se ha ido potenciado la defensa objetiva de la Constitución. No cabe duda, pues, que la conexión [...] más importante entre la dimensión objetiva y subjetiva de la garantía de la Cons- titución [...], es, pues, la necesidad de que la justicia constitucional esté abierta a las posibles vulneraciones, que en el día a día, puedan producirse en una determinada sociedad; por ello, la existencia del recurso de amparo y la amplia legitimación que para su interposición se prevé [...], es el mejor servicio que puede prestarse a la ga- rantía objetiva de esos mismos derechos y libertades.36 Abandonar esta dirección del amparo por una potenciación de la dimensión objetiva, a consecuencia, en algún momento, del excesivo número de deman- das, produciría efectos negativos en lo relativo a la protección de derechos en el ordenamiento salvadoreño, concretamente se produciría un recorte de éstos, ya que, si bien es cierto, el amparo no es el único mecanismo de tutela, constituye una alternativa ante la eventual inefi cacia del proceso ordinario. Además de lo anterior, la Sala de lo Constitucional estaría, en primer lugar, asumiendo un papel al que su estructura orgánica no responde, para el que no tiene la sufi ciente legitimación, ya que las “instancias en que tiene lugar el deba- te permanente y necesario sobre la mejora objetiva de los derechos fundamenta- 35 PÉREZ TREMPS, PABLO. “La naturaleza del recurso de amparo y...”, cit., p. 95. 36 Ibidem, p. 96. 136 M A N U E L M O N T E C I N O G I R A L T les son, por esencia, los espacios democráticos de participación ciudadana”.37 En segundo lugar, estaría utilizando una vía no idónea para realizar dicha función, pues el amparo está informado por principios de naturaleza procesal, que res- ponden, esencialmente, a la solución del caso concreto. Una problemática como la planteada conllevaría, en el caso salvadoreño, a soluciones de otra naturaleza, las cuales no serán analizadas en este trabajo debido a que excede los límites del mismo. 2. Derechos protegibles por el amparo La Constitución salvadoreña de 1983, en su artículo 247, inciso 1o., determina los derechos protegible por el amparo al señalar que toda “persona puede pedir amparo ante la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia por violación de los derechos que otorga la presente Constitución”. En la misma dirección, la Ley de Procedimientos Constitucionales, en sus ar- tículos 3o. y 12, determina los derechos protegibles por el amparo, al reiterar que toda “persona puede pedir amparo ante la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, por violación de los derechos que le otorga la Constitución”. Nos encontramos así ante una lista abierta38 de derechos protegibles a través del amparo, ya que a pesar de que existe una limitación de tipo formal —“los derechos que otorga la presente Constitución”—, la misma sólo arroja los ele- mentos necesarios para establecer un mínimo, no así para elaborar una lista defi nitiva que comprenda todos los derechos susceptibles de tutela mediante este proceso constitucional, la cual se ha ido complementando a medida en que se determinan cuáles son los derechos que reconoce la Constitución, y además se fi ja el contenido de los mismos. En virtud de las graves difi cultades interpretativas que se presentan, una de las áreas del amparo que ha impedido elaborar una visión de conjunto o, si se prefi ere, mantener inacabada su construcción teórica, es la concerniente a la 37 OSUNA PATIÑO, NÉSTOR IVÁN. Tutela y amparo: derechos protegidos, Universidad Externado de Colombia, Colombia, 1998, p. 99. 38 La jurisprudencia constitucional reiteradamente ha manifestado que la “Constitución [...], desde su artículo 2o. es- tablece una serie de derechos consagrados a favor de la persona, es decir, reconoce un catálogo de derechos —abierto y no cerrado— como fundamentales para la existencia humana e integrantes de la esfera jurídica de las personas. Ahora bien [...], es también imperioso el reconocimiento a nivel supremo de un derecho que posibilite su realización efectiva y pronta. En virtud de eso, nuestro constituyente dejó plasmado en el artículo 2o., inciso primero, el derecho a la protección jurisdiccional y no jurisdiccional de las categorías jurídicas subjetivas instauradas en favor de todo ciudadano, esto es, un derecho de protección en la conservación y defensa del catálogo de derechos descrito”. Sen- tencia defi nitiva pronunciada en el amparo 580-98, el 29 de marzo de 2001. En igual sentido, entre otras, la sentencia defi nitiva proveída en la inconstitucionalidad 24-97, el 26 de septiembre de 2000. 137 E L A M P A R O E N E L S A L V A D O R : F I N A L I D A D Y D E R E C H O S P R O T E G I B L E S determinación del ámbito de derechos protegidos, incluso en sistemas en los que existe una disposición constitucional que se encarga de acotar los derechos tutelables por el mismo.39 En virtud de eso, haremos un análisis de las resoluciones emanadas de la Sala de lo Constitucional que de alguna manera han contribuido a defi nir el ámbito de derechos protegibles por el amparo, así como de las vías utilizadas, en algunos casos, para ensancharlo. Ámbito protegido por el amparo según la jurisprudencia de la Sala de lo Constitucional a. Extensión del ámbito material protegido o bien litigioso vía jurisprudencia Inicialmente, la jurisprudencia constitucional se limitó a reproducir el ámbito de derechos protegibles establecido en la Constitución y en la Ley de Procedi- mientos Constitucionales, al señalar reiteradamente “que mediante el proceso de amparo se persigue la protección, en sede constitucional, de los derechos que la Constitución otorga”.40 Se trataba, por tanto, de una delimitación meramente formal del objeto de protección del amparo, ya que el criterio empleado se basaba en la califi cación de “derecho” efectuada por la Constitución, es decir, en la simple denominación constitucional, la cual en algunos casos es impropia. En ese sentido, se puede afi rmar, que era un criterio que hacía coincidir el objeto de protección con todas las situaciones jurídicas que formalmente fueran denominadas “derecho” en la Constitución. Sin embargo, a través de una sentencia pronunciada en febrero de 1996, la Sala de lo Constitucional empieza a delimitar los alcances de la expresión “derechos” contenida en los artículos 247 de la Constitución y 12 de la Ley de Procedimientos Constitucionales, labor que realiza a partir del análisis de la “utilización de dicho término, no sólo en la disposición en cuestión, sino también en el resto del texto fundamental”.41 A su vez, destaca que: [...] las diversas realidades jurídicas que nuestra Constitución califi ca como “derecho” no coinciden con la misma, y es que los derechos subjetivos, en su contenido técni- co común, confi guran un campo limitadode acción; excluyendo de su ámbito una 39 Cfr. DÍEZ-PICAZO, LUIS MARÍA. “Difi cultades prácticas...”, cit., p. 19. 40 Sentencia defi nitiva pronunciada en el amparo 4-N-93, el 24 de noviembre de 1995. En igual sentido, la improce- dencia proveída en el amparo 32-A-95, el 29 de enero de 1996. 41 Sentencia defi nitiva pronunciada en el amparo 22-A-94 y acumulado 27-M-94, el 5 de febrero de 1996. 138 M A N U E L M O N T E C I N O G I R A L T serie de situaciones o realidades jurídicas, las cuales, precisamente, han sido llamadas “derechos” por el legislador constituyente. En virtud de lo anterior, señala la citada sentencia, la expresión “derecho” en nuestra Constitución “equivale a categorías subjetivas protegidas por el ordena- miento jurídico que no se limitan a derechos subjetivos. Dicho de otra forma, el vocablo ‘derecho’ en nuestra Constitución no sólo comprende la categoría técnico jurídica de derechos subjetivos, sino que agrupa a varias otras”. La sentencia concluye con que dichas categorías jurídicas constituyen “el ámbito mínimo de aplicación que la misma Constitución ordena del artículo 247. Por lo tanto, el instrumento procesal del amparo procede contra todo acto de autoridad que vulnere cualquiera de las categorías subjetivas protegidas por la Constitución [...]”. A consecuencia de la sentencia relacionada se produce un ensanchamiento del objeto de protección del amparo, en este caso mediante la interpretación de la disposición constitucional que lo fi jaba formalmente, ya que partir de este momento son tutelables, mediante el amparo, tanto aquellos que verdaderamen- te constituyen derechos —y que así les llama la Constitución—, como las catego- rías jurídicas subjetivas reconocidas en la Constitución, independientemente de su denominación. Por lo que se pasa de un ámbito de protección integrado por verdaderos derechos y por categorías jurídicas, también denominadas derechos, a otro integrado por los verdaderos derechos y por todas las categorías jurídicas subjetivas reconocidas en la Constitución, incluso aquellas que no fueran desig- nadas como tal por ésta. Ahora bien, a pesar de que el ámbito de protección del amparo no se ha modifi cado formalmente, la jurisprudencia constitucional para referirse al mis- mo ya no utiliza la expresión “derechos que otorga la Constitución”, sino que expresamente señala que el amparo “pretende brindar una protección reforzada de los derechos y categorías jurídico-subjetivas de relevancia constitucional con- sagradas a favor de los gobernados”.42 b. Extensión del contenido de los derechos protegibles por el amparo Una de las vías mediante la cual se ha ensanchado el ámbito de derechos protegi- bles por el amparo en El Salvador es la interpretación, por la Sala de lo Constitu- cional, de las disposiciones constitucionales que reconocen derechos protegibles 42 Improcedencia pronunciada en el amparo 72-2001, el 4 de mayo de 2001. En igual sentido, entre otras, la impro- cedencia proveída en el amparo 96-2001, el 12 de marzo de 2001. 139 E L A M P A R O E N E L S A L V A D O R : F I N A L I D A D Y D E R E C H O S P R O T E G I B L E S por dicho proceso constitucional. A través de este medio, denominado también fuerza expansiva de algunos derechos fundamentales, “otros derechos ubicados “extramuros” del ámbito tutelado, pero inescindiblemente imbricados con ellos, se han considerado susceptibles de amparo constitucional”.43 Precisamente, la disposición que reconoce el derecho de petición ha sido rei- teradamente interpretada por la Sala de lo Constitucional, y a consecuencia de la misma se ha producido una ampliación o extensión del contenido de tal derecho. Al respecto, el artículo 18 de la Constitución establece: “Toda persona tiene derecho a dirigir sus peticiones por escrito, de manera decorosa, a las autorida- des legalmente establecidas; a que se le resuelvan, y a que se le haga saber lo resuelto”. A partir de la confi guración constitucional de tal derecho, la Sala de lo Cons- titucional consideró incorporado dentro del mismo a otros derechos, los cuales a partir de ese momento podían ser invocables en un proceso de amparo. Así, en primer lugar, encontramos el derecho a que la respuesta sea motivada, ya que: [...] ésta no puede limitarse a dar constancia de haberse recibido la petición y a re- chazar o aceptar lo pedido sin precederle razonamiento o motivación, sino [...] [que] debe ser racionalmente motivada, esto es, deben de exponerse en ella ampliamente las razones justifi cativas de la misma; razones o fundamentos legales y objetivos que legitimen la decisión. En segundo lugar, el derecho a que la respuesta sea congruente con la pe- tición, “puesto que resulta igualmente violatorio del derecho constitucional de petición cuando la respuesta producida por la autoridad es incongruente respec- to a lo requerido, y, en tercer lugar, el derecho a que la resolución se produzca “dentro de un plazo razonable”.44 El derecho a la protección jurisdiccional también ha sido interpretado por la Sala de lo Constitucional, y, como resultado, el contenido de tal derecho se ha ensanchado, ya que han incorporado dentro del mismo, otros que a primera vista no serían tutelables a través del amparo. Al respecto, el artículo 2o. de la Constitución establece: “Toda persona tiene derecho a la vida, a la integridad física y moral, a la libertad, a la seguridad, al trabajo, a la propiedad y posesión, y a ser protegida en la conservación y defensa de los mismos”. 43 CASCAJO CASTRO, JOSÉ LUIS. “Los derechos invocables...”, cit., p. 308, o, también, CASCAJO CASTRO, JOSÉ LUIS. “Los derechos invocables...”, en GARCÍA HERRERA, MIGUEL ÁNGEL (coord.), cit., p. 60. 44 Sentencia defi nitiva pronunciada en el amparo 98-97, el 6 de abril de 1999. En igual sentido, entre otras, la sen- tencia defi nitiva proveída en el amparo 820-99, el 9 de febrero de 2001. 140 M A N U E L M O N T E C I N O G I R A L T Este derecho ha sido denominado por la jurisprudencia constitucional como “derecho a la protección”, la cual puede ser tanto jurisdiccional como no juris- diccional.45 En relación con la protección jurisdiccional, la Sala de lo Constitu- cional ha señalado que la fi nalidad de tal derecho es darle efectividad a todas la categoría subjetivas integrantes de la esfera jurídica del individuo, al poder válidamente reclamar frente a actos de particulares y estatales que atenten con- tra la conservación, mantenimiento, defensa y titularidad de tales categorías, a través el proceso jurisdiccional en todas sus instancias y en todos sus grados de conocimiento.46 Asimismo, la jurisprudencia constitucional ha establecido que este derecho a la protección no se satisface con la mera tramitación de un proceso, sino que el mismo debe contener una serie de garantías mínimas, entre las que cabe mencio- nar que la resolución tiene que ser congruente y motivada, y el derecho a hacer uso de los recursos siempre y cuando estén legalmente previstos.47 En este apartado nos referiremos únicamente a la congruencia y motivación de las resoluciones, no así al derecho a hacer uso de los recursos legalmente previstos, el cual será analizado en la parte relativa a los derechos de confi gu- ración legal. La incorporación de la congruencia y motivación de las resoluciones judicia- les en el contenido del derecho a la protección jurisdiccional ha ensanchado el ámbito material de protección del amparo, ya que ha posibilitado que mediante el mismo se planteen pretensiones en las que se alegue violación a tal derecho, en razón de que una determinada resolución —pronunciada en un proceso, en cualquiera de sus instancias o grados de conocimiento—, no sea congruente o no esté motivada.48 45 Sentencia defi nitiva pronunciada en el amparo 167-97, el 25 de mayo de 1999. 46 Cfr. Sentencia defi nitiva pronunciada en el amparo 431-98, el 25 de febrero de 2000. 47 Es interesante la postura sostenida por ALEXY, en relación conlos derechos de protección, especialmente si se contrasta con la postura sostenida por la Sala de lo Constitución respecto al derecho en comento, ya que ésta no incluye dentro del contenido del derecho a la protección aspectos de tipo material, concretamente vinculados con el contenido de la decisión a adoptarse, y, el citado autor, por el contrario, sostiene que la mera tramitación del procedimiento no es sufi ciente para que se haya una efectiva protección jurídica, sino que es fundamental “que el resultado del procedimiento garantice los derechos materiales del respectivo titular de derechos”. En ese senti- do, para que se cumplan los presupuestos básicos del contenido del derecho a la protección, la decisión a tomar debe adoptarse conforme al procedimiento, pero además debe ser justa. En virtud de lo anterior, la corrección del procedimiento no siempre conlleva la del resultado, aunque “aumenta la probabilidad de un resultado conforme al derecho fundamental. Pero, es claro que el simple aumento de la probabilidad de un resultado conforme al derecho fundamental no puede ser nunca una razón para renunciar al examen judicial de la conciliabilidad material de los resultados con las normas iusfundamentales”. ALEXY, ROBERT. Teoría de los derechos fundamentales, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1993, pp. 472 y 473. 48 En relación con la incorporación de la congruencia dentro del contenido al derecho a la protección, la Sala de lo Constitucional ha expresado que este derecho comprende, entre otros aspectos, el “obtener una resolución o sentencia debidamente fundamentada en Derecho que ponga fi n al proceso. Si bien no implica necesariamente una 141 E L A M P A R O E N E L S A L V A D O R : F I N A L I D A D Y D E R E C H O S P R O T E G I B L E S Cabe señalar que el desarrollo jurisprudencial sobre este derecho es relati- vamente nuevo, ya que se inicia con claridad en 1999, lo cual no implica que algunas de las garantías que se consideran incorporadas dentro del mismo no hayan sido tuteladas con anterioridad mediante otro derecho. Justamente, en el caso concreto de la congruencia y la motivación de las resoluciones judiciales, encontramos una gran variedad de amparos en los que se alegaba la violación de éstas a través del derecho de petición, sin embargo, a consecuencia de la jurisprudencia derivada de la interpretación del artículo 2o. de la Constitución, se han diferenciado dos supuestos. En primer lugar, en el que la infracción a la congruencia y motivación es provocada por una resolución ad- ministrativa, caso en el cual, la vía continúa siendo el derecho de petición, y, en segundo lugar, aquél en el que la violación la ocasiona una resolución judicial, hipótesis en la cual la vía será el derecho a la protección jurisdiccional. c. Derechos de naturaleza instrumental Los derechos de naturaleza instrumental constituyen otra de las vías para ampliar el ámbito de derechos protegibles por el amparo, ya que a partir de la relación de éstos con un derecho que no forma parte de dicho ámbito es posible la tutela de este último. El derecho de audiencia es, en la jurisprudencia constitucional salvadoreña, el derecho instrumental por excelencia, lo cual se ha puesto de manifi esto en rei- teradas ocasiones por la misma, al señalar que “es una categoría estrechamente vinculada con el resto de derechos tutelables a través del amparo”.49 Al respecto, el artículo 11, inciso 1o., de la Constitución establece: “Ninguna persona puede ser privada del derecho a la vida, a la propiedad y posesión, ni de cualquier otro de sus derechos sin ser previamente oída y vencida en juicio con arreglo a las leyes [...]”. A la jurisprudencia constitucional, en relación con este derecho, podemos califi carla de variada, e incluso en algunos momentos contradictoria, hasta el punto de que alguien lo consideró expresamente sinónimo de debido proceso,50 contestación judicial expresa a todas y cada una de las alegaciones de las partes, sí es importante que exista ajuste entre el fallo y las peticiones de las partes, de manera que dicha decisión sea congruente”. Sentencia defi nitiva pro- nunciada en el amparo 627-2000, el 7 de mayo de 2002. En relación con la motivación de las resoluciones expuso, que el “derecho a la protección jurisdiccional se manifi esta a través de la garantía de obtener una resolución judicial debidamente motivada”. Sentencia defi nitiva proveída en el amparo 604-2001, el 12 de agosto de 2002. 49 Sentencia defi nitiva pronunciada en el amparo 380-99, el 12 de febrero de 2001. En igual sentido, entre otras, la sentencia defi nitiva proveída en el amparo 211-98, el 24 de noviembre de 1999. 50 En la jurisprudencia de 1992 se puede apreciar cómo la Sala de lo Constitucional equipara la garantía de audiencia con debido proceso. Para tal efecto, véase CRIOLLO, JOSÉ ERNESTO y GIAMMATTEI, JORGE ANTONIO. Justicia..., cit., p. 709. 142 M A N U E L M O N T E C I N O G I R A L T o en otros casos como categoría que englobaba algunos derechos como el de juez natural,51 o a hacer uso de los recursos legalmente previstos.52 No obstante eso, en la actualidad, muchos aspectos, un tanto discutibles, han sido superados, lo cual ha generado jurisprudencia bastante estable al respecto. De la cual podemos destacar aquella que señala que el derecho de audiencia no es un derecho autónomo, ya que para los efectos de un amparo se vuelve indispensable vincularlo con otro derecho o categoría jurídica material; en ese sentido, no es posible incoar un amparo dirigido únicamente a proteger las formas procesales, a mantener el respeto del procedimiento sin alegar la afec- tación a otro derecho, concretamente, el derecho que el actor considera le ha sido privado a consecuencia de la falta de audiencia o de los vicios del proceso o procedimiento. Así lo ha puesto de manifi esto la jurisprudencia constitucional al señalar que “el derecho de audiencia no es un derecho autónomo, ya que el mismo puede ser alegado —para fi nes del proceso de amparo— presuponiendo la existencia de otro derecho de rango constitucional o categoría jurídica subjetiva protegible susceptible de ser violada”.53 En virtud de eso, la alegación de un derecho o categoría jurídica subjetiva protegible de naturaleza material, junto con el derecho de audiencia, se vuelve un requisito indispensable para admitir la demanda de amparo, el cual puede ser suplido por el tribunal en los casos en que se deduce de la relación de los hechos.54 Debido a la amplitud, por un lado, de la formulación constitucional del artículo 11, inciso 1o., concretamente en lo relativo a los derechos susceptibles de vincularse con el amparo —“ni de cualquier otro de sus derechos”—, y, por otro lado, de la interpretación de la expresión “derechos” que hizo la Sala de lo Constitucional, los derechos o categorías jurídicas materiales que en las deman- das de amparo son susceptibles de ser vinculados con el derecho de audiencia son de todo tipo. Encontramos que en algunas ocasiones se alegan derechos que expresamente se encuentran reconocidos en la Constitución, como, por ejemplo, los de pro- 51 Sentencia defi nitiva pronunciada en el amparo 150-97, el 13 de octubre de 1998. 52 Sentencia defi nitiva pronunciada en el amparo 457-97, el 9 de diciembre de 1998. 53 Sobreseimiento pronunciado en el amparo 525-98, el 14 de marzo de 2000. En igual sentido, entre otras, la sen- tencia defi nitiva proveída en el amparo 249-99, el 14 de abril de 2000. 54 En la sentencia defi nitiva pronunciada en el amparo 249-99, antes citada, la Sala de lo Constitucional hace refe- rencia a la necesidad de cumplir este requisito, y además a la posibilidad de deducirlo de la relación de los hechos; al exponer “que el actor en su demanda no ha hecho mención específi ca de la categoría jurídica subjetiva que considera se le ha transgredido; sin embargo, de la relación de los hechos se concluye que se está refi riendo a lo que esteTribunal ha denominado derecho a la estabilidad laboral, pues manifi esta que se le ha privado de su empleo o cargo, sin haber sido previamente oído y vencido en juicio con arreglo a las leyes”. 143 E L A M P A R O E N E L S A L V A D O R : F I N A L I D A D Y D E R E C H O S P R O T E G I B L E S piedad, posesión y estabilidad laboral, y, en otras, derechos o categorías que si bien tienen su razón última en la Constitución, su reconocimiento y regulación la encontramos en la legislación secundaria, como son los derechos a la mera tenencia, libertad empresarial, a investigar la paternidad y a la educación policial. Los derechos últimamente relacionados son casos en los que el objeto pro- tegible no se encuentra expresamente reconocido en la Constitución, pero que en virtud de que han sido alegados como vulnerados, a consecuencia de la falta de audiencia, la Sala de lo Constitucional ha admitido las demandas y se ha pronunciado sobre el objeto del proceso.55 d. Derechos de confi guración legal El ejercicio de algunos derechos protegibles por el amparo —derecho a la pro- tección, por ejemplo— sólo puede ejercerse mediante los causes que el legislador establece. Se trata de derechos de confi guración legal, que son producto “de la colaboración entre normas constitucionales e infraconstitucionales”,56 son dere- chos que llevan una doble vida, es decir, son creados por la Constitución, pero ordenados también por la ley.57 En estos supuestos, es al legislador al que le corresponde dotar de contenido al derecho, en virtud de que éste no ha quedado totalmente perfi lado en sede constitucional; sin embargo, no podrá establecer más límites que aquellos que, respetando el contenido esencial del derecho, estén encaminados a preservar otros derechos, bienes o fi nes constitucionalmente consagrados, y que guardan la adecuada proporcionalidad con la fi nalidad perseguida.58 55 Sobre la violación a la mera tenencia, véanse las sentencias defi nitivas pronunciadas en los amparos 5-R-95 y 9-R-96, el 20 de mayo de 1997 y el 24 de septiembre de 1997, respectivamente. Sobre la violación a la libertad em- presarial, véanse las sentencias defi nitivas proveídas en los amparos 157-98 y 13-L-95 acumulados 29-G-95 y 4-F-95, el 1o. de septiembre de 1999 y el 31 de julio de 1998, respectivamente. En relación con el derecho a investigar la paternidad, la sentencia defi nitiva dictada en el amparo 801-99, el 30 de marzo de 2001. Y, fi nalmente, respecto al derecho a la educación policial, las sentencias defi nitivas proferidas en los amparos 374-2000 y 376-2000. 56 BILBAO UBILLOS, JUAN MARÍA. “Algunas consideraciones sobre el signifi cado y los límites funcionales del recurso de amparo constitucional”, Escritos jurídicos en memoria de Luis Mateo Rodríguez, Universidad de Cantabria, Facultad de Derecho, Santander, 1993, vol. I, p. 143. 57 Cfr. JIMÉNEZ CAMPO, JAVIER. citado en ibidem, p. 143. 58 Cfr. Sentencia defi nitiva pronunciada en el amparo 458-98, el 15 de junio de 1999. Señala DÍEZ-PICAZO que los derechos fundamentales de confi guración legal son aquéllos “cuyo concreto contenido no puede ser perfectamente determinado sin hacer referencia a la correspondiente legislación de desarrollo”. Agrega, además, que tales derechos “no son tales frente al legislador, que es libre de modifi car el referido desarrollo legal siempre que respete los límites fi jados en el artículo 53.1 CE”. DÍEZ-PICAZO, LUIS MARÍA. “Difi cultades prácticas...”, cit., pp. 20 y 21. Sobre los derechos de confi guración legal, véase, también, REQUEJO PAGÉS, JUAN LUIS. “Derechos de confi guración legal”, en ARAGÓN REYES, MANUEL ET AL. Temas básicos de derecho constitucional, Civitas, Madrid, 2001, vol. III, pp. 134-136; GÓMEZ AMIGO, LUIS. La 144 Volver al Índice >> M A N U E L M O N T E C I N O G I R A L T El derecho a los medios impugnativo o derecho a recurrir es un típico ejemplo de un derecho de confi guración legal, ya que si bien la jurisprudencia consti- tucional lo considera como parte integrante del derecho a la protección juris- diccional, su ejercicio está sujeto a las previsiones que el legislador establezca al respecto. En ese sentido, una vez establecido, en la leyes procesales, un sistema de recursos, el derecho a hacer uso de los mismos, a su utilización, forma parte del contenido del derecho a la protección, pues la [...] negativa de acceder al mismo sin justifi cativo constitucional, cuando legalmente procede, deviene en una vulneración de tal. Y es que al estar legalmente consagrada la posibilidad de un segundo examen de la cuestión —otro grado de conocimiento—, negar la misma sin basamento constitucional supondría no observar derechos de rango constitucional.59 Por tanto, no se trata de un derecho a que los procesos o procedimientos se confi guren de forma tal que dentro de los mismos exista un determinado siste- ma de recursos, más de una instancia, ya “que si la ley confi gura el proceso como de única instancia, la inexistencia legal de recurrir, en modo alguno vulneraría preceptos constitucionales”.60 La protección de derechos de confi guración legal es otro de los causes me- diante los cuales la jurisprudencia de la Sala de lo Constitucional ha ampliado el ámbito material de derechos tutelables por el amparo, ya que por medio de esta vía, tal como anteriormente se expuso, se protege el ejercicio de un recurso que no está previsto en la Constitución, pero que, sin embargo, la ley que lo prevé constituye concreción de un derecho protegible por el amparo: el derecho a la protección. Finalmente, es de mencionar que la jurisprudencia constitucional originaria- mente estimaba al derecho a hacer uso de los recursos legalmente establecidos como parte del contenido del derecho de audiencia, sin embargo, últimamente lo ha considerado integrado dentro del derecho a la protección. sentencia estimatoria..., cit., pp. 40 y 41, y CASCAJO CASTRO, JOSÉ LUIS. “Los derechos invocables...”, cit., p. 309, o, también, CASCAJO CASTRO, JOSÉ LUIS, “Los derechos invocables...”, en GARCÍA HERRERA, MIGUEL ÁNGEL (coord.), cit., p. 61. 59 Sentencia defi nitiva pronunciada en el amparo 194-99, el 9 de mayo de 2000. En igual sentido, entre otras, la sentencia defi nitiva proveída en el amparo 238-99, el 1o. de junio de 2000. 60 Sentencia defi nitiva pronunciada en el amparo 194-99, el 9 de mayo de 2000. 145 A R T I C U L O * Recibido: 10 de mayo de 2011. Aceptado: 15 de junio de 2011. ** Magistrado titular de la Corte de Constitucionalidad (mauroderico@gmail.com). RESUMEN El presente artículo realiza primeramente algu- nas consideraciones teóricas sobre las garan- tías constitucionales a partir de las visiones que algunos autores importantes tienen del tema, para luego concentrarse en el tratamiento evo- lutivo de este recurso en el derecho constitu- cional de Guatemala en las Constituciones de 1921 (que lo introdujo), la de 1965 y la vigente Constitución de 1985 con la reforma de 1995. PALABRAS CLAVE: Amparo en Guatemala, derecho procesal constitucional guatemalteco, Constitución de Guatemala. ABSTRACT This article primarily provides some theoretical considerations on constitutional guarantees from the point of view that some important authors have on the subject, then it focuses on the evolutionary treatment of this resource in the constitutional laws of Guatemala from the Constitution of 1921 (that introduced it), then the 1965 and currently the 1985 Constitution with the reform of 1995 that contemplates it.KEY WORDS: Amparo in Guatemala, Guate- malan constitutional procedural law, Constitu- tion of Guatemala. El amparo constitucional en Guatemala* Constitutional Amparo in Guatemala Mauro Roderico Chacón Corado** R E V I S T A D E L I N S T I T U T O D E C I E N C I A S J U R Í D I C A S D E P U E B L A , A Ñ O V , N O . 2 7 E N E R O - J U N I O D E 2 0 1 1 , P P . 1 4 5 - 1 7 2 IUS 146 M A U R O R O D E R I C O C H A C Ó N C O R A D O Sumario 1. Introducción A) Derechos y garantías B) Garantías constitucionales 2. El surgimiento del amparo en Guatemala A) Descripción del amparo de 1921 B) El amparo de 1965 C) Evolución y situación actual del amparo 3. Objeto del amparo y sus presupuestos A) La legitimación en el amparo B) La legitimación activa C) La legitimación pasiva 4. Los terceros en el amparo 5. Los llamados principios fundamentales en el amparo A) Instancia de parte B) Defi nitividad y carácter extraordinario del amparo C) Existencia de agravio personal y directo D) Plazo para pedir amparo 6. Efectos del amparo 1. Introducción En las Constituciones modernas, no obstante su entorno ideológico, se conser- van un catálogo de declaraciones y afi rmación de derechos, libertades o deberes que se consideran fundamentales, que generalmente constituyen el marco dog- mático de las mismas, que por supuesto emplean diferentes denominaciones, así podría hablarse de “principios, derechos y garantías”; “disposiciones generales”; “principios fundamentales”; “derechos fundamentales” o “derechos humanos”, pero el contenido es similar en todas, ya que constituyen la serie de declaracio- nes que perfi lan su ideología política que inspiran el ordenamiento jurídico que adoptan.1 De tal manera que al ser la Constitución la ley fundamental de cada Estado y encontrarse en cuanto al derecho interno en la cúspide del ordenamiento ju- rídico y, como bien señala el autor nacional SIERRA GONZÁLEZ,2 aparece integrada por diversos componentes, entre ellos el político, social, jurídico y axiológico, en 1 ROMERO, CÉSAR ENRIQUE. Derecho constitucional, Víctor de Zavalía Editor, Buenos Aires, 1976, t. II, p. 10. 2 SIERRA GONZÁLEZ, JOSÉ ARTURO. Derecho constitucional guatemalteco, Editorial Piedra Santa, Guatemala, 2000, p. 23. 147 E L A M P A R O C O N S T I T U C I O N A L E N G U A T E M A L A la actualidad parece indiscutible su carácter normativo, su fuerza normativa. La Constitución, al ocupar el vértice jerárquico del ordenamiento jurídico, obliga a la totalidad de ciudadanos de una sociedad determinada y a los operadores jurídicos a su observancia, es vinculante para todos, incluso regula la forma y requisitos a observar para la creación de leyes y disposiciones legales infracons- titucionales. Ése es el carácter de la Constitución en sentido material, pues la Constitución, por su fuerza normativa, ordena conductas con carácter de obli- gatorias, prohibidas o permitidas. La Constitución Política de Guatemala se compone de una parte dogmática que regula los derechos humanos y sociales, los deberes y derechos cívicos y políticos; la limitación de los derechos constitucionales y el ideal político del Estado. La parte orgánica comprende la organización y regulación del funcionamiento de los pode- res del Estado, las garantías constitucionales y la defensa del orden constitucional. Es importante resaltar que en cada una de las Constituciones o cartas fun- damentales que ha tenido Guatemala, a partir de la década de los cuarenta del siglo XX hasta la actual de 1985, se incorpora el capítulo, aunque con diferentes denominaciones, para regular los derechos fundamentales de las personas, así: “Garantías y derechos individuales y sociales” (Constitución de 1945); “Dere- chos humanos” (Constitución de 1956); “Garantías constitucionales” (Consti- tución de 1965); y nuevamente “Derechos humanos” en la actual de 1985 y en cuyo capítulo se desarrolla el catálogo de los “Derechos individuales y derechos sociales”, que constituyen las diferentes clases o categorías de derechos y liberta- des (políticos, cívicos, económicos, sociales, culturales, ambientales), del género correspondiente a derechos humanos. Debe señalarse que si bien en el derecho constitucional guatemalteco han exis- tido desde el siglo pasado los medios técnico-jurídicos para la protección de los derechos fundamentales, contemplados en las diferentes Constituciones como garantías constitucionales, incluso la de 1965, es decir, que se ha contado con una “justicia constitucional” para el examen y resolución de peticiones y pretensiones apoyadas en normas de rango constitucional, como son el habeas corpus, el am- paro y la inconstitucionalidad de las leyes, esta denominación de “garantías consti- tucionales” ha dado lugar a equívocos que se mantiene no sólo en algunos autores sino en la práctica forense con mayor incidencia. Por lo cual es necesario establecer los parámetros doctrinarios y legales para fi jar y comprender sus diferencias. Entender a la institución del amparo como derecho, como garantía o bien como un instrumento de protección constitucional, conlleva la afi rmación más clara y categórica de la tutela judicial de los derechos individuales o fundamen- tales, contra las restricciones o violaciones de la autoridad o aun de particulares, a esos derechos. De donde se infi ere que debe ser una protección efi caz que el 148 M A U R O R O D E R I C O C H A C Ó N C O R A D O ordenamiento constitucional brinda a los ciudadanos para el ejercicio y goce de los derechos fundamentales que les son reconocidos, tanto en la carta funda- mental, en los tratados y convenios internacionales sobre derecho humanos y en las leyes ordinarias, como instrumento no sólo contra actos de las autoridades públicas, sino también contra los actos de los particulares violatorios de los de- rechos fundamentales. A) Derechos y garantías Es preciso, sin embargo, previo a desarrollar el tema principal, hacer la distinción entre derechos y garantías, puesto que el problema de la fundamentación de los derechos, aun general o teórico, tiene una especial signifi cación práctica dada la naturaleza bifronte de los derechos y la posibilidad de su proyección norma- tiva y social. Es por ello que los problemas de fundamentación de los derechos son una de las causas de la persistente debilidad estructural de los mismos, y es que pese al reconocimiento generalizado, así como al consenso respecto de la trascendencia de los derechos, persisten su debilidad estructural y los supuestos de vulneración, puntual o sistemática. La explicación de todas estas carencias la encontramos en la propia naturaleza dialéctica de los derechos como principios básicos del orden jurídico-político, a la vista del carácter social de su realización y de la inexistencia de una escala objetiva y absoluta de valores individuales y sociales que permita su jerarquización. En este punto es donde se justifi ca y converge la necesidad de la comprensión de los derechos fundamentales para su debida observancia y protección. De tal manera que se precisa, como veremos, de las garantías que hagan viables dicha protección o reivindicación en caso de haberse producido la violación. Sobre el particular dice LARREA HOLGUÍN: “Los derechos son principios abstrac- tos o declaraciones generales, que se protegen mediante acciones de diversa índole o por medio de recursos o procedimientos para remover lo que amenaza o afecta a los derechos, para reparar o indemnizar por el daño producido”.3 Es por ello que se puede afi rmar que las Constituciones o cartas fundamen- tales de todos los Estados, dentro de los regímenes democráticos, reconocen expresamente los derechos de la persona y de la sociedad y su inclusión en el texto constitucional se identifi ca con el concepto “derechos fundamentales”. Por lo cual, a su vez se requiere que se establezcan en los mismos textos cons- titucionales, determinadas garantías que aseguren la efi caciade los derechos, 3 LARREA HOLGUÍN, JUAN. Derecho constitucional ecuatoriano, Universidad Técnica Particular de Loja, noviembre de 1998, vol. I, p. 325. 149 E L A M P A R O C O N S T I T U C I O N A L E N G U A T E M A L A como ocurre con la regulación del amparo como instrumento de protección a las personas ante la amenaza de violación de derechos fundamentales; la ex- hibición personal o hábeas corpus para la protección contra las detenciones y limitaciones arbitrarias por parte del poder estatal y la inconstitucionalidad de las leyes, para impedir que alguna disposición legal o reglamentaria vulnere el orden constitucional. De esa cuenta, los derechos fundamentales se consagran como valores, prin- cipios o facultades que cada persona tiene y que están reconocidos en la Cons- titución y por el orden jurídico nacional e internacional. B) Garantías constitucionales La noción de garantía es una palabra de signifi cado amplio, por lo tanto da lugar a que se emplee en diversas manifestaciones y situaciones jurídicas, lo cual da lugar a que se utilice de manera equivocada, y su uso en vez de refl ejar claridad genera interpretaciones contradictorias; razón por la cual es necesario realizar algunas acotaciones que permitan que su comprensión sea más fácil para la generalidad de las personas. Así, vemos que el Diccionario de la Real Academia Española defi ne Garantía: de garante. 1. f. Efecto de afi anzar lo estipulado. 2. Fianza, prenda. 3. Cosa que asegura y protege contra algún riesgo o necesidad. 4. Compromiso temporal del fabricante o vendedor, por el que se obliga a reparar gratuitamente la cosa vendida en caso de avería. 5. Documento que garantiza este compromiso. Garantías constitucionales. 1. Derechos que la Constitución de un Estado reconoce a todos los ciudadanos. También se dice que la expresión “garantía” proviene del anglosajón warran- ty que signifi ca asegurar, proteger, defender o salvaguardar (to warrant) un dere- cho. De tal manera, como dice GOZAÍNI, “el concepto supone una actividad precisa para dar respaldo a los derechos de las personas, de modo tal que las garantías quedan asimiladas a procedimientos específi cos que tienden a esos fi nes”.4 Sin embargo, la idea de garantía es fácil de entender cuando se refi ere al derecho de obligaciones, porque en ellas en realidad lo que se trata de ofrecer al acreedor es una seguridad para los efectos del pago, o como señalaba BIELSA, que “en derecho privado la garantía está precisamente confi gurada según la 4 Cfr. GOZAÍNI, OSVALDO A. Derecho procesal constitucional, Editorial de Belgrano, Argentina, 1999, t. I, p. 93. 150 M A U R O R O D E R I C O C H A C Ó N C O R A D O clase de obligación establecida ex presamente, ya sea en la ley (v. gr., garantía de evicción), ya sea en el contrato (garantía real de hipoteca, pren da, etcétera)”.5 No ocurre lo mismo en otras ramas del derecho, principalmente el constitu- cional y el procesal, ámbitos en los que se ha utilizado la expresión para referirse a la regulación, respeto y observancia de los derechos fundamentales de los jus- ticiables, en vista de que un derecho (individual, social o económico) no puede ser bifronte, es decir, ser al mismo tiempo un derecho y una “garantía”, porque no puede autoprotegerse por sí mismo, sino que necesita de un instrumento adicional para su protección o defensa. De acuerdo con lo que explica Borja,6 esta expresión empezó a usarse en el ámbito político a partir de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, proclamada en Francia en 1789, cuyo artículo 12 expresaba que “la garantía de los derechos del hombre y del ciudadano necesita una fuerza públi- ca” y que ésta “se halla instituida en benefi cio de todos y no para la particular utilidad de aquellos a quienes es confi ada”. Desde entonces, uno de los deberes del Estado, probablemente el más importante de todos, es el de salvaguardar los derechos de las personas y darles una protección efi caz, es decir, asegurar el cumplimiento de las garantías constitucionales. Las anteriores declaraciones de derechos fundamentales —las norteamericanas de Virginia del 12 de junio de 1776, de Pennsylvania del 28 de septiembre del mismo año, de Massachusetts del 2 de marzo de 1780 y de New Hampshire del 31 de octubre de 1783— procla- maron los derechos de las personas y su protección pero no utilizaron la palabra “garantías”. A las anteriores Declaraciones habrá que agregar lo que dispone la Declara- ción de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, en el artículo 16 establece con claridad meridiana: “toda sociedad en la cual la garantía de los derechos no esté asegurada no tiene Constitución”. De esa cuenta, se sostiene que los derechos consisten en bienes del hombre o aspectos de su actividad tutelados jurídicamente frente al Estado y a los par- ticulares. Diferentes autores han identifi cado las garantías constitucionales con instru- mentos jurídicos, a saber: KELSEN sostiene que las garantías “son procedimientos o medios para asegurar el imperio de la ley fundamental frente a las normas jurídicas secundarias”. JELLINEK considera a las garantías constitucionales “como los mecanismos internos de defensa de los derechos tutelados”. 5 BIELSA, RAFAEL, El recurso de amparo, Depalma, Buenos Aires, 1965, p. 42. 6 BORJA, RODRIGO. Diccionario de la política, 2a. ed., Fondo de Cultura Económica, México, 1997, pp. 462 y 463. 151 E L A M P A R O C O N S T I T U C I O N A L E N G U A T E M A L A Para FIX-ZAMUDIO, “Las garantías son instituciones adjetivas procesales y no de carácter sustantivo, ya que están conformadas para señalar el procedimiento que debe seguir el órgano de control constitucional para reprimir las violaciones de la ley suprema y reintegrar el orden fundamental infringido”.7 De las defi niciones anteriores, podemos determinar que cada autor le atribu- ye a las garantías constitucionales un carácter diferente y las consideran como: a) procedimientos; b) mecanismos internos de defensa de los derechos funda- mentales; c) extensión de la jurisdicción común a especiales como la consti- tucional, y d) instituciones procesales que tienen como fi nalidad controlar las violaciones de la ley suprema y proteger el orden fundamental. Por lo cual las garantías se constituyen en el conjunto de medios jurídicos destinados a proteger los derechos fundamentales-constitucionales. De tal manera, habrá que considerar a las garantías constitucionales como instrumentos que el Estado instituye al servicio de los justiciables, para hacer efi caz la tutela jurídica que permita la defensa de sus derechos fundamentales. Para GARCÍA LAGUARDIA las garantías constitucionales “son los instrumentos técnicos-jurídico establecidos para la protección de las disposiciones constitu- cionales, cuando éstas son infringidas, reintegrando el orden jurídico violado”.8 Dice ROMERO que las garantías son “las seguridades jurídico-institucionales que la propia ley señala para posibilitar la vigencia de los derechos y libertades reconocidas u otorgadas […] Si ellas no tienen efectiva realización, los derechos y libertades constituyen meras declaraciones teóricas o simples tiras de papel”.9 Por ello afi rma ROMERO que lo cierto es que hoy “admitido el Estado de dere- cho como signo de civilización política y desideratum de toda evolución jurídica, la totalidad de los poderes que en él se ejercen sólo adquieren legitimidad si son conforme a la ley. La idea de derecho es la característica dominante y a su luz se explica toda suerte de sanción o garantía”.10 Sobre el particular, expresó GEORGES BURDEAU: En la práctica la sumisión del Estado al derecho no puede ser obtenida sino en la medida en que los gobernantes estén subordinados a la idea de derecho, de donde 7 FIX-ZAMUDIO, HÉCTOR. “El debido proceso legal en el derecho constitucional e internacional (resumen)”, versión me- canográfi ca proporcionada al autor de este trabajo y citado