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Roberto Aguado Romo ES EMOCIONANTE SABER EMOCIONARSE Avda. Reina Victoria, 8 - 2aPlanta- 28003 - MADRID - Telf.: 91 554 12 04 - Fax: 91 554 12 03 - www.eos.es 2 http://www.eos.es COLECCIÓN: EOS Psicología DIRECTORA DE LA COLECCCIÓN: Esther Legorgeu Bermejo Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47). © Roberto Aguado Romo © Editorial EOS Avda. Reina Victoria, 8. 2ª planta. 28003 MADRID ISBN: 978-84-9727-681-8 Preimpresión: Ubica-t Soluciones Creativas Made in Spain 3 http://www.conlicencia.com En esos momentos de soledad, cierra los ojos, introduce aire y con él, todo lo que necesitas, y cuando expulses ese aire, con él, saca de ti todo lo que te sobra. En algún momento descubrirás con sutileza, que un batallón de personalidades te acompañan desde sus tronos de vivencias. 4 Índice de contenido PREFACIO PRÓLOGO INTRODUCCIÓN Capítulo 1. El fracaso está ligado a no saber y el éxito a fracasar sabiendo Saber decir que “SÍ” La sabiduría del optimismo Simpatía, empatía y tus neuronas espejo Lo importante no es saber lo que hay que hacer, sino ser capaz de hacerlo El misterio de los contrarios. El giralunas La ciencia y las roturas narcisistas. El imperio de la razón sobre la emoción 1ª rotura narcisista. La tierra no es el centro del universo 2ª rotura narcisista. El ser humano es un eslabón en la evolución de las especies 3ª rotura narcisista. La mente enferma e influye en la salud corporal 4ª rotura narcisista. El primer homo sapiens era XX 5ª rotura narcisista. El imperio de la razón sobre la emoción Hacer de una vivencia una experiencia te permite poder decir ¡adiós! al sufrimiento y ¡hola! a la satisfacción Tu memoria y tus recuerdos. Almacenes de tu historia Tipos de memoria En la interacción social solo debes dar cuando te sobra Lo masculino y lo femenino en la gestión emocional Ese permanente diálogo con tu biografía Tu estado mental para analizar el problema no debe ser el mismo que el que utilizas para ejecutar la solución Crear es creer. No siempre creer es crear El poder de sentir que puedes. La esencia del liderazgo del siglo XXI Concepto de resiliencia y brecha continental. El ejecutivo que se ejecuta Capítulo 2. ¿Qué sabes de las emociones? El poder de la información Errores cometidos en el estudio de la inteligencia emocional Hablemos con propiedad Potencial de Reposo Generación de un Potencial de Acción Químicas de las plataformas de acción Universos emocionales básicos 5 Miedo Rabia Culpa Asco Tristeza Sorpresa Curiosidad Seguridad Admiración Alegría Estadios en la memorización de un estímulo Capítulo 3. Modelo de Vinculación Emocional Consciente Los vectores de las emociones. Una brújula para cognitivistas Vector agradable & desagradable Vector focalización & dispersión Vector dominancia & sumisión Vector aproximación & evitación Vector simpático & parasimpático Técnicas U. Paradigma de la gestión emocional Cómo bajar la intensidad de una emoción Utiliza la razón para evaluar y la emoción para gestionar Si te sientes muy feliz, disfruta, pero no tomes decisiones La curiosidad como reina de la ciencia y del saber El poder de una jaula llamada síndrome de evitación La xenofobia o el asco a las personas Con la seguridad puedes llegar donde decidas Esa energía llamada rabia Un cerebro en tristeza apaga todo el sistema. Solo merece la pena lo que tiene valor El poder de la admiración, cuando la mirada te hace único La vida nos da sorpresas y en todas ellas nos cambia la vida La culpa y los misterios de la supervivencia Capítulo 4. Intervención clínica con Terapia de Interacción Recíproca. Conseguir que el pasado pase y que el futuro pueda esperar TERAPIA DE INTERACCIÓN RECÍPROCA (T.I.R.) ¿CÓMO ENFERMA EL SER HUMANO? ¿PARA QUÉ ENFERMA PSICOLÓGICAMENTE EL SER HUMANO? 6 Un caso real vale más que mil explicaciones Primera consulta Segunda consulta Tercera consulta Cuarta consulta Quinta consulta Sexta consulta Séptima consulta Octava consulta Referencias bibliográficas 7 PREFACIO Este libro que tienes en tus manos ha llegado a las librerías el día 20 de enero de 2014, el día en el que nací hace cincuenta años. Quizás éste sea el motivo por el que solo puedo tener una pretensión para el resto del tiempo que me quede por vivir: procurar ayudar a cambiar el sufrimiento por la satisfacción. Creo firmemente que el sufrimiento no es tanto consecuencia de aquellas circunstancias foráneas a nuestro control, tal como un terremoto, una enfermedad o los avatares de la vida, pero sí que lo es de la derivación de los sucesos que podríamos remediar, que dependen de nosotros y que no conseguimos gestionar. En países desarrollados, la mayoría de los sufrimientos son consecuencia de situaciones que solo existen en la mente. Hoy sabemos que la realidad para nuestro cerebro está más cerca de la imaginación, la fantasía o el pensamiento, que de las cosas que están ocurriendo en ese momento en el entorno. Vivimos más dentro de nosotros que fuera, vivimos más en el pasado y, sobre todo, vivimos esperando el mañana, sin darnos cuenta que el aquí y el ahora está ocurriendo y, paradójicamente, no sabemos mucho de nuestro ser, no nos conocemos. Sufrir por cómo nos hablamos (autodiálogo) o por cómo nos relacionamos con nuestra biografía es un sufrimiento habitual en el siglo XXI, este sufrimiento tiene como denominador común no saber determinar qué emoción es la adecuada para cada momento. Creo firmemente y con rotundidad que, hasta la fecha, no hemos ofrecido a la humanidad una herramienta eficaz para enfrentarse al sufrimiento que surge y pervive en la incapacidad de poder gestionar las emociones. Saber emocionarse es necesario para vencer el sufrimiento y conseguir la satisfacción, para ello es fundamental emocionarnos conociendo los laberintos que revelan cómo se producen los patrones esenciales de la mente, marcados por unas leyes químicas y neurológicas. Con este libro sé que damos un paso definitivo para el mejor antídoto del sufrimiento humano: la gestión emocional. Saber elegir en cada momento de nuestras vidas la emoción más adaptada para cada situación y, para ello, poder vencer las memorias que nos separan de esta meta. Es uno de los descubrimientos que quiero ofrecerte con esta obra. Saber emocionarse es como saber respirar, ya que tenemos que hacerlo cada dos o tres segundos, es más, nuestra respiración está muy determinada por la emoción que sentimos, de tal manera que respirar cuando estamos en la rabia no tiene nada que ver a 8 cuando respiramos desde la seguridad o la admiración. Saber emocionarse y saber respirar, nos hace más humanos, mejores personas y, sobre todo, más capacitados para vivir en sociedad. La persona que alcanza el dominio de sus emociones y que es capaz de activar todo el abanico emocional dependiendo de las situaciones que vive, es una persona libre, optimista, cercana, sabia, empática, solidaria, honesta, ética, abierta, justa y, como no, llena de satisfacción y, por ello, seguro que con salud mental. La sabiduría está totalmente ceñida a la capacidad para poner en realidad las competencias y habilidades emocionales. Es tan importante este punto que a lo largo de mi vida, además de formarme en muchos modelos teóricos, he pretendido conocer la biografía de sus creadores, ya que conociendo cómo vivieron emocionalmente, podemos comprender completamente su obra y con ello, la parte del ser humano que intentaron explicar. Garantizar métodos para conseguir la satisfacción es mi meta y con este libro creo que podemos acercarnos más a este objetivo. Te pongo en la pista de despegue, que tengas un buen vuelo. Y es que, ¿hay algo más emocionanteque saber emocionarse? Ser valiente es una elección, hay otras opciones… Roberto Aguado 9 de Diciembre de 2013 Talavera de la Reina. Toledo. España. 9 PRÓLOGO Es para mi un honor poder escribir el prólogo de esta obra maestra. Tengo el privilegio de conocer al autor, Roberto Aguado, en algunas de sus múltiples facetas. Le he conocido como profesor y maestro, terapeuta, supervisor, compañero de equipo, escritor, productor, conferenciante, locutor, investigador... y podría seguir enumerando hasta llegar al amigo que le considero. He de decir que si algo he hecho en todo este tiempo, es observarle con detenimiento cada instante que he pasado con él. Fruto de esta labor de observación, me gustaría compartir contigo, estimado lector, algunos de mis múltiples hallazgos. En primer lugar quiero hablar de Roberto como profesional. En estos casi diez años desde que le conozco, ha sido capaz de sorprenderme y continuar sorprendiéndome con la ingente cantidad de conocimiento que es capaz de atesorar. No conozco a nadie que conozca tanto al ser humano. Aquellos que habéis tenido la oportunidad de asistir a alguna de sus clases, coincidiréis conmigo en la consideración de “auténtico espectáculo” su capacidad de responder directa y nítidamente cualquier pregunta, desde cualquier perspectiva que se le hiciera, respecto del funcionamiento humano. Llama además mucho mi atención, lo sutil y puntual que mantiene su discurso, para que cada uno de sus alumnos, pacientes y/o compañeros de equipo integren la información que están reclamando en cada pregunta. Me ha tocado presenciar a alumnos de Roberto que han cambiado su forma de vivir la vida a partir de cursos que algunas veces no excedían de treinta horas. Incluso padres y/o madres que terminaron llorando de emoción, al comprender por fin qué es lo que les pasa con sus hijos/as, después de asistir a una conferencia de no más de dos horas con Roberto. No es solo lo que sabe, es también cómo es capaz de que a cada persona le llegue la información en el formato que cada una necesita. Como investigador es insaciable; creo que cada vez tiene más ganas de investigar y conocer cada uno de los infinitésimos aspectos que inciden en las personas. Es como si 10 cuanto más conoce del funcionamiento psicológico, emocional, neurológico, bioquímico, hormonal, psicosomático, vivencial, experiencial… de las personas, más le entusiasmara seguir descubriendo secretos. En su labor como psicoterapeuta, en cambio, y contra todo prejuicio, no es su conocimiento el que se pasea en su consulta, más bien es un espacio en el que lo que más deslumbra es lo cerca que es capaz de estar con el o la que sufre. Su humildad y cercanía son las virtudes que más sorprenden en el tú a tú. Podría continuar durante una insultante cantidad de líneas hablando de la profesionalidad de Roberto, pero no me gustaría perder la oportunidad de ofrecer unas palabras a Roberto como persona. Roberto, cuando se quita el traje profesional resulta que sigue siendo exactamente la misma persona, tanto con sus amigos como con su familia. Solo existe un Roberto, la misma persona, tanto en el trabajo como en casa, con su mujer, hijos y amigos, y sigue estando cerca. Concluyendo mi estudio de observación puedo sentenciar que: “Dice lo que hace y hace lo que dice, dentro y fuera de casa”. Respecto al libro, del que he sido uno de los afortunados en contar con una copia antes de su edición, creo, que por fin vamos a encontrar una herramienta de utilidad vital. Vamos a poder entender cuáles son las razones de nuestros aciertos y nuestros fracasos en el ámbito emocional. La primera vez que escuché a Roberto hablar de la asertividad desde el “sí”, pensaba que se había equivocado, hasta que pude comprobar la potencia del “sí” asertivo. Desde un lenguaje escrito para ser entendido, Roberto nos despieza todo el aparataje emocional, para colocarlo pieza a pieza y entender cómo funciona el todo por encima de la suma de las partes. Ya era hora de que se escribiera acerca de las emociones con la fuerza de la ciencia y dejando a un lado las creencias. Y qué grato es descubrir que la ciencia nos demuestra que, además de las seis o siete emociones conocidas hasta ahora, podemos contar con hasta diez emociones, que nos ayudarán a vivir la vida con vida y satisfacción. La inteligencia emocional tiene un antes y un después a partir de esta obra, escrita para convertirse en el referente mundial de la gestión emocional y recurso indispensable para profesionales y aficionados interesados en contar con un modelo válido para el siglo XXI. Terminó la era de las creencias en el desarrollo del potencial humano y es hora de focalizar en nosotros, identificar lo que queremos, asimilar y metabolizar el proceso para, por último, disipar y, de esta forma, culminar la transformación individual. 11 Creo que en este libro encontrarás las claves para descubrir tus propios secretos basándote en la evidencia científica y comprender que sabes lo que sabes, sabes lo que no sabes y por qué no sabes lo que no sabes. Lo que debería ser, tendría que ser o nos gustaría que fuera, ya ha dejado de valer en el mundo de la realidad compartida, por lo que es esencial que comprendamos la importancia de lo virtual y de lo actual. Toma las riendas y no esperes a que te lo cuenten, no sea que te vuelvan a contar cuentos. A mí me sorprendió, creo que a ti no te dejará indiferente. Aritz Anasagasti Bilbao, 2013 Director de Emotional Network 12 INTRODUCCIÓN Te puedo asegurar, desde la experiencia, que para comprender los secretos de la vida hay que tener la capacidad de poder dialogar con otras generaciones, escuchándoles sin preguntar, mirándoles sin despistarles y, sobre todo, envolviéndote con sus emociones, como si te fueras vistiendo con sus palabras, aderezándote con sus gestos y bailando al son de sus ritmos de voz y movimientos de manos. Para conseguirlo no es necesario que comiences a mantener conversaciones con tus abuelos, padres o tíos, aunque si es así será fantástico, ni por supuesto con la gente del lugar que habitas, es suficiente llegar a esos recuerdos que tienes grabados en tu cerebro y que aflorarán si sabes conectar con ellos. En tu biografía tienes todas esas conversaciones que podrás retomar y, de esta forma, comprender no solo lo que te sucede hoy, también podrás descubrir lo que pudo suceder, y lo más importante, los motivos por los que no pudo ser, teniendo delante de ti todas las caras de tu destino. A esta reunión de saberes se le ha llamado científicamente Maestría Emocional, englobándose en tres premisas: • saber lo que sabes, • saber lo que no sabes, • y sobre todo, saber por qué no sabes lo que no sabes. La Maestría Emocional, por lo tanto, es una especie de árbol de sabiduría que todos tenemos y que debemos descubrir para sobrepasar el escenario del conocimiento y enraizarnos en el arte de vivenciar el permanente autodiálogo con nuestra biografía. Conseguir esclarecer los secretos de la vida y, sobre todo, los secretos de tu vida, es quizás una de las tareas más difíciles y a la vez motivadoras de tu existencia. Se denomina autodescrubrimiento y es necesario descubrirse con nobleza, sin enjuiciar, sin juzgar, sin tapujos, con afán de aprender y sobre todo con el empeño de conocer los secretos de tu universo personal, esa parte que te pertenece y que necesitas conocer para comprender lo que eres para ti y lo que podrás ser a lo largo de tu existencia. Estar delante de ese espejo mágico que refleja ese triángulo de conocimientos representado por los secretos de la vida, la maestría emocional y el autodescubrimiento, determinará el conocimiento de tu guión vital, decretado por esas directrices que tienes marcadas por los guionistas que anotaron con su presencia y, en ocasiones, con su ausencia, todo lo que hoy te define como persona única, insustituible, irremplazable y con un valor eterno. 13 Eres la suma de tus vínculos. Tus vínculos son los que te enlazan con tuentorno y contigo. Los vínculos son puntos de cruce, es decir, lo crucial, que han ido tejiendo la trama de tu vida, enlazando fuerzas y energías que tienden a perpetuarse estableciendo un guión, tu guión vital. Cuando lo crucial se resquebraja surgen, en forma de emergente, signos que determinan la emergencia, las urgencias que te hacen sentir que estás en peligro o simplemente vives en desgarro, en dolor, cuando no en el vacío, y es aquí donde mejor se manifiesta que la trama vital tiene una crisis en alguna de sus vinculaciones. Conseguir conectar con tus vínculos es conseguir traspasar tu barrera, tu piel emocional, tu funda: que es “la/lo” funda-mental. El descubrimiento del comportamiento de las rutas emocionales que inciden en tu trama vital es otro objetivo. Conseguir que estas rutas emocionales no sean dictadores que condicionan tu presente, así como localizar las tramas traumáticas que determinan tu sufrimiento, es el objetivo de más de veinticinco años de investigación y desarrollo empírico que quiero colocar con este libro delante de ti. Trasformar las vivencias en experiencias es sin duda el ejercicio mental más importante de toda nuestra trayectoria vital. La mayoría de las veces que sufres es porque sigues viviendo aquello que aconteció como si siguiera pasando en este momento. Es necesario saber que aquello que pasó, ya pasó, y claro que pasó. La solución no es sentir que no ha sucedido, lo importante es que no siga pasando en este momento, este es uno de los secretos que tienes que aprender: poder aceptar que todo lo que ha ocurrido en el pasado es imposible borrarlo, lo puedes esconder en tus adentros, en tus entrañas, allí donde se coloca lo entrañable, y te puede parecer que escondiéndolo ya es suficiente, pero no lo es, saldrá con alguno de esos emergentes que aparecen cuando lo que es crucial no puede aguantar la tensión de la existencia. Es básico que sepas que es imposible que no haya pasado, pero ahora no está sucediendo, ahora ya no te ocurre. Lo que pasó debes encararlo como un acontecimiento irrevocable, debes asumir y aceptar que, por muy doloroso que haya sido, es imposible que no haya acontecido, simplemente ocurrió. Pero curiosamente es ahí donde tienes la solución, ya que al aceptar que lo que pasó, pasó, y por lo tanto es parte de tu pasado, puedes ser capaz de darte cuenta que, en este momento, solo está ocurriendo en tu mente, que ahora no sucede, que ya no pasa, que el pasado ahora no pasa, solo es un recuerdo, solo es una experiencia, ya no lo vives, ya no puedes vivirlo, ya no lo vivirás tal como ocurrió, sabiendo que si volviera a ocurrir lo que viviste, dejarías de hacer cosas que hiciste y harías cosas que no hiciste y, por esto, eres hoy tu guionista, eres otra persona, tienes otra capacidad, la capacidad de pasar las vivencias a experiencias y, desde ahí, sentirte realmente artífice de tus secretos, de tu vida, de tu Maestría Emocional, esto es autodescubrirte, es sentir que tienes el timón, es vivenciar que eres quien manda en la morada. 14 Tu pasado solo debe ser experiencia para ti, es parte de ti, pero eres más que tu pasado, eres sobre todo tu presente y tienes la posibilidad de escribir de nuevo tu guión, de ser tu guionista, ahora puedes conseguir simplemente que lo que pasa, dependa, sobre todo, de lo que tú quieras que ocurra y ésta es tu gran capacidad, tu gran magnitud. ¿Quieres conseguirlo? Dame unas horas, lee con atención, no escribo para entretenerte, escribo para escoltarte al lugar más importante y grandioso en el que puedes habitar: TU VIDA. 15 Capítulo 1 El fracaso está ligado a no saber y el éxito a fracasar sabiendo Saber decir que “SÍ” Repite varias veces “NO”, cierra los ojos y nota lo que sientes cuando dices “NO”. ¿Puedes colocarle un color, un olor, un sabor, una textura, una imagen al “NO”? ¿Puedes darte cuenta de lo que ocurre en tu mente cuando el “NO” se instala? Pues bien, ésta ha sido una de las grandes conquistas de la inteligencia emocional, poder decir que no. Ha sido una constante de todos los manuales de asertividad y del saber protegerse: “saber decir que no”. Todo lo que se pone de moda, solo años después sabemos los efectos que tiene, ya que todo goza de su lado positivo y negativo. Las consecuencias de saber decir que “NO” no han sido del todo satisfactorias, ya que hoy tenemos a personas que salen a la calle con un saco de “NO” que van repartiendo a diestro y siniestro, sin darse cuenta que están diciendo que “NO” a muchas oportunidades y además están creando una atmósfera mental llena de truenos y relámpagos. Te ofrezco otra forma de proceder que llega a la misma meta, que consigue que puedas protegerte y te conviertas en quien gestiona tu futuro y tu presente, es una nueva fórmula, es saber decir que “SÍ”. Di que “SÍ” varias veces, cierra los ojos y nota lo que sientes cuando dices “SÍ”, colócale un color, un olor, un sabor, una textura, una imagen al “SÍ”. ¿Notas la diferencia? Hoy sabemos que cuando decimos “NO” para protegernos, para sentirnos dueños/as de nuestros actos, a veces también nos decimos “NO” a nosotros mismos. Es más, en varios experimentos hemos encontrado que las personas muy entrenadas en saber decir que “NO”, en muchas ocasiones, ya estaban diciendo que “NO”, como un automatismo, antes de saber la pregunta, es como si destruyendo por definición lo que quiere el otro nos creyéramos con más poder, sucediendo algo similar a lo que pasa cuando se castiga a un adolescente sin salir ese fin de semana por haberse saltado una norma y con su castigo te quedas tú también sin salir ese fin de semana, es como si para conseguir un 16 propósito tuvieras que arruinar tu propia proyección. ¿De qué sirve castigar a un adolescente si nos castigamos a nosotros también? Mal negocio. No puedes idealizar el “NO” como recurso fundamental para defender tus derechos, a no ser que te quieras ir contaminando con la negatividad. Estoy seguro que cada vez que dices que “NO” tu estado mental oscurece, ya que cuando te defiendes ante un instigador, aunque sepas cómo confrontarlo, para tu cerebro este tipo de ambiente no es positivo, pues se coloca en alerta. En cada “NO” te tienes que defender y, aunque salgas ganador/a, el hecho de la defensa crea un ambiente de conflicto y, gota a gota, te agota. La idea de que somos mejores si resolvemos conflictos es totalmente verdad, pero no cuando para resolver tenemos que ennegrecer nuestro clima mental o colocarnos ante una defensa permanente, en ese momento nos desgastamos, nos volvemos un poco paranoicos y en el núcleo de la desconfianza solo existe la inseguridad, de tal manera que cuantas más veces digas que “NO”, más estás diciéndote que tienes que cerrarte para que no te pase nada, tienes que colocar un muro, tienes que poner un límite, limitándote. Sin embargo, si aprendes a decir que “SÍ” implícitamente estás diciendo muchos “NO” sin decirlos, sin tener que defenderte, sin tanta defensa. Cada vez que dices que “SÍ” a algo estas diciendo que “NO” a todo lo que no has elegido. La diferencia es que con el “SÍ” te confirmas, te afianzas, te defines, te haces no solo líder de tu decisión, sino que marcas una dirección abierta en el camino de tu disposición. Con el “SÍ” no te proteges, eliges y, desde ahí, te sientes dueño/a de la situación. Solo tienes que decir que “SÍ” en otra dirección para decir que “NO”. Si debes decir que “NO” a alguien, di “SÍ” a lo que realmente te apetece hacer en ese momento y ya no tiene que haber más explicaciones, no tiene por qué haber castigos para ti. Por ejemplo, si alguien con quien no quieres salir te invita a bailar, solo tienes que decir que tienes que ir al cine con otra persona, que te quedas estudiando, viendo la televisión o que has decidido pasar la noche en tu casa a solas. Es decirte que “SÍ” a ti y, a la vez y desde el “SÍ”, decir que “NO”, sin efectos secundarios, sin excusas, sin otra razón que no sea que tú eliges, decides para lo bueno y lo malo, para equivocarte o acertar, pero siemprepara sentirte con el verdadero control del liderazgo de tus decisiones. De esta forma, en el ejemplo de castigar al adolescente, mantenemos que se quede sin salir ese fin de semana y, probablemente, tú tampoco puedas salir. Dejarle solo en casa puede ser un premio, pero no te castigas a ti, el hecho de castigarle no debe producir mal humor en ti, como adulto intentarás decirte que “SÍ” realizando cualquier actividad que sea positiva para ti, en definitiva eliges estar en casa haciendo algo que te gusta, el que se queda castigado es él/ella, tú no. Si el adolescente con tu “NO” sales este fin de semana” consigue que tú te quedes castigado/a, no le has castigado, te has castigado. Cuando esto es así, además, es natural que salga de su habitación el adolescente diciendo “eres un/a amargado/a” y tiene razón, porque lo estás. Mientras que si cuando sale de su habitación te encuentra totalmente entusiasmado/a con la actividad que estás haciendo, te aseguro 17 que tu “SÍ” a tu persona, será muy eficaz para que se vuelva a pensar saltarse las normas. Saber decir que “SÍ” es la primera medida de cambio para la gestión emocional del siglo XXI, ya que hoy también sabemos que, más importante que lo que decimos es desde qué emoción lo expresamos, por lo tanto si dices que “NO” desde la inseguridad, sigues estando mal a nivel de asertividad, y si dices que “NO” desde la seguridad, ese “NO” puede ser muy agresivo, por lo que tampoco es muy asertivo, ya sabes en la asertividad no hay que ser ni lobo ni cordero. Solo debes indicar el “NO” desde la seguridad cuando tengas realmente que defenderte de una amenaza muy fuerte, cuando estás viviendo una situación de mucha agresividad a tu persona, en ese momento, el “NO” desde la seguridad es un muro que te protege, un límite que colocas y que te enroca en un plano de defensa. No obstante, debes saber que es difícil decir en estas situaciones de peligro real “NO” desde la seguridad, habitualmente en estas situaciones se dice “NO” desde el miedo, la rabia, el asco o la tristeza. Como veremos después, en estos climas emocionales el “NO” también debe utilizarse solo si queremos tener dominio emocional, para casos muy puntuales y de peligro. Saber decir que “SÍ” está muy ligado a emociones como la seguridad, la curiosidad o la alegría, si dices que “SÍ” desde estas emociones te aseguro que tu cerebro se sentirá que es capitán del barco, pero si dices “SÍ” desde el miedo, la rabia o el asco, te vuelves a contaminar, tal como sucede cuando para defenderte dices que “NO”. Por todo ello, es necesario que tengas siempre en cuenta una ley universal para que tus palabras no te afecten negativamente y, sobre todo, para que tengas el efecto que deseas con tus interlocutores. “Lo esencial no es lo que dices, ni las palabras que usas, sino desde qué emoción lo expresas” La misma palabra, la misma frase, si la dices desde la rabia o desde la seguridad cambia totalmente y tu interlocutor comprenderá el significado de lo que le dices, más por la emoción que tú sientes en ese momento, que por las propias palabras que le transmites. Es lo que denominamos contexto, es fácil que hayas oído alguna vez “se han sacado las palabras de contexto”, pues bien, ese contexto es definido, sobre todo, por el ambiente emocional en el que se está comunicando. El contexto está totalmente condicionado por los estados emocionales de aquellos que se están comunicando, estén o no presentes. Saber en qué estado emocional te encuentras en cada momento, es manejar el arte de la gestión emocional, es dominar la parte más importante de la comunicación humana. 18 Quien tiene esta capacidad de ser consciente del estado anímico en el que se encuentra, si además es capaz de ser consciente, de comprender el estado anímico de aquellos que le rodean, tiene ventaja en la relación, sabe lo que tiene que hacer, a dónde puede llegar y, sobre todo, sabe por qué está pasando lo que está pasando. La afirmación “SÍ” por sí misma está adherida a estados emocionales desde nuestros ancestros de seguridad, de curiosidad y de alegría. ¿Sabes por qué la mayoría de las culturas, no todas, para decir que “SÍ” mueven la cabeza de arriba hacia abajo y para decir que “NO” mueven la cabeza de izquierda a derecha? La razón es que cuando buscamos el pezón o la tetina, de bebés, para alimentarnos, movemos la cabeza de izquierda a derecha hasta que la boca lo encuentra, por lo que cuanto más movimiento haya de izquierda a derecha, más le estamos diciendo a nuestro cerebro “aquí NO”, “aquí NO”. Sin embargo, cuando nuestra boca conecta con el pezón y comenzamos a succionar, el movimiento de nuestra cabeza es de arriba hacia abajo, en ese momento estamos diciendo a nuestro cerebro “aquí SÍ”, “aquí SÍ”. Si lo piensas es imposible succionar haciendo el gesto de izquierda a derecha, el gesto de NO, mientras que para succionar, ese movimiento de arriba abajo es fundamental, junto con el de atrás y adelante, para presionar. El “SÍ” está determinado de manera casi genética a una sonrisa, una expresión de apertura, de abrirte, si dices muchas veces “SÍ” tu cerebro se llena de serotonina y dopamina, mientras que cuando dices que “NO” se apagan las luces, se cierran las puertas, se para la respiración, aprietas los puños y los dientes, el NO llena nuestro cerebro de noradrenalina, cuando no hace que todo el sistema se apague, como ocurre en la depresión y en la emoción que la sostiene: la tristeza. Siguiendo esta idea respecto de la importancia que tiene la emoción en la que vivimos y quitándosela a las palabras que decimos, me atrevo a señalarte una gran evolución que tenemos que realizar en la psicología llamada positiva, para conseguir una verdadera gestión emocional y desde ahí crecer desde el punto de vista personal. Al igual que se ha ilustrado a decir que “NO“ a la población, como sinónimo de control de su vida y prototipo de asertividad, ha sido habitual escuchar a los teóricos del momento que debíamos hablarnos en positivo y que decirse cosas como “vales mucho”, “eres el mejor”, “venga que puedes”, son como órdenes que nos ayudan a conseguir nuestros objetivos. Hoy sabemos que esto es así pero no del todo, para que realmente esta forma de autodiálogo sea eficaz, además de hablarnos en positivo y darnos ánimo, tenemos que estar instalados en una emoción agradable, tal como la seguridad, la admiración, la curiosidad o la alegría, si no es así, por mucho que nos hablemos en positivo, no nos servirá de mucho. La emoción desde la que nos decimos estos mensajes es más importante que lo que nos decimos. De tal manera que si te dices que “vales mucho”, pero te lo dices sintiendo miedo o rabia, de poco te servirá. Lo que sentimos tiene más valor para nuestro sistema global que lo que decimos. Cuando el lenguaje se une a la emoción adecuada se multiplica el valor, pero cuando las palabras están colocadas sobre 19 emociones desajustadas para nuestro objetivo, en ese caso, las palabras son como el humo en un día de ventisca. La forma como se ha querido enseñar el dominio del universo emocional personal no se ha centrado tanto en conectar con las sensaciones que tiene nuestro cuerpo cada vez que nos encontramos en una u otra emoción, sino que se ha centrado más en dinámicas que, en muchas ocasiones, eran solo construcciones cognitivas o de razonamiento verbal, pero que estaban muy lejos de ofrecer a quien las experimentaba una ocasión para poder sentir e identificar realmente la emoción que estaba viviendo en ese momento, siendo la conciencia que ocurre en estas dinámicas muy cognitiva y, por lo tanto, poco involucradas en una conciencia emocional real. Es un error creerse que lo importante son las palabras, no podemos ser tan simplistas, no podemos seguir diciendo a la población que por el hecho de decirse unas palabras ya es suficiente. Es necesario que aprendas a decir que “SÍ” haciéndolo desde la seguridad, para poder sentir que eliges, o desde la curiosidad para poder arriesgarte, para descubrir, para explorar, para ser capazde permitirte la licencia de darte confianza y, por ello, respetarte en lo bueno y lo malo. Si te dices que “SÍ” desde la alegría, ese momento es un momento de disfrute, de dejarte llevar, quizás no es un momento para que tomes decisiones muy inteligentes, pero sí es un momento lúdico, infantil, soñador o soñado, es una licencia y, sobre todo, es conseguir el premio o alcanzar la meta que te mereces. Decir que “NO” desde la rabia, el asco, la tristeza o el miedo, solo deberías hacerlo cuando realmente te encuentras en una situación de peligro o cuando tengas que limitar por estar viviendo un abuso o una verdadera situación de acoso o cuando se quiere violar tu dignidad o tu integridad como persona. Fuera de estas situaciones extremas, decir que “NO” desde estas emociones displacenteras, además de hacerte el daño que lleva implícito el “NO”, te vas involucrando en un clima emocional que nunca te será favorable. Decir que “NO” desde la rabia, el asco, el miedo o la tristeza alimenta un síndrome muy peligroso, el síndrome de evitación, con el que aprendemos que nuestra sensación de seguridad debe pasar por alejarnos de la gente, encontrar la tranquilidad en la soledad y decidir separarnos de cualquier situación que pueda ser incómoda para no tener problemas, más o menos es como meternos en una especie de espiral donde poco a poco es mejor estar sin sufrir, que disfrutar. Esto siempre es una rotura con nuestra capacidad, quizás nos proteja, pero nos envuelve en inseguridad, en rencor, en sentir placer al no sentir dolor. El síndrome de evitación nos hace cada vez más fóbicos, más ritualistas, más obsesivos, más indefensos, es como si pensáramos que lo mejor que podemos hacer los humanos es cortar todos los árboles y así no tenemos que sufrir los incendios. La vida es dolor y es placer, es enfermedad y salud, es blanco y negro, la no aceptación de un contrario nos indica la no aceptación de la realidad, de la esencia misma de la vida. Para que exista la salud tiene que existir la enfermedad, para que exista una vida en relación debe existir la posibilidad de relacionarte con personas que no piensen 20 como tú, que no hablen como te guste o, simplemente, que digan cosas que pueden hacerte daño. No puedes imaginar que la solución es que no existan estas personas, la solución no puede ser un imposible, no puedes colocar la solución en lo otro, la solución debes tenerla tú, debe estar en tu poder y cuando alguien diga algo que te ofende, di que “SÍ” a todo aquello que te rodea que te haga sentirte bien, y si esa ofensa es un abuso, una violación de tus derechos, un acoso a tu dignidad, entonces y sin dudarlo di que “NO” con todas tus fuerzas, pero solo emplea el “NO” para estas situaciones, no lo emplees en cada minuto de tu vida, ya que ese uso también te afecta, tal como te afecta que eches humo tóxico a tu alrededor para que algún agente externo no se acerque a ti. Emplea el “NO” tal como se debe emplear una pistola, solo en defensa propia y cuando no haya más remedio, ya que además las balas del “NO” son especiales porque contaminan el aire que tú respiras. Además del síndrome de evitación antes mencionado, el uso continuo del “NO” nos lleva a otro síndrome muy desintegrador de la adecuada gestión de nuestras emociones, le he denominado síndrome del placer por la pérdida de un dolor. Imagínate que vas a una de esas fiestas de verano que se organizan a media tarde con todo el calor y la consiguiente dilatación de tus pies, por ejemplo, una boda. Después de varias horas, ¿cómo suelen estar tus pies? Bailas, andas, estás de pie, todo fantástico, pero insisto, ¿cómo están tus pies? Y llegas a tu casa, es el momento de quitarte esos zapatos, comienzas la maniobra y ¡¡¡zas!!! lo consigues, te has quitado los zapatos, ¿qué sientes? Seguro que uno de los placeres más indescriptibles, el placer de quitarte el dolor que te producen esos preciosos zapatos que te estaban dejando sin pies. Tienes que tener cuidado con este tipo de placer, ya que para que exista debes haber sufrido un dolor, es más, el placer que sientes al quitarte los zapatos es directamente proporcional al sufrimiento que has tenido mientras los tenías puestos. Por lo tanto, y ya fuera del ejemplo de los zapatos, tenemos que darnos cuenta de las veces en las que una sensación de bienestar es secundaria a la pérdida de un sufrimiento previo. Este es el síndrome del placer por la pérdida de un dolor, un síndrome que encontramos en el siglo XXI con mucha asiduidad. Ejemplos de este síndrome lo tenemos en esas parejas que, para que puedan sentir el placer de la reconciliación, necesitan de forma más o menos inconsciente estar enganchados en discusiones o golpes, ojalá que solo psíquicos, del uno contra el otro. Después, la sensación que tienen cuando se apaciguan es tan positiva como la de quitarse los zapatos, pero previamente han estado minando la relación con la disputa. Lo encontramos mucho en el mundo adolescente, donde se pasa de la tranquilidad a la tragedia y desde ahí de nuevo a la tranquilidad con una velocidad que a los adultos no solo nos da vértigo, sino que nos es muy difícil de seguir, ya que habitualmente nos quedamos enganchados en el dolor y cuando ellos ya están como si nada, a nosotros se nos ha ido la vida en ese momento donde parecía que el mundo se hundía. El adolescente amplifica mucho sus vivencias, ya que no tiene un cerebro racional del todo maduro, y por ello lo vive todo con una intensidad tremenda, pero al igual que de 21 pequeño le gustaba la sensación que sentía después de dar muchas vueltas y marearse, ahora también le encanta la sensación de la calma después de la tormenta. Este síndrome es frecuente en los hipocondriacos, que necesitan del diagnóstico que les certifique que están sanísimos, y en ese momento se sienten en la gloria, pero no se dan cuenta de que esto sucede después de haber pasado el infierno de vivir como que ya se están muriendo y que todo se termina. El placer secundario al dolor es una cara más de decir que “NO” para sentir que somos dueños y nos sabemos defender. Lo ideal para salir de este extraño síndrome, único en el ser humano, es saber obtener placer directo, sin tener que haber sentido antes dolor o sufrimiento. Es normal que si alguien nos aprieta con unos alicates y suelta, sintamos un alivio muy alto, pero es mejor sentir ese alivio porque te estén acariciando y no sea necesario que te estén maltratando. Maltratarse para después cuando se termina el maltrato sentir alivio, no es un buen negocio tampoco. Hay una figura muy peligrosa en los grupos de amigos, suele ser una persona con un perfil social muy querido por el grupo, alguien con el que puedes contar en cualquier momento, es una persona que en los sociogramas aparece como muy querido y quien consigue una cuota muy alta de confianza y sobre todo de comunicaciones íntimas del grupo. Este tipo de personaje, muy habitual en los grupos de amigos, suelen no tener pareja y además suele ser un gran confidente. Pues bien, es habitual que para que exista la fortaleza en el grupo de este tipo de perfil encantador/a, en su estricta acepción de la palabra, debe haber conflictos, es decir que para que haga el papel de mediador/a y por lo tanto gane su rol con honor, deben existir problemas o tiranteces en el grupo. Esta figura la vemos en las empresas, los partidos políticos, las familias, etc., de tal forma que cuando he preguntado a algunas personas muy queridos en sus empresas, cuál es su función, algunos me han dicho que resolver los problemas. Bueno, pues está claro que nadie quiere estar en el paro, por lo que si alguien tiene como función resolver problemas es normal que los problemas existan, de no ser así para qué iba a estar contratado. Con todo ello, señalo lo bueno de lo malo y lo malo de lo bueno, decir que “NO” no es bueno porque crea un clima mental muy negativo en nosotros y resolver los problemas de un grupo como mediador también puede ser negativo, ya que si ese es el modus vivendi del mediador, su presenciaya denota que tiene que haber un problema. No dejes que alguien sepa más sobre ti que tú, no permitas que otros sean los que tienen la capacidad de mediar con tus adversarios de discusión, coge las riendas de tu vida, comienza por los territorios donde te mueves desde la emoción más entrañable, como es la familia, los amigos, los grupos de hobbies, aprende a ser tu propio gestor de los conflictos, no te digas que tú no puedes y a la vez le digas a otro que el sí que puede. Si se puede, entonces lo ideal es que tú lo resuelvas, diciéndote una vez más que “SÍ” a tu capacidad y a tu persona, y diciendo que “NO” al híbrido entre alcahuete y celestina que está ahí para salvarte la vida y lo único que consigue es que tu vida esté en sus manos, ya que es él, el que tiene tu salvavidas en su mano. 22 Advierte si tu bienestar está envuelto en el síndrome del placer por la pérdida de un dolor, ese bienestar es de segunda división, es postizo, es un sucedáneo. No llames bienestar a la pérdida de un dolor, dejar de sentir dolor es loable cuando es una consecuencia de algo que no podemos remediar, pero, cuando es una constante o es el tipo de placer que sentimos habitualmente, tenemos que lograr cambiarlo, ya que no es un bienestar directo, sentir bienestar solo cuando has dejado de tener dolor, va minando tu capacidad de gestionar tus emociones, no olvides que esta gestión emocional tiene un objetivo único y es que sepas gestionar tu vida y sobre todo que la gestiones para sentirte vivo/a, con vida. Por último, en este aprender a decir que “SÍ”, tengo que señalarte otro síndrome peligroso que he denominado síndrome de ilusión-desilusión. En este caso, la persona que padece este síndrome se ilusiona por algo, pero enseguida aparece el “NO” y sucede la desilusión, dejando todo el proyecto que parecía que nacía con gran ímpetu en agua de borrajas. Este frenazo en la ilusión, este corte en seco desde la desilusión, va mellando la capacidad para volver a ilusionarse, apareciendo una estructura mental que pocas cosas le conmueven, que está como anestesiada, que comienza a relativizar todo y a no encontrar elementos que le activen la sorpresa, la alegría o la curiosidad, ya que se está acostumbrando a que después de la ilusión aparece la desilusión, por lo que ilusionarse no tiene éxito y, como siempre pasa en nuestro cerebro, aquello que no tiene éxito deja de repetirse. La inercia del “NO” está muy vinculada a este síndrome, ya que lo que realmente sucede cuando llega el momento de la desilusión en la persona que padece este síndrome, es que, de alguna manera, se dice: “Esto no es para mí”, “No puedo conseguirlo”, “No puedo disfrutar con todo esto”, “Cómo eres tan iluso/a, cómo te atreves a permitirte esto…”, en definitiva, distintas formas de castración y de inutilización de tus capacidades para disfrutar y para llevar a cabo la tarea que te había ilusionado. En realidad, el “SÍ” y el “NO” son más que conceptos de afirmación y/o negación, podemos colocarlos como verdaderos conmutadores de encendido y apagado, son como centros de decisión binomiales que nos indican, con la combinación de 1-0, si estamos o no estamos, si somos o no somos, si podemos o no podemos. Un grave error que puedes cometer es ubicar las premisas de la inteligencia emocional dentro de un marco de conocimiento en el que se expresa muy bien lo que debería ocurrir, tendría que ocurrir o nos gustaría que ocurriera respecto al funcionamiento de nuestro sistema global para tomar decisiones. Sin embargo, lo que sucede en realidad está muy lejos de estas ilusiones teóricas, ya que nuestro marco de conocimiento debe explicar lo que sucede en realidad, lo que ocurre en verdad y no lo que nos gustaría, debería o tendría que suceder. La persona que padece el síndrome de ilusión-desilusión falla en su capacidad de apreciar y de atribuir lo posible y lo imposible, ilusionándose por cosas que no están a su alcance, o falla colocándose en una castración permanente que le impide terminar aquello que ha comenzado. 23 Esta falta de consolidación, de comenzar muchas tareas y no terminarlas, de dejar las cosas a medias, se conecta con el síndrome de evitación y nos lleva a que la única fuente de placer sea, tal como indica el síndrome de placer por la pérdida de un dolor, dejar de sufrir. Sal del “NO” automático, empléalo solo en momentos muy concretos y aprende a decir que “SÍ”, a decirte que “SÍ”, a conseguir el material que necesitas para construirte una vida enmarcada en un optimismo realista, puro y capaz de llevarte al placer y a tu autoconocimiento. La sabiduría del optimismo Los hallazgos publicados en la revista especializada Aging, que forman parte del Einstein’s Longevity Genes Project (Nir Barzilai, MD), indican que los centenarios (personas que han pasado de los 100 años) no se diferencian tanto de los no centenarios por no tener predisposiciones genéticas a sufrir enfermedades mortales. Estudios previos sugerían que la personalidad está directamente relacionada con mecanismos genéticos que pueden afectar directamente a la salud. Los análisis de la personalidad de los sujetos demostraron que, lejos de ser gruñones, los centenarios reunían cualidades que reflejaban claramente una actitud positiva hacia la vida, la mayoría eran “extrovertidos, optimistas y de trato fácil” y, para ellos, “la risa es una parte importante de su vida”. Además, tenían una amplia red social. En nuestras investigaciones (R. Aguado, 2012, en Psinapsis) hemos encontrado que para ser optimista hay que ser muy sabio/a. El optimismo, tal como lo hemos definido anteriormente, no es decirse que no pasa nada y hablarse todo el rato con palabras de positividad. El optimismo está muy cerca de encontrarse en una emoción adecuada para la situación que vivimos. Las personas centenarias que hemos entrevistado claro que se enfadan y se entristecen, pero solo lo suelen hacer cuando la realidad les coloca en una situación propicia para responder desde el enfado o la tristeza. En muy pocas ocasiones viven una emoción desagradable (asco, rabia, tristeza, miedo y culpa) si no ocurre algo en la realidad que lo provoque desde el sentido común, en muy pocas ocasiones están en estas emociones desde su fantasía, anticipando o colocando su imaginación en una situación que lleve a activar estas emociones desagradables. Por lo tanto, queremos que reflexiones y que te des cuenta que ser optimista no se consigue por hablar en positivo, ser optimista es tener una gran flexibilidad emocional, tener capacidad de adaptación y pasar de lo malo a lo bueno en cuanto el ambiente es propicio, no llevar el pasado como una mochila que pesa, más bien colocarlo en perspectiva o como una guía, para que no ocurran de nuevo las cosas que te hicieron sufrir, aprendiendo de todo lo vivido, estando rodeado de gente que te aprecie y a la que tú puedas apreciar y, sobre todo, empleando el humor como atmósfera y desarrollando la capacidad para vivir en la emoción más adecuada para cada situación. Al igual que 24 hemos definido el estrés como esa situación en la que una vez apretado el acelerador, si levantamos el pie, el motor sigue acelerado, el optimista es capaz de salir de la tristeza, el miedo, la rabia o el asco en cuanto la situación que proporcionó estas emociones ya no está presente. Es uno de los indicadores más novedosos que he podido encontrar en estas personas centenarias, que pese a haber sufrido como el que más, avatares en su vida, han sido capaces de salir de ellos en cuanto ha cambiado la situación. El pesimista se queda aferrado a la tragedia que ha vivido y, aunque no sea actual el acontecimiento, lo sigue teniendo presente, manteniéndolo como si estuviera embalsamado en su mente. El pesimista sigue luchando para que lo que ocurrió no exista, su solución se encuentra en que no haya pasado lo que ha pasado, buscando una solución no solo imposible, sino que paradójicamente lo que consigue es que aquello que le hizo sufrir siga manteniéndose, momento a momento, como si estuviera ocurriendoahora. El optimista vive la situación trágica con la emoción desagradable adecuada pero, en cuanto se encuentra en otra situación ya no trágica, coloca la anterior en el baúl de los recuerdos y pone en la actualidad lo actual, viviendo en “el ahora” la emoción que mejor representa ese momento. Sabemos que el optimista sufre como el que más pero, en cuanto la vida le da oportunidad, disfruta como si se le fuera a acabar. Aquí conectamos con un elemento clave en la gestión de las emociones: “la flexibilidad emocional”. Podemos definir enfermedad mental como un estado de rigidez emocional, en este estado, pase lo que pase, quien tiene un trastorno mental siempre está triste, tiene miedo, siente culpa, etc., mientras que la salud mental sería ese estado en el que el sujeto activa una y otra emoción (todas) según sea la situación que vive. Desde el punto de vista bioquímico esto nos indica que la rigidez emocional está totalmente vinculada a la activación de un neurotransmisor por encima de los otros, es decir, hay una química que se repite constantemente en ese cerebro, lo cual infiere que las estructuras neurológicas que se activan son también unas pocas. Habitualmente esta química cerebral única y estas activaciones neurológicas singulares, están así por la inhibición de sus competidores, es decir, si la persona siempre tiene activada la noradrenalina y por lo tanto se dispara constantemente sus amígdalas cerebrales, los ganglios basales o el cíngulo, lo que tenemos es una persona que pase lo que pase en su vida, tiene una emoción de miedo o de rabia. Esto es habitual en aquella persona muy estresada que no puede engatillar la serotonina o la acetilcolina y, por lo tanto, solo activa las emociones que dependen de una química concreta y las estructuras neurológicas que están en ese uso. El pesimista no engatilla frecuentemente dopamina, serotonina o acetilcolina, se encuentra en un estado adrenergio-noradrenérgico, ya que su cerebro interpreta que no puede enfrentarse a los acontecimientos que vive, y desde ahí, que no es capaz de cambiar las cosas que le afectan. Esta sensación puede calificarse de autoestima baja, pero realmente lo que tenemos es a una persona que no tiene la base química en su cerebro para poder sentir que es capaz. 25 La dimensión de la enfermedad puede ser menor estando en niveles más bajos de trastorno o incluso en situaciones donde solo se aprecian rasgos de personalidad fuera de lo patológico, en estos casos menores, el sujeto puede activar todas las químicas y todas las estructuras neurológicas y, por ello, todas las emociones, pero una más que otras. Por lo tanto, podemos concluir que cuanta más rigidez emocional, mayor grado de enfermedad, y cuanta más flexibilidad emocional, menos grado de enfermedad. El problema es que quitando el matiz de la intensidad, nos encontramos en un continuo que si no se mejora la tendencia a la rigidez, la persona a lo largo de su vida sigue enfermando. Si te das cuenta, la gestión emocional y entre otros el optimismo como una de sus competencias y/o habilidades, no son cosas baladíes, ya que en realidad estamos hablando de calidad de vida, esperanza de vida y, sobre todo, de salud. La salud mental depende de la capacidad que tengamos para poder pasar de un estado emotivo a otro, siendo muy importante que el estado emotivo en el que nos encontramos sea el adecuado para adaptarnos a la situación de la mejor manera posible. Hablar de ser optimista o no es hablar de tener menos o más sufrimiento en la vida, es conseguir tener que pasar menos veces por el médico y si pasamos es para reconocimientos preventivos, es conseguir que el disfrute tenga más tiempo que el malestar. El optimista cuando tiene una dolencia, va en cuanto puede a su médico, lo consulta, se hace las pruebas oportunas, pero mientras le dan el diagnóstico sigue haciendo lo que tiene que hacer o puede hacer en su vida, pone su dolencia en las manos de un profesional, pero no para su vida, sigue haciendo lo que su problema le permite y sigue disfrutando con ello. El pesimista, con la misma dolencia, no va al médico porque tiene miedo del diagnóstico, no repara, no mejora, ya que no hace lo que tiene que hacer y además bloquea todo lo que tiene que realizar y que puede efectuar en ese día, porque sus pensamientos obsesivos y su preocupación se lo impiden. El optimista encara y resuelve, el pesimista huye, evita y, por ello, no solventa su dolencia. Educar a los niños en el optimismo es hacerles más sabios, más capaces, y, sobre todo, menos dependientes. La dependencia emocional es uno de los grandes trastornos del momento, tal como indica Jorge Castelló o el propio Walter Riso con su concepto de “apego dependiente”, crea una verdadera adicción sin sustancia con la persona “que se ama”, aunque más que amor, como digo, es solo dependencia. Hay un relato clásico que refleja muy bien lo que es la dependencia emocional, te lo trascribo de forma literal, no conozco al autor: LA PARÁBOLA DEL MATRIMONIO Cuenta una vieja leyenda de los indios Sioux que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu. – Nos amamos –empezó el joven. 26 – Y nos vamos a casar –dijo ella. – Y nos queremos tanto que tenemos miedo. Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán. Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos. Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte. – Por favor –repitieron– ¿hay algo que podamos hacer? El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra. – Hay algo –dijo el viejo después de una larga pausa. Pero no sé... es una tarea muy difícil y sacrificada. – No importa –dijeron los dos. Lo que sea –ratificó Toro Bravo. – Bien –dijo el brujo–. Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste? La joven asintió en silencio. – Y tú, Toro Bravo, –siguió el brujo– deberás escalar la Montaña del Trueno; cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas y, solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta...¡salgan ahora! Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur... El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas. El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo las aves cazadas. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe. – ¿Volaban alto? –preguntó el brujo. – Sí, sin duda. Como lo pediste... ¿y ahora? –preguntó el joven– ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre? – No –dijo el viejo–. – Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne –propuso la joven–. – No –repitió el viejo–. Harán lo que les digo: tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero... Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres. El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero solo consiguieron revolcarse en el piso. Unos 27 minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse. Este es el conjuro... – Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarseuno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, VUELEN JUNTOS, PERO JAMÁS ATADOS. Al igual que el optimismo no es estar siempre contento, la relación de pareja o cualquier relación de amor nunca es estar atado al otro. Cuando llamamos optimista a una persona que pase lo que pase en su vida, está encantado y contento, lo que tenemos delante no es un optimista, es un inconsciente, cuando no una persona que tiene una euforia patológica. El optimista, como he repetido varias veces, sufre y pasa por todas las emociones, cuando una persona solo se encuentra en la alegría, sigue siendo un rígido emocional y, por lo tanto, tiene una enfermedad mental, al igual que si la emoción única o su rigidez fuera por miedo o por rabia. Cualquier incapacidad para poder activar todas las emociones según sea la situación que se vive es un signo de enfermedad mental. El/la optimista es tan sabio/a que sabe salir de las situaciones de malestar, pero eso no indica que no las sienta, ni las sufra o las disfrute cuando las vive. Lo mismo ocurre con la dependencia, no es un amor sano el amor de no poder vivir sin el otro, y no me estoy refiriendo a la pérdida o al fallecimiento del ser amado, en esa situación es normal sentir una gran añoranza y durante mucho tiempo tener dificultades para seguir adelante. Me estoy refiriendo a las situaciones donde nadie está enfermo, ni le ocurre nada, los dos viven sin que tengan ningún signo de que van a fallecer o enfermar, y alguno de ellos no puede vivir sin estar con el otro, es como si lo necesitara para sentirse alguien. Esta atadura y esta dependencia casi siempre va unida a pocos momentos de diversión y de autocomplacencia y es habitual que no puedan vivir sin el otro, aunque en la realidad parezca que no puede vivir con él/ella, ya que en estas condiciones son habituales los enfados, los gritos, cuando no la violencia, tanto psicológica como física. La violencia de género y la dependencia emocional están muy unidas, es normal que el agresor consiga aislar a su víctima. La forma como lo consigue es con la estrategia de ser a veces lobo y en otras ocasiones cordero, tanto en un estado como en otro, la manipula, ya que no le importa lo que ella siente, lo importante es que él consiga tenerla en su espacio de control. La mujer que sufre violencia llega a habituarse, de tal forma que normaliza lo anormal, perdiendo la capacidad de reconocer sus derechos, es lo que se llama en la psicología científica pérdida de autoestima. Ocurre como en la fábula del elefante que está atado a un hierro en la tierra al lado de la carpa del circo. Nos preguntamos, ¿por qué no se escapa? Si quisiera, con la fuerza que tiene, se podría escapar. La respuesta es que no se escapa porque no lo intenta, simplemente porque no 28 se lo plantea, no existe esa posibilidad. La mujer que sufre violencia de género está en un estado psicológico que ni siquiera se plantea que puede salir de ese enredo emocional y si en algún momento es capaz, el violento sabe que debe dar el último paso, y entonces la mata, a veces de pena y, por desgracia, otras veces con un cuchillo porque para él, en su mente obtusa y depravada, ella es suya, porque ella le pertenece, porque ella no existe, es de su propiedad. En muchas ocasiones cuando se les pregunta, ¿por qué no le dejas? Te dicen, PORQUE LE QUIERO. Acuérdate: Si no puedes vivir sin alguien, posiblemente es que no puedes vivir con él/ella. La dependencia emocional se encuentra tanto en el hombre como en la mujer, mientras que la violencia de género es un estigma social que solo ocurre del hombre hacia la mujer. ¿Ninguna mujer es violenta con un hombre? Posiblemente sí, y es fácil que esta ley que coloca al hombre como único agresor pueda estar siendo injusta para algunos hombres que sufren una verdadera violencia de una mujer, tan cruel como la que sufre la mujer cuando el violento es el hombre, y además sin posibilidad de defensa en el caso del varón agredido. Pero una vez dicho esto, y señalado que podemos estar siendo injustos con algún hombre, la realidad es que el número de mujeres que han muerto en manos de hombres es un universo, mientras que el número de hombres que han muerto por mujeres no lo es. No obstante para aquellos hombres que sufren la violencia de una mujer, decirles que ante las violencias, ante la ley, todos somos iguales, que denuncien y que no sigan más al lado de esa mujer. Lo primero que tenemos que conseguir es salir de la dependencia emocional y para que esto sea así no podemos aceptar ningún tipo de violencia, la tolerancia debe ser CERO, y cuando un ser humano golpea a otro o le amenaza, sea cual sea la ley que lo castiga, tiene un castigo. El/la optimista no cae en la dependencia emocional, tiene una capacidad de darse cuenta de qué es lo que le hace bien y qué es lo que le hace mal, tiene la sabiduría de elegirse cuando alguien le impide o le bloquea la esencia de su ser: la dignidad. Cualquier optimista es capaz de encarar esa situación alejándose, sin miedo a la soledad, ya que es mejor estar solo/a que tener destrozada la dignidad. El optimista del siglo XXI no es una persona que sonríe y dice bromas por las esquinas, es una persona que sabe ser resiliente a los avatares de la vida, ya que tiene una imagen de sí mismo basada en el respecto y el saber decirse que “SÍ”, sin ser egoísta en el sentido de no tener en cuenta al otro, pero sabe ser egoísta cuando alguien intenta vampirizarle su vida o su personalidad. 29 La ley de regulación contra la dependencia emocional es la de mantener relaciones ganar-ganar y no aceptar las relaciones perder-ganar, sobre todo, cuando se convierten en una constante en la relación. Un dato más en el análisis del optimista es que en pocas ocasiones busca encontrar la miseria de los demás. Hay que reconocer que todos tenemos miserias, es imposible que ninguno de nosotros no tenga un apartado en el pasado o un rasgo en la actualidad que, si sale a la luz, pueda ser teñido de miserable. El ser humano tiene mucho que mejorar en su capacidad de relación, se encuentra permanentemente en una encrucijada entre el “sentido común” y el “amor propio”, entre ceder para poder vivir con los otros y a la vez saber protegerse para no salir fulminado de esa misma relación. Te puedo asegurar que conozcas a quien conozcas (y te lo digo yo, que he tenido más de 8000 pacientes que me han contado su vida de principio a fin) si quieres encontrar algo miserable lo vas a encontrar, no se salva nadie. Siempre hay niveles de miserias, pero haberlas haylas. Lo que sabemos es que el optimista no busca las miserias de los demás, no lo tiene como plan. Las personas que analizan al interlocutor hasta conocer en qué falla o dónde puede encontrar algún signo miserable, viven rodeados de miseria y no se dan cuenta que es como si cuando entran en una ciudad quisieran descubrir dónde están las aguas fecales, es posible que si solo vives alrededor de las aguas fecales, además de parecerte la vida una porquería, muy pronto estarás contaminado de tanta suciedad. El deporte de criticar al otro y para poder hacerlo lo primero será encontrar dónde tiene sus miserias. Es un deporte sucio, no hay juego limpio (Fair Play), este tipo de personas seguro que obtienen muchos beneficios con estos conocimientos, ya que incluso pueden emplearlo para humillar o para chantajear, pero están llenos de suciedad. Puede que tengan esa cosa que llaman éxito, pero no tienen algo importante, optimismo, ya que tienen la mirada sucia, la mente sucia y la vida sucia. Y te aseguro que todos los cerdos (pobres animales) tienen su San Martín. No podemos confundir el optimismo con la felicidad que dicen sentir algunos gracias a poseer un imperio de bienes. Tener poder para ser poderoso y con ello dominar a los demás, está anclado en la avaricia y el egoísmo patológico, y aunque sea cierto que con “estas artes” haya personas que han llegado muy lejos en la empresa, la ciencia, la política o cualquier otra actividad, lo que sí que sabemos esque pocas personas que rodean a estos personajes viven dentro de la seguridad. Les hacen caso desde el miedo, la culpa o la dependencia emocional. Ser optimista es: 1. Ser realista. 2. Ser solidario. 3. Comprender que el ser humano tiene errores y por ello el tesoro no es descubrir la miseria que posee, sino sus valores y virtudes. 30 4. Es saber estar en el aquí y en el ahora, es saber dejar el pasado atrás, aprender de lo que sucedió pero no mantenerlo en el presente como si siguiera ocurriendo. 5. Es tener una capacidad infinita de resiliencia y empatía. 6. Es saber decirse que “SÍ” y utilizar el “NO” para momentos muy puntuales de peligro. 7. Es saber reírse pero a la vez saber llorar. 8. Es ser autónomo/a, no vivir en la dependencia. Sus lazos son vínculos ganar-ganar y su relación con el amor tiene que ver con la libertad y no tanto con esposas, cadenas o ataduras que hacen heridas a la identidad y a la dignidad. Lo fundamental que define el optimismo es la capacidad para poder progresar, saber relacionarse en el permanente diálogo que todos tenemos con nuestra biografía, en el presente, diferenciando que el pasado ya pasó y que el futuro puede esperar. Ser optimista es tener poca contaminación mental, no dejarse intoxicar por los contaminantes ambientales, tener criterio, tener esperanza, tener la sensación de que gestiona su destino. Para conseguir todo esto, como puedes imaginar, es necesario mucha sabiduría, conocerse mucho, conocer la naturaleza humana y, sobre todo, conocer las reglas de la vida y de la convivencia. Simpatía, empatía y tus neuronas espejo Fue en 1996 cuando en la Universidad de Parma (Italia) el equipo dirigido por Giacomo Rizzolatti se dio cuenta, en un estudio que se realizaba con monos, que unas células concretas del cerebro del simio se activaban cuando éste observaba realizar un ejercicio a otro simio. Los científicos italianos habían identificado un tipo de neuronas desconocidas hasta ese momento, las denominaron neuronas especulares. Estas neuronas no reaccionan ni al asir sin objetivo, ni al solo observar el objeto que se ha de agarrar. Sólo se activaban cuando se dan juntas ambas cosas, la acción y su objetivo. En determinada ocasión sucedió algo desconcertante al activarse de pronto el aparato de registro sin que el mono realizase ninguna actividad. El efecto se pudo repetir a voluntad, comprobándose en numerosas neuronas vecinas el mismo comportamiento inesperado: se activaban sin que el mono moviera un solo dedo. Bastaba con que viera que otro simio realizara tal acción. Sucedía como si las células representaran el propósito ligado al movimiento (Emilio García García, 2008). Estas mismas neuronas también se activan, junto con otras colaterales, cuando el mono ejecuta la acción que antes había observado. A estas células especializadas en repetir dentro del cerebro del observador patrones motores de aquellos que están ejecutando una acción, se las denominó neuronas espejo. Las neuronas espejo son un tipo particular de neuronas que se activan cuando un individuo realiza una acción, pero también cuando él observa una acción similar realizada por otro individuo. Las neuronas espejo forman parte de un sistema de redes neuronales que posibilita la percepción-ejecución-intención. 31 La simple observación de movimientos de la mano, pie o boca activa las mismas regiones específicas de la corteza motora, como si el observador estuviera realizando esos mismos movimientos. Pero el proceso va más allá de que el movimiento, al ser observado, genere un movimiento similar latente en el observador. En un principio se pensó que simplemente se trataba de un sistema de imitación. Sin embargo, los múltiples trabajos que se han hecho desde su descubrimiento, el último de los cuales se publicó en Science (Oct 2005, Representación de acción múltiple en el lóbulo frontal, Koen Nelissen, Giuseppe Luppino y otros), muestran que las implicaciones trascienden, y mucho, al campo de la neurofisiología pura. El sistema de espejo permite hacer propias las acciones, sensaciones y emociones de los demás. El equipo de Rizzolatti nos indica que el sentido de la visión es el más determinante en proporcionar el vínculo para comprender a los demás, de tal forma que cuando se observa una acción hecha por otra persona, la codificación a nivel visual prepara y promueve que esa acción tenga su meta en el aparato motor del observador, de alguna manera cuando vemos meter un gol a nuestro futbolista favorito es como si nosotros también lo marcáramos. Esta relación visión-motricidad, no solo tiene aquí su territorio, sino que también capacita el entendimiento de la otra persona pudiéndose comprender hasta lo que piensa. El sistema de espejo hace precisamente eso, te pone en el lugar del otro. La base de nuestro comportamiento social es que exista la capacidad de tener empatía e imaginar lo que el otro está pensando, sintiendo y haciendo. Una propiedad de las neuronas espejo es que son unas células especializadas en sentir lo que el otro siente, no solo en imitarle. Estas neuronas tienen un componente un tanto paranoico, ya que cuando sentimos que alguien está enfadado, lo que realmente ocurre no es que conectamos con el enfado de esa persona, sino que sentimos el enfado en nosotros, es decir, las químicas y las estructuras neurológicas que se activan son las del enfado en nosotros, solo que estas neuronas nos hacen sentir que no somos nosotros los enfadados, sino que es el otro. Por lo tanto sentimos en nosotros, sintiendo que es el otro el que siente lo que sentimos. Asímismo, Rizzolatti comenta: “El mensaje más importante de las neuronas espejo es que demuestran que verdaderamente somos seres sociales. La sociedad, la familia y la comunidad son valores realmente innatos. Ahora, nuestra sociedad intenta negarlo y por eso los jóvenes están tan descontentos, porque no crean lazos. Ocurre algo similar con la imitación, en Occidente está muy mal vista, y sin embargo es la base de la cultura. Se dice: ‘No imites, tienes que ser original’, pero es un error. Primero tienes que imitar y después puedes ser original. Para comprenderlo no hay más que fijarse en los grandes pintores”. La intención del otro también está capturada por estas neuronas, ya que se activan incluso cuando no vemos la acción del otro, es suficiente con la representación mental, son como unas células conectadas por un wifi neurológico, como si hubiese una resonancia en la que se capta no solo la acción, también la intención y la representación mental de ésta. 32 Nuestro aprendizaje motor, que es la base de las neuronas espejos, tiene ya relevancia en el útero materno, desde este aprendizaje todo lo que imitamos, observamos o captamos de los demás lo representamos de forma interna en nuestro cerebro obteniendo estos resultados de conexión intuitiva. Enfermedades como el autismo puede que tengan la base en la incapacidad para organizar su sistema motor, posiblemente por no haberlo aprendido en la fase de gestación uterina, al no tener adquirido este vocabulario social, no entienden a los otros, ya que no pueden relacionar sus movimientos con los que ven en los demás, por lo que lo que para cualquier humano es un gesto, para ellos puede ser una amenaza. El concepto de simpatía y el de empatía tienen una misma raíz, ambos son elementos secundarios a las neuronas espejo y ambos nos ayudan a colocarnos en el lugar del otro y, por ello, nos capacita en reconocernos y diferenciarnos de los demás. No obstante, hay una divergencia en el concepto de simpatía y empatía que me gustaría representar con el siguiente ejemplo: ser simpático es que alguien se está ahogando y te tiras al agua, ahogándote con él, ser empático es intentar salvarle sin que tu vida corra peligro. Es decir, en la simpatía hay una auténtica mimetización, es como una fusión, incluso una con-fusión en la que es difícil separar lo de uno y lo del otro. Cuando somos simpáticos hay una total e íntegra interacción, como dos clones. Mientras que en la empatíaen todo momento sabemos dónde está el otro y dónde estamos nosotros, aunque sintamos al otro, entendamos y sepamos lo que le ocurre, colocándonos en su sitio, sabemos que realmente no estamos allí. Empatizar debe ayudarnos a establecer claramente una relación con el interlocutor, pero no nos olvidamos de nuestra posición, incluso la protegemos, nos ponemos en los zapatos del otro pero sabemos que esos zapatos no son nuestros. Simpatizar es olvidarse de uno y vivir como hace el otro, es cambiar nuestro yo por su yo, siendo elemento básico de muchos trastornos. En la dependencia emocional y en los trastornos que orbitan alrededor del concepto de histrionismo, encontramos una gran simpatización, por lo tanto, conocer este concepto y profundizar nos ayudaría a poder ayudar a las personas que lo padecen, ya que es posible que tenga su base neurológica en una inmadurez de las neuronas espejo. Todo ello es una hipótesis de trabajo, que en este momento anuncio, pero no tengo base de investigación que lo avale, pero, como siempre, así comienza el proceso científico, partimos desde hipótesis, después ya derivaremos en refutarlas o confirmarlas. La hipótesis mencionada parte de la idea de que desde el punto de vista de la evolución o maduración de las neuronas espejo, la simpatía y la empatía ocupan dos momentos distintos, es decir, la simpatía y la empatía son dos momentos distintos dentro de la maduración de las neuronas espejo. De hecho podíamos hacer un continuo entre un exceso de intercomunicación y en el otro extremo un déficit de intercomunicación: 33 Cuando el ser humano interpreta y predice la conducta de los demás nos muestra una capacidad mental prodigiosa para realizar su comunicación interpersonal y, de esta forma, tener una interacción social adecuada. A esta especialización se la ha denominado Teoría de la Mente ya que, de alguna manera, lo que hace el ser humano es teorizar (no lo observa directamente) desde la intuición y su capacidad de predecir desde señales visuales-motoras, no solo lo que el otro hace, sino también lo que piensa, siente e incluso de las intenciones que puede tener. En las relaciones interpersonales continuamente interpretamos el comportamiento del otro, suponiendo las opiniones, creencias, deseos, intenciones, intereses, sentimientos y emociones. Cuando alguien hace algo pensamos que tal conducta se debe a determinados pensamientos, sentimientos o deseos que tiene en su cabeza. Los seres humanos tenemos una teoría de las mentes ajenas que nos permite, naturalmente, atribuir estados mentales a los demás y a nosotros mismos. Somos animales mentalistas (Riviere, 1991, 1997; Whiten, 1991; Gómez, 2007; García García, 2001, 2007). De alguna manera, al igual que en el método científico, el ser humano con sus predicciones desarrolla toda una teoría del otro y de todo aquello que está viviendo. El cerebro dispone de redes neurales especializadas, que nos permiten crear ingeniosas hipótesis sobre cómo opera la mente de otras personas. A partir de estas hipótesis, anticipamos y predecimos con acierto las conductas de los demás. Esta capacidad de mentalización con una base neuronal determinada, se considera de carácter modular, similar a la capacidad lingüística, numérica o espacial. Carey y Gelman (1991), Dehaene (1998), Pinker (2002), Chomsky (2003) y Spelke (2005), han caracterizado estas capacidades básicas como conocimientos nucleares, que subyacen a todo cuanto aprendemos a lo largo de la vida y nos identifican como miembros de una especie. Estudios con tecnologías de neuroimagen están mostrando las áreas cerebrales comprometidas con la Teoría de la Mente, especialmente en tres regiones claves de lo que podemos caracterizar como cerebro social: la corteza prefrontal medial, la circunvolución temporal superior y la amígdala. En el córtex promotor es sabido que se planean e inician los movimientos. Cuando una persona realiza acciones en contextos significativos, tales acciones van acompañadas de la captación de las propias intenciones que motivan a hacerlas. Se conforman sistemas neuronales que articulan la propia acción asociada a la intención o propósito que la activa. La intención queda vinculada a acciones específicas que le dan expresión y cada acción evoca las intenciones asociadas. Formadas estas asambleas neuronales de acción- 34 ejecución-intención en un sujeto, cuando ve a otro realizar una acción, se provoca en el cerebro del observador la acción equivalente, evocando a su vez la intención. Cuando veo a alguien realizando una acción automáticamente simulo la acción en mi cerebro. Las neuronas espejo se han localizado en el córtex premotor, en concreto en la región F5, denominada área de Broca, área parietal inferior, zona superior de la primera circunvolución temporal, el lóbulo de la ínsula y zona anterior de la corteza del cuerpo calloso. Por lo tanto, la relación neurológica entre las zonas activadas en la Teoría de la Mente y el cerebro social y las neuronas espejos se diferencia, pero es totalmente compatible con la idea de que las neuronas espejos dan el soporte y las zonas de la teoría de la mente colocan el contenido de ese soporte. También sabemos que el nivel de aprendizaje de una tarea ayuda a que las neuronas espejo se activen con una u otra intensidad, es decir, si estamos muy familiarizados con una tarea nuestras neuronas espejo pueden colocar mapas motores, hipótesis de intenciones y demás elementos más refinados y con menos tiempo de acción, que si no estamos familiarizados. Un ejemplo es que si sabemos mucho de esgrima, solo con ver los primeros movimientos del deportista ya podemos intuir toda la acción, sus intenciones y la interpretación de las creencias, etc. Ojalá los jueces de natación sincronizada o de gimnasia rítmica tengan muy bien activadas sus neuronas espejos sobre esta tarea, para que realmente puedan ser eficaces en las notas que dan. Otro gran descubrimiento sobre la capacidad de estas neuronas espejo, y que es fundamental para nuestra hipótesis de trabajo, es que estas neuronas son especialmente capaces para detectar las plataformas de acción que, como veremos en el capítulo 2, son el preámbulo de nuestra expresión emocional. De tal manera que los gestos, la actividad motora y los signos premotores de cualquier emoción son detectados por estas neuronas, lo que implica que inmediatamente sintonizamos con el estado emocional del otro e, incluso, es posible que nos podamos contagiar con la emoción que siente, de hecho, una buena puesta en escena de estas neuronas nos hará sentir a nosotros algo similar o muy parecido de lo que siente el interlocutor, ya que los patrones motores de las emociones son iguales para todos. Literalmente sentimos los estados emocionales de los demás como si fueran propios. Estudios con EEG, MEG y EMT han comprobado que las personas activan las mismas estructuras neuronales cuando realizan acciones o cuando las observan realizar a otros. Las emociones básicas: alegría, tristeza, miedo, rabia, asco, curiosidad, admiración, seguridad, culpa y sorpresa, son patrones universales y por lo tanto compartidos también por quien las observa, no olvidemos que ese es uno de los motivos fundamentales de las emociones, poder comunicar la información a los otros mamíferos. Esta resonancia emotiva ya aparece en los recién nacidos, capaces de distinguir entre rostros alegres y tristes, y a los tres meses ya sincronizan expresiones faciales o vocalizaciones con sus progenitores. Esta reacción de empatía tiene una base neuronal distinta de los procesos cognitivos más semánticos. Los niños, pocas horas después del 35 nacimiento, imitan la mímica de los adultos. Si la madre le saca la lengua el recién nacido lo imita con notable éxito. De acuerdo con la teoría de la copia compartida, gracias a la imitación motora, los niños ejercitan no solo sus propias posibilidades de expresión, sino que empiezan a captarse como sujetos agentes. Podríamos decir que el lactante vivencia la coincidencia de lo percibidocon su conducta propia, comenzando a apuntar la autoconciencia (completamente emocional en los primeros meses) que se enraizará profundamente en las reacciones motoras, que serán la antesala del recuerdo cognitivo, organizando la memoria emocional. Leslie (1994) denomina representaciones primarias a todas aquellas que tienen un carácter innato y que sirven al ser humano para procesar la información relevante del medio. Estas representaciones están ceñidas en el concepto de verdad y objetividad, no son discutibles, “el árbol está ahí”. Las representaciones secundarias no tienen, a diferencia de las primarias, la misma exactitud ante la realidad, ya que éstas son metarrepresentaciones en las que el concepto de verdad se cambia por el de “su verdad” y ya no es objetiva, como la primaria, sino subjetiva y más ligada a la interpretación de la intención que unida a la acción misma, “el árbol que está ahí es bello”. Las neuronas espejo del bebé, en un primer momento, solo activan representaciones primarias, encontrándonos en el mundo de la SIMPATÍA, de tal manera que el bebé no diferencia lo que es de él y lo que es del otro, imita, aprende, repite, pero dentro de una lógica con-fusión, en el sentido que se funde con el otro. Las personas que mantienen su estadio de activación de las neuronas espejo en este primer nivel, serán personas con elementos muy infantiloides, aunque con conductas adultas, ya que el resto del sistema no tiene por qué estar bloqueado, su capacidad para empatizar es pobre y lo único que hacen es simpatizar, es decir, no advertirse fuera de la comunicación, se fusionan y terminan mimetizándose e imitando al otro. Cuando la madurez de estas neuronas pasa a la capacidad para tener representaciones secundarias y ya por lo tanto saben diferenciar al otro de ellos, su empatía es sentir, conocer, representarse todo el universo que envuelve a la conducta del otro, pero sabiéndose distinto y sabiendo lo que es suyo y lo que no. Por último, cuando la activación de las neuronas espejo no se da, es decir, hay un problema en la activación de estas neuronas, la persona no puede interactuar con el otro ya que su sistema de representación no tiene en cuenta al otro, en este momento nos encontramos en el universo del esquizoide, el autista o la esquizofrenia. Mucho tendremos que investigar en esta área, lo importante es que puedas tener en cuenta que en tu cerebro no solo es posible inventar sobre lo que vives, sino que es necesario que te inventes a tu interlocutor para poder interaccionar con él/ella. 36 Lo importante no es saber lo que hay que hacer, sino ser capaz de hacerlo Es habitual que la medicina y parte de la psicología expliquen muy bien lo que deberíamos hacer para tener más salud, mejorar nuestro rendimiento, crecer como persona, etc. Por ello, escuchamos frecuentemente “deje de fumar, fumar mata”, “no corra tanto con el coche o moto, la velocidad mata”, “no coma tanto, la obesidad mata”, “no se estrese, el estrés crónico si no mata físicamente lo hace psíquicamente”, “estudia, de ello depende tu futuro”, “no estés con el WhatsApp andando por la calle, te puede atropellar un vehículo” y así podríamos seguir con infinitas indicaciones. Es indudable que todas estas afirmaciones son totalmente veraces y están comprobadas científicamente. Es verdad que el tabaco mata, y la obesidad, y la velocidad y si no estudias tienes menos posibilidades en esta vida de tener un futuro digno, desde el punto de vista laboral y social. Todo lo que se dice desde la medicina y la psicología es verdad, no hay ninguna duda. El problema es que cada vez hay más gente que fuma, está obeso, conduce a gran velocidad (bueno esto parece que ahora comienza a cambiar, desde el carnet de puntos y el coste del combustible), se siguen estresando, y hay más fracaso escolar. Por lo tanto, o algo se está haciendo mal o parece que entramos en una paradoja, cuanto más se le indica a la población que algo mata o es peligroso para él/ella, más prevalencia tenemos en realidad. ¿Qué errores se comenten desde estas disciplinas para que ocurra esta trágica incongruencia? En mi último estudio realizado en 2012, la respuesta es que la comunicación se hace al sistema cerebral inadecuado, es decir, estas informaciones no llegan al lugar en el que se toman las decisiones de fumar, comer en abuso, ir deprisa con el auto o la moto o estudiar. La medicina de siempre y la psicología del siglo XX han dicho muy bien lo que hay que hacer para tener salud, al igual que los psicopedagogos han trasmitido perfectamente qué hay que hacer para mejorar los resultados académicos, también la DGT ha hecho un gran esfuerzo en hacernos comprender las tragedias que se producen cuando no se respetan las normas de tráfico, pero a la par no han sabido incidir en el lugar adecuado del cerebro, para instruir a las personas para que sean capaces de poder llevar a cabo los cambios necesarios. Lo importante es enseñarle a la población cómo se consigue dejar de fumar o de comer en exceso, con tecnología que apunte al lugar donde realmente se deciden estos comportamientos, si solo le enseñamos pedagógicamente lo que le conviene, paradójicamente una parte muy extensa de la población de riesgo conduce más deprisa, estudia menos o consume más alcohol, ya que como decimos en el título de este apartado, “lo importante no es saber lo que hay que hacer, sino ser capaz de hacerlo”, y esto introduce una variable sin la cual fracasamos: la persona y su diálogo con sus recuerdos y su biografía, es decir, el individuo y su memoria. No hay dos fracasos escolares, sobreingestas compulsivas, conducción temeraria o fumadores que tengan el 37 mismo proceso de solución. La conducta es semejante, pero la solución es única y singular para cada uno de ellos. Sin embargo, cuando la medicina y la psicología, además de hacer comprender a la población lo trágico de estas conductas bizarras, inciden en la parte de la mente que decide realmente fumar, conducir, comer, estudiar, etc. y se emplea tecnología diseñada para cada individuo, se consiguen muy buenos resultados, ya que además de enseñar a comprender hay que tener instrumentos de control que le hagan sentirse al sujeto capaz de poder hacer estos giros nada sencillos. Las memorias que activan estas conductas nocivas están localizadas sobre todo en el sistema emocional del cerebro y no tanto en el sistema cognitivo. Te pongo varios ejemplos: 1.- Unos padres me llevan a su hijo a mi consulta y me indican como motivo de consulta que su hijo tiene, según los estudios realizados en el colegio, una inteligencia normal o incluso alta, pero está suspendiendo sistemáticamente. Cuando les pregunto a estos padres qué objetivos tienen al venir a mi consulta me indican que creen que debo enseñarle a estudiar, que cuando se ponga con el libro lleve un ritual adecuado, que le gusten las asignaturas, que atienda en clase, etc. Más o menos lo que me están diciendo es que ellos creen, y muchos profesionales también, que cambiando la conducta del estudiante el problema estará resuelto. Sin embargo, lo que habitualmente tiene que cambiar es la emoción que el estudiante tiene ante el estudio. Si siente asco, rabia, miedo, tristeza o culpa, nunca podrá estudiar, su cerebro no se lo permite. Curiosamente, en estos casos, cuando hablo con el/la chico/a en cuestión, a solas, y le pregunto su objetivo, la mayoría me dicen con mucho criterio que no atienden en clase, que deberían concentrarse más cuando se ponen a estudiar, que lo dejan todo para el final, que no hacen lo que tienen que hacer. Me indican que saben lo que les pasa, incluso algunos me dicen que no les gusta estudiar y ya está, la mayoría me dicen palabras como las de los padres, como si esas palabras se las supieran de memoria, es como si se lo hubiesen estudiado y se lo hubiesen aprendido estupendamente. No saben cómo hacerlo, pero saben lo que tienen que hacer. Esta incapacidad para poder hacerlo, aunque todos saben qué deberían hacer, nos confirma que el cambio no es voluntario,ya que depende poco de la parte racional y sí de la parte emocional. La razón sabe lo que hay que hacer, pero la emoción no lo permite. Es en el cambio emocional donde tenemos que poner el esfuerzo, si ante el proceso de estudio el estudiante se encuentra en curiosidad, seguridad o admiración, en ese momento conseguirá su objetivo. 2.- Un paciente llega a la consulta indicándome que su médico le ha dado un ultimátum, “si no dejas de fumar, tu pulmón va a enfermar gravemente”. Cuando le pido su objetivo de tratamiento, me responde que le dé algo, que le haga algo, que le enseñe algo, que le ayude con algún método para que pueda dejar de fumar. De nuevo el paciente sabe lo que tiene que hacer, pero no es capaz de hacerlo. 38 3.- a) Un/a conductor/a va por una autovía a 160 Km/h, su coche a esa velocidad no tiene ruidos, sentado/a en ese asiento no hay ninguna señal que indique de que está haciendo algo malo o que está en peligro. Lee uno de los paneles luminosos que indica “La velocidad mata”, pero esta persona no tiene sensación de velocidad, eso que lee no lo entiende como que se lo dicen a él/ella. b) Imaginemos que ese/a mismo conductor/a se encuentra muy enfadado/a, está en un momento difícil de su vida y se siente muy cabreado/a en ese momento, cuando lee ese panel luminoso, es posible que se diga “pues mejor, esta vida es una mierda” y la respuesta sea ir a 180 Km/h. c) Ese conductor/a es una persona muy preocupadiza, tremendamente comedida, muy cuidadosa con la reglas morales y las leyes, perfeccionista y muy responsable, cuando ve este panel yendo a 120 Km/h, reduce la velocidad y circula a 105 Km/h. En estos tres ejemplos y dentro del ejemplo del conductor con las tres posibilidades, nos damos cuenta que hasta la persona fuera de control y llena de rabia que decide ir aún más deprisa, sabe lo que tiene que hacer, todos ellos saben que tienen que estudiar, que tienen que dejar de fumar o que tienen que ir a una velocidad que no sea un peligro para aquellos que les rodean y para ellos mismos. Por lo tanto, saber lo que hay que hacer es común en la mayoría de las personas, donde encontramos la dificultad es en ser capaces de hacerlo. Para comprender que el ser humano no es capaz de hacer las cosas solo por saber qué es lo que tiene que hacer, hay que estudiar el funcionamiento de nuestro cerebro. En el capítulo “¿Qué sabes de las emociones? El poder de la información” te voy a explicar este funcionamiento de manera rigurosa y con todos los detalles que sabemos hoy en ciencia, por ahora solo te anunciaré los motivos por los que esta paradoja, en la que saber lo que nos hace daño, no es suficientemente para dejar de hacer aquello que nos hace daño. Cuando le decimos a alguien que no fume, no vaya rápido, no coma demasiado o estudie, esta comunicación va directamente a su cerebro que lo interpreta por separado y, a la vez, dentro de dos escenarios muy distintos: 1. El escenario de la razón, del análisis formal, del sentido común, de la lógica cognitiva se da cuenta de esta información y lo graba con toda seguridad en la aceptación y se hace propósito de cambiarlo, incluso puede que lo coloque dentro de un convencimiento real y que se afirme que dejará de comer tanto, dejará de conducir tan rápido, dejará de fumar o estudiará más. Este cerebro que hemos llamado cerebro dominante y que es la máxima expresión de la tecnología cerebral en la evolución de las especies, tiene capacidad para imaginar, para pensar, para fantasear y para condensar en simbolismos, metáforas y analogías toda la información, de tal manera que puede instalarse en el pasado, el presente y el futuro y, desde ahí, puede hacerse propósitos de futuro o vivir el pasado como si estuviera sucediendo ahora, 39 puede anticipar qué es lo que va a hacer, lo puede expresar, siendo habitual que encontremos a nuestros personajes de los ejemplos hablando con otros de cómo puede dejar de fumar, comer, correr o estudiar más. A este cerebro es al que llega la información cuando le decimos al paciente, conductor o alumno lo que tiene que hacer. La mayoría de médicos, no todos, piensan que con anunciar al paciente lo que tiene que hacer, éste lo va a comprender (y de hecho, como vemos, lo comprende) y por consiguiente va a realizar lo que le dice y todos tan felices. Cuando a estos médicos se les pregunta, ¿y qué haces cuando el paciente no realiza lo que le prescribes o aconsejas? La mayoría te dicen cosas como que intentan convencerles y si el paciente no hace caso, que poco pueden hacer, les dejan que reflexionen, pero más no pueden hacer. Es una idea basada en la creencia de que aquello que decimos y se comprende es suficiente para que se pueda realizar, de esta manera se ha creído que el alumno que comprende que tiene que estudiar lo va a hacer, o según la DGT anunciando al conductor los peligros, éste va a dejar de someterse a ellos. Por lo tanto, el problema es que aquel que tiene que poner herramientas de solución tal como es el médico, el profesor o la DGT inciden en el cerebro racional, cognitivo y lleno de sentido común. 2. Pero todo lo que escuchamos, hacemos, vivimos, pensamos o imaginamos crea un ambiente emocional y este ambiente tiene que ver con otro cerebro, que denominamos cerebro vincular, más primitivo en la filogénesis, pero fundamental para la cuestión que estamos analizando. Este cerebro vincular interactúa con la relación que vivimos en cada segundo de nuestra vida, con aquello que nos está ocurriendo. Las emociones son como la música para las películas, es como la banda sonora de nuestra vida. Cualquier acontecimiento que vivimos tiene un fondo emocional, de tal manera que cualquier vivencia es completamente distinta si se vive desde la seguridad, la rabia, el miedo, la tristeza o la curiosidad. Este cerebro solo vive en el presente, no tiene la capacidad de analizar lo que nos ocurre desde la razón, solo lo hace desde la constante de si lo que ocurre es peligroso o no y si estamos en un momento de seguridad vital o no. La adaptación y ser capaces de crear reacciones que nos ayuden a enfrentarnos a las situaciones es su propósito, sean racionales o irracionales, eso para este cerebro no importa. El motivo por el que activamos una u otra emoción en cada situación lo encontramos en nuestro aprendizaje psicosocial y en las memorias grabadas en este cerebro vincular a lo largo de nuestra biografía. Si analizamos los ejemplos que hemos propuesto, en el caso de los padres del estudiante encontrábamos que se enfrentaban al fracaso escolar de su hijo desde la más absoluta indefensión, no sabían lo que se podía hacer, la indefensión está dentro del universo emocional de la tristeza. El chico, en este caso, vivía su fracaso en una mezcla de rabia y asco, es decir, estaba muy enfadado con sus profesores, decía que estos le tenían manía y, por otro lado, sentía simplemente asco por las matemáticas, la lengua y 40 la geografía. Nuestro paciente fumador, vivía su situación de dejar de fumar desde el pánico, elemento superior del universo del miedo, sabía que tenía que dejar de fumar pero el tabaco había sido desde niño su compañero de vida, cuando estaba enfadado, fumaba, y cuando estaba aburrido, triste, alegre o entusiasmado, fumaba, iba de fiesta y fumaba, iba de entierro y fumaba, terminaba de hacer el amor y fumaba, salía de la oficina y fumaba, hablaba por teléfono fumando, incluso iba al servicio y también fumaba. Dejar de fumar era como tirarse por un abismo, como que le quitaban su asidero que le acompañó en lo bueno y lo malo, el miedo le atenazaba. Por último, nuestros conductores respondieron ante el panel informativo de distinta manera, simplemente desde la emoción que vivían, no por la información que recibieron, que era la misma. La primera conductora siguió con la misma velocidad, estaba cómoda, tranquila, su coche iba de lujo, la velocidad que llevaba era como una balsa de aceite en su coche (160 Km/h). El segundo conductor estaba enfadadísimo, rabioso, fuera de lugar, enajenado, podríamos puntualizar,y ese panel lo único que le provocó fue más cabreo, cuando no una idea sobre cómo quitarse la vida, ya que se encontraba desesperado. El último de los conductores, desde su personalidad conservadora y realista, siendo un ejemplar ciudadano que tiene poco afán de aventura y de excitación y desde su miedo y prudencia, yendo a una velocidad adecuada, reduce aún más tras ver el cartel, siendo quizás imprudente, ya que velocidades menores no son seguras para los demás conductores. Todos nuestros ejemplos y todos los ejemplos que podríamos poner tienen como denominador común que lo que hacemos está condicionado por la emoción que se activa con la situación vivida y no tanto por la información que entendemos o comprendemos desde la razón. Imagínate que te doy un plato sopero con una sustancia viscosa y gelatinosa y del fondo comienzan a salir unas burbujas y al final sale flotando una rana abierta por la tripa con todas sus vísceras visibles y te digo con cara de entusiasmo “cómetelo, que está muy rico y va muy bien para el colesterol”, ¿qué sientes? ¿qué harías?, si no estás muerto/a de hambre querido/a lector/a, me dirías que me lo coma yo, que a ti te da asco. De la misma manera imagínate que estás estudiando un examen, te coloco a un toro de 900 kg a tu lado y te digo, ¡no te preocupes, no hace nada! Posiblemente no podrías estudiar, ya que estarías aterrado/a. Esto es lo que tenemos que tener en cuenta: “la emoción que sentimos en cada momento”. Lo que siente el cerebro de un ser humano cuando siente asco, miedo, rabia, tristeza, seguridad, curiosidad, alegría, culpa, sorpresa o admiración es idéntico, aunque el estímulo sea distinto, es decir, el asco a la rana o el miedo al toro hace que el cerebro de quien está viviendo este miedo sienta lo mismo que el miedo a dejar de fumar, a que te pase algo en la carretera o el asco a las matemáticas y la lengua. El estímulo es distinto y nuestro cerebro dominante lo diferencia, pero el cerebro vincular no. El miedo al toro lo llamamos miedo y el miedo a un ratón lo podemos llamar fobia, pero esto solo es para nuestra parte racional, para esa parte que entiende muy bien lo que hay que hacer, pero 41 la parte que tiene que ver con el cerebro vincular, la parte emotiva de nuestro ser, independientemente de que la respuesta al estímulo sea lógica o no, y el miedo o el asco tenga o no razón de ser, cuando se siente lo que siente, es lo único que realmente importa. Por lo tanto, la pregunta que me hice hace varios años fue, ¿por qué si el alumno siente asco, se le dice que se coma dos ranas como tratamiento? Me explico, si el alumno siente asco a las matemáticas, uno de los tratamientos ha sido darle clases particulares, es decir, darle como solución más asco. Aquí es donde falla la medicina y donde, por desgracia, siguen fallando algunos psicólogos, siguen creyendo que con comprender es suficiente y lo que tenemos que conseguir es que el alumno se enfrente a las matemáticas desde la seguridad, la curiosidad o la admiración, que el fumador pueda enfrentarse a dejar de fumar desde la seguridad o la alegría, incluso desde el asco al tabaco. Y por supuesto, que los automovilistas puedan estar en su coche dentro de una emoción de seguridad y de admiración para que su estado de ánimo inadecuado no sea el que conduce, o mejor dicho, que su estado de ánimo sea el adecuado para conducir. La emoción decide y la razón justifica, es una frase que leerás en este libro varias veces y que es nuestro lema desde el año 2004, cuando comencé a trabajar en gestión emocional. El error es no darse cuenta de que solo sirve lo que comprendemos, ya que la comprensión está regulada por el escenario cerebral que es fantástico para eso, para comprender y para justificar, pero quien decide es el escenario cerebral de la emoción que se vive en ese momento, y cuando una persona está en el miedo, rabia, tristeza o asco, es imposible que se pueda poner a estudiar, igual que cuando se tiene delante un toro, ya que el cerebro está preparado para escapar, atacar, desaparecer o evitar, y esto impide neurológicamente asimilar conceptos, es imposible poder estudiar (se podrá estar delante de un libro, pero no estudiar) cuando estas emociones están vigentes. Para que nuestro alumno comience a estudiar tenemos que conseguir que delante de las matemáticas, la lengua o la geografía pueda sentir seguridad, curiosidad o admiración, estas emociones sí que procuran un cerebro adecuado para la asimilación de conceptos. Si nuestro fumador no tiene alegría cuando ya no consume cigarros o no se encuentra seguro cuando en vez de fumar, realiza una acción incompatible con fumar, por ejemplo hacer deporte, ir al cine, pasear por un centro comercial, hablar en un recinto cerrado (ley 42/2010, de 30 de diciembre de 2010, más conocida como ley antitabaco), etc., no dejará de fumar. Nuestro mundo emocional debe ser el objetivo del tratamiento y no tanto el mundo cognitivo que comprende lo que hay que hacer. Somos capaces de hacer lo que hay que hacer cuando estamos instalados en la emoción propicia o sabemos cambiar una emoción por otra más compatible con el objetivo propuesto, por lo tanto, poder hacer lo que sabemos que tenemos que hacer se consigue si somos capaces de activar la emoción adecuada para cada situación y esto, que te diré cómo hacerlo a lo largo de este libro, es lo opuesto a que comprendas lo que tienes que hacer, pero a la vez sigas instalado en una emoción que te impide poder realizarlo. La verdadera revolución del siglo XXI es 42 enseñarte a que puedas ser capaz de conseguir este cambio emocional que te proporcionará el cambio de conducta, de motivación y sobre todo de identidad ante el problema a trabajar y, por ello, va a ser uno de los objetivos principales a partir de ahora en este libro. Te ruego difundas a todos los profesores del mundo que puedan escucharte que nunca más indiquen esa frase un tanto revenida, pero muy poco fundada en la ciencia, que dice: “este/a chico/a puede, pero no quiere”. Te aseguro que cuando ante el estudio un estudiante siente asco, tristeza, miedo o rabia, no puede. Es un error decir que porque tiene un Cociente Intelectual normal o alto, puede, ya que si se disparan ante el estudio las emociones desagradables antes mencionadas no puede, aunque quiera, no puede. Lo mismo para el fumador, para el alcohólico, para el que conduce deprisa, etc., si queremos que las personas hagan lo que tienen que hacer, el poder hacerlo no debemos colocarlo en que lo comprenda, sino que pueda colocarse emocionalmente en la emoción correcta para esa situación, a esto es a lo que llamamos gestión emocional, y es a lo que nos deberíamos dedicar con las generaciones futuras si realmente queremos que el ser humano avance en su control. No olvidemos que inteligencia proviene de Inter-legere, entre-escoger, es decir, la inteligencia permite elegir las mejores opciones para resolver una cuestión y desde ahí podríamos decir que: La inteligencia emocional es saber escoger la mejor opción emocional, entre todas las posibles, para cada momento de nuestra vida. Poniendo como referencia el problema del fracaso escolar, el denominado efecto Flynn (Richard Herrnstein y Charles Murray en su libro The Bell Curve), subida continua, año por año, de las puntuaciones de cociente intelectual, supone la comprobación de cómo mientras que el CI ha aumentado unos 20 puntos en la población en general en lo que va de siglo, el factor emocional parece estar disminuyendo vertiginosamente (fracaso escolar, violencia, delitos, embarazos no deseados, suicidios, etc.). En medicina y, sobre todo, en psicología no deberíamos partir de aquello que debería ser, tendría que ser o nos gustaría que fuera, sino que deberíamos actuar e incidir sobre lo que realmente ocurre. Cuando un médico le dice a su paciente, tienes que adelgazar y da por sentado que el paciente cumplirá la dieta que le prescribe, es más una creencia respecto a lo que debería ser, tendría que ser o le gustaría a este profesional quefuera, el propósito no puede terminar en decir lo que es lo mejor, el propósito tendríamos que colocarlo en conseguir que se realice y lo que decide si se realiza o no una dieta es el estado emotivo que tiene la persona ante esa tarea. Aquellos que creen que los seres humanos deben regularse por lo que deberían hacer, tendrían que hacer o nos gustaría 43 que hicieran están muy alineados con la parte cognitiva o racional, pero quizás estén muy lejos de la parte emocional que es la que nos indica lo que lo realmente está ocurriendo o está viviendo la persona. Conseguir dejar de fumar, cuándo no encender un cigarrillo, se hace desde la alegría o la seguridad. Los médicos, psicólogos, maestros, DGT o cualquier otra autoridad, si siguen esperando que ocurra lo que ellos creen que debería ocurrir o tendría que ocurrir o les gustaría que ocurriera, se tienen que enfrentar a una falacia y es que lo que realmente está sucediendo puede estar muy lejos de su ilusión de cómo tienen que ser las cosas. Por lo tanto, si el médico no incide en la emoción del paciente y la cambia (de tal forma que muchos lo consiguen y a estos médicos siempre el paciente les califica de geniales), si el profesor no es capaz de conseguir que el alumno tenga la emoción adecuada por la asignatura, si el psicólogo no es capaz de producir una desensibilización de la emoción inadecuada por otra más adaptada, si la DGT no es capaz de implicar emocionalmente en la conducción de forma adecuada, todos ellos no tendrán éxito ya que no son capaces de conseguir que el alumno, paciente o conductor tenga capacidad de realizar el cambio. Desde el modelo de Vinculación Emocional Consciente, hemos demostrado que la toma de conciencia y la expresión de las propias emociones capacita a la hora de reconocer una emoción o sentimiento en el mismo momento en que aparece y constituye la piedra angular de la gestión emocional. Hacernos conscientes de nuestras emociones requiere estar atentos a los estados internos y a nuestras reacciones en sus distintas formas (pensamiento, respuesta fisiológica, conductas manifiestas), relacionándolas con los estímulos que las provocan. En nuestros ejemplos (deseo de fumar, comer, ir muy deprisa, incapacidad para estudiar, etc.) la comprensión se ve facilitada o inhibida por nuestra actitud y valoración de la emoción implicada. Se facilita si mantenemos una actitud neutra, sin juzgar o rechazar lo que sentimos, y se inhibe la percepción consciente de cualquier emoción, si la consideramos vergonzosa o negativa. La captación de las emociones está además relacionada con la salud; al tratarse de impulsos tendentes a la acción, su persistencia origina problemas fisiológicos, lo que denominamos somatizaciones. Su adiestramiento es fruto de la mediación tecnológica que va dirigida más al entramado mental e intrapsíquico que a la conducta nociva en sí, centrando la atención en las manifestaciones internas y externas, especialmente no verbales, que acompañan a cada estado emocional y la situación que las origina, propiciando un verdadero diálogo personal que determina todo un torrente de capacidad, mucho más efectivo que simplemente intentando eliminar la conducta inadecuada desde la voluntad. La expresión voluntaria de distintas emociones, su dramatización, es un camino eficaz de modelado y aprendizaje de las mismas. La capacidad de controlar las emociones, de tranquilizarse a uno mismo, de desembarazarse de la ansiedad, la tristeza y el enfado exagerado, es posible si el sujeto sabe cómo instalarse en una emoción antídoto para la conducta nociva. No se trata de reprimir la emoción inadecuada, sino de su equilibrio, pues como hemos dicho cada una 44 tiene su función y utilidad. Podemos controlar el tiempo que dura una emoción, no el momento en que nos veremos arrastrados por ella. El arte de calmarse a uno mismo es una de las habilidades vitales fundamentales, que se adquiere como resultado de la acción mediadora de los demás pero, sobre todo, de un referente, es decir, aprendemos a calmarnos tratándonos como nos han tratado o dejando de tratarnos, como lo hicieron, todo se puede aprender y desaprender y, por ello, es mejorable en todo momento, vengamos de donde vengamos. El misterio de los contrarios. El giralunas No hace mucho tiempo, en un concierto maravilloso de Luis Eduardo Aute en Madrid, presentando su trabajo “El niño que miraba el mar”, Eduardo nos dio una disertación hábil, y sobre todo ejemplar, de la importancia de los contrarios, del papel fundamental en el crecimiento social de los herejes, culminando con un cuento sobre un girasol que quiso ser fiel a su criterio y, por lo tanto, a tener criterio propio, no asumiendo el mandato genético de genuflexión cuando el sol no se encuentra en el horizonte. Giraluna, continúo con la metáfora de Aute, era un girasol que decidió saber qué había en el cielo cuando el sol se ocultaba, todos sus compañeros al sentir los primeros rayos de sol se estiran y como un ejército en un ejercicio de veneración mantienen esta actitud girando sobre su eje, para seguir la luz del rey astro, que les aporta los elementos necesarios para su madurez. Una vez el sol se esconde en el horizonte, todos ellos bajan su cabeza, como si se sintieran avergonzados de algo que les impide seguir erguidos y hacen ese gesto de genuflexión, aunque no tengan rodillas para ponerlas en tierra. Giraluna era un girasol que decidió no seguir a los demás, supo oponerse a lo establecido y decidió averiguar qué ocurría si seguía garboso cuando el sol se ocultaba. Aunque en los primeros momentos la incertidumbre y el saltarse las normas le colocó en una sensación de inseguridad, se dijo a sí mismo que prefería sufrir un descalabro que seguir sin saber qué había más allá de la luz del sol. Como has podido descubrir, Giraluna, además de un hereje, era un loco cotilla. Una noche, cuando el sol se escondió y todos sus compañeros agacharon su cabeza y mirando al suelo entraban en un sueño que les desconectaba de la realidad, Giraluna siguió erguido y descubrió a la luna, se quedó perplejo de su belleza, de su luz blanca a la que podía mirar y giró hacia ella, dándose cuenta de que ésta se quedaba quieta y no era como el sol que tenía un movimiento de este a oeste. Observó las estrellas, se dio cuenta de todo lo que se había perdido cada vez que entraba en ese sueño, quizás plácido, pero incapacitante para poder descubrir la belleza de la noche y del firmamento. La luna también descubrió a Giraluna y, en una noche especial, salió de su órbita, comenzó a girar con movimientos oscilatorios y, en un alarde de agradecimiento, cuando estaba enfrente de Giraluna, rotó y le enseñó su cara oculta, como cuando se enseña la intimidad en un momento de amor y pasión sexual. Giraluna cerró los ojos y se llevó en su recuerdo lo que nunca antes nadie había contemplado. 45 Aute terminó la historia comentando que locos como Giraluna merecían su respeto, ya que eran un ejemplo de tener criterio propio, mantener la fe en sí mismos y, sobre todo, dar un paso más allá de lo establecido, que es lo que hace cualquier explorador o inventor de ilusiones. Para ser como Giraluna hay que saber establecer contacto con todo el territorio de los contrarios y, por ello, permitir que exista la enfermedad para que podamos sentir la salud, respetar lo negro para instalarnos en lo blanco, poder permitirnos estar arriba y abajo, solo de esta manera, aceptando los dos extremos de los contrarios, podemos ser capaces de comprendernos y aceptar a todos aquellos que nos rodean, teniendo una visión de la vida muy distinta a la nuestra. Giraluna desarrolla un perfil de hereje, dentro de la acepción de no estar conforme con lo establecido y, a la vez, con la capacidad de poder aceptar todo el universo de los contrarios. La relación con el contrario, con el opuesto, con aquel o aquello que se encuentra en la otra extremidad de lo que conocemos, nos gusta o nos mantiene ilusionados, debe tener nuestro respeto. Si aceptamos, respetamos y, sobretodo, admitimos al opuesto de lo que somos, nos certificamos como auténticos, nos confirmamos en nuestra existencia. Es sano luchar para no estar enfermo, pero hay que aceptar la enfermedad, hay que saber que existe, para después no querer que nos atrape. Esto mismo debe conseguirse en algún momento con la muerte, con la pérdida de aquellos que nos rodean, ya que la aceptación de la muerte nos empuja a la vida, sin embargo, quien no acepta su muerte, su final, se morirá cada día de su vida. Pregunté a un paciente que tenía mucho miedo a morir: ¿Dónde estabas antes de nacer? Y me dijo “no lo sé”. Le reiteré, pero tu esencia, no tu cuerpo, pero sí tu esencia, ¿dónde se encontraba? Y me volvió a repetir “no lo sé”. Es en ese momento cuando le indiqué que allí donde estuvo antes de nacer, aunque no sepa donde era, es donde irá cuando muera. “Cómo vas a tener miedo al lugar donde ya has estado antes”. Quizás no tengas tanto miedo a la muerte, sino a vivir sin vida, es posible que los miedos en vida tengan más que ver con tu miedo, que con la muerte. Y a partir de aquí comenzamos a hablar de la vida que llevaba y de lo que podría significar estar muerto en vida. Esta constante es necesaria trabajarla en todas las personas que están obsesionadas con la muerte, con su muerte, es necesario que se investigue lo que tienen muerto de su vida y pronto salen del miedo a la muerte y pueden enfrentarse a la vida que tienen muerta. En esta misma vertiente recuerdo que a mi padre le dije antes de morir, ese día estaba el hombre con mucho miedo, estaba en fase terminal de un cáncer, “Papá, la muerte está tan segura, que te da toda una vida de ventaja” y es ahí donde tenemos que poner toda nuestra energía, en la vida que nos queda, sea un día, un mes o muchos años. Te aseguro que el mejor antídoto para la muerte es tener una vida llena de vida, sin embargo, lo más parecido a la muerte, es vivir en un aburrimiento existencial. La aceptación de la muerte y de la propia muerte, te ayuda a disfrutar este momento como si fuera el último, a colocar las cosas en su justo lugar, a no sufrir por cosas nimias 46 y estar atento a cada uno de los guiños que te da la vida para poder sentir lo que sintió Giraluna en el momento en el que la luna le hizo único y le enseñó su cara oculta. Intenta ser como Giraluna, colócate delante de tus sueños, permite que la vida te sorprenda y ten criterio propio, no seas una oveja en el rebaño. Cuando meditamos sobre la muerte, tenemos que darnos cuenta que discurrimos sobre ella no como muertos, solo podemos hacerlo como vivos. Esto es así ya que las dimensiones de los muertos y de los vivos no son las mismas. Es más, parece ser que fuera de nuestro planeta los conceptos físicos de tiempo y espacio también difieren dependiendo del lugar que ocupemos en el universo. Por lo tanto, si el tiempo y espacio cambia dependiendo de donde nos ubiquemos en el universo, me imagino que el tiempo y el espacio en el mundo de los muertos es y será completamente diferente al que podamos imaginar. Desde esta reflexión, y quiero dejar claro que como puedes comprender hablo en este momento filosofando y, por lo tanto, es simplemente un discernimiento mío, eso sí que me hizo sentir una tremenda calma, y aunque no puedo estar seguro de ello, tampoco lo podré estar de cualquier otra cosa que me diga sobre lo que hay después de la muerte, aunque ésta me ponga de los nervios. Lo que digo tiene que ver con la idea de que, si en el mundo de los muertos no existe el tiempo y el espacio y si además hay conciencia de estarlo (si no es así, no temas, no te vas a enterar), cuando tengamos conciencia de estar muertos, en ese mismo momento, será cuando todos los muertos tendrán a la vez esa misma conciencia de ello. Por lo tanto, nos morimos en los parámetros de tiempo y espacio de los vivos, unos antes que otros, pero en el mundo de los muertos la conciencia de estar muerto será en el mismo momento para todos. Y esto me indica que, sea donde sea que vayamos cuando estemos muertos, el día que te des cuenta será el mismo momento en el que se darán cuenta todos los seres queridos que ya no están contigo. Por lo tanto, coloquemos todos nuestros esfuerzos para conseguir la mejor vida mientras estemos vivos y, para ello, es fundamental que la vida psíquica pueda ser gestionada para esta meta y que nunca sea promotor de sufrimiento, ya que un porcentaje muy alto del sufrimiento humano, no ocurre tanto por lo que le sucede a la gente en el presente, como por lo que viven dentro de su mente sobre cosas que en ese instante no están ocurriendo. Acepta tu contrario, permite que exista lo que no es de tu gusto y te notarás con más valor, con más valores y será fácil que valides mucho más lo que eliges. La ciencia y las roturas narcisistas. El imperio de la razón sobre la emoción 47 Aritz Anasagasti me dijo, en una conversación privada, una de las sentencias más geniales que he escuchado: “Gracias a la razón el ser humano ha dejado de tener un comportamiento animal, pero gracias a la emoción seremos capaces de no funcionar como las máquinas” Este equilibrio entre razón y emoción es lo que convierte al ser humano en un ser tremendamente ejemplar, ya que es capaz de enormes proezas y grandezas, dando la vida por un ideal o defendiendo a otros seres humanos, pero a la vez puede ser el animal más destructivo y mezquino que existe en el planeta Tierra. Cuando la emoción es la que gobierna sin tener la parte racional capacitada para interceder, el ser humano se convierte en un verdadero energúmeno, cuando no en una persona aterrorizada o que se quiere quitar la vida. A la par, si lo que gobierna es únicamente la razón y la emoción es reprimida, negada o castrada, en ese momento, nos convertimos en una especie de robots sin escrúpulos, siendo más importante el fin que la manera de conseguir el propósito, valiendo cualquier atajo para llegar a la meta, o en un personaje que no puede tomar decisiones. En el equilibrio está la virtud, la competencia, la capacidad y la maestría. Todos sabemos que lo ideal es que hagamos un uso de las emociones regulándolas desde la racionalidad, cuando esto es así tenemos al mejor ser humano posible y para que seamos capaces de mantener este equilibrio, tenemos que conocer y comprender el funcionamiento de nuestro cerebro y también de nuestra mente. La mente es una Gestalt, mientras que el cerebro son las partes, aquello que ocurre en nuestro cerebro es después matizado, integrado y desarrollado por nuestro entramado mental. Esta comprensión y entendimiento de nuestra mente está en sus principios, aunque ya podemos decir que sabemos suficiente para no caer en ciertos errores sobre su funcionamiento. La Psicología Científica ha sabido nutrirse de los descubrimientos de otras especialidades como la neurobiología moderna y, desde la ignorancia de estos conocimientos, las teorías sobre la gestión emocional, hasta la fecha, han padecido de un simplismo y sobre todo de un cognitivismo en el que se ha adjudicado de forma determinista que el cerebro racional domina, inhibe o gestiona el cerebro emotivo. Esta situación desde el punto de vista del lector que no se dedica a la investigación parece baladí, es decir, saber si el cerebro racional es lo primero o lo segundo no es lo que le puede interesar a la población en un primer momento, al ciudadano lo que le interesa es saber sentir la rabia, el miedo, la tristeza, la alegría… de manera congruente con la situación que se vive. 48 Pero si observamos un ejemplo de la vida cotidiana, nos damos cuenta que las soluciones dadas hasta el momento pueden llegar a ser un problema, sobre todo si la solución que se da es estéril para conseguir resolver. Por ejemplo, si aunque te des cuenta que te invade un miedo atroz, en una situación en la que desde el punto de vista racional, es decir, desde el sentido común, no tienes que tener miedo, por ejemplo salir a la calle un día totalmente normal, y lo que te dicen los conocimientos de la inteligencia emocionales que debes gestionar esta disonancia cognitiva, identificando la emoción que sientes y después cambiando tu pensamiento sobre esa situación, es muy probable que en un 40% de los casos sigas teniendo el mismo miedo o, lo que es peor, te creas que tu miedo se debe a una enfermedad mental. Hoy sabemos que un porcentaje que llega a ese 40% son las personas que no pueden gestionar sus emociones desde la razón por lo que si, desde la ciencia que estudia la inteligencia emocional, la solución termina siendo un problema, ya que primero no lo resuelve y segundo te hace sentir peor, creo que es interesante que sepamos cómo funciona nuestra mente y desde ahí ofrecer a la población recursos de gestión de sus emociones totalmente ceñidos a la realidad del comportamiento mental, basándonos en los conocimientos científicos actuales, y por ello alcanzar que la persona desarrolle los conocimientos que la permitan gestionar sus emociones de forma eficaz y desde ahí dar posibilidades para que se pase del sufrimiento a la satisfacción. En este apartado y a partir de este momento, con este libro, pretendo abanderar la inteligencia emocional científica desde los siguientes supuestos básicos: 1.- Conseguir que sea el procesamiento racional el que lleva el control de la respuesta emocional. 2.- Saber que nuestra mente no siempre funciona con las mismas leyes. 3.- Reconocer cuándo la reestructuración desde la razón es posible y cuándo la gestión solo se puede realizar gestionando de emoción a emoción, sin pasar por la parte racional. 4.- Para ello tenemos que tener siempre presente que la primera decisión es emotiva, nunca racional. Cuando la información sobre la situación que vivimos llega a nuestro cerebro racional, ya nuestro sistema emocional ha tomado decisiones que nos colocan bajo una plataforma de acción que solo tiene dos posibilidades: realizar desde esa plataforma de acción o cambiarla por otra. Cuando nuestro cerebro racional es capaz, desde su gestión, de cambiar la plataforma de acción engatillada y con ello la emoción que en ese momento vivimos, nos encontramos ante un cerebro instalado en un estado global de seguridad vital y, en ese momento, no es que la razón fulmine a la emoción, sino que activa otra plataforma de acción más adaptada y con ello otra emoción que es capaz de inhibir la anterior. A este cerebro gestionado desde la razón, le llamamos cerebro tipo I (Estado de seguridad global. Aguado, R., 2007). En él la emoción sigue siendo la que decide, pero es posible que sea cambiada por la gestión racional. 49 Pero en muchas ocasiones nos encontramos en una relación emoción-razón en la que el sistema cognitivo o racional no sabe qué hacer, qué decisión tomar o está apartado del escenario de decisión por bloqueo o descorticación funcional y, en ese momento, el cerebro en su totalidad se encuentra en un estado de inseguridad vital, cerebro tipo II (Estado de inseguridad global. Aguado, R., 2009), por lo que el cerebro racional es incapaz de cambiar la plataforma emocional que determina la emoción que en ese momento está activada, quedando secuestrada la mente en una emoción que no puede ser gestionada desde la razón (rigidez emocional). Es aquí donde los pacientes, alumnos, conductores, etc., te dicen que saben lo que tienen que hacer, pero no pueden hacerlo, “algo dentro de mí me impulsa a no estudiar, a seguir comiendo, a seguir fumando o a ir rápido por la carretera, es como que no puedo tener el control, sé lo que tengo que hacer, pero no soy capaz de hacerlo”. En este tipo de cerebro, que es el que realmente necesita aprender inteligencia emocional, hay que gestionar la emoción desde la emoción, no importando lo que debería ser o tendría que ser o nos gustaría que fuese, sino lo que en este momento realmente está ocurriendo. No darse cuenta de esto en la ciencia actual provoca que sigamos teniendo incapacidad de cambio. La mayoría de las ocasiones en las que el ser humano ha cometido y comete errores para determinar de forma eficaz la realidad de las cosas, es por un exceso de narcisismo y un gran terror a perder el control. Al igual que el bebé se siente el centro del universo, existiendo solo él, el ser humano sigue en muchos aspectos no queriendo aceptar que no es el centro de la creación y que solo es un eslabón de una evolución natural que aún no ha acabado. La ciencia tiene más que ver con la personalidad del científico que con los resultados de sus experimentos. Es cierto que en ciencia la realidad debería ser explicada según se va descubriendo su funcionamiento, pero el problema comienza en el concepto de realidad. Y es que no es más real lo que ocurre fuera de nuestro cerebro, para nuestra mente, que aquello que está sucediendo dentro de él en cualquier momento. Te has preguntado alguna vez ¿por qué a este planeta se le llama Tierra? Simplemente porque nosotros somos animales terrestres, ya que este planeta tiene 3/4 partes de agua y lo normal es que se llamara Agua. Esta forma de proceder tiene que ver con ese narcisismo en el que aquello que yo soy, hago o conozco es lo que existe y lo demás no importa. A priori, los científicos deben estar curados de este narcisismo, sin embargo, cuando hacemos un estudio de la persona y no tanto de la obra de un 50 científico, nos damos cuenta que aquello que ha descubierto tiene mucho que ver con lo que ocurrió en su biografía, al menos en psicología. Sin querer aburrir al lector con un viaje por la historia de la psicología muy riguroso, es necesario para comprender el por qué de las cosas, saber en qué contexto histórico sucedieron y cómo podían ser los elementos motivadores de los autores que elaboraron en aquel momento dicho conocimiento. La psicología cognitiva se basa en dos supuestos o propósitos fundamentales: 1.- Las personas construimos expectativas de la consecuencia que tendrá un acontecimiento en cada uno de los momentos de la vida. A partir de éstas, el comportamiento se ajusta a las cogniciones, es decir, a los pensamientos y creencias que indican la probabilidad de conseguir consecuencias positivas y disminuir las consecuencias negativas en una acción. 2.- La cognición, por lo tanto, es una especie de palanca que lleva a la acción, es decir, cada cosa que hacemos está fundamentada en los pensamientos y no en los instintos, necesidades, pulsiones o estados de activación. Este imperio de la razón sobre la emoción tiene su fundamento en las mentes de los teóricos que lo crearon y en el contexto histórico donde surgió. Voy a desarrollar solo dos ejemplos, aunque en mi curiosidad por estudiar la biografía de los personajes que escriben la historia puedo decir que lo que voy a referir de estos dos autores se puede exportar a otros muchos, pero creo que eso sería otro libro que tendría por título “Comprensión de los hallazgos científicos desde la biografía de quien los descubre”. Voy a desarrollar el motivo de las leyes del cognitivismo desde un somero, pero no por ello no veraz, estudio biográfico de dos personalidades: Aaron T. Beck y Albert Ellis. • Aaron T. Beck fue hijo de inmigrantes judíos, su nacimiento se vio precedido del fallecimiento de su hermana por una gripe aguda, acontecimiento que ahogó a su madre en una depresión severa. Además, de niño se rompió un brazo sufriendo una infección que le tuvo enfermo mucho tiempo, en sus expresiones sobre su pasado es fácil escucharle que aprendió a afrontar estas situaciones, sus miedos, sus dificultades, a través de su cambio cognitivo, y esto le inspiró posteriormente para realizar su teoría y la forma de encarar sus terapias. Beck tuvo un grandioso expediente académico, siendo reconocido desde sus primeros años de graduado, haciéndose psicoanalista en 1946. En 1960, investigando la depresión (no es casualidad) y queriendo validar los preceptos en los que se fundamenta el psicoanálisis, desarrolló una teoría cognitiva que representó con criterios totalmente opuestos a los psicoanalíticos, es como si para vencer a la depresión, se diera cuenta que teníaque apartarse de su madre “científica”, el psicoanálisis. En su investigación, pronto se da cuenta que los pacientes depresivos realmente lo que sufrían era de una invasión de pulsiones no conscientes de forma espontánea, a las que curiosamente en vez de colocarles la etiqueta de “drive emocional” o 51 “dinámica inconsciente”, como hacía el psicoanálisis que había estudiado, lo acuñó con el término de pensamientos negativos, diferenciando tres tipos: a) cogniciones referidas sobre uno mismo, b) cogniciones referidas al mundo que nos rodea y c) cogniciones referidas al futuro. Su estrategia terapeuta es ayudar al paciente a identificarlos y luego a cambiarlos para poder no seguir con esta dinámica, que hoy podríamos llamar contaminante o tóxica. • Albert Ellis es el paradigma del investigador que si quiere dar solución a los problemas psicológicos, tiene que ir incorporando cada vez más en su teoría, elementos existenciales y emocionales, ya que la razón por sí misma no se lo puede explicar. Es sabido que su padre fue un padre poco cariñoso, que no tuvo éxito en sus negocios aunque dedicaba todo el tiempo a ello. Su madre, según el propio Ellis, sufría un trastorno bipolar y, refiriéndome a algunos de sus escritos, hablaba de ella diciendo que “era una cotorra bulliciosa que no escuchaba”. Estuvo enfermo casi durante toda su vida, con infecciones en el riñón, amigdalitis y posteriormente una diabetes que debutó a los 40 años. Sufría de fobia social y tenía muchísimo temor a tener contacto con las mujeres. Con toda esta historia es normal que negara el papel de la emoción en el ser humano. En enero de 1953 rompe con el psicoanálisis autodenominándose terapeuta racional. De nuevo nos damos cuenta que Ellis, desde ese momento, tiene que hacerse cognitivista si no quiere seguir la estela psicoanalista y desde ese momento, aunque la evolución de su saber le demuestre que la emoción es el lugar de la decisión, tiene que seguir insistiendo en la razón para no dejarse vencer por los malhechores psicoanalistas que le hicieron sufrir tanto y que indicaban que el esquema inconsciente (la emoción) era donde se tenía que trabajar si queríamos mejorar al paciente. Tanto Beck como Ellis han tenido una vida de carencias afectivas con sus personajes referenciales y ambos han dejado el psicoanálisis una vez que creyeron y se formaron como tales y admitieron sus principios y fundamentos. Uno, el primero, por descubrir formas más rápidas y eficaces de vencer la depresión; el segundo, por su malestar personal con los representantes de la internacional psicoanalítica. Ambos motivos loables en el entendimiento de la conducta humana, pero a la vez muy importantes para saber por qué llaman a lo que es emoción, razón, dejando el impulso emocional postergado al imperio de la mente cognitiva. Es fundamental encontrar en la biografía de cada autor el motivo de este empecinamiento, ya que toda esta ingeniería intelectual para seguir denominando razón donde tendría que decir emoción, viene determinada por cómo ha sido la vivencia de cada uno de ellos en esos años donde la parte cognitiva es imposible, entre otras cosas porque no hay mielinización en las zonas del cerebro que ejercen como tales, me refiero a la infancia. Ellis en cuatro momentos tiene que cambiar la nomenclatura de su teoría terapéutica. En cada uno de estos momentos lo que produce ese cambio es la importancia de la 52 emoción en el cambio mental, sin embargo lo barnizó con una teoría hecha a medida de su posibilidad de gestionar sus propias emociones, sin tener que profundizar en su herida emocional, de esta manera: • En la década de los cincuenta Ellis desarrolla su “Terapia Racional” y la expresa en la conferencia de la APA en 1955, publicando posteriormente en Journal of General Psychology su énfasis en la idea de que la enfermedad psicológica neurótica es consecuencia de la evaluación distorsionada que realiza el paciente de los acontecimientos. • En los años sesenta publica Razón y emoción en Psicoterapia, en concreto en 1962, formulando un modelo en el que resalta la importancia de las emociones, culminando con un nuevo nombre a su terapia: “Terapia Racional-Emotiva”. • La década de los setenta sirve para impulsar la rigidez intelectual del paciente, sobre todo con sus “debo”, como característica del pensamiento irracional, de esta forma refiere once creencias o pensamientos irracionales fundamentales. • Culminando en 1985 la importancia que tienen los problemas emocionales sobre los problemas psicológicos. En 1993, de nuevo coloca una letra más en sus siglas al denominar su terapia como TREC “Terapia Racional Emotiva-Conductual”, donde enfatiza el aspecto humanista de su teoría, colocando el potencial humano mucho más allá de la simple concatenación de pensamientos irracionales ante acontecimientos activantes. Es en esta última revisión donde establece, aunque no la llame así, la importancia que tienen los afectos y los acontecimientos vinculares, para posteriormente representar el mundo desde unas perspectivas más o menos absolutistas. En definitiva, el ser humano no es sólo un abanico de ideas y respuestas emocionales a estas ideas, sino que es todo un mundo complejo en el que se crea él mismo sus propias perturbaciones psicológicas, de tal forma que, aunque las condiciones ambientales puedan contribuir a sus problemas, son sus bases existenciales las que promueven el proceso de cambio a mejor o a peor y ésto tiene mucho de epigenética (relación genética y fenotipo) y de experiencia vivida. Ellis y Beck hablan de la razón como yo hablo de la emoción, decimos lo mismo, solo que estos autores equivocan el escenario, ya que a la hora de enseñar al paciente lo que tiene que cambiar, lo hacen desde el pensamiento o las creencias, sin embargo, dependiendo del cerebro en el que se encuentre la persona, la gestión hay que realizarla desde la razón (cerebro tipo I) o desde la emoción (cerebro tipo II), aunque si se realiza desde la emoción siempre la gestión se produce tanto en uno como en otro cerebro, lo que no ocurre al contrario. Hoy sabemos que es mucho más fácil para el paciente o para el alumno identificar lo que sentimos y desde ahí gestionar, que identificar lo que pensamos o lo que creemos. Es la emoción la que gestiona nuestro sistema global y es en ella donde tenemos que poner los ojos para el cambio, colocarlo en la razón, precisa de situarnos en un cerebro tipo I y, 53 sobre todo, de tener la capacidad cognitiva de gestionar desde la razón la emoción, y esto no siempre es posible. El motivo real del investigador para desarrollar su teoría está muy ceñido a su biografía y en los acontecimientos que ha vivido, esta hipótesis de trabajo creo que no será muy bien acogida por los investigadores, ya que hablamos de su vida personal, pero no olviden que yo estoy en este saco, y es positivo cuando te dedicas a la mente y a la salud mental, saber de tu propia realidad. A esto es lo que he denominado factor narcisista del investigador y está en su narcisismo, en su necesidad personal, que antepone a lo que va descubriendo en su evolución como teórico, el nombre que coloca a las cosas que descubre, es un “Iusracionalismo psicológico”, como símil del derecho derivado de la razón que fue promovido por John Locke, pasando por Rousseau, Kant y finalmente John Rawls, aunque el promotor del movimiento tengamos que buscarlo en las ideas de Grocio. En el Iusracionalismo se determina la necesidad de obediencia de los súbditos al rey, aunque a los primeros se les otorga el derecho natural. El modelo cognitivo- conductual establece un Iusracionalismo, ya que coloca a la razón como rey y a la emoción como súbdito, cuando en la realidad de nuestro cerebro (y en esto vale la equivalencia en cuanto a la relación pueblo-rey) es la emoción la que determina la verdadera relación con el mundo exterior y, lo que es más importante, con el mundo interno, pero se le sigue dotando a la razón de esta capacidad, cuando hoy sabemos que no siempre es así. Siextrapolamos la parte personal del investigador a la parte personal de aquellos que posteriormente bendicen como adecuadas o sentencian como herejías los descubrimientos publicados, entraremos en el universo de una figura un tanto extraña, pero mantenida desde el principio de los tiempos, y son esas personas que por ideales religiosos, políticos, cuando no personales, son capaces de denostar o subir a los altares el devenir de las publicaciones, marcando no un criterio de realidad, sino de creencia sobre lo que debe ser, tiene que ser o les gustaría que fuera. Hay muchas roturas narcisistas en la historia del ser humano que han sentado muy mal y que alguna incluso le pudo costar la vida a quien se atrevió a ponerla delante de los ojos de los otros. Todas ellas tienen que ver con la naturaleza racional donde se da más importancia a las creencias, pensamientos, razonamientos, costumbres, ritos, hábitos, cuando no leyendas, que a la realidad basada en la ciencia. Veamos las cinco más importantes, a mi parecer, para entender por qué el narcisismo imperante hace que la inteligencia emocional se haya mantenido desde una ideología cognitivista y, desde ahí, comprender que no todo lo que se publica en ciencia tiene la misma propagación o divulgación, ya que como no puede ser de otra forma, aquellos que lo divulgan y lo hacen llegar al pueblo, frecuentemente, tienen que pasar el filtro de su congruencia con su línea editorial. 1ª rotura narcisista. La tierra no es el centro del universo 54 Nicolás Copérnico (1473-1543), astrónomo polaco, conocido por su teoría Heliocéntrica que había sido descrita ya por Aristarco de Samos, según la cual el Sol se encontraba en el centro del Universo y la Tierra, que giraba una vez al día sobre su eje, completaba cada año una vuelta alrededor de él. Fue gran estudioso de los autores clásicos y además se confesó como gran admirador de Ptolomeo, cuyo Almagesto estudió concienzudamente. Después de muchos años finalizó su gran trabajo sobre la teoría Heliocéntrica en donde explica que no es el Sol el que gira alrededor de la Tierra sino al contrario. A partir de aquí la teoría Heliocéntrica comenzó a expandirse. Rápidamente surgieron también sus detractores, siendo los primeros los teólogos protestantes aduciendo causas bíblicas. En 1616 la Iglesia Católica colocó el trabajo de Copérnico en su lista de libros prohibidos. La obra de Copérnico sirvió de base para que, más tarde, Galileo, Brahe y Kepler pusieran los cimientos de la astronomía moderna. A Copérnico no lo quemaron por hereje por sus grandes dotes de empatía social y su capacidad para tener recursos sociales que le sirvió de defensa. Era muy amigo de sus amigos, de hecho, publica “Sobre las revoluciones de las esferas celestes” gracias al estímulo de estos. Cuando Copérnico indica que la Tierra no es el centro del universo y que es un planeta que gira alrededor de una estrella como es el Sol, da de lleno al narcisismo religioso y antropomorfo de la época, en el que persiste la idea de que el ser humano está hecho a imagen y semejanza de Dios y éste, que es el creador del ser más sublime de todo el universo, no podía haber ubicado al ser humano en una planeta que no está en el centro. Galileo tampoco lo pasó muy bien. A principios de 1616, los libros de Copérnico fueron censurados por un edicto y el cardenal jesuita Roberto Belarmino dio instrucciones a Galileo para que no defendiera la teoría de Copérnico. Galileo guardó silencio sobre el tema durante algunos años y se dedicó a investigar un método para determinar la latitud y longitud en el mar basándose en sus predicciones sobre las posiciones de los satélites de Júpiter. En 1624 Galileo empezó a escribir un libro que quiso titular Diálogo sobre las mareas, en el que abordaba las hipótesis de Tolomeo y Copérnico respecto a este fenómeno. En 1630 el libro obtuvo la licencia de los censores de la Iglesia Católica de Roma, pero le cambiaron el título por Diálogo sobre los sistemas máximos, publicándose en Florencia en 1632. A pesar de haber obtenido dos licencias oficiales, Galileo fue llamado a Roma por la Inquisición a fin de procesarle bajo la acusación de “sospecha grave de herejía”. Galileo fue obligado a abjurar en 1633 y se le condenó a prisión perpetua (condena que le fue conmutada por arresto domiciliario). Los ejemplares del Diálogo fueron quemados y la sentencia fue leída públicamente en todas las Universidades. Johannes Kepler en 1589 comenzó su educación universitaria en Teología en la Universidad Protestante de Tübingen. Allí le influenció un profesor de matemáticas, Michael Maestlin, partidario de la teoría Heliocéntrica del movimiento planetario. Kepler 55 aceptó inmediatamente la teoría copernicana al creer que la simplicidad de su ordenamiento planetario tenía que haber sido el plan de Dios y este reconocimiento dulcificó mucho su relación con la Iglesia, no teniendo la misma suerte de persecución de Copérnico y Galileo. La aceptación de lo que es la realidad, es decir, que la Tierra es un planeta pequeño instalado en un sistema solar, que es muy pequeño respecto a la galaxia en la que se encuentra, chocaba con lo que tendría que ser, lo que debería ser o nos gustaría que fuera y por pensar o sentir diferente de lo establecido en esa época, se han quemado a personas como herejes. Antes, ser estudioso podía tener un mal final, si lo que decías no concordaba con la posición cognitiva-racional (las creencias) del poder existente. Kepler supo adaptarse pero, para ello, sabiendo que Copérnico y Galileo solo decían una verdad demostrable, tuvo que macerar todo en el condimento racional y de creencias establecidas para que fuese admitido. 2ª rotura narcisista. El ser humano es un eslabón en la evolución de las especies En el Origen de las Especies, publicado en 1859, Charles Darwin afirmó que esencialmente debido al problema de la escasez de comida descrito por Malthus, las crías nacidas de cualquier especie compiten por la supervivencia. Las que sobreviven, que darán origen a la próxima generación, tienden a incorporar variaciones naturales favorables y estas variaciones se pasan de una generación a otra por herencia. Por lo tanto, cada generación mejorará su adaptabilidad con respecto a las generaciones precedentes y este proceso gradual y continuo sería la causa de la evolución de las especies. Darwin no estaba de acuerdo con la definición de evolución que existía en ese entonces, asociada más a la providencia divina. Su teoría evolutiva estaba basada en el azar y en la selección natural impuesta por un medio ambiente externo. Era una versión materialista y antiteológica de la historia de la vida. El científico inglés creía que los organismos vivos eran evolucionados, no por sus transformaciones en complejidad, sino por su adaptación al medio en que se desenvolvían. Darwin también recibió críticas, pero éstas no le condenaban a muerte, ya que tuvo la suerte de vivir en un momento histórico donde la creencia sobre la ciencia ya no era de quemar a quien era un hereje, en ese momento, la creencia se quedaba en el desprecio dentro del mundo científico. La reacción frente al Origen de las Especies fue inmediata. Algunos biólogos argumentaron que Darwin no pudo probar su hipótesis. Otros criticaron el concepto de variación de Darwin, argumentando que no pudo explicar ni el origen de las variaciones, ni cómo se pasaban a las generaciones siguientes. Años después un monje austriaco, Mendel, le dio la razón a Darwin demostrado cómo habían sucedido estas variaciones a través de la comunicación genética en la herencia. 56 Que el ser humano no es un ser a imagen y semejanza de Dios ya había sido admitido por mucha parte de la comunidad científica, pero que el ser humano no era una especie única, totalmente desvinculada de las otras especies, no se podía permitir, no podía ser, simplemente porque no es lo que tendría, debería o nos gustaría que fuera. De nuevo se iba en contra de las creencias y pensamientos racionalizados de algunoscientíficos como Kepler, que, de alguna manera, tenían que seguir aún las creencias religiosas y políticas, es decir, estaban secuestrados por el debeísmo y la creencia de la época. 3ª rotura narcisista. La mente enferma e influye en la salud corporal Verdadero gigante del intelecto y hombre de suprema integridad moral y científica, Freud (1856-1939) pertenece al exiguo número de aquellos que han transformado toda una cultura y cambiado el curso de la historia del pensamiento. Una frase que explica muy bien lo dicho sobre las fracturas narcisistas es “Sería muy simpático que existiera Dios, que hubiese creado el mundo y fuese una benevolente providencia; que existieran un orden moral en el universo y una vida futura, pero es un hecho muy sorprendente el que todo esto sea exactamente lo que nosotros nos sentimos obligados a desear que exista”. Desde Platón y siguiendo a San Agustín, la mente no se estudiaba ya que era incorruptible, indivisible, no podía enfermar, el motivo es que la mente humana es una imagen, una proyección, lo más cercano a la substancia divina, por lo que algo que tiene esencia de lo único, lo perfecto, no puede enfermar. Esta creencia hizo que la medicina desde antes de Hipócrates evolucionara, ya que el cuerpo sí que enferma, pero la mente, al no poder enfermar, no fue estudiada, y fue Freud el que se atrevió a señalar que no solo la mente enferma sino que influye en las enfermedades funcionales y físicas, a través de sus estudios sobre la histeria y posteriormente sobre los llamados trastornos de conversión, hoy denominados trastornos psicosomáticos. Analizar y descubrir estancias como el inconsciente, la lógica de las emociones o los verdaderos laberintos de la decisión mental, lleva al pensamiento científico de la época a poder cuestionarse que lo importante no es solo lo consciente, lo racional, lo cognitivo, sino que hay otros escenarios tan importantes o más que éste, como es el universo inconsciente, que hoy simplemente denominamos cerebro vincular o cerebro subcortical, la sede de nuestras emociones. 4ª rotura narcisista. El primer homo sapiens era XX Tal como nos indica Emilio García (2008 en Revista de psicología y educación), el cerebro humano es resultado de un largo pasado evolutivo de 500 millones de años. Más próximamente, hace unos 6 millones de años, en el continente africano tuvo lugar un acontecimiento evolutivo de gran trascendencia, una población de monos antropomorfos 57 evolucionó y surgieron varias especies de Australopithecus o monos bípedos. Estas nuevas especies se extinguieron, salvo una que sobrevivió hasta hace unos 2 millones de años. Para entonces había cambiado tanto que no se considera especie de australopiteco y fue preciso encasillarla en un nuevo género que se denominó Homo. Este Homo tenía un cerebro más grande, fabricaba herramientas de piedra y empezó a explorar la Tierra. Hace solo unos 200.000 años y también en África, un grupo del género Homo emprendió un camino evolutivo diferente, compitió exitosamente con otras poblaciones de Homo y dejó descendientes hoy conocidos como homo sapiens, nosotros. La nueva especie presentaba características físicas particulares, pero lo más importante eran sus nuevas competencias y capacidades mentales, cognitivas y lingüísticas, así como los productos culturales que crearon. Comenzaron a fabricar gran cantidad y variedad de herramientas de piedra adaptadas a fines específicos. Este proceso de generación de artefactos llega, por ejemplo, hasta los computadores actuales. Comenzaron a utilizar símbolos para comunicarse y a organizar su vida social; símbolos lingüísticos, pero también artísticos, y con el tiempo han llegado a conquistas tales como la escritura, matemáticas, música, dinero, etc. En todo el artículo de Emilio, sin embargo, no se hace mención a las publicaciones en Nature, que desde la publicación de “Evolution of Human Walking” (C. Owen Lovejoyse, Scientife American, Nov 1988) hasta “Las siete hijas de Eva” de Bryan Sykes (2001, Debate) se indica que, gracias a los modernos avances en la genética, se ha podido esclarecer que el primer homo sapiens era una hembra (XX) y que el primer macho homo sapiens aparece unos 50.000 años después y, todo ello, lo sabemos gracias al ADN mitocondrial. Pero, ¿qué es el ADN mitocondrial? Nuestras células sexuales (gametos) tienen 23 cromosomas en sus núcleos (la mitad que el resto de las células del cuerpo). Al producirse la unión de óvulo y espermatozoide, se produce la meiosis, en la cual la información de los 23 pares de cromosomas (padre y madre) se recombinan a nivel nuclear solamente. Pero existe, además del ADN nuclear, un ADN mitocondrial (un bolsa dentro del citoplasma de las 72 células), del cual, durante la concepción, desaparece el ADN del padre pero persiste el ADN mitocondrial de la madre. El ADN mitocondrial es útil para el estudio evolutivo en primer lugar, porque su variabilidad depende exclusivamente de las mutaciones, ya que no sufre el ya mencionado proceso de recombinación durante la concepción. El número de genes en el ADN mitocondrial es de 37, frente a los 20.000 - 25.000 genes del ADN cromosómico nuclear humano. Recapitulando un poco este complicado tema, la herencia mitocondrial es matrilineal, es decir, el ADN mitocondrial se hereda solo por vía materna. Tradicionalmente se ha considerado que cuando un espermatozoide (célula reproductora masculina) fecunda un óvulo (célula reproductora femenina) se desprende de su cola y de todo su material celular, excepto del núcleo que contiene el ADN nuclear, con lo cual en el desarrollo del 58 cigoto sólo intervendrán las mitocondrias contenidas en el óvulo. Sin embargo, actualmente se ha demostrado que las mitocondrias del espermatozoide pueden penetrar en el óvulo, pero no llegan a heredarse al ser marcadas por ubiquitinación y degradación. En el estudio realizado en los ADN mitocondriales por Bryan Sykes, nos asegura que todos los europeos provienen de siete mujeres, las siete hijas de Eva. La más antigua habría vivido hace 45.000 años y la más moderna hace unos 15.000 años. La Eva mitocondrial, la antepasada común más moderna de todos los seres humanos que hay en el mundo, se remontaría de este modo a unos 150.000 entre 200.000 años. Una comparación del ADN mitocondrial de distintas etnias de diferentes regiones, sugiere que todas las secuencias de este ADN tienen envoltura molecular en una secuencia ancestral común. Asumiendo que éste se obtiene solo de la madre, estos hallazgos implicarían que todos los humanos vivos descienden en última instancia de una mujer, sin descartar absolutamente la posibilidad de que ella haya podido ser una hembra prehumana. La Eva mitocondrial recibe su nombre de la Eva que se relata en el libro del génesis de la Biblia. Esto ha llevado a algunos malentendidos entre el público general. Un error común es creer que Eva fue el único ancestro femenino viviendo en su tiempo. Es muy probable que muchas mujeres anteriores a Eva y también muchas pertenecientes a aquella época, hayan tenido descendencia hasta cierto momento en el pasado. Sin embargo, solo la Eva mitocondrial produjo una línea completa de hijas mujeres hasta nuestros tiempos, por lo cual es el ancestro femenino del cual proviene toda la población actual. Así como las mitocondrias se heredan por vía materna, los cromosomas Y, se heredan por vía paterna. Por lo tanto, es válido aplicar los mismos principios con estos. El ancestro común más cercano por vía paterna ha sido apodado Adán cromosomal-Y. Sin embargo, es muy importante aclarar que no vivió en la misma época que la Eva mitocondrial. Por el contrario, su existencia fue por lo menos 50 mil años más reciente. Por lo tanto, la creencia de que la mujer nace del hombre queda fuera de lugar, siendo, como no podía ser de otra manera (en todas las especies pasa lo mismo), que el primer individuo de una especie siempre es una hembra. Esta publicación estoy seguro que no es conocida por muchos de los lectores de este libroy es que prácticamente no se le ha dado publicidad saber que durante 50.000 años existieron hembras homo sapiens que se apareaban con otros simios y que, posteriormente, aparece el macho homo sapiens, debería haberse comunicado en muchos telediarios, pero no ha sido así, de nuevo lo que debería, tendría o nos gustaría que fuera prevalece sobre lo que es. En fechas cercanas a la edición de este libro, Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en colaboración con el Instituto Max Planck alemán y la Universidad de Oviedo, han recuperado el genoma completo del ADN mitocondrial de cinco neandertales, según publica la revista Science. Entre otras conclusiones, los científicos estiman que el pasado común materno de todos los genomas mitocondriales 59 neandertales, la llamada ‘Eva mitocondrial’ neandertal, vivió hace sólo 110.000 años, por lo que sería más reciente que la de los humanos modernos, que los investigadores sitúan en África hace 150.000. De igual forma según un trabajo de la Universidad de Standford, publicado de nuevo en Science en el mes de agosto de 2013, Carlos Bustamente, profesor de Genética de esta Universidad y autor de una de las investigaciones, nos comenta que no podemos estar seguros de la procedencia anterior de la Eva mitocondrial sobre el Adán, dejando en interrogante esta rotura narcisista. “Eva no fue la primera”, es más, según el trabajo de la Universidad de Standford, Adán llegó un poco antes. Las últimas estimaciones indican que el hombre llegó hace entre 120.000 y 156.000 años y entre 99.000 y 148.000 años la mujer. Los cálculos anteriores hablaban de entre 50.000 y 115.000 años atrás para el ancestro masculino. «Habría una diferencia de 8.000 años, pero ese tiempo no es significativo en la evolución humana, por eso nuestra conclusión es que tanto la Eva como el Adán mitocondrial surgieron casi al mismo tiempo» (N. Martínez de Castro, en ABC.es). Si nos damos cuenta, al final solo se entera de estas investigaciones quien lee Nature y Science, dos revistas de alto prestigio, pero que no lee la mayoría de la población. Como dice el gran filósofo contemporáneo Homer Simpson “Quería una bicicleta, se la pedí a Dios, pero no me la concedió, me di cuenta que para esto Dios no sirve, entonces la robé y después pedí perdón a Dios”. Esta disertación de Homer está más cercana a su creencia sobre lo que Dios es para él, que a la verdadera esencia de Dios, así es el ser humano. 5ª rotura narcisista. El imperio de la razón sobre la emoción Poder razonar es quizás el invento más sofisticado de la naturaleza. Hoy sabemos que nuestro genoma es casi igual que el de ciertas moscas, el cerdo o los simios, pero ninguna de estas especies puede mantener el recuerdo tanto tiempo, puede hacer uso del lenguaje como nosotros o puede realizar y crear elementos, tanto en la realidad como en el espacio virtual de la imaginación. La identificación de conceptos abstractos, poder cuestionar la intención de los comportamientos, conseguir encontrar la coherencia en argumentos contrarios, saber inducir o deducir son connotaciones propias de la capacidad de razonar de nuestra especie. Así, la razón humana, es quizás la magnitud por la que no solo nos diferenciamos del resto de animales, sino también entre nosotros mismos. La diferencia en la capacidad individual de reflexionar, imaginar, hablar, pensar, simbolizar, meditar o fantasear es sin duda lo que más nos une como especie y, a la vez, más nos diferencia como individuos, mucho más que lo hace nuestro color de pelo, altura, dimensión de nuestros brazos u otros elementos incluidos en la diferenciación genética. 60 Somos animales racionales y tenemos en esta capacidad de razonamiento la separación fundamental con el resto de animales. Hoy sabemos que todas las especies que poseen cerebro también razonan, solo que su nivel de razonamiento está muy lejos del razonamiento humano, precisamente por la morfología y la complejidad de nuestro cerebro en comparación a estas especies. Nuestra capacidad de razonar está mediatizada por nuestra singularidad neurológica, siendo imposible razonar si no hay plataforma neural que lo soporte. Y es aquí donde comienza la quinta rotura narcisista que quiero señalar en este libro, la idea o creencia de que la razón, por ser la capacidad más evolucionada de procesamiento neurológico, es la que debe gobernar nuestra forma de percibir, sentir, comportarse e incluso decidir. La psicología cognitivista, como ya he apuntado al principio de este apartado, ha decidido que es la única científica, aunque hay evidencia que en la realidad con pacientes, las técnicas cognitivas no resuelven las afecciones que he denominado de cerebro tipo II, sobre todo con pacientes reales, muy distintos a los pacientes de laboratorio con los que se realiza la mayoría de la investigación. Esta creencia de que “la creencia es la que domina la magnitud de nuestro intelecto” no tiene sentido, ya que sigue siendo una creencia, y las creencias están basadas en lo que debería ser, tendría que ser o nos gustaría que fuera, pero en muchas ocasiones, como hemos visto anteriormente, no se sostienen desde la realidad empírica. La creencia de que el ser humano gobierna su quehacer desde la razón, de nuevo nos lleva a una especulación que nada tiene que ver con la realidad. La razón no es quien determina de quién te enamoras, ni cuál es la música que te mueve o el color que te gusta, la ropa que te vas a poner mañana, el equipo de fútbol que sigues o la ONG que sientes más cercana a ti. La mayoría de las decisiones humanas se hacen desde la emoción que sentimos, siendo la razón un gran evaluador que nos pauta si lo que sentimos es de sentido común o no, pero fuera de ese papel evaluador, la razón, cuando las cosas se ponen difíciles, no es el mejor gestor. Desde esta creencia hemos indicado a la sociedad que cualquiera de nosotros podemos gobernar nuestra conducta, esto es discutible, pero fuera de ello, sin embargo y paradójicamente, cuando nos encontramos frente al pensamiento es difícil poder controlar y gestionar el pensamiento, por lo que el control de pensamiento no es voluntario y si no lo es, ¿quién controla al pensamiento? Si te digo: “No pienses en el color azul”, “No imagines que una manzana cae de un árbol”… son ejemplos que nos señalan la incapacidad que tenemos para poder controlar aquello que no queremos pensar y, desde ahí, la dificultad que tenemos de controlar muchas de nuestras decisiones, aunque nos digamos “no fumes”, “deja de gritar”, “estudia”, “deja de pensar” es posible que, si actuamos solo desde la razón, sigamos fumando, gritando, no estudiemos y sigamos pensando en eso que nos hace daño, pero que no podamos dejar de hacerlo. Todos estamos de acuerdo en saber que el pensamiento racional y, por lo tanto la capacidad cognitiva, debería ser quien gobernara nuestra conducta, pero la mayoría de las ocasiones no es así y, sobre todo, no lo es, cuando tenemos un sufrimiento agudo que 61 nos incomoda. En esas ocasiones en las que hay que gestionar el sufrimiento, la gestión de la emoción es mucho más efectiva y necesaria que la gestión del pensamiento al que estamos sometidos. La verdadera ciencia para pasar del sufrimiento a la satisfacción la encontramos en la gestión emocional y no tanto en la gestión desde lo cognitivo. La creencia de que la emoción es una estructura de animales irracionales y que la razón es lo único que nos puede colocar en el ámbito de lo humano, no es nada más que otra parte del narcisismo imperioso para diferenciarnos y no darnos cuenta que no somos el ombligo del mundo. Esta quinta rotura narcisista es la que motiva que la ciencia actual siga, en su mayoría, empeñada en creer que es la razón la que domina la emoción, al igual que antes se creía que la Tierra era el centro del Universo, que el ser humano es una especie única, que la mente no enferma, que el primer homo sapiens era un varón (no he visto nunca dibujado en la evolución de las especies a mujeres) y cómono, que la razón es la única manera que tenemos para poder sacar a las personas de sus dolencias o enfermedades. Es el momento de poner las cosas en su sitio, soy cansino al indicar que todos sabemos que lo ideal es que el cerebro funcione como tipo I, en el que la razón puede gestionar la emoción, pero cuando vivimos dentro de un marco de inseguridad vital, cuando nos encontramos en un cerebro tipo II, que es cuando más necesitamos un buen gestor, la razón no es capaz, se queda como un observador pasivo esperando que el cambio emocional se consiga desde la propia emoción, dejando bloqueado el sistema y sin capitán el barco. No sabes la cantidad de pacientes que me han dicho: “Me doy cuenta de lo absurdo que es mi miedo a salir solo/a a la calle, pero cuando tengo que hacerlo, aunque sé que no me pasará nada, no puedo, es horrible, es como si me inundara con una sensación de pánico que me hace huir y no puedo enfrentarme”. Este/a paciente sabe desde la razón que no salir a la calle, por pensar que se va a morir, es una idiotez, incluso se odia por ello, pero a pesar de que esto es así, cuando tiene que hacerlo no puede, ya que la razón, la comprensión, no es suficiente para sacarle del pánico, y con ello conseguir que pase del miedo o el pánico a la seguridad. Cuando estos pacientes viven salir solos a la calle desde la seguridad, pueden hacerlo y lo hacen, por lo tanto, ellos mismos nos dicen que comprenden lo que les ocurre y que son conscientes de lo absurdo de la situación, pero comprender y tener consciencia no es suficiente para poder realizar lo que tanto temen, por mucho que razonen. Cuando a las personas se les cambia alguna creencia ganan en muchos momentos salud, si esa creencia era disonante, pero si lo que cambiamos es la relación vincular donde se forjó esa creencia, no solo no le dejamos huérfano, sino que puede sentir un nuevo renacer en su desarrollo de potencial humano, tal como refiere Albert Ellis (1994 en Razón y emoción en Psicoterapia): “La construcción de nuestra realidad tiene múltiples detalles, no obstante, encontraremos la piedra angular en la relación afectiva donde se anidó dicha construcción y es que el vínculo, entre aquel que enseñó lo que 62 era real y el que lo representa, tiene mucho más valor que la propia realidad posteriormente representada”. El imperialismo de la razón sobre la emoción tiene uno de sus puntales en la creencia de que la naturaleza ha escogido, para mejorar la capacidad de adaptación del mamífero, más emociones básicas desagradables que agradables. Siempre que he leído una teorización sobre las emociones básicas o primarias, todos los autores, incluido Antonio Damasio, hablan de cinco o seis emociones básicas, de las cuales, quitando la alegría, el resto son de-sagradables. Esta creencia de que la naturaleza había escogido emociones básicas desagradables para ampararnos en la supervivencia, alimenta la idea de que la emoción es de por sí devastadora y fulminante, de tal forma que como expresa Goleman en “Inteligencia emocional” (2001), la pasión desborda a la razón, siendo una especie de tragedia expresar la emoción, tal como refiere en el análisis que hace de la catarsis (pocos pacientes ha visto Goleman, si no encuentra en la catarsis emocional un antídoto para el sufrimiento). La emoción, por tanto, es peligrosa desde sus orígenes, ya que por naturaleza nos coloca en el 85 % de los casos, en una sensación sentida muy displacentera, cuando no fuera de control. No creo, es mi creencia, que puedan haber pasado desapercibidas emociones tan primarias o básicas como la admiración, la seguridad o la curiosidad ante tan eminentes teóricos por casualidad, sin embargo creo que esta creencia sobre la existencia de muy pocas emociones agradables reforzaba la teoría cognitivista. Te demostraré más adelante que no es cierto que haya más emociones desagradables que agradables y, con ello, te daré las pautas para que puedas salir de la quinta rotura narcisista, en la que la razón parece que es lo bueno y humano y que la emoción representa lo animal y lo malo. Por el momento te anuncio que existen tantas emociones básicas o primarias agradables (alegría, curiosidad, admiración y seguridad) como desagradables (tristeza, miedo, rabia, asco, culpa) y una mixta (sorpresa) y, además, lo que realmente nos humaniza es tener flexibilidad emocional y por ello poder vivir en cada situación desde la emoción apropiada. Imagina si puede ser humano nunca sentir tristeza, miedo o culpa, precisamente si esto es así, estaríamos hablando de un psicópata, que es lo más parecido a un ser inhumano. La base de la representación de un ideal, la creencia que nos mueve, el pensamiento que nos hace poner los pelos de punta, la reflexión sobre la que se sustenta una decisión o los conceptos de amistad, orden, propiedad, igualdad, solidaridad, caridad, honestidad… están más cercanos al hecho emocional que a un constructo abstracto cognitivo. Estamos gobernados por la ciencia cognitivista, que encuentra en la emoción un peligro que hay que gobernar para no procesar como los animales. Una sociedad que tiene miedo a la pasión y que, como Ellis, desarrolla un mecanismo de defensa para explicar (comprender) lo imposible. Saber que la emoción la compartimos con el resto de mamíferos. Todos los mamíferos pueden estar rabiosos, con miedo, tristes, alegres… en 63 esto no nos diferenciamos de ellos, es para algunos un horror, parecerse a los animales en algo es un verdadero golpe al narcisismo humano. En la actualidad, aquellos que se rigen por lo que creen o piensan, hay que reconocer que son los que lideran las empresas, la dirección de los colegios, las cátedras o los gobiernos, así va el mundo. Apelo por un mundo regulado desde la emoción que sentimos en cada momento, en el que es mucho más importante lo que percibes que lo que dices, donde se hace más caso a lo que realmente sucede y no tanto a todo eso que debería, nos gustaría o tendría que estar pasando. En esta quinta rotura encontramos la explicación de los motivos por el que la víctima, en muchas ocasiones, ha tenido que esconderse, ya que molesta al verdugo y a los amigos de éste, en el que se mantiene la relación con un vecino o con un gobernante a sabiendas que es un delincuente, es el universo del egoísmo inteligente, es el reinado de la razón sobre la emoción. En este imperio la emoción sigue siendo la que decide, pero enmascarada en un derecho razonable del poderoso, de aquellos que saben hablar sin importarles su cinismo o saben especular con sus emociones, ya que no sienten la culpa, el miedo o la tristeza. No hay nadie más cognitivista que un psicópata, no hay nadie que sepa gobernar sus emociones más cercano a la estructura mental de un personaje que tiene como objetivo su narcisismo, su dinero, su poder o ganancia. Tal como dije al principio de este apartado, saber que las capacidades para la identificación de conceptos abstractos, poder cuestionar la intención de los comportamientos, conseguir encontrar la coherencia en argumentos contrarios, saber inducir o deducir, son connotaciones propias de la capacidad de razonar, pero todo ello lo conseguimos ejecutar más desde el cerebro límbico que desde el cortical, ya que las lesiones a nivel límbico impiden que puedan ejecutarse muchas de estas capacidades. Es por ello que la vara de medir parte de la razón, de esta manera, alguien que engatilla una respuesta de miedo ante un estímulo, para la mayoría de los humanos neutral, por ejemplo, a un ratón, a este miedo se le llama miedo irracional o fobia. Es decir, un miedo fuera del sentido común, los miedos son razonables cuando realmente el estímulo es peligroso, pero cuando no lo es se le pone el apellido de irracional. Y claro que es irracional para el cerebro que razona, pero para el cerebro emocional ese miedo no es distinto al que se tiene delante de un estímulo que sí que es razonable que provoque miedo. Es importante que tengas en cuenta este punto, si la gestión emocional quieres realizarla desde larazón solo podrás hacerlo cuando te encuentres en un ambiente de seguridad vital. En cuanto tengas un momento de miedo cercano al pánico o una rabia explosiva, un asco repugnante o una tristeza que te invade, en ese momento, razonar te aseguro que no ayuda demasiado, es más, en ocasiones lo que hace es empeorar las cosas. ¿Por qué te gusta tanto la filosofía? o ¿por qué odias el latín? Si haces memoria te darás cuenta de que, si he acertado en tus gustos y odios ante estas materias, tuviste un buen o una buena profesora de filosofía, que fue capaz de vincularte con esta asignatura, 64 y tuviste un mal o una mala profesora de latín. Nos gustan u odiamos las asignaturas por el profesor o la profesora que tuvimos y esto es más emocional que cognitivo. Nuestras creencias son ecos de las emociones que hemos sentido con las personas referenciales de nuestra vida, razonamos bajo la presión de aquello que quedó grabado como posible o imposible, positivo o negativo, que se puede alcanzar o no. La razón nos ayuda a vivir en comunidad, pero el universo que consigue que podamos hacerlo es emocional. Todos nuestros pensamientos y, sobre todo, todas nuestras creencias parten de un sustrato emocional totalmente relacionado con la persona, situación y vivencia en la que se adquirió. No hay manera más propicia de engatillar un patrón emocional incompatible o antídoto de una emoción y por lo tanto de la banda sonora de lo grabado, que establecer una relación vincular con el pasado de seguridad y admiración, y eso ocurre siempre que se consigue una relación con uno mismo de respeto y confianza. El vínculo de los padres e hijos, de los amigos, de la pareja, de maestros y alumnos, en el trabajo y muchos otros contextos, son el mejor acicate para desencadenar en una activación del patrón emocional de seguridad, admiración, alegría y también de rabia o interés, todos ellos incompatibles con el pánico. Si ponemos como ejemplo emocional el miedo y como el más grave de los miedos, el miedo a tener miedo, nada es más capaz de quitarnos el miedo que el abrazo de aquel que establece con nosotros un vínculo de seguridad. Sé que después de leer esta parte puedes haber pensado: “si esto es así, ¿haremos dependiente a todo aquel que tenga miedo?” Podría ser, pero no ocurre así en la mayoría de las personas, según nuestra experiencia, haber tenido un vínculo de seguridad con una persona referencial es el mejor antídoto para no padecer miedo a tener miedo, y esto es lógico, ya que con un vínculo semejante, aprendemos que el referente no tenía miedo a tener miedo y esto se trasmite. Los vínculos propios de las personas que tienen miedo han sido vínculos basados en el abandono o en la simbiosis y cuando me refiero a estos vínculos, no es tan importante lo aparente desde el punto de vista del comportamiento como las comunicaciones, tanto advertidas como no advertidas, que ocurren entre ellos. Los vínculos que dan seguridad permiten la autonomía desde etapas muy tempranas y realzan la libertad para decidir y enfrentarse a la adversidad, comportamientos propios de emociones incompatibles con el patrón emocional del miedo. Dar seguridad no es igual que proteger, seguridad es sinónimo de saber protegerse, por lo tanto quien ha vivido un vínculo de seguridad con un referente ha aprendido, no a que le protejan, sino a protegerse, y esto se traduce a nivel emocional en una química antipánico y a la vez en el antídoto más potente para el miedo a tener miedo. Las vivencias se convierten en experiencia cuando el recuerdo no nos da miedo, ya que uno de los elementos más aversivos para nuestra gestión emocional es no encontrar en nuestra memoria la capacidad de gestionarnos. 65 Si quieres ser dueño/a de tu vida tienes que poseer tecnología de gestión que se aleje de la gestión racional en momentos de cerebro tipo II, esa tecnología tiene un objetivo final: “Conseguir que las vivencias se habiten como experiencias” Voy a poner varios ejemplos de la dificultad de seguir adelante en ciencia, si nos enconamos en nuestras creencias como elementos de decisión de nuestra conducta. La creencia de que ciertas culturas son mejores que otras, la creencia de que aquel que viste con corbata no te va a robar, la creencia de que el avión es el medio de trasporte más peligroso, la creencia de que todas las madres quieren a sus hijos, las creencias de que en la luz del día estamos más seguros que en la oscuridad de la noche, son más bien elementos supersticiosos que científicos, ya que ninguna de estas afirmaciones son reales si nos basamos en los hechos. Un ejemplo de creencia es, tal como indica Alberto Bustos en su “Blog de Lengua”, la connotación que damos a algunas expresiones como «sin solución de continuidad», que para la mayoría de las personas que la usan significa que “la solución para algo consiste en darle continuidad”, convirtiéndose en una creencia, ya que realmente si hacemos el análisis que nos ofrece Alberto nada que ver con la realidad, ya que solución de continuidad, no significa lo que puede parecer a primera vista. Esa expresión, así, en conjunto, lo que quiere decir es “corte, interrupción”. Vamos a ver primero un ejemplo en el que se utiliza correctamente y después entraremos en más detalles: herida es una solución de continuidad de los tejidos con tendencia espontánea a la curación [Universidad Católica de Chile: Manual de patología general, acceso: 16-5-2013]. Algo que era un continuo deja de serlo porque se corta, se interrumpe. Eso es, ni más ni menos, lo que le pasa a la carne cuando nos hacemos una herida. Y eso es precisamente la solución de continuidad. El sustantivo solución tiene aquí un significado muy especial. Para entenderlo tenemos que darnos cuenta de que solución está relacionada con disolución y con disolver. Cuando hablamos de solución de continuidad, lo que estamos diciendo es que se disuelve la continuidad, o sea, que se deshace, que se rompe. Lo que era continuo ha dejado de serlo. Se ha producido un corte. Lo más frecuente es utilizar la expresión dichosa con la preposición sin, como aquí: Para la ley argentina las mujeres eran menores de edad eternas, ya que, al casarse, pasaban de depender del padre al esposo, sin solución de continuidad [María Inés Winkler Müller, Pioneras sin monumentos: mujeres en psicología]. Solución de continuidad significa “interrupción”, así que sin solución de continuidad no tiene más remedio que significar “sin interrupción”. Eso es lo que les pasaba a las 66 mujeres de las que nos habla el ejemplo: pasaban de depender del padre a depender del marido sin que hubiera un corte, un periodo, por pequeño que fuera, de libertad. La razón es sobre la emoción como el corazón sobre la sangre, ambos son siempre imprescindibles, pero el corazón depende de la calidad de la sangre, así como la razón depende de la calidad de la emoción. Igual que no podemos mantener expresiones en el significado de lo que creemos, no debemos mantener la creencia como elemento de decisión científica, si seguimos haciéndolo, no habremos avanzado mucho sobre los inquisidores de Copérnico, ya que seguiremos siendo fieles a nuestra creencia actual y, por ello, lo que ha cambiado no es lo que hacemos con la creencia, habrá cambiado solo en qué creemos, por lo que, si en cantidad es distinto, en cualidad sigue siendo más de lo mismo. Hacer de una vivencia una experiencia te permite poder decir ¡adiós! al sufrimiento y ¡hola! a la satisfacción Hoy te puedo decir dos afirmaciones que te van a sorprender, la primera, es que todo lo que has vivido no lo tienes grabado tal como aconteció y la segunda, es que para tu cerebro lo importante no es lo que pasó en realidad, sino como tú lo grabaste. Desde estas dos premisas la conclusión es que lo que has vivido es lo que tienes grabado y por ello has vivido cosas que no han ocurrido en realidad. Es más, hoy sabemos que muchos de nuestros recuerdos sobre un acontecimiento van variando a lo largo de nuestra vida, de tal manera que si escribimos hoy loque nos pasó hace cinco años y lo volvemos a escribir dentro de diez años, nos daremos cuenta de que hemos puesto, quitado, aumentado, disminuido muchos detalles relevantes. Este es el motivo por el que en las personas que están ceñidas, de una forma rígida, a la emoción de rabia, es muy habitual encontrar en sus recuerdos situaciones en los que la rabia tiene un lugar privilegiado; lo mismo sucede con aquellos que hemos denominado optimistas, desde su flexibilidad emocional son capaces de relativizar las cosas que ocurrieron e incluso encontrar explicaciones, aunque los acontecimientos, si los comparamos, sean mucho más dolorosos que el de los que sienten rabia habitualmente. Recuerdo dos pacientes que vivieron atrocidades en la guerra civil española, ambos estaban cerca de los 100 años, vivieron el 36 como soldados, uno de ellos sufría un cuadro de angustia muy incapacitante y, cuando me hablaba de aquellos momentos de su vida, trasmitía un gran odio por los combatientes del otro bando, odio que aún permanecía en el presente. El otro paciente, habiendo sufrido penurias similares, llegó a consulta para recuperarse de una apoplejía que le había paralizado la parte izquierda de su cuerpo, la clínica psicológica estaba cercana al universo de la distimia, ya que de ser una persona que nunca había ido al médico, incluida su participación en la guerra, ahora estaba de uno en otro, me sorprendió un día que me dijo: “Te aseguro, Roberto, que aquello fue horrible, todos fuimos prisioneros de una situación de la que no podíamos escapar, no tengo simpatía por mis verdugos, pero me imagino que ellos estarían tan 67 asustados y superados por las circunstancias como yo”. Estas palabras no tenían odio, tampoco resignación o un falso perdón, simplemente comprendía que por traumático que fuera lo que le hicieron, sus verdugos estaban en una situación de conflicto, donde las personas dejan de ser personas y se convierten muchos de ellos en verdugos. Los contenidos de la mente de una persona, sus recuerdos y memorias, representan un universo particular, singular y difícil de repetir, ya que lo mental para nuestro cerebro es lo real, no hay nada más real que lo que imaginamos, pensamos o fantaseamos en nuestro sistema mental. Una imagen en la mente activa el sistema nervioso de igual manera que lo haría llevar a cabo la acción correspondiente, si piensas en cualquier cosa y logras asociar con este pensamiento imágenes sensorialmente ricas en color, sabor, olor y emociones, tu sistema nervioso y tu cerebro no logran discernir si lo que estás experimentando está sucediendo en realidad o simplemente lo estás imaginando. Es por ello que para que podamos acceder a la mente de cualquier paciente, alumno o persona que queramos ayudar, es necesario disociarse de todos esos componentes que definen nuestra propia identidad mental como realidad, ya que no debemos olvidar que nuestra realidad es también consecuencia de nuestra construcción mental de las situaciones vividas. El acceso a tu mente necesita de una apertura de todas tus habilidades y competencias, ya que en ese viaje a lo más profundo de tu ser, puedes sentirte como un extraño más. Y es en esta condición donde nos encontramos con los antónimos del concepto de acceder, tales como negar, oponerse o rechazar. Volviendo a la realidad de la mente de cada uno de nosotros, debemos seguir la siguiente secuencia lógica: lo real y lo virtual es lo mismo para nuestra mente, es más, el psiquismo infiltra lo que ocurre fuera de nosotros, transforma el exterior en interior, siendo, por lo tanto, lo virtual la única realidad. Un elemento muy a tener en cuenta es la necesidad de que lo real sea posible para nuestra mente, de ahí que: “Solo podemos realizar aquello que hemos imaginado haber realizado” Solo es real lo posible, cuando algo es posible en nuestra mente, entonces existe, y ocurre siempre en el momento de sentirlo como que es posible, aunque no esté sucediendo en la actualidad. La diferencia entre lo vivido mentalmente y lo que vivimos en la realidad externa aparece con el concepto de lo actual. Lo actual, para la realidad fuera de nuestra mente, sería lo mismo que lo vivido a nivel mental (lo virtual), siendo la vivencia sumada a la construcción de lo posible lo que se convierte en experiencia, en lo actual. 68 POSIBLE + VIVENCIA = ACTUAL (EXPERIENCIA) El acceso a tu mente pasa por el descubrimiento del camino de las rutas emocionales que inciden en tu psiquismo y que representan tu biografía. Conseguir que estas rutas emocionales no sean dictadores que condicionen tu presente, así como localizar las tramas traumáticas que determinan la activación de esos comportamientos que establecen tu sufrimiento, ha sido mi objetivo de investigación y desarrollo empírico. Entendemos al ser humano como una suma de vínculos. Así como para hacer un nudo es necesario unir dos hilos opuestos, para tejer un apego hay que solidarizar dos exigencias antagónicas: la exploración y la seguridad. Solo es posible aprender lo desconocido partiendo de una base de seguridad conocida. Y para que un objeto llegue a constituir una base de seguridad, es indispensable que una alerta le dé su función tranquilizadora, esta conexión entre la seguridad y la curiosidad (exploración) es la base emocional del vínculo. El vínculo puede definirse como un punto de cruce en el que se enlazan fuerzas y energías que tienden a perpetuarse. Los puntos de cruce en el ser humano son sus vínculos y es con ellos con los que participa con su entorno y con él mismo. Los puntos de cruce son lo crucial y en ellos encontramos los emergentes que nos manifiestan que alguno se está resquebrajando; estos emergentes son las emergencias, las urgencias que nos llegan a consulta (médica, psicológica, pedagógica, social) y es donde mejor se manifiesta que la trama vital tiene una crisis en alguna de sus vinculaciones. Conseguir conectar con tus vínculos es conseguir traspasar tu barrera, tu piel, tu funda, lo funda-mental. Cada vez que lo consigas dejarás de estar encerrado/a y para ello es necesario que tu espacio emocional se encuentre dentro de un marco de seguridad global. Cuando conocemos el motivo de nuestra angostura emocional, en ese momento, descubrimos de qué nos protegíamos. El protocolo de intervención que quiero que desarrolles es todo un proceso ampliamente estudiado y confirmado en miles de pacientes. Este paradigma tiene dos grandes momentos, el momento de acompasar y el momento de conducir. Para acompasar tienes que aprender a escucharte y desde ahí darte cuenta de todo lo que está conectado con tu creencia sobre lo que te hace sufrir o no, para, posteriormente, determinar qué puedes dejar de hacer sabiendo lo que sí o no te conviene. Estos motivos adheridos a tus creencias suelen estar alejados de las verdaderas fuerzas que están produciendo el sufrimiento a nivel psíquico o psicosomático en lo más profundo de tu mente, por esto es necesario que te escuches, que te atiendas, para conseguir este momento de acompañamiento o acompasamiento, todo ello sin enjuiciarte, sin juzgarte, simplemente te contemplas y te respetas, sea lo que sea lo que te llegue a tu mente. 69 Es aquí cuando serás capaz de aceptar que aquello que pasó, pasó, y que ahora ya no pasa y si pasara ahora, podrías responder desde otra plataforma de acción, realizando cosas que no hiciste o dejando de hacer cosas que hiciste y, por lo tanto, conseguir pasar de una vivencia a una experiencia, comenzando tu conducción, tu propia posibilidad de ser tu guía, de reinventarte. Conseguir que las vivencias (aquello que grabaste) se conviertan y las vivas solo como experiencias (lo actual), es dejar que el pasado ya no esté en el ahora. Paradójicamente, cuando no aceptamos lo que grabamos, lo que pasó, en definitiva, tu pasado, lo que tienes grabado sigue vigente, sigue estando presente, ya que suele disparar las mismas emociones que cuando lo viviste y, por consiguiente, para tu cerebro emocional sigue ocurriendo. Volviendoa mis dos pacientes centenarios, mi paciente que seguía en el odio y la rabia mantenía desde estas emociones su sufrimiento en el presente, mientras que el paciente que hoy no sentía ese tipo de rencor fue capaz de dejar en experiencia la atrocidad de tortura que vivió, la diferencia entre uno y otro es que para el segundo lo que ocurrió, después de aceptarlo, ya no ocurre hoy; para el primero, seguía sucediendo desde su no comprensión y aceptación del pasado y su lucha contra él. Cuanto más luchas contra el pasado más le mantienes vivo en el presente, si aceptas lo que pasó y aceptas que ahora no pasa y consigues que, en el momento presente, al recordar lo vivido, pueda activarse otra emoción distinta a la que grabaste, habrás conseguido pasar las vivencias a experiencias, forjándote de una excelente maestría emocional. El acceso a la mente pasa por el respeto y de ahí a la fase de acompañamiento y, por supuesto, necesita de la confianza que permite la conducción, y el cambio emotivo, y por ello una nueva forma de vivir la realidad y de grabar lo que es posible. Habitar las vivencias (recuerdos) como experiencias (lo actual: ahora ya no ocurren) favorece la maestría emocional: • Saber lo que sabes. • Saber lo que no sabes. • Saber por qué no sabías lo que no sabías. Saber lo que sabes te hace confirmarte, recordarte todo lo que tienes en tu patrimonio de sabiduría. Saber lo que no sabes te dará más conocimiento, propio del crecer, de poder hacer consciente lo inconsciente o simplemente de incorporar conceptos y vivencias nuevas sobre tu realidad o las de otros. Por último, saber los motivos por los que no sabías lo que no sabías, te hace incorporar un conocimiento que te eleva sobre los hechos y te coloca en una Gestalt como persona, te hará sentir el arte de la maestría emocional. Quien domina estos tres conocimientos, deja de desconocer, y éste es el mejor vehículo para poder darse cuenta que su saber ESTAR, necesita de un conocer en 70 profundidad su SER y para que así sea, necesitamos de una verdadera gestión de nuestras plataformas emocionales: la rabia, el miedo, la tristeza, el asco, la culpa, la sorpresa, la seguridad, la curiosidad, la admiración y la alegría. Todo lo demás no deja de ser desconocimiento, cuando no literatura. Tu memoria y tus recuerdos. Almacenes de tu historia Los psicólogos no necesitamos explicar a otras personas qué es la memoria, todos sabemos qué es la memoria, a no ser que no nos acordemos, que es precisamente cuando más preguntamos sobre ella. La memoria nos permite reconocer los rostros de antiguos compañeros de clase, recordar viejas canciones, recordar los buenos y los malos momentos y recordar información importante acerca de acontecimientos o experiencias de nuestras vidas. En el pasado, se creía que estos archivos solo contenían información o datos, parecido a los archivos de una oficina que contienen la información de un cliente o los archivos de una computadora que contienen palabras o números. Conforme la ciencia avanzó, comenzamos a conocer más acerca del cerebro y cómo almacena los recuerdos en la memoria. Los estudios más recientes sobre psicología y neurología nos han demostrado que esos archivos no sólo contienen datos o información. De una manera que aún es parcialmente desconocida, el cerebro tiene la capacidad de almacenar no sólo los recuerdos, sino también las emociones, tal como ocurrieron en el momento en que se construyeron esos recuerdos. Los archivos de la memoria tienen dos partes: la información acerca del acontecimiento o experiencia y la emoción que sentimos en ese momento. La memoria es muchas cosas distintas, no es, pues, sorprendente que una función tan compleja y multifacética del cerebro sea difícil de encasillar. Cada tipo distinto de memoria almacena y recupera de diferente manera, y docenas de áreas del cerebro están implicadas en una compleja red de interacciones. Para entender la memoria tenemos que mirar las células individualmente, porque ahí es donde se forjan las memorias. La memoria no es otra cosa que “una asociación tal entre un grupo de neuronas que, cuando se dispara una, se disparan todas, creando un canon específico de actividad” (Rita Carter, 2002, en El Nuevo Mapa del Cerebro Humano). Los pensamientos, las percepciones sensoriales, las ideas, las alucinaciones están compuestos de esta misma forma. Un canon determinado trae consigo la experiencia de miedo, otro canon, provocado en un área distinta, trae consigo un sabor, y así sucesivamente. Las memorias se forman cuando un canon se repite con frecuencia o en circunstancias que favorecen su codificación. Se debe a que cada vez que un grupo de neuronas se dispara a la vez aumenta la tendencia a volverlo a hacer. Las neuronas se 71 disparan en sincronía, activándose unas a otras, como lo hacen las partículas en un haz luminoso. Un estado mental es una percepción que abarca el mundo, percepción que aúna la percepción sensorial, los pensamientos, los sentimientos y las memorias para formar un todo. La emoción es el denominador común del tipo de escenas que se quedan en nuestra mente; esto ocurre porque una ola de neurotransmisores excitatorios aumenta la frecuencia del disparo de las neuronas en ciertas partes del cerebro. Este proceso tiene dos efectos: en primer lugar, aumenta la intensidad de la percepción, produciendo esa sensación de claridad y de lentitud en el trascurso del tiempo, propias de las situaciones de crisis; en segundo lugar, se refuerza la potenciación a largo plazo de manera que aumenta la probabilidad de que los sucesos ocurridos sean recordados en el futuro y evitados, si son desagradables, o evocados, si son agradables. Estos dos efectos son obviamente muy válidos para la supervivencia. Una pieza clave es que el hipocampo no cede todas las memorias a largo plazo a las áreas corticales de almacenamiento. Al contrario que los hechos y los recuerdos de la infancia, nuestras memorias que afectan a lo más personal se mantienen codificadas en las neuronas del hipocampo, donde se crean mapas internos; así lo demuestran estudios con TEP. El hipocampo prefiere codificar hacia la amígdala aquellas cosas que en algún momento nos aterrorizaron y no las manda directamente al lóbulo frontal (a esto es lo que llamamos secuestro emocional en cerebro tipo II). Tal como te he comentado, la memoria humana lo que hace es crear y recrear el pasado, produciendo una versión de los hechos que, al final, puede tener poco parecido con lo que pasó en realidad. Es más, el proceso empieza ya cuando percibimos las cosas que van a ser destinadas a la memoria. La mayoría de las percepciones sensoriales no son registradas conscientemente y sólo se retienen unas cuantas de entre las que sí lo son. Entre ellas, la mayoría se borra de la mente en unas cuantas horas. Esta selección personal de los momentos destacados de la vida se distorsiona, tanto por la preselección como por nuestra manera idiosincrásica de ver las cosas. El proceso de falsificación se amplía cada vez que una memoria es recordada. Cuando recordamos cosas pasadas les agregamos cosas, perdemos cosas, ajustamos hechos y llenamos cualquier pedacito de información que se pueda haber borrado. Las que rellenan y tergiversan son las estructuras corticales que necesitan mantener una lógica en la información; no obstante, son las estructuras subcorticales, como el hipocampo, las que expresan lo grabado no solo en el nivel semántico sino que, a la par, expresan las emociones y sensaciones físicas sentidas. De tal forma, sobre un mismo hecho, con el tiempo, podemos tener un recuerdo neutro desde el punto de vista cognitivo, pero muy activador y movilizador desde el punto de vista emocional o perceptivo. En nuestro modelo de Vinculación Emocional Consciente sabemos que esta forma peculiar de ver las cosas y de seleccionar lo que hemos vivido es consecuencia de las 72 primeras relaciones y de las bases de nuestra experiencia en los primeros estadios de relación con las personas referenciales.Tipos de memoria a) Memoria emocional El sistema de la memoria emocional funciona en estrecha relación con los otros dos (memoria procedimental y memoria declarativa), particularmente con el de la memoria declarativa. Nos ayuda a fijar nuestros recuerdos etiquetándolos de acuerdo con nuestras emociones: cuando algo nos conmueve, nos hace reír o nos produce placer, somos capaces de recordarlo más fácilmente. La memoria emocional es aquella que se produce en las células que componen las estructuras límbicas, por lo tanto, suelen acompañar en su parte de memoria episódica, así como en el componente emotivo que sucede en el resto de memorias. No obstante, podemos diferenciarla ya que tiene un espacio propio como precursora de la adaptación global. A menudo se dice que un niño no tiene recuerdos antes de los 3 años. A esa edad se tienen, es cierto, muy pocos recuerdos personales. Pero ello no significa que el niño no tenga memoria. De hecho, durante esos pocos años, su memoria procedimental ha estado funcionando incansablemente: ha aprendido a dirigir la cabeza, a sentarse, a coger cosas con las manos, a caminar, etc. Y otro tanto puede decirse de su memoria cultural, ya que ha aprendido a hablar y el lenguaje es una adquisición cultural que comparte todo el mundo. Además, el niño utiliza su memoria emocional, ya que reconoce caras, voces, olores, los sabores que le gustan, los que le disgustan. En otro orden de cosas, basándome en las investigaciones de Gorman (1994 y 2001) y de Norcross y Golfried (1992), que a su vez se apoyaban en los trabajos de Gazzaniga, Le Doux, Changeux, Davidson y otros (1994- 1997), queda patente que la capacidad de tomar decisiones del ser humano queda dañada cuando se rompen las vías neuronales que unen el lóbulo frontal con los centros emocionales de la zona límbica, aunque las funciones intelectuales no queden alteradas (A. Damasio en Neurobiology of Decisión- Making). En estos estudios, se sentencia que la emoción es un componente esencial de nuestra voluntad. La razón sin el sentimiento no puede guiar la conducta. Antonio Damasio (Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica en 2005) indica que “las emociones son producto de la biología, el cerebro y la cultura” y asegura que las lesiones en la parte frontal del cerebro (zona del raciocinio) no dañan la inteligencia pero sí la capacidad para decidir cuál es la opción más adecuada entre varias alternativas, puesto que el afectado no puede utilizar la memoria de las emociones en situaciones similares para acertar con su conducta. En definitiva, con estos trabajos, Damasio asegura que la decisión más cerebral no deja de ser emotiva y, por lo tanto, sin emociones o sentimientos funcionamos mal. 73 Hay que diferenciar, no obstante, entre el concepto de emociones, que es un fenómeno fisiológico, y el de sentimiento (feeling), que es el aspecto consciente de la emoción, lo que lleva a la conclusión que expone en uno de los capítulos de su libro The feeling of what happens: “el cerebro conoce muchas cosas de las que no somos conscientes”. Anteriormente, Benjamín Libet (1985) demostró que 800 milisegundos antes de tomar una decisión se desencadenan potenciales eléctricos en zonas límbicas del cerebro (Libet habla de zonas promotoras). Con esta solidez en la investigación sobre el cerebro y su funcionamiento, que hoy nadie discute y figura en todos los libros sobre neurociencia cognoscitiva, “la emoción es la energía que nos hace comer, beber o tener sexualidad, algo que compartimos con los mamíferos, pero que los sentimientos son otra cosa, porque requieren la conciencia de la emoción, algo que no puede sentir ni un perro, ni un chimpancé. Y eso se debe a la enorme corteza cerebral que tenemos” (Francisco Mora, 2005). Con todo este entramado teórico y práctico, partimos de que nuestras decisiones están supeditadas a nuestro sistema emocional. Por lo tanto, nuestro siguiente paso fue averiguar dónde se insertan los conflictos en nuestro cerebro. Es decir, teníamos que saber dónde estaban situadas las memorias que mantienen un conflicto en el tiempo. Francisco J. Rubia (2002), en su magnífico libro “El cerebro nos engaña”, nos dice que los recuerdos que se mantienen en el tiempo, aunque hayan ocurrido una sola vez, suelen estar asociados a intensas emociones. Hay sucesos que, aunque no nos acordemos de ellos en un nivel consciente, nuestro cerebro los ha grabado como una situación de peligro vital, de tal forma que no sólo están almacenados en una memoria no cognitiva pero sí emocional, sino que perduran mucho más en el tiempo que los que recordamos de forma consciente. De hecho, esto no debería extrañarnos, ya que la memoria depende del proceso de consolidación y éste, del sistema límbico. Cuando los sucesos van acompañados de emociones intensas se produce un considerable refuerzo para la consolidación. Se han realizado experimentos en este sentido y se ha encontrado que, en efecto, la fuerza de los contenidos de la memoria está directamente relacionada con las emociones que se despertaron al vivir una determinada situación, independientemente de si la situación y las emociones concomitantes eran desagradables, agradables o mixtas. Hoy se sabe que la amígdala es responsable de las memorias cargadas de una emoción de peligro. Cuando se extirpa la amígdala a animales de experimentación, generalmente monos, ya no son capaces de asociar el miedo a un sonido que siempre precede a una descarga eléctrica. Estos animales pueden perfectamente aprender otras tareas, pero son incapaces de aprender y recordar el miedo. El condicionamiento emocional es imposible cuando falta la amígdala. De esta forma, la inyección de adrenalina que produce un estado de alerta en el organismo, aplicada inmediatamente tras el aprendizaje de una determinada tarea, hace que se consolide mejor la memoria de esa tarea. Sin embargo, cuando la amígdala está lesionada, la adrenalina ya no surte ese efecto. Por todo ello, podemos teorizar que cada drive emocional necesita de la activación e inhibición de unas mismas estructuras límbicas, de tal forma que cada emoción básica 74 tiene activadas similares zonas neurológicas que las emociones semejantes. A la vez, estas estructuras se activan por la estimulación de neurotransmisores específicos. La memoria emocional produce el insight adaptativo (“destello de la conciencia”). De todo lo dicho anteriormente podemos concluir que “la emoción decide y la razón justifica”, es decir, la mayoría de nuestros acontecimientos como seres humanos están dirigidos por el sistema emocional. Además, son las estructuras límbicas las que tienen grabadas aquellas memorias que nos definen y nos hacen, en definitiva, sentirnos en sufrimiento o satisfechos. Cuando se realiza un TEP a un individuo que está viviendo una situación traumática, las zonas más activadas e inervadas son las límbicas; es por todo esto por lo que quise descubrir la forma más directa de poder acceder a estas memorias, para insertar otras menos corrosivas para el ser humano. Para conseguirlo necesitaba de una herramienta que me permitiera ir al centro neurológico donde se instalan los conflictos humanos y, después de muchos intentos con distintas técnicas, me di cuenta de que en estado hipnótico el sujeto se encontraba neurológicamente en la sede de la emoción. Además, en estado hipnótico ocurre una comunicación semejante a la que ocurre en el sueño REM, es decir, el hipocampo libera las memorias de “estar allí” y puede, posteriormente, insertar nuevas experiencias desde el aquí y el ahora y, por lo tanto, cambiar memorias desadaptadas y que producen sufrimiento por otras más adaptadas que producen satisfacción, consiguiendo instalar estas memorias en el lóbulo prefrontal y desde éste al resto de la corteza. En estado hipnótico tenemos un estado de conciencia alterado ideal para cambiar las memorias que crean sufrimiento por otras que generen satisfacción. La conciencia engloba a varios procesos mentales, entrelazados o no, que no han sidocompletamente descifrados por la fisiología. Es un conjunto de funciones con diferentes grados de desarrollo, que entre otras, catalogan las cosas como buenas y malas. Otra función importante y más desarrollada de la conciencia es la función de la razón. La conciencia permite las funciones de raciocinio y ambas dotan al individuo de voluntad, sobre en qué cosas va a emplear sus recursos, y de capacidad de recordar, que le permitirá refinar futuras acciones o la capacidad de transmitir a los demás. La conciencia empuja a diferentes personas en direcciones bastante diferentes dependiendo de sus creencias, esto demuestra que tiene una doble naturaleza instintiva (genéticamente determinada) y aprendida. Mientras que las distintas capacidades de la conciencia están determinadas genéticamente, la elección de las materias de su interés es aprendida o por imprinting. Es decir, la conciencia es el resultado de varios procesos cerebrales establecidos genéticamente, de los cuales, algunos aprenden parámetros con los que se identifica el individuo, adoptados de la sociedad humana y de la experiencia. Alrededor de cien mil millones de células constituyen el sistema nervioso central. La mayoría se encuentran en la corteza cerebral de los hemisferios. La superficie de cada hemisferio contiene las células que elaboran los códigos neuronales que provienen de los 75 sentidos. Tales códigos envían información sobre estímulos ambientales a las áreas receptoras de la corteza, donde la información es procesada por columnas de células y transferida a las áreas de asociación adyacentes, de modo que pueda combinarse con informaciones procedentes de la memoria, de los sentidos y de otras áreas cerebrales. La combinación de la información de estas diferentes fuentes y su elaboración por la corteza cerebral, produce el fundamento de la conciencia. Para el mantenimiento de la consciencia, las células de la corteza cerebral se mantienen en un estado de excitación continua por la formación reticular, grupo de células del tronco del encéfalo. Estas células reticulares están tan extensamente conectadas que tienen una amplia influencia sobre la corteza y ellas mismas son estimuladas por impulsos nerviosos procedentes de distintas partes del cuerpo. La memoria emocional es, por lo tanto, un marcador de la capacidad de supervivencia que tiene en ese momento el organismo. Para detectar esta capacidad es necesario poder responder a los estímulos internos y externos de una manera adaptada. El concepto de adaptación no deberíamos confundirlo con el de salud, es decir, nuestro organismo puede adaptarse desarrollando un trastorno que posiblemente nos haga sufrir, y a la vez nos alerta, pero que consigue la supervivencia, por lo tanto, un concepto a tener en cuenta es el de memoria emocional desajustada, de la que no cabe duda cumple un papel adaptador y por lo tanto de supervivencia, pero lo hace de una forma que también produce sufrimiento o malestar. b) Memoria Autobiográfica (El SER) Se desarrolla en el quinto año de la vida, dentro de las denominadas memorias episódicas, es altamente selectiva, duradera y, frecuentemente, remota. Provee el fundamento para el sentido personal de la identidad que hace posible que la gente diga “ésta es mi vida, éste/a soy yo”. Es consciente y verbal. Contribuye y es dependiente de la capacidad reflexiva, capacidad que hace posible “déjame, te cuento de mí”, “estos son mis pensamientos, mi memoria”, “estas son mis reflexiones”, “esta es mi historia”. Si se afectan por la experiencia traumática, las personas tendrán dificultad en juntar un considerable trayecto de su vida a través del tiempo y esta sensación de “éste/a soy yo” se vuelve evasiva. El recuerdo de un suceso vivido en primera persona hace referencia a la memoria autobiográfica. Así, cuando a un testigo le pedimos que nos relate qué le sucedió en un momento y lugar determinado, para cumplir la tarea deberá acceder a sus recuerdos autobiográficos. Definir la memoria autobiográfica no es fácil. La mayoría de los autores consideran que las memorias autobiográficas forman parte de la memoria episódica (Conway, Rubin, Spinnler y Wagenaar, 1992), que, como vimos anteriormente, se define por el contexto espacial y temporal que la acompaña y se diferencia de la “memoria” semántica o de 76 conocimientos, que carece de este contexto (Tulving, 1983). Según Brewer (1986), la principal característica que define las memorias autobiográficas es el contexto personal que las acompaña. c) Emoción y memoria autobiográfica La emoción juega un papel muy importante en la memoria en general y en la memoria autobiográfica en particular. Barclay y Smith (1992) han propuesto un modelo de memoria autobiográfica en el que consideran que el afecto y la emoción son las características más importantes de este tipo de memorias que constituyen la cultura personal del sujeto, como una relación de la persona con su entorno social. Wagenaar (1986) encontró en el estudio que realizó mediante la técnica de diarios, que el recuerdo autobiográfico estaba relacionado con la activación de los sucesos, la agradabilidad y el nivel de implicación emocional. Rubin y Berntsen (2003), por su parte, encontraron en un estudio con sujetos entre 20 y 94 años que, en general, se recordaban mejor los sucesos positivos que los negativos, siendo mayor la confianza en la exactitud de sus memorias para fechar los sucesos positivos, resultados que explican por un factor cultural que premiaría los sucesos agradables. Así, en relación con la emoción se han señalado varios aspectos que estarían influyendo en los recuerdos autobiográficos: el autoconcepto del sujeto, factores motivacionales y la perspectiva con que son recordados (Alonso-Quecuty, 1992a). Tanto es así, que la accesibilidad de los recuerdos autobiográficos depende en muchas ocasiones del estado emocional. Este fenómeno se conoce con el nombre de memorias dependientes de estado (Bower, 1981, 1987), que se muestra, sobre todo, cuando la información está relacionada con el sujeto (Eich, Macaulay y Ryan, 1994). No obstante, como muestran Talarico, LaBar y Rubin (2004), no es tan importante la valencia emocional (agradable/desagradable), como la intensidad (alta/baja), al definir las características de las memorias autobiográficas. Por regla general, los hechos autobiográficos con una implicación emocional importante se recuerdan más detalladamente que los hechos rutinarios con baja implicación emocional. En esta dirección se ha demostrado que la mayor implicación de los sujetos en los hechos presenciados, produce memorias más concretas y organizadas, al tiempo que también más autobiográficas, aunque este efecto no se mantiene a lo largo del tiempo ya que desaparece con una semana de demora (Manzanero y Farias-Pajak, en prensa). Uno de los hechos que más llama la atención respecto a las memorias autobiográficas es que parece que somos capaces de recordar ciertos sucesos como si acabaran de ocurrir, aparentando ser inmunes al deterioro producido por el paso del tiempo. Este tipo de memorias autobiográficas se conocen con el nombre de memorias vívidas (flashbulb memories) y consisten en memorias sobre sucesos altamente impactantes por la repercusión individual y/o social que implican. 77 Un hecho de este tipo es, por ejemplo, el atentado ocurrido en Madrid el 11 de marzo de 2004, cuyo impacto emocional no deja lugar a duda (Cano, Miguel-Tobal, Iruarrízaga, González y Galea, 2004; Jiménez, Conejero, Rivera y Páez, 2004; Miguel-Tobal, Cano, Iruarrízaga, González y Galea, 2005). Cuando recordamos aquel día y lo que nosotros mismos hicimos antes, durante y después del atentado, es muy probable que tengamos la sensación de que aquello se nos ha quedado profundamente grabado y que lo recordamos de forma muy vívida y con todo lujo de detalles. Sin embargo, es muy probable que ciertos detalles que damos por exactos hayan sido “creados” posteriormente, aunque algunas investigaciones (Peace y Porter, 2004) han mostrado quelos hechos traumáticos se recuerdan mejor tres meses después, que los que no lo son. Diversos investigadores (por ejemplo, Brown y Kulik, 1977; Pillemer, 1984) que han estudiado la exactitud de este tipo de memorias, han mostrado que ciertos detalles sobre lo que uno hizo durante los momentos en que ocurría un suceso de este tipo no son reales. Por ejemplo, uno de los detalles que usualmente se ve modificado con el paso del tiempo es el origen de la información, es decir, dónde y de qué forma nos enteramos por vez primera de aquel suceso. Tu memoria, y sobre todo tu memoria autobiográfica, te define y es en ella donde podrás encontrar los motivos por los que habitualmente te encuentras más triste, alegre o con miedo. Desde muy pronto, quizás antes de nacer, ya en la vida uterina, fuiste insertando, como se hace con las cartas de familia, hechos y vivencias con emociones, de tal manera que fuiste tejiendo tu biografía emocional. Desde ahí surge tu inteligencia emocional, tu capacidad para elegir, entre todas las posibles, la emoción más adecuada para cada momento. Si has alcanzado un C.E. (Cociente Emocional) alto, enhorabuena, si no es así, que sepas que puedes conseguirlo si sabes cómo hacerlo, sigue leyendo… En la interacción social solo debes dar cuando te sobra Quiero hacer mención especial en este apartado a varias de las creencias que más daño han hecho a la salud mental del ser humano. Igual que ha pasado en la, bajo mi punto de vista, poco fructífera psicología positiva, que se ha empeñado en que hay que saber decir que “NO” para ser más asertivos. Algo semejante ha ocurrido con una serie de creencias, cuando no mitos, la mayoría heredados desde la ideología, que quedan muy bien cuando se dicen pero que, luego, el ser humano tiene muchas dificultades para poder realizar, o aún peor, ya que al seguir estas creencias se alimentan una serie de trastornos que hacen sufrir mucho y no tienen gran valor para alcanzar la satisfacción. A lo largo de mis 26 años de profesión, he tenido que trabajar con muchos perfiles que habitualmente producen mucho sufrimiento, uno de ellos es el de la persona que se entrega a los demás en cuerpo y alma, con una mentalidad de que puede con todo o que solo puede sentirse bien si los que la rodean también se encuentran bien. Este perfil, sobre todo, lo he encontrado en esa mujer que se ha dedicado a sus hijos y a su pareja, 78 que ha cuidado de su madre y de su padre, que antes había tenido el rol de ser la madre de sus hermanos y que, en definitiva, no tiene un proyecto de vida propio. Quiero, para prevenir malentendidos, transmitir desde el primer momento que la entrega de una madre o un padre con los hijos es totalmente natural, sana y necesaria. Nos quitamos de lo que no poseemos para dárselo. Pero cuidado, que hagamos esto no debe implicar que nosotros no tengamos nuestro momento o que no seamos nada sin ellos, de tal manera que lo que vivimos y somos es por ellos. Este matiz es el enfermizo, la cuestión no es dar todo o más por nuestros seres queridos, la cuestión es no ser nosotros, no tener espacio en el que se pueda conseguir bienestar o desarrollo como persona sin un otro afectivo, de tal manera que si no tuviéramos ese rol y no estuviéramos permanentemente en la ayuda y la dedicación a los demás, nos encontraríamos en el más absoluto vacío, aburrimiento existencial o fracaso vital. También tenemos que hacer la salvedad de todos aquellos que han decidido estar al servicio de la comunidad y, por lo tanto, su felicidad está en la ayuda al prójimo y en el servicio a la sociedad y a la comunidad. En este caso tengo que reseñar que estas personas, primero, no solo realizan estas acciones con familiares o personas con las que tienen sentimientos, diríamos, de primer grado y además esta forma de proceder no les coloca en el sufrimiento, sino que se les nota en un absoluto goce en la vida y en la tarea que les toca. La ganancia al estar al servicio del otro, no es solo del otro, sino de ellos mismos, ya que en esa tarea encuentran la verdadera sensación de sentirse y vivirse como esenciales y únicos. Por el contrario, en el perfil que he dibujado de una mujer que en algún momento de su vida, hacia los 40-50 años, tiene una crisis en forma de depresión, cuando no de enfermedades que han proliferado mucho, tal como la fibromialgia o la fatiga crónica (por supuesto, también lo pueden hacer con dolores puntuales, como son cualquier algia: lumbalgia, cervialgia, dorsalgia, etc.). Aunque encontramos a varones con este perfil de entrega total y sufrimiento personal posterior, la ratio es de 3:1 para la mujer. La creencia que hay detrás, a nivel más o menos consciente, es: “hay que dar y no es importante recibir”. Se han olvidado de quienes son, no tienen identidad, han olvidado el placer para ellas, cuando no, simplemente, no sienten placer desde hace mucho tiempo, como mucho sienten la pérdida del dolor, viviendo desde el debeísmo y permaneciendo en ese papel donde el personaje ha devorado a la persona. A este grupo de personas que “dan lo que no tienen” les invito a meditar sobre el siguiente ejemplo. Imaginemos que vamos con nuestros hijos y nuestra pareja por el desierto y se nos rompe el automóvil que nos lleva. Tenemos una cantidad determinada de comida y agua y debemos cruzar el desierto andando, a no ser que encontremos a alguien por el camino, ya que no tenemos teléfono por satélite. Como padres lo que tendremos que hacer es racionalizar la ración de agua y de comida, para poder conseguir la supervivencia de nuestros hijos y, sería importante, que en esa racionalización nosotros también pudiéramos beber y comer, ya que no es de recibo, en una situación así, 79 desamparar a nuestros hijos con la vivencia de ver cómo morimos de sed o de hambre y, con ello, dejarles solos, por el hecho de que no bebamos o comamos por dárselo a ellos. Así es como deberíamos entender la vida, como una travesía en la que, si todos estamos satisfechos con nuestra vida, es posible que el grupo cree un clima de seguridad y admiración de unos con los otros. Mientras que si no tenemos en cuenta nuestra vida para darles a los demás todo, lo único que les estamos haciendo es hacerles muy dependientes o malcriados o, peor, que en algún momento enfermemos y nos tengan que cuidar ellos a nosotros, parándoles su ritmo normal de evolución. Cuando en un grupo la tarea es cuidar del otro, ese grupo termina enfermando, sin embargo, si la tarea es cuidarse cada uno a sí mismo, dentro de las posibilidades de edad y circunstancias de sentido común, dejamos espacio para luego tener una interacción de aprendizaje y de ayuda en momentos puntuales, en los que todos la vamos a necesitar. No hay que dar si no nos sobra, es una idea que encierra la mayor de las ofertas de solidaridad, ya que si la empleamos y la ponemos en práctica, siempre que nos sobre deberíamos dar y ofrecer. Pero si, por el contrario, el objetivo es dar, incluso cuando no tenemos lo suficiente para nosotros, tarde o temprano tendremos que pedir y lo que es peor, cuando lo hagamos será porque hemos enfermado. Las personas que dan tiempo cuando no lo tienen, que dan dinero cuando no lo tienen, que dan atención, cariño, dedicación cuando no tienen lo mínimo para ellos, son personas que van a colocarse tarde o temprano en crisis y, posiblemente, hagan un ciclo patológico en el que sucede la siguiente situación: “yo te ayudo a tí con lo que no tengo, para que cuando yo lo necesite pueda tenerte en la ayuda, aunque tú en ese momento no puedas”, el problema es que, en la mayoría de las ocasiones, cuando estas personas necesitan la ayuda, ocurre en un contexto donde los demás solo han aprendido a recibir y/o los demás perciben esta situación como un chantaje emocional. No conozco ningún sistema familiar o grupal en el que si sus miembros funcionan desde la autonomía, el autocuidado y la capacidad de gestionar su vida desde la asertividad, si es necesaria posteriormente la cooperación, la ayuda al otro, la solidaridad ola entrega, no se responda con la fuerza del cariño y se realice sin ningún «pero», de tal manera que si les preguntas, ¿por qué lo haces? te dicen que simplemente porque lo quieren hacer, les sale de dentro y, además, porque les sobra. Estas personas, mientras ofrecen la ayuda, se sienten importantes, continúan con su vida y si tienen que paralizarla porque la tarea lo requiera, lo hacen como un paréntesis, saben que su vida está ahí esperándolos, para cuando el problema se haya resuelto. Sin embargo, en los sistemas familiares o grupales en los que sus miembros funcionan en simbiosis, en la ayuda al otro sin tener en cuenta su propia necesidad, donde el objetivo es cuidar al otro y fuera de una sincera asertividad, cuando alguno del grupo tiene una enfermedad o una crisis vital, nos encontramos con maniobras que tienen como denominador común el esfuerzo, la obligación, la culpa de no hacerlo y todo esto dentro de mucho rencor, mucha rabia y poca afectividad. Cuando se les pregunta, ¿por qué lo 80 haces? responden cosas como “estoy obligado/a”, “qué hago si no”, “es horrible”, “nos chantajea”. Son, todas ellas, frases exactas de estos grupos, no se hacen desde el cariño, no se sienten importantes, se sienten mártires y perciben que no tienen vida, sino obligaciones. Siempre, al dar por encima de lo que dispones durante mucho tiempo, como no puede ser de otra manera, tendrás muchas deudas, y no estoy hablando solo de dinero. Todo ello, como ya he explicado, fuera de lo que es la avaricia, el egoísmo o el narcisismo, porque si tenemos suficiente y nos necesitan y no damos, entonces estamos en el otro extremo, ya que: Decidir que solo damos cuando nos sobra, es decidir que damos siempre que tenemos lo suficiente. Esta creencia de dar aunque no tengamos y esta forma de ser muy solidarios, además de ser falsa, proviene de la idea de que para ser un buen cristiano hay que poner la otra mejilla. Una vez más se han interpretado muy mal las escrituras, cuando Cristo indica que hay que poner la otra mejilla, no me imagino que lo diga para que te vuelvan a golpear. Parece que a Cristo las injusticias no le gustaban mucho y orgullo, asertividad y defensa de la dignidad tenía, nunca mejor dicho, gracias a Dios. Lo que quiere decir Cristo es que hay que cambiar de posición, cuando algo sale mal y te golpea, debes colocarte en otra posición, intentar orientar la situación desde otra cara, encararlo desde otra perspectiva, verlo desde otro prisma, cambiarnos de lugar. Mantenerse en la misma posición cuando las cosas van mal no es adecuado, poner la otra mejilla, colocar otra forma de proceder, la otra parte de la cara, es lo mejor para encontrar la solución. Otra creencia que me gustaría fulminar en este apartado es la de “si uno no quiere, dos no regañan”. Mi experiencia es que, si uno quiere, regañan dos y tres y diez y una comunidad de vecinos y un barrio y un pueblo y un país e, incluso, tenemos una guerra mundial, dependiendo de la capacidad que tenga ese uno para provocar, malmeter, coaccionar o usurpar a todos con los que convive. Cuando una persona está llena de ira o cuando tenemos a un psicópata con poder delante de nosotros, por mucho que intentes no discutir, tendrás que saber diferenciar ser asertivo, donde el respeto por los demás es parte importante de esta habilidad, de ser imbécil, y, en ciertos momentos, solo siendo imbécil uno puede mantener una situación de respeto cuando el otro lo que quiere es provocar. En las situaciones donde alguien quiere discutir no podemos bañarnos en la ilusión de que vamos a salir ilesos manteniendo la calma. En estas situaciones en las que tu interlocutor haya decidido no respetarte es importante que te marches, que te des la vuelta y te vayas, de no ser así tendrás que utilizar su misma lógica que será la de la discusión, cuando no la de la agresividad. 81 Hay gente que cree que “dos no pelean, si uno no quiere”, pero eso es una ilusión, dos pelean si uno quiere. La voluntad de pelea, si es del otro y no es tuya, solo tiene dos posibles: o peleas o huyes. Y por esto no pierdes, saber huir a tiempo es ganar, te lo aseguro, decidir irte es elegir, es tomar una decisión, y elegir qué quieres hacer. Saber quitarte de en medio es una elección muy inteligente desde el punto de vista emocional, no es de cobardes, es de personas que saben gestionar el momento, ya que si no huyes te tendrás que enfrentar. Insisto, no seas ingenuo/a, no olvides que la huida es una forma pasiva evitativa de pelear. Cuando el otro es más fuerte o cuando tiene una posición de poder, lo mejor es huir y, de esta forma, saldrás muy bien de una situación en la que de no marcharte, tendrás que enfrentarte y eso es precisamente lo que en esos momentos tu interlocutor/a quiere. Por todo ello, te aconsejo que nunca te enfrentes si estás en una situación de desequilibrio, a veces el hecho de colocarnos en la contienda luego nos hace sentirnos culpables por no haber sido capaz de controlarnos. Una vez más, huir, marcharte del lugar, poner tierra por medio es saber gestionar la ira o la rabia del otro y, de esta manera, darnos tiempo para poder encarar mejor cuando la emoción del interlocutor no sea tan agresiva. Lo importante, por lo tanto, es que dentro de la gestión emocional, sepamos que, en ocasiones, es imposible gestionar una situación cuando quien está interaccionando con nosotros está fuera de sitio, tiene una lógica psicopática o simplemente quiere sacarnos de nuestras casillas. En ese momento, a salir de la situación, no debes llamarlo huida tal como se entiende habitualmente, llámalo “tiempo fuera” o retirarte de la situación para poder encararla, si es posible en otro momento. La solución no es exigirte salir sin discutir, la solución es no estar en esa situación si no quieres enfrentarte. Y si eliges enfrentarte, también dentro de la gestión emocional, en una situación donde tu interlocutor/a quiere discutir, entonces debes cambiar la creencia de que “dos no discuten, si uno no quiere” por “si alguno de los dos tiene que perder, que pierda el otro”. Como ya sabes, las relaciones que debemos tener es de ganar-ganar, pero en la realidad no siempre es así, ya que hay personas que no permiten que el otro gane y solo sienten que ganan cuando el otro pierde. En estos casos hay que llenar el ambiente de coraje y te aseguro que solo cuando un psicópata te percibe seguro es cuando te puede dejar. Por último, en este apartado de esgrima y por ello de destreza ante situaciones ganar- perder, es fundamental que seas un/a experto/a en saber captar si hay voluntad en la otra parte de conseguir compromisos, cuando la posición de la otra parte no permite que tú ganes y solo te deja la opción de perder. Cuando detectas que por parte del otro no hay voluntad de compromiso y vas a perder, ganar también es perder lo menos posible, de tal forma que en todo lo que allí se está negociando, elige la parte que menos te importa perder y defiéndela como si te importara muchísimo, de esta manera es posible que tu interlocutor se ciña a esta parte que tú ya das por perdida, pero que al defenderla, consigues que sea donde coloca toda su intención y atención y, aunque la gane, es 82 posible que tus pérdidas sean menores a las que podrías haber tenido y esto te aseguro que es una gran ganancia. Ganar es ganar o, también, perder mucho menos de lo que podríamos haber perdido (Método Harvard). Lo masculino y lo femenino en la gestión emocional En la última década se ha escrito mucho sobre la diferencia entre el cerebro masculino y el femenino. Curiosamente lo han hecho más mujeres que hombres y estoy seguro de que el motivo no ha sido para entrar en historias como que los hombres son mejores o peores que las mujeres y viceversa. Saber la diferencia entre ambos procesadores de la información nos puede ayudar a comprender muchos de los comportamientos y, sobre todo, podemos estimular, desde el tiempo de bebé, aquellas áreas que sabemos tenemos con menos potencial, simplemente por haber nacidomujer o varón. En estas investigaciones sabemos que el cerebro masculino es mayor en tamaño, pero también que tiene mayor proceso de reducción que el femenino. El cerebro tiene un crecimiento y, como el resto del cuerpo, también mengua. En patologías como la anorexia, la disminución en tamaño de ciertas zonas del cerebro es proporcional a la reducción de la superficie del cuerpo. Sabemos que el cerebro femenino utiliza más parte del cerebro que el varón cuando piensa, quema más glucosa y, por lo tanto, el cerebro femenino suele tener más temperatura que el del varón. Parece ser que el motivo es que el varón utiliza más la materia gris, que es la que maneja el tratamiento de la información, mientras que la mujer utiliza más la materia blanca, que es donde se establecen relaciones entre los datos. Por este motivo, los varones, por media, son mejores para las matemáticas y las mujeres para el lenguaje. El cerebro femenino utiliza mucho más la zona del lenguaje y estas áreas se mielinizan antes que en el varón. Un varón puede hablar, de media, unas 7.000 palabras al día, mientras que la mujer puede llegar a las 20.000 palabras. Esto es debido a que al hablar la mujer siente placer, ya que los centros del placer están en el cerebro femenino muy cerca de los centros del lenguaje, por lo que hablando parece que se están dando un masaje placentero. El bebé femenino tiene un cerebro que engatilla la sorpresa muchas más veces y más rápido que el bebé masculino. El abrazo, si tiene una duración determinada (no menos de 20 segundos), hace segregar en la mujer oxitocina, sintiendo confianza por quien la abraza. Los hombres parece ser que pensamos en el sexo cada minuto, mientras que la mujer lo hace cada día. Hay una zona del cerebro que llamamos cuerpo calloso que sirve para codificar e interaccionar ambos hemisferios, pues bien, en la mujer hay más conexiones en el cuerpo calloso que en el varón. Esta diferencia explica por qué los hombres se concentran mejor, es decir, atienden a lo que están haciendo mejor, pero la mujer puede hacer varias cosas a la vez, aunque esto debilita su capacidad de concentrarse en algo único. Quizás también 83 estos datos explican los motivos por lo que los hombres pueden estar más tiempo sin discutir en los equipos y tienen una relación social más llevadera entre ellos, sin embargo, las mujeres captan mejor las emociones de los demás, así como las intenciones, tienen más capacidad para darse cuenta de todo el proceso, por lo que es más difícil la convivencia entre ellas que si la comparamos con los hombres. En consecuencia, si el hombre no se entera de lo que el otro siente hacia él y no tiene tanta información sobre el proceso global, es natural que discuta menos, pero también es natural que le pongan zancadillas con más probabilidad que a la mujer. La mujer suele ser más paciente y es más agresiva con la palabra que con el músculo, el varón es más impaciente y suele emplear la violencia para hacerse comprender. Un dato a tener en cuenta es que en las cárceles españolas, así como en las cárceles de Europa, los delitos de sangre en los varones llegan, según qué centro penitenciario, hasta el 40%. Los delitos condenados de sangre en la mujer no sobrepasan el 2 %. El varón se suele destruir más consumiendo productos tóxicos, mientras que la mujer se deprime más. El cerebro masculino soporta mejor el estrés y tiene más capacidad de mantener una tarea de estrés que la mujer, eso sí, somatiza más y tiene más trastornos psicosomáticos de media que la mujer. Todos estos datos de diferencias están condicionados por ser datos estadísticos, por lo tanto, no estamos hablando de personas sino de cifras y los datos representan a la globalidad, pero no a la individualidad. No obstante, hay un apartado que sí creo que es fundamental dentro de la gestión emocional y su repercusión en el clima social desde los tiempos más remotos. Me refiero al concepto que he llamado el orden de la guerra frente al orden de la cooperación. Es quizás aquí donde sí que tenemos que hacer una gran diferenciación entre lo masculino y lo femenino, dentro de estos órdenes y no tanto entre la mujer y el hombre. El orden de la guerra es aquel que mantiene un orden entre comunidades desde la posibilidad de ser más fuerte que el otro, de tal manera que, al igual que los planetas del sistema solar no chocan entre sí porque se encuentran a millones de kilómetros de distancia y por ello sus órbitas no compiten, la mayoría de los pueblos tiene un territorio. Mientras no es usurpado o tiene que ser compartido por otro pueblo, no tienen problemas, pero si existe la necesidad de convivir compartiendo un río, una ciudad o una fuente de energía, es muy probable que para que los pueblos no se enzarcen entre sí, se tengan en cuenta las pérdidas que ocasionaría una guerra, por lo tanto, ser violento dentro del orden de la guerra, produce seguridad de que no vamos a ser atacados. Este concepto del orden de la guerra es muy masculino, el macho crea seguridad en su entorno porque es violento si alguien intenta usurpar su espacio, su familia o su pueblo. Hay otro orden mucho más femenino y es el orden de la cooperación, inventado tanto en la agricultura, como en la ganadería. Para estos sectores la guerra no es un buen elemento de orden, en este tipo de orden la ayuda del otro hace que nos unamos, ya que 84 unidos somos capaces de hacer. Es el orden en el que el otro no es un adversario, sino un cooperante. Así parece ser que es como vivían los homos sapiens femeninos antes de que apareciera el homo sapiens masculino. El problema que tiene el orden de la guerra es que tiene que existir el peligro para que pueda existir el guerrero, un guerrero que no vigila o que no hace la guerra deja de tener poder y, por ello, la humanidad ha estado desde el principio de los tiempos unido al guerrero y a la guerra. Lo extravagante es que la evolución femenina, adquiriendo los derechos naturales y obtenido las mismas oportunidades sociales, no ha cambiado el modelo actual. La revolución de la mujer ha consistido hasta el momento en que ella esté en lugares que antes no estaba (y esto es importantísimo, no solo por derecho y justicia, sobre todo por ser natural), pero no ha cambiado el modelo. La mujer no ha conseguido que el orden de la cooperación sea el que esté unido a su avance social, las mujeres han conseguido colocarse en lugares de poder, pero siguen ejerciendo el poder desde el orden de la guerra. La inteligencia emocional debería conseguir superar el absurdo en la vida real sobre las diferencias entre mujeres y hombres pero, sobre todo, debería conseguir que el orden de cooperación sea el que regule la relación entre las personas y los pueblos. De esta manera, salir del escenario en el que el guerrero se coloca como necesario, ya que es imprescindible en las guerras, y por ello es habitual que sigan los conflictos, ya que poco poder tendría el guerrero si ya no hubiese guerras. Este cambio de mentalidad solo podremos conseguirlo desde la gestión emocional y nunca desde la gestión basada en la creencia o lo racional. Este cambio, sin duda, produciría una verdadera revolución en el orden social. Ese permanente diálogo con tu biografía Estás condenado/a a permanecer en un constante diálogo con tus recuerdos, que son los escenarios donde se ha ido esculpiendo tu biografía. Es la manera de que tu cerebro sepa qué es lo que puedes o no puedes realizar en este momento. Ahí están tus límites, tus vínculos y todo lo que te representa, lo tienes grabado como si fuera una guía que te define, se escribió momento a momento, tal como lo hace quien escribe un diario en el que registra cada instante vivido. Pero, ¿quién ha escrito realmente tu guión vital? ¿Has sido tú? Lo que conoces necesitó de alguien que te lo mostrara. Sabemos que si a un bebé no se le muestra una parte de la realidad que convive con él, para este bebé lo no mostrado no existe, aunque, como digo, esta realidad la tenga delante. Cuando entre en profundidaden la teorización de la emoción-admiración lo haré de una forma más extensa, ahora indicarte que solo puedes mirar y por lo tanto admirar, aquello que un referente miró y admiró delante de ti. Cuando una parte de la naturaleza 85 que nos rodea, tanto externa (animales, personas, objetos, paisajes, cosas) como interna (pensamientos, creencias, emociones, rasgos de personalidad), no fueron admirados por nuestros referentes, es muy probable que no exista para nosotros, a no ser que posteriormente lo descubramos con otro referente. Desde nuestro nacimiento descubrimos la realidad a través de la mirada de nuestros referentes. De tal manera que aquello que nuestro referente no admira, en nosotros o en nuestro entorno, no existe. Esta ceguera puede resolverse si, a lo largo de nuestra existencia, vamos descubriendo que nuestros referentes no supieron admirar toda la realidad. Es así como se ha ido forjando tu guión vital, a través de la mirada del otro. Por todo ello, es muy probable que cuando tu cerebro esté totalmente mielinizado para tener una gestión cognitiva óptima, tengas que ir descubriendo que muchas de las cosas que no sabes que existen, sí que tienen existencia, y a la vez, mucho de lo que crees que es realidad solo es una costumbre, una creencia o un mito. Te aseguro que, para bien o para mal, tu cerebro racional tiene que confrontar permanentemente con lo que tienes grabado en tu guión vital, de manera que si en tu guión vital tienes grabado que no puedes estar solo/a, siempre que lo estés, aunque tengas una edad adulta y seas consciente de que realmente no estás en peligro, te dará un ataque de pánico. Y la explicación es que hasta que no se cambien las grabaciones realizadas en tu guión vital, aquello que no cumpla con esta especie de libro de la constitución personal, será penado con alguna sensación emocional imposible de aguantar. Solo cuando puedas grabar “puedo estar solo/a”, podrás estar solo/a sintiéndote en seguridad. Es quizás una de las partes más importantes del tratamiento psicológico, descubrir las grabaciones que tiene la persona y desde ahí poder grabar antídotos que le saque del sufrimiento y de esta manera alcanzar la satisfacción. Las creencias, las normas, las costumbres, los ritos, dogmas, hábitos, rutinas y tradiciones son elementos que se nos van grabando en nuestro guión vital y que nos hacen responder de una u otra manera según en qué familia, contexto social, época y momento histórico hemos nacido. Tal como irás comprobando, según avances en este texto, tu capacidad de elegir qué quieres grabar en tu guión vital es realmente pobre durante muchos años de tu vida y si has podido elegir mucho de lo que has grabado, no te felicito, ya que eso quiere decir que no has tenido una red social que ha cumplido la función de adaptador natural con el tener recursos para subsistir. Aquellos que grabaron su propio guión vital, en los primeros momentos de su vida, han vivido el abandono, la orfandad (al menos psicológica), el aislamiento o el desamparo. Créeme que aunque tus referentes se propusieran que pudieras tener mucha libertad para no condicionarte, lo han hecho, ya que nuestro cerebro está diseñado para aprender de aquello que los adultos de la especie que nos cuidan han decidido que es bueno o malo para nuestra supervivencia. 86 ¿Has elegido a tu familia? ¿Has elegido donde vivir? ¿Has elegido a tus amigos? La respuesta es que seguro que has elegido, pero solo dentro del universo de lo posible. Es decir, la familia a la que perteneces no la has elegido, aunque es posible que dentro de la familia hayas tenido más afinidad con unos que con otros. Lo mismo con el lugar donde habitas, ese lugar no lo has elegido, pero dentro de los que viven allí, has elegido con quien tenías más o menos relación. Tus amigos puedes creer que los has elegido pero, ¿no te parece singular que los amigos de la infancia sean aquellos que fueron contigo a la escuela o estaban por el barrio donde vivías? Esto quiere decir que has elegido pero dentro de una muestra muy pequeña de posibles, por lo tanto la elección es pobre si lo extendemos al universo de las culturas, las formas de entender la vida, la manera de comprender y conocer una misma cosa. Por ejemplo, la manera cómo comprendemos y conocemos la nieve no es lo mismo en los polos que en África continental, nuestra elección está condicionada por el lugar, las personas, las costumbres, el momento y la época en la que hemos nacido. Tienes que aprender a leer tu guión vital, tienes que descubrir lo que hay realmente escrito en él, solo de esa manera podrás tener conocimiento de ti. Lo llamo autodescubrimiento y es uno de los procesos más apasionantes y motivadores de nuestra existencia. Nos interesa descubrir otros planetas, incluso descubrir mucho de las personas que nos rodean, pero es habitual no saber mucho de uno mismo y esta ignorancia aumenta nuestros lugares ignominiosos y, con ellos, nuestra incapacidad de gobernarnos y poder gestionarnos con capacidad. Cuando hablo de autodescubrimiento no me refiero a que te acuerdes de lo que ha ocurrido en tu vida, que es importante e interesante. El autodescubrimiento va más lejos, ya que explora también lo que tú has sido para los demás, lo que han esperado de ti, incluso antes de que nacieras, todo lo que te ha rodeado y que te ha envuelto en esos diez paños, en los que están envuelta tu esencia. Esos diez paños son: la admiración, la alegría, el asco, la rabia, la tristeza, la seguridad, la sorpresa, la culpa, la curiosidad y el miedo. Las diez emociones básicas. Dependiendo en qué emoción básica está envuelta cada una de las situaciones que has vivido, así tu cerebro responderá de manera similar ante las situaciones que vivas y que tengan algo semejante a las ya grabadas. Y esta elección no olvides que depende, sobre todo, de cuál era la emoción básica que sentía tu referente en el momento de tener tu primera experiencia con cada una de estas situaciones. Descubrirte, vivir tu autodescubrimiento, no solo te enseñará por qué te comportas como te comportas, además te informara por qué no eras consciente de ello hasta el momento que lo descubres. Cuando descubrimos, además de observar lo que hay, nos damos cuenta del motivo por el que hasta ese momento no lo habíamos observado. 87 “Solo existe aquello que puedes imaginar en tu mente, si algo que está delante de ti no lo puedes imaginar, para ti eso no existe” Los ópticos y oculistas saben muy bien que existen muchos más colores que los que vemos, pero como no podemos verlos aunque existan, para nosotros no existen. La persona que no puede imaginar que puede ser solidario, nunca lo será; la persona que no puede imaginar tocar una serpiente, y cuando lo intenta imaginar, lo que le viene a la mente es que no la puede tocar, simplemente obedece a lo que puede imaginar, que no la toca y sale corriendo. Por ello: “Solo se puede realizar aquello que hemos imaginado haber realizado” Pero para poder imaginarte que puedes realizar algo, previamente una persona referencial debe haberse imaginado que tú puedes imaginar que puedes realizarlo, de no ser así, no podrás hacerlo. Aquí está la importancia de tu autodescubrimiento y, con ello, darte cuenta de qué es lo que tienes prohibido y para qué tienes permiso. En tu guión vital están escritos todos estos secretos, tus secretos, que te definen como un índice a un libro y con ellos están también trazadas tus soluciones, tu capacidad para poder volver a escribir tu guión vital, pero, esta vez, con tu propia pluma, con tu esencia como notario. Poder sustituir aquellos apartados que te hacen sufrir o sentirte incapaz y desde ahí poder reinventarte y desarrollar en ti tu liderazgo y tu capacitación para ser el/la dueño/a de tu destino. Te puede parecer difícil pero ésta no es la cuestión, la cuestión es que estás condenado/a a conseguirlo, ya que de no ser así la ignorancia te impedirá saber de ti y la inercia de lo aprendido no te ayudará a poder sentirte dueño/a. No te preocupes,esta capacidad para reinventarse y cambiar aspectos de nuestro guión vital, es permanente a partir de un cierto momento de nuestra vida, en el que nos definimos como adultos. Esto está más lejos de ser establecido por una edad, que por la posición que tenemos en la vida. Hay personas que, aunque tengan 50 años y parezcan muy autónomas, siguen todavía siendo hijos de sus padres y siguen sin haber cogido las riendas de su vida, cumpliendo párrafo a párrafo, cada uno de los escritos en su guión vital por aquellos que lo iniciaron. Sin embargo, hay adolescentes que desde años muy tempranos están haciendo cambios en su guión, a veces no para mejor, pero los están haciendo. La vida es como un permanente cuestionamiento de nuestro guión vital, por lo que en muchas ocasiones hemos sido capaces de cambiar y nos damos cuenta de que de 88 pequeños no podíamos hacer algo que ahora sí hacemos. O al contrario, de pequeños hacíamos fácilmente algo que ahora no hacemos. Lo importante es darnos cuenta de que en ocasiones, por mucho que queremos coger riendas y cambiar nuestras memorias, desde nuestra parte cognitiva lo tenemos claro y lo intentamos, pero no lo conseguimos. Para que tú puedas hacerlo tienes que saber que el cerebro, donde está escrito tu guión, y, por lo tanto, en el que hay que instalarse para poder realizar los cambios que necesitas, está ligado al cerebro emocional (cómo no), y por lo que esta instalación es muy parecida a tener que ir a la luna. Tienes que tener una infraestructura, una logística, una tecnología, preparación y con ello un entrenamiento y, sobre todo, un cuaderno de ruta. A todo ello lo he denominado gestión emocional a través de un modelo que ya conoces, VINCULACIÓN EMOCIONAL CONSCIENTE. Cada vez que consigues que una vivencia sea habitada como una experiencia estás haciendo un cambio en tu guión vital, ya que al estar en contacto con la vivencia, estás haciendo conscientes muchos de esos recuerdos y estás trayendo delante de ti memorias que cumplían su función, pero que funcionaban como un automatismo, como algo que estaba fuera de tu control. Vivir la vivencia, aceptarla y respetarla, tal como te señalaba en el apartado anterior. Y, sobre todo, poder mantenerla como algo que ahora no ocurre y que es cosa del ayer, obteniendo el aprendizaje adecuado, pero no manteniéndola con el mismo paño emocional. Por ello, sentirla y vivirla como una experiencia, implica el autodescubrimiento, el reinventarte y el grabar nuevos argumentos en tu guión vital. “Para ser sincera, antes de continuar debo decir algo. Hay recuerdos vividos que permanecen perfectos en mi memoria; y hay otros que reconstruyo. Aunque no exactos, por algún motivo han permanecido en mi memoria y les presto palabras para que cobren parte de la verdad que tuvieron. No dudo de que cada uno de los que estuvieron en aquel lugar diera una versión distinta de la mía. Puedo decir en mi descargo que éste es mi relato y que se atiene a lo único que, naturalmente, manda en él: mi memoria”. (La tierra del fuego de Sylvia Iparraguirre, 1998). No pases más tiempo intentando encontrar soluciones buscando fuera de ti, en tu mente tienes no solo todo lo que te define, sino que también podrás encontrar lo que necesitas para darte cuenta de que, aunque tus memorias y recuerdos solo te representan a ti, la verdadera constitución de tu historia debe estar dirigida por el/la directoro/a más exigente de los todos los posibles: tú mismo/a. Tu estado mental para analizar el problema no debe ser el mismo que el que utilizas para ejecutar la solución Tienes que aprender que no puedes utilizar el mismo estado mental para analizar un problema que para solucionarlo. En el análisis de un problema deberías ser muy exhaustivo/a, neutro/a, poco enjuiciador/a, colocándote en una posición de contemplación, a una distancia adecuada, 89 aunque para ti esté muy cerca. Si no te colocas a la distancia adecuada no tendrás visión de conjunto, estarás ciego/a para poder analizarlo. Imagínate que quieres leer un periódico, si lo pones rozando tus ojos no verás nada, si lo separas unos centímetros comenzarás a ver y si lo colocas a la distancia adecuada (y esto es totalmente particular de unos a otros) es cuando podrás verlo y leerlo bien. La actitud de escucha y de contemplación es fundamental para hacer un análisis adecuado de la situación que estás viviendo. De lo que vaya aconteciendo en esta contemplación, no juzgues lo que aparezca, solamente dale la bienvenida y míralo con curiosidad, sólo si lo haces así podrás comprender lo que está pasando. En muchas ocasiones la angustia de lo que nos acecha nos hace sentirnos incapaces y tomamos decisiones precipitadas, dentro de un estado mental inapropiado para comenzar el momento de solución, en el análisis no se resuelve nada, sólo entendemos y analizamos la situación. Ahora pregúntate: ¿qué hay ahora en mí que no me permite estar totalmente bien? Espera que vayan apareciendo las respuestas. Cada una de ellas, nómbrala e imagina que la sitúas ahí, frente a ti, como si te alejaras por unos minutos de ello. Repítelo con cada una de las respuestas que surjan. No es momento de pensar, recordar o analizar, este u otro asunto, solamente de reconocer que existe y de situarlo frente a ti. De todo lo que va surgiendo, elige una parte para comenzar la fase de solución, no intentes enfrentarte a todo, mejora una parte, consigue cambiar una porción del total. No puedes comerte toda la tarta de una sentada, elige un trozo de la tarta y saboréala, el resto podrás comerlo en otro momento. Una vez elegida la primera porción del todo con la que vas a empezar, espera unos minutos, contemplando a que surja una respuesta desde tu cuerpo, sé consciente en la emoción en la que te encuentras y evalúa si es la más adecuada. El asunto elegido se colocará en primer plano o ganará en intensidad. Pon en él tu foco de atención y recuerda guardar la distancia adecuada y segura. Y éste es el momento de cambiar tu estado mental para realizar la solución. En la fase de análisis has estado observando, si quieres desde una posición pasiva, has contemplado y has elegido un primer elemento del todo para cambiar. Ahora, en esta fase de solución, debes colocarte en la posición más optimista posible, si no consigues tener una mente optimista cuando quieres resolver, ya has fracasado, ya que tu mente te coloca en una posición donde no puedes imaginar que puedes realizar el cambio. Ya sabes lo que es para nosotros el concepto de optimismo, no tiene que ver con decirte palabras positivas y alegres, tiene mucho más que ver con colocarse en una posición emocional en la que, según cambian los acontecimientos, tenemos la flexibilidad para cambiar de postura emocional y ceñirnos al aquí y al ahora, a lo que realmente está sucediendo y dejamos lejos lo que había pasado hace unas horas, unos minutos e incluso el segundo anterior. La mente de la solución es similar a la mente de un depredador. No sé si te has dado cuenta que los depredadores tienen los ojos en el frente de su cara, mientras que las presas tienen los ojos en los laterales. Esto es así para conseguir mayor supervivencia, tener una visión total y periférica ayuda a las presas a ver venir al depredador, sin 90 embargo, tener los ojos en el frontal hace que el depredador pueda fijar y focalizar toda su atención en la presa, de esta manera no le interrumpe, ni le despista nada de lo que ocurra en su entorno. Cuando un depredador ha elegido una presa de un rebaño, solo va a por esa presa, el resto no existe, la tiene encarada como hace un avión-caza cuando tiene en su radar codificado dónde disparar. Te pongo este símil de la caza, de los depredadores o de los aviones-caza porque ésta debe ser tu mente en el momento de solución, debes ser un depredador que focaliza todos sus recursos en el cambio de la porción del problema que has elegido. Al igual que te coloco en un estado similar al zen en la parte del análisis y comprensión del problema, cuando ya estás en la solución, debestener una mente basada en la seguridad, la admiración, igual que los depredadores, en ese momento solo la tarea que realizas tiene cabida en tu mente. Siguiendo la metáfora de la elección de la naturaleza respecto de dónde colocar los ojos de los animales según seamos presas o depredadores, debes colocarte con los ojos de una presa cuando estás en la fase de análisis y comprensión del problema −se sabe que dentro de los rebaños, son más vulnerables los que, desde su angustia, no analizan el peligro que es inminente, curiosamente están más despistados, mientras que los animales que son capaces de mantener la calma en ese momento corren antes y saben elegir el camino más difícil para el depredador−. Mientras que debes colocarte como depredador cuando estás en la fase de solución, eligiendo una porción del problema y no distrayéndote con ninguna otra cosa hasta que no lo has conseguido. Para esto es necesario que hayas imaginado cómo se resuelve el problema antes de comenzar el ataque de la solución. Estamos seguros que la mente de la leona ya sabe por dónde agarrar a la cebra, antes de que ocurra, y esto es así porque vio cómo lo hacía quien la enseñó a cazar. Posteriormente, irás a por otra porción del problema, así hasta que te comas toda la tarta. Para Batenson (2004), “comunicación es la diferencia que establece una diferencia”, para mi es la mejor definición para expresar el cambio, “cambio es la diferencia que establece una diferencia”. Si eres capaz de crear en una situación algo diferente, todo lo que envuelve a la situación es diferente. Pequeños cambios en un problema pueden definir el problema de una manera mucho más sencilla y fácil de resolver. Cuando se intenta resolver un problema, hay muchos errores que impiden la solución, y no porque no seamos capaces, sino porque no hacemos bien el proceso, estos errores se pueden enumerar en los siguientes: – Utilizar el mismo estado emocional para analizar que para resolver el problema. – No tener la calma y la distancia adecuada con el problema. – Querer resolver el problema en su totalidad. – No estar suficientemente definida la estrategia de solución. – No haber imaginado cómo el problema está resuelto. – No ir con una actitud optimista en la fase de solución. 91 – Despistarse con otros acontecimientos que no son del problema cuando se está ejecutando la solución. – No terminar lo que se empezó. Saber hacer algo diferente es una de las artes más refinadas en la solución de problemas. Las leyes de la estratagema nos indican que un cambio, por muy pequeño que sea, desorganiza el equilibrio del problema y, cuando esto es así, ya no somos nosotros quien tiene el problema, sino que es el problema el que tiene un gran problema: a nosotros queriéndolo solucionar. Aprende a ser presa, es sinónimo de aceptar tu debilidad, tu momento de sufrimiento, es un buen estado mental de aceptación y reflexión. Después conviértete en depredador/a y que no te tiemble el pulso para conseguir que el problema sea pasado y en el presente te quede la sensación de crecimiento, ya que has superado una crisis. Y no olvides que los seres humanos crecemos gracias a la fiebre, el crecimiento tiene que ver con la capacidad de superar las crisis. Crear es creer. No siempre creer es crear Pon a remojo tus creencias, todas ellas han sido grabadas en tu mente por personas que lo único que querían es que creyeras como ellos, y esto no está mal, ya que posiblemente las creencias que te han grabado, para quien lo hizo, fuera el mejor legado que podía dejarte. En ellas están intactas las costumbres, las referencias y la sabiduría de tus antepasados. No obstante, es necesario que te crees a ti mismo/a y no hay nada más cercano a reinventarse como poder crear, poder crearse. La creación es particular del ser humano, ningún otro animal lo puede hacer como él. Crear es inventar, es ser capaz de realizar algo que nunca antes nadie pudo hacer, es lo más cercano a ser un hereje de lo establecido, es dar un paso más, salirse de los moldes y, por todo ello, avanzar. Poder crear o innovar es tener confianza en uno mismo, aunque la mayoría de los descubrimientos científicos han sucedido detrás de una serendipity. Conseguir un descubrimiento buscando otro, es decir, descubrir algo por accidente. También, en estos casos, la fe de que se puede descubrir y, por lo tanto, crear, está intacta. Es muy importante que te sientas creador de tu historia, cuando insistes en crearte, sin duda, es que crees en ti. Estoy totalmente seguro que la serendipity personal no es casual, si estás abierto/a al autodescubrimiento es muy posible que además de lo que buscas, encuentres mucho más, y esta energía, esta fuerza de reinventarse, de crearse, de creer en sí mismo/a, es como un imán que puede atraerte a estancias de tu vida que ni imaginabas poder encontrar e incluso haber tenido. La serendipity personal es el regalo del proceso de conocerse, de no conformarse con ser lo que uno parece, es tener las agallas para explorar en las propias entrañas y conseguir, a veces con dolor y muchas otras con 92 absoluta felicidad, que los pequeños detalles de nuestra existencia se coloquen en las estanterías poderosas de lo inesperado. Henry Ford (1863 – 1947), fundador de la compañía Ford Motor Company, dijo: “Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, estás en lo cierto”. Lo importante es darnos cuenta de que cada vez que pensamos que podemos o no podemos, realmente estamos dándonos una orden, siempre que ese pensamiento te coloque en una emoción definitiva: el miedo para no poder o la seguridad para poder. Luis Montemayor (2010), en un ensayo genial, indica que creer en ti mismo es una decisión que debes tomar desde el primer momento en que te levantas. Puede que el día anterior hayas tenido un día pésimo, lleno de cosas que pueden desanimar a cualquiera, pero creer en ti mismo hará que no te frenes a pesar de las dificultades. No importa quién seas, dónde vivas, ni cuánto dinero tengas, siempre tendrás problemas, y si confías en ti, siempre tendrás soluciones. Creer en ti mismo no nace de un día para otro, es una actitud que debes cultivar desde ahora mismo y debes invertir mucho tiempo para que, realmente, te dé resultados a largo plazo. Es como plantar una pequeña semilla, tienes que darle agua todos los días para que crezca poco a poco, lentamente... Y llega un día en que se hace grande y, por fin, da sus frutos. Las críticas suelen ser una buena manera de saber cuánto estás avanzando, porque muchas personas se oponen a ver lo que tú estás creciendo, ya sea lo que tú estás escribiendo, desarrollando, componiendo o pintando. Es bueno interpretar las críticas de manera positiva para creer en ti mismo, porque ese poder lo tenemos nosotros. No sirve de nada interpretar las críticas de manera negativa ¿Por qué? Porque nos sentiremos mal por ello, por haber trabajado tanto por algo y pensar que no vale nada. Para creer en ti tienes que tener espíritu de lucha, que estará resistiendo cada batalla de la vida, que ante alguna dificultad está siempre allí a pesar de que sabe que va a sufrir un poco, pero también sabe que las recompensas serán grandes. Aquí, Luis Montemayor, conecta con nuestra idea del optimista. Creer en ti mismo te hará alguien valiente y todo ese coraje que vayas ganando a través de tus creencias internas podrán reflejarse claramente en tus acciones. Por todo ello, crear es creer. Creer en ti es retarte a ti mismo y tratar de superarte a lo largo de tu existencia. Parece algo irreal pero las grandes personas de éxito, una vez que han ganado a otras personas de su mismo nivel, lo único que les queda para mejorar es retarse a sí mismos y ver el potencial que tienen dentro, porque saben que si no están en constante movimiento, pronto estarán retrocediendo. Y esa es la realidad de quienes no se esfuerzan en creer en sí mismos, simplemente vuelven al lugar donde estaban antes. Como decía Lao Tsé: “El que domina a los otros es fuerte, el que se domina a sí mismo es poderoso”.Por lo tanto, me gustan las creencias que te hacen crear, innovar, desarrollar, prosperar, que te llenan de libertad y que no te paralizan como ocurre en la dependencia emocional. 93 Las creencias que te llenan de miedo, de culpa, de asco, todas esas creencias que te detienen, te interrumpen en tu trayectoria, son creencias que hay que poner a remojo, para ver si destiñen. Igual que le dijo el Hada a la princesa: “Querida, ten cuidado con los príncipes azules, ya que la mayoría después de un tiempo destiñen”. Las creencias no siempre nos hacen crecer. Las creencias tienen que pasar la prueba del algodón para que podamos darles autenticidad y esa prueba del algodón tiene cuatro premisas: – Que sirvan para hacernos crecer. – Que sirvan para los acontecimientos presentes. – Que nos coloquen en relaciones ganar-ganar. – Que con ellas seamos más libres y autónomos. En cada creencia hay un sentimiento de certeza sobre el significado de algo. Es una afirmación personal que consideramos verdadera. Las creencias están elaboradas con un material pre-racional, encontrando en su núcleo un contenido emocional que ha funcionado como adhesivo, por ello, en muchos casos son subconscientes, afectan a la percepción que tenemos de nosotros mismos, de los demás y de las cosas y situaciones que nos rodean. Muchas personas tienden a pensar que sus creencias son universalmente ciertas y esperan que los demás las compartan. No se dan cuenta de que el sistema de creencias y valores es algo exclusivamente personal y, en muchos casos, muy diferente al de los demás. Como ya has podido leer, el ser humano no vive la realidad en sí, sino una elaboración mental de la misma. Lo que vivimos, tal como lo vivimos, depende más de la representación y elaboración de nuestro mapa mental, que del territorio “real” en sí. Por lo tanto, el mapa no es el territorio. A través de nuestro sistema de creencias y valores damos significado y coherencia a nuestro modelo del mundo, al que estamos profundamente vinculados. Cuestionar una de nuestras creencias puede desestabilizar todo el sistema al afectar a aquellas otras que se derivan o están relacionadas con ella. Esta es la razón por la que somos muy reacios, en muchas ocasiones, a modificar alguna de nuestras creencias. Reinventarse es proponerse este reto y ser capaz de crear nuevos escenarios que nos certifiquen si aquello en lo que creemos pasa los filtros antes descritos o no. Es curioso porque las creencias se forman a partir de ideas que confirmamos o creemos confirmar a través de nuestras experiencias personales. Pero, cuando una creencia se instala en nosotros de forma sólida y consistente, nuestra mente elimina o no tiene en cuenta las experiencias que no casan con ella, aquí está el problema. Y es que algo que ha nacido para guiarnos, las creencias, se convierten en nuestro ejecutor de órdenes, instalándose en nuestros guiones vitales como si de una ley se tratase, a la cual no podemos revelarnos y solo debemos cumplirla. 94 Las creencias son una fuerza muy poderosa dentro de nuestra conducta. Es bien sabido que si alguien realmente cree que puede hacer algo, lo hará, y si cree que es imposible hacerlo, ningún esfuerzo, por grande que éste sea, logrará convencerlo de que se puede realizar. Todos tenemos creencias que nos sirven como recursos y también creencias que nos limitan. Nuestras creencias pueden moldear, influir e incluso determinar nuestro grado de inteligencia, nuestra salud, nuestra creatividad, la manera en que nos relacionamos e, incluso, nuestro grado de felicidad y de éxito. Son ideas que en un momento determinado llegaron a nosotros y porque sí creímos o, simplemente, admirábamos firmemente a quien nos las entregó. Las creencias se han ido formando, ocupando un espacio, una energía, se han ido materializando dentro de nuestros conceptos más arraigados, insertándose en lo más profundo de nuestro ADN mental. Confía en que no eres esclavo/a de tus creencias, ponlas como te digo a remojo y, aquellas que destiñen, cámbialas. En ese momento te conviertes en creador/a, en tu creador/a. Saber crearte es estar por encima de tus creencias, aunque las creencias no siempre te ayudarán a crear. El poder de sentir que puedes. La esencia del liderazgo del siglo XXI Cuando sientes que puedes, sin duda, tienes mucho poder. Ser poderoso en esto de la gestión emocional es ser un gran líder de uno mismo. Sócrates dijo: “Considero más valiente la conquista de uno mismo que la de sus enemigos”. Hasta hace poco, el concepto de líder estaba unido a la capacidad de dirigir, orientar y guiar a otros, siendo, bajo mi punto de vista, un concepto más cercano al de autoridad que al de liderazgo. La autoridad no siempre es seguida desde el respeto y la percepción de sabiduría, en muchas ocasiones las autoridades son idolatradas desde el miedo, intereses nada loables o, simplemente desde la ignorancia por la utilización de una propaganda demagógica. Bajo mi prisma, y como consecuencia de mis estudios sobre el liderazgo, el verdadero líder primero se lidera a sí mismo, cuando lo consigue contagia a todos los demás, desarrollando y contaminando desde su liderazgo, gracias a la admiración que desprende y que es capaz de originar en aquellos que le acompañan. El líder es capaz de poder sentir el sentido único de su aporte, no intentando pensar por el otro o vampirizar el criterio de su interlocutor sobre las cosas. El líder aporta su experiencia, su sabiduría y, 95 sobre todo, su capacidad y, a partir de estos moldes, descubre que los que le rodean imitan y mantienen la misma lógica que propone. El líder de líderes será aquel que es capaz de conseguir que el otro saque aquello que le hace ser único e incomparable y lo coloque en común. El verdadero líder es capaz de hacer sentir a todo su equipo que cada uno es un líder irrepetible. Aritz Anasagasti (2013), director de Emotional Network, nos dice, “si llegamos a una sala de reuniones y preguntamos ¿cuántos líderes hay aquí? Todos los asistentes tendrían que levantar la mano”. Cada vez que sentimos que podemos, nos concebimos con esencia de líder. El concepto de líder, como ya te he expresado, va a tener una evolución, ya que para los momentos tanto económicos como sociales que vivimos, el líder ya no será aquel que se distingue del resto y es capaz de tomar decisiones acertadas para el grupo, equipo u organización que preceda, sino que estará más cercano a que, sin distinguirse del resto, sino unido al resto, pueda conseguir que todo el grupo que precede se sienta capaz y, por lo tanto, pueda realizar la empresa que todos tienen en marcha. En el siglo XXI imagino el liderazgo mucho más vinculado a los hechos y no tanto a las palabras o a la pose de marketing. En la actualidad social, la abundancia y el marketing del capricho han dado paso al marketing de la necesidad, y por ello son necesarios líderes que se aproximen como personas y no como un Dios. Que consiga realidades y no solo se asiente en hipotéticas utopías. El líder debe conseguir que le acompañen, no que le sigan. Los políticos, los directivos y cualquier ciudadano que dirija un grupo, ya no va a poder trasmitir solo ideas y palabras con las que quede bien. El líder que solo emplee palabras de político −son aquellas que suenan muy bien pero que no dicen nada– será sancionado muy pronto, perdiendo su liderazgo, ya que la sociedad en este momento va a necesitar líderes que tengan su poder en demostrar que pueden conseguir, y consiguen, lo que es necesario. Hasta ahora el poder lo daba el dinero, el marketing, la información, las armas, ahora el poder lo dará demostrar con hechos que puedes. Me atrevo a proponer un decálogo del líder del siglo XXI: 1. Estará tan dispuesto a aprender como a enseñar. Se mantendrá al tanto de lo último del conocimiento en el campo en el que se desarrolla su trabajo, observará la labor de otros líderes y modificará la forma de trabajo siempre que sea necesario. Será flexible y estará siempre en la dinámica del aprendizaje yno tanto en la de enseñar. Los líderes del siglo XXI estarán permanentemente aprendiendo y dedicarán tanto tiempo a su formación como han dedicado, hasta el momento, en dar lecciones. 2. Pondrá más énfasis en realizar que en idealizar. Todo líder deberá tener como objetivo el ser capaz de hacer y conseguir que quien le acompañe también pueda ser capaz de realizar su cometido. 3. Mantendrá con hechos su liderazgo y utilizará menos las palabras. El líder es el último en salir del barco en el naufragio. Mientras que, en la actualidad, hemos aprendido que son los primeros en coger los botes salvavidas y salir huyendo. Todo 96 esto ha pasado con los bancos y grandes empresas, con los ejecutivos que tenían contratos blindados, que han dejado de lado a sus clientes y compañeros, y esto lo pagarán con la retirada del sentimiento. La situación cambiará y los clientes y compañeros no confiarán en ellos, igual pasará con la clase política y con los medios de comunicación que no demuestren que también son líderes cuando el viento no sopla a favor, deben seguir siendo líderes en todo tipo de atmósfera. 4. Conseguirá que le acompañen y no tanto que le sigan. Tal como lo definen Salovey y Mayer (1997), es fundamental que el líder demuestre inteligencia emocional. Es decir, tener la habilidad de gestionar los sentimientos y emociones de uno mismo y de los demás y utilizar la información para conseguir el objetivo fundamental del grupo. 5. Empleará el marketing de la necesidad y no del capricho. Hasta hace poco hemos estado en el marketing en el que se ofrecía el capricho como un valor del producto que se pretendía vender u ofrecer. Sin embargo en el siglo XXI, solo podrán venderse productos necesarios y, por ello, el marketing estará basado en la necesidad mucho más que en el capricho. Algo necesario puede ser la seguridad, lo ecológico, lo honesto, elementos que antes eran impensables para relacionarlos con un producto. 6. El líder actual no tendrá tanto en cuenta las estadísticas y las cifras como a las personas. Las cifras no tienen sentimientos, mientras que las personas sí y estos sentimientos hacen que no se olvide fácilmente cuando en los momentos que realmente necesitabas ayuda, solo han pensado en las cifras. 7. El líder no querrá ser único en la cuota de mercado. Sabe que, si no tiene competidores, su sector desaparecerá tarde o temprano. El líder actual no estará tan condicionado por la cuenta de resultados y estará mucho más influenciado por la satisfacción de las personas. 8. El líder buscará la admiración de sus competidores y nunca el odio de éstos. Un elemento despreciable del líder del siglo XXI será hablar mal de sus competidores. Querer ser más alto cortando los tobillos a los competidores ya no tendrá futuro, quien quiera estar más alto tendrá que saber crecer. No lo será más por el menosprecio a los demás, sino por el aprecio que consiga. 9. Sabrá mantener relaciones ganar-ganar. Se preocupará de que todos los que trabajan con él puedan sentirse líderes de su tarea. El líder no hablará solo para su círculo de fieles. Hablará para todos los participantes en el escenario de la tarea, sea cual sea su rango de trabajo. 10. La palabra que mejor definirá a un líder del siglo XXI será “EJEMPLO”. (Roberto Aguado 2013, Foro Empresarial Torre Loizaga, Bizkaia) Cada vez que sientes que puedes tienes mucho poder y, para ello, es necesario que consigas liderar todo el entramado de habilidades, valores, capacidades, competencias y determinaciones a nivel de tu gestión emocional. 97 Al igual que para saber decir que “SÍ” o para tener la sabiduría del optimista es esencial saber instalarse en el universo emocional de la seguridad; como para poder crear y, por ello, creer en ti mismo/a es fundamental el universo emocional de la curiosidad, para poder ser líder y liderar, es necesario saber ubicarse dentro del universo emocional de la admiración. Sin olvidar que para poder realizar cualquier acción, por básica que parezca, necesitamos de unos recursos mínimos, ya que no podemos creernos que solo con la ilusión y la confianza es suficiente, es necesario saber lo que hay que saber y dominar los conocimientos que nos determinan como autoridad en aquello que se está trabajando. Para alcanzar el liderazgo es indivisible la capacidad (conocimiento) de sentir la capacidad (yo puedo), siendo esta unión la esencia para apreciar “el poder” y, con ello, ser poderoso/a. Curiosamente hoy también nos hemos dado cuenta de que la capacidad y, por lo tanto, el saber no está tan regulado por el hecho cognitivo o la parte intelectual que medimos con el Cociente Intelectual (CI), sino que necesitamos de una inteligencia emocional que nos coloque, para cada una de las acciones que tenemos que realizar, en la emoción adecuada. De hecho, para poder estudiar y adquirir conocimientos, para tener recursos en la tarea que tenemos que encarar, necesitamos que nos instalemos bajo el reinado de la curiosidad, la seguridad o la admiración. Y estar ubicados en estas emociones es tan importante o más que tener un CI muy elevado. Ginny Walker (2010) revela en su artículo “Inteligencia emocional & Coeficiente intelectual” que: “Las reglas del juego en el mundo de los negocios han cambiado y esto ha impactado fuertemente en el rol que las personas juegan en los procesos organizativos. Hasta hace poco tiempo bastaba con demostrar un alto coeficiente intelectual (CI) y una preparación académica formal para que esto, por sí solo, determinara un resultado de excelencia. Los grados académicos eran la gran carta de presentación de un postulante a un cargo. Hoy por hoy, vemos que tanto la especialización técnica como el CI, son solo datos considerados necesarios al momento de postular a cargos gerenciales, pero no definitorios. ¿Dónde se ha puesto entonces el foco de atención? Justamente en aquellas habilidades que tienen relación con cualidades y habilidades personales. Estudios realizados en miles de ejecutivos han demostrado que ‘las habilidades socio-emocionales’ han resultado ser dos veces más importantes que las otras competencias para explicar un desempeño de excelencia” Hoy en día un líder efectivo debe realizar tres tareas clave: 98 1. Diseñar y manejar el cambio. 2. Agregar valor al negocio y propiciar el desarrollo de personas y equipos de trabajo. 3. Y poseer el factor diferenciador, que reside, justamente, en las habilidades socioemocionales, ya que las habilidades técnicas e intelectuales no son suficientes. Estoy totalmente de acuerdo con Ginny Walker en cómo explica las cosas (aunque hay que matizar que no se llama coeficiente intelectual sino cociente intelectual), al cual he escogido como ejemplo de lo que hasta el momento se ha señalado en inteligencia emocional. Pero una vez dicho esto, de lo que carece la inteligencia emocional del momento, incluido Ginny Walker, es de pasar de los propósitos y del diseño de lo que es, a poder ser capaz de hacerlo. La cuestión es cómo conseguir que una persona tenga una verdadera y adecuada gestión de sus emociones y, de esta manera, pasar de la descripción de lo que debe ser, a poder inculcar herramientas que nos ayuden realmente a conseguirlo. Para pasar de los propósitos a la acción, primero te cuento el artículo donde surgió todo el entramado operativo que posteriormente quiero que domines y que, de esta forma, tu capacidad esté ligada a tu sensación de poder. En 2009 trabajé en un proyecto con una treintena de profesionales de la abogacía, economía, psiquiatría, psicología, sociología… este proyecto tuvo un genial liderazgo en Javier Urra, maestro y confidente de muchas de mis ideas, con las que Javier mantiene, frecuentemente, una línea de incredulidad pero que respeta y me acompaña en su publicación. En este proyecto escribieron personalidades como Filipa Alfonso, María Jesús Álava, M. Carmen Álvarez González, Amado Benito, José Cabrera, Paulino Castells, hasta treinta coaturoes del mismo pelaje que los enunciados. El proyecto culminó con un libroque se titula “Más cerca del Hogar” (2009), donde se presentan diferentes casos que muestran las dificultades de la conciliación desde la empresa y desde la familia. Mi artículo en este libro lo titulé “La soledad del directivo. Adicción a la cuenta de resultados” y la investigación que realicé para escribirlo fue la primera piedra en mi actual forma de entender el liderazgo y la importancia de la sensación de que podemos (eslogan posterior del candidato Obama, hoy presidente de los EEUU, o de la selección española de fútbol). Es ahí donde alcanzamos eso que llamamos poder, siempre como fortaleza, para sentir que tenemos fundamento y competencia suficiente para encarar la adversidad de nuestra gestión, sea cual sea el sector en el que intervenimos. Concepto de resiliencia y brecha continental. El ejecutivo que se ejecuta ¿Se puede comparar la sensación de angustia que sientes ante un fax de un cliente que te comunica que suspende un proyecto, que supone un 30 % del volumen de facturación de tu empresa en un mes, a lo que sienten los seres humanos frente a un terremoto, un 99 tsunami o una violación sexual? Es muy probable que la primera respuesta que te viene a la cabeza sea “no”, sin embargo, te aseguro que esta contestación, en una encuesta realizada a trescientos ejecutivos, no es siempre negativa. Así como lo lees, hay directivos que padecen más angustia y se sienten más destrozados ante una noticia de suspensión de un pedido (fracaso laboral), que bajo el trauma de haber sufrido un ataque a su integridad o una catástrofe natural (vivencia traumática personal). Este estudio tiene conclusiones semejantes a las que han obtenido por separado y bajo hipótesis de trabajo distintas, Abraham Zaleznik y Malcolm Gladwell (2009), quienes nos instruyen en que, habiendo sucedido situaciones como las que describimos, “vivencias traumáticas personales versus problemas laborales”, lo habitual es que se consulte a un especialista por el fracaso laboral y no por la vivencia traumática personal, identificando la angustia o el sufrimiento que padecen como consecuencia de lo primero y, en mucha menor medida, de lo segundo. Muchos ejecutivos en el mundo han sido violados, maltratados, han sobrevivido un tsunami o un terremoto y, en apariencia, viven vivos. Mantienen un equilibrio en su forma de relacionarse y, sobre todo, permanecen en un estado de motivación y desarrollo aparentemente normal. Pero ante una noticia como la citada, se desmoronan y entran en un caos, no sólo laboral, sino también personal. ¿Qué puede ocurrir en la mente de un/a ejecutivo/a para que interprete como más peligroso para su integridad vital la pérdida de un negocio que un abuso sexual? ¿Dónde tenemos colocado en el siglo XXI lo importante y lo no importante? ¿Cómo formamos nuestra jerarquía de acontecimientos peligrosos y placenteros? Una posible contestación puede ser que cada uno de nosotros ubicamos nuestra sensación de seguridad y, por ende, de inseguridad en las situaciones más fáciles de afrontar. Y quizás es más sencillo sentir que nos venimos abajo por una crisis laboral que por una catástrofe o una violación. Otra posible contestación, interpretando estos datos, es que en ocasiones reprimimos todo aquello que nos aterroriza y nos destruye en nuestra integridad y, por lo tanto, desahogamos nuestro miedo ante situaciones aparentemente menos invasivas pero capaces de desequilibrar nuestra seguridad personal, en definitiva, nos hundimos cuando nos sentimos indefensos e incapaces de controlar nuestro entorno, pero elegimos qué es lo que podemos asumir, qué nos hunde. Por último, también podríamos interpretar estos datos como que para muchos seres humanos, su posición laboral, su economía e incluso su futuro empresarial, tiene un valor tan álgido, o incluso más, que si ocurre en él una catástrofe o cualquier otra penalidad que le pueda suceder, aunque el sentido común nos indique que las vivencias traumáticas personales son más catastróficas, ellos perciben como mucho más infaustos los fracasos laborales. He tenido la oportunidad de tratar la tensión que tienen que soportar cientos de ejecutivos de diversos países, me han ido deshojando en cada sesión de psicoterapia todos sus miedos, sus dudas, inseguridades y es habitual que en algún momento de la terapia, confiesen que se sienten dentro de una tremenda sensación de soledad, vacío, caos y, por qué no, de aislamiento. Lo curioso es que estas personas no cumplen en la 100 mayoría de las ocasiones, al menos dentro de los cánones de las clasificaciones internacionales (DSM o CIE), los epígrafes necesarios para ser diagnosticados de un trastorno depresivo y/o de ansiedad, trastornos habituales ante estas sensaciones de aislamiento, vacío y soledad. Es frecuente que tengan la sensación de que son los negocios y todo su entramado laboral lo que les hace sentirse mal, pero habitualmente ya vienen tocados en su capacidad para enfrentarse a la adversidad, aunque nunca hayan pensado que esas “otras cosas” que han vivido son realmente las que les hace sentirse solos e incapaces. La soledad que sienten en lo más profundo de su ser es como una estalactita que se ha ido creando, momento a momento, pérdida a pérdida, frustración a frustración, crisis a crisis. Citando a Abraham Zaleznik (2010), “el origen principal de los dilemas a los que se enfrentan los líderes está en sus propios conflictos internos. Para tener éxito en las decisiones difíciles y en los inevitables conflictos de intereses en las organizaciones, se requiere que el ejecutivo resuelva o maneje sus conflictos internos, de forma que su actuación no refleje sentimientos mixtos que le confundan”. El propio Gladwell, en los estudios anteriormente mencionados, indica que: “quienes son buenos tomando decisiones no son aquellos que procesan más información o que dedican más tiempo a deliberar, sino aquellos que han perfeccionado el arte de hilar fino, de extraer los pocos factores que realmente importan a partir de una cantidad desmesurada de variables”, de tal manera que tener las estructuras que intervienen en este tejido emocional dañadas, arruinará las decisiones que se puedan tomar, ya que estarán contaminadas de caos y confusión y como podemos imaginar, esto no depende tanto de la decisión puntual como de la biografía que contiene quien las toma. Mi primera hipótesis de trabajo fue, por lo tanto, descubrir cuánto influyen las vivencias traumáticas personales en los fracasos laborales e, incluso, si las primeras son realmente las que determinan que se produzcan los segundos. Otra hipótesis es saber si la sensación de soledad que siente la mayoría de los ejecutivos tiene también algo que ver con su progresión profesional, de tal forma que el hecho de tener éxito profesional es incompatible con sentirse acompañado. Probablemente, el propio proceso de progresión en los negocios y las decisiones que se tienen que afrontar, lleven intrínseco la necesidad de vivir en soledad y no dejen mucho margen para realmente invertir en una vida en compañía (por cierto, vivir en compañía no es sinónimo de tener pareja, familia, y amigos, es más una experiencia personal y, por lo tanto, más cualitativa que cuantitativa, en cuanto a personas que nos rodean físicamente). Una última hipótesis sería encontrar la relación entre la sensación de soledad y las vivencias traumáticas personales. Está claro que para tener conclusiones definitivas tendré que ahondar en estudios más completos, sin embargo, en este momento, quiero trasmitir al lector los primeros resultados de este vasto trabajo. Es por ello que, en esta primera entrega, voy a circunscribir los resultados para aquellos ejecutivos que no han heredado su puesto de trabajo y han ido subiendo peldaños a través de su esfuerzo y dedicación, y no como consecuencia de tener un apellido. He constatado que hay grandes empresarios y 101 ejecutivos que han heredado una empresa y no sólo la han desarrollado, sino que también han hecho una transformación muy favorable en la cuenta de resultados,por lo tanto, en ningún momento quiero trasmitir la idea de que heredar es sinónimo de no ser un gran empresario, pero sí que heredar tiene implícito un estado emocional distinto y no por ello más positivo que un desarrollo empresarial sin herencia. En otro momento, abordaré la idiosincrasia de las dinastías empresariales, ahora sólo me ocuparé de los eruditos que han llegado a lugares ejecutivos, bien porque fundaron una nueva empresa, o bien porque su capacidad les ha llevado a las alturas de ese Olimpo, no siempre tan ideal. Para colocar al lector en el contexto adecuado, tengo que comunicar la importancia que ha tenido en las últimas décadas del siglo pasado la publicación de varios estudios que pretendían explicar los recursos que son necesarios para tener salud mental. Hasta ese momento, prácticamente la totalidad de la investigación, dentro de la psiquiatría y la psicología clínica, se ocupaba de teorizar sobre la enfermedad mental, pero casi nunca sobre salud mental. Este punto de inflexión fue un giro fundamental, ya que comenzó la investigación sobre las capacidades que son necesarias para que una persona siga disfrutando de una buena salud mental a pesar de los avatares de la vida. Este movimiento, dentro de la psicología clínica, se preocupó de averiguar qué cualidades y aptitudes tienen las personas que obtienen provecho de la adversidad, construyen desde las crisis y salen fortalecidos, recuperándose de los contratiempos, desarrollando una manera de resistir propia, teniendo confianza en sí mismo y, sobre todo, dentro de una responsabilidad social. Abraham Maslow (1970) acuñó el término “brecha continental” para describir el hecho de que el estrés distancia a los seres humanos en dos grupos: los que se bloquean y la adversidad les hace fracasar, no sólo en la tarea que están soportando, también como personas; y aquellos que se pueden enfrentar, que salen fortalecidos y, por lo tanto, las crisis les hacen mejorar como personas; son supervivientes, no solo de lo que enfrentan, sino también de su propia biografía. Con estas ideas escribe “La naturaleza humana no es ni la mitad de mala de lo que suele creerse” (Maslow, 1968, p. 4). Al Siebert (2005) nos traslada al concepto de “resiliencia”, en el que encontramos la habilidad esencial en cualquier ámbito laboral, especialmente, en momentos de confusión y de crisis. Nos dice Siebert: “Las personas resilientes reaccionan a los golpes duros de la vida orientándose rápidamente en la nueva realidad y se adaptan con retos inmediatos. Reaccionan y, a menudo, entran en una espiral positiva de la que salen más fortalecidos y mejor que antes. Estas personas son flexibles, sobreviven al cambio constante y, lo más importante, esperan responder y confían poder hacerlo, saben encontrar la buena suerte en circunstancias en las que otros muchos sólo saben ver mala suerte. Por el contrario, ante la adversidad hay otras formas de reacción muy poco resilientes, una es la que corresponde con la persona que tiene una sacudida emocional, se enfurece y 102 se revuelve, tiene rabietas emocionales en las que desea herir a los demás, incluso puede volverse físicamente violento. Otro grupo, poco resiliente, se paraliza, queda atontado, se siente tan desesperado y sobrepasado que ni siquiera son capaces de intentar hacer frente a lo que les ha sucedido. Algunos otros se comportan como víctimas, culpan a los demás de haberles arruinado la vida, se enganchan en una espiral de pensamientos y sensaciones infelices, se quejan una y otra vez, pero no hacen nada para salir”. Hilando y comenzando a entrelazar conceptos, te irás dando cuenta de cómo el perfil optimista tiene mucho de resiliente, así como de saber decir que “SÍ”. Es necesario que vayas incorporando todo este entramado, ya que tu capacidad para realizarlo no va a ser fruto de una sola competencia o habilidad, sino que es como consecuencia de la reunión e interacción de todas ellas. Este capítulo tiene como objetivo servirte de guía para que puedas ser del segundo grupo de Maslow y, a la vez, poder ser lo suficientemente resiliente (resistente) como para poder conseguir superar la adversidad y permitir que ésta sea la palanca que te proyecte en tu avance como ejecutivo, como profesional y, sobre todo, como persona. De esta manera podré no sólo ofrecerte resultados sobre las hipótesis de trabajo, también te daré soluciones a tu sensación de soledad y de sufrimiento, si las tienes. Los cambios sociales, demográficos y económicos de las últimas décadas, han conseguido inmiscuirnos en una paradoja en la que estamos rodeados de personas, medios de comunicación, internet, móviles y faxes y, a la vez, tenemos la sensación vital de estar solos ante el peligro y, lo que es peor, solos ante nuestra propia vida. En numerosas ocasiones queremos estar solos, nos sentimos bien con esa sensación de libertad que encontramos en la intimidad, es un momento para concentrarnos mejor en las tareas que realizamos, es en él cuando podemos observar con perspectiva, no dejándonos llevar por las opiniones, ni la presión de aquellos que nos rodean, es un momento de bienestar y de crecimiento, es como si conectáramos con nuestro momento íntimo, brillante, nuestra época de luz, “nuestra edad del sol”. Sin embargo, la soledad es, antes que un concepto, un estado de ánimo, una experiencia de vida, que al igual que en nuestro nacimiento “el hecho de salir del claustro materno”, puede ser vivido como encuentro o como abandono, depende de los brazos que nos acojan y de nuestra capacidad para sentirnos protegidos y contenidos. Querer conseguir la soledad del éxito es bastante humano y, por lo tanto, comprensible. El problema aparece cuando para conseguirlo, te aíslas y rompes los vínculos que te otorgan seguridad. Estar solo no es lo mismo que sentirse solo, vivir solo no es estar aislado, estar solo por elección es completamente distinto a una soledad impuesta, tener soledad en distintos momentos del día o de la vida no es lo mismo que estar constantemente en soledad. El silencio de la soledad en la meditación, no tiene nada que ver con la soledad del aburrimiento y de la desesperación. 103 Tal como puedes darte cuenta, la soledad puede ser un momento de luz y brillo (la edad del sol) o puede ser la oscuridad más acuciante. A la primera soledad, la que nos da perspectiva, relajación, concentración, autodescubrimiento y, sobre todo, encuentro, la llamo “sol-edad”, mientras que a la segunda, que nos retira, derrota, derrumba y nos crea una sensación de indefensión, la denomino “oscur-edad” y es de este tipo de soledad, la “oscur-edad”, de la que quiero liberarte en la medida que te dejes acompasar, no olvides que tú siempre tienes las riendas. Hace mucho tiempo escribí que para poder admirarnos necesitamos que alguien nos haya mirado y, de esta forma, nos haya contemplado. Hay que diferenciar que te vean a que te miren. La mirada es otra cosa, es el embrión de la admiración, primero de la que te dan y después de la que tú te ofreces. La admiración sólo es posible cuando se ha sido admirado por alguna persona referencial y esa es la primera de las incógnitas que tienes que despejar para alcanzar ese mundo de soledad brillante y abandonar la “oscur-edad”. En forma de pregunta sería: ¿has sido admirado/a por tus personas referenciales? Esa admiración, si ha existido, ¿ha sido condicionada? Es decir, ¿sólo te admiraban cuando hacías tal o cual cosa o ha sido incondicional? Contestando estas preguntas descubrirás muchos de tus miedos y de tus inseguridades y no me refiero a los que manifiestas de cara a los demás. Me refiero, sobre todo, a los que te persiguen y viven contigo, muy dentro, allí donde te es difícil llegar y, por lo tanto, a los que nunca has hecho frente. Otro aspecto a estudiar para poder estar solo sin caer en la “oscur-edad”, es saber si has vivido dentro de un marco de protección o si eres de esas personas que han dado saltos mortales en su vida, sin red. Tienes que saber que me ha tocado trabajar con personasque han sufrido avatares fatídicos y, de todos ellos, los que se quedan enganchados a la fatalidad son los que en situaciones trágicas no han tenido, o no han sentido que han tenido, una red social afectiva que les protegiera (por cierto, la red social afectiva, no es tanto alguien que te saca las castañas del fuego, sino que esté ahí para recogerte y abrazarte si te has caído) y que les otorgara un marco de seguridad como persona. Si es tu caso, si has vivido sin red que te protegiera de las posibles caídas, es posible que te haga más vulnerable; pero, si eres capaz de saber que esto es así, puedes cambiar esa inconsistencia por fortaleza, puedes conseguir que la energía negativa que se apodera de ti sea canalizada como energía creativa, puedes no sólo sentirte único, también te puedes sentir capaz, y, sobre todo, diestro para poder sacar provecho y fortaleza de esas vivencias. Pero, ¿cómo haber sobrevivido a estos avatares sin protección, nos hace vulnerables? y ¿por qué es necesario saber que ha sido así para poder sacar fortaleza de esta vulnerabilidad? Hacer sin red muchos saltos mortales, puede que en apariencia nos haga sentir muy poderosos, pero en nuestro interior se va construyendo una coraza que nos aísla de los sentimientos y las emociones más primarias. Dejamos de tener miedo, no sólo a las cosas banales, también a todo aquello que realmente hay que temer, nos convertimos en contrafóbicos, necesitamos el riesgo y el peligro para sentir que seguimos vivos, volviéndonos muy atractivos para los demás pero, a la vez, entrando en una 104 dinámica de endiosamiento, temeridad, egolatría, vanidad y presunción, necesitando en muchos momentos de sustancias euforizantes y estimulantes para mantener el nivel alto de nuestra capacidad como superhombres o supermujeres. Darte cuenta de que has vivido bajo esa desprotección, te hace tomar conciencia y, desde ahí, puedes volver a colocar tu cerebro en una situación de equilibrio. Es como una droga, cuando nuestro cerebro vence la química del miedo (noradrenalina) y se acostumbra, se convierte en un disfrutador de las situaciones peligrosas (ya no es miedo es euforia) y esta sensación que se vive, engancha, y poco a poco si no somos conscientes de todo esto, no sabemos vivir sin el peligro y el riesgo. Si permanecemos mucho tiempo de esta manera, es muy probable que en algún momento tengamos una mutación, dejamos de ser personas y nos convertimos en máquinas, dejamos de lado las emociones y los sentimientos y solo importa la cuenta de resultados; dejamos de creer en los demás y solo creemos en nosotros; sentimos que sólo siendo el número uno, el poderoso, el que lo tiene todo, estaremos a salvo y, poco a poco, nos encontramos en la paradoja que mencioné en las primeras líneas de este apartado, te encuentras en lo más alto como empresario o ejecutivo pero con un vacío y una sensación de vacío en tu interior que solo se rellena estando de nuevo ante un peligro mayor. Huyes de la “oscur-edad”, no puedes estar ni dos minutos contigo a solas, tienes que estar haciendo cosas, en actividad, ser el mejor golfista, ganar al tenis, al polo, buceando, volando en avioneta, tener los mejores coches, caballos, fincas y casas, las propiedades se colocan en el objetivo y, por lo tanto, en la primera base de la pirámide de necesidades y preferencias. Ser amigo/a, padre o madre, compañero/a, novio/a, la familia, el hogar, la comida casera, el descanso en tu jardín, se cambia por el/la colega, el conocido/a, la competencia, el enemigo, la comida rápida o el hall de un hotel. Nada de todo esto es negativo en sí, pero has de saber que son los condimentos de eso que llamamos rigidez emocional. Es preciso para poder darte cuenta y, en su caso, cambiarlo si aún es posible. No hay nada más estresante que no estar asentado, el estrés tiene mucho que ver con ir sin frenos, sólo sabiendo que los frenos existen, aunque realicemos exactamente la misma acción, estaremos más relajados y, sobre todo, estaremos seguros con la rutina y la vida cotidiana. Estar representado permanentemente en el riesgo no es muy aconsejable. Zaleznik (1924-2011) expresa en forma de proyección algunos de los mecanismos que suceden ante esta normalización del peligro sin red: “La proyección es un mecanismo mental que se caracteriza por la tendencia a colocar los conflictos en el mundo exterior, esto es, asumir una actitud propia y atribuírsela a otra persona. Esto no significa que los conflictos no se basen en las relaciones entre el individuo y su entorno. Conviene al ejecutivo separar las condiciones internas de las que existen externamente. Al poner atención a las condiciones internas, el ejecutivo puede tratar más razonablemente las situaciones susceptibles de control, es mucho más fácil controlarse a uno mismo que controlar y cambiar el mundo en que se vive”. A la vez nos menciona dos ansiedades fundamentales en el ejecutivo que no tiene la capacidad de 105 conectar con las vivencias traumáticas personales y, por lo tanto, refiere su malestar con la situación laboral en la que vive y a la que ha llegado desde abajo, sin herencias, sin red, ganándoselo él/ella solito/a. La forma como respondemos a los traumas es semejante a la de un disco rayado. Es como si nuestro cerebro necesitara recordarnos que lo traumático puede volver a suceder, hasta que tenemos capacidad para afrontar esa misma situación en el caso de que volviera a suceder hoy. Este permanente recuerdo no siempre se realiza a través de pensamientos, imágenes recurrentes o flash-backs, en ocasiones aparece en forma de sueños y, cuando no, de sensaciones presentes de malestar, que posteriormente justificamos como secundarias de alguna preocupación o acontecimiento presente. De esta forma, puede que nos encontremos emocionalmente mal por algo que aconteció hace mucho tiempo, pero nos creemos que es por algo que está sucediendo en este momento. Existe un mecanismo de recuperación natural de los traumas, que denominamos proceso de recuperación espontánea, y que no es otra cosa que colocar en una situación actual y posible de resolver, toda la carga emocional de aquello que ocurrió en el pasado y que es bastante más difícil de poder encarar. Es como si nuestro cerebro más racional no pudiera asumir un vacío de información y lo rellena con otra información que, en su momento, no pudo abordar. El problema es que en el ejecutivo, este engaño, puede contraerle una mayor soledad y una situación de incomprensión en su intimidad, ya que se establece un mecanismo paradójico que reúne la desconexión o el aislamiento del sujeto con su hiperexigencia del medio. Así, el sujeto que experimentó desde afuera la fuente original de su malestar (vivencia traumática personal), parece reclamar a ese mismo mundo externo que otorgue alivio (situación laboral). Este proceso, suele culminar con mayor angustia, tanto de posición como de competición, ya que provoca la pérdida de autonomía ante el mundo, lo cual profundiza aún más el odio contra lo fáctico externo y lleva al retraimiento o la desconexión. De esta manera se hace normal que el ejecutivo, al regresar al hogar desde el frente de batalla (trabajo), no logra restablecer un contacto adecuado con sus hijos o, incluso, retomar rutinas elementales de la vida cotidiana. Vuelven, pero vuelven cambiados, como un extraño, no siendo un miembro de lo familiar, quedando como un verdadero náufrago de su propia vida cotidiana. De esta forma, si esto es así, encontramos una secuencia lógica entre llevar dentro vivencias traumáticas personales, tener más probabilidad de fracasar en la cuenta de resultados y vivir en soledad. Pero, a la vez, como si de un macabro destino se tratara, puede aparecer otra secuencia bastante repetida en el ejecutivo: vivencia traumática personal, progresión profesional meteórica y soledad. No sé muy bien cuál de estas dos secuencias tiene peor futuro y puede derrumbar más la persona original que habitaba anteriormente. Según el blog de M. Cassaretto, las consecuencias negativas delestrés son reguladas o mediatizadas por un proceso denominado afrontamiento, el que es considerado como un proceso dinámico en respuesta a demandas objetivas y a evaluaciones subjetivas de la situación. Para Lazarus y Folkman (1986), el afrontamiento no es un estilo de 106 personalidad constante sino que, por el contrario, está formado por ciertas cogniciones y conductas que se ejecutan en respuesta a situaciones estresantes específicas. La relación entre estrés y afrontamiento es recíproca, debido a que las acciones que realiza una persona para afrontar un problema afectan a la valoración del problema y el consiguiente afrontamiento (Lazarus & Folkman, 1986; Stone, Greenberg, Kennedy-Moore & Newman, 1991). En general, el afrontamiento ayuda a identificar los elementos que intervienen en la relación dada entre situaciones de vida estresantes y síntomas de enfermedad (Kobasa, Maddi & Kahn, 1982). El afrontamiento actúa como regulador de la perturbación emocional; si es efectivo, no se presentará dicho malestar; en caso contrario, podría verse afectada la salud de forma negativa. El afrontamiento puede ser entendido entonces como el conjunto de esfuerzos cognitivos y conductuales, orientados a manejar (reducir, minimizar, dominar o tolerar) las demandas internas y externas de una determinada situación estresante. Sin embargo, enfrentamiento también puede utilizarse como enfrentarse a la mentira, al engaño, a todo eso que tenemos dentro y no vemos. De igual manera podemos hablar de tratamiento, cómo tratar esa mentira, ese engaño, esa parte oculta que nos manipula y que, en definitiva, lleva las riendas de nuestra forma de procesar y de colocar objetivos y preferencias. Por supuesto que me refiero al concepto de mentira en el sentido de fingir, falsear o decir una verdad a medias, me refiero a esa necesidad de mentirnos para completarnos, para poder seguir íntegros. En este sentido nos mentimos y mucho y, posiblemente, el ejecutivo no queda exento de esta acción tan humana. Es quizás esta función de autoengaño la que conecta de pleno con nuestra primera hipótesis, de tal forma que es posible que las personas que han sufrido vivencias traumáticas personales, tengan una falla en la constitución de la vivencia global de su biografía, permaneciendo presente en la conciencia sin deformación en su contenido afectivo, pero completamente tergiversada en su parte ideática (cognitiva). De esta forma, aquellos que no han resuelto sus traumas vivenciales personales, tienen mayor oportunidad de fracasar en el trabajo, ya que su sistema emocional está inmerso en un programa general de amenaza, que le hace difícil no caer en errores de comunicación, cuando no de estrategia. El antídoto natural para salir de esta primera trampa, que simboliza nuestra primera hipótesis, será tener un tejido afectivo sano y un marcador extraordinario, utilizando como termómetro la calidad de vida social y sobre todo personal, en cuanto a relaciones afectivas fuera del entorno laboral. Aquellas personas que no tengan una relación afectiva positiva fuera del entorno laboral, posiblemente tengan que pensarse revisar sus experiencias traumáticas personales. Tal como dice Benyakar (2011), “una cosa es el silencio en la partitura y otra la partitura silenciosa”. Nuestra vida es como una partitura y no leerla, establecer un silencio como una forma de negación o, lo que es peor, de rechazo no nos exime y nos condena a tenerla escrita y, por lo tanto, aunque no la leamos, seguirá con nosotros. Sin embargo, si encaramos nuestra partitura sin grandes ruidos, conociéndola, sabiendo 107 dónde están los mejores y peores actos, en ese momento podremos vivirla de forma silenciosa, sin que nos estorbe, y empapándonos de ella para luego poder representarla. De nuestro guión vital no sólo es importante lo que realiza el actor, también es fundamental lo que el actor siente. El cerebro crea ilusiones, falsedades que el individuo considera reales, pero que no son otra cosa que hábiles estrategias para vencer en la lucha por la vida y perpetuar la existencia. Tanto en el terreno de la motricidad como en el de la percepción, sabemos que el ser humano normal actúa utilizando mapas interiorizados del mundo exterior, es como si el organismo fuese poco a poco, a lo largo de la evolución, prescindiendo del entorno, proyectándolo hacia el interior, hacia el cerebro, para elaborar mejor la información (Rubia, 2002). Como si el cerebro se fiara más de sí mismo que del mundo exterior. Sin duda, la planificación anticipada de cualquier movimiento hace que lo realicemos con mayor precisión, de tal forma que se pueden ejercitar los movimientos con la fantasía antes de ponerlos en práctica en la realidad (esto lo saben bien los deportistas o los oradores). El resultado es la reprogramación de esos movimientos en los que tenemos que estar pendientes de su realización. En el lenguaje y en nuestra forma de procesar ocurre algo parecido; a fin de cuentas se trata de movimientos de gran finura y precisión, aparte de su rapidez, que hacen imprescindible su preprogramación. Hay toda una “Teoría de la Mente” que indica que el ser humano tiene capacidad para poder averiguar lo que la mente de sus congéneres está procesando en un momento determinado, o sea, sus intenciones, lo que no sabemos del todo es si esta capacidad es secundaria al desarrollo de nuestra autoconciencia, de tal forma que lo que realmente sabemos de las intenciones de los demás está más cercano a lo que descubrimos de las nuestras. LeDoux (1999) en su libro “El cerebro emocional” concluye que existen, al menos, dos tipos de memoria, una memoria de experiencias que luego accede a la conciencia, y otra que opera completamente fuera de la consciencia y que controla la conducta sin que se tenga ninguna percepción explícita de lo aprendido en el pasado. A este segundo tipo de memoria, LeDoux, la denominó “memoria implícita” y la encuentra en estructuras cerebrales que ya están maduras (mielinizadas) al nacer y que permanecen disponibles a lo largo de toda la vida, por lo que aquello que queda grabado en ellas, de alguna forma nos condiciona durante toda nuestra existencia, eso sí, el engatillamiento de estas memorias se produce sobre todo cuando nos encontramos en alguna situación especialmente relevante para nuestra supervivencia. Sin querer cansarte con más datos y, a la vez, habiendo relacionado todo lo que exponen LeDoux, Damasio, Rubia y otros muchos neurocientíficos, no es difícil determinar que las personas que poco saben de sus traumas vivenciales personales (y saber no es sinónimo de recordar que han acontecido) se adaptan a la realidad como consecuencia de la represión y la adicción al riesgo, sólo se sienten a gusto en su situación de represión y de riesgo, quedándoles una única salida, “tomar decisiones razonables” y, de esta forma, cercanas al sentido común sobre todo lo que les rodea. 108 Siguen directrices económicas, políticas, ergonómicas, estructurales, corporativas, pero en muy pocas ocasiones toman decisiones desde sus emociones, desde ese espacio que tienen oculto y que, al no poder rechazar ninguna forma de vida sin sustituirla por otra, viven un mundo totalmente razonable, no dándose cuenta de que la razón y la verdad está repartida entre las personas y es muy probable que su razón, tremendamente coherente con lo que es para él razonable, choque de pleno con la razón, también indiscutible, de otra persona que viva sin brújula emocional. Jung (1875 – 1961) escribió al final de su obra “el destino quiere ahora −como siempre ha querido− que, en mi vida, lo externo sea accidental, y sólo lo interno rija como sustancial y determinante. Cuanto más fuerte y vivo es mi recuerdo de las experiencias “internas”, tanto más me acerco a mi esencia y con ello a mi verdadero control”. Lo opuesto, podríamos decir que lo representa la persona que huye de su biografía y se refugia en la cuenta de resultados. En fisiología se sabe que los sentidos nos engañan, ya que los sentidos no se tienenpara traducir fielmente la realidad exterior, sino para preservar y perpetuar la especie, de tal forma que el mundo externo importa cuanto más sirve para estos fines. Por este motivo se habla de visión y percepción visual, estudiándose la primera desde la fisiología y la segunda desde la psicología. Es importante tener en cuenta estas diferencias, para darnos cuenta de cómo en muchas ocasiones nuestras decisiones son espejismos de la realidad trasmitidos desde nuestros deseos. Cuando una vivencia traumática está impregnada en nuestra memoria implícita, es posible que, aunque reprimida y por tanto no consciente, siga manteniendo una influencia en nuestra forma de procesar la información y la visión de la vida que tenemos. El trauma es posible que esté marcando nuestras decisiones mucho más de lo que nos pensamos y una de ellas puede ser el separarnos de los demás por miedo a un nuevo daño. En este punto, sin duda, podemos conectar con nuestra segunda hipótesis, ya que la “oscur-edad” está muy ligada a las personas que no tienen ninguna motivación más importante en su vida que no sea su vida laboral, de tal manera que aquellos que tienen una escasa vida social, familiar o personal extralaboral, son personas sin verdadero tejido afectivo y, aunque tengan relaciones sociales, su única motivación es exhibir sus adquisiciones profesionales, o lo que es igual, seguir con los negocios fuera de la empresa. Los ejecutivos que solo se encuentran a gusto en su despacho y que, incluso en momentos de ocio hacen negocios, van contra natura, ya que negocio es negar el ocio, no habitar lo ocioso. Seguir trabajando en los momentos lúdicos es instalarse en la más profunda “oscur-edad”. Si en algún momento crees que todo esto tiene que ver contigo, hazte la siguiente pregunta: si te quedaras encerrado en un ascensor durante unas horas, ¿de quién recibirías las primeras llamadas a partir de las 23.00 horas? Depende de quién te llame, así puedes saber cuál es tu tejido social, ahora bien, una vez que sepas quien te llamaría, hazte otra pregunta: después de decirles que te saquen de allí, ¿de qué hablarías con ellos? 109 Una vez escuché “no es posible ver que no se ve, lo que no se ve”, por lo tanto si ves que no hay nada que tenga que ver con tu vacío o tu “oscur-edad”, es posible que ya hayas visto lo que te mueve. No te dejes engañar por ti. Que te engañe todo el mundo... pero engañarte tú, eso nunca lo hagas. No hay oscuridad si hay familia, estar solo en familia es soledad y libertad. Los mayores traumas suceden cuando no existe ese tejido social que te sirve de red. Es ahí donde tienes el tratamiento, donde encontrarás tu enfrentamiento, las carencias son traumáticas, lo que duele es el desgarro de aquello que se arrancó, no duele el vacío, duele la herida y en ocasiones la cicatriz. Encuentra en tu biografía tu éxito, lo que ocurra con los negocios será mucho más fácil. El secreto de la gestión emocional y, por lo tanto, del éxito, la excelencia, el poder, la resiliencia, el liderazgo, la empatía, el optimismo, la resolución de problemas, la negociación o la asertividad, necesita de un refinamiento de tu mundo vincular, de tu biografía, de tus memorias, de tus recuerdos, de todo lo que te define y te hace poder realizar, sentirte capaz. ¿Quién puede pensar que algo tan complejo no puede pasar por un verdadero análisis y posterior mejora de todo lo que está escrito en nuestro guión vital y que nos haya podido colocar en un plano de incapacidad o de imposibilidad? Era trágico que el ser humano, desde su narcisismo, solo tuviera en cuenta su parte intelectual ideática para determinar sus capacidades, pero no es menos infausto que le digamos a las personas la importancia imperiosa de la inteligencia emocional y solo le llenemos de palabras y mensajes que por sí solos no les sacarán de su incapacidad. Tampoco es de recibo indicarle a la persona conceptos cognitivos para proporcionarle capacitación en la inteligencia emocional. Para conseguir realmente el propósito que todos tenemos y que no es otro que las personas puedan tener una adecuada gestión emocional, debemos trasmitir un método de trabajo eficaz para aquel que lo cumpla, de forma que si lo realiza culmine en una maestría emocional. Hay que pasar de las palabras a los hechos, por lo que la gestión emocional debe estar instalada en el control de la vida interior, el trabajo personal biográfico y, sobre todo, en el autodescubrimiento y la reinvención a través del conocimiento del guión vital y de la posibilidad de pasar las vivencias a experiencias, junto con el arte de desaprender. Este método te lo vamos a proporcionar en el capítulo tres, pásate a él si crees que ya sabes lo suficiente, pero si necesitas información científica del por qué de lo dicho hasta ahora, continúa con el capítulo dos, bajo mi punto de vista, sea cual sea tu formación puedes entenderlo, y es que me niego a creer que alguien pueda conseguir una verdadera gestión de sus emociones sin saber realmente qué es lo que le está pasando y qué está sucediendo en su cerebro cuando lo realiza. 110 111 Capítulo 2 ¿Qué sabes de las emociones? El poder de la información Recuerdo que no hace mucho, di una conferencia a un grupo de expertos que ya llevaban muchos años trabajando en inteligencia emocional, en un momento de mi exposición, uno de ellos me preguntó si la asertividad era una emoción, en ese instante tengo que reconocer que me quedé un tanto sorprendido por la mezcolanza de términos y la dificultad que tienen las personas que se preocupan por saber sobre el universo emocional. No saber que las emociones son elementos innatos en el mamífero, que están impregnadas en el genoma, y que la asertividad es una habilidad que se adquiere y se puede modelar, como cualquier otro rasgo o competencia, dentro de las capacidades de interacción social, es para preguntarse, ¿qué se está enseñando en esto de la inteligencia emocional? Hoy está de moda hablar de emociones, pero en muy pocas ocasiones se hace con rigor científico. Incluso personalidades de renombre mundial que han publicado y han vendido cientos de miles de libros no están muy acertadas en sus consideraciones, si analizamos sus expresiones desde el punto de vista del funcionamiento del cerebro humano y de la relación emobiosocial. Por ello, creo que es bastante sensato pensar que lo que sabes del mundo emocional está muy ligado a lo que has podido leer o, incluso, a lo que te han mostrado en algún curso de crecimiento personal, coaching, inteligencia emocional, etc. Voy a detenerme en el trabajo realizado hasta este momento en inteligencia emocional y, para ello, voy a colocar en perspectiva el desarrollo histórico de los estudios precedentes, reseñando su importancia y su valor en la sociedad del siglo XX, ya que gracias a ellos se ha puesto en relieve, tanto en la educación, como en la empresa, el deporte, la salud…, a la emoción como un elemento fundamental de nuestro comportamiento, y que estaba, simplemente, hasta entonces, enmarcado en los elementos instintivos de nuestro comportamiento como especie. Ahora, en el siglo XXI podemos dar un paso más y señalar seis errores cruciales por los que creo que hay tanto 112 publicado y escrito sobre emociones y, a la vez, produce un absurdo desconcierto en su comprensión. La esencia de la ciencia es la revisión de los trabajos anteriores y la realización de estudios comparativos, que permiten el avance del conocimiento. Hagamos este análisis histórico y podremos ser conscientes de lo que tenemos que cambiar hoy para avanzar en la gestión eficaz de nuestras emociones. He de decir que la emoción que siento al comenzar esta revisión es la de curiosidad y admiración. Por ello, me gustaría que mi crítica fuera englobada en una Gestalt de admiración por los teóricos que critico, ya que no les critico a ellos sino a su obra, sin despreciar que me mueve la curiosidad de aprender, descubrir y propiciar a la comunidad los conocimientos más cercanos a lo que realmente ocurreen nuestro universo emocional y no anquilosarme en el canto de sirenas que representa la ciencia, que intenta explicar lo que nos gustaría que ocurriera, tendría que ocurrir o debiera suceder en dicho universo. Errores cometidos en el estudio de la inteligencia emocional Como precursor del concepto de inteligencia emocional encontramos a Howard Gardner (1983), que publica su modelo de Inteligencias Múltiples hacia mediados de los años ochenta del siglo pasado. Diferencia siete tipos de inteligencia: verbal, lógico- matemática, espacial, musical, cenestésica, interpersonal e intrapersonal. Unos años después, los primeros en mencionar el término de inteligencia emocional fueron Peter Salovey (Harvard) y John Mayer (New Hampshire) en 1990, estos autores definen la inteligencia emocional como “la capacidad de controlar y regular los sentimientos de uno mismo y de los demás, para utilizarlos como una guía de pensamiento y de acción”. Pero, sin duda alguna, ha sido Daniel Goleman (2001) quien ha popularizado el término, consiguiendo llevar el concepto de inteligencia emocional a un nivel de Bestseller. Goleman, en su primer libro, pone gran énfasis en las teorías de Antonio Damasio y los descubrimientos de la Universidad de New York sobre los fundamentos biológicos y neurológicos del funcionamiento del cerebro humano y es aquí donde se producen muchos de los errores criticables a Goleman, ya que parte de un hecho crucial como son los descubrimientos de Damasio y su equipo, pero los transmite sin rigor hacia la obra de Damasio y con una forma de expresión poco exacta con la realidad del funcionamiento del cerebro humano, siendo un error no solo el código con el que trasmite estos conocimientos, sino la repercusión definitiva para conseguir la operatividad de la gestión emocional. El código utilizado por Goleman para explicar los supuestos neurocientíficos de la inteligencia emocional, se centra en conceptos metafóricos o incluso en forma de cuentos o parábolas semejantes a las que podemos encontrar en las sagradas escrituras, es decir, se transmite la información con la premisa de que quien lo escucha o lo lee, no podrá 113 comprenderlo si no se lo ofrecemos en forma simplificada respecto a los conocimientos académicos. Es como si fuera necesario ofrecer la información que tiene que ver con las emociones como en potitos, dando por sentado que aquellos que la reciben no tendrán capacidad adulta de asimilar estos conocimientos sin que se indigesten. José Javier Velasco (2012), refiriéndose a la obra de Goleman, nos indica que “predomina, por lo tanto, el uso de los ejemplos introductorios de carácter espectacular, incluso muchos dramáticos, a los que hay que reconocer una gran eficacia, no sólo como ejemplos de los conceptos que implican, sino también como factor motivacional y controlador de la atención del lector”, que es fantástico para conseguir un bestseller, pero quizás no sea lo mejor para poder desarrollar un aprendizaje adecuado en la gestión de las emociones, ya que todo lo que se indica tiene mucho que ver con explicar para comprender, pero no se enseña cómo poder conseguir dicha gestión de las emociones. Un primer error lo encontramos en Goleman cuando habla de la maquinaria con la que se ejecutan las habilidades que son esenciales para el éxito, tanto individual como institucional. Según Goleman nuestro cerebro no ha tenido cambios en los últimos 100.000 años. Esta primera aseveración ya tiene poco que ver con la realidad, ya que hoy sabemos que nuestro cerebro actual ha tenido en estos últimos 100.000 años un cambio fundamental en la morfología y el desarrollo singular del hemisferio izquierdo, además de la especialización del área orbital frontal como continuidad del área prefrontal. Gracias a la evolución de estas partes de nuestro cerebro, a diferencia con nuestros antepasados, hoy podemos realizar un análisis analítico-formal, cognitivo, simbólico, con un rol ejecutivo que hace miles de años no era posible. Por lo tanto, nuestro cerebro ha evolucionado y mucho, desde que somos homo sapiens. En los últimos 100.000 años sí que ha habido cambios a tener en cuenta para conseguir comprender cómo somos en este momento. Hoy sabemos que nuestro cerebro en su evolución filogenética ha desarrollado cuatro grandes momentos clave, los dos primeros se realizaron antes de existir nuestra propia especie. PRIMER MOMENTO: CEREBRO DEL REPTIL Hace unos doscientos millones de años, gracias a la habilitación de la mucosa, algunas especies marinas consiguieron pasar del fondo del océano a poder vivir en la atmósfera. Las especies que se hicieron terrestres o híbridos desarrollaron este cerebro. El cerebro del reptil es fundamental para asuntos como la respiración, la búsqueda de alimento, el deseo sexual y las respuestas de ataque-huida, entre otros, todos ellos muy ligados a instintos e improntas, pero necesarios y fundamentales para la supervivencia. Esta zona primitiva de nuestro cerebro fue retenida cuando apareció la siguiente zona evolutiva, el cerebro del mamífero, aunque siguió operando en concordancia con un estereotipado e instintivo conjunto de programas que proceden, tanto de los mamíferos que habitaban en 114 el suelo del bosque, como, más atrás aún en el tiempo, de los toscos reptiles que dieron origen a los mamíferos. Todos, en realidad, tenemos una porción de reptil, solo que no tenemos una comunicación directa con esa parte de nosotros, pero te aseguro que dentro de ti existe un lagarto, una tortuga, un cocodrilo, una serpiente..., como es natural, humanizada por tu cerebro humano. El cerebro reptil es primordial para nuestro análisis perceptivo, está diseñado para conseguir nuestra conservación desde lo instintivo, lo biológico, conectándose con la realidad desde una perspectiva muy primitiva y por ello muy objetiva para la supervivencia. En este cerebro es donde se van a sintetizar la mayoría de nuestros neurotransmisores, que son las sustancias que llevan los mensajes que determinan todo nuestro psiquismo, a través de unas células muy especializadas que denominamos neuronas. Mucho antes de que tu cerebro humano se entere de lo que está pasando en tu entorno y en ti, ya tu cerebro reptil está tomando decisiones, en forma de activación o inhibición de tus hormonas, fluidos vitales y, con ello, de tus músculos, tu posición corporal e incluso tu forma de encarar, es decir, la cara que pones en el acontecimiento que estás viviendo, así como la acción que determinas como necesaria. Y como digo, todo esto mucho antes de que tu cerebro humano-inteligente se dé cuenta de dicho acontecimiento. Hoy sabemos que hay una estructura al principio de este cerebro de reptil, también llamado tronco encefálico, muy importante para nuestro objetivo final que es la comprensión y la gestión de nuestro universo emocional, esta estructura es el S.A.R.A. (Sistema Activador Reticular Ascendente), reconocido así por G. Moruzzi y H. Magoun en 1940. El S.A.R.A. es como una primera centralita que codifica y después planifica cual es el nivel de activación que tiene que tener nuestro cerebro en cada momento. Hoy sabemos que el S.A.R.A es quien nos proporciona el estado de conciencia, y es primordial para poder conseguir aprender de nuestro entorno. Los distintos niveles del S.A.R.A. nos colocan en diferentes estados de conciencia como son la vigilia, la hipervigilancia, el estado de alarma, el sueño, el estupor, el coma, etc. No sé si te has preguntado alguna vez el motivo por el que por la noche, si ocurre un acontecimiento imprevisto, como un accidente múltiple, una explosión, un terremoto, siempre se va la luz. Es curioso, cuanta más luz necesitamos antes la perdemos. El motivo no es la casualidad o la mala suerte, tampoco es que se hayan estropeado las centrales eléctricas, si es así, nada hay que decir. El motivo es que todas las eléctricas del mundo, para tener un gasto adecuado y, por lo tanto, subsistir, tienen previsto la carga energética que en cada momento necesita ese lugar. Por estemotivo, a ciertas horas de la noche, cuando habitualmente la mayoría de la gente duerme, el sistema permite un máximo de canal de energía que se supera con mucho cuando todo el mundo tras el incidente comienza a encender las luces de allí donde habita, su habitación, pasando el límite de la energía posible y por ello el sistema “peta” y nos quedamos a oscuras. 115 Eso más o menos es lo que hace el S.A.R.A. Decir en cada momento el canal de energía que necesita nuestro cerebro, es como una centralita que está midiendo el nivel de activación y está decidiendo el nivel de activación cerebral que necesitamos para poder solventarlo. Ésta es quizás la propiedad principal del cerebro de reptil, averiguar el nivel adecuado de alerta, alarma, vigilancia, activación o reposo, disociación o desconexión para responder a lo que nos rodea. Es fundamental que tengamos en cuenta este sistema de integración global de información si queremos tener capacidad de gestión emocional, ya que comienza su función en el tronco encefálico, pero avanza como una red de nódulos neurológicos por el cerebro del mamífero y el humano. Muchos de los errores que vamos a encontrar en algunos teóricos en este repaso histórico, tiene que ver con no tener en cuenta las estructuras que realmente movilizan nuestro sistema emotivo y si las han tenido en cuenta, solo lo hacen para describir, pero no para incidir de forma directa en ellas. Y te aseguro que puedes incurrir en lo que tu S.A.R.A. determina, a lo largo de este libro te enseñaremos cómo realizarlo. Recuerda esta afirmación, en el cerebro del reptil es donde se forja la plataforma de acción que activamos ante cualquier acontecimiento. Por ello, el S.A.R.A. se caracteriza por ser un lugar de convergencia de información procedente de la médula y el encéfalo, produciéndose un gran intercambio de información entre sus distintos niveles. Este sistema ascendente de la formación reticular se distribuye ampliamente por el encéfalo, llegando a los núcleos de proyección difusa del tálamo. En el camino hacia el sistema límbico de este sistema de activación, podemos señalar como primordial la modulación de núcleos de neuronas que desempeñan la función de dar lugar a la síntesis de los distintos neurotransmisores. Por todo ello, podemos decir que los lugares donde se sintetiza la serotonina (núcleos del raphe), dopamina (sustancia negra y área tegmental ventral), noradrenalina (locus coeruleus), acetilcolina (cuerpos gigantoformes) son, en sí, parte del S.A.R.A. y por ello inciden en la elección del neurotransmisor apropiado para cada situación estimular. SEGUNDO MOMENTO: CEREBRO MAMÍFERO ¿Has visto alguna vez a una serpiente hacerle carantoñas a sus crías? Seguro que tampoco has encontrado una guardería de ranas, donde algunas estén cuidando de los renacuajos. Los reptiles no sienten emociones y, por lo tanto, su vinculación con el resto de su especie es de desapego, ya que les falta estructura neurológica para establecer un apego con otro componente de su especie. Es más, los cocodrilos están programados genéticamente para que cuando nacen salgan a toda pastilla lejos de sus progenitores, ya que si están cerca éstos se los comen sin más. Paradójicamente hay cocodrilos que ayudan a algunos de sus progéneres a llegar a la orilla. Parece que el comportamiento parricida o solidario no se debe tanto, en los cocodrilos, a un sistema emotivo, como a una especie de contabilidad de los individuos que hay en ese lugar. Si hay muchos, matan a más y si hay pocos, los ayudan a sobrevivir. 116 En algún momento la naturaleza se dio cuenta de que había que conseguir una relación entre los componentes de las especies que no estuviera unida solo por la reacción instintiva de las dos plataformas de acción más primitivas: ataque-huida. Evolucionando hacia una especie de sistema wifi parecido al bluetooth, pero no solo para voz, sino también para imagen, olor, sabor y sobre todo para el contacto físico, surgiendo la caricia, el contacto como placer y signo de seguridad. Esta revolución fue posible al ir surgiendo en el cerebro de las especies posteriores a los reptiles estructuras neurológicas que permiten sentir emociones y, así, surgieron los mamíferos. Los mamíferos son animales que necesitan dé mimos, mamas, pero sobre todo de una mamá para poder subsistir. Tres elementos imprescindibles, ya que la supervivencia depende de ello. Y aquí volvemos a la mucosa como elemento clave en esta interacción afectiva, de tal manera que al igual que en los reptiles su subsistencia depende de lo rápido que se valen por ellos mismos, los mamíferos tienen la subsistencia en el apego y el vínculo que establecen con aquellos que le dieron la vida o con otros individuos adultos de la misma especie, si quien le dio la vida no está cerca. No podemos imaginar la supervivencia de un mamífero si no tiene un adulto de su misma especie que le dé no solo alimento, sino también protección, calor, cariño, dedicación y con ello le enseñe lo que debe aprender para algún día ser autónomo. Esto no quita que observemos a muchas especies de mamíferos teniendo un comportamiento agresivo con sus crías, pero en este caso estamos hablando de supervivencia del grupo. Esto ocurre cuando es imposible la supervivencia de toda la manada y se opta por sacrificar a algunos miembros para que el resto pueda subsistir o de un trastorno emocional del agresor, que se convierte simplemente en el asesino de sus crías, y esto debemos colocarlo dentro de la patología emocional de algunos animales, pero no es un signo de especie. La mucosa es realmente importante para la gestión emocional, pero sobre todo fue una invención genial para la vida terrestre, ya que nos permite respirar en la atmósfera y es fundamental para nuestra vida como mamíferos. En el mamífero el cariño es vital, los reptiles no necesitan de cuidados y de mimos, pero los mamíferos sí, y aquí es donde la mucosa se consolida como medio de expresión, ya que podríamos decir que el amor puede definirse como “ese estado mental que nos permite que otros mamíferos coloquen su mucosa en nuestra mucosa”. Sí, como lo lees, cuando sientes una emoción positiva y por lo tanto cariño o amor hacia tus hijos, hermanos, amigos o hacia tu perro, a todos ellos les permites que coloquen su mucosa en tu mucosa, es más, cuanto más amor sientes por alguien más necesitas de esta interacción de mucosas, de hecho la relación sexual no es otra cosa que colocar la mucosa de uno en el otro. Gracias al estado emocional que incide en el estado mental que produce el amor, permites que otro coloque sus fluidos en tus fluidos, siendo un principio básico para la evolución de la especie, ya que lo que hacemos realmente es vacunarnos, y conservar nuestra especie con el traspaso de los componentes químicos, y por lo tanto genéticos, que tienen los que están a nuestro alrededor y por los que sentimos amor. Cuando limpias a tu bebé, cuando besamos apasionadamente a la persona amada, cuando tienes 117 una relación sexual o cuando te dejas lamer por tu perro o tu gato, simplemente estás diciendo “te quiero” dejando que la mucosa del otro se mezcle con la tuya y viceversa. Pues bien, en el embrión la mucosa tiene su cuna en el ectodermo, justamente en el mismo lugar donde nace la piel y el sistema nervioso. Por lo tanto, la mucosa es esencial para los mamíferos, de hecho, los labios son mucosa y la expresión de las emociones y del cariño tiene que ver con lo que hacemos con ellos. La emoción, por lo tanto, es una sensación sentida que tenemos programada genéticamente los mamíferos y que nos impide no sentir por nuestras crías o por aquellos componentes de la manada que nos rodea. La emoción fue el invento para que haya grupos de la especie que no solo están físicamente cercanos, ya que esto también sucede con los reptiles, sino que colaboran entre sí y determinan una Gestalt (un todo que es más que la suma de las partes). Por todo ello, el cerebro emocional siempre está unido a la supervivencia, aunque la emociónpuede ser agradable o desagradable para quien la tiene, tanto si es por algo que le sucede o si es por lo que están haciendo otros, siendo la base reguladora del comportamiento y, sobre todo, de la manera en que el mamífero vive su realidad, ya que como hoy sabemos (R. Aguado 2005, 2007 y 2013) la situación vivida no es tan importante como la emoción desde la que lo vivimos, de tal manera que un acontecimiento es lo que es para el mamífero, dependiendo si lo vive desde la rabia, la seguridad, la tristeza o la curiosidad. De hecho, es posible que sea la emoción lo que nos distingue a los unos de los otros, ya que ante un mismo acontecimiento una persona puede sentir miedo y otra curiosidad. Nuestro sistema emotivo es fundamental para nuestra memoria, nuestra personalidad, pero sobre todo para nuestra capacidad de vincularnos y, desde ahí, poder sentir que el mundo se hunde o poder estar en el máximo de los placeres. Esto es general para todos los mamíferos, aunque en los humanos además de lo que sienten haya un procesamiento de imaginación, simbolismo y abstracción, singular, respecto a las otras especies. Hoy estoy más seguro que nunca de la afirmación que realicé en 2005 y que fue el banderazo de salida de nuestra forma de entender la salud y la enfermedad y es que “la emoción decide y la razón justifica”, por lo que todas nuestras decisiones son determinadas en primer lugar por la plataforma de acción y el universo emocional en el que vivimos en ese momento y, posteriormente, será nuestra parte humana, racional, analítica, simbólica la que justifique lo que nos está pasando. Las estructuras neurológicas que componen el cerebro emocional son regadas por las químicas que han surgido según la decisión del S.A.R.A. en el cerebro del reptil – neurotransmisores– y cuando estas químicas se activan, siempre lo hacen sobre las mismas estructuras, eso sí cambiando la intensidad de una situación a otra. Esto quiere decir que los circuitos de serotonina no inciden fuera de sus canales químicos, que desembocan en determinadas estructuras neurológicas del denominado cerebro del mamífero, así lo hará también la acetilcolina, la dopamina, la noradrenalina o el G.A.B.A 118 y el resto de moléculas que funcionan como neurotransmisores. Una vez activadas las estructuras cerebrales propias del cerebro del mamífero se movilizan las distintas plataformas de acción que tenemos en nuestro paquete genético los mamíferos, incluido los mamíferos humanos, dando lugar a la expresión psicofisiológica que incide en cada emoción. Si queremos gestionar nuestras emociones tenemos que saber conectar con nuestro cerebro de mamífero, también llamado cerebro límbico, y para ello hay que saber instalarse en él. Hoy disponemos de tecnología suficiente para instalarnos en el cerebro emocional mediante técnicas puramente psicológicas, sin utilizar medicación o aparataje de feedback. Es en este punto donde encontramos un segundo error de Goleman y, por ende, de muchos otros teóricos. Podemos definir este error como el desconocimiento de la verdadera reciprocidad entre el cerebro emocional y el cognitivo, según el estado mental en el que nos encontramos. Se ha dado por sentado que el cerebro cognitivo (humano- inteligente) debe ser el que gobierne y lleve las riendas de todo el cerebro en todo momento, y cuando no es así, se le entrena y se le da tecnología para que lo consiga, y esto no solo no es cierto desde el verdadero funcionamiento de nuestro cerebro, sino que entorpece en muchos momentos la capacidad de tener una gestión emocional adecuada. Goleman habla del jefe bueno y del jefe malo para diferenciar el cerebro humano (cerebro racional), del cerebro del mamífero (cerebro emocional). La metáfora de Goleman del jefe bueno refiriéndose al córtex prefrontal, y del jefe malo, mencionando al cerebro límbico no es muy acertada, sobre todo, para alguien que habla como autoridad mundial de inteligencia emocional. Todas las capas de nuestro cerebro son buenas y necesarias, de tal forma que el cerebro emocional no solo no es un cerebro malo cuando toma las riendas, sino que es un cerebro fantástico, ya que, nos guste o no, la dimensión humana es más emocional que cognitiva, siendo el estado emocional de una persona el que determina la forma en que percibe el mundo y es a través de las emociones como sabemos los hechos que son verdaderamente importantes para cada segundo de nuestra vida y, por consiguiente, para nuestra supervivencia. En esto de la supervivencia no solo es importante estar delante de un tigre, también es importante poder sentir que estamos ante estímulos que aunque no sean peligrosos a nivel racional, lo pueden ser para nuestro guión vital y aunque esto no sea desde el punto de vista inteligente o racional comprensible, para nuestro universo emocional sí que lo es, ya que en ello nos va la subsistencia. “La decisión humana es más emocional que cognitiva”. Es más, ¿desde dónde quieres que te quieran? ¿Desde la razón porque tienes un cuerpo muy bonito o tienes mucho dinero? O prefieres que te quieran desde el corazón. ¿Qué responderías? ¿Desde dónde eliges de quién te enamoras? ¿Desde dónde sientes lo que sientes por esa música que tanto te conmueve? ¿Desde dónde eliges el color de tu ropa o de tu pelo? Por no hablar de las grandes decisiones que tienes que tomar cada vez que hablas con 119 alguien por primera vez. Te aseguro que todas estas decisiones las tomas fundamentalmente desde tu cerebro emocional, incluso en muchas ocasiones tu parte racional te dice, no debes fumar o comer tanto chocolate o salir con esta persona ya que te está haciendo sufrir, pero sin embargo hay una fuerza que viene de otro lado que no es la razón y que es quien decide y toma las decisiones, y por mucho que lo razones y que te des cuenta de lo irracional de tu comportamiento, no puedes cambiarlo. Colocar al cerebro emocional como el jefe malo porque no tenga una lógica racional en sus decisiones o porque no esté tan cerca como lo está el cerebro racional de nuestra consciencia y, por lo tanto, de la sensación de control voluntario, no implica que al mundo emocional le podamos colocar la etiqueta de malo, dañino, peligroso o cuando no imbécil y siempre irracional. Que la decisión emocional es irracional, por supuesto, como la decisión racional es poco emotiva, será con la interacción de ambas formas de ver la realidad, como completaremos una decisión adecuada e integrada. Literalmente Goleman indica: “Lo principal que quiero que sepan es que el cerebro tiene dos jefes. Uno es el jefe bueno, se encuentra en el área prefrontal, justo detrás de la frente. Este es el cerebro que hemos llamado centro ejecutivo, es el ejecutor del cerebro. Aquí es donde están los pensamientos claros, aquí es donde tomamos las decisiones. Por otro lado, tenemos un jefe malo, es la amígdala, la estructura verde (se refiere a como la tiene dibujada en la diapositiva, la pone verde, como a los marcianos) que es el centro emocional del cerebro. Es una estructura mucho más antigua y está en tensión continuamente. Que nos vaya bien depende del balance entre ambos jefes. El jefe bueno nos ayuda a prestar atención, nos ayuda a comprender y tomar buenas decisiones, innovar, resolver problemas y aprender. El jefe malo, en cambio, es nuestro radar de amenazas. Esta estructura, la amígdala, escanea continuamente todo lo que está sucediendo ahora mismo, aquí mismo, para ver si hay algún peligro”. A modo de ejemplo, reseñamos algunos de los trabajos en los que se confirma esa ausencia de consenso referida a la implicación de la amígdala en el procesamiento de la información emocional (Francesc Palmero en el volumen 6, numero 13 de la revista R.E.M.E.). Al respecto, en un trabajo reciente (Schneider, Weiss, Kessler, Salloum, Posse, Grodd y Mueller-Gaertner, 1998), llevado a cabo con personas normales y con pacientes esquizofrénicos, se apreció que, en las personas normales, se producía una activación de la amígdala cuando se procesaba la estimulación relacionada conla tristeza, pero no cuando el procesamiento se realizaba con estimulación relacionada con la alegría. En otro trabajo de los últimos años, realizado por Morris, Scott y Dolan (1999), utilizando la Tomografía por Emisión de Positrones (TEP), se ha intentado establecer cómo es procesada por el cerebro la estimulación emocional expresada vocalmente. Las personas participantes tenían que escuchar vocalizaciones no verbales, producidas por hombres y mujeres y relacionadas con el miedo, la tristeza, la alegría y la neutralidad -sin entonación emocional-, para, a continuación, indicar en cada caso si eran emitidas por un hombre o por una mujer, así como la cualidad emocional que poseían. Los datos 120 permiten proponer que el procesamiento de la emoción vocalmente expresada implica la participación bilateral de un amplio conjunto de regiones cerebrales. Además, el procesamiento de la vocalización relacionada con el miedo parece implicar la participación de interacciones específicas entre la amígdala izquierda -la amígdala derecha mostró un descenso importante en su activación- y otras regiones del troncoencéfalo, particularmente la protuberancia, que se encuentra implicada en la respuesta de sobresalto ante un sonido intenso. Resultados parecidos encuentra el equipo de Davidson (Schaefer, Abercrombie, Lindgren, Larson, Ward, Oakes, Holden, Perlman, Turski y Davidson, 2000), utilizando la TEP para constatar la tasa metabólica cerebral regional en la amígdala, el hipocampo, el tálamo y el núcleo caudado anterior. Concretamente, pudieron apreciar que la amígdala izquierda y no la amígdala derecha, mostraba una actividad importante ante estímulos con connotaciones emocionales. En las restantes estructuras investigadas se pudo observar una activación bilateral. Igualmente, en otra investigación (Hamann, Ely, Grafton y Kilts, 1999), se ha encontrado que la amígdala, mediante su conexión con el hipocampo, parece modular la intensidad de la memoria de eventos emocionalmente importantes, independientemente de las connotaciones aversivas o placenteras del evento en cuestión. En un contexto más específico, hay un trabajo actual en el que se aprecia que también es posible hablar de diferencias entre hombres y mujeres en lo que respecta a la actividad de la amígdala ante estímulos emocionales. Así, Schneider, Habel, Kessler, Salloun y Posse (2000) han podido apreciar una importante actividad de la amígdala en los hombres durante la ocurrencia de afecto negativo, mientras que dicho efecto no pudo ser apreciado en las mujeres. Por esa razón, como sugieren Adolphs y Damasio (2000), precisamente en los que se apoya Goleman, aunque es muy probable que la amígdala juegue un importante papel en la adquisición de conocimiento relacionado con la emoción, estimamos que, al menos hasta la fecha, el funcionamiento y participación específicos de dicha estructura polinuclear no están delimitados del todo. La existencia, todavía, de datos controvertidos parece indicar que, aunque la implicación de la amígdala es muy probable, se necesita una mayor especificidad neurobiológica para delimitar su participación exacta. En este marco de referencia, señala LeDoux, una asunción básica en el estudio de los procesos de memoria, se refiere a la existencia de distintos sistemas, cada uno relacionado con funciones diferentes. Así, al menos en el plano de las situaciones traumáticas o afectivamente importantes, existe una memoria explícita, consciente, referida a los eventos tangibles relacionados con la situación recordada. Pero existe también una memoria implícita, no consciente, en virtud de la cual el organismo comienza a mostrar ciertos signos o respuestas, que probablemente pasaron desapercibidos en el momento de ocurrencia del evento recordado, pero que ocurrieron. Ahora, con el recuerdo de dicho evento, el organismo también es capaz de “recordar” todas esas manifestaciones, materializándolas de manera visible. El hipocampo, junto con otras estructuras del lóbulo temporal, es la estructura neuroanatómica implicada en los mecanismos de la memoria 121 explícita, mientras que la amígdala junto con sus conexiones neurales, los núcleos caudados, el núcleo accumbers, hipotálamos y raphe son las estructuras implicadas en los mecanismos de la memoria implícita. En última instancia, la memoria consciente de la experiencia pasada, junto con las respuestas fisiológicas entonces producidas, reflejan el funcionamiento de dos sistemas de memoria que operan en paralelo (LeDoux, 2000a). A esto es lo que me refiero cuando indico que Goleman parte de un cierto conocimiento científico pero, debido a sus códigos de explicación o simplemente a su desconocimiento total del funcionamiento del cerebro, comete varios errores. Los voy a enumerar: 1. Hoy sabemos que un “pensamiento claro” (clear thinking) tiene mucho más que ver con el estado emocional que con la actividad cognitiva. Podríamos decir que la actividad cognitiva, es decir, los pensamientos, son traducciones o interpretaciones de nuestro estado emocional desde el cerebro cognitivo. Por lo tanto, “los pensamientos claros” solo se producen cuando nos encontramos dentro de una plataforma emocional adaptada a la situación que se está viviendo. 2. Hoy sabemos que las decisiones son más emocionales que cognitivas, lo que ocurre es que la decisión cognitiva es consciente, mientras que la decisión emocional simplemente la sentimos como una inercia que incide en la decisión racional posterior. Por lo tanto, la creencia de que la decisión humana es más racional que emocional, no coincide con lo que observamos en nuestras investigaciones y, mucho menos, con el trabajo con nuestros pacientes. 3. Pero, sobre todo, lo importante no es quién manda en quien y cuándo, lo importante es saber cómo sacar a nuestro cerebro de este balance, y, sobre todo, que este balance sea para sumar y no para poner a un cerebro en frente del otro, como un competidor. Ambos cerebros ejercen su función y si sabemos cómo funciona cada uno, sabremos cómo establecer una verdadera gestión emocional, pero de las palabras de Goleman y de otros teóricos se desprende que si queremos gestionar nuestras emociones, debe ser consiguiendo que el cerebro racional venza en este balance de fuerzas, cuando en la realidad lo que tenemos que conseguir es descubrir la forma de cómo comunicarnos con ambas estructuras, ya que ambas tienen que integrarse para poder conseguir una verdadera gestión emocional. 4. Goleman coloca a las amígdalas como los ejes de nuestro cerebro emocional y no es así, ni mucho menos, ya que las amígdalas son centros neurológicos muy propicios para detectar los peligros que nos rodean, pero el miedo no es la única emoción a tener en cuenta. De esta manera no encontramos ninguna implicación de las amígdalas en emociones como la curiosidad, la seguridad, la alegría, la culpa o la admiración, siendo fundamentales los estudios realizados sobre las zonas de los ganglios basales, tales como el núcleo caudado, el putamen o el estriado. Asímismo, tienen gran importancia las estructuras límbicas como el tálamo sensorial, los hipotálamos, los hipocampos, la región gris periacueductal, el raphe, el área cingular, la comisura anterior, la ínsula y otros muchos núcleos estructurales que componen 122 este cerebro emocional y que están mediados por el sistema reticular ascendente. Las amígdalas se ocupan de universos emocionales como el miedo y, junto a otras estructuras, también las encontramos activadas en la rabia y la tristeza. Pero Goleman no se da cuenta de que el miedo no es la única emoción, hay otros nueve universos emocionales que tienen tanta importancia como el miedo, por lo que colocar al jefe malo en las amígdalas como precursor neuroanatómico del miedo o del pánico y, con ello, ponerlo como el paradigma del cerebro límbico, es ser muy simplista y poco escrupuloso con la realidad científica. Amén de calificar al miedo como un agente malo, ya que el miedo como todas las restantes emociones, no es malo, es simplementenecesario para nuestro funcionamiento como mamíferos humanos. Otra cosa es que se activen las amígdalas y con ellas el pánico ante situaciones estimulares que no requieren de esta respuesta o sin que suceda en la realidad algo peligroso. Pero, en este caso, poco vamos a solucionar porque desde la razón nos demos cuenta que no es racional tener miedo en esa situación, ya que para que dejemos de tener miedo, tendremos que convencer a las amígdalas de que no tienen que activar el peligro en esa situación estimular. Para ello, la mejor solución será activar otra plataforma emocional, es decir, activar centros neurológicos antagónicos, como puede ser el raphe, y conseguir la inhibición de las amígdalas y, por ende, la sensación de miedo. Donde sí que estamos totalmente de acuerdo con Goleman es cuando termina su exposición diciendo: “Hoy sin embargo hay un gran problema, ya que si la amígdala piensa que hay una amenaza, puede secuestrar y ponerse al frente del jefe bueno, del área prefrontal, y cuando esto sucede no nos va bien, porque piensa de una forma muy torpe y, de hecho, recibe señales confusas de los oídos y de los ojos, de manera que hoy en día en lugar de responder a verdaderas amenazas físicas, responde a amenazas simbólicas, y cuando esto sucede el cuerpo se inunda de hormonas del estrés, paralizando al jefe bueno, toma el control del centro ejecutivo y prestamos atención solo a la amenaza, solo a lo que nos perturba, no a la tarea que estamos haciendo. Nuestra jerarquía de memorias cambia, de manera que recordamos más lo que nos amenaza que lo que estamos haciendo”. Y es curiosa la confusión de Goleman porque, aunque trasmite que nuestro cerebro se fía más de la interpretación de nuestro sistema emocional que del racional y también admite que en numerosas ocasiones, cuando el cerebro emocional toma las riendas de todo el sistema secuestra la intervención cognitiva, ya que se produce una descorticación funcional, mantiene la necesidad del control racional sobre el emocional, cosa que es imposible, si está secuestrado, simplemente, no puede. A lo largo de la historia de la cultura, cognición y emoción han sido considerados procesos independientes y en cierta medida contrapuestos. Dentro de lo que llamamos de modo genérico “la cognición” se incluyen la percepción, la memoria, la atención o la actuación. El concepto de “emoción” abarca, desde la plataforma de acción que se 123 dispara hasta la experiencia subjetiva (el sentimiento), pasando por las reacciones que llamamos vegetativas (sudoración, temblor, palidez) y motoras (gestos, posturas). Ya los griegos distinguían entre “Pasión” y “Razón”, separando así el pensamiento de los sentimientos. En la concepción de la mente (el alma) para el mundo griego y la posterior cultura judeocristiana, Razón y Pasión mantienen un cierto antagonismo. El intelecto superior debe controlar las pasiones, al ser estas emociones desbocadas, que enturbian la capacidad de pensar con claridad y asociadas casi siempre al pecado y la culpa. No es sorprendente que, aún hoy, tienda a estudiarse científicamente la racionalidad o cognición, como un proceso separado e independiente de “la emoción”, siendo esta la base natural del tercer error que vamos a enunciar posteriormente. Solo en tiempos más recientes y gracias a las influyentes aportaciones de científicos y neurólogos como Joseph LeDoux y Antonio Damasio, se ha aceptado considerar que la consciencia no es el único elemento que ocupa la mente o, dicho de otro modo, que el cerebro, cuya operación produce lo que llamamos el pensamiento consciente, es igualmente el origen de las emociones. Aunque a primera vista pueda parecer que, en el caso de la cognición, el soporte físico del cuerpo es irrelevante, resulta fundamental para las emociones. Cada vez se acepta más la interpretación de que, tanto en la emoción como en la cognición, tras los componentes conscientes, subyacen e interaccionan toda una serie de mecanismos cerebrales no conscientes (lo que Freud llamó premonitoriamente “el inconsciente”), que determinan de manera decisiva las características conscientes del pensamiento y la emoción (Belmonte, 2007). Para explicar esta incoherencia es necesario conectar con el tercer error, que no comete solo Goleman, sino que ya es un error tradicional por una parte de la psicología del siglo XX, que sigue insistiendo en la necesidad del entrenamiento cognitivo para gestionar la emoción. Para ello debemos volver a la neurología. En el año 2001 publiqué la teoría del estado cerebral de seguridad e inseguridad global vital, lo que llamamos cerebro tipo I y cerebro tipo II. Posteriormente, esta teorización quedó plasmada en mis libros “Manual práctico de Terapia de Interacción Recíproca” del 2005 (Editorial Síntesis) y más tarde en “Tengo miedo a tener miedo” de 2009 (Editorial Pirámide). En esta teoría me baso en la morfología de las conexiones que van desde el cerebro del mamífero hacia el córtex prefrontal y la morfología de la conexiones que conectan el cerebro cortical con el cerebro mamífero. En las primeras, las conexiones que van desde el cerebro mamífero al cerebro cortical (humano), encontramos conexiones muy mielinizadas, muy gruesas en su capa de mielina, que es la sustancia que permite que el impulso nervioso circule por nuestras neuronas en un gran número, mientras que en las segundas, las conexiones que van desde el cerebro cortical al mamífero son menores en número y mucho más finas, es decir, menos mielinizadas. En concreto el número de conexiones es de 3:1 desde el cerebro emocional al cortical 124 respecto al cortical hacia el emocional. Esta diferencia de magnitud de conexión es esencial para explicar el secuestro del que habla Goleman. Cuando nuestro sistema global se encuentra enmarcado dentro de un estado emocional de seguridad global (cerebro tipo I), las intercomunicaciones entre la parte racional y la emocional es fluida, por lo que, si es necesario, nuestro cerebro cortical puede hacer un cambio de significado y desde ahí ser capaz de activar otra plataforma emocional que desactive la anterior y por lo tanto poder pasar de un estado emocional desajustado a otro más ajustado a la situación que se vive. Es crucial darnos cuenta de que el cerebro racional o cognitivo no fulmina la emoción categorizada como inadecuada para esa situación (tal como dice Goleman), sino que lo que hace es activar otra “emoción antídoto” y es con la activación de esta nueva emoción como se inhibe la anterior. Por ello, la nueva emoción es la que sigue proponiendo lo que hay que hacer, aunque en este caso haya sido activada desde la razón. Un ejemplo lo tenemos cuando vamos por el bosque y de pronto sentimos miedo porque creemos que tenemos delante de nosotros una serpiente, mientras estamos en miedo no nos acercamos, ni nos atrevemos a pasar por allí donde está la supuesta serpiente. Si en ese momento nuestro cerebro cortical (cognitivo-humano) nos indica “es un rama que se mueve por el viento”, es posible que pueda activarse otra plataforma emocional como es la curiosidad o la admiración y, desde ahí, con esta nueva activación, el miedo deja de estar en primer plano y podemos tomar decisiones como acercarnos y averiguar si es un palo o no. Si al acercarnos comprobamos que es un palo, se activarán nuevas emociones como es la de seguridad o alegría y seguiremos nuestro camino. Reitero, aunque en estos momentos parezca que la hipótesis de Goleman y otros autores se confirma, que podemos regular las emociones desde el cerebro inteligente, en realidad de lo que nos hemos podido dar cuenta es que en el cerebro tipo I, la comunicación neuronal entre estos dos cerebros es recíproca. Lo que puede hacer el cerebro cognitivo es poder conseguir que se activen nuevos universos emocionales, por lo que el anterior se inhibe, pero no se inhibe por la actividad cognitiva, se inhibe por la activación de otra emoción y es esta nueva plataforma emocional la que en ese momento decide, recordemos: “la emoción decide y larazón justifica”. Ahora bien si nos encontramos en un estado global de inseguridad vital (Cerebro tipo II), es decir, en una constante en la que los universos emocionales se mantienen de una forma rígida como el miedo, la rabia, el asco, la culpa o la tristeza, en estos estados emocionales y debido a la relación 3:1 que antes mencionaba, se produce un tsunami emocional, de tal manera que el drive cognitivo no llega a las estructuras límbicas, ya que el drive emocional impide la opción de comunicación del drive cognitivo, y es ahí donde se produce el secuestro mencionado por Goleman. Desde el cambio cognitivo no se puede activar otra emoción antídoto a estas y, por ello, la gestión emocional desde la razón fracasa, necesitando tecnología que nos instale directamente en el cerebro emocional y desde ahí poder activar una emoción que nos dirija hacia un marco de 125 seguridad global (cerebro tipo I), en el que de nuevo la interacción y el balance entre ambos cerebros sea de vinculación plena. Por todo ello, el tercer error se encuentra en la no diferenciación de dos estados mentales globales muy diferentes, siendo posible en el primero (estado de seguridad vital global) la gestión de la emoción desadaptada desde la razón, ya que es posible, pero en cuanto el estado es de inseguridad vital global, el cerebro emocional secuestra al cerebro cognitivo, ya que entiende que es mucho más eficaz esta desconexión para la supervivencia. En este momento la restructuración cognitiva, simplemente, es imposible, ya que el cerebro cognitivo es incapaz de producir la activación de una emoción antídoto a la desajustada. Para estas situaciones tenemos que disponer (y en este libro lo vas a encontrar) de tecnología que consiga la gestión emocional desde la propia emoción. Un ejemplo lo tenemos en la metáfora del barco en alta mar. Si colocamos al barco como nuestro cerebro emocional y al capitán del barco como nuestro cerebro cognitivo- humano, en la mayoría de las ocasiones el capitán lleva el timón y de esta forma le indica al barco lo que tiene que hacer. Pero cuando aparece la tormenta de tormentas, es decir, un alarde de olas, viento y caos, lo que suele hacer el marino es poner el piloto automático y dejar que la mayor parte de la gestión la haga el propio barco, ya que en cuestión de saber flotar, es el barco el que mejor sabe lo que tiene que hacer, siempre que su diseño sea el correcto. Para nuestro cerebro, en situaciones de peligro vital, lo más eficaz no es que seamos inteligentes desde el punto de vista de saber elegir el pensamiento mas adecuado, sino que sepamos emplear la estructura que mejor se adapta a la supervivencia: “la emoción” y que seamos inteligentes emocionales, es decir, saber elegir entre todas las emociones posibles la mas adaptada. Más adelante te enseñaré cómo puedes gestionar tu emoción desde la emoción, pero ahora y por el momento, tal como menciona Carlos Belmonte (2007) en “Emociones y cerebro”, LeDoux nos indica varios principios a tener en cuenta con los conocimientos científicos actuales sobre el papel real de la emoción en nuestro cerebro. El primero, es lo que llamamos coloquialmente “emoción”. No se corresponde con un proceso cerebral separado e independiente, sino que es el resultado de múltiples mecanismos cerebrales que pueden ser distintos en emociones diferentes. Algo análogo a lo que ocurre con “la memoria” o “la inteligencia”. En tal sentido debe tenerse en cuenta también que los componentes conscientes de las emociones, que denominamos “sentimientos”, como la satisfacción, el honor o el amor, no son cualitativamente diferentes de las percepciones cognitivas como podrían ser la resolución de un problema matemático o la percepción de que el objeto en el que viajamos es un automóvil. Los mecanismos de procesamiento inconsciente que subyacen en ambos casos son diferentes, pero en los dos, la consciencia se produce cuando el mecanismo cerebral general del conocimiento consciente los capta e incluye en su función. 126 Un segundo principio importante es que los mecanismos cerebrales de conducta emocional, tales como los que se ponen en marcha durante el miedo, la búsqueda de alimento o el deseo sexual, aparecieron ya en estadios muy primitivos de la evolución animal y se han conservado en gran medida durante la evolución de los vertebrados, entre los que se cuenta el hombre. Las emociones conscientes se darían en aquellas especies animales que poseen consciencia. No es posible inferir si la emoción consciente que provoca una situación de miedo es percibida de modo igual por el hombre y un animal. No obstante, si los patrones de conducta que se evocan en tal situación, en el hombre y en la otra especie animal, son iguales o muy semejantes, podemos asumir que una parte importante de los procesos cerebrales que determinan tal conducta son iguales en ambas especies. La mayoría de los componentes de las respuestas emocionales se ponen en marcha de manera no consciente (plataforma de acción y respuesta emocional). Como especuló acertadamente Freud, la consciencia es solo la parte final de un sistema de operaciones cerebrales mucho más amplio. Hay que señalar, además, que al ser los mecanismos neurales de las emociones evolutivamente más primitivos que los de los procesos cognitivos, se ponen en marcha de manera inconsciente de un modo más inmediato que éstos. De ahí que los procesos cognitivos estén más sometidos a las emociones que a la inversa y que puedan, en determinadas circunstancias, verse avasallados por éstas. Las emociones juegan, además, un papel importante en la determinación de conductas futuras y sus trastornos pueden dar lugar a graves alteraciones del comportamiento, de carácter patológico. Finalmente, no hay razón para asumir a priori que los componentes conscientes de las emociones son más importantes que los inconscientes para lo que parece es el objetivo, en términos de la evolución de los seres vivos, de la aparición de los mecanismos cerebrales de las emociones, y que no es sino la supervivencia de la especie a través de la evitación del peligro de lesión corporal o muerte, la consecución del alimento y la reproducción sexual. En tal dirección, tan importante o más son la taquicardia o las actitudes motoras defensivas que se ponen en marcha con la emoción de manera automática y que ayudan decisivamente a la huida o la lucha del animal, como las percepciones conscientes de miedo. Pero si seguimos en este repaso de errores teóricos en el estudio de la emoción e intentando entender por qué hasta la fecha se ha colocado el vocablo de malo o peligroso a la emoción respecto a la razón, he llegado a una frase repetida, en este caso, por múltiples autores y que tiene que ver con el cuarto error teórico sobre las emociones: “La naturaleza ha querido que haya muchas emociones desagradables y pocas agradables”. La mayoría de los teóricos indican que existen 6 universos emocionales básicos: rabia, miedo, tristeza, asco, sorpresa y alegría, por lo que quitando el último, el universo de la alegría, todos los demás son desagradables para quien los vive, y seguro que para quien los convive. La explicación es que es más adaptativo sentir lo adverso que estar en 127 un estado emocional agradable, pero esto como podrás leer dentro de unas líneas es totalmente un error, es falso. Otros teóricos colocan un universo más, la culpa, como universo emocional básico y por lo tanto suman 7 universos emocionales básicos, pero esto no hace nada más que incidir en lo adaptativo que es estar emocionalmente en una emoción, diríamos, desagradable. Este mito o leyenda de la necesidad de estar en lo desagradable para subsistir, dejó fácil la sentencia de que el mundo emocional era un mundo negativo, malo, al que había que controlar desde la razón o el procesamiento humano, escuchándose frases como que “emocionarse es de débiles mentales”, “de gente que no se controla”, o como “para poder ser humano hay que tener a la emoción gestionada desde la razón”, de no ser así, seríamossolo animales y nada humanos. Si nos volvemos exquisitos en esto de razonarlo todo, lo mejor, sin duda, es permitir que nos dé la razón la ciencia y no la especulación o las creencias. Sobre emociones se ha escrito mucho, desde lo que debería ser, tendría que ser o nos gustaría que fuera, y esto es muy racional. La razón nos dibuja muy bien cómo deberían ser las cosas, cómo creemos que son o cómo nos gustaría que fueran, pero poco nos dice de cómo es lo que ocurre en realidad, ya que tal como indica Francisco J. Rubia “el cerebro nos engaña” y se refiere al cerebro racional, siendo un cerebro que si tiene que inventarse información, lo hace, ya que su peor enemigo es el vacío de explicación de las cosas. Para colocar a la razón como notario, hice una revisión de los filtros necesarios que se tenían que superar para que a un elemento emotivo fuera posible darle el rango de emoción básica (emoción primaria para otros autores como Antonio Damasio). A grandes rasgos, la teoría que propone Damasio (1994, 1999, 2000) se basa en los siguientes aspectos (Francesc Palmero en el volumen 6, número 13 de la revista R.E.M.E): 1.- Las emociones son definidas como patrones de respuestas químicas y neurales, cuya función es contribuir al mantenimiento de la vida en un organismo, proporcionando conductas adaptativas. Realmente, este importante papel de las emociones se fundamenta en el hecho de que las estructuras neuroanatómicas que sirven de base a los procesos emocionales son las mismas que se encargan de controlar y regular los estados corporales básicos mediante procesos concretos, tales como la homeostasis. 2.- Las emociones están biológicamente determinadas, siendo, por tanto, procesos estereotipados y automáticos. No obstante, la cultura y las experiencias e influencias que recibe un individuo a lo largo de su propio desarrollo, juegan también un papel importante. Dicha influencia se puede reflejar en el plano de los estímulos desencadenantes de una emoción, así como en el plano de la expresión emocional. Es decir, “la respuesta emocional, cuando se produce, está determinada por el genoma, la rabia es siempre rabia y la tristeza es siempre tristeza, lo que nos 128 diferencia es cuando dependiendo de la cultura, la costumbre o el aprendizaje activamos la rabia, la tristeza, el miedo…” (R. Aguado 2010). 3.- Damasio distingue entre emociones primarias, emociones secundarias o sociales y emociones de fondo. Las emociones primarias o universales según él son: felicidad, tristeza, miedo, ira, sorpresa y aversión/asco. Son las mismas que hace algunos años propusiera Ekman (1992a) y, en cierta medida, Damasio está fundamentando la propuesta en el carácter universal de las expresiones faciales de la emoción. Las emociones secundarias o sociales, también denominadas por Damasio “otras conductas”, son: vergüenza, celos, culpa y orgullo. Las emociones de fondo son: bienestar, malestar, calma, tensión, energía, fatiga, anticipación, desconfianza. La peculiaridad de este último tipo de emociones consiste en la naturaleza de los inductores, que suelen ser internos, y en el foco de la respuesta, que, esencialmente, es el medio ambiente interno del organismo. 4.- En cuanto a las estructuras neuroanatómicas implicadas en los procesos emocionales, de acuerdo con otros trabajos previos (Damasio, 1994; LeDoux, 1995, 1996), hay bastante acuerdo en cuanto a que el troncoencéfalo se encuentra implicado en prácticamente todas las emociones; el hipotálamo y la corteza prefrontal ventromedial parecen las estructuras que intervienen en la emoción de tristeza, aunque no intervienen en otras emociones, como la ira y el miedo; por su parte, la amígdala es la estructura implicada en la emoción de miedo, rabia y tristeza. La corteza cingulada anterior también parece jugar un cierto papel en los procesos emocionales, concretamente estaría relacionada con la consciencia de la emoción. Existe una cierta coincidencia cuando se habla del sustrato neurobiológico de la experiencia consciente de la emoción, proponiendo que la corteza cingulada podría jugar un papel relevante. Así, en los trabajos realizados por el equipo de Schwartz (Lane, Reiman, Axelrod, Yun, Holmes y Schwartz, 1998; Lane, 2000), así como por otros investigadores (Vogt, Finch y Olson, 1992), se pone de relieve que la corteza cingulada, que es una estructura sumamente compleja y con numerosas funciones, no sólo juega un papel relevante en la experiencia consciente de la emoción, sino que, además, esta estructura se encuentra implicada, entre otras funciones importantes, en la respuesta de dolor, en la conducta maternal, en el control autonómico, en los procesos de atención y en la selección de respuesta (Vogt y Gabriel, 1993). 5.- La ocurrencia de un proceso emocional seguiría una sucesión de eventos, que se inician, bien con la detección de un objeto o situación mediante la percepción a través de los receptores, bien con el recuerdo de ese objeto o situación; en ambos casos, el resultado es la activación de los núcleos del troncoencéfalo, el hipotálamo y la amígdala. Luego, estas estructuras liberan hormonas de varios tipos en la corriente sanguínea que se dirigen, por una parte, hacia diversas zonas del propio cuerpo, con lo que se modificará el perfil del medio ambiente interno, y, por otra parte, hacia distintas zonas cerebrales, tales como la corteza somatosensorial y la corteza 129 cingulada, con lo que se modificará la señalización de los estados corporales en el cerebro. Teniendo en cuenta esta maravillosa explicación de los filtros necesarios para determinar como emoción básica o primaria un acto emotivo y revisando a otros autores (Davis, Falls, Campeau y Kim, 1994; Kapp, Supple y Whalen, 1994; Li, y Stutzmann, 1996; Maren y Fanselow, 1996; Muller, Corodimas, Fridel y LeDoux, 1997; Rogan, y Staubli 1997), lo que encontré fue lo siguiente: 1. Tiene que sintetizarse un neurotransmisor o un grupo de neurotransmisores idéntico/s cada vez que la emoción va a surgir. Es decir, una emoción básica, para serlo, debe tener una base bioquímica única y singular, de tal manera que dicha emoción básica no puede activarse por bioquímicas aleatorias, sino que cada emoción básica tiene un sustrato bioquímico propio, estas bioquímicas se sintetizan en los núcleos modulados por el S.A.R.A. 2. Hay un compendio de estructuras límbicas que se activan para que suceda la emoción básica, distinta a las estructuras límbicas que se activan para que surja otra emoción básica. Por lo tanto, para que una emoción básica se active, debe activarse un substrato neurológico específico de esa emoción y opuesto al de otras emociones básicas. 3. Se produce una reacción psicofisiológica que coloca al mamífero en una plataforma de acción (conducta) en la que es fundamental: a. Cambios hormonales, distribución de la sangre, presión sanguínea, tensión muscular, parte del cuerpo más activada-prioritaria, ritmo respiratorio, cardiaco, incidencia digestiva, etc. b. Actitud motora, es como una orden que repercute en la posición del cuerpo y en la forma como se mueve el mamífero y se prepara para la acción para la que está posicionado. 4. Se manifiesta un nivel muy sofisticado, inmediato y dinámico de comunicación: a. Nivel de comunicación interoceptiva, es decir, el mamífero siente hacia dónde va la inercia de su acción (comunicación propia de la situación que vive). b. La comunicación externa a todos los mamíferos, en la que expresa con un lenguaje universal para todas las especies de mamíferos, qué es lo que siente en ese momento. 5. Una facie (cara, gesto) específica, ya que para cada emoción básica existe la tensión y distención de un mismo grupo de músculos y estructuras tendinosas del mamífero. Cada emoción básica tiene una cara distinta entre sí. Se considera por lo tanto que un acto emotivo es una emoción básica cuando, además de la activación de una biología y una 130 neurología concreta y singular, activa una plataforma de acción única, que conlleva una expresión universalinnata, un único estado motivacional-afectivo y un patrón de respuesta asociado que es relativamente estable a lo largo de distintas situaciones, culturas e incluso especies. Si no se pasan estos filtros, lo que estamos estudiando no es una emoción básica, podrá ser una emoción compleja, un sentimiento, una creencia, un hecho afectivo, etc., pero no es una emoción básica. La emoción básica está en el paquete genético del mamífero, es decir, no es aprendida, todos los mamíferos nacemos con este compendio emocional, posteriormente es la biografía de cada mamífero lo que le dice dónde tiene que activar una u otra, o si alguna no se lo permite, o si debe activar siempre la misma (epigenética). Por lo tanto, la rabia, por ejemplo, cuando se siente, la sentimos todos los mamíferos de la misma forma, pero lo que cambia es dónde, en qué momentos y con qué intensidad sentimos esa rabia. Por lo tanto, es fundamental con qué ladrillos construimos nuestra casa emocional, ya que si algunos de estos ladrillos no los tenemos en cuenta vamos a tener una casa pobre en material, pero si cualquier cosa nos sirve de ladrillo, posiblemente se nos caiga. Desde nuestra investigación (2005-2013), hemos conseguido diferenciar 10 emociones básicas, que en realidad son 10 universos emocionales básicos, ya que aunque ponemos una emoción como identificador, después hay matices y por ello es más correcto hablar de universo emocional que de emoción sin más. Estos 10 universos emocionales básicos son: rabia, tristeza, culpa, asco, miedo, sorpresa, seguridad, admiración, alegría y curiosidad. Como puedes observar, el mito de que el mundo emocional solo tuvo en cuenta informarnos de lo desagradable o peligroso no es cierto, ya que hay cinco emociones básicas desfavorables: rabia, tristeza, culpa, asco y miedo, que coinciden con los anteriores autores; una emoción que podemos llamar neutra o mixta, ya que quien la vive puede sentirse bien o mal, como es la sorpresa; y por último, tenemos cuatro favorables como son la alegría, la seguridad, la admiración y la curiosidad. Estas tres últimas inéditas, aunque es incomprensible entender la vida sin una plataforma de acción que nos lleve a sentir el control, a estar en paz, a tener la sensación de enraizamiento (seguridad), poder explorar, tener intereses, salir de lo habitual (curiosidad) o poder aprender de los otros, imitar, aprender desde el aprendizaje por observación de modelos o vicario (admiración). Antes de enunciar los elementos que componen los universos emocionales, tengo que explicar un concepto que ya he mencionado varias veces como es la plataforma de acción. Si seguimos los filtros para decidir cuantas emociones básicas existen, nos daremos cuenta de que se necesita un sustrato bioquímico y una activación neurológica concreta. Pues bien, aquí es donde se produce la respuesta psicofisiológica que coloca al 131 mamífero en una plataforma de acción que será el elemento nuclear de la emoción. Es decir, cada emoción básica tiene como soporte una determinada plataforma de acción que, podemos decir, es el componente motivacional de la emoción. Imagínate un ingeniero que tiene que diseñar los posibles movimientos (plataforma de acción) que tiene que realizar un coche para poder ser operativo. De esta manera, el diseño de un coche necesita que pueda sostener y soportar los movimientos de atrás- adelante, izquierda-derecha, círculo-zig-zag, subir-bajar, parar-arrancar, frenar-acelerar... Si le dijéramos a un ingeniero (naturaleza) que creara las plataformas de acción que los mamíferos necesitan para sobrevivir, ¿qué propondría? Seguro que la primera estaría cerca de lo que denominamos Ataque-huida. Fueron las primeras, ya lo vimos en el cerebro del reptil, y son las plataformas de acción básicas para la supervivencia, saber cuándo hay que atacar y saber cuándo hay que huir. Y ¿cuántas más?, bien, pues parece que la naturaleza ha determinado otras ocho plataformas de acción básicas enmarcadas en eje de opuestos: – Aversión-interés. – Permanecer-desaparecer. – Control-desconexión. – Imitar-reparar. En la tabla 1 te presento la plataforma de acción, la acción a la que nos lleva, las situaciones estimulares por las que reacciona y el universo emocional que activa. 132 En la tabla 2 incorporo algunas de las emociones que integran cada universo emocional básico. Entiendo cada universo como un indicador de intensidad, es decir, dentro de cada universo, existe el mismo compendio bioquímico (neurotransmisión), las mismas estructuras neurológicas, el mismo drive psicofisiológico y la misma comunicación, pero con distinta intensidad, siendo el nombre del universo emocional la emoción central en intensidad y por ello básica. 133 Sentirnos en miedo, rabia, asco, culpa, tristeza, sorpresa, seguridad, admiración, curiosidad o alegría, que son las diez plataformas emocionales básicas con las que nacemos los mamíferos humanos, da lugar a que la situación que vivimos sea de un color o de otro, independientemente de lo que nos digan el sentido común o la razón. TERCER MOMENTO: CEREBRO HUMANO O COGNITIVO Por último, presentemos al cerebro racional, cognitivo, humano. Con el desarrollo de este cerebro se ha podido evolucionar el lenguaje hablado y escrito, la comunicación por internet, hemos descubierto leyes físicas, controlado plagas enfermizas y se ha creado 134 tecnología energética y de desarrollo que nos han permitido entrar en la era cibernética. Hemos conseguido vivir en comunidad, desarrollar los derechos y los deberes de las personas, conseguir conceptos como el de libertad y democracia, transmitir de unas generaciones a otras conocimientos y domesticar seres vivos para poder alimentarnos. Pero a la vez, gracias a este cerebro multidisciplinar e integrador, se han desarrollado trastornos que hace años no sucedían como son los trastornos por estrés o aquellos que se producen por la dificultad para hacer un buen balance entre este cerebro y los dos anteriores. Aritz Anasagasti me dijo que lo importante para que el ser humano consiga tener un perfecto grado de integración biopsicosocial era comprender las leyes por las que “el cerebro racional nos separó y nos alejó del comportamiento animal, pero eso sí, sin perder de vista que gracias a nuestras emociones nos alejamos y nos separamos de las máquinas”. Este tercer cerebro surgió para poder mejorar la comunicación y el vínculo en la evolución de las especies, ya que los mamíferos, a pesar de tener capacidad de apego con sus crías, no tienen la capacidad de poder vivir anticipando el futuro o poder imaginar y, por lo tanto, diseñar en su mente una vida virtual más allá de lo que está ocurriendo en ese momento. La fantasía, el simbolismo, el pensamiento y la abstracción son solo posibles gracias a este cerebro. Esto proporciona un nuevo universo de comunicación tanto interno como externo, ya que podemos vivir los recuerdos o anticiparnos al futuro de manera virtual. Con el cerebro del mamífero solo se vive el presente, con el cerebro humano podemos retroceder, inventar y, sobre todo, prevenir, siendo esta capacidad la que ha hecho posible que creamos en los dioses, que podamos tener una historia o que podamos inventar y manifestar con el arte nuestras emociones. En este cerebro cortical podemos distinguir varios centros diferenciables en su función: El lóbulo frontal, siguiendo a Joaquín Díaz Atienza (2010), está dividido en tres áreas: • córtex premotor, • córtex motor primario y • córtex prefrontal. Todas estas regiones están íntimamente conectadas entre ellas y con otras regiones corticales y subcorticales (cerebro mamífero y reptil). Sin embargo, cada una de ellas presenta funciones específicas. El córtex prefrontal es la última estructura en desarrollarse, tanto filogenética como ontogenéticamente. Basándonos en características citoarquitectónicas y de conectividad, el córtex prefrontal tiene conexiones permanentes con estructuras subcorticales a través del circuito dorsolateral, orbitofrontal,cingulado anterior y cerebelo. 135 Por lo tanto, el centro que más importancia tiene en nuestro comportamiento es el córtex prefrontal, encargado del mando y control de todo el sistema cerebral y por lo tanto es nuestro lugar en el que se ejecutan las determinaciones a nivel consciente. Si recordamos lo dicho hasta el momento, sabemos que la información sensorial es interpretada en forma de código energético por el S.A.R.A., proporcionando la información para que se active la bioquímica adecuada en el tronco encefálico (plataforma de acción) que activa las estructuras neurológicas límbicas, que permiten que se engatille el drive emocional (universo emocional básico) y que posteriormente llega hasta el cerebro cortical y después de pasar varias centralitas en este cerebro humano, es comunicado al córtex prefrontal, que es el que toma una decisión ejecutiva ya consciente y por lo tanto enriquecida por todos los elementos evolucionados y antes referidos. El córtex prefrontal recibe, por lo tanto, información perceptiva y sensorial de experiencias pasadas, con todo ello decide qué es importante y qué no para ese momento, lo importante lo considera y lo que no lo es lo deja en “suspenso”. Todos estos datos son integrados en el prefrontal frente a objetivos a corto y largo plazo, siendo utilizados para regular la conducta inmediata y planificación de conductas en el futuro. Es aquí donde se desarrollan representaciones de posibles escenarios, prediciendo opciones, consecuencias y posibles alternativas, para determinar la decisión final. Por ello en esta regulación cognitiva de la información en el córtex prefrontal podemos encontrar: regulación de la atención, planificación, establecimiento de objetivos, estimación y manejo del tiempo, organización de estrategias, capacidad para variar si cambia algo de la situación, imagina, abstrae, resuelve problemas e integra la información socio-emocional en planes de futuro, regula la iniciación del movimiento, mantiene el rendimiento motor, pospone la gratificación inmediata, modera el arousal emocional, conserva estrategias de auto-alivio y modula el humor. Como puedes ver una máquina. Todas estas funciones, no obstante, se producen de forma continua cuando el sujeto se encuentra en el cerebro tipo I, ya que la gestión se realiza por vía descendente, es decir, la información por vía ascendente llega en su final al córtex prefrontal (y ya llega con unas decisiones tomadas) y posteriormente este cerebro inteligente permanece, cambia o modifica estas decisiones a través de su gestión. Pero como ya hemos mencionado, cuando la información ascendente acude como un tsunami, la gestión desde el córtex prefrontal ya no es eficaz, puesto que la información no llega a su destino, sucediendo el mencionado secuestro emocional (cerebro tipo II), ya que el propio cerebro emocional utiliza vías propias de comunicación entre sus estructuras, ignorando los circuitos habituales. Hay que resaltar la importancia que tiene la aparición del lenguaje hablado, escrito, digital, virtual, etc., en la evolución de las especies. Es quizás el elemento clave en la diferencia de la especie humana respecto a otros mamíferos. Poder hablar, escribir o crear formas de comunicación, que se pueden mantener grabadas en el tiempo, esto sí que es una verdadera revolución. La capacidad del cerebro cortical para poder gestionar 136 la activación emocional es fundamental para saber en qué grado de alarma o salud se encuentra el individuo y es aquí donde entra de lleno la verdadera gestión emocional, sobre todo en los momentos en los que el sujeto vive en un cerebro tipo II. CUARTO MOMENTO: ESPECIALIZACIÓN INTERHEMISFÉRICA Pocos tienen en cuenta la especialización interhemisférica como una evolución más del desarrollo filogenético de nuestro cerebro, sin embargo, es muy importante para nuestro trabajo en gestión emocional y por ello es fundamental para poder entender en su plenitud la gestión emocional. El hombre de Cromañón no tenía el mismo hemisferio izquierdo que tenemos en la actualidad, es más, cuando los bebés nacen tampoco lo tienen como cuando sean adultos, es a través de la maduración cerebral como se consigue el refinamiento y la diferenciación de ambos hemisferios. Si hacemos un análisis de ambos hemisferios, nos daremos cuenta que en el hemisferio izquierdo encontramos más sustancia gris que blanca, mientras que en el hemisferio derecho encontramos más sustancia blanca que gris. Esta diferencia se debe a que las estructuras en el hemisferio izquierdo son mucho más específicas y concretas en sus funciones, que las estructuras del hemisferio derecho. Hablamos de especialización en el detalle, en lo concreto, del hemisferio izquierdo y de especialización en lo holístico, en lo global, del hemisferio derecho. En el hemisferio izquierdo observamos menos sustancia blanca ya que las estructuras están conectadas entre sí teniendo en cuenta funciones concretas, y por ello no hay muchas conexiones entre estructuras alejadas ente sí. Mientras que en el hemisferio derecho ocurre todo lo contrario, encontramos más sustancia blanca que gris, por la cantidad de interconexiones que tienen estructuras muy alejadas, consiguiendo un gran desarrollo en el análisis global, holístico y total de las situaciones analizadas. Es tradicional la adjudicación al hemisferio izquierdo de las funciones cognitivas relacionadas con el lenguaje, en tanto que en el hemisferio derecho se adjudica el procesamiento de las funciones visoespaciales. Esta forma de plantear estas diferencias sabemos que es muy simplista, siendo más cercano a la realidad neurológica que el hemisferio derecho está especializado en resolver cognitivamente las situaciones novedosas, en tanto que el izquierdo en la rutinización de las representaciones y estrategias, incluyendo el lenguaje (Podell y cols, 2001). Hoy se entiende esta diferencia interhemisférica más de manera vertical que horizontal, es decir, teniendo en cuenta de forma permanente los circuitos de conectividad de ambos hemisferios por separado con estructuras subcorticales. Es más, la diferenciación tenemos que precisarla en el propio lóbulo frontal, ya que el frontal izquierdo está más especializado en los contenidos de la memoria de trabajo y de las demandas típicas de contextos específicos, en tanto que el frontal derecho desempeña un papel crítico en el ajuste de las respuestas del organismo para cambiar los estímulos 137 ambientales, de tal manera que el frontal izquierdo si se lesiona encontramos déficits relacionados con el lenguaje (producción de la fluencia verbal y lenguaje espontáneo), en tanto que las lesiones producidas en el hemisferio derecho se dan en el procesamiento visoespacial y en la comunicación no verbal. También podemos diferenciar en el prefrontal cómo mantienen un específico procesamiento emocional, según actúe su parte izquierda o derecha: los síntomas depresivos y ansiosos presentan reactividad en el prefrontal derecho, en tanto que los llantos y risas inmotivadas, indiferencia, euforia y los síntomas maniacos aparecen en el prefrontal izquierdo (Joaquín Díaz Atienza, 2007). Una vez realizado este pequeño resumen respecto a los distintos momentos de la evolución de nuestro cerebro, voy a explicar el quinto error, que afecta de lleno a nuestro objetivo con este libro, que no es otro que saber gestionar nuestras emociones. Para ello me basaré simplemente en la adquisición del lenguaje en el ser humano, ya que esta adquisición la podemos extrapolar a cualquier otra. Cuando el niño nace no habla. ¿Por qué? simplemente porque su cerebro no está suficientemente maduro para esta función. ¿Cómo el cerebro realiza su maduración? A través de la mielinización de las zonas que realizan las distintas funciones, de manera que las conexiones de aferencia (ida) y eferencia (vuelta) ya tienen plataforma de comunicación y, por ello, pueden comunicarse entre sí, además de poder tener las propias estructuras capacidad de acción. Hasta los primeros 8 meseses difícil que un ser humano mielinice el área de Wernike, que es la estructura fundamental para que el bebé pueda ir grabando el lenguaje en el que le hablan. De tal manera que si el bebé no escucha ningún lenguaje (nadie le habla) no hablaría nunca, tal como les ocurre a los sordos de nacimiento. Según hablamos al bebé y dependiendo del idioma en el que le hablamos, el bebé va grabando este idioma y lo hará como su idioma materno. Si un bebé recibe a la vez varios idiomas en este periodo, tendrá varios idiomas maternos, y será bi-tri-tretalingüe sin ninguna dificultad, pero para esto necesita que se le hable cotidianamente estos idiomas. Por lo tanto, el área de Wernike es como un disco duro donde el bebé va almacenando las palabras y la intención emocional de cada una de las expresiones que les envían aquellos que conviven con él. Durante un periodo de 6 a 9 meses el bebé escucha y graba este lenguaje, pero no puede hablarlo, el motivo es que las áreas que le permiten realizar su vocalización del habla, tales como las áreas de asociación motora, y sobre todo el área de Broca, aún no están mielinizadas. Piensa la repercusión de esta situación, el bebé recibe comunicación por un canal que él no puede utilizar, lo comprende, obedece, pero no puede expresar lo que siente. Posteriormente, cuando el área de Broca está mielinizado y se conecta con la ínsula y las áreas de asociación motora, entonces el bebé nos sorprenderá con sus primeras palabras, que posteriormente serán oraciones muy simples, para terminar hacia los cuatro años con un habla muy sofisticada. Pensemos en este proceso, es un tiempo en el que además de conceptos del lenguaje, el bebé graba con cada expresión que le dirigen comunicaciones que le indican lo que los 138 demás esperan de él, lo que está bien o está mal, lo que puede y no puede hacer, pensar, sentir y, sobre todo, lo que es él para los demás, esto es lo que realmente le comunicamos al bebé cada vez que le hablamos, y esta información también la graba, por lo tanto no solo graba palabras, graba conceptos sobre sí mismo, sobre su entorno, y esto se produce no por la función cognitiva que todavía no está madura, sino que se produce porque tiene un cerebro emocional totalmente maduro desde su nacimiento. Es muy probable que lo que el bebé dice después, cuando tiene su área de Broca mielinizada, es un eco de lo que le dijeron, y sobre todo lo que siente en sí mismo, es un espejo de lo que los demás le comunicaron que debería sentir, escribiendo su guión vital en base emocional, mucho antes que de forma cognitiva. Así es el área prefrontal, es un área estrella en la evolución, es un verdadero líder, solo que está completamente mielinazado hacia los 21 años, por lo que hasta entonces no podemos decir que sea un área que maneja la vida de la persona, siendo la base del quinto error de Goleman y de todos los cognitivistas. Es decir, ¿cómo podemos teorizar que el área prefrontal puede ejercer el mando de la gestión emocional, si no está totalmente maduro hasta más allá de la segunda década en la vida del ser humano?, pero sobre todo es que hasta los tres-cuatro años, no podemos decir que el bebé tiene una corteza cerebral muy madura, hasta esta edad su cerebro inteligente está muy poco mielinizado y por esto la pregunta ¿Quién lleva las riendas en estos primeros años?, ¿Desde dónde toma sus decisiones el bebé? Algunos teóricos cognitivos extremistas nos indican que el control cognitivo del bebé o del niño, lo realiza el cerebro cognitivo del adulto que está junto a él, y razón tienen, no lo discuto, pero aquí sí que me hecho las manos a la cabeza, ya que como el adulto sea un psicópata lo tenemos muy mal. No obstante, además del entramado cognitivo que rodea al bebé (adultos), las memorias que el niño guarda desde su nacimiento, o incluso ya en la época de gestación son, sobre todo, las memorias emocionales insertadas en sus estructuras límbicas, que sí esta maduro incluso antes de nacer, siendo el que está preparado para definir la mejor forma de adaptase, y en esos primeros años de vida quizás no se pueda decir que el niño humano tiene un comportamiento muy inteligente, pero es suficientemente capaz de comenzar a ir desarrollando los cimientos de su personalidad, adhiriendo a los distintos universos emocionales unos u otros estímulos, desarrollando una red neurológica de decisiones, que posteriormente, cuando su cerebro racional esté maduro y su córtex prefrontal esté mielinizado, elevará su capacidad al nivel del humano inteligente, pero siempre desde estas bases y memorias emotivas que tanto inciden en la totalidad de la persona (guión vital). Este quinto error es crucial, ya que la teoría cognitivista, y con ello Goleman, no explican el funcionamiento del ser humano cuando las estructuras superiores aún no pueden funcionar, porque no están mielinizadas (cerebro infantil), o si ya lo están, cuando la persona ha tenido un aprendizaje y con ello un compendio de memorias emocionales que le impiden conseguir el funcionamiento natural de un cerebro regulado por el córtex prefrontal (cerebro tipo II), y por ello se fracasa en la capacidad para 139 gestionar desde la razón. Solo si tenemos en cuenta la importancia en la toma de decisiones del cerebro emocional desde los primeros estadios de la gestación, seremos capaces de poder comprender nuestro funcionamiento como humanos, y sobre todo tendremos en cuenta la importancia de un buen aprendizaje en la inteligencia emocional desde los primeros momentos de nuestra vida. Por lo tanto, te indico que la teoría sobre inteligencia emocional, basada en Goleman o Gardner, explica muy bien cómo es lo que ocurre en el cerebro cuando estamos ante personas adultas, que han conseguido su maduración cerebral y que se encuentran en cerebro tipo I, pero poco se ha dicho y menos se ha trabajado para dar salida cuando más se necesita, en los primeros años de existencia o en el cerebro tipo II. Es fundamental conseguir realmente la gestión de nuestras emociones, y para ello tenemos que conseguir que esto ocurra sin la necesidad de trabajar sobre la razón, repito, para gestionar la emoción no deberíamos necesitar de la razón, ya que en numerosos momentos por mucho que razonemos, nuestra vivencia emocional no cambia, y por lo tanto nos encontramos en una encrucijada en la que, simplemente, no podemos, surgiendo la sensación de incapacidad. La teorización de inteligencia emocional explica muy bien lo que se debe hacer, pero no es capaz en la realidad de transmitir cómo hacerlo, y esto es un gran problema. Cuando se le dice al ciudadano que nuestros criterios de elección deberían estar gestionados por nuestro cerebro cognitivo, ese que tenemos en el área prefrontal, delante de nuestra frente, ya que es un cerebro analítico, racionalizador, gobernado por la lógica formal y el sentido común, solo se está trasmitiendo la ilusión como animales racionales de cómo nos gustaría que fuera, debería ser o tendría que ser el funcionamiento de nuestros criterios de decisión. Pero en la realidad, nuestro cerebro cognitivo no es el que gestiona nuestras decisiones, más bien su papel es el de evaluador, es un buen juez que indica si aquello que está ocurriendo tiene razón de ser, o simplemente está ajustado a razón dentro de una lógica analítico-formal, siendo un pésimo gestor para dominar el impulso emocional y por lo tanto para decidir cuándo realmente las cosas se ponen feas. Es el cerebro emocional el que decide y el cerebro cognitivo quien justifica o da significado a la decisión, y es solo cuando tenemos en cuenta esta ley, cuando podemos enseñar la verdadera gestión de las emociones. Por último un sexto error que va más lejos de hablar de una u otra manera, es denominar inteligencia emocional a “la capacidad para gestionar la respuesta emocional no ajustada a razón y cambiarla por otra emoción más adaptada o ajustada a razón, sin necesitar la gestión racional”, ya que si la inteligencia emocional, tal como indican Goleman, Gardner, Golstein, Bisquerray otros, es la habilidad o la capacidad para poder gestionar las emociones desde la estructura cognitiva, a esto no deberíamos llamarlo inteligencia emocional, sino simplemente inteligencia cognitiva, que precisamente es la que se mide a través del cociente intelectual. Desde el modelo cognitivo conductual de la psicología científica, el control de las emociones a través de la gestión cognitiva ya ha sido muy desarrollado y a esta habilidad se la dio el nombre de restructuración cognitiva, de tal manera que, si lo que nos indican estos autores es que seamos capaces de 140 identificar la emoción desadaptada y poder cambiarla gestionando desde la razón, para qué denominar a esta habilidad inteligencia emocional, si ya tenemos términos anteriores. Para terminar este capítulo en el que identificamos los errores hasta ahora cometidos en el estudio de la inteligencia emocional, señalo en lo que estamos completamente de acuerdo con Goleman, y que de alguna manera ya es una rectificación que hace éste y que se acerca a nuestro modelo, Goleman en su libro “La práctica de la inteligencia emocional” (1999) destaca particularmente las habilidades sociales referidas al manejo de las emociones en las relaciones, la interpretación de las situaciones y redes sociales, la interacción fluida, la persuasión, dirección, negociación y resolución de conflictos, la cooperación y el trabajo en equipo. No obstante en este segundo libro, analiza en profundidad las implicaciones de la inteligencia emocional en el mundo laboral y en la vida de las organizaciones, y entre los temas centrales destacan la distinción entre habilidades fuertes y débiles, ya no habla de jefe bueno y malo, pero sigue dando una distinción de importancia con el calificativo de fuerte o débil. Las primeras referidas a la capacidad analítica y la formación técnica, requerida en ocupaciones cualificadas, y las segundas referidas a las habilidades emocionales y sociales. Curiosamente, aunque habla de habilidades débiles, en contra de Goleman hoy sabemos que lo que realmente distingue a un trabajador, ejecutivo o directivo, no son tanto sus cualificaciones analíticas y su formación técnica, como su capacidad de poder manejarse en grupos, tener competencia en la negociación, manifestar posición de liderazgo, en definitiva, la valoración de las competencias y sus habilidades asociadas, como criterio diferenciador entre los empleados, ejecutivos o directivos estrella y otros. Desde el modelo de Vinculación Emocional Consciente®© (VEC), que he creado con la ayuda de Aritz Anasagasti y que con este libro podrás conocer y desarrollar para tu propia gestión emocional, tanto en la empresa, como en la educación, en el deporte o en salud mental, que no es tan crucial saber lo que tenemos que saber, sino poder llevarlo a la práctica. Sabemos que la capacidad no está tanto en los recursos técnicos, como en las habilidades de gestión de las emociones que se manifiestan en las actividades que realizamos. Cualquier actividad no solo necesita del dominio de la tarea, sino, sobre todo, precisa de la gestión de las emociones, no solo las personales sino también las de los sujetos que rodean a esa tarea. La competencia emocional, la consciencia de sabiduría y el liderazgo, son los pilares de cualquier gestión de una organización en cualquiera de los contextos: educativo, empresarial, sanitario o del deporte. Así, inteligencia es algo deseable, de lo que uno se siente orgulloso y que se asocia a competencia, facilidad y logro. Y que emoción se relaciona con los sentimientos, la pasión, la libertad y la posibilidad de sentir y disfrutar, con lo más característico y lo más personal de uno mismo, con lo más vital, y lo más humano y sin ser patrimonio de unos pocos, al contrario, siendo quizás el aspecto más democrático e igualador, ya que las ideas y los razonamientos son difíciles de sostenerlos en común acuerdo, si no 141 disponemos en ese momento de un estado emocional parecido o compatible con aquellos que nos rodean. Imaginemos que estamos hablando de cómo realizar un proyecto, el hecho de tener ideas contrarias no es negativo, incluso seguro que es muy enriquecedor, pero si esas ideas están expresadas desde el enfado, la rabia o el miedo, será difícil que los interlocutores se pongan de acuerdo y el proyecto salga bien. No son las ideas las que nos perturban, es más importante para la discrepancia la emoción con la que las vivimos y las expresamos. Tener conciencia de ti mismo y de las emociones que estás sintiendo, repercute de forma definitiva en la expresión y autorregulación de tu comportamiento, control de tus impulsos y, por ende, de la regulación de tu estado de ánimo. Para nuestra forma de entender la gestión emocional, el optimismo tiene más que ver con la capacidad de encajar y saber salir de la frustración, que con esa falsa psicología positiva que está basada en querer estar todo el día de buen humor y decirse permanente cosas que suenen bien. La mente positiva no está tan ligada a la autoadulación como al saber encarar, saber resolver y, sobre todo, saber convertir las vivencias en experiencias. Hablemos con propiedad En este apartado te ruego un poco de paciencia y que no desesperes por el conjunto de términos que voy a utilizar, sé que algunos son aparentemente enrevesados, pero si lo lees un par de veces, te darás cuenta que dominarás este argot y esto hará muy sencillo que puedas diferenciar conceptos como el de plataforma de acción, universo emocional, emoción básica, necesidad emocional básica, compendio emocional, sentimientos, biografía emocional, esquema emocional, estados de ánimo, humor, afecto, motivación, cognición, pensamientos o creencias, y otros que están ligados a la manera de gestionar nuestro universo emotivo tales como capacidades, habilidades, competencias, talentos y valores, en concreto la empatía, asertividad, autoestima, negociación, resiliencia, resolución de problemas y más conceptos que irán apareciendo. Las Plataforma de acción son las motivaciones básicas, ya conoces este concepto, es por así decirlo el primer estado que aparece y que nos mueve a colocarnos hacia una disposición respecto al contexto que nos rodea y que nos comunica, de manera muy rápida y global, con lo que nos está ocurriendo. La plataforma de acción podemos definirla como la posición que tomamos respecto a lo que nos pasa con el mundo. Es un estado pre-emocional y por ello pre-intelectual. Tiene mucho que ver con la respuesta biológica de nuestro organismo a la situación que estamos viviendo. En este momento aún no sentimos toda la expresión de la emoción, pero sí que se percibe toda la energía de la química que obliga a nuestros músculos y 142 cuerpo esquelético a prepararse para la explosión vital que es el drive emocional. Tal como ya has leído en la (tabla 1) las plataformas de acciones básicas y universales son: • Ataque-huida. • Aversión-interés. • Permanecer-desaparecer. • Control-desconexión. • Imitar-reparar. Tienes que recordar que cuando te encuentras en una plataforma de acción, solo dejas de estar en ella, si has realizado la acción o se activa otra plataforma de acción contraria. Como puedes observar hemos colocado las plataformas de acción en cinco ejes de opuestos, y por lo tanto en parejas, pero quitando el ataque y la huida, que es la acción contraria ante un mismo contexto estimular, el resto no son opuestas entre sí, por lo que cualquier otra tiene el mismo mecanismo antídoto que su pareja en su eje. Una vez te encuentras instalado en una plataforma de acción, tu organismo ya ha tomado una decisión, y aunque luego tiene dos filtros más para que esa decisión se convierta en acto (filtro emocional y filtro cognitivo), hoy sabemos que el mamífero que se encuentra en una plataforma de acción, tiene que hacer un control sofisticado para salir de ella sin que se ejecute el acto, y lo más sencillo para conseguirlo es simplemente activar otra plataforma de acción antídoto a la anterior. Cada plataforma de acción tiene