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HISTORIA
PE LAS
RELACIONES
INTERNACIONALES
PUBLICADA BAJO LA DIRECCION DE
PIERRE R ENOUVIN
Profesor de la Sorbona
Miembro del Instituto
TOMO 1
VOLUMEN JI
LA REVOLUCION FRANCESA
Y EL IMPERIO NAPOLEONICO
POR ANDRÉ FUGIER
Prole1or do ¡, F•culud de Letr" do Lyon
AGUILAR
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HISTORIA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES
DlRlOIDA POR
PIERRE RENOUVIN
Profesor de l• Sorbona
.Miembro del Instituto
TOMO 1
Volumen 1
LA EDAD MEDIA
POR FMNc;:ors L. GANSHOF
Profesor· de la UnJversidad de Gante
LOS TIEMPOS MODERNOS
POR GASTON ZELLER
Profesor de la Sorbona
Volum•n U
LA REVOLUCI9N FRANCESA Y EL IMPERIO
NAPOLEONICO
POR ANDRÉ FUOIER
Profosor de la Facultad de Letras de Lyon
TOMO 11
Volumen 1
EL SIGLO XIX
r. DE 1815 A 1871:
U. EUROPA DE LAS NACJONALIDADES
Y EL DESPERTAR DE NUEVOS MUNDOS
II. DE 1871 A 1914: EL APOOEO DE EUROPA
POR PIERRE RENOUVlN
Volumen 11
LAS CRISIS DEL SIGLO XX
I. DE 1914 A 1929
TI. DE 1929 A 1945
POR PIERRE RENOUVIN
BIB!i-IOTECA ;CULTURA E HISTORIA
filSTORIA
DE LAS
RELACIONES INTERNACIONALES
TOMO I
VOLUMEN II
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La presente obra se publicó originalmente en francés,
por la Li?rairie Hacl1ette, de París, con el título de
HISTOIRE DES
R.PLAT¡ONS INTERNATIONALES
. ;
S~GUNDA EDICION. 1967
DEPÓSITO LEGAL, M. 10.926.-1967 (!-2)
O AGUILAn, S. A. DE EDICIONES, Juan Bravo. 38, Madrid (Espafia), 1967.
Resuvados todos los derechos.
Printcil in Spain, Impreso en Espnña por Grilficas EMA, Santa Alicia, 25, Madrid.-1967.
INDICES
DEL TOMO I (VOLUMEN II)
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INDICE DE MATERIAS
LA REVOLUCION FRA?.¡CESA Y EL IMPERIO NAPOLEONICO
Par /\ND,RE FUGIER
fNTRODUCC!ÓN.-RELACIONES Y CONTACTOS MUNDIALES EN VÍSPERAS DE LA
CONMOCIÓN ................................... · ...................... , ..... Pág, 795
Regiones incxplorndas.-Civilizucionc:¡ ·cerradas: el Islam y el Extri;:mo Oriente.-.
Europa y et mundo: exploración, exo~isrno, capitalismo.-..-Potcncia de Europa·
riqueza, legislación- y ngrupncioncs.-fucr~as francesas en 1789.
LIBRO I.-La conmoción rev.olucionaria:
CAP. !.-RUPTURAS REVOLUC!ONARlAS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 805
l. VIC'.fas y tturnia.r rutas cm Oriente, pás .. 805,-La decadencia turca, tema tradicional
de Jos gobiemos europeos: juego cj;lsico de las diplomacias en el conflicto auotro-
lurco de !787-1792.-Inglaterra pe,cibe el impulso ruso hacia Oriente.-Los pueblos
crisl{anos súbditos de los turcos. ~uavampntc conscientes de st mismos.
H. Europa }' "los disturbios de fnwcia'\ pág. 810.-Temn de la Francia impotente.
anulada en el exteríor, paralizada ~n el interior.-Tema de la Francia pcligro.<ii:
divagación sobre su cu1tura; pclÍgrps p~ra In Iglesia, para los fundamentos de la
soberanía monárquica, para los prlvil,giados y los ricos.
I!I. El mundo germánico y la Rerolución, pág. 817.-Reacclones regionales de la
hostilidad austríaca a las reservas prusianas y a las simpat!as renanas.-Carencia de
fuerza rcvolucíonarin en el pueblo; una burguesía interesndn, pero pasiva: ia misión
ycrmúnica se sitúa en el dominio dc1 cspírhu.
IV, Declaración de guerra (10 de abril de 1792), pá~. 823.-Prusia y Austria, en el
centro del conflicto; sus fucrzns y sus debilidades: su reconciliación.-Factor.cs de
guerra en Francia. La marcha a la. guerra: táctica de intimidación en Viena y corriente
belicista en París; la guerra de Austria.~ibliogra/ía.
CAP. lf.-EUROPA EN GUERRA
I. La guerra de Po/auia (/792), pág. 832.-Bases de la fuerza rusa.-Cata1ína Il, la
Revolución francesa y Polonia; Jas Cortes germánicas y Polonia.-Esfuerzo de rcgc~
ncración en Varsovia; et peligro -ruso; Polonia. ocupada.
JI. El dobic frente ge1·mdnico (1792-enero de 1793), pá~. 837.-Acuerdos austro-pru-
sianos de 1792.-EI frente de Francia: Valmy, el despliegue jacobino.-El frente
1polaco: tratado pruso-ruso y segundo reparto.
III. Inglaterra interviene "' el co11flicto (febrero de 1793), pág. 845.- Fuerza Y
dependencia de Inglaterra; seguridad marítima, dogmas sociales, abaslecimionlo Y
proletariado, banca y marina.-Disputa sobre B¿1gíca; ruptura.
IV. El Continente, en guerra (prl11cipios de 1793), pág. 852.-La expansión revolu-
cionaría: anexiones y programas.-Mentlllidnd española y mentalidad revolucionaria:
frentes de Ja potrtica española; ruptura con Francia.-La primera conlición.-
Bib/iograffa.
832
XI
XII INDICE DE MATERIAS DEL TOMO I (VOLUMEN 11)
CAP. III.-LAS LUCHAS DE LA REVOLUCIÓN
I. La Europa contrarrevalucionan'a, pág. 860.-Resquemorcs sociales, rctisiosos,
humanitarios; los doctrinarlos; ,Burke y Gcntz. Hostilidades popujares.-Los ejércitos
de las monarquías, '
II. Francia, sitiada, pág. 865.-Irrupción concéntrica de los colígidos; la Revolución
"nacionaliza" la guerra: dcfensiv,a de 1793. Contraofensiva del vqrano de 1794.
III. G1ietas en la coalició11 (17/}5), pág. 870.-La diversión polaca: la insurrección,
el tercer reparto.-Las p~cc1 co.q· Fancia: Toscana en~París, Prusiq en Basilca, Halan.
da en La Haya, España .. en B»ilca.
IV. La paz continental (1797)¿ pág. 875.-Reagrupamienlos.-ltaiia, en el centro
de la batalla. La viclori.a de Bpnaparte; Austria firma los prcijminarcs de Leobcn
y la paz de Campo-Formjo. ,
V. El antagonismo fra~ca-lngl~s •. pág. 882.-Inglatorra y el copflicto; prosperidad,
dificultades de bloqueo y crisis ~octal en Irlanda.-Políllca cconóQlica del Directorio:
el proteccionismo y la ~onquist~ industrial.-Fracaso de las conversaciones de Lila.
VI. La segunda coalición (17981, pág. 890.-El Directorio y su política de ovasalla-
mlc:::nto ccoQórnico; Suizii.-La >pxpedición de Egipto enciende de nuevo la guerra:
turcos y rusos.-Roma ·y Nápplcs, bajo la dominación franccsa.-Austria. en la
coatici6n.-Retirada y d-::tencion~s francesas; regreso y advenimiento (noviembre de
1799) de Booaparte .-Bib.fiagra/í~;
CAP. IV.-PACIFICACIONES (180!-1802)
I. La paz de Austria (/cbr.ro de 1801), pág. 898.-Dificultadcs económicas y
ambiciones de Austria.. ~u dcrrgta en Marengo; primeras conversaciones. La paz; de
Luncviilc: arregios itali~aas y ,aiemanes.
U. Can;u11cia11es /rancq-rusas, ·pág. 904.-Los intereses comunes de las '"potencfa~
limítrofes" se separan: .Odcnte 1 Malta. Acción común sobre Pablo I. Colaboración
encubierta bajo Alcjandr.o J; li\ triple paciCicación de octubre de 1801. ,:·
UI. Los tronos de los Barbon<S, pág. 909.-Su inmutable po1ítica dinástica: Madrid,
NápoJes y Florcncia.-Espnña y Portugal; a Bonnparte se le escapa ci rehén
portugués.
IV. La t!Conamia inglesa y la pai;, pág. 914.-El capitalismo, Ins jerarquías sodalc:-
y los asuntos poi(ticos. Crisis y deseo de paz.
V. La paz de Amiens (27 de marza de 1802), pág. 919.-El cmpuic de los neulralcs;
su tráfico marítimo: problemas y conílictos.-Prcliminnrcs de Londres. Pnt de
Amicns.-Conclusión.-Bib/io¡¡ra/la.
LIBRO II.-La guerra napoleónica:
CAP. V.-Li\S COMPETENCIAS DE LA PAZ (1801-1803)
I. Hacia las compeicndas t!Conómicas, pág. 931.-lngiaterra descam;.:;i.-¿Son aptas
las nuevas estructuras sociales francesas para las rivntida.dcs económicas n que ln.i;
impulsa Bonaparte?
II. Nuevas Alcmanias, pág. 935.-El retroceso germánico. Austria, debilitada. Elzar refuerza sus puntos de apoyo dinásticos. Bonaparte refuerza y agrupa el tercer
partido alemán. Fin de las antiguas jcrarqu(as.
III. Líneas francesas de fuerza 1 pág. 939.-Bonnparte y el concepto de frontera
cubierta: gobiernos satélites en Italia, Holanda y Suiza. Guarniciones. puertos, rutas;
economías feudatarias.
rv, Opo.Jicio11e.J comerciales, pág. 942.-Lucha de la5 industrias por ln!ii salida5;
protcccionísmo francCs. La carrera por los productos tropicales; problemas de las
Antiilos.
V.· Fracaso de la paz (mayo de 1803), pág. 946.-Bonapai·te, visto por los dirigentes
y la prensa bdtánlcos.-Rusia se pasa al campo Inglés y modifica Ja bnlnnzn de
[ucrzas.-Rupturn frnnco-ínglcsa.-Bibliagrafía.
860
898
931
INDICii DE MATEIUAS DEL TOMO I (VOLUMEN {l)
CAP. V!.-LAS COALICIONES RUS~S (18¡J3-1807) ............................... ..
I. Diplomacia de la gitorra nayal, pág. 954.-La Luisiana, vendida a !os Estados
Unidos.-Colaboración marítima cspañ.ola.-Repercusiones del conflicto naval en
Italia.
11, R11sla, centro de la tercera coallc/6n, pág. 958.-Cuc·stión franco-rusa. El zar
tiende in mano a Inglnlerra y ~ Nfpotes. Obliga a las reticentes Suecia y Austria.
III. La derrota austriaca (1805}, pig. 964.-Vacilacioncs prusianas. El arma de la
prensa y de m propagan¡Ja en la lucha ppr las alianza, aiemijnas.-Trafalgar y Auster-
litz.-Pnz de Prcsburgo ¡ vigías bi\varo~ e italianos n Jas puertas d.e Austriñ.-
IV. El aplastamiento efe Prusí~ (/806)., pág. 968.-EI bloqueo napoleónico llega al
estrecho de Mesiaa y at centro- de Alemania. La coalición vacila. ·Prusia, animndn
por ei zar, se compromete ; cu~rta ! co~lición : Jt:na.
V. Repartos franco-rusas: Ti/si( (1807); pág. 973.~Alcrta en los Pirineos. Esclavitud
de Prusia.-Frícdland. Doble dcvolució!,l: Tilsit, equilibrio de los imperios.-Biblio-
gra¡;a. " ~
CAP. VII.-EL BLOQUEO (1806-1810)
I. El derecho de bloqueo, pág. 979.-.):.a flota inglesa ocupa las fuentes de las pro-
ductos coloniales, y Napoleón tns cos(fls.-Cnmpaña de opinión en el Continente;
periodistas y economistas nlem~pes; lq_s juristas y los problemas de derecho marl-
timo.-El diálogo de los decret_ps,
U. Economfa británica de bloyueo, ¡:;ág, 984.-Fínanzas, abastecimiento, importa-
ciones.-La cuestión de los n4_utrnles/
III. La estrategia napoleónica <./el blaq¡¡eo, pág. 988,-Economía dominante y ccono-
rofas dominadas; bloqueo y sjstcma.7Aduaneros, adunnns y estrategia nduanern.
Porítica de carreteras; circulació"n del ~loqueo.
IV. Balances, pág. 994.-En la .esenia ¡Je un continente, España y el bloquco.-Mapa
del contrabando Inglés. Crisis y ·benefi~!os en Ingluterrn.-Industria. fr:mcesu e indus ..
trias vasallas,-La nueva polítícq <101 bloqueo (1810).-Bib/lograf/a,
CAP. VJII.-NAClONALIDADES E IMrER!O ........................................ ..
L Resiste11cia de fas naciones ibt!ricas (1808), pá8. 1003.-Napoleón, el hombre de
la Revolución, y los valores ibéricos.-Los Barbones, destronados.-La guerra de la
Península: su impronta en el siglo XIX· español.
U. Patriotismo austriaco (1809), pág. 1008.-Entrevísta de Erfurt.-Austria organiza
unn propaganda patriótica moderna: órganos y temas.-La guerra y la derrota;
1u paz de Viena.
III. Alemanes e italianos, pág. 1013.-Reagrupamiento de territorios.-Bases sociales
de los nacionalismos.-Ambientes de negocios, de gobierno y oficiales.-Romanticis-
mo, idioma y nacionalidad.-El nuevo patriotismo prusiano.
IV. El despertar de Polonia y de los Ea/canes. pág. 1020.-Ducado de Varsovia y
nacionalidad polnca.-Moldo00valacos, servios y montenegrinos; guerras rus.o-turcas
(1806-1812); despertar de ms cristianos.
V. Unificaciones Imperiales, pág. 1025.-EI territorio napoleónico, acrecentado por
el retorno de los suecos y el matrimonio austríaco: estructura político del Gran lm·
1
perio.-Fuerzas sociales de unificación y resistcncin.-Constituciones, códigos Y mo-
dornizacíones.-Bib/iograffa.
CAP. IX.-VUELTA A LOS EQUILIBRIOS ........................................... ..
I. La victoria rusa (1812), pág. !036.-Rusio. bajo la "esclavitud de Tilsit'.';
corriente viejo-rusa y nntioccidental.-Oposición franco.rusa ante el bloqueo; Prtl9Ia,
Po1onin, Oricntc.-Europa, encnrriladn; Suecia, Prusia~ Austria..-El desastre napa ..
lcónico.
!l. La /iberaci6n germániw (1813), pág. !043.-Desconcicrtos prusiano, austríaco y
alemán.-Del Vístula al Rin.
Xlll
954
979
1003
1036
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XIV INDICE. PE. MATEIUAS IJl!L TUMO l (VOLUMl!N. 11)
III. El triunfo do Europa (l~U), pág. 1048.-Conflictos entre los objetivos de
¡¡uerra de los coli¡¡ados.-Caída de Napoleón.-Lo paz de lu legitimidad: París, 30 de
mayo de 1814.
IV. Europa on Viena (1814-1815), pág. 1052.-Inglaterrn se reserva los reajustes
mnrítimoi,-Dc:sde Jos primerps contactos en el acta .final del Cqngreso de Vlena
(9 de junio de 1815); la atmósfera; "Europdertum" y equilibrio. Lo,s agrupamientos:
saldos de cuentos polacas y plcmanos.
V. La última batalla (1815), pág. 1060.-Nnpoleón regreso de I~ Ma de Elba.-
Austria se aprovecha pnra coqsolidarsc en Itnlia.-Nn.poleón 1 11fuera de lns re1ncioncs"
europeas; Waterloo,-SegundQ tratado de París (20 de noviembre de 1815).-Conclu-
!ÍÓn.-Bib//ografla.
LIBRO III.-Corrientes mundiales:
CAP. X.-CORRIENTES EUROPEAS .................................. ! •••••••••••••••••
l. Vinculas rspirltuales, pú9, 1073.-Fin de la crislinnú11d corrnda: 'auge de la•
misiones europeas. lntensidqd de In centrnllzución en 111 lglesin cntálicn.-Unn corriente
humnniLarfa mundia1: tn JÜct¡a co,ntra Ja trnta de negros.
II, Contactos intdectuale{, pág. 1073.-Tierrns cosmopolitas y mediadoras: Alemu-
nin, Suiza. Roma.-El fr;mcés, vinculo cultural.-La prensa europea, órgano de
unión intemacíonal.-Trasl~dos d~· obras de arte.
IIL Transferencias demográficas, pág. 1085.-Lns moviliznciunes militares; las pór·
didas.-Corrientes de emigfaci6n, fusiones y nmnlgamns.
IV. Trasiegas de la guur.a, pág. 1089.-Cambios e influcncins de tas técnicas mili-
tares.-Los ejércitos fransescs. v,!'hfculo de las ideas de imperio y de igualdnd
social.
V. La economla mropea )' ti mundo, púg. 1094.-Europn impera en el orden del
pensamiento económico: el conocÍmíento cit:ntífico, instrumento de dominio.-Euro~
pn impera en el orden de In acción económicn: cupitnles, compuñíus de comercio.,.:-
Blb/lografín. -·
CAP. XL-EMANCIPACIÓN DEL NUEVO MUNDO
l. Los Estados Unidos, potencía Internacional, pág. 1100.-Fuerza de expansión
de los fütados Unidos.-Las guerras europeas hacen su fortuna: flete y provisiones.-
Beneficios y riesgos de Ja ascensión política : Incorporación de Luislnna (1803), lu
guerra con Inglaterra (1812-1814),
II. Liberaciones en la América espariola, pág. 1107.-Rnzas, ideas e intereses en
las tendencias 1eales, liberal y separatista. La conmoción de 1808.-Los levan!ll-
mientos de 1810: primeras independencias: El Plata.
III. Nuevas corrientes de la economla americana, pág. 1114.-Nuevas rutas en .el
Atlántico Norte.-El tráfico nntillnno y la guerra.-Corrientes nacientes hacin Amé-
rica del Sur.-Blb/iografía.
CAP. X!I.-!MPERIO DE EUROPA SOBRE EL VIEJO MUNDO
I. A.frica, pág. 1119.-0cnso del Islam occideatal.-Egipto y In ruta de 1a India.
U. A•ia y el poderío blanco, pág. 1121.-Impulso ruso hacia Persia: reacción
inglcsn.-Ln India es el eje del Imperio británico: consoiidncioncs y conquistas.-
Los blancos y los grnndes Imperios cerrados de Extremo Oriente.
llI. El camerclo de Asia, pág. ll29.-Tráfico ruso-chino.-Competencias en .Jos
mares de China y de fa India.-Corriente de1 metal platn: intcrcnmbios en Cantón,
Java y la India.-Conclusi6n.-Blb//ografla.
CONCLUSIÓN
1073
1100
1119
1135
INDICE ALFABÉTICO DEL TOMO I (volúmenes I y II) . .. .. .. .. . .. .. .. .. .. .. .. . .. . 1143
INDICES DE MAPAS Y PLANOS
Testimoniamos aquínuestro reco¡¡ocimiento a los autores y editores que nos
han autorizado a inspirarnos en sus mapas y estudios originales
l
20. EL RIN EN 1792 ....................... ~ ................................... Pág. 841
21. EL MUNDO DE LAS AN\ILLAS Ef'I }803 ................. '...................... 915
22. Los ALPES, EL Po y EL ADRIÁ,TICO I:N m. VERANO [)f: 1805 .. .. .. .. . .. .. .. 957
23. EUROPA CENTRAL Y ORIENTAL Etl 1810 .......................................... 1029
24. 0RJENTE CERCANO Y 0RIENT!f MEDlO A PRINCIPIOS DEL SIGLO X!X • .• • 1123
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RENOUVIN I.-50 .,
LA REVOLUCION FRANCESA
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Y EL
IMPERIO NAPOLEONICO
POR
ANJ)RE FUGIER
Prof~1or de l.i Faculud de lctr:u de Lyon
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TR¡\DUCCION DI!
J. A. FONTANILLA
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INTRODUCCION
RELACIONES Y CONTACTOS MUNDIALES
EN VlSPERAS DE LA CONMOCION
Al finalizar el siglo xvru,..,~ún gran _parte.--de,.;.la .. :humanidad perma·
necía ·aísfücfa. de las· ·corrient~.s Y' fasrélaciones · intemacionaies, y el
mundoyivía dividido en agrµp¡iciones separadas. ..
-c;lJ~ ..... ~lf~9!~.JQ,nid.~[plá·n·· et. á;.' co~tiB.lia:ba~:~iendó. ~a bi tada•.por,ig~1:1.P.?Sí
~~~~l'fi-.~g~~.i§qs, a l~s_9.~e .. ro~e3.ban · y aislaban; . bá:baramente, los
0 .,~_1.¡,, . ol5Stáculos,·naturales: .ocearn;i.s, dt1)1ertoo, selvas y montanas. Tales eran
U · 1:~
111
.. s ~oblaciones de lo~ arcJl!-piélagos oc~ánicos, de inmensas regiones
., americanas y de la casi tota,1idad del Afnca negra. ----:-- '-·, . . ..::.:.::
! E;ñ.~,t?~os~:Ng~$.;::se hafü~ban1·":P?r· eh-c?ntra~6;(~yilizaéfonfr P_otent~s1
f, q1J~:.;1mpheaban,.grandes~.agl9111er~c1ones"~numanas, pero-,que-pod1an ce·
(: . Q;,:·M'-"~' rrai,;s~. Y, aislarse a };'.9Jun~d.'·~n .aq.ueU~ ,i;nomentos era cuando:· ~l mun~
\ ''' º t· •1 do 'J!~i)slam,.,;'.··~el;J.~laII1 oq:1cJental, pnnc1pain:ente-sentía, rev1v11::._Y-~-::·~' /fl:"' v;i el·espmtu de fa. guerra ·santa, \La ola de fanatismo proced1a de r:A:rabia~ ,
'.J.Sv' ·' donde~ Móhamed B. Abd-el-Uahab (y después de su muerte, efi~+792, 1
1\ 1 sus discípulos, los uahabita~) predicó una fe ardiente y conquistadora,
l
. 'f<:w-'''1' desembarazada de las idol¡_¡.trías' locales. Argel mantenía ciertas rela·
ciones comercia:les ·con los ip.fieles, pero siempre en un ambiente de
hostilidad que se manifest,'l.bq, permanentemente, por los corsarios del
Mediterráneo y, a intervalos, por algún bombardeo de represalias rea-
., ,~)izado. por una flota europea (en 1783, por España). La intransigencia
\_,v .. · uahabita penetró en Marruecos, .donde un sultán prudente y deseoso
l de engrandecer su imperio por medio de la paz, Sidi Mohamed B. Abdallah, soñó, hasta el fin de sus días (1790), con un Islam puri-·f'ficado y fortalecido, y no conservo con los cristianos sino las relaciones
"económicas indispensables. En _1790, su sucesor, Muley Yazid, proclamó
la guerra santa contra España.
Las grandes civilízaciones del Extremo Oriente no mostmban d!spQ-
1·v1·,Ó' siciones inas propicias a: cambios y contactos. ·cierto. es que el0apón'1
( se abría~ más· ari:ir)Jiaril.ente a· las influencias extranjeras .. llevadas Por los
comerciantes·.holandeses; pero estos eran los únicos que podían comer·
ciaJI con el imperio y por un solo puerto, en pequeña .e~cala· y con una
severíSíma vigilancia. Del mismo modo regulaba( China) el tráfico que
toleraba con los blancos y con la India. Sus propios· ·barcos eran activos
y numerosos, pero no pasaban del estrecho de Malaca. A partir de las
decisiones, poco acomodaticias, de Roma y de la supresión. de los jesuitas,
a los cuales no podían reemplazar los lazaristas, la influencia de los
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796 TOMO I.-REYOLUCION FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
misioneros cristianos en los medios gubernamentalc:is chinos había bajado
mucho. Poco antes de la mtj.erte del emperador K'ien•Long, en 1796,
se inició la persecución ~contr~ las misiones europeas, que no tardó en
destniir el mejor lazo iJ.1telectµal y científico que existiera entre las dos
grandes civilizaciones m\Jndiales.
E1!ropa volvía sus ojps, con interés, hacia aquellas comarcas, mal co- ! ¡¡/
nacidas o deliberadameri,te ce!'radas ; e incluso. durante las grandes gue- i ¡
r:as revol:ti_ci~rias y n~p.oleqnicas, n? _cejaría en su esfuerzo de explora- 1
1
¡
. 1<!º1;J.,,A ~ªE:!ª-'> se encai¡:unari;in los via3es de Marchand. (~ ?90-1792~ y los ·
de Entrecasteaux, que en 1792 y 1793 buscaba a la mlSlon La Perouse,
desaparecida en 1788. El mapa de las .e_@_~_ a]lstraliaiiM'l fue trazado
por Flinders, en 1798::J.8ü'.2hy por.BaudJJJ, eñ 1800-1804; en 1788,
Arthur Phillip J.1:1n_dó á._Sidn,ey.) En ~~~pir.i::i.s)y en las costas americanas,
España impulsó las investigaciones de marinos emprendedores y dotados
de una excelente formación científica, tales como Bustamante y Malas-
pina_ (1789-1794). Apoyado por las autorid<!sJ.C:S y_ _ _por el vivo interés
de la población LTiolla, José Mutis .expkfró ·los Andes/ en competencia
con Alejandro de Humboldt (1799-1804}~-- En 1798 Mackenzie llegó
al Pacífico, atravesandq América del Norte) Mungo Park, enviado p_Qf
la African Association en: 1797 y 1805, penetró el misterio deLNígeri
medio. El-esf1,1erzo de_ contaeto "con·_ el mundO: ªJ:llatillO: foe,-csin-nili:glin
g_é_l!~ró ae:-:ducra:-·ofaa~ 4~ Rusia, qm:,-por'füeéfíó':áe:-la ruta -aé~;Kíáklita
para.:.:.:(;iiivanas, maiüeri\a comercio con. él, disp.utó · a-_China:Jas":;estepas
situadas~ erifre :zungari::i_,y éSemip-álalinsk;. e hizo·· cte· Orénburgo una base · ·
para vigilar a los kirguises y""un'"centro de informaciones desde donde
lanzaba su penetración política y económica hasta Bukara, Kiva y los
kanatos del Asia central, así como hacia Persia y la India.
Esta curiosidad de Europa por las tien-as lejanas se explica, en parte,
por ia;i tendencias intelectuales del siglo. El entusiasmo por lo exótico
no había dec~fqo-'· de.~de que Yoltaire introdujo en la historia el estudio
de las civili:Zicfones más lejanas; desde el momento en que a los escri-
tores se les ocurrió situar a sus personajes en un decorado tropical, y
a los fisiócratas encomiar la civilización rural de los chinos. Además,
la hostilidad que la opinión europea mostraba hacía sus propias insti-
tu~iones, redundó en favo.r de las instituciones ajenas. El exotismo sa-
tisfacía ·eCdeseo afectado, que suele mostrarse, de huir de los países
demasiado VIejos y que daba un matiz de significación política a la
leyenda del "buen salvaje", que, de este modo, conservaba todo su
influjo, aun en vísperas de la Revolución. En 1782, La Découverte
australe, de Restif de la Bretonne, exaltó la república de los metapa-
gones; y la Histoire des Révolutions de Tahiti, por Poncelin de la Roche-
Teilhac, las costumbres oceánicas. También era político, y de oposición
al espíritu monárquico, el "espejismo americano" que sedujo a Francia.
Las .respuestas afluyeron a los concursos que la Academia de Ly.on o
INTRODUCCION.-RE!-ACIONES Y CONTACTOS MUNDIALES 797
la de Juegos Florales de Toulouse abrieron, acerca de los Estados Unidos:
así, en 1786, .la de Condorcet: y en 1787, la del marqués de Chastellux,
que fue combatida por Brissot. En 1788, se entabló una polémica en
torno a los artículos que pu:blicatia Mallet du Pan en el Mercure de
France, y en los que criticaba las ip.stituciones de la joven república.
Los abusos a que dio lu~ar, en las· tierras .lejanas, la presencia de
los blancos, parecían intoleraljles .p;:u:a: .una Eu¡opa animada de un deseo
creciente de reforma y regencraciqn.iEn 17J~8;' se fundó en Lóndres la
Afr_icmz Assodation "Pi!-~~· eo::¡:¡1-o~~r ~1- interior-~e A.frica",_ porque Jos
- a®i<sela..-WstaS?9ese3!ban_coI!QQ"e+-bi~nJá. trata de' negros, para <:_o_mbatírla .
Persistía el éxito de la Histq_ire pbilosophiqu.e et politique des Etablis-
sements et du Commerce des" Eurqpéens dans les .deux lndes (cuya edi-
ción definitiva apareció en 1180), ~n que Raynal denunciaba los abusos
del colonialismo, y de la cual se sµcedieron, hasta 1795, numerosas edi-
ciones .. unas treinta reimpresiones,' varias imitaciones y traducciones in-
glesas, alemanas y españolas. Condorcet, en sus Réf lexions, publicadas
en 1780, atacaba la esclavitud. Los esclavistas respondieron con las
Lettres critiques de Dubuc (1785) y la Mémoire de Malouet (1788).
En 1780 y 1782, Raynal fue refutado por el abate Nuix en La Huma-
nidad de los Espaiioles en Indias; y, en 1788, por el toscano Mazzei,
en sus Recherclzes sur les Etats Unis.
No....eran_Ja .. cl,lriusidad~Y..Ja .ss:_n~iQJ_lida,Q.Jqs ~ !ini.cos_ In:otivos .. que im- -~r
pulsaban a ..E~!'.9P.~ .a ... v.olye¡;: Ja -vista hac~)-?,~~;¡.fse§ ~e u~tra111~r.;-. la ·
imp_uls'.1Qig-i,, ::aun. :i1~s .. ~l deseo; ,de. obteni;r~~ll!J?Ba.~ y .. l~s. exigencia~ del. _
c~1t_¡:¡.lis.JI12i e)l:;L~l/Ida ex12,ans10n. De las~Cl'J'a.:S procedian los capitales
de que rebosaban las Provincias Uñídas; y que Iés pei:rnitfan i:éalizar -' ··
íifversiones~-ya en.empÍ:éstltÓs del estado (1.500 millones en vísperas de
la Revolución), ya en empresas particulares en Inglaterra, de 1740 a
1780; después de 1780, en Francia, Y. <:n 1788; en Rusia. Las colonias
eran las :q.ue·~sostenfa-n-.•Ias:-·flnanzas· espiififüas; cuando la terminación
d~ la guerra de América volvió a abrir el paso de los océanos. se des-
embarcaban en Cádiz 33 millones de pesos. En 1781, los impuestos
pagados por las posesiones españolas de América ascendían a 18 millo-
nes de pesos; y, en 1800, subieron a 20, de los que 14 se aplicaban
a las necesidades coloniales y seis eran enviados a la metrópoli. .. f@.ill:.la
eQS_Q_IJ.!m9ª··-e~pl~gciigg_s .. _b,e_n~fi?.ios en el __ trá_fie;o .sil::_ .ult.ralI1ar, . gr.~ciªs:a
. sµs.".f~ertcs posiciones. en las_ .esc¡¡,las _de. Leva:p.te, en .Alejanéi.r.ía y_ en
Malta.~qm:_J~.i~Y.ll!. .. d~ __ g_e_p~ito~~!!tI~_QrJ~~.t~~y_Q.~identc:,. Acaparaba,
PQLMª-fs~Jla,_ c¡¡,§i.·tg.Q.q_~lJJ_~fü:;q_,_g_~ __ T.ur.q.Jlí.a y __ de Levante,. que impor-
taba más de 50 millones. §us islas azucarer?-s,_J:Iaití sq_br~ todo, le pro_-
po,n:ionab¡in._ __ grand~s. _gap.a,ns;i.;,i.~: en 1785, Burdeos realizó, solo con las
Antillas, un tráfico de 130 millones, en un total de 250. Inglaterra ... vio
S:L.I2i.r_§J,l_.<::_()!_11_erciq exterior? de 20 millones de libras que importaba en
1782, a cerca de 40 en 1790 ; y_ (!Sto. era debido_, en gran parte, a los
b_enefic;jos que le procuraba la .. redistribucíón de los.producios .. coloniales.
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1 798 TOMO l.-REVOLUCION FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
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Del<Cana. d.á·''llegaba~Jªf.e!~l~s~.r·~fº~das po_r la Comp~ñía de la ba:~ía
de. Huds~~el café;·el-azucar y el algodon, afluían de aquellas Indias
occideiltafos,• hacia las que, en 1792, navegaba ·el. 10 por 100 de los
navíos· que salían de los puertos británicos, y cuyas importaciones so·
brepasaban los cuatro D.lillones de libras. Las Indias orientales aparecían
como otro manantial inagotable de riqueza. para aquellos "nababs blan·
. 1 cos". cuyo poder se extendía rápidamente. . ... " .. ,, .• '"
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1 ~ .. ú 11 .. r de ~~i:~,~~W!iil;~e s~~~~~~!;.~~j~~~~~?:~~~IT~~~t:~i':;~;~~~~
,.\ ·"·'" · · \ saba,;~.º~.su ~sgv.1dad0,-su ~fan a~. ~\/entura, S!-J._tecmca.y .. 'Su;m~ehgencia, I¡ a "'A's1·a;· que tendría, tal"vez;-600 rn1Hones de alrn;is. Los 24 millones de
'1 americanos, o eran de su raza o le estaban sometidos; los 90 millones
: li que constituían la poco densa población de Africa, o los dos millones es-
: il parcidos por Oceanía, .np cqntaban ante ella. Pero en este poderío colaba· q1
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raban, en muy desigual prpporción, los países que componían Europa.
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En la Europa oriental, las zonas ·de gran producción agrícola solo
aparecían excepcionalmente, como, por ejemplo, en las vastas tierras
de cereales de la gran llanura septentrional, cuya producción era en·
viada por vía fluvial a las regiones inglesas industrializadas. Pero en
Qf:(:idente, 'Se aplicaban Jos métodq:; modernos, y se lograban grandes
rendimientos, como en algunas regiones de Francia y, principalmente,
en las .Provincias UnidasJ. Los Países Bajos austríacos y Lieja llevaban
la ,pequeña explotación activa y perfeccionada hasta el extremo de sa·
cdficarle los bienes comunales. Desde 1775, Inglaterra dejó de exportar
granos ; incluso tuvo que importarlos cuando las cosechas eran me·
diocres. Las de 1782 y 1783 ofrecieron un gran déficit; en vista de lo
cual, la Gran Bretaña se preocupó del mejor a_provechamiento de su ____________ .. __ -. - - - - .. .. - ...
suelo ; y, segun decía un contemporáneo, mediante roturaciones y des·
agiles, se ganó más terreno que el conquistado en ninguna guerra desde
mucho tiempo atrás. Se estudiaron los mejores métodos de cultivo y
cría de ganado ; con tal éxito, que los agrónomos extranjeros atravesaban
el Canal de la Mancha solo para conocer una granja modelo o un rebaño
seleccionado.
También la importancia de -las regiones industriales iba ·en aumento
en Europa, en sentido de Este a Oeste. Las de Rusia se encontraban
en el Ural y en el Valga. El ilustrado despotismo prusiano sostenía las
n1anufacturas del Estado, las hilaturas de Silesia y Brandeburgo y los ta-
lleres berlineses de lujo. La_~oncentra9,óI} capitalista s~ revela!J_ª• cada Y!?_.Z
más, en las ,_tixtlkSl de Renania, Wéstfalia y Sajonia. Especialmente los
aeGinte y Verviers. la metalurgia de Lieja, las hulleras de Mons, con
sus máquinas de vapor y sus grandes sociedades, que, desde 1780, ex-
portaban, incluso a Hungría, eran otras tantas actividades en pleno auge
capitalista. En Francia, el sistema de grandes empresas creó centros
como Saint Etienne y el Creusot (1787). La producción .de hierro. en .bruto
INTRODUCCION.-RELACIONES Y CONTACTOS MUNDIALES 799
llegó, en 1789, a 46.000 toneladas; y la de hulla, en Anzin, a 3.750.000
~, toneladas. ,A, pal.1ir: de í760, Ip.g,¡t,_t~:r;_r¡¡, ~se-ad~lantó:;much:o- a} cohtinen~
/ , ~ · ,t~ YJ~d~~ffiifu,.f!.g.ffi!Ír.irJª"!h..9r.li:·J~~Q!I~~~"'PI:ópofüiones, Capitales abun-
(í ,.,t¡ _ 1(''dantes/i'aes·eo:c;general'"de:'dnvertitlo~ .. Y., de.-,obtener: un: interés 'elevado, ~:s~tY~ acti:va~cif~~tl~~i<?~.;"-P.9·~A1*.?:~9:Jª'.f~9i-~:b.~~:Os, Ip_(!~l~:~ .9,3pueneia,. de/sq_9-
.·}- '<. ,. "'· ceses.¡-,~fl.Flandese_s-;i..oabundanc1¡¡. cte· espmtus mgen1qsos, que tendian al
· .,:,: e" , ;'<'.• perfecéionamiento ,técnico, cooperando con los maestros de la ciencia ;
-,., \,_;~'' la actividad intelectual de los 4isidentes y de Escocia ; y, finalmente, los
et·... 'tesorQs .de. la hulla y de ultrajna,r,Aueran"'?otros.;¡,,tantos~elS<roentos;0 ..t~;>fpli-.
C:i:l:~L~~;,qqe;Ja6'<.<iil.'.ª1.i:~.-~€~t]ffijj:l.JJ~g\fr'ª'1~1-;;.puntof;eñ3iJ.q1te,,,;;y:~noía:·<los
.Il1ltY~2~b~~~;ii;@~~;J::.91n,fi,,~if~culta:9,es 1• para la explotación minera.
falfa"ffe combustible, carenci¡¡, de 'hierro en bruto y escasez de hilo.
~;:•P..mQ.J!!,;º~P.;!,~ªpit@s_t~~podW':)ifü~#s~;ºll"lá''.~~[~~-;:--
EL:ip.a_rco_polí_tico y socmJ ~,sta,b~! frecuente!'Ilente, e:p. discordancia con
el_~~~ar~_oll,o 4~Jª rf.ii.~ric:ª~ió11 ·;; )ª' ~ytividad d~l.JE.ter9ambio en. Europa .
. En Rusia y Paloma, en las pro-vmcms moldo-valacas del Impeno turco, ¡.
en los estados de los Habso4rgo ·y, sobre todo, en Hungr.ja y en la
Alemania del Este, constituíaµ una rémora y una tra:ba•''l6s ·derechos-¡ I '
señ6í:fáfes;Ler régimen µe ,gr!lri~..e,~: l~tifundibs~ Iá~~_ser::!dúmbres·-y-:Cüan- J ,,
.. do .;.Illenos, Jas presfacioñeffe'JR'efseña_les·foi:ZóSaS:~·loS'''censos:" J;á.--Clivfafón . ~:'!
~rra~-e·n,,estados~y--ia ·'cié· A.1eñiaP.ia ... Cieriiro'aer sacró "lmperio . Germá-
nico; oponían al progreso .. econóptlco los más -serios obstáculos. Mientras
la región renana, con Colonia, Francfort y Mannheim, disfrutaba de
una. intensa actividad industrial y bancaria, el gran río que constituía
su vía natural de salida se encontraba obstruido, entieMaguncia-yno-
_,.lañaa~ pür-1¡-f!illta.:~:f.fili_e.Y~~J1.~úf.ln;i~~i.':P0Hai:ios~-fiis provincias· 1Je1ias
intentaror{airaerse dicho tráfico, construyenéló una carretera desde Aquis·
grán a Ostende; pero hallaron el inconveniente de una frontera que
asfixiaba a Amberes, dejando a Holanda las bocas del Escalda. El des-
menuzamiento político no dejó más que un dominio rural exiguo y una
capacidad nula de defensa a grandes plazas económicas, como la banca
de Génova y la de Francfort, y los mercados de Hamburgo, Brema
y.1.las ciudades hanseáticas. E idéntico peligro existía para las riquezas
artísticas de que se enorgullecían, con razóri, algunas pequeñas cortes
italianas. Ni siquiera los estados mejor cimentados tenían suficiente
protección: Amsterdam y "el tesoro de Berna" estaban a merced de
una invasión. Día llega,ría en que fueran presa fácil para el chantaje
diplomático o el pillaje.
LÓs .. medios militares de acc1~m . de .. Jas gra!ldes potencias .revelan,
parciahnente, su fµ~rza económici;. Rusiil,_,pó.díá. dedica~- a su ejército
considerables.; recursoª ,,humanos .e .indus~~~a1~(;)'J~í:o~· eíi:'·i:fambio.- la debí·
li4a4~SlY,,,§1:1o, Hacienda y laescas'éz;dfsús'·carreterá:s'/hacía ·que· no pudiese
pon~dO.. )~Il· acc;:ión rápidam~nt~-,.·L,.a pobreZ<l: del tesoro ¡;,s.p_a._iiol/malo-
graba>él esfuerzo que intenrabá '.J'a ·nación para dotarse de,. una fuerza
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800 TOMO 1.-REYOLUClON FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
terrestre y, sobre todo, nav¡il,_¡;:n _Gonsonancia con sus responsabilidades
europeas y americanas. E:ir:~~ el desorden de la Hacienda y los
hábitos de derroche, explié1m que, con cien millones de libras que se
gastaban en el ejército, las tropas recibieran sus pagas con irregulari-
dad y se hallasen mal ali~entadas y descontentas. La llaga económica,
incurable en la monarquía ¡rnstríaca, la entorpecería siempre para 'poner
en pie de guerra a su~ tronas, y más aún para trasladarlas desde Servia
a Flandes. Pero, de .todos modos, estas consideraciones materiales no
_!?_~ta'.:_F~~ª--~~p!icar __ ~l-~~pa Il1_ili~ax. de E_tI-ropa-·én:- i789~~gi~t~fra;,
que posera todos los recursos precrnos para asegurarse el doniiñici ·de
los mares, había desmovilizado tan ampliamente sus flotas, después de
la guerra de América, que necesitaba muc!J,o_.JJempo para rehacerlas.
P_~r _el contrario_~_pese a su pobreza, .::¡:>_~ªII19_ri.te~sostenía un fuerte
e!erc1to. El de <!!~1w pasaba por ser el mas peligroso de Europa; y,
sm embargo, el estado se hallaba en necesidad. Los recursos de-Suéci::i:i
eran reducidos; y su parlamento mostrábase hostil a los arma'iñefüéis,
Jo que no impidió a Gustavo III multiplicar regimientos y barcos.
__ -La,._:dis~i~_ución .de ·fas.- potencias'· en .. bloques-·idiplomátü:o~;;respondía
3;_, ·la;~:p_r~_(?é};paéign'.:por.- mantep.er, -_entre-e ·ellaS'··un:cequilibrio,.;be!leficioso .
pap1._.Elir()p8,._l'fo ca.be duda de que tal principio se interpretaba a la
luz de -los intereses particulares y de las codicias; pero, en el fondo,
correspondía al cosmopolitisr¡io que dio al sigl<;¡_ de las luceS_J:lilO de sus.
asp_ectos.. m4.9 C'.fl!~ct~rístic_os.} En una Europa casi ~enterameíite;_j:iionár- l
quicá: :1os enla~;;~ dinástlcos .. :intervenfan· en la éco:ri.oinúí" gerÍeraI'"<le las
aJíanzas-:~ ér''¡)actq~ de :fimifüf-cde~-17 6 F entre·- lbs· Barbones ·de· Versalles y ~:fos de. Mádj:í_é(;· fa infl_uencia A~l-Habsbü~go' ei(Nápoles f ertcüversos
es,tf:lcios,it::tli~nos' ;- la. atención con ·q_ue.:Rüsiivs.egüfa ·kis~asuritos 'alemanes
y:'~dane;g_es. El temor a los v.ecinos demasiado poderosos, determinó el
juego diplomático de Ja Kleir¡stllateiei gei:mánica, peligrosamente situada
entre Prusia y Austria, los dos rivales que se enfrentaban con motivo
de la cuestión alemana: Del mismo modo, la desconfianza. con respecto·
. a@_USia). iil.fluyó ·ei;i la conducta de"Suecia,.--Polonia y· Turquía. En rea-
l) lid~CC~talina- U- emprend~a-· en. ag_\!_~ome~to 1a-l_a:b~r ·ci~ arruinar ! al imReno o,tomano, y Jose 1I de~lª l~ apoyaba~ sm preocuparse
1
cii::i:nasrado: -por su -alianza con Francia, amiga de Ja· Sublime .. Puerta.
i Desde 1786-17~8, el ejército turco sostuvo;· en el Danubio, el doble
asalto. Pero,.a retaguardia de· los moscovitas, se desencadenaba un ataque
sueco; y-eii Austria. surgió -una sublevación de los Países-Bajos, mientras
Inglaterra.,_confiaba:-en la entente ·que, en 1788, estableció con Jas Pro-
vin_pjas ... Unidas-y-Prusia, pará_ s'ervír de contrapeso a un avance ruso
sobre Constantinopla. Así, pues, una gran agitación se .apoderaba de ...
rEuropa, o, por decirlo más exactamente, de las cancillerías, que, con ..
· arreg~o a las tradieiones de la diplomacia clásica y de la Kabinettspoli-
\-\ tík, urdían intrigas complicada.L}[ maniobras prolijas, sin presentir el
· huracán que se aproximaba._: la Revolución francesa. -,
t,~;.d \'
. /:-(;' ,':.J;~ .• :~· -, ,.z ,J'
INTRODUCCION.-RELACIONl!S .Y CONTACTOS MUNDIALES 801
Po.r _ aquel .. etito11c~,--.~ªdib: h.:t.i.Qi~rn·_-p~nsado &P. _ am.ouic al ::reino de
~;r;;~t~'.~sf{~k~~~~'.~~ik~i0~::4~;~W-i~~:t~~~~1i~~~i1~~g~~~g:~~-I,~:,,.,.:.
dafia: a:Qo_q~ .osc~ll.!e9ªª P()f:.. SJ! ·.ª-c:Wu4:-mdec~s.a,.~a.nte los desórdenés de -Hólan~~~.Y:!I(fi''PaíSes~füflo~:;s-a:ustifafos':: 'a~t ~-omci .-~en· la -guerra ürrca:· ·
La ag1tac1ón .. que acompañó a; la e¡ección de los Estados Generales·: la
actitud que éstos adoptaron, .desd~ el momento mismo de su reunión,
en 1789; la prep~nderancia que la asamblea constituyente "adquirió
sobre la corte; en fm, la tom¡i de ia Bastilla, hicieron creer a los diplo-
máticos que el gabinete de V~rsall~s iba a quedar relegadéY ¡¡·-unúlli:mo
l.Ugar:-Y, sin embargo-;Fiíi.I!-P}.!Ul©i.Q.IITC.Q..~.Jiii.i.Z§{; qú~cllirafilrvejn.-
ttc~co añ.os, habían de tener"Fn jague a las de toda Europa.
'?·La .. pmner<lc . qe estéls fuer:f:as e{"!, gi. __ p_ol;llª'cj_Qn, .. recurso. m~s :...impc;:ir-
-~te:-:c.1;t1~._,.!11.!:r;i<;;a~1l.Il:";ltiJ.-a'S· guerras·;,que·:füan" a:;movilizar;- err escála total- l>JJ · m~nt.~~,!J,~~~ii4Ifisfgiá!ilis§Jhuriíanas·'·y :"las<-'eco:liomías, . Los 26 millones de -ª-CAÑ-·•
frang_ese;¡, cons_tituían Ja. (lgrupación · . más .. vigorosa d~Í-~ontinente. ia
mo.narqyía habsburguesa contaba con .otros tantos; y los rusos llegaban
a 40 millones ; pero el bloqu_e francés era concentrado _y .~ra homogéneo.
Sobrepasaba, con mucho, la potencia __ demográfica de los estados ale-
manes yla de Italia; y, por muchísimo, la de. Ingl::¡.terra.
Pero:, allii:;.:oculfaba?:la~:liaclón:::francesél ;,.up.a, fuerza~ 1IlUCho .más. temi-
l?le. Aq)leL Pl.l:~l?J9:,:h.?-~ía;;;ll~gaqo,~ell:·>~)l:t.cCÍnjunt5;:~'iií~~~~tlidi'.;·de'"Ili~-d~rez.
e~.: ~~Jjl:r'iar_G9m~.~a:d'::se:; despierta•.<ante;.sus· ptópi:os"+pi6b.1emas, · adq:ui-.
nensJ.o,_,una.,conc1enc_ia plena de ellos.' Y a la resolución_ de esos pro-
b1emás.' Fran,,c!ª: f!pPr!~.Jlí!...~1·Ul-P.~!lsJi;miyp..t2·.;;:J?.Qlí1;i.cg , yígoroso/ --una . real
c01~m::i~ad; de:;i::irras-pes.e ··a· ·1os violentos · remolinos que agitaban su
superficie-y el unpulso vital de un pueblo en plep.a expansión.
L~s·:probleID;as rurale;;,_ pl~mtead9_Ly_cUscutidos ya en los medios es-
clarec1~os, med1ta.dos. P?r una .. ~iffeB~~:" que s_e sent(a:- or@"
llo.sa:Ae,-;:~:!l ;11rogresa:.s.o.crn.:LJ-;::~ese·osa_; de proseguirlo.; y~ hondamente sen-
t1~?~-~PºX_ .t!.}.lª·~asa de.,22:miµones .. de campesirios;:·Iogi:~r9p.,.,§_oluc~~s
.. j.l[:e __ alcanzad ·'-~~~;i~t~~~~~~~t~~~i~~ij~~~ff:~r~,
c_1~~'-:_ . daL.-y'.:fa~_yenta ... di::. Jqs .Jüer.ies naéionales crearon ,. aq_iie'!'fft'~-füerza.'..:b*~i~fü~Sll}~. -~lUl]~a;_'.;'!I!.t~=-W~<!o .•. J,~ .A~_,,ra.·)~:~yolÜc;ió~. ;En -:::· ,
Y P.Er:.J~.~l!l1~;'.~'.~-~:U.~~<!1!W';~1 pu,~~-k> .. _de-J~~-·.sa:@P()S _acabó de_ :c~mpié~~er
~).!¡:¡_p,.e.rJ:.~1:'!..~l:fj:':;;i.: '.~~y'lrc1_o_n,_ E~ __ suelo li beradO;"-las" nu~Y.a.~~-ti~~r:-a.,s,....ef:l-9.U.i-
.. ~r:1d,-a-5',"''e..F!lll':'~o~ta:s""tanfas·-conqu1stas·;."éujar·defensa se identificaba con la
de'1á-.patiiá:>Las antiguas jerarquías de los pueblos eran sustitúidas"-én
cierto modo, por los terratenientes importantes, ya bien establecidos
bajo el antiguo régimen, compradores privilegiados de bienes nacionales
y capaces de garantizar una administración rudimentaria. El'~ alivio de
~as cargas:.:rµr.a.le~.y .. él aumento de las tierris, poseídas o.-alquiladas,
mcrementaroiL.el rendimiento agrícófa;en propp.r,<:;iqn nafta despreciable.
Como parte viva y consciente de la nacióii, ef-~plµIldo.,campésino iba
RENOUV!N t.-51
l'
802 TOMO I.-REVOLUCION FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
a proporcionar al esf.uerzo francés una . excepciop.al solidez de base,
Al mismo tiempo, el auge de la burguesía proporcionaba elementos
de extraordinario valor. La ascensión social de la clase media, su "mo-
vilidad vertical". se acusaban notablemente, desde hacía unas décadas.
El· mundo capitalista, activo y emprendedor, animador de un desarrollo
económico, cuyo ritmo acelerado superaba a veces al de Inglaterra, sa-
boreaba el placer del mando, de la iniciativa y de 19s, amplios horizontes.
"La burguesía con ta1ento~', ádmirableIJ1el'l,t~::instrlliA¡¡,._;i~Y,""ufana -de sus
mérítos; ·se·:Seritfa aptlt~atil"'tUd'Ó}·· Pefo,· at-cé)ñti:-aÍio · '.(fo:lo,~_qUé~;qcu¡;ría
en ·1n,g~aterrafesta'::_~l,éy~~WI1'. se.·:encp.ntraba;~ en:;eh-terreno.~ ,de la. influencia
P<? líti,~¡r,JC'c:Ié<Tif:jé~a~ql:l!a;r s·oC.tirl;::'fJ!ITªliza.da..,-p or•::univ:;:aiis~9Ci.!l.~Jª-'·: ,para
la.i'cuái~-ni ~e1~iñefo .:.41;.ehtálent69ustiW::aoan ·mejora' a1g6ñii::'·Tál-barrera
res.ülfaba· 'fanto más irritante, cuanto que aquellos· dirigentes se mostra-
ban incapaces de prpporcionar a la producción y al intercambio las
condiciones que recla,maba: el desarrollo del capitalismo. La crisis eq:>-
nómica hac;ía estrago~; las importaciones de algodón bajaron, de 30 mi-
llones de libras, a 16: Jos géneros no vendidos en la feria de Beaucaire
subieron de una vigésima parte a un tercio; en Londres y en Amsterdam
bajó el cambio; y en Lyon, en septiembre de 1788, el paro afectó a la
mitad d~Jo~ pb_~~r,gs,. ___ . .. .. . · .. , . . . ..
· ·· - Los· dos .. Prim,e.r()s. -ªgof "d~ .JA' ~evo lució~ frájer'ori · 1á.' :;mtória •de'· la
burguesía·:·':Der~hós::ae1 ·Hombre·>y .<J.ori,stlfoclo1f"d_e:'.179J':?libertad <indi~
viduaLeigualdad,de.(i~i:!lc;hos ;.lioeÍ'áliSmo:ecoiiómiCo; Por fin, se instau-
raba'.·una sociedad abierta. l,as distiriciones --jurfdicas~"desaparécfan; <en
ben~~iqi_C\A1~'.':ux:1Pf~erru,;qufa. econópJ.iGa:que:serfa· implantada· por et mérito
P.~r}()naty .el. espíritu emprendedor. Tanto el individuo como la Hu-
manidad, verían, al fin, la aurora de la felicidad, palabra e idea que
habían guiado al siglo y que habrían de iluminar la nueva era. Rege-
neración, renacimiento, resurrección, primavera, renovación; palabras
que se repetían y se imprimían sin cesar, y que, por. conducto de las
cla~~ª-···cu.W~s. por la correspondencia y por la prensa, transponían las
fr911teras. :.P.orq).i,e:)loS""1ranceses=os~setifíá'.~eífüladirifos>:dePmundf!>·;.~y~-es~
tabiii.~:iinsiosd's ~7tié':ioJieva,r;;at·::universo, -entero.das· principios- ·que. -l,iabían
de.· haoer:<la Jeliéidatl,:::deh}íofubfe. Ahora bien : . ·al cosniopolítismo:. Í.mían
1,,U! ;ylO_~<:mt0C:'orgiftfo~~tfófi1it·A partir de la guerra de América, se ad-
vertía ya un vfuculo entre patriotismo y renovación, entre prestigio na-
cional y libertad. Entonces, en los orgullos ··y los entusiasmos colectivos
de 1789, los franceses terminaban de darse cuenta '1e su comunidad
nacional; pero también la alzaban hacia un excepcional destino: el de
regenerar a la Humanidad.
M~a..Ia: Eurdpa riioiiárquica.·n<:> queda liber~!ld, ni igualdad ; -XJ-~cha
;_za,q,g._.,g,q.uella~!,¡::generación; aquella" revóluciótf':'agrariay'áqifullif · pr~pon-
\ d¡;rancia.:'bJ.rrguesa. · · ·
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LIBRO I :-::.,;
LA CONMOCION REVOLUCIONARIA
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CAPITULO PlUMERO
RUPTURA,S REVOLUCIONARIAS
I. VIEJAS Y MJEVAS RUTAS EN ORIENTE
Mientras en Europa ocpidental se __ n.!~ltiplj_c.a_Qan_ las . señales . que
ar_p,mciaban una·· ei:a compleiamenJe nueva en las relaciones internaQio-
nf!I.es_,Jos asuntos~del.imperiq_ .tul'..c~relaciones exteriores, gobierno, eco-
nomía-P.'!-_r_e.c.ían, . !1...9. .. evoluciqnar . ~ino: .. c_Q!_ljrginit.~ -~~J!!~.<f. siguiendo los
viejos caminos. ·
··_:!;,l0J~m,ª-"g_e:-da~;:fi~c_?.t:lep.9~a"'turca€era.-ciasico' en'·Emópa ;••f'éñ'áquélla
época:::-de'';filiatles;.;-:neF'srgftf"Xvi1r: 'ºgozaoa:;ae"'1füi.s ~ctéui1o que""'ri.unca. El
contras re- entre éF ·c:redente .. progreso técnico --del· mundo -- occidentaky la
iil.erciar..=otomaiúl', se''acent:m:tba•por- días. Allí donde se observaba alguna
actividad de producción e intercambio (como, por ejemplo, en los puer-
tos del. mar Negro, en Esmirna, en las escalas de Levante, o también
en ciertos distritos de Mesopotamia) aquella relativa prosperidad se de·
bía a los técnicos, los capitales y los barcos de las casas de comercio
occidentales, o de armenios, judíos y griegos. El cónsul francés y el
inglés, "factores" de las grandes empresas extranjeras, eran los que allí
privaban, salpicando con su lujo a los funcionarios del sultán y honrán-
dolos con sus obsequios. Fuera de tales zonas de excepción, la"YGonqmía
turca se content,'lba. con producir los bienes. elementales, por .uiiii:fade3'
geográficas .. aisladas. Un ejemplo,· cada vez más frecuentemente invo-
cado, a medida que esas comarcas, próximas a Rusia y Austria, se
hacían más accesibles y mejor conocidas, era el de la miseria econó-
liüca de los principados del Danubio y el contraste entre su riqueza
natural y la pobreza de sus habitantes; El gobierno había continuado
degradándose desde que, en 1775~"eTrepresentante de Francia escribía
de él: "Lo absurdo de su administración no permite ninguna esperanza
de que pueda mantenerse." Abd-Ul-Hamid I (1774-1789) se había mos·
tracto ignorante y débil ; Selim III (1789-1807), muy superior· a él,
habrfa de ser desbordado. El tipo de alto funcionario seguía siendo
el que tradicionalmente describían en sus relatos los embajadores ex-
tranjeros: hombres astutos y a veces capaces, pero que no ponían sus
cualidades al servicio del estado, sino de sus intereses personales y de
sus dispendiosas aficiones al lujo o al arte. En medio de todo, los menos
malos solían ser aquellos rudos "hijos de la montaña", que en algún
puesto de mando se habían sabido procurar una semiindependencia,
y que. muchas veces, se rebelaban «biertamente contra el representante
de la Sublime Puerta, pero que solían ser respetuosos con el sultán e
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806 TOMO 1.-REVOLUCION FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
incluso le ofrecían, en· ciertos momentos difíciles,una· ayuda de la que
podía fiarse. Tales fuero.1.1 Ali de Tebelen, instalado; en Janina desde
1788 y que luchó desp~és contra los franceses ; el bosniaco Djazzar
Pachá, que había de defepqer su Siri,'l contra Bonaparte; y, desde 1791,
su compatriota Paswan Oglu, ,en su feudo de Vidin, en el Danubio.
~ Ese cuadro tradicional de una Turqufa:;11trasada,)inmóvil; ·desligada ! -de· lá civilización cristiaña, .. era el que:-las potencias vecinas tenían i máximo interé~e a~tir/ &us masas populares, austríacas, húngaras
·y,,.so\:ire todo; rusas, coµtjn. uaban saturadas de viejos odios e incluso
de ~n,tiguos te s~,.f:f',!!~te-:¡,al turco, se podía h~qla_!~ c9n éxito de
"opinión nacional". :ta~;ilt&.~füa'~dé2lblL ... cri~ti.a,n9s;,bájÓ HL-·P:offi.iP.a.cjón- ._
mus.µWiana>fii:Ustificaba~p¡;qy,~ctoo: políticos,-·en. ·1as -que'' el "'h'Uimi:nitarismo
servía···ae"fu"1í.'scáia "a.· liLcpdfoia¡: Rusia:>:niimtenfa··su "ptOpósitor;de~;~xp}'cgar
eb4~;t ~gumdo:en~Kll:~a:'djF.en'•1774) sle~J>I'Qteg~ a)os ortodoxos
-_--: E~!~E~, 1 ~RC!ª:'.·el!11J.o~~ plan_es.:p¡j.ra_..;;.ehre'pi\:ffó 'tfü''Turquíai".iGil:fiJ..li!!_á I~ .'¡
ideó.:"urf; . 1Ft~Et:9·~.eH9,,"jsA!lgq~'.;y'.11·,qµe,~.~, ~~i;}~éc. :n ,de::;.;;~stria.1 fl f:¡.
Las. -~~.~~W.d!id.es:.cqm~~t.i1WI1t pfi,c1alme~te,;'.~l-'Z,,4e agosto--de-'llJ.~.i·: pa~~ ..... ,, c."'.~
los ¡ru~~); r a fines de~· para"los·~ustnacos! . ti\,': ,.,,,,<i·
El ejército otomano ,era ppco numeroso, porque los nusmos func10-- l'''"·.:,
!.-RUPTURAS REVOLUCIONARIAS BU'/
eLcJiaLto.do.s .. lQs .. nwdi.Qs •. eran...buenos : .. Thom y __ P_a.nzig. ~G.LtanJ.Q,_~ani~.
m@a_.a .... P.olonia....cQl!t!'!lJQS rusos~ excitaba contra: Austria a los· turbu-
lentos h4_pga,ros __ y .aJqs_ b_elgas sublevados;. y, por Último, Íntentab·a CDID""
promeiél:..a.TngJaterra--y-a. Hqlanda/
Pronto José II, sintiendo a sµs ,~spaldas el peligro prusiano, in!~D.:!ó
poner C· ftn a. Ja.~_,guerra -turcaül:.Cµando.-IDm:jó;:-en;":febre-ro":.'de'.'::'T790, su
sti¿es6r~~I~(;'pbldó•;: e:rp.pleó tod.a."sU"·diplomacia. -en .. liquid¡ir·Ja·aventura. _,,,.
Ya veremos cómo, mediante la convención de Reichenbach- (27 .. de ... h1Uo ,;
de J790), consiguió alejar el peligro de.Ja Europa centraLinm.edia_ta- :!
i11ente, _ s_e concertó un armisti.cio ... con. la...-Sublime. Puerta ; .... y , __ é.l .4 de_ 1 .
agosto de 1791, en la.paz de.Siatov_a .. A,ustria se.conform.ó cQ_n __ ¡ilgunas ~'
rectifif¡i,c,igp.es_de. fronteras, '@.iis~qüéaába .. sola; percf~süs éxítos-eil Jl<...:.
elJla.nubfo-fo.~peflnitf~~; ser in;M éxigent?. Si los preliminares de Galatz r _' I•. ';'
(11 de agosto de '179!} y l~. pª'z. d_e.Jass1 (9 de. enero de 1792) echaban. 1ei:.J:,..i
por _tjerra ~11$fan proyecto griego, .en cambio .le as~~raban. _d.ef.ini~_iva- J~ ,
mente,_ a Catalma II, Otchakof.y:Ja frontera del Dwester .. R:u~.ui,_s.t\,en- · , ,
coiitraba.sólidamenfü~esfibleci411. .··en: ta,fos.tietra,s/ci.íyo.: trigq no· __ ta~daría ',
eñ~;:intervériir·en;;-ia~ebon~rriía:C¡ifope~,; es decir; en aquél litor~l_d~lmar ~¡-ec·.: '
~~l~f;,t~:ftt~~:~~~~~~:Í~~:.poyada en una bueñá frontera \
nan1>S'''-Qff'Estadu-se-SU.stt¡ifa1f zrsus~aelfer:ES militares: un gobernador, -.¡;- L¡' -.
por ejemplo, no mosfr~ba gran entusiasmo p~r ~onerse al frente de la~ j(i.i $ii¡ ·.
pocas tropas de que disponía y que le eran md1spensables para defen· f\-usíJ2.tP.,)
derse de sus administrados, de los bandidos de la montaña y del bajá - · l )
-No cabe duda de que, en las fases del conflicto oriental, más de
un diplomático no vio otra cqsa que los episodios ordinarios y clásicos
de la Kabinettspolitik. Sin embargo, encerraban mucho más.
vecino. Los contingentes que se pudieron reunir en 1787, eran hetera- --r
géneos,. de todas las razas, con armamento arcaico y sin disciplina. Los
1 jenízaros mismos ya no representaban más que una especie de andra-
/ josa gendarmería. De este modo, y a pesar de su lentitud; los cristianos
\ avanzaron. Los austríacos tomaron Belgrado y las plazas servias ; y
'I Suvorov llegó hasta el bajo Danubio.
: Las complicaciones del conflicto fueron, también, las habituales.
:J Una vieja experiencia indicaba la energía guerrera de que, inopillada-
'1 mente, podían dar prueba los musulmanes. En 1788, pasaron el Danubio,
1
\ invadieron el Banato, devastándolo, según era su costumbre. Entre rusos
y austríacos tuvieron lugar los forcejeos usuales. No había enlace entre
1
1 amb~-~~r.~~~os _ 1li irifo_~i:~ión d~-~11 gabinet_e ajñrg~Enjuníode-178-8";"
¡ !Gürutz escnbfa al representante de su monarca en San Petersburgo:
1; --· __ "El emperador, cansado de guerrear solo, desde hace más de cuatro
,:¡ ~v . __ meses, está decidido a no arrimar más el hombro hasta que no ern,-
Kov._F '.:'1 "piecen a arrimarlo ellos." A espaldas de las cortes imperiales, así enzar-
. •¡' --~ ¡:_,' .; .. .,, za?~s, las can~~er.fas euro~eas aplicaban: diligentemente, ei principio
. ~ clas1co del eqmhbno ; y mientras ios beligerantes se preocupaban por
, 1 Uu.~ ,./· engrandecerse, ellas se cuidaban de abastecerse. EJ l.º de julio de 1_788,
! 1 .:~1-1-i, 'º gus~".'.<:_1_:_ II~A~"-~~}11: sacó ~esueltamente la.esp_~di~an:iep.azañao~a'-~~n·
! 1 Petersburgo:··.Prus1ayestaba dispuesta a prender fueg9 a Europa entera,
i . ~1" ,, ... ".!·' ·t··añtes-tle ·retirarse.Sin haber sacado d~ aquel asunto el medro para lograr
i\)a<o··, , ~· ) · '
1 \ \.i... 1;0' ... J!\).t/' f~ f.'•.~·~~. .. ..... · 1' t ..., ..... (' •
1 ,,~.... • .. _'j 1 l ·.-... •. .:;.J.J.J- ~~J. .... ,.i\~,{.~ .. t.: .-, ' J ~
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No era frecuente que la diplomacia francesa se eclipsara de aquel
modo. Según veremos, sin emb~rgo, la Revolución nos lo explicará, así
como también, ella y el conflicto polaco, nos harán comprender la prisa
de Austria por desentenderse de la guerra turca.
La política_ inglesa' debiO'"aF cohllicto oneñtal: . üna· notable . ámplia ·
ciQQ:•i:d.e ;-horizontes; ~NliJJiamfP.itt;· -~pfuñef::::--'mífilsfro.':::aesae :''dkiemóre de
-'l7.8.~_;_~"yerdadero _amo _d~,;~8:, diplomacia·-ª•· r~íz-cde :Ja~,recie»t~ __ crisis
ID3?!'.!JaL.~~:¡J,011ge 0 ~IIT);'"n<J _tenía.iñteñeión::de emprender- una política -de
a-y~:t;i!:t!P!S. No .. obstante, la expansion del poderío ruso le inquietaba.
Temía que Catalina II dominase aquel mar Báltico, de dondeJos navíos
británicos traían 'eltrigo~ el pescado-salado y, sobre todo, los productos
necesarios para la flota~· madera, cáñamo, hierro y cobre. No se equi-
vocaba la zarina al adivinar, en la ofensiva que Gustavo III de Suecia'
~lai;i .. ~.é.~ .. s.pn..~ra "S. an ~.,Pet~. ~squrgo. ,'c .. ~·~a,-: .. fl-·).}~~i.t!}_~,,;.f,Jº.~lN~~ .... ,~~. ,eI_. ·.h.~r:?_ªn.~ J_orge'.\ /,f¡ ~Y:-lo~·9.ue_ a~~aba:·:aun •. J?á~:;3;;·~Et,5[}~,~~.:~~ar,;g;t!~}~~FC.~5.~.::~~-~us1a 1 :t. sobre':..'los-~turcos;'-1a:·"pusreron· en· condic10nes •. de . .amenaza:r:--::-1¡:¡:~-ruta de '--'-;: ~á'i1llélia.. --
P.it~,_ empezaba a adquirir conciencia del lugar que la India iba a
ocupar en la política inglesa. Los clarividentes informes que el gober-
nador Comwallis enviaba desde Cá.lcuta, insistían en el importantísimo
papel que haq~ía de representar Bengala en un conflicto armado. Los
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808 TOMO J.-REVO~.UC!ON FRANCESA E IMPERIO NAPOLUOON!CO
problemas indios se disc;utían, con frecuencia, en el -parlamento y en
la prensa, a propósito del prq'ceso en el que Warren liastings defendió
su gestión durante ocho ,años.' La política europea mái; inmediata a Pitt
lleva la marca de estas -preocµpaciones. Si, en 1788, consiguió, a costa
de grandes esfuerzos,s1Jstituir en Holanda la influencia francesa . por
la inglesa y -firmar con !as P~ovincias Unidas y con Prusia.una alianza
defensiva, fue; sin duda;· para, proteger_ a los Países :(l·ajos/ vecino apa-
cible y nada peligroso b,¡¡_jo l<!, dominación austríaca; -pero· también fue,
para ·_poner la bellísima P,osesi9n holandesa de Ceilán y su preciosa base
naval de Trincomale, a ~alvo ·de la ocupación francesa; ocupación que,
efectivamente, Castries a~consejaba por entonces a su 'corte. Y resultaba
ahora que Rusia· se lanzaba l:¡~acia las rutas de la India, a través de Asi,
por el Cáucfü;o, el C,<ispio y Persia. Sus victorias sobre los turcos iban
a __ ayucl,arla podero-samel).te -~ ¡aquel avance; y Constantinopla parecía
ser _una etapa hacia la' Indi~.i. Efectivamente, en 1791 se discutió, en
San Petersburgo, una expedic~ón contra la India, a través de las regiones
del Caspio. . . _. _ ' · •
Eri""l79t;·'-Pftt-creyó' pod~r contener. el peligro: que_ se cernía sobre
Constant}n,opla, _(y cuya_ enor~e gravedad comprendía) mediante. et re-
querimiento_,,qµe!, .. en .. uW.ón. \Je Prusia, dirigió a-Catalina -II,. pidiendo
que:,se concediese al sultári14 ·paz 'sií:l:aneXión. Pero en Inglaterra había
muchas personas hostiles a los turcos, "salvajes destructores,;>imperio
cruel y devastador", como decía Burke. En cambio, Rusia, según co-
mentaba Fox, parecía "una aliada natural", un útil contrapeso a Francia
en el Levante. Ante Ja -actifod:'~Q§.'ª-:~~c!.~:Jlj.t.t, el·gábinete '~ecc;l:ivi<lió;;.:y
el -P~famento~se·.:o;iostró;pocQ'¡Segµro:··~a~ opinión'''era~'.l:ii:isti};. y en las
pareí:l.es se leí~n i~scripciories coi;no, _ ést~: ··'.'No. queren:os . luchar cont~a _ .: .Q
los rusos." PJ.tt-d10. marcha· .... atras. - Pero,.··fa diplomacia ,mglesa:. b.abna 11_ .!> , r,,_
de50II1prpbar, ?i.~1+.JlI/?.PJ<?'.,;gy_~.,et~tiY;~mente, -¡a~~di,'l.·'te~í':~.q.ue .defen- 1
1
-t'\f Cl{!,
derse_ ~~-éc~l_-~',t!_~~+p~~; ·, y-·;~a-_ ~~~ra-_:_ :de_. ~)<?s ·_·acontecimientos; de: :.·l7~7~ 1792 j' ck tr 'JJ. -
unoc;de lo§ Pnnc1p10s.: fup,_cféj,mi?P.tales:..._·qu~.; desde-entonces, le -s1rv1eron· TNt1 A.
de:g_uía;. ' - - -- - --
... ,.Menos tumultuosa (incluso podríamos decir que muy modesta) fue
1.-RUPTU_RAS RpYOLUCIONARIAS 809
el arcaico y reducido marco eje fa tribu no podía suscitar), al- menos
una 1erdadera autonomía.
____ !-_a~ gu~rr~~ .• ,!f~.?.R.~ftÓ a.•1os·~íse~·5;.ser:vi~ Guarniciones. de jenízaros
recaudadóres ae unpuestos gua,rdiib¡m nrmemente los ca¡nmos: el Save
con Belgrado en la confluenci,fl- del' Danubio, y el Morava, que, conti·
nuado por el Vardar, conduce a .S<tlónica. Pero ep. la montaña boscosa
y abrup~a vivían, gracias a su~ huertos, a su maíz y a sus man_?.das de
cerdos, pequeñas democracias ~ampl!sinas que el sultán gobernaba desde
muy lejos. Un censo fijo al b;;tjá, 19-s impuestos tradicionales a los spa- S::vGl!l_ ._-
his, y eso era todo. A~ll;ii._d:.errk.-ºr'Acias __ §~ __ ~g_!taron con la gµerra,
cuando las t[_qp,a,s,_ .al, pasar;,_.'. robq,-_ban..., -y ____ devastal::ian,:. o_-- los jenízaros . "- ;i,,_·w-~
coJJraOandos _yt:ces _ los impµesto;;;;.:(.~usia<-Flas:''iliipulsa:ba, a .Ja, .suble- :_,e ,- . ,,_
vac;ión,,y,,,.en:-1788;'-lanzó un lJa¡Üaip.iento::~a fos'-~~~ntiguos,:miem_bros del .e" - - -
glófióso' pueblo e8favo','.-Austdá; m~s próxima. y muy codiciosa de, estas
regiones, las excitab_a a Ja rel,>elión.· En 1790 pérmitió gue se reuniera
en -Tenrésvai' ·un congreso . naciianar sem6i'Eñ. Kustna se ná:bíán-· íñsfo. ·
lii.ao, Tos', éeriftoi:r religiosos s~rvfo~;--qüe. conservaban el recuerdo del
glorioso imperio medieval. Eq 178~. uno de sus discípulos dirigió "a la
muy gloriosa ágµila austríaca~· ·1a invocación mesiánica: "V eni ergo, o
Rex gentium, veni ad liberartditm ~nos!" A tales exhortaciones respon·
dieron los servios enviando a los ¡mstro-r_usos varios miles de volunta-
rios que se instruyeron para 1~ gue~a. Los tratados c!_e_Jl_aZA!'!l791-El92
abandonai:on., a los ·cristianos.) a su, suerre;:-.::JJaJd'.'.{lf ofüesa de . amnistía ;
P~rg.~c_u'!J..!1_ª~'.)c;>s-~füf~J<·:ioJY:í~rQp:~a:;,ócli:Pai:·ei--1iaí~;'.Hüíaro1Ffüeñ-·er-cam.-
bio. Un bajá le preguntó al oficial austríaco que hacía desfilar arifo él
uñ' regimiento de auxiliares servios: "Vecino, ¿qué habéis hecho de
nuestros súbditos cristianos?"
En los principados danu'Q!ª11os g_e_ _M91d_ayl1!__ y___ Valaquia, la con-
.moción Ueía-güerra-füe ruda. Las operaciones_ los hwbían devastado.
Restábfoeida- fa -paz; el sultán rehizo su propi_o tesoro a expensas de
ellos-;-a~eÍff@doles ef tributo legal, y los fundonarios, el suyo, du-
pflcando el impuesto de los peajes .. El trigo y el ganado, que con ante-
riorídad a 1783 suministraba \C:;rimeai ar ÍIÍlperio otomano, lo exigió éste
en fo sucesivo de las llanuras :riima:iias:i
la aparición, en el· conflicto oriental, de un elemento que, pese a su
humildad, llegaría a ser esencial en las cuestiones balcánicas: aun cuan-
do la dqJI1inacipn....otomana .fuese más tolerante y menos insoportable
Y; sin embargo, en.ffiJ!dio_~él:Er _ _t@_t¡t ll1ise_ri(l._ lél_s __ ideas nuevas con-
' tÍ'.!."!1.~ban, .§~sar,r:Q!lál;ld_o_s_e___. Aunque la masa campesina. pennanecfa indi-
\l , e·"! "'¡ ' ferpnt({?·/ ~.ºJ'. púeblos. ·conservaban su;; ªn:1P!i.?-:;'auton?m(~i-adrriinistratiy,a
-. ..... -- 1 • •
que lo que daban a entender las cancillerías europeasrk>s,:;.puel?,los'<f::JJS-
tianos .sometidos. a ,ellaYreco_braban la concie~cia de--shnismos.·' "'· - ·
En realidad, los montenegrinos, bajo el rrianao del- príncipe-obispo
Pedro I Petrovich, el hábí1CiiiTciillo que, desde 1784, extendía su auto-
ridad sobre todos sus clanes, estaban ahora menos sujetos que nunca
a los turcos. En-la- guerra--de· l 187=I792; rusas·-yaustríacos----se-dlspü-
Ta,foii su ·a.uanza. Luego, al llegar la paz, los dejaron solos ante los
turcos ; pero, protegidos por los escarpados riscos de la Cerna Gora,
resistieron con un vigor que mantuvo, si no una idea nacional (que
1\ ~3-: \:r,._ ·" aq9st~mbrada .. ~a vida urbana segu1a siendo reducida, y la burgue~ia
: ~:'~'.,1,_: "i:,, • . v,n se hallaba casi siempre en la escasez; pero se encontraban muchos gne-
gos cuyos vínculos familiares o comerciales con los negociantes y arma-
dores de Esmirna o de Constantinopla ensanchaban el horizonte. Los
boyardos. verdadera armazón de la sociedad, se mostraban a veces cu-
riosos de: conocer -las. n~vedades. Los _:_príncip~~,;_9.!:1~-Tuf;q11ía __ _colocaba
a la cabeza de los prmc1pados eran ávidos gnegos fananotas (1), pero
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(1) De Fanar, el barrio griego de Constantinopla.
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810 TOMO I.-REVOLUC!ON FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
que habían tomado, en Constantinopla, múltiples contactos con la civili·
zación helénica y fran9esa. Por Austria, fa. cultura· germánica se intro-
ducía más libremente, representada por médicos y técnicos. Moldavia
recibía directamente la influencia de una Polonia en pleno esfuerzo de
renovación y abierta a las ideas occidentales. Iassi era un centro cul·
tural más activo que J;3i.¡carest. De las costas llegaban, llevados por los
marinos griegos, los eco~ de Trieste, de Venecia y de Italia e Inglaterra.
También por la costa· llegaban los de Francia. En 1804, una misión
de boyardos fue enviaga a París. Muy vagamente aún, iba esbozánd,ose
un¡¡, nacionalidad ruma.nq. D;n grupo de boyardos valacos pidió, en 1791,
a los príncipes autóctoijos un ejército formado ppr elementos loca.les
y µn territorio neutralizado. También. allí, enJn~_ :!}L_!!l!i~i~Q~§.~ox .. d.5J J.a
fatropa oriental, empezaba a sentirse el rumor de un despertar.
!....----. ~
11. EUROPA Y f'LOS DISTURBIOS DE FRANCIA"
~··A principios de 17'.89, e\ conde de Montmorin-Saint-Hérem, ministro
de Asuntos Exteriores desde febrero de 1787, reseñaba así la situaciión
d~ f rancia,en una m~mori~ destinada al rey: "Holanda se nos ha esca·
· pado; Dinamarca perlep.ece a Rusia; Suecia Y?- no merece confianza,
y, por añadidura, no podría ser más que de utilidad secundaria en el
continente. Prusia. se ha. amalgamado con Inglaterra, convirtiéndose en
enemiga nuestra ; el imperio no es sino un compuesto de piezas que no
, combinan,· y, además, sus principales miembros están ligado~. a Prusia.
, Por tanto, sglo nos queda el igipeno ruso ; y su alianza es la, que hemos
i1 buscado.'.' - ..... ---- - ... -- -
_,;;.... Por si no le bastara aquel pesimismo, Montmorin hubo de compro-
bar, bien pronto, que no había de realizarse la entente deseada con la
zarina. lJ!!Q_de. los obstáculos casi .in_superables___era_Ja __ a~J§!!lª que
F.ranciq..!Ilantep.ía conJ9_s.J1m:os ... entonces en plena guerra con Rusia:,
y su teñior·~~de· que un enfriamiento con ellos pudiese perjudicar su
comercio con Levante. Por otra parte, siendo, -como era, aliada de
Austria, no podía dejar de preguntarse si su amistad con San Peters·
burgo dificultaba sus relaciones con Viena ; y pese a la reciente tirantez
con Suecia, el mismo problema se planteruba en lo concerniente a esta
nación. Además, Necker, cuya hija había contraído matrimonio con el
embajador sueco, barón de Stael-Holstein, se esforzaba por hacer pre-
ferir la tradicional entente con Suecia a la amistad rusa. Así, pues, solo
tras muchas vacilaciones, y ya en marzo de 1789, le fueron enviadas
instrucciones a Ségur, embajador en la corte de Catalina II, para que
tratase de obtener una alianza defensiva. Pero había pasado la oportu-
nidad. La zarina afectó despreciar las vacilaciones de aquellos "infelices" ;
y Potemkin aconsejaba en estos términos: "Habida cuenta del estado
a que los disturbios reducen a Francia, es conveniente tratar con mira-
mientos a Inglaterra."
r.f-1l.UPTUltAS RE.VOLUCIONAJUAS tlJl
TQd.MJas:J;;anciJ1~:.;;..d.~"~I9P.fl&O..ID.P-~.s<nJ].ian.""la,.ii®,pote:D:s!a .J1.·que
la diplomac.ia-.-;f1'¡itl®S-8,0">spi;v~fP:i~QI\~e11ad~?;P...gf:,Ja:~~),'olu9óg;!::i'Lno er_~n·
s1l§ .. ~fü1.d9§,f.:gspJiñ-ª'::Y~'.'A11sfr[~;~·ql!i~n~s?;;,,J~i;'_dli.jj1111~~m~P--Cl_s.,._:IlJ1.l?.~f..!él~c~.
¡-Ya en la primavera de 1790, ·;tvfadnd hab1a de ~tnbmr a debilidad la
/ negativa francesa a apoyarlo e¡:i un conflicto surgido con ,Ingl~terra,-.::-en
: la bahía. califerni.an:a:•fü:'liNbotk\1-, S.ol,\nd .. M~.,,41r9!l~.J9,,_<¡l.,~v_i,¡¡.,.,V iena con-
1""'sidér6 ql'Íe la anulación: p.e:cJ?rruJ.g¡aá.elajaba-los ··compfoffii.sos· _de'"Iil:'-<alían-
'"Zíf:C: y;:-en"'1Jusc~~·de'-"ufl:~inuev()':equil,ib~o •. se . deciªi.ó, ;p9r. liLpaz con'· los
ur°&~~'El lúich'o;"Jle~.:que-los .g:,i.ginet,esr}:onsiderf}.,~en las _,~qs~s t~n-·super
. icittllñetité;· se-;¡•explicar,.porJ~§ ·'ii.Q'tici~s,,que· se ~~?lWfl:n._de .. f;ranci~. Raros
,_fueron los estadistas de gran }qteligencia que ·supieron discermr en lo
nuevo lo que había de ser el porvenir. · .
Sin embargo, al principio ~e la Revolución, e incluso en el ~obier_no
de la estática Austria, hubo quienes percibieron, en~r~ los distur?ios
de Francia los elementos di:i vigor y de regeneracion. El canciller
Kaunitz, fi;do en el prestigio qu~ le¡ conferían tantos triunfos en la diplo-
macia clásica, se permitió deoJarar; "Desde luego, no todo es malo en
lo que la Revolución nos ha tfa{do.r Y Leopoldo, el heredero del ~º?-º·
en el momento en que se inaµgUraban los Estados q_ener~les, escnb16:
"Si todo esto se consigue de llna manera estable, .t<rancra se conver-
tirá en la nación más poderQsa de Europa. Por fin habrá una patria:
y esta regeneración de Franqa no tardará en ser un ejemplo que, de
grado o por fuerza, todos los soberanos de Europa se verán obligados
a aceptár para sus propios pueblos." Pero era demasiado ~de . el pre-
juicio que identificaba, sin matices: el orden absoluto en .el mtenor c~n
la fuerza en el exterior. Los representantes de las ~otencias. en .Francia
fueron, con demasiada frecuepcia, observadores s.m -perspicacia, más
escandalizados por los disturbios y los excesos que atentos a Jas nuevas
fuerzas, y que se inclinaban, indudablemente, a informar a sus cortes
en el sentido que les era más grato. La tribuna de la Asamblea Cons-
tituyente, con todo el prestigio de la novedad-y de una novedad escan-
dalosa-, encontraba en los gabinetes europeos un au.ditorio ·y un cré-
dito muy amplios; y los discursos de los diputados aristócratas que de-
hunciaban los disturbios, pesaban más en el extranjero que de~tro de
l la nación. 1~nemosque insistir, también, en la actu~d~_Jo.~ emigra-(. dé\~:.'.-'Y: .. en.~los\118.liiamiep.Jos- de·Luis · XVI y "de''lác tefüa~ ··que·· exageraoan \ --=- ·. --·· el -p~lig¡¡Q~
=-·'" 'De todos los desórdenes que conmovieron,. CJ. ___ J}--ª!;l~i~, _ _19.§.,~qg,e..u ~ª-!l.:
~~r9..il'.~ii}.~~gti;~pa m~y_qr impresf~,g~J!1~ron.L.9:E.~fte~<:l~.::1a.~.::k:1.q~1i.1:(r;i_~:. ... 1.ªs
pres¡ones_;..e.::.imp.asicl.o.nes:....materiáki...é.j.é.rc.418 s sobre el reJ. Más : que la
victoria de la as_amblea; .ep. j-gni9:~ 'iij,as: ·que la toma de la Bastilla, las
jornada:s;ae;·o~tuore~de i189, con el, cuad.ro de, los .alborotadores ·lleván-
dose por la fµ~rza .. ala-familfa real a París; parecieron anunciar que
~lJ!.Ilfü.rúo-_régimen, en su .. mismo·, principió; · habJ.ª· .. -fénetido. J2?sde en-
tonces:· cri el lenguaje diplomático, 1::~~.?SVI~~-J..1~-~~.d~_. clásicamente,
·~_._.
"
.. ~ ..
~ IJ hE'.í'
U;
·®
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8!2 TOMO I.-RJ,f.YOLU(,ION FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
el .'.'~f;:irtuna~? monai;ca". Al mismo tiempo que Francia perdía su jefe,
parecio . taIIl.~ien gue fiab,~!!-:::Perdido ... su" ejército ; y los motines militares
_ qµi'rf~1!1?"~~··~! TléífüP~ñiflil)r'ero:ri'mucho en Ia opinión que el extranjero
fo~o 0 de·:.swdecadenpa. ·'Fales levantamientos fueron ya serios a fines
de. 1789 ; pero .. en 1 ?pO se agravaron de manera alarmante. En Tolón
un . almir~r;ite fue heci10 prJsionero por su tripulación. En el Mediodía,
vanos oficiales fueron· asesip.ados ; un regimiento se sublevó en Perpiñán,
Y otros, después, en f.Iesdiú, Steny, Metz y Nancy. La Asamblea··Cons·
títuyente iba, por deqirlo ~sí, informando a Europa, por medio de sus
d.e~ates, de todos estps in~identes, mostrándose indulgente en un .. prin-
c1p10, alarmada y adi.¡sta h~ego; y, por último, después de los combates ,
en las calles de Nancy, vá,cilante acerca de las _responsabilidades: 'J;iai"a:..
las·: G<;>rtes,, extranjeras, ;resultaba .. evidente · qye el--ejércitó'·se'·'-estaba: dis"
':gi:~gañda~
· También la dirección de la política exterior francesa era ajena al
rey;. y se pronosticó que pesaría sobre ella una asamblea inexperta y
febnl. En mayo de 1790, en presencia del Cuerpo diplomático que se
ag~lpa~a, at:nto, en las tribunas, la Constituyente. d~SclJ:tió~·el·derecho\i
~e. paz_,.y..,d~guerra. El ongen se remontaba a un mc1dente anglo-espa-1¡
nol:: ui:-os navíos de guerra españoles habían capturado, en la bahía l
califorruana. ~e Nootka S~und, varios barcos británicos; y Londres exigía
una reparac10n que Madnd se negaba a dar. Carlos IV, ligado a Francia
por el pacto de familia. apelaba a su aliada. ¿Podía Luis XVI compro-
mete~ª- pol}_tjca _francesa si~:;;ntimiento . de ~jifil~l~i?--be- que
la-"'CUesüon ap·asióñal5ayae que existía una potente opinión, decidida
a exigir el. uso i;:leno de los derechos que la Asamblea podía adquirir,
se persuadieron mmediatamente los espectadors extranjeros, al observar
la fiebre de las tribunas, la excitación de la enorme multitud que llenaba
la sala y que vociferó contra "la gran f.raición del conde de Mirabeau"
cuan~o lo vio defender su "partido medio", en realidad favorable al rey.
En fm de cuentas, fue la posición de Mirabeau la qµe Jriunfó.-en,..ehde-
cret?:voy:glo et.22 ;I_e ipay,9:ci~.),'.Z90. Si:el 4er~h.,o,.'cie.:p¡iz y:.,de,_guerra
pertenec1a"a. 1a'nacwn, era:._n~~·eÍ~i;.i,,.¡i. una propos'lcioíf'foimal _del rey a-
la,j\~~_gi.b~~~)p_f:irª-. ci:;;.s¡uar la· guerra. Sin embargo, en caso de evidente
urgencia, la·s hostilidades podían romperse sin autorización del poder ,
legislat~vo, a reserva de que, si éste juzgara que tal necesidad no existía,
se pudiese acusar como culpables de lesa m,':l.jestad a los ministros res·
ponsables. Lo.'<ttatados de ,paz,,, alianza- y.- coni..ercio, eran concertados \\
por .el- rey; pero7'1sometidos·a"'la ratificación de-'la'As;imqlea. '\ r Así, p~:§, la izquierda no ~onsiguió obtener, para los repr~ª'e~1antes
\ de la nac1on, el_,derecho exclusivo de paz y de guerra. Pero, -a: -los ojos
! de Luis-XVI y de- las cancillerías europeas, la. política exterior· francesa.
, YP:::J:!Oe~t~i;tía:jefe. El rey mism<Ylo expliéó a·sí en el:m,anifiesto..,que .. redac-
-tó';'·en· junio de 1791, cl1ando intentó· ábané:fona:f ·e1·p·aís. "Sabiendo
-dijo-=que-tcl'do 'trafa&:Fa~b'e ser'riitifícáao'.po~ la Asam?lea, a ninguna
!.-RUPTURAS 11.EVOLUCIONARIAS 813
pote:J!.~Í~" le;jn~eresa.rámGompromisqs:>:t~n· ,pi:ecarios~~Y, ¡id~fu¡Í,;~: 'tC~roo ... 1 negtfoia,,t:;:~ue-g.dg: ~l,..secreto -a~~·Ias-4 cónferencias· ,,,:Quede·'.·sepreveHi0.-0~ ·:~-n·· T¡
lli'tripüna?", El hecho es qúe, en agosto de 1790, Montmorin, con gran ! '
escándalo de los gabinetes, }eyó ii. los diputados los despachos del ' 1
embajador en Madrid. El Comité diplomático de seis miembros, al
que el ministro de Negocios E¡ctranjeros debía comunicar. toda lac.i::.orres-
pondencia, no era tampoco uiia g¡i~antía de discreción. Para "lfis~cancr- ;.?;
lleríS;s.: ~nátic_á.s.td&;;lilt-::-cteséori~ánzafo. y~údel-.secreto ;· · Franéia: ya'.:i:no·~terifa
dipfomaéiá. ., · -- · · ·· · -
Mejor dicho: tenía otra diplo¡:nacia, tan inquietante como nueva.
hech,~cp.~r.él .trastornar las cosa¡;. t._rándi.'a;''l:IfatenaTuié't(fé:.;jjnp':Q.t911te.;:J:_esul-
ta~~eli.Bf??ª,.Pºr. los princ!gi9s F-1j~filQL:.Q~; s}l'LR~v.olitciónl'~j .. por .. la
prS)_paga:CJQ!l' d~fellQ.s. ' ~
Esta- .pr0Ilag¡11;:ión :~rgi.· facqitaf!~::.P,<Jf~ :lª-*uación· prijlJ.egia!:l_l!:_q~~ _que_
goz¡¡,_bá'USLJUltJ.i,ra: ~j.Q.--~er _\J!},Í_yei.;~ªli:_:_COipQ_fi~_nci-ª. S.~- complacía. en
decir...: s1Lici~9m~-:s.egún. la expresión ·de ·una:: me.rnori¡_i ·. prisentada eñ . el
concurso de la Acad~~ia . de Berlín, "consÚtuía:::pir~' las Cort~;- "y"p~ra
_ una·~:gtan:ó::paite:::.de_]a : tiQ.bl~ta:._ 'C._ufpp~:a;·:::u.tL pyiit<f]~ncfar.,..de~Já: · é'dliéa -
.ciói:J.~'. J;>or medio de las obras· traducidas o por los diarios internacio-
nales, cqmo las gacetas de Aillsterdam y de La Haya, Le Courrier de ·
l' Euro pe, que se publicó hasta 1792, o, desde 1783, el poderoso J oumal
de Littérature fram;aise et étrangere, el francés servía de vínculo a los
intelectuales. Ahora bien: era cosa admfüda que dicha inffüeñciacultíiraT
e.staba-ngád'a, desde que fue creada por Luis XIV, a la influencia polí-
tica, o, por lo menos, que podía serle extraordinariamente útil. Rivarol
lo decía en su Discurso sobre la universalidad de la lengua francesa,
que, en 1784, ganó el premio de la Academia de Berlín: "La simpatía
que en Europa se sentía hacia los franceses, era inseparable de la que
se tenía por su idioma... La estimación de que gozaba este idioma era
i1i\'eparable de la que se sentía por la: nación." Aquel auditorio constituía
UÍl.poderoso medio de propaganda política, sobre todo para un pueblo
cordial y con sentido de los contactos, como era el de los franceses ,a
la sazón.
El peligro revolucionario saltó inmediatamente a la vista para. las
Igl~~ias crfoti¡u¡as; par¡¡,_ la. católica, en .Particular. Jto:illif':ng.;;;J:in:dqsen
consi(;lé;r_?i~que'1fa:Je;:~.tJl.b;a·éii.ipelfgr{(,~)l::;Btancia; No cabe~ duda de que
algo pesabá-eneffo!aainargura por las pérdidas materiales sufridas:
Aviñ~.~k-ªi:;.~,~~ta.do a la Santa Sede; y los bien(;ls eclesiástíco5 confisca-
d9s. l.'eto .:IJ,l~~, •• P!~!undas étan. l,e.s-al~F~e orden ~!ti!!:i,tual:AEstas- se
despertar,orien· la '.misma·.Francia,· ya (L .. principiósc-de· '1'790; ºa_I'.},r~_r~:cóino
· 1éC;C<?11sHtuyente;· eii~-fo.;,i;eforma de-ras- ótéienes religiosas, ;:traspasaba
los .límiteif'''de su ~:~i,Ilpefencfa-aF!tocai" =1a· disc~.P®i¡/i'ClWiiá'stica: ;. , .Y: sé
i=i.~~cif~?l~;.![.!1~.@p'!:ªS:.L!~lJ~.c.,ten'denciá .efl: "'ra:-1egislación de ásuntos .
eq!es~~tl~t_>~. ª.§.! como cuando, el · 12--de-Jtilio ·de 1790, fue ·votada la
814 TOMO 1.-REVOLUCION FRANCESA E IMPERIO Ni\POLEONICO
coristitución civilA~k;,p}e¡:o. Por otra parte, era t~ cITTande ·el temor de
Ropia,,,a?hem~at~1ª".'Jg)#$i~~l!h. 1t@d::.elosa·.de,,,.sus····lilbertad~7que:~el;-papa
tarüó .º~ho ,:.meses,,,·en-,,c.end.en¡i-r: 19 .,que,. desde: luego,. -cónsideraba como
__ ;;Una-:tintol~~a'blef,mtrorpisióq, De todos modos, es fácil comprender la
hostilidad que los asuntos propiamente franceses despertaban en Roma
contra la Revolución.
La que provocaban los principios generales de ilos renovadores iba
más lejos aún; afectabfl. a casi todas las confesiones cristianas. "lt is a
Revolution of doctrin~ (lnd theoretic dogma." Esta frase de Burke exte-
riorizó un sentimientQ gem¡ral en la Iglesia establ~cida en Inglaterra; y
era frecuente en las dJversas doctrinas. Los pietist¡¡s alemanes adoptaban
I.-RUPTµRAS REVOLUCIONARIAS 815
siroplemeJ:!.te,-;',d_el~gii.)!P?!é'•~.!1~ 0~1,,,r.ey.""''~_o ,.existe en Francia autoridad suf>erior''ana:J~y~;;é·LreYe"s.Ql<?,·:,creina·. por ;·e1Iagc;~yc _era. predso · qué ]urara
ser,,'.:fiel~áJ.JiünadórUy;:3..,>fa:ilef\.fF4cil _les ~r\J..ª. lás~cortes negar.aquella
· rrinsferencia-. .de~~sob_eranfa: , y' sÜbráyar .sii ñegiüva?'cofi: 'iííddeiltes de
p.i;_gt_g:f:.916: Así ocurrió: por ejemplo, en Viena, donde, en enero de-i 792-
--cvefdad es que en plena cri.sis-,; Kaunitz se negó a recibir el pliego
en que Noailles le hacía entreg¡L de un decreto de la legislativa contra
los emigrados, so pretexto de que "las formas diplomáticas empleadas
generalmente hasta entonces para las comunicaciones de corte a corte,
entre Francia y las potencias extr:anjeras, no conocían más que a la
persona del Rey Cristianísim~ .. ; L,a desviación de estas formas supone
su reconocimiento y ollservan9ia por todas las Cortes". Pero ·et~:prittéi'pio
planteaéló por.Ja~.~Constitu:yerj:t&· á{acaba, .•en -sus-"'.mismas, ·bases, a 'fas
J monarquías .c~ntinehtales. . ..
---'='1 Este"_¡ií::i¡iclpio,,,transformaba:·:profundamente ;-el derecho •internacional.
La. dJ~·q:~~I9.!i;,i!iisi~4~~-d:i:pP;,a#i sobre.,,_el)ncident~ .~d.e::N ootka, SQund. ~Y la
apefa~i.2~ esp'añola ·al "'pacto · deJamj.}.i_a:,;, ::;lo~-9.ex:riqsµ:q,_;_c_y.a._no -era .. sufi-
la actitud que defifilrí~ Jung-Stilling: "Libertad, ig1aldad; no puede con-
cebirse nada más insepsato; No cabe duda de que:ese espíritu es el más
poderoso y nocivo que.¡;)ii.t,áp__,h;i.._J1odido enviar a la tierra para cortom·
pe,r a los hombres." $}e IQ: cl~~;m¡µ-zo:-,c:le 1791, al conden~Tin:5ofiltitü.:•··
ci9ncivll;_~ío_·VI ,;sé-'~xi?i'~s'&~.it.1L1a,~ni1Sma:;f9_gna::~:_,.,'.¿.Qu~,podría·.existir.
más insensa;to7 q11e: .eh:~ta·):ileéer. elí'tie -loiiJiombi:~s\ésá Tgualdad y . esa
¡ li,pe~t~füdeserifrenada; que,,~a~~C:~l!,_ag_\)ga_¡: •. ~ J~,rn~8h:?;i;{;·::~PB~ j~_ás' é'ón-~1, ·~ : ~ap9 .a los'~~r~c~os~4"1I:¡10s;~c;re¡¡_dor;;q~e,,~_tB)a_,yb~~ta~;de~ fi?_ni~r~-\ '\{\ 0 ~ten,f~,'~~1?lelf~jiJ;:.'1~~~tí:~\a'.~.O.Cfüi::~~xiz:a.~ ,. s(Je-'s;:~fidían. c.ondici¡me_s ~{j.ffil<fS{l;:;; "Ntiesftas fuerzas ,tuivalt:s-decfa Lecouteülx' de Canteleu a Espá:fta~stán a vuestro Iádé:t sf VU:es.tras ·pretensíones son justas ... Serán -
'
; por la · prohlb1~tón:,d~J,p;!aJ .. "Hu:e 1:'.Sa, li~rt~-~ -A~.,g~_ns~~:)'._¡1.g9,~:i,; .. S~~ , la 1 *
· ,+,samblea,Nac!Oll.~.1 c;,qp.ceqe _aLhombre social como un éierecho'unpres- ! ·
. C!f}ptible_de Ja. Naturl}.leza?t'~ •.,:... J
' '.' Semejante actitud se explica, por partede la Iglesia católica, ·sobre
todo, si se piensa en lii mentalidad a que había dado lugar el transcurso
qe casi un siglo de batirse en retirada. Acorralada, de reducto en reduc-
1 tp, por la filosofía, la Iglesia solo había sabido recurrir, medrosamente,
.¡ '(, 1) " al brazo secular; y acalorarse en insípidas refutaciones sobre puntos se-
,\,(• ':i.ui, &. cundarios. La explicación y la excusa invocadas ante aquellos retrocesos
,j ~'¡~' ~;~~1t.:'!ii~~~=~~t.:"~;~lf~fKrt~1JJAi,,.\f~t;ti;;:;
. \ ,,11:_. y,,, frecd~~:nt~mi:::J!f é*'.énip:;;?ªt~de"~f Pl'~~~~ .:~gp-llt~_itrr::,v?l~f~?~~~}:~~-,piiso·:':tl·ll!-"
1 e; .. c,,~ me iatamenre:ren;:a~.:.~ñ;fconti:¡¡.:: as-.1uea:; . amauas''nuevas; sm ·qüe11'a: te
: ~,; .,t,« , _,.,,t,, se. :preguriJai:a~.~·h'.:e1ier~sti~Rlsmo"fa§~;~~b~f~:7!e,y,~~~~- añtafio· ~c?nsigo .. Per.o
el hecho es que,. confjpna,9:a~pr9nfo<-en'.·o:Sl!:~Pºs1c1on' por ~lrnv-luchas · -reli-
1:
1 !
giosas. .de . F raiídá ~- lá · Bi,fréipat'deFr.'=iirifigub:.:.fégllil'éi:f'-.SosfiiVO: ''( cc:iilVit:ción
sincerq., $1!.. J.!llOS -Y .• afri-Iúacion. táctica°' en:' ófros )' 'que"efü{,'dereiidía;'Jfeiite
a-1ii~Révolúción,7;las· baseS;.Iiiisriiá:staé'.nfu:cNilliliéi'óil':.Cnroaha:. ''Allí donde
. _ .. :t"' :··~ _ .. --·~¡··,···~· :-·· .. ,.. <· - -- •• penetrañí>lds~"P'riílC'ípíOs 'del jacobinismo-había de declarar Burke, en su ·¡ '
. \
Tercera carta sobre una paz regicida-todo se derrumba: buen gusto,
costumbres, moral y religión."
Las bases de la soberanía, tal como las profesaban las cortes y los
gabinetes de Europa, más o menos confundidas con lo religioso, no
dejaban de quedar peligrosamente quebrantadas. "La sob~r¡mía perte-
neoo~aAa''llaeién~? •. declar-0 la. Constitución ·:francesa en 179L~De:.ella
"emanantodos)os . .I'P~(!~~s", y ~I ejecutivo en,primer tllgar;:.,Y,~ .. qu~ es,
!
l ..
¡}
ero.plea_i:l_!i_s -~C>ñ'~~- :Vosotros si vj.lesµ-as reclamaciones no son fundadas."
~t.~?J:>ierno .. d~j._Ma4ft~·~,~~~?;:,~!_le:fe~eéant!<~-'fügla'ferra ¡ :"telf'i:iá.étó' de
~¡;w~·~ ira so.~~~~l .mJsmo -ipocl,o'. ,un .nue~?.:4.e~.c~g::p~g1a,)os>,'es~at1:1tos
tf?~!"}.:19.. : ;;J}}EWW~~· En la cuestion de Avmón y en la de los prmc1pes
que pose ari'.·a.,;·:Afsacia (cuyos deta,lles examinaremos después), los prin-
cipios invocados en .Prancia no horrorizaJbp.n menos que los actos. Los
papas-declaraba Petion-no ¡:¡ueden conservar Aviñón "en contra de
la voluntad del pueblo. Aviñónxa~nq,.,e~"4e1,papq.~ puesto __ qµeéno.quj.ere
se~~ir J~~~p~~l~,,~SkJ~flJ;~:,t.:1.X~.<?Ii: perte?ece · a Fra~éii;"'puesttf"'qfü~li'Os
.. :'-ll;:'AA9l1és-es;.fü~s'ean"'Ser 'ftañééses": Y Merlin de Doua1, en 28 de octubre
de 1790, refiriéndose a los tratados relativos a Alsacia, dijo: "Hoy,
cuando la soberanía de los pueblos ... se halla, por fin, consagrada bri-
llantemente ... , ¿qué le importan al pueblo alsaciano, qué le importan
~l pueblo francés, los convenios que, en tiempos del despotismo, tuvieron
por efecto la unión del primero con el seguncio? El pueblo ,de Alsacia
se ha unido al pueblo francés porque así lo ha 'querido ... "
Así, Merlin afirmó que "no __ sm1. lo§'.·tr8=tai:lo$;~tj.e: los ··príncipes-los, que
regu~~_,l,g;~,.A~ms:J;\s,i~,;iY:,Jas:.nacioñe'Si>o;:E,t~dere~ho:yúblic_o· áritiguo:no.~se
basaba, )P.!;l~ .que;: :en JaJ-µ1;¡:z_¡¡,,~ _y_ que .no . .:vengan ,aJ1abl¡gnos .c1e orden so-cia1¡respectQ.·a;~e[te~aii!iif9::Jíeiloñ decía~ " ¡Qui orcfeli.· s~to Dio~: "efque ·
trastoma'todá.inoraly toda justicia!" No les sería difícil a los gobiernos
comprobar múltiples contradicciones entre estos principios y los actos
que les siguieron; pero eso no invalidaba la sinceridad de los innovado-
res¡ como otras dislocaciones semejantes no invalidaron la indignación
que se apoderó de la vieja Europa al oír tales máximas. Contentémonos
~:: .. ,
¡
¡,·
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816 TOMO I.-REVOLUC!ON FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO ~ j
aquí con dos citas .. Una. de ellas, en hermoso fatín, es la protesta que
el arzobispo de Maguncia dµigió a la curia, el 22 de marzo de 1791:
Quippe nulla ibi antiq¡dtatis1 nulla veneratio legum; neque ullus honos
armis nec juri PC!ftoque sµa 9onstat auctoritas. Unde soluta freno procax
licentia cuneta miscere: cun.c;_'ta pessumdare, lubidinem faciendi quaecun-
que velis pro libertate, aud(J.Ciam pro magno .animo habere. Hacia la
misma época-según un diplomático francés-, si en Francia "se cree
que todo lo que se h~ce er~ nombre de la nación está permitido y es
justo, legítimo e inclufo n~esario ... , en Alemania, esta dilapidación se
considera como un insplto Jiecho al Emperador y a ;todas las naciones",
Más compleja era Ja op,osición de carácter social que levantó a la
Europa del antiguo réuilnen contra la Revolución. ¡Cuántos aristócratas
cultos, que no lamentab¡in yer cómo en Francia se venía abajo el des-
potismo, se aferraban,.' sin ~mbargo, a sus privilegios mundanos y eco-
nóini.cos ! Y el mismo obstáculo solía alzarse en la burguesía acomo-
dada. En la hostilida& al n~evo orden social intervenían, también curio-
sos escalonamientos eii -el ~íempo, diferentes, según la proximidad geo-
gráfica a Francia y la penn~abilidad de las clases populares a sus ideas.
Y, .por último. hemos de c9ntar, asimismo, con la extraordinaria varie·
dad de estructuras soc.iales ;que presentaba Europa, con las que venían
a encajar o a fonnar gontra.~te las estructuras mentales.
Sin embargo, algurios rasgos aparecían claramente en la aristocracia
europea, sobre todo en la del centro y del Este. Muy apeg__ada a su
papel de representación y a sus privilegios honoríficos, y fanto más
cuanto que su influenci& política decrecía, aquella aristocracia profesaba
una fútil y tenaz animosidad. contra una revolución que le negaba tales
privilegios, o, algo peor aún, que los transfería a unos advenedizos. Y,
caso de establecer alguna distinción entre éstos, era acaso para detestar,
aún más que a los nuevos ricos del capitalismo, a aquella burguesía
modesta, pero inteligente, capaz para desempeñar los cargos y ansiosa
de conquistarlos. Contra aquellos advenedizos que constituyeron los pun-
tales de la Revolución y del Imperio, y contra el más grande de todos
ellos, que fue Napoleón, se alzó, especialmente en los círculos aristo-
cráticos europeos, una enemiga incansable, aquel poder del siglo XVIII,
destronado en Francia, _m:m jnfluyente en las sociedades de jerarquías
de corte y mundanas : fa mujeÍ\ con su gran instrumento de predominio:
los salones. ·-"- -- -
Aristocracia y burguesía acomodada se aliaban, con frecuencia, para
defender, contra la Revolución, las distinciones jurídicas que fundaban
en_ la economía su situación privilegiada. También aquí el cuadro re-
quiere ser descrito con minuciosidad. En Inglaterra, la_ revolución indus-
trial había desarrollado el proletariado urbano en una forma· que muchos
éon~ideraban peligrosa para el orden social. A estos, lo que más les
preoctip_aba de los sucesos de Francia era la revolución urbana Y. el
ejem.plo que daban los motines de los parados en París. Debido a la
"./
I.-RUITURAS REVOLUCIONARIAS '817
rápida evo~ución de la técnipa, l~ situación de Inglaterra era compa-
rable, en cierto modo, a la que pi;oducía. su paralización en el exterior.
En 1'.1 Europa central y oriei).tal, ¡,a rutina agrícola y la deficiente pro·
ducc1ón mantenían una inestitbilid.ad social análoga. Allí era la revolu-
c~ón agraria. francesa y el G¡;an 'I¡error del campo lo que constituía un
e¡emplo peligroso para los siervos· o seudosíervos. En resumen: fueronmucho.s, en Europa, los priviJegiaqos y los ricos que siguieron la misma
evolución que el patricio de '.Bern~. Fellenberg, quien, después -de haber
aplaudido la revolución naci~nte, escribía en 1794: "Lo que principal-
mente debe asustar a 'los ptopietjtrios europeos; es el cariz, cada vez
m~ acentuado, que va toma11do fµera de Francia la guerra de los opri-
m1.dos contra los opresores. ft1erac de Francia es, sobre todo, donde esa
pugna se convierte en guerra;de los que no tienen nada contra las clases
más acomodadas."
'fa,~, e,;:i; --~!;~~µ~o-.que --lltfgaba~,de,.,.Erancia-, , .. 0;0:pa:ra llamarlo :con. las
p~@~.¡;..a~~~~~~fJ:_l?petidá:s?nto~~e~~-~l~~~i~-e~a",Mar1~t~;'•el::~~>ntagi6~
Llillpiar -se~e1ante foco~de·ºMlfecqon; pared<!; 99.,r_a .. de.:.sa,neanu_~p.to. So-
meter a un país paralizado 'por ~us desórdenes, parecía tarea fácil. El
provecho vendría después. ppr añ~didura.
ID. EL MUNDO <fE~ANICO Y LA REVOLUCION
L~s p<ríses germánicos serían los que iniciasen el conflicto entre
Francia Y Europa. Su estructura social e intelectual explica, más pro-
fundamente que la actu~ció~ de los diplomáticos, su comportamiento
con respec~o a la Revoluc1ón,.r eomportamiento tan variado, por lo demás,
como podia esperarse de ,aquel mundo de territorio vasto y desmem-
brado, de pobl~ción numerosísima: el Sacro Imperio tenía, aproxima-
damente, 30 millones de habitantes, en 660.000 kilómetros cuadrados
repartidos entre 360 estados. '
r. Vi~~~;~~~:.PJ;.~p!li~i;fEPftp~~fo0ntr<i@~f11umorutrio?esenefat Tal im-porta~a·· .u.eb1d~ ~él.-J?.9_cl~!"9.§_a ~~p._c_e_!ll:f2-~ión ~ªii-iif (350.00oaI:· m,:_.~.,......~ s1gnif1caba lé!. capital de los lliosourgos; a:I--prestigio de ~ /C1i11liz~~ que ha.fiL4~_.fl1Jit_~~}~o de la ~l1~11ra aermánica en las ~.!<?_~--~J?-__ ~).l!<JQ~_s_!!done!!@I;- ·a su reputación de ciudaa·ín-
ternac1?E-~!_1. agradable, que atraía a los anstocratas rusos y polacos
y~·ros ~e;iós -nééesifados de los emigrados franceses. Las·~fuerzas- de·c
antiguo. .. regunenr'' qoi:t~;;,sa:lones;;~r de?PªªP.o.s,:.:Q..ominaban,-,allí;._indíscuti-
b~,~p~~t~~'J!.n¡t:~}5,f4'.gl)~,sJ~. ~:~:~)!!' -qu~,:-pcii-· fo :demás,. el -elemento. germá.
mCO'.;y;;'0CCideiital::::segtiííi'''sieña6" relá:-Uvámeíifo' "ilébil. En ella se encon·
traban, sobre todo, griegos, inmigrados de las regiones macedónicas,
eslavos . o rumanos que se hacían ·pasar por griegos, algunos boyardos
de Iass1 o de Bucarest, todos ellos más preocupados por sus fortunas
que por los ecos de <?ccidente. La Iglesia, tradicionalmente poderosa,
se hallaba entonces ammada por un renacimiento espiritual, inspirado,
RENOUV!N I.-52
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818 TOMO I.-REVOLUCION FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
principalmente, por Diessbach. Desde los comienzos de la Revolución,
Díessbach identificaba el di<spertar del catolicismo con la lucha contra
el jacobinismo; y el grupo ·"prerromántico", que, a partir de 1795, ex-
tendería su acción, er¡t fogpsamente contrarrevoludionario. Cuando, en
1791, el gobierno tomó en consideración la idea de poner término a los
pellgrosos extremos de la confusión parisiense, confió el aspecto idedló-
gico de la lucha a una revista nueva, Die Wiener Zeitschrift, que, bajo
la dirección de Hoffmann, combatía, a la vez, el• jacobinismo francés
y el Aufkliirung alem{µJ., Incontestablemente, los re11ccionarios del Adel-
spartei, denominados qspura,ntistas, podían más que los del Auf kléirung-
spartei, a quienes se consideraba jacobinos. Tres 1 o cuatro años más
tarde, cuando la guerra y los complots hubieron sobreeitcitado al pú·
bJ¡co, resultaba peligrosq hablar francés en las calles de Viena.
.. ,,_ _ ·La actitud que ante las_ revueltas y los disturbios parisinos adoptó
la pequeña y brillante'.corte de Weimar, resultó menos hostil que escan-
da,lizada. Allí, "al ab¡igo <le discordias y de polémicas, una pléyade
dft hombres eminentes,, tigrµpados en tomo a un ilustre mecenas, pare·
cían realizar aquel estado humanista definido por Lessing" (J. DROZ).
Eh' 1792, Humboldt señaló. "los límites del estado", contra la violencia
jáq'pbina. Schiller reco¡claba, que la libertad se funda, primeramente, en
lll-: elevación de alma; 'Qoethe (sin desconocer que de una brusca ruptura
p1Jede nacer un mundp meior) afirmaba su ideal de orden y de cultura.
Up. sentimiento análogo de superioridad intelectual explica la posición
aqoptada por algunos· ciudadanos de Hannover, en su mayoría profe-
sores de la Universidad de Gottingen, tan renombrada por sw enseñanza
sól,ida y liberal. Súbditos del rey de Inglaterra, "orgullosos-dice uno
de ellos-de ser medio ingleses", se complacían en oponer la autoridad
y la reconocida cordura de las instituciones británicas a los vastos planes
pplíticos forjados en París. Los "whigs de Hannover", Brandes y Reh-
b¡::rg, entre otros, se basaban en las ideas de Burke para hacer una· aguda
Cfítica del racionalismo francés. . . _ ,_
0 ,,: :A 'las;;..~eformas de, ;e,sfrJJct~i:a.. realizadas por la Constituyent~. los p~Ji~~~~Mf.fuiínicos f-;:teifovados- -poi'~'e1'~~tiespótismcr·1°iJ.ustrad~~· .. co:m,p~taban.
cifrt~rg¡illo,!ia~f1}rópias,; y, lo hacían, insistiendo s0bre"e1 vaiór ·del prin-
cipió'"autoritarjp que Tas' había concebid() ,'·:;:,.~eje,9.JJt,ado. En el liberal du-
cado de Brunswick, uno de· los periódicos más abiertos a las luces, Das
Braunschweiger Journal, defendía, con convicción, la teoría de la auto-
cracia como fuente de los verdaderos progresos. Prusia insistía en el
mismo sentido. El estado moderno y eficiente en que se ha convertido
-dice-es obra del gran Federico, de esta monarquía autoritaria; pero,
según el ministro Hertzberg, "libre y moderada", que se diferencia del
despotismo por la majestad de sus leyes fundamentales, su justicia inde-
pendiente y sus cuerpos consultivos intermediarios. Francia no tenía,
pues, nada que enseñar a los prusianos.
Pero el hecho de que se les imitara en sus reformas, no les disgus-
;1. -RUPTIJRAS ftEVOLUCIONARIAS
taba, en absoluto. Rec.onocía!]. los principios del' Auf k/iirung en los que
fueron. pr9clamad9s,J~- nocfie. d~I _4 .ele . agos_to. Hertzber¡t'apróbaba>'la"' · -
G(í~~-~~§i9.~0:~(J79:J:)f~~]~·:s?$1Jitffci~e-~m¡;;í!aha-~J?ºr __ ias '~nsfo~-
m_ -~7_1<;:;:~s,..,,q~c~d.~!1.taj.~-~~-~:an,9' e~:;; 1J9!•'.;·dana;c,cuna_¡espec~e ~e sistemati-''f~'?!!C.l~!J.-:,~g~: )~!J.:{)9.,,\1ra; .. ~~~~n~n~.-e,n su, teoría:):del":~:eehtstaat; ~según'' fa
·~:~~:~~~~ii,§~[ii16i2i&i:::~~}.~of1~:s~:bra~:e~e~~á l~~e~!~~fi:~!io~
de Francia, aprobaban, a la par, eJ esfuerzo constructivo y la violencia
de ciertas demoliciones. En Prusia, la hostilidad contra el catolicismo
solía ser grande. Se id~ntific~b¡¡ cÓ}l la que se sentía hacia uná Austria
envidiosa y temible, y rcon el j:le~precio que se manifestaba por la. aletar-
gada Alemania del Sur. Pero, de manera general, el racionalismo y el
critieismo del Auf kliirung se resistieron cuando Federico-Guillermo II,
impulsado por los Rosa-cruz, pretendió, én 1788 y 1789, imponer la
interpretación tradicional de !a Biblia. Pastores, magistrados y espíritus
ilustrados, reaccionaron violep.tam~nte. Tales medios no se asociarían,
en modo alguno-, a los pietist~s, qu:e criticaban en los jacobinos la idola-
tría de la razón; ni tampoco ª' los católicos, que denunciaban los ataques
hechos a la autoridad de Roµia. Muy al contrario : más de un burgués
prusiano sentía simpatía por los revolucionarios, al verlos atacar y que-
brantar a la Iglesia gala.
Entre los hamburgueses, ~quellos sentimientos se exponían sin rebo-
zo; fieles al espíritu de tciler,atjcia de Lessing, consideraban los aconte-
cimienfos de Francia como l<i victoria de las ideas libres sobre el fana-
tismo. Lo mismo que en BreJlla, ríos encontramos aquí en un ambiente
de armadores, negociantes y ·bªnquerosinstruidos, emancipados y enri-
quecidos por los grandes negocios internacionales, influyentes y con-
vencidos de su valor, que c011sideran con benevolencia el ejemplo de
la burguesía francesa. De este JllOdo, los acontecimientos del Oeste en-
cuentran ,_el! ,f;!l E,11:>~ ;un .eco, clamoroso inclusive, en ocasiones ..
L,a§E,l'..9&.iWJIJ!!!,gypgi¿@s~.;~xpgC:á;· en· parte;· él 'que fa revolución des-
Be..nwa,: f'.n; la Alemania~ cicéiueri.tal. De Estrasburgo, gran -centro de
~ropaga:nda'para:·Gert:n:allia;"llegában con facilidad periódicos y folletos,
Íhformación verbal e incluso emisarios. Pronto se entusiasmó Wurtem-
berg por aquellos franceses que hicieron de sus Estados Generales arcai-
cos la base de instituciones modernas. También el ducado poseía los ;
~tiinde, contrapeso teórico del despotismo-, al que se quisiera regenerar
sm atropellar el "viejo derecho". Una prensa activa y casi libre; y gran
cantidad de publicistas y pensadores políticos, seguían, apasionadamen-
te, 11l experiencia francesa. Y lo mismo ocurría en el Rin, donde la
acentuada dispersión política era poco favorable al despotismo. Además,
los soberanos gustaban alardear de espíritus ilustrados y se jactaban de
favorecer el desarrollo de universidades, colegios y escuelas. Se discutía
a diario la política en los gabinetes de lectura, en las "sociedades de
hombres reflexivos", en las logias masónicas y en "el nuevo partido".
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820: TOMO I.-REVOLOCION. FRANCESA B IMPERIO NAI'OLEONICO
El ejemplo de Francia s.~ría tanto más poderoso cuanto q~e las rela-
ciones sociales y económi~as cqn ella eran c9ntinuas·: · y_pg~ ~_Es tía, ·contra
ellas/ -:ajrlgana;:;aversión,n~:<;ionaJ .ni•.unitariw alemana. Después :·dec la-<nQche.
deC;(de. agostq .• .se~alzaroiiJa;.~)ls~ble¡¡,s: de;estado de Colo~a..;..rde:'fré.;· .. veri§~.:cQii.tra ~Ja~MsigJ:i.a).d~cf:;fi§cát· La...Qu_!.guesía ~ J):~y~ns __ lª _d<!clª-W.
abolida::Los camp_e.§t!!_os 1fer S~i:re y del Palatill'.1~() r~~haz~!'.9.D,:.lQLº-e.P.Jlos
feudálés. La brusca reacción dITosgubietiióS,-censura, destituc10nes Y des-
tierrós, exasperaron. aún_ Jn.ás .. ~ Jo~ _cl~rri.ó«ra.:~~~ a>'._anzad?s· Cuañdoo: lle.ga·:. ron~las' 1 tropas.~gegc:;,epfi.%·~-éi;i;.t;7'~:2i(~~soJ;J.p:~(on:·.·ap~y~ ... ··spi·-~n.:i1Ja.tgo;'-'P;ilrli._
entonces·Ji:inayoría · .deJa\P.91:il(l.~~§¡:(~ha.b1a ~re?;c.c1()nado .~de ,su. :ent1ma.s;,,
mo;· al verse ·en,'PÍil;Úera/Ünef::P.¡ífi:)íace¡:: fi:eiik: al ·choque de:i~· ~~y_()- '
lución ... ~ it~la•-in;va,s.i?n• y.ª los •. ti.asto~nos. sociales. ~os. ~aíses ~ ren~~~s;;>eran .. , Ji
pues;. una -región mdecisa, q:Q,Y:·Y~cilaba _ent~e l~ mqn:etud y .. fa,:.Sll!lJ?ªtía !
por ,Francia, que dur.¡_mte ,yemticmco anos sena duena de sus destinos. J
"El canto de Allons, · enf ants de_lfi_l!.fl!r~I,?, _ _!!o _.le§ ¡;:onvien~. en ~gún
idiomi;-alas-geiités ácoroodadas-:--Fue escrito Y se l~JJUSO_lll~s!~a __ ~ojo
pata.- consolar y animar a los pobres dfa'5Tós."" ~if'l<:>s países a~em.a~~s_,
esos ·pobres diablos eran lo suficientemente ~:u:r:i-~rOS?S. paré!. JUS~ficar
el tenfür que se adivinaba a través de tan significativa ocurrencia de
'.Goeilie>En las grandes aglomeraciones urbanas, los problemas de abas-
tecíroiento podrían desencadenar, como en París, crisis políticas. En
mayo de 1791. se reunieron en Viena 700 revendedoras, para pro~~~tar.
ante J!kBr.ú:;s:íP.~.Ji,~redero;i;:gI).,traJa escasez d~ viver~s. ~n--~er~ID,;~f1udad ·
de .. :MO;OOO.··Ifa:bitaíite,s~•,eri.1-11.7,9.$;.,:Jª ... !;'cqnsunc1ón'.~,yt'.1a'•·~'misena··0•flieron~·"·
causa'.'btftÍab~cÍé'.·r.sdo:':Ctifootfones; y la "casa de trabajo'..'.., .. ,fundada
en 1785 para los mendigo~!- ~lbergaba ~ 1.250 ac~~dos. El p~uperismo
se .a,gra:val:JéJ:;' :?-},Q~e.ce.r-i"'·PC>C.':1~ª:; .. c~ntm~a ~levac1on de p~ec1os Y por
w:fa ·'crisis profunda . de las v1e1 as oQ~~~~~},2~~~;;:-~~rnPr~g'i'iJ!,s~~ .... Jos
medios rurales., .• la. vida era dura. En Prusia persistí~ la ser~1d1.~mbr~.
a, pesat:fd~'.~1:a:i·/callfg~jfa,~ é_liípl;eli'Clida ~eif confrii' ·'de" ella·''póY lós ·medfos
uñ.iversitá.rios:,:déKorrlsb~rg>A desJ.Je~ho 9:~ _edic~Qs~_p¡¡_tr1J,llas y '.'casas
de los pobres", los mendigos pululaban por doqu~e~'. En el Rm, en
Sajonia y en Silesia estallaron di.Stúrbfos-agrariós:·Pero la fuerza.r~v~-T
lucionari_a de: aquetejéroito de -desharrapados; er.a. ~ula .. 'Lo~ precep~os reli- :
giosos ··Y' sociales Jes"habfan.haJ:lit~ado'a la obed1enc1~ --c1ega?"El"pueblo ·r
era «fiel~' i'"'Y·'la burguesía: se: r~goc11aba de aquella·_cualidad que. declar.aba i
ser pr0rtmdariíente::alemana,,j.ues.Ja. bur~esía. n?)e~f~ naqa, del. dma· \
mismo _que~'en-Francia·,bizo del estado llano ilustrado el·'marco de la
acéiófr"'popu:tar.
Sin embargo, no quiere esto decir que se desinteresara de la Revo-
lución francesa, como se comprende solo con darse cuenta de la mul-
tiplicación de los periódicos; en 1790, Alemania tenía 247; Y. de 1779
a 1799, el número de publicaciones especializadas en información polí-
tica pasó de siete a 24, a lo que hay que añadir las gacetas que llegaban
1.-RUPTU¡tiS· REVOLUCIONARIAS 821
de Francia y Holanda, tambiéq. muy. informadas, por cierto, en lo refe-
rente a l~ Revolución. Entre la juve.ntud burguesa se pusieron de moda
los estud10s de carácter polítjco, s9bre todo los de derecho, que se
orientaban, entonces, con nuevii: aten5:ión, hacia ios problemas de gobier-
no. Halle, la más importante ~e la§ universidades prusianas y la rival
de Gottingen, contaba en 1798-179~ con más de 300 juristas. Al no
encontrar las salidas que cor,i:espop.derían a su esfuerzo, muchos de
estos titulados pensaban, con ~margura, en los horizontes que abría en
Francia la nueva igualdad. •; '·
Muchos fi:_e.!'~!!_los -~eman«?S qu~ atrave§~!Qn __ el Rin para ir a ver,
H9r. ~l1S PFópios ojos. ~q~f]{~'ffs é:fiie -üno de ellos describía como "lU-
~iente l.__ ~!_r~~e.EJEo_pq~)~--~pJ:~_io#''~ Les ·gustaDá, pnñélpalmente~·· fie-·
';-;ientar fos ~mbientes grro~dinos, sintiéndose atraídos hacia ellos por
perta comunidad de cortes1a y cultura, de atrevimiento en las ideas y
de cordura s.ocial. A veces, las observaciones que hacían eran agudas,
como, por e3emplo, las que Oelsner envió a Minerva; y otras estaban
deformadas por el entusiasmo o la antipatía. Pero ya sus autores las
difundieran verbaimente, a su regreso a Alemania, ya .fas public,aran en
revistas especializadas, como, por ejemplo, aquella Minerva que fundó
Archenholtz. en 1792, podían tener la segllridad de contar con· un público
numeroso e mteresado. Ante~el espectáculo de la·RevolucfóiJ.~'1ós'"eStutlios
politi:c,()~<a;!~á,~árpl,1~!,~~~Jgs~p-~íses.:·.cgermá.nic~s-'\'i:rñ.';,auge ··increfble ;- ··y . los
i~t~l~~áie~;;;te~an,~gr-an~;,;interés;· :en- · fóriíiafse-:'.' ú.Íia'-'6pinión · · so br_y_·, los
asuntos.franceses· · -··
r Pero', solo:-:fos'-_ futelectuales, -'Y • úni~éñté éli'''él 'aspeetcPintelectual;
~, n aqlJ.f .. ~~.; §.yi,í~l~"c pr,()f.~dam:ente, ei. ,diyc)f~~?0flfi~;".''éi(:e1~'espllifü ·germánico,
Lseparaba: ·a11µ,,.fl~p~nsam1e;n.tQ..,;Q..e,)a, acción. Ya podían los burgueses
~informarse, con exactitud e interés, de las reformas occidentales; ya
podían lamentarse de estar confinados dentro de· su casta, despreciados
por una nobleza que, cuanto más se atenuaban las separaciones materia-
I~s. más se distanciaba; ya podían compartir la amargura de sus hijos,
dlpiomados sin empleos ... No se les ocurriría, ni remotamente, concertar
una· acción común en país alemán. Los cuadros del Aufkliirung no
t~ndrían más utili~ad que la puramente intelectual; ningún vínculo polí-
tico se establecena entre los centros del pensamiento. Ni siquiera se
\ornaría e,n consider~ción la acción inmediata y local. Et'éspú:itú\a,lemáa~
~y, :má.s"'auµ;.;el,. ·. qL§l~'t• ~sta,ba_n,:d~¡¡,~ta.dg Jnarcados por .,el :·sigilo ·~lufo-
·!~l:.~~~~!lif'd.-, 1:ª;:cdstj'ªniJ.Y~''7Pntíci~~:.:imriili.l~;stmüsit?µ.~ füdetiquiana«
~· ·· at :&Jh'&l~~;.~;i - 0,:,-.Jf:~.~ñ?f~esra-é?~~inua~~.~~~[a~_:--~¿~p~Cqe~illiir
su~. ~~Pl.(~~1en:,. . qla:s~ra . .,.una Nolunta(i 'de "'ttatlsfotmac1ón· política ; ·· y
;<,.üo<d.iSp!J.!-ª-'!1ª:.:1%tP.ªftJ9iP'!.éiól! en. los asúri'tos del ESfa.do a aquella nobl~za
=-de'~euyas-vej'acioiieif' se' resentía. e.. Kant·· lQ. hace constar así: "De todos
los pUeQlOS civilizados, el alemán· es ef'más coñstánte V fácilmente
gooerñabfo: Es enéº1Jgg !fj Jª~ novédades y de la resistentia al orden
esta blec1~0. '' Además; ·" las-<":·-ciaS'e~:"'niétl'ms°"germáñicas-. -clependfatt·:: derna-
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822 IOMO I.-REVOLUCION FRANCESA E IMPERIO NABOLEONICO
siáñ<údel: príncipe-f"pórt!'su·-"'Fiqueza ~•y · stc~prospetidad~···para'7~1évantarse
conli:a . .'él. ··"Prusia significa despotismo ilustrado y economía dirigida"
~(H. BRUNSCHWIG). La burgµesía. de los países alemanes, muy distinta
i de ·las clases medias ip.gles~ y francesa, tan emprendedoras y con un
diJ1ero tan atrevido, p~l"Jil~ecía severamente s~juzg~da-salvo, t~l vez,
en' los grandes puerto.s~al Estado y a sus directrtces económicas, Y
apegada, además, a un arcaico sistema de corporaciones y cofradías.
La libertad del trabaj9 individual, tal como la Revolución la ~plantó
en Francia, con sus p,_osibilidades y sus riesgos, la asustaba. S1 tocase
la armazón estatal, creería . quebrantar su propia prosperidad. .
De este apolitisch estado de ánimo, participaban los más altos n~ge
niqs; y lo hacían sin qµe s:e les forzara y sin sen9rse h~illados, pues
pata ellos la misión pundlal de Ja cultura. ~l~~a'na s~ situaba en un
plano muy distinto y lflµch9 más alto~ La dms;oD: política. de los países
germánicos debía ser ~ceptapa como un hecho sm ~converuentes graves;
y 'como el precio deéresc3,te de Ja verdadera grandeza. Grandeza del
pasado, respeto que ¡n$pir¡¡.bá. la venerable antigüedad del Sacro fm-
perio. Grandeza de una. política de paz, ya que, al lado de la fuerza
de que se enorgullec~ el patriotismo prusiano, existía (y Wieland lo
afirmó, aún, en 1791) la belleza de tal conducta pacífica impuesta :por la división en pequeños estados, la Kleinstaaterei. Grandeza de la· vida
intelectual, ya que süs ntimerosas capitales eran otros t~tos centros
vivos para el espíritu. Todos estbs valores se reunían y co~bmaban para
constituir el más noble ideal humano, que Goethe defme, en 1797:
"Alemanes: vano es que esperéis formar una. ~a~~ónL :~P:,,,~~~()!,~~~
~ será. más. _fácil ~~~,eEos. hombr~s." _L.ª _.J1lfaión a~-~ell1ªÍl1i¡;,,er~-Ja_--de
cpnverµrse, por el 'desarrp]lo_§.<fl~<?~Y!rit.i·Y::1a:'expans1on de una· Cúltura
~up"i;ior;,·-e~ '.ef'-órg:UUo··a¿;~1a.-·:~ipp.¡¡;n.i~.!!'.d.;-:;.eJ-mi.s~9:~ti~NPC:2,.qr¡.1L~n, .. .s.11
tjiod~lo,-'~\~}l::,1ui;~~9f~:}t~füía d~ .. ?-~º1?;e~~e -~l espíritu occ1dent~l! fun-
Q~entc;i')narenalí~,a~rígrdamente-,nacmnail,._;;;~L .. trª'-~ía el beneficm de
far••fosas'~sahtas'!';ª'tie'."lá':-éulturá:"hutoanista ·y morat En 1791, Herder,
que en la parte cuarta de. sus l~eas muestra .P?r Francia una simpatía
~ompletamente nueva en él, consideraba la mmórt alemana como mun-
dial. F. Schlegel exclamaba: "Por Alemania corre el manantial de la
nueva era." HOlder:lin -sustituyó la. patria de la tierra por la del espíritu:
"Alemanes: hac~os semejantes a los griegos y .t~np!'_éi_s i.giJ:..J?.atr~a- aJe.-
mana." Fiéiitif'á'Ja~e:volµción. .!francesa, -el peñs-amfonto · germáñko '"iba
elaboranao·1a suya~- ''eF~ómahticisma·:
La Revolución francesa sería poco contagiosa a1 otro lado del Rin.
Profundidades del espíritu y actitudes políticas o sociales, en su con-
junto, el mundo que allí encontró estaba más a1ejado de ella de lo
'que imaginaba y más también de lo que daba por seguro.
I.-KUl"lUM\:l li.LYUL>UVJ.V¡'\;U."\UlV
IV. DECLARACION DE GUERRA (20 DE ABRIL DE 1792)
"Habiendo subido al trono en las circunstancias más difíciles del
mundo, ha preferido ceder a erguirse contra dificultades cuyas conse-
cuencias tuvo el buen criterio de captar en seguida." No cabe duda de
que Leopoldo II tuvo ocasión de poner en juego esa flexibilidad que
le atribuye el embajador de Fnincia en Viena, en medio de los peligros
que amenazaban a los estado~ {le los Habsburgos cuando, a la muerte
de José II (20 de feb.rero de_ J,790), se hizo ~a_rgo _de ellos. ba guerra
c.on -Turq u íª;:.::aLiadó'•de ,Catflliiia,JI¿era :"agótifdóra=;y ''ae ·pro blerri.ático prov~epg<?,::::f:rusia:cs.e.'rmostrabiii~t(),~·m_a~'.,7:,am~nazaclota·_:cµanto:·'1 que,,.veía
a-' N1:fs~#;r:déreúbierta:•por"eJ;'~steF·'y~ en etretó"'üe'l 790~"se alió éon lbs -
tur'cos::'.'La"•-nobleza húngara; -:ÍlllpuJsada por: elfa· y descontenta por _las
re.crentes -refüri:has, se., subJev~ ])¡i., .• pn _ Hungría~~~e :· haofübii "üe' ·eiegh- á
·tin riU:évtr-iéy:·-En7 elJrente tl\rcpd~eserfaoaii'fos~:'.foidados.
También se debían, en parte, a Prusia los disturbios que, en 1789,
estallaron en los Países Bajos aústríacos. Allí los estatistas, partido
conservador que, dirigido pot el abogado van der Noot y el canónigo
van Eupen, defendía a las co¡;-poraciones de oficios y a las ricas abadías
contra las reformas josefistas, se unieron, por un momento, a los par-
tidarios de Vonk, cuyo prtjgrama era democrático y constitucional.
Exputsa:das--··las -tropas .. austría:qas; '-10·3~·. E_stados"'''Geiiéralés;>•treur¡:idos""en
B rusefa.'s;:o .recláni'aton; .•a 1:. d¿ 'eneró., de~'r790;'~'1ós~~ Estados : Belgas~' Ufil':;"
.dos.<.:,Los estatistas. desconfiando de Francia (que, por lo demás, se
mostraba reservada), se apoyitban preferentemente en Ing~aterra, en
fas Provincias Unidas y, sobre todo, en Prusia, ya que esta, para debi-
litar a Austria, apoyaba al nuevo Estado, intentando hacerlo reconocer
y enviándole oficiales.
Comprometido, de este modo, en los extremos opuestos de sus in-
mensos dominios, el Habsburgo lamentaba más que nunca los incon·
venientes de la dispersión geográfica que caracterizaba a sus estados,
la cual entrañaba dtfo.dcmcs sin fin y enotrrics gástos para trasladar
1tropas de un frente a otro. También había diversidad de lenguas, pese
a los esfuerzos de José II por hacer del alemán la lengua ofieial de
enlace. Su majestad apostólica era sostén del catolicismo; pero tenía
bajo su cetro a tres millones de protestantes. Civilizaciones muy diver-
sas, cada una de ellas se apoya:ba .en ciudades populosas y brillantes,
como Viena, con 350.000 habitantes; Milán, con 120.000; Bruselas,
con,110.000; Praga, con 75.000. Dificultad para realizar un plan racional
de reformas, administración insuficientemente formada y finanzas incu-
rablemente deficitarias. Frentes diplomáticos demasiado numerosos, y
algunos de ellos, especialmente el prusiano, peligrosos y sin proveer; los
otros (el turco, el polaco y tal vez, antes de mucho, el francés) que
ofrecían a la antigua tradición habsburguesa de los repartos sus tenta·
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824 TOMO l.-RBVOL'C!CION ~NCESA E IMPERIO NAPOLEO!'ITCO
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ciones, irrazonables, sin dµda; un sentimiento nacional apenas conscien-
te; y, para hacer Sus veceq, el ÍI,lstinto familiar en el soberano y la lealtad
dinástica en una corte, en 1:1na alta administración y en un alto ejército.
plagados de polacos, flam~ncos, lombardos, loreneses y otros extranjeros.
Cierto que el HabsbÚrgo pooía considerar, como compensación. a ..
todo esto, la extensión de:: sus ~ominios y el número de sus súbditos (20
. a 25 millones); la consolidaci!Jn que, pese a muchos fracasos, habíílll
obtenido las reformas de,l siglp xvm ;una fuerza militar considerable,
a pesar de su desgaste eú el ~¡:ente del Danubio; y, acaso, el prestigio
diplomático, aún brillant~, del'. viejo Kaunitz. La corona imperial con-
servaba mucho de su anJiguo esplendor. En el Sacro Imperio, la casa
de Austria tenía 10 millones de almas ; mientras solo contaba con
2.500.000 su antiguo ad~ersario prusiano; había dos millones en Ba-
viera y en Sajonia; tre$, dis~minados por las tierras eclesiásticas; y
700.000, repartidos por SO citjdades libres. En la Dieta de septiembre,
de 1790, el colegio de elCc:tores había colocado, una vez más, la corona
en la cab~za. de un. Habs,bl:lrgq~
1:-eúpol~o .sup.c>: T~F~~:!::..'·~º.~º-s _--~s~_o~:--lJi~f·%• :qes~ré~1l1é~d'Ose';:cde' ·
la ciénaga:· ·t)lrc;aúp.ron,to ~'neg~i;}?'.'·_q9¿t~}f,;,~S,1f,;t)Mm.e ·Puerta,:~ fFando , con
ella,.:(4 de agosto de 1791) l<).."paz: Cl~ .. Srstova. En ~ngna, ~9 _ _1~
inquietud que provocaban entre los nobles las noticias de la revolución
agrana· ·rra:n:cesa:--sus¡;romesas-a:e·respct~~1iS._JeYeS: particulares-. de ·1a
nacfó1cy· stis concesiones -a los protestantes, calmaron la agitacióp.. El 2
d¡n:nárzo de 1790, ofreció a los estados de Brabante uii acuerdo, pro-
bablemente sincero, pero que la obstinada desconfianza de los estados
rechazó. En vista de ello, las tropas de Leopoldo avanzaron; y, ayu-
dadas por las discordias de los belgas, sometieron el país (diciembre
de 1790). Pero no cabe duda de que, si Leopoldo pudo dominar tan
bnllantemente la situación, fue gracias a que se había reconciliado pre·
viamente con Prusia.
La empresa fue difícil, pues el··antagonismo::·austro-pr_usiano .. tenía
caus¡ts más hondas que: eL .recu~rdo ,de las 'recientes.-mw.rs.a.~:'.:!N.rahte _
los períodos·''cie'recoiicilia:ció!l;;-m_ás 'º";rn~IJ.9.~·:J.?rolongados)'.~sfncercfs.:· que
la lucha:· éonfra>lá?revolucióri:-y' eriinperio.h8:bíá:r:f•ck"'prtivocá:f';""§'uosis~
tiríaisiempre-18: intifil[<f9posiCión entre· germanos del Norte y ctér·sui;
entr~ ·católicos· y-:-pI'otestantes ;··oposición agravadl!i. a la ·sazón'; )'a que
el Aufkliir-ungc;,h\l-,bJ.a:cf:l.fl.<.l_o a ;·P.nisia un protestantis,D:io ~!amplio; liberal
y despectivo paráJa Igie'sia; y úiúi. armazcfü''roodefaa '}'"'i:acional, des·
deñosa de: la:vieja~monarquía, de,-los1.Habsburgos.- En Alemania conti-
·n:iiáha ·fa rivalidad por la supremacía entre Viena y Berlín; y también,
con motivo del botín, en Polonia y Francia.
Desde la muerte de Federico el Grande, en 1786, las bases del
poder prusiano no parecían quebrantadas. El ejército conservaba su
prestigio y lo mismo ocurría con la administración, integrada por fun·
cionarios "ilustrados" y mejor dotada cada día, ya que el Estado exten-
!.-RUPTURAS 1rnyoLUCIONARIAS 825
día sin cesar su radio de acció~1. La nobleza, empobrecida pGr la evo-
lución económica general, acudí¡i cad!l vez más al ejército o a la admi-
nistración, ora para servir durarj.te .u:r}os años, ya para seguir la carrera.
El Estado continuaba siendo la poten5;ia suprema, en beneficio de la cual
se organizaba todo; jerar.quía spcial ,en la que cada clase estaba prote·
gida, en la medida que necesitaba, dirigentismo mercantilista incorpo-
rado al sistema político y ajus~ado ~ las necesidades del ejército y del
tesoro. La población de los 19p.OOO'kilómetros cuadrados que contaba
el reino, había de subir, desde· 1786 a .1805, de 5.400.000 a 6.250.000
habitantes. Berlín adquiría empaque de: ciudad de las luces, de capital
alemana del Aufkliirung. ··
Sin embargo, en la opinión JnteIT\acional, el prestigio de Prusia baja-
ba, pues se veía que sus neces~dad~ seguían siendo las mismas, y que
sus medios disminuían. De me\liocrci riqueza natural, el reino se esfor-
zaba por colonizar y poner ~n explotación sus , adquisiciones del si-
glo XVIII, ·sin conseguir aún sa¡:ar dp ellas verdadero provecho. Econó-
micamente, le resultab,a de una yerda~era necesidad anexionarse las tierras
de trigo y los bosques de Polot}ia. T¡as el agotador esfuerzo exigido por
Federico el Grande, la opinión se p:ermitía un respiro, que se reflejaba
en la licencia y el lujo de Bet;lín, JI cuyo síntoma más inquietante era
la indiferencia de la minoría< intel~ctual con respecto al Estado. De
Federico Guillermo no podía ~sperarse más. Aquel gigante obeso ("con
la estatura y la fuerza de un c§nten~r de suizos", decía un diplomático),
místico y sensual a la vez, vivía, bajo: la influencia, sucesiva o simultánea,
de consejeros tales como Hertzherg, ambicioso, complicado e ignorante;
del "beato" Wollner y del charlatán rosa-cruz Bischoffwerder. De sus
intriga y de los "secretos" del ~ey, salía una diplomacia cínica, inco-
lierente y sospechosa. N
Sin embargo, Prusia, tal cual era, constituía una peligrosa amenaza
para Leopoldo, comprometido desde Bruselas a Belgrado y no igno-
rante de que en el juego de compensaciones que estaba fraguando Berlín,
él perdería la Galitzia, y los polacos, Thorn y Danzig. Con meritoria
perseverancia, intentó un acercamiento, a la vez que disponía un ejér·
1.-ito, frente a las concentraciones prusianas. Felizmente para él, los in-
gleses deseaban vivamente la terminación de la guerra con Turquía,
Jo que él mismo esperaba con no menos afán. Por tanto, pudo contar
con su apoyo, y también con el de sus aliados, los holandeses. Polonia
~;e revolvía contra la idea de "cambiar" Thom y Danzig. Por último,
Federico Guillerno se encontraba bajo la influencia de Bischofwerder,
partidario de Austria, que, en el momento preciso, supo hacer intervenir
las órdenes del mismo Dios, transmitidas por boca de una jorobada
sonámbula. Así, pues, el 27 .de jUlió ·de 1790, Viena y Berlín;. llegaron
a los acuerdos de ~Reiéhen15acli: 'Aust'ría habría de 'retirarse de la guerra
con · Tutqµía; ·-sin· eXigir más ' que ~ligeras· rectificácibnes de fronteras.
Prusia dejaría de ·respaldar a los ·refugiados húngaros, y· al lado de las
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826 TOMO 1.-REVOLUC!ON FRANCESA E IMPERIO NAl?OLEONICO
potén9ii3,{ mai11Wias.".g_a¡:antizabE-::' la.·:restitucfoií' ae~'liis .. ·:provincias belgas
·",_a~AU'strfa. Ademásrapoyaría la:.eleeción d'e Leopold~Fen el:- SacrC?;)inp_~~
rio'. De_ ~~J~;.mod:o.~:Jp;g¡~~,ra quedábii{:satisfechry ·Austria .sa~a"~e· su··
atollittlero ... }'rusia no· qacaba··nada "de .•tantas ~amenazas' y, tantas. mtngas ;
p~~9;~~~)l{!úerdc:f con :Vi!ma'.;Je;.at)rfa- nuevas-perspectivas hacia el· Vístula
y· ei.:run;. .
( c~~i~~"!\t~~r·:~~:~jf~~~~~~~~~·-':~;~i~¡::~~;-~!~~l~~:~o~~r~d~~
\ Jip~füié:t)l¡i.,jiillgµn:·p~efüq~'.'«Dé''"ésta afirmación de pritisiJ?icis .• ~·_procla•
.! j;tja,c;fa ·· P:or;;Ji:·:<~~opstiajy~nti.: 1e1 ;:2.2,2 c,t~:.;maY;()"~.e: :1~?9!jC'I~"'declaración
/ de guerra del 20 de a,)Jpl qe 1792 no medió müc'ho"tiempo;
.., La guerr8: .. e_r.a .!Í,y~~,a..cl-ª'. por la :-alta. emigraci.ón.; Sus ·~puros", .sus
!'integrales''/ sólicitabii.n"'uná. intervención .. ex;tnmjera,, ,que los restable-
ci~se en, su -grandeza,~.1 •• yicil~s•:devolvieiir·'süS' privilegios.· 'Después d1~ la
toma de la Bastilla, Q' Artqis y Condé se instalaron en Turín, e hicieron
un; llamamiento a los ~jércitps monárquicos; pero fue tan poca su influen-
o¡á en los gobiernos, qµe pronto se dieron cuenta de la mediocridad de
s,u juicio y de sus informaciones. El número de ·''·pequeños emigrados"
llegó, a ser. i;r.iuy.eleyaclo (un total aproximado de 130.000) ;'s;;•aunque
muchos'de'"céllos'':i,íivierÓn< discretamente en' SUS· refufilós;{sú' raccióri con-
trárr~voluciónaria, en. SU· -~írqufo' ·futill10!-~ no :'.:füe~:ae<'d~~pr~cfür, Las ¡igru-
paciones de emigrados .militantes que;:d_éS.pué~_,,-~tf;.V¡írénnes, sól:i~e tgdo,
S~c formaron en: CogJenza, w órns y Treveris, deseinpeñaroifc'uñ 'papé1
í{fterna:cionªtunP,oii~nte. Sus cuerposc:apnadOs.''buenas'tropas;~:que·luéha-'.
.. baif ·c0it."<lenueéio; r.eran;:niun;~.ñc~e4le:C:d~füles~.,(9,ooo~ entrarón ~n Fra_n-
cia_. en .1792) ; ·~pero .SU P.te_s.eJÍcfa;:J~C'q~: ;los herinanoS:«:del re)' '-y 'la/ él,el
gobierno -que)1abí¡iiü::bnstitüício':~eij'._C~fotlp:~.·-~ .. dos pasos de Ja frontera,
era :un reto a la ~egisl¡¡.t~ya, y ,e~rf;.gier.on'.t'peligrosam{!-1;,te.Aa ,atmósfera.
:· . .,Luis,;X\IT,, al mismo tiempo ·que censuraba en sus hermanos aquella
ácÜniíi : frisólenfodrlle,. le~con\Pro~etf~_,..:<cJl~WP.~Jti~.':s11~~1'.lnvic:é.ión ... c!e, :que
era,Jfoito .. el· llattiarritento' áf·eidraiijer&' .• contta·:.u!la;.;reyolucipn e!lemiga
~ie -~U$.; f:le:i;echos'..legítímos 'y· de::lá ',tellgión.:Matia.'';f\ñfríñietá:' síénéfó~ como
era, hermana de :José:'Y''dé -Leopo1do~~de 1a regente de 1os Países Bajos
austríacos,,y cde-:fa· reina 'de Nápoles.;. ~du9a<;1~ . .:9°9JTI9.·1o ;lta,.b.fa:;;.s.~ª().! .. en
la corte .de Yiena;;1dentrcHdehexclúsivo ·sep.tiiiíi~nJq,.4ffi.~sti99. Y.Jªizjiliár,
y habíerido-;permahec\elo~'-'indusf!;~.e11,.,V.eFsalles?ó.!ljcf·1a•·º]jediericfa'1te·su
madr~;¡;]v.farfa?'<1'etesa~ ''que rt'í:eccimendaba qtie iicf'Sé. afr.8,.n~~sase, con-
~ideral:Ja perfectamente ,fundado que_,,se llanms~:én: su. ajucfa' á·'fa "familia
.. ;~e:;.¡OS'.:;reyef'/ Por lo demás, mujer de· impulsos afectivos, bonita y mi-
niáda, lo mismo ponía mal gesto a los emigados, "esa mala raza", que
: a los de los clubs, "esos mendigos,,, y a los jacobinos, "esa horda. infa-
. :me". A ;fines.,.,deó.'17.90,.•Luis-XVI acreditó secretamente a Breteuil ante
las cortes, empleando como intermediarios, en París y Bruselas, al sueco
¡Fersen y al embajador imp~ñal Mercy-Argent~au. Sus llamamientos':se
dirigieron, princjpalp:¡.ente,., á Leopoldo: C()nCeJ:Ltrar.·:tropaF(mario' ·ae
1791), prestar 15 millones (aprjl). En respuesta le llegaron vagas·--pala>
bras, .''.b@naé.~Y:oh1ntad;\.;;.¡_,amistadc:'-a.;;,.tcida·•11rueba'?. (enero de· 1791) ... ,
q:f:ma'fi~más>:"'"·
., ~1 verg,ri2, gt?,.,.J Jn,""&!?.~J~+'-~~~~,:i..,-~.ª·.;Y~It<~?~~-: .. ,~;,)a_dec~aración, ... de.
Pillmtz, y el . .otpñg,,_co,n,Ja;,,rellblón de la Leg1slativ.a; ;produieron .en. la
opiniÓii'{#~b~es0:'"~1}t'fápiCÍ~.*;~VQl]lSifiil. )':q1.<~ncima-.. de.:.l~s1;,cons~4era
cioñ14.:geaefcifo§'~?ol)tiB:~~}·Üueyo 'derecho internaci~n.a:t~ la liiberación: de
los· ·pfi~blos;~=~:~:'.~eX.ii;iiiino·i 1a: :P.oáibiliéliid füF'úllá!' glietra::- Lo hicieron sin
pestañear, y con una ligereza (la palabra, clásica, es dura, pero exacta)
que parece asombrosa~ Hay qtie reconocer, desde luego, que -no puede
aplicarse a la masa de la nai::ión, la masa campesina sobre todo, poco
aficionada a correr aventura~, pero que no podía exponer su opinión.
En cuanto a los que estabaµ en condiciones de hacerlo, no se daban
cuenta de lo que representaba una guerra "nacional", según la nueva
expresión, y la violencia inusjfada y terrible que había de alcanzar.
Finalmente, el aspecto iij.temo de los problemas internacionales y
también de los problemas militare_s, sobresalía porque era el má§_inme-
diato, más personal y más aM.sionante. _En !<>s · ctali .. fr,.1tliiiqui]o-s,,trfam7 viros'':·se·~'dal:fan":ctlerita''.del'~ppligro p61íffccr de una conflagración,," Ja
m~J;@fü1;:;{~~.lr~tiJ:J?iSm!~f,ei;,+eyfv_ol:y.i,~~a>¡ü::asuilli~. el ma:ncl_o del ejército.
y .·que : Bifáyéttél'se::pónd.Ha?~f"frenfe de' fa' ·guafdia :~nacional. pensaban
como L'Ami du Roi del 15 de enero de 1792: "La guerra es un reme-
dio necesario." Por lo visto, los patriotas, en su energía, en su fe y en
su ign"orancia, estaban sincera¡nente persuadidos de que el torrente de
fuerzas nuevas barrería los ejércitos mercenarios de los reyes ; de que
la propaganda abría y abriría el corazón de los pueblos ; y de que, en
tomo a Francia, los esclavos aspiraban a la libertad. En el interior, el
conflicto obligaría a Luis XVI a quitarse la máscara o dejar actuar a
un ministerio dispuesto a tomar importantes medidas. Y a todo esto
había que añadir las excitaciones belicosas de los refugiados extranjeros
influyentes, como el renano Cloots y el ginebrino Claviere; las maniobras
de los negociantes, que veían en una crisis general soluciones y ocasiones
monetarias y económicas; la emulación y la competencia entre periódi-
tcos y clubs, y el desasosiego de París. La voz de Robespierre, que pre-
decía un desastre, quedaba ahogada por la de los girondinos belicistas
(Brissot, Vergniaud, Mme. Roland) y por los clamores de los clubs ja-
cobinos de París y de provincias.
1, Par~ ~~g1;*·-·}fl.,::!s~rs.,~~:;~,~~: :~~.:~~~-ér~,~::~~s¡,z;'~s.ur::t:em911t~f~~·:w;~11po:
,. ) EJ,1J~rrl~Of!P;:pontific10,)le ·_ Avmon,· despues''ide haber dernbadJT,;,-a:'.SU
.,_) · gs;iJ:i~!!i?;~niiillíi't:~~9fó';j.~J:'itl~:;•,d9':Juµi?;~:,sl:f?'jírii;c):gt;;~ffj",¡;W,~iª'~ú~-J~Jas
protestas .deCpap·a: ·y· tambierna-.:tta:ñsgreSió:ti!'del,,derecho interiíacioriat
la ~onstituyente vaciló: "Esto sería una verdadera agresión a las poten-
cias extranjeras", advertía Malouet. Pero el 13 de septiembre, la Cons-
tituyente decretó la anexión de Aviñón y del Condado. Problema análogo
(.
'..
·::: ¡ •)
828 TOMO I.-REYOLQCION JffiANCESA E IMPERIO NAPOLEOffiCO
se planteó .en_ el asunto df! los príncipes con posesiones' en-Alsa-cia; que•
ocupaban :·dominíos---en tier:ra'. frfÍn_cesa y ,negaban a. la Asamblea la facul·
tad -de .abo:J.ir-J9s~ d~re~hos<foüd~les; para -defender, a la vez, sus intereses
en la orilla iZquierda del I.liP- e:impedir que se extendiese el movimiento
a- sus feudos de la orilla-_qerecha. _P.resentaron,.sus- reqlamaciones a. la
Dieta ·del Imperi~; pero Merlih cíe· boúai la cÍeclar6"1ñcÓfup€tente, en
nombre "de los derechos sagra~os e inapelables de las .naciones" (octu-
bre de 1790). ·
El emperador tenía q-¡1e ªRoyar a la Dieta; pero se le veía reacio
a comprometerse. Se da1.ia cu,"enta de que los gobiernos protestarían
contra semejantes atentafüis al ·derecho internacional, pero que no esta-
ban. dispuestos a ir más 1~jos. pustavo III de Suecia era el más sip.cero
en su indignación, y tal "l:'.ez inJ-ervendría Cerdeña; pero las declamacio-
nes de la zarina y de Pru~ia na'. significaban nada ; y España e Inglaterra
se reservaban. En consec:Uenci<J-, ~.QRQl<iq _se limitaba a responder cop.
evasivas a lo~JlamamientQs de J.,uis XVI,_ de la refüa:-y d~ 1ºª~-elllj_gr~gg_ª. -
- ,_ · ·· :r:,a huidaé:a ~Vareri.ri~'li:ha±Ji;S-toiiio'.ú&I~:::o:cuañdo las cortes',supforbn
que _ los-'.so beran<'.ls ::fiance~~s~intentando llegar -a· 1a -frontera,, ha,Jfüw -sido
bru tal.1ilen:te detenidos_ en,. una-:laldea- d'f -.Arg_ow1. (21 de juriio' · de" 1791)
y restituidos ·a París; se si-tbleva..ron ante aquel'_insulto a lá' mafésfud real. ,. ;
A partir de-,aquelémomentó, cieyeron :mecfu:~Qdgsi'los."P,eligr()S que _ame-
nazaban::a :L1iis ·xVI; --Y. se. qlarmaron-por-:él-ejemplg da9:g,_ S~omo el
emperador añadía;ca. estos ·sent-imienfós;'·erafoétO-obligado- a su hermana .
María:_:'Antonfota; ;Se"·decii:lió. Y·-desde•,,Padua,--·el 6 de julio ·ac·J;:79:i-:;-'"t
propuÚ~ ,!!)as ... potencias~una -acd6n .. ionjunta ,.~'P.ªEª J?C?.ll._er., !~rll.iino-a .. los
peligig}sos, extremos de ·-la Revolución francesa": .. Esto era plantear el _
prillcipió; t.erriblemente grave,, ¡le una "iiiforv:ención . en-. los asunto_s"inter-
nos' franceses, _ lleva,¡::la_.~a:cabo.~p_or una ,coalición de tronos, en nombre
de'·'li;'Sólfd~Htti:idc;;üionárquica;- La misma norma quedó afirmada en la
declaración que, el 27 de agosto de 1791, lanzó Austria conjuntamente
con Prusia, desde el castillo de Pillnitz, en la que, dichas naciones
"consideraban la situación en que se encuentra actualmente S. M. el rey
de Francia como objeto de un interés común a todos los soberanos de
Europa". Otras notas austríacas ulteriores fueron tan rotundas como
esta; por ejemplo, ila del 21 de diciembre, en la que Kaunitz advierte
a Francia que todaacción contra Tréveris provocaría la réplica "de los
demás soberanos, reunidos en concierto para el mantenimiento de la
tranquilidad pública_ y de la seguridad y el honor de las coronas".
_ 'Esta táctieá' de intimidación se basaba _en el convencimiento, difundido
por Jos_ en;iigrados, de que lcíª•jac;o_bii:iqs.,se .. llJ,Q¡¡tr_ab_?lL atrevidos porque
se i::'reÍan a salvo; peroJ11.le céderían pronto ante las-amenazas : "Nuestros
demagogos_:.:;afúmaba Calonne en 1790-, siempre prestos a hacer már-
tires; no .están, en modo alguno, dispuestos a convertirse ellos en tales."
Y, según noticias del mismo origen, los amigos del rey solo esperaban
un apoyo del exterior para recobrarse. Bastaría, según el mismo Ca·
I.-RUPTU~S REVOLUCIONARIAS 829
lonne, "dar a la reclamación nacional .un apoyo y un punto de contacto".
E~t.\??10.SiFm:i;te~~ra~;.~~,medio<::r~ :éra '.fa ·iriformacióq- de los gábinetes y
cuán;,,deficierite~?o/'"P.~i9qlo_gía. L~ Le&islativa, joven, ardiente,- tumultuo-
sa, sensi]?l.~- aJa~elocuencia>cade_p.\liosa y vibrante de los oradores_ giron-
dirl_os,, orgullosa. de.Ja .obra.revqlucioparia y-llena qe fe en el porvenir,
se a]_zó,-.indignada, _an,te la teht~.tiva µe intimidación ·e intrusión del ex-
tr1anjero-;;,, :::: "' ... __ ,, ___ ,,, · · - ' - 1 -· - • ·-- - -'·
Peto esta indignación anturbi.ó su visión de las cosas; y no compren-
dió dónde radicaba realmente el peliJlfO. Este no estaba en aquel con-
cierto general de las grandes polencizj; con la que Austria le amenazaba,
pues, con prudencia y habilida~, se hubiese conjurado tan improbable
unanimidad. Ahora bien: sin t~.1 acuerdo-bien claro lo decía la decla-
ración de Pillnitz-, Leopoldo 'no ~abía de atacar. "Para hacer algo
bueno-escribía en julio de 17Ql-, ~s preciso no seguir las ideas par-
ciales, el ímpetu de los príncipes (e,Ínigrados) ni, para decirlo de una
vez, de los imprudentes alocadqs quª les rodean y aconsejan... Es pre-
ciso actuar mediante un concierJo pr~parado y convenido entre las prin-
cipales cortes para obrar todo!¡ de 'acuerdo, mediante declaraciones y
peticiones, apoyadas después ppr la. fuerza." Era, pues, inútil que la
Asamblea Legislativa respondii;:se p,or intimaciones imperiosas a una
amenaza ilusoria. El peligro se !iallalia más bien del lado prusiano, pues,
preciso es 'decirlo, Berlín se ac~rcab~ a Viena, en espera del botín co-
mún ; y había que darse cuenta, ele que atacar a Austria sería lo mismo
que atacar a Prusia. Desde luego, en Francia se sospechaba aquella
colusión entre las cortes germánicas ; y se intentaron gestiones (por medio
de Petion, en París; por Ségur y Francisco de Custine, en Berlín) para
congraciarse con Federico Guillermo. Pero la cuestión no se puso bien
en claro; con respecto a la Prusia protestante e "ilustrada", las simpa-
tías eran demasiado vivas para que no velaran la realidad de las cosas.
En l~_pr,*~t~~li~. se -procedió cpmc;>_:s.i,;Au~_tria-·hubier~: de- qüedar.,aisláda-;":
Y-m~_~h.os,,;;iiój:ieyer§Ji''.eif fa· alianza, -llásH!:-;-qüé s'é'pusieron -en· marcha
los .~jétéitos;;,prusiidios:'':--,.--
La crisis belicista la inició Brissot, quien, el 10 de julio de 1791,
pronunció en los jacobinos un vibrante discurso de desafío: "¿Acaso
pueden creer los reyes que sus soldados no oirán estos sublimen cán-
ticos? La Revolución francesa será el fuego sagrado de que brotará la
chispa que abrase a todas las naciones cuyos amos se atrevan a acer-
carse a, ella." El 20 de octubre, en la Asamblea Legislativa, dirigió el
ataque contra los grupos de emigrados de Coblenza. El 29 de noviem-
bre, la Asamblea pidió que se dirigiera al elector de Tréveris un reque-
rimiento de que los dispersara. En diciembre, Montmorin cedió la carte-
ra de Asuntos Exteriores a Delessart, ·que era pacifista; pero Narbonne,
que pasó a Guerra, puso su influencia personal al servicio de la política
belicista. En la Legislativa, en los jacobinos, en las co1umnas del Pa-
triote fran~ais, Brissot "enciende la tea", predicando "una guerra de
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830 TOMO I.-REVOLUCION FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
los patriotas contra los reyes". En cuanto a Luis XVI, espetaba ·que un
cciriflictoJeJiqe~~se ; . :Y.'.excifa ba ,.a,-Leópoldorbajo ·cuer.da ...
Cierto es que el eli::ctor de Tréveris accedió al requerimiento ; pero
el 21 de diciembre, Kau¡lltz acompañó esta noticia con una nota fuerte.
y g,ue resultaba atrevida. A consecuencia de esto, el diálogo se hizo
agr¡:sivo. La réplica (25 de enero de 1792) era un ultimátum: el empe-
rador tenía que declarl1r, antes del l.º de marzo, si renunciaba a todo
concierto dirigido cont_ra. Francia. Una vez más la respuesta austríaca
fue aceptable en el fondo; , pero tan descortés en los términos, que el
ga,binete francés, acusa,do de debilidad, no pudo sobrevivir a ella. Los
fogosos girondinos se apoderaron del ministerio (marzo de 1792), po-
niemdo en Asuntos Exteriores a Dumouriez, activo' enemigo de Austria. En. aquel ·preciso mom,em0. en .Viena,'"hubo.1'°un:· golpe teatrai·:'"'Le'ópófüo
~~ql;!'~~~:~:~~~;~;~~i~~~d,a.~~~·d;0~~!2)~~~:!t~IT~~~:~:c~~6~r::c;~i
cipórtunidad:-:,un"_emisaliO, de Marü1_ A.ntonieta .para solicitar una·fater-
Vf:nción; llµp.¡;gi~t_¡¡.~.' Ad.~más,· Kaunitz podía pretextar el ostensible arma-
mento de Franda.
Se cruzaron propo~icion.i::s : desmovilización austríaca, a cambio de
sa'tisfacción a los príncipes con posesiones en Alsacia. En• el'·con.Sejo
del 18 de, al;lril,_!od9s los }I¡.jjtistr_o_s: ~e.,,adhi!i~~on,,aj., par.~ce.r' de--Dumou-
riez: pr9pon:~J:"Jt,la.~1}.sáhible_¡¡.: la:. guerra:,con,-Austria. El 20 se reunió
la Asamblea L~gishi,tiya.-:;Gon· voz.·;apagada,,;,),-uis-'.XVI -l¡:yó, -ek:texto
decisivo: ··Las ~mociones de reconciliación'. ·foerón · acogidas, cóñ: silbidos ; .
y, ;p9r..illiani.rriidad .. :,ni~no.s:~~i~~;~votos',!•se:i•!dfi~retó-·la guerr~, contra el
rey de HÜngrfa Y de Bohemia":-' · .. ,._ ·
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;
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CAPITULO II
EU,ROPA EN GUERRA
I. LA GUERRA DE POLONIA (179Z)
En el final del siglo )\VIII, la fuerza y la expansión rusas se convir·
tieron en factores ptunorqiales de las relaciones europeas.
Como no existíaii prqgresos notables en la técnica de las comuni·
caciones, la inmensidad J,iel imperio moscovita seguía siendo la más
eficaz de sus defens~s. s~lvo un punto: San Petersbmgo se hallaba ¡tl
alcance de una ofensiva sueca. En 1788, cuando Gustavo III atacó a
Catalina II, aprovec}landq la guerra turca; la zarina pudo oír el cañón
desde su capital. En:los d~más frentes, incluso la infiltración que estudió
Prusia, en 1790, pai.;a lle~ar hasta Riga, con ayuda de la flota inglesa,
no pasaría de ser u:r¡. con\ratieropo. Cierto que subsistía la contrapartida
militar, que radicaba en fa lentitud de las concentraciones y en los des·
plazamientos de un· frenfe a otro. Y lo mismo ocurría en el terreno
económico: la población total ¡¡ lcanzaba, tal vez, los 40 millones de
habitantes ; pero al estado le costaba gran trabajo extraer ;recursos de
una. humanidad desperdigada, de un mundo esencialmente campesino,
de una economía atrasada, donde la evolución de la técnica solo penetra·
ba en algunos grandes dominios o en regiones privilegiadas. Aunque
Moscú tenía 300.000 habitantes y San Petersburgo 270.000, después
ya no había más que siete u ocho ciudades que pasaran de las 20.000
almas.
Sin embargo, la producción industrial dirigida por el Estado era im·
portante: y el ejército disponía de un material notable. La gran me·
talurgia del Ural proporcionaba hierro en lingotes; y también cobre,
aunque a fines de siglo su producción disminuía. Los metales llegaban
a los centros de transformación, principalmente a las fábricas Betaschev,
en el Valga medio, transportados, en invierno, por medio de trineos
y, en verano, en barcazas. La producción de material de guerra era par·
ticulannente activa. La artillería poseía, sobre todo, material de buena
calidad y abundante, cuyo empleo intensivo caracterizaba la batalla rusa.
La caballería acababa <le ser reforzada por grandes levas de cosacos,
hechas por Potemkin, con fines particulares ; y disponía de una remonta
inagotable. Las masas de infantería estaban ya provistas de un equipo
que les permitía soportar las campañas de invierno. En la guerra turca,
Suvorov instruyó al soldado de infantería, tan pesado antes, en el com·
bate de tirador, en la iniciativa, en 1a prontitud del ataque a la bayoneta
y en la persecución tenaz. Aunque el número de hombres en filas se veía
832
833
réducido por la enfermedad, la f.alta de honradez y el desorden adnu·
nistrativo, los efectivos seguí¡m .sitjndo muy numerosos; en 1796, pasaban
de 400.000 hombres.
La dirección de la dipl9mac\a estaba confiada a una comisión de
asuntos exteriores que, en 14 prá~tica, seguía dócilmente a su presidente
o canciller y a su vicepre.~iden~e. Pero, incluso en estos cargos, un
Ostermann veía sus atribué).ones' reducidas a la representación oficial,
ya que todo se hallaba en :manqs .de quien gozaba del favo_r personal
de la zarina. Bezborodko lo acaparó, casi sin interrupción; y, como era
un ucraniano servil y· astutq, lo empleaba para orientar la política rusa
hacia el mar Negro. Poteml{in era también un favorito con la suficiente
influencia para acariciar vaªtos propósitos que, partiendo del "proyecto
griego", comprendían a Uq,rania3 y a Polonia, y le proporcionaban el
poder y casi la independentia di; un rey.
Sin embargo, Catalina seguí~ siendo el centro de todo, decidida
y emprendedora, llena de s,onfia:Pza. en la joven fuerza rusa ; pero no
ignorante de sus debilidad~s gepgráficas y sociales. De las primeras,
no consiguió eliminar la ~ás p~ligrosa : la proximidad de la frontera
sueca. La paz. que firmó el' 14 c\,e agosto de 1790, en Verela, con Gus-
tavo III, mantenía el statu qua territorial, pues la guerra turca no per-
mitía hacer el esfuerzo qu~ exigiría la conquista del escudo finlandés.
Catalina tenía perfecta con9ienci~ de los fallos de orden social que en·
trañaba su poder; sabía lq peligrosos que los nobles podían ser para
el trono, si se tocaba a sus priviiegios, principalmente a la servidumbre.
En consecuencia, adoptó, con respecto a la Revolución francesa, la
actitud que se imponía. Recibió acogedoramente a los "grandes emi·
grados", y les declaró muy alto: ~'Sin nobles no hay reino." La antigua
¡¡.miga de los filósofos deseaba, sinceramente, que Europa aniquilase a
aquella "canalla jacobina" que, con sus principios y con la revolución
rural francesa, daba tan mal ejemplo al mundo campesino. La zarina no
juzgaba necesario comprometerse I?ersonalmente; pero, siguiendo la in·
~linación rusa del momento, se esforzaba por dar a la cruzada contra·
rrevolucionaria una base jurídica internacional y por sentarla sobre los
principios universales del derecho de gentes.
Con respecto a Polonia, Catalina también se dejó guiar, en parte,
por una consideración de orden social e interno. Cierto que la Serení-
sima República presentaba una estructura social que no difería en nada
de la rusa; pero las ideas del Aufklarung habían penetrado en ella, y en
el e~fuerzo de •renCJiVación que allí se intent8!ba, ocupaba un lugar el
proyecto de Ia liberación campesina. Por tanto, existía peligro de con-
tagio, oposición con los intereses y la mentalidad de los viejos rusos,
y también rivalidad en el terreno. religioso. Polonia contaba con buena
cantidad de rutenos ortodoxos, por los que se interesaba el Santo Sínodo,
En 1785, creó éste una diócesis para encuadrarla en ella; y, por inter·
medio de su obispo, procuraba rusificados. La dieta polaca, inquieta
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834 TOMO I.-REVOLUCION FRANCESA E IMPERIO NAl'OLEONICO
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por ello, hizo detener a1 prelado y, en mayo de 179Z, concedió a los or-
todoxos polacos un estatuto, fundado en la autocefalia. Y, por último,
los. ¡ipetitos territoriales influían poderosamente en la política de Cata-
lina; en Varsovia. Era :歭.tural que codiciase muy especialmente la Ucta-
niii,, polaca, aquella avii.rlzad.a de las fronteras de 'ª república h~cia el
Sudeste, en el Dnieper, casi tocando a Kiev y flanqueando, peligrosa-
m~rite, las valiosas adqµisiciones hechas a los turcos, a lo largo del mar
Negro. En tal región, l¡i ampición de Potemkin preparó el terreno, pues
so4aba con anexionar aquell9s palatinados' a su fut~ro "reino de Dacia".
CGJmpró posesiones inr]l.ensas, se atrajo a' los ortddoxos; en previsión
de :Un golpe de mano, se aseguró la buena disposición de los cosacos
en las fronteras; y en Varsovia negoció con la oposición·un movimiento
separatista. Después de su muerte, ocurrida en octubre de 1791, Zubov,
el' nuevo favorito, facilitaría tambien a Catalina , una intervención en
Pólonia, intervención de la que esperaba grandes beneficios particulares.
, Las cortes .germánícas, 'aunque unidas a la ¡¡azón, no oponían a
tales ambiciones una go]ítica común. A Prusia le había costado bastante
trabajo digerir lo que tomó de Polonia en el primer reparto. Para hacer
contrapeso al elemento católico anexionado, tuvo que reforzar en el
~te el personal eclesj,ásticq protestante. Por débiles que fuer~n l_as in-
demnizaciones a los g_r¡¡.njeros polacos expulsados, la germaruzac1ón le
rqsultó muy cara, pues de 1772 a .1786 estableció en Polo,~ia a 3.200
familias alemanas. Adt!más, fue preciso costear toda una poht1ca escolar.
Pyro, precisamente en llerlín, se esperaban de tales anexiones los re?ur-
sos paracompensar todos aquellos gastos. Las estipulacione~· comerda•
les impuestas por Federico lI obligaban ya, prácticamente, al expofta-
dor polaco a reservar a las agencias prusianas sus maderas Y su . tqgo.
Y como en el pedir no hay engaño, sería conveniente conseguir, por,
1o menos, el gran puerto de Danzig, en el que se cargaban los cereales
con destino a Europa, y añadir el de Thorn, para controlar el Vístula
medio. A estos aumentos territoriales se oponía Austria, impulsada por
su vieja rivalidad con Prusia, y dirigida por anti prusianos, como Kaunitz;
y, a partir de marzo de 1793, como Thugut, que detestaba la "ralea
infernal" de Berlín. Pero los asuntos franceses atraían cada vez más su
atención, ya que se encontraba más comprometida que Federico Gui-
Uermo.
, El desastre del primer reparto (1772) agobiaba aún a Polonia. Los
rusos habían conservado fafluencif!. decisiva sobre su gobierno: tenían
tropas en su territorio; y su embajador, Stackelberg, apodado el virrey
de Varsovia, parecía manejar completamente al rey Estanislao Augusto
y al consejo permanente adjunto, compuesto de treinta y seis miembros.
San Petersburgo velaba por el mantenimiento de las disposiciones cons-
titucionales, que hacían ingobernable el país en momentos de crisis. So-
cialmente, Polonia seguía estando mal asentada. Continuaba siendo "una
11.-EUROPA EN GUERRA 835
república de nobles que tenían· siervos", como ·diría de ella, ,en 1810,
Dupont de Nemours, quien, después del primer reparto, fue secretario
de la comisión polaca de educación. Más de siete millones de siervos
estaban dominados por cien mil nobles, algunos tan inmensamente ricos
como para desequilibrar toda la economía. Había un palatinado en el
que un solo magnate, Félix :Potocki, poseía 18;000 kilómetros cuadra-
dos de terreno y 130.000 siervos.
Sin embargo, se realizaba. un vigoroso esfuerzo de regeneración. En
quince años, la reforma fiscal duplicó las rentas. En 1786, ~l ejército
estaba formado por 1~.000 hql!lbres bien instruídos. En materia de en-
señanza, se llevó a cabo un tra.bhjo inmenso, pues se intentó, sistemática-
mente, "crear una nación por n¡edio de la instrucción pública", y se ha-
bía comprendido que, según l¡;¡. expresión de Dupont de Nemours, "para
aglutinar una nación compues~a de elementos tan heterogéneos... es pre-
ciso recurrir a la ilustración'?. Desde 1773, fa comisión de educación
nacional renovó el personal dpcente, reformando las universidades de
Cracovia y de Vi1na creandq 'escuelas y, sobre todo, inculcando a la
enseñanza un espíritu nuevo; de ·educación cívica. La Dieta, que se
reunió en 1788, se mostró di~pµesta a hacer profundas reformas.
A este espíritu de renovac~óµ se oponían los partidarios de Rusia, el
partido conservador o de los lzetmans, que, dirigido por los más podero-
sos magnates, tales como Félix Potocki, acaparaba todos los altos car·
gos, contaba con numerosos npbles ·entre sus afiliados y ponía su influen-
cia a disposición de la zarina y de Potemkin. El partido "patriótico" se
inclinaba del lado de los prusianos ; y uno de sus miembros más destaca·
dos, Ignacio Potocki, soñaba eón ofrecer la corona a un Hohenzollern.
En las filas de la juventud y de la burguesía culta, muchos miraban hacia
Francia, cuya lengua, modas e ideas habían contribuído tanto a su des-
pertar intelectual. Las primeras noticias de la Revolución hicieron apa-
recer gran cantidad de folletos, a veces violentos; y en 1791, La Gaceta
nacional y extranjera traía, periódicamente, noticias de París e iniciaba
la lucha contra la influencia moscovita.
Polonia no podía prescindir de una alianza. Francia se mostraba
poco dispuesta a concertarla, pues la estimaba comprometedora y sin
utilidad. Catalina Il se mostró también reticente al principio. En 1787,
cuando Estanislao le pidió ser admitido al reparto del botú1 turco, se
negó, temiendo disgustar a Prusia. Esta, que tenía interés en que Rusia,
comprometida en el Danubio, no pudiese protegerse por retaguardia,
ofreció a Varsovia su alianza para impedirlo. Además, contaba con ob-
tener un buen precio, consistente en Panzig y Thom. La proposición
fue tlel agrado de la Dieta, que era antirrusa, en su mayoría, y que, in-
mediatamente, le habló claro a Catalina, rogándole que retirase las tro-
pas que tenía estacionadas en el territorio de la república (noviembre de
1788). Federico. Guillermo apoyaba la petición; y como la ofensiva rusa
eu Oriente iba mal, la zarina se vio obligada a ceder (24 de mayo de
1789). Aquella altanería resultaba imprudente; pero en Varsovia había
,: ...
836 TOMO I.-REYpLUCiqN FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
muchos que daban por segur.a la ayuda de Prusia. En realidad: esta, que
necesitaba a los polacps para sacar el mayor provecho posible de la
cruerra turca, que tenfa·· atad~s de pies y manos a las cortes imperiales,
firmó con ellos, el 29 .de m!trzo de 1790, una alianza de garantía recí-
proca, que hacía, exp~~sam~nte, un casus foederis .de toda intromisión
extranjera en los asuntos pplacos. Asf, pues, la Dieta podía creerse a
cubierto. En realidad úo lo' estaba, ya que se había negado a entregar
Danzia y Thom a los prusianos, como pago de su ayuda. Aún lo estuvo
menos"' cuando, el 27 ~de jqlio de 1790, los prusianos renunciaron, en
Re~chenbach, a su pol{.tica ~ntiaustríaca; y dejó de estarlo, en absoluto,
cuando, en abril de 1191, habiéndose esca bullido Pitt, abandonaron por
COD.fpleto el proyecto, ~caricjado en su día, de atacar a Rusia, de acuer-
do con Inglaterra. - :
En el Oeste, el peligro aumentaba; pero los patriotas polacos activa-
ban la obra de recreneración. Entre ellos empezaba a ocupar un nuevo
lugar aquella burg;esía instruída a la que hasta entonces se había venido
apartando de los asuntos de Estado, y formada por hombres de leyes,
banqueros de Varsovia y académicos de Cracovia y Vilna. La reforma
constitucional del 3 de mayo de 1791, fue obra común del rey, de los
nobles patriotas y de la burguesía. Tal reforma afianzaba el poder real,
haciendo la corona hereditaria en la casa de Sajonia. Abolía los liberum
veto; y creaba dos cámaras. Ampliaba los derechos de la clase media, ,
y concedía a los siervos garantías legales. El ejército era aumentado hasta
100.000 hombres; y los estudiantes tenían que hacer la instrus;ción. Las
fuerzas militares y los recursos financieros de Polonia y Lituania fueron
declarados unidos, en octubre de 1791.
Este esfuerzo renovador fue acogido con simpatía en Inglaterra. En
Francia, aristócratas y jacobinos criticaban la constitución, y los mode-
rados la aprobaban. El representante de Francia en Varsovia, Descor-
ches de Sainte-Croix, intentaba una alianza; mas el ministerio se negaba
a ella. Leopoldo, deseoso de evitar un nuevo desmembramiento, se es-
forzaba por conseguir que Berlín garanti:z·,g,·se el territorio polaco; pero
los asuntos franceses le absorbían cada vez más; y cuando, en marzo
de 1792, le sucedió Francisco II, la política austríaca se comprometió
imprudentemente en el Oeste. Por el contrario, Federico-Guillermo, vien-
do a los ingleses renunciar a toda acción an?moscovita, maniobraba
ahora para colocarse al lado de los rusos el d1a en que atacasen a su
aliado oolaco. En enero de 1792, comunicó a Austria que no estaba
dispuesto a garantizar la nueva constitución de Varsovia; y se dedicó a
vürilar el Vístula, al mismo tiempo que el Rin.
"'Entre tanto, Catalina II se preparaba. Desde que, el 9 de f~brero de
1792, firmara en Iassi la paz con los turcos, tenía las manos libres. En
la primavera, llamó a 60.000 hombres del bajo Danubio. Potemkin, pri-
mero, y después Zubov, eran partidarios de la intervención. La nu~va
constitución polaca proporcionaba el casus belli. ya que los rusos habian
Il.-·EUROl!A EN GUERRA
--.837
ga'rantizado la precedente. Su espíritu liberal, sus mismostérminos, per
mitían a la zarina invocar, t(fllto para la política interna como para la
exterior, el peligro revolucion~rio, 1, asegurar que combatía por principios
al destruir "la }acobinera va):soví~na". Al mismo tiempo, otros cruza-
dos aplastarían la de París, qejand.p en libertad de movimientos a Cata-
lina, dentro de su sector. Era fáciUograr que una facción polaca hiciese
un llamamiento al ejército ru~a. pues Félix Potocki y otros magnates se
encontraban en San Petersburgo, cJ.onde pretendían defender las liberta-
des "republicanas", en confqhnid'!d con la vieja tradición sáñnata. Ei
27 de abril de 1792, proclatP.aro~ una "confederación", cuya acta fue
hecha pública en mayo, en 'fargo.wica. El 18 de mayo, los rusos cru-
zaron la frontera, El día 4, 'Rusia había advertido a Varsovia que el
casus f oederis no tenía vigen~ia ; el 8 de junio confirmó que no estaba
~ispuesta a ~ef~nder un~ co!\:stituc!ón "que la república había adoptado
sm su conocuruento y sm s~ conqurso".
. La campaña fue .br~ve. S~ apr~ció pronto una fisura entre polacos y
lituanos: el 14 de JUillO caxó Vi)na. Kosciusko resistió aún cinco se-
manas. El 23 de julio de 1792, Estanislao Augusto accedió a la confede-
ración de Targowica, que, in.mediatamente, y en pos de sus amigos ru-
s?s, .extendió su poder por todo el país, restableciendo las antiguas ins-
tituc10ne8 y esforzándose por atraerse a los pequeños nobles. Los jefes
patriotas se refugiaron en Sajonia.
Mientras tanto, en la frontera flamenca se habían producido los pri-
meros encuentros entre franceses y austríacos. ¿En qué medida podrían
las cortes germánicas hacer en el Oeste la guerra contra la revolución,
11!-ientras en sus. fron~eras ,orientales t::staban en juego sus intereses prin-·
c1pales, Y Catalina dispoma, por sí sola, de la vencida Polonia? De este
modo se concretaba la doble preocupación que había de ser, oara Viena
y para Berlín, la acción de las "potencias que ocupaban sus flancos":
Francia, en revolución; y Rusia, en expansión.
11. EL DOBLE FRENTE GERMANICO (1792·ENERO 1793)
Los ~suntos de Polonia, como los de Francia, movían en Prusia y
en Austria. bastantes !nterescs comunes para incitar a un arreglo a las
d?s potencias gennárucas. Al Este, las dos temían que la zarina resol-
~1~ra, sola y .en be~eficio propio, la cuestión polaca. Al Oeste, la hos-tihda~ que Viena alimentaba contra el jacobinismo hallaba cierto eco en
Berlín; pero._ .sob~~ todo, existía la idea común de aprovecharse de la
supuesta ~~b1l.itac10n franc~sa para una redistribución territorial y un
nu~~o equiltbno. Ya en septie~bre de 1790, Prusia había pensado en una
ac.c1on concertada qu? le pudiera valer algunas adquisiciones en el bajo
Rin, y o~as. a Austria en Flandes y Alsacia. En Viena, desde que, en
mayo o JUillO de 1792, Kaunitz había, prácticamente, abandonado la
política, los consejeros de Francisco II, Spielmann y Felipe Cobenzl,
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838 TOMO 1.-REVOLUC!ON FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
acariciaban el sueño de una amplia salida al alto :Rin; y albergaban, en
mayor grado aún, la idea de dar realidad al antigl.!o proyecto de. qu9 el
Elector de Baviera se instalase en Bruselas, cedit}ndo, en cambio, sus
estados al Habsburgo. Los recientes· levantamiento~ belgas y las "dispo-
siciones desafectas" de la población, les impulsaban, cada vez más, a
abandonar los Países Bajos. Por otra parte, semejante trueque parecía
el ,mmmum bonum, no solo para la monarquía, sino para Europa, ya
quy establecería en Bélgica ."u~a potencia de conv~niencia común", que
a todos les interesaba constitmr, a poco que se mtrase el futuro.
En el primer mom~nto, Austr~a había encontrad+>. par~ el acerca~ien
to a Prusia el obstáculo de la alianza francesa. Pe:i:o Noa1lles, embaJador
de Francia' en Viena,· pudo comprobar pronto ql¡'le a dicha alianza le
qµedaba poca consiste:qcia. "Quiera Dios-escribía, en septiembre de
I7!H-que nuestros trastornos internos no den pie a las potencias rivales
de Francia y no hagaú unirse a aquellas que parecen tener intereses más
e¡:icontrados." Las dificultades entre Viena y Berlín habían de proceder
más bien de las amargas rivalidades entre los clanes que en cada c:orte
oponían sus diploma~ias secretas, así como de la profi:nda y tfadi-
cional desconfianza q\le separaba a los dos estados germámcos. Una roa·
niobra conjunta en lo~ dos'frentes, oriental y occidental, tendría que. ser
infinitamente delicada.~
A las proposicio~es prusianas de septiembre de 1790, Leopoldo
respondió evasivamen}e, ptfeS se encontraba todavía empantanado en la
guerra de Turquía; y esp~ra?a ci,ue la revolui;i~n cond,~jera, por sí s?l~,
y ventajosamente, "al aruquilamiento del credito político . 4e Francia .
Pero, en mayo de 179l, la reforma de la constitución polaca hizo pre-
sagiar una próxima intervención rusa en Varsovia; y, en junio, el fracaso
de la huida a Varennes alarmó seriamente a las cortes. El enviado pru-
si,ano, Biscboffwerder, eneontró, p<Ues, mejor acogida en Viena; y el 25
de julio se firmó un tratado preliminar que consagraba el cambio diplo-
mático y comprendía alianza defensiva, garantía territorial, política co-
mún en los problemas de Francia y apoyo a la constitución polaca. La
amenaza rusa, que se acentuaba en el Vístula, y la tensión creciente con
París, hicieron que Leopoldo instase a los prusianos para ir más lejos,
a cambio de dejarles .las manos libres en Polonia; Entonces se firmó el
tratado del 7 de febrero de 1792, en el que se prnmetían 20.000 hombres
a aquel de los signatarios que fuese atacado. Más tarde, se pensó en una
ofensiva común contra Francia, con 50.000 hombres cada uno. Decla-
rada la guerra por la Asamblea Legislativa, el 20 de abril de 1792,
Prusia movilizó el 4 de mayo. El 18 del mismo mes, las tropas rusas
invadían Polonia. Se iniciaba, para la alianza germánica, la prueba del
doble frente.
En el del Oeste, pronto se hizo patente el fracaso político : lejos de
consolidar el trono de Luis XVI, la intervención extranjera lo ponía en
·· mayor peligro. Las derrotas sufridas por el ejército francés cuando, a fi-
II.-EUROPA EN GUERRA
nes de abril de 1792, intentó invadir los Países Bajos austríacos, habían
a.umentado la desconfianza de los patriotas hacia los generales,· y su con-
vicción de que en las, Tullerí'!-s existía un "comité austríaco", en comu-
nicación con el enemigo. Para obligar al rey a quitarse la careta, la
Gironda hizo votar, en mayo y junio, medidas excepcionales, que provo-
caron, efectivamente, una crisis ministerial (Dumouriez dimitió el 15
de junio), seguida, el 20 de junio-, de una revuelta sin consecuencias, pero
que podía reproducirse de un momento a otro. Sin embargo, Luis XVI
y la reina conservaban sus il.usíones con respecto al alcance de la inti-
midación extranjera; y suplicaban a los coligados que lanzasen una pro-
clama terrorífica para! infunqir miedo a los jacobinos. La idea no era
nueva; Calonne, por ejemplo. la había sostenido, a principios de 1791,
pidiendo que se amenazase a los re.volucionarios "con el filo de la espada
y con el postrer suplicio". T~l fue el tono del manifiesto, que el duque
de Brunswick, que rnandab~ Jas fuerzas de la coalición, firmó el 25
de julio de 1792. Anunciaba:'eµ él que, de un insulto hecho al rey, to·
maría "una venganza ejemplar y memorable para siempre, entregando
la ciudad de París a la ejecui:ión militar y a la subversión total". La
réplica fue la jornada del 10 de agosto, la invasión de las Tullerías por las
secciones parisienses, secundaq¡i.s por los federados de provincias : y la
suspensión de las atribuciones del' rey. El 21 de septiembre, la Conven-
ción, elegida a toda prisa pá'r~ reemplazar a la Asamblea Legislativa y
reunida desde la víspera, abo1ió la monarquía. Tenía razón el viejo Kau ..nitz cuando, en julio, había ~consejado que no se obstinasen en reducir
por la fuerza externa la Revolución: "Aun suponiendo que fuera posi-
ble-que no lo es-, el remedfo no sería mejor que la enfermedad."
Que el sistema era malo, lo demostraba él fracaso que en aquellos
mismos momentos estaba sufriendo la coalición; fracaso tanto más gra-
ve, cuanto que no estaba motivado por la inferioridad técnica. Había
causas mucho más profundas y que resultaron más duraderas, ya que
la Europa coligada tardó veinte años en ponerles remedio. Consistían
en la discordancia entre los fines de guerra y los fines políticos. El plan
prusiano de indemnizar a Austria en Alsacia no agradaba del todo en
·T' Viena, donde algunos tenían la sensatez de comprender que eso serfo.
··depositar allí un activo germen de guerra. HabJa . ..todo un clan que
consideraba oportuna la ocasión para ejecutar el ,famoso proyecto de
cambio de los Países Bajos por Baviera. Sin embargo, el beneficio de
este trueque no se consideraba suficiente; y se pedía que se le añadiese
algo. Había quienes opinaban que ese algo debía estar en Alsacia; y
otros, que en Polonia o en los territorios de Anspach y Bayreuth, recien ·
temente adquiridos por Prusia. Pero a ésta le costaba trabajo cederlos ;
y, además, dedicaba cada vez mayor atención a las oportunidades en
Polonia. El día 12 de mayo de 1792, reunidas en Sans-Souci las dos
cortes germánicas, trazaron un plan de operaciones contra Francia, acor-
dando que entrarían en línea 42.000 prusianos y 100.000 austríacos,
los cuerpos de emigrados y el contingente de Hesse-Cassel. Pero Viena
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840 TOMO I.-REVOLUCION FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
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reclamó un plazo para cpncentrar sus tropas; y las conferencias decis1·
vas fueron aplazadas ha~ta er mes de julio, fecha en que la elección
y coronación del emperador reunirían en Francfort a todas las persona·
lidades. Sin embargo, ali~ no s~ decidió nada; y en septiembre aún con·
tinuaba discutiéndose. V~rdad·: es que estaiban confiados. Los coligado~
pasando, por fin, la froi}tera francesa (19 de agosto de 1792), habían
tomado Longwy y Verdúú, cruzando el Argona. Cobenzl escribía a Spiel ·
mann (acompañante de fas trQpas), que esperaba recibir pronto un des·
pacho suyo, fechado en París.'
Ahora bien: aquellas~ dilaciones habían dado al ejército francés tiem-
po pára recobrarse. Sus ti)lldad~s fueron reformadas con celeridad y acier-
to ; y el 20 de septiembré de i 792, con Dumouriez al frente, presentaron
combate a los prusianos~ en Walmy. Después de un cañoneo que dur.ó
varias horas, Brunswick abandonó la lucha. La fuerza militar de la Re-
volución acababa de surgir. "Vais a ver-escribía un oficial prusiano--
cómo' estos gallitos se yerguen sobre sus espolones. Ya han recibido el
bautismo de fuego. Lo que hemos perdido es más que una batalla. El
20 de septiembre ha cambiado el cariz de la historia; es el día más im ·
portante del siglo."
La flojedad poco frecuente con que se habían batido los prusianos
se explica por la repugnancia de muchos oficiales a colaborar con el
austríaco, por las simpatías a Francia, que el partido influyente no di-
simulaba; y por la inquietud que producían los apetitos rusos en Polonia.
A estos sentimien.tos respondía en París toda una tradición pro:·Prusia,
representada ampliamente entre los patriotas, favorable al foco germá-
nico de luz, de reformas y de filosofía, representado por Berlín. Así,
pues~ se juzgó posible separar a Federico-Guillermo de su aliado, el
Habsburgo. A raíz de la batalla de Valmy, Dumouriez entabló con
Brmiswick conversaciones que recibieron la aprobación del consejo eje·
cutivo creado con posterioridaj al 10 de agosto, y de Danton, muy in-
fluyente en el consejo, prusófilo y aficionado a la diplomacia secreta.
Estas conversaciones obtuvieron un doble y feliz resultado: el ejército
prusiano se retiró con diséreción; y se ensanchó la fisura existente entre
Berlín y los austrfr:¡.cos, que habían tenido noticias de las "desvergon·
zadas mentiras" que se propalaban con respecto a ellos. Con el mismo
espíritu, Danton se esforzaba por impedir una ampliación de la coali-
ción; e hizo redactar, por Talleyrand, una circular diplomática que daba
las explicaciones más tranquilizadoras acerca del 10 de agosto.
Pero las palabras oficiales y los actos visibles del Gobierno francés
no eran para tranquilizar a nadie. Danton mismo, mientras negociaba
entre bastidores, se cubría con la violencia de sus declaraciones verbales,
incluso con respecto al gabinete de Berlín y de sus "hondas perfidias".
Deseosos los girondinos de una tregua en el interior, e intentando salvar
al rey, continuaban, sin embargo, para mantener su declinante prestigio.
haciendo coro a los temas de la propaganda y de la guerra contra los
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842 TOMO 1.-REVOLUCION FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
tiranos. Y de Dunkerque a Niza, los ejércitos de la joven república
atravesaban las fronteras.
·Víctor Amadeo III ·de Cerdeña había mostrado a la Francia revolu-
cionaria una hostilidad deciarada, dando asilo a los emigrados, elabo-
rapdo proyectos de invasión del Delfinado y empleando formas y proce-
dimientos descorteses. Pero faltando a la prudente política de equilibrio,
habitual en su casa, no había obtenido de Austria más que un apoyo
insuficiente (siete batallones); y, sobre todo muy tardío, ya que el mismo
día 21 de septiembre ~e 1792, en que fue firmado este acuerdo, 18.000
f~anceses, mandados ppr MÓntesquiou, invadían Sabaya, la cual fue con-
quistada en pocos días, y Niza que ocuparon al imomento. La actitud
del príncipe-arzobispo; qe fyfaguncia no había siclo menos hostil, pues
apogió a los emigradp~ más alborotadores y prestó asilo al congreso
que, en julio de 1792, celepraron los jefes de la coalición. La com~rca
era rica, contaba con, alm:;i.cenes bien abastecidos, en previsión de la
campaña de Francia, y- estaba mal defendida. En resumen: era un es-
pl~ndido camino abieyto p.ara la invasión de la Alemania occidental.
En septiembre y octubre d~ 1792, Custine se lanzó por él; y ocupó1 sin
esfuerzo, Espira, Magupcia y Francfort.
,, En cuanto a la conquista de Bélgica, Dumouriez la había convertido
eri unfi cuestión personal, porque allí se trataba de atacar al ener:nigo
principal o más bien al único : los austríacos. La Revolución-al menos
en su5 principios-había sido acogida favorablemente en Brabante por
l'os medios cultos. Los dominios de la iglesia y los de la casa de Austria
eran vastos, la región opulenta y el numerario abundante:.JAllí se en-
contraría provisiones para el ejército ·francés, medios para reanimar el
asignado y para sostener los asuntos por los que Danton había de in-
teresarse. El general que procurase todas aquellas ventajas a la Repú-
blica, ocuparía en ella un puesto de primera fila; y Dumouriez ambicio-
naba esa gloria. Consiguió plenos poderes y cerca de 80.000 hombres,
contra 26.000 austríacos. El 6 de noviembre, en Jemmappes, el número
y el ímpetu de los republicanos lograron rebasar los reductos de los
uniformes blancos. Cuatro semanas más tarde, Bélgica estaba ocupada.
Así,pues, en tres .meses, la situación había evolucionado de manera
desconcertante: Francia, a la que se creía desorganizada por la anarquía,
se revelaba como dotada de una temible fuerza de expansión : fuerza
militar, por la guerra de masas; fuerza de propaganda política, demos-
trada por las ovaciones de la asamblea nacional, de los Alóbroges en
Chambéry, de los Amigos alemanes de la Libertad, con Forster en Ma-
guncia, y del Comité de belgas y liejeses unidos en Bélgica. Pero Aus-
tria era la que se encontra~ más directamente expuesta a ese peligro
francés. Su Milanesado dependía de un fracaso en el monte Cenis ; el
imperio estaba invadido y Bélgica perdida. En cambio, Prusia no se
encontraba en primera línea. Sabía que París estaba dispuesto a enta·
b1ar negociaciones y a tener miramientos con ella. Por tanto, podía
11.-EUROPA EN l:iUl:.KKJI
ocuparse del segundo :frente,; de Polonia, y mano a mano con Rusia,
sin el terzo incommodo austriaco. '
Como eran las tropas de Catalina las que ocupaban Polonia, ella
hubiera preferido, tal vez, reservarse todo el botín. La forma de hacerlo
hubiera podido ser la que preconizaba la tradición rusa, forma aceptada
por un poderoso clan polaco: µna independencia, más o menos oficial,
encubriendo un vasall¡¡.je de h,echo. Se hubieran llevado a cabo rectifica-
ciones de fronteras, sobre toclo en ·el Sudoeste; pero siempre limitadas.
Ahora bien: semejante rupt,ura del equilibrio diplomático presentaba
riesgos muy perceptibles.
Francia intentaba suscitar )á agitación de los polacos patriotas. Aquel
era uno de los aspectos del pJa!l c9ncebido por Dumouriez y por el mi-
nistro Lebrun-Tondu para alzar, contra Rusia, a la clásica coalición
Suecia-Polonia-Turquía, aum~ntada¡, a ser posible, con una Prusia re-
conciliada. Se entablaron conyersaciones entre París y los jefes refugia-
dos en Sajonia. El 30 de d¡ciembre de 1792, la Convención admitió
a su presencia a Turski, el cuahequirió la ayuda francesa y recibió calu-
rosas promesas de Treilhard y qe Barbaroux.
La opinión inglesa había ,Illirado con indignación la entrada de los
rusos en Polonia. La prensa' ,,Yhig. y Fox se mostraron particularmente
violentos; y el embajador Si!llon Norontzov los apoyaba, sin recatarse
demasia~o: "Esto parte de ljn principio de justicia que es privativo de
esta nación; todo lo que tiene aspecto de opresión, la subleva." Induda-
blemente, Pitt no tenía interés en intervenir solo, ni tampoco en invitar
a Prusia a una nueva actuación contra los moscovitas ; pero Catalina no
respiró tranquila hasta verle empeñado en una guerra contra Francia.
Del reparto del botín, tal vez se .pudiera .descartar a Austria, pues
su política polaca era insegura. Un sector de 18. opinión hubiera querido
dejarle a la Serenísima República una apariencia de fuerza, pues la exis-
tencia de aquel Estado intermedio era útil a todos; y, sobre todo, había
que impedir el crecimiento de Prusia. Otros sectores no veían incon-
. ,veniente en tomar de allí el excedente necesario para que el cambio de
Í.los Países Bajos por Baviera fuera una operación lucrativa. Pero la
Hofburg empezaba a comprender que, de todos modos, la guerra en
el frent~ occidental le ataba las manos, y a sospechar que los rusos la
habían rmpulsado a ella maquiavélicarnente. Ya en abril de 1792, Felipe
Cobenzl se preguntaba: "¿Será cierto que Rusia no haya intentado siño
comprometemos hasta el máximo en los asuntos franceses, sin haber
teniPo nunca intención de secundamos y con el oculto propósito de
aprovecharse de ello para ejecutar quién sabe qué designios en Po-
lonia?"
Prusia hubiera podido abandonar el frente en el Oeste. Pero su
amor p~o~i? quedó malparado en·la campaña de Valmy, y había sacado
la conv1ccwn de que los jacobinos no permitirían fácilmente que se ga-
844 TOMO I.-REYOLUCION FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
1}
nasen indemnizaciones a sus expensas. Por tanto, se volvió hacia el Vís-
tula; y el 25 de octul;>re d~ 1792 advirtió a su aliado- austríaco que
estaba decidida a "redondearse" inmediatamente, a costa de Polonia.
Solo con esta condición participaría realmente en una segunda campaña
en el frente francés. Dci. este' modo, Federico-Guillermo se aprovecharía,
sin más dilación, eri t¡i.nto que Francisco II veía cómo los franceses
conquistaban aquellos Países.' Bajos, a cambio de los cuales había pen-
sado obtener Baviera. Por s1¡ parte, Catalina se decidía, comprendiendo
que no podía adjudicarse er botín polaco en su totalidad. Las intrigas
francesas estaban obteniendQ un éxito inquietante en Suecia; e Ingla-
terra se intereswba demª'siadq por la suerte de los polacos. Estos, repues-
tos de la postración en :que l)!s sumiera la invasión, se agitaban y comen-
taban febrilmente las ~ictori~s que en Valmy y Jemmappes había con-
seguido un pueblo lib.fe, Cprría el rumor de unas pr.óximas vísperas
sicilianas. Era preciso resoh'.er la cuestión; y Catalina no podía hacer
esto sin la ayuda de 1,in có!Ilplice. Como Austria era demasiado lenta
y siempre estaba recrinünan¡;io, la emperatriz escogió a Prusia. El 5 de
diciembre de 1792, Iµzo lJegar un proyecto de reparto a Federico
Guillermo, quien, loco'· de alegría, se avino a todo lo que ella quiso.
El 23 de enero de 17¡J3, Goltz. Bezborodko y Ostermann firmaron el
acu~rdo. · ~
Polonia perdía así la mit¡id de su población y casi la totalidad de su
territorio. Rusia se adjtÍdical:la más de tres millones de almas, o~.sea toda
la parte oriental, con unos límites que seguían aproximadamente el me-
ridiano de Pinsk. Se apropiaba, principalmente, la Ucrania polaca, con
sus ricas tierras de trigo, y así ampliaba cómodamente las bases de su
expansión hacia el mar Negro y los Balcanes. Prusia se incrementaba en
un millón de habitantes; y sus nuevas fronteras hacían de ella, como
decía alegremente Goltz, "un reino coherente'', pues suprimía aquella
enorme cuña de Polonia hacia el Oeste. Esto garantizaba a los Hohen-
zollem las riquezas agrfoolas-trigo y madera-que habían de sufragar
los. gastos de la costosa colonización germánica; y la posesión de Danzig,
el gran puerto de comercio de cereales.
En Viena se desencadenó la tormenta. El emperador había sido des-
cartado, de manera insultante, de las negociaciones y de los beneficios.
La expansión rusa se convertía en un peligro de primera magnitud,
pues los batallones moscovitas se habían adelantado extraordinariamen-
te hacia la Europa central y se encontraban ahora en contacto con la
Galitzia austríaca. El escandaloso crecimiento de Prusia comprometía
el equilibrio de . .fuerzas en la cuestión alemana, y ponía en peligro la
alianza austro-prusiana. cuya ·piedra angular era la simultaneidad y la
paridad de engrandecimiento. El carácter de Thugut, que reemplazó a
Cobenzl y a Spielmann, caídos en desgracia en marzo de 1793, no era
el más a propósito para restablecer una colaboración confiada.
Para justificar su agresión a Polonia, la zarina y Federico Guillermo
11.-~;:CTROP~ EN GUERRA -845
.
invocaron las exigencias del qrden y la tranquilidad pública. Según de-
cían, los principios de la Rev{?lución francesa estaban echando raíces en
Varsovia y sus proclamas dela.tabar( a los jacobinos franceses tanto como
a los perturbadores polacos, y':el "d~lirio desnaturalizado de aquella secta
impía, sacrílega y absurda". Manipbra de objetivo interno, en primer
lugar, destinada a tranquilizar a las· clases nobles sobre la defensa de sus
privilegios sociales. Maniobra diplotnática por parte de Catalina, ya que,
basándose en aquellos principios, P,rusia tuvo que comprometerse a pro-
seguir la guerra contra· 1a hi4ra. r~volucionaria, lo cual convenía, sobre
todo, a los intereses rusos. Pqro, a]mque no llegase a lo que pretendían
los partícipes en el reparto, Ja 'relación entre la aventura polaca y la
francesa era muy real, e imponíaa las potencias centrales aquella ma-
niobra en dos frentes, con e! pelipro de que el éxito en uno de ellos
se pagase con el fracaso en ~1 otrp.
lli. INGLATERRA JNTEJ.tVIENE EN EL CONFLICTO
(FE)lREIW DE 1793)
-· ~
Pocas clases sociales har¡ ¡no~trado más tranquila seguridad, más
plena aprobación del presentl%, má~ serena confianza en el porvenir que
los roed.íos dirigentes inglese~. en:: vísperas de la Revolución francesa.
Pocos países han sido tan cel~bradps por su belleza, su gloria y sus des-
tinos como la Gran Bretaña i,le enJonces. Pero ll\ armazón capitalista en
que se fundaba aquella prosgerida:Ü, estaba basada en interdependencias
múltiples y sutiles. Inglaterra, en la celosa vigilancia que ejercía sobre
el mundo, manifestaba una sensibilidad extremada para todas las trans-
formaciones sociales, económicas y políticas que pudieran poner en pe-
ligro su posición. ;,
Militarmente, apenas corría riesgo alguno. En los veinticinco años
de lucha que iban a iniciarse, ningún factor excedía en importancia a las
dpras corrientes de agua espumosa 'Y gris que separan a Dover de Ca-
la.is. A su abrigo, y mediante los débiles efectivos que exigía '1a Marina
de guerra, un país que en 1801 apenas contaba nueve millones de ha-
bitantes en Ing1aterra y 1.600.000 en Escocia, se sentía seguro frente
a la población más que doble que tenía Francia. Podía conformarse con
un ejército muy reducido en un principio y que, aun incrementado para
la guerra de España, habría de dejar en la Península, en siete años de
comb,3.te, menos de 40.000 muertos. Cierto era que la misma debilidad de
su protección militar hacía a la opinión muy sensible ante el menor peli·
gro de desembarco. En febrero de 1797, habiendo desembarcado en el
país de Gales 1.200 hombres de una fragata francesa, se produjo en Lon-
dres tal pánico financiero, que estuvo a punto de hacer saltar el Banco
de Inglaterra. Por eso el almirantazgo dedicaba gran atención a los
puertos continentales más inmediatos; y menos a los franceses del ca-
nal de la Mancha, cuya capacidad no era muy grande, que a los del
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846 TOMO 1.-REVOLUCION FRANCESA E IMPERIO NAPpLEONICO
Escalda. Es interesante el hecho de que Amberes continuara en el me-
diocre estado en que lo dejó Austria, sin dique ni' almacenes que sir-
vieran para algo. Intere¡;aba, también, conservarlo en estado de asfixia,
manteniendo la desembocadura de su río bajo el dominio de las Provin-
cias Unidas, pues de esta& Inglaterra se sentía segura desde la alianza de
1788. No sería el estatúder quien dotara a Flessinga y a las bocas del
Escalda de las instalaci:ones _necesarias para rápida salida de una flota
con 'tropas de desemba~cp.
pn el interior, la arillazón social ofrecía una fuerza tranquilizadora.
La ¡alta aristocracia continuaba poseyendo fortunas sólidas. Era pqco
numerosa, porque la tr~nsmisión de los títulos no iba muy lejos; pero
er~ .respetada y, ademá~. poco tiránica. La Gentry campesina encuad.~a
ba~ 'convenientemente, eJ ¡nm;1do rural. 1..a burguesía no tenía cerrado' el
~ª~9 a ~a mejora social! pue~. e~ d~ero era un medio de elevación, le~í
til:l;).o, ef1caz y acatado. Las y1e1as libertades se hallaban defendidas por
la ,'tradición y la costumbre. 'Jorge Ill, después de la crisis mental que
tuyo en 1788-1789, mqstrab¡,¡. menos afición al poder personal, ya que
se; preocupaba de su salud; y, además, Pitt había obtenido su confianza.
A~í; pues, la constitución inglesa parecía inquebrantable ; y tan perfecta,
que, ni siquiera se atrevía nadie a proponerla como ejemplo, para el ex·
trtinjero.
Pero tales riquezas habían ·de ser defendidas ; y de la ·Revolución
francesa podía venir un terrible contagio, que era de temer, principal·
mente, por la impiedad que denunciaban los relatos de los .~migrados.
De 1789 a 1799, gran cantidad de sacerdotes franceses (más de 10.000)
pidieron hospitalidad a Inglaterra, y se les concedió generosamente. Lle·
gaban, sobre todo, del Oeste, pues por ellí era fácil el paso por la escala
de Jersey, donde, en octubre de 1791, se aglomeraron 4.000 emigrados,
de los que 3.000 eran sacerdotes. Sus relatos referentes a los estragos
del ateísmo jacobino tuvieron fácil acogida y asustaron terriblemente
a las personas acomodadas. Claro es que, desde un punto de vista no
simplemente cristiano, pues lo que en tales ambientes se admiraba más
del Evangelio era el precepto de sumisión que impone a los humildes.
"Respeto al soberano, obediencia a los amos", dijo el Apóstol; y Arthur
Young, en 1798, lo interpretaba: "Hacer de esta sumisión un manan·
tial de satisfacción e incluso de alegría para los desgraciados." Este era
el prisma a través del cual las clases superiores solían aprobar las pre-
dicaciones de wesleyanos, evangelistas y cuáqueros a las clases misera·
bles. Se esperaba que la impied.ad francesa no fuese a entorpecer tan
buenos consejos.
A los ojos de los conservadores, el dogma de la propiedad era casi
divino. Hacían de ella la pnmera condición de la libertad, pues solo el
hombre que poseía algunos bienes podía resistir al tirano ; la garantía de
la prudencia política, porque el mísero no tenía por qué pesar las con·
secuencias de sus actos ; en fin, la base de la existencia incluso de los
1
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II.-EUROPA EN GUERRA 847
des
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heredados, pues, según afüma Burke, "cuando los pobres se alzan
para destruir a los ricos, obran :en su propio interés tan sensatamente
como si quemasen los 111olinos y ·tirasen el trigo al rfo para tener el pan
barato". Ahora bien: la Revólqción francesa socavaba ese saludable
pri~cipio. Al~no~ constituyentes ·proyectaban un procedimiento de vo-
tación no cens1tano. y Arthur Young exclamaba: "Si son las personas
las que están represe1;1~das, la, propiedad ya no existe." En Francia,
durante las grandes cns1s, se tasl!-pan las mercancías y se incautaban las
cosechas. La igualdad, en su ~mo principio, e:¡taba en oposición con
la propiedad. Así, una 'de las ¡i.cµsaciones lanzadas más frecuentemente
contra ,ios ja~o.binos, fue. la d~ saqueo y robo; uno de los apóstrofes
que mas se dmgía a los mgleses · era el llamamiento a la defensa de sus
b!enes: Young quisiera, incluso, que. en la milicia que proponía no pu·
dieran entrar más que propietarios. Y esto no era compreñder la revo-
lución de la burguesía francesa.
Inglaterra se mostraba or~osa ·de su prosperidad. "Nuestra buena
Y vieja i~~a-escr.ibe lord, Au?,kland, en 1792-posee actualmente una
acumulac10~ de nqueza~ sm e1~mpla en la historia del mundo." El que
fuese la primera potencia económica del globo, constituía, con su insu-
laridad, el rasgo más importante de su actuación internacional; ya colo-
cara aquella f:-rerza en la balc:nza, ya velase para protegerla.
. L?s estudios de los técrucos, las inversiones de los capitalistas, el
mteres general que le otorgaba, hacían que la agricultura inO"lesa fuese
l~ más perfec~i~nada qu~ existía, Los grandes rendimientos q;e propor·
c10naba, penmtian al remo salvi\¡: los años de restricciones, cuando los
~provisionamientos llegab~n difícilmente del exterior, ya que, en rea·
lidad: Y aunque la población creyera bastarse a'sí misma, dependía del
exter~o_r, Y no tan sol? en productos coloniales, aun cuando éstos hubieran
adq~mdo un lugar 1.ll1portantísimo en. la alimentación (Inglaterra con-
sumra 150.000 toneladas de azúcar y 13 millones de libras de té). Pero
el suelo nacional no daba suficiente madera para los usos domésticos
e industriales, ni suficiente trigo par~ los consumidores, ya que se habían
a~ostumbrado al pan blanco. La patata, de la cual se vivía en Irlanda
el ~ancashire, e~a de cosecha insegura. En 1798, Malthus hizo notar el
peligro de penuna por superpoblación. A partir de 1783 el sistema co-
mercial inglés se modifi<:ó, p~r. el crecientedesarrollo ~ue adquiría el
transporte de artículos alimentlc10s. Estos eran el azúcar el café el ron
de las islas occidentales, el trigo del Canadá: y también ei trigo, l~ harina
Y. e~ ~on, qu7. desde 1790, sobre todo, enviaban los Estados Unidos. Re·
c1b1a as1 rmsmo los cereales de los países bálticos, de la gran llanura
polaco-alemana, y, más cerca todavía, de los Países Bajos. En éstos, la
mala cosecha del lluvioso verano de 1792 creó entre compradores in-
gleses Y franceses una gran competencia ; y así se confirmó, una vez más,
el, lugar c¡.ue aquel país ocupaba en la economía británica. De manera
mas amplia, cualquier coalición marítima europea y, principalmente, una
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848 TOMO I.-REVOLUC!ON FRANCESA E IMPERIO NAfOLEON!CO
intervención francesa yn Holanda, sería considerad<:\ principalmente bajo
el aspecto de las temibles repercusiones que tendría sobre el abasteci·
miento de la isla. ·
La potencia indusµial :británica era enorme. Las ciudades fabriles
se habían hecho gigantescas, Londres tenía 800.000 pabitantes ; Manches-
ter y Glasgow, 80.000 ¡ l3irmingham y Liverpool, 70.000; Leeds, 50.000;
el Lancashire, que hacia 1700 tenía 160~000 alm¡:¡.s, cuenta, en 1801,
695.000. Las exportaoiones· de géneros de algodó1'. han aumentado de
20.000 libras, en 1741, a 1.660.000 en 1790. La industria de la lana
tiene aún más importa,ncia rural y fabril a la vez. La era del hierro y del
carbón va a iniciarse para. unas fábricas metalúrgicas gigantescas en el
País Negro del Staffofdshire y en el Este de Escoqia. El capitalismo in·
dustrial inglés puede ~ncargarse de abastecer de armas, uniformes y equi-
pos a los regimientos "de to;das las coaliciones.
Pero también aqu{ depyndía todo de la Marina. ·Para que los tejidos
y la ferretería pudier,lln exportarse, para que llegasen el carbón de las
Antillas y de los Estqdos Unidos, la madera y el hierro canadienses, es·
candinavos y bálticos/era cpndición imperativa la supremacía naval. Aquí
se planteaba de nuev9 la questión de los Países Bajos y, principalmente,
del libre ,'l.cceso a Ostendt'._, gran puerta del continente. La escasez o el
paro crearían un graye peligro social en estas comarcas manufactureras,
míseras y duras, en ~as qU,e el industrialismo, en su peor período, en el
de los comienzos, congregaba y amontonaba a verdaderas multitude~
embrutecidas por el agotamiento y el alcohol. Londres no .poseía más
que una policía arcaica e ineficaz ; y aún no se había desvanecido el re·
cuerdo de los motines de 1780, en los que la plebe atacó la prisión de
Newgate, y por dos veces, asaltó durante la ·noche el Banco de Ingla-
terra. El relato de las jornadas revolucionarias parisinas avivaba tales
temores, que explicaban el encarnizamiento con que hubo de conducirse,
en el interior la reacción antijacobina, y en el exterior la lucha contra
la Revolución.
La armazón financiera del capitalismo británico era poderosa y vul-
nerable a la vez. En 1.781, el Banco de Inglaterra hizo renovar su pri·
vilegio hasta 1812. En todo el reíno se habían 'fundado bancos provín·
ciales (existían 12 en 1750 y 400 en 1793), que proporcionaban a la
tierra y a las fábricas capitales abundantes. Sin embargo, muchos de ellos,
de poca base y escasas reservas, no podrían sobrevivir a las crisis pro-
vocadas por la guerra. La deuda pública era grande. Pitt, al hacerse
cargo de ella, encontró que excedía de los 238 millones de libras; y
consiguió, mediante un esfuerzo de rigurosa amortización, reducirla en
4.750.000. Pero la situación internacional le obligó a suspender aquel
esfuerzo; y, en 1793, la deuda volvió a subir a 244 millones. Los ingresos
del Estado fueron reducidos, pues la opinión detestaiba el impuesto di-
recto,, como atentatorio a la propiedad, y, por tanto, a la libertad. En
consecuencia, Pitt se vio obligado a recurrir al Banco de Inglaterra, cu~a
Carta constitucional prohibía, realmente, todo préstamo al Estado sm
II.-ElJROPA EN GUERRA 849
aútor:iz~ción del Par.lamento! perq que podía emitir bonos del Tesoro.
Llego, .lllcluso, a emitir dem¡=tsiados; pero en 1798 una reforma del sis-
tema fiscal aumentó los. ~gi;esos; y, con ayuda de los empréstitos, In·
glaterra se puso en cond1c10:qes de financiar, durante veinticinco años su
guerra Y la de la coalición, lo que le costaría 830 millones de libras' de
l~s cuales 52 y medio se inyirtlerpn en subsidios a sus aliados. Se ~on
c~be que la Revolución frai,icesa,' y más tarde Napoleón, consideraran
siempre este esfuerzo como in~ostenible, y tal situación comQ malsana.
Y que esperasen que el crédi,to :ell' que se fundaba acabase por hundirse~
"?dem~s, en ~ 792.' se ·sabía en P,arís la inquietud con que los medios
fmanc1eros bntárucos seguíaµ la piarcha de un ejércíto jacobino sobre
~sterdam, centro bancariq 111 que estaban muy estrechamente aso-
ciados. ·
A partir d~ 178~, el COID;~rcio marítimo se convirtió en base esencial
de la. prospend~d mglesa. Jmport:aciones y exportaciones pasaron, de
20 llll~ones de libras en 17,~2; a casi 40 en 1790. Por el Atlántico se
ext~ndia profusa~ente el t~áfico directo con el Canadá, los Estados
Urudos Y las ~tilla~, y to~Q. tul~ red de relaciones triangulares. La po-
derosa compama de i~s Ind1~s on~ntales animaba, con sus pesados brdia-
men, el Ca~~· las Ind1~s, ~· ~esde que, en 1784, se les unieron los holan-d~ses, ~amb1en,Ia Insulindra ?: el sµr de China. El Mediterráneo no se les
d1sp~to demasiado duram~nie a !o~ navíos marselleses, pero su impor·
tanc1a de enlace c~n l~ India se h¡¡.cia cada vez más patente. Er ventajoso
tratado de comerc10, finnad0 en 1786, abrió el mercado francés. El mar
del Norte Y el Báltico as.egurapan el aba~tecimiento del reino en trigo y
pescado salado y proporc10naban el matenal para las construcciones nava-
les, madera, ~lquitrán, cáña~o y lino. Tal comercio era una riqueza in·
mensa, una nqueza en movuniento, cuya seguridad exigía una flota de
guer,r~ bastant~ fuerte para desafiar incluso a las potencias occidentales
mant1mas reurudas-España, Francia y Países Bajos-, y suficientemente
numerosa para proteger, en cualquier momento, el Támesis contra un
ataq~e procedente d~l próxim? Es~alda. Pero Pitt no estaba dispuesto
Íi de1ar que la Francia revoluc10nana les creara tal peligro.
Si es cierto ~ue. la opinión capitalista inglesa no comprendió lo bur-
guesa q~e segma. siendo 1~ Francia ?e 1789-1792, París, por su parte,
sobreestunaba la llllportancia de las Slillpatías halladas en ciertos medios
al otro lado ?e la Manc~a .. El error era disculpable, verdaderamente,
dada, la magrutud del movllD1ento provocado en Inglaterra por el ejem-
plo de la Revolución.
Este m~vímiento se manifestó, sobre todo, entre los disidentes de las
clases medias u!banas, en las que se despertó el antiguo espíritu de
reformas y ?e libertad. S? reanudaron las c,:unpañas para la supresión
~e la esclavitud, _Para n;ie1ora~ l~ costumbres electorales y parlamenta-
nas Y para abo!1\ ~as mterdicc10nes . de base religiosa. Por influjo de
W olfe Tone, se Iruciaba en Irlanda cierta agitación, creándose la Socie-
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a5ll tUMU i.-lttlVULUl:lUH i'llAUt.:l:SA l; lhll'J;JllU flAl'tJLl:JJlllUI
dad de los Irlandeses Unidos. Las Sociedades de la' Revoluci6n celebra·
ron el centenario de 16S8. La de Londres tenía en sus filas a los partida·
rios de las reformas y ~l ala avanzada de los whigtt. Su asamblea gene·
ral de noviembre de 1789, causó gran sensación con un audaz discurso
de Price y la aprobacióq de una moci6n en la que se felicitaba· a la
Co~stituyente francesa y se exigía la abolici6n del Test y la reforma de
la r~presentación parlarqeP.taria. Se fundaron numerosas sociedades "cons·
titucionales" o "de coi;respondencia". En 1792,aparecieron dos clubs
obreros, uno en una taberna de Westminster y el otro en Sheffield. La
propaganda democrátic~ y r~dical se hacía activamente, por medio de
folletos. Habiendo Burlce atacado en sus Reflections al jacobinismo, le
respondieron más de cµarenta publicaciones, de la1 cuales las más des·
ta~adas fueron dos: fündiciae Galliae. de Mackintosh, y, sobre todo,
The Rights of Man, de ;Paine. A e<:ta. última, la celebridad del autor,
el vigor del estilo. la audaci~ de las ideas y la baratura a que las socie·
dades "constitucionales," velfdían el folleto (6 peniques), le valieron, a
primeros de 1792, un t;norm~ éxito. A la cabeza del movimiento figura·
ban nombres ilustres, científicos como los del economista Price y del
q1Jímico Priestley, políticos como el de Sheridan y, sobre todo, el de
Fo;i::, que arrastró tras~ sí a buena parte de los whigs y que aclamaba
en fa toma de fa BastilJa "e~ acontecimiento mejor y más grande que ha
tepido lugar en el ·muµdo", y en la constitución de 1791, "el más sor·
pi/endente y glorioso ei,l.ificio de libertad que se ha elevado en todos los
ti~mpos y en todos los países". Se explican, pues, las esperanzas que la
diplomacia francesa tuvo. durante mucho tiempo, puestas en Inglate-
ri,4. el éxito que esperó ife las misiones confiadas a Talleyran'd en 1792,
l~ convicción de muchos de que, a pesar del incidente belga, todo- habría
de arreglarse con Londres ; y también la re,'3.cción brutal que siguió a las
desilusiones.
Además, Pitt fue, durante mucho tiempo, sinceramente pacifista, y
se preocupaba. ante todo, del comercio, de las finanzas y de la amorti-
zación de la deuda. En febrero de 1792, anunció una reducción de ar·
mamento. Parecía compartir la opinión general de que la revolución es-
taba debilitando a Francia: y pensaba que no ha!bía más que dejar que
las aguas siguieran por sus cauces. Esto no obstó para que, en 1790,
pensase en declarar la guerra a España, a causa del comercio en el Pa-
cífico ; y en 1791, a Rusia, para proteger los accesos a la India, lo que
nos da una idea clara de cómo reaccionaría ante cualquier ataque a los
intereses marítimos y coloniales ingleses. Cuando la entrada de los fran·
ceses en Bélgica, seguida de la ocupación de Amberes, planteó esa ame-
naza, vino a conjugarse con la que se venía sintiendo, desde tiempo atrás,
de que se produjera un grave desquiciamiento social, por infiltración
de los principios jacobinos.
Las clases acomodadas eran, en su gran mayoría, antirrevoluciona·
rías e impermeables a la propaganda de las sociedades constitucionales.
Habían encontrado su pensador y su orador en Edmundo Burke, acerca
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de cuya doctrina hemos de volver a hablar más adelante : e hiéforon
urr recibimiento entusiástico a sus Reflections on the Revolution, publica-
das en noviembre de 1790 y de. las que en un año se vendieron 32.000
ejemplares. En enero de 1791, tuvo un éxito análogo su Letter to a
Member o/ the National Assenibfy. La Revolución-exclamaba Burke-
"abre, para tragamos, las fauces qel gran abismo", y la gente estaba dis-
puesta a creerlo. La caída de .l~ monarquía en Francia y las matanzas
de. septiembre de 1792, acabaron de replegar a la opinión dirigente en un
odio frío. El pueblo era fácil. de excitar contra el extranjero y poco
sensible a las homilí,as jacobiqas dé los no conformistas, a quienes no
quería. En Birminghar:ii se alió contra los propagandistas al grito de
"¡Abajo los filósofos l 'i Vivan la Iglesia y el rey I" En todo el reino, los
amigos de la Revolución perdíªn terreno, y los whigs se iban debilitando
en la cámara.
Pitt, sensible a. este profun,do movimiento de opinión y persuadido,
además, de que ciertos desórd~nes eran de origen francés, se encontraba
plenamente dispuesto a actuar con energía, cuando se acentuó en el
continente la amenaza franc~a. El Foreign Office consideró como el
anuncio de una jacobinización general y acaso como una alusión a Ir-
landa, el decreto de la Convención, del 19 de noviembre de 1792, que
prometía ayuda a todos los pueblos deseosos de recobrar su libertad.
Y, sobre todo, al darse cuenta de que los franceses estaban decididos
a permanecer en Bélgica, Pitt ~e irguió.
La ocupación de Bélgica l\abía sido motivada, en su origen, por las
ambiciones personales de Dumouriez, la necesidad estratégica de limpiar
aquella base de partida austríaca y el impulso instintivo de la propagan-
da. Pero ahora predominaban las consideraciones económicas-que, por
lo demás, nunca habían faltado-; y éstas aconsejaban la ocupación
definitiva. El asignado, reanimado un momento por los éxitos militares,
continuaba sin adquirir estabilidad (en febrero de 1793 había de bajar
extraordinariamente). Ahora bien: . algunos opinaban que en Bélgica en-
contraría, merced a los bienes de la Iglesia y de Austria, una garantía
estimada en los dos tercios de las emisiones totales, y que se evaluaba
en uno, dos e incluso en tres mil millones. El 15 de diciembre de 1792,
Cambon propuso destruir todo resto de feudalismo en los países ocu-
pados e introducir en ellos el asignado-lo que él llamaba "ofrecerles
parte de nuestros tesoros". Así, los bienes pertenecientes a los cómplices
de la tiranía, garantizarían papel moneda francés. La Convención aprobó
el decreto, colocó Jos bienes "bajo la salvaguardia francesa" y envió a
Bélgica comisarios encargados de ejecutar las disposiciones y de nom-
brar: por elección, funcionarios administrativos provisionales.
Inglaterra consideró que estas medidas equivalían a una anexión y
que Amberes estaba en manos de Francia. Además-y esto aumentaba
la gravedad de la amenaza-, la Convención, por sus decretos de 16
y de 19 de noviembre de 1792, hábía anulado las disposiciones interna-
cionales que hacían a Amberes menos peligroso para la seguridad bri-
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852 TOMO l.-REVOLUCION FRANCESA E JMPERIO NAPOLEONICO
tánica. Se declararon ¡¡.biertas las bocas del Escalda; y el día 22 dos na-
víos franceses exigieron y obtuvieron de los holandeses el paso por ellas.
Fácil era adivinar el peligro que amenazaba a las Provincias Unidas, y,
en realidad, en el mismo momento el Consejo ejecutivo admitía que
Dumouriez se metiesi; allí, si la situación militar lo exigiese. El Banco
de Amsterdam y, lo i:J.ue era peor todavía, la flota y los puertos holan-
deses. podían, de un jllOménto a otro, caer en poder de los republicanos.
Al lado de las c¡¡.usas 'profundas, sociales, económicas y marítimas,
los episodios diplom4ticos de la ruptura no tienen importancia. Pitt se
mostró más inexorable de lo que convenía: y William Wyndham Gren-
vi.J.le, que ocupaba desde 1791 el Foreign Office, estuvo altivo, glacial
y desprovisto de tacto, Bl representante francés, Ohauvelin, desconcer-
tado e inhábil, no logró ninguna consideración personal; y Maret, con-
ciliador por naturaleza y por orden, llegó demasiado tarde para poder
influir. En cuanto al embajador británico en París, lord Gower, había
sido llamado, a raíz del 10 de agosto. En contraste con la anglofilia de
los filósofos, desde la guerra de América, se haibían extendido enorme-
mente en Francia sentimientos hostiles a Inglaterra. Los fisiócratas o
neofisíócratas reprochaban a la economía inglesa su mercantilismo. Los
patriotas denunciaban la influencia de la aristocracia en el parlamento,
tanto más, cuanto que los monárquicos preconizaban, por el contrario,
el principio de una alta cámara hereditaria. Esta anglofobia hallaba eco
en los jacobinos y en la asamblea. El 1 de enero de 1793,el marino
brntón Kersaint reclamó la guerra de corso y colonial. El 28,,de diciem-
bre de 1792, Burke había exhibido en los Comunes un puñal, que, se-
gún decía, era el arma de fos asesinos franceses emboscados en el reino.
Se adoptaron, simultáneamente, por ambos lados, medidas militares.
En diciembre, Pitt hizo equipar 25.000 hombres. El 10 de enero de
1793, el Consejo ejecutivo decidió la entrada en Holanda. Los vínculos
establecidos por los tratados se rompieron. Un Aliens Bill, aprobado
el 31 de diciembre de 1792, restringió la circulación de personas y ce-
reales, lo que era contrario a los acuerdos de 1786, que Chauvelin de-
claró caducados para lo sucesivo. Inglaterra se dispuso a "proteger" a
los plantadores franceses de Santo Domingo. Al recibirse en Londres la
noticia de que Luis XVI había sido ejecutado, la multitud se agrup.ó
alrededor del palacio, pidiendo la guerra. A Chauvelin se le rogó que
abandonase el reino. En camino hacia Dover, se cruzó con el correo de
París que iba a llamarlo. El 1 de febrero de 1793, la Convención decla-
ró la guerra a Inglaterra y a Holanda.
IV. EL CONTINENTE EN GUERRA (PRINCIPIOS DE 1793)
En los países ocupados por los ejércitos franceses, una parte de la
población se esforzaba, por convicción. en implantar las innovaciones
revolucionarias. En,,.,SJLavance hacia el Norte, las tropas republicanas
II.~EUROPA EN GUERRA 853
h~,~Í[lJ?,.,,sicio,.,,bien.:;a.cogidás p~r lo~ mineros', ·10s-'atill:Úos 'y los fabl"ican-
t~s- d~ clavo~, de- Lieja. así c(imo ~or los pañeros de Verviers, aglomera-
ció°; mdustnal de .tipo y espíritu· nuevos. Allí, incluso algunos nobles
debia? ~us tendencias liberal?!s a ~os contactos que con el ambiente de
las ~abncas les procuraban ~us cti:-sos. señoriales y los dividendos que
percibían de sus empresas cprnanp1tanas,. La Revolución se"· ganó ·ami~
??s--en .... ~ivo.pequeña"':ofilguesí~, ·de' lq_~-:Pá,{~_¡_::§ .. -Bajos~:austrfacos-~ · entre los
jO,V.ei;l.~S:·W:frl~W·?-1~.Y;-,entre·,tos-vqnckisüü;;,,Respaldados por ella y agru-
pados en cuerpos de descaiy.isadqs", propugnaban las reformas sociales
(co~o la tasa de! ~an): y podí~- creerse que no se opondrían a una
fusión con la republica.
J?el :nismo modo, enconlniba apoyo la causa de la libertad en los
med10s,, mtelectuales de Renania, especialmente en Maguncia, "la Atenas
renana . No todos, desde luego, admiraban ciegamente la Revolución;
y, comprobando lo dura que resultaba la ocupación por los uniformes
a~ules, Forst~r se preguntaba si los mismos franceses eran realmente
dignos de la. libertad qu~ !raían consigo. Pero, desviándose del carcomido
Sacro Imp~:10 y del asfix~ante .régimen eclesiástico, para tender la mano
a la r~pubuca, ~odos c:eian ejercer el derecho absoluto del hombre a
e~cammarse hacia el bien. En octubre de 1792, Forster declaró que el
R;m era la frontera hasta la cual debía extenderse Francia. El 15 de no-
viembre, e::i el club de Mag~mcia, pidió que la orilla izquierda pasase
~~! ba¡o l~s leyes republicanas; el 17 de marzo de 1793 consiguió
de la con~ención reno-germánica, reunida en Maguncia, una votación
en tal senti::J,º ; Y el 30 de marzo, en París, presentó dicho proyecto ante
la Convenc1on.
, El 12 de agosto de 1792, en (Sab~~) fueron aprobadas mociones
an~logas por las asambleas popula'Tes-ae 583 municipios de los 658
existentes, r,~ª-~ tarde, por la Asamblea nacional soberana de los Alló-
~roges. En\~!za,,,,:una r~?nión de cuerpos administrativos envió a París,
en octubre, una diputacion encargada del mismo mensaje.
r: El hecho de que la opinión genéral de las regiones interesadas estu-
Viese o no verdaderamente representada por aquellas manifestaciones
era asunto que muchos convencionales no tenían interés en dilucidar'
El "contagio:' d~ la Revoluci~~ a ~os países vecinos respondía, a la vez:
a. las conve~1encias de ~a pohtica 1?terior, que aconsejaban a los giran·
dm.os no dejarse aventa1ar por nadie en celo revolucionario y a las ne-
cesidades, d~ las finanzas, que difícilmente logra~an sostene; (por Jo me-
nos en Belg1ca y en Saboya) a las tropas de ocupación. El 19 de noviem-
bre de 1792: la Convención prometió "fraternidad y ayuda" a los pue-
blos .que qmsieran recobrar la libertad: y encargó a sus generales que
acudiesen en su apoyo. E~ 2_?_,__x __ ~~ -~e~p~~t_a._a los__A,~~~os que manifes·
taban .~?_s ?.el~?,ª~?.-~-,d~ SalJoya, f~e anex1onaéfa. dicha p-roviiiciü~ -EI"15
~d!c1emñrc; •. s~, dt? el. de~reto ,de 51-ue ya hemos :hablado, a propósifo, ,de
B~l~1ca~-,abo~1~nqg,,~L ant1gµo,.rég1men, secuestrando- los bienes, de los
prrvilegiados Y poruendo a expensas del país ·,et sostenimiento de las
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854 TOMO I.-REYOLUCION FRANCESA E IMPERIO NAI'OLEONICO
tropas. El 31 de enero de 1793, se invitó a la población a emitir su
voto sobre la forma de gobierno que deseaba. El número de votantes
fue escasísimo en Bélgica, ínfimo en algunos lugares ; pero no por eso
dejaron de ser admirab,le¡nente acogidas por la Convención las mociones
pr~sentadas en pro de la incorporación a Francia; y, en consecuencia,
durante el mes de mar?o fueron anexiom1c1os el _m1ís de Franchimont, el
Hainaut-najoel noñipre· dé- départall1e11to de .. Jeµiffiappes-, Bruselas, --
Gante; Lovaina, Ost~n,d~ y1 füá$_fa_rde, Lieja, etc· También en ·marzo,
y· en condiciones análogas. se realizaron TaS anexiohes e~!:~~Pf!C> :r_e_n..ª--
no, mediante la votaciqn de· ~os_ municipio5y-'éíñejla· Convención que se
reunió en Maguneia;-h).erced a la actívidacl'ainos Clubistas y de Forster.
Las tropas francesas 9cup~ron, en el principado episcopal de Basilea,
la región de Porrentruy y sµs importantes pasos jurasianos. Aquel pnn:
cipado se convirtió en :república de Rauracia; y algo más tarde, en 1793,
pasó a ser un departamento francés. Niza .. fue incorporada por decreto
de; 31 de enero de 1793. ::.:.--
'_.: Al mismo tiempo que se: enteraba de estas anexiones, Europa se veía
altaneramente inform~da d~ los principios que las habían determinado.
Al de la voluntad popular,'proclamado ya, mucho tiempo antes, se aña~
día "áliora,"(ltúñifiíe-cqnfradjciendo, a veces, el verdadero deseo de las
poblaciones interesadas) el· de las fronteras naturales, reivindicadas, en
nombre de los antiguos derechos históricos, o ateniéndose a la geogra-
: fía, que eran las únic~s qt{e debían fijar un límite a la extensión de la
' República: "Sus lúnites están marcados por la Naturaleza-declaró Dan-
tón-. Llegaremos a ellos por los cuatro confines del horizonte, por la
parte del Rin, por la del Océano, y por la de los Alpes." Y un informe
cie Carnot expresaba: ''Los límites antiguos y naturales de Francia son
el Rin, los Alpes y los Pirineos." lI!l:§.ta,_ lqsrexifanjei:os,:nn~.p.o_s· ,p¡:edis-
eu,~s.tq~;:en:L99,-';l;~ra~:'q~ -~a _R.evoluci_ÓIJ., jµzgaron:" esto.s, :.ppnpipfos-· tan::discu ·
tl_bles·.corim 'inquietantes.· ·
:r-:-· Paf último, la ejecución de Luis XVI. el 21 de enero de 1793 .• tras-
tornó a toda Europa, El motivo de Ja sentenci~, "~onspiración'.contraJa.
~~guridadiael¡;·.Es·f~clo;;;· no . podía ,cony,e_n.9.~~ ~a·:~oi5~pi;n;eréisó'f ~spJ~i_tus,:~ ...
los .·que; la: c1iscipJ.iAa:,,ni.On:4fqµis;a. -~afüfi:; en§eñado ·_a: ítlentifiCar a1 'rey "éon
'"elpropio•iBstado: La opiili.ón europeá-acudió, casi unánime, en apoyo de
los Gobiernos del antiguo régimen, en la lucha que emprendieron contra
la expansión de la Revolución, contra sus principios y contra su pro-
grama.
,,...... .. J~!--!?jemplo más . típi:? de mentali~ad contrarrevolucion~ria lo dio
(Españ~l con determmac10n ~ constancia. tales, que, a pa~tir de 1808,
'1morfün de tener consecuencias muy prorundas. A su subida al trono,
en 1788, Carlos IV, encontró un reino esclarecido por su despotismo
ilustrado, con once millones de habitantes y sostenido por un esplén-
dido comercio colonial. A pesarde todo, el país seguía siendo indife·
rente a las corrientes europeas de la economía y del pensamiento. El
II.-EUROPA EN GUERRA 855
arcaísmo de la vida exterior subs~stía en la etiqueta de la corte, en el
1ugar tan destacado que se concedía a la Iglesia, y en las costumbres
populares. En España, al menos en la España .de la meseta, permanecía
intacta la mentalidad castellana, sµ estilo de vida, orgullosamente igno-
rante de los conceptos burgués y capitalista del siglo, y que prefería
lo libre, lo gratuito y lo tradicional, a lo productivo, lo eficaz y lo pro-
vechoso. A fines del. siglo X;Vm, la sociedad terrateniente era un tenaz
ejemplo de ello. Pes~ a los ~¡;fuerzas de las Sociedades Económicas de
Amigos del País, de 'las Juntas- de Comercio y Agricultura pa,ra difundir
la devanadera de Vaucanso:q, el arado inglés, los abonos y la sembra-
dora mecánica, los aldeano~. indjferentes, seguían empleando el huso,
la pala y los procedimientos' tradü::ionales. El concepto de lo útil seguía
también siendo ignorado pqr una espiritualidad y una intelectualidad
poco penetradas por el afát{ ele las luces. "T~ntas cátedras creadas por
doquier para enseñar el latín y esa vieja filosofía absurda, que no sirven
más que para crear una superabundancia de· capellanes, frailes, médi-
cos, abogados, escribanos y'. sacristanes, mientras se carece de arrieros,
de marinos, de artesanos y de labradores. ¿No sería mejor suprimir mt¡-
chas de esas cátedras?" Est\J, ~xclamación de Jovellanos no conmovió 'a
nadie; como tampoco conve:ncía la inscripción que, en 1794, colocó en
el instituto que fundó en Gijóii para la formación de pilotos y mineros:
Quid verum. quid utile. Le sjguieron un Cabarrús y un Campomanes:
pero ·la mayoría de las pen¡o¡ias cultas compartían la opinión popular.
En resumen: un potente bloque de resistencia a las ideas revolucionarias.
Al norte de los Pirineos, el espíritu filosófico se vengaba de España
mediante un desprecio que, muy extendido entre los medios gubernamen-
tales, perjudicaba extraordinariamente las relaciones internacionales en
que intervenían Iberia y la América española. Sin ignorar la Península
(entre 1780 y 1790 se publicaron ocho relatos de viajes, entre ellos 'el
de Bourgoing), se la conocía mal; no se la comprendía y se la despre-
ciaba. "¿Qué se le debe a España?", preguntaba, en 1782, la Enciclope-
dia metódica, de Morvilliers. A pregunta tan impertinente, dio una ré-
t· plica la Oración apologética de Forner: réplica que no convencía a los
·filósofos, así como los filósofos no habían convencido a los castellanos.
Estos puntos de vista explican los conflictos que, por lo demás, no po-
drían faltar, ya que los dominios de España eran inmensos y sus inte-
reses se hallaban muy extendidos.
Uno de los frentes de la diplomacia española era América; y ya vere-
mos el trabajo que le costaba mantenerlo contra ingleses y norteame¡i-
cahos. Las comunicaciones, dentro del Imperio, exigían el mantenimiento
de una Marina muy fuerte. En marzo de 1790, contaba con cuarenta y
seis fragatas y unos sesenta navíos de línea, más o menos utilizables.
y entre los que había algunos barcos gigantescos, que aventajaban a los
mayores navíos ingleses de tres puentes. El Imperio hispánico, con Mé-
jico y el Perú, era el más poderoso productor de oro del mundo, y más
856 TOMO I.-REYOLUc;ION FR_ANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
aún de plata. Sus pesos cor!stituí~n una verdadera moneda internacional,
y la fama de riqueza que le valían a España, atraía a ella a multitud
de aventureros, dispuestos -.a hai:;er su agosto. Pero el reino no sabía
emplear la técnica modero<¡, ni ~doptar la organización bancaria que le
hubiera permitido cimentar: ep. Sl!S tesoros coloniales una circulación roo;,
netaria abundante y firme, El 'Banco de San Carlos, creado en 1782,
estaba mal concebido; y 111s cri?is de 1790, 1796 y 1799, lo quebranta·
ron duramente. La emisión de papel moneda-los vales reales-comen·
zó en 1780, degenerando ~ rápi4amente en inflación, pues de 1780 a
1808 se imprimieron por .:valor: de 2.300 millones de reales y solo se
amortizaron 421 millones. En 1800, los vales llegarían a perder cerca
del 71 por 100 de su valor. ·
Italia era considerada por la diplomacia madrileña como un país de
gran interés, que emanabi;i, prip.cipalmente, de la tradición histórica y
del sentimiento dinástico. E¡¡tre los Barbones de El Escorial, los de Par·
ma y los de Nápoles, habfa es~echos vínculos familiares. Si .Italia fuera
dominada por una gran pqtenci~. ésta tendría en ella un poderoso medio
de acción sobre S. M. Católica.·
Con respecto a t•PórtugaJ¡ lits preocupaciones españolas eran inme·
diatas ; y el viejo su'tm-o-d~ Ía linidad ibérica seguía teniendo actualidad.
En el orden dinástico, las persP,ectivas parecían favorables a él, pues los
vínculos entre Bra:ganzas y Bo:t:bones, se estrecharon más por el matri·
monio del príncipe- Juan con Carlota, hija de Carlos IV. Ahora :bien:
como la reina María estaba loca, en Lisboa fue Juan el que, desde fe.
brero de 1792, gobernó el Estado, convirtiéndose en Regente en 1799.
Carlos IV se preocupó de hacer que, en 1789, las Cortes modificasen la
ley de sucesión para permitir la unión de las coronas. Pero, lejos de es·
cuchar el llamamiento que le llegaba de la meseta castellana, Portugal
(como en la propia España hacía la periferia que iba oponiéndose a
Madrid) miraba hacia el mar, hacia su vieja tradición nacional, hacia el
imán de amplia economía de intercambios con su imperio del Brasil y
sus factorías de Africa o de la India. Su vida dependía del Océano: abas-
tecimiento de trigo de Berbería ; producción de oro brasileño; pingüe
redistribución de los azúcares, cafés y algodones ; compra de mercan-
cías inglesas ; exportación de frutas, aceite y cada vez mayor cantidad
de vinos de Oporto, de los cuales la Compañía General embarcó, de
1779 a 1810, como término medio, unos 220.000 hectolitros por año.
Tráficb marítimo y tradición histórica, orientaban ai Gabinete de Lisboa
hacia:Inglaterra, con la que, en 1781, firmó nuevos acuerdos económi-
cos. Allí era donde había de encontrar apoyo contra la presión española.
Y le quedaba a Madrid el cuarta frente diplomático, el de Francia.
Allí, también las tradiciones dinásticas ocupaban el primer plano: y,
muy principalmente, la secreta y tenaz esperanza de que, algún día, los
Barbones ·de España pudieran suceder, en Versalles, a sus primos. Mien-
tras se creyó que el futuro Luis XVI no podría tener hijos, el embaja-
II.-EUROPA El':! GUERRA 857
,
dor vigiló muy de cerca la situación; y Aranda consignaba, en sus des-
pachos, detalles anatómicos muy "crud9s. A partir de 1793, al ver diez·
mada a la familia real, volverían a reávivarse tales cálculos. Y El Esco·
ria! continuó basando sus relaciopes c9n la Francia de la Constituyente,
en el vínculo dinástico, materiali,zado 'en el pacto de Familia, hasta el
momento en que la Asamblea, ~l tra\.ar del conflicto hispano-inglés de
Nootka Sound, se negó a concedi::r ·Ja ·ayuda que estipulaba el texto del
tratado (1790). Finalmente, los v{nctilos familiares fueron el motivo ofi·
cialmente invocado para las inte(vencipnes que España intentó en favor
de Luis XVI, después del suceso'.cle \farennes. En julio de 1791, dirigió
a la Constituyente consejos de D]oden,i.ción, que se recibieron con frial-
dad. En octubre, se trató de un plan ·para que el rey se estableciera en
los Pirineos, de modo que garqntizara su completa libertad. Después
del 10 de agosto, España manife~t6 oficialmente el interés que le inspi·
raba la vida de. Luis XVI, y, coj1 oc~sión del proceso, intentó comprar
votos. -
En el terreno de las ideas se produjo un choque de mentalidades .. La,
hostilidad hacia Ja '.¡impiedad~' -.W,vohifioriaria .se. facrem¡;ntó por la lle·~
gada de 6.000 sác.erdotes frances~seIJiigracfos,_ cuyos infortullio y digni-
dad atráían Jas _sii:npatí¡is po.pJil.?J¡;s. La profunda desconfianza guberna-
mental se excitaba eon-las manifj:stacíones jacobinas de algunos jóvenes
afrancesados de la aristocracia, y,, sobi·e todo, por temor al impulso quél
las ideas nuevas pudieran infundií:, en las provincias .fronterizas, a las ten·
dencias separatistas. Por ello se tomaron precauciones, inmed~atamente,
contra la _i.11ti:,9ducción de escritos políticos franceses. En diciembre de
1789,(l'iCinquisición prohibió la entrada de treinta y nueve obras, diarios
~ros-éffiIIeslrabía-a:lgunos-l:ffüos ~a.itlamentaCiones. coíno
eI-COurrier;- de Gorgas, y Les Revolutions de París, de Prudbomme.
Por lo demás, la mejor censura era que la masa no sabía leer, desconocía
el francés y detestaba al extranjero. No hay seguridad de que se tradu-
jera al castellano el Appel, escrito por .Condorcet. Además, como trata·
ba dbn miramientos a la Iglesia, al Trono y a la nobleza, estaba en
. contradicción con el del refugiado español Marchena, que era más ra-
dical. Aun después del 10 de agosto, el esfuerzo jacobino de propaganda
allende los Pirineos siguió siendo mucho menor que, por ejemplo, en
Bélgica.
Desde los primeros momentos se pensó en la intervención militar
contra la, Revolución, tanto más cuanto que podía proporcionar algunas
vi:ntajas. Incluso aquellos que se creían obligados a devolver a Luis XVI
su reino intacto, consideraban que se podría exigir la parte francesa de
Santo Domingo. Sobre la conveniencia de una guerra solo existían di·
vergencias de detalle entre los tres ministros consecutivos: Floridablan·
ca, que gobernó hasta febrero de 1792, Aranda hasta el 15 de noviero·
bre del mismo año, y por último, Manuel Godoy, que, durante quince
años iba a ser el dueño del reino. Generalmente, todos estaban de acuer·
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858
,
TOMO J.-RE\'.OLUCION FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
do en no dejarse arrastrar, a tontas y a ~cas, por la insistencia de los
emigrados franceses. Pcir lo demás, empezaron a causar cierta inquietud,
pues, concentrados, como estaban, en Cataluña (h¡i.sta el punto de que
erp.pezaba a hablarse 4e una Coblenza del Sur) se corría el riesgo de
qi;te pudiera ser un acic,:ate para el separatismo catalán. Por tanto, se les
dfapersó, trasladándolo~ y h-asta expulsándolos, repetidas veces, sin gue
debamos ver en tales medidas concesión alguna á. la Revolución .. J~as
Casas, que como embq,jador. en Venecia. se hallaba ·en contacto con to-
dos los jefes de la cpntrarrevolución (entre otros, con d' Antraigues),
piqió insistentemente i1na r~pida intervención militar. Por el contrario,
L!acy, gobernador de Cataluña, no quería desencadenar la ofensiva mien-
tras las fuerzas :francesas :no.se vieran requeridas en el Rin por un ataque
germánico. Aquellas dos influencias triunfaron, alternativamente: la pri-
mera, muy en particular a :raíz de la invasión prusiana, y la segunda,
después de Valmy.
La~.ejecución.,de, Lµis.. XYL borró ,,todas:;:las"'vacilaciones,. por·-la·; siñ;··; ·
ci::i,:a"j~:i:l,igp,ación,;dfüá.itica_ qu~:despértó, .. porla. hostilidad-- qüé reavivó.
CQ,.tttr~)aj;>rQpaganM-J!i.có.Jiina:·:y 'p_or ser ~1:_pre_sagio.:de·rn;ia: intervención,
er:iLmasa,.de las p:lon~rquí~.s. La .. 1Convendón .. tomó-".la:, pelª-n,t\;ra,;,-·Y~·"el
1, ae ·m.arto'"ae~J'Z9:úd.ed1útY1a'.j~uerra·á"ESpaña,''"" - · ·
' Portu.gal se adhirió1'iÍ.. la~éoaliCÍon,'pÓr do5 convenios de aiyud¡.¡. mutua
cOntra Francia, que fi.m:ió, con Madrid, el 13 de julio de 1793 ; y con
Londres, el 26 de sepJ.iemb¡:e. Desde el 13 de enero de 1793, en que el
populacho romano asesinó al Secretario de Legación De Bassville, que
qstentaba la escarapela tricolor, se consideraba a la Santa Sede en estado
de guerra con la República. El 25 de abril, el rey de Cerdeña llegó a
un acuerdo con Inglaterra, comprometiéndose a proporcionar 50.000
piamonteses en armas, a cambio de 200.000 libras al año y la promesa
ele una flota británica en el Mediterráneo; También se debió a la inter-
vención inglesa en la guerra y al apoyo naival que Inglaterra podía pres-
tar, el hecho de que Nápoles pudiese unirse a la coalición. Cierto que
no les faltaban deseos de hacerlo ni a Fernando IV ni a su mujer, la
terrible María Carolina, hermana de María Antonieta, ni a su ministro
favorito, Acton; pero; hasta entonces, el temor y, no hay que decir, la
Y.isita de la escuadra de Tolón. los había contenido. Por fin, el 12 de
julio de 1793, un tratado secreto prometió a Inglaterra 6.000 soldados,
cuatro barcos de línea y cuatro fragatas. El gran duque de Toscana se
resistió por mucho tiempo a la amenaza que los cruceros británicos ha·
cían pesar sobre el tráfico de Liorna; pero, en octubre de 1793, tuvo
que romper toda clase de relaciones y todo comercio con Francia'. _En
icuanto a , Catalin.á"Jfl, ~s.igµ¡~n,g_q .,,s,u_ táctica,,. acostumbrada; .. demostró' elo--~-~
'cuentem.en!~-~-g.µ_e,,:1aJiichak'eontra:.:;los'.'JMq'Q~µos~.;ei;a~rnna;c.exigencia' del····
derecha "de-'gefüeiCProhibió el comercio con Francia, incluso por medio
de'fi'.áf.C:ó's-·neutrales; e impuso a los franceses residentes en Rusia un ju-
ramento, que prestaron 1.450 de los 1.500 que había. Pero- en· el con-
l!.-EUROPA EN GUERRA 859
venio que ~L 25. de márzo firmó, con Londres;-no- se comprometía más
... ,_-·,:q~~'-~l~pJapla¡:.,c9nv.ersaciones ;rY, a_eso .se- limitó. . . ,
Brissot lo proclamó~ "Es a Europa entera, o, meior dicho, a todos los
tiranos de Europa, a quienes ahora tenéis que combatir, por tierra y por
mar."
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CAfITULO III
LAS I,UCHAS DE LA REVOLUCION
'
I. LA EURqPA cpNTRARREVOLUCIONARIA
Estas expresiones de qoalic(pn, coligación .y coligarse, derivadas del
vocabulario político inglés! pasáron entonces a la lengua francesa. ¿Res-
pondían, acaso, en las :gotencJas aliadas deantiguo régimen, a una
unidad verdadera? En el 'aspeqto de la acción política, indudablemente
no, ya lo hemos dicho; pero, .en el militar, correspondían a una agru-
pación de fuerzas que podía s~r temible; y en el terreno de la opinión
pública, expresaban una real comunidad de sentimientos.
No quiere esto decir que los juicios formados sobre los jacobinos
no hayan sido diversos en Europa ni aun en el paroxismo de la cólera.
Por ejemplo, la lentitud con que se propagaban las noticias, esfuminó
en el tiempo la indignación que produjo la ejecución de Luis XVI. En
una región española, y por cierto bastante próxima a la frontera, en
Asturias, la nueva tardó más de dos meses en llegar a las remo!as pa-
rroquias de la montaña. La expresión pública del antijacobinismó belga
varió según el color de los ·uniformes de las tropas ocupantes, el cual
cambiaJba con frecuencia. En marzo de 1793, ,:t la v:uelta de los unifor-
mes blancos, la reacción, moderada en los Países Bajos, fue dura en la
región de Lieja; al año siguiente, reaparecieron los azules; y, con ellos,
un terror inverso. Pero, pese a tales fluctuaciones, en 1793 se pudo com-
probar, en la Europa monárquica, una mentalidad antijacobina casi ge-
neral y cuyos rasgos esenciales variaban poco.
Las acusaciones de principio, lanzadas desde el primer momento con-
tra lá. Revolución, en nombre de la propiedad, se fortalecieron enton-
ces, á la vista de los saqueos franceses en países conquistados. En Bél-
gica, ·las más grandes fueron las de la segunda invasión, en 1794, cuando
el Comité de Salvación Pública ordenó que se despojara a la comarca
de "todo lo que pueda ser útil para nuestro consumo" y que se "incau-
tase todo el dinero posible". Tanto es así que, al año siguiente, los re-
presentantes comprobaron que "Bélgica estaba exhausta y sus habitantes
abocados a la desesperación''. En Renania, en cuanto aparecieron, en
1792, las tropas de Custine, empezaron las requisas, las contribuciones
y los hurtos. Cuando los clubistas invitaron a la población a acudir a
las urnas, se manifestaron los sentimientos mediante una abstención qu~
alcanzó a casi 800 municipios, de 900. Y lo mismo ocurrió en Niza,
saqueada por bandas marsellesas.
La impiedad, reprochada desde el primer momento a la Revolución,
860
III.-LAS LUCHAS DE LA REVOLUCION 861
tomó caracteres demoníacos a lqs ojQs de Europa, desde que en Francia
se practicaba la descristianizaciqn. Y ;lo que causó más impresión fueron
.os matrimonios y "abdicacion~s'' p\}blicas de sacerdotes ; y, más aún,
las fiestas de la Razón. a las que l¡.i propaganda antijacobina atribuyó
el carácter de obscenas bacanal~s, E~ diez años, la emigración arrojaría
al extranjero no menos . de 3Q,.OOO :eclesiásticos, que primeramente se
instalaron en países limítrofes, de· 10.¡; que fueron expulsados más tarde
por el avance de los ejércitos revofücionarios. Pío VI acogió muy ge-
nerosamente a todos los que sus ~stados podían mantener. Pero no
eran siempre los países católico:¡ Jos nue se mostraron más caratitativos ;
y allí donde se abrían las puert~s, sqrgían pronto disensiones con el cle-
ro local. Hay un hecho significj_ativoi y es que se solía echar en cara a
los refugiados el no despotricaí· con' suficiente energía contra la impie-
dad de sus compatriotas. No s~ dab<;i. cuenta la gente de los argumentos
que la política religiosa de Fra!!cia pj:oporcionaba a la contrarrevolución,
sobre todo en los países que fueron~ ocupados por las tropas republica-
nas. Un representante, que de§e¡npf(ñaba una misión en el extranjero,
llegó incluso a escribir: "Sabe~, ciui:ladanos colegas, que los tiranos no
han reclutado sus ejércitos m~s qu¡:: por las extravagancias cometidas
contra el culto." ' ·
No produjo menos horror ~Il Evropa la sangre vertida en Francia,
principalmente la de Luis XVL En -realidad, la significación del 21 de
enero de 1793 fue muy profunqa, pues en él podía verse la negación
del derecho divino en favor de µna organización completamente huma-
na, fundada en la razón. Despüés del 10 de agosto de 1792, Suiza,
centro de opinión de alcance internacional, se indignó al enterarse de que
varios centenares de hijos suyos habían caído defendiendo las Tulle-
rías ; y algunos, asesinados después de la rendición. Tanto es así, que en
la frontera del Jura no resultó fácil esquivar los disparos. Los extran-
jeros abandonaban a París llenos de pánico; y más aún, cuando comen-
zaron aquellas matanzas que, en las .cárceles de .la capital, causaron de
1.!PO a 1.400 muertos. Después, Europa se estremeció ante las ejecu-
ciones del Terror, ante el funcionamiento de la guillotina, aquella nueva
máquina de matar, que desconcertab,'l por su carácter de cosa mecánica
infatigable y a la que se atribuían hecatombes increíbles. Cuando fue
tomada la Bastilla, se citaba en Europa la frase de Burke sobre la "vieja
ferocidad parisina" ; ahora se maldeciría, con él, a "la República ca-
níbal".,
Burke proporcionó a la contrarrevolución. no sólo el vocabulario,
sino también las ideas. Otros la servirían, tal vez, . con pluma más de-
licada ; por ejemplo, Frascis d'Ivernois y el mismo Rivarol, que en la
emigración continuaba puliendo sus. "frases". La elocuencia de Burke
era irlandesa; y había quien decía que olía a patatas y a whisky; pero
arrebataba por su colorido, por su ritmo de repeticiones insistentes.
Además, estaba al servicio de ideas firmes. En sus Ref lections on the
862 TOMO !.-RtVOLUClON i'RANCtSA t lMl1l;IUU NA!'LILHUNIUI
Revolution (1790) y en su Appeal ... to the Old Whigs (1791), Burke
acucl¡illó a su viejo adversario Rousseau. Atacaba la, ''.filosofía de la va·
nidad", del autor ginebripo, y su piimera ~onsecuenc1a, aquella nefasta
doct¡'jna de la bondad or:iginal del hombre, que env!;Jlentonaba contra la
sociedad a los jóvenes locos ; y todas aquellas teorí&s "t~nto más ,f~ls~~
mol,'al y políticamente, cu,anto más verdaderas son eill sentido metafiSlCO .
Les' oponía el sólido empirismo político inglés, el cual de'.11ostraba qtle
los hombres necesitan de las sujeciones externas e incluso tienen derec~io
a ellas, eficaz pragmatismo q1,1e asegura la continuidad de las generacio·
nes en el edificio que ellas van construyendo lentamente. A la sazón,
aqt~el edificio llegaba a '.la perfección en la constitución inglesa, "forta-
lez~ y templo a la vez''., donde la "disci'plina de la naturaleza" hab~a
colivcado "una aristocracia verdaderamente natural..., que conduce, guia
y gobierna" y que const~tiúa la .. representación virtual" del pueblo. '
El "Burke gennánico'' es el apodo que ·se . b;:l. dado algunas ve~es
a Friedrich von Gentz. Qµe Gentz debía mucho a Burke, como también
a Mallet du Pan, era, ¿f~tivamente, incontestable ; pero su espíritu se
mostraba mucho más l~gico y racional; y al historicismo del irlandés,
este asociaba las exigen~ias de la razón y de los principios .. 1:° ~sencial
era el equilibrio. En el faterior de un Estado debía haber eqmlibno entre
los poderes, de manera' que· evitase, a la vez, .. el imperio del dinero"
y "la tiranía de los sofistas". La revolución no supo hacerlo así en la
"novela política" que elaboró. Y equilibrio también en el exterior con-
forme al precepto de la diplomacia clásica, de tal modo que el orga-
nismo europeo siguiera siendo estable, al mismo tiempo que -continmlse
vivo. En nombre de tal principio, guerra, pues, a la hegemonía jacobina.
Con pluma ágil y convincente, Gentz desarrolló estas ideas a lo l.argo
de una carrera flexible y brillante, hasta llegar al Congreso d~ Viera,
en el que, por su influjo, Metternich se apoyaría, para reconstruir Eum-
pa, en el postulado del equilibrio.
:'; En aquel año de 1793, el movimiento de opinión antijacobino era
demasiado profundo y general en la Europa monárquica para que a los
Gobiernos les costara mucho trabajo contener a lasoposiciones. Cier-
to que la Revoluci.ón contaba siempre con partidarios, incluso entre los
espíritus más distinguidos ; pero iban en contra de la corriente. A. su lado,
y a veces confundidos con ellos, se hallaban aquellos para quienes tal
actitud era ante todo, la traducción de algún separatismo, húngaro en
el imperio de los Habsburgos, irlandés en Inglaterra, vasco y catalán en
España. En Bélgica, el sentimiento antia,ustríaco había de. persi~tir, a
través del vaivén de los ejércitos, sin ser una prueba de slillpatia por
la Revolución francesa.
Las medidas de policía que adoptó Carlos IV de España se dirigían
contra los franceses residentes en el reino y que se habían negado a
prestar el juramento que se les exigía. Fueron expulsados, en un plazo.
lit.- l.All LUt:llAfl 111: 1.A llli\1111.lll:IUN tHiJ
de cuarenta y ocho horas (marzo de 1793). La Inquisición redobló su
vignancia y denunciaba, llegado el caso, a afrancesados e intelectuales,
arzobispos y obispos a ~eces, SÍJ,1 conseguir medidas demasiado graves.
Pero tampoco eran necesarias ; la mentalidad general mostrábase enton·
ces más xenófoba que nunca; y, lejos de abrirse a la propaganda re-
publicana-por lo demás muy mediocre-, los ejércitos españoles lleva·
ban la propaganda contrarrevolucionaria al Rosellón y al país vasco
francés. : .
' En Austria, el pueblo detes~apa a los jacobinos. La nobleza afian-
zaba sus privilegios, por ejemplq, en aquellos Estados de la Baja Austria
que reprochaban al Gobierno s;ui¡ ideas avanzadas. Francisco II estaba
obsesionado por el espectro de, Ja Revolución, el Revolutionsgespe11St.
Las instrucciones del 5 de abril ne 1795, declararon fuera de la ley a los
innovadores "cegados por el orgi.¡llo o el interés personal resultante de
conocimientos teóricos". El 3 de enero de 1793, se creó una oficina de
policía, la Polizeihofstelle, cuya:, llabilidad llegaría a hacerse célebre. La
censura, era, tal vez, menos sutil: tenía fuertes sospechas de que en la
Flauta encantada de Mozart, n;presep.tada en 1791, la hija de la Reina
de la Noche simbolizase a la libertad nacida del despotismo... Fueron
expulsados ayos y preceptores f~ances.es, y se acogió mal a los emigrados.
En 1794, se detuvo a los propftganqistas jacobinos, que eran, más que
nada, oficiales descontentos de ".sus i¡etiros, y ocho de ellos fueron con-
denados ·a muerte. En 1796, se iµici9 una lucha tenaz contra las socie-
dades secretas, especialmente cor¡tra la masonería.
Lo mismo ocurría en Inglaterr{i. Las protestas que se elevaban contra
las medidas reaccionarias, no podían hacer olvidar que la masa de la opi·
nión se hallaba bajo el imperio de su vieja animosidad contra Francia
y que aprobaba al Gobierno. A pesar de tales circunstancias desfavora-
bles, se intentó un esfuerzo por parte de las tres. grandes sociedades que
pedían la reforma: The Society far Promoting Constitutional Information,
The London Corresponding Society y The Society of the FT"iends of the
People, que organizaron una campaña de mítines, hasta que, en octu-
br,e y noviembre de 1793, se reunió en Escocia una British Conven-
ti'on. Se pensó luego en convocar otra en Inglaterra; pero Pitt reac-
cionó. Los tribunales habían condenado ya a trabajos forzados a los
tres principales miembros de la convención escocesa, y se iban a pedir
al Parlamento las posibilidades de hacer una represión más amplia.
Fox y sus wihgs se hallaban en estado de inferioridad aplastante. Sus
proyectos de paz con Francia habían sido rechazados el 18 de febrero
y el 17 de junio de 1793, así como el 6 de marzo de 1794, por mayo-
rías de 270/44, 184/47, 138/26. El 17 de mayo de 1794, Pitt hizo
aprobar la suspensión del Habeas Corpus, por 146/28. A fines de 1795
se obtuvieron, en condiciones análogas, medidas contra asambleas sedi·
ciosas, actos de traición y publicaciones subversivas. Suspendidas de este
modo las libertades individuales (excepto la de prensa}, el movimiento
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864 TOMO I.-REVOLUC[QN F1'f.NCESA E IMPERIO NAPOLEOtHCO
radical se hundió, bajo el rigor ~e las leyes, al mismo tiempo que por
repulsa de la opinión. '
El odio que alzaba a tqda la Europa monárquica contra ~a ~evolu
ción, se sostenía por la certidun;bre de la victoria. La supenondad de
las fuerzas coligadas parecía, en ·efecto, irresistible. . ,
Por el mar, Nápoles, P9rtugql y Holanda proporc10naban navios en
cantidad apreciable; y, sobf,e todp, excelentes puntos, de ap~yo, como son
las radas de Sicilia, Lisboa' y los puertos de los Paises Ba¡os. Las bases
españolas acababan de asegµrar 41 Mediterráneo ; y, en América, facilita-
rían· extraordinariamente la¡¡ ope(:aciones contra las Antillas francesas. La
Marina española adolecía, ¡;amo' todo el reino, de falta de dinero;. y, a
pesar de una buena organi~ació~ del a~starniento. -:narítimo! las tnpula-
ciones eran poco numeros¡is, E¡i. cambio, los oficiales teruan fama de
ser muy instruídos; y, enti:e los" 60 navíos que se hicieron a la mar en
1793, se hallaban los más podeFosos del mundo. colosos de l?O, cons-
truídos con magníficas maderas .:'tropicales. Inglaterra puso rápidamente,
en campaña, 113 navíos, Xª qur Pitt, aun cuando es~viese re.alizando
las máximas economías, nq se qlvidó nunca de tener bien provistos sus
arsenales. Pero, en 1783, sce_Jic6,,nciaron las tripulaciones, como de cos-
tumbre, y se tardaría un año en añadir 56.000 hombres a los 16.000
marinos que quedaban. Francia, con sus 76 navíos y su oficialid.ad
menguada por la emigración, no tenía, realmente, posibilidad algupa en
cl~ -
El mismo pronóstico puede hacerse sumando los efectivos que los
coligados alistaban en las oficinas de sus ejércitos. Gracias al sistema
de "cantonistas", mejorado por el reglamento de 1792, y al alistamien-
to de extranjeros, Prusia disponía de 190.000 hombres, de los que la
mitad eran nacionales. El sistema de quintas, implantado en 1771.
permitió a Austria acumular en el Danubio, después de la guerra turca,
~erca de 200.000 hombres. España disponía, en 1793, de 73.000 in-
fantes y 27.000 soldados de caballería. En Italia se contaba con 30.000
sardos y otros tantos napolitanos. Inglaterra no tenía en la metrópoli
más que 15.000 soldados, y otros 30.000 prestaban servicio en ultramar,
pero agregó a ellos 14.000 hombres de Hannover y 8.000 asalariados de
Hesse. Los contingentes que podían reclutar los demás Estados alemanes
eran difíciles de calcular.
Algunos de aquellos ejércitos poseían una experiencia reciente de
la guerra. En los cuerpos que Pitt envió a Bélgica, había gran número de
veteranos que hicieron la compaña contra los insurgentes americanos.
Muchos austríacos acababan de batirse en el Danubio y su caballería
ligera supo hacer frente a las cargas rápidas y audaces de los spahis.
Pusieron en campaña unidades, más o menos regulares, con fama de te-
rribles cortadores de cabezas y cuyos uniformes a la oriental producían
asombro. Sus aliados ingleses decían que no habían visto nunca nada
III.-LAS LUCHAS DB L~ REYOLUCION 865,
tan pintoresco ni en los dibujos ql~e el ¡:apitán Cook trajo de los mares
del Sur. Los laureles de los prusi}mos '.estaban ya un poco marchitos ;
perq eran los de Federico, y su ejército tenía fama de ser el mejor del
¡nundo. Se elogiaban en él la reg1Üarid~d de la administración, ei rigor
de la disciplina y, sobre todo, el 4diesqarniento de las tropas y la pre-
,cisión de sus ejercicios. En las ·Jnani9bras de otoño, en Berlín, fue
admirable el espectáculo de los bjitalla:Ues cerrándose, desplegándose y
convergiendo, como en un bailabk rápi4o y exacto. ¿Resistiría el nuevo
ejército francés frente a aquellos ~oJda~os profesionales, mandados- por
un aristócrata cuya justificación ~pcial :era la guerra'? Indudablemente,
Burke se maravilló después de '(aJmy de ver salir victoriosa"a una
banda de cómicos ~bul~tes. d~pda por r:n I'.ªYa.so". Pe~~ los coliga-
dos no captaban aun la mfenond¡¡.d de. las mstituc10nes nnlitares, y las
"tropas reguladas" (expresión quq se repetía con insistencia) parecían
tener que llevar en su concepción mism.i,t la garantía del éxito.
En tales condiciones, se levant11ron ;contra Francia los gobiernos del
antiguo régimen. Tenían a su favor iec-y.rsos inmensos, el primero de los
cuales era la aprobación casi un(nime:'de sus pueblos. Apoyándose en
ella, hubiesen podido, en aquel n,\omer¡to, promover un esfuerzo gigan-
tesco y decisivo por parte de las ri,J.asas: Pero fueron incapaces de actuar
rápídamente, porque estaban diviq_iclos, eran tardos por naturaleza y no
comprendían que fuera indispen~able tal firmeza ni tal rapidez. El
tiempo actuó contra ellos, pues l!is ur¡animidades de la opinión duran
poco ; y, además, la estructura spcial .'en que se fundaban las manar·
quías mostra:ba ya un desgaste qu~ la gperra (la de las ideas y la de los
ejércitos) acentuó aún más. El momento de la contrarrevolución pasó
rápidamente; y, mientras tanto. la República afianzaba su fuerza.
II. FRANCIA, SITIADA
El asalto concéntrico lanzado contra >la Fr,¡mcia revolucionaria, y
ciertatsimultaneidad en los ataques iniciales, dieron a los coligados, en el
primer momento, la ventaja que suele acompañar, en principio, a tal
maniobra. Los españoles, mandados por Ricardos, entraron en el Rose-
llón; y de mayo a septiembre de 1793, en una serie de vigorosos empu-
jes, llegaron hasta los muros de Perpiñán. Proyectaban apoyar su ofen-
siva por medio de desembarcos; pero a fines de agosto su flota tuvo
que dirig¡rse hacia Tolón. para prestar ayuda a los monárquicos que
aca•baban de recurrir a la escuadra inglesa. Esta dejó, pues, de apoyar
a los sardos en su contraofensiva contra Niza; pero, por la Tarentaise
y la Maurienne, intentaron bajar a Saboya y luego a Lyon, que estaba
sublevado contra la Convención. Cuarenta mil prusianos pasaron el Rin,
llevaron a Custine hasta la frontera y cercaron a la guarnición que había
quedado en Maguncia. Los austríacos hicieron un valeroso esfuerzo para
reconquistar los Países Bajos, pues Thugut no perdía de vista al Gobier-
RENOUVIN I.-5S
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no de Berlín y sus maquinaciones en el Vísttila; y, para tener las manos
libres en Polonia, quería recuperar Bélgica, lo más 1Jronto posible. Pre-
cisamente, Dumouriez acababa de aventurarse en: Holanda, viéndose
sorprendido, a su derecha, por la salida de Coburg; retrocedió hacia
Am'Qeres y Bruselas; y el 18 de marzo de 1793 perdió la batalla de
Nee.r,winden. Lo peor de todo era que, como desde bacía mucho tiempo
estaba en profundo desacl¡erdo con la Convención, y acariciaba el pro-
pósito de marchar con su ejército sobre París para1 hacer la contrarre-
volµción, inició con Copl.Jrg :un armisticio que le permitiese llevar a
cabo su proyecto. Pero lqs soldados se negaron a seguirle ; y el 3 de abril
se pasó al enemigo. -
'•.Invasíón, traición y, P.ara colmo, guerra civil, pues la Vendée se
habfa levantado en armas, en marzo de 1793, y Lyon se sublevó a fines
de p;iayo. Los coligados podían ya soñar con el reparto del botín ; y ese
fue ;el tema principal de la conferencia que se reunió en Amberes, a
prindpios de abril. Desqe el primer momento, prescindieron de toda in-
útil , hipocresía: "Cada '4lla 'de las potencias coligadas-declaró lord
Au'c,kland-debe procura,r hac.er conquistas, para quedarse luego con lo
que 'haya conquistado." Para Inglaterra, el beneficio tenía que ser, prin-
cipalmente, colonial; y de sus 81 batallones de infantería, 17 se encon-
traban ya en las Antillas, dispuestos a terminar la ocupación de las islas
francesas del azúcar. Pero Jo~ge III ambicionaba también Dunkerque,
que".ilería una buena puerta de entrada al continente, sin contar con que
la destrucción de aquel provocativo nido. de corsarios resultaría agra-
dable a la City. Thugut reclamaba ~ompensaciones .al acrecéntamiento
prüsiari~ en Polonia; Pitt le hizo ver .que las podía conseguir muy ven-
tajosas· en· el norte de Francia, solución que tenía, para Whitehall, la
ventaja de incrustar a los austríacos en Flandes, desviándolos así de su
desventurada idea de cambiar los Países Bájos por Baviera. Así, pues,
en aquel frente, que era el más próximo a Pads, y el más peligroso para
Francia, la guerra iba a consistir, primera y esencialmente, en sitiar y
tomar las plazas que cada coligado deseaba anexionarse.
En ello se pasó todo el verano. El duque de York, con sus contin-
gentes ingleses y de Hesse, sitió a Dunkerque. Coburg tomó Condé,
Valenciennes y Le Quesnoy; y el 23 de septiembre se atrincheró frente a
Maubeuge. En el Rin, los prusianos hacían capitular a Maguncia, el 23
de. julio, bloqueaban Landau y hostilizaban las líneas de Wissemburgo.
Mientras tanto, el Foreing Office firmaba los tratados que, generalmente
por dinero, le d~b~n ventajas sobre los Estados continentales y asegu-
raban el abasteclIIllento de los frentes. El 14 de julio de 1793, se firmó
el primer convenio con Prusia ; y los príncipes alemanes, Hesse, Badr,n,
Wurtemberg y Baviera se comprometieron de manera análoga. Thugut
retrasó, durante bastante tiempo, la firma, por sus exigencias, a la vez,
sobre Bélgica y Polonia ; y el. acuerdo no se concluyó hasta el 30 de
agosto.
llL-LA!i LUl:llA!i Ull LA IH!VULUl:IUN tlU/
Los contactos que los coligados podían mantener con el campo - con·
tfario reforzaban sus esperanias. En el Comité de Salvación· pública,
creado el 5 de abril de 1793, Danton era el que dirigía la política ex·
tranjera; sus gestos de violencia y desafío habían sido reemplazados por
una actitud de conciliación pacificadora. Pedía a la Convención que hi·
ciese saber a las potencias "qµe ella sabía aliar la política con las vir-
tudes republicanas" ; y el 13 de abril consiguió' se diera un decreto de-
clarando que "la Convención no se inmiscuiría,, en ninguna forma, en
el gobierno de los demás pueblos". Por medio de agentes en_ Londres,
buscó contacto con Inglaterra; y en el frente renano trató, insistentemen·
te, de atraerse a Prusia, con lq. que siempre había contado. En este 1}.lti·
mo ,punto, los pasos de Danton, 110 dejaron de resultar útiles, ya que man-
tuvieron una tradición de negociaciones subrepticias y de guerra suave.
No obstante, dichos progresos' solo sirvieron, en general, para aumentar
la confianza de Jos victoriosos coligados.
Pero la lentitud del ataque monárquico había dado a Francia tiempo /J
para rehacerse; y, a partir del otoño de 1793, ~l viento cambió. La re,
suelta ofensiva de los ejércitqs republicanos de socorro desbloqueó las
plazas. Dunkerque se Eberó ~n la jornada de Hondschoote (6 de sep-
tiembre); Maubege, por la qe Wattignies (16 de octubre), y Landau
mediante las operaciones en las líneas de Wissemburgo (diciembre). Se
detuvo la marcha de los sarC;ios contra Sabaya, así como su tentativa
de socprrer, por Niza, a los angl~·monárquicos de Tolón, que sucum-
bieron a fines de año. Los espafíoles se vieron 'detenidos en el Rosellón.
En el interior, se sofocó la insµrrección federal; Lyon quedó sometido
a primeros de octubre; y desq~ otoño a diciembre, las derrotas de la
Vendée marc;uon la terminacióij de la guerra e4 aquel frente.
Las causas de este resurgimiento merecen 'ser estudiadas detenida-
mente, pues en aquel .momento se veían precisarse los factores que du·
rante largo tiempo habían de asegurar la superioridad de Francia. La
revolución "nacionalizó" Ja. guerra; la palabra era nueva en el idioma
-se debió a Desmoulins-. Y el hecho, en tal escala, también lo era.
La nacionalizóen cuanto a los efectivos. Los coligados apenas sostenían
f.los suyos, pues no se decidieron, hasta que fue demasiado tarde, a sacar-
los -de las milicias que reforzaban los ejércitos inglés,. español y sardo.
En febrero de 1794 resolvió Pitt la incorporación de 52.000 milicianos
solamente, cuyo reclutamiento e instrucción se llevaron a cabo con un
desorden espantoso. Las tropas regulares carecían de hombres, hasta el
punto de que los reclutas eran enviados al frente de Flandes sin saber
manejar un fusil. La revolución, por el contrario, movilizó sistemática·
mente.· a las masas quéf la favorable situación demográfica ponía a su
disposición. En junio de 1792, el ejército en campaña contaba ya con
84;000 voluntarios, junto a 92.000 soldados de línea; en julio se tomaron
medidas para llegar a los 450.000 hombres, más 33.000 de reserva. El
24· de. febrero de J 793 se llamó a filas a 300.000 hombres, y el 23 de
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868 TOMO I.-REVO~,UCIO!'{ FRANCESA E IMPERIO NAPOI,,EONICO
agosto el "reclutamiento en m¡isa" se llevó a' todos lo' solteros o viudos
sin hijos, de dieciocho a veinticinco años. En teoría, ~os efectivos llega-
ban a 645.000 hombres, y a '1.169.000, en septiemb11e de 1794 (cierto,
que solo se hallaban pr\[Sente~ 750.000), esto es, un 4,17 por 100 de la
población, a comparar. é.,on Ul:l 0,65 por 100 que ha't>ía en 1789. Pero,
además, aquellas masas ·no eran simples mµltitudes. El reglamento de
combate de 1791. fruto .de la notable capacidad militar del antiguo ré-
gimen, era excelente. D91 viejo ejército subsistían unas tropas admira-
blemente formadas que, jnczcl\i.das con las demás, servían de eficaz apo-
yo al ardor de los biso4os. Quedaban también gran número de oficia-
les ~ompetentes. Los de ~recieqte promoción se instruían y se batían con
el entusiasmo de la fe reyaluci,pnaria, y con el de un mejoramiento social
que ,ilos había elevado a lo~ puestos de los altan~ros nobles. Entre
los coligados, por el con\nirio; era frecuente que carecieran ya de. mérito
profesional, ya de convkción. 'En el primer caso estaban muchos Jóvenes
oficiales ingleses, ricos, i~oraP,tes y de8preocupados. El segundo se solfa
dar en los prusianos, eI!,emigqs de Austria, que no aprobaban la cola·
boración con ella, espíritus c~,ltos que luchaban a disgusto contra la re-
volución y desearían m~~ biei.1 aliarse con ella.
Con buena oficialida'.P,, suJicientemente instruídas y bien equipadas
entusiastas y resueltas, Ias tr9pas francesas eran casi irresistibles en el
ataque. El mando austrJaco ¡!Staba siempre renegando contra aquellos
"locos furiosos", contra 'aquellas "masas nacionales" que acom1;1~ían sin
preocuparse de las pérdidas. "Tel'.!emos frente. a nosotros-ex~licaban,
en noviembre de 1793-a un enemigo que sustituye a una multitud que
ha perecido o se ha dispersado, por otra multitud." Pero este enemigo
no atacaba a ciegas. Los generales franceses se acostumbraban al nuevo
instrumento de combate, delicado pero eficaz, de la agrupación por di-
visiones ; y lo manejaban y dirigían cada vez mejor. En Hond?choote to-
davía lanzaban sus divisiones, en asaltos brutales y desperdigados; en
Wattignies, maniobraban ya por un ala; en Wis~emburgo, desbor~aban ,Y
rodeaban. Así, pues, en la escala de la estrategia general, Francia sabia
responder a los ataques concéntricos que sufría por ~fectos de la mani-
obra en líneas exteriores: Landau fue liberado, gracias a los refuerzos
que llegaron rápidamente, del Norte. . . , . ,
La dirección interna de las operaciones se afianzo. El nuevo CoIDite
de Salvación pública-el de 10 de julio de 1793-del que fue excluído
Danton y en el que la influencia de Robespierre no tardaría en ser de-
cisiva, llevó a la lucha la energía de la Montaña. Hasta entonces, el es-
fuerzo se había ·visto coartado por la oposición, abierta o sorda, entre
ministros y generales, entre jefes políticos-poco competentes en maten.a
militar-y hombres de guerra, con prejuicios personales. En la reorgani-
zación del ejército, las repercusiones de la revolución tardaron en des-
tacarse y convertirse en instituciones. Se ~rodujeron antagonismos ~a
ciales, ataques dirigidos, en nombre de la igualdad, contra los especia-
m.~LAs L"l¡:;HAS pB LA RBvowcroN '869
listas militares procedentes de 1a "purgues fa del talento", desconfianza
de la tropa y del pueblo haci¡¡, los jefes ; repugmi.ncia, por parte de los
capitalistas, a una marcha den:iasiaqo enérgica de las operaciones. Pero,
en 1793, se llegó a la época ~11.qm; la evolución interior barría proble- ··
mas y vacilaciones. El Terror tmponía silencio; y con el gran Comité se
sabía dónde radicaba la:autorigad. ~n agosto de 1793, ésta acogió a dos
organizadores geniales, :Prieur '' dc;i l~ Cote d'Or y, sobre todo, Carnot.
Procedente de la pequeña bm;guesí~, formado eq el cuerpo técnico de
ingenieros militares, revolucioniuio J.; hombre de ciencia, capacitado para
la acción política, Camot se hi.zo. cargo de la dirección de la guerra, con
energía, lucidez y método. en :'el mpmento mismo en que se había for-
jado el instrumento de las gr¡µtdes~: operacfones.
Mientras tanto. las relaciop.es qjplomáticas oficiales se encontraban
reducidas a bien poca cosa. F,or d§creto del 16 de diciembre de 1793,
quedaban limitadas a los dos ':país~s neutrales importantes, los Estados
Unidos y Suiza. Con esta últiipa er~ indispensable mantener una buena
amistad. Aquella mole monta¡losa .-resultaba valiosísima, porque partía
en dos el empuje austríaco, qljedanfl.o ambos frentes, el renano y el al-
pino, prácticamente aislados l)no gel otro. Los cantones proporciona-
ban abastecimientos, tejidos, qobre 'y pólvora, que sacaron primero de
sus -reservas y compraron iuegp en los países germánicos o en Hungría
e Italia. 'Los gobiernos coliga,,O.os liacían la vista gorda, por miedo a
producir en Suiza una crisis econóinica que hubiera favorecido la pro-
paganda jacobina. Como bases de observación europeas, Ginebra y Ber-
na eran incomparables ; y en ellas pululaban los espías a sueldo de uno
o varios partidos. Barthélemy montaba su red en favor de Francia, con
ayuda del agente Bacher; por parte de Inglaterra, Wickham establecería
pronto contacto con los monárquicos de París. En cuanto a los suizos,
unos eran contrarrevolucionarios exaltados, sobre todo en Berna, con
Steiger ; y otros, principalmente en Zurich y Basilea, se decían neutrales
y aconsejaban que se tratase con miramiento al vecino francés.
t Inglaterra resaltaba cada vez más como potencia dirigente de los
coligados ; y contra ella dirigían sus principales ataques Robespierre
y Barere, tan influyente entonces en la Convención. Barere decía de
Inglaterra que tenía a sueldo "el asesinato, el veneno, el incendio y todos
los crímenes por el triunfo de la tiranía y el aniquilamiento de los dere-
chos del hombre". La Convención declar.ó a Pitt "enemigo de la especie
humat¡.a"; y, el 30 de enero de 1794, Robespierre proclamaba: "Odio al
pueblo inglés." En las medidas adoptadas contra el comercio británico,
se anunciaba ya el bloqueo continental. Pitt, por su parte, hablaba de
"una horda de bandidos ... , una conspiración que. quiere borrar de la faz
del mundo el honor, la justicia y la ·religión". Ahora bien: el punto por
donde los ejércitos republicanos podían herir a la moderna Cartago era
sobradamente conocido. Se formó un plan para reconquistar a Bélgica.
Nadie ignoraba que esto equivalía a disipar la esperanza de una paz en
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870 TOMO l.-REVOLUCION FRANCESA E IMPERIO NAPOLl!ONICO
la que hubiera podido pensarse, .una vez rechazada,la invasión. Danton
y ~os Indulgentes creían posib~e esta paz, y también én la terminación· delTerror. Pero el 22 de febrero de 1794, Barere exclamó, amenazador:
'"¿Quién se atreve a ha,blar ~e paz? Los· aristócratas, los modernistas,
los~· ricos, los conspiradqres, los falsos patriotas ... " Mezclados unos con
otrqs, los "agentes del pi\µanjero", los Exaltados, Danton y los Indul-
geµtes, todos subieron a la guillotina, en marzo o en abril. Ya se reatrn-
daban las operaciones en el Norte, donde Carnot p'reparaba una amplia
maniobra de tenaza contra Bélgica. El 26 de junio: de 1794, la victdria
de ·Fleurus rechazó a Coburg y, el 27 de julio, los franceses entraron en
Amberes y Lieja. Aquel mismo día, 9 de termidor, cayó Robespierre.
ID. GJ.µETAS EN LA COALICION (1795)
'. Los asuntos de Austria ~ban mal y, desde septiembre de 1793, los
Ulfp~es de sus financ~eros, diplomáticos o militares no eran más que
la;Pientacfones. En el frerite-confesaba Mercy-"las hordas de forajidos
noa· hacen las conquist{ls tan, penosas de obtener· como difíciles de con·
servaf'. Eri Italia, Austria s~ lamentaba de las libertades que las escua-
di'iis inglesas y españolas se. tomaban con la neutralidad de Génova, y
al¡;¡gabif qüe los jacobinos encontrarían en ellas pretexto para la inva-
sión; ·pero, en realidad, lo que quería era conservar para sí sola el domi-
nio de la pequeña república: En Turín, su ministro deploraba las ilusio-
nes del rey, que, creyéndose gran general e imaginando tener en filas
60.000 hombres, atribuía todos sus fracasos a los uniformes blancos;
Aunque los capitalistas sardos se refugiaban aún bajo el ala del águila
austríaca; varios ministros y los medios captados por el contagio jaco-
bino pensaban en ·una paz por separado. Holanda reservaba demasiado
a· los 20.000 hombres que tenía en filas, en su mayoría mercenarios sui-
zos o alemanes; y, sin embargo, reclamaban enérgicamente-apoyada por
Londres-una mejora territorial en caso de que el Habsburgo se apro·
piase el Flandes francés. Más· concretamente: pedía volver a sus r:ron-
teras de 1715; y había sido necesario prometérselo, más o menos vaga-
mente. Por último, la actitud· de Prusia justificaba las más serias inquie-
tudes; pero, por aquel· lado, Thugut vigilaba, con todo su odio hacia
Berlín, con su avidez sin escrúpulos, con aquella indiferencia 'por los
principios y por los sentimientos, que acorazaba a la diplomacia- austríacá
y que dejó insensible, por ejemplo, a la corte de· Viena ante la suerte de
María Antonieta; y de hielo, ante la noticia de su éjecución._ ·
En el segundo reparto de Polonia, Prusia había conseguido descartar
del botín al Habsburgo y atribuírse ii. sí· misma ·una espléndida parte~
por el tratado del '23 dé enero de 1793. ·Pero tardó bastante tiempo :·en
ocupar militarmente las zonas anexionadas· y en obtener después ·(23 ·ae
septiembre de 1793) de la Dieta polaca, reunida en Grodno, la .ratifica,
ción del·· desmembramiento, o, por 1b: menos,· ·un silencio :que: p'i.idiera
equivaler al consentimiento. :Era también preciso po'Q.er en. 'nfarcha·: fa
germanización de los nuevos territorios·. Se quiso actuar rápidariient·e ; y
se molestó a los privilegiados; por medidas toi;nadas, apresuradániente;
en favor de los campesinos;· y luego, se descontentó a los campesinos, .. ál
inve:tir. la m~niobra .. ¡Todo ello costaba muc~os esfuerzos y . se llevilfüi
mucnísuno dmero, siJ1 contar que las operaciones, en el Oeste; habíáñ
costado cuarenta millónes de táJeros en 1792 Y• 1793. ··· ·· ·· , ·· · ···· ,
Las preocupaciOnes en Po¡onia y los apuros financieros, »pesaroif eri
la guerra con Francia y en las relaciones con Viena. Cierto ·:qüe·· en· ·1793
los prusianos habían reconquisü¡.do ·la orilla izquierda del ·Rih ;-:púo sfü
poner en ello demasiado entusiasmo; y, prácticamente, en ~sepiíem9:r¡:;.~de~
jaron de respaldar a las trop~s austríacas. Tod¡1 sil ·atención estabat.fija
en la Dieta de Grodno. Al mi~mo t;iempo, ·se hizo evidente que ño .. pód.(a
sostenerse por más tiempo el ~esfuei;zo económico del réilld; los'·iinpues~
los provocaban disturbios en;.r~ los tejedores : de Silesfa. -Por 'ello:· ·~n:
noviembre de 1793, Prusia <i,irlgió a Londres; a Víena .y .SatF;Petéts~
burgo· una petición de subsicl.io, cpnsistente en 22 millones ~de ·táler6s
para 1794, pues, de no ser a~í-;: el ejército en campaña·· seríi·'reduCido -_·á
!o q;ie exigía- la letra de los tratados: 22.000 hombres; '~PtopóSici6íi·ta.1i
musitada como extravagante~/, ·ex<¡famó_:fa Hofburg. Pero··no··éahfa:-lq:
menor duda de que los prusiap.os e~taban deéididos a negociar: cnn ·Fran:
cia si ,no se accedía a- sus. requerimientos. Enlel frente de ·Aisacia;: s11s
oficiales se permitían .inquietantes fratemizacicmes, con los "patriotas" ;
Y _llevaban las ?peraciones muy blandamente. En marw de 1794; cuandq
Viena respondió con firmeza a sus pedigüeñerías, retiraron sus tropas
hasta Colonia; en vista de lo cual, Inglaterra se decidió a abrir la bolsa;
y el 19 de' abril, en La .Haya, prometió 300.000 libras para gastos:::de
movilización, y 50.000 al mes, mediante lo cual Federico Guillermo
había de mantener en filas 62.000 hombres. Era dinero perdido de
ant~ano, porque a los prusianos no les preoeupaba ya más que Var•
sovia.
La insurrecc10n de los patrioías polacos, ·preparada por ofiCiales,
!.'académicos, burgueses y gente joven, estalló en marzo y abril .de 1794;
Los rusos fueron expulsados de Cracovia y de Varsovia; y, caso ·inaudi~
to, el pueblo se sublevó en las ciudades y en el campo. Pero Kosciuszko;
jefe del movimiento; se daba cuenta de su debilidad y de la necesidad
de una ayuda exterior. Se la pidió al Comité de °Salvación pública. La
respuesta fue muy fría; y se le negó el dinero solicitado. Saint-Just alegó
qu~ los insurrectos seguían vinculados con estructuras aristocráticas y
conttarrevolucionarias; pero lo que el Comité sospechaba era que no
querían enemistarse con Austria. Efectivamente, Kosciusko . intentaba
conciliarse el favor de Viena, protestando que no pensaba ·imitar . la
'.'anarquía francesa" y que la constitución polaca .de 1791 no tenía nada
de· jacobina, llegando casi a excusarse de haber armado .a. Jos. campesi,
: .....
. '.···
•!'
·-·,'
872 TOMO l.-1!.EVOLUCION .FRANCESA E IMPER10 NAPOLEONICO
nos. Todo en vano, porqtie los ejércitos austríacos, como los prusianos
y los rusos, se le venían ~ncim¡i. ·
Thugut no podía por ineno~ de buscar allí un consuelo a sus sinsa-.
bares y un desquite frent~ al Qobierno de Berlín. Mostró tanta más de-
cisión· cuanto que ya las j:rop~ prusian.'ls se habían lanzado sobre Cra·
cavia, y que al dejarlas 41Ií ec¡uivalía a renunciar a toda esperanza de
dominar, estratégica y politican}ente, el alto Vístula y sus accesos. Feliz·
mente, Catalina II no est~ba tiimpoco de acuerdo en dejar que se rom-
piese de tal modo el eqt_i.illbrip: y, además, necesitaba de Viena para
sus p~~y~ctos sobre Turqµía. :Militarmente, el ama era: ella, pues fueron
sus e3ercitos los que, dewirés ·del fracaso de los prusianos .durante el
verano, sofocaron, en octubre y noviembre, la insurrección polaca. El
3 de enero de 1795 se firmó la entente austro-rusa, en la cual se sen-
taban bases del desmemqrami~nto definitivo, y se aseguraba a los rusos
la ayuda austríaca en ca;so d~ guerra contra Turquía. Prusia corría el
peligro de verse excluida:· del t.~rcer reparto, como Austria lo había sido
del segundo. Cedió, puei;;, en <lo concerniente a Cracovia; y el 24 de
octubre de 1795, se firmó el ¡i.cuerdo en San Petersburgo. Polonia des-
aparecía del mapa. Aus~ria r§!cibía., además de Cracovia, Sandomir y
Lublfn, las ricas mesetas::cenagosas del Vístula subcarpático, y una por·
ción ·de la gran llanura del 1jorte. La parte central de ésta, o sea un
millón de habitantes, cori Vaqovia y Bialystok, pasaba a Prusia. Rusia,
corriendo de golpe su frontera doscientos kilómetros hacia et Oeste,
ocupaba toda lazona oriental. - ·
Por tanto, cuando en Occidente una diplomacia nueva pretendía ba·
sarse en la voluntad de los pueblos e iniciaba la era de las nacionalida-
des, en Oriente, una de esas nacionalidades sucumbía a la codicia de la
más clásica Kabinettspolitlk. Pero, al atraer sobre sí el esfuerzo pru·
siano, Polonia había dislocado la coalición.
Después de la caída de Robespierre, se manifestó en Francia un
ansia profunda de paz, tanto interior como exterior. Como indicaba
Mallet du Pan, "la pasión más ardiente y generalizada es la de llegar a
un término cualquiera de la Revolución y verse libre de la guerra". Los
termidorianos centristas y jacobinos deseaban, desde luego, conservar las
fronteras naturales; pero otros hacían caso a los reaccionarios y monár-
quicos, que aconsejaban dar por terminada la lucha, para volver a los
antiguos límites. El ejército estaba cansado, peor abastecido cada día,
a medida que iban aflojándose los resortes del Gobierno, y se disolvía
por la deserción. Ahora bien: el gran duque de Toscana y su ministro
Manfredini, hartos de una ruptura que era una rémora para el comercio
de Liorna, hacían, al través de Génova, proposiciones de paz. El 9 de
febrero de 1795, se concertó en París una paz que, firmada por un prín-
cipe de _la casa de Austria con una república regicida, causó gran sen-
sación en Europa. Venecia, que se había limitado a una neutralidad
armada, mandó a París un delegado, que fue recibido con públicas de·
m.-i.AS LUCHAS DE LA REVOLUCION 873
mostraciones de ~mistad (30 de' julio de 1795). Pero, para entonces, ya
se había conseguido un resultaqp de más alcance.
. En B~rlín era muy fuert~ el. partido francófilo, dirigido por el prín-
cipe Ennque-al que Catalina II llamaba "el ciudadano Enrique"-y
i::or Mollendorff •. que mandaba 9n la región del Rin. Su argumento, con-
tmuamente repetido ante el rey,;era que la hacienda no permitía sostener
la gu~rra en los. dos fr~ntes, p11es el traslado continuo del ejército entre
Francia y Poloma, y Vlceversa, .costaría dos millones de táleros al mes.
Verdad es que Pitt pagaba·; p~ro, eli octubre de 1794, desconfi;ndo de
Prusia, suspendió las entregas.: Fue una estupidez enorme ; Grimm se
dio ~uenta, en seguida, de que Erusia iba a hacer "su paz particular, para
castigar a Inglaterra, por habeJ des11iado hacia Viena las piastras que
a~tes iban hacia Berlín". "Ant~s de. arruinarse guerreando contra Fran-
cia-argumentaba Wollner, y J:!uts a.un Lucchesini-, Prusia debía vol-
ver los, ojos hacia Oriente, que qra su' verdadera vocación, hacia Polonia."
Ad~mas, a~ desentenderse de ~a colaboración con Austria, recuperaría
su mfluenc1a. sobre los Es~ado~ alem~nes, que no pensaban más que en
la paz=. B~v1era, que temia a ~u vepno Habsburgo; Hessel-Cassel, que
estaba mtrigando en París ; y zyfagupcia, que preveía una mediación es-
candinava. Ante la clásica opclóp. eµtre el Este y el Oeste, que la geo·
grafía planteaba a Prusia, Feflericq Guillermo vacilaba, así como su
ministro Haugwitz. Pero se incjinó l!). balanza por el peso de la aventura
polaca y también por la evidpnte )1ecesidad de hacerse fuertes en eI
Vístula, si querían ser admitdos al tercer reparto. En noviembre de
179~. los pr,usianos empezaron l~s conversaciones con la República, en
Basllea. Afü fue donde sus enviados-Hardenberg, en último lugar-
discutieron con Barthelemy el espinoso acuerdo. La Convención exigía
que le dejasen las manos libres en la orilla izquierda del Rin, prometien-
do c?mpensacione~ en la derec~~· Federico Guill~rmo, por su parte, pre-
tend1a colocar ba30 su protecc10n a la Alemarua del Norte, incluso a
Hannover, neutralizándola con su g¡¡.rantía. Ambos se avinieron a las
mutuas exigencias: el tratado se firmó en Basilea, el 6 de abril de 1795;
y el convenio sobre la Alemania meridional, el 17 de mayo.
La paz de Prusia dejó a Holanda al descubierto. Al penetrar en Bél-
gica, los franceses se habían visto algún tiempo detenidos por el labe-
rinto de ríos y canales que rodea las plazas. Pero al helarse el agua, pa-
saron, tomaron centenares de cañones, rechazaron a los ingleses hasta
Alem~nia; y ocuparon todo el país (enero de 1795). Su avance se vío
facilitado por los clubs jacobinos locales, disfrazados de sociedades de
lectura, y que dirigidos por el hábil abogado Schimmelpenninck, revolu-
cionaron las instituciones municipales y provinciales, así como los Esta·
dos Generales; y proclamaron la República de Batavia. Pero esta colabo-
ración no impidió que la paz con Francia fuese dura. El tratado firmado
en La Haya, el 16 de mayo de 1795, anexionó a Francia Maestricht
Venloo y el Flandes holandés; impuso una indemnización de 100 mi:
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874 TOMO l.-REVOLUCION FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
llones de florfn~ y cargó sobre el país el sostenirniepto de 25.000 fran-
cese~. <?1~ª perdida fue la d~ las .colonias. purs Guille'111o de Orange, que
huyo rap1damente ante la mvas1ón, ordenó a los gqbernadores que las
entregasen a los ingleses.
La fuerte presión exterior incitaba a España a parlamentar. Sobre
todo, la que ejercía el comercio británico sobre la economía de las · co-
lonias americanas, aunque pacífica, le preocupaba mucho. Las tropas
francesas habían liberadq su propio territorio y pe~traron en Navarra
Y C11taluña •. i~troduciend9 en ellas la propaganda republicana, distribu-
yend~ su diano.' L'Avanf-Garde de l'Armée des Pyrénéés-Orientales, y
orgaruzando sociedades d~ descamisados. Esto constituía un peligro. Ver-
dad era que la población' no se había curado, de la noche a la mañana
de su antigua xenofobia~ tanto más cuanto que ni en San Sebastián ni
en Figueras los jacobinos se habían comportado precjsamente como libe-
r~d?res. Pero su. propaganda h.acía un peligroso llaqiamiento a los sen-
timientos separatistas. En c¡1mb10, en 1808, el nombre de José Bonaparte,
que significaba centralización, habría de poner fuera de sí a los vascos y
catalanes. Más aún: en el interior, el descontento se iba haciendo. in-
quietante, y los observadores de la policía indicaban, como de costum-
bre, sus causas material~: crisis de abaste.cimientos y baja del p~p~l
mo!feda. Pero n() se atre',\íar a decir con claridad. que el reino, que había
cref~o a Europa comprq111etida como él en una ·lucha sagrada, ahota
la yeía desunida y llena efe bajas ambiciones. Y se guardaba bien de
confesar que todo esto no tendría importancia-como nada la tuvo des-
pués en la guerra de la Independencia-si la oposición al gobierno no
alcanzara el carácter apasionado que puede revestir en tierra ibérica
cuando se ponen en juego los sentimientos de honor y de desprecio, y
cuando el objeto de aquella es un hombre. Este hombre era el ministro
de Estado, Manuel Godoy; y la causa de este odio se fundaba en gue
era el amo de España, por ser amante de la reina, tal vez a sabiendas
de Carlos IV, al que, cuando menos, le resultaba muy cómodo dejar
en manos de su ministro todas las preocupaciones del Estado. Esta situa-
ción h~bía de durar quince años; y en todo este tiempo, la nación la
aborreció con un sentimiento universal, como podía serlo en una sociedad
en la que burocracia y ejército formaban un solo cuerpo con la masa, con
públicas y temibles crísis de violencia. Contra una guerra que había sido
acqnsejada y era dirigida por el favorito, no tardó en alzarse una oposi-
ción que pronto se hizo peligrosa. Pero Godoy era hábil en los cambios
de frente: el 24 de julio de 1794 entabló negociaciones con la República.
fueron largas, porque a Ios problemas franceses se unieron los de
Itaµa, los de ·Portugal y los de América; y la Convención se mostraba
exigente. Comprendió, por fin, que se podía sacar partido de Espafla,
sfu necesidadde imponerle condiciones abusivas. El 22 de julio de 1795,
Barthelemy e Iriarte firmaron la paz en Basilea. Fue una paz casi blanca.
con la tínica condición de que la República se anexionaba. la .parte espa-
111.-LAS LUCHAS DE LA REVOLUl,;IUN
ñola de Santo- Domingo; Godoy,.· momentáneamente consolidado, ·fue
nombrado príncipe de la: Paz.. · · · - · ,
Por -dichos tratados quedabat¡. neutralizados grandes sectores de las
fronteras francesas ; y disponibles el ejército de los Pirineos y gran parte
de los del Norte y del Rin. Por ~mar, la retirada del adversario español
y la colaboración holandesa, per¡nltirí\in obtener, local y temporalmente
por lo menos, un equilij:>rio de fu~rzas que despejara el cam~D:º a los
convoyes de trigo americano. Graq1as . a las grandes zona.s p~cific~das a
su alrededor, Holanda iba a pqder restaurar su potencia financiera y
bancaria, que afianzaría útilmente la economía francesa. En París_. centro
de "contagio" revolucionario, re~ictía ahora un cuerpo diplomático bas-
tante numeroso. Francia no era ya la~ plaza sitiada de 1793.
IV. LA PAZ CONTINENTAL (1797)
¿Era posible una paz gener,al? pn todas partes la opinión la deseaba :
y durante el invierno de 1795-1196 hubo en Basilea algunos cambios de
impresiones entre Barthelemy y Wickham, así como en Viena y en Italia.
Nada salió de todos ellos, porque· la situación militar no era aún sufi-
cientemente ~!ara. Además, la coalieión se preguntaba si fos dirigentes
franceses querían y podían negq,ciar. Si lo querían, porque todo el mun-
do estaba persuadido de que ci:>llseryaban el poder únicamente por las
violentas medidas que permite la guerra. Si podían, porque Europa mi-
raba con inquietud el nuevo fe¡iqmeno de ios inmensos ejércitos nacio-
nales ; y dudaba que el Directo~.io p~diese desmovilizar: "¿Qué va a ser
-escribía Catalina II--'-<le todos esos bandidos, de esos criminales con-
tra Dios, contra su rey y su nación, cuando llegue el reflujo (sic) de los
ejércitos hacia el interior?... Desde el mismo momento en que ya no
tengan enemigos que combatir en las fronteras, esos ejércitos serán sus
árbitros y no pueden desear más que sembrar la discordia, derribar todos
los estados y todas las autoridades establecidas, desquiciar a Europa ... "
Que tanto el Directorio como la Convención (a la que aquél sucedió a
fines de octubre de 1795) temían el. creciente poder de los generales, lo
&JD.uestra el hecho de que asociasen a ellos, en los ejércitos, a un co-
misario que los vigilase. El rápido fracaso de tal institución prueba
que. dichos temores no eran infundados. Sin embargo, la fuerza militar
y la victoria seguían· siendo necesarias, desde el momento en que se de-
claraban· intangibles "los lílnites ·constitucionales", que comprendían la
Bélgica incorporada a la República, el 1 de octubre, e integrada por
nue:v.tr departamentos.' Además, la orilla izquierda del Rin era reivindi-
cada· con energía por un partido poderoso, ·que veía en el "sistema. del
Rin'~:.eL·objeti:vo 'Y Ja -culminación de 1a política revolilcionaria. Sus ¡efes
fueron;: en:Renania, -.el .. gen:enil 1foche,·y, en París, el abogado alsaciano
Réubell; uno. de lbs Cinco directores y el más prestigioso en cuestiones
diplomáticas,. ho¡µbre de. carácter firme e inteligencia vigorosa.
! ...
876 TOMO I.-REVOLU~,!ON FJ}ANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
En torno a Francia, q]Je ha~ta e.ntonces estuvo totalmente aislada,
i~a efectuándose un agrupa¡nientp. La alianza de la República de Bata·
via era un hecho, al que ep. agqsto de 1796 había de sumarse el acon-
tecimiento, más sorprendente aúii. de la alianza con el Borbón español:
En efecto: en todos los frejJ.tes de su diplomacia, el Gabinete de Madrid
adivinaba peligros 'que su jlislawiento no le permitiría evitar. En Amé-
rica se trataba de Ias con\inuas _usurpaciones de los negociantes ingle-
ses ; y del tratado de J ay¡' conc;ertado por Inglaterra, en noviembre de
1794, con los Estados Uitidos. Portugal deseaba hacer la paz con la
República; y, siendo el regente yerno de Carlos IV, y habiendo sabido
granjearse, por el momen(o, el favor de Godoy, se le ofrecía aquí a
España un papel de medi~dor. En Italia, los éxitos de Bonaparte im·
ponían una misión análog~ en ,favor del papa y del duque de Parma,
hermano de la reina. Incl~so ep. Madrid, Godoy, que pronto se había
vuelto a hacer impopular, 'sentí~ la necesidad de un apoyo exterior; y,
volviendo la mirada a París, ini<;iaba la política de ayuda francesa, que,
había de conducir a la hecatombe de 1808. Casi simétricamente, el
Directorio deseaba asegurarse en América la Luisiana; en la Península,
dar impulso a su política comercial; y, en las costas italianas, conquistar
la preponderancia marítima. Tras unas negociaciones muy enrevesadas,
se llegó (18 de agosto de 1796) al tratado de alianza de San Ildefonso,
que implicaba colaboración militar y garantía recíproca con respecto a
las posesiones. -..
Por su parte, Pitt hacía grandes esfuerzos para compensar la" defec-
ción de Prusia, mediante un concurso más efectivo de Rusia y una ac-
ción militar más vigorosa de Austria. En mayo de 1795, Thugut pro-
metió 200.000 hombres para aquel año, a cambio de un empréstito de
4.600.000 libras y mutua garantía territorial. A esta última estipula-
ción, que se refería a todo .lo que cada uno de los firmantes hubiera
podido ocupar hasta el día de la paz, se adhirió también Catalina, por
el tratado triple que se firmó en San Petersburgo, el 28 de septiembre
de 1795; se comprometía.ª proporcionar 30.000 hombres y tenía ya
unos diez barcos en el mar del Norte. En el país renano y en el ger-
mánico, la zona de acción militar estaba extraordinariamente reducida
por la neutralidad de la Alemania septentrional. En cambio, en otro
campo de operaciones, el de los Alpes, adquiría nueva importancia, de
lo que Thugut se regocijaba, pues de Italia y del Mediterráneo esperaba
posibles beneficios. Ya el tratado que firmó con Rusia, el 3 de enero de
1795, preveía que pudiera obtenerlos a expensas de Turquía y de Ve-
necia. Ahora bien: en aquel mismo teatro entraba en escena Bonaparte;
y este también tenía sus apetencias. - ·
Que Italia inspirase codicias no es de extrañar, pues tenía fama de
rica. No es que se ignorase la miseria del Sur, con los inmensos latifun~
dios incultos de los barones y fa abrumadora maraña de derechos feuda-
les; la pobreza de los estados pontificios, con sus trabajos de desecación
IJl.-LAS LUC~S DE í-A REYOLUCION 8TJ
tantas veces reanudados y jamás ~er:miJ.iados ; ni la esterilidad de las re-
gio?-es abru~tas siempre secas. Pqro er~n célebres algunas de sus explo-
tac10nes agr1colas, las sedas de Eiamo11te, el arroz de Lombardía y las
frutas de Toscana. Génova, con ~u bol¡;a y el Banco de San Jorge; Ve-
necia, con sus instituciones de cr~dito y su cequí, que servía de moneda
internacional en todo el Orient~; y Liorna, con la actividad de sus
banqueros judíos, eran importantf;s 'plazas financieras. Por el Mediterrá-
ne~ se. exportaban, en gran can(idad, •• productos textiles y géneros co-
lomales de Génova, así como opjetoli de lujo y cristales de Venecia.
Aunque ya hacía mucho tiempo ql.le los diversos estados habían tomado
cart~s en este asunto, el públicc? segµía creyendo que el producto de
los impuestos pontificios de toqa la;' Cristiandad afluía a Roma. La
Península deslumbraba a los vfajero~ extranjeros con un asombroso
despliegue de riquezas, orfebrería; obj~tos de arte y antigüedades. Desde
tfompa inmemorial, el invasor s~ vení)l sintiendo tentado por una opu-
lenc1~ q,ue la fama exageraba cop.side{ablemente, y por aquellos tesoros
que mellaban al saqueo. Animad
0
a poi: Thugut, Austria, en crisis finan-
ciera casi crónica, con sus arcis vaéías por una guerra que duraba
ya cerca de diez años, con su base pe partida dispuesta ya en Lom-
bardía,volvía los ojos hacia aqÚ..eUas tcompensaciones". En Francia el
Comité de. Salvación pública había · recomendado, en septiembre ' de
1793, la explotación a fondo de los países ocupados, así como el me-
tódico traslado de sus riquezas a Francia. El Directorio, que ya había
sufrido sucesivamente los efectos :; de la inflación y del retorno a la
moneda metálica, había de considerar la guerra ultramontana como una
operación financiera de primer orden.
Menos cercanos a los intereses terrenales, aunque no totalmente des-
prendido de ellos, era el deseo que se manifestaba en Viena y en París de
influir en el papa como jefe espiritual. En los Estados austríacos no
había acabado la querella del josefismo. En 1790, ·Leopoldo se quejaba
de l~ corte pontificia, que "ha enarbolado públicamente y sin reparo la
bandera negra contra mi familia y contra mí", y que combatía la in-
fluencia habsburguesa en Hungría, Polonia, Alemania, Bélgica e Italia.
En Francía, la crisis religiosa resultaba cada vez más pesada para la
vida nacion~l. Algunos dirigentes, principalmente La Revelliere, Reu-
bell y también Barras, deseaban la descristianización, tan violentamente
como la habían deseado los Exaltados. De la invasión de Italia esperaban
la ruina 1de la Santa Sede; y este fue uno de fos objetivos principales de
1á. marcha sobre Roma, ordenada a Bonaparte: "Haréis que se tam-
balee la tiara del (sic) pretendido jefe de la iglesia universal." Otros,
como Carnot y Le Toumeur, prestaban oídos a las sugestiones de Ca-
cault, que, hombre entendido en estas cuestiones, aconsejaba se pusiera
la influencia pontificia al servicio de la República tanto en el interior
como en el extranjero. De este carácter son las instrucciones a Bona-
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878 TOMO I.--REVO¡:_UC!Ol'l FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
parte, del 8 de agosto d,e 17Q6 : imponer a Pío VI "rogativas públicas
por la prosperidad y el éxito de la República francesa".
.Italia solo podía ofrecer muy débil resistencia al pillaje y a la suje-
ción, Sus diecisiete millones de habitantes proporcionaban pocos s_olda-
dos: 30.000 napolitanos 'Y, en'la práctica, otros tantos piamonteses, apro·
ximadamente; y, estos últimos, pese a su verdadero valor militar, can·
sados por una larga guerra en plena montaña. Algunos Gobiernos se
mostraban enemigos declarados de la Revolución; en primer término,
los Barbones de Nápole~. Fernando IV, y, sobre todo, su temible esposa,
Maliía Carolina; el papa, de.spués de Basilea, ·~abfa rechazado despee·
tivamente la mediación espaíj.ola. Pero Turín esta~a cansado; Venecia
ha\:!fa proposiciones, G~nova se aferraba , a su neutralidad y Toscana
se, 1,1.abía esquivado de la co¡ilición. Los intelectuales estaban divididos
y, ·además, eran íncons\antes: Ya con anterioridad1 a 1789, algunos de
ello¡; protestaban contra la tiranía del pensamiento. y de las letras fran-
cesas. Los acontecimientos políticos los exaltaron: Monti celebró el ~se
sinato de Bassville en Roma, y Alfieri compuso los sonetos galófobos
del. Misagallo. Otros pocos, ~bre todo napolitanos, genoveses y milane·
se.s, profesores y leguleyos, a,cogían bien las nuevas ideas. El clero era,
por instinto, contrarrevolµcionario. Las tendencias antirromanas, m~
fe'stadas en Toscana, en 1786, por el sínodo jansenista de Pistoia, fueton
sofocadas por la acción pontificia. En cuanto a las de las universida¡ies
lombardas, había de ser (he~ho paradójico) la invasión jacobina la que
les privase de su mejor tlpoyo, que era el de Austria. El pueblo bajo
se mostró capaz de org!lnizar temibles sublevaciones contra;unos libe·
radores demasiado galantes y saqueadores: pero Ja propaganda jacobina
Je dejó frío. Por lo demás, si existe en el plano político un rasgo verda-
deramente común a poblaciones muy diversas, aisladas por el sist(!ma
geográfico, Jos dialectos y el espíritu de campanario, es, desde luego, la
docilidad a los poderes, un indiferente poder de adaptación nacido de
antigua prudencia; y una especie de modestia ante Jos problemas inter-
m¡.cionales. Mme. de Stael había .de comprobarlo: "Se trata de una na-
ci6n tanto más acogedora para Ja distinción literaria cuanto que jamás
p6P,rá vanagloriarse de .conseguir otra alguna... Si se precisa una hora de
atención para gobernar a Francia, cuatro minutos bastan para gobernar
a Italia."
Bonaparte llegó de Savona a primeros de abril de 1796. Su plan
Y: su doctrina de guerra habían sido largamente meditados y madurados.
En cuanto a Ja preparación de su ejército, hizo cuanto pudo, que no
fue gran cosa. Toda aquella campaña, por no hablar de las siguientes,
iba a ser una improvisación material de cada día, una serie de combi-
naciones y de expedientes. En realidad, el joven general se ganó bien el
sobrenombre de "improvisador de la victoria". (REINHARD). Pero el
ejército, audaz, ágil y despreocupado, se complacía en la aventura, en
lll.-LAS LUCHAS DE LA REVOLUCION 879
la disciplina poco rígida y en el saqueo, tanto como en la ofensiva-rá-
pida y feliz. Desde los primero~' días, marchas agotadoras y vi:ctorias.
Los austríacos fueron derrotados en Montenotte, la primera batalla na-
poleónica (12 de abril de 1796). Separados de sus aliados, los sardos se
replegaron; y el 28 firmaron el arrnisticio de Che:rasco. El 15 de mayo
de 1796, en París, concertaron l.fi paz: Niza y Sabaya fueron cedidas
a Ja República ; y las fortificaciones de los grandes puertos alpinos serían
desmanteladas. De tal modo, las media-brigadas tendrían, en lo suce·
sivo, el paso libre para bajar a las llanuras italianas; y éstas volvían a
su destino tradicional de territorfo abierto a los dos adversarios, ae zona
de nadie. en la .que se puede gl,ierrear, sin miramientos, y saquear sin
tasa. En manos francesas, el reijio de Víctor Amadeo III quedó como
garantía política y tierra de explptación. Pero Bonaparte, atravesando
el Po y el Adda, había entrado ya en Milán. Parma y Módena firmaron
armisticios el 9 y el 17 de mayo; los napolitanos, en Brescia, el 5 de
junio; y la Santa Sede, en Bolon,ia, el 23. Con esta seguridad por el Sur,
el ejército pudo dirigirse hacia Austria. Mantua le cortó el paso. Co-
menzó un sitio que duraría seis meses.
A medida que ascendía su ¡!strella, Bonaparte iba tomando en las
relaciones internacionales el car;í.cter de factor aparte del Directorio, y
cada vez más independiente de él, En el mismo París su influencia cre-
cía con cada victoria. Se chismotreaba que las finanzas gubernamentales
no se m~ntenían sino gracias a las contribuciones de guerra que él en-
ví;iba. "Vosotros hacéis con vuestras bayonetas cien veces más nume-
rario que nos~tros con todas las leyes de hacienda imaginables", escri-
bía La Revelliere. Al Museo llegaban convoyes de cuadros y estatuas.
La tribuna de los. Co~sejos, el Diario de Defensores de la Patria y toda
la prensa daban d1fus1ón a las cartas que el triunfador dirigía al Gobier·
no y publicaban sus proclamas al ejército. El estilo no tenía aún la
soberana energía que adquiriría más tarde; .pero era ya el de un amo.
En Italia no había más que abrir los ojos para ver a quién iba pasando
el poder. Las tropas, que desde el 20 de mayo se hallaban a media
p~ga en numerario sólido, y a las que no se tiraba demasiado de las
riendas, halagadas y mandadas ·a la vez, empezaron a no hacer caso
más que a su general. Aquellas tropas se convirtieron en las más fuertes
de la República. Agobiando al Directorio con sus. peticiones de refuer·
zas, Bonaparte, que en junio de 1796 tenía en filas .. unos 46.000 hom-
bres, llegó a .tener 65.000 en abril del 1797, habiendo conseguido, en
particular, 30.000 hombres retirados del Rin. En el verano de 1796 se ·
vio que los comisarios de ejército puestos a su lado por el Directorio
retrocedían ante su ascendiente. El25 de octubre les quitó, de un plu-
mazo, la administración de Lombardía, y el 6 de diciembre el Gobierno
suprimió tal institución. En fin, hasta en las negociaciones diplomáticas,
se adivinaba cercano el día en que Bonaparte sería el único que contase.
En Cherasco y en Brescia no consultó a nadie para firmar. Ante una
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880 TOMO I.-REYO.L.UCION FRANCESA E IMl'ERIO NAl'OLEONlCO
reprensión de los directqres np tuvo más remedio que dejar a los comí·
sarios del ejército que di§ciitiei·an con la Santa Sede; pero entonces triun·
faba con su fracaso. En ·.este t~rreno, como en todos los demás, se eman-
cípa~ía rápidamente; y la. paz de Austria sería la paz de Bonaparte y
no la del Directorio1 y. t~ndrí~ su eje en Italia y no en el Rin.
Desde agosto de 1726 a ~enero de 1797, cuatro ejércitos austríacos
desfilaron, sucesivament~. tratando de romper el bloqueo de Mantua.
Los cuatro fueron derrptado~. el último de ellos en Rívoli, ei 14 de
enero de 1797. El 2 de~febr~ro. Mantua capituló. El 10 de marzo, Bo·
na.parte se dirigió hacia el Este, con las miras puestas directamente en
Austri,a. A primeros de¡ abril, llegó al paso del Semmering, y el 18 de
abril de 1797 se firmarpn e1{Leoben los preliminares de paz.
Conclusión rápida e inesperada para muchos; pero, de haber con·
tinuado la lucha, los tj,esgos' por una y otra parte resultaban mortales.
Bona.parte estaba comp!etamµnte en el aire, en esa situación en que un
fracaso local puede de~enca~enar el desastre. En la capital austríaca
amenazada, la gente hlÍía, pi;.esa de pánico; el Banco de Viena cerraba
sus ventanillas, las turbas SQ dirigían contra el hotel de Thugut, y "el
espectro de la revolucilSn" amenazaba ya, desde las primeras cargas de
los húsares franceses. Por otra parte, a los dos adversarios se les ofrecía
una solución ventajosa, c·onsistente en ponerse de acuerdo, a expensas de
un tercero, que era Venecia. No hemos olvidado que Thugut soñaba
con esa "compensación". Bonaparte, desde primeros de abril, había
tenído buen cuidado de ir atirantando sus relaciones con Venecia. Por
tanto, sí en Leoben renunció el emperador a Bélgica y a Lombardfa, '
recibió, en cambio, Dalmacia, Istria y la parte de tierra firme limitada
por el Po y el. Oglio, desp~jos todo ello de la República Serenísima.
En cuanto a la orilla izquierda del Rin, el texto, contradictoriamente,
proclamaba la· integridad del Sacro Imperio; y reconocía las fronteras
francesas, "decretadas por las leyes de la República", lo que parecía
referirse a las anexiones de 1793.
Aquellas cláusulas renanas eran débiles; y, en París, el "partido del
Rin" se indignó por ello. Pero podía reforzárselas en las conversaciones
q11e habían de transformar los preliminares en paz. Tales negociaciones
se celebraron en la región de Udine, y fueron esencialmente llevadas
por Bonaparte y Cobenzl, ambos tenaces y duros. Lateralmente, Aus·
tria intriga•ba en París, aprovechándose del desacuerdo entre Bonaparte y
Reubell, y de las negociaciones francoinglesas entabladas en Lila. Pero
el golpe de Estado del 18 de fructidor, apoyado por Bona.parte, atenuó el
desacuerdo y rompió las negociaciones.
En las discusiones sobre la orilla izquierda, Viena se presentaba
como adalid del Imperio y de Europa; pero tal pretensión chocaba con
la cr~iente importancia de Prusia. Esta, parapetada en una neutralidad,
que hizo más firme por un convenio del 5 de agosto de 1796, alardea-
ba de sustr,aer de la .guerra a toda la Aleroanía del Norte, como si
lll.-LAS LUCW.S o,¡::; LA RE':IOLUCION ss1
fuera un. asilo Rara ias letras y el pensamiento sereno, ejerciendo en
ella una influencia que compens¡iba la del Habsburgo en el Sur, Wurtem-
berg Y Baden, lo mismo que P_rusia, .habían salido de la coalición (agos-
to Y octubre de 1796), despue~ de algunas victoriosas campañas fran.
ce_sas .. Austria veía con dis~sto :aqueUos. progresos de Berlín ; y sus pole-
mistas, tales c?i::1,º Juan Muller1 den~nciaban la paz prusiana de Basilea
como una . tra1c10n al Imperio. Francia podía aprovechar tal resquicio
p_ara mane1ar a Thurgut, ya aqienaz?.ndole con entenderse con los pru-
sianos (a lo que estos se negaron), 'Yª ofreciéndole excluirlos de todo
beneficio en el Rin (lo que ace1)tó).
En Italia, FraD;ci~ consolid~ba ~u posición para que esto pudiera
pesar en las negocrn·c10nes. El .10 d~ octubre de 1796 había concertado
con Nápoles una pa~ b_enigna; lj el ~ de noviembre concluyó con Parma
º.t:a más dur~. ~n ¡uruo de 17~7, Q~nova se constituyó bajo su protec-
c10n ~n Repubhca d~ Liguria. ::con jla parte de Lombardía cedida por
A~stna, Bona.parte hizo la re¡:¡úblic~ Cisalpina (mayo 1797), a la que
uruó a Mó~ena, ~ornada por lqs arn;¡as a su duque, y Ferrara, Bolonia
~ .Ja Romana qmtadas al papq, con Ancona, por el tratado de Tolen-
tmo, de ~9 de febrero de 1797. El 1§ de mayo de 1797, pretextando un
levantamiento en Verana, se &presijró a ocupar Venecia, víctima que
había de ser sacrificada en aras de la· paz.
Esta paz, que se denominq de Campo-Formio, se firmó el 18 de
oct~br~ de 1797. De los despoio11 de; Venecia, el Habsburgo recibía los
terntonos del este del Adigio. b misma Venecia, Istria, Dalmacia y Cat-
taro. En compensación de sus concesiones renanas, se anexionaba a
Salzbur~o. Pero, e~ t~tal, la bah¡nza resultaba desfavorable para él, ya
que. c~dm sus provmcia_s belgas. s~s pequeñas posesiones a Ja izquierda
del Rin Y la Lombardia (reconocida como República Cisalpina, y que
Bonaparte s~ !lpresuró a. redondear con los países ex venecianos del
oeste ?el Ad1gi~). Ren~nci~ndo_ a la integridad del Sacro Imperio, le re-
co~ocia a Francia la onlla 1zqwerda del Rin, al sur de una línea que iba
desde el río, por más abajo de Coblenza, hasta Venloo, en el Mosa. De
este modo, Campo Formio compensaba las insuficiencias de Leoben.
Del imperio marítimo veneciano, la República recibía a Corfú, Zante y
las demás islas Jónicas.
Las adquisiciones belgas y rcnanas de Francia eran enormes Las
Victorias. ~e Italia .c,oronaban P.ºr fin el avance tenaz y sangriento ·de la.
Revoluc10n. Tamb1en era considerable la expansión al otro lado de los
Alpes. Resultaba expuesta y comprometedora, sin duda alguna; pero ya
Bona.parte, para sostener el "sistema italiano", cuya política naCional
entorpecía, empezaba a contar con la fidelidad de la victoria. Además
para justificar su implantación en la Cisalpina, podía invocar el prin:
cipio revolucionario de la voluntad de los pueblos, ya que la dominación
fra~cesa, por dura ~ue fues~,, les. autorizaba a pensar en un porvenir
nacional. Pero el rehen de M1Ian liberado, era Venecia sojuzgada. No 9e
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882 TOMO l,-REVOLUCION FRANCESA E IMPERIO NAPOLEON!CO
hil,bían tenido en cuenta los deseos de los¡ veneciaoos, como tampoco se
habían considerado los de lps belgas y 1os renaitos, que, en general,
seguían rechazando la anexión decretada ya por Fi:ancia en 1793, y que
Campo Formio ratificaba, '
'Al menos territorialmentf?, parecía haberse establecido un equilibrio
continental. Las mir,'ldas se volvieron hacia Inglaterra ..
V. EL ANT~GONISMO FRANCO·INGLES
La economía ingles¡¡. se a,daptaba a la guerra con flexibilidad, sacan-
do buen partido de ella, Lá fabricación de armas y de uniformes des·
tinados a las tropas b!itánieas o aliadas, el aumento de la marina. de
guerra, el retroceso de l& co¡npetencia francesa en: importantes merc~Ldos
europeos, estimulaban a la industria. Entre 1785 y 1797, la producpión
de hierro se duplicó; y aún había de volver a quplicarse en los ocho
años siguientes, llegandoeij 1805 a las 250.0oo: toneladas. Al fin se
producía el gran arranque '.del capitalismo industrial, preparado en el
transcurso de década~ prei;edentes y desencadenado por el conflicto
europeo; y la economja inglesa iba a tomar considerable ventaja sobre
la del continente. El cqn:¡ercio colonial prosperaba; los productos extraí·
dos de las Indias occil:lentales aumentaron en valor de 4.180.000 Übras
en 1791, a 5.410.000 eq 1798. Pese al cierre de los grandes mercados
continentales, las exportaciones de productos manufacturados o colo-
niales vinieron a mantenerse aproximadamente lo mismo, -mediante el
tráfico directo o el contrabando. En 1792, el tonelaje total que salió
de los puertos fue de 1.560.000 toneladas ; entre 1797 y 1799, de tone-
ladas 1.250.000 por término medio, y en 1800, de 1.445.000.
El elemento primordial de tal prosperidad era la marina de guerra,
que garantizaba la seguridad militar. triunfo indispensable para Ingla-
terra. La marina de guerra era la que en las colonias acumulaba fructí·
feras conquistas, como las Antillas francesas en 1794; el Cabo holan-
dés, en 1795; y la Trinidad española, en 1797. De 1794 a 1795, sus
tripulaciones· aumentaron de 85.000 a 120.000 hombres. Las pérdidas
eran escasas, porque en el mar el material humano es reducido, y una
franca superioridad de tiro y de maniobra economizaba mucha sangre
ínglesa. Para poner un ejemplo posterior, pero de importancia, diremos
que en Trafalgar los vencedores tuvieron 449 muertos, por 1.028 de los
españoles y 3.370 de los franceses. En todos los grandes combates, la
flota, sin llegar a destruir la potencia naval contraria, obtuvo ventajas
sobre ella. El 1 de junio de 1793, en los mares de Bretaña, derrotó a
los franceses (que, sin embargo, consiguieron pasar su convoy de trigo);
el 14 de febrero de 1797, en el cabo de San Vicente, a los españoles, a
los que tomó cuatro navíos; el 7 de octubre de 1797, a las bátavos en
:Camperdown, capturándoles siete barcos de línea. Las pérdidas infli-
;gidas al adversario eran tales, que éste no tardó en perder las esperan-
, 1
1
·-LAS LUC!lAS lJll LA lU'.VULUClON 883
zas de recuperar su ventaja. En 1800, dichas pérdidas llegan a 81 bar-
dos de línea (de los c¡iales 70 ;eran franceses o 1bátavos y 11 españoles),
187 fragatas y 248 sloops. As[, pues, a medida que el poderío fr.ancés
se extendía por el continente, el de Albión se afirmaba en los mares ;
Y 1~ se vis~umbraban las con~iciones generales que en la época napo-
leomca habm de presentar el duelo entre la tierra y el Océano.
Sin ~mbargo, Inglaterra no. estaba exenta de preocupaciones.
En tierra, sus tropas expepmentaban fracasos. Aún no habían com-
prometido grandes efectivos ~n el, continente; pero cuando, en 1794-
1795, hicieron el excepcional ,esfuerzo de concentrar 35.000 hombres en
Holanda, 6.000 perecieron en él desastre que se' produjo, las nueve déci-
mas partes víctimas de enferrn~dad y frío. En las Antillas, donde, con de-
trimento ~e la guerra.en Eurqpa, h,abía Inglaterra trasladado la mayoría
de sus disponibilidades militares, sufrió un grave fracaso. Los colonos
franceses de Santo Domingo., ~premiados ya, en 1791, por la sublevación
de ~os. esclavos: y animados, adeJlfáS, desde hacía mucho tiempo, por
sentinuentos mas o menos separatistas, habían apelado a las tropas bri-
tánicas en 1793. Diezmadas 'por la fiebre amarilla y los ataques de
Toussaint-Louverture, las casac&s rójas se embarcaron para Europa, tras
haber sufrido enormes pérdidas.
La, rnis~a Royal Navy causó ~erias inquietudes. Su administración
resulto med10cre; y el alto m.ando ·tardó en organizarse. Entre los gran-
des almi~antes del si~o xvm. y la generación de los Nelson y los J ervís,
se produJ? una es.pec1e de hiato. Las tripulaciones es.taban mal pagadas
-19 chelines al mes-; se las trataba con dureza, se las reclutaba por
el revolucionario procedimiento de la "prensa", y comprendían un 10
por 100 de extranjeros y un 10 por 100 de irlandeses, no muy seguros.
En la primavera de 1797 se produjeron algunos motines araves. Los cor-
sarios Y las fuerzas regulares enemigas hacían mucho d:ño. Una íncur-
sión francesa por el Atlántico capturó 70 "mercantes", y otra se apode-
ró de todo un convoy de Levante., con 31 velas, lo oue conmovió extra·
tordinariamente a '1a City. Los navíos de Su Majestad tuvieron que dar
escolta al comercio, tarea interminable y poco grata.
Tampoco el bloq1;1eo .d~ las costas enemigas era labor agradable para
la flota Y causaba mil dificultades al Foreign O/fice. Lo justificaban las
concepciones mercantilistas, o sea impedir que el enemigo exportase su.>
prod,uctos y que recibiese materiales estratégicos e incluso trigo. Pero a
trayes de las mallas se filtraban muchísimos barcos, y además protesta·
ban los neutrales. Inglaterra se incautaba de sus barcos en nombre de
su Rule of the war de 1756; pero ellos sostenían que el pabellón cubría
la mercancía: y negaban el derecho de visita que se arrogaba la Navy
para recuper,ar sus desertores y a;>mprobar la naturaleza del ca'I'gamento.
Al frente de los adalides del derecho íntemacional, se situaba Rusia.
Era más o menos aliada de Inglaterra; pero su sistema tradicional, lógico
•• , r
884 TOMO 1.-REVOLUC!ON FRANCESA E IMPEBJO NAPOLEJNICO
en una potencia completa1.11ente continental y que entonces poseía sólo
25 navíos de línea, era el· de sostener, con toda exactitud, los derechos
de los; neutrales. En 1780 habí~ proclamado la inmunidad del pabellón
neutral. la inviolabilidad que é~te garantizaba, incluso para las mercan-
cías de los beligerantes ; y ~u derecho a fondear en las costas de los países
en guerra. Suecia sostenía enérgicamente aquellas teorías ; Prusia les era
favoraible y, por tanto, po~ía fqrmarse, como antaño, una coalición nór-
dica. Sin hablar de las rep~rcusipnes militares, esto hubiera sido un desas-
tre económico. Suecia con\¡:olab¡¡. una gran parte del mercado báltico. Los
navíos ingleses estaban ep. mayoría entre los 1.200 g_ue, en 1796, an-
claron en Cronstadt y en 'San fetersburgo, sobre todo, como comprado-
res (en 1797, su "pasivo" fue de 14 millones y medio de rublos). Prusia
regulaba la salida de cereales polacos, vigilaba a Hamburgo, por el que
los íngleses tenían un gran íntt;rés, que explica, en parte, sus miramien-
tos con respecto a Berlín; Ifa~ía que guardar también muchas conside-
raciones a los Estados Unido$, a causa del trigo que proporcionaban.
Los gastos militares iban iomando enormes proporciones. Costa?a
100.000 libras votar un r(avío ¡ie línea. Con grave perjuicio del cambio,
el dinero-subsidios a los a.lia,dos y gastos de guerra-salía a raudales
del. reíno: 8 millones de' libras en 1794, más de 11 millones en 1795.
A la City, estrechamente relacJonada con la poderosa plaza de Amster-
dam, le afectó mucho la ocup.~ción de ésta por los franceses. En 1795,
Pitt emitió empréstitos por qtsi 20 millones de libras. Los adelantos
hechos al .Estado por el Bancu de Inglaterra llegaron a 8.075.000 libras,
entre, 1795 y 1797; y el }3anco estuvo a punto de zozobrar. En 1796
tuvo que restringir las facilidades de descuento; y muchos· de los Coun-
try Banks que.braron. Las reservas en metálico dimninuían. En febrero
de 1797, un pequeño desembarco francés desencadenó un alud en las
ventanillas para el reembolso de billetes. La reserva oro descendió a
un millón de libras. El 3 de mayo, el Bank Restriction. Act dispensó al
Banco de reembolsar. Los consolidados bajaron a 48. Pitt estabilizó la
situación, recargando los impuestos y gravando en un 10 por 100 toda
renta que excediera de 200 libras, logrando de este modo que los íngre-
sos públicos subieran de 20.655.000 libras en 1797, a 35.230.000, en
1799.
Con respecto a Irlanda, existían preocupaciones muy fundadas. Des-
preciando a su Parlamento fantoche, ejercían allí unaoposición vio-
lenta, aunque no concertada, los reformadores ulsterianos disidentes,
simpatizantes de la Revolución francesa, y los ca~pesinos c~tólicos,
que desconfiaban de ella, pero que detestaban el diezmo anglicano Y
al terrateniente. Las escaramuzas, los incendios y las emboscadas esta-
ban a la orden del. día. El verdadero peligro de un desembarco fran-
cés residía en aquellas costas irlandesas, en las que pocos hombres
hubieran bastado para hacerlo, y no en la misma Inglaterra'., d~nde l~
Revolución no tuvo medios de introducir un verdadero e¡erc1to. S1,
!ll.-LAS LUC\!AS DE LA REVOLUC!ON 885
en diciembre de 1796, los 45 t¡avíos de Roche, que conducían 15.000
hombres, no hubieran sido di!ipersados por la tempestad, tal vez se
produjera allí otra Vendée. Pero ·1os· irlandeses no vieron abordar más
que mil uniformes azules (agqsto c,ie 1798), que llegaron cuando el
levantamiento intentado en may9 bab.ía sido sofocado ya.
La escasez de importacione,s de víveres y las malas cosechas de
1795 y 1796 produjeron. la catestía.. El pan, base de la alimentación
popular, subió a un chelín la ll,ogaz'l: de cuatro libras. Cierto que, des-
de 1795, l?s condados, especialip.ente los del Sur, .pagaban a los pobres
de solemrudad un complementQ ¡:le ,salario ; pero esta asistencia resul-
taba insuficiente. Y, sin embargo, e.q 1803 sería el doble de lo que fue
en 1784, cons'llmiendo bajo múl,tiples formas· más de cuatro millones de
libras. Las regiones índustriales: resuHaron muy castigadas. El desarrollo
intensivo de la producción atr'}Ía rn,~s que nunca hacia ellas las mul-
titudes de campesinos convertidos e:q obreros, a quienes la brusca evo-
lución de la técnica arrancab~ bn.iJalmente de su tradicional género
de vida. La rápida expansión de las' fábricas creaba todos los días con-
diciones de vida improvisadas, 'huras y de difícil adaptación, alojamien-
to, comida, duración del trabajo y paro forzoso debido a las violentas
fluc~uaciones ~e. la economía P.e g4erra. ?n las masas populares de-
crec1a el mov1m1ento de lealta4 y x~nofobia que, a raíz de la declara-
ción de guerra, los hizo alzar~e cqµtra los partidarios de la Revolu-
ción. A partir de 1795, solicitqdes, pítines de pobres de solemnidad y
de parados, reclamaron la paz,· ·
Entre las clases instruídas se reanudaba la propaganda "jacobina".
Pese a las leyes de represión, los manifiestos y los libelos se multipli-
caban. El Morning Chronicle, el Monthly Magazine, se inclinaban a
las ideas francesas. El Dictionnaire politique, de Charles Pigott, publi-
cado en 1795, no retrocedía ante el más violento sarcasmo. En enero
de 1797, Thomas Erskine, amigo de Fox, publicó su Coup d'oeil sur les
cawes et les coméquences de la guerre actuelle avec la France (Ojeada
a 'las causas y las consecuencias de la actual guerra con Francia), de
la que se hicieron 48 ediciones inglesas y 23 francesas. Erskine sos-
tenía que la intervención extranjera contra la Revolución era la verda-
dera causa del conflicto europeo y de su prolongación y que Inglaterra
no conseguiría la paz si mantenía su actitud de insultante desdén. Fox
y el duque de Norfolk se atrevieron a pronunciar brindis "por nuestro
Soberano, La Majestad del pueblo".
Las clases adineradas se alzaron, resueltamente, contra las conse-
cuencias sociales de aquellas opiniones. En el jacobinismo inglés veían,
esencialmente, la reivindicación de los misérrimos: "La sociedad de
estudios constitucionales-decía el Times del 5 de mayo de 1794-.
ha celebrado el viernes una reunión, en la cual se han pronunciado
palabras par las que se debiera enviar a sus autores a Botany Bay.
De las trescientas personas que asistían a esta sesión, no había más
l l!. !¡.'~f.···. 1 "·'. \ ' ;.: \;¡ <;
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886 TOMO I.-REVOLUqON FRANCESA E IMPERIO ÑAPOLEONICO
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de tres que poseyeran una fanega de tierra." Uno de los temas predi·
Iectos de la caricatura antifrancesa, la de Gillray, por ejemplo, era el
saqueo y la insubordinación social, en los países ocupados por los
descamisados. La gran liga antijacobina, que tenía su sede en la ta-
berna "Crown and Anchor", se denominaba Saciety far preserving
ltberty and property against Republicans and Ifevellers. Cuando The
True Briton aparecía :bajo el epígrafe "Nolumus. leges Angliae mutari"
se refería principalmeµte a la inamovilidad soci¡¡.l. Los motines de la
flota hubieran causadp, indudablemente, menos alarma si algunos de
lR,s levantiscos no hubj.esen constituído "comités". a bordo, si no hubie·
$en declamado en estjlo nwolucionario y hablado de hacer un llama-
miento al país de los Derechos del Hombre.
Se adivina, por tanto, cuál había de ser el argumento opuesto
a' toda idea de paz. Burk~ lo desarrollaría en sus Lettres sur la paix
avec le Directoire régfcfde (Cartas sobre la paz con el Directorio regi-
cida), y, el 30 de di~icmbje de 1794, Windham declaró ante el Par-
lamento : "Tan pronto con;to se concertase la paz, los franceses circu-
larían entre nuestros mendjgos, nuestros trabajadores y nuestros obre·
ros, para enseñarles la do~trina de la libertad y de la igualdad. Les
señalarían con el dedo los dorados palacios de los ricos, diciéndoles
que era preciso saquearlos y destruirlos, en beneficio de los pobres.'
"Si hacéis la paz: con, Inglaterra, ¿en qué situación se encuentra
esta? ¿En qué situación nos encontramos nosotros? Inglaterra tiene to-
das sus manufacturas en marcha, porque no ha sufridQ' durante la
guerra. El mar ha estado cubierto por los pabellones de sú comercio ...
Con la paz, sus exportaciones se duplicarán... Todas las manufacturas
de Francia están paradas. El tiempo que Francia haya de emplear en
componer su maquinaria, lo empleará Inglaterra en exportar los objetos
fabricados por la suya. No tenemos .pabellón mercante... Hasta dentro
de algunos años no nos será posible exportar objetos manufactura-
dos ... " Mangourit, autor de esta nota, dirigida a Reubell, no tenía la
'.::abeza muy firme. Pero Barthelemy, mucho más sensato v de tenden-
cia pacifista, escribía! por la misma época (1795) : "Cuando la gÚ.erra
haya terminado, hemos de ver la inmensidad de recursos y artificios
que empleará Inglaterra para llegar a impedir que nuestra industria
se rehaga."
' Este aspecto desde el cual se presentaba para muchos franceses
. la perspectiva de la paz, se explica, en parte, por los recuerdos que había
; dejado el tratado de comercio firmado con Londres en 1786. Cabría
discutir si este tratado fue tan funesto nara las fábricas francesas como
; se pretendía. Pero no se quiso considerar más que un balance con 53
ó 54 millones de déficit en 1787 y 1788. De entonces procede la idea
-que tanto entorpeció, y durante tanto tiempo, las relaciones con In-
glaterra-de que era indispensable una protección contra la superio-
ridad que representaban para nuestros contrincantes, sus máquina,s, su
111.-LAS LUl:ltAS lJI! LA lWVULUClUU llll'/
.flota mercante y su sistema bancario. Entre el proteccionismo empírico J
al que de este modo se volvía, y el liberalismo económico, que repre-
sentaba una de las grandes conquistas revolucionarias, la burguesía ne-
gociante no apreciaba grave, contradicción. Los intereses de la indus-
tria parecían superar a todos los demás, por sus repercusiones en el
equilibrio social. enjla march<l de la guerra e incluso en el comereio
exterior. · 1
Ya las tarifas de 1791, forzadas a respetar el tratado de 1786, in-
cluían en los límites de aqu~I cierto número de prohibiciones absolutas
de entrada, como para los hilos de cáñamo y lino, y los barcos en
general, al mismo tiempo que derechos elev(l.dísimos sobre los .paños,
lanas. muselinas, telas pintadas, etc. La guerra con la GranBretaña
proporcionó a los proteccionist;is la máxima libertad de acción: "Fran-
cia-declaró Barere-ha adquirido el derecho a sostener con sus ca-
ñones y sus bayonetas la anulación del tratado de comercio y la im-
plantación de un Acta de :qavegación." El decreto . de 1 de marzo ele
1793 prphibió la importaciqn de toda clase de objetos fabricados ·irn
países enemigos, lo que af~taba principalmente a los paños y tercip-
pelos de algodón, bonetería, géneros de punto y algunas lanas. El 21
de septiembre de 1793, un Acta .de navegaci6n excluyó de los puertos
nacionales a los navíos no fraµceses, o que no llevasen, al menos, mer·
cancías de la misma nacionalidad que su tripulación; la tarifa de adua-
nas habría de ser adaptada a las nuevas normas. La ley del 9 de
octubre de 1793 proscribió ~odas las mercancías fabricadas o manufac-
turadas en territorio británico: quienquiera que hiciera uso de tales ob-
jetos, s~ría inscrito en la lista de sospechoso-s y "castigado como taf".
El proteccionismo aduanero y el monopolio de navegación se combi-
naban en un nacionalismo económico intransigente.
Cierto es que, más adelante. y sobre todo bajo la reacción termido-
riana, se suavizaron estos rigores. Pero en octubre de 1795, al ser .im-
plantado el Directorio, éste mostró tendencia a volver a ellos. El aspec-
to económico de la política ext~rior adquiría, a sus ojos y a los de la
r· burguesía de negocios que le apoyaba, una importancia grandísima.
Era preciso procurar a la industria nacional una posición privilegiada
dentro de Europa; y la victoria brindaba 1a ocasión de lograrlo. "Des-
de este aspecto, nada ha de serle imposible a la República fr;:mcesa,
que ha conquistado por las armas una importancia única; importancia
que no tardarán en alcanzar también su navegación, su comercio y su
ÍJidustria." El autor de estas lineas, extraídas de un informe, redactado
en mayo de 1797, era el ministro de Relaciones Exteriores, Delacroix,
espíritu presto a transformar en sistema aquella tendencia, y que pre-
paraba el plan de una verdadera colonización industrial de los países
vasallos, sobre todo de aquellos en que la industria estaba todavía
poco desarrollada.
La ocupación militar ofrecía los medios, muy discutibles, desde lue-
-·~: ·. ·, :
'--~:: j
888 TOMO r.-REY0¡:,uc10!'! FRANCESA E IMPERIO NAP(JILEON!CO
go, pero a los que no siempre se renunció para cj.estruir las fabrica-
ciones rivales. Para de~emba~razar a las sederías lipnesas de la com-
petencia que les hacían: los telares de Constan.za, en agosto de 1796
se ordenó a las tropas . de Of::Upación que enviasen· a Francia las má-
quinas más perfecciona~as y destruyeran las demás, demoliendo, in-
cluso los edificios. Con: respe.cto a los aliados y a Jos vasallos, el sis-
tema era el tratado de c;.omercio de cláusulas draconianas. De tal modo
se esperab,'!. conseguir d~ España, a cambio de los tejidos franceses, la
lana necesaria para las· fábri¡;as de Francia y el dinero indispensable,
en el terreno monetario ; de ·Portugal, la compra de paños y la igual-
dad con Inglaterra en n).ateri'.l aduanera ; de los Estados italianos, seda
para Lyon, trigo para \os dqpartamentos meridionales, quesos, arroz y
la ~ustitución de los prqducto,s manufacturados ingleses por los de Fran-
cia. En realidad, en tudos los mencionados asuntos, el Directorio no
consiguió gran cosa, s¡(lvo rpediante la paz que Bon.aparte impuso a
Panna, en noviembre d~ 17~:6, y que estipulaba importantes privilegios
aduaneros. Pero la ins~lació)J. en Bélgica y en Holanda ofrecía vastas
perspectivas a los proyectos: de hegemonía económica. Allí se encon-
traba el arma decisiva·· contra la competencia inglesa. "Diez años de
paz-predecía Sieyes, e,n ab¡·il de 1795-, con la posesión de Ambe-
res, del Escalda y de ~lessil}ga, y veréis a Londres y al Támesis más
abatidos que por diez' años de victorias y veinte batallas ganadas."
En estas comarcas, el Direciorio consiguió la prohibición de:· las mer·
cancias fabricadas en Inglaterra. El 30 de enero de 1796, la obtuvo
también en los territorios ocupados por Alemania; poco después, en los
puertos belgas; y el 16 ele septiembre de 1796, en la República de Ba-
tavia.
Leyes y tarifas aduaneras acusaban la orientación directoria!. El
19 de terrnídor, del año. IV (6 de agosto de 1796), los derechos fueron
calculados de manera que constituyeran un incentivo para una solida·
ridad continental contra Inglaterra. La gran ley del 10 de brumario
del año V (31 de octubre de 1796), publicó una larga lista de mercan·
cías que se "reputarían procedentes de fábricas ingle5¡a.s" cualquiera
que fuese su origen y que, por ende, estaban prohibidas. Su venta po·
día castigarse con la confiscación, una multa del triple de su valor
y un encarcelamiento que podía durar tres meses. En las fronteras te-
rrestres y marítimas, los aduaneros quedaban autorizados para efectuar
visitas domiciliarias. El 10 de noviembre se impuso la fijación de una
marca distintiva en los productos de fabricación francesa, quedando
obligados los vendedores a la demostración del origen francés y a su
justificación, mediante factura. En enero de 1797 se creó una nueva
tarifa, que tendía a estimular las exportaciones. Después del 18 de
fructidor, sobre todo, el Directorio la emprendió con los neutrales. Tra· '
tábase ·de reprimir el contrabando que se hacía por su mediación,
sobre todo en las fronteras holandesas. Así, mencionaremos ya que
Ill.-LAS LUCHAS DE LA REYOLUC!ON 889
la ley del 29 nivoso del año VI (18 de enero, de 1798) declaró que
debía ser capturado todo barco, al!nque fuese neutral, que transportase
mercancía inglesa. Pan¡ impecfü que los buques norteamericanos-a los
que se apuntaba muy. especialrpente-fuesen a Liverpool o a Londres
a tomar un cargamento que Juego introducirían, de modo fraudulento,
en el continente, se cerraroR los puertos franceses a todo barco ex-
tranjero que hubiera tocado e11 Ip.glaterra. Quedaba libre el camino
para el bloqueo total, para el p.~l cqntinente.
Así, pues, el Gobierno bijtánko sabía que la paz no pondría fin
a la lucha económica.; No ppclía ¡gnorar tampoco que la política del
Directorio implicaba el mant~nimiénto de la ocupación holandesa por
Francia. En los medios parí~iepse~ de negocios no se disimulaba. La
evacuación de la República 4e B~tavia y su independencia entrañaría
la caída de los patriotas y d~l paitido industrial, cuyos intereses coin·
cidían con los franceses ; llev~rf an 'al poder a la burguesía bancaria de
Amsterdam, que tanto dinerq había prestado al tesoro inglés y a la
City, y que inmediatamente yofverJa a abrir los puertos al tráfico por
el Támesis. En consecuencia, las' probabilidades de un arreglo entre
Londres y París eran verdadeKame11te insignificantes.
Sin embargo, se intentó l~ paz. Pitt no podía desoír las adverten-
cias de las crisis internas. Er Piri;.ctorio, poco afianzado en el terreno
electorai. y combatido por !Os monárquicos, se hubiera visto con.so·
lidado por un tratado ventajnso, e incluso por unas negociaciones que
evidenciasen la mala fe del adversario. El 23 de octubre de 1796,
Ma1mesbury llegó a París ; mas esperó hasta el 17 de diciembre para
presentar sus condiciones, que no eran aceptables; y emprendió el re-
greso el 20. La creciente tensión interior y el armisticio de Leaben
(que el 18 de abril de 1797 separó a Austria de la contienda) induje-
ron a Pitt a reanudar las conversaciones. Se negoció en Lila, desde
julio hasta octubre de 1797. Pero la recíproca desconfianza era dema-
~tado fuerte. Por un lado, la mala voluntad del rey, de Grenville, y
de los antijacobinos a lo Burke; la de los capitalistas interesados en
conservar las conquistas coloniales; la de los círculos de negocios,
profundamente inquietos por la política directoria! de expansión eco-
nómica; la significativa ley del 10de brumario del año V; y las pre-
tensiones mantenidas por los plenipotenciarios franceses, de trastornar
el tratado de comercio de 1786. En el campo contrario, existían temo·
res ~or las posiciones comerciales adquiridas, especialmente por Ho-
landa, la voluntad de proteger la industria nacional; el trastorno que
suponían los cientos de miles de desmovilizados a quienes habría que
reintegrar a la vida civil; una anglofobia virulenta, o, por el contrario,
secretos vínculos con Londres; las intrigas de Talleyrand, que se ocu-
paba a la sazón en los asuntos exteriores y, sobre todo, la inestabilidad
política. Cuando el 18 de fructidor del año V (4 de seotiembre de
1797) el Directorio, sostenido por el ejército, aplastó a ia oposición
..
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i:
890 TOMO 1.-REVOLUCION FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICLI
monárquica, deteniendo o eliminando a diputados y, atacando a los sacer-
dotes y a los emigrados que habían vuelto a la patria, se produjo in-
mediatamente la ruptura en Lila (septiembre-octubr~).
El 18 de octubre dé 1797, Austria firmó la paz de Campo-Forinio.
Inglaterra ya no podía hacer otra cosa que luchar, y luchar sola. Pero
su aislamiento duró prn~o.
VI. LA SEGUNDA COALICION (1798)
En los pueblos de la Europa monárquica s~ había apagado todo
entusiasmo contrarrevolqcionario. Muchos de los Gobiernos no esta-
ban dispuestos a entrar en liza. En Berlín, por ejemplo, el nuevo rey,
F¡ederico Guillermo I~. honrado y sensato, se mantenía tímidamente
de' acuerdo con Haug'wltz, en una política de fructífera neutralidad.
Pero el mundo temblcj,b¡i.. aún por la conmoción revolucionaria; y la
guerra continental no :Parecfa estar acabada totalmente. En Viena, en
el partido de Thugut, ardía el deseo de desquite; y lo mismo ocurría
en Nápoles, donde con femando IV, María Carolina y su amiga lady
Hamilton, se reanudaba11 los armamentos y se mantenía la inteligencia
con Londres. ·
En todas partes, la política violenta del Directorio mantenía un
sentimiento de inquietµd e inseguridad. Orgulloso de la victoria alcan-
zada por la "gran nación" y del cinturón de repúblicas hermanas que
le rodeaba, y por influjo de los generales que habían sido_:los artífices
de sus triunfos, el Directorio endurecía aún más su actitud. Después
de haberlos introducido en la política, imitando a la Convención, a par-
tir del 18 de fructidor se hacía todo lo posible por limitar su actua-
ción, y especialmente por combatir su indisciplina y su espíritu de
independencia en las regiones ocupadas. "Podéis estar seguros-escri-
bía el comisario civil Faitpoul-de que si vuestros generales reinan en
el exterior, serán siempre en el foterior ciudadanos peligrosísimos."
Pero el alto mando había conquistado posiciones demasiado sólidas en
la jerarquía de los poderes. Se veía cómo se iba realizando la predic-
ción hecha por RÓbespierre-mezclada con otras muchas, erróneas-
en vísperas del conflicto: aquella en que anunció la dictadura militar.
A veces se hace responsable de esta situación a Bonaparte, acusán-
dole de contagiar por el mal ejemplo. En realidad, los generales hu-
bieran llegado por sí solos a cansarse de la obediencia a los "paisanos"
y a aspirar a la emancipación política. Lo explican la misma guerra,
la gloria de los triunfos, los inmensos servicios prestados a la patria
salvada. En cuanto a su afición a las fructíferas requisas y contribu-
ciones-que, por lo demás, compartían con los políticos-era, en cierto
modo, consecuencia de la incertidumbre material de funciones mal re-
glamentadas aún, y sin normas. La influencia de fos jefes militares se
ejercía, pues, con fuerza y en el mismo sentido que la de los insaciables
!11.-LAS LUCHAS OE. LA !1.EVOLUClON BY!
proveedores y. abastecedores d~ las tropas, quienes exigían que se 'man-
tuviesen y extendiesen- las ocupaciones de territorios, y que se' los explo-
tase a fondo. . ·· ·
Por otra parte, el !Directorio, después del 18 de fructidor, prosiguió
y extendió aún su política de hegemonía económica. Del sistema de las
negociaciones comerciales con las potencias vecinas (que no ·había pro-
ducido gran cosa) se \pasaba a la amenaza, a la presión directa; y se
"revolucionaba" a los satélite~ recalcitrantes. De este modo se llegó a
ver un fructidor bátavo y lo· menos cuatro crisis en Milán. Delacroix
fue enviado a Holanda para i'solicitar'' la exP,ortación de dós millones
de florines. Los tratados arrap.cados a la república Cisalpina, el 21 de:
febrero de 1798, le impusier,on la obligación de sostener un contin-
gente de 25.000 franceses; la, entrega de un subsidio de 18 millones;
la limitación de sus derechos de aduana al 6. por 100 ; el empleo ex~
elusivo de los puertos franceses; la prohibiC~ón de dejar pasar nada
por Génova, así como que s~ cer.i:ase a las zjiercancfas inglesas y qm(I
adoptase los principios del Acta fr:ancesa de navegación. Cierta presión
económica no fue, sin duda; extr_aña a los -Votos, formulados por Ja
ciudad libre de Mulhouse, d.e · ser anexionada. a la República, deseos
que fueron satisfechos el 28 de enero de 1798.,
La intervención del Directorio en Suiza 'produjo gran revuelo en
Europa, especialmente en Iii,glaterra, donde se manifestaba un cons-
tante .interés por los asuntos helVéticos. Es absolutamente exacto que
los cantones ocultaban toda Ul}a organización de espionaje inglés, diri-
gida por Wickham; pero los franceses también tenían la suya. Ade.-
más, con ocasión de la campaña de Austria, les había sabido mU¡Y
bien que la neutralidad suiza dividiese la ofensiva enemiga. En la paz.
el Dkectorio exigió la expulsión de Wickham ; y Bonaparte concedió
la Valtelina a su República Cisalpina. Luego, en febrero de 1798.
bajo la influencia de Ochs y Laharpe, llegaron tropas francesas a "n;-
generar" el país, y a publicar la constitución unitaria de la República
helvética, firmándose el 19 de agosto una alianza ofensiva y defensiva.
t· Los "tesoros" suizos, especialmefite el famoso que se escondía en las
" ·cuevas de Berna, fueron incautados, así como cajas públicas, fábric~s
de moneda y montes de piedad, que proporcionaron diez millones. La
contribución de guerra aportó cuatro millones, a los que hay que aña-
dir unos seis millones en equipos confiscados ; en total, más de veinte
millones. Otro punto interesante de la ocupación de Suiza era el faci-
litar las comunicaciones con Italia. El tratado de alianza impuesto a la
República helvética, el 19 de agosto de 1798, la obligó a construir una
carretera en dirección al Simplón, y otra, desde Constanza a Italia, por
el Rin superior. El deseo de dominar el Simplón fue una de las razones
invocadas para anexionarse Ginebra (26 de abril de 1798), cuya in-
dustria relojera habría de servír, además, para hacer la competencia
a las fabricaciones similares de Inglaterra. Todo lo que ocurría en
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892 TOMO I.-REVOLUC!ON FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
Suiza tenía demasiada resonancia para que no lo supiera Europa en
pleno y se escandalizar:a,. por eµo.
Fue en Oriente donqe volvió a estallar la guerra. Las guerras - de
desgaste llevan, generaln,iente, consigo la prolongación de los frentes ;
y Bonaparte llegó hasta Bgip~,o en busca del punto preciso para atacar
a In~laterra. A esta decfsión no fueron ajenas las consideraciones eco-
nómicas. Desde que, en: 1774, la victoria sobre Turquía abrió ai co-
mercio ruso la navegaci9n d~l mar Negro y el paso de los Estrechos,
una parte de la Europa cent¡:al :;e orientaba hacia el Sur y hacia los
puertos mediterráneos. y¡¡. sefbemos la importancia del comercio que
sostenía Marsella con h:¡s esq"¡i.las de Levante. Resultaban significativas
la instalación francesa é,'n las" islas Jónicas y la insistencia con que el
Dire,c~orio sol.icitabade Nápples ventajas comerciales. Una expedición
mantima hubiese puestq en wanos de la República la base de Malta,
donde ya tenía preponderanqia, económicamente, y que los caballeros
de la Orden de San Juaji de Jerusalén no estaban decididos a defender.
H~cía ya mucho tiempo: que Francia tenía sus miras puestas en el Bajo
Nilo, adonde su cónsul_ en ~l Cairo la estaba llamando precisamente
entonces. Y, por últimq, má~ allá de Egipto, se encontraba la India,
a la que tal vez pudier,a lle~ar alguna expedición, y la India era una
fuente esencial de riqu~za p¡¡.ra Inglaterra. Si, al parecer de algún es-
pecialista militar de nu,cstros días, semejante proyecto rayaba en locu-
ra, Nelson lo juzgó eJ:1tonce~ "no tan difícil, ni mucho menos, como
puede éreerse a primer.a visia". Nosotros nos limitaremos a decir las
inquietudes que la ten~ativa-= francesa despertó en Calcuta. Talleyrand
dio impulso a la avenfora egipcia, tal vez por tener allí intereses per-
sonales ; quizá por proteger la paz, alejando de Europa a un hombre
que, en aquellos momentos, tenía necesidad de guerra. En efecto, en
París, el vencedor de Italia se sentía ocioso, se desmoralizaba, era en·
vidiado y temido. "Necesito marcharme-decía a Barras-. Voy a aca-
bar por hacer que me detengan. Todas las noches sueño que estoy en el
Temple." El 19 de mayo de 1798 zarpó de Tolón, con rumbo a Ale-
jandría, llevando consigo a 40.000 hombres.
Egipto era posesión del sultán. Sin embargo, Bonaparte afirmaba
que, al invadirlo, no rompería con los turcos, pues el país se encon-
traba en poder de mamelucos reacios a su autoridad; y Selim III se
enteró, con satisfacción, de que, a su paso, la escuadra francesa había
tomado a Malta, nido de los viejos enemigos de la Media Luna. Pero
en Constantinopla no se ignoraba que Bonaparte proyectaba desmem-
brar el Imperio. Desde que ocupó Ancona y las islas Jónicas, no se
recataba de decirlo. En el Peloponeso, los funcionarios turcos presen-
tían un desembarco francés ; en la abrupta región de Magna, los jefes
griegos. prometían a Bonaparte 35.000 hombres armados; y se canta-
ba, con la música de La Marsellesa, "¡A las armas, hijos de Grecia!".
La última probabilidad de una entente con la Sublime Puerta quedó
Ill.--LAS LUCHAS i;_>E LA REVOLUCION
d~struida p~r una derrota frru;tcesa en Egipto. Bonaparte hubiera po-
dido d:spedir la flota que le pabía llevado y ponerla a buen recáudo
en T?lon o en Malta. Desde ~sta última base, sobre todo, desde aquel
r:fug10 c?locado en las mism¡is líneas de comunicación inglesas hu-
biera podido molestar muchísinio a Nelson; pero Bonaparte la ma~tuvo
en aguas egipc.ias. El 1 de a&osto de 1798, Nelson la sorprendió an-
clada en. Abukir y la destruyó; Desqe entonces, el ejército francés pare-
~fa perdid~, a~nque ya había conqµistado el delta. La diplomacia in-
.,,lesa actu? ?!1!1ante~ente en Con~tantinopla, pues el 5 de enero de
1799 consiguio la alianza; el 9' de septiembre de 1798 el sultán había
declarado la guerra a la Repúb,lica.
Le siguió Rusia. Catalina lr h¡¡.bía muerto, el 7 de noviembre de
1796. De su sucesor, Pablo I, no sabemos más que las declaraciones
de los ~obles? de quien.es se qurlab~ y contra los cuales defendía a los
campesm?s, 1mprude~cra que' le _c;ostó muy cara. Le hicieron pasar
por loco, y, ~~ realidad, su poltt¡ca extenor solía llevar el sello de
al~una excentnc1dad, aunque tamb,ién presentaba éxitos singulares, el
pnmero de los cuales fue Sl_\ 111ia~1za con Turquía. La influencia de
Kotchubef, su ~rr:~ajador en. ~onstantinopla, condujo a Pablo a dar
de l~do la tradicron de hostt.Udad ' y de conquista con respecto a la
Sublllll?, Puerta. Obtuvo su re.compensa-ayudado por una buena con-
centracion de tropas en la fro.p.tera.;..el día en que se dio el asombroso
espectác1:1lo de 1:1na escuadra ·rusa anclada en Constantinopla, oficial-
~ente bien acogida, y .que se, u.nió a una división turca, para expulsar
a los franceses de las. islas Jon¡cas. Los rusos se fortificaron en aque-
llas bas~s, que consoh~a_ron aún más por la alianza que consiguieron
del sultan, el 23 de d1c1embre de 1798. Se realizaba así uno de sus
grandes sueños: el de instalarse en el Mediterráneo. Con respecto a
Eur?Pª" t;i~ , vez :1. zar pensase e~tonces en constituir una vasta liga
~e mspirac10n rehg10sa contra la impía Francia. Pablo profesaba una
s~ngular simpatía por el catolicismo.; y, en 1797, había dotado esplén-
dídamente a la Orden de Malta, de la que, en octubre de 1798 se
hiz~ elegir Gran Maestre. En todo caso, hizo que -salieran tropas ;ara
!taha, refuerzo apreciable para la coalición; y, sobre todo símbolo de 1~ participación de Rusia en las cuestiones occidentales. Esta interven-
c1ó~, retrasada durante tanto tiempo, había de ser en lo sucesivo muy
activa ; y muy pronto se convertiría en esencial.
En Italia (como había de reconocer Reubell, el gran adversario del
"sis,t~ma italiano", en ~na ~emoria ji.Jstificativa redactada en 1799) la
pohtica francesa parec1a su1eta a un engranaje. Génova, proclamada
en junio de 1797, Repüblica de Liguria, estaba totalment~ sometida'.
Para consolidar las comunicaciones alpinas, se ocupó Píamonte en
junio de 1798. El rey abdicó en diciembre; y el país fue anexiodado,
en marzo del año siguiente. La República Cisalpina se hallaba agobiada
894 TOMO I.-REVOLUCION FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
por el peso de las obligaciones contraídas con su protectora. Su presu-
puesto del año VI presentaba un déficit que pasaqa de treinta y tres
millones de liras. Ni préstamos ni ventas de bienes nacionales eran
suficientes para pagar el subsidio prometido y calmar la avidez de los
geneples o de los proveedores. En Milán, el elemento "descamisado"
Y ~os patriotas, que llegaban de todas partes, querían hacer de la
Pen.ínsula una sola República italiana; y tramaban, por doquier, sus
com~rometedoras intrigas. Militares y banqueros pr:edicaban la marcha
contra los tesoros de Roma; y Haller, hombre de· negocios suizo, de-
clar<\.ba: "Esta Babilonia, P:híta de los despojos del Universo, debe ali-
mentarnos y pagar nuestriis deudas." La opinión anticlerical, reanima·
da ;a partir de fructidor, y muy fuerte en Milán, en los medios extre-
mistas, hallaba magnífica; la ocasión para "derribar el trono de la ton-
t J ,, . ~-. . '
El 28 de diciembre de 1797, en una algarada ocurrida en las calles
de ),loma, resultó muerto c:l general Duphot. El 9 de febrero de 1798,
un:1cuerpo de ejército entraba en la ciudad, que desde 1527 no había
visto tropas extranjeras. '"El papa-escribió .Berthier al Directorio-no
se 'li;a movido de Roma, lo cual me estorba mucho." Se le trasladó a
Fd41.cia: y, en agosto de 1799, murió en Valence. Se proclamó la
Rep¡lblica romana, con cónsules, tribunos y senadores, y en la que el
P.º?~r ejecutivo recibió upa, fuerza muy significativa de las tenden-
cia~· que entonces se desarrollaban en Francia. Pero tales instituciones
no ;1 ~ignificaban la indepe:qdencia, ya que el general que mandaba las
tropas francesas nombrab¡¡. a los funcionarios y ejercía, prácticamente,
la 'autoridad política. Así, pues, el saqueo pudo llevarse a cabo con
toc:j'a comodidad y a fondo. Hubo- también contribución de guerra; y
lu~go un convenio que imponía la entrega de treinta y cinco millones
de 1 francos, el traslado a Francia de las colecciones valiosas, la venta de
los' bienes eclesiásticos y las requisas sin control. "Se destruye hasta
las' ruinas", escribía Paul-Louis Courier. "El pa.pa-decían los roma-
no~-nos tenía encadenados por los pies : y los franceses nos han echa-
do la soga al cuello."
1Nápoles se alarmaba por aquel descenso de los jacobinos hacia el
Sur. Al odio dinástico y social que animaba a su gobierno, se añadía
el despecho de ver al extranjero instalarse en los Estados de la Iglesia,
desde tanto tiempo atrás codiciados por él. Tambiéncausaba inqllie-
tud la presión que, en materia comercial, ejercía el Directorio. In-
glaterra proporcionaba a las Dos Sicilias casi todos los productos ma-
nufacturados que estas importaban; y poseía, en Nápoles, casas bien
instaladas, perfectamente provistas y que estaban de moda en los me-
dios cortesanos y entre el público. Para hacer la competencia a tan
fructífero negocio, el Directorio deseaba ventajas aduaneras; y había
tratado de obtenerlas, cuando Bonaparte negoció la paz con los ple-
nipotenciarios napolitanos. Más tarde, delegó, con la misma intención,
Ill.-LAS LUCHAS DE LA REVOLUCION 895
en enviados especiales, que no consiguieron más que repulsas Y eva-
sivás ; pero su insistencia daba la impresión de qu,e ~l reino se e~c.on
traba amenazado de caer en un yasallaje tan econom1co como político.
La derrota de Abukir fue decisiva. Cuando el mismo Nelson llegó
a Nápoles y confirmó que Bonaparte había caído en la trampa. de
E!lipto y prometió el apoyo británico, Femando IV, el 22 de nov1em-
b~ de 1798, declaró la.guerra a la República romana. Sus tropas en:
traron fácilmente en Roma. P~ro, quince días· después., contraataco
Championnet y volvió a conqui~t~r fa ciudad, continuando hacia N~:
poles. Después de luchar tres dí~s en las c~lles (20-23 de ene:o)'. venc10
la valerosa resistencia del puebl9. Así nació una nueva Republica .her-
mana, la partenopea, con su co*ejo ~e éforos, sus árboles de la liber·
tad y sus reformas. · · • , .
La Península entera estaba en manos de los franceses y e1 espmtu
de la Revolución encontraba eco en sus nuevas conquistas. En Nápo-
les, la joven República se apoyaba en la burguesía . m~desta, médi~os
y. sobre todo, gentes de leyes r¡.e.cesita.das e in~luso mdigente~; en JÓ- .
venes nobles hastiados de una e;nstencia mezquma ; en las logias masó-
nicas y en l~s intelectuales, que se reunían en la Acaden::ia. de qu~i
ca. En Roma, algunos eclesiásticos, impulsados por sentl!mentos ¡an-
senistas, que tenían estrechos víl)cµlos con el jacobi;:iismo, se adhir.ieron
al régimen francés. En San Ped¡:o, se cantó un Tedeum en p:es~ncia de
catorce cardenales. Algunos mi~r:qbros de la alta nobleza s1gmeron el
mismo camino; y la burguesía-abogados y médicos principalmente-:-
particip,6 en la nueva administración, buscando instintivament~ el med10
de emplear" los valores que en ella había. Tomaba cuerpo la idea de un
gobierno completamente laico, liberado de la Cu~ia y de ~~ Ig~esía: Y
bajo la presión de los acontecimientos, el pe~samiento po}1t1co iba des·
prendiéndose del pasado, en el amanecer del siglo que hab1a de ser el de
la cuestión romana.
Sin embargo, Ja mayoría de la población era en toda Italia prof~n-
damente hostil a los giacobini. "Preferimos el yugo turco al frances",
escribía un romano, mientras otro se lamentaba: "Sin visitantes extran-
jeros, sin embajadores, sin cardenales, sin pa:p&, ¿cómo se va a poder
vivir en Roma, o más bien, cómo se va a comer?" El Transtevere se
sublevó; las campiñas vecinas y las de Nápoles, e incluso _las de la
Cisalpina, se agitaban. A los intelectuales que seguían a los franceses
se oponían los que protestaban contra el robo de .obra_s de ~rt~, cua-
dros y antigüedades: los que aplaudían las tragedias ae Alflen. para
proteStar contra el apasionamiento por todo lo francés: los .que no en-
salzaban la libertad cívica más que confundiéndola con la mdependen·
cía política e incluso ya con la idea de una unidad nacional. Para la
Península, la presencia de las tro¡>as republicanas no era más que la
ocupación extranjera. . . . ,
Austria tardó un poco en umrse a la coahc1on. En el congreso pre-
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896 TOMO I.-REYOLIJCION í'RANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
visto por los tratados y c1ue s~ estaba celebrando en Rastatt, el empe-
rador negociaba con la Repúqlica las cuestiones alemanas ; y Cobenzl
esperaba recuperar el terreno perdido. Sin embargo, no por eso dejaba
Viena de conferenciar cón"Loncfres; y al presentarse Jos rusos de Suvorov,
en marcha contra Italia, les fu~ franqueado el paso. El 12 de marzo de
1799, el Directorio repliq) me~Há.nte un manifiesto de ruptura; y cuan-
do, el 28 de abril. por u~ i11cr~íble atentado contra el derecho de gentes,
unos húsares austríacos ·asesiqaron a los representantes franceses que
abandonaban Rastatt, an\lnció 'una guerra a muerte.
La mejor fuerza militar de la República se hallaba bloqueada en
Egipto. La ley de reclutamiento, aprobada el 2 de septiembre de 1798,
no engrosaba aún los ejércitos. El Directorio no tenía en filas más que
170.000 hombres, mientras los coligados contaban con 300.000. Ya se
presentaban en Italia los rusos, corpulentos infantes cuyos largos capotes
verdes y desmesürados gorros producían asombro. Nadie podía compren-
der entonces la profunda significación histórica que se encerraba en esta
aparición.
La primavera de 1799 presenció la retirada general de los franceses.
Derrotados en Stokach, volvieron al Rin; vencidos en el norte de Italia,
refluyeron hacia Génova y los Alpes. Afortunadamente para ellos, los
coligados habían olvidado las lecciones, tanto políticas como militares,
de sus fracasos de 1793. Dispersaban sus fuerzas en frentes demasiado
extensos, preocupándose más de ocupar territorios y de obtener garan-
tías que de aplastar a las tropas contrarias. Thugut, que preteñdía que-
darse como único dueño de Italia y alejar de ella a los rusos, consiguió
que Suvorov subiese a Suiza. Inglaterra se preocupaba, principalmente,
de los Países Bajos y de Bélgica; el 27 de agosto de 1799 realizó un
desembarco en Helder y persuadió al zar para que lo reforzase.
Así las cosas, los franceses pudieron recuperarse. En octubre, Brune
obligó a los anglo-rusos a que reembarcasen. En septiembre, Masséna
derrotó a los rusos en Suiza, en la región de Zurich; y Pablo I, furioso,
retiró sus contingentes. La invasión había sido evitada ; pero había mu-
cha distancia entre aquello y la paz que deseaba una Francia asqueada
del régimen y de su personal, trastornada aún por recientes golpes de
Estado, pronta a cambiar de instituciones, con tal que éstas garantizasen
·las conquistas sociales de la primera Revolución, profundamente can-
sada del caos económico y de la maraña administrativa, y abrumada por
la guerra. El país creyó encontrar la reorganización sin reacción, el
orden interior y la paz victoriosa en un hombre providencial: Bonaparte,
abandonando Egipto y pasando entre las fragatas inglesas, había des-
embarcado en Fréjus, el 9 de octubre. De allí a París fue aclamado con
locura; y aquel entusiasmo expresaba las esperanzas que en él cifraba la
nación entera. Del 18 al 19 de bmmario del año VIII (9 y 10 de noviem-
bre de 1799), derribó al Directorio.
El 25 de diciembre, una nueva constitución, la del año VIII, orga-
nizó el régimen del consulado. Consultado el pueblo francés, la aprobó
lll.-LAS LUCIJAS Df;i LA REYOLUCION 897
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CAPITULO IV
PACIFICACIONES
(1801-1802)
L LA PAZ DE AUSTRIA (FEBRERO DE 1801)
"·· A raíz de sus victori~s en Italia y en Alemania, el Gabinete de Vie-
na, quitándose la careta, demostró que las pruebas pasadas no le habían
¡:nseñado bastante y que su política seguía siendo dura, estrecha y limi·
tada únicamente al aspecto territorial y político.
La ruina de la ecmwmía austríaca hubiera aconsejado un plan de
paz, orientado hacia futt¡ras reconstrucciones. La llaga del papel moneda
v de la inflación, se iba extendiendo. La provocaban, como en todas par·
tes, el estado rudimentario de la técnica monetaria y la insuficiencia
de capitales de cobertura; pero allí estaba agravada por la escasez de
las aportaciones externas. La guerra con los turcos (1787-1791) había
agudizado esta deficiencia, pues, sin proporcionar ningún beneficio po-
lítico, desorganizó el tr&fico por tierra y mar con los Balcanes y el Asia
Menor. El florín se iba depreciando peligrosamente, mo".'.imiento que
se acentuaba por la especulación a la bája, a la que eran -los primeros
en entregarse los funcionarios de Hacienda. Para estos males, Thu~ut no
veía otros remedios que los más simplistas y destructores : ricas pfovin·
icias italianas ocupadas o anexionadas: y luego, una vez allí, el estable-
cimiento de impuestos, requisas y contribuciones sin miramiento alguno,
: para sacar todo lo que fuera posible en países por donde ya habían
pasado los franceses.
·. En ei plano político, es decir, conquistas o zonas de influencia, que
era lo más importante a sus ojos, Austria, al día siguiente de la victoria,
¡nostraba un apetito ·inquietante para sus vecinos. A Maximiliano José,
" nuevo Elector bávaro, le dirigía reproches que acrecentaban la tradicio-
nal desconfianza de Munich. El pretexto era que aquel había parlamen-
tado con Francia; y de poco le servía responder que volvía a la coali-
ción y que estaba negociando con Inglaterra. El tratado se concertó el
16 de marzo de 1800. Con respecto a Nápoles, a pesar de tratarse de
una Corte de la familia y aliada, Thugut afectaba un frío mutismo, que
causaba alarma. El rey de Cerdeña temblaba, pensando en tener que
ceder a Austria una p,<J.rte del Piamonte, pues no confiaba en su palabra
de concederle, en cambio, a Niza y a Saboya. La justificación que Thu-
guL daba para tal cambio (la de alzar en los Alpes una "barrera" contra
Francia) no resultaba muy convincente para Inglaterra, muy interesada
898
lV.-PACIF!CACIONES
en el comercio con Génova;. y menos aún para el zar, que tradicional-
mente protegía a Cerdeña.
¿Moderaría Su Majestad Apostólica tal ambición territorial en con-
sideración a la Santa Sede? En realidad, como era orácticame~te dueña
de Italia, la tenía en su poder; y aquella era una magnífica ocasión de
demostrar la sinceridad de sus exaltados llaniamientos en defensa de
la Iglesia contra los jacobinos. Pero los pocos que conservaban piadosas
dudas ~?bre esta cu~stión, las perdieron bien pronto. Austria ejerció
la pres1on menos delicada sobre el conclave que se reunió para elegir
el sucesor de Pío VI, muerto en su cautiverio de Va!ence, el 29_ de agosto
de 1799. Podía hacerlo tanto más fácilmente cuanto que los cardenales
se reunían en Venecia, que era territorio impe1:íal. El cardenal Herzan;
representante suyo cerca de lps Pa,dres de la Iglesia, hizo todo cuanto
P1:1do para. que de la elección saliese un ·papa favorable a 1a corte de
:V17n~ Y .dispuesto a .empezar i:l cederle las Legaciones. El esfuerzo de
mtumdac1ón fue tan md1screto, que produjo un resultado contrario: el
13 de I"?arzo de .1800, principalmente po~ el influjo que supo ejercer.
Consalvi, secretano del concla:ve, fue elegido el cardenal Chiaramonti ·
y e~ ~quella elección vio casi todo ~1 mund.o una derrota de Thugut ~
un exito francés. Torpemente, Austria se dio por ofendida. El día en
que fue coronado Pío VII en una Venecia iluminada, los edificios oficia ..
les fueron los únicos que no se engalanaron, alardeando, adustamente,
de la reprobación con sus sombrías fachadas. Por lo demás Thucrut no
renunciaba a adjudicarse las Legaciones. Su ministro en 'el Q;irinal
marq_ués. Ghislieri, las pid~ó s_in am~ages; . y, sin dejarse desanimar po;
una indignada repulsa, reitero sus mstanc1as, hasta que Marengo vino
a zanjar la ci;estión. Roma difícilmente olvida. Además, Ia grosera avi-
dez. de Austria con~rastaba con los avances que Bonaparte hacía a fa
Cuna desde su subida al poder, con el formal ofrecimiento de concor-
dato, que present? on~e días después de Marengo. Así, pues, resultaba
qu~ no er~n los J.acobmos los que querían expoliar a la Iglesia; y r~
estimable mfluencia que en •Europa podía ejercer la Santa Sede iba a
cambiar de dirección.
r,· A;r~tria se e:i-contraba peligrosamente aislada para seguir una política
tan ngida. H~cia mucho tiempo que el Zar, su aliado, se indignaba por
su egoísta avidez; y amenazaba con retirar del frente las fuerzas rusas.
Lo~ ?,esastres que sufrió su ejército en Suiza, le decidieron ; y Suvorov
rec1b10 la orden de abandonar, m:ne~atamente, el teatro de operaciones
Y de volver con sus tropas a terntono ruso. Este cambio de frente era
irrevocable. Y como el archiduque austríaco, José, que se encontraba
entonces en San Petersburgo, tratase de paliar sus efectos Pablo I se
negó terminantemente a recibirlo. El 22 de octubre de 1799 escribía a
Francisco. II: "Yiendo n;is tr_opas abandonadas y entregadas al enemigo
por su ali~d?, viendo el mteres de Europa sacrificado a los proyectos de
engrande~11Illento de vuestra monarquía, declaro a Vuestra Majestad,
con la misma lealtad que me hizo volar en su socorro, que desde este
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\.:
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900 TOMO I.-.REVOL.UC!ON FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
momento abandono sus in.tereses, para ocuparme únicamente de los míos."
La partida de defunción de la" coalición continental estaba firmada.
Ante aquel conflicto !'!ntre sus aliados, Inglaterra vacilo largamente,
preglintándose a cuál de ·1as c!os ayudaría a levantarse, para lanzarlo a
nuevos combates .. Se qec\dió, p,or fin, a abrir su bolsa en favor de Aus-
tria; y el 20 de junio de' l 80Q se concertó en Viena un tratado de sub-
sidios, negociado por lorci Minfo. Las negociaciones fueron difíciles, pues,
durante algún tiempo, T.hugu( había estado también en conversaciones
con Francia. Tal vez teriía la··esperanza de que los nuevos gobernantes
de París, deseosos de eiftabifü;arse en la paz, se conformaran .. con sus
ambiciones territoriales, 'o tar vez quería, al negociar con ellos, hacer
presión sobre Londres, Y. a la inversa. Pero tantas maquinacionesno le
favorecieron. Cierto que1 por el tratado del 20 de junio, obtuvo de Su
Majestad británica un ac,lelantp de dos millones. de libras, que le serían
entregados con breves in~ervalps (el primero de los tres plazos se pagaría
en julio), y no devengar!a int~reses hasta seis meses después de Ja paz,
con amortización, bastarite cqmedida, de 20.000 libras anuales. Pero el
inglés exigió que, hasta' el 2~ de febrero de 1801, ninguno de los sig-
natarios pudiese concertar un11 paz separada, y que si uno de ellos en-
traba en negociaciones co11 Francia, tendría que advertir al otro. Cláu- .
sula prudente y que resultó útil; pues en el momento en que les pleni-
potenciarios ultimaban en Viena la redacción final, en Italia los austría-
cos fugitivos de Marengo corrían por todas partes. Y si, después __ de aquel /
desastre, Francisco II no hizo la paz inmediatamente, obstinándose aún
durante siete meses y agravando así su situación, fue, entre otras razo-
nes, porque Ja 'Promesa hecha a Inglaterra constituía un obstáculo que,
sin ser insuperable, no dejaba de resultar molesto. .
La derrota de los austríacos había sido rápida. Estratégicamente, el
defecto de su posición era aquel saliente suizo que estaba en manos de
sus adversarios, que se metía en sus líneas y por el que Bonaparte podía
infiltrarse muy profundamente en sus flancos, ya por Alemania, ya por
Italia. Hubiera convenido vigilar muy de cerca todos los pasos. Por el
contrario, en Italia, Melas se trasladó al otro extremo del campo de ope-
raciones a sitiar Génova; y cuando se enteró de que aparecía Bonaparte
por el Gran San Bernardo, ya lo tenía encima. La brecha que intentó
hacer, fracasó en Marengo (14 de junio de 1800); y, por el convenía
de Alejandría, se vio obligado a evacuar el Piamonte, Liguria y Lom-
bardía. En el frente de Alemania, los austríacos, maltrechos, firmaron,
el 15 de julio, el armisticio de Parsdorf.
Pocos días después de Marengo, Francisco II recibió una carta de
su vencedor. En realidad, esta carta iba destinada, tanto como a él, al
mismo pueblo francés. Sus términos eran claros y francos, altivos, pero
corteses; y, sobre todo, sus proposiciones de paz conciliaban el orgullo
que los franceses experimentaban por la victoria, con sus deseos expre-
sos de descansar. Para Austria, la carta era un mensaje que no se debía
despreciar. Con gran comedimiento en la forma y un cab11lleroso saludo
IV.-PACIF.ICACIONES '901
al valor de los vencidos, con, muc¡ho respeto por los intereses de la
Iglesia, y más aún por el eqµilibrio europeo, la misiva de Bonaparte
ofrecía la paz sobre las bases qe Ca¡npo-Formio, a reserva de reforzarlas
con garantías suplementarias p¡ira lqs pequeños Estados. El choque pro-
d~cido por la derrota del 14 de jµnio había resultado tan duro para
Viena, que se aceptó la propue.sta; y aquel efecto psicológico fue el que
dio a Marengo su· gran impo.(tllnci~, más diplomática que militar. Pri-
meramente, hubo negociacionep .de prueba y reconocimiento, que tuvie-
ron lugar en París, en el mes qe julio. Luego--muy pronto--, se precisa-
ron las dificultades. · · -
Para el Primer Cónsul, la& conpesiones que había de arrancar a la
corte de Viena estribaban, píincipitlmente; en Italia. Indudablemente,
su pensamiento empezaba a <feslig~rse del mundo mediterráneo; y se
volvía, frecuentemente, hacia 91 RUi: pero aún seguía siendo profunda-
men~e el hombre de la penínsu!a; y;- a los ojos de la opinión, Marengo lo
confirmaba como tal. Además,-y rpás adelante hemos de insistir sobre
ello-, Bonaparte relacionaba .allí, y como después haría tan a menudo,
los asup.tos de Italia y los de Espajía. Desde abril, estaba en tratos con
Madrid, que. el 1 de octubre de 1800, terminaron con el convenio de
San Ildefonso, con el que, a catnbío de la Luisiana, prometía al duque
de Panna, cuñado de Su Majestad Católica, un aumento de 1.200.000
almas en Italia. Este aumento pensaba, naturalmente, tomarlo de los
territorios austríacos (de derec;Jlo o~de influencia).
Según la entendía Bonaparte, h táctica de las negociaciones tenía
como base el aislamiento completo, el campo cerrado. No quería a nadie
a su lado. Algunas veces llegó a. apelar a la mediación amistosa de los
prusi~os o de los rus?s; pero 11? fue más que en trances difíciles y para
renunciar a ella al pnmer soplo favorable. En cuanto al adversario le
negaba aún más severamente el derecho a todo segundo en el encuentro.
No quería cu~rpo germánico~ ni In~Iaterra, ni congreso europeo, sino,
por el contrario-y mucho mas fruct1feras-, Ja paz separada con Viena,
Y,. después con Londres. "Estoy persuadido casi por completo-escribía
Thomas Grenville-de que su verdadera intención es, ante todo, la de
llevar a Austria a una paz separada, y luego. aprovecharse de nuestro
aislamiento en el conflicto y de la presión que ejercerían sobre nosotros
1~ penuria y el peligro, para imponernos condiciones análogas." Al prin-
c1p10, Bonaparte tuvo que ceder a las reclamaciones de los austríacos
(9 de agosto de 1800), que invocaban la palabra dada a su aliado; pero
se las arregló para soslayar esta negociación inglesa. Otto, representante
suyo en Londres, presentó unas b,<lses inaceptables, exigiendo el derecho
a reforzar y abastecer las unidades francesas que, en Malta y en Egipto,
sucumbían a causa del bloqueo. El 26 de septiembre, se rompieron las
conversaciones franco-inglesas. tal como se deseaba.
. Austria se encontraba sola y su posición era débil. El 20 de sep-
t1embre de 1800, para conseguir que el armisticio, próximo a expirar,
fuese prolongado cuarenta y cinco días, tuvo que entregar a las tropas
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902 TOMO l.-REVOLUCION FRANCESA E IMPERIO NA;POLEONlCO
francesas Filipsburgo, Ulm e Ingolstadt. Además-:-otro fracaso para la
guerra a ultranza-, el favor de Thugut decrecía. Rusia y el archiduque
Carlos, que aconsejaban una paz inmediata, lo . combatían duramente.
Sus adversarios consiguieron de Francisco II que el convenio referente
al armisticio se firmase, sin su conocimiento. El congreso en que Thugut
pidió explicaciones, invocando los compromisos contraídos con Inglate-
rra, fue muy agitado y terminó con la dimisión del "barón de la gue-
rra" (25 de septiembre de 1800). No cabe duda· de que conservó un
gran ascendiente, pues ~eµía mucha influencia con Colloredo, quien asu-
mió, conjuntamente con Cobenzl. nombrado vicecanciller, la dirección
de asuntos exteriores. Pero el golpe dado a la personalidad más rele-
vante del partido belicista a~stríaco tenía un significado europeo.
· Al mismo tiempo que su nombramiento, el conde Luis Cobenzl re-
cibió la difícil misión ide marchar a Francia para dirigir las negocia·
cíones. Se contaba con las d,otes diplomáticas de que diera pruebas con
motivo de los repartos polacps; y, en realidad, sabía contemporizar ma-
r~'Villosamente y era up. ma~stro en el arte de emplear marrullerías, al
mismo tiempo que su bµen humor y su ingenio le hacían captarse las
simpatías. Sin embargo, carecía de visión de conjunto y de energía. El
11\gar escogido para la.s conferencias era Luneville, pero Bonaparte in-
tentó, primero, llevarlas en' París, adonde hizo llamar a Cobenzl. Allí
tendría una acción directa sobre él, y, atemorizándolo un poco, esperaba
arrancarle, insolentemente, la firma. El austríaco no se dejó manejar ;
.y el 5 de noviembre salió de París para Luneville, donde podría discu-
tir más tranquilamente frente a José Bonaparte, designado como pleni-
. potenciario francés. Pero se había perdido todo el mes de·; octubre; y,
\con él, la esperanza de llegar a una solución antes de la expiración del
¡mnisticio. El 28 de noviembre de 1800 se reanudaron las hostilidades ;
y, en lo sucesivo, el desarrollo de las operaciones ibaa marcar el ritmo
de las negociaciones celebradas en la pequeña ciudad de Lorena.
' Esta ciudad fue considerada poco acogedora. "Pocas ciudades habrá
tan pobres, tan arruinadas, tan mendicantes-observaba un diplomáti-
oo---,. Carece de diversiones casi en absoluto." Consistían estas, exclu-
sivamente, al menos para el vulgo, en visitas instructivas, realizadas bajo
la lluvia, a granjas modelo y a fábricas.
En espera de los correos del frente, cuyos comunicados desbarata-
pan sus posiciones, los diplomáticos se adiestraban en tres puntos perma-
ip.entes de controversia. ¿Firmaría Cobenzl en nombre del Imperio ger-
mánico? Se negaba a hacerlo mientras no recibiese de la Diet;i poderes
1 especiales con plenipotenciarios que le respaldasen. Pero Bonaparte y
, Talleyrand estaban decididos a zanjar de una vez todas las cuestiones
' alemanas y a "no dejar nada pendiente" en los problemas germánicos.
¿Sería invitada Inglaterra para que acudiese a Luneville? Los austríacos
lo reclamaban enérgicamente, invocando su tratado de alianza. Pero
Talleyarnd sabía muy bien que aquella fidelidad estaba deseando ven-
·derse. "Durante su última estancia en París-decía irónicamente-el
</•
conde de Cobenzl no ha hecho' más que preguntar al Gobierno cuál sería
la cuantía del aumento que se proponía conceder a Austria en Italia,
como precio de su defección a la alianza inglesa; si se pensaba detenerlo
en el Mincio, sus compromisos con ¡a corte de Londres le irnpdían traen-
sigir a solas con Francia; pero si ·se qui-si era permitirle extenderse hasta
el Adda, tales compromisos empezarían a relajarse ... " Por último, se
planteaban los problemas italianos, el de Toscana primeramente. Bona·
parte la reclamaba, pues allí era donde, sin duda, pensaba encontrar el
aumento ofrecido al duque de, Parma a cambiq de la Luisiana española.
De julio a octubre de 1800 s,u¡¡ tropas la ocuparon, sofocango la insu-
rrección de los campesinos. Cobenzl protestó, interminablemente, contra jJ
aquellas violencias perpetradas contra "súbditos fieles". Austria tenía
extraordinario interés en sost~ner ~n Toscana al gran duque o, por lo
menos, en compensarlo con las Lt:gaciones pontificias. Lo deseaba por
espíritu de familia y: también por ponservar en la Italia central una in-
fluencia que, unida a sus vínculos con Nápoles, hubiera contenido a
Bonaparte en la región del Po. E incluso en é,sta última tenía intención,
naturalmente, de mantener s~ frontera lo más al Oeste que pudiera, en
el Adda a ser posible, o por lo mep.os en el Mincio.
Su derrota en los dos fr,entes-:-el de Alemania . y el de Italia-re-
solvió todos aquellos . probleIPllS. ~n el primero había realizado un ~~
fuerzo excepcional: 66.000 hombres ; pero se 1os confió a un archiduque
de dieciocho años, entusiasta y seguro de sí mismo: el archiduque Juan .
que fos metió en el bosque de lfol¡.enlinden. Moreau tomó todas las sali-
das y los puso rápidamente 'ep. desbandada (3 de diciembre de 1800) .
El 25 del mismo mes, Francisco II, con la caballería francesa a 75 ki-
lómetros de su capital, firmó el armisticio de Steyer: las plazas y fortifi·
caciones entregadas en Franconia, en Baviera y en el Tirol dejaban Vie¡ia
a merced del adversario. En Italia, operando en plena montaña y crµ-
zando los ríos, Brune y Mac Donald impusieron el armisticio de Tre-
viso (15 de enero de 1801); los austríacos se retiraron detrás del Ta-
gliamento.
A medida que estas noticias. llegaban a Luneville, Cobenzl iba ce·
diendo terreno. Después de Hohenlinden, consintió en tratar sin Ingla·
terra; después de Steyer, en fijar la frontera italiana en el Adigio; desp~és
de Treviso, en concertar en nombre del Imperio germánico y renunciar
a Toscana. Se firmó el convenio el 9 de febrero de 1801, a las cuatro
de la tarde. Luneville nos muestra, ante todo, en Bonaparte, al hombre
de Italia. A Austria se le confirma Ja posesión de Istria y de Dalmacia,
cc¡tn su cordón de islas antes venecianas, la· de las bocas de Cattaro y
de una parte (limitada por el Adigio) de lop territorios que dependían
de la Serenísima. En compensación, y en cláusulas especiales perfecta-
mente claras, Viena reconoce las repúblicas cisalpina y ligur, bases del
poderío francés en el norte de. Italia. Más aún: acepta que el duque
de Toscana pierda sus estados en beneficio del duque de Parma, al que
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904 TOMO l.-REVOLUCION FRANCESA E IMPERIO NAPOLEO'.'l!CO
protegen la República y E:¡paña, Por este lado, la influencia francesa
gana terreno hacia el centro ·de la península. .
Al mismo tiempo, Luneville nos revela en Bonaparte preocupac10·
nes orientadas hacia el Rm y Alemania. Austria renueva la cesión a
Francia de las "hasta ahor4 proyincias belgas". Reconoce las Repúbli·
cas de Batavia y de Helveci¡i (ést¡i. recibirá el Frickthal, al este de Basi• ·
lea), que refuerzan la línea .del !}in en s~s dos extremos. A~ept~nd~ el ·~: río como límite entre Francüa y ~l Impeno, abandona la onlla 1zquier· f... da cediendo el condado de· Falkenstein, a la altura de Worms. Francia ~ ev~cua algunas plazas· de Ja or{lla derecha, como Düsseldorf, Ehren· l breitstein, determinados fuertes de· Maguncia, Kehl y Vieux-Brisach; pero
'ñ'i se le conceden derechos más íwportantes en país germánico. Por ser
;~i¡ parte en el tratado, interven~rá en la ejecución de las cláusulas en virtud ·.·:~·'\, de las cuales se indemnizará, en el seno del Imperio, a los príncipes
~ hereditarios de dicho Imper¡o, di:i'sposeídos en la orilla izquierda (y taro-
~~ bién al gran duque de Tosé.,ana). 'Esto equivale a poner los cimie~~os de
:'f grandes transformaciones et} AleJilania, que Austria teme se verifiquen, ~ · - · en detrimento de sus intereties. · r . ) "Tratado abominable" l{ubierµ dicho Cobenzl. Thugut era el respon-
f ' ./ sable; pero ya había pagado su" fracaso: el 16 de enero de 1801 se le Í · rogó que presentase la dimisión y saliese de Viena, lo más rápidam~ntc
l C:,J posible, sin darle siquiera un plazo para arreglar sus asuntos part1cu-
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l.¡•l.·· i:~j=) lares. Hacía ocho años que dirigía la política y la guerra en Austria; ocho
años que lanzaba los ejércitos a la manera antigua y ~u~ conducía la
C) diplomacia según los principios del si_gl~ XVIII,, tenaz y hm1t~d?, cerra~o
'l a las nuevas formas humanas y econom1cas, stmbolo de la v1e1a Austria Jl del pasado, que en Luneville se inclinaba ante la Revolución francesa.
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II. CONJUNCIONES FRANCO-RUSAS
Se cuenta que, poco después de Luneville, al recibir el zar Pablo I
una proposición de amistad .de Bonaparte, cogió un mapa de Europa y,
doblándolo por la mitad, declaró: "Solo de este modo podremos ser
ami"os." El dominio conjunto del continente repartido; tales podían ser
los ~fectos de un acuerdo entre lo que las cancillerías germánicas llamaban
las potencias que cubren los flan~os. Hasta la caída de. 1:'f ~poleón, la
diplomacia continental habría de girar en torno a esta pos1bíhdad. .
Pablo I, cuyos sentimientos personales de autócrata ocupaban el pri-
mer lugar, estaba dispuesto al acercamiento a París; experi:nenta~a des-
pecho contra la coalición, después de las derrotas de Smza; v10lento
rencor hacia Thugut; admiración sincera por Bonaparte, cuya valía había
comprendido inmediatamente aquel hombre, al. que se tenía por lo~o.
En los medios cortesanos se esbozaba un partido favorable a Francia.
Se ponía cierta confianza en aquel Primer Cónsul dispuesto a den:ibar la
hidra revolucionaria. La gente empezaba a cansarse de los emigrados
IV.-PACff!CA\'.:IONES 905
franceses, a quienes al principio re,cibiera con entusiasmo, y que ya resul-
taban agobiantes. El favor de los ~alon~s no alcanzaba ya más que a los
enemistados con Luis XVIII (refugiadoen Mittau) y coi¡ su represen-
tante, Caraman. El embajador wglés 'Whitworth declaraba que· en la
Corte se ponderaban "las virtude~ ele B,onaparte", y Rostopchin, jefe del
Colegio de Relaciones Exteriores, decí¡i del Primer Cónsul: "Todos se
inclinan ante él; todos le respet~n y esperan de él la paz; el porvenir
' ' de todos se ha suavizado." · ' -
Para hacer una jugada· a Luis XVIjl, uno de los emigrados-que no
estaba en muy buenas relaciones con ~l y que contaba con el apoyo de
Rostopchin-, el marqués de B«llega~de, hizo advertir de tales díspo·
sí'ciones a Bourgoing, ministro ,e~~ Fn¡,ncia en Hamburgo. Al infonnar
éste a Talleyrand, le aconsejaba qqe "engatusase" al Zar, devolviéndole
los 7.000 soldados rusos captu+~dos ~n Suiza. Decidido a intentar la
maniobra, Bonaparte hizo que a(1qellos prisioneros emprendiesen el ca-
mino de sus hogares, con armas y ba¡1deras; y, el 21 de diciembre de
1800, escribió a Pablo, comunicáµdole ~su convicción de que, si se unie-
sen "las dos naciones más poderosas del mundo", impondrían la paz.
"Heme aquí dispuesto a escucharos y-; a conversar con vos", respondió
el zar, que, al mismo tiempo, ;;¡,rmó ·las costas del Báltico contra la
escuadra inglesa, rogó a Caraman~que ;;atiese de San Petersburgo y acon-
sejó a Luís XVIII que marchas~ :i Iqel a reunirse con su esposa, a la
que había dejado sola demasiado tiempo.
En París, todos aquellos pasos parecieron merecedores de grandes
sacrificios. Sin embargo, las bases que, para uri acuerdo, presentaba
Rostopchin, primero por medio de notas, y luego por boca de Kalyt-
chev, resultaban duras. Algunas eran la expresión de la postura personal
del zar, de su simpatía por el catolicismo y de su orgullo por haber
sido elegido Gran Maestre de la Orden de Malta: Bonaparte debía re-
constituir los estados de la Iglesi~. devolver Malta a los caballeros y
hacer que España reconociese al nuevo Gran Maestre. Otras, mostra-
ban,.. actitudes rusas menos transitorias, en las que las consideraciones
pl!rs'onales cubrían otros objetivos: no perjudicar a Baviera ni a Wur·
temberg, a Cerdeña ni a las Dos Sicílias. La orden expresa de no ocu-
parse de Polonia era de interés puramente moscovita. Para Bonaparte,
evacuar Italia, como se lo pedía Pablo, explícitamente, era algo incon-
cebible. Pero el zar cambiaría de opinión: Cobenzl, a quien preocupa·
ba mucho un acercamiento que había de ser desastroso para Austria,
no dejaba de ponderar ante el primer cónsul el carácter fantástico de
Pablo. En este entusiasmo por Ullas negoci¡1ciones tan difíciles, se vislum-
braba, desde luego, un interés común: Malta. Así, pues, a raíz de las
primeras gestiones (21 de diciembre de 1800), Talleyrand declaró: "Las
bases contenidas en la nota de Su Excelencia han parecido justas y con-
venientes, en todos sus puntos; y el Primer Cónsul las acepta."
Como el zar estaba coqueteando con los jacobinos, ya no enviaría
sus ejércitos para apoyar a los ingleses en Holanda ni a los austríacos
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906 TOMO 1.-REVOLUCION FRANCESA E IMPERIO NAPOLEONICO
en Suiza. Y siguiendo una polftica que, desde luego. no era la de un loco,
concentraba más bien sus esfuerzos en dos frentes específicamente ru-
sos: el Báltico y el Mediterráneo. Tanto en el primero (del que volve-
rel:p.os a hablar) como en el segundo, sus intereses presentaban más de
U!l)punto común con los de _Francia.
En los cí:rculos de las Tullerías, se decía que el primer cónsul estaba
persuadido de que la disolución del Imperio otomano se hallaba pró-
xima; y que se disponía a reclamar, por su parte, Egipto, Palestina y
Siria. Bonaparte invitaba a Austria al reparto de a.Huel botín, intentando
demostrarle a Cobenzl gue ppdría reparar sus pérdidas, si llegaba hasta
e1 mar Negro; y que saldría de su aislamiento al encontrar en aquel
réparto el principio de µna pplítica conjunta de París contra San Peters-
burgo. ·
Pablo I se mostraba clispµesto a tan fructífera operación. Cierto que,
desde diciembre de 1798, era aliado de los turcos ; pero los viejos odios
subsistían. Un almirant~ otomano se negaba a fondear junto a los navíos
moscovitas ; y en las calles !fe las ciudades turcas. multitudes fanáticas
asalta<ban a los represent&nt~ del zar. En octubre de 1800, Pablo había
aprobado el primer .plan de reparto, preparado por Rostopchin. A Rusia
le corresponderían Mold11vi~. Bulgaria, Rumelia y Constantinopla; a
Austria, Valaquia, Servia y Bosnia; a Francia, Egipto; y Prusia recibiría,
en compensación, Munster, Paderborn y Hannover. ·
Entre tanto, los ru&os se; fortificaban en las islas Jónicas, en aquel
Heptanesos (Corfú, Zante, etc.) antes veneciano, y recuperado de los
franceses en 1799. Convenía darles a aquellos griegos "liberados" un
estatuto que pusiese término a las querellas entre aristócratas· a la vene-
ciana y demócratas a la francesa. Esto se hizo por el convenio que
Rusia y la Sublime Puerta firmaron, en Constantinopla, el 21 de marzo
de 1800, y que instituía la república de las Siete Islas Unidas, de acuer·
do con el modelo de Ragusa. Su soberanía se atribuía al sultán; y, para
reconocerla, una -solemne embajada llevarf0'l., cada tres años, a Constantl·
nopla, un tributo de 75.000 piastras. Pero en las dependencias de tierra
firme-Prevesa, Parga, etc.-quedaba una grieta por la que habría de
poder introducirse la intriga rusa. Al hacerse cargo de ellas, Turquía
concedía a la población cristiana ciertos privilegios, a los que daba el
Zar una inquietante garantía. El artículo 5.º, sobre todo, admitía que
los rusos pusieran guarnición en las islas. Cierto que esto sería conjun-
tamente con el sultán y mediante su asentimiento ; pero, en la prá1~tica,
habrían de introducir todas las tropas que quisieran, fondearían s-qs es-
cuadras, y tendrían allí un magnífico punto de apoyo al otro lado del
Bósforo.
Se les ofrecía otra base en la costa del Adriático, en Montenegro.
Para defenderse de la peligrosa vecindad de Austria, el Metropolitano
Pedro I Petrovitch pedía la protección del Zar, al mismo tiempo que
un aumento de territorio, consistente en la llanura de Zupa, que procu-
raría recursos agrícolas y comunicación con el mar a las montañas cal·
!V.-PACIF!ChClUN1'S
cáreas y desnudas de Cerna Gqra. E,ste era el sentido de la súplica que,
a. fines de 1799, el obispo hizp llegar a San Petersburgo. La .escuadra
rusa visitó aquella costa amiga. desembarcando en ella armas y muni-
ciones.
El único obstáculo a tal estrangulamiento de Turquía, tan admira-
blemente planeado, era Inglaterra, que, lo mismo que en 1791, protege~
ría al Sultán, para salvaguardar la India. Allí era donde los intereses
franceses convergían más evidentemente con los rusos. Para que se pu·
diera desmembrar al hnperio oto¡nano, era necesario cerrar el Mediterrá-
ro a las fuerzas británicas; y ,para eso no era suficiente la hase de las
islas Jónicas. Rusia necesitaba, además, Malta,' cerrojo del estrecho del
Mediterráneo central.. Y Malta se encontraba en poder de los ingleses,
a quienes el general Vaubois pabía tenido que devolver la isla, el 4 de
septiembre de 1800. El Foreign Office habló,. en principio, de restituir
a los caballeros de la Orden. de San Juan, su antigua fortaleza; pero,
ante las ambiciones mediterráneas que adivinó en el zar, decidió inme-
cliatamente conservarla. Además, la¡flota rusa no tomó parte en la capi··
tulación de los franceses ; y la bandera rusa ~10 había ondeado en los
baluartes de La Valetta . .A!horá. !pien.: el zar er~~ Gran Maestre de la Qr ..
den, dignidad que tomaba m~y en serio; y. como tal, reclamó las antir
guas murallas, asilo de la cruz de ocho puntas:, La negativa recibida fo
dolió mucho, tanto por lo que tenía de afrentapersonal como por ser un
golpe que venía a entorpecer ~us proyectos sobre Turquía.
Bonaparte se aprovechaba~'de esto para azuzar la discordia y excitar
al violento autócrata contra '\la arrogancia y la insol'encia de los ingle·
ses". Le impulsó, pues, a que en presencia de los mismos navíos britá-
nicos, ordenase medidas navales provocativas, tales como cerrar sus
puertos, ocupar bases en Sicilia y cruzar las desembocaduras del Elba y
del Weser. Podía esperarse. así, que cualquier·:alférez joven, excitado por
el whisky o el vodka, disparase un cañonazo que pusiese en marcha todo
el tinglado. Al mismo tiempo, Bonaparte intentaba despertar en el zar
deseos de expansión en Asia, a expensas lejanas de las posesiones ingle·
sas. A estas instigaciones se debió, en parte, que el 12 de enero de 1801
t Pablo ordenase a Orlof, atamán "de los cosacos del Don, que concen·
·· -trase en Orenburgo a 22.000 hombres, y que, con ellos, marchase, por
Khiva y Bulchara, sobre el Indo. Orlof tuvo que ponerse en camino
inmediatamente, en pleno invierno. Cuando sus columnas recibieron or·
den de regresar, habían perdido ya fa mitad de sus caballos, y el zar
había muerto. ·
Por su brutalidad y sus extravagancias, Pablo había alzado contra él
a la taimada y peligrosa nobleza que lo rodeaba. El partido anglófilo
seguía siendo muy influyente en la Corte. La tensión con Londres y la
orden que intimaba a Whitworth a que se retirara, lo decidieron a actuar
antes que estallase la guerra. Alejandro, el hijo del Zar, dio su aproba-
ción para que una noche se sorprendiese a su padre, con el fin de arran-
carle la abdicación, pero sin violencias. Tales matices resultaban difí-
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908 TOMO I.-REVOLt¡CION fRANC_ESA E IMPf!RlO NAP0400NICO
ciles de hacerlos observar a in"dividuos excitados por' el odio y por el
miedo, borrachos, por añadidura. como lo estaban lo~ oficiales que, en
la noche del 23 de marz9 de 1801, invadieron la alooba de Pablo. El
zar se resistió; y le e5trangtilar9n. •
Cuenta el enviado pru_siano que al enterarse Bonaparte de la muerte
del zar, en el que tantas esperp.nzas fundaba:, lanzó "un grito de deses·
peración". En realidad, l?- polftica franco-rusa de acercamiento parecía
haber muerto también. La corrí.ente antijacobina recupcrró, en San Peters-
burgo, toda su fuerza. Y en ~l mismo París se sentía que dicha ten·
dencia había animado si~mpr¡{ a los representantes rusos. Kalytchef y
Markof, viejo diplomátic9, amanerado y sutil. Los ipgleses triunfaban.
Más adelante veremos cqrrio, ~n el momento en que Pablo I moría, la
·flota británica bombardea_ba. a popenhague, destruyendo, de tal modo, la
liga de los neutra.les, en' la q,ue Pablo, con una maniobra típicamente
rusa, había agrupado a s.u alr~edor a Dinamarca, a Suecia y a Prusia,
en contra de la tiránica Albió,j:¡.. El nuevo zar, Alejandro I, liquidó in-
mediatamente aquella di{erenc¡a con una nación a la que tanto debía
su subida al trono. Del S:al 17' de junio, se firmó un convenio marítimo,
cuyas cláusulas conocereiuos i_llás adelante.
Bonaparte, sin embargo, np se dio por vencido. Pese al cambio de
postura de Alejandro I, fos poJíticos franceses y rusos tenían demasiados
intereses comunes para volver;Ge la espalda. En el aspecto pers.onal, el
Primer Cónsul disimuló su resentimiento hacia el nuevo zar y sus corte-
sanos. Hizo saber a Alejandro el "consuelo" que le proporcionaba su
advenimiento al trono; y envió a San Petersburgo a Duroc, delegado de
confianza, con buena provisión de adulaciones, agasajos y promesas
(abril 1801). Por otra parte, imprimió a su política oriental la dirección
más aproximada a los intereses rusos. No cabía duda de que el ejército
francés de Egipto estaba perdido; pero, por lo menos, era necesario im-
pedir que los ingleses se aprovechasen de su victoria, aunque fuese a
costa de implantar en el Mediterráneo la influencia rusa en lugar de
la suya.
Dos potencias mediterráneas podían ayudair a Francia. Hacía mu-
cho tiempo que España, por razones religiosas e históricas, pedía que se
devolviese Malta a la Orden de San Juan. En aquella cuestión, como en
otras muchas; podían ir de acuerdo Madrid y París, acerca de la presen-
cia inglesa en La Valetta. Por otro lado, Turquía anhelaba una paz que
alejase de ella la pesadilla del desmembramiento. Con tal intención,
solicitaba la mediación de Prusia, una de las pocas potencias que no
soñaban con su desaparición. Selim ponía dos condiciones a la pacifica·
ción: que se reconociese como nueva súbdita suya a la república de
las islas Jónicas, y que se obligase a las tropas inglesas que operaban en
Egipto a embarcarse y zarpar. En efecto, era de temer que se instalasen
allí indefinidamente; y, en el terreno religioso, la presencia de sus cipayos
musulmanes les permit(a peligrosas maniobras. A tantos intereses coinci·
lV.-PAGlFICACIONES 909
dentes en alejar a los ingleses del Mediterráneo oriental, tal vez se uniera
Rusia para conseguir la evacuacióq de f¡falta, clave de sus planes.
En las negociaciones de paz qu~e se 1:levaron, simultáneamente, a fines
de 1801 en Londres, entre frances~s e ingleses, y en París entre france-
ses, rusos y turcos, se mezclarnn -todas' las mencionadas cuestiones. Es
significativa la coíncidencia crono19gica ·que hizo que terminaran las tres
en los nueve primeros días de octubre. .
El día 9, Francia devolvió al'sultáp. un Egipto que, prácticamente,
ya no era suyo. Reconoció la soqeraní~ turca en las islas Jónicas y su
nuevo estatuto de república de la;¡ Siet~ Islas.
~l ~: Bonaparte ~º. amplias.·conc~siones a Rusia (solo le negó la
res~c1on de los temtonos de P1¡up.onte). Al renunciar a aquellas islas
Jórucas, a las que en 1797 atribuí~ tanfo valor, reconocía tácitamente su
:nueva organización. Aceptaba .la 'llledi~ción del zar entre los turcos y
él, .admitiendo así su preeminencil}. en {:onstantinopla. Prometía respetar
la mtegridad de Nápoles. A prim,~ra. vista, podía creerse que el Primer
Cónsul acababa de inclinarse an\e el poderío ruso; pero, en realidad,
la promesa referente a Nápoles ~ignifi!;:aba bien poco, ya que Francia
conservaba el de7echo, adquirido 'en el· tratado de Florencia, de ocupar
l;>s puerto napolitanos, en los qve tegdría, frente a Egipto, bases tan
utiles como aquellas islas Jónicas: a qu_p renunciaba. l• sobr~ todo, este último safrificip había obtenido ya su compen-
sac1on. Ale3an?ro ~· volviendo a la política de su padre, porque tal era
su verdadero mteres, y porque Boµaparte le ofrecía una ocasión macr-
nrfica para hacerlo, había reclamaclo a Londres la devolución de Malta
á los caballeros de San Juan. En aquel asunto, Inglaterra se vio presio-
n.ada por el concierto de las potencias mediterráneas; y comprendió que,
s1 quería conservar su reciente amistad con el zar, tendría que hacerle
concesiones iguales a las que iba a firmar el Primer Cónsul. El 1 de
pctubre de 1801, en los preliminares del convenio de Londres con Fran-
cia, Inglaterra prometió evacuar a Malta.
tIJe este modo inauguró Bonaparte su colaboración con Rusia aque·
lla unión de las "potencias de las alas", que, hasta su caída h~bía de
pr~~cuparle, ya por esforzarse. en establecerla, ora porque la rompiese,
exigiendo demasiado de ella, bien porque trabajase por restablecerla.
lli. LOS TRONOS DE LOS BORRONES
Ya, frente a la energía y a Ja rapidez revolucionarias, más de una
dinastía se reveló vencida por la edad y el tiempo. El advenimiento
de Bonaparte dio más fuerza a esta impresión, sobre todo cuando com·
paramos con el joven héroe a las ramas de los Barbones, a las que vino
~ re~mplazar e~ Fra.:icia. El senti~ento de apiastante superioridad que
el mismo exper~mento desde los pnmeros momentos, habíade tener leja-
nas consecuencias.
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910 TOMO 1.--REyOLUCION FRANCESA E lMl'ERIO NAl'OLEONICO
~uando los Borbo~es de España a¡>laudieron:-por cierto, muy os·
tensib~emente-la llega.da de Bonaparte, indudablemente no imaginaban
la sene de aventuras a que su nuevo vecino y aliado les lanzaría algún
día. Solo apreciaban en él e~ genio militar que debía garantizar la victo-
ria común, Y con ella, ia paz, que España tanio necesitaba. Siete años de
wierra Y cuatro de interrupción en el comercio con las colonias ailleri·
canas, habían agotado su hacienda. El papel moneda, al que, en julio
eje 1799, se pretendió dar, una cotización forzada, llegó a tener, en
junio de 1800, una deprj::eiación del 70 por 100. Se ocultaba la moneda
. en ~etálico., ~~e a lqs imp,"uestos excepcionales ~ a las tasas extraordi·
nanas, el déficit aum~!l~b!,l. Los contribuyentes catalanes no pagaban
pus cuotas. En el mai;, la guerra contra Inglaterl!a· s.olo producía sinsa-
. bares, como el de los· q~n~e barcos españoles, mandados por Mazhrre-
do, que se habían dejadp bloquear en Brest. Carlos IV era, pues, sincero,
cuando, a la notificac~ÓJl de,l nuevo régimen francés, respondió que espe-
faba ~e su aliado "ui¡ia paz sólida, cuya necesidad se hacía sentir más
l.Illpenosamente cada día" ..
Pero, ya que Bo!JaplU\e, seguramente, conseguiría que dicha paz
fu~e victoriosa, los B;orbones de España esperaban de ella algunas ven-
ta1as, cuya naturaleza. :cn.uestza bien a las claras, el carácter de pocos al-
cances~ que, incluso en'las horas más importantes de la política europea,
caractenzó a su diplo111acia. Los beneficios que d8!ban por desconta-
dos, eran exclusivamente dinásticos, en el sentido más e.,.ofsf:i de la
expr_esión, es decir, aquel en que el interés familiar no se c~nfunde con
el bien de la nación. Se referían a territorios en los que, indudablemen-
te, España había deselllpeñado un papel en el transcurso dy. la hi.Storia,
pero en los cuales, entonces, por la tiranía de la tradición, no hacÍ!). otra
cosa que agotarse para buscar intereses meramente imaginarios: f talia.
Los Vínculos dinásticos que unían El Escorial con Nápoles eran es·
trechos, ya que los reyes eran hermanos. Ahora bien: habitualmente es-
taban re~dos: "Nuestros peores enemigos, los españoles", escribía Ma·
ría <?arolína, en mayo de 1799. Madrid no hizo nada por suavizar los
térmrnos d~l armisticio, ~ de la paz que su aliada, la República, impuso
a los napolitanos, en Foligno, el 18 de febrero de 1801; y en Florencia,
el 29 de marzo del mismo año, María Carolina no escatimó epítetos
contra dicho tratado, "infame, fatal, execrable, monstruoso ... " Tal vez
la.mentó menos las pérdidas materiales que la humillación de ver cómo
los presidios de Toscana, que acababan de serle arrancados, pasaban
a ma~os d.el re~ de Etru.ria, yerno de su cuñado español. Nápoles perdía
también P10mbmo y la isla de Elba, y aceptaba una condición compro-
metedora, por la cual los franceses tenían derecho de guarnición en
Pescara, Brindisi y Otranto.
. Pe~o el sa~sfacer los odios de familia no era la única preocupación
dm~tica ~ue impulsaba a los Barbones españoles a volver sus miradas
haci~ Italia. En efecto, Car-los IV (y aún más que él la reina) insistían
obsunadamente en la maniobra, ya esbozada bajo el Directorio, con
objeto de aumentar los Estados que poseía en Italia su cuñado y her-
rg.ano, el duque de Parma. AÚ!f. más que por el duque, se interesaban
por su hijo Luis, que se había casado con la hija de Carlos y vivía en
su corte ... y a sus exp<(nsas. Colocar al yerno: he ahí el objetivo que Su
Majestad Católica asignaba a su política, en vísperas del día en que iba
a ser concertada la paz, que fijaría, tal vez por mucho tiempo, el mapa
de Europa. ·
A las insinuaciones españolas, Bonaparte respondió favorablemen-
te. Como ponía sus miras en Parma, no tenía inconveniente en transferir
al duque un patrimonio más vasto; y, en camb}o, Madrid daría, como
compensación, el precio que se; k pedía: la Lu1siana. El ministro Ur·
quijo se decidió pronto a sacrificada: "Nos cuesta más de lo que vale ... "
El 1 de octubre de 1800 se 4izo la transacción: en los p-reliminares
de San Ildefonso, la República prometía al duque de Parma l.200.000
almas en Italia; y España ent~egaba a Francia seis barcos, de 74, y la
Luisiana. '
Este acrecentamiento parmesano había de ltacerse en Toscana, se-
gún los planes de Bonaparrte. IJ::qponiendo allí al duque o a su hijo, su
propia influencia penetraría ha~i& el 'centro de Italia ; controlaría el gran
puerto de Lioma, en el que los ingleses fondeaban sin recato sus es-
cuadras, y por el cual introducíiin en Italia sus algodones y su ferrete-
ría. Cierto que Austria apoyaba al Habsburgo que reinaba en Florencia;
pero ya hemos visto de qué manera se vio obligada, en Luneville, a
dejar Toscana a disposición de Bonaparte.
Faltaba conseguir que España aceptase el acrecentamiento que se le
ofrecía: y también que consintiese en una nueva sustitución. Porque
Bonaparte ya no quería instalar en Florencia al duque viejo, sino a su
hijo Luis, al que consideraba más seguro. Tal negociación, un tanto de-
licada, se confió a Luciano Bonaparte, entonces embajador en Madrid.
A su disposición se ponía un argumento que tenía su precio: . una corona
real. En efecto, la República francesa, después de haber derribado mu-
chos tronos, quería erigir uno nuevo en Toscana, para el yerno de su
riel aliado, el Barbón madrileño. España aceptó; y, el 21 de marzo de
1801, se firmó el convenio llam~do de Aranjuez, que confirmaba la
t cesión de la Luisiana a Francia.
Los nuevos soberanos de Etruria (este término prevaleció pronto
sobre el de Toscana), pasaron por París para ir a ocupar su trono, pues
Bonaparte quería que los papanatas franceses viesen a unos Borbones
convertidos en protegidos suyos. Aunque Luis I tenía fama de tonto,
se organizaron en su honor visitas a establecimientos científicos ; y para
la reina se celebraron bailes, aunque era jorobada y coja. Para evitar
toda manifestación monárquica, se prohibió que se recitasen versos en
el teatro; y se tuvo buen cuidado en hacerles , salir de Francia antes de
las fiestas del 14 de julio. El 10 de agosto de 1801, hicieron. su entrada
en Florencia, siendo aclamados,. como era de rigor. Los Barbones de
.-_1,
912 TOMO I.-REYOl.-UCION FRANCESA E IMPERIO NAPOJ..EONICO
España habían demostra¡io la limitación y la miopía de s~ política! Y
Bonaparte se convenció 'ento:o,ces de que, apelando ª. sus mtereses ita-
lianos y a consideracionl;!s de familia, podría conseguir de ellos cuanto
se propusiera. , . , . . .
Si las relaciones de la España borbomca con Napoleon se Ifilciaron
en aquel tono, tan característi~o. la política de Portugal _en 1801 demo~
tró. por el contrario, ha~ta q}lé punto el factor geográfico puede serv:r
de contrapeso a las alia\JZas y las obligaciones dinásticas. ~ortugal, pais
atlántico raza de marinos y i:le colonizadores, dueñ(l del inmenso Bra·
sil, podí~, en tiempo de· ctisi; en el continente, encontrar en el Océano
su riqueza y su segurid¡q, A;'.unque estorbado por los corsarios france-
ses (que muchas veces ·se refugiaban en puertos esp~ñoles, y que, de
1794 a 1801, :hicieron p~esas por valor de unos 200 millone:'.): el co~er~
cio con el Brasil no se iptemJ,mpió durante la guerra: tamb1en continuo
el comercio con los pue[tos b.ritánicos. Inglaterra parecía ser la llamada
a garantizar la seguridad de "su antiguo aliado; y, de 1796 a 1801, le
envió material y municiones ·por valor de 183.000 libras. Además, sos-
tenía en Lis boafuerzas l:le capaJ.lería, suizos y emigrados franceses ; Y se
confiaba en que, en casq ele P:~ligro, reforzaría aquellas tr~pas. .
A Portugal le era ilfdispe¡isable este apoyo. En teona sus efectivos
militares eran relativamente elevados: de 35.000 a 42.000 hombres para
2.900.000 ha·bitantes. P~ro. ~'ese al oro del Brasil, la haciend!l se en·
contraba en situación tan precaria que, práctícamente, no llegaban a
20.000 los hombres qu~ hatila en filas, y esos mal equipados. Mien-
tras Francia tuvo que h1.1cer frente a la coalición, Portugal no se preoc~
TJÓ de su debllidad ; púo, a partir de Luneville, no tuvo más remedio
que darse cuenta de que }e llegaba Ja hora; y, en realidad, hasta 1807,
deoendería de la ayuda británica frente al .peligro francés.
' Peligro no pequeño. Efectivamente, el Portugal atlántico tenía una
retaguardia de país continental, hundida en la península Ibérica y cuya
extensísima frontera con España era vu1nerable en todos sus puntos. Con
res'Pecto a tan poderoso vecino existía una antigua tradición de descon-
fianza ; pero los vínculos familiares eran estrechos. Y a sabemos que el
príncipe Juan, regente del reino, desde 1799, estaba cas~do con Carlota,
hija mayor de los soberanos españoles. Estos eran aliados de Bona-
parte. ¿Qué triunfaría? ¿La política atlántica, que empujaba al reino
hacia Inglaterra, o la alianza dinástica y, por su mediación, la presión
francesa? Jurídicamente, Bona parte tenía fundamento para atacar a los
portugueses,_puesto que, después de las hostilidades de 1793, no se había
concertado la paz. Si tenía interés en llevar adelante la cuestión y en
marchar sobre Lisboa, a través de España, su aliado Carlos IV no se lo
impediría. En efecto, el 29 de enero de 1801, Luciano Bonaparte con-
siguió de Madrid un convenio, por el cual el Barbón se asociaba a una
acción contra Portugual: si Su Majestad Fidelísima no se decidía a rom-
per con los ingleses, 15.000 franceses se unirían a los españoles.
IV.-P~CIF!Ct,C!ONES 913
Cabía preguntarse qué interés tenía Bonaparte en una operación bas-
tante difícil y geográficamente ta11 exc~ntrica, Su objetivo era el que se
proponen los adversarios cuarido; después de años de una lucha· inde-
cisa, sienten próxima la paz: con ··vista~ a las negociaciones y a las discu-
siones diplomáticas, cada uno s.c;. ptq~ura todas las garantías posibles.
No ca be duda· de que, entonces, :\fl. má9_ preciosa de tales garantías, a los
ojos de Bon.aparte, era Egipto, que aiín estaba en sus manos. Pero si
había de perderla, s~ volvería cop.tra ~l último aliado que le quedaba a
Inglaterra en el continente. Así, pnes, li;l suerte de ·Lisboa y la de El Cai-
ro se correspondían extrañament~ En ~spma de noticias de Egipto, Bo-
na parte retrasó mucho su march~ sobre el Tajo, sirviéndose de la pan-
t~lla portu~esa para disimular lqs expediciones que preparaba con des-
tmo a Ale1andrfa. Pero cuando :com¡;>rendió que el ejército del delta
estaba perdido, por falta de refµerzos, se decidió'. El 16 de abril de
1801, el cuerpo auxiliar francés _pasó ~l Bidasoa ; y el 19 de mayo los
españoles cruzaron la frontera p{}rtugtíesa.
Si Inglaterra no los sostenía, 'Jos portugueses no' podían resistir. In-
glaterra los abandonó,. como haQfa de volver a hacerlo en 1807. El 22
de marzo, una nota de Grenviµe mvitó al regente a firmar la paz,
en los mejores términos posibles~ En 'tales condiciones, las operaciones
tenían que ser breves y el nombre que se les dio, de .Guerra de las Naran-
jas, a causa de unas ramas que l¡¡. irifantería española cogió en la ex-
planada . de . una fortaleza enemiga, no ev~ terribles matanzas. Los
contingentes franceses no tuvieron ni siquiera, tiempo de llegar. Se quería
terminar el asunto sin esperarlos, para, de este modo, poder guardar
ciertos miramientos a los vínculos dinásticos ·que unían a las dos cortes,
y tal vez también a la idea remota de la unidad ibérica.
De .SUS conquistas en territorio portugués, España conservó Oliven.za.
A Francia, el tratado firmado en Madrid, el 29 de septiembre de 1801,
como continuación··del concertado en Badajoz el 6 de junio, solo le con-
cedió un aumento en la Guayana, una· indemnización de veinte millones
de .. libras y facilidades para introducir paños en Portugal. Bonaparte
estaba muy lejos de conseguir la gran ocupación territorial que daba
por descontada; y, por tanto, las garantías que esperaba para poder
ejercer presión sobre Inglaterra. Resultaba evidente que .el plenipoten-
ciario-su hermano Luciano-no había salido malparado en cuanto a
comisión, pero las cóleras ·consulares no sirvieron ya para nada. La
Guerra' de las Naranlas no influyó en las negociaciones de la paz gene-
ral, En cambio, presenta el interés de caracterizar, desde el primer
momento, las relaciones entre Napoleón, Portugal e Inglaterra, relacio-
nes determinadas por la situación en que ·la geografía y la política colo-
caban al ,pequeño reino, y que uno de sus. diplomáticos definía así: "En-
tre el yunque y el martillo."
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914 TOMO I.-REVOLUCION FRANCESA E IMPERlq NAPOLEONICO
IV. LA ECONOMlA INGLESA Y LA PAZ
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"Es imposible tratar con esta aristócracia nueva, impía, y que se ha
constituido por sí misma." Así se expresaba Jorge III, después de leer
el mensaje en el que ·Bonaparte, el día de Navidad de 1799, ofreció
la paz a Inglaterra. 'En el Parlamento, Pitt encarecía: "¿Acaso ha des-
aparecido el jacobinismo. de Robespierre, de Barere, del Triunvirato,
de los cinco Directqre,i;, porque se haya concentrado en un hombre, que
se creó en su seno, c'µya reputación ha sido ganada bajo sus auspicios,
y que ha sido, a Ia vez, hechura y adalid de todas sus atrocidades y de
todos sus errores?" La forma de la respuesta que se dirigió a Bonaparte
fue lo más vejatoria posible; Grenville, hombre altisonante, de carácter
altivo, escandalizado tanto como el rey de que "el tirano corso" hubiera
terminado su carta· con fórmulas de escasa cortesía, se esmeró en su
redacción. El fondq csra Piás despectivo todavía: Francia no recobraría
la confianza de Europa mientras no hubiera restaurado a los Barbones.
Solo un motivo de esta insolencia es ocasional: maniobra de hombres
politicos, que estab,an entonces en tratos avanzados con los emigrados
franceses, y deseosos de• tranquilizar a las monarquías absolutas. Pero,
sobre todo, semejante política revela la ignorancia de lo que era Bona-
parte y de los recur¡;os que la nación francesa ofrecía a su genio, y
también la tenacicl;id y la violencia de la aversión social que las clases
dirigentes británicas sentían hacia el jacobinismo igualitario.
También continuaba destacándose marcadamente el otro factor esen-
cial del comportamiento inglés: el poder mantenido y· l!cri<centado del
capitalismo comercial, financiero e industrial, que dictaba a la diploma·
cia sus exigencias, pero también le proporcionaba medios de acción am-
plios y eficaces, en vivo contraste con los mqvimientos lentos y las pre-
ocupaciones agobiantes que imponía a los rusos y a los austríacos la
atrasada situación de su economía .
Se sucedieron las conquistas provechosas. El 5 de septiembre de
1800, los ingleses conseguían, por fin, la capitulación de la guarnición
francesa de Malta, que cedió a la presión del bloqueo y al hostiga-
miento de los malteses, a quienes Sicilia proveía de municiones. Allí
se fijó un eje fundamental de estrategia marítima. El primer resultado
es que sería ya más fácil expulsar de Egipto a los 25.000 franceses
mandados por Menou. Sin embargo, Londres vacilaba : ¿Sería prudente
volcar en Egipto toda la fuerza, cuando, en el canal de la Mancha,
Bonaparte se preparaba abiertamente